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Full text of "Colección de documentos inéditos papa la historia de España"

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COLECCIÓN 

DE DOCUMENTOS INÉDITOS 

PARA LA HISTORIA DE ESPAÑA 



COLECCIÓN 



DOCllIHENTOS INÉDITOS 

PARA LA HISTORIA DE ESPAÑA 



POK 



EL MAHaUÉS DE LA FUENSANTA DEL VALLE 



TOMO CVIl 



MADRID 

IMPRENTA DE JOSÉ PERALES Y MARTÍNEZ 

Calle de la Cabeza, núm. 12 

1893 



3 

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ADVERTENCIA 



En el tomo LV de esta Colección, publicó el señor- 
Zarco del Valle el Diccionario de artistas valencia- 
nos, escrito por Fray Agustín de Arques Jover. y 
además muchos documentos relativos á pintores, pla- 
teros é iluminadores, así como también las constitu- 
ciones de los plateros de Toledo. 

El público acogió con tal interés la obra, que hace 
ya tiempo se agotó la edición, y animados por este 
ejemplo, nos decidimos hoy á dar á luz el Dicciona- 
rio de artistas cordobeses, que ha formado el ilustra- 
do joven don Rafael Ramírez de Arellano, conocido 
ya ventajosamente como escritor, por sus artículos 
de Arqueología cordobesa y de la Historia de la im- 
prenta de la misma ciudad; á el Diccionario sigue un 
Estudio de la platería en Córdoba y varios documen- 
tos muy curiosos sobre privilegios, exenciones y pro- 
cesos, que la Congregación de plateros obtuvo y ganó 
en pro y beneficio de su arte. 

Del mérito de la obra el público juzgará; nosotros 
sólo debemos decir, que aun cuando no sea más que 



VI 



haber dado á conocer por vez primera á varios ar- 
tistas cuyos nombres no se encuentran en las obras 
de Cean, Palomino y Osorio Bernard, el señor Ra- 
mírez de Arellano ha prestado un servicio muy lau- 
dable á las artes y á nuestra historia patria. 



DICCIONARIO BIOGRÁFICO 



ARTISTAS DE LA PROVINCIA DE CÓRDOBA 



DON RAFAEL RAMÍREZ DE ARELIANO Y DÍAZ DE MORALES 

INDIVIDUO DE NÚMERO 

DE LA ACADEMIA GENERAL DE CIENCIAS, BELLAS LETRAS 

V NOBLES ARTES DE CÓRDOBA 

Y CORRESPONDIENTE DE LA REAL DE SAN FERNANDO 

DE MADRID. 



DISCURSO PRELIMINAR 



Al determinarnos á publicar la colección de biografías de artis- 
tas de la provincia de Córdoba, que forman el cuerpo de esta obra, 
parécenos conveniente y acaso necesario, encabezar los artículos 
biográficos con uno histórico, en donde á grandes rasgos se reseñe 
el desarrollo que ha tenido el arte en esta provincia, en la que, si 
las artes cristianas nunca alcanzaron su más alto vuelo, llegó á su 
mayor apogeo la civilización y el arte de los árabes, durante tactos 
siglos dominadores de la Península ibérica. Esta es la razón que 
nos impulsa á coger la pluma hoy, y para trazar el progreso que las 
manifestaciones de la belleza han tenido en esta parte de España, 
seguiremos la división general hecha por Hegel de arte simbólico, 
clásico y romántico. Excusado es decir que al primer periodo de 
esta división no hay obras en Córdoba ni en su provincia que 
puedan corresponder. Creemos que nunca las hubo, pero si acaso 
no fué asi, hoy del todo se han olvidado y desaparecido. Róstan- 
nos dos periodos de esta división: el arte clásico y el arte román- 
tico; de uno y otro queda algo. Del primero vamos á ocuparnos 
enseguida y del otro nos ocuparemos más adelante, haciendo en- 
tonces una subdivisión necesaria á nuestro objeto, pero que en 
este momento no nos es preciso determinar. 

El arte clásico debió producir en Córdoba muchas y muy her- 
mosas creaciones. Estas eran tales, que no sólo sorprendieron por 
su magnificencia á lo^ visigodos cuando invadieron el suelo de 
España, sino que aun después de lo mucho destruido en las refrie- 
gas civiles, los árabes admiraron el esplendor de los monumentos 
romanos que encontraron en varias ciudades, entre las que figura 
.como una de las principales Córdoba, medio destruida en las re- 



friegas de César y Pompeyo, y en la no menos sangrienta lucha 
contra Agila en el periodo visigodo. Templos, palacios, pretorio, 
anfiteatros, circos y arcos de triunfo, exornaron en tiempos de 
Roma la que después fué cabeza del califato, y aunque de tanto 
esplendor no queda otra cosa que el puente sobre el Guadalquivir, 
tan restaurado y reconstruido que acaso conserve sólo los cimien- 
tos, es indudable que Córdoba fué de las capitales principales del 
Imperio romano, y en ella se tributó honor á la belleza, y en pie- 
dra quedaron marcados los adelantos que el arte bello tuvo bajo 
el dominio de Trajano y Augusto. 

Restos de este esplendor nos han quedado: primeramente el 
puente sobre el Guadalquivir del que un arco es romano, y ade- 
más los hay árabes, ojivales, del renacimiento y hasta de la últi' 
ina centuria; siendo aquel anciano venerable, un compendio, digá- 
moslo así, del arte de todas las épocas, desde la primitiva de su 
fundación, que no sabemos por que causa se atribuye á Julio César, 
nombre con que es conocido. Quedan las ruinas de un edificio 
colosal (tal vez foro como han dicho ilustres historiadores), sobre 
las que se hallan las Casas Consistoriales, plaza del Ayuntamien- 
to, convento de San Pablo y algunos otros edificios, y que ha po- 
dido ser reconocido al abrir la actual calle de Claudio Marcelo, 
en donde se encontraron fortísimos muros, altas, robustas y mag- 
níficas columnas estriadas de mármol blanco (vendidas por el 
Ayuntamiento á una fábrica de tableros de piedra), y capiteles, y 
basas hermosísimas de las que hay muestras en el Museo provin- 
cial. Todos estos restos acusaban en sus lineas grandiosas y ro- 
bustas, el arte romano de la época de los Emperadores españoles 
próximamente. Cercanos á este edificio, en las obras de la casa de 
los marqueses de Cabriñana, hoy Audiencia, en el Instituto pro- 
vincial y en la fonda suiza, se han encontrado pavimentos de mo- 
saico de fina y rica labor, que acusaban la existencia de otros 
suntuosos palacios, y respecto á templos, si es tradicional que 
algunos de los existentes hoy tienen su origen en las primitivas 
basílicas, nada se conserva que concretamente pueda afirmarse. 

Los historiadores cordobeses Ambrosio de Morales, Pedro Díaz 
de !^^vas, Martin de Roa, y otros , se han ocupado en describir un 



5 

templo famosísimo de la época romana y darlo como ilustre as- 
cendiente á la actual Mezquita. Fundábanse en el descubrimiento 
de varias miliarias (tres de ellas halladas al abrir los cimientos 
para el crucero ó catedral nueva) en que se determinaba el núme- 
ro de millas que habia de distancia en el lugar en que estuvieron 
un tiempo, desde el templo de Jano Augusto al Océano; esto es, á 
Cádiz, en donde terminaba el camino militar á que pertenecieron. 
Errados anduvieron nuestros antepasados en esta cuestión, y cuan- 
do la estudiábamos y nos convencíamos del engaño, vino á nues- 
tras manos un erudito escrito del sabio profesor de la Universidad 
de Berlín Mr. Emilio Hübuer, en que se determinaba clara y pre- 
cisamente la situación del indicado templo que estaba en la pro- 
vincia de Jaén y próximamente donde Javalquinto se encuentra. 
La vía militar á que pertenecieron aquellas miliarias fué hallada 
hace algunos años en la calle de San Pablo en Córdoba, y recono- 
cida en unos cincuenta metros, estando formada por grandes losas 
con dos ranuras paralelas, y en ellas tendidas unas planchas de 
hierro análogas á los actuales rails de los ferrocarriles. Esto es lo 
que podemos decir de edificios romanos; de restos sueltos queda 
mucho más. En poder de particulares hay restos de estatuaria y 
de cerámica en gran abundancia, no sólo de Córdoba, sino de 
pueblos de la provincia, y nosotros conservamos algunos, entre 
ellos una hermosa patera y un singular pomo de vidrio azul en- 
contrados en el Monte Real , en Villa del E-ío, donde se supone 
que existió la ciudad de Osobona. En la calle de la Pierna hay 
una de piedra (que dá nombre á la calle) admirablemente esculpi- 
da, y en otros sitios de la ciudad, existen aras, columnas y capi- 
teles de mérito extraordinario. Dos colecciones hay más ricas que 
todas; la formada por el sabio cordobés D. Pedro de Villa-Zeba- 
llos, y está en el patio de su casa en la calle que lleva el nombre 
de tan insigne escritor y la del Museo provincial. En la primera 
hay dos trozos de estatuas y tres ó cuatro cabezas, varias aras, 
algún pedestal de estatua y unas cuantas lápidas sepulcrales, y en 
el Museo se encuentran como los más notables los siguientes ob- 
jetos de los que se ignoran los autores, y acaso alguno sea obra 
del escultor Cayo Valerio, de quien en su lugar se trata. 



Una magnífica estatua de mármol blanco y tamaño natural sin" 
cabeza ni brazos que representa á Minerva. Fué encontrada en 
los cimientos de una casa del Campo de la Merced, y por la finu- 
ra de su trazado y delicadeza de su ejecución , puede suponerse 
que pertenezca á la época de Augusto, la más floreciente de las 
artes romanas. 

Un busto de mármol blanco de tamaño natural y de la misma 
época de la anterior, admirablemente ejecutado, resto sin duda 
de una estatua de algún caudillo ó cónsul romano. Hizo donación 
de él al Museo la Academia general de Ciencias, Bellas Letras y 
Nobles Artes de Córdoba. 

Otra cabeza, también resto de estatua (muy bien conservada), 
do Cayo Calígula. La estatua no debió ser de mármol á juzgar 
por el corte del cuello, ó por lo menos la cabeza era pieza aparte 
del tronco. 

Tres cabezas más de márm.ol algo mutiladas, una de ellas coro- 
nada de pámpanos y hojas. 

Dos Bacos de tamaño académico, uno de ellos admirablemente 
esculpido, y ambos cortados por poco más abajo del cuello, en for- 
ma que permite asegurar que eran figuras de oratorio y que se 
conservan completas. 

Un relieve del bajo imperio que representa una matrona roma- 
na reclinada en el lecho; figura, menor que el tamaño académico, 
regalada por D. Victoriano Rivera y Komero, catedrático del 
Instituto. 

Otro relieve con dos figuras académicas midiendo aceituna, en- 
contrado en una casa de la plaza de Santa Isabel. Parece resto de 
un friso. 

Varias figuritas de barro de unos diez centímetros de altura y 
sólo bustos, que se encontraron en el sepulcro de una peinadora y 
son modelos de ¡os peinados usados en la época; j muchas lápidas, 
urnas cinerarias, ánforas y vasijas, tégulas, armas, capiteles, ba-- 
sas y otros utensilios. 

Esto es lo que nos queda del período clásico; veamos ahora lo- 
que hemos producido en el período romántica. 

Hemos dicho antes, que al tratar del arte romántico ó cristiano^ 



7 

haríamos una subdivisión y ésta es la siguiente: período visigodor 
ó sea arte latino-bizantino; período árabe, arte ogivaly mudejar y 
renacimiento. Después de esta época dejaremos de tratar del arte 
en general y haremos historia de la arquitectura, pintura, escultu- 
ra, grabado y platería, tratando de cada arte en particular hasta 
nuestros dias. 

El período visigodo es uno de los más desconocidos, acaso el 
menos estudiado de todos, y que aún estaría por explotar sin el fe- 
liz hallazgo de las coronas votivas encontradas en Guadamur y sin 
el trabajo tan magistralmente hecho, respecto á ellas, por nuestro 
compatriota D. José Amador de los Ríos, titulado: El arte latino- 
hizantino en Es'paña y las coronas visigodas de Guarrazar, pu- 
blicado en 1861 por cuenta del Estado. 

Por este trabajo, nuestros anticuarios han venido á conocer los 
caracteres que determinan las producciones del arte bárbaro, y ya 
con este conocimiento, marcar como de época tan poco estudiada, 
restos que hasta entonces habían pasado como de la romana unos, 
y como del arte árabe-bizantino los más. Y precisamente los anti- 
cuarios cordobeses son de los que más han sabido aprovechar estas 
lecciones; pues si en Córdoba no hay, como eu Asturias, edificios 
del tiempo de los visigodos, es una ciudad tan llena de recuerdos 
como Toledo, si no más, de aquella época más brillante, artística- 
mente, de lo que se habia supuesto. 

El pueblo visigodo, sorprendido por el esplendor de una civili- 
zación más adelantada que la suya, fué «ni poco tiempo de vence- 
dor vencido, y adoptó en sus costumbres, lenguaje, leyes y bellas 
artes, la civilización ramana, si bien en el arte, ésta se vio modi- 
ficada por los elementos bizantinos y por los propios germanos del 
pueblo que la adoptaba. 

Los visigodos, poco después de estar entre nosotros, restauraban 
los edificios romanos y construían otros nuevos y esplendorosos. 
En Córdoba fundaron muchas iglesias, de las que, variadas del 
todo en su forma, han llegado á nosotros la de San Pedro, antes 
de los tres Santos Eausto, Januario y Marcial, y la de los fraile» 
de los Mártires, que hemos visto demoler con mengua del buen 
nombre de nuestro pueblo que se precia de culto. Otra famosa ba- 



sílica fué la de San Vicente, en donde ae fundó después la Mez- 
quita, y hay noticia también de un templo de San Jorge, cuya 
existencia ha sido muy discutida, y que, según parece más verosí- 
mil, estuvo en donde el convento de Santa Clara, en la calle del 
Duque. Habia además insignes conventos en los lugares más 
amenos de la sierra y un soberbio palacio construido por el padre 
de don Rodrigo en el mismo sitio que hoy el palacio obispal, ó 
acaso en todo lo que se llama el Alcázar viejo. De los materiales 
con que estaban construidos estos edificios, se aprovecharon los 
árabes para su Mezquita, y las once naves de que se componia la 
obra primitiva, ó sea la levantada por Abd-u-Rahman I, están 
sustentadas en columnas, capiteles y cimacios puramente visigo- 
dos y la mayor parte de exquisita labor. No hace mucho tiempo 
que un ilustre escritor de Bellas Artes, gloria de España, ha dicho 
que Abd-u-Rhaman empleó en la Mezquita materiales de Itálica, 
Mérida y Córdoba, pertenecientes á la época romana, y segura- 
mente que esta afirmación no existiría de haber examinado con 
detenimiento los materiales de que está formada. En los cimacios 
campea la cruz bizantina rota apenas en algunos brazos; en los 
capiteles se miran los funículos y palmillas características del 
arte visigodo; en todas partes el cóncavo trazo en bisel del artista 
latino-bizantino está marcado tan claramente que no puede que- 
dar duda del origen de aquellos bellísimos ornamentos, tan origi- 
nales y variados como en ninguna otra ciudad española puedan 
hallarse. En la misma Mezquita existen un ara visigoda colocada 
de pedestal de una pila de abluciones, toda exornada de círculos 
entrelazados y de flores cuatrifolias, y unas celosías ó rejas de 
mármol de lo más característico y puro del arte en que nos ocu- 
pamos. 

Hay restos de este arte, también en el Museo provincial consis- 
tentes en basas, capiteles y frisos de hermosa labor, y quedan dos 
restos importantísimos en una casa de la carrera del Puente y en 
otra de la plaza de la Compañía , que antes fué parroquia de 
Santo Domingo de Silos, El primero es un sepulcro. Estuvo en 
el convento de los Mártires y se supone que fuese al de los santos 
Acisclo y Victoria. Hoy sirve de pilón de una fuente y está ador- 



nado de un relieve central con figuras de medio metro de altura 
y adornos peniculares y estriados. El segundo es un resto de mo- 
saico perteneciente al patio de una casa, en donde estaban repre- 
sentadas las cuatro estaciones, viéndose aún dos de las figuras, 
Pinalmente en varias casas de la población hay diseminados ca- 
piteles pertenecientes á la época que historiamos. 

Un acontecimiento imprevisto, varió del todo la organización 
y el estado de la Península Ibérica en los primeros años del si- 
glo VIII. Los árabes mandados por Tarif, desembarcaron en el 
promontorio que desde entonces lleva el nombre de Gibraltar, bar- 
rieron los ejércitos visigodos que don Rodrigo opuso á su entrada 
y se extendieron por toda la Península hasta los Pirineos, amena- 
zando invadir también la Francia por la parte del E-osellon. En 
Córdoba entraron forzando la puerta de la Estatua, que debió ser 
de construcción romana, y corresponde á la actual del Puente, y 
mandados por Mugueits, y ayudados por los judíos, se enseño- 
rearon de la ciudad, estableciendo en ella primero la residencia de 
los emires ó gobernadores dependientes de la corte de Damasco, 
después el centro del emirato independiente en tiempos de Abd-u- 
Eahman I, y después el califato, cuando otro Abd-u-Rahman. 
el III, tomó este título hasta entonces sólo usado por los Sultanes 
damasquinos. 

Como corte de los nuevos dominadores, es de suponer que la 
trataran de engrandecer; pero en todo el pexúodo que la Penínsu- 
la fué considerada como parte del vastísimo imperio mahometa- 
no, sólo sabemos que se hiciera en ella la reconstrucción del puen- 
te romano que encontraron derribado á su llegada y que nueva- 
mente arrebataron las crecidas del Betis, por lo que Hischam I lo 
hizo restaurar en los primeros años de su reinado. 

Hasta los tiempos de la independencia árabe española, no sa- 
bemos de obra importante que en Córdoba se hiciera. Declarado 
príncipe independiente Abd-u-E,ahman I, sabemos que construyó 
una casa de campo ó almunia, que aún conserva el nombre de 
Az-Ruzafa (hoy la Rizafa), en donde pasaba largos períodos de 
su vida, y á donde se iba por un camino subterráneo, del que 
•queda algún trozo, desde el palacio que habitó, ó sea el qu® 



10 

antes hemos citado como construido por Teodofredo, padre de 
don Rodrigo. 

De este palacio ó quinta de recreo no queda nada, y de su es- 
plendor no podemos juzgar, suponiendo que no seria mucho, toda 
vez que el pueblo árabe aún no había desplegado las galas de su 
genio artístico en la época en que se construyó; sólo sabemos que 
estaba rodeado de amenos jardines en que elevaban al aire sus 
gallardos y verdes penachos las primeras palmas que se planta- 
ron en España, y á las que tan elegantes y apasionados versos 
dirigía el último vastago de los famosos Omeyas. Sabemos tam- 
bién que Abd-u-Rahman hizo empedrar las calles de Córdoba y 
traer á ella abundantes aguas de la Sierra Morena por acueductos 
de los que aún quedan muchos vestigios, y que estaban formados 
por tuberías de plomo que el curioso podrá examinar en el Museo 
provincial y en poder de algunos aficionados. 

Hasta el año 785 ó 786 de la era vulgar, año 170 de la egira, 
nada concreto puede asegurarse respecto al arte árabe cordobés. 
En este año empezó la construcción de la Mezquita que afortuna- 
damente ha llegado á nuestros dias. 

A los cristianos de Córdoba no les habia quedado después de 
la conquista por los árabes más iglesia que la Catedral, respetada 
en virtud de un tratado, y la cual según hemos dicho antes, se 
conocía por la advocación de San Vicente. Todas las demás igle- 
sias habían sido destruidas. Hasta tiempos de Abd-u-Rahman, 
primer Sultán de la dinastía Omiada, fué respetado el tratado an- 
teriormeute dicho; pero en este tiempo, habiendo crecido extra- 
ordinariamente la población de Córdoba, hasta el extremo de que 
eran insuficientes para contener á los creyentes las mezquitas que 
se habían contruido, se pensó y propuso al Sultán por los sirios, 
que debía quitarse á los cristianos la mitad de la Catedral como 
se habia hecho ya en Damasco, Emesa y otras poblaciones de su 
país, y que se convirtiera en Mezquita la referida mitad de la 
Basílica de San Vicente. 

A este propósito dice Dozi: «Aprobando el Gobierno esta ma- 
nera de ser, los cristianos se vieron obligados á ceder la mitad de 
su Catedral. Más tarde, en el año 784, Abd-u-Rahman I, quiso 



11 

que le vendieran la otra mitad; rehusaron expresamente, dicien- 
do que no les quedaría ningún edificio en que celebrar su culto. 
Abd-u-Rahman insistió sin embargo, y por último se llegó á 
una transacción; los cristianos cedieron la Catedral en la suma 
de cien mil dineros (un millón de francos, once del valor actual 
de nuestra moneda), luego que obtuvieron el permiso de reedifi- 
car las iglesias que hablan sido destruidas. » 

La obra se llevó á cabo con extraordinaria precipitación, hasta 
el extremo de que empezada en 785 estaba concluida en 788, esta 
es, en el espacio de tres años, por más que el erudito y concien- 
zudo escritor Adolfo Federico de Schak afirma que se concluya 
en un solo año. «Natural era (dice Schak) que se aprovecharan 
para esto las piedras y otros materiales de más antiguos edificios* 
Sirvieron especialmente las columnas de diversos órdenes, y cuan- 
do unas de acá y otras de acullá fueron empleadas, las que falta- 
ban aún, se hicieron según los mismos modelos á fin de guardar 
cierta simetría. La falta de conocimiento ó quizás la precipitación 
de los arquitectos, fué causa de que sobre las columnas se pusie- 
ran á menudo capiteles que no correspondían á los fustes. Así se 
hizo la primitiva Mezquita que constaba de once naves longitudi- 
nales de N. á S., y de doce transversales de O. á E. según puede 
ho}' verse perfectamente por la estructura de los fustes, capiteles 
y cimacios que sostienen los dobles arcos en que se apoyan los 
techos, y que en la parte perteneciente á la antigua Mezquita, di- 
fieren del resto de ella por el sabor en algunos romano y en la 
mayor parte latino bizantino que presentan. 

Murió Abd-u-Rahman sin haber tenido el placer de concluir la 
Mezquita; pero su hijo Hischan no descuidó la terminación del 
fastuoso templo, y así es que constru3'ó una as-snmua (torre) desde 
la cual había de llamar el almuédano (sacristán) á los creyentes 
para que acudieran á la oración; hizo los as-sicafes, ó sean los si- 
tios destinados á las mujeres, en la parte posterior del templo y la 
almidháy ó sea la parte para abluciones, que estaba colocada al 
Oriente, en el patio hoy llamado de los Naranjos. Schack afirma 
que este Sultán obligó á los cristianos á traer de Narbona no 
pocos restos de los muros para embellecimiento de su templo. 



12 

Siguió á Hischan I en el sultauado y en el mejoramiento de la 
Mezquita Abd-u-Rahmad II, y consta, por el testimonio de Iba- 
Adhari de Marruecos, que en su tiempo se amplió el templo con 
cincuenta codos de longitud por ciento cincuenta de latitud, lo 
cual, suponiendo que fuese por el lado del mihrab, ó sea por el 
lado Sur del edificio, habría de ocasionar la construcción de un 
nuevo mihrab, á no ser que, como afirma don Rodrigo Amador 
de los Rios, la obra se limitase á cuadrar el templo en el que el 
mihrab sobresalía de la primitiva construcción. 

Después de Abd-u-Rahman II vino á ocupar el trono de Cór- 
doba Muhammad, su hijo, que hizo se adornaran con inscripcio- 
nes y aleyas alcorámicas los arrabats de las puertas de entrada 
del templo, y además construyó la maksura, ó sea el lugar apar- 
tado en la parte más santa del templo, en donde el Sultán y los 
de su casa habian de hacer las oraciones. 

De estas obras se conserva memoria exacta en la portada lla- 
mada de San Esteban, en el muro de la calle de Torrijos, donde 
en dos inscripciones se encuentran respectivamente el nombre de 
Muhammad y el año 855 de la construcción. 

Siguió á la obra de Muhammad la de Abd-ul-lah, que construyó 
la cámara del tesoro, reparó los assicafes, y sobre todo mandó 
construir un camino cubierto entre la Mezquita y su palacio, por 
el cual pudiera acudir al templo sin penetrar por las puertas des- 
tinadas al ptiblico en general. De este pasadizo, que ha existido 
hasta fines del siglo XVII, no ha quedado ni rastro siquiera en 
la fastuosa Mezquita de los Omiadas. 

Durante este período, que comprende desde fines del siglo VIII 
hasta mediados del IX, ni un solo nombre de escultores, tallistas y 
arquitectos nos dan los escritores que en él se han ocupado; pero en 
los fustes de la primitiva Mezquita se ven los de Mostauz, Jayr y 
Mosabarak, constructores, sin duda de los que, según Schak, se hi- 
cieron á imitación de los recogidos en edificios antiguos. Quiénes 
fueron los arquitectos que trabajaron en obra tan peregrina es impo- 
sible saberlo: acaso fuera alguno Farkid-ibn-Aun-el-Aduani, cons- 
tructor de la fuente Ain Parkid, de quien habla don José Antonio 
Conde en su Historia de la dominación de los árabes en España. 



13 

Llegó el siglo X, y con él el periodo más floreciente del arte 
árabe, como del imperio árabe de Occidente. Al ocupar el trono 
Abd-u-Rahraan III, Córdoba había crecido y se había engrande- 
cido tanto, que contaba doscientas mil casas, seiscientas Mezqui- 
tas, cincuenta hospitales, ochocientas escuelas públicas y nove- 
cientos baños. La unidad del imperio estaba asegurada, las es- 
cuelas de Córdoba eran el centro del saber de todo el mundo y las 
artes competían con las de la fastuosa Bizancio. Ya no se utiliza- 
ban para las construcciones restos de otras anteriores y de indí- 
gena procedencia; ya los edificios no resultaban heterogéneos en 
su conjunto; ahora habia unidad de estilo, variedad en los capri- 
cbosos y originales adornos, y si bien el arte recibía la influencia 
del griego y el sabor bizantino campeaba en todo, no eran los ar- 
quitectos y tallistas árabes unos vulgares copistas; eran origina- 
les en sus obras de espontánea y fácil ejecución. Bien es verdad 
que aun en la primitiva Mezquita habia algo original: los arcos 
superpuestos, hasta entonces no empleados en edificio alguno. 

El califato trajo consigo el lujo, y con él el culto del arte. Por 
doquiera se levantaban palacios, casas de recreo en el campo, es- 
cuelas suntuosas, y sobre todas aquellas construcciones domina- 
ban por su belleza sin igual los magníficos palacios de Medina 
Az-Zahra y Medina Azzahira, construcciones de Abd-u-Rah- 
man III la primera, y de Al-Manzur la segunda. 

Pero de estos palacios nos ocuparemos más adelante; hablemos 
ahora de la Mezquita aljama hasta su conclusión por el famoso 
hagib de Hischan II. 

El primero de los Califas que se dedicó á embellecer la Mezqui- 
ta fué Abd-u-Rahman III. Hakan II y Hischan II, por medio de 
su ministro Al-Manzur, la engrandecieron y ampliaron. 

Dos obras importantísimas hizo Abd-u-Rahman. La primera 
fué el muro de la Mezquita, correspondiente al patio, que sin duda 
amenazaría ruina, puesto que se reconstruyó, afirmando sus ci- 
mientos en el año 958, en Enero ó Febrero por mano del arqui- 
tectn Said-ibn-Ayub, según reza una inscripción que en caracte- 
res cúficos, de elegante forma, se mira aún á un lado del arco de 
Bendiciones ó de las Palmas. La segunda fué una nueva as-samua 



14 

ó toi're que, según el testimonio de Al-Maccari, medía la altura 
de 73 codos, y que por mucho tiempo pasó por ser la primera en- 
tre todas las torres de las Mezquitas españolas. 

«Muerto Abd-u-Rahman, dice don Rodrigo Amador de los 
Bios en sus Inscrifciones árales de Córdoba, abría Al-Hakam 
su reinado, disponiendo como primer acto de su gobierno á 
los cuatro dias trascurridos de la luna de Ramadhan de aquel 
año de 356 E. (961 J. C), que bajo la dix-eccion de su hachibg 
«espada de su reino», Chaafar-ben-Abd-er-Rahman, el Ssicla- 
vi, se diera principio á la ampliación de la Mezquita, hacien- 
do el acopio necesario de materiales para la cimentación de la 
obra con que pensaba engrandecer el templo. El mismo, con sin- 
gular solicitud y notoria predilección, visitaba frecuentemente loa 
trabajos, y hasta hacía por sí propio las mediciones, llamando 
para auxiliarle á los maestros y geómetras, los cuales trazaron 
el nuevo edificio desde la parte anterior hasta la posterior de la 
Mezquita, comprendiendo esta ampliación en su longitud las once 
grandes naves longitudinales de que se hallaba aquella formada 
desde los dias de Abd-er-Rahman I.» 

Para la construcción del mihrab se entabló una cuestión sobre 
el lugar que habia de ocupar. Sostenían unos que debía estar si- 
tuado al Oriente, como estaba en Az-Zahra, mientras otros pre- 
tendían que estuviera á Occidente. Esta cuestión fué resuelta por 
el Califa, siguiendo el parecer de Abu-Ibrahim, y el mihrab fué 
construido al Mediodía, en cuyo sitio es hoy la admiración de to- 
das las personas amantes de las artos bellas, y en especial dolarte 
árabe bizantino, del que es en España el ejemplar más preciado. 

La ampliación de Al-Hakam II fué la prolongación de las once 
naves de la primitiva Mezquita hasta el lugar sagrado, ó mihrab 
que hoy se mira; esto es, noventa codos de longitud, siguiendo el 
parecer de Iba-Adhari de Marruecos. 

Afortunadamente para la historia del arte, ha quedado memoria 
de los artistas que labraron esta maravillosa creación de los ára- 
bes españoles. El arquitecto que lo construyó, y cuyo nombre debe 
figurar al lado de los primeros del orbe, fué Motharrif-ibn-Abd-u- 
Rahman, y los cinceladores que dibujaron en piedra aquellas labo- 



15 

res, que más parecen encajes de filigrana qué adornos de mármol, 
fueron Bedr, Bedr-ibn-al-Hayyan, Cohem, Tharig, Nassr y Ca- 
aim. Sus nombres, trazados por ellos mismos, se encuentran en las 
muchas insci'ipciones que decoran el mihrab y en un fuste de las 
naves que le preceden. 

Otra ampliación, tan notable como la que acabamos de referir, 
se verificó en la Mezquita aljama en los tiempos en que gobernaba 
la España árabe á nombre de Hischan II el hagib Al-Manzur. 

Ocho naves fueron añadidas á las primitivas de Abd-u-Rah- 
man, 1 y por eso hoy son diecinueve las que componen este templo 
singular. Se dio principio en el año 977, y en dos años y medio 
quedó terminada la obra, en la cual ningún otro califa ni sultán 
habia de hacer reformas. La Mezquita era la obra del califato cor- 
dobés y quedó terminada cuando el califato murió. Los cristianos 
son los que después se han permitido reformarla, y pluguiera á 
Dios que no lo hubieran intentado nunca. 

Los marmolistas que labrai'on los fustes de esta ampliación 
también dejaron grabados sus nombres en la piedra, y allí se en- 
cuentran los de Tsmil, Tasrir, Mobarak, Mondzir, Masúd, Kabir, 
Jalem-al-Amery, Hachchid y Amin. 

Más de un siglo se empleó en la terminación de este soberbio 
edificio que vino á constituir el modelo estético de todas las Mez- 
quitas. Así como la Catedral ogival encarna el ideal ci'istiano, con 
sus muros cerrados al exterior, sus puertas pequeñas y rehundi- 
das, sus fachadas triangulares, sus bóvedas, más altas en cada 
nave, según se acercan á la central, y ésta, más alta aún ante el 
altar, en donde se eleva al espacio y se abre en ventanas para re-' 
cibir la luz de la altura y abrir paso á las oraciones de abajo, la 
Mezquita cordobesa, respondiendo también al ideal de su religión, 
muestra en su exterior aspecto de fortaleza que hay que conquistar 
por la espada; abriga en su seno huerto pensil donde las fuentes 
lucen alegres surtidores que se rompen en cambiantas de luz, y 
verdes naranjos de dorados frutos, como un recuerdo del Paraíso, 
y por un lado las calles de árboles se truecan en calles dé mármol, 
y en el misterio de su fondo se halla el santo recinto donde se 
elevan á Aláh las oraciones del mundo. 



IG 

Antes de pasar adelante en la historia del arte cordobés, permí- 
tasenos copiar aquí la bella descripción que hace de la Mezquita 
el barón Adolfo Federico de Schak, en su obra La poesía y el arte 
de los árabes en Esfaña y Sicilia, traducida por nuestro ilustre 
compatriota D. Juan Valera. Dice así: 

«La obra completa, tal como vino á terminarse en más de un 
siglo, por el esfuerzo de muchos principes, formaba un paraleló- 
gramo que se extendía de Norte á Sur. Una alta muralla almena- 
da la rodeaba como á la fortaleza de la Fé. Veinte puertas revesti- 
das de planchas de bronce, de un trabajo admirablemente hermo- 
so, daban entrada al amurallado recinto. Por el lado del Norte 
descollaba el alminar de Abd-u-Rahmau, en cuya cumbre, sobre 
el pabellón del almuédano , brillaban más que el resplandeciente 
sol de Andalucía, tres granadas, dos de oro puro, y de plata la 
tercera. Cerca de este alminar estaba la principal entrada al pa- 
tio, circundado por tres lados de columnatas, y donde, entre um- 
bríos naranjos, se veia la fuente para las abluciones. A lo largo 
del costado del patio que era el del Sur, se extendía la parte te- 
chada del templo con sus innumerables calles de columnas, no 
como puede creerse, según su estado actual, cerradas por un mu- 
ro, sino según el uso primitivo, como en las más de las Mezquitas 
de Oriente, abierto todo hacia el patio, de suerte que la vista po- 
día penetrar desde la claridad del dia en la santa oscuridad délos 
arcos y bóvedas. Avanzando más se cree uno como perdido en un 
primitivo bosque de piedra, que por todos lados parece extenderse 
hasta lo infinito. Más de mil y cuatrocientas columnas, reposando 
sobre pedestales de mármol, tomados de antiguos edificios y nota- 
bles por la variedad de sus capiteles, sustentaban sobre pilares 
cuadrados la primorosa techumbre, ricamente esmaltada y cubier- 
ta de escultura. 

Esta escultura estaba hecha en una clase de pino peculiar de 
Berbería, y muy duradero y resistente. A lo largo del muro habia 
ventanas y placas de mármol, prolijamente esculpidas; revestían 
el muro hasta el techo. De una columna á otra se extiende un arco 
de herradura, y por cima, yendo de pilar á pilar, se alza un se- 
gundo arco redondo. Andando por este laberinto de diecinueve 



17 

largas naves, que otras treinta y tres atraviesan, se llegaba á un 
muro ricamente pintado y adornado de pequeñas almenas, tal vez 
calado como una verja, el cual circundaba la parte más santa de 
la Mezquita. Este muro estaba al Sur, en lo edificado por Ha- 
kam II, y abrazaba las cinco naves del medio, de las once que en 
un principio formaban el edificio, de modo que de un lado y de otro 
sólo quedaban tres largas naves. 

El espacio cercado así contenia ciento nueve columnas, y se ex- 
tendia de Occidente á Oriente setenta y cinco toesas, y desde el 
Norte hasta el muro del Sur de la Mezquita veintidós. Esto era la 
maksiira. 

El Califa llegaba á ella desde su palacio por un camino cubierta 
y una puerta que se bailaba en la muralla del Sur. En medio de 
la maksura tenia el Califa su asiento. Mientras tanto, estaba sin 
duda alguna para el pueblo también la entrada libre. Tres precio- 
sísimas puertas conducían desde lo restante del templo á lo inte- 
rior de la mahsura . 

Las miradas de quien las atravesaba eran al punto limitadas 
por la muralla del Sur de la Mezquita y deslumbradas por la rica 
pompa de mosaicos y mármol dorado de que estaba cubierta. Allí 
se veía, si es lícito valemos de esta expresión, el Sancia SanciO' 
riim, consistente en tres capillas contiguas, con arcos de herradu- 
ra dentellados, de una labor maravillosamente rica. Estas capillas 
estaban, principalmente en el muro del Sur, cubiertas de reful- 
gentes y preciosos mosaicos, hechos con piedrecillas ó con pedazos 
de vidrio dorados ó de colores, donde habia, ya sentencias del 
Corán ú otras inscripciones en letras cúficas, ya lazos de flores y 
otros encantadores arabescos de esplendente colorido sobre fondo 
de oro. La mayor y más deslumbradora de estas capillas era la 
del medio, techada por una gran cúpula de mármol blanco, de la 
cual pendía una enorme lámpara. Al lado del Sur se hallaba el 
mihrab principal. Este era un nicho que tenia por base un octó- 
gono y que por encima terminaba en una gigantesca concha de 
mármol; todo lo cual reflejaba en torno los resplandores de sua 
adornos de mosaico. La nave que desde la puerta del Norte con- 
ducia á este santuario supremo, era más ancha que las otras y se 
Tomo CVII. 2 



18 

distinguía por una más rica ornamentación en los arcos y en los 
capiteles de las columnas. A la derecha del miTira,!) se veía el ál- 
minobar, ó pulpito, suntuoso y bello por su artística labor y por 
las preciosas maderas de que estaba formado. Enfrente del mihrab, 
algo hacia el Norte, habia una tribuna, ó balcón, sostenido en co- 
lumnas, llamado mahjil ó diAAe, con dos atriles á los lados. Innu- 
merables lámparas, unas de plata pura, otras de bronce fundido, 
<ie las iglesias cristianas, colgaban de las bóvedas. Pródigamente 
estaban difundidos el mármol de diversos colores, el oro y los mo- 
saicos, por todo el edificio. 

Ni faltaban tampoco figuras esculpidas ó pintadas. En dos co- 
lumnas rojas se veian representaciones ó imágenes de la Sagrada 
escritura y de las tradiciones mahometanas. En otros puntos 
•estaban figurados los siete Durmientes de Efeso y el cuervo de 
Noé. Esto daba claro testimonio de que el Islam no prohibe en 
absoluto la representación de seres vivos, ya que los había en 
aquella Mezquita, por cierto una de las más santas del mundo 
muslímico. » 

De esta brillante manera aunque con algunos errores, recons- 
truye Schak la Mezquita de Córdoba, después de visitar detenida- 
mente las de Egipto, Turquía y la Argelia, y después de un 
minucioso y concienzudo examen de los escritos de Al-Makkari, 
Al-Bayan y Edrisi. Su rica imaginación se ha elevado y nos da 
un fiel retrato (á nuestro entender), de lo que debió ser este sun- 
tuoso templo en la época del esplendoroso califato de Córdoba. 

Retrocedamos ahora al siglo X y á los tiempos del Califa Abd-u- 
líahman III. Cuéntase que una de las concubinas de este ilustre 
Príncipe, dejó á su muerte una cuantiosa fortuna, y que el sultán 
ordenó que con ella se rescatasen cautivos árabes en los reinos 
fronterizos; pero como aconteció que numerosos emisarios recor- 
rieron los reinos de León, Castilla, Navarra y el condado de 
Barcelona, y no hallaron cautivos que redimir, el tesoro quedó 
sin aplicación. Tenia entre sus esclavas Abd-u-Rahman una á 
quien amaba extraordinariamente, y esta fué la que sugirió al 
monarca la idea de gastar aquellas riquezas en un suntuoso pala- 
cio extramuros de la ciudad, como lugar de recreo, el que después 



19 

vino á ser una ciudad populosa, tomando del nombre de la esclava, 
el de Medina Az-Zahra. 

En 936 ó 937 de la era vulgar, se empezó la construcción del 
famoso palacio. Dícese que An-Nasir encomendó sus planos al 
más famoso de los arquitectos de la corte de Oonstantinopla, y de 
allí vinieron no sólo las trazas sino parte de la ornamentación, 
puesto que el mosaico conocido por foseifesa, que aún se mira en 
el lugar sagrado de la Mezquita Aljama, fué un regalo hecho á 
An-Nasir por Constantino Porfirogéneto, y todo él empleado en 
Medina Az-Zahra, obrado en Córdoba, eu la fábrica que montó el 
Califa á cargo de los artistas que el mismo Emperador de Oriente 
le enviara. El edificio estuvo situado á unas tres millas de distan- 
cia al Noroeste de Córdoba, en lo que hoy se llama la dehesa de 
Córdoba la Vieja, y estaba distribuido en tres partes: una que era 
el Alcázar del monarca, se apoyaba en la montaña llamada de la 
novia ó sea giebal-al-aríís; otra al Mediodía para que viviese la 
servidumbre, eunucos y guardias, y la tercera más desviada de 
la montaña, compuesta de jardines y huertas de recreo. En estas 
viviendas se alojaban 6.300 mujeres del Califa entre concubinas y 
sirvientes, que tenían á su disposición 300 baños, 12.000 eunucos 
y guardias, y 3.750 pajes y esclavos, todos vestidos magnifica- 
mente y costeados por el Califa. La parte ocupada por pajes y 
eunucos se componía de 400 casas, y en la manutención de tanta 
gente se gastaban todos los días 13.000 libras de carne, aparte de 
las gallinas, perdices y clases de pescado que se les entregaba sin 
tasa. 

La construcción de estos palacios duró hasta 961 en que murió 
su fundador. De ella dice don Pedro Madrazo en el tomo de Cór- 
doba, de la obra España, sus monumentos y artes: «Ocupáronse 
en estas grandes obras desde el año 325 de la Egira (A. D. 936 
á 7), por espacio de muchos años, el mismo Abde-r-E.ahman en 
persona, su hijo Al-Hakem, varios arquitectos y doce artífices 
cristianos de grande habilidad: y había además tres hombres 
entendidos comisionados para traer mármoles de África, que eran 
Abdullah, el inspector principal de las obras Hasam Ibrr-Moham- 
jnad, y Alí-ben-Ja'far, á quienes pagaba An-Nasir 10 diares de 



20 

oro por cada trozo ó fuste de mármol grande ó pequeño puesto eu 
Córdoba. Era tal el placer que el Califa experimentaba eu dirigir 
por si mismo las construcciones, que entregado á su pasión de 
lleno, llegó en una ocasión á faltar tres viernes consecutivos á la 
azalá de la Aljama, y al presentarse el cuarto viernes, el austera 
teólogo Mundhir-ben-Sa'id que predicaba aquel dia. aludió á él en' 
su plática, y delante de todo el gentio le amenazó con el fuego del 
infierno. 

Gastábanse en la edificación diariamente 6.000 sillares de todos 
tamaños y formas, labrados y sin labrar, sin contar el ladrillo y 
la piedra tosca empleados en los cimientos; conducían los mate- 
riales 1.400 acémilas y 400 camellos del Sultán y 1.000 muías d& 
alquiler. Cada tres dias se consumían 10.000 cargas de cal y yeso. 
Columnas grandes y pequeñas, de sosten y de peso, entraron más 
de 4.300 traidas algunas de Roma; 19 de tierra de cristianos, pro- 
bablemente de Narbona; 140 regaladas por el Emperador griego; 
1.013 de mármol verde y rosa de Cartagena, de África, Túnez y 
otras plazas de allende el Estrecho; las demás sacadas de las can- 
teras de Andalús, como las de mármol negro y blanco de Tarra- 
gona y Almería, y las de mármol de aguas de Raya. Los opera- 
rios y esclavos empleados diariamente eran 10.000; tenian de jor- 
nal unos un adiram y medio, otros dos adirames y un tercio. El 
gasto hecho en las obras de Az-Zahra ascendió anualmente á 
300.000 dinares durante el reinado de An-Nasir, y habiéndose for- 
mado el cómputo de su coste total en los veinticinco años transcurri-^ 
dos desde el de 325 al 350 en que murió el Califa, resultó haber 
gastado en aquellos palacios siete millones y medio de dinares ó 
pesantes de oro. Asegúrase qua las hojas de sus puertas de todas- 
dimensiones eran 15.000, revestidas de hierro bruñido ó cobre 
dorado y plateado. Sufragóse este inmenso gasto con el tercio de 
las rentas del Imperio destinado á las construcciones y obras pú- 
Iblicas. 

Sería cosa interminable el referir una por una todas las bellezas 
que el arte y la naturaleza de consuno habían aglomerado en el 
delicioso recinto do Medina Azzahra; bellezas realzadas con el es- 
plendor de la corte. La muchedumbre de los soldados, pajes, eu- 



21 

nucos y esclavos de todos países y religiones, costosamente vesti- 
dos de seda y brocado, que circulaban por sus anchas calles, y los 
grupos de jueces, katibes , teólogos y poetas que gravemente pa- 
seaban aquellos suntuosos salones, aquellos espaciosos vestíbulos 
y antecámaras. Había allí, además del regio alcázar , viviendas 
magníficas para hospedar á los altos funcionarios del Estado ; allí 
.acueductos que mantenían con el agua de la sierra en perpetuo 
verdor las huertas y vergeles; allí jardines con toda clase de flo- 
res y boscajes de azahar, de mirto y de laurel; allí sorprendentes 
juegos de aguas y fuentes, estanques y lagunas de todas formas; 
allí cenadores y deliciosas umbrías en que guarecerse de los ar- 
dores del estío. Los historiadores de aquel tiempo, los oradores y 
poetas , agotaron los raudales de su elocuencia describiendo aque- 
llas maravillas. Cuantos forasteros la visitaban en los días de 
Al-Hakem, cuando ya la nueva población había llegado á su apo- 
geo, confesaban no haber otras semejantes en los vastos dominios 
.del Islam. Los viajeros de lejanas tierras , los príncipes , los em- 
bajadores, los traficantes, peregrinos, teólogos y poetas más fa- 
miliarizados con las construcciones de aquella especie , todos re- 
conocían no haber visto nada comparable en el mundo. Y" en ver- 
dad que sólo el terrado de mármol pálido que se elevaba en un 
alcázar al Mediodía dominando sus jardines , los pabellones de 
Oriente y Occidente que sobre él descollaban , el salón dorado del 
pabellón circular que ocupaba el centro ; sólo las incomparables 
labores de su arquitectura, la belleza de sus líneas y proporcio- 
nes, la riqueza de su ornamentación interior, ya de mármol lu- 
.cieute, ya de oro deslumbrador ; las columnas de caprichosos jas- 
pes, las pinturas émulas de los más floridos vergeles; sólo su lago 
de líquida plata, sus cisternas perpetuamente llenas de purísimas 
aguas; sus preciosas fuentes ornadas de bajos relieves; cada uno 
de estos objetos de por sí hubiera sido suficiente para hacer los 
palacios de Azzabra superiores á los de Bagdad , Damasco y 
Constantinopla. 

Entre sus maravillas se distinguían el pabellón central, las 
fuentes y la Mezquita. Estaba el mencionado pabellón sostenido 
*en columnas de mármol de aguas, taraceados de rubíes y perlas. 



22 

con capiteles de oro; llevaba el nombre de Salón de loa Califas 
(Kasru-1-K'holafá), porque en el advenimiento de éstos al trono, 
debia hacerse allí su jura y proclamación. Las paredes estaban 
cubiertas de oro y mármoles trasparentes de diversos colores; su 
techo lo mismo, y pendía de su centro una perla de incomparable 
tamaño y valor, que entre otros preciosos dones, habia regalado 
á An-Nasir, el Emperador Constantino Porfirogéneto. Las tejas 
de este pabellón eran de plata y oro alternadas. Ocupaba el cen- 
tro del magnífico recinto un estanque de pórfido, lleno de purísi- 
mo azogue, que limitaba una arquería poligonal de ocho arcos de 
herradura de ébano y marfil, incrustados de oro y piedras precio- 
sas, sobre columnas de mármol pulido y cristal. Cuando penetraba 
el sol por ellos, sólo el reflejo que producían sus rayos en el techa 
y las paredes, bastaba para cegar á cualquiera; así cuando An- 
Nasir quería intimidar á algún personaje de cuya lealtad no esta- 
ba seguro, con una seña que hiciese á uno de sus esclavos, al pun- 
to la masa de azogue empezaba á moverse, y sus vividos reflejos 
producían en todo el salón unas luces como relámpagos deslum- 
bradores. 

No seguiremos á don Pedro Madrazo en su narración de las sun- 
tuosas ceremonias que se celebraban en aquella mansión de hadas; 
pero sí copiaremos los últimos párrafos de su descripción para 
completar la idea de la magnificencia de la residencia de los Cali- 
fas de Córdoba. 

«Hemos dicho que las fuentes eran uno de los principales orna- 
tos de aquellos alcázares. Ben-Hayyan asegura que nada habia 
comparable á las dos que trajo de Asia, para Au-Nasir-Ahmed el 
griego, tanto por su esquisito trabajo como por el valor intrínseco 
de su materia. Eran desiguales en forma y tamaño: la mayor, de 
bronce dorado, con bajo relieves de figuras humanas, bellamente 
esculpidas, y la condujeron desde Constantinopla á Córdoba, el 
referido Ahmed y el obispo Rabi. La menor era de mármol verde 
y fué adquirida en Siria, y se consideró por todos los inteligentes 
como un verdadero prodigio del arte. En cuanto llegó á poder del 
Califa^ dispuso éste que fuera colocada en la alcoba ó dormitorio 
del pabellón oriental, conocido por el salo7i de la familiar ¿dad y 



23 

del solaz, y mandó agregar á su ornato doce figuras de oro berme- 
jo incrustadas de perlas y esquisita pedrería, labradas en los 
talleres reales de Córdoba, representando diversos animales. Pu- 
sieron en ella un león entre un antílope y un cocodrilo; al lado 
opuesto un águila y un dragón, y entre ambos grupos una paloma» 
un halcón, un pavo real, una gallina, un gallo, un milano y un 
buitre. Todos estos animales eran huecos y vertían en el tazón de la 
fuente chorros de agua cristalina. 

La Mezquita de Azzahra, templo de estupenda estructura, pre- 
ciosamente labrada en todas sus partes, de noventa y siete codos 
de largo de la algwfia á la quiblah, sin contar el milirah, y de 
sesenta y uno de ancho, fué obra de cuarenta y ocho días, habien- 
do An-Nasir empleado en ella diariamente mil obreros entendidos, 
de los cuales, trescientos eran albañiles, doscientos carpinteros, y 
los demás canteros, escultores, doradores, esmaltadores, mosaicis- 
tas, pintores, estucadores, tallistas, herreros, broncistas, etc. 
Contenia cinco naves; la central de trece codos de anchura, las 
demás de doce, y un patio de cuarenta y tres codos, de la algufid 
á la quiblah, enlosado de mármol rojo, en cuyo centro había una 
fuente que vertía sin cesar un agua purísima. Tenía esta Mezqui- 
ta una zoma ó alminar cuadrado de cincuenta codos de altura. En 
la makstiraJí, de construcción y ornamentación maravillosas, ha- 
bía un pulpito ó mimbar de sorprendente riqueza. » 

Tal es la descripción hecha por el Sr. Madrazo, análoga á la 
que don Francisco Javier Símonet, tomada de escritores árabes, 
trae en su leyenda que lleva el título de esta fastuosa ciudad. Ni 
uno ni otro nos dan noticia de los artistas que la labraron. Nos- 
otros sólo hemos encontrado el nombre de un marmolista, Muda- 
far, en un fragmento que hoy posee don Aurelíano Fernandez 
Guerra. Sin embargo, on otros fragmentos y capiteles diseminados 
acá y acullá, y acaso provinentes de Medina Azzahra, se encuen- 
tran nombres ilustres de tallistas que pueden competir con los 
prodigiosos artistas que labraron el miJirab de la Mezquita aljama, 
tales como Karím, Fotuh, Fatah y Ahmed-Ibn-Fatah, todos ellos 
contemporáneos de Abd-u-Rahman III y de Hakam II. 

El segundo Califa de Córdoba halló á la muerte de su padre ter- 



24 

minados los alcázares y jardines de su imperial morada, j' en ellos 
nada tuvo que hacer; pero sí le añadió algo, acrecentando la ciu- 
áad agrupada alrrededor del primitivo palacio. Los años de su 
reinado, hasta el de 976, en que bajó al sepulcro, ya hemos visto 
que los consagró á la ampliación de la Mezquita de Córdoba, con 
lo que ganó tanta fama de bienhechor de las artes como á su pa- 
dre cupo. 

Esta prodigiosa mansión tuvo poco después una efímera, pero 
no menos fastuosa rival. En el último tercio del siglo X goberna- 
ba la España árabe á nombre de Hischan II, el hagib Abu-Amer- 
al-Manzur, y su poder, tras de sus famosas gazuas, tué tan grande, 
que llegó á titularse melic carim (noble rey). 

Tenia este ministro sus alcázares al Norte del palacio real, y sus 
jardines se extendían á todo lo que hoy es huerta del rey, entre el 
campo del Moro y las eras de la Salud; pero no satisfecho con 
aquella morada, quiso construir otra que compitiese en lujo y be- 
lleza con las portentosas mansiones de Medina-Azzahra. 

Estos palacios, que rodeados de otras viviendas al Este de Cór- 
doba, vinieron á constituir una nueva ciudad, fueron conocidos 
con el nombre de Medina-Az-Zahira. Descripción parecida á la 
hecha de la fundación de An-Nasir, podríamos hacer de estos al- 
cázares, y quien desee verla la hallará muy por extenso en la le- 
yenda árabe del Sr. Simonet, que lleva el nombre del invencible 
caudillo, terror de las monai-quías cristianas de la Península. 

Estas construcciones tuvieron una vida efímera. La fundación 
de Al-Manzur, fué quemada por los bereberes mandados por Su- 
leiman en 1010, y destruida por completo. Los mismos saquearon 
el palacio de An-Nasir. De éste, sin embargo, quedaron en pié 
los muros, que se conservaban en tiempos de la reconquista. Hoy 
se sabe dónde están las ruinas del segundo; del primero se ignora 
hasta el lugar que ocupó. 

Aún duran en Córdoba dos edificios más de la época de la do- 
minación de los árabes, y son dos baños; el uno está en la calle 
de su nombre, y el otro en la de Céspedes. Ambos están en un 
estado de lamentable ruina, pero acusan en los capiteles que los 
adornan que debieron ser dos bellos y elegantes edificios de la me- 



25 

jor época del califato. También es árabe el molino de la Albolafia, 
en las inmediaciones del puente. 

Tal es la historia del período árabe, que en Córdoba no llegó á 
revestir durante la dominación otro carácter que el bizantino. Ni 
los almohades, que prestaron á las artes carácter peculiar, como 
se observa en los monumentos sevillanos, ni los bereberes, que hi- 
cieron del arte morisco el propio y característico arte muslime de 
España, cuya representación brillantísima se observa en la Alham- 
bra de Granada, dejaron huella de su paso en Córdoba. Lo que 
queda es todo del período robusto y grandioso, del esplendoroso 
arte del califato, rival del de Bizancio, si no su vencedor; arte tan 
prodigioso, que hace decir al Sr. Madrazo lo siguiente: 

«Al considerar estos preciosos indicios de la gran pureza á que 
llegó el arte bajo el reinado de Abde-r-E,ahman III y de su hijo 
Al-Hakem II, casi se atreve uno á creer que los árabes-españoles 
sintieron mejor que los bizantinos la belleza del arte helénico, y que 
muchos elementos de la arquitectura griega de los buenos tiempos, 
revivieron en el arte andaluz de los siglos IX y X, hallándose casi 
proscritos por la arquitectura de Bizancio.» 

rinalmente, además de la Mezquita, de la Albolafia y de los 
baños, haj' en Córdoba muestras del arte árabe en los infinitos 
capiteles y basas diseminados por casas y calles de la ciudad, en 
todas las colecciones de particulares y en la del Museo provincial, 
que ha recogido brillantes trozos ornamentales procedentes de 
3Iedina Azzahra, entre los que figuran como los más notables 
un brocal de pozo de forma octógona, esmaltado de verde esme- 
ralda, cuyas ochavas rodean labores formadas de arcos angrela- 
dos, labores geométricas y animalillos, todo en alto-relieve. Un 
tablero de mármol completísimo lleno de grandes flores ornamen- 
tales, una celosía de mármol blanco de grandes dimensiones, una 
pila de abluciones con inscripción en el borde, y el famoso ciervo 
de bronce que estuvo colocado en una fuente del Monasterio de 
San Gerónimo do Valparaíso, edificio todo construido con mate- 
riales procedentes de los alcázares de An-Nasir. Esta escultura 
árabe que se sabe que era un ciervo porque así lo dice la tradi- 
ción, es de una primitiva y ruda estructura, y sólo por los graba- 



26 

dos que cubren todo el cuerpo del animal, se puede averiguar que 
procede de un periodo brillante del arte muslímico. Ella es un 
testimonio de que no existe la prohibición que se supone en la re- 
ligión árabe de representar en piedra, metales ó madera, seres 
animados. En nuestra colección tenemos un fragmento de mármol, 
al parecer de un friso, en donde hay representadas también le- 
chuzas y gallinas. 

Quedan restos de Medina Azzahra también en el Monasteria 
de San Gerónimo, y don Rodrigo Amador de los Rios asegura en 
sus Inscripciones árales de Sevilla, que todos los capiteles usados 
en el Palacio del Rey don Pedro, son procedentes del Alcázar 
cordobés. Otra prueba del adelanto sin igual del arte cordobés en 
la época del califato, es el cofre de plata sobredorada que se con- 
serva en la Catedral de Gerona, y que fabricó en Córdoba Judá- 
Ibn-Bozla en tiempos de Hakam II, según rezan las inscripciones 
con que se halla adornado. En el tesoro de la Catedral de Córdoba, 
hay un vaso de plata sobredorada, procedente de la épcca árabe y 
adornado de fina y exquisita labor. 

Los árabes dejaron en toda la provincia muchos castillos de los 
que aún quedan algunos, y entre los que descuella por su princi- 
pal importancia el de Bujalance. La Calahorra ó fortaleza que sir- 
ve de cabeza al puente de Córdoba también es obra suya, si bien 
hoy está completamente variada por las ampliaciones y restaura- 
ciones que hizo en ella don Enrique II. 

El dia de San Pedro, 29 de Junio de 1236, después de un largo- 
sitio, entró triunfante en Córdoba don Fernando III, el Santo, y 
en el sagrado recinto mahometano, donde hasta entonces se habia 
dedicado á Alah y Mahoma las oraciones, se oyó por primera vez 
la plegaria cristiana, y se elevó la cruz sobre el soberbio Alminar 
de Abd-u-Rahman III. El Obispo de Osma don Juan consagró el 
templo, y el Te-Deum se dejó oir entonado por un Rey y cinco 
Obispos que acompañaban á éste en la conquista. Desde entonces 
dejó de ser Mezquita y se convirtió en Catedral bajo la advocación 
de la Asunción de la Virgen. 

Se ignora por completo dónde se celebraron las ceremonias del 
culto católico desde 1236 hasta 1257, en que ocupó la silla de 



27 

Córdoba el Obispo don Fernando de Mesa en 8 de Diciembre. En 
tiempos de este prelado se edificó, dice Gómez Bravo, en su Cntd' 
logo de los Obispos de Córdoba, una capilla mayor, á cuya conclu- 
sión contribuyó el Rey, además de conceder muchos privilegios á 
la fábrica y obra. Pero á pesar del respetable parecer de este eru- 
dito escritor, hoy podemos afirmar que no hubo tal edificación, y 
que solamente se limitó la obra de la capilla mayor á rellenar los 
claros que habia on la entrada de la antig-ua maksura, pintar 
estos rellenos con santos ejecutados primorosamente por un pintor 
hasta hace poco desconocido, Alonso Martinez, dibujar algunas 
inscripciones dedicatoriales las unas, y conmemorativas del nuevo 
decorado las otras, y finalmente, colocar un altar en donde se re- 
cibiese el culto. Todo esto ha aparecido al desmontar los retablos 
y yeserías de la capilla de Villaviciosa, por disposiciones del vir- 
tuoso y sabio prelado don Eray Ceferino González. 

Don Fernando III instituyó en la Catedral la más antigua de 
sus capillas, bajo la adoración de San Clemente, capilla que ya no 
existe por haberse proyectado hacer en su recinto una sala capi- 
tular que está sólo empezada. También erigió en Córdoba catorce 
parroquias, y los conventos de San Pedro el Real, conocido hoy 
por San Francisco y San Pablo el Real. Las parroquias recibieron 
las advocaciones siguientes: San Pedro, San Miguel, Santiago, 
San Lorenzo, Santa Mai'ina de Aguas Santas, San Nicolás del Ajer- 
quia y San Nicolás de la Villa, Omninm Sanctorum, San Juan, 
el Salvador, Santo Domingo de Silos, San Andrés, el Espíritu 
Santo y la Magdalena. De estas han desaparecido los edificios de 
algunas, otras han sido reformadas casi en su totalidad, y seis 
conservan restos abundantes de la forma que se les dio al tiempo 
de la conquista. De las parroquias instituidas entonces dos lo 
fueron en Mezquitas, las de San Juan y la Ajerquia, las demás 
lo fueron en antiguos templos muzárabes y aun visigodos, algunos 
según han asegurado los más veraces escritores que de estos asun- 
tos han tratado. Sin embargo, un examen detenido de las parro- 
quias aún existentes, nos autorizaría á creer que si algo queda 
anterior á la reconquista, sólo puede ser la torre de San Lorenzo 
en su parte inferioi", y que las Basílicas cristianas que existían 



28 

antes del siglo XIII , fueron del todo reconstruidas entonces. 
Aunque á la ligera, como cuadra á nuestro objeto, vamos á exa- 
minarlas. 

Sabido es que al declararse en Roma en tiempos de Constantino 
la religión católica como religión del Estado, el César autorizó á 
los sacerdotes para dedicar á su culto los templos de la antigua 
teología. Estos rehusaron el donativo por no acomodarse aquellos 
edificios á las ceremonias de la nueva religión, y la primer iglesia 
se instituyó en la basílica, edificio que servia de tribunal de co- 
mercio y cámara de contratación, y en donde en tiempos anterio- 
res debió dar justicia el rey, según se colige de la etimología de 
su nombre. 

Es cosa también harto sabida, que en las primeras construccio- 
nes se adoptó el edificio cerrado al exterior, circunstancia princi- 
pal que le hace diferir de los templos del paganismo; que se empe- 
zaron á construir en el interior las iglesias sostenidas por arcos, y 
que la bóveda ó cúpula central ante el retablo, vino á constituir 
otro pormenor característico del arte cristiano. La ornamentación 
arqueada trajo al exterior una serie de machones ó estribos para 
dar mayor resistencia á los muros, esto es, como término de la 
fila de arcos del interior; y el carácter del nuevo culto, determi- 
nándose en forma bella, trajo la estructura piramidal del templo 
más bajo en sus fachadas laterales, más alto en su nave central, y 
más elevado aún en el lugar destinado á la oración, ó sea en el 
presbiterio. 

El cristiano tiene, por su religión, la aspiración á lo alto, y 
allá se elevan los templos como se elevan las oraciones de los fie- 
les. Este mismo carácter religioso ha hecho que las luces vengan 
siempre de arriba, de donde únicamente puede venirnos la verda- 
dera sabiduría; y los templos cristianos que responden á su ideal, 
están alumbrados por el rosetón de la fachada, las ventanas largas 
y estrechas de los muros y las múltiples que adornan la linterna 
de la cúpula, abiertas al rayo del sol que inunda el templo como á 
las oraciones de los fieles que por ellas traspasan, para elevarse á 
los infinitos espacios y llegar á la mansión de los cielos. 

A estas primeras construcciones siguieron otras en que el arte 



29 

fué tomando mayor vuelo y desarrollo. Adoptados como modelos 
para las construcciones sucesivas los caracteres de los primitivos 
edificios, vinieron á ser las portadas pequeñas y rehundidas, á 
manera de bocas de cuevas, acaso en recuerdo de las catacumbas, 
y tal vez también, en semejanza de la miseria con que en la vida 
entramos. 

Los arquitectos, acaso sin otro fundamento que el de dar mayor 
solidez al arco, empezaron á hacerlo apuntado, dando origen á la 
ojiva. Se elevaron poco á poco las alturas de los machones y arcos 
exagerando sus proporciones. Las ventanas empezaron también á 
alargarse, á duplicarse y cubi-irse con vidrieras pintadas; se ador- 
naron los machones con capiteles, después con abrazaderas, y poco 
á poco el arte fué desechando las influencias de Roma y convir- 
tiéndose en bizantino; las de Bizancio trocándose en ojival, y, por 
último, hacia el siglo X, época en que se aproximaba el fin del 
mundo, al decir de las gentes, y habia una febril animación en la 
construcción de iglesias y monasterios, los muros, arcos y baque- 
tones, se cubren de adornos esculturales de todas clases, las ven- 
tanas se amplían, llegando á ocupar grandísimos espacios, los te- 
chos se llenan de agujas y cresterías en su parte exterior, y se 
desarrolla el arte ojival florido, el más bello tipo de las construc- 
ciones cristianas. 

Esto ocurría en toda Europa. En España, sin embargo, el mo- 
vimiento artístico venia muy retrasado. Hasta el siglo XI los 
cristianos construían templos de carácter bizantino; entonces em- 
piezan á hacerlos ojivales, y el apogeo del arte no llegó en los 
reinos cristianos hasta el siglo XIII, en que se pusieron los ci- 
mientos á esas maravillas del arte católico que se l.'aman las Ca- 
tedrales de Toledo, Burgos y León. Debióse, sin duda, tal re- 
traso al estado especial de la Península. Dominada hasta el si- 
glo X por los árabes la casi totalidad del suelo, y desde princi- 
pios del XI empezados á engrandecer los reinos cristianos, estos 
no tenían lugar para otra cosa que, ó defenderse de las confíiiuaa 
irrupciones de los muslimes, ó ver la manera de agrandar en 
algunos pasos sus menguados dominios. El espíritu guerrero de la 
época no daba lugar á que se desenvolviese el esjííritu artístico. 



30 

Conforme se iba aumentando el territorio cristiano, las artes se 
iban también desarrollando. Pero si bien en el siglo XIII, en las 
poblaciones del interior del reino se pensaba en hacer grandes y 
costosísimas edifícaciones, no asi en las ciudades fronterizas, don- 
de se construía con poco dinero, dada la inseguridad de que pu- 
dieran volver á caer en manos del poderoso enemigo, á quien se 
les acababan de arrebatar. Así se explica, que mientras en León 
y Burgos se hacían Catedrales que parecían tegidas de encajes ó 
labradas de filigrana, en Córdoba y Sevilla se fabricaban parro- 
quias de carácter bizantino, fuertes hasta poder servir de castillos 
contra las invasiones agarenas, y que representaban un atraso de 
tres siglos sobre las construcciones que en el interior se hacían. A 
este carácter responden las parroquias de Santa Marina, la Mag- 
dalena, San Lorenzo, Santiago y San Miguel, que se conservan 
casi como en los tiempos de su fundación; y las de San Pablo, San 
Nicolás de la Villa, San Pedro y San Francisco, que conservan 
algo de lo que por aquellos años se labró. 

Todas estas iglesias eran iguales. Constaban de tres naves; la 
del centro más alta, respondiendo su fachada triangular á la for- 
ma de las techumbres. Tenían una puerta central y otras dos la- 
terales, todas abocinadas y adornadas de nervios ó costillas, sus- 
tentadas sobre columnillas coronadas de elegantes capiteles bizan- 
tinos. La única de este carácter que se conserva en San Pablo, ofre- 
ce la particularidad de que los capiteles son árabes, de mármol 
blanco y sin duda recogidos de edificios de la época del califato. 
Sobre las portadas del imafronte se abrían unos florones ó clara- 
boyas grandísimas, de los que se conservan los de San Miguel, 
Santa Marina y Santiago, y es un modelo precioso é incompara- 
ble el de San Lorenzo, que hace dudar si será de la reconquista ó 
su construcción se remontará á los mismos tiempos del esplendor 
mahometano. El interior lo forman dos series de arcos túmidos 
que separan las naves, y la capilla rtiayor la forma un ábside po- 
ligonal con larguísimas ventanas, divididas por elegantes partelu- 
ces y cubiertas con celosías de menuda labor. Los techos eran ar- 
tesonados de ricas labores, que aunque se conservan en la mayor 
parte de estas iglesias, están cubiertos en todas por bóvedas he- 



31 

chas en el siglo pasado, al mismo tiempo que se construyeron las 
que cubren los techos de la Mezquita aljama. Algunas de estas 
iglesias tenian dos ábsides más pequeños á la terminación de las 
naves laterales. 

Estos son los caracteres generales que en Córdoba revisten las 
iglesias de la reconquista. De ellas, Santa Marina está casi com» 
pleta, y con motivo de un incendio que en 1880 felizmente consu- 
mió el retablo mayor, se halla el ábside al descubierto, restaurado 
á expensas, en parte, por la solicitud del Obispo don Fr. Ceferino 
Oonzalez, á quien tanto deben los monumentos cordobeses. La de 
San Miguel, también poco alterada en su construcción primitiva, 
presenta una preciosa capilla, saliente del resto de la iglesia, cu- 
riosísima, y también restaurada por el citado Obispo. La de la 
Magdalena tiene su puerta principal tapiada y está embadurnada 
toda de cal. En el mismo estado se encuentra la de Santiago. Tie- 
ne de particular la de San Lorenzo, además de su precioso rose- 
tón, un porche delante de la puerta principal, y su torre está 
■construida sobre un antiguo torreón que se supone era una de las 
torres que mandó desmochar el Sultán Muhammad. San Francisco 
<;onserva sólo el ábside, cubierto con un feísimo retablo churrigue- 
resco, y en las de San Pablo y San Nicolás de la Villa sólo duran 
sendas puertas laterales abocinadas. 

Contemporáneo de estos edificios debió ser el del convento de la 
Merced, hoy casa hospicio, fundado sobre la planta de un palacio 
árabe; pero nada queda que dé noticia de su antiguo origen. De 
otros restos sólo podemos citar la Virgen de Linares, escultura en 
madera y de valiosa estima, pero que no es obra labrada en Cór- 
doba, sino traída por San Fernando de cuando vino á la recon- 
quista de Andalucía. 

Otra de las fundaciones que don Fernando III hizo en Córdo- 
ba, fué el convento de San Agustín, instituyéndolo con los frailes 
de esta orden que había traído á la conquista, y si no hemos he- 
cho mención de ellas antes, ha sido porque instalados primero en 
un lugar, después en otro, fueron rodando de acá para acullá, ó 
como ellos decían, de otero en otero hasta dar en tiempos de don 
Alfonso XI en el lugar que hoy ocupa la iglesia, única cosa que 



32 

queda de aquel edificio. En 18 de Febrero de 1328, don Alfonso 
trató de edificar el Alcázar nuevo, y compró á los frailes agusti- 
nos el lugar que ocupaban dándoles el que después tuvieron, y en 
donde hoy dura la iglesia. De este templo sólo queda el ábside 
del siglo XIV, en el que ya se nota un progreso sobre las edifica- 
ciones en que antes nos ocupamos. Es más elevado, los arcos más 
esbeltos, los baquetones más elegantes y los nervios de las bóve- 
das más finos y ligeros. El resto de la iglesia es más moderno, y 
ya volveremos á hablar de ella en la época del renacimiento. 

En 1325 se construyó el castillo del Carpió. Lo mandó hacer 
Garci Méndez de Sotomayor, señor de Jodar, y lo labraron el 
maestre Mohamad y el obrero Ruy Gil. Hoy queda de él sólo una 
torre, y está sin la crestería ó almenaje que en otros tiempos la 
debió adornar. En uno de sus salones hay dos ajimeces hermosísi- 
mos, adornados por parteluces que coronan capiteles procedentes 
de edificios árabes. 

En 1328 se empezó como dijimos antes la construcción del Al- 
cázar de don Alfonso XI. Hoy es la cárcel, y ocupa parte del re- 
cinto del Alcázar de los Sultanes. 

Quedan de él varias torres, en las que hay salones y unas al- 
cobas circulares que nada ofrecen de notable, pudiéndose asegu- 
rar que mucho mejor sería lo destruido. La obra duró muchos 
años, toda vez qae en 1377 todavía se estaban poniendo los pavi- 
mentos, y era el maestro de albañiles Mohamad Agudo. 

De esta época es también la sinagoga en la calle de los Judíos, 
que estaba dedicada al culto católico, bajo la adoración de Santa 
Quiteria. 

El tiempo, sin otro auxiliar, ha puesto de manifiesto lo notable 
que hay allí. Era una ermita raquítica y sucia, que sobre la en- 
trada, por la parte interior, tenía una especie de tribuna ó coro. 
La parte delantera de esta tribuna estaba decorada con unos ar- 
quillos que conservaban ligeros restos de ornamentación mudejar 
ó morisca, y todo lo demás de la iglesia estaba embadurnado de 
cal. Se desprendieron los enlucidos de una pared y debajo apare- 
cieron otros adornos moriscos; empezó á descarnar el muro el 
capellán por ver lo que aparecía, y se descubrió una portada de 



33 

arco lobulado con un precioso arrabá de estuco todo, cuajado de 
menudas y graciosísimas labores alicatadas, del mismo carácter 
de las que decoran la Alhambra y el Alcázar de Sevilla. Una ins- 
cripción hebrea ha dado á conocer el destino de aquel lugar, que 
era la sinagoga donde acaso oraron los sabios rabinos de las es- 
cuelas de Córdoba, famosas en todo el mundo. 

Del siglo XIV y como muestra del gran impulso que habia re- 
cibido el arte en Córdoba, queda en el Museo dos relieves de 
mármol blanco con restos de pintura y dorado, de sin igual mé- 
rito, y cuya procedencia ignoramos. Representan asuntos de la 
Pasión, y dada su riqueza y mérito, puede asegurarse que debie- 
ron pertenecer al oratorio de un principe poderoso. Son quizá los 
ejemplares mejores que hemos visto de su época y de las cosas 
más notables que en el Museo se guardan. 

Fué también construcción de don Alfonso XI la Colegiata de 
San Hipólito, que sólo en sus techos ostenta las señales de su 
antiguo abolengo. Su fundador la instituyó en 1340, en memoria 
de la batalla del Salado, y hoy descansan en ella sus restos y los 
de Fernando el Emplazado. 

De la misma época ó poco anterior, aunque don Pedro Madra- 
zo la supone construida por Fernando el Santo, es la capilla lla- 
mada de Almanzor, por la falsa creencia de que era la Mezquita 
de los Alcázares de éste magnate, y que hoy es la iglesia del 
hospital del Cardenal Salazar. Su carácter es ojival, como el de 
todas las iglesias de su tiempo, y en el interior está adornada de 
aliceres y alicatados de azulejos de carácter morisco. Como en 
nuestro propósito no entra su descripción, prescindimos de ella. 
£1 lector podrá hallarla en las obras del señor Madrazo y del se- 
ñor Amador de los Rios, citadas anteriormente. 

El carácter morisco que informa el interior de esta iglesia, 
tiene en Córdoba diversas é importantes manifestaciones. En la 
Catedral hay varias capillas que ostentan muros de alicatado y 
portaditas de estilo africano con prolijos y menudos adornos de 
estuco en sus arrabás, y principalmente son dignas de estudio dos 
obras, la capilla real y la puerta principal al patio llamado del 
Perdón. 

Tomo CVII. 3 



34 

La capilla real, conocida hoy por de San Fernando ó sacristía de 
la de Villaviciosa, la fundó don Enrique de Trastamara para en- 
terramiento de su padre Alfonso XI y de Fernando IV el Empla- 
zado, cuyos restos están como hemos dicho, en la ex-colegiata de 
San Hipólito. Este rey utilizó una parte de la antigua maAsiira, 
como hizo el Obispo Mesa para hacer la capilla mayor; pero si el 
Obispo se limitó á rellenar huecos, don Enrique fué más adelante 
y desti'uyó dos muros y una bóveda, haciendo esa estancia de 
^usto africano que aún se contempla, y que por mucho tiempo se 
ha pretendido que era el antiguo alminar de la Mezquita. Don 
Enrique dejó en los muros de su construcción el testimonio de su 
obra en la inscripción siguiente: Este es el muy alto Rrey don 
Enrique i>or onra del cuer]}0 del Rrey su i)adre, esta capielld 
mandó facer: acabóse en la era de Me CCCCIX años (1371). El 
lugar donde está la inscripción y su texto parecen indicar que por 
encima estaba el retrato del fíej', hoy lastimosamente perdido. 

El mismo carácter de esta capilla tiene la actual puerta del 
Perdón, que está á un lado de la tori'e, y que á juzgar por el le- 
trero que, trazado en caracteres monacales tiene en el arco, perte- 
nece á la época de don Enrique de Trastamara. La inscripción dice 
asi: Dias dos del mes de Marzo de la era de M ct CCCCXV años, 
regnante el muy alto et poderoso don Enrique, Rrey de Castiella. 

En 1370 don Egas Venegas, primer señor del estado de Luque, 
convirtió sus casas particulares en convento, creando el de las 
Dueñas, que fué suprimido en 1S68. En este edificio se conserva- 
ba un arco de estilo morisco que, dividido en varios trozos, se 
custodia hoy en el Museo provincial. Finalmente, el mismo ca- 
rácter arabesco presenta la casa frontera á la iglesia parroquial 
de Santiago, llamada casa de las Campanas, j' es un bellísimo 
resto que el Estado debía adquirir, declarándolo monumento na- 
cional. Ella nos da el tipo de las casas árabes, sobre cuyo modelo 
se edificaría en el siglo XIV, y toda está llena de labores de es- 
tuco, de graciosísima forma. Ningún otro resto nos queda del 
arte cordobés del siglo XIV, á excepción de las torres cilindricas 
del castillo de la Calahorra, construidas por orden del bastardo 
don Enrique II. 



35 

Pasemos á estudiar lo poco que ha quedado del siglo XV, en 
el que se advierte, como es natural, un progreso en el arte. El 
monumento más antiguo de este siglo que encontramos es la torre 
llamada de la Malmuerta, que es una albarrana de la antigua 
muralla, adornada por la imaginación popular, con una tan poé- 
tica como trágica tradición. Se empezó á labrar el año 140G, por 
mandato del Rey don Juan II, siendo corregidor en Córdoba 
el doctor Pedro Sánchez y Obispo don Pernando Deza, y se 
acabó en 1408. Es un polígono macizo, en su mitad inferior, y en 
la superior, formando una sala con bóveda de sillería completa- 
mente lisa. El segundo en antigüedad es la capilla del Rosario 
de la iglesia de San Pablo, hermosa muestra del arte ojival en su 
más vigoroso y elegante período. También es poligonal y en cada 
uno de sus lados ostentaría un hermoso rosetón, que no se ven 
hoy por estar cubiertos de cal y cascote, pero que se conservan 
intactos. La fundó para enterramiento de su padre (el defensor 
de Carmona) doña Leonor López de Córdoba en el año 14Ü9. En 
este mismo tiempo, un año antes, el Obispo Deza autorizó la fun- 
dación del convento de San Gerónimo de Valparaíso sobre las 
ruinas de Medina Azzahra. Don Martin Fernandez de Córdoba, 
alcaide de los Donceles y su madre doña Inés de Pontevedra, 
dieron el terreno; la ciudad cedió las ruinas de la fastuosa ciudad 
muslime, y el Padre Fr. Vasco, fundador del Monasterio, elevó 
un hermoso edificio de gusto ojival, adornado con restos árabe- 
bizantinos y construido con los despojos de aquella sin igual 
mansión . 

Trascurren los años del siglo XV sin darnos lugar á hablar de 
bellas artes hasta su segunda mitad. En este periodo sin explorar 
encontramos una iglesia, la parroquial de Villa del Rio. La for- 
man las torres de un antiguo castillo. El recinto interior fué te- 
chado, se unieron las distintas torres con unos lienzos de muralla, 
en que lucen sus bellas lineas una portada llena de cenefas y 
adornos con arco conopial, y dentro de él otro adintelado, y re- 
sultó hecha la iglesia. El mismo carácter, aunque más rico en 
ornamentación, presenta la portada de la parroquial de Montero. 

En Córdoba vemos una lucha entre el arte ojival florido y be- 



36 

IKsimo y el renacimiento, que va haciendo su aparición y pro- 
greso. De este segundo período es la portada, única cosa que 
queda en la calle de San Andrés, del Hospital de locos ó de la 
Sangre de Cristo, fundado en 1453 por Luis González de Luna, 
y los ajimeces de la casa antigua de Aj'untamiento, hoy café 
Suizo, en la calle que lleva el nombre de Ambrosio de Morales, por 
suponerse que en esta casa nació el ilustre cronista de Felipe II. 

Del carácter ojival hay muy valiosos restos, como son la casa 
de los Marqueses del Carpió en la calle de las Cabezas, y la capi- 
lla de los caballeros de la Orden de Santiago en la iglesia de este 
nombre, y que aún sirviendo de atarazana, lle\ a el título de ca- 
pilla de la Anunciación. Son también de este estilo las iglesias de 
Santa Marta y de San Sebastian, conocida vulgarmente por San 
Jacinto, de las que don Pedro Madrazo, en la obra tantas veces 
citada, dice lo siguiente: 

«Al norte de un patio silencioso y tranquilo, que por un gra- 
cioso vestíbulo de estilo latino abre paso á un claustro de religio- 
sas, hay una pequeña joya de ese tiempo (siglo XV), que es una 
portada de iglesia, adornada con todos los caprichos que distin- 
guen la decoración gótica del estilo terciario, y flanqueada de dos 
elegantes estribos que rematan en agujas prismáticas y pináculos. 
Lleva sobre el dintel de su puerta un arco apuntado de varias 
molduras, con una ancha y hermosa cenefa de hojas y animales. 
Labra el apuntado un conopio, y bajo el tope de éste, encarama- 
dos, dos genios en actitud de ir á saltar sobre el que los mira. Es 
la iglesia del convento de Santa Marta. 

» Junto al palacio episcopal, frente á una de las puertas de la 
Catedral, hay otra perla de este mismo género arquitectónico. Es 
la fachada del Hospital de Niños Expósitos. Observa las estatuas 
que coronan su dintel, su noble actitud, el grandioso estilo de sus 
ropajes, las repisas en que estriban, las caladas cimbelas que las 
cobijan, las cenefas de hojas y animales que coronan sus arcos y 
que tapizan las agujas de sus estribos.» 

El convento de Santa Marta fué fundado por Er. Pedro de 
Córdoba en 1464, y tanto este edificio como el de San Jacinto han 
sido restaurados por orden de Fr. Ceferino González. 



37 

Además de los dos estilos que hemos reseñado como informan- 
tes de los edificios construidos en el siglo XV, existen en Córdoba 
otros que presentan en sus combinaciones artísticas influencias 
árabes. Son de este carácter el arco de la capilla del Resucitado y 
Animas de la parroquia de Santa Marina, en donde el gusto do- 
minante es el morisco, y la casa llamada del Indiano en la plaza 
del mismo nombre, en la que lucen dos balcones con calados de 
crestería y lambel que los corona y una portada de sabor morisco. 

El último resto arquitectónico del siglo XV es la torre de San 
Nicolás de la Villa, levantada en ]496 por orden del Obispo don 
Iñigo Manrique, y que aún aparecería más bella, si no se le hu- 
biese añadido el horrible campanario que le pone término. En la 
Catedral, donde algo también dejó el siglo XV, nos ocuparemos 
más adelante. 

El arte en Córdoba no sólo había progresado en arquitectura. 
La pintura y la escultura habían sentido el progreso, y en el Mu- 
seo provincial se guardan dos estatuas que son de bellísima hechu- 
ra. Representan á la Virgen y un ángel, y aunque hoy desunidas, 
juntas y colocadas en la torre de una ermita que estuvo en la 
Puerta del Rincón, representaban la Anunciación á la Virgen. 
"Se ignora su autor; pero sea quien fuere, son muy dignas de 
aprecio. 

De esta misma época y carácter hay algunas esculturas en una 
atarazana de la Catedral, entre ellas muy notables cinco que estu- 
vieron en una reja de capilla de la nave del 'pnnto, y que tal vez 
sean obra del escultor Juan de Córdoba, de quien casualmente se 
ha hallado hace pocos años una estatua. En algunas otras iglesias 
hay restos esculturales del siglo XV. 

La pintura tenia un progreso grandísimo, y la fama que pudie- 
ron tener de hábiles pintores en su tiempo Pedro de Córdoba, 
Bartolomé Bermejo y Bartolomé Ruiz, está justificada con sus 
obras, conservadas las del segundo en la Catedral de Barcelona, 
la del Ruiz, en una colección de Sevilla, y las de Pedro de Córdo- 
ba, en las tablas que de su mano quedan en la Catedral y Museo 
de Córdoba y en el Mureo del Louvre de París. De Ruiz hemos 
visto un entierro de Cristo firmado en 1450; de Bermejo un Des- 



38 

ceiidimiento de 1490, y de Pedro de Córdoba, la magnífica tabla- 
de la Anunciación qne en la Catedral so admira, está firmada 
en 1475. Todas estas obras son hermosas de color, correctas de 
dibujo, bien ideada la composición y exentas de esa sequedad y 
desabrimiento propios de los pintores de su época. No se sabe 
de cuál de estos autores pudiera ser el magnífico retablo de la 
parroquia de San Andrés que aún se admira en la sacristía de esta 
iglesia. 

Volvamos á la Catedral á terminar la historia del arte cordobés 
del siglo XV y entrar en el período del Renacimiento, que aquí se 
manifiesta, como en casi toda España, en el siglo decimosexto. 
En 1489 era Obispo de Córdoba don Iñigo Manrique, y creyendo 
que el culto no se daba con todo el esplendor que era debido á la 
religión católica, pensó en el engrandecimiento de la capilla ma- 
yor y puso por obra su descabellado plan, que si aumentaba el 
esplendor del culto, no por eso dejaba de destruir la obra de toda 
una dinastía de poderosos reyes. A este prelado se debe la cons- 
trucción de la espaciosa nave ojival que está delante de la antigua 
y hoy destruida capilla de Villaviciosa. Su decoi'ado no puede ser 
más sencillo; unos arcos apuntados y sostenidos en baquetones de 
haces de cañas, escasamente coronados de capitelillos y con algu- 
na que otra cduefa por toda ornamentación. Esto es lo que sustituyó 
á la obra árabe para siempre perdida. 

La destrucción de la Mezquita no habia hecho más que empe- 
zar; le quedaba á la obra el más rudo golpe, la construcción del 
crucero. Esta se acordó por el cabildo, á propuesta del Obispo don 
Alonso Manrique, el 22 de Julio de 1521. En este cabildo el chan- 
tre y provisor don Pedro Ponce, manifestó que el Obispo no en- 
contraba justo que el coro estuviera colocado en un rincón de la 
iglesia, y que por lo tanto debia precederse á labrar fábrica sun- 
tuosa en mitad de ella, y que el cabildo nombrase personas que 
entendieran en este asunto, para lo cual se enviaría por maestro 
de cantería fara lo facer con su consejo. Este parecer del Obispo- 
fué aprobado, y se dio principio á la obra en el año 1523. 

El cabildo de la ciudad era, según se desprende de lo que va- 
mos á decir, algo más culto é ilustrado que el prelado y el cabil- 



39 

do catedral, y asi es que hizo un requerimiento por ante el escri- 
bano público Antonio de Toro en el sábado 2 de Mayo al cabil- 
do para que suspendiera la obra, por ser razón que se conservara 
la antigüedad y fábrica 'particular que no hahia en otra f arte. 

Poco caso hizo el cabildo catedral del requerimiento de la ciu- 
dad; pero ésta, que entonces asumia en sí todos los poderes, no se 
detuvo en su buen intento, y publicó un bando, cuya copia impri- 
miremos algún dia, por el cual se coiadenaba á muerte á todos lo» 
obreros que en adelante tomasen parte en la demolición del edifi- 
cio. Pusieron el grito en el cielo, como vulgarmente se dice, el 
bueno del Obispo y los capitulares, y si no llegó hasta lo alto, no 
por eso dejó de alcanzar á los oidos del Emperador Carlos V, que 
sentenció el pleito en favor de la Iglesia, la cual, satisfecha de su 
triunfo, empezó la obra en 7 de Septiembre de 1523. En el año 
siguiente se celebraron en Sevilla las bodas del Emperador con 
doña Isabel de Portugal, y en su viaje visitó Carlos I, la Cate- 
dral, como es piadosa costumbre de los Monarcas españoles al lle- 
gar á una población. Admirado quedó el gran Monarca al contem- 
plar aquel bosque singular de columnas, y las portentosas mara- 
villas del arte que la Mezquita encierra, y arrepentido, harto 
tarde, de la ligereza que habia cometido al permitir la obra del 
crucero, dijo al Obispo don Fr. Juan de Toledo y á los capitula- 
res: «Yo no sabia qiaé era ésto: pues no hubiera permitido que s© 
llegase á lo antiguo: porque hacéis lo que puede haber en otras 
partes, y habéis desecho lo que era singular en el mundo.» 

La obra continuó, pues, por los modelos y bajo la dirección de 
Hernán Euiz, natural de Burgos, que la dirigió hasta 1547, en 
que murió, continuándola su hijo del mismo nombre, hasta 1583 
que murió, y la concluj'ó otro Hernán Ruiz en 1599. En esta 
obra grandiosa en su género, el estilo que domina es el ojival á 
que obedecen todas las líneas generales de su construcción, y en 
los adornos de los muros, ventanaje y demás accesorios, se ve el 
gusto greco-romano del renacimiento que ya habia invadido toda 
la España, y cu^'O inHujo era imposible que los artistas pudieran 
resistir. 

Contemporáneas del crucero son la capilla de los Simancas, los 



40 

machones que sostienen de trecho en trecho las bóvedas y que se 
pusieron para mayor fortaleza del edificio, la decoración del arco 
de las palmas y de la puerta de Santa Catalina, y muchos reta- 
blos de capillas interesantísimos, no sólo por la parte ai'quitectó- 
nica, sino por las pinturas y estatuas que los decoran. 

En la población hay muchos y muy valiosos restos de la 
época del Renacimiento, sin que se sepa quiénes fueron los 
arquitectos que los labraron. Son los más notables la fachada 
del palacio de los Paez de Castillejo en la plaza, que lleva el 
nombre de uno de los mayorazgos de este apellido; la casa del 
Marqués de la Fuensanta del Valle en la plazuela de Santa Ana, 
hoy Ángel Saavedra, que es del más delicado gusto plateresco; 
media fachadita que parece del mismo autor que la antes citada, 
y que hace sus bellos adornos en la calle del Sol y lleva grabada 
la fecha de 1552; la casi del todo perdida portada del hospital 
de San Eloy, fundado por los plateros en el siglo XVI; la por- 
tada y capilla bautismal de la parroquia de San Nicolás de la 
Villa, obra que se cree de Hernán Ruiz, hijo; unos ajimeces 
esquinados en la calle de la Pierna y en la plaza de San Andrés; 
este último, acompañado de una portada tan bella y delicada, 
de forma que recuerda los más puros edificios de este carácter 
que se conservan en Italia; la puerta del Puente, grandioso 
monumento debido á la magnificencia de Felipe II; el conven- 
to, hoy Gobierno militar, de San Felipe Neri, como la ante- 
rior, atribuidos al famoso arquitecto del Escorial; la portada de 
la casa de Bailio, en donde campean los trazos del arte ojival, 
aún insepulto, con las bichas y cenefas del plateresco; unos aji- 
meces en el patio de una casa de la calle de la Madera Baja, en 
donde la decoración está formada por azulejos alicatados y aun 
hay algún recuerdo del arte morisco; la casa solariega de los Pa- 
ñuelos en el Mármol de Pañuelos, cuyos adornos están en su ma- 
yor parte cubiertos de un revestimiento de cal y yeso; la portada 
principal de la iglesia de San Pablo, en cuyo frontón campea una 
preciosa estatua de Santo Domingo; la iglesia de San Agustin ex- 
cepto la capilla mayor, que, como hemos dicho, es ojival; la tacha- 
da principal de la iglesia de San Pedro, la del hospital de San An- 



41 

dres, en la calle de Alcolea, j otro sinnúmero de obras que seria 
prolijo enumerar. 

A este período pertenecen también, á pesar de su sabor morisco, 
los magníficos artesonados del Carmen calzado y de la iglesia del 
convento de Jesús crucificado, los mejores de Córdoba. 

Y no sólo Córdoba se embelleció con monumentos del Renaci- 
miento, sino que en Aguilar se hizo una hermosísima portada á la 
parroquia. En Pedroche construyó Hernán Ruiz, hijo, la torre de 
la iglesia parroquial en 1558, y este mismo arquitecto, de 1550 á 
1556, hizo por encargo de Diego de Bernuy, el puente de Benamejí, 
sin otras muchas obras que en este momento no recordamos y que 
acaso algún dia podamos describir é historiar. 

Hemos llegado en nuestro estudio á la mitad del siglo XVI, 
época en que las artes, si bien todas subordinadas al culto católi- 
co, habían adquirido independencia y vida propias, y, por lo tan- 
to, estamos en el caso de estudiarlas hasta nuestros dias, separada- 
mente, como al principio de este trabajo prometimos. 

Empecemos, pues, la arquitectura. 

Después de las obras que hemos mencionado, la más antigua de 
las hechas en Cói'doba, es la iglesia del colegio de la Compañía de 
Jesús, que costeó el deán don Juan Fernandez de Córdoba. Es de 
estilo greco-romano, exenta de adornos, y fué su arquitecto el 
hermano Alonso Matías, religioso de la Compañía. Se empezó la 
obra en 1564 y se terminó en 1589. Este arquitecto fué también el 
elegido para construir el altar mayor del crucero de la Catedral, 
costeado por el Obispo Mardones y empezado en 1614 y concluido 
en 1628 por Juan de Aranda Salazar. En este retablo trabajó tam- 
bién como arquitecto, durante las ausencias del hermano Matías, 
Luis González, que fué el que trabajó los mármoles del retablo. El 
tabernáculo fué obra de Sebastian Vidal, que lo concluyó en 1653, 
y las esculturas fueron trabajadas por Pedro Ereyle de Guevara y 
Matías Conrado. 

