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UNIVERSITY OF NORTH CAf^OLINA 



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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



F2313 
.A62 



VN^ERSITY OF N.C. AT CHAPEL HILL 



III 

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DATE DUE 




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DOCTOR JUVENALUNZOLA 



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CARACAS 

EMPRESA EL COJO 
1907 






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CIUDADES Y PAISAJES 



DOCTOR JUVENAL ANZOLA 



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CARACAS 

EMPRESA EL COJO 
1907 



V.M.OVALLES 



OBRAS DEL AUTOR 



PUBLICADAS 

Civilizadores Venezolanos. 
Abogados Venezolanos. 
Estudios y Observaciones. 

PARA PEENSAS 

Pasatiempos con la pluma. 
Discursos. 
Apuntaciones Religiosas. 

EN PREPARACIÓN 

Venezuela Intima. 
Perlas y Corales. 






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PROLOGO 



CIUDADES Y PAISAJES 

POR EL DOCTOR JUVENAL ANZOLA 

í^iSTRAÍDO por entero á los recios obli- 
gados estudios de mi oficio siempre, y 
casi extraño al manejo de las bellas letras, 
es con ánimo titubeante que he accedido á 
la cariñosa invitación de iniciar estas útiles 
páginas literarias ; atrevimiento que ya que 
no disculpen, explican viejas ataduras de 
amistad, de que no puedo desvincularme, 
sin ingratitud hacia el bondadoso doctor 
Anzola ; antiguo discípulo mío y amigos 
inalterables, desde entonces. « Sin jura- 
mento me podrá, él, pues, creer,» que 



7675- 33 



PRÓLOGO 

habría preferido que este libro suyo ha- 
blara de cosas de leyes, sobre las cuales, 
si no con máxima competencia, acaso tra- 
tara yo, por ser como huéspedes familia- 
res de mi entendimiento, con aquella hol- 
gura y confianza de quien dentro de la 
suya, y no en ajena casa, habla ; con 
lo que, si bien poco habríamos de ganar el 
público, el autor y yo, menos perderíamos. 
De emitir, pues, dictamen acerca del mé- 
rito literario de la obra, mi declarada 
incompetencia y el nexo de la antigua 
amistad, haciéndome recusable, natural- 
mente me relevan. 

Por otro lado, varios de los trabajos 
que ahora se ofrecen recopilados —son una 
escasa porción de los inéditos — los ha ve- 
nido leyendo en hojas periódicas el pú- 
blico, quien sobre ellos dictó ya veredicto 
favorable, y puso estímulo en el autor 
para estamparlos de' nuevo, juntándolos 
con otros de su guardado acervo. 

Pasando ahora de la forma al fondo, 
el lector advertirá que la colección abunda 
en coloridas descripciones de sitios, ciuda- 
des y edificios criollos. 

No se ha tentado, parece, hacer obra 

VI 



PRÓLOGO 

descriptiva geográfica ni técnica. Procede 
el autor de otro modo : no toma de esto 
sino el material preciso para que del es- 
bozo brote el ánima latente del lugar ó 
del monumento, tal al menos, como el 
contemplador creyó sorprenderla en un 
momento de su mentalidad escudriñadora. 

Poco importa, para el propósito hora- 
ciano de educar por la amenidad, que es, 
sin duda, el de estas labores literarias, que 
el artista haya reproducido fielmente la 
realidad, ó que sugestionado por precon- 
ceptos tradicionales, la pseudo conciencia 
consiguiente lo haya convencido de que 
trasladaba al desnudo la naturaleza real 
y humana, cuando^ en# puridad, sucesivos 
estados anímicos de sí propio sólo dise- 
ñaba. Poco importa, repito, para el alto 
propósito educativo dicho, que se haya ó 
no puntualizado aquí — lo que no me atrevo 
á decidir— alguno decesos dos supuestos, 
siempre resultará logrado un fin plausible, 
al que planos, mapas, reproducciones grá- 
ficas, aun á perfección ejecutados, nunca 
llegaron : á qué países, sitios, monumentos, 
en la novela, en el drama, en el libro 
ameno convenientemente, destacados, fijos 

vn 



PRÓLOGO 

en la mente con imborrable recuerdo que- 
den, por obra maravillosa del arte. Casi 
me atrevería á afirmar que tal manera de 
hacer geografía con mucho aventaja á la 
del viejo Letronne ó del modernísimo Re- 
clus. 

A pesar de la sabida regla de corre- 
lación entre el medio social y las ideas, 
sentimientos y opiniones circulantes, el 
autor de estos cuadros se nos presenta op- 
timista convencido ; lo que no envuelve 
necesariamente desconocimiento de tiempo, 
lugar y dato ; sigue, quizás un método, 
que su espíritu halla bueno, para luchar 
por el ideal de todos, que mira oscure- 
cido. La tristitia temporis no ha que- 
brantado la mole de su fe en el reinado 
eterno del bien. Así sea. 

Se me figura que este libro albo, in- 
genuo, pleno de reflexiones morales, que 
como decían los antiguos retóricos, se 
desprenden naturalmente del asunto, cual 
la bellota de la encina, donde la mujer 
aparece siempre en trono, y el amor ríe 
castamente y la misma naturaleza oculta 
sus desnudeces para no provocar rubores, 
donde el mal no se muestra en ningún 

vm 



PRÓLOGO 

horizonte, debiera estar en la alcoba 
de las damas, junto con la palma y la 
pesgua que de nuestro monte Avila aca- 
rrea la sencilla piedad joara embellecer y 
perfumar todos los años buena parte de los 
hogares caraqueños. 

Muy en sumario, debo decir algo sobre 
la persona del autor. Para los de casa, 
no haría falta : todos aquí nos conoce- 
mos. Pero este libro puede correr la for- 
tuna de Ahogados Venezolanos, Civiliza- 
dores Venezolanos y Estudios y Observa- 
ciones, que le han precedido, de peregrinar 
por otras partes en donde también se piensa 
en nuestra habla. 

Talla elevada, como ve ya pocas la 
generación actual, antes grueso que del- 
gado, porte solemne ; anda grave, mira 
con escrutinio y modestia á la vez, trata 
con ceremonia, no exclusiva de afabili- 
dad, habla con repaso, vive con decoro. 
Y asombra esto - otro desacuerdo patentiza 
entre él y el medio - que habiendo ser- 
vido encaramados puestos públicos, entre 
ellos, los de Diputado al Congreso, Juez 
de la Alta Corte Federal, Procurador 
General Nacional^ Gobernador del Dis- 



PRÓLOGO 

trito Federal, no se haya hecho á cuartos 
ni muchos ni pocos, y se contente con 
llevar á la mesa del hogar, diariamente, el 
pan sudado del trabajo. Labor et virtus, 
hermosa divisa de vida ! 

Manuel iJlemente Vrh aneja- 



QUIEN ERA? 



iN la naturaleza había inusitada alegría. 
A las indecisas claridades del amanecer suce- 
día luz esplendorosa : el sol asomaba su encen- 
dido disco por entre cortinaje movible de 
apacibles colores, : era un día magnífico y Cara- 
cas no amanecía soñolienta, sino entusiasta, 
bulliciosa, gentil : la vida se desbordaba y en 
giros caprichosos se revelaba en plazas y calles : 
la brisa se sentía cargada de delicados aromas, 
y El Avila dejando entrever sus hilos de blan- 
ca plata, sus colinas cíibiertas, ora de musgo, 
ora de corpulentos árboles, á través de un mar 
de variables nubes, ofrecía espectáculo subli- 
me. ¡ Qué grata es la vida para el espíritu 
cuando los sueños parecen realidades, y el 
hombre en medio de sus reflexiones se siente 
feliz, halagado por risueñas esperanzas ! Ha- 
bía motivo para que la gratitud nacional es- 



JUVENAL ANZOLA 

tuviera exaltada, para que el patriotismo ful- 
gurara en los corazones, y en los altares de la 
República luciera el amor con galas de elocuen- 
cia indecible, sus inspiraciones admirables. 

En este día de grata recordación, paseaba 
solo en la mañana : fui al mercado y casi no 
sentí el hormiguear de la muchedumbre agi- 
tada, porque mi pensamiento volaba á otra 
parte y las ideas fijas nos absorben y nos in- 
comunican aun en medio de las conmociones 
sociales. Estaba enfermo y creía que un corto 
viaje, con las impresiones del mar y el dulce 
encanto de las cosas desconocidas, volverían 
á la existencia, nuevos entusiasmos, nuevos 
placeres, y sobre todo, esa energía física y 
moral que se debilita y á veces casi se consume 
en la amarga lucha con las alevosías humanas, 
encubiertas con tentadoras flores, para hacer más 
crueles los desengaños y más insufribles las 
heridas de los inesperados dardos. ¿ Quién 
por feliz que haya sido no ha atravesado estas 
difíciles situaciones, en que la incertidumbre 
de las ideas es angustia moral, agonía que 
crece hasta que el pensamiento recobra la 
perdida calma ? Agitadd estaba mi ánimo, pues 
trataba de resolver problemas de esos que tor- 
turan el pensamiento, porque á medida que se 
avanza en ellos más se van complicando. Ya 
el sol hacía sentir sus flagelantes rayos, ya el 
afán del hombre era ruda batalla, y cada cual 
combatía en su esfera : esperaba la hora de 
partir y llegó : el reloj de la Catedral dio las 



CIUDADES Y PAISAJES 

ocho y cuarto, y precipitadamente tomo un coche 
y me dirijo á la estación del Ferrocarril In- 
glés que conduce á La Guaira ; llego momen- 
tos antes de la salida, y me pareció aquel ir 
y venir de prisa, aquellos saludos expresivos, 
aquellas tritezas imposibles de disimular, 
aquellas alegrías desbordantes, aquel oleaje 
múltiple de la vida que ofrecen las multitu- 
des agitadas por diversas impresiones, un cua- 
dro expresivo con matices para todos los estados 
del alma. 

Observé en aquel torbellino un punto de 
atracción, un grupo que iba creciendo en el 
cual se imponía algo maravilloso que hablaba 
á los corazones y á las almas el lenguaje ex- 
presivo de las divinas emociones. Anuncíala 
campana la próxima salida del tren, los di- 
versos grupos S8 desgajan, y surge de 
aquel que iba creciendo, hermosa como la au- 
rora, rápida como una exhalación y al propio 
tiempo majestuosa y como melancólica, una 
deidad humana de esas en quienes la expre- 
sión ideal del arte, encuentra algo superior al 
arte mismo, más que la belleza y la hermosu- 
ra, más que la gracia ^ el encanto, una elo- 
cuencia visible del espíritu, que da como cierta 
trasparencia luminosa, que imprime como un 
sello divino, comunicando indecibles encantos 
á los encantos mismos. Me pareció que una 
Diosa se acercaba cuando penetró al wagón 
próximo al mío, la peregrina deidad que tan- 
tos cautivos tenía con su sola presencia. Oh ! 



JUVENAL ANZOLA 

corazón, como pierdes tus fuerzas y caes ren- 
dido ante las gracias peregrinas ! Eres hoja de 
rosa sin punto de apoyo al dulce soplo de encan- 
tadoras emociones : caes y debes caer, porque la 
fuerza domina y la luz alumbra. 

Silbido agudo parece rasgar la atmósfera, se 
oye ruido de cadenas que se chocan, el mons- 
truo inicia su carrera, y el adiós colectivo 
que tantas cosas encierra, se dijo por miradas, 
movimientos de manos, lágrimas, abrazos y be- 
sos, y luego por la tristeza del silencio, signo 
precursor de la ausencia. 

Instalado en mi asiento, me recojo en mi 
mismo y con la imaginación reveo las impre- 
siones del viaje ya muy conocido, abro un 
tomo de las Vidas Paralelas, y me olvido de 
todo, para admirar al insigne moralista que supo 
hablar á los hombres de todas las condiciones 
y de todas las edades, y hacer admirable apo- 
logía del espíritu, estudiando el alma humana 
hasta en sus más mínimos detalles, para des- 
tacar al hombre bajo faz especial, siempre nue- 
va y siempre interesante. Abstraído estaba en 
mi lectura, cuando noté que el conductor 
abría la puerta del w*agón y penetraba al si- 
guiente, dejando la de éste ligeramente abier- 
ta : levanto más y más la vista, y por inte- 
resante espíritu de curiosidad, movido por re- 
cuerdos frescos que renacían preciosos, trato 
por la rendija abierta, de mirar donde debía 
estar la Diosa, que como meteoro pasó ante 
mi vista deslumbrada. Inquiero, miro y vuel- 



CIUDADES Y PAISAJES 

vo á mirar, y al fin observo surgir, poco á 
poco, un zapatito amarillo, artístico y verda- 
deramente pequeñito ; mi imaginación me de- 
cía : esta preciosidad, este encanto de la natu- 
raleza, es de la Diosa, y ella está allí, como 
estrella invisible : al fin, el zapatito apareció 
del todo, y una media calada, de fina seda y 
elegante color, hacía pensar que se iniciaba 
una obra perfecta, de líneas envidiables, de 
formas desconocidas para el arte. Mis funda- 
das sospechas crecían y al llegar los wagones á 
una curva, inclinándome, vi blanquísimo traje y 
alcancé á contemplar un talle casi delgado, que 
revelaba que un busto gallardo, esplendente, 
con todos los encantos y alegrías de la juven- 
tud, debía coronarle. Sale del wagón el con- 
ductor, deja la puerta entreabierta y surge en- 
tonces la misma Diosa, la cual me pareció 
más divina mostrando en su rasgados ojos, 
grandes y expresivos, como luz apacible, y en 
su rostro una elocuencia de ternura y calma que 
cautivaba, que rendía, que hacía elevar el es- 
píritu á lo excelso. 

¿ Cómo fijarse ahora en detalle alguno, ante 
aquel cuadro deslumb'íador, donde la belleza 
parecía tener en todas partes un trono y re- 
sultar del conjunto transformada, glorificada? 
Olvidé las Vidas Paralelas, y sentí que el alma 
se me recogía y ponía pequefiita, ante aquella 
encarnación maravillosa que ofrecía á la juven- 
tud y á la vida como dicha de nuevos en- 
cantos. Un riso de sus cabellos desprendido 



JUVENAL ANZOLA 

de su numerosa cabellera se agita sobre 
uno de sus hombros, y mano preciosa, di- 
minuta, blanquísima, lo recoge, dejando ver 
mejor el cuello esbelto, donde la vida parecía 
enamorarse de sí misma y cantar el poema del 
amor con la arrogancia de la expresión y la 
santidad armoniosa de la suprema inocencia. 
Aquella mano, acariciando aquella hermosa 
cabellera, aquellos dedos ágiles tocando un pun- 
to y otro para componer el peinado, sinteti- 
zaban todo el arte en su expresión más subli- 
me, para dar á lo sencillo la gracia de lo pe- 
regrino. Me parecía soñar estando despierto, 
y cuan deliciosas eran mis ilusiones al mágico 
encanto de la mujer. 

La intensidad de la emoción unida al hastío 
del viaje producido por el mareo me hicieron 
anhelar la necesidad del reposo, y cerrando los 
ojos me recosté sobre la pared del wagón. Lo 
que sentí entonces será para mí inolvidable : 
luchaban en mi ser el malestar indefinible, 
múltiple, que me hacía estremecer de molestia, 
y la beldad que en mi pensamiento iba y ve- 
nía tomando las formas caprichosas de esas 
visiones que la fantasílt exaltada hace surgir 
entre esplendores maravillosos en los palacios 
de la imaginación. M dormido ni despierto : 
el alma sufría y gozaba al propio tiempo, ca- 
si sin darse cuenta del sufrimiento ni del 
goce. Así seguí hasta que el movimiento inu- 
sitado de mis compañeros y los repetidos sil- 
bidos de la locomotora me volvieron en sí, 



CIUDADES Y PAISAJES 

y abriendo los ojos como quien levantara un 
fuerte peso, vi el mar risueño, los cocales de 
la costa, y La Guaira á la cual llegábamos. 
Me traslado al tren que conduce á Macuto, 
el cual repitiendo sus silbidos, anuncia á los 
recienllegados su inmediata partida. Muy cer- 
ca, favoreciéndonos con su sombra se agitaban 
los verdes y corpulentos árboles de la Alame- 
da : por ella lucidos grupos de familias desfilan, 
y entre bellas jóvenes, como delicada, fragan- 
te y gentil rosa, circundada de jazmines y de 
nardos, pasaba honrando la poesía y la her- 
mosura, frente á las risueñas olas del mar, 
la nueva Venus, tentadora, divina, con más 
encantos que la mitológica. 

Kegresé á Caracas, trascurrieron algunos días, 
y olvidado de mis impresiones llegaba á Las 
Mercedes en momentos que había terminado 
una gran festividad : el atrio del templo es- 
taba lleno : la seda crujía : la brisa era invi- 
sible incensario de múltiples perfumes, é innú- 
meras sombrillas de caprichosas formas y colo- 
res, coronaban gracias seductoras : entre éstas 
surgió la Diosa, y á su lado un mortal es- 
belto, gallardo, pregonpÍ)a con elocuencia la 
felicidad. ¿ Podrá haber algo comparable á dos 
almas fuertes y hermosas, que se remiran co- 
ronadas por el amor ? 



EL paraíso 



(^^STE paseo situado eu la parte Sur de la 
ciudad, más allá del Guaire, es hoy verdadero 
sitio de solaz : habla elocuentemente á favor de 
nuestra naturaleza tropical, del arte y de la 
belleza, con sus risueños paisajes, edificios, pa- 
noramas espléndidos, y por las singulares deco- 
raciones que en las plácidas mañanas y en las 
apacibles tardes, se efectúan en los horizontes y 
en las enhiestas montañas, con lujo de colores, 
de transparentes y blanquísimas neblinas. 

Hace pocos años existía una hacienda de 
cana en el lugar donde surge la nueva pobla- 
ción, que tomó inusitado incremento después 
del terremoto de mil novecientos. El progreso 
lleva en sí maravillas inconcebibles y se mues- 
tra pródigo en esparcir y fecundar sus dones, 
cuando el hombre aguijoneado por la necesidad, 
pone con decisión la voluntad, la perseveran- 



JUVENAL ANZOLA 

cia y la inteligencia al servicio de nobles 
ideales, para mejorar y triunfar de los diarios 
contratiempos en la formidable lucha del pere- 
grinaje. Detrás de la culebra de fuego del 
relámpago, el aparato estrepitoso del trueno, 
el huracán, la tempestad, pero, al fin la calma, 
más bellezas en la vida, más aromas en la natu- 
raleza, más sonrisas en la tierra, con nuevos 
mantos de verdor y de ñores. El combate es 
eterno, igual en todas partes, pero sin él no 
habría triunfos ni encantos para los luchadores. 
Al Norte del Capitolio está una de las esta- 
ciones de los Tranvías, de donde salen trenes 
en distintas direcciones con alguna frecuencia : 
el que conduce al Paraíso, parte cada hora, y 
en doce minutos, después de haber recorrido 
varias calles, llega á la orilla del Guaire, ex- 
tremo Sur de toda la ciudad. Sobre el río 
existe sólido y elegante puente de hierro, con 
veintinueve metros y medio de largo de estribo 
á estribo, y ocho metros setenta centímetros de 
anchura. El tranvía lo atraviesa y se prolonga 
hasta la Plaza de la República. Desde el puente 
el panorama es espléndido, á derecha é izquier- 
da campos de verdura, lilegres como la espe- 
ranza, cargados de aromas, formando ondula- 
ciones de matices y colores, á los suaves besos 
de murmurantes brisas ; abajo, á diez metros 
de profundidad, al Oeste y al Este, el río 
rumoroso, moviendo en su lecho de límpidas 
arenas, su cara de plata multiforme, y al frente, 
la gran Avenida, con sus catorce metros de 



CIUDADES Y PAISAJES 

anchura, sus aceras de tres, sus hileras de va- 
riados árboles, y sus palacios encarnados en el 
arte y en los colores, rodeados algunos de cor- 
pulenta vegetación, y todos de caprichosas 
flores, de plantas trepadoras, de guirnaldas, de 
mantos de musgo, de primorosos trabajos donde 
la naturaleza revela maravillosos encantos, y la 
poesía, notas muy dulces de inefables ternuras. 
Aquellas casas con sus formas caprichosas, elo- 
cuentes á la vista, dejando entrever por entre 
el ramaje de los árboles, cuajados tapices de 
verdor y de flores, que en las columnas de arco 
de algunas, domina el orden compuesto, en 
otras el dórico, en otras el jónico, forman todas 
un conjunto admirable, que atrae, deleita, y 
lleva al espíritu serie de impresiones siempre 
nuevas, recibidas como ecos de música lejana 
traídos entre blandos aromas, en horas de 
felicidad. Admiro la belleza creada por la inte- 
ligencia humana, el poder del hombre para 
encender en la lámpara de la vida el fuego 
sublime de los cielos, y hacer resonar por todas 
partes al mágico ensueño de increíbles revela- 
ciones, instrumentos divinos ; pero más admiro 
los moldes exquisitos *de la vida, cuando la 
naturaleza con arte incomprensible, nunca 
aprendido, nos muestra la flor de la belleza en 
su juventud más resplandeciente. Agregad á 
este cuadro sembrado de prodigios por la mano 
de Dios y la del hombre, luces más bellas que 
las de los cielos, tesoros infinitos para el alma, 
la poesía más excelsa del Eterno en su inago- 



JUVENAL ANZOLA 

table amor, y tendréis á la mujer, que es el 
Universo, y el camino de la gloria que conduce 
á todas las inmortalidades. En este sitio encan- 
tador, lleno de poesía, a pesar de las sublimes 
inspiraciones que lleva al espíritu, habría una 
sensible soledad, un presentimiento de melan- 
cólicas tristezas, si el Ángel Humano no lo 
llenara de nueva vida, de nuevas hermosuras. 
El recuerdo nostálgico del Paraíso no es el 
pedazo de tierra con arroyos cristalinos, aves 
canoras, plantas primorosas, sino Eva, más 
hermosa que todo lo que la rodeaba, con sus 
encantos modelados por dedos divinos, sus 
gracias tentadoras, bellezas irresistibles, y por 
sobre todo, el fuego tibio de la vida, que en la 
mujer, en la plenitud de la juventud, es un co- 
ronamiento excelso, un desbordamiento de mis- 
terios ante los cuales de hinojos el alma, canta el 
himno inmortal de las adoraciones supremas. 
Del puente de El Paraíso la Avenida se pro- 
longa en línea recta seiscientos metros, hasta 
llegar á la Plaza de la República, frente á la 
estatua de La Fama, al pie de una hermosa 
cascada, que desciende de una colina artística- 
mente ornamentada, esjjialtada de flores, coro- 
nada por la elegante y espaciosa casa del Ge- 
neral Alejandro Ybarra. Aquí la Avenida se 
bifurca, y al Oeste se prolonga por espacio de 
una legua el amplio ramal que conduce al 
pueblo de La Vega, y luego al camino carretero 
que de Antímano va á Caracas ; el otro ramal 
se prolonga al Este, y con ondulaciones reve- 

11 



CIUDADES Y PAISAJES 

laderas de paisajes pintorescos, sigue al pie de 
las colinas, por más de ochocientos metros hasta 
llegar al Puente de Hierro. La Avenida es 
amplia siempre, tiene calles trasversales, con 
aceras, con las mismas perspectivas, con las 
mismas bellezas : en todas partes es una reve- 
lación del progreso, un esfuerzo del arte, una 
obra real, de poesía, flores y colores, surgida 
con inspiración del pasado, amada del presente, 
prometida gloriosa del porvenir. 

La Avenida en la Plaza de la Kepública se 
hace por extremo imponente : la cascada con 
sus torrentes espumosos ; las colinas verdes, con 
sus artísticas viviendas; la estatua de La Fama 
en la gallarda actitud de hablar al universo ; 
el monumento de granito coronado por indó- 
mito corcel, dominado por el invencible Páez, 
al realizar una de las hazañas más estupendas 
que registran los fastos militares ; las vegas 
revelando los prodigios del trabajo en opimos 
frutos y abundantes ñores ; el Guaire rumoroso 
con sus márgenes llenas de alegre vegetación ; 
más allá la ciudad como odalisca de ojos gran- 
des y expresivos reclinada sobre cojines de 
púrpura; más allá el ^ Avila gigante, con sus 
mesetas y colinas esmaltadas con todos los 
tonos del verde ; con sus arroyos murmurantes, 
parecidos á brillantes cadenas de pulida plata ; 
con sus blanquísimas nubes, que siempre lo 
coronan, y á veces multiplicándose y creciendo, 
de la tierra al cielo forman inmensa muralla de 
cristal. Era una tarde, de eaas que parecen 

12 



JUVENAL ANZOLA 

más bellas porque ofrecen al espíritu cosas 
nuevas é indecibles : iao era de día ni de noche : 
había luz y se notaba su ausencia : era la 
hora de los hermosos crepúsculos, de las vaci- 
laciones en las postrimerías de la luz : había 
aromas en la atmósfera, entusiasmos en la na- 
turaleza, alegrías en la vida universal : un 
idilio entre la luz, las sombras, las brisas y los 
aromas : el sol había escondido su brillante 
cabellera, y dejaba sobre inmensos horizontes 
resplandores de múltiples incendios : el Avila 
gigante estaba sepultado en un mar de blan- 
cura, y las neblinas muy suavemente agitadas, 
semejaban cariñosa conjunción de la tierra con 
el cielo : era una tarde así, cuando con varios 
amigos, desde la colina de la cascada, contem- 
plamos el valle de Caracas : verdaderamente 
teníamos el Paraíso á los pies, y en frente un 
mar de bellezas, apaciblemente irguiéndose 
hasta el cielo : desde allí miramos la ciudad 
reclinada sobre sus colinas ; la montaña del 
Calvario convertida en edén ; la naturaleza más 
seductora en su timidez, como ocultando sus 
gracias entre las indecisas sombras precursoras 
de la noche ; la luz brotando de todas partes : 
en la tierra de múltiples focos eléctricos, y en 
el cielo de millares de estrellas : el panorama 
cambió, el genio de las sombras imperaba, y 
sin embargo la luz hacía un nuevo día, y lo 
que antes nos arrobó en las plácidas horas de 
la tarde, ahora nos parecía sublime, inenarra- 
ble, por desconocidos encantos. 

13 



CIUDADES Y PAISAJES 

Cuatro magníficos puentes tendidos sobre el 
Guaire, conducen directamente al Paraíso : to- 
dos son de hierro, tres de arco y el Restaura- 
dor, de viga de tramos, con más de ochenta 
metros. El paseo ocupa hoy gran extensión, 
sus avenidas están macadamizadas, tienen ace- 
ras de cimento á orilla de las cuales, en algunas 
partes lucen tejidos de hierro labrado, paredes 
de lilas blancas artísticamente recortadas. No 
hay una nota discordante, un capricho abrupto 
de la naturaleza, una obra en manifiesto des- 
acuerdo con el arte : todo se hermana y con- 
tribuye de consuno á dar al pintoresco valle, 
al río rumoroso, á las verdes colinas, á las 
lindas casas, al dichoso enjambre humano, una 
eterna novedad, atractivos siempre nuevos y 
alegrías de días primaverales. 

El Puente de Hierro, donde termina la Ave- 
nida por el Este, fué en no lejanos días uno de 
nuestros paseos más concurridos, y llamó la 
atención de propios y de extraños porque pare- 
cía un cesto de flores colocado al pie de la 
montaña, y sin embargo hoy, á pesar de estar 
mejorado y notablemente más embellecido, es 
solamente un pálido '/ ligero apéndice del 
Paraíso. 

Es necesario poner la vida en comunicación 
con lo bello, si queremos elevar el pensamiento 
y sentir gratas emociones en el espíritu. 



LOS JEQUES 



(^^L progreso es el dedo de Dios para mejorar 
la naturaleza aun en los lugares más poéticos ; 
ha convertido á Los Teques de suyo deliciosos, 
en inconcebible edén : las obras del arte han 
adquirido inusitados primores, porque la natu- 
raleza eternamente de gala, alegre, parece son- 
reír con sus vivos matices y colores; las brisas 
tienen delicadísima dulzura á los oídos, el 
ambiente es sutil manto de aromas, y los 
horizontes despejados, p'oblados de gallarda ve- 
getación y de cumbres redondeadas, verdísimas, 
hablan hermosísimo lenguaje en alabanza de 
los bellos caprichos de la tierra y del cielo. 

Los Teques constituyen hoy tres poblaciones : 
El Llano, El Guarataro y Los Teques : la pri- 
mera es una gran avenida, dividida en cuadras, 
con ochocientos metros de largo por diez de 



JUVENAL ANZOLA 

ancho, con amplias aceras de cimento, á simé- 
tricas distancias embellecidas con variados ár- 
boles y una sucesión de preciosas moradas : 
tiene al Este la Estación del Ferrocarril Ale- 
mán, notablemente hermosa ; es grande, cómo- 
da, alegre, ostenta vegetación soberbia y flores 
caprichosas, i Qué lugar tan encantador ! ¡ qué 
panorama tan espléndido ! La llegada de los 
trenes rápidos lo transforma en un paraíso en 
miniatura ; las muchachas como bandadas de 
juguetones ángeles acuden á él, y no se oj^e 
sino la alegría, la bella alegría de la juventud, 
de los placeres encantadores ; no se ven sino 
ojos expresivos, rostros frescos y rosados, talles 
esbeltos de contornos vigorosos y al propio 
tiempo delicados. Aquello es tentador ! ¡ qué 
de poesía en aquel cuadro peregrino ! ¡ qué de 
gracias en aquel florecimiento de la vida ! 

El Guara taro es la segunda población, la 
menor de las tres, pero no por ello deja de ser 
importante ; tiene buenas casas y quintas entre 
las que se distinguen la de los señores Ernesto 
Guiñan y doctor Carlos León ; la primera es un 
palacio y sería notable en Europa por su con- 
fort y poéticos refinaníjientos artísticos ; y la 
segunda, bella dónde quiera que la naturaleza 
y las flores hablen á los ojos el lenguaje de los 
encantos inefables. Los Teques propiamente 
son hoy una población grande, industriosa y 
de vida propia. Tiene hermoso templo de tres 
naves, donde la piedad cristiana ha levantado 
una grandiosa gruta á la Virgen de Lourdes. 



CIUDADES Y PAISAJES 

Haciendas de café y de caña abundan á sus 
alrededores, y sus montañas pobladas de vege- 
tación, el trabajo las ha convertido en huertos 
amenos de honrados labriegos, que viven entre 
flores y cosechan gran cantidad de duraznos, 
manzanas y otras frutas no menos sabrosas y 
delicadas que con provecho exportan para la 
misma población y Caracas. San Pedro queda 
al Este, á una legua de distancia ; El Carrizal 
al Oeste, también á una legua, y más distante 
un poco, en la misma dirección, San Diego. 
En toda la dilatada comarca el clima y el agua 
son verdaderamente deliciosos : sus moradores 
revelan salud, y las rosadas manzanas son 
pálidas ante las mejillas de las mujeres, que 
ostentan en el semblante la alegría más elo- 
cuente de la vida : la que da á lá belleza y á 
los contornos armoniosos un pulimento ce- 
lestial. 

Hoy las tres poblaciones están unidas por 
una avenida recientemente construida, que se 
enlaza con El Llano por el Puente Castro. Este 
puente salva la profunda Quebrada de los locos ; 
es ancho, sólido, elegante, y tiene más de 
veinte metros de altur'^. De él se sale á una 
alameda con diversos compartimentos llenos de 
flores, con varias avenidas y aceras. Aquí es 
el punto de donde mejor se dominan los valles 
cercanos y las ondulantes cordilleras de mon- 
tañas que ora abriéndose ó empiuándose, brin- 
dan siempre á los ojos risueños y espléndidos 
panoramas. Hay parajes de la naturaleza que 

17 



JUVENAL ANZOLA 

no pueden describirse, que es necesario verlos 
para admirarlos debidamente : éste es uno de 
ellos, y la comarca toda, lujo de la naturaleza 
que encanta y cautiva : los colores se multi- 
plican y los aromas son constante regalo de 
las brisas. 

