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Full text of "Cartas historico-filosofico-administrativas sobre las Islas Canarias"

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CARTAS 

HISTORICO-FILOSOFICO" ADMINISTRATIVAS 

SOBRE LAS ISLAS CANARIAS, 

ESCRITAS 

POR EL DOCTOR DON MARIANO NOUGUÉS SECALL, 



Catedrático cesante de jurisprudencia^ 
Auditor de guerra de la Capitanía General de dichas islas ^ 
I Abogado de los colegios de Madrid y Zaragoza, 

socio corresponsal de la Academia de la Historia, 

de la de Buenas letras de Barcelona, de la de 

arqueologia de Bélgica etc» etc. 




/:^¿fc^ -¿y^<3r^¿^^ é.^^^/^^1^ ^Í/O-^^ 







Santa Cruz de Tenerife 1858. 

lüPRENTA Y librería MADRILEÑA DE SALVADOR VIDAL 

Calle del Sol núm. 40. 






ES PROPIEDAD DE EL AUTOR 






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4 



j ': V 



PROLOGO. 



Lo que ofrecemos al público do es una obra que ten- 
ga el carácter de tal: son los pensamientos sueltos y va- 
riados de un hombre que habiendo visitado nuestro sue- 
lo, confia á un amigo sus observaciones y sus descubri- 
mientos: mas claro: estas cartas nacieron para vivir el cor- 
to periodo que viven las comunes; .para salir del escrito- 
rio, caer en el buzón, venir á parar á las manos de un 
amigo y ser leidas á lo mas dos ó tres veces, siendo re- 
legadas después al archivo de la amistad . Pero como el 
autor tiene á su cargo un destino que lleva anejas ocu- 
paciones, buscó un escribiente para ponerlas en limpio y 
evitarse la molestia de un trabajo material. Esto dio lugar 
á que el editor supiese su existencia y rogase al 
autor le otorgase el permiso para publicarlas en 
su periódico: se resistió al principio alegando, que 
no las escribiera para darlas á luz; que no se hallaban 
pulidas con el esmero con que se trabajan las obras que 
se destinan al público: que el estilo epistolar es acaso uno 
de los mas difíciles, según lo prueba los pocos que 
se citan como modelos y dignos de prez en este género 
de literatura; que este trabajo no era mas que el resultado 
de las impresiones que producian el país y la lectura; en 
una palabra, un desahogo, un medio de llenar los vacios 
del tiempo en la ausencia de la familia; breves apuntes, 
indicaciones ligeras: que no debia destinarse á la imprenta 
lo que tenia el carácter de la confidencialidad y era resul- 
tado de un trabajo ejecutado con cierta especie de pre- 
mura: y sobre todo: que proponiéndose el autor hablar 
de todas las islas y no de una sola, por que á todas 
deseaba estender su'estudio y á todas queria hacer bien, 
y hasta ahora no habia visto mas que una, no quisiera 
que, por que hablara de la que conoce, se creyese no tenia 
en estima á las otras y que á ella únicamente concre- 



taba su trabajos y le dispensaba una predilección agena de 
su imparcialidad. 

Pero nosotros le replicamos, que las cartas contenian 
reflexiones útiles al pais, datos curiosos, algunos hechos 
históricos, y que si lejos no interesaban, aquí interesarían 
desde luego: que era probable que el amigo á quien las 
dirijía las imprimiese, y que si esto habia de hacerse des- 
pués, ningún inconveniente habia en hacerlo antes: que 
en obsequio del beneOcio que tal vez podia resultar á 
las islas de que se publicasen algunas noticias é ideas, 
debia sacrificar ciertos escrúpulos, toda vez que en estas car- 
tas no iba á comprometer su opinión que ya tenia adquí- 
da por otras obras, (i) pues todos debian reputarlas, co- 
nio una espansion de su pensamiento y como la revelación 
de las impresiones que le produjeron los nuevos obje- 
tos que veía: que puesto que no pensaba consagrar su plu- 
ma á una sola isla sino á todas, y visitar las mas prin- 
cipales, estas no se ofenderían al ver que principiaba 
hablando de la que conocia, y esperarían tranquilamente 
que les llegase el turno á su tiempo. 

Cedió el autor á estas reflexiones, aunque con re- 
pugnancia, y todavía pudimos recabar la esperanza de 
que nos fuese dando las cartas que sucesivamente fuera 
escribiendo. Nos lisonjeamos, pues, de poder presentar 
una colección de observaciones útiles á nuestra patria, y 
creo que no se dejará de agradecer el celo que para su 
publicación ha empleado 

El Editor. 

Santa Cruz de Tenerife 26 de Mayo de 1858. 



(1) El autor de estas cartas tiene escritas varias obras que 
son conocidas del público; las mas interesantes son la Uis^ 
torta de la AZ/á/ma que contiene noticias sobre las üistos ara- 
goneses: la Moral del Ahogado, y un Tratado dt^priicíicá foren^ 
se novísima en tres tomos. '• ' * ■' 



ADVERTENCIA DEL AUTOR. 



No pensaba decir una palabra siquiera, por que esta pu- 
blica<;¡on no es hija de un acuerdo serio, sino el resultado de 
una condescendencia; y cuando á esta se debe el que ciertos 
trabajos vean la luz pública, el autor debe considerarse al abri- 
go de toda responsabilidad. Sin embargo creo oportuno ma- 
nifestar, que cuando no hay estranjero que inmediatamente 
que pisa la Peninsula, nuestras colonias ó nuestras islas, de- 
je de reputarse con derecho para escribir un diario en que por 
lo común salen mal parados los españoles, á quienes general- 
mente se trata con injusticia, debe serme lícito escribir las 
impresiones que me produce un pais nuevo para mi, y espo- 
ner cuanto juzgo conveniente para su felicidad. El archipiéla- 
go canario verá que no lo he mirado con indiferencia, qup. no 
lo considero como una tierra estraña; que me intereso por su 
ventura, y que aun cuando lo deje mas adelante, me llevaré 
recuerdos y no entregaré al olvido su memoria. 

Creo que siendo el alma la principal parte de este com- 
puesto que se llama hombre, el hombre debe pensar sobre lo 
que ve; mis pensamientos y mis observaciones se contienen 
en estas cartas. En ellas me proponía mi instrucción, no la aje- 
na: formar un diario de cuanto veía, afirmar el recuerdo de 
cosas que desaparecen sino se fijan en el papel. Mi objeto 
era inocente é inofensivo, y también podré decir que plausi- 
ble: á nadie me he [propuesto ni me propongo lastimar ni he- 
rir; así que todas mis palabras deben mirarse al través del 
prisma de una intención pura. Si alguno me da noticias y da- 
tos sobre materias á las que no hayan alcanzado mis obser- 
vaciones lo agradeceré, lo miraré como un favor. Lo que ape- 
tezco es copia de datos y noticias. 

Mi obra no tiene otro plan que el de decir cuanto me sale 
al encuentro; que referir las impresiones que recibo: mezclo 
la historia con los lugares que visito, por que este me ha 
parecido el mejor medió de que un forastero pueda mirar con 
mas' interés ciertos parajes. 

Como escribía para mi familia y para mis amigos adopté 
la forma de cartas: es el estilo de la confianza, de la sencillez; 
en una palabra el del corazón, pues se escribe sin pretensio- 
nes y sin aspirar á un magisterio. 

Ruego á los que me lean que consideren cuanto acabo de 
esponer y que se convenzan de la rectitud de las miras de 
un hombre que sin odio para nadie y con benevolencia para 



todos, no tiene otras aspiraciones que las de la ventura de unas 
islas, que no son mas que un apéndice de la España. 

Santa Cruz de Tenerife 1.* de Junio de 1858. 

MARIANO NOüGüÉS. 




Santa Cruz de Tenerife 17 de Abril de 1858. 



Sr* D. ** delación del viaje del autor. 



Mi querido amigo: ya me tiene V. en esta villa ejerciendo 
autoridad y despachando causas y pleitos como Auditor de 
Guerra: gracias á la bondad de S. M. la Reina y á la rectitud 
del Supremo Tribunal de Guerra y Marina que me propuso, 
hé llegado después de 24 años de fiscal y de servicios á ser 
nombrado auditor. A pesar de los trastornos que me ha ocasio- 
nado este viaje por abandonar mis intereses y familia, no he 
querido renunciar á un destino que me halagó por la forma de 
mi nombramiento. Seguramente para mies de mucho precio la 
propuesta del Supremo Tribunal y la conformidad de S. M.. 
Serán estas ideas añejas ó rancias, serán una preocupación, pe- 
ro moriré con ella: esta distinción es lo único que dulcifica 
las amarguras de la ausencia, á lo que también contribuye el 
honroso recibimiento que he tenido en este país del cual le 
hablaré estensamente, pero á su tiempo. Hablemos ahora del 
viaje. 

Siento no poseer su poética pluma, esa pluma cuyos rasgos 
me han hecho verter algunas veces lágrimas de ternura y 
complacencia: sin embargo yo escribiré como me sea dable 
sobre asuntos que exijian una gran lozanía en la imaginación 
y las delicadas tintas de otro pincel. El dia 12 de este mes 
nos hicimos ala vela en Cádiz (permitame Y. esta inexactitud 
porque según los marinos los vapores llevan el viento en la 
bodega, pues su movimiento lo deben al carbón de piedra,) pero 
sea de esto lo que quiera, prescindiendo de que nuestro vapor, 
que tenia el nombre de Cádiz, llevaba velas, el hecho es que el 12 
de abril salimos de la bahía de tan hermosa ciudad, que se pre- 
sentaba á nuestra vista como un panorama. El que por las 
pinturas y las estampas juzgue de Cádiz debe quedar asombra- 
do viendo el original. ¡Que hermosos se presentan aquellos 
regulares edificios, blancos, coronados de azoteas y embelle- 
cidos con los rayos del sol brillante y vivificador de las Anda- 
lucias! No es estraño, decia yo dentro de mi mismo, que los 
árabes emprendiesen la conquista de la España, al descubrir 
playas tan encantadoras. Colocado en la cubierta permanecí 



mirando e'i último lindd de España hasta que aquella ciudad 
desapareció y no quedó én el horizonte mas que la línea del 
Occéano, y que á doquiera que volvia los ojos no encontraba 
mas que agua en incesante movimiento y undulación. 

A pesar de que mi corazón es mas fuerte que lo que supo- 
nen algunos, y que no me arrepiento jamás de las resolucio- 
nes que adopto por principios de decoro, recordé á mi esposa 
y á mis hijos, considerando las angustias que aquejarían su al- 
ma, figurándose peligros inminentes, que no losonhasta este 
punto, en virtud de los adelantos de la navegación. 

De mi familia pasé á mi patria: me hallo me decia en un 
Cádiz francés, pues el vapor se llamaba Cadix: habito un Cá- 
diz de tablas y movible; un Cádiz estrangero. ¡Cuantas ciuda- 
des nuestras, decia yo, no son estranjeras y no queda en ellas 
resto alguno de nuestras hidalgas constumbres, de nuestros 
venerandos usos, de nuestra característica formalidad! Vamos 
lentamente perdiendo nuestro carácter nacional y tomando 
de todas las naciones lo peor por una pueril imitación, por 
una servil manía de estranj erizarnos. Muy pronto voló mi es- 
píritu á otras reflexiones. Y este Vapor á donde vá ? A nues- 
tras Antillas. Y cual es el objeto principal de su viaje ? La con- 
ducción de la correspondencia ¿ Y es posible que una nación 
que fué la primera que envió sus naves á surcar estos mares se 
valga de buques estranjeros para su correspondencia ? ¿Que 
idea debe dar á la opulenta Habana observar que uno estran- 
jero conduce las comunicaciones mas interesantes, los secre- 
tos del Gobierno ? Deseoso de aclarar estos escrúpulos supe 
que esto era el resultado de una licitación y que se habia pre- 
ferido al que lo habia hecho mas barato. Callé y pfie puse á 
reflexionar de nuevo, y dije en mis adentros. ^Inglaterra hu- 
biese tenido marina con este sistema? Si nos interesa tenerla 
no debiamos preferir la española, aunque nos costase unos 
cuantos reales mas? (1) Pero no haga V. caso de mis medita- 
ciones; no las aprecie, si no son dignas de aprecio: en tal ca- 
sólas retiro, como se retiran tantas palabras en nuestro Con- 
greso. , Yo simple relator de mi viaje, le doy cuenta de mis 
pensaniientos dentro de un buque, donde encerrado el 



(1) H**. oído que el Gobierno ha contratado ya este servido con 
tina compañía española. Me complazco de tan patriótica re- 
solución, y vi con singular júbilo llegar e/lB de Mayo un Vapor 
español trayendo la correspondencia. 



— 9— 

individuo no puede, como en Madrid, ir á dar vuelta por el 
Retiro, ó arrellanarse en una silla en el Suizo ó en el Prado 
según sea la estación. El pasajero en los primeros momentos 
del embarque tiene que limitarse á su personalidad y encer- 
rarse en su concha como un galápago, porque entonces los 
unos se marean y sufren bascas, y los otros están mirando* 
se recíprocamente hasta que llega la oportunidad de hablar- 
se, de conversar y de trabar esas relaciones, que se convier- 
ten en amistades fmas y estrechas. 

Por entonces me convertí á mirar el Occéano, cuyas aguas 
aplomadas llamaron mi atención, hasta que en lontananza 
descubrimos dos fragatas que se fueron alejando de nuestra vista, 
y una lancha ó falucho, que por su pequenez nos admiraba, 
que se hallara solo á tan larga distancia de la costa. El 
capitán lleno de humanidad ordenó hacer rumbo hacia éL 
por si era del caso que le prestase auxilio; pero muy lue- 
go se conoció que no se curaban de nuestra aproximación 
y que navegaban serenóse imperturbables los tripulantes: se 
mandó al Vapor seguir su derrota, y siguió la suya el falucho 
con la tripulación de unos ocho hombres, que sin duda atrave^ 
saban aquellos mares buscando la ganancia con que lesbrin^ 
dan los aranceles. 

Se me olvidaba referir que á las 5 á campana tañida 
se nos llamó á la mesa y se nos sirvió la comida al 
estilo francés, sin ver ni en este dia ni en los posteriores 
el rubio garbanzo ni el chocolate. La cubierta fué á segui-* 
da nuestro Prado, nuestro Retiro y la Fuente-Castellana, y 
alli hice mis paseos, siguiendo con la mayor habilidad quo 
pude, los balances del buque que por ser estrecho de manga, 
se tambaleaba á uno y otro lado. 

Entre tanto llegó la noche y no dejó de ser imponente mirar 

{$or una parte el mar, sobre cuyas olas se reflejaban las estre- 
las, y por otra á estas que muchas veces al alzar los ojos las 
veía por entre las cuerdas del velamen. Yo me decía á mi 
mismo ¡que diferente es esta noche de otras que he pasado sobre 
tierra! Unas quinientas personas estamos confiadas á uu ar- 
tificio de tablas, y una sola que se quebrantase Íbamos á su- 
mergirnos en el abismo. 

En la cámara donde comimos, alumbrada de lámpara^ que 
seguían el movimieuLo osciUtorio di:l buque, se rejinió. junít, 
gran parte de los pasajeros hasta que á las 11 uno de los ca- 
mareros nos intimó el retiro con.un mal castellanos Así que 

2. 



_10_ 

recordé entonces la costumbre antigua de la queda, que obli- 
gaba á muchos holgazanes á volver á su casa y los retiraba 
oportunamente de los garitos. 

Aqui llega lo mas doloroso: entra uno en el camarote ha- 
ciendo paspies como un beodo, y es preciso ascender á una li- 
tera estrecha, desde donde teme uno ser despedido por un ba- 
lance: pero el cuerpo por el instinto de su conservación parece 
que se asegura sobre el tablado. Estando mi lecho alto fué pre- 
ciso hacer habilidades, como el que monta un caballo de 8 
palmos sin estribo. Me aseguré como pude y quise dormir; pe- 
ro como por decoro y por creer que sería el punto mejor elejí 
la popa, el Vapor era de hélice y próximas estaban las pale- 
tas, pasé una noche muy semejante á la de D. Quijote en la 
aventura de los batanes. Así que á las 3 7a y^ estaba sobre 
cubierta, esperando ver la salida déla aurora por entre las olas: 
pero para disfrutar de esta vista tuve que correr de un punto 
á otro del buque, por que desde muy temprano se principia la 
limpieza ó baldeo, y sabido es qutí se arroja agua sobre la cu- 
bierta. Esceptuado el olor, que no lo habia, me hallaba en la 
misma situación que los que en Madrid, al salir de una tertu- 
lia, se encuentran con los carros de Sabatini. 

Por fin el rubio Apolo estendió su brillante cabellera so- 
bre los mares; pero salió á la sordina y sin que las lenguas 
arpadas de los pajarillos (1) anunciasen su llegada: fué como 
el mérito de muchos hombres en nuestro pais, que brilla y 
alumbra sin obtener una alabanza. En este dia ya fueron 
saliendo los pasajeros y pasajeras, y principió aquella agrada* 
ble sociedad que proporciona un vapor de flete tan elevado: 
la amable Condesa de la Cortina con su simpática hija, otras: 
Señoras no menos apreciables; dos capitanes de navio tan 
instruidos y formales como son nuestros marinos/ D. Manuel 
Dueñas y D. Francisco Izquierdo que iban á tomar el mando 
de los Vapores Isabel 2/ y Francisco de Asis; dos Padres Je- 
suítas de una esmerada educación é inteligencia, (el Padre Nu- 
blóla y el Padre Pujol,) y varios militares tan alegres y deci- 
dores como atentos, y otros sujetos que demostraban 'en sus 
modales su finura, y entre ellos tres facultativos ó médicos, 
eran las personas con que alternativamente se conversaba. 
De buena fé, á no ser por las horas de la noche, hubiera 



(1) Alusión á un capifulo del Quijote. 



—11— 

deseado la prolongación del viaje. Asi continuamos el 13 y el 
14 sin que nada ocurriese de particular, y sin presenciar 
mas que los saltos de los golfines y los reflejos de las banda^ 
das de sardinas, que aparecian de cuando en cuando como 
una lluvia de estrellas. 

El día 15 amaneció dibujado en el horizonte el perfil del 
gigante Pico de Teide . La tierra siempre es un fausto suceso para 
los que navegan : nuestros anteojos se convirtieron hacia ese 
monte y percibimos su figura cónica, rielada por hendidu- 
ras cubiertas de nieve, semejantes á las arrufas que surcan 
las facciones de un anciano: en la parte superior ó cima se 
veia un 2/ cuerpo llamado el pan de azúcar. No es ahora 
ocasión de hablar de este monte, que es un volcan apagado, 
que los antiguos habitantes llamaban Echeide, (infierno). Aten- 
dida su altura hay quien ha sostenido que erael verdadero At- 
lante délos antiguos. En mis sucesivas cartas, cuando entre en 
la descripción del terreno, hablaré de este y otros particu- 
lares. 

Por fin al oscurecer entramos en la rada de Santa Cruz y el 
cañón anunció nuestra llegada; antes los relinchos délos caba- 
llos que llevábamos habían saludado la tierra. Si los brutos 
manifiestan su alegría al percibirla ¿que no deben esperimentar 
los seres humanos? Entonces vino la Sanidad y principiamos á 
recoger nuestros equipajes; con ella llegó á estrecharme entre 
sus brazos el fiscal del juzgado de guerra D. Alberto Al varez, 
joven tan instruido como simpático, y que habiendo sido dis- 
cípulo mió, pues hizo la pasantía en mi estudio en Zaragoza 
me profesa un dulce cariño. Nadie puede concebir el gozo 
que esperimenta el que á tan larga distancia encuentra una 
persona amiga. Además Alvarez casado con una hija del 
honrado y antiguo intendente Unceta, que era de Zaragoza, 
me ofrecia agradables recuerdos de mi patria^ Salté en tierra 
en su compañía y fuíme á mi alojamiento también en la del 
Sub-lntendente D. José Eismendi que habia venido conmigo 
en el Vapor. Purante la navegación contraje con este una 
amistad estrecha: él venia á estas islas sin ascenso, no ob3- 
tante ser empleado desde 1820 y tener una hoja de servi- 
cios brillante, servicios prestados principalmente al lado 
de los ejércitos en la última guerra civil. Su carácter franco 
como buen vascongado, su respetable y vigorosa ancianidad; 
la semejanza en nuestras vicisitudes, pues entrambos habla- 
mos sufrido una inesplicable postergación, nos enlazaron con 



—12— 

vínculos estrechos. Entrambos nos unimos para remedar en 
este suelo la familia, y poder hacer mérito dentro de las i>a^ 
redes domésticas de nuestros recuerdos. 

Pero esta carta se prologa demasiado y es preciso dar- 
le íin;otro dia continuaré no obstante que la que escriba nue- 
vamente haya de esperar el correo y marchar juntamente 
con la 1.* y quizás con otras. Aunque á tan larga distancia 
siempre es el mismo el cariño de su afectísimo amigo 

M. N. 
Carta 2/ 

Sania Cruz de Tenerife 22 de Abril de 1838. 

4 

Sr. D,** Recibimiento: traje de losnalurales: mone- 

das: fundón del Hospital.- Paseos etc. 

Mi querido amigo: d 16 vimos salir el sol en esta villa y 
ya en aquel dia principiamos á recibir visitas, que continu.']^' 
ron los dias siguientes. Quizás no haya pueblo que acoja mas 
favorable y benévolamente á los que vienen de fuera. Tal vez 
se replicará que mi compañero y yo veníamos (1) con un carac- 



(1) Como comprobante de ser yo conocido podia poner tas fa- 
vorables manifestaciones que ha Iiecho la prensa de Santa Cruz: 
pero nos limitaremos á trasladar el siguiente suelto que con- 
tiene EL Ómnibus periódico que se publicó en la Gran-Canaria 
con fecha del 8 de Mayo. ''En el Vapor cadiz que en el 
mes pasado condujo la correspondencia de la Península^ ha 
llegado á Santa Cruz el Sr. D. Mariano Nougués Secall, 
auditor de guerra de la Capitanía General del distrito. 

''Este distinguido funcionario es el mismo que conocen to-^ 
dos los suscritores al faro nacional por los numerosos y bien 
redactados artículos que ha publicado en este periódico^ det 
que ha sido uno de tos mas constantes colaboradores." 

"Conocido es también de los abogados déla provincia su 
TRATADO DE PRACTICA FORENSE NOVÍSIMA, obra quc dcmucstra los 
talentos de su autor como jurisconsulto." 

* 'Nos felicitamos de que tan distinguido escritor haya pisado 
nuestras playas, aunque con el sentimiento de que resida lejos 



_13_ 

ter oficial, que nos colocaba en cierto rango superior: 
tengo motivos para no suponerlo así, pues nrii nombre era 
conocido en la isla por mi$ publicaciones en el Faro Nacional 
y no había persona de mediana posición que no supiese 
que no era yo uno de esos empleados famélicos que en 
un destino, á cualquier precio, van áT asegurar su subsisten- 
cia. Pero sea como fuere, aunque los obsequios se dispensa- 
sen á la consideración que dá el cargo, yo hallo muy lauda- 
ble la costumbre dti estos Isleños. Es un homenage que tribu- 
tan al Gobierno, suponiendo que nó ha de enviar sino personas 
dignas á ejercer ciertos destinos, y por eso les abren con corr- 
teses ofrecimientos sus casas y hasta las Señoras envían sus 
tarjetas, llamadas aquí boletines. Esta urbanidad, repito, que á 
mis ojos tiene mucho mérito, y acredita que estos habitantes se 
hallan animados de un tierno afecto á los peninsulares, que son 
cordialmente ospañoles y que nos aman como verdaderos her- 
manos. No pódian ser otra cosa: los que quitaron un brazo á 
Nelson, siempre, siempre serán españoles. No olvide el Gobier- 
no tan favorables disposiciones; proteja estas islas y estréche- 
las con vínculos indisolubles á la Península y verá resultados 
favorables. Yo diré áV. lo que se me alcance sobre la materia, 
toda vez que mi genio laborioso me facilita hacer tiempo, usan- 
doesta fraseen distinto sentido que la toman los holgazanea. 

Mi compañero y yo nos presentamos al General D, José 
Martínez; hallé el original exacto con la pintura que se me 
había hecho: simpático, dulce, obsequioso para los que vienen 
á un país estraño, dispensándoles toda cls^se de consideracio-f 



^W**""*""" 



de nosotros. Sin embargo puede estar persuadido de qtie eneon^ 
trará en todos los canarios la misma afectuosa amistad y la hos-^ 
pitalidad cariñosa que hallará en Tenerife, ofreciéndole desde 
luego las columnas de nuestro periódico, á las impiraciones que 
bajo nuestro hermoso cielo brotctrán sin duda de su fecunda iwa- 
ginacion.^* 

Mas que para consignar tan halagüeñas calificaciones se 
transcriben las palabras del Ómnibus en esta nota, para demostrar 
el autor su agradecimiento á la redacción de dicho periódico:, 
cuyos individuos siente no conocer. Les reitera su agradecimien- 
to á tan lisongeras espresiones y no duda que los redactores del 
periódico Canario tendrán una satisfacción al ver el celo con que 
el<iutoi' se propone fomentar tos intereses de todas las islas. 



—14— 

nes, como su protector y amigo: he aquí como se nos pre- 
sentó el General Martínez, que es querido generalmente, y que 
manda sin que se advierta que impera, que es la principal ha- 
bilidad que deben tenerlos que mandan. 

Encargado de la Auditoría principié á ver los procesos y 
causas y muy Inego con* la lectura de los escritos eché de ver 
que se hallaban redactados en buen estilo y que manifestaban 
conocimientos exactos déla ley; por lo que he visto infiero 
lo demás, ab ungue leonem: me reservo hablar mas adelante 
sobre el foro cuando trate de las materias relativas ala ad- 
ministración de justicia. 

Apenas sale uno del muelle por una rampa suave vie- 
ne uno á dar en la plaza principal que es un cuadrilongo de 
bastante ostensión: toda^lla se halla embaldosada y en un 
declive que, aunque no perceptible al pronto á la vista, se ha- 
ce notar sin embargo por la incomodidad que produce luego que 
se dan algunas vueltas. 

En la parte inferior de esta plaza se halla el castillo ile 
San Cristoval, desde donde se hacen las señales á la llegada 
de los buques: cuando se está en la parte superior de la plaza 
se descubre el mar y se ven los palos y jarcias de algunos. 

Antiguamente, según he oido, habla una fuente en forma 
de copa hecha de piedra negra volcánica: se quitó con muy 
buen acuerdo, por que las fuentes siempre producen char- 
cos y desaseo, que debía evitarse en un punto, que por 
necesidad debia serlo de concurrencia en una población 
donde ofrecen tan poco los páseos. Aquí vienen á reu- 
nirse las gentes al anochecer y permanecen gozando de las 
brisas do la noche, cuyo soplo refrigerante es un consuelo 
para los vecinos, que durante el dia no han podido salir sin 
esponerse á un calor, que tienen que recibir inevitablemen- 
te, pues las casas carecen de aleros. 

Pero si la fuente ha desaparecido, todavía se conserva un 
obelisco, que algunos estrangeros han calificado de bastante 
buen gusto y cuyo marmol se dice se trajo de Italia. En la 
cúspide hay una imagen de la Virgen de la Candelaria: á los 
cuatro ángulos de la base del obelisco están en postura humilde 
y de recogimiento cuatro figuras que representan otros tantos 
menceyes délos guanches y que se supone ser los de Guimarr 
Dmie, Abona é kod, con coronas de laurel en la cabeza y 
llevando en la mano la canilla que recibían al tiempo de.su 
coronación, como distintivo de su poder. Se erigió este mo- 



_15_ 

numento en honor de Nuestra Señora de la Candelaria, que 
se supuso aparecida á los guanches» 104 años antes de la con- 
quista. 

A los 4 lados de la base se leen cuatro inscripciones: las 
copiaremos para completar la descripción y por que cromos 
que generalmente pocos examinan loque tienen á la vista. Es 
bien cierto aquel probervio que dice, que no vemos lo que te- 
nemos muy cerca y lo que está muy lejos. 

Inscripción de la parte qué mira al mar- 

A espensas y cordial devoción 

del Capitán 

D. Bartolomé Antonio Montañés, 

castellano perpetuo 

del castillo Real de la marina 

de Candelaria. 

Año de N. S. J. Cto. MDCCLXXVIII 

El X« del Pontificado 

De N. S."«- Padre Clemente XÍII 

Y el IX de la proclamación en Madrid 

de N. Católico Rey y Sr. 

D. Carlos 3.* 

2.* f^á la derecha.J 

Esta sacra pirámide 

se enge 

Monumento de cristiana piedad, 

Para eterna memoria 

De la maravillosa aparición 

de Candelaria 

Imagen de María S.°**- 

cuyo sagrado busto 

adoraron en esta isla 

los gentiles 

104 años 

antes de la predicación 

del Evangelio. (1) 



(1) Se entiende en las islas ^ no en el Orbe. 



— 16_ 

3/ 

Los regios sucesores 

de Tenerife, 

coronados de flores 

y trayendo 

por cetros magestuosos 

las áridas canillas 

desús padres, 

reverenciaron oculto numen 

en esta santa imagen: 

Vieron la luz de Dios 

entre las sombras 

y la invocaron 

en todas sus angustias. 



Los cristianos conquistadores 
la aclamaron 
patrocinio especial de Tenerife: 

los isleños 

patrona gtneral de las Canarias: 

su templo es frecuentado: 

sus milagros continúes: 

adoradla, 

que es imagen 

de aquella augusta madre 

de Dios 
que por los hombres 
se hizo hombre. 

No parecerá fuera del caso que con este motivo demos ra- 
zón de la causa de esta devoción á la Candelaria. Se supuso 
que hacia el año 139^, como unos cien antes de la con- 
quista de Tenerife por los españoles, yendo al romper el dia 
unos pastores guanches en busca de sus ganados al pasar á 
lo largo de la mar, descubrieron sobre una playa de arena 
llamada Chimisaye en el reino de Guimar la figura de una 
muger que llevaba en brazos un niño. Al pronto según la 
costumbre del país no se atrevieron á acercarse ni le dirijic- 
ron la palabra; pero notando qué no se movía ni mudaba de^ 



—17— 

lugar, le hablaron y creyendo que no quería contestar, uno 
de ellos en vez de seguir su camino^ cogió una piedra para 
tirársela y habiendo levantado el brazo le quedó yerto y es- 
tendido con grande admiración de sus camaradas, que 
después de otros milagros de esta especie, corrieron á dar 
noticia á su rey que se llamaba Acaimo. El príncipe vino 
apresuradamente con toda su corte y fué testigo de prodijios 
todavía mayores y consultó á los demás reyes de Tenerife 
con ocasión de esta portentosa imagen que estuvo á pique de 
difundirla perturbación en la isla porque todos querian pose- 
erla. (1) Sin enibargo de acuerdo con el parecer del rey de Tao- 
ro, que se hallaba interiormente inspirado se trasladóla Vir- 
gen á un edificio, que se construyó ex-profeso á corta dis- 
tancia del sitio, en que tuvo lugar este suceso. Hubo quien 
amante de lo maravilloso pretendió que esta imagen había 
sido traidadel cielo por los angeles que se propusieron con- 
vertir los guanches, dispensándoles un favor particular, 
pero Gomar en su historia general de las Indias sostie- 
ne una opinión muy razonable y es ka de que algún nave- 
gante la dejaría, pues por la época citada del 1393 ya se co- 
menzó á esplorar con el auxilio de la brújula las islas leja- 
nas. Esta efigie desapareció á consecuencia de un aluvión que 
la arrebató. 

Como forastero recorrí la población, que me pareció asea- 
da: las calles muy bien empedradas y con aceras: muchas 
de ellas son largas y rectas como la del Castillo y algunas 
van á parar al mar, á cuyas orillas se halla situada esta 
villa en forma de anfiteatro. Las casas casi todas tienen azotea, 
desde donde se alcanzan preciosas vistas. 

La plaza principal, como ya he manifestado, es un punto 
de reunión, donde se pasea diariamente al anochecer y parti- 
cularmente los Domingos. 

Contribuye no poco á llamar la concurrencia el situarse en 
ella los dias festivos la música del batallón provisional, que 
toca diferentes piezas. Siento, al hablar déla música, tener que 
hacer mension del Capitán General, no se crea que son lina 
lisonja mis palabras; pero siendo un fiel cronista todo lo diré 
sin ningún género de empacho. El General consideró que de- 
bía realzar el esplendor de la fuerza militar una música, y 



(1) P. Espinosa Libro 2.* cap. 2.* y otros autores. 

3. 



— 18— 

en menos de un año soldados ignorantes han aprendido di- 
ferentes instrumentos bajo la dirección del músico mayor y 
otros de contratarlos clarinetes aun creo que no llevan dos 
meses de enseñanza: el resultado es que los dias festivos 
el público tiene una distracción y un entretenimiento, fue- 
ra de que muchos de estos hombres con esta enseñanza ad- 
quieren un nuevo modo de vivir. La prontitud con que han 
aprendido se debe á la viveza de estos naturales, que son gen- 
te despierta y lista por lo que -yo he podido conocer. 

Y ya que hablo de la gente, haré mérito de sus trajes: los 
labradores llevan una manta blanca de lana doblada, fruncida 
por el cuello al que la ajustan: los Sres, Web y Berthelot pre- 
tenden que es una imitación del /amoH'o, que usaban antigua- 
mente estos isleños: las mugeres usan casi todas sombrera: 
sobre la cabeza colocan un pañuelo blanco y sobre él un 
manto ó mantellina de bayeta blanca ó pajiza, y sobre 
ella se encasquetan el sombrerillo de paja unas, y otras uno 
negro de la misma forma que el de los hombres. Los som- 
breros de paja no sientan mal, especialmente á las labrado- 
ras jóvenes y bien parecidas: pero los sombreros cónicos, 
como los de nuestros paisanos aumentan, siendo negros, la 
fealdad de las viejas y mal caradas, que ponen á un edifi- 
cio poco agradable una cúpula de mal gusto. De todos mo- 
dos el sombrero es aquí una especie de decencia y lo usan 
como de rigor y etiqueta aun las que no llevan medias, así 
como las vizcaínas llevan tocada la cabeza mientras que en- 
señan desnudo el pié. 

La clase ñna es lo mismo que en nuestro país; las señorasr 
y señoritas visten con gracia y aun con lujo, quizás escesi- 
vo para lo que es la población: preciso es reconocer que 
aquí las facciones de la clase acomodada son mas regula- 
res y graciosas que las de la gente del pueblo que he vis- 
to circular por esta villa. La pronunciación es semejante 
á la andaluza, pero con un tono especial. 

Berthelot dice, que la mirada de los insulares no desmien- 
te su buen natural y esta llena de espresion y que en las 
mugeres es casi provocadora. Me parece que no se equivoca en 
su juicio; sin embargo mas adelante hablaré sobre el parti- 
cular. 

Se nota una continua emigración de la gente del pue 
blo á Cuba y la America, y las jóvenes de la clase fina emi" 
gr?.n también, casándose regularmente con habaneros ó pe" • 



—19— 

nínsulares. Se recuerda en los fastos de la galantería, que 
un batallón que vino con casi toda la oficialidad compues- 
ta de solteros^ salió con todos los oficiales casados, cuando 
se mudó la guarnición. Este hecho me lo han referido, como 
lademos tracion mas positiva de los atractivos de las isleñas, y 
sobretodo de su virtud, pues nadie se casa donde las conquistas 
de aventura son fáciles. 

Merece singular mención un mercado que se halla en un 
edificio que se llama Recoba, donde se colocan los vende- 
dores tanto de la villa como forasteros: presentan los fru- 
tos de la tierra con pulcritud: en el mismo local se hallan 
las carnicerías. El pescado fresco se vende junto al muelle 
en un lugar, que seguramente necesita reforma. 

Embaraza sobre manera los cambios el uso de la mone- 
da columnaria: la peseta de e^ta moneda se llama tostón: 
el real se apellida físca. Además se usa la moneda imagina- 
ria de los reales de plata que, como los aragoneses, son de 
16 cuartos. El Gobierno haría un beneficio á estas islas re- 
cogiendo la moneda columnaria, así como ha recogido en 
Puerto-rico la macuquina, No necesitaría una gran suma 
para esta operación. Los compradores ganarían con esta me- 
dida pues siempre pierden los picos; los empleados eran acre- 
edores á este beneficio, ya que se les ha privado del de la 
6." parte, en el supuesto de que era mas barato este pais, 
siendo así que nada hay barato sino la carne, pues las mer- 
cancías están caras y también los frutos del pais^ á lo que ha 
contribuido 1 ." la enfermedad de las patatas, llamadas aquí pa- 
pas S.** el haberse destinado casi todas las tierras al cultivo de 
ios nopales para la cochinilla. El resultado es que los co- 
mestibles tienen casi el mismo precio que en la corte, y lo 
mismo todos los géneros escepto los de algodón. Deberá V. 
-conocer de consiguiente que el empleado que tenga familia 
no puede hacer economías, sino en cuanto no tiene teatro don- 
de pueda asistir, ni otras diversiones que si cuestan, á lo menos 
distraen y hacen nías llevadera la vida lejos de la patria. 

Me ha estrañado no ver Casa Consistorial: parece que el 
Ayuntamiento no la tiene y que se sirve para sus sesiones 
y su secretaria de una parte del Convento de San Francisco. 
f|ue es actualmente cárcel y contiene otras varias oficinas. 
Me figuro que la Municipalidad no descuidará arbitrar 
medios para la construcción de un edificio, que no debe faltar 
en la capital de una isla. La población que aspira á serlo de- 



—so- 
be hacer ciertos sacrificios. 

Quizás no sería difícil su construcción si el Ayuntamiento 
se pusiese de acuerdo con las autoridades. Ni la Capitanía 
General ni otras dependencias militares, ni el Gobierno de 
Provincia, ni el Correo etc., tienen edificio propio. Se ven 
precisados á valerse de localidades alquiladas, lo que no de- 
ja de ser un gravísimo inconveniente. Los alquileres que se 
satisfacen son muy crecidos. Con efecto 

La Capitanía General paga anualmente 14,100. 

La Intendencia Militar 5,400. 

La casa que ocupa la brigada de Artillería y una 

accesoria 3,700. 

Una casita para la guardia del honor del Capitán 

General 480. 

Total. . . 24,380. 

Los alquileres de las dependencias militares ascienden á 
mas de 24,000 rs. anuales. 

Veamos ahora lo que importan los de las dependencias 
civiles. La casa del Gobierno Civil cuesta 8000 rs. la de Cor- 
reos 5400, y la Oficina del distrito de obras públicas 2600: 
juntas 16,000 que unidas á los 24,380 forman el total de 
40,380 rs. El Estado satisface pues anualmente por las de- 
pendencias militares y civiles en alquileres una suma enor- 
me, que se economizaría sise construyese un edificio en 
que se pudiesen colocar. No solo se ganaría mucho en deco- 
ro con esta obra, sino que la villa de Santa Cruz se mos- 
traría digna del rango á que aspira. Le hace falta un edi- 
ficio que demuestre cierta grandeza. Punió en que pudiera 
construirse, no falta: está la plaza que se inauguró con el 
título del Principe: en su frente á la espalda de S. Francis- 
co podría elevarse este palacio que podria tener delante un 
jardin ó glorieta, en donde habría amplitud para que se reu- 
niese el público. Además existiría la ventaja de que pudie- 
se utilizarse el convento. La torre que es graciosa podria 
servir entre otras cosas para colocar el pabellón nacional. 

Estas indicaciones nos lisonjeamos que escitarán el celo 
del Ayuntamiento y que le harán pensar en la ejecución de 
una obra que podria llevarse á cabo contribuyendo propor- 
cionalmente la villa, la provincia y el Estado: ó bien la vi- 
lla y la provincia podrían, levantando un empréstito, hacer la 
obra y después arrendar á las dependencias del Estado el 



—21-. 

edificio, con lo que se formaría una renta considerable que 
bastaría para gran parte de sus necesidades. El Estado po- 
dría facilitar los confinados. 

Pero dejemos este punto para convertir nuestra atención 
á otros mas serios. El domingo 18 era el dia de la comunión 
de los enfermos: en el Hospital fué un dia de regocijo y de fiesta: 
el local estaba adornado con elegancia: las camas muy limpias 
. y todas con colchas blancas de las que aquí llaman confi- 
tadas: el SS.™**- salió de la parroquia en procesión con la mú- 
sica militar, y después de administrar el viático á los enfer- 
mos, se les sirvió á las I2V2 una abundante comida, que 
llevaban á las camas personas de diferentes clases que con- 
fundia en una la caridad. Esta es la democracia que se co- 
noció en España aun bajo el gobierno de los reyes absolu- 
tos: la democracia de la caridad. El Hospital de los Desampa- 
rados como la mayor parte de los de España y sus islas se debe 
al clero, ó á individuos de su clase. Hubo en Santa Cruz 
dos eclesiásticos celosos y caritativos, que acometieron la em- 
presa del socorro de los enfermos. 

D. Ignacio Logman, Venerable Beneficiado, yD. Rodrigo 
Logmau, Vicario de la Iglesia Matriz de Nuestra Señora déla 
Concepción de esta Villa, fundaron el Hospital de Nuestra Seño- 
ra de los Desamparados de la misma, habiendo empezado la 
obra á 30 de Abril de 1745. 

Sus retratos se ven en los corredores y son un obsequio 
sincero que se tributa á las virtudes de dos hombres que 
emplearon su vida en hacer bien. También vi el de un nm- 
lato llamado Eduardo Barry que fué bienhechor del Hospital 
en 1852. A los católicos debe ser mas agradable buscarla 
inmortalidad en los hospitales que en los palacios y salones 
políticos: en los hospitales siempre se halla Jesu-Cristo, por 
que está la caridad, que es el alma de la religión que fun- 
dó. De limosna se recogió la suma de mas de 4000 rs., que 
es un testimonio deque Tos Logman tienen imitadores en los 
habitantes de Santa Cruz. Vi con placer recorrer las salas las 
hermanas de la Caridad. ¡Es tan hermosa esta institución! 
¡Es tan católica! Cuando veo una muger que se olvida de sí 
misma para consagrarse al consuelo de los enfermos, no pue- 
do menos de levantar mis ojos al cielo y de esclamar ¡He aquf 
una víctima que se inmola en las aras de la religión/ Hl sa- 
crificio de una sola de esta vírgenes, compensa sin duda á 
los ojos de Dios la abominación de tantas mugeres perdidas 



—22— 

como recorren las calles de las grandes poblaciones; es una 
oración continua á favor de la humanidad. 

Como la población crece, eí hospital deberá engrandecer- 
se y creo, al ver el entusiasmo que reina por este cstobleci- 
míento, que recibirá mas estension. 

El paseo es una necesidad y mas para un forastero, que 
á los principios tiene que vivir en su casa y en el campoy 
En esta Villa hay uno á la bajada del muelle que se llama la 
Alameda: es corto pero gracioso: dan sombra los tamarindos, 
varios plátanos dei Líbano y otros árboles; tiene cinco calles, 
la del centro es regular, las de los costados muy estrechas, 
hay asientos para descansar y una fuente en el fondo. Aun 
que es pequeño el recinto de este paseo, la lozania de los ár- 
boles y la variedad de flores plantadas en los intermedios lo 
constituyen un lugar delicioso. Regularmente son los niños 
los que lo ocupan, por que allí se encuentran fuerade riesgo. 
Se me dijo que habia sido ejecutada esta mejora poco mas 
dea mediados del siglo último. 

Hay también otro paseo que se llama la Alameda de la 
Concordia por haber sido obra en 1838 de un Capitán General. 
Marqués de este título: actualmente es muy poco frecuenta- 
do. Lo común es salir á la carretera que vá á la Laguna y 
torcer á la derecha para entrar en el Camino que se llama 
de los coches. Al andar por el tuve una satisfacción singular, 
por que vi habia sido mejorado y embellecido por un ara- 
gonés, por el General D. Jaime Ortega. Todavía se lee en una 
de las paredes del callejón que lo forman, el rótulo de Pa^eo de 
Ortega, y se conservan los rosales y arboles que mandó plan- 
tar. Lastima que la plantación no haya continuado, y ma- 
yor lástima todavía que aquel General no haya podido rea- 
lizar otro proyecto que, según me han dicho tenia que era 
el de continuarlo por junto á la quinta de Huerta- Vistahis- 
ta las inmediaciones del Lazareto. Entonces los paseantes 
no se verían reducidos á un terreno limitadísimo en sus 
escursiones y podrían espaciarse mas. 

Reservaré para otra carta el hablar de diversas materias: 
no quiero borrar con ellas la dulce impresión que deja el 
recuerdo de mejoras útiles: así es que en la siguiente ha- 
blaré de la importancia de estas islas, todavez que nada es 
mas' natural que este orden. 

A Dios, amigo mío: no olvide V. al que aunque se 
halla en las afortunadas, no es completamente feliz es- 



—es- 
tando separado de su familia, y es su afectísimo 

. M. .N. 

I 

Carta 3/ 

Santa Cruz de Tenerife 28 de Abril de 1858. 

Sr. D. 

Importancia de las Cananas por su 
proximidad á la Península y Antillas: por sus recuerdos etc. 

Mi querido amigo: no soy hombre pob'tico; soy un sim- 
ple Auditor de Guerra que falla pleitos y causas, pero que 
siempre y en todo pais ha empleado los momentos de ocio 
en estudiarlo, y que no se ha limitado á ver materialmente 
la tierra que pisa. Sin ser hombre político he dirijidomis mi- 
radas quizás mas adelante que otros, que se dan tono y que 
se pretenden atribuir una supremacia ridicula. 

Al dar mis paseos á las orillas del mar ó por el camino 
de la Laguna me he hecho estas preguntas. ;.Que son las 
Cananas por su naturaleza? ¿Que son actualmente? ¿Que de- 
berían ser y como podrían serlo? 

El célebre historiador Viera y Clavijo llamaba á las Ca- 
narias un nuevo remo, prenda y pronóstico de otros mucho 
mayores: .reino, que era puente de comunicación y feliz 
escala de comercio para las cuatro partes del mundo, pues de 
las Canarias se puede navegar á España en 4 dias: á Portu- 
gal en 5: á Francia en. 8: á Inglaterra é Irlanda en 10: 
a Holanda en 12: á Hamburgo, Dinamarca etc. en 18 á 25: á 
los putrtos é Islas principales de América en lo á 26: ua 
reino á la vista del África, cuyos puertos son mas cercanos 
á las Indias Orientales^ pasados los peligros délos mares del 
norte, canales, y vientos variables: y cuya altura es el pa- 
so de todos los navios que navegan á ellas y á las costas de 
Guinea. Bien presente, añade Clavijo, tenia todas estas ven- 
tajas el gran político Guillermo Pitt, ahora Conde Chatam, 
cuando escribió en 1748 su libro, reimpreso en Londres á 
principios de la última guerra, en que animaba con fuertes 
razones á ¡os Ingleses sus paisanos, para que cambiasen 



—24— 

por una de las Canarias su amada é importante posesión 
de Gibraltar. (1) 

Mr. Bory en sus Ensayos sobre las Islas Canarias cap. 4.* 
decia ''bajo el cielo mas feliz, que ve llegar á madurar los 
frutos del antiguo y nuevo mundo, acorta distancia de las cos- 
tas de Europa, las Ganarías hubieran podido ser las colonias 
mas florecientes del universo, si se les hubiese dado el régi- 
men que les convenia y no se hubiesen puesto trabas á su 
comercio, si se hubiese alentado su agricultura.'* 

*'La nación europea que llegase á reunir las islas Azores, 
las de la Madera^ las Canarias y las de Cabo- Verde; que no 
omitiese medio para su cultivo y mejora^ encontraría en estos 
archipiélagos abundantes riquezas que no tendrían, como 
las que se sacan de nuestras remotas colonias, el inconvenien- 
te de gastar un tiempo demasiado largo en llegarnos. Vein- 
te dias bastan para llegar de nuestros puertos á las islas 
atlánticas mas remotas, y en ocho dias se podría ir á las mas 
próximas. Agregúese á esta cercanía la proximidad á las cos- 
tas de África en donde, cualquiera que sea el sistema colo- 
nial que se adopte, sería fácil irá buscar brazos para el cul- 
tivo. '• 

Vemos pues que un estranjero que escribió con posterio- 
ridad á Viera, esto es, después de la revolución francesa es- 
tá de acuerdo con las ideas de nuestro autor y reconoce la 
importancia de las Canarias. 

Los Reyes católicos según Nebrija citado por Clavijo fen 
el mismo tomo 2.* pagina 31) deseaban hacer de las islas 
Canarias como un barrio ó provincia suburbana de España. 

Estas citas me eximen de dilatarme en nuevas conside- 
raciones: Clavijo en breves palabras demostró toda la im- 
portancia de las Canarias y nos recordó el gran pensamien- 
to de los Reyes Católicos. Si tan elevados monarcas lo hablan 
concebido cuando todavia no se hablan descubierto la Améri- 
ca ni las Filipinas ¿que no pensarían ahora? Su augusta nie- 
ta nuestra Reina y Sra. Doña Isabel tiene en las palabras 
de sus abuelos una instrucción á que adherirse, una enseñan- 
za que seguir, un consejo que debe servirle de norte. Los es- 
tablecimientos de Fernando Póo, Anobon y Coriseo hacen mas 
interesantes las Canarias, que son además la llave de núes- 



(1) Noticias de la Historia de las Islas Canarias etc. por D. 
José de Viera Clavijo. temo 2.* Prólogo. 



—as- 
tro comercio con el África, y tal vez el medio de que poda- 
mos formar una colonia, ó á lo menos una factoría en sus 
costas. 

Con lo dicho habia suficiente para conocer la importan- 
cia de estas islas, pero como el asunto es de suyo tan intere- 
sante no omitiré decir, que las Canarias fueron el pedestal de 
las glorias españolas y la tierra hopitalaria, donde el genio del 
inmortal Colon puso el pié para lanzarse al descubrimiento 
de un nuevo mundo. 

Colon, que se hizo á la vela en el puerto de Palos en 
3 de Agosto de 1492 con tres embarcaciones y 120 hom- 
bres entre marineros y soldados, arribó con tan pequeña aun- 
que famosa escuadra á la Gran Canaria el 11 del mismo mes. 
Aquí puso á la Pinta, (una de sus tres naves) el timón que 
se le babia rendido en el golfo y mudó la vela latina en otra 
redonda: 20 dias permaneció en Canaria, saliendo á prime- 
ro de Setiembre, y al cuarto dia entró en la bahia de la Go- 
mera, su antiguo domicilio según Viera, donde refrescó su 
aguada, reemplazó los víveres, entró leña y reforzando 
el equipage con alguna gente del pais siguió su navegación 
el 7. 

Quizás sin el anterior descubrimiento de las Canarias la 
espedicion de Colon se hubiera fustrado: quizás viendo des- 
provista de timón una de sus naves, sin la esperanza de aportar 
a estas islas hubiera vuelto á España, y su regreso hubiera si- 
do su descrédito y la señal para que le atacasen sus émulos 
y se le retrajesen sus marineros: pero las Canarias le ofrecie- 
ron abrigo y fueron, como dice \iera, el meridiano feliz, de 
donde partió para descubrir el 11 de Octubre la primera tierra 
del nuevo mondo, teatro preparado paralas ilustres hazañas 
de los isleños de Canarias, á quienes está la América en la 
mayor obligación. (1) 

Advierte el mismo autor que en su segunda espedicion 
avistó aquel célebre marino en 2. de Octubre de 1493 la 
Gran Canaria, y el 5 entró en la Gomera de donde salió el 
7: que en 19 de Mayó de 1489 volvió á visitar á esta isla, 
y que por cuarta vez volvió á Canaria, en cuyo puerto sur- 
gió, el 19 de Mayo de 1502. 

Cuando Colon dirigía siempre el rumbo á estas islas, ya 



(1) Viera Clavija lom. ^.\pag. 169. 



—26— 

puede considerarse el precio en que las lenia y lo interesan- 
tes que las reputaba. Indudablemente debía reconocer, que 
sin los auxilios que le prestaron, hubiese abortado su em- 
presa: quizás las miraba como el origen de su gloria, como 
la causa real y efectiva de su celebriaad, por que como dice 
Viera "cuantos han leido la historia de las revoluciones del 
"mundo saben, que el conocimiento de nuestras islas, su 
"conquista y su fama sirvió como de antorcha para abrir 
"los ojosa los hombres de genio y allanar el camino á nue- 
"vos descubrimientos y navegaciones occidentales." 

En despique de no haber conseguido los portugueses ha- 
cerse dueños de las Ganarías, aguijados por el ansia de hacer 
investigaciones parece que descubrieron las islas de Puerto 
Santo, la Madera y las Azores. 

Goloh que se había casado en la de la Madera y que vi- 
vía en la de la Gomera, se dice que recibió las confídencias 
del piloto andaluz Alonso Sánchez de Guclva que, haciendo 
el comercio de las Ganarías y de la Madera, fué arrebatado, 
hasta las costas de una tierra incógnita, de donde volvió con 
solos tres de su equípage, habíendk) fallecido todos á los po- 
cos días, victimas de sus penalidades y trabajos. 

Las Ganarías ó fueron, las depositarías de esta tradición 
de la existencia de un nuevo mundo, ó en ellas adivinaron esta 
verdad los ojos perspicaces deGolon. Sea como fuere, este 
suelo le vemos destinado á una misión especial, vemos seña* 
lada su importancia por el dedo déla Providencia, que desea- 
ba oUirgar dias de esplendor á la nación española. 

Úb byron normando, separando los ojos de la Europa y 
sin volverlos al Oriente, á donde todos los pueblos miraron 
hasta entonces cuando se trataba de dar rienda ai espíritu a- 
aventurero, concibe el proyecto de la conquista de las Gana- 
rías y arriba á Lanzaroteen 1402; y mas adelante presta ho- 
menage á Enrique 3.** de Castilla. Vemos pues que la Pro- 
videncia iba preparando' á los monarcas españoles para el 
descubrimiento y conquista de un nuevo mundo. Juan Bethen- 
court» dominando parte del archipiélago canario, debía ser 
el precursor de Golon: debía dejarle una escala desde don- 
de pudiese saltar al otro hemisferio en alas de su genio: de- 
bía principiar á rasgar el velo que cubría el Occéaoo Atlán- 
tico, velo que no permitió el Señor se rasgara hasta que 
la monarquía española^ lanzada la morisma de Granada, pu- 
diera consagrarse con ahínco á otras empresas fuera del 



^27— 

suelo de la Península. 

Al mirar estas islas, esta tierra destinada á despertar tan 
gigantescos pensamientos, tantas ideas de grandeza y de por- 
venir, el viajero no puede menos de esperimentar una im- 
presión profunda, inesplicable: yo la he esperimentado, ami- 
go mió; no he visto solo un país privilegiado por la dul- 
zura de su clima, por el despejo de su cielo, por la varie- 
dad de sus frutos; mi vista retrocediendo á los siglos pasa- 
dos se ha recreado en los recuerdos de una época lejana y 
ha asistido á aquella imponente escena, en que el genio de un 
navegante atrevido proclamaba desde estos ricos la existen- 
cia de un nuevo mundo. Hay pues en estas islas un género 
de poesía, la poesía de los recuerdos de grandes acciones, que 
han variado la faz del universo. 

De Tenerife según nos dice Viera (1) salieron algunos con- 
quistadores del rio de la Plata en 1535: en la ribera del rio 
de la Magdalena llegó á fundarse una Ciudad con el nombre 
de Tenerife, nombre que le puso el Adelantado en memoria 
de la isla que conquistara su padre. Seria interminable si 
hubiese de recorrer las acciones gloriosas de los Adelanta- 
dos y del p^is que les ayudó para ejecutar tan insignes ac-^ 
tos de heroísmo. 

Hemos considerado estas islas como un reino poderoso y 
rico; como un hallazgo precioso preparado por la Providen- 
cia para el descubrimiento del nuevo mundo; como una pro- 
longación de la España; como un barrio de la misma, co- 
mo ^una escala venturosa en medio de los mares; ahora es 
preciso que las consideremos como una fortaleza avanzada, 
como un lugar de refugio y amparo para los navegantes es- 
pañoles, comprobándolo con su nistoria, con los actos de hero- 
ísmo y proezas de sus naturales; y siendo innumerables las que 
se eiecutaron solo referiremos algunas. 

En 1595 el in^és Drake fué rechazado gloriosamente 
de la Gran Canaria: de la Isla de Tenerife se despacharon 
algunos avisos á la flota y galeones que debían volver de la 
América, lo que sirvió de entero resguardo, y el Sr. D. Felipe 
8.*, dándose por muy bien servido de esta fidelidad, despa- 
chó su Real Carta de agradecimiento á la isla de Tenerife, 

D. Agustín Herrera, Conde de Lanzarote, hizo muchas 



(1) Tom.i. pag.Ul. 



—28— 

presas (1) sobre los corsarios hugonotes que á fines del si- 
glo 16 infestaban estos mares y los de América; en la Gra- 
ciosa apresó á los ingleses con grave perdida de ellos una ga- 
lera de 14 remos por banda: poco después rindió en las cos- 
tas de Lanzarote un galeón de Inglaterra, que cargado de mu- 
niciones, iba en seguimiento de una escuadra que pasaba á la 
India. 

En la isla de los Lobos quitó á dos corsarios ingleses dos na- 
ves españolas que habían apresado. 
' En los puertos de Lanzarote se abrigó uno de los galeo- 
nes del Rey que habia sido seguido por los piratas, y al año 
siguiente (debió ser el de 1617) sabedores de que en el puerto 
de Bufona se abrigaba un armador inglés con una presa de 
azúcar, los isleños le acometieron y se apoderaron de ambas 
embarcaciones. 

La bahia de Santa Cruz de Tenerife defendió en 1657 los 
galeones déla España y si estos fueron incendiados por la 
escuadra de Blake y por su segundo Stayner, el refugio de 
este puerto hizo que aunque pereciese la flota , fuese sin enri- 
quecer con sus despojos á los vencedores. (2) 

En 1740 se inmortalizó la isla de Fuerte-ventura comba- 
tiendo á cincuenta ingleses que desembarcaron de una balan- 
dra, de los que 30 quedaron muertos y los 20 prisioneros, 
siendo lo admirable que solo 5 isleños llevaban armas de fue- 
go: esto sucedió en 21 de Octubre y el 29 del mismo mes y 
año otro corsario desembarcó 55 hombres que todos perecie- 
ron en la refriega. ^ 

Los corsarios llamados el Lord Anson y Hawke atacaron 
en 1762 la isla de Lanzarote, pero una bala disparada de tierra 
privó de la vida al comandante del primer buque. 

Santa Cruz de Tenerife recuerda el glorioso suceso d*i las 
armas españolas en 1797. Una escuadra, compuesta de buques 
que contaban 393 cañones, desembarcó la mayor parte de sus 
fuerzas y se apoderó del convento de Santo Domingo: el al- 
mirante. Nelson perdió el brazo derecho antes de poner el pie 
en tierra y se volvió al navio llamado el Teseo. El 25 de Ju- 
lio de dicho año 1797 las tropas británicas abandonaban la 
villa mediante una capitulación después de haber perdido 



(1) Viera Clavi jo tom. i.* pag* 333. 

(2) Historia de Cromwell por Yillemain. Lib. 9,' 



-.29— 

22 oficiales y 566 soldados según unos, ú ochocientos según 
oíros; pérdida que solo costó la de 23 muertos y 38 heridos 
de nuestras tropas. 

Las islas Canarias por cierto destino providencial se ven 
asociadas ala gloria de la nación española. 

Pero aun cuando hemos perdido la América todavía con- 
servamos dos preciosas Antillas, para cuya conservación son 
sumamente útiles las Canarias. En elh^s podrian aclimatarse 
las tropas que se destinasen ala Habana: asi aquel clima ho- 
micida no ejercería sus rigores sobre los batallones que se des- 
tinasen á aquella región tan rica, pero tan funesta para los que 
van asentar en ella el pié sin la debida preparación. , 

El Sr. D. Juan Montero y Gabuti, coronel gefede Estado 
Mayor de estas islas, me manifestó aloirme hacer esta indi- 
cación, que él hallándose en la Habana habia dirigido al Go- 
bierno una memoria en la que establecía un sistema especial 
para reemplazar el ejército de las Antillas, en cuyo sistema 
ocupaban un lugar distinguido las Canarias. Su plan en re- 
sumen era el siguiente: en todas las quintas que se verifica- 
sen en la Península debia señalarse su contingente al ejérci- 
to de Ultramar: los soldados que se destinasen á este ejército 
debian ir á Cádiz donde recibirían la 1.' instrucción: de allí 
se trasladarian á las Canarias donde debian existir los corres- 
pondientes cuadros de batallón á que se incorporarían, perma- 
neciendo prestando servicio y recibiendo la instrucción hasta 
que el Capitán General de la Habana oficiara pidiendo fuerza 
para el reemplazo de las bajas. Entonces se le remitiría la 
que pidiese, y al mismo tiempo el Capitán General de las Is- 
las Canarias reclamaría de Cádiz el reemplazo para comple- 
tar los cuerpos. 

Seguramente que este sistema no deja de parecer accepta- 
ble 1.' por que siendo las posesiones de Ultramar una par- 
te de los estados de la Monarquía española, debe atenderse 
á su conservación de un modo regular, cierto y constante, y 
no por lo3 medios efímeros é insuficiente, de la remesa de 
desertores, ó voluntarios, que son los mejores soldados parala 
seguridad déla isla deCuba: 2.* por que con el sistema propues- 
to por el coronel Montero se provee á un mismo tiempo á la con- 
servación délas Antillas y de las Canarias, estableciendo un enca- 
denamiento sumamente útil: 3/ por que de esta suerte se iba 
aclimatando la tropa y es de presumir que no se su- 
friesen las bajas que se esperimentan ahora, que re- 



—30— 

peniíuamente es transportado ud soldado desde la Península 
á Cuba: i." porc^uela [lermanencia de una gruesa guarnición en 
las islas Canarias debia darles vida con el consumo y aumen- 
tar la relaciones de sus habitantes con los peninsulares. 

No podemos menos de manifestar que esta sería una 
mejora, y que el Sr. Montero desarrolló un pensamiento útilísi- 
mo, y que nosotros solo hablamos concebido en general y 
en confuso, por ese instinto, del bien que muchas veces ms- 
pira una idea útil, pero cuyos pormenores no se desenvuel- 
ven sino por el que tiene conocimientos especiales en el 
ramo. 

Con pena hemos tenido que renunciar á la relación de 
una multitud de hechos gloriosos: me parece que Y. que- 
dará convencido de la importancia de estas islas por su posi- 
ción topográfica, sumamente útil para España y para sus co- 
lonias; importancia realzada con los gloriosos recuerdos de 
la conquista de América, con la sombra de Colon que an- 
tes de acometer empresa alguna parece que iba á saludar 
al Teide, y con las heroicas acciones de los habitantes de 
este archipiélago. En la próxima le hablaré de su importan- 
cia por la proximidad al África. 

Por tantos recomendables motivos estas islas son para 
mi la España y deben serlo para todos: pero me faltan en ellas 
los objetos de mi especial cariño y esto no puede menos de 
inquietar á su amigo 

.• M. N. 

Carta 4/ 

Santa Cruz de Tenerife 6 de Mayo de 1858. 

Sr. Dr 

Importancia de estas islas por su proximidad y dere- 
chos en la costa de África. 

Mi querido amigo: hoy me verá V. elevar á consider?.- 
ciones de gran provecho; voy á girar fuera de la órbita de las 
islas y á trasladarme á otro terreno. Así es preciso que lo 
verifique para hablar de la materia que me propongo: pero 
al salir del territorio de las islas no por eso prescmdo de 



—31— 

SUS ventajas, antes por el contrario mi proposito es pro|)Oi'- 
cionarselas duraderas y mas amplias que las que gozan ac- 
tualmente, demostrando todavía la importancia de estas is- 
las por su proximidad alas Costas de África, de la cual son una 
verdadera adyacencia. 

Las diversas regiones del mu^ndo son como los hombres; 
no pueden vivir aisladas: el mundo se dice vulgarmente 
que es una cadena; un golpe que se dé en un eslabón causa 
un sacudimiento en el remoto; pero sino hay punto del globo 
queesté independiente y aislado, si todos tienen relación en- 
tre sí; si el chino á millares de leguas de España trabaja para 
los Españoles, y el español para otros pueblos distantes: tam- 
bién es cierto que hay relaciones que deben procurarse con 
cierta solicitud, por que tienen una trascendencia considerable 
en la ostensión del comercio é industria de los pueblos. 

El país mas próximo á las Canarias es el África: su suelo 
debia prestar alimento á su eomercio y á su industria. Por 
un presentimiento sumamente razonable los Sres. de la Isla de 
Lanzarote hicieron esfuerzos para tomar posición en las costas, 
de aquella parte del mundo. Diego de Herrera. Sr. de Lanzaro- 
te, según dice Clavijo (1)^ por los años 1478, acalorado del va- 
lor de Saavedra su yerno, se habia enderezado enteramente 
hacia las costas de África fronterizas á Lanzarote, donde él 
y sus hijos habian ejecutado diferentes escursiones, cautivan- 
do considerables partidas de moros salvajes y pillando mu- 
chos caballos, camellos vacas y ganado menor. 

Este pasage, por la precisa connexion que tiene con los 
derechos de la corona Real de España sobre aquellas costas 
merece sertraido de mas atrás. '*Todos saben que los reyes 
de la dinastía goda poseyeron parte de la mauritania tin- 
gitana en la Berbería occidental, llamado hoy Biledulgeri- 
da. El conde D. Julián, de execrable memoria, era goberna- 
dor de esta Provincia por el rey D. Rodrigo, cuando tomó 
con los sarracenos la famosa conjuración que les dio la Es- 
paña. Se habia creido que las islas Canarias eran piezas per- 
tenecientes á estos antiguos dominios españoles y que to- 
das componían un obispado sufragáneo de la metrópoli de 
Sevilla: así hemos visto que luego que el Papa Clemente 6/ 
las erigió en reino feudatario de la silla apostólica, y dio la 



(1) Tom. \: Lib:6.pag. 481. 



—sa- 
ín vestidura al Infante de España D. Luis de la Cerda, hizo 
cuantas contradicciones pudo el rey D. Alonso XI, alegando 
que las Afortunadas pertenecían á su corona, como sucesor 
del rey D. Rodrigo, lo que quizás desconcertó principalmen- 
te las pretensiones del Infante.** 

**Hemos visto también, que al tiempo que Bethencourt el 
Grande conquistaba las cuatro islas menores emprendió al- 
gunas correrías en aquellas costas Africanas y que D. Enri- 
que 3/ de Castilla le concedió el señorío de las Canarias, y 
de las mismas costas con título de rey. Finalmante hemos 
visto, que su sucesor Maciot con la doble traslación que hi- 
zo del dominio ya al Conde de Niebla Castellano, ya al in- 
fante D. Enrique (portugués,) introdujo en ambos monarcas 
una manzana de discordias que subsistieron casi un siglo. 
Pero habiendo pasado de mano en mano el estado de las ist- 
ias Canarias y Mar-menor de Berbería á D.* Inés Peraza y á 
su marido Diego de Herrera, determinó este caballero for- 
tificar la dicha costa fronteriza á Lanzarote (desde donde le 
amenazaban los bárbaros) el puerto de Guader, ó de Santa 
Cruz de Mar-chica ó Mar-menor. Todos estos nombres se le 
daban.** 

'*Herrera se transportó con la tropa y provisiones nece- 
sarias. Mar-pequeña dista como 36 leguas de Lanzaroie^ Eje- 
cutóse el desembarco ala media noche por la embocadura 
del rio que aquellos naturales llaman el Vado del Mediodía, 
la cual forma una bahía navegable hasta tres leguas tierra 
adentro. Construida la fortaleza con una admirable prontitud, 
se coronó de artillería y se le puso una respetable guarni- 
ción al mando de Alonso de Cabrera. Herrera se restituyó 
k Lanzarote y los avisos y provisiones de boca se comuni- 
caí)an por medio de una fusta ó embarcación pequeña, que 
desde luego se deslinó á aquel ejercicio. De allí á pocos 
añoí?, siendo alcalde <lel presidio de Múr-'peq^ueña.ioíve Te- 
norio aconteció que un principe de la familia de los Shari- 
fe» ó Xarifes, que quiere decir nobles (la misma que des- 
nues destronó á Muley Nazar Abuchentuf Elcudela, rey de 
Marruecos y ocupó el trono) teniendo su residencia en un 
rastillo plantado sobre un monte, á corta distancia de Mar- 
pcf/ucfía, cuyo sitio se llama Tagunadest y pertenece á la 
provincia de Dará, determinó espeler de la tierra firme á 
a(|Ucllos incómodos huespedes. A este fin puso eñ campaña 
un ejército de 10,000 hombre^ de infantería y 2, 000. de áca- 



bailo y marchando á nuestra plaza la sitió/' 

''Avisado Herrera por Tenorio tuvo medio de enviar 
socorros y el principe Aoiaba abandonó la empresa. 

Glavijo habla á seguida de la presentación, del moro He* 
dergent, que bautizado se llamó Juan Gamacho, el cual 
capitaneó todas las entradas que Diego Herrera y sus hijos 
ejecutaron en la costa de Berbería que no fueron menos de 46. 

•*Este castillo de Mar-pequeña, dice por último Clavijo, 
estas invasiones y entradas en las estériles costas de África 
fronterizas á nuestras islas, de&de el tiempo de los Sres. de 
Bethencourt, dieron motivo á que aquellos arenales fuesen 
reputados como un agregado de la conquista de las Canarias, 
y un título inconcusa del derecho de la corona de Gas- 
tilla á esta parte de la tierra. Asi vemos que los adelantados 
de las islas fueron también capitanes generales de las cos- 
tas de África desde el cabo de Guer hasta el de Bojador, y 
que los corregidores de Ganarla cobrasen un sueldo de 50,000 
maravedís en calidad de alcaides del Castillo de Mar-peque- 
ña, plaza que no existe hace algunos años.'* 

El mismo Glavijo tom. 2/ S- 2Í pag. t71 nos dice que 
por el mismo tiempo que se dejó ver Colon en Canaria co- 
mo uno de los artífices de la grandeza de España, se unió 
ala Corona de Castilla el célebre castillo deGuader ó de Sta. 
Cruz de la Mar- pequeña en Berbería, supuesto que el nuevo 
Gobernador de la Gran Canaria Alonso Ta|ado, de la casa de 
los Marqueses de los Velez, lo reedificó y defendió del sitio 
que le puso una partida de tropas del Rey de Fez hasta preci- 
sarlas a retirarse. 

Vuelve en el § 25 á maqifeslar que los derechos de la 
corona de Castilla sobre estas costas de la Berbería occiden- 
tal como sucesora de D. Rodrigo, el último rey de los Godos, 
habían sido sostenidos^ por los primeros coüq^istíidores de las 
islas, y que las hostilidades que Juan Bethencourt y Diego de 
Herrera cometieron en ellas se reputaron como otros^ tantos 
actos de posesión: que el castillo que este construyó en el puer- 
to de Guader no solo fué un presidio ó dique que puso freno 
á los bárbaros que amenazaban continuamente á las islas, si- 
no también un abrigo para las armas cristianas á cuya som- 
bra se ejecutaron frecuentes correrías: que la familia de Her- 
rera no se ejercitó por mas de una centuria en otra 
cosa que en hacer correrías en Berbería: califica de me- 
morables las que ejecutó el conde Sancho Herrera el vie- 



—34— 

jo, diciendo que los ciervos que se conservan en los bosques 
de la Gomera son todavía monumentos de su valor: habla á 
seguida de Fernán Darías de Saavedra, Sr. de Fuerteventura 
hijo de Pedro Fernandez de Saavedra y nieto de Diego Her- 
rera que armó diferentes embarcaciones á su costa: que este 
ejemplo se hizo como título hereditario; pues su hija Gonzalo 
de Saavedra, con licencia especial de Felipe 2/, y sus nietos 
D. Fernando y D. Gonzalo de Saavedra ejecutaron muchas 
entradas en Berbería de cuyos naturales convertidos forma- 
ron dos compañías de milicias con el nombre de berberiscos; 
que D. Agustín de Herrera, hijo de Pedro Fernandez de Saa- 
vedra el mozo, murió á manos de los moros en una de las 
correrías ^ue hizo por orden de Carlos 5/ después de haber 
saqueado a Tafetán. 

Refiere así mismo que el adelantado D. Alonso Fernandez de 
Lugo, apenas conquistó la Isla de Tenerife, recibió orden délos 
Reyes católicos para navegar con su armamento á las costas 
de África en desempeño de su título de Capitán General des- 
de el Cabo de Guer al del Bojador á fin de construir un presi- 
dio en aquellas partes: que desembarcó una torre ó castille- 
jo con artillería, teniendo la desgracia de perder al hijo ma- 
yor del adelantado, cuyo hijo se llamaba D. Fernando de 
Lugo y otros caballeros: hace mención de la bula que Alejan- 
dro 6." espidió en 13 de febrero de 1494 por la que concedía 
el Reino de Castilla las conquistas del África; y de la duda 
suscitada entre España y Portugal acerca de los límites de 
los territorios situados entre dichos cabos y el de Nante: ha- 
bla por último de la liga que en 1519 hicieron el adelan- 
tado D. Pedro de Lugo y otros para habilitar un armamento 
contra los moros y de la licencia que obtuvo Cristoval de 
Valcarcel, en 6 de julio de 1528 de Carlos 5/, para conti- 
nuar en sus entradas y corsos contra los moros: que Lope de 
Mesa, el 1/, pasó diferentes veces á Berbería en calidad de 
Capitán Comandante de la Armada: que su hijo Diego prosi- 
guió en el mismo sistema sirviendo de Coronel en un navio 
que montaba el 3.®^ adelantado D. Luis Fernando de Lugo; 
refiriendo otras proezas: y mas adelante, pajina 179, que aun- 
que el fuerte de Mar-pequeña no se reedificó á pesar de las 
órdenes de Carlos 5/, el derecho de la Corona se ejercitó en 
la pesca que hacen los naturales de estas islas sobre aque- 
llas riberas desde la estremidad del monte Allante, 29 grados 
al norte, hasta Cabo blanco. 



— 3S-^ 

Hemos trasladado los anteriores trozos para demostrar: 1/ 
los fundamentos que tenia el derecho de la nación española 
al territorio del África fronterizo á las islas Ganarías: 2/ los 
hechos que acreditan que este derecho se ejercitó con actos ter- 
minantes y que dejaron vestigios: y 3/ que hubo la intención 
de conservarlo toda vez que el corregidor de Canaria conser- 
vaba el título de alcaide del Castillo. 

Resta solo demostrar la conveniencia de adquirir y formar 
un establecimiento en África, y esta demostración puede ha- 
cerse en brevísimas palabras: 1/ por el ejemplo de otras na-^ 
cienes: 2/ por que teniéndolo puede hacerse frente á una ca- 
restía: 3/ por que solo así el comercióla agricultura y la in- 
dustria pueden recibir un nuevo desarrollo: 4." por que esta 
es una nueva necesidad después del establecimiento de Fer- 
nando Póo. 

El África es una de las partes del mundo mas estensa é 
interesante. Su superficie se gradúa en 8.500,000 millas cua- 
dradas. Según nos dicen los geógrafos es la parte mas favo- 
recida de la naturaleza: la tierra produce los árboles mas cor- 
pulentos, entre ellos el baobab monarca de los árboles de 30 
varas de circunferencia debajo de las ramas y su copa de 
175, y la ceiba que tiene uñ pié derecho de 20 varas y otras 
tantas de corona: los animales son los mas grandes, los pá- 
jaros los de plumage mas vistoso. 

Esta región, cuyo interior es en gran parte desconocido, 
puede proporcionar grandes ventajas al comercio. Esta es la 
razón ^ por que todas las naciones civilizadas han tratado de 
formar establecimientos. Prescindiendo de la Argelia, rica con- 
quista que hizo en 1830 la Francia, sabido es que los Ingleses 
tienen establecimientos en Sierra-Leona, en el Cabo de Bue- 
na Esperanza, que los anglo-americanos los formaron en el 
Cabo-Mesurado, y así mismo en varios puntos los neerlande- 
ses y dinamarqueses. Los españoles, además de los llamados 
presidios de África, tenemos las Canarias y las Islas de Anno-: 
bon, Fernando Póo y Coriseo. 

Esta propensión de las naciones civilizadas á establecerse 
en África prueba que existe un presentimiento de que esta 
región por acontecimientos que están fuera del alcance de la 
previsión humana ha de recibir un grande desarrollo, y :que 
la nación que se halle desheredada cuando ocurra esta mu- 
danza favorable á la humanidad se verá torpemente defrau- 
dada. 



—36— 

Nues^as islas de Canarias, los nuevos establecimientos de 
Fernando Póo nos llaman enerjicamente al África: preciso es 
tener en sus costas y con especialidsul al Sur del rio Nul, que 
se me ha dicho es el punto mas seguro para el desembarco, 
un establecimiento si la industria de la pesquería hade desar- 
rollarse cual corresponde. Este punto merece un examen par- 
ticular y por eso lo reservamos para otra carta. 

Hemos dicho que un establecimiento en la Costa de 
África, ó á lo menos un tratado de comercio, seria un medio 
de evitar la carestía en las islas Canarias. En estás ha reci- 
bido un impulso estraordinario el cultivo de la cochinilla: la 
mayor parte de sus tierras se ban destinado á este cultivo: 
los nopales han ocupado el lugar de las viñas, de los cereales, 
y de los árboles de cuyas ramas pendían preciosas frutas. En 
Santa Cruz he observado que hasta huertos que antes erando 
recreo se han convertido en plantaciones donde el nopal es- 
tiende sus mal formadas y poco vistosas pencas. Se sigue de 
aquí que las Canarias, aunque tienen una riqueza en 
la cochinilla, carecen de la riqueza positiva y directa que 
es la posesión y producción de géneros alimenticios. 
Sí por las aguas ó cualquiera otra fatalidad se perdiese 
ia cosecha de cochinilla, el pais quedaría no solo arruinado 
sino que seria presa del hambre y víctima de privaciones. Pa- 
ra hacer frente á estas eventualidades seria muy convenien- 
te un establecimiento en África: bien dirijido. á él podría a- 
fluir la gente que de estas islas emigra anualmente á la Amé- 
rica. Prefinirían indudablem^te una tierra próxima á su pa- 
tria donde pudiesen vivir y quizás enriquecerse. En pocos años 
el nuevo establecimiento debería presentarse próspero y coa 
síntomas de un incremento sucesivo. 

Allí tendrían «alida los productos de su agricultura y de 
la industria sentando las bases de un comercio lucrativo 
con las naciones interiores. Entonces si que el puerto franco, 
de que hablaremos después, produciría ventajas y mas si se 
establecen relaciones con los establecimientos de Fernando 
Póo. Las Canarias se convertirían en un emporio entre la Eu- 
ropa, la América y el África y verían desarrollarse sus me- 
dios de producción y su comercio. • ^ 

Ya hemos visto que los conquistadores, por un instinto 
hijo de las inspiraciones confusas de la razón que no se ha- 
llaba ilustrada por la economía política, hicieron esfuerzos inau- 
ditos para establecerse en África. Justo será que el Gobierna 



_a7_ 

piense hacer efectivos derechos que no se hallan prescritos, 
mirando por el beneficio 4e estas iidas, de sus demás |)osesio- 
nes y por el interés general de la civilización y de los otros 
pueblos. £1 (jobierno español tiene un deber que cumplir y lo 
cumplirá indudal)lemente. 

Dejo el África para trasladarme con el pensamiento á Ma* 
drid y saludar i V. como afectísimo amigo. 

M. N. 



Carta 5.* 

Santa Cruz de Tenerife 12 de Mayo de 1858. 
Sr. Dr 

Importancia de las Canarias por la pesca. 

Mi querido amigo: cuando vine á estas islas traje ya algu- 
nas noticias, por que todo hombre medianamente instruido 
no puede dejar de haber recibido en su educación conocimien- 
tos generales sobre países que pertenecen á su nación, ni 
debe dejar de tener cierta euriosidad cuando sabe que vá á 
habitar por algún tiempo en una determinada comarca. Sabia 
pues que la' pesca se reputa como la fuente de una ric|ueza 
futura y grande de este archipiélago: pero apenas me fijé en 
esta Villa, apenas por distracción comenzé el estudio que me 
habia propuesto, adquirí un convencimiento sólido de que las 
Canarias podrían convertirse en un nuevo banco de Terra- 
nova. 

Este convencimiento me lo suministró un artículo que es- 
cribió Mr. Berthelot sobre la pesca en la costa occidental del 
África y que se halla en el tom. 2." pa^. 229 de la Historia 
natural de las Canarias, que publicó dicho Sr. en unión con 
Mr. Barker Web. 

Mí trabajo no tendrá el mérito de la invención: pero tam- 
poco inventa el que saca de la tierra los metales preciosos: 
no dejaré de prestar un beneficio á los que deseen saber los 
veneros de riqueza que contienen estas Islas, haciendo públi- 
co un trabajo» que se halla encerrado y oscurecido hasta cierto 
punto en una obra de 9 tomos en folio. 

El Sr. Berthelot ha manifestado que la costa occidental de 



—38— 

África desde el cabo de Geer hasta la embocadura del Senegal 
es quizás uno de los mas abundantes de pescado del Occéano at- 
lántic(T: que las Canarias se hallan situadas á su inmediación: 
que se han aprovechado de esta industria, pero que la han 
limitado á las necesidades del consumo de las islas y que no 
han dado á esta industria el desarrollo que fuera dable reci- 
biese pudiendo rendir quizá mas provecho que la de Terra-no- 
va y los mares del norte. 

El escocés Glas, á quien Berthelot caliñca de marino hábil 
y de genio emprendedor, que recorrió las Canarias como buen 
observador y que visitó también diversos puntos de la costa 
adyacente se propuso establecer en ella una factoría. En el 
libro que inprimió en Londres en 1764 decía, que los barcos 
que se empleaban en esta pesca eran en numero 30, de 20 
á 50 toneladas y tripulados del5á 30 hombres: que la isla de 
la Palma equipaba 2 ó 3, Tenerife 4 y el resto pertene- 
cía á la Gran Canaria: que el armador suministraba la sal y 
el gofio y los marineros se proveían de liñas, de anzuelos y 
de todos los utensilios de la pesca, y además se proporcio- 
naban el vino y otros artículos; habla de la manera con que 
se dividían las utilidades y á seguida manifiesta Glas que la 
pesca tenia lugar según la estación sobre diferentes puntos de 
la costa.de África en un espacio de diez grados de latitud des- 
de el Cabo Non hasta pasado el Cabo Blanco. Esta costa, a- 
ñade, que constituye el límite occidental del Gran Sahara, es- 
tá casi desierta: no se encuentra allí ningún establecimiento; 
algunas pequeñas tribus de árabes vivían esparcidos bajo tien- 
das, pero ni tenían lanchas ni piraguas y de consiguiente no 
podían oponer obstáculos alas operaciones délos pescadores, 
añadiendo que tampoco tenían que temer de los cruceros de 
Mogador ni de los buques del Emperador de Marruecos. 

Espresa que en la primavera y el estío la pesca se ejecu- 
taba á lo largo de la costa septentrional, esto es hacia el 
Cabo Non y aun mas abajo: en el Otoño y el invierno ha- 
cia el Sud y en dirección del Cabo-Blanco, pues se había ob- 
servado que los cadumes de pescado pasaban al Norte al fin 
del invierno para volver á descender gradualmente al medio- 
día, por íiuyo motivo los barcos pescadores seguían las emi- 
graciones del pescado, proporcionándose antes el engodo ó 
cebo. Los peces que pescaban eran según Glas los tasarles, 
que carecen de escamas y son parecidos á los achuetes ó con- 
grios y del grueso de los salrnonetés; y que tres hombres pes- 



—39— 

caban hasta 100 ó 130 en media hora: que otro délos pesca- 
dos que se pescaba ahora era la anjova un poco mayor que 
el congrio, y que el caballo ó pequeño congrio les servia de 
engodo, siendo muy fácil su pesca: que parte de los pescado- 
res se dirijian á echar sus anzuelos á puntos en que había 
hasta 60 brazas de profundidad y pescaban las samas los cher- 
nes ó abadejos, las curbinas etc. 

A continuación Glas refiere la manera con que conservaban 
el pescado: despojábanle de la cabeza, délos aletones y délas 
tripas y después de lavado lo colocaban en la bodega del 
buque para que se escurriese, procediendo después de escur- 
rido á salarlo, espresando que solo se conservaba dos meses 
con esta salazón y que era necesario reiterarlo y lavarlo de 
nuevo^ como hacian los franceses en Terranova para una mas 
larga conservación: añadiendo que la pesca de la costa de Áfri- 
ca tenia la gran ventaja, á causa del clima en que se eje- 
cuta, de que con solo esponer el pescado al Sol y á las brisas 
se secaría sin tener necesidad de sal. 

Con respecto á los viages decia, que los barcos pescadores 
hacian ocho ó nueve al año: pero que desde mediados de fe- 
brero hasta fin de abril permanecian en el puerto, por que en- 
tonces el pescado, baja al sudoeste y seria preciso ir á buscar- 
le sobre, una costa espuesta á los golpes de viento del noro- 
este, que son bastante frecuentes en esta estación: advierte 
que, cuando llegó á Canaria, los pescadores no se aventura- 
ban mas allá del Cabo Barbas, pero que después algunos 
llegaban al Cabo-Blanco y aun mas allá: que aunque lo prin- 
cipal de su carga consistía en bremas ó sargos, pescaban tam- 
bién otras muchas especies: que el abadejo de estos parajes 
era mejor que el del banco de Terranova: que la anjova era 
deliciosa: que. la curbina era un pescado grande que pesaba 
hasta 30 libras y que además pescaban otros pescados co- 
munes y varios que no podia describir. 

Mr. Berthelot advierte después de estas citas que Glas se 
atuvo mas que á simples noticias á sus propias observaciones 
que encuentra exactas con las suyas: traza la historia del des- 
cubrimiento de Terranova refiriendo que se debió á Juan Ga- 
bolto veneciano enviado en 1497 por Enrique 7."* de Ingla- 
terra á buscar el paso que se juzgaba debía existir para con- 
ducir á la China por el noroeste; que las cartas espedidas 
por dicho Monarca para fundar pescaderías no produjeron re- 
sultado alguno, no habiendo sido colonizada sino mucho des- 



—40— 

pues, como lo prueba el haber estado en 1536 espoe^ i pe- 
recer de hambre el viagero Hore, y que solo al principio 
del siglo 16 fué cuando se conoció el partido que podía sa- 
carse déla rica mina del Banco de Terranova, que las ban- 
das innumerables de abadejos parece haber elegido para su 
reunión habitual, y esto por que el portugués Gortereal hizo 
esta manifestación; que en 1540, después que Francisco 1/ 
hizo esplorar estos parajes, primero por Juan Yerazzono, des- 
pués por Santiago Gastier de S. Malo, el mejor marino de su 
tiempo, algunos navios franceses principiaron áegercitarse en 
la pesca en los surgideros de Terranova, pero que solo en el rei- 
nado de Enrique 4/ el ministro Suliy fa^voreció con todo su 
poder la pesca del abadejo, poniéndola bajo la inmediata pro- 
tección del gobierno: y hnalmente que los ingleses no adqui- 
rieron su preponderancia sino después que el célebre Drake 
batió á los españoles y portugueses, datando su toma de po^ 
sesión de Terranova desde esta guerra de filibustería en 1581: 
así es que los colonos á principios de 1612 no escp.dian del 
núm. de 62 y el de barcos de 50: en cuya época ya hacia mas 
de un sielo que iban los Canarios á pescar á la costa occiden- 
tal de África: pero que sin embargo el abadejo del banco de 
Terranova fué el móvil de un comercio lucrativo mientras 
que el pescado de nuestros isleños no ha llegado jamás al gra- 
do de ser un producto de esportacion. 

Después de estas nociones históricas, de estíos observacio- 
nes tan juiciosas, pasa Mr, Berthelot á hacer otras que no son 
menos curiosas é interesantes para el problema que trata de 
resolver á favor de estas islas. 

La pesca del bacallao, dice, emplea al presente 6, #00 
barcos de diferentes naciones y 120,000 marineros, siendo 
el resultado dar al comercio 48^ millones de pescados. 
^ A seguida regula la producción canaria, y dice que aquí se 
emplean 700 marineros distribuidos en 30 bergantines de 30 
á 30 toneladas: que dan 130, 000^ quintales de pescadov qu0 se- 
gún el peso ordinario de un abadejo forman el total de 3 
millones de pescados: y de aquí deduce que esta pesca es 
nmcho mas abundante que la de Terranova;, pues dividiendo 
en ambas la cifra del producto por el número de hombres 
empleados resulta que un pescador canario coje en el discur- 
so del año 4,285 pescados mientras que para este número 
son necesarios diez hombres en Terranova: ¿ loque se agre- 
ga que en este último solo principia la pesca á dar beneficios 



—41— 

á los armadores á los tres años^ cuando en Canaria la ganan- 
cia es segura al primero, auncjue el Gobierno déla metrópoli 
no concede ningún género de indemnización. 

Otros varios cálculos hace Mr. Berlhelot para confirmar la 
demostración, que realza todavia cenias ventajas que paten- 
tiza existir á favor de la pesca canaria, no obstante el tiempo 
que están detenidos en los puertos y en los viages. Una de es- 
tas ventajas consiste en la estension que pueden recorrer, que 
es la de 10 grados de latitud, mientras que el banco de Ter- 
ranova es de 150 leguas de longitud: otra la mayor abundan- 
cia de pescados que afluyen sobre la linea de costas comprendi- 
das entre el Cabo Non y el Blanco, y su especie: la multitud la 
comprueban los resultados de la pesca: la calidad el hecho 
de que en Terranova solo se coje abadejo, salmón y arenque, 
mientras que en la costa de África se cojen ocho ó diez es- 
pecies de pescados todos propios para secarlos ó para prepa* 
rarlos frescos, entre los cuales considera digno de particu- 
lar distinción el cherne, que supone pertenece á las grandes 
especies de percoides del género serranus y que es preferible 
al s.badejo de Terranova, así como dice ser igualmiente pes- 
cados muy estimados la sama y el tasarte. Por último toma 
en cuenta los escesivos gastos que deben hacer las tripula- 
ciones para ponerse al abrigo de la intemperie en el Banco 
de Terranova, mientras que los isleños no necesitan masque 
una camisa y un pantalón de algodón, y barcos menos fuer- 
tes y costosos, como que no tienen que sufrir los empujes de 
una mar tan ]3rava como la del norte: de lo que concluye que 
si se usase la red, y se estableciese un punto en el litoral 
para depósito de la pesca y para su salazón, esta industria que 
ahora se halla reducida meramente al consumo de las islas, 
tomaría un vuelo estraordinario. 

Mr. Berlhelot no se contenta con estas observaciones ni con 
estos cálculos tan convincentes. Aconseja que se establez- 
ca una sequeria en la isla Graciosa á 45 leguas de la costa de 
África; las salinas de Lanzarote, la fuente de Aguza y el 
suelo de la isla dice« que se prestarían á todas las necesida- 
des del establecimiento, ora se quisiese secar sencillamen- 
te al aire el pescado sobre las rocas espuestas al viento del 
norte, á la manera de los islandeses, ora se prefiriese sa- 
larlo como en Terranova. Recomienda como indispensable la 
precaución de establecer tinglados ó cobertizos bien ventila- 
dos» en donde el pescado estuviese á cubierto de los ardo- 

6 



—42— 

res del sol para que su carne no se ennegreciese. Con 
varios ejemplos demuestra ia fuerza secativa del aire, recor- 
dando que sobre la banda del Sur de Tenerife la des- 
composición de los cadáveres casi no tiene lugar en el ce- 
menterio de Guia. 

No podemos resistir al deseo de copiar la exortacionconque 
concluye Mr. Berthelot su memoria; exortacion en que no solo 
se nota el acento de la convicción, sino el del afecto y del in- 
terés con que mira unas islas que considera ya como su patria. 
**Tantas ventajas, estas son sus palabras, deben fijar la aten- 
ción y escitar el celo de los canarios influyentes, cuya posi- 
ción social puede ser provechosa á los intereses públicos. Del 
suceso de esta empresa depende el porvenir de estas islas; 
pero es menester que el pescado salado de la costa deje de 
ser un simple artículo de consumo: es menester, mediante 
una preparación bien entendida, ponerle en estado de que se 
esporte tanto á España como á la América. Entonces la ma- 
rina canaria salvará las restringidas barrerás del cabotage, y 
la pesca será para ella un plantel de buenos marinos, que 
después de haber contribuido á la prosperidad del pais, po- 
drán acrecentar algún dia el poder del Estado. Importa á la 
metrópoli apresurar este porvenir por todos los medios deque 
puede aun disponer, si á pesar de su preferencia no quiere 
verse disputar por otras naciones su derecho de pescar en 
las costas de África. La España en el dia no puede enviar 
sus barcos á Terranova:(l) por el tratado concluido con la In- 
glaterra en 1763 S. M. Católica' ha renunciado ásus preten- 
siones sobre el gran Banco y costas adyacentes. Desde esta 
acta de desistimiento, la pesca que esplotan los insulares de 
Canarias ha adquirido parala España mayor importancia, y 
cuando de todos los puntos de sus antiguos dominios, los pue- 
blos emancipados, rompiendo los lazos que constituian su 



(1) En 1578 la España reunida al Portugal espedía 150 na- 
vios á la pesca de Terranova. En esta época la Francia espe- 
día un número igual al mismo destino, y la Inalaterra nopodia ex- 
pedir sino 50 barcos. En el dia asegura Berthelot que no poséela 
España un solo barco pescador, y según los certificados diri- 
jiaos al ministerio de marina por la administración de adua- 
nas, el comercio francés le ha suministrado en 1826, 114,954 
Mogramos de abadejos. 



—43— 

fuerza dejan abandonada la metrópoli á si misma, las provin- 
cias ultramarinas, que le han permanecido fieles en medio de 
la defección general, han adquirido nuevos derechos á su so- 
licitud. La metrópoli no puede contar sobre los ricos tribu- 
tos que la América venia cada año á deponer á sus pies; pero 
le restan aun otros grandes recursos: el Occéano que baña 
las Canarias puede convertirse para ella en una mina mas 
productiva que las de Méjico y el Perú, pues es inagotable: 
por consiguiente á su esplotacion es á lo que el Gobierno de 
la Península debe dirigir todas sus miras. La pesca, justa- 
mente llamada la agricultura del mar, le dará mas provecho 
que todas esas plantaciones que engañan frecuentemente las 
esperanzas del cultivador: pues sus productos están siempre 
asegurados, y los beneficios esceden á todos los que pueden 
sacarse del suelo.*' 

**Es por cierto ya una verdad trivial la que Franklin ha 
popularizado en sus argumentos filosóficos:** iodo el que coje 
un pescado, saca del mar una pieza de moneda.'* Que la 
España recurra, pues, á sus marinos: alentándolos con pre- 
mios: empleando todos los medios adoptados por otras na^ 
cienes para dar impulso á las grandes especulaciones, y 
entonces le aguarda otro porvenir; sus flotas de pescadores 
surcarán los mares de África, y podran consolarla de la 
pérdida de los galeones. Por su posición geográfica le será 
fácil ejercer su vigilancia sobre una pesca susceptible de un 
desarrollo ilimitado y capaz de llegar bajo una buena dirccr- 
cion, y garantía de reglamentos tutelares al mas alto grado de 
prosperidad. Pero su intervención debe ser puramente pater- 
nal; los progresos de la industria marítima, cuyos resulta- 
dos acabamos de indicar, dependen de la acción de buenas le- 
yes, y las que han rejido hasta el dia á los pescadores ca- 
narios, han sido incompletas y muchas veres injustas. Esta 
industria tiene necesidad de un sistema mas estenso; le son 
precisos, según la espresion del sabio que ha tratado esta 
materia (1) con tanto acierto como filantropía, reglamentos 
que se combinen con el progreso de las ciencias, con la 



(1) Noel de la Moriniere, autor de la Historia general de las 
PESCAS antiguas Y MODERNAS, obra seguu Mr. Berthelot de una 
profunda erudición, concebida sobra un vasto plan, pero de la 
cual decia haberse publicado solo un lomo. 



—44— 

marcha de los descubrimientos y de las ideas liberales, y que 
se muestren favorables á todas las mejoras que podiían ha- 
cer florecer uno de los ramos mas importantes de la rique- 
za pública y del poder del Estado. Séanos permitido aplicar 
á la España los consejos que el ilustre Noel de la Moriniere 
dirijíaá un monarca llamado á reparar grandes males. **Au- 
mentar el número de pescadores; multiplicar la masa de las 
subsistencias, tomar de los estranjeros sus procedimientos y 
método de pesca, cuando son mas productivos y menos dis- 
pendiosos, mtroducir, propagar el uso y conceder sobre todo 
recompensas que aseguren el suceso," tal es la senda que á 
su posición le señala^. Esta senda, grande y noble á la 
vez, le es sumamente útil seguirla, pero es aun mas útil 
á la administración de las islas el acelerar los progresos 
de la pesca dándole un nuevo impulso. 

Vea V. como pensaba y piensa sobre materia tan in- 
teresante un hombre tan instruido y de conocimientos no 
solo especulativos sino prácticos, cuyas interesantes obser- 
vaciones se han copiado sin siquiera citarle en el Dicciona- 
rio de Madoz. Este dice que se formó hace años una com- 
pañía de genoveses para utilizar el tránsito de las albaco- 
ras, atunes y otros pescados per el punto llamado de las 
calmas en la isla de la Gomera: pero que la sociedad se 
disolvió por desavenencias entre los socios: que después 
D. Francisco Graso intentó lo mismo consiguiendo llenar 
el primer año 500 barriles de á quintal que remitió á Genova. 

Volviendo á hablar de la pesca de la costa de África no 
podemos menos de advertir que el que redactó el artículo 
del Diccionario de Madoz se muestra dudoso del provecho 
que pueda recibir esta industria, pues dice que unos juzgan que 
es susceptible de gran fomento siempre que se soliciten bue- 
nos prácticos y máquinas para prensar el pescado: otros, 
que por su misma delicadeza y abundancia de jugos no per- 
mite el beneficio del bacallao, por que se reduciría á un 
volumen mas pequeño y se descompondrían su ser y pro- 
piedades, y finalmente otros que seria inútil la enspresa 
si con la salazón del pescado se aumentaba el precio del 
alimento de la clase pobre. Esta última objeción me pare- 
ce desestimable, por que el mar suministra pescado para el 
consumo de las islas y para el comercio, y opino con un 
articulista del Porvenir que la falta de inteligencia ha hecho 
fracasar el negocio. 



—15— 

Al hablar de esta materia me dijo un vecino instruido 
de Santa Cruz, que la casa de Carta habia construido el 
edificio, que ahora sirve de lazareto, para verificar la salazón 
del pescado y que habia abandonado esta especulación, dedu- 
ciendo de este hecho que no era cosa que conviniese. Refie- 
ro el hecho, pero la consecuencia no me satisface: tengo mu- 
cha fé en los conocimientos de Mr. Berthelot. 

Deseoso de profundizar una materia tan interesante no he 
perdonado medio de verificar indagaciones y habiéndoseme 
dicho que en el Porvenir de Canarias, periódico que se publi- 
caba en las Palmas en 1852, habia diversos artículos que 
versaban sobre la pesca, traté de hacerme con este perió- 
dico, en el que encontré noticias que considero útilísimo tras- 
ladar, por que si á mi me ha costado trabajo adquirirlas es- 
tando en el pais, y ha sido preciso que diese pasos y moles- 
tase á diferentes amigos, puede ya considerarse cuan espino- 
sa no debe ser esta tarea para los que no tengan la constan- 
cia que yo, y no se propongan llegar en esta materia como 
en cualquiera otra hasta donde sea posible arribar. 

El primer artículo sobre la pesca de África se encuentra 
en el núm. i del periódico citado, número que se publicó 
el 31 de Octubre de 1852. 

En dicho primer artículo se dá noticia deque en Santa Cruz 
de Tenerife se formó una compañia en 1838 para establecer allí 
también la industria de la pesca de la costa de África, que con- 
tribuyese al fomento de dicho importante puerto; que este pro- 
yecto no tuvo buen resultado. Pero si esa empresa fracasó de- 
bió sin duda haberse formado otra, puesto que según hé oí- 
do esto tuvo lugar á consecuencia de haber establecido el Sr. 
D. Manuel Rafael de Vargas en Lanzarote la secazon del pescado: 
que en 1856 se secaron de 2500 á 3000 quintales: que este 
pescado era conducido al Brasil, la Habana, Puerto-Rico, Es- 
tados-Unidos, y Barcelona; que el común se vendía á 4 pesos 
y un tostón quintal ó sea 65 rs. vn., y la curbina, que era el 
mas fino y que imitaba el bacallao, á 3 duros y medio: que el 
numero de buques que empleaba esta compañia era el de 12, 
de los cuales cuatro eran goletas y los restantes balandritos, 
que cada barco contaba por lo común 12 tripulantes y que en 
el puerto del Arrecife se hallaban 30 ó 40 mugeres ocupa- 
das en la salazón. 

Esta á lo que me han referido es muy sencilla: cuando co- 
jeo el pescado en la costa, le cortan la cabeza y le quitan las 



—46— 

tripas^ le ponen sal, lo prensan y apilan, y deesle modo lo condu- 
cen ala fábrica: por falta de sal áveces/con especialidad la sa- 
ma por esceso de grasa, queda de un color rojiz perdiendo su 
blancura: entonces es preciso lavarlo, poniendo en el agua cré- 
mor y frotarlo con una escobilla y también prensarlo pasan- 
dolo después á los secaderos. El pescado que los patrones traen 
para vender lo conducen con cabeza, y les es mas beneficioso 
este tráfico que el de conducirlo para la fábrica, pues lo me- 
nos un tercio desperdician con la separación de las cabezas. 

Al hablar de la salazón en el articulo citado de\ Porvenir se 
dice, que en el mismo mar pesquero se suele aderezar una parte 
del pescado quitándole la cabeza, y las espinas, cortándole 
en ruedas, salándolo y colocándolo en barriles, cuya pre- 
paración solo se hace cuando se tiene un encargo especial; 
de lo que infiero que es la mas perfecta y la que debía adop - 
tarse en su mayor parte para utilizar la pesca. 

Dice asi mismo el autor del articulo, que también se secan á 
bordo algunos pescados pero en muy corta cantidad: y que entre 
ellos se distingue el que denominan tollos, el cual sacan de los 
peces ^de figura larga y cilindrica, como el cazón, que cor- 
tan á lo cumplido en varias tiras, reunidas todas por la cola: 
y advierte que las diferentes clases de pescado salado se lla- 
man jariado ó jareado, que á no ser por un barbarismo del 
lenguaje debia llamarse aaVeado. Efectivamente según he no- 
tado la gente vulgar usa de la jota en lugar de la h; así es 
que. muchos pronuncian jilo por hilo. 

El articulista enumera también los pescados que se cojen 
en la costa espresando que su variedad esprodijiosay que diez 
ó doce clases fijan principalmente la atención de las empre- 
sas.- que el primer lugar lo ocupan como pescado blanco, 
la pesca y el abadejo ó abrióte que han confundido algu- 
nos con el bacallao, que habita esclusivamente los mares 
septentrionales, y que aquellos son superiores á este por su 
delicadeza: el eherne mejor que el de Terranova la sama, la serru- 
da y la chacorona, muy conocido por su abundancia. Como pes- 
cado negro el íazar/e, especie de rico salmoti:laaw;;V)vayvarias 
especies de curbina: que los peces se cojen con anzuelos desde la 
borda del barco: y con dos ó tres lanchas que salen á gran- 
des distancias cuando el tiempo lo permite: que el pesca- 
do blanco se pesca de fondo; y á la superficie del agua, de 
cornea, es decir haciendo saltar en el mar el anzuelo 
prendido de un hilo de alambre, asido de una vara de dos 



—47— 

brazas, el pez de cuero negro. 

Dice que cada barco puede hacer al año 8 ó 9 viages: 
que los ocho forman una zafra: que las partes en^ que 
se divide la ganancia ó pérdida de uña zafra se llama sol- 
dada: de suerte que el amo del barco toma cierto núme- 
ro de soldadas por dos respectos; por éi barco y por el in- 
terés de lo que adelanta: que por el barco toma ordinariamente 
16 ó según la cabida del buque: y por el interés una por cada 80 
pesos que se invierten: que concluida la operación se dedu- 
cen los gastos y el resto se proratéa en la forma indicada, 
sacando el amo las cantidades indicadas á prorala con las 
demás soldadas; la soldada es de 8 á 15 pesos. 

t'sta carta se va haciendo demasiado larga: voy á ce- 
sar en ella: V. verá por lo que le hé escrito que he pro- 
curado instruirme de las cosas de ei^te pais: aun tengo mas que 
decirle, pero lo reserva para .otra carta su affmo. amigo 

M. N. 

Santa Cruz de Tenerife 14 de Mayo de 1858. 
Sr. Dr 

Mas sobre la pesca de la costa de África: trabajos de Da(/u er- 
re y Vargas: de la pesca de la ballena, de la del atún y de la 
del chicharro. 

, Mi apreciable amigo: no es para mí de mucho agrado en- 
tretenerme en esta materia, sin embargo no quiero dejar de de- 
cirle cuanto tenga relación con este ramo de riqueza. El arti- 
culista citado dá algunas otras noticias que no me parece de- 
bo omitir: á él le animaba la esperanza deque la ciencia au- 
xiliada con grandes capitales habia de neutralizar los malos 
efectos déla grasa de que tanto abundan los pescados que se cojen 
en aquellos mares, y que tanto perjudica á su conservación, (1) 



(1) Yo soy profano en esta materia; pero creo que este incon* 
veniente no es insuperable y que prensados los peces de una ma- 
nera perfecta podrian perder la grasa, y utilizarse esta. Dicha 
operación debería hacerse inmediatamente, y de aqui la necesidad 
ae una factoría en la costa de África, ó alo menos de un gran bu^ 
que que hiciese las veces de fábrica. 



—48— 

''A este fm decía se han hecho muchos ensayos especial- 
mente por Mr. Daguerre D*ospital, joven intelípnte ba- 
yónés, que dotado de un ^enio emprendedor pasó a Canarias 
en 18il con el objeto esclusivo de estudiar á fondo la pesca, para 
lo cual visitó dos veces la costa de África en un barquito de este 
tráfico, reunió con fino discernimiento las noticias mas circuns- 
tanciadas y curiosas, y trayendo á Las Palmas algunos quintales 
de pescado en el estado frescaU es decir, con preparación de 
la 1/ sal, constituyó en saladero el claustro principal del 
estinguido convento de San Francisco, en donde procedió á su 
desecación y después remitió y llevó también del mismo pesca- 
do á España y Francia." 

Siento no poder trascribir cosa alguna sobre las observa- 
ciones que hiciera este joven por que no dejarían de ser in- 
teresantes, pero desde luego saliendo su nombre y su proce- 
dencia y que de Canarias fué á Sevilla» hay mucho adelanta- 
do para poder en lo sucesivo aclarar mas este punto. 

No debemos omitir que en 1853 el Sr. D. Manuel Rafael 
de Vargas, Comisario regio de Canarias, hizo nuevos ensayos 
y según lo qne leí en varios periódicos, llevó muestras á Es- 
paña de un pescado salpreso á manera de bacallao, que por su 
blancura, su olor, su magnitud y dureza competía con el in- 
glés y norte-americano: decían que el quintal debia salir á 25 
rs. vn. ósea á un 50 p§ menos que el inglés. Todos los pe- 
riódicos esperaban ver resultados, pero desgraciadamente no 
los hemos visto. Se han formado sociedades, pero en peque- 
ña escala y sin duda es este negocio que exige grandes ca- 
pitales y constancia, y los primeros sin duda han mltado. Mu- 
cho desearíamos que los capitalistas pensasen seriamente en 
esta esplotacion, y que los catalanes que conservan todavía 
ese genio emprendedor que los hizo dueñois de los mares en los 
siglos medios, que esa provincia industriosa, que ha sido la pri- 
mera en ensayar los caminos de hierro en la Península convir- 
tiese su actividad hacía estas playas. Entonces se formaría en 
estas islas una de las pesquerías mas importante del globo: 
este archipiélago tan tico de producciones se daría á conocer 
por una que constituiría uno de los alimentos indispensables 
en la Península. ¿Que contratación tan activa no principiaría 
desde entonces? ¿Que relaciones tan estrechas no se anu la- 
rían entre estas islas y la España? Mucho debe contribuir áque 
se realicen estas esperanzas el empeño con que el Gobierno 
trata de colonizar las islas de Fernando Póo« Annobon y Co-- 



~Í9_ 

risco. Una escala mas en el Occeano, un nuevo punto abierto 
para el comercio, es un aliciente para los comerciantes espa- 
ñoles. El Gobierno debe conocer que la industria pesquera 
debe desarrollar la marina mercante, y que esta es la cuna 
de la de guerra: en éi ministerio deben obrar las memorias 
que dirijiría el Sr. Vargas, que en Setiembre de 1852 fué nom- 
brado comisario regio, * 

Tengamos fé en el porvenir de estas islas; tengamos con- 
fianza en el destino que se les prepara por la Providencia, y 
sobre todo creamos que la España está todavía llamada á re- 
presentar un grande papel en la Europa. El dia en que aho- 
gadas mezquinas pasiones y derrocado el ídolo maléfico de 
la política, no se piense mas que en la grandeza de la patria, 
veremos desarrollarse los gérmenes de la producción. Atra- 
vesada la Península con caminos de hierro, correrá la rique- 
za á sus puertos y ^e estenderá á estas islas, las de Fernan- 
do Póo y las Antillas, y principiará bajo el cetro de Isabel 2.* 
una nueva era de felicidad y de ventura. Estas ideas lisonge- 
ras desplegan en mi imaginación cuadros risueños, la exal- 
tan con un ardor verdaderamente patriótico y hacen latir mi 
pecho agradablemente. Crea V., amigo mió, que en estas lejanas 
playas estoy pensando en mi patria; que no ceso de meditar 
la conveniencia de unir con estrechos vínculos de interés 
los españoles canarios con los peninsulares, y que V. no po- 
drá menos de ver en estas sencillas cartas un pensamiento 
generoso y noble, y al mismo tiempo justo, porque si el Go- 
bierno me contribuye con un sueldo y por mi práctica consi- 
go evacuar los asuntos de la auditoría economizando tiempo, 
este residuo lo debo á mi patria y por eso escribo sobre asun- 
tos que en mi concepto le interesan. 

Uno de ellos según tengo manifestado, es la pesca y cuan- 
do vemos el empeño que han formado ciertos naturalistas 
franceses en promover la piscicultura en los rios, ¿descuida- 
remos los españoles la esplotacion de la pesca que se ofrece 
en tanta magnitud á las inmediaciones de las Canarias? In- 
numerables clases de peces circulan por la costa de África, 
pero también las aguas de este archipiélago las recorren los 
cetáceos llamados ballenas y los atunes. Para la pesca de la 
ballena se formó una compañía por acciones con anuencia 
y auxilio del Gobierno, que nombró de comisionado para su 
realización al Comandante General de la Provincia, Marqués 
de Branciforte. Este pasó á desempeñar su encargo á la 

7 



—50— 

ciudad de Las Palmas de Gran-Canaria en marzo, de 1786 
(1) y después de haber descansado en el palacio episcopal, 
donde le hospedó el lluslrisimo Sr. Obispo D. Antonio Mar- 
tinez de la Plata, salió para el sud de la isla, á cuya costa 
se habían dirigido ya desde la bahia de las Palmas las em- 
barcaciones y lanchones con sus correspondientes útiles y 
pertrechos para dar principio á la pesca, que tuvo un éxi- 
to desgraciado, pues los balleneros canarios, de los cator- 
ce monstruos que dicen avistaron, no harponaron con é- 
xito ninguno, aunque uno de los barcos pesqueros fué si- 
guiendo algunos de ellos hasta la Gomera. 

Sin embargo de que fué tan poco feliz el éxito de esta 
empresa en 1795 el Sr. D. Carlos 4/ concedió á D. Cristo- 
val Mujica, natural de las Palmas el derecho esclu- 
sivo de la pesca de la ballena en el mar de las Canarias, 
encargándosele que cualquiera descubrimiento útil que pa- 
ra ejecutarle encontrase, lo pusiese en conocimiento del Go- 
bierno por la vía reservada. El privilegio se concedió por 
diez años, no contando aquellos en que no hubiese zafra de 
pesca. El empresario se trasladó de la Corte á la Gran-Ca- 
naria, construyó cuatro faluchos y se proveyó de los útiles 
necesarios. El 6 y 8 de Abril de 1799 salió la espedicion de 
Las Palmas para las costas del Sur de la isla, en donde so- 
lo se cojieron dos ballenatos de á nueve y media varas ds 
largo. En 1801 se repitió la pesca sin ningún fruto: pero 
á pesar de tan desgraciados ensayos, no debe mferirse que no 
pudiese ser productiva esta pesca tomando otras disposicio- 
nes, cuando se sabe que existen ballenas en estos ma- 
res y se me ha dicho que en el Puerto de la Luz en Canaria se 
hallan restos de un cetáceo arrojado sobre aquella costa. 

Mas feliz sin embargo fué desde el principio la pesca del atún , 
según refiere el mismo periódico citado. Ciertos genoveses con- 
cibieron la idea de establecer una pesquería para hacer valer los 
atunes que frecuentan las costas de la Gomera. D. Francisco Gra- 
so obtuvo en 1830 privilegio por seis años para la salazón *de 
este pescado y fundó un establecimiento en el puerto llamado 
de las Canteras en el canal que separa la citada isla de la de 
Tenerife: el Sr. Graso continuó sus operaciones con un pro- 
ducto anual por término medio de 25 pipas hasta 1838, en que 



\t) Porvenir del li de Noviembre de 1852. 



—51— 

espiró su privilegio. 

Desde que esta pesca quedó libre se multiplicaron los es- 
tablecimientos de salazón, tanto en la Gomera como en las 
costas del Sud Oeste de Tenerife y Sur de la Palma. En 1852 
decia el Porvenir que existían 14 en las 3 islas, que proveían al 
sostenimiento de 150 familias, ocupando ochenta barcos de 
pesca y transporte, tripulados por 600 hombres de mar. El 
producto se reguló en 700 á 1000 ó 1300 pipas: cada una de 
estas tiene de peso 3 quintales cuyo precio medio es de 80 
á 90 duros, aunque, también ha llegado á valer 120 y ba- 
jar á 30. Así mismo se sala algún atún para venderlo en el in- 
terior. El articulista advierte que los atunes arrivan en ran- 
chos dos veces al año, á saber es, en la primavera y en 
otoño, y que la primera pesca es la mejor. 

Solo nos resta hablar de la pesca costanera, no de poca 
importancia por cierto, toda vez que suministra alimento abun- 
dante á las gentes. Con- razón se ha dicho que el Occéano 
que circunda estas costas se halla cuajado de peces; efectiva- 
mente do quiera que se tiende la red ó se arrojan las liñas 
se estraen suficientes de aqueljos para satisfacer la necesidad. 
El Porvenir puso esta lista de los pescados que pueblan es- 
tos mares que quizá traslademos por ser sumamente curiosa. 
Los Sres. Web y Berthelot también hablan de esta materia 
en su obra. 

Pero hay una pesca muy general y de circunstancias es- 
peciales, que no debemos omitir por que ofrece una singula- 
ridad. En estos mares hay un pececillo del tamaño y cali- 
dad de una sardina poco mas ó menos y que se apellida chi- 
charro. (1) Su pesca se verifica durante la noche; entonces se 
encienden dos hachos de tea que se colocan uno á cada cos- 
tado del bote sobre una laja, cuya piedra descansa en dos 
ganchos de hierro que salen hacia fuera: á la luz acuden los 
peces en ranchos y se enganchan en los anzuelos que penden 
de alambres ó caen en las guelderas, pues así se apellida una 
especie de nasa, que recibe este nombre de un pececillo lla- 
mado guelde que no puede pasar por entre sus mallas. Es 
tan de esencia la luz para esta pesca que cuando se ha apa- 
gado en un costado del buque la tea, se ha advertido que por 
este no se ha hecho ninguna adquisición. Todas las ense- 



(1) Los naturalistas le llaman boops canariensis. 



—sa- 
nadas de este archipiélago abundan de chicharro, pero prin- 
cipalmente en el puerto de Güimar y bahía de Santa Cruz, 
es abundantísima esta pesca. Muchas noches me hé asomado 
á la costa y hé visto una línea de barcos colocados á cierta 
distancia, que forman una estraña iluminación sobre el mar: 
por la mañana viene esa población flotante á descargar en 
el puerto el fruto de su vigilias. 

Los chicharros se secan abriéndolos, echándolos en agua 
salada por algunas horas, lavándolos después y esponiéndo- 
los al aire, al sol, y al sereno. Esta operación se hace mas 
en grande en Lanzarote y Fuertevcntura con los peces lla- 
mados vieja, vocinegro, la cabrilla, la catalineía y otros que 
como ellos contienen poca grasa. Esta clase de pescado pre- 
parado se llama yar^a y sevendia en 1852 á razón de 36 rs. 
vn. quintal, siendo el mas estimado el que se hace con las 
viejas. 

Observe Y. amigo mió, como la Providencia ha aumentado 
la riqueza de estas islas. Si su suelo es corto, el mar lo suple, 
ofreciéndose como un productivo laboratorio; de su seno ar- 
ranca la industria medios de subsistencia y artículos de cam- 
bio. El mar es, pues, una segunda tieiTa para estas islas, pe- 
ro luego volveremos al centro de ellas y verá los ricos 
frutos que crian. Por ahora se despide con la misma fi- 
na voluntad su amigo 

M. N. 



Carta 7." 

Santa Cruz de Tenerife 16 de Mayo de 1858. 

Sr. Dr 

Btbliogra/ia sobre la pesca. 

Mi apreciable amigo: con mi carta anterior que es la 6." 
por mas que se haya omitido numerarla (y por eso suplico á Y. 
y demás que la lean suplan esta omisión involuntaria,) pen- 
saba terminar mis trabajos sobre esta materia: pero como 
estoy en una actividad continua y no ceso un momento de 
hacer investigaciones, ha llegado á mis manos una obra de 



—53— 

Sue no tenia conocimiento, escrita en Francés por el mismo 
[r. Berthelot á quien cité en mis anteriores. Esta obra traía 
De la pesca sobre la costa occidental del África y de los estable- 
cimientos mas útiles á los proaresos de esta industria: obra que 
se publicó bajo los auspicios ais los Sres. Ministros de Marina 
y Comercio por Mr. Berthelot y que se imprimió en Paris en 
1840. 

Esta obra comprende una introducción que contiene 
consideraciones generales: el capítulo 1.* versa sobre el exa- 
men de las emigraciones de los peces que viajan, y sobre la 
abundancia y cualidad de las especies que frecupntan los ma- 
res délas Ganarías: el 2.* contiene el catálogo didáctico de 
las especies de pescados que se pescan en las islas Canarias 
y puntos adyacentes de la costa occidental de África: el 
3.* la descripción de la pesca africana y comparación de sus 
producios con los de la de Terranova: el 4.* de las ventajas de 
la pesca africana sóbrela de Terranova, el 5.* habla de las 
sequerias. En un apéndice se trata: 

1.* Délas primeras empresas de los isleños sóbrelas costas 
occidentales de África, las represalias de los Moros y tentati- 
vas de Jorje Glas. 

2.' De la economía de la pesca y de los medios de prepa- 
ración que usaron los antiguos en la edad media para la con^ 
servacion del pescado salado, seco ó escabechado. Acom- 
paña á la obra un bellísimo mapa de las costas de Áfri- 
ca fronterizas á las islas Canarias, viéndose- también estas mar-> 
cadas, designando asi mismo con varias señales la larga os- 
tensión de mar en que se verifica esta pesca. 

Siento haber visto tan tarde esta interesantísima obra por 
que de ella hubiera podido trasladar noticias útilísimas á mis 
cartas; sin embargo, de la rápida lectura que hé verificado me 
ha resultado el convencimiento de que el articulista del Por ve-^ 
nir, á quien yo cité en mi precedente epístola sacó sus prin- 
cipales noticias de este depósito. Mo me empeñaré ni en re- 
petir ni en estender ideas que ya tengo enunciadas: me bas- 
ta indicará los estudiosos, que traten de profundizar la mate- 
ria, la fuente donde pueden beber y saciar su sed de cono- 
cimientos. No todo lo puedo decir, ni todo lo puedo comen- 
tar: entonces mi trabajo sería interminable. Es preciso que 
me contenga dentro de ciertos límites. 

Sin embargo dejando á un lado las noticias históricas y 
datos curiosos para que los examine quien guste, me concre- 



—Si- 
taré á un punto de interés práctico y por eso traduciré los 
estados comparativos do los gastos y productos de la pesca 
deTerra-nova y de la déla costa de África, que se leen en la 
página 150 y siguientes de dicha obra. Como el objeto de mis 
cartas es fomentar la riqueza y traer capitales á las Canarias, 
me parece sumamente proovechoso para las mismas presen- 
tar a los especuladores el cebo del interés. Uso de la metáfora 
de la pesca, por que después de hablar tanto de ella, preci- 
so es que uno no olvide su tecnología. 

Gasto medio de un armamento para la pesca de Terranova 

Tomemos dice por ejemplo un barco de 150 toneladas tri-^ 
pulado por 50 hombres. 

El armamento de pesca de tal navio se compondrá de 
nueve barquillos incluso el titulado Capelanier, llamado así por 
estar destinado especialmente á la pesca de un pececillo lla- 
mado Capelan que sirve de cebo para cojer el bacallao. 

El costo de cada barco asciende á 4,500 
francos en junto los 9 , . . 40,500 feos. 

El coste del barco principal ó navio 45,000 
y el deterioro anual se regula en la décima par- 
te ó sea en 4,500 

Seguro sobre el navio, cuyo valor es de 
45,000 francos y sobre los gastos de* armamento 
que se regulan en 40,000 francos forman el to- 
tal 85,000, 

La prima á razón de 5 p § será de. . , . 4,275 

Gasto total de armamento. . . . . . 49,275 

Producto de la pesca. 



Calculando que 50 hombres puedan pescar 
66,000 kilogramos de bacallao á 42 francos los 
100 kilg. darán. 27,720 feos. 

Por 40 barricas de aceite á 180 francos u- 
na calculando 5 barricas por barco sin contar 
elCapelanier 7,200 

Por la prima de armamento concedida por el 
Gobierno á razón de 50 feos, por hombre. . « 2,500 

. Total del producto medio 37,420 

Este producto; añade, se halla disitónuido notablemente 



_85— 

por los gastos de desarme. Siendo pues los gastos según he- 
mos visto de 49,275 francos hay pérdida para el armador, 
pérdida que será real con respecto al primer año, y no con 
respecto á los siguientes por la razón de que ya no es preci- 
so comprender en el cálculo del gasto anual el importe pri- 
mitivo de los gastos y utensilios de pesca, sino tan solo el cos- 
te mas corto de su conservación y entretenimiento. También 
se debe tener en cuenta que la evaluación del producto tal 
como se presenta no descansa sino en el supuesto de los dos 
tercios de pesca: admitiendo el caso de pesca entera habrá 

que añadir al cálculo 37,420 feos. 

La mitad de 34,920 francos (valor de los ba- 
callaos y aceites con respecto a dos tercios de 
pesca) "es decir . 17,460 

Lo que aumentará el producto á . . . . 54,800 

Pero repetimos que este caso de pesca entera que atendi - 
do el gasto de 49 á 55,000 francos y el producto de 50,000 
cerca daría al armador desde el primer año un beneficio de 
5 á 6,000 francos se presenta muy rara vez: queda solamen- 
te el caso ordinario de una pesca mediana, que no puede 
acarrear ningún provecho real al principio, y solo muy limi- 
tado pasados algunos años. Cual seria la posición del armador 
si se le privase de la prima de 50 francos por hombre?*' Es- 
tas observaciones las copia Mr. Berthelot de un trabajo en 
Maree y yo me limito á traducir el cálculo. 

Pasemos ahora á ver el que forma de los gastos del arma- 
mento para la pesca de África por un mes de campaña 

Un navio de 100 toneladas tripulado de 30 hombres es mas 
que suficiente para los mares de África. 

Laeconomia de esta pesca no exije el empleo de muchos 
barc :§ y bastaría una buena chalupa y un botecillo para el 
servicio, cuyo coste graduamos en . . . . 6,000. feos. 

Regulando en 35,000 francos el gasto en 
la compra del barco su deterioro anual en 15 años 
que puede durar seria de . . . ... 5,000. 