En lóO.'J el Cabildo eclesiástico pensó en reconstruir la torre 
úe la Mezquita, destruida por un terremoto y vendaval en 1585, y 
encargó los diseños á Hernán Ruiz, nieto del que empezó el cru- 
cero. Hízolos éste, y para su aprobación se reunieron Juan Coro- 



42 

nado, Juan de Ochoa y el maestro mayor de las obras de la Cate- 
dral de Sevilla, que lo era entonces Asencio de Maeda. Aprobada 
el proyecto, se empezó la obra bajo la dirección de Hernán Euiz^ 
y por su muerte, acaecida en 1604, se encargó de ella Juan de 
Ochoa, que ya corría antes con las obras interiores de la Catedral; 
pero sin duda debió morir en 1606, puesto que en esta fecha deja 
de nombrársele y aparece terminada la torre en 1664 por Juan 
Francisco Hidalgo. 

Juan de Ochoa debió ser un buen arquitecto, y era testimonia 
de su maestría el hermoso patio claustrado, hoy destruido, del 
convento de San Pablo. Además habia en Córdoba, á fines del si- 
glo XVI, otros arquitectos que estaban muy reputados en su pro- 
fesión, cuales eran Benito Morales, maestro mayor por el Cabildo 
Catedral, de las aceñas de Martes, y los que informaron en el pleita 
entre los frailes del convento de los Mártires y el Clero de la par- 
roquia de San Pedro, para determinar el lugar eu que descansa- 
ban los restos de los santos mártires Acisclo y Victoria. Estos ítie- 
ron Francisco Kuiz, Pedro de Molina y Gerónimo Carrasquilla. 
¡Quién sabe si alguno de los magníficos restos arquitectóni- 
cos de que antes hablamos será obra de estos arquitectos descono- 
cidos! 

En el mismo siglo apai'ece Diego de Baena construyendo, de 
1585 á 1589, la iglesia del Dulce Nombre en Puente Genil, y ea 
Lucena se construyó la iglesia y convento de San Juan de Dio» 
de 1548 á 1565, siendo su fundador el padre Gerónimo de Frutos, 
que acaso fuese su arquitecto, puesto que tenia fama de hábil di- 
bujante. 

En 1603 se hallaba ruinoso el puente de Córdoba sobre el Gua- 
dalquivir, y habiéndose decidido la ciudad á hacerle una extensa 
repai'acion, hicieron el proyecto los arquitectos Gaspar de la Peña, 
Juan Francisco Hidalgo, Francisco de Luque y Juan de León, 
Los dos primeros fueron arquitectos de la Catedral. Hidalgo ter- 
minó la torre, como antes dijimos, y además enderezó una fila de 
arcos de la nave de San Clemente que amenazaba ruina; y Peña, 
en unión con Josef de Villarreal, proyectó la construcción de 
una capilla real nueva, que felizmente no llegó á fabricarse, y que 



según los dos proyectos que hicieron, debia emplazarse en la anti- 
gua capilla de Villaviciosa ó en el ángulo del patio correspondien- 
te al actual Postigo de la Leche. Estos proyectos se formaron en 
1659 y no llegaron á feliz término, porque el Cabildo se opuso á 
que se destruyera nada de la obra antigua, consiguiendo que los 
capellanes reales vieran defraudados sus propósitos de mejorar de 
local. 

En todo este período el arte arquitectónico habia venido á una 
lamentable decadencia, habia perdido las gallardas líneas rectas 
greco-romanas y habíalas sustituido, primero el barroquismo, el 
borrominismo después. Buena prueba de ello son los retablos de 
la Concepción, de la iglesia de San Francisco, y el de la capilla 
del Seminario de San Pelagio, únicas obras que nos quedan del 
arquitecto Melchor Fernandez Moreno, que vivía hacia la mitad 
del siglo XVII y que ya los habia construido á más de los reta- 
blos mayores de los conventos de la Concepción y de la Madre de 
Dios en 1677. Del mismo mal gusto es la plaza de la Corredera he- 
cha por el corregidor don Francisco Ronquillo y Briseño en 1683, 
bajo los planos de don Antonio llamos y por mano de los maestros 
mayores de la ciudad Antonio García y Francisco Beltran. I^a mis- 
ma falta de buen acierto domina en la iglesia de San Pedro Alcán- 
tara, diseñada por el maestro mayor de la ciudad, Luis de Rojas, 
en 1690, que dirigió el arquitecto Baltasar de los Reyes, y se 
concluyó en 1696. En 1702 se hicieron nuevos dos arcos del 
puente por los arquitectos don Francisco Agustín y Tomás de 
Ortega. 

Pero si estas obras no eran de buen gusto, aún podían llamarse 
bellas comparadas con lo que vino después. No hablaremos de los 
conventos é iglesias churriguerescas que abundan tanto en Córdo- 
ba, y entre las que es buen modelo la portada de la iglesia de la 
Merced, y citemos sólo aquellas obras de las que se ha conservado 
el recuerdo de sus autores. La más notable es la capilla del Carde- 
nal Salazar, en la Mezquita. Se terminó en 1705 y fué su arqui- 
tecto don Frar.cisco Hurtado Izquierdo, que seria el peor de los 
arquitectos que han trabajado en Córdoba, á no haber existido nn 
don Teodoro Sánchez de Rueda, que ya habia dejado un recuerdo 



44 

en la Cartuja del Paular, 5' nos legó en 1723 el retablo mayor de 
la iglesia de la Compañía, obra de inmenso trabajo y de malísimo 
gusto que sustituyó á un retablo del grau Pablo de Céspedes, el 
más notable de los artistas que Córdoba ha producido. En el mis- 
mo año 1723 era maestro mayor de la ciudad el arquitecto Jacinto 
de Hoces y Morales. 

Otro propagador del feísimo gusto churrigueresco, fué el lego 
dominicano Fray Antonio de Herrera, que como muestras de su 
habilidad, dejó los salones alto y bajo de su convento, hoy Dipu- 
tación provincial, las cajas de los órganos, los altares de San Al- 
varo y San Vicente Ferrer, las puertas del camarín de la Virgen 
del Rosario y la estantería de la biblioteca del convento de San 
Pablo, en donde el buen lego vivió en el pasado siglo XVIII. 

Mientras esto sucedia en la capital, en los pueblos no andaba el 
arte mucho más afortunado, y el maestro Antonio Román, y Loren- 
zo Arroyo y Palomo, eran los encargados de la construcción de la 
capilla de las Animas de la iglesia de la Purificación de Puente Ge- 
ni!, que construyeron de 1731 á 1736. 

Felizmente para la arquitectura, como para el arte en general, 
se verificó á fines del pasado siglo una reacción en el mal camino 
y apareció un nuevo Renacimiento greco-romano. Villanueva y 
Rodríguez fueron los arquitectos españoles que llevaron la direc- 
ción de este Renacimiento, y en todas partes los artistas volvie- 
ron al buen camino, tan lastimosamente olvidado. En Córdoba 
quedó como muestra de esta nueva faz la iglesia del colegio de 
Santa Victoria, empezada por Mr. Graveton y concluida por don 
Vicente Rodriguez, quo le puso el grandioso pórtico que hoy os- 
tenta; pero al mismo tiempo que se hacia esta obra, se elevaba, 
por encargo del Obispo Barcia, el triunfo á San Rafael, obra de 
Mr. Miguel Verdiguier, que no pudo ser más desdichadamente 
ideado. 

En Aguilar construía don Juan Vicente Gutiérrez de Salaman- 
ca á su costa y bajo su dirección la gallarda torre del reloj, y en 
Córdoba, en 1826, se empezaba por el Obispo Trevilla á hacer la 
restauración de la Mezquita, tan maltratada por los católicos de 
todos los siglos. Este Obispo encargó la restauración del milirah 



45 

á don Patricio Furriel, organero de la diócesis de Córdoba y hom- 
bre acreditado en esta clase de trabajos que, más que otra cosa, 
reclamaban paciencia. Eurriel emprendió la obra que concluyó, 
tal como hoy se ve, bastante bien, á pesar de haber cometido el 
lamentable error de dar á las dovelas del arco del mihrab, un ca- 
rácter distinto del gusto árabe á que las primitivas obedecen. 

Ed tiempos del señor Trevilla la restauración se redujo á lim- 
piar la cal del mihrab y completar la parte que faltaba de los 
adornos de foscífesa. Posteriormente, en tiempos del señor Albur- 
querque, se han limpiado muchos arcos que estaban blancos, y se 
les ha dado un color rojo del ladrillo y amarillo de la sillería con 
que está hecho el dovelaje de muchos de ellos, y finalmente, en 
tiempos del señor Cardenal González, se ha emprendido la restau- 
ración de lo que era capilla de Villaviciosa, en que aún se trabaja. 

El siglo actual sólo dejará de notable en Córdoba las restaura- 
ciones de la Catedral y algunos otros templos, el salón del Círculo 
de la Amistad y el Gran Teatro, obra del arquitecto don Amadeo 
Rodríguez. Y pasemos á ocuparnos en la historia de la pintura des- 
de el siglo XVI hasta la época actual. 

El último pintor de quien hemos hablado es Pedro de Córdoba, 
que aunque en sus obras inicia ya algún progreso, aún se pueden 
llamar sus cuadros pinturas góticas. Discípulo suyo debió ser otro 
pintor famoso que pasa por sevillano, pero que lo mismo puede ser 
tenido por cordobés, y del que han quedado bellísimas obras en 
Sevilla. Se llamaba Alejo Fernandez y estaba en Córdoba en 1525, 
trabajando en el retablo mayor del convento de San Gerónimo de 
Valparaíso. No quedan restos de estas obras, de las que la princi- 
pal era la Cena; pero aunque no lleva firma ni hay memoria de 
quién sea su autor, debe ser de Fernandez la bellísima tabla de la 
Virgen rodeada de ángeles, que hay en la sacristía de la parro- 
quia de Santiago. Tal la creemos después de compararla con la 
Virgen del trascoro de la parroquia de Santa Ana en Sevilla, obra 
de este pintor. Fernandez es un artista de lo mejor de su época; de 
un colorido bellísimo, muy correcto dibujo, y una manera de hacer 
que recuerda ya las obras de Rafael y de los grandes maestros 
italianos del Renacimiento. 



46 

Después de éste, vienen á figurar como las estrellas del arte, en 
la historia de la pintura cordobesa, Pablo de Céspedes.y el italiano 
César Arbacía. Céspedes fué uno de esos genios que todo lo abar- 
can y todo lo dominan; humanista, poeta y literato, poseedor de 
varios idiomas, reunía á estas dotes, la de ser un notable arqui- 
tecto y un pintor y escultor distinguidísimo. Nacido en Córdoba 
en 1538, estudió las artes en Italia, y después de encastarse en la 
buena escuela de Miguel Ángel, vino á establecerse en Córdoba, 
su patria, donde obtuvo una ración en la Catedral en 1577. Aquí 
abrió su taller á cuantos quisieron aprender las artes que él po- 
seía, y en poco tiempo creó la escuela cordobesa, si es que así pue- 
de llamarse á la serie de pintores que en los fines del siglo XVI y 
todo el XVII, ejercieron con aplauso esta profesión en la antigua 
corte de Al-Andaluz. 

Pintó Céspedes en el período de su vida, de 1577 á 1608, en 
que bajó al sepulcro, muchas obras de importancia, sin que haj'^a- 
mos conservado memoria más que de los retablos mayores de la 
Compañía y Santa Clara, algunos cuadros en el convento de los 
Mártires y los retablos de las capillas de la Cena y de los Mesas 
en la Catedral. 

Al mismo tiempo pintaba en Córdoba César Arbacía. Habia 
contraído amistad estrecha con Céspedes en Italia, y en 1583 se 
encontraban juntos en Córdoba, difundiendo entre la juventud los 
vastos conocimientos que habían adquirido en la misma escuela. 
Arbacía dejó en Córdoba las pinturas murales de la capilla del 
Sagrario de la Catedral, 

Encastados en la manera vigorosa y brillante de estos maestros 
y en todos los principios que informaban la escuela florentina, á 
que ambos pertenecían, salieron los discípulos de Céspedes. Juan 
Luis Zambrano, sin duda el mejor, Antonio de Contreras, don 
Juan de Peñalosa y Sandoval, Leonardo Henriquez, Pray Cristó- 
bal de Vera, el lucentino Antonio Mohedano y el hermano Adria- 
no. De todos ellos, Zambrano es el único que progresa sobre su 
maestro. 8us obras, conservadas en la Catedral y en el convento 
de los Mártires, son más humanas que las del famoso Céspedes; 
hay en ellas menos carácter académico, menos recuerdo de la an- 



47 

tigüedad clásica y más naturalismo. Hasta la sequedad que domi- 
Ba algún tanto en las pinturas del racionero, ha desaparecido en 
•el martirio de San Esteban, que en la Catedral se conserva. Peña- 
losa se esmera en el dibujo, delineando las figuras con esquisita 
corrección; pero es algo seco en el color, y tanto se ciñe á la imi- 
tación de su maestro, que el cuadro de la Asunción que está en el 
Hospital de niños expósitos, á no estar firmado, creeríase obra del 
insigne Céspedes. Leonardo Henriquez sólo pinta, que sepamos, el 
cuadro de los milagros de la Virgen de la Tuensanta, y llega á 
nosotros en tal estado, que no es posible juzgar de la primitiva 
■obra; y de Contreras y Fray Cristóbal de Vera, tampoco quedan 
pinturas que nos autoricen á juzgar la senda por ellos emprendida. 
Mohedauo siguió las huellas de Peñalosa, á juzgar por los cuadros 
fiuyos que se conservan en el palacio arzobispal de Sevilla, pues lo 
que pintó en las bóvedas de la nave del Sagrario de la Catedral de 
Córdoba no ha llegado hasta nosotros. 

Contemporáneo de Céspedes fué otro pintor cordobés que dejó 
una buena CH,sta de discípulos. Era éste Luis Fernández, que 
en 1580 vivia en Sevilla, y fué el maestro de Herrera el Viejo y 
de los dos Castillo, Juan y Agustín. Este último se estableció en 
Córdoba, en donde á la sazón pintaban los ya citados discípulos 
de Céspedes, Luis Ruio, que estudió en Italia y fué allí vencedor 
en público certamen de Miguel Ángel Amerighi de Caravaggio, 
Fray Juan de la Miseria, pintor flamenco de quien nada nos ha 
quedado, y Juan de Mesa, competidor del ya citado Leonardo 
Henriquez, y de los Pesólas, que hicieron la decoración de las 
bóvedas de la capilla mayor de San Francisco, ho}' embadurna- 
das de cal. Pero el más notable de los pintores residentes en Cór- 
doba después de la muerte de Céspedes, lo fué Cristóbal Vela, 
natural de Jaén , que en unión con Zambrano, cubrió de hermo- 
sísimos cuadros los muros y techos de la iglesia del convento de 
San Agustín, pinturas que, aunque en parte, maltratadas del 
tiempo, dan á conocer en su autor una verdadera eminencia del 
arte. Este fué también el autor de los lienzos del retablo mayor 
de la Catedral, después sustituidos por otros de Palomino y de 
los que dos, San Acisclo y Santa Victoria, forman el retablo de 



48 

la ermita de los Mártires junto á la puerta de Colodro en San- 
ta Marina. 

También pintaba entonces en Córdoba Andrés Sarabia, cuya 
patria se ignora, y de quien hay una adoración de Jesús por los 
pastores en el Museo provincial. 

Agustín del Castillo se estableció en Córdoba en 1623 con gran 
fama y fortuna. En iglesias no ha quedado algo de su mano; pero 
si, procedente de los destruidos conventos, se conservan en el 
Museo varios cuadros suyos bastante estimables. Su escuela tuvo 
un sucesor en sCi hijo Antonio del Castillo Saavedra, que es el 
pintor cuyas obras caracterizan la mal llamada escuela cordobesa. 
Desde 1626 á 1667 en que murió, fué Castillo el pintor más mi- 
mado de los cordobeses. Con sus cuadros se enriquecieron igle- 
sias, conventos y casas particulares, y desde la Catedral hasta la 
más modesta ermita, raro es el templo cordobés que no conserva 
alguna de sus pinturas, correctísimas de dibujo y muchas de 
hermoso color, si bien otras pálidas y desabridas. Como Céspedes, 
dejó Castillo un buen plantel de discípulos. Fuéronlo suj-os Pedro 
Antonio, imitador de su maestro hasta confundirse con los de éste 
los dos cuadros que del discípulo se conservan en la iglesia de 
San Pablo; Juan de Alfaro que, ensoberbecido por las lecciones 
que posteriormente recibiera de don Diego Velazquez, pretendió 
vencer á Castillo, sin que nunca sin embargo se le pudiera igua- 
lar. Manuel Francisco Arias y Contreras, pintor desconocido 
hasta ahora y de quien no han quedado obras, y don Juan de 
Valdés Leal, que en sus cuadros de los muertos de la Caridad de 
Sevilla y en el hermoso retablo del convento de Carmelitas calza- 
das de Córdoba, no sólo iguala, sino aventaja ea mucho á su 
maestro y paisano á quien corresponde la gloria de haber sido el 
único profesor que tuvo el más grande de los pintores cordobeses. 

En esta segunda mitad del siglo XVII, el arte en Córdoba 
como en toda España, habia llegado al punto culminante de su 
esplendor, del que pronto lo veremos descender rápidamente, y á 
más de haber buenos pintores habia afán por construir edificios 
y enriquecerlos con joyas artísticas. Vivían en Córdoba, á más de 
los pintores citados, Juan Francisco de Quesada, pintor notable, 



4íl 

del que quedan obras en la Catedral y en San Francisco: Antonio 
García Reinoso, el sevillano José de Sarabia, Lijo de Andrés, de 
quien antes hablamos; el licenciado Antonio de Vela, hijo y dis- 
cípulo del pintor de San Agustín, y Fray Juan del Santísimo 
Sacramento, que cubrió de ¡linturas los muros de la iglesia de los 
Carmelitas descalzos y pintó la galería de retratos de los Obispos 
en el palacio episcopal. Además, produjo Córdoba en este tiempo 
á Juan Antonio Escalante y Fray Cristóbal del Viso, pintores 
que se formaron y dieron sus frutos fuera de su patria. 

Al propio tiempo los nobles cordobeses encargaban cuadros 
fuera de Córdoba. Murillo, Rivera, Sebastian Martínez, Vicencio 
Carducho, Orrente, Zurbaran, Juan de Sevilla, Bocanegra, Alon- 
so Cano, D. Juan Xiño de Guevara, Roelas y otros muchos, en- 
viaban sus cuadros á Córdoba para embellecer con ellos sus casas, 
iglesias y conventos. De las Colecciones de pinturas que entonces 
se formaron, ninguna ha llegado hasta nosotros, y hoy solo existe 
la que á su costa ha reunido nuestro querido tío el Marqués de la 
Fuensanta del Valle. Pero este grado de esplendor pasó en segui- 
da, y en la primera mitad del siglo XVIII los pintores que que- 
dan son artistas que acusan en sus obras una decadencia por todos 
conceptos lamentable. 

Toda la historia de la pintura cordobesa en los dos primeros 
tercios del último siglo se encierran en muy pocos nombres. Don 
Acisclo Antonio Palomino de Castro y Velasco, discípulo de Al- 
faro y de Valdés Leal, es el más notable, y sin embargo, encari- 
ñado con los atrevimientos de Lúeas Jordán por un lado, y por 
otro robándole al arte el tiempo necesario para pintar bien á cam- 
bio de pintar mucho, presenta en sus cuadros flaqueza en el dibu- 
jo, desabrimiento en el color y una manera de hacer acomodaticia 
y falsa. Su coetáneo, y sin duda mucho más concienzudo artista, 
fué el racionero de la Catedral don Antonio Fernandez de Castro, 
de quien nos han quedado tantas obras como pocas noticias. Re- 
partíase el predominio en el arte con estos maestros el violinista 
italiano Pompeyo. músico de la orquesta de la Catedral y pintor 
predilecto del Cabildo, según abundan sus obi-as en aquel templo. 
Este tenía un colorido fresco y agradable, aunque algo falso, y 
Tomo CVII. 4 



50 

parece que seguía las huellas del famoso Tiépolo. También llena - 
ios conventos, sobre todo el de la Merced, de cuadros endebles los 
más, don José Cobo de Guzman, natural de Jaén, de quien hay 
alguna que otra obra buena y muchas desdichadísimas. 

En el último tercio del siglo un lego dominico, Fray G-erónimo 
de Espinosa, sigue las huellas de Palomino en cuanto á la veloci- 
dad, y así es, que si bien de su mano hay alguna cabeza regular 
y concienzudamente pintada, en cambio los cardenales y santos 
del orden que se ven por todas partes en la iglesia de San Pablo, 
más que retratos, parecen bosquejos. 

Inútil es que citemos otros muchos nombres de pintores media- 
nos que el lector encontrará en este libro. Bástenos ahora decir 
que la pintura, como la arquitectura, tuvo su renacimiento en los 
últimos años del siglo XVIII, y que representantes de él fueron los 
dos Monroy, padre é hijo. Don Antonio, pintor improvisado de un 
pobre albañil, de haber tenido buenos profesores, hubiera sido un 
artista singular, puesto que lo poco que queda de su mano es de 
lo mejor de su tiempo, tanto por el dibujo como por la composición 
y color. Su hijo don Diego, aficionado á la escuela de Maella. de 
quien fué discípulo, exageró todos los defectos de su maestro sin 
llegar en mucho á ejecutar las bellezas de aquél. 

A fines del siglo último el Obispo don Antonio Caballero y 
Góngora fundó en Córdoba una escuela de Bellas Artes que aún 
dura, reducida á una cátedra de dibujo é incorporada al Instituto 
provincial de segunda emseñanza. Trajo de profesores para la es- 
cultura á don Tomás Arali, y para la pintura á don Francisco 
Agustín Grande. De esta escuela no salió pintor alguno notable; 
don Diego Monro}'' fué profesor de ella hasta su muerte en 1856. 

A más de la enseñanza dada en esta escuela, no había en Cór- 
doba otros profesores que don Isidro Espejo y don Juan de Dios 
Monserrat, cuyo mérito consiste únicamente en haber sido los sos- 
tenedores de la afición á la pintura en la primera y aun en parto 
de la segunda mitad de este siglo. Discípulo del segundo fué don 
Mariano Belmente y Vacas, paisagista premiado eu varias Expo- 
siciones generales y director de las Academias de Cádiz y Va- 
lencia . 



51 

A Monroy sustituyó en la cátedra del Instituto don José Saló y 
Junqaet y á éste don León Abadías que aún la desempeña. El se- 
ñor Saló tuvo un hijo y discípulo que murió muy joven cuando 
mayores esperanzas daba de ser un excelente pintor. 

Finalmente, el arte estaba completamente perdido y olvidado e» 
Córdoba cuando vino á ella de conservador del Museo don lia- 
fael Romero y Barros, nuestro querido amigo y maestro, y á ins- 
tancias de éste, y sin oposición por parte del señor Saló, se creó 
la escuela de Bellas Artes en 1866, siendo autorizada para ello la 
Diputación provincial por real orden de 20 de Febrero. El prin- 
cipio de éste ya importantísimo centro fué sumamente modesto; 
se reducía la enseñanza á una cátedra de dibujo de figura desem- 
peñada por don Rafael Romero, que á la vez tenia el cargo de se- 
cretario ; otra de adorno y lineal por don José Saló que era el di- 
rector; una de matemáticas á cargo de don Francisco Céinos, y 
otra de anatomía pictórica que explicaba don Narciso Sentenach. 
Al siguiente curso fué necesario nombrar un ayudante para la cla- 
se de dibujo de figura, siéndolo don Julio Degayon. Constante- 
mente la Diputación provincial ha ido ensanchando la enseñanza 
que en este centro se da, y hoy la escuela se encuentra con cáte- 
dras de dibujo de figura, del yeso y del natural, de colorido y ro- 
pajes, anatomía, perspectiva, estética é historia del arte, dibujo 
lineal y adorno y aplicaciones á la construcción, escultura por la 
estampa, el yeso y el modelo vivo, todo lo que tienen las escuelas 
más antiguas y mejor montadas que en otras parte existen. Hace 
pocos años se ha ampliado la enseñanza con varias cátedras de 
música. 

Los pintores que han estado al frente de esta escuela han sido 
don José Saló, don Joaquín Hernández de Tejada y don Rafael 
Romero y Barros, que es el director actual. Han sido catedráticos 
don José García Córdoba, don José Rodríguez Santisteban y 
don Ventura Reyes Corradi, y lo son en la actualidad don Julio 
Degayon, don José Muñoz Contreras, don Juan Montes y Váz- 
quez y don José Serrano Pérez. Los profesores encargados de 
otras enseñanzas no entra ahora en nuestro propósito enume- 
rarlos. 



52 

De esta escuela han salido don Tomás Muñoz Lucena, premiado- 
con medalla de segunda clase en la Exposición de Madrid de 1887,. 
3' don Rafael Romero y Torres, pensionado en Roma en la actua- 
lidad. Estos dos jóvenes pintores unidos al montillano señor Ga- 
ruólo, premiado también en la Exposición citada, son las esperan- 
zas del arte pictórico en la patria de Céspedes, Castillo y Valdés 
y Leal. 

Ha llegado el momento de que nos ocupemos de los escultores 
que ha producido esta parte del suelo andaluz. Sabido es que la 
escultura no tuvo en España en tiempo alguno un lugar preemi- 
nente. Si hubo escultores tan notables como Becerra, Berruguete 
y Martínez Montañez, ni aun estos mismos llegaron á igualar las- 
obras maravillosas de un Miguel Ángel, un Dónatelo ó un Celli- 
ni. Pues bien, en Córdoba el arte escultural tampoco llegó á la al- 
tura que la pintura alcanzó. Así es que en todo el siglo XVI no 
encontramos más que á Jorge Fernandez Alemán, cuya patria se 
ignora, que en 1525 pasó á Sevilla á trabajar en el retablo de 
aquella catedral. Torriggiano, italiano, que hizo los relieves hoy 
casi perdidos que decoran la puerta del puente. El capitán Cepe- 
da, también de patria incierta, que deja en el convento de la Mer- 
ced de Sevilla un Cristo crucificado, doña Mencía de la Oliva, 
madre del célebre cronista de Eelipe II Ambrosio de Morales, au- 
tora de otro Cristo, que no hemos visto, guardado en la clausura 
del convento de Santa Cruz, y el inmortal Pablo de Céspedes, au- 
tor incierto del San Pablo de la capilla de esta advocación en la 
catedral. 

Aparece el siglo XVII y nuestras noticias son aún más esca- 
sas. Sabemos sólo que las esculturas que decoran el retablo mayor 
y tabernáculo de la Catedral las hicieron Matías Conrado, Pedro 
Freyle de Guevara y Pedro de Paz. Este es también autor del 
San Rafael que corona la torre. En 1651 se pone una estatua del 
ángel custodio sobre el puente ,y es su autor Bernabé Gómez del 
Rio. En 1679 el Obispo Salizanes fundó la capilla de la Concep- 
ción, y las estatuas que decoran el altar fueron hechas por don 
Pedro Mena, discípulo de Alonso Cano y natural de Adra. Las 
esculturas de la capilla del Cardenal Salazar fueron hechas por 



53 

Joaé Mora, discípulo también del célebre maestro granadino. 
Aquí concluye la historia escultural del siglo XVII. 

El siglo XVIII es el que más esculturas ha producido en la ca- 
pital que historiamos. Durante él se hizo la sillería del coro de la 
datedral, obra toda ella del escultor sevillano don Pablo Duque 
Cornejo, que en aquel sitio halló honrada sepultura; es lo más no- 
table en estatuaria que en Córdoba existe, pues si bien la estruc- 
tura total de la obra y gran parte de sus adornos corresponden al 
churriguerismo más detestable, las estatuas, los bajo relieves, las 
mil cabezas que la decoran son de un verdadero mérito artístico, 
así ccmo el gran relieve que corona la silla obispal y que en figu- 
ras de tamaño natural representa la Ascensión del Señor. También 
en este siglo á sus fines se hicieron los pulpitos de caoba, churri- 
guerescos como el coro, pero con relieves hermosísimos, obras del 
escultor francés Mr. Miguel Verdiguier. 

Fuera de la Catedral se hicieron muchas esculturas para los al- 
tares de casi todas las iglesias. En los primeros años del siglo 
vivió Fray Juan Vázquez, prior que fué del convento de San Pa- 
blo, y que dejó obras suyas en el retablo mayor del hospital de 
San Jacinto, vulgarmente llamado de los Dolores, y en los alta- 
res de la iglesia de San Pablo, en donde quedan aún las estatuas 
de Santa Inés de Monte Pulciano, Santa Catalina de Rizzi y San- 
ta Columba. 

En 1736 el padre Juan de Santiago levantó el monumento á 
San Rafael, que se conserva en la plaza de la Compañía, costeán- 
dole con limosnas, y fueron los artistas que lo labraron Alonso 
Pérez y el escultor Juan Giménez, autor de la estatua. 

En tiempos del Obispo Barcia se hizo como hemos dicho antes, 
el triunfo á San Rafael junto á la Catedral en que el escultor Ver- 
diguier dio muestras de su mal gusto arquitectónico, y no conten- 
to con éste, elevó otro á su costa en la plaza de San Hipólito con 
unas bonitas esculturas de barro que el tiempo y los muchachos 
han destruido. 

El más notable escultor cordobés de la centuria pasada fué don 
Alonso Gómez de Sandoval, que habiendo entrado lego en el con- 
vento de Trinitarios descalzos, no hubiera llegado á escultor sin la 



54 

protección de un obispo que lo sacó de allí y le costeó la enseñan» 
za. Fué discípulo al parecer de un escultor muy mediano llamado 
Góngora; y á haber estudiado con buenos profesores, hubiera lle- 
gado á ser uno de los mejores estatuarios de España. Han queda- 
do obras suyas en el convento de les padres de Grracia, en la par- 
roquia de Santa Marina, en la iglesia del Hospicio y en las er- 
mitas de la Aurora y del Amparo. Su mejor obra se encuentra en 
la parroquia de Santa Maria de Andújar. 

Al hablar de la historia de la pintura hicimos mención de la 
academia de Bellas Artes creada por el Obispo don Antonio Caba- 
llero y Góngora, y ahora añadiremos que de ella salieron dos ar- 
tistas que han alcanzado el presente siglo, y en él obtenido su 
justa fama. Eueron estos don José Tomás y don José Alvarez y 
Cubero. El primero, según parece era corbobés; el segundo natu- 
ral de Priego é hijo de un pobi'e cantero. De Tomás quedan en 
Madrid obras muy notables como son el bajo relieve de la Cena en 
el intercolumnio de la iglesia del Caballero de Gracia, dos genios 
que sostienen los escudos en el obelisco de la Castellana, parte de 
las estatuas y adornos del monumento del dos de Mayo, y el pe- 
destal de la estatua de Eelipe IV en la plaza de Oriente. Alvarez^ 
Cubero fué premiado y coronado por Napoleón el Grande; luchó 
con Cánova en Italia é inmortalizó su nombre en el grupo de la 
defensa de Zaragoza que se admira en el museo del Prado en Ma- 
drid. Tal fué su importancia artística, que en uno de los medallo- 
nes que decoran el museo del Prado se encuentra su busto de me- 
dio relieve eutre los de los grandes maestros del arte en España. 

Contemporáneos de estos, aunque más modestos, son don Lo- 
renzo Cano y su hijo don José. Ambos alcanzaron al siglo actual, 
puesto que el primero murió en 1817 y el segundo en 1835. Del 
primero han quedado obras en Santiago, San Pedro y los Dolores, 
y la hermosa estatua de San Francisco sobre la puerta del compás 
de este convento, y del segundo dos estatuas en la parroquia de 
San Miguel y unos relieves en la de San Francisco. 

Finalmente, don José de los Rios y Serrano, natural de Baeua 
y padre del célebre escritor de antigüedades y bellas artes don 
José Amador de los Rioa, fué un escultor muy apreciable, y de su 



55 

habilidad quedan muestras en los conventos de monjas de Corpus 
Cristi y de Santa Cruz en Córdoba. 

En los tiempos actuales sólo tiene la escultura cordobesa la 
esperanza de que lleguen á ser notabilidades, don Mateo Inurria, 
que ya está en camino, y el aventajado joven don Enrique Rome- 
ro de Torres, hijo del actual director de la Escuela de Bellas 
Artes. 

Si insignificante es la historia de la escultura, eslo más aún la 
del grabado. En Córdoba ha estado reducido este arte á las lámi- 
nas de santos titulares de cofradías y templos, y á las que hablan 
de adornar alguna que otra obra que se daba á la prensa. Asi 
es que han sido muy pocos los grabadores de profesión; casi todos 
han sido plateros, y si no hubiera dado esta provincia los dos 
Vázquez y Palomino, podría prescindirse de hablar del grabado 
de láminas en estos apuntes. 

En el siglo XVI no encontramos ni un solo grabador cordobés. 
En el siglo XVII hallamos á Eray Ignacio de Cárdenas, graban- 
do en 1662, las armas de los Córdobas y Figueroas, y algunos 
santos titulares, y á Joaquin López, autor de una estampa de la 
Virgen de la Fuensanta. 

En el siglo XVIII encontramos algo más. En él vivió don Juan 
Bernabé de Palomino, autor de las estampas del Museo pictórico, 
de su tio don Acisclo Antonio Palomino, del plano de Madrid, 
del retrato del venerable Padre Posadas y otros, y algunas copias 
de cuadros de buenos autores que le valieron honores académicos 
y fama verdadera y justa. Fué su discípulo don Nicolás Carrasco,, 
que vivió en Córdoba y Sevilla, y grabó láminas muy apreciables. 

En este siglo vivió también Juan Diez, grabador que nadie ha 
mencionado hasta ahora, y que no sólo era notable con el buril, 
sino hábil en el dibujo y en la composición. Su estampa de San 
Rafael lo atestigua así y otras muchas que van citadas en su bio- 
grafía. 

En 1755 hizo una lámina, hoy rarísima, del arca de las reli- 
quias de los mártires que se guardan en San Pedro, un Francisca 
de Zea, probablemente de la familia y acaso uno de los impresores 
famosos de este apellido, y por último, en 1749 nació en Córdoba 



56 

don Bartolomé Vázquez que había de llegar á ser uno de los bue- 
nos grabadores, rival de Carmona y de Selma, los mejores que Es- 
paña ha tenido. Vázquez no tuvo maestro. Tué un platero que por 
afición se dedicó á grabar láminas. Establecido en Madrid se puso 
á la cabeza de los ai'tistas y fué académico de la de San Fernando. 
Vázquez inventó los barnices que usaba, adivinaba los procedi- 
mientos y llegó á hacer estampas en colores con una sola vuelta de 
tórculo, como atestigua la Virgen de la Silla, copia de Rafael, que 
hizo con todos los colores del original. Digno sucesor de su padre 
fué don José Vázquez autor de muchas estampas copias de cua- 
dros del Museo de Madrid. 

Después de estos dos famosos grabadores sólo encontramos en 
el siglo actual un tal Mendoza, de quien haj una Virgen del Am- 
paro; un José Sánchez, autor de varias láminas de santos titulai'es 
y A. Aguilar que en 1812 hizo una de la Virgen del Amparo. La 
estampa última grabada en Córdoba es el Ecce-Homo que estuvo 
en el arquito real y hoy en la Compañía, y su autor es el citado 
Sarchez. Después no se ha hecho otra ni hay hoy quien sepa abrir 
una mala lámina para una viñeta de periódico. 

Pero si poca importancia tuvo siempre el arte del grabado, tú- 
vola muy grande en todos tiempos el de la orfebrería. Ya hemos 
hablado de la platería en tiempos de los árabes, y tócanos hablar 
ahora de los progresos que este arte hizo en Córdoba, desde el si- 
glo XVI hasta el presente, en que ha caído en una decadencia por 
todo extremo lamentable. 

En 1505 tomó posesión de la Silla el Obispo don Juan Daza, 
que sólo la ocupó cinco años; y este prelado, amante de las artes, 
determinó dotar á la Catedral de una Custodia suntuosa, para lo 
cual llamó á Córdoba al orfebre alemán Enrique de Arfe, que se 
hallaba en Toledo, y habia concluido la magnifica Custodia de 
aquella Catedral. Vino éste y comenzó la obra, que no se acabó á 
la muerte del Obispo Daza en 1510. Tampoco se acabó en los 
tiempos del Obispo don Martin Fernandez de Ángulo, puesto que 
en su testamento otorgado en 1516 dejó 500 ducados para ter- 
minarla; pero debió acabarse poco después, puesto que se estrenó 
en la procesión del Corpus en 1518, siendo Obispo don Alonso 



57 

Manrique. Etsa joya inestimable la contamos como obra cordobe- 
sa, aunque hecha por un alemán, porque de ella debieron tomar 
enseñanza los plateros cordobeses para trabajar las obras que han 
hecho su arte famoso en todo el mundo, y no la describimos por- 
que no lo permite la brevedad de estos apuntes, y además, porque 
ya lo ha hecho de la manera magistral que sabe don Pedro Madra- 
zo, en la obra que hemos citado varias veces. Bástenos sólo decir 
que pertenece al arte ojival florido, y que es una maravilla por la 
ligereza y esbeltez de su forma, por la riqueza de sus adornos y 
por la magistral manera con que están trabajados los relieves, es- 
culturas y caprichosos follajes que la decoran. 

En el tesoro de la Catedral hay otra obra que debió también ser 
labrada por Arfe, según es su primor y elegancia. Es la Cruz lla- 
mada Antigua, y tanteen ella como en la Custodia, debió trabajar 
el orfebre cordobés Juan Ruiz, el Vandalino, autor de la Custodia 
de la Catedral de Jaén. Esta corresponde al mismo orden arqui- 
tectónico que la de Córdoba; tiene do? varas y media de alta; se 
halla dividida en seis cuerpos llenos de conopios, umbelas, ménsu- 
las, estatuas y adornos de esquisito gusto, y se gastaron en ella 400 
marcos de plata: Juan Ruiz firmó el contrato para hacerla en 1533. 
Este artista es también autor de la Custodia de Baza y de parte de 
la de la iglesia de San Pablo de Sevilla, que no concluyó por alcan- 
zarle la muerte en este trabajo. 

Mientras se hacían estas obras, el gremio de plateros en Córdo- 
ba estaba asociado y habia fundado un hospital bajo la advocación 
de San Eloy, cuya portada del siglo XVI es lo único que de él 
queda y en estado ruinoso. Las constituciones de la Hermandad, 
así como todos los papeles del archivo, desde el siglo XVI hasta 
hoy, se conservan aún y hemos podido examinarlos, gracias á la 
bondad del actual Presidente ó Hermano mayor señor Euiz. Por 
ellos hemos averiguado que las constituciones primeras de la co- 
fradía fueron aprobadas por el Obispo don Juan Rodríguez de 
Fonseca en 1503, época, como se ve, anterior á Enrique de Arfe, 
y nos ha extrañado que ni del famoso artista alemán ni del cordo- 
bés Juan Ruíz, se encuentren memorias en la cofradía. 

Estas primitivas constituciones no existen. Las segundas, es- 



58 

critas en vitelas con iluminaciones primorosas y en caracteres 
monacales, se conservan hoy. Constan de cuarenta y nueve capí- 
tulos y fueron aprobadas en 26 de Junio de 1541 por el Obispa 
don Leopoldo de Austria. Después se le aumentaron tres capítu- 
los y fueron aprobadas nuevamente por don Francisco Pacheco 
en 3 de Julio de 1587, 

De estas ordenanzas hemos podido deducir los nombres de al- 
gunos de los que en el siglo XVI desempeñaron los principales 
cargos de la hermandad, y calculando que serían los mejores ar- 
tistas y de mayor reputación, los daremos aquí. Eran en 1511 
alcaldes de la hermandad Alonso de Córdoba y Diego de San 
Llórente; en 1547 primer priorte Juan Sánchez; en 1551 priorte 
Diego Fernandez, y en 1557 desempeñaban los cargos de priorte 
Diego de Sevilla, alcaldes Pero Fernandez Tercero y Diego Fer- 
nandez el Rubio, veedores Fernando de Jahen y Antonio Fer- 
nandez, y mayordomo el señor Alonso Sánchez. De ninguno de 
ellos conocemos obras para juzgar de su mérito. 

Otro documento importantísimo del archivo de plateros lo cons- 
tituyen los libros de actas de aprobación para abrir taller y co- 
merciar en el arte de la platería. 

Era entonces y lo ha sido hasta principios del siglo actual un 
requisito indispensable para ello, sufrir un examen ante todos los 
que tenían cargo en la hermandad, y si en este acto probaban los 
aspirantes su suficiencia y conocimientos, eran aprobados y auto- 
rizados como maestros en platería. Pasarán de mil los plateros 
aprobados en los siglos XVI, XVII y XVIII en Córdoba, pero 
sólo hemos tomado para esta obra los artistas que presentaban 
piezas de escultura 6 de obras de importancia, y aquellos que 
desempeñaron los principales destinos en la hermandad, en las 
épocas en que aún no se habia perdido el buen gusto, y no habían 
invadido el borroncinismo y el churriguerismo la esfera del arte. 
De este espurgo encontramos, con visos de haber sido buenos 
artistas, los plateros siguientes: Juan de Portollano, aprobado en 
1565; el señor Juan Casas y Alonso López el Mozo en 1575; el 
primero desempeñó en la hermandad los cargos de mayordomo, 
alcalde y priorte. En 1578 fué aprobado el señor Martin Sánchez j 



59 

en 1580 el señor Martin Alonso, Diego de las Casas, el señor 
Fernando de Soto y el señor Diego Ximenez. Se ignora el año en 
que fué aprobado Lúeas de Valdés, pero de su mano hay una 
hermosa lámpara de plata (hecha en 1602) en la capilla de los 
Mártires de la parroquia de San Pedro. En 1620 el Obispo Mar- 
dones regaló á la Catedral la cruz grande, cuyo autor hasta 
ahora ignoramos. En 1648 fué examinado Juan López; en 1677 
hizo el platero montillano Tomás Gonzalo de Alcántara y Ángulo 
la cruz de plata del Jesús Nazareno de Puente Genil. En 1683 
fué aprobado Antonio E.uiz de León; en 1690 don Gaspar de la^ 
Tazas, y en 1697 don Alonso Moreno. Esto es lo que hemos ave- 
riguado de los siglos XVI y XVII. En el siglo XVIII aparecen 
aprobados en 1709 don Alonso de Aguilar y don Juan Calvo, y 
en 1714 don Juan Sánchez Izquierdo, artista notable, aunque po- 
seído del mal gusto de su época, que es el autor del frontal y 
atributos del altar del Ayuntamiento. En el mismo año fué exa- 
minado don Juan Romero; en 1723 don Juan de la Gala, don 
Juan de Luques y Molina y don Eernando de Martos; en 1725 
don Juan de Soldevilla y el maestro don Bernabé García de los 
Reyes; en 1727 don Juan Benitez; al siguiente año don Juan de 
Zafra; en 1730 don Cristóbal Ceballos y Buenrostro, y en 1731 
Sebastian Fernandez. 

En 1735 el citado maestro García de los Reyes hizo por encar- 
go del Obispo don Pedro de Salazar y Góngora la renovación ó 
restauración de la custodia de Enrique de Arfe , y en el siguiente 
año fué examinado otro artista notable, don Damián de Castro, 
de quien volveremos á hablar. En 1739 fué aprobado don José 
Negrete; en 1745 don Juan Martin Segovia y la Hoz presentó á la 
cofradía de San Eloy una obra que habia escrito titulada «Uni- 
versidad de la Platería y compendio de todas ciencias,» la que ig- 
noramos si se llegó á imprimir. En 1748 fueron aprobados don 
José de Ayllon, don Antonio de Almoguera y don Alonso Millan; 
en 1753 don Pedro Morales y don Nicolás Crespo; el 54 don An- 
tonio José Pérez y don Juan de Santiago Castillejo y Velasco; 
el 55 don Bernabé García Aguilar y don Antonio Romano; en 1762 
don Eulogio González y Rodríguez, y en 1768 don Manuel Repiso. 



60 

En este año, don Antonio de Santacruz y Zaldúa, hizo la mitra 
de plata del San Eloy de la cofradía que está muy bien labra- 
da, especialmente el relieve repujado de la Concepción que tiene en 
el centro. 

En 1779 el Arzobispo de Sevilla don Francisco Delgado, man- 
dó hacer en Córdoba una Custodia para la Catedral de Sigüenza 
y se la encargó á don Damián de Castro, quien la hizo de forma 
exagonal, adornada de muchas historias, inscripciones, figuras, 
obeliscos y torrecillas y muy á satisfacción del prelado. Medía 
cuatro varas de altura y era el encanto de los de Sigüenza, hasta 
que los franceses, en la invasión de 1808, se la llevaron y no la 
han vuelto á ver. 

En este mismo año de 1779 se abrió certamen entre los discípu- 
los de platería para ir á estudiar por cinco años á Madrid á la 
escuela de don Antonio Martínez. Formaron el tribunal don Ber- 
nardo de Cáceres Ayllon, los veedores del arte y el escultor 
Mr. Miguel Verdiguier, y fueron los opositores Antonio Hidalgo, 
Bartolomé del Pozo y Rafael Beltran y Cornejo. El primero ganó 
la plaza, pero no sabemos que volviera á Córdoba á enseñar lo 
que aprendiera de Martínez, como se le puso de obligación. 

Después de esto sólo vemos como obra notable la urna de las reli- 
quias de los Santos Mártires de San Pedro, hecha en 1790 por Cris- 
tóbal Sánchez y Soto, platero que ya había sacudido el mal gusto 
churrigueresco, y que volvía por los fueros del arte y de la belleza, 
ccmo lo atestigua esta hermosa alhaja. 

La competencia hecha al arte por la industria alemana, ha 
hecho decaer grandemente la platería en Córdoba; sin embargo, 
aún quedan verdaderos artistas como el señor Notario, autor de 
un San Rafael de tamaño académico, y el señor Blanco, grabador 
muy notable. 

Quédanos sólo decir dos palabras de los bordadores. En la Ca- 
tedral se conservan dos magníficos frontales de altar, cuyos auto- 
res se ignoran; pero que son dos joyas del arte del siglo XVI. En 
la parroquia del Carpió, en la capilla de los Marqueses, hay unos 
ornamentos de la misma época de inestimable valor. En el si- 
glo XVII vivió en Córdoba, según Cean Bermudez, Juan Gro- 



61 

mez, autor de una funda para la caja del Santísimo de la Cate- 
dral de Sevilla, y en el siglo XVIII, hemos averiguado que vivió 
Diego Moreno y Ceballos, que en 1783 bordó la capa y la estola 
del San Eloy de la Hermandad de plateros. 

Hemos terminado estos ligeros apuntes respecto al arte cordo- 
bés. Sólo nos resta decir algunas palabras de la obra á que pre- 
ceden. 

Para escribirla nos han servido de base las de Cean Bermudez, 
Llaguno y Amirola, Osorio y Bernard, los Paseos por Córdoba 
de nuestro padre don Teodomiro y otros cuyos nombres irán cita- 
dos al final de cada artículo biográfico; además hemos registrado 
casi todas las que se han escrito de bellas artes, antigüedades é 
historia cordobesas, muchos manuscritos y algunos archivos; así 
es que nuestro trabajo, contiene más de un doble de los artistas 
mencionados antes en diccionarios biográficos, y casi todas las 
biografías antes escritas, han sido ampliadas con nuevos y curio- 
sos datos. 

Con esta obra que no creemos completa, pensamos hacer un 
servicio al Arte 3' á la Historia de España, y principalmente, de 
la querida patria donde vimos la primera luz. Si lo hemos conse- 
guido, será el mayor galardón que podremos obtener por el arduo 
trabajo en ella invertido. 



biografías 



Abdalah-ibn-Husein, apellidado el Gaebali: arqui- 
tecto. Don José Antonio Conde en su Historia de la domina- 
ción de los árabes en España, cita el nombre de este sabio 
arquitecto, natural de Córdoba. No refiere particularidades 
de su vida, ni menciona algún documento que justifique el 
elogio con que habla de él. En cambio relata su muerte, 
ocurrida el lunes 6 de la luna de Xaval del año 403 de la 
egira, de una manera harto trágica, puesto que fué despe- 
dazado por las tropas del rebelde Suleiman, Califa de Cór- 
doba, poco después de aquella jornada memorable. El cuer- 
po de Ibn-Husein estuvo varios dias insepulto, hasta que 
pasado el temor del saqueo y de la matanza, fué enterrado 
sin lavar ni amortajar y sin oraciones. 

Adriano (El Hermano): pintor. Fué donado en el con- 
vento de Carmelitas descalzos de Córdoba, ciudad que se 
cree fuese su patria, y en donde estudió la pintura, bajo la 
dirección del famoso racionero de aquella Catedral Pablo 
de Céspedes. Se ignoran todas las particularidades de la 
vida de este artista, pues aunque Pacheco, que lo conoció, 
le llama valiente pintor, no refiere pormenores ni datos bio- 



64 

gráficos que hubieran sido interesantes. Sólo se sabe que 
huyendo del elogio de sus contemporáneos, borraba la ma- 
yor parte de los lienzos en que ejercitaba su afición, y que 
murió en 1630 en su convento, con gran crédito de virtuoso 
y de pintor notable. De su mano no se conservan hoy más 
que una Magdalena en la iglesia del referido convento, co- 
nocido por San Cayetano, y un Cristo en la cruz con varias 
figuras de medio cuerpo al pié, cuadro que procedente de 
dicho edificio se guarda en el Museo provincial de Córdoba. 
Esta última obra es de correctísimo dibujo y fácil ejecu- 
ción, y muy digna de los encomios que tributaban al autor 
los aficionados de su época, si bien el colorido es seco y ce- 
niciento, resultando desagradable á la vista. El viajero Ponz 
celebra mucho este cuadro, que en su tiempo estaba en un 
retablo en la antesacristía del convento. 

(Pacheco. — Palomino. — Ponz. — Cean 
• Bermudez. — Ramírez de Avellano , don 
Teodomiro) . 

Agudo (Maestre Mahomad): alarife. En la obra del 
señor Llaguno y Amirola, titulada Noticia de los arquitec- 
tos y arquitectura de España, se dice que en diciembre 
de 1477, se dio un despacho á favor de Mahomad Agudo, 
maestro de los albañiles y soladores de los alcázares de 
Córdoba, y que este documento se guarda en el Archivo 
de Simancas. 

Aguilar (A ): grabador. Acaso fuera hijo del arqui- 
tecto Luis de Aguilar. Vivía en Córdoba á principios del 
presente siglo, y grabó en 1812 una estampa de la Virgen 
del Amparo, que se veneraba en la ermita de esta advoca- 
ción, hoy en parte destruida y el resto privada del culto. 
La estampa que es bastante defectuosa, fué hecha por 



65 

orden del hermano mayor de la cofradía de esta imagen, 
don Manuel Diez y Heredia. 

También podemos suponer que sea este grabador un pla- 
tero llamado Alonso de Aguilar, hijo de otro platero del 
mismo nombre (que lleva articulo aparte), y discípulo de 
Bernabé García de los Reyes, que en 19 de junio de 1763, 
fué examinado por los profesores de platería de Córdoba 
del colegio de San Eloy, y aprobado para abrir obrador y 
ser reconocido como artífice en su arte. La circunstancia de 
ser los grabadores en general, y en especial los cordobeses, 
en su mayor parte plateros, nos ha hecho pensar en que 
sean el platero y el grabador una sola persona. Así se ex- 
plica lo defectuoso y vacilante del trazo; pues siendo el 
mismo individuo, debía ser muy viejo cuando hizo la es- 
tampa, toda vez que desde 176.S á 1812 van cuarenta y 
nueve años, y que en el acta de su aprobación se dice que 
había estado muchos años en los talleres de su padre y de 
García de los Reyes, lo que permite suponer que al exami- 
narse contara ya treinta años de vida, en cuyo caso hizo el 
grabado á los setenta y nueve años de su edad; época en 
que la mano no puede responder con seguridad á los bue- 
nos deseos é inspiraciones de la inteligencia, por exuberan- 
te y rica que ésta sea. 

(Colección de estampas del autor. — Ar- 
chivo del Colegio de plateros). 

Aguilar (Alonso): platero. Véase el anterior. 

Ag^uilar (Alonso de): platero. Natural de Córdoba, 
ignorándose las fechas de su nacimiento y de su muerte. 
En 24 de Noviembre de 1709 fué examinado y aprobado 
para abrir taller por los veedores y alcaldes de la congre- 
gación de San Eloy de Córdoba, presentando como prueba 
Tomo CVII. 5 



-de su maestría un copón de plata. En 1710, esto es, un 
año después de su aprobación, fue nombrado por la con- 
gregación mayordomo de pobres, cargo que desempeñó 
hasta 1712. En 1717 fué nombrado veedor de plata en que 
se ejercitó hasta 1721, y desde 1723 hasta 1725 desempeñó 
el cargo de alcalde de hermandad. Estos empleos de libre 
elección prueban que debia estar muy reputado entre sus 
compañeros de profesión. No hay obra conocida de su mano 
que se conserve hoy. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Aguilar (Luis de): arquitecto. En el cuerpo de campa- 
nas de la torre de la Catedral de Córdoba hay una extensa 
inscripción que da cuenta de las reparaciones que hubo 
que hacer en la misma, á consecuencia de los desperfectos 
causados por el terremoto de 1755, hasta el extremo de que 
dice: «Se emprendió y siguió su reedificación con cuanto 
acierto, felicidad y firmeza cabe en el arte»: esto es, que 
fué tanto lo reparado, que se da el nombre de reedificación 
á la obra. Consta por la misma leyenda que se acabó el 
dia 15 de Agosto de 1763, y que empezó y concluyó la 
obra el maestro Luis de Aguilar. Son las únicas noticias que 
tenemos de este artista. 

Aguilar (Pedro de): dorador, de quien hay memoria 
en Córdoba de haber dorado en unión de Francisco Bola- 
ños, en 1667, el altar y reja del santo Cristo de las Merce- 
des, que aún dura en el convento de la Merced, hoy hos- 
picio. La obra fué costeada por don Manuel Saavedra y 
montó su importe ocho mil reales. 

(Archivo del convento) . 
Agustín (Don Fbancisco): arquitecto. En 1702 fué ne- 



67 

«esario hacer nuevos dos arcos del puente de Córdoba sobre 
el Guadalquivir, y la ciudad encargó la obra á los ar- 
quitectos don Francisco Agustín y Tomás de Ortega. Estos 
la realizaron en el espacio de un año y se dieron traza para 
hacerla por partes, de manera que no faltara nunca el paso 
por el dicho puente á los moradores del Campo de la Ver- 
dad, barrio de Córdoba, que se halla en la orilla izquierda 
del rio. 

(Anales de Martin López MS). 

Ahmed: tallista. En la iglesia del Cristo de las Animas 
en el Campo de la Verdad en Córdoba, hay una lápida se- 
pulcral rota, con orla, en cuya lápida, según la versión de 
don Rodrigo Amador de los Eios, se lee: 

murió el jue 

el octavo: y esto ocurrió el sobado 

en la luna de Moharram, la noche del décimo di 

a del año seis y treinta y cuatro 

cientos. Vivió sesenta y seis 
años, confesando que no hay Dios fuera de 

En la orla dice á la derecha: 

Allah, único, quien no tiene compañeros 

y en la de la izquierda: 

n. Obra de Ahmed 

La última palabra que se conserva no la ha traducido el 
Sr. Ríos por juzgarla irreducible. Nosotros opinamos que 
debería decir Ibn-Fatah, y que este tallista no es otro que 
el que ponemos á continuación. Acaso un estudio más dete- 
nido sobro la palabra en cuestión diera luz sobre este 
asunto. 



68 

Ahmed-ibn-Fatah: tallista. Acaso hijo del famoso^ 
Fatah, de quien hablamos en otro lugar. Se conserva su 
nombre en una cartela de uno de los mejores capiteles que 
se guardan en el Museo provincial de Córdoba en esta 
forma: Ohra de Ahmed-ibn- Fatah, su siervo. El capitel 
tiene además otra inscripción que lo rodea, en la que se lee 
el nombre del Califa Hakam II, sin fecha. El nombre de este 
notable escultor aparece también en igual forma en uno de 
los capiteles que decoran el patio del convento de Jesús 
Crucificado. Este no tiene inscripción en el abaco, pero la 
frase, su siervo, que hay en la cartela parece referirse al 
Califa Hakam II como el anterior y otros de distintos ar- 
tistas de quienes hablamos en esta obra. 

(Don Rodrigo Amador de los Ríos). 

Alcántara y Ángulo (Tomás Gonzalo de): platero. 
Nació en Montilla, no se sabe en qué año, y vivia en su 
patria en 1677. En este año labró la cruz de plata del 
Jesús Nazareno que se venera en la ermita de Puente Ge- 
nil. En la obra empleó doscientas ochenta y ocho onzas y 
veinticuatro reales de plata, y se le pagaron por su trabajo 
siete mil quinientos sesenta y ocho reales. Este artista, des- 
conocido para Cean Bermudez, lo es también en Montilla, y 
seguiría ignorado á no haber exhumado su nombre los 
autores de la obra Apuntes históricos de la villa de Puente 
Genil, recientemente editada. 

Alfaro y Gamez (Don Juan de): pintor y poeta. Na- 
ció en Córdoba en 1640, siendo hijo de Francisco de Alfaro 
y de doña Melchora de los Reyes Cabrera, ambos de distin- 
guidas familias. En sus primeros años estudió el dibujo y 
algo de pintura con Antonio del Castillo Saavedra, el mejor 
pintor que entonces residía en Córdoba; y cuando estuvo ea 



69 

edad de manejarse por sí y con conocimientos, si no sobra- 
dos, bastantes, se trasladó á Madrid, donde perfeccionó la 
pintura con don Diego Velázquez, á quien recuerda en sus 
obras por el colorido y manera, que no por el dibujo un tan- 
to descuidado por nuestro notable cordobés. Velázquez le 
proporcionó los medios de copiar á Rubens, Vandick y Ti- 
eiano, y no bien se hubo don Juan encastado algo en el 
buen color de aquellos maestros y en la manera fácil y bri- 
llante del jefe de la escuela madrileña, volvió á Córdoba, 
ansioso de mostrar sus adelantos y competir con su primer 
director, Castillo, á quien ya creía sobrepujar. 

Ya en Córdoba, las poderosas influencias de su hermano, 
el doctor Enrique Vaca de Alfaro^ y de su tio, el licenciado 
Bernardo de Cabrera, famoso poeta y médico el primero, y 
no menos famoso escritor y anticuario el segundo, hubieron 
de ponerse en juego con toda actividad para proporcionar al 
joven pintor mucho trabajo, y no seria ciertamente de las 
menos importantes obras, la que le encargaron los frailes de 
San Francisco , de la pintura de todo el claustro principal 
del convento. 

Ayudado de estampas y como Dios le dio á entender, sa- 
lió don Juan de su colosal empresa, pintando gran número 
de cuadros, en los que ñrmaba siempre con presunción 
inaudita: Alfaro, pinxit. Hubo de herir esto la susceptibili- 
dad exagerada que caracterizaba á Castillo, y solicitó con 
empeño pintar un lienzo para el mismo claustro, y obtenido 
el encargo y hecha la obra, escribió al pié: Non pinxit, 
Alfaro. Este lienzo ha sido más afortunado que los del 
discípulo ensoberbecido de Castillo. Todos los del claus- 
tro se han perdido, y éste sólo es el que se conserva en la 
Catedral, y es por cierto una de las mejores obras que Casti- 
llo produjo. 

En esta época contrajo matrimonio Alfaro con doña Isabel 



70 

de Heredia, y estableció su casa en la que hoy tiene el nú- 
mero 22 en la calle de la Librería. Pero no paró mucho en 
su patria. Tan pronto como concluyó los cuadros de San 
Francisco, el de la Encarnación de la iglesia de los Carme- 
litas Descalzos, llamada San Cayetano, y los retratos del 
Obispo don Juan de Alarcon y de sus antecesores, volvió á 
Madrid en 1667, donde no halló mucho trabajo, por más 
que consiguió le encargaran el cuadro del Ángel de la Guar- . 
da, que existe en una capilla de San Isidro el Real, y algu- 
no que otro. La falta de trabajo y al mismo tiempo el dis- 
gusto con que todos los pintores veían el repartimiento de 
un montado que se les habia hecho, determinó á Alfaro á 
abandonar la pintura y aceptar una plaza de administrador 
de rentas, que desempeñó en distintos partidos todo el tiem- 
po que duró aquel famoso pleito; hasta que terminado éste 
volvió á Madrid, donde pintó el retrato de don Pedro de 
Arce, Regidor de la Corte, el de la mujer de este caballero 
y los de varios poetas que á la casa de Arce concurrían, 
pagándole así el hospedaje que le debia por tenerle aposen- 
tado en la dicha su casa. 

Entre estos retratos que dio á Arce se contaba el de don 
Pedro Calderón de la Barca, que después de la muerte de es- 
te egregio poeta, se puso sobre su sepultura en la parroquia 
del Salvador de Madrid. 

Pero si Alfaro despreciaba á la fortuna y gastaba el tiem- 
po necesario para el estudio en inútiles viajes, no dejó la 
fortuna de favorecerlo, proporcionándole de continuo fas- 
tuosos Mecenas. Primero Arce, que como hemos dicho, le 
favorece hasta el extremo de aposentarlo en su propia vi- 
vienda, y después el Almirante de Castilla, que le nombró 
su pintor de cámara y le honró con su confianza y amistad. 
Enviudó Alfaro en 1676, y apesadumbrado grandemente 
por la pérdida de su compañera, solicitó del Almirante y 



71 

obtuvo permiso para retirarse á Córdoba á consolarse cod 
sns amigos de tan temprana desgracia; y la fortuna, que 
seguia siendo su favorecedora, le deparó en su patria un 
nuevo protector en don Juan Francisco Diaz de Morales é 
Hinestrosa, que le encargó la galería de retratos de su mu- 
jer, el suyo y los de sus antepasados, poseedores de las 
cuantiosas vinculaciones que aquel noble cordobés dis- 
frutaba. Pintó Alfaro estos retratos tan á satisfacción del 
indicado señor, que no sólo se los pagó con mano liberal, 
sino que también le regaló un hermoso caballo para que pu- 
diera volver á Madrid, como lo verificó en 1677. 

Su estancia en la Corte fué de poca duración; apenas lle- 
gado fué el Almirante desterrado á Rioseco, y la ingratitud 
de Alfaro se manifestó clara, negándose á acompañar al des- 
tierro á aquel magnífico caballero que tanto le habia favo- 
recido. El real Mecenas se dolió tanto de la ingratitud de su 
pintor, que aun después de levantado el destierro, cuando 
Alfaro quiso volver á su gracia en 1680, no consintió ni aun 
en darle una audiencia que solicitaba el artista con muy 
eficaces recomendaciones. 

Volvió á Córdoba Alfaro y trabajó, entre otras obras, las 
pinturas del monumento de Semana Santa que luce en la 
Catedral, y el retrato de Salizanes, que está en la Sacristía 
de la capilla de la Concepción, capilla labrada á expensas 
de este Obispo, y cuyo retrato es una de las más excelentes 
pinturas de Alfaro. Pero esto no bastaba al pintor, y á pesar 
de haber dado cartas á su discípulo Palomino para que en 
Madrid concluyera los cuadros que él habia dejado empeza- 
dos, volvió á la Corte en 1680, más en busca do la salud que 
habia perdido, que de trabajo, que en Córdoba tenia. Se ha- 
bia casado por este tiempo con doña Manuela de Navas Co- 
llantes, que le sobrevivió. 

El mismo año de su llegada á Madrid, 1680, murió Alfaro 



72 

por el mes de Noviembre, de hipocondría contraida en Cór- 
doba poco tiempo antes, y fué enterrado en la iglesa de San 
Millan, hoy destruida. 

Palomino, su biógrafo, y como hemos dicho, su discípulo, 
refiere una trágica circunstancia de la muerte de Alfaro. 
Estaba agonizando cuando se prendió fuego en uno de los 
pisos inferiores de la casa en que vivía el pintor, y en oca- 
sión de estar su mujer enferma en otra cama. A esta señora 
hubo que sacarla de la casa envuelta en un colchón para li- 
brarla de las llamas, y mientras tanto, en el estruendo y 
apresuramiento naturales á tamaña desgracia, se le fué el 
alma á Alfaro, pasando á mejor vida en los momentos más 
críticos que había tenido en la suya terrenal. 

Tal es la biografía de don Juan de Alfaro y Gamez. Sí- 
ret en su Diccionario de pintores, le critica el afán de via- 
jar abandonando sus estudios, y dice que hizo varias expe- 
diciones á Italia, en lo que se equivoca sin duda, puesto 
que Palomino no menciona semejantes viajes, y debía estar 
muy enterado de los pormenores de la vida de Alfaro, como 
su discípulo predilecto que fué, y el que recogió los nume- 
rosos papeles que dejó escritos referentes á vidas de pinto- 
res ilustres. 

Cean Bermudez hace igual censura al pintor, sin hablar 
de expediciones á Italia, y le afea su descuido en el dibujo 
que apenas estudió. Nosotros hemos visto obras de Alfaro 
excelentes de color y de manera de hacer, y sólo le hemos 
hallado incorrecciones en el dibujo de las extremidades. El 
retrato de Salizanes tiene una hermosa cabeza de muy 
buen dibujo y color, y unas manos barrocas, defectuosas y 
azafranadas. Lo mejor que conocemos suyo son los retratos 
de los Díaz de Morales, que recuerdan en su mayor parte 
las obras de Velazquez, su segundo maestro. 

Como literato sabemos que no valió gran cosa. Entusiasta 



73 

de Velazquez, se dedicó á recoger noticias de este gran ar- 
tista, y compuso un libro en que le ayudó su hermano En- 
rique Vaca de Al faro, y que resultó según Cean Bermudez 
«tan prolijo como impertinente.» De Velazquez hizo Alfaro 
un dibujo cuando estaba aún en el lecho después de muer- 
to, y este apunte lo vendió á don Valentín Calderera, don 
Marcial Gutiérrez Ravé, pintor cordobés de quien se habla- 
rá en su lugar. Es probable que esté en la colección de Cal- 
derera en la Biblioteca nacional. También se sabe que hizo 
el retrato de César Arbasía, que debió copiar de otros, pues 
habla muerto en 1614^ esto es, mugho antes de que Alfaro 
naciera. 

Recogió también nuestro artista varios escritos de Céspe- 
des que había copiado con limpieza, adornado con notas 
históricas de artistas españoles y extranjeros, y dedicado á 
la duquesa de Béjar. Este manuscrito, que vino á dar 
en manos de Cean Bermudez, sirvió á Palomino para sus 
biografías, especialmente para las de Velazquez, Becerra y 
Pablo de Céspedes. 

Como poeta no podemos juzgarlo más que por un soneto 
que hemos hallado suyo. Está publicado al frente de la obra 
Festejos del Pindó, sonoros conceptos de Helicón, de Enri- 
que Vaca de Alfaro, á quien está dedicado, y dice así: 

«De loan de Alfaro (hermano del autor deste Poema), dis- 
cípulo en la pintura de don Diego de Sylva Velazquez, Pin- 
tor que fué de la Majestad Augusta de Rey nuestro Señor 
don Felipe IV, aluda de Cámara, y su Aposentador mayor 
y del Abito de Sanctiago. 

SONETO. 

El clarín de la fama sonoroso 
que ocupa la región del ayre i)uro 



74 

dnplique en tus acentos su seguro 
famoso Henrique^ cordobés dichoso. 
Pues solo tu escribir magestuoso 
es del Parnaso, tymbre, norte y muro, 
el Helicón desde oy, si antes fué impuro, 
puro se mira espejo luminoso: 
Apolo que por signos en luz gira, 
si su Lyra te dio con franca mano: 
también te dio la sciencia que á Galeno; 
Para que con tu pluma y con su Lyra 
segundo Apolo fueses, nuevo Fano, 
y en ambas sciencias de conceptos lleno. 

Las obras públicas que se conocen de este pintor son las 
siguientes: 

Madrid.— San Isidro el Real. 

Un cuadro que representa á el Ángel de la Guarda en 
una capilla de la nave del Evangelio. 

Córdoba . — Catedral . 

El retrato de Salizanes en la sacristía de la capilla de la 
Concepción. Las pinturas que decoran el monumento que 
se pone en Semana Santa. Algunas de ellas bastante mal- 
tratadas de restauradores ignorantes. 

Ídem. — Palacio Episcopal. 

Colección de retratos de medio cuerpo y tamaño natural 
de los obispos de Córdoba, desde don Leopoldo de Austria 
hasta Salizanes, hechos por encargo de don Juan de Alar- 
con y terminados en 1.° de Abril de 1667. Hay muchos re- 
pintados. 



75 



CóRBOB A.— Iglesia de la Virgen de la Fuensanta. 

El entierro de Cristo; cuadro que dejó sin terminar y 
concluyó Palomino. 

Ídem.— Iglesia de San Cayetano. 
Un cuadro de la Encarnación. 

Fuente Obejuna. — Casa de don Rafael Díaz 
de Morales. 

Cuatro cuadros de la colección de retratos hecha para 
don Juan Francisco Diaz de Morales. 

En la plazuela de la Almagra en Córdoba, habia una 
Virgen que se quitó en 1841 como todos los santos que en 
las calles estaban. Hallábase tan deteriorada que no se co- 
nocía lo que era, y al quitarla se descubrió la firma de Al- 
faro que tenía detrás. 

Además del trabajo literario inserto en el artículo de 
este artista, se ha encontrado en el libro Hijos ilustres de 
Sevilla el siguiente epitafio, dedicado á don Diego Velaz- 
quez de Silva, pintor famoso y natural de dicha ciudad. 

D. Didacus Velasqutus de Silva Hispalensis pictor exi- 
mius natus anno MDLXXXXIV. Ficturae nobilisimae 
Arti se dedicavit. (Praeceptore acuratissimo Francisco 
Pacieco qui de Ficturae per eleganter seripsit.) Tacet hic 
prah dolor! D.D. Fhiliphi IV Hispaniarum Regís Augus- 
tisimi á Cubículo Fictor Frimus, á camera excelsa adju- 
tor vigilantíssimus in Regio Falatio etc. extra ad hospi- 
tium cubicularius maximus, á quo studiorum ergo, missus, 
ut Romae etc. aliarum Italíae urbíum Ficturae tabulas 
admirandas, vel quid alius hujus supelectilis veluti sta- 
tuas marmóreas etc. aereas conquiverit, perscrutaret ae 
secum adduceret minimis largiter sibe traditis : sic que 



76 

cum ipse protum etiam Innocentii X Pont . Max . faciem 
coloribus mire expraeserit, aurrea catena pretii supra or- 
dinarii eum remuneratus est, numismate gemniis caelato 
cum ipsius pontif. Effigie insculputa, ex ipsa ex annulo 
appenso tándem D. lacobi stemmate fuit condecoratus: etc. 
post reditum exfonte rápido Galliae confini urbe Matri- 
tum versus cum, rege suo Pafentissimo é Nuptiis sereni- 
ssimae D. Marine Theresiae Bibbianae de Austriae etc. 
Borbon é connubio scilicet cum Rege Galliarum Christia- 
nissimu. D.D. Ludovico XIV labore itineris febris prae- 
hensus: obiit Mantuae carpetanae postridie nonas Augus- 
ti JEtatis LXVI anuo MDCLX, sepultusque est honorífico 
in D. Joannis Parrochiali Eclesia, nocte, séptimo Idus 
mensis sumptu máximo inmoolicisque expensis, sed non 
inmodices tanto viro: Haerami concomitatu, in hoc domini 
Gasparis Fuensalida Grafierii Regís amicessimi subterrá- 
neo sarcophago: Longue Magistro, praeclaro viro saeculi 
ómnibus venerando, Pictura colla crimante hoc breve epi- 
cedium loannes de Alfaro cordobensis maertus pomit etc. 
Henricus frater Medicus. 

(Palomino. — CeanBermudez. — Siret. — 
Ramirez Casas Deza. — Ramirez de Are- 
llano, don Teodomiro. — Archivo de los se- 
ñores Díaz de Morales). 

Almog^uera (Don Antonio de): platero cordobés, dis- 
cípulo de don Pedro del Hoyo. Probó su aptitud para dedi- 
carse al comercio de su arte y dirigir un obrador, ante los 
examinadores de la congregación de San Eloy del arte de 
platería de Córdoba, el día 21 de Junio de 1748, presen- 
tando una escultura de plata de San Miguel, que los apro- 
badores encontraron bien hecha. 

(Archivo del Colegio de plateros). 



77 

Alonso (El señor Martin): platero cordobés. En fj de 
Octubre de 1580, se examinó para comerciar en su arte y 
abrir taller, ante los veedores, alcaldes, aprobadores y her- 
mano mayor de la cofradía de San Eloy de Córdoba, siendo 
aprobado en vista de que contestaba bien á todas las pre- 
guntas que se le hacian, y de que presentó como prueba de 
su habilidad, una imagen de la Virgen labrada en oro. En 
25 de Junio de 1592, fué elegido prioste de la cofradia, 
cuyo cargo desempeñó hasta igual día del año siguiente. 
En 25 de Junio de 1595, fué nombrado alcalde, duran- 
do en el ejercicio de este empleo dos años justos; esto es, 
hasta el 25 de Junio de 1597 en que se pierden sus 
memorias. 

(Archivo del Colegio de plateros) . 

Alvarez y Cubero (Don José): escultor. Nació en 
Priego en 23 de Abril de 1768, y fueron sus padres Domin- 
go Alvarez y García Mondragon, y Antonia Cubero y Valen- 
zuela, según consta de la partida de bautismo existente al 
folio 313 del libro 14 de la parroquia de la Asunción, única 
de aquella ciudad, documento que nos remitió para este tra- 
bajo el rector don Manuel Ramírez, respondiendo galante- 
mente á petición que le hicimos de antemano. Como se ve, 
no está justificado el apellido Alvarez de Pereira que pone 
el señor Osorio y Bernard en su Diccionario de artistas 
contemporáneos. Del mismo documento consta que fué bau- 
tizado el día 24 del mismo mes por el licenciado don Jorge 
Torralbo Agudo, cura de aquella parroquia, y que fueron 
los padrinos don Francisco Javier Pedrajas y doña Ana de 
Ja Cruz Mansilla, su mujer. 

El muchacho empezó su carrera aprendiendo el oficio de 
marmolista que su padre tenia, y habiendo demostrado afi- 
ción á la escultura y hecho algunos estudios del natural, 



78 

que era el único maestro que podia tener en el taller de su 
padre, su padrino, el citado Pedrajas, se lo llevó al conven- 
to del Paular en IIS'J, haciéndole esculpir allí algunas de- 
fectuosísimas estatuas para el trasparente que entonces se 
estaba construyendo. Tenia Alvarez catorce años, y apenas 
terminado este trabajo que hemos dicho, fué á Córdoba á 
aprender dibujo, decidido ya á seguir paso á paso el estu- 
dio de la escultura. 

Siguiendo siempre, para mantenerse, trabajando de mar- 
molista, asistía al estudio del pintor don Antonio Monroy á 
dibujar, y después de aprender cuanto este pudo enseñarle, 
que seria bastante de dibujo, pero de escultura muy poco, 
pasó á Granada á perfeccionarse en su arte. 

En 1788 ocupó la silla de Córdoba el Obispo don Antonio 
Caballero y Góngora, natural de Priego, y tan pronto como 
tomó posesión de la Sede procuró el progreso de las artes 
cordobesas, estableciendo una Academia de pintura y escul- 
tura. Trajo de profesores á don Francisco Agustín Grande 
para la pintura y á don Tomás Arali, para la escultura, y 
no contento con crear el centro de enseñanza, empezó á 
pensionar jóvenes aventajados que estudiaran en él. Uno de 
estos pensionistas fué Alvarez, como hemos visto, paisano 
del Obispo. El señor Osorio y Bernard dice que lo puso bajo 
la dirección de Verdiguier, pero este escultor no fué nunca 
profesor de la academia que Caballero fundó. 

Los rápidos progresos del joven escultor determinaron á 
su protector á enviarlo á Madrid á estudiar en la Academia 
de San Fernando, limitándose por lo pronto á pagarle el via- 
je y dejándolo que viviera por sí con su oficio de marmolista, 
como tenia por costumbre. Alvarez dio muestra clarísima de 
su talento en el concurso público de la Academia del mes de 
Julio de 1799, obteniendo el primer premio consistente en 
una medalla de oro de tres onzas, por un relieve que repre- 



79 

sentaba el martirio que dio Manases á Isaías y otros profe- 
tas, porque le amenazaban en nombre do Dios. 

Entonces cambió de repente la suerte de Alvarez. Poco 
tiempo antes habia conseguido del Obispo una modesta 
pensión, y en 21 de Julio del indicado año la obtuvo del 
rey para estudiar en París y Roma en unión de don Manuel 
Michel, con el sueldo anual de 12.000 reales, cantidad im- 
portantísima para aquella época. 

Pasó á París nuestro pensionado é ingresó en el estudio 
de Mr. Dejous, en el Colegio de Medicina, donde pudo 
hacer á su satisfacción ejercicios prácticos de disección y 
copias de trozos automáticos, tomados directamente del na- 
tural. En 1802 ganó un segundo premio en el concurso del 
Instituto de Francia, y en 1804 presentó en la exposición 
la estatua de Ganimedes, que se conserva en la galería de 
yesos de la Real Academia de San Fernando, la que le 
proporcionó el honor de ser coronado por el famoso Napo- 
león Bonaparte. En este mismo año contrajo matrimonio 
con doña Isabel de Bongel, de cuya unión tuvo por fruto 
en 20 de Febrero de 1805 á su hijo don José, escultor tam- 
bién y heredero del nombre y glorias del autor de sus 
días. 

En este año pasó á Roma en cumplimiento de los deberes 
de su pensión, acompañado de su mujer y de su hijo. Allí 
encontró un competidor digno de su talento, el famoso Ca- 
nevá, ya míiy célebre en aquel tiempo, y Alvarez se pro- 
puso imitar en algunas obras su estilo. Trabajó en Roma, 
por competir con Cánova, una Venus, un Adonis y una 
Diana-, y siguiendo sólo las huellas de los clásicos, produjo 
un Aquiles disparando una flecha, que se rompió cuando 
aún no estaba hecho más que el modelo en yeso, y se ha 
perdido. También trabajó los modelos en barro de su gran 
grupo de los Numantinos, que han corrido igual suerte que 



80 

la anterior, pero del que nos queda la obra acabada para 
la cual habían de servir. 

Llegó el año 1809, época azarosa para los españoles, que 
veían su territorio invadido por las águilas francesas, y 
sentado en el trono de San Fernando al usurpador José 
Bonaparte. Los españoles residentes en Roma recibieron la 
orden de reconocer al rey intruso como monarca legítimo, 
y Alvarez, como buen patricio, se negó en absoluto á este 
reconocimiento. Entonces fué encerrado en las prisiones de 
Sant' Angelo^ con otros muchos compatriotas, y se vio sepa- 
rado de su familia, teniendo el pesar de que, escasos sus 
recursos, no podia ampararla, imposibilitado como lo tenían 
del trabajo. 

En su ayuda vino entonces su émulo Cánova. Almas 
grandes y generosas las de los hombres de genio, no admi- 
ten en sus sentimientos ni el rencor ni la envidia. Cánova 
y Alvarez podían ser rivales en el arte, pero no había de 
perecer la familia del uno mientras contara con el auxilio 
del otro. Cánova acudió á casa de Alvarez, y la familia de 
éste no escaseó de nada, gracias á la amistad del gran ar- 
tista italiano y á la admiración que hacia el escultor espa- 
ñol sentía. 

Pero la prisión de Alvarez no fué larga. El gobierno de 
Napoleón no podia ser tiránico en absoluto, y así es que 
pronto se le devolvió la libertad al prisionero, y no sólo 
esto, sino que se le encargaron algunos trabajos para el pa- 
lacio del Quirinal, que se decoraba á expensas del César. 
En la habitación de éste hizo Alvarez los cuatro relieves 
conocidos por Ensueños de la antigüedad, y de los que el 
mejor es el que representa el paso de las Termopilas. 

Desde este tiempo ya la vida de Alvarez es un conjunto 
de triunfos. A su estudio concurren los hombres de Estado 
más eminentes de Europa, y aun el mismo emperador de 



81 

Austria. El príncipe de Meternich le ofrece cuantiosas su- 
mas por el grupo de la defensa de Zaragoza, que rehusó el 
artista por enviarlo á su patria, donde apenas le pagan los 
gastos de la obra. Las Academias de San Lucas de Roma, 
de Carrara, de Ñapóles, Amberes, la Real de San Fernando 
y los Institutos de Francia y Roma le envian sus diplomas y 
honran las listas de sus socios inscribiendo en ellas el nom- 
bre de Alvarez. El citado Instituto de Roma lo hace miem- 
bro de su consejo secreto y la Academia de San Fernando 
académico de mérito, cuyo nombramiento le confirió en 28 
de Noviembre de 1819. La misma academia le nombró te- 
niente director en 9 de Noviembre de 1826. Condecoracio- 
nes no académicas no tenia más que la cruz de los prisio- 
neros civiles con que le recompensó Fernando VII su resi- 
dencia en las cárceles de Sant' Angelo. 

Los últimos años de su vida los pasó Alvarez en España. 
Fernando Vil le había nombrado escultor de cámara en 
1816 y después lo hizo su primer escultor, encargándole el 
arreglo de la galería de escultura del Museo del Prado, en- 
tonces perteneciente al real patrimonio. Este cargo desem- 
peñaba en 1827 cuando, atacado de una inñamacion al hí- 
gado, murió en Madrid el dia 26 de Noviembre. Sus restps 
fueron sepultados en el cementerio de la puerta de Fuencar- 
ral en una bovedilla. Su retrato se conserva en uno de los 
medallones en relieve que hay en la fachada principal del 
citado Museo. 

Es inútil que hagamos elogios del mejor de los escul- 
tores españoles modernos. Su dibujo correctísimo, vigo- 
roso y grande, su exquisito gusto verdaderamente clásico 
y la apropiada composición de sus obras son reconoci- 
dos por propios y extraños y están patentes en las mu- 
chas estatuas de su mano que se admiran en el Museo 4^ 
Madrid. 

Tomo CVII. 6 



82 

De una de ellas habla en una hermosa oda el duque de 
P'rias de esta manera: 

Ese que colosal mármol admiro, 
donde con noble y bélico talante, 
fuerte mancebo impávido sostiene 
á un anciano espirante 
á quien la lanza polonesa ruda 
sanguinaria destroza, 
recuerda á Zaragoza. 
¡Alvarez inmortal! también tu genio 
en la ciudad de Rómulo famosa 
supo un tiempo brillar; 
la tumba umbría 
hoy te cubre á mis ojos, 
mas no á la gloria de la patria mia! 

Alvarez dejó muchas hermosas obras: las más notables 
son las siguientes: 

Roma. — Palacio del Quibinal. 

Los cuatro bajo-relieves conocidos por Ensueños de la 
antigüedad. 

Madrid. — Museo del Prado. 

Estatuas de Carlos IV y Maria Luisa; Apolo con la lira 
en la mano; un joven dormido que se supone sea el Amor; 
otro Amor de pié, y el grupo de la defensa de Zaragoza. 

Ídem.— Academia de San Fernando. 

Relieve de Manases dando muerte á los profetas; Hércu- 
les luchando con un león, que fué el trabajo de prueba que 
hizo para su nombramiento de académico de mérito. Tras- 
lación á León de las reliquias de San Isidoro á hombros del 



83 

rey don Fernando y sus hijos. Prometeo, estatua colosal en 
yeso y el busto de don Esteban Agreda, regalado en 1866 
por don Valentín Martínez de la Piscina. 

Salamanca. — Ayuntamiento. 
Los bustos de los Reyes Carlos IV y María Luisa. 

Liria. — Parroquia. 
Un mausoleo. 

Prie«o. —En el paseo. 

Un león luchando con una serpiente, grupo en mármol en 
la famosa fuente de aquel pueblo. Fué de sus primeras obras, 
Jbecha antes de estudiar dibujo, y tuvo que valerse de un 
perro como modelo para hacer el león. 

Además de estas esculturas, existentes en lugares conoci- 
dos, se citan como suyas las siguientes: 

Un amorcillo con un cisne, grupo conocido por el Ganí- 
medes, que estuvo en el casino de la Reina, hoy Museo Ar- 
queológico Nacional; estatua y sepulcro de la Marquesa de 
Ariza; bustos de Fernando VII y del Infante don Carlos 
Isidro; estatua sentada de la Duquesa de Alba; estatua de 
Ja Reina doña Isabel de Braganza; bustos de Cean Bermu- 
dez, de Rossini, del escultor don José Alvarez y Bongel, 
hijo del autor, y del Infante don Francisco de Paula; esta- 
tua del Duque de Bervik; Diana cazadora; Venus con un 
amorcillo, que le saca una espina de un pie, y el grupo del 
Amor filial, que representa una familia sosteniendo el retra- 
to de su padre. 

Alvarez tuvo un hijo que nació en Roma, llamado Aníbal, 
y que ha sido un notable arquitecto. 

(Osorio y Bernard. — Actas de la Aca- 
demia de San Fernando. — Noticias de 
1 riego). ... 



84 

Alvarez Pereira (Don José): escultor. Véase Alva- 
rez y Cubero (Don José). 

Alvarez Torrado (Don Antonio): pintor. No nos ha 
sido posible dar con las partidas de nacimiento y defunción 
de este pintor, que los eruditos cordobeses suponen su pai- 
sano. Tampoco tenemos datos biog-ráflcos suyos, más que los 
escasos que nos suministra Ponz y una inscripción que trae 
don Luis María liamirez de las Casas Deza. P^ué encontrada 
en la parte posterior del retablo mayor de la Catedral de Cór- 
doba, en el cuadro de la Asunción, y dice así.- 

«Se reparó este altar mayor y capilla en todas sus partes 
y renovó el dorado, pusieron los bronces y remates que le 
faltaban y se repararon sus pinturas, por disposición del 
ilustrísimo señor don Agustín de Ayestaran y Landa, y á 
dirección del pintor don Antonio Alvarez Torrado, y lo per- 
teneciente á la soleria del Coro y Sacristía, á cargo del 
maestro de la fábrica don Francisco Jerez, y obrero mayor, 
el doctor don Cayetano Carrasco Delgado, dignidad de Te- 
sorero y Canónigo de esta iglesia. Año 1798.» 

Ponz lo llama inestimable profesor, vecino de Córdoba, en 
nn lugar de sus viajes: en otro dice que restauró el cuadro 
de Rivera, que representa Un descanso en la huida á Egipto, 
(cuadro que estaba en Capuchinos y hoy en el Museo Pro- 
vincial), y entonces le califica de notable restaurador y 
profesor de esta ciudad; de modo que por estas citas no pue- 
de calcularse cuál fuese su patria. Todavía vuelve á citarlo 
para decir que poseía una buena colección de cuadros, en- 
tre los que había algunos de Carroño, Claudio Coello, Rizzi, 
Greco, Murillo, Castillo, Zurbarán^ Pedro de Vos y de otros 
afamados maestros. 

En la Catedral hay dos obras de su mano. Una copia de 
la Aparición de San Rafael al venerable Roelas, del racione- 



85 

ro Fernandez de Castro, cuyo era el original, pintado en 
Madrid, según la firma, y un original que representa la 
Presentación de San Francisco á un Rey, firmado. El prime- 
ro es hermosísimo de color, luz y dibujo, y el segundo bas- 
tante incorrecto de dibujo y un tanto falso de color. Es de 
notar que Ponz siempre lo llama don Antonio Torrado, y 
sólo en la inscripción citada y en la firma del segundo de 
estos cuadros, se encuentra el Alvarez. Véase Torrado 
.(Don Antonio). 

Amin: tallista. Se halla su nombre^grabado en el fuste 
de la tercera columna de la hilada décimaséptima de la 
Mezquita de Córdoba. 

(Don Rodrigo Amador de los Ríos). 

Andallah de Córdoba: maestre alarife árabe, resi- 
dente en Burgos en 1456. El cabildo de aquella Catedral lo 
pagó en 18 de Agosto del referido año, 20.000 maravedís á 
cuenta de 70.000 que se le debían por haber labrado unas 
-casas en unión de Mahomad de Aranda é Inza de Carrion. 

(Martínez Sanz). 

Antonio (Blas): maestro mayor de la ciudad de Córdo- 
ba en 1705, y acaso hijo del pintor Pedro Antonio, cuya 
biografía va á continuación. El 4 de Mayo del referido año 
presentó al cabildo una petición para asistir con los alarifes 
á todas las dependencias. En el citado año cobraba de sala- 
rio 440 reales. 

Antonio (Pedro): pintor. Nació en Córdoba en 1614 y 
fué discípulo de Antonio del Castillo Saavedra, á quien imi- 
taba de tal modo que á veces se confundían sus obras. 9e 
ignoran las particularidades de su vida, sabiéndose sólo 



86 
que pintó una Concepción para un retablillo que estaba en 
ia calle de San Pablo, y que quitado en 1741 se vendió el 
lienzo no sabemos por quién y cómo, y lo compró para su 
colección el banquero don José Salamanca. 

Son también de su mano la Santa Rosa de Lima que hay 
en un altar de la iglesia de San Pablo, y Santo Tomás de 
Aquino en oración apareciéndosele San Pedro y San Pablo, 
también en la iglesia mencionada. Estos dos cuadros son de 
buen color, fresco y agradable, grandioso y correcto dibuja 
y no mala composición. 

Pedro Antonio murió con gran fama en su patria el año 
1675. 

(Cean Bermudez). 

Aranda y Salazar (Juan de): maestro alarife que 
proyectó la construcción de una capilla real en el Patio de 
los Naranjos de la catedral de Córdoba antes de 1652. En 
19 de Marzo de 1626 el cabildo catedral le nombró superin- 
tendente de la obra del altar mayor en vista del abandono 
en que la tenia Alonso Matias, ocupado en obras de la com- 
pañia de Jesús, y habiéndose acabado el retablo en 27 de 
Abril de 1628, el Cabildo eclesiástico gratificó á Aranda con 
150 ducados. Este artista no sólo no puede afirmarse que 
fuera cordobés, sino que hay indicios para creer que fuese 
natural de Galicia. 

(Cean en las adiciones á Llaguno. — Ar- 
chivo de la Catedral). 

Arias y Contreras (]|||^nuel Francisco de): pintor 
desconocido de Cean Bermudez y olvidado por Palomino. 
Nació en Córdoba en 1644, y á la edad de doce años, ó lo 
que es lo mismo, en 1656, entró en el taller de Antonio del 
Castillo en calidad de aprendiz. El año 1677 informó en el 



87 

expediente para la canonización de San Alvaro de Córdoba, 
y en su declaración constan las noticias anteriores, aña- 
diéndose que era reconocido en su patria como uno de los 
peritos en su arte. No tenemos más noticias de su vi- 
da; ignoramos la fecha de su muerte y desconocemos en 
absoluto obras de su mano que nos autoricen á juzgar de su 
mérito. 

{Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 

Ayllon (Don José de): platero cordobés, discípulo do 
don Blas Antonio de la Cruz. En el acto de su aprobación 
por la Congregación de San Eloy de plateros de Córdoba, 
celebrado el 14 de Junio de 1745, presentó una Custodia de 
mano hecha con todo primor. En 13 de Enero de 1747 fué 
nombrado veedor con residencia en Aguilar de la Frontera, 
donde estaba establecido, para prohibir que en los talleres 
de aquel pueblo se trabajase fuera de las ordenanzas. 

{Archivo del Colegio de plateros). 



8á 



Baena (Diego de): alarife. Empezó en 1585 las obras pa- 
ra la construcción de la iglesia del Dulce Nombre de Jesús 
«n Puente Genil. La obra se terminó en 1589, en cuya fecha 
ya habia muerto el maestro Baena. 

{Apuntes Mstóricos de la villa de Puen- 
te Genil). 

Bañuelos y Aguayo (Don Juan): platero cordobés, 
^iiscipulo en su patria de don Sebastian Torralvo. Fué exa- 
minado por la Congregación de San Eloy del arte de plate- 
ros ¡de Córdoba y aprobado para abrir obrador en 8 de 
Diciembre de 1734. Presentó á este acto, como prueba de 
sus^conocimientos, una escultura de plata sobredorada re- 
presentando á San Antonio. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Bedr: tallista. Acaso sea el mismo que anotamos á con- 
tinuación bajo el nombre de Bedr-ibn-al-Hayyan, pero no 
pudiéndolo asegurar los ponemos separados. Obra suya 
es parte del decorado del interior del mihrah, según ins- 
cripción que se ve por bajo de la cornisa, y que traducida 
dice: 

Obra de Bede, su siervo. 

Las cuatro inscripciones que allí hay dan los nombres de 
Cohem, Tharig, Nassar y Bedr, autores de la obra, como se 
verá en los artículos de cada uno. El nombre de este artista 



89 

aparece además en el fuste de la octava columna de la nave 
del Cristo del Cautivo. 

(Don Rodrigo Amador de los Ríos). 

Bedr-ibn-al-Hayyan: tallista. En la escocia de la ba- 
sa de la séptima columna del vestíbulo del míhrab de la 
Mezquita de Córdoba, se lee esta inscripción: 

Obra de Bedr-ibn-al-Hayyan. 

Duda el señor Ríos (don Rodrigo Amador), que la ha tra- 
ducido, sobre el final de la palabra Hayyan, por no estar 
completa la leyenda, y sin embargo, es muy lógico que sea 
tal como la escribe, pues en las letras que hay se lee clara- 
mente Hay y, y á continuación, ligado con el ya el signo 
álifj sobre el cual pudiera muy bien escribirse el lianza y 
tarmin fatha, que, duplicando la vocal, produciría el soni- 
do Hayyan, que este notable orientalista escribe. No halla- 
mos ningún otro resto que perpetúe el nombre de este 
tallista, pero el que nos ocupa es muy bello, como todo lo 
que en el mihrab se encuentra. 