Permítaseme un recuerdo : hace pocos días 
apoyado en el puente Castro, veía desfilar por 
él á los temporadistas y á los que en una bella 
tarde de un día de fiesta, solicitaban alguna 
distracción : avanzaba la tarde y la luz vacilante 
del sol parecía extinguirse sobre las colinas : 
era una tarde seductora, sin neblinas, con 
claridades y muchos encantos. La alameda se 
llenó de caballeros y de damas, y atraído por 
la concurrencia abandoné mi punto estratégico 
y me incorporé á la multitud. A orilla de una 
de las avenidas en una colina ligeramente in- 
clinada, sobre relucientes mantos de verdura 
había grupos de jóvenes y de damas : aquello 
era encantador, fulguraba allí un sol más bello 
que el que moría entre suspiros y cariños de 
la naturaleza : fulguraba el sol del amor : rei- 
naba la dicha, la vida ofrecía encantos, la 
esperanza sus más halagadoras promesas. ¡Qué 
de tipos elegantes, con esa elegancia primaveral, 
que en la mujer es indecible, cuando el des- 
bordamiento de sus bellezas es el florecimiento 
de la vida para sonreír á la juventud ! Había 
entre tantas hermosas, una de porte especial- 
mente distinguido, de ojos grandes, vivos, tez 
rosada, cabellera abundosa, talle delgado, flexi- 

18 



CIUDADES Y PAISAJES 

ble, cuello esbelto : era superior á la Venus de 
Milo : había en su rostro la elocuencia de la 
vida : en sus labios sonrisas : en sus blancos 
contornos las rosadas palpitaciones de la san- 
gre : gracias en el ritmo de sus movimientos : 
armonías en su palabra, y algo indecible, muy 
superior á todo : era ella misma : era la belleza 
sonriente sobre el verde musgo : como Cimo- 
docea con sus pies de rosa no habría quebrado 
la más débil yerba de los prados, ni los heléchos 
en flor. Todas las líneas vaporosas inspiradas 
por el genio sobre el mármol, no valen lo que 
vale una tibia sonrisa del ángel humano. Cerca 
de aquel cuadró en la prominencia de una 
colinita vi sentado un hombre del pueblo, 
joven, bien vestido, absorto, contemplativo, 
pero siempre con la mirada fija en el grupo 
donde en fiestas de juventud j de alearía, se 
rendía galante culto a la más hermosa. Mi estu- 
dio siguió, y al fin me dije : el Dios de la belleza 
habla á esta alma turbada, que en silencio aplau- 
de, admira, adora. Estas adoraciones íntimas, 
espontáneas, inspiradas por la belleza misma, á 
los que de lejos, ocultos, de hinojos, están ante 
ella, ofreciéndole hasta k>s últimos alientos de la 
vida, son los poemas ignorados del amor, que 
resuenan en el fondo de algunas almas, y mueren 
en ellas por siempre ignorados. Aquel tipo del 
-pueblo, que me hizo recordar los dolores y ojos 
fulgurantes de Cuasimodo, es el tipo inmortal: es 
el hombre : es la mujer : es el corazón herido : 
es el alma triste y fugitiva por ignorados y 

19 



JUVENAL ANZOLA 

solitarios caminos. ¡ Quién no ha tenido su 
colina, su Diosa, sus meditaciones tristes, sus 
ilusiones y el alma desfallecida, en momentos 
indecibles, de fe y de esperanza, de dolor y de 
alegría. 



VILLA ZOILA 



)RA una tarde apacible, de esas que hablan 
al espíritu en múltiples y armoniosos concentos 
el lenguaje de la belleza. En la comba azul 
de los cielos lucían encantos nuevos en la pu- 
reza del color ; en las colinas fulguraba la 
alegría de la naturaleza, en el verdor de cam- 
pos salpicados de movibles, trasparentes nebli- 
nas ; en la atmósfera vagaban delicados aromas, 
y en los horizontes indecibles hermosuras : el 
romántico paladín del día se ocultaba haciendo 
gala de sus vestiduras «de luz, de la seductora 
melancolía de su postrimer adiós. La tarde 
era propicia para el entusiasmo : la naturaleza 
siempre inspira, y más, cuando sus misterios 
con indecible amor palpitan de modo sensible 
en región desconocida de la belleza, de la cual 
brota himno que abarca é idealiza engrande- 
ciendo los encantos de la vida, la poesía en 



CIUDADES Y PAISAJES 

SUS aspectos sublimes, y la verdad en sus mani- 
festaciones más elocuentes al corazón. 

Era día de fiesta y la ciudad alegre y dis- 
puesta se exhibía llena de movimiento y esplen- 
dor. ¿ En qué lugar debía efectuarse la ma- 
ravillosa transformación que infundiera hasta 
en los seres tristes, el despertar de las auroras, 
vida nueva, haciéndolos partícipes de dichas 
desconocidas? En el Paraíso, en las márge- 
nes del Guaire, que el progreso ha convertido 
en increíble edén, en morada de encantos, y 
la naturaleza ha esmaltado de matices y de 
flores : en la Plaza de la República, á la som- 
bra de árboles nuevos y hermosos, entre ro- 
sas y jazmines : en este sitio deleitable donde 
alentada por sabrosa música hormiguea selecta 
concurrencia, llegan y salen elegantes carrua- 
jes, pitan veloces automóviles, cabalgatas pue- 
blan á trechos la amplia Avenida y ciclistas 
veloces como saetas se cruzan por distintos 
puntos. A un lado, en pulida planicie, grupos 
de niños juegan basse-hall, ofreciendo cuadros 
admirables: la juventud se exhibe en ellos con 
la gallardía de la primavera de exuberancias 
preciosas, con refinanjientos de fuerza y de 
poesía, soberanamente indecibles ; al otro lado, 
en la plaza, en sus tersas y anchas vías, cir- 
cunvaladas de musgo y de variadas ñores, la 
beldad humana, la más divina sonrisa del Ar- 
tífice Supremo, ora forma constelaciones de 
estrellas, ora recorre con donaire y poesía triun- 
fales aquel campo de luz, aquel reverberar de 

2^ 



JUVENAL ANZOLA 

la vida, saturado de fragancias, donde la felici- 
dad está en todas partes. 

El día termina : la tarde pierde su actitud 
pensativa de virgen enamorada : ya no hay- 
luz en las colinas ni vagas claridades en las 
cumbres : se oye rumor de suspiros lejanos, 
pasan brisas mensajeras de púdicos amores, 
se ven surgir las sombras, y manto salpicado 
de innumerables diamantes es el cielo... Del 
hormigueo humano queda el recuerdo, de la 
naturaleza sus prim.ores, de las flores sus 
aromas, de la beldad humana el placer, el 
alma y la vida, porque ella es por excelencia, 
presente y lejos, el cielo abierto al telescopio 
del pensamiento para los grandes descubrimien- 
tos del amor. 

Trascurridos algunos instantes en aquella 
soledad inesperada, poblada para mí de frescos 
recuerdos, medité brevemente en la inconstan- 
cia de las cosas humanas, en la velocidad con 
que corren las fugitivas horas del placer. Luego 
regreso, y al llegar á la región de las acacias, 
donde se abre en el corazón de la colina una 
ensenada en forma de casquillo, contemplé una 
vez más, gallardamente, erguida entre un mar 
de estrellas fijas de distintos tamaños, la magní- 
fica quinta que vamos á describir. 

Villa Zoila dista ochenta metros de la acera 
de la Avenida, está á diez y seis de altura 
sobre la misma, en una planicie labrada á 
pico, casi al pie de la montaña, donde prin- 
cipia a ensancharse la ensenada que forma un 



CIUDADES Y PAISAJES 

ángulo de 130 metros por lado, cerrado en sus 
extremos abiertos por una verja de hierro la- 
brado, de 90 metros de largo, colocada sobre 
sólido pedestal de concreto pulimentado. En 
esta verja hay tres puertas coronadas con ele- 
gantes arcos de caprichosas formas : la del centro 
conduce al parque que un macadam de tres 
varas de ancho divide en dos partes iguales, 
prolongándose rectamente hasta los jardines que 
terminan al pie de dos grandes escalinatas, á 
cuyos lados resuenan rumorosas fuentes. Las 
otras dos puertas están en los extremos del 
macadam que pasa frente á la suntuosa mo- 
rada y constituye la forma del casquillo, el 
cual en este lugar adquiere gran amplitud, es 
completamente plano, de sólido y liso pavi- 
mento, con dos kioscos simétricos á la orilla, 
y finaliza al pie de la escalinata que conduce 
al corredor del Norte, en cuya portada, en 
cuadro de flores que se iluminan, se lee : <( Villa 
Zoila.» El cuerpo del edificio principal está 
circunvalado de cuatro grandes corredores uni- 
dos, empavimentados á todo lujo : el corredor 
situado al Sur, se comunica con otros depar- 
tamentos y con el gran mirador, y más al 
Sur, sobre una leve altiplanicie á la cual se 
puede ir en coche, ó por amplia escalinata ro- 
deada de diminutos jardines, hay otra morada 
más pequeña, pero no menos importante por 
su artística forma, elegancia, adornos y be- 
llezas. De día y de noche las perspec- 
tivas que se contemplan son admirables : 

24 



JUVENAL ANLOLA 

primero el río con sus florecidas riberas; 
luego la ciudad erguida sobre sus múltiples 
colinas, y después el Avila, eterno y variable 
encanto de la naturaleza, por los primores 
siempre nuevos con que revela su belleza im- 
ponente. Volvamos al edificio principal : el 
salón de billar, el comedor, la sala de recibo, 
las piezas de descanso, el oratorio, todo es 
trasparente y claro, todo está construido con 
elocuencia visible en la obra material, es decir, 
con aquel quid divinum, que da voz á las formas, 
expresión á las líneas, viveza al detalle, alegría 
al arte y grandiosidad al conjunto : después 
de esta grata impresión, se experimenta otra 
más interesante : la obra del buen gusto es 
prodigiosa, cada cosa ocupa el lugar que le 
corresponde, se nota la inspiración del cariño, 
el tino de la inteligencia, la mano del amor,' 
el culto del hogar ; es incomparable la belleza 
de esta morada engrandecida é idealizada por 
el bien y la virtud : qué magnífica resulta la 
modestia en medio de tales esplendores : ale- 
gran los conciertos de las aves canoras en do- 
radas jaulas, el rumor de las caprichosas fuen- 
tes, la limpidez de los ^estanques adornados de 
botes primorosos, las formas raras de diminu- 
tos y grandes cuadros recamados de verdor y 
de flores, las calles de naranjos, pomarrosos, 
marías, jazmines, y de árboles corpulentos: 
por sobre este desbordamiento magnífico de la 
naturaleza, del arte y de la poesía, hay una 
altura excelsa, infinitamente más valiosa : la 



CIUDADES Y PAISAJES 

cultura del espíritu, la bondad del corazón, la 
firmeza del carácter, la elevación del alma : 
está la esposa admirable, que aumenta sin 
querer el prestigio de los múltiples encantos 
que rodean su encumbrada posición. De ella, 
por su admirable delicadeza y exquisita cul- 
tura, puede decirse que pasa por entre las flores 
de sus jardines sin tocarlas con la orla de sus 
vestidos ; que la naturaleza la dotó de supe- 
rioridad ingenua, de ternuras para la desgra- 
cia, de miramientos para la virtud, de exce- 
lencias para el mérito, y de alcance singular 
y elevado para comprender y explicarse las 
tendencias sociales, el espíritu que prevalece en 
el tiempo, las corrientes de las ideas que sólo 
representan la fuerza de pasajeros soplos, y 
las que infiltradas en las inteligencias, vibran 
en la conciencia pública, floreciendo con reso- 
nante y exuberante vida en los estrados de la 
familia y en los consejos públicos. 

Así se explica el gran aprecio social de que 
goza la señora de Castro : la superioridad con 
que brilla sin querer distinguirse : la amabilidad 
que su presencia da á su hogar rodeado de respeto 
y de grandeza : la exquidta cultura que distingue 
sus actos y la bondad ingénita con que recibe 
la palabra y el aplauso del pobre : brilla ella 
en el hogar, como famoso luminar de gloria. 



OE CARACAS A MACUTO 



'A estación del Ferrocarril Inglés está si- 
tuada al Oeste de la ciudad, á la orilla de 
alta montaña, en otro tiempo árida, sin ve- 
getación alguna, con múltiples barrancos abier- 
tos y agrietados, triste por pobreza de vida, 
hoy convertida en verjel amenísimo, con ár- 
boles gigantes, preciosas flores, colinas de for- 
mas atrayentes, cubiertas de verde m usgo, vías 
planas y macadamizadas, estatuas,, estanques, 
kioscos, pájaros, caprichosas pilas, arroyuelos 
cristalinos y murmuríintes, y rozándose con 
tantos primores, aparece majestuosamente Ca- 
racas, reclinada gentilmente, con sus encantos 
siempre nuevos, sus días claros y bellos, sus 
noches espléndidas, sus brisas juguetonas car- 
gadas de aromas, y por sobre todo, con sus 
hijas adorables, elegantes, hermanas de las gra- 
cias, más preciosas que las flores de sus jar- 



JUVENAL ANZOLA 

diñes, más delicadas á la contemplación del 
alma, que las sutiles brisas matinales, alegres 
como mensajeras de la luz, gratas como por- 
tadoras de deliciosos aromas. Desde la cum- 
bre de tan risueño verjel se mira uno de los 
panoramas más espléndidos del mundo, la vis- 
ta se pierde en horizontes donde fulgura y 
sonríe la naturaleza con lujo de matices y 
colores, y el arte y el progreso y la civiliza- 
ción ostentan múltiples maravillas. 

El Ferrocarril Inglés es una obra del pa- 
triotismo venezolano, ofrendada felizmente al 
Padre de la Patria en su primer centenario. 
Largos años cuenta de existencia, y no obstan- 
te representar un atrevimiento de la ingenie- 
ría, no ha habido desgracia que lamentar, sien- 
do hoy sus condiciones de firmeza y seguri- 
dad, las que humanamente el hombre puede 
alcanzar. A este Ferrocarril llegué á las ocho 
de la mañana, y esperé media hora, durante 
la cual visité la estación contigua del Ferroca- 
rril Alemán, observé los jardines de ambas, los 
salones de espera, los alrededores, las capillas, 
el viaducto, el túnel, y todas aquellas obras 
que rodean siempre Id^ lugares señalados por 
los triunfos de la inteligencia, cuando la luz 
de la ciencia y la fuerza directora del trabajo, 
en sus siempre gloriosas y redentoras campa- 
ñas, vencen y dominan la naturaleza. Llega 
el momento de partir, pita fuertemente el mons- 
truo encadenado, arroja de sus encendidas en- 
trañas blancos y hermosos penachos de humo, 

28 



CIUDADES Y PAISAJES 

se estira, crujen sus cadenas, se chocan sus 
diversas partes y moviéndose, como quien re- 
doblara los esfuerzos de la voluntad, corre, 
acelera la marcha, y luego, con alas ya, vue- 
la prisionero, rozándose unas veces con la 
brizna del borde de los abismos, otras, devo- 
rando el espacio, casi perpendicular sobre el 
vacío, á la orilla de sólidas rocas, ora atra- 
viesa el corazón de las montañas, ora recorre 
planicies, suaves colinas, como serpiente bra- 
madora trazando interminables curvas. 

Los panoramas que se contemplan son va- 
riados, pues la naturaleza en la comarca se 
exhibe bajo todas sus faces, y ora se la con- 
templa pobre, triste, abatida, cuando surge 
espléndida, gallarda y soberbia. La vía férrea 
casi paralela en su mayor parte á la antigua 
carretera, hace á lo vivo comparar los tiem- 
pos, pues desde el tren se contempla el tardío 
moverse de las carretas, el pesado paso de 
los jumentos. Son los representantes de otra 
época, que perdura y perdurará, porque los 
progresos radicales que colocan á los pueblos 
en vías desconocidas para ellos mismos, son ca- 
si imposibles, porque ^la humanidad marcha 
lentamente, y el espíritu y los elementos hu- 
manos no se transforman sino en largos pe- 
ríodos, y además, todo lo que existe ofrece al- 
guna utilidad y lucha por conservarse. El 
viajero contempla la cabra montaraz, erguida 
sobre los precipicios ó al pie de los cardones, 
ora ramoneando con viveza, ora destruyendo 



JUVENAL ANZOLA 

el tejido de punzantes espinas para devorar la 
corteza del erizado arbusto ; admira los hilos 
agitados de purísima plata, que murmuran y 
serpentean entre los peñascos, llenos de alegre 
vegetación, de donde se despide grato aroma, 
como de alturas cubiertas de heléchos ; el alma 
se expande ante los cuadros del honrado cam- 
pesino, viendo lucir alrededor de la pajiza 
choza, tranquilo santuario del amor y de la 
felicidad, las mesas verdes de los prados, cu- 
biertas de abundantes y sabrosos frutos. Las 
impresiones que se van recibiendo son magnifi- 
cas, variadas, poéticas, y con el espíritu pre- 
dispuesto á lo sublime, se divisa la inmensa 
llanura del mar con sus orillas rizadas de 
blanquísima espuma, rodeadas de múltiples se- 
menteras y cocales. A medida que el mons- 
truo vuela por el prodigioso camino, la llanu- 
ra verde se acerca, se nota su movimiento ; 
las olas presurosas se ven venir á representar 
en la solitaria playa la vida de las generacio- 
nes con su perdurable renovación. Luego se 
divisa Maiquetía, su Iglesia, sus calles, hasta 
que se atraviesa parte del pueblo por sobre un 
alto viaducto de hierro-, y se llega á la esta- 
ción, desde la cual se ve el Tajamar y La 
Guaira, en la cual, instantes después, está el 
tren con sus silbatos anunciando su entrada ; 
la amplia estación casi siempre está concurri- 
da, y por entre los viajeros y concurrentes se 
agita y desliza una turba de chicuelos en so- 
licitud de equipajes, para llevarlos á los hote- 

so 



CIUDADES Y PAISAJES 

les, ó al tren de Maiquetía, que al Norte de 
la citada estación, permanece minutos esperan- 
do á los visitantes de Macuto. Dos horas han 
bastado para esta pintoresca excursión. 



Instalado en el tren de Maiquetía, frente 
á la Aduana, sólida y majestuosa obra de la 
Compañía Guipuzcoana, esperé dos minutos, y 
luego proseguí la marcha por entre la ciudad 
de La Guaira hasta llegar á la Estación si- 
tuada junto al Tajamar. En ella, la corta 
estada es grata, pues la vida humana se ma- 
nifiesta con desbordamientos, la música del 
trabajo alegra los oídos ; deleitan las alamedas 
con suntuosa vegetación, y las calles agita- 
das y alegres por el hormigueo humano ; sor- 
prende la turbulenta Eada convertida en ex- 
tenso y apacible puerto, poblado de embarca- 
ciones, desde las pequeñas balandras que desde 
las montañas nos parecieron blancas gaviotas, 
hasta los gigantes vapores que dejan en el 
indomable mar la trasparente estela de su 
paso, y en la atmóifera, argentadas nubes, 
símbolo de su poder. Silba la locomotora y 
el tren sigue su marcha, teniendo á la dere- 
cha la población de La Guaira y á la izquier- 
da el mar, que á veces golpea con sus irisadas 
olas el terraplén sobre que van tendidos los 
rieles. A los siete minutos de marcha, des- 
aparecida la población, se llega á la Estancia 



JUVENAL ANZOLA 

Álamo, la cual queda á la derecha y el mar 
siempre á la izquierda. En este lugar ya se 
Bota algo nuevo, las colinas están cultivadas, 
sobresalen mantos de verdura, y luego la mon- 
taña sembrada de blancas nubes, agitadas co- 
mo alas de inmensos cisnes en actitud de al- 
zar el vuelo ; los uveros de playa tan altos 
que sombrean la vía férrea, y presentan por 
entre sus verdes hojas, múltiples racimos, ora 
verdosos, ora rojos ; el mismo mar parece más 
bello y sus olas deshaciéndose en espumas, 
tienen en la ribera singular poesía. Todo anun- 
cia que nos acercamos á un sitio poético, en 
donde la naturaleza derramó sus primores, y 
el hombre ha puesto su inteligencia para em- 
bellecer más por el trabajo y por el arte, lo 
que de suyo habla al corazón el lenguaje pe- 
regrino de las gracias seductoras. 

Han transcurrido doce minutos y Macuto 
está á la vista. Surgen entre la frondosa ar- 
boleda, casas de caprichosas formas, de múl- 
tiples colores, rodeadas de jardines, y luego 
la Estación, alegre y bonita, pero que nadie 
se fija en ella, cuando la encuentra llena de 
ángeles humanos, de G"jas deidades que en la 
primavera de la vida, lucen como ñores del 
cielo, llenando de fragancias y encantos el lu- 
gar que recorren. Aquello es divino ¡ qué de 
expresiones tiernas ! ¡ qué de saludos expresi- 
vos ! ¡ qué de culturas y elegancias en el tra- 
to ! y todo dicho y hecho con natural gracia, 
por seres preciosos, que matan, dando vida á 



CIUDADES Y PAISAJES 

los corazones. De la Estación se sigue hacia 
la Calle Principal, á los diversos hoteles ó 
las respectivas casas, y da gusto las frases ca- 
riñosas con que se reciben los que se espera- 
ban, y el donaire y gentileza de las damas, 
y la armonía cautivadora con que mueven sus 
diminutos pies, que remedan á las abejas ca- 
minando sobre blandas flores. Macuto es ad- 
mirable, tiene aquellas bellezas de que nos ha- 
bla Lamartine en su inmortal Graziela, y los 
encantos con que nos transporta Renán, al 
describir los inefables lugares de Galilea. ¡ Qué 
abundancia de luz ! ! qué de maravillas ! ¡ qué 
de poesía ! La naturaleza parece que nos ha- 
bla, que nos levanta el velo de sus misterios, 
descubriéndonos sus ternuras. Macuto es un 
ramillete de fragantes flores, en el cual se 
siente la felicidad al calor de sublimes hermo- 
suras. Es un pedazo del paraíso surcado por 
cristalinas fuentes, en las cuales la belleza de 
Evas encantadoras, á diario se admira á sí 
misma. Bajo estas impresiones se llega al ho- 
tel : el reposo pensativo se impone : cálmate 
corazón, espíritu vuelve en sí, que pronto no- 
tarás como descorrido «el velo de la gloria, y 
visible una región del cielo. 

Macuto está situado entre dos estancias, dis- 
tantes entre sí ochocientas varas, la de la fa- 
milia Álamo al Oeste, y la de la familia Eraso 
al Este ; y por el Sur tiene la montaña del 
Avila, y por el ís^orte el mar, distantes entre 
sí, de trescientas á quinientas varas. Tiene 



JUVENAL ANZOLA 

tres calles de Este á Oeste, y diez de Norte 
á Sur, incluyendo los dos boulevares del Par- 
que. Los baños de mar son una obra notable, 
en un edificio dividido en dos grandes com- 
partimientos, para hombres y mujeres, que 
respectivamente ofrecen bastante comodidad. 
Están muy aseados, elegantemente pintados, 
cuidados con esmero por el célebre Tacoa. 
Se llega á ellos por un puente de madera, y 
se disfruta allí del placer de bañarse en pleno 
mar, con toda seguridad, oyendo el rumor de 
las cautivadas olas. En los mismos baños los 
hay de agua dulce. Después del terremoto, 
el edificio lejos de haber sufrido, quedó más 
sólido, pues la estacada de hierro y de vera, 
por la cual penetran las olas, bajó un poco, 
y á su orilla exterior, se ha levantado en el 
fondo del mar una poderosa escollera. Al 
principio del puente que conduce á los baños, 
existe un elegante botiquín, alumbrado esplén- 
didamente con gas acetileno, y allí mismo 
sigue con ocho varas de anchura, que se van 
ensanchando hasta llegar á treinta, la gran 
acera de la calle Real, á la orilla contenida 
del rumoroso mar, ace<Ta que se prolonga por 
trescientas varas, hasta encontrar el puente del 
río, distante cincuenta más de la estación del 
ferrocarril. El río con sus linfas tumultuosas, 
viene encausado por entre dos gruesas paredes 
de concreto, de tres áseis varas de altura, distan- 
tes entre sí doce varas, y unidas por tres puen- 
tes que comunican el pueblo. El Parque es 

84 



CIUDADES Y PAISAJES 

grande, su vegetación soberbia, tiene cinco ave- 
nidas pavimentadas, en el centro un círculo 
con asientos, y sus respectivas salidas á las 
avenidas, aceras exteriores, bancos y sofás de 
cimento, y gradas al pie de algunos árbo- 
les, de modo que en ellas se pueden for- 
mar cómodamente ramilletes humanos. En 
el Parque se siente singular frescura, pues 
además de la generosa sombra de la arboleda 
rica en follaje, la brisa del mar y la de la 
montaña no escasean, y la frescura del río hoy 
caudaloso, pues lleva como trescientos litros 
por segundo, dan á aquel sitio envidiable 
amenidad. En él la naturaleza se nota exu- 
berante de vida y de atractivos : hay como 
encantos nuevos en lo que vemos, y con ser 
todo diáfano, el bosque, los murmurios del 
río, la montaña que se yergue, el mar con 
su blancura para el alma, el silencio en la 
alegría, el espíritu que se interroga á sí mis- 
mo, todo contribuye á elevarnos dulcemente, 
á la región azul de los ensueños. El Boule- 
vard San Mateo, situado al oeste del Parque, 
es bastante amplio, sus árboles corpulentos ; 
uno tiene once varas d^ circunferencia en su 
base, y alrededor de ésta, como en las de los 
otros, lucen sólidos y cómodos asientos, pin- 
tados al óleo. El Boulevard se prolonga al 
sur hasta la plaza «La Yictoria», notablemen- 
te embellecida, la cual linda con los Baños de 
Eío, en los que hay dos generales, uno para 
hombres y el otro para mujeres, como de se- 



JUVENAL ANZOLA 

tenta y dos varas cuadradas cada uno y doce 
de largo, y más de un metro de profundidad; 
y cuatro especiales, dos para mujeres y dos 
para hombres, de vara y media de anchura 
cada uno y doce de largo, y un metro de pro- 
fundidad. Se manejan por medio de doce 
compuertas, seis al exterior y las otras al in- 
terior. Los generales so llenan en media ho- 
ra y los especiales en cinco minutos. El edi- 
ficio es bueno, los baños bien dispuestos, la 
renovación del agua constante, y en algunos 
se goza á toda hora del día de protectora 
sombra, pues árboles gigantescos extienden has- 
ta ellos su corpulento ramaje. Doscientas va- 
ras al sur de estos baños, está la Caja de 
Agua, techada y sólidamente cercada en sus 
diversos compartimientos. En Macuto todo es- 
tá cerca, y cada cosa se ve separada de las 
otras, y es que la disposición del arte tiene 
elocuencia especial para los oíos, y llega has- 
ta dar á lo sencillo la gracia de la no- 
vedad. 

Cuando el sol ha declinado, y los crepúscu- 
los vespertinos surgen en el horizonte, poblán- 
dolo de caprichosos CQ.ytinajes de apacible luz ; 
cuando llega la hora de la suprema poesía, 
de los queridos recuerdos para el corazón, de 
las pálidas estrellas que entre la sombra y la 
luz, se anuncian y se esconden ; cuando las 
brisas cargadas de aromas alegran los espíri- 
tus ; cuando la tarde misteriosa con sus ru- 
mores, rendida, besa al genio de la noche, y 

36 



CIUDADES Y PAISAJES 

parece despedirse de las almas con el lenguaje 
divino del amor, la gran avenida con sus an- 
chísimas aceras, con sus múltiples asientos, 
con sus esbeltos cocos, agitadas sus redondas 
cabelleras por la brisa, se llena de angelicales 
mujeres, y entonces, la belleza y las gracias y 
la hermosura que allí imperan, lo absorben 
todo, y nada vale el mar con sus tesoros in- 
finitos ; el romántico sol con sus postrimerías 
inefables ; el bosque con sus pájaros y rumo- 
res ; los jardines con el aroma de sus ñores y 
los múltiples focos de luz eléctrica que como 
estrellas entre el follaje, vuelven la pálida no- 
che en radiante día. ¡ Qué puede haber com- 
parable á la belleza humana, para el corazón 
del hombre ! Las tardes en Macuto son inol- 
vidables, y si las horas no pasaran, nadie 
abandonaría aquella felicidad indecible. Las 
noches son límpidas, gratas, y con frecuencia 
en el Casino se reúnen las familias, y la es- 
pléndida morada iluminada surge entre el 
bosque, como un reguero de titilantes estre- 
llas, revelado por la alegría humana y los 
melodiosos concentos de la música .* allí las 
almas se remiran en 1* dicha, y en alas del 
placer se remontan y gozan : el baile es una 
transformación sublime, en la cual se vive por la 
melodía : un regocijo profundo del espíritu pro- 
vocado por un lenguaje excelso, que se hace 
divino, y nos trasporta á la gloria, cuando lo 
compartimos con la deidad humana, que des- 
pierta y eleva el sentimiento. 

37 



JUVENAL ANZOLA 

Toda verdad es una revelación consoladora. 
La palabra de la ciencia es poesía. Por ob- 
servaciones practicadas en 1903, la latitud de 
Caracas en la Estatua del Libertador en la 
Plaza Bolívar, es de 10°, 30\ 29^\ y la de 
Macuto, en el centro del patio de la casa del 
señor J. E. Linares, frente á los Baños de 
Mar, es de 10°, 37\ 5^\ 25, y el radio de la 
tierra para Caracas en la latitud indicada, de 
6.376,693 metros, siendo la distancia para Ca- 
racas y Macuto, entre los dos puntos de las 
sendas latitudes indicadas, de 12.173 metros. 
De un plano antiguo resulta que prolongando 
al norte una de las calles de Caracas, se sale 
á la boca del río de Macuto. 

Podrán olvidarse los sitios consagrados por 
recuerdos venturosos? Podrán morir en el 
alma sus más hermosas ilusiones, de días feli- 
ces que se creyeron eternos ? Hay sitios que 
no se olvidan y dichas que no mueren. Ma- 
cuto, sonrisa de la naturaleza, nido de flores, 
quién te puede decir adiós ! 



CURITA 



'A calle de Orinoco de Villa de Cura la 
atraviesa el riachuelo Curita, en pintoresco lu- 
gar, por los hermosos y variados árboles que 
alegran el paisaje, la amenidad del sitio, la 
frescura de la fuente, y la alegría humana que 
casi nunca falta en él. En este lugar se pro- 
vee de agua parte de la población, y sobre 
todo el pueblo. 

Especialmente los días de fiesta, en las ho- 
ras de la mañana y de la tarde, Curita en 
la Calle de Orinoco &% digno de ser visitado 
para admirar cosas grandes y bellas, que no 
escapan al espíritu menos observador, llenan 
de esperanza el corazón y ponen en el alma 
sonrisas de felicidad. 

En una de esas hermosas tardes en que el 
horizonte convertido en mar de cambiantes y 
bellos arreboles, recibía sobre espléndido cor- 



JUVENAL ANZOLA 

tinaje de nacarado y apacible fuego al mori- 
bundo sol, salí de paseo con la mente embar- 
gada de múltiples recuerdos, triste, pensativo, 
reflexionando acerca de los eternos dolores de 
los humanos, y me decía ¿ será una ilusión la 
felicidad ? ¿ será imposible llevar la vida sin 
zozobras, aniando, con el alma llena de con- 
tento y de indecible dicha ? Poseído de tales 
pensamientos encaminaba mis pasos, sin ñjar- 
me en rumbo alguno, cuando acercándome á 
la Calle de Orinoco, oí á la orilla de Curita 
rumores de entusiasmo, gentes que reían, y 
luego vi niños alegres que corrían sobre el 
puente que lo atraviesa, mujeres que conver- 
saban entre sí, hombres que volvían, otros que re- 
gresaban, quién sentado sobre una piedra con la 
mano en la mejilla, queriendo ofrecer toda el 
alma en furtiva mirada, zagalas de robusto y 
gentil cuerpo, sonrientes como una mañana de 
pascua, llevando y trayendo sobre sus ergui- 
das cabezas, con admirable equilibrio, las tina- 
jas que respectivamente portaban, ora llenas, 
ora vacías, briosos y elegantes caballos, dís- 
colos y soberbios mulos, tranquilos y humil- 
des asnos. Atraído (por aquel movimiento, 
por aquel centellear de la vida, llego á la 
orilla de la fuente, y dirigiendo mis miradas 
á aquel variado cuadro, entro en una serie 
de consideraciones al penetrarme de lo que en 
torno de mí pasaba. En aquel ramillete de 
seres vivientes que tenía ante mis ojos, don- 
de había alegría de niños, miradas de ancia- 

40 



CIUDADES Y PAISAJES 

nos, sonrisas de apuestas zagalas, contento de 
varoniles corazones henchidos de esperanzas, 
coloquios mudos, tiernos y expresivos, prome- 
sas elocuentes y consoladoras, placer, bullicio, 
entusiasmo, no pude percibir un solo acento 
de tristeza, una sola nota de melancolía. Todo 
respiraba vida, anunciaba amores, ponía en 
el corazón hermosas esperanzas, y llevaba al 
espíritu como reminiscencias de angélica feli- 
cidad. 

¡ Qué grato es dejar deslizar la vida sin tur- 
badoras ambiciones, con la conciencia tranqui- 
la, creyendo, amando y esperando recibir más 
allá de la tumba, galardón de inmortal gloria! 
Estudiaba aquel cuadro de ventura que tan elo- 
cuentemente ponía de manifiesto que el espíri- 
tu humano se revela extraordinariamente her- 
moso, cuando el placer lo inspira, el amor lo 
enardece y la virtud y la inocencia le forman 
nimbo de celeste gloria. 

Las perfumadas brisas de la tarde, las coli- 
nas llenas de verdura, inundadas de apacible 
luz, el sol despidiéndose del día con ósculos 
de amor, envuelto en nacarados arreboles, de- 
jándose mirar en toda la gloria de su más es- 
plendente poesía, los pájaros trinando y volan- 
do en el bosque, y la fuente rumorosa, alegre, 
retratando en sus cristalinas linfas aquellos 
plácidos rostros, espejos de virtud y de felici- 
dad, me hablaban tan dulcemente al corazón, 
que me hice partícipe de aquella dicha que 
contemplaba, en la cual todo era excepcional- 

41 



JUVENAL ANZOLA 

mente bello y cierto, porque el amor fulgura- 
ba, la naturaleza servía de templo al placer 
délos corazones, á las expansiones del espíritu^ 
y la felicidad que reinaba allí partía de con- 
ciencias puras y tranquilas. Me dije, con el 
pecho lleno de alborozo, los pájaros que aquí 
revolotean en los árboles que nos hacen som- 
bra, que oyen el rumor de esta fuente y co- 
lumpiándose al leve soplo de la brisa, en el 
nido de sus encantos, celebran con armonio- 
sos trinos sus amores, deben amarse con la 
misma ternura infinita, con que se aman es- 
tos seres venturosos, privilegiados hijos del 
Padre Celestial, por la bondad de sus corazones 
y la inocencia de sus almas. 