Seguro sobre los 35,000 francos valor del bu- 
que y los 11,000 de los gastos que forman la su- 
ma de 46,000 francos con la prima de 5 p© sis- 
cienden á 2,300. 

Salario de la tripulación que gradúa Mr. Ber- 
thelot en 50 francos por persona y que en el cal- 
culo anterior se halla compensado con la prima. 1,500« 



—57— 

"Pero la imposibilidad de conservar largo tiempo ef pesca- 
do por la cootiDuacion en adoptar la manera de prepararlo usada 
hasta el dia, les. obliga á no traer á las islas smó pequeños 
cargamentos, por que la acumulación de los productos de la 
pesca por graneles masas en los puertos de desembarque po- 
dría comprometer la salud pública, si la venta se retardase 
por mas de dos meses. Por eso los regidores cuidan mucho 
de que se arroje á la mar lo que comienza á averiarse, y de 
aquí proviene la necesidad de volver muchas veces ala pes- 
ca y arreglar los productos á las necesidades de los consu^ 
midores sin quebrantar las lejres establecidas. Todos estos in- 
convenientes desaparecerían siguiendo otro método, esto es, 
secando el pescado de los mares de África, como el bacallao de 
Terranova^ á fin de que pudiese sufrir las vicisitudes 
de las largas espediciones, y bien preslo se vería que era 
fáeil conseguir estos resultados.'* 

Ceso ya en el análisis de esta obra por las razones que lle- 
vo indicadas, y voy por último á ofrecer una breve reseña de 
algunas obras interesantes sobre pesca, que me mostró Mr; 
Berthelot en su biblioteca y que mencionaré; creo hacer 
un beneficio á los amantes de conocimientos tan intere- 
santes para el desarrollo de la riqueza de estas islas. 

Es muy digno de llamar la atención el Tratado general 
délas pesquerías y de la Historia de tos pescados por Jvr. Du^ 
hamel du 3Ionceau publicado en París en 1769: compuesto de 
3 tomos en folio con láminas, que no sabemos se haya tra- 
ducido al español. 

En la descripción de artes y oficios Mr. Bertrand recopiló 
la precedente obra y la amplió sobre algunos puntos. Cuatro 
tomos I," mayor también con láminas impresión del año 1776 
la componen. 

Pero después de estas obras francesas me mostró Mr. 
Berthelot una española, que me holgué de hojearla, y que me* 
recia seguramente fijar las miradas de una persona estu- 
diosa: es la siguiente: 

£1 IHceionario histórico de los artes de la pesca nacional 
por el comisario Real de Guerra de Marina fian Antonio Sanéis 
JReguart, obra compuesta de 5 tomos impresa en Madrid en 
ISL famosa imprenta delbarra en f791. Es notable que el 

ÍjiUimo tomo sea de á folio mayor y los cuatro primeros de á fo- 
JÓ pequeño. 

Además de las noticias puramente del arte que contiene la 

8 



a 



—88— 

obra tiene un precio inestiinable por comprender muchas ins* 
tituciones gubernativas de los reyes aragoneses. 

La dedicatoria es notable por su prtginatidad^ El autor 
decia.-«Señor.=:La pesca nacional, mujer robusta, animosa, 
«de tostado rostro^ de endurecidas manos y callosas, que det 
«Occéano y Mediterráneo en las saladas aguas se lava; per- 
«fum?.da con tea y alquitrán ó aceite de sardina y de baile- 
«na: vestida ^e redes de lino, cáñamo y esparto, cuyas fran^ 
«jas son corchos, plomos y relingas, con guarniciones dejuii- 
«eos, anzuelos y cordeles; bordados sus zapatos de transpa- 
«rentes escamas y su melena prendida con blancas espinas.» 

«Esta, pues, levanta los brazos al cielo en el feliz reinado 
«de V. M. penetrada de gozo por que en él mira la época 
«mas dichosa de las atenciones y del aprecio que merece su 
«natural fecundidad v hermosura.» 

También fijé la vista en la Historia general de las pes^ 
querías antiguas y modernas en los mares y los rios de los dos^ 
continentes (obra de que ya hablé en una de mis cartas an- 
teriores] por Noel, que se publicó, en 1815 y fué dedicada 
é Luis 18. • 

Pueden isuministrar así mismo antecedentes á un eurioso !a 
historia de las pesquerias de los descubrimientos y estableci- 
mientos de los Holandeses traducida al francés por Betnad 
el año 8 de la república francesa: La Historia natural 
de los peces por el Barón Cuvier continuada por Yalencien- 
nes dada á luz en 1828 y por último el Código de la pesca 
marítima por Hautefeuille publicado en 1844. 

No ha^o mención de innumerables folletos y ordenanzas 
por ser ajeno de la brevedad de una carta, pero denuncio» 
esta riqueza á los patriotas insulares para que no permUan* 
que salgado las islas caso de fallecer entre ellos el ilus- 
trado fierlhelot. Si sus cenizas llegan á reposar en la isla 
que elijió para su morada, y donde construyó una casa de 
campo, en que se transparenta su buen gusto, sus libros pa- 
rece que se debían adquirir para que formasen parte de una 
biblioteca pública. En los que tratan déla pesca se encontra- 
rain tesoros que podrían utilizarse. 

Disimule V., amigo mió, esta , divagación: ya Sabe V. mí 
pasión por los libros: preciso es conceder indulgencia á ésie 
defecto, si de tal puede 'calificarse ésperimentar récireó cqri el 
examen de obras, que profundizadas con estudio puedeii auihen* 
tarla riqueza iio solodé edte pais sino d^la Península. Ahora 



—89— 

sí que me despido irrevocablemente de la pesca: mas de V. 
tan solo hasta la siguiente carta, en que trataré délos pro- 
ductos agrícolas de estas islas: suyo como siempre su amigo 

M. N. 

P. D. Para que nada falte incluyo una lista de los peces 
que recorren estos mares. La copio del Porvenir, el cual 
indudablemente la sacó de la obra de Bertl^elot. Asi que con 
presencia de la obra de este la he corregido. Es una po-r 
blacion numerosa y variada submarina, que de cuando en 
cuando viene á honrar nuestras mesas. 

Sería un acontecimiento plausible para las islas Canarias 
la realización de la noticia que contientn algunos periódicos 
sobre haberse interesado una sociedad de crédito de Madrid 
á instancia del Sr., Vargas en la pesca de estas islas y. cos- 
tas de África^ Entonces si que principiaría una nueva era 
para este archipiélago, Ojalá que veamos pronto la confírma- 
€ion de esta noticia llegada cuando se imprime esta carta 
(40 de julio) escrita con mucha anterioridad. 

LISTA 

BE LAS PRINCIPALES £3PEGI£S DE PESCADOS QUE SE EKCUENTRA!(:EN 
LOS MABE6 DE LAS ISLAS CANARIAS, T SU ADYACENTE COSTA DE ÁFRICA. 

Peces que tienen espinosos los radios de la espalda. 
Boca negra Psymatomm telescQpium. 

BREMAS GRANDES. 
El Mero. . Serranus fuscus* 

£1 Cachorro. JSerranus cqninus* , 

La Sama. Serranus acutiroslris. 

.r,v .. ' BREMAS CHICAS. 
.La Vaca. . Serranus scriba. 

£1 Mero de tierra. Serra^nus fimbriatus. 

Éi Alfonsino. Serranus antMas. ; 

La Cabrilla. Serranus cabrilla. 

£1 Ray . de las orillas. Serranus emarginatus. 

Peces que tienen espinosos los radios déla espalda: opér- 
enlos lisos, y sin espinas. 
ESPAROS GRANDES. 
La Sa^a grande» Chrysophriscoeruleostiokís 

La Sai|)adoc^da. Denteso vulgarís. 



—60— 

El Pargo. Dentex^ /Uámentoius, : 

El Sargo blanco. Sargus Rondeieti 

El Sargo breado. Sargus fasdatus. 

El Besugo. Pegellus centrodonius. 

El Alfoncíno. Pagellus canariensis. 

ESPAROS CHICOS. 

«*' La Boga, Sparus boops. : 

: El Chicharro. Boops canariensis. 

Peces que tienen espinosos los radios de la espalda: cuerpo 
lisoy teñido con gracia: muchas nadaderas debajo dé la cora. 

El Atún. Scomber thynnus. 

El Bonito. Scimber Pelamys. 

El Pez espada. Xiphias gladius. 

El Tazarte, Cybium tritor. 

La Caballa. Caranx tr achurus. 

El Escolar. ñovetus temmínekii. 

El Pez Reí. " Temnodon saltator. 

La Palomia ó Liche. Lichia glaycos. 

La Dorada ó Pez San Pedro. Zeus faber. 
Peces que tienen espinosos los radios déla espalda y una na- 
dadera dorsal. 

La Vieja. Scarus canariensis. 

El Pez verde Julis pavo. 

El Romerito. Atanlholahrus mridis. 

El Pez perro. Labrus julis. 

Peces que. tienen los radios de la espalda espinosos y blan- 
doi^: cuerpo con escamas lisas: muchas nadaderas dorsales 
y debajo de la cola: las dorsales en punta. 

El Abadejo. Phycis limbatus. 

La Pescada. . Aselluscanafiensis.^ 

La Pescadilla. Gadus merlangus. 

La Anjova. ' {If o tiene nombre cientifico) 

Peces que tienen los radíos de la espalda espinosos: ^- 

camás brillantes. Llegan á pesar de ocho á doce librase. 

El Pámpano. Brama fíaii. 

El Pámpano de afuera. Crius Berthelotii. 

Peces que tienen los radios de la espalda no espinoso^: cuer- 
po muy escamoso: dos nadaderas dorsales, una d^ radios 

blandos, y otra adiposa; 

ÍAuíopus filifer. 
Aulopus maculáttts. 
Saurus ttifíirfatüs/ 



. I 



« i 



—61— 

Peces un poco aplanados: boca obK<5tta: ' ojos altos y muy 
juntos: operéolos armados de un aguijón: ano cerca de las 

nadaderas pectorales. 

La Araña. Irachinus radiáíUÉK * 

Peces de cuerpos casi cilindricos: escamas grandes y flojas: 

opérenlos dé tres piezas. 
El Salmonete/ ' Mullus barbatus. 

Peces de forma desgraciada por lo voluminoso de la-^abéza 
respecto al tamaño del cuerpo: algunos de ellos voladores. 

/El Rubic. Trigla volitan^. 

..0 [ El Rubito. Trigla lucerna. " 

S I El Hübi0 chato, Trtgla linéala. 

^ ! El Rubio volador. Trigla hirundo. * , 

g jEl Kascacio. Scorpaena porcus. 

o /El Rascado de afuera. Sebastes filifer. 

^ I El Rascado ó cantarero. Scorpaena scrofa. 

\El Colorado . Scorpaena fitamentosa. ] 

Peéescon opérenlos dentados y espinosos; 
K Berrugalo. Umbrina cañar i en sis. 

ÍScicena nigra.' 
Scieena umbra. 

Peces de cuerpo aplanado^ sobre todo la cabeza: una náda:- 

dera dorsal no adiposa. 
Lá Sardina. Clupea sardina 

La Anchova ó Longoron. Clupea encrasichólus . 

Peces de cuerpo aplanado en forma ae disco, terminando 
en cola delgada é igual hasta la punta: abertura de las 

branquias ó agallas póf debajo. 
La Raya. Raya davala. 

La Tembladora. Torpedo Galvaúii. - . ' 

El Chucho. Pastinaca ml^ris. 

El Obispo. Myliobates eptscopus^ 

Peces de varias formas, que viven en las aguas muertas y 

en los charcos peñascosos. 
El Budien. Clinus canariensis. 

El Sapo. Uranoscopus bufo. 

El Soldado. Solea oculata. 

El Trompetero. Centriscus scolopaoo. 

El GallO; Balistes caprinus. 

El Linguado. Solea scriba. 

Peces de enorme tamaño: cuerpo redondo: cola cuyo grue- 



90 



—64— 

so ya en disminución hasta la punta. 
Ei Tiburón Squalus carcharioi. 

El Gato. S^alus catulus. 

El Martillo.. SÍqualus zigaena. j 

El Pez Ángel. SÍqualus squatina. ■. i 

Peces de cuerpo prolongado» redondo y lleno de una sus- 
tancia viscosa: escamas invisibles. 
La Morena. Varias especies. Murena. , . ^ 

El Congrio. Conger. 

PECES DE FORMAS EXÓTICAS. 
Peces que tienen espinosos los radios déla espalda; cuer- 
po de forma cilÍAdrica: opérenlos de tres piezas. 
El Alfonso. Priaeanthishoaps. 

Peces que tienen espinosos los radios de la espalda: opér- 
enlos dentados y espinosos. 
El Burro. Pristipoma viridense. , 

El Roncador. Prishpoma ranchus. 

El Machete. Prishpoma ruhrum. 

Peces que tienen espinosos los radíos de la espalda: falsas 
nadaderas entre las de las espaldas y la cola, y entre esta 

y la anal. 
El Dorado. Coriphcena equisetis. 

El Conejo. Gmphylus Pramethens 

Peces que tienen espinosos los radios de la espalda, escamas 

brillantes. 
El salmón de altura. Nemobrama Welbii 

La Castañeta. ffeliazes limbatus. . 

Peces sin opérenlos, y en su lugar una membrana hendida 
por debajo del cuello: nadaderas pares. 
El Gallito. Monacanlhus fUamentasus. 

Peces de cuerpo prolongado y redondo: el par.ae nadaderas 
inferiores libres: la parte superior de la caneza cubierta :Qor 
una placa en figura de ovalo, surcada y ormada . de gan- 
chillos. 
La Picuda . Sphyraena picuda 

La Romera. ÉcheneisnaucraUs. \] 



3 : 



. , ■ • ■ I , * 



—63— 

Carta 8/ 

Santa Cruz de Tenerife 18 de Mayo de 1858. 

Sr. D." 

importancia de las Canarias por sus producciones 
agrícolas. 

No crea V.. anii^o rnio, que por que haya hablado de 
la importancia maritinja de las islas Canarias y de la que 
tienen por sq proximidad al África, ñola tengan por sí mis- 
mas, por ia naturaleza de sus productos. Estos son ricoH 
y variados: un buen cultivo, una instrucción mas pro- 
funda podría sacar mas utilidad de un suelo, que aeoje 
favorablemente todas las plantas y que es hábil para 
todo género de frutos. 

El Iri^o y la cebada, el maiz y las patatas, toda 
clase de hortalizas y frutas se crian en este suelo; y aun 
qué e$ cierío que en Fuerteventura y Lanzarote se ma- 
logran alguna vez las cosechas, es precisamente por la fal- 
ta de aguas, que no sabemos se haya tratado de reme- 
diar de la manera conveniente y según los adelantami- 
entos de la ciencia. 

Pero ademas estas islas han sido famosas por la bon-' 
dad de su Vino, que figuraba entre los mas espirituosos; 
y limpios del universo. Antes que el oidium tnken de- 
vastase sus viñedos, el Puerto de la Orotava veia reinar 
eñ su recinto una actividad prodigiosa, no menor reina- 
ba en el de Santa Cruz de Tenerife y en el de la Luz 
de Canaria; y ese liquido precioso era conducido á regio- 
nes remotai? y reputado como la ambrosia, que la Divini- 
dad habia «x)ncedido á los venturosos mortales que mo- 
raban en las islas afortunadas. 

Producto especial de este suelo era también la' or- 
chilla cuya planta colorante ofreció por largos años ma- 
teria á un comercio lucrativo. Encaramándose los habi- 
tantes sobre las peñas y los riscos iban á buscar con ries- 
go muchas veces de su vida sus hebras, que nacían espon- 
táneamente y que formaban un ramo de riqueza. AI pie 
verá V. la descripción que de ella hace Tiera en su dic- 
cionario que continua inédito y que me ha franqueado asi 



• 

como oíros libros, mi amigo y compañero el letrado D^ Fran- 
cisco M. de León. (1) 

Si registramos el catálogo de la$. plantas, que reseña 
Yiera Clavijo eñ su Historia natural ' y que refieren los 
Sres. Berthelot y Web en su Flora, se podrá conocer que 
partido podria sacarse de este suelo. Nos reservamos ha- 
blar de esta materia cuando tratemos de los adelantos que 
puede recibir la agricultura en este pais. 

Entre tanto no podemos prescindir de llamar la aten- 
ción sobre esa cosecha nueva, que ha transformado las 
islas y que há hecho afluir sobre ellas un rio de plata: 
hablamos de la cochinilla: según vimos en los eruditos 
artículos que sobre las Canarias escribió él Sr. D. Fran- 
cisco Belmonte, actualmente sub-gobernador del distrito 
de Santa Cruz de Tenerife, se regulan en 23 millones de 
reales las sumas metálicas que bajo este concepto han en-^ 
Irado en las islas. 

Sin embargo en los cuatro primeros años de franqui- 
cia transcurridos desde el 10 de Octubre de 1882 al .9 
de Octubre de 18S6 la suma total de las esportaciones 
no llegaron á aquel guarismo, si debo atenerme á una nota 
que se me díó y es la siguiente. \\ 



(1) Orchilla. {[fichen Rosella. Lin) {Muscus Canariensis or- 
chilli diclus: Per) {Fucus maxtmus. Mocella tinctorum. Bauh) 
[Liohen Poiypoides tinetorius saxalillis. Tourn.) Especie de 
musgo que criándose sobre las peñas marítimas de nuestras Ca^ 
narias t$ unadQ sus producciones mas peculiares. Los fran^ 
ctfses dan á esta yerba el nombre de Orsulles, y los italianosi 
el de Orcella ó Itocella, pero los histortadores del conquistar^ 
dor Juan de.Bethencourí la llaman unas veces Orsolle y Q" 
tras OüRSELLEi El viajero^ antiguo Cadamosto decía Oricola:-, 
Fué conocida desde luego por los Europeos, quienes hicieron 
de ella uno de los mas importantes ramos de su comercio. Per- 
tenece al género de Iqs Lichems. Sus ramificaciones son tor- 
tuosas ó fíraueadas, del j/rueso de un hilo de carreta ó braman-* 
te, casi redondas, punUagudaSf largue ordinariamente de U\esi 
pulgadasybíen qu^hay también orchillas de ochoó nuem, yaun 
la tengo en mi gaknete de n^as de doce traída de La Gómeme 
Unas tienen el £olor, gris, y otras que son las mas seleata^Ja 
ttcnen blqnq^ecifioroon^sus hebras mpicadqsde unas herfyáffáir: 



Desdé 10 déOctubre de 1858 á id. de 1853 se 

esportó por valor de 21,722,194 rs. 

: Desde 10 de Octubre de 18(3 á id. de 1854. 18.774,174 

Desde id. de 1854 á id. de 1855. . . 22,496,564 

Desde id.de 55 á id. de 1856. . . . 24,980,769 . 

Total esportddo en los 4 años. . .87.974,001 
De consiguiente asciende según estos datos el valor de 
las producciones estraidas en el año común del espresado cua- 
trienio á 21,993,500 rs. ó sea cerca de 22 millones de rs.vn. y 
aunque esta cifra se refiere á todos los artículos de las islas, 
^a se sabe que escepto la cochinilla los demás son de corta 
importancia. 

Esta nota demuestra que la esportacion iba en proporción 
ascendente, y no debe estrañarse queelSr. Belmente, calculase 
la estraccion en 23 millones, cuando algunos pretenden que la 
producción ha ascendido á 16,000 quintales, que á 100 pesos 
quintal ó sea 15 rs. libra importan 24 millones de rs. 

Él producto sería mayor si la creación de las madres 
fuese mas economicay abundante, y lo seria si la villa de San- 
ta Gruzcomprendiendo sus intereses utilizase con el riego sus 
terrenos y ios destinase á esta producción. Tengo oido álos 
inteligentes, que no hay punto mas al proposito en las islas 

tas algo concavas y pulverulentas de color de ceniza, las cuales 
se reputan por la fructificación. * Nace en mucha copia en los 
poros de los riscos, peñas y paredones que miran al mar, sin 
que se heche de ver ninguna tierra en sus raices: confundien" 
dase tanto 'su color con el de las mismas peñas, que solo los 
orchilleros acostumbrados á cojerla en los despeñaderos con 
mucha riesgo de su vida la saben distinguir de lejos. Regular* 
mente sé pueden recoger en cada año 2600 quintales de or- 
chilla en esta forma: 500 quintales en Tenerife: 400 en Cana-- 
ría: 300 en Lanzarote: 300 en Fuerteventura y 800 en el Hier- 
ro. La or chilla de estas dos últimas islas pasa por la mejor. 
Redúcese esta preciosa yerba á pasta^ moliéndola, cerniénr 
dala y colocándola en una vasija de vidrio, donde se humedece 
con orína ya corrofupida, á la que se añade una poca de cal 
^ajfada. Revuélvese cada dos horas y se tiene cuidado de cu- 
'brir siempre la vasija con alguna tapa. Esta operación dehu-^ 
Medeeerla, ponerla cal y revolverla se practica durante tres 
días consecutivos, al calo de Iq9 cuahs ya empieza a tomai; 

9 



— €6— 

para esta industria que el de Santa Cruz, el cielo e6- 
tre otras le ha otorgado esta inestimable ventaja. 

A fuerza de trabajo y de ivvestigaciones, y cuandojrt 
tenia en la imprenta esta carta, me hé podido proporcionlir 
una nota exacta, mdividual por años de las estracciones déla oo- 
chinilla, que juzgo conveniente publicar por que estos datoi 
siempre son útiles. Yease á continuación: 

Exportación de la cookinilh desde 1S37. 



AÑOS. LIBKAS. 

im! . ■ 7.020 

1838. 24.548 

1839. . 28.642 

1840 77.041 

1841. 100.S66 

1842. 74.589 

1843. 78.994 

1844 159.950 

1845. 221.350 

1846 232.338 

1847. • 292.495 

18Í8. 373.385^ 

1849 386.518 

1850. . 782.670 

1851 368.109 

1852 806;í54 

1853 790.524 

1854 • • S64.345 

1885 .i;i35.912 

1856. 1.501.716 

Libras 8.286.966 



la pasta algún colóralo purpúreo hasta que á los 8 se pone dt 
un rojo violado, que se «a avivando por grados y sirve para 
tintes. Para usar de esta planta se procura disolverla en agua 
tibia y se le va aumentando el calor: luego que hierve se. met* 
la estofa en el baño sin ninguna preparación, ó si se quiere 
preparada con alumbre y cristal de tártaro. El color natural 
que comunica taorehiUa es el de /kr de lino Hrando td vioHh 



~«7— 

Bien puBden calcularse, cuando no á^duro á per 
go. dé auérte que por la cochinilla desde 1^37 hasta 1856 
iaclusiire han entrado en las islas mas de 8 millones de pesos, 
5in contar los productos desde 1831 al 3£. 

Y ya' que hemos hablado de esta cosqcha, no será inopor- 
tuno q^e refiera á V. su historia y como se introdujo en las 
islas. Se hallaba en Cádiz D.; Isidro Quintero, canónigo déla 
Laguna, y sabiendo C|ue la Sociedad Económica trabajaba por 
aclimatar la grana o cochinilla en Andalucía^ pidió algunas 
madres, para trasladarlas alas islas, casi al mismo tiempo, que 
reoiítió otras el General D. Domingo Monteverde á su herma- 
no D. Antonio, vecino de la Orotava. Quintero las depositó 
en Santa Cruz en la huerta de Ü. Juan Megliorini, persona 
aficionadísima á las ciencias naturales; y á sus diesvelos ayu- 
dados de los deD. Santiago de la Cruz, se debió el quedes- 
de 1826 se principiase á propagar. Un aluvión horroroso casi 
ahogó en. su cuna en 7 de Noviembre de dicho año esta nue- 
va pnHluccion^ pero por disposición de la Providencia se sal- 
varon seis granos tan solo, y fomentados convenientemente 
fueron la simiente que después ha dado lugar áunainmen* 
sa propagación. : 

Entre tanto informado del proyecto D. Juan Bautista An- 
tequera, intendente que fuera de Canarias, y que se hallaba 
en Madrid, propuso á S. M. la creación de un establecimien- 
to, donde se conservase un semillero de madres y de cuyo 
depósito se distribuyesen á todas las islas: el Gobierno adop- 
tó á pesar de algunos informes contrarios, (resultado común 
déla preocupación y de la oposición que sufren todas las ideas 
útiles) el proyecto de Antequera, y por Real orden de 11 de 
Diciembre de 1827 fué nombrado este director y se dio á D« 
Santiago de la Cruz el encargo inmediato de cuidar del vivero, a- 
signandolela gratificación de 400 ducados, con la obligación 



do: pero si se tiñe antes la misma estofa de un azul mas ¿ 
menos claro sacará un color como de flor de romero, de pen^ 
Sarniento ó de amaranto. Preparada la estofa con zumo de li-- 
mon recibe de la orchilla un hermoso color azul. Igualmente 
tiene la pasta de nuestra orchilla, desleida en agua fría, la 
propiedad de que, tiñendo con ella el marmol blanco, le comu- 
nica unas bellas vetas de un azul mas ó menos claro, según 
Us mas veces que se le aplica. 



==& 



— es- 
de pdsar personalmente á los pueblos de las islas para dar 
las primeras lecciones prácticas del cultivo* Por los dias del 
nombramiento de Cruz mileció Antequera, }[ en virtud de la 
autorización con que se consideraba el comisionado regio ^D. 
Diego Aguirre, nomlH*ó á MegUorini director del estableci- 
miento en 30 de Enero de 1.828, cuya elección confirmó S. IL 

Yea y. como principió esta nueva industria que tanto pro* 
tégió el Gobierno, no nabiendo podido menos de admirar qoé 
por falta de estas noticias hayan creido algunos que el país 
sé debió asi mismo la aclimatación de este insecto. Los he- 
chos que citamos acreditan el celo del Gobierno, y todavía po* 
dremos añadir, que á propuesta del comisionado regio Villota 
se, mandó que el consulado destinase mil duros de sus fon- 
dos para la compra de simiente á los cosecheros y su remi- 
sión á la Península. A espensas de los fondos públicos se a* 
nimaba la producción y se interesaba á los cosecheros. La co* 
chinilla fué propagándose en escala ascendente; bien pronto 
el interés individual inutilizó el plantel de Santa Crms 
y llegó á constituir uno de los articules de esportaciotí^ ca* 
minando con el progreso que espresa la nota que precede. 

Para completar el cuadro de esta historia marcaremos los 
productos desde 1831 á 36 inclusive. 



PRECIOS. 



* . • 1 


. 22 V. 


• . • < 


. 30 


• * f • 


. 30 


... 


.30 


• • * 


.US 


• - • • 


. 33 V, 



AÑOS. LIBRAS. 

1831 .... . 8 

1832 120 

1833 1319 

1834 ..... 1889 

1835 S658 

1836 .... . 6008 

Total de libran. 15,995 



Me parece que este es el lugar oportuno de comparar los 
productos de la cochinilla con los del vino: yo creía que agüe- 
lla habia reemplazado á esta última cosecha, pero los datos 
que citaré y observaciones que haré convencerán de lo con- 
trario. 

Según ü. Francisco Escobar la producción del vino ascen- 
día á 43,380 pipas: según los datos que trae Bandini y qué 
recopilé en el estado subia á 37.618 botas de mosto, y se- 
gún Berthelot y Web á 46,256 pipas. Estos ültiírios autores ponen 



— 69^— 

4 

el precio de la pipa á 260 rs. y el total con esta regulación 
asciende á 1S.086,5S0 rs.: pero si se considera que la pipa 
llegó á venderse en los últimos anos á 1(M) pesos, el produc* 
to seria mayor: pongamos solo 9S0 rs. vo. por pipa del vino 
4ae se estraia, que era el mejor, y que se vendía por lo co- 
mún á 16 libras esterlinas, y siendo IS^OOOlas pipas tendre- 
mos 17.100,000: quedan 28,250 pipas del vino de consumo 
y como se vendía á 6, 8 y aun 10 cuartos cuartillo 
no será escesivo regular cada pipa en 23 duros ó &60 rs.: im- 
portarían pues las 28,250 pipas 12,494,760 rs.que unidos á 
los 17.100,000^ ascenderían á ^9.594,760 rs. y suponiendo 
qae la cochinilla rinda 16,000 quintales á cien pesos no pa- 
saría de 24 millones de rs.,suma inferior al producto del 
vino. 

Agregase á esto que la cosecha de la cochinilla exige un 
capital crecido para la simiente y las Igbores, capital cuyo 
interés debe pagar el que no lo tienev que está espuesta á 
mas azares que el vino; que las viñas las cultivan los apar- 
leros sin desembolso del dueño; que proporcionan con los 
sarmientos leña^ que economiza la del monte, y que esta in- 
dustria pone en movimiento los operarios y arrieros y en vis- 
ta de todo y de que por falta de vino se introduce aguar- 
diente, se convencerá cualquiera que medite, que el produc- 
to de la cochinilla no es igual al que daba el vino. Sin em- 
bargo es una ventaja haber aclimatado el insecto, como lo 
será la aclimatación del sorgo y del tabaco, por que un pais 
que cuenta con muchas cosechas nunca puede perecer. Así 
le sucederá á las Canarias con esa inmensa variedad de pro- 
ductos. 

Al trasladar estas noticias no puedo dejar de consig- 
nar una observación sumamente curiosa que hacia cierto 
sujeto. Se advierte, me decia, un género de protección es- 
pecial dispensada por la. Providencia á estas islas, á las que 
se las vé dotadas de una producción particular que las redi- 
me de la miseria y del aniquilamiento. Apenas conquistada? 
la orehilla fué el principal elemento de su riqueza juntamen.-^ 
te con la barrilla: cuando la orehilla decayó por no merecer 
estimación en el mercado, los vinos constituyeron la reden- 
ción de estas islas, y cuando el oidium destruyó los viñedos 
la cria dé la cohinilla vino á reparar aquella pérdida y á fe- 
ctlítar ingresos hasta en las casas mas miserables. Parece que 
Dios estiende su mano poderosa sobre estas islas. Siel Gobíer^ 



— 7(U. 

no le imita, se asegurará su felicidad. 

Es incuestionable que se nota un movimiento á la alzado 
la esportacion y que esta debe crecer si se fomenta la agri^ 
cultura, se anima la industria y se dá impulso al comercio. 
Gomo podrán conseguirse estos beneficios lo veremos d^-^ 
pues. Entre tanto bástenos fijar ciertos datos qué deben ser 
puntos de partida para otras investigaciones. 

Según los informes que se me han dado se espor- 
tan mas de 70,000 quintales de barrilla que al precio de 
20 rs. importan 1.400,000: á lo menos 800 de almendraque 
á 200 rs. sean 40,000 y además deben agregarse á. la su- 
ma la seda, papas, losas y otros varios artículos que se verán 
en el Estado al fin. 

Pero para que nada quede por decir manifestaremo3 que 
una de las producciones de estas islas fué el ámbar. En 
12 de Abril de 1535 el Cabildo de la Catedral de las Palmas 
mandó que se empleasen cien doblas para comprar 12 onzas 
de ámbar para regalar en,Uoma. 

En 20 de Setiembre de 1539 se dio cuenta al mispno Ca- 
bildo de que en la Gomera se bahia hallado un pedazo de ám- 
bar que pesaba 3 arrobas, el cual habia venido á poder del 
Conde, sm contar con otros pedazos que recogieron otras per- 
sonas; y el Cabildo para cobrar el diezmo acordó, pasase al- 
gún sugeto á aquella isla y nombró al capellán Gonzalo García. 

El algodón viene perfectamente. También la coseclm 
de seda fué una de las que principiaron á utilizarse des- 
pués de la conquista. Así lo convence el acuerdo del Ca- 
bildo de la Catedral de las Palmas del 18 de junio de 1563 
por el que cedió por seis años el diezmo de la seda que em- 
pezaba á darse en esta Isla á Juan de Mendiola> tejedor, para 
que pasando desde la de Tenerife fijase su casa y telares, vis- 
to que ofrecía hacer á este país el beneficio de. tejer terciope- 
los, rasos, tafetanes y otras cosas con lo que se aumentaría 
la cria de la seda f por consiguienter los diezmos. 

Nadie ignora que aun actualmente se hacen tejidos en la 
isla de la Palma con la seda que se recolecta. El Conde de 
Yega-grande trata de aclimatar un gusano que se mantiene 
con la hoja del tártaro {Palma ChrisH.) que es la planta que 
produce la semilla que esprimida dá el aceite de ricino. Es- 
ta planta tiene la particularidad de criarse en el periodo de 
i5 dias, circunstancia que signíficaria una continuación de 
cosechas désed^cajsi iQ^reu^le, pero que puede reaUzar- 



se en un clima tan benigno eomo el de las Ganafas. 

Es también una riqueza inmensa la de las maderas que 
se crian en estas islas: nos reservamos hablar de ellas cuan- 
do tratemos de los montes y nos lamentemos con Mr. Ber- 
thelot del estado de abandono en que se encuentran y próxi-* 
nías á desaparacer ciertas especies de árboles, únicas en el 
Universo: por ahora nos limitamos á decir que el pino, pi- 
ñus canartensisrde parasol es sumamente estimable para las 
construcciones marítimas ó de buques, cuyas maderas osten- 
tan aun después de muchos años de servicio una grande for- 
taleza. 

Las patatas^ llamadas aqui papas, forman ya un artí- 
culo de esportacion. y en este lugar debo manifestar que es tra- 
dición constante en estas islas, que por primera vez se sem- 
braron en tierras de Icod el Alto, desde donde se propagaron 
felízm^te por toda la provincia, y que las tra|o del Perú Don 
Juan Bautista Bethencourt y Castro por los anos de 1622. (1) 

El mismo Bandini en la obra citada pag. 48 dice que 
en Icod habia una casta que sin ser muy esquí sita (las 
mejores son las de piel negra) admira por su desmedido 
tamaño hallándose entre ellas no pocas de media vara de 
largo, y añade que en la cosecha última (debió ser la del año 
15 pues la obra se imprimió el 16) nueve papas produge- 
ron mas de dos costales. 

La caña de azúcar, traída de las Andalucías, se culti- 
vó primitivamente en estas islas, y es tradición que de 
ellas se llevó á la América. 

En los abuerdos del Cabildo de Canaria existen testi- 
monios que acreditan la importancia de esta cosecha. En 
uno del año 1518 se ordena que la arroba de azúcar 
de la Palma se vendiese á razón de una dobla, y en el mis- 
mo año recibió el Cabildo por su médico al Bachiller Al* 
varo de Mata con el salario de 30 arrobas de azúcar. En 
1529 se habla de un pleito de los azúcares que seguia el 
Cabildo, y que en 1573 se vendió la arroba ál400 mrs. 

Todos estos acuerdos demuestran la importancia de es- 
ta cosecha, que después desapareció casi totalmente dees-- 
tas islas reemplazándola otras. 



(1.) Bandim. Lecciones Elementales de agricu^ura págtna 



—1Í— 

é 

Al hablar de las |)roducctones del suelo de las Ganariaff 
DO puedo pasar ^en silencio una que se está ensayando y cu- 
ya importación se debe al celo del Conde de Vega-Grande, ri- 
co propietario de la Gran Canaria y vecino de la ciudad de las 
Palmas. Esta produc«;¡on es el Imphy ó caña azucarada de los 
cafres Zulú, y del sorgo azucarado déla China. 

El Conde réliere este hallazgo ó descubrimiento en la ma- 
nera siguiente en una memoria titulada Observaciones prác- 
ticas etc. publicada por él en 1857. ••Enmi último viage por 
Europa, estas son sus palabras, tuve noticia de haberse in- 
troducido en Francia el Sorgo azucarado de la tdinay el fm- 
phy ó Sorgo africano {ffolcus saccaraíus de Ztnwco) del que 
crecen muchas variedades en los fértiles campos de la Ca- 
freria en la colonia Natal, de donde los había traido Mr. Leo- 
nardo Wray, que pasó algún tiempo entro los cafres Zulú, exa- 
minándolas diversas propiedades del Imphy. Al fin pude pro- 
porcionarme algunas semillas de los de China y África y un 
tratado escrito por el mismo Wray (traducido al francés} so- 
bre el cultivo y productos de tan precioso vegetal, de cuyo 
traslado saqué las noticias que pude en el poco tiempo 
que me fué posible tenerlo á la vista; y desde luego que 
me impuse de sus maravillosas propiedades, consideré que 
con su introducción había de proporcionar á mi pais un nue- 
vo ramo de industria, y para el porvenir un artículo was á 
la esportacion y un aumento á la riqueza pública de esté ar- 
chipiélago. : ; 

**Al momento que llegué á la gran Canaria- en agosto del 
año pasado (1856) hice en mi hacienda de Ginamar, la siem- 
bra de las pocas semillas que traía, tanto del sorgo de China, 
como del sorgo africano, cuyas cañas vi crecer con admira- 
ción, pues algunas á los 45 dias estaban echando la espiga 
V tenían de 7 á 8 pies de alto llegando después hasta 10 y 
íl pies.** 

•*A principio de Diciembre corté laií cañas y estraie de 
ellas el jugo que destiné á hacer aguardiente después de fer- 
mentado habiéndolo obtenido de ii grados con un escelente 
sabor, y del que he hecho algunos licores que saben muy bien: 
también he hecho la melasapara el adúcar.'* (1.) ^ 



Cl.) Héjuitadó el aguardieníe y licores* qué elSiP.Cimde^ de 
Yeya^rande tuvo la bondad de mandar á mi posada pará^iúe 



—73— 

El testimonio de un hacendado, que habla de una mane- 
ra sencilla de los esperimentos que hizo, ofrece cierto gene- 
ro de convicción para empeñar á otros propietarios a imi- 
tarle: por eso hemos citado esos párrafos de su memoria, 
que son á un mismo tiempo un ejemplo, una oscitación y 
sobre todoun testimonio de amor patrio, porque el que^ á pe- 
sar de sus riquezas, trata de promover el cultivo de una nue- 
va planta, indica su generoso deseo de abrir en el pais un 
nuevo manantial de prosperidad. 

D. Julián Pellón y Rodríguez asociado con el Conde en el 
privilegio esclusivo para la aplicación de las gramíneas, ti- 
tiiladas Holcus saccaratus, á la fabricación de vinos, alco- 
holes y demás líquidos espirituosos, escribió en 1858 una 
memoria sobre la descripción, cultivo y aprovechamiento 
dalas plantas sacarinas, tituladas^ sorgo, azucarado chino, 
Holco sacarino africano y Holco sacarino tártaro. 

Noticias interesantísimas contiene esta memoria que re- 
comendamos á aquellos de nuestros lectores que deseen uti- 
lizar su contenido, por que es preciso advertir que el Conde 
y su socio, que según manifiestan no se hallan inspirados del 
deseo de la ganancia, no tratan de impedir la libre fabri- 
cación pequeña: ó lo que es lo mismo, han tomado á su car- 
go los grandes esperimentos, dejando á los particulares el de- 
recho de verificarlos también en pequeña escala. 

Por estas lijeras indicaciones verá V., amigo mió, cuan- 
tas plantas tratan de aclimatarse en este suelo, y cuantas 
transformaciones puede esperimentar su agricultura^ si es 
dirigida con inteligencia é impulsada con celo, ta cosecha 
de la cochinilla, que tan rápidamente se ha estendido y que 
forma uno de los artículos de esportacion mas importante, ha 
sido el resultado de ensayos que seejecutaron al principio muy 
en pequeño. 

Pero como el sorgo y el holco son plantas que también 
pueden aclimatarse en nuestro pais, y que se están aclima- 
tando en Andalucía, como lo manifiesta la memoria citada, 
no considerará V. estraño que refiera algunos pormenores 
que puedan suministrar alguna idea de las ventajas que 
puede proporcionar su cultivo. Estas plantas pueden em- 



/os probase. El aguardiente era de una fuerza esíraordinaria, 
los licores sumamenles agradables. 

10 



' —Ti- 
plearse como forrages, puede utilizarse su semilla, su jugo 
azucarado y hasta sus raices. 

Cada metro Quadrado plantado de. sorgo prcduce 9 á 10 ki- 
logramos de forrage, que es un alimento sustancioso para 
los animales. (1) Una hectárea produce 45 hectolitros de semi^ 
Ha por término medio, ó 52 fanegas de grano por cada fa- 
nega de terreno de marco real: grano que sirve para alimen- 
tar las aves domésticas, para durlo á los ganados en lugar de 
cebada, y para hacer un pan inferior: molido y fermentado 
por métodos convenientes puede servir para la destilación 
alcohólica, lo mismo que los demás cereales. 

Cuatro mil arrobas de caña limpia^ producto de una fa- 
nega de marco real, rinden 2400 (§> de jugo, que contiene un 
14 por ciento de materia azucarada, ó sean 350 @ de azuear> 
por fanega de terreno cultivado, entre la azúcar cristalizable 
y la incristalizable ó glucosa. 

El bagazo que es el residuo que dejan los tallos después 
de esprimidos, puede utilizarse como abono, si se seca, y pa- 
ra elaborar papel así como las hojas; y tierno ó recien sacado 
de la prensa lo come con gustcT el ganado. 

Las raices y panojas lavadas y cocidas sirven para ali- 
mentar el ganado, y quemadas se pueden emplear en la fa- 
bricación de ceniza ó de potasa. 

También se dice que rinde la ccrosia, esto es, una resina 
blanca ó cera vegetal, que sirve para elaborar bujias y cor- 
responde su producto á seis ó siete @ por fanega castellana 
de tierra. Asimismo se pretende que las glumas en las varie- 
dades del sorgo de China, Sagondy, Omsiana, Boonvana y 
otras producen una materia colorante de consideración. 

Si se atiende á estas ventajas y á la de que puede corlar- 
se la caña, y si se riegan las raices y entrecavan volverá bro- 
tar, se podrá conocer que esta planta puede efrecer grandes 
ganancias, pues no solo suministrará alimento para las per- 
sonas y los animales, sino también será un suplemento del 
vino reemplazando las vides perdidas por el oidium, y ofre- 
cerá en el azúcar un artículo de esportacion. Desde que en las 
Islas Canarias se han perdido las viñas se introduce de la 



(1) El Conde tiene una maquina con la que se corta la caña 
del sorgo en trozos pequeños, que he visto después en los pese- 
bres de los bueyes que mueven la gran noria de Ginámar, 



Habana' una cantidad enorme de aguardiente de caña. Si el 
cultivo del sorgo economizase esta estracclon de dinero, bien 
pronto este capital produciría una reacion ventajosa sobre la 
ríqueza interior, por ser sabido que las sociedades son como 
los cuerpos humanos, en los que las sustancias que no se e- 
vaporan, vuelven á dar mayor desarrollo y perfección á los 
miembros, 

No se crea que esta planta se cria solo en la Gran-Gana 
ría, pues según he oido, el Excmo. Sr. Genenal D. Manuel de 
la Concha, que tan aficionado es ala agricultura, la cultiva 
también en sus propiedades de Tenerife, y asimismo algunos 
propietarios de la villa de la Orotava y del lugar de San 
Andrés. 

Este clima tan favorecido del cielo, como tantas veces 
hemos repetido, se presta á todas las producciones. En la 
Orotava he visto el árbol del café, y los sujetos en cjyos 
jardines lo viera, me han asejgurado haberse servido del 
fruto y advertido un aroma singular. 

Pero la «producción que parece tiene indudablemente un 
porvenir incuestionable para estas islas es la del tabaco: qui- 
zás sea esta la que la Providencia depara para reemplazar 
»1gun dia á la cochinilla, y con mayores ventajas, por que 
al mismo tiempo no priva al pais délos géneros alimenticios. 
Durante mi permanencia en la Gran Canaria fui en compa- 
ñía de magistrados amigos á un huertecito de D. Fernando 
Cambreleng, que vi plantado en su centro de tabaco. Un ter- 
reno de medio celemín de cabida le babia producido dos quin- 
tales: este es un producto muy crecido, como lo conocerá cual- 
quiera, y mas si se tiene en cuenta que el tabaco se cría en 
solos cuatro meses, quedando la tierra durante ocho con ca- 
pacidad para rendir otras cosechos. 

La del tabaco merece estudio; las sociedades económicas 
y las juntas de agricultura no deberían descuidar hacer es- 
perimentos, y sobre todo á espensas de la provincia debe- 
rían traerse de Cuba operarios esperimentados, que supiesen 
distinguir las hojas fermentadas de las que por no estarlo 
lio ofrecen el aroma que se requiero en las que han de des- 
tinarse á la elaboración de los cigarros. D. Fernando Cam- 
breleng (1) en el mismo huerto por efecto de su amor patrio ha 



(1) Ajxesar de que estas noticias las adquirí en mi viaje áLas 



^Te- 
puesto un pequeño laboratorio: me mostró hojas de tabaco 
enteramente curtidas, y que se semejan á una tela suavísima 
y consistente, pues las venas han desaparecido; me mostró 
también cigarros elaborados y tabaco de polvo, pero aunque 
vi la máquina para elaborar el rapé, no encontré muestras 
de ese género, porque según me dijo, no se acertaba á darle el 
aroma. Repetiremos que este es un ramo de riqueza, que no 
debería descuidarse y que tal vez en él se halla el porvenir de 
estas islas y aun él de la España, que puede obtener sumas 
considerables con este nuevo ramo de cultivo y de indústrixi. 

En la Orotava se han hecho también ensayos y en el Puer- 
to, (1) y esperamos que en punto tan al propósito para los 
esperimentos no se dejarán de conseguir felices resultados. 

Ya que he hablado de la fecundidad de las tierras no pue- 
do menos de citar á Nuñez de la Peña, (2) el cual después 
de referir que con la madera de un solo pino en 1515 se cu- 
brió la Iglesia de nuestra Sra. de los Remedios déla Lagu- 
na (que dicen es ahora la catedral) que tenia de largo 80 pies 
y 48 de ancho; y con la madera de otro la de S.ienito que 
tenia 110 de largo y 35 de ancho: que uno cortó un pino en 
el monte sobre el Realejo y sacó 5,000 rs. no yendo entonces 
cara la madera: decia, que las semillas acudian bien, que en 
Ghasnay Granadilla en año de aguas se cojian cien fanegas y 
aun 110 por una de sembradura: y en el Peñón y Rodeo 25 
y aun 30: que las calabazas se criaban de 10 azumbres; que en 
una huerta debajo de Tacoronte habiendo sido convidado á co* 
mer de un melón con 12 amigos, lo hicieron pesar y pesó 25 
libras. 



Palmas, posterior ala fecha escrita de esta carta, las he coloca- 
do en ella, que era donae debta colocarlas. Este anacronismo nada 
perjudica, por lo demás era una agregación que exijia el oV- 
den de las materias . 

(1) Después de escrita esla carta hemos visto que el Ayunta- 
miento del Puerto de la Orotava ha acordado á propuesta del 
Sr. Cólogan un premio de 1500 rs. al mejor cultivador del 
tabaco. Aplaudimos tan patriótica resolución. No.puede dmse 
una inversión mas útil de los fondos municipales. 

(2) Lih. í.* cap.i.' pag. 24. 



—77— 

Los guanches hacían miel con la fruta del mocan cocíenr 
dola, pues las abejas no se conocían en Tenerife y sí en Ca- 
naria; ahora es escelente la miel que se cria con las flores 
blancas de la retama del Teide, siendo comparable á la 
famosa del Himeto en Grecia. 

Ligeramente he hablado de la caña de azúcar, y creo del 
aso recordar que se cultivó desde ti principio de la conquis- 
ta en la Gran-Canaria y en Tenerife. Sobre lo primero hay un 
hecho histórico, que al mismo tiempo manifíesta un heroico 
desprendimiento. En el mayo de 179S desde la Laguna D. 
Alonso Fernandez de Lugo bajó con algunos amigos á San- 
ta Cruz, y sentado á las orillas del mar espresó la determi- 
nación de dejar la conquista por la necesidad que padecía su 
tropa; el noble Lope Hernández de la Guerra le ofreció vender 
los dos ingenios de azúcar que tenia en Cenaría, generosidad 
que pagó el general Lugo con un abrazo y dando gracias á 
Dios. La conquista de Tenerife no se hubiera* realizado sin una 
acción tan hidalga y sino hubiese existido esta industria. (1) 

En Tenerife existían ingenios por la parte de Adege y 
se dice que se trajeron negros para el cultivo, de los que pro- 
ceden los mulatos que se ven en aquella comarca. 

Si se atiende á todo lo espuesto, á quejas tierras por lo 
general producen tres cosechas, y aun he visto parras queme 
han dicho producir dos, se conocerá cuanto debería rendir 
este suelo con una buena cultura. 

Ojalá que V. pudiese verlo y á su afectísimo 

M. N. 

P. D. Para que forme V. una idea de la producción de las 
isla's le incluyo un estado de la cosecha que dijo Bandini 
hubo el ano 1813. Muchos de estos productos habrán 
disminuido como el vmo, pero se hallan reemplazados por la 
cochinilla; otros á su vez se habrán aumentado; siempre es 
curioso tener á la vista estos datos. Advierto que este país 
produce bestias para montar: los burros son escelentes por 
su ligereza y vigor. Las cabras producen algunas basta 4 
cuartillos de leche que son dobles de los castellanos, y por 
eso he visto pedir por ellas hasta una onza de oro. 



(1) mnez de la Peña, Lib. 1.* Cap. XVl. 



—78— 

RaZiM de las producciones vejetales y animales de las Islas 
Canarias en el año 1813, que se supuso fértil. 

F ANEGAS. _ 

CEBADA ídem 

Trigo, blanca, romana. Centeno. Avena. 



Canaria. 

Tenerife. 

Palma. 

Hierro. 

Gomera. 

Lanzarote. 

fuerteventura. 

Totales . 



87.521. 48,162. 

97.805. 22.212. 

20,220. 18,049. 

140. 3,781. 

7.580. 8,482. 
27,350. 140,280. 

36,430. 79,490. 

247,052. 320.456. 

FANEGAS. 



426. 
00. 
00. 
00. 
00. 
00. 
00. 



2.245. 

9,084. 

11,532. 

712. 

1,072. 

10,790. 

00. 



19. 
914. 
00. 
00. 
00. 
00. 
00. 



426. 35.435. 933. 



JUDIAS TRIGO maíz PAPAS 

Ó frijoles. Habas. Lentejas, avenoso, ó millo, ó patatas. 



C. 
T. 
P. 
H. 
G. 
L. 
F. 



1,566. 

926. 

150. 

00. 

135. 

30. 

00. 

14,476. 2,807. 
FANEGAS. 
Chicharos. Garb.""- 



9.803. 

861. 

580. 

00. 

199. 

3.033. 

00. 



442. 
460. 
161. 

20. 

89. 
653. 
101. 



00. 
3.012. 
00. 
00. 
00. 
00. 
00. 



98.708. 

46.335. 

21.350. 

515. 

3.641. 
15,022. 

2,530. 



127,697. 

313,815. 

45.921. 

1,917. 

6,660. 

53,215 

8,042. 



1,926. 3.012. 188.101. 557,267. 

SEDA ALGODÓN ACEITE NUECES 

libras. libras, arrobas, millares. 



c. 


581. 


138. 


348. 


1,422. 


1,300. 


4,563. 


T. 


801. 


« 


1,612. 


22,583. 


00. 


110. 


P. 


2í. 


« 


;»,077. 


15,450. 


00. 


1.290. 


H. 


00. 


« 


00. 


430. 


00. 


00. 


G. 


11. 


« 


1,218. 


750. 


00. 


40. 


L. 


00. 


2,999. 


00. 


711. 


00. 


00. 


F. 


00. 


450. 


00. 


840. 


00. 


00. 



1,417. 3.587. 8,255. 42.186. 1.300. 6.003. 



/ 



79. 



Lmo 





CASTAÑAS ALMENI 


)RAS DOCENi 


IS ZUMAQUE 


ORCHILLA 


. MOSTO. 




millares, fanegi 


is. de manadas, libras. 


libras. 


botas. 


c. 


2,400. 588. 


43,583. 


50,000. 


1,200. 


6,042. 


T. 


1,S30. 00. 


4,6l9. 


272,500. 


6,270. 


18,41». 


P. 


3.490. 00. 


2,389. 


00. 


210. 


4,874. 


H. 


00. 00. 


541. 


00. 


5,820. 


1,965. 


G. 


130 00. 


2,820. 


00. 


12,520. 


2,301. 


L. 


00. 00. 


2,400. 


00. 


9,350. 


3,499. 


F. 


00. 00. 


422. 


00. 


10,020. 


518. 




7.550. 588. 


56,774. 


322,500. 

MIEL 


45,390. 


37.618. 




LANA 


QUESO 


de abejas 


CERA 






quintales. 


quintales. 


cuartillos. 


libras. 


Azúcar. 


C. 


1.050. 


1,622. 


11,196. 


8,238. 


00. 


T. 


359. 


585. 


2,491. 


1,480. 


00. 


P. 


208. 


169. 


1.250. 


750. 


18,258. 


H. 


113. 


81. 


912. 


550. 


00. 


G 


200. 


360. 


3.030. 


2,500. 


00. 


L. 


157. 


120. 


00. 


00. 


00. 


F. 


369. 


757. 


00. 


00. 


00. 



2,456. 3,694. 



18,879. 13,518. 18,258. 



MIEL 



Mascabado. Respuma. de caña. Corderos. Becerros. 



c. . 


^ 

00. 


00. 


00. 


9,793. 


1.081. 


T. 


00. 


00. 


00. 


19,816. 


385. 


P. 


8,488. 


1,823. 


7,648. 


3.000. 


160. 


H. 


00. 


00. 


00. 


2,141. 


34. 


G. 


00. 


00. 


00. 


10,490. 


431. 


L. 


00. 


00. 


00. 


2,500. 


180. 


F. 


00. 


00. 


00. 


1,824. 


231. 



8,488. 



1,823. 7,648. 49,564. 



2.452. 



—80— 
Cabriíos. Cerdos. ADVERTENCIA. 



c. 


3,600. 


2,180. 


T. 


32,895, 


3,601. 


P. 


16,160. 


8,140. 


H. 


205. 


160. 


G. 


20,000. 


1,200. 


L. 


8,117. 


6,409. 


F. 


56,760. 


4,221. 



Nos ha sido preciso fraccionar 
este estado para incluirlo en la 
foliatura de la obra, porque los 
estados grandes ó de pliego son 
incómodos al desaroUarse y están 
espuestos á romperse, y si se do- 
blan hacen desproporcionado el 
137,737. 25,911. volumen. Cuando ha sido posible 

hemos puesto las iniciales de las 
islas, omitiéndolas cuando esto ha ofrecido inconveniente pa- 
ra ajustar las páginas: pero fácilmente se conocerá á cual 
corresponden los productos. Si no hubiese sido tan estenso hu- 
biéramos añadido el estado del comisionado regio Escolar; 
pero lo reservamos para cuando tratemos de la estadística. 
Entonces examinaremos oira cuestión, á saber, como un pais 
en que hay tantas producciones presenta una población tan 
pobre, á pesar de ser los habitantes de las islas tan sobrios. 
Este espectáculo tan sorprendente de la riqueza del pais y de 
la pobreza de sus habitantes exije seguramente un examen 
detenido. 

Carta 9.* 

Santa Cruz de Tenerife 19 de Mayo de 1858. 
Sr. D. 

Algunas noticias sobre la cosecha y comercio de vinos 
de estas i s las. =^ Venida de estrangeros y particularmente de 
Irlandeses á ellas. 

Mi estimado amigo: sin embargo de que hemos enumera- 
do entre los productos de este suelo el vino, designando en 
el estado precedente á lo que habia ascendido esta cosecha 
en años felices, antes que el oiditim hubiese casi estinguido 
esta fuente de riqueza, nos ha parecido del caso añadir al- 
gunas particularidades. El vino de las Islas Canarias era lan 
célebre, ocupaba un lugar tan distinguido en las mesas, que 
no debe dejar de merecer una mención honorífica. Es á 



—81— 

semejanza de aquellos ilustres difuntos, á quienes por sds 
méritos y nombradla se les consagra una oración fánebre. 
¿Que sabemos * tampoco si el viñedo resucitará otra vez y 
volverá á adornar las pendientes de estas islas? En Canaria 
lO(|avia ostentan su verdor las cepas en los collados y quie- 
bras del Lentiscal: en Tenerife aun se conservan algunas 
viñas á las orillas del mar, en las Ramblas y en Taganana. 
Quizás algún dia Baco vuelva á sacudir su tirso en el territo- 
rio de los guanclres y á alegrar estas comarcas con los gri^ 
tos de los vendimiadores. La cosecha del vino va acompa-* 
nada de alborozo; las vides tapizaban con una hermosa verdura 
casi todos los ángulos de estas islas. Esta riqueza tenia no 
sé que de mas positivo y de mas fácil que la de la co*- 
chin illa. 

No sabemos que los guanches conociesen ni cultivasen la 
vid: no recordamos haber leido que se haga mérito de esta 
planta. Su introducción debió ser coetánea á la conquista y 
su desarrollo principió cuando se abandonó la caña de azú- 
car, cuya industria pasó á las Antillas, donde la elaboración 
era mas barata con el trabajo de los esclavos. Es de presu- 
mir que los primeros sarmientos se traerían de Andáluda, 
cuyos viñedos hablan alcanzado una fama europea: los de lá 
Malvasia se trajeron de la isla de Chio, ó de Villanueva de 
Sitges en Cataluña, á donde se llevaron en tiempo de las 
Cruzadas. Pero lo cierto es que las vides se propagaron de 
una manera asombrosa sobre un terreno, que parece que 
la naturaleza babia destinado á esta producción. Las tier-^ 
ras volcánicas ya se sabe que son muy al propósito, y 
pocos hay que ignoren que sobre las vertientes del Ve- 
suvio se crian las preciosas cepas, de cuyos racimos se 
esprime el delicado vino conocido con el título de La- 
chryma Chrisli. Las Islas Canarias, que no ence^rraban 
en su seno minas de oro ni de plata, se hicieron bien 
pronto célebres por sus vinos, y cpn especialidad por 
su malvasia, que era la rt^ina de estos líquido^; la que te- 
nia una nombradla universal, un aprecio distinguido en to- 
dos los paises de Europa: la que se ofrecía como uno de los 
dones mas esquisitos de la naturaleza. 

Mientras que una multitud de aventureros se lanzaban á 
los mares en busca de tesoros, encontrando quizás la muer- 
te y un triste desengaño de ilusiones vanas y quiméricas» va- 
rios estrangeros mas cuerdos y setis^tos.x/^piaa á h»t Cánft- 

11 



rías en demanda de sus deliciosos vinos. Parece que las na- 
ciones del Norte se atribuian cierto derecho á gozar de sus 
productos» habiendo sido un normando (Beth^ncourt) el que 
tomó á pechos primeramente su conquista; asi es que fue^ 
ron muchos los estrangeros que vinieron á comerciar en es* 
te artículo y los que atraidos con las dulzuras del clima se 
detuvieron después, y se establecieron por ñn en estas is- 
las, contribuyendo con sus conocimientos á una fabricación 
mas esmerada del vino y á difundir su fama por el univer- 
so. La conquista de Lanzarote y Fuerteventura se hizoá prin- 
cipios del siglo IS: á fines del mismo ya estaba sojuzgada 
Tenerife, quesiendo la mas fuerte no se acometió sino después 
de preparativos que no se necesitaron para las otras, y á úl- 
timos del siglo 16 ya gozaba el vino de Canarias de una fa- 
ma europea, y se presentaba en la escena del pueblo inglés 
como una bebida deliciosa y de notoria bondad. No es esta 
una aserción vana: la vamos á robustecer con datos que no 
se nos podrán negar. El célebre dramaturgo inglés Sha-- 
kespear escribió en 1598 la tragedia de Enrique 4.*, y en 
ella nos da á conocer que el vmo favorito en la corte de 
Inglaterra en el reinado de Isabel era el de estas islas^ pues 
faaoe conmemoración de él bajo el nombre de Canary Sack. 
£1 poeta hablaba aun pueblo, y le hablaba de lo que este co- 
nocia, de lo que merecía su preferencia; si solo hubiese tra* 
tado de llenar con un ripio el verso, hubiera mencionado 
' los vinos de Grecia ó de Falerno. Shakespear como buen 
ingles retrataba en sus piezas las costumbres del pueblo pa* 
ra el que escribía, y su costumbre era beber el vino de Ca-^ 
narias: los marinos se gloriaron de llevar esta adquisición á 
8u patria. 

Ya se puede conocer, que teniendo tal fama este produc- 
to vendrían á buscarlo los estrangeros. Con efecto en dis- 
tintas épocas se establecieron en Tenerife muchos ingleses, 
franceses, irlandeses y genoveses atraidos por su bello cli- 
ma y deseo de negociar con sus vinos, de modo que en corto 
tiempo aumentaron su riqueza comercial, y la ambrosia de 
Canarias fué á todas las partes del mundo, y figuró en las 
introducciones de todos los puertos conocidos. 

Una circunstancia sin embargo hizo que viniese á estas 
islas mayor número de irlandeses. Nadie ignora que la Ir- 
landa desde el tiempo de Cromweil fué el teatro de sangrí- 
entas escenas y do oeroicidados, que no tuvieron otro premio 



que el cadalso y la carnicería. Hubo en Inglaterra una res« 
taaracion, pero, como casi todas, se hizo sin juicio y sin pru« 
dencia,y llamada por los errores vino otra vez la i^evolucioni 
A unes del siglo 17 un suegro (Jacobo 2/) fué lanzado del 
trono por su yerno el Principe de Orange, (Guillermo 3/): Ift 
familia de los Estuardos dejó de reinar. La Irlanda mostró 
una adhesión constante y tierna á sus antiguos monarcas: 
fué como la Vendée en Francia: aquel pais miserable y des-* 
graciado fué regado con sangre: hubo acciones horrorosas, 
sitios que todaviá se recuerdan con espanto. Por fin la ciu- 
dad de Límerik se entregó, y á pesar de la amnistía que 
concedió el Gc^bierno, 12,000 irlandeses (1) emigraron por 
no reconocer á Guillermo 3.* Quizás hicieron bien, por que 
los partidos nunca perdonan, aunque los gobiernos perdonen* 
Mochos irlandeses vinieron á la Peninsula atraidos por la 
identidad de religión. De esta emigración derivan los 0*-Rey- 
lles, los O'Donnelles, los Blakes, los O'donoju, los Butters, 
los O'bryans, los O'Rourkes, los O'mulryans y tantos otros 
descendientes de los héroes de la Irlanda: pero también vi^ 
Dieron á estas islas muchos de estos generosos desterrados 
que se establecieron en ellas y constituyeron familias dignas 
de aprecio y que conservaron y conservan estimación entre 
sos convecinos. Podemos citar los Whites, los Cólogan, \oi 
Rase!, los Forstall, los Power, losO'Ryan DeLahanty, losMoIo- 
wony,Key. Ltnch. (S)y otros que en general han conservado las 
buenas cualidades de su origen y que con su laboriosidad, 
honradez y constancia fomentaron el comeriño de estas islas y 
las enriquecieron juntamente con otras casas españolas^ es^ 
tendiendo sus especulaciones á América. Así creció en poco 
tiempo la fama de los vinos, y este archipiélago tuvo una 
importancia y una nombradla que casi no podia concebirse. 
La cosecha llegó á una cantidad exortHtante estrayendo- 



(1) Historia de la revolución de ínfjlaíerra por Gui^ot y con- 
iimíoeion de la historia de Hume hasta el acta electoral de 1832 
pág. 540. 

(2) p^o advertir que muchos tradujeron el apellido para po- 
der disfrutar del beneficio de los registros de Amertca v. g. 
White. se tituló Blanco; Groonmbeerg, ^este eraoUmonJ Mon^ 
ievtrtk efe. 



se 16,000 pipas, cuyo precio regulamos en la carta anterior, 
indicándolas ventajas déla cosecha del vino con respecto á 
.lacochinilla, debiendo añadir, que esta bebida no alteraba 
la salud de la clase jornalera, que usando ahora el aguar- 
diente de caña adquiere enfermedades, siendo ordinaria- 
mente la embriaguez niortal, como lo revela un hecho que 
diá ha poco lugar á la formación de una causa en este 
juzgado. 

rio puedo dejar de referir un suceso> que demue^i^ 
tra la importancia que tenia el comercio de vino en 
la isla dé Tenerife. Apenas fué derrocado Napoleón 
y el bloqueo continental no arredró á los comercjan-r 
tes ingleses, mas de cien buques se presentaron en el 
Puerto de la Orotava á cargar vino para llevarlo á la India. 
Tantas embarcaciones reunidas parecían un pueblo flotante, 
que se aproximaba con ansia á estas costas en busca de un 
producto codiciado hasta en el Asia. En el país de los dia-^ 
mantés y de los aromas, no había un néctar tan delicadoco- 
mo el que rendian las ubas maduradas bajo un cielo es- 
plendente y puro, y á las que comunicaban un calor suave 
f^ tierras calentadas por los volcanes. Conservo la historia 
este hecho tan glorioso para la agricultura isleña, aun cuan* 
<io este recuerdo haga derramar lágrimas á los patriotas» 
al ver la espantosa soledad que reina ahora en el Puerto de 
la Orotava. 
. Hasta aquí hemos trazado á grandes rasgos la his- 
toria de los vinos de estas islas, pero como nuestro objeto 
es ilustrar esta materia con todos los datos que podamos 
haber á la mano, y examinarla también económicamente, 
BO podemos prescindir de descender á ciertas parlicula- 
rjldades. 

Ya hemos referido «1 aprecio que hacían los ingleses de 
los vinos canarios, pero donde particularmente encontra- 
ban un seguro y constante consumo era en las colonias 
inglesas de América designadas con el nombre de Barbadasi 
spesar de que propiamente l^ Barbada era tan solo unaisr . 
laque pobláronlos ingleses en 1629, y que no teniendo nías' 
ue 8 leguas de largo y 4 de ancho llegó á una población 
e cien mil almas y á un comercio, que ocupaba 400 navios. ^ 
[ El comercio de los vinos de Canarias sufrió una ínter-,. 
ruiHÍon.con motivQ. de la reyoluoipn dp Inglaterra: peío? 
luego que Carlos 2/ volvió á' subir al tronó de ¿us pipiaren . 



i 



—86— 

• 

y se ajustó la deseada paz (1) con España, se abrió denue- 
do el comercio y los ingleses no descuidaron en venir á es^ 
tas islas á hacer el de las malvasias. Para esto y huir el 
cuerpo al precio escesivo creyeron algunos mercaderes de 
Londres, que seria muy ventajoso á su nación formar una 
compaqia titulada de Canarias: formada con privilegio real, en^ 
viaronal punto á Tenerife agentes y factores, que unidos en 
la fatal idea de comprar aquel fruto á precio ínfimo y de 
vender sus efectos al supremo, no pudieron ocultar á los 
cosecheros las perniciosas consecuencias de aquel monopo* 
lío ni evitar lá general ojeriza de los pueblos. 

Uegóá tal punto esta, como dice Viera, en 1666 que el 
Ayuntamiento, favorecido de los oidores de Canarias, acordó 
que todos los corresponsales y factores ingleses fuesen es*- 
trañados de las islas y que nmgun propietario de viñas o* 
sase vender á la compañia inglesa bajo las mas severas 
penas. ^1 eco de tan memorable ordenanza, añade, se des-^ 
mandaron algunos vecindarios: salieron por las noches cua- 
drillas de 300 á 400 enmascarados con el nombre de Clerir- 
gos. bn Garachico donde se hacia el principal acopio, de las 
malvasias violentaron las bodegas en los primeros dias 
de Agosto; rompieron las cubas: corrieron arroyos de aquel 
dulce licor, y sucedió una de las inundaciones mas estra- 
ñas que se pueden leer en los anales del mundo. 

La^ época del den ame del vino fué la de las mayores 
discusiones en las islas canarias. Los Capitanes Generales, 
protejian él comercio esclusivo de los ingleses: la Audien- 
cia y las ciudades defendian la libertad de los cosecheros. 
Entre los ministros de aquel tribunal se distinguió por sú 
celo á favor de la causa pública/?. Martin Bazan de Batde,. 
quien á pretesto de otro motivo fué desterrado por é\Q^^ 
p\t3ínGener2l Conde de Puerto- Llano. 

Estas turbaciones dieron lugar á que la corte de Espa- 
ña mandase al Sr. Z>.' Lorenzo Santos de San Pedrp, Regen? , 
te de la Audiencia de Sevilla, con amplias facultades, reu-». 
nienáo en sí los oficios de Capitán General y Regente de la 
Audiencia: llegó á la Gran-Canaria en junio de 1667 y fué 
á Tenerife en setiembre y en el cabildo que se celebró 



(1). fiera Clavija. Tomo 3.' S XLV. Noticias de la Hüíc^a 



en la Laguna á 2S de dicho mes de aquel año se formó 
un plan ae arreglo sobre el trato y comercio de vmos con 
los Ingleses que contenia seis artículos que copiaremos: 
1/ Los cosecheros no podrán pedir mas que 55 ducados dé 
islas por cada pipa de malvasia ni menos de 45: S/ Este pre- 
cio correrá por seis años, y si pareciese oportuno se podrá 
renovar pasado este término: 3/ Los mercaderes ingleses ó 
proporcionarán los precios de sus géneros, ó les pondrán 
también valor fijo: 4/ Quedan los particulares en libertad 
de cambiar sus vinos por géneros, ó sus géneros por vinos: 
5/ Desbarataráse ante todas cosas la compañía de Canarias 
formada en Londres: 6/ Se supftba al Rey por medio de/). 
Lorenzo Santos se digne aprobar este acuerdo: y efecti- 
vamente fué aprobado por cédula de 27 de febrero de 
1668. 

Es todo lo que entonces creyeron se podia hacer aten- 
didos los errados principios de economia: pero la industria 
del vino recibió muy luego un golpe fatal. Las islas cana- 
rias hacian un comercio lucrativo con las Barbadas: mas 
apenas Carlos 2.* de Inglaterra casó en Portugal, queriendo 
la Reina favorecer á los portugueses consiguió la próhibi- 
tácion de que sus subditos trasportasen los vinos de Te- 
nerife á las colonias. Golpe tan feliz, según dice Viera, para 
la isla de la Madera como infausto para las Canarias, que 
no se remedió por mas que imprimieron un memorial en Ma- 
drid, y que el Hey encargó al Marqués de Canales su emba- 
jador en Londres, pasase eficaces oíicios cerca del Ministe- 
rio inglés y alegase tratados de paz y motivos de conveiiencia.. 

Desde entonces los isleños se vieron (obligados á trabajar 
para remover este inesperado obtáculo; asi es que habiendo 
pedido un nuevd donativo la Corona, la isla de Tenerife o- 
freció poner en España 34,000 pesos y pasó con esta canti- 
dad én calidad de mensajero el regidor D, Diego de Ponte 
Bidiendo entre otras gracias que sé interésase la Corté dé . 
ládrid con la de Londres para que cesase la prohibición dé 
introducir los Vinos de estas islas en las Barbadas etc, i 

Na pasaron muchos años sin que sobrevinieran nuevos 
disgütos. El Capitán General D. Francisco Varona temeroso 
de que los comerciantes ingleses abandonasen el comercia 
de vino de las islas, creyó del caso permitirles que celebra- 
sen jaotas sin asistencia ^ dé la justicia^ ó lo queéá lo' 
mismo que erigiesen una especie de Tribunal dé contrata^-' 



—87— 

cion, resullando de esta impolítica aquiescencia que en 1686 
y los dos años siguientes el precio del vino apenas llegara i 
la initad: la isla de Tenerife para remediar estos males en* 
vio un comisionado á Madrid que se embarcó furtivamen- 
te en 1688. 

Bajo el Gobierno del Conde de Palmar nombrado Capi- 
tán General á fines de julio de 1697 se imprimieron nue- 
vos memoriales y el Rey mandó negociar aunque sin éxito 
á fóvor de las Islas. 

Por fortuna las i^las consiguieron que no se realizase el 
impuesto de 6 escudos en cada pipa de vino de malvasia 
que se embarcase: impuesto que debiera su origen á un 
despacho de 1708. 

Tenerife en Cabildo General de 25 de mayo de 1716 con 
licencia acordó enviar un agente á Londres para restable- 
cer «1 comercio de vinos con Inglaterra, recayendo la elec- 
ción en D. Cristóbal Cayetano de Ponte que se embarcó en 
^nero de 1717 en el Puerto de la Orotava, pero desgraciada- 
mente murió luego, perdiendo la isla de Tenerife 6,000 pesos 
y sus esperanzas. ^ 

Por esta reseña se patentiza las contrariedades que espe- 
rimentá esta riqueza que vino casi á perecer totalmente á 
manos del| oidium. 

El Marqués de Villa-nueva del Prado (que es uno de los 
mas grandes hombres que han tenido las Islas y con el que 
debe gloriarse la de Tenerife) en un informe al Consulado des- 
envolvió en 1815 esta historia y con una profundidad que 
le honra, consideraba que en la estraceion de los vinos y 
su alto precio consistia la prosperidad no solo de Tenerife 
sino, la de las demás islas: manifestó que no se detenia á de- 
mostrarlo, pero que si diria «que en vano se pensaba en me- 
joras económicas y en establecimientos públicos de cual- 
quiera especie, si al propio tiempo se dejaba agotar ó secar- 
se el manantial primitivo déla riqueza interior, en lugar de 
que si esta se fomentaba en su origen, conseguiriamos na- 
turalmente fK)r la misma fuerza de las cosas y casi sin tra- 
bajo de nuestra parte todos los demás adelantamientos, 
.pudiéndose decir que en aquel fomento consiste aqui todg 
la sabiduría de la administración, con la cual nos vendrán i 
la par todos los bienes.» 

Palabras profundas, que contienen una advertencia útil 
que no debe echarse en olvido. Nosotros diremos álo^.pro» 



—88— 

pietarios. «No olvidéis el cnltivo de la vid, porque tarde ó 
temprano él vendrá á ser una de las principales fuentes de 
la riqueza.» 

Se oóupa principalmente en dicho infornie en combatir las 
arterias con que se procuró por los monopolistas la baja de 
los precios, y decia, «remediada esta acaso nos daría tam- 
bién el remedio universal y una especie de sanalo-todo.y> En 
confirmación de que esas arterias intervinieron observa que 
sin embargo de que la isla de la Madera debió resentirse 
de los mismos acontecimientos generales que las Canarias, 
el precio corriente de cada pipa apesar de ser de 10 barriles (dos 
menos que la de Tenerife) era de 100 pesos fuertes, según 
se certificó en 1809: pero que sin embargo de las circuns- 
tancias que anunciaban progreso, el vino principió á bajar 
desde 1813, descendiendo en 1814 á la mitad y mas en el de 
1815: asi es que en 1813 se vendió de 45 á 50 pesos y en 
1815 de 35á 40cuandoenl812sevendioá80yl00 pesos.(l) 

Nos limitamos á hacer estas indicaciones reservándonos 
para en adelante esplanar mas la materia, cuando indique- 
mos los medios de evitar que los propietarios sean víctimas 
del monopolio. 

Con dolor advertimos que unas islas tan memorares 
por la esportacion de sus vinos no pueden atender boy ni 
«un á su consumo: al principio venia algo de Catalu- 
ña; ahora casi no viene, y el aguardiente de caña, como acaba- 
mos de decir, ha suplido sus veces con daño de la salud y de 
la moral. 

Esperamos con confianza que la maléfica influencia del 
(ddiún cesará; que este pais verá todavía flotar sobre las 
tierras los pámpanos y hojas délas vides, y*^ue esta nueva 
cosecha, unida a la de cochinilla, aumentara la riqueza de 
estas islas. Estos son mis votos. Si algún díase realizan, los 
labradores recordarán mi profecía y agradecerán el interés 



(1)' No podemos vimos de manifestar que el Sr Marques ac- 
tual de \illaHiueva del Prado, conociendo la rectitud de núes-- 
iras intenciones y el loable fin que nos hemos propuesto con 
la publicación de estas cartas, nos ha franqueado su biblioteca 
y varios papeles del Marqués su padre/ que ha sido tan justii^ 
mente elcQiado por cuantos hombres instruidos vinieron é 'estas 
islas: • - '^ . • -, 



— . ♦ ■ 



—sa- 
que he tomado por su suerte. Al fin de esta carta pondré 
una noticia curiosa que trae Viera tomo 3/ S S/ página 21. 
Refiere que Tomas Nícols, que residía en Tenerife (por los a- 
ños de 1565) en calidad de factor de tres célebres comer- 
ciantes de Londres^ escribió en sus memorias, que[un inglés 
de Taunton llamado Juan Hill, fué el Noé que' planto la 
primera viña en el Hierro. 

El mismo autor dice, que uno de los objetos al bloquear 

Í atemorizar Drake á estas islas en 1585, fué llevarse mil 
otas de vino para endulzar su viaje al estrecho de Maga- 
llanes y costas del Perú. Esta es una confirmación de la 
nombradla del vino canario en el siglo 16 y de lo desarro- 
llada que estaba la cosecha. 

Pero es preciso terminar esta carta; ha visto V. mi an- 
helo para dar importancia á un ramo tan útil de cultivo: 
V, se complacerá de que una su nombre á estos pensa- 
mientos generosos, su amigo 

M. N. 

P. D. Debo manifestar, para msTyor ilustración de mi pre- 
cedente carta, que Viera tomo 3.* página 23 también consi- 
dera el apellido Monteverde traducido de Groenemberg, es- 
presando que D. Melchor de Ayala y su ^hermano D. Diego 
hijos del conde de la Gomera casaron con dos hermanas 
de aquella ilustre casa originaria de Flandes ó Colonia y es- 
tablecida en la isla de la Palma: esto era ya en el siglo 16. 



Carta 10.^ 

Santa Cruz de Tenerife 20 de Mayo de 1858. 
Sr. D. 

Estado actúa} de estas islas. =Beneficios que les ha dispen- 
sado el Gobierno. =^Mejor as que podran hacerse en su admi- 
nistración *=Comumcaciones interior es. =Camino de Sta. Gruz 
por la Orotava.*=Yapores interinsulares. = Vapor es para Es- 
paña. -^^De un vapor permanente. ^ 

i querido amigo: no se figure V* que por que escribo 

12 



—90— 

cartas amistosas ha sido sin plan y á ciegas: tengo mi método 
establecido que voy desarrollando poco apoco, y que desarro- 
llaré todavía en mayor escala si Dios me concede vida, tiem- 
po para escribir y salud. Y. recordará las preguntas que 
hice en mi carta 3/. Ya quedan contestadas direclamente las 
dos primeras pues he demostradola importancia por varios con- 
ceptos de estas islas y el estado en que se encuentran sus pro- 
ducciones y riqueza. Resta contestar á la 3.* pregunta ¿que debe- 
rían serlas islas y como podrían serlo? Pero esta respuesta no es 
para una carta: exije varias y el desenvolvimiento de muchas 
ideas: debe princtipiarse por examinar la causa de la postración, 
ó mejor dicho, del poco progreso de las islas Canarias, y pa- 
sar después á indicar los medios mas propios para comba- 
tir los males que las aquejan y las mejoras que podrían ha- 
cerse, porque efectivamente son linos países que no se ha- 
llan bien conocidos, y cuya riqueza no se espióla cual de- 
biera; países, cuyos lazos no se estrechan cual corresponde 
estrecharse con la Península. Ahora son estas islas una car- 
ga para España. ¿Quien creyera que nuestro presupuesto ha 
de contribuir á su sostenimiento? Véanse las cantidades que 
se señalan, y este señalamiento indispensable y necesario 
ahora, es una increpación muda de que no se ha estudiado 
el medio de hacer que estas islas se basten á sí mismas. Hé 
aquí una economia plausible, en cuyo logro pudieran em- 
plearse los ingenios. Esta es una materia, que debería estu- 
diar el Gobierno y hacer que otros la estudiasen, otorgándo- 
les el debido premio por estos estudios de una utilidad 
cierta, de una aplicación práctica. ¿Acaso países en que vie- 
nen todas las plantas de América y Europa, en que la vid 
y el trigo crecen al lado del plátano, de la prpaya, de la gua- 
yaba, y otras plantas, no han de rendirlo necesario para su 
sostenimiento? ¿Al observar este déficit no debe reconocerse 
que hay vicios en la administración de estas islas, que su 
riqueza no se halla desenvuelta, cual debiera, cuando se nota 
una periódica ó mas bien constante emigración? 

No se crea por lo que acabo de decir, que jnis pala- 
bras contengan una recriminación contra los gobernantes. 
Harto me consta que las peripecias por las que ha pasa- 
do nuestro país: la guerra civil primero en los campos y 
en las ciudades, y después los choques de los partidos 
no han permitido, que los que ocuparon el gobierno pen- 
sasen fuera de un círculo reducido. Sus miradas apenas han 



—91— 

podido salir de la Península, y muchas veces ni aun de Ma- 
drid. Plegué al cielo darnos dias de calma para aue pueda 
pensarse esclusivamente en la ventura de la patria, en la 
verdadera grandeza de los pueblos y no únicamente en con- 
tener las malas pasiones que deben enmudecer para siempre. 

En prueba de que estoy muy distante de reconvenir al 
Gobierno, me propongo demostrar brevemente que ha mira- 
do las Islas Canarias con una paternal benevolencia, y que . 
en medio de sus apuros les ha prodigado beneficios y las ha 
tratado con mas consideraciones que á las mismas provin- 
cias de la Península. 

Si fijamos la vista en el servicio militar veremos qae por 
mucho tiempo ha sido puramente nominal: se sorteaba, pe- 
ro los mozos permanecían en sus casas: regimientos de la 
Península daban la guarnición: ahora hay un batallón lla- 
mado Provisional, al que vienen por suerte los milicianos 
á servir durante un año: muchos hay que finan el tiempo 
sin hacer siquiera este servicio: aun aquel que tenga la suer- 
te adversa solo lo prestará efectivo la tercera parte del tiem- 
po que los peninsulares, que además tienen la penalidad de 
hacer viajes c[ue no se hacen en las islas. 

La oficialidad no sale menos beneficiada: sin necesidad 
de que un joven ingrese en un colegio y se sujete ala seve- . 
ra disciplina y estudios que se exijen en España, entra de 
subteniente en estos cuerpos y va progresando sin fatiga y 
sin abandonar su patria, pudiendo bajo ciertas condiciones 
pasar á servir en la Peninsufei. 

Por lo demás el soldado se vé tratado con el mayor es- 
mero de sano y de enfermo. El Hospital militar, apesar 
de no ser un edificio tan grandioso como, debiera, es 
notable por la limpieza que se observa, por el nin- 
gún olor que exhala, y por la brillante asistencia que 
los facultativos, empleados y dependientes dispensan á los 
enfermos. Este celo honra al cuerpo fncultaüvo del ejército 
y á la Administración militar. 

Al soldado se le dá un pan de color avellanado bien co- 
cido y nutritivo: su cama es no solo aseada sino cómoda: 
dos banquillos de hierro inglés, construidos en el país á 
costa del asentista según modelo, sostienen un tablado de pi- 
no, llamado de Riga, traido de los Estados-Unidos, sobre el 
que descansa un jergón de medio-brin relleno con la mejor 
paja de trigo: las sábanas son de lienzo de hilo del llamado 



cregüela, del que cabalmente usan las casas mas acomo- 
dadas: las mantas son de lana mallorquínas de superior 
calidad y de color gris: los cabezales de lienzo de hilo a- 
zulado acotinado. La cama del soldado ofrece una vista a- 
gradable, y hasta cierto género de elegancia por sus buenas 
proporciones. Yo que do quiera que veo una cosa buena la 
alabo, no puedo menos de manisfestar que D. Bernardo 
Forstall, que es el que desde 1851 tiene el utensilio, ha ve- 
rificado estas mejoras en bien del servicio que tiene á su 
cargo. Se complace uno de encontrar este proceder en perso- 
nas,, que por ser contri^ listas no han metalizado su alma, y 
3 ue prefieren las alabanzas de los que verifican las revisfas 
e inspección y la complacencia del soldado al aumento de 
una exorbitante ganancia. 

Las islas gozan también del beneficio del Puerto-Franco: 
adquieren los particulares con bastante baratura los 
géneros de algodón, de que se hace actualmente tan gran 
consumo, y también otros necesarios para la vida. £1 taba- 
co no se halla estancado, y no es esta la única ventaja, 
í^ino que su cultivo es permitido, y con esta permisión se ha 
abierto una nueva fuente de riqueza. 

El Gobierno español tiene consignados 20 mil duros a 
nuales para carreteras en estas islas: 10,000 para el mue- 
lle de Santa Cruz de Tenerife y 5,000 para el de Las Pal- 
mas en la Gran-Canaria, una gruesa suma para el Puer- 
to de la Luz en la misma isla y últimamente 37^000 pa- 
ra los vapores. Siendo el importe de las contribuciones 
cuestas islas siete millones y pico, ascendiendo las gastos á 
10.600,000 rs. resulta un déficit de unos tres millones 
que tiene que suplir el Gobierno: y que ahora es menos gra- 
voso, porque entran en descuento los pa^os y rendimien- 
tos de los Bienes Nacionales y algunos débitos atrasados. 

A pesar de este déficit continúa el beneficio del Puerto- 
Franco y también otro que según tengo entendido se concedió 
a las islas en 1850, y es que para la regulación de las utili- 
dades de las tierras no se atienda al producto de la cochi- 
nilla, sino al que rendían antes de dicha cosecha. Asi es 
que heredades que pagan actualmente un arriendo de iOO 
pesos por fanegada no son consideradas para la contribu- 
ción sino por los rendimientos antiguos. £1 Gobierno ha 
tenido en cuenta, según la demostración gue hice en la car* 
ta 8.*, que el paisen general no se ha reintegrado de la per* 



—93— 

dida del viuo. ¿Qué Gobierno puede 8er mas paternal y 
benéfico para las islas que el español? 

Hago todas estas observaciones para que ciertos isleños 
oo articulen quej9s contra la madre patria, y consideren que 
esta se halla animada de un tierno amor á los mismos, y 
que si su ventura, á pesar de tan rectas intenciones, no llega 
al punto que debiera es por una fatalidad inevitable á las 
veces, y por c^ue quizás no se ha ilustrado al Gobierno cual 
debiera: es bien seguro que si á este se le hubiera puesto en 
el caso de obrar, las islas hubieran ganado mucho. 

Por lo que á mí toca, á pesar de mi insignificancia diré 
lo que crea conveniente; poco tiempo llevo de permanen- 
cia en el pais y no he hecho mas que recorrer una corta 
estension de terreno, aquella á que alcanzaban los paseos d% 
un hombre estudioso, pero ya que no pueda presentar un 
plan acabado^ me será permitido indicar medidas, que con- 
sidero útiles. Mas podría decir y con mas fundamento, si 
me fuese lícito recorrer todo el país; ver las cosas en su 
conjunto; eiijir noticias; oir á cualquiera lo que dijese, 
examinarlo con el criterio de la reflexión y verificar des- 
pués investigaciones. Si no acertase entonces en todo lo qne 
dijera, á lo menos creo que abriría el campo á nuevas con- 
sideraciones que escitáran á la meditación. Aunque sin ta- 
les medios me aventuraré á indicar los principales defectos 
que noto y las mejoras esenciales que echo de menos, vi- 
cios y falta de mejoras, que hacen que estas Islas dejen de 
ser lo que debieran. 

Desde luego diré que estas Islas debian formar un todo 
y no lo constituyen: se hallan en una incomunicación per- 
judicialisima: reinan entre algunas rivalidades: no están 
intimamente ligadas á la madre patria: su riqueza no se 
halla desenvuelta. No me toca ahora entrar en el examen 
de los medios de obtener su prosperidad: éste punto lo iré 
tocando en varias cartas, como ya lo he indicado. En el 
momento me limitaré á las observaciones de mas bulto, á 
las mejoras mas urgentes. 

El principal defecto que noto es la foruia de su gobier- 
no: tenemos la mania moderna de querer aplicar a todas 
las partes de la monarquia un mismo sistema, una misma 
organización, sin reflexionar que el hombre político debe 
ser flexible, como la regla lé&bia, que se doblaba y atem- 
peraba á las ondulaciones de los objetos á que debia apli- 



—94— 

carse. El querer igualar todas las cosas, equivale al siste- 
ma de Procusto, en cuyo lecho se igualaban todos los hom- 
bres, pero era con indecibles dolores. No se reconocen mas 
que dos elases de gobierno; el general de la nación y el de 
las leyes especiales. Pero puede haber uno medio entre los 
dos. Enhorabuena que las Canarias gocen de todas las ven- 
tajas de nuestro sistema político; que puedan enviar dipu- 
tados á nuestras cortes, quel tengan Ayuntamientos, Dipu- 
taciones y Consejos Provinciales, gobernador ó gobernadores; 
pero las diputaciones, los gobernadores; en una palabra, las 
autoridades deben tener mas libertad en su acción adminis- 
trativa con las debidas garantías que lasde la Península , sino se 
H^uícre que estos paises languidezcan en la parálisis y la 
atonía. Es poco cuerdo, á mi juicio, que estas provincias se 
gobiernen como aquellas que el telégrafo en unos cuantos 
segundos .ó minutos pone en relación con el «supremo 
Gobierno. No es dable sin una grande estension descender 
á mas menudos pormenores: quizás lo haga mas a- 
delante: baste ahora esta indicación y pasemos á proponer 
mejoras de una urgente realización y de una necesidad 
imperiosa. 

Esta necesidad es la de las comunicaciones, que son de 
tres especies: interiores ó sean las que debe tener cada is- 
la dentro de su órbita ó entre los pueblos que la forman: 
de unas islas con las otras, y de todas con España. 

Las islas de que se compone este archipiélago puede 
decirse que se hallan en un verdadero apartamiento entre 
sí, puesto qué las 7, que al todo componen 700 leguas de 
superficie, están á bastante distancia unas de otras. Para 
que formen un todo es necesario que puedan comunicarse 
con prontitud y que en épocas fijas sus naturales y habi- 
tantes puedan contar de un modo cierto con sus viages y 
con su regreso. Ahora su comunicación se halla confiada 
á bai-cos, que se esponen á las calmas y á las tempestades, 
igualmente funestas las unas y las otras para el comercio, 
para el abastecimiento y para la recta administración de 
justicia. Si á lo menos se estableciese un vapor entre islas, 
que periódica y circularmente las recorriese, bien pronto 
reinaría la animación, se fomentaría la agricultura y se 
trabarían relaciones útilísimas entre todos los que viven en 
el archipiélago, obteniéndose además el bien moral de que 
cesasen ciertas rivalidades, que deben su origen á prevén- 



—95— 

clones que disipa el trato. Creemos con fundamento, que los 
fletes de las personas y de los efectos dentro de muy breve 
tiempo compensarían el gasto y enjendrarian una actividad 
inconcebible ahora en todos los ramos de producción. Es 
un principio incuestionable que esta depende de la eslra*:- 
cion: traídos- los productos de todas las islas á. puntos de 
cómodo y fácil acceso para todos los que comercian con A- 
mérica y las costas de África, por ejemplo á los puertos de 
Santa Cruz de Tenerife y las Palmas, se observarla una re- 
volución en el centro de todas las islas. 

¿Y cuanto no crecería el desarrollo si se trazasen y eje- 
cutasen caminos en su interior? Un camino es una verdade- 
ra riqueza, una verdadera máquina de producción, un me- 
dio de disminuir el costo de los productos y la penalidad 
<¡e los habitantes. Solo con establecer una carretera crece 
el valor de las tierrasque están á'sus inmediaciones. ¡Cuan- 
to no ha ganado lá isla de Tenerife con el camino todavia 
no perfeccionado desde Santa Cruz á la Orotava! Esas seis 
leguas de camino, cuyas principales dificultades venció por 
de pronto y militarmente^ por decirlo así, el General Ortega 
y que ahora* van á regularizar los ingenieros dándole toda 
la solidez que requieren estas obras, son una lección elo- 
cuentísima de todo lo que podrían prometerse estas islas 
con la apertura de caminos y de lo conveniente que es u- 
na voluntad enérjica» para dar principio á ciertas obras. 
El principiar casi todas las cosas equivaleá llevarlas á término. 
Si al agua se le abre paso, ella escava el terreno y se la- 
bra cauce: silos pueblos saborean una vez las ventajas de 
la comunicación, hacen después mil sacrificios por no per- 
derlas. El camino, que partiendo de Santa Cruz y pasando 
por la rica y encantadora villa de la Orotava, debe poner 
en constante y breve comunicación todos los pueblos de 
la isla de Tenerife, debe desarrollar de un modo fabulo- 
so su riqueza. Frutos, que se perdían por falta de consu- 
mo donde se criaran, lo tendrán en Santa Cruz, se ofrece^ 
rán prontamente al embarque. Santa Cruz será mas con- 
currida y lo serán también los demás pueblos. ¿Quien no re- 
correrá los principales de la isla cuando pueda verificarlo 
á lo sumo en tres ó cuatro días? Ese camino debe dar la 
vida á Tenerife: el Gobierno recojerá pingües frutos de sus 
desembolsos, puesto que con ellos aumentará la materia 
imponible, hará que se descuajen nuevos terrenos y que se 



—96— 

utilicen, que crezca la población y que la emigración cese, 
reteniendo brazos robustos que encontrarán empleo dentro 
de un recinto que antes abandonaban para' no ser víctimas de 
la miseria. 

Los caminos deben pasar siempre por los centros de 
producción y de consumo: he aquí la razón porque al pro- 
yectarse la carretera se ordenó que pasase por la Orotava: 
se consideró que desde aquella villa debia haber un acar-^ 
reo continuo á Santa Cruz y establecerse relaciones de re- 
ciproca conveniencia. 

Si tan útiles son los caminos, y las ventajosas conse- 
cuencuencias del que indicamos son tan incuestionables, el 
Estado y los pueblos se interesan en que se ejecute con pron- 
titud. A la isla de Tenerife como á todas conviene en gran 
manera que cuanto antes se realizen estos proyectos ¿Que 
labrador si le fuese dable no adelantaría el crecimiento de 
los árboles y de las cosechas? Con ese adelanto saborea- 
ría antes los frutos, que tienen una época marcada para su 
nacimiento y su madurez. Pero si el hombre no puede for- 
zar las leyes de la naturaleza, la ciencia en materias eco- 
nómicas permite que se hagan ciertos adelantos, que pue- 
den reputarse como una conquista sobre lo futuro. La ma- 
nera con que podría verificarse este adelanto la voy á es- 
plicar brevemente. El camino de que hablamos, (y lo que 
decimos de él puede aplicarse á los de las demás islas) po- 
dría hacerse antes aumentando, los operarios sin gravamen 
del Gobierno, ó buscando capitales que con ciertas garan- 
tías se dedicaran á la empresa, que por los medios ordi- 
narios debería caminar con lentitud. Los brazos puede au- 
mentarlos el Gobierno sin detrimento suyo, destinando un 
número de confinados á los trabajos de las carreteras de 
las islas. ¿Porque no deberían traerse algunos de los que 
perm aneceb tal vez ociosos en los establecimientos penales 
de la Península? ¿Que le importa al Estado que consuman 
m haber en este ó en otro punto? Pero nos equivocamos, 
le importa que lo consuman donde pueda utilizarse su tra- 
bajo por quede este modo él gana, por que lodo Gobierno 
gana enriqueciendo el país, del que debe recibir á pro- 
porción del aumento de su prosperidad. No se oponen á 
esta idéalos sentimientos humanitarios, por que la benig- 
nidad del clima de estas islas aleja la presunción de ma- 
yores padecimientos en los prescidiarios. Además si se des- 



—97— 

tinasen a e&le presidio reos, cuya condena fuese bastante 
duradera, se escusaria de atender pronto á su regreso, 
fuera de que si por el trabajo se les otorgase algún pre- 
mio, este fondo, en la parte re?ervable, podría subvenir á 
estos gastos. Sobre todo la conducción no podrá suponerse 
jamás un obstáculo para un Gobierno. Su custodia tampoco 
es dificil en paises, que están guardados por el mismo mar, 
que es una muralla insuperable. Quizás el presidio en Ga- 
narles» aumentado por esta disposición, seria un motivo de mo- 
ralidad para los penados y quizás también un medio de de- 
sarrollar la industria, pues hallándose establecidas fábrí- 
cas en presidios, tal vez de su seno saldrían hombres que 
fuesen el núcleo de empresas industríales. 

£1 otro medio de adelantar las obras es la constitución 
de una empresa. Si los pueblos cx)nociesen sus intereses se 
reunirían, formarían una asociación y acopiando fondos que 
adquiriesen por suscripción ó buscaran á interés, propon- 
drían al Gobierno les cediese la construcción de las carrete- 
ras por la suma presupuestada sin otra ventaja que la^de 
concederles cierto número de confinados mediante una cor- 
la retribución, y de asegurarles en determinado número de 
años el pago de la cantidad ofrecida. Con este método re-, 
sultarian á los pueblos incalculables ventajas, según lo va-' 
mosá demostrar. Supongamos, por ejemplo, que el camino 
que debe atravesar la isla de Tenerife se halla presupuesta- 
do en dos millones de reales: como solo anualmente el Go^ 
bierno tiene señalados 200 mil reales, y esta es la suma 
que espende cada año, el camino tardaría diez años en 
concluirse. Pero si los pueblos por si ó por interpósita per- 
sona lo contratasen; si mediante un empréstito o una sus- 
cripción abonasen al empresario la suma, ó se la ofreciesen 
mayor, atendida la lentitud con que el Gobierno debia veri- 
ficar el pago, podrían terminar la obra en dos años. ¿Que 
podría importarles pagar, verbi gracia, veinte mil duros 
mas, si adelantaban ocho años el goce de este camino? 
Mas que esa suma ú otra mayor vale ese adelanto de tiem- 
po. Multipliqúese por ocho años el importe de los prove- 
chos de la salida de los frutos, de su pronta conducción, 
del valor que aumenten las propiedades, de las mejoras 
que se hagan en ellas, y de aquellas á que nuevamente dé 
lugar ese nuevo estado de prosperidad, y se conocerá toda la 
importacia de este adelanto. 

13 



—98— 

Pero lo que interesa sobre todo es procurar lo antes po- 
sible la pronta, periódica y repetida comunicación con Espa- 
ña. Estas islas, si la consiguieran serian verdaderamente 
afortunadas. 1 .' Por que sus transacciones mercantiles ten- 
drian cierta fijeza y seguridad: 2.* por que sus naturales po- 
drían verificar sus escursiones á la Península y los peninsur 
lares á las islas calculando exactamente el tiempo de su ida 
y vuelta: 3." porque este beneficio obtenido por los emplea- 
dos dcria mas estimación á sus destinos y les atribuiría 
cierto género de estabilidad. 

¿Que operaciones puede hacer un negociante con España 
no teniendo certeza del dia en que llegará su cart^ ni del en 
el que recibirá la respuesta? ¿No es bien triste echar en el 
buzón una carta que contiene noticias indispensables, prevé n- 
ciones para cierto periodo y salir después al muelle y ob- 
servar que el barco conductor de la correspondencia á las 
seis ú ocho horas de su salida no se ha podido alejar una 
milla y que está bordeando á la espera de una ráfaga de 
viento; y esto para llegar á Canaria; que después tiene que 
aventurarse al mar con la misma contingencia, de manera 
que costándole un dia llegar á dicha isla, debiendo espe- 
1 rar en la misma dos para la reunión de la eorresponden- 
^cia y gastando por término medio 10 dias en el viajé se 
puede calcular que una carta de las Canarias no llega al 
centro de la Península sino á los 20 dias de escrita, 
cuando con los vapores podría llegar á los seis? ¿No es 
un sarcasmo que se tengan las islas de las Canarias como 
adyacentes, cuando se tardan á recibir sus cartas- en Espa- 
ña quizás tanto como las de Constantinopla?¿No es desespera- 
dora la situación de un funcionario público que no puede saber 
de su familia y de los objetos mas queridos, sino en interva- 
los tan largos, y con la agonía y recelo de que cuando reci- 
be la carta ha podido no solo morir toda su familia, sino 
haberse variado la faz de la Península y aun la de la Eu- 
ropa? Triste y angustioso es el estado de los funcionarios 
del Gobierno: triste la de los naturales que tienen sus hi- 
jos en España. ¿Estos intereses morales no han de ser aten- 
didos? Y sobre todo ¿los que gobiernan estas islas como pue- 
den esperar oportunamente respuesta á sus consultas, re- 
medio á los riesgos que prevean, auxilio contra los peligros? 
El estado actual de las cosas no puede continuar sin gra- 
ves inconvenientes: el Gobierno lo ha reconocido asi al ha- 



—99— 

cer la consigaacion de los 37,000 duros para este objeto; 
ha reconocido seguramente que el establecimiento de los va- 
pores es una necesidad, un deber, un acto de justicia que 
lo reclama la buena gobernación. ¿No era bien doloroso 
que mientras que las diligencias atraviesan todas las pro- 
vincias de España, se ha planteado en todas ó en casi to- 
das el correo diario, y que el telégrafo estiende sus lineas á los 
4 ángulos de la Península, las Canarias no tengan una comuni* 
eacion fija, segura y pronta? Si se replica que el gasto es grande, 
podremos contestar, que esto será al principio; que también se 
aumentará la correspondencia, que se economizarán los 20,000 
reales mensuales que se pagan por conducirla á los buques 
de vela; que apenas los mtereses con la seguridad tomen la 
dirección que les d9rá esa comunicación pronta, comenzarán 
los transportes, los viajes y los negocios, y la empresa se 
sostendrá por si misma y no necesitará de subvenciones. A 
los gobiernos les corresponde la iniciativa; abierto el carril 
por él marchan después los interesados: Pedro el Grande 
luvo que hacer grandes esfuerzos para arrojar las semillas 
de la civilización en la Rusia; después el peso mismo de 
las cosas ha producido un inmenso desarrollo. 

Si estas islas han de prosperar, preciso es pensar, pero 
eficazmente en las comunicaciones, y que no se deje á este 
])ais en la misma situación en que estaba inmediatamente 
después de la conquista, convertido en un presidio honroso 
para los empleados, para los cuales las islas afortunadas 
tendrán el carácter de los campos elíseos de los antiguos, 
donde no se entraba nisesalia sino con el beneplácito délos 
dioses. Aun continuando la contrata de los vapores transat- 
lánticos, solo habrá una vez al mes proporción para venir en 
tres dias á las Canarias; y para el regreso será pre- 
ciso aguardar el paso casual de alguno, ó resignarse á encer- 
rarse en un barco de vela, esponiendose á merced de los 
vientos y á parar en los mas remotos climas si sobreviene 
un temporal, ó á perecer de hambre, de fastidio y deses- 
])eracion si por una calma fatigante no se hinchan los lienzos del 
buque. Los que nos hallamos en situación tan lamentable 
l)odrémos preguntar ¿cual ha sido nuestra culpa para espe- 
rimentar penas tan acerbas? Quiera Dios que se piense se- 
riamente sobre la comunicación de las Canarias, que se rea- 
lizen pronto los deseos del Gobierno, y que obtengamos 
este progreso al bien, volviendo las islas á disfrutar el be- 



—100— 

neficio délos Vapores, que cesaron malhadadamente en 1851. 

Hasta aquí hemos hablado al tratar de los Vapores de 
la necesidad de las comunicaciones para el comercio y loa 
particulares, ahora vamos á hablar de la dignidad del Gobier- 
no que debe reflejar en sus mandatarios, y de las necesida* 
des asimismo de la recta gobernación . El Capitán General 
de 7 Islas^ distantes unas de otras, no puede estar sin un va* 
porcito á su disposición. Si le ocurriese presentarse con 
prontitud en alguna de ellas en bien del servicio ¿como lo 
podria verificar? Si en alguna de ellas se tramase una cors- 
piracion, si supiese que iba á ser atacada y conviniese en- 
viar fuerzas ¿como podria ir repentinamente ó mandar tro- 
pa no teniendo un buque ligero á sus órdenes? Preciso es 
convenir que en semejantes circunstancias ú otras análo- 
gas no bastaría un buque de vela. ¿Pero además seria po- 
sible encontrarlo? ¿Ya es seguro que en los momentos pe- 
rentorios se hallaría alguno en la bahía? Véase pues como 
puede haber casos en que el Capitán General ó el Goberna- 
dor de la Provincia necesiten un buque, y que su falta ocasio- 
ne perjuicios trascendentales. (1.) Y no hay que decir que 
hasta ahora nada ha ocurrido que justifique esta previsión» 
porque hoy ni los tiempos ni los pueblos son iguales y no se 
puede prescindir de considerar que vivimos en un siglo quo 
á cada momento presenta distintas fases. Pero sobre todo 
¿es decoroso que, llegado el dia de nuestra Reina ú otra 
festividad nacional, el pabellón español solo se ize en los 
clastillos, y que en una bahía que es nuestra, no haya un 
buque siquiera perteneciente á nuestra nación que lo haga 
flotar sobre las a^uas? Dejo á los hombres pensadores que 
mediten sobre las indicaciones que acabo de hacer. V. co- 
nocerá que tienen una fuerza irresistible. 

El comercio de estas islas solo puede desarrollarse con 
la comunicación, con el fomento de su agricultura, con el 
establecimiento de las pesquerías que á corta distancia po- 
drían organizarse; con la salazón de los peces; con los Vapores. 
Con el tiempo estos ramos darían ingresos seguros y abun- 



í 



1.) Ni aun una falúa tenia el Capitán General. Ahora si la 
ay, se debe al celo del Sr. D. José Martínez, pero nonos 
parece todavía tan grande, cual la requiere la importancia del 
mando de los que la usan y servicios á que debe destinarse. 



—101— 

ddntespara el tesoro, pues difundido el comercio y estendida 
Ja agricultura muy luego se obtendría lo que para el erario no 
puede exijir de subditos empobrecidos ningún Gobierno. Las 
Canarias, elevadas á este grado de prosperidad, enlazadas coa 
comunicaciones seguras y periódili^as, serían un jardín de la 
Península; y á él vendrían á respirar las auras templadas 
de su clima benigno muchos españoles, así como vienen ac- 
tualmente muchos ingleses y alemanes. Así podria quizás 
tener el gusto de abrazarle su afectísimo amigo (2) 

M. N. 



Carta 11. 

Orotava Domingo 23 de Mayo de 1838. 

Viage á la Orotava=Paso por la Laguna y oíros puntos= 
Impresión que causó al autor la vista del valle de la Orotava. 

Mi querido amigo: voy á hablar á V de mi primera espedi- 
cion alo interior de la isla; de mi primer viage á aquellas co- 
marcas que se vieron regadas con la sangre de los españoles y 
de los guanches. Pero es el caso que el motivo de esta es- 
pedicion, que puede llamarse una romería, es la festividad de 
San Isidro, que se celebra en la Villa de la Orotava: San 
Isidro no solo á las orillas del Manzanares cuenta devotos, 
sino que los tiene también en el corazón de esta isla. Me han 
referido personas ancianas, que esta fiesta es de institución 
moderna; que no hace muchos años que este dia pasaba des- 
apercibido, ó que al menos al Santo no se le obsequiaba 
sino con la simple obligación de misa; pero una familia de 
la Orotava ideó la fiesta, y la octava de San Isidro, ó mas 



(2) Esta carta está cual la escribí al poco tiempo de mi lie- 
gada. Sé con satis f ación que nuestro Gobierno está tratando 
del establecimiento de vapores, y me complazco en anunciarlo: 
pero no por eso son menos poderosas mis reflexiones^ que con- 
sidero dignas de tomarse en consideración^ 



aei 



—102— 

l)¡eQ la [mscua del Espíritu Santo es una época de agitación 
y de movimiento en la Isla, y la festividad de San Isidro es 
proporcionalmente' tan turbulenta y animada en Tenerife, co- 
mo en la capital de la Monarquía. 

Ya hace dias que las jóvenes no pensaban sino en arreglar 
y modificar sus galas para presentarse vistosamente vestidas 
en las fiestas de la Orotava. El mayo, mes délas flores y de 
verdor en España, lo es también en el centro de esta isla, don- 
de la temperatura diferencia bastante de la de la costa: entre las 
flores del campo van á lucir su belleza las isleñas, y así co- 
mo aquellas esperimentarán el dulce soplo de las brisas, 
las jóvenes oirán el. dulce aliento de los galanteos. Las dili- 
gencias, los charalianes; todo género de carruages relega- 
dos durante el año á los rincones de 1 as cocheras, salen es- 
tos dias de su lugar de asilo para verificar remesas de via- 
jeros y viajeras, que se acomodan elegantemente los som- 
brerillos de paja, y que si pretenden interceptar los rayos 
del sol, es por que se vean con luz mas templada sus gra- 
cias. 

En este movimiento general yo hé sido arrancado tam- 
bién del asiento de mi quietud, y cáteme V. uno de los es- 
pedicionarios: era preciso ver el valle déla Orotava, verlo en 
la estación de las flores, y ninguna época mejor que aque- 
lla en que todo lo mas selecto de la isla va á celebrar al 
pié del gigante Teideuna reunión, que tiene todos los atrac- 
tivos de una romería, de una fiesta relijiosa y civil. 

Después de mas de un mes de permanencia en la costa 
tomé el camino del interior y colocado en un carruaje 
emprendí la marcha. Atravesé el puente de Zurita, cuya cons- 
trucción es del año 1754, según la inscripción que escavada 
en piedra se lee todavía (1): á las márgenes del profundo bar- 
ranco, para cuyas aguas se construyó, se ven cuevas, donde 
habitan algunas familias^ A la izquierda principiando á su- 
bir la cuesta dejamos mas arriba la elevada y graciosa casa 
de campo de Buena-Vista, llamada antes de los Tres-picos: 
la carretera (mejorada por el General Ortega) sigue serpen- 
teando en un prolongado zig-zag, muy semejante al del 



(1) En ella se dice, que se hizo reinando Fernando 6.*, á espen- 
sas de los propios y á impulsos del Mariscal de Campo D^ Juan 
Urbina qu,e tomó á su cargo la construcción. 



—103— 

Puerto del Frasno entre Calatayud y lá Almunia: lue- 
go divisé un fuerte ó castillejo apellidado de San Joa- 
quín, donde se situaron varias fuerzas de reserva en la inva- 
sión de los ingleses de 1797, que tan cara les cosió y en 
la que perdió el brazo derecho el Almirante Nelson. 

A proporción que se vá subiendo cambia la temperatu- 
ra: desde la posesión de Buena-vista el aire era mas frió 
y se veia una vegetación mas vigorosa que en las pedregosas 
playas de Santa Cruz: por fin después que el carruajero con- 
cedió varios descansos á los anhelantes caballos, que en su 
acezo demostraban lo penoso de la cuesta, llegamos á una 
esplanada ó meseta en que se hallaba situada la aniigra ciu- 
dad de la Laguna. 

Ibaeumi compañia el joven Marqués de la Florida, que 
instruido en las antigüedades de su suelo patrio, me señaló 
xma colina, llamada cuesta de San Roque en donde se dice 
que espiró el principe Tinguaro á los golpes que le díó un 
soldado de caballería. (1) 

La ciudad de la Laguna es apellidaba asi, por que como 
dice Viera Clavijo, habiauna en los tiempos de la conquista en 
que no se le habia dado desagüe y en que los aluviones y 
avenidas de los cerros circunvecinos no habían elevado su 
lecho, cubierto por muchas partes de un espeso bosque, en- 
tre cuya variedad de árboles sobresalian las mocaneras y los 
madroños. Se llamó también San Cristóbal, y este nombre 
le dio el Gobernador D. Alonso de Lugo cumpliendo el 
voto que habia hecho en 2S de Julio de 1496, dia de la ren- 
dición del Mencey Bencomo. 

Mas adelante quizás trazaré la historiado esta ciudad y 
haré mención de las particularida4es que encierra. Desde la 
Laguna el camino pasa por las inmediaciones de Tacoronte, 
el Sauzal, la Matanza, Victoria y Santa Úrsula. 

La llanura de la Laguna ofrece ya al viajero que viene 
de Santa Cruz un aspecto de verdura á que no estaban acos- 
tumbrados sus ojos: pero este aspecto es serio y grave: la 
ciudad parece que se resiente de la severidad y carácter som^ 



(1) La muerte de este guerrero ocurrió en 30 de Noviembn 
de 1494, dia de la famosa batalla que dio Lugo cuando regre- 
só con nuevos refuerzos á Tenerife después de la derrota qu9 
sufrió en Acentejo. 



—104— 

brío de sus fuüdadores; su suelo agradable y productivo 
presenta la fecundidad pero despojada de adornos: mas ape- 
nas se llega al territorio de Tacoronte la escena cambia y 
parece que se desarrolla á la vista un lienzo con tintas sor- 
prendentes y cuadros encantadores. Presentase un campo 
de verdura, salpicado de edificios dispersos acá y allá, y tam- 
bién á cierta distancia se deja ver la Iglesia de Tacoronte 
con su campanario. Los ecos de sus campanas llaman á los 
fieles á la oración y les recuerdan, que aunque dispersos, 
forman un pueblo bajo los auspicios de la religión católica. 
Mirase también no distante el templo del Cristo milagroso, 
objeto de un culto devoto y especial. El mar refleja á la de- 
recha los ardientes rayos del sol: á la izquierda se elevan 
en la continuación del camino las colinas presentando el 
verde de las higueras, de las palmas y de las vides alternado 
con el dorado movimiento de las espigas, que se semejan á 
una mar flotante. Llegamos felizmente al Sauzal, apeamos 
del coche en la posada; frente á ella sobre un montecillo 
vi una palmera, que solitaria reinaba sobre la cumbre, que 
sola desaliaba á las brisas, y se presentó á mis ojos como 
una atalaya muda, que con sus compasados movimientos 
parece que me indicaba, que á mi derecha estaba el valle 
déla Orotava. 

Llegadas las 3 de la tarde, cuando ya el sol habia miti- 
gado sus ardores, montamos sobre nuestros caballos y em- 
prendimos la marcha: fué una felicidad no caminar en co- 
che para girar á todos lados la vista y poder seguir con los 
ojos aquel panorama continuado. Si los campos de Tacoron- 
te eran hermosos, si las cordilleras que le sirven de anfi- 
teatro ofrecen verdura y encanto, desde el Sauzal la natura- 
leza parece que se empeña en lucir sus galas y en di>er- 
sificar la hermosura de sus cuadros. Valles y barrancos cu- 
biertos de una pujante vegetación: las palmeras y el nopal, 
el maiz y la viña iban subiendo para estender sus variados 
colores sobre aquellas suaves pendientes; deteniéndose repen- 
tinamente ante el bosque de los castaños. Describir cada uno 
de estos cuadros sería un trabajo prolongadísimo, una tarea que 
parecería utia puerilidad para el que no haya recorrido este 
camino, camino de perdurable verdura, de enagenadora sor- 
presa, de dulcísimas impresiones: pero no puedo menos de 
manifestar que el mar, cuya vista no se abandona hasta la 
Orotava, se nos presentaba con magostad, aunque despojado 



—105^ 

en aquellos momentos de la bravura imponente y aterradora 
que conmueve la imaginación. Yoveiasus aguas como un es- 
pejo, en que se reflejaban las nubes; me parecian un tisú, en 
el que se ven remedadas las flores de plata. Esto se me fi- 
guraban las manchas que imprimian las blancas nubes, que 
flotaban en el aire y que el mar copiaba en undulante, pero 
pausadísimo movimiento. 

Absorto el ánimo con tan variadas escenas se distraia 
algún tanto al fijar la consideración en los pueblos. El 1." 
que se presentó fué el llamado Matanza, nombre histórico 
que recuerda aquella carniceria que sufrió el ejército 
de Alonso de Lugo en 1494, conocida también con el nom- 
bre de batalla de Acentejo, (1) en la que perecieron 600 
españoles y 300 canarios, y no quedó uno de los comba- 
t¡ente& de nuestro ejército que no fuese herido, y de donde 
el mismo Lugo escapó milagrosame^ite. 

Este recuerdo funesto se compensa con otro fausto para 
nuestras tropas: el 2.° pueblo lleva el nombre de la Victoria., 
don^ Bencomo y Acaimo heridos en la refriega á los gritos de 
victoria, que pronunciaron los españoles, abandonaron el 
campo y se retiraron el 24 de Diciembre de 1495 á la parte 
de la Orotava. 

A seguida atravesamos el lugar de Santa Úrsula: la ma- 
yor parte de las casas se hallan dispersas por aquellas ri- 
sueñas laderas. Los labradores y labradoras sallan al rui- 
do de nuestros caballos, y parece que con sus miradas nos 
agradecían la admiración, que tributábamos al terreno en 
que pasaban una vida feliz. 

Se me olvidaba decir que, antes de Santa Úrsula, atrave-. 
samos el Barranco-hondo, en el que vimos que el pico, im- 
pulsado por la enérgica actividad del General Ortega, habia 
derrocado masas enormes de basalto y abierto una carretera 
cómoda: en la cuesta déla Orotava vimos también nuevos 
testimonios de su celo por el país y de su constancia arago- 
nesa en proporcionarle ventajas duraderas. 

Pero no anticipemos la relación de los hechos, y consa- 
gremos una página á la vista del valle de la Orotava. Cami- 
naba con aquella inquietud y con aquella ansia, que agita el 
corazón del que desea ver un espectáculo inesperado. Agi- 



(1) En lengua guanche Acentejo es barranco. 



—106— 

lando la carrera de mi caballo llegué por fin á una altura, 
desde 'la que descubrí el valle de la Orotava, Se presentó 
á mis ojos una escena que mi pluma es incapaz de describir. 
Descubrí una cordillera de montañas cubiertas de espesos 
bosques de castaños, que en un semicírculo gracioso encer- 
raban un valle amenísimo, que en un declive suave se es- 
tendia hasta el mar. La villa de la Orotava campeaba en 
medio de aquella estensa é inclinada planicie de verdura, 
en la que la vid, las palmeras, las higueras y los dragos le- 
vantaban su cabeza; de trecho en trecho campos de doradas 
espigas parecían como una bordadura de oro sobrepuesta al 
rico manto de la naturaleza: las casas de la Orotava colo- 
cadas en escalones dejaban ver entre sus intersticios las gi- 
gantes palmeras; junto á la mar se veia el Puerto por don- 
de aquella rica villa daba en lo antiguo salida á sus frutos. 
El Teide era el término de este cuadro: su aguda cima pa- 
rece que se enorgullecía de presidir á tan encantadora es- 
cena, como si dijese: «con mis movimientos, con las sacu- 
didas de mi frente, con el calor de mis entrañas yo hé ten- 
dido y deprimido ese terreno, para tender desde mis laderas 
ese hermoso tapiz que parece prendido en el cielo y que des- 
ciende sobre la tierra para hacer ostentación de la riqueza 
y déla gloria de la creación.» El alma estasiada no puede 
menos de entonar un himno al Omnipotente y de tributarle 
el aroma de la alabanza. En medio de cierta enagenacion, y 
volviendo la vista á uno y otro lado, ansioso de abrazar todo 
el conjunto, llegué á la villa de la Orotava; atravesé los ar- 
cos triunfales destinados á la fiesta, vi los pies derechos 
de que estaban suspendidos los faroles de colores y en cu- 
ya cúspide habia multitud de banderolas que agitaba el vien- 
to, y apeé en la casa, en que se me dispensaba un hospeda- 
ge amistoso, para descansar y reunir mis ideas á fin de escribir 
á V. al dia siguiente mi viage, como lo ha verificado su 
afectísimo amigo 

M. N. 



■o-^^>m^' 



—107— 

Carta 12. 

Orotava martes 25 de Mayo de 18S8. 

Descripción de las fiestas de la villa de la Orotava. 
Á LA Señorita D.* Carmen Nougués de Torremilano. 

¿A quien mejor que á ti, hija querida de mi alma, pue- 
do consagrar estas pinceladas sobre una fiesta en que he echa- 
do de menos tu presencia y la de tu Mamá? En los peligros 
del mar recordaba vuestra memoria, pero con cierto placer 
de veros lejos de mi lado: en las satisfacciones es cuando 
mi corazón cariñoso anhela junto á si los objetos de su a- 
mor. Pero ya que no habéis estado presentes materialmente 
en la fiesta de la Orotava, lo estaréis con el recuerdo, y por 
eso hoy mientras los habitantes de la casa descansaban en 
sueño apacible, yo madrugador como de costumbre, esgri- 
mia mi péñola y hacia la siguiente relación de lo ocurrido 
en el dia de ayer, para que veas que te tengo presente en 
medio de las diversiones, y para que veas asimismo que en 
estas islas no ha* menguado mi amor para prendas tan que- 
ridas. Lee pues lo que tu amante padre ha escrito para que 
tú y tu buena Mamá os distraigáis unos cuantos momentos. 

La fiesta de la Orotava tiene un carácter filosófico, cris- 
tiano y aun nacional. Siendo el valle de la Orotava uno de 
los mas pintorescos del mundo, donde la naturaleza ha pro- 
digado sus dones y la agricultura se ejerce en todos sus ra- 
mos, se creyó que era sumamente natural presentar como 
objeto de su culto y de su devoción á un santo labrador, á 
un santo cuyas virtudes se purificaron coii el trabajo del 
campo^ y finalmente á un santo español^ nacido en el mismo 
suelo en que se halla el asiento de la monarquía española. 
¡Que vínculo tan precioso el de la religión para unir á los 
pueblos! £1 de Madrid celebra en mayo la fiesta de su 
compatricio San Isidro. La villa de la Orotava á mas de 400 
leguas de Madrid venera al mismo patrono y lo ha ido á 
buscar entre los hijos ilustres de la Corte ¿Quien no fija 
la consideración sobre estas particularidades? Quien no vé 
en tan feliz idea el sublime pensamiento de arraigar el es- 
pañolismo en estos isleños por medio de la religión, que 
íes presenta como su protector un santo madrileño y como 



108 



objetode su veneración un hombre laborioso, que imitando á 
Jesucristo santificó el trabajo y elevó á la categoría de una vir- 
tud una necesidad imprescindible de la naturaleza humana. 

Solo hay una variedad en cuanto al dia de la fiesta: en 
Madrid se celebra el 15: en la Orotava los destinados son 
los de la Pascua del Espíritu Santo á fin de que los labra- 
dores, que vacan estos dias en sus trabajos, puedan entre- 
garse con mas desahogo á los transportes del júbilo y á 
las dulces inspiraciones de su espansion religiosa. El primer 
día de pascua ya se hallan lievantados los arcos que seme- 
jantes a los de triunfo dan entrada á la villa: desde allí si- 
gue una serie de pies derechos por ambos lados con bande- 
ras y faroles hasta lascercanias de la Iglesia de San Agustin, 
que se encuentra ala Izquierda. La primera noche se encendió 
la iluminación, se despidieron voladores, se elevó un glo- 
bo y hubo una danza. Este año se ha ensayado una miiy 
graciosa: los danzantes llevaban tijeras, á cuyos esíremos se 
hallaban fijados fuegos: unas veces alzaban repentinamen- 
te este artificio y aparecía formada una estrella luminosa, 
otras un cuadrado, otras un círculo; levantándose en el aire 
estas figuras, ó apareciendo al nivel de l?s cabezas de los 
concurrentes, se veia al son de la música ese fuego ambu- 
lante, cuyo resplandor iluminaba los rostros de los danzantes. 
¡Bellísimo invento para hacer visible la danza entre las som- 
bras de la noche! El lunes fué el dia de la función princi- 
pal: á las once de la mañana salió la procesión de la Igle- 
sia Matriz en busca del Santo, que se halla en la hermita de 
su nombre inmediata al Calvario, que le sirve como de ves- 
tíbulo y que es en la realidad unjardin. Van delante doce 
labradores pobres con pértigas muy largas cubiertas de flo- 
res, que á su final llevan en vez de lanza por remate un ra- 
mo con espigas entremezcladas. Este pais se presta á que 
el adorno sea hermosísimo, campeándolas magnolias, las azu- 
cenas, las rosas, los lirios, las camelias y otras flores dife- 
rentes. Cada palo lleva colgadas cintas y un pañuelo ó tela 
en forma de gallardete ó bandera: Entre estos 12 labrado- 
res debe rifarse una yunta de bueyes, honrando con este 
acto de candad al Santo de nuestra patria. Siguen inmedia- 
tamente una porción de niños vestidos de pastores al estilo 
del pais y empuñando también varas floridas, y van detrás 
niñas con un disfraz semejante y llevando canastillos de 
flores deshojadas, que con sus tiernas manitas arrojan so- 



—109— 

bre la tierra par donde *an de pasar el Santo y su esposa: 
con el tiempo, decía yo, sembrarán espinas: algunos cora- 
zones sentirán sus punzadas: después continúan en orden 
procesional varias gentes, sigue el clero precedido de las pea- 
nas, terminando un piquete de tropa. 