Belmonte y Vacas (Don Mariano): pintor. Nació en 
Córdoba en 1828, siendo hijo de don José, empleado en el 
Cabildo eclesiástico. Fué discípulo de don Juan de Dios 
Monserrat, de quien recibió los primeros conocimientos, pa- 
sando después á perfeccionarse á las clases de la Academia 
de San Fernando de Madrid. Allí se dedicó con especialidad 
al paisaje, en el que hizo prontos y grandes progresos. 

En 185r) presentó en la Exposición de Madrid unos cua- 
dros, obteniendo una mención honorífica, y en las Exposi- 
ciones sucesivas de 1860 y 1864, obtuvo terceras medallas, 
adquiriendo sus cuadros el Estado para el Museo Nacional de 



90 

pintura y ascultura. También presentó cinco paisajes y obtu- 
vo premio en la Exposición de Cádiz de 1864. 

A su mérito artístico debió el nombramiento de Direc- 
tor de la Academia de Bellas Artes, de Cádiz primero, y 
de Valencia después. Murió en esta última ciudad en 
1864, cuando más esperanzas daba de alcanzar mayores 
laureles. 

A su muerte era académico de la de San Carlos de Valen- 
cia. Personas que le conocieron, nos aseguran que era de 
estatura regular, de buena presencia y excesivamente rubio 
el color de su cabello y barba. 

Las obras que han quedado de su mano en lugares públi- 
cos, son las siguientes: 

Madrid. — Museo del Prado. 

Vista de Madrid desde la Casa de Campo, y la Cueva de 
las Palomas de Valencia, ambos premiados, como queda 
dicho. 

CÁDIZ. — Museo provincial. 

Un paisaje. 

Córdoba. — Museo provincial. 

Retrato de cuerpo entero y tamaño natural de la Reina 
doña Isabel II; copia de otro de don Federico Madrazo. 
Este cuadro lo pintó para el Ayuntamiento, por orden del 
mismo, y en 1870 fué depositado en el Museo por dicha cor- 
poración. 

En la colección del Infante don Sebastian habla también 
algún pais de este pintor. En sus obras se nota algo del ama- 
neramiento propio de los paisajistas de su tiempo. 

(Osorio y Bernard. — Noticias de Cór- 
doba). 



91 

Beltran (Fkancisco): maestro de Obras de la ciudad de 
Córdoba. En 1683, en unión de Antonio García, y bajo la 
dirección del arquitecto don Antonio Ramos, construyó la 
plaza de la Corredera. 

{Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 

Benitez (Don Juan): platero cordobés. En 23 de Julio 
de 1727, el Hermano mayor y los veedores del arte de pla- 
tería de la Congregación de San Eloy de Córdoba, exami- 
naron á este artista y vieron una escultura de San Miguel, 
que habia presentado como prueba de su habilidad, y ha- 
llándola bien hecha le autorizaron para abrir obrador y de- 
dicarse al comercio de su arte. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Bermejo (Bartolomé): pintor ignorado de Cean Ber- 
mudez y de los biógrafos que escribieron antes que él. Na- 
ció en Córdoba, y según afirma don José de Manjarrés en 
su Historia de la pintura, estudió en Italia. Se ignoran 
todos los pormenores de su vida. Sólo se sabe que en 1490 
pintó una tabla representando el Descendimiento de la 
Cruz, con buen color y dibujo y mucha expresión en las 
figuras para la Catedral de Barcelona. Este cuadro tiene 
una orla en la cual se lee: 

OPUS . BARTOLOMÉ I . VERME.TO . C0RDVBEN8IS . IMPEN- 
SA . LODOVICA . DE • SPLÁ • BARCINONENSIS • ARCHIDCOM 
• ABSOLVTAM : XXX • APRILIS • SALVTIS • CIIRITIANE • 
MCCCCLXXXX. 

El cuadro de este artista, representa á la Virgen con 
Cristo muerto en los brazos. A un lado está San Gerónimo 
leyendo con anteojos, y al otro una figura devota. AI fondo 



92 

se ven las torres de Jerusalem, y por una cuesta baja un 
anciano montado en un caballo blanco. El cuadro estuvo 
en la casa gótica del Arcediano frente á Santa Lucía, y hoy 
se halla en la sala capitular de la Catedral. 

Después de escrito esto, hemos tenido ocasión de ver el 
prodigioso cuadro. La figura devota de que habla el señor 
Conde de la Vinaza, no es otra que el retrato de Ludovico 
de Splá, y por los caracteres del cuadro, puede asegurarse 
que el autor no estudió en Italia, y que caso de que saliera 
de España, debió ser en Alemania donde aprendiera su 
arte, pues la obra tiene todos los caracteres de la escuela 
neerlandesa. Es una obra de inapreciable valor, y asom- 
brosa por la expresión de las figuras y por su naturalismo, 
dada la época en que se pintó. 

(Ma7ijarrés. — Tubino.—El Conde de la 
Vinaza). 

Bolaño (Don Manuel): escultor. Nació en Córdoba en 
1831 y murió en la misma el 25 de Enero de 1868, siendo 
enterrado en el cementerio de San Rafael. En varias igle- 
sias de Córdoba y la provincia hay estatuas de su mano de 
escaso mérito, siendo la más notable un crucifijo que está 
en la capilla de Santa Ana en la parroquial de San Pedro 
de Córdoba. 

(Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 

Bolaños (Francisco): dorador, que en 1667 doró el 
altar y reja del Cristo de las Mercedes, en su convento de 
Córdoba, como queda dicho en el articulo de Pedro de 
Aguilar. Véase. 

Bozla (JüDÁ BENj: platero árabe de Córdoba que flore- 
ció en la segunda mitad del siglo X. Es autor del famoso 



93 

cofre de plata sobredorada que se conserva en la Catedral 
de Gerona. Este ejemplar rarísimo y precioso de la orfebre- 
ría hispano-árabe, mide 0,38 metros de largo por 0,23 de 
ancho y 0,25 de alto, y está todo cubierto de simétricos 
rosetones y palmas elegantemente redondeadas. En el bor- 
de de la parte superior se lee el sobrenombre de Al-Ha- 
kem II, Califa de Córdoba, Almostanser Bil-lah, y el del 
artífice Judá, hijo de Bozla. Además lleva otras varias le- 
yendas religiosas. Este artículo es del señor Conde de la 
Vinaza, adicionador de Cean Bermudez y de Llaguno. He- 
mos tenido después de escrito este artículo ocasión de ver 
las obras, que es un prodigio de buen gusto y de arte, como 
ya tendremos ocasión de explicar cuando escribamos la his- 
toria de la orfebrería en Córdoba en que nos ocupamos al 
presente. 

Burgos (Diego dej: escultor. Nació en Lucena sin que 
pueda darse razón del año. En 1777 trabajó el retablo de 
la Virgen del Carmen, en la parroquial de la Purificación 
en Puente Genil. 

(Apuntes históricos de la Villa de Puen- 
te Genil). 

Burgos y Molina (Don Juan Andrés de): tallista. 
Nació en Lucena donde vivía en 1808, y estaba trabajando 
un tabernáculo para el retablo del testero del Sagrario, de 
la parroquial de San Mateo de dicha ciudad. Es obra suya 
también el retablo de San Juan Nepomuceno de dicha 
iglesia. 

(Ramírez de Luque). 



94 



Cahet: arquitecto mudejar. El infante don Fernando, 
hijo de Alfonso el Sabio, autorizaba desde Peñafiel en 7 do 
Abril de 1275 al Cabildo de la iglesia de Córdoba, para que 
«pusiese á Jamet y Cahet en reemplazo de otros dos moros 
de los que labraban en obras de Santa María, por haber 
muerto uno y haberse quedado ciego el otro; y que los 
mencionados Jamet y Cahet, ú otros cualesquiera que el 
Cabildo tomase para su iglesia mudándoles cada que qui- 
sieran, fueran libres de todo pecho, etc.» 

(Archivo de la Catedral). 

Calvo (Don Juan): platero cordobés. En 24 de Noviem- 
bre de 1709, fué examinado por el hermano mayor, veedo- 
res, alcaldes y aprobadores del arte de la platería de Cór- 
doba, y toda vez que había mostrado su suficiencia, no sólo 
por las preguntas que se le hicieron, sino también por un 
cáliz de plata que presentó como prueba de su habilidad, 
faé autorizado para abrir taller y comerciar en objetos de 
plata y oro. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Camacho (Sebastián): pintor. En los claustros del con- 
vento de la Merced de Córdoba, hoy Hospicio, existe una 
colección de cuadros muy medianos (depositados allí por 
los directores del Museo provincial, por falta de local donde 
colocarlos en este establecimiento), que representan pasajes 
de las vidas de Santa Teresa de Jesús y de San Francisco 



95 

úe Asís. En uno de ellos que pudiéramos llamar portada de 
la colección, hay un tarjeton grande en donde se lee el 
nombre del pintor que encabeza estas lineas y la fecha de 
1733. 

Cano (Don José): escultor. Nació en Córdoba no se sabe 
el año, y fué discípulo de su padre, don Lorenzo Cano. Por 
los años de 1815 contrajo matrimonio con doña Dolores Ro- 
dríguez, de quien tuvo dos hijos que murieron antes que su 
padre. Cano murió el día 6 de Octubre de 1835 y fué enter- 
rado en el cementerio de San Rafael, según consta de la 
partida de su defunción, existente en el libro noveno de la 
parroquia de San Nicolás de la Ajerquía. Por este documen- 
to se sabe que otorgó testamento ante el notario don José 
María Calvez Aranda, instituyendo por heredera universal 
de sus bienes á su consorte, por haber muerto los dos hijos 
que de ella tuvo. Deja algunas mandas piadosas y entre 
ellas es digna de anotarse la de doce reales de vellón, por 
una sola vez para socorro de las viudas de los que murieron 
en la guerra de la Independencia. Sus obras públicas más 
notables son las siguientes: En San Francisco, en el altar 
de San José, siete relieves de pasajes de la vida de Cristo 
con figuras de á palmo, y en la parroquia de San Miguel 
las estatuas de San Rafael y San Gabriel que decoran el 
retablo principal. 

(Ramírez de Avellano, don Teodomiro. 
— Archivo de la Ajerquía), 

Cano (Don Lorenzo): escultor, padre y maestro del que 
antecede. Nació en Córdoba hacia la mitad del siglo XVIU 
y tuvo un taller en la calle de la Feria, junto al Portilló, en 
el mismo sitio que después lo tuvo su hijo. ''Fiié casado con 
doña Antonia Gutiérrez, de quien enviudó contrayendo se- 



96 

gundo matrimonio con doña Josefa González. Murió nuestro 
escultor en su patria el 10 de Agosto de 1817 y fué enter- 
rado en la parroquia de la Ajerquía donde se conserva la 
partida de su defunción al libro octavo. Era bastante mejor 
escultor que su hijo y hay de su mano en lugares públicos 
las obras siguientes: 

Córdoba. — Santiago. 

La estatua del titular en uno de los altares de la nave del 
Evangelio. Es su mejor escultura. 

Ídem. — San Francisco. 

La estatua de piedra del titular que está colocada sobre 
la fachada de la calle de la Feria, y fué hecha en 1789. 

Ídem. — San Pedro. 

Estatuas de la Fé y dos ángeles; y el relieve de la puerta 
del sagrario del altar de los mártires, hecho todo en 1805. 

Ídem. — Los Dolores. 

Estatua de vestir de la titular que sustituyó á la que ha- 
bla allí antes y era obra de don Pedro Mena. 

(Ramírez de Avellano, don Teodomiro. 
— Archivo de la Ajerquia). 

Cárdenas (Fr. Ignacio de): grabador de láminas. Se 
cree que nació en Córdoba por los años de 1630. Residía en 
esta ciudad en 1662 y grabó á buril las armas de las fami- 
lias Córdoba y Figueroa, sosteniéndolas un águila coronada 
y varias estampas de las imágenes que más se veneraban 
en los templos de dicha ciudad. 

(Cean Be r mudez). 



97 

Carrasco (Don Nicolás): grabador de láminas. Se cree 
que nació en Córdoba y que fué discípulo en su patria de 
don Juan Bernabé de Palomino. Entre sus obras figuran, 
como las más notables, un escudo de armas grabado en 
1720; una estampa que representa al Venerable Andrés de 
las Roelas ante la aparición de los santos mártires Fausto, 
Januario, Marcial y otros que se representan á caballo; 
está fechada en 1734, y el retrato de Benedicto XIV que 
lleva el año de 1740. Después de esta fecha parece que se 
trasladó á Sevilla, donde acaso moriría, pues en aquella 
ciudad están fechadas las estampas de San Perfecto y San 
Rodrigo en 1749, y otras muchas de santos cordobeses en 
1748 y 1749. Esta última fecha tiene el retrato del Padre 
Suarez, jesuíta, si bien no se expresa en ella el lugar en 
donde fué grabado. 

(Cean Bermudez. — Colección de estam- 
pas del autor) . 

Carrasquilla (Gerónimo): arquitecto. Fué uno de los 
que informaron á fines del siglo XVI sobre la antigüedad 
del sepulcro de los Mártires, que estaba en el convento del 
mismo nombre, en el expediente que hicieron los frailes de 
dicho Monasterio para probar que los restos de San Acisclo 
y Santa Victoria estaban en su iglesia y no en la de San 
Pedro. 

(Ramírez de Arellano, don Teodomiro) . 

Carrasquilla (Doña Isabel de): pintora cordobesa y 
mujer del famoso pintor don Juan de Valdés Leal. Véase 
la biografía de éste. 

Casas (Don Diego de las): platero. En el expediente 
para la canonización del venerable padre maestro Juan de 
Tomo CVII. 7 



98 

Avila, declaró como testigo D. Didacus de las Casas ar- 
gentarius. La información se hizo en 1624 y tenia el pla- 
tero 77 años, por consiguiente, debió nacer en 1547. 

En 6 de Octubre de 1580, esto es, á los 33 años de su 
edad, fué examinado y aprobado para establecer obrador 
de su arte y comerciar con él, por los alcaides, veedores y 
aprobadores del Colegio de San Eloy de plateros de Cór- 
doba, presentando como prueba de su habilidad, una sortija 
de oro, que encontraron los examinadores muy bien hecha. 

(Archivo del Colegio de plateros. — Ex- 
pediente citado). 

Casas (El señor Juan): platero. En el cabildo celebra- 
do por la asociación de plateros de Córdoba en 16 de Abril 
de 1591, fué elegido priorte de la Hermandad: desempeñó 
este cargo un año. En 1593 fué elegido mayordomo y lo fué 
dos años. En 1597 fué alcalde un año. En 1600 fué reele- 
gido priorte, que desempeñó dos años, volviendo á ser al- 
calde en 1602. En 1603 fué reelegido priorte, y lo fué hasta 
1605^ que lo eligieron alcalde. Dejó de serlo en 1607 y lo 
volvió á ser de 1609 á 1611. Debió morir por este tiempo, 
puesto que no se vuelve á hablar de él. Se examinó para 
abrir taller el 16 de Junio de 1575, y presentó un salero de 
plata. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Casim: tallista. Está su nombre grabado en el fuste de 
una columna empotrada en el muro de la capilla del Carde- 
nal, en la Catedral de Córdoba. 

{Don Rodrigo Amador de los Bios). 

Castillo y Saavedra (Antonio del): pintor, escultor 
y poeta. Nació en Córdoba en el año 1603 y fué hijo del 



90 

pintor sevillano Agustin del Castillo, que hacia muchos años 
habia fijado su residencia en esta ciudad, en donde hay mu- 
chos y buenos cuadros de su mano. Agustin enseñó á su hijo 
los primeros elementos del arte, especialmente el dibujo, 
-en que los Castillos fueron afamados, y bien pronto progre- 
só Antonio hasta poseer todos los conocimientos pictóricos 
del autor de sus dias. Mientras tanto, habia cumplido nues- 
tro joven artista 23 años, y poco después de contar esta 
edad murió su padre en 1626, encontrándose el hijo en con- 
diciones de manejarse por si en el difícil arte á que se ha- 
bia dedicado. Pero no hubo de creerlo así, puesto que se 
dirigió á Sevilla en busca de su tio Juan para perfeccionar- 
se en la pintura, y éste lo puso bajo la dirección del pintor 
extremeño Francisco Zurbarán, que en aquellos tiempos al- 
-canzaba nombre del primero de los profesores que en Sevi- 
lla trabajaban; fama bien merecida, y que los siglos que 
sobre sus obras han pasado, lejos de menguarla, la aumen- 
tan cada dia más. Castillo aprovechó mucho las lecciones de 
su nuevo maestro y en breve fué un pintor excelente, resul- 
tado natural en quien tenia claro talento, buena inspiración 
y excelentes principios en el hermoso arte pictórico. 

Terminados sus estudios, volvió Castillo á su patria ya 
precedido de fama, que aquí hubo de confirmar. En breve 
tiempo dejó eclipsadas las glorias de todos los pintores que 
vivían en Córdoba á la sazón, y su taller se vio lleno de 
aficionados, abrumado de tanto trabajo, lo mismo para los 
templos que para los particulares, y sobre todo, importuna- 
do y requerido por cuanto habia en la ciudad de más dis- 
tinguido y pudiente, pues todos dtseaban ser retratados por 
aquel artista, que, á juzgar de sus paisanos, no tenia rival 
en este género de pintura. A pesar de este cúmulo de en- 
cargos no descuidaba Castillo el estudio, y frecuentemente 
hacia escursiones al campo á pintar trozos de paisajes que 



100 

utilizar después en los fondos; y otras veces, encerrado en 
su estudio, se dedicaba á modelar en barro copias del natu- 
ral ó modelos para los plateros cordobeses, que entonces ha- 
bian llegado á un altísimo grado de perfección en su arte. 
En sus horas de vagar, aunque pocas eran, cultivaba tam- 
bién las letras, y algunas veces con provecho, como vere- 
mos después. 

Castillo habia llegado á ser el principe de los pintores de 
su patria, y al par que los aumentos de su hacienda y de 
los progresos de su arte, habia crecido en él el aprecio de sí 
mismo; esto es, habia nacido en él el amor propio, que si en 
parte justificado, no lo era en absoluto. Así fué que no pudo 
menos de herirle en lo más profundo de su alma, la prepon- 
derancia rapidísima que tomó D. Juan de Alfaro y Gamez,^ 
cuando vuelto á su patria después de aprender bajo la di- 
rección de Velazquez, le fueron encomendados los cuadros 
del claustro de San Francisco. Ya hemos referido en el ar- 
tículo de Alfaro el incidente ocurrido entre ambos pintores, y 
relatado por Palomino, en que Castillo salió triunfante de su 
rival. Pero si aquel hecho enorgulleció su corazón, otro casi 
análogo, habia de sumirlo en profunda tristeza y llevarlo á 
la eterna mansión del sepulcro. 

Castillo se creía el más hábil de todos los pintores anda- 
luces, y conociendo el rápido vuelo que la fama de Murillo 
había alcanzado, determinó pasar á Sevilla á examinar sus 
portentosas creaciones. Puso en práctica su designio, y lle- 
gado á Sevilla corrió á los claustros de San Francisco á 
ver las obras del antiguo discípulo de Juan del Castillo, y 
llegó hasta tal punto su asombro, que no quería convencer- 
se de que fuesen aquellas obras de Bartolomé Esteban. Pero 
entonces fué conducido á la catedral, y ante el cuadro d^ 
San Antonio, la mejor obra de Murillo que en Sevilla hay, 
se quedó absorto y exclamó: «Ya murió Castillo. ¡Murillo, 



101 

aquel discípulo servil de mi tio, puede ser el autor de tanta 
gracia y hermosura de colorido!» 

Pesaroso, triste y acongojado volvió á Córdoba nuestro 
pintor, roido de la envidia y convencido de que no ocupaba 
ni con mucho el primer lugar entre los pintores de su tiem- 
po. Una profunda melancolía se apoderó de él. Encerrado 
en su estudio de la calle de Muñices (hoy número 23), se 
dedicó á pintar un San Francisco recordando las pinturas 
que de Murillo había visto, y en esta obra, según el decir 
de Palomino, se excedió á sí mismo y fué lo mejor que de 
su mano salió. Pero no pudo seguir aquel nuevo camino; la 
muerte se lo cortó en 1667, avivada por la hipocondría que 
su derrota le había causado. Castillo fué enterrado en la 
parroquia de la Magdalena, donde no hay lápida ni memo- 
ria alguna que perpetúe su existencia en ningún panteón. 

Castillo, no porque hubiera sido sobrepujado por Murillo, 
deja de ser una de las primeras figuras del siglo XVII. Si 
no era un gran colorista, no le faltaba para estar á la ca- 
beza de los pintores de su tiempo otra cualidad. Fué uno 
de los mejores dibujantes que ha tenido la nación española, 
y pintaba y componía muy bien, amen de algunas extrava- 
gancias que le exigía don Gómez de Figueroa, uno de sus 
más espléndidos Mecenas. 

La crítica más exacta que de él se puede hacer está en 
una anécdota que Palomino trae. Refiere que hablando 
Alonso Cano de los pintores andaluces, dijo al ocuparse de 
Castillo que dibujando tan bien era lástima que no fuese á 
Granada á aprender á pintar; y enterado el cordobés de 
esta frase, contestó: «Mejor será que él venga por acá y le 
pagaremos la buena intención enseñándole á dibujar.» 
Efectivamente, Castillo sobrepujaba á Cano y á muchos 
otros en la elegancia y corrección del dibujo; pero estaba 
muy lejos de pintar como el jefe de la escuela granadina. 



102 

Esta misma anécdota nos retrata el carácter de Castillo , 
«festivo, bullicioso, epigramático, comunicativo, frivolo y 
muy dado á amoldarse á todas las circunstancias de la 
vida,» como nos le pinta un ilustrado escritor de nuestros 
dias, catedrático en la actualidad de la Universidad de 
Madrid. 

Dejó á su muerte muchos discípulos, de los que era el 
principal Pedro Antonio, y figuran además Arias Contreras,^ 
Quesada y otros que el lector encontrará en este libro, sin 
omitir al más notable de los pintores cordobeses, don Juan, 
de Valdés Leal. 

Los discípulos recogieron muchos dibujos de su mano 
de los que gran cantidad ha llegado hasta nosotros. En el 
Museo provincial hay muchos recogidos por don José Saló, y 
entre los que figura como el más notable la traza de la de- 
coración que se había de poner, y puso en la portada del 
Perdón de nuestra magnífica catedral. Nosotros poseemos 
otro dibujo suyo firmado, y en la Biblioteca de la Real Aca- 
demia de San Fernando se guardan algunos, acaso de los 
coleccionados por don Juan Agustín de Cean Bermudez, de 
que habla en su Diccionario. Casi todos están hechos con 
mucha franqueza, con tinta y valiéndose de una caña en vez 
de pluma. Hay otros á la pluma y á tinta china, como es 
el citado de la puerta del Perdón, que participa de estas 
dos últimas maneras de hacer. 

En la mayor parte de sus cuadros se nota el estilo de 
Znrbarán, hasta el extremo de confundirse algunas veces 
con el maestro, y hay cuadros en que le aventaja. Por lo 
menos en Castillo no se ven las frecuentes faltas de perspec- 
tiva de que adolecen las obras del gran pintor extremeño. 
Frecuentemente el color es desabrido, pero el dibujo es cor- 
rectísimo y valiente. La manera de poner el color es franca y 
desembarazada, sin afectación ni timidez. 



103 
Las obras principales en sitios públicos son las siguientes: 

Madrid. — Museo del Prado. 
La adoración de los pastores. 

Ídem. — Iglesia de la Encarnación. 

Santiago y San Juan, cuadros que le atribuyó Cean Ber- 
mudez, sin duda, sin verlos, pues aunque sean suyos, han 
sido repintados de arriba á abajo y nada queda de los pri- 
mitivos. 

Ídem. — Ídem de San Cayetano. 

Un Jesús con la cruz á cuestas: estuvo en la prepositura- 
y hoy en la iglesia, 

Ídem. — Galería del Infante Don Sebastian. 
La adoración de los pastores. 

Córdoba. — Museo provincial. 

Cristo en la cruz, y á los lados la Virgen y San Juan, 
ftguras de tamaño natural; estaba antes en la capilla de la 
-Cárcel, y hace pocos años fué trasladado al Museo y sustitui- 
do por una hermosísima copia, hecha por el Director actual 
de la Escuela prvincial de Bellas Artes, don Rafael Romero y 
Barros, pintor y escritor natural de Moguer, en la provincia 
de Huelva. San Fernando, á quien so aparece San Pablo, 
cuadro de grandes dimensiones y figuras colosales, que es- 
tuvo en la escalera del convento de San Pablo. Tiene la 
particularidad curiosísima de tener en el fondo una vista de 
la fachada de dicho convento, tal cual estaba en tiempo de 
Castillo, y que por cierto era mucho mejor que la que en 
la actualidad se mira. San Pedro y San Pablo, dos medias 
figuras colosales que pertenecieron al retablo del Hospital 



104 

de la Caridad, en donde hoy está el Museo. San Pedro y 
San Pablo, dos figuras de cuerpo entero algo menores que 
el natural. Santo Domingo y San Francisco, dos figuras co- 
losales, sentadas, que estuvieron en San Pablo, y son de las 
mejores obras de Cartillo. Dos virtudes sentadas, mayo- 
res que el natural, en un solo lienzo, y otros cuadros du- 
dosos. Además de éstos, en casa del señor don José Nuñez 
de Prado, hay los Santos Juanes, primer pensamiento del 
que luego pintó para el convento de San Francisco. 

Córdoba . — Catedral. 

El bautismo de San Francisco, cuadro famoso en que fir- 
mó, Non pinxit Alfaro.LsL Virgen del Rosario, San Sebas- 
tian y San Roque en una capilla, á cuya espalda está el pa- 
tio de los Naranjos; son los tres buenos, pero el San Sebas- 
tian es el mejor por su admirable dibujo. San Acisclo, figu- 
ra colosal, hecha en competencia con Cristóbal Vela para 
el retablo mayor; hoy está á un lado de la portada de la 
capilla de la Concepción. San Pelagio oyendo su sentencia; 
está en una capilla del lado del coro. San Felipe y Santia- 
go, figuras algo mayores que el natural al óleo sobre el 
muro, en uno de los machones de la iglesia; pintura muy 
valiente y en que el color está puesto con desusada maes- 
tría. La Concepción, en la sala capitular. Los frescos de la 
puerta del Perdón, que representan la Asunción, San Mi- 
guel, San Rafael, San Pedro^ San Pablo, San Acisclo y San- 
ta Victoria en la parte exterior muy deteriorados. En el in- 
terior bajo la bóveda hay un hermoso fresco que representa 
á los apóstoles contemplando el sepulcro vacío de la Virgen 
mientras ésta se eleva al cielo. 

Ídem. — San Pablo. 
El retrato del Obispo de Bibli, á uno de los lados de la 



105 

«apílla mayor; enfrente estaba el de don Antonio Fernan- 
dez de Córdoba y ha desaparecido. 

Córdoba. — San Agustín. 

El entierro de Cristo, cuadro muy apaisado, en la Sa- 
<5ristía. Cean Bermudez pone el nacimiento de Cristo; pero 
este cuadro, que hoy está en el Museo, evidentemente no es 
de Castillo. 

Ídem. — San Francisco. 

San Juan Bautista y San Juan Evangelista, en la capilla 
de la Vera-Cruz y antes en un altar. Era de Castillo, pero 
hoy hay en su lugar una copia hecha por don José Saló y 
Prieto, y ha desaparecido el original. El Espíritu Santo 
rodeado de serafines, en el remate del retablo de la Con- 
cepción. 

Ídem. — Hospital de Jesús Nazareno. 

Santa Elena y el buen ladrón, en las hornacinas de la igle- 
sia. La Asunción y la coronación de la Virgen, en el camarín, 
y una Concepción en una sala interior. 

Ídem. — Santuario de la Fuensanta. 

El martirio de San Sebastian, en la escalera del camarín, 
y una colección de cuadros de la vida de Cristo, repartidos 
por la iglesia. En el que representa la negación de San Pedro 
hay una figura agena á la composición y con trage del si- 
glo XVII, que se supone sea retrato del autor. 

Ídem.— Santa Isabel. 

El cuadro principal del altar mayor, que representa la 
visita de la Virgen á Santa Isabel. Esta obra, según un letre- 
ro del cuadro, fué hecha por encargo de don Gómez de Fi- 



106 

gueroa, y se sabe que fué capricho de este caballero la colo- 
cación simétrica de todas las figuras del cuadro. 

Córdoba. — Consolación. 
San Acisclo y Santa Victoria de medio cuerpo. 

Ídem . — Trinitarios descalzos . 

El nacimiento del Señor, en la iglesia. Aquí hay un San 
Francisco trasladado desde San Juan, que acaso sea la últi- 
ma obra de Castillo. 

Ídem. — Santa Marina. 

En el retablo de la capilla colateral del lado del Evange- 
lio, varios cuadros, entre ellos un magnífico San Francisco 
de cuerpo entero. Habia además en otro lugar un San Juan 
Bautista; pero ha corrido la misma suerte que los Santos 
Juanes de San Francisco. 

Granada. — Agustinos descalzos. 
El triunfo de David, sobre la puerta de la sacristía. 

Sevilla. 

El Misterio del Rosario, propiedad de don Antonio Maria 
Fabié. 

Hemos hablado de Castillo como pintor, y nos resta decir 
algo del poeta. El 22 de Mayo de 1651, tuvo lugar en la 
iglesia parroquial de San Pedro de Córdoba un certamen 
poético, en celebración de haber concedido el Sumo Pontífi- 
ce el rezo de San Rafael en el Obispado de Córdoba. De esta 
fiesta, así como de otras muchas que con este motivo se ve- 
rificaron, hay memoria circunstanciada en la obra que es- 
cribió, por encargo de la ciudad, don Pedro Mesía de la 
Cerda, del hábito de Alcántara. Castillo concurrió á la jus- 



107 

ta literaria, con una sola poesía al primer asunto que se ha- 
bía de cantar, y obtuvo el segundo premio, consistente en 
una salvilla de plata de valor de diez escudos. 

Castillo era bastante mejor pintor que poeta, por más que 
bajo este concepto no fuera del todo malo. Nosotros omiti- 
mos todo juicio, dejando al lector que lo haga como mejor le 
agrade; y como quiera que el libro citado se va haciendo 
bastante raro y no está al alcance de todos, copiamos á con- 
tinuación la canción premiada. Hela aqui: 

Del llanto de sus hijos mal enjuta, 
no borrados los golpes que la azada 
fatal describió ayer al sentimiento; 
Córdoba hoy su rendimiento osada, 
á su custodio Rafael tributa, 
y exhalando en conceptos su ardimiento 
un holocausto ofrece en cada acento; 
prodúzgalos la tierra, que á su zelo 
cultura fué, no estrago el padecido; 
el que nació gemido 
festivo acabe popular consuelo, 
pues goza repetido 
el favor prometido que reposa, 
Pastor ilustre. Fray Simón de Sosa. 

De este pues lusitano venerable, 
celebre mi canción el santo zelo, 
cuanto Córdoba debe á su cuidado, 
devota intime que obligando al cielo 
la libró de un contagio inaplacable, 
cuando regia el pastoral cayado 
don Pascual su Ilustrísimo Prelado; 
deste, y aquél, á un tiempo vigilantes, 



108 

sembró copia de lágrimas el ruego, 

y cuando inserto el fuego 

fuerzas cobraba dobles por instantes, 

más abundante riego 

hacer del llanto cada cual escoge, 

que quien siembra piedad, piedades coge. 

Todo presagio, horror y desaliento, 
era á los que gozaban mal seguro 
(entre tanta infección, y riesgo tanto) 
vital aliento entonces de aire impuro, 
corrupción siendo á todo momento 
el aire y tierra, y solo en tal quebranto 
gimiendo alivios, descansaba el llanto. 
A la Hospitalidad santo consuelo 
ministra osado el Mercenario Sosa 
con piedad generosa, 
pues no acobarda su animado zelo, 
ver que en lid rigurosa 
ciento á ciento la muerte va rindiendo 
pálidos triunfos el achaque horrendo. 

Antes le anima crédula esperanza 
y tan valiente espíritu le informa, 
que asi la común causa á Dios propone; 
Señor, pues Babilonia se reforma, 
reforme ya en ejemplo esta venganza; 
Hombre sois, siendo Dios, y esto supone, 
que en vos lo riguroso se depone. 
A Rafael merezca el pueblo triste, 
que interceder invoca milagroso, 
no al Ángel prodigioso, 
que tan sangriento, ejércitos enviste, 
y pues laurel frondoso 



109 

Maria á nuestra causa está, interpuesta, 
perdone el rayo lo que al pueblo resta. 

En profunda oración el varón santo, 
Rafael, que común salud le ofrece, 
le dice, intercediendo la asistencia 
de Maria Santísima: merece 
del Prelado Pascual el ruego y llanto, 
y la común frecuente penitencia, 
que Dios se aplaque y use de clemencia. 
Antidoto del aire se coloque 
del Templo Catedral en lo eminente, 
mi Imagen, y frecuente 
mi devoción el pueblo, á quien provoque 
su prelado obediente-, 
dixo, y entre esplendores batió el vuelo, 
y obedecido serenóse el cielo. 

Al que miras, oh Córdoba, elevada 
luciente capitel que el Sol argenta, 
y antigua obstenta Arquitectura breve, 
besen el pié tus hijos, viva atenta 
la admiración con ánimo postrado, 
venerando el extremo, que se mueve 
á tu defensa más que el aire leve. 
Arco de paz, no alcon le considera; 
luz que de Pedro la alta gavia ofrece, 
y siempre se amanece 
serenidad á la tormenta fiera 
que tu golfo padece, 
haciendo de las ondas de tu llanto 
tranquilidades, tu Custodio santo. 

No des canción, al traste, 



lio 

con más aclamaciones, que aunque cuerdas, 
puedes poco y á mucho te fiaste; 
y sin saber si llanto ó canto acuerdas, 
para tan dulce asunto y grave intento, 
es de mi ingenio bronco el instrumento. 

(Palomino. — Cean Bermudez. — Revista 
del Arte en España. — Mesia de la Cerda. 
— Ramírez de Arellano, don Teodomiro). 
— Noticias de Córdoba). 

Castro (Don Damián de): platero. Nació en Córdoba en 
1716, según se desprende del acta de su aprobación, pues- 
to que ésta se verificó en 1736, y tenia entonces veinte 
años, siendo por lo tanto errónea la fecha de 1745 á 1750, 
que don Manuel González Guevara ha publicado. 

La primera vez que encontramos su nombre en los docu- 
mentos que tenemos á la vista, es en 12 de junio de 1729 
en que la congregación de plateros, llamada de San Eloy, 
celebró por prescripción de sus ordenanzas, un certamen 
«ntre los discípulos de los diferentes talleres y en el que 
fueron premiados con cuatro reales de vellón, Damián de 
Castro, José Mellado, Juan González, Ignacio Aguilar, José 
Iglesias y Juan Galindo; y con dos reales Diego del Prado 
y José Navarro. 

En 16 de diciembre de 1736, fué examinado por los al- 
caldes, veedores, aprobadores, mayordomo y secretario de 
la citada cofradía, aprobándolo para abrir taller y comer- 
ciar en platería, en vista de un anillo de diamantes que 
presentó y que estaba bien hecho. Del acta de este examen 
consta que tenia 20 años, y que había sido discípulo duran- 
te seis, de su padre, de quien se omite el nombre. 

Desde esta fecha perdemos la noticia de su vida, hasta 21 
de septiembre de 1759 en que le encontramos nombrado 



111 

<5on otros diputado para disponer las fiestas que habia de 
celebrar el gremio en Córdoba, en ocasión de la corona- 
ción del rey Carlos III. Este cargo no fué aceptado por Cas- 
tro, y nuevamente lo perdemos hasta 1779, época la más 
brillante de su historia, en la que hay abundantes recuer- 
dos de su vida y trabajó la obra á que debe su fama. 

Era entonces fiel contraste y fué nombrado hermano ma- 
yor de la congregación de San Eloy por 22 votos contra 1>, 
que obtuvo D. Juan Andrés González. La elección tuvo lu- 
gar el dia 24 de junio, y aunque en 19 de enero de 1780 
consta que estaba ausente, no debió ser por mucho tiempo, 
puesto que en 24 de junio fué reelegido en dicho cargo que 
desempeñó hasta igual dia del siguiente año de 1781, en el 
que la congregación le otorgó un voto de gracias por su 
^íomportamiento, sin duda honroso y brillante, pues al ren- 
dir cuentas, resultó con un sobrante á favor de la corpora- 
ción, de 2.455 reales que ingresaron en arcas. 

De los documentos referentes al citado año de 1779, re- 
sulta que habia estado en Madrid comisionado por la corpo- 
ración durante un pleito que ésta sostuvo contra la platería 
de Málaga, y en recompensa de estas ocupaciones se dispen- 
só de derechos de examen en 3 de febrero á su hijo Juan, 
que probó en tal dia su aptitud para la práctica del arte de 
platería. 

Mucha debió ser por este tiempo la fama del hábil platero 
que disfrutaba nuestro biografiado, toda vez que el Arzo- 
bispo Cardenal de Sevilla, don Francisco Delgado, le encar- 
gó en el citado año de 1779 la construcción de una Custodia 
para la Catedral de Sigüenza que regaló, y que desgracia- 
damente no ha vuelto al templo de donde la robaron los 
franceses en su invasión de principios del siglo actual. Cas- 
tro hizo la obra muy á satisfacción del prelado, por más 
que no era la Custodia del más exquisito gusto artístico ni 



112 

podía serlo, dada la época en que fué labrada. Media cua- 
tro varas de altura, estaba repartida en tres cuerpos y tenia^ 
la forma sexagonal. Era de plata y estaba enriquecida con 
mucha pedrería y adornada de historias, inscripciones, figu- 
ras, obeliscos y torrecillas. 

De Castro se conservan en la Catedral de Córdoba varias 
obras, que si bien por sus líneas generales no son muy be- 
llas, en cambio son prodigios de buen gusto y de trabajo en 
sus pormenores, y sobre todo en los trozos repujados y cin- 
celados. 

Son una Concepción de plata, de más de un metro de al- 
tura, labrada en 1757 y costeada por el penitenciario doc- 
tor Juan de Goyeneche. 

Un copón y un cáliz costeados por el Arzobispo Delgado 
en 1776, adornados con cabezas de serafines admirablemen- 
te hechas, y la urna del monumento de Semana Santa que 
tiene la siguiente inscripción: 

«Hizo esta Arca sepulc' don Damián de Castro como Pla- 
tero de lafab.'^ A. 1761.» 

Después de trabajar la Custodia de Sigüenza, hallamos 
por última vez el nombre de nuestro artista en 1789, en que 
fué designado como diputado para organizar las fiestas ce- 
lebradas en Córdoba por la proclamación del rey Carlos IV, 
y suponiendo que muriera en este mismo año, llegó á alcan- 
zar 73 años de edad. 

{González Guevara, Quadrado. — Archi- 
vo del Colegio de plateros. 

Castro (Don Leonardo Antonio de): pintor y poeta. El 
diligente Cean Bermudez, inducido á error por Palomino, 
dice que este pintor vivía por los años de 1640, siendo a8Í 
que en esta fecha no habia nacido todavía. Don Fernando 
Ramírez deLuque, autor de las Tardes Lucentinas, ha cor- 



113 

regido este error afirmando que nació en Lucena en el mes 
de Noviembre de 1655 y murió en Septiembre de 1745, esto 
es, que alcanzó á la avanzada edad de 90 años. Estudió la 
pintura al par que la carrera eclesiástica, y fué su maestro 
su paisano Bernardo Giménez de lUescas, si bien luego cam- 
bió de dirección imitando en sus obras la escuela de Simón 
Bonet. Fué hombre docto, ilustrando su nombre con el títu- 
lo de licenciado. Hacía versos que no conocemos, pero que 
no debían de ser gran cosa cuando Ramírez de Luque se 
contenta con decir que era «algo poeta.» 
Sus obras principales son las siguientes: 

Lucena. — Iglesia mayor. 

El martirio de San Pedro en la antesacrístía. 

Ídem.— Parroquia de Santiago. 

San Lorenzo. La venida del Espíritu Santo sobre los 
Apóstoles; Santa Catalina y San José que es su mejor obra 
y está colocada en el camarín de la Virgen de la Soledad, 

Ídem.— Iglesia de la Victoria. 

El convite de Simón el leproso; en la sacristía. 

Ídem. — Ermita de la Paz. 

La invención de la Cruz y cuatro cuadros de la vida de 
la Virgen. 

Ídem.— Convento DE la Observancia 

San José, en un altar. 

Ídem. — Iglesia de Santo Domingo. 

San Miguel. 
Tomo CVII. 8 



114 

LucENA. — Ermita de Dios Padre. 
La Encarnación. 

Ídem. — Iglesia de San Agustín. 
Santa Rita. 

Ídem. — Iglesia de Santa Clara. 

Varios cuadros de la vida de la titular; la Concepción y 
la huida á Egipto: estos dos cuadros están en los altares co- 
laterales de la capilla mayor. 

Ídem. — Capilla del Colegio de la Concepción. 

La Concepción y la presentación de la Virgen en el 
templo. 

Ídem.— Iglesia de Santa Ana. 

Varios cuadros de la vida de la Virgen, y varios santos 
de la orden de dominicos y del martirologio cordobés. 

{Cean Bermudez. — Ramírez de Luque.) 

Cayo Valerio: escultor y entallador cordobés de la épo- 
ca romana. Masdeu trae la siguiente inscripción sepulcral, 
que da razón de este artista de quien acaso sean algunos de 
los hermosos restos de escultura romana que se guardan en 
•el Museo provincial de Córdoba. 

C • VALERIVS • 

- ANEMESTION • E • C • I • V • T • 

CAELATOR • ANAGLIPTARIVS • 

INCREMENTVM • MAXIMVM • 

AKNOR • XL • M • V • D • VII • P • M • 

H-S-E-S-T-T-L- 



115 

Cazalla (Don Rafael): escultor. En la Corografía de 
.la provincia de Córdoba de don Luis María Ramírez de las 
Casas Deza, y en el Diccionario geográfico de Madoz, en 
los respectivos artículos de Adamuz, se dice que hay en di- 
cho pueblo un nacimiento de Cristo con figuras de tamaño 
natural trabajado por un escultor de afición llamado don 
Rafael Cazalla. El Sr. Osorio y Bernard, en su Diccionario 
de artistas contemporáneos, copia esta misma noticia, sin 
añadirle nada. No podemos dar por nuestra parte otra noti- 
cia sino que Cazalla era natural de Adamuz, según nos ase- 
guró el escultor y pintor don Juan Moreno Anguita que lo 
conoció. 

Ceballos y Buenrostro (Don Cristóbal): platero, na- 
tural de Córdoba y discípulo de don Antonio Martínez. So- 
licitó en 1730 ser autorizado para abrir obrador, y la Her- 
mandad de San Eloy de Córdoba le examinó á este fin en 
22 de Julio del mismo año. En este acto dibujó muy bien, 
contestó igualmente á cuantas preguntas se le hicieron sobre 
la práctica del arte de la platería, y presentó, como muestra 
de su habilidad, una escultura de plata representando á San 
Miguel, que el tribunal declaró estar bien hecha. 

En 24 de Junio de 1751 fué elegido secretario del Colegio 
de plateros, cargo que desempeñó por sucesivas reeleccio- 
nes hasta el año de 1758. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Cepeda (El capitán): escultor. Hé aquí lo que dice de 
él Cean Bermudez: «Deseosos unos jóvenes plateros el año 
de 1580 de fomentar en Sevilla la devoción á nuestro Re- 
dentor en el acto de espirar en la cruz, trataron de ejecu- 
tar una imagen en este paso, y haciendo las diligencias para 
hallar un buen artífice, averiguaron que residía en Córdoba 



116 

ano de gran habilidad, llamado ol capitán Cepeda, el cual 
habia aprendido la escultura en Italia siendo soldado. Le 
escribieron, y adoptadas las condiciones, pasó á Sevilla y 
ejecutó el Crucifijo del tamaño del natural, que se venera 
en una capilla del convento de la Merced calzada de aque- 
lla ciudad, con el título de la Epsiracion; y para que con 
más facilidad le pudiesen sacar en las procesiones de Sema- 
na Santa, le hizo de pasta, á petición de los mismos plate- 
ros, quienes satisfechos del mérito de la obra se la pagaron 
muy bien; y después de haber roto los moldes los arrojaron 
en lo más profundo del rio Guadalquivir, como lo habían con- 
tratado con Cepeda.» 

Añade Cean que el Cristo es bueno, aunque su actitud 
resulta violenta y no muy conforme á la resignación de .Je- 
sús, y que está muy deteriorado de sacarlo todos los años en 
las procesiones. Nosotros diremos que el convento de la 
Merced está convertido en un Museo provincial, pero que la 
capilla donde se venera el Cristo tiene puerta á la calle y 
se conserva convertida en ermita. Allí está la estatua del 
capitán Cepeda, muy frecuentada de devotos, y descansan- 
do de sus trabajos de antes, pues hoy no se saca en proce- 
siones la Semana Santa y hace ya muchos años que perma- 
nece inmóvil en su altar. 

Céspedes (Pablo de): pintor, escultor, arquitecto y 
poeta. Hé aquí uno de esos genios que llenan un siglo con su 
nombre y de los que debe enorgullecerse la ciudad que los 
ha visto nacer. Este Miguel Ángel español es sin disputa la 
primera figura cordobesa en el terreno del arte, y por lo 
tanto, la principal de las que en nuestro libro figuran. Na- 
ció en Córdoba en 1538 en casa de un tío de su madre, ca- 
nónigo de la Catedral de Córdoba, llamado Francisco López 
Aponte. Fueron los padres Alonso de Céspedes, oriundo de 



117 

Ocaña, y Olalla de Arroyo, natural de Alcolea del Tajo, 
quienes dedicaron á su hijo á la carrera eclesiástica, para lo 
cual estudió en Córdoba gramática y humanidades, y en 1556 
pasó á Alcalá de Henares á completar sus estudios, y en 
donde aprendió hebreo y árabe, en que llegó á ser muy en- 
tendido. Algunos años más tarde pasó á Roma á estudiar la 
pintura y la escultura, á las que parece que se habia aficio- 
nado en España, y de las que habia aprendido sin duda lo 
bastante para poder figurar como pintor desde su llegada á 
la capital del orbe católico. Este viaje debió hacerlo ha- 
cia 1565, puesto que hacia poco tiempo que habia muer- 
to Miguel Ángel, y la muerte de este gran artista ocurrió 
en 1564. 

En Roma trabó amistad con Federico Zucheri, en cuyo 
taller empezó á pintar y bajo su dirección, distinguiéndo- 
se pronto entre los pintores al fresco por las obras con que 
adornó, en la iglesia de Ara-Coeli, la tumba del marqués 
de Saluces; y el elogio que por estas pinturas recibiera le 
valió el que le encargaran, en unión de otros célebres maes- 
tros, discípulos de Miguel Ángel, la decoración de la iglesia 
de la Trinidad del Monte, en donde dejó hermosas muestras 
de su talento artístico en los profetas que pintó en las pilas- 
tras de la iglesia y la historia de la Virgen que exhorna los 
muros de la capilla de la Annonciata. Cean Bermudez afir- 
ma que en esta obra tomaron parte Julio Romano, Perin de 
Vaga y Daniel Volterra; pero esto se ve que no es cierto 
comparando la fecha, con las de la muerte de estos maestros 
en 154t), 1547 y 1565 respectivamente. 

Entusiasta Céspedes de Miguel Ángel, imita en sus cua- 
dros la grandiosidad, el dibujo y el estilo de aquel genio 
sin rival, y no contento con esto, se propuso imitarlo tam- 
bién dedicándose á la escultura con notable ardor, y aun- 
que no se habla de sus obras esculturales durante su están- 



118 

cia en Roma, se cuenta una anécdota que demuestra los 
progresos que el cordobés artista hizo en este difícil arte, 
del que sólo una muestra nos ha dejado, como veremos des- 
pués. Habia en Roma una estatua antigua de la época ro- 
mana que era conocida por la estatua de Séneca. El tiempo 
destructor habia arrebatado la cabeza á este busto, y Cés- 
pedes no llevó con paciencia que su célebre paisano estuvie- 
se descabezado. En el misterio de su estudio hizo una cabe- 
za hermosísima, de clásicas proporciones, en relación con 
el cuerpo á que habia de servir, y una noche la colocó en su 
sitio. A la mañana siguiente los romanos vieron con asom- 
bro que estaba completa la estatua del gran filósofo, y 
hubiera quedado ignorado el nombre del restaurador, si 
una mano amiga no hubiese escrito en el pedestal: Víctor 
lo Spagnuolo. 

Aún residía en Roma en 1577, cuando recibió la noticia 
de que le habían concedido una ración en la iglesia de Cór- 
doba. Dejó con este motivo á Italia, y en 7 de Septiembre 
del mismo año tomó posesión de la prebenda, estableciendo 
su taller en Córdoba, de donde no salió ya sino en las épo- 
cas de vacaciones, en que para esparcir su ánimo y cam- 
biar impresiones con su grande amigo el pintor y literato 
Francisco Pacheco, se trasladaba á Sevilla. Aquí tenia casa, 
y en ella una buena biblioteca y no menos rica colección 
de antigüedades. 

En esta segunda época de su vida debía tener todo su 
tiempo ocupado. Se le ve asistir puntualmente al coro. Pinta 
para la Catedral y otros templos de Córdoba numerosos y 
grandísimos cuadros; pinta otros para la de Sevilla; esculpe 
algunas estatuas; traza y dirige retablos; escribe libros; 
canta en magníficas octavas á la pintura y cumple las múl- 
tiples comisiones que le confiere el cabildo Catedral, todas 
ellas de importancia, como era natural que fuesen las enco- 



119 

mendadas al más ilustre de los miembros de aquella corpo- 
ración. 

Entre las comisiones se cuentan las siguientes: Inspeccio- 
nar la impresión del cuaderno que se habia dispuesto por 
Fray Martin de Córdoba para el rezo de los santos mártires,, 
mandado observar en 3 de Junio de 1583 por Bula de Gre- 
gorio XIII, en cuya comisión le ayudaron los famosos Am- 
brosio de Morales y Luis de la Vega, ilustres hijos de Cór- 
doba y escritores notabilísimos. En 1594, á 6 de Junio, se 
le comisionó para que en unión del Dr. Diego de Fromerta, 
canónigo, inventara unos velos de tela que, sujetos con can- 
dados de plata, impidieran que se pudiese descubrir la Vir- 
gen de Villaviciosa, mientras no lo acordase el cabildo y se 
reunieran los poseedores de las distintas llaves que se ha- 
bían de poner; y en 1602 se le nombró diputado por el ca- 
bildo para tener á su cargo el santuario de la Virgen de Li- 
nares, comisión que desempeñó hasta su muerte. 

En 1603, se cree que hizo su último viaje á Sevilla en 
donde aprobó con elogio las obras que Pacheco hacia en la 
famosa casa de Pilatos por encargo del Duque de Alcalá y 
que representaban la fábula de Dédalo é Icaro. 

Murió Céspedes en su patria el 26 de Julio de 1608 á los 
70 años de su edad, y el cabildo catedral, por acuerdo de Oc- 
tubre de 1610, votó un aniversario á su memoria que se ha 
venido cumpliendo hasta principios del siglo actual. Tam- 
bién, para honrar á este hombre singular, acordó que se 
le enterrara con toda pompa dentro de la Mezquita, ante la 
capilla de San Pablo, obra de Céspedes, y que se le pusiera 
en una gran losa de mármol blanco, que aún existe, la ine- 
cripcion siguiente: 



120 

PAULUS DE CÉSPEDES, HUJU8 ALM.« 

ECLESI.4: PORCIONARIUS, PICTÜRTK 

SCULPTUR.E, ARQUITECTUR.E OMNIUNQUE 

BONARUM ARTIUM, VARIARUNQUE 

LINGUARUM PERITISSIMUS, HIC SITÜ8 E8T 

OBIIT ANNO DOMINI M • DC • VIII • 

SÉPTIMO K ALENDAS SEXTILIS. 

Ue este genio prodigioso dice Mr. Viardot en la obra His- 
taire des peintres de toutes les ecoles, lo siguiente: «Como 
Vinci y Miguel Ángel, Céspedes fué uno de esos espíritus 
fáciles y esplendentes, abiertos á todas las aptitudes que, 
en su inmenso deseo de aprender, abrazan las letras las 
ciencias y las artes, que recurren á todo, y que podian lle- 
gar á ser los primeros en todos los géneros si no pasasen del 
uno al otro antes de haber adquirido en cada uno la última 
perfección, si no repartieran el trabajo de su inteligencia 
entre varios talentos de tan difícil conquista, en lugar de 
llevar y reconcentrar sobre uno solo todo el esfuerzo de un 
gusto dominante, de un estudio único y de una lucha obsti- 
nada que se prolonga tanto como la vida. 

Aunque atinadísimas las anteriores razones, en Céspedes 
se ve que ha superado en muchos de sus conocimientos, 
aun á los grandes hombres; como pintor el mismo Viardot 
al hablar de la Cena que existe en su capilla de la Catedral, 
dice que «es digna de sostener el paralelo con la de Juan 
de Juanes, que está en el Museo de Madrid, y acaso con el 
inmortal Cenacolo de Leonardo de Vinci, que se conserva 
en el convento de Santa Maria delle Grazie de Milán,» y al 
tratar del Poema de la pintura, del que sólo quedan los 
restos conservados por Pacheco, añade que es el mejor poe- 
ma didáctico español, y el mejor de Bellas Artes que se ha 
escrito, superior por la grandeza del plan, nobleza de ideas 



121 

y magnificencia del lenguaje al poema latino de Dufrenoy, 
De arte graphica, al poema francés de Lemierre, La Pein- 
ture, y al de Watelet LArt de peinare. 

Todos los escritores de Bellas Artes que han hablado de 
Céspedes, lo hacen con elogio. Ponz y Cean Bermudez se 
entusiasman con las obras del gran artista cordobés, y don 
Francisco Tubino ha escrito un libro para hacer la bio- 
grafía de Céspedes, y el juicio de sus obras conocidas. Esto 
nos dispensa de hacer el nuestro. En sus cuadros se en- 
cuentra un dibujo segurísimo, arrogante y grandioso; un 
colorido naturalista, si no muy rico de tonos, composición 
grandiosa y adecuada á una manera de ejecución fácil y 
brillante. En la Cena de la Catedral de Córdoba, se ven los 
rasgos del entusiasta de Miguel Ángel, á quien pretende 
imitar. Aún más acentuado está este carácter en el cuadro 
ÚQ la Virgen, Santa Ana, San Juan y San Andrés, que ocu- 
pa el retablo de la capilla de los Mesas, en la misma igle- 
sia. Como escultor, no se conoce más estatua de su mano, 
que la de San Pablo, en la Catedral de Córdoba, con una 
cabeza hermosísima y unas manos y unos pies magistral- 
mente dibujados. Como arquitecto, la capilla de San Pablo 
lo acredita como artista concienzudo y de buen gusto. 

Las obras de Céspedes han tenido poca fortuna. Se sabe 
que en Córdoba había de su mano un gran cuadro de Santa 
Úrsula, y las once mil vírgenes en la iglesia del convento de 
Santa Clara; y en la de la Compañía de Jesús, todo el retablo 
mayor era de Céspedes, y contenia el martirio en la rueda 
de Santa Catalina, la degollación y el entierro de esta Santa, 
la serpiente de metal, el sacrificio de Abrahan, la Oración 
en el Huerto, el Calvario y un Eccehomo. Todas estas pintu- 
ras han desaparecido, y si acaso no las ha destruido el tiem- 
po ó alguna mano aleve, estarán en algún Museo cataloga- 
das, como de otros egregios pintores de fama más universal. 



122 

Hoy se conservan todavía los dos cuadros citados de la Ca- 
tedral de Córdoba, y además, en la misma iglesia, dos cna- 
dritos de la vida de Tobías, y una cabeza de Cristo, en el zó- 
calo del altar de la capilla de los Mesas. En Sevilla se guar- 
da en el Museo, una Cena clasificada como de Céspedes, 
pero que basta compararla con la de Córdoba para negar 
que sea suya, y en la Catedral, la Virgen del Pozo, frente á 
la capilla real, admirable pintura en tabla, y unas virtudes 
en la sala capitular. En Madrid, en la Academia de San 
Fernando hay una Asunción. En San Petersburgo, en el 
Museo de l'Ermitage, se guarda una cabeza de Cristo, que 
se supone sea uno de los estudios hechos para pintar la 
Cena, y el martirio de San Esteban, cuadro de pequeñas 
dimensiones. Finalmente, en Córdoba posee el señor Conde 
de Torres Cabrera un San Pedro mártir, que estuvo en 
otros tiempos en la destruida iglesia del convento de los 
mártires. 

Se sabe que en la galería española del Louvre en París, 
hubo un retrato de Céspedes, obra suya, y que este cuadro 
se vendió en Londres en 1856. 

Estos son los cuadros de Céspedes, en que se han ocupa- 
do todos los que hasta ahora han tratado de él; pero nos- 
otros hemos encontrado algo nuevo é interesantísimo. U» 
apostolado. Está pintado en planchas do cobre de unos 
veinte centímetros de altura; las figuras son de medio cuer- 
po, admirables de dibujo, color y manera de hacer, y toda& 
ellas están colocadas hoy dentro de un solo marco, en la 
iglesia parroquial de Montero. Son procedentes de uno de 
los conventos de monjas suprimidos en la provincia de Cór- 
doba en 1868. 

Réstanos citar las producciones literarias de Céspedes, 
quien para facilitar sus estudios, habia llegado á estudj/ir 
y poseer para poder hablarlos correctamente el italiano, el 



123 

latin y el griego, y para valerse de ellos con desembarazo 
el árabe y el hebreo. 

Las obras literarias, son: El famoso Poema de la pintura 
de que queda hecho mérito: un discurso De la comparación 
de la antigua y moderna pintura y escultura, hecho á ins- 
tancias de su grande amigo, el célebre Pedro de Valencia. 
Investigaciones sobre el templo de Salomón. Memoria sobre 
el orden corintio en arquitectura, y un Tratado de pers- 
pection teórico práctica. Además se encuentran poesías su- 
yas en un MS. que poseyó Salva, y que trae en su Cataloga 
titulado así: Cancionero que comprende poesías de los es- 
critores de la primera mitad del siglo XVII. 

Céspedes formó escuela en Córdoba, de la que salieron 
Mohedano, Peñalosa Zambrano y otros notables pintores 
que el lector encontrará en esta obra. 

( Viardot . — Cean Ber mudez . — Noticias 
de Córdoba). 

Cohem: tallista. Entre los mútulos de la derecha, por 
bajo de la cornisa del mihrab de la Mezquita de Córdoba, 
hay dos cartelas que entre sí forman esta inscripción: 

Obra de Cohem y de Tharig. 
Es el único sitio donde se halla el nombre de este artista, 
(Don Rodrigo Amador de los Rios). 

Conrado (Matías): escultor. Por los años de 1626 ó 
1627 hizo la estatua del Padre Eterno, que se mira en el 
retablo mayor del crucero de la Catedral de Córdoba. Cean 
Bermudez no dedica artículo en su Diccionario á este artis- 
ta, no obstante que él fué quien exhumó su nombre al ano- 
tar la obra de Llaguno sobre la arquitectura y los arquitec- 
tos de España, 



124 

Contreraa (Antonio de): pintor. Nació en Córdoba en. 
1587, en donde fué discípulo del racionero Pablo de Céspe- 
des. A la muerte de su maestro en 1608, pasó á Granada á 
perfeccionarse en el arte, sin que sepamos quién fuese allí 
su director artístico. Conseguido su objeto y poseyendo la 
pintura en bastante escala, se tornó á Córdoba^ y allí pasó 
á Bujalance, donde tenia dos hermanos y algún caudal. Allí 
casó y vivió hasta 1654, en que bajó al sepulcro. En el 
convento de San Francisco y en otros templos de Bujalan- 
ce, habia muchos cuadros de su mano. Tenia mucha fama 
de pintar los retratos con mucho parecido y expresión. 

{Cean Bermudez). 

Córdoba (Juan de): escultor. El escultor señor Ortiz, 
profesor que ha sido de la Escuela de Bellas Artes de Cór- 
doba, ha encontrado y adquirido en esta ciudad una pre- 
ciosa estatua de madera del siglo XV, firmada Juan de 
Córdoba. La época de la estatua, su existencia en Córdoba 
y el apellido del autor, han hecho pensar al Sr. Romero Ba- 
rros y á otros escritores, que éste pudiera ser hermano del 
notabilísimo pintor Pedro de Córdoba, de quien á continua- 
ción hablamos; pero hemos visto en la colección de cuadros 
de los herederos del señor López Cepero, en Sevilla, un. 
cuadro de Pedro de Córdoba firmado asi: «Pedro, hijo de 
Ivan de Córdoba,» por donde venimos en conocimiento del 
verdadero parentesco de ambos. 

Córdoba (Pedro de): pintor. Nació en Córdoba y se le 
supone discípulo de Alejo Fernandez, lo cual es error evi- 
dente, puesto que Fernandez, por las fechas en que se le ve 
trabajando y por la manera de hacer de sus cuadros, colo- 
rido, entonación y gusto artístico en la colocación de sus 
historias, parece un pintor más moderno. Más bien podría 



125 

suponerse maestro á Pedro de Córdoba y discípulo á Alejo 
Fernandez, justiftcándose así el progreso que se nota en las 
obras de éste. 

En la Catedral de Córdoba, en una de las naves que des- 
de el lado del mihrah van al crucero, y separado por un 
arco del Cristo, llamado del Punto, se ve un precioso reta- 
blo de arquitectura ojival que contiene en su centro una 
gran tabla de la Encarnación de Jesús. En la parte inferior 
del cuadro, en una franja ancha, se lee la siguiente inscrip- 
ción en caracteres monacales: 

«Esta obra é retablo mandó facer Diego Sánchez de Cas- 
tro, Canónigo de esta Santa Iglesia, á honor de Dios y de su 
Santa Encarnación, y de los bienaventurados San Juan 
Bautista, é Santiago é San Llórente, é Santo Ibo de Breta- 
ña, é Santo Pió Papa, é Santa Bárbara; acabóse en 20 dias 
de Marzo de 1475 años.» 

Todos los santos mencionados en la anterior leyenda, se 
miran en el cuadro con aureolas doradas, en donde están 
escritos los nombres de cada uno; y además hay dos figuras 
arrodilladas. La una á la izquierda del espectador, tiene el 
traje de los canónigos y representa á Diego Sánchez de Cas- 
tro; y la otra, con traje talar blanco y colocado más en se- 
gundo término, es el retrato del autor como lo dice un 
letrero que hay entre los dos y á la altura de la cabeza 
del segundo. El letrero dice: «Pedro de Córdoba pictor.» 
Ambos retratos los publicaremos en la iconografía cordo- 
besa que estamos preparando para darla en breve á la 
estampa. 

La pintura es muy notable, no sólo por su valor histórico, 
sino por la limpieza del colorido, por la frescura de las car- 
nes y la corrección del dibujo, cualidades todas muy raras 
en aquella época anterior á la resurrección de las artes. 

En la colección de los herederos del señor López Cepero 



126 

■en Sevilla, hay un cuadro que representa la Adoración de 
los pastores firmado: «Pedro, hijo de Ivan de Córdoba.» 

Además de este cuadro, se conocen de Pedro de Córdoba 
dos tablas que habia en la parroquia de San Nicolás de la 
Villa^ y que se supone que están hoy en el Museo del Lou- 
vre, vendidas por don Diego Monroy. Una tabla que repre- 
senta á San Nicolás y se guarda en el Museo provincial de 
Córdoba, y otra tabla que hay en la Catedral de Barcelona 
y que no conocemos. 

(Cean Bermudez. — Ramírez Casas-D.za). 

Cordón (Andrés): marmolista que residía en Lucena, su 
patria, en 1808. Es obra suya el retablo de mármol de la 
■capilla de Jesús Nazareno del convento de Trinitarios des- 
calzos de Madrid, y lo costeó el Duque de Medinaceli. Cor- 
don hizo el retablo en Lucena, y sólo fué á Madrid para su 
colocación. 

(Ramirez de Luque). 

Cordón (Andrés) : escultor. Nació en Lucena por los 
años de 1790 y fué hijo del anterior. En 1808 en que escri- 
bía Ramirez de Luque, estaba estudiando y prometía ser un 
gran artista. Las esperanzas de este escritor se vieron reali- 
zadas, y Cordón, artista hasta hoy desconocido, fué uno de los 
mejores escultores que la provincia de Córdoba ha produci- 
do. La estatua de Santa Catalina, que se venera en una de 
las iglesias de Lucena, es muy hermosa. Nosotros poseemos 
el boceto de ella, hecho en barro con mucha facilidad, deli- 
cadeza y elegancia. 

Cornejo (Pedro): dibujante residente en Córdoba en 
1748. No creemos sea don Pedro Duque Cornejo, autor del 
■coro de la Catedral, y que en la fecha indicada estaba, en 



127 

dicha ciudad ocupado en tal obra. Hay una estampa de 
la Virgen de la Salud grabada por Nicolás Carrasco, que 
está firmada como dibujante por el que encabeza estas 
lineas. 

{Colección de estampas del autor). 

Coronado (Juan): arquitecto, vecino de Córdoba, que 
en 1593 aprobó, en unión de Juan de Ochoa y de Asen- 
sio de Maeda, maestro mayor de la Catedral de Sevilla, las 
trazas hechas por Hernán Ruiz para la torre de la Catedral 
de Córdoba. 

{Llaguno). 

Crespo (Don Nicolás): platero cordobés, discípulo de 
don Juan de Soldevilla. Solicitó su aprobación para abrir 
taller, y los examinadores de la Congregación de San Eloy 
del arte de platería, le designaron al obrador de don Anto- 
nio de Lara, artífice del Colegio de plateros, para que hicie- 
se en él una obra con que demostrar su aptitud. Hecha ésta, 
^ue fué una escultura de San Antonio en plata sobredorada 
A manchas, hecha con todo primor, se le admitió á examen 
y fué aprobado el dia 28 de Mayo de 1753. 

{Archivo del Colegio de plateros). 



128 



ID 

Daniel (Maestre): escultor ó cantero. En la parroquia 
de San Andrés de Córdoba, se encontró en el siglo XVI una 
losa sepulcral, que se puso empotrada en la pared de la igle- 
sia por la parte de afuera, y la leyó allí Ambrosio de Mo- 
rales. 

Correspondía al año 1164 de la era vulgar, y su lectura 
es la siguiente: 

Finó don Pero Pérez de Villamar, Alcalde del 

Rey en Córdoba, en diez y siete dias de Febrero, 

E. MCC doys, feria sexta. Maestre Daniel me fe- 

cit. Deus lo bendiga. Amen. 

Morales supone que este Villamar faé alcalde que dejó en 
la ciudad don Alfonso el Emperador cuando entró en Cór- 
doba é hizo tributario al caudillo Aben Gamia; pero noso- 
tros creemos más verosímil que el sabio anticuario equivo- 
cara la lectura de la inscripción, acaso ya muy destruida, 
y que la fecha sea Era de 1302, ó lo que es lo mismo 1264 
en que ya estaba la ciudad sacada por don Fernando III 
del poder de los moros. Después de todo que se hubiera bor- 
rado una C, que Morales no la viera, ó que el maestre Da- 
niel se equivocara, es más verosímil que no en 1164 hubie- 
ra en Córdoba un alcalde por el rey de Castilla. 

Diez (Juan): grabador de láminas, natural de Córdoba. 
No hemos podido encontrar ningún dato para su biografía, 
mas que las noticias de sus obras que á continuación damos. 



129 

En 1760 grabó las armas nuevas de la ciudad de Córdo- 
ba, para la Historia de Córdoba, del padre Ruano Girón. 

En 1762, copia del San Rafael de Castillo que hay en la 
escalera del Ayuntamiento, y en el mismo año una hermosa 
lámina de San Rafael, dibujada é inventada por el mismo 
grabador, y dedicada al municipio de Córdoba. Por esta es- 
tampa se ve que Diez era un buen dibujante y compositor 
nada vulgar. En el mismo año hizo otra estampa grande, 
dedicada al Obispo Barcia que representa al Padre Cristó- 
bal de Santa Catalina, repartiendo pan á los pobres. 

En 1763 el retrato del R. P. M. Juan de Santiago, de 
la Compañía de Jesús, costeado por la condesa de Horna- 
chuelos. 

En 1764, el del venerable Padre Cristóbal de Santa Ca- 
talina, fundador del hospital de Jesús Nazareno, para la 
vida de este sacerdote, que escribió el Padre Francisco de 
Posadas. 

En 1766, el retrato del V. P. M. D. Juan Agustín Borre- 
go en la vida de éste, escrita por el P. D. Gerónimo de Vil- 
ches. 

Se conocen, además, dos estampas suyas sin fecha, una de 
ellas muy buena que representa á Santa Renilde. La otra es 
más endeble, y representa á Cristóbal de Santa Catalina en 
el acto de aparecérsele Jesús Nazareno. 

La más mediana de todas sus estampas es San Albundio, 
y es muy natural que asi sea, puesto que tiene la fecha de 
1747, y por lo tanto seria un principiante el autor cuando 
la ejecutó. 

Diez pudo muy bien ser discípulo de Palomino. 

{Colección de estampas del autor). 



Tomo CVII. 



130 



E 



£scalante (Juan Antonio): pintor. Nació en Córdoba 
en 1630, y fué hijo de Alonso de Fonseca y de doña Fran- 
cisca Escalante, quienes le enviaron á Madrid á estudiar la 
pintura con el famoso Francisco Rizzi que tenia más repu- 
tación que los maestros que entonces habia en Córdoba. En 
breve adelantó Escalante, copiando los buenos modelos que 
habia en palacio, y que Rizzi pudo proporcionarle la ocasión 
de copiar, como pintor del rey que era. Nuestro cordobés 
se aficionó principalmente á los de Tintoreto que empezó á, 
imitar, no sólo en el colorido y manera, sino también en la 
distribución de las figuras en la composición, llegando su 
entusiasmo hasta copiar, además de los originales, estam- 
pas de cuadros del gran pintor veneciano que venían gra- 
badas de lialia. Sus progresos fueron tales, que á los vein- 
ticuatro años ya habia pintado los lienzos de la vida de San 
Gerónimo que estaban en el claustro de los carmelitas cal- 
zados de Madrid. 

Ya con gran fama de pintor le invitó su maestro á ayu- 
darle á pintar el monumento de Semana Santa de la Cate- 
dral de Toledo que le habia sido encomendado, y allá fué 
Escalante, llevando entre maestro y discípulo á feliz térmi- 
no la obra; pero también habia llegado el de la vida de 
nuestro cordobés, y vuelto á Madrid falleció en 1670, á poco 
<ie su llegada de Toledo. Cean Bermudez copia una extensa 
lista de cuadros que estaban en sitios públicos cuando él es- 
cribió, muchos de los cuales no exíten hoy en los lugares en 
que entonces estaban, é ignoramos su paradero. Nosotros, 



131 

íSin embargo, la copiamos, añadiéndole los dos cuadros que 
tiene en el Museo de Madrid. 

Madrid.— Museo del Prado. 

La Sagrada Familia; el Niño Jesús jugando con un cor- 
dero. 

Ídem. — Carmen calzado. 

La vida de San Jerónimo en el claustro; la Magdalena 
sostenida por unos ángeles. 

Ídem. — Merced calzada. 

Un San José y Santa Teresa, en la capilla del Cristo; el 
cuadro grande que está en el testero del refectorio, que re- 
presenta una redención de cautivos, entre los cuales Esca- 
lante se retrató; San Pedro Nolasco, llevado al coro por los 
ángeles, y San Ramón predicando en la sala de De profun- 
dis] un Crucifijo en la escalera principal, y en la sacris- 
tía diecisiete cuadros de figuras medianas, que represen- 
tan pasajes del Testamento antiguo, alusivos á la Euca- 
ristía. 

Ídem. — San Felipe Neri. 
Una Concepción, en la sacristía. 

Ídem. — San Felipe el Real. 
Un Jesús Nazareno, firmado, en la sala de la enfermería. 

Ídem. — Carmen descalzo. 

Un Padre Eterno con Cristo muerto, en el coro bajo; Sau 
«Crregorio, en la escalera del camarín, y San Antonio, en I» 
.primera pieza del mismo camarín. 



132 

Ídem. — San Miguel, parroquia. 

Una graciosa Santa Catalina mártir, en una capilla, y en 
la misma un San José. 

CoRELLA. — Monjas Bernardas. 

La Asunción de la Virgen, en la iglesia, sobre la reja 
del coro. 

PuiG. — Convento de mercenarios. 

El cuadro grande del testero en el refectorio, que repre^ 
senta el milagro de pan y peces. 

{Cean Bermudez). 

Espejo Saavedra y Aguilar (Don Isidro): pintor 
y platero. Nació en Córdoba en 15 de Mayo de 1788, siendo 
hijo de don Antonio y de doña Josefa Aguilar, y fué bautiza- 
do en la parroquia de San Lorenzo. 

Siendo muy joven se dedicó á la joyería, bajo la direc- 
ción de don Juan Ribadas, distinguiéndose tanto como gra- 
bador^ que se le confiaban para su conclusión las mejores 
obras de este ramo que se fabricaban en Córdoba. Al mis-. 
mo siempo estudiaba la pintura bajo la dirección de don 
Diego Monroy, y matemáticas en el colegio de la Asunción, 
hoy Instituto provincial. 

En 1851 estableció una Academia de dibujo y pintara, 
que estuvo bastante concurrida hasta la apertura de la Es- 
cuela de Bellas Artes, en que habiéndosele retirado la mayor 
parte de los discípulos, tuvo que cerrarla en 1866. 

Era hombre bastante instruido, puesto que habia dedica- 
do todos sus ratos de vagar á la lectura, especialmente de 
obras de arte. En los últimos años de su vida, inútil ya para 
el trabajo, quedó muy pobre, hasta el extremo de seguir la 



133 

suerte de otros muchos hombres de talento; esto es, tener 
que ir á acabar sus dias á un establecimiento benéfico. Es- 
pejo murió en Córdoba en 2 de Abril de 1876 y fué enterrado 
en el cementerio de San Rafael. 

Las únicas obras públicas que ha dejado son los tres me- 
dallones de la manga de la cruz parroquial de Santiago que 
representan la Virgen de la Fuensanta, Santiago acuchi- 
llando moros y los patronos de Córdoba. Este último lienzo 
está muy bien dibujado y pintado. En casas particulares 
hay muchas obras suyas, en general, menos que medianas, 
y su familia que nos ha comunicado estos datos, posee una 
buena colección de dibujos aplicables al arte de platería. 
Se distinguió también en miniaturas, teniendo en la época 
en que estaban de moda muchos retratos que pintar. Murió 
soltero. 

Espinosa (Fr. Gerónimo de): pintor. Nació en Doña- 
Mencia en los primeros años del siglo XVIII, y fué discí- 
pulo de su padre, pintor muy mediano, que apenas pudo 
enseñarle los primeros rudimentos del arte pictórico, y en 
nada hubiera quedado la decidida afición del muchacho, 
si no hubiera continuado sus estudios bajo la dirección del 
pintor lucentino don Leonardo de Castro, que no mucho 
tiempo, pero sí con provecho, le enseñó cuanto sabia. No 
sólo los maestros influyeron cuanto pudieron en sus felices 
disposiciones, sino que él, acaso adelantándose á su época, 
pensó que el único maestro útil es el natural, y emprendió 
con afán la tarea de pintar las cabezas de cuantos pobres 
pedian limosna en su casa y á los que pagaba la paciencia 
de ser modelos con las sobras de su alimento y á veces con 
mayor cantidad del que escatimaba á su propia persona. 

Joven aún, tomó el hábito de dominicano en el convento 
de San Pablo de (Jórdoba, donde no abandonó su afición, 



134 

antes bien, la continuó con mayor empeño y adelantamien- 
tos provechosos; sin embargo, en su nueva profesión, tenia, 
oficios domésticos impropios de un artista, y que á más de 
repugnarle por lo mecánicos y á veces nada agradables, le 
robaban el tiempo que á la práctica de las artes habia de 
dedicar. Entonces pensó en librarse de ellos subiendo á la 
categoría de sacerdote, é hizo en forma la solicitud para 
ello. Pero todo parecía conjurarse contra nuestro artista. 
Casi al mismo tiempo^que solicitaba las órdenes, se publica 
el decreto del General de los dominicanos monseñor Boja- 
dors, que prohibía á los[legos aspirar á las órdenes sacerdo- 
tales. Esto no desanimó á Espinosa; puso en juego todas las 
influencias que con la pintura se habia granjeado entre los 
nobles cordobeses, y el General recibió una larguísima se- 
rie de recomendaciones para que barrenara su decreto en- 
favor del lego artista. Pero no era hombre Bojadors que se 
torciera ni quebrara y permaneció inflexible negando siem- 
pre la gracia solic'tada por Espinosa. 

Por este tiempo, el Obispo de Córdoba, don Martín de 
Barcia, encargó á nuestro pintor la continuación y restau- 
ración de la galería de retratos de los Obispos que había- 
empezado don Juan de Alfaro, como en su artículo dijimos, 
y continuado Fr. Juan del Santísimo Sacramento, y como 
quiera que Espinosa hiciese esta obra muy á satisfacción de 
su Ilustrísima, el Obispo le tomó afición y se decidió á apo- 
yarlo en sus pretensiones con el General de la Orden. Ha- 
cia éste la visita de los conventos y llegando su turno á la 
provincia de Andalucía, entró en Córdoba, donde el señor 
Barcia, pensando vencer su terquedad á fuerza de obse- 
quios, lo hospedó y agasajó en su propio palacio. Allí acu- 
dió toda la aristocracia cordobesa á solicitar del General la* 
gracia que Espinosa pedía, reservándose el Obispo para dar 
el último golpe á la firmeza del prelado dominicano. Por fin. 



135 

llegó el dia de la partida de éste. El coche del Obispo le 
conduela hasta la primera parada de carruajes, y el Obispo 
fué con él: en el camino le hizo la petición consabida, y el 
General, por toda respuesta, le dijo: «Señor Obispo; esos 
favores ni se piden ni se conceden.» Con esto. Barcia guar- 
dó silencio, desanimado aunque no decidido á abandonar la 
empresa. 

Durante la estancia en Córdoba del General, los partida- 
rios de Espinosa hablan ganado á su favor á Mr. Bertuche,, 
familiar y secretario de Bojadors. Por consejo de Bertuche, 
Espinosa hizo un retrato al lápiz, del General, y remitido á 
Francia, el hábil secretario halló arte de colocarlo dentro 
del breviario de que se servia de ordinario el prelado. Lle- 
gó la hora de la oración: solos y juntos estaban Bojadors y 
Bertuche; el primero toma su breviario, lo abre y encuen- 
tra su retrato. «¡Calle, exclama, este soy yo! ¿Quién lo ha 
pintado?» 

— «El pobre lego, respondió Bertuche, que solicita desde 
Córdoba ser religioso;» á lo que el General, con tono seco y 
agrio, respondió: «Vamos á rezar.» 

Espinosa había jugado su última carta y perdido su últi- 
ma esperanza. Desde aquel momento cambió de aspecto y 
de conducta. Se hizo tan descuidado do su persona, que ni 
se podia entrar en su celda ni casi acercarse á él sin colo- 
car antes las manos en la nariz. Al mismo tiempo su figura, 
de por sí muy fea, se había hecho repugnante; su carácter 
se hizo agrio y grosero; su traje estaba siempre manchado 
de aceites y barnices, y su cabello crespo y enmarañado, 
sin que jamás entrase un peine en sn cabeza. 

De esta época de su vida se cuentan anécdotas curiosas 
que retratan su carácter. Pintaba mucho, en especial retra- 
tos, sin que se dignase nunca ir á casa del retratado á no 
ser que fuese una señora. Cierta vez una condesa le encar- 



136. 

gó su retrato. No lo ajustó previamente, y ya terminado, 
como el precio le pareciera caro, lo devolvió con su mayor- 
domo para que el pintor rebajara algo. Espinosa, poco ami- 
go de las contrariedades y menos galante por las que él ha- 
bía sufrido, dijo al criado de la aristocrática dama: «Aquí 
se queda la tabla para quemarla y hacer cola con la cara de 
una condesa.» 

Como prueba de su fealdad, citan sus biógrafos los dichos 
siguientes: El Padre Rios le preguntó un dia, viendo un 
santo rostro que Espinosa habia pintado: «Barbas agrias; 
¿cómo siendo tan feo, pintas esos rostros tan hermosos?» á 
lo que contestó el artista: «Señor doctor, porque-los pinto y 
no los engendro.» Otra vez el maestro Fray Francisco Gó- 
mez le mandó pintar San Francisco y Santo Domingo, y 
habiéndolos terminado, al tiempo de pagarle le dijo: «Toma 
«sa gratificación, manos de ángel y cara de grifo.» 

Espinosa murió muy viejo, de asma, y cuando se acercó 
la hora de su muerte sólo pensó en su salvación eterna, te- 
niendo por lo tanto una muerte ejemplar. En su celda no se 
halló nada del dinero abundante que habia ganado con los 
infinitos cuadros que pintó. Sólo se encontraron los instru- 
mentos de su arte. Su muerte fué el año 1791. Tenia fama 
de buen retratista, y su especialidad era hacer copias que 
se confundían con los originales, según imitaba las obras de 
los grandes maestros. Sin embargo, era muy desigual. 
Mientras que los retratos del Obispo de Bibli, señor Chin- 
chilla y de don Antonio Fernandez de Córdoba, se confun- 
dían con los originales de Castillo de donde los habia toma- 
do, los retratos de Cardenales dominicanos que estaban en 
la cátedra de teología, no pueden ser peores, y más parecen 
ser bosquejos que cuadros concluidos. En Doña-Mencía se 
conservaba en 1820 (en que desapareció), el retrato del au- 
tor, y hay otros cuadros de su mano. 



137 

Hoy se conocen como suyas en lugares públicos las obras 
siguientes: 

Córdoba. — Instituto provincial. 

Retrato de don Antonio Fernandez de Córdoba, copia del 
de Castillo, que estaba en la capilla mayor de San Pablo y 
que se ha perdido. 

Ídem.— San Pablo. 

Muchos retratos de Cardenales y hombres notables de la 
Orden de Santo Domingo, repartidos entre la sacristía é 
iglesia, algunos buenos pero en general muy endebles. 

Ídem. — Palacio episcopal. 

Varios retratos de Obispos, y en particular el de don Mar- 
tin de Barcia, entre los que hay algunos de muy buen co- 
lor y hechura. Un apostolado en la galería del jardín. 

Ídem.— En casa del Excmo. señor don Juan de Dios 
Díaz de Morales. 

Excelente retrato de don Francisco Díaz de Morales Al- 
fonso de Sousa, padre del poseedor. Está firmado, y la ca- 
beza está admirablemente pintada. 

(MS. de la Biblioteca provincial del 
Dr. Diego Ignacio de Góngora y Fr. José 
de Muñana. — Ramirez de Luque. — Ramí- 
rez de Arellano, don Teodomiro). 



138 



F 



Famet: arquitecto mudejar. En una carta del infante 
don Fernando, hijo de Alfonso el Sabio, escrita desde Peña- 
fiel en 7 de Abril de 1275, al cabildo de la Catedral de Cór- 
doba, se dice que este Famet y otro Cahet, labraban en la 
iglesia de Córdoba, en sustitución de otros dos moros, de 
los que el uno habia muerto y el otro estaba ciego, y que 
los mencionados no pagasen ningún ningún pecho por estar 
al servicio de la dicha iglesia. 

{Archivo de la Catedral). 

Farkid-ibn-Aún-el-Aduani: arquitecto cordobés, de 
quien dice don José Antonio Conde en su Historia de la do- 
minación de los árabes en España, que por orden del sul- 
tán Hischan I y por agradarle, labró la fuente llamada de su 
nombre, Ain FarJcid, que era de las obras más hermosas de 
Córdoba. Ignoramos qué monumento fuera éste, como des- 
conocíamos el nombre de este artista, que no menciona 
ningún otro de los escritores que se han ocupado en la do- 
minación de los musulmanes en al Andaluz. 

Fatah: marmolista. En un capitel árabe bizantino de ri- 
quísima labor que habia en el patio de la fonda suiza 
en Córdoba, y que hace pocos años que ha desaparecido, se 
leia la siguiente inscripción, que han traducido muchos 
orientalistas. La versión que copiamos á continuación es 
del señor don Pascual Gayangos. 

En el nombre de Allah: la bendición de parte de Allah, 
sea sobre el principe de los creyentes; alargue Allah su 



139 

permanencia en la tierra. Ahder-Ráhman-hen-Mohammad. 
Esto es lo que mandó labrar por manos de Xenif en pago. 
Hizo esto Fatah el marmolista. 

Como se ve, la obra es de tiempo de An-Nassir, esto es^ 
en el más brillante período del arte árabe; pero aún en- 
contramos otra obra de este mismo autor, que nos da la fe- 
cha de su construcción, año 961, correspondiente también á 
la época del primero de los califas de Occidente. Es una basa 
colocada á manera de capitel en una columna del portal de 
la casa número 96 de la calle de don Rodrigo, y que por la 
delicadeza de sus ornamentos no es menos admirable que el 
capitel antes mencionado. La única traducción que se ha 
hecho de su leyenda, dice así, según don Rodrigo Amador 
de los Ríos. 

En el nombre de Allah. Bendición única por largos tiem- 
pos, felicidad y protección para su dueño. (Esto es) de lo 
que hizo Fatah, el año 350. 

Fernandez (Luis): pintor. Según González de León, fué 
natural de Córdoba y vivió en Sevilla. Allí fué maestro de 
Herrera el Viejo, Pacheco y los Castillos por lósanos de 1580. 
Pacheco asegura que era muy notable en la pintura de sar- 
gas, que hacia al aguazo. Son de su mano los cuadros de 
San Basilio y varias cabezas de santos que decoraban el al- 
tar mayor de la iglesia de San Basilio, y hoy están en el 
Museo provincial de Sevilla. Estos cuadros, que Cean Ber- 
mudez adjudica á Herrera el viejo, estuvieron firmados por 
Luis Fernandez, y un abad, creyendo de poca importancia 
la firma la hizo borrar. También eran suyos los que Cean 
atribuye á Zambrano, que estaban en la escalera del citado 
convento, y representaban tres hechos de la vida de los em- 
peradores Valente y Juliano. 



140 

Fernandez (Sebastian): platero, natural y vecino de 
Montilla, en donde aprendió en el taller de su padre Anto- 
nio. En 1731 solicitó de la Congregación de San Eloy del 
arte de plateros de Córdoba, que se le autorizara para abrir 
taller, y presentó, como prueba de su habilidad, una diade- 
ma de plata con potencias. El examen se verificó el dia 19 
de Agosto del mismo año, y demostrada su suficiencia, fué 
autorizado en debida forma para la práctica de su arte. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Fernandez de Castro (Don Antonio): pintor. Nació 
en Córdoba en 1659. Fué racionero de aquella Catedral y 
murió en su patria en 22 de Abril de 1739, según se lee en 
su epitafio, que dice asi: 

Hicjacet D. Antonius Fernandez de Castro Villavicen- 
cio Cabrera et Gómez hujus almae cathedralis ecclesiae 
Porcionarius: in arte pingendi studiosissimus, incolorum 
compositione singularis: dulci penicillo plures sanctorum 
imagines de pinxit, inter quas hanc sancti archangeli Ra- 
phaelis, ad cujiis pedes sepelis voluit die 22 aprilis anni 
Dñi. 1739. 

En Córdoba es rara la casa antigua y señorial que no 
conserve algo de este pintor, mucho más notable que otros 
de mayor fama, puesto que en sus cuadros se ve buen dibu- 
jo, hermoso color, gracia y oportunidad en la composición, 
y, en una palabra, todas las buenas cualidades que necesi- 
ta un cuadro para ser reputado por bueno. 

En sitios públicos hay en Córdoba de su mano los cuadros 
siguientes: 

Catedral. 

San Fernando y la Concepción, en la sala capitular; San 
Fernando ofreciendo á la Virgen la conquista de Córdoba, 



141 

hermoso cuadro de grandes dimensiones, frente al postigo 
del Cristo de las penas. El cuadro de San Rafael, de que se 
habla en el epitafio, fué sustituido por una copia hecha por 
Alvarez Torrado, y aun esta copia ya no está por encima de 
la sepultura del pintor. 

Museo provincial. 

Cristo atado á la columna; San Miguel; un niño con una 
oveja; Cristo muerto; otro cuadro del mismo asunto; los des- 
posorios de Santa Catalina. 

Por las actas capitulares consta que pintó una Virgen de 
Villaviciosa para el oratorio bajo del Ayuntamiento; pero 
ya no existen ni Virgen ni oratorio. 

Al hacerse la nueva solería de la nave del mihráb de la 
Catedral de Córdoba, ha desaparecido el epitafio que queda 
copiado sin que se hayan trasladado los restos, pudiéndose 
éstos, por lo tanto, considerarse perdidos para siempre, gra- 
cias á la impremeditación del arquitecto encargado de aque- 
lla obra. 

( Cean Bermudez. — Noticias de Cór- 
doba). 

Fernandez Moreno (Melchor): arquitecto. Nació en 
Córdoba hacia el año 1630, toda vez que en 1677, en que 
informó en el expediente de canonización de San Alvaro, 
tenia 47 años. Eran obras suyas, hoy perdidas, el retablo 
mayor de la iglesia del convento de la Madre de Dios, hoy 
Asilo de mendicidad, con cuyo altar los franceses guisaron 
sus ranchos en la azarosa época de la guerra de la Inde- 
pendencia en España de 1808 á 1812. El retablo mayor de 
orden corintio de la iglesia del extinguido convento de 
monjas de la Concepción y el de la del convento de las Nie- 
ves, hoy Círculo de la Amistad. Se conservan aún de traza 



142 

suya el retablo mayor de la capilla del seminario de San Pe- 
lagio y el de la Concepción en la iglesia de San Francisco, 
hoy parroquia de la Ajerquía. 

(Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 

Fernandez de Pedrajas (Tomás): escultor. En la ca- 
sa de don Rafael Diaz de Morales en Córdoba, habia dos re- 
lieves de barro que representaban la Asunción y la Encar- 
nación, firmados en su reverso de este modo: «Tomás 
Fernz. de Pedraxas. Agosto 3 de 1749 en Córdoba.» Igno- 
ramos qué suerte ha cabido á estos relieves, que eran muy 
bellos, al deshacerse la casa del señor Diaz de Morales, por 
su muerte ocurrida hace pocos años. 

Fotuh: tallista. En la casa número 55 de la Carrera del 
Puente en Córdoba, existe un magnífico capitel de esos que 
parecen de encaje, por lo menudo y delicado de sus labo- 
res. Tiene inscripción que nos revela el nombre de Hakan II 
que lo mandara hacer, y el año 366 de la egira, 976 
de Jesucristo, como fecha de su construcción. En una de 
las cartelas se encuentra el nombre del cincelador en esta 
forma: 

Obea de Fotuh 
el cincelador. 

(Don Rodrigo Amador de los Rios). 

Freile de Guevara (Pedro): escultor. Hizo las estatuas 
de mármol que se parecen en el tabernáculo del altar mayor 
de la Catedral de Córdoba, y que representan los apóstoles. 
Vivió en la primera mitad del siglo XVII. 

{Ramírez Casas Deza). 



143 

Frutos (El V. P. Gerónimo): dibujante, fundador del 
convento y hospital de San Juan de Dios de Lucena. La 
crónica de la Orden le llama Frutos de San Pedro y lo hace 
natural de Segovia; pero Ramírez de Luque, en su obra ti- 
tulada Tardes Liicentinas , que permanece inédita, y de la 
que poseemos el único ejemplar, prueba que era de Lucena 
con datos del archivo del convento que fundó, entre otros 
documentos el protocolo de sus bienes y rentas, en cuya pri- 
mera hoja está el retrato del venerable, y debajo se expresa 
■que fué de Lucena y de ilustre familia. 

Tomó el hábito en el convento de Granada en 1540, á los 
22 años de su edad, de modo que debió nacer en el de 1518. 
En 1548, San Juan de Dios le encargó de la fundación que 
hizo en Lucena. Entonces estuvo en Montilla á ver al padre 
Juan de Avila que era su confesor, y con las limosnas que 
allí recogió, especialmente de los duques de Cardona, pasó 
á Lucena, en donde el duque de Medinaceli le dio terreno 
para el convento, y con limosnas y donaciones desús pa- 
rientes, compró unos solares que estaban al lado de los ter- 
renos dados por el duque, con lo que hizo iglesia y enfer- 
mería, que se concluyeron en 22 de Octubre de 1565. 

El protocolo en que constan estos datos, se hizo en 1661, 
viviendo aún el padre Alonso Pavón, que fué uno de los 
que entraron en el convento cuando vivia el padre Frutos. 
Este murió de 84 años, el 2 de Octubre de 1662. 

Ramírez de Luque afirma que era un buen dibujante, 
razón por la que le incluimos en esta obra. 

Furriel (Don Patricio): organero cordobés. Vivia en 
la casa número 25 del Compás de San Agustín, á fines del 
siglo pasado y primer tercio del presente. Hizo muchos ór- 
ganos en la diócesis de Córdoba, contándose por suyos en 
la capital, el del lado del Evangelio en el coro de la Cate- 



144 

dral y los de los conventos de Trinitarios calzados y de San 
Francisco. La lengüetería de sus órganos aventaja á los me- 
jores que en Andalucía ha habido. 

Además de organero, debemos considerar á este cordo- 
bés bajo otros aspectos. Como dibujante de arquitectura dio 
pruebas de buen gusto en la traza del citado órgano de la 
Catedral que es todo de su mano, y además tenemos que 
considerarlo como el primer restaurador de la famosa Mez- 
quita cordobesa. En 1826, por encargo del Obispo Trevi- 
11a, Furriel ideó la manera de restaurar la capilla santa ó 
mihráb de la Mezquita, y lo ejecutó con bastante buen acier- 
to y mejor deseo, pintando la parte que faltaba del decora- 
do del arraba del arco, y cubriéndola después con peque- 
ñísimas piezas de cristal, de manera que á simple vista re- 
sulta la restauración igual aX joseifesa primitivo. 