No busquemos la felicidad fuera del corazón 
porque jamás la encontraremos. No son más 
venturosos los que nadando en riquezas se 
aman en dorados alcázares, que el honrado la- 
briego rodeado de sus pequeñuelos y amante 
esposa, en pajizo hogar, dignificado por la 
virtud y embellecido por el trabajo. El corazón 
es el trono del amor, y la felicidad sólo pue- 
de descansar sobre la paz de la conciencia. 

La noche principia, á extender su negro 
manto sobre el cual se anuncia el vago ti- 
tilar de lejanas estrellas. El silencio se va 
imponiendo, la fuente va quedando sola y le- 
jos están, acaso en sus venturosos hogares, mu- 
chos de los que sintiendo las fruiciones de la feli- 
cidad, alegres y sonreídos platicaban junto á ella, 
gozando de su frescura y blandos murmurios. 



CIUDADES Y PAISAJES 

Me alejo de aquel pintoresco sitio, regresan- 
do á mi querido hogar, satisfecho y alegre, 
porque ya me podía decir, he visto seres ven- 
turosos, vivir unas horas revelando en ellas, 
que ignoran y pueden desconocer por siempre 
nuestras necias quimeras y locas ambiciones. 
El cuadro admirado era hermosísimo, no tenía 
una sombra, , y lo iluminaba en todo su es- 
plendor el sol de la felicidad. Bellas ideas pa- 
saban por mi mente, embargando deliciosa- 
mente mi espíritu, cuando para colmo de mi 
dicha, fulguraron en mi pensamiento, las imá- 
genes adoradas de mis dos inocentes hijos 

Próximo estaba á la puerta de mi hogar, 
cuando miré corriendo hacia mí el mayor, 
con sus bracitos abiertos Al estrecharlo con- 
tra mi corazón, sentí que se me engrandecía 
el alma. 



EN LA PLAZA BOLÍVAR 



'A luna, hermosa reina vestida de blanco, 
bogaba en el espacio entre innumerables titi- 
lantes estrellas. El cielo estaba seductor, y 
el genio de la noche, alegre abría el cáliz de 
de las flores, y todo era apacible luz, armo- 
nías y aromas. La naturaleza estaba radiante 
de hermosura, sublimemente bella. Había en 
el cielo encantos nuevos, y en la tierra cla- 
ridades apacibles, dulces rumores, brisas fra- 
gantes. 

¡ Qué noche tan eá^pléndida para las almas 
enamoradas ! Parecían traslucirse en la natura- 
leza sonrisas de espíritus angélicos, los más 
delicados secretos del amor : se palpaba que 
lo grande y lo bello atraen cautivando. ¿ Quién 
no siente brotar en el corazón llama podero- 
sa de afecto y de admiración, mirando el pa- 
lacio de los cielos, en una noche bella, im- 



CIUDADES Y PAISAJES 

pregnada de aromas ? No se puede perma- 
necer insensible ante los encantos divinos, 
al mágico resplandor de las gracias supre- 
mas. 

La inquietud del espíritu, la profunda agi- 
tación del pensamiento que sentimos cuando 
los anhelos nos mueven y arrebatan el alma 
en alas de deseos, que sin tomar formas de- 
terminadas producen indecible placer, son las 
fuerzas indecibles del amor, bajo cuya acción 
crece, vive y se extingue la existencia. Bo- 
rrad del corazón la llama de los afectos, y 
habréis suprimido de un golpe todos los en- 
cantos de la vida : no habrá ilusiones, feli- 
cidad, porvenir, ni gloria. ¿ Qué cosa bella y 
grande puede ambicionar el que no sabe ele- 
varse hasta comprender lo sublime, porque 
carece de las inspiraciones del amor? 

En tan hermosa noche gozaba y meditaba 
á la sombra de un árbol, oyendo las armo- 
nías de la música. Abstraído en mis pro- 
pias ideas, no me daba cuenta de lo que en 
torno de mí pasaba. Oigo cerca animada con- 
versación, y fijándome en el grupo que la 
sostenía, observé que kabía en él cuatro her- 
mosas niñas y dos jóvenes, y supuse que el 
fuego del amor estaba con fuerza encendido 
en varios de aquellos corazones. ISTo me equi- 
voqué, pues cada joven sentado al lado de la 
niña de su predilección, sostenía con ella ame- 
no diálogo. Las miradas, la expresión de las 
palabras, las sonrisas, los movimientos, el 

46 



JUVENAL ANZOLA 

timbre de la voz, todo revelaba que allí se 
sentía la felicidad del amor y se palpaba la 
singular hermosura y belleza que llena de pro- 
digios y encantos á la mujer, cuando sus gra- 
cias de pudorosa virgen, brillan á la lumbre 
de los castos afectos. Para la azucena que 
abre su blanco cáliz, son los tesoros de la luz, 
fuente de hermosura, de vida y de colores : pa- 
ra el virgen corazón, es el amor, inspiración 
divina, belleza de inmaculada gloria, sol de 
radiante felicidad. «Ah ! para la arrebolada, la 
sombra de la noche, para el lirio, la luz del 

día, para la flor humana, el amor! » ¡Qué 

cuadros tan admirables son los de la vida, 
cuando la felicidad los inspira y el amor los 
alumbra ! Los que figuran en ellos no sienten 
deslizarse el tiempo, porque la dicha tranqui- 
liza y el entusiasmo del placer transporta. 

Da las once el reloj de Catedral, y una leve 
agitación demuestra que los que alegres pla- 
ticaban, se despiden para volver á sus respec- 
tivos hogares. Noté que entre los últimos que 
regresaban, venía vestida de blanco, elegante, 
indecible por su delicada hermosura, una de 
las cuatro niñas, y a cu lado, alegre, sonrien- 
te, gallardo, enamorado joven. Al acercarse, 
pude observarlos á la lumbre de esplenden;fee 
luz, y me dije : ¡ qué divina es la primavera 
de la vida, y cuan grande vivir para el amor ! 
Había en el rostro de aquellos jóvenes, cela- 
jes de santa alegría, emociones de infinita di- 
cha, sonrisas del alma en sus más grandes 

46 



CIUDADES Y PAISAJES 

trasportes de felicidad Contemplé con admi- 
ración á los felices amantes, y sentí al pasar 
la bella joven, que la «rodeaba un grato am- 
biente de frescura, semejante al que traen en las 
mañanas las brisas de los lagos, ó al que se res- 
pira junto á ,los heléchos, á orillas de las 
fuentes». 



LAS TRINCHERAS 



t^EJOS de la Patria es natural vivir en amores 
con sus recuerdos. Su cielo, sus ríos, sus monta- 
ñas, sus bellezas, se hacen indeciblemente ado- 
rables; su ausencia es dolor que aflige y tristeza 
que llega hondamente al espíritu. Con razón se 
ha dicho que ' 'los recuerdos tristes tienen color 
de crepúsculo vespertino en los horizontes del 
alma." 

Volví al País, y pasé una temporada en la Es- 
tación Balnearia de Las Trincheras, mientras 
calmaba la excitación pclítica de entonces, y con 
más acierto escogía sitio para levantar de nuevo 
la tienda de mi hogar, y seguir la labor de la 
vida. Mis impresiones en aquel valle pintoresco, 
mis delicias por estar en la Patria, siempre ado- 
rable, fueron para mi pluma, ''lengua del alma," 
en el apartamiento en que viví, como flores ra- 
ras y fragantes, al alcance de la mano. 



CIUDADES Y PAISAJES 

Las Trincheras constituyen una riqueza nacio- 
nal digna de ser universalmente conocida, sobre 
todo, de los mendigos de la vida, porque como 
dijo el célebre Montalvo, '4a salud cabal, fresca, 
pura, es inteligencia y valor : el que carece de 
ella ha perdido media vida, y en esa porción pre- 
ciosa se han ido sus mejores facultados intelec- 
tuales y morales." Eeferirse á tan benéficas 
fuentes de salud, describir los atractivos que las 
rodean, y elogiar las virtudes de los moradores 
del lugar, es recordar cosas bellas y útiles. 

Instalado en tan ameno y pintoresco sitio, don- 
de la alegría y hermosura de la naturaleza, la 
paz y dicha de sus moradores ponen en el espíri- 
tu inefables encantos, admiré la belleza é impor- 
tancia de la agricultura, medité acerca de los 
resultados del trabajo, de los prodigios del pro- 
greso, de los triunfos de la civilización : el con- 
tento eleva y engrandece el alma cuando la vida 
se desliza tranquila, sin turbadoras ambiciones, 
al calor de la felicidad, entre esperanzas inmor- 
tales. 

En tan apacible retiro, nido de ñores en el seno 
de naturaleza virgen y hermosa, donde el pro- 
greso anuye majestuosamente en corrientes de 
vida, en alas del vapor, después de haber venci- 
do grandes obstáculos, bien se puede meditar en 
las maravillas de la civilización, en los triunfos 
del trabajo y las delicias que proporciona. 

El trabajo es fuente de vida y de regeneración 
moral porque dotando de singulares energías el 
espíritu, allana los caminos de la vida, y hace 



JUVENAL ANZOLA 

brotar en el seno de la humanidad, virtudes y 
esperanzas. Por él es que el hombre en su largo 
peregrinaje, ha venido de ascenso en ascenso, 
acercándose, coronado de inmortales triunfos, á 
las alturas olímpicas de la gloria. 

¿ Qué es el renombre entre nosotros ? Un sue- 
ño que pasa, un rayo de luz que más ó menos 
tarde se apaga, un nombre que cuando más, flota 
en la corriente de algunos siglos, una cifra que 
la trompeta de la fama sólo hace perdurable entre 
varias generaciones. 

He sentido lucha de encontradas ideas en mi 
cerebro, al pensar en la gloria y en la felicidad, 
al comparar la existencia de los que anhelan 
vivir en el recuerdo de las generaciones, incen- 
sados por la gratitud humana, y de los que sólo 
aspiran á ser felices, disfrutando de la paz de la 
conciencia, de los afectos del corazón y del amor 
de la familia. Vi á los moradores del rico valle 
en sus pajizas chozas, disfrutar de la vida como 
si la llevaran en brazos de la felicidad. Es en- 
cantadora la existencia del pobre, que con el 
corazón alegre y sano, obteniendo el pan de 
cada día con el sudor de la frente, siente en su 
generoso espíritu, celestCt paz, la dicha del hogar, 
la vida del amor. 



SALIDA DEL TREN 



t^os últimos moribundos rayos del sol se con" 
funden con las primeras sombras de la noche. 
Es día sábado é inmensa muchedumbre llena la 
Estación de Las Trincheras. Los héroes del tra- 
bajo, los apóstoles del progreso, los nobles hijos 
de la simpática Valencia después de haber pasa- 
do seis días en rudos trabajos, venciendo los in- 
convenientes que impiden el tráfico del Ferroca- 
rril que va á Puerto Cabello, regresan á sus 
hogares. 

La planicie de la Estííción es grande y el edi- 
ficio de la misma de no pequeñas dimensiones y 
sin embargo en todas partes se condensa el hor- 
migueo humano, crecidos y apiñados enjambres 
de hombres como olas que van creciendo se des- 
gajan sobre el tren : caen como bandadas de aves 
que se posaran indistintamente. 

Los vagones se llenan, y la superficie alta de 

51 



JUVENAL ANZOLA 

los mismos se va coronando de grandes ramille- 
tes humanos. Es un incesante subir : torbe- 
llino de seres vivientes que tomando proporcio- 
nes gigantescas se eleva y crece, haciendo atro- 
nador el entusiasmo. A cada pitazo de la máqui- 
na corresponde un cordón de hombres que vio- 
lentando la marcha, se lanzan á tomar el lugar 
que pueden en el Tren que pitando los espera. 

El ruido es inmenso, el entusiasmo atronador, 
el movimiento, torrente desbordado, el espec- 
táculo grandioso. La alegría manifestada en 
tantos plácidos rostros, es la luz de la conciencia 
que brotando á la vida real, nos revela cuan im- 
portante y regeneradora es la virtud fecunda del 
trabajo. En la dicha de semejante multitud 
caben consideraciones que mueven fuerte y po- 
derosamente el corazón á sentir inefables place- 
res. Los esposos, los hermanos y los hijos regre- 
san á sus respectivos hogares, cada cual á llevar 
á los seres queridos, á las prendas del alma, el 
fruto de sus esfuerzos, la propia sangre converti- 
da en pan de vida. Qué hermoso este regreso ! 
El corazón se siente henchido de gozo, después 
que el hombre como sacerdote del trabajo, lleva 
á los altares del hogar eLjbienestar y la felicidad. 
Admirable es el amor que así se conforta en la 
virtud. Modestas esposas, inocentes vírgenes, 
salid á estrechar contra vuestras bellas almas, 
á los que regresan, á los que os aman con toda la 
fuerza de los nobles afectos, y derraman la 
sangre y exponen sus vidas, por el interés y 
amor que les inspira vuestra felicidad. 



CIUDADES Y PAISAJES 

Los huéspedes del lugar concurren á la Esta- 
ción el sábado á presenciar la majestuosa salida 
del tren, convertido en ramillete donde rail ca- 
bezas se agitan, fulgura el contento, ondea tu- 
multuosamente la vida, brota la risa á borboto- 
nes, brilla el entusiasmo, y el movimiento se 
manifiesta como en inmensa y atronadora cata- 
rata. 

Pita fuertemente la locomotora, se chocan los 
vagones, y principia la marcha. En el camino 
recorrido va quedando hermosa columna de hu- 
mo, que lentamente va desapareciendo. Los 
que desesperan por el ansiado retorno al hogar, 
ven realizado su anhelo. La felicidad en las 
multitudes se manifiesta como la luz del sol, que 
no puede dejar de alumbrar, desde que se anun- 
cia á torrentes sobre el horizonte. Al partir el 
tren un grito atronador llena el espacio, el cual 
repetido una y más veces, revela el placer de mil 
corazones, la alegría de almas inspiradas por la 
virtud 3^ el amor. 

Los viajeros prosiguen su marcha, y entrada 

la noche llegan á la imperial Valencia 

Lo que sigue no se puede narrar, son los colo- 
quios de la felicidad, Ií)S trasportes del alma 
transformada por el sentimiento, endiosada por 
el amor. 



EL HOTEL 



í^^ESPUÉs de un día claro, plácido y espléndi- 
do, vino la tarde magnífica, con sus blondas brisas, 
sus apacibles hermosuras, y esas postrimerías 
inefables del sol cuando ocultándose tras el ho- 
rizonte, por entre nacarados celajes, nubes de 
plata y de carmín, reviste á la naturaleza de ex- 
traordinarios encantos. Esa conjunción del día 
y de la noche, en la cual todo se presenta á la 
vista material y á la consideración del espíritu, 
como envuelto en el ropaje del misterio y de la 
más grande y conmovedora poesía, presenta aquí 
panoramas excepcionalmente admirables y her- 
mosos. Los bosques, dilatados y espesos, 
las montañas, sus altísimas cumbres, las fuen- 
tes rumorosas, los pájaros, las campiñas, ale- 
gres y sonrientes, cuajadas de esperanzas, por 
la virtud fecunda del trabajo, la vida altiva y 



CIUDADES Y PAISAJES 

lujuriosa de la vegetación tropical, las locomo- 
toras, veloces vehículos del progreso, arrojando 
de las entrañas grandes penachos de blanquísimo 
humo, los jóvenes, las honorables matronas, las 
bellas y gallardas damas, y todo lo que aquí pone 
en el espíritu amor excepcional á lo grande y á 
lo bello, hace de este sitio de solaz, de esta man- 
sión saludable, nido de flores, alcázar de la feli- 
cidad, fuente de vida, donde se encuentran ale- 
grías para el corazón, maravillas para la inteli- 
gencia, sueños de felicidad y de gloria. 

La tarde es la hora de la suprema poesía, de 
los encantos inefables, de los misteriosos rumo- 
res : la hora de los queridos recuerdos para el 
corazón, de los inolvidables amores para el alma. 
La naturaleza reviste formas cautivadoras, y 
llena de poesía aparece como bellamente triste, 
para avivar más en tan solemne hora, el fuego 
de los afectos en el genio de la noche, que se 
anuncia por rumores y suspiros. 

Los fulgentes rayos del sol no esparcen sus 
apacibles claridades sobre las verdes cumbres de 
las empinadas montañas : el horizonte lleno de 
fuego ha desaparecido. Las sombras de la no- 
che principian á extencferse, y vaga claridad 
anuncia el titilar de las estrellas, que van tacho- 
nando el hermoso y límpido cielo. Ya impera el 
genio de la noche : la brisa viene llena de fra- 
gancias, y la naturaleza con su espléndido ropaje, 
parece adornarse y mostrarse ataviada con sus 
más bellas galas. ¡ Qué hermosa es la noche 
cuando la naturaleza sonríe, las fuentes murmu- 

65 



JUVENAL ANLOLA 

ran, las aves aletean en sus nidos, y las brisas 
cargadas de aromas nos traen blandos rumores, 
dulces murmurios, y el cielo límpido como espe- 
jo recamado de diamantes, nos envía abundante 
y plácida luz ! 

Poseído de tales ideas me encontraba cuando 
llegaron á mis oídos los dulces acentos de una 
canción tan inspirada y sentida, que me pareció 
celeste. La naturaleza hermosa y tranquila, la 
brisa apaciblemente jugueteando en los árboles, 
y el cielo bello y engalanado como para una fies- 
ta del Eterno : todo de consuno respirando di- 
cha, parecía reclamar para complemento de tan- 
ta belleza, las armonías de la música acompaña- 
das de una voz virginal, argentada, llena de 
primores, de uno de esos ángeles humanos que 
encendiendo con sus gracias en nuestros corazo- 
nes el fuego inextinguible del amor, elevan nues- 
tras almas á la suprema felicidad. El amor no- 
blemente inspirado, lleva á la virtud y á la 
gloria, y regenera moralmente el alma. El hogar 
es el templo donde se purifica el corazón para 
desprenderse de sí mismo, engrandeciéndose en 
la religión de los más abnegados afectos. Las 
estrellas del amor son*^' los hijos, lazos que unen 
más las almas que se remiran en ellos. 

Aquel canto sublime que de tanta delicia llenó 
mi espíritu, partía del acreditado Hotel de los 
baños sulfurosos. El edificio bello y artísticamen- 
te construido entre hermosa arboleda, de noche 
no se ve desde lejos, razón por la que apenas 
podía contemplar las magníficas claridades y los 



CIUDADES Y PAISAJES 

torrentes de luz en la espesura del bosque, del 
cual brotaba la alegría, el bullicio, la voz huma- 
na. En ciertas ocasiones, y más que en éstas, 
en determinados parajes de la naturaleza, el 
hormigueo de la vida humana, la gracia de la 
mujer, se manifiestan como la luz fecundadora 
del sol, como reverberación de la belleza, como 
poderoso centro de atracción. De aquel bosque 
sembrado de fulgurantes luces, donde brillaban 
la alegría y las gracias, entre sonrisas de juven- 
tud, no podía brotar nada más divino que las 
armonías de la música, acompañadas de aquella 
voz tan dulce, melodiosa y argentina, que ponía 
en el alma con sus trinos inefables transportes de 
suprema dicha. 

La noche sigue su tranquila carrera, hasta 
que el sol por el Oriente con ósculos de luz saluda 
la aurora, mientras las estrellas á la vista escon- 
den su claridad y se alejan del cielo como para 
que impere solo el esplendente sol. Es la maña- 
na, los pajarillos trinan en los árboles, las vacas 
braman por sus hijos, el gallo aletea y canta, y 
el hombre, batallador incansable, se apresta á 
las faenas del trabajo : se nota el movimiento, 
y se expande la vida con ia luz. 

Deseoso de respirar el aire puro de la mañana, 
salgo á gozar de él. La neblina cubre todo el 
valle, y sólo alcanzo á ver lo que de cerca me 
rodea. El sol asciende en su carro de fuego, y 
disipa con sus luminosos rayos las espesas bru- 
mas. La claridad se impone, y la naturaleza 
como sonreída nos muestra sus bosques y cam- 

67 



JUVENAL ANZOLA 

pos de verdura, esmaltados de perlas. El Hotel 
aparece ante mis ojos, y lo encuentro triste y 
solo, sus moradores duermen, y no hay en él 
aquella poesía de la noche, aquellas luces, aque- 
lla alegría, aquella dulce voz que todavía no he 
podido olvidar. Algunas impresiones se nos ha- 
cen perdurables por las circunstancias que las 
rodean. 

De las fuentes sulfurosas se elevan en apiña- 
dos y blanquísimos copos, nubes que van á ex- 
tinguirse á la falda de la montaña del calvario, 
cerca de las rústicas cruces que la coronan. En 
algunas mañanas el vapor se aumenta, las nubes 
se multiplican y da especial gusto entonces ver- 
las elevarse y desaparecer sobre el manto de ver- 
dura de la montaña, que junto y casi perpen- 
dicularmente á tan bellas nubes se levanta ma- 
jestuosamente. Bellas nubes, copos apiñados de 
singular blancura, agitados como alas de inmen- 
sos cisnes en actitud de alzar el vuelo ¿por qué 
nos recordáis con vuestra instabilidad, que la 
vida es un rayo de luz que apenas brilla, cuando 
desaparece en las sombras de lo desconocido ? 



DESPEDIDA 



'ay detalles en la vida, días alegres, horas 
felices, que no pueden olvidarse y viven en la 
memoria, como recuerdos de dicha que á través 
del tiempo consuela el espíritu. 

Temeroso por mi libertad en peligro, toqué 
á las puertas de venturoso hogar, pidiendo hos- 
pedaje. Se me acogió con deseo de compla- 
cerme, y tuve consideraciones y cariño. Las 
almas buenas, la gente bondadosa, se hacen 
admirar y querer por exquisita y noble fran- 
queza, oportunas atenciones y finos cuidados. 

Hallado tan bien como en mi propia casa, 
encantado con las delicias de la naturaleza, 
contemplando sus majestuosos bosques y ver- 
des campiñas, soñé con la felicidad, amé más 
la libertad, admiré el trabajo y bendije la 
inocencia de los honrados campesinos que vi- 
ven, sin grandes inquietudes, gozan y se aman, 

68 



JUVENAL ANZOLA 

sin torturarse el corazóc con mezquinas tris- 
tezas. 

j Qué de pensamientos han cruzado por mi 
mente ! Aquí todo reviste grandeza y poesía. 
Al Sur, elegante montaña llena de alegres 
arbustos, con el signo de la redención hu- 
mana en la cumbre, y á su pie, brotando 
como fuentes de vida, las célebres aguas sul- 
furosas, que han calmado tantos dolores y 
llevado satisfacciones y nuevas esperanzas á 
hogares llenos de amarguras y desolación ; al 
lí'orte, una cordillera, quebrada en mil direc- 
ciones, poblada de corpulentos árboles, murmu- 
rantes fuentes y canoras aves, anima la be- 
lleza del sitio, da solaz al espíritu y entreteni- 
miento á la vista ; al Este, un ferrocarril den- 
tado, que majestuosamente la locomotora, ora 
envuelta en blancas ó pardas nubes del humo 
que á bocanadas arroja de sus ardientes entra- 
ñas, trepa por una fuerte pendiente hasta el 
pintoresco sitio de «La Entrada», donde se 
abre un rico y espléndido valle, que entre ciu- 
dades y paisajes admirables, se dilata hasta 
las lejanas cercanías de «Queipa», y al Oeste, 
el mismo ferrocarril, (¿ue siguiendo el variado 
curso de un bello río, pasa por «El Palito», 
memorable lugar, donde en risadas y grandes 
olas, deshace en parte su furor, el soberbio 
Mar Caribe. No sigamos con el pensamiento 
lo que de lejos nos rodea, volvamos nuestros 
ojos sobre nosotros mismos, miremos al fondo 
de nuestras almas, y digámosnos, examinando 

90- 



CIUDADES Y PAISAJES 

nuestras conciencias, si aquí no se vive la vida 
de la dicha y del espíritu, al amparo de la tran- 
quilidad y el cariño. 

Para mí, los cortos días que han trascurrido 
tienen lugar preferente en mi memoria. ¿Cómo 
olvidar la vida alegre, de respetuosa confianza 
y cariño con que nos hemos tratado? Por 
otra parte, nos hemos congregado, viniendo he- 
ridos por los dolores, como viajeros cansados 
de la existencia tumultuosa y llena de peli- 
gros del mundo, en busca de la salud, esa con- 
dición, sin la cual la materia se gasta y el 
espíritu se anonada. ¿ Qué le falta á este lu- 
gar favorecido por la Providencia, con tan sa- 
ludables aguas ? Para mí y para cada uno de 
mis colegas, afirmo que nada, pues á los fa- 
vores del cielo concedidos al lugar, hemos dis- 
frutado los que nos han dispensado en este 
hogar, donde una matrona venerable, es reina 
por sus merecimientos y por el amor que le 
profesan sus buenos hijos. Han corrido para 
nosotros, días hermosos, horas tranquilas y 
alegres : hemos tenido en medio de nuestras 
amarguras las gratas atenciones del mutuo ca- 
riño, y hemos podido epntemplar en medio de 
nuestras desventuras, hermosas auroras de fe- 
licidad. Hemos dejado á un lado del camino 
el bordón del peregrino, arrojado el fardo de 
nuestros sufrimientos, y hecho estada. Llega- 
rá la hora de partir, y entonces el corazón so- 
brecogido de dolor, nos dirá con el elocuente 
lenguaje del sentimiento, que nos alejamos del 

61 



JUVENAL ANZOLA 

sitio donde fuimos felices, y volvemos á la ba- 
talla del vivir, á recibir los diarios golpes que 
á menudo martirizan y llenan de desconsuelo á 
las más vigorosas inteligencias. 

Los recuerdos, delicias ó amarguras de la 
vida, ora sean favorables ó adversos, son co- 
mo los puntos con que señalamos en nuestro espí- 
ritu la marcha de la existencia. Hay recuerdos que 
como nubes sombrías aparecen en la conciencia 
en las horas de mayor felicidad ; y recuerdos 
que, en los momentos de tribulación y amar- 
gura, reviven en la memoria llenando el alma 
de consuelos y esperanzas. Hagamos nuestra 
esta felicidad que hemos disfrutado, y lleve- 
mos al pensamiento, á vivir en él, con todos 
sus encantos y poesía, este sitio, este hogar, 
estas bellezas admirables de la naturaleza. 

Este trabajo debía tener algo de bello, que 
realzara el escaso mérito que le hubiese podi- 
do comunicar. Lo tiene con sólo recordar á la 
mujer, cuyo nombre es como talismán que 
mueve los corazones, porque simboliza junto 
con las más preclaras virtudes, los más bellos 
encantos del mundo. ¿ Diré los nombres de la 
amorosa madre y de 1í»> buena hija? Sé que 
ya ellos son conocidos y anunciados por esa 
complacencia que se nota en los semblantes, 
cuando el pensamiento brota de la conciencia 
iluminada y alegre. Vivan largos años tan 
buena madre y excelente hija, bajo la protec- 
ción del cielo, rodeadas del cariño de los ami- 
gos, del cuidado y amor de los suyos. 



CIUDADES Y PAISAJES 

En este hogar ha habido días de inmenso 
duelo, dolor y lágrimas, porque el corazón hu- 
mano no se desprende de lo que quiere sino 
manando sangre. Cuando se sufre y se con- 
fía en Dios, vuelta la mirada al cielo, la es- 
peranza renace, y la vida se torna tranquila, 
sin dejar de recordar y amar lo que arrancó 
á raudales nuestras lágrimas. En este hogar 
hubo días de inmenso duelo, pero debe haber 
días de entusiasmo y alegría para bendecir 
las virtudes, admirar la honradez y seguir los 
pasos del mortal afortunado cuyo nombre re- 
cuerdan con indecible amor, la amante es- 
posa y los cariñosos hijos. Los buenos 
que nos preceden, son escogidos del án- 
gel de la felicidad que los eleva á las inmorta- 
les regiones. Y ¿podrán merecer constante- 
mente nuestras lágrimas los eternamente dicho- 
sos, los que en el seno de Dios se extasían en la 
contemplación de interminables felicidades ? Llé- 
nase de entusiasmo el alma, de alegría el cora- 
zón y de inefable paz la conciencia, al recuerdo 
de los buenos que se han dormido en brazos de 
la paz eterna. 

Busquemos la felicidad y procuremos que nues- 
tras aspiraciones sean siempre el reflejo de una 
conciencia honrada, que ansie la verdad y bus- 
que lo inñnito; que sean límpidas y trasparentes, 
como las tenues nubéculas que en apartados y 
blanquísimos copos se van elevando de las fuen- 
tes sulfurosas, hasta extinguirse como homenaje 
respetuoso de la naturaleza, junto á las rústicas 



JUVENAL ANZOLA 

cruces que sobre la cumbre de la montaña, re- 
cuerdan el milagro del amor divino. 

Para algunos ha llegado la hora de partir. En- 
cantador sitio, naturaleza espléndida, alegres au- 
roras matinales, crepúsculos melancólicos de la 
tarde, poesía sublime, adiós, adiós. ; Qué impor- 
ta la distancia cuando los recuerdos son fotogra- 
fías vivientes de todo lo que nos ha encantado, 
de todo lo que ha merecido el cariño del corazón ! 
La vida es amor, y el amor la ley universal del 
mundo. Todos los tesoros del espíritu, todas las 
prendas queridas del alma, todos los ensueños de 
la mente, cuando tienen su origen en sanos y 
generosos afectos, son como dulcísimas notas de 
arpa divina que repercuten en el fondo de 
nuestro ser. 

Vivan palpitantes y frescos en nuestras almas 
I03 días de placer y de solaz que han transcurrido. 
Allá, acullá, adonde quiera que el destino nos 
llevare, recordaremos que aquí hemos sido feli- 
ces, porque lejos del ruido atronador del mundo, 
entregados á nosotros mismos, en honestas di- 
versiones, hemos visto sucederse los días, sin 
que nuevos pesares vinieran a herirnos. 

Las avecillas del campo son felices : cuelgan el 
nido de sus amores en la rama de cualquier árbol, 
y se arrullan y se aman y se cantan, con infinito 
amor, con indescriptible ternura. La hermosu- 
ra de la naturaleza, la belleza del campo, el vivir 
tranquilo, entusiasman la existencia, alientan y 
confortan al más débil corazón. Dichosos los 
que no sienten una sombra en la conciencia y 



CIUDADES Y PAISAJES 

tienen en la virtud del trabajo el tesoro de la 
propia independencia. Ellos como buenos hijos 
del Padre Celestial, gozan de la paz del alma, son 
felices, é inocentes y sencillos como las aves de 
los campos, embellecen y alegran la propia exis- 
tencia, con natural poesía, con el sentimiento 
más sublime del amor. 



LA VICTORIA 



\n el fértil y rico valle de Aragua, donde la 
naturaleza es superabundantemente pródiga, en 
donde se impone el recuerdo del insigne é ini- 
mitable cantor de la Zona Tórrida, al ver la 
tierra brotando flores, cuajada de lujuriosa ve- 
getación ; al florecido café, brindando en alas 
de la brisa delicado aroma, y erguido, altane- 
ro, al jefe de la espigada tribu, se levanta 
majestuosa y bella, la histórica Victoria, por 
múltiples motivos importante. Dista de Cara- 
cas menos de cuatro hporas por el Ferrocarril 
Alemán : sus florecidos contornos tienen toda 
la elocuencia de la naturaleza exuberante, el 
encanto de la luz entre juegos de colores y 
matices : su entrada es una sucesión de ale- 
gres paisajes : sus casas grandes y buenas : 
su templo magnífico, con lujosa ornamenta- 
ción, bella y encumbrada torre ; su alameda, 



' CIUDADES Y PAISAJES 

grande, embellecida, bien pavimentada, luce en 
su centro un monumento admirable sobre el 
cual se destaca gallardamente soberbio el in- 
vencible Ribas, aquel hombre formidable que 
se hacía superior á los propios dolores, y mo- 
ribundo iba y vencía en los campos de batalla. 
¿ Quién puede ü¿iquear en patriótica empresa 
recordando la figura gallarda de Ribas y su 
incomparable bravura? Bien queda el citado 
monumento en la ciudad que él inmortalizó 
con su heroísmo. La Victoria es una ciudad 
sana, alegre, pintoresca, con edificios buenos, 
calles planas, anchas y rectas, tranvía, acue- 
ducto, teatro, mercado, cuartel como para alo- 
jar cómodamente mil hombres, club, casa de 
beneficencia, amplias avenidas, y últimamente 
se ha construido la Plaza Castro con arte y 
elegancia, la cual tiene en su centro notable 
pila. La ciudad ofrece singulares atractivos : 
sus hijas son bellas y espirituales : tienen la 
gracia de las caraqueñas, y las igualan en cul- 
tura y en el prodigioso arte de vestir con pe- 
culiar donaire : en el sentimiento, reina la ge- 
nerosidad : en el trato social la franqueza y 
los buenos modales : iíabla el progreso, la ci- 
vilización enseña : a la vista de la población 
principian las haciendas y jardines ; y el Ara- 
gua que murmura dulcemente entre sus flores, 
aumenta su riqueza, multiplica sus guirnaldas 
y la convierte en paraíso de eterna prima- 
vera. 