Entrada que es la procesión, una música de aficionados 
rompe sus armoniosos sones en la Iglesia, vistosamente a- 
dornada con palmas, que se hallan unas adosadas á las pa- 
redes y otras en los huecos de los intercolumnios formando 
unas nuevos naves con sus arcos. Todas las palmas se 
hallan embellecidas con rosas, violas y pensamientos, co- 
mo si la religiosidad de los que hacen la fiesta hubiera 
querido hermosear mas la obra de la naturaleza para pre- 
sentarla en el templo y dedicarla á Dios. Yo recordaba, al ver 
este sencillo adorno, las colgaduras de seda y flores artifi- 
ciales, que en el mes de Maria ó del Amor hermoso vemos 
en los templos de Madrid: aquí el valle de la Orotava bro- 
ta flores en abundancia para no necesitar de una imitación 
costosa. 

Hubo también sermón: el orador que era un canónigo 
de la Laguna llamado D. Telésforo Saavedra tomó por tema 
demostrar, que la religión católica ennoblecía el trabajo y lo 
consideraba un acto de resignación y de virtud. Su pensa- 
miento teológico era sin duda el de probar, que lo que como 
una pena impuso Dios al hombre se convertía por su bon- 
dad en una fuente de delicias; el pensamiento filosófico ma- 
nifestar, que la religión canonizando á un labrador patenti- 
zaba que ante su trono no hay distinción de personas y que 
califica lo mas meritorio no permanecer en la ociosidad, que 
es la madre de todos los vicios. La idea era buena, pero 
demasiado metafísica para la mayor parte del concurso, que 
era de labradores. La misa se terminó en medio de lasmc- 
lodías de la banda de música de los aficionados. 

La Iglesia abrió las puertas y salieron de su centro ele- 
gantes y agraciadas jóvenes con trajes iguales á los que se 
lucen en el Prado, y labradoras hermosas unas, robustas o- 
trasy todas limpias y curiosas, que con el sombrero de paja 
y una ancha cinta de color de rosa ó azul defendían su ros- 
tro del sol, ó que lo cubrían modestamente con la mantilla 
blanca: sobre la calzada que domina al valle, como un bal- 
cón, se entretuvo la gente en pasear lo que fué dable á aque- 
lla hora, por que el Teide y la cordillera inmediata enviaron 



—no- 
una masa de nubes que entoldaron k atmósfera, y que aun 
hicieron descender de cuando en cuando unos sutilísimos vapo- 
res que no merecian el nombre de lluvia. 

Poco á poco se fué disipando la concurrencia: era pre- 
ciso ir á buscar eí descanso á las casas, dar refrigerio á los 
estómagos y prepararse las jóvenes al paseo de la tarde, 
reparando los destrozos que nabia sufrido su tocado y los 
hundimientos de sus miriñaques en medio de la concurren- 
cia. Por la tarde se verificó la rifa de la yunta; para hacer- 
la se usa un artificio que merece mencionarse. Hay una casita 
que representa la de San Isidro con 12 cintas: cada labra- 
dor va á tirar la que supone ha de darle la suerte: el feliz 
es el que toca aquella que en pos de sí hace salir una yun- 
ta de bueyes gobernada por San Isidro. Es imponderable él 
alborozo del agraciado: siempre es dulce recibir, pero reci- 
bir por mano de una suerte que tiene el carácter de religio- 
sa, es dará un don terreno un sabor celestial. Los no favoreci- 
dos no por eso entristecen, antes bien arrojándose al cuello 
del dichoso le abrazan cariñosamente y le saludan con gritos, 
que todavia tienen el nombre del idioma guanche, pues se 
apellidan ijidos. 

Entre los niños se rifaba antiguamente un corderito blan- 
quísimo cubierto de lazos y dorado en algunas de sus estre- 
midades, pero los directores déla fiesta conocieron que estos 
infantes no podian penetrar la teoría de una rifa y queque- 
daban casi todos tristes y llorosos: no quisieron que en tan 
tierna edad esperimentáran pesares y que tal vez abrigasen 
la innoble pasión de la envidia, y á todos contentan dando 
a los unos un pájaro, á otros un juguete ó cualquiera otra 
prenda de corto valor, pero inestimable para un niño que 
vé pngado por la bondad del Santo el obsequio que le tribu- 
tó, una porción de yuntas seguían antes la procesión; ahora 
engalanadas con flores se hallan á la inmediación del paseo, 
que vuelve á poblarse por la tarde, y continúa así hasta entrada 
la noche. 

Entonces la gente toma posiciones para verlos fuegos ar- 
tificiales: los labradores y las labradoras sentadas en el suelo 
nos recuerdan las rancherías de los guanches; las damas en 
largas filas de sillas esperan con mas comodidad el espectá- 
culo nocturno. Las estrellas derramaban sus rayos sobre osta 
numerosa reunión, cuyo murmullo hacía que no se perci- 
biese el del mar que bate á corla distancia sus olas. 



—111— 

Llegada la hora se encendieron ruedas, castillos y una 
granada que se desgajó con un imponente estampido: ter- 
minados estos principió un monte artificial, que remedaba ai Pi- 
co de Teide, á arrojar humo, después una claridad nebulosa y 
finalmente llamas ardientes y una erupción continuada, Este 
fué el fin de la función y todos nos volvimos á nuestras ca- 
sas sin esperimentar ni frió ni calor^ esto es^ con la dulce 
temperatura que reina en este delicioso pais. 

Yo me retiré también á descansar lleno de ideas placente- 
ras: una infinidad de objetos agradables se habian presentado 
ámi imaginación: habia visto una función queme recordaba 
la Península: una función que enlazaba la diversión con el 
socorro de un pobre labrador, que desde aquel dia era po- 
seedor de una yunta; habia visto un pueblo alegre y tran- 
quilo, que tomaba parte en la diversión con aquel júbilo que 
es propio de corazones sencillos: habia visto una juventud 
ilena de hermosura é ilusiones, y yo recordaba, bella y dulce 
Carmen, tusgracias, y aquella época feliz de mi vida en que no 
se vé el porvenir sino cubierto con los brillantes rayos de la 
esperanza: decia en mi interior; gozad, jóvenes, de esa aurora 
de la vida; no ahoguéis vuestra felicidad con pensamientos 
sombríos, que se agolparán sobre vuestro corazón, apenas 
perdáis la inocencia ó veáis los desengaños del mundo, los 
reveses de la suerte. 

Una reflexión me asaltó: la Providencia me ha traído á 
estas costas á ser testigo de una escena, que quizás no ve- 
ré ya repetida: los amigos que ahora estrechan mi mano 
no me la estrecharán tal vez mas, aunque viva, aunque no 
haya descendido al sepulcro: una larga masa de aguas in- 
terceptará nuestra comunicación: sabré con dolor las bajas 
que hace la muerte en las filas de mis amigos sin poder 
ya adquirir otros: pero yo me consolaba diciéndome á mi 
mismo; conservaré en mi alma el recuerdo de estos dias, y 
á las inmediaciones del Guadarrama ó del Moncayo, en la 
pascua del Espíritu Santo me acordaré del Teide y de la 
Orotava: del fondo de mi alma saldrá un suspiro y un vo- 
to de felicidad por mis amigos. Quizás haya alguna alma 
que me corresponda y que diga, estos dias vimos á un 
europeo, que se entusiasmó con nuestra alegria, qué se go- 
zó con nuestra ventura: Diosle haga feliz; Dios prospere su 
familia, y sea á manera del Teide y aunque cubierto de 
canas, conserve calor en su corazón para amar á sus 



—112— 

hijos y sus amigos y para consagrarnos una memoria que 
nos enternezca, por que enternecer debe un cariño amis- 
toso que no estingue ni las aguas de los mares, ni las 
distancias. Asi concluyó el lunes 24 de Mayo de 18S8: fué 
para mi un dia feliz, de los pocos que be gozado; solo 
me quedaba en el fondo de mi alma una peña que era 
no ver que tú y tu mamá participabais de mis placares; 
pero me figuraba que talvez estos días esperimentariais 
alguna satisfacción: esta ilusión templaba la amargura de 
veros lejos de mi lado: sino ha sido asi, si mi pensamiento 
ha sido fallido, á lo menos mis goces en este dia trasmi- 
tidos en la relación de una carta irán á tocar las fibras 
de vuestro corazón, os harán derramar una lágrima, y esa 
lágrima será un bálsamo que dulcifique las amargas incer- 
tidumbres de la ausencia de tu amante padre 

M. N. 

P. D. No ha dejado de haber alguno qué al saber que tra- 
taba de describir las fiestas de la Orotava me ha indica- 
do que no tenían tal importancia que mereciesen una par- 
ticular mención. Seguramente que todas las fiestas exami- 
nadas profundamente poco tienen de notable: se reducen á 
una reunión y á ciertas diversiones, que lo son para unos 
y que para otros nada significan. Pero esto no solo suce- 
de en la Orotava sino en Paris y en Madrid, donde he visr 
to este género de regocijos: pero yo debo confesar inge- 
nuamente que la fiesta de la Orotava ine prwlujo una im- 
presión agradabilísima: por que fué la primera escena que 
se me presentó en las islas; por que el teatro era un va- 
lle de eterna verdura; por que recibi atenGÍone3 sin cuen- 
to; por que en la fiesta vi un fin moral y nada advertí 
de duro ni de bárbaro. Además conociendo las miserias 
que rodean la humanidad, me complazco siempre que obser- 
vo que se discurre un niedio de endulzar su suerte y d« 
estrechar los lazos de la benevolencia. Todo es frivolo en 
el mundo si se mira con los ojos de una adusta filoáo-r 
fia. Ridículo es á los de un filósofo misánlropo ver á un 
hombre encanecido entusiasmándose con las gracias de una 
criatura, de un niño de corta edad. Sin embargo estas fri- 
vblidades sostienen la sociedad y forman las dulzuras dij 
los hombres. No hagamos como los niños que destrozan 



—113— 

por una impertinente curiosidad los juguetes con que se di- 
vierten y lloran después que ven destruido el mecanismo que 
les alegraba. 

Creo que mis lectores me otorgarán indulgencia, y usan- 
do de ella todavia diré que, según me refirieron, se hacia 
en otras fiestas una farsa que no dejaba de aumentar el apa- 
rato' y de producir una mayor diversión. Salia en carrozas 
una comparsa que representaba las estaciones y á Júpiter y 
Baco. Este precedía con su tirso rodeado de Sátirosy Bacan- 
tes: nada mas propio en un pais, que al vino debía su principal 
riqueza. Seguían las estaciones, y Júpiter era el último como 
presidente. En ciertos parajes se detenían y Baco arenga- 
ba recomendando el cultivo de la vid y quejándose de su 
decadencia: cada estación hablaba también, é imputaba á 
las otras la causa de la pérdida de las ubas: todas se de- 
fendían. A esta contienda ponia término Júpiter imponien- 
do magestuosamente silencio y manifestándoles, que la cau- 
sa de la pérdida de la cosecha del vino no provenia de las 
estaciones, sino de la enfermedad del Oidium que describía 
científicamente. 

No dejaba de ser ingeniosa esta farsa, y me han dicho que 
los versos no eran malos. 



Carta 13. 

Orolava miércoles 26 de Mayo de 1858. 
Sr. D. 

Historia del jardín botánico. — Desprendimiento del Mar- 
qués de Yillanueva su fundador .=^Estado actual del jardín. 
=Su dotacion.^^Medios de mejorarlo.^=^Visita al Puerto de 
la Orotava.^=^Documenlo antiguo sobre el Puerto y sus forti- 
ficaciones. 

Mi querido amigo: mí pluma no cesa en estos días, por 
que no cesan tampoco mis pies de andar, ni mis ojos de ver. 
Es preciso aprovechar el tiempo é ir á buscar en este oasis 
de verdura y de flores los risueños cuadros, que ha dibujado 
con sus inimitables pinceles la naturaleza. 

Andar, ver y escribir, vea Y. mi ocupación. Restablecido 

15 



—lu- 
de las fatigas del dia anterior con un dulce y tranquilo sue- 
ño, me dispuse ayer para emprender mi cscursion al jardín 
botánico. En 1796 hizo un viaje por orden del Gobierno francés 
ci Ca pitan Baudin y lo relatóMr. Ledru: meló ha franqueado tra- 
ducido por el mismo, mi amigo D. Francisco Maria de León. El 
espresado Ledru decia=El Gobierno español que posee lasjmas. 
bellas comarcas del globo es el único quizás que podría reu- 
nir bajo una latitud favorable los vegetales mas preciosos 
de los trópicos para aclimatarlos sucesivamente en las zonas 
templadas. Tenerife ofrecía por su posición, por la varie- 
dad de su suelo y por la temperatura de su clima un sitio 
propio para esta trasmigración. El Real Jardín botánico, es- 
tablecido haco diez años en el Du)*asno, es el establecimien- 
to mas útil de la isla y ocupa el espacio de 12 hectáreas. 
La construcción de los muros, de las casas, délos estanques,, 
de la sorriba del terreno y otras cosas han costado 25,000 
duros, de los que el Marqués de Villanueva ha costeado una 
parte y hecho gracia de ello á su patria. Yo he redactado 
á su invitación el catálogo de las plantas que se cultivan y 
trazado sobre el terreno, en unión de Mr. Gros el plan de 
las 24 clases del sistema sexual de Lineo. Cuando las plan- 
tas recientemente colacadas crezcan, el Durasno podrá su- 
ministrar á las regiones templadas de Europa los vegeta- 
les preciosos, que la naturaleza parece haber concedido es- 
clusivamente á los climas afortunados de los trópicos. Ya 
él cocotero, el banano, el papayero crecen perfectamen- 
te, y ya se cultivan mas de cíen plantas particulares de la 
zona tórrida, traídas del Cabo ó déla Nueva Holanda. 

Este estranjero recojió cuantas noticias pudo en un viaje 
precipitado, pero las que suministra no serán tan exactas 
como las que yo podré dar, por la feliz circunstancia de ha- 
ber tenido en mis manos el borrador de un informe, que 
en 23 de Marzo de 1823 dio, desde la Hacienda de San Cle- 
mente en el lugar de Sta. Úrsula, el mismo Marqués de Vi- 
llanueva del Prado al Gefe Político de la Provincia, Quién 
fuese este Marques, nadie lo ignora en las Islas: su nombre 
es pronunciado todavía con respeto, con aquel culto que se 
tributa á los hombres bienhechores. Páralos que no lo sepan 
copiaré la pintura qué hace de él mi amigo y compañero el 
Sr. D. Francisco Maria León en otro informe que sobre el 
jardín botánico dio á la Junta de Agricultura en 1851. «Era 
este caballero, decía, una de las personas, que aunque jó- 



—115— 

Ten entonces, descollábanlas en las islas Canarias: poseedor 
de una casa opulenta: instruido por una educación esmera- 
da: ilustrado por sus viajes al estrangero y distinguido por 
el patriotismo mas señalado, era sin duda el mas á propósi- 
to para colocarse al frente de un encargo científico que ha- 
bla de lisonjearle por esta circunstancia y por la de dársele 
una prueba de la confianza que le dispensaba el Monarca: 
y con efecto, entusiasmado por todos estos motivos, trató de 
realizar su encargo.» (t) Oigamos ahora al Marqués de Villa- 
nueva sobre lo que tantos desvelos y desembolsos le costó. 

«El jardin que se llama botánico de Tenerife, decía es- 
te ilustre patriota, fué desde un principio un jardin dea- 
climatacion y se creó con este importante objeto según se 
vé en la Real orden de 17 de Agosto de 1788, por la que se 
rae encargó su establecimiento.» 

«La elección del terreno que era uno de los puntos prin- 
cipales de este encargo, se hizo, como debía ser, sin otra con- 
sideración, que las que se referían á su mejor desempeño. 
Pudiera haberse situado el jardin en el territorio de la La- 
guna, que acaso es el mas pingüe de la isla, en cuya ciu- 
dad tengo mi domicilio, y á la que hubiera agregado con 
esto un nuevo adorno y un poderoso atractivo de curiosidad 
y de recreó. Muchos me lo aconsejaban así por este motivo, 
pero yo preferí el valle de la Orotava; el paraje de las Ca- 
narias mas nombrado por su amenidad y cultura, y en un 
punto medio, en que se participa todavía en su plenitud de 
estas ventajas y se goza también de las peculiares de la cos- 
ta, ,no menos favorables para el fin, sin esperimentar su 
aridez, y determiné situar el jardín á 6 leguas de distancia 



(1). Ya que el Sr. León nos ha dicho quien era el Marques de 
Villanueva, nosotros debemos decir quien es el Sr. D. Francis- 
co María de León. Es un buen letrado, pero un investigador 
asi mismo infatigable de las antigüedades de este pais^ llegando 
S9é entusiasmo hasta el punto de haber copiado por su mano o- 
bras enteras inéditas y papeles curiosísimos. Su biblioteca con- 
tiene una colección preciosa: solicito por el bien del pais perte- 
nece á varias juntas\ ha sido Diputado Provincial, ha trabajado 
incesantemente en beneficio de las islas. Me lamento de que estos 
servicios tan estimables no hayan sido premiados con alguno 
de esos cargos que pueden servir de descanso á la ancianidad. 



—1 lé- 
ele mi residencia.» 

Interrumpiremos las palabras del Marqués demostrativas 
de la conveniencia de su elección para copiar las del infor- 
me del Sr. León. Hablando del jardin, dice, se asienta en 
el valle de Taoro á la falda del Teide, en el promedio de 
la isla de Tenerife y que está formado por el circuito de 
las altas montañas, que descendietido desde dicho Teide van 
á morir en las orillas del mar: las brisas del Occéano lo 
bañan mitigando por lo regular en las altas horas del dia 
el calor del sol, abrasador en otras partes, que no reúnan 
estas circunstancias locales, y vivificante sin embargo para la 
germinación y desarrollo de las plantas, como lo demues- 
tra una serie de observaciones termométricas que dan por 
resultado que el mayor calor del estío es de 27,5 centígra- 
do, 21,2 Reaumur, 79,6 Farenheithry frió del invierno 17,7 
centígrado, 14,2Reaum, 63,8 Farenh: es decir, una tempe- 
ratura media de 22,1 cent. 17.7 Reaum, 71,7 Farenh. ¿Que 
otro clima de las islas Canarias, esrlama, puede prestar 
condiciones mas aparentes para el fin de que se trata? Cree- 
mos que sin exajeracion podria haber dicho, que casi en el uni- 
verso no se encontraría otro clima igual. 

Sigamos ahora oyendo al Marqués de Villanucva. «Clima 
y riego, decía, éralo que principalmente se requería y en nin- 
guna otra parte de la isla se encontraba el primero mas á 
proposito, ni el 2.* en mas abundancia. Los interesados en 
el caudaloso manantial del agua de la Orotava cedieron ge- 
nerosamente la que necesitaba para el fin.» 

«Yo había conseguido así mismo que D. Francisco Batista 
de Lugo y Saavedra, entonces señor de Fuerteventura, (1) que 
me cedió como buen pariente su casa de campo para mi 
alojamiento, cediese también graciosamente en las inmedia- 
ciones, como buen patricio, el terreno necesario para el jar- 
din. Este á la verdad exigía costosas preparaciones por su 
calidad poco apreciable, pues en esta Isla la superficie de 
los que están cercanos á la costa presenta generalmente una 
capa de piedra blanda llamada tosca, que no pueden atrave- 



(1) Era cabalmente el bisabuelo materno del joven Marqués de la 
Florida, que me acompañó en esta espedicion. Una gran par- 
te délas mejoras se deben en estas islas á la clase aristocrá-' 
tica. El jardín botánico es una prueba. 



—117— 

sar las raices de las plantas, y que apenas está cubierta de 
tierra vegetable. Tal era este terreno; pero se podia de- 
moler hasta encontrar con otra capa penetrable y produc- 
tiva a una ó dos varas de profundidad, y lo que era posi- 
ble conseguir con brazos y con dineros nodebia arredrar pa- 
ra aprovechar las proporciones ñas raras y que no es da- 
ble á los hombres el facilitar ó reunir por medio del traba- 
' jo y la riqueza.» 

Dice á seguida que el Gobierno aprobó el proyecto y plan 
por real orden de 24 de Enero de 1791: que los 90,000 rs., 
única suma que i)roporcionó el Gobierno, no bastaron ni 
aun para los trabajos mas indispensables: que muy luego 
tropezó con la falta de dinero y con la de un jardinero inte- 
ligente: que la primera la suplió de su bolsillo, comprome- 
tiéndose á hacer á sus espensas la obra del jardin y á su- 
plir después todos los gastos de este establecimiento, no so- 
ló durante la guerra contra Francia, sino durante todo el 
tiempo que fuese del agrado de S. M., lo que dio lugar á 
la real orden de 24 deMayo de 1793. «Desde entonces dice, 
esto es, de 30 años á esta parte estoy supliendo todos los 
gastos del jardin, que aunque se regulen á 1000 pesos unos 
años por otros, componen la suma de 30,000 pesos, pues si 
bien es cierto que de algunos á esta parte me cuesta mu- 
cho menos y he reducido mis desembolsos á lo muy preciso, 
también lo es que durante largas temporadas estuve invir- 
tiendo en este objeto doscientos pesos mensuales sin contar 
con el sueldo del jardinero ni otras ocurrencias estraordi- 
narias:» que en 1790 hallándose la tesorería en graves apu- 
ros dividió esta suma poniendo cien pesos mensualmente en 
aquella y empleando los otros cien en el jardin. 

Refiere que reclamó la venida de un jardinero y que se 
le concedió por Real orden de 21 de Marzo de 1792, pei'o, 
observando que las diligencias no se practicaban con acti- 
vidad, obtuvo por Real orden de 22 de Marzo de 1794 per- 
miso para ocurrir por su cuenta á traerlo de Inglaterra: 
habla de la mala elección que le hicieron sus corresponsa- 
les: que vino cargado de instrumentos de jardinería á costa 
del Marqués, pero que la ignorancia del jardinero en botá- 
nica le obligó á recurrir al auxilio de amigos estrange- 
ros para que le dividiesen el plano del jardin según el sis- 
tema de Lineo, poniendo sobre estacas unas pequeñas tar- 
jetas con el nombre de las clases, órdenes y géneros, distri- 



—lis- 
buido todo no solo conforme al orden de aquella no- 
rnenclalura, sino también con proporción al mayor ó me- 
nor número conocido de las especies de vegetales de que se 
componia cada sección. Que de este modo cada planta que 
se recibia tenia ya su lugar preparado, y no se necesitaba 
de trabajo ni estudio para su colocación, siendo el jardinun 
vasto mapa botánico, en el que se podia formar idea de la 
ciencia mejor que en los libros: que por mas de 10 años por 
falta de otro, estuvo sufriendo al jardinero y pagándole tres- 
.cientos pesos fuertes de sueldo: que en 1805 se fué; que 
desde entonces quedó abolido el título de jardinero y un 
mayordomo con uno á dos jornaleros bastaba para cuidar 
de las obras, celar el agua y regar las plantas, que era todo 
lo que se podia hacer en tan difíciles circunstancias. 

«Con todo, decia el Marqués, durante aquel intervalo fué 
cuando el jardin de Canarias adquirió una gran celebridad. 
La idea de formar un depósito y plantel de vejetales exó- 
ticos en un clima tan bello como el de estas islas, y desde 
donde el tránsito á las regiones en que interesaba dfifiniti- 
vamente connaturalizar las plantas de Asia y América, se 
aproximaba tanto así por la escala de distancia como por 
la déla aclimatación: esta idea grandiosa apenas se estendió 
en Europa cuando escitó la curiosidad y el aplauso general y 
fué mirada como uno de aquellos pensamientos felices, que 
no solo prometen grandes progresos á una ciencia favorita, 
sino que podia también contribuir á aumentar los goces de 
la vida y aun los recursos de la menesterosa humanidad. Así 
fué que los naturalistas de todos los paises se empeñaron en 
recomendarlo en sus obras, y entre ellos se distinguieron 
principalmente el Barón de Humboldt en su viaje á las re« 
giones equinocciales; M. Thouin en una de sus lecciones que 
viene inserta en la colección de las sesiones impresas de 
las escuelas normales de Paris; Mr. Ledru en su viaje á 
las islas de Tenerife, la Trinidad, Santo Tomas etc y Mr. 
Perou en el viaje de descubrimientos á las tierras australes. 

Hé referido la historia del Jardin botánico, ó mas bien 
de aclimatación, para sustraer del olvido estas noticias y hon- 
rar la memoria de un hombre, que hizo tantos sacrificios y 
que no fue premiado cual debiera ni en su persona ni en sus 
hijos. Ignoro si se le confirió la cruz de Carlos 3.]: me 
han dicno que no. ¡Que economía entonces! ¡Que prodigali- 
dad en nuestros tiempos! 



—119— 

Sin embargo el jardin botánico es un monumento levan- 
tado á su gloria y un timbre que realza los blasones de su 
familia, por que no fué la obra de la vanidad sino la de 
un patriotismo ilustrado^ que aspiraba á convertir la isla de 
Tenerife en un lazo entre la Europa, Asia y Amérii'a y en 
un lugar en que se diese, por decirlo así, cita la naturale- 
za para concentrar sus dones y repartirlos después por to- 
do el universo: era transformarla en una especie de paraiso 
terrenal, donde la naturaleza reuniese sus tesoros. Segura- 
mente el Jardin botánico debía ser un punto intermedio pa- 
ra la aclimatación, á 1 n de que las plantas por una grada- 
ción suave se fuesen preparando á fijar su domicilio en Es- 
paña enriqueciéndola con nuevos frutos. 

Deseoso de ver el lugar, en que se hallasen reunidas la^ 
riquezas déla creación^ me dirigí la mañana del 25 de Ma- 
yo á recorrer sus calles y á gozarme en ese compendio del 
universo. Ya sabia por los informes que habia recibido, que 
aquel establecimiento echaba de menos la vigilancia del 
Marques, que su sombra hacia falta. 

Recordaba que el Marqués en su informe decia «el jardin 
se puede decir con alguna propiedad que está en cuadro es- 
perando la ocasión, la voluntad y los medios de que se lle- 
nen competentemente sus plazas. Este cuadro espacioso se 
halla guarnecido por unos muros altos, dos veces construi- 
dos y la última á toda costa, con mayor solidez y con una 
porción de fuertes estribos: por una estacada en forma de 
enverjado con su cornisa tosca, todo de madera firme de 
tea, que recorriendo el frente en el espacio de 170 varas 
sobre un parapeto y entre machones ó pilan s de mampos- 
teríd,al paso que permite la vista del jardin a los que tran- 
sitan, lo distingue de las tapias de una propiedad particular 
y de todas las del pais: por un amplio depósito en mazone- 
ría para el recibimiento de las aguas, tomadas mas de un 
cuarto de legua mas arribíi del arroyo común y conduci- 
das después por canales levantadas del suelo hasta aquel 
punto, que es el mas alto deljardm, desde donde se comu- 
nican también á otros dos estanques centrales para mayor 
comodidad del riego por un recinto murado, que forma co- 
mo un apéndice y sirve de plantel ó vivero: por otro apén- 
dice ó saliente en la parte mas baja del terreno y la roas 
elevada de los muros y mas abrigada de los tiempos: dis- 
puesto oportunamente para invernáculo ó para mayor res- 



—120— 

guardo de las plantas delicadas: por un paseo esterno en 
esta misma parte inferior y que mira al mar en forma de 
terrado y bordodo por abajo, donde linda con tierras de par- 
ticulares, de una larga hilera de árboles en que alternan 
los erguidos plátanos cotí los robustos dragos del jsuelo Ca- 
nario y en fin por una casa muy decente y capaz para ha- 
bitación del jardinero.» 

«Pero no son estas costosas guarniciones del cuadro lo 
que allí existe únicamente; ellas encierran además un rico 
lienzo, en que pueden echarse menos las figuras, pero que 
esta ya preparado con los rasgos y colores mas interesantes; 
y bajo un cielo el mas bello quizá del universo y la trans- 
parencia de un aire puro y vivificante^ aparece un plano 
que se reconoce profundizado, mullido y abonado por la 
industria del hombre y en la mejor aptitud para favorecer 
la vegetación: cuyo fondo lo hermosean ya varias especies 
de árboles exóticos, dispuestos en calles y entre los cuales 
se distinguen los plátanos de Oriente y Occidente, la brillan- 
te Proihéa argéntea, la Bignonia Catalpa, la olorosa Magno- 
lia Grandiflora, la esmaltada Pastoralia pinnata, objeto de 
admiración y de novedad para los botanistas estrangeros que 
han visitado este pais: y en fin una especie de palma de que 
ninguno de ellos me han sabido decir el nombre ni asegurar 
precisamente el lugar que le pertenece en la nomenclatura 
(1) la cual, con sus hojas algo parecidas á las de Pita ó 
Agave Americana, dispuestas en línea espiral al rededor del 
tronco, se eleva como una ülegaute columna salomónica y 
ofrece otros fenómenos particulares en su vegetación.» 

«Tal es en la actualidad el jardín de Tenerife, y es me- 
nester á toda fuerza convenir en que aunque se halla aban- 



(1) Pandanus odoratissimus. Según una nota del Marqués 
este hermoso vejetal supo después que era originario de Cetlan: es 
un árbol dioico, ó en el que las flores masculinas se hallan se- 
paradas de las femeninas sobre pies diferentes. En el jar din 
de la Orotava solo existe el individuo masculino. No lo cono- 
ció Linneo pero si Rumphius y otros. 1/ay cierta analogia 
entre este individuo y el drago y se reproduce de la misma 
manera. El perfume de sus flores es tan fuerte, que un solo ra- 
cimo colocado en un vaso lleno de agua basta para perfumar u- 
na sala durante muchas semanas etc. etc. 



—121— 

donado, este silk) presenta todavía un grande interés y muy 
distintas próporpíones, de las que aun se buscaban cuando 
se intento la empresa y solo aguarda una mano maestra y 
un impulso eficaz para producir desde luego los mas felices 
y trascendentales resultados.» 

Animado con estas noticias me dirijia alegremente la 
mañana de ayer al jardin con la ¡dea de recorrer sus 
calles y gozarme en ese compendio del universo: pero me 
vi tristemente sorprendido al notar que se hallaba bas- 
tante (^escuidado, y que todo lo que se hacia estaba reduci- 
do á una simple conservación de lo existente, pero sin pen- 
sar en el aumento de plantas ni en la mejora. 

II ay un jardinero francés que me pareció inteligente, 
aunque disgustado por las amenazas de su espulsion, pero 
esto no basta; es preciso, que haya sobre él una inteligen- 
cia superior, y por lo que advertí la eché de menos, en el 
jardin, á pesar de que se me dijo que habla un director, 
que me figuro no será ni botánico ni naturalista^ 

En suma no vi lo que esperaba: á los árboles les faltaba 
el cartel que debia espresar su nombre botánico y el vul- 
gar y también á los arbustos y plantas. Salí muy triste 
y aisgusta&o al observar que un establecimiento^ que debia 
ser de tan grande utilidad para las islas y para la España, 
se hallase reducido á un jardin poco menos que común, 
pues en Santa Cruz he visto jardines de particulares que 
contienen casi las mismas plantas. 

Acabóme de poner de mal humor la vista de las rui- 
nas de un pabellón, para cuya reconstrucción el General 
Ortega habia reunido, según oí las maderas, la carpintería y 
aun londos; advertí con. sentimiento que no quedaban mas 
<iueunas cuantas vigas~y poco mas que los cimientos. Ese pa- 
bellón hubiera sido un punto, en que los Capitanes Genera- 
les ó los Gobernadores hubieran podido residir algunos 
dias, y su residencia, ó alo menos sus visitas nada hubie- 
ran perjudicado al jardin. 

Y no hay que decir que el Gobierno no lo atiende. 
Se hallan presupuestados con este objeto treinta mil 
rvon, distribuidos en esta forma: seis mil para el director 
4,000 para el jardinero: 3,000 para dos peones: 17,000 pa- 
ra gastos del material. 

Todo consiste en el emplee^ de estas sujnas: á buen 
seguró qué C(in' ellas el Marques de Yillanueva, después de 

16 



—122— 

haberlo estableeido á sus espensas» hubiera hecho en él me- 
joras de consideración. Pero con dolor repetiré lo que en 
el luminoso informe citado decia el Sr. D. Francisco María 
de León á la Junta de agricultura; «durante largos años des- 
pués de la mutrte del Marqués quedó abandonado y el 
cultivo de hortalizas sustituyó á las plantas raras en los 
cuarteles que iban quedando yermos, llegando el caso de 
que en lugar de ser aquel jardín indicio de prosperidad 
nacional, lo fuese de vergonzosa mcuria» (1) 

• Pero no es exacto, añade, que no contenga nada raro: 
por que aunque es cierto que cotejado el catálogo de las 
plantas que existen con el que menciona Ledru en sus 
viajes «e deplora la falta del bellísimo árbol Prolhéa argén- 
tea, al que vi crecer basta mas de 20 pies de alto: el de la 
Mimosa púdica y la AJimosa casta: el de la Poinciana Pul^ 
cherrima: el Myrius Oglanicns y otros varios, y aunque sea 
cierto que el Cupressus sempervirenssv^ el que mas abunde» 
también lo es que el jardin posee todavía la Magnolia gran- 
diflora, la Mimosa Seurgalia que produce la goma arábiga, 
el Xiranlliewus A/ricattus, y otro precioso árbol natural 
de Nueva-Holanda, el Pavdanus, especie de palma espiral, 
que tiene alguna semejanza con nuestro género Drago; con- 
teniendo además varias plantas propias y pecul'ares de la 
Flora Canana, habiéndose propagado á la par que los ci- 
preses la larga y variada familia de las acacias, de 
las calalpas y de las malvas del Cabo de Buena-Espe- 
ranza. 

Si existiese un director inteligente y celoso bien pronto 
el jardin de aclimatación con los elementos que cuenta 
volverla al estado de su esplendor que nos refiere el Sr. 



(1) No quit^ro decir y poique me avergüenzo Cy avergonzarse 
debe todo español honrado) ^ue se hicieran oesitoncs para que 
se vendiese. ¿Cabe suponer idea mas funesta? ¿Puede llegar , á 
mas alio punto el espirtlu de destrucción? En tal caso los 
herederos del Marqués de Villanueva, que se contentó con pro- 
poner que se le relevase de lanzas, y los de Bautista debian 
reclamar. Ni este donó el terreno, ni aquel hizo sus desembol- 
sos para convertir el solar.deí jardin en un plantel de cebo- 
llas y patatas^ ni para otros usos que los de la aclimata- 
cion. 



—123— 

de LeoD» á^ aqucVIa época en que el Gobierno renoitia cada 
correo semillas y plantas, fruto de la pericia de los natu- 
ralistas Ortega^ Boutelou y Cavanilles qut^ residían en la 
Corte y de los vi. j^s de Ruiz y Fabon, Mutiz Móñino, Sese 
y otros que habían salido á esplorar las vastas regiones 
americanas. Cabalmente ahora que tenemos un ministerio 
de Fomento, ahora que se muestra tal interés por las 
esposiciones, /podrían negarse semillas si se pidiesen? ¿No 
tendría el Gobierno una satisfacción de dar este encargo á 
sus represen tanteii que podrían aprovechar los vapores? ¿El 
General Concha no sería un agente activo para procurar el 
esplendor de un jardín que pertenece á un suelo en el que 
ha empleado crecidos capitales? Convengamos en que mu- 
cho se puede hacer con tal que baya celo, buena voluntad 
y laboriosidad constante. 

Pero vistos estos esfuerzos no solo prosperaría el jar- 
din de aclimatación, sino que se cl'earía tal vez en aquel 
mismo punto un establecimiento para arlnnatar animales, 
y p,uede ser que asioiismo una granja-modeló. Es de to- 
do punto eseneial para la ventura de las islas, mejorar la 
raza de anitpales, pues los caballos y las muías délas 
islas valen poco. 

Y ya que hemos tratado de la dirección del jardín bo- 
tánico, no puedo menos de recordar uría especie indicada 
por el Marques de Villanueva, que tenia bien estudiado el 
.punto. «Solo una afición decidida á la botánica, y. un der 
seo ardiente de sus progresos pudieran determinar á un 
verdadero profesor á que se espatriase y dejase una mas 
culta sociedad por la cultura de las plantas, o á que mirase 
como su patria la que lo es ya de una porción de vejetales 
interesantes y va probablemente á serlo de una nueva co- 
lonia de ellos tadavia mas preciosa. Pero fuera de que es- 
tos sacril cios no carecen de ejemplar en los naturalistas se 
les puede estimular con el sueldo y principalmente con 
hacer este destino de carrera ó una escala de promoción 
para otros ascensos mejores.» El Marqués habla á seguida 
de un facultativo, que tenia entonces el cargo de inspec- 
tor de epidemias, y á quien con una gratificación se le po- 
día dar la dirección. 

Pero afortunadamente no faltará algún joven que por a- 
mor á la ciencia y por dar^l primer paso en su carrera 
vendría gustoso á examinar las plantas y á cuidarlas. El 



avenlajado profesor Cutanda, que con tanlo provecho ense- 
ña en el jardín botánico de Madrid, indicaría sin duda los 
medios de elevar el jardin botánico de estas islas á la al 
tura que merece (1). Falto de nociones en una ciencia es- 
traña para mi, convierto mis miradas á los que la saben: 
me limito á hacer indicaciones, á revelar tesoros escondi- 
dos ú olvidados en estas islas. Dichoso yo mil veces, si mis 
indicaciones escitasen la atención de los sabios y del Gobier- 
no, y este girase una visila al jardín botánico para saber 
su verdadero estado y el modo de mejorarlo. Ahora que 
hay vapor todos los 12 del mes, un profesor, con un ayu- 
da de costa, podría fácilmente venir en tiempo de vacacio- 
nes. Si V. considera mis reflexiones acertadas, hágalas V. 
circular en las regiones elevadas en beneficio de este pais, 
y aun de la humanidad tan interesada en el cultivo y acli- 
matación de los árboles y las plañías. Haga Y. por Dios en 
favor de la ciencia, que no se destruya este monumento, que 
levantó el patnotismo ayudado de la sabiduría de nues- 
tro gobierno á fines del siglo pasado. Haga V. que se con- 
sidere que este jardin puede ser una alhaja preciosísima; 
una almáciga, desde donde plantas preciosas vayan á enri- 
quecer nuestro suelo; un tesoro para las Islas y para la Pe- 
nínsula; un objeto de envidia, de gloría y de utilidad. Si 
mis esperanzas se viesen defraudadas, no atormentaría mi 
alma el remordimiento: el haber dicho la verdad á tiempo 
es un consuelo para las almas generosas que tienen fé y 
conciencia. Pero pasemos á otra materia. 

Del jardin medirijí al Puerto déla Orotava: videsdeloallo 
una población graciosa en la que se descubrían algunos e- 
dificíos elegantes^ entre otros el de un inglés llamado Smith 
y los jardines de un tal Aguilar. Recorrí las calles en que 
reinaba un silencio sepulcral; el puerto estaba solitario; 
recordé el verso de Virgilio, Fuif jllion ct magna gloria ttu- 
erorum. Este puerto se me dijo era concurrido cuando la» 
Islas Canarias hacían el comercio de vinos: había comer- 
eiantes poderosos: ahora no se conserva mas que el cada- 



(1.) Es hermano del Sr. D. Francisco Cuíandá^ distinguido le- 
trado del colegio de Madrid, conocido por su ciencia en el de- 
recho, por su probidad y por ^us vastos conociiúientos m fí- 
¡er atura. '." 



ver de su antigua grandeya. La Iglesia es regular; la pla- 
za hermosa rodeada de plátanos de los que vemos también 
en los paseos de la Península. Se me dijo que en lostiem^ 
pos de la prosperidad unos empresarios propusieron cons- 
truir un puerto que se introdujese hasta dentro de la plaza, 
donde los barcos hubieran tenido abrigo, pero que no sí». 
accedió por que exijian el disfrute de derechos por espacio 
de algunos años. Por ese empeño ridículo de regatear pro- 
vechos á los que acometen empresas llenas de azares y even- 
tualidades se privan á las veces los pueblos de ventajas per- 
petuas, de la ejecución de obras que hubieran mudado su 
faz. Asi ha sucedido con el Puerto, que llora pclualmente en 
silencio las mezquinas y reducidas miras de los que le go- 
bernaron en otro tiempo. A su frente no se ven mas que 
barcos de poco porte; el desembarcadero es para lanchones 
á lo sumo: me aflijo de ver frustrada la prosperidad de 
un pueblo, que la merecía por su feliz posición sobre el 
mar, por la hermosura de los edificios y por ser el tér- 
mino del rrco valle de la Orotava. 

A Dios, amigo mix): ha sido bastante difuso su afectisimo 

M. N. 



P. D. Creemos que nuestros lectores verán con gusto 
un papel antiguo, que aunque sin fecha, contiene noticias 
del Puerto y va acompañado de un mapa: lo debemos al 
joven Marqués de la Florida, que lo tiene entre los papeles 
de su casa. Dice así.=Islas Canarias.= El lugar de la 
Orotava, que es en la isla de Tenerife, está apartado de la 
ciudad de la Laguna cosa de cuatro leguas y del lugar de 
Garachico (hay un hueco por estar carcomido el papel: al 
margen de otra letra, cinco.) Su población será de 900 ca- 
sas: está de lámar como media legua. (Al margen: es villa 
por gracia particular de S. M. concedida en el año 1650 
i!on jurisdicion separada de la ciudad de la Laguna, y el 
corregidor de la isla nombra también teniente en la villa 
y alcalde de... ) 

Su puerto es una playa cómoda á la desembarcacion, 
entre la tierra cosa de setecientos pasos una poca de agua 
salada que hace charco para pescado á la redonda de un 
peñasco. En este puerto está fundado un lugar de hasta- o- 



—128— 

chenta (sobre puesto de otra letra 300) vecinos, los mas ofi- 
ciales y hombres de mar; hay una aduana real y se regis- 
tran las mercaderías y pagan los derechos á S M.: su 
desembarcadero es un calefón que le ciñen dos bajas, la 
una grande y otra pequeña: estas forman dos charcos uno 
fuera y otro d ntro donde varan los barros entrando á el 
por una angostura que de baja mar tendrá 8 brazas y de 
mar llena doce: su playa es de arena, tiene 47 pasos y ha- 
ce en tierra una plazuela adonde varan barcos. El charco 
de fuera es bien hondo y pueden anclar en el navios de cien 
pipas, ymfsfuerade la* baja ó peqa grande pueden surgir 
á tiro de falcon todo género de navios por que es limpio. 
Este puerto es fuerte [)or naturaleza y no tiene necesidad 
de fortificacio i ni los navios surgen en el sino fronteros de 
puerto viejo, apartado de '^ste que dicen puerto nueVo co- 
sa de 500 pasos, que es el punto á donde los vecmos se 
temen, por que antiguamente siempre ha sido puerto y lo 
es y si el enemigo echase gente en tierra como fácilmente 
puede y formase escuadrón, antes de llegar el socorro po- 
drá fácilmente ganar el lugar de Puerto nuevo y aun el de 
la Orotava, que es lugar mas rico de toda la isla. 

En este puerto viejo están de ordinario ooho piezas de 
artillería de hierro rolado, y es necesario y forzoso hacer 
en él un castillo cerrado á donde puedan estar cuatro pie- 
zas de bronce, que obliguen á los navios y señores de 
ellos á reconocer el dicho castillo, como se acostumbra en 
todas partes á donde hay castillos. Este puerto es el de 
mayoi* riesgo de cuantos tiene esta costa y en tiempo de 
sospecha se debe con muy gran cuidado guardar con pos- 
tas de noche y aun de dia y se fortiíicará conforme á la 
traza de esa otra parte (hace referencia al mapa que vi u- 
nido}, y se entiende que sin duda los vecinos de estos lu- 
gares ayudarán á esta fábrica de muy buena gana y la sus- 
tentarán con que S. M. le de tan solamente la artillería ne- 
cesaria. 

De este puerto viejo á Martianes es costa brava tendida 
de Este á Oueste y fonterode Tramontana, que todo ello será 
cosa de media legua: tiene algunas entradas á donde en 
tiempo de bonanza pueden llegar bateles á tierra, lo demás 
es costa brava guarnecida de escollos que la asegura de 
todo nesgo y estorvan la desembarcacion , cuya descripción 
es la siguiente: 



—127— 

(El mapa lo reservamos para mejor ocasión.) 

Carta 14. 

Orotava jueves 27 de Mayo de 1858. 

Al Sr.D, Joaquín Ñongues. 

Escursion á los Realejos y á las Ramblas. =-PavellcnPs 

Se se encuentran con la Cruz en el camino. •=^ Rambla del 
arques de la Florida. :=^Petrrficaciones.=fíümbla de Cas- 
tro. 

Mi querido hermano Joaquín: sé que te distraen mis 
cartas; que en la imposibilidad de verme, oirme y abra- 
zarme te complaces en hacértelas leer diferentes veces: re- ' 
cibe pues como dirigida á (í esta que contiene la descripción 
de mis correrías por un pais, en el que recien 11( gado en- 
cuentro los encantos de la naturaleza y de la amistad, pero 
me faltan los de la familia, rico tesoro para los que como 
yo tienen un corazón amante. 

Otra vtíz me puse en marcha ayer para recorrer este 
pais encantador. F.l joven Marqués de la Florida me llevó 
á las orillas del mar, donde se encuí:nlran varias precio- 
sas propiedades designadas con el nombre de K'^mblas. 

Salimos temprano de la villa de la Orotava á caballo, 
y mi joven é instruido amigo y conductor me hizo fijar la 
consideración en un montecillo aislado que en su esterior 
denegrido presentaba los vestigios de un volcan. Parece que 
los guanches mas antiguos al tiempo de la conquista afir- 
maban que sus padres le vieron en erupción. Por todas 
partes se encuentran en este pais testimonios elocuentes 
de los sacudimientos que ha recibido este terreno y de sus 
metamorfosis. 

Continuamos nuestra marcha por un camino bastante 
bueno, y que por cierto habia hecho se arreglase algún tan- 
to mi paisano el General Ortega durante su permanencia. 
Caminamos encajonados entre paredes de piedra seca, que 
servían de cerramiento á las huertas que habia á uno y o- 
tro lado; una agua sumamente cristalina iba saltando por 
acueductos de piedra que impedían la filtración de este li- 



—128— 

quido y que le obligaban á llegar sin merma á los puntos 
á que se hallaba destinado. De cuando en cuando veia en 
el camino unos como pabellones, dentro de los cuales en- 
contraba una como mesa altar y sobre ella una gran cru^e 
madera. Los pasaderos depositaban sobre el ara flores, y 
en un cepilo de ojalata que se hallaba á la puerta se po- 
nía la limosna. Estos oratorios rústicos, en que no habia 
mas objeto de culto y de veneración que el signo de nues- 
tra redención, escitaron en mi alma ideas bien tiernas. La 
cruz, decia yo, es para estas gentes el emblema de la re- 
ligión católica: la cruz significa la muerte del Hombre-Dios 
para regenerar al mundo^ para conducirlo al verdadero pro- 
greso, la cruz sola es un libro, es un evangelio, es el árbol 
de la vida. Esos pabellones se hallan con la mejor decen- 
cia; ninguna mano los profana: todos se aproximan para 
reverenciarlos: el pasagero puede descansar algunos mo- 
mentos bajo la agradable sombra de aquel red u,cido^ techo 
y levantar su mirada al cielo que ha hecho un pais tan 
hermoso. ¡Que transformación no ha producido la cruz 
en el antiguo dominio de los guanches! 

Seguimos nuestro líamino asustando con las estrepito- 
sas pisadas de nuestros caballos los lagartos que salían á 
tomar el sol. Casi todos eran pardos y muy pocos vi verdes 
y tornasolados. Atravesamos unos caseríos llamados la 
Montañcta y Zamora y llegamos al punto llamado los Rea- 
lejos; el uno se apellida de abajo y el otro de arriba. Su 
nombre es histórico: recuerda el ultimo encuentro de las 
tropas rspañolas y guanchinescas. Estas se hallaban situa- 
das en el Realejo de ahajo comandadas por el mencey de 
Taoro Bencomo, las españolas iban mandadas por Alonso 
Fernandez de Lugo y estaban en el Realejo de arriba. De 
una y otra parte mediaron parlamentos antes de llegar á 
las manos: por fin los guanches se convencieron de la- 
inutilidad de sus sacrificios para defender su independen- 
cia, consideraron que seria estéril la sangre que se derrar- 
mase y los dos ejércitos se entendieron, los guanches de- 
pusieron las armas y un abrazo tiernísimo que se adelantó 
en mas de 3 siglos "al de Vergara confundió estas dos na- 
ciones y las convirtió en una sola, verificándose una 
íucion que dura y durará eternamente. 

Estas escenas recuerdan los dos pueblos llamados Rea- 
Jejos, que son como dos pirámides levantadas en medio del 



/ 



—149— 

campo para eternizar este fausto acontecimiento. La vista de 
estos dos lugares es sumamente graciosa: el campanario 
del Realejo alto presidiendo á una vasta estension de verdura 
descuella en medio de casas agrupadas en su torno: mas allá 
se vé una l?.rga serie de montañas cubiertas de una her- 
mosa vejetacion, entre cuyas alturas se divisan casas decam- 
po* que como estrellas se distinguen por su blancura; 
se descubren también las vueltas de Tigaiga, á cuyo elevado 
y pintoresco punto me reservé subir otrodia. 

Después de haber paseado mi vista sobre objetos tan 
halagüeños y haberme trasportado á los siglos de la con- 
quista di de espuelas á mi caballo y recorrí pricipitadamente 
las calles del Realejo de abajo y me detuve á la entrada de 
un calvario: Aquí se encuentra en casi todos los pueblos 
un lugar destinado á recordará los habitantes los úllimos 
suspiros del Hombre-Dios en su adorable sacrificio por la 
ventura del linaje humano y su regeneración. Desde 
entonces principié A descender y se me présenlo el Occéano 
con toda su magnificencia y lanzando sus espumosas olas 
contra una cosía brava, sobre la cual se hallaban suspen. 
didos una multilud de jardines que se apellidan ramblas- 
Fui á apear á la del Marqués de la Florida. Colocado in- 
mediatamente en el balcón de la quinta vi a la derecha 
palmeras que adornan la de D. José de Castro, á la iz- 
quierda las ramblas de Meló, del Marqués de San Andrés y o- 
tros y en lontananza el lugar apellidado San Juan de la Rambla 
yantes el camino del Callao, que abrió mi compatriota el 
General Ortega, lín la posesión de mi amigo el Marqués 
observé un viñedo lozano, que felizmente se vé libre del 
contagio del oidium. Las cepas no se cultivan aqui como en 
nuestro pais; sus sarmientos no tienen su apoyo en un 
tronco robusto que les sirva de sustentáculo: están desti- 
nados á apoyarse en palos ú horquillas como las de Fran- 
cia. Vi también los lagares de distinta construcción que 
los nuestros: un gran cajón de madera está destinado á 
recibir las ubas que se cubren de tablas y sobre ellas 
desciende una enorme viga, ejecutando la presión por el 
mismo mecanismo que nuestros molinos de aceite de li- 
brft. Recorrí en seguida la hacienda, viendo los platana- 
res con suspesados racimos,* que terminan con una borla, 
como las que se encuentran en los cortinajes.de nuestros 
estrados; vi el cocotero y el drago aliado dolos naranjos 

17 



—130— 

y limoneros, y el anón y el aguacate con otros árboles del 
trópico, que ofrecían á mis ojos la verdura especial de 
una vegetación para mi desccnocid i. Después de recojer 
en una mina de cal una porción de petrificaciones de plan- 
tas, huesos de animales y de pescados nos dinjimos á la 
quinta de Castro. Al encontrar estas petrificaciones recordó 
los versos de Viera en su poema del Amador de les íam-- 
pos donde decía. 

¡O cara patria mia! O campo ameno! 
En donde la atención meditativa 
Vé los fastos del tiempo, y vé gravado 
Con tres volcanes épocas distintas 
De siglos numerosos ! Ve las lavas. 
Ve las corrientes, cráteres y hornillas; 
Ve los suelos que el mar había ocupado 

Y los que al mar en otra edad cubrían. 

Y al ver estos augustos monumentos, 
Del trabajo de causas repetidas, 

Se pierde el pensamiento y se confunde 
Bajo el peso de edades infinitas. 
Toma de marmol un pequeño trozo. 
Oh ¡ que medalla ! Que inscripción tan rica 
De mil revoluciones memorables. 
¿Es una piedra? Si: mas se deriva 
De seres animados , pues su molde 
Se compone de conchas ya destruidas 
/Cuantas generaciones no pasaron 
Antes que se amasasen sus reliquias 
Bajo el agua, y cuantas miles veces 
Con su inquietud el mar las rodaría 

Y en dáres y tomares padeciendo 
Vientos, olas, tormentas y porfías. 
Llegaron á ser rocas en un monte, 

Y estas rocas de mármol corroídas 
Han soltado este trozo , hijo del tiempo , 
Que la historia del mundo lleva escrita! 

La granja de Castro es un sitio de recreo; por una larga 
calle de verdura llegamos a uno deliciosísimo apellidaao 
la Madre del agua, que es el ángulo de un barranco. En aquel 
ángulo hay una mesa rústica de piedra rodeada de asien- 



— Í3Í- 

tos: los árboles que suben hasta la cima de los montes, las 
plantas olorosas, las enredaderas cubren de un verde tapiz 
aquel pintoresco y escondido lugar: se ve en el fondo cor- 
rer una agua purisima que nos trajeron en una hoja de 
ñame, que nos sirvió de vaso : luego se precipita por una 
cascada que ofrece á la vista un juguete inesperado y vuel- 
ve de nuevo á chocar sobre otros peñones de basalto, re- 
pitiendo en varios puntos ese vistoso y agradable despe- 
ñamiento del liquido raudal, que parece que ciñe aquella , 
encantadora mansión con sus corrientes plateadas. En el 
sitio que acabamos de describir encontramos al General 
D. José Martínez con su agradable hija, el Gefe de Estado 
mayor D. Juan Montero y Gabuti, otra Sra. y amigos. 
La primera autoridad délas islas, despojada de sus atavíos, 
ejercía allí el poder de la amistad y del afecto , y aquella 
consideración que inspira un funcionario, quií aun al buscar 
en apariencia el placer y el desahogo, vá hasta las casas 
de los labriegos a enterarse de las necesidades del país 
y á instruirse de la situación del terreno. 

Bertbelot también dedicó algunas lineas á la Rambla de 
Castro.*' Esta encantadora habitación, dice, está situada á las 
orillas del mar, debajo de los Realejos. El propietario ha sa- 
bido sacar un partido maravilloso de este terreno inclinado y 
cortado por torrentes. Me complacía en estraviarme en es- 
tos senderos tortuosos, á los que daban sombra sobervios plá- 
tanos, en escuchar el ruido de la espumosa cascada que sal- 
taba sobre las rocas para deslizarse después mas pacifica 
sobre un suelo esmaltado de flores. Por todas partes las ce- 
pas ostentaban sus dorados racimos y los verjeles sus mas her- 
mosos frutos. Al verla Rambla de Castro, el arte no sedes- 
cubre en liada en esta creación: dirían que allí se han rea- 
liziado losjardínesde Armída según la descripción del Taso.» 

Tomado un ligero desayuno emprendimos nuestra mar- 
cha á otro punto no menos delicioso , al que se llama Cas- 
tillo: caminamos por una senda bordada de rosales y enre- 
daderas, sirviéndonos de dosel las ramas de los árboles cor- 
pulentos que las descolgaban desde las laderas de la monta- 
ña: atravesamos un puente rústico, que amas de 50 varas 
de profundidad nos ofrecía serpenteando entre trozos de 
basalto el agua que habíamos visto nacer ; pero muy pron- 
to se nos presentó otro espectáculo nuevo : una caíle ó pa- 
^eo de palmas simétricamente colocadas nos señalaron el 



—13a— 

derrotero del Castillo: entonces vimos el mar que que- 
braba sus olas en la costa y llegamos á una eminencia, 
en donde encontramos una casita cercada de asientos, abier- 
ta por la parte que daba al Occéano y que tema delante un 
balcón que remedaba á unabateria, donde descansaban unos 
cuantos cañones viejos de hierro de corto calibre. Es im- 
posible describir la hermosura de aquel sitio: la vista se 
espacia al frente en el Occéano: se ven á lo lejos las blan- 
cas velas de los buques: nuestros ojos se dirijieron hacia 
la patria y lodos unánimes enviamos nueslros vatos por 
su felicidad: concentrando mas nuestras miradas, vimos 
venir á quebrarse al pie del castillo que ocupábamos las 
entumecidas olas, que á manera de unas serpientes iban á 
chocar incesantemente y se retiraban mas adentro cubier- 
tas de blanca espuma. A nuestra derecha velamos sobre rocas 
perpendiculares precipitarse en gruesos chorros el. agua 
por varios puntos; mas allá un peñón en forma de obelis- 
co que de tiempo en tiempo era azotado de las olas; 
peroá nuestra izquierda la perspectiva era mas agradable: 
veíamos á nuestras inmediaciones un barranco profundo 
y casi perpendicular, vestido de un cañaveral espesísimo, el 
camino de las palmas y mas allá la quinta del Sr. de Castro, 
rodeada de palmeras, de dragos y árboles de todas espe- 
cies. 

El alma necesita tiempo para saborear estos placeres 
purísimos: reinó en todos la admiración: guardamos largo 
rato silencio: solo de cuando en cuando se oia alguna 
esclamacion en alabanza de aquel lugar: pero satisfecho 
ya nuestro espíritu vimos las paredes de la casita cu- 
biertas de letreros que habían estampado otros viajeros, 
que anteriormente nos precedieron. Quisimos verificar una 
imitación tan laudable: todos tomaron el lápiz y escribie- 
ron lo que les sugirió aquella vista tan encantadora. No 
me es posible copiar todo lo que hallé escrito y todo lo que 
se escribió: lo haré tan solo de los siguientes versos que 
improvisó el Gefe de Estado mayor Montero. 

una jovial caravana. 
Que preside un General, 
En apacible mañana 
Llega, y en vano se afana 
Por recordar sitio igual: 



—138— 

Que aqu¡ el Edén debió estar 
Aunque pese á la Escritura, 
Y entre flores y verdura 
Aquí debieron pecar 
Los padres de la natura. 

Poco después descendimos lentamente volviéndolos ojos. 
no sin cierto genero de pesar, á la elevación que abando- 
nábamos: fijábamos nuestra atención en las plantas que 
ibaraos encontrando; unas veces en el ajenjo, otra^en el 
platanuelo de flores bellísimas, pero venenosas; en la yer- 
ba de la barrilla que parecía escarchada y que presenta- 
ba un color rojo, y en otras plantas y arbustos, satisfacien- 
do nuestra curiosidad D. (iiimcrsindi) Moratin, catedrático 
que fué de botánica y exdiputado á Cortes. 

Llegamos en tan apacibles coloquios á la quinta: des- 
cansamos un rato: ti General y sus compañeros con las da- 
mas montaron en sus caballos, y el Marques y yo nos vol- 
vimos á su quinta, don«¿e torné á recrearme con los pre- 
ciosos cuadros que ofrece también allí la naturaleza. Hay 
asi mismo en aquel jsitio un castillo, desde donde a derecha 
é izquierda se ofrecen casi ¡guales vistas que en el de Cas- 
tro: después de permanecer mas de una hora, saciándome 
con tal espectáculo, bajé á la casa donde vi una familia ro- 
bustísima de labradores. Mas de 20 personas se abrigan en 
aquel edificio y se sostienen con los productos de su apar- 
cería, por que aquí las haciendas están por lo común dadas 
á medias. Entre los cultivadores y el propietario reina cier- 
to jenero de cordialidad. El dueño es mirado como un bien- 
hechor, losmedieros como unos hijos: por un lado el afecto 
y la consideración del que recibe un beneficio y lo agradece: 
por otra la de un propictarioque se complace en que en sus 
tierras prospere con sus trabajos una familia, que á sus 
hijos les deja en herencia el tradicional cariño hacia sus 
amos, que son sus protectores. Vi una sumisión sin bajeza; 
un bien estar que se traslucía en el semblante de los culti- 
vadores y que es el mejor elojio délos propietarios. 

Después nos pusimos á la mesa, y á los manjares que se 
tenían preparados, quise que se agregase el del gofio, que es 
común entre la gente trabajadora, y que consiste en harina 
de millo (asi llaman aqui el maiz) cebada ó trigo tostado, 
quese mezcla con agua, caldo ó leche. Noslevantanros de la me 



—134— 

sa para emprender nuestro regreso á la Oróla va, á donde lle- 
gamos dadas las nueve. Deja la* pluma para descansar de 
tan fatigoso día tu hermano que te abraza cariñosamente 

M: N. 



Carta 15. 

Orotava viernes 28 de Mayo de 1858. 

5r. D. Joaquín José Cervino. (1) 

Riqueza del valle de Taoro-Sobre los habilaníes de la Oro- 
tava, Drago antiguo-Observaciones sobre su antigüedad y cor- 
pulencia-Castaño también aniiguo-Otras especialidades-Plan" 
tas de algunos jardines-Antigüedades guanchincscas . P. D. 
sobre las vueltas de Tigaiga. 

Mi apreciable amigo: aunque V. habrá visto una carta 
que con fecha de ayer escribí á mi hermano, vuelvo á es- 
cribir hoy: no se estrañe V. de esta abundancia de cartas: 
mientras eslé en este delicioso país me será imposible dejar 
de escribir, y nadie debe estrañar que lo haga cuando no 
hay estranjero que pise este suelo que no estampe algunas 
lineas en su alabanza. Esto me ha sujerido la idea de formar un 
Álbum délos encomios, que su hermosura ha inspirado á los 
viajeros. No solo las bellas deben tener Álbum, en que se 
escriban lisonjas, sino que es muy conforme lo tenga tambi- 
én una délas obras mas pintorescas de la naturaleza. 

Pero dejando para mas adelante este proyecto diré, que 
hablando el licenciado D. JuanNuñezde la Peña en el pró-^ 



(1) ISo hé querido estampar nombres propios en mis car- 
tas hasta que hé visto que estas habian obtenido algún a- 
precio. Dedico pues la presente á un sujeto tan apreciable 
como el Sr. Cervino, á quien mentalmente le he dedicado 
otras de las que tengo publicadas: merece este recuerdo un 
sujeto tan ilustrado como probo, á quien amo: el público co- 
noce sus obras. Su poema de la Virgen de los Dolores me Hq 
hecho derramar lágrimas de ternura. 



—135— 

logo de \dí Conquista p antigüedades délas islas Canarias, de 
las escelencias del valle deTaoro y de las manzanas de oro, 
que figoran ser las naranjas, cercadas de unos árboles que 
llaman dragos.... añade *'en este sentido puede correrver- 
dadera, la que decimos ficción de los antiguos, en nuestros 
tiempos y mas cuando en el valle de Taoro se halla tanta 
amenidad y riqueza, que en menos de una legua de tierra 
en cuadro, hay mas de diez y ocho mayorazgos, desde tres 
mil ducados de plata de renta hasta diez mil, fuera de otras 
personas ricas, que no será fácil hallar en tan poca tierra 
frutos que sean de tanto precio, sino son minas de oro y pla- 
ta. •• 

La Orotava capital del valle de Taoro, (1) y que asi 
como Madrid se conoce con el nombre antonomástico de la 
Vf/Za, es una población que cuenta mas de siete mil habitan- 
tes y que aunque goce tan solo, como ya hemos dicho, del 
título de villa, en muchas cosas tiendas ínfulas de ciudad. 
Con efecto difícilmente se encontrará un pueblo de su ve- 
cindario, en que haya igual número de Títulos. Referiré los 
que hé contado, y ruego que si omito alguno no se dé por 
ofendido de la omisión, que tal vez consista en haber padecido 
él otra por su parte con respecto á mí. 

Los Títulos de que tengo conocimiento y que viven en la 



(1) Taoro es sin duda derivado de Tagoror, que según el 
P, Espinosa cap. 3.' lib. i." era el lugar donde el Mencey 
hacia sus consultas y recibia el parecer de los de su consejo. 
Estaba delante de la puerta en alguna llanura y en cir- 
cuito del ala redonda, puestas á poco trecho unas piedras en 
que se sentaban el rey y sus vasallos al sol de Dios: y este ta- 
goror acostumbraban tener delante de sus casas mayor ó menor 
según la calidad y posibilidad de la persona, donde se junta- 
ban á sus conversaciones^ El huésped no entraba en la casa\ 
se aguardaba en el tagoror sin hablat palabra, y entonces salta 
el señor y lo hacia entrar. El Rey de Taoro era el mas pode- 
roso f' el mismo lib. 2.* cap.'' 6J y de mayor y mejor término 
y de mas número de vasallos: tema casi sujetos y vasallados 
á los demás reyes.'' Sin duda á su valle iban á celebrar con- 
sejo y por ello se llamó del tagoror^ y corrompido taoro. Nos 
eomptacemos en indicar una etimología, que realza la éscelen- 
cia de este valle. 



—136— 

villa son los Marqueses de la Quinta-roia. Celada, Cándia, la 
Florida y el Sauzal y la Marquesa de Villa Fuerte: hay tam- 
bién un Conde que es el del Palmar. 

Estos son los Títulos que viven en la villa, por que además 
hay otros que tienen grandes haciendas en la jurisdiction, co- 
mo el Marques de Villanueva del Prado y el de Guadalcázar. 

Prescindiendo de losTitulos hay personas acomodadas de 
educación esmerada y finura. 

Aun se notario mas si el pais ofreciese mas elementos 
para la ilustración y los jóvenes saliesen á viajar, lo que no 
es por cierto muy común. No es estraño, porque un pais tan 
delicioso no se a bandona con facilidad. Hay sin embargo 
personas ilustradas, que proporcionan una sociedad agradable 
y que por momentos le hacen olvidar á uno que se halla á 
400 leguas de Madrid . Una de las mas distinguidas por su clase 
es un catroilá ico antiguo de teología, que aunípie no 
se ligó con los vuiculos sagradosdel orden sacerdotal, no 
por eso deja de presentarse como un modelo de las virtudes 
sociales y religiosas El Sr. D. Domingo Vivas es un hombre 
modestísimo que pasa su vida en estudiar: su corta for- 
tuna la consume en libros: su pequeña biblioteca es sele- 
tísima: comprende los autores latinos del siglo de oro 
que forman sus delicias: raro és el que haya leído el 
\irgilio sino en la escuela. Vivas lo lee y también á De- 
móstenes. No por eso desconoce los idiomas modernos, ni 
la literatura de nuestros dias. Así es que pasa sus días 
en leer y en hacer bien. Al observar una vasta erudición 
acompañada de un recto juicio sepultada en la oscuridad, 
he hecho profundas reflexiones. ¡Cuántos sin saber tanto 
bullen en las ciudades populosas, y pasan por literatos y 
sujetos de pról Estos hombres acostumbrados al retiro, con- 
tentos en la medianía en que viven, me parecen al lirio 
que desplega sus pétalos en un valle apartado, á donde 
no llegan las miradas humanas. Sin mas ambición que la 
de saber ó ilustrarse llegarán á su postrero dia con una 
calma envidiable. Pero yo al observar este fenómeno he 
csclamado ¿por que esta luz se ha colocado bajo el celemín? 
;,Por qué esta ciencia ha permanecido ociosa? ¿Por que una 
Aiodeslia escesiva le ha impedido ilustrar varios puntos 
de historia y de física relativos á este país? ¿No es un con^ 
traste bien chocante que yo, recien-venido y no tan instrui- 
do como él, escrilia y él calle? Que escribir podia con ven 



—137— 

taja lo demuestra el aprecio que han hecho de él algunos 
viageros, enlre ellos Piazzi Smith, que vino en 1856 y per- 
maneííió dos meses en el Teide haciendo observaciones, que 
recopiló en una obra, que publicó en inglés en 1858 y que 
intituló Tenerife: un esperimenlo de un astrónomo, ó espe- 
cialidades de una residencia scbre las nubes* • 

Concédaseme este desahogo, que no es mas que un ac- 
to de justicia en favor de un hombre, que yace en una os- 
curidad voluntaria. La Orotava cuando lo pierda recordará 
las palabras de un viajero^ que no se li nitó á examinar los 
objetos materiales sino las personas. Mis palabras nada tie- 
nen de adulación, por que el incienso de la lisonja no se 
quema en las aras del que se colocó en una abstracción 
absoluta. El aroma que derramo es como el ungüento de 
la que unjió los pies del Salvador; ad scpetiendum me 
fecit: es como la oración fúnebre anticipada de un anciano 
respetable, ignorado de muchos, por que para encontrarle 
es necesario que se le busque. Yo no le hubiese conocido, 
sino se me hubiese indicado su mérito por otra, persona, que 
lo tiene muy distinguido. 

En la Orotava hay muchas señoritas que saben el idioma, 
francés y aún el Inglés; circunstancia que demuestra que 
no se descuida su educación. El tránsito continuo de es- 
trangeros ha hecho hasta cierto punto necesario este géne- 
ro de ilustración, que antes lo era todavia mas, por que el 
Puerto con el comercio de vinos atraia á un crecido nu- 
mero. Apesar de que cesó la concurrencia, se ha seguido la 
costumbre de aprender idiomas el bello sexo. Si se dijo 
por un sabio, que el hombre, á proporción de las lenguas 
que sabe, se multiplica, ;,que diremos de una muger que 
sabe muchos idiomas? Si pronunciando une tiene gracia, es- 
ta debe progresar con una pronunciación diversa. Un mis- 
mismo objeto se diversifica. 

Parece que Alonso Fernandez de Lugo no principió á 
hacer repartos de las tierras del valle hasta el 16 de No- 
viembre de 1501, y eomo decia un papel antiguo que se me 
ha franqueado, si en oíros parages se alargó, aquí se es- 
trechó, pues algunas tierras de riego las repartió á muy 
pocos á 12 fanegas, á pocos también á 9 y por último en 
Enero de 1502liizo repartimientos de suerte, de suerte y 
inedia y dos suertes. 

En el año 1502 parece que ya se habia comenzado á ed¡* 

18 



—138— 

iicar, pues en la nueva medida que rnaiidó hacer Diego de 
Mesa dice, que comenzaron á medir y corregir las tierras 
de riego por los mismos linderos y majanos que son des- 
de la casa de Diego de Mesa hasta el camino que va al Rea- 
lejo. 

Los primeros pobladores de la Orotava fueron los Sua- 
rez, Gallinato, Lugo, Benitez de Lugo y de las Cuevas, Me- 
sa y Gallegos, Vergaras y San Martines. 

1). Alonso de Lugo se singularizó con estos pobladores. 
A D. Bartolomé de Lugo su sobrino le dio trescientas fa- 
negas de tierra, gran parte de ellas en la villa de la Cro- 
tava. un herido de molino y otras diferentes datas en 1504 
y también á D. Diego de Mesa, á D. Pedro de Lugo su so- 
brino y á otros. 

El haberse fijado en la Orotava los mas nobles con- 
quistadores y haber sido heredados con profusión, dio lu- 
gar á que se hablase de las doce casas, que mencionan 
casi todos los viajeros, y que por la elevación de su ori- 
gen aspiraban á una pública distinción. Viera Clavijodice 
tomo 3."* pag. 150. «Habítanla muchas familias de la pri- 
mera nobleza del pais señaladamente las que el vulgo llama 
las doce casas: todas originarias de las mas ¡lustres de Espa- 
ña, Italia y Flandes: todas con mayorazgos: muchas con- 
decoradas con títulos de Castilla: las mas descendientes 
de los conquistadores de las Islas ó de sus poblado- 
res.» 

Adviértese en la Orotava una particularidad muy digna 
de atención, y (s que todas las personas de origen ilustre 
se hallan bien acomodadas y en general gozan de cierta in- 
dependencia, que dá á su carácter ese distintivo que honra 
al hombre que para vivir no tiene que mendigar la pro- 
tección del poder. Por eso los obsequios de lo-* orota- 
venses son mas estimables que otros, por que nacen 
del corazón, del concepto que forman del mérito de las 
personas y no precisamente de su posición. Un terreno, 
que bien cultivado dá al hombre con que vivir, le atri- 
buye esa nobleza de alma, que es imposible encontrar 
en los paises pobres. La pobreza, como decia Horacio, 
obliga á sufrir, es un paso para el envilecimiento: el 
^oce de un pasamiento regular debido á la propiedad y 
a la agricultura infunde en el alma cierta elevación. 
Ea la Orotava no hay don que sea pobre, y en buen 



—139— 

sentido no puedo menos de recordar los versos de Fer- 
nán Caballero en su novela Lágrimas, que dice 

Es el don de aquel hidalgo, 
Como el don del algodón, 
Que no puede tener don 
¡Sin tener antes el algo. 

En la Orotava todos los hidalgos tienen, y aun ten- 
drían mas y también hasta los meros cultivadores sin la 
usura, que es otro oidium peor que el de las viñas, 
pues ataca la propiedad en su origen. Berthelot dice 
que en general los descendientes de los conquistadores 
han aumentado el patrimonio de sus abuelos. 

Después de mi estancia en la Orotava (llamada en idio- 
ma guanche Arautápala) vi con placer que la justicia 
que dispensaba á la caballerosidad de sus habitantes se 
la hicie*^a también un escritor antiguo y por cierto nada 
lisonjero. Copiaré las palabras del P. Espinosa en el capí- 
lulo 12 de su libro 3.": veo con placer que este pueblo no ha 
degenerado. 

«El pueblo déla Orotava. poblado de la gente mas gra- 
nada y de la mas ilustre que ala isla vino, tiene de vecin- 
dad 800 y mas vecinos: es un pueblo muy fresco fundado 
en una ladera: tiene muy buenos edificios y calles^ aunque 
agrias de subir: tuvo dentro del mismo pueblo tres inge- 
nios de azúcar y tiene hoy once molinos de dos piedras: 
tiene su acequia que atraviesa todo el pueblo: en su circuito 
hay una' legua de tierra la mejor y de mas provecho que 
hay en [las islas y aún en España, hs la gente de este 
pueblo, (porque lo lleva su suelo) muy caballerosa, aunque 
algo altiva; y como las herencias de pocos padres se han 
dividido en muchos hijos, no tienen la posibilidad que 
querrian para mostrar los ánimos que representan.» 

Berthelot, eomo ya hemos manifestado anteriormente, 
corrije á este autor diciendo que la nobleza no se ha descuida- 
do en la mejora de sus bienes, y que los poseedores de los 
mayorazgos viven como grandes señores, gustan de los 
placeres y del lujo y tienen brillantes reuniones: que el 
estranjero se halla prontamente muy bien en la villa y 
que intruducido en la sociedad encuentra una infinidad de 
atractivos. 



—140— 

Espinosa reconoce on los orotavenses elevación de 
ánimo y esta elevación ha llevado á algunos de sus hijos 
á abrazar carreras en que se han distingido como los ge-^ 
nerales Monleverde y otros. 

Las cartas que me franqueó D. Pomingo de Molina, 
dirijidas por D. José Viera y Clavijo al padre de aquel 
D. Fernando de Molina y Quesada revelan li que ha de- 
bido la historia de las islas Canarias á un hijo de la Ora- 
tava. En una de las cartas anunciaba Viera el recibo de 
preciosas Memorias que dice vio con gusto, consuelo y 
admiración , calificándolas de frutos de celo, aplicación é 
inteligencia, que duda se hallen juntas en las islas: aña- 
diendo que los estractos estaban hechos con sumo discer- 
nimiento, por que las noticias son interesantes y pere- 
grinas. En otras repite iguales elogios por remesas de 
otros trabajos y en una esclama ¿que seria la continuación 
de mi historia sin las cartas de V..^ 

He recibido una complacencia en saber quien fue el 
mas celoso /colaborador de Viera. Yo también debo noticias 
y documentos á varios sujetos de la Orotava, y á su ti- 
empo lo manifestaré, así como lo hé publicado con res- 
pecto a otros. 

Hemos hablado hasta ahora principalmente de la par- 
te moral; con respecto ala física, oigamos á Berthelot, que 
vivió allí tres años. Sus palabras deben merecer mas aprecio 
que las mias; que se supondrán el resultado de una impresión 
pasajera.» Gocé, dice, de un clima refrescado alterñativame- 
por la brisa del mar y el aire puro de la montaña. La 
temperatura de la villa' es enteramente higiénica: es una 
atmósfera tibia, suave, benigna que os penetra como un 
baño caliente: allí apesar suyo empereza uno: la vida co- 
rre feliz y tranquila, sin cuidados y sin ruido. 

Pero en cambio de tantas ventajas las calles son agri- 
as de subir, como dice el P. Espinosa, y penosí- 
simas las que toman la dirección de la cumbre. Esta 
rara edificación provino de la manía que tuvieron los 
antiguos pobladores de no dejarse dominar de los demás: 
así es que siempre subían y no se dejaban preceder. 
En un punto casi inaccesible me enseñaron el palacio 
antiguo de una de la mas distinguidas familias, que aho- 
ra se halla casi convertido en ruinas. 

Esta irregularidad en la edificación se halla compea* 



— 141— • 

sada con las hermosas vistas que se disfrutan. Cada una 
de estas casases una azotea que domina el valle, que des- 
cubre el Puerto; se vé el Océano y hasta el Pico de 
Teide. Sin embargo hay muchas casas bien situadas que 
disfrutan de la ventaja de la llanura. Si vivir es ver. en la Oro- 
tava se goza de una vista agradable, de un horizonte placen- , 
tero é imponente. Sus alrrededores son deliciosos cuadros, 
cuyos encantos no se pueden describir de una manera 
cumplida. La jurisdicción no se limita al casco de la villa, 
sino que abraza también tres pagos, á saber, el de la Florida, 
el del Rincón y la Perdoma, 

Es imposible que estando en la Orotava dejenirs de ha- 
blar del antiquísimo drago que se encuentra en el jardín 
de Franchy. No hay estrangero que no visite á esteíinciano 
de la vegetación y que no le consagre una página. Mr. le 
Dru dice, «Vi en el jardin de Franchy un drago, el mas 
hermoso de cuantos hay en las islas, y quizás en todo el 
globo: tiene 20 metros de altura, trece de circumferencia 
en su parte media, y veinte y cuatro en su base. El tronco 
es de seis metros de alto; se divide en doce ramas entre 
las cuales está colocada una mesa para comer, en donde 
pueden sentarse 14 personas. Este árbol estraordinario exis- 
tia mucho antes de la conquista de Tenerife, hace 300 años: 
y cuando los españoles destruyeron los bosques de esta par- 
te de la isla para construir sus habitaciones^ respetaron es- 
te drago, que citan las^scrituras mas antiguas de datas. Tie- 
ne hermosa apariencia y puede durar aún de 150 á 200 
años.» 

Piazzí Smilh lo presenta litografiado en una estampa que 
es la 19: mirado con el estereóscopo que acompaña á su 
obra se forma uno la ilusión de verlo en toda su mages- 
lad. Este viajero ha dedicado muchas páginas á este árbol 
secular: haremos un resumen de sus observaciones. Levan- 
ta, dice, orgullosamente sus ramas en torno sobre todo lo 
que le rodea, fjue no deja de ser mucho^ pues le cercan 
varios árboles que enumera y qué impiden verle de frent.e 
jPobi'e y anciano árbol esclama, cuyo tronco está hueco! 
Cuando Lugo y sus conquistadores en 1493 (debia decir 
1496) establecieron allí el dominio español, su corteza sir- 
vió de capilla para la celebración de los santos misterios: 
antes sirvió para las reuniones drudicas entre las tribus . 
guanches por. muchos siglos. ¡Cuan frágil no está ahoral 



—la- 
una tempestad en 1819 arrancó una rama:y mas recientemen- 
le unos bárbaros cortaron un trozo grandísimo de su hueco 
tronco para : el museo de Botánica de Kew. (1) Así que, 
cu vez de crecer en anchura este árbol se iba aniquilando 
hasta que el Marqués del Sauzal propietario inteligente entró 
en posesión. Desde entonces prohibió que se le tocase, ni ar- 
rancase la menor parte, sin perjuicio de permitir la entra- 
da á cuantos estranjeros se presentan, que son muchos. 

Pasa enseguida á señalar sus proporciones y dice: se- 
senta pies de altura desde raiz de tierra por la parte meridio- 
nal; 48 V2 ^'® circunferencia también sobre la tierra; 35 
con 6 á los 6 pies de altura y 23 con 8 á los 14 pies y 5 
pulgadas, ó sea sobre el punto en que las ramas nacen! re- 
pentinamente del tronco cónico que se angosta. Ei Drago no 
puede compararse con los verdaderos monarcas de la selva 
por su tamaño, por que debemos recordar que no es propia- 
mente árbol con sustancia leñosa, (2) sino meramente un 
vejelal, un espárrago con una notable fuerza de vitalidad y 
ima;estraordinaria lentitud así mismo para el crecimiento. 
Esto últimoy no su tamaño es lo que le hizo ganarla opi- 
jiion de ser el mas antiguo del mundo. 

Permítasenos notar sus principales caracteres. Primero; 
la inmensa altura de ramas parecidas á raices y la linea 
esterior piramidal del tronco. Las hojas no ofrecen nada 
de vistoso: son como unas borlas al fin de cada lama ó 



(1) No es exacto: nadie cortó esa rama: cayó desprendida á 
impulso de una tormenta: entonces no tuvo el dueño inconve- 
niente de darla para que la llevasen al Museo mencionado. 

(2) La relación qu^Jiace Fr. Alonso Espinosa en el Cap. 3." 
en su historia de Ntra. Sra. de Candelaria conviene hasta cier- 
to punto con la de Smith. Hay otro árbol {dice) que llaman 
Drago, grande y de pocos ramos^ al cabo de los cuales solo 
echa cinco ó seis hojas, poco mas gruesas y largas que de ca- 
ñas; por dentro no tiene corazón', es la madera de él muy fofa 
y liviana y asi sirve para corchos de colmenas y para hacer 
rodelas. La goma que este árbol echa es la que se llama san- 
gre de Drago, y la que el árbol de suyo suda y destila es la 
mejor que //aman sangre de gota. Es para medicinas muy bue- 
na, y para sellar cartas y encarnar tos (tientes^ 



—143— 

mas bien tallo: pero la miniatura que estos ofrecen de la 
palma han|ido creciendo por edades sin bifurcación esten- 
diendose solo por los estremos y nada en anchura. En el 
punto de unión de dos ó mas el engruesamiento delaramu 
masbaja principia, y pueden en algunas circunstancias ver- 
se una ó dos raicecillas colgando sueltas, por no haber lle- 
gado á entrar en la corteza y se esfuerzan en llegar hasta la 
tierra. 

Con respecto á la edad me ha suministrado una noticia 
el Sr. de Vivas. Deseoso de saber el concepto que habia for- 
mado Smith acercado aquella, le escribió haciéndole la opor- 
tuna pregunta, y le contestó manifestando que lo considera- 
ble de 4 ó 5 mil años. Esta respuesta no se puede reputar 
aventurada cuando Cadamosto que visitó esta isla y midió 
el drago ¿mediados del siglo 15 no le dio mayores dimensiones 
queSmith, y ya dice que se hallaba en decadencia. Si desde hace 
cerca de 4 siglos no crece y decae, es evidente que debe 
ser de una grandísima antigüedad. Todos convienen en que 
es antiquísimo; M. Berthelot le apellida con gracia el ve- 
terano del valle, y dice que un historiador metamorfoseando 
este árbol estraordinario, hizo de él el Dragón de las Hespe- 
rídes, guardián de las manzanas de oro: que Nicolás Mo- 
nard examinando su fruto con el lente creyó ver bajo la 
cubierta la imagen del monstruo fabuloso, y que los botá- 
nicos modernos, juzgando el coloso por el embrión lo han 
colocado en la clase de los espárragos. 

Apesar de los cuidados con que la familia del Sr. Mar- 
qués del Sauzal procura sostener esta maravilla de la vege- 
tación, me temo que no pueda durar muchos años. 

Ese respetable veterano aun ha presentado mérito para 
otra cuestión. ¿Es indígeno de las islas, ó trae su proce- 
dencia del África ó de la India? Este ha sido uno de los 
puntos que ha dado margen á investigaciones muy curio- 
sas. Los Sres. Web y Berthelot participaron de esta opi- 
nión, según nos dicen, pero en su Geografía botánica (pág. 
78,) se espresan en estos términos.^oEl Dracmna Uraco, que 
se habia creido originario de l'.is Indias orientales, es una 
especie particular de este archipi^^lago, como también déla 
Madera y Puerto-Santo. En la Isla de P¿ilma abundan los 
dragos eu las laderas volcánicas de la Breña', en Tenerife 
se encuentran algunos muy viejos en los valles de la Oro- 
tava y de Icod de los vinos, en la:? pendientes de Tacoronie 






—144- 

y en las cercanías de la Laguna. En el barranco del infier- 
no, distrito de Adeje, lo hemos visto en los salientes de una 
roca adonde el guia mas intrépido no hubiera podido tre- 
par: en Taganana los hemos visto arraigados en Los dos ris- 
cos, y guarnecen el declive oriental de estas pirámides de 
basalto, A vista de estos hechos no hemos dudado ya 
que el Dracoena Drago era evidentemente una especie in- 
dígena, y la hemos comprendido en las del primer clima,» 

Este punto lo toca también el viagero Smith, quien ma- 
nifiesta que los que suponen el drago originario de India, 
han pretendido que los guanches tuvieron relaciones 5,000 
años antes de la conquista con esta parte del mundo: con- 
tra la cual se alega lo que dicen los Sr^s. Ber- 
thelot y Web, lo cual no disuelve la dificultad, por que no 
constando que los dragos hallados en los valles y sobre las 
rocas sean mas viejos que el patriarca de la Orotava, los 
pájaros y los vipntos han podido llevar las semillas á para- 
jes en que el suelo y clima las hayan desarrollado. Sin 
dudar de que en 4as Islas entrambas circunstancias le son 
muy favorables, se inclina Smith á creer que el Drago, es in- 
dígena del norte de África. 

Quizás haya sido demasiado prolijo al hablar tan esten- 
samente del drago: pero aun hé omitido mucho acerca de 
su crecimiento y causa del hueco de su tronco. Sin embar- 
go hice mérito de las precedentes observaciones, por que me 
parecieron interesantes. Yo no me limito en mis cartas áde 
cir lo que veo y á las que hago por mí mismo. Creo que 
no debo omitir las que abren campo á la ciencia, ofrecen ma- 
teria para consideraciones no vulgares, y para el comercio. 
Por eso copiaré alíin por via de adición, lo que Viera Cla- 
vijo dice en su historia natural sobre este árbol. El lector, 
que no quiera podrá prescindir de la lectura; yo no escribo pa- 
ra el dia: en mis cartas, amigo mió, creo que'hallarán un ma- 
nual los curiosos que visiten estas islas. V, bien concibe y 
lo conocerá cualquiera persona sensata, que unas pocas líneas 
han exigido estudios y lectura [de algunos volúmenes. En 
esto sucede como en las obras, se vé lo que está sobre tierra 
y no lo que ocupan los cimientos. 

El castaño que existe en el jardin del Marqués de la Can- 
día debe llamar la atención no solo por su corpulencia, sino 
por los fe lómenos que se observan en él. Medido á raíz de 
tierra dá 18 varas y dos tercias de circunferencia. Lo par-^ 



—1 43— 

ticular es que en el tronco central cayó una castaña, que 
ha producido un tronco vertical ó nuevo castaño, que es- 
tiende por la parle superior la verdura. En los cinco bra- 
zos que tiene el castaño se ha reproducido el mismo fenó- 
meno, de suerte que el castaño viejo sirve de cuna y asien- 
to á otros nuevos que lo visten. Las raices, que penetran 
^1 tronco y las ramas principales, las rajan; y de aquí qui- 
scas ífaya mérito para conjeturar, que descienden hasta la 
tierra, y que el castaño viejo no es mas que un canuto, 
que oculta estos misterios de la naturaleza. 

En su estado de robustez el castaño, ahora viejo, además 
de surtir diariamente de castañas á los de casa, producía 12 
fanegas. Es pues el castaño del jardín del Marqués de la Candía 
uno de los árboles mas estraños; y agradezco á dicho Sr. 
la amabilidad con, que me hizo estas espUcaciones. 

En mi deseo de observarlo todo, visité también el jardín 
de la casa de Monteverde, en el que entre otros árboles y 
plantas hallé los que voy á mencionar. 

El Caryo-phyllus í7rowiaítcM5-(Clavo arómát¡co)-De las 
Molucas.-Arbol grande: de hojas oblongas y llores* blancas, 
cuyo ovario es el clavo de comer. -Se reproduce de semi- 
llas. 

La Magnolia grandiflora-Dt la Carolina: crece hasta 30 
metros: siempre verde, tronco derecho, hermosa copa, ho- 
jas ovaladas. De julio á noviembre dá flores, de 10 á 22 cen- 
tímetros de diámetro, muy olorosas. Se reproduce de semilla, 
y por 'injerto de aproximación. 

El Clcmatís (Clemátide) de Virginia. Grande enre- 
dadera.-En julio dá flores blancas y olorosas en caprichosos 
racimos; se multiplica por semilla. Sus hojas son un cáus- 
tico que sirve como las cantáridas. 

M Catycaníhus floridus. Ve la Carolina: arbusto de tres 
metros: rhadera olorosa, hojas ovaladas, flores pardo-roji- 
zas con olor á reneta y melón: florece de marzo á mayo, y 
se reproduce de vastagos. 

La Erylhrina CristigcdU (Erittina. cresta de galla). Ar- 
busto originario de la América del Sud: de 3 á 4 metw)s 

19 



—lie- 
metros de alto, con picos, hojas ovaladas y magníficos ra- 
cimos de flores encarnadas; florece en Julio y Agosto. Eo 
el jardin de Monteverde mide siete metros de alto, y flo-- 
rece tres veces por año. Se reproduce de semilla ó por 
gajos tiernos. 

El Acanihus de la región Mediterránea: La fresa délos 
Alpes, la Camelia del Japón: lo mismo que el Gafé de la 
Arabia y el Ananas del Brasil, crecen igualmente con pujanza^ 
cubriéndose los unos con las hojas de los otros. 

Me recreé con esa mezcla de vejetaciones diversas, que 
confirman el acierto del Marqués de Villanueva del Prado 
en haber elejido para la aclimatación de las plantas el 
territorio de la Orotava.y que revelan el inmenso tesoro que 
que podría utilizar el Gobierno en este pais, y la inteli- 
gencia y buen gusto de la familia de Monteverde, que po- 
see dos cuadros de Murillo, de los cuales el uno represen- 
ta la adoración de los Reyes y el otro la Purísima Concep- 
ción. Una de las señoritas pinta con bastante perfección, y 
sus hermanos se dedican en los ratos de ocio á la maqui- 
naria, en un taller abastecido de las mas variadas herra- 
mientas. Esta ocupación es laudable y provechosa: nadie 
podrá dudarlo cuando el emperador que regeneró la Rusia 
(Pedro el Grande) empuñó también el mazo y el escoplo. Cuan- 
do los hombres ilustrados se convierten en artistas, llegan 
á ser los maestros de los pobres y á abrir el camino á los 
que no tuvieron otra enseñanza que la rutina. Mucho se 
necesitan estos conocimientos para poder utilizar las máqui- 
nas y sacar partido de los diseños, que sin aquellos son una 
letra muerta. También se me ha dicho que los jó venes Mon- 
teverde enseñaron á un polvorista del pais á usar de los 
colores en los fuegos artificiales. 

En el jardin' de Machado, ademas de otras plantas vi 
dos camelias portentosas por su grandor. 

Seria interminable sí quisiese referir aquí todo lo que 
examinaron mis ojos: pero no debo pasar en olvido el gabi- 
nete de antigüedades guanchinescas y de mineralogía, de D. 
Antonio de Lugo y{Yiña. Ademas de unos cráneos, uno de los 
cuales conserva todavía el pelo, tiene varios trozos de momias, 
anzuelos de los que usaban los guanches para pescar: al^u- 
no$ de ellos son de concha nacarada: es digno de ^tenqoíi 



—147— 

un ejemplar hermosísimo de gran t?maño, de cristal de roca: 
una piedra de Lanzarote. que parece que está cubierta de por- 
celana. 

En su monetario, aunque está desarreglado y no es copio- 
so, hay algunas monedas apreciables, entre ellas una de Lí- 
cinio. 

Se me olvidaba decirle, que vi también un sombrero te- 
jido con virutas de marfil. 

ule reservo hablar en otra ocasión de la Iglesia y de otros 
edificios, imágenes y objetos. Quizas no hable por ahora 
mas de la Orotava y valle de Taoro, por aue mañana me voy 
á restituir á Santa Cruz, donde tendrá Y. otra vez con la 
péñola en la mano á su afectisimo amigo 

M. N. 

P. D. A los cuatro meses de escrita esta carta, esto es, en 
el 20 de Setiembre, volví otra vez á la Orotava. ¿Quien pue- 
de renunciar, pudiéndolo gozar, al placer de tornar á ver es- 
te suelo pintoresco? Otra vez mi vista se dilató^por ese ver- 
jel, que ño tiene comparación. No en vano por este jardin 
apellidaba á Tenerife Yiera en las cartas que eseribia al Sr. 
D. Fernando Molina, la isla de Galipso. El autor del Telemar 
00 hubiera dado mas viveza ásus cuadros si hubiera visto este 
valle. Yo quise tender sobre él mis miradas y subí las fati- 
gosas vueltas de Tigaiga, desde donde se descubre toda su 
estension. A proporción que se sube se van achicando las 
colinas hasta, que muchas de ellas se confunden con la lla- 
nura: vése á lo lejos la cuesta del camino por donde se des- 
ciende viniendo de la Laguna; los rayos del sol, que cami- 
naba al ocaso, iluminaban la villa de la Orotava, que presen- 
taba en escalones sus edificios: el cimborio de la parroquia 
pintado de blanco, reflejaba una luz esplendente: junto al mar 
veia la hermosa población del Fuerto, y á mis pies veia los 
dos Realejos, cuyos campanarios parecían dos pirámides. La 
elevación, en que me coloqué, me recordaba la Giralda y la 
Torre-nueva, desden las cuales he visto las ciudades de Sevi- 
lla y Zaragoza y sus hermosos alrededores. Al dirijir mis mi- 
radas á los cuatro pueblos del valle, me admiraba de que 
en tan corto recinto viviesen cerca de 16 mil almas en me- 
dio de la abundancia. 
2.' P. D. Como veo que no se saca casi ninguna utilidadde los 



—148— 

Dragos váe parece del caso trasladar á coDüntiacion el dN 
ticuTo que relativo á ellos contiene el Diccionario de HÍBtoriú 
nalural He Canarias, escrito por Viera Clavijo, inédito lo- 
davia. 

Drago. fDracaenadraco Limu) {Draco, Palma Canarien-- 
st, Tourn) Árbol famoso de la faniilia de las palmas, pecu* 
liar de nuestras islas de Canaria, Tenerife, Palma y el Hier- 
ro, y de la de Puerto -Santo junto á la de la Madera. Cria- 
se naturalmente en los campos^ y su tronco grueso, rollizo 
y desnudo de famas, se levanta hasta la altura de treinta 
ó treinta y cinco pies; en cuya estremidad forman su bella 
copa, siempre verde, recojida, redonda, y como herizada 
de unos espesos gajos, lampiños en su arranque, y luego 
vestidos de muchas hojas lisas, largas de un codo y anchas 
de dos pulgadas, que van en disminución hasta rematar en 
punta, á manera de espada, con un surco y lomo saliente 
por el medio. Las flores son numerosas, pequeñas y com{)o- 
nen una panoja ramificada, que nace en la cima de lami^- 
ma copa. Consta cada una de seis pétalos, seis estambresy 
un ovario, cuyo fruto es una vaina amarillenta, un poco 
agria con huesecillo. Los pedúnculos de estas flores tienen 
en sus bases dos ó tres escamitas. La madera del Drago 
es esponjosa y liviana, por lo que los primiliYOS habitantes 
de nuestras islas hacian rodelas de ella: y como su cor- 
teza es flexible, todavía se emplea para torcer sogas. Pero 
su celebridad la debe el drago principalmente á aquel su 
jugo propio ó resina, que suda de su tronco herido en los 
dias caniculares. Este se condensa en granos de color de 
sangre, blandos á los principios, luego secos y trilurables 
sin sabor ni olor, sino cuando se queman, pues entonces 
«e inflaman y exalan una fragancia semejante al estoraque 
líquido. Bien sabido es que esta preciosa resina pasó mu- 
cho tiempo por una verdadera sangre de Dragón^ y que el 
naturalista Monardes, aunque conoció que era jugo de un ár- 
bol, no dudó publicar que este tal árbol habria lomado la 
denominación de Drago ó de Dragón, por no sé que figu- 
ra de esta bestia, que parecía impresa en su fruta. Es un 
error; y solo es verosímil que la hubiese tomado de la tra- 
za de su tronco, rollizo y tarazeado de las cicatrices de las 
hojas que se han caido, á semejanza del cuerpo de una gran 
culebra, coronado de la copa herizada como de una cresta. 
Los romanos^ conocían la sangr^e de Drago, que llamabáa 



—149— 

CrinabaríSy y la llevaban de nuestras islas Fortunadas, se- 
gún Plinio citado por Vossius, in Pompomum Melam. Ex its 
güoque insulis crinabaris Romamadvekebatur» Sane hodie man 
freCjUens est in insulis Fortanutis arbor illa, quae crinaba-- 
rim gignit; vulgo sanguinem draconis appellant. Plín. 
Historia Nptural Lib. 6 cap. 37. 

La sangre de Drago legítima no se disuelve enagua, si- 
no en espíritu de vino. Atribuyesele virtud incrasanteen 
las disenterías, hemorrájias y flujos d¿ vientre; y en el es- 
terior para secar las úlceras y cicatrizarlas: pero su uso 
aias común es el de fortalecer las encias, por lo que la 
sangre de Drago entra siempre en los polvos para limpiar 
los dientes, y con ella deshecha en espíritu de vino se bar- 
nizan aquellos ligeros palillos de labaiba, de que para el 
mismo tin hacemos comercio. Hacíase con efecto muy con- 
siderable de esta droga, luego que se conquistaron nues- 
tras islas, y de ella se pagaba diezmo; pero el ningún cuida- 
do que se tiene de multiplicar un árbol tan hermoso, y 
el poco dolor con que se han ido cortándolos que habia. 
ha hecho escasear mucho tm ramo de cosecha, de quepo- 
dría sacarse notable utilidad, puesto que la sangre de Dra- 
go es muy solicitada no solo para las boticas, sino para los 
tintes y los barnices. Entre los dragos mals insignes por 
su corpulencia siempre tendrá el primer lugar el del jardín 
de Franchy en la villa de la Orotava, cuyacircunferencisí 
es de 25 palmos, y entre los gajos de cuya copa hay una 
mesa para catorce personas. Los ingleses abrieron en Lon- 
dres una lámina de este árbol. Igualmente ha dejado fa- 
ma en la Gran Canaria otro bello drago, en cuyo tronco ya 
socavado se acojia una yunta de bueyes. 

Carta 16. 

Santa Cruz de Tenerife 30 de Mayo de 1858. 

I ... 

. Sr, D, Basilio Sebastian de Castellanos. 

'De las principales cuevas, que tienen nombradia en la$ 
tslas* 

' '' Mi apreciabley querido amigo: no era posible que le ol- 
vidase en mis cartas, cuando le tengo siempre presente eá 



—150— 

mi memoria. Pero esta se aviva cuando en el pais en que únó 
reside, ó ve objetos de la particular afición de [ciertos ami- 
gos, ó escucha ó lee relaciones que les puedan interesar. Asi 
me ha sucedido ámi, cuando en una obra inédita del eru- 
dito D. José Viera y Clavijo, que es el Diccionario de His- 
toria natural de las Canarias, he leido en la palabra Cuevas 
noticias sumamente interesantes. Véalas V. 

Cueva ("spcluncaj Gruta ó caverna formada en las inte^ 
rioridadcs de las montañas y las rocas, por efecto de fuegos 
subterráneos. Nuestras Canarias, que por todas partes mani^ 
fiestan cuan trastornadas fueron por los volcanes en siglos 
muy remotos, nos ofrecen á cada paso estas profundas y gran* 
des concavidades, que dieron cómoda habitación á sus pri- 
meros pobladores y espaciosos mausoleos á sus bien conser- 
vados cadáveres; muchas se registran fabricadas por mano 
de hombres: pero las cuevas naturales son igualmente cu- 
riosas y dignasde atención.» Hace á seguida la descripción 
de la del hielo en el Teide, cuyos pormenores reservamos 
para su lugar. 

«La cueva cerca de /cod es asombrosa por sus inmensos 
salones y crujías tortuosas que se eslienden sin termino co- 
nocido.» 

Imposible parece, amigo mió, que esta cueva cuidadosa^ 
mente registrada dejara de suministrar descubrimientos ar- 
queológicos. Un pueblo que no conoció la arquitectura, que 
habitó en las entrañas de la tierra, necesariamente debió 
dejar allí testimonios auténticos de su civilización. Si los 
mejicanos arrojaron cuando la conquista á la laguna, que 
circundaba la ciudad, parte de sus riquezas, los guanches 
debieron ocultar ya que no oro ni plata, por que no lo te- 
nían, á lo menos sus armas y sus ídolos ú objetos de su 
culto. 

«La cueva de Abona, continúa Viera, está ricamente 
incrustada de estalacticas jr estalagmitas calcáreas.» 

«En las cuevas del territorio de Güimar es donde se han 
encontrado con abundancia los cadáveres incorruptos y 
mejores momias de guanches.» 

«En fin^ por lo que hace á las cuevas de Tenerife, no 
haremos mas memoria que de la cueva santa, llamada an- 
tiguamente Achbinisó y posteriormente de San Blas, en las 
playas del barranco donde estaba colocada la imagen de 
Ntra. Sra. de la Candelaria, y á donde volvió á recojerse 



—151— 

después que sucedió la quema del suntuoso templo que 
se le babia edificado.» 

* «En Canana, añade, no faltan muy bellas grutas na- 
turales, como la del lugar de Lagaete, hermoseada de es- 
talactitas, espatos calcáreos y cristales de Islandia: pero 
las cuevas artificiales son aún mas numerosas. Entre estas 
se distinguen algunas: la que hay cerca del monte Len- 
tiscal en la heredad que fué de los Jesuítas: las que com- 
ponen todo el vecindario de Artenara y la del barranco de 
Valeron, cuya entrada es un grande arco seguido de un 
grande salón, yá uno y otro ladounascomo celdillas de dos 
pisos con sus ventanas al barranco, y dos torreones, á los 
cuales se sube por dentro. Se dice que esta cueva sirvió 
de hospicio en tiempo de los antiguos canarios á ciertas 
mugeres devotas que llamaban Harimaguadas.» 

V. sabe, como escritor de Arqueología, y Presidente de 
su Academia el partido que se puede sacar de estas antigüe- 
dsídes examinándolas con estudio, con atención y con cui- 
dado. Pero las que exijianmas detenidas investigaciones son 
las que menciona Yiera á continuación.» En la Isla de la 
Palma dice sobresalen las dos famosas cuevas de Niqíiio 
wo^y de Belmaco. 

«La de Niquiomo queda en la falda del eminente roque 
del mismo nombre y demora al S. O. Llegase á ella por un 

Sran boquerón^ y por la parte del N. E. tiene una escala 
e madera de veinte gradas, la cual vá á dar á una cueva 
pedregosa, que termina en un perfecto arco, obra de la na^ 
turaleza. como de 40 varas de alto. La altura de la cueva 
es de 60 y forma su cielo como una media naranja, con 
una cúpula elevada en el centro. El suelo es llano y tiene 
trece pasos de ancho y 291i2 de largo: toda la cueva está 
goteando siempre una agua sumamente fria, de que se for- 
man charcos, y estos se sumen por una considerable grieta 
para salir después á la distancia de una legua en el paraje 
que llaman las Goteras cerca de la marina." 

A pueblos que no hubiesen sido tan sencillos como los 
guanches^ esta cueva les hubiese despertado la idea de la 
arquitectura y les hubiera abierto la puerta á la de la edifica- 
ción; ^ero su imaginación quedó dormida. Muy diferentes eran 
los griegos, á quienes las hojas del acanto, que crecieron al 
rededor de una cesta, les sujirieron el pensamiento del capi- 
tel corintio. Pero éntrelos guanches no hubo un Calimaco: 



—152— 

se contentaron con los simples dones de la naturaleza. 

Pero sigamos á Viera y veremos que nos dice, «que la cue- 
va de Belmaco se halla en el barranco de este nombre, junto 
al lugar de Mazo, mirando al sur. Está muy bien hecha y es 
capaz de alojar cuatro yuntas de bueyes: pero lo que en 
ella llama toda la atención de un anticuario son dos lápidas, 
que se ven perpendiculares al arco de la entrada, en las 
cuales se registran unos estraños caracteres grabados al pa- 
recer como con buril, todos de un dedo de ancho. Una de 
estas piedras tiene cuatro varas de largo y tres de ancho: y 
la otra siete cuartas de largo y de ancho cinco.» 

Bien de lamentar es, que ni Viera, ni ninguno después 
de él, haya verificado investigaciones acerca de un objeto que 
tanto debía cscilar la curiosidad. Quizás esas lápidas resol- 
verian problemas históricos, que las Academias se hallan im- 
posibilitadas de resolver por falta de dalos. ¿Quien sabe si 
esos caracteres son fenicios y consignan hechos interesantes, 
una navegación antigua y desconocida? ¿Quien sabe si con- 
tienen noticias del origen del pueblo que se ha encontrado 
disperso en estas siete islas, ó tal vez una relación abreviada 
del cataclismo que sufrió la naturaleza; ó si tal vez esa cueva 
es anterior á él? Sea como fuere, el examen era importante 
y sabríamos si son realmente caracteres ó geroglíficos los de 
esas lápidas, ó si tal vez no son ni uno ni otro, y meramente 
un juego de la naturaleza. 

Deseoso de averiguar la verdidhe verificado prsjuisas, y 
diré á V. su resultado. (1) 

Entretanto, siendo V. tan amante de las antigüedades, 
reciba V. estas noticias como un testimonio de mi afecto y 
consideración, y como un tributo que le dirige un amigo, que 
no pudiendo enviarle por la distancia ninguno délos pre- 
ciosos frutos, que se crian en este suelo, lo envia en esta 
relación un recuerdo de su sincera y antigua amistad. 

Pero ya que esta carta ha versado sobre cuevas, con- 
cluiré de mencionar las demás de que hace mérito Viera y 
otras de que he tenido conocimiento. 

•*En la Gomera tienen fama la cueva llamada del Conde 
por el triste asesinato de Hernán Peraza, ejecutado en ella el 
año de 1488: la cueva honda é interminable en la rada de 



(1) Véase la nota al fin de esta carta- 



—isa- 
Santiago de Alajeró, donde en otro tiempo se engraneraba 
todo el trigo que se solia traer: la cueva del Sobrado en 
el valle de Hermigua: la de Chenerepin en la jurisdicción de 
Agulo: y la Cueva encantada en Yallehermoso á la cual no 
se le ha podido hallar el fin.» 

«En tanzarote es la mas célebre la cueva de los Verdes 
donde se refugiaron casi todos sus habitantes en tiempos, en 
que los argelinos hacian en la isla entradas muy frecuentes. 
y que corre casi tres millas debajo de la tierra cerca del 
pueblo de Haría. • 

«En Fuerlcventura tuvo alguna vez el mismo uso la cue- 
va de jJfa»?tVjw6re, y la de S. Diego de Alcalá, que era adonde 
se retiraba el Santo á orar, y es^hoy capilla del conven- 
to.» 

'^Finalmente la isla del Hierro tiene en las inmediacio- 
nes de la villa las cuevas que los primitivos naturales ó 
Jtmhachcs habitaban y llamaban Xuacos\ todas grandes y 
cómodas, señaladamente la cueva de Tenegeyla,' repartida en 
distintas piezas y adornada de una especie de chimenea abier- 
ta en la peña, y las cuevas de Lázaro en las montañas 
de N. Sra. de lo^ Reyes.** 

Hasta 'aquí Viera, pero con posterioridad se han descu- 
bierto nuevas cuevas: á mi se me ha dicho que por los años 
de 1822 yendo un cazador en Galdar (Gran Canaria), per- 
siguiendo un conejo, descubrió una cueva, cuya entrada pa- 
rece haber sido cerrada por dentro por la igualdad que guar- 
daban las piedras que componían la pared, que mirada por 
la parte de afuera aparecia como un majano formado por la 
casualidad. En ella se enccftilraron algunos restos muy di- 
minutos de tamarcos, armas, utensilios y como 58 cadáve- 
res que se podían distinguir. Estos monumentos fueron en 
viados á la sociedad geográfica de Bruselas por D. Manuel 
de^uesadas, donde subsisten. 

V. que tiene relaciones con todas las sociedades de an- 
ticuarios del norte podrá inquirirlo que yo no puedo decir- 
le, y con mis indicaciones quizás llegue á formar una memo- 
ria útil. 

Voy á mencionar otro hallazgo mas reciente. En 18S5 
el mismo D. Manuel Quesad»s descubrió otra cueva en el 
dicho pueblo de Galdar, con motivo de una sorriba que se 
hacia en un huerto, la cual presentaba una bella regulari- 
dad y cuyas paredes y techos estaban pintados con ocres 

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—181- 

de colores formando varias figuras, y probablemente había 
de pertenecer á algún Guayrode Guanarteme: mas el codicio- 
so propietario la volvió á obstruir con los escombros de la 
sorriba. 

Algunos me han referido que hay cuevas inaccesibles 
hasta para los mas intrépidos orchilleros; para esos hombres 
que con su palo en la mano se colgaban ?obre las breñas 
en busca de esa planta tintórea: que con los desprendi- 
mientos que las aguas han producido han quedado colgadas: 
que de lejo^ se ve su entrada y aún se descubren algunas 
momias. 

. Pero cesemos, amigo mió; harto tiempo le hé conducido 
por la oscuridad: salgamos á la luz del dia y hagamos al- 
gunas reflexiones. En todas partes han sido célebres las cue- 
vas y fueron clrefujio de los hombres. La cuna de la liber- 
tad Aragonesa está en la cueva ile S. Juan de la Peña: la 
de la Castellana en Covadonga. El cristianismo echó sus rai- 
ces en las catacumbas; en esa liorna subterránea, que oyó 
oraciones f*^rvicntes, y donde se purificaron tantas almas. 
Nada eslraño es que el hombre vaya á morar en las entra- 
ñas de la tierra, cuando no puede vivir sobre su superfi- 
cie y es perseguido por sus hermanos, como los animales 
por el hombre: pero lo estraño es que gozando los guan- 
ches de una absoluta paz, y viviendo tranquilos y pacíficos 
en un suelo tan hermoso, no hiriesen sus viviendas en 
medio del campo bajo las palmeras y las mocaneras. 

I^a causa de este fenómeno correspondía ser estudiada, 
pero para esto será preciso repnir datos que voy acopian- 
do: entonces quizas le escriba otra carta. 

Tiempo es ya de poner fin á esta epístola, que ha sida 
mas larga de lo que creyera, pero en ella vera que le ha 
conducido á los antros de esta tierra y que en ellos y 
sobre su pintoresca superficie le ha repetido las demostra- 
ciones de una amistad sincera su invariable amigo. 

M. N. 

P. D. Después de escrita esta caHa hé obtenido noticias in- 
teresantes sobre las lápidas de Belmeco, que debo á la fina 
amistad del Sr. D. José Fierro, yerno del Sr. Marques de 
Guisla. 

Me han enviado estos Sres. unos dibujos de ^las lápi~ 



—155- 

das, que no me es dalile publicar ahora» pero sí lo haré 
denlas notas que las acompañan que son las siguientes. 

«Las dos lápidas fueron halladas en 1752 por el Go- 
bernador Militar D. Domingo Vandewaile del orden de Ca- 
latrava, que pasó al lugar de Mazo con el escribano D. San- 
tiago Albertos á reconocer un muerto deriscado cerca de 
la cueva de Belmaco.» 

La Lapida n/ 1/ tiene cuatro varas de largo y tres de 
ancho, y la del número 2/ una vara y tres cuartas de lar- 
go y vara y cuarta de ancho. Los caracteres que contienen 
lodos guardan la figura que manifiestan, con la advertencia 
de que en la figura del merlion.' 1.*. se halla desmorona- 
da en aquella parte. Cuando llegó á esta isla el sabio Obis- 
f)0 D. Antonio Tavira y Almazan, le dio D. José Vandewa- 
le copia de estas dos' lápidas, y examinadas por dicho prela- 
do en 6 de /gostodo 1794, le manifestó queerap descono- 
cidos estos caracteres de las lenguas de las naciones cultas, 
y que el P. Chorcheill en su obra de las memorias antiguas 
que de todas las naéiones habia publicado, presentaría es- 
tas, si hubieran llegado á su noticia.** 

«Otro opina que siendo el principal timbre deloschinosun 
burgado ó caracol que usan en sus banderas y pabellones, aca- 
so pudieran ser chinos aquellos que trabajaron las lápidas de- 
jando para memoria grabadas las armas de su nación y orijen" 

Es copia de un ejemplar de estas lápidas, que se halla 
al folio 388 del protocolo 41 de la casa del Sr. Coronel D. 
Luis de Vandewaile Marques deGuisla Guiselín. 

Santa Ciuz de la Palma 8 de Octubre de 1858. 

Me dicen también que preguntaron al ultimo beneficia- 
do, que estuvo en Ma/o por dicha cueva, y que este espre- 
só que fué de intento á examinar lo que tuviese de parti- 
cular y que no halló nadaque mereciese la atención: mani- 
fiestan la estrañeza de que se dibujase lo que no habia, y 
sobre todo de una manera tan estrasrdinaria y con caracte- 
res que no podrían ser invención, y me prometen hacer nue- 
vas investigaciones. 

Aun cuando ahora no se encuentren ya esas lápidas, 
no podría suponerse racionalmente, que no existiesen cuan- 
do se hicieron los dibujos. ¿A que fin esa ficción? ¿Que fruto 
podía sacarse de ella? /^No es probable, caso de no encontrarse 
ahora, que se destrozaron como tantas otras cosas que de- 
bieran conservarse? ¿Por ventura no hemos visto en nuestra 



— J56— 

época actos de vandalismo en medio de una sociedad cu)* 
ta? No es de admirar^ que de una cueva abierta se arranca^ 
sen las lápidas, si á alguno le convenían para reforzar una 
pared. 

Si algo descubro, Y. lo sabrá: el fac-similelo coDservgi, 

Se repite su afectÍsimo.-El mismo. 

Carta 17, 

Santa Cruz de Tenerife 1 de Junio de 1858. 

Sr. D. Juaquin José Cervino. 

Álbum de laOrolava: recopilación de las alabanzas quede 
ella y del valle de Taoro hicieron diferentes autores ¡f viajeros. 

Mi querido amigo: mi cariño hacia Y. me ha puesta en 
un compromiso terrible. En mala hora solté la especie dé 
formar un álbum del Yalle de Taoro y de la Orotava. Yo creí 
que V. tan solo recojeria esta palabra y exijiria su cumpli • 
miento: sin embargo no ha sido asi, sino que varias damas 
que me honran con la lectura de mis cartas, y que las tie- 
nen en sus gabinetes y algunas veces entre los frascos de 
la olorosa pomada y del IHacasar examinándo'as apenas llegan 
á sus manos,y aún en los momentos en que permiten que las 
manos de sus doncellas se consogren á su tocado, son las 
que se han constituido en agentes y solicitadoras del valle 
de la Orotava. Se han dírijido al impresor por medio de ter- 
ceras personas, preguntando cuando salia el Album\ y tam- 
bién yo bé sido indirectamente compromelido al cumpli- 
miento de la promesa. 

Preciso será pues complacer á las bellas, y aunqui¿ 
yo me halle en el otoño de la vida, no quiero renunciara! 
premio de que se diga que soy complaciente y galante. 

Por lo demás yo creo que tienen razón en esta exijen- 
cia. Y á la verdad ¿no debe ser una cosa agradable reunir 
las descripciones que de este val te han hecho los dife- 
rentes viajeros? Si nos complacemos de ver pintada una her- 
mosura por diversos pinceles ¿porque no hemos de com- 
placernos de ver retratado por viajeros de diferentes na- 
ciones el valle déla Orotava? El francés, el alemán y el in- 
gles; todos los que lo visitan le han dirijido algún cum- 



— 1S7— 

piído. No dirán sino que siendo allí la naturaleza tan co- 
queta, todos los que se acercan/aunque sean senos le han 
obsequiado con alguna flor. Vamos, pues, á reunirías y á for- 
mar un ramillete, que yo dedico á las bellas de la isla de Tene- 
rife, y á cuantas aunque sean de otros países formen el proyec- 
to ó cuando menos la intención de visitar este valle ó de verle 
litografíado, y que confiesen las galas y hermosura con que 
lo ha dotado la naturaleza. Me tiene Y. h:cho un paladín 
de su belleza: Y. verá que tengo razón, apenas oiga el tes- 
timonio de los viajeros. 

Principiemos nuestra obra y vayamos á rccojer la pri- 
mera flor en un escritor canario, escritor grave y nada li- 
sonjero, antes bien notado por su severidad. 

En manos mas auto-fizadas no podíamos colocar el pen- 
dón, que debe servir de guia á esta procesión laudatoria. 

El insigne canónigo de las Palmas é historiador Vicfa 
Clavijo, al hablar déla villa de la Orotava decia '^Yace á 
la falda del monte de donde se levanta el Teide casia tres 
leguas de su cima bajando de Sur á Norte, y recostada so- 
bre un terreno desigual. Domina sobre el valle mas rico, 
fnas ameno y mas delicioso del mundo. Se cree que no hay 
legua y media de tierra que pr eduzca ni va'ga tanto. Es de 
figura de herradura, plantado de viJes, entretejidas de los 
mas bellos árboles frutales. Al 5ur. el monte verde, el 
bosque, las cumbres y el Pico con su alta cordillera nevada 
muchos meses. Al norte el mar distante media legua, en 
cjyo puerto entran y salen los navios mercantes, pescan 
las barcas y ofreced Océano cada dia e^p ciáculos nuevos* 
A todos lados viñas levantadas del suelo con horquillas, 
huertas, jardines, árboles, casas de campo, quintas, her- 
mitas, bodegas, montañas, costas; los lugares del Puerto 
de la Cruz, Realejos y aun en los dias claros la isla de la 
JPalma, como en perspectiva. Temple benigno y muy sano: 
jamás nieva, nevando muy copiosamente á un cuarto de le- 
gua. El soplo de la brisa entolda su cielo; pero esto hace 
que el sol no arrebate el precioso fruto de las viñas: sin 
embargo los vientos meridionales suelen ser muy impe- 
tuosos. Atraviesa toda la villa una acequia de agua muy 
caudalosa, aue baja de la cumbre de Aguamansa, riega 
las grandes huertas de la Florida y los Sauces, mueve 7 
ú 8 molinos, y recocida después en dos estanques se repar^ 
te al riego de las vinas, 



—158— 

Mr.Bory de St. Vincent en s\x. Ensayo sobre las Islas 
afortunadas decía «Tanto como la parte de Santa Cruz, yen 
general la costa oriental de Tenerife es árida, la parte sep-. 
tentrional y occidental es encantadora. Montañas altas, cu- 
biertas siempre de nubes, que son enviadas á las llanuras 
convertidas en manantiales abundantes forman el fondo del 
cuadro: estas montañas se aplanan á las inmediaciones del 
mar tomándola figura de risueñas colinas cubiertas de una 
vegetación vigorosa, que oculta las rocas cuya superficie 
no puede suírir. Un cielo puro y sereno; vientos frescos 
que templan los ardores del estío; dias casi iguales; flores 
en todas las estaciones; la verdura, de la que nunca se 
despojan los árboles, forman un conjunto que no se encuen- 
tra en parte alguna: la primavera y el otoño, parecen las 
únicas estaciones que reinan en las cercanias de la Orota- 
va. La palma, las higueras, la vid, el almendro, el melo- 
cotonero, los agaves, el bananero, el drago y el anón son 
los principales vegetales de esta venturosa comarca, en que 
la América, el África y la Europa se reúnen por medio 
de sus producciones.» 

Que tal, amigo mió ¿Puede darse una pintura mas fres- 
ca ? Un entusiasmo mas ferviente? Espere V.: tenga un po- 
co de paciencia y todavía oirá nuevas alabanzas. 

Andrés Ledru uno de los naturalistas de la espedicion 
francesa de 1796 decia. «La villa de la Orotava elevada 318 
metros sobre el nivel del Océano, está situada á una le- 
gua del Puerto y á 6 de la Laguns; después de decir que 
cada uno está solo en su casa y que las mugeres no salen 
(1) añade;» sin embargo la naturaleza le ha sido muy favo- 
rable, pues no existe sobre el globo clima mas hermoso, 
ni temperatura mas dulce» Todas las casas, edificadas en 
anfiteatro sobre un terreno inclinado, gozan de una pers- 
pectiva encantadora y dominan una llanura fértil, cubierta 
de viñas y jardines, estendiéndose la vista al N. O. sobre 



(1) né copiado adrede estas palabras, hijas de la manta de 
ios estrangeros que pretenden que cuando ellos llegan á una 
población^ se han de presentar las damas á pasar revista de 
comisario, y si escribiendo sin ver las bellezas de la Orotava 
habló asi ¿\}ue no hubiera dicho si las hubiese visto? Su testi- 
monio es por esto de mayor precio. . * 



—159-- 

las hermosas casas del Puerto y sobre el Océano que ba- 
te sin cesar la cosía con un ruido que algunas veces pare- 
ce el de los cañones. Al S. E. una cadena de alias mon- 
tañas cubiertas de bosques termina el horizonte. Al S. O. 
el Pico, distante apenas cuatro leguas, eleva su cabeza cu- 
bierta de nieves y presenta sucesivamente diferentes fenóme- 
nos: tan pronto la oima brilla con una luz argentada, mien- 
tras que el resto de la llanura está velado por las nubes; 
tan pronto está cubierta de espesas nieblas que se elevan, 
descienden y se cruzan según la dirección de los vientos, 
at paso que esta misma llanura goza de un aire sereno. Una 
agua pura que baja de las montañas, y es conducida por 
un acueducto de piedra, riega las principales calles de la 
Orota va. Esta agua pone en movimiento muchos molinos 
y se dirige en seguida p^r un conducto de madera al Jar- 
din botánico establecido en el Durasno. Conozco, dice 
el mismo Le Drií, muchos sitios hermosos de la Francia 
y las costas meridionales de Inglaterra: hé recorrido las 
orillas del Rin, la Bélgica y la Holanda: hé vivido duran^ 
te un año sobre el suelo favorecido de las Antillas; pero 
si me fuese preciso abandonar la tierra en que hé naci- 
do y buscar otra patria, en las Afortunadas y sobre todo 
en la Orotava seria donde fuese á terminar mi carrera.» 

Puede decirse mas? En LeDru, que cómo francés amaba 
á su patria; á la hermosa Francia^ á la t;ulta Francia, 
vemos esa pasión repentina al valle de Taoro^ sin embar- 
go de que en su silenciosa capital su vista no pudo atra* 
vesar las celosías de las ventanas y balcones, ni esperi- 
mentar el agradable trato de las orotavenses. Pero siga- 
mos por orden de fechas recogiendo otros testimonios. 

Mr. Berthelot en sus Misceláneas también habla de la 
Orotava. ¿Como podia olvidar este hermoso cuadro de la 
naturaleza el que bajó sus ojos hasta la mas humilde plan- 
ta y examinó los trozos de lava y escoria? «La Orotava, 
' dice, es el mas hermoso valle; mi residencia favorita, el 
Jempe de las Canarias, una de las mejores estacas que hé 
plantado en mi camino, un fresco oasis en medio delOc- 
céano. La Orotava no se parece á nada de lo que en otras 
partes se admira: es la tierra privilegiada; un tipo aparte; un 
paisage que no ha reproducido la naturaleza. Aspecto, 
suelo, clima, todo es especial: y solo á la imaginación de 
un poeta era dado dibujar sus bellezas como en ensue* 



-I Bo- 



nos. 



Aure frescbe mai sempre ed odorate, 

Yispirnn con tenor stabileccerto; 

Ne i fíati lor, 8i comme altrove suole. 

Sopisce ó desla ¡vi girando il solé. 

Né come altrove suot, ghiacci et ardori 

Nubi e serení a quelle piagge alterna: 

Ma il ciel di candidisismi splendori 

Sempre s'ammanta, e non s'infiamma overna; 

E nutre ai prati 1* erba, all'erb^ i fíori, 

Ai lior l'dor. I'ombra alie piante eterna. 