Cometió, sin embargo, el error de no haber hecho las do- 
velas que faltaban iguales á las que aún existían, y no que 
puso unos dibujos de su invención, de mal gusto y que á 
simple vista denuncian la falta de conocimientos arqueoló- 
gicos del restaurador. 

{Ramírez de Arellano, don Teodomiro). 



.1:45 



C3- 

Gala (Don Juan de la): platero cordobés. En 11 de Ju- 
lio de 1723 presentó á los examinadores de la congrega- 
ción de plateros de Córdoba, una escultura de plata repre- 
sentando á Santa Bárbara, y en vista de lo bien hecha que 
estaba, fué aprobado y autorizado para abrir obrador. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Galindo (Don Diego): tallista. Nació en Lucena. Se de- 
dicó á la carrera eclesiástica, llegando á ser sacerdote, y 
desempeñando como tal el cargo de sacristán mayor de la 
parroquia de San Andrés de Córdoba. Murió en esta ciudad 
hacia el año 1868, y fué enterrado en el cementerio de San 
Rafael. Sus únicas obras conocidas son un frontal muy 
hermoso para el altar mayor de la citada parroquia, y su 
lápida sepulcral, hecha de incrustaciones de distintas ma- 
deras. 

Hombre ó excéntrico ó ñlósofo, se dedicó una buena par- 
te de su vida á construir los atavíos de su muerte, é hizo su 
lápida, su ataúd y el féretro, donde como sacerdote se le 
había de conducir, y que hoy posee la iglesia de San An- 
drés. Tenia también hechas las esquelas de defunción, y 
como quiera que vivió muchos años después de impresas 
éstas, ocurrió que convidaban para el entierro muchas 
personas que de largo tiempo antes descansaban en el se- 
pulcro. Yo lo recuerdo, aunque era niño cuando él murió, 
y era hombre enjuto, más bien alto que bajo, muy calvo y 
algo encorvado. 

Tomo CVÍI. 10 



146 

Gallardo (Ramón): cantero, natural de Puente Genil. 
Hizo en unión de su hermano la portada de la ermita de la 
Concepción en Puente Genil, acabándola en 1799. 

(Apuntes históricos de la villa de Puente 
Genil) . 

Galvez (Don Antonio): platero cordobés, discípulo de 
don Pedro de la Vega y Negrete. Fué examinado por los 
aprobadores el dia 24 de Noviembre de 1756, y aprobado 
para abrir obrador, en vista de que estaba hecha con todo 
primor, una escultura de plata sobredorada que presentó 
representando á San Antonio. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Galvez (Don Diego de): platero, natural de Córdoba y 
discípulo de don Bartolomé García en el arte de la masone- 
ría. Solicitó su aprobación para abrir taller en 1732, y el 
29 de Junio del mismo año fué admitido á examen por el 
hermano mayor, alcaldes, veedores y demás oficiales de la 
congregación de San Eloy, del arte de platería de Córdoba. 
Presentó para su aprobación una custodia de mano hecha 
con gran primor, según dice el acta de su aprobación. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Garbali (El): arquitecto. Véase Abdalah-ibn-Hu- 
aein, apellidado el Garbalí. 

García (Antonio): maestro de obras de la ciudad de 
C!órboba en 1683. Fué uno de los que bajo la dirección de 
don Antonio Eamos construyeron la plaza de la Corredera. 

(Ramírez de Arellano, don Teodomiro). 



147 

García (Doña Petronila): escultora. Los únicos eseri- 
-iores que hasta el presente se han ocupado de esta artista, 
han sido los señores Osorio y Bernard y Ramírez de Arella- 
no (don Teodomiro), suponiéndola ambos natural de Córdo- 
ba. Investigando su origen, hemos venido á averiguar por 
la partida de casamiento de uno de sus hijos, en la parro- 
quia de Santiago de Córdoba, y gracias á la amabilidad del 
rector don Mariano Amaya, que doña Petronila nació en 
Ubeda en el año 1812, y que casó con Francisco Nieto. En 
1830 estaba establecida en Córdoba, donde tenia una fábri- 
ca de platos y pucheros de barro más finos que el ordinario. 
Sin saber dibujo, formaba unas pastas de barro y en ellas 
trazaba relieves, copias de estampas, á los que después de 
cocidos daba un baño de color que los hacia parecer de 
búcaro, aunque con brillo. En una exposición que la socie- 
dad lírico-dramática efectuó en el teatro principal en 1844, 
llamó la atención un relieve de unos setenta centímetros de 
largo por cincuenta de ancho, representando el rapto de 
Proserpina, copia de Rubens; presentó además, un San Ge- 
rónimo y otras obras que se vendieron á corto precio para 
fuera de Córdoba. En 1839 remitió á la Academia de San 
Fernando por conducto del jefe político un bajo relieve que 
representaba la ruina de Troya, y que fué juzgado con be- 
nevolencia por aquella docta corporación. En 1860 vivia 
aún en el Panderete de las brujas en Córdoba. 

García y Aguilar (Don Bernabé): platero, natural de 
Córdoba, hijo y discípulo del maestro Bernabé García de 
los Reyes, de quien se habla en otro lugar. Fué exami- 
nado y aprobado para ejercer libremente su arte, por los 
aprobadores de la congregación de San Eloy, el dia 13 de 
Abril de 175.5, y presentó como muestra de su habilidad 
«un cáliz que había hecho de figura triangular, y el pie de 



148 

quiebros y cincelado, el que visto por los examinadores di- 
jeron estar bien hecho y con todo primor.» Estas son las 
palabras del acta. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

García Córdoba (Don José): pintor y fotógrafo. Na- 
ció en Ecija, y le consagramos este recuerdo para que no se 
pierda su memoria. Residió siempre soltero en Córdoba, 
donde murió hacia 1875, siendo profesor de dibujo en la 
escuela de Bellas Artes. En la Exposición de Artes hecha 
en 1872, por el Círculo de la Amistad, presentó un retrato 
al óleo de tamaño natural y cuerpo entero, del general 
Narvaez. 

García Reinoso (Antonio): pintor. Nació en Cabra 
en 1623, y estudió su arte en Jaén, bajo la dirección de 
Sebastian Martínez, abandonando al profesor antes de estar 
en condiciones de manejarse por sí. No pudiendo vivir en 
Cabra, donde se estableció cuando dejó el maestro, se fué á 
Andújar, población que con ser bastante grande, no pudo 
darle trabajo para mantenerse, y en vista de esto, se esta- 
bleció definitivamente en Córdoba, donde había más gusto 
artístico; pero como también habia pintores mejores que 
García, tuvo que vivir dorando y estofando retablos y ro- 
pajes de santos, con adornos de hojas, follajes y otras cosas 
de mal gusto, y haciendo trazas y dibujos para plateros 
en quienes infiltró su malísimo gusto. Cean Bermudez cri- 
tica á Palomino los elogios que dedica á nuestro artista, 
diciendo que si algo hizo bueno, seria algún paisaje, que 
según dicen, pintaba con gracia, frescura y desemba- 
razo. En Córdoba murió en 1677, siendo enterrado en la 
Catedral. 

Sus obras públicas son las siguientes: 



149 



Córdoba. — Catedral. 

Dos cuadros que se miran en la parte alta del presbiterio 
y que están tan cubiertos de polvo y á tal altura, que no se 
ve lo que representan. 

Ídem. — Capuchinos. 
Dos cuadros en la iglesia. 

Ídem.— Carmen Calzado. 

La Virgen, San Juan y otros santos en la capilla del 
santo Cristo. 

Martos. — Parroquia. 

Las pinturas al temple de las capillas de Jesús Nazareno 
y Nuestra Señora del Rosario. 

Andújar. — Capuchinos. 

El cuadro del altar mayor que contiene la Trinidad, la 
Virgen, San Francisco, San Ildefonso y otros santos. 

Cean Bermudez trae dos cuadros de la Concepción, uno 
en la calle de las Cabezas y otro en las Herrerías, hoy Car- 
rera del Puente, en Córdoba, pero estas obras han desapa- 
recido. La segunda fué pintada sobre otra de Castillo, que 
indudablemente seria mejor que la de Reinóse. 

{Cean Bermudez. — Noticias de Córdoba). 

García de los Reyes (El maestro don Bernabé): 
platero. Nació en Córdoba en los primeros años del si- 
glo XVIII, y estudió el arte do la platería del que se examinó 
en 30 de Julio de 1725, ante el hermano mayor de la con- 
gregación de San Eloy don Francisco Bruno de Valenzuela, 
jurado de Córdoba, y de los alcaldes, veedores y aprobado- 



150 

res, siendo aprobado para abrir taller y comerciar en ci- 
arte de la platería, en vista de una pieza de Custodia que 
presentó como muestra de su habilidad, y que vieron que 
estaba bien hecha, prestando juramento de guardar las 
reglas de la hermandad y defender la Concepción de la 
Virgen. Su nombre no vuelve á aparecer hasta diez años 
después, en 1735, en que le encontramos como notabilísimo 
artista, restaurando ó renovando la magnífica Custodia que, 
obra de Enrique de Arfe, se guarda en la Catedral de Cór- 
doba, y sirve para la procesión del Corpus, y entonces le 
aumentó una basa, todo lo que consta de una leyenda de la 
misma Custodia que dice así: 

«Se renovó siendo gobernador de este obispado el señor 
Dr. D. Pedro de Salazar y Góngora, Dean y Canónigo de 
esta Santa Iglesia, por el Illmo. Sr. D. Tomás Rato, Obispo 
de ella, y obrero el Sr. Dr. D. Juan Gómez Bravo, Canóni- 
go Magistral de dicha Santa Iglesia, año de 1735. Maestre 
Bernabé García de los Reyes.» 

Después le vemos de hermano mayor de la cofradía, des- 
de 24 de Junio de 1744, en que fué elegido por 40 votos con- 
tra 23 que obtuvo don Juan León Narvaez, hasta igual dia 
del año siguiente, y en 7 de Julio de 1747 lo vemos de nue- 
vo nombrado conciliario de dicha hermandad, cargo en que 
es confirmado en 20 de Julio de 1749 y que desempeñó hasta 
Julio de 1751. 

Del acta de aprobación del platero Alonso de Aguilar, 
consta que García de los Reyes murió en 1763. 

A juzgar por la basa de la Custodia, era un artista que- 
dibujaba muy bien^ y en el que no se notan los extravío» 
propios de la época en que vivió. 

( Ramírez Casas Deza. — Archivo del Co- 
legio de plateros.) 



151 

Gil (RrY): arquitecto que construyó el castillo del Car- 
pió, junto á Córdoba en 1325, bajo la dirección del maestro 
Mahomad. Véase el artículo de éste. 

Gómez (Juan): bordador. Nació en Córdoba y fué ve- 
cino de Sevilla, donde murió en el año 1688. La única obr» 
suya que se conoce, es una funda para la caja del Santísi- 
mo, en la Catedral de Sevilla. 

{Gean Bermudez). 

Gómez (Don Rafael): escultor y natural de Córdoba, 
hijo y discípulo de don Alonso Gómez de Sandoval. Sólo 
sabemos de él que en 1795 renovó la estatua de San Rafael, 
obra de su padre, que aún se mira en el retablo mayor de 
la iglesia de dicho santo en Córdoba. 

{Noticias de Córdoba). 

Gómez del Rio (Bernabé): escultor. Nació en Córdo- 
ba, ignorándose el año, y murió en su patria en una cas» 
de la calle de las Pavas, donde vivió mucho tiempo. Es obrar 
de su mano la imagen, no despreciable, en piedra, de San 
Rafael, que existe hacia la mitad del puente de Córdoba, so- 
bre el Guadalquivir, y que se colocó en dicho sitio con mu- 
cha solemnidad en 1651. 

Gómez de Sandoval (Don Alonso): escultor. Nació 
en Córdoba el año 1713, y fué bautizado en la parroquia 
de San Lorenzo. Sus padres lo dedicaron á la carrera ecle- 
siástica, haciéndole tomar el hábito de lego en el convento 
de Trinitarios descalzos llamado de los Padres de Gracia. 
Mal avenido con la clausura, pasaba sus ocios entretenido 
en llenar los muros del convento de dibujos al carbón com- 
pletamente estrafalarios, pues no había aprendido aún A 



152 

manejar un lápiz; pero de bastante expresión, para que hi- 
cieran fijar la atención en ellos á un Obispo de Córdoba, 
que no era don Antonio Caballero y Góngora, como algunos 
han supuesto, pues este prelado vino á ocupar la silla cor- 
dobesa en 1788, y esto debia acaecer hacia 1730, poco más ó 
menos. El Obispo, quien quiera que fuese, preguntó un dia 
quién era el autor de tales dibujos, si así se podian llamar, 
y habiéndosele presentado el lego Gómez, se lo llevó á su 
palacio, le dio profesores é hizo de él un escultor de bastan- 
te importancia. 

Nuestro artista abandonó la carrera eclesiástica y apren- 
dió pronto la escultura, toda vez que en 1733 hizo ya la es- 
tatua de San Rafael para la ermita de este santo. Casó, no 
sabemos con quién, y muerta su primera consorte, contrajo 
segundas nupcias con doña Teresa de Góngora, ignorándo- 
se de cuál de sus matrimonios le nació su hijo Rafael, escul- 
tor también, de quien hablamos en otro lugar. 

El apellido Góngora de su segunda esposa y el haber 
un escultor Góngora por aquellos tiempos, que hizo en 1708 
una estatua, como puede verse en otro articulo de esta obra, 
nos induce á pensar que Gómez fuera discípulo primero y 
yerno después del citado escultor. No hemos hallado docu- 
mento con que justificar esta sospecha. 

En los últimos años de su vida fué director de la escuela 
de dibujo, establecida por el Obispo Caballero, en el Cole- 
gio de la Asunción, para la que hizo muchos modelos de 
yeso, que aún duran, relegados al olvido en una atarazana 
del Instituto provincial de segunda enseñanza. Murió el 28 
de Octubre de 1801, y se le enterró en la capilla de Jesús 
de la iglesia de los Padres de Gracia, en donde tiene el si- 
guiente epitafio: 



153 

Aquí yace D. Alonso 
Gómez de Sandoval, céle- 
bre ESCULTOR, NATURAL DE 
ESTA CIUDAD, EN LA QUE 
FLORECIÓ CON GRANDE A- 

CEPTACiON. Falleció en 

28 de Octubre de 1801 , 

á los ochenta y ocho 

de su edad. 
Requiescat in pace. 

Gómez Sandoval no llegó á ser uno de esos escultores que 
forman época; es más bien mediano que bueno, si bien po- 
dría haber sido una notabilidad si sus estudios hubieran te- 
nido otro campo que el limitado que en su patria se podia 
presentar á sus ojos. Sin embargo, algunas de sus obras son 
muy gratas á la vista, de correcto dibujo y no deeposeidas 
■de buen gusto. Son las más notables de las que hoy se cono- 
cen, las siguientes: 

Córdoba.— Padres de Gracia. 

Cuatro Evangelistas en los ángulos del crucero. Son de 
•tamaño natural y de lo más defectuoso de su mano. 

Ídem. — Santa Marina. 
La Virgen de la Luz, en su altar; es bastante buena. 

Ídem. — Ermita de la Aurora. 
Imagen de la titular. Buena. 

Ídem. — Ídem del Amparo. 
Hermosa imagen de la titular. 



154 



Córdoba. — Iglesia del Hospicio. 

La Virgen de la Silla, en el coro; todas las esculturas del 
retablo mayor y las de otros dos altares, que representan á 
Santa María del Socorro y la beata María Ana de Jesús; es- 
tas dos últimas muy hermosas. 

Andújar. — Parroquia de Santa María. 

La Virgen del Tránsito, que es la mejor escultura de 
Gómez. 

El retrato de este notable artista se conservaba hasta hace 
pocos años en la sacristía de la iglesia del Hospicio, de donde 
ha desaparecido sin que sepamos su paradero. 

{Ramírez de Avellano, don Teodomiro. 
— Ramírez Casas Deza). 

GÓng^ora: escultor. Las únicas noticias que se tienen de 
él, es que en 1708 hizo el Jesús orando en el Huerto, que 
estaba en la iglesia de San Nicolás de la Ajerquía, y hoy en 
un altar de la iglesia de San Francisco, escultura que se saca 
en las procesiones de Semana Santa. Es una obra de mérito 
bastante escaso. 

{Ramírez de Arellano, don Teodomiro). 

Cronzalez (Antonio): escultor. En una casa de la pla- 
zuela de los Carrillos en Córdoba, hemos visto un Nacimien- 
to de barro con figuras de á palmo, bastante buenas, firma- 
do así: 

«Antonio González, anno 1782.» 

González (Luís): maestro de cantería y arquitecto. Se- 
gún unos documentos suministrados por el canónigo Ugalde 
A Cean Bermudez, para la publicación de la obra de Lia- 



155 

guno, Noticia de los arquitectos y arquitectura de España, 
€Ste González estuvo encargado de 1614 á 1628 de trabajar 
los mármoles del retablo mayor en la Catedral de Córdoba^ 
y de dirigir la obra en las ausencias del padre Alonso Ma- 
tías, de la Compañía de Jesús, que era el arquitecto. 

González y Rodrig^uez (Don Eulogio): platero cor- 
dobés, discípulo de don Juan Sánchez Izquierdo, en cuyo 
taller entró en virtud de decreto del Colegio de plateros en 
1749. Permaneció bajo la dirección del indicado artista has- 
ta el 28 de Febrero de 1762, en que fué aprobado parar 
abrir taller, en virtud de examen, al que presentó un eáli^ 
labrado en el taller de don Damián de Castro. El cáliz era 
de forma chinesca, hecho con todo arte y primor. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Gu\jo (Joaquín); tallista y escultor cordobés. En 1832 
trazó y ejecutó el hermoso retablo greco-romano que había 
en la iglesia del convento de Trinitarios descalzos, llamada 
de los Padres de Gracia, habiendo dado para su construc- 
ción 10.000 reales el padre Velez, recluso en dicho conven- 
to de 1820 á 1823 por haberse exclaustrado de Capuchinos, 
El retablo fué quitado en 1868 y sustituido por un armatos- 
te churriguresco, traído del convento de Jesús Crucificado, 
La parte de escultura es muy tosca y deficiente, pero la ar- 
quitectura era de francas, correctas y gallardas líneas. 

(Ramirez de Arellano, don Teodomiiro). 

Chitierrez Ravé (Don Marcial): pintor. Nació en Cór- 
doba el 27 de Septiembre de 1827. Desde su niñez manifes- 
tó afición y aptitud para la pintura que sus padres aprove- 
charon, haciéndolo discípulo de don Diego Monroy. Más 
tarde se trasladó á Madrid á perfeccionarse en su arte, y 



156 

fué algunos años discípulo de don Federico Madrazo. Casó 
con doña Josefa Mora, notable cantante y arpista cordobe- 
sa que aún vive y nos suministra estos datos, y murió en 
Córdoba el 8 de Noviembre de 1871, siendo enterrado en el 
cementerio de la Salud. Su familia conserva algunas co- 
pias de cuadros de Velazquez bien hechas, sin que conoz- 
camos ningún original suyo. Recogió una buena colección 
de dibujos originales y grabados, de los que algunos ven- 
dió á don Valentín Carderera y otros muchos se conservan 
en poder de su viuda. 

Gutiérrez de Salamanca y Fernandez de Cór- 
doba (Don Juan Vicente): arquitecto y escritor. Nació en 
Aguilar, en 27 de Enero de 1744, de antigua é ilustre fa- 
milia y poseedor de pingüe mayorazgo, que le permitieron 
atender á su numerosa familia, toda vez que tuvo veinte 
y cuatro hijos, á mejorar sus fincas y á dotar á su pueblo 
natal de obras de utilidad pública. Fué nuestro bisabuelo 
paterno. 

Como arquitecto nos dejó una torre llamada del Reloj en 
la villa de Aguilar de la Frontera, obra elegantísima y mxiy 
atrevida, pues siendo de mucha elevación y muy delgada, 
se encuentra en medio de una plaza sin edificio alguno que 
le sirva de apoyo. También trazó los planos para la plaza de 
la Constitución de dicho pueblo. Como literato conocemos de 
su ingenio la obra siguiente: 

«Agricultura practicada cuarenta años en sus posesiones, 
por don Juan Vicente Gutiérrez Fernandez de Córdoba, con- 
tador de la Real Sociedad Económica de la villa de Aguilar 
de Córdoba, cuyas observaciones y repetidos experimentos, 
sobre lo que hacemos presente, dan la verdadera luz para el 
acierto de su ejecución en todas partes, con arreglo á su ter- 
ritorio y clima. El terreno de que hablamos en esta Andalu- 



157 

cía está en clima de treinta y siete grados de latitud y doce 
de longitud de nuestra Península.» En 4.", 39 páginas y las 
láminas. MS. que se guarda en la Biblioteca Agronómica 
del Jardín Botánico de Madrid. 

Don Juan Vicente fué uno de los fundadores de la Socie- 
dad económica de Aguilar en 1787, de la que fué concilia- 
rio por Real cédula expedida por Carlos III en San Ildefon- 
so á 29 de Septiembre de 1787. 

Escribió además sobre las colmenas y levantó algunos 
planos topográficos. Como pintor se conservan de él dos 
cuadros, la Virgen de las Dolores, en que retrató á su mu- 
jer doña María de las Mercedes Pretel y Vargas Machuca, 
notable por su hermosura, y una Divina Pastora que vale 
poco, en poder de doña Adela Ramírez de Arellano, en Ma- 
drid. Murió en 1824. 

(Antón Ramírez.— Noticias de Aguilar). 

Guzman (Juan de): pintor. Véase Santísimo Sacra- 
mento (Fr. Juan del). 

Guzman (Don Pedro de): pintor, natural de Lucena, en 
donde pudo ser discípulo de don Leonardo de Castro, y aca- 
so después lo fuese de Valdés Leal, como opina Cean Ber- 
mudez. Tenia frescura de color y mal dibujo, por lo que sus 
cuadros son poco estimados. Sus obras quedaron en la par- 
roquia de Lucena y en el convento de la Merced calzada de 
Sevilla, en el claustro grande, firmadas en 1714. Tam- 
bién retocó en el mismo claustro algunos cuadros de Alonso 
Vázquez, que según parece salieron mal parados de la res- 
tauración. 



158 



Háchchi: marmolista. Nombre grabado en el fuste de 
la segunda columna de la nave del cautivo en la Mezquita 
de Córdoba. 

(Don Rodrigo Amador de los Ríos) . 

Harir: tallista. Hay en la casa número 16 de la plaza de 
San Nicolás de la Villa en Córdoba, conocida por casa de las 
Campanas, un hermoso capitel árabe, perfectamente escul- 
pido, que ostenta elegante inscripción, en la que se lee el 
nombre de Hakan II y el año 353 de la Egira, correspon- 
diente al 763 de Jesucristo. En esta obra, por todos concep- 
tos admirable, se ha conservado en una cartela el nombre 
del escultor Harir, tan notable como Fatah, de quien hemos 
hablado untes. El nombre está escrito en esta forma: 

OBRA DE Har- 
ir, su SIERVO. 

{Don Rodrigo Amador de los Ríos). 

Henriquez (Leonardo): pintor y natural de Córdoba, en 
donde fué discípulo del racionero Pablo de Céspedes. En 
1579 fué llamado por el cabildo de la Catedral de Málaga 
para tasar las pinturas que César Arbacía habia hecho en 
aquel templo, sin que sepamos cuándo regresó á su patria i 
En ésta se hallaba en 1596, pintando, por encargo del ra- 
cionero entero de la Catedral Pedro Vélez de Albarado, ad- 
ministrador del Santuario de la Fuensanta, un cuadro muy 



159 

grande, que aún se mira en el atrio de dicha iglesia, y que 
representa la procesión que se hizo para trasladar la Vir- 
gen, á raíz de su aparición, desde el sitio donde se le halló 
hasta la Catedral; la venida á Córdoba de la Reina de Ara- 
gón enferma y achacosa, en busca de la salud que esta Vir- 
gen daba á sus piadosos visitadores, y varios milagros. Es 
un cuadro heterogéneo, raro y hoy sin duda mutilado, toda 
vez que está cortada por la mitad la inscripción en que 
consta el nombre del racionero que lo mandó pintar y el 
año de su ejecución. De la obra de Henriquez no queda 
nada: todo está repintado, sabiéndose por documentos del 
archivo de la Fuensanta, que después de encargar este cua- 
dro á Juan de Mesa^ se le retiró el encargo y se le dio á 
Henriquez por ser discípulo de Céspedes, que entonces go- 
zaba de mucha fama y no menos influencias. El cuadro no 
se le pagó hasta 1598 en que se le entregaron, por manos de 
Lúeas Fernandez de Almenara, capellán de la Fuensanta, 
1.3.130 maravedsies. 

(Cean Bermudez. — Archivo de la Fuen- 
santa) . 

Hernández de Tejada (Don Joaquín): pintor. Aun- 
que este artista no fué cordobés, nos ha parecido oportuno 
incluir aquí su nombre por varias razones; primera, porque 
no figura en ninguna colección biográfica, y segunda, por- 
que vivió sus últimos años y murió en Córdoba, y dejó allá 
discípulos, entre los que se encuentra el actual profesor de 
la Escuela de Bellas Artes don José Serrano y Pérez, natu- 
r&l de Córdoba. 

Tejada nació en Madrid en 1827 y fueron sus padres don 
Justo y doña Pilar García de Lamadrid, quienes lo dedicaron 
á la carrera de leyes, que abandonó llevado de su afición á 
las artes. Entonces entró en el estudio de don Antonio Es- 



160 

quivel, en donde continuó hasta la muerte de este esclarecí- 
do pintor sevillano, pasando al taller de don Federico Ma- 
drazo á perfeccionarse en la pintura. 

Disgustos de familia, unidos á la pérdida de su fortuna^ 
le obligaron á abandonar á España, estableciéndose prime- 
ro en Cuba y después en Méjico, donde alcanzó reputación 
y provecho. 

Ignoramos por qué causas volvió á la Península, y sólo 
sabemos que á su venida se estableció en Córdoba, abriendo 
gabinete fotográfico. En esta ciudad desempeñó los cargos 
de director de la Escuela provincial de Bellas Artes, para 
el que fué nombrado en 1868; el de secretario de la comi- 
sión provincial de monumentos, y el de fotógrafo del Go- 
bierno civil con el encargo de retratar á todos los presos 
que ingresaban en las cárceles de la provincia, durante el 
tiempo en que don Julián Zugasti desempeñó el cargo de 
gobernador, é hizo la enérgica campaña, conocida por todos, 
contra el bandolerismo español. 

En este tiempo pintó varios retratos notables, entre ellos 
el del coronel de caballería señor Alfaro, de cuerpo entero y 
tamaño natural, y el de doña Concepción Díaz de Morales 
de Cabezas, de tamaño natural y de algo más de medio 
cuerpo. Ambas obras eran de buen dibujo, hermoso color y 
más que regular ejecución. En la Exposición regional que 
celebró en 1868 el Casino industrial de Córdoba, presentó, 
sin opción á premios, nueve retratos y un bonito cuadro, 
titulado Las últimas rosas. Fué elegido por los expositores 
para el jurado de que formó parte. 

Ostentaba como honores las investiduras de correspon- 
diente de la Academia de San Fernando, de mérito de la 
general de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdo- 
ba, é individuo de la Sociedad económica de la misma. 

Finalmente, atacado y consumido por una afección al hi- 



161 

gado, falleció casi repentinamente á las cuatro de la tarde 
del dia 5 de Agosto de 1871, en la casa donde moraba en la 
calle de Santa María de Gracia, y fué enterrado en bovedi- 
lla perpetua que el Ayuntamiento le concedió en el cemen- 
terio de San Rafael, en donde tiene una lápida negra con 
letras doradas y en lo alto su retrato de fotografía, ilumi- 
nado por don Rafael Romero y Barros. La lápida la costea- 
mos los numerosos amigos que en Córdoba supo granjearse 
por su afable y sincero carácter. 

Herrera (Fr. Antonio de): arquitecto y lego del con- 
vento de San Pablo de Córdoba, de donde era natural. Con- 
sagrado al estudio de la arquitectura, era oída y respetada 
su opinión por todos los maestros. En su tiempo amenazó 
arruinarse la iglesia de San Pablo por haber flaqueado uno 
de los machones que hay en la nave del Evangelio. Se con- 
vocó junta de maestros para remediar el mal, y todos acor- 
daron que la obra era muy costosa, por el apuntalado que 
había que hacer, y levantar la armadura para aligerarle el 
peso; pero Herrera dijo que se podía hacer con poco dinero 
y lo hizo. Apuntalando y abriendo una hendidura perpendi- 
cular en el machón y colocando un palo de castaño, rellenó 
el resto de cascote, y así está sin que haya hecho sentimien- 
to alguno. 

Al construir el salón alto y bajo de biblioteca y clase, 
que son hoy los de sesiones de la Diputación provincial, no 
encontrando firmeza para los cimientos, hizo la primera es- 
tacada que en Córdoba se había hecho, y sobre laque cons- 
truyó. Entonces hizo la estantería de la Biblioteca, que es 
la que hay en la Biblioteca provincial. Son de su mano y 
dirección las cajas de los dos órganos; la escalera del pul- 
pito; una cajonera y armario de la sacristía; los altares co- 
laterales de San Alvaro y San Vicente Ferrer, y el que ha- 
ToMo CVII. 11 



162 

bia en la capilla de la Virgen de Belén, que parte de él está 
de tabernáculo en el retablo mayor; las andas y trono de la 
Virgen del Rosario, y algunas de las puertas del camarín: 
todo, por supuesto, del gusto más detestable. Era muy ob- 
servador de los estatutos de la orden y muy severo con los 
oficiales y aprendices del taller, á los que no permitía ni 
hablar ni fumar, y muy pundonoroso, tanto, que habiéndo- 
le reprendido el prior duramente por una de sus obras, ad- 
quirió tal melancolía que se volvió tisico y murió. Vivió en 
el siglo XVIII. 

(Ramírez de Arellano, don Teodomiro). 

Hidalg^o (Juan Francisco): arquitecto que en unión con 
Gaspar de la Peña y otros, proyectó en 1603 la restaura- 
ción del puente de Córdoba sobre el Guadalquivir. 

(Ramírez de Arellano, don Teodomiro). 

Hidalgo (Juan Francisco): arquitecto del mismo nom- 
bre que el anterior; pero que no podemos creer que sea el 
mismo, dadas las fechas que tienen los datos referentes á 
uno y otro. Gómez Bravo le llama insigne arquitecto, al ha- 
blar en su Catálogo de Obispos de las obras que hizo como 
maestro mayor de la Catedral para enderezar una fila de 
arcos del lado de la capilla de San Clemente en dicho tem- 
plo. En 1664 terminó la obra de la torre de la misma igle- 
sia, que habia empezado Hernán Ruiz, como se dirá en el 
articulo correspondiente. 

(Gómez Bravo. — Llaguno, adicionado 
por Cean Bermudez). 

Hidalgo y Lucena (Antonio): platero cordobés. En 21 
de Junio de 1779 se abrió certamen entre los discípulos del 
arte de platería para ir á estudiar por cinco años á la es- 



163 

cáela de don Antonio Martínez, en Madrid, costeados por la 
^Congregación con cien ducados de vellón al año, y obliga- 
ción de volver á establecerse en Córdoba y enseñar aquí lo 
nuevo que allí aprendieran. El tribunal lo componían don 
Bernardo de Cáceres Ayllon, los veedores y don Miguel Ver- 
diguier. Ante los jurados dibujaron y grabaron á buril los 
opositores, que fueron Antonio Hidalgo, Bartolomé del Pozo 
y Rafael Beltran y Cornejo, y ganó Hidalgo. Componían el 
tribunal, como veedores, don Diego González de la Mata, 
vdon José de Soto Alférez Panlagua, don Francisco de Agui- 
jar y Cueto y don Rafael de Vilchez y Zea, Secretario. 

Hidalgo era hijo de doña Marina de Lucena, que aceptó 
el nombramiento, porque siendo el joven platero menor de 
edad no podía firmar el compromiso en que se iba á obli- 
gar. Se ignora si lo cumplió, y por lo tanto si la maquina- 
ria de Martínez llegó á ser conocida por los plateros cordo- 
beses. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Hidalgo y Vázquez (Don Rafael): pintor; nació en 
Córdoba en 1783 y se ignora quién fuese su maestro, en 
dónde estudió y la fecha y lugar de su muerte. Entre los 
aficionados cordobeses corre como muy válido que era habi- 
lísimo para dibujar á la pluma mesas revueltas. 

(González Guevara). 

Hoces y Morales (Jacinto de): arquitecto, del que se 
sabe únicamente que era maestro mayor de la ciudad de 
Córdoba en 1723. 

(Archivo del Ayuntamiento). 

Hoyo (Don Francisco del): platero cordobés, acaso 
hermano del que sigue y discípulo de don Juan de la Gala. 



164 

Fué examinado para abrir taller el dia 9 de Agosto de 1739 
y presentó como muestra de su pericia una escultura hecha 
con todo primor (dice el acta), representando á San Miguel. 
La congregación de San Eloy le autorizó para abrir obra- 
dor y comerciar en su arte, 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Hoyo (Don Roque del): platero cordobés, discípulo de 
don Sebastián Torralvo. Solicitó de la hermandad de San 
Eloy se le autorizara para abrir obrador, y le fué concedido 
previo examen que tuvo lugar el dia 14 de Enero de 1736. 
La obra que presentó para acreditar su habilidad, fué una 
escultura bien hecha que representaba á San Miguel. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Hurtado Izquierdo (Don Francisco): arquitecto. Ba- 
jo la dirección de este se hizo la capilla del Cardenal Sala- 
zar, y la subterránea que está debjo y que sirvió algún 
tiempo de auxiliar del Sagrario. Se acabó la obra el año 
1705, y toda ella es del más detestable gusto churrigue- 
resco. 

(Ramírez Casas Deza). 



165 



Inca Méndez de Sotomayor (Dok Bernardo): pin- 
tor, de quien dice CeanBermudez que vio en Córdoba dos re- 
tratos hechos á la pluma, los cuales representaban á Scoto 
y Paulo Romano, jesuítas, y tenian la fecha de 1709. 



166 



Jalem-al-Amery: marmolista^ En el fuste de la tercera 
columna de la décima tercera hilada de la Mezquita de Cór- 
doba, junto al Cristo del Cautivo, se ve grabado el nombre 
de este artista. 

(Don Rodrigo Amador de los Rios). 

Jayr: marmolista. Su nombre aparece en la columna oc- 
tava de la oncena hilada de la Mezquita cordobesa. 

{Don Rodrigo Amador de los Rios). 

Jerez (Don Francisco): arquitecto. Era maestro mayor 
de la fábrica y cabildo de la Catedral de Córdoba en 1798, 
y bajo su dirección se hizo la renovación de la solería del 
coro y sacristía de la capilla mayor, según consta de una 
inscripción que tiene por detrás el cuadro central del reta- 
blo y se copia en la biografía de don Antonio Alvarez Tor- 
rado. Véase. 

Jiménez (Juan): escultor. En 1736, el Padre Juan de 
Santiago, de la Compañía de Jesús, mandó levantar en la 
plaza que hay delante del colegio, el obelisco á San Rafael, 
que aún existe, haciendo las obras con limosnas que recogió 
á este ñn. La estatua de San Rafael, que corona el monu- 
mento, fué obra de Juan Jiménez. Es bastante tosca. 

(Ramírez de Arellano, don Teodomiro.) 
Jiménez de Illescas (Bernardo): pintor. Nació en 



167 

Lucena donde le bautizaron el 12 de Junio de 1616, según 
consta de la partida correspondiente, y siendo por lo tanto 
equivocada la fecha de 1613 en que Cean Bermudez, si- 
guiendo á Palomino, supone su advenimiento al mundo. 
Fué desde niño aficionado al dibujo, entreteniéndose en, 
copiar estampas, y ya joven abandonó las artes por la car- 
rera militar siendo soldado, y pasando á Italia en calidad 
de tal. En aquella afortunada Península, patria del arte 
moderno, se le resucitó su antigua afición á las artes, y 
durante seis años estuvo aprendiendo la pintura bajo la 
dirección de buenos profesores de quienes ignoramos los 
nombres. 

Vuelto á España, pintó en Lucena el lienzo de la Asun- 
ción de la capilla de San Pedro de la parroquia, que s© 
perdió al componer la capilla en 1788, y la vida de San 
Juan de Dios en el convento de este santo en la misma 
ciudad, cuadros que también se han perdido. Del cuadro 
de la Asunción decia el pintor Ruiz Rey que estaba hecho 
por una estampa de Rubens y que era una admiración. 
También pintó en esta época diez cuadros para los retablos 
colaterales de la iglesia mayor de Lucena, de los que seis 
se conservaban aún en 1808, en que escribía Ramírez de 
Luque. Pintó el retrato del venerable hermano Gerónimo 
de Frutos, que aún se conserva en el convento de San Juan 
de Dios de dicha ciudad, y encarnó por 200 reales la es- 
tatua de Jesús á la columna, que para la ermita de la Vera 
Cruz y la Paz hizo por 2.750 reales el escultor Pedro Re- 
dan. Esto ocurría en 1675. 

Después de esta fecha trasladó su residencia á Andújar,^ 
en donde falleció, según su partida, el 31 de Agosto de 
1678 y fué enterrado en la parroquia de San Bartolomé. 
Es por lo tanto equivocada la fecha de su muerte dada por 
Cean Bermudez, que la supone en 1671. La defunción 



168 

ocurrió en casa de Andrés García, calle de la Plaza de la 
parroquia de San .Bartolomé, y en la partida dice: «No 
hubo bienes por haberlos enviado el difunto á dicha su 
tierra (Lucena). Sólo supe le debian 36 reales en casa de 
Juan Eufrasio, el pintor de la plaza Mestanza.» Este docu- 
mento está firmado por el cura de la citada parroquia don 
Juan Gamiz Marin. 

Jiménez de Illescas dejó discípulos, entre los que han 
figurado su paisano don Leonardo de Castro, de quien ha- 
blamos en otro lugar, y Miguel Parrilla. 

(Gean Bermudez. — Ramírez de Luque). 



169 



1^ 

Kábir: marmolista. Su nombre está escrito en el fuste 
de la tercera columna de la décima sexta hilada de la 
Mezquita de Córdoba. 

{Don Rodrigo Amador de los Rios). 

Karim: cincelador. El Museo Arqueológico Nacional 
conserva un hermoso fragmento decorativo, regalado por 
don Victoriano Rivera y Romero, ilustrado catedrático del 
Instituto provincial de Córdoba, que representa una decora- 
ción de arcos ornamentales. En este fragmento se conserva 
el nombre de un escultor no menos famoso que Fatah y Ha- 
rir, en una inscripción incompleta que dice: 



Karim, su siervo. 



Este trozo debió pertenecer á algún edificio de los cons- 
truidos por Hakam II, á juzgar por su ornato y por la frase 
su siervo, que con frecuencia se usa por otros cinceladores 
con referencia á este príncipe. 

(Don Rodrigo Amador de los Rios). 



170 



laeon (Juan de): alarife. En 1603 proyectó, en unioD 
con otros arquitectos, la restauración del puente de Córdoba 
sobre el Guadalquivir. 

(Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 

López (El señor Alonso), el mozo: platero cordobés. 
En 2 de Septiembre de 1575 fué exminado por los alcaldes, 
veedores y aprobadores de la Congregación de San Eloy de 
Córdoba, y fué aprobado para ejercer su arte en toda Espa- 
ña y abrir taller, presentando, como prueba de su habili- 
dad, un sol de Custodia que habia labrado. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

López (Francisco): pintor. Sólo sabemos de él que en 
1808 residía en Lucena, de donde era natural, y estaba de- 
dicado al estudio de la pintura, en la que prometia grandea 
adelantos. Entonces era muy joven. También sabemos que 
en 1822 y 23 gozaba de buena reputación en su patria y 
fué el maestro de don José Saló, de quien en su lugar se 
hablará. López era conocido por el apodo de Polilla. 

(Ramirez de Luque.— Pavón). 

López (Joaquín): grabador de láminas. En nuestra co- 
lección de estampas tenemos una muy rudimentaria firmada 
asi: Joachin López, Cordubensis, sculpit 1672, y represen- 
ta la Virgen de la Fuensanta, que se venera en el santuario 
de esta advocación en Córdoba. 



171 

IiOpez (Juan): platero cordobés. Fué aprobado para el 
desempeño de su arte por los examinadores de la cofradía 
de plateros el dia 18 de Febrero de 1648, en vista de la bue- 
na hechura de un cáliz que presentó. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Luque (Francisco de): alarife de los que en 28 de Oc- 
tubre de 1603 hicieron el proyecto de reparación del puente 
de Córdoba sobre el Guadalquivir. 

(Ramírez de Arellano, don Teodomiro) . 

Luque y Molina (Don Juan de): platero cordobés. En 
11 de Julio de 1723 fué examinado por los veedores, apro- 
badores, alcalde y Hermano mayor de la Congregación de 
plateros de Córdoba, y fué aprobado para abrir obrador 
y dedicarse al comercio de objetos de su arte, toda vez 
que había probado su maestría presentando un Santo Cristo 
de plata. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Luque y Solano (Diego de): dorador y estofador. 
Doró y estofó la estatua de San Miguel que hizo don Pe- 
dro Mena para la parroquia de la Purificación de Puente 
Genil. 

De este mismo nombre, aunque sin más que el primer 
apellido encontramos en Córdoba un platero que en 23 de 
Junio de 1697, fué aprobado por la Hermandad para abrir 
obrador. ¿Será acaso el mismo? 

(Apuntes históricos de la villa de Puen- 
te Genil. — Archivo del Colegio de pla- 
teros). 



172 



Mahomad (El maestro): arquitecto. En 1325 trazó y 
dirigió el Castillo de Carpió, aún en parte existente. La 
noticia de la obra está en una lápida que aún se mira in- 
crustada en el muro, y que copiada directamente del origi- 
nal por nosotros en 7 de Septiembre de 1874, dice asi: 

En el nombre de Dios, Amen. 

Esta obra mandó facer Garci-Mendez de Sotomayor, se- 
ñor de Jódar: é fizóle maestre Mahomad é fué obrero Ruy 
Gil é fizóle en la era de 1363. 

En la orla que rodea la lápida, se lee: 

Christus vincit: Christus regnat: Christus imperat. 

Mahomad Agudo: alarife. Véase Agudo (Maestre 

Mahomad). 

Martínez (Alonso): pintor. Hace pocos años que por 
iniciativa del sabio prelado Fray Ceferino González, se des- 
montaron los retablos de la capilla de Villaviciosa de la ca- 
tedral de Córdoba, y descarnando el muro se encontraron 
primorosas labores de gusto árabe-bizantino^ y en los espa- 
cios lisos pinturas murales de santos y aun retratos que las- 
timosamente fueron destruidos por los restauradores. Estas 
interesantes obras, estaban firmadas en un arco por Alonso 
Martínez, era de mil trescientos y cuatro años, ó lo que es 
lo mismo, año de 1286. Nadie tenia noticias de este pintor 
para su época muy notable, pues las pinturas acusaban un 



173 

gran adelanto sobre las que se conocen de la misma época, 
tales como las de la ermita del Cristo de la Luz en Toledo. 
Nosotros leimos la inscripción y la publicamos en un artícu- 
lo del periódico La Crónica de Córdoba. 

Hartos (Don Fernando de): platero corbobés. En 11 
de Julio de 1723 presentó á los examinadores de la con- 
gregación de San Eloy de Córdoba, un Santo Cristo de plata 
muy bien hecho, por lo que fué autorizado para abrir taller. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Masúd: cantero. Este nombre aparece grabado en va- 
rias obras arquitectónicas de Córdoba, del periodo árabe, 
como firma del trozo en que se encuentra. Asi lo vemos en 
el cimaceo de una de las columnas del Patio de los Naranjos 
en la catedral, nave del lado de la puerta de Santa Catali- 
na; en una columna del interior de la Mezquita, nave déci- 
ma tercera; en el cimaceo de la oncena columna de la déci- 
ma cuarta galería; en el fuste de la décima de la nave dé- 
cima quinta y en la segunda de la décimasexta. 

{Don Rodrigo Amador de los Rios). 

Matías (Alonso): arquitecto. Se ignora la patria de 
este arquitecto, si bien hay indicios de que naciera en Cór- 
doba, en donde vivió en el convento de Jesuítas, de cuya 
congregación era coadjutor. Vivió además en Montilla, 
Marchena y Sevilla, siempre ocupado en obras de atquitec- 
tura, entre las que se cuenta como de lo más notable suyo, 
el retablo de la iglesia de la casa profesa de Sevilla. Se cree 
que estudiara en Italia, y que si no salió de España, siguió 
las huellas del padre Bustamante, por más que no pudo ser 
su discípulo, dadas las fechas en que ambos jesuítas flore- 
cieron. 



174 

En Córdoba dirigió la iglesia de la Compañía desde 1564 
h 1589 á costa del Dean don Juan Fernandez de Córdoba, 
famoso eclesiástico, y dirigió además, por encargo del Obis- 
po Mardones, el retablo mayor de la Catedral que se empe- 
zó en 1614, y que no concluyó nuestro biografiado porque 
ausente de Córdoba no se cuidaba de la obra, y en 1626 se 
nombró para sustituirle á Juan de Aranda Salazar que lo 
concluyó. Mientras dirigió esta obra disfrutó 1.500 reales 
de salario anual y 500 para vestido. 

(Llaguno. — Ramírez Casas Deza.) 

Mena y Gutiérrez (Don Pedro): escultor. Este artis- 
ta, desconocido de Cean Bermudez, no debe confundirse con 
don Pedro Mena y Medrano, natural de Adra, y discípulo 
de Alonso Cano, lo que es muy fácil que suceda, dado que 
el Medrano tiene muchas estatuas en la Catedral de Córdo- 
ba. El nuestro nació en Lucena donde vivía en 1764 é hizo 
la estatua de San Miguel que se venera en un altar de la 
parroquia de la Purificación, de Puente Genil, y que doró 
y estofó Diego de Luque y Solano, como hemos dicho en el 
artículo correspondiente. 

(Apuntes históricos de la villa de Puen- 
te Genil). 

Mendoza: grabador. Acaso cordobés. No conocemos más 
que una estampa de su mano sin fecha, que representa la 
Virgen del Amparo que se venera en su ermita de Córdoba. 
La manera de grabar es muy insegura y ligera, pero el di- 
bujo es bueno y el aspecto de la lámina bastante grato. 

(Colección de estampas del autor). 

Mesa (Juan de): pintor. En la obra de Cean Bermudez, 
hay un artículo encabezado como el presente que dice así: 



175 

«Residía en Madrid á principios del siglo XVII. Eran de aa 
mano quince cuadros que habia en el colegio de los jesuítas 
de Alcalá de Henares, colocados en el tránsito llamado del 
rector. El primero tenia esta inscripción. «Vida de San Ig- 
nacio de Loyola, fundador de la compañía de Jesús, sacada 
de la que escribió el P. Rivadeneyra de la misma compañía, 
y después hizo pintar á Juan de Mesa en Madrid y estam- 
par en Flandes á los Gáleos.» 

Ignoramos si este pintor es el mismo que el que nosotros 
hemos hallado encargado en 1596 por el diputado de la 
Fuensanta de Córdoba, el racionero Pedro Velez de Alva- 
rado^ para pintar de nuevo un cuadro donde se expresaban 
los milagros y aparición de esta imagen. Esta obra no se 
llegó á ejecutar y se le encargó á Leonardo Henriquez como 
en su artículo hemos dicho, ignorando las causas que moti- 
varon este cambio de pintores. Bien puede ser que después 
de esta fecha. Mesa pasara á Madrid donde estuviera y pin- 
tara á principios del siglo XVII los cuadros de Alcalá. 

(Archivo de la Fuensanta). 

Millán (Don Alonso): platero cordobés, discípulo de 
don Gerónimo de León. Se verificó su examen de aptitud 
ante el hermano mayor y oficiales de la Congregación de 
San Eloy, de plateros de Córdoba el dia 6 de Enero de 1748, 
y presentó como prueba de su habilidad, una escultura de 
plata sobredorada representando á San Antonio. La que di- 
jeron los señores aprobadores, estar muy bien hecha. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Mobarak: marmolista. Su nombre se encuentra en el 
fuste de la tercera columna de la décima tercera hilada, 
nave del cautivo, en la mezquita de Córdoba. 

(Don Rodrigo Amador de los Ríos). 



176 

Mohedano (Antonio): pintor y poeta, á quien Palomi- 
no y Cean Bermudez hacen equivocadamente natural de 
Antequera, pero que realmente nació en Lucena según un 
documento encontrado en una especie de caja que tiene en 
el pecho la estatua de San Pedro, de la parroquia mayor de 
Lucena, y que copió don Fernando Ramírez de Luque en 
1788 con ocasión de haberse hecho la restauración de dicha 
estatua. El papel citado dice así: «In del nomine, amen: En 
la villa de Lucena á ocho dias del mes de marzo de mil qui- 
nientos noventa años en la iglesia mayor parroquial de di- 
cha villa fué fundada la cofradía del bienaventurado após- 
tol San Pedro con aprobación de don Lope de Rivera, visita- 
dor general de este Obispado por don Francisco Pacheco, 
Obispo de dicho Obispado de Córdoba, Y en el cabildo que 
para elegir hermano mayor y oficiales se hizo, fueran elec- 
tos por hermano mayor el Licenciado Bartolomé Ruiz Guer- 
rero, Vicario de esta iglesia y Licenciado Alonso de Ángu- 
lo Guzman, que lo presente escribe, y Juan Hurtado por 
conciliarios, y el Licenciado Francisco de Toro por coadju- 
tor del hermano mayor. Y todos los dichos Presbíteros y co- 
frades de dicha Cofradía en este año mientras á los susodi- 
chos les durare los oficios de los bienes de dicha Cofradía, 
hicieron hacer el pendón de carmesí y hacheros que la Co- 
fradía tiene para los entierros, y con mucho cuidado procu- 
raron el aumento de dicha Cofradía, é hicieron hacer esta 
imagen de San Pedro en Granada, por Pablo de Rojas, es- 
cultor, y traerla á esta villa. Y acabado dicho año, fueron 
electos por oficiales de dicha Cofradía los licenciados Luis 
de Ángulo, por hermano mayor, y Gerónimo Molina y Pe- 
dro Alonso del Valle, por conciliarios; y Diego Cerrato de 
Castañeda por tesorero. En cuyo tiempo esta imagen fué 
adorada con las limosnas extraordinarias de los cofrades, por 
Antonio Mohedano y Juan Vázquez de la Vega, pintores ve- 



177 

cinos de Antequera y naturales de esta villa: y en dos de 
mayo de mil y quinientos y noventa y un años, fué aproba- 
da dicha Cofradía y constituciones de ella, por Hernando 
Mohedano de Saavedra, Canónigo de la Santa Iglesia de 
Córdoba, y Provisor general de ella y su Obispado sede va- 
cante. Todo lo cual así es según aquí está dicho. Plegué á 
Dios nuestro Señor de llevar adelante la dicha Cofradía, pues 
tan santos intentos tiene como consta de las constituciones 
de ella. Amen. El Licenciado Alonso de Aguilar Guzman, 
notario apostólico.» 

Ramírez de Luque dice en vista de este documento: «El 
autor del Museo (Palomino), escribió en la corte, cien años 
posterior á Mohedano en 1724, por cuya razón no puede es- 
tar tan bien informado de la naturaleza de este pintor céle- 
bre, como el Presbítero y notario Ángulo, que compuso el 
precitado instrumento en este mismo pueblo, y lo que es 
más, viviendo Mohedano, y aun á su vista y de toda la her- 
mandad de San Pedro: testigos que no es fácil lo dejaran 
cometer en un documento público tan grave yerro sobre un 
asunto tan notorio entonces, que ninguno podía ignorar. 
Tiene, pues, en buena crítica toda la probabilidad el dicho 
notario, y ninguna en este particular Palomino, que habló de 
oidas, y á mucha distancia del lugar y del tiempo en que 
floreció Mohedano». 

Conformes en un todo con el parecer del discreto Ramí- 
rez de Luque, admitimos desde luego como lucentino al 
pintor Mohedano, que hasta ahora ha pasado como natural 
de Antequera. 

El nacimiento de Mohedano tuvo lugar en 1561, y su 
padre que era jurado de la ciudad de Antequera, al saber 
la vuelta de Roma de Pablo de Céspedes, le envió su hijo, 
que mostraba gran afición á la pintura. Tomóle Céspedes á 
su cargo en el año 1577, y en poco tiempo hizo extraordi- 
ToMO ovil. 12 



178 

narios progresos, pintando primero sargas para perder el 
miedo á los pinceles, y después dedicándose á pintar al 
fresco y al óleo con notable aplauso de sus contemporáneos. 
Las obras de Julio y Alexandro en Ubeda y Granada, las 
de los Pérolas en el Viso y las de Arbacia en Córdoba, dice 
Cean Bermudez, le decidieron á preferir el fresco, en lo 
que llegó á aventajar á todos sus condiscípulos. Cean co- 
mete un error en afirmar esto. No sabemos si los Pérolas 
pintaron al fresco, porque no hemos visto sus obras del 
Viso; pero en cuanto á las de Arbacia, en Córdoba, y las de 
Julio y Alexandro en Granada, podemos afirmar después de 
un detenido estudio que están ejecutadas al óleo á pesar de 
estar hechas sobre el muro. 

Don Rafael Romero y Barros que ha examinado las de 
Arbacia, y que es persona de reconocida inteligencia en la 
materia, afirma con nosotros que están ejecutadas al óleo. 

Antes de empezar alguna obra Mohedano la meditaba 
mucho, haciendo estudios por el maniquí y el natural, 
procurando imitar la maestría de Céspedes. Pintaba con 
mucha perfección las frutas y los grutescos, imitando las 
obras de Juan de Udine. Pintó los claustros de San Fran- 
cisco de Sevilla, muros, arcos y artesonado, ayudado de 
Alonso Vázquez. Pintó la bóveda de la nave del Sagrario 
de la Catedral de Córdoba en unión con los Pérolas. Todas 
estas pinturas se han perdido. Se retiró á Lucena en los 
últimos años de su vida, y allí murió en 1625. Cean cree 
que las pinturas del salón principal del palacio arzobispal 
de Sevilla, atribuidas á Luis de Vargas, sean de Mohedano. 
Si es así, muy excelente debió ser este lucentino, cuando 
sus obras se atribuyen al Rafael de la escuela sevillana. 

Mohedano dedicaba sus ocios á la literatura, y de su 
ingenio nos ha quedado muestra en los dos sonetos que 
Pedro Espinosa publicó en Valladolid en su obra Flores de 



179 

poetas ilustres de España, en 1605, y que por ser poco 
conocidos los copiaremos aquí juntamente con el que com- 
puso Espinosa en honor de nuestro artista, todos los que 
trae Cean Bermudez, y dicen así: 

En vano es resistir al mal que siento, 
Si echada por el suelo mi esperanza, 
Sujeta á mi razón con tal pujanza, 
Que ni aun libre le deja el sentimiento. 

Así padece y calla el sufrimiento, 
Sin esperar del tiempo la mudanza, 
Ni en aquesta tormenta la bonanza, 
Que siempre ha de soplar contrario el viento. 

Estoy á padecer el mal tan hecho 
Que en el bien estaré, si viene, extraño. 
Porque el mal en sí propio me convierte; 

Y temo venga ya, porque sospecho, 
Que el bien que ha de causar en mí más daño, 
Que causa el mal, pues no me da la muerte. 



Aguarda, espera, loco pensamiento, 
Y no lleves volando la memoria, 
A ver la causa de tu amarga historia, 
Que doblas la ocasión al sentimiento: 

Para el curso veloz y muda intento. 
Huye la senda de tu fin notoria. 
Pues vez que el mal publica la victoria, 
De mi vida vencido el sufrimiento. 

Ya, pensamiento, cese tu pujanza, 
Llegado habemos á la muerte triste, 
Posada cierta del dolor amigo. 

De tí quiero tomar justa venganza, 



180 



Y es, pues tú contigo me perdiste, 
Morirme yo, y perderte á ti conmigo. 



El otro soneto dedicado por Espinosa á Mohedano, es- 
como sigue: 

Pues son vuestros pinceles, Mohedano, 
Ministros del más vivo entendimiento, 
Almas que dan vida al pensamiento, 
y lenguas con que habla vuestra mano. 

Copiad divino un ángel á lo humano 
De aquella que se alegra en mi tormento. 
Porque tenga á quien dar del mal que siento 
Las quejas que se lleva el aire vano. 

Quando el original me diere enojos, 
Quej árame al retrato, que esto medra 
Quien trata amor con quien crueldades usa; 

Mas temo que quedéis, viendo sus ojos, 
Como quien vio á Campestre ó á Medusa, 
Enamorado ó convertido en piedra. 

Las únicas obras que quedan de Mohedano y por las que- 
lo podemos juzgar, son las pinturas del palacio arzobispal 
de Sevilla, puesto que se han perdido las que hizo en la 
nave del Sagrario de la Catedral de Córdoba, las del claus- 
tro principal del convento de San Francisco de Sevilla, y 
no son suyos los cuadros que le atribuye Cean, del retablo 
mayor de la parroquia de Lucena, por la sencilla razón de 
que no hay pinturas en tal retablo. Lo que hizo fué dorarlo 
en 1607, en cuyo año á 7 de Junio se acabó de poner. 

{Cean Bermndez, Ramírez de Luque). 

Molina y Sandoval (Don Fernando): pintor, escritor 
y tal vez escultor. Cean Bermudez trae un artículo titulado- 



181 

Molina, escultor, en el que dice que era sacerdote y resi- 
día en Córdoba á fines del siglo XVII, habiendo trabajado 
la estatua de San Fernando que estaba en el altar de la ca- 
pilla de este santo á espaldas de la de Villaviciosa de la Ca- 
tedral, sin que dé más noticias que ésta, tomada de Ponz. 

Nosotros hemos averiguado su nombre, que es el que en- 
cabeza este artículo, que era natural de Córdoba, sacerdo- 
te, medio racionero de la Catedral, que vivía en la calle de 
Santa María de Gracia, y que en 1698 se comprometió á ha- 
cer á su costa el retablo de San Fernando que estuvo en la 
capilla de Villaviciosa, en el que gastó más de 15.000 rea- 
les, habiendo tenido necesidad de vender unas casas para 
atender al coste del referido retablo. También hemos averi- 
guado que tardó en hacerlo hasta 1712, y que el lienzo que 
había en él copia de otro de Castillo, y que representaba á 
San Fernando, estaba pintado por el racionero que nos 
ocupa. 

Como corroboración de parte de lo dicho, hallamos en el 
frontal de mármol del citado altar, que ya no existe, una 
inscripción en esta forma: 

D- F- H- R- D- F- D- M- H- A- E- P- O- D- E- P. 

y que traducida por el licenciado don Tomás Moreno en su 
ohv a. Descripción de la Santa Iglesia de Córdoba, curioso 
manuscrito de la biblioteca episcopal, quiere decir lo si- 
guiente: 

Divo Ferdinando Hispaniarum Regí Dominus Ferdi- 
nandus. De Molina hujus almce Eclesice Portionarius Di- 
xabit et Pinxit. 

Como se ve está comprobado no sólo que Molina era pin- 
tor, sino que San Fernando fué el ejecutado por él. Lo que no 
se sabe á ciencia cierta es que sea suya la escultura que 



182 

Cean le atribuye. De todos modos, era artista muy mediano 
pues estatua y lienzo valen poco. 

Era además escritor, y don Nicolás Antonio cita como 
obra suya la siguiente: 

«Historia de la milagrosa imagen de la Fuensanta, de la 
ciudad de Córdoba, por don Fernando de Molina, capellán 
del mismo santuario.» M.S. 

Molina (Don Juan de la Cruz): pintor y racionero de 
la Catedral de Córdoba, de donde se le supone natural. En 
casi todas las iglesias de Córdoba, así como en la Catedral 
y en muchas casas particulares, se encuentran abundantes 
obras de su mano, todas ellas de delicado estilo y bastante 
correctas de dibujo. En la que tiene en un altar de la igle- 
sia del convento de Santa Marta, se encuentra su firma y la 
fecha de 1729. 

Molina (Pedro de): arquitecto que informó en la justi- 
ficación que hicieron los frailes del convento de los márti- 
res de Córdoba, para probar que el cuerpo de San Acisclo 
estaba enterrado en su iglesia y no en la de San Pedro. 
Esto ocurrió á fines del siglo XVI. 

{Ramírez de Avellano, don Teodomiro) . 

Mondzir: tallista. En la segunda columna de la nave 
oncena de la Mezquita de Córdoba se lee: 

Obra de Mondzir. 

El mismo nombre se lee en el cimaceo de la quinta de la 
dccimacuarta hilada. Entiéndase que al contar las hi- 
ladas siempre lo hacemos partiendo del muro Sur del mo- 
numento. 

{Amador de los Rios, don Rodrigo). 



183 

Monroy (Don Antonio): pintor y escultor. Nació en 
Baena, de tan modesta familia, que según se dice, fué en 
su niñez peón de albañil. Ignoramos cómo, cuándo y con 
quién aprendió á pintar, y sólo sabemos de él cuando lo 
encontramos en Córdoba convertido en pintor notable. Mu- 
rió en Córdoba, y fué enterrado en el cementerio de la Sa- 
lud. Respecto á las fechas de su nacimiento y de su muerte, 
y acontecimientos notables de su vida, las ignoramos, pero 
podemos conjeturar con algún fundamento por los datos 
biográficos de su hijo. Este nació en 1790, y suponiendo que 
el padre tuviera de 25 á 30 años, debió nacer por los años de 
1760 á 1765. Su traslación á Córdoba debió ser por los años 
de 1800 ó poco más, puesto que don Diego nació en Baena y 
vino á Córdoba muy joven; suponemos por lo tanto, que no 
tuviera más que diez años. Respecto á su muerte debió ser 
hacia el año 1820 á 1823, Don Francisco de Borja Pavón, 
nuestro querido y respetable amigo, recuerda que pregun- 
tando un día á don Diego datos biográficos de su padre, le 
dijo que los ignoraba, recordando sólo que era un viejecito 
acartonado que iba en el invierno por la calle con su capita 
cruzada sobre el pecho, sin embozarse nunca, y no sabia 
más. Es lástima que fuera el bueno de don Diego tan des- 
cuidado en conservar la fama de su padre, á quien nunca 
llegó á alcanzar como pintor. 

Al señor Pavón debemos el saber que don Antonio Mon- 
roy era escultor, pero desconocemos obra suya. En cuanto 
á la pintura, adolecía de los defectos de su época; era 
su color muy hermoso, quizás demasiado trasparente, re- 
sultando algo vidrioso y falso; el dibujo correcto y la com- 
posición discreta. Para su época era uno de los mejores 
pintores andaluces. Sus obras públicas, son las siguientes: 



184 



Córdoba. — Catedral. 

En un altar del centro de la iglesia, San Antonio á quien 
se le aparece el niño Jesús. Es su mejor obra. 

Ídem. — Museo. 

San Diego de Alcalá, con el hábito recogido y en él unas 
flores. 

Ídem. — Santa María de Gracia. 
La Virgen del Kosario. 

Ídem. — Parroquia de San Pedro. 

Cristo en la cruz y á los pies las ánimas del purgatorio. 

Ídem. — Retablo de la calle de Lineros. 

San Rafael en el centro, y á los lados San Acisclo y Santa 
Victoria. 

{Bamirez de Avellano, don Teodomi- 
ro. — Pavón.) 

Monroy y Aguilera (Don Die^o): pintor. Nació en 
Baena en 1790, y fué hijo de don Antonio y de doña Juana 
Aguilera y Aguayo. Muy joven se trasladó con su iamilia á 
Córdoba, en donde fué discípulo de su padre, y después 
pasó á Madrid á perfeccionarse en su arte, estudiando en la 
Academia de San Fernando, bajo la dirección de Maella, 
que enamorado de las buenas cualidades y aptitud de don 
Diego se lo llevó á trabajar á su casa. Su fama debió cre- 
cer pronto, toda vez que en 1818 fué condecorado por el 
rey de Francia con la flor de lis, y en 19 de Septiembre de 
1819 fué nombrado por aclamación, académico de mérito 
de la de San Fernando, y poco después pintor de cámara de 
Fernando VII. 



185 

No sabemos en qué fecha volvió á Córdoba, en donde se 
■dedicó á la enseñanza del dibujo, y fué director de la Aca- 
demia de dibujo del colegio de la Asunción, hoy Instituto 
provincial, teniendo además en la época de la exclaustra- 
ción, el encargo de recoger y catalogar los cuadros de los 
conventos suprimidos y formar con ellos el Museo provin- 
cial. Murió en Córdoba en Agosto de 1856, siendo enterrado 
en el cementerio de la Salud. 

Osorio y Bernard dice que hasta 1815 su estilo era seme- 
jante al de Maella, y desde esta época, como se hubiese de- 
dicado al estudio de los buenos modelos que habia reunido 
en su casa de las escuelas sevillana y cordobesa, cambió 
por completo y se dedicó á imitarlas, resultando algunas 
obras que casi podrían confundirse con los originales. 

Este elogio es exagerado á todas luces. Si don Diego era 
un pintor bastante bueno para la época en que vivió y para 
la escuela á que pertenecía, no por eso dejaba de tener un 
dibujo incorrecto y un color desabrido y falso que nunca 
pudo mejorar, como puede comprobarse en los cuadros que 
bay de su mano en Córdoba. Sin embargo á Castillo lo co- 
piaba bastante bien. 

Monroy tomó parte en las Exposiciones de Madrid de 1843 
y 1856, presentando en la primera una Sacra Familia que 
le valió la cruz de Carlos III, y en la segunda la aparición 
de la Virgen á San Fernando enla conquista de Córdoba , y 
un Niño Jesús meditando sobro la redención del mundo. Sus 
obras públicas son las siguientes: 

Almagro.— San Bartolomé. 

San Fernando. — Las angustias de la Virgen, copia de 
Van Dick, imitando el antiguo. — San Joaquín llevando de 
la mano á la Virgen niña.— San Miguel, copia del del ra- 
cionero Castro, qne se conserva en el Museo de Córdoba. — 



186 

San Raimundo, San Pedro y el paralítico. — San Juan Ne- 
pomuceno y el Tránsito de San Ignacio, que es el mejor. 

Madrid.— Academia de San Fernando. 
Una miniatura que representa á la Magdalena. 

Córdoba. — Catedral. 

La cabeza de Santa Cecilia, en un medallón de uno de los 
órganos. 

Ídem, — Parroquia de San Miguel. 

En la capilla del Sagrario la Oración del Huerto y la pri- 
sión de Cristo. 

Ídem. — San Pablo. 

En el altar del beato Posadas unos medallones, de los que 
dos representan á la Virgen y á Santo Domingo. 

Ídem. — San Francisco. 
Los Santos Juanes, copia de Castillo. 

Ídem. — San Nicolás déla Villa. 

Varios cuadros en los altares colaterales, puestos en sus- 
titución de las tablas de Pedro de Córdoba, que están en elS 
Museo del Louvre. 

Ídem. — Capilla del cementerio de la Salud. 
El cuadro de Animas. 

Ídem.— En muchas parroquias. 
Los óvalos de las cruces parroquiales. 

{Osorio y Bernard. — González Guevara. 
— Ramírez de Arellano, don Teodomiro). 



187 

Monserrat y Vargas (Don Juan de Dios): pintor. 
Nació en Córdoba en 20 de Enero de 1820 y murió en la 
misma, en la casa número 13 de la plazuela de la Paja, el 
18 de Abril de 1865. Fué discípulo de don Diego Monroy, 
de quien hizo un retrato que ignoramos si existe. 

Ejerció el profesorado del dibujo en el colegio de Lucena, 
y en Córdoba en la academia particular que tuvo en su ca- 
sa^ de donde salió como aventajado discípulo don Mariano 
Belmente de quien hablamos en otro lugar. 

Era un pintor mediano, pero de respetable memoria, toda 
vez que en su época no existía en Córdoba pintor alguno 
que enseñase el dibujo más que él. Obras públicas de su 
mano no sabemos que existan más que el retrato del nota- 
ble cordobés D. .José María Rey, que se conserva en el des- 
pacho del alcalde en el Ayuntamiento de Córdoba. 

{Ramírez de Avellano , don Teodomiro). 

Montilla y Melgar (Don Manuel): pintor y escritor» 
Nació en Puente Genil en 4 de Febrero de 1816 y fué hijo 
de don Mariano y de doña María Josefa. Ignoramos cuáles 
fueron sus estudios, tanto artísticos como literarios, y sola 
sabemos que desempeñó diferentes cargos administrativos, 
siendo el más importante el de comisario de Fomento del 
Gobierno político y militar de las islas de Mindanao y sus 
adyacentes, cargo que desempeñaba cuando en 11 de Mayo 
de 1864 le sorprendió la muerte en Zamboaga, capital de 
Mindanao, 

Las obras que nos ha legado son en literatura «Viajes por 
el cabo de Buena Esperanza», dos tomos: y «Apuntes acer- 
ca de Manila y Zamboaga», un tomo voluminoso, y artísti- 
cas las imágenes de San Carlos y San José, al óleo, en la ca- 
pilla de San Cristóbal, en la iglesia de Jesús de su patria, y 
una mesa revuelta de gran tamaño, hecha á pluma que re- 



188, 

galo á la reina doña Isabel en 1849, y que se conserva en 
el Ministerio de la Gobernación. 

{Apuntes históricos de la villa de Puen- 
te Genil). 

Morales (Benito): arquitecto. En el año de 1570 estaba 
encargado en concepto de maestro mayor de las aceñas, lla- 
madas de Martes, que pertenecían á la Catedral de Cór- 
doba. 

{Archivo de la Catedral). 

Morales (Diego): escultor cordobés, que hizo hacia el 
año 1806 el Cristo con que termina el retablo de la iglesia 
de San Rafael, de Córdoba. 

{Ramirez de Arellano, don Teodomiro). 

Morales (Don Pedro): platero cordobés discípulo de 
don Jorge José Jurado. Fué aprobado para abrir taller por 
los examinadores de la Congregación de San Eloy de plate- 
ros de Córdoba el día 11 de Abril de 1753, y presentó para 
este acto una escultura en plata que representaba á Santia- 
go, y que estaba bien hecha, según consta del acta de su 
examen. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Moreno (Don Alonso): platero cordobés. En 28 de Ju- 
nio du 1697 fué examinado y aprobado para el comercio y 
obrador del arte de la platería por los examinadores de la 
Congregación de plateros de Córdoba, en vista de lo bien 
hecho que estaba un cáliz de plata que presentó. 

{Archivo del Colegio de plateros). 
Moreno Adrieneg^a (Antonio): pintor. En la sacristía 



189 
de la parroquia de Santa Marina, de Córdoba, hay un cua- 
dro con una alegoría en donde se lee el nombre de este pin- 
tor que era rector de aquella parroquia, y está retratado en 
el cuadro. La dedicatoria á la Virgen está firmada en 14 de 
Enero de 1719. 

Moreno Anguita (Don Juan): pintor, escultor y lite- 
rato. Nació en Cañete de las Torres en 13 de Diciembre de 
1816, y fué hijo de don Juan Manuel y de doña Francisca 
de Paula. Trasladado á Córdoba en su niñez, estudió hu- 
manidades con el profesor don Telesforo Monroy, y la pin- 
tura con don Diego Monroy, llegando á obtener el título de 
preceptor de latinidad y humanidades en 19 de Febrero de 
1840. En tal concepto obtuvo la clase de latín y humanida- 
des en Almadén, de la que tomó posesión en 13 de Abril de 
1844, y la desempeñó hasta la supresión de aquel colegio. 
En 15 de Septiembre de 1846 fué nombrado catedrático in- 
terino de Retórica y Poética del Instituto de Ciudad Real 
que regentó desde el 30 de Septiembre hasta el 30 de No- 
viembre del mismo año, que fué trasladado al Instituto de 
Badajoz, en donde estuvo dos años. Allí desempeñó tam- 
bién la cátedra de Historia Universal. Por real orden de 
24 de Junio de 1848, fué trasladado al Instituto de Murcia, 
en donde estuve con el carácter de interino hasta 7 de 
Marzo de 1857, que fué nombrado catedrático de clásicos 
en propiedad en el mismo Instituto. Fué trasladado á Cór- 
doba por real orden de 5 de Marzo de 1864. Las distintas 
reformas del plan de estudios, hicieron al señor Moreno 
Anguita cambiar de cátedra varias veces, y otras veces que- 
dar de catedrático supernumerario. Durante su vida no 
abandonó nunca los trabajos artísticos, y como pintor y es- 
cultor fué nombrado en 29 de Enero de 1805 correspon- 
diente de la real Academia de San Fernando, con cuyo ca- 



190 

rácter formó parte de la comisión provincial de monumen- 
tos de Córdoba. En 5 de Septiembre de 1884 fué nombrado 
vice-director del Instituto, cuyo cargo desempeñó hasta su 
muerte, acaecida en 15 de Octubre de 1887. En la memoria 
leída en la apertura del curso de 1888 á 89 por el catedrá- 
tico don José Maria Rodríguez (padre del actual secretario 
del Instituto, á quien debemos estas noticias), se dice del 
señor Moreno: «Por su carácter sencillo y bondadoso, agra- 
dable trato y excelentes prendas supo captarse la simpatía 
y amistad de todos sus compañeros, como el cariño de sus 
numerosos discípulos.» 

Como artista no era una notabilidad. En el Instituto se 
guardan dos obras suyas que son los retratos al óleo de los 
profesores de aquella casa, don Telesforo y don Diego Mon- 
roy. En las exposiciones celebradas en Córdoba, presentó 
cuadros y esculturas, y entre ellas un San Onofre al óleo, en 
la del Casino industrial de 1868. Sus obras literarias son 
un folleto, publicado en 1872, titulado «Exposición de los 
clásicos españoles más notables,» y una colección de sus 
principales composiciones poéticas y en prosa, que fué pre- 
miada en Mayo de 1877 por la Sociedad Económica de Ami- 
gos del País, y que no se ha publicado por falta de recur- 
sos de su autor. 

Moreno y Zeballos (Diego): bordador. En 9 de Junio 
de 1782, don Diego González, hermano mayor de la congre- 
gación de San Eloy, lepagó l.OOOVeales por el bordado de la 
sotana del santo que había hecho, El recibo se guarda en el 
archivo del Colegio de plateros. Por otro recibo consta que 
en 9 de Junio de 1783 se le pagaron 1.700 reales que son los 
mismos, dice, en que me obligué á bordar la capa y estola 
del santo San Eloy, Parte de esta obra se conserva en po- 
der de la Congregación de plateros, y es bastante buena. El 



191 

nombre de este bordador no figura en ninguna de las obras 
biográficas de artistas hasta hoy publicadas. 

Mostauz: marmolista. Este nombre leyó el señor Rios 
{don Rodrigo Amador) en el fuste octavo de la oncena nave 
dol templo Catedral de Córdoba. El citado orientalista cree 
que debe ser error del marmolista escribir así su nombre 
Mansur, á causa sin duda de la mala ortografía del artista, 
no obligado á ser muy literato. Apoya su opinión en la se- 
mejanza del sonido, pero lo cierto es que la palabra en 
donde faltan las mociones ó vocales, como en la inmensa 
mayoría de las inscripciones árabes, está escrita así: Mstiüz, 
lo cual difiere muchísimo de Mnswr, que quiere que se lea- 
No nos encontramos con concimientos bastantes á resol- 
Tor esta duda. 

Montabarak: marmolista. Nombre que aparece en una 
xjolumna de la oncena hilada de la Mezquita de Córdoba. 

{Don Rodrigo Amador de los Rios). 

Motarrif-ibn-Abd-er-Rahman arquitecto. Por la 
parte inferior de la cornisa del interior del mihrab de la 
Mezquita de Córdoba, corre la siguiente inscripción que nos 
da el nombre del arquitecto famoso que construyó el Sancta 
Sanctorum de aquel templo maravilloso. Dice así, según la 
versión de don Rodrigo Amador de los Rios: 

«En el nombre de AUah, el clemente, el misericordioso: 
Cumplid fielmente las oraciones y en especial la oración del 
medio, y dirigios á Allah llenos de devoción. Mandó el Iman- 
Al-Mostanssir-bil-lah, siervo de Allah-Al-Hakem, príncipe 
de los creyentes (esfuércele Allah con el auxilio divino), (se 
hiciese) cnanto fué necesario en la construcción de este ál- 
mihrah, revistiéndole de mármoles en su interior, obra res- 



192 

plandeciente de blancura y pródiga de santidad. Terminóse 
la construcción bajo la dirección de su liberto y Háchib- 
Chafar-ben-Abde-er-Karman (complázcase Allah en él), y 
la inspección de Mohammad-ben-Tamlih^ Ahmed-ben-Nasar 
y Jayd-ben-Haxim, de la guardia del prefecto, y de Mo- 
tharrif-ben-Abd-er-Eahman, sobrestante, en la luna de 
Dzu-1-Hicháb del año cuatro y cincuenta y trescientos. 
Quien se resigna por completo á la voluntad de Allah, y es 
justo, ha encontrado un apoyo excelente, porque en Allab 
está el fin de todas las cosas.» 

El año 354 de la Egira que marca la inscricion correspon- 
de al 964 de Jesucristo. 

La palabra sobrestante, puesta como calificativo al nom- 
bre Motharrif, nos ha hecho creer que sin duda fué éste el 
arquitecto que dirigió aquel monumento, el primero en su, 
clase en todo el orbe, pues la dirección del hachib no seria 
en la parte arquitectónica en que no estaba obligado por su 
cargo á ser muy inteligente. 

(Don Rodrigo Amador de los Ríos). 

Mudafar: tallista. El año 1857, nuestro padre don 
Teodomiro Ramírez de Arellano, encontró en Córdoba una 
inscripción entre adornos de gusto árabe bizantino, labrada 
en mármol de Macael y procedente de las ruinas de Medina- 
Az-Zahra, y la regaló á su amigo don Aureliano Fernandez 
Guerra y Orbe, que la conserva en su colección en Madrid. 
Traducida la leyenda por don Pascual Gayangos, resulta 
que dice: «Lo hizo Mudafar el marmolista, su esclavo.» 

Murillo: pintor. En el Museo provincial de Córdoba 
existe un cuadro que representa la Concepción, firmado asi: 
Murillo fecit, año 1700. Sin embargo que en este cuadro se 
Ten rasgos que se parecen en gran manera al célebre Bar- 



193 

tolomé Esteban, por cuya razón puede suponese de un dis- 
cípulo suyo, y no obstante que pudiera ser firmado por al- 
guno que deseara venderlo como del maestro sevillano, no 
creemos hubieran puesto la fecha de 1700, toda vez que el 
mencionado artista murió en 1682. ¿Será acaso este cuadra 
de un hijo del célebre maestro? 



Tomo CVII. 13 



194 



3sr 



Nasar: tallista. Véase Nassr: tallista. 

Nassr: tallista. Así escribe el nombre de este artista don 
Rodrigo Amador de los Ríos, y no obstante que conocemos 
que le sobra una s, pues el s^ad no tiene teschdid que lo 
duplique, y además le falta un fatha, debiéndose leer Na- 
sar, admitimos la palabra tal como nos la escribe el orienta- 
lista citado. Es obra suya una parte de la ornamentación 
del interior del mihráb de la Mezquita de Córdoba, en don- 
de en una cartela, al lado de la izquierda, por bajo de la 
cornisa, se lee: 

Obra de Nassr. 

Incurriendo en notoria contradicción, el citado escritor 
al leer la inscripción del cimaceo de la cuarta columna de 
la hilada décimatercera, lee Nassar, escribiéndolo en ca- 
racteres arábigos con la misma forma y letra que en la ins- 
cripción á que antes nos referimos. El nombre de este artis- 
ta se ve en el fuste de la quinta columna y en el cimaceo de 
la octava de la misma hilada, en el fuste de la séptima, de 
la décimacuarta y en el de una columna de las de la nave 
del Cristo del cautivo. 

{Don Rodrigo Amador de los Rios). 

Navarra y León (Juan): escultor cordobés. Es autor 
de un bajo relieve que representa la Virgen del Rosario, y 
está en la calle de San Pablo, en Córdoba, á la espalda del 



195 

<;amarin de esta Virgen en la capilla de su nombre del con- 
vento de Dominicanos. En 1794 hizo la estatua de Cristo 
que está en la plazuela de los Dolores. Una y otra obra son 
toscas y de dibujo bastante incorrecto. 

{Bamirez de Avellano, don Teodomiro). 

Neg^rete (Don José): platero natural de Córdoba, don- 
de aprendió su arte en el taller de don Pedro de la Vega. 
Consta del acta de su aprobación para abrir taller, que se 
examinó el dia 9 de Agosto de 1739, y que presentó una es- 
cultura de San Antonio hecha con todo cuidado. 

(Archivo del Colegio de plateros)» 



,j 



196 



Ochoa (Juan de): arquitecto, vecino, y acaso natural, 
de Córdoba. Sucedió á Hernán Ruiz en la maestría mayor 
de la Catedral, desde 1604 hasta 1606, en que debió morir. 
En 1601 corría con las obras interiores de la Catedral, se- 
gún se desprende de un auto capitular, que dice: 

«Habiendo visto (el cabildo), una petición de Hernán- 
Ruiz, maestro mayor de esta santa iglesia, en que pide que 
se le den las obras que en la dicha obra nueva se hicieren, 
distintas de las que están á cargo de Juan de Ochoa y to- 
caren á él como á maestro mayor, se determinó por la mayor 
parte, que Juan de Ochoa proceda adelante en la dicha 
obra como está asentado.» 

Era autor del patío claustrado, hoy destruido, de San Pa- 
blo, é informó en la justificación que hicieron los frailes de 
los Mártires para probar que San Acisclo estaba enterrado 
en su convento y no en la parroquia de San Pedro. 

(Cean, en las adiciones á Llaguno. — Ra- 
mírez de Avellano, don Teodomiro). 

Oliva (Sóror Mencía de la): escultora. Nació en Córdo- 
ba no sabemos qué año, y fué hija del famoso médico Fernán 
Pérez de Oliva, y esposa del no menos notable doctor don 
Antonio de Morales. De su matrimonio tuvo varios hijos, 
entre ellos el famoso cronista de Felipe H Ambrosio de Mo- 
rales, y muerto su esposo en 1535, se acogió al convento de 
Santa Clara de Córdoba, en unión de su hermana María y 
de su hija Andrea, donde profesó, huyendo de los azares á& 



197 

la mundanal existencia. Allí hizo una ejemplarísima vida 
dedicada á las prácticas religiosas, á la penitencia, y mu- 
cha parte de su tiempo á la escultura, en la que llegó á go- 
zar de buena fama. Murió en 1552, siendo muy sentida de 
los que la conocían y trataron y de sus compañeras de clau- 
sura, 

Al hacer en 1872 obras en el coro de la iglesia de Santa 
Clara para convertir el convento en casas, se encontró una 
momia de una religiosa, que fué trasladada al convento de 
Santa Cruz, y que se supuso fuera el cadáver de nuestra 
escultora. De sus obras no se conserva más que un Cristo 
crucificado, de unos dos metros de altura, que estaba en el 
coro de Santa Clara y hoy se guarda en el interior del con- 
vento de Santa Cruz. No lo hemos visto, y por lo tanto, no 
podemos juzgar del mérito artístico de su autora. 

(Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 

Orbaneja (Bernabé): grabador. Al frente de la obra 
Anphiteatro Sagrado, escrita por don Pedro Clemente Val- 
dés, en que se describen las fiestas que hubo en Córdoba 
por la canonización do San Luis Gonzaga y San Estanislao 
Kostka, hay un grabado en cobre que representa las armas 
de los Marqueses de las Escalonias, firmado con el nombre de 
este grabador y con la fecha 1728. 

Ortega (Tomás de): arquitecto con título del Eey y ve- 
cino de Córdoba. En 1703, siendo corregidor don Francisco 
Antonio Salcedo, se hicieron nuevos, bajo la dirección de 
este arquitecto, dos arcos del puente que esta ciudad tiene 
sobre el Guadalquivir. Estos arcos son de diferente cons- 
trucción que los demás y desdicen notablemente de los 
otros, no sólo en arquitectura y tamaño, sino en gusto ar- 
tístico. La obra se hizo con la más acertada dirección, pues 



198 

no faltó durante ella paso para carruajes y bestias, conti- 
nuando así el comercio sin interrumpirse entre la ciudad y 
el barrio conocido por el Campo de la Verdad. 

(Anales de Martin López Rubio). 

Osuna (Don Antonio): platero, natural y vecino de Cór- 
doba, donde aprendió su arte en el obrador de don Gaspar 
de Medina. En 29 de Junio de 1732 fué examinado por los 
aprobadores de la Congregación de San Eloy del arte de 
platería, presentando una águila imperial de plata hecha 
primorosamente. Fué aprobado y autorizado para abrir ta- 
ller y comerciar en objetos de su arte. 

{Archivo del Colegio de plateros.) 

Otero (Francisco): fundidor. En 1789 hizo la campana 
llamada de Nuestra Señora de los Remedios de la iglesia 
parroquial de la Purificación, de Puente Genil. 

(Apuntes históricos de la villa de Puente 
Genil). 



199 



Pacheco (Don Fernando): pintor. Restauró en 1724 la 
Concepción de los plateros en la Pescadería de Córdoba, y 
cobró por ello 268 reales segnn consta de las cuentas pre- 
sentadas por el hermano mayor de la cofradía de San Eloy,, 
don Francisco Bruno de Valenzuela. Este pintor no tiene 
articulo en el diccionario de Cean Bermudez. 

Palomino (Don Juan Bernabé): grabador de láminas^ 
y pintor. Nació en Córdoba en 15 de Diciembre de 1692 y 
vivió en su patria hasta que estuvo en edad competente de 
dedicarse á una profesión, en cuyo tiempo se trasladó á Ma- 
drid en donde fué discípulo de su tio don Acisclo Antonio, á 
quien ayudó en muchas de sus obras pictóricas. Muerto el 
tio en 1726, volvió á Córdoba nuestro pintor, y sin maestra 
del arte del grabado se dedicó á trazar con el buril copias 
de estampas de autores extranjeros, para perfeccionarse en 
este arte del que ya había dado pruebas, grabando en Ma- 
drid las estampas del segundo tomo del Museo pictórico, de 
su tio y maestro. En su patria hizo el retrato del beato Fran- 
cisco de Posadas en 1732, y por aquellos años, un retrato 
del rey de Francia, Luis XV, que agradó tanto al rey Feli- 
pe V que hizo llamar al grabador á Madrid, y le encargó la 
ejecución de los planos de la jurisdicción de la corte y otras 
obras. 

En 1752 se verificó la apertura de la Academia de San 
Fernando, y Palomino, con quien se había contado desde 
luego para la formación de aquel docto cuerpo, concurrió al 



200 

acto de la inauguración como uno de sus directores; y al 
año siguiente, la academia le designó tres discípulos que 
aprendieron con él, siendo esta la base del grabado en Es- 
paña, pues hasta entonces las láminas españolas hablan sido 
sumamente imperfectas. En recompensa de sus méritos, y 
de la enseñanza que en su casa daba, el rey le nombró su 
grabador de cámara, y la academia de San Carlos, de Va- 
lencia, le remitió el título de académico de mérito. 

Palomino murió en Madrid en Febrero de 1777 á los 85 
de su edad, sin que aun á tal vejez hubiese abandonado ni 
los pinceles ni los buriles. Como pintor, sólo dejó para po- 
derlo juzgar, una cabeza al pastel que se guarda en la aca- 
demia de San Fernando, y que está muy bien pintada. 

Los grabados son muchos y solo citaremos los más nota- 
bles que son: San Bruno, copia de la estatua de Pereyra de 
la hospedería de la Cartuja del Paular, en la calle de Alca- 
lá, en Madrid. El milagro de San Isidro, pintado por Carre- 
ño, y que se conserva en la parroquia de San Andrés, de 
Madrid. San Pedro, sacado de la prisión por un ángel del 
cuadro de Roelas, que está en la parroquia de San Pedro, 
en Sevilla. El martirio de los santos Justo y Pastor dibuja- 
do por Carnicero, y grabado en Madrid en 1759. Los retra- 
tos de la reina doña Isabel Farnesio, el Nuncio Valentí Gon- 
zaga, Cerbí y Martínez, médicos de cámara, y Le Gendre, 
cirujano, don Nicolás Palomino, presbítero, sobrino del 
grabador, el venerable Fray Juan de Soto, don Juan de 
Palafox y otros muchos. 

En Córdoba vivió Palomino en las callejas de Alcántara. 

{Oean Bermudez. — Noticias de Cór- 
doba). 

Palomino de Castro y Velasoo (Don Acisclo Anto- 
nio): pintor y escritor. Nació en Bujalance en 1653, y fué 



201 

hijo de don Bernabé Palomino y de doña Maria Andrea Loza- 
no, quienes queriendo dar ásu hijo una educación esmerada, 
trasladaron su casa á Córdoba en cuanto su hijo estuvo en 
•disposición y edad de dedicarse al estudio. Aprendió gra- 
mática, filosofía, teología y jurisprudencia, pero llevado de 
su afición á las artes, todos los ratos perdidos, y aun más, 
dedicaba á copiar estampas; y en 1672, habiéndose esta- 
blecido en Córdoba Valdés Leal, Palomino le mostró sus di- 
bujos y Valdés le dio algunas instrucciones para manejarse 
■en el arte, dedicándose desde entonces nuestro biografiado 
á la pintura con ahinco y buena dirección. No abandonó 
por esto la carrera de las letras y llegó en ello por entonces 
á tomar órdenes menores que le confirió el Obispo de Cór- 
doba, don Francisco de Alarcon y Cobarrubias. 

Mucho debia adelantar Palomino en la pintura, á juzgar 
porque en 1675, don Juan de Alfaro, que habia llegado á 
Córdoba, no sólo lo alentó para que siguiera trabajando, 
sino que lo invitó á pasar á Madrid á estudiar, y tres años 
más tarde tn otro viaje que Alfaro hizo le volvió á repetir 
su recomendación, y admitida por Palomino, pasó éste á la 
corte con cartas de Alfaro y encargo de concluir los cua- 
dros que éste habia dejado por terminar. 

En Madrid se dedicó Palomino á estudiar matemáticas en 
e\ colegio imperial con el padre Jacobo Kresa; se casó con 
doña Catalina Bárbara Pérez, hija del enviado de los Can- 
tones; fué nombrado alcalde de la Mesta, por lo que se re- 
cibió de hijodalgo, y por recomendación de Coello, pintó en 
unión con éste la fábula de Psiquis y Cupido, en la galería 
del Ciervo en el cuarto de la reina del palacio real. Por esta 
•obra se le otorgó el titulo de pintor del rey, sin sueldo, en 
30 de Agosto de 1688; pero habiendo hecho muy á gusto del 
rey la traza del ornato de la plaza y fuente de la Villa, en 
la entrada en Madrid de doña Maria Ana de Neoburg, cuan- 



202 

do el año 90 vino á casarse con Carlos II, le fueron otorga- 
dos los gages de la plaza de pintor de cámara por orden de 
21 de Abril de 1698. 

En 1692 vino Lucas Jordán á pintar las bóvedas del 
Escorial, y Palomino fué el designado para que sugiriera al 
pintor los asuntos con arreglo al texto, y desempeñaba tan 
á la perfección su cometido, que Jordán decia al recibir los 
asuntos que ya iban pintados. 

En 1693, trazó don Acisclo los elogios de Carlos V y re- 
tratos de Carlos II y su mujer, que estuvieron pintados al 
claro oscuro en el hospital del Buen Suceso, y en 1696 pin- 
tó los tableros de los calesines en que hablan de ir los re- 
yes á los sitios reales. 

Pasó á Valencia en 1697, y permaneció allí mucho tiem- 
po. En dicho año pintó al fresco el presbiterio de la iglesiar 
de San Juan del Mercado; en 99 y 700 las bóvedas de la 
misma iglesia; en 701 la capilla de Nuestra Señora de los 
Desamparados, y trazó lo que su discípulo Dionis Vidal pin- 
tó en la parroquia de San Nicolás. También entonces pintó' 
el cuadro de la confesión de San Pedro, y al fresco las pa- 
redes de la capilla de este santo en la Catedral. 

Vuelto á Madrid, salió para Salamanca en 705, á pintar 
al fresco el medio punto de la bóveda del coro del convento 
de San Esteban, y vuelto á Madrid, escribió el primer tomo 
de su Museo pictórico, que fué aprobado en 708 por el Pa- 
dre Alcázar, por más que no viese la luz hasta 1715. 

En 712 pintó la cúpula del Sagrario de la Cartuja de Gra- 
nada; en 713 los cinco cuadros del altar mayor de la Cate- 
dral de Córdoba; en 1714 los geroglíficos y adornos del tú- 
mulo que se levantó en Madrid para las honras de la reina 
doña María Luisa de Saboya, y en 1723 las cúpulas y pe- 
chinas del Sagrario de la Cartuja del Paular, en cuyo pun- 
to adoleció primero de una erisipela en una pierna, y des- 



203 

pues de nnas intermitentes, teniendo que llamar á su hijo 
para que le ayudara á terminar la obra. En 1724 publicó el 
segundo tomo de su Museo pictórico. En 3 de Abril de 725, 
enviudó, y en el mismo año se ordenó de sacerdote; y final- 
mente, el 13 de Agosto de 1726 murió en Madrid, y fué en- 
terrado en la misma sepultura de su mujer, en la iglesia de 
la Orden tercera del convento de San Francisco. 

Palomino fué para su tiempo un excelente pintor, y en 
sus obras se ve buen dibujo, perspectiva, entonación é in- 
genio para la composición; su color era falso y chillón mu- 
chas veces. Estas cualidades pueden apreciarse en los si- 
guientes cuadros que han quedado de su mano en sitios pú- 
blicos, por más que algunos de los citados por Cean han des- 
aparecido. 

Madrid. — Museo del Prado. 

San Bernardo Abad, la Concepción y San Juan, abrazan- 
do á un cordero. 