CALABOZO 



Ia Sultana de los Llanos fue en la época 
de las Provincias un gran centro social y mer- 
cantil, su nombre se hizo célebre por varios 
respectos y fulguró por el esclarecido talento 
de sus hijos, que dejaron honda y luminosa 
huella en el fecundo campo de los conoci- 
mientos. De aquellos ilustres pensadores que 
tanta gloria dieron á la Patria, quedaba hasta 
hace poco, como timbre de honra, esparcien- 
do las luces de su vasto saber, el honorable 
doctor Tomás A. Domínguez, quien dedico 
por completo la vida al estudio de las cien- 
cias y á la práctica de la beneficencia. Al 
lado de este notable ciudadano creció numero- 
sa juventud, inspirada en el amor al trabajo 
y al estudio. Calabozo posee sendos Colegios 
de varones y de niñas, que han sido verdade- 
ro semillero de saber, y contribuido poderosa- 



CIUDADES Y PAISAJES 

mente al mejoramiento social, pues las letras 
se difunden aclarando los horizontes del pen- 
samiento y creando al propio tiempo bellos y 
hermosos ideales á los anhelos del espíritu. 
Posee además tres hermosos templos bien de- 
corados, una capilla, palacio episcopal, ca- 
sas magnificas, alamedas públicas, notables 
establecimientos mercantiles, y una socie- 
dad escogida, donde la cultura y la caballe- 
rosidad se hacen admirar. A pueblo tan es- 
piritual y culto, no le ha faltado la voz de la 
prensa, donde siempre ha brillado el ingenio 
peregrino de sus pensadores y el de su estu- 
diosa juventud. 

Es de justicia decir que Calabozo tiene un 
tesoro en el virtuoso Pastor que rige tan impor- 
tante Diócesis. El doctor Sendrea es un varón 
apostólico, digno de los primeros siglos del 
cristianismo. Posee la ardiente fe de aquellos 
sublimes demoledores del paganismo, que su- 
pieron vencer con la inteligencia y la palabra: 
almas abiertas para acoger con infinita ter- 
nura á los infelices : cora;Zones convertidos por 
el fuego de la caridad, en verdaderos manan- 
tiales de amor. El dc^ctor Sendrea goza entre 
sus fieles de verdadero cariño, de afecto entra- 
ñable : él, lo que tiene y lo que puede, lo 
pone al servicio de su Diócesis, mejorando las 
iglesias, ayudando á los jóvenes pobres que 
siguen la carrera eclesiástica, sin olvidar que 
la caridad es una virtud en extremo grata á 
Dios. Podríamos decir que el doctor Sendrea, 



JUVENAL ANZOLA 

siempre carece de recursos, porque lo que llega 
á sus manos es poco para satisfacer los gene- 
rosos deseos de su corazón, anhelante de derra- 
mar bienes : es un Obispo que honra el epis- 
copado por su inteligencia, sus virtudes, su 
patriotismo, y el abnegado proceder con que se- 
ñala los pasos de su vida. 

Los recuerdos felices se graban en el alma 
y perduran palpitantes en ella : son estrellas 
en el cielo del pensamiento que brillan siem- 
pre y con más espléndidas claridades, cuando 
la suerte propicia, por camino de flores, nos 
lleva al pasado, a la juventud querida, á 
mostrarnos más bellos y rejuvenecidos encan- 
tos que han vivido con nosotros. En Cala- 
bozo trascurrió en nuestra juventud la más 
hermosa alborada de la vida : allí fuimos con 
nuestra compañera á levantar la tienda del 
amor, y dichosos vimos fulgurar sobre ella el 
sol de la felicidad. No podemos volver el 
pensamiento á tan hermoso pasado, sin sentir 
fruición deleitable, y más cuando observamos 
que nuestros compañeros de aquellos días, so- 
bresalen con honra y gloria en los diversos 
campos de la actividaíí. Bien brilla el talento, 
se exhibe el progreso y habla la civilización 
en aquel maravilloso lugar, lleno de majesta- 
des olímpicas, de bellezas soberanas, de pano- 
ramas indecibles, cobijado por un cielo límpi- 
do, abierto, subidamente azul, recamado de bri- 
llantes pedrerías, como adornado por ángeles 
para celebrar una fiesta del Eterno. Erguida 



CIUDADES Y PAISAJES 

está Calabozo á orillas del Guárico, envuelta 
en mantos de verdura, sobre meseta poética- 
mente inclinada en la soledad inmensa de los 
Llanos : es una cumbre excelsa para el espíritu, 
desde la cual se puede hablar á la humanidad 
el acrisolado lenguaje del patriotismo, y al 
Eterno el idioma de las grandezas divinas : allí 
el espíritu se transforma, se engrandece, se 
hace parte del infinito que lo rodea y va adon- 
de no alcanzan los condores cuando se remontan 
á beber la luz del sol. 

Los calaboceños son cordiales en sus relacio- 
nes, colman de agasajos al que les visita, 
muestran cultura y delicadeza en el trato, y 
revelan por múltiples modos la viveza del in- 
genio, siempre en armonía con la espléndida 
luz del espectáculo sublime que ofrece la na- 
turaleza, a todas horas, al menos observador. 

Atrayente se hace la vida en aquel centro 
social, é inolvidables los recuerdos. 



DESPUÉS DEL BAILE DEL 
CLUB CONCORDIA 



"1^0 todos los entusiasmos llegan al alma en 
alas del placer : el espíritu puede sentirse 
prisionero y medroso entre las mayores ale- 
grías : el corazón recibir heridas de punzantes 
espinas en medio de las rosas : las esperan- 
zas desvanecerse tocando las realidades, y sur- 
gir, con pleno sol las negras melancolías de 
la noche. Con razón dijo Pascal, «las cosas 
tienen diversas cualidades, y el alma diversas 
inclinaciones, porque nada es simple de lo que se 
ofrece á el alma 3^ el alma no se ofrece jamás sim- 
ple á ningún sujeto. De aquí viene que se 
llore y se ría algunas veces de una misma 
cosa». 

Mi espíritu estaba alucinado : había huido 
de su estrecha cárcel, y por caminos etéreos, 
salpicados de estrellas, soñando dulcemente vía- 



72 



CIUDADES Y PAISAJES 

jaba á las miríficas regiones. El poder de su 
clarividencia se hacia cada vez mayor, y los 
horizontes crecían, y los mundos se multipli- 
caban, y las bellezas renovándose en sus pro- 
pias formas, producían armonías inefables. 
Aquello era muy superior á las visiones de la 
más exaltada fantasía : á cada impresión de- 
leitosa, sucedían otras y otras, en las cuales 
crecía la intensidad del placer : era necesaria 
una transformación sublime de la débil natu- 
raleza para resistir al imperio de estas supre- 
mas dichas : el espíritu se había purificado, 
había viajado por entre las estrellas, recibido 
las fragantes brisas de los cielos, escudriñado 
sus interminables tesoros, pero como no había 
dejado de ser humano, los indecibles encan- 
tos, las sublimes bellezas, le hicieron pensar 
en el más delicado sentimiento de Dios, y 
sobre la tierra, como ángel superior á los 
otros, surgió la mujer y fulguró el amor. 

El espíritu huyó del alcázar eterno, llevó 
ansioso sus miradas á la tierra y se dijo : en 
el valle de Caracas observo un cuadro primo- 
roso, que podría colocarse en el lugar más 
pintoresco de los cielos. » Regreso de donde to- 
do es armonía, la vida amor y la luz in- 
creada, y sin embargo ¡ qué abundancia de luz í 
¡ qué de poesía ! ¡ qué de bellezas ! ¡ qué de 
encantos ! Brilla en aquel cuadro el ángel hu- 
mano formando conjunto de divinidades emula- 
doras de Venus : corre por los contornos de 
aquellas gracias tentadoras, con el vigor de 

73 



JUVENAL ANZOLA 

celestial juventud, el jugo rosado de la vida : 
las sonrisas valen más que la luz de las es- 
trellas : palpita la hermosura revelada con la 
más sublime inspiración: se pierde, la noción 
del tiempo : impera la alegría y los corazo- 
nes como pétalos de rosas desgajadas, los lleva 
agitados en fuerte remolino la brisa fragante 
del amor : la música modula lenguaje divino, 
y por entre un mar de luz y alfombras de 
flores, como si se hubiera descorrido el velo de 
la gloria, revolotea la beldad humana en su- 
blime apoteosis. Allí está la gran poesía : 
resplandece el astro de la felicidad, el verda- 
dero cielo del amor. 

Despierto de mi sueño, ya en plena vigilia, 
conozco que me amanecía de regreso del baile 
del Club Concordia ; y frescos los recuerdos, 
como ñores recién cogidas, y vivas y fuertes 
las emociones, como los latidos de mi corazón, 
volví el pensamiento al cuadro deslumbrador, 
para decir contra la opinión de Pascal, donde 
preside la mujer con el soberano cetro de la 
hermosura y de la belleza, se agiganta la vi- 
da, el día se convierte en auroras, se rejuve- 
nece el alma, el leSiguaje humano se hace 
más que elocuente, y el sentimiento es siem- 
pre fulgurante dicha al calor de misteriosos 
amores. 

¿ Enumeraré las bellezas que vi ? ¿ Podría 
tener valor para confiar á mi pluma el traba- 
jo de retratar los primores de aquel cuadro, 
que mi admiración no ha llegado á compren- 

74 



CIUDADES Y PAISAJES 

der todavía ? Hay cosas superiores á la inteli- 
gencia, que pueden verse, admirarse, pero no 
describirse. La mujer es el eterno poema, es- 
crito idealmente en los contornos de las for- 
mas y en la suavidad de las gracias : el ar- 
quetipo de la belleza : analizarla es imposible: 
resistir su poder, como negar á Dios. 

El cuadro era divino porque la mujer ve- 
nezolana es flor digna de exhibirse en los jar- 
dines más primorosos : es arrogante, y sus 
formas, delicadas armonías de eflorescencias pre- 
ciosas. Cupido agitando sus alitas perfuma- 
das, gozaría hablándole el lenguaje del amor : 
la naturaleza derramó sobre ella los tesoros de 
sus gracias : es inteligente, persuasiva, cauti- 
vadora : es irresistible la lumbre de sus ojos, 
cuando agitado el corazón, de sus rosados la- 
bios brotan los anhelos en palabras llenas de 
indecibles encantos. Y es estrella de apacible 
fulguración, cuando a la sombra del hogar, 
convertida en sacerdotisa de la felicidad, cul- 
tiva los mutuos afectos, y prepara á la socie- 
dad y á la Patria, en almas virginales, el por- 
venir de la dicha y de la gloria. 



RECUERDOS UNIVERSITARIOS 



^^J^ORRÍA el año de 1879 cuando varios jóve- 
nes de diversos puntos de la República lle- 
gamos á Caracas á seguir estudios científicos 
en la Universidad Central. Caracas no se 
parecía á lo que es hoy ; las costumbres eran 
distintas ; su progreso material no ostentaba 
grandes adelantos ; las vías férreas princi- 
piaban á generaliza? se ; el telégrafo no lle- 
gaba á las poblaciones del interior ; el lujo 
existía, pero distaba de ser una aspiración 
nacional y desmedida ; el bienestar de una 
riqueza precaria no había desorientado nues" 
tros cálculos para el porvenir ; y á pesar de 
todo, en aquel estado de nuestra civilización, 
se multiplicaban las esperanzas, el pensamiento 

76 



CIUDADES Y PAISAJES 

concebía múltiples triunfos y había encantos 
inefables para el espíritu y dulces y fuertes 
vínculos para los afectos más nobles. Vi en- 
tonces á compañeros míos, cuando recibían 
cartas de sus respectivas familias, abrirlas ex- 
perimentando profunda emoción, y luego al 
leer las frases tiernas de la amorosa madre, 
dibujárseles en el rostro hondo pesar, hasta 
humedecer los ojos con lágrimas brotadas del 
alma, con aquel dolor grande é indecible que 
sentimos cuando el sufrimiento comprime el 
corazón, y no hay paz ni sosiego para el es- 
píritu. ÍTuestros pueblos no habían perdido sus 
patriarcales costumbres, reinaba en ellos la 
austeridad, el respetuoso culto de los principios 
morales, y los jóvenes de 18 años, en su ge- 
neralidad, niños por su candor é inocencia, 
no abandonaban el hogar nativo, sino como 
arrancándose del propio ser una felicidad ine- 
fable, que al lado de sus padres solamente 
podían sentir. El joven no comprendía la ba- 
talla de la vida, había recorrido camino al- 
fombrado de rosas, la mano del amor materno 
había llevado siempre á los labios delicioso 
néctar : se alejaba de un oasis de ventura, 
de un cielo siempre hermoso, adorable, lleno 
de mansos arreboles, en el cual no había 
para él sino amores, ternuras y caricias. ¿ Qué 
de extraño, pues, que los que así impresio- 
nados llegaban á Caracas, recordaran con do- 
lor el paraíso perdido, y vieran á través de 
la ausencia, surgir, entre múl tiples, gratos re- 

77 



JUVENAL ANZOLA 

cuerdos, el cielo adorable del hogar amado, con 
sus alegrías no lejanas, con hermanos, padres 
y amigos : con esas escenas idílicas que son 
á los comienzos de la vida, la vida misma? 
Oh ! bellos días, llenos de felicidad, cuan dis- 
tantes estáis ! 

. Las generaciones se suceden como las olas, 
con la diferencia de que se encuentran varias 
en el escenario de la vida, y entremezcladas 
tocan la orilla ignota, donde no hay sino si- 
lencio y tinieblas. Cuando llegamos á la Uni- 
versidad, otros nos habían antecedido en so- 
licitud de la madre intelectual, que tanta 
luz y tanta gloria ha tenido para sus nume- 
rosos hijos. Entre aquellos jóvenes que dos 
ó tres años antes, con idénticos propósitos a 
los nuestros habían abandonado la tierra na- 
tiva, había varios que ya gozaban de sin- 
gular prestigio universitario, por la inteligen- 
cia despierta y viva, la palabra fácil y elo- 
cuente, el carácter comunicativo y alegre, el 
trato delicado y la cultura atrayente, por la 
generosidad insinuante y cordial, las decisiones 
enérgicas, la tranquilidad en los momentos de 
conflicto, los chistes oportunos, y la natural 
simpatía que inspiran las almas rodeadas de 
múltiples y excelentes prendas. Con lo dicho 
para los que conocen la época á que nos re- 
ferimos quedan pálidamente bosquejadas varias 
figuras 'de aquellos zapadores del progreso in- 
telectual, que reclaman una pluma de poeta, 
y un estilo puro y radiante como el de nues- 

78 



CIUDADES Y PAISAJES 

tro insigne Fermín Toro : no se puede sin fa- 
cultades extraordinarias describir la mañana de 
la vida, la hermosura de la juventud, la glo- 
ria del talento, la presencia luminosa de áni- 
mo, aspiraciones magníficas. Los hombres 
cuando aman con generosidad sublime el bien, 
se elevan como astros radiantes, y entre los res- 
plandores de su propia luz, revisten inusitada 
grandeza. Ya que en este instante me vienen 
á la memoria como ecos de triunfos lejanos 
muy queridos, los nombres de jóvenes paladi- 
nes, caídos como en fiesta de singulares re- 
gocijos, en lo más recio del combate, cuando 
la fama les nombraba y la fortuna les sonreía, 
permítase un desahogo á mi tristeza, ante las 
esperanzas desvanecidas. ¡ Oh ! muerte ! ¿ cómo 
apagas la luz que crece, y cortas el árbol 
nuevo, que florecido promete cuantiosos fru- 
tos ? Y todavía más, ligando aquel dolor á 
los presentes. ¡ Oh destino cruel ! i Hasta 
cuándo los odios que nos envenenan y matan, 
seguirán reduciendo á cenizas nuestras espe- 
ranzas y á escombros nuestras grandezas ! 

Figuraban en aquella época, sobresaliendo ya, 
ora como médicos, abogados, ingenieros, filó- 
sofos, escritores, pensadores, poetas y orado- 
res, Carlos F. Grisanti, Luis Vélez, Claudio 
Bruzual Serra, Luis Felipe Blanco, Severiano 
Hernández, José M^ Gil, Juan Lavié, Jesús 
M^ Garmendia, Maximiliano Iturbe, Martín 
Feo, Pedro M.^ Brito González, Horacio Ve- 
lutini, Félix Montes, Germán Jiménez, Luis 



JUVENAL ANZOLA 

Eazetti, Dionisio Centeno, Lisandro Alvarado, 
Demetrio Aguerrevere, Francisco Mier y Te- 
rán, y tantos otros más, que con sus hechos, 
contracción al estudio y luminosos escritos, 
fueron para los recién llegados, amigos cari- 
ñosos, afables conductores por los campos de 
las ciencias y los verjeles de las letras. ¿ Có- 
mo olvidar nombres de suyo memorables, es- 
trechamente ligados á una edad de rosas, de 
ensueños y esperanzas : á una edad en que 
el corazón se expande, y el alma, como re- 
montada á nuevo y más alto cielo, tiene más 
luz, más encantos, más energías para luchar 
por los triunfos del arte, de la ciencia y de 
la gloria ? ¿ Cómo olvidar ese sacudimiento 
del espíritu, en que verdaderamente hay para 
la juventud la aurora de un nuevo día, mag- 
nífico é indeciblemente bello? Cuando el cri- 
terio se ha ilustrado, y el pensamiento es 
telescopio que acerca doctrinas, hechos y per- 
sonajes, puede la juventud decir que en el 
pórtico de la vida, entre resplandores de glo- 
ria, dueña del porvenir saluda al infinito. No 
es posible prescindir de los recuerdos : omitir- 
los en determinadas circunstancias, es desgas- 
tar la vida. El que atravesara un campo de 
nardos y azucenas, deseoso de respirar el 
aire cargado de aromas, no se alejaría de él 
sin notar y sentir la ausencia : el que anhe- 
lara espectáculos terribles ó sorprendentes, no 
oiría con indiferencia el estrépito prolongado 
del trueno, en noche ó día de fuerte tormén- 



CIUDADES Y PAISAJES 

ta, cruzada la atmósfera por repetidas cule- 
bras de fuego, de instantáneos y caprichosos 
movimientos. La naturaleza es como un es- 
pejo con alma, que al unísimo se pone en re- 
lación con la del que la mira y estudia : la cas- 
cada que convierte en perlas el líquido ele- 
mento, ofreciéndonos entre sus nubecillas los 
bellos colores del iris ¿no tiene una voz se- 
creta que llega al oído, toca el corazón, con- 
mueve y encanta ? 

¡ Oh! recuerdos venturosos, de días que aun 
distantes alegráis mi fantasía y dais á mi es- 
píritu, como mirajes de gloria y brisas del 
cielo. De esta época universitaria pasaremos 
á la que por derecho nos pertenece, y con 
no menos encanto, tendremos para nuestros 
inolvidables compañeros de aulas, hermanos en 
el culto de las ciencias, la oblación de nues- 
tro cariño. 



RECUERDOS UNIVERSITARIOS 



II 



^foKEÍAN días alegres para la vida nacional : 
el espíritu público se agitaba, las corrientes 
intelectuales crecían, el entusiasmo del obrero 
y del pensador eran inusitados, la palabra 
oficial enaltecía los héroes de nuestra Inde- 
pendencia, la juventud creaba periódicos, for- 
maba sociedades, hacía relampaguear el verbo 
de sus ideas, glorificaba al sabio don Andrés 
Bello en su centenario, y enardecida por los 
entusiasmos sublimes de la libertad y del ge- 
nio, miraba al Olimpo de nuestras grandezas, 
pensando que Bolívar, admirable y visible para 
el mundo, iba á cumplir el primer día de su 
gloria centenaria. ¡ Qué bellos son los triun- 
fos de la juventud, cuando fascinada por her- 

82 



CIUDADES Y PAISAJES 

mosos ideales, trabaja con fe de apóstol y 
espera convencida cercanos triunfos, de vida 
para la civilización, de paz y de felicidad para 
el hombre ! 

Se produce deleite indecible en el alma, 
que la lleva á lo grande y lo bello, cuando 
examina la corona de gloria que á perpe- 
tuidad ilumina el nombre de los héroes y de 
los genios. 

Con nuestros héroes, según la feliz expre- 
sión de un orador extranjero, se podría po- 
blar el Olimpo griego sin que Júpiter hicie- 
ra falta, porque allí estaría Bolívar. Aquella 
vuelta al pasado de nuestros días imarcesi- 
bles, para admirar grandezas, virtudes y ab- 
negaciones sublimes, tenía que despertar en 
las almas, bellas y patrióticas aspiraciones, 
y en la juventud, ese delirante entusiasmo 
que comunica energía y alteza á las ideas, 
fuego al pensamiento y bríos á la voluntad, 
para considerar pequeños los grandes obstácu- 
los, y gratos los sinsabores del combate y 
ningunos los múltiples peligros, ante la espe- 
ranza de llegar triunfante á la alta y dorada 
cima del ensueño adorable. Así como después 
de las batallas se trasparenta en el rostro 
de los héroes placer inefable, así para las glo- 
riosas legiones de la juventud, cuando com- 
baten por el dominio de sus acariciados idea- 
les, no existen dolores ni tristezas, porque el 
ardor del combate excluye el sufrimiento, y detrás 
de mirajes de gloria, el pensamiento columbra el 



JUVENAL ANZOLA 

porvenir, magnífico y devino. Tienen las obras 
de la juventud primor qu.e les es peculiar : 
sello de virtud ingénita, la bondad del bien, 
la generosidad del ideal, y cierta como ñores- 
cencia que de diversos modos se revela, os- 
tentando siempre, ora como la apacible luz de 
espléndidas auroras, ora, como la fuerza ava- 
salladora de intrépidas, beneñcentes legiones, 
lanzadas á destruir los ídolos del pasado, crean- 
do la obra del porvenir. A través de los en- 
sueños y aspiraciones de los 20 primeros años, 
aparece el planeta como el templo de la liber- 
tad y de la gloria, el porvenir lleno de ful- 
gores, la humanidad grande, el pensamiento 
excelso. Es necesario abrir paso á la juventud, 
aplaudirla, avivar más, si posible fuere, en su 
noble pecho, los ardores del patriotismo y los 
encantos del ideal, para que cuando en el esce- 
nario de la República por ley ineludible del 
tiempo, represente las conquistas del progreso 
y las fuerzas directivas de la dinámica social, im- 
prima á nuestra civilización admirable grandeza ; 
á nuestras costumbres, firmeza y valor moral, 
y á nuestra política, la excelsitud con que la 
practicaron los mejores *y más abnegados héroes 
de la Independencia. 

Es indudable que los preparativos para el 
centenario del Libertador produjeron una como 
revolución psicológica en los espíritus, que se 
encarnó principalmente en la juventud, y sur- 
gieron nuevos zapadores del pensamiento, pa- 
ladines ungidos con el óleo del entusiasmo, á 



CIUDADES Y PAISAJES 

decir en la plaza pública , ante numerosos oyen- 
tes, que cuando las ideas no corren libremen- 
te como puntos luminosos en el mundo de la 
inteligencia, la humanidad se ha empequeñeci- 
do y el hombre suprimido moralmente. La 
tribuna de la prensa estuvo honrada, relam- 
pagueó con el verbo elocuente de gallardos 
apóstoles, que derramaron á torrentes como 
torbellinos de lava encendida, pensamientos 
flagelatorios contra los opresores humanos, y 
tuvieron cantos, para enarrar glorias de reden- 
tores de pueblos. Había en aquellos días te- 
soros de felicidad para las almas grandes y 
soñadoras : había vida nueva, representada por 
noble y valiente juventud dignamente inspira- 
da : había como una cruzada del patriotismo, 
había comunión de ideas para ofrecer en los 
adorables altares de la República la más gran- 
de oblación de la gratitud nacional, á Bolívar, 
figura inmensamente descollante en la vasta 
extensión de la América Meridional, por lo 
maravilloso de su obra y por el poder excep- 
cional de su genio, que penetró los arcanos 
del porvenir. 

Jóvenes estudiantes dfe la Ilustre Universi- 
dad, de diversas asignaturas, se reunieron con 
el fin de formar una sociedad literaria, y por 
algunos años los ((Amigos del Saber», con- 
gregados, ora en el alto del antiguo Hotel 
Ferdinand, ora, en el de «La Zaragozana», 
frente al Capitolio, ora en otras partes, libra- 
ron como en apartado retiro los combates del 



JUVENAL ANZOLA 

pensamiento que ilustran y engrandecen el es- 
píritu. Se discutían cuestiones políticas, eco- 
nómicas y sociales, y podemos decir que en 
aquellos torneos la tribuna fue honrada por 
la palabra culta, por el espíritu de confrater- 
nidad, por el amor ala ciencia. Había maes- 
tros en el arte de la palabra y escritores que 
sin desgastar el pensamiento, cincelaban la 
frase al producirla, dándole los moldes de la 
belleza. 

Es de justicia recordar aquí, que sin ha- 
cer estudios universitarios, fueron nuestros 
compañeros de propaganda intelectual, los se- 
ñores S. Ruiz Jaime, J. J. Breca, h., Enrique 
Domínguez L., Julio Lobo, arrebatado a nues- 
tras esperanzas en los primeros años de la ju- 
ventud : manos amigas regaron de flores su 
tumba y la tristeza en más de un rostro va- 
ronil tuvo elocuencia sublime; y por último, Luis 
López Méndez, pensador, cíclope con la pluma 
en la mano : sus ideas tenían la luz y la 
resistencia del brillante : su pensamiento ahon- 
daba hasta el origen de las cuestiones, por 
arduas y complejas que fueran : él era para 
sus compañeros como* un Mecenas. Se le oía 
con gusto, sus razonamientos ilustraban, sus 
juicios eran magistrales, y su palabra armo- 
niosa daba á su opinión el placer con que 
era solicitada y recibida. De Méndez puede 
decirse que no tuvo juventud intelectual : na- 
ció coloso y fue siempre grande. Tan ilustre 
hijo de la Patria falleció lejos de su adorable 



CIUDADES Y PAISAJES 

cielo, cuando sus amigos más esperábamos de 
él. Recordaré en honor á su genio, que 
el libro que la Sociedad « Amigos del Sa- 
ber» ofrendó al Padre de la Patria en su 
centenario, está precedido de un prólogo su- 
yo que revela un espíritu superior, una in- 
teligencia creadora, un filósofo notable, para 
sentir y pensar. 

Para la inolvidable memoria de tan ilustre 
compatriota, el tributo de mi admiración y las 
flores siempre vivas de mi cariño. 



RECUERDOS UNIVERSITARIOS 



CECILIO ACOSTA 



III 



)S indudable que los hechos sublimes de 
los grandes hombres no pueden enarrarse sin 
que llenen el corazón de generoso entusiasmo 
y produzcan en el espíritu fruición deleitable. 
Tal es el poder del heroísmo y del genio 
cuando elevándose por sobre los pequeños, pa- 
sajeros intereses humanos, señala infinitos de- 
rroteros, inmarcesibles triunfos, la humani- 
dad transfigurada oficiando en los radian- 
tes altares de la virtud y de la gloria. Los 
genios son hermosas estrellas, eternamente 
fijas en el cielo del ideal, con la pere- 



CIUDADES Y PAISAJES 

grina excelencia de parecer más luminosas 
cuando la humanidad tropieza ó se envuelve 
en las sombras de la ignorancia, ó avanza, 
precedida del progreso que vence y construye, 
de la civilización, que embellece, eleva y en- 
grandece. Los genios como sublimes reve- 
ladores de verdades eternas, aparecen pa- 
ra el pensamiento en el desfile de los siglos, 
detrás de cada horizonte intelectual, como so- 
bre espléndidos arcos de luz, muy altos en la 
región cerúlea : ellos son los prototipos in- 
variables, los divinos inmortales, los escogi- 
dos por Dios para efectuar las indecibles ma- 
ravillas que nos llevan de lo pequeño y con- 
tingente á lo sublime é infinito : ellos son 
para el espíritu la movible columna bíbli- 
ca, porque lo guían y redimen moralmente ; 
ellos son, por último, la expresión más elo- 
cuente y perdurable, de que hemos existido y 
existimos. 

Volver el espíritu á Grecia, con el propó- 
sito de inquirir su hegemonía intelectual en 
el mundo moderno, es pasar revista al de- 
senvolvimiento progresivo de los pueblos, al 
perfeccionamiento social* de la cultura huma- 
na, al pensamiento con sus galas, á la civi- 
lización con sus triunfos, á la libertad con 
sus encantos y sus glorias. Y no puede ser 
de otro modo, porque en la historia de las 
Naciones la fuerza bruta ha dejado evidencia- 
do su poder, con cadenas opresoras, lágrimas, 
crueldades, sangre, campos sembrados de cada- 



JUVENAL ANZOLA 

veres, miseria moral, y la espantosa angustia 
de las almas, llenas de terror. ¡ Qué tristes 
son las obras de la soberbia humana, vistas 
de cerca ó de lejos, á la luz de la filosofía, 
y cuan admirables los triunfos del derecho en 
beneficio del hombre ! 

Natural era que el pueblo venezolano que 
produjo héroes, sabios, legisladores, poetas, 
oradores y libertadores de estirpe excelsa, al 
recuento en días triunfales de los dones pei-e- 
grinos de que todos aquéllos estuvieron ador- 
nados, sintiera vibrar con ecos armoniosos 
las fibras más delicadas del patriotismo. Gran- 
des y bellos fueron los días del Centenario, y 
grandes y bellas las virtudes del patriotismo exal- 
tado. Se pensó con decisión en la libertad, 
en la obra de la independencia, en la Repú- 
blica, en la democracia, y en las condiciones 
que reclaman los servidores públicos ; y en 
los corazones latió el entusiasmo, y en los 
rostros se vio la alegría, y en la tribuna se 
habló con alteza, y en la prensa hubo como 
lluvia de ideas independientes, y tuvimos com- 
bates de pensamientos en los cuales el error no 
tuvo fueros, y los principios defendidos y escla- 
recidos en aquellos torneos luminosos, fueron la 
mejor ofrenda á los manes augustos de los Liber- 
tadores perínclitos. 

Entre la juventud pensadora de aquella 
época adquirió gran prestigio un publicista y 
literato de quien alguien dijo con autoridad 
suficiente, que era la cumbre intelectual más 

80 



CIUDADES Y PAISAJES 

alta después de Bello. Nos referimos á Cecilio 
Acosta, que tenía en la palabra dulzuras, en 
la pluma claridades, y moldes de belleza es- 
pecialmente suyos, para sus pensamientos 
siempre nuevos, delicados, expresivos y pro- 
fundos. Se le puede decir lo que él dijo de 
otro : que debía leérsele en un jardín de tomillos, 
que tuviera por cerca nardos. Este honorable ciu- 
dadano, de esx^íritu clarividente, enérgico en 
su amor por la libertad, admirable en sus 
vastas concepciones, era decidido por la ju- 
ventud, la quería con entusiasmo, hacía su- 
yos sus ideales, combatía por sus triunfos, y 
comunicaba a todos, con sus escritos, aquel 
fuego sagrado que inspira á los apóstoles ver- 
daderamente convencidos, cuando defienden una 
causa y exponen doctrinas. El vivía en Caracas 
como en apartado retiro, teniendo en su men- 
te una biblioteca inmensa, esparciendo luz, 
rindiendo culto a los afectos nobilísimos, y 
probando con sus hechos que para ciertas al- 
mas la austeridad y el sufrimiento son crisol 
que las purifica, combate que las engrandece. 
Acercársele y oírle, era sentir la luz del ge- 
nio, la paz de su alm^ generosa, el amor á 
la libertad, la grandeza del sufrimiento enal- 
tecido por sublime virtud. Nuestro insigne 
compatriota apartó su mirada de los desvarios 
y desmanes humanos, para vivir enamorado 
del bien, del arte, de la ciencia, de la familia, 
de las bellas letras, de las cuales dijo y dejó 
escritas cosas tan hermosas y delicadas que 



JUVENAL ANZOLA 

no hay entre nosotros, amigo del estudio que 
no las conozca y repita á menudo, porque son 
siempre como nuevas y gratas al oído, pro- 
vechosas al espíritu y consoladoras de cual- 
quier infortunio. ¿Qué poeta de la palabra, 
qué artista de la idea, qué cincelador del 
pensamiento puede superarle, cuando rinde 
culto á las letras, y viajando en espíritu en 
el hipógrifo de la fama, enalteciéndolas enume- 
ra sus conquistas ? ¿ Quién ha dado al estilo 
más gracias, delicadeza, elegancia y primores, 
hablando de la mujer, de la poesía, del hom- 
bre y de la naturaleza? 

Con razón la influencia intelectual de tan 
preclaro pensador, fué ariete que movió é 
impulsó la juventud por aquellos caminos glo- 
riosos, en días inolvidables que algunos creí- 
mos de perdurable regeneración para el País, 
de sanción para los hombres públicos, de res- 
peto para los principios y de salvaguardia 
para el cuerpo social. Aquel movimiento cí- 
vico fué una alborada hermosa, un sueño di- 
choso de esperanzas apetecidas : ojalá hubiera 
sido toda la mañana de un día, la pasajera 
práctica de un ensayo serio. Así habríamos 
ganado más y tendríamos á nuestro favor el 
poder del ejemplo moralizador con sus re- 
sultados fecundos. Era necesario para mí, y 
para la justicia que lo vale todo, rendir 
homenaje de admiración á Cecilio Acosta, en 
este pobre trabajo, porque su nombre sonaba 
en la Universidad en nuestras polémicas in- 



CIUDADES Y PAISAJES 

telectuales, y sus escritos devorados con avi- 
dez fueron y han seguido siendo en el cere- 
bro de la juventud, obra de maravillosa re- 
dención. En el próximo artículo recordare- 
mos al egregio mártir cubano, José Martí, 
grande admirador de Acosta, y como éste, 
amigo del bien, de la libertad y del progreso. 
El trabajo patriótico de Martí en Caracas, 
por la gloria de Venezuela y la ilustración de 
su juventud, es digno de ser conocido. Loor 
eterno para los que viven para la libertad, y 
se alzan, cuando mueren, al cielo de los in- 
mortales, á brillar como soles esplendentes, 
sin una sola mancha : tales fueron aquellos 
dos genios, aquellas almas gemelas en el culto 
de la gloria. 