(1) 
Es una temeridad que yo trate de traducir los versos 

del Taso, cuando los ba traducido con tanta elegancia el ilus- 
tre y distinguido literato y General Sr. Pezuela. ?Pero los 
héde dejar en italiano, cuando no tengo la traducción in- 
dicada? ¿Me limitaré á la jprosa cuando el valle de la Oro- 
tava es poético? Me lanzo a traducirlos, pidiendo disimulo 
á V. .que es poeta y á mis lectores y lectoras; si V. hu- 
biera estado mas cerca, me bubiese sacado del apuro. Ya 
mi traducción. 

En el recinto de este hermoso valle 
No soplan nunca el ábrego ni el noto. 
Sino brisas balsámicas y frescas, 
Que el Sol no altera en su variado curso. 
Ni el estival ardor, ni el duro hielo 
Alternan sus rigores en Taoro. 
Un cielo puro con brillantes nubes 
Cubre como un dosel su verde alfombra. 
Dando vida á la yerba y á las flores, 
Y con su sombra plácida eterniza 
El verdor de las plantas y su aroma. 

«El color del cielo, los efectos de la luz, la Iranspi* 
rencia del aire, el desarrollo de la perspectiva, el aspecto 
do la vegetación, el contraste de las formas, en una pa- 
labra todas las apariencias esteriores son los elementos 



(1 ) Octavas 53 y 54 del Canto í^ de la Jeru salen liberíada' 



—161— 

que determinan el conjunto de este paisaje y la inf)pres¡on 
que produce. Un viagero célebre ha hecho un estudio par- 
ticular de estos caracteres locales que los pintores acos- 
tumbiaa á designar con las espresiones de naturaleza sui- 
za, cielo de Italia, lo que se podria llamar fisonomía de las 
regiones. Aludo en estas palabras á Humboldt, que pagó 
antes que yó un tributo de admiración á la Orotava. «Al 
bajar at valle, dice, se entra en un pais delicioso, (I) del 
que los viageros de todas la naciones hablan con entusias- 
mo. He hallado bajo la zona tórrida parajes en que la na- 
turaleza es mas magestuosa, mas rica en el desenvolvi- 
miento de las formas orgánicas: pero después de haber 
recorrido las orillas del Orinoco, las cordilleras del Perú 
y los hermosos valles de Méjico, confieso no haber visto 
en parte alguna un cuadro mas variado, de mas atracti- 
vos, mas hermoso por la distribución de las masas de ver- 
dura y de las rocas.» 

Estos hermosos lugares, continúa Berthelot son siem- 
pre dgnos de su reputación: desde las orillas del mar has- 
ta la cima del Pico, las diferentes regiones de las montañas 
forman un anfiteatro de los mas variados. En la parte baja, 
el puerto y sus costas azotadas, los negros montones de 
escorias, los torrentes de lava, los formidables escarpes 
de la costa brava y en medio de estas rocas agrupadas las 
blancas casitas y los trozos ó retazos de vejetacion. En la 
parte superior se ven pintorescas laderas y agradables bos- 
quecíllos: mas arriba bosques perpetuamente verdes, nubes 
flotantes que alfombran las colinas: mas allá crestas som- 
brías, amenazadoras, áridas, descarnadas que se empalman 
en el azul de los cielos. La villa de la Orotava está recos- 
tada sobre el declive del valle: su aspecto tiene algo de 
campestreque no se encuentra en nuestras ciudades de Eu- 
ropa: es el verdadero rus in urbe de Horacio; la campiña 
se introduce en medio de las calles, se puede gozar de e- 
11a al salir. Todas las casas tienen su huerto, su jardin, 
su troje, y cada uno vive de lo qutj recoge sobre un suelo 
prodigo de bienes. Allí no se nota el tumulto y batahola 
de las ciudades, pero en cambio se oye el susurro de un 



(1) Viage á las regiones equinocialcs del nuevo continente 
Imo \: pag. 236. 

21 



—162— 

arroyo de agua viva y límpida que corre delante de la puer- 
ta y cuyo murmullo invita al reposo: no se ven las esqui- 
nas empapeladas con anuncios; nada de muestras para a- 
traer á los compradores. 

Vea V. amigo mió, recopilados los principales piropos 
que han dirigido al valle de la Orotava los viageros demás 
cuenta. Si yo hubiese de recoger todo loque se ha dicho, 
no hubiera formado un ramillete, sino un árbol de verdu- 
ra, y esto sería una pesadez. El ramo debe ser ligero, debe 
poder agitarse entre los dedos, como el abanico, y no ten- 
dría esta cualidad convertido en una pirámide. Quiero que 
las damas que me lean no se fatigen, fuera de que las pin- 
turas de esos hombres célebres valen tanto como los dichos 
de muchos: que se admire del valle de la Orotava el que 
no ha visto mas que su aldea, ó un horizonte reducido na* 
da tiene de particular, pero que se asombre el que ha re- 
corrido el universo, merece seguramente la atención. V. 
ha debido ver la pintura que hice, y que este espectáculo 
inesperado arrancó de mi pluma, acostumbrada al estila 
forense, frases que se deben á la grandeza del objeto y 
no á mi. Con tan dulces perfumes me voy, amigo mío, i 
dormir: quizás sueñe en la Orotava. Ojalá amanecrésemos 
allí los dos: su imaginación poética se acaloraría y pul- 
sando su lira improvisaría V. una oda. Aunque su hermo- 
so estilo y sus conceptos hiciesen desmerecer el mío., me 
alegrara por ver cantada, cual se merece, esta maravilla 
de la naturaleza en la que el hombre se rejuvenece. Si allí 
pudiese tener á mi esposa, á mis hijos y á mis amigos^ se crys- 
ria en los campos elíseos su afectísimo 

M. N. 

Carta 18. 

Santa Cruz de Tenerife i de Junio de 1858. 

iSr. D. Alvaro Ñongues de Torrcmilano, 

úima de las Islas Canarias. Vientos que dominan. Nalu-- 
r&lesa del terreno. 

Mi querido hijo: tu carta me ha llenado de satisfacción; 



—163 

siempre esperimenta un padre placer en recibir cartas de 
sus hijos; pero recibirlas llenas de consejos para que con- 
serve mi salud y encargándome precauciones parece que 
debe producir un doble consuelo. 

Con efecto, tú que has recibido de mi la vida, quieres 
corresponderme indicándome los medios de conservar la 
mia. Tu cariño se ha alarmado al verme solo, distante 
de los mios; y como has habitado en paises cálidos y re- 
motos, no hay precaución que no me encargues, ni adver- 
tencia que no creas del caso hacerme. No me estraña en 
tu afecto tan tierna solicitud, que agradezco en el alma, por 
que los padres siempre pagamos con usura las demostra- 
xiones cariñosas de nuestros hijos. 

Mi deber es ahora tranquilizarte; el clima de este país 
es suavísimo y por este concepto cuadra á estas islas el 
nombre de afortunadas: aún añadiréque el clima es delicio- 
80* que quizás sea el mejor del mundo y que si el arte hubiera 
unido sus primores á la naturaleza, ó mejor dicho, si es- 
ta hubiera sido secundada algún tanto ó en la debida pro- 
porciQn de sus recursos, estas islas serían verdaderamente 
la mansión de los campos elíseos. Tal debe reputarse un 
' país en que no hace smo ciertos días un color escesivo, y 
donde el invierno no es mas que una prolongada prima- 
vera. Hé oido á varios peninsulares que las noches de in- 
vierno son las mas deleitosas: el cielo diáfano y libre de 
Ta|;K)res, la temperatura dulce y las estrellas con 
un brillo centellante, ofrecen un espectáculo que es lícito 
contemplar sin pehgro y sin temor á los dardos de una 
palmonia. . /^ 

Voy á darte noticias mas concretas: en esta materia no 
cabe ser original: me apoyaré en la autoridad de otros, 
pues contando tan solo unos meses de permanencia no pue- 
do hablar de hecho propio. Estas islas, dice Bandini (1), 
se hallan situadas en el Occéano atlántico entre los 28 y 29 
grados de latitud septentrional y 16 de longitud, por lo 
que su clima es muy templado y benigno, y todas las esta- 
ciones guardan cierta regularidad que hace muy agrada- 
ble y sana su morada. 

«Los mas rigorosos inviernos no impiden que se vean 



(1) íom, 1.* pág. 19. 



—164— 

adornados de rosas muy fragantes los campos y de varie- 
dad de florestas casas: desconociéndose en este suelo afor^ 
tunado hasta el nombre de invernáculo, de estufa y de 
chimenea para calentarse, pues según observación cons- 
tante de muchos años ni aún en los inviernos mas rudos 
ha bajado nunca de 60 grados el termómetro de Jarhenhút. 
Deben esceptuarse no obstante algunos parages de cumbre 
donde el frío es mas intenso y llega á helarse el agua.» 

«La nieve solamente cubre el elevado Pico de leneri- 
fe con las altas cordilleras en que estaba, las sierras déla 
Palma y no todos los años las de Canana, no habiendo vis* 
to jamás semejante fenómeno en las otras islas restan- 
tes.» 

«Los vientos que reinan con mas frecuencia en esta es- 
tación suelen ser acompañados por lo regular de lluvias 
copiosas que en algunos años han llegado á causar tal cual 
estrago, arrastrando al mar, con las avenidas, no solo las tier- 
ras de los pudientes sino también las resesy los árboles.» 
«En todo el año soplan las brisas con tanta constancia 
que bien se puede asegurar ser estos los vientos dominan- 
tes en las dos terceras partes de él: pero mas seguramente 
en los meses de Mayo, Junio, Julio y parte de Agosto: ea 
Noviembre se hacen sentir los £: en Diciembre y Enero 
los S., los SO. y los O S O. en Febrero. Marzo y Abril 
los O N O, los N O y los NN O: en parle de Agosto, Setiem- 
bre y Octubre bonanzas y vientos del 2.' y 3.' cuadrante. (1) 
«En la primavera por la inmediación á las costas de 
África (que distan de 20 á 80 leguas siendo Tuineje en Fuer* 
teventura el puesto mas cercano) son muy frecuentes las 
brisas que cargan la atmósfera de nubes densas y hacen 
los dias algo opacos, pero suelen soltar comunmente opor- 
tunas lluvias que aseguran las cosechas, fertilizan loscam- 



(1) Para mayor claridad diré que las brisas son los vientos 
del Nordeste contrapuestos al vendabal ó sudoeste: que 
cuadrante es lo que vulgarmente se llama rosa náutica, esto 
es, un circulo dividido en cuatro partes con arreglo á los 
cuatro puntos ardiñales Orimíe, Poniente, Norte y Mediodía; 
en la náutica E. O. N y S. Los vientos intermedios sedeño- 
minanpor la inmediación del punto b. g. iV. E, S. O. El l#r. 
cuadrante es el de Norte, el %,'elde £. etc. 



—165— 

pos y templan de algún modo los ardores de la estación, 
pues duran por lo regular hasta mediados de Agosto.» 

«El mar que rodea estas pequeñas islas y lo montuoso 
de su terreno (esceptuadas Lanzarote y Fuerteventura que 
son llanas) hacen que los calores de estío no fatiguen en 
demasiay que no se vean agostadas las plantas por los fre- 
cuentes S E. ó levantes (l)con que nos regala el árido con- 
tinente africano: no obstante ha sido á veces tan vehemen- 
te el calor con estos vientos que su soplo ha fatigado sobre 
manera, y-héchose insufrible á todo viviente.** (2) 



VERTIENTES DEL NORTE. 

Puntoso Tempe- 

ErocAS. situaciones Altura, ratura. Circunstancias 



Junio, Puerto de Pies O 
la Orotava. 



20 ' Brisas frescas al N. 
E. casi constantes 



Junio. Laguna 1722 18 * 



Proximidad á sel- 
vas, tierras cultiva 
das, nieblas, escar- 
chas. 



(1) Este es el que Mr. Berthelot califica con el nombre del 
Hrmatan del desierto. Ninguno lo describe mejor que él: des- 
de que se manifiesta, dice, el aire se carga de emanaciones cá- 
lidas^ empaña el resplandor del sol, oscurece el dia y no 
deja percibir el horizonte sino al través de opacas tintas\ tan 
desastroso viento incomoda á todos los seres, impone silen- 
cio al canto de las aves, sécala tierra, quema las plantas y 
entristece á la naturaleza entera: se le teme en casi todos los 
paises: y el terrible Her matan en la Senegalia, el Siroco de 
los Italianos, el Simoun de Egipto y el Levante en todo el lito- 
ral del Mediterráneo: Sur se le llama en Tenerife: pero los 
habitantes de las montañas lo designan con tiempo de abajo. 

(2) En la carta sobre las efemérides canarias se hará men- 
ción de los años de mas calor. 



166- 



Jtinio. Taganana. 8600 14* 



Sbre. Aguamanea 3821 14* 



Cercan ia'á bosques 
tierras cultivadas, 
riegos, brisas fres- 
cas, escarchas. 

Bosques, débiles 
brisas del N., escar- 
chas. 



VERTIENTES DEL SUR. 



Puntoso Tempe- 

Epocas. situaciones Altura, ratura. Circunstancias. 



Junio Puerto de los Pies O 25 á 27 Calma ó viento del 
Cristianos. Sud. 



Junio. 



Juni» 



Sbrc. 



Guia 



Valle de 
íiantiago. 



Vilma 



1715 



24* 



2600 IS á 20 * 



3800 18á20 



Atmósfera casi si- 
empre sin nubes, 
pais volcánico: en- 
forbos (cardones) 
nopales. 

Atmósfera común* 
mente sin nubes, 
terrenos volcáni- 
cos, mezcla <le los 
vegetales de las 
bases con los de 
las altas regiones. 

Atmósfera sin nu- 
bes, seguedad ab- 
soluta, vegetación 
esparcida, plantas 
de la alta región^ 



—167— 

Según esta descripción solo el viento del desierto es el 
que viene algunas veces á marchitar las flores de estejar- 
din, á agostar su verdura y á agoviar la respiración de los 
habitantes: fuera de este caso, las islas son como unos pen- 
siles que el Criador ha colgado sobre las aguas del occéano 
para que sirvan de consuelo á la humanidad y de recreo á 
los navegantes. 

El clima queda descrito, hijo «mió. aun que invocando 
testimonios ajenos, pues yo no hé visto todas las vicisitudes 
del año: corresponde ahora que manifieste cual es la com- 
posición del terreno y otra vez tendré que recurrir á Ban- 
dín! (1). La calidad del suelo cuestas islas es por lo gene- 
ral como sigue. En Tenerife, desde Güimar hasta el pueblo 
del Rio, el terreno cultivable es una descomposición de pie- 
dra pomen, que aquí llaman piedra de tosca y abunda mu- 
cho en cilice (2) toda el demás terreno cultivado y culti- 
vable de las islas es de composición de arenas, escorias 
y lavas basálticas dominando por consiguiente en él la ca- 
lidad arcillosa." 

'igual á este es el de Canaria, Palma y Hierro: y en el 
de la Gomera es mucho mas abundante la arcilla.'* 

El de Lanzarote es mas vacio y forma tres especies cul- 
tivables muy diferentes: á saber: ell/ el de la escoria y 
arena fresca vomitada por los volcanes de 1730, inútil para 
el cultivo, por que el labrador tiene que formar hojos muy 
profundos hasta dar con el suelo anterior al volcan, que es 
idéntico al general de Tenerife, Canaria y Hierro, y el 



(1) Tomo i: p.' 26 

(2) La tosca es estremadamente ligera; su pesantes específica 
no escede de la del agua en los terrenos en que es mas desme- 
nuzable y mas compuesta de pomes: la poca cabecion de su$ 
partes integrantes y la especie de los fragmentos basálticos 
que deben hacer desechar toda idea de ortjen submarino. La 
potencia de sus lechos y su multiplicidad á proporción que nos 
acercamos á la región del Pico, pueden hacer sospechar que 
debe sus formas á las deyecciones fangosas calidas del cráter 
central. Sea cual fuere su origen, siempre es superficial y cu- 
bre los baiahos y lenco^tinos íBerthelot tom, 2.' Geolo ;>/ 
300.y 



—168— 

que forma en el resto déla isla la S/ especie: la 3." es la 
(le arenales calizos idénticos álos de la Isleta de Canaria: 
de estas dos últimas especies es el terreno de Fuertevenlura. 
fin esta y en Lanzarote la capa cultivable de terreno de 
la 2/ especie suele descansar en las vegas hondas y las 
costas sobre bancos ó capas de yeso: de aqui es que en las 
grandes lluvias se mantienen las tierras intermedias húme- 
das por largo tiempo sin* necesidad de otros riegos/' 

Poco á poco hé ido prolongando mi carta, y principia- 
da para dar salida á una emoción afectuosa, se ha ido con- 
virtiendo en una semi-disertacion. Pero tú que conoces mi 
carácter no lo estrañarás: sabes que doquiera que estoy 
examino cuanto me rodea y busco en los libros el medio 
de dar empleo al tiempo, que considero perdido <;uando 
pasa un dia sin aprender una verdad ó adquirir nuevos 
conocimientos. 

Por mi carta formarás idea de este pais tan poco co- 
nocido, y en el que se halle libre de ambición podrá vi- 
vir en una dulce calma, viendo deslizarse tranquilamente 
losdias. Si estuviese á lodos á mi lado, mi vida me ofre- 
cería mas delicias aqui que en ninguna parte; entro el es- 
tudio y la familia dividiría el tiempo. Adiós, hijo mió: dá 
mis afectos á mis primos, y recibe en esta carta un testi- 
monio del invariable cariño de tu padre. 

M. N, 

CiR(A 19. 

Santa Cruz de Tenerife i de Junio de 1S58 

Sr. D. Domingo Vivas. 

iMhre las zonas ó mas bien climas de Tenerife. 

Muy Sr. mió y de mi mayor aprecio: por mi carta ante- 
rior dirigida á un amigo de la Península verá V. que hé 
hablado largamente de la Orotava: todavía voy á hablar 
más. y busco én V. un sujeto resignado que me escuche: 
no quiero perder los estudios que hé hecho ni que se me 
trastornen las apuntaciones acopiadas y que principié á co- 
ordinar en algún modo en la posada del Sauzal. 



—169— 

Hasta ahora al hablar de esa villa hé cedido á los 
encantos de la belleza del pais: hé espHcado las gracias 
del terreno, no «^u cualidad fruia: su aspecto esterior» no 
su esencia intima: su hermosura y no las circunstancias 
que dan materias á observaciones científicas. La imagina- 
ción no podía menos de interesarse en cuadros tan risue- 
ños: era justo soltarle la rienda y permitirle un escape, 
pero después recojído el freno vamos á examinar cienti- 
ficamente las cosas. Seria temeridad que pretendiese dar 
lecciones en asunto que por no ser de mi facultad no 
me es dable profundizar. Sería ridículo que yo me echa- 
se á naturalista ó botánico: lo que puedo hacer es elejir 
lo mejor de los trabajos que hé visto y presentarlo á la 
consideración de V.y demás de mis lectores. Siempre hay 
mérito en eligir: la elección prueba investigaciones y estu- 
dio. Si me dirijo á Y. en esta carta no es solo por afecto, 
media cierto interés y aún egoísmo: es para obtener des- 
pues aclaraciones sobre este punto y rectificaciones quo pue- 
dan serme útiles y aprovechar á otros. 

Constante en mi propósito de presentar compendiado 
lo que brevemente pueda esplicarse, voy á hablarle de una 
de las diferentes zonas que ofrece la isla de Tenerife, no 
para enseñarle, sino para que me diga Y. si hé utilizado 
mi viagé y hé dado con la verdad. Este trabajo tan curio- 
so equivale á largas esplicaciones, es un co^npendío de 
geografía botánica y es igualmente una descripción del 
terreno y de sus cualidades. Desde el puerto de la Orota- 
va hasta el Pico se encuentran todas estas temperaturas, 
así que me ha parecido traer esta esplicacion en la parte 
relativa á una villa de territorio tan privilegiado. 

D. Manuel Ossuna (siguiendo á Humboldt) al fin de su 
viage al Pico de Teide, como Y. sabe, trae una tabla com- 
prensiva de seis zonas: la 1.' se apellida de las viñas y su 
estension la marca desde la orilla del mar hasta 400 toe- 
sas de altura: la 2/ denominada de los laureles, pretende 
que se estiende desde 400 hasta 900 toesas: la 3.* á que dá 
el nombre de los Pinos, dice que abraza desde 900 á 1500: 
la 4.' la de las Retamas, de 1500 toesas hasta 1600: la o.' la 
de las Gramíneas, desde 1600 hasta 1800: y finalmente la 
6/ que recibe el título de la de las Nieves, desde 1800 has- 
ta 1905 que pretende ser la altura del Pico. 

Fija la temperatura media por el termómetro centígra- 

22 



—no- 
do, en 21 grados en la 1.': en 15 en la i.': en 12 en la 
3.": en 8 en la 4.*: en 6 en la 5.': y en 4 en la 6.': seña 
lando á cada zona los animales y vegetales que viven e 
suestension y los minerales que se hallan también en ella. 

Confieso que al pronto me chocó semejante distribución 
y que creí haber hecho un hallazgo con haber encontrado 
esta tabla que pensaba trasladar original á mis cartas, 
pero luego me puse á meditar y consideré muy difícil que 
la naturaleza hubiese establecido esas fajas de producción 
fija y determinada encerrándola en líneas paralelas: consi- 
deré que hasta en los colores se notaban gradaciones, y no 
habia mas que volver los ojos al arco iris para convencer- 
se de esta verdad. ¿Como es posible de consiguiente aae co- 
mo con un cuchillo se haya de considerar dividido el 
terreno? Enhorabuena que haya diversas temperaturas 
desde la orilla del mar hasta el Pico de Teide, que la esce- 
na de la panlatinante viéndose algunas plantas raquíticas 
fuera de su zona hasta llegar á la en que ostenta su l<KEa- 
nia vejetacion vaya cambiando; pero no es posible esos lí- 
mites impenetrables á la producción de las plantas y los a- 
nimales. 

Desconfiaba de mis raciocinios por queno presumo 
de inteligente en estas materias, pero me confiímé en su 
exactitud cuando leí la obra de los Sres. ^eb y Bertbelot 
En el tom. 3.* que trata de la Geografia botánica hallé el 
capítulo 2.' página 35 que versa sobre la distribución phy- 
tostatíca (1.) y vi que establece tres climas. 1/ inferior; 
en la esposicion del norte coloca sus límites (página 56) 
desde el nivel del mar hasta 1500 pies sobre él. En la del 
sud-este. desde el nivel del mar hasta 2500 pies sobre 
él y aun mas altura según las localidades v. gr. en el 
valle de Santiago. El 2/ clima ó sea el intermedio; «n 
Ja esposicion del Norte son sus limites desde 1500 pies de 
altura hasta mas de 5000. Y en la del Sud-este desde 2500 
piés hasta 4,000 y algunas veces menos según las loca- 
lidades. 

3*^ clima ó clima superior; en este la distribución fitos- 
lática no se halla modificada por la esposicion: las nu- 



(1) Palabra derivada del griego que significa simacton ó co- 
locación de las plantas- 



— 171-- 

bes quedan estacionadas regularmente debajo de esta zo- 
na y las brisas del mar ejercen muy poco influjo. Sus • 
límites son desde 4000 pies por el lado del Sudy5000por 
el del Norte, hasta la cima del Pico ó sea 11,424 pies. 

La temperatura de estos climas según el mismo Berthe- 
lot es la siguiente. El 1er. clima esposicion del Norte 
la temperatura es caliente. El máximum del calor sobre la 
eosta al nivel del mar 30" el mínimum en los mismos 
puntos 16,1 

En la esposicion del Sud-este la temperatura es muy cá- 
llenle: llega el máximum del calor sobre la costa al nivel 
del mar SS"" 3, el mínimum á 18.° 8. 

En el 2 " clima la temperatura en la esposicion del Nor- 
te es húmeda y difiere de la de la Costa de 2 á 8." En la 
del Sud-este es caliente y seca y difiere según la altura 
d« las estaciones de 3 á 6.". Y la temperatura del 3«^. cli- 
ma ó sea del superior es bastante calientey seca durante el dia 
y fria y algunas veces húmeda durante la noche. La dife- 
rencia de su temperatura de la de la costa según los pun- 
tos es de 9 á 18". 

Seria muy estensa estacarla si descendiésemos siguien- 
<lo á dichos ^mtores, á manifestar los vientos que reinan en 
cada uno de éstos climas, la naturaleza de los terrenos de 
•que se componen y las especies de plantas que crian. Enton- 
ces haríamos qn tratado y no una carta. Estas indicacio- 
nes bastan para abrir el camino á los que quieran pro- 
fundizar la materia: ya les insinuamos las fuentes á don- 
de pueden recurrir. 

Sin embargo pondremos el resumen que hacen los fres. 
Web y Berthelot de todo cuanto espusieron en los diferen- 
tes climas acerca de la distribución fitostática: es como si- 
gue: 

PRIMER CLIMA. 

1 * Región: plantas de las bases. i Cultura en todoslos 
2* Región plantas de los barrancos. ) lugares accesibles. 

SEGUNDO CLIMA. 

3.* Regio.:: laurelesyptas memorables ^Cultura en los espa- 
4.* Uegion bresos y cistos ó jaras. ) cios descuajados 



—172— 
TERCER CLIMA. 



5/ Región Pinos y otras plantas selváticas. \ 
6/ Región Leguniinosas fputescentes. fiérrenos in- 
y otras plantas alpinas. (cultos 



A seguida ponen las siguientes observaciones sobre sus 
límites y dicen: los límites de las primeras regiones lle- 
gan apenas á la altura de dos mil pies por el lado del nor- 
ie, y no pasan de dicha altura, sino en los parajes descua- 
jados: por el contrarío se estienden basta 3000 pies por el 
lado del Sud. 

Los bresos que bordan los bosques de la banda septen- 
trional y los cistos que vienen en pos de los bresos, se a- 
delantan hasta mas de 3000 pies sobre las caldas del norte: 
en el lado opuesto el cistus Monspellicusis y el C Vagtnaíus 
ocupan solo el espacio que abraza el S." clima, pero su fuerza 
espansiva no pasa mas allá de iOOO pies. Esta ob- 
servación solo es aplicable ¿ la parte de la isla de Teneri- 
fe comprendida desde Güimar hasta el Puerto de Santiago: en 
este lado condiciones particulares de existencia determinan la 
presencia de las plantas del lado septentrional, hallándose 
variada la distribución de la vejetacion en estas localidades. 

La región de los pinos no desciende á mas de 49 pies 
por el lado del Norte y sube hasta cerca de 9000 esceptua- 
dos los escarpes volcánicos de Icod en donde descienden bas- 
ta 3000: los pinos solo pueden sufrir la aridez de esta es- 
tension y reproducto en medio de estas sábanas de escoria 
y lava vitrificada. Esta región ocupó a niguamente un gran 
espaci ) sobre las caídas meridionales de Tenerife y aún boy 
dia se estiende de 3000 á 8000 pies. 

Los límites de la 6/ región varían según las localida- 
des: las plantas alpinas están diseminadas en Tenerife 
entre las leguminosas arborescentes de la meseta central: 
en el resto se aislan sobre las rocas mas escarpadas y cada 
isla posee en sus altas cimas especies particulares. 

No hemos pretendido, dicen los Sres Web y Berthelet 
}»resentar en este cuadro sino la repartición bajo este as- 
pecto de l?s especies que se encuentran en grandes ma- 
sas siguiendo una misma línea de I^ pendiente: las re- 
giones que indicamos no son zonas de vegetales sobre- 
puestos siempre con una exacta regularidad los unos so- 



—173— 

bre los otros, sino tan solo grupos parciales y aislados; el 
mapa fitostático que publicamos en el Atlas lámina 3/ 
dará una idea bastante exacta de estos diversos agrupa- 
mientes. 

Todos esos cuadros seductores que han aparecido en 
diferentes épocas con sus zonas de plantas escalonadas so- 
bre las gradas de montañas piramidales pierden mucho 
prestigio cuando se desciende á los pormonores: por que 
mmediatamente se adquiere el conocimiento que la natu- 
raleza no se sujeta siempre á nuestros sistemas, en razón 
de que sus leyes descansan sobré otras bases y con fre- 
cuencia están poco de acuerdo con nuestras teorías. Por 
ejemplo se hallaba establecido como una regla general, que 
á cada ciento de metros bajaba la temperatura cerca de 
medio grado del termómetro de Reaumur, y de aquí se 
<ledujo que cada centenar de metros de elevación vertical 
correspondía á un grado de la distancia de la montaña al 
polo, según lo dice Ramond al tratar de la vegetación de 
ias montañas en el museo de historia natural, tom. 4.* 
Pero en la aplicación que puede hacerse de esta observa- 
ción, debe atenderse á las modificaciones que las circuns- 
tancias locales producen en la temperatura de las diver- 
sas estaciones ó puntos, á las condiciones de existencia 
en que se hallan colocadas las plantas y á esa ley de re- 
partición de los gérmenes, que determinando la esponta- 
neidad de las especies, parece haber elejido con preferen- 
cia ciertas comarcas para su cuna. Estas consideraciones 
que el ilustre Ramond no había desatendido son de la ma- 
yor importancia según los autores citados (1): si se dajase 
de tomarlas en cuenta caeríamos, dicen, en esas falsas ge- 
neralidades, por que desde entonces ya no podría haber "allí 
regiones botánicas y la vegetación de los climas mas opues- 
tos se hallaría reproducida y distribuida como por pisos 
sobre todas las altas montañas del globo. Pero no sucede 



(1) Sea cual fuese el capricho de las causas que han prece- 
dido á la repartición de las especies.», no cate duda en que 
podrían habitar en los mismos lugares, sí la naturaleza hu- 
biese obedecido solamente á las leyes de los climas y si las 
distribuciones no se hubiesen sometido á necesidades, cuyos 
misterios nos es difícil penetrar. [Estado de la vegetación en 
el frío de Mediodía: memorias del museo tom. 13 pag. 223.) 



— 174— 

asi y ya en los Pirineos numerosas escepciones vienen á 
romper las relaciones entre las alturas y las latitudes y 
la teoría deducida de la elevación y de los climas encuen- 
tra menos aplicaciones á medida "que nos acercamos ala 
zona intertropical. El sabio esploradorde Mont-Pedu (mon- 
te perdido) reconoció esta verdad apreciando las causas ca- 
paces de modificar las leyes fitostáticas cuyo conjunto ha- 
bía comprendido su genio; las laderas meridionalrs de 
los Pirineos le ofrecieron muchas veces especies que .no 
viera en las opuestas, y muchas de las que vegetaban á una 
grande elevación, sobre los vertientes septentrionales, so 
presentaron en terrenos mas bajos en las esposiciones 
del Sud. En ese lado las plantas sé encuentran al abrigo 
de los vientos del norte y concurriendo h acción del sol 
á templar el clima, la influencia de la altura viene á ser 
insignificante: por eso dice, debia yo contar con que no en- 
contraría en el mediodía sino la vegetación común de las ele- 
vaciones medias. 

La diferencia de las esposiciones. aumentando ó dismi- 
nuyendo la influencia de las alturas debe contarse entre 
las primeras causas que determinan la presencia ó la au- 
sencia de muchos grupos de planta, ó simplemente de 
ciertas especies en alturas iguales. La posición geográfi- 
ca de las Canarias, la estructura de sus montañas y la si- 
tuación de sus costas, contribuyen masque en otras partes 
á modificar el clima ó á' mudar el carácter de la vege- 
tación. 

En comprobación, añade; cuando después de haber re- 
corrido los verdes bosques que cubren una parte de los 
vertientes del norte de Tenerife, se da vuelta á la isla por 
la punta mas occidental, los bosques de laureles no se en- 
cuentran mas que en el fondo de los estrechos valles com- 
prendidos entre el cabo de Teño y el Puerto de Santiago. 
A medida que avanzamos a la parte meridional varia la 
naturaleza del suelo, el aspecto del cíelo, el carácter de la 
vegetación y todo esto se verifica á consecuencia de la es- 
posicion . 

Después de otras varias observaciones los Sres. Web 
y Berthelot reasumen lo que han dicho sobre las diferen- 
tes estaciones ó colocación de las plantas y sus anomalías 
á las siguientes conclusiones ó puntos: 

1,' Cuando las vertientes de las montañas presentan 



—17o— 

escarpes uniformes y sostenidos por mesetas sobrepues- 
tos los unos á los otros produciendo la diferencia de las 
alturas una mudanza del clima, hacen pasar la vegetación 
por transiciones sucesivas: las plantas se escalonan en~ 
íonces sobre la línea del declive según el descenso pro- 
gresivo de la temperatura. 

2/ Las regiones vegetales que resultan de estas tran- 
siciones de forma, se presentan por grupos distintos su- 
bordinados á las localidades y á las ei^posiciones. 

3/ Diversas circunstancias climatéricas y cualidades 
particulares del terreno se oponen á h furia espansiva 
de las esnecies reunidas en masa ó diseminadas encada 
estación. Los vegetales no se hallan colocados tampoco so- 
lare el declive de las montañas por zonas regulares y gra- 
duales: los límites de una región están sujetas á la es- 
tructora orografía y á otras circunstancias de localidad 
no están pues exactamente circunscritas al derredor de 
una isla, y es muy difícil fijar su demarcación por que do- 
quiera se encuentran en contacto dos regiones, hay mez- 
cla délas especies que forman parte de ellas. 

i.** Los diversos agrupamíentos de plantas varían en 
alturas isotermas sobre cada uno de los vertientes de una 
cadena: estas mudanzas fitostáticas son debidas á la dife- 
rencia de esposicion: entonces los límites de las regiones 
no son los mismos, y planta que se alejaba muy poco del 
litoral sobre las vertientes del norte, puede crecer en la 
parte opuesta hasta una elevación cons\dev^h\ey tice versa. 
No es raro tampoco encontrar en un lado especies que no 
se hablan visto en el otro. 

6.* Finalmente hay plantas que la naturaleza parece 
haber confinado en lugares determinados. Cuando estas 
circunstancias topográficas tienen su origen en valles pro- 
fundos y rodeados de montañas escarpadas, como los de 
la Caldera, Palma y Tirajana, entonces la distribución de 
las plantas no está sometida k las mismas leyes: el estado 
del aire, sus principios, la temperatura de estos recintos 
abrigados vienen á romper las relaciones entre los cli- 
mas y las alturas para prestarse á la reunión de los vege- 
tales de todas las zonas. 

Otras varias observaciones hacen estos autores, entre e- 
llas la de que hay plantas vagabundas que pertenecen á 
tcdos los climas y que se encuentran á 1000 y á mas de 7000 



—1 Te- 
pies de elevación. Yo quisiera saber la opinión sobreestá ma- 
teria. Por mi parte creo haber dicho bastante para refutar 
una opinión que supongo equivocada con la doctrina deau- 
tores respetables. £1 corolario que deduzco de todo es 
que el que llegue á vivir en la Orotava, tiene por necesidad 
que convertirse en naturalista. ¿Como puede ser sordo á los 
encantos de la naturaleza que levanta tan fuertemente su 
voz? Estoy en la firme persuasión que si yo llegase á 
sentar mis reales en aquella villa me convertirla en bo- 
tánico^ y que cambiaría la flora por el digesto, que el examen 
de las llores me haria olvidar el de las leyes: que me de- 
dicaria á la geología y que en vez de examinar las cau- 
sas de la caida de los imperios y analizar sus leyes, preferi- 
ría estudiar el origen de la revolución que han produ- 
cido en estas islas los volcanes y los cataclismos que han 
sufrido. Pero no estamos en este caso; yo después de una 
correrla de pocos dias, vuelvo á la quietud de mi bufete 
ádar vueltas á la ordenanza, á la ley de enjuiciamiento 
y á nuestros códigos, dejando para seres mas felices el es- 
tudio de la naturaleza, en cuyas maravillas vé uno retra- 
tado á Dios. Yo le he visto desde el pié del Teide sobre su 
cima como los hebreos le vieron sobre el Sinaí con el 
pensamiento: uno de los mios fue pensar en mi familia y en 
V. de quien es sincero afmo. y S. S. Q. B. S M. 

M. N, 




—177— 

Cauta 20. 

Santa Cruz de Tenerife 5 de Junio de 18K8. 

Sr. D. Manuel Gantin, mee-presidente del conseja Provin- 
eiúl de Zaragoza, 
i 

Monedas. =^ííistoria de las turbaciones que con motivo de 
ellas hubo en las islas.=Conven¡encia de que se recoja la co- 
. íumnaria. Pesos y medidas. 

Mi apreciable amigo: en vez de escribir á los mios cartas in- 
significantes hé resuelto dirigirles algunas que comprendan 
particularidades sobre este pais. Dedico pues á V. una so- 
bre monedas, p^^os y medidas, sobre cuya refirma sé que ha 
trabajado V.taiito, como alcalde y conn) Consejero provin- 
cial. 

No se figure V., amigo mió, que solo en España estén Vds. 
embrollados y conlündidos con la. diversidad de monedas, 
pesos y medidas: también acfui sufrimos el mismo acha- 
que. El peso, moneda imaginaria de 15 rs. vn. está á la 
orden del dia. De una criada cuyo salario es de 30 rs. vn. 
nó se dice sino que gana dospesos~'y los pesos son la 
unidad favorita de los isleños en todas sus transaciones y 
<jontratos. Ademas tenemos los tostones, medios tostones 
y las fiscas, ó sean pesetas, medias pesetas y realeo colum- 
narios, con cuya moneda el comprador pierde y el vendedor 
gana: se establece el precio de una cosa en una fisca y 
el vendedor con la mayor frescura se queda con 11 cuar- 
tos, por que es regla que nunca deba ceder en su daño 
la fracción. Se entrega por el comprador un Napoleón y el 
vendedor prescindí ;ndo de que no dá el ochavo de un real 
de vellón di tresfiscas y 2 cuartos poruña peseta con lo 
que consigue •retener otro ochavo. Esta operación repetida 
diariamente produce un quebranto continuo á los com- 
pradores, siendo la causa por la cual los vendedores con 
estudio fijan el precio de muchas cosas en una íisca, [)or 
que saben que esta moneda ó unidad les ha de dejnr esas 
ganancias adicionales. Vea V. si con razón clamé en mi 
segunda carta contra esta moneda que ^s un verdadero des- 
cuento del sueldo de los empleados, que sobre no tener au- 
mento como en América se ven sujetos á este menoscabo 

23 



—178— 

« 

dordo y lento, pereque no deja de producir menos ettsul 
haberes. A todo esto se agrega la existencia de otra mo- 
nedaimaginar¡a,que esel i «3al de ptataó de 16 ciiartos^queal 
principio le daba á uno grande-^ chascos, pues setiguraha u- 
no barata una cosa que se vendía á dos reales,, suponién- 
dolos de vellón, y se encontraba al tiempo de- pagar con 
que eran dobles, ó que dos reales eran un franco. Entre 
tanto, aqui que tanto se habla de reales de plata y que un 
franco los representa perfecta y cabalmente, no se admile 
sino con dificultad esta mo leda al paso que corren los 
Napoleones, sin duda por que se apetece la algaravia y la 
confusión perjudicial para unos y favorable para otros. 

Antiguamente babia también otras monedas, v. g. tos 
ducados de plata (1) cuyo valor ahora no podemos pun«- 
tualízar, y los pesos del2S cuartos divididos en 1& rs. ca« 
da uno de los caales tenia 12 cuartos y Ys 

Y que diremos de los reates llamados Vambas? Estos no 
se conocen ya, pero tienen una página muy triste en la 
historia de tas islas. Desde tuego Viera Clavijo no 8ab& 
porque se les daba este nombre, y conjetura si lo recibí* 
rían por haberse acuñado en un lugar que así se llama 
junto á Tordecillas. tomo 3 * libro IS página 41. 
Se daba este nombre á unos rs. que se usaron en la Pe«- 
nínsula durante el reinado de los Reyes Católicos y que 
tenian por sello un haz de flechas y al reverso una co- 
yunda con los nombres de Isabel y de Fernando, 6 sea el 
Lema del Tanta Monta, que esplico estensamentCt como V. 
S9be, en mi Historia del Alcázar de la Aljaferia. También se 
eonocian con este dictado otros reales que mandó batir Carlos- 
S.*, á trueque de trigo, con las arnoas de Gaslilta y León, 



(^\J El Diccionario de la Aeaiemia de 1783 la define a- 
si. Moneda que aunque no la hay efectiva, sirve lu nombre 
para los contratos y comercio, satisfaciéndose en otras es- 
pecies su valor, que es de 375 maravedís de plata y. corres- 
ponden en vellón con variedad conforme al aumenta ó dismi- 
nución que ha tenido la plata en diferentes liempos\pero en 
diciéndose ducados de plata corriente se entienden solo con 
el premio de SO por ciento que es el que se dio por la prag- 
mática de 10 de Febrero de 1680 y vienen á valer á razón* 
de 562 maravedís y medio de vellón . 



—179— 

por el anverso con la orla Carolus et Joanna y por el re- 
verso dos colurnnas coronadas con el lema Plus ultra, y en 
Isí ovia Hi$pmiarumet Indiarum. Ambos er mde plata limpia, 
y se com|>onian de diez cuartos imaginarios. No se lleva- 
baya, diceViera, de España moneda de plata, y aun Li de ve- 
llón no corria« pues para las menudencias ordinarias se 
entendían las gentes con los medios rs. de plata 
que en la Península se dieron por inútiles desde 1/ de 
Enero de 1726 por pragmática de Felipe 5/ y que se lle- 
varon á las islas en bastante porción. Otra especie era 
del cuño que mandó labrar el mismo Felipe en 1707 

A principios del siglo 18 empezaron á aparecer por alK 
algunos realillos contrahechos y sin el peso correspon- 
diente, cuyo milagro^ según Viera, se atribuía á un tratan- 
te holandés que había trasmutado en aquella moneda un 
barril de arenques, pero esta alquimia no había tenido 
resultado hasta 1720, en que se advirtió que los realillos 
de mala ley inundábanlas islas, y asi debía ser porque, 
•como dice Viera, los superiores dorihian y la ganancia era 
segura, pues de una onza de plata sicabari los monede^ 
ros falsos 3S y á veces 40 reab's falsos. Por fin, un comer- 
eiante holandés (1) quitó en 1734 la máscara ál desorden, 
declarando en Sta. Cruz, á unos arrieros del interior de 
Tenerife, que los reales Vambas eran falsos y que semejan- 
te moneda no valia: con esta declaración se alborotaron 
las islas, se cerraron las tiendas, ce^ó la contrafaeion y en 
medio de la al^undanria hubo hambre y necesidad. 

El Maiques de Valhermoso, que era Comandante Ge- 
neral, acordó que toda la moneda corriese basta nueva or- 
den: este bando no era otra cosa que legitimar la fal- 
sificación y ordenar su continuación; y para mayor escán- 
dalo impuesta una multa á una ventera i>orque no admi- 



(1) Yiera no sabia una anécdota que yo sé, ó si la supo no 
no la qmso contar ^ Estos realillos se tnlroducum en toneles 
que se decían ser de tachuelas. Un comerciante del pormenor 
fué al Puerto á comprar un tonel de tachuelas: el monedo 
por equivocación se lo dio de realillos yambos: el tendero 
volvió inmediatamente por otro tonel y el mancebo te dijocon 
gracia y socarronería: de aquellos que \\ se llevó uno uo 
hay mas. 



lia ios reales falsos: el corregidor ro quiso recibirlos, cu- 
ya negativa le colocó en un verdadero ridiculo. 

Al fin, en 7 de julio de 1734^ el cabildo general acordó 
que los vecinos presentasen los rs. y se procediese al re- 
sello de los que fuesen buenos y que los que pareciesen 
de mala ley se emulasen, y que se nombrarse uo tesorero 
en cada lugar, pero no f^ hizo asi smó que en Tenerife 
convocó Valhernioso á Santa Cruz y asistió al acto aoooi- 
panado de un oidor, enviándose á las otras islas el re~ 
sello. £ste consistía en un leondllo camo lenteja prolon- 
gada : al platero se le pagaba el tO p g . £1 resallo era muy 
fácil de contrahacer como que los muchachos sellaban con 
clavos tronchados: volvieron las turbaciones con mayor 
fuerza en 1735: asi que Valfaermuso redobló la guardia qd 
^u castillo y avocó la arlilleria contra Santa Cruz. 

Su sucesor D. Frandsro Empacan, $49, vino sin instruc- 
ciones de la corte sobre nn punto tan interesante, pero á 
los pocos meses de administración en la corte público un 
edicto eu que mandaba que se manifestase en la tesorerúi 
de la Laguna toda la monetla ^amba que uno tuviese: 
que reconocida por plateros á presencia de un regidor y 
de un caballero ciudadano, se cortase la falsa (e^uviese 
ó no resellada) y se volviese la legítima á sus dueños. 
Inútil es|iedient€, añade Viera, el mal había ido cundiendo 
hasta nuestros dias, en que 4a corte acaba de suprimir toda 
la moneda proTti^oial de^Canarias reemplazándola coa la de 
la Península. 

Igual medida debía adoptarse con la columnaria y es 
bien cierto que el comercio y los pailículares ganarían mu- 
cho con esta determinación. 

También aqui se han esperímentado crisis monetaria» 
que han conmovido el país. En 1685, se^o Viera, Libra 
15 página 3S9 dice fue otra fecunda raizde calamidades la 
estrema falta de moneda para el trato, porque los comer- 
ciantes eslrangeros no solo habían estraido ios tostones por- 
tugueses, que corrían en estas islas desde que estuvo uni- 
da esta corona á la de Castilla y que valían i ctiartos 
mas en Portugal, sino también la demás moneda peruler 
ra y del nuevo cuno de pilares. Para el tráfico apenas se 
encontraban algunos reales antiguos VambaSt y esos ialsi- 
ficados en gran parte por los mercaderes. 

No ^go nada de la diversidad de pesos y medidas: s^U] 



teaemos libras sencillas ó forfolinas que solo tienen 16 
onsas y otras para el iH^scado y la carne que spn dobles, 
y aun de 36 onzas en algunas partes v. g« en la Gran Ca- 
naria, como la libra carnicera en Aragón. 

Según Bandini una bota de mosto tiene 1^ tercios, me- 
dia barril del que deben sacarse en limpio 13 tercips. )as 
lias se juntan todas y se queman para aguardiente. 

Una pipa tiene IS tercios: ó sea 10 barriles de á 4$ 
cuartillos; y de consiguiente i80 cuartillos equivalentes HStt 
galones ingleses: cada galón 4 cuartillos. 

Uo tercio 36 cuartillos. 

Un cuartillo... 32 onzas. 

Medio barril 24 cuartillos ó 4 botijas: el .medio barril 
es mas usual que el entero. 

Véase el siguiente cuadro comparativo que pone el Sr. 
Bertbelot y que en algo difiere de lo que dice Bandini. 

CUADRO COMPARATIVO DE PESOS Y MEDIDA^ 

24 granos valen media dracma ó sea un adarme. 
16 adarmes.. una onza. 

PBSos. /16 onzas. una libra. 

25 libras una arrb. 

[i arrb un quintal ó sea 100 libras. 

La carne se vende por lo común por libra doble de 
32 onzas. 

Medidas DK/ Va cuartillo... 15 onzas 6 dracmas y 40 ^anos. 

CAPACIDAD i2 cuartillos Vi dbnud. 

PARA fiiu-< 4 cuartillos.. ..1 almud. 

nosYOTRASf 6 almudes......! costal. 

iiuu:amciasV12 almudes...! fanega. 

Xa de la isla V<^^ 9^^ ^^ de Tenerife. 

del Hierro va v^que fa de la Palma. 

le ^Aque la de la Gomera, Lan- 

DifERENCiA dblaI zaroto Fuerteventura y Ca* 

FAüEGA Kif us\ ñaña. 

ISLAS. 



7*" 

12 



182— 

íl cuartos...,! cuartillo 
Medidas de capacidad para líquidos) 10 cuartillos.l Barril. 

barriles...! Pipa, 
barriles...! Bola. 
La pipa es un tonel con anillos de hierro: la bota es el 
tonel común. 

La pipa contiene !00 galones, cerca de 500 litros; la bo- 
ta 600. 

El cuartillo de vino de Tenerife pesa 15 onzas € dracmas 
iO granos. 

£1 de la isla de Hierro un tercio mas que el de Tenerife 
y doble del de las oirás islas. 

MEPIDASDEESTENSION. 

Vaiía=:33 pulgadas !D líneas, medida inglesa, ó 3 pies de 
Castilla. 

Division=Med¡a, tercia, cuarta, sestay octava: su relación 
con el metro es Oin. 835. 

MEDIDAS DE TIERRAS. 

FANeGADA.=La de Tenerife, 1600 brazas cuadi*ada$ de 
Castilla. 

La de Palma, !200 id. id. 

La del Hierro, 1200 id. de dos varas y media. 

En la Gomera, la fanegada de tierra representa el espa- 
cio en el que se puede sembrar una fanega de grano. 

En Fuerteventura y Lanzarote, la fanegada mide un cua- 
drado de 7 cordeles de 20 varas cada uno. 

Según Bandini, la hraza tiene 13 sesmas y cada sesma 
media tercia. 

V. que es tan observador como inteligente verá esos 
cuadros y se convencerá mas y mas, aun que ya lo estaba, 
de la utilidad de las reformas con que estaba tan de acuer- 
do como su affmo. y antiguo amigo y paisano 

M. N> 



—183— 

Carta 21. 

Santa Cruz da Tenerife 6 de Junio de 1858. 

A D^ Luis López y Cubero. 

Noticias generales sobre el Pico de Teide.=Sus elogios. ^-Ote- 
va del Hielo. ^=^Sustancias que se encuentran en ett^ monte.=^ 
Proyecto de un gabinete y biblioteca en Santa Cruz^—Veotro 
en la Orotava y un libro para los viajeros. — Mención de tos 
mas célebres que han visitado el Pico. 

Hi querido Luis: desde ta primei^a carta que viste impre- 
sa me principiaste á preguntar del Pico de Teide y te entró 
una grrinde curiosidad de saber su figura y lo que pasa 
por aquellas elevadas regiones. Siempre que tie dirigido mi 
vista á aquel gigante me hé acordado de tí y he pensado 
consagrarte ana carta entera para complacerte. Llevando á 
efecto mi propósito te diré, que si quieres ver una descrip- 
ción exacta de la forma esteriordel Teide leas las octavas 3¿i 
y 34 del canto 15 del Tasso. Aquellos dos guerreros Ubal- 
do y el Danés, que tomaron á su cargo traer al campo de 
Godofredo á Reinaldo, fueron conducidos por una matro- 
na misteriosa á estos mares á la vista de las islas afortu- 
nadas, en una de las cuales estaba el palacio de Armida. 
Entonces es cuando según dice el Tasso, vieron un monte 
que el poeta describe como' si lo hubiera visto material- 
mente. 

L'ors' ofri di lontano oscuro un monte 

Che fra le nubi nascondea la fronte. 
«A lo lejos se le presentó un monte oscurísimo que es- 
condía su frente dentro de las nubes.» 

Asi le vi yo en mi venida: Tasso continua su descripción . 

E'l vedeano poscia procedendo avantps, 

Quando oqui nuvol qia ñera simosso, 
Airacute pirámide semblante, 

Soltile inverla cima, e'n mezzo grosso: 

fi mostrarci talor cosi fumante. 

Come quel che d^ Encelado é sul dosso: 

Che per propia natura il giorno fuma, 
B per la notte il ciel di fiamma alluma. 

«Y le vimoa después conforme avanzamos ea míes* 



—Mi- 
tro viaje y se halló despejado de nubos^ semejante 
á una aguda pirámide que era puntiaguda eu la 
cima ó cumbre y grueso en su parte media. De 
cuando en cuando espedía humo como si. estuviese 
sobre el cuerpo de Eucélado advirtiendo que de dia ar* 
roja humo y por la noche descubría el elisio con sus llamas.» 

El Teide, pues» según esta descripción y la verdad délas 
cosas* es un monte sumamente grueso que termina en pun- 
ía bastante aguda. 

Viera lo califica de un prodigio de la naturaleza y dice: 
que se levanta en medio de la isla de Tenerife paVa re- 
alzarla, y que el que dijere que toda la isla le sirve de 
base, ó que sus elevadas cumbres forman la figura del 
techo de una grande iglesia, cuyo cíimpanario es el pi- 
co, se puede lisonjear de haber hecho una comparación 
feliz. A todos, añade, inspira sentimientos de asombro y de ter- 
ror este monte, que sin duda fué el monstruoso pasto de una 
antigua erupción de volcan sobre las cumbres mas eminentes, 

Íque actualmente es un volcan apacia:uado. Noestrañes, 
uis, que un hombre tan serio comD Viera poeiize á la 
vista de este monte, que tiene tanto de maravilloso. 

Acerca de su nombre, discurre Viera en los términos si- 
guientes. **Los antiguos guanches, testigos de los formida- , 
bles torrentes de fatigo que vomitaba el Pico, le llamaron 
Echf^yde, como quien dice, infierno, de cuya voz se derivó el 
nombre de Teide ó Teida que . haií conservado los nuevos 
habitantes.'* 

Si el Pico dio nombre á esta isla entre los guanches, 
también entre los romanos, que al ver esta montaña cu- ' 
bierta de nieve llamaron Nivaria á la isla de Tenerife. 

En esta nomenclatura tan diversa tienes un testimonio 
de los distintos jui<:ios de los hombres, que juzgan preci- 
samente por las impresiones primeras que perciben. 

No he visto el pico nevado: cuando vine en el abril so- 
lo vi unas listas ó festones de nieve en los barrancos. De- 
seo verlo porque estoy en el convencimiento de que Vie- 
ra no exajeró cuando dijo que este monte junta su eleva- 
ción a la agradable figura que hace en la mayor parte del 
año, cuando la nieve colm.i todos sus profundos ,barran- 
cos, de manera que no parece sino una pirámide de plata 
bruñida* 

Al pié déoste mfonte es donde sahalla Ja Orotav«; de 



—185— 

de suerte c|ue como hé manifestado en níis anteriores car- 
tas, se encuentran reunidas todos los cuadros que puede o- 
frecer la naturateza; unos imponentes y grandiosos; los o-^ 
tros dulces y risueños. 

Anchos rasgos poéticos podría citarte relativos á este 
monte. ¿Quien no se inspira á su presencia? Únicamente te 
copiaré la tradu<'CÍon de la hermosa oda, que hizo el Doctor 
Garth, escelente médico y poeta, hace mas de 40 años. 
He visto vestidos del inglés sus versos llenos de inspira- 
ción y valentía. 

*'Mas allá del Atlántico á lo largo de una vasta llanu- 
ra réTna él arrogante Tenerife ,^el Teidey su gigantesco 
hermano. Sus narices cargadas de pez rutilan respirando 
fuego, mientras sacude de sus costados los vellones de 
nieve. En contorno de este canoso príncipe las otras islas 
subditas levantan desde sus húmedos lechos las verdegue- 
antes frentes, y las ondas lavan tan suavemente las fal- 
das dé sus cumbres, que parece que es la tierra la 
que fluctúa y que el que está inmóvil es el Océa- 
no.** Hermosa pintura que presenta el Teide como el Rey 
de todas las islas, formando el debido contraste entre el 
fuego que encierran sus entrañas y la nieve que cual un 
manto regio cubre sus espaldas. El Teide es, como un fa- 
ro colocado por Dios en estos mares, para señalar la derro- 
ta al nuevo mundo: todos los marinos le dirijen con entu- 
siasmo sus anteojos y parece que llegan á su pié á pres- 
tarle homenaje en la bahia de Sta. Cruz« Yo subía una tar- 
de en la diligencia la cuesta de la Laguna y advertí que 
un vapor surcaba las aguas sin detenerse, y se dirijia á 
montar la punta Ahnaga. Pregunté á donde iba y me con- 
testaron al Brasil.** El Gobierno inglés, á pretesto de pro- 
curar brevedad en las contestaciones, ordenó que no sede- 
tuviesen en Tenerife, pero los vapores pasan siempre por 
sus aguas, hacen señas á los comerciantes y siguen su der- 
rol^pro. Parece que de una manera.muda, pero elocuente e- 
chan en cara al Gobierno inglés su desacierto^ y se ase- 
mejan á Galóleo que mientras abjuraba su optnion sobre 
el movimiento de la tierra al derredor del sol, esclamaba in- 
teriormente, e pur si muovc. Preciso es convenir que nin- 
gún buque que vá á América retarda ni trastorna su via- 
je por venir á Sta. Cruz. Dígalo Colon, que siempre reca- 
ló en las Canarias. 

24 



—186— 

El Teide no solo en su esterior sino que también den- 
tro de sus entrañas tiene cosas notables. El célebre Viera en 
su diccionario de Historia natural habla de las cuevas 
y entre las que no deben su formación á la mano del hom- 
bre comprende lallamada del Hielo en el famoso Teide. Há- 
llase, dice, al pié de la subida del c\\xe se dice Pan d¿ a- 
zucar en aquella eminencia. Formánla diversos peñascos 
tostados pero admirablemente unidos. La puerta ó mas bien 
ventana, por quedar casi á nivel del techo, tiene tres va- 
ras de ancho y cuatro de alto. Bájase por una escalerilla 
colgada de doce á quince píes. El largo de esta cueva es da 
45 varas y el ancho solo de 7 á ocho. Su techo es nina 
bóveda perfectisima de piedras enlazadas, que desciendeu 
con una suave curvatura hasta las paredes y se adorna coa 
imnumerables estalactitas, grupos de espato y de cristales. 
entrecarámbanos de hielo. £1 suelo es también deun hiela 
muy duro, y desu centro se levanta unapirámidede la mis- 
ma materia que nunca se ha visto deshecha. Sobre este fonda 
suele haber como una vara de agua liquida estremada- 
mente fria, y si rompe por alguna parte aquel hielo salta, 
el agua por debajo á borbotones. Se cree que este es un a-- 
bismo insondable, puesto que con un escandallo de 6009: 
brazas no se le ha hallado fondo: y aun se ha creido que 
el agua reciente del flujo y reflujo del mar..' ' Si será es- 
te un depósito qiue surte de manantiales á la isla? Si pro-- 
cederán de él los qjue brotan en los nacederos de Aguc^. 
mansa y agua Carciaí Este es un misteiio que no está ámi. ^ 
alcance decifrar. Lo recomiendo á lo¿^ sabios naturalistas, 
que visitan este pais y hacen observaciones hasta sobre sua. 
mas pequeñas particularidades. 

Sin embargo debo advertir que D. José María Siliuto 
en el viaje que en 1824 hizo al Pico combatió algunas de 
hs aserciones de Viera. Dice que la figura de la cueva es 
líi de un triángulo isósceles que corre del E. N. E. al 
O. S. Q. Escepto los peñascos perpendi«;ulares á la entra- 
da, el piso de la demás eslension á la caverna estaba fornlh- 
da de un duro hielo, cubierto de media vara de agua cla- 
rísima, la que se halla en un continuo y suave movimien- 
to causado por las gotas, que caen en este receptáculo, con 
un ruido armonioso por el ángulo . O. S. E. por el que for- 
ma. sU hace hacia la derecha donde también se distingue 
unt'áífo de luz, comunicado por una peq^ueña grieta que 



—187— 

tiene la pena por aquel paraje. Este ruido y movimiento 
del agua hizo decir á nuestros arrieros que estaba hirvien- 
do; y no tenemos duda que esto mismo ha dado lugar á 
que algunos (Viera tomo t ^ página 440) hayan creído 
que sí se rompe el hielo salta el agua á borbotones, 
sacando- de aquí la prueba de que esta agua tiene 
origen mas alto. Tal vez será esto asi: pero en 
nuestro concepto hallamos bien fácil de esplícar las 
causas de la reunión de estas aguas en la cueva sin que 
sean precisos otros grandes depósitos mas elevados, ni e- 
sos conductos de comunicasion. En las grandes nevadas, 
que se esperimentan en las montañas de Tenerife, y es- 
pecialmente en el Pico.... Se llena la cueva de nieve, de 
modo que sin embargo de la acción del Sol, que es acti- 
va en aquel terreno, y de la mucha nieve que sacan dee- 
Ha para el consumo de los Pueblos, después que se acab^ 
la de los Goros, la disminución de su masa solo llegaráde 
4 á 5 varas de profundidad^ porque acercándose luego la 
estación del invierno vuelve á llenarse de nieve, y esta es 
la razón porque jamás ó raras veces se ha visto su fon- 
do, y no porque efectivamente carezca de él, como han creí- 
do algunos cuya opinión si mereciese ser respetada, queda- 
ría díesconocida con solo notar que los peñascos que están 
perpendiculares á la entrada, son parte del fondo de la mis- 
ma cueva: aunque no negamos que en algunos puntos de 
ella se note alguna profundidad considerable. Véase que 
bien conviene esto con la especie estravagante de que un 
escandallo atado á un cordel de seis mil pies no puede lle- 
gar al fondo de la caverna. Guando se acabará, esclama, 
de finjir y exajerar con respeto al Teide. 

Deseoso de facilitar una recta apreciación y un buen 
juicio me ha parecido no omitir lo que ha dicho un espe- 
dicionario, que estuvo en aquellos lugares. 

Los Sres. Web y Berthelot al hablar de la isla de Te- 
nmfe y de su forma irregular dicen: del centro de la isla ae 
levanta un pico gigantesco cuya cúspide piramidal se es- 
conde en las nubes: montañas secundarias se agrupan al 
derredor da su base mientras que á oriente y occiden- 
te prolongan dos cadenas de cumbres sus contrafuertes ha- 
cia la Costa y labran sobre el Océano dos promontorios 
escarpados, el cabo de Teño y él de Anaga. 

Presentan, pties. estos autores él Teide circuido de u 



—188— 

na porción de montes que lo rodean y que tienden á ser 
sus estribos formando un circo ó cincunvalacion que cons- 
tituye una especie de murallas, y que tienen de altura de 
1300 a 1500 toesas: vistas de la parte interior estas mon- 
tañas tienen hasta 900 de elevación, y el leide que es u- 
no de los mayores cóseos volcánicos ocupa el centro de la 
meseta ó llanura, y lanza su punta ó cúspide á mas de 1900 
toesas sobre el nivel del mar. 

El carácter que ocupa la cima del Pico, es una. soifu- 
taca de cerca de 300 pies de diámetro y de 100 de pro- 
fundidad. Este capitel volcánico tiene cerca de 500 pies de 
alto y descansa sobre una cintura de lava, que está esten- 
dida en anchas corrientes á lo largo del Cano. 

No te hablo mas sobre este particular, por que otros 
pormenores los verás en alguna de las cartas sucesivas en 
que mencionaré las descripciones que han hecho algunos 
de los que han subido á este monte. Mi objeto al trasla- 
dar estas observaciones es ofrecerte la diversidad de acier- 
tos con que ha sido considerado. El Teide como ves es 
una montaña, á la que toda la isla de Tenerife le sirve de 
pedestal. ¡Que grandiosidad en las obras de Dios! ¡Quien 
no humilla su frente ante el poder del Omnipotente! 

El Teide ha sido un objeto de curiosidad hace algunos 
siglos y se han presentado innumerables viajeros á ob- 
servarlo: en las casas consistoriales déla Orotava debía 
haber habido un libro en que se hubiesen anotado sus 
nombres, y en que hubiesen estampado aquellos pensa- 
mientos cortos que les hubiese inspirado el país. Este li- 
bro hubiera sido curioso, y ya que no se formó antes ¿por 
que no se ha de formar ahora? Podria ei^tar en el Casino 
á cargo de una comisión con un gabinete de antigüeda- 
des guanchi Deseas y de historia natural al país y una bi- 
blioteca isleña. 

No se crea que el gabinete se hallaría exhorto. Véase en 
comprobación la relación de las substaocias que 9e ^ngien- 
tran en el Pico de Teide y son las siguientes: 

Traquito. 

Azufre octaédrico. 

Milicia gelatinosa. ' i 

. Ópalo ó cuatro resinita. 
Sulfato de alumina. 



—189— 

Carbonato de Sosa. 
Piedra pomes porfirina. 
Ídem común. 
Obsidiada porQrina. 
Peropido de Hierro. 

Debo esta relación al entendido y curioso fr: D. Lo- 
renzo Pastor, catedrático y director de dibujo en la Aca- 
demia de Bellas Artes, el cual tiene en Santa Gruz un ga- 
binete preciosísimo de mineralogía, que está enriquecido 
con ejemplares de todo el universo. Doloroso sería que se 
desbaratase á su muerte. La diputación Provincial debia 
poner un serio empeño en comprarlo, como también las 
bibliotecas y apuntes de varias personas curiosas, que han 
acopiado materiales interesantísimos para una verdadera 
historia de las Canarias. Entonces Sta. Cruz tendria un 
nuevo atractivo. No solo vendrían los comerciantes y ma- 
rinos, vendrían muchos sabios y sobre todo no habría bu- 
que que no arreglase de tal modo su viaje que no vinie- 
se á descansar en Sta. Cruz y cuyos tripulantes después 
de ver el gabinete y la biblioteca no ge alargasen hasta la 
Orotava, camino fácil establecida la diligencia. Seria una 
empresa vastísima recopilar los nombres de todos los que 
han venido á observar y visitar el Teide. Según Viera el 
P. Fenillée subió al Pico en 26 de Agosto de 1524, Mr. J. 
Edens vino al puert9 ^^ ^ Orotava en 1715 y refiere la 
descripción que hizo. ,. 

, Ya se tiepe conocimiento del viaje de Mr. Bory de St. 
\incent, del de Ledru en 1*796, del de Humboldt algunos 
años posterior (1799,) del de Siliuto en 18ÍÍ, dé el de Mr. 
Dumont d^ Yibille en 1837, decide D. Manuel Ossunaen 
1834. 

Sabido es que los Sres. Web y Berthelot hicieron esta 
espedicion y también creo subieron al Pico el príncipe de 
Joonville y el general Bertrand cu mdo fueron á Sta Ele- 
na á buscar las cenizas de Napoleón primero. Cuando es- 
te pasó á su destierro, ya que no pudo entrar le dirijió el 
anteojo y estuvo largo tiempo contemplándolo. /Que pen- 
samiento no hubiera emitido este pande hombre hu- 
biera vivido á su cercanías/ También el Príncipe Adalber- 
to de Prusia vino á visitar el gigante de Tenerife. Pero 
quien le consagró un estudio particular fue Piazzí Snióth^ 



— Id»— 

de cuya obra hablé en la carta 15/ 

Te gustará saber los auxilios con ^üe toMó ^ste éspld^ 
rador que permaneció dos meses en aquel monte en unión 
de su esposa que le acompañó á esta espedicion científíca. 
Lee los siguientes pormenores. 

En Mayo de 18S6, los lores del Almirantazgo aconsejado 
por el Astrónomo Uealo, encargaron al Sr. C Piazzi Smvik, 
el delicado cometido de verificar una misión científica al Pico 
de Tenerife convirtiendo de este modo en un hecho práctico 
y provechoso, una ¡dea teórica concebida largo tiempo hacill^ 
pero nunca realizada hasta entonces. 

Al efecto, los Lores del Almirantazgo señalaron al ilus- 
tre comisionado 500 libras para primeros gastos con fa- 
cultades para obrar con tan amplia libertad como pudiera 
desear cualquier explorador. 

No fue esto solo; sino que todos los amigos, y los en- 
tusiastas por la ciencia se apresuraron á ofrecerle los me- 
jores instrumentos ópticos, y uno de ellos puso á su dis- 
tosicion su racht, Titáma; (sabido es que un yac es un 
onito barco de recreo para pasajeros no mas.) 

El Sr. Smith se embarcó con todos sus preparativos y 
lle^ó á Sta. Cruz en Julio del mismo año 1856. Las au- 
toridades de estas islas le otorgaron amplias &cultades 
para viajar y observar cuanto quisiese, y los instrumentos 
fueron portados á los volcánicos flancos de las montañas 
i una altura vertical de 8,900 á 10,700 pies. 

Quizás bable en lo sucesivo de las observaciones que hi- 
zo: entretanto basta ya. porque esta carta es muy larga y 
quiere concluirla tu affmo. 

M. N. 



CilTA tS. 

Santa Cruz de Tenerife 8 de Junio de 185t. 

Bxmo. Sfm D. Lorenzo Arratola 

Conjeturas sobre la época en que ardió el aolcan del Pido. 

Muy Sr. mió y mi muy apreciado amigo: á proporción 
^que crescoen años sadviertoen mi ser un fenómeno singu- 
lar; mi corazón se ensancha, mi memoria es mas tenaz y 
poderosa: el recuerdo de mis amigos vibra en mi alma con 
mas furia. No dirán sino que la vista del Océano que mé circun- 
da hadado nuevo vigora mi espíritu; sobre su planay crista- 
lina superficie como sobre una cadena eléctrica vuelan mis re- 
cuerdos á la Península, y desde la Península correrán á es- 
tas islas, de modo que la amistad hermoseará el último ter- 
' ció de mi vida. Pensando en mi patria era imposible que 
dejase de pensar en Y., amigo mió, de cuyos labios recibí 
consejos útiles y á quien consulté siempre con provecho. 
Vea Y. la razón por la que sabiendo su afición á las ciencias, 
3u propenden á penetrar ios secretos de la naturaleza, me he 
acordado de Y. al recorrer un pais en dónde todo se pre- 
senta nuevo, con una fisonomía especial, con un tinte que 
solo puede apreciar el que lo visite. 

Pero para recordarle mas aqui ha habido un motivo par- 
ticularísimo. Uno de los primeros ensayos de su talento fué 
escribir acerca de los terremotos que en 1828 ó 29 hun- 
dieron algunos pueblos de Murcia y de Yaiencia. Yo habito 
sobre una isla volcánica, las crestas de sus montañas, las 
calderas ó cráteres apagados, las lavas todavía ennegreci- 
das con ia combustión están anuncianxb }m gran cata- 
clismo, pero sobre todo moro no lé}os del Pico de teide, 
volcan majestuoso, que aunque en ^riencio ahora, es objeto 
de Ih veneración de los sabios y de una constante peregri- 
nación. 

A pesar de que en su inmensa lectura no habrá Y. ol- 
vidado ese monté gigante yo voy á referirle ciertas parti- 
cularidades. Si Y. Jas sabe,' como no dudo, no le fastidia- 
rá su repetición hecha por la boca de un amigo que aun 
en una carta amistosa mezcla los recuerdos de la ciencia 
y de los libros, materia esclusiva de nuestros colegios, 



—192— 

cuando tenia la complacencia de visitarle. 

El Teide en medio de su calma todavia lanza vapores 
hacia las nubes, todavia se nota por el calor de su cráter - 
el fuego que abriga en su seno. ¿Pero cuando ardió» cuan- 
do arrojó de sus fauces esos torrentes de fu6go que sur- 
caron sus costados? 

Esta es una cuestión histórica que merecía ser exami- 
nada y que efectivamente trataron Humboldt y otros sa- 
bios. Voy á recopilar sus observaciones que por cierto son 
curiosas, asi como las citas que hacen de relaciones an-- 
liguas. Mr. Humboldt fué el primero que ni en los Pm- 
plos de Hunon y de Scilar ni en la relación de Sebos y Plu- '" 
nío se hacia mención de ninguna montaña volcánica en el 
ar^ihipiélago de las afortunadas deduciendo de aqui que 
el Pico de Teide estaba tranquilo en tiempo del rey Juba 
y muchos siglos antes cuando los cartagiueses hacían sus 
viajes á lo largo de la costa de África. Desde el principia 
de nuestra era la navegación á estas islas se interrumpió: 
el antiguo imperio délos romanos era teatro de sacudimíen- . 
tos y debian concentrar la atención de los hombres y de 
los gobiernos en aquel recinto sin pensaren empresas remo- 
tas. Se fundan los Sre<5. Web y Berthelot para sostener esta 
opinión en que nada relativo á estos archipiélagos se encuen • 
tía en los libros hasta el año!l261 quedos capitanes geno- 
veses llamados Teside Dotia Vgolino Vivaldí se dieron á la 
vela para las Afortunadas. Es probable añaden aquellos 
autores, que el gran volcan de Teperife no nermaneció 
en la nación durante el largo periodo de estos aoce sl^los^ 
mayormente cuando los guanches dieron á la de Tenerife el 
nombre de la isla del infierno Echeide^ del que parece un 
deribado el de Teide^ con que designaron el Pico. Sin em- 
bargo por la relación de un diario de navegación copiado 
por Bocacio y descubierto recientemente en Florencia, sa- 
bemos que en 1341, época de un viale que aljgunos floren- 
tinos hicieron á Canarias, el Pico de Teide estaba jen reposo. 

Para confirmar esta aserción los Sres Web y Berthe- 
lot citan una colección de documentos curiosísima titula- 
da Monumenti d' un mamscnío autógrafo d' Messer Gio 
Bocead de Cetaldo nov ati ed, illentratí da Sebastiano Ciamp i 
Florencia 1827. El tercer artículo trata en latinde Cí'ttaria 
y de las demás islas halladas mas allá de España en el Océan 9 
y contiene curiosísimas noticias sóbreel lenguaje y costumbres 



—1 es- 
de los indígenas sacadas de las cartas escritas por varios 
negociantes florentinos establecidos en Sevilla y recogidas 
en la boca de Nicolás de Recco, genovés, uno de los jefes de 
la espedicion. El que la mandaba era según Bocc^cio el flo- 
rentino Angioüno del Tegghia de Corbizi. Kn este docu- 
mento precioso se halla un pasaje que no debemos omitir. 
Dice asi. — ** Descubrieron en seguida otra isla en donde 
no quisieron desembarcar á causa del prodigio que se o- 
freció á sus ojos. Se ve allí, según manifiestan» un monffe 
de treinta millas de elevación^ ó tal vez mas, que se dps- 
cubre de lejos viendo cierta cosa blanca sobre su cúspide; 
y como esta montaña es pedregosa, tiene la forma de un5 
ifbrtaleza; sin embargo no es mas que una roca agudísima 
cuya cima está terminada por un mástil de la magnitud de 
el de un bajel con una antena que sostiene una vela lati- 
na. Esta vela henchida por el viento afecta la forma de un 
escudo vuelto hacia arriba eslendiéndose mucho: después 
poco á poco se ahaja lo propio que el mástil asi como su- 
cede en las galeras: volviendo á levantarse y bajarse de nue- 
vo. Dieron vuelta á la isla y de todas partes vieron reno- 
varse este fenómeno: entonces creyendo que era efecto de 
algún encanto no se atrevieron á bajar á tierra.» 

Examinando este pasaje los Sres. Web y Berthelot mani- 
fiestan no dudar que la isla indicada es la de Tenerife 
y el Pico el de teide, en cuya cúspide se renueva 
con frecuencia este fenómeno. La gran vela que creian ase- 
gurada en un mástil y que subia y bajaba é hinchaba el 
viento, no era otra cosa que blancas nubes que envolvían 
á las veces la cima del Pico. Estos vapores pueden tomar 
toda clase de formas: pero la común es la triangular, por 
que la nube que cubre los costados de una pirámide se 
ensancha entonces hacia su base, y se adelgaza ó disminu- 
ye hacia la cima y esto es lo que dan á entender los habi- 
tantes de Tenerife con laespresion deque el Teide tiene som- 
brero, indicio ó señal indudable de tiempo lluvioso. 

Y., mi respetable amigo, no podrá menos de conocer cuan 
curiosas son estas noticias y cuan útil es sacarlas de los li- 
bros en folio que las contienen, poniéndolas en el comercio 
por decirlo asi. Pocos tienen la [paciencia de echarse á pe- 
chos una obra de ocho tomos de aquel volumen, pero leerán 
(al vez con pí>ciení'ia osla caria, y mucho mas viendo al 
Irente su nombre. 



—194— 

Los profundos escritores que hé citado hacen mía obser- 
vación interesante en (1 viaje citado de los florentinos y 
genoveses diciendo que este hecho, sin inlerés en la aparien- 
cia, es muy importante si se (ija la consideración en ios 
principales volcanes de nuestro emisferio en la misma épo- 
ca. El Etna tuvo entonces una intermitencia de muchos si- 
flos y el Vesubio, que había permanecido en reposo hacia 
^5 años, no comenzó á lanzar llamas, sino mas de un si- 
glo después y todos parece que despertaron de su letar- 
go en el siglo 15- 

€adamos(o que según todas las probabilidades tomó tier- 
ra en las Cananas en 1444, cuando por orden deHenrique 
j 9 iba á reconocer en unión de Vicente Lagos, la parte de 
la Costa de África próxima al Cabo blanco, refícre, al hablar 
de Tenerife, que en medio hay una montaña en forma de 
punta muy elevada y que arde continuamente. 

Anteriormente (en 1393) aventureros andaluces y viscai- 
nos con permiso del infante D. Enrique 3 ^ partieron 
de Sevilla y fueron á reconocer la Costa de África. Las lla- 
mas y el humo que salian del volcan de Tenerife los espan- 
tany sediiijen á Lanzarote ,que saquearon. 

Hallándose en 1492 Cristóbal Colon al frente de Tenerife, 
después de haber compuesto en la Gran Canaria el Timón 
de la Pinta y dirijido su rumbo á la Gomera, vio salir un 
gran fuego de la tierra de Tenerife. 

Los autores citados traen á la memoria un hecho y e» 
<fue, según la tradición de los conquistadores, los guan- 
ches del valle de la Orotava decian haber sido testigos de 
las erupciones que formaron aquellas colinas de esco- 
rias que se ven en el distrito de Taoro, debiéndose referir,. 
segun lo espuesto, esta catástrofe al año 1430 poco mas 6> 
menos, siendo probable, según los mismos W^eb y Bertbelot,. 
que en este espacio de tiempo los fuegos subterráneos bus- 
casen salida por otros varios y que muchas de las 
moniailetas y corrientes de lava, cuya aparición es bastan- 
te reciente, deben su origen á la descendencia volcánica de 
esta época. 

Concluyen manifestando que el Vesubio estinguido hacia 
largo tiempo recobraba su furor á fines del siglo 15: que cua- 
tro erupciones del Etna tuvieron lugar en la misma época- 
siendo la mas terrible la de 1444: que el 5 de febrero del 
mismo año las bocas de Vulcano vomitaron torrentes de 



—ios- 
fuego después de 1300 años de sueño: que en el mismo año 
1444 un volcan es^pantoso trostornó Ta isla de S. Miguel en 
las Azores é hizo saltar en trozos uno de sus mas elevados 
picos. Éstas coincidencias podrían tal vez servir para hacer 
grandes investigaciones y descubrimientos, y para confir- 
mar tal vez la generalmente recibida opinión de la comu- 
nicacion subterránea de todos los volcanes con el fuego 
central. 

Al concluir esta carta, repetiré, amigo mió, que poco ó 
nadaorijinal mió encontrará V. en ella, pero si la elección 
de datos y noticias que be ido recogiendo y poniendo en 
orden. A no ocurrir á la inteligencia ajena poco hubiera 
podido decirl) con la mia, sobre una materia ajena de mis 
ludios. Y. verá sin embargo que mi laboriosidad impertubable 
y constante en este clima suave, que inclina ala moliciey 
al reposo; pero como le he manifestado al principio, yo si- 
go lleno de enerjia, y en medio de un país risueño y ba- 
jo un cielo purísimo es mas pura la sincera voluntad coa 
que se repite, rogándole me ponga á los P. Q. B. dcesaSra. 
y Señoritas su invariable y apasionado amigo q. s. m. b. 

Carta 23 

Santa Cruz de Tenerife 11 de Junio 

Sr. D. Francisco Cutanda 

Relación de las mas rectenles ascensiones al Pico, — Con- 
veniencia de establecer en él un observatorio. 

Mi querido amigo: no dudo que sabiendo que hé estado 
tan cerca del Pico de Teide supondrá V. que he subido y 
esperará noticias de este atrevido viaje. Preciso es mani- 
festarle que la estación no es la que se considera i pro- 
pósito para estas ascensiones: los meses Julio y Agosto son 
ios destinados para efectuarlas, ya por que entonces es ma- 
yor el calor, ya también por ser las épocas en que se ha- 
lla mas despejado el cielo. Para subir al Pico, disfrutar de 
la vista de la salida del Sol y de todas las islas del archi- 
piélago, es indispensable elegir un dia en que no haya nu- 



—196— 

bes, ó como dicen los naíuralcs, el Piro no lenga turbante» 
pues si se interponen aquellas es imposible que la vista a- 
iraviese tan tupido veló y después de las penalidades de la 
subida se tiene que contentar el viajero con la estéril sa- 
tisfacción de haber pisado un terreno volcánico. 

Por estas razones no hé subido todavía; pero para queV, 
no quede privado del conocimiento de los fenómenos que 
ofrece este monte le reftriré las observaciones de algunos 
espedicionarios. En el mes de Octubre de 1837, dos Corbe- 
tas francesas que so dirijian á las regiones australes, toca- 
ron de arribada en Tenerife con objeto de refrescar víveres- 
y practicar algunas observaciones de fisica. Mr. Dumont de 
Urville dispuso hacer una espcdicion al Pico. Su relación 
comprende el viaje desde Santa Cruz. Como esta relación 
se halla en un libro impreso en 1850 en Madrid cnlaim- 
prenta de Mellado bajo el titulo de Aventuras de los via- 
jeros mas célebres, no la trasladaremos contentándonos con 
indicarla por si acaso quiere V. tener el gusto de leerla. En 
ella se nota la sorpresa de un viajero que al principio de 
un viaje marítimo se halla con un espectáculo íansorpre- 
hendente como el que ofrece la naturaleza en el Pico. No 
contiene observaciones tan inleresanles que merezcan co- 
piarse: contiene aquellas impresiones del momento, que 
siempre es agradable leer pero que careciendo de origi- 
nalidad y de descubrimiento para la ciencia pueden omi- 
tirse sin sentimiento. 

Pero si omito este viaje por las razones indicadas voyá 
darle cuenta de otros que no dejan de contener noticias cu- 
riosas y que desde luego le harán formar idea apit)xima- 
damentedelas esuenas que proporciona esta ascensión, y 
para que V. sepa la alturaá que sucesivamente se va subien- 
do trasladaré las diferentes que anota Siliuto en su viaje 
calculadas por toesas desde la Orotava. 



é 



La casa del jardin de Franch- en la Orotava. . . 163 

Pino del dornajito, 833 

£1 portillo entrada á las Cañadas 1400 

Estancia de los ingleses , . 18S2 

Alta vista 1660 

La Cueva del Hielo. 1732 

Narices del Pico, pié de Pitón 1825 

Cima del Teide. . . . . . . ... . 1906 



^197-- 

Como V. verá, el Teide no es de los montes más altos 
del l'niverso: otros hay mayores Sin embargo su nom- 
bradla es mayor que la de los otros, ora sea porque se en- 
cuentra aislado en medio de los mares ora porque sirve de 
faro á l08 navegantes y de grandísimo consuelo, descu- 
briéndolo á las 47 leguas. 

El Sr, Siliuto tuvo la curiosidad de anotar la elevación 
de los montes qias altos. Véase á continuación. 

VARAS CASTFXLANAS. 

Himalaya en Asia. . 10,243 
Nevado de Sorata América 

deis. 9212 

Chimboraso en id. . 8757 
ííoyan de id. . . . 7063 
Volcan de Anlicana id. 6983 
Volcan deCatapajiid. . 6883 
Volcan de Arequipa. . 6700 
Pico de Tolima. . . . 6695 
El monte de San Elias en 

la América del Norte. 6577 
Clisima en la América 

del S 6340 

El monte blanco en 

Europa 5740 

El monte Zambí en África. 5735 
Nevado en Iztaccibanlio. 
Sierra Nevada de Méjico. 5731 

Llevando adelante la idea enunciada voy á estractar las 
relaciones de diferentes viajeros; no seguiré con precisión 
el orden cronolójico, por que doy el primer lugar al que 
elijió el camino mas usado, para que se forme idea de la 
ruta y se íije mas la atención en los diferentes puntos de 
descanso. 

En 1834 D. Manuel Ossuna emprendió también su via- 
je al Pico y su espedicíon fue objeto de un cuaderno im- 
preso en Barcelona. La ascensión la verificó en 4 de Setiem- 
bre. Se divide en 3 jornadas: en la 1." llegó hasta la estan- 
cia llamada de los ingleses: dice que atravesó el monte de 
]0s castaños encoiitrando taml)ien los laureles y otros árbo« 
es que menciona, llegando á una estancia llamada el Pino 
del 2íori2fl/iVo cuya altura era de 500 toesas francesas des- 



—198— 

cubriendo desde allí la parte septentrional de la isla: que 
después del monte verde de los heléchos^ pasó por la cara vela 
por el portillo que es un poco estrecho entre dos columnas 
basálticas, por dónde se entra en las Cañadas que desde 
allí se descubre el Pico: que entró en las cañadas ó llano 
de las Relamas variando la decoración que de este llano 
se eleva el Pico: que después de esta llanura llegó al pié 
del Pico que llaman montón de trigo en alusión á su figu*' 
raque es un conjunto de piedra pome menudísima. Poco 
mas allá hay una caverna llamada Estancia de los ingleses. 

La 2/ jornada la emprendió desde dicha estancia en la ma- 
drugada del dia 5 gastando dos horas hasta la Estancia de los 
neveros que también denominan Alta vtsta, y principia el Mal 
pais que no es mas que un conjunto de fragmentos de la- 
vas: que fue penoso y lleno de peligros el viaje hasta la Cue- 
va del hielo: que de alli fueron á la Ramhleta, donde conclu- 
yen las rocas volcánicas del Mal-pais, y empieza el Pande 
azúcar cuya altura era de 83 toesas tardando en subir me- 
dia hora, después de narrar varias observaciones que* 
habla de su descenso. 

D. José Maria Siliuto y Ballester hizo su ascensión con 
cuatro amigos el dia 21 de Agosto de 1824. El camino quesi- 
guió fue distinto del de Ossuna pues desde el Puerto déla 
Orotava atravesando el barranco y subiendo la cuesta 
del Patronato llegaron al Realejo de arriba y de allí se diri- 
jieron á Palo Blanco donde hay una hermíta con algunas 
casillas y su contorno poblado de árboles frutales: dejaron 
á la izquierda el camino que va al Portillo y á la derecha 
la Calera pasando en seguida por Piedra redonda, que se- 
gún dice es el punto que da nombre áeste camino á qué 
por alli observaron y por debajo djC ellos corríanlas nubes 
en esta estación pues en la de las aguas se cstiendeo has- 
ta el Pico, 

Este viajero refiere la particularidad de haber dejado 
la Estancia de los ingleses y subido al pié de Pan de azul- 
ear donde pasaron la noche en un^ avertura de un risco 
que desocuparon de los escombros que contenia y que a- 
pellidaron Cueva del Amparo, 

La ascensión mas memorable por ser laque se hizo con 
mas prevenciones y con la intención de permanecer Aia9 
largo tiempo sobre esta montaña es la de Piazzl Sinith en 
1856. fiaremos una tijera redeña porque si todo Lg bubi^^. 



—199— 

semas de decir seria preciso traducir el libro del que ha- 
blamos á la página 137. (Carta 15') 

Empezaron Smitb su esposa y acompañamiento la asilen- 
sion al romper el dia 14 de Julio, con mas de 20caba< 
Herías conduciendo instrumentos y vivere^*. 

Sobre las siete y media alcanzaron la elevación perpen- 
dicular de 1,800 pies. Prosiguieron y á 1,900 píes halla- 
ron de repente transformados, los jardines á derecha é iz- 
quierda llenos poco hacia de naranjos, de higueras, de li- 
moneros, con p-ofusion de perales. A los 200 pies halla- 
ron en abundancia la vistosa y silvestre planta del Aj//7erii7n. 
A los 2400 divisaron algunos páramos y volvieron á apa- 
recer en toda su lozanía las verdes praderas á los 2800. 

Llegaron á los 2900 pies y miráronse de la altura de 
las mismas nubes. Serian como las diez de la mañnna cuan- 
do hizo alto la comitiva para descansar y almorzar á los 
3900, apercibiendo debajo de sus pies las blancas y algo- 
donadas nubes. Buscaron deliciosa sombra en un barranco 
al Este. Al frente estendianse anchurosos páramos interca- 
lados de vez en cuando por frondosos laureles, y un re- 
baño de cabras que acertó á pasar surtióles de abundante 
y sabrosa leche. 

VI 

LLEGADA A GÜAJARA. 

(Estractado del libro de Smith,, 

Dejamos dos hombres en la Estancia de los ingleses, 
con el objeto de observar cada cuarto de hora el baróme- 
tro y termómetro, prosiguiendo nuestra ascensión á pié 
antes de romper el dia pertrechados de provisiones, y de 
instrumentos metereorologicos: luego entramos en aquel ter- 
reno agreste conocido por el Mal pais, entre surcos de lava, 
erizados peñascos, y negruzcas rocas. 

La senda subia por un estrecho valle por dos riscos ad- 
yacentes, cuyas vertientes escarpadas y angulosas com po- 
nianse simplemente de piedras sueltas ó desprendidas, for- 
mando grandes canteras la base de la cañada entremezcla- 
da de amarillenta piedra pómez, pulverizada y transporta- 
da á impulsos del viento Sur desde la plataforma de Alfa- 



—200— 

mta. No tardamos en entrar subiendo senderos angulares; 
donde solo pisamos sobre un movedizo suelo de negruzcas 
piedras desiguales. 

Diversas descripciones hicieron los viajeros que en distin^ 
tas épocas transitaron por el Mal-pais. £1 Capitán Glois en 
1761, nos infunde la idea de ser esa una chata superficie de 
rocas agitadas en su prolongación en cúbicas formas. Hum- 
boldt, en 1798 dice: **El camino que tuvimos que em- 
prender por el Mal'pais es sumamente peligroso, y la lava 
desmenuzada en pequeños fragmentos angulosos encubre 
bajo sus hacinadas capas hoyos que esponen al inesper- 
to caminante á hundirse ó menudo hasta medio pecho.*' Se 
comprenderá perfectamente la estricta observancia con que 
Íbamos pisando por las mismas huellas de nuestros guias. 
Cueva del hielo, elevada de 11,050 pies, distante única- 
mente 20 varas de nosotros. Do quiera, en derredor, noso- 
tros no velamos mas que un caos de peñas<.'ales amonto- 
nados en espantoso desorden, de lava volcánizada« escoplo 
sin embargo, mirando hacia el Sur. Tuvimos el gusto de 
observar . minuciosamente el espectáculo que antecede á la 
salida del sol. Como primeros síntomas de la proximi- 
dad del día notamos la prolongada faja de luz zodiacal re- 
montándose entre la falange de estrellas que median de 
Urion á Tauro y brillando hacia los puntos inferiores do 
sus ejes. 

Dibujóse luego humildemente en las regiones inferiores 
aquel arco azul-pálido, precursor del alba: mientras que la 
luz zodiacal pugnaba por tomar asiento en las superiores 
regiones, perdiendo en esta lucha, pues la primera difun- 
diendo poco á poco la suya cada vez á mayor altura dejó 
teñido el horizonte por algunos momentos de un brillante 
rojo cual purpúreo manto de galas, eclipsando del todo la 
forma particular de la luz zodiacal. Acto continuo un tinto 
¿iinarillento mezclóse ala grana, estendiéndose mas bajoen 
anaranjados matices, y verduscos, acompañados de todos los 
colores del prisma, pero difundiendo una luz clarísima so- 
bre mar y tierra. 

Hacia el S. E. los picos volcánicos de la Gran Canaria al- 
zábanse cual caprichosas torres almenadas, á través del 
vaporoso velo formado por un grupo de nubes blancas que 
nadaron en el ürmamento, y pudimos vislumbrar hacia el 
E. y E. N. E. las islas dcLanzaroto y Fuerteventura: Fi- 
jamos las miradas luego en dirección al Oriente y otra nue- 



—201— 

va iluminación vino á deslumhrarnos : tomó intensidad el 
color amarillento eclipsando casi el de amapola bajo, y fun- 
diéndose en rosados matices con el hermoso aziil, abrióse 
paso entonces el primer punto del disco solar tras de un hori- 
2onte de oceánicas nubes irradiando sus vivificadores deste- 
llos á través de sus espesos grupos. 

Notamos despacio, y grandemente admiramos todos los 
distintos efectos de espectáculo tan grandioso. 

A las siete alcanzamos una altura de 11,240 pies, (¡ue ve- 
nia á ser el centro de\ Mal-pais. A los 11 ,500'* de elevación 
llegamos á una especie de depresión. 

A los 11,600 dejáronse apercibir exhalaciones sulfurosas 
que salían de las escavaciones de unas rocas, de Ircs pul- 
gadas de diámetro los agujeros.. 

A los 11,745. llegamos al Pitón, ó Pan de azúcar, del co- 
no qjue forma la cúspide del Teide, resplandeciente de en- 
carnado, y amarillo á guisa de una gigantesca torre en que 
refractan los rayos del sol. 

El punto en que nos hallábamos ala sazón entre el Pi- 
tón y el Mal-pais era la Bambleta: descrita por algunos co- 
mo una plataforma, aunque tiene en verdad poco de lla- 
nura. 

Nos encaramamos al pan de azúcar. 

El ángulo inferior del cono es de 33 ^ Hacia el E. por don 
de los viajeros le trepan es de unos 470 pies de elevación; 
y de 650 á la parte, opuesta. SU;base, la Uamblela, se es- 
tiende hacia el Ó. E. 

Al empezar^ internarnos por" el movedizo suelo de pie- 
dra pómez, casi echamos de menos el Mal-paiz; pero apo- 
co de haher pasado las rojizas puntas de lavas agrietadas, 
hallamos tan buen camino que nadie con razón pudo men- 
cionarlo pordifieultoso / 

Aqui y altí despedían algún calor agujeros practicados en 
las peñas. Tomamos aliento; unos pasos mas, y \h)v 
fin, nos encontramos en el punto culminante del pico en 
medio de los efluvios vaporosos ácido-sulforosos que emana- 
ban del cráter. 

Nuestra impertinente curiosidad nos había conducido te- 
merariamente á ínterparnos en los bordes del cráter, sin 
hacer alteen que acabábamos de pasar tanta fatiga solo con 
el objeto de ir á respirar miasmas mefíticos. Dicho cráter 
contaba inleriormcnle sobre 300 pies de diámetro v 70 de 

'27 



—202— 

prolnndidad. 

Desde la altura del cráter en que nos hallábamos esten- 
diase á nuestros pies, y mucho mas ahajo la sección del 
globo que abarcábamos con la vista, midiendo un diáme- 
tro de 100 leguas. Al oriente veiamos á Lanzarole al cabo 
del horizonte yá á fiO millas: luego á Fuerteventiira en la 
prolongación déla Gran Canaria. Hacia occidente, la gigan- 
tesca sombra del Teide, cstendiendose hasta la Gomera en 
inmenso triángulo, y un poco mas allá las islas de la Pal- 
ma y del Hierro ostentaban sus cimas escarpadas. 

De modo que todo el grufK) que compone el archipiélago 
le abrazábamos en conjunto á vista de pájaro, como sobre 
un plano de relieve, sin faltar Tenei ife con sus grupos de 
montes y sus profundos valles. 

Se ha observado que la temperatuVa (solfáfara) del pico, 
vá gradualmente en aumento de pocos años, á esta Ipüarte, 
y esta consideración sugiere tristes reflexiones, sobre la po- 
sición crítica de Tenerife si el Teide despertara algún día 
de su reposo! 

Se verificará diremos nosotros lo que en sus raptos poé- 
ticos enunciaba un poeta isleño, eJSr. Negrin, en una esca- 
lente poesia sobre el poder del tiempo, que se imprimió en 
1847 en la Aurora. Trasladamos estos versos, que conside- 
ramos dignos de ser reproducidos. 

Quizá algún dia donde se alza ahora 
Tu cúspide del nítido elemento, 
Profundos mares, claros hor*¡zontes 
Verá tan solo atónito el viajero. 
Ora al salir en brazos de la Aurora 
En refulgente carro rubio Febo, 
Tu frente ¡Oh Téide.' sin cesar nevada 
Con su rosada luz baña primero 
/Quizá algún día al despedir sus rayos 
Guando abandone el anhelado lecho 
Solo hallará las agitadas ondas 
Pasar bramando por tu vasto asiento! 
¡Aqui fué el Teide/ en su murmullo vago 
Repetirán con tétricos acentos; 
¡Aqui fue el Teide! altísimo gigante 
Que hundió la mano colosal del tiempo! 



—203— 

Terminaremüsnueslro trabajo hai;ieiidf) memoria de un via- 
je de Mr. Berthelot. que se halla en ei número 48 y siguientes 
la Aurora, periódico que se publicaba en Sta.Cruz en 18í8 
La descripción de este viaje está llena de amenidad y de 
erudición, como todas las obras de este autor, y ofrece una 
originalidad, y es haber hecho la ascención por la parte 
meridional, ó sea desde Chasna par la garganta de Veanca, 
desde la cual dice que contaba los torrentes de lava negra 
que surcaban los flancos del Teide y descubría todas 1as 
montañas centrales de Tenerife, porque solamente desde 
el puesto donde estábamos, añade, es de donde se puede a- 
barcarcon una sola ojeada el conjunto de este grupo de 
montes volcánicos; vista de las mas imponentes y de la 
que ninguna descripción bastaría á darnos una justa idea. 

Elevándose á consideraciones, conjetura que las cordille- 
ras de las Cuñadas formaron en otro tiempo qna circular a- 
travesada actualmente por dos pasos: que sus altas crestas se 
elevan 1600 toesas sobre el nivel del océano: que todo des- 
pacio encerrado en la línea de circunvalación de estos mon- 
tes traquiticos constituye un cráter inmenso deorijen primo- 
dial relativamente al Pico, que el geólogo Escolar apellidaba 
el hijo de las Cañadas: que del medio de este cráter elípti- 
co, cuyo mayor diámetro será de cinco leguas, se eleva el 
Teide, humeante aun, por encima de este suelo desgarra- 
do y revuelto y el vasto circuido que le rodea se designa en 
Tenerife con el nombre de las Cañadas del Teide, ó sim- 
plemente de 4as cañadas; que su fondo está á liOO toesas 
üel nivel del mar y el Teide á 503 sobre este 
suelo. 

En medio dé estas escenas el espíritu d;*. Berthelot nopo- 
dia permanecer en calma: era necesario que se animase y 
llenase de arder: y por eso dice, si la imaginación se trans- 
portase á aquellos siglos de tormenta geológica* en que se 
hallaba en plena actividad ese volcan espantoso, no se po- 
dría concebir sin horror un abismo inflamado de nueve le- 
guas de circunferencia y de ISO toesas de profundidad. 
Entonces únicamente se tendrá una idea del estado de fer- 
mentación on aquella é^)oca de incandecencia, y la forma- 
cion del Teide en medio de aquella cima solo nos parecerá 
un efecto secundario. 

A quien no llenarán de asombro estas observacio- 
nes! 



—204— 

Elevarse en alas de la crencia sobre lo pasado, CQiieebir 
con la imaginación esa laguna de fuego, son eoncepciones 
sublimes, que elevan el nlma y 1» llevan á postrarse anle 
el trono de Dios, que hi/o como dice David, tantas maravi- 
llas. 

Pasando después Uerthelot á fijar su atención sobre el Pi- 
co de Teide, esplica su concepto deq?ieno ha sido el pro- 
ducto de una sola erupción: el volcan délas Calladas ha- 
brá tenido, según él, alternativas de intermilenc'a yde reac- 
ción, y necesitóse probablemente una larga sérfe de erup- 
ciones para formar tan enorme cono, y lanzarlo á tan asom- 
brosa altura: presume asi mismo, que aunque debió ele- 
varse en e! centro del foco primitivo, todo indica qué so- 
brevinieron estráordinarios trastornos al Oeste de la cadena 
circular, y que la época de estos fenómenos coincide cenia 
de la mayor actividad de los volcanes de Tenerife; supone 
que el cráter de las Cañadas se hundió hacia el Oeste al des- 
plomarse sus apoyos, mas este trastorno no se verificó sola- 
mente por aquella parte [la degollada de Veanca y el 
Risco de la ciudadela): otras muchas cortaduras ofrecen a^ 
quellas monttiñas, tales son las bocas del tauzc. el portilla 
de la villa, por dónde se vaá laOrolava: el Cuello dé las 
ai'etias negras, y últimamente Cuajara y Veanca. ' 

La retama blanca conocida ahora bajo el nombre de Cy- 
lisus nubigenus, puebla el valle de las Cañadas, que segim 
Mr. Bucb, fórmala última zona fitóstatica. :e mucsfraa 
primero á 1300 toesas de altura, después se eslienden sobré' 
todas las vertientes de las montañas drculares, désjapare- 
ciendo sobre sus crestas. A fines de Mayo principian ácii- 
brirse de una multitud de flores blancas, de modo que á lo 
lejos sé toman por un montón de nieve: su olor penetran- 
te y suave embalsama la atmósfera hasta la distancia (te 
muchas millas según el mismo Berthelot. 

Prescindiremos de otros pormenores para trasladar lo que 
dice al hablar de la cima del Teide. 'Presenta una conca- 
vidad de 300 pies de diámetro y 120 de profundidad poco 
mas ó menos. Los bordes del cráter están desmoronándose, 
y el fondo lo baña una sustancia rojiza, arcillosa y cálida que 
contiene al parecer mucho oxido de hierro. Esta parte vol- 
cánica se endurece no bien se estrae de allí. En otros pun- 
tos abunda otra materia blanca menos |)iistosa, y que pro- 
duce al analizarla, sulfato de soda y amoniaco. Bajo estas 



— 2()S— 

capas blancas ó rojizas se encuentra el azufre crislalizaclo. 

El fondo y Ijis orillas del cráter están llenas de hendi- 
duias por las que se escapan vapores infectos, y cuyos al- 
rededores queman y no permiten permanecer mucho tiem- 
po en el mismo lugar. Dícesc que la temperatura del crá- 
ter ha ido aumentando gradualmente hace algunos años: y 
si esto es cierto, no deja de ser penoso elipeBsamiento que 
de tal observación se desprende, al reflexionar sobre la po- 
sición crítíea en que los habitantes de Tenerife se hall?TÍan 
dado qué é\ Teide saliese un dia del reposo en que yace 
hx)y HepnltMo. Ni una hora hay,, áiae un naturalista, que 
en senééjmté situación no pueda convtrtirsé en la última de 
todo un púebíó. 

Aimquetfiste, repito esta idea que ha enunciado también 
Smith, según hago^ mettcífon en esta misma carta. 

Mucho mas podría decir sobre esa montaña singular, pe- 
ro lo reservo para otra pcasion. Bast^ por ahora lo que llevo 
referido. 

De todo cuanto acabo dB indicar inferirá V. que el Teide 
es un monte éstraordinario que debe ^er materia de uñ es- 
tudio continuo. Sobre él podría coVocárseel mejor observa- 
torio astronómico det Universo. He oido que M. Piazzi Smit 
hizo proposiciones á nuestro Gobierno en este sentido. Se- 
guramente ^tas islas tienen bajo todos conceptos una im- 
portahdí&estraordinaria. Particularmente la de Tenerife es 
unajóya prectosisima: y su situación, el delicioso clima de 
que disfruíta, el tener en sü centro el Teide, son circuns- 
tancias que la realzan. En su recinto debe consumarse el 
prodigio de la aclimatación de plantas j animales: sobre sus 
montañas es donde pueden estudiarse los astros', sobre sti 
suelo puede estudiarse completamente la geología. 

Las ciencias pueden sacar mucho partido de este suelo. 
Sentiría irme sin subir al Teide, pero á lo menos V. verá 
que se preparaba á sacar un mediano fruto de su visita su ' 
affmo. amigo y compañero q. s. m. b. 

M. N. 



—206— 

Cauta 2í. 

Santa (Jruz de Tenerife 12 de Junio de 185íw 

Sobre los Camellos. 

S. D, propietario en Zaragoza. 

Mi estimado amigo: en mis cartas Canarias habrá V. vis- 
to, ó verá, que menciono los camellos^ délos que se hace un 
uso frecuente y ventajoso Qn estas i^las; pero dirigiéndome 
á V. no me contento con esta noticia general, sino que de- 
bo añadirle algunas particularidades, y desde luego le diré 
que son originarios del Asia, y del África/ donde los trajo 
el primer conquistador Juan de Bethencourt. 

El país le debe la introducción de un animal tan útil y 
sufrido. En la historia que escribieron él franciscano Fr. Pe- 
dro Bontier y el presbítero Juan Verrier, capellanes, de 
aquel conquistador, se refiere la casualidad de esta introduc- 
cion, y advierte que las mas de las cosas provechosas^ las 
debemos en nuestra vida á la que los hombres llaman ca- 
sualidad, y son acontí^.cimientos preparados para la sabi- 
duria de Dios y los medios de su inescrutable Providencia. 

Es preciso que sepa Y. que según nos dicen aquellos senci- 
llos escritores, Juan de Bethencourt proyectó una espedícion 
á ía Gran Canaria para darle un tiento, (estas eran susespre- 
ciones. El dia señalado era el 6 de octubre de 1405 y al 
efecto reunió tres galerasí pero los temporales obligaron las 
naves, á separarse y las tres fueron á parar á la costa de 
los sarracenos cerca del puerto de Bojador, en el cual saltó 
Bethencourt con su gente, permaneciendo en aquel país o- 
cho dias: durante este tiempo hicieron prisioneros algunos 
hombres y mugeres que trajeron consigo, y cogieron mas 
^ie tres mil camellos: pero como no era posible embarcar 
tan gran número, mataron algunos y soltaron los otros. 

Por mas que no lo digan estos capellanes historiadores, 
Bethencourt se llevó también camellos vivos que procrea- 
ron en Lanzarotc y Fucrteventura, de cuyas islas, particu- 
larmente de esta que es la mas á propósito para su cría, se 
han pro|>agado á las demás. En Tenerife se encuentran por 
todos los caminos, on todas las obras, y hasta en el muelle 
hay niio que está dando vueltas, á nna rueda. 



207 

El camello de las islas es superior, según Ijc üiílo á Mr. 
Berlíielot al de África, tanlo en presensia como en sus de- 
más cualidfdcs. Sin duda los alimentos y olrasfauFas ha- 
Jjián contribuido á su mejora. 

La vista de un camello en un camino es uil espectáculo suma 
mente agradable cuando conduce personas. Monta regülar- 
menle un hombre sobre su joroba y de uno y otro bdode un al- 
bardon construido á medida de la confurmacion'del animal, 
cuelgan dos silletas, donde van suspendidas las mugeres, lo 
mismo que van en las provincias vascongadas en las arlólas. 
I (10 me parece conveniente advertir que el que aquí se 
llama camello, es el animal que los i aluralista s apellidan 
Dromedario, que es el que tiene una sola joroba. Yoy pues 
con este motivo á dar^ V. algunas noticias" sobre un ani- 
mal tan útil, siguiendo el método de varios escritores que sin 
pretensión alguna han presentado sus observaciones. 

El verdadero camello tiene dos jorobas, una en la espal- 
da,, y otra en la grupa: se halla con abundancia en el Asia 
hasta la China, y también dicen que andan en numerosos 
rebaños en Besa rabia. La rapidez de su trote y su silla natu- 
ra! contribuyen á que se le emplee con preferencia al dro- 
medario. 

El dromedario también seencuonlra en el Asia y en las 
indias: pero los orientales y los africanos según dice Sou- 
lange Arland, han sabido domesticarlo, y se ha convertido 
en uno de los animales mas importantes para estos pueblos. 
Los árabes le llaman el navio que atraviesa tos desiertos. La 
carga ordinaria- de los de las caravanas es de seis quintales: 
aqui se les pone de ocho a diez: su jornada ordinaria es de 
ocho leguas. Sufre la sed durante algunas semanas, pero cuan 
do encuentra agua heve enormemente, pudiendo conservar 
sin alterarla en un depósito, de donde puede hacerla subir 
á la boca cuando tiene sed: este depósito es el que se llama 
bonete por los naturalistas. Los camellos tienen el labio su- 
perior partido como las liebres: sus dientes incisivos en la 
mandíbula superior y en ella ademas tres caninos, y dos 
en la inferior colocados todos á gran distancia. Es un ani- 
mal muy sobrio y se mantiene de arbustos. Tienen en el lo- 
mo unos lobanillos ó bultos de grasa, y unas durezas ó ca- 
llos en las rodillas y en el pecho, que dimanan de la cos- 
tumbre que les hacen contraer de arrodillarse. Efectiva- 
mente á la voz de su conductor les hé visto postrarse; de 



—208— 

esta suerlc se les carga con facilidad. Loáí bramidos 
ijuc también les hó oido dar parece que son una reconven- 
ción contra el que les impone mas peso que el que pueden 
resistir. 

Sin embargo de ser un animal pacifico, hay algunos que 
muerden, y por eso la autoridad ha hecho que se les pu- 
siesen bozales, y al mismo tiempo una campanilla para anufi- 
ciar su proximidad. 

No se concibe, dice un autor, que motivo pudo impedir 
que en tiempo de la dominación árabe en l^spaña se intro- 
dujese dicha especie, en una nación en que las comunica- 
ciones eran dificiles y costosas, y las conducciones se ha- 
cían en la mayor parle del territorio á lomo. 

La ventaja que no obtuvo la Península, la consiguiéronlas 
islas Canarias, por una casualidad come te be manifestado. 
Poseen un animal sobrio, dócil, sufrido, que equivale á un 
carromato; el precio es de mil y quinientos á dos mil rs. 
Lo desagradable de su desgarbada figura se compensa con lo 
provechoso de sus servicios. 

Este país que tiene árboles tan diversos como 
el plátano, el drago y la palmera, y arbustos tan 
diferentes como la tabaiba y el cardón también tiene un 
animal especial. 

Ahora recuerdo que hay camellos en el Retiro, que em- 
plean en conducir estiércoi. Por eso no es perdida mi carta: 
cuando V. vaya á Madrid se hará mas cargo de ello 
y se acordará lo que le ha escrito su affmo amigo 

Jl.N. . ■■ 

Carta 25. 

5r. Z>. Joaquín José Cervino. 

Sobre el muelle de Santa Cruz. 

Mi apreciable amigo: fijo en Santa Cruz, no meíjueda mas 
arbitrio que recorrer su radio, volver los ojos á los montes 
que lo crean en anfiteatro, á la inar que baña sus costas. El 
espectáculo del mar es siempre imponente y grandioso: na- 
da hay en el. mundo que equivalga á su vista. In obgcto 



—209— 

Idéntico siempt*"e al parecer y siempre nuevo para el que 
lo mira interesa necesariamente el corazón. Pasa el hombre 
horas enteras á la orilla del mar y no se cansa: las olas 
vienen áestrellarseá .sus pies, y aquel movimienlo perpetuo 
tiene yo no sé que de majestuoso y admirable. David inspi- 
rado por Dios nos dijo mirabilis elalioms mam los movimien- 
tos del mar, el entumecimiento de sus olas son admirables á 
losojosque lo contemplan. Yo paso muchos ratos en el muelle 
divisando la obra de la grandeza de Dios y dirijiendo mi 
vista al camino de mi patria. Llaman mi atención los bajeles 
surtos en la bahia que se agitan en continuos balances y que 
presentan junto á la obra inmensa de Dios la obra del hom- 
bre, que en medio de su pequenez va á luchar sin mas es- 
cudo que su ingenio con toda la naturaleza. 

Pero ya que hemos nombrado el muelle, hablaré algo de 
él, sin embargo de que no soy perito en la materia: pero Y. 
bondadoso en estremo me dispensará su indulgencia. 

Po'io á pesar de mis investigaciones he encontrado acerca 
de la antigüedad del de Santa Cruz. Viera en su obra histó- 
rica, precioso tesoro de noticias, nos dice libro 15 
lomo ii® pagina 445 lo que sigue. Consta que des- 
de lo primitivo hubo en el puerto de Santa Cruz un 
pequeño muelle, que este se reparó en 1585 de orden de la 
Ciudad, y que á costa desús propios se hizo un desembarca- 
dero mas seguro en la punta junto á la fortaleza. El mis- 
mo autor hablando en la misma página de las obras ejecu- 
tadas por el Gomandaote General D. Juan de ürbina en 
1753 estampó las siguientes |)alabras. *'EI muelle que po- 
niendo freno al soberbio mar de aquel puerto le acabó de 
dar* todo el ser y comodidad. "Preciso es referir que cuando 
en tales términos habla un autor tan inteligente como Viera, 
mucho seríalo que el General Urbina haría trabajar en el 
muelle; pero obras de esta naturaleza son interminables: 
nunca su pueden abandonar. A los poros años, esto es, en 
20 de Mayo de 1768, el Comandante General D. Miguel Ló- 
pez Fernandez de lleredia reunió una junta en que convo- 
cadas las justicias y vecinos de Tenerife mas opulentos, se 
pidió un donativo voluntario para concluir el muelle de 
Santa Cruz y se les propuso una nueva contribución sobre 
el comercio. D. Amaro González ciudadano de grandes ta- 
lentos y personero General, combatió con fuertes razo- 
nes la conlribucion. v el correjidor D. Agustín del Castillo 

28 



— flo- 
jel teniente delaOrotava proiesloron la junta en que qui- 
zo presidirles ci veedor de la jente de guerra. E' consrjo de- 
saprobó aquel mismo año \r. conlrihucion. 

Pero sean las que se quieran las obras qne de antiguo 
se hubiesen hecho, el estado del muelle en 1837, época en 
(|ue el ingeniero I). Francisco Clavijo tné destinado á esta 
Provincia, era el que vamos á indicar, segnn el núsmo ma- 
nifiesta en su informe impreso en el lomo 4 ^ página 148 
del periódico titulado Revista de obras públicas. 

**Hasta fines del año de 1849 dice, época en qne princi- 
piaron á ponerse en ejecución los trabajos del nuevo proyec- 
to sobre el muelle de Sania Cruz, este no permitía barquear 
sino en tiempos bonancibles, y era tan reducido, que solo u- 
na lanchado descarga podia atracar á el. después de tener 
la molestia y perjuicio de esperar á que la marea tomase a- 
gua suficiente para su calado, resultando de aqui que nun- 
ca podia contarse con mas de cinco ó seis horas útiles cada 
marea, cuyo tiempo queda mas reducido si se atiende áque 
no'siempre se verifican á horas convenientes para el trabajo. 
A este mal servicio que prestaba la obra antigua, se agrega- 
ba el estado ruinoso en que se encontraba, habiendo llega- 
do ya el estremo de haber desaparecido casi toda la 
esplanada que formaba la cabeza de la obra, hallarse soca- 
vados los cimientos de la restante, \erse estraida mucha par- 
te de su escollera por las fuertes resacas, y encontrarse en- 
teramente destruido un muro de guarnición que defendía 
al revestimiento esterior. 

Era preciso no pensar en una reform^i sino en un proyec- 
to nuevo: se formó y principióse á ejecutar: en la imposibili- 
dad de hallar en lugares próximos y poder conducirlas pie- 
dras del volumen necesario para la escollera, se pensó en 
los prismas artificiales, á imitación de lo que se hacia en 
Argel y otros varios puntos. Estos prismas eran de 14 me- 
tros cúbicos de volumen, con un peso de 800 quintales, y se 
construyeron y seguían elaborándose con hormigón y la esce- 
len te pusolana que es una délas singularidades de esto país. 

Como que no hay forastero ni persona del país que no va- 
ya de cuando en cuando ó casi todos los dias al muelle, voy 
á trasladar ciertos pormenores que sobre su construcción con- 
tiene el inforniedel Sr. Clavijo. 

Los prismas se construyen en moldes de madera apropia- 
dos al ohj^)to, los cuales sequilan pasado el corto intervalo 



—su- 
de siete líodio dias. Transcurridos seis meses, eslán en 
buen estado para arrojarlos al agua, y esta operación se veri- 
fica por un mecanismo enteramente análogo al empleado en 
el puerto de Arjel. Estas masas de piedra artificial no oca- 
pan mas que la parte baja, esto es, no sobresalen de la al- 
tura déla baja mar: luego que llega este caso, con piedra 
natural de diferentes tamaños se rellenan del mejor modo 
posible los huecos que naturalmente aparccan entre los pris- 
mas, formando de esta suerte un plano horizontal que sirve 
de base al muelle propiamente dicho: sobreesté mismo pla- 
no, y con objeto de dar lugar áque puedan lanzarse al mar 
sin interrupción todos los prismas concluidos, se construye 
unmurallon, de piedra natural, de un ancho poco mayor qíie 
el délos carriles, que sirven para guiar ehiarro que condu- 
ce la piedra, el cual se eleva hasta enrazar con la obra ya 
concluida: este murallon se sostiene por el intermedio de fuer- 
tes maderos verticales que van ligados a unos largueros y 
traveseros. Po** medio de esta obra auxiliar, que se prolon- 
ga á proporción que avanza la escollera, se consigue comple- 
tar la faena: llegado este caso la misma piedra que ha servi- 
do para formar el camino que dá paso á los prismas, se em- 
plea en rellenar y completar el plano formado por aquellos 
que se presenta á flor de agua con bastante imperfección. Pa- 
sado algún tiempo, y después que la mar ha hecho tomar á 
la escollera el asiento conveniente, se procede á formar l^ par- 
té alta del muelle, elevándolo á la altura general de la obra. 
Para esto se coloca primeramente una empalizada por el la- 
do de la mar, y otra unida á esta en ángulo recto. El cajón 
que así resulta formado se rellena con la misma clase de mez- 
cla y piedra partida que se emplea en la fabricación de los 
prismas. El plano de asiento está tres pies mas bajo que el 
nivel de la marea n^s baja del año. Todos los sillares tie- 
nen de largo de uno á dos y medio metros ó 30 de cola, y 0'42 
de alto. Para sentarlos se emplean cales hidráulicas con abun- 
dancia, y el macisodé manposteria que inmediatamente lea- 
compaña, el cual se hace con materiales escojidos, tiene siem- 
pre espesor de 1,5 metros. 

Me ha parecido no omilu* nada de lo espuesto, ya por el 
interés que debe ofrecer á los vecinos de Santa Cruz, ya tam- 
bién á todos los que concurren al muelle, saber el artificio de 
su construcción, y aun á mi que soy forastero, bien que en 
cuanto al afecto soy isleño, me place sobre manera ver co- 



—212— 

mo el ingoniodel hombre sujeta la bravura del mar. 

Los curiosos deben sab^r también que en 27 de noviem- 
bre íI« 1848 se nprobó el proyecto «obro el muelle; (jue en 
lieal orden de igual fecha se dispuso su coustrucoion, y que los 
trabajos prr cuenta del estado principiaron en junio (Iri 18í9 
y que en 11 de Setiembre de 1855 iban'gaslados 1.217.87U. 
rs., que la consignación para esta obra es la de 300,000 r.s. 
vn. anuales, que los metros de muelle construidos desdóla 
época referida de junio de I8í9 hasta el dia, son 105 que los- 
prismas que se han arrojado al mar son 402, y que 
se han revestido de sillería 82 metros de desembar- 
cadero con seis escaleras, é igual número de metros y de es- 
caleras en el espaldón del muelle alto. 

Solo resta ((ue manifestemos que el proyecto aprobado por 
el Gobierno, y en cuya ejecución se emplea el Sr. D. Fran- 
cisco Clavijo, consiste en la prolongación del muelle antiguo 
en dirección perpendicular á los vientos tormentosos en la 
rada, hasta la profundidad de 36 piesá bajamar (10 metros) 
una estension de 300 metros con el fin de proporcionar de- 
sembarcaderos cómodos para embarcaciones menores, que 
tanto escaseaban en aquel por su pequenez y estado ruino- 
so produciendo al poco tiempo un abrigo que sirviese de re- 
fugio á los buques durante las tempestades. 

Las obras proyectadas entonces pueden considerarse di- 
vididas en tres trozos cada uno de 100 metros de longitud: 
en el \.\ comprendido entre las sonas 0,00 á 4,00 metros 
bajamar para el servicio de las embarcaciones menores 
hasta el porte de SO toneladas: el segundo para los bu- 
ques de 50 arriba: y el tercero como martillo, para abrigo 
(lelos vientos tormentosos, sirviendo á la vez para amarrar- 
se los buques surtos en su interior. 

Desde 1857 ya se vieron cargar y descargar en los desem- 
barcaderos buques de hasta 80 toneladas, con la ventaja, e- 
conomia, prontitud y ningún riesgo que ofrece esta opera- 
ción comparada con la conducción del cargamento en lanchas^ 
especialmente cuando el mar se halla agitado lo que es muy 
frecuente en estas latitudes. 

Debo llamar la atención sobre un ensayo que se ha prac- 
ticado para facilitar la salida de las aguas del muelle, casi á 
raiz del mismo, por medio de un canal: el objeto es que las 
mismas aguas de la alta marea precipiten por aquel desaho- 
go las arenas. La idea es excelente, pero sus felices resulta- 



—ais- 
dos únicamente se palparán con toda evidencia cuando se 
establezcan las dragas que debehab^r en todos puertos. 

Nada délo sustancial, á pesar de que no soy perito, ho 
dejado de decir. Solo taita que enuncie mi satisfacción al 
observar el celo é inteligencia con que vá adelantando esta 
obra el ingeniero D. Francisco Cíavijo, y mis deseos de que 
se hiciese por el Gobierno un esfuerzo para que s(» 
concluyeso en un periodo corto. Todos saben que las o- 
bras hidráulicas cuentan un tercio ó tal vez una mitad mas. 
cu mdo se da lugar con la lentitud á que las aguas destru 
van mañana lo que se hizo hoy. La mar es un enemigo á 
quien se le debe sorprender en un ataque pronto. Se le de- 
he echar la cadena al cuello antes que se mueva. También 
desea echar al de V. sus brazos su invariable amigo. 

M- N. 

Carta 

Santa Cruz de Tenerife 26 de Junio de 1858. 

¿r. Z). Salvador Clavijo 

Acerca de ciertos fenómenos celestes y otros observados sobre 
el pico de Teide. 

Mi apreciable amigo: al principio de esta carta debo hacer 
una protesta, pero necesaria, indispensable. No se la dirijo 
á V. para decirle cosas nuevas, pues todo y mas de lo que 
yo puedo decir, lo sabe V. mejor. ¡Comopodria yo tener la 
pretensión de enseñar al que con su telescopio está obser- 
vando continuamente el cielo, al que ha escrito observado- 
nn.s astronómicas que están mereciendo el examen y el apre- 
cio de las Academias estranjeras! Si dirijo á Y. esta carta, es 
para consagrarle una memoria afectuosa, es para darle á en- 
tender que aunque profano en la ciencia astronómica, soy 
un cronista de las investigaciones ajenas, un aficionado, y 
sobre todo, para que me conteste, y con su respuesta au- 
mentar el catálogo de observaciones y apoyarlas con un vo- 
to respetable. Soy como los muchachos que recitan la lecciov 
al maestro: este corrije sus errores, y con la corrección aumen^ 
ta la masa de sus conocimientos. 



—214— 

Hecha esta protesta, voy á entrar ea materia. V. sabe mu/ 
bien, amigo mió, que las grandes montañas son unos obser- 
vatorios que ha proporcionado la naturaleza para examinar 
h grandeza de la creación. Si los hombres después del diluvio 
elevaron una torre para bularse del poder de Dios, los sabios su 
ben ahora i las montañas para admirar las maravillas de su 
omnipotencia, proponiéndose arrancar de un seno alguna ver- 
dad nueva que puede ser útil á la humanidad, y sobre todo 
comprobar las que ya se saben. 

El Pico de teide, por su posición, por su altura, 
por una infinidad de circunstancias, es uno de los en 
que la ciencia ha ido á recojer mas noticias y en 
donde se ha confunJido la sabiduría de los hombres mas ins- 
truidos. V. podía presentar imniimerables pruebas do esta 
.. verdad; yo m; limitaré á ofre<!er como la primara, lo q'ie 
dice lliimbjldt en su escalente obra titula la Cosmes 

Eslees el lugar, decia. de indicar otro fenómano (1.) 
óptico, del que mis repetidas ascenciones á lasm)ntañas no 
me han ofrecido mas que un solo ejemplo. Era el día 22 de 
Junio de 1799: ma encontraba sóbrela vertiente del Pico de 
Tenerife, en la parte llamada Mal país, poco antes dc5 nacer 
el sol, á la altura de unos 3475 metros sobre el nivel del 
mar, cuando observé á la simple vista las estrellas bajas a - 
jitadas con un movimiento bien singular. Unos puntos bri- 
llantes parecía al pronto que subían, y se movían después 
lateralmente, y que volvían á caer en su primilivj lugar. 
Este fenómeno duró tan solo siete ú ocho minutos, y cesó lar- 
go tiempo antes de la salida del sol sobre el horizonte. 