Ídem. — Santa Isabel. 

El Salvador, San Pedro y San Pablo en el tabernáculo 
del altar mayor. 

Ídem.— San Juan de Dios. 

Los cuatro evangelistas y cuatro asuntos de la vida de la 
Virgen, al fresco, en la capilla de Nuestra Señora do Belén, 
y al oleo el Salvador del tabernáculo. 

Ídem. — Trinidad calzada. 

La venida del Espíritu Santo y el sueño de San José en 
los postes del cuerpo de la iglesia. 



204 

Ídem. — San Millan. 

La Concepción, en un altar. Esta iglesia no existe ya. 

Ídem.— San Cayetano. 

En la sacristía un cuadro pequeñoi 

Ídem. — San Isidro el Real. 

El techo de la ante sacristía que representa el triunfo de 
San Francisco Javier-, en la misma pieza, al óleo, dos cua- 
dros de San Pedro y San Pablo de tamaño natural, y cua- 
tro con figuras más pequeñas de asuntos sagrados. En la 
sacristía, San Ignacio dando la comunión á Santa Teresa. 

Ídem. — San Pedro. 

San Joaquín, Santa Ana y la Virgen en un altar cerca 
del mayor. 

Ídem. — Monjas de don Juan de Alarcon. 

Algunos cuadros en el altar del Cristo y en el de enfrente. 

Ídem. — La Victoria. 

San Miguel en el colateral del lado del Evangelio, y los 
desposorios de San José en la antesacristia. 

Ídem. — Buen suceso.. 

La traza y dibujo de las pinturas al claro oscuro en el 
patio. Ya ni existe la iglesia. 

Ídem.— Buen Retiro. 

Algunos cuadros en una pieza, de paso á la galería de 
Cason. 



205 

Ídem. — Ayuntamiento. 

Todas las pinturas de las dos piezas del oratorio y la pin- 
tura y ornamentos al fresco del salón de verano. 

Ídem. — Academia de San Fernando. 

La Concepción, que estuvo en el convento de jesuítas d© 
Córdoba. 

Paular.— Cartuja. 
Las cúpulas y pechinas del sagrario. 

Tal AVER A DE LA REINA. — COLEGIATA. 

Un San José con el niño, en la sacristía. 

Santa María de las Cuevas. — Cartuja. 
Una Concepción en la capilla del Cristo. 

Sevilla, — Clérigos menores. 

San Dionisio, mayor que el natural, en el presbiterio al 
lado del Evangelio. 

Ídem. — San Juan de Dios. 
La Virgen de los Dolores, en el altar del Cristo. 

Cuenca. — San Vicente parroquia. 
La Virgen del Pilar en un cristal. 

Ídem. — San Felipe Neri. 
Nuestra Señora del Carmen en el presbiterio. 



206 

SaI.AMAKOA. SaS El&TÉBAH. 

El fresco del testero del coro. 

SiGüENZA. — Colegio de San Antonio. 

El cuadro de San Antonio de Pádna, en el retablo de su 
capilla. 

Granada. — Cartuja. 
La pintura de la cúpula del Sagrario, al fresco. 

Valencia . — Catedral . 

Las de la capilla de San Pedro en el retablo y paredes. 
Las de la cúpula son del canónigo Victoria. 

Ídem. — Nuestra Señora de los Desamparados. 

La bóveda que representa la Trinidad con la Virgen y 
los bienaventurados. 

Ídem.— San Juan del Mercado. 

Todas las bóvedas de la iglesia con las vidas de San Juan 
Bautista y San Juan Evangelista, 

Ídem, — San Nicolás, 

El diseño y traza de las vidas de San Nicolás de Bari y 
San Pedro mártir, pintadas en las bóvedas por Dionis 
Vidal. 

CÓRDOBAí— MUSEOi 

San Gerónimo. La negación de San Pedro y la adoración 



207 

de los Reyes, copias de Castillo; y varios santos de medio 
cuerpo. 

Ídem. — Catedral. 

Los cinco cuadros del retablo mayor, el martirio de San 
Acisclo y Santa Victoria, la conquista de Córdoba y la apa- 
cion de San Rafael al venerable Roelas, en la capilla del 
cardenal Salazar. 

Ídem. — San Francisco. 

Una sacra familia y un Salvador en la capilla de la Ve- 
racruz. 

Ídem. — Santiago. 

San Gregorio y Santa Lucia en la sacristía. 

Como escritor valió más Palomino que como pintor, y sus 
obras son las siguientes: 

«Explicación de la idea qve ha discvrrido y executado 
«n la pintvra del presbiterio de la iglesia parroqvial de San 
Ivan del Mercado de Valencia, don Antonio Palomino Ve- 
lasco. Valencia, Francisco Mestre, 1700.» 

En 4.^ 10 hojas preliminares y 56 páginas. Es opúsculo 
-de muy difícil adquisición y del que no habla Cean Ber- 
mudez. 

«Museo pictórico y escala óptica. Theórica de la pintvra, 
•en que se describe su origen, essencia, especies y qualida- 
des, con todos los demás accidentes que la enriquecen é ilus- 
tran; don Antonio Palomino de Castro y Velasco. Madrid, 
Lucas Antonio de Bedraar, 1715 el primer tomo y el segun- 
do. Viuda de Juan Garcia Infanzón, 1724;» 2 volúmenes en 
folio. El tomo I consta de 17 hojas de preliminares, .30() pá- 
ginas de texto, 2.3 hojas de índice y 4 láminas. El 11, frontis 
grabado, otro impreso, 13 hojas de preliminares, 498 pági- 



208 

ñas, 13 láminas y 9 hojas de índice y Tablas. De esta obra 
se hizo otra edición en Madrid el 1795, el tomo I, y 96 y 97 
el II, en folio. 

Unida al segundo tomo va una colección de vidas de pin- 
tores ilustres, que lleva por título: 

«El Parnaso español pintoresco, laureado con las vidas 
de los pintores y estatuarios eminentes españoles», de la 
que los ingleses hicieron un estracto que publicaron en Lon- 
dres en 1744, y otro los franceses publicado en París en 
1749, ambos en octavo. En Londres se publicó también 
en 1746, un libro en octavo, en lengua española, titula- 
do así: 

«Las ciudades y conventos de España, donde hay obras 
de los pintores y estatuarios eminentes españoles, puestas 
en orden alfabético, y sacadas de las vidas de Palomino y de 
la descripción del Escorial hecha por el Padre Santos». 

Cean Bermudez elogia mucho la obra de Palomino, y hoy 
se va haciendo rara y muy buscada. Indudablemente la 
parte del segundo tomo, referente á vidas de pintores, es 
interesantísima por las muchas noticias que trae y que se 
hubieran perdido sin la diligencia del autor en publicarlas. 
Lo demás de la obra es muy pesado y adolece de todos los 
defectos literarios de su época, hasta el punto de que duda- 
mos que haya hoy pintor que tenga paciencia para leerla 
entera. 

{Cean Bermudez. — Palomino. — Noticias 
de Córdoba). 

Palomino de Castro y Velasco (Doña Francisca): 
pintora. Fué hermana de don Acisclo Antonio, y vivía en 
Córdoba á fines del siglo XVII con crédito de habilidad é 
inteligencia. Murió en esta ciudad, dejando en ella obras de 
su mano aunque no en lugares públicos. Don Manuel Gon- 



209 

zalez Guevara, en el opúsculo que ha publicado sobre el 
arte en Córdoba, afirma que nació en Bujalance, sin que se- 
pamos la razón que para ello haya tenido. 

(Cean Bermudez). 

Paz (Pedro de): escultor. Los datos biográficos que po- 
seemos son los suministrados por él mismo en el expediente 
de canonización de San Alvaro, exhumado por don Teodo- 
miro Ramírez de Arellano. De ellos consta que nació en 
Córdoba y que tenia en 1677, en que prestó su declara- 
ciones años, ó lo que es lo mismo, que debió nacer en 1611. 
Sus obras conocidas son: en la Catedral de Córdoba, tres 
apóstoles de madera y una de las virtudes del retablo ma 
yor, y la imagen de San Rafael que corona la torre, y que 
es de mármol. Era suya también una de las estatuas del re- 
tablo mayor de la iglesia del convento de Santa Clara, cuyo 
paradero nos es desconocido. 

Peña (Gaspar de la): maestro alarife. Consignamos 
aquí el nombre de este artista para desvanecer el error, 
hasta ahora válido, de que fuese cordobés, haciendo cons- 
tar á fuer de imparciales, que nació en Burgos sin que se- 
pamos en qué año. En 1659 hizo un proyecto de capilla real 
para la Catedral de Córdoba, que habla de construirse en 
lo que fué capilla de Villaviciosa. Posteriormente hizo otro 
proyecto para emplazar la dicha capilla en el ángulo del 
patio de los naranjos, donde está el postigo de la leche. 

En 28 de Octubre de 1603 formó el pliego de condicio- 
nes para la restauración del puente, en unión de los arqui- 
tectos y alarifes Juan Francisco Hidalgo, Juan de León y 
Francisco de Luque. 

{Archivo de la Catedral. — Ramírez de 
Arellano, don Teodomiro). 

Peñalosa y Sandoval (Don Juan de): pintor, escul- 
ToMO CVII. 14 



210 

tor, arquitecto y poeta. Nació en Baena en 1581, y trasla- 
dado desde niño á Córdoba, estudió la pintura, y acaso la 
arquitectura y escultura, con el famoso racionero Pablo de 
Céspedes, tan perito en todas las artes, llegando á ser uno 
de los más arentajados discípulos de tan esclarecido maes- 
tro. Al propio tiempo seguia la carrera eclesiástica, llegan- 
do á ser canónigo de la Catedral de Astorga y familiar del 
Obispo don Alonso Mesía de Tovar por los años 1630. En el 
de 1636 se dice que murió en Córdoba, si bien en Astorga 
se cree que vivió muchos más, y que en 1660 hizo la traza 
del retablo de San Gerónimo, que se mira en aquella Ca- 
tedral. 

Cean Bermudez y Palomino sólo han hablado de Peñalosa 
como pintor, y como tal, debia estar reputado solamente en 
Córdoba en 1617, puesto que el licenciado Enrique Vaca de 
Alfaro, al hablar de él en el libro que publicó con motivo 
de una justa literaria, habida en la parroquia de San An- 
drés de Córdoba el 15 de Enero de dicho año, de que des- 
pués hablaremos, sólo dice que fuera hábil en una arte, y 
ésta debia ser la pintura. 

No obstante, era arquitecto, y no despreciable, según se 
desprende de la siguiente leyenda que tiene, en el pedestal 
del lado de la Epístola, el altar de la Concepción de la Cate- 
dral de Astorga: 

La traza de la Architectura deste 

Retablo de la Purísima Concepción de Nuestra 

Señora y la de los de la Virgen de la 

Majestad, y Santa Madre Theresa de Iesús y toda 

LA PINTURA de ELLOS, 
HIZO DON lOAN DE PeÑALOSA Y SaNDOUAL, 

Canónigo desta Santa Iglesia, 

T familiar de don Alonso Mesía de Touar, 

obispo della. 



211 

Estos altares, que son de buen gusto, tienen las imágenes 
principales de escultura, siendo las de la Concepción y San- 
ta Teresa de la época, y la Virgen de la Majestad más an- 
tigua. Además contienen cuadros al óleo en varios tarjeto- 
nes entre las columnas que forman los retablos, y encima 
de los primeros cuerpos hay cuadros que representan, en el 
de la Concepción, la Visitación de la Virgen á Santa Isabel, 
y en el de la Majestad, á la Virgen poniendo la casulla á San 
Ildefonso. En la cornisa tienen la fecha 1630. 

Hay además en la Catedral de Astorga los altares de San 
Gerónimo y San Juan Evangelista, atribuidos á Peñalosa, 
pero que difieren por completo en gusto arquitectónico y 
pertenecen ya á la decadencia del arte. En dicha población 
se supone también que Peñalosa fué escultor, que son suyas 
las imágenes de la Concepción y Santa Teresa, y aun que 
ésta es un retrato de la venerable madre carmelita. Todo lo 
cual es absurdo, pues habiendo muerto Santa Teresa en 1582, 
no pudo conocerla nuestro artista, y aunque es verosí- 
mil que Peñalosa conociese la escultura como discípulo 
de Céspedes, no hubiera dejado de decirse en la inscrip- 
ción copiada si hubiese sido el autor de las referidas es- 
tatuas. 

La fatal circunstancia de haber quemado los franceses á 
principios de este siglo el archivo de la Catedral de Astor- 
ga, nos ha imposibilitado completar estos datos, así como 
averiguar si la muerte de Peñalosa fué realmente en 1636, 
ó vivió, como en Astorga se cree, hasta 1660, pues has- 
ta las actas del cabildo en donde se consignaba el falle- 
cimiento de los capitulares, perecieron en aquel fatal si- 
niestro. 

Peñalosa era además de artista poeta. Como tal obtuvo 
un tercer premio consistente en un par de guantes de ám- 
bar, que hubo de partir con Enrique Brito, por una canción 



212 

en que cantó la reforma de los carmelitas, que era el tema 
del segundo asunto, en el certamen celebrado en la iglesia 
del convento de monjas de Santa Ana el año 1614 por la bea- 
tificación de Santa Teresa. También tomó parte en la justa 
literaria, que para celebrar la Concepción de la Virgen, se 
celebró en la parroquia de San Andrés de Córdoba, por ini' 
ciativa de Vaca de Alfaro, en 1617. En esta justa no hu- 
bo premios, y por lo tanto, no es extraño que no los al- 
canzase. 

Las obras públicas que Peñalosa dejó^ además de las ci- 
tadas de Astorga, son los cuadros siguientes: 

Córdoba. — Catedral. 

En un machón de la iglesia una interesante pintura, fir- 
mada, que representa á Santa Bárbara. 

Ídem. — Hospital de expósitos. 

La Asunción con los apóstoles al pié; cuadro que parece- 
ría de Céspedes á no estar firmado. 

Ídem. — San Andrés. 

La adoración de los Reyes, que estuvo en la suprimida 
ermita de los Reyes de la Fuenseca. 

Ídem.— Museo provincial. 

Una Virgen con Niño y á los lados San Acisclo y Santa 
Victoria. 

Además de éstos se han perdido un cuadro de San Diego 
de Alcalá, en la portería del convento de la Arrizafa, y la 
vida de Cristo, en el claustro de la Victoria. Estos ya e» 



213 

tiempos de Palomino, habian sido deshechos por la lluvia y 
el sol. 

Como son rarísimas, y poco menos que desconocidas, las 
poesías de Peñalosa, las copiamos á continuación para co- 
nocimiento de los lectores. 

La del certamen de Santa Ana en 1614, dice asi: 

En humilde antes choza redil breve, 
Fértiles sí, no en campos espaciosos 
Su manadilla pobre comprehendia; 
La que pastora ya de más copiosos 
Rebaños, su ganado el ámbar bebe. 
Del claro Tajo, que el tributo embía 
En cristal (si oro cria) 
Al Lusitano mar^ do el curso mueve; 

Y de Henares cuya verde orilla 

Su planta no perdona; y más crecido 
Huella el menos torcido 
Seno de Termes, que luciente brilla 
Do herido del Alva son espejos 
Las hondas de sus trémulos reflejos. 

Emulo de sus márgenes ervosas 
Alegre le ofreció quanto abundante 
La suya el Bétis, que oy agradecido 
Ostenta con sus lilios rutilantes, 
De cuyas bellas y purpúreas rosas 
Fragante olor espira, conducido 
De su prado florido 
A las etéreas cumbres luminosas: 

Y hasta el Pó, entre flores que del nacen 
Dilatado el pié laua en sus cristales; 

Del Tiber que inmortales, ' 

Glorias sostiene, las riberas pacen, 



214 

A Eufrates, Gange y Nilo aún no perdonan, 
Que ya sus ondas fértiles coronan. 

Esta, pues, que de candidas pieles 
Adorno humilde, su ganado imita; 
Si bien corona fértil monte altiuo 
Sacro Carmelo, cuya hembra habita, 
En hondos Valles de humildad (fieles 
Quantos figures del voraz nogiuo. 
Que ardiendo en fuego viuo, 
Solicita feroz actos crueles.) 
Su manada apacienta, vigilante; 
De humano trato, que alterarle pueda 
Con sus límites veda, 
En más culto redil, quanto zelante 
Y el cauto lobo huye, si obstinado 
De resonante siluo amedrantado. 

No por floridos prados conducida 
Caminos anchos, valles deleytosos. 
Su candida manada rige y lleua. 
Antes por cerros ásperos fragosos 
De incultas sendas donde sin medida 
La disciplina y su aspereza prueua; 
Donde dulce se eleua 
De vn cálamo canoro supendida 
Pasos que frecuentados antes fueron 
De aquel primero que en el carro ardiente 
Triunfó más altamente, 
Que los que al Capitolio reynos dieron; 
Elias, digo aquel zelador santo, 
Que esta sacra pastora imitó tanto. 

En otro campo Elysio, soto y fuente. 
Desnuda ya de aquel visible velo. 
Que el paso impide al inmortal reposo: 



215 

Theresa Virgen, gloria del Carmelo 
Su ganado apacienta; y del luciente 
Cristal, del claro rio deleytoso 
Que corre impetuoso, 
Las viuas aguas bebe dulcemente, 
Alegre pues entre los tiernos bra§os; 
De su pastor diuino se recrea. 
Vid, que el tronco rodea. 
Unida con recíprocos abra90S; 
(Triunfo glorioso) y ciñe flores bellas 
Corona ilustre despreciando estrellas. 
Canción mejor será que te aniquiles 
No es bien llegar presumas 
Dó el vuelo de las plumas 
No alcan9a, aun de los Cisnes más sutiles, 
Y hablar entre sabios nunca usa 
Bucólica Thalía; inculta musa. 

Las poesías leídas en el certamen de San Andrés de 1617 
son las siguientes; 

SONETO 

Cisnes, que entre erizadas sí luzientes 
Ondas, con dulce acento numeroso, 
Suspendeys de su curso presuroso 
El crespo orgullo, y trémulas corrientes. 

De la fama otro aliento, los presentes, 
i^ Al cóncabo metal dad sonoroso, 

Eespondiendo al intento generoso. 

Que ofrece premio á vras. sacras frentes 

Celebrad el instante en la gloriosa 
Concepción más purísima, que en ella 



216 

De culpa el Verbo reseruó María. 

A quien deue la Esfera luminosa 
Su claro ornato, Cintia su luz bella, 
Sus rayos Febo, su esplendor el dia. 

DÉCIMAS 

Nueva adquiera ya espera9a ' 

Nauta errante, el q el profüdo 
Mar escala de este mundo 
Las alas de su pujánca 
Si le alteró su mudanza 
Temeroso en golfo incierto, 
Ya le anuncia el Cielo abierto 
Breue su Farol diuino. 
Do en más seguro camino 
Le códuzga al dulce puerto. 

No distinto hoy respladece. 
Que poca nuue más bella 
En su roxo seno sella 
El Norte, que ya le ofrece. 
Aduierta, si le aparece 
Su claro aspecto futuro 
De Febo el rayo más puro, 
(Cuyo esplédor no perdona) 
Viste, y qual Norte corona 
Áurea, si luziente Arturo. 

OCTAVAS 

No humano asunto erija vano acento 
De profanas ideas conduzido: JB 

Mi mente ilustre si Divino aliento 



217 

Del alto Coro en rayo esclarecido. 
Conspire dulce al pretendido intento 
Sacra Deidad, á quien interno pido 
Fauor para cantar de vn Norte claro 
Su natiuo esplendor, su indulto raro. 

Oh excelsa Virgen, que de luzes bellas 
Corona ciñes, vistes Sol luziente, 

Y el límpido candor de Cintia huellas, 
Pomposa Majestad, Trono eminente: 
Lo ardiente de tus luzidas Estrellas 
Toque mi lengua, con que dulcemente 
Prosiga en voz sonora desatada 

Tu Pura Concepción Inmaculada. 

Después de aquel precepto que inuiolable 
El gran Motor del círculo estrellado 
Le intimó al primer Padre, hobre mudable 
(El que por Eva, y el fué quebrantado) 
Con nueva ley, con ley inuariable 
Quedó á sudor perpetuo condenado, 

Y en la culpa, que sienten, oprimidos, 
Sus descendientes todos comprehendidos. 

Cundió, pues, penetrando de impia ofensa 
La mancha venenosa, que extendida 
Por la posteridad discurrió inmensa. 
Sin ecepcion distante en mortal vida: 
Igual pidió del crimen recompensa 
La Divina lusticia que ofendida 
Del hombre impugna el loco atreuimiéto 
Opuesto al alto sacro mandamiento. 

Vista el preclaro autor de el universo 
La ruyna fatal de los mortales, 

Y la miseria de su estado aduerso. 
Sujeto siempre á términos iguales: 



218 

A pesar del indómito peruerso 
Dragón, causa primera de estos males, 
De su piedad mouido tiernamente, 
Tra9a el remedio su forma conueniente. 

Y así en su mente, con eterno auiso 
(Aun antes que la machina criara 
Visible, ni habitase el Parayso 
Adán, ni sus preceptos quebrantara) 
Dispuesto su poder inmenso, quiso 
Fabricar vna Pura Imagen rara, 
De la que ha de borrar de Eua la afrenta, 
Libre del fiero, y de su culpa esenta. 

Esta ha de ser, la que al dragón temido 
La diforme ceruiz pide escamosa. 
Por quien su orgullo se verá oprimido, 
y quebrantada su altivez furiosa. 
No podrá con su anhélito esparcido 
Tocar la planta desta flor hermosa, 
Que la virtud fragante que recibe 
Un venenoso vínculo prohibe. 

De esta, pues bella rutilante Aurora 
Saldrán viuo esplendor luces visibles, 
De aquel Divino Sol, que alumbra y dora 
Al que sus rayos teme incomprehésible; 
Si bien candida nuue brilladora, 
De quien entre arreboles apazibles 
Procede, si humanado, reduzido. 
El que es inmenso, á término medido. 

Llegado el tiempo intermisible, quando 
Dispuso reparar el alto Cielo 
De luz el Orbe tenebroso, dando 
Nuevo Sol al lúgubre inculto suelo; 
Mouiéndole al afecto el ruego blando 



219 

De el humano perpetuo desconsuelo, 
Vna Alma elige, en quien tomar procura 
De su esplendor la púrpura más pura. 

Fecunda un tiempo ya, si estéril Ana, 
Concibe (oh ilustre Rama generosa, 
De Real Tronco) aquella soberana 
(No con nieblas de culpa) Aurora hermosa, 
Oculte la bellísima Diana 
Entre la obscura noche tenebrosa 
Su luz al mundo, pues en él María 
Es Luna, Aurora, Sol, Estrella, Día. 

{Palomino. — Cean, adiciones á Llagu- 
no. — Certámenes de Santa Ana y San An- 
drés. — Noticias de Astorga). 

Pérez (Alonso): cantero. Hizo en 1736 el triunfo de San 
Rafael, de la plaza de la Compañía en Córdoba, que costeó 
con limosnas el P. Juan de Santiago, de la Compañía de Je- 
sús. La estatua es de Juan Jiménez. 

{Ramírez de Arellano, don Teodomiro). 

Pérez (Don Antonio José): platero cordobés, discípulo 
de don Matías García Bela. Solicitó este artista su aproba- 
ción para abrir taller á la Congregación de San Eloy del 
arte de plateros, y por orden de los examinadores entró en 
el obrador de don Diego de Lara á hacer la obra de prue- 
ba, que fué una escultura de plata sobredorada represen- 
tando á San Antonio, la que estaba bien hecha, según el pa- 
recer del jurado; y en vista de esta obra y del examen que 
sufrió el dia 27 de Enero de 1754, fué aprobado. 

{Archivo del Colegio de plateros). 



220 
Pérez (Don José): pintor de heráldica. Nació en Córdo- 
ba á fines del siglo XVIII ó principios del XIX. Vivió muy 
pobre, hasta el extremo de que pasó los últimos años de su 
existencia (sin que ésta llegara á los cuarenta), en el Hos- 
pital de crónicos, llamado de la Misericordia. Allí murió, y 
su cuerpo fué enterrado en la fosa común del cementerio de 
San Rafael. No dejó obras conocidas. 

{Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 

Pérez Ruano (Don José): pintor. Nació en Córdoba á 
fines del siglo XVIII y murió en su patria en 1810. Dejó 
varios cuadros en el Ayuntamiento y entre particulares, de 
los que sólo se conserva el San Fernando del altar de la sala 
de sesiones del Municipio, del que guardamos nosotros el 
dibujo. Esta pintura es muy endeble y tiene entre otros 
anacronismos, unos cañones que se ven á lo lejos en el ejér- 
cito de Fernando III que sitiaba á Córdoba. Además, pinto 
en 1800 (pero hoy han sido renovados de una manera de- 
sastrosa), las apariciones de San Rafael al padre Roelas, en 
el campo y en su eelda, ambas al respaldo de la capilla de 
los Mártires de la parroquia de San Pedro. Eran muy no- 
tables las mesas revueltas que hacia, hasta el extremo de 
que los extranjeros las pagaban muy bien, y de que una de 
ellas fuese premiada en una Exposición en Barcelona, no 
sabemos qué año. 

{Ramírez de Avellano, don Teodomívo). 
— González Guevava). 

Pérez de Siles (Don Manuel): pintor contemporáneo, 
natural de Puente Genil, en donde pintó ocho lunetos en el 
camarín de la Virgen de los Dolores de la ermita de Jesús. 
{Apuntes históricos de la villa de Puen- 
te Genil). 



221 

Piedrola y Gómez (Don Andrés): nació en Córdoba 
á 5 de Septiembre de 1850, y fué hijo de don Rafael y doña 
María Gómez y Medina, y desde muy joven demostró su 
afición y aptitud para las letras. Afiliado al partido repu- 
blicano, fué nombrado en 1H72 alcalde de Montoro, ciudad 
de donde eran sus padres naturales y donde tenían bienes 
de alguna consideración, y fué uno de los mejores alcaldes 
que ha tenido este pueblo, tanto por las mejoras que hizo 
como por la pureza de su administración; también se dedi- 
có á la pintura, de la que se conservan varias imitaciones 
de tapices en el comedor de la casa del marqués de la Fuen- 
santa, en Córdoba; algunos países y vistas en el ante come- 
dor de dicha casa, y en Montoro en poder de don Julián 
Isla y otros hay pinturas suyas. Como escritor publicó las 
siguientes obras: Don Carlos en el poder, novela satírica 
del partido carlista; Cosas del mundo, colección de versos 
y Poesías orientales; todas se imprimieron en Madrid, en 
donde también fundó y dirigió el periódico La Critica, que 
tuvo mucho crédito. En Córdoba dirigía el periódico repu- 
blicano La Región Andaluza, cuando murió eu 11 de Julio 
de 1886. Casó dos veces, la primera con doña Mariana 
Romero, de quien tuvo una hija que aún vive, y la se- 
gunda con doña Amalia Solier, que murió también antes 
que él. 

Portocarrero (Don Francisco de Paula): pintor de 
afición. Nació en Córdoba, donde ejerció varios cargos pú- 
blicos, siendo uno de ellos el de alcalde que desempeñaba 
en 1854. En esta época, y bajo la dirección del arquitecto 
burgués don Pedro Nolasco Melendez, hizo los bonitos pa- 
seos de la Victoria, que ya no existen, dándose la particula- 
ridad de que el arbolado lo trasplantó ya crecido, y asi, en 
pocos días dotó á Córdoba de un paseo nuevo con árboles de 



222 

veinte años y aun más. Reformó el alumbrado público é hizo 
muchas mejoras en la población. No ha dejado ninguna pin- 
tura en sitio público. 

{Ramírez de Avellano t don Teodomiro). 

Portollano (Juan de): platero cordobés. En 11 de Ju- 
lio de 1565 fué examinado por el hermano mayor, alcaldes, 
veedores y aprobadores de la Congregación de plateros de 
Córdoba, y aprobado para que ejerciera su industria en toda 
España y pudiera abrir taller, y mostró como prueba de su 
habilidad y conocimiento, un retablo y guarnición de plata 
que habia hecho. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Pozo (Don Pedro del): pintor, natural de Lucena, de 
la escuela de Giménez de Illescas; después estudió en Sevi- 
lla con don Luis Cansino Pozo: fué nombrado director prin- 
cipal de la escuela de dibujo de Sevilla al dotarla el rey, sin 
que su mérito correspondiese á este cargo. Murió y dejó un 
hijo de mejores disposiciones que su padre para la pintura. 
Esto dice Cean Bermudez. Ramírez de Luque dice que mu- 
rió en 16 de Octubre de 1785, en Sevilla. 



223 



Q, 

Quesada (Juan Francisco de): pintor desconocido de 
Cean Bermudez. Nació en Córdoba en 1632, y se cree que 
fué discípulo de alguno de los que lo fueron de Céspedes. 
Informó en 1677 en el expediente de canonización de San 
Alvaro, á lo que debemos las escasas noticias que nos que- 
dan de él. Sus obras conocidas son, á más de veinte tablas 
que estaban en la bóveda de la incendiada iglesia de San 
Juan de Dios, y que se perdieron en aquella catástrofe, una 
Santa Elena de hermosa manera, buen dibujo y arrogante 
composición, que está en el retablo de la capilla de esta 
santa, en la Catedral, sirviendo la capilla en la actualidad 
de sacristía del Sagrario, y tres cuadros grandes en la ca- 
pilla llamada del Jubileo en la iglesia de San Francisco, 
hoy parroquia de la Ajerquia. 

(Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 



224 



TI 

Ramos (Don Antonio): arquitecto. En 1683, por encar- 
go del corregidor don Francisco Eonquillo y Briceño, hizo 
los planos para la actual plaza de la Corredera de Córdoba, 
cuya obra dirigió en unión de los maestros de la ciudad, 
Antonio Garcia y Francisco Beltran, 

Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 

Repiso (Don Manuel): platero cordobés, discípulo de 
don José de Góngora, en cuyo taller estuvo los seis años 
que marcan las ordenanzas de la congregación de San Eloy 
de plateros de Córdoba, é hizo un sol de Custodia que le sir- 
vió como prueba de su suficiencia en el examen que sufrió 
el día 3 de Mayo de 1768. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Reyes (Baltasar de los): arquitecto. Vivió en Córdo- 
ba de donde acaso sería natural, y dejó como única obra 
conocida, la iglesia del convento de San Pedro Alcántara, 
que no hizo con modelos propios sino por las trazas de Luis 
de Rojas, arquitecto de la ciudad. La primera piedra de es- 
ta obra fué puesta por el canónigo don Gabriel Duarte el 9 
de Marzo de 1690, y se acabó la iglesia el 14 de Noviembre 
de 1696. El costo de toda ella^ incluso los mármoles para el 
retablo, fué de 31.000 ducados. 

(Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 

Reyes (Gerónimo de los): grabador. En 1748, don Juan 



225 

Galindo y Morales, hermano mayor de la congregación de 
San Eloy, le pagó doce reales por la lámina que abrió á bu- 
ril de las armas de la ciudad para las ordenanzas de la con- 
gregación que se estaban imprimiendo. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Ríos (Don Demetrio de los): arquitecto. Nació en 
Baena en el primer tercio del siglo actual, y fué hijo del 
escultor don José y de doña Carmen Serrano. Dirigió las 
obras de las catedrales de Sevilla y León, y murió en Se- 
villa en 1891. 

Ríos y Serrano (Don José de los): escultor. Nació en 
Baena el año 1792 en donde recibió su primera educación 
que abandonó joven, por alistarse de voluntario al servicio 
de las armas y combatir á los enemigos de la patria en la fa- 
mosa guerra de la Independencia. En este concepto asistió 
á varios hechos de armas, entre ellos la batalla de Bailen, 
en donde recibió, digámoslo así, su bautismo para otras lu- 
chas más azarosas en que tuvo que intervenir más tarde. 
Vuelto al hogar paterno reanudó sus estudios en las clases 
que la Sociedad Económica de Amigos del Pais de Baena, 
tenia establecidas, y estudió matemáticas y dibujo, distin- 
guiéndose siempre con honrosas calificaciones de sus profe- 
sores, y sobresaliendo en la escultura á la que desde luego 
mostró decidida afición. 

Muy joven aún contrajo matrimonio en su patria con su 
paisana la bella y virtuosa doña Carmen Serrano y Padilla, 
de la que le nacieron siete hijos, todos naturales de Baena, y 
de los que han llegado á figurar tres, ó sean don Diego Ma- 
nuel, doctor, académico y catedrático del Instituto de se- 
gunda enseñanza de Granada. Don José Amador, notabilísi- I 

I 
mo escritor de quien en su día nos ocuparemos extensamen- 

ToMo CVII. 15 



226 

ie, y don Demetrio, como sus hermanos, catedrático, acadé- 
mico y ademas arquitecto que en estos momentos dirige las 
obras de la magnifica catedral de León, y á cuya galantería 
debemos muchos de estos datos biográficos. 

En este periodo de su vida hizo muchas obras notables y 
entre ellas la estatua de la beata Juana de Aza, que se ve- 
nera en Hinojosa. También entonces figuró en política en 
el partido liberal llamado negro, por lo que fué perseguido 
hasta el extremo de que diariamente se le apedreara la casa, 
y de que un dia en el año 1828 le incendiaran su vivienda 
y lo arcabucearan hiriéndolo gravemente. Una de las balas 
se le implantó en el brazo derecho, sin que fuera posible la 
extracción; pero cicatrizando la herida y quedando el plomo 
dentro hasta que la muerte destruyó los testigos que lo 
guardaban. 

Huyendo de esta persecución incesante, en el referido 
año 28 se trasladó á Córdoba con su familia, donde creyó 
encontrar reposo y trabajo; pero la fatalidad perseguía á 
nuestro artista, y lejos de hallar paz y sosiego, dio con su 
cuerpo en una prisión, y sólo le aprovechó su estancia en 
Córdoba para que sus referidos tres hijos cursaran la filoso- 
fía en el colegio de San Pelaglo, hoy seminario conciliar. 

Ignoramos cómo salió de la cárcel. Sólo sabemos que fu- 
gitivo siempre se trasladó á Madrid, y allí halló acogida en 
Fernando VII, que le dio trabajo en los sitios reales y le dis- 
tinguió personalmente, gustando de hablar con él cuando 
alguna vez visitaba las obras en que Ríos se ocupaba. En 
Madrid trató nuestro escultor de perfeccionar sus conoci- 
imientos artísticos, trabajando de dia en los talleres de don 
Francisco Elias y don José Tomás, y de noche asistiendo á 
las cátedras de la Academia de San Fernando, y dejó re- 
cuerdos suyos en muchos frontones y banquillos de edificios 
y funciones nacionales, y en las esculturillas del plano de 



227 

Madrid. También ayudó á la restauración de las fuentes de 
la Granja, y á la escultura de la bonita fuente que estuvo 
en la Red de San Luis, y que hace pocos años ha sido trasla- 
dada á otro sitio. 

Mientras esto ocurría había estallado la guerra civil; sus 
hijos acudieron á los campos de batalla, y él no teniendo tra- 
bajo, tuvo que aceptar un destino en Sevilla, donde duró muy 
poco. Entonces pensó en emprender la carrera de ayudante 
de caminos, y poniendo por obra su idea, después de exáme- 
nes bastante rigorosos obtuvo plaza que desempeñó en An- 
dújar, Vinaroz, Castellón y Madrid, en donde fué director 
de los talleres de la Escuela especial de Ingenieros de cami- 
nos, canales y puertos. 

Al suprimirse estos talleres, no creyéndose por sus mu- 
chos años en condiciones de continuar la carrera de obras 
públicas, volvió á ser escultor en absoluto, por más que 
nunca habia abandonado por completo la predilecta arte de 
la que habia dado muestras en Castellón y Madrid, escul- 
piendo Cristos, género á que era muy dado. Entonces pen- 
só en hacer oposiciones á una cátedra en que ya sus tres hijos 
figuraban, y efectivamente, á los 62 años de su edad ganó 
la de escultura de la Escuela de Bellas Artes de Valladolid, 
no tomando posesión de ella, porque víctima de cruel en- 
fermedad, y cuando se preparaba para ir á Valladolid, 
.se lo atajó la muerte en 1855, mientras estaba ocupado en 
esculpir el niño de un San Antonio que dedicaba como re- 
cuerdo de su amistad, al ministro don Antonio Benavides, á 
la sazón director de la Real Academia de la Historia. 

Don José de los Ríos, que nunca pasó de ser un escultor 
rmediano, pudo llegar á ser una notabilidad; pero ni en Bae- 
na ni en Córdoba tuvo maestros notables ni grandes mode- 
los que imitar, y aun en Madrid mismo los escultores que 
entonces figuraban y fueron sus maestros, no estaban A esa 



228 

altura esplendente en donde se parecen los grandes ar- 
tistas. 

Sus dhras públicas que sepamos, son las siguientes: 

CóEDOBA. — Convento del Corpus. 

Estatua de la beata Juana de Aza, que está en el coro ba- 
jo y antes estuvo en un altar de la iglesia de San Pablo. 

Ídem. — Santa Cruz. 

Virgen del Mayor Dolor (es su mejor obra), hecha de unos 
cipreses muy corpulentos que había delante del hospital de 
San Juan de Dios, por encargo del Mariscal de Campo don 
Fadrique Bernuy y Bartha, marqués de Campo Alegre, á 
instancias de una su cuñada, abadesa del convento, llama- 
da Sóror Carmen Aguayo. Esta obra fué hecha en 1837 y 
hay de ella un grabado. 

HiNOJOSA. — Parroquia. 

Imagen de la beata Juana de Aza. 

En varias iglesias de Baena hay también estatuas suyas 
que ignoramos lo que representan. 

{Noticias de don Demetrio de los Rios. 
— Ramírez de Arellano, don Teodomiro). 

Rivas (El duque de): pintor. Véase Saavedra y Ra- 
mírez de Baquedano (Don Ángel). 

Rodrig^uez (Agustín): pintor y escultor, natural de 
Córdoba. Don José Saló conservaba varias esculturas suyas 
en barro, las que hacia Rodríguez de muy avanzada edad 
para socorrerse porque estaba muy pobre. Eran unos mode- 
litos de barro, hechos con mucha gracia sin que en ellos so 



229 

vea la endeblez de la edad y de los achaques. También te- 
nia un vaciado de la mano de este artista. 

Según datos suministrados por el señor Saló á don Teo- 
domiro Ramírez de Arellano, vivió Rodríguez á principios 
de este siglo, y murió en una casa de la calle del Amparo; 
pero no hemos encontrado en los libros parroquiales del Sa- 
grario nada referente á él. Además, por el carácter de las 
esculturillas citadas, de las que hay un San Antonio Abad 
en el Museo provincial, nos parece del siglo XVIII á sus co- 
mienzos, y no de la época actual. 

Rodríguez (Pedro): dibujante ó pintor. Encontramos 
dibujados por él y tal vez de su invención, los grabados si- 
guientes: San Rodrigo y San Salomón; la entrega de las lla- 
ves de Córdoba á San Fernando; San Pelagio y San Sancho, 
en 1749. Santa Renilde, San Zoilo, religiosas mártires de 
Córdoba, San Acisclo y Santa Victoria en 1748. Las santas 
Flora y Maria en 1749. En esta dice que es cordobés. Todas 
ellas están dedicadas á diferentes personas y grabadas por 
Juan Diez y por Nicolás Carrasco. 

(Colección de estampas del autor) 

Rojas (Luis de): arquitecto que desempeñaba el cargo 
de maestro mayor en la ciudad de Córdoba en 1685. En el 
año anterior, una gran avenida del Guadalquivir se llevó 
dos arcos del puente llamado de Julio César, y por encargo 
del corregidor don Francisco Ronquillo, hizo Rojas en el 
año 85 la reconstrucción de los mismos, empezando la obra 
el 8 de Septiembre y acabándola en Junio del 86. También 
hizo por esta época las trazas para el convento, la iglesia y 
el retablo de San Pedro Alcántara, dándose principio á la 
obra en 1690 y encargándose de la construcción el arqui- 
tecto Baltasar de los Reyes, como hemos dicho en su artícu- 



230 

lo; y como quiera que no volvemos á tener noticias de Rojas, 
nos es permitido suponer que morirla antes del 9 de Marzo 
en que se empezó á construir dicha iglesia. 

(Anales de Martin López Rubio. MS). 

Román (Antonio): llamado el menor; maestro de obras. 
Fué vecino, y no sabemos si hijo, de Puente Genil, donde, 
en unión del maestro de Ecija Lorenzo Arroyo y Palomo, 
construyó, de 1731 á 1736, la capilla de Animas de la 
iglesia parroquial de la Purificación, por dibujos que desde 
Madrid habia remitido el duque de Medinaceli. 

(Apuntes históricos de la villa de Puen- 
te Genil). 

Román (José): maestro de obras. Vecino, como el ante- 
rior, de Puente Genil, en donde en 1828 dirigió la construC' 
cion de la torre de la parroquial de la Purificación. 

{Apuntes históricos de la villa de Puen- 
te Genil). 

Romano (Don Antonio): platero cordobés, cuyo maes- 
tro se ignora. Para su aprobación, verificada el dia 1.*^ de 
Julio de 1759, presentó varias piezas de una Custodia 
que estaba haciendo en el obrador de don Fausto Jiménez 
de Acuña. 

{Archivo del Colegio de plateros) . 

Romero (Don Juan): platero cordobés. Fué autorizado 
por los examinadores de la Congregación de plateros par» 
abrir taller, en vista del examen que sufrió el 21 de Junio 
de 1716, al que presentó, como prueba de su habilidad, un. 
remate de plata de unas andas. 

{Archivo del Colegio de plateros). 



231 

Romero (Luis Félix): escultor. En 20 de Junio de 1782 
se le pagaron 320 reales por la restauración de la escultura 
de San Eloy de la Congregación de plateros, y por el dorado 
de la peana del mismo santo. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Rossel (Juan Manuel de la): pintor. En San Pablo de 
Córdoba, en la sacristía, hay un retrato del beato Posadas, 
bastante mediano, que está firmado así: Juan Manuel de la 
Rossel, fecit. Probablemente seria un fraile y no cordobéS;, 
dado el apellido nada español. 

Ruano (Francisco): arquitecto. En 1753 le pagó el 
Ayuntamiento de Córdoba 17.586 reales por los reparos de 
la cortina y murallon por bajo del puente de esta ciudad, y 
la composición de los puentes de Ravanales, Miel y Viejo, 
cuyas obras se hicieron de orden del Marqués de la Ense- 
nada. 

{Archivo del Ayuntamiento). 

Rufo (Don Luis): pintor y escritor desconocido de Cean 
Bermudez. Nació en Córdoba el año 1581 y fué hijo del 
poeta don Juan Rufo Gutiérrez. Estudió la pintura en Roma, 
y á tal altura llegó su adelanto en el arte, que compitió con 
Miguel Ángel Amerighi de Caravaggio, á quien venció en 
una apuesta pintando una cabeza de mucho rumbo y capri- 
cho, según dice Vaca de Alfaro, y ganando además de la 
honra una gruesa cantidad de oro que iba apostada. Esta 
cabeza vino á Córdoba y se colocó en la iglesia de San Pe- 
dro junto á la pila bautismal, de donde habia desaparecida 
ya cuando el doctor Vaca de Alfaro escribió su obra inédi- 
ta, titulada Grandezas de Córdoba. Tampoco existe ya la 
lápida de mármol cárdeno bajo la que fué sepultado Rufo el 



232 

18 de Mayo de 1653, en que murió, y en donde él mismo 
hizo grabar esta leyenda: 

«Un Pater noster y más agua bendita, por amor de Dios, 
me deis.» El señor Ramirez de las Casas Deza se equivoca, 
al decir que la muerte ocurrió en Marzo, pues en la partida 
de defunción que se halla al folio 380, del libro 1." de de- 
funciones de la parroquia de San Pedro, dice maiio. Por 
la misma partida consta que estaba divorciado de su mu- 
jer, y el señor Eamirez añade que testó ante Juan de Je- 
rez, ¿e 1650 á 1653, y que vivia en la calle de la Puerta 
Nueva. 

La cabeza citada debió desaparecer hacia 1680, puesto 
que el 82 escribía Vaca de Alfaro su desaparición, haciendo 
poco tiempo que la habia visto. 

Muchos años se ha tenido por perdido un libro que pose- 
yó el doctor Vaca, escrito por don Luis Rufo; pero hace al- 
gunos que don José Maria Sbarbi tuvo la suerte de encon- 
trarlo en un baratillo en Madrid, y habiéndolo adquirido, 
lo publicó, primero en el periódico El Averiguador univer- 
sal, de que era director, y después en un volumen en 12.°, 
cuya portada es la siguiente: «Las quinientas apotegmas, de 
don Luis Rufo, hijo de don Juan Rufo, jurado de Córdoba, 
dirigidas al Príncipe nuestro Señor. (Siglo XVII). Ahora 
por primera vez publicado. Madrid. Imprenta de Alejandro 
Gómez Fuentenebro. Bordadores, 10, 1882.» 

Consta de XXXII páginas de preliminares, 158 de texto 
y una hoja para colofón y marca del impresor. El Príncipe 
á quien la obra está dedicada es, según la opinión del señor 
Sbarbi, don Baltasar Carlos, y aunque en la portada dice 
quinientas apotegmas, éstas no son más que 454. Por algu- 
nas de ellas se puede descubrir algo, muy poco, de la vida 
del autor, que se reduce á saber que en 1616, el Principe 
Filiberto de Saboya ocupaba á Rufo, «ya con la pluma, ya 



233 

•con el pincel,» por lo que le regaló un caballo. Esto consta 
■del apotegma número 1.® Del 27 se colige que Rufo debió 
«scribir, ó pensar escribir, una historia del Príncipe Fili- 
berto, toda vez que viendo un caballero que delante del re- 
trato del Príncipe, decía: «Brava cosa es la crueldad con que 
«1 tiempo lo consume todo, pues no basta contra él armadura 
fuerte ni muros de metal,» respondió Rufo: 

Con una espada de pluma 
y un escudo de papel, 
haré que el tiempo cruel 
una tilde no consuma 
de las proezas de aquél. 

El libro está escrito en prosa con algunos versos interca- 
lados. Trae también dos hermosas poesías de Juan Rufo 
Gutiérrez. De Luis Rufo se conserva un soneto laudatorio 
en la obra titulada: «Doctrina phísica y moral de prínci- 
pes traducido del arábigo en castellano por Francisco 

de Gurmendi. Madrid. 1615. Allí se le pone el segundo 
apellido Carrillo. 

( Vaca de Al faro . — Sbarbi . — Eamirez 
Casas Deza). 

Ruiz (Bartolomé): pintor. En la galería de cuadros de 
los herederos del deán Cepero en Sevilla, existia hace po- 
cos años una hermosa tabla firmada en 1450 por Bartolomé 
Ruiz, y que representaba el entierro de Cristo. Este pintor 
era desconocido de Cean Bermudez, toda vez que no puede 
atribuirse una pintura con todos los caracteres del siglo XV 
al Ruiz César que trae Cean como residente en Sevilla á 
fines del siglo XVII. La razón que tenemos para poner aquí 
-este pintor, es el habernos manifestado los dueños de la ta- 
bla en cuestión, que ésta había sido adquirida en Córdoba, 



234 

en una casa de las de antigua nobleza. Tal vez esto mismo 
haya movido al señor Tubino para anotar como pintor cor- 
dobés á Euiz en la biografía del racionero Pablo de Cés- 
pedes. 

Ruiz (Fkancisco): maestro de obras que informó sobre 
el sepulcro de los mártires del convento de este nombre en 
Córdoba (asegurando ser obra de godos), en la justificación 
que se hizo para probar que el cuerpo de San Acisclo no 
estaba en San Pedro. 

{Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 

Ruiz (Hernán): arquitecto. Nació en Córdoba y fué hijo 
de Hernán Ruiz, natural de Burgos, que empezó la obra del 
crucero de la catedral cordobesa, y murió en 1547. Es de 
suponer que estudiara el arte con su padre, á quien susti- 
tuyó en la dirección de la citada obra, continuándola hasta 
1571 en que deja de nombrársele en las actas capitulares y 
cuentas de la fábrica. En 1544 antes de la muerte de su pa- 
dre, trabajaba ya como arquitecto y estaba encargado de la 
construcción de la torre de la parroquial de Pedroche que 
se concluyó en 1558. En 1550 empezó, por orden de Diego 
de Bernuy, el puente de Benameji en el que se lee esta ins- 
cripción: 

«Diego de Bernuy, regidor de Burgos, pobló á Benameji 
y edificó este puente á su costa, año de 1556.» 

Esta fecha es de la terminación del puente. 

En 1556 pasó á Málaga á examinar con otros arquitectos 
el plan del coro de aquella catedral. 

En Sevilla parece durante muchos años nuestro artista 
jugando un papel importante, y hé aquí lo que sobre éste 
hemos podido averiguar. 

En 1551 informó en unión de Gaspar de la Vega, Fran- 



235 

cisco Rodríguez Cumplido y Juan Sánchez, sobre las obras 
de la capilla real trazada por Martín de Gainza, aprobando 
el proyecto en todas sus partes. 

En 1557 á 14 de Diciembre, volvió á informar con An- 
drés de Valdevira, Francisco del Castillo, Juan de Xea, 
Luis Machueca, Pedro del Campo, Diego de Vergara y Mi- 
guel Guaza sobre el sentimiento que habia hecho la obra de 
la capilla real y el modo que había de emplearse para cer- 
rarla y concluirla. 

Al año siguiente de 1558 á 5 de Enero estaba aun en Se- 
villa, y el cabildo Catedral acordó que se aprobaran las tra- 
zas para cerrar la capilla real y elevar la torre de la iglesia 
metropolitana, encargando de las obras á Hernán Ruiz y 
dándole licencia para ir á Córdoba por su mujer é hijos y 
permanecer allí hasta Carnestolendas. 

Por este tiempo escribió una relación sobre el modo con 
que habia de construirse el aumento de la torre, para satis- 
facer á los que á ello se oponían, según consta por un papel 
impreso en Sevilla sin año ni autor en casa de Josef Padri- 
no, intitulado así: «Preguntas que hace un geógrafo á un 
artífice arquitecto sobre si los edificios de ladrillos son más 
permanentes que los fabricados de piedra, y si las barras 
de hierro son perjudiciales en las fábricas de ladrillos. 

Dice, pues, este papel hablando de la torre de Sevilla: 
«Jamás le aplicaron cinchos de hierro por tenerlos bien dis- 
puestos y prevenidos en lo oculto de su centro al tiempo, y 
cuando se fabricó, como me acuerdo haber leído y constaba 
por relación del célebre Hernán Ruiz, que la fabricó de 
campanas arriba, cuyos manuscritos estaban en la librería 
del Excmo. Sr. Duque de Alcalá, siendo su archivista en 
esta ciudad D. Josef Izquierdo.» 

En 1558, á 17 de Junio, los patronos del hospital de la 
Sangre, nombraron á Ruiz maestro mayor de su obra, con 



236 

él salario anual de 15.000 maravedís por muerte de Martín 
de Gainza, y en 1560 lo comisionaron para ir á Portugal 
por la piedra de la portada de la iglesia que habia de hacer- 
se por planos y bajo la dirección de Hernán Kuiz. 

Durante todo este tiempo no abandonó las obras de la Ca- 
tedral de Córdoba, y en prueba de ello el cabildo le mandó 
regalar en distintas ocasiones seis pares de gallinas, y en 
1570 á 7 de Mayo se mandó pagarle lo que se le debia. 

En este periodo vemos también que el cabildo de Córdo- 
ba, á 19 de Mayo de 1564, diputó al Arcediano de Pedro- 
che, Francisco Morales de Riaza y al licenciado Pinelo, ra- 
cionero, para que vayan con Ruiz y traten con el Obispo 
don Cristóbal de Rojas Sandoval de los sentimientos que la 
obra del crucero habia hecho. 

Finalmente, en 15 de Noviembre de 1570, el cabildo dis- 
putó al deán don Francisco Pacheco y al racionero Pedro 
de Sepúlveda «para que señalen la satisfacción que se dará 
á Fernán Ruiz, maestro mayor y á las otras personas que 
se han ocupado y trabajado en el negocio de las aceñas de 
San Julián en el tiempo que en esta ciudad ha estado el se- 
ñor licenciado Diego de Castrejon, del Consejo de órdenes 
sobre dicho negocio», y en 28 de Diciembre del mismo año 
«el señor don Ruy Pérez Murillo, propuso en cabildo que de 
la corte hablan escrito al licenciado Illanes, cómo Benito 
Morales, maestro de las aceñas de Martes, habia ido allá á 
informar en el poco daño que las dichas aceñas hacían á las 
de San Julián: que convendría que Fernán Ruiz, maestro 
mayor de esta santa iglesia, fuese á hacer lo mismo por 
parte del cabildo. Visto por el cabildo ser cosa que conve- 
nia su ida votaron neniine discrepante, que vaya; y come- 
tieron al señor chantre comunique con él, y concierte el 
salario. 

Que el viaje se verificó, se prueba con las siguientes pa- 



237 

labras del acta capitular de 31 de Enero de 1571. «Leyóse 
una carta de Fernán Ruiz, maestro mayor estante en corte 
por el cabildo, y determinaron se suplique al señor Obispo, 
nuestro prelado, escriba á la corte suplicando por la breve- 
dad de la causa^ á causa de los muchos gastos que tiene; y 
cometieron á los señores diputados de hacienda que respon- 
dan al dicho Fernán Ruiz, y le encarguen se dé priesa en 
el despacharse con brevedad». 

Después de esta fecha no se encuentra en Córdoba noticia 
del arquitecto Ruiz, y sólo en Sevilla hallamos la de su 
muerte acaecida en 1583. 

Hernán Ruiz fué un artista de la decadencia del renaci- 
miento, y ninguna de sus obras es de las que pueden poner- 
se en primera línea, entre las muchas bellísimas que pro- 
dujo en España el siglo XVI. 

{Llaguno y adiciones de Cean. — Archi- 
vo de la Catedral de Córdoba). 

Ruiz (Hernán) arquitecto, natural de Córdoba é hijo del 
anterior. Fué maestro de la Catedral de su patria por los 
años de 1583. El Obispo don Antonio de Pazos lo despidió 
no se sabe por qué causa, y el cabildo, en 1586, se negó á 
satisfacerle cierta cantidad que reclamó como deuda en 17 
do Julio. Después fué vuelto á admitir en las obras de la 
Catedral, puesto que en 1593 hizo la traza de la torre, y en 
las actas capitulares se le llama maestro mayor. Este proyec- 
to tristemente célebre, pues envolvía la destrucción de la an- 
tiguaasstíwwadelamezquita, aumentábala altura de la torre 
en 120 pies sobre los 105 que ya tenia, robusteciendo para 
ello los muros por su parte exterior desde los cimientos has- 
ta la altura de 60 pies. Para la aprobación de este plan fue- 
ron llamados Asensio de Maeda, Juan de Ochoa y Juan Co- 
ronado, los dos últimos vecinos de Córdoba; y aprobado 



238 

que fué, se encargó de la obra Ruiz, siguiéndola hasta 1604 
en que murió. La obra se terminó en 1664 por Juan Fran- 
cisco Hidalgo. 

(Llaguno y adiciones de Cean. — Archi- 
vo de la Catedral). 

Ruiz (Juan): pintor cordobés del primer tercio del si- 
glo actual. Su grandísima fama proviene de haber estro- 
peado, repintándolos de detestable manera, cuantos cua- 
dros cayeron en sus manos, de buenos autores, y entre ellos, 
las pinturas de Alfaro del monumento de Semana Santa de 
la Catedral de Córdoba. 

Ruiz (Juan), llamado el Vandalino: platero. Nació en 
Córdoba y fué discípulo del famoso Enrique de Arfe, según 
asegura Juan de Arfe en su obra De varia conmesuracion, 
añadiendo que «fué el primero que torneó la plata en Espa- 
ña y dio forma á las piezas de vajilla, y enseñó á labrar 
bien en toda Andalucía,» y por lo tanto, habla de él como 
de artista que vivió hace tiempo y cuya enseñanza era an- 
terior á la época del escritor. 

No se encuentra su nombre en ningún libro ni documento 
del arte de platería de Córdoba, y por lo tanto, sólo dare- 
mos noticias conocidas anteriormente. En 1533 se obli- 
gó á hacer la Custodia de la Catedral de Jaén de 400 mar- 
cos de plata, de gusto plateresco. Es una obra magnífica 
que puede competir, sin desventaja, con las famosas de 
Córdoba y Toledo. Consta de seis cuerpos, distribuidos ga- 
llardamente en dos varas y media de altura y cuajada toda 
de preciosas figurillas y adornos del mejor gusto. Tardó en 
su construcción cuatro años. Después de ésta hizo la Custo- 
dia de la Catedral de Baza, y cuando estaba trabajando en la 
de San Pablo de Sevilla murió en esta ciudad. 

{Cean.— Llaguno. — Jimena.) 



239 

Ruiz de León (Antonio): platero cordobés. Fué apro- 
bado para el comercio de platería y abrir taller, por los exa- 
minadores de la Cofradía de San Eloy de Córdoba en 13 de 
Junio de 1683, en vista de un sol de Custodia que presentó, 
como muestra de su habilidad y maestría. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Ruiz Rey (Don José Antonio): pintor y escultor. Na- 
ció eu Puente Genil el 24 de Septiembre de 1695, y fué hi- 
jo de don Bartolomé Ruiz Nieto y de doña Mencía de Calvez 
y Rey. Estudió filosofía en Córdoba, donde al propio tiem- 
po se dedicaba á aprender dibujo, y habiendo mostrado 
felices disposiciones para la pintura, le enviaron sus padres 
á, Granada á estudiarla, sin que se sepa quién fué allí su 
maestro, por más que se sabe que éste lo llevó consigo á 
Jerez para ayudarle en la pintura de algunos cuadros que 
hizo en la Cartuja. 

Vuelto á su patria, la primera noticia que de él se en- 
cuentra, es haber dorado y estofado en 1715 la estatua de 
la Concepción, que hizo don Pedro Duque Cornejo por en- 
cargo de don Teodomiro Flores para la ermita de la Con- 
cepción, obra que hoy está en la parroquia, y en 1731 lo 
hallamos restaurando la estatua de San Pedro en la parro- 
quia de la Purificación del mismo pueblo. Hasta 1646 no lo 
encontramos ocupado en obra propia. Entonces hizo la esta- 
tua de San José, que está en la parroquia, y en 1749 se ocu- 
pa, con otros vecinos suyos, en pedir limosna para costear 
el altar del Carmen de la citada iglesia, en el que hoy se 
venera á San Miguel. 

Estuvo en Córdoba algún tiempo ayudando á Cornejo en 
los dibujos de la sillería del coro de la Catedral, y en 25 de 
Octubre de 1767, murió en su patria y fué enterrado en la 
parroquial de la Purificación. 



240 

En Puente Genil se señalan como pinturas suyas las qu© 
hay al fresco en el camarín de Jesús en su ermita. Las del 
retablo de San Judas Tadeo en la Victoria, y algunas 
otras. 

{Apuntes históricos de la villa de Puente 
Genil). 



241 



S 



Saavedra y Ramírez de Baquedano (Don ángel): 
Duque de Rivas. Pintor. Osorio y Bernard le llama don Án- 
gel Ramírez de Saavedra. Nació en Córdoba en 1791 en su 
casa solariega de la plazuela de Santa Ana y que hoy lleva 
su nombre, y fué discípulo en el dibujo del escultor Verdi- 
guier. Sus obras pictóricas más notables son: Apoteosis de 
los más renombrados hijos de Córdoba (1814), Hernán Cor- 
tés, San Hermenegildo, recibiendo el martirio, y Caida de 
Luzbel (1815), Triunfo de Judit (1856), El Salvador (1829), 
La Virgen de la Rosa (1846), Adán y Eva (1821), la histo- 
ria de Susana , varios lienzos (1846), Conversión de la 
Samaritana (1843), El niño Dios (1846), Santas Justa y 
Rufina (1847), Sócrates aleccionando á Alcibiades (1819), 
un hermafrodita (1822), Cupido (1829). Estos cita Amador 
de los Ríos. En 1843 presentó en la Exposición déla Acade- 
mia de San Fernando floreros y retratos. En la de 1851, un 
frutero, y en la de 1856 el retrato de Martínez de la Rosa, 
y la Judit su mejor cuadro, hoy en poder de su hija la 
marquesa de Aranda, y que pintó en 1846. 

El duque de Rivas era un pintor estimable: su gran im- 
portancia está en otra parte, y bajo este punto de vista 
nos limitamos aquí á anotar su nombre, dejando su bio- 
grafía para cuando en otra obra como la presente, tracemos 
las de los escritores y poetas que la provincia de Córdoba 
ha producido. 

Said-ben-Ayyab: arquitecto árabe que trabajó en la 
Tomo CVII. 16 



242 

Mezquita de Córdoba, según consta de una inscripción que 
está en el patio de aquella, y que traducida por el señor 
Gayangos, dice así: 

«En el nombre de Dios piadoso de piedad, mandó el sier- 
vo de Alah, Abde-r-rahman-amir-al-momenin An-nasir-lidi- 
nillah, alargue Dios su permanencia en la tierra, edificar 
•esta pared exterior y afirmar sus cimientos, y esto lo hizo en 
honra de Alah y de su santa religión, y para la conservación 
de las señales de su profecía la cual permitió fuese ensalzada 
y mencionada juntamente con su nombre: esperando que la 
obra sea aceptable á Dios, y cuantiosos socorros de su mag- 
nificencia, juntamente con gloria permanente y alto renom- 
bre, y se acabó la obra con ayuda de Alah, en la luna Dzi-I- 
hecha del año 346 (Enero ó Febrero de 958), por manos de 
su liberto y guacir... Abdallah-ben-Batu. Lo hizo Said-ben 
Ayyab.» 

Saló y Junquet (Don José): pintor, escultor y músico. 
Este artista no es cordobés, pero como aquí profesó la pin- 
tura y ha dejado obras, y su nombre aunque conservado en 
una discretísima necrología por don Francisco de Borja 
Pavón, no se contiene en ningún libro, lo admitimos en 
esta obra por el temor no infundado de que se llegara á 
perder. 

No era artista de gran vuelo, y si dibujaba bien, su ma- 
nera era nimia y apocada, su color carminoso y completa- 
mente falso, y su composición falta de originalidad. Sólo era 
bueno como miniaturista y como restaurador. Dicho esto, 
que se podrá comprobar viendo un lienzo de la Trinidad en 
la Catedral en la capilla de este nombre, el del Espíritu 
Santo en la capilla de los Simancas del mismo templo, acaso 
su mejor pintura, y los retratos del Obispo Trevilla en la 
«oleccion del palacio episcopal, de Muñoz Capilla, en la Acá- 



243 

demia general de ciencias, bellas letras y nobles artes:- del, 
general Armero y de don Mariano Esquivel, en el Instituto 
de segunda enseñanza, pasemos á ocuparnos ligeramente 
«n sus noticias biográficas. 

Nació Saló en Mataró, y no en Barcelona como dice el se- 
ñor Pavón, el 24 de Noviembre de 1810, y fué hijo de don 
Jaime, cirujano militar, y de doña Micaela. La carrera de 
SM padre lo condujo á Lucena, donde por los años de 1822 á 
1823 fué discípulo en la pintura de don Francisco López. 
En 1827, y con objeto de completar su educación artística 
«e trasladó á Barcelona con su tío don Jaime Sauronia, pro- 
fesor de música y escolanet de Monserrat. Entonces apren- 
dió á tocar el violín bajo la dirección de su tio, algo de es- 
<5ultura con don Damián Campeñy, y teniendo por profesor 
de pintura á don Salvador Mayol, que eran los profesores 
de la Academia de Bellas Artes de Barcelona, sostenida por 
el consulado de comercio, y además aprendió á hacer minia- 
turas bajo la dirección de don Adriano Ferrant. En este 
centro ganó algunos premios, entre ellos uno especial con 
gratificación aneja á la clase de «flores naturales». 

Vuelto á Córdoba, y escasa de recursos su familia, que á 
la sazón vivia en Priego, tuvo que pensar el joven artista 
en buscar los medios de subsistencia, empezando por dejar 
oir su violin en la orquesta del teatro y en algunas casas 
particulares, y á poco se dio á conocer como pintor en una 
decoración de casa pobre para el teatro, y después en una 
alegoría de la farmacia para la botica de don J^'rancisco de 
Paula Furriel. Dedicóse también á hacer retratos en minia- 
tura y al óleo, y como el de don José Paroldo^ hecho eii 
1831, resultara muy parecido, empezó á aumentar la fama 
de Saló, dándose el caso de que en el año 40 llevaba pintado 
más de 600 retratos de miniatura. Pintó por entonces los cua- 
dros que llevamos anotados muchos más para particulares de 



244 

Córdoba y la provincia, y el cuadro de ánimas de la parro- 
quia de Adamuz. También se dedicó á formar la notabilísima 
colección de pinturas, esculturas, dibujos, antigüedades y 
tedo género de cosas curiosas, que dejó y se deshizo á su 
muerte, y de la que el Museo provincial ha recogido mu- 
chas cosas interesantes. En la obra de nuestro querido pa- 
dre don Teodomiro Ramírez de Arellano, titulada Paseos 
por Córdoba, encontrará el lector curioso extensa noticia 
de la colección citada. 

El señor Saló presentó en la Exposición celebrada en Cór- 
doba, por el casino industrial en 1868, una Santa Cecilia al 
óleo, y en la de Bellas Artes celebrada por el Círculo de la 
Amistad en 1872, una cabeza de escultura de un sacerdote 
griego, obteniendo como premio en este último concurso, 
una trinitaria de oro. 

Desempeñó por muerte de don Diego Monroy la cátedra 
de dibujo del Instituto provincial, conservándola hasta su 
muerte; también fué durante muchos años conservador del 
Museo provincial, y director y catedrático de la escuela de 
Bellas Artes, é individuo de la Comisión y monumentos, 
como correspondiente de la Real Academia de San Fer- 
nando. 

Casó dos veces, la primera ignoramos con quién: sólo 
sabemos que de aquel matrimonio le nació su hijo don Ni- 
colás, pintor, cuya biografía encontrará el lector en este 
libro, y la segunda con doña Teresa Jiménez y Moreno, 
que le sobrevive. 

Vivía en 1877 en la casa número 20 de la calle de Are- 
nillas, y habiendo ido el día 3 de Septiembre á visitar á un 
su amigo en la calle de Jesús María, fué acometido de una 
hemorragia cerebral que en breves momentos le quitó la 
vida. Había testado ante el notario don Manuel Barranco y 
López, y se le dio sepultura en el cementerio de la Salud,^ 



245 

Se conservan retratos suyos de fotografía, de los que po- 
seemos uno y lo publicaremos en la Teonografía cordobesa 
que preparamos. 

{Pavón. — Ramírez de Avellano, don 
Teodomiro. — Libros parroquiales de la 
Magdalena) . 

Saló y Prieto (Don Nicolás): pintor. Nació en Córdo- 
ba el 30 de Mayo de 1834, y fué hijo de don José, de quien 
fué discípulo hasta que se trasladó á Madrid, y estudió en 
la Academia de San Fernando y bajo la dirección particu- 
lar de don Federico Madrazo. Grandes esperanzas alentaban 
al joven Saló, cuando á los veinte años de su edad falleció 
en Madrid el 22 de Mayo de 1854. En Córdoba se conser- 
van de su mano un retrato del racionero Pablo de Céspedes 
en la Academia de ciencias, bellas letras y nobles artes, 
y un San Juan Bautista, copia de Castillo, en un altar 
de la parroquia de Santa Marina. Su padre poseía un San 
Rafael, primero y único original de su malogrado hijo, pin- 
rtura bastante apreciable para la edad á que la ejecutó. 

Sánchez (José): grabador de láminas, natural de Cór- 
doba. En 1804 grabó en Córdoba y dedicó al marqués de 
Villaverde una estampa de la Virgen de la Esperanza que 
se venera en uno de los altares de la nave del Evangelio de 
la parroquia de San Pedro en esta ciudad. En 1815 hizo 
otra de la Virgen de los Baños que se venera en la parro- 
quia de Fuencaliente, y probablemente será suya la de la 
Virgen de las Huertas ó de Cuteclara, que estaba en el con- 
vento de la Victoria en Córdoba, pero esta estampa aunque 
está fechada no tiene nombre de autor. Parece de la misma 
mano la del Eccehomo del arquito real que hoy está en la 
Compañía, del que la estampa tiene la fecha de 1827. Hay 



246 

también suya firmada una Santa Coleta, copia de la estatua 
que está en el convento de Capuchinas. Tiene la fecha de 
1824. Estas dos últimas estampas, sin ser muy buenas, son 
bastante mejores que las anteriores. 

(Colección de estampas del autor). 

Sánchez (El señor Martín): platero cordobés. En 27 
de Noviembre de 1578 los veedores, aprobadores, alcaldes 
y hermano mayor de la cofradía de San Eloy de platero» 
de Córdoba, examinaron á este artista y lo aprobaron para 
que abriera obrador y pudiera comerciar en su arte, habien- 
do presentado para su examen una corona de plata que 
había hecho. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Sánchez Izquierdo (Don Juan): platero cordobés. 
En 30 de Julio de 1714 fué examinado este artista, y vista 
por los señores que formaban el tribunal como individuos 
de la sociedad de plateros de Córdoba, que contestaba bien 
á cuantas preguntas se le hacían, y que estaba muy bien he- 
cha una cruz de plata de altar que presentó, fué aprobada 
y autorizado para abrir obrador. 

Del acta de aprobación de Juan de Torres, artífice mazo^ 
ñero, natural de Córdoba y vecino de Ronda, consta que 
Juan Sánchez Izquierdo hizo el frontal, candeleros y de^ 
más objetos del oratorio del Ayuntamiento de Córdoba en 
cuya obra le ayudó el Torres. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Sánchez de Rueda (Don Teodoro): arquitecto que 
construyó en 1723 el retablo mayor de la iglesia de la Com- 
pañía de Jesús. 

(Eamirez de Arellano, don Teodomiro), 



247 

Sánchez de Sandoval (Don Manuel): arquitecto. En 
15 de Junio de 1789 don Francisco Cortés y Luna, hermano 
mayor de la congregación de San Eloy del arte de platería, 
le pagó á este artista 130 reales por la traza del arco que 
se habia de colocar en la calle de la Feria, para celebrar la 
proclamación de Carlos IV. 

{Archivo del Colegio de plateros.) 

Sánchez y Soto (Don Cristóbal): platero. Nació en 
Córdoba sin que se sepa de su padre otra cosa sino que fué- 
platero y tuvo taller abierto. En 7 de Junio de 1755, estan- 
do reunidos en casa del hermano mayor de la congregación 
de San Eloy, don Juan Félix de León y Canales, los veedo- 
res, contraste y examinadores del arte de la platería, se 
presentó nuestro biografiado pidiendo su examen y aproba- 
ción, y manifestando ser natural de Córdoba, discípulo de 
Francisco Galindo y Morales y que había estado dirigiendo, 
como maestro el taller de su padre desde el fallecimiento 
de éste, Mostró, como prueba de su pericia, uní aderezo de 
cruz y brincos de lazo de oro y clavado de esmeraldas, del 
que dijeron los examinadores estar bien hecho y con todo 
primor, en vista de lo cual fué aprobado. 

En 24 de Junio de 1770 fué nombrado por la cofradía de 
San Eloy, veedor, y en 1.** de Julio de 1787 conciliario^ 
cuyo cargo desempeñó hasta 24 de Junio de 1791, en qu& 
lo nombraron alcalde segundo de la hermandad. Después 
desde 24 de Junio de 1793 á igual dia de 1795, desempeñó 
el cargo de hermano mayor con reelección, y en 11 de Ju- 
lio de 1802 volvió á ser nombrado conciliario, perdiéndose 
su memoria desde esta fecha, probablemente por su falleci- 
miento. 

Sánchez Soto nos ha legado una obra importantísima, que 
da testimonio de que el autor era un notabilísimo artista, y 



248 

ella es la urna ó arca en que se guardan en la parroquial 
de San Pedro las reliquias de los mártires cordobeses de los 
periodos romano y árabe. La obi*a costó 62.113 reales y 
8 maravedís, contribuyendo para ello el Dr. don Bartolomé 
Sánchez Feria con el producto de su obra,- titulada Palestra 
Sagrada. Es de buena hechura, de gusto greco romano, 
elegante y correcta de líneas sin las libertades de mal gus- 
to del arte churrigueresco; y las estatuillas que la decoran 
dan á conocer un escultor bastante notable por su buen di- 
bujo y buen gusto en las actitudes, plegados de paños y de- 
más pormenores que las embellecen. Esta obra está firmada 
en esta forma: 

«Siendo pontífice nuestro Illmo. Padre Pío VI: Rey de Es- 
paña Carlos IV: Obispo de Córdoba el Excmo. é Illmo. se- 
ñor don Antonio Caballero: Rector de esta parroquia el señor 
don Juan Tello y Castillejo: hermano mayor don Alfonso Me- 
llado, se hizo este tercer relicario con las limosnas de los 
devotos cordobeses, fabricado por don Cristóbal Sánchez y 
Soto, artífice de platería, natural de esta ciudad, y se con- 
cluyó para el 26 de Noviembre de 1790, en que se celebraba 
la Invención de las sagradas reliquias.» 

(Archivo del Colegio de plateros. — Ra- 
mírez de Avellano, don Teodomiro) . 

Santa Cruz y Zaldua (Don Antonio): platero. Nació 
en Córdoba, y fué bautizado en la parroquia de la Ajerquia, 
el 20 de Septiembre de 1733, siendo su padrino don Martin 
García Vallejo y el rector que lo bautizó don Francisco 
Blanco Mellado de Zea; fueron sus padres don Juan Fran- 
cisco de Santa Cruz y Luque y doña Alejandra María Tere- 
sa de Zaldua y Villareal, naturales de Córdoba. En 6 de 
Junio de 1748 se le autorizó por el gremio de plateros para 
ser admitido de discípulo en cualquier taller donde quisiera 



249 

ingresar, y en 11 de Abril de 1753 fué examinado después 
de estudiar en el obrador de don Juan Dorero, siendo apro- 
bado y presentando como muestra de su habilidad un esqui- 
lón de plata. 

Por encargo de la cofradía de San Eloy, según acuerdo 
tomado el 22 de Octubre de 1768, hizo uua mitra de plata 
para el santo. Esta alhaja se conserva hoy, está muy bien 
trabajada repujada, toda y con un relieve en el centro, que 
representa á la Concepción muy bien heche. Tuvo un hijo 
de su mismo nombre y carrera. 

(Archivo del Colegio de plateros) . 

Santiago Castillejo y Velasco (Juan de): platero 
cordobés, discípulo primero de don Juan de Soldevilla y 
después de don Nicolás Vázquez de la Torre. Para su exa- 
men ante los aprobadores de la Congregación de San Eloy 
4e plateros de Córdoba, para abrir obrador, cuyo acto se 
Teriflcó el día 20 de Junio de 1754, presentó una escultura 
de plata dorada, representando á San Antonio, la que esta- 
ba bien hecha. 

(Archivo del Colegio de plateros) . 

Santísimo Sacramento (Fr. Juan del): pintor y 
escritor. Cean Bermudez y cuantos han escrito la biografía 
de este artista que en el mundo se llamó Juan de Guzman, 
le suponen nacido en la Puente de don Gonzalo, el año 
1611; pero los autores de la obra Apuntes históricos de la 
villa de Puente Genil, don Agustín Pérez de Siles y don 
Antonio Aguilar no han podido hallar la partida de su na- 
cimiento, á pesar de que á la época en que se supone naci- 
do alcanzan los libros parroquiales de aquella villa. Supo- 
nen estos escritores que la partida debería estar al folio 25 
•del libro sexto de bautismos que aparece cortado: pero como 



250 

quiera que hay una nota en el folio 26 que dice: «aunque 
se cortó no falta la hoja,» y además, en los folios anterior y 
posterior se hallan partidas del dia 10 de Julio, en un pue- 
blo escaso de vecindario donde no es fácil que en un dia 
haya bautismos para llenar muchas hojas, nos ha hecho pen- 
sar, que las extendidas al folio cortado estarían repetidas , 
y acaso no fuera ninguna de ellas la del pintor que nos ocu- 
pa. Así, pues, para nosotros habia sido articulo de fé que 
la patria de Fray Juan del Santísimo Sacramento era Puen- 
te Genil; pero desde que hemos leído dicha obra dudamo& 
de ello. Sin embargo, sea como quiera, Juan de Guzman 
nació hacia el año 1611, á juzgar porque murió de sesenta 
y nueve años, según el testimonio de Palomino, en el 
de 1680. 

Se ignora quiénes fuesen sus padres, y se dice que apren- 
dió la pintura en Roma, donde contrajo gran amistad con el 
gaditano Enrique de las Marinas. Vuelto á España en 1634 
se estableció en Sevilla y allí pintó los cuadros de la sala de 
De profundis del convento del Ángel. Su carácter penden- 
ciero y su destreza en las armas fueron ocasión de disgustos- 
que le obligaron á profesar en la orden de Carmelitas des- 
calzos, pues habiendo tomado parte muy principal y marca- 
da en el motín de Sevilla del referido año, y refugiado en 
el Carmen calzado, no halló otro medio de librarse de la 
persecución de la justicia que tomar el hábito en dicho con- 
vento. De éste pasó al de descalzos en donde profesó, y como- 
su carácter violento no se enmendara, y ocurriera dentro de 
clausura un hecho sangriento en que tomó parte, fué confi- 
nado al convento de Aguilar de la Frontera, donde murió. 

Aquí se dedicó á traducir la obra del italiano Pietro> 
Acolti titulada Perspectiva práctica aumentándola tanto que 
se puede decir que es obra nueva, como después tendremos^ 
ocasión de observar. 



251 

En 1666 pasó á Córdoba llamado por el Obispo, para pin- 
tar parte de la galería de retratos de los prelados que en el 
Palacio episcopal se conserva, y decorar con frescos la igle- 
sia del convento de descalzos conocida por San Cayetano, y 
no volvió á Aguilar en 1676 como han dicho Cean y Palo- 
mino, toda vez que el cuadro de Santa Marina de Aguas 
Santas que está en la parroquia de esta advocación en Cór- 
doba, dice al pié: «A honra y gloria de Dios y de Santa Ma- 
rina, dedicó este lienzo don Pedro Fernandez de Córdoba y 
Figueroa, caballero del orden de Alcántara y primogénito 
de la casa de Villaseca. Año de 1678. Fr. Juan del Santísi- 
mo Sacramento.» 

Vuelto al convento de Aguilar, sin duda poco después de 
esta fecha, murió en 1680. 

Cean dice de él: «Su mérito en la pintura no pasó de un 
mediano dibujo, aprovechándose de las estampas en la in- 
vención, con un regular manejo y frescura en el colorido^ 
queriendo imitar á Rubens y Wandick con bastante masa y 
empastado color, pero se quedó muy distante de tan gran- 
des maestros.» 

De su obra, que mucho tiempo se ha creído perdida, 
dicen los autores de la historia de Puente Genil^ lo si- 
guiente: 

«Comienza la obra con una advertencia al lector en que 
explica los motivos que le impulsaron á escribirla, y luego 
sigue un preliminar titulado A la' juventud española, en el 
que celebra las bellas artes, especialmente la pintura, y ex- 
cita á los jóvenes á que se dediquen á ella, aconsejándole» 
la utilidad de los estudios de perspectiva. 

«Pudiéramos considerar la obra como la reunión de dos 
distintas: la primera un pequeño tratado de Geometría, y la 
segunda propiamente de perspectiva. Esta segunda mate- 
ria está dividida en tres partes: la primera relativa á las 



252 

superficies; la segunda á los cuerpos y la tercera á la impor- 
tante materia de luces y sombras. Concluye con un discurso 
sobre el dibujo, tomado de la obra de perspectiva que es- 
cribió el italiano Pietro Acolti.» 

Más adelante dicen los mismos escritores: «En ella se ob- 
serva un estilo castizo, demostraciones claras, Erudición 
grande y abundancia de doctrina. Toda ella está ilustrada 
con las figuras necesarias para la comprensión del texto, 
perfectamente dibujadas á la pluma.» 

Las obras públicas de nuestro pintor son las siguientes: 

Córdoba. — Museo provincial. 

Cuatro grandes cuadros, redondos por arriba, que repre- 
sentan asuntos de la Pasión, tomados de Wandick por es- 
tampas copiadas al trasluz; Cristo en la cruz y á los pies la 
Virgen, la Magdalena, San Juan y el retrato del autor, to- 
dos de medio cuerpo; varios Santos de la orden de Carmeli- 
tas descalzos. 

Ídem.— San Cayetano. 

Casi todas las grandes pinturas que cubren los muros de 
la iglesia y representan pasajes de las vidas de Santa Tere- 
sa y San Juan de la Cruz. 

Ídem. — Palacio episcopal. 
Algunos retratos de 0"bispos de Córdoba. 

Ídem. — Santa Marina. 
El cuadro de la titular antes citado. 

Sevilla. — Convento del Ángel. 

Las vidas de Santa Teresa y San Juan de la Cruz en la 
«ala de De profundis. 



253 



Aguilar. — Convento del Carmen. 

Todos los grandes cuadros que cubren los muros de la igle- 
sia con asuntos de las vidas de los fundadores de la Orden, y 
un San Roque, que es una de sus mejores pinturas. 

(Cean.— Palomino.— Apuntes históricos 
de la villa de Puente Genil. 

Segó vía y la Hoz (Don Juan Martin): platero y es- 
critor cardobés. Al cabildo de 25 de Julio de 1745 presentó 
un memorial para que se pidiera á las principales congrega- 
ciones de plateros de España, un índice de los privilegios y 
exenciones de que gozaran para enriquecer con estos datos 
la obra que estaba escribiendo, y que presentó, titulada: Uni- 
versidad de la platería y Compendio de todas las ciencias. 
Los congregados, habiendo leido parte de la obra, dijeron 
que será la más útil y copiosa que hasta hoy se ha escrito. 
Habia sido Segovia veedor de la cofradía y entonces era 
seise conciliario. 

Se examinó el 7 de Noviembre de 1728 y presentó un 
anillo con una esmeralda. Fué discípulo de don José Fran- 
cisco de Valderrama. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Soldevilla (Don Juan de): platero cordobés. En 30 de 
Julio de 1725, fué examinado por el hermano mayor, en 
unión con los alcaldes, veedores y aprobadores de la Con- 
gregación de San Eloy del arte de platería de Córdoba, y 
en vista de un San Miguel de plata que presentó y que es- 
taba muy bien hecho, fué autorizado para abrir taller y co- 
merciar en objetos de su profesión. 

(Archivo del Colegio de plateros). 



254 

Soto (Fr. José): pintor y escultor, y al parecer, hom- 
bre bastante original y excéntrico. Nació y murió en Agui- 
lar, y fué hijo de Andrés de Soto y de María González. To- 
mó el hábito del Carmen descalzo, llegando á guardián, 
cargo que desempeñaba en el convento de Andújar en 1808. 
Al acercarse los franceses en dicho año á Andalucía huyó 
con toda la comunidad á Algeciras, donde vivió dando lec- 
ciones de latin; pero no consintiendo su carácter inquieto 
sobrellevar aquella vida de prueba, se incorporó á la partida 
llamada los leales de Carmena, y entró en Cádiz, á la sazón 
sitiada por el ejército invasor. Allí inventó un aparato para 
aminorar el retroceso de los cañones, encargándole el cuer- 
po de Artillería de la dirección en la maestranza de los 
trabajos necesarios para conseguir este fin, y nombrán- 
dole oficial mecánico honorario del Real Cuerpo de Arti- 
llería. 

Secularizado más tarde, se retiró á Aguilar, donde se de- 
dicó á la pintura, escultura y mecánica, pintando y escul- 
piendo muchos santos bastante malos, y llegando á poseer 
una especie de monomanía para dar movimiento á todas las 
figuras que llegaban á sus manos, hasta el extremo de ha- 
ber dado en la plaza una corrida de toros, en que tanto és- 
tos como caballos y lidiadores, eran figuras de madera ó 
cartón movidas por resortes. 

Al principio de la guerra civil carlista, inventó unos ca- 
ñones de madera que quedaron para estudio en el Ministe- 
rio de la Guerra, sin que llegaran ni á aprobarlos ni á re- 
chazarlos. Todas las noticias biográficas de este artista, se 
las debemos á nuestro querido amigo don Rafael Panlagua, 
que dedica sus ocios á escribir la historia de Aguilar de la 
Frontera, en donde vio la luz. 

Soto (El señor Fernando de): platero cordobés. Fué 



255 

examinado por el hermano mayor y los veedores, alcaldes 
y aprobadores del arte de la platería en Córdoba el dia 2 
de Diciembre de 1580, y vista su suficiencia en la hechura 
de una Concepción de oro que presentó, fué autorizado 
para abrir taller y comerciar en su arte en toda España. 

(Archivo del Colegio de plateros). 



256 



T 



Tasrir: marmolista. Aparece el nombre de este artista 
en el fuste de la cuarta columna de la hilada décimatercera 
y en el cimaceo de la primera de la décimasexta de la Mez- 
quita cordobesa. 

{Don Rodrigo Amador de los Rios). 

Tazas (Don Gaspar de las): platero cordobés. Presenta 
á los examinadores del arte de la platería en 9 de Junio de 
1690 una Custodia de plata muy bien hecha, y en su conse- 
cuencia fué aprobado para el ejercicio y comercio de su arte 
con facultad de abrir taller. 

(Archivo del Colegio de plateros) . 

Tharig: tallista. Véanse los artículos de Bedr y Co- 
hem. 

Tomás (Don José): escultor. Fué nombrado académi- 
co de mérito de la de San Fernando en 7 de Diciembre 
de 1828, teniente director de la misma en 27 de Enero 
de 1833, director honorario en 22 de Enero de 1842 y efec- 
tivo en 9 de Enero de 44. Creado el Liceo Artístico y Lite- 
rario de Madrid, fué uno de sus más constantes socios y 
presidente de la sección de escultura. Trabajó en sus sesio- 
nes prácticas una ninfa en cera y un monumento de cuatro 
faces, representando yarios hechos notables de la Reina 
doña María Cristina, que aquella sociedad regaló á esta se- 
ñora. Sus principales obras son: los niños y delfines de la 



257 

Ked de San Luis, en piedra del Colmenar; los bajo relieves, 
capiteles y una de las estatuas del teatro del Instituto que 
ya no existe; el bajo relieve del intercolumnio del Caballero 
de Gracia representando la última Cena; los genios que sos- 
tienen los escudos del obelisco de la Castellana; parte de las 
estatuas y adornos del Dos de Mayo; el pedestal de la esta- 
tua de Felipe IV en la plaza de Oriente; el busto en bronce 
de la duquesa de Benavente para la posesión de la Alameda, 
y San Gabriel, estatua en madera para una iglesia de Ga- 
licia. 

En 1828 hizo el escudo alegórico que se puso en la Puer- 
ta de Atocha para la entrada de Fernando VII, y las esta- 
tuas de España y Sájenla para las exequias de la Reina 
doña María Josefa Amalia. En 1829 los trofeos y adornos 
del monumento levantado en la Puerta del Sol para la en- 
trada de doña María Cristina. En 1830 el escudo del Ayun- 
tamiento para solemnizar el nacimiento de Isabel II, y la 
estatua de Fernando VII para las fiestas del juramento de 
la Reina Isabel; y en 1833 la estatua del Tiempo que coro- 
naba el túmulo en las exequias del Rey Fernando, y en el 
mismo catafalco las estatuas de la Religión y España. 

Este notable escultor, según tenemos oido á personas res- 
petables, era natural de Córdoba. 

(Osorio y Bernard). 
Torrado (Don Antonio): pintor. Véase Alvarez. 

Torrado (Don Antonio): Además de lo allí dicho, debe- 
mos observar que en recibo dado y firmado por este artista 
en 1795 por la restauración del lienzo de la Virgen de los 
plateros que estaba en la carrera del puente, y hoy en el 
Museo provincial de Córdoba, obra de Juan de Valdés Leal, 
cuya composición costó á la, Congregación de San Eloy 600 
Tomo CVIL 17 



258 

reales, se firma Antonio Torrado. Este documento escrito 
por el artista con el apellido Torrado solo, y la inscripción 
«opiada en otro artículo, también hecha por él al parecer, 
en que se pone Alvarez Torrado, nos hace pensar en que 
acaso fueran dos pintores diferentes. Esta duda, difícil de 
resolver, la exponemos aquí para que otros con más noticias 
y mejor criterio que nosotros la resuelvan. 

{Archivo del Colegio de plateros). 

Torres Pardo (Don Rafael de): pintor. Nació en Pal- 
ma del Rio, siendo bautizado en la única parroquia de la 
villa el 21 de Septiembre de 1824, y fué hijo de don Anto- 
nio Bonoso de Torres Pardo y de doña Manuela Garrido y 
Ríos. Estudió latinidad en su patria con el profesor señor 
Fajardo, y á los 20 años se trasladó á Madrid en donde es- 
tudió las carreras de abogado y telegrafista y la pintura. En 
1860 fué á la Habana comisionado por el Gobierno para es- 
tablecer la escuela de telégrafos, y allí pintó un cuadro que 
representaba la llegada de Colon á América, que rifó en el 
Liceo, siendo adjudicado al general Dulce, y cuya rifa le 
produjo 1.000 duros. 

Casó con doña Elisa de Letona, hermana del general del 
mismo apellido, y murió en Madrid hacia el año 1880. Los 
anteriores datos los debemos á don Enrique Estefanía y Re- 
yes, joven escritor y abogado, residente en Palma, y extra- 
ñamos no hallar en ellos la noticia que nos da el señor Oso- 
rio y Bernard de que Torres estudió la pintura en Granada 
bajo la dirección de don Joaquín de la Rosa. 

En 1855 presentó á la reina doña Isabel el retrato de esta 
señora en una miniatura del tamaño de una peseta, que no 
sólo le valió muy lisonjeras frases de tan augusta persona 
sino el encargo de otras obras. En la Exposición de Bellas 
Artes de Madrid en 1856 presentó dos bonitas minia- 



259 

turas representando la despedida de Agar, y la mujer 
.adúltera. 

(Noticias de Palma. — Osorio y Bernard). 

Tsamil: marmolista, cuyo nombre aparece en el fuste de 
la séptima columna de la décimatercera hilada de la Mez- 
quita de Córdoba. 

(Don Rodrigo Amador de los Rios). 



260 



Urbano (Juan): platero de Córdoba. El conde de Va- 
lencia de don Juan posee una carta de pago de 131.250 ma- 
ravedfees, firmada por Felipe II en San Lorenzo del Escorial 
á 16 de Agosto de 1590 á favor de «Juan Urbano, platero 
residente en la ciudad de Córdoba,» por el oro, plata y he- 
churas de un bozal de plata sobredorada, trabajado de me- 
dio relieve con varias piezas de oro colgando de muchas 
cadenillas, y cuyo peso era de nueve marcos tres onzas y 
cinco octavos. 

{Zarco del Valle). 



261 



'V 

Valdés (Hijas de): pintoras. Sabemos que fueron mon- 
jas en el convento de San Clemente de Sevilla, y que pinta- 
ban. De una de ellas hay algunos cuadros en el citado con- 
vento. Doña Mencía era sevillana y murió en su mismo 
monasterio en 1730. La otra era cordobesa y por eso la 
incluimos aquí. 

(González de León. — Cean), 

Valdés (Lucas de): platero. Natural de Córdoba, y en 
1600 aprobador del arte de platería por la Congregación de 
San Eloy. Desempeñó este cargo hasta 1602, y en 1603 vol- 
vió á ser elegido, ejerciéndolo hasta 1605. 

En 1602 hizo la hermosa lámpara de plata de la capilla 
de los Mártires de la parroquial de San Pedro de Córdoba, 
regalada por el cabildo Catedral, según dice la inscripción 
^e la orla, en «hacimiento de gracias de haber cesado Ja 
peste de esta ciudad, por intercesión de los Santos Márti- 
res.» Pesa 17 marcos y onza y media. 

En la obra titulada «Vida y milagros del siervo de Dios 
-el santo Fr. Alvaro Confesor, etc.» por el Padre Fray Luis 
Sotillo de Meza, 1618, MS. que se guarda en la Biblioteca 
provincial de Córdoba, consta que en 1G03 tenia Lúeas Val- 
dés un hijo de 13 años habido legítimamente de su mujer 
Elvira Daza, el que padecía dolores de estómago intensos, 
sanando de ellos por la imposición sobre la parte dolorida 
de un hueso de San Alvaro. 

Este hijo fué aprobado para abrir taller y comerciar en 



262 

su arte por la Congregación de plateros de Córdoba, el 15- 
de Mayo de 1634. 

(Archivo del Colegio de plateros. — Ea- 
mirez de Aréllano, don Teodomiro. — Fraif 
Luis Sotillo). 

Valdés Leal (Don Juan de): pintor, escultor, graba- 
dor y arquitecto. Nació Valdés de padres ilustres, oriundos 
de las montañas de Santander, en 1630, en la ciudad que 
fué un dia asiento de la fastuosa corte de los Omeyas. Deci- 
dida afición á la pintura, demostrada desde sus más tiernos 
años, obligaron á sus padres á dedicarlo al cultivo de este 
arte. Para ello ingresó en el estudio de don Antonio del 
Castillo, uno de los más hábiles dibujantes de su época, 
émulo de Murillo y avaro de la gloria, hasta el extremo de 
morir de tristeza por no poder sobrepujar las obras de su 
antiguo compañero de estudio. 

Los constantes adelantos de nuestro artista, su decidido 
amor á la pintura, se vieron engrandecidos en su edad vi- 
ril, por un nuevo culto, más entusiasta si cabe que el que 
á las artes profesaba. El amor prendió con voraz llama en 
el alma de Valdés Leal, haciendo su objeto predilecto á una 
joven de sin igual belleza é ilustre cuna, de la más rancia 
nobleza de Córdoba. Como él, aficionada á la pintura, bien 
pronto correspondió á los sentimientos y aspiraciones de 
nuestro joven pintor, y doña Isabel de Carrasquilla fué la 
feliz compañera que llevó Valdés al tálamo nupcial en Cór- 
doba, no se sabe en qué fecha, pero sí en la más ardiente 
juventud de ambos esposos. 