RECUERDOS UNIVERSITARIOS 



JOSÉ MARTÍ 



IV 



S^iENEN los hombres dotados de fuerza su- 
perior para llevar á cabo cosas extraordina- 
rias en el lenguaje de sus obras, una elo- 
cuencia que se impone, atrae y cautiva. Esta 
excepcional grandeza, * 'esta fuerza superior, les 
son ingénitas, y por ello, ora recorran los 
caminos de la vida, aplaudidos de la fama y 
favorecidos de la fortuna, ora, anden pere- 
grinos de la desgracia, acosados de crueles in- 
fortunios, se imponen á la espectación públi- 
ca y merecen la admiración de la posteridad. 
Una mirada orgullosa de Mario, escondido en 



CIUDADES Y PAISAJES 

un pantano, bastó para infundir miedo al mi- 
litar enviado á quitarle la vida. El fuego del 
alma, el valor del corazón, el genio, el hom- 
bre mismo, se revelan en la mirada : con 
razón dijo Montalvo refiriéndose á Bolívar, 
que mirarle de frente era considerarse per- 
dido. 

Si á los grandes hombres, además de sus he- 
chos singulares, les concede el cielo de modo 
especial las más espléndidas galas del genio y 
de la elocuencia, adquieren aureola de gloria 
con luz inmortal como bajada de las mirificas 
regiones. Napoleón es grande, acaso la figura 
más doscollante del mundo, porque su obra 
no tiene paralelo en los tiempos antiguos ni 
modernos ; pero no sabemos por qué al es- 
tudiar su "historia, más grande que el mismo 
Napoleón nos parece su genio fulgurante, que 
se revela casi en su niñez, y á los 26 años le 
hace admirar en Europa, y á los 30 señor del 
mundo, ya vencedor en las Pirámides. En 
horas de reñexión, para la inteligencia no hay 
hombres grandes, revoluciones fecundas, hechos 
trascendentales, redenciones posibles, donde 
no fulguran las iderjB, donde la civiliza- 
ción no ha hecho sólidas sus conquistas, 
por el imperio de los principios y el respeto 
del derecho. En aquella conflagración de Fran- 
cia, en aquella lucha de cíclopes, en aquel 
centellear de esclarecidos ingenios, en aquel 
vasto escenario, lleno de luz y de glorias mi- 
litares, se encarnó el genio en Napoleón, y se 



JUVENAL ANZOLA 

alzó el casi adolescente tan alto, como las 
empinadas cumbres, donde la naturaleza con 
fuerzas desconocidas estremece la tierra co- 
ronándola con ríos de fuego. Tal pareció aquel 
capitán famoso, adueñándose por su genio de 
la humanidad y sus destinos. Si brilla la co- 
rona del genio en la frente de los guerreros 
insignes, alumbrando sus obras inmortales, por 
sí mismas, ¿quién podrá dejar de admirarlos, 
si personifican la gloria más aquilatada, y sus 
ideas, eternamente fijas y luminosas en las 
aspiraciones más excelsas, revelan el porvenir 
anhelado? 

En días de entusiasmo dedicados á honrar 
héroes y enarrar virtudes, llegó á las playas 
de Venezuela un republicano insigne, un após- 
tol de la libertad, un egregio pensador, un 
hombre joven, de continente gallardo y res- 
petable, de mirada penetrante y luminosa, de 
frente ancha y despejada, como para contener 
muchos y altos pensamientos ; de modales cul- 
tísimos, de actividad constante y sobresaliente, 
y de tal modo comunicativo, franco y atra- 
yente, que recién llegado, fue dueño de volun- 
tades, tuvo amigos y^,, admiradores. ¿ Quién 
no recuerda á José Martí, y no sabe que sólo 
dejó simpatías entre nosotros, inspiró entu- 
siasmos, y vivió en propaganda de libertad 
y de ciencia? Aquel hombre tenía del fuego 
que animaba los antiguos profetas, y creía en 
el triunfo de su causa con una esperanza cier- 
ta, que daba á su rostro el encanto del pía- 



CIUDADES Y PAISAJES ' 

cer y á su palabra vencedora la elocuencia 
de un salvador de la Patria, discurriendo ante 
sus conciudadanos á presencia de los trofeos de 
su gloria. 

La juventud venezolana, de suyo amiga de 
los pensadores y héroes, pues tales fueron sus 
ascendientes, no podía recibir sino con entu- 
siasmo al egregio hijo de la Perla Antillana, 
á la cual quiso el Libertador ir con sus legio- 
nes triunfadoras, y en la cual combatieron des- 
pués, ofrendándole intereses y vida, varios pa- 
triotas venezolanos. Martí respiró en Caracas 
brisas regeneradoras, encontró corazones entu- 
siastas, voluntades firmes, almas inspiradas, y 
culto ferviente por aquellos hermosísimos idea- 
les que dieron á su constante combatir, á su 
generosa, gallarda vida, á su verbo fulguran- 
te, la trascendencia de elevar y revolucionar 
el espíritu de sus compatriotas, de preparar y 
sostener aquella gigantesca lucha, de la cual 
surgió independiente y gloriosa la República 
de Cuba. 

Martí durante su estada en Caracas agrupó 
en torno suyo numerosos admiradores, y su pa- 
labra sonora, con cadencias, tenía miel, y bro- 
tando de sus labios parecía cascada de luz, 
de perlas, de flores, cuando hablaba de su be- 
lla patria, de su independencia, de su libertad; 
y parecía también, torbellino atronador, tem- 
pestad de relámpagos y rayos, si maldecía las 
tiranías, sus oprobios, y la repugnante mise- 
ria de la corrupción humana, cuando se ven 



JUVENAL ANZOLA 

hombres de rodillas ante los malvados victi- 
marios de la Kepública, conculcadores del dere- 
cho. Su pluma era estilete agudo de dos filos 
que hería y rasgaba, dirigido contra los re- 
probos de la especie humana, contra los que 
pudiendo embellecer la existencia de sus se- 
mejantes, la deshonran, la humillan, para des- 
truir la libertad y entronizar el despotismo, 
con su cortejo de ignominias y bajezas cu- 
biertas con mantos purpurinos, como si bajo 
ellos no pudieran andar despreciados de la gen- 
te honrada, los figurones del orgullo y los indi- 
ciados de deshonor. 

Deseosos algunos jóvenes de recibir clase de 
oratoria del insigne Martí, obtuvimos su be- 
neplácito entusiasta. Sabedor de lo que ocu- 
rría el ilustrado y benemérito doctor Guiller- 
mo Tell Villegas, nos ofreció el principal sa- 
lón de su Colegio, regentado entonces en el 
edificio que hoy ocupa la Academia Nacional 
de Bellas Artes. En 61, varias veces á la se- 
mana y por algún tiempo, de las ocho á las 
diez de la noche vibró poderosa la voz elo- 
cuentísima de aquel peregrino de la libertad, 
de aquel atleta incant^able que anhelaba dejar 
en el ánimo de la juventud venezolana, vincu- 
lados todos los tesoros de su alma, todos los 
ensueños de su inagotable fantasía, todos las 
grandezas de un porvenir apenas concebible. 
Aquellas dos horas sensiblemente no tras- 
currían para los que le oíamos : está- 
bamos encantados, habíamos encontrado el 



CIUDADES Y PAISAJES 

verbo de nuestros ideales, habíamos co- 
mo ascendido en ^alas de gratas ideas, alen- 
tados por la dicha, con los corazones rebosan- 
tes de júbilo, con las almas llenas de esperan- 
zas y de paz, á un Tabor de inmortales trans- 
figuraciones. Cuando aquella palabra, amor de 
la libertad y de la ciencia, dejaba de cantar- 
las armoniosamente, despertábamos como de un 
sueño, volvíamos sobre nosotros mismos y to- 
davía encontrábamos en el plácido rostro del 
apóstol, la maravilla de una inspiración su- 
perior, la claridad de un espíritu iluminado. 
¡ Qué noches aquéllas ! ¡ Cuan imperecederos 
sus recuerdos ! El maestro nos decía precio- 
sidades del hogar, de la familia, de la poesía, 
de la ciencia, de los héroes, de los libertado- 
res, de sus impresiones, de sus tristezas, de 
los caprichos de la imaginación, pero siempre 
fijándose en cada ocasión propicia sobre los 
más excelentes dones de la libertad. ¿ Cómo 
pretender que el cóndor se detenga en la co- 
lina y no vaya al peñascal de altísima cum- 
bre, donde se siente libre en el espacio y ve 
de cerca el sol ? La palabra de Martí era ina- 
gotable y fluía límpMa, sonora, elocuente, 
bella y pintoresca de sus labios : era él, ar- 
tista de obras delicadísimas : era cíclope de 
trabajos rudos y formidables : tenía á veces 
aquel encanto inefable que inspira Fenelón, ó 
la energía incontrastable de un escritor gigan- 
te como Bossuet, armado de dialéctica inflexible 
y centelleante. 



JUVENAL ANZOLA 

Ha trascurrido Jargo tiempo, hemos cruzado 
los mares de la vida y, sin embargo, como 
flores frescas recién cogidas, nos han acompa- 
ñado dulcificando nuestras penas en nuestras 
vicisitudes, los recuerdos de aquellos paseos 
triunfales del pensamiento, de aquella elo- 
cuencia que todavía tiene vibraciones deleita- 
bles. Los recuerdos señalan en el alma de 
modo perdurable los hechos de la existencia, 
y son la vida con sus encantos y dolores. 

En una de aquellas sesiones oratorias sir- 
vió de tema el pueblo de Israel, y con lengua- 
je expresivo y sublime enarró el orador las 
maravillas de aquel pueblo excepcional. Creía- 
mos que no era posible decir cosas más her- 
mosas y poéticas, pero cuando el orador se 
considera en la cumbre del monte Nebo y 
presenta al pueblo israelita y á Moisés con- 
templando la tierra prometida, su elocuencia 
fue nueva, sorprendente, y lo sublime parecía 
poco ante aquel espíritu transfigurado por el 
poder cuasi divino de las ideas. Con cuánto 
dolor nos dijo que Moisés á los noventa años, 
joven, sano, sin haber perdido uno solo de 
sus dientes, á presencí*a de la tierra de pro- 
misión iba á morir, teniendo á la vista, casi 
al alcance de la mano, la felicidad acariciada 
en prolongados años de inconcebible peregrina- 
ción por arenales y desiertos llenos de peli- 
gros. Aquellas patéticas figuras conmovían 
el corazón, aparecían con vida y movimiento y 
llevaban al alma, generosos y sublimes ideales. 

100 



CIUDADES Y PAISAJES 

Recibieron de Martí saludables enseñanzas, 
Luis López Méndez, David Lobo, Gil Fortoul, 
Lisandro Alvarado, César Zumeta, Pablo Acos- 
ta Ortiz, Víctor Manuel Mago, Andrés Alfon- 
zo, Ramón Sifuentes, Gonzalo Picón Febres, 
José Mercedes López, José Elias Landines y 
muchos otros, como los nombrados, conocidos 
ventajosamente por su ilustración y altas eje- 
cutorias. 

El noble apóstol murió en día inesperado, 
por manos alevosas : debió al sentir herido su 
noble pecho, al ver la tierra de su adorable 
patria regada con su sangre vertida en defen- 
sa de sus ideales, parecerle menos doloroso su 
infortunio. Dicen que los grandes patriotas 
que mueren por la libertad, conservan en el 
rostro sonrisas inefables. 



CARACAS 



íL valle de Caracas es admirable, su cliraa 
delicioso, la naturaleza alegre y sus verdes 
y redondeadas colinas aparecen bañadas en 
suave luz, revistiendo formas de singular poesía 
cuando el sol dora las enhiestas cumbres de 
las cercanas montañas. En Caracas la vida 
tiene dulzuras que deleitan y hacen amar su 
valle privilegiado de perspectivas sonrientes, 
llenas de variable y constante verdor : existen 
corrientes de pródiga Vida y brillan á la par 
de la naturaleza, llena de juventud y de her- 
mosura, el progreso con sus conquistas y la 
civilización con sus encantos. Desde la mañana 
hasta el ocaso la naturaleza revela magnificen- 
cias y amores : en la mañana las blancas, flo- 
tantes neblinas del Avila se deshacen en perlas 
sobre el delicado musgo y el cáliz de las flores, 



CIUDADES Y PAISAJES 

cuando el sol esparce sus luminosos rayos : en 
la tarde, cuando los últimos reflejos del padre del 
día embellecen las alturas el panorama re- 
viste hermosura y majestad singulares : las 
neblinas, ora como agitadas alas de inmensos 
cisnes, ya como hermosísimos y blancos mantos 
reaparecen flotando en el espacio, donde luego 
principia á descorrerse el velo de la noche 
tachonado de innumerables titilantes estrellas. 
Caracas es una ciudad favorecida por la natu- 
raleza : la comarca es pródiga en abundantes 
dones y el hombre disfruta en ella de días 
agradables, de primavera constante y alegre : 
el obrero obtiene las conquistas del trabajo 
con facilidad : las industrias florecen, el pro- 
greso triunfa, el movimiento revela adelanto, 
y la actividad humana desarrollada al amparo 
de la civilización es agente poderoso que re- 
genera y engrandece. 

Numerosos son los edificios notables que 
posee la capital que tratamos de describir : me- 
recen mención especial, el Panteón, soberbio 
templo que custodia la gloria porque en él 
duermen los inmortales de la Patria ; la Uni- 
versidad Central, reformada lujosamente, nos 
recuerda el desenvolvimiento del país y nos 
comprueba gloriosamente la influencia pode- 
rosa que ejerce en el destino de los pueblos 
el cultivo de las ciencias ; el Teatro Munici- 
pal, edificio verdaderamente grandioso, llama 
la atención de nacionales y extranjeros ; Santa 
Teresa, magnífico santuario, recuerda las Ca- 



JUVENAL ANZOLA 

tedrales de piedra, con sus bóvedas, largas 
como sus naves, unas, y empinadas las otras, como 
la aspiración á lo infinito que nos devora ; el 
Palacio Federal, colosal cuadrado de elevadas 
mamposterias y columnas, admirable por sus 
variados cortes y pinturas : se compone de dos 
partes que unen dos grandes arcos. En el 
centro del cuadrado luce la más hermosa pila 
de la República en medio de un jardín no- 
table por las formas caprichosas de las flores y los 
trabajos reveladores de arte paciente, ejecutados 
en el verde musgo. En la parte Sur del edificio 
están los salones de las Cámaras Legislativas, 
el Ministerio de Instrucción Pública y la Pro- 
curaduría General de la Nación, y en la otra la 
Corte Federal y de Casación, el Ministerio de Gue- 
rra y Marina, el Ministerio de Relaciones Inte- 
riores y el Salón Elíptico, obra grandemente 
artística y hermosa. En este augusto recinto 
que sostienen cuatro grandes columnas, se 
contempla en magníficos marcos una galería 
de los hombres más ilustres por sus servicios 
á la Patria, durante la Independencia y la 
Federación. En la parte más prominente del 
interior de la cúpula del mismo salón se des- 
taca el grandioso cuadro de la batalla de Ca- 
rabobo, admirado y aplaudido de todos los que 
le han visto. Es una creación gallardamente 
monumental del genio, que por sí sola basta 
para alcanzar á su autor los honores de in- 
mortal renombre. En el mismo local existen 
cuatro cuadros más, de grandes dimensiones y 

104 



CIUDADES Y PAISAJES 

de notable valor artístico, que respectivamente 
representan las batallas de Boyacá, Junín, 
Ayacucho, y el Congreso reunido en Caracas 
en 1811. Preside en este santuario de nues- 
tras glorias el areópago de inmortales, el Semi- 
Dios Americano. El Palacio del Centenario 
en el que se exhibieron iiaestras riquezas y 
se ofrendaron las producciones del ingenio, las 
obras de los artistas y todo lo que de grande 
y noble teníamos, nos recuerda la apoteosis 
de Bolívar y el entusiasmo con que ancianos 
venerables, proceres de la gran República de 
Colombia, acudían á la cuna de su fundador, 
enternecidos por el afecto, á bendecir y vene- 
rar los restos del gran héroe, en el Panteón 
que la gratitud pública tiene dedicado á su 
excelsa gloria. Se turba el alma ante la gran- 
deza de aquella glorificación. La imaginación 
se detiene y admira sin poder medir, la ins- 
piración, el genio, el heroísmo y el poder 
sobrehumano con que realizó Bolívar luchando 
con innúmeras, renovadas y formidables difi- 
cultades, la libertad de medio Continente. Re- 
cordemos la Catedral que infunde respeto con 
su majestad imponente, •Altagracia, con su fa- 
mosa ornamentación, Las Mercedes, célebre por 
sus imágenes y recientes reformas; La Pastora, 
monumento de la constancia humana, revestida 
por el arte de singular hermosura, encantos y 
colores ; Santa Rosalía, La Candelaria, San 
Francisco, San Juan j algunas capillas que 
por su artística construcción y bellos adornos, 

106 



JUVENAL ANZOLA 

pueden compararse á las de Europa ; las plazas, 
con sus jardines y estatuas, los paseos públi- 
cos, amenísimos lugares que exhiben los refi- 
namientos del arte, y tantos otros edificios 
monumentales y variadas bellezas, que no caben 
en esta sucÍ'úíí descripción. 

Merece cita aparte el Salón del Concejo 
Municipal porque en él se firmó el Acta de 
nuestra Independencia, porque en él se exhiben 
retratos al óleo en espléndidos cuadros, de 
varios varones ilustres que por su talento y 
profundo saber y elevados rasgos de sublime 
patriotismo, deben exponerse á la contempla- 
ción de las generaciones ; porque en él se ad- 
mira el aplaudido lienzo, obra del afamado 
artista Martín Tovar y Tovar, que representa 
á los héroes y sabios que firmaron el acta de 
nuestra Emancipación. Dicen que los artistas 
sufren ante sus propias creaciones por mag- 
níficas que sean, porque jamás encarnan en ellas 
todos los primores de la fantasía y todas las 
fuerzas divinas del genio que los enardecen 
y elevan en arranques de potente inspiración; 
pero á la vista del cuadro a que aludimos, 
casi creemos lo contrario, porque así lo re- 
quieren los pensamientos que se apoderan del 
espíritu ante aquella animada monumental 
creación, en que el colorido más tenue y la 
más mínima sombra tienen en sí y en conjunto 
la armonía de la belleza y la majestad de 
una obra realizada con mágico poder. 

Casi en los puntos cardinales de la ciudad 



CIUDADES Y PAISAJES 

están las cuatro líneas de ferrocarriles que de 
ella parten. Nos ocuparemos de la que 
conduce a La Guaira : la Estación de este 
Ferrocarril está al íToroeste de Caracas á ori- 
llas del Paseo Calvario en una hermosa pla- 
nicie, obra maravillosa, del trabajo embellecida: 
qué pintoresco y ameno es aquel lugar ! Allí 
se contemplan funcionando el vapor y la elec- 
tricidad, agentes milagrosos de la inteligencia 
humana : allí está la enorme y árida montaña 
que forma el Paseo Calvario, á esfuerzos del 
trabajo, brotando ñores, ostentando corpulen- 
tos árboles, arroyos cristalinos, cascadas 
de perlas. Desde la cumbre de este verjel se 
contempla el Paraíso en el valle de Caracas, 
y al pie de esta pirámide de flores se ven 
las locomotoras con sus silbidos penetrantes y 
sus penachos de humo, hablándonos el lenguaje 
del progreso y mostrándonos en sus pulmones 
de hierro las palpitaciones de la vida infundi- 
das por la luz de la razón á las fuerzas ciegas de 
la naturaleza. 

Los seres desgraciados, los pobres infelices 
víctimas de la miseria y el dolor, los que 
sin amparo caen rendidas por las enfermeda- 
des en el camino de la vida tienen en Cara- 
cas un suntuoso palacio en el Hospital Vargas, 
en donde de consuno la ciencia y la caridad 
trabajan por el bienestar humano. Timbre 
de honor, corona de gloria inmortal es para 
un pueblo alzarse hasta Dios, haciendo el bien 
en aras del amor al prójimo. La obra coló- 
lo? 



JUVENAL ANZOLA 

sal del Hospital Vargas, digna de encomio en 
todas partes, ha contribuido eficazmente á efec- 
tuar una revolución en el progreso de las cien- 
cias médicas, tan radical y profunda, que po- 
demos decir que se está al tanto de lo que 
ocurre en París, entre los más aventajados 
galenos, á los cuales se sigue con éxito, teórica y 
prácticamente. 

Hoy tenemos la Academia Nacional de Bellas 
Artes recientemente construida con lujo ex- 
terior é interior bajo un plan técnico en que 
se armonizan la elegancia, la belleza, la co- 
modidad y la luz : el Teatro Nacional, obra de 
gran valor material, de exquisito gusto artís- 
tico, de decoraciones magníficas, pinturas es- 
pléndidas, mobiliario suntuoso: es una hermosa 
preciosidad : la Academia Militar, digna de vi- 
sitarse, pues es en Sur- América obra de es-' 
pecial renombre : la Plaza Amacuro donde surge 
en pulido granito en proporciones colosales el 
monumento erigido al marino intrépido que 
completó el Planeta : la Comandancia Militar, 
edificio adecuado á los guardianes de la paz y 
de la gloria nacional ; la Oficina Central de 
Telégrafos, instalada c(Ái lujo y al propio tiempo 
con el más exquisito gusto y calculado método 
en un pequeño palacio hermoseado por la pin- 
tura y la luz ; la Biblioteca Pública, reformada 
é instalada en edificio propio ; la Oficina de 
Correos suntuosamente modificada al estilo euro- 
peo ; la Casa Amarilla, hasta hace poco morada 
de los Presidentes, notablemente mejorada ; el Pa- 

108 



CIUDADES Y PAISAJES 

lacio de Justicia frente á la Plaza Bolívar es 
iin suntuoso adorno para la ciudad, digno de la 
magistratura judicial que lo reclamaba, porque 
la justicia es en los pueblos cultos la vida 
del derecho, la garantía de la propiedad, la 
libertad misma en el progreso y en el orden. 
Juzgamos la importancia de la magistratura judi- 
cial tan decisiva para la seguridad de los derechos 
de los ciudadanos, que no creemos en el progreso 
ni en el mejoramiento social donde no se rinda 
fervoroso culto á la deidad tutelar de la jus- 
ticia. En las agrupaciones humanas donde se 
violan los principios fundamentales de la equi- 
dad reina discrecionalmente la fuerza, y el 
derecho y la libertad fugitivos se llevan con- 
sigo los más preciosos encantos de la vida, y 
nada queda intangible ni sagrado. Los cua- 
dros que entonces se ofrecen á la vista son 
miserables porque para el hombre empeque- 
ñecido no existen los altares del heroísmo ni 
los cielos de la gloria. Perdónesenos la digre- 
sión en gracia de la justicia y de la liber- 
tad, dones hermosísimos que constituyen por 
sí solos la mas sólida felicidad que los cielos 
dieron á los hombres. , 

Aunque de propiedad particular debemos 
mencionar por honor á lo grandioso y el arte, 
el Palacio de Miraflores que costó millones de 
bolívares y es una maravilla nacional ; fuera 
de que la obra material es soberbiamente ele- 
gante, sólida, como para resistir el paso de 
los siglos, vive en ella, sonriente, admirable, 



JUVENAL ANZOLA 

indecible, en múltiples pinturas y cuadros el 
genio divino de nuestro inmortal Michelena. 
Podemos decir que en cualquier parte del mundo 
el Palacio de Miraflores es una obra magna, bella 
y digna de visitarse. Y no hay exageración en 
lo diclio, porque lo grandioso nunca deja de 
serlo cuando reviste ciertas proporciones, y los 
encantos que los verdaderos genios comuni- 
can á sus creaciones llevan el sello de la 
eterjiidad, conquistan á todas las generacio- 
nes y parecen flores que tuviesen la virtud de 
renacer de si mismas, cada vez más fragantes, 
más delicadas y más bellas. Los genios son 
Dioses. *, 

Acaba de terminarse un nuevo paseo á las 
márgenes del Guaire, sobre sus vegas floreci- 
das. En él todo es poético y artístico : habla 
á los ojos con el lenguaje de la belleza, es- 
crita en lineas, flores y colores : habla al co- 
razón con superior elocuencia, con la hermo- 
sura y gentileza de las vestales que conser- 
van y avivan entre los mantos de flores que 
las circundan, el fuego sagrado de la felicidad, 
el anhelo divino de las grandes esperanzas : 
habla á la inteligencia^, el idioma excelso del 
patriotismo, porque, ¿quién rodeado de flores, 
de encantos, de armonías, mirando por sobre 
tantas bellezas al arquetipo del arte y del amor, 
la revelación más grande de lo que más pue- 
de conmover al hombre, no siente las aspira- 
ciones sublimes de las grandes redenciones del 
espíritu? La estatua humana, la Venus vir- 



110 



CIUDADES Y PAISAJES 

ginal con el fuego de la vida, con sus tibias 
sonrisas, con sus gracias, se destaca siempre 
sobre el azul de los cielos como la misma vi- 
da cristalizada para fulgurar desde las supre- 
mas alturas con resplandores divinos. En nues- 
tro Paraíso hay muchas Evas ; quién me diera 
la pluma de Milton para regalar á los huma- 
nos, en cláusulas sonoras, abundancia de her- 
mosuras y bellezas indecibles ! 

En el Paraíso existe el grandioso y elegan- 
te edificio donde con admirables resultados fun- 
ciona el Colegio dirigido por las Hermanas de 
San José de Tarbes ; la Plaza de la Repú- 
blica bellamente exornada ; las múltiples ño- 
res que lucen en sus diversos cuadros han 
sido generalmente ofrendadas por manos an- 
gelicales, por el cariño generoso de nobles da- 
mas que han demostrado que para ellas viven 
los gloriosos recuerdos de la Patria, que los 
grandes hechos hablan á sus almas puras el 
quid diviniim de lo sublime. En el centro de 
la plaza sobre pedestal de granito, en brioso 
corcel, surge a^rmado de su mitológica lanza 
el invencible Páez. Este héroe llena con su 
vida la historia de la* República y vive en el 
amor popular, y no hay rasgo de valor ni 
pensamiento atrevido que venga á la mente 
sin que haga resaltar más los prodigios con que 
el bravo llanero asombró a propios j extraños. 
El héroe civil, el Magistrado tiene también 
glorias singulares : larga fué la vida del íncli- 
to varón : siempre luchó, y sus últimos días 



JUVENAL ANZOLA 

tuvieron la majestad de esas tardes apacibles, 
silenciosamente elocuentes, después de un día 
reverberante, cargado de huracanados vientos. 
Sobre su tumba no cesaron los agravios ; pero 
ya la justicia habló y la posteridad al pie de 
su estatua, ha ratificado los múltiples títulos de 
su gloria inmortal. 

Caracas tiene hoj^ sus principales calles 
macadamizadas ; su alumbrado de gas y eléc- 
trico generalizado hasta en los barrios leja- 
nos; sus numerosos tranvías de tracción ani- 
mal en constante actividad ; se están cons- 
truyendo líneas eléctricas y pronto funciona- 
rán con notable rapidez y regularidad las de 
Caracas á El Valle y de Caracas á Petare ; sus 
numerosos y lujosos coches tienen vida produc- 
tiva ; se acaba de inaugurar un servicio de carre- 
ras de automóviles-ómnibus y existen varios au- 
tomóviles de propiedad particular. El carácter de 
los habitantes es expansivo, alegre, culto y gene- 
roso. Se vive á la vanguardia de la civilización, 
en inmediato contacto con el mundo ; las ideas 
nuevas fulguran aquí apenas germinan en el 
patrimonio de la inteligencia humana. Esta- 
mos en admirable situí^ción planetaria, y por 
otra parte, para las cumbres del pensamiento 
no hay distancias ni oscuridades. Somos por 
la comunión de las ideas, ciudadanos del 
mundo y beneméritos de la civilización. 

En medio de nuestros tesoros hay uno que 
vale más que todos juntos : está la mujer 
que los compendia dando inusitados esplendo- 



CIUDADES Y PAISAJES 

res á los encantos de la belleza y los atracti- 
vos del espíritu. La noble dama caraqueña 
reúne con exuberancia aquellas inefables cua- 
lidades con que el prodigioso Alarcón nos ha- 
bló de la mujer música, de la mujer pintura, 
de la mujer encanto : ella tiene en sus de- 
licadas formas y expresivos movimientos elo- 
cuencia especial, que crece y cautiva con 
eficacia cuando de sus labios brota la pala- 
bra reveladora de alma sonriente, tierna y 
hermosa, como delicia soñada en hora de 
venturosa ilusión. 



ASOCIACIÓN 



UNIÉNDONOS al amparo de la paz para pro- 
pender al engrandecimiento de la República, 
nos honramos pagando tributo de gloria y de 
veneración á nuestros antepasados, quienes ins- 
pirados por nobilísima virtud, crearon gran- 
de y hermosa la Patria, meciendo su cuna 
entre clarines de victoria, en campos inmor- 
tales donde fue sublime el entusiasmo por la 
libertad y el heroísmo no puso límites á sus ge- 
nerosos arranques. c- 

Hablar de la asociación es referir la histo- 
ria de los progresos humanos, es ver ascen- 
der la humanidad por el camino de los siglos 
á las bellas alturas de la civilización, donde 
hay tronos de luz para la inteligencia y ho- 
rizontes tan grandes, que la imaginación se 
pierde en ellos en alas del pensamiento. 



CIUDADES Y PAISAJES 

La asociación es necesaria para enriquecer el 
pensamiento con el canje de las ideas, para 
vencer las dificultades que opone la natura- 
leza á las gloriosas conquistas del trabajo : es 
necesaria para realizar toda obra que supere 
las fuerzas natii^-nleFi del hombre y revista 
alguna grandeza. Las Pirámides, los Obeliscos, 
el Coloso de Eodas, la Yía Apia y todas las 
construcciones que forman los célebres monu- 
mentos de la antigüedad, recuerdan los es- 
fuerzos de los esclavos reunidos, trabajando ba- 
jo la opresión de los tiranos. 

Varían los tiempos y los déspotas sucumben 
y los esclavos se hacen hombres. A la som- 
bra bienhechora de la paz, al amparo de 
la libertad, inspirados por la fraternidad se 
congregan ya los hombres, soberanos de si 
mismos para continuar la obra redentora de los 
mártires que les antecedieron. 

Jesús, como todos los grandes pensadores 
antiguos, fué apóstol de la asociación, y la 
inspiración de su verbo cautivador, transformó 
las sociedades, llegó á los corazones, conmo- 
vió los espíritus é hizo comprender al César 
y al esclavo, al paria "^y al filósofo, que los 
hombres asociados por nobles y generosos idea- 
les debían marchar protegiéndose á cambiar 
los destinos del mundo. 

Los discípulos de Jesús se lanzaron á los 
cuatro vientos y predicaron para aquel enton- 
ces la desconocida doctrina que aconseja y 
preceptúa la fraternidad universal. Asociado- 



JUVENAL ANZOLA 

lies cristianas surgieron en gran número y sus 
trabajos abarcaron las artes, las industrias y 
las ciencias. En la Edad Media no se cono- 
cieron otras. Es después del Renacimiento 
que decae el Feudalismo y las Naciones con 
vida propia adquiereii nuevos gérmenes de pro- 
greso. El cambio y el movimiento se desa- 
rrollan entre los pueblos y el sistema de aso- 
ciación les asegura la independencia, haciendo 
fácil la defensa de sus derechos. 

Los océanos se convierten en vías fáciles de 
comunicación, merced á los adelantos de la 
marina ocasionados por la brújula y el va- 
por. Las distancias son como si no existieran, 
por la velocidad, baratura y seguridad de los 
trasportes. Famoso lauro y espléndida morada 
conquista la humanidad con el dominio de 
los mares. Poblaciones enteras viven tranqui- 
las viajando en esos monstruos que corren ve- 
loces respirando humo sobre las embraveci- 
das olas. Los puertos forman los mercados de 
la civilización y el mundo la patria del hombre. 

A la asociación se deben innumerables sor- 
prendentes triunfos, porque ella es causa del 
derecho de gentes : proclama de la ciencia que 
pide en nombre de la justicia la igualdad en- 
tre las naciones : á ella también se debe el 
derecho internacional privado, que abre las 
puertas de cada nación al extranjero conce- 
diéndole los derechos de que goza entre los 
suyos. 

Hé aquí consumada una maravillosa revo- 



CIUDADES Y PAISAJES 

lución política, social y comercial que sinteti- 
za grandes glorias. La revolución continúa y 
continuará mientras haya obstáculos para el 
progreso, porque la vida es combate y la 
historia de la humanidad, cadena de triun- 
fos. 

Ideas generosas, aspiraciones nobilísimas enar- 
decen las almas ; y todo revela que el pen- 
samiento del hombre se agiganta y que en sus 
trabajos portentosos busca la dicha de la gran 
familia humana, como la mejor recompensa á 
sus afanes. 

Que el trabajo sea la más vehemente aspi- 
ración de los hombres y que la asociación 
les sirva de palanca para llevar á todas par- 
tes con el vapor y la electricidad, el progreso 
y la civilización. 

Asociémonos para trabajar por la felicidad 
de la patria. Necesitamos á diario reunimos 
para deliberar acerca del porvenir. Nuestra 
responsabilidad es grande y no debemos omi- 
tir sacrificios para honrar la memoria de nues- 
tros nombres. 

Asociémonos para proteger la agricultura, 
las artes, el comercio'* las letras, la ciencia. 
Trabajemos y vivamos protegiéndonos. Ame- 
mos desinteresadamente la patria, y llevemos 
á toda empresa útil siempre que podamos, 
el óbolo del esfuerzo, del centavo y de la 
idea. 