Era perfectamente visible con un anteojo, y verificado el 
examen, no pude dudar que fuesen las estrellas lasque se 
moviesen. Proviene esta apariencia de la refracción lateral, 
¿obre la cual se ha discurrido tanto: (1) ¿hay en esto alguna 
analogía con las deformaciones ondulatorias que el borde ver- 
tical del sol presenta con frecuencia á su salida, por peque- 
ñas que sean estas deformaciones cuando se llega á medir- 
las? Sea de esto lo que fuere, la proximidad del horizonte no 
puede menos de engrandecer estos movimientos laterales, 
á consecuencia de una ilusión óptica bien conocida. Lo sin- 



;1) fíunibotdt Cosmos tom. 3 ^ página 6h edición francesa 



— ai5- 

gular es que el mismo fenómeno fué observado medio siglo 
iJespues, cabalmente en el mismo lugar, y antes de la sali- 
da del so!, por un observador muy instruido y atento, á sa- 
ber, el Principe Adalberto de Prusia, que lo examinó ron !a 
simple vista, y también con el auxilio de un anteojo. Yo encon- 
tré la observación en un diario manuscrito, en el que habia sido 
consignada durante el mismo viaje. Solo á la vuelta de su es- 
pedicion del rio de la^ Amazonas pudo saberel Príncipe queyo 
habia sido testigo de las mismas apariencias (1 i) Nunca encontr e 
el menor vestigio de rarefacción lateral, ni sobre las vertientes 
en la cadena délos Andes, nienlasardientes llanuras de la A- 
méricadelSud {tos Llanos) dónde los lechos de aire desigual- 
mente calentados se mezclan de tan diversas maneras y pro- 
ducen con tanta frecuencia el fenómeno mirage, líl Pico de 
Tenerife está muv cerca de nosotros; con frecuencia es vi- 
sitado por viajeros provistos de instrumentos de medición, y 
puede esperarse que el fenómeno curioso de que acabo de ha- 
blar, no será olvidado en las investigaciones científi- 
cas. 

Las notas que tiene esta parte de la obra de Humboldt i- 
lustran mas el punto. La 13 dice así: Humbold en la Monal- 
llclier correspomlcnz Erd-nud Ummele Lunds de Zach tomo- 
1 . 1800 página 396, y en el Viaje á las regiones 
equinociales lom. 19 pág. 12o, dice: se creia ver peque- 
ños cohetes lanzados en el aire, puntos luminosos elevados 
de siete á ocho grados parecian desde luego moverse en sen- 
tido vertical; después su moviniienlo se convertía en un ve- 
dadero movimiento horizontal. Estos puntos luminosos eran 
imágenes de muchas estrellas engrandecidas en la apa 
riencia por los vapores, y que volvían al mismo punto de 
dónde hablan salido. 

La 14 contiene lo siguiente.— El Príncipe Adalberto de Pru- 
sia. Ausmrcinem Tugebuche. 1847 

Página 213. ¿El fenómeno de que aquí se trata tendrá cierta 
relación con las oscilaciones de la Polar, de 10" á 12** de 
amplitud, queCarlini ha notado muchas veces, cuando obser- 
vaba el paso de la Polar con el auxilio det anteojo meridia- 
no con fuerte engruesamiento del observatorio de ]\lilan?Vcd 
Zach. Correspondencia astronómica y geograf. tomo 2 *^. 181 9 
página 84. — Brander atribuye esta apariencia á un efecto de 
miraje. Gehlers unigearqphls, VVoríerbticliAómo 4 página 354. 
Un escelente observador. Coronel Baeyer, ha visto tamblea 



—^16— 

la luz heliótropica presentar oscilaciones horizontales. 

Como según tengo manifestado, D. Domingo Vivas es un 
hombre tan instruido como observadoi*, apenas leyó en 
Humboldt estas particularidades, se dirigió á Smith, quepor 
su larga residencia en el Pico nodebia haber omitido la ve- 
riücacion de este fenómeno. Me facilitó su repuesta en inglés, 
que traducida es como sigue. — Durante un mes de observa- 
ción en tíuajara con mi telescopio acromático de cinco pies 
cuyo foco media 60-200, y durante 15 dias de esperiencia 
en Alta-vista con un telescopio de 12 pies, cuyo foco media 
SO-200, cuyos dos telescopios estaban montados con fírmeza 
é igualdad; nunca observé en las estrellas movimientos anó- 
malos. 

Pero en Alta-vista, no lejos de la estancia de Humboldt, 
mirando al Oeste con la simple vista, las estrellas próximas 
á trasponer el pico negro de lava parece que hacian los mo- 
vimientos que describe Humboldt. Sin embargo, ba^ta una li- 
gera ujedilacion y los esperimentos hechos en las estrellas 
grandes y pequeñas, y sobretodo basta fijar mecánicamen- 
le los ojos en una estrella, constituyéndose en quietud, para 
demostrar que el movimiento es una ilusión óptica, causa- 
da, en parte per el esfuerzo del nervio óptico, y en parle 
también por las inmersiones y emersiones paralácticas apa- 
riciones y desapariciones de las estrellas, consiguientes al . 
movimiento insensible de la cabeza de la persona, y á la 
singular naturaleza de las aberturas ó surcos labrados por 
las corrientes de la negra lava. De noche no es visible esta 
cualidad por la ley natural conocida de todo pintor, ley se- 
gún la cual nada oscuro se ve bien definido, pero aunque no 
se vea está allí y produce todo su efecto, cuando seve una es- 
trella detrás ó fuera de las elevadas cimas del Mal pais. 

Por consiguiente estando firme en un punto yo hu produci- 
do por movimientos muy ligeros de la cabeza, la de- 
saparición y reaparición de una misma estrella cuan- 
do era brillante, como Arturo ó Vega: es una cosa bastante 
sencilla. Cuando la estrella ira mucho mas jvequeña. la in- 
cerlidumbre de la visión añadida á los efectos parala(3tico^ 
producían muy curiosas ilusiones. 

Fl Barón de Humboldt dice que observó el feuóuieno usan- 
do de un telescopio: pero ¿de que especie era, ó más bienco- ' 
rno estaba montado? por que si solo lo sostenía con la mano. 
el fuerte viento que nos describe y el estremecimiento oca 



—917— 

sioDado por h noche incomoda que había pasado, 
habían de: hacer qae los efectos paralácticos fuesen 
peores que con la simple vista. Lo que dice acerca de 
la Tadiacíon la imagen del sol etc. no merece llamar la a- 
tención. 

Eala página 338, siguientes á la obra del mismo Smith 
en un viaje al Pica, obra que V. me franqueó para leerla se ha- 
bhi estensamente acerca de este fenómeno y la causa, y pre 
lende*que fué una ilusión producida por las particulares 
dfcunstancias en que se encontró aquel viajero, advirtien- 
<io que sino es Adalberto de Prusi^. nadie ha hablado de él. 
Vea V. amigo mío, dos astrónomos en lucha, ó cuando 
menos poco conformes. A V. que queda en el país le toc^ 
resolver el problema, y jo tendré la gloria de haber esci'- 
lado su curiosidad. ' 

Humbold determina cuando estuvo en el Teide ^1 íns^- 
tante de la salida del sol, y reconoció que SU9 rayos lle- 
gaban alPicoll'Sl*'3^\ antes que á la llanura. ' 
Analizó por medio del gas nitroso el aire atmosférico dé 
esta alta región y halló que contenia 0,19 de oxigeno.' Sé]^ 
esperiencias sobre ki alta distancia gradual de la tempera- 
tura desde la base á la cúspide confirmaron en parte los 
<)atos generales del célebre Saussurre. Finalmente fijó la 
longitud del puerto de la Cruz 18* 33 10^' O, del meridiano 
^e París (1) 

Otros fenómenos singulares i^eñere el mismo Humboldt 
€on respeto al pico de Tenerife y nosotros no los omitiré- 
inos. (2) 

Uno dé ellos era la transparencia prodigiosa del aire. A 
ella atribuye este viagero la apariencia de proximidad des^ 
de ia cima del Pico, con que se ven lasaldea», las viñas y 
los jardines de la costa. A pesar de la gran distancia no 
solo distinguíamos, dice, las casas, el velamen de los b»-- 
jeles y el tronco de los árboles, sino que veíamos brillar 
con los mas vivos colores la rica vegetación délas llanu- 



{ÍJ Web y Berih: ffist natnrelle des Cañarles tom, 2. iré. 
partie pág. 52. 

(2) Viage á las regiones eguinoctales tom. 1.* Lib. 1. ^ Cap. 
20. 

29 



—218— 

ras. Cslos fenómenos, añade, no .<e deben- únicamente a 
la altura de la situación, sino que anuncian modificación 
nes particulares del aire en los climas calientes. Bajo tor- 
das las zonas un objeto eoiocado al nivel del mar, y quje 
envia ó refleja los r^yos en una dirección horizontal, pa^ 
rece nvenos luminoso que cuando se \t mira desde la cima 
4e'una inontaña, adonde los vapores llegan 4il Iraves ile 
x^apasde aire de una densidad decreciente. Diferencias igual- 
mente sorprendentes produce la influencia de los climas^ 
La superficie de un lago ó de un ancborio brilla mcnoft 
cuando se la véá igu£il distíincia, desde la cima de lasal-^ 
tas montañas de los Alpes ó Suiza, que cuando se la ob- 
serva de la cima de las cordillCTos del Peni ó (le Méjico. 
Cuanto mas puro y sereno está ^I arre, mas perfecta ea 
la disolución délos vapores, y imenos se apa^:á su pas* 
la luz. Cuatido por el lado de te iiiardel Sud se llega á 
1^ llanura de Quito ó á lade Antisana, qjueda amo sorpren- 
dido los primeros días de la proximidad en <{ue rse cree 
ver objetos que estén i distancia de 7 ü 8 leguas. £1 Pi- 
co de Teide i»» tiene la ventaja de estar situado «ii la 
región equinocial, .pero la sequedad de las colunmas de 
aire que se elevan jperfectamente sobre las Hanuras veci- 
nas al África, y que los vientosdel Este condiucen^^on ra- 
pidez, dan á la atmósfera délas islas Canarias una transpa- 
rencia que no sobrepuja solo la del aire de Ñápeles y Sict- 
silia sino quizás aun la .purezadel cielo deQuito y del Perú.. 
Esta transparencia puede considera rsecomo una de las cau- 
sas principales de la belleza del paisage bajo la zona tór- 
rida: es sin duda la que realza el l)rilto de Jos colores ve- 
getales, y contribuye al afecto mágico de sus armenias y 
de sus oposiciones. Si mía grande niasa de luz que irircu- 
la al derredor de los ol^etos fatiga durante una parte del 
dia I s sentidos esteriores. el habitante de los climas me- 
ridionales queda indemnizado con los gozes morales. Una 
claridad brillante en las con6e|)ciones, una serenidad in- 
terior corresponden á la transparencia del aire que nos. 
rodea. Estas impresiones 1as experimentamos sin salir de 
los límites de las Europa: apelo á los viageros que haa 
visitado los paises ilustrados por los prodigios de la ima^- 
•ginacion y de las artes, los climas venturosos de la Grc-^ 
ciay de la Italia. 
Al oir espresarse en estos términos áMr. Humboldtsere- 



conocerá la causa de los encantos de estas isfás: como su 
sueloaparece tan hermoso ala vista, el c'ieto tati paro y 
sereno: cual es la razón po^rquie ob^fvarnüs uft brillo ma» 
esplendente en la& estrellas. Ab! Si los Baropeos viniesen á 
sueloestesta dejar su alma sfllende délos rtiares, á por el a - 
mor ó por la ambision ó por las afecciones santas de la fami 
íia, no podrían menos de adnfiír'a^ estas bellezas, de recrearse 
£on esto» fenómenos! 

Pero examinemos otro que nos refiere este sabio. Desde 
la cima del volcan dice que alcanza la vista una superficie 
del globo de 5700 leguas cuadradas equivalente á la i* 
parte de la superficie de España, y que para verse I?, cos- 
ta de Atrica seria preciso que fuese de 200 toesasde altura 
sobre el nivel del mar 

' Hablando de los efectos de la visión añade: «si la cima 
del volcan de Tenerife fuese mas acsecible se observaría sin 
duda en ella por ciertos vientos una refracción extraordinaria 
llecorriendo lo que los aulores españoles refieren acerca de 
14 existencia de la isla fabulosa de San Borondon ó Antíllla, 
se vé que sobre todo es el viento húmedo del O. S. O. el que 
produce es estos parages los fenómenos de la visión: no ad- 
mitiremos, continua, con Mr. Viera, que el juego de las re- 
fracciones terrestres puede hacer visibles á los habitantes 
de Canarias las islíis de Cabo- Verde y aun los montes A- 
paiaches de la América. Trae una noticia curiosa, y es que 
en el siglo 16 un rey de Portugal cedro á un tal Luis Ilo- 
dri^on la isla imaginaría de San Borondoa. 

fto omite hablar del frió y sus causas: el que esperimen- 
tamos en el Pico, era muy considerable para la estación en 
quenoshallabiimos. El termómetro Centígrado separado del 
suelo y de las fumarolas qu*! exhalan vapores calientes, 
descendió á la sombra á 2.' 4: el viento era Ouest y por 
consiguiente opuesto al que lleva á Tenerife durante una 
gran parte del año el aire caliente que se levanta sobre 
los ardientes desiertos del Afi'icá. Como la temperatura 
observada en el Puerto de la Ordtaíya fror Mr. Savagi era 
de 22" &, la disminución del calórtco era de un grado 94 
toesas. Este resultado esta perfecta mente de acuerdo con los 
(¡ue se han obtenido por Lamanon y por Saussurre en jas 
iimas del Pico y del Etna aunque en estacíonQs diferentes 
La f(irma a^d» de esta^-i^ontañas hfj-ecelá ventaja de po- 
der wmpairar ti tefnpei»am^nio de^do^lechcM de ta atmós^ 



—220— 

fera que se encuentran asi en un mismo plano perpendicular: 
y bajo este aspecto las observaciouea hechas en un viaje* 
al Yolcari de Tenerife se semejan á las que presenta un» 
«ascensión aerostática. Bs preciso observar sin embargo que 
el océano á causa de su trasparencia y de su eva{>oraclon eii<- 
via menos calórico á las altas regiones del aire que las lla- 
nuras: por eso las cimas que están rodeadas de mar son mas 
frias en estio que las montañas que se levantan en med.ia 
de las tierras: pero esta circunstancia influye poco en la dis- 
minución del calor atmosférico, siendo asi que la tempera- 
tura de las regiones bajas está también disminuida por Ja. 
proximidad del Océano. 

No sucede lo mismo con la influeBcia que egercen la 
dirección del viento y la rapidez de la corriente ascen- 
dente: esta última aumenta á las vcees de una manera 
sorprendente la temperatura de las montañas mas eleva- 
das. He visto, decia Humboldt, subir el termómetro sóbre- 
la pendiente del volcan de Antisana en el Reino de Qui- 
to a 190, cuando nos encontrábamos á 2837 taesas de al- 
tura. Mr. Labillardiere lo ha visto sostenerse al borde dek 
cráter del Pico de Tenerife á 18\ 7 aunque empleó todas, 
las precauciones imagijiables para evitar el efeclo de laa 
causas accidentales. La temperatura de la rada de Santa 
Cruz se elevaba entonces á 28^ la diferencia entre el aire- 
Je la costa y la c>ma del pico era de 9",3 en ve* de 20* 
que corresponden á una disminución de calórico de 94toe'- 
sas por grado: entonces soplaba el sud-este en Sania Cruz 
quizás el mismo viento soplaba en las altas reglones de 
la atmosfera y quizás hiciera reihiH* en una dirección. • 
oblicua el aire caliente del continente vecino hacia la ci'- 
ma del Pitón. Labillandiere hizo el viage en Octubre de - 
1791, y en los Alpes d^ ki Sui2a se ha observado, que- 
la diferencia de temperatura entre las montañas y las lla-^ 
miras es menor en otoño. Todas estas variaciones de la 
rapidez con que decrece el calórico, no influyen sóbrelas 
medidas que se hacer^ con el auxilio del terómetro, sino* 
en cuanto el decrecimiento, no es uniforme en las; capas, 
intermediarias, y se áieia[de la progresión aritmética ó har- 
moniosa que suponen lai fórmulas empleadas. 

Otra observación digna de re&rir^ es la ^e versa so- 
bre el color de la bobeda celieste. No puíUmeá,.diee, cao- ! 
sarnos de admirar cuando estuvimpa ea la jaina del 



el color dé lá Mveda' ázufadá del ciáo. ' Sb mténsidád eti 
el zenit nos pareció que correspondía al 4t*'de! cyano- 
metrtf. Se s&be por las esperiéncias-de SafüésiA^e. que es- 
ta intensidad aumenta con la rarédad del air^é y que el 
mismo instrumento indicaba en la misma época 39 en el 
priorato de Chamouni y 40*" eh la .cima de Mont-Blanc. 
Esta última montaña es de 540 toesas de mas elevación 
que el volcan de Tenerife: y si á pesar de esta diferen- 
cia se vé un cielo de una tinta azul menos oscuro, se de- 
be atribuir el fenómeno á la sequedad del aire africano y 
á la proximidad zona tórrida. 

Observa que no encontró en la cima del Pico ningún ves- 
tigiQ de Psora de Lecidea ó de otras plantas criptoganicas 
y que ningún insecto revoloteaba en los aires. Se encuentra 
sin embargo, y según dice, algunos hemec/opteros apagados 
en las masas de adufre humedecidas con asido sulfuro'so, 
y tapizando la abertura de las fumarolas. Son abejas que 
parece han sido estráidas |)or las flores partium rembige- 
muny que vientos oblicuos han llevado á las altas regio- 
nes como las mariposas que halló Mr. Ramond en la cima 
de JUonte^perdido. Estas perecen de frío al paso que las a- 
bejas del pico quedan asadas aproximándose imprudente* 
mente á las quebrazas cerca de las cuales fueron á bus- 
car el calor. 

Apesar de este calor que se siente en los pies sobre d 
borde del cráter el cono de cenizas esta cnbierto 
de nieve durante muchos meses del invierno, Es probable 
que bajo la capucha de nieve se forman grandes bóvedas, 
semejantes á las que se encuentran en las neveras déla Sui- 
za, cuya temperatura es menos alta que la de! suelo sobre 
que descansan. 

En la hermosa veg\onáe]o¿ heléchos y de la Erica arbo- 
rescente una capa espesa de nubes nos embolbia: se soste- 
nía á 50O toesas sobre el nivel del niar. Al atravesar esta 
capa tuvimos ocasión de observar un fenómeno que des- 
pués senos presentó diferentes veces en las pendientes de 
la Cordillera. Pequeños corrientes de aire ertvpujaban ras- 
tras de nubes con una viveza desigual y eñ direcciones o- 
puestas. Nos parecía ver filetes de agua que se movían rá- 
pidamente y en todos seilitidos en medio de una grande masa 
de aguas dormidas Las causas detesté movimiento parcial 
délas nubes, son m^uy variadas. Se puedefl^én^bntrar en un' 



— 242— 

impulso que viene de mu^ lejos, en tas ligeras d«si];ual- 
(iadesdel suelo que refleja masó m^nos el calórico radian 
t<;, en una diferencia de tem[>eratura mantenida por alguna 
acción química, ó finalmente en una fuerte carga' eléctrica' 
de. vapores vesiculares. 

Habla por últim^) que al acercarse á la Villa de la Orotava 
encontró grandes bandadas de canarios, que son pájaros 
de un verde bastante uniforme y que algunos tienen un 
color pajizo sucio en la espalda: advirtiendo que los paji- 
zos son una variedad que nació en Europa. 

Humboldt subió al Pico el 13 de Junio de 179*. 

La puesta y salida del sol desde el Teide ofrece fenó- 
menos que corresp.^nde notar aquí. Siliulo en su. ascención 
dice'* como el sol se acercaba á su ocaso, nos llamó la a- 
tención una hermosa vista que se presentó hacia la parte 
opiTesla esto es. la sombra del sobervio Teide que después 
de cubrir gran parte de Tenerife y todo el mar c^ue estab» 
bajo su dirección se elevaba majestuosamente sobre el ho- 
rizonte en nvedio de las ráfagas rojizas nvezcladas de azul 
oscuro deque estatm cubierta aquella parte del cielo, entre 
cuya opacidad se contemplaba la imagen del Pico tan per- 
fecta conwsr fuera la misma isla de Tenerife vista á al- 
gunas leguas de distancia. Por espacio de 11, disfrutamos 
este bello espectáculo hasta que la ausencia del hermosa 
astro nos le robó á nuestra visti.» 

El mismo refiere el nacimiento del sol en los términos 
siguientes. «Salió el sol, y la presencia de este astro ofreció 
á la parte del O. el mismo espectáculo con la sombra del 
Teide que observamos las tardes antes al E., con la partí* 
cularidad ele que cubría dicha sombra la isla de la Gome- 
ra.» 

Seguramente que esta vrsta*debia ser imponente. Ver 
destacar una sombra gigante atravesando los mares y ocu- 
pando un espacio inmenso, es un espectáculo que debe 
sorprender el ánimo y producir una impresión profunda de 
pasmo. Un poeta veria eu esta sombra, el fantasma que b 
imaginación de Gamoens hizo salir de las tormentosas 
aguas del Cabo de Buena Esperanza, para at redrar á los 
portugueses y hacerlos desistir de su proyecto. 

Las nubes miradas desde el Teide son también una ma- 
teria que se presta á muchas observaciones. Smith descri- 
be minMciosameote una batalla entre ellas. Otro viajero en 



— ítS— 

su ascensión hizo también las siguientes ob^^ervaciones. 

La perspectiva que presentan es>tas nubes considerada des- 
Áii la cima de estos cerros ó desde el Pico es admirable: es 
semejante á una inmensa superficie cubierta de iFeHones 
<le lana blanquísima con algunas somt)ras de trecho ea 
trecho, y este espectáculo que se estiende, según diee^ 
formando horizonte es mucho mas grandioso cuando a- 
briendosetilgun claro por entre estas nubes se ven varios 
trozos del matizado valle «de Taoro. 

No debemos omitir un fenómena de acústica que refiere 
el padre Fenillei. Al tiempo de verificar su ascensión al 
Pico recibió una caida de qu6 quedó herido, no pudiendo 
pasar adelante. Signieron su marcha Mr. Polier, ^os hijos 
del Marqués de la florida, y -su ciiscifülo Vanquiso qué 
puso en el tubo el mercurio que se mantubo á 17 pulga- 
das 5 lineas. Cuando dichos companeros 4lega!K)n al tordo 
•del cráter |>rincipiarou á llamar al padre "Fenillée y sus 
<»mpanero8: nosotros, -dic0, contristamos á todas sus pregun- 
tas pero no respondieron' y tomaron esto por tm desprecio. 
Cuando volvieron al pié del Pilón iws reconocieron fior nues- 
tro silencio que les tuvo en la ma-yor inquietud, recelando 
^o nos hubiese ocurrido alguna desgracia. Les hablaiiios 
^n el mismo tomo de reconvinieron diciéndoles que nos ha- 
damos desgañilado en responderles, y asegurar ellos for- 
malmente que nada habían oido, aunque escuchaban con a 
tención, :al paso que nosotros les oíamos perfectamente. 

Esto es un fenómeiw) natural: yo recuerdo que para la 
composición del mazo de los cuartos <¡ue€Stá sot)re la cús- 
pide del chapitel de la Torre-nueva en Zaragoza, se formó 
un andamio costosísimo. Yo -subí á la azotea de mi casa, 
mucho mas baja que 1» torre y á gran distancia, y oía to- 
das las conversaciones de los trabajadores, y estoy bien 
^nvencido que ellos no'hubieran oído mi voz, autK{uehu- 
'biese gritado con la ma^yor fuerza: de consiguiente nada 
jne choca el fenómeno que refiere y esplica el P. Feni- 

Ya que nuestro propósito es reunir cuantas esperiencias 
se han hecho en el Pico, no parece luera dol caso poner 
la siguiente. 

Tabla de observaciones termoniétrícas que trae el : r. 
Siliuto en su ascención al Pico. 

lín el Puerto de la Orotava de donde salió á la$ 



—224— 

i y ipedia de )a tarde. « .78 

«. ]í^\ palo-blanco á las 9 de la noche 66 

. A las 12 6& 

A las 3 de la qiadrugada. 64 

En las estancia de ios ingleses á las 10 y 20. . 62 

En la cueva del hielo á Tas 3 y 45 51 

En la parte de afuera 62 

En el pié de pan de azúcar á las 7 de la tarde. . 44 < 

En la cueva del amparo á las 3 de la madrugada. 40 

En los bordes del cráter al E. á las 5. . . . 43 

A las 5 y 45 45 

Id. á las 6 46 

Al O á las 6 y 10 44 

En las estancia á la bajada 58 

Al terminar esta carta, yo podré decir á los habitan ti^s 
de Tenerife. Poseí en el Pico de Teide un templo de la sa~ 
biduria: sus oráculos vienen á consultarlos los sabios: so- 
bre aquella región elevada se ve la naturaleza en todo sa 
esplendor, el cielo en toda su pureza. No olvidéis la estra- 
ña ventura que debéis al Omnipotente: arreglad cuanto an- 
tes vuestros caminos interiores para que no haya estranje* 
ro alguno que permanezca dos diasen la bahia de Santa 
€ruz: que no vaya á visitar el valle de la Orotava y á sa- 
ludar el Pico. Yo no he podido aumentar ningún descubrí* 
miento, á la ciencia, pero hé reunido los que han hecho los 
sabios: he presentado estas regueras escoididas: he hecho 
conocer las maravillas que encierra vuestro suelo. 

Alguna vez el marin al emprender su via^e en Cádiz 
vendrá leyendo mis cartas: vuestros hijos quizás las le- 
erán también, y dirán: ese peninsular nos quería, cuan- 
do nos reveló la importancia de nuestro suelo, las bolleos 
de qup. estaba rodeado. Mi nombre no caerá en el olvido, 
tendrá la gloria que acompaña á los hombres que hacen 
bien. 

Vea V. amigo conque ideas me consuelo en la soledad 
que mo cerca: me be formado un paraiso con mis libros 
y mi imaginación; aunque las canas cubren ya mis sienes 
mi espíritu conserva fl ardor de la juventud: con él ama' 
á amigos como V. 

M. N 



—22o— 
Carta 27 

Santa Cruz de Tenerife 15de Juni ) de 1858. 
Sr. D. Luis BenUez de Lugo Saavedra Marques de la Florida. 
Fechas de la creación de los ti lulos de las islas. 

Mi querido amigo: cuando en una tierra estraña y lejana 
adquiere uno un amigo, le parece que hace una verdadera 
conquista. Ya no sera aquella tierra un desierto para el al 
ma; allí podrá dirigir la^voz y encontrará repuesta, no apa- 
rente como el eco de las montañas, sino un eco salido del co- 
razón, que tiene su correspondencia intelectual y verdadera. 
La amistad de un Joven interesa sobre manera á los hom- 
bres de cierta edad, porque les inspira una idea halagüeña. 
Les hace creer que no han adquirido todavia las rarezas é 
impertinencias que acompañan á la vejez. Otro motivo de 
particular estimación hacia el es haber visto el particular in- 
terés que ha tomado en mi publicapion y el esmero con 
que me ha procurado noticias. 

Correspondo pues remitiéndole una nota de loe 
títulos de Castilla radicados en estas islas con espresion 
<le la fecha de su diploma. Esta noticia es curiosa y puede 
íigurar muy bien en mis cartas. Véala V. á contmuacion. 

MARQUESES. 

De la Celada. , 1614. 

De Adeje 1666. 

De Acialcazar 1666 

De ViUanueva del Prado. ..,..,. 1666. 

üe la Breña. ........... 1666. 

De Torre hermosa 1671. 

De Fuente y Palmas . 1679. 

De Villa-fuerte 1680. 

De la Florida 1685. 

De Quinta-roja. . . 1688. 

Del valle de San Andrés , . 1708. 

Del Sauzal 174S. 

De la Candia 1759. 

De Casa-hermosa. • . , 1766. 

29 



DeGuisla Guicelín , . . 1776. 

De Santa Lucia 1819. 

CONDES. 

De la Gomera 1487. 

Del Valle de Salazar 1686. 

Dol Palmar , . . . . 1688. 

De Siete Fuentes 1698. 

De Vega-grande de Guadalupe, 1777. 

VIZCONDES. 

De Buen paso 1708, 

Al dirigía á V. esta nota no ha sido mi ánimo lisonge- 
arle presentándole en medio de los títulos. Esto hubiera si- 
do una puerilidad. ¿Quien no sabe en estas islas que es V. 
Marques y la antigüedad de su titulo? Pero yo no podia 
dar con respecto áV. importancia á este dictado, 1 ^ porque 
conozco que V. a lo que da preferencia es al saber. 2 9 
porque se que su familia tiene mayores distinciones que 
las del titulo. 

Mi trato amistoso con Y. me ha permitido verle en su 
mismo despacho rodeado de libros y de papeles, estudian- 
do la filosofía y varias obras que tratan de las planetas: le-' 
yendo la historia y haciendo reflexiones filosóficas: le hé 
visto prepararse al grado de bachiller en artes, cuando ya 
tenia el titulo de Marques. Esta conducta demuestra el po- 
co caso que hace de este dictado y que prefiere los de la 
ciencia, recordando que si el marques de Víllanueva del 
Prado se hizo memorable en las islas, fue no por ser mar- 
ques sino por haberse distinguido entre sus conciudadanos 
por su ciencia y por su celo en favor del pais. 

Nadie puede negar que la nobleza y la distinciones so- 
cialessonun bien; que heredarlas es unafelicidad, asi como 
lo es el nacer hermoso y no feo. Pero para mi es una cues- 
tión si ciertas' fkmilias ganan con titularse, por que hay 
ciertos apellidos que valen masque los títulos. Seguramen 
te Lugo tiene un carácter histórico, que le llena de esplen- 
dor. Además V. por su mamá ha reunido un nuevo tim- 
bre á su nombre. Su mamá fue la última señora de Fuer- 



—247— 

levenlura Con solo leer el libro 11 de Viera Clavijo hay 
lo suficiente para convencerse de que su familia no nece- 
sita del titulo de Marques para ser ilustre. 

Siga V, amigo mió, su empeño en buscar el verdadero 
lustre en la ciencia. Asi adquirirá un nuevo renombre y 
en este siglo en que el señorío de Fuerteventura se ha re- 
ducido á una propiedad particular, y el Marquesado de la 
Florida á una distinción honrosa basada en bienes de fortu- 
na; adquiera V. con el estudio un nuevo titulo á la esti- 
mación pública, á la consideracion-de la patria y ni afecto del 
país. Sea V. primero diputado y mas adelante por sudase, 
por sus rentas y su esperiencia véase V. nombrado Senador, 
y muestre á los de clase que en la época en que vivimos 
las distinciones be'*edadas únicamente se justifican por las 
prendas brillantes de los que las heredaron. 

La remesa de unas pocas noticias me ha dado materia 
para escribir. ¿Pero quien está mudo cuando departe con 
personas que quiere? V. es de este número para su amigo: 

M. N. 

Carta 28. 

Santa Cruz de Tenerife 16 de Junio ,de 1858. 

SrD^ 

Observaciones de Sir Charles I^yell sobre Tenerife y su 
Pico.. 

Mi apreciable amigo: ya tengo dicho en mis anteriores 
cartas que aquí es imposible que deje uno de estudiar algo 
de las ciencias físicas. Así es que cuando estaba escribien- 
do mis cartas vino á mis manos la obra de Lyell (1) titu- 
lada Principios de geología, ó sea modernas mudanzas de 
la tierra y de sus habitantes, consideradas como medios 



i 1) Principies of Geology, or the modern changes ofihe earlh 
and iís inhabitanis, considered as illusirated of geology. By 
Sxr Charles LyelL—Ninih and entirey y revised editioti» Lon- 
rfow.— 1853. 



228 



(le iluslrar la geología: en ella encontró un trozo que tra- 
ta de Tenerife y del Pico que no podré aiL»nos de .trasladar 
por las ideias tan útiles que contiene para la inteligencia 
de los fenómonos que se nos presentan en este país. 

«El Pico de Tenerife, dice, tiene 12,000 pies de eleva- 
ción y se presenta, según Yon Bouch, como una torre cir- 
cuida de su foso y su bastión. Este consiste, así como es- 
tán en forma de círculo los escarpes del Soma vueltos ha- 
cia el Vesubio, en cortados peñascos compuestos de trachito 
basalto y cuarzo aglomerados, y de toba (tuff) atravesa- 
dos por diques volcánicos ó de basalto, verticales por la 
común. Los peñascos varían en altura desde mil á 1800 
pies, y Yon Buch supone que los colocó en su actual es- 
tado una fuerza de abajo arriba conforme á la teoría que 
propuso el mismo autor para esplicar el origen de los co- 
nos del Vesubio y del Etna. Según las observaciones de Mr. 
Devilleenl839, lostiachitossonensu aspecto por lo común 
granitoides y contienen en vez de felipato vidrioso, una amal- 
gama de mineral llamado oligo clase, que fué anteriormente 
considerado como una sustancia característica de las rocas 
Ígneas mas antiguas El mismo viagero supone, aunque no 
encontró piedras de eal ó fonles en ninguna de las rocas 
de Tenerife, que los tachitos alternados y los trachitos aglo- 
merados fueron producidos dentro del mar. Si su opinión 
fuese exacta, ó á lo menos probable, los geólogos aún ten- 
drían dos medios para idear la manera con que la masa de 
la isla adquirió su presente forma y elevación sobre el mar 
Primero: los partidarios de la hipótesi de Yon Buch sobre 
la elevación del cráter, imaginan que una sucesión de ca- 
pas horizontales fueron colocándose en la parte superior 
por súbitos movimientos y abovedándose al correr en todas 
direcciones de dentro afuera del centro de una eminencia ■ 
formada á manera de cúpula, en cuya parte media se pro- 
dujo una abertura anchísima ó mas bien cabidad esférica- 
á." O contarme ala teoría que me parece mas preferible, 
una montaña submarina llegó gradualmente á constituirse 
en la forma de una cúpula achatada parte dentro y parte 
fuera de las aguas por los continuas tendidas de lava y la 
eyección de las cenizas desde el central orificio- En este caso 
los dignes representarán las hendiduras que se fueron lle- 
nando durante las sucesivas erupciones, y la primordial in- 
clinación de los lechos fué aumentada pop laestension y le- 



' —229— 

< 

>8n(amien(o de las masas durante las reiteradas cóuvulsio- 
lies, que obraron con mas fuerza en las inmediaciones del ( a 
nal de descarga, que era sellado parcialmente en la parte 
superior de tiempo en tiempo con la lava, rebentandose y a- 
briendüse entonces otra vez durante las erupciones. Así toda 
la isla salió materialmente del mar por el gradual movi- 
miento de abajo arriba. 

Sea cual fuere la teoría que adoptemos, siempre podre- 
mos esplicar la terminación tajada de los dignes y capas de 
trachito y basalto en los riscosos paredones de los escarpes 
que cercan el gran cráter, suponiendo un movimiento de parte 
de los materiales una vez prolongada mas interiormente hacia 
el centro. Sí conforme á la hipótesi de la elevación del cráter, 
una serie de capas de lava y cenizal esparcidas sobre un nivel e 
igual superficie, fué violentamente rota y empujada hacia ar- 
riba ¿porque los lados opuestos de este abismo no correspon- 
de en tal manera que demuestren por su forma presente 
que en lo antiguo estuvieron unidos? Es evidente que los pre- 
cipicios de los opuestos lados de la concavidad crateriforme 
no justarían si se pusiesen juntos,. no existiendo masas sa- 
lientes en uno de los murallones para engranar en las a- 
darajas que quedan en el otro, como sucedería con los es- 
treñios de muchas venas minerales, vetas y huecos si pu- 
diésemos estraer ahora las materias engastadas separando- 
las y reunir las rocas que fueron fracturadas y desunidas. 

El mas alto cráter del Pico tan solo despidió vapores sul- 
furosos desde que lo conocieron los europeos: pero una e- 
i'upciou ocurrida fin junio de 1798 no lejos de la cúspide, y 
otras que se recuerdan lanzaron arroyos dé lava desde las 
grandes alturas, prescindiendo de que muchas rompieron 
mas cerca del nivel del mar. Sin embargo, todas estas parece 
que dependen de un gran centro de erupción, ó que este canal 
abierto comunica con el interior de la tierra y la atmosfe- 
ra, y termina en el mas alto cráter del Pico. 

Debemos pues mirar á Tenerife como poseedora desd«í 
la mas remota antigüedad del principal y habitual respira- 
dero del archipiélago volcánico de las Canarias. Las descar- 
gas que se verificaron en las islas contiguas de Palma, Lanza- 
rote y demás; deben reputarse de una clase subsidif.ria, y 
han sido por lo común mas frecuentes y violentas cuando el 
cráter principal quedaba como sellado en parte en lo alto, 
asi como las violentas erupciones de Ischia ó de Monte nue- 



—236— 

vo concidieron con el estado de sueño ó reposo del Vesuvío. 
VeaV. amigo mió las observaciones del sabio Lyell so- 
bre el Teide y su formación. No deja de ser útil tenerlas á la 
vista porque de este modo se miran los objetos que nos ofre- 
ce el pais con mayor atención y con una reflesiva escrupo- 
losidad. Yo las copié para mi ilustrcion: se las comunico por 
que sé que V. gusta de verlas opiniones délos sabios. Tener 
reunidos sus pensamientos sobre un pais es siempre agra- 
dable para todos, instructivo para muchos, y sobre todo pa- 
ra mi ha sido utilisimo encontrar esplicadas ciertas ideas fié 
encontrado en ellas un guia para mi entendimiento y para mí 
investigaciones, y un pretesto también para escribir á V. 
una nueva carta V repetirme su affmo. amigo, 

M. N. 

Carta 29. 

Santa Cruz de Tenerife 27 de Junio de 1858. 

A la Señorita Doña Carmen Ñongues de Torremilano. 

Efemérides Canarias. 

Hija mia muy querida: ya te diriji una carta sobre es- 
tas islas; mi cariño me impele á escribirte otra. He dudado 
largo tiempo la materia que elejiria, pero ninguna me ha 
parecido mas conveniente que la que te pueda dar una ins- 
trucción pronta sobre los principales sucesos de este pais. 
sobre las fechas de los acontecimientos mas notables de 
su historia. 

Voy, pues, en obsequio tuyo á arreglar un suscinto cua- 
dro de los que merecen mas la atención, sin perjuiciode con- 
tiniKirlo; mi carta al paso que un testimonio de afeetoserá 
así mismo una lección: un padre siempre que escribe á sus 
hijos debe enseñar: en las que te dirijo te enseño á amar- 
me, ó por mejor decir, á corresponderme: bien que tú, bi- 
ja tierna y cariñosa., no necesitas de esta enseñanza porque 
sionjpre desde tus primeros años me has mostrado un afecto 
pnrísimo, entrañabley que crece »;on tu edad. Ya que bien sa- 
bes cmiarme, ya que no necesitas lecciones de esta especie y 
signeíí mostrando á tu padre una ternura sin igual, voy á 



—231— 

enseñí^rtt historia refiriéndote las épocas mas dignas de re- 
cuerdo con respeto á este país, que conocido oscuramenle 
<le los antiguos y después en los siglos medios por algu- 
nos aventureros, principió á ser objeto de una conquista 
fórmala principios del siglo 15 El 1 '^ que la emprendió 
fué Juan de Bethencourt, que era un Señor Normando que 
se entusiasmó con la idea caballeresca de llevar la civili- 
zación á regiones distantes. 

1402. El 1 *?de Mayo salió del puerto de la Rochela pa- 
ra Lanzarote. 

1402 A principios de julio arrivó á Lanzarote. 
Id. Tratado de paz con el rey Guardarfia. 
Id. Vuelta de Bethencouit á España y presta home- 
naje á Enrique 3 ? de quien recibe auxilios. 

1403. Llega á Lanzarote una fragata Española guiada 
por Bethencourt. 

Id. Esploracion de las islas de Fuerteventura, Gran Ca- 
naria, Hierro, Gomera y Palma. 

1404. Regreso de Bethencourt á Lanzarote y sumisión 
de Guadarfia. 

1405. Sumisión á Bethencourt de los reyes de Major- 
rata de Fuerteventura, parte septentrional de la isla, y de 
Jíindia que era la parte meridional de la misma. 

140S Esploracion de la Gran Canaria. Batalla desgracia- 
da. 

Id. sumisión de las islas de la Gomera y del Hierro. 

1405. 13 de Diciembre: se embarca Benthecourt para 
Europa y ya no vuelve á las islas. 

1478. Espedicion á la Gran Canaria bajo el itjando de 
Juan Rejón. 

1483. Fin de la conquista bajo el mando de Pedro de 
Vera, 

1491. Desembarco en la isla de Palmsi: capitán Alón- 
zo de Lugo. 

1492. Rendición de la isla. 

1493. Desembarca en 30 de abril el mismo capitán en 
Tenerife. 

1494. Batallado Acentejo; derrota de Lugo. 
Id. Reembarque de la espedicion. 

Id. Nueva espedicion; salta en tierra el 2 de noviembre. 

Id. 13 de noviembre: batalla y victoria de la Laguna» 

Muerte del príncipe Tinguaro hermano del Memcey Benca- 



—232— 

nio. 

1495. Batalla de la Victoria: triunfo de los españoles en 
25 de Diciembre. 

1496. Rendición de Bencomo: sumisión de Tenerife. 
Observarás, hijamia, por este suscinto cuadro co- 
mo se fueron sujetando sucesivamente estas islas. En los 
Estados sucede como en las familias: adquirida una fincase 
adquieren otras* al paso que el que vende un poce tarda 
por lo común en vender otras. Una espedicion doba lugar 
a otra: un triunfo á otro triunfo. Ojalá que entonces se hu- 
biera pensado en el África por el Gobierno español y que 
los planes de Bethencourt y de las Herreras sobre la con- 
quista de parte de su costa se hubieran realizado, ó cuan* 
do menos hubieran recibido apoyo. 

Por hoy no te digo mas: otro dia continuaré: no quiero 
cansarte con las fastidiosa relación de fechas: poco á poco 
la iré poniendo y llegarás á tener un resumen de la histo- 
ria de las Canarias: aun dándotela por partes será árida la 
relación, pero cuando yo vaya tu querrás que te cuente mu- 
chas cosas y entonces te vendrá bien este recuerdo. 

Observa entre tanto, hija mia, que es una curiosidad 
muy útil notar ciertos acontecimientos. Todos aun en nues- 
tra Vida particular debíamos llevar nuestras efemérides. Así 
tendríamos que fatigar menos nuestra memoria, sin ver- 
nos obligados á evocar trabajosamente recuerdos. Siyo hu- 
biera hecho mas apuntaciones de lo que leí sabria mas. ¿Que 
es el examen de conciencia diario que exijen ciertos teólo- 
gos moralistas sino unas efemérides morales? Aun un em- 
perador romano que era gentil, consideraba perdido- el dia 
en que no hubiese un bien. ¿Como podia saberlo sin repa- 
sar sus acciones cada dia? El sistema de fijar los recuerdos 
es, pues, un auxilio para el saber y para la virtud: lo es tam 
bien para el cariño. Tengo yo, querida Carmen, unas efeme- 
r¡d(\s de las gracias de tu infancia, de tus dichos agudos 
do los placeres que me has dado con tu docilidad y apli- 
cación, y cuando las repaso te quiero mas y abrigo la es- 
p(!ran7.a*de que me harás cada dia mas feliz como también 
á (11 Mamá. Abrázala de mi parte y recibe un ósculo cari- 
fiosí) de tu amante padre. 

Majuano. . 



—233— 

Carta 30/ 

Bahia de Santa Cruz y mar de Canaria, 18 v 19 de Junio 
áe 1858. 

Sr D^ Joaquín José Cervino. 



Salida de Santa Cruz. — Descripción ¿ historia de estapo- 
blacion. — Despedida — .Descubrimiento de Canaria — ,Vtsta de 
la Ciudad de las Pidmas — Impresionen que produjo. 

Mi querido amigo: al recibir esta carta verá V. que otra 
vez estoy en movimiento y que he abandonado mi quietud. 
Cuando uno ha salido de su patria y se ha separado de su 
familia, cuando se encuentra solo como la palma en el de- 
sierto, el viajar es un consuelo, es un calmante de las pe- 
nas, un lenitivo de la ausencia. Sin embargo yo soy una es- 
€epc¡on<Ie la regla: siempre me cuesta moverme del pun- 
to en que me fijé:' acostumbrado á la inmovilidad del hogar 
doméstico, el alojamiento que lo remeda y lo imita tien© 
para mí cierto precio. Asi que es necesario un impulso pa- 
ra que salga y viaje. 

Un negocio de interés me precisó irá la Gran Canaria: la 
tarde del 18 de este me dirijí al muelle para emprender la 
travesía. El mar siempre es imponente para los que hemos 
vivido entre los bosques de los olivos y no teníamos acos- 
tumbrados nuestros oídos al rugido de las olas. El mar se 
hallaba algo picado aquella tarde y en medio de una ma- 
rejada cuya violencia aumentaban los peñascos del muelle, 
todavía sin concluir, llegué al bergantín goleta San Fernan- 
do que debía conducirme. Bien pronto se aparejaron las ve- 
las y se levó el ancla poniéndonos en movimiento. Senta- 
do en la popa diriji nuevos saludos á los amigos que me 
acompañaron al embarque y que me acreditaron un afec- 
tuoso interés no abandonándome hasta la orilla del mar. 
Estas despedidas no pueden menos de enternecer, especial- 
mente á los que no tienen familia y que hallan en la amis- 
tad un consuelo in^ístimable. Entonces principié á girar la 
vista á mi derredor: por una parle se me presentó la villa 
de Santa Cruz en semicírculo á las orillas del mar, resguar- 
dada y defendida por las altas cordilleras que la circundan. 

30 



— 23i— 

Las torres de la parroquia y del estinguído convento de- 
San Francisco se parecen á dos columnas áere«s que fijan 
la vista y que dominan las elevadas azoteas. Me entretuve 
en recorrer con mis miradas las estrañas crestas de los mon- 
tes que van á terminar en la punta de A naga y luego volví 
mis ojos al insondable mar cuyas llanuras formaban un ho- 
rizonte interminable. Me rompían con la vista de Santa Cruz. 
Cuando llegué, el 15 deabriK era casi de noche y no pude 
gozar de estaf>erspecliva: ahora disfrutaba de su aspecto y 
recordábalos acenteeimientos que ocurrieron sobre aquella» 
costa y que tuvieron lugar en las ajp^uas de su bahia. 

Esa playa que corona el Castillo de San Cristóbal, artf- 
llado coH> cañones, me recuerda el antiguo poderío español: 
esa playa en donde ahora se mecen al soplo de la brisa lo» 
árboles de la graciosa alameda, era uu desierto en don- 
de en julio de 1464 Diego tiarcia de Herrera saltó en tierra 
con su gente y pisó este suelo, aunque pasajeramente, coii- 
ánimo de preparar su conquista haciendo concierto con al- 
gunos menceyes de Tenerife (1) Se me represenlabsí* 
también el torrejon que en años posteriores construyó I). 
Sancho de Herrera, hijo del D.Diego, torre que fué desti uiJa- 
por los Guanches espulsandole de este territorio. (2) 

En esa misma playa sentaron su plañía con sus huestes^ 
n. Francisco Maldonado Gobernador de Canaria y D. Pedro^ 
Hernández de Saavedra señor de Fuerteventura. por los a- 
ños do 1489 y 1490: ahí derramaron inútilmente su sangre* 
los soldados que capitaneaban. 

Ahi también desembarcó en 1.' de mayo de 1494 el es- 
forzado D. Alonso Fernadez de Lugo, y plantando una gran 
Cruz d« madera que llevaba en sus brazos, dio nombre á 
esa costa en que se ha levantado una población que cada 
dia crece y se csliende por las laderas. Yo, remontándome 
á una época lej^ma me parece que veía aquella gran tienda 
cubiertja de laurel en la qu^B se improvisó un altar adorna- 
do de flores y yerbas olorosan sobre el cual se eelebró et 
augusto sacrificio de la misa 

O pueblo predilecto, del cielo, esclamaba, cuyo primer e- 



-sr»- 



(1} Espinosa lib. 3.* cap, 1.* 
/2) Id. id. 



—235— 

dificio fué uu templo consagrado á la Cruz y en donde el pri- 
mer madero que se clavó fué el que simboliza nuestra re- 
dencion» He aqui las ^scena^ que pasaron el 3 de mayo de 
ilH en el campo del puerto de Añaza que después ha re- 
tábido la idenoTninaeíon de Santa Cruz. 

Aqui encontró abrigo Fernandez de Lugo después de la 
derrota que sufriera en Acenlejo, Volviendo otra vez mis ojos 
al cantillo de San Cristóbal, recordé que del centro de sus 
murallas salió en 6 de Noviembre de 1706 aquel eco de fi- 
delidad, aquellas pilabras pronunciadas por elCorrejidor y 
Csiiilande Guerrs^Ppn José Antonio de Ayalay Rojas, pala- 
bras dignas de quelas recoja la historia y las couSlgne en sus 
fastos. Aunque las armas del Rey hayan sufrido contratiempos, 
aunque Felipe'^,'' haya sido esp elido de tas Castillas, esta tier ♦ 
rfl siemprt se le tonservará fiel. Palabras sublimes que refie- 
ren el cumplimiento déla obligación á la esencia natural 
del deber y no á los accidentes déla fortuna. 

De ese Castillo de San Cristóbal sjüó también la bala que 
■arrebató ^1 brazo á Nelson, y de ese castillo y del de Paso-alto^ 
y do las otras balerias, el fuego morlífero que eríi706 arre- 
dró la escuadra del almirante Geningsy en 1796 la deNel- 
•son, y que enrogeció las aguas de la bühia con la sangre délos 
que en mas de 30 lanchas quisieron asaltar estas cos- 
tas. 

ItTipostble es mirarlas, HJar los ojos en Santa Cruz sin 
recordar acciones heroicas, hechos que la historia tiene es- 
<!ritosen su libro de oro. Por un género de instinto los con- 
quistadores se dirigieron á los playas de Santa Cruz: por un 
género de instinto los enemigos fueron á atacar sus mura- 
lías: por un género de instinto aportan los buques de todas 
las naciones. No puede concebirse esta repetición de actos, 
esta serie de hechos que manifiestan una constante predi- 
lección, sino á ventnjas que ha concedido á esta bahia la Pro- 
'videncia. ;,Será lugar de (iescanso donde en<:uentra solar 

Í refrigerio el navegante fatigado de las olas.^ Será por el 
eideque descuella en medio del occeano formando un faro 
perene? Será, finulmente, porque es un punto de descanso 
establecido por Dios en medio de los mares? Sea cual fue- 
re la causa, Santa Cruz ha llamado, aun antes de estar fun- 
dada, á los navegantes. Preciso es por lo tanto atribuirle 
un mérito intrínseco que ejerce un influjo secreto, y cuya 
influencia no se esplica el siismoquela esperimenta. 



—236— 

No es estraño, decía interiormente, que considerando el 
Comandante genera! Marques de Valle hermoso la pla- 
za de Santa Cruz como la llave de las islas, co- 
mo la atalaya de estos mares, como el lugar mas 
propio para estar en vela contra cualquiera evento, trasla- 
dase su residencia desde la Ciudad de la Laguna á esta vi- 
lla en 1723, desde cuya época continua poseyendo á los jefes 
militares de la provincia. 

Yo iba á saludar lleno de entusiasmo rsa villa que con 
el tiempo será una ciudad opulenta, iba á profetizarle su 
futura grandeza y á desearle ventura como la reina de es- 
tos mares, como la predilecta hija de Telis, cuando recor- 
dé la salutación que le dirigiera una de sus hijas adopli - 
vas. Entonces tomé en mis manos la interesante y dulcísi- 
ma alocurion que escribiera la Sra. Doña Victorina Br^ 
doux de Domínguez y lei lo siguiente. 

¡Cuan poético, grande, consolador y sublime es el nom- 
bre de la Capital de las islas Canarias.! 

Bien hayas tú, graciosa paloma, recostada en tus jardines- 
y resguardada por la sombría cordillera de las montañas. 

Bien hayas tú. La primera vez que mis tristes ojos te 
contemplaron desde el mar, admiré tu belleza y bendeci tu 
nombre. 

Aun imagino que te veo aparecer blanca y risueña coma 
un flotante canastillo deflores en el agua. Aun me parece- 
que te veo indolente y reclinada á la falda de tus montes^ 
que se levantan magestuosos, pareciendo centinelas eternos^ 
que velan por tí, bella hija del occéano. 

Bien hayas tú pacifica villa conocida en el orbe por el ben- 
dito nombre que es la enseña gloriosa de nuestra redención,. 
¿Quien como tu protegida por la Santa Cruz? 

¿Quien al verte no recuerda conmovido la gloria de tus- 
hijos, tan valientes en su propia defensa^ como generosos^ 
y humildes en la paz? Bien puedes ostentarte orgullosa, túi 
que viste depositar^en tu suelo esa joya descendida del calva- 
rio para regeneración del universo. 

Bien hayas tú, que posees tan invencible egida. En va- 
no el estrangero te codició, blanca perla perdida entre las^ 
olas: en vano quiso engastarte en su soberbia corona. 

Tu estabas libre de su ambición, porque velaba en ti bu 
honra y prez de nuestro celeste culto. No vieron los auda- 
ces elevarse de tu seno esa cruz simbólica y protectora, es- 



tendiendo sus brazos sobre strs berotcjs habitantes. 
No conocieron en su audaeia loca, que la ninfa mari- 
na poseía un talismán precioso é invulnerable* 

¡Ob. no temas jamas que puedan talar tus campos y 
derruir lus templos! Siempre serás invencible y veiicedo-- 
ra. 

Duerme» pues, arrullada por el murmurio del mar: si- 
gue en tu indolente letargo, perfumada por tus flores y res- 
guardada por- tus moníím'AS, centinelas eternas que por ti ve- 
lan, bella hija deloccéano. 

Jamás el temor se abrigue en tu generoso pueblo, que 
tú guardas la fé, la esperanza y la caridad en tu seno ben- 
decido. 

Bien hayas tú. Mi canto te saluda, lleno de ternura y 
entusiasmo. 

La paloma orrante de otros emisferios posa en tí su lige- 
ro vuelo, y te envia en tus marinas auras su arrullo aca- 
riciador. 

Quizás algún dia lejos de tí mecerán tus olas las ca- 
dencias de mi voz: y aun cuando de ti distante, siempre re- 
petirá mi canto: Bien hayas tu, bellísima sirena: yo guardo 
en mi corazón tu memoria, y te saludo. 

Bien hayas tu una y bul veces heroica Santa Cruz dk 
Tenerife. 

Frases tan sentidas y tiernas adquieren mayor valor lei- 
das sobre un buque, pronunciadas desde el movediza asiento 
de una nave, y viendo iluminada la villa con los rayos del 
crepúsculo. Bien prontodesapareció esta luz pasajera, luce» 
diversas brillaron en disonante calocacion en el caserío de 
Santa Cruz y por fin la noche estendió su negro manto y la 
luna reflejaba en las olas: el vientoimpelia poderosamente 
nuestra nave: bájeme al camarote y al reclmar mi cabeza en 
laalmohada oia elruido de las aguasque se estrellaban con- 
tra las tablas. Cuatro dedos, decia dentro de mi,d¡stosolode 
la muerte: que distancia tan corta entre la existencia y el 
no ser: entre la vida y la eternidad. Sin embargo el sueño 
estendió su dulce bálsamo sobre mis parpados y dormí 
tranquilo hasta la madrugada en que la luz me hizo aban- 
donar el lecho y trasladarme á la cubierta: vi ya á lo le- 
jos la Gran-Canaria, el mar llamado de los Bañaderos y 
muy luego se me dijo que Íbamos á doblar la punta de 
la Isleta, que asi se llama una crecida e3tension de tierra 



—238- 

que se hnlla «nida á la ííran-Canaria por un pequeño ist- 
mo ó lengua dü tierra llamado Guanal teme. Doblada la 
punta divisóse la Ciudad de las l*almas: la catedral ostea- 
taba su imponente masa de sillares y sus eleganlíis torres: 
descubrí la Retoba recienipmente construida y una serie 
de ediíicios. Una porción de casas blancas esparcidas ca 
las colinas inmediatas se parecían á las ovejas cuyo blan- 
co vellón luce sobre la verdí^ yerva de las pendientes. Poco 
á poco nos fuimos aproximando y la población seprcS^ntó 
«on mas claridad. Loqueantes parecía un punto en el mon 
4e era un grupo de casas: descubrí mas claramente la cíur 
<lad que se me figuró remedaba a Cádiz por sor semejantes 
las torres de su catedral. Estraña coincidencia: el último 
pueblo de laPeninsula tiene semejan/a en un monumen- 
toreligioso con otro pueblo espaüol que á mas de 300 leguas 
de distancia revela un mismo sentimiento de piedad. Pare- 
ce que los Canarios han comprendido esta idea, cuando 
con el patriotismo que les caracteriza, han formado un era- 
peno tenaz en levantar una de las torres. En una época 
en que los ediíicios sagrados vienen á tierra, no por la in- 
juria del tiempo como decía un escritor, sino por un ver- 
gonzoso descuido, los habitantes de las Palmas realzan la 
hermosura del templo catedral decorando su fachada con el 
complemento de sus torres. La ciudad de las Palmas ha 
hecho con esta obra una profesión pública de catolicismo, 
porque estese halla simbolizado en la magnificencia de los 
templos, y las torres que se elevan en la región del aire 
Bon a manera de una oración material, una aspiración 
esterior del sentimiento religioso que parece ascender 
al cielo. 

No es estraño pues, que apenas «entará mi planta en 
tierra fuera á visitar la catedral. Algo quizas diga de ella 
6i consigo ciertos datos para hablar con exactitud. 

Aunque no mareo, los viajes no dejan de producir al- 
gún trastorno en el método de vida. Conténtese V. coa lo 
que llevo dicho y hasta otro dia. Suyo affmo. 

M. N. 



—239— 

Carta 3t. 

Las Palman {Gran Canana 21 de junio de t858> 

5r. /). FraneUco Ortiz y Üuaso. 

Varias noticias sobre la Ciudad de las Palmas; puente de 
Guiniguada: edificio de la Audiencia — Casa del Regente — entier- 
ros — noticias sobre los vecinos de la Cueva — Canteras del me- 
dio di] y de la Fuente blanca. 

Mi buen amigo paisano y compañero: muchos motivos con 
curren para que jo le escriba desde eslas islas: nuestra sin- 
cera amistad; nuestro común deseo de escudriñar y saber; 
y por último la circunstancia de haber Y. pasado junto á 
estas islas cuando iba de magistrado á Manila y no haber 
puesto sin embargo el pié en ellas. Ya que entonces no las 
vio, ahora podrán serle agradables mis noticias recordán- 
dole los días venturosos de su juventud. Justo es por otra 
parte que V., que estuvo tantos años ejerciendo la majis- 
tralura en Filipinas y que estudió aquel país, reciba mis ob- 
servaciones sobre las Canarias. Voy á ganar con esta comuni- 
cación porque V. quer.s tan erudito y queá su biblioteca aña- 
dió la desu ilustrado tio el Sr. Duaso, no dejará de franque 
arme algún libro que me ilustre y qiie hable de estas re- 
giones. 

Dejé á Tenerife por unos dias y me hallo en la Gran- 
Canaria pais nuevo para mi: un viajero cuando entra por 
primera vez en nn pueblo debe hacer lo misma que un ge- 
neral anles áe dar la ba^alfiá; recorreroF campo, ó á lo me- 
nos rejisn*arlo con el anteojo. Yo elejí el primer medio, me 
enteré de eiectas cosas genepales para poder eamiiiar después' 
pormtsolov 

La ciudadde tasPafmas sehalTa dividida en dos partes 
pdf el barranco ó torrente de Guiniguada: la que se halla á 
su derecha se llamaVeguetay la de la izquierda, Triana. Las 
une un hermoso puente de un arco qoet mandó cons- 
truir eal673 DJuan Goello de Portugarque era gobernador 
dela¡sla>, cabalieradelaórden de Santiago: antes lo tenia una> 
de madera qu« casi todos tos años, según dice el F. Sosa, se 
la llevaba al mar eV torrente, lo que sucedió también en 1 615* 
«oa otro que había de cantería azul arrebatando casi todo^ 



el barrio de ta Herrería y las ventas de los Remedios. A las 
entradas tiene el puente las estatuas de lascualro estaciones. 

Colocándose en medio de este puente y aun mejoren el 
fondo del barranco en la parte mas próxima al mar se dis- 
fruta de una vista sumamente agradable: se ven á entram- 
bos costados laderas cubiertas de verdura en que descuellan 
hermosas palmas. Tantos árboles reunidos en el centro de 
una población y que van subiendo como por escalones q- 
frecen un espectáculo muy agradable. Aunque la vista no 
se espacia entre las estrecheces de el barranco» no deja de 
inspirar ideas muy halagüeñas. Se ve en medir de la cul- 
tura el árbol el desierto formando un precioso contraste 
con la civilización de esta Ciudad. 

El P. Sosa refiere que el sitio en que se fundó se llamó 
antes Guiniguada y hoy las Palmas, en razón de haberle 
puesto este/nombre los conquistadores por haber hallado 
muchas tan desmedides en lo alto, que parecían se avecina- 
ban con las estrellas: algunas de las cuales, dice, conservan 
hoy sus ciudadanos, lo uno por ser de quienes tomó la ciu- 
dad tan remontado nombre, y lo otro porque sirve su altura 
en muchas ocasiones de fijo norte para quo los mareantes 
vengan por ellas en conocimiento del parage en que se ha- 
llan. Repito, amigo mió, que es un contraste verdaderamen- 
te singular, y mas para un español del centro de la Península. 
Yodecia, la ciudad de las Palmas mira como sagrados y con- 
serva coa cierta religiosidad los árboles que le dieron* nom- 
bre. A esto se siguen los recuerdos de la antigüedad. Cuan- 
do Juan Rejón y D.Juan Bermudez llegaron al puerto de la 
Luz y desembarcaron ásus inmediaciones, no se considera- 
ban satisfechos con el arenal quepi^^aban y fueron en busca 
de otro sitio mas ameno; avanzaron con este deseo y á poca 
distancia encontraron una delicioso en la embocadura del 
barranco de Guiniguada. Hé aquiel origen de la Giudad de 
las Palmas fundada á la vez por un guerrero como Rejón y 
por un sacerdote como Bermudez. El Rey y la iglesia: la 
patria y la religión tomaron á la vez posesión de este terre- 
no, que ha sido después insigne y memorable ya por sus 
construcciones, ya por las acciones de sus hijos. Los 
edificios de las Palmas son verdaderamente los de una ciu- 
dad: en lo general son sólidos y elegantes. Se debe sin du- 
da á que en los principios de la conquista allí se estable- 
cieron las autoridades y aquellos propietarios mas grandes 



—Sil- 
de la isla viven en su recinto, al paso que en Tenerife 
los hacendados se hallan distribuidos en tres poblaciones 
importantes, Santa Cruz, la Laguna la Orotava; y antes en cua- 
tro, pues Garachico es uno de los puertos mas concurridos. 

En un mismo edificio se hallan reunidos el Casino, un 
café y el Teatro. Lástima que este último se haya construi- 
do de un modo poco conforme á los deseos de los que pro- 
movieron su construcción: pero en cambio el edificio de la 
Recoba ó mercado está ventajosamente ideado y reúne to- 
das las ventajas apetecibles para el tráfico. Si hubiese de 
descender á la descripción de este, y otros edificios, mi carta 
seria inmensa: ahora solo voy á dar pinceladas generales. 
Hablaré sin embargo de la Audiencia, que he visto con deten- 
ción: por haberse incendiado la antiguase trasladó al local 
que antes ocupaba la inquisición. La traslación se verificó 
siendo regente el Sr. D. Felipe Urbina Daoiz, ministro aho- 
ra del Supremo Tribunal de Justicia, y que en esta trasla- 
ción manifestó un celo que le hizo recomendable á los ojos 
del pais. Las salas se hallan decoradas con bastante decen- 
cia y gusto: hay en la parte baja una capilla para el tribu- 
nal en la que también oyen misa los presos: pero á pesar 
detodo, siendo el edificio pequeño no hay corredores por don- 
de puedan circular con desahogo los litigantes, abogados y 
procuradores. Conozco que se ha hecho todo lo posible para 
decorar el local: conozco también que hay pocos negocios 
y que estos son poco importantes para que puedan atraer 
espectadores; pero aunque asi sea, á mí me parece que en 
todo !o que dice relación ala justicia y á la religión es pre- 
ciso imprimir cierto sello demajestad,y nada considero peor 
que semejantes funciones se ejerzan sin todo el aparato 
de u la grandiosa solemnidad. En las islas Canarias la prin- 
cipal representación de la majestad está en la audiencia; 
porque la justicia es el principal destello del trono y por- 
que la majistratura es la institución que menos participa 
déla política. A mi juicio si en algo es disimulable el lujo, 
ó hablando mas exactamente la pompa, es en lo que tiene 
connexioncon tan elevado ministerio. 

Cuando tantas obras se meditan, la de un edificio para 
Audiencia no debia echarse en olvido: en él debia haber lo- 
cal para el juzgado de primera instancia y para cárcel, y aun 
habitación para los magistrados que se ven apurados para en- 
contrarlas, naciendo de aqui la inquietud y falta de comodi- 

31 



—242— 

dad con ((ue viveuen un pais en el que permanecen como de 
tránsito, y sin aquella estabilidad queda cierto encanto ala 
vida. 

El Regente es el único que tiene una casa (|ue puede 
reputarse como un pequeño palacio, y que es digna del 
representado que tiene y del elevado cargo que desempeña. 
En ella se conservan, según se me ha dicho, las alabardas 
con que antes se hacia guardia en las salas. Siento que 
haya desaparecido esta costumbre. Todo debe renovarse en 
la sociedad: la moda debe ejercer su imperio; pero en cuan- 
to á la justicia, aunque sea por lo que toca alas esleriorida- 
des, apetecerla cierto género de perpetuidad. Inglaterra nos 
suministra ejemplos muy dignos de estudio en esta materia. 
El terreno en quaestá la casa del Hejenle, perteneció 
al Cabildo eclesiástico de las Palmas; pues del acuerdo de 
esta corporación del 23 de Enero de 1582 resulla, que el 
Regente y oidores de la Audiencia solicitar n se les diesen 
las casas que tenia á censo el Licenciado Aceituno y las 
que junto á ellas tenia Francisco Soria para construir las 
de la Regencia, ofreciendo á trueque lo que valiese el cen- 
so en otras proi^iedades, cuya propuesta aceptó el Cabildo. 
La población de las Palmas ofrece mucho que ver y exa- 
minar: el colegio de 2.' enseñanza, sostenido por el celo del 
distinguido letrado y patricio Sr. 1). Antonio López Botas: 
la catedral, elegante en su exterior c interior, los hospita- 
les, son cosas que merecerían no una sino muchas cartas: 
las escribiré seguramente ruándose me remitan noticias 
que espero y que no me negarán aquellos ciudadanos, sa- 
biendo que solo las deseo para darles publicidad y mayor 
realce al pais. 

La ciudad de las Palmas carece de la ventaja de poseer 
una vega dilatada á sus inmediaciones; pero no por eso la 
naturaleza le ha negado atractivos. Los riscos de San Láza- 
ro, San Nicolás y San Juan, serán con el tiempo sus mas 
preciosos adornos. Yo me lamentaba de que estuviesen des- 
nudos, pero uno me hizo observar, que estaban plantados 
de loqueen el pais se llama taharalos, y fijándola vista ya 
columbré la verdura que principiaba á brotar y que era 
un indicio de lo que vendrian á ser aquellos montes cuan- 
do se viesen cubiertos de un agradable tapiz. 

Pero dejando por ahora los edificios y alrededores para 
tratar de las personas, diré que el trato de los vecinos de 



—Sis- 
las Palmas es muy fino: yo á lo menos les debí todo géne- 
ro de atenciones, tanto durante mi corta permanencia, co- 
mo cuando llegó el momento de mi embarque, á donde 
me acompañaron en obsequiosa comitiva muchos y muy 
distinguidos sujetos. 

La cualidad que principalmente distingue á los vecinos 
de las Palmas y á casi lodos los Canarios es el patriotismo; 
un amor ardiente á su país, que principiando por hacér- 
selo mirar como el mejor del mundo, les compele á los ma- 
yores sacrificios. En estos dias estoy palpando una prueba 
de esta verdad. Se trata de una suscricion para las obras 
del puerto de la Luz y noto una agitación continua y un 
desprendimiento sin igual. 

La gente del pueblo es aqui como en las demás islas, 
dócil, atenta y obsequiosa. No debo omitir que las Cana- 
rias se distinguen en lo general por su elevada estatura y 
bella fisonomia, y por la gracia con que se arreglan la 
mantilla de una forma particular, y que es por lo común 
blanca y realza sus facciones. A esto se agrega, que las que 
todavi'i quieren llevar algo mas sobre la cabeza prefieren 
á los pesados sombreros negros las que aqui llaman cachor- 
ras, que son unos hongos de fieltro suave y ligero. 

Una de las cosas que me ha chocado en las Palmas, es la 
conducción de los cadáveres. Una noche, al retirarme de 
paseo, observó una serie de farolaje déla hechura de aque- 
llos que se usaban en nuestro pais para acompañar por la no- 
che. Como me sorprendió tal luminaria terrestre, por decir- 
lo asi, pues los faroles casi iban rozando el suelo, pregunté 
in;nediatamente y se me contestó que era un difunto que 
conduelan al cementerio. El acompañamiento era seglar, 
pues no vi ningún sacerdote, y asi parece que son todos ó 
la mayor parte. 

Otro día quizás le hablaré de otras cosas que vea, y de 
las observaciones que me ocurran. Hoy voy á darla prefe- 
rencia á otra materia por la gran influen»;ia que puede te- 
ner en las construcciones y embellecimientos de los edifi- 
cios de esta ciudad y de las demás islas. No quiero omitir, 
ya í|ue me hallo eli la Gran-Canaria, la descripción de las 
rocas porliriticas de que se compone la montaña llamada 
íle la Cueva del Mediodía y de la Fuente blanca en la aldea 
de San Nicolás, que con otras noticias curiosísimas debo 
al ilustrado Mr. Berlhelot. 



—244— 

Este en una nota que copio medió las siguientes observa- 
ciones de Escobar, de quien ya hemos hablado en otras car- 
tas, á las que añadió otras suyas. 

**La montaña en que está la cueva del Mediodía, y la 
otra en que se halla Fuente-blanca, están separadas por el 
barranco de Tejeda que tiene su orijen en lo alto de la isla. 
Despuesde haber atravesado este y las montañas descarnadas 
que hay por Ion contornos, el barranco de Tejeda se abrió un 
paso angosto y profundo entre las dos montañas (la de 
Cueva del mediodía y la de Fuente-blanca) que fueron en 
sus principios una sola, como lo manifiesta la igualdí^d del 
nivel á que están los estratos délas diferentes rocasque las 
forman y la idéntica naturaleza de ellos. Ilota esta primera va- 
lla, tuvo que romperla otra que, en una época geológica, á mi 
parecer muy posterior, le pusieron las montañas volcáni- 
cas y escarpadas que son hoy el baluarte en que el mar 
rebienta coa violenta furia. Hasta que el barranco se abrió 
este nuevo paso, las avenidas debieron formar un lago que 
subiendo de nivel, se fueron desaguando por los parajes 
mas bajos y arrastrando en sus corrientes les terrenos mas 
sólidos, hasta abrirse el portillo por donde hoy entra el mar. 
Pero entre tanto, este depósito grande de agua pudo y debió 
causar las ruinas y escarpaduras que se ven en las monta- 
ñas que la produjeron en la de Fuente blanca y Cueva del 
mediodía, y el espacio en que está actualmente situado el 
pueblo de h aldea y la mayor parte de sus tierras cultiva- 
das. Y sino ¿de que provienen estas camadas de cantos roda- 
dos que forman asi csclusivamente el suelo de este espacio? 
Durante este tiempo pudieron muy bien posarse las diferen- 
tes sustancias que estaban en disolución en este fluido, y 
que pegadas ahora, unas á los fósiles y otras infiltradas en 
ellos, hacen titubearal observador en la decisión del origen 
de las rocas que hay por los contornos " 

Estrado del Catálogo de Escobar. 

Esta curiosa descripción de Escobar, dice Mr. Berthelot, 
está llena de verded y nuestras largas esplotaciones en los 
lugares que antes que nosotros visitó, nos ha hecho apre- 
ciar toda la importancia de las observaciones de nuestro an- 
tecesor. 

Las rocas mas antiguas de la Gran-Canaria pertenecen 
i>in disputa á la bella serie de los pórfiros y jaspes; esta 
íorma se encuentra amontonada por capas en los gruesos 



—245— 

macizos que orlan al oriente el valle de San Nicolás ó sea 
la aldea de este nombre. 

Las dos montañas en que observamos la situación de 
las rocas, son las de la Cueva del Mediodía y la de Fuente- 
blanca, que se hallan separadas por un desfiladero,- pero 
cuando se observa la estratificación de los ribazos ó es- 
cü' pes opuestos, se reconoce inmediatamente que debieron 
ser parte de un mismo macizo. 

líscobar que visitó estos lugares ha enumerado en su ca- 
tálogo 24 especies de variedades de rocas que recojió. Es 
una desgracia que esla parte de la isla de la Gran-Canaria 
se haya escapado déla observación del Sr. Barón de Buch, 
porque el interés que presenta y la belleza de las rocas 
que en ella dominan, merecieron haber fijado la atención de 
e5tG gran geólogo. 

Estas montañas se componen de una serie de jaspes, de 
pórfirosy de arcillas porfiricas de muy brillantes colores ro 
jos, azules, losa etc. todos cubiertos de un inmenso lecho 
do lava obscura y como verdosa: (en francés la llaman Eu- 
riíe lamellaire phonoltthiyiie'J su equivalencia científica al 
castellano no puedo ponerla ahora. 

En la montaña de Fuente-blanca los lechos se suceden 
en el orden siguiente. 

1er. lecho: de Lepíijnite que íormo. un macizo rojizo, a- 
compañado de una multitud de variedades de Petrosilex 
encarnado, especie de lava porfiritica. 

2." Lemostina compacta verdosa, con concreciones é 
mcruslraciones curiosas, blancas y azules, que pasan á ser 
una hermosa arcilla porfiroide con venas verdes. 

3/ Otro leho de petro-silex rojo. 

4.' lecho de Aphanite duro, negro, verdoso con concre- 
ciones de ágata y vanólito verde. 

Por el lado del mediodía de la cueva, la roca mas eleva- 
da es un verdadero pórfiro rojo, que en su parte inferior se 
convirtió en un jaspe rojizo con cristales defelspato. En cier- 
tos lugares el lecho se parece al pórfiro rojo de Ejipto. 

V. conocerá el partido que se puede sacar de estas 
canteras, y cuanto ganarían las poblaciones de las islas, 
y sobre todo [la ciudad de las Palmasen utilizarlas, para 
dar mayor realce á su catedral ú otros edificios. 

Con este fin vulgarizo estas noticias, comprendiéndolas 
en esta carta, que debe verla luz pública: suerte que tie- 



—246— 

nen todas mis comunicaciones sobre las Canarias, pero no 
todos mis pensamientos» porque estoy trabajando sobre co- 
sas que exijen mas meditación y detenimiento. V verá á 
tiempo mis trabajos; entre tanto le ruego se cuide mucho, 
que salude á esas Sras, C. P. B. y quo reciba el entraña- 
ble cariño de su affmo. amigo. 

M. N. 

Carta 32. 

Las Palmas. 23 de Junio de 1858. 

iSV. D. Ramón Polo de Bernabé, Canónigo,- Barcelona* 

Historia de los servicios de su cabildo. 

Mi apreciable amigo: por mis anteriores cartas impre- 
sas verá Y. que durante mi permanencia en la Gran-Cana- 
ria sigo el mismo sistema que en Tenerife; recorrer el pais. 
investigar las antigüedades, buscar dalos históricos, en 
una patabra, procurar por todos los medios (jue están á mi 
alcance mi ilustración y la de los demás. Entre los docu- 
mentos que me han venido á la mano ha sido uno, el com- 
pendio de la historia del Cabildo Catedral de las Palmas. 
í]on)prende los servicios |)ersonales para la defensa de la is- 
la, especialmente de la ciudad, sus desembolsos con este 
objeto, los que hizo también á la Corona en sus apuros, 
las sumas que aprontó para la redención de cautivos, en 
é|)Ocas de calamidades como epidemias, invasión déla lan- 
gosta, préstamos, obras públicas y limosnas. 

Estos dalos son curiosos, interesantes: en épocas en que 
i:o habia cajas de ahorros ni bancos agricolas, las corpo- 
raciones eclesiásticas eran una tesorería que siempre esta- 
ba abierta para el pobre y para el Estado. Podrán algunos 
j)rebendados haber abusado de sus rentas; pero en gene- 
ral el clero católico ha sido benéfico v caritativo: nadie ha 
implorado su socorro que no haya sido socorrido. 

En honra de nuestra nación, en honra de nuestro clero, 
1110 han parecido del caso presentar estos ejemplos. Los 
hombres sensatos verán que no solo las riquezas de que 
disfrutaba el clero le atribuyeron la influencia que gozó 
sobre hJ pueblo, sino el uso que hizo de ellas: verán que 



—247— 

Dios que vela sobre la conservación áe (odas las sociedades 
deparó en la caridad un suplemenlo para la falla de vijilan- 
cia del (jobierno y atraso en que se vivía. Me lisongeó asi 
mismo (jue esta historia seria un estimulo para que los ac- 
tuales eclesiásticos en medio de su§ escaseces no olviden 
imitar á sus predecesores para hacer bien, y que recuerden 
i\ue si Üios multiplicó el pan y los peces que repartió Jesucris- 
to á los que le siguieron, también hará que una corta limos- 
na de sus cortas rentas fructifique en bien de la iglesia. 

A continuación veráV. la historia de la benelicencia 
del Cabildo de la Gran-Canaria: mientras le proporciona es- 
ta breve ocupación se repite affmo, S. S. S. y A. Q. S.M. B. 

M. N. 



SEaVIGIOS DEL CABILDO CATEDRAL DE LAS 

PALMAS. 

El cabildo de Canaria puede gloriarse con razón y i)u-' 
blicar confiadamente para inteligencia de sus émulos, que 
nigun otro cuerpo de la Provincia ha sido |)ara ella tan li- 
til, ni se ha esmerado en servir á la Patria según sus fa- 
cultades con mas varios y multiplicados actos djzeloy de 
generalidad. 

DEFENSA DE LAS ISLAS. 

Cuando en 31 de Julio de 1533 invadieron y asolaron la 
capital de la isla de la Palma once velas de Armadores 
Franceses, ysetemian iguales hostilidades en esta de Cana- 
ria, se acordó que en caso de semejante conflicto saliesen 
todos los Capitulares y Capellanes con sus armas en son de 
fjuerra, bajo de una bandera, pues desde luego nombraban sus 
mercedes para Capitán de esa Compañía al Sr. Dean, y por 
Alférez el Sr. Arcediano de Canaria, con pena de tres me- 
ses de su renta á los que no s^í presentasen puntual- 
mente. 

En 23 de Junio de 1554 se acordó que el Cabildo man- 
tendría á su sueldo dos hombres, que hicieson parte déla 
guarnición de la Torre de la Isleta durante la guerra con 
los Franceses; y que se amasasen para biscocho 40 fane- 



—US— 

gas detrigo.=En 11 de Enero de 1S67 que se franquease 
la cal necesaria para concluir la dicha torre.:=En 20 de A- 
gosto de 1568 que se mandasen hacer dos tambores ó cajas de 
guerra para las marchas del Cabildo.=En 15 de marzo, quese 
diese madera para fortificaciones. =En 1." de Julio de 1581 
por nuevo recelo de enemigos se renovó el citadoacuerdo so- 
bre el modo de salir el Cabildo á la defensa del pais declaran- 
do, que al toque de la campana y al ruido de los tambores 
debían acudir los cleros Secutar y Regular paralo que se hi- 
ciese acopio debiscochoy quesos y tocinetas.=iEn 31 de Julio 
de 1596 se mandó, que se prestasen 300 ducados para le- 
vantar una trinchera. =En 7 de marzo de 1600 que se pres- 
tasen a la ciudad 100 duca los para las fortificaciones del 
Risco. =y en 27 de enero de 1601, que se le prestasen ade- 
más otros tres mil reales para conducir de España la artille- 
ría y municiones. 

Bastantes notorios son también los buenos servicios 
que hizo á Canaria nuestro cabildo, capitaneado del Sr. 0- 
bispo D. Fernando de Figueroa, en la famosa invasión del 
inglés Drake año de 1595, y en la de la Armada Holan- 
desa bajo la dirección del Sr. D. Francisco Martínez de Ce- 
niceros en 1599. 

En 25 de Setiembre de 1617 se determinó que la com- 
pañ la armada del cabildo y el clero se aprontase según 
costumbre =En 11 de Mayo de 1618, que se ajustase la 
caenta del dinero que se habia repartido con los paisanos 
que habian estado en estaciudad para defenderla de los moros 
que invadieron á lanzarote, y para pagar el flete de la Ca- 
ravela que habia llevado á España este aviso. =En 9 de 
Octubre del mismo año, que se diesen cien ducados 
para ayuda de comprar diez piezas de Artilleria para de- 
fensa de esta ciudad. =En 3 de Setiembre de 1625, que la 
compañia de Eclesiásticos estuviese pronta en caso de que 
la temida invasión del enemigo se verificase. =::En 30 de 
Agosto de 1630. que se librasen 300 ducados al Capitán 
general para el tuerte de Santa Catalina. =En 2 de Di- 
ciembre de 1634 que se diesen 60 fanegas de trigo para 
la armadilla que disponía el mismo Gefe contra los Pira- 
tas que infestaban estos mares. =En 9 de Octubre de 1637 
que se entregasen al Gobernador de Canaria otros 100 du- 
cados mas para el fuerte de Sta. Catalina. =E1 dos de Ma- 
yo de 1639, que se comprasen doce quintales de pólvora. 



—249- 

I 

y amasasen 100 fanegas de trigo. 

En 19 (le Mayo de 1649 informó el Cabildo á la Real 
Audiencia, que desde el año de 1623 habia contribuido 
voluntariamente con mas de sesenta mil reales en benefi- 
cio público, sin incluir las limosnas. =En 29 de Enero de 
16S5 se dieron 150 fanegas de trigo para los soldados de 
la leva.=Y en 16 de Diciembre del mismo 500 ducados 
al Correjidor Palacios para fortificaciones de esta Isla.::^En 
17 de Agosto de 1637 se prepararon 100 fanegas de bisco- 
cho para sustento de las miUcias.=Eü 17 de Junio de 1720 
se decretó que durante la guerra de sucesión se diesen las 
disposiciones, y aprontasen los acostumbrados preparativos 
contra los iogleses.=En 2 de marzo de 1780 se dieron dos 
mil pesos para armar un Guarda-Costa de nuestros mares 
durante la Guerra con la Gran-Bretaña. 

DONATIVOS Á LA CORONA. 

En 2 de Agosto de 1602 hízóel Cabildo al rey nuestro 
Señor un donativo y servicio gratuito de mil ducados déla 
Mesa Capitular.= En 12 de julio de 1634, hizo otro donati- 
vo de 22712 rs.=En 7 de junio de 1641 otro de 2 mil 
ducados de la misma Mesa Capitular, por mano del Oidor 
Talavera. ::=En 2 de Marzo de 1649 le hizo otro donativo de 
otros dos mil ducados. =En 6 de Mayo de 1664 sirvió á S. M 
con 500 fanegas de trigo para la guerra de Portugal. =En 10 
de Julio de 1691 con 300 ducados de plata para los Hospi- 
tales del Ejército de Cataluña. =En 7 de Julio de 1698, 
con 1.500 rs. páralos Hospitnles de Ceuta. 

En 30 de enero de 1702 sirvió con 200 escudos de plata 
para las bodasdel Sr. D. Felipe 5."=En 13 de mayo de 1706 
con 300.doblones para los gastos de la guerra, =En 28 de 
setiembre de 1707 con otro donativo de 300 doblones. =En 
8 de febrero de 1709 con otro de 500 pesos escudos. i==Y en 
30 de diciembre del mismo año, con 830 pesos en contri- 
bución del honesto subsidio, que habia concedido el Papa á 
S.M.=En 22 de junio de 1712, con 1000 escudos de á 8 
rs.= En 17 de mayo de 1780 hizo nuestro Cabildo al Rey 
un empréstito de medio millón de reales, por mano del Sr. 
(^ondc de Florida-blanca su primer Secretario de Estado, 
de que dio S. M. al Cabildo las mas apreciables y hono- 
ríficas gracias en carta de 7 de Setiembre de aquel año fir- 

32 



—aso- 
mada (le la Real mano, con espresiones que deben servir á 
este Cuerpo de un monumento autentico de la distinción 
con que le miran sus Soberanos y patronos. =En 
1794 sirvió á S. M. con un donativo" de 12 mil 
pesos para la guerra de Francia. =En 1797 adelantó 6 
mil pesos por cuenta del subsidio páralos gastos de la pla- 
za de Sta. Cruz.=En 1798 ofreció cada Capitular un donati- 
vo que junto llegó á 3 mil pesos. 

REDENCIÓN DE CAUTIVOS. 

Como por espacio de casi dos siglos infestaron los Moros 
del África nuestros mares, tuvo el Cabildo multiplicadas o- 
casiones de ejercitar esta obra de misericordia con la mas 
edificativa largueza. 

En 24 de setiembre de 1515 dio limosna para rescate 
de dos hijos de Hernando de Luna vecino de la Palma. = 
En noviembre de 1569 la dio también para rescate de 
la muger é hijos de Juan Botellón, vecino de Lanzarote.= 
En julio de 1570 para el de la muger y cinco hijos de un 
Fulano Benitez déla misma isla.=En 14 deoclubrepara el 
de otroslsleños apresados sobreestás islas.-— En 18 de jumo 
de 1625 parala libertad de los Canarios que habian sida 
cautivos en el barco de Romero.— En 3 de febrero y 13 de 
Diciembre, de 1626 para la de Cristóbal Gómez, la de un 
yerno del Sargento mayor de Canaria y la de un Religiosa 
dominico. 

En 26 de agosto de 1631 se sentó en el Libro Capitular, 
que el Cabildo tenia dados mas de 2.200 ducados para re- 
dención de Cautivos. — En 13 de febrero de 1634 se acordó 
dar otra limosna para rescate de los pobres canarios que se 
hallaban en cautiverio. En 5 de diciembre de 1656 se die- 
ron 600 ducados para ayuda de rescatar los pasageros que 
venian de Tenerife en el barco de Miguel Alfonzo, entre los 
cuales habia dos Sacerdotes, catorce mugeres y cuarenta 
y cuatro hombres.='m 19 de enero de 1671 se contribuyó 
para el rescate de cuatro frailes de San Francisco.=En 17 
de julio de 1673 para el do ocho cautivos canaríos.=Y en 
13 de noviembre de 1784 sedieron 1.500 rs. para condu- 
cir á esta isla de Canaria veinte y siete 4)escadores, que se 
hallaban desamparados en la Costa de Berbería por haber 
baradoen ella su barca. 



— 2S1— 
SOCORROS EN TIEMPOS DE EPIDEMIAS, 

LANGOSTA, SECAS Y OTRAS 

calamidades. 

Cuando la pestilencia, llamada de las Landres, habla 
cundido en esta isla de Canaria, acordó nuestro Cabildo á 
26 de abril de 1524 franquear todas las limosnas que pudo.= 
En 20 de junio de 1397 suministró á la Ciudad 16 mil rea- 
les para remediar la gran necesidad de trigo. =En 17 de 
marzo de 1603 se dio limosna para hacer una enfermería 
donde pudiesen acogerse los dolientes de otro ramo de pes- 
tilencia; y en 13 de junio se libraron 500 rs. para su cu- 
ración. =:En el año de 1628 expendió el Cabildo consi- 
derables sumas para el sustento de mas de dos mil enfer- 
mos, que de las Was de Fuerteventura y Lanzarote se ha- 
blan a: ogido á Canaria. =En 5 de enero de i646 contribuyó 
para la faena de matar la langosta cuya plaga había apor- 
tado de Berbería. 

En 31 de enero de 1653 volvió á socorrer á los vecinos 
de las dos espresadas Islas, que huyendo el hambre y 
de la epidemia se hablan refujiado á Canaria. =En 23 de fe- 
brero de 1660, dio también el Cabildo 200 ducados para 
esterminar la langosta. =En 5 de marzo de 1676^ volvió á 
contribuir para eslinguir la cigarra del lugar de Agüimez. 
En 23 de marzo de 1680 dió|>ara lo mismo.=En 9 de no- 
viembre de 1697 hizo nuevos gastos con igual objeto; y aun 
se repitieron por acuerdo de 16 de febrero en el año de 
1758; y en el de 1782 se libraron 500 pesos por otro acuer- 
do de 26 del mismo mes. 

No es por cierto tan fácil enumerar las Rogativas públi- 
cas. Misas, Procesiones, Novenarios, traídas de la Imagen 
de Ntra. Sra del Pino desde Teror etc., en que se ha em- 
pleado casi continuamente este Cabildo, para cuyos fines 
piadosos tiene cada prebenda la carga voluntaria de una 
contribución anual de maravedises. Por tanto, solo hare- 
mos aqui espresa mención de la Rogativa de penitencia acor- 
dada en 10 de marzo de 1620, presente el Sr. Obispo D. An- 
tonio Corsionero, con motivo de la suma falta de lluvias, 
lín un miércoles de aquella Cuaresma, habiendo asistido á 
Maitines los Sres. Prebendados con su Prelado, se ejecutó 
por dentro de la Iglesia una devota procesión, en la que 
yendo lodos descalzos y la música cantando el Miserere se 



—252— 

terminó con una muy fervorosa disciplina. 

OBRAS PUBLICAS Y LIMOSNAS. 

Para el Puente de esta Ciudad ha contribuido el Cabil- 
do en 22 de agosto de 1611: en 3 de setiembre de 1612: 
en 10 de noviembre de 1621: en 26 de agosto de 1672: 
m i de julio de 1713; y últimamente en 10 de julio de 1764 
dio 400 pesos para el nuevo puente que existe. 

En 17 de octubre de 1769 dio 100 ducados para la o- 
brade la Cárcel; y nunca ha dejado de contribuir para re- 
paros de caminos, composición de calles y conducción de a- 
guas. Para mejoras de nuestro de las Indias y del Norte. 
Para socorros de pobres vergonzantes. Para el capitulo de 
los Religiosos de San Francisco. Para el Hospilal de esta 
Ciudad. Para la cuna de los niños expósitos. Para acudirá 
la penuria de granos de muchos lugares de estas islas. 

En 15 de octubre de 1771 se dio cuenta de haber llega- 
do a este Puerto la remesa de 3.220 fanegas de trigo de A - 
frica que habia pedido el Cabildo para remediarla pública 
necesidad del pais. En 28 de Abril de 1770 dio mil pesos 
pa^a subvenir á la calamidad en que se hallaba esta ciudad, 
formándose cinco diputaciones, cada una de dos capitula- 
res quienes se ocuparon en asistir á los pobres enfermos y 
hambrientos. En 18 de Enero de 1785 mandó librar 400 
pesos para el nuevo hospicio de Santa Cruz de Tenerife, de 
lo que el Rey le dio las gracias por medio de su primer se- 
cretario de Estado. En 26 de Febrero de 1789 libró otros 
400 pesos para remedio de los vecinos del Hierro, aflijidos 
de la hambre y de la mortandad; de que se libraron me- 
diante la oportunidad de este socorro. 

DADIVAS Á IGLESIAS Y CONVENTOS. 

Se puede con razón asegurar que no hay en Canaria, 
Parroquias, Conventos, Monasterios, Ermitas, Capillas, San- 
tas Imágenes etc. para cuyos cultos, adornos, y reedifica- 
ífion no haya contribuido el Cabildo. Apuntaremos aqui al- 
gunos acuerdos para que no quede este solo articulo en 
generalidades. 

En Abril de 1526 dio para acabar la Ermita de S. Mar- 
cos (llamada hoy de los Reyes) cuya adminisi ración debia 



—asa- 
quedar siempre bajo la inspección del Cabildo, yendo á 
ella en procesión lodos los años. = En 9 de Diciembre de 
liVóS dio 200 doblas de oro de Mesa capitular para la obra 
del templo catedral. =En 12 de Enero de 1398 ihó limosna 
|)ara la iglesia de los Santos Justos y Pastor de esta ciu- 
dad. ::=En 5 de Setiembre de 1603 para el Convento deS. 
Antonio de Galdar.=En 30 de Mayo de 1608 ptra la Par- 
roquia de Teror.=En 30 de Agosto de 1627 para la Er- 
mita del Espiritu-Santo etc. etc. 

Mas recientemente en 29 de Agosto de 171 8 para re|M- 
ros de un incendio que hubo en la citada Parroquia úe 
Teror; y en 3 de Marzo de 1760 dió mil pesos para la re- 
dificacion del mismo santuario; costeando ademas, por acu- 
erdo de 19 de Enero de 1767, un dia solemne en las lies- 
las de la dedicación con dádivas de un temo complelo. 
Albas, Cáliz, Vinageras etc.=En 30 de Enero de 177N 
dió 500 pesos para reparos de un incendio que hubo en eí 
Monasterio de Religiosas de S. Bernardo de esta Ciudad. = 
En 10 de Noviembre de 1783, dió 200 pesos para uten- 
silios del nuevo Colegio deS. Marcial de Ilubicon, que vi 
mismo Cabildo habia fundado.=En 1789 hizo un emprés- 
tito de 2,300 pesos á la iglesia Parroquial de la concfji)- 
cjon de la ciudad de la Laguna para un Terno rico. 

Por otra parte seria relación demasiado prolija la de 
hacet''aqui alguna memoria individual de cuanto se hrm 
esmerado en todos tiempos los Capitulares de nuestra 
íranta Iglesia en la creación y adorno de sus Capillas, en 
las fundaciones de Capellanía y servicios del coro, en las 
dotaciones y Aniversario, Misas solemnes, Manifiestos, Ser- 
mones, Procesiones, Vísperas Maytines, Dotes para Huér- 
fanas, vestidos para pobres, legados á la fábrica catedral, 
alhajas para el culto divino, ornamentos, aseos de las 
Santas Imágenes y de sus altares, luces etc. baste decir 
que ha sido muy raro el que no haya dejado alguna me- 
moria piadosa, perpetuando en cierto modo la utilidad de 
su prebenda para beneficio de la posteridad. 



—254— 

Carta 33. 

Las Palmas 26 de Junio de 1858. 

Sr. D. Juaquin Cervino. 

Reseña de vanos acuerdos antiguos del Cabildo Catedral 
de las Palmas, que pintan nuestras costumbres antiguas. — 
Origen de nuestro teatro. — Elocución de un patrono á los la- 
bradores de las Palmas. 

Mi querido amigo: lodo el que viaja debia tener las cua- 
lidades del estómago, que asimila las sustancias, y de todo 
lo que reciba saca el jugo, y lo convierte en quilo: debia 
ser como aquellos cuerpos que atraen los glóbulos, que 
vagan dispersos, los agrupan y verifican concreciones su- 
mamente útiles. El viajero todo lo que vé y examina, lo 
debia aplicar al calaje de la ciencia que le corresponde. Si 
todos los que viajan hiciesen asi, mucho se adelantanrian 
las ciencias y no se perdrian dalos curiosisimos y noticias 
muy singulares. 

Estoy muy distante de poseer las cualidades que deseo 
on los viagcros: sin embargo bé verificado todos los esfuer- 
zos posibles, para que en el viaje que hé hecbo á las Ca- 
iiarias no fuesen perdidos todos mis pasos, y en la manera 
<¡iic me ha sido dable hé procurado ver, examinar y des- 
pués sacar consecuencias délo que he visto. 

El Cabildo Catedral de las Palmas lleno de cortesanía, 
oon ciendo mi afición á las antigüedades me puso de ma- 
nifiesto ciertos libros antiguos de los acuerdos de la corpo- 
ración con un estracto quédelos mismos hiciera el laborio- 
sisimol). José Viera y Clavijo, acuerdos que fechan desde 
VjM. 

Injposible fué que los examinara todos durante el bre- 
ve tiempo que f.llí permanecí: sin embargo encontré el precio 
(íi^ varios arliculos en diferentes épocas, lo que proporcio- 
!; « datos utilisin)os para regular el valor de la moneda. Ve- 
tr.osque en 1515 se doló al fraile predicador de la cuares- 
rní\ coiilfi maravedís y dos cahíces de trigo: en 7 de A- 
Jíosto se mandó vender la fanega dp. cebada á 3 reales de 
Mlííta: en 1520 se señaló al minislro de Capilla el salario do 
¿O maravedís y dos cahíces de trigo: y en 1521 al dipulado 



—555— 

d?l Cabildo que estaba en Roma se le asignaron 
3 reales nuevos. La distribución de cada prebenda ó dig- 
hidad se pretendió se fijase en 1527 en 30 rs. viejos al 
mes, pero á petición del Deau, se redujo á dos doblas, y en 
marzo de 1573 se vendió la arroba de azúcar á 1400 ma- 
ravedís. 

Hay otros acuerdos que revelan las- costumbres de a- 
quella época, como el de 12 de Enero de 1537, en el que 
se hace mención de que habiendo el Gobernador de Cana- 
ria D. Bernardino Ledesma cortado la mano á un reo lla- 
mado Pedro Fuensalida, violándola inmunidad fué conde- 
nado á hacer penitencia pública, y la hizo. A toda una au- 
toridad de la isla se la vé doblegai su frente á las leyes de 
la iglesia, y confesándose culpable de su esceso ante el 
pueblo, someterse á la espiacion que se le impjso. 

Pero en lo que se descubre mas la índole de aquellos 
tiempos, es en lo que dice relación á ciertas bufonadas, 
chanzas y diversiones quelenian lugar en el templo. En 
un acuerdo de 23 de diciembre de 1515 se declara que es- 
tán obligados todos los capitulares á venir á la fiesta délos 
inocentes, y se manda que vengan honestamente, según 
está mandado en el Libro viejo: que cada uno esté en dl- 
cha fiesta con toda honestidad, y que el que tragere ó a- 
tare á otro beneficiado cuerno é cuernos en las sobrepelli- 
ces, ó pusiese almohadas de estrado, ó hablase palabras 
deshonestas, que pareciesen mal, pierda ocho dias de lo 
ganado. 

En un acuerdo de 5 de Junio de 1573 resulta, que se 
dieron ocho doblas á Juan Tobar por una comodia que 
hizo y se representó el dia de Corpus. En otro acuerdo de 
25 de Enero de 1580 se dice saberse que Pedro Medina, 
cura de la misma Sta. iglesia tenia una comedia muy bue- 
na, y se decretó que se le encargarse para la fiesta del 
Corpus y se le pagasen los gastos de ella. 

No solo en ciertas festividades se representaban come - 
dias, sino también cuando ocurría algún fausto suceso, 
asi que en el acuerdo del mismo Cabildo de 29 de julio de 
1588 aparece que se representó á la venida del Obispo una 
comedia de Ca ¡rasco, de ese célebre poeta, á quien des- 
pués se le ha dado el dictado de Divino. 

En 11 de Enero de 1566 también se halla otro acuerdo 
en el cual se manda, que seden al Canongo Ambrosio Lo- 



—ase- 
pez docena y media de doblas por cuenta de la fábrica, 
por el trabajo de haber hecho unas chanzonetas para la 
j)ascua de navidad. 

Estos y otros acuerdos que podríamos haber recogido si 
hubiésemos tenido mas tiempo, son un testimonio de las 
costumbres que habían sido importadas á las islas de la 
J\;nínsula Ibérica, y que hasta cierto punto eran también 
ias de una gran parte de Europa. 

V. sabe muy bien que hasta los tribunales pagaban tri- 
!)i)toá este genero de hielaridad, y que en Francia sereser- 
v?jban para los dias de Carnestolendas ó Carnabal ciertas 
cíiusas divertidas en las que los abogados apuraban su in- 
genio paramventar chistes que hiciesen reir á los juzga- 
<loiTs, que consentían que el santuario de Temís se con- 
virriose en un teatro de juglares. 

Pero, aun cuando V. sabe todo y mas de lo que yo pu- 
íiioradiícirle. no podré menos de copiaren esta epístola las 
ob.^orvaciones que hace Luis Viadoten sus esludios sobre 
nuestra literatura. Como mis cartas se imprimen, estas ci- 
íris servirán para algunos lectores de instrucción, y para 
V fio recuerdo. 

"Las ceremonias del paganismo, dice ese escritor, pro- 
diijoron el teatro griego, las cristianas el moderno, porque 
0:1 r.spana lo mismo que en Francia, Italia é Inglaterra, 
ol \ei(líi(loro drama nació en la Iglesia. Al principio para 
s'iltímnizar todas las fiestas se acostumbraba poner en ac- 
. ¡Oh á lo^^oj(^s de los fieles el acontecimiento cuya memo- 
ri.i M' celebraba. Los sacerdotes fueron los primeros ac- 
.01' s (le estas representaciones edificantes; pero no larda- 
j )\) ci) introducir en ellas palabras ó escenas ajenas de la 
"'^rcinonia la ([ue con posterioridad y paulatinamente Ue- 
u.i á olvidarse del lodo, para sustituir á las santas imita- 
'M«)nos .ili»üii entremés ó bufonada profana á manera de los 
jii;jílares, y los tablados erigidos en las iglesias re convirtie- 
V.m en escuelas de distracción y escándalo. Esto mismo 
? » líMicba la ley 3í, título 6 de la Partida 1 ^ , cuyas pa- 
U:!)r^:ssí)n las siguientes.** Los clérigos no deben ser face- 
<l')jcsd«* jucí^us" descarnios, porque los vengan á ver 
li'htcs romo se facen. Esi otros ornes losficiesen, non los 
('¡cri;.'os y venir por que facen muchas villanías é desapos- 
lunt^ ijiii dejen otro si estas cosas facer en las iglesias, 
i.\\V.r^ 'icíifnos. que los deben echar dellas desonradamen- 



-2B7— 

• 

te á los que loficiesen. Pero representación hay que pue- 
den los clérigos facer: asi Como la nasiiencia de nuestro 
Sr. Jesucristo, en que muestra como el ángel vino á bs 
pastores, é como les dijo que era Jesucristo nacido: é otros 
de su aparición como los tres reyes- magos lo vinieron á a- 
dorar, éde su resurrección que níi,uestra que fue crucificado 
é resucitó al tercero dia: toles como estas cosas que mué- 
ven al orne á facer bien é á aver devoción en la fé pueden 
las facer é demás porque losomes ayau remembranza que 
según aquellos fueion otras fichas de verdad. Mas esto de- 
ben facer apuestamente écon mui gran devoción é en las 
ciudades grandes, donde ovieren arzobispos ó obispos, écon 
su mandado dellos, é délos otros que tuvieron sus veces, v. 
non lo deben facer en las aldeas, nin en los lugares viles, 
nin por ganar dineros con ellas/* 

De esta ley infiere Viardot que habia dos clases de 
representaciones, unas verdaderamente religiosas y otras 
profanas, llenas de bufonadas licenciosas y satíricas. Ape- 
gar de la ley de Partida continuó el abuso; y el concilio de 
Toledo de Ío6o considerando que se representaba en los 
templos lo que apenas se permitiria en los sitios mas des- 
preciables, suprimió las re|)resentaciones de la fiesta de 
los inocentes, tiznada, según Viardot, con el mas disoluto 
lenguaje, y mandó que los espectáculos fuesen de antemano 
axaminados por los ordinarios y que no se ejecutasen en 
la iglesia durante la celebiacion cíe los divinos oficios. 

iMariana en su tratado sobre los espectáculos dice que con- 
tinuó el abuso y en el siglo 17 todavía seguiael desorden. 

A esa costumbre atribuye el mismo Viardot el origen 
de los dramas religiosos llamados autos sacramentales ó 
comedias divinas, cuyo tema se sacaba de la sagrada escri- 
tura. Pedro Diaz hizo la comedia del Rosario: Alonzo Diaz la 
de San Antonio; y como decia Agustín Rojas, no hubo poe- 
ta en Sevilla que no hiciese comcília de algún Santo. Na- 
d'ie Ignora que Calderón y Lope de Vega hicieron mu- 
chos autos sacramentales. 

Para comprobar Viardot lo arraigada que se hallaba 
esta costumbre, cita las ordenanzas municipales de 1568 
de Carrion de los Condes en lasque se disponía que el 
(!ia de Corpus, hubiese á lo menos dos autos sacramen- 
tales, representados en la procesión. Después se trasladó 
la representación de estas piezas á los teatros, habiendo 

33 



—238— 

sido prohibida por fin en 1765, bajo el reinado do Carlos 
3^ y esta prohibición se repitió en 18i)H ron motivo do 
haberse ofrecido en espectáculo la niuertc de N. S. .1. C. 
en algunos teatros de la Corle. 

lié hecho esta escursion al campo de literatura por- 
que vean los que carecen de estos conocimientos que eu 
íianarias se hacia en los años á que se refieren los acuer- 
dos del Cabildo de las Palmas, lo que se hacia en casi to- 
da la Europa. 

Otros acuerdos hay que también llaman la atención, 
como uno de 1527 en el que se imponía á cada dignidad 
<> canónigo la obligación de tener muía ó caballo propio 
desde 1528: la prohibición en 1516 [^ara que ningún ca- 
pitular saliese tocando la bihuela por las calles, ni lato- 
cara en sus puertas ó ventanas; y el de 26 de a- 
gostode 1551, en el que se prohibió al chantre I). Luis 
del Corral que. usase calzas de trama de aguja y jubón de 
tafetán colorado y un sombrero |)espuntado, eslendiendo 
la prohibición hasta dentro de su casa. 

Estos acuerdos del Cabildo v sobre todo en 1540 con- 
tra los canónigos imperitos, que no sabian leer, demues- 
tran que desde los tiempos mas antiguos la mayor parte de 
esa Corporación eclesiástica fuerígida oteervadora de la dis- 
ciplina y celosa para la conservación del decoro que deben 
guardar las personas revestidas del carácter sacerdotal. 
Antes de concluir esta carta le suplicaré un poco mas 
de paciencia sobre un acuerdo del 7 de agosto de 1536: 
Los labradores recurrieron al Cabildo para que les señala- 
se un Santo, cuyo patrocinio implorasen, á lin de que 
Dios los librase déla plaga de la alhorra [^) «lUC aílijia 
todos los años los sembrados, y de el gusano, que consu- 
mia las cañas de azúcar y la mangla (quiza sea la sabia} 
de los árboles. El Cabildo, á virtud de esta petición, hizo 
un sorleo entre los santos de la letanía, y habiendo sali- 
do la suerte á favor de San Justo v Pastor, los labra- 
dores los recibieron como sus [»atronos y recuerdo haber 
loidoque dieron después gracias al Cabildo por los be- 
neficios obtenidos con esta designación. En lo que otros 



/^l) Seria lo rrismo que adarce, una especie de costras ó el 
tizón. 



— 2d9— 

verán algo de supersticioso, nosotros no vemos mas que un 
deseo de acudir á Dios por la intercesión de uno de sus 
servidores, y en el Cabildo el uso de la suerte que se em- 
pleó por los apostóles para reemplazar al que habla pre- 
varicado. N 

Nuestro genio observador nos ha llevado á hacer méri- 
to de estas particularidades. Para unos ofrecerán interés, 
para otros no; pero creo que V. siempre tendrá una com- 
planencia en saber cuales eran las costumbres de este 
país, y sobre todo reconocerá en A trabajo que me tomo 
en referirlas, el deseo de no omitir nada de mis obser- 
vaciones en un viaje en el qu^le recuerda afectuosamen- 
te su amigo. 

M. N. 

Carta 34. 

Las Palmas 28 de Junio de 1858. 

Sr. D. 

Descripción del viaae á Ginamar, la ciudad de Teldc v 
a jira. 

Mi aprcciablc amigo: no permitiéndome la escasez de 
tiempo y otras consideraciones recorrer los puntos mas 
pinlorescos de esta hermosa y abundante isla, llamada 
la Gran-Canaria, no hé querido tampoco regresar á Tene- 
rife sin visitar, alómenos, algunas de las cercanías de las 
Palmas, y llevar en mi imaginación algún recuerdo de 
este pais, tan célebre en la conquista por el valor de sus 
primitivos habitantes; tan célebre asimismo por la he- 
roicidad, con que se defendió contra formidables enemi- 
£^os de la nación española, y célebre finalmente por su 
feracidad y por el patriotismo de todos sus insulares. 

Salí, pues, ayer á caballo con dirección á Ginamar, pa- 
ra ver aquel vasto heredamiento del Conde de Vega-Gran- 
de, y con el proyecto de ver asimismo cuanto pudiese du- 
rante el curso del dia. Emprendí mi viage atravesando 
ííran parte de la ciudad de las Palmas, y una veguita agra- 
dabíe: y muy luego empezamos á subir una cuesta, si- 



—260— 

guieiido un camino desde el que se descubre el mar. Mi 
conductor y guia en aquella espedicion me hi/o advenir 
un punfo déla cosía, en que se decia, ([ue il mar tenia 
comunicación con una parle del inhiior de la isla, re- 
firiendo, que por allí era tradición luiber salido los Cr.dá- 
veres de los prisioneros y religiosos (|ue fueron precipita- 
dos antes de la conquista, por los canarios, en la raveina 
de (linamar. Viera, en el ton). i/i)ag. 11 de sus Aoliciab 
históricas, hace mención de este lamenlable suceso, di- 
ciendo que aunque 1). Luis de la Cerda no utilizó ios re- 
cursos que el ll( y Ü. Pedro de Aragón le facilitó á me- 
diados del siglo fí para la espedicion de las Canarias,*' 
sin embargo sabemos que dos de aquellos bajeles de A- 
ragon aportaron á ladran Canaria, y que cinco religiosos 
franciscanos, (lue iban con ellos, quedaron prisioneros con 
otros trece cristianos, y que murieron precipitados en di- 
cha caverna. De este acontecimiento habla el P. Abreu 
(¡alindo en el Lib. 1.' cap. 7." |)ag. ti 

Después de caminar algún trecho, viendo siempre cer- 
ros (|ue se j)resentaban ennegrecidos con la arena volcánica 
que los cubria, llegamos á la Hacienda de Ginamar, que 
era un hermoso valle, que seiba estrechando hacia la ori- 
lla del mar, en cuyas inmediaciones se levantaba un edi- 
licio sólidamente construido á njanera do torre, que era 
la neria construida i)or el conde para i'cgar este vasto ter- 
reno. Después de examinar por la parle inferior el meca- 
nismo de este artificio, subí á la parte sui)erior, en la que 
vi cuatro robustos bueyes *que la movian. Diez y seis tie- 
ne el Conde, que se relevan de hora en hora y que pres- 
tan tan interesante servicio, cual es el de hacer fecundo 
nn terreno, que antes de esta mejora apenas producía 
riiico mil reales, y ahora con el beneficio>lel riego (¡uizás 
producirá mas de cien mil, resultado de los 10, 200 pies 
cúbicos de agua que eleva aquella maquina en el transcur- 
so de 24 horas. Procurando su propio bienestar, el Conde 
de Vega-grande, ha dado una lección saludable á sus 
compatricios, demostrándoles que el riego es la verdadera 
fuente de la riqueza y que es un lesoro mas apreciable 
que el de la mina de preciosos metales por (|ue susi)ira 
nuestra codicia. Pero no basta, cuando se tratado maqui- 
nas, establecerlas por primera vez: es necesario consér- 
valas, y para consérvalas entenderlas: y para entenderlas 



— 2«1— 

tener estudio ile mecánica, que el Conde ha adquirido; 
de manera que cuando sobreviene una descomposición o 
uíi entorpecimiento, el mismo es el que se pone al frente 
<le los operarios y los dirije en la ejecución de operaciones, 
que sin su dirección no sabrian practicar. Con el (inde que 
no se malogren estos adelantos, y puedan hacerse otros 
mayores en sus haciendas, ha hecho que su hijo primo- 
génito cursase en el estrangero la ciencia del ingeniero. 
lín estos conocimientos tiene fundada la garantia de una 
grande y creciente pros)>eriJad el que es propietario de 
lleras, cuyo valor y productos puede quintuplicar. La no- 
bleza tenia antes la esclusiva misión de empeñarlas armas 
y sacrificarse por su patria, simbolizada en su Rey y k 
ileligion: ahora que Ja 'guerra se hace en otra forma, (¡ue 
las costumbres han cambiado, si la nobleza ha de conservar 
>u prestigio, tiene el deber deponerse al (rente de todos los 
adelantos materiales y morales, colocando en el saber y 
en la benifieencia hacia el pueblo los titulosde su supe- 
rioridad. Sobre este fundamento levantó su poder el palri- 
riado romano. El Conde de Vega-grande está penetrado 
sin duda de estas verdades, y al mismo tiempo que ilus- 
tra con su ejemplo á la generalidad sobre el aprovecha- 
miento de las aguas, está trabajando para aclimatar otro 
gusano de seda, que se mantiene con el tártago ó Palma 
Chrisíi; ya hablaré á V. mas adelante de este esjieri- 
mento. 

Después de examinar la noria de (iinamar, (ie.s- 
pues de recorrer aquel vasto heredamiento y los 
plantios de Sorgo, de examinar los pesebres de los 
hueves, en donde se les daba por alimento cortado, en 
trozos por medio de una máquina especial, montamosso- 
bre nuestros caballos y nos dirijimos á la ciudad de Telde 
situada en el centro de una feracísima llanura, que est;'i 
aun no distante una legua del mar. Nada prueba mas la 
fertilidad de estas islas, que la proximidad de las pobla- 
ciones. A poco mas de una legua de Sta. Cruz está la 
hermosa ciudad de la Laguna, que podia competir,'por la 
rectitud y anchura de sus calles, con no pocas de la Pe- 
nínsula: a dos leguas de las Palmas está también la ciu- 
dad de Telde. No es ahora razón de describirla: únicamen- 
te diré que es una ciudad agricultora, en la que no solo 
el campóse halla á sus inmediaciones sino dentro de su re- 



—sea- 
cinto por los hermosos jardines que la hermosean. Los veci- 
nos no viven amontonados y estrechados en las prisio- 
nes de sus paredes; tienen la complacencia de ver al der- 
redor de su estancia las flores y los árboles, y de res- 
pirar su perfume. 

Al verme en Telde recordé lo que dice el P. José de 
Sosa en ellib. 1 9 cap. único pág. 22. A una pequeña legua 
de esta ciudad y tres de la real de las Palmas está un hermo- 
so puerto llamado Gando, cuya ensenada es capaz de 
poder lecibir surtos mas de doscientos navios, y el pla- 
yazo corre al Sur m.)s c'i Icí-íua y media de arena blan- 
ca que por su apac'bili;!uJ y mansedumbre invernan mu- 
chas noos en él, y otras vienen desdo muy lejos puestos 
á dar carena en sus alegres riberas. -En el estuvo una tor- 
re bien pertrechada, cuyas ruinas se vende cuatro pun- 
tas, que hicieron los españoles á los principios cuando se 
ganóla isla, para defci. i r de ios piratas las embarcacio- 
nes que venian al trato de los azucares que se fabricaban 
en aquellas partes de la ciudad de Telde, villa de Agüi- 
mes y otros lugares circunvecmos^ 

No quise dejar de recorrer el campo de dicha ciu- 
dad y mi conductor me dirijióá un molino del Conde de 
Vega -grande y un estanque también de su propiedad en 
que su recogen las aguas, que ocupa como una fanega de 
:^ombradura, y que forma un cuadrado de 120 pies sobre 
\í de profundidad. Yo contemplé con entusiasmo esta o- 
hra magnilica que tenia por objeto dar vida á las plan- 
tas y que encerraba en su seno el manantial de una ri- 
<]üeza sólida. 

I)esi)uesde recorrer varias huertas v admirar la ferti- 
lidiid de aquella campiña regresamos á Telde, donde de- 
tt-rniinamos volver á las Palmas por el monte del Lentis- 
cal, aüavesando el pago de Tafira. Asi lo verificamos, y 
ruando enhé en aquel viñedo inmenso, vi entapizadas con 
Jas vides las laderas de las colinas y de los montes, vi asi 
jiiismo un espeso bosque de árboles Irulales cargados de 
dí^liciosas frutas, y oí el canto de los fjfFíjaros que salla- 
ía*»an de rama en lama, sentia una pena en verme pre- 
ri^ado á dejar tan pronto aquellos lugares tan cncantado- 
rtjs. que no sabia si podia visitar otra vez. Lleganjos, por 
liij.á Talira, sitio no menos agradable, en donde la veje- 
\'i<:\ctn ofrece sus dones y una porción de casas de cam- 



—263— 

po forman como un pueblecillo, cuyos habitantes parece 
<|uc pslan dispersos. Este pago es un punto que elijen los 
iulesanos de las Palmas para dar á lu alma espansion 
en losdias festivos. Subió una cuadrilla con sus guitarras 
\\ la casa de campo en donde yo descansaba, y muy 
pronto aquellos jóvenes improvisaron un b?ile, danzando 
al estilo del país y cantando la isa, las folias y las mala- 
gueñas ele. Yo, en mi asiento, reflexionaba sobre las va- 
riadas escenas que se habían presentado á mis ojos aquel 
dia. y estaba con sentimiento por no haber podido vi- 
sitar la Caldera, que me dijeron que se hallaba no muy le- 
jos, y que era una enorme profundidad, una cscavacion 
inmensa que habia labrado un volcan, dejándooste vacio 
({ue ahora se halla cultivado, y levantando á su inmediación 
un monte, cuyosdeclives vi cubiertos de [)ü!nposas vides, 
al atravesar el Lentiscal. Quepáis csteesclamaha jo! Cuan- 
to tiene que estudiar! Parece que la naturaleza ha con- 
centrado todas í^us maravillas para sujetarlas simultanea- 
mente á la consideración dd hombre. 

Cuando pasaba áespaldasdelaCaldera, por el Lentiscal, 
y veia aquel monte que acabo de describir, recordé los 
versos siguientes de Viera en el canto 3." de su poema 
del Amador de los Campos. 

¿Ves esas peñas casi calcinadas? 
¿Aquellas tierras casi renegridas? 
Ellas te dan indicios de que fueron 
Teatro de un incendio en otros dias: 
Los siglos lo aplacaron, y ya esponen 
Baco sus uvas, Ceres sus espigas 
Sobre una verde loma, conservando 
El lado opuesto señala todavía 
Del torrente de lava, cuyo curso 
De liquidadas masas, hoy ya frias, 
Están como suspensas y colgadas 
En este crUel desastre. ¡Que averia! 

El sol se inclinaba hacia el ocaso; fue preciso partir: 
de aquel punto emprendieron su marcha señoras que con 
su vestido de cabalgar llevaban sobre la cabeza una finí- 
sima mantellina blanca de muselina que sujetaba el som- 
brerillo sobre su cabeza. Flotaba el blanco lienzo á su der- 



—264— 

redor ysobre sus espaldas, cgitio la blanca vela de un bu- 
que. Corríamos íoííos á porfía con dirección á las Palmas 
sobre mi camino elevado, que nos permilia ver á uno y 
á otro 1 ido valles con verdura, y enfrente, aliado izquier- 
do, el puerto de la Luz, la isleta, los buques que so me- 
cían en las aguas, y á la derecha los fuertes y la ciudad. 
Llegué por íin á ésta; recojí mis ideas y trasladé al pa- 
pel las impresiones de un dia agradable, en que recorrie- 
ra un paisque habia sido espectador de tantos aconteci- 
mientos y dií tantas hazañas. No es pequeña la de escri- 
bir cuíiiido se puede dedicar el tiempo al placer y al des- 
canso: pero ya sabe Y. que no es nueva esta conducta 
on su amigo. 

M. N. 



Carta 3o 

Las Palmas 30 de Junio de 1858. 
Sr. I). Francisco Oríiz de Duaso. 
Descripción del bosque de Doramas. 

Mi querido amigo: todos los que lo son míos me piden 
iiOticias de estas islas, como si yo pudiese estar siempre 
<on la pluma en la mano, pero aunque V. no me las pi- 
«í'-i, yo se las daré porque sé la complacencia que V. ten- 
♦?r á tíu ver letra mia. y en saber que me acuerdo de Y. 
< ]j (^>tas lejanas regiones. 

Voy á hablarle del bosque de Doramas: pero ai te to- 
'h:.> cosas delm hacer una manifestarion: vo no lo he vis- 
to, uo he visitado este hermosísimo cuadro de la na- 
turaleza. A pesar de mis deseos, no me ha sido dable po- 
Ji( r el pie en un recinto tan alabado y tan precioso: he 
hecho verdaderamente un sacrificio en no admitir las be- 
névolas invitaciiines del Sr. D. Ruperto Delgado, Brigadier 
dü los Ejércitos Nacionales y (¡obernador militar de la is- 
la do la Gran-Canaria, verno del célebre General Morales, 
<\ quien este amó con un entrañable cariño por haber si- 
uf) <u compañero y su amigo en las fatigas de la 



— 26S— 

guerra (1) Pero ya que no puedo hacer una descripción 
que contenga, mis impresiones, apelaré á las que han he- 
cho otros escritores. En eso no perderá V nada, antes sal- 
drá ganancioso. 

Era imposible que Mr. Berthelot omitiera hacer men- 
ción de un sitio tan agradable, tan pintoresco y tan famo- 
so. Después de lamentaree de que la isla de la Gran Cana- 
ria, que es iina de las mejor cultivadas, haya visto destruir 
sus mas hermosos bosques, advierte que los terrenos mon- 
tuosos que se estienden por la parte del norte desde el 
valle de Teror hasta el Oeste del lugar de Moya, son los u- 
nicos en que las primitivas florestas subsisten aunque muy 
aclaradas por la segur. 

La inoiiinña de Doramas, continua célebre en la his- 
toria de las Canarias, es uno de los parajes mas alabados 
por sus hüi'inosas sombras. El principe Doramas, uno de 
ios guanartemes de la isla, fijando su residencia en una 
gruta espaciosa, situada en la parte mas pintoresca de las 
cercanías de Moya, dio su nombre al bosque que cubria 
este distrito. Hemos visto esa cueva rústica que habitó el 
guerrero canario: los paisanos del valle nos la mostraron 
lodavia con orgullo, porque la tradición de las hazañas de 
Doramas, de su heroísmo, de su fuerza sobrehumana se 
ha conservado entre ellos, h^ Hibalbera [Rusau androgynus) 
con sus hojas floridas, y el Bicacaro (Canarina Campánula) 
de los guanches, serpentean formando guirnaldas' y her- 
mosean la entrada de la gruta: actualmente está solitaria 
esta cueva; tampoco el bosque tiene mas que su renombre, 
pero los recuerdos que suscita lo convierten qn un objeto 
de predilección para los isleños. Daremos una idea del as- 
pecto que presentaban estos lugares hace pocos años, to- 
mando algunas frases de las descripciones de Figueroá y 
de Viera. Este último sobre todo ha hecho una pintura 



^IJ No cedí á las desinUresadas invitaciones del Sr. Briga- 
dier Delgado, por que tema un asunto en la auditoria en 
que era parle dicho señor. Si hubiera sabido que no lo ha- 
bia de fallar y que mi permanencia en las Canarias habia 
de ser tan corta, no hubiera dejado de ir á üoramaSc Fué 
una delicadeza nimia, pero yo pensaba volver, 

34 



—266— 

encantadora en uno de los Capítulos de su obra (1) 

Está situada esta célebre montaña de Doramat, lla- 
mada vulgarmente Oramm, en el término de Teror, dis- 
tante poco mas de cuatro leguas de la ciudad de las Pal- 
mas. Su estension es de casi seis millas. Muéstrase alli la 
naturaleza en toda su simplicidad; pero nunca tan rica, 
tan risueña, ni tan agradable. Esla parece sn obra mas 
esquisita por la diversidad y espesura de los árboles robus- 
tos, siempre verdes, descollados, recios, fértiles y 
frondosos. Jamás ba penetrado el sol el laberinto de 
sus ramas, ni las hiedras, bibalberas y zarzas se han des- 
prendido de sus troncos. La gran copia de aguas Claras y 
sumamente frías, que en arroyos muy i;audaIosos cortan y 
bañan el terreno por diferentes parajes, espacialmente en 
las que dicen Madres de ^/o^a, conservan siempre un suelo 
entapizado de yerbas medicinales y olorosas. El canto de 
los pájaros y el continuado vuelo de las aves, que alliha^ 
bitan en infinitas tropas, dan un aspecto delicioso á toda la 
selva. Entre en ella una imaginación poética y se verán 
por todas partes Náyades Dríades etc. Los paseos dilata- 
dos y planos, parecen un esmero del arte, y agradan mas 
[)orque no lo son. Hay un sitio, que los paisanos liamaQ 
a catedral, que á la verdad representa una gran pieza de 
arquitectura, decorada de columnas, arcos y bóvedas. Fi^ 
nalmente toda esta montaña tiene bellos lejos y puntos 
de perspectiva, y si los bosques afortunados de los campos- 
eliseos no tuvieron en nuestras islas su asiento, esta mon- 
taña es una buena prueba de que le debieron tener. 