* Valdés habia llegado mientras tanto á la cumbre del ta- 
lento y de la maestría, y á la perfección de su arte. Buena 
muestra de ello dejó en su patria. Además de muchos cua- 
dros con que se enriquecieron los dorados salones y los ora- 



263 

torios de nuestros opulentos magnates; además del retrato 
del doctor Enrique Vaca de Alfaro, poeta excelente y patri- 
cio digno de afectuosa memoria, cuyo retrato se ha perdido 
por desgracia, Valdés dejó una prueba inimitable de su ta- 
lento en el prodigioso retablo mayor de la iglesia del Car- 
men calzado, extramuros de Córdoba. 

El citado retablo se compone de once cuadros, pintados 
en 1658, cuando Valdés sólo tenia 28 años de edad, siendo, 
por lo tanto, estas obras, una prueba de sus rápidos adelan- 
tos y de su genio gigante é inagotable. Corona el altar la 
Virgen, cubriendo con su manto varios santos de la orden 
de carmelitas calzados. El centro lo forma un gran lienzo 
que representa á Elias arrebatado por el carro de fuego-, á 
los lados San Rafael y San Miguel; San Acisclo y Santa 
Victoria, patronos de Córdoba; dos historias de la vida de 
Elias; las cabezas de San Juan y San Pablo, y en el zócalo 
varios santos mártires. Todo el retablo es un prodigio de co- 
lor, de luz^ de entonación y dibujo. 

El cuadro central basta por sí sólo para hacer inmortal 
á un pintor: en reducido lienzo para tan gran concepción,. 
se revuelven, sobre un camino sembrado de llamas, seis ca- 
ballos blancos como la nieve, que guiados por un ángel, 
arrastran el misterioso carro á los espacios siderales. Los 
arreos que los decoran arrojan llamas y los briosos corceles 
se lanzan vertiginosamente al espacio, revolviéndose sobre 
sí mismos, como hostigados por el rayo, que no otra cosa se- 
meja el castigo que el celestial auriga hace crugir. Sobre el 
carro se eleva la magestuosa figura de Elias, que arroja á 
Elíseo su manto desde ia altura ú que ha sido arrebatado. 
Toda esta parte de la composición parece engendro de una 
imaginación riquísima y exaltada, que adivina genios flo- 
tando en vértigo indescriptible entre la destructora revuelta 
de un ciclón. Con la tempestad de lo alto, hace contraste la 



264 

tranquilidad y la paz del suelo; hermoso valle, risueño y 
alegre, verdea en el fondo, y los pájaros en los árboles en- 
tonan sus canciones. Elíseo, espantado, eleva al cielo los 
ojos y las manos y ve alejarse á su maestro á las alturas 
etéreas, que él también en sus delirios ambiciona. En toda 
la obra el color es brillante, el dibujo correcto y robusto, la 
composición atrevidísima. Hay en esta obra más brio y más 
entereza que en todos los otros cuadros que de este pintor 
hemos contemplado, aun contando entre ellos los cuadros de 
los Muertos. 

El zócalo del altar es otra joya inestimable: hay en él re- 
presentados de medio cuerpo, cuatro santos mártires. Son 
medias figuras, que más parecen retratos por la tranquili- 
dad y la apacible calma que en ellos se refleja, como si un 
destello de la bienaventuranza y de la paz de los cielos 
inundara sus rostros. La pastosidad de las carnes, la soltu- 
ra del pincel, la corrección del dibujo, hacen estas figuras 
asemejarse á obras de Velazquez, tal es la maestría y el na- 
turalismo de su ejecución. 

Ponz, Palomino, Cean Bermudez y otros muchos críticos, 
han reconocido esta semejanza que admira, con las obras del 
jefe de la pintura castellana, con aquel talento sin rival que 
llevaba en su cerebro la cámara oscura al trasladar al lien- 
zo los personajes que retrataba. 

En este mismo tiempo pintó Valdés el San Andrés que 
existe en la capilla mayor de la iglesia de San Francisco; 
el Jesús Nazareno que estuvo en la Zapatería, y la Concep- 
' eion llamada de los plateros, que en el Museo provincial se 
guarda. Pero estas obras no pueden darnos idea, desgracia- 
damente, de la importancia artística de Valdés. El San An- 
drés, figura mayor que el natural y de arrogante apostura, 
ha sido profanado por inexperta mano, que con repintes ha 
hecho desaparecer la obra de nuestro artista. El Jesús de 



265 

la Zapatería se ha perdido, y la Virgen de los Plateros fué 
restaurada en 1724 por don Fernando Pacheco, pintor has- 
ta hoy desconocido, y en 1795 por don Antonio Torrado, y 
á pesar de esto, al venir al Museo, estaba tan perdida, que 
la actual casi es obra de nuestro querido maestro y amigo 
don Rafael Romero y Barros (erudito escritor y pintor no- 
table, natural de Moguer), que acertadísimamente la ha 
restaurado, conservando lo poco que de la primitiva que- 
daba. 

En busca sin duda de más vasto horizonte donde desar- 
rollar su talento, dejó Valdés su patria poco después de 
pintar el retablo descrito, puesto que en 1660 vivia en Se- 
villa pintando, con admiración de los artistas y con envidia 
de los mismos, que eran sus enemigos implacables. 

Ya en este tiempo habíase concebido por varios pintores 
residentes en Sevilla, y en especial por Murillo, el pensa- 
miento de crear una academia de pintura y escultura, don- 
de los artistas se comunicaran sus conocimientos y los prin- 
cipiantes pudieran obtener mayores adelantos que los que 
obtenían, limitados al estudio de sus maestros y encerrados 
en los modestos talleres donde estos ejecutaban sus obras. 
No debió Valdés de contribuir poco al planteamiento de esta 
empresa (aunque hay biógrafos de Murillo que lo acusan de 
haberla entorpecido), puesto que al inaugurarse la acade- 
mia en la Casa Lonja en 11 de Enero de 1660, fué nombra- 
do tesorero, cargo que renunció al poco tiempo de haberse 
realizado la inauguración de mucho antes deseada. Esto no 
fué obstáculo para que en 1663 los artistas asociados eligie- 
ran mayordomo á Valdés, que nuevamente renunció. Terce- 
ra vez, sin embargo, fué designado por sus compañeros de 
academia para desempeñar un destino en aquella ilustrada 
asociación, y entonces no fué para un cargo inferior, sino 
para la presidencia, que obtuvo en el mismo año de 166.S, 



266 

y desempeñó, aunque siempre sin deseo de hacerlo, hasta 
1666, que al fin la renunció. En I.*' de Noviembre de 1660 
también fué nombrado alcalde de la pintura en la herman- 
dad de San Lúeas, en la parroquia de San Andrés, cuyo des- 
tino desempeñó durante tres años próximamente. 

¿Qué obras ejecutó Valdés en este tiempo? Muchas indu- 
dablemente, pero muy pocas que hasta nosotros hayan lle- 
gado. En el Museo provincial de Sevilla se guardan varios 
cuadros estimables, pero que están mal clasificados al juz- 
garlos suyos. Los cuadros de la historia de San Gerónimo 
que allí hay no se asemejan en nada á las obras que, firma- 
das de su mano hemos descrito y describiremos después. 
No así puede negarse la autenticidad de las del retablo de 
San Benito de Calatrava. 

Las pinturas de este retablo son seis: representan San Se- 
bastian, Santa Catalina, San Juan Evangelista, San Antón, 
San Antonio y San Andrés; todas ellas dignas del nombre 
glorioso de su autor. Descuellan sobre las otras Santa Catali- 
na y San Andrés, pero las sobrepuja también la elegantísima^ 
figura de San Sebastian, digna de Velazquez, que de éste se 
creería si se juzgara por aquel hermoso color y aquella nota- 
ble maestría con que están pintadas las carnes, que más pa- 
recen naturales que fingidas. 

¿Y qué diremos del San Lorenzo que corona el altar de 
Santiago en su capilla de la Catedral? Media figura es y 
vence sin embargo toda la composición que trazó Roelas en 
el lienzo central del retablo. En el mismo templo admira la 
composición que representa á la Virgen poniendo la casulla 
á San Ildefonso, y que lucha, también con ventaja, con el 
San Francisco de Herrera, que forma el centro del retablo 
donde ambas están. 

Un acontecimiento de esos que no se realizan con frecuen- 
cia, vino á coronar la reputación de Valdés y á darle oca- 



267 

sion para mostrar al mundo sus conocimientos y maestría 
no sólo en el arte pictórico, sino en la escultura, arquitec- 
tura y grabado que poseia también como los mejores artis- 
tas de su tiempo. 

Este hecho fué la canonización de Fernando III^ solicita- 
da por Felipe II y no obtenida hasta 1671. La Catedral de 
Sevilla solemnizó con grandes fiestas este acontecimiento 
felicísimo para la ciudad que guardaba los restos inanima- 
dos de aquel rey hasta entonces conquistador y desde en- 
tonces santo además; y Valdés fué el encargado de dirigir 
la traza del decorado del templo y del gran altar que á ma- 
nera del colosal templete, puesto que tocaba en la techum- 
bre, se colocó á la espalda del coro de aquella famosa Cate- 
dral, última obra del fervor religioso en España, y último 
monumento del arte ojival, único que caracteriza el ideal 
cristiano. 

No nos detendremos á describir aquella mole inmensa de 
columnas y hojarascas, más semejante á armario de frute- 
ría según estaba enriquecido de flores y frutos que á monu- 
mento del arte. Contraste singularísimo que electrizó (digá- 
moslo así), á pueblo y artistas de toda España, formarían 
aquellas líneas borrosas y disparatadas del churriguerismo 
más puro, en toda su pesadez y deformidad, con los ligeros 
y elegantes soportes y con las severas bóvedas de ese her- 
moso templo, en cuya planta, como ha dicho el mejor de 
nuestros oradores, se alojan y apiñan las sombras de la edad 
media, y por cuyas ventanas empiezan á lucir los primeros 
albores del renacimiento naciente. 

Pero no podemos censurar á Valdés su mal gusto arqui- 
tectónico, porque en aquella época, la idea de la belleza en 
arquitectura había huido del mundo, y las construcciones 
sólo reflejaban la idea de lo feo en su más triste y desespe- 
rante desnudez. Valdés, para sus contemporáneos, fué un 



J 

268 

gran arquitecto. ¡Dios nos libre de pretender imitar sus 
creaciones! 

No se limitó nuestro artista en esta empresa á dar la idea 
del aparato con que se habia de enriquecer el templo, sino 
que también quiso legar su memoria á la posteridad, y gra- 
bó al agua fuerte una lámina de gran tamaño que lo repre- 
sentaba. 

Ya en 1668 habia dado muestra también de su destreza 
en el grabado de tres láminas de la Custodia que hubo de 
hacer por encargo del cabildo de aquella Catedral. Pero 
aún hizo más; modeló en barro, con general aplauso, los 
santos, historias y alegorías que decoraban el fastuoso edifi- 
cio, por él trazado. Se duele Palomino de no haber visto 
ninguna escultura de Valdés, y en esto hemos sido más fe- 
lices que el citado autor, pues hemos visto una estatuita en 
barro, de San Gerónimo, firmada de su mano, que poseia en 
Córdoba don José Saló. 

La figura en cuestión, cuyo paradero ignoramos, era dig- 
na de un gran escultor, por su dibujo y facilidad de su eje- 
cución abocetada. Lástima que el Museo de Córdoba no la 
hubiera adquirido como adquirió otros objetos de la colec- 
ción riquísima que el señor Saló dejó á su muerte. 

Pocos años antes de la fecha á que nos venimos refiriendo 
fué cuando Valdés realizó las más portentosas de sus crea- 
ciones: los cuadros de los Muertos. En 1668 la hermandad 
del hospital de la Caridad nombró hermano mayor á don 
Miguel de Manara Vicentelo de Leca, y desde luego con- 
cibió éste la idea de construir una nueva iglesia en el mis- 
mo lugar en donde estaba la ermita de San Jorge, á la que 
el hospital se habia incorporado. Manara llamó en su auxi- 
lio para la obra que habia proyectado á los más hábiles ar- 
tistas de su tiempo. El escultor Roldan trazó é hizo el reta- 
blo en que luce un relieve del entierro de Cristo que es una 



269 

de sus mejores creaciones. Murillo y Valdés se encargaron 
de enriquecer con excelentes pinturas los muros y los alta- 
res de la iglesia. 

En breve tiempo se vio ésta embellecida con las aguas de 
Moisés y el Milagro de pan y peces, obras colosales de Mu- 
rillo, y el Triunfo de la Cruz, que adornó el coro, obra de 
Valdés. Pero uno y otro artista habían de dar las más bri- 
llantes muestras de su ingenio en aquel recinto: y así, Mu- 
rillo pintó San Juan de Dios llevando un pobre con el au- 
xilio de un ángel, y Valdés sus dos famosos cuadros que se 
llaman aún de los Muertos. Nada más hermoso de color, de 
luz y maestría que el San Juan de Dios; pero nada más na- 
turalista, más acabado de dibujo y de verdad que las dos 
terribles y espantables creaciones de Valdés. 

A propósito de estos cuadros se refiere una anécdota que 
por sí sola retrata el carácter de ambos pintores y el cono- 
cimiento profundo de su arte que ambos poseían. No es po- 
sible hacer una crítica más exacta de estas obras que la 
que ellos mismos hicieron en las palabras que vamos á 
copiar. 

Todos los aficionados á la pintura fueron á contemplar las 
obras de los grandes maestros expuestas en la Caridad. To- 
dos á una elogiaban los cuadros de Murillo y todos á una 
se espantaban de los de Valdés. Quién aterrorizado huía de 
aquella terrible perspectiva; quién tapaba la nariz temien- 
do el mal oliente hálito de aquellos cadáveres. Los ricos or- 
gullosos temblaban del próximo fin que aquellas pinturas 
profetizaban, y con horror presentían el momento tristísimo 
de desposeerse (para convertirse en polvo) de sus grande- 
zas y dignidades. Los pobres veían en ellos el triunfo de la 
igualdad y el juicio eterno, en que los virtuosos serán re- 
compensados y castigados los reprobos. Un dia se encontra- 
ron en la iglesia los dos maestros rivales. Murillo entonces 



270 

dijo á Valdés: «Compadre, esto es preciso verlo con las ma- 
nos en las narices.» «Qué queréis, dijo Valdés, usted se co- 
me la pulpa y á mí me toca roer los huesos; pero tampoco 
puede verse sin provocar á vómito la Santa Isabel,» y alu- 
día á la que hoy se admira en los salones de la Eeal Acade- 
mia de San Fernando. 

No cuadra á nuestro objeto entrar en el estudio de estas 
ni otras obras de Murillo; pero sí cumple y del todo, el exa- 
men detenido de las dos hermosas creaciones de Valdés. Los 
cuadros de los Muertos son las obras magistrales del cordo- 
bés pintor que sostendrían la competencia con las de Velaz- 
quez, si al Museo de Madrid se llevaran. Tal fué la opinión 
mantenida por don Carlos Luis de Rivera, don Salvador 
Martínez Cubéis y el señor Gato de Lema, cuando en 1876, 
comisionados por la Academia de San Fernando para la res- 
tauración del San Antonio, de Murillo, visitaron con nos- 
otros el templo de San Jorge. 

Examinemos los cuadros. Sobre una mesa cubierta de ri- 
co paño de brocado, se hallan hacinadas todas las insignias 
de la grandeza humana. La tiara del papa, la corona impe- 
rial y la del rey: mantos de órdenes militares, la espada del 
guerrero, asombro del mundo por sus hazañas y terror de 
los enemigos del reino y de la fé, la vara de la justicia in- 
capaz de doblegarse á las dádivas, los libros del sabio de- 
dicado á arrancar á la madre naturaleza sus más entraña- 
bles secretos, la mitra del prelado, las cruces é insignias de 
la Iglesia, entonces puede decirse señora del mundo, todo 
cuanto puede halagar á la vanidad humana y cubrir con 
su esplendor la pequenez de los hombres se halla amonto- 
nado allí. 

En primer término hay un globo sobre un trípode: sobre 
esta imagen de la tierra posa sus pies descarnados la airada 
figura de la muerte que, con sarcástica expresión dirige al 



271 

espectador los negros huecos de sus hondas órbitas. Un 
ataúd lleva bajo el brazo y en la siniestra mano la destruc- 
tora segur; la diestra mano se dirige á una luz colocada en 
el centro del cuadro, luz que representa la de la humana 
existencia, y que en breve tiempo habrá de quedar extin- 
guida. Un letrero hay en el cuadro que dice: In icio oculi. 

Tal es uno de los lienzos que en forma de medio punto, se 
miran bajo el coro á los pies de la iglesia. 

El segundo cuadro representa la cripta ó cueva de un 
panteón. En el fondo un montón de huesos y descarnados 
cráneos humanos; en primer término dos ataúdes abiertos. 
El uno contiene el cadáver en putrefacción de un prelado, 
con mitra, capa pluvial y báculo. Por todas partes discur- 
ren asquerosos insectos y pestilentes gusanos. 

El otro ataúd contiene un caballero de Calatrava, de no 
menos repugnante aspecto, por la descomposición en que se 
halla. Sobre aquellas descarnadas osamentas se posa un 
mochuelo, cuyos ojos redondos y amarillos, brillan en el 
fondo con siniestro fulgor. 

El cuadro está coronado por una nube, de la cual se ve 
salir la mano llagada de Jesús, sosteniendo una balanza en 
su fiel. 

En uno de sus platillos hay insignias de grandeza; en el 
otro el corazón de Jesús inñamado de caridad; sobre ambos 
se lee: Finis, glorice mundi. 

Este es el lienzo, que según Murillo, no se podia ver sin 
que el espectador tapara su nariz. 

En 1672 volvió Valdés á visitar su patria donde debió 
permanecer poco tiempo, puesto que después estuvo en Se- 
villa y en 1674 se hallaba en Madrid. 

En Córdoba pintó algunos cuadros para particulares, y 
entre ellos unas vírgenes, que elogia Palomino, y que pagó 
el jurado Tomás del Castillo. 



272 

En esta época refiere Palomino que, aunque él era mu- 
chacho, ya había empezado sus estudios pictóricos y hubo 
de visitar á Valdés, quien le acogió bien y le dio algunos 
documentos para su gobierno en la práctica del arte, los que 
Palomino dice «aprecié mucho, como de hombre verdadera- 
mente erudito y práctico en la facultad.» 

El mismo Palomino, que le vio pintar, dice: «Ordinaria- 
mente era de pié, porque gustaba de retirarse de cuándo en 
cuándo y volver prontamente á dar algunos golpes, y vuel- 
ta á retirarse; y de esta suerte era de ordinario su manera 
de pintar, con aquella inquietud y viveza de su natural 
genio.» 

En 1674 estuvo Valdés en Madrid, llevado de su deseo de 
admirar las obras maestras que en los reales palacios y en el 
Escorial se guardaban, y de esta época debieron ser los cua- 
dros que conserva de su mano el Museo del Prado, bastan- 
te estimables, por más que no sean de sus mejores pinturas. 

En este tiempo, según el testimonio de Claudio Coello 
que lo trató, asistía á la Academia matritense y allí dibuja- 
ba cada noche dos ó tres figuras, prueba clara de su facili- 
dad y maestría. 

Se ignora la fecha de su vuelta á Sevilla, pero en 1690 
estaba en esta ciudad y se disponía á pintar varías historias 
sagradas en la iglesia de los venerables sacerdotes, cuando 
fué atacado de perlesía, enfermedad de que bajó á la tumba 
en 1691 el dia 14 de Octubre. 

Dejó dos hijas pintoras y un hijo. Lúeas Valdés, pintor y 
grabador, que aunque no escaso de mérito, está muy lejos 
de haber heredado el genio y la maestría del gran ar- 
tista que le dio el ser. Tal vez la desigualdad que se ad- 
vierte en el mérito de las obras de Valdés, provenga de 
atribuir al padre algunos de los cuadros que ejecutara su 
hijo. 



273 

El retrato de Valdés se guarda en Sevilla en los salones 
de la Academia con los de otros grandes pintores. Nosotros 
concluiremos estas líneas copiando el retrato que de él hizo 
Palomino, y que justifica hasta los defectos de carácter que 
se le han supuesto. Helo aquí: 

«Fué don Juan de Valdés de mediana estatura, grueso, 
pero bien hecho, redondo de semblante, ojos vivos y color 
trigueño claro. Dejó muy buena escuela en aquella gran 
ciudad (Sevilla), y muchos discípulos. Era espléndido y 
generoso en socorrer con sus documentos á cualquiera 
que solicitaba su corrección , ó le pedia algún dibujillo ó 
traza para alguna obra, en todo linaje de artífice, al paso 
que era altivo y sacudido con los presuntuosos y desvane- 
cidos.» 

Tal era Valdés. Su nombre es uno de los mayores timbres 
de gloria de Córdoba, su patria. 

{Cean. — Palomino. — Noticias de Cór- 
doba y Sevilla). 

Vázquez (Don Bartolomé): grabador. Nació en Córdo- 
ba en 1749, dedicándose desde pequeño á la platería. Ya 
hombre y casado, trasladó su residencia á Madrid, en don- 
de, abandonando su arte, se dedicó por completo al graba- 
do, en el que se habia ejercitado en su patria, trabajando 
un San Rafael en 1770, y un Cristo, por cierto muy malo, 
en 1771. Ya en la corte, progresó tanto, que llegó á ser 
uno de los mejores grabadores de su época, obteniendo 
en 6 de Noviembre de 1775 el honor de ser nombrado aca- 
démico de la de San Fernando por el grabado de láminas. 
Sin tener maestro que lo instruyese avanzó siempre á la 
cabeza de los adelantos, trabajando con tal ardor, que á 
poco de aparecer un invento cualquiera, ya Vázquez lo eje- 
cutaba con procedimiento propio y sin otra enseñanza que 
Tomo CVII. 18 



274 

el raciocinio que hacia en vista de las estampas que llega- 
ban á su mano. Así estudió y llegó á hacer los barnices 
que empleaba, muchos de ellos mejores que los que del ex- 
tranjero venían. En su progreso incesante llegó hasta á es- 
tampar de varios colores con una sola vuelta de tórculo, 
pudiéndose presentar como muestras de este procedimiento 
Tina Dolorosaá dos tintas hecha en 1784; la célebre estampa 
déla Rosa y la Virgen de la Silla, copia de Rafael, con todos 
los colores del original. Murió en Madrid, y se dio cuenta á 
la Academia de San Fernando de su fallecimiento, el mismo 
dia en que ocurrió y en que se celebraba la repartición de 
premios del concurso trienal de 1803. 

Entre sus estampas notables, además de las citadas se 
cuentan la Virgen de la Silla, en negro; la historia cronoló- 
gica de los Reyes de España; las láminas de la edición del 
Quijote, anotada por Quintana; San Fernando, ofreciendo 
la conquista de Córdoba á la Virgen de Linares (Madrid 
1777); el triunfo á San Rafael, entre la Catedral de Córdo- 
ba y el Guadalquivir (Madrid 1781); Cristo, dándole pan 
mojado en la sangre de sus llagas al B. Fr. Bernardo de 
Corleen (Madrid 1782), y el retrato del P. Cristóbal de San- 
ta Catalina (Madrid 1783). Tuvo un hijo llamado José, de 
tanta fama artística como su padre, y de quien se hablará á 
continuación. 

(Osorio y Bernard. — Colección de es- 
lampas del autor). 

Vázquez (Don José): grabador. Nació en Córdoba en 
1768 y fué hijo y discípulo de don Bartolomé. Habiéndose 
trasladado á Madrid su familia cuando aún era joven nues- 
tro artista, éste ingresó en la Academia de San Fernando 
^n clase de alumno, ganando á los 19 años, esto es, en 1787, 
•el premio correspondiente al grabado de láminas. En 4 de 



275 

Agosto de 1799 obtuvo el honor de ser creado académico 
de mérito de la citada corporación, y el 27 de Diciembre de 
1804 bajó al sepulcro, solamente un año después que su pa- 
dre, con gran reputación de aventajado artista. 

Sus obras más notables son: Santiago el menor, copia de 
Rivera; el Descendimiento, del caballero Arpiño; Santa 
Águeda, de Andrea Vacare; retrato de una infanta de Es- 
paña, de Antonio Moro; idem, de Antonio de Leiva; idem, 
de Jorge Juan; idem, de Bayeu, copia de Goya; la muerte 
de don Antonio de Pineda en la isla de Luzon; el título de 
la real Escuela de Veterinaria, y una vista del Viaje pinto- 
resco . 

(Osorio y Bernard. — Colección de es- 
tampas del autor. 

Vázquez (El P. M. Fjr. Juan): escultor. Nació en 6 de 
Agosto de 1689, y fué bautizado en la parroquia de San 
Pedro, siendo hijo de don Antonio y de doña Catalina Pé- 
rez. Aficionado á la carrera eclesiástica^ tomó el hábito de 
.San Pablo de Córdoba el 15 de Agosto de 1704, desempe- 
ñando en aquella casa el cargo de prior en 1743. El año 
de 1755 fué nombrado prior nuevamente, y como tal apro- 
bó los actos de la cofradía del Rosario, del convento del Es- 
píritu Santo, de la que las aprobaciones autógrafas obran 
en nuestro poder, y falleció ejerciendo dicho cargo en 1757 
á 22 de Octubre. Su cuerpo fué depositado en la sala capi- 
tular, junto al del B. Francisco de Posadas, y en su entier- 
ro doblaron las campanas de todas las iglesias de Córdoba, 
cosa que no se habia verificado hasta entonces, y que se de- 
bió al entusiasmo que el marqués de Guadalcázar sentía 
por las virtudes del padre Vázquez, de quien se refieren 
algunos milagros. 

Tenia gran fama de virtuoso y no menos de docto y de 



276 

apreciable escultor. Su afición lo llevaba en sus ratos de 
vagar á la huerta del convento, donde se dedicaba á la es- 
cultura, y han quedado de su mano en Córdoba el San Feli- 
pe Benicio del hospital de San Jacinto, llamado vulgar- 
mente de los Dolores, y las estatuas de Santa Inés de Monte 
Pulciano, Santa Catalina de Rizzi y Santa Columba, en la 
iglesia de San Pablo, todas medianas. El P. Fr. Gabriel 
Ordoñez escribió su vida, y su retrato se conserva en el Mu- 
seo provincial de Córdoba. 

(Ramírez de Avellano, don Teodomiro). 

Vázquez de la Vega (Juan): pintor, natural de Lu- 
cena y vecino de Antequera. En 1591 doró y estofó en 
unión de Antonio Mohedano la estatua de San Pedro de 
la cofradía de este Santo en Lucena. No tiene artículo en el 
diccionario de Cean Bermudez. 

{Ramírez de Luque). 

Vela (El licenciado don Antonio): pintor. Nació en 
Córdoba en 1634, y fué hijo y discípulo del notable pin- 
tor jienense Cristóbal, que hizo los frescos de San Agus- 
tín de Córdoba. Siguió la carrera eclesiástica y murió 
en 1676, siendo enterrado en el presbiterio de la parro- 
quia de San Andrés, en donde aún aparece su lápida se- 
pulcral. 

Habia dos cuadros de su mano en el claustro del conven- 
to de San Agustín, y eran suyas las pinturas del retablo 
mayor del convento de Regina; pero este retablo lo destru- 
yó un incendio é ignoramos el paradero de los cuadros de 
San Agustín; sólo existen que sepamos dos cuadros que 
posee en la colección que ha reunido en su casa de Córdo- 
ba, el señor don José Nuñez de Prado, y representan una 



277 

Sacra Familia con un grupo de ángeles que acarician al 
Niño y una Anunciación. 

(Gean. — Ramírez de Avellano, don Teo- 
domiro). 

Vera (Fb. Cristóbal de): pintor. Nació en Córdoba en 
1577, y pudo ser discípulo en su patria del racionero Pablo 
de Céspedes. Se dedicó á la carrera eclesiástica y tomó el 
hábito de San Gerónimo en el convento de Lupiana (Castilla) 
el 5 de Julio de 1602, permaneciendo toda su vida en este 
convento, donde pintó ocho cuadros en los ángulos del 
claustro. Sólo abandonó su casa de profesión para presen- 
ciar en el convento de la Sisla de Toledo la toma de hábito 
de su sobrino Juan, pintor también, y que no llegó á ser 
religioso, y en esta casa murió el 19 de Noviembre de 1621. 
Fué Fr. Cristóbal pintor excelente, muy devoto y muy es- 
tudioso; siendo la causa de su muerte la asiduidad del tra- 
bajo á que se dedicaba, especialmente durante las horas de 
la noche. 

Las pinturas más notables de su mano, eran las de los 
retablos de San Gerónimo y la Magdalena en el convento 
de la Sisla; pero como éste no existe ya, ignoramos el para- 
dero de sus famosos cuadros. 

(Gean). 

Vidal (Sebastian): arquitecto, maestro mayor de la Ca- 
tedral que continuó la obra de la torre, empezada por Her- 
nán Kuiz. En 1644 proyectó la reforma del santuario de 
Villaviciosa, y en 16.5.3 concluyó el tabernáculo del altar 
mayor de la Catedral de Córdoba, habiendo hecho las es- 
culturas Pedro Freyle de Guevara, y el Padre Eterno, Ma- 
tías Conrado. 

(Ugalde. —Llaguno), 



278 , 

Vilches (Don Francisco de): platero, natural de Cór- 
doba en donde aprendió su arte con don Gerónimo de León. 
Terminados sus estudios pidió autorización para abrir ta- 
ller, y la Congregación de San Eloy lo autorizó, mediante 
examen que se verificó el dia 29 de Junio de 1735. Como 
muestra de su habilidad presentó en este acto una escultura 
de plata sobredorada representando á San Rafael. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Villarreal (Josef de): maestro alarife. Poco antes del 
año 1659 proyectó la construcción de la Capilla Real en la 
Catedral de Córdoba, emplazándola en el patio de los Na- 
ranjos en la nave en donde están el postigo de la leche y la 
puerta de los deanes. 

(Archivo de la Catedral). 

Viso (El Rmo. P. Fr. Cristóbal del): pintor. Al pié de 
su retrato que se conserva en Lucena, en la sillería del coro 
del convento de Observantes, hay una inscripción que dice 
asi: «El V. P. Fr. Cristóbal del Viso, hijo de esta provincia, 
natural de Lucena. Tomó el hábito en Córdoba. Fué dos ve- 
ces provincial de esta provincia y comisario general de In- 
dias. Varón insigne en virtudes. Murió en Madrid, año 
de 1684.» 

Sólo podemos añadir á esta noticia que Palomino dice de 
él que pintaba con superior excelencia, y que ejecutó los 
santos de la orden do San Francisco del techo del Salón de 
capítulos del convento de Córdoba, los que ya no existen. 

(Ramirez de Luque. — Cean). 



279 



Ximenez (El señor Diego): platero cordobés. En 7 de 
Julio de 1580 fué examinado y aprobado por los veedores, 
alcaldes, aprobadores y hermano mayor de la Congrega- 
ción de plateros de Córdoba, en vista de una cruz grande 
de procesión que presentó como prueba de su habilidad, y 
fué autorizado para abrir taller y comerciar en su arte. 

(Archivo del Colegio de plateros). 



280 



Zafra (Don Juan de): platero cordobés. En 2 de Octu- 
bre fué examinado y aprobado para abrir taller á conse- 
cuencia de haber dibujado muy bien ante los examinadores 
de la Cofradía de San Eloy, del arte de plateros de Córdo- 
ba. Presentó para este acto una sirena de plata bien hecha. 
Consta del acta de su examen que fué discípulo de don Gas- 
par de Medina, en cuyo obrador estuvo muchos años antes 
de su aprobación. 

Se estableció en la Eambla donde casó y murió en Febre- 
ro ó Marzo de 1765, según consta de un acta de cabildo al 
folio 289 libro 1." de acuerdos. 

(Archivo del Colegio de plateros). 

Zambrano (Juan Luis): pintor y uno de los mejores 
que ha producido Córdoba. Se ignora la fecha de su naci- 
miento, pero se tiene certeza de su patria por haberla ex- 
presado él mismo en la firma de uno de los cuadros que te- 
nia en San Basilio de Sevilla. Debió ser discípulo de Céspe- 
des, á quien si no aventajó en ilustración, sobrepujó en la 
manera de pintar en que se parece mucho á Roelas. En 1608, 
después de la muerte de Céspedes, se estableció en Sevilla 
dende pintó buenos cuadros para la iglesia de San Bartolo- 
mé y para la escalera principal del convento de San Basilio. 
Murió en esta ciudad el año 1639, no de tan poca edad como 
Palomino le atribuye. 

En Zambrano se muestra un gran progreso sobre el arte 
clásico y el primer albor del naturalismo. Componía bien, 



281 

dibujaba correcta y grandiosamente y pintaba con gran sol- 
tura y valentía. A estas buenas cualidades hay que añadir 
un vigoroso colorido. 

Sus obras más conocidas en Córdoba, son: 

Catedral. 
El martirio de San Esteban y el Ángel de la Guarda. 

San Agustín. 

Las Santas Flora y María, medias figuras colosales, en el 
muro del coro. 

Casa del Conde de Torres Cabrera. 

El martirio de San Acisclo y Santa Victoria, magnífico 
«uadro que decoraba en otro tiempo el altar mayor del con- 
vento de los Mártires. 

Museo provincial. 

David con la cabeza de Goliat; núm. 178 del catálogo. 
Se tienen noticias de otras cuantas obras de Zambrano, 
que desgraciadamente han desaparecido. 

{Cean. — González de León. — Ramírez 
de Avellano, don Teodomiro). 

Zaragoza (Don Agustín): escultor. Con este nombre 
está firmada la estatua de San Miguel, que se venera en la 
iglesia de San Basilio de Córdoba, obra del siglo XVIII á 
sus fines. 

Zea (Francisco de): grabador. El señor don Francisco 
de Borja Pavón, en su ejemplar del Flox Sanctorum de 
Roa, tiene pegadas algunas estampas. El ejemplar vino así 
á sus manos. Una de ellas es un grabado hecho en 1755, 



282 

cuya inscripción es la siguiente: «Retrato verdadero del Ar- 
ca que contiene Reliquias de 18 Mártires, Patronos y De- 
fensores de Córdoba, y se veneran en la Parroquia del 
Sor. San Pedro de esta Ciudad.» Es una estampa interesan- 
tísima, porque ei arca retratada no es la urna actual, sino 
la que le pusieron al tiempo de la invención de las reliquias. 
Es su forma de ataúd, con una rejilla en medio y recuadros 
del Renacimiento. El grabado está hecho por Francisco de 
Zea, tal vez hijo de uno de los impresores de Córdoba, de 
quien tantos libros se encuentran. 



283 



NOTA. 



Después de impreso el Diccionario que antecede, el 
señor don José Nuñez de Prado nos comunica la noticia de 
que en su Colección de Córdoba tiene un Jesús difunto en 
brazos de la Virgen, de Alfaro, por el estilo del que estaba 
pintando cuando murió, y acabó Palomino, y de Castro una 
Adoración de los Pastores. 

Mi tio el señor Marqués de la Fuensanta del Valle, me 
facilita los documentos que siguen y que tiene en su Biblio- 
teca, copiados de la Nacional; son muy importantes, toda 
vez que nos dan á conocer el nombre de Pedro Alfonso de 
Carrasquilla, pintor de quien no se tenia noticia alguna; 
según parece era de Baena, y el Duque de Sesa le encargó 
copiase algunos de los retratos que allí tenia. Los de don 
Leonardo Antonio de Castro, mencionan otros cuadros que 
no incluí en el artículo correspondiente á este pintor, en 
dónde están y lo que por ellos le pagó el Duque de Sesa, 
también nos lo da á conocer como estofador. 



LliBI^ AIVZA 



EN FAVOR DEL PINTOB 



PEDRO ALFONSO DE CARRASQUILLA 

Biblioteca Nacional. — Sala de MS. — C. folio 14. 
Número 50. 



#, 



Don Pedro del Portillo y Luque, tesorero de las rentas 
del Duque mi Señor, mi padre, en su villa de Baena, entre- 
gareis un mili y quinientos reales á Pedro Carrasquilla, pin- 
tor de esa villa, los cuales iréis socorriendo con aviso de 
Antonio de Medinilla, á cuyo cargo está la solicitud de que 
pinte diez lienzos que le tengo mandado, que con libranza 
del dicho don Antonio y con éste decreto se os pasarán en 
quenta de la que diereis de mis alimentos. = Cabra y Abril 
á 27 de 1685. -=M. El Conde de Cabra. 

Digo yo Pedro Alphonso de Carrasquilla que he rescebido 
á quenta deste despacho del Conde mi Señor quinientos rea- 
les, que fué lo que su Excelencia me ofreció de pronto para 
traer colores y liento para dicha obra, que su Excelencia 
me mandó hacer y por verdad lo firmé en Baena en 14 de 
Mayo de 1688 años.=Pedro Alphonso de Carrasquilla. 

En Baena, en 21 dias del mes de Agosto de 88 años, rece- 
bi del Señor Don Pedro del Portillo cien reales á quenta de 
dicha obra y por verdad lo firmé. = Pedro Alphonso de Car- 
rasquilla. = Son 100. 

Mas á esta quenta recebí cinquenta reales, y por verdad 
lo firmé en Baena en 24 de Septiembre de 1688 años. = Pe- 
dro Alphonso de Carrasquilla. =:Son 50. 

En Baena en 1.** de Abril de 1689 años, recebí del señor 
don Pedro del Portillo, como tesorero del Excmo. Sr. Du- 
que de Sesa mi Señor, en su villa de Baena, ochocientos y 
cinquenta reales, con los quales acabó su merced de pa- 
gar los mili y quinientos que el Duque mi Señor mandó se 
me entregasen de la obra que hice para el Duque mi Señor, 
la qual se remitió á Madrid, y por ser verdad lo firmé en 
dicho día, mes y año.=Pedro Alphonso de Carrasquilla. = 
Son 850 reales. 



288 . 

Pague el Señor don Pedro del Portillo y Laque, tesore- 
ro de las rentas del Duque mi Señor, en esta villa á Fran- 
cisco Villena, maestro de carpintero, vecino de ella, quaren- 
ta y quatro reales de una caja nueva de madera que ha he- 
cho para llevar á Madrid á su Excelencia los cuadros de los 
retratos de los Reyes, que se han inviado con Cristóbal 
de Montes, que con ésta y su recibo serán bien dados y se 
pasarán en quenta. Baena á diez de Marzo de mili y seis- 
cientos y ochenta y nueve años. = Simón Pedro de la Chica. 
=Francisco Roldan. = Bartolomé de Berro. 

Recebí los maravedises contenidos en este despacho, y por 
ser verdad lo firmé en Baena en 14 de Marzo de 1689.= 
Francisco Villena. 

(En las espaldas): 

A Pedro de Carrasquilla, pintor 1.500 rs. 

A Cristóbal de Montes, del porte de la caja. . . 132 » 
A Francisco Villena, de la caja 44 » 



1.676 rs. 



Entregue Vm. Señor don Pedro del Portillo y Luque, te- 
sorero del Duque mi Señor, en esta villa, á Cristóbal de 
Montes, arriero de doña Mencía, ciento y treinta y dos reales 
del porte de una caja que lleva para el Duque mi Señor de 
unos retratos de Reyes y Emperadores que su Excelencia 
mandó copiar á Pedro de Carrasquilla, pintor vecino de 
esta villa, que con ésta y su recibo serán bien dados y en- 
tregados. Baena y Marzo 8 de 1689.=Simon Pedro de lar 
Chica. = Don Francisco Roldan. 

Llevó á cuenta 52 reales. = Mas di 10 reales, 17 de la ce- 
bada. = Mas di 25 reales para la denunciación (sic) del teso- 
rero de doña Mencía. = Pagada. 



LIBR<AIVZAS 



EN FAVOR DEL PINTOR 

DON LEONARDO ANTONIO DE CASTRO 

Biblioteca Nacional, — Sala de MS, — C. folio 14. 
Número 53. 



Tomo CVII. 19 



Señor don Fernando Enriquez de Herrera, tesorero gene- 
ral de las rentas del Duque mi Señor en esta su villa de Ca- 
bra, habiendo tenido diferentes cartas de S. E. en que me 
daba noticia cómo habia de venir á esta villa don Leonardo 
Antonio de Castro, pintor, á pintar un quadro de Nuestra 
Señora, mi Señora Santa Ana y San Joaquín, y á estofar la 
Capilla donde se habla de colocar este quadro^ la del santo 
San Félix de Cantalicio y la de San Luis Obispo, pregunté 
á S, E. si se le habia de dar de comer al dicho pintor por 
quenta de S. E., y en carta que tuve suya su fecha en Ma- 
drid á 14 de Junio del año pasado de 1689, hay un capítu- 
lo que es como sigue: 

«En cuanto á el pintor, digo que también se le dé comida 
con los demás utensilios.» Y en otra carta que tuve de S. E. 
su fecha en Madrid á 6 de Septiembre de 1689, hay otro ca- 
pítulo que es como sigue: «Paréceme muy bien se vaya aca- 
bando de pintar la Capilla de Señor San Luis, y que en la 
otra se haya hecho el nicho, y antes de poner el quadro que 
la devoción de mi prima ha dedicado, dispondrá don Loren- 
zo se haga frontal y gradas de jaspe como el del altar de 
San Francisco Javier,» y habiéndose ajustado la quenta de 
la comida que de orden de los padres capuchinos se le dio 
en seis meses á el dicho don Leonardo Antonio de Castro, 
pintor, parece importó trescientos y veinte y ocho reales y 
veinte y quatro maravedises, y del ara, frontal, gradas, 
todo de jaspe, lienzo, marcos del quadro, oro y manufactu- 
ra de poner dicho quadro, frontal y gradas importó ocho- 
cientos y setenta y seis reales y medio, que juntos con los 
trescientos y veinte y ocho reales y veinte y quatro mara- 
vedises hacen mili doscientos y cuatro reales y medio, los 
quales por haberse librado de orden mia á los interesados 



292 

que con este despacho y sin otro recado alguno se le recibi- 
rán y pasarán en quenta á vuestra merced en las que diere 
de su cargo. Fecho en Cabra á siete de Enero de mili seis- 
cientos y noventa años. 

Y ansí mesmo se incluye aquí lo que costaron los mante- 
les y lienzo para cubrir el altar. 

Don Lorenzo de Mardones. 



Señor don Fernando Enriquez de Herrera, tesorero ge- 
neral de las rentas del Duque mi Señor en esta su villa de 
Cabra, en carta que tuve de Su Excelencia, su fecha en Ma- 
drid á 10 de Enero de 1690, hay un capítulo que su tenor 
es como se sigue: 

En cuanto á la satisfacción que se ha de dar á don Leo- 
nardo Antonio de Castro por la pintura que ha hecho, así de 
las capillas como de el lienzo de Nuestra Señora y San Joa- 
quín, lo ajustará don Lorenzo con él y se le entregará lue- 
go lo que importare como es razón. = Y no obstante la orden 
que Su Excelencia me dio para este ajuste, al correo si- 
guíente representé á Su Excelencia lo que me parecía era 
justo dar á dicho don Leonardo por estofar las tres Capillas 
y quadro que pintó: fué Su Excelencia servido de respon- 
derme en carta que tuve su fecha en Madrid á 24 de Enero 
de 1690, el capítulo siguiente: 

El correo pasado le avisé ajustase con don Leonardo la 
pintura del lienzo y capilla de los Capuchinos en la forma 
que le pareciere, y que se le diese luego satisfacción de 
ello, y ahora lo repito. 

Por tanto, dará y pagará vuestra merced al dicho don 
Leonardo Antonio de Castro, docientos reales de á ocho que 
hacen tres mili reales, que es la mitad más de lo que el 
Duque mí Señor le mandó dar por la pintura y cuadro de 



293 

San Francisco Javier y su Capilla, y siendo ahora el traba- 
jo duplicado, ajusté con él que se le hablan de dar los di- 
chos tres mili reales, los cuales con este despacho y recibo 
de el dicho don Leonardo serán bien dados y se le recibirán 
á vuestra merced en quenta en las que diere de su cargo. 
Fecho en Cabra, á catorce dias del mes de Febrero de mili 
y seiscientos y noventa años. Y así mesmo se incluye en 
esta cantidad lo que se le habia de dar por dorar el fron- 
tal. =Don Lorenzo de Mardones. = Pagada. 

Recibí del Señor don Fernando Enriquez, tesorero de 
las rentas del Duque mi Señor, de esta su villa de Cabra, 
los tres mili reales contenidos en esta libranza, y por su 
verdad lo firmé en Cabra hoy quince de mili seiscientos y 
noventa. = Leonardo Antonio de Castro. 



cronologías 



ARQUITECTOS. 



Farkid-ibn-Aún-el-Aduani , Siglo IX 

Motarrif-ibn-Abd-er-Rahman. . , . . • » X 

Said-ben-Ayyab » X 

Abdalah-ibn-Husein » XI 

Cahet 1275^ 

Jamet 1275 

Gil (Ruy) 1325. 

Mahomad (El maestre) 1325 

Andallah de Córdoba (Maestre) 1456 

Agudo (Maestre Mahomad). ..,,.. 1477 

Carrasquilla (Gerónimo) Siglo XVI 

Molina (Pedro de) => XVI 

Ruiz (Francisco) » XVI 

Céspedes (Pablo de) 1538 á 1608 

Ruiz (Hernán) 1544 á 1583 

Matías (Alonso) 1564 á 1626 

Morales (Benito) 1570 

Ruiz (Hernán) 1583 á 1604 

Baena (Diego de) 1585 á 158» 

Coronado (Juan) 1593 

Ochoa (Juan) 1601 á 1606 

León (Juan de) 1603 

Luque (Francisco de) 1603 



296 

Hidalgo (Juan Francisco). ...... 1603 

Peña (Gaspar de la), burgués 1608 á 1659 

González (Luis) 1614 á 1628 

Aranda Salazar (Juan de) 1626 á 1652 

Fernandez Moreno (Melchor) 1630ál677 

Vidal (Sebastian) 1644 á 1653 

Villarreal (Josef de), 1659 

Hidalgo (Juan Francisco) ,. 1664 

Beltran (Francisco) 1683 

García (Antonio) 1683 

Ramos (Don Antonio) 1683 

Rojas (Luis de) . 1685 á 1690 

Reyes (Baltasar (Je los) 1690 á 1696 

Herrera (Fr. Antonio de) Siglo XVIII 

Agustín (Francisco) 1702 

Ortega (Tomás de) 1703 

Hurtado Izquierdo (Don Francisco). . . . 1705 

Antonio (Blas). ., 1705 

Hoces y Morales (Jacinto de). ..... 1723 

Sánchez de Rueda (Don Teodoro). . . . 1723 

Román (Antonio) 1731 á 1736 

Gutiérrez de Salamanca (Don Juan). . . . 1750 á 1787 

Ruano (Francisco) 1753 

Aguilar (Luis de) 1755 á 1763 

Sánchez de Sandoval (Don Manuel). . . . 1789 

Jerez (Don Francisco) 1798 

Furriel (Don Patricio) 1826 

Román (José) . 1828 

Ríos (Don Demetrio de los) Siglo XIX 



297 



PINTORES. 



Martínez (Alonso) 1286 

Ruiz (Bartolomé) Siglo XV 

€órdoba (Pedro de) 1475 

Bermejo (Bartolomé) 1490 

•Céspedes (Pablo de) 1538 á 1608 

Frutos (Fr. Gerónimo) 1548 á 1565 

Mohedano (Antonio) 1561 á 1625 

Vera (Fr. Cristóbal de) 1577 á 1621 

Henriquez (Leonardo) 1579 á 1596 

Fernandez (Luis) 1580 

Peñalosa y Sandoval (Don Juan de). . . . 1581 á 1636 

Rufo (Luis) 1581 cá 1653 

Contreras (Antonio) 1587 á 1654 

Vázquez de la Vega (Juan) 1591 

Mesa (Juan de) 1591 

Castillo y Saavedra (Antonio del) 1603 á 1667 

Zambrano (Juan Luis) 1608 á 1639 

Santísimo Sacramento (Fr. Juan del).. . . 1611 á 1680 

Antonio (Pedro) 1614 á 1675 

Jiménez de lllescas (Bernardo) 1616 á 1678 

García Reinoso (Antonio) 1623 á 1677 

Adriano (El Hermano) 1630 

Escalante (Juan Antonio) 1630 á 1670 

Valdés Leal (Don Juan de) 1630 á 1691 

Quesada (Juan Francisco de) 1632 á 1677 

Vela (Lie. don Antonio) 1634 á 1676 

Alfaro y Gamez (Don Juan de) 1640 á 1680 

Arias y Contreras (Manuel de) 1644 á 1677 

Palomino de Castro (Don Acisclo) 1653 á 1726 

Castro (Don Leonardo de) 1655 á 1745 



298 

Fernandez de Castro (Don Antonio). . . . 1659 á 173& 

Viso (Fr. Cristóbal del) 1684 

Ruiz Rey (Don José Antonio) 1695 á 1767 

Molina y Sandoval (Don Fernando). . . . 1698 á 1712 

Rodríguez (Agustín) Siglo XVIII 

Rossel (Juan Manuel de la) » XVIII 

Ruiz (Juan) » XVIII 

Murillo 1700 

Espinosa (Fr. Gerónimo de) 1700 á 1791 

Inca Méndez de Sotomayor (Don Bernardo). 1709 

Guzman (Don Pedro de) 1714 

Moreno (Antonio) 1719 

Pacheco (Don Fernando) 1724 

Molina (Don Juan de la Cruz) 1729 

Camacho (Sebastian) 1733 

Cornejo (Pedro) 1748 

Monroy (Don Antonio) 1760 á 1823 

Pérez Ruano (Don José) 1780 á 1810 

Hidalgo y Vázquez (Don Rafael) 1783 

Pozo (Don Pedro del) 1785 

Espejo Saavedra (Don Isidro) 1788 á 1876 

Monroy y Aguilera (Don Diego) 1790 á 1856 

Pérez (Don José) 1790 á 1820 

Saavedra (Don Ángel), Duque de Rivas. . . 1791 á 1866 

Alvarez Torrado (Don Antonio) 1798 

Soto (Fr. José de) 1808 á 1840 

López (Francisco) 1808 á 1822 

Saló y Junquet (Don José) 1810 á 1877 

Montilla y Melgar (Don Manuel) 1816 á 1864 

Moreno Anguita (Don Juan) 1816 

Monserrat y Vargas (Don Juan de Dios). . . 1820 á 1865 

Torres Pardo (Don Rafael de) 1824 á 1880 

Gutiérrez Ravé (Don Marcial) 1827ál871 



299 

Hernández de Tejada (Don Joaquín). . . . 1827 á 1871 

Belmonte y Vacas (Don Mariano) 1828 á 1864 

Saló y Prieto (Don Nicolás) 1834 á 1854 

Portocarrero (Don Francisco de P.) . . . 1854 

García Córdoba (Don José 1875 

ESCULTORES Y TALLISTAS. 

Cayo Valerio Época romana 

Jayr Siglo IX 

Mostauz . » IX 

Motabarak » IX 

Ahmed-íbn-Fatah » X 

Amín » X 

Bedr » X 

Bedr-íbn-Hayyan » X 

Casim » X 

Cohem » X 

Fatah » X 

Fotuh » X 

Hachchí » X 

Harsir » X 

Jalem-al-Amery » X 

Kabir » X 

Karim » X 

Masud » X 

Mobarak » X 

Mondzir » X 

Mudafar » X 

Nassr » X 

Tasrír » X 

Tsmíl : » X 

Admed » XI 



300 

Daniel (Maestre) 1264 

Córdoba (Juan de) Siglo XV 

Oliva (Sor Mencía de la) 1535 á 1552 

Céspedes (Pablo de) 1538 á 1608 

Cepeda (El capitán) 1580 

Paz (Pedro de) 1611 á 1677 

Conrado (Matías) 1626 

Gómez del Rio (Bernabé) 1651 

Vázquez (Fr. Juan) 1689 á 1757 

IFreyle de Guevara (Pedro) Siglo XVII 

Góngora 1708 

Gómez de Sandoval (Don Alonso) 1713 á 1801 

Jiménez (Juan) 1736 

Pérez (Alonso) 1736 

Fernandez de Pedrajas (Tomás) 1749 

Cano (Don Lorenzo) 1750 á 1817 

Mena y Gutiérrez (Don Pedro) 1764 

Alvarez Cubero (Don José) 1768 á 1827 

Eurgos (Diego de) 1777 

González (Antonio) 1782 

Eomero (Luis Félix) 1782 

Cordón (Andrés) 1790 á 1808 

Ríos y Serrano (Don José de los) 1792 á 1855 

Navarro y León (Juan) 1794 

■Gómez (Don Rafael) 1795 

Gallardo (Román) 1799 

Zaragoza (Agustín) Siglo XVIII 

€azalla (Don Rafael) Principios del siglo XIX 

Morales (Diego) 1806 

Burgos y Molina (Don Juan Andrés de). . . 1808 

Cordón (Andrés) 1808 

García (Doña Petronila) 1812 á 1860 

Cano (Don José) 1815 á 1835 



301 

Tomás (Don José) 1828 á 1833 

Bolaño (Don Manuel) 1831 á 1868 

Guijo (Joaquín) 1832 

Galindo (Don Diego) 1868 

PLATEROS. 

Bozla (Judá ben) Fines del siglo X 

Urbano (Juan) 1590 

Ruiz (Juan), el Vandalino 1533 

Portollano (Juan de) 1565 

López el Mozo (El señor Alonso) 1575 

Sánchez (El señor Martin) 1578 

Alonso (El señor Martín) 1580 

Soto (El señor Fernando de) 1580 

Xímenez (El señor Diego) 158Q 

Casas (El señor Juan) 1591 

Valdés (Lucas de) 1600 

Casas (Don Diego de las) 1624 

López (Juan) • . . . 1648 

Aloántara y Ángulo (Tomas Gonzalo de). . 1677 

Euíz de León (Antonio) 1683 

Tazas (Don Gaspar de las) 1690 

Moreno (Don Alonso) 1697 

Aguílar (Alonso de) 1709 á 1812 

Calvo (Don Juan) 1709 

Sánchez Izquierdo (Don Juan) 1714 

Romero (Don Juan) 171& 

Castro (Don Damián) 1716 á 1789 

Gala (Don Juan de la) 1723 

Luque y Molina (Don Juan de) 1723 

Martos (Don Fernando de) 1723 

Soldevilla (Don Juan de) 1725 



302 

García de los Reyes (El maestro Bernabé). . 1725 á 1763 

Benitez (Don Juan) 1727 

Zafra (Don Juan de) 1728 

Caballos y Buenrostro (Don Cristóbal). . . 1730 

Fernandez (Sebastian) 1731 

Galvez (Don Diego de) 1732 

Osuna (Don Antonio de) 1732 

Santa Cruz y Zaldua (Don Antonio de) . . . 1733 á 1768 

Bañuelos y Aguayo (Don Juan) 1734 

Vilches (Don Francisco de) 1735 

Hoyo (Don Roque del) 1736 

Hoyo (Don Francisco del) 1739 

Negrete (Don José) 1739 

Ayllon (Don José de) 1745 

Segovia y La Hoz (Don Juan Martin) . . . 1745 

Almoguera (Don Antonio de) 1748 

Millan (Don Alonso) 1748 

González y Rodríguez (Don Eulogio). . . . 1749 

Morales (Don Pedro) 1753 

Crespo (Don Nicolás). . 1753 

Pérez (Don Antonio José) 1754 

Santiago Castillejo (Don Juan de) 1754 

Sánchez y Soto (Don Cristóbal) 1755 

Garcia y Aguilar (Don Bernabé) 1755 

Galvez (Don Antonio de) 1756 

Romano (Don Antonio) 1759 

Repiso (Don Manuel) 1768 

Hidalgo y Lucena (Antonio) 1779 

Espejo Saavedra (Don Isidro) 1788 á 1876 



303 



GRABADORES. 

Cárdenas (Fr. Ignacio de) 1630 á 1662 

López (Joaquín) 1672 

Palomino (Don Juan Bernabé de) 1692ál777 

Carrasco (Nicolás) 1720 á 1749 

Diez (Juan) 1747 á 1766 

Reyes (Gerónimo de los) 1748 

Vázquez (Don Bartolomé) 1749 á 1803 

Zea (Francisco de) 1755 

Aguilar (A) 1763 

Mendoza Siglo XVIII 

Orbaneja (Bernabé) 1728 

Vázquez (Don José). 1768 á 1804 

Sánchez (José) 1804 á 1827 

BORDADORES. 

Gómez (Juan) 1688 

Moreno y Zeballos (Diego) 1782 



ESTUDIO 



SOBRE LA 



HISTORIA DE LA ORFEBRERÍA EN CÓRDOBA 



DON RAFAEL RAMÍREZ DE ARELLANO 

Académico correspondiente 

de la Real de Bellas Artes de San Femando de Madrid, 

y de número de la General de Ciencias, Bellas Letras 

y Nobles Artes en Córdoba. 



Tomo CVII. 20 



Hace mucho tiempo que pensé en hacer un estudio sobre las 
platerías cordobesas, que, si un dia llegaron á un apogeo inusita- 
do, hoy se encuentran en el atraso más lamentable. La orfebrería 
cordobesa tiene fama en toda España, y sin embargo, en la época 
actual no puede ni mantener siquiera los pocos talleres que traba- 
jan. No es de este sitio, ni mi propósito es tampoco, estudiar las 
causas (venidas de Francia y Alemania), de la decadencia de 
este arte maravilloso, ni mucho menos proponer el remedio que á 
mi entender puede hallarse, y sí sólo trazar á grandes rasgos la 
historia de la platería en Córdoba desde los tiempos más remotos, 
valiéndome para ello de los datos que nos han suministrado mu- 
chos historiadores de la antigüedad, y especialmente los que he 
encontrado en el copioso archivo de la congregación de San Eloy, 
aún existente, pero puede decirse que moribunda. Y como toda di- 
gresión seria enojosa al lector y para mi objeto no cuadra, vamos 
al grano, como suele decirse, ó lo que es lo mismo, á narrar lo 
que ha sido y es el arte de los plateros en es(a hermosa tierra an- 
daluza, patria de Juan Ruiz el Vandalino y de otros artistas que 
á su altura se encuentran. 

La palabra Córdoba, Cortóla, de origen fenicio, nos autoriza 
para poder llevar nuestras investigaciones á épocas muy remotas. 
Sabemos por esta etimología que el origen de nuestra ciudad se 
pierde en las nebulosidades de las primeras historias escritas, y 
no hay para qué decir, por lo tanto, que existia cuando las naves 
de los hebreos, en el imperio de Salomón, llegaban en sus expedi- 
ciones hasta el estrecho de Gibraltar, y hasta Cádiz tal vez. Aque- 
llas naves venían en busca de tesoros grandísimos que encerraba 
la península ibérica, y no es que yo pretenda ni mucho menos ha- 
cerles remontar el Guadalquivir y llegar á mi patria, pero acaso 



308 

existia ya la que después fué Atenas de Occidente, cuando los he- 
breos y los griegos veuian á sangrar las ricas minas andaluzas, 
abundantes en toda clase de metales, como la Biblia confirma. 

Hay que advertir que Córdoba existia y fué ocupada por los ejér- 
citos de los cartagineses, si hemos de creer que de aquí salieron 
parte de las legiones que acompañaron á Aníbal á su expedición 
de Italia, y en llegando á la época romana no ofrece duda que 
Córdoba existe, Claudio Marcelo la engrandece, y en poco tiempo 
viene á ser una de las poblaciones principales de España y la ca- 
beza de la España ulterior, donde se dieron las luchas principales 
de pompeyanos y cesarinos. 

En esta época, no es ya que tengamos la presunción de que 
en Córdoba debia florecer la industria ó arte de la orfebrería, sino 
que los mismos romanos nos la dan como país productor de oro, y 
Licio Itálico, hablando de ella dice: 

Nec decus auriferae cenavit Cordnha terrae. 

lo cual prueba que en la campiña de Córdoba se beneficiaban mi- 
nas que hoy no se conocen, y que esta comarca era una de las es- 
pañolas máfj productivas en metales preciosos. 

No es de suponer que donde se daba el oro no se supiera elabo- 
rar. Antes al contrario, en aquellos tiempos debió nacer en Cór- 
doba ese brillante arte de la orfebrería, que tan felices tiempos ha 
alcanzado; pero desgraciadamente nada nos queda de entonces, y 
unos cuantos objetos encontrados en Fuente Tojar, en excavacio- 
nes hechas á espensas de la Comisión de Monumentos de la pro- 
vincia, han desaparecido sin que recordemos nosotros, que los vi- 
mos, la valía que pudieran tener. 

La irrupción de los bárbaros no trajo, como se ha supuesto has- 
ta ahora, la destrucción de todo lo que fuera arte y belleza. Antes 
al contrario, aquel pueblo más fuerte por sus energías materiales 
que el pueblo vencido, era más débil por sus energías anímicas; 
su civilización era tosca ó casi nula, y al dominar á un pueblo que 
le era superior en civilización, se admiró de lo que encontraba, y 
no sólo no se atrevió á destruir, sino que se dedicó á restaurar. Ad- 
mirado el pueblo godo de las bellezas artísticas que encontraba ea 



309 

España, quiso emular al pueblo vencido, y en breve tiempo 
los bárbaros tuvieron su arte propio y llenaron de monumentos 
las principales poblaciones qne conquistaron. £n Córdoba quedan 
aún de aquella época las plantas de algunas iglesias, y en la Mez- 
quita se encuentran columnas, capiteles y cimaceos que acusan en 
todas sus líneas las del arte que ha dado en llamarse latino bizan- 
tino, porque ostenta los caracteres romanos, con el trazo y el 
gusto del oriente europeo, y que no es otro que el que crearon los 
invasores de España, admirados y deslumbrados por la belleza ro- 
mana que se encontraron aquí. 

Que los visigodos cultivaron y dominaron por completo la or- 
febrería, no ofrece ni un momento de duda, y el descubrimiento 
hecho en 1860 de las coronas votivas de Recesvinto halladas en 
Gruadamur (Toledo), en las huertas de Guarrazar y que se admi- 
ran en los Museos de Cluny y de la Armería Real de Madrid, 
son un testimonio irrefutable de que el arte visigodo habia llegado 
en la platería á una altura que no habia de superar en mucho 
tiempo ni aun en el periodo de mayor esplendor de los Califas cor- 
dobeses. 

No se sabe dónde estén hechas las coronas de Guarrazar. 
Seguramente que no será en Córdoba; pero en vista de ellas, 
¿quién puede asegurar que este arte no se cultivara en la que des- 
pués fué corte del Califato con la brillantez que en Toledo, si es 
que toledanas son las referidas coronas? No puede de ningún mo- 
do creerse que la orfebrería no estuviera en Córdoba entonces á 
grandísima altura, siendo así que aquí se labraban capiteles como 
los que hay en la Mezquita, aras como la que sirve para sostener 
la pila del agua bendita á la entrada de la puerta de los Obispos 
en la Catedral, celosías como las de la sala del Chocolate en la 
misma iglesia, y, sobre todo, bajo relieves como los del sepulcro 
que sirviendo de pilón en una casa de la Carrera del Puente se ad- 
mira hoy, y que se ha supuesto que sea el de los santos Acisclo y 
Victoria por unos, y el de Domingo Sarracinez por otros. Es in- 
dudable que el arte de la decoración de los metales debió existir en 
Córdoba de una manera brillante en la época de los visigodos. 

Guiándonos de presunciones más ó menos fundadas, hemos re- 



310 

corrido un larguísimo periodo de la historia española; pero ahora 
llegamos á otro en donde ya podemos hacer afirmaciones categóri- 
cas y hasta determinar obras de la orfebrería cordobesa. Nos refe- 
rimos al período árabe. 

Según el testimonio de testigos oculares, como Edrisi, podemos 
afirmar que en la Mezquita de Córdoba, la más importante de Oc- 
cidente y casi rival de la celebrada Meca, existían veinte puertas 
revestidas de planchas de bronce de un trabajo admirablemente 
hermoso, y en la cumbre del alminar ó torre de la Mezquita «bri- 
llaban más que el resplandeciente sol de Andalucía, dice un autor 
alemán, tres granadas, dos de ellas de oro puro, y de plata la ter- 
cera. De la bóveda del vestíbulo del mihrab. joya inapreciable que 
aún se conserva, pendía una enorme lámpara, y todo el templo se 
hallaba cuajado, puede decirse, de lámparas primorosas, las más de- 
plata y muchas de bronce fundido de las campanas de los templos 
cristianos. En las restauraciones que se están llevando á cabo en 
la Mezquita, no se ha encontrado ningún resto metálico, pero en 
la tablazón que queda del antiguo artesonado están las huellas de 
florones metálicos cuyas formas se ignoran. Los que vendieron las 
tablas y vigas para hacer vihuelas, dejaron alguna madera, pero 
de los florones no dejaron ni uno. 

Nada de esto era comparable siquiera con la riqueza acumulada 
por Abd-u-Rahman Annascir en su fastuosa vivienda de ííedina 
Azzahara, en donde habia 15.000 hojas de puertas de todas dimen- 
siones, revestidas de hierro bruñido ó cobre dorado ó plateado; un 
pabellón central en que las columnas de mármol de aguas estaban 
taraceadas de rubíes y perlas con capiteles de oro; los muros esta- 
ban cubiertos de oro y mármoles trasparentes de diversos colores, 
y del centro de la cúpula pendía una perla de inapreciable valor y 
colosal tamaño que, entre otros objetos, habia regalado á An-Nas- 
zir el emperador de Constantinopla, Constantino Porfirogéneto. 
Se cuenta que las tejas eran de plata y oro alternadas y en el cen- 
tro de aquella regia estancia se veía un estanque de pórfido que 
rodeaba una arquería de ébano y marfil incrustada de oro y pie- 
dras preciosas sobre columnas de mármol y de cristal. 

Se dice que uno de los principales ornamentos del Alcázar era 



311 

las fuentes, y de estas se mencionan dos más artísticamente bellas 
que las restantes, y que según parece, procedian del Asia. La ma- 
yor, traida para An-Naszir, del Asia, por Ahmed el griego, era de 
bronce dorado, con bajo relieves de figuras humanas, bellamente 
esculpidas, y la otra era de mármol verde, y fué adquirida en la- 
Siria, considerándose por todos los inteligentes como un verdade-^ 
ro prodigio del arte. A esta le mandó agregar el Califa doce figu- 
ras de oro bermejo, incrustadas de perlas y exquisita pedrería, la- 
bradas en los talleres reales de Córdoba, representando diversos 
animales. Pusieron en ella un león entre un antílope y un cocodri- 
lo, al lado opuesto un águila y un dragón y entre ambos grupo» 
una paloma, un halcón, un pavo real, una gallina, un gallo, un 
milano y un buitre. Todos estos animales eran huecos y vertían en 
el tazón de la fuente chorros de agua cristalina . 

Iguales descripciones que del palacio de Azzahra se hacen del 
de Medina Azzahira, donde los llamadores de las puertas eran de 
bronce y representaban cabezas de leones, y del palacio ó almunia 
de Ruzafa, espléndida obra de Abd-u-Rhaman I. 

Pero si hasta aquí hemos hablado sólo de lo que nos dicen los 
escritores árabes con referencia á edificios de su época, ahora po- 
demos hablar de verdaderas obras del arte árabe cordobés que fe- 
lizmente se conservan aún y una de las cuales hemos visto hace 
pocos días en la Exposición histórico-europea de Madrid, celebra- 
da con motivo del Centenario del descubrimiento del continente 
americano. 

Aún nos quedan dos obras preciosas del arte de la platería ára- 
be cordobesa. Ambas son de ataujía^ palabra con que se ha desig- 
nado en España el arte de damasquinar los metales: arte que vino 
de Oriente y en el que los artistas andaluces no hicieron otra 
cosa quo seguir las tradiciones de los de Damasco, Bagdad y 
Alepo. 

De estas dos obras, una de ellas, sólo por conjetura, podemos 
llamarla cordobesa. Es un cofre de marfil con elegantes monturas 
de oro. Su labor es de carácter hispano-árabe, y se conserva en el 
Museo de Kensington, bajo el número 305 de su catálogo. Es del 
siglo X y en su inscripción se lee el nombre de Abder-Rahman^ 



312 

probablemente el III. Este nombre es el que nos hace tener por 
cordobesa tan preciada joya. 

El otro cofre que hemos visto, es el que se conserva en la Cate- 
dral de Gerona. Es de forma rectangular, de O '30 centímetros de 
largo por 0*23 de ancho y 0'25 de alto. Está cubierto de planchas 
de plata doradas, adornadas de palmas, rosas y otras labores, dis- 
puestas simétricamente. En el borde tiene una inscripción, en don- 
de se lee el nombre de Al-Hakam II, el del platero Juda-ibn-Bozla, 
y la frase: «En el nombre de Dios. La bendición de Alah;» así 
como la fecha en que fué labrado, 961 de la era vulgar. 

Este magnifico cofre nos da idea, mejor que nada, de lo que era 
el arte de la orfebrería cordobesa al terminar el siglo décimo de la 
era cristiana. Veamos ahora lo que después de la reconquista 
se ha hecho en Córdoba de platería digno de mencionarse. 



II 



Haciendo un examen comparativo entre los elementos que deco- 
ran la arqueta de Gerona y los que exornan el zócalo del mihrab 
^de la Mezquita cordobesa y la puerta de la Sala del Chocolate, en- 
contramos que son los mismos. Así, puede afirmarse que en el 
pueblo árabe, todas las diversas manifestaciones del arte marcha- 
ban al unísono, y que la orfebrería no se retrasaba ni se adelanta- 
ba un punto á la arquitectura. No sucede lo mismo que en el arte 
oristiano, donde al mediar el siglo XVI, en arquitectura, se labra- 
ba en todas partes con el gusto del Renacimiento, mientras en la 
orfebrería se conservaba el arte ojival, tan puro como puede verse 
en las Custodias de Toledo, Córdoba y Jaén. 

Hemos llegado en nuestro estudio á un periodo por demás oscu- 
ro para la historia de la platería cordobesa, ó sea el comprendido 
•entre la toma de Córdoba por don Fernando III en 1237 y el si- 
glo XVI. Puede decirse casi, que de esta época no nos quedan 
objetos que examinar ni datos que consignar. Sabemos que los 
cristianos, conforme se fueron apoderando de las ciudades más 
importantes de Andalucía , se asimilaban las costumbres regalonas 



313 

y fastuosas de los árabes, y adoptaron en sus vestidos y en sus 
adornos tales influencias del pueblo á quien vencian, que hasta 
las palabras que han quedado en la lengua castellana para desig- 
nar las piezas de oro y plata, son arábigas, tales como arraca- 
das, que se dice á cierta clase de perendengues; alfiler, alhaja, y 
hasta la palabra joya, viene de la árabe djaovkar, y el quilate, 
peso del oro y de la pedrería , viene también de la palabra árabe 
quirat. 

Y habia llegado á tal punto la citada influencia, que era suma- 
mente frecuente ver á las damas usar como talismanes, bien col- 
gando del cuello, bien clavado en el pelo en forma de aguja, una 
mano abierta, igual á la que se mira en la Alhambra en la puerta 
de la Justicia, que no era otra cosa que el símbolo de los principa- 
les mandamientos del Corán, ó sean el ayuno de Eamadhan, la 
peregrinación á la Meca, donación da limosnas, hacer abluciones 
y llevar la guerra á los pueblos infieles; y á tal punto llegó el abu- 
so de este talismán, que el Emperador Carlos V se vio obligado á 
prohibirlo en 1525. 

Esta influencia del arte y de las costumbres árabes se manifiesta 
mucho más clara en la arquitectura, en la que, mientras la iglesia 
construía con el carácter y símbolo de su religión y levantaba las 
catedrales ojivales, en donde en sus torres y cresterías descollaban 
los tallados pináculos y los graciosos arbotantes, y las naves se 
elevaban en puntiagudas ojivas, los príncipes y reyes rendían 
culto al arte morisco, levantando soberbios ediflcios como "el alcá- 
zar de don Pedro, en Sevilla; el del mismo Rey, en Toledo; la casa 
de Mesa, en la misma ciudad, y aun dentro de las iglesias, la ca- 
pilla de San Fernando de la Catedral de Córdoba, destinada por 
Enrique II á enterramiento de su padre, Alonso XI, y de don Fer- 
nando IV el Emplazado. 

Pero, volvemos á repetirlo, no sabemos qué fué por entonces de 
la orfebrería cordobesa. En el Museo Arqueológico de Madrid se 
guardan varios ricos brazaletes de oro de unas dimensiones ex- 
traordinarias y de preciosas labores; pero éstos son de origen gra- 
nadino y nada nos dicen para nuestro estudio. Las armas damas- 
quinadas del siglo XV, de que tan brillantes muestras ha habido 



314 

en la última Exposición, y entre las que descuellan las espadas 
que conserva en Granada el Marqués de Campotejar, y la sin igual 
expuesta por el Marqués de Viana, ambas, según se dice, pertene- 
cientes á Boabdil, son granadinas también, y sólo podemos creer 
que sea cordobés un relicario mudejar, precioso de labores geo- 
métricas, que guarda en su tesoro la Catedral de Córdoba, y otro 
joyero ó relicario del siglo XIV que poseen los herederos de don 
Victoriano Ribera, del que se ignora la procedencia. Por este 
último vemos que ya en aquel tiempo se trabajaba la filigrana 
que tanta fama alcanzó y goza aún, y en la que son tan diestros 
nuestros artistas. 

Si hemos de juzgar de la platería cordobesa por su análogo el 
arte de trabajar el cobre, debemos suponerla en el siglo XIV en 
su mayor esplendor, conservando siempre el carácter morisco, al 
examinar las hojas de la Puerta del Perdón y los magníficos lla- 
madores que la adornan, que si no tuvieran alrededor una ins- 
cripción monacal, pudieran suponerse obra de los artistas del 
siglo X, que labraron el mihrab principal de la Mezquita. Esta 
puerta se hizo de orden de Enrique II, en 1377. 

Pocos años después de esta fecha, en 1391, sabemos que el 
Obispo don Juan Eernandez Pantoja hizo donación á la Catedral 
de ornamentos bordados y vasos de oro y plata para el sacrificio 
de la misa, de los que no queda más que el recuerdo. 

En 1445, con ocasión de haberse retirado á Baena el Obispo 
don Sancho de Rojas, y no queriendo volver á Córdoba, fué nece- 
sario llevarle allí para que ordenara al deají don Juan Contreras 
un báculo de plata dorada, la mitra mayor y todo lo necesario al 
pontifical mayor, que habia de usarse en esta ceremonia, y aquí 
terminan nuestras noticias platerescas de los siglos XIV y XV, 
pudiendo sólo añadir, por el testimonio de Juan de Arfe, que su 
abuelo Enrique, para labrar la Custodia en que después nos ocu- 
paremos, fundió un número infinito de objetos muy antiguos. 
¡Maravillosa es la Custodia de Córdoba, pero qué gran riqueza no 
se perdería con esta fundición impremeditada! 

Finalmente el arte de la orfebrería habia adquirido gran impor- 
tancia en muchas capitales de España, quedando de ello memoria- 



315 

y obras notabilísimas. En Córdoba no hay ni restos ni recuerdos. 
Baste decir que mientras la Congi'egacion de plateros de Barcelo- 
na se fundó en 1381, la de Toledo en 1423, y la de Burgos 
en 1428, la de Córdoba no tuvo Ordenanzas hasta el año de 1503, 
como después se verá. 

Dejemos, pues, este periodo en la oscuridad en que lo encon- 
tramos, y entremos en otro en donde los datos históricos se pre- 
sentan ya claros á nuestras investigaciones. 



III 



En los primeros años del siglo XVI los plateros de Córdoba se 
congregaron bajo la devoción de San Eloy, constituyendo la con- 
gregación que aún persiste. Los estatutos titulados «Ordenanzas 
del arte de la platería, ó sea de la hermandad de San Eloy de 
Córdoba, aprobados por el obispo don Leopoldo de Austria,» se 
guardan en el archivo de dicha corporación y forman un libro en 
cuarto, escrito en vitela, en caracteres monacales, con iniciales 
de adorno y orlas iluminadas, que empieza del siguiente modo: 

^ «Tiene este libro treinta y cinco hojas, y esta es la primera 
numerada, porque tiene cuatro anteriores; las tres en blanco, y en 
la una pintada una Santa Cruz.» 

Hasta hoy no han llegado ni las hojas en blanco ni la Santa 
Cruz, y la hoja siguiente, que parece ser la primera del libro, 
está adornada con más rica ornamentación que las restantes. 

De estas Ordenanzas sacamos en claro primeramente que hubo- 
una asociación de orfebres, anterior á ésta, puesto que en el en- 
cabezamiento de las Ordenanzas se lee: «Otorgamos, y fazemos, y 
establecemos nueva cofradía á servicio de Dios y honra del Señor 
San Eloy,» sin que se consigne en ninguna parte ni cuándo na- 
ció, ni cuándo ni por qué feneció la primera. Asimismo parece 
que la asociación anterior sería la fundadora del hospital de San 
Eloy, del que hasta hace poco existió la portada, que, á juzgar 
por sus caracteres arquitectónicos, era obra de fines del siglo XVI 
y de un hermoso renacimiento, y se deduce esto, porque en el 



:n6 

capítulo II dice: «Nombramos por casa y lugar donde hayamos de 
hacer nuestros Cabildos é Ayuntamientos tocantes á la dicha co- 
fradía y hospital que se dice de San Eloy, que es en la colación de 
San Pedro... etc.» 

Los cargos de la asociación deberían ser un prioste, dos alcal- 
des, un escribano, un mayordomo y dos diputados, que se remu- 
darían cada año. 

Se establece en seguida que cada año se haga una fiesta á San 
Eloy, y se preceptúa que todos los cofrades estén presentes, pa- 
gando una multa el que no asista, y que desde el salmo de Mag- 
níficat en adelante tenga cada cofrade una candela (vela) encen- 
dida, excepto en el sermón, en que las candelas estarán apagadas. 
Al dia siguiente de San Eloy se cantará en San Pedro una misa 
de Réquiem por los difuntos de la cofradía, y terminada ésta, se 
irá al hospital á hacer la elección de los cargos de la junta direc- 
tiva, como ahora diríamos. 

Son tan curiosas estas Ordenanzas, y en ellas se manifiestan 
de tal manera las costumbres de la época, que el lector nos ha- 
brá de dispensar si nos permitimos hacer algunas indicaciones 
de lo que en ellas se previene, con lo cual se conocerán más 
á fondo las costumbres que tenían los cristianos del siglo décimo- 
sexto. 

Previenen las Ordenanzas cómo se han de hacer los entierros de 
los cofrades y sus mujeres, cuyos cuerpos habrían de llevar á hom- 
bro los cofrades, nombrados por el prioste, sin excusa, pagando de 
multa el que no asistiere media libra de cera. Se marcan las hon- 
ras que se han de hacer á los padres é hijos de los cofrades; á és- 
tos, cuando fallecieren fuera de la ciudad, en cuyo caso saldría la 
Hermandad hasta las puertas á recibir sus cuerpos; las que se han 
de hacer á los que muriesen en el hospital y á los cofrades pobres, 
á los que se había de socorrer con cincu enta maravedís al mes, ó 
hasta quinientos, si estuvieran en la cárcel por deuda, para ayu- 
da de la paga de ésta. 

La cuota mensual que satisfacía cada congregado era de cinco 
maravedís, y cuatro cada vez que se verificaba un enterramiento, 
para los gastos de la cera y entierro. 



317 

En el cumplimiento de los cargos de la cofradía no había excu- 
sa, hasta el extremo de que si algún individuo no quería aceptar 
el cargo para que era designado, pagaba de multa doce libras de 
cera para las misas de Réquiem y enterramientos. 

Establece las obligaciones de cada cargo, en las que no hay na- 
da de particular más que el ser el mayordomo el administrador 
del hospital, y la obligación de que sean ancianos los diputados, 
que venían á ser como los interventores de loa actos del prioste y 
de los demás oficiales de la cofradía. 

Para entrar en la asociación se necesitaba ser de buena fa- 
ma , no estar en pecado público y pertenecer al arte de la pla- 
tería, y había que pagar libra y medía de cera para el arca de la 
sociedad. 

Se establece que cuando alguno de los congregados enfermare le 
velen dos compañeros cada noche, nombrados por el prioste, tenien- 
do la obligación el que faltare de pagar una libra de cera y de ve- 
lar á la noche siguiente. 

Estas Ordenanzas están firmadas y pactadas en «Córdoua, veyn- 
te y seys días del mes de Mayo, año del nascfimiento de Nro. Se- 
ñor Jesucristo de mili y quinientos y tres años, reynantes en 
Castilla los muy esclarecidos príncipes don Fernando y doña Isa- 
bel, Nros. Señores, y seyendo Obispo de Córdoua el muy Reve- 
rendo don Juan Rodríguez de Fonseca, capellán mayor de Sus 
Altezas.» 

Estos son los primeros estatutos de la cofradía; pero en el mis- 
mo libro y á renglón seguido, continúa el capítulo XXXI, que 
trata de que < ningún cofrade juegue con otro cofrade dineros,» es- 
tableciendo qne el que lo ganare lo devuelva y pague media libra 
de cera. 

Siguen tres capítulos referentes á la supresión de lo que se dice 
A'amona, qne es llevar unos cofrades á otros con engaño para 
obligarles á vender objetos de oro y plata, y de la manera de hon- 
rar á los paniafj nados de los cofrades, en sus velaciones de hijos 
ó hijas y en los entierros; y los cuatro capítulos son acordados en 
uu dia en casa de Diego de San Llórente y á presencia de éste y 
de Alonso de Córdoba, diputados de la Hermandad. Por este ca- 



318 

pítulo XXXIV, sabemos ya los nombres de dos de los más anti- 
guos orfebres cordobeses, tenidos entre los suyos como personas de 
reputación, dados los cargos que desempeñaban. 

El capitulo XXXV, que trata «de la honrra que se le ha de ha- 
zer á la mujer y hyjos del cofrade, después que él fallesciere, » es 
un nuevo acuerdo tomado el domingo 28 dias del mes de Ene- 
ro de 1504, en el hospital de San Eloy, para que se pagase el 
■entierro al hijo siendo mayor de diez años, y á la viuda, siempre 
que guardase «castidad, como cualquier mujer de pro, y no casán- 
dose.» 

En el mismo cabildo acordaron enterrar al platero forastero que 
falleciese en Córdoba; decir misas por el cordobés que muriese 
fuera de ella, y dar trabajo al platero forastero si pagara media 
libra de cera; buscarle trabajo si no lo encontraba, y darle sesenta 
maravedís si fuese pobre y quisiera continuar su camino. 

Siguense ampliando las Ordenanzas con el capítulo XLV en 12 
de Abril de 1 512, para dar cada año al hospital 400 maravedís para 
el aceite que se gastaba en la casa, y por él consta, que los encar- 
gados del establecimiento eran aquel año Gómez de Luque y Pedro 
Eernandez . 

En 26 de Diciembre de 1515, acordaron que los fieles del hos- 
pital duren dos años y sean nombrados por elección en junta gene- 
ral; y aquí vemos, que después del capítulo XLVI, viene el acuerdo 
del XLVII con fecha anterior, ó sea en 26 de Febrero del mismo 
año, aumentando media libra de cera á la multa de los que no asis- 
tiesen á los entierros de los cofrades. 

En 6 de Abril de ] 523 se acordó el capítulo XLVIII para que 
«ningún cofrade compre ninguna cosa de casa de otro cofrade de 
personas que en su casa tuviere» ni de «mo90 ni mopa, ni de obre- 
ro, ni esclava ni esclavo, ni hijo ni hija... de oro, ni plata, ni cobre, 
latón, ni esmalte de ninguna suerte, ni niel, ni piedras, ni perlas, 
ni otras cosas que toque al nuestro arte, herramienta sin licencia 
de su amo ó padre, sopeña de seis libras de cera y la pérdida de 
los objetos comprados, y en el mismo dia se dispuso que ningún 
•oficial pusiera tienda sin licencia. 

Después de este capítulo que es el XLIX, vienen las aprobacio- 



319 

nes del licenciado Fernando Morante, provisor del obispado por 
don Leopoldo de Austria, Obispo de Córdoba, firmada por Luis 
Sánchez de Castro y por el provisor en 26 de Junio de 1541, y del 
provisor, el licenciado Fernando Velarde de la Concha, por el 
Obispo don Francisco Pacheco, firmada por el mismo y por An- 
drés de Navarrete, en 3 de Julio de 1587, ambas escritas en letra 
vulgar, siguiendo nuevamente los acuerdos en caracteres monaca- 
les, sin que al final del libro aparezca autorización de ninguna 
clase. 

De lo añadido, que son cuatro capítulos sin numeración, solóse 
flaca en claro, que el prioste en 26 de Junio de 1547, era Juan 
Sánchez, y el escribano Andrés López, que en 29 de Junio de 1551 
ejercian ambos cargos Diego Fernandez y Pedro Ruiz respectiva- 
mente, y que en 26 de Junio de 1557, desempeñaban Diego de Se- 
villa el cargo de prioste, Pedro Ferrandez Tercero y Diego Fer- 
nandez el Rubio, los de alcaldes; Fernando de Jahen y Antonio 
Ferrandez loa de veedores, nombre en que se babia cambiado sin 
duda el cargo de diputado, Alonso Sánchez el de mayordomo, y 
Diego Ferrandez de los Olivos el de escribano, sin que los acuer- 
dos tomados en dichas fechas tengan importancia alguna para el 
objeto que nos hemos propuesto. 

Esta es la organización de la congregación de plateros de Cór- 
doba que, como se ha visto, tardó más de medio siglo en llegar á 
tener unos estatutos formales y terminados á satisfacción de aque- 
llos primeros orfebres, cuyas obras desconocemos. 



IV 



Por muy importante que fuera la asociación de plateros de Cór- 
doba, de que acabamos de hablar, es fuerza confesar que ó no ha- 
bía entre ellos quien pudiera ser considerado como un gran maes- 
tro en su profesión, ó lo que es más probable, que, dedicados to- 
dos á construir obras de adorno para la gente pudiente, y por lo 
tanto de gusto morisco, no tenian práctica ni conocimientos para 
labrar la plata al gusto ojival, toda vez que el cabildo Catedral 



320 

de Córdoba, presidido por el Obispo don Martin Fernandez de 
Ángulo, prescindió de los orfebres cordobeses y fué á buscar á To- 
ledo un artista alemán que hiciera la magnífica Custodia que aún 
se admira en las procesiones del Corpus y en el joj^ero de la Ca- 
tedral. 

No se sabe á punto fijo el año en que se empezó la Custodia que 
algunos han supuesto fuese el de 1513; lo único que se sabe, es que 
al otorgar su testamento el Obispo don Martin Fernandez de Ángu- 
lo, en 20 de Junio de 1516, no estaba concluida, dejando aquel 
prelado para que se acabara 500 ducados, y que la hermosa alhaja 
se estrenó en la procesión del Corpus de 1518. 

El artista que la construyó fué Enrique Darfe ó de Arfe, ale- 
mán, que debió nacer de 1470 á 1480, y que vino á España en 
ISOT) á labrar la Custodia de la Catedral de León. Cuando se en- 
cargó de hacer la de Córdoba habia ya terminado aquélla, y esta- 
ba trabajando en la de Toledo, que es sin disputa de las mejores 
de España. 

La única descripción que se ha hecho de la Custodia vieja como 
se dice en Córdoba, la trae don Pedro Madrazo en una nota á la 
página 331 del tomo de Córdoba, de la obra España, sus monu- 
mentos y artes, impresa en Barcelona en 1884, y como la descrip- 
ción que nosotros pudiéramos hacer no igualaría á la hecha por tan 
erudito y galano escritor, mucho más cuando escribimos sin te- 
nerla á la vista, y no es posible dejar de describir la obra más im- 
portante de la platería cordobesa, nos permitimos copiarla, lo que 
el lector nos agradecerá. Dice así: 

«Su planta es un duodecágono regv'ar, de un pié cada lado, 
sostenido en ruedecillas interiores. Sobre el platillo de doce lados 
de la planta, en cuyas esquinas hay lindas cabecitas de serafines, 
se levanta un cuerpo de tres zonas: la primera, de ángulos entran- 
tes y salientes, deja francos seis de los lados del duodecágono para 
la colocación de las asas ó agarraderos, por donde se sostiene la 
Custodia. Esta primera zona viene á formar un zócalo de seis es- 
tribos, en cuyas caras están representadas escenas alegóricas, al- 
ternando en andanas de graciosos relieves, danzas grotescas y pas- 
toriles, con pasos de la Biblia relativos á la conducción del Ta- 



321 

bernáculo. Remata esta zona con una preciosa ci'esteria dorada-. 
En los bajo relieves mencionados alternan la plata y el oro. — Se- 
gunda zona. Fórmanla un zocalito pequeño; luego una cenefa de 
hojas y figuritas; luego una crestería dorada; después otra cenefa 
más ancha de hojas sutiles, de plata mate, cou figuras doradas. 
Esta segunda zona va en disminución, y sostiene la tercera, que 
se compone de los cuerpos siguientes: — Tercera zona. Basa salien- 
te que sirve de cornisa á la cenefa de la zona inferior. Esta basa 
está adornada de crestería dorada. ¡Sobre ella sube un cuerpo de 
doce lados, siguiendo la misma disposición de ángulos entrantes y 
salientes de las zonas inferiores. Este cuerpo presenta en cada es- 
pacio entrante tres compartimientos, y en cada cara saliente, tie- 
ne frontera una torrecilla ó estribo, que arranca de la basa de esta 
tercera zona, sobre una linda repisa de cenefa dorada. Ofrece, 
pues, el cuerpo que vamos describiendo, seis caras salientes detrás 
de las seis torres ó estribos, y seis espacios de á tres comparti- 
mientos francos á la vista. En estos compartimientos, divididos 
uno de otro por pequeños estribos con sus delicadas agujitas, hay 
otros tantos espacios rehundidos, de una pulgada de profundidad, 
en que se representan de alto relieve escenas de la vida y pasión 
de Nuestro Señor Jesucristo, en figuras de dos pulgadas primoro- 
samente trabajadas. Son estas escenas dieciocho. Sobre este cuer- 
po hay una cenefa saliente, adornada por la parte inferior con una 
cenefa de plata maté. Es de notar, que á medida que el todo va 
disminuyendo desde la primera zona de la Custodia, los espacios 
entrantes van proporcionalmente ensanchando; manera artificiosa 
de conseguir que campee el cuerpo interior y principal sobre que 
se levanta el viril. — Forma este cuerpo principal un machón cilin- 
drico de cristal (en que se contiene el Santísimo Sacramento), que 
descansa en una basa, también cilindrica, cuya parte inferior re- 
viste una ancha cenefa exagonal, en disminución, formada de su- 
tiles hojas y figuras por el estilo de las cenefas inferiores. Del ma- 
chón transparente en que se encierra el viril, sale en forma de ro- 
tonda, y como derramándose á modo de penacho circular, la bóveda 
gótica, que recae en las torrecillas que ocupan los eápacios salien- 
tes de la planta de este cuerpo principal. Estas torrecillas están 
Tomo CVII. 21 



322 

eu la misma disposición y lados que las otras que vimos arrancar 
de !a base de la zona tercera del primer cuerpo, y se hallan entre 
ai unidas con sutiles arbotantes que rematan en figurillas. La bó- 
veda circular que asegura el cuerpo cilindrico del viril, y que re- 
cuerda desde luego la de la rotonda que dedicó Constantino como 
capilla fúnebre á su hija Santa Constanza, sostiene otras torreci- 
llas más delgadas, que alternan con las inferiores, y en vez de 
levantarse en los lados salientes, se elevan en los entrantes y sos- 
tienen otra bóveda, plana y calada, bajo la cual se cobija una gra- 
ciosa estatuita de Nuestra Señora en su Asunción. Sobre esta bó- 
veda se levanta una especie de dombo calado, formado por un vis- 
toso conjunto de agujas y arbotantes de segmento de círculo, que 
entre sí las unen por la parte superior, y sobre el dombo descuella 
una corona terminada en una estatuita del Salvaldor triunfante 
con la cruz. — Las dos bóvedas ó baldaquinos, la que gira en torno 
del machón del viril, y la otra superior que cobija la imagen de 
Nuestra Señora, están en la parte exterior disfrazadas con elegan- 
tes arcos conopiales, con sus grumos y preciosa crestería. Y las 
torrecillas que suben de los cuerpos bajo y principal están cuaja- 
das de estatuitas sobre sus lindas repisas y bajo caladas marque- 
sinas. Alternan en esta bellísima pieza de orfebrería el oro, la plata 
bruñida y la plata mate, y parece al sol una maravillosa cristali- 
zación de sal gema, brillantes y oro.» 

Tal es la Custodia de Córdoba, cuyo peso es de 532 marcos de 
plata, de los cuales dio 100 el arcediano de Córdoba don Fran- 
cisco de Simancas, cuyo retrato se conserva con los de sus herma- 
nos en la capilla del Espíritu Santo, de la Catedral de su patria. 

Extrañará al lector que hayamos dicho que la Custodia es la 
'obra principal de la orfebrería cordobesa, y nada sin embai'go es 
más cierto. Su famosa obra es debida al talento de un artista ale- 
mán, pero sin ella no se hubieran formado en Córdoba un sin nú- 
añero de artífices que casi han llegado hasta nuestros dias y que 
han dado á la platería cordobesa la fama que aún goza en toda Es- 
paña, y casi pudiéramos decir que en Europa entera. 

Enrique de Arfe tuvo que tener á sus órdenes para que le ayu- 
daran en la construcción, un gran número de oficiales que tomaría 



323 

¡probablemente en Córdoba, y si no tuvo muchos y éstos no fueron 
cordobeses, por lo menos tuvo á Juan Ruiz, conocido por el Van- 
dalino, de quien no se encuentran memorias on el archivo de la 
congregación de San Eloy, pero de quien habla mucho Juan de 
Arfe, nieto del famoso artífice, en su libro «De Varia conmesu- 
racion.» 