LA MAYOR GLORIA 



'a República era castigada por el azote de 
la guerra civil. Negros nubarrones en el ho- 
rizonte, tempestades desencadenadas de rugien- 
tes pasiones, alaridos de odios rastreros, cuadros 
aflictivos de miseria moral, confusión arriba, 
desorden abajo, anarquía en todas partes, tal 
era la triste situación de la patria en no le- 
janos días. 

Razón tenían los ánimos enérgicos, los pro- 
pulsores del trabajo p^ra sentirse agobiados 
por intensa pesadumbre. La muerte pedía 
nuevas víctimas y el dolor tocaba los corazones. 
El cuadro que se presenciaba tenía fulgura- 
ciones siniestras, era verdaderamente apoca- 
líptico; el furor reinaba, y nada escapaba á 
los estragos de la destrucción. El adolescente, 
la virgen candorosa y adorable, el anciano 



CIUDADES Y PAISAJES 

meritorio y la matrona augusta, todos veían 
el rayo sobre sus cabezas y sentían llenos de 
pavor los terribles sacudimientos de la tempes- 
tad. Las muchedumbres enardecidas en los 
combates, empujadas por el odio, ciegas por 
la ira, no son conscientes ni sensibles, y co- 
mo ráfagas de huracán ú olas terribles arran- 
can de raíz y barren todo cuanto se les opone. 
Reinaba la guerra y el furor presidía los con- 
sejos de los hombres. El humo no se levantaba 
de la cabafia del pobre : los campos se vieron 
abandonados y los pueblos llenos de almas 
tristes, y todo era sobresaltos y temores; no 
se vivía sino para alimentar calamidades, oír 
llantos, perder ilusiones y considerar irreme- 
diables los infortunios é interminables las desgra- 
cias. La negra noche del dolor se prolongaba 
demasiado. 

La luz mortífera del incendio de los odios 
se fué extinguiendo y el pueblo generoso volvió 
á sus campos tristes y desolados, á regenerarlos, 
á darles nueva vida, á crear la felicidad por 
las recompensas del trabajo á los rayos mirí- 
ficos del amor. Así como la Naturaleza es- 
pontáneamente se adorna con mantos de flores 
en la risueña estación primaveral, los cora- 
zones rejuvenecidos por la esperanza latieron 
unísonos y brotó un himno de alegría de las 
almas entusiasmadas por el don bendecido de 
la paz. El sol de la dicha brilló en todo su 
esplendor y la esquiva felicidad se mostró ca- 
riñosa. ¿Puede haber algo más interesante que 



JUVENAL ANZOLA 

el renacimiento de la vida en alas de la es- 
peranza? ¡Qué bellas son las inspiraciones del 
cariño cuando ideas generosas mueven los 
sentimientos y llegan al fondo de los espíritus 
para ser amor en los desposorios de las almas, 
alegría en las fiestas del entusiasmo, encan- 
to en los corazones y convicción en las inte- 
ligencias! Si la guerra aniquila y devora, la 
paz crea y engrandece : el odio revuelve el 
fango de la naturaleza humana, y el hombre 
degradado es peor que las fieras feroces de 
los bosques: la paz es crisol que purifica, luz 
que atrae con apacibles claridades, lazo invisi- 
ble que como cadena de fragantes rosas une 
suavemente de modo inquebrantable las volun- 
tades, y crea juntas todas las maravillas del 
progreso y de la civilización. 

Las naciones en que los ciudadanos con fre- 
cuencia llevan al hombro las armas fratricidas 
desconocen los principios elementales del civismo 
y buscan en vano en las soluciones estériles déla 
fuerza, el bienestar que anhelan. A la sombra 
de la paz caen las cabezas de la hidra de la 
anarquía y al fin surge el orden modelado en 
las aspiraciones populares, con los encantos 
de la libertad y los bienes inestimables del 
derecho. 

Ya se vive en la cabana y en el palacio: 
ya el himno grandioso del trabajo resuena en 
los feraces campos: ya el ángel del amor pue- 
de abrir sus perfumadas alas y batirlas sobre 
el cielo de la patria. La paz es adorable, su 



CIUDADES Y PAISAJES 

imperio es todo dulzura, sus caminos están 
sembrados de bienes y sus triunfos son place- 
res inefables, regeneración de la vida: la gue- 
rra es degradación ascendente: ataca todo pro- 
greso: engendra la anarquía y levanta la fuerza 
armada de la lanza, que es la barbarie erguida, 
la negación del derecho, el silencio de la jus- 
ticia. 

Es necesario que cada ciudadano haga suya 
la obra bendita de la paz, porque ella es la 
dicha del presente y la mejor garantía de 
múltiples glorias para el porvenir: es necesa- 
rio que resplandezca con vivos colores en la 
conciencia nacional, el patriotismo consciente, 
que es el que lleva á lo sublime, el que crea 
los caudillos, los sabios, los hacendistas, en 
síntesis, los hombres superiores y los genios 
que destacándose como soles, quedan á perpe- 
tuidad en el cénit de un eterno día ilumi- 
nando á la humanidad en la serie de los 
tiempos. 

Necesitamos avivar y engrandecer el alma 
de la patria, que reside en la conciencia pública: 
hacer de las virtudes republicanas un credo digno 
del alto patriotismo de nuestros Libertadores: so- 
bresalir á diario en los constantes esfuerzos por 
el perfeccionamiento social : crear en el amor de lo 
grande y lo sagrado, la tolerancia con adver- 
tencias y la sanción con equidad: así destrui- 
remos la razón de la guerra, porque se hará 
inconcebible é impracticable: el árbol de la 
Paz, como aquel soñado por el rey babilóni- 



JUVENAL ANZOLA 

co, crecerá y extenderá por sobre todo el 
país su sombra de bendición y sus frutos de 
múltiples maravillas: la felicidad será nuestra 
conquista y entonces podremos decir: hemos 
alcanzado la mayor gloria. 



EL PRIMER MOMENTO 



^^ODAVÍA los astros bogaban en el espacio y 
se observaba majestuosa quietud en la natu- 
raleza no obstante ser la hora en que espon- 
táneamente surgen las alegrías de la vida, 
de todos los seres, como himno rumoroso pre- 
cursor de la luz. Caracas dormía sobre su 
blando lecho y soñolienta esperaba la hora de 
los bellos crepúsculos, de los aromas fragantes, 
de las caricias de los céfiros. La bella Oda- 
lisca no había abierto sus hermosos ojos, ni 
hablado con sus elocuentes sonrisas : no había 
cautivado su palabra de encantos : sus meji- 
llas no habían eclipsado la suave luz mati- 
nal con indecible rosicler : sobre el verde mus- 
go de las colinas extendido aparecía su manto 
de blancura, de matices y de flores. Frente 
al nuevo sol no se erguirá radiante la imagen 
de la belleza 



JUVENAL ANZOLA 

Estaba escrita una catástrofe por el destino 
y se debía amanecer bajo el imperio del terror. 
Los edificios tiemblan desde sus cimientos; bam- 
bolean, la tierra se niega á sí misma, cruje, se agrie- 
ta, y trepidando constantemente, anuncia con elo- 
cuencia apocalíptica la desolación y la muerte : 
era el terrible amanecer del día veintinueve de 
octubre de 1900. Los habitantes todos de la 
ciudad en desesperado y revuelto tropel se 
lanzan á las calles, á las plazas públicas, y 
en los ánimos más varoniles reina indescrip 
tibie y profundo pavor : se vive el momento 
de un naufragio en alta mar : la tierra gime 
y huye, y la naturaleza encolerizada anonada 
y aterra : todo representa trágicamente las fau- 
ces de la muerte. 



REVELACIÓN 



(^^ONDE sonríe la inocencia titila apacible luz 
del cielo. 

Con trajes blancos, adornadas con bellos la- 
zos de celestes cintas, varias niñas, en espa- 
cioso local artísticamente decorado ofrecían un 
cuadro encantador. Había seres angelicales de 
seis anos que unían á las gracias de tan tem- 
prana edad señalados triunfos en el aprendi- 
zaje, alcanzados con facilidad y claro despejo 
de ingenio ; otras ocupaban más alta jerarquía 
en la escala de la vida y brillaban más en la 
senda luminosa del saber. Aquellos delicados 
ramilletes de flores humanas, sonrisas de la 
inocencia, primicias admirables del porvenir, 
futuras sacerdotisas del hogar, revelaban en- 
canto indecible por la modestia y la tranquila 
hermosura del alma en el mirar de bellos ojos. 



JUVENAL ANZOLA 

la frescura de la edad y la encantadora poe- 
sía que con peculiares atractivos, exhibiendo 
divina alegría se manifiesta en el semblante 
cuando el alma principia á sentir el fuego de 
la vida, en los anhelos tentadores de felici- 
dad desconocida, formada de mil modos en los 
sueños de la fantasía. 

El cuadro era admirable : poético en sus 
detalles, encantador en el conjunto. La ino- 
cencia subía las escalas de la vida ; la belleza 
brillaba en múltiples y delicadas formas ; la 
mujer prometía el progreso de la Patria ; la 
civilización anunciaba días de ventura para el 
hombre y de triunfos para las letras : aquella 
representación hermosísima de la mujer, era 
una glorificación del porvenir. 

Llevar al corazón de la mujer el amor al 
estudio, al trabajo, á lo bueno y lo bello, 
es asegurar la felicidad del hogar, la honra 
y la prosperidad de la Patria. Dichoso el que 
ve florecer en almas candorosas, en corazones 
inocentes, como en campos del cielo, las pre- 
ciosas semillas del bien ! 

Llenar de luz la inteligencia abandonándola 
á la fiebre de las pasiones insanas, es preparar 
horrorosas tormentas ; es huir de la felicidad ; 
es desconocer la dulce paz de la conciencia. 

Qué bellos son los triunfos de la niñez cuan- 
do la futura sacerdotisa del hogar brilla en 
ellos por su inteligencia y sus virtudes ! Qué 
grandes las esperanzas del porvenir cuando en 
el hogar se siente la felicidad y el hombre satis- 

126 



CIUDADES Y PAISAJES 

fecho y alegre combate los azares de la existencia ! 

Abrir despejados horizontes á los generosos 
anhelos de la mujer iluminando su inteligen- 
cia y formando su corazón, es querer con- 
templarla virtuosa, admirada, feliz, grande en 
el pensamiento del hombre, fuerte en las ba- 
tallas de la vida, divina en las cumbres de los 
afectos humanos. 

En aquel día de hermosas esperanzas reali- 
zadas, dije a aquellas inocentes niñas : saldréis 
de aquí y también de vuestros hogares para 
ir á luchar la vida del mundo donde debéis 
conservar á todo trance para continuar siendo 
felices, los delicados y preciosos sentimientos 
que adornan vuestros corazones. Seguid tri- 
llando el noble sendero de la virtud y dedi- 
cad las horas de descanso á la lectura de 
obras que, recreando, moralicen é instruyan. 
Así fortificaréis vuestros espíritus cada día más, 
y os haréis perseverantes y eternamente di- 
chosas por vuestro inmenso amor al bien. 
Guardad cuidadosamente como prendas de gran 
valor los premios que habéis recibido por la 
consagración al estudio : ellos os recordarán el 
indecible placer de vuestros padres : ellos os 
recordarán deliciosamente esta edad feliz cuan- 
do los años blanqueen vuestras cabelleras y 
tengáis como madres que asistir á presenciar 
el triunfo y la alegría de vuestros hijos : guar- 
dadlos con religioso amor, porque ellos serán 
testimonio del abnegado cariño y del interés de 
vuestros padres por haceros eternamente di- 
chosas, desde los días primaverales de la infancia. 



VILLA DE CURA 



)STÁ notablemente embellecida : posee pla- 
zas públicas, estatuas, jardines y pilas, templo 
hermoso, construido á lo moderno, suntuosa- 
mente decorado ; biblioteca pública, casa de 
Gobierno, espaciosa cárcel, puentes, mercado, 
y otros edificios más, que recomiendan su cul- 
tura y civilización. Villa de Cura está llama- 
da á ser por su posición topográfica, por la 
virtud y constancia de sus heroicos hijos, un 
centro de movimiento intelectual y mate- 
rial. * 

Dista cuatro leguas de la Estación de Cagua 
del Ferrocarril Alemán, y está situada en un 
hermoso valle, en su parte más alta, en una 
meseta inclinada en sus extremos, respectiva- 
mente al Oriente y al Occidente, de modo que 
las aguas que recibe durante el invierno, unas 



128 



CIUDADES Y PAISAJES 

van al río Guárico y las otras al lago de Va- 
lencia. La ciudad se destaca en la altura 
coronada por dos torres, ofreciendo una pers- 
pectiva bastante pintoresca : cuatro valles fera- 
ces se abren a sus plantas, casi en los puntos car- 
dinales. La naturaleza la ha favorecido con 
singulares dones, y por eso progresa rejuve- 
neciéndose con alientos de vida nueva. Nu- 
merosas haciendas de caña y de café se en- 
cuentran á sus alrededores, aumentándose las 
últimas sobre todo en las elevadas y feraces 
cordilleras situadas al Sur, donde el trabajo ha 
proporcionado capitales á varios de sus após- 
toles. Es Villa de Cura un pueblo notable 
por sus riquezas naturales, por su agricultura, 
su comercio, y más que por todo lo enuncia- 
do, por su moralidad, civilizadas costumbres, 
belleza de sus hijas y el espíritu progresista 
y hospitalario de sus moradores, siempre ani- 
mados de sentimientos generosos y grandes. 



UN PASEO A HATO 



-f^rUNTO con mi familia, á las cinco de la ma- 
ñana, salí en coche en dirección al pintoresco 
y alegre Hato. 

Pocos momentos después pasábamos junto 
al magnifico Hospital Militar, donde el arte, 
la ciencia, la solidez y la elegancia hermana- 
dos, dan á tan importante y útil estableci- 
miento las abundantes y excelentes condicio- 
nes que lo hacen por todos respectos reco- 
mendable. 

Este edificio está cotistruido sobre una coli- 
na cerca de la cual está Habaai, en un pre- 
cioso sitio, á orillas del Schottegat. Habaai 
es ya un santuario del saber verdaderamente 
admirable, pues en él, ángeles de la tierra, 
inocentes niñas, ilustran sus inteligencias con 
variados y útiles conocimientos, y llevan á 



CIUDADES Y PAISAJES 

SUS corazones tesoros de sabias advertencias y 
excelsas virtudes. Colombia, Venezuela, Santo 
Domingo y otros países tienen en honorables 
sacerdotisas del hogar, demostrada la excelen- 
cia de tan célebre Colegio. 

Pasado el agradable y risueño sitio de Ha- 
baai se admira el Schottaget, prolongación del 
principal canal que toma la forma de un ver- 
dadero lago. Sus apacibles ondas rizadas por 
el viento, sus pequeñas y alegres islas, sus 
promontorios de dura roca, y los vapores de 
guerra que majestuosos se presentan inmóvi- 
les, dan al panorama singular importancia y 
encantador atractivo. Luego principia á verse 
la ciudad, la cual ofrece á la suave y clara 
luz matinal con sus resplandecientes y pun- 
teagudos techos, apiñados mástiles de variadas 
embarcaciones, un espectáculo por singular 
modo hermoso y simpático. A medida que 
el astro del día eleva su disco y aviva el 
fuego de sus fulgentes rayos, los edificios to- 
dos van apareciendo en un mar de blanca luz, 
y brillan y titilan como si estuviesen rodea- 
dos de fajas de cambiante plata. 

Admirando con la vista y con el pensamien- 
to á la gentil Curazao, seguíamos rápidamen- 
te nuestro viaje por un camino carretero tan 
sólido y plano que los caballos fácilmente 
marchaban corriendo. Todo era entusiasmo y 
alegría, pues todo convidaba á la satisfacción y 
al placer. La amistad nos había congregado 
y labios risueños y alegres daban al aire fra- 

131 



JUVENAL ANZOLA 

ses llenas de contento, que volando en alas 
de la brisa herían dulcemente los oídos. A 
derecha é izquierda del camino contemplába- 
mos humildes chozas, de donde salían corrien- 
do á vernos pasar, chiquillos inocentes, frutos 
del amor de aquellos campesinos que aman y 
gozan en sus humildes chozas como los po- 
tentados en sus dorados palacios. Los vi con- 
tentos, satisfechos de sí mismos, bendiciendo 
la vida con sencillas alegrías. 

Era domingo el día de nuestra excursión. 
El camino que recorríamos aparecía á menudo 
cruzado por transeúntes que iban y venían. 
Era la hora en que el genio de la noche se 
eleva en brazos de la aurora ; era el hermoso 
despertar de la naturaleza, todo revelaba la 
suave alegría matinal, los árboles despedían 
grato olor, el aire bullía fresco y los rayos 
del sol producían grata sensación. Los tran- 
seúntes aumentaban, crecía el bullicio humano, 
motivo por el cual me figuré que nos acer- 
cábamos á algún pueblecito ; pero á poco an- 
dar salí de mi suposición al contemplar en 
la cumbre de elevada col,ina, la iglesia de Santa 
María, de donde salía y venía en dirección al 
camino que seguíamos, grueso cordón de hombres, 
mujeres y niños que, vestidos sencillamente de 
gala, venían entregados á sabrosas pláticas, 
con sus semblantes sonreídos, contentos, des- 
pués de haber cumplido los deberes religiosos 
del domingo. 

Nos sorprendía este espectáculo digno de 



CIUDADES Y PAISAJES 

atención. La hora, la colina, la libertad del 
campo, la hermosa iglesia, el bullicio y el hor- 
migueo humano, el entusiasmo de aquellos 
sencillos corazones, la ardiente fe de aquellas 
amorosas almas, todo lo que se nos ofrecía á 
la vista decía elocuentemente á nuestras in- 
teligencias, cosas grandes y bellas. En aque- 
lla muchedumbre estaba de presente el espíritu 
humano, resplandeciente, feliz, lleno de entusias- 
mo y de candor. 

N'uestra rápida marcha no se interrumpe. Ya 
el sol se ha elevado algunos metros sobre el ho- 
rizonte, y el ambiente fresco principia á desapa- 
recer. Subimos á una pequeña colina desde la 
cual contemplamos de nuevo el mar, teniendo 
cerca y a nuestra izquierda el bello campo á don- 
de nos encaminábamos. Divisamos su elegante 
y hermosa casa, sus verdes y corpulentos árbo- 
les; y luego el ganado, las ovejas, las aves, y 
todo ese conjunto de seres vivientes que alegran 
el campo, complementan las dichas de la natu- 
raleza y los encantos de la vida. El arrogante 
cantar del valeroso gallo, el fuerte bramido de 
la vaca clamando por h^ cría, el balar de las 
ovejas, y todo lo que de algún modo nos es grato 
y nos recuerda que estamos lejos del bullicio de 
las ciudades, en medio de la naturaleza, solos, 
con nosotros mismos, llevando una existencia 
inofensiva, activa y alegre, proporciona al espí- 
ritu una gran dosis de felicidad y despierta en 
el corazón exquisitos sentimientos. 

Llegamos al patio de la casa : se detienen los 



JUVENAL ANZOLA 

coches, abandonamos nuestros asientos y pene- 
tramos en ella. ¡Qué delicioso es el descanso 
cuando el cuerpo fatigado lo pide! Allí reposa- 
mos un poco y luego emprendimos un agrada- 
bilísimo paseo por entre variada arboleda, go- 
zando de protectora y agradable sombra. Visi- 
tamos en el bosque un corpulento ceibo que con 
su extendido y poblado ramaje convidaba á go- 
zar de la frescura que reina en su dilatado do- 
minio. Sentados, unos, en las raíces, otros, en 
la diminuta y delicada yerba; y ellas, flores en 
aquel delicado ambiente, adornos de aquel cua- 
dro vivo de la naturaleza, aumentaban su en- 
canto y poesía. Un apreciable caballero amante 
del arte fotográfico, y en esta ocasión admirador 
de lo poético y lo bello, propuso sacar un grupo, 
para lo cual estaba él de antemano preparado. 
Su feliz pensamiento fué al instante una reali- 
dad, y sucedió entonces lo que era de esperarse, 
las flores diseminadas, reunidas y convertidas 
en hermoso ramillete, colocado artísticamente 
al pie del majestuoso árbol, produjeron un efec- 
to admirable. Se habían unido la belleza, la 
juventud y la poesía. 

Delicioso rato pasamos en esta recorrida en 
la cual todo fué entusiasmo y complacencia. 
Inteligentes y educadas damas, galantes y cum- 
plidos caballeros, honorables padres de familia, 
todos tenían igual empeño en hacer simpática y 
memorable con sus oportunas atenciones y finos 
obsequios, aquella fiesta de la amistad. 

Muy cerca de la casa de Hato brota al pie 



CIUDADES Y PAISAJES 

de una montaña de roca y arcilla, un abundante 
y límpido manantial que convertido á cortos 
pasos de su nacimiento en hermosa cascada, va 
llenando grandes estanques comunicados entre 
sí. El agua es dulce, agradable é inofensiva á 
la salud. 

Al pie de corpulentos árboles, en la fresca 
sombra hay un excelente baño que incita á go- 
zar de él. El estanque límpido y trasparente, 
el agua descendiendo como hermosa franja de 
plata, el aire frío y casi húmedo, el follaje, la 
sombra, los árboles, todo me parecía doblemen- 
te hermoso y agradable, porque me recordaba 
las montañas y las cristalinas y murmurantes 
fuentes de mi patria. 

Las horas de tan bello día se deslizaban inad- 
vertidas para el pensamiento que, entregado á 
los goces del espíritu nos abstraía de la prosa 
de la vida á las regiones del sentimiento, á las 
fruiciones de la felicidad. La conversación ani- 
mada, los ingeniosos pasatiempos, la música y 
todo lo que improvisaba el entusiasmo y dispo- 
nía el deseo de amenizar aquel día, llevaba el 
sello del sentimiento y de la más viva satisfac- 
ción. No había en los /abios sino palabras de 
verdad. El lenguaje del corazón cuando rinde 
culto á la amistad no puede ser otro. 

En Hato existe una gruta digna de especial 
mención. Está casi en la cumbre de la montaña 
de roca de la cual brota el manantial. La en- 
trada tiene tres metros de alto, dos de ancho, y 
de altura sobre el nivel del mar como 200 pies. 



JÜVENAL ANZOLA 

Acompañados de tres hombres del lugar que 
llevaban hachones encendidos, casi todos los 
que andábamos de paseo penetramos en aquel 
oscuro laberinto, lleno de protuberancias, de 
concavidades, de caminos en forma de cuevas, 
de columnas é innumerables caprichosas figuras, 
que cada cual se antojaba, representaban esto ó 
aquello. Caminamos y caminamos hasta que 
al fin atraídos por lejana claridad que progresi- 
vamente nos iba anunciando la luz del día, 
llegamos debajo de una grande y elevada bóveda 
que tiene abierto en su centro un círculo de dos 
varas de diámetro. En este lugar viendo el 
cielo, gozando de su luz y hermosura me hallé 
tan bien, que cuando los demás excursionistas 
abandonaron aquel sitio para seguir sumergién- 
dose en aquella oscuridad, en unión de dos 
ó tres más, permanecí en él. El círculo, la luz 
y el cielo fueron para mí en aquella sofocante 
oscuridad, como la tierra vista de repente para 
el que perdido en la tormenta busca puerto 
dónde ampararse. Vuelven mis compañeros y 
nos incorporamos á ellos, regresando por el mis- 
mo camino. Cuando me vi fuera de aquella 
profunda y extensa caverna, admirable trabajo 
de la naturaleza, me sentí como libre de un 
gran peso, respirando con libertad. 

Regresamos al pintoresco Hato y entregados 
á otras diversiones pasamos el tiempo sin notar 
transcurrir las horas. El sol descendía á su 
ocaso, su luz se hacía cada vez más débil, y las 
tibias brisas déla tarde, mensajeras déla noche, 

136 



CIUDADES Y PAISAJES 

anunciaban esa hermosa placidez, ese dulce re- 
poso y elocuente silencio que se nota en la natu- 
raleza cuando el sol, fecundador de su vida y 
alegría, esconde su brillante disco en arreboles 
y horizontes de nacarada luz, postrimerías es- 
plendentes de su admirable carrera. 

Había llegado la hora de regresar. Engan- 
chados los coches, alistados los aurigas, fué pre- 
ciso decir adiós á aquel placentero Campo; ale- 
jarse de su casa, de sus árboles, de su murmu- 
rante fuente, de sus rebaños y de todo aquello 
que en breves y fugaces horas habíamos visto 
con el encanto de singular cariño. Emprendimos 
la marcha, y en mNcnos de una hora volvimos á 
la ciudad Las sombras de la noche princi- 
piaban á extender su pabellón. 




MESENIANA 



E parece que llego tarde con las flores de 
mi cariño á su tumba triste y olvidada. Hay seres 
desgraciados que recorren siempre vías doloro- 
sas, que no encuentran en el camino de la exis- 
tencia sino sufrimientos: la fatalidad con certeza 
implacable los persigue. Tales peregrinos del 
dolor conmueven y llaman poderosamente la 
atención, sobre todo cuando son espíritus prima- 
verales, generosas manifestaciones del sentimien- 
to, flores en los eriales de la vida, luz entre som- 
bras, energías, ternuras, actividad. ¿Por qué 
un alma más blanca que la nieve, trasparente, 
divina por sus ideales, más alta y más hermosa 
que radiante estrella, ha de vivir luchando con 
miserables asperezas, sumergida en el oleaje 
revuelto de las pasiones humanas ? ¿ Por qué 
una inteligencia poderosa, reguero de luz, astro 
en el cénit, desciende y se apaga en el silencio 



CIUDADES Y PAISAJES 

y en el olvido ? ¿ Cómo explicarse estos fenóme- 
nos que tan hondamente lastiman el corazón y 
tan amarga tristeza llevan al espíritu? La in- 
teligente y buena amiga estuvo en mi casa cinco 
días antes de su fallecimiento, y aunque llevaba 
en el rostro profunda señal de múltiples dolores, 
su espíritu era siempre el mismo y se transfor- 
maba cuando la palabra brotaba de sus labios y 
daba á los asuntos más triviales, gracia, nove- 
dad y trascendencia. Al lado de ella tenía que 
pensarse con valor, con rectitud, con patriotis- 
mo: tenía el don de trasmitir sus ideas, de ro- 
dearlas de encantos y de filosofía consoladora. 
La última vez que la vi caminaba á la tumba, 
podríamos decir, ya abierta para ella, y sin em- 
bargo nos dijo : ''No sé cómo vivo con el alma 
partida, anhelo la dulce paz, pero mientras el 
corazón aliente es menester resignarse, apartar 
las espinas y coger las rosas. " Cortísimo tiem- 
po trascurrió, y llegó a mi hogar la triste nueva 
de que en la parroquia de San José había falle- 
cido la ilustre pensadora, y de que su cadáver 
casi solo había sido conducido á la ciudad nive- 
ladora de los grandes y de los pequeños, pues 
las mas costosas tumbas \io significan sino si- 
lencio y vanidad, y en el trascurso del tiempo 
día vendrá en que no se sepa quiénes las levan- 
taron ni por qué subsisten . 

Oh ! noble amiga, tú espíritu inmortal ha de- 
jado estelas perdurables de luz y tu recuerdo 
vivirá no efímeramente como las cenizas cubier- 
tas de mármoles, con inscripciones doradas, 

199 



JUVENAL ANZOLA 

sino con el valor luminoso y creciente del pen- 
samiento, en el templo eterno de las ideas. Es 
bella y grata la obra del afecto, indecible el 
ingenio del corazón, pero son cosas humanas, 
pasajeras, cadetía de cortos eslabones. Mejor es 
situarse en las estrellas donde todo es cielo y 
encantos, arreboles y luz. 

Corría el afío de 1865 y los hermanos Bolet 
principiaron á editar el ''Museo Venezolano," 
periódico notable donde colaboraron distingui- 
dos ingenios á quienes la fama ha hecho cono- 
cer por sus insignes ejecutorias. Entre estos 
escritores inició con éxito ruidoso su carrera 
literaria Adila Fourastié, y numerosas y selec- 
tas páginas de aquella publicación están llenas 
con sus brillantes producciones, en las cuales 
es de admirar además de la frescura del estilo 
siempre vigoroso y matizado de bellezas, un 
fondo de filosofía trascendental, de delicadeza y 
de audacia al propio tiempo para pintar la so- 
ciedad y describir sus tendencias. 

No exageramos. Entre nuestras escritoras 
Adila Fourastié ocupa lugar muy culminante: 
sus escritos reunidos formarían precioso volu- 
men, serían reflejo üe una inteligencia lumi- 
nosa, de un alma soñadora, de un corazón 
bueno. Veríamos en él cosas difíciles de retra- 
tar, llevadas palpitantes al papel : estudios psi- 
cológicos, trasparentes como escritos con lágri- 
mas en horas de suprema melancolía: la natura- 
leza con sus sonrisas, matices y encantos: la 
vida humana con sus tejidos inexplicables, cum- 



CIUDADES Y PAISAJES 

bres y valles, tempestades y calmas, días oscu- 
ros y claros, alegrías y penas. Hay escritores 
que no pueden estudiarse sin sentir el poder de 
lo extraordinario, el encanto de lo desconocido. 

En la soledad moral á que por temporadas 
ciertos espíritus nos retiramos á vivir, se hace 
indispensable recordar a los hermanos del pen- 
samiento, á los que siguen haciéndonos compa- 
ñía á pesar de habernos abandonado. Las ho- 
ras de reflexión son las horas de clarividencia, 
las horas en que verdaderamente el alma está 
despierta y mira. Creo rendir tributo á la 
justicia, hacer obra de virtud alzando á la con- 
templación pública memoria tan insigne y ve- 
nerable. 

Sea este escrito corona de perdurables flores 
sobre la humilde tumba que con elocuencia 
grande comunica preciosas enseñanzas. 



LAZARETO DE CABO BLANCO 



(^^s indudable que cuando el progreso avanza 
y la civilización triunfa en obras de redención 
inspiradas por sentiroientos altruistas para lle- 
gar al fondo de la más espantosa miseria social, 
á la lobreguez del dolor sin esperanzas y prote- 
ger en cuanto más es posible á los desvalidos 
condenados á eterna soledad, el espíritu se 
expande y la alegría del bien como brisa del 
cielo, dulcemente agita los corazones. Estas 
obras generosas tienen belleza moral incompara- 
ble y elocuencia irresistible en favor de la fra- 
ternidad humana. 

Entre Maiquetía y Cabo Blanco existe extensa 
llanura con pequeño declive de Sur á Norte: 
allí compró el Gobierno Nacional á Florentino 
González treinta y seis hectáreas de terreno, 
limitado al Norte por el mar, al Sur por el pie 
de la montaña donde pasa el Ferrocarril de La 



CIUDADES Y PAISAJES 

Guaira; al Este, el nuevo Cementerio de Mai- 
quetía, y por el Oeste la Quebrada del Algibe. 
En el centro de este terreno, distante 3.100 me- 
tros de Maiquetía y 3.100 de Cabo Blanco se 
levanta como cindadela de singular blan- 
cura, el amplio edificio, el Palacio que la muni- 
ficencia del Gobierno Nacional ha erigido en 
obsequio de aquellos desgraciados que el cuerpo 
social, con horror, aleja de su propio seno. El 
Lazareto tiene forma de Cruz y 140 metros 
de Norte á Sur y 100 de Este á Oeste: la cons- 
trucción es de concreto y de mampostería y los 
techos de obra limpia, pintados al óleo: es una 
obra que se puede calificar de monolítica, en la 
cual se manifiesta elegantemente en formas 
sencillas, modeladas en lo bello, el arte dórico. 
La fachada principal situada al Este produce 
impresión que va siendo más y más agradable 
á medida que nos acercamos, porque va crecien- 
do su imponente altura y se revelan sus múlti- 
ples luces. Estas gratas impresiones no son 
comparables con las que se experimentan en la 
portada del Palacio, al volver la vista al camino 
recorrido, pues surge poéticamente Maiquetía, 
con sus verdes vegas y» cocales esbeltos, luego 
La Guaira con su puerto lleno de embarcacio- 
nes, y más allá la risueña cordillera de la costa 
con varias ensenadas, verdes colinas, altas mon- 
tañas, y Macuto, que podríamos llamar mansión 
de hadas entre selva de singular frescura, con 
fuentes rumorosas. Los grandes parajes de la 
naturaleza donde la poesía brilla en detalles 



. JUVENAL ANZOLA 

bellos y lo sublime en formas hermosas y des- 
collantes, tienen para el alma como una suplan- 
tación del cielo: verlos es admirarlos: es sentir 
la felicidad bajo forma nueva, delicada, sutil, 
y al propio tiempo fuerte y material: es que tales 
sitios contienen en síntesis los múltiples tesoros 
que anhela el espíritu en sus vuelos más altos, 
en sus sueños más ardientes de ventura. 