Pero no fué solo Viera el que fué á recrearse bajo lar 
bóvedas que con sus ramas formaba aquel bosque encanta- 
dor, coetáneo tal vez del mundo, ó cuando menos de la. 
catástrofe ó cataclismo que levantó sobre el mar el archi- 
piélago canario: según el mismo Berthelot, el eminente 
poeta D. Bartolomé Cairasco de Figueroa, gloria y lumbre 
déla Gran-Canaria, vio este memorable bosque en 1581 
en todo su esplendor, é hizo mención de él, en el mis- 
mo año, en una comedia de circunstancias que dedicó al o- 
bíspo D. Fernando de Rueda. Otra pluma sagrada, por de* 



(1) Not. de la Bis t. Chn,de las isi Cananas tom. 1/ pag. 
279 y siffuwktfs. 



tírio asi, pues era la de un obispo, en quien por su ca- 
rácter no debe suponerse exajeracion, rt^alza el mérito de 
esta montaña. El Sr. D. Cristóbal de la Cámara que la a- 
travesó en toda su estension» sin duda al hacer la visita 
de su diócesis, habla en tas Sinodales, impresas en Ma^ 
drid en 163i, en los siguientes términos. Es pues aquella 
montaña de Oramas.de las mas giandiosas cosas de Es- 
paña muy cerrada de variedad de árboles, que mirados alo 
alto casi se pierde la vista y puestos á trechos en unas 
profundidades y unas peñas, que fue singular obra de Dios 
criandolos alli. Hay muchos arroyos y nacimientos de fres- 
cas aguas, y están los árboles tan acopados que el 
mayor sol no h»ja á la tierra. A mi me espantaba lo que 
me dec/mn y visto de ella lo que pude dije me hablan di- 
cho poro. 

(Ion esta nntiiralidad se esplicaba un prelado de la I- 
glesia admirando la obra de Dios. Absorto con la vista de 
la riqueza de cuadro tan magnifico, estampó en las Sino- 
dale3 las palabras que acabamos de transcribir. Pero ya no 
será posible que el viajero lo contemple. Oiga V. lo que 
dice Mr. Berthelet= En 1780, Viera, que visitó el bosque 
de Doramas, pudo todavía admirar sus restos aunque esta* 
ha bien decaído. Cuando en 1830 visitamos la isla, las cer- 
canías de Moya conservaban sus soberbias y adm¡t*ables 
sombras, pero en estos últimos años todo ha variado de 
aspecto. Ya en 1830, estos bosques que recorrimos dé u- 
no en uno, estaban desconocidos: permanecían si en pié 
los antiguos tilos de las Madres, pero aparecían despoja- 
dos de sus mas hermosas ramas; la devastación estendia 
ftüi funesto progreso sobre todas estas montañas, y el bos- 
que de Doramas, la manzana de la discordia de los distri- 
tos circunvecinos, habia dado lugar á conflictos gravísimos. 
Algunos propietarios influyentes tratando de aprovechar- 
se de las innovaciones constitucionales solicitaron la di- 
visión de los terrenos arbolados: los pueblos limítrofes se 
levantaron en masa para oponerse á estas concesiones ar- 
bitrarias: intereses pnlíiicos vinieron á mezclarse en estos 
debates y el negocio tomó poco á poco el aspecto de una 
sublevación, y habiendo rechazado la autoridad con la fuer- 
za armada estas reclamaciones, corrió la sangre en un en-^ 
cuenlro que pudiera muy b^en haberse evitado. Parece 
que la caída de lat^onstitucion debía haber puesto térm>- 



—268— 

* ■ • 

no á estas malhadadas querellas, cuando he aquí que et 
General D. Tomás Morales llegó á las Canarias revestido 
del mando superior. Fernando 7^ para recompensarle sus 
grandes servicios le concedió una gran parte de los terre- 
nos arbolados, situados entre Arucas y Moya: los habitantes 
de los pueblos vecinos se opusieron por espacio de largo 
tiempo á la ejecución del real decreto, pero al íin fue pre- 
ciso ceder: las cortas continuaron y los desmontes se ve-' 
rificaron por todas parles. Ahora el hermoso hosque de 
Doramas. que era antes el orgullo de la Gran-Canaria, está 
reducido á unos cuantos grupos de árboles que el nuevo 
señor ha conservado, según se dice, meramente por condes- 
cendencia, pero que es de creer vayan desapareciendo su- 
cesivamente. 

Asi concluye Berlhelot sus observaciones, y yo conclui- 
ré también mi carta, anunciándole una verdad harto do- 
lorosa.y es la de que en mis ulteriores comunicaciones me 
será preciso referir otras destrucciones de arbolado, qui- 
zá de mas fatales consecuencias. Entretanto admire V. la 
riqueza de la vejetacton en esta isla, donde Dios habia e- 
jecutado una obra que los hombres debían haberse empe- 
ñado en conservar. No ha sido asi por desgracia; peroro- 
guémosle que no permita mayores devastaciones: el me- 
dio es ilustrar la opinión sobre la conveniencia de los ár- 
boles, de esos gigantes del reino vejetal. 

A su tiempo hablaré del General Morales, de eso hom- 
bre estraordinario, que dotó á Santa Cruz de Tenerife de a- 
guas y cuya memoria no se olvidará jamás en aquel pue- 
blo. Por ahora es preciso cesar en estacaría, en la que re- 
cibirá V. también un testimonio irrefragable de que no le 
olvida su affmo. amigo 

M. N. 

Carta 36, 

Las Palmas 1 ^ de Julio de 1858. 

Sr, D. Joaquín José Cervino, 

Biografía del poeta canario Cairasco y relación de sus 
principales obras. 

Mi querido amigo: es imposible fijar el pié en ciertos 



pueblos sin recordar á algunos hombres. Aunque hayan 
desaparecido de la faz de la tierra, su sombra parece qiue 
se levanta sobre su sepulcro y que llama sigilosamente al. 
\iajero para que rinda homenaje aun difunto que, íign que 
convertido en polvo, aún vivé en sus obras y hace oir el, 
f^co. de su voz en la armonía de sus versos. La, inmorta- 
lidad es una propiedad de las aíma»; (odas la ganaran en 
el otro mundo; pero los hombres eminentes en las ci- 
encias, aun en la tierra gozan de una especie de inmorta- 
lidad. Se semejan ó los cometas, que, aun después de h^- 
ber traspuesto el horizonte, dejan un rastro luminoso: se 
vé su cola llena de resplandor y que ilumina una pprte 
de la esfera celeste. 

Estas rellexiones meocurrian, amigo mió, cuando en- 
tré en la catedral. Después de tributar el debido home- 
naje á Dios, pensé en. el célebre D. Bartolomé Cairasco <le 
Figueroa, á quien el inimitable Cervantes en el libro 6 '=: 
de 6U Galatea elojió con versos de los que solo citaremos 
dos. 

Tu. que con nueva Musa estraordinaria 
Cairasco cantas del amor el ánimo. 

Cairasco, de quien dice Viera, que el mundo literario 
lo conoce con el renombre de divino poeta y á quien D. 
Nicolás AntoniQ apellida ^'ornamento de las islas afortuna- 
das'! y '^^ mismas mulás le abrieron la puerta del San- 
tuario, para agitarlo con aquel entusiasmo sublime conque 
inspira á sus favorecidos el numen. 

Yo nopodiaser insensible á este recuerdo, en un tem- 
plo en que reposan sus cenizas, y en el que desempeñó las 
funciones del sacerdocio. El inventor de los versos esdrú- 
julos, el autor de varias obras de mérito no podia me- 
nos de exijir que echase una mirada, ya que no una ilor 
sobre su tumba. 

Pero ya que no pueda echar flores á lo menos haré u- 
na reseña de su vida y de sus escritos, y si mi carta se 
publica, en ella hallarán los canarios un testimonio de 
mi deseo de elojiar, no solo lo presente sino lo pasado, 
con relación á un pais que pretendo se presente con to- 
do el esplendor de su gloria. 

Cairasco era hijo de una familia noble, según el mis- 



mo dice en su traduc^^bn del Tasso, orij^inaria de iNiiía éil 
Italia, y que su padre Mateo Gairasco fué á Canaria á 
recojer la herencia de un tio suyo, lo que dio ocasión á 
que casase con una Sra. Figueroa. Nació en la Gran-Ca- 
naria en el año ISiO y por los libros capitulares consta 
que ya en 2G de Mayo^ de 1S53 se le habia dado posesión 
del canonicato que obtenía Miguel Delgado. Habiendo en-* 
trado tan joven en la posesión de la canonjía naturalmen* 
te debian faltarle estudios: asi es, que en 16 de Etiero de 
1555 se le dio licencia por 5 años para que los hiciese a- 
cudiéndole con los dos tercios de su renta, cuya licencia 
86 le prorogó en 1558; pero en 20 de febrero de 1558 sa 
le estrechó á que recibiese el orden sacro en las prime- 
ras órdenes que diese el Obispo, conminándole con poner 
de lo contrario punto en sus rentas, y en 3 de marzo si- 
guiente se revocó la licencia para sus estudios, pero en 15 
de Enero de 1560 se le volvió á dar para ir á Castilla. 

En 1576 aparece como secretario capitular, y en Diciem-^ 
bre de 1S80 que él y el canónigo Águila estuvieron arres- 
tados sin poder salir de sus rasas sino para oir misa en el 
convento de San Francisco el uno. y el otro al de Santo 
Domingo. Como el motivo de esta pena fue haberse lAju- 
riado reciprocamente, se les puso en libertad dando fianza 
de mil ducados, de no reincidir. 

Después resulta que fué conjudice del Cabildo, Maes- 
tro de ceremonias y obrero. 

Viera dice que ya aparecía jubilado en 1603, pero á^ 
las actas del cabildo resulta que en 31 de Mayo de 1591 
se le concedió la jubilación con dispensa de un año. en 
atención á sus muchos servicios etc. cuya jubilación fué 
aprobada por el Obispo Figueroa en 1593, y en 16 de Fe- 
brero de 1605, siendo canónigo y prior se le deqiaró jubi- 
lado, no solo como canónigo sino como dignidad, por ser 
persona muy insigne por las obras que habia escrito, alas 
cuales debió que el Rey le hiciese merced del Priorato, co- 
mo consta de su título. 

El Cabildo le dio otra muestra de aprecio, concedién- 
dole para su entierro la capilla del lado del Evangelio en- 
trando por la puerta principal, queestab^sin techar to- 
davía^ acudiéndole la fábrica con 250 duca^^^ para ayuda 
del techo. Esta concesión, que se hizo en lOde Setiembre 
de 1610 «la funda el Cabildo en las partas J servicios de 



Cairasco hechos durante 60 años». 

Esta es la Capilla de Sta. Catalina, en la que se bafia 
sepultado este varón eminente, leyéndose sobre su lápida 
la siguiente inscrípeion. 

Lyricen et vates tolo celúbráius tn orbe, 
Hicjacet tnclusus, nomiM admastra volmu. 

Parere que alude la inscripción a su habilidad como gui- 
tarrista, que suspendía a los oyentes, según Viera, á lo cual se 
agregaba su escelencia como poeta. 

Cairaséo, que falleció en 12 de Octubre de 1610, dejó 
para su capilla el cuadro de Sta. Catalina mártir, dos fuen- 
tes de plata, unos reposteros de colores y otras varías co- 
sas . 

Hemos referido las particularidades de su vida como 
canónigo: ahora haremos mención brevemente de las que 
le distinguieron como ciudadano, y finalmente hablaré á V. 
con mas estension de sus obras. 

En (a invasión de Francisco Drake, en Canaria, en 1595, 
v en la de los Holandeses en 1598 hizo Cairrasco un papel de 
importancia, según Viera, y particularmente en la última 
en que fué nombrado diputado de la isla para parlamen- 
tar con el enemigo, dueño de la Ciudad, cuyo caudillo Pe> 
dro Vander Doez se alojaba en la propí i casa del canóni- 
go, gue estaba donde después el t;on vento de Santa Clara. 

Sin duda que V. no llevará á mal que descienda á es- 
tos pormenores, y si V. no lo lleva á mal, tampoco los 
isleños, que por el contrarío se complacerán de que un 
peninsular refiera todo cuanto en el piélago del tiempo, 
que toda lo devora, se ha podido recoger de la vida de es- 
te hambre célebre. Algún dia amigo mió, sí se reimpri- 
miesen sus obras después de muerto, será agradable saber 
que el cantor déla Virgen de los Dolores ha sido buen hi- 
jo, hermano cariñoso, y amigo verdadero. Los rasgos de 
Ja vida privada reflejan sobre las obras del espíritu. 

Vamos á hablar de las de Cairasco, Ocupa el primer fu- 
gar el Templo Militante, Triunfos de viriudes. Festividades 
y Santos, Se componen de 4 parles: lal.' parte comprehen 
siva de los meses de Enero, Febrero y Marzo se publicó 
en 1602 en Yalladolid con dos dedicatorias, una en prosa 
á Felipe 3.* cuando todavía era Principe de Asturias en 
1598, la 2.' en prosa, y otra en verso en 7 de Setiembre 
de 1602, en la que ya se le trata como Rey. En 1603 se 



—272- 

reimprimió esta primera parte con otra 2.' LaJ 3. *?'parte de- 
dicada á la Reina Dona Margarita de Austria se publicó en 
1/ de Abril de 160í: y la 4." dedicada en una canción 
áD. Francisco Sandoval en 1613, desnues de muerto Ca¡- 
rasco, que obtuvo la licencia del Obispo en Setiembre 
de 1G09. 

También escribió Cairasco en verso una Relación de la 
invasión de Francisco Drflke en Canaria. 

Viera dice, que en la selecta biblioteca de D. José Mi- 
guel Flores, secretario de la Real Academia de la Histo- 
ria de Madrid, se hallaba la traducción de la Jerusalen 
del Tasso, dedicada al Sr. D. Rodrigo Castro, Cardenal y 
Arzobispo de Sevilla. Se creia que el manuscrito era el ori- 
guial y del mismo puño del autor: por una canción del 
autor se infiere que aquella fué su primera obra. En un pró- 
logo compara felizmente Cairasco las traducciones délos 
poetas á las flores trasplantadas, de las cuales la mayor 
parte ssc marchitan: la traducción es en las mismas octavas 
rimas del original: dice Viera, que es lástima no se hu- 
biesc impreso, por que en el juicio de algunos quizás hu- 
biera sido el principal apoyo de su reputación. 

Por mas que prolongue esta carta, no puedo prescin- 
dir de copiar las siguientes palabras de Viera, que contie- 
nen indicaciones que puede utilizar la historia. Solamen- 
te notaré aquí. dice, la bella adición que Cairasco creyó 
debía hacer a aquel poema original en el canto o.*; por 
iiue como en él se trataba del viage de Ubaldo y sus com- 
I'añeros á las islas afortunadas, lo ilustró con una des- 
cripción mas circunstanciada délas Canarias; de las cua- 
les no tenia el Tasso el mas aventajado concepto, pues 
(!(^(:¡a: 

Ron sonó elle feconde, é vaghe, e líete: 
Ma pur molto di falso al ver s'aggiunge. 

Cairas: o, pues, hace una pintura muy lisongera de su 
clima, de la montaña Doramas, del ingenio y gentileza 
<lü los Canarios. Elogia á Diego de Herrera, á'Doña Inés 
Poraza y á sus hijos. Dice del prmier Marqués de Lanzaro- 
!o, vfjuc ora de su rey favorecido y estimado.» Habla en 
ima octava con rimas en esdrújulos de su familia de Cai- 
riusco: hace memoria de varias familias ilustres: celebra 



— 27S— 

ambien al Adelantado D. Alonso do Lugo y acaba con un 
incomio del P. Peñalosa, benedictino, amigo suyo.» 

Luego sigue refiriendo la fundación de la Ciudad de 
las Palmas: la conquista de la isla por Pedro de Vera: el 
pendón del Obispo D.Juan Frías, que tenia un S.Juan 
Bautista por insignia, la erección y m igmficencia de la Ca- 
tedral de Santa Ana, la de la Real Audiencia y la de la 
inquisición: el elogio del Obispo D. Francisco Martínez, 
con el de la defensa en las invasiones de ingleses y ho- 
landtíses: el de Benito Cortés de Eslupiñan, caballero de 
la Lsla de Palma; y por último concluye, traduciendo 
cuanto dice el Tasso en el lugar citado del Pico de Teneri- 
fe y de la fertilidad de las islas. 

El albacea de Cairasco, D. Juan Bautista Kspino, dio 
parte al cabildo de que aquel habla dejado escrita uiía 
obfa poética titubada la Esdrújulia, dedicada al Marqués 
de Mostesclaros, Virey del Perú, á quien la llevaba el ca- 
pitán D. Juan de Nava; y en 19 de agosto de i624, el 
mismo albacea pidió licencia al cabildo para imprimir* en 
España un libro que también había dejado escrito el Sr. 
Cairasco intitulado Vita CrisU. 

Mi amigo D, Francisco Maria León tiene en su biblio- 
teca un ejemplar del templo militante, Hos sanctornm 
y triunfos desús virtudes impreso en Lisboa el año 1613. 
Trataré de examinarlo detenidamente pues hasta ahora so- 
Ja bé ojeado algunas páginas en casa de mi amigo. 

Por hoy ceso de escribirle: de allende de los niares le 
envío noticias de un poota ciuario: vea V. amigo mió, si 
en la Academia de la Historia se conserva el manuscrito 
de la traducción del Tasso. Mucho placer tendría en sa- 
berlo. Entonces, en mis cartas canarias copiaría algunos 
trozos, y los hijos de este país se holgatrían de ver revi- 
vir aunque en pequeños fragmentos la musa 4e su com- 
patriota. 

Cuando la amistad ha llegado al grado que la nuestra, 
el mejor tinal de las cartas será para V. asegurarle que 
es. su constan! c amigo. 

M. N. • • • 



39 



—274— 

Carta 37. 

Santa Oiiz de Tenerilü i de Julio de I808. 

Sr. D, Francisco 3hufor(. jórrente de Cinea. 

Sobre los árboles // plantas tropicales que se crian en 
Santa Cruz de Tenerifey especialmente en el jardín de D. 
Juan Manuel Foronda. 

Mi apreciableamijjo: no se si babnin llegado á sus ma- 
nos n)is cartas canarias, pero sino las ha Visto, V. las ve- 
rá con el tiempo, y en. ellas encontrará estaque le consa- 
gra mi amistad. Y con justicia, ya porque V. siempre ha 
«ido mi amigo, y ya también, por que siendo V. un pro- 
pietario inteligente, que ha sabido aclimatar árboles y plan- 
tas útiles, es muy conforme que al tratar de una materia 
en que está V. tan versado, mezcle su nombre, para mi 
tan grato, y le dedique mis observaciones. V. se compla- 
cerá de que al recorrer los jardines y huertas de Sania 
Cruz de Tenerife, á mas de 400 leguas, me acuerde de su 
jardin, de su huerta y de sus vastas pose^siones, y sobre 
todo de los agradables ralos que pasé, aunque breves dias, 
en su casa de Torrente de Cinea en medio de su amable 
familia. 

Destinado á estopáis, nuevo para mi, he tratado de es- 
tudiarlo y todas mis observaciones las he consignada en 
el papel. La villa de Santa Cruz, en que habito, ha sido 
objeto de mi estudio, y cuando para dar descanso á mi 
espíritu hé salido á paseo, he visitado los jardines y en^ 
ellos hé hallado materia abundante, para mediar y para, 
escribir: no por que en ellos haya encontrado los primo- 
res del arte, sino por que hé hallado árboles exóticos y 
plantas tropicales, cuya aclimatación es de gran precio y 
una conquista útilísima, cuyos resultados ventajosos úni- 
camente puede calcular uno que como V. está instruido 
en la ciencia de la agricultura. fEn comprobación de esta 
verdad voy á referirles los arboles y plantas que vi en la. 
huerta de uno de los propietarios de esta villa, el Sr. D. 
Juan Manuel Foronda, que siendo uuj simple particular 
tiene un verdadero jardin botánico, de que no carecen mu- 
chos potentados en otras regiones. 



—275— 

Larga es, pero es preciso copiar la lista que saqué, que 
al paso que demuestra la bondad de este suelo, la benig- 
nidad del clima y los ricos tesoros que podrían eslraersti 
de su seno, patentiza también la inteligencia y bnen gus- 
to de este propielario, que tiene reunidos en el recinto 
de su cercado, el Anón berrugosoó chirimoya, el aiwn co- 
mún, el Manon (otra clase de A?íon)el Crtr.ú/í7, otra especie 
del mismo, Nogales de la India, el árbol de la Goma, el ár- 
bol de la pimienta de Tabasco\ otro que da una especie de to- 
mates, el aguacate, el Caimemito, el Cedro, la Grosella de la 
Habana, el Guanamina, la Guayaba, e\ Mango, el Mamey co- 
lorada, el Mamey de Sto. Domingo, la Poma-rosa, la Pi- 
tanga del lirasiL las Palmas de Cocos, la Papaya, el Tama- 
rindo, el Zapote, la Morera de la India, varias especies de 
té y café, el Ubero, Plátanos enanos de la India, Piálanos 
morados y de otras vanas clases y el Plátano de flor. 

Y no crea V^, amigo mió, que éstos árboles son me- 
ramente un alarde de vejetacion inproductiva: yo he co- 
mido muchos de sus deliciosos frutos, regalando mi pala- 
dar con su sabor esquisito. El Sr. D. Juan Manuel Foron> 
da fino y obsequioso en estremo, sabiendo mi aíicijon á 
dar razón de cuanto observo, quiso que gustase en la me- 
sa los frutos que viera pendientes délos arboles y quepu- 
diese de este modo dar testimonio de que estos no eran 
una decoración pomposa, y un follaje sin resultado, sino 
que en Sta. Cruz conservaban su primitiva fecundidad 

Pero todavía debo añadir, que no son solo las plantasci- 
tadas las que adornan y hermosean la huerta del Sr. Fo- 
ronda; hay además otros árboles y arbustos y flores de 
climas cálidos. Aunque no todas, Citaremos algunas, como 
la Platanilla ó flor de Dragón, la flor de Pascua, el Gar zo- 
tera encarnado, el trébol de hoja-qrande, las adelfas dobles, 
la Majagua, la Magnolia, y otras varias plantas, flores y 
enredaderas de los trópicos y de las rejiones elevadas del 
país, y la tunera de terciopelo, que se está propagando cou 
empeño. 

Entre las plantas de estas islas, aclimatadas en las cos- 
tas propias de las rejiones altas, se halla el arrebol, la Gt- 
batbera y la Estalicia ó siempreviva azuU y algunas otras. 

Esta tijera reseña de las plantas que prosperan y con- 
servan su lozanía prolifica en este suelo, le demostrarán 
cuanto fruto podía sacársele él, si se utilizase su venta- 



—276— 

josa disposición. Ya lengo manifesíado en una de mis an- 
teriores carias que el lerritrrio de Sla. Cruz parece que 
estaba deslmado por la IVovidencia para ser ti semillero 
de las madres dtj la cochinilla, y ahora añadiré que el jar- 
din del Sr. de Foronda es el argumento mas elocuente ó 
irresistible de que aqui podian aclimatarse, prosperar y 
producir los árboles frutales de los trópicos y casi todas 
las plantas de dichas rejiones, porque apenas dos ó tres, 
entre ellas el coco y la pimienta, son las que niegan fru- 
tos sazonados: todas las demás, según hemos manifesta- 
do, crecen con pujanza, sci desarrollan con vigor y (»sten- 
tan en sus ramas la jireciosa cosecha de que se enorgulle- 
cerían en su país nalivo. 

Cuando hablamos del jardin botánico nos quejamos do 
su descuido y manifestamos que en Sta. Cruz había |)ro- 
pietarios que tenian casi las mismas plantas. Vea V. aqui 
la demostración de la proposición que senté y un motivo 
para que el Gobierno fije los ojos en aquel establecimien- 
to y le de el impulso que merece. Cabalmente se halla si- 
tuado en el espacio mas encantador de la isla y próxima 
á la villa de la Orotava, que es la población mas entusias- 
ta para la agricaltura y donde hay muchos particulares 
que Cistan continuamente haciendo adelantos. Cuanto mas no 
harían bi el jardín botánico llenase el objeto para que se 
creó. 

Pero volvamos á Sta. Cruz: también esta villa, si es- 
perimentasc el influjo de una justa protección, llegaría á 
un grado de esplendor que admiraría á los que antes hu- 
biesen contemplado sus áridas llanuras, ó mas bien playas. 
To las hé recorrido y hé e< hado de menos el genio em- 
prendedor del General Morales. Este es el que á costa de 
sacrificios y con un tesón que merece perdurables alaban- 
zas, trajo las aguas que ahora beben los vecinos de esta 
villa y que riegan con escasez sus huertas. El Sr. Foron- 
da no hubiera podido aclimatar los árboles, cuya relación 
transcribo en esta carta, sino se le hubiese concedido por 
este fin, según se me ha dicho por una Real Orden, cier- 
to genero de preferencia. Esta no debía ser necesaria, sí 
se hubiesen esplotado las aguas que podrían esplotarse y 
cuyos raudales podrian llegar hasta Sta. Cruz: no puedo 
menos de hacérosla indicación de paso. Mas adelante pien- 
so tratar este punto con la debida detención si consigo reu- 



— a77— 

nir todos los datos y notieiafi que son indispensables para 
hablar con el debido conocimiento. 

Mi opinión es que el Gobierno español debe mostrar su 
grandeza embelleciendo y haciendo fruclifera esta costa. 
Los biwjues estranjerosque la visitasen verian que hasta 
mas de cuatrocientas leguas de distancia llegaba el bené- 
fico vigor del' poder de la Reina délas Españas, y que der- 
ramaba la abundancia y la hermovsura sobre una comar- 
ca que en todos^liempos dio niueslras de fidelidad y de he- 
roismo. 

Los ojos perspicaces de una política ilustrada deben 
considerar que lo que se haga iK)r Sta. Cruz, por la Oro- 
tava, ó para decirlo de una vez por todas las islas Ca- 
narias, no es un ^ien que á ellas solas deba quedar redu- 
cido, sino que debe refluir en provcxjbo del mismo Gobier- 
no y de la Península Ibérica. Las islas Canarias son un 
Pais en que por decirlo así, hacen escala las plantas y ár- 
boles tropicales para pasar después á hermosei^r muchas 
de nuestras provincias. Me consta que muchas semillas do. 
plantas y árboles se han llevado desde Sta. Cruz y la 0- 
rolava á España y que en Málaga, por cjomplo so han ob- 
tenido resultados satisfactorios. Me figuro que V. podría 
aclimatar algunas en sus huertas, así como lo hizo con la 
morera mulícavlis. Por otra parte, cuanto mas se enri- 
quezcan las islas, mas preciosas y esíimables serán sus 
tierras y mas contribución podrán pagar, y de este mo- 
do no será preciso que el Gobierno haga remesas de di- 
nero para sufragar los gastos de su presupuesto. 

Me hé estendido mas de lo que pensaba, pero el «mor 
ron que miro este pais encantador, esta tierra hospitala- 
ria hace que mi pluma corra velozmente cuando se tra- 
ta de esponer lo que puede aumentar su ventura. Lle- 
gará dia en que me vaya, pero ettas lineas serán un tes- 
timonio de mi afecto y de que no le olvidaré, así como íio 
he olvidado á V. ni á su apreciable familia, á quien le 
ruego presente mi afectuosa memoria S. S. S. y amigo 
Q. S. M. B. 

M. N, 

P. D. Hubiéramos [deseado acompañarla clasificación 
cienlifica de los árboles y plantas que mencionamos en íps- 



—280— 

que causan el terror de la humanidad en los desiertos de 
la Libia y otros? ¿Presentirían ellos con su instinto la ca- 
tástrofe quo iba á' sobrevenir? Si quedaron algunos ¿pere- 
cerían entre las llamaradas de los volcanes, ólesdió la muer- 
te la ardiente lava que vomilnron, Si perecieron lis fieras 
como no pereció el hombre? ¿Como pudo sobrevivir este 
á aquella combustión general, á aquel trastorno súbito y 
á aquella lluvia de fuego, al paso que el suelo se abria y 
sepultaba los montes? ¿Los primitivos habitantes esforza- 
dos y valerosos, que no levantaron ediücios, que fueron 
troglodistasó que vivieron siempre en cuevas, consiguie- 
ron cslcrminar (como lo hicieron los ingleses) alguna raza 
dañina que devoraba sus ganados en que consistia el prin- 
cipal medio de su conservación? 

Cuestiones son estas que yo no puedo resolver: mis 
conocimientos n ) alcanzín á tanto: psro el hecho es posi- 
tivo y esto basta para que tu te comfJazcas de que un 
pais, en que se goza tan singular ventura, sea la morada 
de tu padre. Ello es cierto que aquí los animales mas fie- 
ros deponen su ferocidad y se muestran sumisos y blan- 
dos á la mano del hombre, que se presenta entre ellos 
como su señor y como su rey. Los españoles introdujeron 
los toros, y aqui estos son suaves y pacificos; nadie se alar- 
ma aunque los vea venir por un camino, ó tropiece con 
ellos en la quiebra de una montaña, ó en los vallas que 
se ven en varios ángulos de estas islas. El Comercio que 
han wsoslenido siempVe con América haria muy posible 
que en los fardos, entre las maderas se hubiese iírtroduci- 
do algún reptil ponzoñoso: á lo menos en otras partes se 
ha verificado esta importación, y han progresado y mulli- 
pücadose los animales dañincrs. Alguna causa debe haber 
para que aqui no haya sucedido lo mismo. A mi juicio no 
puede ser otra que la bondad de este clima, la circula- 
cío:í de efluvioí^ que alteran las sustancias, malignas que 
las neutralizan y que las dtístruyen por fin. Que hay terre- 
nos que tienen este podjr naturalmente, es una verdad 
que veo comprobada con otros ejemplos. El Sr. D. José 
\in en la obra que publicó con el título do Anlif/iicdades 
de Eslremndura, sus inscnpcioncs y monumentos, seguida de 
líeflecxiones importantes sobre lo pasado, la presente y el 
porvenir de sus dos provincias, dice tom. 2^ pág. 25 
* lo que mas escitó la curiosidad de los iuvesligadQres jcu 



Cartí 3S 

Sania Cruz de Tenerife 6 de Julio de 1858. 

Sr. D. Alvaro Ñongues de Torremtlano. 

Parliculafidad notable: no existir animales dañinos ni 
^'enesos en las islas Canarias, y dulcificarse la condición d$ 
los que se llevan á ellas. Su causa. 

Siempre, hijo niio querido, que se traía de la salubri- 
dad de las islas Canarias, de su bondad para conservar 
la vida, me acuerdo eí^pecialmente de li. ;.Y porque? me 
preguntaras. Torque recuerdo tus consejos, de que ya ha- 
blé en otra de mis cartas, y estos consejos se hallan im- 
presos en mi corazón. Creo por lo tanto propio de mi ca- 
riño consagrarle una carta, en la que voy á manilestarto 
que aqui no conocemos ningún animal carnicero ni pon- 
zoñoso: el hombre pues camina tranquilamente por los 
montes, por los campos y por los caminos sin que temo 
verse asaltado por una fiera, puede reclin?r su cabeza so- 
bre la mullida yerba sin que recele que un cujud veneno- 
so infiltre su ponzoña en sus venas y le ocasionij una muer- 
te dolorosa é inevitable. Aqui no hay ni osos, ni lobos, ni 
panteras, ni charoles, ni boas, ni culebras de cascabel, 
ni víboras, ni esa multitud de animales (1) que se rebela- 
ron contra el hombre después de su caida en el Paraíso 
y que le declararon la guerra. Gozan estas islas de 
mayores ventajas que Malla, donde se refiere que las ví- 
boras perdieron su naturaleza maléfica á virtud de la ben- 
dición de San Pablo. 

Varias veces hé tratado de estudiar éste fenómeno qtie 
asi en este punto como en otros, ofrece en las. 
Canarias una imájen, un recuerdo del delicioso Edén 
en que fueron colocados nuestros primeros padres. 
Si estas islas perlcnecieron, como sostienen algunos, al 
continente del África ¿es creíble que enel momento de su 
estrepitosa desunión no quedasen algunos animales de los 



' (t) Viera tom. 3 pag. 94 solo dice que hay gatos salvages en 
^« Gomera y ciervos. . 



—280— 

que cniísai) el terror de la humanidad en lo3 desiertos de 
la Libia y otros? ¿Presentirían ellos con su instinto la ca- 
tástrofe quo iba á sobrevenir? Si quedaron algunos /.pere- 
cerían entre las llamaradas do los volcanes, ó les dio la muer- 
te la ardiente lava (¡uc vomitaron. Si perecieron lis fieras 
como no pereció el hombre? ¿Como pudo sobrevivir este 
á aquella combustión general, á aquel trastorno súbito y 
á aquella lluvia de fuego, al paso que el suelo se abría y 
sepultaba los montes? ¿Los primitivos habitantes esforza- 
dos y valerosos, que no levantaron edificios, que fueron 
troglodistas ó que vivieron siempre en cuevas, consiguie- 
ron cslcrminar (como lo hicieron los ingleses) alguna raza 
dañina que devoraba sus ganados en que consistía el prin- 
cipal medio de su conservación? 

Cuestiones son estas que yo no puedo resolver: mí* 
conoiúmientos n) ab;anzm á tanto: piro el h »c!i') es posi- 
tivo y esto basta para que tu te complazcas de que un 
país, en que se goza tan sinjzular ventura, sea la morada 
de tu padre. Ello es cierto que aquí los animales mas fíe- 
res deponen su fororidad y se muestran sumisos y blan- 
dos á la mano del hombre, (jue se presenta entre ellos 
como su señor y como su rey. Los españoles introdujeron 
los toros, y aquí estos son suaves y pacíficos; nadie se alar- 
ma auuípie los vea venir por un camino, ó tropiece con 
ellos en la quiebra de una montaña, ó en los vall.ís que 
se ven en varios ángulos de estas islas. Ki Comercio qutí 
han sostenido siempre con América haría muy posible 
que en los fardos, entre las maderas se hibie^e introduci- 
do algún reptil ponzoñor^o: á lo menos en otras pirtes se 
ha vcníicado esta importación, y han progresado y multí- 
plicadosíí los animales dañinos. Alguna causa debe haber 
para que aquí no haya suct<^ido lo mismo. A mi juicio no 
puede Ser otra que la bondad de este clima, la circula- 
cio:i de elluvios que alteran las sustancias, malignas que 
las neutralizan y que las destruyen por fin. Que hay terre- 
nos que tioncn cáíe podjr naluralmj'nte, es una verdad 
que veo romni^obada con oíros ejí^nplos. \l\ Sr. D. José 
\in en la obra que publicó con id título de AníiyiedHdes 
de ¡hlrctnndnrn, sífs inacrif t iones y monumeidos, seguida de 
lírflccj'ioncs imporlanfcs sobi e lo pasado, lo présenle y el 
porvenir de sus dos provincias, dice tom. 2^ pág. 25 
'lo que mas escitó la curiosidad de los investigadores cu 



— asi- 
larías de las fuentes del Pirineo, fué, según noticias tra- 
dicionales, la concurrencia á ellas de varios animales. El 
Sr. Fabás cita hechos positivos. ISn suobrila Mes prome- 
nades á Saint Sauveur P. 2. C. V. refiere muchos observacio- 
nes hechas, entre ellas es muy notable la siguiente. ** An- 
tes deerijirse estos bai'ios, me llomó la atención el agio- 
ramíento en el cieno de sus aguas de multitud de reptiles 
ovíparos, los cuales perdían el veneno y se mostraban man- 
sos y tratables, lo cual me hizo creer, como así á algunos 
naturalistas, que exilia en ellas un principio altamente 
benéfico, que era preciso fijar ele. «Y luego continua Vin: 
•también se tiene por cierto que otras fuentes del Pirineo 
fueron indicadas así.'* 

Veras, pues, por esta cita, que ciertas emanaciones de l,a 
tierra y de las aguas, aun en nuestro [jais y en Francia, han 
inflpido en los animales y les han desj)ojado de su fiere- 
za y de sus cualidades dañosas. La eficacia de estos agen- 
tes se halla limiíada en aquellos territorios á cierto radio; 
aqui es común á todas las islas; de lo que se deduce que 
todo su ámbito se halla impregnado de efluvios sumamen- 
te saludables. Materia es esta que merecería ser estudiada 
debidamente examinando el aire atmosférico que aqui se 
respira, toda vez que la ciencia ha inventado ensusconf- 
tinuos adelantos medios para descomponerlo. Entonces se 
veria si este efecto es debido á la tierra ó á los árboles, 
que poblaban estas islas y que van desapareciendo preci- 
pitadamente. Hacemos esta indicación, para que si algún 
(lia no se repite este fenómeno se vea la causa de su de- 
saparición y no se nos tenga por narradores de consejos 
y fíbulas. 

En comprobación de la exactitud con que hé procu- 
rado escribirte añadiré, que según me han referido, solo 
hay una clase de arañas cuya picadura es perjudicial, pe- 
ro que se cnra fácilmente, y que la bondad del clima no 
alcanza contra la plaga de la langosta, que causa los es- 
tragos que referiré en otra carta. Al paso se me ha dicho 
<jue los toros llevados ó la Península, después de gozar de 
sus pastos^ recobran su ingénita ferocidad. Con estas no- 
ticias sabrás que tu padre está en un pais delicioso, y que 
su corazón siempre tierno lo es mas á tan larga distancia 
y le abraza con el mayor cariño. 

Maic4^o. 
36 



—282- 

P. D. Ordinariamente no se conocen ciertas ventaja» 
$ino con la comparación do los males que se sufren en 
otros países, la América, esa parte del mundo, tan enco- 
miada, está llena de peligros. En las consideraciones que 
sobre la España y sus colonias publicó el Sr. Ü. Jorge de 
Flintcr en 1834 al hahlar de las dificultades que tuvo que 
vencer el ejército español, cuando la sublevación, se dice, 
pag. 11, lo que sigue-«Nohay en aquel vasto pais bosque, 
llano, montaña, lago ó rio donde no se abriguen milia- 
res de animales dañinos. El tigre, el caimán, la serpien- 
te V toda la innumerable muchedumbre de bestias vorsK- 
ees, peces y reptiles venenosos atacaban y destruían á lo* 
valientes que peleaban en América. Ora el tigre saltaba 
desde su matorral sobre el soldado herido ó rcsagado, 
casi exánime por la pérdida de bangre: ora el caimán se 
lanzaba del hondo de un rio ó lago para coger al iivfeliz, 
que se aventuraba á saciar su sed. después de una lar- 
ga y peligrosa marcha: ora la insidiosa serpiente, enros- 
cada en las ramas de un ¿rbol acechaba su victima para 
darle muerte con su letal mordedura/* 

*'Aun los seres del reino vegetal conspiraban á la rur- 
na del ejército, por que hay árboles y arbustos en los^ 
bosques de América del mas hermoso follage, cuyos fru- 
tos, aunque gratos á la vista y al paladar, contienen un 
veneno oculto y mortífero. Allí los soldados, cstenuados 
del hambre y de la sed, conian á buscar un refrigerio; 
pero ignorantes de las cualidades deletéreas de tales ali- 
mentos, se hallaban en un instante luchando con las an- 
sias de la muerte. Otros para resguardarse del sol de me- 
dio dia ó de las inclemencias del tiempo ó para reposar 
sus cansados miembros, se acogían por desgracia á la som- 
bra de árboles ponzoñosos, y luego veian entumecerse su 
cara, sus ojos y todo su cuerpo, á punto de no ser cono- 
cidos de sus mas allegados, y arrastrabm así una mise- 
rable existencia. 

Después habla de las lluvias que anegaban los ter- 
renos, y aún después de absorvidas por la tierra forma- 
ban posos y estanques, de donde se desprendían exhala- 
clones metafísicas que inficionaban la atmósfera. 

Quién al ver esta pintura, demasiado verdadera por 
cierto, hecha por uno que recorrió aquel pais ¿no consi- 
derará las canarias como un jardín reservado por Dios i 



—ása- 
los hombres, como las verdaderas islas afortunadas? Con- 
cluyo con el tema con que principió mi posdata: el cote- 
jo con otros realza las ventajas de este país. 

Tal vez en oposición á la suavidad de los animales di- 
rá© que según Viera se celebraron varias funciones de to- 
ros^ pero prescindiendo de que hasta los animales mas 
mansos pierden su mansedumbre, si se les aguija y exa- 
gera, de ninguna desgracia se hace mención en las fies- 
tas. De todos modos esta función se halla en desuso en 
las Islas. 

Adiós, hijo mió. Tu padre 

■r' 

Carta 39. 

Santa Cruz de Tenerife 8 de Julio de 1858. 

Disposiciones sumamente Iiumaniiarias que se deben al 
4lero de estas islas. 

No pretendo, amigo mió, en muchas de mis cartas de- 
cir cosas nuevas, sino dar á luz las que se hallan oscu- 
recidas y envueltas en confusión. Soy como la abeja, que 
liba las flores y de estas estrae la miel. Hay varias noti- 
cias que se hallan confundidas y que leídas no se remu- 
dan en tiempo oportuno. Con^el método que ha adoptado 
se sabrá lo que ofrece mas interés y se fijara en la me- 
moria lo que no debia borrarse de ella. 

La Religión Católica es eminentemente civilizadora: á su 
tiempo hablaremos de los esfuerzos y celo apostólico de los 
capellanes de Juan de Bethecourt, pero por ahora nos li- 
mitaremos á referir ciertos hechos que honran al clero y 
que demuestran cuanto se esforzó para arraigaren los áni- 
mos el espíritu de caridad y establecer el imperio de las 
buenas costumbres. D. F. Fernando Calvetos 5^ Obispo 
de Rubicon según Viera (1) y que obtuvo esta silla en 1431 
al volver del concilio de onstanza, manifestó su amor al 
género humano fulminando un decreto por el cual prohi- 



(1) íom. 4.^ pag. 43- 



=284— 

bía con graTCS censuras que fuesen vendidos los canario» 
antes ni después de su bautismo. Siendo inúliles los esfuer- 
zos de este prelado, el mismo Sr. Cálvelos de acuerdo con 
F. Juan deBaena, vicario de las misiones franciscanas, 
despachó á Roma á.F. Alonzo Idubarcn, religioso lego na- 
tural de estas islas para que se representase al Papa sobre 
aquellos desórdenes: y Eugenio 4." no tardó en espedir en 
25 de Octubre de 1434 una bula prohibiendo (2) bajo gra- 
ves penas el rautiverio y mal tratamiento de los canarios 
y nombrando' conservadores para la ejecución de aquellas 
letras; y aun hizo mas este Papa, que fué señalar para el 
rescate de los ya vendidos cierta cantidad de dinero qae 
se hallaba depositada en ::'evilla, perteneciente á la Cáma- 
ra apostólica desde el cisma de I). I^edro de Luna. 

Todavía no habia resonado en Europa la palabra filaníro^ 
pia. y el clero de las Islas ardiendo en las llamas de la 
caridad habia clamado á favor de los primitivos natura- 
les. Conviene sacar estos hechos del globo para que se lean 
y se mediten á la faz del siglo 19, y para que el protestan- 
tismo no se enorgullezca con la prohibición de la trata de 
negros, por que no ha llegado á donde llegó un Papa des- 
tinando los caudales de su pertenencia á la redención de 
hombres, de los cuales muchos no pertenecían al seno de 
la iglesia. Nadie podrá disputar al clero canario la gloria 
de haber inspirado estas humanitarias disposiciones, que 
llevan el sello de la calidad evangélica. 

Las constituciones que en el sinodo convocado en l6S9 
por el Sr. D. Cristóbal de la Cámara se dictaron, al paso 
que establecen disposiciones que tienden á la mejorado las 
costumbres, no olvidan ni aiin á los animales. Una de e- 
llas, la 31, prohibe se bogan votos de correr loros, ni 
de dejar sin mamar á los niños ó sin comer ni beber on 
tiestas de algunos santos hasta después de las procesiones. 
Hé aquí el germen de aquellas ideas, que después han si- 
do objeto de algunas sociedades, que se han creado enr 
ciertas naciones para que no se maltrate á los anima- 
les. El Sínodo de Canarias no quiere que ni aún á pre- 
testo de la religión se condene á privaciones á lov^ anima- 
les ¿Cuanto menos podia consentir el mal trato? Meditan- 



(t) Viera tom, 4.* pag. 45.. 



— «85— 

do sóbrelos fastos de nuestra liistoria civil y religiosa, 
mucho encontraríamos por cierto que nos vindicase glo- 
rias que se atribuyen- otros pueblos y otros siglos. Loses- 
pañoles tenemos ricos tesoros ei la anligüedad, que ni 
si quiera nos tomamos el cuidado de moslrar; y como por 
desgracia aprendemos hasta nuestra historia por los es- 
trangeros, hacemos caso omiso do lo que dcbiamos exami- 
nar. Somos en lo general negligentes, y así como en las 
artes hemos consentido que todo nos lo diesen hecho los es- 
traños, lo mismo poco mas ó menos nos ha acontecido 
en mateaia de literatura. No hay mas que estudiar nues- 
tra historia y nuestras costumbres y observaremos que 
nos hemos parado á lo mejor de la carrera, y que nues- 
tro desarrollo intelectual y político cesaron repentinamen- 
te adelantándosenos otras naciou-es. 

Aunque no tan antiguas, son también muy dignas de 
atención las sinodales del Obispo D. Pedro Dávilaeíi 1735: 
(1) contienen una disposición muy propia para restable- 
cer lo que ahora se llama moralidad. Después de lamen- 
tar el pernicioso abuso de que las hijas salgan de la casa 
de sus padres, pidiendo marido ante el vicario, se man- 
da pena de escomunion mayor que los párrocos prediquen 
con frecuencia contra esta culpa, y que no casen tales hi- 
jas hasta pasados seis meses completos. No puede darso 
disposición mas conveniente para afianzar el poder pater- 
no y evitar que su casa se convierta en un centro de cor- 
rupción y de insubordinación escandalosa. 

Me ha parecido convenienle presentar estos rasgos de 
civilización debidos al celo del clero: al verificarlo la ala- 
banza refluye también sobre estas islas: sobre sus peñas- 
cos vemos levantados el pendón de la humanidad y de la 
moralidad, y entrelazan estas hermosas flores místicas á 
las perfumadas con que embelleció sus risueños valles la 
mUuraleza. Jísta deliciosa perspectiva que se presenta á 
mis ojos corporales y del espíritu; no impide que dirija 
á V. sus miradas su affmo. amigo 



(1) lom, í: 167, 



— 28Í— 

Carta 40. 

Santa Cruz de Tenerife 12 de Julio de 1859. 

Sr, D. 

Antecedentes sobre el establecimiento del Obispado en Te- 
ner í fe. =Razones que existen para que se restablezca. 

Muy Sr. mió y mi apreciable amigo: no soy tan orgu- 
lloso que me suponga sin defectos, ni tampoco hipócrita 
ni tan necio, que no me crea sin algunas buenas cuali- 
dades. Una de ellas es la memoria: jamás me olvido de 
mis amigos: en estas islas los recuerdo continuamente, les 
tengo sin cesar presentes y de cuando en cuando les es- 
cribo, y de en njcdio de estos peñascos, circundados de 
un mar tempestuoso,^ sale la voz de la amistad y sensi- 
bilizada sobre un frágil papel vá flotando á las playas de 
la Península á posarse por fin en sus manos, ofreciéndo- 
les un testimonio de mi afecto. V. es uno de los que hé 
recordado, y le hé lecordado no solo por que le aprecio, 
sino por que le quiero. Ko basta tener prendas eslima- 
bles para conciüarse el afecto; es necesario inspirerlo. y 
V. me lo inspiró. Asi que sin ser poderoso á hacer otra 
cosa le profeso una sincera amistad. 

Pero mi recuerdo amistoso, que vá siempre acompa- 
ñado de algunas noticias del pais, (por que nada me pare- 
ce mas insípido que una carta llena tan solo de cumplidos,) 
tiene en esta ocasión para V. una ventaja, y es propor- 
cionarle hacer un gran bien, convirtiéndole en objeto de 
las simpatías y bendiciones de innumerables familias, cu- 
ya felicidad podría V. labrar, si emplease el influjo de su 
posición y la valia de su talento, contribuyendo á que 
mas de 233,000 almas no quedasen privadas de un pastor, 
que les dispensará los beneiiciosde la llclígion. 

Ya comprenderá V. que significan y á que sedirijen es- 
tas frases, y aunque no necesitan esplicacion le diré, que 
son relativas al restablecimiento del Obispado de Teneri- 
fe. Esta es la prelension de la isla de tal nombre, de la 
de la Palma, Gomera y el Hierro: y que esta pretensión 
es justa, de una necesidad incontrovertible, conveniente, 
política y de todo punto conforme con los cánones; es una 



— «87- 

vferdad que no necesita de otra demostración que tomar 
el mapa en la mano y fijar en él atenlamente los ojos. 

Hay verdades de sentimiento, de convicción íntima, y 
una de ellas es la presente. Yo que me hallo por casua- 
lidad en estas islas, que si salgo de ellas quizás no vuel- 
va nunca, hé hecho un estudio bastante profundó de sus 
necesidades, y después de la mas seria meditación, des- 
pués de adquirir datos, de oir y de observar, he adqui- 
rido el convencimiento deque no debe suprimirse el obis- 
pado de Tenerife: que su supresión debe producir grandes 
males á las islas y al Estado: que es una economia mezquina 
y desventurada. ¿Por que no lo he de decir, si asilo en- 
tiendo ? Que razón puede haber para que oculte una ver- 
dad útil á estos pueblos y á mi patria? Mi voz desinteresada 
la oirá V.: ojalá la oyese también el Gobierno. Pero de to- 
dos nodos hablando en mis cartas quedaré libre de una 
responsabilidad moral, por que el que ha podido hacer un 
bien y no lo hace, ó á lo menos contribuir á él, (pues á 
esto únicamente puedo alcanzar en mi esfera) no puede 
menos de ser responsable si calla. 

Conviene para la ilustración de este asunto recordar 
ciertos antecedentes, que deben ser como datos impres- 
cindibles que deben jugar en la resolución del problema. 

La conquista de las islas Canarias principió por Lan- 
zarote en 1402, y en 1404 ya se publicó una bula para 
erigir allí un obispo, que se erigió bajo el título de San 
Marcial de Rubicon. Se finalizó la conquista de la Gran 
Canaria en 1482, y el obispado se trasladó á la ciudad 
de las Palmas en lí85. 

Se sojuzgó la isla de Tenerife en 1496 y quedó agrega- 
da con la (jomera y Palma al antiguo obispado de Uu- 
bicon. 

Tenerife fué creciendo en importancia y en riqueza: 
su población se multiplicó. A proposición de sus necesi- 
dades sociales ó civiles se aumentaron también las reli- 
giosas. Asi es que por los años 1680 ya se. trató del es- 
tablecimiento de un nuevo obispado: pero la guerra de 
sucesión y otros quebrantos impidieron la realización de 
esta idea. 

No obstante siempre permaneció viva, como todos lo» 
pensamientos que tienen por objeto la íelicidad de los pue- 
bles: reunidas las cortes en 1S13 los diputados de 1^3 



—288— 

islas Canarias D. Fernando Llarena, D. Antonio Ruiz Pa- 
drón y D. Santiago Key y Muñoz hicieron una proposi- 
ción pidiendo que se acordase lo conveniente para llevar 
á efecto la creación de un nuevo obispado en S. Cristo- 
bal de la Laguna, capital entonces de la isla de Tenerife, 
designando por territorio de la nueva diócesis, además de 
esta isla las tres de la Palma, Hierro y Gomera, 

Las cortes admitieron la proposición y la mandaron pasar 
al Gobierno que la pasó á su vez, al Consejo de Esta- 
do. Este en 27 de octubre de dicho año 1813 opinó por la 
conveniencia de erigir la nueva Catedral, porque aparecia 
en efecto la necesidad, y propuso la formación del espe- 
diente instructivo con audiencia de todos los interesados. 

A pesar de la variación del gobierno en 1814 el espe- 
diente siguió su curso, y por Real Orden refrendada por 
<}l iMinistro de GraciM y Justicia pasó á la Cámara, que 
dio comisión en 5 de Agosto al Regente nombrado para la 
Audiencia de Canarias, para que oyendo á todos los inte- 
resados, á la misma Audiencia y al fiscal, informase con 
justificación. 

Todos los ayuntamientos de las islas escepto el de las 
Palmas convinieron en la creación del obispo: también el 
Cabildo Catedral de las Palmas por acuerdo de 19 de Ju- 
lio de 1813 U\ue pretendió después haberlo revocado por 
otro de 7 de Junio de 1816), y el mismo Obispo de la Gran 
Canaria y demás islas, ademas de convenir en la separa- 
ción, consintió en que se nombrase desde luego un auxi- 
liar y residiese en la nueva Catedral, como asi se veri- 
ficó. 

La Audiencia de Canarias y su fiscal, y después la Cá- 
mara y el suyo, convinieron en que la segregación la fun- 
daba en causas de necesidad y utilidad. ¿Pueden presen- 
tarse testimonios mas cumplidos y satisfactorios? 

Todavia añadiremos otros: la cámara elevó á S. M. 
una consulta para el establecimiento de una nueva silla, 
con cuyo dictamen se conformó S. M. en 10 de Octubre 
de 1818 mandando se dirijiesen las correspondientes pre- 
ces á S. S., y en 1." de febrero de 1819 espidióla corres- 
pondiente bula autorizando ampliamente para su ejecución 
ii persona constituida en dignidad episcopal ú otra ecle- 
siástica. 

En ftu consecuencia se, espidió la correspondiente au- 



—481- 

xiiiatoria dando comisión al obispo auxiÚar D. Vírcntft Ro- 
mán Linares para la división, desmembración y repara- 
ción deibbispado de Cananas, erigiendo otro huevo. 

En 23 de noviembre de 1819 el comisionado apostóli- 
co y regio hizo la división y erección de dicho nuevo o- 
bispado. y en 21 de diciembre erigió en catedral la par- 
roquia de los Remedios, como puede' verse por su edicto. 

En 1820 representó el cabildo catedral de las Palmas 
y suponiendo íntegro el negocio pidió, que en vez de e- 
rigir nuevo obispado se nombrase uu obispo auxiliar en 
Tenerife: y el Ayunlamiento.de las Palmas solicitó á su 
vez que se declarase nulo lodo lo obrado. Ambas repre- 
ficntaciones pasaron al consejo dé Estado, que después de 
haber llamado el espediente instructivo, consultó á S. M. 
que debía subsistir y tener cumplido efecto la erección 
del obispado de Tenerife, y asi lo acordó S. M. 

♦ D. tíraciliano Alfonso, Doctoral de la < atedral de las Pal- 
mas y diputado á Corles, á preteslo del arreglo general 
del clero y otras ideas de cir*íunstancias, intentó en la 
sesión de la noche del 4 de mayo de 1821 inutilizar lo 
hecho, pero sin fruto, por que el obispado se erigió y se 
nombró obispo que funcionó con este carácter en la nue- 
va diócesis. 

En 1837 se trató del arreglo del clero, y la comisión 
de negocios eclesiásticos leyó en la sesión de 21 de ma- 
yo un dictamen pro[X)niendo ia supresión del obispado 
de Tenerife, que por último tuvo lugar de una manera 
inesperada é incidental y sin conocimiento previo de es- 
ta providencia, en el concordato con S. S de 16 de marzo 
de 1851. 

Vea V. en resumen todos los hechos relativos á la ins* 
lalación de este obispado, los trámites que se siguieron 
para crearlo y la manera con que se suprimió. 

A vista de ellos no podrá menos de reconocerse que 
es exacta é incontrovertible la verdad de la proposición 
que hemos sentado, en la que aseguramos que es jusla la 
pretensión para que continué el obispado de Tenerife. Va- 
mos sin embargo á demosirarhi. ' 

Justo es todo aquello que se fe^ egecutado con arreglo 
á las leyes: es así que la segregación del Obispado de 
Teiierífe de el de Ganarías «e verifíeó en conformid^id á 
las leyes y cánones; luego la prelension Ae que continúe 

37 , 



— aoo— 

esta separacipn es justa< 

Uerecbos legítimos son aquellos que han adquirido los 
particuUres y los pueblos en la formn y por los trámites 
establecidos por las leyes: es así que la separación la ob- 
tuvo Tenerife por los medios que mareaban las leyes n- 
viles y canónicas: luego la separación es un derecho le-* 
gitimo, que se debe respetar. 

En vano se replicará que el concordato de 1851 su- 
primió este obispado, y que emanando el concordato de 
las dos autoridades eclesiástica y civil que lo crearon no 
puede dudarse de la validez de la supresión. 

Convenimos en que la supresión en cuanto h su lega- 
lidad no sufre controversia, por que aquella la hixo quien 
pudo hacerla. Pero la cuestión es otra, á saber, la de si 
la reclamación de los pueblos y cuerpos que formaban 
la nueva diócesis es justa, y nadie nos parece podrá ne- 
garnos esta proposición sin incurrir en el mayor absur<*> 
do. Con efecto la supresión, para que no pudiese ser re- 
clamada debia fundarse en que la segregación se hizo mal 
por vicios en los trámites, ó por no haber concurrido las 
causas de necesidad ó utilidad, ó por que estas causas de- 
saparecieron después y variaron las circunstancias. Que * 
causas, y causas poderosas xistieron para la segregación 
no puede dudarse cuando lo aseguraron todos loa ayun- 
tamientos de las islas, la Audiencia Territorial, los Ca- 
bildos, el Consejo de lüstado.'la Cámara, el Rey y final- 
mente el Papa. Que no hubo vicio en la sustanciacion 
del espediente lo prueba esa tramitación repetida y pú- 
blica. Luego la segregación de 1819, tantas veces contir- 
madij, tiene una sanción irresistible, puede invocarse con ' 
esperanza de buen éxito ahora y reclamarse contra la supre- 
sión. 

Únicamente seria conforme que se variase la resolu- 
ción, si hubiesen variado las circunstancias, pero como 
estas no han variado, y por el contrario las hay toda- 
vía mas fuertes en la actualidad para que la separación 
continué, se sigue que la separación debe continuar. Cuan* 
<lo existe la misma razón, dice un axioma de derechos^ 
debe subsistiría misma disposición. 

Las razones que se alegaron y tuvieron en considera- 
ción para la disgregación déla diócesis de Canarias y forma* . 
cion de una nueva en Tenerife fueron: 



—«91- 

1/ La imposibilidad de que un obispo víbitase todos lo» 
años, ó á lo menos uno sin olro« 97 parroquias estable- 
cid;)S en 92 pueblos, dispersos en 7 islas, que cuentan 
697 leguas euadradas de terreno* distantes entre s! 30. 
30 y 45 leguas de un mar proceloso, que no se puede 
atravesar en todas las estaciones: que estos pueblos en su 
mayor parte están situados en puntos inaccesibles por 
falta de caminos y comunicaciones, por la fragosidad del 
tierreno, <^umbres empinadas y barrancos espantosos. 

3/ La esjieriencia de que uno ó dos obispos solo ve- 
rificaron la visita en su largo pontificado. 

3.* La de que la población había crecido y con ella 
las necesidades espirituales ó religiosas. . ' -^ 

Abpra bien de estas razones, unas -subsisten en toJo 
fitt rigor y utras ban aumentado su fuerza/ La distancia, 
la mar, líis cumbres, los barranc<»s son los. mismos; pero 
la población ha crecido, el clero ha disminuido y los con- 
ventos que los auxiliaban e i su ministerio, han desapa- 
recido en su totalidad; de consiguiente hay ahora mayo- 
res y mas fundadas razones para que continué el Obispa- 
do de Tenerife. 

Que la población ha crecido no pueée ponerse en du- 
da: el Sr. Obispo Romo Gamboa decía/, cpie ki ciudffdde 
Jas Palmas, que en 173S tenia 1894 vecinos, entonces su- 
bía á 5090: que Teror, que entre todos sus pagos contaba 
&73, pasaba de 2000; y que. había puei^l(^ como Mflgan, 
que entonces estaban reducidos^ á veinte miserables casas 
qiie juntaban ya JOO y 800 almas. ¿Que diría si viese el 
censo formado para el reemplazo del ejercito e4i t85t?. É0^ 

fun el ee daban á Tenerife 84,^706 habitantes,^ á Palma 
0,479. á Gomera 10.690 y al Jiterfo 4511, ; al todo 
ldO.386. Pero atín podemos citar et céñso verificado úl- 
timamente por orden del Gobierno; bó aqui su resulta- 
do por partidos Judiciales, 



> ti 



L. 



El de Arrecife. . .... . . . 26,9^8. 

líl de Gula. . . , ; . . . , . . . 18,110. 

151 de la L?>guna. . . . . . . . . . 2l«48. 

Elide la Qrotava.. - . . . :''*0,497. 

El de las Palmas- . . . . . . 49,950. 

Sta.^ruzde la Palma. . . .... .31,451/ 

Id, de Tenerife. . i. . > ; 38484; 



Total. 233,784 individuos de los cuales 105.911 va- 
rones y 127,873 hembras. 

Verifiquemos ahora la separación y nos linrá el re- 
sultado siguiente. 

Los partidos de la Gran>Canaría que son Arrecirá, 
Guia y las Palmas dan el total de 95^.004 habitantes. 

Los partidos de Sta. Cruz de Tenerife, id. de lo Pal- 
ma, la Laguna y la Orotava que pertenecerían á la nue- 
va diócesis dan el resumen de 139,042 habitantes. 

Estas cifras tan recienles demuestran que si hubo 
razones muy poderosas para la desmembración veriPicada 
:mtes, mayores existen actualmente. 

Demostrada la justicia de ia separación, parece que 
era inütil hablar de la conveniencia; pero aún bajo este 
aspecto cabe producir méritos, ^que no puede desatender 
un gobierno citólico como el nu. stro. La Nación Espa- 
ñola, que conquistó estas islas para a^regari.ns al gremio 
de la Iglesia ¿es conforme que hasta cierto puntólas des^ 
cuide, dejando que parte de sus habitantes queden en- 
tregados á la barbarie ó á lo menos á la ignorancia, y 
los otros á la seducción de las falsas doctrinas y al apos- 
tolado enérgico y activo del protestantismo? A estas is- 
las atraídos por su hermosura, por su temple benignoii 
por sus deliciosos frutos, por su comercio* concurren ost 
trangeros que llegan ^ fijarse en días: circulan bibltaAi 
eatecismos y papeles de la religión reformada. Solo un 
obispo que esté conlinuaznente á la vista, que vi^^ile ííd 
interrui>cion, que recorra los puehios, que esté sin cer-. 
rar ojo avisor sobre su grey, puede contener los efectos 
d& esta propaganda sorda y lenta pero temible, que in- 
sensible y paulatinamente puede ir dcscatolj/ando el pais. 
A este mal no puede oponerse mejor remedio que un o- 
hispo ilustrado: con su autoridad, con su dulzura, con sus 
enseñanzas, con su celo desbarataría las maquinaciones del 
hom^bre enemigo, que tratase de sembrar la cizaña. Si se 
envian, (omo es de esperar. Obispos celozos, que miren 
su misión como un verdadero apostolado y no como una 
carrera mundana y como un empleo civil, bien pronto 
se observará una regeneración útilísima, porque la reli- 
gión CKtólica predicando la moral evangélica inspira loa, 
hábitos de la virtud y del trabajo, que es el verdadero pre. 



^ serva (iva ONilfisi los vicios. 

-Pera míe más lii conlinudcion de un obispado en trné- 
rife es^ uDa medida f)oiiiica: per este medio se complace 
ó una numerosa pobl&cion y se la adhiere á la pafria. Dn 
obispo es en las islas un verdadero representante de la 
Nación Española^ el mejor gobernador, el mejor gefe po 
Utico: si oyen sq voz los isleños no se separarán j^niás 
de la madre patria, no pensarán en proyectos de indepen- 
dencia, DO cederán ú intrigas estranjeras, á maqúísíacio- 
nes queso frlaguan (al vez 6 pueden fraguarse. 

A propósilo de esto malcrió oiga V. lo que dice un 
ex-presidente de ta c»mnra^e Dipu(*()dos de Chile. ''La 
acción dü las comm idades regulares en países distantes 
.de la metrapelí era mucho mas importante de lo que sé 
créc é primera vi^la; (1) observaremos Vqui de paso que 
esa fé ¡)ura y ardiente, la mejor garantía que se conoce 
del espíritu nacional, ha sido siempre laobra de las con- 
gregaciones religiosas. La España misma lo ha iponocído 
tan bien que al suprimir los institutos religiosos,' los de- 
jó subsistentes rn sus posesiones de Asia. La supresión 
de estos institutos en Cuba, sobre afectar los intereses 
de la religión, fué una medida impolítica. El Clero secu- 
lar, poco numeroso, no era suficiente para llenar los di- 
versos ministerios, que estaban á cargo del regular, ni 
po(fia aumaUarse con nuevos alumnos desde que los se^ 
minarios quedaron cerrados por orden del Gobiertioí n\ 
Jos esclausirados le servían desde que pues t oí» en la (ía;*^ 
lie con una congrua insuficienle, hablan de procurarse lí> 
ncjsesario para vivir dedicándose quizás á negocios ésífa- 
ños á'su profesión, y desde que emancipado ' él bomferé^. 




otro corruptor se desbordó inundando la isla. 

Ya que no se quieran frailes en estas islas, adroífase 
un ofcispo en Tenerife: su actividad y su éélp €cran^ á> 






{í) El Cdolkiitnú en prcsi^cih (U aus ^IsÚfníís^ "f^r 
fí. José /gnado Viíiór£yzo¡ijh re ptt salero, (cfn 
B7. Era vicf-prcrídeiUó'ríe . la Cánarfl;^ d¿Jpípuípflo^ ^^^fi?T 



—294- 

estremo co venientes para la conservación de esia isla y 
la de las que se le agreguen. Oiga quién . debe oir. y^ 
que no la profecía, las convicciones de un particular, de 
un hombre, que no se precia de político, pero que con- 
sulta el buen sentido: estas islas dejarán de ser españo- 
las, cuando dejen de ser católicas. El Gobierno tiene in- 
teres en que lo sean, y lo serán teniendo un obispo, que 
es el .inspector, el atalaya de la Religión. *En el corto tiem^ 
po que permanezco en Tenerife, advierto una propensión 
estraordináría^ una afición singular á las costumbres in- 
glesas, y esta iniluencia moral es preciso que un Gobier- 
no previsor le neutralices y contrabalancee por medios sua- 
ves, y ninguno mejor que el de un obispo prudente, que 
cree uu clero instruido, que vigile la enseñanza y qüa 
este en acecho para la conservación de la pura doctrina 
católica. Algún día quizás veremos los perjuicios do que 
una gran parto de la juventud habanera vaya á recibir 
su educación en los Estados-Unidos. El que hade vivir ea 
una monarquía no debe ir á educarse un su país repu- 
blicano: el que ha de ser español no debe adherirse tan-: 
to á los estrangeros. 

La política, pues, se interesa en el establecimiento de 
un obispado en Tenerife. 

Me resta ahora demostrar que esta pretensión es con- 
forme á los cánones. El evangelio dice, que el pastor de- 
he conocerá susobejas, y estas conocerle á él. Esto fio 
puede suceder en Canarias, habiendo un solo obÍ8|>o para 
¿siete isl'ris tan dispersas y apartadas. La prueba es que 
hay personas de 40 años, que no se han confirmado; y 
sobre todo nada demuestra mas claramente que la 'visura 
detodaslas islas era reputada como una empresa hercúlea, 
que el haber dirigido el Papa Benedicto 14 una carta »( 
obispo D. Juan Francisco Guillen (precisamente Aragonés) 
admirándose «de que fuese el primer obispo, que hubie- 
se recorrido toda esa dilatada diócesis, compuesta de ^sie- 
te islas, separadas por mares procelosos y caminoé casi 
intransitables por lo encumbrado de las sierras, y lo com- 
para á una nube, que fecunda del celo de la casa dé Dios 
habia volcado por esta tierra, sin que le arredrasen los 
contratiempos^ vigilias y peligros.» Luego, la visita iiio ti 
una cosa hacedera, y mucho menos es fácil: Uxegq po^ 
ner un obispo para que haga lo que no puede nacer, xh> 



— a»5~ 

63 en lii realidad cumplir los cánones. * 

Si se me arguye con el concordato, replicnréi que es-' 
(e fué una negociación, que tenia oíros puntos muy espi- 
nosos, que absorbian la atención, y era imposible que, 
ni el Gobierno de S. M. ni S. S. |)udiesf*n pensar deteni- 
dameBto sobre otro subalterno. Decididos los priii- 
cipalea cabe verificar una rectiCcacion, y asi como 
declarados nacionales los bienes de los conventos, 
se han admitido demandas de los herederos de ios 
donatarios, que fundudos en las clausuras de Ins do- 
naciones han reivindicado ciertas lincas, .nsi también et 
Cabildo de la Laguna y los pueblos de la nueva diócesis . 
de Tenerife, apesar del Concordato, que es una ley, pue- 
den recurrir á S. M. respetuosnmente diciéndole: 'ií! 
augusto Padre de V. M. la segre$^ó de la de Canaria, 
porque uo obispo solo no podia dar el pasto espiritual • 
;'» siete islas, no podia atender á sus necesidades. Las mis- 
mas y mayores razones hay ahora que entonces y sobre lo- 
do tenemos una ejecutoria de la naturaleza de aquellas 
que se obtienen en los espedientes instructivos, y esta e-- 
jecutoria no puede desatenderse, cuando existen los mis- 
mos y aun mas fuertes motivos que cuando se dicto, por 
que ahora la población ha crecido, los operarios son me- 
líos, y Tenerife tiene en su suelo la Capital, y donde 
está la capital debe, haber un .obispo." 

El obispado de Tenerife no es de aquellos que se crea- 
ron y que han subsistido al abrigo de una tradiccion his- 
tórica y que solamente tienen apoyo en los fastos: es un 
obispado que se creó en una época moderna y no por lu 
JO, no por una piedad escesiva, sino por razones de nece- 
sidad y utilidad, del mismo modo que se crea una audien- 
cia cuando la población aumenta, ó una nueva plaza de 
médico cuando han crecido los enfermos. Bn Madrid se 
creó un juzgado para tos afueras. ¿Seria justo suprimir- 
lo ahora habiendo tantos habitanles en Chamberi? ¿Será 
justo, podremos esclamar también que se suprima el o- 
bispado de Tenerife cuando la población de las islas ha 
aumentado tan considerablemente? ¿No es conforme quti 
haya un obispado en la (irán Canaria contando esta dió- 
cesis cerca de cien mil almas y otro en Tenerife que con- 
taría cerca de ciento cuarenta mil? 

Rsta consideración es tanto mas fuerte, cuanto que^ 



eD el conconlatose conservan las sillas de Jaca y Huesca; 
dos diócesis sumamente cortas en una misma provincia, 
de las cuales la primera solo cuenta 28,08l habitantes^ 
y así mismo la de Menorca que solo tiene3U16li En las 
Baleares continúan pues, dos obispados, con menos po- 
blación que en Canarias, toda vez que entrambas com- 
ponen 157,752 almas, al paso que las Canarias esceden 
en mas de 70.000, A pesar de esto á las últimas no se les 
concede mas que un obispo. Si á Mallorca y Menorca por 
ser islas se les otorga este beneficio, con mayoría de ra- 
zón debia otorgarse á las Canarias; si es por temor al 
contagio de las malas doctrinas, mas poderoso debia ser 
este recelo con respecto á las Canarias. Omitimos hacer 
espresion de otras diócesis, conservadas por el concor- 
dato en la Península, que no llegan ni con mucho á la 
población de la Gran-Canaria y Tenerií'c, por que lo di- 
cho basta para convencer á cualquiera que en el terre- 
no de las comparaciones debe salir triunfante la preten- 
sión de estas islas, las cuales lejos de la Madre patria y 
de Roma necesitan mis auxilios y prateccion. 

Si se insistiese en la negativa á súplicas tan razona- 
bles, prcteslando la economía, contestaríamos diciendo, 
que esta economía es harto mezquina, cotejada con las 
ventajas indicadas, pues la diferencia entre ser la Igle- 
sia de los llemedios de la Laguna Catedral y tener obis- 
po propio, á t(*aerlo auxiliar y ser colegiata consiste en 
lioseiemos ochenta mil rs. vn. suma verdadcramenle 
despreciable considerados los bienes que debe producir 
al Estado y á lis islas la nueva diócesis de Tenerife. Es- 
11 suma será reproducliva amigo mío. La Laguna mejo- 
V'WÁ sus edificios, valdrán mas y pagarán mayor contribu- 
ción: las costumbres mejorarán en el ámbito de la dióce- 
sis, y un pueblo que las mejora aumenta la jiroduccion. 
Ahí No conviene qué el Estado sea mezquino con la I-- 
iy;lesia: cuando ha recibido de ella y de las comunidades 
religiosas tan cuantiosos bienes, y cuando el diezmo ha 
dosapariícido para d;\v lugar al planteamiento de un sis- 
lema tributario. El heredero es muy justo que pague las 
cargas de la persona que bereda, y si el Estado heredó 
las rentas del obispado de Tenerife parece lógico que su- 
frague á todos sus gastos. 

llesta solo hablar del obispo auxiliar que se estableco 



—897— 

en el conconlalo. Uo obispo de esta especie, reducido á 
una reata insignificante, con facultades limitadas, es un 
ser indefinible, es una entidad problemática. Es obispo 
en la ordenación, pero viene a ser una mera dignidad 
en su representado: es en la realidad uncorepíscopo, gra- 
do q^je la iglesia borró sabiamente de la gerarquia por 
los inconvenientes que Iraia esta institución. » 

Creo haber demjstraílo con argumentes indestructi- 
bles la necesidad de que no se suprima la diócesis de Te- 
nerife, líl claro talento de V., sus profundos conocimien- 
tos en las ciencias canónicas hacen inútiles mas obser- 
vaciones* Las que acabo de presentar bastarán para con- 
vencerle. Considere V. que las hace un hombre que ha 
estudiado el pais, aunque su residencia cuenta poco tiem- 
po; un hombre, que es imparcial, que no- sigue otros 
impulsos que los de su razón y que no se propone solo 
el bien de las islas sino el de la España entera: pero no 
le ocultará que es|)erimentaría el placer mas dulce, si 
supiese que estas líneas, escritas con precipitación,, ha- 
bían contribuido algún tanto á procurar á unos isleños 
que ama con grande afecto el bien precioso de no per- 
der el catolicismo, vínculo fuertísimo para tenerlos uni- 
dos á la Madre-pátria. El que escribe con convicción es- 
cribe también con confianza, mas y cuando se dirige á una 
persona tan apreciable é ilustrada como V., de quien se 
complace en ser su amigo esle su atento y S. S. S. Q. 
S M. B. 

M.-N. 

Carta íK 

Santa Cruz de Tenerife 14 de Julio de 1858. 

S}\ D. Afjuslin Villalva,=La Orotava. 

Sobre la elefancía ó elefantiasis. 

Mi apreciable amigo: nada mas natural que dedique 
á V., que es médico estudioso y afamado y que ha recor- 
rido las universidades de Francia, las observaciones que 
kago en esta carta. V. con ella recibirá un testimonio de 

38 



m¡ afecto y un compromiso para rectificarlas. 

V. sabe que el célebre Viera después de referir las cs- 
celencías de las Islas Canarias añade, tom. 3.* pag. 52S, 
las siguientes palabras: «\ si esta sencilla rocapilula- 
cion pareciese mas un elojio que una noticia hislórica> 
atribuyase al corto conocimiento que se suele tener en 
Europa y aún en España de nuestras islas.» Y luegi> 
continúa,* mas no por eso se imaginen bienaventuranza y 
campos elisios en ellas: el especioso anverso áv esta me- 
dalla tiene un triste reverso.» y procede á describir la 
decadencia de su agricultura y otros inconvenicnlles; y 
al paso que reconoce que ni las viruelas ni el sarampión 
fueron jamás males endémicos ó principios del país, y 
que desembarcan alguna vez de fuera, reconoce qué se 
padé«;e la elefancía» la sarna y las bipocondrias revel- 
des. 

Yo, que no soy menos impíircial que Viera voy, ami^ 
go mio« á hablar de la elefancía en mis cartas, y priiH 
cipiaré diciendo que, en mi concepto, si continúa en es- 
tas islas egeculando sus estragos tan hedionda enferme- 
dad, es prerisamente por que no se han lomado las pre- 
cauciones convenientes para eslinguirlar precauciones que 
debieran haberse observado no en uno ni dos años, sine 
por decenas de años y desde tiempo inmemorial, esto és 
siempre, y con la constancia que se requiere, cuando se 
trata de hacer frente á una calamidad, que ha llegade 
á emponzoñar una porción de lamillas. 

Dejaremos á un lado hoy las ideas risueñas, que na 
á toda hora han de cruzar por nuestra imagmacion, por 
que no siempre ha de ser permitido recrearnos con la 
verdura de los »*ampos, con la vista pintoresca de las 
colinas y montañas: consideraremos que la humanidad tie- 
ne necesariamente que esperimentar las impresiones del 
dolor en los paises mas deliciosos y en las épocas mas 
placenteras de la vida. Seguramente, digan lo que quie- 
ran los epicúreos, á cada momento tenemos que confe- 
sar la* exaetiiud con que la Uelígion Católica describe este 
mundo, llamándole con una sencilla y breve frase, valle 
de lágrimas. 

Y á la verdad la elefancia ó elefantiasis es una enfer- 
medad horrible, es una desventura permanente para Ibs^ 
que la sufren; ua sello de reprobación que los secues- 



—299— 

Ira de la societlad y que les hace aparecer como sérefi 
vitandos. Al contemplar la triste suerte de estos seres mi 
alma ha esperimentado una honda tristeza: se ha elevado 
á Dios para tributarle gracias^ por el beneficio de la sa- 
lud, y deseosa de consagrase al de la humanidad se ba 
propuesto examinar las cuestionen poülicas ó administra- 
tivas que ofrece esta enfermedad, toda vez que las mé- 
dicas no son de mi resorte. Sin embargo, preciso será de- 
^ir ó insinuar lo que sea indispensable para la acertada 
resolución de aquellas. 

La elefantiasis escuna enfermedad gravísima, que de- 
forma las parte del cuerpo: es un género de lepra, que 
estendiéndose por la piel va royéndola, cubriéndola de 
costras y II igándola, produciendo no solo dolores infla- 
matorios sino mal olor. Esta enfermedad parece que pue- 
de considerarse en tres grados diversos de intención que 
sirven de regla para darle distintos nombres: la lepra vul- 
gar, la elefantiasis de los árabes y la de los griegos (1) 
se designa con el nombre de lepra, dicen Beguin y Frau, 
una atrocísima enfermedad cutánea que se muestra bajo 
la forma de escamas redondeadas, con los bordes eleva- 
dos y el centro deprimido: ó con entumecimieato de los 
miembros, del escroto, de los grandes labios de la cara 
etc. Ordinariamente vá acompoñada de hipertrofia (hin- 
chason) de la piel ó bien bajo el aspecto de manchas re- 
lucientes, como aceitosas» que al desoparecer son reem- 
plazadas |.M)r tubérculos aplanados, pastosos, rojos ó lívi- 
dos, sucesivameíite de un color leonado, que acostumbran 
á terminar por resolución ó ulceración, que ocupan de 
ordinario el velo del paladar y la cara, en especial la na- 
riz y las orejas, y que se apellida lepra tuberculosa. 

Este y olios autores atribuyen á las pasiones de áni- 
mo, á la impresión de una baja temperatura, al frió pe- 



(1) Véanse los nuevos elementos de cirujia y medicina por 
Ji. J. lief/uin íraducidos por D, Ramón Frau, Véase ani- 
mismo el íralado completo de patología interna, sacado de 
las obras de Moun<ret y oiras^ tom, 8.* pag. 65: el trata- 
do elemental y práctico también de patoUgia interna por 
i4, Crisolle tom. 1." pag, 178 y el o." pag. 350 y el de 
patología (general poi^ Iháois tom ^.' pág. 40. 



—300- 

niítranle de la noche, y á bs corrientes de oiré para la 
venlilacion, la causa de esla enfeimedad, para cuyo tra- 
tíimienlo había, á fines d^íl siglo trece, nueve mil hos- 
pitales en Kuropa: y no menos reconocen así mismo el 
influjo de los lugares y (1(í los alimentos y licores, pues 
generalmente domina esta enfermedad en los países mas 
feraces, bañados siempre en la atmósfera solar, á saber 
cerca de los trópicos y del ecuador, y donde se hace u- 
so de licores, de pescado pasado, y sobre lodo del salado 
de la carne de cerdo y de aguas pantanosas para la be- 
bida. El desaseo y la miseria contribuyen igualmente á 
su desarrollo: y algunos médicos o|)iuan que la causa 
próxima es iin vicio en la sanguinificacion, del que resul- 
ta un esceso de ablumina én la sangre. 

La elenfañtiasis es, pues, según concibo, una especie 
de lepra retinada, y la que se llama de los árabes ataca 
principalmente los miembros inferiores, y luego el cuero 
cabelludo, la cara, los' pechos, los brazos, la parte infe- 
rior del abdomen y márgenes del ano. Se la apellida ele- 
fantiasis, según los autores médicos, de quienes loma- 
mos estas noticias, por la semejanza que adquieren las 
piernas á las del elefante. 

La elefantiasis de los griegos, llamada también Sifíf-^ 
riasis y Lcontiasis. vá acompañada de tubérculos, ulceras, 
arrugamiento de la piel de la frente, abotagamiento de 
la cara, y dicen que los enfermos tienen una mancha 
blanca de color de nieve, oblonga, engastada en la par- 
te media de la membrana del paladar. Padecen apetito 
voraz, de suerte que en el hospital de San Lázaro, en 
Barcelona, se pasa doble ración á estos enfermos. 

liemos descrito á la lijera esta enfermedad tan hor- 
rorosa, que es uno délos azotes mas crueles de la huma- 
nidad. Aunque en el tratamiento de palolojia interna, ci- 
tado en la nota, se inclinan los redactores á creer, que 
no son contagiosas la lepra y elefantíasis de los griegos 
en los climas templados, se abstienen de dar su dicta- 
men acerca do la cuestión del contagio en los trópicos, y 
no dudan que se trasmiten por herencia: los mismos au- 
tores pretenden que no es contagiosa ni hereditaria la 
elefantíasis de los árabes ó enfermedad de las Barbadas* 

Remiten, á los que quieran adquirir mas noticias so- 
bre esta enfermedad», á la iffíWiWfca escogida de Medicina 



—301— 

y cirujía 'tom. 10/ que, bajo la dirección do D. Matías; 
Nielo Serrano, y con la colaboración de otros profesores, 
se f)ublJcó en la imprenta de la Viuda de Jordán é hijos 
en Madrid en 18íí. Toniaré de esta obra algunas ideas 
y noticias (¡no puerlen conducir á mi propósito. 

La elefantiasis de los griegos, dicen estos profesores, 
jluede terminar por la curación, ora desapareciendo las 
manchas, ora resolviéndose los tubérculos, ora, en fin, 
cicatrizando las lilccras que los reemplazan: pero des- 
graciadamente es muy raro qs\c caso favoral^le, y si eii 
alguna ocasión desaparece la enfermedad, sobre todo cuan- 
do es la primera vez que se manifiesta, vuelve á presen- 
tarse casi siempre al cabo de cierto tiempo con mayor 
gravedad, y conduce al enfermo á una muerte cierta aun- 
que lenta. También me parece haber leido ejemplos de 
haber sallado de los abuelos á los nietos; v la obra ci- 
lada aunque pone en duda el contag o, parece que está 
conforme en la transmisión de la enfermedad por heren- 
cia. 

La historia de esta enfermedad donde la hé visto me- 
jor espuesta ha sido en el Tralndo práctico de las enfer- 
medades de la piel por U. E. Schedel. Después de hablar 
de la misteriosa iníluencia del clima, observando que 
aproximándose por un lado al ecuador y por otro á ios 
j)olos parece que están mas dispuestos los hombres á con- 
traerla, puesto que se encuentra en las costas de la ¡No- 
ruega que se estienden desde el grado (iO al 70 de lati- 
tud, dice que no aparece en !a Europa desde el 40 al IVi 
latitud norte: pero que en Asia y América no existe es- 
ta escepcion. Sin embargo advierte que no siempre exis- 
tió en Europa esta inmunidad, ó prestar crédito á cier- 
tos documentos históricos e i los cuales se refiere que 
la Francia, la Inglaterra, la Irlanda y la Alemania se 
vieron infestadas durante ¡a edad media del isaralh ó le- 
pra, cuya aparición se ha atribuido al contacto de los pue- 
blos de occidente con los de oliente á consecuencia de 
las guerras de las cruzadas. Según llensle parece que es- 
la afección existía en Lombardia con grande intensidad, 
el año fiíl, puesto que el Hey Rotarlo tuvo que recur- 
rir á medidas en estremo rigoiosas para contener sus 
progresos. Esto ocurría 20 anos después de la invasión 
de los Lombardos en el norte de Italia. En tiempo de Cel- 



—302- 

so y de Plinio^ aun que era frecuente en otros países 
el isaraih ó elefantiasis ds los griegos, casi no se cono- 
cía en Italia ni en las Gaüas: sin embargo en el siglo 8.* 
encontramos que mucho antes de las cruzadas se vio 
obligado Carlo-magno á adoptar las medidas de rigor em- 
pleadas desde el 7.*, por Uotario. en Lombardia, y quemas 
severo que su padre Pepino segiegó rigurosamente de la 
sociedad á los leprosos. (Capit. Ueg. franc.) La Europa, 
en efecto, ro fórmala en dicha época mas que un vasto 
campamento, y el abuso de la fuerza, lo mismo que la 
miseria délos que seveian sometidos a ella, debieron so- 
brepujar á cuanto puede (igurarse la imaginación. Si á 
estas causas añadimos las enfermedades mas ó menos 
graves, que los cruzados habian traído de Oriente, po- 
dremos tal vez esplicarnos por que la elefantiasis de los 
griegos parecia haberse generalizado tanto en Francia, 
que en el reinado de Luis 8.' se contaban hasta dos mil 
leproserías y que en 1244 ascendía el número de casas 
pertenecientes á la orden de S. L'^zaro á diez y nueve mil 
en toda la cristiandad. Con efecto se había instituido una 
orden especial en que entraban los cristianos de todas 
las naciones, con el fin parlicular de socorrer á los des- 
graciados alacadüNS de la lepra (elefontiasis de los griegos) 
y de inspeccionai' los lazaretos ó leproserius. La caridad 
cristiana contribuyó largamente al sostenimiento de la 
orden de los hispilalarios de S. Lázaro, y la historia de 
de Paris puede dar alguna idea desús inmensas riquezas. 
Pero en estos hospitales, aun en los primeros tiempos 
no solo eran admitidos los que ofrecian signos evidentes 
de la elefantiasis de los griegos ó lepra tuberculosa, lales 
como los tubérculos de color leonado en la cara con abul- 
tamiento enorme y aplastamiento de la nariz, engrosa- 
miento de los labios, ojos redondos y orejas puntiagu- 
das, sino también los que padecían erupciones pustulo- 
sas y costras, tanto escamosas como crustáceas, cuando 
eran pobres: pero á fines del siglo 16 ya era rara, se- 
gún Grig-Horst. la elefantiasis de los griegos en Alema- 
nia, la cual está conforme con lo que dicen otros auto- 
res de que en Viena y Holanda no se encontraba en las 
leproserías mas que un verdadero leproso para cada diez 
enfermos, de modo que apenas desaparecía la lepra tu- 
berculosa, se trasformaban los lazaretos en un lugar do 



—sos- 
refugio para los infelices atacados de otras enfermeda- 
des. 

De estos anleccdentes podremos deducir algunas con- 
secuencias que no estando nosotras instruidos en la cien- 
cia médica no nos atreveremos á calificar de evidentes, 
pero que nos parece bastantes razonables: 1/ que no sien- 
do endémica esta enfermedad en Europa, fué importad-a 
de otros paises, y por lo tanto, ora se llame epidémica 
ora contagiosa, el resultado es que se comunica, sino por 
el contacto, poh la atmósfera infecta, que llegan á for- 
mar las emanaciones de los leprosos: 2/ Que hay alimen- 
tos y método de vida que predisponen á esta enferme- 
dad y que hay climas asimismo como el del África que 
son propensos á producirla, y que en esta clase debe» 
contarse las Canarias, que se pueden considerar como 
un apéndice de aquella región por estar en la misma la- 
titud: 3.* que parece incuestionable que esta enfermedad 
se propaga por la generación» ó que, en tesis general, 
es hereditaria: 4/ Que desde Cario magno se ha creído 
por muchos que la segregación de los elefimciacos era el 
líicjor medio de estinguir esta enfermedad, que no ofrece 
cura probable, debiendo reputarse los invadidos como 
enfermos habituales que necesitan un cuidado especial 
para prolongar su existencia: o.' Que en las islas Cana- 
rias. pro|>ensas á esta enfermedad, el Gobierno debe e- 
jercer una esquisila diligencia para impedir la propaga- 
ción de esta horrible é inmunda enfermedad. 

Ignoramos si los antiguos guanches la padecían por 
que tan solo nos hablan los historiadores de la modorra 
que afligió á los h?.bitantes de Tenerife y que qufjbran- 
tó en gran manera sus bríos para resistir á las huestes 
de Alonso de Lugo: pero lo cierto es que el P, Sosa que 
en 1678 escribió un libro bajo el título de Topografía át 
la Gran Canaria pag. 33 i^Biblioteca isleña) (1) habla del 



(I) Las islas deben al Sr, D. Pedro Mariano Ramírez ex- 
diputado á cortes y que fué ge fe político en comisión, el sin- 
gularísimo beneficio de esta colección, con la que salvó unof 
multitud de libros de historia que hubieran desaparecido. 
Tendremos ocasión de citar otros trabajos de este benemé- 
rito patricio, que ahora permanece en la oscuridad. 



— 30i— 

hos: ¡tal délos le'irosos, cuyo titular es San Lázaro como 
dv^ un estal)lv';'L;iento famoso: dice que tiene muchos en- 
íernios, por iuu' el que entra en él no sale. A él dicen 
qur eran oblijrMios á ir todos los atacados de este mal 
en las siete ísíj^í, sean eclesiásticoí^ ó seculares, sino es 
ya qne por alg^inos respetos los dejan en sus casas, lo 
cual es muy luA hecho. Y por ser por toda la vida el 
achaque, y para que estén con mas conveniencia, tiene 
cada uno su aposento, ó cada dos según las ocasiones. 
y la muchedumbre lo permite, y también se suelen ca-- 
sar deíitro del mismo hospital etc. Habla de una Real 
Cédula y de las ordenanzas, y del mampostor puesto por 
el rey para gobernarlos y castigarlos. 

iil célebre Viera Clavijo en el tom. 4.° pag. 329 ha- 
bla tauibien de este hospital destinado á los eleftnciacos, 
lepra que de antiguo según, dice, se esperimenta en este 
pais: espresando que el Mampastor, que ^'S un eclesiás- 
tico que les g(}bierna. 'les adiiiinistra los sacramentos, 
sin escepluarel matrimonio que no d^bi^ra. 

Dedúcese de estas citas que esta ení'i rmedad es muy 
antigua en las islas y que se ha creido que era incura- 
ble, y que por lo tanto los infectos de esta lepra debian 
ser condenados a un encierro perpetuo. 

Es exacta la opinión de que la enfermedad es incu- 
rable? ¿Es justa esa clausura perpetua? Por lo que res- 
peta á lo primero ya hemos manifestado la opinión de 
varios facultativos que manifiestan francamente que la 
ciencia no ha descubierto todavia un remedio efuíaz y 
que esta dolencia resucita como el fénix de sus cenizas, 
en comprobación de esta opinión que considero acertada 
citaré un testimonio reciente. 1). Víctor Pérez González, 
natural de Santa Cruz de Palma, para obtener el grado 
de doctor en medicina, en París en 1851, eligió como té- 
sis la elefantiasis de los griegos. Por las observaciones 
que hace en su discurso dice, que se formará una idea 
del inílujo de la herencia, que por lo demás se halla se- 
deña lada en todas partes: supone poco fundada la idea 
del contagio tan arraigada en el vulgo de las comarcas en 
que liace estragos este mal, y que es tan funesta para 
la suerte de estos pobres enfermos, á quienes se deja en 
el aislamiento. Manifiesta que el enfriamiento repentino 
dol cuerpo es casi siempre la única causa de su mal, so*' 



—305— 

bre todo cuando el enfriamiento acontece en el estado 
puerperal y es acompañado de una impresión moral. Lo 
que tiene de nuevo, á lo menos para mi. que no soy ni 
puedo ser perito en la materia, es la curación de los en- 
fermos por medio del guano, de que se llenaron los col- 
chones y cabezales, dándoles además á los enfermos una 
onza de esta sustancia bien pulverizada en un vaso de 
tisana y cada dos dias un baño en que se disolvía una libra\ 
haciéndoles además fricciones con un ungeunto cuya base 
era también el guano. Sin embargo, aunque manifiesta 
que se les cicatrizaron, á los que fueron curados por este 
método, algunas úlceras y sus miembros adquirieron fle- 
xibilidad, no habla de curación completa y aunque lo atri- 
buye á no haberse renovado el guano, que debia ser el 
natural ó sea el que se trae de América y no el artificial, 
fácil es conocer que ha habido enfermos de bastantes fa- 
cultades para renovarlo y que lo hubieran hecho á la me- 
nor indicacio i de su conveniencia. Nosotros creemos por 
lo tanto que no se ha descubierto aún remedio. 

En este supuesto y el de la trasmisión de esta enfer- 
medad por contagio ó comunicación y por herencia ¿pue- 
de ser justo el encierro? Parece que si la sociedad en be- 
neficio de la comunidad entera puede sacrificar /ciertos 
individuos, si en la guerra envia á una muerte cierta á 
algunos, mejor puede encerrar á los que supone han de 
privar á la generalidad de los asociados del inestimable 
bien de la salud. Seguramente es muy duro condenar 
á un encierro perpetuo á un inocente, sin mas motivo 
que su desgracia, pero también es cierto que á los hidró- 
fobos ó rabiosos se les ata y aún desesperándose de su 
curación se les abren las venas. Si la procreación tras- 
mite el mal, es un género de complicidad ó si se quie- 
re un absurdo consentir enlaces que den frutos, que naz- 
can para sufrir y hundirse en el sepulcro después de pa- 
decimientos horribles. Así que la elefantiasis como enfer- 
medad hedionaa debia reputarse como un impedimento 
para el matrimonio. No siendo por otra parte los ele- 
fanciacos, á causa del prurito que produce esta enfer- 
medad, los mas castos, su encierro, aunque no estuviesen 
casados, parece una medida higiénica. 

Nosotros hacemos estas indicaciones, sin darles valor 
por nuestra incompetencia, pudiendo únicamente obser- 

39 



—306— 

var que según ias citas que hemos heeho, esla enferniu- 
(lad desapareció de la Europ con los lazaretos, con el en- 
cierro y con medidas preventivas, y que este mismo mé- 
todo parece que debe adoptarse en las islas. Sobre no 
ser contagiosa esta enfermedad nos permitiremos citar 
aquel proloquio, in/irmi curaritur inlibui, monuntur m lec- 
tis: {los enfermos se curan en los libros y mueren en las 
camas.) Así mientras se ha proclamado que el cólera no 
era contagioso hemos visto que los pueblos que se han 
incomunicado se han salvado de su azote. 

Pero repetimos que no hablamos en tone magistral: 
únicamente avanzamos estas ideas para que los (jue sa- 
ben mas que nosotras y son competentes en la materia, 
como V., piense/í y propongan lo conveniente para que 
esta enfermedad, ya que no se estin^ja. se disminuya 
Y vaya reduciendo la esfera de su inlluencia. A este lia 
nada sería mas útil que el que las Academias de me^ 
dicina formasen una cartilla de los medios higiénicos de 
preservación, que esla se comunicase á los alcaldes y á 
los párrocos y que se indicase el n>édio de curación, y 
como, donde y bajo que reglas debia verificarse. 

Estas reliexlones nos las ha sugerido el amor á las 
islas: por el ha llegado á examinar materias agenas d^ 
su profesión (1) este su affmj. amigo Q. S. M. lí. 

M. N. 



(1) Receloso del contenido de esta carta la consulté con el pro- 
fesor y Licenciado />. SantiaijO Garda Vázquez primer mé- 
dico de sanidad militar, sujeto que por sus luces m^ inspi- 
raba la mayor confianza, el cual me dtjo «no estraíie V. qu^ 
Iteguin y Monneret nieguen el contagio, pues son de la es- 
cuela de Paris, que en mídicina representa la filosofía in- 
crédula y mxterialisla del siglo pasado, y niega todo lo que- 
puede oler á calidad dinámica ó espinfismo', obstinándose, 
en el mu ó menos de la cantidad. <f^ E^stas fueron sus palabras, 
que copio de su carta: me añadió la siguiente con respecta 
á la referidas opinión de Ber/uin y Monneret no hay obs- 
táculo diga V., que es mas propia de las exigencias de su 
escuela y doctrina que de la esperiencia y de los resultados. 
La generalidad de los módicos y de las gentes adoelrinadati 



—307— 

P. D. Seolimos no poder dar noticias particulares de los 
onfermos que hay ahora en el hospial de elefanciacos en 
las Palmas, de su régimen actual etc. No es culpa nues- 
tra: un amigo que se hallaba, por su carácter^ en dispo- 
sición de hacerlo, no nos cumplió su promesa: le discul- 
pamos esta omisión pero esperamos su enmienda. Sino 
nos valdremos de otro y en otra carta supliremos este 
vacio. 

Debemos manifeslar á V. que después de escrita es- 
ta carta hemos leido los Apuntes medico-íopográ fieos del 
Sr. I). Santiago Garcia Vázquez sobre la ciudad de Ceuta 
en los que á In pág. 82 habla de la elefantiasis de los 
árabes. Opina que el uso de los baños sulfurosos y de las 
preparaciones de azufre actuadas con el yodo ha de ser 
provechosísimo, sino para curar á lo menos para atajar 
los espantosos progresos de osle mal. 

Se reirá V. amigo mió, al verme revolver libros de 
medicina: pero los abogados que han ejercido su profe- 
sión en grande escala, son tenaces en la investigación, 
líl que pasa horas y dias leyendo un proceso y exami- 
nando hasta sus mas pequeños defectos, con mas facilidad 
recorrerá unos cuantos libres. 

Todavia añadiré que al ir á remitir esta carta un ami- 
go me ha remitido el número 276 del siglo Médico del 
17 de Abril de 1839 en el que se dá cuenta de que en 
la provincia de Para, en el Brasil, el Sr. Pereira da os- 
ta pretende haber encontrado en ciertos vegetales el 
remedio de la lepra. El gobierno del Brasil envió un 



con los hechos opina por la represión y aislamiento de esta 
clase de enfermos para atojar la propagación y obtener la 
desaparición de este azote; y concluía diciendome; <^si K 
tieíie reparo en adoptar estas id-as, no tengo inconveniente 
en prohijarlas y sostenerlas coa mi nombre pues la verdad 
dá brios hasta á los mas débiles y modestos.» 

No hé querido omitir tan instructivas observaciones, que 
me obligan á escifar á los islefios á que no se dejen aluci- 
nar con las sofisterias de que la elcfcntiasis no es conta- 
giosa: lo decimos para su bien: aunque distantes de las islas 
cucando pommns esta nota á la carta nos interesemos por 
^u feltcirad. 



—sos- 
inspector. V. verá en dicho periódico sus invesligaeiones 
que versan sobre la realidad de las curaciones y no so- 
bie el remedio, que es un secreto. 

•Se repite de V. su affmo.=EL mismo. 

Carta 42. 

SantaCruz de Tenerife 16 de julio de 1858. 

Sr. D. 

De la langosta ó cigarra. 

Mi estimado amigo: estamos en la intima persuacíon 
de que se nos creerá á pies junlillas en cuanto favora- 
ble referimos de estas islas, cuando no hemos disimu- 
lado la terrible enfermedad de la elefantiasis que se pa- 
dece. Nosotros que hemos hablado con entusiasmo de 
la hermosura de este pais, de sus ricas producciones, 
de sus ventaja», no hemos ocultado su mas terrible pla- 
ga, la que afecta la s^lud. Ahora vamos á hacer men- 
sion de otra, de la langosta, que en gruesos escuadro- 
nes invade de cuando en cuando los campos, los tala y 
les aniquila. Un ejército compuesto de seres pequeños, 
como que su pequenez les libra á veces de la persecu- 
ción del hombre, pero seres provistos de todos los úti- 
les para la destrucción, es una verdadera calamidad, sin 
embargo no es de aquellas que son especíales: también 
nuestra España la ha sufrido y una comprobación de es- 
ta verdad son las leyes b." 6." T.* 8." y 9." del titulo 31 
libro 7." de la Novísima Recopilación. 

La langosta, según la describen los naturalistas, es 
un género de msecto ortóptero (que tiene la boca com- 
puesta de órganos propios para la masticación dos ala^ 
plegadas longitudinalmente, dos ojos, dos antenas etc.) 
de la tribu de los locrutios, que comprende varias es- 
pecies, todas herbívoras y bastante' dañinas á la agri- 
cultura: sus patas presentan muchos dientecillos y son 
propias para el salto: tienen los élitros (estuches para 
las alas) membranosos: las alas plegadas en cuatro dó- 
blese», guarnecidas de muchas nerviosidades: el vientre 
compuesto de diez articulaciones y el aguijpn formado 



-309- 

por dos hojas paralelas y huecas. Enire sus alas anidan 
un gran número de inseclillos de un coloi^ encarnado y 
aunque bástanle pequeños están á veces en tal cantidad 
que cuando vuela la langosta se reflejan sus alas de un her- 
moso color de rosa. Es su voracidad tal que á veces m» 
trituran su alimento: van en bandadas que ascienden á 
millones. Viven en todos los países, calidos ó templados: 
depositan sus huevos en una especie de canutos que a- 
bren en la tierra y cierran perfectamente y cada hem- 
bra al fabricar su nido deja depositados en él unes cien 
huevos próximamente. En su segundo estado aparecen 
como mosquitos en grandes reuniones, y no son difíci- 
les de estinguir, pero cuando llegan á su completo de- 
sarrollo su esterminacion es casi imposible, por mas 
medios que se adopten. 

Ksla plaga desastrosa, según Bandini, viene de los 
desiertos del África y esparcida sobre la superficie de la 
tierra, no solo devora en un momento el verde todo que 
encuentra en los campos sino también la corteza de los 
árboles mas duros, los lienzos, los paños, los cueros etc. 

«El mismo Bandini sostiene que estos insectos no vie- 
nen del África volanlo, como pretenden algunos, sino 
que obligados por los vientos á arrojarse al mar se co- 
locan unos sobre otros, formando pelotones ó grupos de 
un tamaño muy crecido, y de este modo transitan el 
golfo- y recalan sobre nuestras costas. En la travesía pe- 
recen una gran parte de los que se h?llan metidos en 
el agua; pero el resto, una vez que descansa en la pla- 
ya, que se calienta al sol y que enjuga sus alas, le- 
vanta el vuelo en busca de alimento, aunque á veces ha 
solido mantenerse dos ó mas días en un estado de en- 
torpecimiento y de insensibilidad extraordinaria. Enton- 
ces sería el tiempo de acabar con la langosta sin difi- 
cultad alguna, si los sitios, donde acostumbra desem- 
barcar, no estuvieran tan distantes de poblado, que por 
lo común llega la noticia de huespedes tan incómodos 
cuando se les vé vagar por los aires. Los barcos de cos- 
ta, que van á la pesca de salado desde el cabo Bojador 
hasta Cabo-Blanco, suelen encontrar grandes masas dis- 
persas por el mar, las que sí no pueden tomar tierra 
por que los vientos contrafios se lo impiden, se ven pre- 
cisadas entonces á volver á apostar á sus mismas pía- 



—alo- 
yas ó a perecer.» 

«Algunas de estas masas han llegado también hasta 
la Habana conducidas por las corrientes y los vientos, 
lo que no es de estrañar, cuando se sepa que además 
(le devorarse unas á otras de-^apiadadamente, pueden las 
cigarras sufrir el hambre veinte ó mas dias, habiendo 
yo (habla Bandini) conservado algunas todo este tiempo 
en receptáculos grandes de cristal Lien cubiertos sin dar- 
les de comer.» 

El África envia, pues, desde sus áridos y abrazados 
irenales esas colonias destructoras, que varias veces han 
iivSoladoálas islas y difundido el espanto; y espanto debe 
;íausar un enemigo con el cual no se puede luchar fren- 
ce á frente; que esquiva nuestros golpes y que se es- 
cabulle repentinamente dejando burlado al hombre. 

Vamos á referir las épocas en que las islas lamen- 
taron esta desgracia. Viera tom. 3." pag. 98 dice que del 
í^rchivo de la isla del Hierro consta, que desde et siglo 
K) se lamentaban los regidores de que era Dios servi- 
do el continuarles aquel castigo: y refiere que todos los 
años en la Iglesia Parroquial se celebraba por voto per- 
petuo una fiesta á S. Agustin, en calidad de abogado 
r^ontra la langosta; plaga que desde tiempo inmemorial 
ha aflijido periódicamente aquella tierra. 

En el mismo tomo pag. 151 se espresa en estos tér- 
minos. =«La langosti i)laga conocida en estas islas bajo 
til nombre de cigarra, es el presente mas funesto que 
suele hacer la vecina costa de Berbería y el mismo que 
í^e esperimenló en Tenerife por los años de 1588, á tiem- 
|)o que era gobernador el capitán Juan Nuñezde la Fuen- 
te, recibido cuatro años antes. Los vecinos, de orden del 
Ayuítamienlo, tenían que salir por las noches á matar, 
enterrar y quemar aquellas nubes de sabandijas, apiña- 
das sobre los árboles y eu las pencas de las tabaibas y 
rardoiies.» 

En 1G07, siendo gobernador de Tenerife D. Francis- 
co de Benavides, la langosta invadió la isla y fué tal el 
estrago, que se llevóla imagen de. Nlra. Sra. déla Cande- 
laria á la Laguna y se votó á San Placido por abogado 
contra aquella cruel plaga. (Viera tom. 3/ pag. 194.) 
El mismo escritor en el tomo citado pag. 277 refie- 
re otra nueva catástrofe en los (orminos siguientes. ^^«Una 



—311- 

nube inmensa de langosta, que cubría el cielo y la tier- 
ra, se echó sobre las islas los dias l5 y 16 de Octu- 
bre de 1559, amenazando la desvastacion mas universal. 
Jín poco tiempo no dejaron aquellos insectos cosa ver- 
de. Destruyeron las yerbas, huertas, viñas y demás plan- 
las, de tal manera, que hicieron presa hasla en las ho- 
jas de las palmas (jue son tan duras, y en las de ta pila 
que no hay animal que las coma. Cuando faltó el folla- 
je de los árboles se apoderaron de las cortesas, por lo 
que secaron muchos: y cuando ya no hallaron que co- 
mer se comieron unas a otras, infestando las aguas, cor- 
rompiendo el aire y atemorizando los pueblos.» 

«Como en semejantes apuros, continúa Viera, es cuan- 
do reconoce la soberbia del hombre su flaqueza, solo 
pensaron aquellos habilantes en humillarse, hacer ade- 
manes de penitencia pública y disfrazar sus clamores en 
rogativas, exorcismos sermones, procesiones y novenarios. 
lia la Gran-Canaria, donde el nuevo ob.spo D. Fray Juan 
de Toledo acaloraba con su ejemplo el espíritu ríe depre- 
cación, se condujo á la catedral la imagen de Ntra. Sra. 
del Pino desde su santuario de Teror. En Tenerife se lle- 
vó ala Laguna la de N. Sra. de la Candelaria el dia 16 
de Noviembre en donde se mantuvo hasta el 29 de Di- 
ciembre del mismo año. La plaga cesó dos meses des- 
pués.» 

También, según el citado Viera en dicho tomo pag. 
318, en el año 1680, que califica de fatal, tuvieron las 
Jslas una nueva campaña, contra su grande enemigo la 
angosta. Fué preci.so hacerle la guerra. Tocábanst; los 
tanibores en los pueblos: marchaban las milicias poi- 
compañías: despachábanse espias y batidores: matábase 
infinita pero no veían que era imposible esterminarla. 

La langosta (pag. 332) devoró asi mismo las semen- 
teras por los años 1684, como también en 1758 que Vie- 
ra (pag. íSiy califica de don funesto del África. 

En 1811 y 1812 también hizo estragos inmensos la lan- 
gosta en Tenerife, asoló los campos, deVoró hasta la dura 
corteza de los naranjos, y fué causa de una esceciva ca- 
restía. Desde entonces ha vuelto á aparecer algunos años/ 
siendo el último, sino esloy mal informado, en 1842 ó 1843; 
y aunque la que ya se ha aclimatado en algunas Islas no 
es tan destructora, sin embargo últimamente causa daños 



—312— 

<le consideración en el Hierro, en la Gomera, y en la par- 
\k\ del sur de Tenerife. 

Véase pues con cuantas calamidades ha tenido que lu- 
'har este hermoso pais, la tierra afortunada según los an- 
tiguos; esperamos que apenas se civilice el África, apenas 
aquellos ardientes desiertos se descuajen y se dediquen á 
la agricultura, la plaga será menos frecuente y las pre- 
ciosas producciones de las islas se verán libres de este azo- 
te asolador. 

Entretanto por lo que pueda convenir recomendamos 
la lectura de las leyes citadas al prinripio. En ellas se 
dan reglas para la estincion de la langosta, en sus tres 
estados de ovación ó i:anulo, mosquito y adulta ó salta- 
dora. Para destruir el canuto, que forma la langosta hin- 
cando el aguijón en tierra y enterrando su cuerpo hasta 
las alas, se advierte que esta operación la ejecuten las a- 
dultas en el agosto, aconseja la instrucción referida la ob- 
servación por peritos de los vuelos, revuelos y mansión 
del insecto: y en invierno los sitios á donde van las aves 
á picar y comer; previniendo que en otoño ó invierno de- 
be ararse la tierra con surcos juntos; aconseja también la 
conducción á estos puntos del ganado de cerda, y por úl- 
limo el uso de la asada que es mas costoso. 

Con respecto al Mosquito que no toma vuelo dice que 
se estingue con todo genero de ganado llevado al punto 
en que revolotea y con matojos de correas ó yerbas, pro- 
curando formar los que los llevan un cír*'ulo encerrándo- 
la y enjambrándola hasta el centro azotan lola entonces 
hasta apurarla y quemándola para que no reviva. 

En el estado de adulta ó cuando salta convienen tam- 
bién los ganados particularmente por la noche, en cuyas 
horas está entorpecida y acobardada; sobre todo es útilí- 
simo el de cerda. 

Se usa también del bueitron cuyas tres especies des- 
cribe la instrucción citada, siendo unos artificios de. tela 
en cuyo centro hay una talega. Las aves con especialidad 
los pavos en piaras son de mucho provecho. Por último 
se previene que las zanjas hoyas y fosos en que se ha de enter- 
rar la langosta cogida con los buitrones ha de tener dos tres 
ó mas varas de profundidad y con la capacidad con ve- 
nientes, en los que se irá enterrando y pisando pre- 
caviendo el que despida fétidos olores, por ser contagio- 



—313— 

SOS, pestilenciales y ofensivos á la salud pública. 

No creemos que los adelantos modernos hechos en las 
ciencias hayan descubierto algún otro medio de eslermi- 
nio. Sin embargo lo avoriguaré y si lo descubro se lo 
comunicará en otra carta su al'fmo. amigo. 

M. N. 
€art\ 43. 

Santa Cruz de Tenerife 18 de julio de 1858. 

Principios que dominaron en el gobierno de los conquis- 
4adores.=Esíension é influencia del poder municipal en las 
islas -=Ayunlamiehío de ienerife. 

Mi estimado amigo: l;i historia de las islas Canarias 
puede dar lugar á profundas consideraciones íllosóücas. En 
este corto territorio se puede ejercitar útilmente el inge- 
nio no solo eii el examen de la naturaleza sino también 
en el de varios fenómenos morales por decirlo así. Lanza- 
rote, Fuerteventura, la Gomera y ^\ Hierro, fueron con- 
quistadas por un Sr. Normando, aunque feudatario de los 
Reyes de España: bien pronto la huella de las costumbres 
estrangeras se borró bajo el dommio de Fernán Peraza. 
Diego Herrera y sus sucesores. La Gran-Canaria fué con- 
quistada por la corona de Castilla; y Tenerife y Palma 
por valientes aventureros que estoblecieron con ella con- 
diciones. 

Nada es mas natural que el que los conquistadores lle- 
ven al pais conquistado su religión, su idioma y sus cos- 
tumbres acerca del gobierno. Uifícil es que hombres que 
manejan la espada y' (jue solo piensan en la sumisión 
de un territorio se entretengan en formular un nuevo plan 
de administración. No están para discurrir sobre por- 
menores que les son desconocidos, y mucho menos en una 
época en que la ciencia gubernamenlal y administrativa 
estaba muy poco adelantada. Necesariamente debian pro- 
ceder por imitación: su misión parece que estaba redu- 
cida á trasplantar al pais conquistado sus instituciones. La 
predominante fué el poder municipal tan vigorosamente 

40 



— 3ti— 

desarrollado en España desde el liiBipcy de ló5 romantifif. 
Esla verdad se halla demostrada con el estenso poder coa 
que opareció, desde la conquista de Tenerife pop B. Alon- 
so Fernandez de Lugo, el Ayuntamiento de la Laguna. 

Pero antes de enerar á referir la historia de este cuer- 
po tan nolable, y que tan interesante papel desempeña en» 
la historia de las islas, diré cuatro palabras so- 
bre el origen de las municipalidades de España.. Estas» 
son indudablemente un resto del sistema de gobierno* 
que establecieron en la Península Ibérica lois romanos. Hu- 
bo, como V. sabe muy bien, tres proconsul^dos estable- 
cidos por Augusto, que se aumentaron por Adriana hasta» 
cinco. Los proconsulados estaban divididos en ciudades 
[civitates], que se componian no solo de la población ca- 
beza de distrito, en donde residía la autori (ad municipal 
sino también de Cantones (pági) que dependian de ella. En 
cada ciudad habla un comisario imperial llamado Conde 
(comes) dependiente del procónsul de la pro^incia, el cuaB 
lo mismo que el Dux (Duque ó comandante militar, de- 
pendía del prefecto del Pretorio, que era el encargado de 
trasmitir las órdenes de Roma á las provincias y los tri- 
butos de estas á aquella. Constituidas asi las ciudades»^e- 
gun dice Viardot, bajo esa gerarquia de vigilancia mas 
que de dominación, formaban, como no se ignora, unos 
verdaderos estados estados de corta estension con su go?- 
bierno particular independiente, distinto de el de las de- 
más aunque parecido en la forma. Cual fuese este gobier- 
no lo vamos á decir. Se componía en cada ciudad de un 
senado, cuyas plazas eran hereditarias y de una asam- 
blea municipal llamada ct^r/a, ó algunas veces senado in- 
ferior, las que eran electivas. Los ciudadanos {cives), es 
decir, los ciudadanos libres, se dividían en tres ordenes ó- 
clases: t.* los patricios, miembros de las familias senato- 
riales: 2.* los del estado medio, ó propietarios de bienes 
raices en el territorio de la ciudad, divididos en decurias,. 
y que bajo el nombre de curiales, clejian en las asamble- 
as públicas sus decuriones ú oñc\^\es municipales: por úl- 
timo los artesanos, cuya clase comprendía todas las pro- 
fesiones manuales ó mercantiles. Este tercer orden tam- 
bién se llamó collegia opificum, porque cada estado ú ofi- 
cio formaba una corporación (collegium.) El senado y la cu- 
ria gobernaban á un mismo tiempo la cindad; pero soló^ 



—315— 

i las discusiones incumbía la ejecución délos reglamentos 
municipales: estos oficiales estaban ademas encargados 
de la recaudación de los impuestos, del alistamiento délas 
tropas y en general de todos los negocios de la ciudad. 
Fundado en estas noticias, pretende Viardot. que la mu- 
nicipalidad española, tal como existe todavía en la actua- 
lidad, es si6m|ire la municipalidad romana. Y llevando ade- 
iante la comparación dice: hay en ella individuos qua 
pertenecen á su seno por derecho hereditario, como los 
miembros del senado antiguo, otros ocupan su lugar por 
elección, como los déla antigua curia: hay procuradores sín- 
dicos que reemplazan á los comisarios imperiales; y para per- 
feccionarla similitud, capitanes generales, que son unos ver- 
daderos procónsules, superiores á las municipalidades. 

Desde luego observaremos que la equivalencia de los 
procuradores sindicos á los Comisarios no es muy exacta, 
porque estos debieron su existencia á una ampliación del 
derecho representativo del pueblo: asi que en nuestro con- 
«c^pto se^ia mas lógico comparar á los comisarios imperia- 
les los corregidores. 

Pero sea de' esto lo que fuere, el elemento municipal 
fué muy poderoso en España y se miró con un gran Je 
respeto por los conquistadoras, y asi nos lo demuestra 
un hecho histórico, que ignoramos haya sido analizado 
cual debiera. 

Hernán Cortés, no menos político que valiente, consi- 
derando que su título de capitán y gefe de aquella espe- 
dicion lo tenia únicamente de Diego Velazquez, que se 
io habia además revocado, aparentó intentar su regreso 
á Cuba, al que se opusieron sus soldados alegando que 
debian poblar en aquella tierra. Fundó pues con simples 
barracas un pueblo, al que dio el nombre de Yilla-rica de 
Vera-cruz: convocóse la gente para nombrar ministros 
del Gobierno y salieron (1) por alcaldes Alonzo Hernández 
Porto Carrero y Francisco Montejo: por regidores Alonso 
Dávila, Pedro y Alonso de Alvarado y Gonzalo de San- 
doval: y por aguacil mayor y procurador general Juan de 
Escalante y Francisco Alvarez Chico. Nombróse también 



(t) Historia de la Conquista de Méjico por D. Antonio 
Solii. Lib. \: Cap, 6: y 7/ 



—316— 

el secretario de Ayuntamiento con otros ministros inferio- 
res, y todos prestaron el juramento de costumbre. El 
día siguiente, por la mañana, se reunió el ayuntamiento; y 
poco después pidió licencia Cortés para entrar, obliínida 
y ocupando el asiento próximo al primer regidor, dirijió 
el discurso que pone Solís y que aunque en la forma di- 
fiera del pronunciado por aquel capitán, en la sustancia 
lio deja de conten er las ideas que debieron resaltar en la 
peroración. Vuestro primer cuidado, decia. debe atender 
á la conservación de este ejército, que os sirve de mura- 
lla; y mi primera obligación es advertiros, que no está 
hoy como debe para fiarle nuestra seguridad y nuestras 
esperanzas. Bien sabéis que yo gobierno el ejército siu 
otro título que un nombramiento de Diego Velazquez, que 
fué con poca intermisión escrito y revocado. No puedo ne- 
gar que la jurisdicción militar de que tanto necesitamos 
se conserva hoy m mí contra la voluntad de su dueño y 
se funda en un título violento, que trac consigj. mal di- 
simulada, la flaqueza de su orijen. Y después de otras va- 
rias razones, añadió:=A vosotros toca el remedio de este 
inconveniente: y el Ayuntamiento en quien reside hoy la 
representación de nuestro Rey, puede en su real nombre 
proveer el gobierno de sus armas, elijiendo persona en 

quien no concurran estas nulidades. 

Yo desisto desde luego del derecho que pueda dar- 
me la posesión y renunció en vuestras mano&el título que 
me puso en ella. Solís refiere que dicho esto arrojó sobre 
la mesa el título de í>iego Velazquez, besó el bastón y 
dejándolo entregado á los alcaldes se retiró á su barraca. 
El Ayuntamiento voló que se admitiese la dejación de Cor- 
tés, pero que se le debia obligar á que tomase de rmevo 
á su cargo el gobierno del ejercito, dándole su título la 
villa, en nombre del Iley, por el tiempo y en el ínterin 
S. M. otra cosa ordenase; y resolvieron que se comuni- 
case, al pueblo la nueva elección. Convocóse la gente á 
voz de pregonero: y publicada la renuncia de Cortés y 
el acuerdo del Ayuntamiento se oyó el aplauso qiie se es- 
¡leraba, ó que se habia prevenido. Hernán Cortes aceptó 
etc. 

Esle suceso, que con (anta delicadeza nos refiere el 
historiador Solís, nos revélala importancia que tenían los 
Ayuntamientos á principios del siglo 16 (ó sea en 1519) 



—317— 

época en que se acometió con tesón la osada empresa de 
conquistar el nuevo niund -. No era Cortés hombre de tal 
calidad y tan falto de recursos, que hubiese elejido uno. 
que no hubiese de dar robustez á su mando. Cuando e- 
lijiópues. el de recibir el bastón de mano de un Ayun- 
tamiento improvisado á este fui. preciso es r(*conocer que 
los espaiioles miraban entonces las municipalidades con 
una profunda veneración y que su autoridad se conside- 
raba «apaz de conferir un mando militar y de representar 
al monarca. 

Cnanilo esto observamos en 1519 ¿nos admirara que en 
Tenerife apenas terminada su conquista en 1496 se crea- 
se por el adelantado Fernandez de Lugo un ayunta- 
miento que. colocado en la ciudad de la Laguna, reciente- 
mente fundada, fuese el eje principal del gobierno y que 
estendiese su autoridad tanto sobre la paz como sobre 
la guerra? El historiador Juan Nuñez de la Peña (Lib. 1/ 
Capitulo 16 páj. 162) nos dice, que en el mes de Julio de 
1497 (1) pasó el General Lugo á la Laguna y por pare- 
cerle el sitio llano y fresco fundó en él la princi- 
pal población con el nombre de villa y título de S. Cris- 
tóbal; y en 20 de Octubre de dicho año (1497) nombró 
regidores y jurados y comenzaron á hacer las ordenan- 
zas de la isla de Tenerife. 

El Ayuntamiento de la Laguna, que entonces lo era 
de toda la isla, principió á legislar á los pocos años de la 
conquista. En 24 de Abril de 1500 prohibió que nadie 
hiciese casas en la Villa de arriba ni continuase las co - 
menzadas, ordenando que la edificación se hiciese desde el 
hospital de Sanch üpiritu abajo, imponiendo ciertas pe- 
nas; y prohibió asi mismo vender cosa ninguna en la Vi- 
lla de arriba. En 5 de marzo de 1512 prohibió que se fa- 
bricasen casas cubiertas de paja por temor del fuego. El 
erario contribuyó con 50000 maravedís en 1510 para la 
construcción de casas consistoriales que fueron presa de las 
llamas. Pero este memorable Cabildo (según dice Viera 
tomo 3/ páj. 120 de quien tomamos estas noticias,) que 
no consistía en casas sino en hombres, era entonces el al~ 



(1.) La isla se conquistó en 29 de Setiembre de 146tt 
consta en la cédula de la Reina D.' Juana. 