En él se dice que Ruiz era cordobés, que se le llamó el Vanda' 
Uno por ser andaluz, y que fué el primero que enseñó á tornear la 
plata en España, siendo discípulo de Enrique de Arfe, 

Sabemos también por este libro que construyó las Custodias de 
Jaén, Baza y San Pablo de Sevilla. La primera de sus construc- 
ciones fué la de Jaén. La contrató en 1533, obligándose á hacerla 
en cuatro años y empleando en la obra 400 marcos de plata, y se 
sabe que tuvo su taller en aquella capital junto al convento de la 
Merced en la calle que aún se llama de la Custodia. La obra que 
hemos admirado es magnífica; pertenece á un estilo mixto entre el 
plateresco y el ojival; consta de seis cuerpos distribuidos gallarda- 
mente en dos metros de altura, y está toda cuajada, puede decirse, 
de preciosas figurillas y adornos del mejor gusto. 

La Custodia de Baza no la hemos visto, y por lo tanto no pode- 
mos dar noticias de ella. 

Cuando estaba terminando la de San Pablo de Sevilla, que es 
puramente plateresca, murió el artífice sin que sepamos quién fué 
el encargado de su terminación. 

Producto también del arte enseñado en Córdoba por Enrique de 
Arfe, si no obra suya, son la Crwz antigua que se guarda en el teso- 
ro de la Catedral, y los portapaces que sirven á diario en las cere- 
monias de esta santa iglesia. Unas y otras obras están cuajadas do 
primorosas cresterías del gótico más floreciente, con arcos conopia- 
les de exquisita labor y primoroso trabajo. 

Registrando los archivos del colegio de San Eloy hemos encon- 
trado algunos nombres de plateros que hemos creído oportuno ol 
citar aquí. 

En 11 de Julio de lóO"*, se examinó y fué aprobado para ejercer 
el arte de la platería ante los alcaldes, veedores y aprobadores d(;l 
xirte, .Tuan de Portollano, que presentó como prueba de su su- 



324 

ficiencia y habilidad, un retablo y guarnición de plata que había 
hecho. 

En 2 de Septiembre de 1575 se examinó el señor Alonso López 
el mozo, que fué aprobado, en vista de lo bien hecho que estaba un 
sol de Custodia que presentó. 

En 27 de Noviembre de 1 578 se examinó y fué aprobado el señor 
Martin Sánchez, que presentó una corona de plata que habia 
hecho. 

En 6 de Octubre de 1580 se examinó el señor Martin Alonso, 
presentando como prueba de su habilidad una imagen de la Vir- 
gen, labrada en oro. Este debió llegar á tener gran autoridad en 
su arte, toda vez que en 1592 fué elegido prioste de la cofradía y 
en 1595 alcalde, en cuyo cargo permaneció dos años, perdiéndose 
después su memoria. 

El señor Fernando de Soto fué examinado en 2 de Diciembre de 
1 580, habiendo presentado una Concepción de oro, labrada por él. 
En 7 de Julio del mismo año fué aprobado por haber hecho una 
cruz grande, de procesión, el señor Diego Ximenez. 

De este mismo siglo se tiene noticia de otros dos plateros. Don 
Diego de las Casas que nació en Córdoba en 1547, se examinó en 
(j de Octubre de 1580, presentando para su aprobación una sortija 
de oro que encontraron los aprobadores muy bien hecha, y últi- 
mamente declaró en 1624 en el expediente de canonización del pa- 
dre maestro Juan de Avila, de la que hay una relación inédita en- 
la Biblioteca provincial de Córdoba. 

El otro fué don Juan de las Casas, acaso hermano del anterior, 
que fué examinado en 16 de Junio de 1575, presentando un salero 
de plata como muestra de su habilidad, y ejerció los cargos de prios 
te en 1591, 1600, 1601 y 1603; mayordomo en 1593 y 94; alcalde 
en 1597, 1602, 1605 y 1609 hasta 1611 en que se pierde su me- 
moria, lo cual hace suponer que en este tiempo murió. Un hombre 
que desempeñó tantos cargos importantes en la cofradía de San 
Eloy, hay que suponer con razón que debió ser considerado en su^ 
tiempo como una de las personas de más autoridad en su arte. 

Todos los datos que anteceden, pertenecen al archivo de la so- 
ciedad de plateros. Ahora, examinando los objetos acumulados en 



325 

el tesoro de la Catedral, encontramos un nuevo artífice del cual no 
hay memoria y que nos atrevemos á llamar Rodrigo de León. De 
él hay en aquel lugar varias brillantísimas obras. La primera, íñ- 
chada en 1577, es la Virgen de Villaviciosa, y la parte superior 
del pedestal en que está sustentada. Esta Virgen que fué de ma- 
dera, llegó á destruirse de tal modo que hubo que hacerla nueva 
de plata, dejando sólo de la primitiva las cabezas de la Virgen y 
el niño. La peana, de gusto del Renacimiento más hermoso, con 
relieves alusivos á la aparición y traslaciones de la imagen desde 
Villaviciosa en Portugal hasta la Catedral de Córdoba, fueron cos- 
teadas por el Obispo don Fr. Bernardo de Fresneda en 1577, y 
tienen una marca de platero donde puede leerse el nombre anota- 
do, puesto que dice asi: 



11 <> 
D F O 



La parte baja del monumento es de 1699, y tiene marca distinta 
como en su lugar habremos de decir. 

En 1581 encontramos una nueva memoria de este artista en el 
mismo tesoro déla Catedral. Allí hay dos portapaces del más her- 
moso renacimiento, trabajo inapreciable, no sólo por sus condicio- 
nes de líneas y adornos, trazados en oro, sino por los esmaltes que 
los adornan, y en los cuales se lee por detrás la siguiente ins- 
cripción: 



En un lado 



y en el otro 



El sr.*»" setíJ Do,'" Dieg.° Fern^ 
D Cor.'^ dvq. D Sogorbe 
y cara marq.^ D Comara 



DIO estas 2^ortA faze 
S y£ Cabildo Desta 
iglesia D Cor.'* Año 1581. 



326 



y la misma marca 



D E O 



Aun hay otra obra de este autor, que es una portapaz del rena- 
cimiento que tiene en su centro á la Virgen, teniendo en sus brazos 
á Jesucristo muerto, y que no tiene fecha, pero sí la firma del pla- 
tero en quien nos ocupamos. 

Otra obra cordobesa, indiscutible, puesto que tiene la marca del 
contraste, se guarda en aquel tesoro, cuya cifra no nos atrevemos 
á resolver, y es el relicario de los santos mártires Acisclo y Vic- 
toria. Es una obra indudablemente del principio del siglo XVI, y 
cuya firma es la siguiente DAMas, que no sabemos á qué nom- 
bre pueda corresponder de los muchos examinados en la congrega- 
ción de plateros. 

Lo más notable, sin embargo, de cuanto encierra el te&oro de la 
Catedral, perteneciente al siglo XVI, aparte de la Custodia, es 
una obra anónima. Es el braserillo donde se quema el incienso el 
dia de Sábado Santo, y cuya labor repujada del renacimiento no 
tiene igual, ni aun en las obras más notables de Berruguete y de 
Felipe de Borgoña, que fueron los que en España llevaron este arte 
á su mayor perfección. 

Antes de concluir lo concerniente á este periodo, citaremos una 
bandeja de plata repujada, que conservan los herederos del platero 
don Pedro Barbado, en cuyo centro están representados Adán y 
Eva arrojados del Paraíso, con la marca 



AND 




ERA 



y un artístico tocador del renacimiento, también todo repujado, 
que perteneció á la rica colección de los señores Diaz de Morales, 
ya desecha, y cuyo autor siempre ignoramos. 

Pinalmente, en el tomo LV de la colección de Documentos iné- 
ditos para la Historia de Esfaña, que publica el señor 3íarqués 
de la Fuensanta del Valle, cita el señor Zarco del Valle á un 



327 

platero cordobés desconocido y del que no hay memoria en la co- 
fradía de San Eloy, el cual en 1590 hizo por encargo de Feli- 
pe II un bozal de plata dorado, trabajado en medio relieve, con 
diferentes piezas colgando de cadenillas, todo lo cual pesaba 9 mar- 
cos, 3 onzas y 5 octavos, que se habia de entregar á P. Daza,, 
guadarnés del rey. Este artista se llamó Juan Urbano, y la orden 
de pagarle su importe de 131.250 maravedís^ dada en el Escorial 
á 16 de Agosto del año citado, la guarda en su colección el señor 
conde de Valencia de don Juan, firmada por el hijo del Empera- 
dor Carlos V. 



V 



Entre los libros que guarda la cofradía de San Eloy de plateros? 
de Córdoba hay uno en folio con cubiertas de pergamino que se 
titula: Privilegios Helarte de la f latería, y que alcanza hasta los- 
primeros años del siglo décimooctavo. Ninguno de ellos está con- 
cedido especialmente para Córdoba; pero están ampliados á los 
plateros cordobeses y reconocidos por la ciudad por decreto de 2S 
de Junio de 1703, á causa de haber dado el gremio de plateros 
2.000 reales para el casamiento de Felipe V, de haber hecho el 
mismo gremio una máscara en celebridad de la llegada de este 
rey á Madrid, y de haber facilitado algunos soldados para acudir 
á la defensa de Cádiz, Puerto de Santa María y Rota, amenaza- 
dos por las naves inglesas, en la famosa guerra de sucesión. Et 
hermano mayor de la cofradía que solicitó y obtuvo el reconoci- 
miento de los privilegios, fué don Bartolomé Sánchez de Agui- 
lar, que era familiar del Santo Oficio, lo cual prueba la importan- 
cia que el arte de la orfebrería alcanzaba en los tiempos que vamos 
historiando. 

El primero de los privilegios que se contienen en este libro es 
una pragmática de los Reyes Católicos don Fernando y doña Isa- 
bel, expedida en Jaená 7 de Julio de 1489, por la que se disponía 
que no se le pidieran alcabalas á los plateros constructores de ob- 
jetos ó comerciantes en oro y plata. 



328 

Es el segundo de 30 de Septiembre de 1556, expedido en Ma- 
drid por el Emperador don Carlos y su madre doña Juana, la 
Loca., á petición de los plateros de Plasencia, y hecho general á 
todos los de España; disponíase que no rezara con los artífices 
plateros la prohibición anterior de vestir sedas, y que los plateros 
y sus mujeres pudieran traer y vestir las dichas sedas, dispo- 
niéndose además, que pudieran ejercer los cargos de corregido- 
res, alcaldes mayores y ordinarios, regidores y procuradores ge- 
nerales. 

Trata el tercero de los privilegios, que es una Real cédula dada 
dor el Rey y señores de su Consejo de Hacienda en 14 de Fe- 
brero de 1619, de que no se cobre á los plateros el uno por ciento 
impuesto en todas sus contrataciones á todos los oficios, en virtud 
de que el oro y la plata tienen valor fijo; y en la misma cédula, á 
instancias de los bordadores de Salvatierra, en la provincia de 
Álava, se establece que los bordadores, pintores, escultores, arqui- 
tectos y plateros, puedan ser elegidos para todos los oficios, como 
son los de alcaldes ordinarios y sus tenientes, procuradores genera- 
les, regidores, diputados y tenientes de regidor. 

De 23 de Mayo de ] 640 es el cuarto privilegio, por el que el 
Consejo de Hacienda determina que no se imponga á los plateros 
ninguna clase de tributos, y el quinto y último, de 30 de Abril 
de 1641, es del Consejo de su Majestad, y se manda en él, que con 
motivo de la guerra de Cataluña, se exima al gremio de plateros, 
como tal gremio, del reparto de soldados, toda vez que ellos, como 
particulares, se prestan á contribuir como sea razón en cuestiones 
de guerra. 

Hasta aquí alcanzan las noticias del archivo de plateros respec- 
to á las exenciones y privilegios de que disfrutaba su arte, y va- 
mos á ver ahora lo que tenemos de noticias históricas de artistas 
en el siglo XVII que vamos historiando. 

Al examinar los libros del archivo de la Cofradía de San Eloy, 
hemos encontrado la noticia del examen de infinidad de oficiales, 
á quienes se les autorizaba para abrir taller y comerciar en su ar- 
te. El solo hallazgo de un nombre parece que no nos autorizaba 
para traerlo á la historia de la orfebrería, y asi, hemos descartado 



329 

todos los que presentaban para su aprobación obras insignificantes, 
y hemos tomado sólo los que hablan construido piezas de escultu- 
ra ú otras de importancia, que á nuestro entender fueran los que 
sin otros merecimientos podrían figurar en un trabajo como el pre- 
sente. De éstos hemos hallado en el siglo XVII los que á conti- 
nuación se expresan: 

Lúeas de Valdés, natural de Córdoba, fué en 1600 aprobador 
del arte de la platería. Cesó en este cargo en 1602, y habiendo 
sido reelegido en 1603, lo desempeñó hasta 1605. 

En 1602, el cabildo catedral, en «hacimiento de gracias por 
haber cesado la peste de esta ciudad por intercesión de los Santos 
Mártires», regaló á la capilla de estos en la iglesia de San Pedro, 
una lámpara de plata que pesa diez y siete marcos y onza y me- 
dia, y el autor de ella es Lúeas de Valdés. Asi lo dice la ins- 
cripción que bordea esta hermosa lámpara que aún se conserva. 
Este Valdés tuvo un hijo de su mujer Elvira Daza, que fué exa- 
minado y aprobado para abrir taller en 1 5 de Mayo de 1634. 

Juan López fué aprobado el 18 de Febrero de 1648, envista 
de la buena hechura de un cáliz que presentó. 

En 1677 hizo en Montilla, su patria, Tomás Gonzalo de Alcán- 
tara y Ángulo la cruz de plata del Jesús Nazareno, que se venera 
en su ermita de Puente Genil. En la obra empleó este artista dos- 
cientas ochenta y ocho onzas y veinte y cuatro reales de plata, y 
se le pagaron por hechuras siete mil ochocientos sesenta y ocho 
reales. 

Antonio Ruiz, de León, fué aprobado en 13 de Junio de 168.> 
por haber presentado un sol de Custodia, como muestra de su 
habilidad y maestría. 

En 9 de Junio de 1690 fué examinado don Gaspar de las Ta- 
zas, que presentó una Custodia de plata muy bien hecha, según 
dice el acta do su aprobación, y por último Alonso Moreno, exa- 
minado en 28 de Junio de 1603, fué aprobado en vista de lo bien 
•hecho que estaba el cáliz presentado, como prueba de su ha- 
bilidad. 

Aparte de estos datos sacados todos del archivo de la cofradía 
•de San Eloy, encontramos en el tesoro de la Catedral, fechada 



330 

en 1699, la peana inferior de la Virgen de Villaviciosa, cuya 
firma nos hace pensar en el artista antes citado Gaspar de las 
Tazas, toda vez que su marca es en esta forma T^ . 

Las andas de la Virgen de la Fuensanta, trabajo más prolijo 
que bello, están fechadas en 1657, y un cáliz de hermosa labor, 
pero ya de decadentes primores, tiene la fecha, sin firma, de 1658. 

En esta época el pintor cordobés Antonio del Castillo se ocu- 
paba á veces en hacer dibujos ó modelos en barro para los plate- 
ros de Córdoba. 

Por otras memorias sacadas del archivo de la Catedral sabemos 
que en 1620 el Obispo Mardones regaló al cabildo la Cruz Grande 
que se saca en las procesiones, de plata sobredorada, con esmal- 
tes y engastes de oro y pedrería, que pesa ciento nueve marcos y 
que no tiene gran cosa de valor artístico. 

Que á 8 de Septiembre de 1629 regaló á la Catedral el Obispo 
Lobera la hermosa lámpara de plata que pende en el presbiterio, 
que pesa 16 arrobas, 18 libras, 10 onzas y 5 reales y cuyo autor 
se desconoce. 

Que don Fr. Domingo Pimentel en 1687 á su vuelta de Italia, 
donó á la Catedral dos blandones de plata, de hermosa labor, cuyo 
peso era de siete arrobas, y su altura de cuatro varas y media, 
trabajados en Roma por Faustino Faglieto, y que en el mismo año 
el Arzobispo de Toledo don Pascual de Aragón regaló al cabildo 
otros dos blandones de plata de nueve cuartas de altura, y doce 
iguales de bronce dorado, y que en 1660 costeó el Obispo señor 
Marconi las verjas de bronce del coro, capilla mayor y crucero 
que costaron siete mil ducados, sin que hayamos podido averiguar 
nada más de lo que se refiere en el siglo XVII á la orfebrería cor- 
dobesa. 

En el largo periodo que media entre la construcción de la Cus- 
todia y los primeros años del siglo XVIII á que hemos llegado en 
nuestro estudio, el arte de la platería habia corrido todas las vici- 
situdes porque pasó el arte general en España. Hasta mediados 
del siglo XVI los artistas que habían aprendido las buenas prác- 
ticas de Enrique de Arfe, construyeron sus obras con arreglo al 
estilo ojival; pero poco á poco se fueron impregnando del espirita 



331 

del renacimiento, y llegando á olvidar las prácticas y formas del 
arte antiguo, como le llama Juan de Arfe á lo que fabricaba su 
abuelo, adoptaron por completo las líneas y adornos del arte gre- 
co romano. 

Al arte antiguo obedecen la cruz de procesión y los portapaces 
de que antes hemos hablado, y que se guardan en el tesoro de la 
Catedral; al renacimiento español vulgarmente llamado plateresco, 
se debe el sin igual braserillo de la misma iglesia, y á un renaci- 
miento hermoso de lineas, pero sobrio de adornos los portapaces 
regalados á la Catedral por el Duque de Segorbe. 

No ha pasado medio siglo aún, cuando el arte de la platería em- 
pieza á quebrar las lineas más bellas de la arquitectura romana, y 
á desposeer de adornos sus obras, y poco tiempo después la forma 
va buscando su grandeza por el tamaño y su belleza en la curva, 
resultando un arte barroco y precursor del churriguerismo, que á 
principios del siglo XVIII lo invadía todo. 

Hay que hacer la consideración en pro del arte de la platería 
cordobesa, que si bien los artistas llegaron á perder las líneas ge- 
nerales de sus obras bajo una profusión grandísima de pormeno- 
res injustificados y faltos de belleza, nunca llegaron á los extra- 
víos de la arquitectura, de la cual en Córdoba hay muestras 
tales como el retablo de la Compañía, obra del arquitecto don Teo- 
doro Sánchez de Rueda, sino que se quedaron en un límite medio, 
en donde si bien hay algunas cosas inconcebibles, como parte de la 
peana de la Virgen de Villaviciosa, hay otras que parecen del re- 
nacimiento, tales como la urna de las reliquias de los Santos Már- 
tires de San Pedro, debidas al platero cordobés don Cristóbal 
Sánchez, y en las mismas obras del siglo XVIII, como las de don 
Damián de Castro, de que después hablaremos, hay cierta gracia 
en la composición, y sobre todo un exquisito gusto en el dibujo de 
las figuras, y una delicadeza grandísima en el cincelado y repuja- 
do de las imágenes. 

Basten estas ligeras consideraciones generales sobre la marcha 
que en su desenvolvimiento llevó el arte de la platería desde el si- 
glo XVI basta el XVIII, y vamos á ver la historia del mismo con los 
datos que nos suministra el archivo de la congregación de plateros. 



:y.i2 



VII 

Los primeros datos que encontramos que consignar en este si- 
glo, se refieren á plateros examinados, que si bien hay la presun- 
ción de que fueran notables por los cargos que ejercieron ó por las 
piezas que para la aprobación presentaron, no quedan obras suyas 
..conocidas por donde los podamos juzgar. 

De estos el primero que se ofrece á nuestra atención es Alonso 
de Aguilar. Para examinarse en 24 de Noviembre de 1709, pre- 
sentó un copón de plata. Al año siguiente de su aprobación fué 
nombrado por la congregación de San Eloy mayordomo de pobres, 
ejerciendo este cargo hasta 1712. En 171 7 se le eligió veedor de 
plata, cuyo cargo desempeñó hasta 1721, y desde 1723 hasta el de 
25 fué alcalde de la hermandad, cargos todos que por ser de libre 
.«lección parece natural que recayeran en los que mayores mereci- 
mientos tuviesen para ello, y por lo tanto, en los artífices de ma- 
yor suposición y sabiduría. 

En 24 de Noviembre de 1709, esto es, en el mismo dia que el 
anterior, fué aprobado para abrir taller don Juan Calvo, que pre- 
sentó como pruebas un cáliz de plata que los aprobadores encon- 
traron bien hecho. 

Cinco años después, en 30 de Julio de 1714, fué examinado y 
aprobado, en vista de una cruz de altar de plata don Juan Sánchez 
Izquierdo. No consta que éste ejerciere cargos en la hermandad, 
pero sí del acta de aprobación de Juan de Torres, que Sánchez fué 
quien trabajó el frontal, candeleros y demás objetos del altar de la 
sala capitular del Ayuntamiento, en cuyo trabajo le ayudó Torres. 
Fuerza es confesar que si bien el frontal es una obra perfecta de 
prazovería ó de repujado, como gusto artístico es de lo más barro- 
co que se conoce en la orfebrería cordobesa. Este primer tercio del 
siglo XVIII es lo más funesto del arte cordobés. 

Don Juan Romero fué aprobado en 21 do Junio de 1716 por el 
remate de unas andas de plata. Don Juan de la Gala por una es- 
iátua de Santa Bárbara, en 11 de Julio de 1723. Donjuán de 



'6:vd 

Luque y Molina por un Santo Cristo de plata, y por otro Cristo 
mni/ lien hecho don Fernando de Martos, ambos en igual dia 1 1 
de Julio del 23. Según memorias del cabildo de la Catedral, consta 
que en 1724 el Obispo don Marcelino Siuri determinó acabar la 
Custodia comenzada en 1713, }• uuya construcción se suspendió 
por falta de plata. Llevó á los constructores á su palacio y allí la 
terminaron, estrenándose en la octava del Corpus del mismo año, 
siendo su peso 800 marcos de plata, y habiendo gastado el Obispa 
en la construcción 10.000 pesos. De esta Custodia no queda rastro 
en la Catedral. Probablemente seria un mamotreto churrigueresco 
del peor gusto, y es de agradecer que no se le ocurriera á aquellos 
buenos capitulares deshacer para su obra la magnífica Custodia 
vieja del artista alemán. 

En 30 de Julio de 1725 fué examinado y aprobado para abrir 
taller don Juan de Soldevilla, en vista de que estaba muy bien he- 
cha una escultura de San Miguel de plata que presentó, y en 23^ 
de Julio de 1727, lo fué don Juan Benitez por otra imagen de San 
Miguel, sin duda tan bien labrada como la primera. 

En este año la cofradía en su cabildo de 1 9 de Septiembre, 
siendo hermano mayor don Luis Joseph Ruiz de Navas, acordó á 
propuesta del guardián de San Francisco celebrar con una fiesta 
de iglesia la canonización de San Francisco Solano y San Jácome 
de la Marca, y sacar en procesión á San Eloy en el último dia de 
la octava, y para ello comisionaron al hermano mayor con don 
Francisco Bruno de Valenzuela y don Bartolomé García, acaso 
padre del renovador de la Custodia antigua, de quien después se 
hablará. 

Al año siguiente de 1728, en 2 de Octu})re, se examinó y fué 
aprobado don Juan de Zafra, que presentó una sirena de plata bien 
hecha según dice el acta de su aprobación. Habia sido discípulo 
do don Gaspar de Medina, y se estableció en la Rambla, donde 
murió en Febrero 6 Marzo de 1705. 

En Abril de 1 729 se tuvo noticias en Córdoba de que llegaban á 
ella los infantes don Luis Antonio Jaime y doña Maria Teresa de 
Borbon, y á petición del corregidor que lo era don Francisco Bas- 
tardo de Cisneros se reunió la asociación de plateros bajo la presi- 



334 

dencia de su hermano mayor el citado E,uiz de Navas, acordando 
adornar la Puerta Nueva, dejando el adorno á la elección de una 
diputación nombrada al efecto muy numerosa, y de la que forma- 
ba parte don Bernabé García de los Reyes, de quien después ha- 
blaromos. 

En el mismo año y á 12 de Junio, se celebró un certamen en el 
convento de San Francisco entre los discípulos del arte de la pla- 
tería. El tribunal que había de fallar se componía de don Luís Jo- 
seph de Navas, don Juan Ramiro Narvaez y don Juan de León 
Narvaez, y los discípulos premiados fueron José Mellado, Damián 
de Castro, Juan González, Ignacio de Aguilar, José Iglesias y 
Juan Galindo de Morales, á los que se les dio de premio cuatro rea- 
les á cada uno; y Diego de Prado y Joseph Navarro que recibie- 
i'on dos. Los trabajos, objeto del certamen, eran dibujos y plan- 
chas de grabado. Es la primera vez que aparece el nombre de don 
Damián de Castro en la historia de la platería cordobesa, estando 
llamado á ser la primera figura de su arte en este período. 

Esta costumbre de hacer certámenes entre los discípulos del ar- 
te, debió perderse, porque examinadas todas las actas del si- 
glo XVIII es el único que se encuentra con acta especial; si alguno 
otro hubo no tuvieron los de la junta directiva la curiosidad de 
anotarlo. 

En 22 de Julio de 1730 fué examinado don Cristóbal Ceballosy 
Buenrostro por una estatua de San Miguel, y este artista debió 
llegar á tener buen renombre puesto que fué elegido secretario del 
colegio en 1751, desempeñando dicho cargo por sucesivas reelec- 
ciones hasta 1758. 

Sebastian Fernandez fué aprobado en 17 de Agosto de 1731 por 
una diadema de plata con potencias, y en 29 de Junio de 1732 fue- 
ron aprobados don Diego de Galvez y don Antonio de Osuna, el 
primero poruña Custodia de m&no kec/ia co?i ffranjjrimor, y el 
segundo por un águila imperial de plata, con no menos h:ibilídad 
ejecutada. El primero fué discípulo de don Bartolomé García, y el 
segundo lo fué de don Gaspar Medina. 

En cabildo de 23 de Julio de 1732 acordó la hermandad á pro- 
puesta de su hermano mayor don Francisco Bruno de Valenzuela, 



335 

celebrar una de las fiestas de la octava de San Kafael en hacimien- 
to de gracias por haberse acabado el nuevo templo del Ángel Cus- 
todio, para lo cual se nombró una Diputación compuesta de varios 
plateros, y presidida por el hermano mayor. 

Hasta 1742 no encontramos otra cosa digna de mencionarse que 
la noticia de algunos plateros examinados, y estos son los si- 
guientes: 

En 8 de Diciembre de 1734 fué aprobado don Juan Bañuelos 
y Aguayo, por una escultura de San Antonio, de plata sobredora- 
da. En 29 de Junio de 1735 lo fué don Erancisco de Vilches por 
un San Rafael, de plata sobredorada. En 14 de Enero del 30, don 
Eoque del Hoyo por una escultura bien hecha que representaba á 
San Miguel. En 9 de Agosto de 1739 por otro San Miguel, según 
el acta, hecho con todo primor, don Erancisco del Hoyo; y en el 
mismo dia don José Negrete, por una escultura de San Antonio. 

En 1742 bajó á la tumba el Cardenal Obispo de Córdoba don Pe- 
dro Salazar. dejando á la Catedral una imagen de San Sebastian 
de plata, valuada en más de 800 pesos, y de gran tamaño, y la que 
no recordamos haber visto en el tesoro de aquella antigua y fas- 
tuosa Mezquita. 

Antes de pasar adelante debemos hablar aquí de un platero de 
gran suposición sin duda, puesto que en los libros de la cofradía 
se le llama siempre el maestro, y que en 1744 ejercía el cargo de 
hermano mayor de la congregación. Llamábase don Bernabé Gar- 
cía de los Reyes y nació en Córdoba en los primeros años del si- 
glo XVIII. Joven aún, en 30 de Julio de 1725 se examinó para abrir 
taller, y fué aprobado en vista de una pieza de Custodia, siendo 
autorizado para comerciar en su arte, después de prestar juramen- 
to de guardar loa estatutos de la comunidad y defender la Concep- 
ción de la Virgen. Este artista fué elegido hermano mayor en 24 
de Junio de 1744, por 40 votos contra 23 que obtuvo don Juan 
León Narvaez, y en el año siguiente de 45 fué reelegido sin discu- 
sión. Después ejerció el cargo de conciliario que desempeñó en los 
años de 1747 á 1751. Murió en su patria en 1763. 

Este orfebre fué el encargado de restaurar la Custodia que hizo 
Arfe, y es muy extraño que habiéndose terminado la Custodia 



336 

nueva según hemos visto en 1713 por el Obispo don Marcelino Siu- 
ri, veinte y dos años después se pensara en restaurar la antigua? 
lo cual prueba que la nueva ya no existía, ó por lo menos estabaí 
desechada y no gustaba á los capitulares. La restauración no sa- 
bemos en qué consistiera más que en aumentarle un basamento, 
que, si bien adolece de los defectos del mal gusto de la época en 
que se hizo, no deja de ser notable por la maestria y primor con 
que están hechos todos los adornos que lo decoran. 

La noticia de esta obra quedó en la misma alhaja, en la que en 
su parte posterior hay una inscripción que dice así: «Se renovó- 
siendo gobernador de este obispado el señor doctor don Pedro- 
de Salazar y Góngora, deán y canónigo de esta santa iglesia, 
por el ilustrisimo señor don Tomás Rato, Obispo de ella, y 
obrero el señor doctor don Juan Gómez Bravo, canónigo magistral 
de dicha santa iglesia, año de 1735. Maestro Bernabé García de 
los Reyes.)' 

En el cabildo celebrado por la hermandad el 2.'> de Julio de 1745^ 
don Juan de Segovia y La Hoz, que era seise conciliario, presentó 
un memorial en que decia, que estaba «acabando de trabajar y es- 
cribir un copioso volumen (cuya maj'or parte, que se halla sacado 
en limpio, hace presente y manifiesto), en el que intenta tratar de 
todas las materias y operaciones que se pueden ofrecer á todos los 
artífices de nuestro arte, por lo que le intitula Universidad de la 
Platería, y Compendio de lodxis Ciencias; y deseando que esta 
obra tenga todos los requisitos que le competen, es de hacer más 
extenso el capitulo siete del Proemio, que trata del sublime con- 
cepto de estimación con que está reputado nuestro noble arte de la 
platería, con la noticia por breves índices de los particulares pri- 
vilegios y ejecutorias honrosas que tienen y guardan en sus archi- 
vos las platerias de las principales capitales de España, lo que po- 
drá lograrse segura y prontamente, siendo pedido y solicitado por 
parte de la congregación, por lo que hace la súplica se sirva acor- 
dar se escriba 3' suplique á dichas platerias remitan los dichos in- 
dicas, y habiios que sean, se le entreguen á el suplicante, junto 
con el respectivo sacado del archivo de esta congregación.» 

Dada cueita de esta petición, y habiéndose apartado de la jon- 



337 

ta el solicitante, se leyeron algunos capítulos, y especialmente el 
séptimo, y los presentes acordaron que bastaban para «corroborar 
el buen concepto que públicamente está hecho de los estudios y 
aplicación del dicho don Juan de Segovia, y que su obra será la 
más útil y copiosa que hasta hoy se ha escrito, por lo que á una 
voz se le dio por dichos señores los correspondientes agradecimien- 
tos,» y se acordó pedir á los demás colegios los documentos solici- 
tados por el escritor artífice. 

La obra de Segovia probablemente seria mala, literariamente ha- 
blando; pero es lástima que se haya perdido por el sinnúmero de 
datos curiosos que contendría, no sólo para la historia de la plate- 
ría cordobesa, sino para la de España entera. Del autor, lo único 
que hemos podido averiguar, es que fué discípulo de don José Fran- 
cisco de Valderrama, que se examinó en 7 de Noviembre de 1728 
y que ejerció en la cofradía los cargos de veedor, primero, y de 
conciliario, después. 

En 14 de Junio de 1745, fué aprobado por una Custodia de 
mano, don José Ayllon, quien se estableció en Aguilar de la Fron- 
tera, en donde ejerció el cargo de veedor por nombramiento de 1 3 
de Enero de 1747. 

En Octubre de este último año, celebró con grandes fiestas la 
ciudad de Córdoba la proclamación de Fernando VI, y uno de los 
gremios que tomaron parte en ella fué el de plateros. En su ca- 
bildo de 10 de dicho mes acordó sacar un carro alegórico, para lo 
cual comisionaron al hermano mayor don Juan Gralindo y Mora- 
les, 5' á los cofrades don Bernabé García de los Reyes, don Ber- 
nardo Heredia y Estrada, don Bernabé del Álamo y Valderrama, 
don José Ceballos y Buenrostro y don Domingo Tomás Carreras, 
debiéndosele hacer presente á la ciudad, que si no contribuia con 
mayor esplendidez, era por la injuria que padecen y por la deso- 
lación en que se encontraba su arte. 

La máscara costó, sin embargo de los pocos fondos que la con- 
gregación tenia, 2.255 reales y 7 maravedís, y aunque no la hemos 
visto descrita en ninguna parte, podemos afirmar del examen de 
la cuenta, que consistió en un carro, en el que iban un rey y una 
reina representando á los de España, y en medio una lámina, 
Tomo CVIL 22 



338 

prestada por don José de Salazar, y que llevaban unos ángeles. 
Otros ángeles iban con luces alumbrando las armas reales de la 
lámina colocada debajo de un pabellón, y además iban en el carro 
•un indio y una música, y á caballo, delante, iban tres soldados con 
•un cabo, un timbalero y un clarinero, á los que se obsequió con biz- 
coclios y rosoli. El carro y los tiros fueron del marqués de Loren- 
zana, y todo parece que salió con el mayor lucimiento. 

En 6 de Enero de 1748 fué aprobado, por una estatua de San 
Antonio, de plata sobredorada, don Alonso Millan, y en 21 de Ju- 
nio del mismo año, y por una escultura de plata de San Miguel, 
•lo fué don Antonio Almoguera. Por último, en 16 de Abril de 1753, 
lo fué don Antonio Santa Cruz y Zaldúa, de quien ha llegado al- 
guna obra á conocimiento nuestro. 

Santa Cruz nació en Córdoba, siendo bautizado en la Ajerquía 
en 20 de Septiembre de 1733. Fueron sus padres don Juan Fran- 
cisco de Santa Cruz y Luque, y doña Alejandra María Teresa de 
Zaldúa y Villarreal, también cordobeses. Fué discípulo de don 
Juan Dovero, en cuyo taller ingresó en 6 de Junio de 1748, y pre- 
sentó para su aprobación un esquilón de plata. La obra que cono- 
cemos suya es la mitra del San Eloy de la cofradía, que se venera 
en la iglesia de San Francisco, hecha por acuerdo y orden de la 
corporación de 22 de Octubre de 1768, y está muy bien trabajada, 
con exquisito trabajo de repujado y con un relieve en el centro de 
plata sobredorada, y que representa á la Concepción. 

Hemos llegado con este artista á la mitad del siglo XVIII, y 
como este artículo se va haciendo harto largo, haremos punto y 
aparte para tratar de la segunda mitad del expresado siglo. 



VIII 

Al empezar este artículo hemos pensado cambiar la forma de la 
exposición, que más se va pareciendo á unos anales que á estudio 
histórico de la platería. Así pues, daremos de una vez la noticia 
de los artífices examinados en estos cincuenta años procursores del 
siglo actual, y después nos ocuparemos en lo que arrojan las actas 



339 

■de la cofradía de plateros y en algunas alhajas de las que se 
guardan en el tesoro de la Catedral. 

En 11 de Abril de 1753, fué aprobado por una estatua de plata 
que representaba á Santiago, don Pedro Morales, discípulo de don 
Jorge José Jurado. En 28 de Mayo del mismo año don Nicolás 
Crespo, discípulo de don Juan Soldevilla, por una escultura de 
.San Antonio de plata sobredorada. En 27 de Enero de 1754 lo fué 
el discípulo de don Matías García Bela, don Antonio José Pérez, 
presentando otra imagen de San Antonio, y en 20 de Junio del 
mismo año don Juan de Santiago Castillejo y Velasco, discípulo 
• de don Juan de Soldevilla y de don Nicolás Vázquez de la Torre, 
por otra estatua de San Antonio. La repetición con que los plate- 
ros cordobeses hacían estatuas de este santo y de San Miguel, nos 
hace pensar que era mucha la devoción que sus paisanos les tenían 
y acaso que fueran fundidas y obedecieran todas á unos moldea 
comunes, cosa que es muy difícil de averiguar no teniendo noti- 
cias de que se conserve ninguna. 

Fué don Bernabé García y Aguilar hijo y discípulo del maestre 
Bernabé García de los Reyes, y fué aprobado en 13 de Abril 
de 1755, presentando como muestra de su habilidad «un cáliz que 
había hecho de figura triangular y el pie de quiebros, y cincelado, 
el que visto por los examinadores dijeron estar bien hecho y con 
todo primor.» En 24 de Noviembre de 1756 fué aprobado don An- 
tonio Galvez por otra estatua de San Antonio sobredorada como to- 
das. En 1." de Julio de 1759 se examinó don Antonio Romano, dis- 
cípulo de don Jacinto Jiménez de Acuña, que presentó varias pie- 
zas de una Custodia que estaba haciendo, y en 28 de Febrero de 
1762 don Eulogio González y Rodríguez, discípulo de don Juan 
Sánchez Izquierdo, y don Damián de Castro, que presentó un cá- 
liz chinesco. 

El último artista examinado en este siglo que hemos creído de- 
ber citar es don Manuel Repiso, aprobado en 3 de Mayo de 176S 
por un sol de Custodia, y que fué discípulo de don José de Gon- 
go ra. 

Terminada esta exposición de nombres, vamos á hablar de dos 
artistas que hemos dejado de propósito para este lugar. Son don 



340 

Cristóbal Sachez y Soto y don Damián de Castro. Del primero no 
se ha hecho la biografía aún; del segando hay una de don Manuel 
González Guevara, equivocada en la fecha del nacimiento y muy 
incompleta. 

Sánchez y Soto nació en Córdoba no se sabe qué año, y de su 
padre sólo que era platero con taller abierto, el que dirigió don 
Cristóbal antes de su aprobación y por muerte del autor de sus 
dias. Fué discípulo de don Francisco Galindo y Morales, y se exa- 
minó en 7 de Junio de 1755, presentando como muestra de su ha- 
bilidad <un aderezo de cruz y brincos de lazo de oro y clavado de 
esmeraldas,» del que dijeron los examinadores «estar bien hecho y 
con todo primor. » Desempeñó en la hermandad los cargos de vee- 
dor desde 24 de Junio de 1770 hasta 1.° de Julio del 86. Desde 
este dia hasta 24 de Junio del 1791 fué conciliario, y desde tal fe- 
cha fué alcalde hasta 24 de Junio de 1793, que lo eligieron herma- 
no mayor, cuyo cargo desempeñó hasta 11 de Julio de 1802, en 
que volvió á ser nombrado conciliario. Desde esta fecha se pierde 
su memoria, debiéndose por lo tanto suponer que habría fallecido 
por aquellos tiempos. De este artista conocemos dos obras. La una 
la poseen los herederos del platero cordobés don Pedro Barbudo, y 
es la puerta del Sagrario de la destruida iglesia del convento de 
Santa Clara. No tiene fecha, pero está firmada en la forma si- 
guiente: 



SAN 
CHES 



M Córdoba EM 



Es un alto relieve que representa la Divina Pastora, admirable 
obra de repujado y dibujo de figura. El conjunto de la obra es 
barroco, y los adornos de alrededor que forman la cartela en don- 
de la figura campea, tienen el mal gusto del churriguerismo, im- 
perante entonces. 

La otra obra se hizo en 1790, y es de una importancia excep- 
cional. Es la urna ó arca en que se guardan en la parroquia de San 
Pedro las reliquias de los mártires cordobeses de los periodos ro- 



341 

mano y árabe. Antes de existir esta arca estaban las reliquias 
encerradas en la primitiva, ó sea en la que le pusieron al tiempo de 
su descubrimiento. Era en forma de ataúd con una rejilla en me- 
dio y recuadros del renacimiento adornados unos y forrados otros, 
al parecer de terciopelo rojo. Tal la representa un grabado firma^ 
do en Córdoba por Francisco de Zea en 1755, y cuya inscripción 
dice: «Retrato verdadero del Arca que contiene Reliquias de 18 
Mártires, Patronos y Defensores de Córdoba, y se veneran en la 
Parroquia del S°r- San Pedro de esta ciudad.» 

La nueva obra de Sánchez Soto es de plata, de buena hechura, 
de gusto greco romano, elegante y correcta de líneas, con estatui-» 
tas decorativas, coronado todo por la estatua de San Rafael. Por 
esta obra se ve que nuestro artista se habia impregnado del todo 
del renacimiento de fines del siglo pasado, que seguia las huellas 
de Villanueva y Rodríguez en arquitectura, y que era además un 
escultor distinguidísimo, según demuestran el buen dibujo de sua 
estatuas, las actitudes de las mismas y los hermosos plegados de 
paños y demás pormenores que las embellecen. 

Esta obra está firmada en la forma siguiente: 

Siendo pontifice nuestro Illmo. Padre Pió 
VI. Rey de España Carlos IIIl, Obispo de 
Córdoba el Excmo. é Illmo. Sr. Don Antonio 
Caballero, Rector de esta parroquia el Señor 
don Juan Tello y Castillejo, hermano mayor 
don Alfonso Mellado, se hizo este tercer reli- 
cario con las limosnas de los devotos cordobe- 
ses , fabricado por don Cristóbal Sánchez 
y Soto, artífice de platería, natural de esta ciu- 
dad, y se concluyó para el 26 de Noviembre 
de 1790, en que se celebraba la Invención de 
las sagradas reliquias. 

El coste de la obra, según mi padre en los Paseos por Córdoba, 
fué de 62.113 reales y 8 maravedís. 

Hablemos ahora de don Damián de Castro. El señor González 



842 

Guevara supone, no sabemos con qué fundamento, que Castro 
nació por los años de 1745 á 50, siendo así que en esta época era- 
ya un platero distinguidísimo. La fecha exacta de su nacimiento' 
es la de 1716, toda vez que al examinarse tenia veinte años, y el 
examen lo sufrió el dia 16 de Diciembre de 1736, presentando 
para su aprobación un anillo de diamantes. Fué discípulo de su 
padre, y ya. en 1729 concurrió á un certamen entre discípulos del 
arte, obteniendo un premio como queda dicho en lugar oportuno. 

Este artista, que para su examen presenta una sortija, cultiva- 
ba todos los géneros de la platería, y así vemos que en 1757 hace 
una escultura preciosa de la Concepción para la Catedral por 
encargo del doctor don Juan de Goyeneche, penitenciario, y des- 
pués otras obras, incluso una Custodia de procesión. En 1759 fué* 
nombrado diputado para disponer las fiestas de la proclamación 
de Carlos III, cargo que no aceptó. En 1761 trabajó la hermosa' 
urna de plata que se pone en el monumento de Semana Santa en la' 
Catedral, y que tiene la inscripción siguiente: «Hizo esta Arca se- 
pulcral don Damián de Castro, como platero de la fábrica A. 1761 . »■ 
Desde esta fecha hasta 1776 perdemos su memoria, y en este año 
aparece de nuevo, trabajando por encargo de don Francisco Del- 
gado, Arzobispo de Sevilla, un cáliz y un copón de oro para la 
catedral de Córdoba, que están adornados alrededor de las copas 
y en las bases de grupos de cabecitas de serafines, admirablemen- 
te repujadas y cinceladas después de una delicadeza y pintura 
maravillosas. 

La buena hechura de estas obras sería tal vez lo que movería al' 
mismo Arzobispo para encargar á Castro, y no á otro, en 1779, 
la construcción de la Custodia de procesión que aquel prelado- 
regaló á la Catedral de Sigüenza, y de donde la robaron los fran- 
ceses en la invasión de principios del siglo actual, sin qne haya 
vuelto á parecer. Según memorias, era de plata y estaba enrique- 
cida con mucha pedrería y adornada de historias, inscripciones, 
figuras, obeliscos y torrecillas, repartidos en los tres cuerpos de 
que constaba. Su altura era de cuatro varas y la forma sexa- 
gonal. 

Ea este mismo año fué elegido hermano mayor, desempeñando- 



343 

el cargo dos años y portándose muy bien en él. Al dejarlo ingresó 
en arcas 2.455 reales que le hablan sobrado de su administración. 

En 1779 hizo un viaje á Madrid, comisionado por la herman- 
dad para un pleito que la platería de Córdoba seguía con la de 
Málaga, por cuyo desempeño se le dispensó de los derechos de 
examen á su hijo Juan, que fué aprobado en 3 de Febrero de 
dicho año, y en 1780 estuvo también algún tiempo ausente de 
Córdoba, pero no sabemos á dónde dirigió sus pasos. En esta 
época era fiel contraste. 

No sabemos la fecha en que murió este insigne platero cordo- 
bés, y la iiltima vez que encontramos su nombre es en 1789, en? 
que fué diputado para dirigir los festejos por la proclamación del 
Rey Carlos IV. Su nombre, casi puede decirse desenterrado 
ahora, debe figurar en la historia de la platería cordobesa en el 
tercer lugar. Esto es, Ibu Bozla, Juan Ruiz el Vandalino y Da- 
mián de Castro, que son los tres principales orfebres que ha pro- 
ducido la antigua corte de los Califas. 

Citados ya todos los nombres de plateros que hemos creído 
oportuno traer á este trabajo, pertenecientes al siglo XVIII, va- 
mos á ver algunas actas de la cofradía y lo que ésta hizo de no- 1 
table hasta los primeros años del siglo actual. 

En 30 de Abril de 1753, la cofradía acordó hacer un retabla 
nuevo para la imagen de San Eloy, á quien los plateros rendían 
y rinden culto en la iglesia de San Francisco, hoy parroquia de 
la Ajerquía. El acta dice que el retablo estaba muy viejo y des- 
lucido, lo cual da á entender que habría uno de buenas propor- 
ciones arquitectónicas y lo sustituyeron por un moharracho chur- 
rigueresco de hojarascas y del gusto más detestable. La junta 
acordó que se gastaran en esto de cuatro á cinco mil reales, y co- 
misionó para llevarlo á cabo á don Gregorio de la Cuesta, que era 
el hermano mayor con don Domingo Tomás Carreras y don Ber- 
nardo Rubio. 

Terminada la obra en 1754, estuvo en modificaciones hasta 
que en 15 de Julio de 1757 la congregación acordó que habiendo 
en el retablo, entre los adornos, cuatro ángeles, de los cuales una 
era San Miguel y otro San Rafael, y no teniendo los otros dos 



344 

nombre conocido, se les pusieron loa atributos necesarios para 
que representaran á San Gabriel y al Ángel de la Guarda, lo 
cual costó ciento cincuenta reales, que se mandaron dar al her- 
mano mayor para su pago. 

Dos años después de esto, todavía el retablo daba ruido, y en 
26 de Abril de 1759, habiendo hecho otro retablo igual para 
Santa Rosa, el rector jubilado de San Francisco, Fray Juan Al- 
coba, y siendo ambos retablos colaterales en el arco toral, acorda- 
ron los cofrades, á excitación del fraile, dorar su retablo, aumen- 
tarle dos ángeles, quitar los letreros en donde constaba el año en 
que se hizo y los nombres del hermano mayor y de los veedores, 
y sustituirlos por atributos del santo, y que sólo se pusiera un 
letrero en que se dijese el año en que se hizo y el año en que se 
doró. En ninguna parte se dice quién fué el arquitecto que en- 
gendró esta obra, y en verdad que poca falta hace saber el nombre 
de un arquitecto malo, tan malo como el autor de aquellas dos 
«rnas estrafalarias. 

En este mismo año se verificó la proclamación de Carlos III, y 
el gremio de plateros de Córdoba la celebró haciendo una máscara 
por la tarde, que representaba las cuatro partes del mundo, di- 
ciéndose en el acta que se haga «con vestimentas que asemejen con 
la mayor propiedad, con su carro triunfal donde vaya demostran- 
do nuestro Rey y Reina y que vaya todo el colegio con el mayor 
lucimiento á caballo,» nombrando comisionados para ello al herma- 
no mayor don Gregorio de la Cuesta, don Francisco Galindo, don 
Jorge Joseph Jurado, don Matías Vela, don Pedro Mendoza y don 
Damián de Castro. 

Nada notable hizo el Colegio de plateros hasta el año de 1779. 
En este año, el dia 16 del mes de Junio, se dio cuenta en cabildo 
de una real cédula de Carlos III expedida en Aranjuez á 29 de 
Abril del mismo año, por la que se aprobaba el establecimiento de 
una escuela que habia puesto en Madrid don Antonio Martínez, 
«para enseñar la construcción de alhajas finas y comunes de oro, 
plata y similor y acero con esmaltes y sin ellos.» Se establecía en 
■ella que concurrieran á la escuela por lo menos diez y seis jóvenes 
d? catorce á veinte años de edad que ya tuvieran conocimientos de 



345 

•dibujo, que la admisión de estos alumnos habia de ser por oposi- 
ción, y que sus padres se comprometieran á mantenerlos durante 
cinco años hasta que estuvieran en disposición de ganar jornal. La 
congregación cordobesa, en vista de esta cédula, acordó enviar un 
alumno, dándole para mantenerse en Madrid cien ducados de ve- 
llón cada año; que éste fuese instruido en los trabajos de dibujo y 
buril, y que se comprometiese al terminar sus estudios, á volver 
á Córdoba á enseñar lo que en la platería de Martínez hubiere 
aprendido. 

Inmediatamente se pasó aviso á todos los maestros de platería, 
para que el dia 21 del mismo mes concurrieran á las casas del in- 
tendente don Miguel Jiménez Navarro, los hijos, discípulos, apren- 
dices ú oficiales de catorce á veinte años que quisieran tomar par- 
te en las oposiciones, advirtiéndoles que se les imponía la obliga- 
ción de acudir en Madrid por las noches á la academia de dibujo, 
^:aso que se lo permitieran las horas de trabajo en la platería de 
Martínez. 

El indicado dia se reunieron en casa del intendente, el hermano 
mayor don Bernardo de Cáceres y Ayllon, don Diego González de 
la Mata, don José de Sotto Alférez Panlagua, don Francisco Agui- 
lar y Cueto, don Rafael de Vilches y Zea y el escultor francés don 
Miguel Verdiguier, que formaban el jurado, y concurrieron como 
opositores Antonio Hidalgo, Bartolomé del Pozo y Rafael Beltran 
y Cornejo, á quienes se les hizo dibujar, resultando elegido el pri- 
mero de los nombrados, aceptando el nombramiento por él su ma- 
dre doña Marina de Lucena, con la condición de que terminados 
sus estudios se establecería en Córdoba y recibiría en su taller tres 
'discípulos elegidos por la congregación, y otros tres después que 
aquellos terminen sus estudios. En ninguna parte consta si Anto- 
nio Hidalgo volvió á su patria y cumplió el compromiso que su 
madre firmara por él. 

En 1783, á 20 de Enero, acordó la congregación, instada por el 
Ayuntamiento, adornar la Puerta Nueva y los arcos alto y bajo de 
la plaza de la Corredera, para el recibimiento del Conde de Artois, 
que después fué Rey de Francia con el nombre de Carlos X . El . 
príncipe entró en Córdoba el dia 11 de Agosto del mismo año, y. 



346 

no sabemos si se llegaría á adornar la Puerta Nueva, pero el de 
Artois no entró por ella, sino por encima de la muralla de la puer- 
ta de Andújar, por un tablado que hizo don Francisco Diaz de 
Morales, mi bisabuelo, desde el campo, por la plaza de la Magda- 
lena y por unos corrales de sus casas hasta una ventana del piso 
principal de estas, y así llegó el regio huésped en coche hasta el 
salón principal de la casa número 8 de la calle de los Muñices don- 
de se hospedó. 

En este mismo cabildo se acordó vestir de nuevo ai santo, con ro- 
pas bordadas en oro, cuya obra ejecutó Diego Moreno y Zeballos, 
bordador hasta hoy desconocido, á quien se le pagaron mil reales 
por el bordado de la sotana, y mil setecientos por la capa y estola, 
de lo cual queda algo en la cofradía y está muy bien trabajado. 

AI Rey Carlos III le nacieron de un parto dos hijos á fines del 
año de 1783, y habiendo dispuesto el Rey que se celebrase en toda 
España el feliz natalicio, la congregación de plateros hizo una gran 
fiesta en la iglesia de San Francisco el dia 5 de Diciembre del ex- 
presado año, y en lo que consistió la función lo dice el acta de di- 
cho dia en la forma siguiente: «En la. tarde del dia cuatro á vis- 
peras, digo á las doce de este dia, se ordenó é hizo repique gene- 
ral de campanas y toque de clarín; después á la noche de él se re- 
pitieron los repiques y toque de clarín con iluminación completa, 
con que se vistió de arriba á abajo la torre de dicho Real conven- 
to; luego á el dia siguiente, cinco, consagrado á la dicha festivi- 
dad, se continuaron los repiques y toques de clarín, y á su conti- 
nuación y llamamiento, concurrió el lucidísimo cuerpo de platería, 
y llegada la hora competente se iluminaron los altares, y con ha- 
chas encendidas todos los congregantes, se hizo patente á nuestro 
Dios Sacramentado, á cuya Majestad se rindieron los debidos cul- 
tos y adoración, y dadas las debidas gracias comenzó la Misa ma- 
yor que ofició el condecorado cuerpo de profesores músicos de esta 
dicha ciudad, y á su oportuna ocasión y tiempo predicó el 
M. R. P. Fray Miguel de Lora, maestro de estudiantes de dicha 
Real casa. Y últimamente, concluido el sacrificio santo de Misa, 
86 reservó á su Divina Majestad y se dio fin á dicha festividad 
con igual generalidad de repiques y toques de clarín.» 



347 

La proclamación de Carlos IV fué también festejada por los 
plateros. Fueron diputados para ello el hermano mayor que lo era 
don Francisco Cortas de Aranda, con otros varios, entre los que se 
encontraba don Damián de Castro, y se acordó levantar un arco 
triunfal en la calle de la Feria, «vistoso y do lucimiento, y para su 
mejor adorno será cubierto de alhajas de plata y oro, las que ten- 
drán á bien el darlas todos los congregados, respecto á ser el luci- 
miento de nuestra congregación, y para el fin á que se dirijo, que- 
dando dicha congregación responsable á los perjuicios que se oca- 
sionaren á dichas alhajas.» El arco se hizo y lo dirigió el arqui- 
tecto Manuel Sánchez de Sandoval, en unión con el platero don 
Antonio Santacruz. El arquitecto cobró por su trabajo 130 reales, 
que se le pagaron en 15 de Julio de 1789. 

En el año de 1795 costeó la cofradía de San Eloy la restaura- 
ción de la Virgen llamada de la Pescadería, que estuvo en la Car- 
rera del Puente y hoy en el Museo, y es obra de Valdés Leal. La 
compostura costó 1.482 reales y medio, y el pintor que la restauró 
fué don Antonio Torrado, á quien se le pagaron 600 reales, ha- 
biéndose gastado el resto en el arreglo del retablo y faroles, y en 
el lienzo del forro que costó 1 50 y no entró en la paga que se hizo 
al pintor. 

El último hecho en que tomó parte la cofradía de plateros en el 
siglo último fué en festejar la venida á Córdoba de Carlos IV, en 
1796, en que iluminó tres noches la plaza de la Corredera con cera, 
y costeó en ella una orquesta, dándole además al Ayuntamiento, 
para los gastos, cincuenta doblones. La iluminación le costó á la 
hermandad 3.653 reales 8 maravedís; puso en la plaza 470 luces 
y se gastaron 182 libras de cera, que costaba entonces á 14 rea- 
les y 3 cuartillos la libra. La orquesta de música, como dice el acta, 
fué la banda del regimiento de Bujalance, que recibió por su traba- 
jo 500 reales. 

Antes de terminar este artículo habremos de manifestar, que 
aunque se distinguió en un arte distinto de la orfebrería, platero 
era don Bartolomé Vázquez, y á la platería estuvo dedicado des- 
de su juventud, hasta que, en edad madura, se trasladó á Ma- 
drid y se dedicó al grabado, llegando á ser uno de los mejore» 



348 

grabadores que España ha tenido. Vázquez, nació en Córdoba hacia 
1740 ó 45, y murió en Madrid en 1803, siendo profesor de la Aca- 
deuiia de San Fernando. 



ix: 



Hemos llegado al fiu de nuestro trabajo, esto es, á los primeros 
años del siglo actual. Algo diremos referente á él, pero muy 
poco, porque de los ccntemporáneos no se puede hablar con la 
serenidad de criterio y con la imparcialidad que de aquéllos que 
nos precedieron en la vida, y á los que no nos ligaron víncu- 
los de amistad ó nos separaron resentimientos. Así, pues, nos li- 
mitaremos á decir, que de los años 1814 á 16, se hicieron nuevas 
todas las alhajas pertenecientes á San Eloy, las cuales, á decir 
verdad, no tienen nada de notables; pero esto no obsta para que 
demos la lista completa, con los nombres de los plateros y las canti- 
dades que se pagaron por ellas. Hé aquí la cuenta: 

A don Antonio Euiz, por la Cruz del pendón, se le pagaron 290 
reales y 3 cuartillos; á don Bartolomé Repiso, por la flor del bácu- 
lo, 406 reales 17 maravedís; á don Rafael Medina, por un par de 
bujías de plata, doradas, 1.675 reales; y por un jarro y otras dos 
bujías, 1.569; á don José Tello, por las letras que abrió en todas 
las alhajas, 90, y á don Francisco de Paula Martos, por el báculo, 
1.285; por la taza para las bolillas, 450; por la Custodia y libro 
de mano del santo, 1.195, y por la mitra, 2.056 reales y 17 ma- 
ravedís. 

El Rey Fernando VII, libre de Cádiz y vuelto á su poder abso- 
luto, se detuvo en Córdoba, á su paso para Madrid, en los dias 26, 
27, 28 y 29 de Octubre de 1823, y la congregación de plateros 
celebró este acontecimiento, adornando ó iluminando las paredes 
y torres del edificio de la Inquisición, que hoj' es la cárcel, cuyo 
festejo costó á la cofradía 4.667 reales y 7 maravedís, y á los obre- 
ros encargados de hacerlo veintitrés dias de trabajo. No consta en 
los libros de la cofradía en qué consistió la decoración; pero de ello 
encontrará el lector relación circunstanciada, en el folleto que en- 



349 

tonces se publicó, referente á la venida de la corte, y qne no tene- 
mos á la vista. 

La proclamación de doña Isabel II en 1833, la celebró el colegio 
de plateros con una comida á los 93 pobres que habia recogidos eu 
el hospital de Jesús Nazareno. 

La facción Gómez invadió á Córdoba en los últimos meses del 
año 1836, y con ocasión del tumulto que hubo entonces, desapare- 
cieron de las Casas Consistoriales las siguientes alhajas: Un fron- 
tal, dos candeleros, dos bujías, una palmatoria, dos sacras, una 
cruz con peana, otra para los juramentos, dos arañas con tres cu- 
billos cada una, una corona de la Concepción, unas vinageras con 
platillo, un azafate^ una pilita de agua bendita, un cáliz y patena 
dorados, una caja para las hostias, un tintero, una salvadera, una 
campanilla, dos jarros, unas tenazas, las mazas de los maceres, 
los escudos y las cadenas délos mismos, todo de plata, y un Santo 
Cristo de madera con remates y corona de plata. 

Sobre la pérdida de estas alhajas se formó causa en 5 de Noviem- 
bre de dicho año, dándose cuenta al colegio de plateros y al fiel 
contraste, para que las detuvieran si se les presentaran para la 
venta; pero felizmente fueron encontradas en un sepulcro de la 
Catedral en el mes de Febrero del año siguiente, levantando un 
acta la cofradía del hallazgo para hacer constar, que á ningún 
individuo de la misma se podía imputar la pérdida de aquellas 
joyas. 

Terminemos estos apuntes recordando al último de los plateros 
cordobeses á quienes la muerte autoriza para llamar notables, y 
que por lo desgraciado que fué eu su vida es digno de especial 
mención. 

Don Isidro Espejo Saavedra y Aguilar, nació en Córdoba en 15 
de Mayo de 1788, y fué discípulo de don Juan Ribadas, estudian- 
do al mismo tiempo la pintura con don Diego Monroy. Como pla- 
tero llegó á ser el mejor grabador de su época, hasta el extremo 
de que se le confiaban para su conclusión las mejores obras de es- 
te ramo que se fabricaban en Córdoba. La decadencia á que vino 
el arte de la platería, hizo á Espejo abandonar éste, y dedicarse á 
enseñar la pintura desde 1851, hasta que en 1866 se abrió la Es- 



350 

cuela de Bellas Artes y se le acabaron los discípulos, teniendo 
que ir á terminar sus dias en un establecimiento de beneficencia. 
El dia 2 de Abril de 1876 fué enterrado en el cementerio de San 
Rafael, este último representante en Córdoba de los Vandalinos y 
de los Arfes. 

Hemos recorrido la historia de la orfebrería cordobesa desde loa 
tiempos más remotos hasta el dia. Hoy, en Córdoba, hay muchos 
y buenos plateros; pero la competencia que Alemania y Francia 
hacen á España, por el menor valor de los materiales que emplean, 
por el uso de máquinas que facilitan y abaratan la construcción, 
por los nuevos modelos que constantemente presentan, mientras 
los nuestros siguen encerrados en los viejos moldes, y por la divi- 
sión del trabajo, desconocida en absoluto en Córdoba, donde una 
pieza cualquiera la empieza y la acaba un solo artífice, hacen que 
la platería corra malos temporales, que los talleres se vean desier- 
tos, y emigren en busca de trabajo muchos notables oficiales, ó se 
dediquen á otra clase de ocupaciones, menos artísticas, pero que 
al fin facilitan los medios de ganar el alimento diario. De esta de- 
preciación y falta de trabajo que se nota en Córdoba, debían preo- 
cuparse las corporaciones populares, y asi como Carlos III llevó 
alumnos á estudiar á la escuela de Martínez, pensionar plateros 
cordobeses que estudien en el extranjero y vuelvan luego á implan- 
tar aquí los adelantos que allí existen y á difundir entre sus compa- 
triotas los conocimientos que adquieran. 

No es de este lugar estudiar la situación presente del arte en 
Córdoba, ni buscar la manera de remediarla; quédese eso para 
otra ocasión; pero es necesario á todo trance buscar los medios de 
devolver á este arte el esplendor y brillo que alcanzó en tiempo der 
los árabes y en los no menos felices del siglo XVI. 



DOCUMENTOS RELATIVOS 



A LA 



HERMANDAD DE PLATEROS DE CÓRDOBA 

COPIADOS DEL AKCHIVO QUE LOS MISMOS CONSERVAN 
EN DICHA CIUDAD. 



ORDENANZAS DEL ARTE DE LA PLATERÍA 

ó SEA DE LA 

HERMANDAD DE SAN ELOY DE CÓRDOBA 

ÁFBOBADAS POR EL OBISPO 

DON LEOPOLDO DE AUSTRIA 



(Libro en 4.°, escrito en vitela en letras monacales, con inicia- 
les de adorno y orlas iluminadas. Lo conserva en sic archivo la 
cofradía de plateros). 

m 

Tiene este libro treinta y cinco hojas, y ésta es la primera nume- 
rada, porque tiene cuatro anteriores; las tres en blanco, y en la 
una pintada una Santa Cruz (1). 

En el nombre de Dios Padre é Hijo, Espirita Sancto, tres per- 
sonas é un solo Dios verdadero, que vive y reyna por syempre 
jamás, á su loor, gloria y alabanza, y de la gloriosa Virgen María, 
Nuestra Señora e abogada, y de todos los Sanctos, y del bien- 
auenturado San Loy: nos los plateros, vezinos de la muy noble 
ciudad de Córdoua, auido nuestro acuerdo, todos unánimes e con- 
formes porque el dicho San Loy sea intercessor, que Nuestra 
Señor Dios aya merced de nos, y nos dé gracia que fagamos por 



(1) No existen las hojas blancas ni la cruz que aquí dice. La hoja 
que sigue, primera numerada, es la más rica de ornamentación y en. 
la que parece que comienza el libro. 

Tomo CVII. 23 



354 

<ionde merescamos ser dignos de yr á la sancta gloria de parayso. 
Otorgamos y fazemos y establecemos nueua cofradía á seruicio de 
Dios e honra del señor San Loy. 

Capitulo primero, de la fiesta de San Loy. 

ítem que otorgamos de hazer e celebrar de cada año la fiesta 
del señor San Loy, el dia que cae, que es á veynte e (jinco de Ju- 
nio de cada año, en la yglesia de San Pedro de Córdoua, en la 
forma que adelante será declarado. 

Capitulo IJ, dónde se lian de hazer los cabildos. 

ítem nombramos por casa y lugar donde ayamos de hazer 
nuestros cabildos e ayuntamientos, tocantes á la dicha cofradía el 
hospital que se dize de San Loy, que es en la collación de San 
Pedro, qual se haga en la forma que adelante será declarado. 

Capitulo IIJ, del prioste y alcaldes. 

ítem ordenamos que aya en la dicha cofradía un prioste, y dos 
alcaldes, e un escriuano, e un mayordomo, e dos diputados que 
aean mouibles de cada año, y cada uno dellos tenga cargo en las 
«cosas de su officio, de hacer lo que adelante será declarado. 

Capitulo IV, que halla en las cosas que tocan á la fiesta 
y á las conciencias. 

ítem ordenamos que el dicho dia de San Loy celebremos 
su fiesta en que todos nos los dichos cofrades que somos y 
serán, estemos presentes y á las vísperas tengamos desde co- 
menqando el psalmo de Magnificat hasta ser acabadas, nuestras 
candelas encendidas, y á la missa desde el Evangelio, hasta ser 
acabada la missa, en la qual missa aya sermón durante el qual 
estén las dichas candelas apagadas, las quales vísperas de la vigi- 
lia y missa de la fiesta digan los clérigos de la dicha yglesia toda 



355 

-cantado y se les dé su limosna, y qualquier cofrade seyendo antes 
moñido y no viniere hasta la Magníficat ó el Evangelio pague cin- 
-co marauedís, y si dende en adelante no viniere en todas las vís- 
peras ó missa pague diez marauedís para el pro de la dicha cofra- 
día al nuestro mayordomo cada y quando que ge los pidiere syn 
rigor. 

Capitulo V, de la missa de Réquiem e elección de offlciales. 

ítem ordenamos quel día siguiente del dia de San Loy se diga 
en la dicha yglesia de San Pedro por los clérigos della una missa 
de Réquiem cantada en que aya en^ensario y sus girios y se 
tañan campanas, todo por las ánimas de nuestros defuntos, y á 
toda la missa tengamos nuestras candelas encendidas desde el 
Evangelio en adelante, y en fin de la dicha missa digan los dichos 
clérigos su responso cantado por las ánimas de todos los defuntos 
•christianos, y den á los dichos clérigos por todo esto su limosna, y 
el que de nosotros seyendo mouido no fuere presente, pague diez 
marauedís, y sy viniere después del Evangelio pague (?inco ma- 
rauedís para la dicha cofradía, tenga cargo de los pagar al mayor- 
domo syn rigor. Y que nos los dichos cofrades seamos obligados 
en tanto que la dicha missa se dize, rezar cada uno quinze Ave- 
marias e quinze Pater noster, y acabada la dicha missa e responso 
vamos luego al dicho hospital para elegir prioste e officiales en la 
forma que adelante se declarará. 

Capitulo VJ, de la honra que se ña de liazer 

á qualquier muerto cofrade el dia de su enterramiento 

ó su mujer del tal cofrade. 

ítem ordenamos que cada y quando fallesíjiere algún cofrade des- 
ta dicha nuestra cofradía ó su mujer, syendo por sus parientes hecho 
saber á nuestro prioste, que el dicho prioste sea obligado á nos ha- 
zer muñir á todos, y luego á la hora que oviere de ser seamos jun- 
tos en el lugar do estuuiere el cuerpo, y desde alli lo acompañemos 
^on la preciosa cruz hasta la yglesia do se ouiere de enterrar, y 



356 

llenen sn cuerpo los cofrades que eligiere el prioste al qual damos 
facultad, y que los que assy eligiere lo cumplan, y que todos sea- 
mos presentes á su enterramiento, y que la dicha cofradía de los 
bienes della obligamos á dar ocho hachas de 9era, las quales lleuen 
pobres, ardiendo desde casa del defunto á la yglesia, y ardan hasta 
ser encerrado el cuerpo y den á los pobres su limosna de la dicha 
cofradía, e reze cada uno de nos otros quinze Avemarias con quin- 
ze Pater noster, y el que seyendo moñido no fuere á esto presente 
que pague de pena media libra de 9era. 

Capitulo VlJf de las missas que se han de dezir. 

ítem ordenamos que se digan por ánima de cada cofrade que asy 
fallesciere tres missas, la una cantada de Réquiem y las dos reza- 
das el dia de su enterramiento ó otro dia syguiente, á lo qual se- 
yendo mouido cada cofrade esté presente, sopeña de ^inco mara- 
vedís que pague si no viniere, los quales sean para la dicha cofra- 
día, y que estas missas y gastos que se han de fazer por el tal co- 
fi'ade, se paguen del archa de la dicha cofradía. 

Capitulo VIIJ, de la honra que se ha de hazer al padre 
ó madre del cofrade ó hijos. 

ítem ordenamos cada y quando finare padre, madre ó hijos qu& 
sean de edad de diez años arriba, ordenamos de le acompañar con 
la pre<jiosa cruz su cuerpo desde la casa ó lugar do estuviere, se- 
yendo en Córdoua, hasta la yglesia de su enterramiento con nues- 
tras candelas encendidas, en tanto que los parientes del defunto 
lo hagan saber al nuestro prioste, el qual tenga cargo de nos hazer 
moñir, y el que seyendo moñido no fuere á esto presente pague 
media libra de qera para el archa de la dicha cofradía. 

Capitulo TX, del cofrade que fallesciere fuera de la ciudad. 

ítem ordenamos sy acaesíjiere traer algún cofrade desta nuestra 
cofradía de fuera de la ciudad defunto para enterrar en la ciudad , 
establecemos de salir á lo res^ebir á la puerta de la ciudad, y con 



357 

la preciosa cruz lo acompañar, según arriba va declarado en el 
capítulo de la honra del cofrade, y esto se entiende syendo hecho 
.saber al nuestro prioste y moñidor según dicho es. 

Capitulo X, de la honra que se ha de hacer á los que finaren 
en el dicho hospital de San Ley. 

ítem ordenamos cada y quando finare alguno en el dicho hospi- 
tal de San Loy, estable9emos de le honrar e acompañar su cuerpo 
e ser presentes á su enterramiento en la dicha yglesia de San Pe- 
dro, con nuestras candelas encendidas, e le dar sepultura y hazer 
decir una missa rezada por su ánima, offrendada de pan j- vino e 
cinco maravedís de limosna, y más pagar allende desto la limos- 
na de todos los dichos clérigos del archa de la dicha cofradía, y el 
que fuere moñido á este dicho enterramiento y no viniere pague 
inedia libra de (jera. 

Capitulo XJ, de las limosnas á nuestro cofrade 
que fuere pobre. 

ítem sy acaeseiere algún cofrade desta nuestra cofradía venir 
en tanta pobreza, que no pudiere trabajar, ordenamos le dar li- 
mosna del archa de la cofradía cada mes (/incuenta maravedís, y 
.sy estuviere en cárcel por deuda y no tuviere de qué pagar, esta- 
blecjemos le socorrer y le dar limosna hasta en quantía de quinien- 
•tos maravedís para ayuda á la deuda. 

Capitulo XIJ, de la honra que auemos de hazer 

di que no fuere nuestro cofrade y se encomendare á nuestra 

cofradía que le honremos. 

ítem ordenamos que quando alguna persona que no fuere 
nuestro cofrade quisiere que le honremos en su enterramiento, de 
le acompañar su cuerpo con la prepiosa cruz, desde el lugar do es- 
tuuiere dentro de la ciudad hasta la yglesia de su enterramiento, 
y estar presentes hasta ser enterrado con nuestras candelas encen- 



358 

didas, con tanto que sea hecho saber á nuestro prioste, que nos 
muña y que de los bienes del tal defunto sea contento nuestro 
prioste de treszientos maravedis para la costa de la 9era e arca de 
la cofradía, y no de otra manera, y el cofrade que seyendo moñido 
no viniere para esto pague de pena media libra de pera. 

Capitulo XIIJ, de la limosna 

que auemos de dar para la dicha arca para cumplimiento 

de las dichas cosas. 

ítem ordenamos que de aquí adelante cada uno de nos Ios- 
dichos cofrades que somos e serán de la dicha cofradía demos de 
nuestros propios bienes cada mes cinco maravedís de limosna,- 
los quales maravedis nos obligamos pagar dentro del mes al co- 
frade que por el nuestro prioste fuere para ello elegido para los 
cobrar, y que el tal cofrade los dé al nuestro prioste, y que al pri- 
mer cabildo que tuuiéremos nos dé quenta y razón el dicho prioste 
de los que no han pagado la dicha contía para que proueamos en 
que se pague. 

Capitulo XIV, de la limosna que auemos de dar á qnalqider 
enterramiento en que fuere la dicha cojradia. 

ítem ordenamos que quando honráremos algún cofrade ó su 
mujer, ó padre, ó madre, ó hijos, ó pobres, ó otros que sean de- 
funtos, de dar cada uno de nosotros los dichos cofrades quatro 
maravedís, luego pagados para el gasto de la pera de la dicha co- 
fradía, y anle de dezir una de Réquiem cantada con su vigilia, y 
diez y syete rezadas; entiéndese que se han de dezir estas missas 
al cofrade ó á su mujer siendo vivo el cofrade. 

Hasta aquí auemos ordenado lo que cumple á servicio de Dio» 
y de la conciencia de nos los dichos cofrades e de las honras spiri- 
tuales que auemos de cumplir, y viniendo á las cosas temporales 
que cumplen para lo que toca á la hazienda y oficios e papifipacion 
de la dicha cofradía establecemos los capítulos siguientes: 



359 



Cafitido X V, del cargo del 'prioste* 

ítem ordenamos que cada año, el dia siguiente de San Loy, lla- 
mados e muñidos por parte del nuestro prioste, nos ajuntemos en 
el hospital de San Loy, acabada la missa de Réquiem de que arri- 
ba se haze mynqion, y hagamos nuestro cabildo en el qual haga- 
mos prioste y oficiales para el año venidero, los cuales dichos 
prioste y ofigiales acetem cada uno el oíiqio en que lo eligiéremos, 
syn dilación ny escusa alguna, sopen^ de XIJ libras de gera que 
sean para la dicha archa de la cofradía; y lo que ordenamos que 
cada ofipial ha de tener cargo de hazer en su oficio, es lo siguiente: 

Capitulo XV J y del oficio del prioste. 

ítem ordenamos que el prioste tenga cargo da la gera y andas 
y lo hazer lleuar á los lugares que convenga, e luego que fuere 
elegido el prioste, se le entregue y él reciba el arca de la dicha co- 
fradía con la regla, y los dineros, y girios, y candelas, y hachas, 
y matrícula, y todas las otras cosas y bienes de la dicha cofradía, 
todo lo qual le dé el prioste pasado y más le dé quenta y razón el 
tal prioste pasado al nueuamente elegido, de todos los bienes y 
maravedís que ha cobrado y se deuieren y de qué personas que 
pertenezcan á la dicha cofradía, sin dilación ni escusa alguna, y 
todo passe por escripto ante el nuestro escriuano de la dicha cofra- 
día, dando, como damos, poder al dicho prioste que pueda pedir ó 
demandar todos los bienes del princjipal y penas que pertenezcan 
á la dicha cofradía, y dar carta de pago, y pedir y defender todos 
los derechos que le convengan, y que todos seamos obligados á ha- 
zer lo que el dicho prioste nos mandare tocante á esta nuestra regla 
y cofradía, y á lo honrar y pagar, á él ó á su lugarteniente, las 
penas en que cayéremos; y sobre ninguna cosa deUo, él á nosotros 
e nosotros á él, no hagamos ny digamos de obra ny de palabra 
ynjuria alguna, sopeña que el que lo contrario hiciere, pague me- 
dia libra de c;era para la dicha nuestra arca, y que el prioste, todo 
lo que gastare y cobrare y se deuiere, lo asyente en su libro i)ara 



360 

dar quenta y razón cada y quando le fuere pedida so la mesma 
pena, y asy mesmo, que el dicho prioste tenga cargo de nos hazer 
muuyr para las fiestas, cabildos y enterramientos y las otras cosas 
aquí contenidas en esta nuestra regla so la mesma pena. 

CaiHktlo XVIJy del oficio del escriuano. 

ítem ordenamos que el escriuano que fuese desta dicha nuestra 
cofradía tenga un libro, en el qual tenga cargo de asentar todo 
el reqibo y gasto que el nuestro prioste hiziere desta nuestra co- 
fradía y nuestros cabildos y lo que en ellos pasare que fuere de 
asentar, y quando el prioste lo llamare para alguna cosa dello, 
que el dicho escriuano venga, sopeña, cada vez lo que contrario 
hiziere, de media libra de gera para la dicha cofradía, y que el di- 
cho escriuano, cada y quando que le pidiéremos cuenta y razón, 
nos la dé de lo susodicho, so la dicha pena, syn escusa alguna, y 
que todo lo que paresgiere escripto de mano del dicho escriuano le 
dé fé, sopeña de una libra de cera, y después, si aquello no se ha- 
llare cierto, pague otra tanta pena el escriuano. 

CafUnlo XVIIJ, del oficio que han de tener 
los alcaldes. 

ítem ordenamos que los alcaldes que fueren desta nuestra cofra- 
día puedan mandar y sentenciar en lo á ella tocante conforme á esta 
regla, lo qual prometemos obedecer, y cumplir, y pagar, y le ser 
obedientes; y sy alguno de nos fuere ynobediente ú ello y no cum- 
pliere lo que los tales alcaldes mandaren en lo tocante á esta regla, 
como dicho es, yncurra en pena de una libra de gera para el arca 
de nuestra cofradía, e demás cumpla lo que le fuere mandado por 
los dichos alcaldes, e que tantas quantas vezes fuere ó viniere con- 
tra lo que dicho es, tantas veces yncurra en la mesma pena, e al 
que diere con9ejo, fauor ó ayuda contra lo que dicho es, asy mes- 
mo yncurra ó cay a en la dicha pena. 



361 



Capitulo XIX, del oficio del mayordomo. 

ítem ordenamos y damos poder al mayordomo nuestro que fuere 
desta cofradía, tenga cargo de requerir las possesiones y propios 
y rescebir los maravedís de las rentas de la dicha cofradía y de 
hazer los reparos que acordáremos al dicho hospital de San Loy, 
y el prioste le acuda á él y le haga acudir con ello y con otra cosa 
que pertenezca á la dicha cofradía, y que el dicho mayordomo sea 
obligado á nos dar cargo y descargo cada y quando gelo pidiére- 
mos, sopeña de una libra de <jera cada vez que lo contrario 
hiziere. 

Capítulo XX, del oficio de los disputados. 

ítem ordenamos que los dos diputados que ouieren de ser elegi- 
dos para esta nuestra cofradía, sean ancianos y de buena fama, 
los cuales tengan poder, y gelo damos; que libren e determinen 
los casos y cosas que nasgieren tocantes á esta nuestra cofradía y 
regla; que sy para algo dello fuere menester en cabildo lo diga al 
prioste, el qual nos haga muñir, y nos obligamos yr todos y facer 
el dicho cabildo, y en él dar fin á la tal causa del nuestro ayunta- 
miento, sopeña que aquél que esto no guardare, ha de pagar una 
libra de cera. 

Capítulo XX J, del oficio de los cabildos. 

ítem ordenamos hazer en el dicho hospital de San Loy quatro 
cabildos generales; es á saber: uno la Pasqua de Nauidad, otro 
por Pasqua florida, otro la Pasqua del Spíritu Sancto, y el quarto 
quinze dias ante del dia de San Loy, y en estos cabildos ordena- 
mos de entender en las cosas que cumpla á servicio de Dios y de 
San Loy, y pro y honra desta nuestra cofradía, asy de las cosas 
pasadas como por venir, y qualquiera que faltare en qualquier ca- 
bildo destos cuatro, sej'endo muñido, pague una libra de (,:era, es- 
cepto sy estouiere fuera de la tierra, ó enfermo, ó en la cárcel. 



362 



Cafitulo XXIJ, de los que han de salir ó entrar en esta 
cofradía. 

ítem ordenamos que cada que alguno entrare por cofrade 
en esta nuestra cofradía, que sea de buena fama e syn estar en 
peccado píxblico, y no pueda ser mujer cofrade, saluo todos hom- 
bres, y el que ouiere de entrar sea con acuerdo de todos por la ma- 
yor parte, y pague de entrada una candela libra y media de 9era 
blanca para la dicha cofradía, y cada y quando alguno ouiere de 
salir de esta cofradía pague de pena una arroua de 9era para la di- 
cha cofradía, en la qual ordenamos no sea rescjebido cauallero ni 
hombre poderoso, saluo persona de nuestro arte y de buena fama, 
que contra esto ninguno de nos vaya ni venga sopeña de una libra 
de gera que pague para la dicha cofradía. 

Capitulo XXIIJ, delfagar de las deudas y 'penas. 

ítem nos obligamos que cada y quando deuiéremos algo que 
pertenesca á la dicha cofradía, lo dar y pagar dentro del tercera 
dia al nuestro prioste ó mayordomo syn rygor ni contienda, y cada 
y quando supiéremos de alguna cosa que se deua y quién, lo ha- 
remos saber al dicho escriuano ó mayordomo que lo pague, so- 
pena que el deudor y sabidor que lo contrario hiziere, pague una 
libra de gera para la dicha cofradía. 

Capitulo XXI V, que ningún cofrade haga cosa en daño de 
otro cofrade. 

ítem nos obligamos de no pujar á otro cofrade nuestro, 
casa ó tienda que tenga de alquilé á sabiendas ni le soeacar 
moqo ni lo resqebir saluo sy el tal moqo estouiere de su libre vo- 
luntad despedido de su amo, y sy desto nasciere alguna duda á 
contienda, querellándose el amo ó el moqo que el tal querellante le 
fagan saber al nuestro prioste, el qual los muña y nos juntemos, y 
oydas las partes sabida la verdad deshagamos el tal agravio, y que 



363 

qualquiera de nos los cofrades á quien tocare este por ello y cum- 
pla lo que en esta razón mandaremos, sopeña de dos libras de 
gera, la cual pagada si ynsistiere de yr contra lo que asy determi- 
náremos, tantas cuantas vezes lo tal hiziere que cada vez pague la 
dicha pena para el arca de la dicha cofradia. 

Capitulo XXV, de la manera que han de estar ansy en la 
yglesia como en el dicho hospital y cabildos (1). 

ítem ordenamos que ninguno estando en las fiestas y cabildos y 
en el hospital y ayuntamientos que hiziéremos en esta nuestra co- 
fradía estemos onestos y contemplando y hablando y diziendo co- 
sas que toquen al serui^io de Dios y desta nuestra cofradía, y hon- 
ra pro della y de nuestras personas, y ninguno diga mal á Dios 
ni á Nuestra Señora la Virgen María ni á otro Sancto, sopeña de 
diez maravedís que pague para la dicha cofradía, ny menos haga 
ny diga ynjuria de obra ny palabra un cofrade á otro so la dicha 
pena. 

Capitulo XX VJ, de las cosas que se han de guardar para 
estar eti paz y syn enojo. 

ítem ordenamos de estar y venir todos en paz y sobre las cosas 
desta nuestra cofradía y regla y penas, y otras cosas á ella 
tocante es lo hazer cumplir como arriba dize, todo con amor, 
y sobre ello ny lo dello dependiente no hazer ni dezir los 
unos á los otros injurias ni palabra desonesta ny demostrar odio 
ny quitbr habla, y sy accaesciere algo desto que no podamos lo 
denun9Íar ny querellar ante juez ny escriuano hasta que primero 
sea dicho á nuestro prioste, el qual nos haga muñir y nos ajunte- 
mos, y sepamos la causa, y demos fin y paz y concordia por manera 
que todos uiuamos en ella, y si la causa fuere tal que no fuere ally 
acabada ó no podamos la determinar, que dende en adelante pueda 
pedir su injustÍQia ante quien le conuenga, y sy la determináremos 



(1) En Jetra más moderna dice juroíncníoí. 



364 

y diéremos sin que la parte á quien toca seyendo nuestro cofrade 
esté por ello sopeña de media libra de f;era y más que satisfaga al 
agrauiado lo que determinaremos so la mesma pena en que incur- 
ra el ynobediente. 

üaj^Uiilo XXV LJ, del salario de los oficiales. 

ítem nombramos y nos obligamos dar al muñidor jior el traba- 
jo cada vez que nos muñyere diez y syete maravedís, que le sean 
dados en el mesmo ayuntamiento para que nos mufiyeren. ítem el 
eseriuano, en pago de su trabajo lo releuamos de toda costa y de- 
rechos á que nosotros fuéremos obligados y de penas que yncur- 
riere, escepto de aquellas penas en que cayere, no seyendo presen- 
te quando fuere muñydo para usar de su oficio en esta nuestra co- 
fradía, y demás nos obligamos le dar de salario cada año cien ma- 
ravedís e le sean dados el dia postrero de un año que se cumplirá 
quando se eligen oficiales. 

Capitulo XXVIIJy de la visitación de los enfermos. 

ítem ordenamos que cada y quando alguno de nos enfermare lo 
visitar cada noche dos de nos los dichos cofrades, quales nombra- 
re nuestro prioste, hasta ser sano, y que el dicho prioste tenga car- 
go de hacer la dicha nominación, y el cofrade y los que así nom- 
brare de yr, sopeña que el culpante pague una libra de gera, y le 
hagan volver otra noche á velar, y tantas quantas vezes se lo man- 
dare el nuestro prioste y no fuere, tantas vezes le lleue una libra 
de cera. 

Capitulo XXIX, que habla en todo general. 

ítem ordenamos que qualquier oficial ó cofrade que se hallare 
aver hecho ó dicho cosa de injuria ó contra esta nuestra cofradía 
ó en lo tocante á su ofi9Ío que sea desonesta y injuriosa ó dañosa, 
asy para la persona como para la hazienda desta cofradía, pague 
de pena cada vez una libra de qera, y pague todo el daño que por 
ello oviere venido á la cofradía, syn rigor so la mesma pena. 



365 



CapUiílo XXX, de lo que lian de cumplir los que han de entrar 
en esta nuestra cofradía. 

ítem ordenamos todos los dichos capítulos coa tal condición, 
que cada y quando alguno entrare en esta cofradía los otorgue y 
jure los cumplir, tener y guardar todos en general y cada cosa de- 
Uo en especial, que nos y cada uno de nos lo juramos por Dios y 
por Sancta María, y por la señal de la Cruz, en que posimos 
nuestras manos de los cumplir, tener y guardar con poder que 
damos al señor Obispo de Córdoua y al señor prouisor y su juez, 6 
á quien de derecho tuuiéremos, que proceda contra nos á lo asy 
tener y guardar y cumplir, y pagar lo que deuiéremos á la dicha 
cofradía, y le suplicamos que aprueue y confirme esto que aquí en 
estas Ordenanzas está escrito, y interponga en ello su autoridad 
y decreto, en testimonio de lo qual otorgamos esta regla todos 
unánimes y conformes dentro en el dicho hospital ajuntados, es 
á saber, los que en fin firmamos nuestros nombres, con tal que 
cada y quando entraren más cofrades se pongan aquí sus nom- 
bres, declarando cómo otorgan y juran lo susodicho que pasó en 
Córdoua, veynte é seys dias del mes de Mayo, año del nas<jimien- 
to de Nuestro Señor Jesucristo, de mili y quinientos y tres años, 
reynantes en Castilla los muy esclarecidos príncipes don Fernan- 
do y doña Isabel, nuestros Señores, se3'endo Obispo en Córdoua 
el muy Eeuerendo don Juan Rodríguez de Tonseca, Capellán ma- 
yor de sus Altezas. 

Capitulo XXXJy que ningún cofrade juegue con otro cofrade 

dineros. 

ítem más acordaron que ningún cofrade con otro cofrade juegue 
dinero seco, y sy lo jugare que le hagan boluer el dinero al otro 
que lo perdiere, y allende de boluello pague en pena cada uno me- 
dia libra de (jera, y tantas quantas vezes jugaren paguen la dicha 
pena. 



366 



Capítulo XXXIJ. 

ítem más acordaron que por quanto á todos los dichos cofrades 
les paresce que era mal hecho en leuar que sea leuado de una for- 
ma que se dize xamona, lleuándose unos cofrades á otros por ha- 
zelles vender algunas cosas, así de oro como de plata, como de 
otras cosas tocantes al dicho nuestro arte de plateros, y viendo 
que era cargo de con9Íen9Ía y mal hecho, acordaron de quitallo 
y que de hoy de más no se llenase y el que tal lleuare pague en 
pena una libra de 9era, y otra libra de pera el que asy la diere, 
y el que lo supiere y no lo dixere cayga en la dicha pena de una 
libra de ^era . 

Capítulo XXXIIJ, cómo lian de honrar los cofrades. 

ítem más acordaron que qualquier cofrade pueda honrar al otro 
cofrade suyo, teniendo algún negoqio de velación de hijo ó hija ó 
persona que sea panyaguado, y que seyendo muñidos por parte 
del prioste, que le podamos honrar como dicho es, sopeña que el 
que seyendo muñido no fuere pague pinco maravedís para el ar- 
cha de la dicha cofradía. 

Capítulo XXXI V, cómo debemos de honrar al panyaguado. 

ítem más acordaron que si algún criado de alguno de los dichos 
cofrades, seyendo su panyaguado y falles^iendo desta presente 
vida que le podamos yr á honrar todos los dichos cofrades, e^ebto 
que no llenen candelas, j' se obligaron á lo hazer asy, y el que se- 
yendo moñido para esto que dicho es, y no fuere, pague en pena 
cinco maravedís, y todo esto pasó asy como dicho es en el cabildo 
que se hizo en casa de Diego de San Llórente, lo qual juraron to- 
dos los dichos cofrades cada uno dellos por sí en una cruz que está 
«n nuestra regla en manos de los alcaldes Alonso de Córdoua e 
Diego de San Llórente mantener asy como dicho es, so las dichas 
penas. 



367 



Capitulo XXXV, de la honra que se le ka de hacer d la mujer 
y hyjos del cofrade después que él fallesciere. 

En domingo veynte y ocho días del mes de Enero de mili y qui- 
nientos y quatro años, nos los hermanos cofrades hicimos cabildo 
en el hospital que nosotros tenemos del señor San Loy, declararon 
todos un capitulo que está en nuestra regla acerca del enterra- 
miento de alguno de nosotros e de la mujer del cofrade y hijos. 
Ordenamos e tenemos por bien e nos obligamos que desque falles- 
ciere alguno de nos los cofrades, que su mujer del tal cofrade que 
falles9Íere, guardando castidad como qualquier mujer de pro y no 
cassándose, que le enterremos á la tal mujer y hijos después de 
falles9Ído el tal cofrade, y que nos obligamos á dar cada uno de 
nos los cofrades 9Ínco maravedís al tal enterramiento para ayuda 
á la 9era, y esto se entiende seyendo de diez años arriba como 
lo dice la regla, y seyendo panyaguado de la madre, y el que fuere 
moñido y no viniere pague de pena media libra de ^era. 

Capitulo XXXV J, de la honra que le auemos de hacer 
al forastero syendo de nuestro oficio y pobre. 

ítem más ordenamos y tenemos por bien todos que si algún fo- 
rastero viniere á esta ciudad, y falles9Íendo en ella y seyendo de 
nuestro arte y syendo pobre seamos obligados á lo enterrar con 
nuestras candelas encendidas. 

Capitulo XXXV IJ, de la honra que se ha de hazer al cofrade 
si fallesciere fuera de la ciudad. 

ítem más si alguno de nosotros los cofrades fallesqiere fuera de 
la ciudad, que seamos obligados á le decir las missas como en la 
regla se entiende. 



368 



Cafitulo XXXVIIJ, de lo que ha de dar el forastero 
asentándose d hacer algo. 

ítem más, que viniendo algún forastero de fuera de la ciudad 6- 
quisiere asentar á hazer algo, que sea obligado el tal forastero á 
pagar para la cofradía libra y media de gera, y que el tal oficial 
que le dieren á hazer algo que se obligue á pagar por el tal foras- 
tero la libra e media de qera haziendo algo con el tal ofigial, y 
que el dicho nuestro prioste sea obligado á buscar que hacer al 
tal oficial forastero, y no hallando que hazer el tal forastero nos 
obligamos seyendo pobre de le ayudar para el camino con sesenta 
maravedís, pidiendo él para el dicho camino, y que el dicho prios- 
te sea obligado á pesquisar sy lo ha menester el dicho forastero. 

Capítulo XXXIX, que auemos de partir la limosna del mes. 

ítem más nos obligamos que cada uno de nos los dichos cofra- 
des paguemos los ^inco maravedís de la limosna del mes como está 
en nuestra regla, y al que viniere á recaudar, que le demos luego 
los 9Ínco maravedís ó una prenda para que se recabe por entero la 
dicha copia, y que esto demos syn rigor so cargo del juramento que 
tenemos fecho. 

Capítulo XL, quel dia de nuestra fiesta no haga ninguno algo. 

ítem más nos obligamos que el dia que cayere la fiesta del señor 
San Loy, de le guardar y no hazer algo aquel dia, ni abrir tien- 
das sopeña que el que no lo guardare y abriere tienda, pague en 
pena una libra de cera para el archa de la dicha cofradía, y que no 
haga alguna cosa en su casa ansy los obreros como los mocos. 

Capitulo XLJ. 

ítem más ordenamos que quando falles^iere alguno de nos los 
cofrades, que seamos obligados de ir el domingo siguiente de su 



369 

enterramiento al cumplimiento y otro dia á la missa, sopeña cada 
cofrade que de nosotros no' fuere que pague de pena 9Ínco mara- 
vedís para el archa de la cofradía, y demás nos obligamos a dar 
un maravedí cada vez que se enciendan candelas para la cera. 