En todo el edificio hay abundante luz, y en 
el resistero, cuando el sol flagela, su influencia 
no es poderosa porque casi siempre reina fres- 
ca brisa, y las paredes miden del piso á la 
cornisa 8 metros, siendo ésta la menor altura. 
El patio de la entrada es espacioso, ostenta ya 
alegres árboles que cobijan con su protectora 
sombra mesa de verde césped: los corredores 
de este patio descansan sobre 26 columnas de 
mampostería, tienen 18 luces y se comunican con 
el resto del edificio por dos arcos de seis metros 
de abertura y dos grandes pasajes. En este 
departamento, al entrar a la derecha, está el 
local de recibo de los médicos, luego sus habi- 
taciones, después la botica y por último el salón 
de los practicantes: á la izquierda al entrar, 
está el recibo de las «Her manas y luego sus 
habitaciones. Los cua,tro grandes salones para 
enfermos, situados de Norte á Sur, tienen cada 
uno casi una cuadra de largo, con 23 luces, 
lavabos, baños y otras comodidades. Los pa- 
tios correspondientes á estos salones por sus 
amplias dimensiones permiten ponerles dos 
líneas de grandes árboles, de los cuales hay 



CIUDADES Y PAISAJES 

varios. Los ángulos del suelo de cada salón 
están cortados en arcos de círculo, de modo que 
al poder de la escoba no se escapa ningún obje- 
to por insignificante que sea, y los pisos tienen 
inclinación imperceptible hacia una puerta del 
centro, frente al respectivo patio donde existe 
un desinfectador de modo que con una mangue- 
ra se lavan fácilmente, sin que perdure la acción 
de la humedad. El panorama que se contempla 
desde los grandes patios es especialmente pin- 
toresco, atrayente: al Norte, la verde, dilatada 
llanura del Océano: al Sur, las montañas con el 
camino de hierro, sus caseríos, haciendas y 
campiñas. Los dos grandes arcos del centro 
colocados en línea recta á tres arcos montados 
sobre dos columnas y dos pilastras apoyadas á 
sus muros, situadas á los extremos Sur y Norte, 
hacen que el edificio en su parte más extensa 
ofrezca á los enfermos todos, un campo ilimi- 
tado sin cortapisas á la vista, con variados y 
bellos horizontes. 

La cocina del Hospital es suntuosa, tiene 
cuatro fregadores, 17 hornillas, las cuales pue- 
den funcionar como batería. En síntesis, el 
edificio tiene 22 salcjaes, 127 luces, está per- 
fectamente unido y al propio tiempo separado 
en dos departamentos, uno para hombres y 
el otro para mujeres, con capacidad holgada 
para cuatrocientos enfermos ; con buenos ora- 
torios, comedores, lavaderos, baños y departa- 
mentos especiales para despensas y depósitos ; 
dista del mar 500 metros y está á 50 de altu- 

146 



JUVENAL ANZOLA 

ra : conviene advertir que los desagües se- 
cundarios son profundos y construidos con 
todas las reglas de la ciencia y de la higie- 
ne y que el principal es más profundo y á 
los 300 metros de extensión desemboca en un 
consumidero, cuya profundidad es de ocho me- 
tros por cuatro de ancho, construido sobre el 
álveo arenoso de la Quebrada del Algibe. El 
consumidero tiene sus paredes de piedra seca 
y está herméticamente tapado, de modo que 
las aguas se filtran por capas de arena, pere- 
ciendo los microbios ; pero en el caso de que 
aquéllas alguna vez pudieran salir á la que- 
brada, tendrían que recorrer más de 300 me- 
tros de capas arenosas para llegar al mar 
donde serían incesantemente batidas. Todo está 
previsto y bien calculado. 

Creo que obra de tal magnitud y trascen- 
dencia debe ser conocida de propios y extra- 
ños, porque honra al País, recomienda al Gro- 
bierno, habla misericordias á la conciencia 
humana y ofrece á numerosas inconsolables 
víctimas, verdadero oasis para aminorar el 
sufrimiento de interminables y acerbos dolores. 

En la ejecución de la obra trabajaron por 
más de un año hasta doscientos hombres ; la 
dirigió el renombrado ingeniero doctor Ro- 
berto García, quien no ha logrado á pesar 
de su modestia, evitar que su nombre vuele en 
alas de la fama, pues lo tiene inscrito por la 
labor de su propia inteligencia, en el Palacio 



146 



Ciudades y paisajes 

Federal, en el Panteón Nacional, en Pasajes 
Públicos, Iglesias, Puentes, Arcos y Carreteras. 
Esta obra resistirá el paso de los siglos y ha- 
blará á la posteridad con magnífica elocuencia, 
el lenguaje del progreso y del amor. 



MARAVILLAS DE LA PAZ 



(^^ESTÁN cerradas las puertas de Jano y un 
himno inmenso, triunfal, entonado con mirada 
radiosa é indescriptible del uno al otro extremo 
de la República, demuestra la grandeza admi- 
rable de nuestro pueblo, sus bellos sentimientos, 
su origen hidalgo y caballeroso, sus patrióticos 
ideales, pues al abandonar el arma de los 
combates, con alteza nobilísima olvida los odios 
producidos por pasiones exacerbadas, y corre 
al hogar, centro de sus afectos, santuario purí- 
simo de sus amores, á gozar la dicha anhelada 
de la vida, en el adorable y blando regazo de 
la paz más íntima. En el cielo de nuestro 
espíritu nacional no perduran las tempestades 
del odio, detrás del último disparo de fusil, 
retumbando todavía el fragor de la tormenta, 
flotando en los aires nubes ennegrecidas por 



CIUDADES Y PAISAJES 

el humo de la pólvora, ha surgido siempre el sol 
invisible de los afectos, del horizonte de nues- 
tras fraternales aspiraciones, á generar y dar 
vida exuberante con los rayos miríficos del 
amor, en los pueblos y campos sembrados do 
ruinas, tristes y desolados por el odio impla- 
cable y maldito do nuestras contiendas fra- 
tricidas. 

Estaba sombrío y terrífico el cielo de la 
Patria. El ángel de la muerte tenía levantada 
su ñamígera espada contra nuestro pueblo, y 
por todas partes había tristezas, lágrimas, de- 
solaciones y tumbas nuevas, cuando al aire 
libre no celebraban los cuervos sus asquerosos 
festines sobre los cadáveres de nuestros her- 
manos, inmolados por nuestras propias manos. 
Oh! guerra maldita! qué dolor! qué vergüenza! 
qué tristeza! Donde debiéramos haber erigido 
altares á la gloria de nuestros Redentores nos 
parece que cruza lívida, pavorosa, la sombra 
de Caín. 

Se ha despejado el cielo ennegrecido sobre 
nuestras cabezas : no retumba el trueno ni 
fulgura el relámpago. Pasó la tempestad, las 
fatídicas sombras huyeron, el cielo enamora, 
las brisas cargadas de aromas como que cantan, 
la naturaleza brilla y se hermosea, y el fecun- 
dante sol nos parece más radiante porque en 
su trono de fuego hace su esplendente carrera 
llenando de luz nuestras alegrías, pues de la 
ciudad al cacerío y de la cabana al palacio 
respiran contento los corazones, y la vida no 



JUVENAL AN20LA 

es zozobras, amarguras ni temores. La civili- 
zación habla, el progreso camina, las industrias 
crean, las artes pulen, las letras florecen, la 
poesía canta, el amor redime las almas, y todo 
es maravilla y crecimiento en el seno de la paz. 

El bien inapreciable que hemos adquirido 
debemos conservarlo á todo trance, y para ello 
es necesario que gobernantes y gobernados re- 
cordemos siempre, que por el ejercicio de las 
virtudes debemos consolidar fuertemente nues- 
tras instituciones, y que la Eepública no la 
originan ni la forman las leyes sino las cos- 
tumbres. 

Eduquemos al pueblo y hagamos propaganda 
en honra del trabajo. «En la escuela se aprende 
á Dios para ponerlo en la conciencia ; el número 
que contiene las condiciones eternas del tiempo 
y el espacio, la geografía que nos hace ver 
todo el mundo de cerca ; la estadística indus- 
trial para conocer el progreso de la mecánica 
y las artes, y lo más necesario para desbastar 
el entendimiento, inclinar bien la voluntad y 
hacer del hombre un ser útil para la patria». 
La actividad humana en ejercicio del bien 
redime y engrandece, f no hay virtud privada 
ni pública que no alcance. «Un pueblo que 
trabaja, que produce, trasporta, fabrica, vende 
y compra todos los días ; que al cerrar la no- 
che, al bajar el toldo, recoger los aperos de 
labor y abrigar la nave al puerto, puede hacer 
cuentas de ganancias para el día siguiente, y 
cuentas de ahorro para el otro día, es un pueblo 

160 



CIUDADES Y PAISAJES 

que vive para la naturaleza, que lo quiere in- 
dustrial, para Dios, que lo quiere virtuoso, y 
para la sociedad que lo quiere libre. Sólo un 
pueblo industrioso tiene libertad : el que siente 
en su casa el sonido del yunque ó el crujir de 
las ruedas de la máquina, el qué ve su vega 
cruzada de entresurcos que llevan la simiente 
de la próxima cosecha, el que viaja en el tren 
ó en el barco para una expedición, ó para 
enriquecer los mercados ó traer de ellos artícu- 
los de retorno, no piensa en revoluciones, ni 
en empleos, ni en intrigas políticas, y dos cosas 
hace importantísimas : ser el mejor ciudadano 
para la sociedad y ser el mejor apoyo del Go- 
bierno, que nunca ve en él, ni un rebelde, ni 
un esclavo» [^]. 

Tengamos fe en la redención por el trabajo 
y será fecunda la paz y estable la indecible 
felicidad que ella proporciona. Nuestras fera- 
ces montañas pobladas de vegetación exube- 
rante, risueña y subidamente verde; nuestras 
llanuras cubiertas de inmensas selvas, con 
maderas perfumadas y valiosas, con dilatados 
pastos, multiplicados, elegantes palmares y 
caudalosos ríos, llenos * de abundante pesca ; 
nuestras costas donde hay puertos tan magnífi- 
cos y tan extensos que en uno cabrían con hol- 
gura las escuadras del mundo ; nuesti-os campos 
eternamente florecidos, edenes en miniatura, 
llenos de alegre luz, de brisas rumorosas, de 



[*] Los párrafos entre comillas son de Cecilio Acosta. 

161 



JÜVENAL AN20LA 

insectos raros, de aves canoras, de variadas 
flores, de minerales preciosos, de fuentes abun- 
dantes y cristalinas, convidan al trabajo y 
demuestran que la agricultura da independencia 
porque fácilmente convierte nuestros prados en 
mesas verdes y olorosas, llenas de sabrosos 
frutos. 

Si hubiéramos vivido en paz, amando el tra- 
bajo, esa escala de glorias que se dilata de las 
poéticas faldas del Avila al diamantino Chim- 
borazo : La Victoria, San Mateo, Carabobo, Las 
Queseras, Bombona, Junín, Pichincha, Aya- 
cucho y mil campos más, luminares radiantes 
de la gloria americana, aparecerían hoy más 
bellos á nuestros corazones, más admirables á 
nuestro pensamiento. 

El ángel de la paz tiene extendidas sus blan- 
cas y perfumadas alas sobre el cielo adorable 
de la patria. El hogar no está lleno de zozo- 
bras, la esperanza conforta, la felicidad sonríe, 
parece haber encantos nuevos, los afectos unen 
como lazos de perfumadas rosas y las almas 
inspiradas por el amor pueden tranquilas re- 
montarse al cielo de las inefables satisfacciones. 
Cubramos con el ma»ato del olvido nuestros 
extravíos, odiemos la guerra y marchemos uni- 
dos al porvenir, como heraldos del derecho y 
cruzados de la gloria. 



EXPOSICIÓN 



iN mi tierra nativa, el Estado Lara,el pue- 
blo se agita con movimiento que habla á la 
inteligencia en armonioso lenguaje, las más 
bellas esperanzas. Resuena en ciudades y cam- 
pos el himno del trabajo, que es la virtud en 
acción, á la mirada de Dios, y todo es regocijo 
para embellecer los altares de la paz con varia- 
das ofrendas, y celebrar en suntuosa fiesta de 
familia con torneos cívicos y moralizadores, el 
bienestar privado y pública), el dulce imperio de 
la felicidad. 

Deseo que en la fiesta de mis hermanos 
corran por entre los héroes de la feria, por las 
aldeas y los campos, las ideas, como mensa- 
jeras de luz : que la Asociación, el Progreso, 
las Artes, las Ciencias, las Industrias la In- 
migración, el Trabajo, las Aspiraciones, las 



JÜVENAL ANZOLA 

Costumbres, Yks Leyes, el Hogar, la Farailia y 
todo lo que constituye la fuerza y el alma del 
desarrollo y elevamiento humano, tenga una 
palabra de explicación, para que en la con- 
ciencia popular como se ve, ya predispuesta á 
la virtud y al esfuerzo noble, se abran nuevos 
y más Míiiplios horizontes, y mejor esclarecido 
el presente, se vislumbre entre radiantes auro- 
ras con el telescopio del pensamiento, el por- 
venir, tranquilo y magnífico. Esparcir ideas 
entre la muchedumbre es como sembrar estre- 
llas en su camino, darle fuerzas y anhelos para 
llegar al amparo de la libertad, á las cumbres 
de la prosperidad y del perfeccionamiento so- 
cial : pueblo que marcha así, lleva el camino 
de la gloria. 

Una exposición es una obra compleja, de 
múltiples aspectos, y será tanto más interesante 
y maravillosa mientras más conocimientos 
posea el pueblo que la realiza ; mientras más 
comprenda los altos fines de la asociación y se 
dé cuenta mejor, de que en el seno del progreso 
como factores del perfeccionamiento, todos los 
elementos son igualmente indispensables, desde 
el agricultor que emWlece y cuaja de tesoros 
la tierra, hasta el astrónomo que revela los 
fenómenos del cielo ; desde el periodista que 
nos pone en contacto con el mundo, hasta la 
infeliz mujer que en humilde choza elabora 
sus tejidos : cada cual contribuye á que el con- 
junto de la labor colectiva resulte con aquella 
grandiosidad sublime con que nos sonríe y 

164 



CIUDADES Y PAISAJES 

habla la naturaleza al mostrarnos sus múl- 
tiples y bellos dones. Pueblo consciente, que 
sabe lo que valen los nobles esfuerzos y sin 
vacilaciones ni prejuicios conoce la verdad, cifra 
su orgullo en el trabajo que siempre regenera, 
honra y abarca en sus múltiples faces lo 
que constituye el glorioso patrimonio de la 
humanidad, es pueblo dueño de su destino, 
digno de la admiración de la Historia y de la 
bendición de Dios : es pueblo libre y feliz, que 
fabrica sólidamente en el campo del progreso y 
lleva entre himnos triunfales al cielo del espí- 
ritu fulguraciones perdurables de múltiples 
luces. Llénense de preciadas flores y de fra- 
gantes aromas los talleres del trabajo : saludo 
á los obreros del porvenir, porque él es la obra 
de todos y cada gota de sudor derramada en 
los huertos de la virtud, como cada idea sem- 
brada en la conciencia tienen un día en que 
misteriosamente se confunden y florecen trans- 
formadas en el pensamiento para realizar los 
más nobles esfuerzos y representar los más 
delicados y fecundos ideales. 

Los hombres se transforman y sus esfuerzos 
adquieren proporciones 6olosales cuando ins- 
pirados en el progreso se unen para multi- 
plicarse, para convertir la gota de agua en cau- 
daloso río, las vagas claridades de inciertas 
esperanzas en auroras radiantes de dichosos 
días, el amor en abierto cielo, visible á todos 
el sol de la felicidad, los hogares en estrellas 
titilantes de santuarios indecibles, la civiliza- 



JUVENAL ANZOLA 

ción en concierto desconocido de increíbles ma- 
ravillas, y la triste y pobre debilidad en fuerza 
milagrosa, en trama refulgente é indestructible 
donde la llama viva y poderosa de los hechos 
revela las creaciones de la inteligencia y 
suministra con desbordamiento de verdades 
preciosas la prueba más alentadora y elocuente 
de que la unión regenera y salva, y enciende 
en las agrupaciones humanas anhelos inextin- 
guibles de empresas generosas y sublimes. 

Que mi palabra de aplauso sea de alguna 
utilidad : que la oblación de mi cariño encienda 
más en el corazón de mis hermanos el amor á 
los Patrios Lares. Ojalá mi ofrenda no fuera 
rayo de pálida luz : si en mis manos estuviera 
llevar sol esplendoroso, llena el alma de alegría 
lo colocara en el magnífico altar que la virtud 
y la laboriosidad de los barquisimetanos han 
levantado al Progreso y á la Gloria. Bella es la 
faena y el ruido que se siente himno triunfal. 
Una exposición es un Tabor del cual parten á 
elevarse los hombres por los diversos caminos 
de la vida á las más altas cumbres del perfec- 
cionamiento social, á la conquista del verdadero 
Vellocino de Oro, á la*^ posesión tranquila, por 
propios esfuerzos, del magnífico Imperio de la 
felicidad. 



ENGRANDECIMIENTO DE CIUDADES 



'AS ciudades que poseen variados elementos 
de riqueza necesitan aumentar sus industrias 
y hacer de ellas causa de su prosperidad y objeto 
de su dicha, para que sus progresos sean sólidos 
j perdurables. 

El bienestar no se alcanza poseyendo una 
sola cosa por más interesante y preciosa que sea. 
Y si tal verdad se impone al reflexionar sobre 
nosotros mismos, con más fuerza domina las 
inteligencias al considerar las necesidades de 
pueblo á pueblo y de Nación á Nación, en sus 
respectivas relaciones entre sí. 

La riqueza no la representa el oro ni el 
diamante, ni objeto alguno determinado. El 
hombre con su inteligencia aplicando sus fuer- 
zas á la materia bruta la transforma y es el 
artíñce de la riqueza. Sus obras la representan, 

157 



JUVENAL ANZOLA 

SUS necesidades la consumen y sus cambios la 
distribuyen para adquirir con ella otras rique- 
zas indispensables á la vida material ó inte- 
lectual. 

La importancia de las industrias es un hecho 
tangible, puesto que ellas nos suministran lo 
necesario para la vida civilizada. Los pueblos 
que más se distinguieron en la antigüedad 
deben la admiración con que hoy se les recuerda 
á los progresos que hicieron en las industrias, 
las cuales les proporcionaron medios suficientes 
para vivir dichosos, embellecer ciudades y cons- 
truir obras que revelan todavía notable ingenio, 
haciendo resaltar la virtud fecunda del trabajo. 

En comprobación de nuestro aserto mencio- 
naremos algunos pueblos cuyos nombres y 
hechos se encuentran inscritos en las mejores 
páginas de la historia. Babilonia, cabana cons- 
truida en la llanura de Senaar, progresa al calor 
de dos genios que hacen nacer algunas rudi- 
mentarias industrias, y por ellas llegó á ser 
aquella humilde cabana, la ciudad más soberbia 
del Asia, el centro de su comercio y el san- 
tuario de sus ciencias. Y el Egipto debe su 
engrandecimiento á la «industria agrícola que 
le hizo repletar sus graneros y luego aspirar 
satisfecho á la nobilísima labor del ingenio 
para cosechar en los campos de la fama abun- 
dante gloria. Y Tiro, la ciudad famosa de los 
fenicios que ejecutaron con heroísmo lo que 
más tarde inmortalizó á Vasco de Gama, debe 
su celebridad al espíritu emprendedor de sus 



CIUDADES Y PAISAJES 

hijos, á SU comercio y á su marina. Y Corinto, 
emporio de riquezas, fábrica inmensa de objetos 
preciosos, centro de luz á las risueñas már- 
genes del célebre golfo de Lepanto, debe su 
grandeza y esplendor al incremento de sus 
industrias. Y Atenas y Esparta, y Tebas, como 
Roma y los demás pueblos antiguos que se 
inmortalizaron, deben su renombre, postumas, 
eternas alabanzas, no á la cuchilla que des- 
truye ni á la conquista que degrada, sino á 
los triunfos en las industrias y á los progresos 
en las ciencias. En los pueblos modernos esta 
verdad ha adquirido predominio universal, pues 
el movimiento que se nota hoy en el mundo 
es el afán del trabajo por mejorar las industrias, 
que en sus múltiples formas pregonan con elo- 
cuencia siempre nueva y cada vez más admi- 
rable, el desenvolvimiento de la vida impulsada 
por la inteligencia. 

Toda grandeza es pasajera cuando no es la 
obra del trabajo, la glorificación de la virtud y 
la apoteosis del genio. Buscad en otra parte el 
poderío de los que fueron y sólo encontraréis 
vanidad y fugitivas sombras. 

Podría decirse que (después de la caída del 
imperio romano el polvo de sus ruinas eclipsó 
el sol, y sucedió aquella noche de siglos que 
se llamó Edad Media. En esta época las peque- 
ñas repúblicas de Italia surtieron á Europa con 
sus manufacturas y llegaron á ser poderosas á 
pesar de su debilidad, por el incremento de 
sus industrias. Y los elementos que tuvieron 

159 



JUVENAL ANZOLA 

las grandes naciones de la antigüedad y los que 
dan poderío á las naciones modernas, ¿ no los 
posee en abundancia nuestra patria ? Entonces, 
¿ qué nos falta para ser poderosos, ricos y feli- 
ces ? Severa regularidad en las costumbres y ma- 
yor desarrollo en las industrias, que ya son motivo 
de regocijo dado el atraso de años anteriores. 

Dichoso el país que como el nuestro posee 
tesoros en todas partes y ofrece á los que ven- 
gan á explotarlos, clima delicioso y una natu- 
raleza virgen, llena de encantos y atractivos. 
Nuestra patria hará uso de todo lo que tiene, 
porque el delito de la guerra no puede ser per- 
durable y á la sombra de la paz todo florece, 
y bajo tan favorables auspicios la civilización 
extiende sus dominios, el hombre se ilustra, 
marca entre claridades el derrotero de su exis- 
tencia y llega por caminos expeditos con débil 
esfuerzo y provecho al logro de sus deseos. 

Observamos el rumbo del Estado y creemos 
en una era magníñca para el porvenir. Aun en 
medio de nuestra vida turbulenta el pueblo se 
ha educado, las ciencias se han generalizado, 
las letras profanas y sagradas se han cultivado, 
el comercio dejó de ser*antillano para ser uni- 
versal, la agricultura algo ha progresado, la 
cría se aumenta, las artes mejoran, y con todo 
esto y unos pocos años de paz, la Repú- 
blica bien puede colocar en alto su bandera, 
ufanarse á la sombra de sus antiguos laureles 
y proseguir tranquila á la consecución de sus 
futuros y trascendentales destinos. 



CIUDADES Y PAISAJES 

Anhelamos que se establezcan nuevas indus- 
trias en el país, que vengan á él, pero bajo 
buenas condiciones compañías del extranjero, 
para que se exploten nuestras riquezas y á las 
industrias nacionales se agreguen otras indis- 
pensables para nuestro engrandecimiento. 

El trabajo material y el intelectual se dis- 
tinguen en sus efectos, pero no en su causa. 
Son obra de una misma mano guiada por la 
misma inteligencia, y tan glorioso es el uno 
como el otro. Industria es el cultivo del pen- 
samiento y riqueza la obra del genio que da 
tema á la fama y luz á la gloria. 

Con pueblo laborioso é ilustrado hay paz, 
moral y patria. El conocimiento del deber 
inspira el amor á la justicia y hace el orden 
necesario y corrige los malos instintos. La cien- 
cia redime y los que la poseen han sido en 
todas las épocas dignos apóstoles de la verdad, 
porque han sostenido sus fueros y perseguido el 
error, en el templo del hogar, en el campo de 
batalla, al pie del cadalso, y más allá de la 
tumba con el amor sublime que inspira el re- 
cuerdo de la virtud heroica. 



LAGUNA DE LOS COLORADOS 



^AOR QUÉ me han parecido tan bellas las be- 
llas tardes de estos últimos días? ¿Será que 
las alegrías de la naturaleza con el singular 
encanto que comunican á lo que las rodea, ani- 
man el alma y presentan á su contemplación 
imágenes y fenómenos de singular hermosura? 

La vida tiene inocentes faces, singulares 
encantos, manifestaciones de tal poesía que, 
considerada bajo aspectos tan magníficos pre- 
senta á la imaginación la risueña imagen de la 
felicidad. Hay horas dé' expansión, de inefa- 
bles satisfacciones y esperanzas, en que el espí- 
ritu como sacudiendo su vestidura humana se 
eleva hasta la más intensa dicha, hasta ese 
estado indefinible en que olvidadas las amar- 
guras de la vida no se siente ni se piensa sino 
al calor del placer que se disfruta. Bendigamos 
estos instantes felices de la existencia porque 



Ciudades y paisajes 

ellos desaparecen como se pierden las frescas 
brisas de la mañana á los primeros rayos 
del sol. 

Estas ideas vinieron á nuestra mente una 
bella tarde en que admirando el movimiento 
que había en la ciudad, el entusiasmo de los 
que se cruzab3,u en las calles, los coches que 
iban y regresaban, comprendimos que algo 
bello y placentero había identificado las volun- 
tades en un mismo propósito. 

Al Este de la ciudad, como á trescientos 
metros más allá del término de la Calle Real, 
presenta sus rizadas aguas movidas por la 
brisa, hermosa laguna. El pintoresco sitio 
que ocupa rodeado de suaves colinas llenas 
de verdor ; el valle que se prolonga haciendo 
horizontes entre admirables panoramas y flore- 
cidos paisajes ; las casas de distintas formas y 
condiciones, á unas y otras distancias, le dan 
especial importancia y poesía. La presencia 
del hombre en ciertos parajes de la naturaleza 
sirve de complemento á sus gracias y encantos. 
La voz humana á veces tiene para el corazón 
toda la belleza de una sonrisa largo tiempo 
anhelada. > 

¿Quién, en la tarde de un día de fiesta, al 
llegar á la Alameda entre la multitud que se 
precipita en la misma dirección, no se embelesa 
contemplando un espectáculo verdaderamente 
admirable? Las verdes montanas recibiendo 
sobre sus altas cumbres las claridades del mo- 
ribundo día ; las suaves y ondulantes colinas, 



JUVENAL ANZOLA 

adornos de la naturaleza en el seno del valle, 
pobladas de gentes en constante hormigueo ; 
los ganados buscando sus respectivas majadas, 
los crepúsculos de la tarde bañando el horizonte 
en nacarados y espléndidos arreboles, lágrimas 
y encajes de luz ; los rumores, las brisas, esa 
dulce quietud, ese imponente silencio, todo lo 
que se ve y se presiente en esa conjunción 
sublime del día y de la noche, rodeada de mil 
bellezas, de irresistibles encantos, se presenta 
á la mirada y al pensamiento en aquel her- 
moso sitio. 

Las alegrías humanas mezcladas á los encan- 
tos de la naturaleza producen á los ojos del 
atento observador una emoción dulcísima, un 
dejo de infinita ternura. Hay en ellas magia 
de virtud inmaculada ; placeres y esperanzas, 
claridades y glorias, porque la humanidad ele- 
vada por el entusiasmo en horas de íntimo 
regocijo, vista á través del prisma del senti- 
miento, aparece magnífica y sublime. 

Llena el alma de satisfacción seguimos por 
entre niños, mujeres y hombres, hasta dete- 
nernos á orillas de la laguna circundada de 
variada muchedumbre, qte ondulando en distin- 
tas direcciones, como nosotros, anhelaba presen- 
ciar los poéticos paseos en bote, de gallardas 
damas, por aquellas límpidas aguas que, ale- 
gres, parecían recibir con sonrisas en su super- 
ficie los blandos besos de la brisa, j Cuánto dirían 
al corazón si pudieran traducirse las tristes ó 
amorosas miradas dirigidas al azul del cielo 



CIUDADES Y PAISAJES 

retratado en aquellas trasparentes aguas sur- 
cadas en esas melancólicas horas en que el 
alma, abierta y como bañada en los tintes del 
sentimiento, tiene también sus lágrimas de 
luz, alboradas y crepúsculos ! ¿ Quién podría 
medir el sentimiento de aquellas frases, flores 
del alma, broLadas del corazón, en momentos 
de profunda contemplación, de intenso placer 
y de felicidad sin sombras ? ¡ Qué bella aparece 
la mujer realzando con sus virtudes y gracias 
las excelencias y dones de la naturaleza ! 

Lentamente aparté la mirada, pero no el 
pensamiento de aquel poético cuadro, y vi otros, 
no menos alegres y hermosos. Yí cerca de un 
botiquín elegantemente improvisado en una 
colina al sur de la laguna, hombres á caballo, 
á pie, mujeres y bastantes niños que, al son de 
la música como mariposas en florecido huerto, 
danzaban al aire libre sobre la verde yerba. 
Aquel gozar de la niñez, aquella fiesta de la 
inocencia cautivaba el corazón y pasaron por 
mi mente embargada por gratas esperanzas y 
ensueños, pensamientos que me parecieron cada 
vez más hermosos. Faí feliz en la contempla- 
ción de aquella fiesta atagélica, de aquella su- 
blime manifestación del espíritu humano re- 
presentado en un sitio pintoresco, en una hora 
solemne, por una legión de tiernos niños : allí 
sólo había sonrisas de cielo, encanto de vir- 
tudes, placer y entusiasmo, esperanzas y feli- 
cidad. Al lado de este cuadro había otro 
también de niños, que, jugando á los papagayos, 



JUVENAL ANZOLA 

gritaban y corrían, animado el semblante y 
los ojitos alegres, queriendo cada cual sobre- 
pasar en habilidad y ligereza las maniobras de 
sus respectivos compañeros. A.llá, acullá, por 
todas partes el mismo hormigueo humano, la 
misma animación, la misma alegría. 

Era de observarse la alegría en los semblan- 
tes, la gallardía del apuesto joven, la hermosura 
de pudorosas y elegantes damas, el sonreír de 
los tiernos niños, las amorosas miradas de sus 
amantes padres, el bullicio, el entusiasmo, el 
amor, el sentimiento y la vida que palpitaba 
eai aquel torbellino humano. 

El sol acaba de hundir su brillante disco. El 
genio de la noche parece haber sacudido su 
manto de tinieblas, pues van desapareciendo 
las últimas agonizantes luces de la tarde, y 
entre las sombras que van surgiendo se anun- 
cia vaga claridad, como resplandor de estrellas. 

Los ramilletes humanos se van desgajando, y 
ancianos, hombres, mujeres y niños como en 
imponente y majestuosa procesión regresan á 
la ciudad. El valle, la laguna, las colinas, 
lentamente van quedando abandonadas. Unos 
minutos más, y el silencio y la soledad reina- 
rán donde poco antes el ruido de inmensa 

muchedumbre llenaba el espacio La noche 

impera, reina el silencio, aterra la soledad. Las 
aves están en sus nidos, las ñeras en sus caver- 
nas, los ganados en sus majadas, el hombre en 
su hogar. 



HORIZONTES DEL PORVENIR 



^^N las repúblicas la vida del ciudadano debe 
ser la del obrero de la libertad que ama y 
sostiene con tesón las garantías individuales, 
necesarias á la dignidad y á la felicidad del 
hombre. 

Fijarse en la marcha del Estado é inmiscuirse 
en la política para llevar con generosidad á 
los altares de la patria la idea que redime, la 
fuerza que salva y la alabanza que estimula, es 
propio del hombre honrp,do que quiere el bien 
por el bien. Este es el proceder que debemos 
adoptar para no aparecer los unos ante los 
otros como hijos desnaturalizados que no ama- 
mos la tierra en que nacimos, de la que nos 
hemos alimentado, la que guarda los secretos 
de nuestros amores, los encantos de nuestra 
felicidad, y en la cual, cuando el espíritu ba- 



JUVENAL ANZOLA 

tiendo sus alas deje inerte nuestro cuerpo, 
dormiremos en unión de nuestros mayores tran- 
quilo y eterno sueño. 

N"o puede haber sociedad sin gobierno y go- 
bierno sin leyes. La ley es tan necesaria al 
gobierno como es el gobierno á la sociedad. 
Para que una nación prospere y viva feliz 
necesita buen gobierno j constitución sabia, en 
la cual los derechos del ciudadano estén garan- 
tizados y las atribuciones del gobierno deter- 
minadas. 

Interesarse por la patria es estudiar su legis- 
lación, respetar su gobierno, aplaudir lo bueno, 
reprobar lo malo. El que olvida la patria y 
sólo piensa en sí mismo no comprende su pro- 
pia felicidad y termina siendo víctima del 
egoísmo. Y si todos procedieran así, ¿ á dónde 
iríamos a parar y cuál sería nuestro destino ? 
Es grave error ver con indiferencia la suerte 
de la patria y la felicidad de nuestros hermanos. 
Es necesario elevar más y más el espíritu pú- 
blico hasta que resplandezca en él, encendido 
perennemente el amor á los principios, el apego 
á las ideas. Así irán desapareciendo en el seno 
del progreso y de un^^ paz fecunda las funestas 
influencias que pudieran apartar las voluntades 
de los rectos caminos, y los ciudadanos todos, 
llegarán á ser verdaderos obreros del pensa- 
miento, zapadores del adelantamiento social. 
En las sociedades el progreso y la felicidad de- 
penden del imperio de las ideas. Ellas son las 
que informan la vida de las inteligencias y dan 

168 



CIUDADES Y PAISAJES 

á los espíritus al calor del fuego del pensa- 
miento esperanzas y anhelos, fuerzas y perse- 
verancia. Suprimamos á esas propulsoras im- 
palpables de la humanidad y habremos detenido 
la marcha del hombre, dejándole sin conciencia 
de sí mismo en el estéril vacío, porque no 
puede fulgurar con gloria la llama de la vida 
donde no surge el verbo de la idea. 

No hay sino tristes augurios para el porvenir 
donde el Gobierno olvida el poder de las ideas, 
la virtud de los principios y deja de ser brazo 
fuerte de los débiles, escudo del derecho, padre 
amoroso y solícito del bienestar de sus gober- 
nados. Cuando tal desgracia acontece es por- 
que falta el amor á la patria, porque no reinan 
las buenas ideas en las inteligencias, porque 
gobernantes y gobernados con calma reflexiva 
no hacen á la razón señora del pensamiento. 