—sis- 
ma de la población. Su jurisdicción se veía única y res- 
petada. El nombraba los alcaldes y jueces de los lugares 
de la isla: destinaba cada tres añosdos regidores, que con 
el personero (1) acompañaban á los gobernadores ó jue- 
ces de residencia en la visita ordinaria, que se debió, por 
la primera vez en 1512, ?1 celo del personero Francisco 
Albornoz, y que entonces fué tan ütil. El Cabildo recibía 
y examinaba los escribanos públicos y de entregas, con la 
única obligación de presentar dentro del año carta do 
confirmación del Consejo. El Cabildo oia las apelaciones 
hasta en cantidad de ditfz mil maravedises, que iban an- 
tes á la Cbancilleria de Granada. Dotaba las escuelas de 
primeras letras y de los estudios que entonces parecida 
mas útiles. Cuidaba no solo de la fábrica de los templos, 
del decoro del culto, de la suficiencia délos ministros de 
la religión y distribución de beneficios eclesiásticos sino 
también de la prontitud y límites de la jurisdicción espi- 
ritual. Contribuía á la fundación de los conventos, hos- 
pitales y hermitas.* 

'*E1 Cabildo entendía en la conducción de las aguas, 
composición de caminos, empedrado de calles, plantíos de 
terrenos, conservación de montes, corle de las maderas. 
Velaba sobre la industria -común, el comercio de indias y 
de Europa, la navegación, la pesca, las artes, la salud Jos 
abastos, los regocijos públicos, las crias. Formaba, dis- 
ciplinaba y armaba las milicias; levantaba y municiona- 
ba las fortificaciones; ])residia á las espediciones que se 
hacian contra los moros de las costas occidentales de A- 
frica. Despachaba hábiles mensajeros á la corle. Defendia 
las regalias del Soberano. Administraba fielmente la Real 
Hacienda y la de sus propios y arbitrios. En fin, el Cabil- 
do de Tenerife era todo. Sus primeras ordenanzas, muchas 
confirmadas por el Rey, y recopiladas en 1670 por D. Juan 
Nuñez de la Peña, servían de código á la nueva repúbli- 
ca.** 

El Cabildo se compuso de 6 regidores y dos jurados: 



(1.) Juan Nuñez de la Peña Lib. 2.* Cap. 8. habla es- 
tensamente de su nombramiento y de su orijen páj. 210. 
Confirmó su nombramiento el Sr. D. Carlos h.*^en Real Cé- 
dula dada en Yalladolid á 6 dg Junio de 1S27. 



—Sis- 
He aumentaron después 'á 8 y prontamente á 18: Carlos 5/ 
mandó su reducción á 8: se beneficiaron sin embargo 3 
en 1549 y en 1557 se acrecentaron 9, y á pesar de las 
solicitudes para la eslincion y prohibiciones de aumento 
en 1581 llegaron á 38, en 1612 á 44, en 1619 á 53 y 
en 1614 á 56, habiendo también tenientes (1) 

Sus individuos pertenecieron á la mas notoria noble- 
za: Viera dice, que el Ayuntamiento fué un nobiliario pa- 
ra Juan Nuñez de la Peña. Sin embargo, el mismo 
Yiora, exacto en sus juicios y rígido en sus apreciacio- 
nes esclama. '^Todo el siglo 16 y gran parte del 17 fué 
un tiempo de feliz memoria para aquel cuerpo respetable, 
que tan dignamente se empleó en la administración de to- 
do lo concerniente á la causa pública y Real servicio con 
crédio de su proceder, reputación de su probidad, con- 
fianza de los pueblos, satisfacción de los superiores y honor 
de los mismos miembros que lo componían.'* 

Nosotros podremos decir también con la historia en la 
mano que las tres grandes islas. Canaria Tenerife y Palma, 
en las que el poder municipal desarrolló toda su influen- 
cia, se elevaron á un grado estraordinario de prosperidad 
increíble con una rapidezeslupenda. A fines del siglo 15 
se terminó la conquista, yá principios del 16 se levanta- 
ron ciudades, villas y lugares, y aquellos países presenta- 
ron el aspecto de una civilización robusta. La Gran-Cana- 
ria y la Palma tuvieron también Ayuntamiento; pero en 
Tenerife fué donde aquella institución se elevó á mayor 
altura y donde ejerció funciones mas estensas, mas varia- 
das, mas importantes. Aquí usó del soberano privilegio, co- 
mo dice Viera, (páj. 141 tomo 3.') de nombrar Gobernado- 
res y otras justicias, en los interregnos, hasta que los nom- 
brase el lley. ¿Quien no vé en esta conducta reconocidos 
los principios que desplegó en Vera-Cruz Hernán** Cortés 
para librarse de la veleidad de Diego Velazquez? Sin estos 
principios la España hubiera malogrado la conquista de 
Méjico: sin estos principios las Islas Canarias hubieran 
quedado sin régimen y en la anarquía á tan gran distan- 
cia de la madre patria, y hubiesen sido tal vez presa de 
los estranjeros. El poder municipal fué pues su salva- 



(1.) Viera tomo d: páj. 109. 



—320— 

cion, el lazo que las unió invisiblemente ¿ la Península 
Ibérica, el que colono al frente de los .negocios públicos 
una multitud de patricios desinteresados y el que arraigó 
en las islas el españolismo, estableciendo en ellas un gé- 
jiero de república mezclada con la monarquía. La inteli- 
í^encia, el patriolismo, pero sin ambición* punible, sin mi- 
ras criminales se sentaban en los escaños de un -Ayun- 
tamiento, que varias veces comparan los escritores al 
Areopago', todas sus miras se dirijian á la prosperidad 
del pais é iban mezcladas con profundo respeto al Monar- 
ca, que era un objeto perenne de veneración para aque- 
llos ciudadanos distantes, que nunca se separaron de la 
senda de la fidelidad. ¡Que observaciones no podrían ha- 
cerse! Cuanto no podia estenderse la pluma sobre esta ma- 
teria! Pero amigo mió, ya me hé dilatado demasiado en 
una carta*, dejaremos para otra hacer nuevas reflexiones 
y hablar del procurador general personero. No quiere a- 
busar de su paciencia el que tanto le habla y tiene que 
hablarle de estas islas, en las que permanece queriéndo- 
le siempre su afectísimo amigo 

M. N, 

Carta 44. 

Santa Cruz de Tenerife 17 de Juliojde 1838. 

Sr D. 

Impresiones en la parroquial] de Santa Cruz.=^Funcion 
de Corpus en la misma; andas, tabernáculo y custodia: fun- 
ciones en la Laguna y la Orotava. Alfombra de flores que 
hacen las beñoritas de Monteverde. 

Mi estimado amigo, ha vagadojhasta ahora casi siem- 
l)re mi pluma por los cam[)Os y por los jardines; preciso 
será que nos recojamos algunos momentos en el templo. 
J)esde mi llegada me propuse escribir las impresiones que 
Uie causara la asistencia á él: no puedo menos de mani- 
lestar (|ue fueron muy tiernas las que esperimenté cuan- 
do el primer dia festivo asistí á misa, y á las 8 de la 
mañana vi concurrir una porción de tropa. Mas allá délos 
mares, dccia en mi interior. en/:uenLru la misma religión 



—ari- 
que en mi pálria: veo las mismas ceremonias, las mis- 
mas preces suben al altar del Señor. Podrán los españo- 
les ser criticados cuanto se quiera por los estranjeros, pe- 
ro no puede negárseles que un principio generoso les 
ha impulsado á sus conquistas. Su primer objeto ha si- 
do Dios, la propagación de su religión santa. Hubo es- 
ccsos en algunas ocasiones, oelo exagerado, viciosas a- 
plicaciones de un principio, pero este era grande y su- 
blime, ¡Que diferencia entre una nación que conquista 
paía imprimir en los pueblos conquistados el sello de 
la religión que profesa, entre una nación, que tiene por 
designio llevarles el progreso del catolicismo, y cualquie- 
ra otra, que vaya á conquistar precisamente á impulsos 
del espíritu mercantil, ó para asegurar consumidores á 
sus artefactos.' 

Siempre que veo la gente isleña en las iglesias, me 
ocurre la idea de que en dos apartados climas reúne á dos 
pueblos el mismo vínculo de la religión y los confunde 
en una nacionalidad. Esta ha sido una transformación del 
pais, cuyos frutos serian grandes si se conociese la fuer- 
za del sentimiento religioso para la felicidad de los pue- 
blos. En Europa, después de la impiedad sistemática del 
siglo 18 y de sus amargos resultados, principió la reac- 
ción religiosa: en las islas, según me decia un amigo ob- 
servador, á donde siempre vienen importadas las ideas de 
Europa, no han llegado todavia á desplegar su eficacia 
las nuevas que germinan allí, donde desengaños repe- 
lidos y los adelantamientos de las ciencias han roto el 
cendal de la preocupación, han disipado las tinieblas del 
error y han colocado otra vez en su magestuoso solio la 
religeon, tributándole el honor que merece, y considerán- 
dola como la fuente del saber y de la civilización verda- 
dera. 

El mayor bien que puede hacerse á las islas es el res- 
tablecimiento del principio religioso, quebrantado con tan- 
tos vaivenes y por tantos acontecimientos lamentables. 
Pueblos de carácter tan dulce y sumiso, ¿que no serian 
si fuesen debidamente moralizados con la doctrina del 
Evangelio, siéndoles este esplicado cual debiera? Enton- 
ces, ciertos vicios, cierta relajación de íiostumbres desapa- 
recerían. En España la falta del obispo se suple en una 
diócesis por varios medi s: aquí no tiene suplemento: si 

41 



—322— 

{)0T economía se ha suprimido el obispado en Tenerife^ 
a conveniencia pública aconseja su restablecimiento. Po- 
co importaría unos cuantos miles de r$. vn. mas en el 
presupuesto, cuando hemos visto que el erario Español 
está supliendo generalmente para hacer frente á las car- 
gas públicas en el archipiélago canario; 

Baste por ahora: mas adelante trataré de la necesi- 
dad de un obispo en Tenerife. Me he desviado de mi ob- 
jeto: me hallaba en la parroquial de Tenerife y voy á vol- 
ver á ella y á narrar la solemnidad con que se verificó 
la fiesta del SSmo. Corpus. La iglesia parroquial desde 
1502, como dice Viera, (1) existe en el mismo srtio que 
ahora. El primer lugar religioso que se construyó fué 
una hermita que en 1576 desapareció para dar lugar al 
castillo de S. Cristóbal. La antigua iglesia Parroquial fué 
presa de un incendio en 1652, pero muy luego se reedi- 
ficó con mayor esplendor. Es muy capaz y de tres na- 
ves con capillas: lástima que no tuviese una portada cor- 
respondiente, pero sus entradas son pobres y carecen de 
ornato. No hay otra cosa que la decore esteriormente 
sino un? torre cuadrangular de piedra de sillería, de cua- 
tro cuerpos, siendo el último un templete ochavado de 
varias columnas, que no tiene cubierta. Este es ordina- 
riamente el remate de las torres en este pais. 

Las funciones se celebran con bastante magnificencia, 
alo que i o contribuyen poco las hermandades del SSmo. 
y de la orden tercera, que son á manera de unas sacra- 
mentales. Los hermanos de aquella, como las de Madrid, 
llevan una medalla pendiente de una cinta roja: esta in- 
signia ha substituido sin duda á las hojas encarnadas 
que todavía visten lus cofrades en la Laguna, y cuyo ori- 
gen no fué sin duda otro que el establecer una absoluta 
igualdad dentro de la iglesia entre el caballero, el ar- 
tesano y el labrador, cuando todos en nuestra sociedad se 
distinguían por los tragos. Ahora ya las hopas no tienen 
objeto; son de todo punto mnecesarias: el lujo ha nive- 
lado todas las clases: la igualdad legal se transparenta 
hasta en el vestido. 

Lo que me parecía muy bien fué el modo de llevar 



(1) Tom. 4 pag, 313. 



—323- 

las luces: unos palos pintados de blanco rematan en un 
tandelero donde se coloca un trozo de cirio, rodeado de 
^n vaso ó campana de cristal, que se llama guarda bri- 
sa, por cuyo medio se consiguen varías ventajas: 1/ que 
la luz no se apague, 2.* que se^ eviten las manchas, 3.* 
que la iluminación sea mas visldsa. 

Presencié en Santa Cruz la Procesión del Corpus, que 
me pareció bien v que realzaba la música militar con 
su correspondiente piquete. Las andas en que se lleva el 
Santísimo son de plata, de una construcción bastante gra- 
ciosa. Las coastituyen dos pavellones uno dentro de otro 
<;on cuatro columnas, que sostienen arcos de construcción 
plateresca y el pavellon. Se colocan varios ramilletes de 
llores de mano para adornarlo. Los hombres que condu- 
cen las andas van cubiertos debajo de la peana por los ta- 
pices blancos que cuelgan á los cuatro lados, y en los 
cuatro ángulos van otros tantos sacerdotes con casullas 
blancas haciendo el ademan de sostener la peana. 

Se me ha dicho que las andas pertenecieron al con- 
vento de Agustinos de la Laguna: que decretada su ven- 
ta en el trienio constitucional de 20 ál 23 las adquirió el 
Vicario de la Parroquial de Santa Cruz D. José Hilario 
Martinon, y aunque se reintegró después el convento las 
volvió á recuperar con justísimos títulos en 1836 Mar- 
tinon, que entonces era canónigo dignidad de la iglesia 
Catedral de la Laguna. 

El dia de la octava de Corpus, para la procesión de 
la tarde, solía colocarse en la nave izquierda de la igle- 
sia un altar dorado, lleno de espejos en que se hallaban 
gravados varios versos relativos al SSmo. Sacramento. 
l^Ie los ha proporcionado un devoto y los pongo á con- 
íinuacion: 

En esta carne mortal 
Todo cuanto el hombre vé. 
Es por medio de un cristal 
Que representa la íé 
El enigma celestial. 

Si el espejo da consejo 

Al que quiere ser bien visto, 

Pruébese el mozo y el viejo; 



—324— 

Y el que no se riere en Cristo 
No se verá en este espejo. 

La carne se dá propicia. 
La viva sangre se vierte, 
Muestra la vida y la muerte 
Pidiendo y dando justicia 
Al que le tocó la suerte. 

Para el racional viviente 
Frágil cristal es la vida, 
Y el que se pone patente 
En el viril nos convida 
A vivir eternamente. 

Fue la fé pura legal 
Nada Luz y todo sombra, 
Maná, Cordero y panal, 
A la luz de otro Cristal 
La misma verdad asombra. 

Si esto lleva la atención 
Deten mortal tus arrojos, 
Que en este altar de oblación 
Nada se ve c©n los ojos, 
Sino con el corazón. 

Como pedazos de pan 
Hielos en Cristal reparte, 
Nadie sabe como están, 
Todos en el todo van, 
Y' todos en cualquier parte. 

La Imájen que represento 
La contengo en realidad. 
Mas con todo, no consiento 
Que se toque mi verdad, 
Por ser todo un Sacramento. 

Aquí se vé nuestra suerte 
En esta dulce comida. 
Prueba del amor mas fuerte 



—325— 

Que nos ha dado la \¡da 
Con haber dado su muerte. 

("uanto puede nos ha dado; 
Y para prenda de Gloria 
Quiso quedar consagrado 
Pagando nuestra memoria 
Con el pan Sacramentado. 

Aui\que los versos no son de los mejores, las ¡deas 
son muy piadosas, y quizás con ellos á la vista, alguno 
de los poetas isleños haga otros mejores y mas armonio- 
sos. 

El altar de que acabo de hablar fué donativo del Sr. 
D. Bartolomé Montañés, el mismo que á sus espensas 
construyó el obelisco que en honor de la Virjen de la Can- 
delaria se halla en la plaza mayor y la Cruz de mármol 
q ue sé vé al otro estremo. Habiendo sufrido varios des- 
perfectos este altar ó tabernáculo, qne era dorado y que 
costó unos cuatro mil pesos, hace algunos años no se 
arma. Algunos sujetos piadosos han tratado de restaurar- 
lo y recomponerlo, echando mano de los fondos de cier- 
ta memoria que para sostenerlo y atender á los gastos de 
la festividad destinaba Montañés, pero el resultado es que 
á pesar de tan puras intenciones, el tabernáculo conti- 
nua arrinconado, degradándose mas cada dia, y privada 
la solemnidad del culto de esta obra tan vistosa, testi- 
monio de la largueza y piedad de uno de los naturales 
de éstas islas. Apenas adquiera todas las noticias necesa- 
rias para rccuper^^r estas rentas y procurar con buen é- 
xito la restauración de este monumento, pienso suscribir- 
me en la sacramental y señalar mi entrada con un pro- 
yecto de recomposición. Entretanto no puedo menos de 
escitar á los cofrades y á las autoridades eclesiásticas á 
que no dejen en olvido esta empresa. 

A falla de este tabernáculo se levanta otro mas sen- 
cillo con varios adornos de llores, vasos con peces y ma- 
cetas en el centro de la iglesia, donde se colocan las an- 
das, y se pone la custodia en unos de los decansos que 
hace la procesión. Y ya que hablamos de la custodia, di- 
ré que, según me han referido, fue regalo del vicario D 



—326— 

Rodrigo Logman, uno de los fundadores del Hcs}>ilal de 
que hablamos ea nuestra segunda carta y aun me añadieron 
como una cosa notable y que llamó la atención pública, que 
dicho bienhechor espirase el mismo dia y hora que. des- 
pués de renovar la hostia se daba la bendición al pue- 
blo en la Iglesia con el Santisimo. 

Como determiné ver este año las funciones del Cor- 
pus en Santa Cruz no subí á la Laguna, donde se hacen 
con una estraordinaria magnificencia: pero como pienso 
verlas el año que viene, entonces haré la descripción. Los 
estranjeros se han admirado siempre de la solemnidad del 
culto en la Catedral de la Laguna. Parece que los fun- 
dadores de esta hermosa ciudad quisieron dejar impresa 
la |)iedad de la patria en este remoto país. 

También hé sentido no ir á la Orotava á asistir á es- 
ta festividad donde hay asi mismo mucho que ver. Allí 
según me han dicho, es admirable la multitud de flores 
que se vierten en la carrera. Parece que este pueblo reú- 
ne todas las que se crian en aquel delicioso Edén para 
obsequiar al Uey de los Reyes, y que traslada á las ca- 
lles de la villa toda la hermosa alfombra que matisa sus 
campos y jardines. Este obsequio tan natural y tan sen- 
cillo parece que nos recuerla los tiempos de los patriar- 
cas. Entretanto no se crea que deja de campear el ar- 
te, porque los orotavenses son ingeniosos y la villa es qui 
zas la población mas adelantada de la Isla. Un testigo 
presencial, forastero como yo, me ha referido que las se- 
ñoritas de Montéverde, que según dije ya, están instrui- 
das en la pintura, forman un precioso tapiz con varios di- 
Lujos de pájaros y otros caprichos, en el que colocan flo- 
res que dan vida aparente á aquellos seres. El que me lo 
r.onló quedó admirado de la obra, cuya habilidad con- 
siste en distribuir con primor los diversos colores imi- 
tando con la delicadeza del trabajo y con una paciencia in- 
teligente los objetos que quieren representar, sin otro 
medio para las gradaciones que los diversos colores de 
las flo-es. Una obra que exije tanta minuciosidad é in- 
lelijencia desaparece destrozada bajo las andas por los 
pies de los que la que la conducen, pero toda vez que no 
pódia durar sino unas cuantas horas mas, porque las flo- 
res se mustian, no puede menos de alabarse un medio 
tan ingenioso de tributar un homenaje al Señor que si es 



—327— 

criador de los dones de la naturaleza lo es también del 
ingenio. 

Concluyo, amigo mió, esta carta con aquella innefable 
dulzura que produce el recuerdo de las fiestas religiosas. 
El hombfe parece que goza de una nueva vida, de una 
vida llena de encantos cuando en la tierra gusta de cier- 
tos placeres, que son tan solo un recuerdo de los que 
ha de gozar algún dia. Lesaluda cariñosamente su affmo, 
smigo. 

M. N. 

Carta 43. 

Santa Cruz de Tenerife 23 de Julio de 1838. 

Sr. D. 

Principales causas del estado del poco adelaniamienlo 
ile estas islas con respecto á los elementos que poseen. 

Mi apreciable amigo: á pesar del corto tiempo de mi 
permanencia amo á este país y conozco su belleza y sus 
ventajas; mas no por eso es tan ciego mi cariño que me 
crea obligado á decir que todo vábien y que no haynin- 
gun defecto que correjir. Mi cariño es ilustrado como el 
<ie un padre que no se entusiasma necesariamente con 
las gracias de sus hijos sino que los observa y les dá 
consejos saludables. Aunque yo no tenga ni autoridad 
para mandar, n¡ ciencia para enseñar, poseo un fondo de 
afecto y de rectitud que debe ser estimado y agradecido; 
quizás en mis apreciaciones cometa errores; pero como hijos 
del cariño deben ser disimulados. Aún en mis yerros se 
verá un sentimiento noble, un interés sincero por la pros- 
peridad de las islas y sobre todo la buena fé con que pro- 
cede un hombre honrado. Confio, pues, que no o- 
fenderán mis palabras aunque reciban publicidad. 

En el curso de esta correspondencia habrá V. visto 
que de estas islas no se sdca el partido que se debiera. Y 
si esta es una verdad, como no dudo, inferirse puede qu<5 
este país no se halla en la via de la prosperidad: que hay 
,v¡c¡os que la retardan, errores que la detienen, postra- 



—328— 

cion que la mata, descuidos que la privan del addanla- 
niienlo. 

Hé tratado de indagar las causas de este estado poco 
prospero y las hé hallado en el atraso de la agricultura 
y en la falta de instrucción de los diferentes ramos del 
cultivo; en la manera con que se halla constituida la pro- 
piedad en algunos puntos, en la falta de capitales y me- 
dios de encontrarlos, lo que dá origen á la plaga de la 
lisura: en el descuida de los montes; en la falta de fo- 
mento; en la casi carencia de industria y de comercio, 
en la funestísima rivalidad de ciertas islas, en la falta de 
comunicaciones, movilidad de los empleados y en otras 
causas que indicaré conforme me vayan ocurriendo. 

Brevísimamente haré algunas observaciones sobre los 
puntos que hé indicado, reservando proponer en diferen- 
tes cartas los remedios al mal. 

Comenzando á desarrollar el pensamiento, la agri- 
cultura, nadie negará que está atrasadísima. Esta ver- 
dad es tan de bulto que no podrán menos de recono- 
cerla hasta los mas preocupados. No hay mas que re- 
correr los mercados para convencerse. En un pan en 
que los frutos debian multiplicarse mucho con 
la bondad del clima y criarse infinitas variedades, no 
se ven sino escasas especies como en los climas estre- 
ñios. 

Los instrumentos agrícolas son imperfectos; el arado 
(jue en casi todos los paises de Europa se ha modificado 
según los principios que la ciencia ?conseja para conse- 
guir pronto, económico y completo el resultado á que se 
deslina, se conserva como en los primeros tiempos. En 
la misma siembra se atiende poco á la -economía, y los 
bueyes se uncen tan separados que su tiro es débil por 
falta de uniformidad y retarda por precisión el movimien- 
to. 

-I^os labradores son por lo común rutinarios y deben 
serlo por necesidad, porque esceptuados ciertos propieta- 
rios que cultivan por sí y que son instruidos, la genera- 
lidad tiene sus tierras en aparcería ó medias, que es el es- 
tado mas imperfecto de cultivo. Y á la verdad, en este sis- 
tema se abandona la cultura á un colono que, por lo ge- 
neral carece de capital suíiciente para hacer mejoras y 
que no se interesa grandemente en ellas, po^quenode- 



—829— 

ben redundar-en su esclusivo beneficio. 

Et airaso de la agricultura proviene también de la fal-^ 
ta de instrucción en la claee labradora y algunos propie- 
tarios. de la conglomeración y de la división escesiva 
de la propiedad, pues ambos eslremos se observan: de 
la falta de capitales, de la usura y del predominio con- 
siguiente que los que la ejercen tienen sobre la clase cul- 
tivadora y propietaria, á la que estrujan y aniquilan, si- 
epdo á las veces el rebultado la emigración. 

Además de ló que llevamos enunciado, prueva el atra- 
so y la falta de instrucción la observancia tenaz de méto- 
dos antiguos, el poco uso de los modernos^ el descuido en 
esplotar las aguas. No hay huertas crecidas en que se 
cultiven las hortalizas como un ramo especial, ni los ár- 
boles se podan cual] debieran, ni se yo que se use con- 
venientemente Ae los injertos. ¿Que frutos tan esquisitos 
no resultarían de ejecutar esta operación con acierto en un 
pais en que se han aclimatado árboles tan exóticos? No 
vemos esposiciones de flores y frutos, no sé que haya u- 
na cátedra de agricultura: del jardín botánico no se sa- 
can las ventajas que tenia por objeto su creación. 

No negaré que tanto en Tenerife como en la Gran-Ca- 
naria hay sujetos que conocen la acricultura, que hacen 
ensayos y que muestran conocimientos poco comunes; pe- 
ro aquí hablamos do la generalidad y es cier* 
to que no conoce cual debiera la ciencia déla agricul- 
tura. Lo decimos con franqueza aunque nos complazca- 
mos en confesar algunas escepciones. ¿Quien negará estos 
conocimientos en la Gran-Canaria al Conde de Vega Gran- 
de y otros? ¿Quien á varios propietarios y labradores de 
Tenerife, con especialidad en el valle de Taoro? 

Los montesbien dirigidos y administrados hubieran po- 
dido constituir uno de los ramos mas fecundos de la ri- 
queza de las Canarias, pero con dolor los vemos casi des- 
truidos; y sino se pone pronto, prontísimo remedio, la a- 
gricultura y las artes perderán uno de sus mas ricos ve- 
neros. 

' Que no se fomentan los ramos de producción está fue- 
ra de duda, cuando no hemos visto señalar premios á los 
productores que mas se distinguen. Hay una cosecha recien- 
te, es la del tabaco, y hasta ahora los Ayuntamientos son 
los únicos que han propuesto recompensas. Que em- 

4S 



—330— 

presas de riego se han escogitado. Hablamos de empresas 
en grande, como construcción de pantanos etc. ¿Queme- 
dios se han discurrido para retener una población mise- 
rable, que abandona su pálrra, con dolor ó con el delirio 
de ilusiones caprichosas, que enardece y abulta el mal es- 
tar de los que las conciben? 

Si volvemos los ojos á la industria, veremos que no 
la hay. Dios quiera que la de la pesca y salazón se desa- 
rrolle. Indudablemente seria la mas lucrativa. Las islas ten- 
drian en este caso que agradecer al Sr. D. Manuel Hafaelde 
Vargas, su antiguo gcfe político, un beneficio singular: be- 
neficio que traería cuerpos de si oíros, porque asi como 
los males nunca vienen solos, así también un bien, efecto 
de una acertada disposición, de una ompresa útil, es cau- 
sa de ctros bienes. 

No menos que de industria hay una falta de comercio: 
el que existe se puede decir que es meramente pasivo. Nos 
«era preciso examinar, con este motivo, el punto del Puer- 
to franco. 

Tampoco podemos dejar de señalar, como una de las 
principales causas del retraso, la falta de comunicaciones 
interiores y esteriores. 

Las rivalidades entre las isla^ son una remora perjudi- 
cialisima. El gobierno debia trabajar por estiuguirlas. for- 
mando un todo homogéneo y sólido de los pueblos que le- 
berian aunarse para el bien. Las autoridades deberían tra- 
bajar incesantemente por corlar esle cáncer que corroe 
el nervio de estas poblaciones y que las mantiene en un 
oslado perene de hostilidad. No se sabe hasta que punto 
puede llegar este mal, cuan funestas no pueden ser las 
consecuencias para las islas y aun para España. Dios quie- 
ra que llegue el día déla reconciliación y de la fraternidad 
y que todas las islas se hallen animadas de un misino es- 
píritu, de una misma voluntad, de idénticas aspiraciones. 

Una délas causas y no de las menos eficaces del aira- 
so de estas islas, es la mudanza continua de los empleados 
administrativos y gubernativos. Para gobernar y adminis- 
trar bien los pueblos se necesitan: primero, conocimientos 
teóricos, 2.* noticias de la localidad á que debo hacerse la 
aplicación. Un empleado de hacienda no es lo mismo en un 
pfunto que en otro: en uno podrá haber profundizado la 
«iqjieza de los pueblos, enterándose á fuerza de vigilias y 



—331- 

«xámen de minuciosidades, de los vicios de los repartos. Sá 
quesele de donde hizo estos estudios, de donde materializó su 
ciencia y la implantó, por decirlo asi, en el suelo: trasládesele 
por ejemplo, de Canarias á una provincia del Norte de la Pe- 
nínsula, y este empleado, que aíjuiera una precocidad, que 
«abia de memoria los pueblos, el número de los contri- 
buyentes, el estado do la riqueza, los ramos en que consis- 
tía, será un ignorante en la nueva provincia, deberá prin- 
cipiar á aprender, haciendo su noviciado, y hasta que lo 
termine permanecerá en la inacción: será á semejanza de 
un árbol que, cuando se le trasplanta, deja de dar fruto, 
porque es necesario que convierta sus fuerzas á arraigarse 
¿No hemos sabido las proezas que hicieron los guerrilleros 
durante la guerra de la independenciaiPero fué en un deter- 
minado radio, donde sabian todas las veredas, los barran- 
cos, los rios y hasta los menores accidentes del terreno. A- 
lli podían vencer, porque sabian pelear con ventaja: tras- 
ladados á otro terreno eran tan ignorantes como lose- 
nemigos. como los franceses que cammaban por un pais 
desconocido'. 

Sí de un gobernador civil, de un empleado de hacien- 
da pasamos á un ingeniero, encontraremos idénticas razo- 
nes. El ingeniero que lleve algunos años de permanencia 
habrá estudiado los materiales de que debe servirse, ha- 
brá apurado su fuerza y su corte: sabrá cual es la natu- 
raleza de los terrenos: en suma, tendrá datos y conocimien- 
tos locales de indispensable necesidad para la aplicación de 
los de la ciencia. La traslación de estos empleados es un 
mal: un daño que se causa á las provincias. Aun cuando 
sus méritos les hiciesen acreedores al ascenso, era preciso 
ver el medio de dárselo dentro de aquella en que deben 
ser útiles al Estado 

Pero el cambio y la mudanza son mas funestos tratán- 
dose de un país como las islas Canarias, nuevo hasta cier- 
to punto para el Gobierno, compuesto de trozos separados 
cada uno de los cuales tiene su índole especial, sus cos- 
tumbres y sus necesidades. En la realidad cada isla es una 
provincia pequeña, porque forma una individualidad: su 
terreno, su cultivo y las costumbres difieren. 

Medítese, pues, quien se envia, y una vez enviado sí se 
conduce bien no se le remueva: pero al tiempo de verifi- 
car la elección de ciertos funcionarios, no se cometa el er- 



r 



—332— 

ror de creer que á estas islas deben enviarse precisa- 
mente los que principian la carrera, que este es un lugar 
de ensayo y de aprendizaje, donde deben prepararse para 
ocupar otros puestos de mas dificultad. ¡Error funesto y 
de fatales consecuencias! Si se trata solo de que el que venga 
pase el tiempo, que siga una marcha rutinaria, que eva- 
cué los negocios ordinarios, este sistema es muy propio; 
pero si el que venga ha de crear lo que no hay, ha de re- 
generar el país, ha de hacer que tome mayor vuelo su pros- 
peridad, que el Estado consiga el nivelamiento de sus gas- 
tos con los ingresos, no puede imaginarse sistema masje- 
quivocado. 

Quiera el cielo que mis indicaciones sean tomadas en 
consideración y que las islas Canarias sean escluidas de 
esa movilidad establecida como una regla. Desgraciada- 
mente en nuestro pais tenemos un juego de empleados pa- 
ra cada partido, este, cuando ocupa el mando, ve- 
rifica una trasformacion en las oficinas y en los tribu- 
nales. Dichosa la Francia donde el empleado de Luis Feli- 
pe, si ha sido probo é inteligente, lo ha continuado sien- 
do de la república y del impeHo, porque se ha tenido en 
cuenta que los empleados no servian á los que acidental- 
mentfii ocupaba el Gobierno, sino á la Francia. Dios quie- 
ra que de aquí en adelante la masa general de los emplea- 
dos no lo sea de los partidos sino de la España^ 

La decadencia del espíritu religioso ei también un mal 
cuyas consecueneias se empiezan á palpar y que], se pal- 
parán mas de aqui en adelante, y no deja de ocasionar gra- 
ves perjuicios la mala distribución de los juzgados. 

Hé espuesto, amigo mió, sucintamente las causas del mal 
que he llegado á descubrir en el corto tiempo de de mi per- 
manencia. Hé descubierto las llagas de este pais, pero cod 
sentimiento y con el solo fin de aplicarles el remedio. Mi 
intención es sana, mis deseos puros y laudables. No pue- 
de mirar con indiferencias unas islas, en las que tuvo una 
acojida benévola y recibió infmitas atenciones su amiga 



M.N. 



—388— 

Carta 46. 

V 

Santa Cruz de Tenerife 25 de Julio de 1859. 
Sr. D. 

Breve indicación de los remedios que deben emplearse 
sólo en los males que sufren las islas. 

Mi apreciable amigo: no seré yo como aquellos médicos 
que revelan los males que padece el enfermo, pero que no 
indican los remedios. Yo lo indicaré; yo espondré mi pen- 
samiento acerca de ellos, y si á algunos le parece insufí- 
ciento ó poco á propósito, no por eso dejará de ser útil es- 
ta discusión, por que al fin siempreinteresa que se discur- 
ra sobre la felicidad delo^ pueblos y se propongan medios 
de obtenerla. De todos modos no dejará de reconocerse en 
mi cierto celo en idear recursos para llevar este país al 
mayor grado de prosperidad posible. 

Paso, pues, á formar el catálogo de los remedios que con- 
sidero deben adoptarse, y digo catálogo por que ahora no 
me entretendré á analizarios, limitándome á una breve y 
sencilla relación: el desenvolvimiento vendrá después so- 
bre los puntos que lo merezcan. 

Contra la ignorancia no cabe otra medicina que la ins- 
trucción: asi como contraías tinieblas no bay mas especí- 
fico que la luz. La luz deben derramarla las sociedades e- 
conómicas, las cátedras, una granja- modelo, los periódicos 
y con especialidad los curas párrocos. Sobre todas estas 
materias iremos anunciando sucesiva y paulatinamente 
nuestras ¡deas. 

La ley es la única q«ie puede evitar el fraccionamien- 
to déla propiedad, asi como puede contribuir á.que se ba- 
gan arrendamientos por muchos años, cuyas ventajas di- 
lucidaremos después. 

Los bancos agrícolas serán en nuestro concepto la muer- 
te de la usura, y con su muerte se conseguirá, á no dudarlo 
la desaparición de esos contratos que hunde á tantos pa- 
dres de familia en la miseria y la desesperación. 

Los mismos Bancos podrían facilitar medios para que 
ciertos labradores se establecieran ó aumentasen su culti- 
vo, sin arrumarse ó sin contraer empeños á los que no 



—334— 

pueden hacer frente. 

Las comunicaciones y las carreteras debían emprender- 
se bajo cierto sistema, que produce por resultado la pron- 
titud en la ejecución de las obras; y por ultimo el cumpli- 
miento severo de las órdenes sobre caminos vecinales com- 
pletaría el sistema de comunicación de las islas. 

Tal vez convendría realizar el pensamiento de la colo- 
nización, en ciertos puntos, y la esplotacion de ciertas a- 
guas, sin las cuales la agricultura no puede prosperar. 

La apertura de talleres en las islas y el fomento de al- 
gunas industrias, pueden dar ocupación á muchos brazos y 
contribuir á que se impida por medios indirectos la emi- 
gración. Y como todas las industrias necesitan combusti- 
ble y maderas, debe celarse la conservación de los mon- 
tes. 

Las esposiciones deben confluir en gran manera sobre 
la emulación de los agricultores y artesanos: asi como la 
concesión de premios, medio poderoso de estímulos y que 
mueven los ánimos al bien. 

Las cajas de ahorros deben ser un consuelo para la ge- 
neralidad de los trabajadores, una esperanza para las fa- 
milias, un auxilio en las desgracias y calamidades, y sobre 
todo un medio de moralizar ciertas clases y de enseñarles 
á que piensen útilmente en el porvenir. 

La riqueza pública uede recibir un grande desarrollo 
con la permanencia de ciertos empleados, que siendo probos 
han estudiado el pais y hecho sobre él observaciones para 
ilustrar al Gobierno que las puede utilizar. 

Por último, conviene vigilar sobre la salud pública, 
pues las desgracias que la contrarían, no solo conturban 
las ánimos, sino que consumen cuantiosos capitales, que 
se destinan á evitar males y enjugar lágrimas que no se 
hubieran derramado con una prevención anticipada. Es pre- 
ciso pensar seriamente en un lazareto, que, siendo cómo- 
do y estando bien arreglado, no infundirá terror á los j>a- 
sajeros y será una salvaguardia para las islas. 

Este no es mas que un reducido cuadro, en que es- 
tán hacinados una infidad de objetos: en las cartas siguien- 
tes verá V cada uno de por si ó desarrollados los linca- 
mientos: mi pluma se dedicará á esclarecerlos con alguna 
detr.ucion aunque sin minuciosidad. V. tendrá sin duda u- 
na complacencia al observar que para hacer el bien es- 



—385— 

cribe casi siempre su affmo. amigo 

M. N. 
Carta 47. 

Santa Cruz de Tenerife 27 de Julio de 1858. 

Sr. D, 

Conveniencia deleslablecimienio de cátedras, granjx—-mu^ 
délo, periódico, bibliotecas. 

Mi eslimado amigo; V. lo sabe mejor que yo: yerran 
torpemente los que suponen que la agricultura es una ru-, 
lina y no necesita de los auxilios déla ciencia. ¿Acaso, ese 
arle que es el mas antiguo, el que han ejercido todos los 
hombres, que es coetáneo á toda sociedad: este arte, que 
es el auxiliar de la naluralsza y que en cierto modo se aso- 
cia á las elevadas miras de Dios para la conservación del 
linage humano, ;ha de creerse que no necesita saberse? Kn 
horabuena que Dios, sumamente piadoso y bueno, baya es- 
tablecido tales leyes, que un grano groseramente arroja- 
do sobre la tierra germine y se multiplique: enorabuenaque 
lodos por instinto sean agricultores; pero una cosa es que 
los hombres tengan en su primilivo estado los conoci- 
mientos indispensables para saciar la necesidad, y otra muy 
diversa que sean estos suficient<ís para una sociedad com- 
plicada y numerosa, y mas cuando el aumento de la po- 
blación ha obligado á recurrirá la 2.* y 3.* calidad, que 
son menos productivas^ y en la que es necesario emplear 
mayor trabajo y mas cuantiosos capitales. Con respecto 
á la agricultura su(3ede lo mismo que con respecto al Go- 
bierno. En las primeras sociedades bastaba la autoridad 
patriarcal: después son necesarios otros resortes para di- 
rigirlas: los primeros hombres casi no habían menester es- 
tudio sino lina mera observación para recurrir á la natu- 
raleza: ahora multiplicado el género humano es impres- 
cindible estudiar el arte de producir y de dar mas ener- 
gía á la naturaleza poniendo en aclividad todas sus fuer- 
zas. 

La ciencia de la agricultura es la que ascedioá crear cier-^ 



tas variedades, que adquieren por último la facultad pe 
reproducirse, como nuevas especies y de las que el hom- 
bre ha venido á ser criador por valerme de la espresion 
de un inteligente. 

La manera de egccutar los ingertos descansa en una 
teoria, cual es la del conocimiento de los fenómenos de 
la vegetación, asi como la poda, para la cual es necesario 
distinguir las ramas de fruto de las de madera. 

También la quimica presta sus secretos al agricultor 
para la confección de los estiércoles y la mezcla de dife- 
rentes clases de tierra á fin de convertir en productivas 
las estériles, y la física para el aprovechamiento de las a-' 
guas: la mecánica le enseña la manera de perfeccionar 
los instrumentos de la labranza y de economizar las fuer- 
zas del hombre; también la astronomía y la botánica le 
auxilian con sus descubrimientos; y la veterinaria le a- 
doctrina para la cria, conservación y curacioo de los ani- 
males útiles. 

Asi que la agricultura forma una ciencia que compi- 
la cuantas noticias dan las otras para el acertado cultivo , 
de los campos y aumento de sus productos. Con efec- 
to, el agricultor necesita conocer el clima, las plantas, 
el suelo, sus diferentes especies, los animales: en una pa- 
labra, es preciso que sepa una multitud de cosas que en- 
señan las ciencias, y que las acomode y modifique á las 
«circunstancias de actualidad para utilizar los tesoros que 
^^ntraña en su seno la tierra. 

Y ¿como es posible llegar á este grado de ilustración 
sínó por medio de la enseñanza? Claro es que no , puede 
•dispensarse á todos los labradores, ni aun es posible es* 
tenderla á un gran número porque no será tal nunca, 
ni en ninguna parte, el que concurra á las cátedras; pe- 
ro es indudable que la recibirán algunos, y sobre todo 
muchos propietarios de los que descenderán los conoci- 
mientos á sus dependientes y colonos. La ilustración es á 
manera de los aromas, que se estienden sucesivamente 
por la atmósfera. Una verdad demostrada, puesta en no- 
ticia de unofs cuantos, llegará, pasado algún tiempo, has- 
ta los últimos colonos; pero llegará de una manera per- 
ceptible. acomodada á su inteligencia. Los hombres d e 
cierto rango y de cierta posición, ilustrados por la ciencia, 
verificarán esperimentos que ejecutados con toda la dilí- 



—337— 

gencia debida y teniendo en cuenta los principios lleva- 
rán ál ánimo de los labradores el conocimiento y los deci- 
dirán á la adopción de ciertas mudanzas útiles. Estas no 
se adopten por los labradores, sino después dé ver com- 
provado material y practicnmcntc su feliz resultado, y es- 
ta comprobación la hacen los que son hombres de cien- 
cia y tienen medios para hacer esperimentos, siendo pues 
los hechos los que convencen, las lecciones en muchos 
casos deben tener el carácter de prácticas, y por eso es 
altamente útil además de las cátedras de agricultura, el 
establecimiento de granjas-modelos: allí la ciencia se po- 
ne en acción: nO se hace un. vano alarde de teorías: los 
ojos aprenden, y lo que los oidos escuchan se vé demos- 
trado sobre la tierra. Este es el verdadero método de en- 
señar. I). Agustín de Quinto en el prólogo de su agricul- 
tura, que no tenemos á mano, pues sino haríamos la ci- 
ta con mas individualidad hablo de una escuela de esta 
clase establecida en la Suiza otros escritores han hablado 
de otras. La Francia hace pocos años contaba sobre cin- 
cuenta escuelas modelos, y se esperaba que con el tiempo 
habría tantas como departamentos. En España existen muy 
pocas la diputación de Álava la ha establecido en Victoria: 
de todas las hermandades del distrito hacen concurrir dos 
jóvenes, y enseñados estos llevan á su hogar los conoci- 
mientos que adquieren: después van otros y esta renova- 
ción periódica estlende la ilustración paulatinamente. Sema 
ha ditho que en Tolosa de Guipúzcoa se ha fundado tam- 
bién otra. 

Ya es una verdad comprobada que la ciencia del cul- 
tivo de la tierra no se aprende con solo lecciones teori- 
cas sino viendo al arado trazar los surcos y empuñando 
la podadera y los demás instrumentos rústicos: en las es- 
cuelas modelos se aprende su uso, la calidad de las tier- 
ras, la economía penarla en todo lo relativo á la cria, en- 
fermedades y demás accidentes de los ganados: allí se a- 
prende asimismo observando sobre los árboles los miste- 
rios de la generación y las podas délas plantas de que ha- 
bla Lineo. 

Las ventajas de estas escuelas consisten también en la 
propagación dé animales útiles, en la mejora de las castas 
en el aumento de volumen pero de los que se destinan al 
consumo. 

Í3 



—338— 

I 

A la diputación provincial corresponde la creación de 
estas escuelas: la provincia no llevaría á mal un gravamen 
de que reportaría utilidades. Antes que se vendan los b¡e« 
nes de propios apresúrese á elejir el terreno donde esta- 
blecerla 

Por ahora nos contentaríamos con esta mejora: des- 
pués podria pensarse en las escuelas industriales agríco- 
las, ó por mejor decir de las escuelas ó granjas modelos 
nacerían las industriales. 

La riqueza de las Canarias se desenvolvería rápidamen- 
te con estos auxilios y muy pronto se palparían sus resul- 
tados en un país en que viven tan perfectamente todas 
las plantas que se aclimatan. 

Pero al mismo tiempo es necesario que haya periódi- 
'Cos que recojan cuanto relativo á agricultura se publi- 
que y que estos periódicos circulen pero para que circulen 
es preciso que sean baratos y para que se lean sean bre- 
ves y pongan lacónicamente las noticias útiles y en tér- 
minos claros y accesibles á la generalidad, que si por ne- 
cesidad tienen que valerse de ciertas palabras científicas 
las espliquen en notas ó paréntesis porque nada es mas 
füstidioso que leer lo que no se entiende ó tener que usar 
continuamente del diccionario. 

Sino fuese posible establecer desde luego este periódi- 
co, que á nuestro entender debía ser obra de las socieda- 
des económicas de que hablaremos después, en el Boletín^ 
oficial podria consagrarse una sección, i esta manera y 
juntamente con las órdenes del Gobierno y de las auto- 
ridades recibirían los pueblos los preceptos de la cien- 
cia. 

Los periódicos solo pueden comunicar una instrucción 
fugaz, son meramente un relámpago que despierta é ilu- 
mina, pero que no deja una huella duradera: la principaí 
instrucción debe buscarse en las obras de agricultura. Po- 
cas y selectas bastarían para satisfacer esta necesidad. El 
diccionario de Rosier traducido por alguno de los que ha» 
hecho aplicaciones á nuestro país: un tratado que espli- 
que con sencillez la astromia con aplicaciones á la 
agricultura: un diccionario de la lengua que defina 
exactamente las palabras de la ciencia: aquellos K- 
brqs y folletos que traten especialmente de las produc- 
ciones de las islas y den reglas para su aumeuto y me- 



—339— 

jora son los que debiaii coDsliluir la biblioteca: biblioteca 
que dcbia ser accesible á todos. Poco se necesita para ad* 
quirirla: para principiar á formarla con las obras mas ne- 
cesarias apenas se necesitarían mil rs. Los pueblos de un 
partido judicial, en cuya cabeza debi'd <;olocarse tan solo 
ahora fácilmente podrian hacer este sacrificio, y si se ale- 
gase la dificultad del local, replicaremos que habiendo en 
todas las cabezas de partido casinos, estos según creemos 
no tendrían inconveniente en acojer esta institución: allí 
podrian leer los que se propuciesen estudiar algún punto 
de agricultura ó rectificar alguna idea. 

Este seria un ensayo para establecer después las bi- 
bliotecas comunales, adoptadas con tanto provecho en Fran- 
cia y que verifican un sistema de rotación de libros úti- 
les y morales por todos los pueblos de los partidos Oi- 
ga V. lo que dice un ilustrado francés en El diario de 
los conocimientos útiles obra que hé examinado en el ca- 
sino de Santa Cruz de Tenerife. El autor del auto es Mr. 
Darmisy me ha parecido tan interesante que lo he tradu- 
cido y lo copio para que V. lo lea. 

**Las nueve decimas partes de la población, dice, des- 
pués que salen de la escuela, no aprenden ya nada en los 
libros: por eso la enseñanza que se dá ahora en los pue- 
blos no sirve para nada.** 

**Podria suceder muy bien lo contrario: podria en 
los lugares instruirse la gente, además su espíritu hasta 
cierto grado con conocimientos útiles y perfeccionar el sen- 
timiento moral con el auxilio de un cuadro de acciones 
que honran á la humanidad, y para esto bastaría una 
biblioteca compuesta de libros al alcance de todas las in- 
teligencias, que enseñasen á todos á hacer mejor lo que 
hacen, y que contuviesen muchas anédoctas propias para 
inspirar el contentamiento de la condición en que cada cual 
se encuentra" 

La formación de tales bibliotecas no es fácil, pero es- 
ta muy distante de ser imposible. Seguramente tenemos 
tratados de agricultura, de horticultura, de higiene de^r- 
conomia doméstica, de mecánica aplicada, en los cuales el 
hombre de campo puede encontrar las reglas de su arte 
y los medios de raciocinar sus trabajos. Tenemos un gran 
número de libros sobre los deberes á que están obligados 
los hombres en la sociedad: uoa infinida<d de obras eu 



-340— 

las que se prueba con la historia que el trabajo, la jiro- 
bidad y la caridad son los únicos manantiales de la rique- 
za, de la consideración y de la tranquilidad del alma: y 
íinalmenle escelentes libros religiosos en los cuales debe- 
mos buscar la fuerza necesaria para sobrellevar los males 
de la vida y consuelo de las grandes desgracias. 

De consiguiente no es la falla de libros la que se opone á la 
forn)ac¡on de las bibliotecas populares sino princilpamente 
la falla de personas ilustradas y celosas y asilo dí^bemos ame 
todo confesar quizá contribuya lambien la apatía del go- 
bierno que amontona libros en los bibliotecas de las ciu- 
dades y que no piensa en las bibliotecas de los pueblos. 

Cualquiera persona amiga de sus semejantes y capaz 
de resolución puede organizar una biblioteca de pueblo me- 
nos que se piensa necesita trabajar para obligar á su lec- 
tura y aún para hacerla desear. KI sujeto que acometa es- 
la empresa debe dirigirse desdíi luego á esas organizacio- 
nes distinguidas que parece se formaron para las clases su- 
periores de la sociedad. Dando á leer algunos buenos libros 
ú tales gentes no solo les inspiren el deseo de la nece- 
sidad de ir mas lejos, sino que también pueslo una vez 
en sus manos estos libros serán recomendados y aun im- 
puestos á todo el lugar á los jóvenes y á los viejos, en u- 
na palabra á todo el mundo. No se sabe todavía la afición 
á aprender que tienen todos los paisanos, á quienes la pa- 
ción del vino, la relajación ó la miseria no han embru- 
tecido. No se necesita que se les entreguen gratuitamen- 
te los libros; sería con todo exigir mucho de ellos, pre- 
tender imponerles los gastos de compra, aunque si seria 
muy conveniente exigirles un pequeño alquiler, porque no 
se estima lo que nada cuesta. 

"Por lo que hace á los primeros gastos, en todas par- 
tes se encuentran personas dispuestas á hacerlos y qiie los 
harian, si alguno tomase á su cargo la iniciativa de la 
institución, l^or eso no podremos menos de recomendar 
demasiado á los hombres de generosos sentimientos y 
deseosos de ser útiles á los que les rodean que no cejen 
ante esta iniciativa. Por cierto^ bien pronto en cada distri- 
to y aun nos atreveremos á decir, que en cada lugar se 
instalaría una biblioteca popular, si se calculase su im- 
portancia y se viesen sus resultados.*' 

'*No se aprende mucho en las escuelas de los lugares 



—341— 

porque no se concurre á ellas, sino Cuando no se conoce 
todavia la necesidad de la instrucción. Esta necesidad es 
mas viva rnas poderosa para el joven, para la doncella, 
para el hombre hecho y para la madre de familia. Y sin 
embargo no hay escuelas para los adultos! El hombre 
rico aprende toda su vida: el paisano no afirende ya nada 
después de su primera comunión. Suponed que exista u- 
na biblioteca con la cual después de haber salido de la 
escuela del lugar pueda el paisano continuar su educa- 
ción una biblioteca, que conténgalos libros de que he- 
mos hablado arriba y se verifii'ará en el distrito una ver- 
dadeía revolución. En Escocia y en Suiza los paisanos 
descansan de sus trabajos por las noches enlosdias fes- 
tivos cítn la lectura. Los nuestros van por lo común á 
gastar su dinero en las tabernas. Si tuviesen una biblio- 
teca que les hiciese amar la vida, que dilatase y alegrase 
sus corazones, obrarían como los de la Escocia y la Sui- 
za. 

El progreso rara vez penetra en los lugares porque 
allí no se lee; si les paisanos leyesen los medios de reco- 
jer mas heno que el que cojen, de aumentar y perfeccio- 
nar todos sus cultivos, la rutina dejaría deser la regla de 
todas sus operaciones, y la riqueza del pais creceria inde- 
iiüidaniente. 

*'Las costumbres de los lugares í o son tan buenas co- 
mo se lee en las novelas, muchas veces son salvajes duras 
bárbaras, y con la lectura sjí suavizarían. En los lugares 
el circulo de los pensamientos, de los conocimientos y de 
los sentimientos no es grande. Que medio mas poderoso 
que la lectura para entender el dominio de nuestros pen- 
samientos de nuestros sentimientos y goces? En los pue- 
Uos hay una porción de preocupaciones funestas, algunas 
lecturas no solo las destruirían, sino que las reemplaza- 
rían con verdades útiles, y el herror y la ignorancia (es 
preciso no halucínarse) no son nunca un bien y siempre 
son un mal. 

*'Es fácil inspirar terror á los paisanos y hacerles ad 
quirir una opinión política, sea la que uuiera: y no su- 
cedería así si fuesen mas ilustrados, esto es, capaces de 
distinguir sus amigos de los que no lo S n: y para el 
interés general todo esto seria un bien,** 

*'Todo no es materia en el hombre: por eso necesi- 



—Ui— 

la con frecuencia levantar sus pensamientos mas a rriba 
de lo que le rodea. Y quien le iniciará en esta vida ne- 
cesaria del alma ;,Quien llenará este vacio, que tan pe- 
sado es para toda criatura racional? ^Quíen le dará esa 
fuerza indispensable para sufrir los acontecimientos de la 
vida, que no se encuentra sino en las regiones superiores 
sino en el libro en que se le haya enseñado á encontrar 
un bálsamo para cada dolor y consuelo para las mayores 
calamidades/' 

"Con bibliotecas comunales nuestros paisanos serán 
mas ricos, mejores y mas dichosos es preciso dárselas. Re- 
comendamos principalmente esta reforma á nuestros ecle- 
siásticos, á nuestros curas de campo tan celosos por el me- 
joramiento de los que les rodean. No solo debemos á nues- 
tros semejantes la limosna del pan, sino también la del 
pensamiento. ¡Si la primera es común, la segunda es tan 
rara!** 

No podia encontrarse defensor mas elocueqte de una 
institución tan patriótica y bienhechora. Y. no necesitaba 
convencerse, porque es hombre ilustrado; pero si algún o- 
tro que no lo sea, ó que no lo sea tanto, lee mis cartas, 
despees del discurso que traslado será imposible que re- 
sista á la fuerza de la evidencia. Ya me parece que veo 
que sujetos honrados y de buena voluntad en vista de es- 
tas indicaciones van á' poner manos á la obra y á traba- 
jar en el establecimiento de bibliotecas. jQue satisfacción 
para mi si durante mi permanencia en la<; islas viese estable- 
cidas algunas! Liria con cierto género de complacencia mi 
predicación no ha sido infructuosa. 

Pero aun pasaré mas adelante: debo hacerle una reve- 
lación. Esta carta se la he dedicado con un objeto, con u- 
na esperanza. Hé concebido la de que V. vá á ser el fun- 
dador de una de estas bibliotecas en la Orotava, pueblo i- 
lustrado, queacoje todo pensamiento generoso y en el que 
V. ejerse tanta influencia, por ser mirado como el patriar- 
ca del valle de Taoro. Trabaje V. pues amigo mió, para 
realizar este pensamiento de la biblioteca, y no leíaltaráni 
auxiliares en una empresa tan digna. No solo los socios 
del casino, sino hasta las damas le ayudarán. Ya que la 0- 
rotava se distingue tanto por los dones de la naturaleza, 
distingase también en ser la primera en adoptar un pro- 
yecto de mejora que tiende á la ilustración y ^ la mora- 



— 3Í3- 

lidad. Cuente V. conmigo en lo que pueda contribuir. 

Todos los medios que hé indicado en esta caria los^ 
considero útilísimos para difundir la ilustración: sin em- 
bargo hay otro que indicaremos en la cart? siguiente. Los 
ministros del £\ltar podrían asociarse, como indica Dar- 
mis á esta obra meritoria: esplicarémos nuestro pensamien- 
to: entretanto le renueva sus sentimientos amistosos su 
affmo. amigo y S. S. Q. S. M. B. 

M. N. 

Carta 48. 

Santa Cruz de Tenerife 28 de Julio de 1838. 

Sr. D. Ramón Polo de Bernabé Canónigo de la Catedral 
de Barcelona. 

Influencia que podrían tener los Curas en la prosperi- 
dad de la agricultura. 

Muy Sr. mió y mi apreciable amigo: V. con su notoria 
ilustración conocerá sin duda, que al leer el epígrafe de 
esta carta no faltará quien se escandalice, pero será el que 
todavía se baile impregnado de las ideas volterianas y qu^. 
profese al clero ese odio sistemático, que supo inspirar un 
genio que brilló en Francia no para ilustrarla, sino 
para desmoralizarla. Así es que cuando sucesos, cuya im- 
portancia no se preveía, ocasionaron al mismo tiempo que 
un cambio político un desencadenamiento en las masas y la 
sociedad tomó otro derrotero, se vio en brazos de la revo- 
lución sin ningún guia, como una nave que sin timón ni 
lastre es arrastrada por los vientos. 

La religión ha sido y será eternamente una necesidad 
del género humano. ¿Que pueblo puede vivir sin 
un Dios á quien reverencie? ¿Sin una moral, que tenga 
su sanción en el cielo? ¿Sin ministros que se la enseñe» 
y que cuando desfallezca en la carrera de la virtud le mues- 
tren la ley, y le muestren los consuelos que Dios reser- 
vó para la humnidad? Por eso siempre los sacerdotes, á 
pesar de los tiros de la impiedad, de las burlas y de los 
sarcasmos ocupan un lugar distinguido en los pueblos: y 



—344— 

mientras los filésofos declaman, la multitud, esto es, la 
generalidad reverencia á los curas, mirándolos como ánge- 
les tutelares. Les ven intervenir en los sucesos mas agrá 
dables y mas tristes de las familias: sancionar con su 
bendición el enlace de la pura doncella; introducir en el 
seno de la iglesia el fruto de su amor casto, incorporán- 
dolo en esa sociedad mística; acercarse al lecho del mori- 
bundo para darle consuelo; acudir presuroso doquiera hay 
un trabajo una desgracia, una necesidad. ¿Y el pueblo no 
ha de reverenciar á los que jamás le abandonan ni en la 
prosperidad, ni en el infortunio? 

El cura es en la realidad un magistrado, cuya juris- 
dicción se ejerce sobre el alma, y que por eso es mas po- 
derosa: asi que con el cura se tiene que contar siempre 
que se trate de proyectar un plan di mejora, de realizar 
un pensamiento útil. 

Mr. Berthelot, que recorrió este pais, que lo estudió ' 
física y moralmente decia (1) **En las Canarias el 
cura de aldea es el soberano del lugar: su palabra es om- 
nipotente; su voluntad casi absoluta; su resolución infali- 
ble. El cura lo ha dicho, es como' un artículo de fé. A- 
bogado de todas las causas, arbitrio de todos los debates 
es consultado con preferencia á cualquier otro, y todos se 
aquietan con su desicion. Pastor vigilante procede todos 
los años al recuento del rebaño, tiene un registro de todo 
nada de lo que pasa ignora; es un hombre preciso, indis- 
pensable. Los parroquianos no podrían vivir sin su cura; 
toma parte en todas las desgracias; se le invita á la ron- 
da, asiste á las bodas, preside á todas las fiestas campes- 
tres. Médico del cuerpo y del alma hace su clínica según 
lo entiende y lleva al lecho de los enfermos sus remedios 
y sus consuelos: á pesar de sus numerosas ocupaciones 
siempre tiene el cura tiempo de sobra y sabe aprove- 
charlo. Envidio su feliz existencia, su tolerantismo y su 
jovialidad que no se encuentran en otra parte. 

Nosotros podríamos decir que la pintura que hace Ber- 
thelot de los curas de Canarias es la de los de todos los 
países: sin embargo á nuestro fin simple el que un es- 
critor tan acreditado le reconosca ese poder les atribuya 



(1) Tom. 1." de las Misceláneas pag, 68. 



—345— 

esa ínrtuencia. porque si son efectivamente tan poderoso?, 
si los misioneros de una ley de paz, si los dispensadores 
de los beneficios de la religión, si los amigos de todos, y 
que princilpamente pueden apellidarse protectores del po- 
bre, gozan de tal influencia en las Canarias, es incues- 
tionable que deben ser los instrumentos de todas las me- 
joras. ¿Que cosa mas natural que el que se recurra á 
ellos para difundir los adelantos de la agricuUura? Al re- 
correr en sus paseos por las tardes los campos pueden 
casi sin sentir estender ideas beneiiciosas; decirle al mise- 
rable labrador que gime atareado bajo un procedimiento 
demasiado molesto, como lo aliviará y lo bará mas Uevia— 
dero; como obtendrá mas productos, substituyendo una 
semilla pur otra, reemplazando un instrumento por otro. 

Deseoso del bien de su grey, amante de su 
felicidad no solo en el cielo sino en la tierra, les 
referirá los adelantos de otros paises en la agricultura, co- 
mo un medio de aliviar sus penas, de suavizar sus tra- 
bajos, de aumentar el bien-estar de la familia. El cura 
católico es diferente de todos los demás no tiene hijos 
a quien enriquecer, familia que colocar, no tiene 
personas, en cuyo favor deba ocultar los secretos 
de una producción mas pingue: sus hijos son to- 
dos sus feligreses; sus herederos en vida los pobres, 
el hacer bien es su deber esclusivo. su único afán. La re- 
ligión les impone como una obra de misericordia ense- 
ñar al queno sabe, y cumple alegremente este deber cuan- 
do sabe que sus lecciones han de ahorrar penalidades, 
han de producir mayores frutos han de difundir los hábi- 
tos de una laboriosidad constante, preservativo el mas efi- 
caz contra los vicios. 

El cura católico es benéfico porque su religión es la de 
la caridad: es benéfico también para con el pueblo, porque 
careciendo de familia no tiene que concentrarse dentro del 
interior de su casa, limitando á un cisculo estrecho sus 
afecciones y sus favores. Su ventura la cifra en la de sus 
parroquianos: por todos se interesa por todos vigila; á 
todos atiende, á ninguno olvida, especialmente en el 
tiempo de la nececidad y de los apures, en los momen- 
tos de la desgracia ó de la aflicción, cuando imploran su 
auxilio, ó cuando saben que lo nececitan, teniendo el 
<:ura tiempo de sobra¿ no se gozará de esplicar á los 

44 



—346— 

parroquianos un nuevo fmélodo de cultivo? ¿No les ha- 
rá perceptible ron sus esf»l¡caeiones lo que no lo seria 
simplemente con la lectura? 

LalttíliiAioncnsliaua parece quo tiene por uno de sus prin- 
cipales objetos la vida del campo: el Evangelio nos ofrece 
conlinuament(rparábolas de este género; el mercenario que 
trabaja en las labores rúslicas; el mayordomo que admi 
nistra la granja; la simiente que se arroja sobre los cam- 
pos. Los discípulos de Jesús comprendieron su espíritu: c- 
sos varones apostólicos, que sin mas escudo que el Evan- 
gelio, sin mas armas que su báculo ó su bordón de pe- 
regrinos, sin mas recursos que su caridad, su fey la con- 
fianza en Dios fueron á perderse en los desiertos, al ííjap 
una cruz de madera y reunir á su derredor una porcioa 
de cabanas; fueron no solo maestros en la religión, sino 
los estructores en las materias de la agricultura. Al mis- 
mo tiempo que enseñaron al salvaje que solo debia tener- 
una esposa, que no podia malar á su enemigo, le adoctri- 
naron en la forma con que debía sembrar el grano, como> 
demeñar al toro, como servirse de las llamas. 

Mientras el mundo sea mundo el párroco será el vcr^ 
dadero maestro en los lugares: á él se recurrirá por sus 
feligreses en todo lo que requiera ciencia y probidad. Véa- 
se la razón por !a que en algunos seminarios se les ha da- 
do además de la instrucción eclesiástica cierta tintura de las 
materias agrícolas, se les ha puesto en sus manos un ma- 
nual de medicina. 

La Sociedad económica de Canarias por los años 180i 
ó 1803 adoptó la idea de que se estableciese una cátedra 
de agricultura para que teórica y prácticamente se diesen 
nociones á los jóvenes y con especialidad á los que en el 
seminario conciliar estaban destinados á la dirección de 
los pueblos en el sogrado ministerio de párrocos. El Sr. 
Obispo & instancia del mismo cuerpo patriótico espidió la 
orden para que todos los seminaristas de 3.° y 4.* año de 
teología asistiesen indefectiblemente á las lecciones de di- 
cha cátedra, y á su consecuencia se destinó aula al efec- 
to, dándose prlnc'pio á ellas el dia4 de noviembre de 1806 
en un discurso inaugural, que no hé podido ver. 

Los estudios eclesiásticos actualmente han recibido a- 
demás un ensanche, que debe convertir la atención de los 
ulumnos á. las ciencias naturales. La Cosmogonía de Moisés- 



—847- 

es un libro precioso» que anda en las manos de todos los 
católicos instruidos y que »*ircula en los seminarios (1). 

La ciencia ha venido á vindicar la sabiduria y la ins- 
piración del autor del génesis. El cura que estudie este 
libro precioso debe llegar ñ ser botánico y labrador: alfar 
en las plantas v en las piedras escrita con caracteres indele- 
bles la verdad de la religión y de los libros sagrados, no 
se separará de sus sacrosantas máximas, ni de su augus- 
to ministerio el párroco que dé lecciones de agricultura. 
Ensaízandoliis obras del Señor, enseñ'ando á recojer los be- 
neficios, que ha dispensado al;;[linaje humano, ejercerá fun- 
ciones santas. 

Mis observaciones no pueden menos de mirarse como 
una verdad practica en un pais en que la introducción de 
la cochinilla se debe en gran parte al Sr. D. Isidoro Es- 
levez Quintero, canónigo de la Laguna. (2). Esto hecho 
basta para recomendar al Clero de Canarias y para de- 
raosirar cuanto le deben las islas y cuanto todavía le de- 
berán. 

Vea V. amigo mió. como miro yo las cosas como con- 
sidero que los curas jiueden ser el vehiculo de la ilus- 
tración también en cuanto concierne á la agricultura. Al 
atribuirles ese magisterio voluntario ó mejor dicho espon- 
taneo á hijo puramente de su relo, no hago mas que re- 
velar una verdad consignada en la historia de los siglos y 
confirmada por varios escritores, y especialmente por Mun- 
lesquieu, que dijo que la religión que se anunció para ha- 
-cer á los hombres felices ^n el cielo, los hace tam- 
bién venturosos en la tierra. Tal es la fuerza de las ver- 
dades religiosas, que tienden como |)rincipal objeto á la vir- 
tud; por todas parte y en torta la religión derrama bene- 
ficios: siempre pone en ejercicio la voluntad para el bien. 
V. que fué párroco, y que no limitó sus cuidados á la ven- 



(1) Tomo 1.' De las Misceláneas páj\ €8. 

(2) Son lamhicn dos obras muy estimables: La teoría bí- 
blica de-la cosmogonia y geología fundada sobre un princi- 
pio único sacado de la fíiblia por Debrei/ney Moisés y los 
geólogos modernos por Mr, Víctor de Bonald: traducidos J 
impresos en Barcelona cfi 1854. 



—sis- 
tura espiritual do sus feligreses, sino que procura también 
su felicidad temporal, á pesar de su modestia, no podrá 
menos de aplicarse algunas de las palabras de mi carta. 
Y. verá que con el deseo de mantener correspondencia con 
Y. me entretengo en una materia que al principiar á es- 
cribir las cartas Canarias ni aun soñaba hubiesen de com- 
prender. Tal es el deseo de conversar con Y. que anima 
á 8U invariable y afectuoso amigo Q. S. M. B. 

M. N. 

Carta i9. 

Santa Crtiz de Tenerife 31 de Julio de 18S8. 

5r. D. 

De la imporlancia de hs Sociedades económicas en las 
Canarias para impulsar su prosperidadT—Olmlo en que se 
halla esta institución. — Medios de plantearlas ó restablecer- 
las, — Frutos que podrian obtenerse con su bien arreglada 
restablecimiento. 

Mi apreciable amigo: habiendo tratado en mis anterio- 
res cartas de los medios de difundir la ilustración en las 
islas, para con ella desarrollar los elementos de la rique- 
za pública y la felicidad, el orden parece que exije que 
hablemos de las Sociedades Económicas sin pasar á olr.'i 
materia. 

Del tiempo de Carlos 3/ data esta institución que ha 
producido y que debe producir tan ventajosos resultados^ 
con efecto, reunir los hombres de recta intención, de mi- 
ras nobles y desinteresadas para que hablen de ciencias 
:io con frases bellas, no con discursos 'pomposos y rebus^ 
cada elocuencia sino en cuanto pu( da dirigirse al bien del 
pais, para que traten do artes y de agricultura con el 
in4smo objeto, es un pci Sarniento sublime. Las sociedades 
económicas no tenian ni debian tener el carácter de so- 
ciedades literarias, sino de reuniones en las que ño la me- 
ra ciencia sino el patriotismo atribuian derecho paralen* 
trar y para hablar. Asi es que los socios tenían el mo- 
desto pero honroso titulo de amigos del pais, ó lo que es 



—310— 

lo midino de amantes de su prosperidad. Unos cuerpos en 
que el sabio y el parlicular celoso aunque no científico ¿e 
confundían y confunden, en que todos hablaban con sen- 
cillez y sin pretensiones, y podian proponer con ncatura-^ 
lidad y sin encogimiento cuanto creyesen útil, eran y 
deben srr un medio de propagar los conocimientos úti- 
les, de aproximarse los hombres y de conferenr.iar amis- 
tosamente y con entera confianza sobre materias prove- 
chosas llegando en su consecuencia á un resultado fe- 
liz. 

He pertenecido por espacio de largo tiempo á estas 
Sociedades: hé recorrido paulatina y gradualmente la es- 
cala de sus destinos: hé sido secretario do comisión, bi- 
bliotecario, secretario interino, nueve años censor y por 
último vice-director. Hé pertenecido á casi todas las co- 
misiones de alguna importancia hé intervenido en todos los 
asuntos graves, y por eso conozco la índole de estos cuer- 
pos y se el partido que se puede sacar de ellos. 

A mi modo de ver son una especie de verdadera di- 
putación de la provincia, pero diputación muy digna de 
respeto, como que sus miembros no son elegidos por 
los partidos políticos. Sus reuniones son pacíficas y vo- 
luntarias: el amor al pais conduce los socios á ellas, el ce- 
lo los sostiene y anima en sus tareas: la prosperidad pú- 
blica es su móvil y su aspiración. 

Fines tan rectosl^ miras tan patrióticas y nobles hicie- 
ron que todas, las sociedades madurasen proyectos útiles 
propusiesen empresas ventajosas fomentasen instituciones 
benéficas, siendo todas estas obras el desahojgo feliz de 
las emosiones del patriotismo. Casi todas las sociedades crea- 
ron cátedras de agriculturii, escuelas de primeras letras y 
de hilados, montes pios algunas en suma establecimientos 
que difundieron la ilustración y que mejoraron la suerte 
del trabajador. 

No trataré de formar la historia de las sociedades de la 
Península, por que hartos sabidos son sus méritos. La de 
Madrid creó un crecido número de cátedras, propuso y e- 
feclivó una esposicion de \inos, otorgó premios etc. La A- 
ragonesa publicó un Semanario de ayricutura que corrió 
con gran estimación por la Península, fundó también ca~ 
tedras de matemáticas, de agricultura, de química, de eco- 
nomía política. Por mas de 10 años desempeñé esta últi- 



-aso- 
ma, que odtuve por oposición. Haré algunas indicaciones 
sobre las sociedades de las Islas Canarias. La de las Pal- 
mas estableció una cátedra de agricultura que tuvo á su 
cargo el Sr. !). Juan Bautista Baudini, que publicó un lo- 
mo de Lecciones elernenlfiles de wjricultura, teórica, prac" 
tica y económica en 1816. La de Tene-ife. que tenia su a- 
sienío en la Laguna, se esforzó en el mejoramiento de las 
fábricas de seda, se esmeró en proporcionar ventajas á los 
labradores é hizo otros trabajos útiles. En Santa Cruz de 
Tenerife también se estableció otra, que desgraciadamente 
no prosperó, Hé oido que su instalacioQ fué en el año de 
1837. 

Pero en la actualidad, según puedo inferir, todas es- 
tas sociedades están muertas: los socios á lo menos en la 
Laguna y Santa Cruz no se reúnen: no se cuentan con e- 
lla^ para nada, nadie ambiciona el honor de pertenecer 
á las mismas, en una palabra son unos cadr^veres que si- 
no están en estado de putrefacción, no tienen vida como 
las momias de los guanches. 

¿A que se debe este lamentable fenómeno? ¿En que con- 
siste este marasmo? En mi concepto á la política, que ha 
maleado todas las reuniones, que ha sembrado enemistades, 
que creó ambiciones que no satisfacen con tareas pacificas 
y que arrib itando en vértigo á los homl)res los ha arras- 
trado por una pendiente resbaladora y les ha disgustado 
de lodo lo que no produce emociones fuertes y violentas. 

T43mpladoya el calor político, viendo lo inútil que han 
sido sus llamaradas para la felicidad de los pueblos, obser- 
vando que el Gobierno piensa seriamente en planes de fo- 
mento, convendría pensnr en el restablecimiento de las so- 
ciedades económicas. Pero ¿como podrían rcorganisarse ¿Don- 
de deberían establecerse. 

En mi concepto ó bien tomando iniciativa el Goberna- 
dor civil ó las diputaciones provinciriles ó á instancia de al- 
gunos ciudadanos celosos que escitasen la atención del Go- 
bernador civil, deberla princi|)iarse la obra del restablecimi- 
ento: pero como debia tratarse de reconstituirlas de una ma- 
nera solida, la autoridad civil superior debia nombrar u- 
na comisión bien teniendo á la vista los reclámenlos au- 
tiguos de dichos cuerpos y el que dictó el Gobierno for- 
mase uno nuevo que fuese adecuado á las islas. 

Creo que la mejor organización seria establecer una 



—351— 

sociedad económica principal, de la que las otras fuesen co- 
nio sucursales, porque asi habria unidad y los esfuerzos 
serian combinados: pero este plan lleva consigo grandes 
inconvenientes y sobre todo uno insuperable que es la ri- 
validad de algunas islas. Si la sociedad principal se esta- 
bleciese en las Palmas, se quejarían los de Tenerife, si 
en Tenerife aquellos se di^fguslarian. Como que en el 
mundo no debe buscarse lo mejor en abstracto, sino re- 
lativamente creo que debe renunciarse á este pensamien- 
to de unidad, que llevarla consigo cierta dependencia, pres- 
cindiendo de esta centralización, contentándonos por aho- 
ra con que las sociedades antiguas se restablezcan. En Te- 
nerife pudrian haberlas en b^anla Cruz y en la Laguna, 
quizás podría fuíidarse otra de nuevo en 1a Orolava la de 
las Palmas en la Gran-Canaria debía volver á funcionar de 
nuevo. Para estrechar les vínculos de nnion opinarla que 
el que entrase en cualquiera de estas sociedades por el mis- 
mo hecho debia considerrase individuo de las demás. 

De los periódicos de cada isla respectivamente debia ele- 
jirse uno que fuese órgano oficial de estas sociedades. 

El primer trabajo debia ^er formar una memoria de 
los que ejecutáronlas aniiguas sociedades y publicarla. Es- 
to equivaldría á formar el in\entarío de la riqueza pasa- 
da, presentar la herencia que recibían de sus mayores las 
sociedades que sereconstiluian. No puede desconocerse que 
se hallarían noticias muy curiosas, que podrían utilizarseen 
benefi< io de las islas ó que seíviriaft cuando menos para 
su historia económica. 

El 2.'' trabajo debia ser verificar también una publi- 
cación de las representaciones que en tiemqos antiguos di- 
rijieron las islas al Gobierno por medio de los diputados 
que crmiüonaban, y de oíros papeles interesantes que an- 
dan dispersos y que se perderán con gravísimo perjuicio 
sino se fldopla esta precaución. 

3.° Tratar asi mismo de la publicación de la historia 
natural de Viera y si fuese posible de otras obras d^el mis- 
mo y de los trabajos estadislic os de Escolar. 

4.* Ver como podrían publicarse otras obras que han 
escrito algunos estranjeros sobre las islas y que por estar 
en otro idioma son poco conocidas, ó á menos publicar 
cstractos de lo mas interesante. 

3.° E:tablecer cátedras que sirviesen por puro patriotis.- 



—852— 

mo los socios, sobre todo la de agricuUultura. 

6.* Esmerarse con todo ahinco en formar una cartilla 
rústica peculiar para las islas, ofreciendo premio al que la 
presentase. 

Una obra de esta naturaleza es de una absoluta nece- 
sidad y de una conveniencia indisputable. Compendiar en 
un volumen exigió con brevedad los preceptos de agri- 
cultura que debe tener á la vista el labrador isleño es 
un medio ventajosísimo para difundir los conocimientos y 
ponerlos al alcance de la generalidad. Una obra volumi- 
nosa de agricultura arredra y no se lee, pero una cartilla 
la manejan todos: una cartilla despierta la curiosidad: el 
que principia á aprender y saber mas. Es inúlil que re- 
cordemos las ventajas que resultaron de la publicación de 
la cartilla formada por el Sr. D. Abjandro Olivan, que 
podria servir de modelo. 

En la obrila que proponemos se podrinn compendiar 
las reglas sobre la cria de la cochinilla. En la Gran-Ca- 
naria observamos que algunus propietarios tienen méto- 
dos particulares que se debian generalizar. 

7.* Trabajar para la formanon de un museo de an- 
tigüedades guanchinescas, y un gabinete de historia na- 
tural. 

8.' No omitir medio para la formación do una biblio- 
teca isleña, en la que se conservasen tantos papeles suel- 
tos y que desaparecerán, y que son no solo los elementos 
de la historia, sino también la base de trabajos económi- 
cos. 

Si se hiciese la publicación de lodo lo que propongo, 
y o|)ortunamente se estenJiesen prospectos por la España 
y el resto de Europa, no dudo que habia suscripciones, 
por que de cada momento estas islas van siendo objeto de 
una creciente curiosidad, y su interés aumenta después 
que con tanto ahinco se trabaja en la colonización de Fer- 
nando Poo. 

Esta carta sería inmensa si debiese de descender á otros 
pormenores. Restablescanse las sociedades, orgonizense bien 
y el celo y la inteligencia de los socios hallará materia 
en que ocuparse con provecho. Estos cuerpos mantendrán 
vivo el fuego santo del patriotismo: serán el templo al que 
se dirijan todos los que quieran hacer bien á su pátriai 
las ideas titiles y benéficas contarán no solo con el apoyo 



—353— 

del individuo, sino con él de u na corporación, qae Jegal- 
menle podrá discutir y represe nlar á las autoridades y al 
Gobierno, con el prestigio que tiene una reunión de ami- 
gos del pais. 

Principíese esta obra de reorganización, y la agricultu- 
ra, Ifts artes y el comercio esperimenlarán su poderoso in- 
flujo. Las sociedades económicas iniciarán los proyectos de 
caminos, de bancos agrícolas, de cajas de ahorros, de pan- 
tanos de riegos, de aclimatación do plantas, de granjas 
modelos, de la conservación de los montes etc. Hasta aho- 
ra hemos visto en los periódicos indicar pensamientos suel- 
tos, proyectos que se leen en un periódico que nace y 
muere en el mismo dia. que se encomian y se olvidan con 
facilidad, porque no tienen otra garantía que la de un in- 
dividuo, proyectos que tal vez no leen las autoridades que 
no tienen tiempo para leer periódicos. Si salen del seno 
de una sociedad ilustrada y patriótica llevarán desde su 
nacimiento un germen de vida, una gran fuerza y poder. 
Las sociedades económicas pueden dirijirse á las autori- 
dades, y estas tienen por necesidad que ocu[^rse en lo 
que proponen. 

Si esta carta se publica mientras yo permanezca en las 
islas, confio que veré con mis mismos ojos desde luego apo- 
yada mi idea: sí llegase á ausentarme confio también que 
sus ilustrados redactores me harán conocer su opinión pa- 
ra mi tan respetable remitiéndome el número que trate 
de esta materia. Creo que me harán la justiciado que qui- 
zás no ha habido peninsular que con mayor afecto haya 
pisado este suelo, ni que con mayor interés haya deseado 
su felicidad que este su amigo 

Carta SO. 

Santa Cruz de Tenerife 2 de Agosto de 1858. 

Sr/D. 

Sobre el establecimiento de Bancos agrícolas. 

Mi apreciado amigo: antes que de otras materias de 

á3 



—354— 

fomento y mejora me apresuro á tralarde la que iudica el 
epígrafe de esta carta. La primera vez que hablé en los 
periódicos de esta Capital fué recomendarla formación de 
Bancos agrícolas y Cajas de ahorros, tal era el convencimi- 
ento que tenia no solo de su utilidad, sino de su nece- 
cídad urgentisima. si la propiedad^despues de uoa larga 
estencion no habia de morir torpemente á manos del 
crédito, ó mejor dicho de la usura. 

Peco hacia que habia pisado el territorio de estas isla s 
y ya habian llegado á mis oídos como juez y como par- 
ticular ciertas demasías en la exacción de intereses exor- 
bitantes, y por eso esta fué la materia, á que designé uíis 
observaciones. Las tenia sin embargo reservadas para esta 
parte de mis cartas, y aún debían preceder otras, pero ya 
no puedo contenerme y me parece que anticipando su pu- 
blicación voyá acelerar el remedio. Será una ilusión? O- 
jala que no lo sea. Entremos en materia. 

Es muy común que el propietario pequeño, á quien 
sus fondos únicamente le rinden lo necesario para vivir al 
dia, carezca de un fondo de reserva, y es muy posible 
que aunque lo llegue á juntar lo consuma en atender á 
desgracias ó necesidades improvistas. Para estas eventua- 
lidades, harto frecuentes en las familias, son de todo pun- 
to indispensables los bancos agrícolas, esas cajas que no 
especulan con el infortunio, sino que le ayudan con ge- 
UíTOsidad y sin el estímulo de una rastrera, sórdida y desa- 
piadada ganancia. Los bancos agrícolas son el recurso del 
desventurado, á quien le tienden una mano benéfica para 
levantarlo, no para hundirlo mas en la miseria: no lo a- 
brazan para ahogarlo como pintaba Rasine en una de sus. 
tragedias el abrazo que daba Nerón á Germánico: Jel, em- 
brasce, mais cest pour l,etonífer. Prestan asimismo au- 
xilio al labrador ó propietario industrioso qne se propone 
acometí r alguna empresa útil' y carece de fondos ó re^ 
cursos ó los que tiene no son suficientes. De manera que 
los bancos son una institución recomendable bajo dos as- 
pectos: 1." como protectores de la desgracia: 2.° como dis- 
IK'iisadores de auxilios á la industVia. 

Aunque no fuese sino por rio habérselas con ciertos 
prestamistas seria de desear se estableciesen. Oiga V. lo 
que dice una celebre novelista española al trazar el cua- 
dro de esos hombres que se levantan sobre el dinero, que* 



—353— 

ks sirve de pedestal y que alza su estatura pigmea (1) 
Un rico de los modernos es la última persona de la socie- 
dad, á que debe acudir un necesitado: puesto que el rico 
moderno mira al (|ue no lo es, no solo con el mas sobe- 
rano desprecio, sino con el terror con que mirarla á un 
lazarino. Desde que lo vé llegar con el sombrero en la 
mano y la sonrii>a en los labios se hace irremisiblemen- 
te esta prudente reflexión: esle&oldado del ejército de Job 
viene con las insolentes y hostiles miras de dar un ata- 
que á mi bolsillo. Si 1« oye, si le presta, añadiremos no- 
sotros, será mediante condiciones que convertirán el prés- 
tamo en un cáncer destructor de su fortuna. 

Pero ¿á que cansarme en decir lo que V. sabe mejor 
que yo.^ Prescindiendo de que ya he dichojlo bastante 
para que se conozca la misión de los bancos, sería una pe- 
dantería demotílrarle lo que V. conoce tan perfectamente 
atendida su ilustración. Pero como V, no ignora que mis 
x^'irlas se hacen públicas, será [ireciso que me dilate sobre 
esta materia, y que V. tenga U resignación de oírme so- 
bre lo que puede darme lecciones. Este es uno de los sa- 
crificios que exije la amistad y V. lo hará con su bon- 
dad característica. 

En la composición de la sociedad humana entran di- 
versos elementos, asi como en la del cuerpo entran tam- 
bién diversos humores. La salud del cuerpo consiste en 
que estos estén nivelados y que ninguno predomine: to- 
das las enfermedades tienen oríjen en este desnivel: si la 
sangre superabunda viene la plétora y con ella la aplo- 
pegia: si la linfa es escesiva, se enjendran otras enferme- 
dades. En el cuerpo político sucedjo lo mismo: el dinero 
es la sangre de la sociedad, es el instrumento de los cam- 
bios, el representante de todos los valores: el que lo po- 
8ee tiene un talismán, una vara mágica que le aproxi- 
ma todas las cosas que toca ó á las veces no hace mas 
que mirar. El dinero es una mercancía que todos apetecen 
y con la cual el hombre tiene y ejerce cierto género de 
omnipotencia. Aborrecidos eran y lo que es mas despre- 
ciados los judíos, y por el dinero llegaron á ser los asen- 
listas y aún los validos de algunos reyes de Castilla. 



[\) Fernán Caballero en la novela Lágrimas pá;. 25. 



—356— 

Sm embargo es preciso reeonocer que el dinero en 
la actualidad tiene mas poder que en tiempos antiguos. ;.Y 
porque se me dirá? Porque los capilales han recibida 
líierta organización que cede en su ventaja y el crédito se 
ha elevado á la categoria de una veidadera potencia, an- 
tiguamente solo traficaba con el dinero algunos miserables 
que aunque ricos en oro estriban despreslijiados á los o- 
jos de la sociedad: los capitales solo corrian como vergon- 
zantes bajo la epi lermis de la sociedad como las venas 
del cuerpo humano bajo la piel: no se mostraban con pu- 
blicibad sus operaciones eran oscuras y silenciosas, como 
si se creyesen en la clase ya de que no de actos ilícitos á 
lo menos de tolerados. Pero en la actualidad los capitales 
han recibido una organización como yo he dicho; se han u- 
nido, se han reglamentado, además de la fuerza individual 
han recibido la de la asociación y de aquí han resultada 
bienes y desventajas para la sociedad: bienes porque efec- 
tivamente lo son utilizar la riqueza moviliariay convertir- 
la en un instrumento de la producción: desventajas |K)r- 
que efectivamente no pueden menos de calificarse de ta- 
les, la creación de un coloso que estiende á do quiera su. 
braso y que hunde con su peso á veces los objetos que 
toca, como lo hacia Polííemo con las naves á que se 
aproxim?ba. 

No puedo menos de citar las profundas palabras de 
Darmis sobre esta materia *'El hecho mas grave, dc- 
cia^ el mas importante de nuestra vida económica es la ac- 
ción cada dia mas poderosa de los grandes capitales so- 
bre el trabajo (también debia decir sobre la propiedad) 
es la reconstitución de una aristocracia nueva. Con efecto 
por todas partes los grandes capilales sustituyen ó reem- 
plazan á los ahorros pequeños, y los estrujan. No hay sal- 
vación actualmente para los comercios en pequeño, para 
las pequeñas industrias y bolsillos cortos: no hay que es- 
perar buen éxito, sino se procede ó mancha por millones * 
no hay buen éxito, sin grandes masas y provisiones. Y» 
espiró el último dia de los negocios en pequeño del tra- 
bajo manual ¿Que hemos hecho? ¿Qué hacenlos para ar- 
reglar y organizar la nueva forma de trabajo? Nada abso- 
lutamente y lo peor es que nada sabemos hacer. "Silos^ 
capitales pesan en el trabajo, también hacen sentir su man- 
ijo de hierro sobre la proi»iedad. Pero continuemos. 



—357— 

El arle de gobernar antes era mas sencillo: los gobier- 
nos no tenían mas que dirijir á los hombres, que se les^ 
presentaban ó individual ó colectivamente, pero de una ma- 
nera fácil ahora la sociedad está conñplicada con la im- 
prenta y con la bolsa, dos poderes nuevos el uno que 
se apoya en la inteligencia y el otro en el bolsillo, visr 
cera muy esencial para la vida de los cuerpos políticos. 

El Gobierno que sabe que el dinero es la sangre de 
aquel, debe tomar las precauciones oportunas para que no 
ahogue la propiedad: del mismo modo que jas toma para 
que las aguas que difunden, la fecundidad en la tierra 
no la destrocen v la esterlicen, arrebatándole el Immis ó 
mantillo que debe nutrir las plantas. 

Pero los gobiernos ahora no gobiernan con restricio- 
nes, sino que siguen otro sistema diverso: la imprenta 
la combaten con la imprenta, la libertad con la libertad, 
el crédito con el crédito. Si hay comerciantes que se u- 
nen para encarecer ciertos artículos, el Gobierno fomenta 
sociedades ó empresas que establezcan un precio regu- 
lador, que contengan las demasías de la ganancia, y si el 
crédito forma sus bancos y trata de elevar el interés, el 
Gobierno forma y proteje los Bancos agrícolas que sirvan 
á aquellos de valladar. En buen cuento que ninguno irá á 
un Banco ni á ningún comerciante á recibir poi' ejemplo . 
prestado al Spg si tiene un Banco agrícola que le preste 
al seis. Esta es la teoría de tales establecimientos; este es 
el secreto de una institución tan beneficiosa. 

Ya desde hace algunos siglos se pensó en proporcionar 
a la clase labradora y á los propietarios estas ventajas, y 
con este fin se crearon los pósitos y los montes de piedad,, 
ó cajas de misericordia; pero los primeros se reglamenta- 
ron mal ó tuvieron una mala administración. Sus fondos 
se disiparon por los mismos que debían conservarlos^ 
ó los ocuparon algunas veces los Gobiernos. Los Montes de 
piedad manejaban fondos escasos y teniendo sus préstamos 
cierto carácter humillante, huían por vanidad muchos de 
acercase á sus arcas. En la época presente la organización 
de los Bancos debe ser en otra forma. 

En estas islas se conoció ya la necesidad de un estable- 
cimiento de esta clase; así es que he visto un trabajo que 
dio á luz en 1786 D. José Antonio Gómez uno de la O- 
Fotava bajo el título de Discurro politico y económico pa- 



—358— 

ra promover los alivios de estas islas Canarias. El eslilo no 
es mas que mediano, pero se descubren en él patriotismo 
y algunas ideas útiles. Decia este sencillo ciudadano, que 
las mas de las heredades de las islas se hallaban grava- 
das con censos, memorias perpetuas y otras imposiciones 
que llegaban á aflijir no poco á sus dueños y á los po- 
bres colenos; que por el decaimiento de la agricultura se 
Yeian los labradores en la necesidad de contraer deudas, 
ya tomando algunas cantidades prestadas con lucro de los 
que las prestaban: ya obligando los frutos á varios nego- 
ciantes, que por este título se adquirían la preferencia en 
la compra de ellos con rebajas del valor y estimación que 
pudieran darle los cosecheros, si se libertasen de seme- 
jantefatiga: ya empeñando sus heredades por ajuste de re- 
tro venta. Para evitar estos males propone la ereacron de 
un monte-pío, ó arca de misericordia, y propone los me- 
dios siguiente. 1." El adelanto de una suma como présta- 
mo, suplemento ó depósito por personas que estén de- 
sahogadas: 2/ los caudales de diversas imposiciones piado- 
sas temporales, que se hallan muertos y sin el destino á 
que los aplicaron sus fundadores: 3/ Los fondos que en di- 
nero efectivo tuviesen los Pósitos ó albóndigas entonces 
V la mitad del residuo en los años sucesivos. 4." Cierta 
cantidad de los caudales de la vacante del obispado: 3.* 
El repartimiento de Realengos y baldíos y destmo del ca- 
non anual al Monte-pío: 6." Un donativo que hiciesen los 
propietarios en años de abundante ó regular cosecha. 

Algunos de estos medios son los únicos que se pueden 
utilizar: uno de ellos es sin duda el de aprovechar los fon- 
dos de los Pósitos, y memorias; escitar los propietarios 
á donativos ó mas bien á anticipos y verificar un repar- 
to por espacio de dos ó tres años en el presupuesto pro- 
vincial para reunir el capital suficiente á fin de plantear 
el Monte-pio ó Banco agrícola. No dudamos que los pro- 
pietarios sufrirían con gusto el aumento en sus repartoscon 
la esperanza de un establecimiento tan útil. No faltarian 
tampoco hijos generosos de este país que hiciesen algún 
donativo que inmortalizaría su nombre. 

Si el establecimiento del Banco se enlazase con la for- 
mación de las cajas de ahorros, el caudal que llevasen las 
personas económicas á sus arcas y por el que recibiesen 
e\ premio de 4 p § podría formar uno de los recursos. El 



—359- 

Banco exijiría seis y tendría una ganancia. Los mismo» 
empleados, que debían ser muy pocos servirían para los 
dos establecimientos, y simultáneamente se plantearían dos 
instituciones, que serian la fuente de la moralidad y de 
la riqueza de las islas. 

Siendo tan útil esta idea ¿como no se realiza? Porque 
se pierde un tiempo precioso. Las familias que entretanto 
se arruinan con unas usuras escandalosas, serán una re- 
convención muda para los que pudiendo hacer el bien no 
lo hacen. Vénzanse las dificultades: reúnanse, como ya 
propuse en mi artículo citado, las autoridades y los pri- 
meros contribuyentes y dése á todas las islas el feliz a- 
nuncio de que los labradores no necesitarán ir á mendi- 
gar socorros alas puertas de un usurero desapiadado. Que 
felicidad si para el día de c«mple-años de N. Reina ósea 
para el 19 de noviembre próximo el Sr. Gobernador 
pudiese anunciar que el Banco-agrícola quedara instalado, 
liste festejóle sería mas agradable á N. Keina que losque 
discurre la adulación. 

A Dios, amigo mió; ya que hablamos de cajas de a- 
horros, no economice sus cartas al que es tan pródigo de 
ellas para V. y se repite affmo. 

M. N. 

Carta 51. 

Santa Cruz de Tenerife 4 de agosto de 1858. 

Sr. /). Francisco Pareja de Alar con. 

Sobre la manera con que se halla constituida la propiedad 
en las islas: exesiva acumulación, exesivo fraccionamiento 
ambos esiremos funestos á la agricultura, medidas legislativas^ 
que deberian adoptarse^ 

Mi querido amigo: no estrane Y. que le dirija esta car- 
ta, casi puramente científica: prescindiendo de que siempre 
tengo presentes mis amigos, nada e^ mas natural, que 
cuando uno aborda una cuestión que debe resolverse con 
los principios de la ciencia, recuerde á los que saben y 
les dirija la palabra para obtener sino su asentimiento á 



—360— 

lo menos mayor copia de luces. 

Ya hé dicho, amigo mió, ó tal vez lohé indicado, que 
algunas de estas islas fueron de señorío particular, y que 
otras se adquirieron desde luego ó conquistaron por la Co- 
rona. Este es un sello que todavía está marcado, á pesar 
(iel transcurso de los siglos. Hay ciertos hechos, que 
dejan una huella perdurable, no soloen la vida de los hom- 
bres sino en la de los pueblos. El primer aire que res- 
piró el hombre, según los síndicos, influye sobre su cons- 
titución y naturaleza física, así también influyen sobre los 
pueblos las primeras instituciones de los mismos. 

Por ahora no me dilato mas: algún día hablaré con 
mas ostensión, porque me hé propuesto estudiar las is- 
las: en este momento únicamente diré que en unas ha 
reinado «na estremada división de la propiedad, como en 
la del Hierro, que es la mas infeliz, y en otras la pro- 
piedad estaba acumulada á virtud délos mayorazgos. Se 
me ha referido que en el Hierro hay propietarios que so- 
lo poseen la tierra suficiente para labrar en ella su sepul- 
cro: que llegan á ser oAjeío de las hijuelas las ramas de 
una higuera, que se dividen y subdividen. 

Mala es una escesiva acumulación, pero también lo 
es ese fraccionamiento interminable de la propiedad. En 
todo debe haber un medio, y yo creo que para lo que ha- 
ya es preciso tomar precauciones contra la escesiva di- 
visión, por que es ridículo reclamar contra la no acu- 
mulación cuando se han destruido los mayorazgos y fe- 
deiconisos y se ha proclamado el principio de la plena 
y absoluta desamortización, que stoó se ha realizado has- 
ta aqui, se realizará mas adelante porque las sociedades hu- 
manas, dando cierto impulso, tienen que seguirlo, quie- 
ran que no quieran, y es su signo que pasen por ciertas 
faces, y que recorran cierto periodo en cuyo término esta- 
rá la felicidad ó el desengaño. 

De todos modos cuando la acumulación de la propie- 
dad en cierto sentido está proscrita, seria una oficiosidad 
defender y proclamar la división; antes bien al hombre 
meditador incumbe manifestar los peligros de que llegue 
á un esceso, como ha llegado en algunas islas, y arrui- 
ne la agricultura. 

Harto sabe V. que todo siglo tiene sus preocupaciones 
y sus errores: que hay ciertas ideas, que son de moda en 



—361— 

una época, que toda boca las pronuncia sin examen, pero 
cotí entusiasmo, y que llega oiro siglo, ó pasa tal vez una 
veintena de años y se forma otro concepto diverso, la- 
mentándose de la ceguedad de los tiempos anteriores. Es- 
la es la humanidad ¡Este el circulo (jue describe! En mis 
juventudes oia hablar de. las conveniencias de la división do 
la propiedad: esleera el tema de todos los economistas. 
Latifundia per didere italiano, quinimo et provincias', las gran- 
des propiedades perdieron no solo i Italia sino á las pro- 
vincias, que puso Jovellanos por epígrafe en uno de sus 
discursos de la Leij aíjraria, era para la generalidad un a- 
xioma de mcueslionable evidencia, y al sonsonete de este 
proloquio no digo que se hubiera despedazado, se hubie- 
ra htícho trizas la propiedad. Han pasado unas decenas de 
años, y ya hay economistas que discurren de distinto mo- 
do: hay quien ha venido á decir ¿no conocéis que la pro- 
piedad hecha girones no puede hacer sino miserables? Rom- 
ped el espejo, en que os mirabais, distribuidlo en frac- 
mentos menudícimos y no podréis veros sino una peque- 
ña pa-'te del semblante. Dividid estremadamente la propie-^ 
dad, y desaparecerá la propiedad con todas sus ventajas; no 
habrá verdaderamente propietarios, (porque no \o es el que 
no puede vivir de ella cultivándola ó arrendándola) si in- 
felices poseedores de pequeñas suertes de tierra, que tra- 
bajarán para obtener un miserable alimento, que tendrán 
que vender sus frutos por menos de lo que valen, y se ve- 
rán precisados á ir á postrarse ante un usurero para ob- 
tener un préstamo ruinoso, ante un tendero, que los es- 
quilme en cambio de algunas monedas que les adelante, ' 
o de algunos efectos que les preste. Considerad, dicen, que 
esa división mirada como un bello ideal no podrá subsis- 
tir, que los fondos pasarán á las manos de los que hayan 
acumulado dinero, y que los pequeños propietarios se con- 
vertirán tarde ó temprano en simples arrendatarios: con- 
siderad por último, que sino hay propietarios grandes, no 
habrá personas que del modo que sehan encarecido los es- 
tudios, y costando tanto como cuestan las carreras, puedan 
hacer que sus hijos sigan una, y que de consiguiente la ig- 
norancia y el envilecimiento serán el resultado de ese sis- 
tema de nivelación; que á lo mas durará un par de gene- 
raciones, pero quc' pasará como un torrente, que iguala 
un terreno si, pero aniquilándolo y llevándose la sus- 

46 



—362- 

tancia. 

V., amigo mío, podrá apreciar mejor que yo estas ob- 
servaciones: por lo queá mi ¡toca, V. sabe que no soy preo- 
cupado, y no puede serjo el que aunque no sea un sabio, 
tiene ciertos conocimientos y ha aprendido á dudar en ma- 
terias que no son de religión. Lo diré sin embargo que la 
propiedad, en mi opinión, está ¡espuestSi á¿gravef? inconve- 
nientes, y que la escesiva división á que se precipita, de- 
be contenerse en las islas que posee un^terreno tan limi- 
tado y de una índole particular. 

Siento no poder recurrir á todos los medias de ilus- 
tración, que tendria en Madrid para escribir estas cartus y 
con especialidad la que dirijo á V., persona tan entendida. 
Ciertos puntos y sobre el presente, lo podría ilustrar mas. 
Seguramente allí hubiera podido examinar la obra de Mr.' 
Leoncio Lavergue, titulada La Economía rural de la Ingla- 
terra, en la cual sin duda se ventilará este punto'con grau- 
do estension, citando hechos que hablarán con una victo- 
riosa elocuencia. 

En defecto de este libro citaré algunas reflexiones, que 
hace el conde de Montalembert en su preciosísima 
obra del porvenir de la Inglaterra. En el párrafo T. bq 
que habla de la libertad de testar hace observaciones in- 
teresantes. Concluye con un rasgo que pinta bien á las 
clases las consecuencias de la cstremada división. Cuando 
los ingleses, dice, quisieron poner el sello á la esclavitud de 
Ja Irlanda decretaron por una ley en 1701, que los bienes 
sitios de los papistas [asi por escarnio apellidaban á los cató- 
licos) serian divididos con igualdad entre sus hijos, á no ser 
que el mayor se hiciese protestante, en cuyo caso podrió ser 
heredero esclusivo á la muerte de su padre. (Art. del 2.' a- 
ño de la Reina Ana. Cap. 6.° sect. 10 y 12.) 

Cuando comenzaron á arrepentirse, añade, de su larga 
iniquidad para con su víctima, el primer acto de emanci- 
pación gradual de los católicos fué la abrogación de esta ley 
en 1778, y el establecimiento á favor de los papistas irlan- 
deses de la dignidad y de la independencia de la propiedad. 

Mortajembert, considera el derecho de primogénitura, 
como consecuencia de libertad de testar, cuyo resultado es 
la indivisibilidad del patrimonio de bienes sitios de las fa- 
milias, y como el paladión déla aristocracia inglesa, tal como 
ha existido hasta ahora. Muy distante está, según dice, de 



—363— 

pretender identificar en todas partes con la libertad política 
el derecho de primogénilura, que no mira simplemente ba- 
jo el aspecto de una garanlía mobiliaria, como lo eran los 
mayorazgos en otros paises, sino bajo el haber creado el es- 
píritu de familia y la solidez de la tierra fuera del círculo 
de la nobleza y en todas las clases de la sociedad'. La liber- 
tad de testar no es el privilegio de una carta, sino la con- 
secuencia de un derecho nacido de la libertad natural ge- 
neral común á todas las clases: en suma una institución na- 
cional, que se apoya en el sentimiento de la tradición y en 
e\ deseo de la duración del patrimonio, manifestando que 
lodos los pueblos libres, como los romanos y la mayor par- 
te de loseslados norte-americanos admiten, según locque- 
ville en su obra La Democracia en América,' las substitu- 
<!Íones (1) compara esta legislación con la francesa que im- 
pone despóticamente la igualdad de las particiones y la di- 
visibilidad indefinida de las herencias, al paso que en In- 
glaterra solo se divide con igualdad cuando el padre mue- 
re sin testamento, no cuando dispone. En demostración de 
que este sistema se halla encarnado en la sociedal in- 
glesa refiere, que cualquier hombre que se enriquece prin- 
cipia por constituir su familia, estableciéndole un patrimo- 
nio para lo futuro. A lo que aspira es á perpetuar en es- 
ta familia la posecion de la tierra que adquirió, con el fin 
de perpetuar, en cuanto sea posible, los frutos de su in- 
dustria y de su talento. No vé en estOx ningún 
sentimiento aristecrático, sino un sentimiento natural, 
doméstico y social, que se ha encontrado hasta ahora 
en el fondo de todas las sociedades, á saber; el amor ó de- 
seo de la duración y el cuidado del porvenir. Si dá la he- 
rencia al primogénito ó la mejora, no es para satisfacer la 
vanidad, sino para conservar el hogar paterno y el domi- 
nio patrimonial, que acaba de constituir: lo asegura du- 
rante el espacio de dos generaciones. Con esto le basta: ha 



(1) En Aragón, que me glorio de llamar mi pátrioy regia 
y rige, aunque menoscabada la legislación de la libertad. El 
padre era libre, ora fuese noble ó plebeyo, para dividir como 
creyese justo la herencia entre sus hijos. Estos no le esclavi- 
zaban: se le respetaba en vida, porque se temia la justicia de 
^ú testamento. 



— 36á— 

sembrado en el seno de esta familia el germen de la du- 
ración, del crecimiento, de la permanencia, de la la solidez: 
ha substituido la perspectiva del porvenir á las sujeslio- 
nes del interés inmediato, ha provisto á la transmisión 'in- 
tegra de las clientelas y de los establecimientos: ha funda- 
do una tradición permanente en las empresas de la agri- 
cultura, de la industria y del comercio. En Inglaterra el pa- 
trimonio inmueble de toda familia nueva ó moderna se 
mira como un pequeño estado y así es que se llama Está- 
te. La idea de subdividirlo parece tan esírafia é insensata y 
tan impracticable, como á los franceces les parece la di- 
visión del poder real por Clodoveo. lín Inglaterra el dere- 
cho de testar corrije con prudencia y afecto lo que el dere- . 
cho de primogenitura tiene de demasiado absoluto. Gra- 
cias á esta institución continua. Montalembert el respecto 
de sí mismo se une al respeto de los antepasados bajo el 
abrigo del techo doméstico. El espíritu de libertad encuen- 
tra y engendra por todas partes focos de resistencia, de 
fuerza y duración arraigados en un suelo, que no ha per- 
dido, como en otros paises su carácter de inmueble para 
convertirse en una tierra inanimada, en un polvo indiferen- 
te, posecion efímera de una ó dos generaciones sin vínculos 
con lo pasado y sin interés para el porvenir: especie de mo- 
neda un poco mas embarazosa que la otra, toda vez que las 
cédulas hipotecaria, y las nuevas combinaciones del crédito 
la han convertido en un valor al portador. 

Et majores vestros et pósteros ccgitate- pensad en vues- 
tros ascendientes y en vuestros descendientes): ved lo que 
todo inglés debe leer en el dintel de la casa de sus padres 
(¡ue le recuerda la orguUosa independencia de que han go- 
zado, y de la que es responsable para con su posteridad. A 
la sombra del hogar paterno, bajo la sombra de los árboles 
(¡ue plantaron los antepasados se forman esos seres llenos 
(le calma é inflexibles, ^sas razas puras y nobles que se per- 
sonifican en el cives agrícola /^el ciudadano cultivador) de In- 
glaterra. (1) AHÍ es donde se descubre esa serena altivez, e- 



(2) Cuando leía y trasladaba estas frases de Montalembert 
recordaba aquellos antiguos labradores, que fueron otros tan- 
tos héroes en 1808. Perdieron la propiedad sus familias y se 
hundieron en el polvo. Nobles descendientes de los compañeros 



—365— 

sa independencia respetuosa y satisfecha: esa actitud, que ni 
es orgullosa ni servir, de la que se presenta como modelo. 
Allí es donde se descubre el tranquilo sentimiento del bien 
estar que constituye fel reposo de los citados: la dicha de 
estar en su lugar, de mantenerse en su rango, porque es- 
te rango está suficientemente garantido contra la movilidad 
de las cosas humanas, contra esa proximidad á la nada que 
amenaza las existencias sociales l)ajo los poderes absolutos 
y bajo las democracias. 

Estas felices disposiciones transcienden de la v¡da>[pr¡- 
vada á la pública y han inspirado en Inglaterra á los 
hombres públicos tanto en las mas altas clases como en la 
mas oscuras el culto del deber y de la dignidad personal. 
Observa por último Montalembert, que el vencedor de AVa- 
terloo fundó un patrimonio agrícola en Stralhtieldsay para 
ocupar y distraer su am^ianidad. y en honor é independen- 
cia de su familia. Advierte que de estas clases cuando las 
circunstancias lo exijen y suena la hora de la lucha salen 
los gefes destinados al mando, á la responsibilidad y a la 
gloria. Nobles campesinos eran los dos tipos por escelencia 
del patriota, del liberal, del hombre honrado. Hampden y 
AVashington: este era tan aristócrata como mi lord de nues- 
tro tiempo y del suyo, y sería una paradoja hacerlo pasar 
por demócrata. Cita una anédocla curiosa: Napoleón escri- 
bía á su hermano José á Nápoies en los términos siguientes 
•^estableced el código civil en Nápoies: todo lo que nos sea 
afecto se destruirá en pocos años. Esto es lo que me ha he- 
cho predicar este código: todo lo. que no es substitución se 
desploma y desaparece.** 

Yo no me emboscaré en las profundidades políticas que 
no son de este lugar: únicamente diré, que la propiedad 
que se divide y se fracciona indefinidamente queda sin es- 
tabilidad: que no puede haber agricultura sino existen tam- 
bién propietarios, y que desde .el momento que aquella se 
fraccione estreniadamente, en especialidad en las islas el cui- 



de Alonzo de Lugo en la conquista: si enajenáis la casa solar, 
si vendéis las (ierras de vuestro palrimonWy la mayor parte 
del primitivo reparto, se romperá la cadena de los recuerdos 
que os unen á lo pasado» Quedareis sin porvenir porque no lo 
tiene la familia que pierde la propiedad. 



—366— 

tivo decaerá de una manera^ notable que después de derra- 
mar su sudor los pequeños propietarios sobre sus campos 
gravados contal peso de la usura, se verán obligados á ce- 
derlos á sus duros acreedores. No puedo omitir una obser- 
vación: sin propietarios grandes que tengan capitales, y que 
puedan conservar de consiguiente los frutos sin malvender- 
los^, el precio no]'cubrirá los trabajos y espensas del cul- 
tivo, ó hablando en términos económicos no habrá precio re- 
gulador. El propietario pequeño, el pegujalero vende siem- 
pre por necesidad, y el que vende para comer y no puede 
esperar se arrims^ por lo común para dar pan á su [familia. 
Los grandes propietarios defienden á los pequeños: son los 
reductos, las murallas de la restante propiedad. 

A mi modo de ver esa idea de la división llevada al es- 
tremo es una ilusión: se dividirá hoy y á los pocos años 
serán propietarios otros y habrán absorvído las porciones de 
los demás. Habrá una ^mudanza en el personal de los pro- 
pietarios con grave trastorno, lágrimas y padecimientos de 
los que lucharán largo tiempo, aunque estérilmente por con- 
servar los restos de la propiedad de la familia, pero pasa- 
rán por fin á la clase de proletarios y recordarán con do- 
lor la casa en que nacieron, el campo que cultivaron, el ár- 
bol que les dio sombra, y como el rey moro de Granada sus- 
pirarán al mirar en manos estrañas su patrimonio. 

En ciertas innovaciones no veo mas que un viaje de ilu- 
sión: me parece que ofrecen, la^Jrepresentacion de una pro- 
cesión, que puede durar masó menos, pero que vuelve á en- 
trar donde salió, aunque llevando distintos sujetos las pea- 
nas y los pendones, porque loslotros sucumbieron en el tran- 
sito á las fatigas. Cuanto masj mudanzas mas penalidades 
en la sociedad: debe haberlas, porque nada es invariable 
pero conviene economizarlas. 

Las grandes empresas de mejora solo pueden acometer- 
las los grandes propietarios/ Recordemos que el Marqués de 
Villanueva del Prado fundó el Jardin Botánico, desembolsan- 
do 30 mil pesos sin contar el terreno que le regíiló o- 
tro propietario (el Sr. Bautista). ;,Que terreno hay mejor 
cultivado en las islas que el de laOrolava, donde hay gran- 
des propietarios? En la Gran-Canaria el Conde de Vega-Gran- 
de está al frente de los adelantamientos, viaja por el estran- 
jero y trae máquinas y plantas; forma estanques construye 
norias, y ensaya diferentes géneros de cultivo. ¿Puede hacer 



—sel- 
lo mismo un propietario pequeño? ¿Tiene suficientes medios 
para ir á instruirse en el estranjero y para arriesgar el pro- 
ducto de sus tierras en esperimentos contingentes el que tie- 
ne que sembrar toda la tierra que posee para dar pan á sus 
hijos? Estos ejemplos, estos y otros hechos me producen la 
convicción deque si es perjudicial la grande acumulación de 
la propiedad, que deja mal cultivadas algunas tierras y des- 
heredadas á muchos individuos de la sociedad, no es me- 
nos funesla la escesiva división, que á todos los hace mise- 
rables y que' no permite reunir fondos para costear los estu- 
dios. Desde entonces queda perpetuada una casta, la de los 
pobres que lo serán casi todos en estado permanente. 

Mucho estimarla, que sí V. no opinase así, me anuncia- 
se su modo de pensar y las razonas en que lo funda, y asii- 
lustraría una cuestión que tanta influencia debe tener en las 
prescripciones del código civil futuro, y en la prosperidad ó 
inrelicidad de las islas Canarias, por las que sabe V. ya cuan- 
to se interesa S. S. S. y affmo. amigo y compañero Q. S. 
M. B. 

M. N. 

Carta 52. 

Santa Cruz de Tenerife 6 de Agosto de 1858. 

Sr. D. 

Arriendo por largo número de años. 

Mi estimado amigo: si la propiedad es la que ha ferti- 
lizado la tierra; si la seguridad dé poseerla durante la vi- 
da y de poderla trasmitir á los objetos de su cariño ha 
hecíio que el hombre arrostrase trabajos durísimos, que 
descuajase el suelo, que arrancase la m?leza, que removie- 
se moles inmensas de piedra, regando con su sudor los sur-» 
eos y plantando el árbol que hubiese de dar sombra á sus 
nietos es indudable que cuanto mas se asemeje el arriendo 
á la propiedad mas beneficioso debe ser al Estado. Los ar-* 
riendos largos producen grandes bienes, ya bajo el aspee 
to de la moralidad de los hombres y de orden social, ya 
también respecto al aumento de los productos y mejora deL 



—368— 

terreno. La clase que está desheredada es siempre inquie- 
ta; el que no tiene propiedad anda por decirlo así errante 
y disgustado: es á manera del que en un teatro no ha en- 
contrado asiento para ver la representación, que yendo de 
un punto á otro para huscar acomodo perturba á los asis- 
tentes. 

Como la propiedad es limitada, como para bien del par- 
ticular y de la república no conviene fraccionarla, como que 
la tierra cultivable <5q halla circunscrita por la naturaleza 
es preciso multiplicarla artificialmente. Los medios lueron 
los contratos eníitenticos y los arriendos. Los que poseían 
terrenos incultos que por sí mismos no podían ésplotar, 
los cedieron ámanos activas é industriosas, que coi el ali- 
ciente del domininio útil se aventuraron á consagrar sus 
fuerzas á tareas (jue endulzaba una e-^peranza halagüeña, 
la de poderse llamar dueños y ejercitar los derechos de ta- 
les, aunque con ciertas restricciones. Uc aquí el' origen del 
contrato enfiténtico, que creo una propiedad perpetua aun- 
que de segundo orden, pero propiedad, que desecó lasla- 
jíunas, que allanó los montes, que varió el aspecto de va- 
rias comarcas. A este contrato y á los monasterios, cuando 
en su origen reinaba en ellos su rigor ascético primitivo de- 
be la Europa grandes obligaciones. 

Después del contrato enfiténtico debemos dar preferen- 
cia al arrendamiento, á la cesión por cierto precio de la 
tiürra de ese laboratorio que nos dio 'la naturaleza para re- 
producir las maravillas de la creación. El arriendo es segu- 
ramente un bien, por que comparte entre dos personas los 
beneficios de la tierra: es un adelanto por que indica un 
l^rogreso que en vano se pretendería ver en el contrato de 
aparcería ó á medidas. La aparcería que es el grado inme- 
diato después del cultivo por ciervos del corvéa, supone en 
el cultivador falta de capital, quo tiene que demandar y 
recibir juntamente con la tierra del dueño de esta que á 
las veces además del cultivo exije servicios que distraen al 
colono de sus labores. 

El que celebra un arriendo es un empresario de indus- 
tria agrícola, que toma á su cargo todas las vicisitudes de 
la empresa: calcula sobre la naturaleza del terreno, sobre 
su calidad, sobre la especie de frutos que puede recidir, 
sobre los gastos: en una palabra, ^obre todas las eventua- 
lidades, y así se presenta á trabajar por su cuenta sin dar 



—369— 

al dueño de la derra^mas que el precio convenido. Un con- 
trato de esta naturaleza tiene ya cierta fisonomía de pro- 
greso, pero sus formas son mas espresívas cuando media 
im plazo mas largo. Las consecuencias de su prolongación 
son manifiestamente fructuosísimas. El arrendatario, que 
puede contar con el disfrute de una propiedad por muchos 
años hace mayores, verifica adelantos, trata la tierra como 
la trataría el propietario, y en algunos casos mejor, porque 
este si tiene muchos bienes los descuida, pero el colono con- 
cretado á un fundo, en él cifra su esperanza y su ventura 
y no le deja en reposo. El colono que no lo haya de serpor 
un año solo dará á la tierra, lo que ésta en tan corto tiem- 
po le pueda devolver; quizás no la ayude con ningún abo- 
no, así como ni aún quita la brida el que recibe un caba- 
llo alquilado por una tarde ó por un dia: pero á propor- 
ción que el plazo se estieuda, pensará ya en los abonos 
y en las mejoras: no vacilará en arrancar hasta las raices 
de las malas yerbas de un terreno, que ha de disfrutar por 
12 ó veinte anos: no se limitará á labrar su superficie, si- 
no que profundizará con una cava esmerada sus entrañas, 
como los jóvenes de la fábula, que se lisonjeaban di en- 
contrar un tesoro en la viña, que les legara el padre, se- 
parará y estraerá las piedras: arrojará sobre la tierra abo- 
nos sobre abonos: no vacilará en plantar el árbol, cuyos 
frutos debe saborear, y aún en la casa rústica aumentará 
la vivienda, por que el disfrute de 10, 15 ó 20 años aun- 
que deje lo fabricado equivale á un verdadero reembolso. 
Ahora bien ;.quien ignora que el hombre con su traba- 
jo llega hasta cierto punto á variar mediante el cultivóla, 
naturaluza del suelo ó corregir sus defectos, á hacerlo de 
condiciones mas favorables para la agricultura.^ Esto es lo 
que los franceses llaman nmeudemcnl, como si dejeramos. 
enmienda, recomposición. El suelo dice un autor (1) recom- 
pone quitándole los efectos que tiene por medio de mez- 
clas de tierras ó sustancias, que tengan propiedades diame- 
tralmente opuestas á las que se quieran componer. l';<ra 
esto es preciso estudiar el suelo, sus propiedades las 
sustancias que necesita y la cantidad. Ilay tres clases de 
composiciones: l.Mas que se ejecutan con la mezcla de tier 



(1) Journal des connaissances útiles ÍS^í^páj, 371. 

47 



—370- 

ras de naturaleza diferente: 2/ las que modifican la natu- 
raleza de las tierras: 3/ las que estimulan las fuerzas veje- 
tivas de la naturaleza. Las tierras arcillosas se componen 
con arena: las arenosas con estiércoles y tierras de estan- 
ques. La cal modifica también las tierras. 

En confirmación de esta verdad y del partiáo que pue- 
de sacarse de estos conocimientos que por lo común solo 
aplican los arrendatarios instruidos y de larc;o tiempo, ci- 
taré un ejemplo, íléoido que un labrador pobre de una de estas 
islas hizo esludios y observaciones sobre el terreno, que 
le convencieron de las ventajas que podian obtenerse de 
la arenado volcan para conservar la frescura y la hume- 
dad. En su consecuencia vendió su pequeño patrimonio, 
compuesto de tierras bastantes productivas, y con su pre- 
cio compró otras, que repulíidas como estériles, adquirió 
muy baratas. Víósele repenliniimente dueño dií una inmen- 
sidad de terreno, en el que principió á hacer escavaciones 
para plantar tuneras: en el fondo ó suelo de los ho3^os co- 
locó arena de volcan: lodos veían con admiración sus tra- 
bajos, pero á los pocos años la lozanía de las pencas pa- 
tentizó el cálculo del previsor y estudiosu colono que se ha- 
bía labrado una fortuna inmensa: muchos le imiíaron. pe- 
ro la imitación no le perjudicó, por que su propiedad era 
inmensa y nadie podia disputársela, y sus plantas llevaban, 
la ventaja de algunos años. 

Cuantas mejoras de esta especie no podrían hacerse por 
los arrendatarios en un país todavía virjen, cu donde la mez- 
cla de tierras y otros medios recomendados por los escrí-' 
tores de agricultura tanto pueden influir en el aumento de 
las cosechas, en la mejora del terreno en y su transforma- 
cien. Si, amigo mío: aquí queda mucho que hacer: cabe 
dar un grande impulso á la producción y particularmente 
lo recibirá con la prolongación de los arriendos y sustitu- 
yéndolos á los contratos de medianería, á juicio de su amigo 

M. N. 



—371— 

•Cakta 53. 

Santa Cruz de Tenerife S de Agosto de 1858. 

Sr. D, 

Escuelas industríales: talleres en el presidio: la asisten- 
cia; dulcería. 

Mi estimado amigo: no basta en mi concepto dar ins- 
trucción al pueblo en las ciencias y en las artes, es nece- 
sario enseñarle prácticamente á trabajar, £1 trabajo es una 
de las cargas inseparables de la humanidad: es preciso que 
^1 hombre sostenga durante su vida esa lucha continua con 
todos los seres, que le rodean, con todos los elementos. To- 
dos tienen que trabajar en la sociedad los unos material, 
los otros intelectualmente: pero el que no sigue ó no puede 
seguir una carrera científica, el que no puede vivir sm mas 
ocupación que vigilar sobre sus propiedades y dando direc- 
ción á los trabajos de sus criados y dependientes, siendo co- 
mo el motor de una máquina; el que no tiene mas patrimo- 
nio que sus brazos parece que puede exijir de la sociedad 
que le instruya acerca de los medios de sacar partido de e- 
II02 y utilizarlos. 

En paises en que hay demanda superabundante de tra- 
bajo para las empresas rurales é industriales, parece que 
<íl Gobierno puede descuidar hasta cierto punto esta in- 
cumbencia. El empresario busca al jornalero y desde sus 
mas tiernos años le ofrece un premio proporcionado y con 
esta retribución aprende y poco á poco llega á una cla- 
se superior, en la que obtiene por iinun premio mas con- 
siderable. A medida que se elevan y crecen sus medios 
va creciendo también su instrucción. Pero en estas islas no 
sucede asi; la industria no se halla desarrollada: tstá en su 
amor ó mejor dicho no hay industria verdaderamente di- 
cha. Es preciso que el Gobierno principie por enseñar, pa- 
ra advertir á los naturales de un mcdo eficaz y por medio 
de ejemplos, como pueden emplear ciertas materias, utili- 
zarse de ciertos objetos y obtener ciertos provechos. Solo 
así podrá darse dirección á la actividad de los naturales. 
Recuérdese loque tuvo que trabajar el Gobierno para la acli- 
matación de la cochinilla, auxiliando el celo de eminentes 



—372— 

patriotas y este hecho servirá de antecedente con respecta 
á la industria. 

Aquí m?s que en ningún punto convendría establecer eti 
el presidio talleres, que preparasen la difusión de los cono- 
cimientos fabriles y que inspirasen la afición á la industria 
con la ejecución de ciertos artefactos. Si los gefes del pre- 
sidio no acertasen á elegir los que pudiesen producir mayor 
ganancia, no faltarían contralistas que contando con el tra- 
bajo barato de los confinados hiciesen una especulación, que- 
aunque dejase poco lucro por de pronto al presidio, iría dis- 
poniendo ii otros á utilizar estos brazos y sobre todo des- 
pertaría la atención de las gentes. 

Conozco que para las empresas industriales hay en las- 
isla mayores dificultades porque es imposible luchar con los 
estranjeros sin ciertos derechos [)rotectores, pero hay artí- 
culos (ie consumo general que no exijeii una gran finura, por 
ejemplo, las mantas blancas de lana, que convierten en ca- 
|)as los labradores, y estas quizás no seria diticil hacerlas 
en el presidio. líl curtida de las f)ieles es otra industria que 
tampoco vemos esplotada y siendo bastante grande el nú- 
mero de aquellas que debe producir el consumo del ganado, 
liallamos en ella una materia adecuada para la industria de 
la taneriiL El país debe ser apropósilo, f>ues los antiguos. 
guancb " m? vestían de pieles, que aún ahora conservan u- 
na grande suavidad y fortaleza. No cabe duda que serian 
esceienttís para guantes, y si se elaborasen ya se deja cona- 
cer que habría medios de dar ocupación á una porción de 
brazos. 

Carezco de conocimientas especiales en esta materia, ig- 
noro que industrias convendría ejercitar con preferencia: me 
basta indicar con generalidad qu^^ Sí'riaúlil eslable(;erlas. Las 
autoridades, las sociedades económicas, las juntas de bene- 
ficencia, las económicas de los establecimientos penales, ca- 
da cual en su esfera podrían discurrir en emplear utilmen- 
te la actividad de tantos brazos. Ensayos en pequeño podí- 
an ir aleccionando sobre lo que conviniese hacer: estos ejem- 
plos, el observar que de el presidio salia el confinado con 
una industria despertarían el interés individual y sellegaria 
paulatinamente a donde no se pensaba. 

Debo sin embargo esponer una idea que considero no 
debe pasar desapercibida. Cuando á pesar del decaimiento en 
que se encuentran las islas, á pesar de afluir en tropel la& 



—373— 

artefactos de todos los pueblos ó a lo menos cuaado tieDea 
la puerta abierta, si c¡>^rlas industrias todavía se ejercen es 
una indicación de que tienen vida propia y que protejidas 
podrían llegar á un grado de masímportancra. Citaremos en 
comprobación la seda: tejidos se hacen en Palma, no obs- 
tante de que vienen á las islas géneros estranjeros. Luege 
es de creer que esta industria que por si solase conserva fo- 
mentada podria adquirir un grande crecimiento y si los o- 
perarios aprendían y mejoraban sus productos llegar á cons- 
tituir un r?mo de esporracion. De contado dos provechos 
se conscguirian á la vez el de la fabricación y el del aumen- 
to de la cria del gusano, cria que seria abundantísima y mas 
si se conseguía aclimatar el que se mantiene con las hoj/s 
del tártago ó Palma C/iinli,, en cuya empresa trabajan /i- 
multaneamente el Sr. Conde de Vega-Grande en las Pal- 
mas y Mr. Berthelot en Santa Cruz de Tenerife. 

No dejaré de clamar por la protección, por los auxilios 
del Gobierno, por la inteligencia y celo de sus mandatarios. 
En algunas ocasiones y cuando el pueblo no se halla ilus- 
trado en ciertas materias es funestísima la máxmía de de- 
jar hacer: esto equivale a no hacer nada, á un género de a- 
bandono. Cuando los pueblos son ignorantes, ó por mejor 
decir, cuando carecen de conocimientos en determinadas ma- 
terias, son como los niños, á quienes los padres tiqpen que 
ilustrar y proponerles cuando puedan escitar su imaginación . 
en su beneíicio. La Franca no sena industriosa, si Colbert 
no hubiera animodo las fiíbricas; la Ilu.sia no hubiese pro- 
gresado tanto sino hubiera sido regida por un emperador 
como Pedro el grande. 

Y ya que en' una carta familiar cabe todo, no omitiré e- 
nunciar una ocurrencia mia. Al ver la abundancia con 
que en las islas se crian las guayabas y otras fru- 
tas delicadas, y lo ventajosamente que podrían traer el a- 
zucar de la llábana, ;como es que no se ha pensado en la 
industria de la dulcería.^ Sin tener tan ventajosas propor- 
ciones está haciendo un comercio considerable y los pe- 
riódicos de Madrid están anunciado continuamenle los con- 
fitados déla capital de Álava. 

¿Por que habiendo flores tan aromáticas no había de 
pensarse en la perfemería? Cuantas esencias no podían es- 
traerse y venderse en la Península y el estrageros? 

La ebanistería podría recibir un impulso con las maderas 



—371— 

que se trajesen de América. No vienen sillas de Inglaterra 
á las islas ¿Porque no podrían construirse en estas/ Todos 
los buques que aportan en las islas traeriari maderas, que 
dejarían para cargar otros frutos, y no cabe duda que una 
iniinidad de operarios pudrían encontrar ocupación Lo que 
hace Inglaterra lo podrían hacer las islas, si trajesen artífi- 
ces.! que enseñasen y se tuviesen modelos y sobre todo una 
enseñanza arlistica fundamental en la Academia de Bellas 
artes. 

Organizado con talleres el presidio, muchos confinados 
saldrían con capital, como sucedía en el de Barcelona ¿Por 
que no se había de trabajar para que lo tuviesen también 
algunos artesanos de disposición especial y de grandes espe- 
ranzas que por falta de medios que pueden establecerse? Cier- 
tos lotes debían darse con este objeto y para formarlos de- 
bían contrbuir las sociedades económicas, las diputaciones 
provinciales y aún las cajas de ahorros. Nada puede hacerse 
en el mundo sin sacrificios; pero hay sacrificios que acar- 
rean grandes ventajas. He oído que el adelantado Alonzo de 
Lugo á su modo columbró esta idea y repartió tiarras con la 
condición espresa de que se estableciesen fábricas. Coloni- 
zaba un país y quería que nada le faltase. 

Me he dilatado mas de lo que pensaba; apesar de esto 
no concluiré sin decir, que establecida la industria no ha- 
bría sol)ra de brazos y la emigración cesaría, porque nadie 
abandona su patria á pocas ventajas que consiga en ella. 

Dejo este punió porque esas escenas que se presentan de 
ver partir tantos desgraciados del pais afectan el corazón de 
su ami^o 

M. N. 

Cauta o4. 

Santa Cruz de Tenerife 9 de Agosto de 1859. 

¿>. D. 

Esposiciones: premios. 

W estimado amigo: dejé la ¡iluma bajo la impresión do- 
torosa de la emigración; después de un corto intervalo la 



—375— 

vuelvo á tomar pari) tratar de una materia- agradable, de 
un medio de fomento poco costoso; de las esposiciones. Se 
ha hablado tanto de ellas, de su utilidad, de sus ventajo- 
sos resultados, que no es necesario que yo me entretenga 
en encomiarla. Con solo trasladar un artículo que hace dos 
años escribí presentaría en compendio sus felices efectos. 

Con las esposiciones se interesa la vanidad y el amor pro- 
pio de los agricultores y de los industriosos, como con los 
programas y certámenes se estimula el talento y aplicación 
de los literatos. Por oirse en una esposicion el agricultor., 
el horticultor, el fabricante y el artesano harán trabajos 
que no hicieran sin este motivo. ¿Y quiejí sabe si á ellos 
se deberá un descubiimienfo? 

Ade.nás de esta ventaja las esposiciones tienen otra; pre- 
sentan en conjunto todas las producciones de la naturaleza 
y de la industria del país, y todos los concurrentes vén á. 
una simple ojeada todo lo que éste produce y todo lo que 
pueden adquirir ó para el consumo ó para el cambio. Es una 
feria distinta de las otras: es la feria de la inteligencia: 
los productos viajan, concurren, á un puiUo,*^ para 
que lodos los vean: e> una revista que se hace de las obras 
de los hombres. Estos acuden para saber lo que no sa- 
bian sin haber hecho una peregrinación, y que aunque con 
esta no hubieran consccjuido por que es imposible recorrer 
todos los campos y huertas entran en todos los talleres. Presen- 
tar de una vez y como alineados todos los productos mas se- 
lectos es formar en la tierra una es|)ec¡e de paraiso terre- 
nal de la agricultura y de la industria. 

Kstas esposiciones pueden ser generales y particulares 
en Francia las hay en muchas ciudades. ;,Y por que no las 
podia haber en las islas? Además de una general que com- 
prendiese ios productos de tod^s ellas, podría habc;rlas en 
í^ada partido, y si se elijiesen para esto aquellas épocas en 
que por una festividad religiosa se reúne un grande con- 
curso, se combinaría el medio de satisfacer un sentimiento 
religioso y á un mismo tiempo fomentar la mejora de la 
producción. 

Muchos de los productos se regalarían al Santo Patro- 
no y podrían rifarse y lo que rindiese la rifa destinarse en 
parte al culto y en parte á los premios. El ocupar en la 
Iglesia y en la procesión el premiado un lugar distingui- 
do el llevar colgada una medalla con un lema apropiado 



—376— 

¿ las circunstancias y una corta suma pecuniaria serian re- 
compensas agradables. Añada V. que estas escenas y entre- 
tenimientos moralizarían también al pais. Algunos se rei- 
rán al leer lo que propdnemos, pero no se hacen cargo de 
que hablamos de un pueblo sencillo cuyos instintos pacífi- 
cos, cuya dulzura hemos profundizado, por que nos hemos 
mezclado atraídos de la curiosidad en sus inocentes diver- 
siones. 

Si se consideran poéticas nuestras ideas, tanto peor pa- 
ra el que así piensa: acreditará que no tiene corazón: el 
mioapesar de los años conserva la ternura, don queagra- 
dezí'o á Dios, y que me hace esperar felices resultados cuan- 
do á los hombres ?e les conduce por la senda de los sen- 
timientos religiosos y de una emulación noble. 

En íin esta es una indicación: acéptese ó no: aprovéche- 
se ó déjese de aprovechar, siempre el que la lea no podrá 
menos de reconocer en el que la propone una recta inten 
cion. Si, amigo mió: cuando yo veo reunido una nnultitud 
de gente, hé dicho siempre, algo debia decírsele para que 
fuese mejor y aumentase su felicidad. Esto lo hace siem- 
pre la Iglesia Católica. ¿Por que no lo habían de hacer tam- 
bién los gobernantes.^ No lo seré jamás, pero si lo fuese 
haría este ensayo su afectísimo amigo 

M. N. 

Carta oí. 

Santa Cruz de Tenerife 11 de agosto de ISSS. 

¿V. V. 

Necesidad de un taller particular en Icnenfe, esto es, de 
un astillero. 

Mi apreciable amigo: mi carácter natural ha sido, es y 
será el de la franqueza. Sí los médicos sostienen que los 
primeros aires que respira el hombre influyen perpetua- 
mente sobre su ser, también yo creo que sobre el hombre 
tiene una mfluencia inmensa, irresistible la legislación del 
pais en que vio por primera vez la luz. En Aragón el ca- 
rácter de los naturales es franco, por que lo son sus leyes 



—377— 

los fueros han formado una especial en los arogoneses, na- 
varros y provincianos. Los aragoneses decimos sin reboso 
lo que sentimos, sin duda por que de inmemorial pudieron 
decirlo á las autoridades acudiendo al medio de las fir- 
mas. Estas y el Justicia han desaparecido, pero el sello im- 
preso en las almas todavía se conoce, ese movimiento toda- 
vía continua, como la tierra sigue su curso, por los aires 
aunque ya ñola impela la mano que la disparó. 

Ha sido larga la introducción para probar que el ca- 
rácter de los aragoneses^ y el mió como tal es franco, pero 
tenga V. paciencia; algún desahogo se hade conceder á un 
houibre ausente de su patria. Soy franco diciendo á los 
mismos entre quienes vivo, y de quiénes recibo muestras 
«*e aprecio y consideración lo que les falta y lo que deben 
enmendar. 

En Santa Cruz se hecha de menos un taller indispen- 
sable, un astillero: sin él este pueblo no puede tener toda 
la importancia á que está llamado. Seguramente si un bu- 
que sufre una avería yendo ó viniendo de América, de Fer- 
nando, de Felipinas ó de la India, es bien triste que no en- 
cuentre carpinteros de mar, ni calafates, ni maderas, ni ha- 
ya un sitio donde colocar las naves, una dársena, y poder 
hacer en seguro las composiciones. /Porque no debo manifes- 
tar esta falta? Sino la digo, ó no la dicen otros no se reme- 
diará, y las cosas continuarán como hasta aquí, con grave 
jierjuicio de la isla de Tenerife, y sobre todo de Santa Cruz 
y de los navegantes. Y á la verdad, V. no podrá menos de 
conocer que establecido este taller Santa Cruz adquiriría un 
grado de importancia muy considerable. Su bahía que es 
ahora tan frecuentada lo sería mas, por que sería un lugar 
de refugio para muchos buques: algunos que no pensarán se- 
guir esla derrota se dirijirán á ella para veriQcar estas re- 
composiciones. Y entonces ¿cuanta animación no adquiriría 
este puerto? Una industria nueva se desarrollaría y princi- 
piarían las construcciones marítimas, que vi con placer en 
la ciudad de las Palmas, y qué las vería con no menor en 
banta Cruz. En las Cananas podrían hacerse, con mas ven- 
taja por lo bajo ,de los jornales, por la facilidad de traer ma- 
deras de los Estados-Unidos y por otra ínünídad de causas. 
Vea V. amigo mió, la solidez de una de las razones que a- 
legaré para la conservación de los montes en éslas islas, 
que bien conservados y cuidados pudieran haber dado al¡- 

48 



—378- 

mento á esta industria, y mas siendo tan estimables las ma- 
deras que se crian en estas islas. 

Donde, como y con que medios debe construirse el asti- 
llero no es de mi deber decirlo: si lo dijese incurriría tal vez 
en errores. No pretendo salir de mi esfera: para la desig- 
nación dd punto se necesitan conocimientos náuticos y loca- 
les de que carezco. Es preciso que cada cual se con- 
crete a lo que sabe ¿A que íin sentar proposiciones que des- 
pués hayan de ser refutadas? A que fin suscilar una polé- 
mica no solo inútil sino perjudicial? Yo indico el pensamien- 
to en grande, la idea en general: el desarrollo corresponde 
á los que tienen luces especiales. En cuanto á los medios es- 
claro que el Gobierno, las islas, la villa de Santa Cruz, y 
los buques que concurran deben contribuir. El orden que 
indico es el que en mi juicio debe seguirse. Al estado incum- 
be esta mejora, pero redundando muy especialmente en be- 
neficio de la isla de Tenerife y sobretodo de Santa Cruz, al- 
gún sacrificio deben hacer. Los buques es natural que pa- 
guen por su estancia y por su composición. 

Sin mas que el astillero habrá un aumento de marina 
en las islas. En las Palmas ví cuatro buques en construc- 
ción. Si en Santa Cruz se estableciece el astillero que pro- 
pongo, se fabricarán algunos muchos que no pueden conti- 
nuar el viaje hasta carenarlos ó rehabilitarlos ó se vende- 
rán en la misma isla donde los naturales pueden repararlos 
para sí. 

Mi buen deseo está patente: lanzo una idea: el país ve- 
ra sí la puede aprovechar, en la inteligencia de que no debe 
hacerse una obra de lujo, sino reducirla á lo necesario. Hé 
tenido ó no razón para decir que obro con franqueza en re- 
velar lo que hecho de menos? A Dios, amigo mió: suyo affma 

M. N. 



-379— 

€arta 56. 

Santa Cruz de Tenerife 14 de agosto de 1858, 

Sr. D. 

Necesidad del cuidado de los montes en las Canarias y de 
^)igilar sobre su conservación con el mayor esmero. 

Mi apreciable amigo: no espere V. que ponga muchas 
cosas de mi caudal sobre los montes, por que como están 
empinados, son agrios de subir, y su terreno es voliiánico 
en eslas islas, pudiera resbalarme y dar de bruces Ade- 
más van quedando tan calvos en esta tierra como en la mia 
á consecuencia de las peinaduras que se les han dado, y que 
es probable se les den, que sí tuviese una caída no pararía 
hasta el mas profundo barranco. Recuerdo también el ver- 
sículo del Salmo 117 que dice: Montes exuttaverunt ut anie- 
les, el cotíes sient aqui ovium. Los montes brincaron comí) 
carneros y los collados corderillos. Siendo gente tan reto- 
zona no me quiero meter con ellos. 

Sin embargo, por sí voy alguna vez á recorrer sus pen- 
dientes, quiero tenerlos contentos y les haré un panegírico, 
para que los pocos árboles que van quedando me den som- 
bra, y los arbustos escasos y dispersos no me nieguen al- 
gún apoyo si me derrumbo ó derrisco como dicen en el pi- 
ís. Pero la dificultad es hacerlo. Ah! ya me ocurre: les tia- 
labaré porque han cumplido perfectamente las obras de mi- 
sericordia: ellos no han dado solo de comerá los hambrien- 
tos, sino que los han hartado: han dado de beber al se- 
diento, no solo porque de sus cimas y laderas han brotado 
las fuentes y los arroyos, sino porque han regalado cierto? 
paladares con deliciosos vinos: porque con sus ramos y su^ 
troncos han vertido muchos desnudos, que no se contenta- 
ron como Adán y Eva con hojas: sino han visitado por sí 
á los enfermos y encarcelados, con sus esquilmos h^n pro- 
porcionado buen caldo á los primeros, y á los segundos 
iionsuelos: ellos en sus malezas han dado posada y abrigo á 
los viandantes, y á veces sus maderos han servido para la 
construcción de casas y palacios: en prueba de ello véase lo 
que dice Viera, tomo 3." páj. 4^20, de un alio funcionario 
que 1135 dejó las islas y fué á habitar en España una casa 



—380— 

construida con maderas de Tenerife. ¿A cuántos no habrán 
redimido los montes del duro cautiverio délas deudas? Y 
por úllimosehan enterrado muertos, porque es de creer quo 
con sus productos hayan hecho que no se vieran y quedasen 
enterradas cosas que debieran verse. 

Esto es cuanto á las obras corporales de misericordia. 
Claro es que las espirituales no podían hacerlas: pero na 
han dejado de ensenar á muchos lo que no sabian hacer 
darles el consejo de pedir una costa de mil pies y costar 
doble: han debido corre£;ir al que erraba creyendo hupo- 
sible esta cuenta: de nadie se han quejado, aunque los des- 
trozase: habrán consolado á muchos que estaban tristes por 
carecer de dinero: han sufrido en silencio todo género de 
flaquezas y daños sin decir esta boca es mía; y sino han 
rogado á Dios por vivos y difuntos han hecho que otros 
rogasen viendo la dureza con que se les trataba. 

Pero, amigo amigo, cesemos en las chanzas y tratemos 
la materia por lo serio. Los montes en las Canarias han 
tenido la misma suerte que en la Península: no se ha eco- 
nomizado esta riqueza: se ha dilapidado, y sino se pone re- 
medio, bien pronto estas islas quedarán desnudas y conver- 
tidas en unos peñascos improductivos. Aqui. lo mismo que 
en España, no basta ya conservar, es preciso replantar. 

En todas partes es interesante la conservación de los mon- 
tes, pero mucho mas en las Canarias: 1." porque si se de- 
vastan y perecen se perderán muchos manantiales: 2.** por- 
que si falta combustible en las islas será preciso traerlo de 
fuera, y esto ofrece muchas dificultades. 3." porque sin ma- 
deras se carecerá de artefactos y los artesanos no podrán 
trabajar: 4.** porque no podrán construirse buques. 

Desea V. ver desenvueltos estos puntos ¿Desea V. hallar 
los medios de mejora y repoblación de los montes, aunque 
no sin derramar alguna lágrima sobre su tala desde la con- 
quista? Lea V., pues, los siguienles artículos que se deben 
al ilustrado Mr. Berthelot, Estos artículos se publicaron en 
el periódico titulado Eeo de Comercio de .Santa Cruz de Te- 
nerife: ya es difícil encontrarlos: yo los he debido al Sr. D, 
Francisco M.* de León, sujeto acreedor á la gratitud de las 
islas, porque con patriótico celo é incansable perseverancia 
ha reunido y va reuniendocuanto puede ser útil para el porve- 
nir y felicidad de aquellas. Afortunadamente cuandj falte re-- 
cibiran esta riqueza sus hijos que saben apreciarla y que la con- 



—381— 

servarán. ¡Ojalá que sean mejor recompensados que el padre! 

En el trabajo de Mr Berthelot se halla una relación de 
las diversas especies de árboles que poblaban eslas islas, de 
los que existen todavía, de los medios de conservarlos y pro- 
pagarlos. Son noticias todas interesantísimas, y que debe es- 
tudiarlas lodo gobernador civil, que tenga tiempo, voluntad 
y saber para desarrollar un plan de administración benéfico. 

Entretanto, sin entrar en esos vastos planes de conser- 
vación y repoblación de los montes, creíamos que las socie- 
dades de amigos del país podrían aconsejar la economía del 
combustible, pues hemos observado en las casas, que es tal 
la construcción de las cocinas, que cada bolla cuece en dis- 
linlo homillo. Esta circunstancia cuadruplica el gasto y au- 
m( nta de consiguiente la tala de los montes. El viñedo su- 
plía antes la leña de estos: en la actualidad ellos solo ha- 
cen frente á esta necesidad. Estas parecen cosas pequeñas, 
pero los resultados son inmensos. Nada es indiferente en ta- 
les materias. En economí? política es preciso tener siempre 
presente la máxima del buen Ricardo, que decia **por un 
clavo se pierde la herradura, por la herradura el caballo, 
por el caballo el ginete/* Cuantas veces el descuido de un 
clavo de una herradura no habrá hecho caer á uno prisio- 
nero en la guerra civil y perder de consiguiente la vida 
cuando no se daba cuartel. Nosotros diremos, por el esce- 
sivo gasto de combustible se talan los montes, por la tala 
de los montes se alejan las lluvias, se secan las fuentes, so- 
brevienen imundaciones, se estereliza el terreno, queda pin 
maderas la industria y sin un articulo indispensable el par- 
ticular*. Usemos con cordura de los dones de la naturaleza y 
no llegaremos á ese fatal estado. Callo para que oiga V. á 
Mr. Berthelot. Reconoce que ganará V. en el cambio su 
aífmo. amigo. 

M. N. 

Los artículos de Mr. Berthelot, á que nos referimos en la 
precedente carta son las que trasladamos á continuación. 

MOMTES DE CANARIAS. 

I. 

Situados en los límites meridiouales de la zona templa- 



—382— 

da, las selvas Canarias tienen ya grandes analogías con las 
de las comarcas intertropicales y forman como una especie 
de transición con las regiones selváticas de ambos emisfe- 
rios. Los variados árboles que las pueblan, son. por lo ge- 
neral, especies peculiares á este archipiélago. Asi es que 
estos montt^s vírgenes, precioso adorno de estas islas atlán- 
ticas» tienen un aspecto enteramente distuito del que presen- 
tan las selvas europeas, la mezcla de tantos arboles diver- 
sos, la novedad de la especies, el lujo y frescura del folla- 
je, el vigor de la vegetación, son otros tantos caracteres que 
los distinguen. Ileiinese á la admiración que se esperimen- 
ta, cuando por primera vez se penetra bajo aquel fresco ver- 
dor, la sorpresa que causa en el ánimo la presencia de tan- 
tos hermosos árboles cubiertos de musgo en un suelo en- 
tapizado de heléchos. 

El dulce nombre de Afortunadas que los antiguos die* 
ron á estas islas fué debido sin duda á su hermoso clima, 
beneficio del cielo i|ue siempre conservan y que no -es da- 
do á nadie arrebatarles, don precioso que puede compen- 
sar muchas |)érdidas y salvarlas de las vicisitudes del Por- 
venir! en esta tierra fecunda la fuerz? creadora que desar- 
rolla los gérmenes de las plantas y preside á su nacimien- 
to, conserva aun todo su poder; generaciones de árboles di- 
versos se suceden las unas á las otras y la reproducción es- 
pontanea de ías variadas especies que crecen confundidas 
en los montes, está arreglada por una ley natural que e- 
jerce una acción misteriosa desde la primera aparición de 
las plantas sobre la superficie del Globo. El terreno de la 
selva abonado por los despojos de los vegetales, nutre no 
solo las especies que le cubren, si que también conservan 
los gérmenes de las que deben reemplazarlas. Asi se au- 
menta incesantemente la masa de humus y nuevas plantas 
nacen de la desconipocision de las antiguas. «La tierra que 
los árboles embellecian en su vegetación, dijo con razón el 
célebre naturalista, se enriquece con sus despojo; gérmenes 
vigorosos depositados en su seno, sustituyen nuevas gene- 
raciones á los que se estinguen, y la muerte de los indivi- 
duos, es como una garantía de la juventud eterna de las ra- 
zas. » 

Las diversas causas de destrucción que hacen perecer los 
árboles ya vetustos, asi como los incendios que asuelan y des- 
vastan la selva, dejan á descubierto ciertas parles del terre- 



—383— 

no que el Sol penetra con sus rayos. El calor, combinándo- 
se con la humedad, lleí^a a cambiar la naturaleza química 
del suelo y quizás también la de la admósfera por el despren- 
dimientos de nuevos gases; entonces principian varios perio- 
dos de produecioues alternativas; otras plantas aparejen. 
Desdi* Vje^o son heléchos y brezos, en seguida varias espe- 
cias de arbustos hasta que al fin. la tierra devuelta á pri- 
mitiva constitución, después varias regeneraciones sucesivas, 
vuelven á brotar las mismas especies que antes producía. 

Empero, después de la lucha que se empeñan entre las 
especies qno brotan al mismo tiempo ó que crecen alternati- 
vamente antes del renacimiento déla selva, las plantas usur- 
padoras no desaparecen enteramente: muchas continúan mos- 
trándose por grupos aislados ó reunidos en masa en los cla- 
ros ó en las orillas del monte. Estas plantas selváticas no 
desaparecen nunca completamente; pero hay especies que do- 
minan á las otras con una superioridad excesiva. Es una con- 
tinua lucha que los mas robustos consiguen al fin apodarar- 
se del terreno, pero sin escluir enteramente á los mas débiles. 
La vegetación prosigue sii marcha en aquel círculo alterna- 
tivo de predominio y subjeccion, hasta que los nuevos arbustos 
sean bastantes numerosos y hayan adquirido el suficiente de- 
sarrollo para traer de nuevo los vapores atmosféricos, y re- 
constituir de este modo el clima normal de la selva. 

Hallándnse subordinada la reproducción de los bosques 
á las circunstancias climatéricas que pueden acelerar o re- 
tardar la vegetación, debe necesariamente variar su dura- 
ción según los países. El estado de la temperatura, la cali- 
dad def terreno, la naturaleza de los árboles, son otras tan- 
tas circunstancias que vienen á activar en estas islas la re- 
producción de una selva después de su total destrucción. En 
virtud de nuestras propias observaciones sobre hechos que 
hemos podido notar en vanas ocasiones durante un periodo 
de 33 años, nos inclinamos á fijar en quince ó veinte años 
el termino necesario al renacimiento de ios bosques de es- 
te archipiélago en los lugares mas propicios para la vege- 
tación de los grandes árboles. Se pueden fijar poco mas 
ó menos estos términos en 13 ó veinte años, según las lo- 
calidades, para las regiones intertropicales. En las comar- 
cas templadas de Europa, la fuerza regeneradora no com- 
pleta su revolución sino es al cabo de treinta años para los 
árboles de madera blanda, y de cmcuenta para los de ma- 



—asa- 
dera dura como las encinas, robles, hayas, pinos etc. Eq 
los climas del Korte, también se requiere mas de un siglo 
para que la reproducción sea completa. Nadie puede dudar 
que estos fenómenos, conocidos de todos los agrónomos, es- 
tén subordinados á una ley general; pero las modificacio- 
nes *de esta ley según las latitudes, las diferentes esposi- 
ciones, la naturaleza de los árboles y la raüdad de los ter- 
renos, no han sido estudiadas aun suficientemente para po- 
der apreciar la marcha y los progresos de estas reproduc- 
ciones alternativas y espontáneas que parecen tener por ob- 
jeto la conservación de las especies y el retorno de la ve- 
getacicn á su estado normal. Hay sin embargo un pensa- 
miemto consolador, muy á propósito para escitar nuestra 
veneración y duplicar nuestro reconocimiento hacia el Todo 
poderoso, y es que la naturaleza, siempre constantes en sus 
creaciones que varía según los climas, tiende, por sus re- 
producciones sucesivas, á rejuvenecer incesantemente la tier- 
ra que habitamos y dotarla de una fecundidad inagotable 
Empero, fuerza es reconocer que hay localidades en que 
se intentará en vano regenerar los bosques qu^ un tiempo 
las descubrieran; el suelo ha esperimeutado en ciertos pun- 
tos trastornos demasiado fuertes para volver á ser lo que 
que fuera en otros tiempos. 

Antes de la conquista de las Canarias, la región de las 
selvas formaban jirobablemente una ancha zona de vegeta- 
ción sobre las vertientes de las montañas; pero esta verde 
cintura de árboles que dt bia estenderse á donde quiera que 
Ja esposicion y las otras causas influyentes favorecian al 
desarrollo de los grandes vegetales, se halla hoy muy re- 
ducida. En algunos sitios privilegiados es en donde se pue- 
de admirar aún ios restos de los bosques primitivos, y aun- 
que sea molesto el decirlo, la ocupación de las Canarias 
por los europeos, ha tenido, bajo el punto de vista de la 
conservación de los montes, consecuencias muy funestas. 
Los conquistadores, dueños de estas islas, ce mostraron po- 
co cuidadosos del porvenir. Ávidos por gozar de su con- 
quista, abatieron los árboles sin inteliíijencia ni previsión, y 
aun recurrieron al incendio como medio mas espedito para 
presurar los desmontes. Este malhadado sistema de esplo- 
lacion fué practicado desde el principio con tal ahinco que 
el mismo Adelantado, después de haber procedido al reparto 
de tierras, se asombró de semejante abuso. Decia »La isla • 



—385— 

no durará doscientos años.» aludiendo á esas continuas de- 
vastaciones. Efectivamente, todo mudó bien pronto de as- 
pecto, los árboles indígenas desaparecieron en masa, y la ve- 
jelacion primitiva atacada por todas partes por los cultivos 
se refugió en los sitios menos accesibles. Mas tarde se for- 
mularon algunos reglamentos de montes, pero los ayunta- 
mientos toleraron su violación y con el aumento da pobla- 
ción, las administraciones, Cbdiendo á sucesivas exigencias, 
autorizaron nuevas concesiones. Esta es la hislbrla de kíu- 
chos paises despoblados de selvas. Sin embargo, en estas 
islas es preciso añadir al d'smo iie total de los sílios con.ie- 
didos y que antes Fui^rou bosíjues, los destrozos continuos 
de aquella clase de la poblariun rural que siempre ha vi- 
vido de los productos del monte; porque el menopolio déla 
leña, y del carbón vegetal se les ha concedido como por 
derecho de necesida I. De ubi nacen esos incendios preme- 
ditados que se renuevan con harta frecuencia y esas devas- 
líiciones diarias que a|>enas pueden reprimir las leyes y cu- 
yos progresos van de continuo en aumento. Tanta imprevi- 
sión y dejadez deben producir tarde ó temprano los mas a- 
larmintes resultados, si la autoridad superior eficazmente se- 
cundada por las municipalidades rurales, notoma las mas o- 
portunas medidas, y aun diremos las mas enérgicas para la 
Conservación de estos bos(|ue prolectoresque fertilizan los va- 
lles agrícolas y les preservan en la estación de las grandes 
lluvias y durante los huracanes, de las avenidas de la alta 
región. Nos asombraremos quizás algún dia de no hallar 
nada en este archipiélago que recuerde la vegetación primi- 
tiva; todos los árboles habrán desaparecido; algunos brezos 
perdidos en medio de los heléchos, señalaran apenas los lu- 
gares que cubrieron con su sombra los laureles, los mocanes 
los adernos, y todos los hermosos árboles de las selvas Ca- 
narias. Tan triste porvenir ha excitado ya el sentimiento de 
un naturalista viajero. » Estas islas afortunadas, decia, en 
gun la naturaleza ha esparcido tantos encantos, llegarán á 
ser rocas áridas en medio del Océano ... nuestros floras di- 
rán las flores y plantas que las cubrieron y la posteridad no 
osará creerlas.' 

11. 

En el diá»no forman va las selvas Canarias una zona de 

49 



—386- 

« 

vegetación continua^ cstendiéndose en derredor de las islaj^ 
coíno una verde cinta de Oriente áOccidcnlc robre las ver- 
tientes septentrionales de las Montañas, lista rej;iün salváli- 
ca en que los laureles (liles viñálicos, lauros y barbusanos). 
se apiñaban en gran número en que los aceviños, hayas, san- 
guinos, mocan-es, palos-blancos, adornos, marmilanes vían- 
las otras especies preciosas rrecian confundidas, no ofrece 
ya á la vista mas (|ue esparcidos restos de la vegetación pri- 
mitiva. Y sin embargo aquellas reliquias de los anligos bos- 
ques, diseminados acá y acullá, aquellos verdes oasis ais- 
lados sobre los últimos límites de algunos valles agrícolas, a- 
quellos sotos claros y escasos que aun se ven en las gargan- 
tss fragosas, nos muestran siempre plantas magnilieas,* lle- 
nas de sabia y de frescura, vegetación vivaz y activa, qm 
poco tardaría en reconquistar el terreno que ha perdido, si 
una' administración protectora, velara mas de cerca á su con- 
servación. 

Hasta aquí no hemos hablado sino de los bosques de la 
primera zona, es decir, de aquella región en que dominan 
los laureles, aceviños, y otros árboles, mas por la parte su- 
perior á esta, existen otros de vegetación pre<*¡osa y de fo- 
llaje persistente. Queremos hablar do los pinos de Gana- 
rías que constituyen una de las mas útiles especies, comple- 
tamente indígena, y cuya madera resinosa se emplea con ven- 
taja en todas las construcciones, listos árboles, únicos pobla- 
dores de aquellos bosques, guarnecen mas particularmente 
la banda meridional de las islas desde 1200 varas de eleva- 
ción sobre el nivel del mar, hasta las crestas de las monta- 
ñas, Con todo en las vertientes del Norte, los bosques pi- 
níferos empiezan solamente á la altura de 1800 varas. No 
se encuentra en aquella alta región, la diversidad de for- 
mas, ni la variedad de hojas, ni la deliciosa sombra, n¡ el 
fresco verdor que caracteriza!! los bosques dc.laureleá. ün 
suelo seco y sin humus cubierto con las hojas marchitas y 
los despojos de la selva, uniformidad monotana, soledad si- 
lenciosa, raras veces interrumpida por el canto de las aves; 
porque las aves y los insectos huyen de una región que no 
tiene arroyos ni praderas y á la que falta las plantas necesa- 
rias á sü subsistencia. Tal es en general el aspecto de un 
pinar, poblado de árboles robustos que pueden adquirir srn 
embargo, en aquel tan árido en apariencia, colosales pro- 
porciones y desafiar impunemente las séquias y las inteai- 



—387— 

peries. Esto consiste en que sus puntiagudas hojas atraen 
los vapores de la atmósfera y el rocío de la noche, mien- 
tras que sus fuertes raices, penetrando al travos de las la- 
V as y escorias de aquellos terrenos volcánicos, van n bus- 
«car en las profundidades del suelo la humedad necesaria 
para su nutrición. 

Las desvastaciones, en la región de los pinos han se- 
guido una marcha no menos rápida que en la de los lau- 
reles. El pinar se encuentra actualmente muy diseminado 
y aún ha desaparecido en muchos puntos. Cuando el Pa- 
ílre Feuilleé vino á msdir en 1724 la altura del Pico de 
Teide, los bosques de pinos se estendian, según relata el 
mismo, hasta las alturas de la Villa de la Oíolava, desde 
1000 varas de elevación hasta 2000 sobre el nivel del mar. 
El pinar ocupaba entonces por aquella parte una anchura 
de mas do un cuarto de legua. Apenas si hoy se encuen- 
tran en aquellos mismos lugares algunos árboles raquíti- 
cos, combalidos por los vientos. Mas sin necesidad de tras- 
portarnos á una época tan remota, nuestros contemporá- 
neos recordarán sin duda los hermoses árlioles de popular 
celebridad que se admiraban aun treinta años hace. El pi- 
no del Dornajito, el de la Carabela, los de Merienda y del 
Porliilo y tantos otros que ya no existen. Si se conservan 
aun en Canarias algunos árboles seculares, se debe al re- 
ligioso respeto que inspiran. Colocados bí^jo esta salvaguar- 
dia, los pinos santos perpetúan la veneración que los cir- 
cunde: las tradiciones milagrosas que euibellecen la histo- 
ria de aquellos veteranos de la vegetación, las santas imá- 
genes colocadas en el huecos desús troncos los han perseva- 
do feli'/jnente de la hacha del leñador, pero aislados la mayor 
sarte en medio terrenos incultos y descubiertos, sus simien- 
tes barridas por los vientos y las tempestades, no pueden 
germinar en el sitio donde caen y los pinos santos sufrirán 
tarde ó temprano la ley común, sin dejar pro.teridad. 

liemos señalado anteriormente, al hablar del n nacimiento 
de los bosques, la marcha iiatural de sus reproducciones al- 
ternativas. Varias circunstancias, felices para estas islas, fa- 
vorecen este fenómeno y aceleran su cumplimiento. La sua- 
vidad del cliama, la fecundidad del suelo y la naturaleza de 
los árboles. Pero las Canarias goza ademas de otras ven- 
ja en la propagación de las especies y de la repoblación de 
Jos .montes, esta consiste en la siembra natural. 



—388— 

Para que so f)ueda apreciar debidamenle toda importaci- 
ón de í'ste fenómeno que la naturaleza opera con aJmiiable 
pre>ision, daremos «Luí algunas sucintas esplicaciones sobre 
las sirmbra del arbolado según los principios de la economía 
selv;'itica. 

ün bosque se siembra natural ó arlificialkncnte. Las sel- 
vas vírí^M^ncs. es decir, aquellas que el hombre no ha plan- 
tado, se deben a la siembra natural, v en esle caso están las 
de estas islas. Esta siembra providerrcial hasta para reparar 
las pérdidas que las selvas esperimentau durante un tiempo 
indefinido; por que las simientes maduras que caen délos ár- 
boles ascííuran, no solamente su duración mulliplicando la 
especie si que tambie/i contribuyen á su espansion. 

Los árboles |)ropHgíulortís han recibo de los agrónrmos 
el noujbre de ()í)rta simientes ó asemilladores (en Trances 
porte-graines.) En la esplolacion económica de los bosques 
es necesario conservar este precioso retrurso; por que es- 
tos árboles resguardan, al abrigo de sus ramas, del ardor 
del Sol, de la se(|uedad y de los vientos, los jóvenes plan- 
tones plantones que |)rovinen de las semillas que, han es- 
parcido en su alrededor. En las Canarir»s mas aún que en 
cualquiera otro clima, debe recomendarse la conservación 
de estos árboles propagadores, por que en los bosques de 
la primera zona (región laurífera) todos los árboles sin es- 
cepcion, producen bayas, es decir que constituyen especies 
cuyas fruías mas ó menos carnosas, encierran huesos ó pe- 
pilas. Luego, al desprenderse esías frutas de las ramas, no 
se apartan mucho del tronco originario á causa de su pe- 
so, ó menos que la inclinación del terreno no las haga rodar 
mas lejos hasta que algún obstáculo las detenga. 

Las semillas de los árboles selváticos son, según la na- 
turaleza de la especie que las fjroducen, pesadas ligeras óa- 
ladas. Las pesadas, como lo hemos observado ya, caen al 
pie del árbol productor, las ligeras son llevadas á lo lejos 
por los vientos, y las aladas, que algunas veces son arro- 
jadas hasta cierta distancia, cuando el calor y la sequedad 
hacen estallar sus frutos maduros, se esparcen álos alrede- 
dores del árbol que las produce. 

Las semillas i)esadas necesitan enterrarse mas que las ti- 
jeras. 

La estension de las reproducc'ones naturales de los jó- 
venes vastagos, está, pues determinada por la ^naturaleza dfr 



—asó- 
las semillas, conviene, por tanto, conocer bien las propic- 
dadv^s inherentes á cada especie de simiente producida por 
les árboles progenilores, sobre todo en los bosques forma- 
dos por árboles diversos. 

No es menos importante determinar el número de aque- 
llos árboles productores que es necesario conservar cuan- 
do se esplota el monte, á fin de convertir en provecho de la 
repoblación todas las ventajas ofrecidas por la naturaleza. 

Se necesita tomar algunas precauciones para que los por- 
ta-semillas llenen bien su misión: preparar el terreno para 
recibir la simiente en los puntos en que el mantillo parre- 
ce tener poca consistencia: efectuar algunas siembras artifi- 
ciales en lo claro del monte en donde no existen árboles 
productores; no abatir estos sino cuando hay oíros que pue- 
den reemplazarlos y cuidar entonces que al caer no destru- 
yan los tiernos vastagos. 

En los bosques de la segunda zona selvas piníferas la siem- 
bra natural se efectúa de un modo análogo, pero con algu- 
nas modificacionrs. Estos bosques, seguo ya hemos dicho, 
se componen de una sola especie de árboles, el pino de las. 
Canarias, cuyo fruto conocido bajo el nombre de pina ó pi- 
neros, encierra bajo cada una de sus numerosas escamas, u- 
na semilla dura, en forma de alniendra plana, provista de 
una ala membranosa. Cada año, cuando madura el fruto, 
estas semillas aladas se escapan de su prisión y van á espar- 
cirse en los alrededores Si e^^tas simientes quedan en pun- 
to abrigado por la sombra que produce el verdor de los ár- 
boles vecinos, sombra harto necesaria á la naturaleza del ter-^ 
reno de aquellas selvas, entonces no tardarán en germinar 
el asegurar de este modo la reproducción natural. Mas para 
favorecerla conviene no abatir smo un tercio de los árbo- 
les de esta corts. El año siguiente se esplota el bosque en 
la misma pro|>orcion, tanto sobre el corte anterior como so- 
bre el nuevo. Continuando el procedimiento de este modo, 
el espacio en donde se habrá efectuad.o el primer corte se 
encontrará bien pronto sembrado completamente y entonces 
se pondrán abatir los árboles productores, ante qua esta ope- 
ración pueda dañar á los nuevos retoños. Asi pues, las siem- 
bras naturales vuelven á poblar de nuevo todo el monte. 

En el siguiente artículo añadiremos á estos principios e- 
lementales de economía selvática, algunas otras indicaciones 
en el interés de la conservación de los bosq^ues. 



390— 

m. 

Tres condiciones esenciales pueden tan solo esegurar es- 
te feliz resultado: primeramente; la vigilancia y celo de los 
guarda bosques, segundo: la inteligencia y actividad de los 
Comisarios ó inspectores de montes, y tercero; la buena vo- 
luntad de las administraciones rurales. 

Es preciso que los guarda bosques sean hombres esco- 
gidos, probos, adidos á su profesión y dotados de cierta 
practica en el conocimiento de los montes, i eben volar á 
que los bosques permanezcan vedados; es decir, alejar de 
ellos los ganados y parlicularmenle las cabras tan ávidas 
de las hojas y corteza de los nuevos vastagos. Es de suma 
importancia que las administraciones les recomiende no per- 
mitir la estraccion de las hojas secas csparcidns sobre el 
terreno del bosque; por que so protesto de recoger aque- 
llas para hacer abonos, se quita, con la capa mas preciosa 
de humus, muchas semillas ya germinadas y aun muchos 
pequeños vastagos que son ía esperanza del porvenir. En 
cuanto á los Comisarios ó inspectores de montes seria muy 
desear que estos empleos no fuesen dados mas que á hom- 
bres especiales y entendidos, posean todos los conocimientos 
agrónomos y necesarios para el buen desempeño de sn co- 
metido. Convendría igualmente que estos funcionarios hu- 
biesen cursados preparatorios de economía selvática en las 
escuelas de montes. 

Por lo que toca á los buenos deseos de las administra- 
ciones rurales solo anhelamos que cumplan con lo que sus 
propios intereses reclaman. El porvenir de la agricultura 
estriba en gran parte, en estas islas montañosas y priva- 
das de grandes cursos de agua, en la conservación de los 
montes que abrigan las fuentes bienhechoras, únicos recur- 
sos para las irrigaciones. Deben tener siempre presente que 
la reconstitución de los bosques en las monlañasy en sus 
declives mas rápidos, es el medio masa propósito para res- 
tablecer los climas é impedir los estragos que suelen causar 
las aguas pluviales. 

No nos detendremos sobre este punto y terminaremos 
indicando las loc?lidades en donde evislen aun algunos her- 
mosos grupos de árboles entre lo que ha quedado délos pri- 
mitivos bosques. 

Los árboles que pertenecen ó la rogion de la primera 



—391— 

zona, en la cual dominan los laureles, no se ven ya mas 
q'je en la parte occidenlal del archipiélago, en las islas de 
Tenerife, Canaria, Palma, Gomera y Hierro, pero en esta 
última no se encuentra casi masque brezos mezclados con 
algunos mocanes y viñáticos sobre las rocas escarpadas del 
del Golfo. 

Tenerife puede alabarse de poseer aún los hermosos bos- 
ques de las Mercedes y Agua García. Se advierten también 
algunos preciosos grupos de árboles hacia el N. O. de la isla 
en los bosques que avecinan los Silos. El monte de las Mer- 
cedes se enlaza por medio de algunos solos de brezos con 
los bosques que guarnecen las primeras vertientes septen- 
trionales y orientales de los valles comprendidos desde la 
Mesa de Tejina hasta la punta de Anaga. Así pues el gra- 
cioso grupo de árboles del Monte de Aguirire cuyos ma- 
nantiales surten de agua á esta Capital, la selva de Taga- 
nana y la que se esliende en las alturas abyacentes por la 
parte de Anaga y del Sabinal, pertenecen todos á aquella 
región selvática. Los árboles que los pueblan son princi- 
palmente laureles, viñáticos é Hijas, entremezclados con 
Follados hayas, tiles, sanguinos, palos blancos y algunos 
barbusanos. Estos últimos son mas comunes háciq Taga- 
nana en donde se encuentran también mocanes, adernos ó 
saquiteros y marmilanes. 

El bosque de Agua Garcia es uno de los mas hermosos si- 
tios de Tenerife, velado con frecuencia por una niebla fi- 
nísima que penetra las plantas como un rocío, presenta un 
admirable verdor. La sabia rebosa en aquella activa vege- 
tación Musgos, hongos, agáricos y bquenes favorecidos por 
la rápida descomposición de las sustancias vegetales y los 
principios fecundos que de ellas emanan, nacen á porfía 
sobre ios troncos y ramas de los árboles mientras que los 
undulantes heléchos y multilud de otras plantas diversas ta- 
pizan doquier aquel fértilísimo suelo. En los glandes baran- 
cos que atraviesan el bosque es en donde se muestra la ve- 
getación con todo su esplendor, y lozanía. Los laureles vi- 
ñáticos llegan alli con una altura estraordinaria, y aunque 
la mayor parte provienen de retoños, sus ramas radicales 
han alcanzado un desarrollo tal que algunas llevan su cima 
á mas de 70 pies de elevación. El tronco primitivo de estos 
árboles que se renuevan asi de siglo en siglo, ocupa á veces 
un espacio considerable y presenta las formas mas originales. 



—392— 

En el bosque Agua García es en donde crecen mas particu- 
larmente las dos hermosas especies de llex designados vul- 
garmente por los nombres nombres de Naranjero salvaje ya- 
ceviño: los mócanos, bayas barbusanos y palos blancos se 
encuentran allí también: los brezos arborescentes se presen- 
tan igualmente en masa en la orilla del monte y alcanzan 
á notables dimensiones. Todavía existen algunos que llegan 
á 45 pies de altura, y el único punió de la isla donde se 
encuentra tan granes es el lindo grupo de árboles de San 
Diego del monto. 

La selva de los Silos posee las mismas especies que las 
que crecen en las montañas del N. E. de Tenerife; pero los 
adernos, mocanes y palos blancos descuellan en mayor nú- 
mero. En estebosque fué donde encontramos en 1830 el 
Pillosporum coriaceum, boy en dia raro ya. 

Canaria ha perdido en gran parte su arbolado; por que 
habiendo tomado los cultivos en aquella isla mas estension 
que en las otras, no se ven restos de los bosques primiti- 
vos de la primera zona mas que en los terrenos mentuosos 
de la parte septentrional, desde el valle de Teror hasta la 
aldea de Moya. La montaña de Doramas, tan celebrada en 
la historia de las Canarias, no tiene casi en su favor mas 
que su renombre. Sin embargo, la parte de aquella antigua 
selva, llamada la madre de Moya, es un sitio muy notable 
En 1829 alcanzamos aun á ver allí árboles magníficos, cu- 
yos colosales troncos hablan adquirido un derrollo verdade 
ramente estraordinario. Eran tiles los que formaban enton- 
ces la especie mas común entre las que poblaban el monte. 
Todos los terrenos arbolados de la montaña de Doramas que 
el general D, Francisco Tomás Morales obtuvo por concesión 
ReaL fueron entregados al cultivo; pero según se nos dijo 
el corte se hizo con inteligencia dejando subsistir algunas 
zones de árboles entre las grondes suertes de ierren) des- 
montado. Si es asi, felicitamos al propietario actual por ha- 
bar mantenido ese sistema de esplolacion, de que no deja- 
rá de sacar grandes ventajas. 

En las islas de Palma y Gomera es en donde se conser- 
van aun los mas hermosos árboles. Aunque no tienen los 
montes una grande ostensión son bastante espesos en cier- 
tos parages. Los mocanes y aceviños crecen encllus mezcla- 
dos con la mayor parte de las otras especies de la zona la- 
urífera; los palos blancos, liles y viñálicos qus se han con- 



servfido en el p ran barranco de la Galga (¡«la de la Palma) 
pueden pasar por árboles de gran tamaño. 

Los Loj-ques de la scgi.iida zor.a región punifera existen 
también en todas las islas de la ¡ailé o(CÍdental de esie''ar- 
i'bipielago. En Teni rife Jos pinüns se e^^-lieuden en casi to- 
da la banda meridional v oriental de la isla. De las alturas 
de la E^^peranza á la Cumbre de Arafo,de la ladera de Güi- 
Uiar á la Granadilla, de esle último punto á (hnyna y de 
Adeje á Cilio, el pinar formaría aun una continua riánfiffica- 
cion si no se le bul»irra ;^elarado mucho en algunos |Vuntos. 
Con todo, aun existen buenos árboles, particularmente há- 
ein Gi:aj;ua por encima de la Granadilla y por la parte-* de 
Vilaflur en las vertientes de las Cañadas, aproximándose á las 
crestas d^l Sonibrerilo. Por la parte del Norte las altas cimas 
de la isla tieneií tai»:b¡('n su pinar y háeia el Portillo, de 
Icod, poeos años hacen que aun se veían muchus pinos en 
loh terreros volcánicus ([ue se estienden hasta la base del 
Pico. 

Canaria posee tnmbií n hermosos trozos de sus antiguas 
selvas piníferas, princilpamente al Sur y Oeste de la isla.' Po- 
demos, eitar si mal no recordamos el pinar de Tamadava, los 
de Pajonal y de los alrededores de Mogan, y el que está 
situadlo pi>r encima de Gnldiu*. 

Las islas de Hierro, Gomera y Palma no están despro 
^ií^las tam|)oco de aquellos preeiosos árboles. En esta iMli- 
nia. la montaña de Tamanca, las alturas que dominan á Ti- 
jar^f.'. garganta del Paso y los contornos de Garafia. eran, 
aun hay treinta años, los sitios mas cubiertos de |)ino8: pe- 
ro se nos asegura que el desmonte se ha efectuado en es- 
tos últimos años en grande escala y que se han abatido los 
mejores ejemplares. 

IV. 
Conclusión. 

Como complemento de las anteriores consideraciones da 
mos á continuación la nomenclatura vulgar, con su corres- 
pondencia eientííica, de los árboles de montes y de algunos 
otros vegetales de la flora Canaria, acomp'Ujada denotas 
sobre la calidad de cada especie para (|ue se puedan apre- 
ciar las ventajas quese sacaria de la variedad de riquezas 



—394— 

que lu Naturaleza ha esparcido en este archipiélago. 
El Lauro ó laurd. (Botánica) Laurus 

Onarieusis 
El Bnrhusano. . , Phoebe Barbusana 
El Viñólioo. . : . Persea iudica 
Kl Til Oreodaphnefelens 

Estas cuatro especies pertenecen á la familia de las Lau- 
rio :as. Son lodos árboles de gran asprclo, de madera dura 
y consistente. Líí del Viñáiico es menos sólida y dura nienos 
que la de los otros; pero sin embarco, se la en)pleacon buen 
éxito para hacer muebles á causa de su color que se acerca 
un poco al de la caoba. El Td que alcanza dinx'usiones co- 
losales, adquitre en su vejez un hermoso línle pardo oscuro, 
pierde su mal olor y labrado admite un bello pulimento. Al- 
gunos liles secútanos de la isla de Canaria que fueron derri- 
bados cuando se desn)on(ó la montaña de Doramas, suminis- 
traron tablas de mas de media vara de anctho formadas ente- 
raníeñle de duránieu (corazón de la madera) lo que supone 
troncos de casi 4 varas decirfunferencia. El barbusano posee 
las mismos cualidades que el til y aun es de m^s larga du- 
ración. Ilay en Tenerife mesas y es(ía|)arales hechos de bar- 
busanos que cuentan mas de 290 años de existencia y cuya ma- 
dera no ha perdido nada de su solidez y buen lustre. Una y 
Otra son igualmente propias para la carpintería y ebaniste- 
ría. . 

El Palo blanco. . Notoloea excelsa. 

El Mocan Vinea mocanera. 

La madera de estas dos especie de apretada contextura y 
hermoso grano se emplea también con ventaja en lacbanis- 
teria y en las fabricas de coches y carretas, á causa de su 
solidez y del buen lustre que puede ad(|uirir. 

La Haya Faja fragíf.ra 

La Jija.^ .... Prunus lusilanica. 

El Naranjo salvaje, llex platyphytla. 

El Acevjño. . . . llexcanariensis 
Estos cuatro árboles de gran corpulencia pudieran utili- 
zarse con mucho aprovechamiento. Los tres primeros adquie- 
ren grandes dimensiones. La madera de haya y narangero 
salvage podría servir para el embutido. La del naranjero tie- 
ne UQ color amarillento que le asemeja á la del limonero. 
La de la haya adquiere un pulimento muy brillante; la linu- 



—395— 

ra de su grano sus undalaciones y su grariofo lietcado. son 
á pro|)ósilo para ¡nuebles.. Se podría sachar de ella excelen- 
tes chafias. Lu Jija se díMingue por su ctil(»r r gi/c» > con- 
viene á los usos de la ebanistería. La eonlt-xUiia <l«'l ace- 
viño es menos dura y aprela.Ia v su madera no ofrece las 
mismas vent;ij*is que. la de los otros tres para la earpitite- 
ria. Ademús auncpie el tn»iiro de esle árbol s<*a muy eleva 
do no alcanza sin embargo las mismas pniponienes que la 
de las otras es|>ecies. 

El ademo ó saquitero lleherd.-^iia exC'*l>a. 

El Marmiiau IMei<imeris ca'í;i;ii'n>¡s. 

El Sanguino Uh»^^tusgl:indulll^us. 

El Folla<io \ilinriiuni ru!X<<sum. 

Orligdií de monte P;ir¡ti;uia ail orea. 

¡telamón o (jihiana, Telioe ramosis.s¡iiia. 

Estas si^is especies se eücuentran también iii b»s Ikís- 
i]\U'S lauríferos. Las tres primeras son ile gran trabajo, par- 
licularnieiile el marmilan, cuyo magnílico fillage recuer- 
«la ciertos árboles <le las regiones equinoríales. Su niada- 
ra íiura puede servir |»ara ctmslruccujnes, carrnagesy mue- 
bles. El adt^rno de es< eleiite graim es igualmente ¡irtipio psk- 
ra la evanisteria. El Sanguino notable |K)r .mi color amari- 
llo |iodria tal vez servir con)o palo de I nte. El follado y 
el orligon de monte no son mas que arbustos; el pri ñero 
sin embargo llega basta 30 jiies de altura y los ebanistas 
podrían sacar (larlid'i de el, pnr que cuando .«^e pule adquie- 
re un hermoMi \eieailo de color castaño. El lletamon ó Gil 
daña es otro lin lo arbusto que se cubre de flores de color 
de azufre, crece en las orillas sujíeriores de los montes del 
N. E. de Tenerife, ¡principalmente en el de Aguirre. Su 
tronco nudoso, que pue-le llegar á dos y mctiia pulgadas 
de diámetro summislra una madera sumamente dura que 
amella las hachas mas fur^rtes. Su duramen se desarrolla 
muy pronto, su contextura es apretada y forma un jaspea- 
do amarillento manchado ile pardo oscuro, cualidades que 
le recomiendan en sumo grado para obras de embutidos y 
vbanisteiía. 

El Madroño. .Arbulus canaricnsis 
El peradillo. Catha cassinoides 
' • • Pittosporum coriaceum. 
Estas tres hermosas especifs de árboles que probable 
mcnle erician antes confundidas con los laureles, no se en- 



—396^ 

cofetilrnrt AlvíÁ'a'siñD' es frishdamrnté en algunas loralidades ^ 
cíe THierifé. Se «vetí lodavia pvradillos y irvadronos en uikj 
de los fiírandes harranros del Valle de (iiíimar y forman es- : 
los úllimos un pequeño bosipvedel mas pinlíipcseo cf elo pop 
el lujo de su vcg<^'lacion, la elegante di>lribu(Mon de las fl<i. ■ 
res y la belli'/n de sus largos racimos, ruyo eobr naranja^ 
do hace resaltar mucho mas el verdor de bis hojas. El Iron- • 
00 magesluoso del madroño es rijlable por su lez regiza y 
el color rosado de su mailera durrí, llcurt y de buena con- 
textura, lil árbol llega á mas de íO pies de altura y se pue- 
den sacar de él muy buenas tablillas j)ara la labi-icacion de 
pequeños objetos de evaíiislería y cmbtilidos. Ka madera 
del peradillo es mucho mas dura y pesada que lá d^d ma- 
droño. Su formación [mrece buena, pero la escasez de este 
árbol diQculta su empleo en obras de carpintería. 

El Plllosporum coriaceum, cuyo nombre vulgar ignora- 
mos está en el mismo caso que el (>cradillo. 

El Brezo. . . Erica arbórea. 

El Tejo. . . Er¡«a scoparia. ' • 

Estas dos especies acompañan casi sit^npre los bo^^qups- 
lauríft^ros y forman en sus oril! is uoa zoiíjí de veg. inciou 
dsaz estensa. El brezo, pro|)iame.ite dicho, lleíí'i á veces :'< I.i 
altura de los mas grandiís árbt»les; su midera <lura y dcbuL'n 
grano tiene el inc-juvenieüle de tajarse. Con todo so sacan ' 
de él buenas labias para niut*bltís. Apenas se cn;nl«*ntra e! 
Tejo. en Tenerife, á no ser (»n los altos del bosf|ue de las 
Mercedes yendo hacia Tagaoana, pero esta especie no llega 
nunca á las d¡inens:oní»s d I liric^i arhoron. Empero, puede 
adquirir en menos de 23 años, un tronco cuyo <liá:nelro lle- 
gue á tres pulgadas. Su madera pos<íe las mismas c ualidades ' 
<pie la del brezo; pero stj color lo batia prefern* si se pu- ^ 
diera es|)lotarla en grande. 

Después de las es|iecies que acabamos de citar y quep r- 
tenecen á la primera zona. intli<Mrem>s otras <pje se" en- 
cuentran en las crestas y puntos culminantes de la ülta re- 
gión. 

Pondremos en primera línea i?l Pino ó Tea.=(/'/«M5 ca^ 
naricnsfs.) 

Esta hermosa especie se distingue de los otros árboles 
que forman bo^(¡nes. t^n que por si sola constituye una zona 
de vegetación (la región punifera) Nada tenenios que aña- 
dir en cuanto á las precio>as cualidades del pino de Cana« ' 



rías, cuya madera es incorruptible cuando ha formado, su du- 
ramen que especialmente se.cwioce bajo el riombre de tea. 

El Escobón. '.' '. . . . .\ Cylisus proliferus. 
Escobón (le la Palma. .. Sparlo-cytisdsfijipes. 

Cedro . / . Juniperus codrus. 

Jara. . .... . .\ . . Khodocislus Berlhelolianus 

El Escobón, propiamente dicho, llega á rf^gulare^ dimen- 
siones^> sobre todo en Canarias donde- este lindoarbuslo cre- 
ce en la alta región de la isla. ^ madera es muy dura co- 
mo la ife Jas iuguininos»s arborescentes de aquella zona. 

.' El Escobón de la Palma es un arbusto de otra especie, 
que presenta., en cuanto á la calidad de la madera, carac- 
lerV^s análí»gos á los del Hetamon; Contextura de eslniordi- 
nária dureza, grano fínísimo, duramen muy desarrollado, co- 
lor del palisandro. 

El eedro es unn de las especies mas raras que se encuen- 
tran hoy. Los pocos árboles que ana existen, bien sea en 
Tenerife; ó en la Palma, están aislados sobre las erestas mas 
altas y mas inaccesibles. 'liemos visto .subiendo hacia El Ro-- 
que de los mucliadios, punió culminante de esta- última, un 
cedro secular cuyo tronco tenia mas de 10 varas decircnn- 
feívucia. La madera de esta es|>ecie es muy dura, casi in* 
compatible y de olor aromático. Estás cualidiides unidas á su 
buena eontextura y hermoso color le hicieron preferir por 
los isleños para la confección de* muebles y aun para la fabri- 
ca de edificios. 

El Jar.i es un arbusto de flores rosadas, cuyo tronco mi- 
de cerca (le cuatro pulgadas de diámetro. Esta especie crece 
en abundancia hacia la alta región de la isla, por encima de 
los bosques de laureles; su madera que se destina al com- 
bustible pudiera einpleai se con graiíi ventaja en embutidos pa- 
ra muebles, á causa de la finura de su grano y de las undu- 
laciones de sus vetas. 

Para terminar esta nomenclatura dendrológica. señalare- 
mos también los principales árboles y arbustos Indígenos que 
crecen en los collados y grandes barrancos de la región ma- 
rítima; á saber: 

La Sabina. ... Jnniperus phoenicea 

La leña santa úorijamaCueorum pulveruletum 

El Acebnche. . . Olea europea. 



—398— 

El Drago. . . . Draroena draro. 

La Palma, . . . Phoenixdadylífera. 

El almacigo . . Pistacia allaiUica. 

El Hediondo. . . Dosea yerva-mora. 

El Sause Salix canariensis. 

El Tarajal. . . . Tamarix canariensis. 
La madera de ia Sabina llene grandes analogias con la d^ 
cedro, sin embargo es preferible por la finura del grano, el 
gran desarrollo del duramen cuyo hermoso color convida á 
emplearlo en muebles. Kstn madera incorruptible es de graa 
duración. La isla de Tenerife posee aun sabinas hacia la 
punta de Anaga, en el valle del Sabinal. También se nos 
asegura que existen en el Hierro y (íomera. 

La Leña santa, palosanto, ú Órijama es un arbusto déla 
región marítima muy abundante todavía en las Bandas del 
Sur de Tenerife. También es común en la isla de Cana- 
ria y en la de la Palma. Su tronco adquiere cierto grueso, y 
su madera amarilla de estremadá dureza y de nmy apiñada 
contextura se emplea con especiali'lad pira hacer tacos de vi- 
llar. Nótese que el nombre vulgar <fc' Leña ^anta, impueslo 
á este arbusto prp |(»s habitantes de Tenerife es la iraduc- 
Clon exacta del antiguo nombre benber Orijama, corrup- 
cion de On aliornm. planta de Dios, palabra qne pertenece al 
dia'ecto de la lengua liíiia (pie hablaban los guanches y con 
la cual se designa aun en la Palma y en Canaria. 

El Acebnche ú olivo salvage es una espec le indígena de 
(Canarias, al principio de este siglo era mucho en la tiran Ca- 
naria en donde aun vegetan algunos viejos ejemplares. Tam- 
bién los hay en Tenenf»» en las orilUs de l(»s grandes bar- 
rancos dtí la Banda del Sur, (Barrancos del infierno y de Ta- 
madaya. 

Los dragos y palmas de dátiles son dos grandes árboles 
de la región marilima (|Uk contribuyen á la originalidad del 
paisage por la esli añe/a de su porte. Se encurulran los pri- 
meros en estado silvestre en las rocas esearpadas de algu- 
nos barrancos de Tenerife. El eélebre Drago de la Orolava 
tan decrepito ahora y cuyo ahuecado tronco, contemporá- 
neo de la eonqnihta, niide mas de 18 varas de circunsferen- 
cía, es qui/ás el árhol mas antiguo de las Canarias. Esta es- 
pecie prcduce la fcangre del Drago estimada como droga me- 
dicinal. 

Las palmeras de dátiles son también árboles indígenas 



—399— 

que los primeros conquistadores encontraron en gran núme- 
ro en Lanzarole y Fuertevenlura, Las del Rio Palma en es- 
ta última i^la daban sabrosísimos frutos. Hoy si la mayor 
parle de estos árboles son estériles, es porque no se cultiva 
masque para aprovechar las hnjas. Iliegos frecuentes y si 
fuese necescirio la fecundación artificial los haría mas pro- 
duí'ti .os. 

El Hediondo y- el Sauce son dos vegetales arborescentes de 
poca imporlancia y cnya madera poco se emplea. El prime- 
ro crece en los barrancos de la costa, el segundo raro en Ca- 
naria y Tencriie abunda en la Taima hacia la [unta de Barlo- 
vento en doide á dado su iKubre á una localidad /.oí Sau- 
ces. Se uliliyan ^us ni mas para varias obras de cestería. 

\'A alni. ci^o es uno de los mas hermosos árboles de la 
región marilima. pero ya no le encuentra masque aislado. 
Puede adquiíir glandes dimensiones, porque hemos visto en 
la Cuide» a de la Palma un alnnuiíío cuyo tronco media mas 
de doce varas de circunrerencia. I.a madera de este árbol es^ 
llena, dura, sólida y de hernioso grano. El duramen espar- 
ce un olor aromático; su (dor oscuro y las disposiciones de 
sus veliis le hace buscar por los ebanistas. Cuando estos ár- 
boles adquieren todo su desarrollo dan hermosas tablas pa- 
ra muebles. 

En cuanto al Tarajal no creemos que la madera de es- 
te arbusto pueda ser úiil á las artes; pero podria ser muy 
couNcniente multiplicarlos en las costas donde generalmen- 
te se conq)!ace mas. Llega hasla 2o |)ies de elevación y pro- 
pagándolo seiia muy útil p^ra resguardar las tierras veci- 
nas del mar. Crece en eslado salvaje en Fuerteventura (Gran 
Tarajal) y en Canaria al rededor de las Lagunas de Mas 
Püíoma. 

Santa Cruz de Tenertfe Febrero 1855. 

U.N AMrGO DEL PAÍS. 

Carta 57. 

Santa Cruz de Tenerife 16 de Agosto de 1858. 

Sr. D. Juaquin Villalva, — La Oralava. 

Del cuidado de la sulud pública^ 

Mi apreciable amigo: vuelvo á dirigirme á V. al tratar 



-- 400— 

de materias que son análogas á sii facultad. Partee iquo 
uno descansa cuando al txannnarlas se ditíge i personas 
inteligentes. 

Nada hay en el mundo mas estimable que la salud. Su 
g(>ce €s de absoluta necesidad |>ara el dihfiute de los demás 
bienes, que sin ella no se pt rciben ó á lo m( nos no pueden 
saLorearse. Pedíanlos antiguos, como V. sabe muy bien, á 
las dióces: mrvs sana in corpnre sano: un eiiteiidiuiiento sa- 
no en un cuerpo sano también. Pero si la salud de un indi- 
viduo es uUeresante, mu<ho mas lo es la de un pueblo. ¡Que 
espectáculo tan triste el de uno en (|ue se introduce la pes- 
te ó cualquiera enfernudad contagiosa/ Los hombres que 
se complacían en vivir juntos se alejan: l;isn unioíies, aún 
para los negocios de inleiés, se inleirr.m[)en: los vínculos 
de la sociabilidad se relajan: las couiuiii('»cioncs que antes 
se buscaban se huyen y se temen: el padre se aparta del 
hijo, til hijo del padre: los esposos se miran con recelo: los 
amigos temen darse la mano. I.a pluma de Bocaccio y de 
otros, que no tengo á mi disposición, nos di acriben estas 
escenas: escenas lamentables, que nos representan al hom- 
bre lleno de inquietud, recelos } sobresaltos atormenta- 
dores. La muerte se pasea inpugncnuiitc por doquiera y lodos 
la muan frente á frente, lauto durante lus resplandores del 
sol como durante las lobrcguescs de la noche, y están es- 
perando de un monienlo á otro el golpe fatal de su guada- 
ña. Todos los seres humanos se nos parecen, en tan críti- 
cas circunstancias, á los coitdcnados á ])ena capit.il que es- 
perimentan el dolor mas intenso y desgarrador, que es la 
agonía del honjbre sano. 

Pues si estos son los males que llevan consigo las enfer- 
medades contagiosas, una políliea previsora debe procurar evi- 
tarla^-; y mas donde su invasión es f^Uil, su desarrollo sen- 
sible, sus consecuencias mas fun<'stas que en otras partes, 
por que do las islas no es tan fácil huir. 

Vemos por la historia que los guanches padecían la mo- 
dorra y que esta maligna enfermedad sembró de cadáveres 
el suelo de Tenerife nntcs (|ue AIohso de Lugo ¡levase triun- 
fantes sus tercios á los Realejos. La modorra obligó en 1524 
á abandonar la importante plaza de Mar-pequeña. (1) En 1531 



(1) Viera Tom. 3: pag. 116. 



—10 í— 

era la 3.* vez que la Gran-Canaria rtcsfiurs Ae la con- 
quista sufría el azote ele la peshinicici se^itn el inísnto Vie- 
ra, la cual dice que la fi>i(';i ha ()|is('r\a(io que casi ((mIos 
los países recien CiiUivados y halnlados por liiifVüs rolonias 
están sngi'los al m>mo mal. Fué (al v\ coi flirto, í;iie Us oi- 
dores Cerraron la audiencia, y en ocinlin* m* pasaron á Te- 
nerife, pe^o se les ohli^ó á la ciiaiciíUMía. 

En 1582 la p^*sie de la> landn\^ iiiNailió la ciudad de la 
Laguna y según la Ir a<li(cion se roinnnico el aire por me- 
dio de unos tapices de Levanle (pie (rajo el (lapiian 
Lázaro Mori'no, recibido aqn I ano prr golteriindor 
de ia isla, y de.<d« b'adcs por piinieía \(Z el dia de (Corpus 
para c<di!ar de las vei:lava> al tii nipo de la procesión. La 
herfnítd de b^an Ciisblal fi¡e d< signada para dt 5:r»'(!o (1) 
pues el conlat^io se manifeslo proi.tanu ufe (pie cin dió ron 
rapidez: en el llano de los niohiiAs se abrieron zat j;>s para 
enterrar los ninerlos. Los vet ioos huian: <;l (joberhadtir y 
doce regidores se fuen^n al Sauzal, muehos á las ordlas del 
mar baria Ttjina. v el (íeberi ador y el Avnnlamientose diri- 
jieron por iin hacia la Oiotaxa: ino aelaniado >.J(ian Baulis- 
la patrono ó abo«>ad() eoiilia la [leste (pie eonlihúo en 1583 
muriendo eerca de nueve n/il personas. (2) 

lín 1601 apareció la ptsle en T»ru'iifi p<»r d puerto de 
(■araehico que no (pn^lo limpio basla lC()(i. La conini ¡t*aron 
dos navios españob s infestados: se es^ ndio á los Heait jos. 
salló al puerto de Saida (iruz, y lia.^^caidió á Taiiaria, Fuer- 
leventura y Lanzarot**. El ayunlaioi» lito de U\ Laguna pre- 
servó la cuidail con sus providemias- prohibió bajo pena de 
la \ida la ínlrodüccion de ninguno sin examen y se plantaron 
tres horcas á la enlrada y se adoptaron otras precauciones. (3) 

En no I la epidemia iiifesló las islas muriendo mas de 
69 personas: y en Tenerif j se introdujo de la Habana el 
vómito negro, con rujo motivo se llevo la imagen de la Can- 
delaria á la Laguna. 



ron 



Según el mismo Viera páj 478 del mismo tomo padecie- 
las islas la epidemia en 1771 y 1772 y se aumentó á la 



(1) Esta es palabra portuguesa que india destierra. Asi se lia 
maba entonces en las islas el lazareto. 

(2) Viera lom, 3.* pug, 149. 

(3) td. id. pag. 189. 

51 



—402— 

llegada del Regimiento de América. 

Mhs recientemente (en 1810) una epidemiri horrorosa sa- 
crificó centenares du víctimas en Santa Cruz, Puerto de la 
Orotava y C?naria. 

Ka 1827 también las viruelas invadieron algunas hhs,. 

La asoladora plaga del Cólera-morbo se sensreó de la 
ciudad de las Palmas en el año de 18S1 y sembró de 
lulo la población. 

No ha muchís di?s que estuvimos alarmados con la en- 
fermedad de las viruelas que trajo la iVivaria y que felizmen- 
te no se desarrollo, porque* aunque tardi; se tomaron pro- 
videncias que prodují'roíi un ÍAh resultado iíicomunicando 
los atacados y los qu<í habiaii tenid) roce con ellos. 

Interesado por el l)it;n d»; las islas remilí al Faro Nació* 
nal del que soy uno dt» los rislactort^s un articulo para que 
se pensase en una nxdid^ legislativa. 

Presumo que otras veiii^s habrán silo invadidas las islas 
de la peslikMKíia; que si md hubiera sido dado preguntarle 
hubiera aumentado el catálogo de las invaciones pero los he- 
chos que refiero baslan para dar á conocer (¡ue esta es una 
materia sobre la cual las autoridad rs (L'ben tenor una es- 
tremada vigilauííia desoyendo los clamores del interesen be- 
neficio de la himianidad. 

No hago esta escitacioa pnr egoismo: mi permanencia en 
las islas podrá ser de pocos años: pero dejaré amigos: fa- 
milias de las que como dií lu do V. conservaré un recuerdo 
afectuoso, y sentirla (|vie los individuos de las familias délos 
amigos (|ue aprecio bajasen al sepulcro á consecuencia de li- 
na calamidad, en me<lio de la consternación y sin poder re- 
cibir los ósculos de sus padres, de sus hermanos y de sushi- 
jos. Ya que se muera, parezca la muerte á un sueño: her- 
mosee en cuanto sea dable su negro aspeclo con las dulces 
emosiones de los ausentes. Basla, amigo mío; basta de ud 
asunto tan poco placentero: en cambio sepa V. que nada üe; 
ne en este momento que temer aqui por su salud su affmo. 
S. S. y amigo Q. S. M. B. 

M. N. 

Habiendo llegado á mis manos cuando se va imprimif 
esta carta el Faro de 18 de Setiembre de 1858 que contieno 
mi artículo lo transcribiré á continuación. 



—403— 

vAcios EN La legislación sobre sanidad. 

A proporción que sot estudia la nuestra, á medida que 
nos engolfamos rn el laberinto de la pr/íclica. vamos cono- 
túeíido que en medio de esa inmensidad de leyes quenos abru- 
man, de esa serie infinita de tomos de decretos que se suceden 
unos á otros, nos trillan disposiciones concretas y terminantes 
sobre algunos punios. Kstamos condenados, según parece, 
al mayor de los males, que es tener nmchas leyes y no te- 
ner las suficientes; á vivir en ese estíído angusiioso de in- 
certidumbre, en que el parlicular, el abogado y el juez no sa 
ben cual debe ser la regla que deben srguir, ni para cuni- 
pHrlM, ni i)ara mvocarla, ni para aplicarla. 

No se u*ea que vamos á ergolfarnos en consideraciones 
generales, en abstracciones vagas v s'n obj.fo: por el contra- 
rio vamos á descender al te rri no <ir l;i [íríulica, v á de;nos- 
trar con hechos irrrecusables, (¡nc lit ncn la sanción de un 
tribunal tan res[)elal)le como Auílicncii]. (¡ne acciones crimi- 
miuídísinias.que compron)»'t<'n In salml pública, no lienen se- 
ñalada por ninguna b-y pena, sii'ndo lícilo, á eslíinulos de 
la codicia sembrar la nmcrle y In d 'soi.icion en un pais sin 
incurrir en ninguna responsabüidid. Véase la demostración 
en una historia bario banentniíle. 

El 20 de marzo iillimo snlio del |»ncrlo déla Habana un 
hnque llamado Nivann y llegó á la bahía de Santa Cruz el 
18 del siguiente mes. lín la travesía adoleció de viruelas 
el coc¡n<»ro, y el capitán, al str vi>ilado por la sanidad de 
Sania Cruz do Tenerllc. ocnlló esle acci^ltnte, que dejó de 
ajiolar en el cuaderno de vilaeora, hahicndo sido admitido 
el buíjue y sus tripulantes á libre plática; el (ocinero atra- 
vesó tocia la isla, y fué lodavia convalrciente al puerto de la 
Orotava. Enlrelanlo, apenas smIió en tierra nn pasajero, tnvo" 
líl desconsuelo de ver fiílleccr uno de sus hijos de la virue- 
la maligna, y (pie el otro adoleciese de la inisina enfeime- 
dad, que comunicó á otros dos individuos mas, á |)esar del 
estado de aislamiento en que se lecolo<o. A consecuencia de 
la ocnliacion del capitán hubo varias víctimas. 

ííl (jübernador civil se alarmó, pasó al juzgado de pri- 
m.era instancia los antecedentes y se principió á proceder; 
resultó justificado el criminal silencio del ca[)itan; consta- 
ron las informalidades con que se verificó la visita por la 
sanidad; pparcró consignado en autos el funesto resullado 



— 40Í— 

do todas pstas n ticcnrias y quebranlamiento de las dispo-^ 
siiíioiiiís vigeiUes; ptTo cl ju'Z, a i>esar de ver demostrada 
una ncirioii eui|K)bIo, ápesar d^ (| lo It^iiia ante sus ojos una 
0(;uU;ic¡(>i) m^iliciosa. á püSJirdtíbaboT pa!|>id « lasirisies con- 
stícuoncias (\\h^ |n*odiijí>, se vio un la nev;t*s¡dad de sobrese- 
er. ¿Y porqiK ? Pon|iie no halló ninguna ley para candeuar 
y no le era dable invtMitarla. 

Tuóle pree'k')'), ron dol.)r d»i su eorazoi», proclamar solem- 
nenient(i que un hoelio criininal carecía de pt>na; y que el 
legislador, (pie babia sido minu* ioso para rasdgar el alia- 
namiealo de morada y otros dv.^Utos y f.iltas, había o:nilido la 
denigai'ion del castig > para uno cpie tan protondamerde a- 
tara la soi'iedxl. iül jne^. interino, señor I). llpiano (jon/a* 
lez, con sentimiento eslampó en uno desús ((Misiderandosciue 
aunque eran cierlas estas inrr;ícc oiits y aunipi»' fueson gran- 
des ¡as alarmas y estrago^ que el mal (le la viruela era ca- 
paz de pro.lneir en las |M)blacion<*s en que e. te contajio lle- 
gaba «á proj>agarse, el Colíg > penal v¡.:cnte. no solo no tenia 
previsto este caso,h¡iio (jiie ant«'s á la inversa dis|H)nia en su 
artículo 7/ que no eslai)an sujetos*^ sus disposi* iones los de- 
litos (fuese cometiesen en contravención alas leyes sanitari- 
as: y que consulla. las estas, ni en las vig'uti's de 28 de No- 
viembre de liSoS, ni en otras varias, (¡urí ^mi los Códigos del 
reino tratan de sainlad. entre ellas las orde lan/.as de matrí- 
culas, se encontraoa disposición alguna p^nal aplicable al ca-* 
so |)resente; y tuvo que sobreseer con arreglo al principio 
consígnailo en el Coiiígo de ipie no ca>ii^aran otros actos ú 
omisiones que los (pie la ley con anterioridad hubiese canfi- 
cado de d(»iilos o fallas. 

Dn hecho ciiniinal. de perniciosas consecuencias, salió 
triunfante de los procedimientos |u)r falta de sansion penaL 
Y no es esto jo peor, se reveló con el procedimiento y con 
su inútil terminación, que no produce ninguna responsabili- 
dad exijible quebranlar los reglamentos de sanidad, inocular 
el virus de la muerte en poblaciones tranquilas y contiadas, 
esto es, cometer el delito de asesinar, no ú uno, ni á dos^ 
sino á un pueblo entero, á una provincia dilatada. Tristísimo 
ha sido el ejem|)lo (|ue se ha dado, por (jue muy triste es- 
revelar que la b^ no se halle armada con una sanción penal; 
que e*, mas bien que un precepto, un eons(jt) que puede 
burlar el que tenga sulicientc osadía para verificarlo, ó el que; 
fenetraodío eo estos misterios, se baya convencido de que Uk. 



— adi- 
das las ordeños sobre sonidad no son mns que una ^évi^ de 
formali iad de que es lícita sin rit^^go alguno prescindir; 

¿Y e>le vacio no se llenará/ ¿l*ermíai»'(vrá la salud públi- 
ca abandonada á merced del interés parlicular, de ese Ínte- 
res sórdido qut; pretiere la ^ananria a la vida de sus seme- 
jantes? ¿No leNd>larán las poblaciones (|ue están á las orillas 
del mar al ver Ib^ar un bu(|ue, temiendo quo sea la Ci>ja 
de Fandora ([ue lleve encerrados males, plagas y (desolaci- 
ón? ¿\ (|ue entonces las juntas <ie sanidal, si impunemente 
se pue<le fallar á la verd id y echir en UTra pasaderos apes- 
tados y fanlos y et' closque dituiidan un contagio horroroso? 

Kl ¡iu>tratio Sr. (ion/alez, <pi»\ eoini hemos dicho, ihte- 
rinam'ntc (lesi*mpeña la jii<iicatnra con tanto acierto como 
probidad, trató de. cerrar este portillo por el que se evadía la 
mala fe; apelo al midiííqui' |>roi»o.ie el artículo ¿.* del Codi- 
to jníiial y acordó se elevasen al gobierno las razones que 6- 
Xi>tian pora creer (pie (Icblan s« r ol Jeto de sansion penat 
en lasb'Vtísde sanitlad hecho.N tan repreii>ibles. La Audien- 
cia tcrrUoriaL por niot¡\os sin dn<la graves, no eoníirmó en 
cnanto á este estrcmo la sentencia. La incertidmnbre conti- 
nuará rcinarulo y á vueltas de ellas la impunidad; pero no 
una im|Hni¡(lad oscura y dudtksa, que aílija al criminal con 
recelos, sino una impunidad que se os t(*nlará de attui ade- 
lante orgullos». Los capilanes de los buques se presentarán 
en los puertos y las bahias y vetan con desden las \isilas de la 
saníiiad, la reputarán como una tórnmla ínsigniticante, co- 
mo ceremonias didadas para inqxHier al vulgo, y dirán inte- 
riormente: «el capitán de la Nivaria introdujo la viruela ma- 
ligna en Santa (Irnz tle Tenerife y no sufrió ninguna pena: 
tampoco la sufriremos nosohos» amnpie holgamos el precioso 
regalo de la peste de Levante. Lo (pie importa es ganar, aun- 
que nuestra ganancia cueste la \i(la á una población ino- 
cente y nueslVa fortuna se funde sobre ujonlones de cadáve- 
res,» 

¿Y no ha de cesar este mal ¿No se ha de ccdocar sobre el 
solio (|ue está vacio una ley tan necesaria? Nos -lisonjeamos 
de que el gobierno no desatenderá clamores tan jusbis y no 
mirará con indiferencia la vida de sus subditos, que no tie- 
ne otro escudo que su protección. 

Santa Cruz de Teneriie 30 de Julio de 1838. 

Mariano Nougués. 



—406- 

Garta 58. 

Sania Cruz de Tenerife SO de Agosto de 1858. 

Sr. D. 

De la necesidad del establecimiento de un lazareto cómodo 
en las Islas Canarias- 

Mi aprecíale amigo V sabe muy bion que los pueblos de 
costas y sobre todo los que tienen piierlí)s son bien diferentes 
de los interiores. En estos se ve siíiiíprc una misma poblaci- 
ón; alo sumólos babilanles dehiiinres ó ciudades próximas 
vienen de cuando en eunndo á hacer visilas periódicas por a- 
niislad ó por interés; pero en los |>ucrlos. y í-obre todo en es- 
tas islas, y con espeiialidad en Santa Cruz de Tenerífo 
so vé casi l^odos los dias una pob'arioii nueva, una población 
flotante en sus aguas: lan pronto aparecen buques (¡ue enar- 
bolán la bandera de- Francia y tienden al viento los gallarde- 
tes tricolores, como se vé izar el pabellun de las estrellas ó 
el del leopardo. No se pasa dia en que el canon no retum- 
be sobre las aguas y que sus majestuosos ecos no vayan á 
perderse en el valle de San Andrés ó en la punta de Ana- 
ga. En seguida se vvn cauíiiuir hacia tierra los botes tras- 
portando una trij>ul;uiou y p:ísajeros de distintas lisononiias: 
semblantes una vi z blancos hiruioscados cim pelo blondo y 
ojos azules; otras celriüos ton cjíbe!b>s negros; otros las ra- 
ras figuras de los negros con su trente pequefia, achatada y 
ancha nariz, y corla y IiíUosm cabellera, se ofrecen á la vista 
del que visita el muelle ó r»eorre las calles próxinias y la 
plaza. No dirán sino que «I ;:eiuM'ü huniano. á semejan/a del 
mar echa conliruiadns o!end;:s de geni' sobreestá playa, así 
como \ienen á (picbrürse las ( Iíís, cujas aguasen su i cesan- 
te movimiento habrán bañado otros beamíVrios. 

Seguramente que es veniajo<a esla conuuiicacion: que asi 
el comercio recibe contiuuJun'iUe alimento y tienen salida á 
las puertas de casa las produí;ciones de las islas: pero estas 
ventajas no dejan de \v acouq.nñ;ubis de inconvenientes; en 
ocasiones con las riquezas, con las nurcaucias, con el oro que 
se ofrece en cambio de. los productos agrícolas vienen envuel- 
tas la enfermedad y la muerte. /Triste suerte de la humani- 
dad que vé siempre mezclado el bien con el mal: la felicidad 



—407— 

con la desgracia: el llanto con la alegría: la muerte con la vi- 
da! 

Por esta rnzon es indispensable que en los puertos se 
"tenga una rigida observación que los reglamentos sanitarios 
se cum|»lan con la mayor exadiduíl, y que apareciendo. con- 
tagiosa se adopten inmedialamenle las prevenciones mas es- 
quisila^- y se pongan en planta las precauciones que dicta la 
ley y que inspira la prudencia. 

Para evitar la invacion de la peste y de otras enferme- 
dades contagíosííS es necesaria la conslrnccion de un lazareto. 
Los buques que vienen coií paleutt» sucia deben sujetarse á la 
separación, á la secnesl ración del trato y del comercíd, y los 
que aportan de un país conlajiado aun cuando no haya o- 
currido en su viaje ningún caso de enfermedad deben suje- 
tarse á la observación. No ignoramos qne de algunos años á 
esta parte ha dominado la o[)in¡on de los no contagionistas 
pero contra esla leoria está la es|»eriencia, cpie demuestra que 
ios males se importan y que hasta qne ha llegado un buque 
á un puerto, ó ho entrado en una población un forastero, no 
se ha desplegado la peste, el cólera-morbo ó las viruelas. Te- 
nerife y las demás Canarias tienen (^omf)robantes harto dolo- 
rosos de esta verdad, .\unqne Miguel Leoy en su tratado de 
Higiene pública, traducido y adicionado por I). José Ilodrigo 
(impresión de Madrid páj. í)6) apellida ( dificio carcomido el 
de las cuarentenas, no aconseja su abolición sino su modifi- 
cación. Se hacecargo de la opinión de Anberl-Rothe quede- 
fiaujue la sola profilaxia de la pesie medicina preventiva e- 
ra fa civilización, est'> es, el bicn-eslar general que la agri- 
cnltura, la industria y la ciencia procuraii y desarrollan ba- 
jo los empiezos de la higiene pul)lica: observa qne esta pro- 
posición no es mas (pie la confirmación de la de Villsrnié que 
formuló la influencia de la civilización sobre la iníluéncia é 
intennidad de las epidemias: y replica: Sns bf^nclicios están 
bastante defendidos para (¡ue hc pueda renunciar á los de 
la preservación pública? A esta pregunta responde negativa- 
mente diciendo: por poco qne se admita todavía un cierto 
grado de contagio en la peste y aun en presencia de un sim- 
ple foco de infección que en<*ierra un navio, deben lomarse 
precauciones en favor de las ciudades del litoral, las cuales 
dcjim tanto que desear bajo e! aspecto de su coí'slruccioJ,do 
su policía urbana, de su salubridad etc. ¡Qni;»:i nos dií c, a- 
nade, que las relacíor\es inmediatas de una tripulación 



—408— 

desembarca de Levante, ron los halitanfos do los cuarteles 
mas oseuros ó menos s^nos de una gran dudad, estarían e- 
xentas de un gran p ligio'/ Lhs cuHti^ntenas, á ia verdad, es- 
tán reca^ga({a^ de vifo.s y t«»nnalídades ridiítulas, gravosas» 
gravosa, fastidiosas ele; |m ro rstahheieron un inlerv;do entre 
una población a^l^nifrada y los iiidi\iduos d<' los navios que 
arrivaii: circunerrilxMi un vaslo espacio «le aire libre, donde 
los principios dilrtcnos se ílíseminan. Los homlires sanos y 
vigorosos, que allí se enqdean, romo agentes, arrostran iijii- 

{>unementc el contecto de los cuarentenarios ;p<To sucedeiá 
o misuio c<Mi las personas debites. raeognin)as. timidas ó 
preocupadas que son tan lunnerosas? N(»solros, dice, lo que 
pedimos es la moditicac.on de las cuarentenas, '«;o su supre- 
sión; y pretendió que al 9/ ó 10 dit se admita á todo bu- 
que que venga de las escalas de L-vante y que no hubiese 
tenido casos de pe>t(^ e:i el mar, fondado en (|ue el perio- 
do do incubación á bordo JHinás á pasado d^ cxhc días. 

Conviniendo, pues, midicos lespclables en la verlad del 
corítagio, viniendo la esperiemia en su apoyo y no podiendo 
menos tie conorerse que el interés y la avariria han >ido los 
móviles de que no pocas veces se h:i>a sacrilicado á la ganan- 
cia la vida y el con^uelo de las familias. Lt necesidad di3 un 
Lazareto en las islas Canari s es una incoidMii incuesli<ma,^ 
ble, por que se hallan en relación con el Atrica y las Anti- 
llas, poi- que de eslos puntos y otros pueden venir bu<|ues 
apealados ó sos.Mcho>os, y sería una inhumanidad olíligai;- 
les á hacer rumbo á Alahou ó Vigo, como ha sucedidi/ al- 
gunas veces. 

Se coloiará el lazareto en la isla de la Gran -Canaria co- 
mo I ivlendia o indnaba el Sr. í). Francisco líeimonte, en la 
punta <le anaga o en oiri parte/ No e.-> e.sla cue^lion tan fá- 
cil de resolver para s^r de puro he< bo o de conveniencias 
locales V al nii.^mo liíjnpo de ciencia, ünicanienle diremos, 
que el lazan lo dk'be coscarse en luj^ar ventilado, donde los 
vienl(>s vayan alt<ts para que no dejen los miasmas en la. ad- 
mósícra de las p< blaciones; que el lugar debe ser accesible 
y imer buenos candóos: que próximo di be haber un puer- 
to ó ensenada en dointe c()n st paracion tengan abrigo y res- 
gna>d.) Contra las leinpeblades los buques (|U0 se sujetan á 
cuarentena. 

Kn lo posib'e. y gnardaila la debida proporción, el ¡Jir- 
viwvUt debe leiier las condiciones de el de Mahon, cOya d«'s- 



— i09- 

cripcion hace el D. Fernando Weylcr y Laviña 6n su Topo- 
grapa fisica-médica de las islas Balrares impresa en Palma 
en 1834, Traslado á continuación la descripción indicada y al- 
gunas noticias que he adquirido de el de Vigo. 

Lx\ZAKETO=^Este edificio que como otros muchos de Es- 
paña i)atenliza su poder en épocas niaslloretienlcs, l'ué prin- 
cipiado en 1793 y terminado en su mayor parle en 1807 
invirliendo en sus obras o, 632, 7i6 rs. 2 mrs, sirviendo des- 
de entonces adeniás de su verdadero destino de cuartel, de- 
pósito, hos|)itaL según las ocasiones. Eslá situado en la par- 
te mas oriental de la Is^a y hacia el N. á espaldas del Ca- 
1)0 de la Mola en una lengua de tierra, á la entrada del puer- 
to; de Mahon, en el punto llamado el Felipet. Su territorio es 
i)ajo raso, de base calcárea de unas 300 varas de diámetro 
rodeada de (uar escepto en un pequeño istmo que lo une á 
las colinas de la cordillera de San Antonio y tiene sobre 160 
varas de ancho y largo, entre ¿os i)uertos uno general cual 
es el de Mahon, y otro i)ropio llamado Cala Taulera (Teje- 
ra) con agua potable y fondeadero para fragatas está sepa- 
rado de la"^ Ciudad con alrededores sanos y fortificaciones que 
lo defienden y reúne las condiciones mas apetecibles. De los 
cuatro cuerpos de que debia constar solo posee tres de las 
que luego hablaremos. Su total construido de piedra de 
^illeria con elegancia fuerza y sencillez, está rodeado de un 
inurallon de 20 varas de elevación y 4.320 de circuito, cua- 
tro puertas conducen á su interior y álos enunciados depar- 
tamentos: y cada uno do estos está separado del muro es- 
terior |)or otro particular de la misma elevación y con un in- 
termedio de 20 varas. Dos de las referidas puertas miran al 
puerto del edificio y dan entrada, una álos enfermos apesta- 
dos, y otra á los géneros contunaces, que van á parar á los 
puntos sucio y sospechoso. Las otras caen al puerto de Ma- 
liony son para el servicio general. En su interior se vén cin- 
co altas torres desde donde se vijila el todo del estable- 
cimiento; un cementerio al lado de la patente sucia ceñido de 
alias paredes; una elegnte capilla de figura octógona que se 
levanta en el cenlro sobre cinco gradas en una área cir- 
cular rodeada de petril y estacada, cerrada con cristales y 
se|)arada de las Tribunas que hay en los departamentos, y 
estas á la vista de todas las personas escepto de las apesta- 
das. Sus dc|)artamentos son los siguientes. 

A— DEPAiiTAMEM'o sosPFXuoso=Consta de un muro con seis 

82 



—410— 

puertas, 24 habitaciones para pasajeros, con cocina, algibes, 
pozo, pilas, letrinas, locutorio. Tribunas para oir misa, huer- 
to, noria, enfermería para indisposiciones no pestilenciales, 
laboratorio, fumigaterio. tribuna aparte, agua lavadero, y le- 
trinas, separarado todo de los sanos; 2 habitaciones con IG 
cuarlos para alojar la oficialidad de los buques, con cocina, 
agua, comunes, y demás necesarios: 2 grandes salas corri- 
das y ventiladas para marinería mozos etc. 2 almacenes es- 
paciosos, seguros, ventilados, con piso alto y bajo y 80 po- 
yos largos para custodiar y orear ios géneros, por lillimo. 
cuadra para 20 animales, con pajera, habitaciones para mo- 
zos, pozo, abrevadero, y un gran corralón para ganado va- 
cuno, lanar ó de cerda. En un todo hay 118 puertas y 125 
llaves. 

B. DEPARTAMENTO DE PATENTE SUClA.=En él SC alojaU l0SC|Ue 

vienen de puntos apestados ó han rozado con los mismos. 
Tiene como el anterior su cerca, habitaciones, enfermería, 
ote. y además alojamiento para un portero, 4 huertos, al- 
gibe, noria, cañería para recibir aguas, y una torre que lo vi- 
jila. Su distribución es tal, que impide el roze de las tri- 
pulaciones que lo ocupan. Hay en el 126 puertas y 146 
llaves. 

C. DEPARTAMENTO DE PATENTE TOCADA.=Corresponde á la par- 
te oriental y mas segura del edificio y se compone de 3 en- 
fermerías separadas y circuidas de tapia particular; consta 
cada una de 6 piezas distintas, donde se alojan los apesta- 
dos y provistas de cocinas, comunes, agua potable, fumiga- 
torio etc. Está separado del anterior por dobles rejas de hier- 
ro y viiilado por una torre, pero sus habitantes están al al- 
cance de la voz y pueden hablar con los vecinos. En él se 
ven 37 puertas y 55 llaves. 

En resumen hay 4 murallones, 5 torres, 141 habitaciones, 
7 almacenes, 120 poyos para géneros, contumaces, 2enrer- 
merias, para males comunes, 30 Tribunas, 6 algibes, 2 no- 
rias, 9 pozos, 5 huertas, 2 caballerizas, 2 corralones y una 
Capilla, El alcaide posee una llave maestra que ábrelas 329 
cerraduras que hay, aunque sean todas distintas, asi se pue- 
de decir que nada falta para constituirlo en un edificio mag- 
nifico grandioso y apropiado á un objeto. Para un servicio 
por último hay un Alcaide, médicos, portero. Capellán, guar- 
dias de sanidad, marineíos con su falúa y cuanto conviene 
según los casos. Además no muy lejos de tal establecimien- 



-411— 

to en un islote llamado de la Cuarentena, hay otro edificio re- 
í^ular que se aplica según las circunslancias á los mismos u- 
os, y en casos de poco peligro y para fumigar ropas y gáne- 
os etc. 

Estas noticias pueden ser muy útiles para que en cuanlo 
^e linga en las islas, aunque no llegue á la grandiosidad del 
Lazareto de Mahon se siga un plan acertado. 

Kn el periódico titulado Siglo Médico de 2 deabril de l<Soi 
liay un articulo de I). V. F. Monlau en el que se recopilan 
variiis noticias estadísticas con relación al Lazareto de Vigo. 
Se dispuso su construcción porUl. Ord.de 6 de junio de 1838 
y se declaró abierto por otra de 1/ de junio de 18í2. Dice 
(|iie carece de agua y de muchas obras indispensables y (|ue 
las existentes entonces distaban mucho de reunir las condi- 
eiínies de apropiación (pie exije un establecimiento sanitario 
(le lanía importancia como el que junta en sus fondeaderos 
toda la cuarentena ordinaria de Europa y en su caso toda la 
íl'l Norte de Europa. El coste de su construcción ha sido el 
(le 2..*53",9S)0 rs. 2 mrs. de cuya cantidad se reintegró el em- 
¡rcsario cobrando las dos terceras partes de los derechos de 
ruarenlena ó de Lazarelo y la mitad de los derechos sani- 
tarios recaudados en el puerto de Vigo. En 1833 quedó sa- 
tisfecho el empresario. Desde su apertura hasta fin de 1853 
enlraron 2051 buques con 43,835 personas. Otros datos cu- 
riosos ccntienc el artículo, pero los indicados bastan para dar 
una idea de como puede construirse la obra en lasp islas y 
que medios pueden adoptarse para el pago. 

Me pareee que no dejará V. de apreciar estas noticias. Ya 
íengo manifestado que en ciertas materias no podria hacer 
n]as (|ue indicaciones. Vea V. las que acabo de reunir sobre 
los lazaretos y véalas también el que leyere mis cartas. Yo 
soy como un centinela en favor de las islas: doy la voz de 
alerta: su eco debe resonar en otra parte. Yo digo tal mejo- 
ra debe hacerse: tal obra debe emprenderse. Conjo, cuando, 
en que forma, porque medios, muchas veces no mé es per-> 
milido decirlo: debo ser circunspecto, lo contrario seria una 
chíirlatáneiia y aspirar á la omnisciencia. Arrojo la semilla; 
h Oíros rerrcsponde recojerla y hac^.erla germinar. Quizás yo 
Mciera mas si fuese otia mi posición: pero en mi limitada 
(ísIVra no me es posible hacer otra cosa, y aún esto lo ha- 
]^^o venciendo obstáculos, y á costa de trabajo, (]ue no bus- 
4a otra recompensa que la gratitud de un recuerdo; esperan- 



—412— 

(lo que dignn los habüantcs de las Canarias: este peninsu- 
lar fué un amigo de las islas, como lo es espocialmenle 
(le Y. su off'mo. O. S. M. B. 



51. N. 



Caiiia ir.) 



Sania Cruz de Tcncnle 23 de agosto de 1858. 

Sr. /), 

De la esíincion de las rivalidades entre las islas como me- 
dio de aumentar su ventura: cscitacion á la fraternidad. 

Mi apreeiable amigo; cuando uno viene de la Peninsula 
y pisa por primera vez este suelo, una délas ideas que mas 
ie alliagan es la de que en él no han de existir rivalidades 
ni envidias ni partidos: se figura que en las aguas del Océa- 
no debe haber quedado sepulíaiia tan íanesla semilla para 
lio germinar en las Afortunadas. Sin embargo al poco tiem- 
po de mi permanencia en ellas, ya conoí.'í que en parte esta 
habia sido una ilusión: porque ya que no existiesen las ar- 
dientes polémicas de la política, á lo menos habia rivalida- 
des funestas originadas de la malhadada cuestión de la ca- 
as Palmas aspira obtenerla, ó á lo menos á com- 
patirla: Santa Cruz pretende conseguirla pnmacia: y á vuel- 
ta de estas cueslienes el gobierno ha unido y ha separado; 
ha tejido y destejido, pareciéndose esse negocio á la tela de 
Panélope, tela tan famosa í[ue ha dado lugar á tantas citas y 
á aplicaciones tan varias. 

A consecuencia de estas cuestiones se han mezclado fra- 
ses que han alarmado y ulcerado los ánimos y que pueden 
dar lugar á serios disjustos. Como si uno no pudiese engran- 
decerse sin humillar á otro: se entra en la terrible via délas 
comparaciones. Amigos poco prudentes de los pueblos adop- 
tan ese sistema fatal alaban y deprimen; critican e enaltecen 
vituperan y encomian: y á trueque de conseguir su objeto 
no vasilan en arrojar la simiente de odios duraderos. No pa- 
receria en algunas ocasiones, sino que la Gran-Canaria y la 
isla de Tenerife son Roma y Carlágo, pero ya que ñola lio- 
rna y Cártago de la historia, á lo menos las do las cscuelaí^ 



—413— 

atendido el eterno estado de oposición y de guerra. Para al- 
gunos no hay nada bueno sino en la Gr?n-Canaria: para o- 
tros solo en Tenerife. Se habla respectivamente de las ra- 
das y puertos, de los frutos, d*i las campiñas, de los tem- 
plos, de los habitantes, en una palabra, se habla de lodo, pe- 
ro no para enaltecer estos objetos sino para achicarlos re- 
cíprocamente los contendores, á fin de que los otros se en-^ 
grandezcan hundiendo ó rebajando los contrarios. 

Láslima me causan estas contiendas pueriles, estos cho- 
ques ridículos, esta guerra de mala ley. Cuantas veces no 
he dicho interiormente ¿porque no habia de haber una au- 
toridad que impusiera un tace, que prohibiese que semejan- 
tes contraversias se agitaran, y que las estinguiera para siem- 
j)re? El Exmo. Sr. D. José Martínez ya conoció las ventajas 
(le esta resolución, puesto que de la boca de este General 
oí conlinuamente palabras dirijidas á este objeto recordan- 
do á todos la conveniencia de la unión, el olvido de estas pe- 
queneces, y manifestando á todos que no era autoridad de 
una isla tan solo, aunque en ella recidiera para el mejor ser- 
vicio público, sino de todas, pues todas pertenecían á una 
misma patria, ¿quien podrá negar á la Gran-Canana la be- 
lleza de la Catedral de las Palmas, la hermosura de los e- 
dificios de esta ciudad, la amenidad de ciertos valles, la ri- 
queza y variedad de sus frutos? ¿Quién podrá disputar á Te- 
nerife su ventajosa situación, la hermosa y cómoda bahia de 
Santa Cruz, la interesante posición de la Ciudad de la La- 
guna, los risueños campos.de Tacoronte, el encantador va- 
lle de la Orotava, la maravilla del Pico de Teide y otras 
de sus infinitas ventajas? pero estos dones que respectiva- 
mente han recibido del cielo dos islas, que las constituyen 
en dos preciosas joyas del Océano, no deben servir para que 
se hostilicen, sino para que se unan y fraternicen. Puesto 
que la bahia de Santa Cruz es tan concurrida, y que es tan 
abundante de frutos la Gran-Canaria, en aquella bahia tiene 
un nuevo medio de darles salida: debe complacerse de que 
esta isla hermana goce de la ventaja déla concurrencia por- 
que esta ventaja cede también en su beneficio. Santa Cruz 
así mismo interesa en que la Gran-Canaria prospere, porque 
su prosperidad contribuirá á suministrar mas abundante ma- 
teria para los cambios. ¡Puede perder Santa Cruz en que se 
haga un buen puerto en las Palmas? De ningún modo: si el 
muelle de Santa Cruz se perfecciona, su bahia siempre ten- 



-414- 

(Irá una grande estimación: el Pico de Teide que sirve como 
(le faro á los navegantes, de punto de mira en su derrotero, 
es una de aquellas rosas que no pueden reemplazarse. Con- 
téntese cada isla con sus ventajas naturales: procure aumen- 
tarlas en beneíicio propio y en provecho público con patrio- 
tismo é inteligencia, y el pais ganará y la prosperidad pú- 
blica se desarrollará de una manera creciente- No haya otra 
lucha enlre las islas sinó la de la respectiva mejora: todas 
tienen bienes preciosos, que les es posible esplotar: todas re- 
cursos que podrán utilizar. A que fin, pues, fatigarse en es- 
ta guerra mezquina? El Gobierno á todos desea estender su 
protección, disi)ensarles sus favores, aumentar su prosperi- 
dad. 

IVto ¿y como hacer cesar estas rivalidades? La prudencia 
de las autoridades y el patriotismo de las personas iniluyen- 
les pueden contribuir poderosaincnte al logro de tan digna 
empresa, hidicaró algunos medios: 1." trabajar para que la 
prensa cese de promover polémicas, que au .que aparente- 
menle y según la recta iniencion de los que las sostienen, 
se dirijan á un íin laudable, o(»asionan un mal de grave tras- 
cendencia que es atisar el fuego de la discordia. Alabe eno- 
rabuena^ -cada periódico el pais en que vé la luz; realce sus 
ventajas: paro no ataque las de otro pueblo, no rebaje la de 
otra isla. Si á pesar de todo se entra en tan delicada con- 
troversia, dispútese, pero sin herir sin lastimar á nadie. Ue- 
llexionese que estas discusiones acaloradas no pueJen ser- 
vir de ilustración al Gobierno, que adelantada la ciencia de 
la estadística, siendo tan frecuentes y posibles los viages, 
irán á buscar por otros medios y en otras fuentes las noticias 
que necesita. Convencidos los periodistas de la inutilidad de 
su sistema dejarán de ejercitarlo. 

El 2." medio de evitar las rivalidades es el establecimien. 
'o de comunicaciones prontas y activas: si los intereses se fuñ- 
ían y se malgaman: si los hombres se ven y tratan con fre- 
uencia, las prevenciones se disipan lentamente, y poco á po- 
ío los que se conocen llegan á mirarse como amigos, La ad- 
v^ersion que se profesaban los españoles y franceses desj»ues 
de una guerra encarnizada ha cesado desde qu^í emprendie- 
ron su curso las diligencias de los caminos de hrerro conclu- 
irán por unir todos los pueblos del mundo y por establecer 
el evangelio, la ley de la caridad como la única del univer- 
so. 



—415— 

De la facilidaJ de las comunicaciones aún resultará ptra 
ventaja y es que las autoridades superiores puedan trasla- 
darse á todos los puntos de su mando, y aunque tengan su 
residencia en uno verifican esas visitas tan útiles. 

Ser. medio procurar interesar en ciertas empresas á los 
pueblos de las diversas islas, haciéndolas solidarias en su 
respectiva felicidad. Pongamos un ejemplo: lejos de acudir 
las islas «^ empresa» esíranjeras: dará seguros de incendios 
y contra calamidades debian formar una sociedad compuesta de 
sus propietarios. Si incendiada como desgraciadamente ha su- 
cedido ahora una casa en las Palmas, los vecinos de Santa 
Cruz y la Orolava contribuyesen á su reedificación, y per- 
dida una cosecha en la Laguna los de las Palmas y los do 
Telde viniesen á dar su tanto para reparar esta desgracia, no 
cabe duda que los vínculos se estrecharian cesando la ani- 
mosidad y todas las islas formarian un todo compacto. 

Oigan pues todos sus habitantes una voz amiga: la voz 
de un hombre imparcial que se interesa por su ventura. Los 
odios y la envidia, les dirá, no producen sino frutos amargos 
y perniciosos; la naturaleza os ha colocado juntas para (|ue 
forméis un tedo, para que os ayudéis, para que contribuyá- 
is á vuestro engrandecimiento no ¡lara que os hoslileceis y 
hagáis la guerra. La ventura de cada isla depende no solo 
de%i misma sino de las demás. Acordaos de que ninguno es 
rico cuando todos slis vecinos son pobres y no puede esta- 
blecer el sistema de los cambios, de las permutas y del co- 
mercio. Recordad el apólogo, con que un cuidado sencillo 
convenció al pueblo romano, qu^^ en uno de los arranques 
de insubordinación y de amolinamente se habia rebelado con- 
tra el Senado y refugiándose en uno de los montes que des- 
pués encerró aquella poderosa ciudad dentro de su recinto. 
Los miembros del cuerpo, decia aquel varón sensato, se re- 
belaron en cierta ocasión contra el estomago, que suponían 
un miembro inerte y glotón: las manos se negaron á llevar- 
le alimento, los pies á buscarlo, las bocas a recibirlo, los 
dientes á masticarlo: la cabeza á discurrir para su adquisición 
etc. nada enviaron al estomago durante un gran número de 
horas: [lero entonces el desfallecimiento se apoderó de todos 
los miembros, y el frió de la muerte principió á invadirlos: 
se desengañaron de su error y volvieron al sistema antiguo 
porque conocieron que aquella entraña que conceptuaban ocio- 
sa derramaba la vida sobre las demás. 



—416— 

Así sucede entre los pueblos, la prosperidad del uno re- 
te sobre la de los demás. ¿Quien sabe lo que el engran- 
decaimiento de Santa Cruz no ha contribuido á la ventura de 
los demás pueblos de Tenerife? Si Santa Cruz no fuese un 
puerto concurrido hubiera partido de él un camino á llevar 
la vida al interior? Ese camino se debe á la prosperidad de 
Santa Cruz; sin Santa Cruz seria lo que era en tiempo de los 
guanches ó poco menos, su bahia pone en relación á los pue- 
blos interiores con todas las partes del mundo y fiícilita la 
salida de sus frutos. Santa Cruz oírece también un mercado 
a la Gran-Canaria, y los frutos que allí se perderían sin es- 
timación, porque no encontrarían consumo, aquí lo tienen y 
su crecido precio aumenta las utilidades del colono y las ren- 
tas del propietario. 

Así hablarla yo, amigo mió, á las islas, si tuviese auto- 
ridad para hablarles, pero aunque carezca de ella no quie- 
ro dejar de estampar sobre el papel mis ideas: porque siem- 
pre es un consuelo saborearse con estos sentimientos gene- 
rosos. V. que me conoce á fondo se complacerá de ver que 
en todas partes sigue unos mismos principios su invariable a- 
migo. 

M. N. 
Carta 60. 

Exmo. Sr. D. Narciso Ameller. ' • 

»Muy Sr. mioy mí estimado General: triste seria la suer- 
te de los auditores: si en regiones tan apartadas no pudiesen 
tener con los generales, sino relaciones de oficio. Afortuna- 
damente la afición que V. tiene al estudio permite que las 
tengamos mas agradables; á virtud de la confianza que ins- 
pira el amor á las ciencias me atrevo á dirijir á \. la co- 
municación que tenia preparada para el Ayuntamiento de la 
Laguna. Después de escrita reflexioné que mi representado 
quizás no fuera suficiente para mover su ánimo. La copio á 
continuación por siV. acepta el pensamiento y considera con- 
veniente emplear su posición social para que se realice. Mi 
comunicación proyectada era como sigue; 

Al Iltre. Ayuntamiento de la Laguna. 

¿No me será permitido dirijiros la voz, cuando todos los 



—417-- 

ciu«1aí]anos gozan ahora del derecho de petición y |meden 
I levar hasta el trono sus súplicas, sus dolores y sus espe- 
ranzas. Confio, pues, que oiréis la de un viajero que pisó con 
respeto ésle suelo histórico, sobre el cual se levantó como 
por encanto una ciudad para que fuera un monumento de la 
piedad, de la gloria y de la civilización de los españoles: un 
nudo síHito entre hfS conquistadores y los guanches, que des- 
pués del abrazo de los Realejos no formaron mas que un pue- 
blo que perteneció á la noble nación espííñola. Oid, pues, res- 
petables conséjales, mis palabras, escuchad mis votos. Si los 
acojcis favorablemente, la patria os agradecerá esta condes- 
cendencia, las almaií de vuestros padres se sonreirán en la 
mansión eterna: los pueblos todos de las islas alabarán vues- 
tro patriotismo: los hombres ¡mparciales, amantes de la glo- 
ria de los varones célebres, os tributarán aplausos; y voso- 
tros cumpliréis con un deber de justicia que es evitar la pro- 
fanación de los cadáveres que tueran templos del Espíritu 
Santo: pero si por degracia desatendéis mis ruegos, á lome- 
nos no tendré el remordimiento de haber sido impasible es- 
pectadory cómjílice, hasta cierto punto, con mi silencio, de 
tan vergonzosa profanación. 

Vosotros sabéis que el valiente Alonso Fernandez de Lugo 
fué el que conquistó esta isla: que la conquistó para some- 
terla al imperio de la religión católica: para civilizarla; que 
pocos años después de la conquista se levantó en el lugar 
que fué teatro de la victoria contra Tinguaro y Bencomo la 
ciiuiad de la Laguna; que por encanto se erijieron templos, 
donde se iributó culto al Altísimo, escuelas donde se instru- 
yó la juventud, y palacios donde se aposentaron los guerre- 
i'üs para trasmitir con su sangre á sus sucesores el amorá la 
patria y á la religión, en una palabra, que no fué solo con- 
quistador, sino poblador y colonizador de este pnís. 

Al recorrer esa ciudad el viajero absorto pregunta ¿don- 
de eslán los despojos mortales del héroe de la coníjuisia, del 
fundador de la Laguna? El murió aqui, y no se halla su tum- 
ba: ningún eslrangero pasó en son de Guerra la Cuesta /ijuc 
se ha hecho de sus huesos? Y hice estas preguntas; busqué 
el sepulcro de Lugo y no lo hallé: se me indicó no obstan- 
te que su jcuerpohabia sido enterrado en la Iglesia de S. Fran- 
cisco y se me dijo que estaba convertida en un plantío de 
nopales. Permitid, señores, que yo me lamente de esta me- 
tamorfosis. Solo por haber posado allí su encanecida cabeza 

53 



p* '^¿ " 



—118- 

rí héroe de la L'^guna y íIc los Realejos dch'a baberi^e con- 
servado aqael sepulcro é impedido que se confundiera eon laj» 
ruinas del templo incendiado hace muchos años: pero su5^ 
bóvedas vinieron abajo y los huesos del héroe recibieron \tt 
lluvia del cielo, como hubiera pere»;ido en Acenlejo. Siendo 
vencedor ha teñidlo la misma suerte que sí hubiera sido ven- 
cido, y que si en este suelo no se hubiera enarboUdo bí en- 
seña de la cruz junlameníe eon el |HMidon dé los Reyes Caló- 
licos. Todavía peor: por los huesos de Lugo discurre el agua 
del riego: los atraviesan quizás las rafctes de las tuneras, y 
tal vez los quebranta el azadón del cultivador. 

Yo i^ne dirijo á ese respetable Ayuntamiento, para que no 
se repita este escándalo: para que fijando la consideracioir 
en un hecho, que tal vez no se la habrá Uaniado por sus mu- 
chas ocupaciones, acuerde inmediatamente la busca délos res- 
tos mortales del adelantado Lugo: los coloque en ima urna, 
y verificado sin dilación este acto, que €S de indispensabUí 
urgencia, reúna los honrados y drslingui<los ciudadanos de la 
Laguna para que en unión de V. S. nonibren una coniision 
que pre[)are el medio de hacer la traslación á la Caledrat, 
construyendo un sencillo m(»numento. 

líl liillazgo no es difiril: ancianos habrá que no i*rnoreiv 
el punto de la sepultura de Lugo: su testamento lo dice. 

La tra.slacion debe ser una hincion cívica y religi<)sa: V. S^ 
como sucesor de a(piel distinguido cuerpo que creó Lugo, que 
í\\é el senado do la isla: el promovedor de su ventura, el con- 
sejero (le t')do lo bueno, del)e ocupar uno de los principales 
lugares con las autoridades que se prestarán gu^^tosas á un 
acto de justísima re[)aracion. Todos los ciudadanos, lodos los 
habitantes de la Laguna, en una palabra, todos aquellos en 
quien lata un corazón español, contribuirán á solemnizarlo-; 
pero c<»n especialidad los que lleven todavía el glorioso re- 
nombre de Lugo considerarán con)o im debjr de concicnaia 
asociarííeal Ilustre Ayuntamiento de la Laguna, papa trrbu- 
tar sus hon>enages á un esclareí'ido guerrero (pie con su san- 
gría les trasmitió un apellido histórico, y co:i el un estímulo 
paia la fidelidad á sus lleyes. para promover el bi.'U de lat 
|)álria y no sí*|»ararse de la senda d^d honor. 

Uecibael ilustre avuntaniienlo de la Laguna, í'on esta setr- 
r.lli manifestación, el sentimiento de la consideración mas res- 
petuosa, lí. L» íM. de VS. 



119— 



índice. 



N." DR LA Carta. Picm. 

COISTENIDO. 

Prólogo. • ;{ 

Advertencia 4 

Relación de viaje 7 

Id. 2 Recibimiento: Traje de los naturales: mcdas, fun- 
ción del hospital, paseos 12 
id. 3. Importancia de las Canarias por su proximidad á 

las Antillas y Península 23 

Id. 4 Importancia de estas Islas por su proximidad y 

derechos en la Cosía de África 30 

Id. 5 Importancia de las Canarias por la pesca 37 

Id. 6 Mas sobre la pesca de la costa de África. Traba- 
jos de Daguerre y Vargas: de la pesca de la balle- 
na, de la del atum y la del chicharro 47 
Id. 7 Ribliografia sobre 1a pesca 52 
Id. H Importancia en las Canarias por sus producciones S2 
Id. 9 Algunas noticias sobro la cosecha y comercio de 

vinos de estas islas 77 

Id.'^lO Estado actual en las islas 99 

Id. 11 Viaje á la Orotava 101 

Id. 12 Descripción de la fiesta de la Orotava 107 

Id. 13 Historia di Jardín hotánico=Desprendimienlo.del 
Marques de Yillauueva su fundador=Estado actual 
del jardin=Doíacion=Medios de Mejorarlo= Visi- 
ta al Puerto de la Orotava=Documento antiguo so- 
bre el puerto y sus fortificaciones 113 
Id. 14 Escursion á los Realejos y á la Rambla-Pabellones 
que se encuentran con la cruz en el camino= 
Rambla del Marques de la florida=Petriücacio- 
nes=Rambla de Castro 127 
Id. 15 Riqueza del Valle de Taoro sobre los habitantes 
de la Orotava. Drago antiguo observaciones so- 
bre su antigüedad y corpulenc¡a=Castaño también 
antiguo=Especialidades=Plantas de algunos jar- 
dines= Antigüedad es guanchinescas, P." D. Sobre 
las huellas de Tagaiga 134 



—420- 

Id 16. Pe Ins principales cuevas que tienen nombradla en 

las islas 149 

Id. 17 Álbum déla Orolava=Uecopilorios de las alaban- 
zas (|ue de ella y dd Valle deTaoro, bieicran di- 
fí^rentes autores viíijeros lotí 

Id. 18 Clima de las islas Canirias=Vienlos que dt>minan= 

Naturaleza del terreno 162 

Id 19 Sobre ha sona ó mas bien clima do Tenerife 168 
Id. 20 Monedas:=histaria de las turvacionesquecon mo- 
tivo de ella hubo en las Islas^^Conveniencia de 
que se recoja la columnarian=:lVsos y medidas 177 
Id. 2l Noticias generales sobre el Pico de Téide, sus e!o- 
jios: cueva de yelo=inslanciasquese encuentran 
en estemonte=proyecto de un gabinete y bibliote- 
ca en Santa Cruz, de otro en la Orotava y un li- 
bro para los víajeros=Mesilla de los mas celebres 
que han visitado el pico 18S 

Id. 22 Conjeturas sobre la época en que ardió el volcan 

del Pico. 191 

Id. 23 Relación do las mas recienles ascensiones al Pico. 

Conveniencia de establecer en él un observatorio. 195 
Id. 24 Sobre los Camellos. 206 

Id. 25 Sobre el Muelle de Santa Cruz. 20S 

Id. 2S) Acerca de ciertos fenómenos celestes observados so- 
bre el PicodeTeide 2M 
Id. 27 Fechas de la creación de los títulos de las islas. 225 
Id. 28 Observaciones de Sir Charles LyelUte sobre Tene- 
rife y su Pico 227 
Id. 29. Efemérides Canarias 230 
Id. 30 Salida de Santa Cruz=Descripcion é historia de 
esta poblacion=l)espedida=üescubrimientode (la- 
narias=Visla de la Ciudad délas Palmas impresio- 
nes que produjo. 233 
Id. 31 Varias noticias sobre la ciudad de las Palmas: 
fuente de (jiuiniguada=*ídiíicio de la Aud¡enc¡a= 
Casa del Regenle-^Entierro=i:Nolicia sobre los ve- 
cinos de la' Cueva=Cantera de medio dia y la 
puente blanca 239 
Id. 32 Historia del servicio de Cabildo , 246 
id. 33 Reseña de varios acuerdos antiguos del Cabildo= 
Catedral de las Palmas que pinta nuestras costum- 
bres antiguas, origen de nuestro teatro=Elocucíoii 



—421 — 

un Patrono ó los labrAdoros de las Palmas 254 

Id. 34 Desenprion del \¡oje á (¡inamar, la ciudad de 

Telde Taíira ^ 259 

Id. 35 Descripción del bosque de Doramas 264 

Id. 36 Biografia del Poeiu canario Cairasco y relación 

de sus principales obras 268 

Id. 37 Sobre los árboles y plantos tropicales que se crian 
en Sania Cruz de Tenerife, especialmente en el jar- 
din de D. Juan M. de Foronda. 274 

Id. 38 Particularidad notableennoexisliranimales dañinos 
en las Islas Cañarais, y dulcificar la condición de 
los que se llevan á ellas. Su causa. 279 

Id. 39 Disposiciones sumamenle humanitarias que se de- 
ben al clero de estas islas. 832 

Id. 40 Antecedentes sobre el establecimiento del Obispado 
en Tenerife=razones que existen [)ara que se res- 
tablezca 286 

M. 41 Sobre la elefancía ó elefantiasis 397 

Id. 42 De la langosta ó Cigarra 308 

Id. 43 Principios que dominaron esbi gobierno délos con- 
quisladores^iestension é influencia del poder mu- 
nicipal en las islas= Ayuntamiento de Tenerife * 313 

Id. 44 Impresiones en la parroquia de Santa Cruz=Fun- 
cion de Corpus en la misma, andas, tabernáculos y 
(^ustodia==ifunciünes de la Laguna y la Orotava= 
alfombra de flores que hacen las Señoritas de Mon- 
teverde. 320 

Id. 45 Principales causas del estado del poco adelanta- 
miento de estas islas con respecto á los elementos 
que posee 327 

Iil. 46 Breve mdicíicion de los remedios que deben emple- 
arse contra los males que sufren las islas 333 

Id. 47 Conveniencia del establecimiento de Cátedra, Gran- 
ja-modelo, periódico, biblioteca 335 

Id. 48 Influencia que podrían tener los cursos en la pros- 
peridad de agricultura. 343 

Id. 49 De la importancia de las sociedades económicas de 
las Canarias por impulsar su prosperidad-olvido en 
que se halla esta institución, medios de plantearla ó 
restablecerla-Frutos que podrían obtenerse con su 
bien arreglado restablecimiento. 348 

Id. 50 Sobre el eslablecimiento de bancos agrícolas. 33J 



M. Sobre la manera con que se baila constituida la propie- 
dad en las islas, exesiva acumulacion-Exesivo frac- 
cionamiento, ambos eslremos fuertes á la agricultura 
medidas legislativas que deberían adoptarse. 359 

Id. [52 Arriendo por largo número de años. 367 

Jd. 53 Escuelas industriales: talleres en Presidio, la asisten- 

cia;-dulceria 371 

Id. 54 Es posiciones: premios, 374 

Id. 55 Necesidad de un taller particular en Tenerife; esloes 

de un astillero. 37C 

Id. 56 Necesidad del cuidado de los montes en las Canarias 
y 'le vijilar sobre su conservación con el mayor e#^ 
mero. 379 

Id. 57 Del cuidado de la salud pública 399 

Id. 58 De la necesidad del establecimiento de un lazareto 

cómodo en las Islas Canarias. 406 

Id. 59 De la sumisión de las rivalidades entre las islas co- 
mo medio de aumentar su ventura: exitacion á la 
fraternidad 412 

Id. 60 Sobre el monumento de Lugo 




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