Los pueblos que decaen porque no piensan 
se hacen desgraciados, sin tener siquiera la 
conciencia de su propia infelicidad. Algunos 
publicistas han llegado á decir que los pueblos 
tienen los gobiernos que merecen, y tal afir- 
mación parece verdadera, porque el gobierno es 
emanación del pueblo y eí pueblo es el poder, 
la acción, la vida en el mecanismo guberna- 
mental. Si hubiera un pueblo verdaderamente 
ilustrado, en el cual cada ciudadano tuviera 
completo conocimiento de sus deberes y de- 
rechos, y amor por la justicia y respeto por 
la verdad, veríamos en su marcha admi- 
rable, más claro, cuan importantes y sagrados 



JUVENAL ANZOLA 

son los mandatos del patriotismo. El mal 
ejemplo cunde bastante, y á veces acobarda á 
los buenos y da bríos y exalta á los malos. 
No imitemos á los que no aman la patria, á los 
que no tienen virtudes en el corazón, á los que 
no llevan grandezas en el alma : hagamos lo 
contrario de lo que ellos hacen y consideremos 
cuestión de honor y de vida defender los inte- 
reses de la patria. Eternicemos en bronce las 
figuras de sus bienhechores, de sus hijos inmor- 
tales, y maldigamos los nombres de los extermi- 
nadores de la ventura pública. 

Hagamos efectivas las prácticas republicanas 
que son fáciles y por extremo provechosas para 
los que aman el orden y son decididos parti- 
darios de la libertad. Así es como los pueblos 
pueden engrandecerse material y moralmente, 
porque se acostumbran á hacer lo bueno y 
pueden acoger con amor y dignidad las pre- 
ciosas enseñanzas de la democracia. En un 
pueblo ilustrado, acostumbrado á la rectitud de 
la ley, un mal magistrado es un débil tropiezo 
que no resiste á la acción omnipotente de la 
constante aspiración á la felicidad pública, y des- 
aparece del solio del pbder sin alterar la marcha 
triunfal de sus gobernados, y entra, quiéralo ó 
no, á trillar el mismo camino de aquéllos. 

Sin buen gobierno, especialmente en nuestras 
nacientes Eepúblicas donde todavía en las 
masas populares no alumbra en todo su esplen- 
dor la regeneradora luz del saber, las esperanzas 
desaparecen y la felicidad huye del dorado 

170 



CIUDADES Y PAISAJES 

palacio y de la choza, se agotan las fuentes de 
la riqueza pública, y las industrias, las artes, 
las ciencias y el comercio decaen, y á veces 
perecen. Y la juventud ¿qué misión viene á 
desempeñar en este campo desolado, y qué es- 
peranzas le quedan ? Viene á llorar sobre tum- 
bas, y todas sus esperanzas se reducen á reunir 
piedras diseminadas para construir albergues 
con restos de escombros. 

Amemos la patria y en sus altares deponga- 
mos todos nuestros odios, para que seamos tan 
republicanos como magnánimos. Hagamos de 
la democracia el reinado del amor en la libertad: 
esta es la fórmula que más satisface las aspira- 
ciones humanas, la que resuelve los problemas 
políticos y sociales, la que practicada, indefec- 
tiblemente llenará de poderosa y fecunda luz 
los horizontes del porvenir. 



AVE MULIER 



^ABÍA terminado la misa dominical. Se re- 
picaban las campanas y múltiples cohetes esta- 
llaban en el aire : globos de ligero papel ya 
inflados principiaban su ascensión : niños iban, 
venían y corrían en apiñados grupos, y nume- 
rosa concurrencia llenaba el atrio del templo y 
parte de la plaza. Era un bello día de brisas 
aromatizadas alumbrado por un sol esplen- 
doroso. 

Junto á las multitudes que gozan se siente la 
grandeza de la vida porque se palpa el poder 
de la felicidad. Cuando las almas se unen por- 
que las guía una misma aspiración, una misma 
idea ó los mismos placeres, se nos ofrece en su 
mayor esplendor la felicidad porque sentimos 
vigoroso y confortado el espíritu, y grande la 



CIUDADES Y PAISAJES 

dicha del vivir, en el entusiasmo y satisfacción 
del corazón. 

La multitud que salía de la Iglesia dejaba 
traslucir el contento de las almas cuando ofren- 
dan á Dios homenajes de amor. 

La juventud es esperanza que surge donde 
fulgura la vida, ola risueña que avanza : heral- 
dos del porvenir, alegres platicaban impresio- 
nados agradablemente. 

Es la mujer en el escabroso camino que bata- 
llando recorremos, esperanza de la vida, encanto 
del corazón, estrella y cielo del amor. El mun- 
do sin la mujer sería como la noche sin el 
retorno del sol que derrama á diario su fecun- 
didad y alegría entre claridades y maravillas 
de colores. La belleza se realza á sí misma 
cuando adorna á la mujer. La virgen que crece 
como flor lozana y vigorosa, que lleva en sus 
ojos como lumbre de los cielos y en sus rojos 
labios sonrisas y encantos de ángeles, tiene que 
impresionar el corazón y elevar el alma á la 
región del sentimiento excelso, de los afectos 
sublimes, de la virtud y lo bello. 

De repente se impone la quietud y el silencio 
en aquella muchedumbre que agitada y alegre, 
movida por placenteras ideas, revela cuan bella 
es la vida. ¿Qué ocurre? ¿por qué la calma don- 
de el movimiento impera ? ¿ por qué el silencio 
donde se palpan las sonrisas del placer, las 
expansiones del entusiasmo ? Es que un ser de 
peregrina hermosura, que parece inspiración de 
Dios, modelado por manos angélicas, de formas 

173 



JUVENAZ ANZOLA 

donde la belleza se admiró á sí misma, va por 
el atrio del templo en dirección á la plaza: 
lleva consigo aureola de luz que alumbra las 
rosas de sus mejillas, los suaves contornos 
de su talle, la esbeltez de su alabastrina gar- 
ganta, las gracias de sus rasgados ojos, su perfil 
divino, lleno de arrebatadora expresión. 



CIUDADES Y PUEBLOS 



)L progreso y la civilización magnifican el 
espíritu. ¿ Quién ño canta himnos á las revo- 
luciones verificadas por el pensamiento al 
contemplar los nuevos inventos y los progresos 
de las artes y las ciencias ? Los esfuerzos de 
la humanidad son admirables y los triunfos 
que ha alcanzado tantos y tan gloriosos 
que forman sucesión de prodigios y mila- 
gros. El espíritu no se cansa, las ideas vuelan 
y el pensamiento en ascensión sublime deja 
regueros de luz y tiene ya por pedestal la 
gloria. El hombre es el señor del universo : 
poderoso, admirable y casi invencible le hacen 
sus inmortales conquistas. Inmensamente dila- 
tado es hoy, por no decir infinito, el dominio 
del pensamiento. 

En los grandes centros donde la humanidad 
reúne poderosas fuerzas y se encumbra, los 

175 



JUVENAL ANZOLA 

individuos pueden girar tranquilamente en sus 
respectivas órbitas y efectuar cuantos cambios 
y evoluciones quieran sin llamar la atención 
pública, A medida que la idea individual va 
desapareciendo para dar paso á la idea generosa 
de la humanidad, la vida tiene que ser mejor 
porque esta idea amparando la fraternidad 
favorece el progreso universal que encierra la 
felicidad de todos. Y esto precisamente es lo 
que sucede al que vive en compañía de los que 
sólo se ocupan de sus trabajos y empresas. 
El hombre que ama el progreso y lo desea en 
todas partes es el hombre verdaderamente 
progresista. Limitar las aspiraciones a un pun- 
to y amar á unos para odiar á otros, no es 
progresar. El hombre es cosmopolita y su es- 
píritu lo es más todavía: ama lo desconocido 
y con afán incesante quiere penetrar en lo 
insondable ; y hoy todos los progresos y todos 
ios inventos acercan los pueblos y estrechan 
sus relaciones. El vapor que nos hace volar 
por las ondas de los mares y el telégrafo 
que hace volar el pensamiento y el teléfono 
la palabra, prueban evidentemente que la hu- 
manidad aunque dividida en grandes agrupacio- 
nes, debe formar una sola familia identificada 
en ideales, tranquila y feliz en el regazo de 
la civilización. 

Por lo general el espíritu de empresa y 
asociación que une á los hombres y les hace 
ver que en la unión están los prodigios de la 
fuerza, los adelantos de las industrias, los 

176 



CIUDADES Y PAISAJES 

progresos de las ciencias, sólo existe en las 
grandes ciudades. Esta es una de las prin- 
cipales causas porque es tan lento el pro- 
greso de los pueblos. Si en la vida patriarcal 
se señalan algunos grandes hechos se deben á 
la unión que existía entre las distintas fami- 
lias que obedecían al Patriarca ; y si en la 
vida de las tribus se demuestra lo mismo es 
por la misma causa ; pero aquí lo que nos 
interesa probar es que las aspiraciones deben 
ser nobles para que cumplamos la ley moral 
que impulsa á laborar con desinterés y á ser 
patriotas con abnegación. 

En las poblaciones populosas son muchos 
los objetos que llaman la atención. El mo- 
vimiento industrial, literario, político, religioso 
y científico absorbe la atención, y como siem- 
pre presenta faces nuevas, no la cansa. 
Además, el comercio de aquellas poblaciones 
con los otros pueblos, grandes y pequeños, es 
activo y constante, útil y fecundo para los 
mismos pueblos entre sí y para los que 
lo observan. Dar á otros de lo que tienen 
para alcanzar lo que necesitan es lo que hacen 
para vivir los individuos, los pueblos y las 
naciones; y como el que más tiene más reci- 
be y da porque más son sus necesidades, 
resulta que las grandes ciudades y las grandes 
naciones viven más cerca de la humanidad 
que los individuos y los pueblos. La épo- 
ca del retraimiento va pasando y los hom- 
bres se quieren y las naciones también. El 



JUVENAL ANZOLA 

espíritu de progreso y de fraternidad va con- 
quistando dominio, y cuando él reine en los 
corazones y las inteligencias, diremos adiós á 
los odios del pasado para perpetuar el reinado 
de la concordia. 

Con el nobilísimo ejemplo del esfuerzo y la 
virtud puede el pobre elevar el espíritu pu- 
blico y laborar eficazmente en su cabafia en 
favor de la libertad y el progreso, como el 
soberbio monarca en su dorado palacio. 

El día en que . la idea del bien merezca 
entre nosotros general aprecio y llegue á ser 
considerada necesaria para la patria, no habrá 
entorpecimientos para la civilización y el pro- 
greso, ni sombras para la gloria, ni temores 
para los que son felices. 

Estas ideas son las que deseamos imperen 
en los pueblos para que ellos entren de lleno 
á otra vida donde la atmósfera sea más pura 
y saludable. 

En las poblaciones pequeñas todos nos co- 
nocemos y vivimos como tocándonos, y por 
esto en ellas dañan más las divisiones que 
fomentan los odios y traen por consecuencia 
la anarquía social que *produce el reinado de 
las bastardas pasiones y el desquiciamiento de 
la sociedad. Los pueblos se asemejan al hogar : 
en ellos fácilmente la discordia altera los áni- 
mos, relaja las amistades é inspira des- 
aliento cuando no malos deseos, y como el hombre 
habla de lo que siente el corazón y obra tanto 
impulsado por él como por la inteligencia, 



CIUDADES Y PAISAJES 

bueno es predicar la moral y la justicia para 
que sea más fecundo el progreso y más es- 
plendente la civilización. Debemos esforzarnos 
todos por el bien de todos. Debemos practicar 
lo que predicamos para no empequeñecer el 
civismo y ofender la verdad con la triste co- 
media de la mentira al descubierto. 

Y no es difícil por más que algunos lo crean, 
asegurar á los pueblos vida tranquila y dicho- 
sa. ¿Qué hay más grato que la vida apacible 
y feliz, corrida en amistad con nuestros se- 
mejantes? Y ¿quiénes como nosotros agregan 
al genio espiritual y alegre de la raza latina, 
una naturaleza tan pródiga y encantadora? 
Aquí el cielo, la luz, los colores, las flores, 
las fuentes, los ríos y las montañas, todo es 
hermoso y artístico. Y en medio de esta na- 
turaleza soberanamente bella y hermosa, can- 
tada por inmortales poetas, debemos aparecer 
nosotros como incansables obreros del progreso 
enalteciendo la sangre de nuestra raza. Así 
haremos en días el trabajo de años y efectua- 
remos una revolución social disipando del ho- 
rizonte de la patria esos nubarrones que hace 
surgir la discordia y ppn casi siempre preludios 
de terríficas tempestades. 

Los venezolanos son nobles por instinto, y 
los anales de nuestra historia prueban sus he- 
roísmos y magnanimidad. Son generosos, sien- 
ten amor por lo bueno y llevan á donde se 
necesite el valioso tesoro de sus ideas. 

Prodiguemos el bien, que siempre merecen 



JUVENAL ANZOLA 

alabanzas y son fecundas las obras generosas. 
Las buenas ideas se irán haciendo más osten- 
sibles hasta que al fin los principios sirvan 
de norma á los hechos. El día en que esto 
suceda habremos alcanzado el mayor de los 
triunfos haciendo inconmovible el reinado del 
orden, de la paz y de la verdadera felicidad. 



FACES DEL VALOR 



ASTA hoy, y no hay razón para creer que 
en el trascurso de los siglos no sea lo mis- 
mo, la naturaleza humana ha necesitado de los 
estragos de los combates, de las tempestades 
nacidas al choque de las ideas, de las fulgu- 
raciones de las espadas, del toque de los cla- 
rines y del retumbar estrepitoso de las armas. 
Pueblos que no han sabido marchar con el 
fusil al hombro cuando ha sido necesario, han 
caído rendidos en el campo de la vida y des- 
preciados y pobres, y todavía más, sin ningún 
honorario, como sombras fugitivas apenas de- 
jaron débil recuerdo, cada vez más indiferente. 
'No decimos que se preconice la guerra ni 
que deba escanciarse en ella para progresar, 
el néctar precioso de la vida : sabemos adonde 
conduce el huracán de las pasiones agitadas 



181 



JUVENAL ANZOLA 

en alas del odio enfurecido : sabemos que la 
paz encierra misteriosos y eficaces bálsamos y 
consuelos para las más profundas heridas y los 
más acerbos dolores: sabemos que por donde pasa 
la fraternidad queda el amor regenerando y es- 
parciendo ñores, el progreso con su lábaro 
redentor y la civilización llevando luz á la 
ignota región del porvenir. Pero, ¿qué es el 
hombre? ¿qué es la sociedad? ¿qué son los im- 
perios cuando no sienten las energías de la 
vida, ni anhelan traspasar la responsabilidad 
moral de las nobilísimas acciones para hacer 
prisionera la gloria y sentir el placer y la 
grandeza de los triunfos insólitos? Suprimid 
del inmenso arco de triunfo levantado por la 
humanidad del uno al otro confín de la his- 
toria, los prodigios del valor y habréis supri- 
mido radicalmente las noblezas del corazón, 
las glorias de la inteligencia, las sublimidades 
de la virtud, es decir, quedará la tiniebla, el 
vacío y el horror. 

Así como el sol da luz y fecunda; así como 
la naturaleza se alegra y de los contornos de 
su seno acariciado por la primavera brota la 
hermosura en mil foijmas rejuvenecida ; así 
como el verdadero atleta no pierde sus fuerzas 
y luchando cree vencer en los estertores de 
la agonía con cualesquiera de sus golpes, así 
es el espíritu fecundado por el valor: vive 
en una eterna juventud, nunca se extinguen 
las auroras de sus días, los encantos de sus ilu- 
siones, los himnos de sus triunfos: es una es- 

182 



ClUDAbES Y PAISAJEé 

trella siempre alta y luminosa. Decid á un 
espíritu predestinado á brillar en las más ele- 
vadas regiones del heroísmo, que trille los 
caminos habituales de la vida y se oirá ru- 
giente su protesta, porque el cielo se hizo 
para las estrellas y el épico coraje es la voz 
de Dios en el seno de las tempestades: así 
lo atestigua el asentimiento universal, los pro- 
fetas bíblicos y el pueblo de Israel en el Si- 
naí, prosternado, temeroso, entre relámpagos y 
truenos. 

Examinemos la dualidad simultánea del 
valor, que es el sello puesto por la Provi- 
dencia para distinguir á los grandes caudillos, 
á los más famosos capitanes. ¿Se puede medir 
la intensidad del fuego de los volcanes, reco- 
rrer sus cavernas ardientes y respirar en ellas 
la atmósfera enrojecida? Igual cosa pasa 
cuando la naturaleza humana se purifica en 
los moldes del genio y se hace luminosa, in- 
definidamente resistente. Los hombres no se 
explican los actos de los vencedores de im- 
perios y de razas que poseídos de vigor 
moral extraordinario realizan lo que se juzga 
inconcebible. En la dormida sombra de las 
pequeneces habituales, en las corrientes ordi- 
narias de la historia, á la mansedumbre del 
espíritu corresponde la blandura de la vida, ó 
mejor dicho, la tristeza, la penuria del esfuer- 
zo, la desolación del vacío. La luz del sol 
quema porque fecunda y produce una revolu- 
ción en el universo, himno variado y siem- 



JUVENAL ANZOLA 

pre armonioso al mágico conjuro de matices 
y concentos en todas las escalas de los seres 
y regiones de la vida: la luz de las estrellas y 
la de la blanca luna revelan la existencia de 
manera nostálgica, grata á las almas enfer- 
mas, á los corazones románticos, porque á un 
concepto débil no puede corresponder la ga- 
llardía. 

El peligro está de frente: la muerte asoma 
sus fauces: los momentos que transcurren 
asombran, tienen la trepidación de lo trágico 
y es necesario erguirse con proporciones colo- 
sales para dominar la tormenta. Pueden re- 
velarse entonces dos clases de coraje: el de 
aquéllos que no tienen apego á la existencia, 
que su indiferencia les sostiene, que por especial 
condición del ánimo esperan sin agitarse, y el 
de los otros, el de los que sienten el anhelo 
de lo grande, las seducciones de la gloria, el 
alma encendida en nobilísimos ideales. Los 
primeros resisten y resignados con fiereza es- 
toica luchan sin querer conquistar al adversa- 
rio el terreno que ocupa: los segundos son el 
torrente desbordado, el huracán demoliendo 
con sus alas cargadas de rayos, la fuerza mul- 
tiplicándose á sí misma, el valor creciendo 
mientras más grande es la amenaza. En el 
un caso, el valor es una condición del ánimo; 
en el otro, el ánimo en acción. 

Cuando los individuos, los pueblos, las na- 
ciones, los ejércitos y los que ejercen el poder 
sólo tienen la virtud de la resistencia en 



CIUDADES Y PAISAJES 

grado más ó menos fuerte, serán más ó menos 
desgraciados, contentándose con la felicidad 
de la inercia, con el estancamiento de la vida. 
Las medianías y hasta las figuras sobresalien- 
tes sólo poseen una de estas dos cualidades, 
6 ambas de modo secundario. Los hombres 
extraordinariamente grandes, los genios máxi- 
mos son pocos y en ellos se magnifican las 
virtudes del heroísmo y los prodigios de la 
inteligencia. El valor supremo de los grandes 
caudillos no tiene punto de apoyo visible á 
las más escrutadoras miradas, porque en ellos 
por un fenómeno de compenetración, la resis- 
tencia y el esfuerzo son una misma cosa, y 
se suceden en la oportunidad debida multi- 
plicándose mutuamente. 

Es tal el poder sugestivo de los grandes 
caudillos, que cambian el alma de los ejérci- 
tos y de soldados inmóviles como piedras 
hacen atletas entusiastas, invasores inconteni- 
bles como aquellas legiones que los generales 
romanos formaban para pasear ufanos con 
ellas triunfadores, el mundo conocido. Aníbal 
impetuoso y luego resistente frente á Fabio ; 
Scipión, dando á sus ejércitos epidermis de 
acero y espíritu de fuego para sellar la ruina 
de Cartago ; Carlos Quinto, Federico el 
Grande, Napoleón, Bolívar, San Martín, son 
figuras egregias que comprueban que el brazo 
de los grandes guerreros remueve el planeta 
y que detrás del derrotero trazado por ellos 
sólo quedan fulguraciones perdurables, porque 



JUVENAL ANZOLA 

cada genio agrega páginas al libro de los in- 
mortales y crea maravillas en la vía triunfal 
de la humanidad. Los que no miran desde 
las altas cumbres del pensamiento, los que no 
sienten el fuego olímpico de las sublimes as- 
piraciones ni las energías imponderables del 
ánimo convertido en valor, no pueden expli- 
carse racionalmente los triunfos como extraí- 
dos del fondo de las catástrofes, los rejuvene- 
cimientos de la vida en el seno de las 
tempestades, los nuevos escenarios en el estrado 
de las Naciones al mágico hechizo de cam- 
bios inesperados. El pensamiento de los 
genios es el dedo de Dios. 



EL TÁCHIRA FÍSICO, POLÍTICO E ILUSTRADO 



(^^N las regiones andinas de Venezuela varios 
pueblos unidos por una sola idea se han congre- 
gado para levantar tabernáculo al progreso, 
artes, ciencias y civilización. Estas son 
las faenas que acrisolan las virtudes de los 
pueblos, elevan sus aspiraciones, ensanchan sus 
horizontes y encienden en cada hogar el fuego 
sagrado del patriotismo preparando al amparo 
de excelencias cívicas, la prosperidad privada y 
pública y el bello imperio de la felicidad. El 
Estado Táchira por medio de una Gran Exposi- 
ción habla al País el más alto y elocuente len- 
guaje con que se pueden enarrar los opimos fru- 
tos del trabajo, ayudado de las redenciones ma- 
ravillosas de la inteligencia, en los diversos 
campos de la actividad. 

El doctor Emilio Constantino Guerrero como 
patriota y hombre de corazón ha visto con 

187 



JUVENAL ANZOLA 

entusiasmo é indecible placer la apoteosis de sii 
tierra nativa en el más bello torneo que se pue- 
de imaginar, preparado y llevado á efecto por 
sus coterráneos, con lujo de espontaneidad y de 
inteligencia para estimularse mutuamente en las 
luchas incruentas que redimen moral y material- 
mente, y llevan á cada conciencia la grandeza 
inquebrantable de la propia soberanía entre 
himnos majestuosos del patriotismo excelso, 
por puro é inspirado. ¿Cuál deberá ser el con- 
tingente del doctor Gruerrero en esta solemne 
fiesta del trabajo y la virtud? Para el que le 
conozca, para el que sepa que en los dominios de 
su saber y de su inteligencia existen cuantiosos 
y variados tesoros de ideas nuevas y luminosas: 
para el que haya podido apreciar las condicio- 
nes de su espíritu siempre alto y colocado al 
amparo de la verdad y la justicia: para el que le 
haya oído hablar de las bellezas de "Los An- 
des," de sus arroyos cristalinos, de sus ríos tor- 
mentosos, de su vegetación soberbia, de sus 
valles de esmeralda, de sus cumbres eternamen- 
te verdes y del encanto y poesía que á cada paso 
ofrecen miríficos paisajes, sabría que el contin- 
gente del doctor Guerfero tendría que ser como 
radiante sol surgido entre inmensos resplando- 
res á brillar perdurablemente en el cénit, para 
dilatar el imperio de día siempre nuevo y 
siempre bello, que tal es la virtud de cada con- 
quista del espíritu encarnada en la conciencia 
popular. El doctor Guerrero ha publicado un 
libro con el título que dejamos mencionado, el 



188 



CIUDADES Y PAISAJES 

cual podemos calificar de fotografía viviente del 
Táchira esparcida á todos los vientos en alas de 
la imprenta. El plan de la obra es completo, 
pues satisface las aspiraciones más exigentes en 
cuanto concierne al conocimiento del Tá- 
chira, su historia, progresos, riquezas de 
todo linaje, desenvolvimiento moral, mate- 
rial é intelectual. Los veinte capítulos que fi- 
guran en la primera parte de la obra, todos están 
trabajados con delicado gusto, cenarte y cariño: 
son oblación de una inteligencia preclara, ins- 
pirada por los afectos de la tierra nativa que 
habla con la voz de todos los amores en todos 
los tiempos y en todas las situaciones de la vida, 
con elocuencia irresistible á los corazones ge- 
nerosos, á las almas firmes y nobles, que no rom- 
pen en las contiendas de la existencia la cadena 
de rosas que á la sombra bendita del hogar cons- 
tituye los idilios encantadores de los primeros 
años. El doctor Guerrero después de ofrecer 
como en hermoso kaleidoscopio las múltiples 
bellezas que el Táchira atesora en su suelo privi- 
legiado, sus selvas, sus ríos y sus industrias, de 
modo claro y preciso procede á un estudio analí- 
tico y nos revela detaP ts interesantes relaciona- 
dos estrechamente, ora con las ciencias natura- 
les, ora con la administración, ora con la moral, 
ya con las costumbres, ya con las aspiraciones 
populares; todo se vé, se palpa: surgen las cor- 
dilleras con sus mantos de verdor y bajan los 
torrentes como trayendo nieblas en ebullición: 
las campiñas con sus huertos amenos aparecen 

189 



JUVENAL ANZOLA' 

llenas de alegría con sus virtuosos moradores: 
la cabana del pobre y el palacio del rico merecen 
los mismos colores del exquisito pintor con pa- 
labras: se recuerdan las tradiciones nacidas al 
amor de tiempos felices por idílicos: se señalan 
los lugares consagrados por el heroísmo: se esti- 
mulan los sacrificios de la virtud: se aplauden 
los triunfos de los batalladores en todas las esca- 
las sociales y brilla en cada una de las páginas 
del libro el verbo inspirado; y, resuena en to- 
das ellas con armoniosos concentos, himno 
que entusiasma, deleita, arrebata el corazón, 
y mueve el espíritu á las altas regiones de la 
luz y de la poesía. 

El capítulo noveno es por modo especial inte- 
resante: se refiere á las mejoras que deben intro- 
ducirse en El Táchira para hacer más sólidos 
sus progresos, estables y continuados sus triun- 
fos, viva y fulgurante su civilización. Apunta 
en primer término la buena inmigración de raza 
inteligente, honrada y laboriosa; y efectivamente 
en las sociedades de todas las épocas el factor 
principal ha sido el hombre: con buenas costum- 
bres y virtudes cívicas ¿qué pueblo no prospera 
y se mejora elevándose ante sí mismo y los 
extraños? Luego señala la instrucción, pero no 
ésa de relumbrón que consiste en aparatosas é 
insustanciales frivolidades, desgraciadamente 
propias de nuestra raza soñadora y siempre dema- 
siado asida á la esperanza para vivir alimentada 
con grandezas de porvenir quimérico é irreali- 
zable. Necesitamos insuflar sobre los espíritus 



CIUDADES Y PAISAJES 

la instrucción que regenera y forma el carácter y 
el verdadero valor: necesitamos que la instruc- 
ción haga á la juventud dueña de sus propios 
destinos, que ]a enseñe á combatir ya resolver 
prácticamente los problemas sociales: que le 
revele cuáles son los conocimientos útiles y cómo 
deben dirigirse los esfuerzos humanos con más 
ó menos probabilidades de éxito para el mejora- 
miento social y el crecimiento de la vida bajo sus 
múltiples fases y aspiraciones. Señala después 
las vías de comunicación, que es como decir, 
en el aislamiento no han prosperado ni podido 
prosperar las sociedades. La asociación es la 
debilidad irguiéndose en potencia; el progreso 
que demuele y mejora; la libertad que avanza é 
ilumina; la civilización que triunfa y enseña; los 
pueblos que se acercan se complementan en- 
grandeciéndose mutuamente, y es tal la eficacia 
de este principio que Donoso Cortés llegó á decir, 
los pueblos en su infancia creen que comba- 
tiendo se destruyen y resulta que se abrazan. 
Las vías de comunicación son arterias que re- 
velan la vida de las sociedades, el poder de las 
naciones, el prestigio de las ideas y de todo 
cuanto cae bajo el impirio de los sentidos para 
demostrar el alcance material y moral del mo- 
vimiento de las agrupaciones humanas. Des- 
pués examina las crías, la agricultura, las in- 
dustrias, é indica mejoras, divulga métodos, 
comprueba resultados, y todo lo hace exponien- 
do la ciencia que generaliza y el ejemplo que 
convence, con deleite para el hombre pensador y 



191 



JUVENAL ANZOLA 

atractivo para los que necesitan que las cosas 
que se les señalan tengan claridad especial para 
imponerse por sí mismas. Bello libro, que pro- 
porciona horas de solaz a la ilustración y llega 
ala cabafía del pobre á regenerar el espíritu, á 
crear nuevas esperanzas, á difundir la vida, á 
estrechar los lazos de amores envidiables y 
bendecidos, enalteciendo la virtud, el trabajo 
y la ciencia ! 

Como engastados en marcos de oro, labrados 
por hábil cincel, aparece en la parte final del 
libro galería de personajes ilustres que por 
el prestigio de sus virtudes y las prendas pre- 
claras de la inteligencia, trazando como arcos 
de inextinguible luz en el cielo tachirense, 
heraldos del bien, recorrieron los caminos de la 
vida siempre inspirados en generosos y sublimes 
ideales. 

La ofrenda del doctor Guerrero al Táchira es 
valiosa y de trascendencia nacional: acéptela 
con orgullo el patriotismo venezolano. 



EL NUEVO día 



*^^ON paso tardo, las cadenas de la servidum- 
bre á sus pies, ante sus ojos las tinieblas profun- 
das de la larga noche de la ignorancia, vino do- 
lorosamente la humanidad rindiendo la jornada 
de su peregrinaje al través de los tiempos. Aun- 
que hubo triunfos, bellas esperanzas y fulgura- 
ron radiantes luces, el pasado fué como escena 
trágica en la cual para los seres reflexivos 
siempre aparece el ángel del dolor entre des- 
gracias pavorosas, indecibles tristezas é incon- 
tables lágrimas. El hombre era miserable pe- 
queñuelo, remedo escuálido de Sísifo cuando 
no Prometeo atado a^la roca de los propios in- 
fortunios, devorado por febriles anhelos. 

La semilla de las ideas como polen impalpa- 
ble esparcido á los cuatro vientos produjo el 
florecimiento intelectual del mundo, porque la 
humanidad convertida en verbo, engrandecida, 
se alzó hasta la gloria y con el lenguaje irresis- 
tible de la libertad habló á los siervos de todas 



JUVENAL ANZOLA 

las Naciones, conmoviéndolos, hasta lanzarlos á 
la vida del derecho por derroteros luminosos 
é inmortales. 

El escenario del planeta había cambiado ma- 
ravillosamente, pero la tiniebla no desaparecía, 
las ideas se sepultaban en la esterilidad del 
vacío, el pequeñuelo permanecía aislado y la 
humanidad angustiada, ignorante de su destino, 
no se parecía al Gigante Inmortal de los tiem- 
pos modernos que según la feliz expresión de 
un escritor contemporáneo, tiene siempre levan- 
tado un pie hacia el porvenir, en marcha as- 
cendente y eterna. 

¿Cómo brilló la aurora del nuevo día? ¿cómo 
á la tiniebla sucedió luz esplendorosa? ¿cómo 
se acortaron las distancias y no existieron para 
la palabra humana, volando el pensamiento en 
dirección señalada con tanta rapidez como el 
rayo que desciende de la nube? El pequeñuelo 
que no se atrevía á la piedra de Sísifo, armado 
del vapor y de la electricidad desató las liga- 
duras que lo ataban á la roca de innúmeros y 
seculares infortunios, y brillando entonces como 
resplandor de luz divina en su frente, fué su- 
perior á Hércules y á Júpiter. Construye en 
los mares ciudades flotantes, arranca misterios 
á los cielos y á la tierra, y crea la radiante 
aurora de este hermoso día, en el cual vivimos 
llenos de maravillas, esperando á cada instante 
un nuevo prodigio. ¿Adonde llegaremos? Lo 
dirá la electricidad que es la piedra de toque 
del porvenir. 



IIsTDICB 



PAGINAS. 



Prólogo r. V 

¿ Quién era ? 

(Al doctor Emilio Constantino Guerrero) 1 

El Paraíso 8 

Los Teques 

(A Carlos Zuloaga) 15 

Villa Zoila 21 

De Caracas á Macuto 27 

Curita 

(A Manuel Segundo Sán^jliez) 39 

En la Plaza Bolívar 44 

Las Trincheras , 48 

Salida del Tren 51 

El Hotel 

(Al doctor A. O. Jiménez) 54 

Despedida 59 

La Victoria 

(A Eduardo E. Blank) 66 

I 



ÍNDICE 

PÁGINAS. 



Calabozo 68 

Después del baile del Club Concordia '72 

Recuerdos Universitarios 

(Al doctor Juan Pablo Tamayo) 76 

Recuerdos Universitarios 

(Al doctor David Lobo) 82 

Recuerdos Universitarios. — Cecilio Acosta 

(Al doctor Pablo Acosta Ortiz) 88 

Recuerdos Universitarios. — José Martí 

(Al doctor José Gil Fortoul) 94 

Caracas 

(A Ángel Domingo Volcán) 102 

Asociación 

(Al doctor Francisco Arroyo Parejo) 114 

La Mayor Gloria 

(Al General Francisco Linares Alcántara) 118 

El Primer Momento 123 

Revelación 125 

Villa de Cura 128 

Un Paseo á Hato 

(A H. T. Cohén Plenríquez) 130 

Meseniana S- 138 

Lazareto de Cabo Blanco 142 

Maravillas de La Paz 

(Al General Pedro María Cárdenas) 148 

Exposición 

(Al doctor Leopoldo Torres) 153 

Engrandecimiento de Ciudades 157 

Laguna de los Colorados 162 

n 



ÍNDICE 

PÁGINAS. 



Horizontes del Porvenir 

(Al doctor y General: Luis M«ita 167 

AveMulier 172 

Ciudades y Pueblos 175 

Faces del Valor 

(Al General Mariano García)..., 181 

El Táchira físico, político é ilustrado 187 

El Nuevo Día 

(Al bachiller Diego Carbonell) 198 




)