Cajdkdo XLIJ. 

ítem ordenamos e tenemos por bien que qualquiera persona asy 
de la ciudad como fuera della que quisiere hazer algo ó poner tien- 
da de nuestro arte de platero, que pague primero libra e media de 
t^era para nuestra cofradía, y aunque sea fijo de cofrade sea obli- 
gado á pagar lo susodicho. 

Capílulo XLIIJ, de las fiestas que somos ohligados de celehmr. 

ítem ordenamos e tenemos por bien que ayamos de celebrar en 
cada un año (;inco fiestas las quales son estas: 

Primeramente el dia de San Loy, missa y sermón; y el dia de 
San Pedro y San Pablo, missa rezada; y el dia de Santiago Após- 
tol, missa rezada; y el dia de la Asunción de Nuestra Señora, 
missa rezada; y el dia de la AnunQiaqion de Nuestra Señora, 
missa y sermón. En los quales (jinco dias sa ganan en cada uno 
dos mili dias de perdón. 

OaiHtulo XLIV, de la limosna qne se ha de dar ^ara celebrar 
la fiesta de la A nunñacion de Nuestra Señora. 

ítem ordenamos que el dia de la Anun^iaqion de Nuestra Seño- 
ra pague cada uno de los cofrades ginco maravedís para celebrar 
esta dicha fiesta. 

CajiUnlo XL V, de los fieles qm kan de pagar ochocientos inaravedis 
ambos á dos en los dos años de su tiempo. 

Estando en cabildo todos los cofrades y hermanos del señor San 
Loy en lunes doze dias del mes de Abril, año de mili e quinientos 
Tomo CVII. 24 



370 

•e doze años, concertaron que todos los fieles que fueren y son den- 
de agora hasta en adelante que se obligan so cargo del juramento 
que en la regla tienen fecho de dar en limosna á nuestro hospital 
en cada un año quatrogientos maravedís que se entiende en los 
dos años quatroíjientos cada año, y porque agora son Gómez de 
Xiuque y Pero Fernandez, ha pasado ao y medio que lo soy por 
irazon de este capitulo no los deben, que por eso se obligan de pa- 
gar en limosna quatroqientos maravedís, y porque los maravedís 
y limosna son para azeyte á la dicha casa que no sean estos gas- 
tados en otras cosas saluo en el dicho azeyte, y desto dé quenta 
y razón por sy á los que fueren deputados para ello. 

€a'pUulo XLVJ, que los fieles sean elegidos en el dicho hospital. 

En domingo veynte y seis dias del mes de Diziembre de myll 
« quinientos e quinze años, estando en el cabildo en nuestro 
hospital del señor San Loy, en presencia de todos los oficiales y 
cofrades unánimes y conformes, y acordaron que de hoy en ade- 
lante, quede establecido que los fieles que ouieren de ser, sean 
elegidos y establecidos en el dicho hospital, e todos jurados que no 
yrán ni vernán contra lo que en el hospital eligieren, sopeña de 
media arroua de qera para el archa de nuestra cofradía, y que no 
quede con la fialdad, y esto, acordaron que quede establecido para 
todos los que vinieren de ser fieles de hoy en adelante, e que sean 
•elegidos por eleqion por todos los cofrades á los que pertenezca 
áerlo y que lo podrán seruir, y que entre los que lo puedan ser se 
'echen suertes, y á los que le cupiere la suerte queden por fieles dos 
años, conforme á la premática de Sus Altezas, y de aquí adelante 
se faga desta manera; y asy lo juraron en forma de derecho, y que 
cualquiera que hablare con otro para que le dé su voto, con caua- 
ileros ó con otras personas algunas ó de otra manera, pague la di- 
cha media arroua de gera, como dicho es; y porque es verdad que 
asy passó, fírmelo de mi nombre que es fecho día e mes e año so- 
bredicho. Acordaron que de los votados saquen seyo los que más 
votos tuuieren, y si ouiere dos parejos, entre los dos echen suertes 
á quién le entrará. 



371 



Capitulo XL VIJy de la pena que se há de llenar al cofrade 

jque rio fuere al enterramiento de otro cofrade, ó de su mujer, 

6 hyjos, siendo de diez años arriba. 

En veynte y siete dias del mes de Febrero, año del nas^imiento 
de Nuestro Saluador lesucristo de myll e quinientos e quinze 
años, estando ayuntados los hermanos en su cabildo en el hospital 
del señor San Loy: 

Estando ánimos y conformes al seruicio diuino, viendo que la 
pena que tienen puesta en la regla ser poca, y muchos atreuiéndo- 
se contra sus conciencias y juramentos que sobre esto tienen he- 
chos, acordaron que por algunos por la mayor parte se atreuen á 
pagar la pena por ser poca, acordaron que qualquier cofrade que 
no fuere al entierro de otro cofrade ó de su mujer ó hyjos, de diez 
años arriba, donde puedan llevar candelas encendidas, pague en 
pena media libra de <jera; y esto ordenamos y mandamos y ouimos 
j)or bien todos y cada uno de nos, que es íecho y capitulado en 
nuestro cabildo á veynte y siete dias del mes de Tebrero año suso- 
dicho. Y asy mesmo nos obligamos que los pobres que muriesen en 
nuestro hospital seamos obligados á los enterrar, so la pena sobre- 
dicha. 

Capítulo XLVIIJ, que ningún cofrade 

compre ninguna cosa de casa de otro cofrade de personas 

que en su casa tuuiere. 

En seis dias del mes de Abril, año del nascjimiento de Nuestro 
Saluador lesucristo de myll e quinientos e veinte e tres años, estan- 
do el prioste y oficiales y cofrades de la cofradía del señor San Loy 
en su hospital, fué acordado y concertado entra todos ellos, que 
ningún cofrade compre de ningún moQO, ni mo<;a, ni de obrero, ni 
«sclaua, ni esclauo, ni hyjo, ni hyja de otro cofrade, oro, ni plata, 
ni cobre, ni latón, ni esmalte de ninguna suerte, ni niel, ni pie- 
dras, ni perlas, ni otras cosas que toque al nuestro Arte, herra- 
mienta, sin licencia de su amo ó padre, sopeña que el que lo coa- 



372 

trario hiziere, pague en pena para la cofradía seis libras de cera, 
y más que pierda lo que ouiere dado por la dicha compra y vuel- 
va lo que ouiere comprado á su dueño. 

Capitulo XLIX, que níngiin oficial del oficio 
ponga tienda sin licencia. 

En seis dias del mes de Abril, año del nas^imiento de Xues- 
tro Saluador Jesucristo, de myll e quinientos e veynte e tres 
años, fueron juntados todos los cofrades, y prioste, y alcalde, y 
oficiales de nuestra cofradía del señor San Loy en nuestro hospi- 
tal, ayuntados en cabildo, y syendo votado por la maj'or parte de 
todos, fué acordado que ningún moco ni ofi(?ial, asy desta giudad- 
como forastero, no assiente tienda para labrar ni vender cosa al- 
guna de todas las artes que tocaren al nuestro arte de platero,- 
sy no fuere con lieengia del prioste y ofi9Íales e de dos personas 
que para esto serán diputados y de los más cofrades que se junta- 
ren en cabildo general que fuere más <?ercano de los que están 
constituidos en nuestra regla, y esta tal licencia que se diere, sea 
hábil y suficiente y de buena fama, y el que lo contrario hiziere y 
insistiere en esto, ningún cofrade le dé que hazer obra en secreto 
ni público fuera de su tienda, sj-no por obrería, sopeña que el que 
lo contrario hiziere, pague en pena media arroua de (jera para 
nuestra cofradía (1). 

Yo el licenciado Fernando Morante, prouisor general de Córdo- 
ua e su obispado por el ilustrísimo señor don Leopoldo de Aus- 
tria, Obispo de Córdoua, del Consejo de Su Majestad, vi los qua- 
renta y nueve capítulos contenidos en esta regla de suso escripta 
que por parte del prioste y cofrades de la cofradía de San Loy 
desta ciudad se me presentó, y porque de su tenor me consta ser 
rectos y enderezados para el seruicio de Dios Nuestro Señor y pa- 
ra la buena gobernazion de la dicha cofradía, hermanos y cofrades 
della, por el presente los apruebo y confirmo y pongo en ellos my 



(1) Las dos aprobaciones que siguen están en caracteres vulgares 
y rubricadas, y después de ellas siguen los caracteres monacales. 



373 

autoridad, y decreto, y mando, al prioste y cofrades que al presen- 
te son y por tiempo serán dellos, los tengan, guarden y cumplan 
como en ellos se contiene, so las penas en ellos y en cada uno de- 
llos contenidas. 

Córdoua, á veynte y seis de Junio de myll y quinientos y qua- 
renta y uno años. 

El licenciado y Morante. 

Por mandado del señor provisor, 
Luis Sánchez de Castro. 

El licenciado Fernando Velarde de la Concha, provisor general 
en Córdoua y su obispado por don Francisco Pacheco, por la gra- 
zia de Dios y de la Sancta Sede Apostólica, Obispo de Córdoua, 
del Consejo del Rey nuestro Monarca, vi la regla de los capítulos 
ante escripia de la cofradía del señor San Loy, que se sirve en su 
hospital en la collación de San Pedro que se me presentó, y por- 
que de su tenor me constó ser fechos y enderezados para el serui- 
/cio de Dios Nuestro señor, y para la buena gobernazion de la di- 
Xíha cofradía y hermanos y cofrades della, por la presente apruebo 
y confirmo y mando á el prioste y cofrades que al presente son y 
•por tiempo fueren de la dicha cofradía, los tengan, guarden y 
cumplan como en ellos se contiene, so las penas en ella contenidas, 
y no puedan añadir otx'os capítulos sin licencia y aprobación de 
le dicho. 

Dada en Córdoua, á tres dias del mes de Julio de myll y qui- 
nientos y ochenta y siete años. 

Licenciado, Velarde de la Concha. 

Por mandado del provisor, 
Andrés de Navarrete. 



374 



CainUüo del que quisiere entrar 

for miesíro cofrade ka de ser rescehido for avellanas 

y no de otra manera. 

En veynte y seis de Junio de myll y quinientos y quarenta y sie- 
te años, fué acordado, en presencia de Juan Sánchez, prioste, y de 
los alcaldes y veedores y cofrades, que cada j'- quando quisiere en- 
trar alguno por cofrade en nuestra cofradía, que entre por auella- 
nas, como es uso y costumbre en otras cofradías; y porque es ver- 
dad lo firmé yo, el escriuano de la cofradía. — Andrés Lo^ez. 

Capítiilo del salario del mofiidor general y f articular. 

En XX • IX de Junio del año de M • D • LJ años, dia de San 
Pedro y San Pablo, siendo prioste Diego Fernandez, y con acuer- 
do de los alcaldes y veedores y de los cofrades, huuieron por bien 
que se le diese de hoy en adelante al moñidor que fuere dos ducados 
cada año, y de más desto, los cofrades le paguen al dicho moñidor» 
por cada hijo que Dios les diere medio real, y el que entrare por 
nuestro cofrade otro medio real. 

De cada enterramiento donde hayamos de yr con nuestra qera, 
el tal cofrade ó al que se le ofreciere aver menester al moñidor le 
pague un real; y porque es verdad todo lo contenido y todos lo tu- 
uimos por bien en este capitulo, lo firmé yo, el escriuano de la co- 
fradía. — Pero Ruyz. 

CafUulo de lo que han de 'juagar los que himieren 

de entrar en esta cofradía, y el que no fuere nuestro cofrade 

y se nos encomendare que le honremos en su enterramiento 

con nuestra cera. 

Lunes diez y ocho dias de Abril del año de myll y quinientos y gin- 
quenta y dos, estando en nuestro ayuntamiento y cabildo, según que 
lo acostumbramos hazer, el prioste y oficiales con la mayor parte de 
los cofrades en nuestro hospital, con toda paz y conformidad, avi- 



375 

da consideración de la carestía de la qera y de los gastos de las 
fiestas que somos obligados á hazer, y de los reparos de nuestro 
hospital que cada año se nos ofrece, y de las missas de nuestros 
hermanos, visto que por estas causas nuestra arca está siempre 
adeudada, y para remediar parte de los gastos que no podemos 
escusar, queremos y tenemos por bien, que de hoy en adelante, el 
que huuiere de ser nuestro cofrade, pague por su entrada seis 
reales, con tanto que en el reseebir del tal cofrade se guarde el 
capitulo que tenemos en esta regla que sea por auellanas, porque 
se resqiba con la voluntad de todos los cofrades; asy mesmo es 
nuestra voluntad, que el que no fuere nuestro cofrade y se nos en- 
comendare para qxie le honremos en su enterramiento con nuestra 
qera, que pague quinientos maravedís, de los cuales sea nuestro 
prioste primero pagado, el cual dicho capítulo prometemos de 
guardar y cumplir como en él se contiene, por el juramento que 
en nuestra regla tenemos hecho; y porque es verdad que fué asy 
capitulado, mandamos á nuestro escriuano lo firmase de su nom- 
bre. — Pero Ruyz. 

Capitulo que trata de que se entierre la mujer del cofrade difunto 
que mantuviere honesta viudez. 

Sábado veynte y seis dias del mes de Junio del año de myll 
y quinientos y cinquenta y siete años, estando ayuntados en 
nuestro hospital de San Elessio haziendo cabildo general, co- 
mo lo avemos de antigua y loable costumbre, un día después 
de la festividad de San Elessio, conviene á saber, el señor 
Diego de Sevilla, prioste de la dicha cofradía, e alcaldes los 
señores Pero Ferrandez Tescero e Diego Ferrandez el Rubio, 
e veedores los señores Fernando de Jaén y Antonio Ferran- 
dez, y mayordomo el señor Alonso Sánchez, y escriuano Diego 
Ferrandez de los Olivos, y otros muchos cofrades, habiendo confe- 
rido y platicado sobre el caso de que adelante se hará mengion, 
fué acordado entre todos de unánime conformidad, que pues los 
cofrades y hermanos de nuestra cofradía servían y costeaban en 
ella, ordenaron que la mujer de qualquier cofrade difunto quedan- 



376 

do ella viuda y guardando su viudez honesta y recogidamente, co- 
mo se trata en el capítulo XXXV, que la entierre la cofradía como 
si su marido fuera vivo, con la misma solemnidad que al marido; 
todo lo qual aprobaron, consintieron e tuvieron por bien todos los 
susodichos, y que se cumpla y guarde de aquí adelante, y firmólo 
el escriuano, Diego Ferrandez de los Olivos. 



DEL LIBRO DE LA 

^ONGREGAClOll DE SAN ELOY T COLEGIO DE PLATEROS DE CÓRDOBA 

QUE LLEVA POR TÍTULO 

PEIVILEGIOS DEL ARTE DE LA PLATERÍA 



Don Roque Dionisio de Carrasquilla, escribano del Rey Nuestro 
Señor, y mayor del cabildo de la muy noble y muy leal ciu- 
dad de Córdoba, doy fé que en el que la dicha ciudad, justicia y 
regimiento de ella, celebró á veinte y dos de Marzo pasado de 
este año, se leyó una petición, cuyo tenor y lo á ella decretado, 
dice así: 

Petición. 

Excmo. Señor.: Don Bartolomé Sánchez de Aguilar , fami- 
liar del Santo Oficio de la Inquisición de esta ciudad, herma- 
no mayor de la cofradía del Señor San Eloy que sirven los artí- 
fices plateros, por sí y en nombre de los susodichos, como tal 
hermano mayor, puesto á la obediencia de Vuestra Excelencia, 
con el debido rendimiento dice, que por algunos de los señores 
jurados de esta ciudad, se le ha hecho saber cierto repartimiento 
que se ha hecho ó pretende hacer á dichos hermanos y cofrades, 
de un pedido ó tributo que se pide á los contribuyentes de gre- 
mios y de tiendas de mercaderes, y con cuyo motivo le ha pare- 
ciílo muy preciso á su obligación y á las inmunidades y preemi- 
nencias de que gozan los dichos artífices de la platería, el ocurrir 
á la l-enignidad de Vuestra Excelencia y suplicarlo (como por el 
pr»isente lo hace), el mandar que los dichos señores jurados sus- 



378 

pendan y sobresean el diclio repartimiento, y que no pasen á que- 
brantarles dichas sus exempciones, porque por diferentes cédulas 
reales de la Majestad Cesárea del Señor Emperador Carlos Quint»^ 
y de las reales de los Señores Reyes Cathólicos y otros sucesores, 
les han concedido los privilegios de no pagar alcabalas, ni cien- 
tos, ni otras gabelas por razón de dichos sus ejercicios dichos 
plateros, y por las compras ó ventas que hicieren de las piezas de 
oro, plata, perlas ó otras semejantes, y de otros pechos anejos al 
estado general, y oficiales, y maestros públicos, y personas que 
tienen tiendas, y la razón y motivo impulsivo de dichas Reales Ma- 
jestades, fué porque oficial propia y verdaderamente se dice el que 
hace obra, por cuya composición no se requiere sciencia ni arte li- 
beral alguno, y en que se diferencia y distingue realmente los que se 
ejercitan en la dicha platería porque son artífices, los cuales se 
denominan asi porque sus obras no se pueden ejecutar sin scien- 
cia ó noticia de algunas de las artes liberales que profesan, y en- 
tienden los dichos plateros porque saben y entienden el arte de 
geometría para la longitud y latitud de lo que se labra; y la scien- 
cia de la perspectiva para el dibujo y retrato de lo que quiere 
obrar; y el arte y sciencia del aritmética para el mineral y enten- 
der los quilates y valor del oro, plata, perlas, piedras y monedas, 
y sin saber y entender las dichas sciencias y artes liberales no 
puede hacer y obrar proporcionadamente, y á esta causa por de- 
recho es notabilísima la diferencia que hay según el de oficio á 
artificio, respecto de lo cual tienen ganadas diferentes ejecutorias 
los dichos artífices plateros, porque no se regulan como gremio, 
ni sus tiendas de mercaderes ni tratantes, sino de artífices y artes 
relevantes preeminentes; por tanto y porque es justo el que se les 
mantenga en dichos sus privilegios é inmunidades: = Suplico á 
Vuestra Excelencia sea servido dignarse mandar que los dichos 
señores jurados sobresean y suspendan el dicho repartimiento 
manteniendo y amparando á los dichos artífices plateros en la 
posesión antiguada en que se hallan de las dichas sas inmunida- 
des y exempciones, y que no se les veje ni moleste en contraven- 
ción dellas; así lo espero de la clemencia y grandeza de Vuestra 
Excelencia, y en que recibirá la dicha hermandad y cofradía muy 



379 

especial merced y honra, etc. =r Don Bartolomé Sánchez de 
Aguílar. 

Y para la resolución por acuerdo de la ciudad, se mandó citar 
á cabildo general para veinte y siete de dicho mes, y que la parte 
de los artífices plateros presenten los privilegios en que fundaban 
su intención, y el dia citado presentaron los dichos privilegios, y 
precedida la fé de cabildo general se hizo relación de ellos, y en 
sustancia se reduce á que: 

Privilegios. 

Por especial cédula de los señores Reyes Cathólicos don Fer- 
nando y doña Isabel, expedida en la ciudad de Jaén á siete de Ju- 
lio de mil cuatrocientos y ochenta y nueve años, se manda no se 
les pida alcabala á los plateros del oro ó plata que labraren agena^ 
ó de la que labraren suya propia para vender; esto, sin embargo, 
que las leyes del cuaderno del Alcabalatorio dispusieren lo contra- 
rio: y el original de dicha real cédula está en esta ciudad, y cuyo 
testimonio y traslado de ella se dio por el presente escribano d& 
cabildo á la parte de Andrés de Castro, artífice platero por man- 
dado de la justicia á los veinte y uno de Agosto del año pasado de 
mil seiscientos y ochenta y siete. =Asimismo otra real cédula de 
la IMajestad Cesárea del señor Emperador Carlos quinto y la se- 
ñora Keyna doña Juana su madre, dada en la villa de Madrid á 
treinta de Septiembre del año pasado de mil quinientos y cincuen- 
ta y seis en que se mandó no se tengan por oficiales á los plateros 
sino por artífices, y que incluyen diferentes artes liberales preemi- 
nentes, y que á esta causa no se entendiese con ellos la pragmáti- 
ca que prohibe vestir soda los oficiales, y por cuyo motivo, no sólo 
los dichos plateros, pero sus mujeres pudieren traer y vestir las di- 
chas sedas, y sobre que se ganó ejecutoria en contradictorio juicio, 
y para que pudieren usar y ejercer todos los oficios nobles que 
hubiere en la República, como son corregidores, alcaldes mayores 
y ordinarios, regidores, procuradores generales y todos los demás 
oficios onerosos de la República, sin reservar alguno: y dicha real 
ejecutoria se ganó en el real Consejo de Castilla, su fecha en Ma- 



380 

drid á catorce de Febrero del año pasado de mil quiuientos y diez 
y nueve. Otra real cédula y provisión de Su Majestad y señores de 
su real Consejo de Hacienda, ganadas en contradictorio juicio el 
año pasado de mil quinientos y treinta y nueve por los plateros de 
la villa y corte de Madrid, con los diputados de las rentas del uno 
por ciento, para que no pagasen este derecho ninguno de los di- 
chos plateros y congregados de la hermandad del Señor San Eloy, 
respecto no se puede llevar derecho alguno ni cobrar de la plata 
y oro por tener precio fijo y legal, lo que no sucede en las demás 
cosas que se comercian, venden y tratan, y en que no se pone de 
parte de los dichos mercaderes industria alguna como los dichos 
plateros, porque lo que llevan además del precio legal por dichos 
metales, es el importe de las hechuras, y no está sujeto á contri- 
bución alguna por ser trabajo personal y de arte liberal, y porque 
la naturaleza de la plata y oro es tan noble que junto con la ca- 
lidad referida y tener precio fijo y legal, es consiguiente el que 
los dichos metales estén libres y exemptos de alcabalas y cientos 
y otras cualesquier imposiciones. Dos i'eales provisiones, carta y 
sobrecarta de Su Majestad y señores, su presidente y alcaldes de 
hijosdalgos de la ciudad de Granada, para que los jueces admi- 
nistradores de alcabalas y cientos de esta ciudad no lleven mara- 
vedís algunos de los dichos plateros por razón de alcabalas ó 
cientos, ni se les hagan molestias ni vejaciones á los del dicho 
arte de platería; y esto sin embargo de haberse probado el que 
los dichos plateros se habían encabezado algunos, á cuyos autos 
se procesaron ante Lúeas de Molina, escribano mayor de rentas 
el año pasado de mil seiscientos ochenta y siete. 

y asimismo se leyeron por mandado de la ciudad las matricu- 
las antiguas, hechas para el repartimiento de arbitrio de tiendas, 
en que están inclusos los artífices plateros, y asimismo se leyó 
la petición y acuerdo antecedente, y en vista de todo pasó y se 
escribió en dicho cabildo lo siguiente; 

Requerimiento. 
El señor don Juan de Guzman dice que habiendo oído en el ca- 



:3Hi 

bildo pasado la noticia que estos señores jurados dieron en él de 
que en la conformidad que la ciudad tenia acordado la cobranza 
que en virtud de orden de Su Majestad para el servicio que esta 
ciudad hizo del chapín de la Reina, y que teniendo concluida di- 
cha cobranza, sólo no entraban en ella la cofradía de plateros y 
que se querían eximir de su paga, y no siendo justo el que se 
deje de observar la orden de Su Majestad, hablando debidamente, 
requiere á su señoría esta ciudad, para que respecto de quererse 
eximir por el medio de repartimiento que habia acordado esta 
ciudad, y que por los Alcabalatorios se sacase, que se ejecute por 
tiendas como Su Majestad lo manda; pues este tributo del chapín 
de la Reina lo deben pagar todos, y en sus privilegios, que en 
este cabildo han presentado, no están exemptos, ni su ánimo es 
el que esta ciudad lo pierda aquella jurisdicción, que en tales 
ocasiones tiene de representar á Su Majestad, lo que sea más 
alivio para sus vasallos, por considerarlo así, acordó por este 
medio el repartir dicho tributo, y de lo contrario que en esto se 
hiciere, lo apela y pide por testimonio. 

Acmrdo. 

La ciudad habiendo oido la petición de la cofradía de plateros, y 
asimismo el requerimiento hecho por el señor don Juan Francisco 
de Guzman sobre lo que se contiene en dicha petición, acordó que 
por ahora los señores jurados suspendan la contribución de reales 
casamientos que se les pide á los dichos plateros, y que asimismo 
se les guarden los privilegios que tuvieren para su defensa, y se 
dé al señor don Juan de Guzman los testimonios que pidiere. 

El señor don Juan Francisco de Guzman apela debidamente de 
lo acordado por Su Señoría; pues siendo esta materia graciosa, 
habiendo interpuesto la oposición que en su requerimiento consta, 
les da por libres esta ciudad, constando en las diputaciones que 
sobre este servicio se han celebrado, como son unos de los que en 
las matrículas que para las cobranzas han venido los plateros. 

Y en el cabildo de diez y ocho de Abril de este año se leyó una 
petición, cuyo tenor y lo á ella decretado dice aaí: 



382 



Petición. 

Excmo. señor don Bartolomé Sánchez de Aguilar, familiar del 
■tíanto Oficio de la Inquisición de esta ciudad, hermano mayor de 
la cofradía del señor San Eloy, que sirven los artífices plateros 
de ella, por mí y en nombre de los dichos cofrades, ante Vuestra 
Excelencia parezco y digo: que con la ocasión de haber arribado 
á las costas de esta Andalucía la armada de los enemigos de la 
Corona, y siendo tan preciso el socorro, de tan crecida urgencia, 
ocurrió el señor don Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, 
corregidor de esta ciudad, á aplicar todos los medios que fuesen 
más prontos para mayor servicio de Su Majestad, y que con ma- 
yor brevedad pudiesen sufragar á los puertos de Cádiz, Santa 
María y Rota, y con aquel gran celo en no omitir la menor dili- 
gencia que condujese á igual operación, que siempre se lo ha ex- 
perimentado en ejecución y cumplimiento de sus grandes obliga- 
ciones y relevantes prendas, solicitó por su persona y por la de 
su primogénito repartir papeles y distribuirlos entre los vecinos 
é individuos de ambos estados, haciéndoles súplicas y representa- 
ción de la invasión de los enemigos, y esforzando á cada uno para 
que acudiese en tan manifiesto riesgo con los maravedís ó monta- 
dos que cada uno pudiere, y de cuya operación tan digna de ser 
siempre de tener muy presente, y con mayor razón cuando Su 
Majestad (que Dios guarde) se hallaba ausente de estos reinos, y 
su real persona presencialmente en la Italia en la guerra con los 
•enemigos alemanes, resultó el que cada uno de los dichos indivi- 
duos, según sus facultades, hizo el servicio que pudo, según ellas, 
como es notorio, y en cuya ocasión los dichos artífices plateros, 
como particulares, procuraron hacer lo mismo. Después, habiendo 
llegado á esta ciudad la noticia de que la real persona de nuestro 
Rey y Señor (que Dios guarde) habia llegado á la corte, fué 
tanto el gozo y alegría que ocasionó á los vasallos, que llevados 
del. amor natural que tienen á su soberano, que luego á el punto 
favorecidos de dicho señor corregidor, hicieron diferentes festejos 
públicos, habiendo precedido las fiestas espirituales que en ha- 



383 

cimiento de gracias fué servido Vuestra Excelencia en ejecución 
de aquella tan entrañada como antiquísima lealtad y nobleza con 
que siempre ha venerado y atendido á sus príncipes, hacer con el 
decoro y magnificencia que se experimentó, y en cuyo tiempo 
hicimos los dichos congregados y cofrades una máscara con el 
mayor lucimiento á que pudieron alcanzar nuestras fuerzas. 

Y ahora ha llegado á entender la dicha hermandad y cofradía 
■que respecto á continuarse las guerras, es preciso y consiguiente 
el que se continúen los servicios, y que á esta causa se ha expedi- 
do real cédula de Su Majestad, para que se haga repartimiento 
entre gremios ó tiendas de un antiguo pecho ó tributo, y en que 
no podemos ser comprendidos por razón de los repetidos privile- 
gios y ejecutorias que tenemos los artífices plateros, y atendiendo 
y considerando el que aunque por la calamidad de los tiempos 
nuestros caudales se hallan sumamente atenuados, preponderando 
sin embargo en nosotros, como es justo, el mayor alivio de Su 
Majestad (que Dios guarde), donde luego ofrecemos muy cordial- 
mente y con el mayor rendimiento que podemos y debemos dos 
mil reales de vellón para ayuda á dicho real servicio. Suplico á 
Vuestra Excelencia sea servido dignarse de mandar nombrar 
persona, en cuyo poder entren los dichos maravedís, los cuales se 
procurarán juntar de los dichos cofrades con la mayor brevedad 
que les sea posible. Y asimismo mandar se me dé testimonio con 
inserción de este pedimento, etc.:=Don Bartolomé Sánchez de 
Aguilar.=Licenciado Montesdoca. 

Habiéndose leido en este ayuntamiento la petición del hermano 
mayor de los artífices plateros en que ofrecen á esta ciudad servir 
con dos mil reales á Su Majestad, para ayudar á los gastos de 
reales casamientos, se les dá las gracias y también por el celo con 
que festejaron la venida de Su Majestad á la corte y servicio que 
hicieron como particulares en la ocasión del desembarco que 
hicieron en estas costas los enemigos ingleses, y por todo lo refe- 
rido acordó la ciudad se les guarden todos los privilegios que di- 
cha cofradía de San Eloy tiene á su favor, y se les dé por testi- 
monio como se pide por su hermano mayor. 

Y en ejecución del dicho acuerdo los dichos artífices plateros 



384 

pusieron por mandado del señor corregidor de esta ciudad, en 
poder de Juan de Prados, vecino de ella, á quien nombró por su 
depositario de k)s dichos dos mil reales de que doy fé.=3Que lo 
susodicho consta de los cabildos citados á que me refiero y de 
pedimento del dicho don Bartolomé Sánchez de Aguilar. Doy el 
presente en Córdoba, en veinte y ocho de Junio de mil setecientos 
y tres años.:=E,oque Dionisio de Carrasquilla, escribano del reino 
y mayor del cabildo de Córdoba, lo firmé y en testimonio de 
verdad. 



En la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, en seis del mes 
de Junio de mil seiscientos y noventa y dos años, para ante el 
señor licenciado don Carlos de Aguilar y Aragón, teniente de 
asistente de esta ciudad y ante mí Antonio Euiz Jurado, escriba- 
no público del número de ella, pareció Pedro de Torres Castellaa 
no, fiel contraste de esta ciudad, padre mayor de la hermandad 
del señor San Eligió, que los artistas plateros de oro y plata de 
esta ciudad tienen en el convento de San Francisco, y dijo que 
habia menester para i'esguardo del derecho de los del dicho su 
arte un traslado, autorizado en pública forma y manera, que haga 
fé de una copia que tienen de diferentes ejecutorias y privilegios^ 
en BU favor ganados en contradictorios juicios, que estaba signa- 
da y firmada de Francisco García Muñoz, escribano público de 
la ciudad de Cádiz, su fecha en ella en catorce de Diciembre del 
año de mil seiscientos y noventa, de que hizo exhibición, y pidió 
su merced mandase darle el dicho traslado de dicha copia y que 
se le volviese dicho original, interponiendo su autoridad y decreto 
judicial por ser justicia que pidió, etc. = Pedro de Toro. 

Auto. 

He visto dicho pedimento por el dicho señor teniente, y habien- 
do tomado en sus manos la dicha escritura y copia de ejecutorias 
y privilegios, la vio y recorrió, que halló no está rota ni chance- 
lada, ni en parte alguna sospechosa, y mando que yo el presente 



385 

escribano público, dé á esta parte el traslado que de ella pide, 
autorizado en pública forma y manera, que haga fé entregándole 
dicho original, dando (1) ^1 pi® ^^^ concnerdo de él trasla- 
do en que interponía é interpuso su autoridad y decreto judicial 
y lo firmó. =:Licenciado Aguilar.=Antonio Ruiz Jurado. 

En cuya virtud, yo el dicho Antonio Ruiz Jurado, escribano 
público, hice sacar y saqué el dicho traslado, que es del tenor 
siguiente: 

Don Carlos, por la divina clemencia Emperador semper augus- 
to, Rey de Alemania; doña Juana, su madre, y el mismo don 
Carlos, por la gracia de Dios, Reyes de Castilla, de León, de 
Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalem, de Navarra, de Grana- 
da, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, 
de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los 
Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Indias, Islas y Tierra 
firme del mar Océano, Condes de Flandes, de Tirol, etcétera. 
A todos los corregidores, asistentes, gobernadores, alcaldes, e 
otros jueces, e justicias, cualesquier asi de la ciudad de Plasencia 
como de todas las ciudades, villas y lugares de los nuestros reinos 
e señoríos, e á cada uno e cualquier de vos en vuestro lugar e 
jurisdicción, á quien esta nuestra carta fuere mostrada, salude 
gracia. Sepades que Christóbal Alvarez, en nombre de los plate- 
ros de la dicha ciudad de Plasencia, nos hizo relación diciendo 
que en la pragmática por nos hecha en este presente año sobre 
el traer de la seda, se prohibe y manda que los sastres, zapate- 
ros, curtidores 3'' tejedoi-es, y otros oficiales contenidos en la 
dicha pragmática, y las otras personas de semejantes oficios ó 
más bajos, no traigan sedas, por la cual pragmática no se prohi- 
bía á los artífices y plateros el traer de la seda, porque su arte no 
era oficio, y ansi los derechos los nombraban artífices y no oficia- 
les, porque propia y verdaderamente se decia oficial el que hacia 
obra, por cuya composición no se requería sciencia ni arte alguna 
liberal, y artífice se dice aquél cuya obra no se puede hacer sin 
¡sciencia ó noticia de alguna de las artes liberales, como es la obra 



(1) Hay un blanco. 
Tomo CVII. 25 



386 

del artífice y platero, porque el artífice y platero, primero no 
sabe que entiende el arte de geometría para la proporción de la 
longitud y latitud de lo que labra, ó no sabe el arte y sciencia de 
la perspectiva para el dibujo y retrato de lo que quiere obrar, e 
si no sabe el arte y sciencia de aritmética para el mineral y en- 
tender los quilates y valor del oro y plata, perlas y piedras y 
monedas, no puede ser artífice ni platero, ni saber ni entender 
las dichas sciencias y artes, las cuales sabidas viene á poner ó 
obrar lo que quiere hacer, e sin ellas no lo puede hacer ni propor- 
cionar, y por tanto, con mucha razón los derechos hacen muy 
gran diferencia entre oficio y artificio, e si nos quisiéramos que 
la dicha pragmática se entendiera con los artífices e plateros, 
fácilmente lo expresáramos y dijéramos antes claramente: por 
la dicha pragmática parecía haber querido y sentido lo con- 
trario, y que no se entendiese con los artífices y plateros, por- 
que expresando los oficios con que se había de entender la dicha 
pragmática, dice: sastres, zapateros, tejedores, curtidores ; y de- 
cía más : y otros oficios semejantes y menores , por lo cual se ha- 
bía dado á entender no comprender á los artífices y plateros, 
.puesto que caso que vulgarmente se digan oficiales , era más 
preeminente oficio que los expresados, porque para conocer si un 
oficio era más preeminente que otro, se habia de considerar el ob- 
jeto y materia de quien trataba cómo se diesen las artes y scien- 
cias; porque aunque todas sean sciencias, unas eran más preemi- 
nentes que otras, como se veía en la Santa Theología y Sacros 
■Cánones y leies ; porque la Theología es sciencia más eminente 
,por razón de objeto y materia de que trata; y los Sacros Cánones 
y leies, más eminente sciencia que la Medicina; y la Medicina, 
más eminente que las otras sciencias y artes ; y ansí aunque hay 
jnuchos oficios como en la dicha pragmática se dice, era cosa clara 
y notoria que el artífice y platero es más preeminente que el sas- 
tre ni el zapatero, ni los otros oficios expresados en la dicha prag- 
mática, la cual expresamente quería que se entendiese con los ofi- 
cios allí nombrados e otros semejantes ó menores , pero no con los 
oficios más preeminentes e mayores que los expresados , como es 
de artífices y plateros, y así otra vez que por nos habia sido pro- 



387 

jnulgada semejante ley e pragmática por los dichos artífices y pla- 
teros, se Labia ocurrido ante nos para lo mandásemos declarar, 
y por nos se Labia dado provisión librada en el nuestro consejo 
en que declaramos que no se entienda con ellos la dicba pragmá- 
tica, de cuyo traslado Laclan presentación; por lo cual se manda- 
ba á las justicias sobreseer en el traer de la seda en cuanto á los 
.artífices y plateros, por ende que nos suplicaba les mandásemos 
dar sobre carta de la dicha provisión, porque con ellos no se en- 
cendiese ni ejecutase la dicLa pragmática ó se les diere otra tal 
provisión para que no fuesen molestados sobre de ello, y por 
..cuanto los alguaciles de la dicLa ciudad e algunos de ellos Labian 
•ejecutado la dicha pragmática e les tienen tomados algunos vesti- 
dos se los mandásemos devolver libremente y que no ejercitasen 
en ello basta que por nos otra cosa fuese declarado e mandado 
por la dicha pragmática, ó como la nuestra merced fuese, lo cual 
yisto por los de nuestro Consejo, fué acordado que debíamos man- 
dar dar dicha nuestra carta para vos en la dicha razón, e nos tu- 
vímoslo por bien , porque nos mandamos que en lo que toca al 
.traer de la seda los dichos plateros e sus mujeres , sobreseáis en 
la ejecución de la dicha pragmática sobre ello por nos hecha en 
esta villa de Madrid , este presente año de la data de esta nuestra 
carta, e les volváis e restituais e hagáis volver e restituir libre- 
mente las ropas e vestidos e otras prendas que por razón de lo 
susodicho se les hubieren tomado, e los unos ni los otros no faga- 
des ni fagan ende al por alguna manera, sopeña de la nuestra 
merced e de diez mili maravedís para nuestra Cámara. Dada en 
la villa de Madrid á treinta dias de Septiembre de mil quinientos 
e cincuenta e seis años.=:El licenciado CTalarza.=El licenciado 
Montalvo.=:El licenciado Otalora.:=:El doctor Diego Percedo.-=: 
Yo Domingo de Zavala, escribano de Cámara, la fice escribir por 
.su mandado con acuerdo de los del su Consejo. =Registrada.= 
Martin de Orue.:=Por chanciller, Martin de Orue. 

Peéiciou. 
Joan Rodriguez Perales y Diego de Molina, mayordomos de la 



3H8 

hermandad y congregación del señor San Eloy de los plateros de 
esta corte:=Decimos, que á nuestra noticia es venido que Joan 
Hembrilla, tesorero de los bordadores de esta villa, tiene en su po- 
der, con los demás papeles tocantes á su hermandad, una ejecuto- 
ria de exempcion que toca á la platería, despachada en su favor 
por autos de vista y grados de revista, por los señores del Conse- 
jo de Su Majestad, despachada en toda forma y en contradictorio 
juicio, con citación y contradicción de la villa, justicia y regi- 
miento de la villa de Salvatierra de Álava, en que nos declaró el 
Consejo por artífices, como lo somos, y que podamos usar y ejer- 
cer todos los oficios nobles que hubiere en la república, sin ojecion 
alguna, como son alcaldes, tenientes, corregidores y sus tenientes, 
alcaldes mayores y ordinarios, regidores y pi'ocnradores genera- 
les, y todos los demás oficios honorosos de la república, sin reser- 
vación de ninguna; y es así, que aunque muchas veces le habemos 
pedido nos dé un traslado de ella para en guarda de nuestro de- 
recho, no lo ha querido ni quiere hacer; por lo cual, á Vmd. su- 
plicamos mande se le compela á ello para efecto de sacar el dicho 
traslado para en guarda de nuestro derecho, interviniendo Vmd. á 
él su autoridad y decreto judicial, pues es justicia, la cual pedi- 
mos, etc.::=Diego de Molina. ^=Joan Rodríguez Perales. 



A nio. 



Jíotifíquese á Joan Negrillo, tesorero del gremio de los borda- 
dores de esta villa, luego entregue en el oficio del presente escri- 
bano, la ejecutoria que obra en su poder en favor de los plateros 
de esta corte, para efecto de sacar el traslado que de ella piden, 
en virtud de este auto que sirva de mandamiento, y dése á los ma- 
yordomos de la congregación de San Eloy de los plateros de esta 
corte, el traslado que de ella piden, signado y firmado y en públi- 
ca forma, en manera que haga fé, poniendo por cabeza este auto 
y pedimento originalmente y para su validación, y que la haga en 
juicio e fuera de él.=:Dijo que interponía e interpuso su autori- 
dad y decreto judicial, cuanto ha lugar de derecho, y así lo man- 
dó, el licenciado don Pedro Barreda, teniente de corregidor de esta 



389 

villa de Madrid, en ella, en veinte y ocho dias del mes de Mayo 
de mil seiscientos y treinta y siete años, y lo firmó. =:E1 licencia- 
do. Barreda.^ Ante mí, Joseph Velarde. 

Notificación. 

En Madrid á viente y cinco dias del mes de Septiembre de mil 
seiscientos y treinta y siete años, yo, el escribano, leí y notifiqué 
la petición de esta otra parte y auto á ella proveído, á Joan Negri- 
llo, tesorero del gremio de los bordadores, en su persona, el cual 
dijo: que está presto de exhibir la ejecutoria que está en su poder, 
y para el efecto que se pide por la dicha petición, y manda por el 
presente auto á mí, el presente escribano, de que doy fé.T=Joseph 
Velarde. 

En cumplimiento del auto de arriba, yo, Joseph Velarde, escri- 
bano del Rey nuestro Señor, público del número de esta villa de 
Madrid, hice sacar y saqué un tanto de la dicha ejecutoria, que es 
del tenor siguiente: 

Hjecntoria. 

Don Phelipe, por la gracia de Dios Rey de Castilla, de León, 
de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusaiem, de Portugal, de 
Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Ma- 
llorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Mur- 
cia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las 
Indias orientales y occidentales. Islas y tierra firme del mar 
Océano, conde de Barcelona, señor de Vizcaya y de Molina, etc. A 
los del nuestro Consejo, presidente }' oidores de las nuestras 
audiencias, alcaldes y alguaciles de la nuestra casa y corte y 
chancillerías, y á todos los corregidores, asistentes, gobernadores, 
alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justicias cuales- 
quier, así de la villa de Salvatierra de Álava como de todas las 
demás ciudades, villas y lugares de estos nuestros reinos y seño- 
ríos, y á cada un y cualquier de vos en vuestros lugares y juris- 
dicciones, á quien esta nuestra carta ejecutoria, ó su traslado sig- 



390 

nado de escribano, sacado con autoridad de juez, fuere mostrada, 
salud y gracia; sepades: que Pedro Muñoz, en nombre de Miguel 
Martinez de Ocariz, bordador y consortes, artífices vecinos de la 
villa de Salvatierra, nos hizo relación que por nuestro mandado 
se habia sacado del Registro real de esta nuestra corte el traslaúo 
de la ejecutoria, que los dichos sus partes habían ganado contra 
los oficiales del Consejo de la dicha villa, sobre la revocación de 
ciertas ordenanzas y ser admitidos en ellas á oficios de justicia 
y de Gobierno, que era las que presentaba, y porque la original se 
habia perdido á sus partes remitiéndola á la dicha villa, suplicán- 
donos les mandásemos dar otra tal por perdida, conforme al dicho 
traslado e como la nuestra merced fuere, lo cual visto por los de 
nuestro Consejo y el traslado de la dicha ejecutoria, que es del 
tenor siguiente: 

Don Phelipe, etc. A los del nuestro Consejo, presidentes y oido- 
res de las nuestras audiencias, alcaldes y alguaciles de la nuestra 
casa y corte y chancillerías, y á todos los corregidores, asistentes, 
gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y jus- 
ticias cualesquier, así de la villa de Salvatierra de Álava como de 
todas las demás ciudades villas, }'■ lugares de estos nuestros reinos 
y señoríos y á cada uno y cualquier de vos en nuestros lugares 
y jurisdicciones, á quien esta nuestra carta ejecutoria ó su tras- 
lado signado de escribano, sacado con autoridad de juez fuere 
mostrado, salud e gracia: sepades, que pleito se ha tratado ante 
los de nuestro Consejo, entre la justicia y regimiento de la villa 
de Salvatierra de Álava, y Pedro do Plaza su procurador en su 
nombre de la una parte, y Miguel Martinez de Ocariz, bordador, 
y más consortes vecinos de la dicha villa, pintores, escultores, 
bordadores y plateros, y arquitectos, y su procurador en su nom- 
bre de la otra; sobre que la provincia de Álava y lugares de la 
jurisdicción de la dicha villa de Salvatierra, y fué sobre que pa- 
rece que Domingo Ochoa de Alaiza, procurador que fué del nú- 
mero de esta nuestra corte, por petición que presentó ante los del 
nuestro Consejo, en nombre de los dichos Miguel Martinez de 
Ocariz, bordador, y de los demás vecinos artífices de la dicha 
villa, en nueve de Enero del año pasado de mil seiscientos y diez' 



391 

y siete, dijo que de pocos dias á aquella parte, la dicha justicia y 
regimiento de la dicha villa, por enemistad que con sus partes 
tenia, habian hecho cierta ordenanza, por la cual, sin tener fun- 
damento alguno de derecho, causa, ni razón legítima, habian ex- 
cluido á los dichos sus partes de los dichos oficios honoríficos de la 
repiiblica, y particularmente del de alcalde ordinario de la dicha 
villa, y teniente de alcalde, y de procurador general, y de regido- 
res, y de tenientes de regidor, y sin haberse presentado ante loa 
del nuestro Consejo la dicha ordenanza, y sin estar confirmada,, 
habian usado y usaban de ella, no consintiendo que los dichos sus 
partes fuesen admitidos en los dichos oficios elegidos, en que se 
les hacia notorio agravio, para remedio de lo cual nos suplicó le 
mandásemos dar nuestra carta y provisión para que no se usase 
de la dicha ordenanza hasta que por nos estuviese vista j confir- 
mada, y se proveyese en ello lo que conviniere; y visto por los del 
nuestro Consejo, por una nuestra carta y provisión mandamos al 
Consejo, justicia y regimiento de la dicha villa de Salvatierra de 
Álava, que si la dicha ordenanza era nuevamente fecha y no 
estaba por nos confirmada, la enviase ante los del nuestro Consejo 
originalmente, para que visto se proveyese justicia, y entretanto 
que la enviase y proveyese lo que se debía de hacer, no usasen 
de ella en manera alguna, y en cumplimiento de ello fué traida 
ante los del nuestro Consejo la dicha ordenanza, y el dicho Pedro 
de la Plaza en nombre de la dicha villa de Salvatierra, por peti- 
ción que presentó ante los del nuestro Consejo, en catorce de Oc- 
tubre del año pasado de mil seiscientos y diez y siete, dijo se 
debia denegar á los dichos Miguel Martínez de Ocariz y consortes 
lo que pedían, declarando poder hacer sus partes las elecciones de 
los dichos oficios del Consejo en la forma que lo habian hecho y 
confirmado en caso necesario la ordenanza y costumbre inmemo- 
rial en que siempre había estado de hacer las dichas elecciones, y 
porque su parte no había hecho ordenanza nueva que diese ocasión 
á la relación que las partes contrarias habian hecho, sino que en 
orden á que algunos electores de los dichos oficios, de que alcalde 
y regidores persuadidos de algunos oficíales ó artífices querían 
pervertir y contravenir á la dicha costumbre, por el gran daña 



392 

que habia de resultar de tan pernicioso intento si se pusiera en 
ejercicio, mandaron sacar y publicar la ordenanza y modo antiguo 
guardado en las dichas elecciones, por lo cual de veinte, treinta, 
cuarenta, sesenta, ciento años á esta parte y de tanto tiempo que 
memoria de hombres no era en contrario, la dicha villa habia es- 
tado y estaba en costumbre que los oficios de alcaldes ordinarios, 
procurador y regidores, diputados y los demás oficiales que se 
elegían el dia de San Miguel de cada año para el buen gobierno y 
regimiento de la dicha villa y su tierra, no los tuviesen personas 
de cualquier calidad que fuesen, que tuviesen oficio de manos ó 
artificios particulares con que ganaban comida y en que hubiesen 
menester hacer asistencia, fuesen mayores ó menores, mecánicos ó 
de mejor calidad como estuviesen dispuestos á ganar por ello, sino 
que las elecciones se hiciesen tan solamente con personas princi- 
pales ricas y hacendadas, que viviesen de sus rentas y haciendas, 
y esto no habia sido hacer ordenanza nueva, sino dar medio para 
que no resultasen mayores inconvenientes de que no se guardase 
lo antiguo, de lo que resultaba no ser comprendido este acto en la 
dicha nuestra provisión, porque esta costumbre era justa, buena, 
práctica de más de ser inmemoi'ial haberse de guardar precisa- 
mente por los oficiales, nunca haber sido buenos para el gobierno 
que requería enteramente á la persona que ejercía el dicho oficio 
público, sin que tuviese ocupación de oficio particular, y para que 
esto se verificase en el respeto que requerían ser tratadas las per- 
sonas que tenían primer lugar en el gobierno, mayormente en lu- 
gar donde habia tanta nobleza, y que tenia debajo de su jurisdic- 
ción diez y siete aldeas, que siendo gobernados contra las dichas 
costumbres por algunos oficiales que habían aceptado el ganar la 
dicha nuestra provisión, resultaba j^erder el respeto, y no tener 
la justicia la estimación debida, y porque en esta forma habían 
gobernado de dicho tiempo á esta parte de que habían sentido 
el provecho que se les habia enseñado del dicho tiempo á esta 
parte la esperiencia en su buen gobierno de que había tanta noti- 
cia por todas partes; siendo esto cierto, no se podía esperar nin- 
gún buen subceso de la novedad contraría, sino escándalos y rui- 
dos en cada elección de que sin haber necesidad que se causare. 



393 

uo se podría remediar el daño, y porque la dicha villa tenia confir- 
mación del dicho uso y costumbre del señor Rey don Henrrique 
confirmado ; otros privilegios y de u6s asimismo confirmados 
aquél y los demás, y habiendo costumbre y confirmación por pri- 
vilegio, no se podia innovar en la forma de las dichas elecciones 
suplicándonos mandásemos hacer en todo como tenia pedido y se 
ofreció á probar lo necesario, de la cual dicha petición por los del 
nuestro Consejo se mandó dar traslado á el dicho Domingo Ochoa 
de Alaiza, en nombre de los dichos Miguel Martínez Ocariz y los 
demás artífices de la dicha villa, por otra que presentó ante ellos 
en veinte de Octubre del dicho año de mil seiscientos y diez y sie- 
te dijo que no obstaba ni habia de haber lugar lo que pedian, y 
sin embargo de ello, se habia de proveer como por sus partes es- 
taba pedido, porque la relación que para darles la dipha nuestra 
provisión hablan fecho era cierta, y hallaríamos que las dichas or- 
denanzas se habían hecho por solos los alcaldes y regidores de la 
dicha villa, contra el voto y parecer de los demás vecinos de ella, 
excluyendo á sus partes, y á los demás que les habían parecido de 
los oficios honoríficos de la república, sin más fundamento que su 
particular fin y aprovechamiento; lo cual no habia podido hacer 
de su autoridad en perjuicio tan conocido de ser cierto, y así eran 
de ningún efecto, y porque el motivo de la parte contraria no era 
otro sino querer que esto se perpetuase y anduviese entre ellos so- 
los los dichos oficios por el interés que se les seguía de ella, y para 
excusarse de pagar muchas cantidades que debían al dicho pósito 
y propios de la dicha villa, y porque no había razón para excluir á 
sus partes de los dichos oficios, pues eran gente principal y de con- 
ciencia y calidad, y personas capaces y en quien concurren todas 
las partes que se requerían para ejercer los dichos oficios, y la es- 
perieucía cuando se haba ofrecido lo habia mostrado, y porque no 
importaba tuviesen los oficios que se decía, pues conforme á dere- 
cho no por eso debían ser excluidos de servir los cargos y oficios 
honorosos de dicho Consejo, mayormente en lugares tan cortos y 
pequeños como la dicha villa, y porque cuando esto no fuera cierto 
y la dicha villa tuviera la jurisdicción y vecindad que se alegaba 
y otra mayor, no era causa considerable para excluir á sus partes 



394 

de los dichos oficios, pues como era notorio y por tal lo alegaba 
en todas las demás ciudades y villas de estos reinos, habia cos- 
tumbre usada y guardada de que todos los vecinos aunque sean 
oficiales sirvan los oficios del Consejo, mayormente que los que 
sus partes profesaban eran de arte polido, como eran bordadores 
y otros nobles, y aun estos los ejercían por sus criados y oficiales, 
sin que esto impidiese ni se pudiese tomar por fundamento para 
excluirlos de los dichos oficios del Consejo, y negaba la costumbre 
inmemorial y privilegios que en contrario se alegaban, y cuando 
se presentasen dirian contra ellos y lo demás que alegaban, de más 
de que no era cierto, ni se mostraba ni podia buscar. Suplicándo- 
nos y denegando lo contrario pedido, mandásemos hacer y probar 
en favor de sus partes como tenia pedido. ^De la cual dicha peti- 
ción se mandó dar traslado y fué notificado al dicho Pedro de la 
Plaza en nombre de la dicha villa de Salvatierra, y por petición que 
en nombre de ella presentó ante los del nuestro Consejo en tres de 
Noviembre del dicho año de mil seiscientos y diez y siete, respon- 
dió á la presentada por parte de los dichos Miguel Martínez de 
Ocariz y consortes. :=Dijo que sin embargo de lo por ellos pedida 
y alegado, se debia de hacer en todo como por su parte estaba pe- 
dido, porque la dicha villa se ha gobernado en paz y quietud 
de todo el tiempo que no habia memoria de hombres en contrario, 
en conformidad de la dicha costumbre, y porque de lo contrario, 
resultarían los inconvenientes que su parte habia representado, 
mayormente que siendo oficiales todos los que pretendían ser ad^ 
mitidos á los dichos oficios de alcaldes y regidores, y los demás 
del Consejo, estando sujetos á visita de la dicha justicia, vendrían 
á quedarse sin ella ó haberse de visitar á sí mismos, y cuando na 
resultaba mayores inconvenientes de haberse de visitar unos á 
otros era muy grande, porque recíprocamente se disimularían 1('S 
excesos contra el bien público, y una vez entrado en ellos el go- 
bierno en competencia y oprobio de la nobleza, quedarían exclui- 
dos contra toda razón 3' derecho los nobles, atento á lo cual nos 
suplicó mandásemos hacer como tenia pedido; de la cual dicha pe- 
tición se mandó dar traslado, y por parte los dichos Miguel Mar- 
tínez de Ocariz y consortes se concluyo el dicho pleito, sin embar- 



395 

go de lo alegado por parte de la dicha villa, y concluyó el dicho 
pleito visto por los del nuestro Consejo, dieron en él sentencia, por 
la cual recibieron á las dichas partes á prueba con cierto término, 
y el dicho Pedro de la Plaza por petición que se presentó ante los 
del nuestro Consejo en veinte y uno de Noviembre del dicho año 
de mil seiscientos y diez y siete, en nombre de la dicha villa de 
Salvatierra y Consejo, justicia y regimiento de ella, alegando más 
en forma, dijo se debia denegar á los dichos Miguel Martinez de 
Ocariz y consortes lo que pedían, porque la dicha villa era lugar 
muy principal y calificado, así por haber sido ilustrada y honrada 
con asistencias personales de personas reales, como por los privile- 
gios y exempciones concedidos á ella y á sus naturales por los seño- 
res Reyes nuestros progenitores, y especialmente por el señor Em- 
perador don Carlos quinto, que pasando á Italia habia estado en ella 
y le dio nombre y titulo de leal por haber experimentado en todas 
las ocasiones y guerras de Navarra, cuya frontera era la lealtad y 
nobleza de la dicha villa y buenos servicios que siempre habia he- 
cho, y porque como era notorio era muy poblada de vecinos y mo- 
radores y naturales y lugar muy ilustre de grande antigüedad, y 
sitio y muy buenas murallas, cercas, toi-res y edificios donde habia 
mucha gente principal, caballeros de hábito, nobles y calificados 
hijosdalgo notorios de casas y solares conocidos, personas arrai- 
gadas y abonadas y de mucha calidad que vivían de sus haciendas, 
rentas y patrimonio sin mezcla de oficios bajos y mecánicos, hom- 
bres de sciencia y conciencia experimentados de las cosas del go- 
bierno y justicia que como naturales y personas que habían tenido- 
hasta ahora el gobierno y oficios de justicia en la dicha villa, ha- 
bían mirado por el aumento y conservación de ella, como era no- 
torio, y habia sido gobernada administrando justicia con igualdad, 
siendo tenidos con la debida veneración y respeto por todos, y por- 
que los alcaldes y oficiales del gobierno de la dicha villa evacuan- 
do los dichos oficios en pasando cada un su año daban la residen- 
cia á los nuevamente electos, guardando en todo la costumbre loa- 
ble é inmemorial que habían tenido y tenían, en cuanto á los elec- 
tos nombraban jueces de apelación, colegas de menos cuantía y 
jueces de residencia para tomarla como dicho era á los que habían 



396 

gobernado antes que ellos, y asimismo elegían los que adelante 
Labian de gobernar, y siempre de tiempo inmemorial se habia 
usado y guardado no admitir á los oficios mayorexS del dicho go- 
bierno á ningún oficial que tuviese oficio de manos y viviese de 
ello, y sin embargo de lo susodicho para que se conociese aun en- 
tre los dichos oficiales quiénes eran los más nobles y de mejor ca- 
lidad, y que tenian oficiales tales que lo merecían, como eran bor- 
dadores y sastres y labradores y otros semejantes, de algunos años 
á esta parte hablan sido y eran admitidos y en parte los admitía 
y nombraba en muchos oficios que habia de gobierno y voz y voto 
en el aj'untamiento de la dicha villa, como eran diputados y al- 
guaciles, porteros, mayordomos y otros oficios más de doce de 
ellos, que todos ellos eran añales y solamente se les había prohibido 
como se habia acostumbrado los oficios de alcaldes ordinarios, que 
era sólo uno y la cabeza y gobierno de la dicha villa, y de cuatro 
barrios ó arrabales y diez y siete aldeas y lugares de su distrito, 
eran gobernados por el dicho alcalde porque no habia otra justicia, 
siendo así que alcanzaba más de dos leguas de territorio, el cual 
oficio y de procurador general y dos regidores, los tenientes en los 
casos que no ejercían los principales; solos estos tres oficios defen- 
día y contradecía su parte el darse á las contrarias por los más 
honoríficos é importantes en la dicha república que de dicho tiem- 
po inmemorial no se habían dado ni podían dar á oficial y gente 
ignorante, porque siendo como era ordinario haber en la dicha vi- 
lla decisiones de visitas y recibimientos de embajadores, títulos y 
otros ministros, maestros que iban de paso por la dicha villa, sien- 
do de costumbre en ella hacerles hospedaje y de otros actos de 
demostración de la antigua lealtad de ella si no hubiese por alcal- 
de, procurador y regidores, tales personas que representasen la 
grandeza y nobleza de la dicha villa, sería decaer de su reputa- 
ción y en oprobio de lo que no era justo, teniendo por cabezas per- 
sonas tan poco prácticas y políticas y sin esperiencia, como lo eran 
los oficiales de las dichas villas, y porque los taberneros, tenderos 
y herreros, carniceros, panaderos, zapateros, sastres y boticarios, 
y otros semejantes oficios que por ejercicio y mal uso de ellos, 
conforme á derecho debían vivir sujetos y ajustados ú los manda- 



397 

jnientos de la justicib., visita y residencia de sus pesos 5' medidas, 
y los demás excesos que de ordinario consentían, y si se diese lu- 
gar á que ellos fuesen los jueces y superiores, supuesto que no te- 
nían sino de nos y de nuestro Consejo ó Chancilleria de Vallado- 
lid, sería darles ocasión de cometer muy grandes culpas y vivir li- 
cenciosamente en notable daño de la república, y porque los dichos 
oficiales, la maj'or parte de ellos no eran naturales de la dicha vi- 
lla, y no entendiendo papeles ni tenían curia de negocios como se 
requería para los dichos negocios por los casos graves que se ofre- 
cían respecto de ser como era la dicha villa puerto y frontera don- 
de habia aduanas y registros, y de otras cosas y ocasiones de ne- 
gocios muy importantes y de nuestro servicio que iban siempre 
cometidos á la justicia de la dicha villa, y si en ella fuese aquello 
oficial sería muy notado y mal reputado, y porque respecto de la 
susodicho aun de los oficios de diputados que se les habían dado 
no habían sabido usarlos como debían, ni en los ayuntamientos y 
actos donde habia sido necesario que diesen su voto, no habían res- 
pondido á propósito ni lo habían sabido previa causa, habían dado 
que notar y no habían sido bien reputados entre los que lo sabían, 
y porque respecto de la enemistad que habían tenido y tenían por 
el dicho pleito con la gente principal y ayuntamiento de ella dicha 
villa sí entre ellos tuvieren algunos años los dichos oficios no 
los dejarían salir de entre sí, que sería contra toda razón, y la 
gente noble sería abatida por los dichos oficiales, y porque me- 
diante los dichos oficios de alcaldes y regidores y procuradores 
cada uno en su año sin fianza beneficiaba y administraba las 
rentas y propios de la dicha villa, iglesias y monasterios 
de que tenía patronazgo, y la arca y p/)SÍto que tenia más 
de dos mil fanegas de trigo, y siendo como esto dado era 
para las ocasiones y necesidades que se ofrecían á la dicha villa 
en común, por ser los oficiales gente sin caudal, y que converti- 
rían en sus propios usos y substento y socoito de casas y necesida- 
des la hacienda de la dicha villa, vendría todo á redundar en daño 
y perjuicio de ella, respecto de que el tener los dichos oficios no 
grangeaban ninguna cosa ni les era de ningún provecho ni ga- 
nancia, mas antes al contrario, pérdida del tiempo y ocupación de 



398 

sus personas sin ningún aprovechamiento, y así, no podian, com 
debian, administrar justicia, debiendo acudir á lo forzoso de sus 
propias familias y casas, y porque, así en la dicha villa como en 
todas las demás villas 3- lugares de su comarca, aunque no hubie&e 
la disposición, grandeza, ni calificación que ella, ni en la ciudad 
de Vitoria, que se gobernaba de la misma forma de tiempo inme- 
morial á esta parte, no se habia admitido ni elegido para oficio 
semejante de gobierno á oficial ninguno, por más estimado de arte 
liberal que fuere, antes al contrario, de esta sciencia y paciencia 
de los oficios pretendientes de oficiales, se habían elegido personas 
que no lo eran; suplicándonos mandásemos hacer en todo como 
•tenia pedido y que lo susodicho se entendiere con la prueba. De la 
^ual dicha petición, por los del nuestro Consejo se mandó dar tras- 
lado y fué notificado al dicho Domingo Ochoa, en nombre de los 
dichos Miguel Martínez de Ocariz y consortes, y asimismo el di- 
cho Pedro de la Plaza, por petición que en ocho de Enero del año 
pasado de mil seiscientos y diez y ocho, presentó en nombre de la 
dicha villa, dijo que habia estado y estaba la dicha villa en cos- 
tumbre inmemorial, de no dar los oficios de alcaldes, tenientes, 
regidores y procurador y diputados, á ninguno de los oficiales de 
mano de ella, para que á todos fuere notificada la dicha costumbre 
que el Consejo e vecinos de la dicha villa, estando todos e la ma- 
yor parte en la iglesia de San Joan de ella, el día de San Miguel 
de Septiembre del año de seiscientos y quince, cuando se hacían 
Jas elecciones de oficios, había acordado de que se pusiere por es- 
.crípto y manifestase, y después acá habia sido y era muy notoria, 
y nadie la habia contradicho hasta ahora que las partes contrarías 
habian puesto pleito á la suya, siendo asi que todos los vecinos y 
la mayor parte de ellos querían y consentían se guardase y conser- 
vase la dicha costumbre como buena y conveniente, que ahora ni en 
ningún tiempo fueren electos para los oficios principales de buen 
gobierno de justicia de dicha villa, los oficíales que menos huelgan 
de menor oficio, y si se diese lugar á darles semejantes oficios, 
siendo como era el voto y asiento de la dicha villa el segundo y más 
principal de la dicha provincia de Álava en las juntas generales y 
•ocasiones de nuestro servicio, así de paz como de guerra, y otro» 



399 

que se habían ofrecido y ofrecían de ordinario en que servían la 
dicha provincia con cuatrocientos infantes á su costa, cuyo oficio 
de capitán ó de alférez solía tocar á la dicha villa, y lo era uno de 
los dichos oficios de gobierno principales, á elección de Ayunta- 
miento, y si se diesen algunos de los dichos oficíales de mano, no 
podría gozar la dicha villa de la dicha preeminencia y calidad, ni 
el electo podría hacer á su costa los gastos y lo demás que solía, 
ni sería respetado por los soldados, ni se nos serviría, mayormente 
que entre la gente de guerra era costumbre y pundonor de que se- 
mejantes oficios, entre ellos, fuesen honoríficos, no se diere á sol- 
dados oficíales bordadores, ni plateros, ni otros, aunque los me- 
rezcan por sus servicios y valor, ni los habían admitido á los dichos 
oficios, suplicándonos denegásemos á la parte de los dichos Miguel 
Martí npz de Ocaríz y consortes lo que pretendían, y hacer en todo 
como por su parte estaba pedido, y lo susodicho se entendiese con 
la prueba. De la cual dicha petición se mandó dar traslado y que 
se entendiese con la dicha prueba, y fué notificado á Pedro Muñoz, 
fin nombre y como procurador de los dichos Miguel Martínez de 
Ocaríz y consortes, y dentro de dicho término probatorio por par- 
te de la dicha villa de Salvatierra; y Miguel Martínez de Ocaríz 
y consortes fueron fechas ciertas probatorias de que fué pedida 
publicación, y por parte de la dicha villa, restitución y desconsen- 
timíento de la parte del dicho Miguel Martínez y consortes, le fué 
concedido con la mitad del término con que el dicho negocio había 
sido recibido á prueba, y en la dicha restitución fué fecha cierta 
probanza por parte de la dicha villa, y de las dichas probanzas 
fué pedida y dicha publicación y alegado de bien probado, y por 
parte de la dicha villa se hizo presentación de un traslado de 
ciertos privilegios y confirmación de ellos, y concluyó el dicho ne- 
gocio; visto por los del nuestro Consejo y la dicha ordenanza he- 
cha por la dicha villa en diez y ocho de Septiembre de dicho año 
de mil seiscientos y quince, en que se prohibe que ninguna perso- 
na, teniendo y ejerciendo oficio de arquitecto, ni pintor, ó escul- 
tor, ó bordador y otros oficios contenidos en ellas, y que por ellos 
estuviese dispuesto á ganar, no pudiesen tener oficios de alcaldes 
ordinarios y sus tenientes, procurador general y primer diputado, 



400 

dieron y proveyeron un auto rubricado de sus rúbricas y señales 
del tenor siguiente: 

Aulo de vista. 

En la villa de Madrid á catorce dias del mes de Febrero de mil 
seiscientos y diez y nueve años, los señores del Consejo de Su Ma- 
jestad, habiendo visto este negocio que es entre la justicia y regi- 
miento de la villa de Salvatierra de Álava y su procurador de la una 
parte, y de la otra Miguel Martínez de Ocariz y demás consortes, 
pintores, escultores, bordadores, plateros; de la otra arquitectos, 
dijeron que sin embai'go de la ordenanza hecha por la dicha villa 
en diez y ocho dias del mes de Septiembre del año pasado de seis- 
cientos y quince, mandaban y mandaron dar provisión de Su 
Majestad para que los dichos Miguel Martinez de Ocariz y demás 
consortes pintores, escultores, plateros, arquitectos y demás ar- 
tífices puedan ser elegidos á los oficios de alcaldes ordinarios y 
sus tenientes, procurador general, regidores, diputados, teniente 
de regidores de la dicha villa de Salvatierra, y así lo mandaron y 
señalaron. 

El cual dicho auto fué notificado al dicho Pedro de la Plaza» 
procurador en nombre de la dicha villa de Salvatierra, y suplicó 
de ella con protestación de expresar agravios, y expresándolos 
por petición que presentó ante los del nuestro Consejo en nombre 
del consejo, justicia y regimiento de la dicha villa en veinte de 
Febrero pasado de este presente año, dijo se debia enmendar di- 
cho auto, declarando no haber lugar la pretensión de los dichos 
Miguel Martinez de Ocariz y consortes, porque la dicha villa no 
habia hecho ordenanza, sino una declaración de la costumbre an- 
tigua en que habia estado de más de cien años á esta parte, de 
no admitir á los dichos oficios á oficiales que ganasen de comer 
por sus manos, como eran escultores, pintores, plateros y borda- 
dores, aunque tuviesen nombre de artífices y no fuesen oficios 
mecánicos, porque lo que habia mirado la dicha costumbre era á 
que quien ganaba de comer por sus manos, como hubiere menes- 
ter instrumento para el ejercicio de su oficio, no tuviere ninguno 



401 

de los dichos oficios, y porque para los dichos oficiales artífices 
habia reservado la dicha costumbre otros oficios que se compara- 
ban con los suyos, como eran alcalde de la hermandad y otros 
tres diputados de parroquias, y alguaciles y maj'ordomo de la 
villa, los cuales tenian voz y voto en el cabildo, y que la dicha 
costumbre era conforme á derecho y á lo que se habia practicado 
y observado en todos los lugares principales de la provincia de 
Álava, que tenian mucha menos vecindad, y no sólo habia habido 
la dicha costumbre inmemorial, habiendo también en los términos 
de ella y tiempos en que se habia introducido oficiales y artífices 
allí á diferencia, introduciendo con ellos la dicha costumbre á 
otros negativos por universal consentimiento del pueblo hablan 
sido elegidos la gente noble que no habia tenido oficio ni ejercicio 
de mano, sino que de más de doce y veinte años á esta parte ha- 
bia habido dos y más á otros prohibitivo, en que habiendo sido 
elegidos algunos de los dichos artífices ha resistido la dicha villa 
en conformidad de la dicha costumbre que no fuesen admitidos á 
los dichos oficios maj'ores en que habian sido elegidos, y con li- 
cencia y paciencia de los demás oficiales y oficios, usando su elec- 
ción, habian sido elegidos otras personas de los nobles, sin oficio 
ni artificio; sin embargo de la contradicción que habian hecho 
para no ser excluidos en la cual, aunque usara la dicha costum- 
bre inmemorial, habiendo pasado diez años después de la dicha 
provisión no podían pretender los dichos oficiales lo que agora 
pretendían, contra la cual no obstaba decir que la dicha villa y 
los que no son oficiales ni artífices en ella pretendían tener los 
oficios y ocupar el gobierno público á uno y á otro, y que anduvie- 
se siempre entre ellos el dicho gobierno, porque la dicha villa 
contaba de más de doscientos y cincuenta vecinos, entre los cuales 
los que tenian oficio y artificio de los comprendidos en el dicho 
auto serian diez, y los que no eran oficiales sino personas de Ha- 
cienda, eran más de setenta de ordinario, que podían ser elegi- 
dos á los dichos oficios mayores, de modo que podían pasar doce 
6 catorce años que pudiesen no tornar á ser elegidos los que lo 
habian sido, visto y supuesto que tenían voto los dichos oficios y 
que prohibía la ley el ser elegidos hasta pasar tres años los que 
Tomo CVII. •}>'> 



402 

lo habían sido, no era inconveniente el que en contrario se con- 
sideraba y lo fuera si contra la dicha costumbre fueran elegidos 
los dichos oficiales, y porque resultarían graves inconvenientes y 
escándalos en la dicha provincia y en los lugares de la jurisdic- 
ción de la dicha villa se les diera nueva forma y modo de gobier- 
no contra costumbre tan loable y con que siempre se habia go- 
bernado, y porque en la dicha provincia hacian cada año dos 
juntas en que se trataba de gobierno general por leyes confirma- 
das por privilegio, en las cuales concurrían cincuenta procurado- 
res de las hermandades de la dicha provincia, los cuales eran 
conforme la dicha costumbre personas notables, sin oficio de 
mano y principalmente la dicha villa, que hablaba después de la 
ciudad de Vitoria en las dichas juntas, y si fuera oficial no fuera 
admitido á la dicha junta ni á dar su voto, y vendría á ser de 
peor condición el segundo lugar en nobleza, antigüedad, vecindad 
y estimación que los demás de la dicha provincia que no tenían 
las calidades y fuera forzoso ser excluidos de los oficios de la co- 
misión afuera y de los demás que le pertenecían, y se criaban y 
nombraban en las dichas juntas, y porque en tanto no habían de 
admitir en lugares de la jurisdicción que se innovase la dicha 
costumbre que habían tratado de eximirse de la jurisdicción, por 
todo lo cual nos suplicó mandásemos hacer como tenia pedido y 
se ofreció á probar lo necesario, de la cual dicha petición se 
mandó dar traslado á la parte de los dichos Miguel Martínez de 
Ocariz y consortes, se concluyó sin embargo contradiciendo la 
prueba de contrario pedida, y concluyóse el dicho negocio, visto 
por los del nuestro Consejo por autos de vista y revista, y prove- 
yeron reservando para la definitiva la prueba y restitución pedi- 
da por parte de la dicha villa. 

Estando el dicho pleito en este estado, el dicho Pedro de la Pía* 
zia, en nombre de los caballeros escuderos hijosdalgo de la herman- 
dad de Eguiluz, debajo de la cual se entiendan los lugares de la 
jurisdicción de la dicha villa de Salvatierra, que concurrían en la 
junta de la hermandad de San Millan, por petición que presentó 
ante los del nuestro Consejo en seis de Octubre de mil seiscientos 
y diez y ocho, = dijo que se debía denegar al dicho Miguel Martínez 



403 

de Ocariz y consortes lo que pretendían, porque de diez, veinte, 
cuarenta y sesenta años, y de tanto tiempo que memoria de hom- 
bre eran en contrario, sus partes estaban en uso y costumbre de 
ser gobernados por los hijosdalgo y personas ricas y hacendadas 
que no habían tenido uso ni ejercicio de tiempo que habían sido 
elegidos para los dichos oficios, de oficio de manos, como borda- 
dor y escultor y otros semejantes, por la gran contradicción que 
había en que tenia los dichos oficios tuviere el gobierno de los 
oficios mayores, y si ahora se había de pervertir la dicha costum- 
bre, resultarían muchos inconvenientes, y porque los dichos ofi- 
cíales tenían señalados oficios menores en que serán obligados que 
no les estorban para acudir á los que tenían con que ganaban de 
comer por sus manos como eran los tres diputados últimos con 
que estarían hermanados, y si fueran los oficios mayores, ellos y 
los oficiales quedaban desautorizados por las cosas á que habían 
menester acudir de recibimiento de personas graves y otras to- 
cante al servicio nuestro, mayormente que andaban enferma de 
provincia, que hablaban en segundo lugar después de la ciudad 
de Vitoria, y tenía el asiento segundo, que no se compadecía con 
los dichos oficios de manos, por ser actos que requerían personas 
de más inteligencia de negocios y policía, y más acordados para 
la cantidad de lo que representaban, que eran los dichos oficiales, 
y porque sí sus partes hubieran de ser gobernadas por los suso- 
dichos, resultarían muchas desencíones y causas para que no se 
conservara la obediencia que siempre los dichos lugares habían 
tenido los mandatos de la justicia de la dicha villa de Salvatierra 
de que eran gobernados, á que no se debía dar lugar sino conser- 
varlos en su costumbre; por todo lo cual y lo demás que la dicha 
villa tenía pedido y alegado, nos pidió mandásemos hacer en todo 
como tenía pedido. = Y asimismo Diego García de Mefíaca, en 
nombre de la dicha provincia de Álava, por petición que presen- 
tó ante los del nuestro Consejo, en once de Marzo pasado de este 
presente año de mil seiscientos y diez y nueve, salió á dicho 
pleito en nombre de la dicha provincia como principal interesada, 
que dijo se debía revocar el dicho auto dado por los de nuestro 
-Consejo en favor de los dichos Miguel Martínez de Ocariz y coa- 



404 

sortes, declarando no deber ser admitidos bordadores, escultores, 
plateros ni otros que tuviesen oficios ó artificios, de alcaldes ordi- 
narios 6 su teniente, procurador general, dos regidores y primer 
diputado que era teniente de regidores, conforme á la costumbre 
inmemorial en que estaba la dicha villa, de que oficiales no fuesen 
admitidos á los dichos oficios, habiendo en todo conforme á la jire- 
tension de la dicha villa, y porque al buen gobierno de los lugares 
mayores y principales de la dicha provincia, como lo era la dicha 
villa de Salvatierra, habia convenido desde el dicho tiempo inme- 
morial hasta parte de los dichos oficios mayores, se administrasen 
por las personas principales, inteligentes y prácticas de los dichos 
lugares, y no por oficiales que ganaban el substento por sus ma- 
nos, con lo cual se habian y su gobierno lo habia sido universal- 
mente tomado por el mejor y más político de las demás provincias 
de Vizcaya, y porque en la dicha villa de Salvatierra era más ne- 
cesario por ser el principal y primer lugar de ella que hacia reci- 
bimiento á los embajadores y grandes que venian á estos reinos á 
dar obediencia, y á los dichos oficiales, contra la dicha costumbre, 
fueran elegidos á los dichos oficios, viniera á resultar, demás de 
daño que recibia la dicha villa, en gran desautoridad de toda la 
provincia, que por tener la dicha villa gente tan noble que de di- 
cho tiempo á esta parte habia tenido los dichos oficios, habia con- 
servado su autoridad y nobleza con ella en todos los recibimientos 
y ocasiones que se habian ofrecido, en que habia sido necesario 
mostrarse, y si los dichos oficiales tuviesen el dicho oficio y oficios 
y gobierno, no sólo no conservaría su autoridad, sino que en me- 
nosprecio de la justicia y regimiento que los dichos oficiales ha- 
bian de representar en autos de atención, la gente noble que ha- 
bia de tener los dichos oficios, como hasta aquí los habian tenido, 
perdiendo del debido respeto, los dejaban salir solos, haciendo 
acto ridículo en cosa que se habia de representar la dicha calidad 
3'- nobleza, y porque en las ocasiones de guerra que se otrecian 
cada dia, en que conforme á las órdenes y capitulaciones de la di- 
cha provincia nos sirven con cuatrocientos hombres, que el capi- 
tán, alférez y sargento y demás oficiales de las compañías de la 
dicha gente de guerra, se elegían de las personas que tenían los 



405 

dichos oficios mayores en los dichos lugares principales de la di- 
cha provincia, y á la dicha villa le tocaba uno de los dichos ofi- 
cios, y si fuese bordador, ó escultor, ú oficiales quien lo tuviese, 
no seria admitido, y porque también tenia la dicha villa asiento 
y voto en las dichas juntas en la dicha provincia á que iba el pro- 
curador de la dicha villa; y como conforme á la dicha costumbre 
no podia ser oficial, si lo fuese, no seria admitido en las dichas 
juntas, ni tendría el lugar público que se le debia por ser procura- 
dor de Salvatierra, y resultarla en mayores pleitos, y porque entre 
los particulares y entre los dichos oficiales se halló, se diese lugar, 
habria grandes encuentros y resultarían grandes inconvenientes 
que debíamos obviar, conservándolos en su buen gobierno, sin que 
se introdujese novedad, atento á lo cual nos suplicó le mandáse- 
mos hacer en todo como tenia pedido, Y por otro se dijo que la 
dicha materia era meramente de gobierno, pedia se hubiese y de- 
terminase en la sala de gobierno, y que la dicha petición se junta- 
se con el dicho pleito y se hiciese relación de todo; de las cuales 
dichas peticiones, por los del nuestro Consejo, se mandó dar tras- 
lado y fué notificado al dicho Pedro Muñoz. En nombre de los di- 
chos Miguel Martínez de Ocariz y consortes, y por peticiones que 
en nombre de ellos presentó, dijo: que, sin embargo de lo dicho y 
alegado por parte de la dicha provincia de Álava e lugares de la 
dicha jurisdicción de la dicha villa, se había de proveer, como por 
sus partes estaba pedido, por lo que tenía dícbo y alegado, y por- 
que el dicho Diego García de Meñaca no tenia poder de dicha pro- 
vincia para salir al dicho pleito y no le iba en él interés alguno, y 
el salir á la dicha provincia era diligencia escusada y procuradií 
por el doctor Gai'cía y sus consortes, á fin de dilatar el dicho plei- 
to y vejar y malestar á sus partes, y cosa de lo que alegaban era 
relevante ni suficiente á impedir la pretensión de sus partes, ni 
alegaron cosa en contrarío más que lo que habían dicho por la di- 
cha villa, y porque el dicho auto y todo lo demás hecho y actuado 
por la dicha villa de Salvatierra perjudicaba á los dichos lugares, 
sin que ellos pudiesen hacer más que cambiar el derecho de la di- 
cha villa, tomando el pleito en el estado en que estaba y no alega- 
ron cosa de nuevo más de lo que la dicha villa tenia alegado, á lo 



406 

que estaba bastantemente satisfecho por sus partes, y el salir aho- 
ra los dichos lugares al dicho pleito, asimismo era afectado y pro- 
curado por el dicho doctor García y otros consortes, que se decian 
ser Consejo de la dicha villa, que como persona de mucha mano, 
les hablan obligado á que saliesen al dicho pleito, sólo por dilatar, 
obligando á sus partes á nuevas costas y gastos; suplicándonos 
mandásemos denegar lo pedido por la dicha provincia de Álava y 
lugares de la jurisdicción de la dicha villa de Salvatierra, habien- 
do en todo como por su parte estaba pedido, de las cuales dichas 
peticiones se mandó dar traslado y íué notificado á los dichos Pe- 
dro de la Plaza y Diego García de Mefiaca, en nombre y como 
procuradores de la dicha villa y provincia, y por no decir contra 
ello cosa alguna por parte de los dichos Miguel Martínez de Oca- 
riz y consortes, les fué acusada la rebeldía y concluyó el dicho 
pleito. Visto por los del nuestro Consejo, dieron y proveyeron en 
ello otro auto de revista rubricado de sus rúbricas y señales del 
tenor siguiente: 

Aic¿o de revista. 

En la villa de Madrid á doce días del mes de Junio de este año 
de mil seiscientos y diez y nueve años, los señores del Consejo de 
Su Majestad habiendo visto este negocio que es entre la villa de 
Salvatierra de Álava y su procurador de la una parte, y de la otra 
Miguel Martínez de Ocariz y demás consortes pintores, escultores, 
bordadores y plateros y arquitectos y su procurador: dijeron que 
confirmaban y confirmaron el auto en esta causa dado por los di- 
chos señores, su fecha en esta villa de Madrid á catorce días del 
mes de Febrero de este año, en que dijeron que, sin embargo de la 
ordenanza fecha por la dicha villa en diez y ocho de Septiembre 
del año pasado de mil seiscientos y quince años, mandaron e man- 
daban dar provisión de Su Majestad para que los dichos Miguel 
Martínez de Ocariz y demás consortes pintores, bordadores, pla- 
teros, arquitectos y demás artífices, puedan ser elegidos á los ofi- 
cios de alcaldes ordinarios y su teniente, procurador general, re- 
gidores, diputados tenientes de regidores con que mientras que 



407 

usaren los oficios de justicia, no usen los dichos oficios de artificei?, 
y asi lo mandaron y firmaron y señalaron en grado de revista. 
Después de lo cual el dicho Pedro Muñoz, en nombre de los 
dichos Miguel Martinez de Ocariz y consortes artífices vecinos de 
la dicha villa, por petición que presentó ante los del nuestro Con- 
sejo en diez y ocho de Junio de este dicho año,=i;dijo que en la se- 
gunda instancia del dicho pleito hablan salido á él la dicha pro- 
vincia de Álava y los hijosdalgo de la junta de San Millan de la 
jurisdicción de la dicha villa de Salvatierra invocando el derecho 
de los oficios de ella, y aunque las dichas partes no se pusieron en 
la cabeza do la dicha sentencia de revista, sino sólo de la dicha villa 
de Salvatierra con que se litigó y con ella se habia pedido ejecuto- 
ria por su parte de las dichas sentencias no se les despachaba por 
el servicio de cámara, pretendiendo se habia de litigar la segunda 
instancia con la dicha provincia y hijosdalgo de la dicha junta que 
á ella hablan salido coadyuvando, suplicándonos mandásemos que 
sin embargo de lo susodicho se despachase la dicha ejecutoria por 
la parte de Salvatierra, á quien sus partes tenian vencido, y 
visto el dicho negocio por los de nuestro Consejo, por auto que 
proveyeron en veinte y seis de Junio de este dicho año, mandaron 
se despachase carta ejecutoria del dicho pleito á la parte de los di- 
chos Miguel Martinez de Ocariz y consortes, contra la dicha villa 
de Salvatierra de Álava y contra las personas y lugares que salie- 
ron á la instancia de revista al dicho pleito, y de pedimento de la 
parte de los dichos Miguel Martinez de Ocariz y consortes, fué 
acordado que debíamos mandar esta nuestra carta para vos en la 
dicha razón, y nos tuvímoslo por bien, por la cual os damos á todos 
y á cada uno de vos en los dichos vuestros lugares y jurisdiccio- 
nes, según dicho es, que veáis los dichos autos dados y proveídos 
por los del nuestro Consejo, en vista y grado de revista, y que de 
suso van incorporados, y conforme al tenor y forma del de revista 
lo guardéis y cumpláis y ejecutéis y hagáis guardar, cumplir y 
ejecutar en todo e por todo según y como en ellos se contiene y 
contra su tenor y forma, ni de lo en ellos contenido no vais ni pa- 
séis ni consintáis ir ni pasar en manera alguna, y no fagades ende 
al sopeña de la nuestra merced y de cincuenta mil maravedís para 



408 

la nuestra Cámara, so la cual mandamos á cualquier nuestro es- 
cribano os lo notifique y de ello dé testimonio, porque nos sepa- 
mos cómo se cumple nuestro mandado. Dada en Madrid á seis 
dias del mes de Julio de mil seiscientos diez y nueve años. = El 
Arzobispo. = El licenciado Joan de Frias. =: El licenciado don 
Joan de Chaves y Mendoza. ^ El licenciado Gonzalo Pérez de 
Valenzuela. := El licenciado Joan de Samaniego Segura. = Bar- 
tholomé de Porttequerra. = Sacóse este traslado por mandado de 
los señores del Consejo del Rey Nuestro Señor, del registro origi- 
nal que está en los registros reales que son á cargo de mí, Bartho- 
lomé de Porttequerra, que por fallecimiento de George de Olarte 
Yergara, registrador y chanciller mayor que fué de Su Majestad 
en esta corte, y con licencia de los dichos señores del Consejo, ejer- 
zo los dichos oficios, el cual va corregido y concertado con el dicho 
registro original, y concuerda con él, y en certificación de ello y 
de que va en veinte y dos fojas, lo firmé en Madrid á veinte y 
ocho dias del mes de Julio de mil seiscientos y diez y nueve años, 
rzi; Bartholomé Porttequerra. := Fué acordado que debíamos man- 
dar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón, y nos tuví- 
moslo por bien, por la cual os mandamos á todos y á cada uno de 
vos en los dichos vuestros lugares y jurisdicciones según dicho es, 
que veáis el traslado de la dicha nuestra carta ejecutoria que de 
suso va incorporada, que por nuestro mandado se sacó de registro 
de esta nuestra corte, y le deis y hagáis dar tanto como si fuera el 
original, y los unos ni los otros no fagades ende al, sopeña de la 
nuestra merced y de diez mil maravedís para la nuestra Cámara, 
so la cual mandamos á cualquiera nuestro escribano vos la notifi- 
que y dé testimonio de ello, porque nos sepamos cómo se cumple 
nuestro mandado. Dada en Madrid á dos dias del mes de Sep- 
tiembre de mil seiscientos y diez y nueve años. Ya enmendada = 
ecjer = y sobre raido = los dichos :== mi := dicho =:: de la her- 
mandad =Eguilas =en que dijeron que no use.=El Arzobispo de 
Burgos. = El Licenciado Joan de Frias. = El Licenciado don 
Alonso de Cabrera. r= El Licenciado don Joan de Chaves y Men- 
doza. := El Licenciado don Joan de Samaniego. = Yo Martin de 
Segara Olaalquiaga, escribano de Cámara del Eey nuestro Señor, 



409 

la fice escribir por su mandado con acuerdo de los del su Consejo. 
= Registrada, Bartholomé de Porttequerra; por chanciller mayor, 
Bartholomé de Porttequerra. El cual dicho traslado va bien y fiel- 
mente sacado de la dicha carta ejecutoria, y para este efecto me 
entregó Joan Negrillo á quien se la volví á que me refiero, siendo 
testigos Miguel Pérez y Miguel de Arriaza Andrade, vecinos de 
esta villa de Madrid, en ella á treinta dias del mes de Septiembre 
de mil seiscientos y treinta y siete años. E yo Joseph Velarde Co- 
sió, escribano del Eey nuestro Señor, público y del número de esta 
villa de Madrid y su tierra, presente fui á lo que de mí se hace 
mención, y lo signé en testimonio de verdad^Joseph Velarde. 

Ejecutoria. 

Don Phelipe por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, 
de Aragón, de Portugal, de Sevilla, de Granada, de Córcega, de 
!Murcia, de Sicilia, de Gibraltar, de Aspurg, de Jerusalem, de las 
islas de Canarias, Conde de Barcelona, de Milán, Señor de Viz- 
caya y de Molina, de Galicia, de Valencia, de Toledo, de Braban- 
te, etc. A los del nuestro Consejo, gobernador y vidores de las 
nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra casa y cor- 
te y chancillería, y á todos los corregidores, asistentes, goberna- 
dores, alcaldes mayores y ordinarios y otros jueces y justicias, 
cualesquier así de esta villa de Madrid como de todas las demás 
ciudades, villas y lugares de estos nuestros reinos y señoríos, y á 
cada uno de vos en vuestra jurisdicción, ante quien esta nues- 
tra carta ejecutoria ó su traslado signado de escribano público, sa- 
cado con autoridad de juez en pública forma y en manera que 
haga fé, fuere presentada, salud y gracia: sabed que pleito se ha 
tratado ante el gobernador y vidores y los del nuestro Consejo y 
contaduría mayor de hacienda, entre los plateros de esta corte de 
la una parte, y los diputados de rentas de la otra, sobre la paga 
del repartimiento que se hizo á los dichos plateros tocante al dicho 
derecho que es de tenor siguiente. 

Repartimiento que han de pagar los gremios de esta villa de 
Madrid, de servicio del uno por ciento de ella de catorce meses 



410 

que corren desde primero de Marzo de este corriente año de mil 
seiscientos y treinta y nueve, y se cumplirán en fin de Abril de 
mil seiscinetos cuarenta, incluyéndose en el repartimiento de al- 
gunos gremios lo que toca al biesco de ellos por haberlo querido 
tomar en sí y cobrarlo por su cuenta y riesgo, y pagar lo que 
montare, y el dicho repartimiento se ha hecho por Domingo Saenz 
de Victeri y Isidro Rodríguez, diputados de las rentas reales de 
esta villa, en nombre de los dichos gremios y en virtud de su po- 
der en la forma y manera siguientes: 

Al gremio de los plateros de oro y de plata, ciento y diez y seis 
mil seiscientos y sesenta y seis maravedís. =Monta este reparti- 
miento dieciseis cuentos ochocientos y noventa y nueve mil dos- 
cientos y cincuenta y tres maravedís, los cuales se han de pagar, 
lo que toca á los vecinos, han de pagar mitad fin de Julio de este 
año y la otra mitad en dos pagas, la una fin de Diciembre de este 
año, y la otra fin Abril del siguiente de seiscientos y cuarenta, y 
se declara que lo que faltare para pagar los veinte y un cuentos 
que están obligados los gremios á pagar cada año, y de dicho ser- 
vicio del uno por ciento y lo que montaren las quiebras si hubiere 
algunas, se han de volver á repartir sobre los dichos gremios, pi- 
den y suplican á los señores corregidor y comisarios de este servicio 
manden aprobar este repartimiento, y se den los mandamientos 
necesarios para su ejecución y cobranza, que lo firmaron en Ma- 
drid á diez y nueve de Mayo de mil seiscientos y treinta y nueve 
años. =Domingo Saenz de Victeri. =rIs¡dro Rodríguez. Concuerda 
con el repartimiento original, cabeza, partida y pie del, á que me 
refiero, y este traslado di para poner en el pleito de los plateros», 
en Madrid á veinte de Octubre de mil seiscientos y treinta y nue- 
ve años.=:Pedro de Castro. =Y de dicho repartimiento de suso in- 
corporado se agravió la parte de los dichos plateros por petición 
que presentaron en quince de Octubre del año de mil seiscien- 
tos y treinta y nueve, ante los del nuestro Consejo de Hacienda, 
cuyo tenor es el siguiente: 



411 



Petición. 



M. P. Señor. Gregorio de Oliva y Marco Antonio mayordo- 
mos de la congregación de San Eloy de los plateros de oro y plata 
de esta corte, por nosotros y los demás porque prestamos vos y 
caucion=rdecimos que se nos ha notificado un auto proveido por 
el corregidor y regidores comisarios del uno por ciento de esta villa 
de Madrid, en que manda que para la paga del dicho derecho se ha- 
ga repartimiento y distribución por menor entre los dichos plateros 
de ciento y diez y seis mil seiscientos y sesenta y seis maravedís 
que nos están repartidos, y porque el dicho derecho no se puede ni 
debe cobrar de la plata y oro por tener precio fijo y legal, en que no 
puede haber variación alta ó baja como en las que se comercian, 
venden y tratan creciendo y variando sus precios y habiendo ga- 
nancia para los mercaderes y tratantes, sin poner de sus partes 
industria alguna, y porque en las piezas de plata y oro que se com- 
pran ó venden, lo que se da y paga de más del precio legal de los 
dichos metales por razón de las hechuras, no puede estar sujeto á 
la dicha contribución por ser trabajo personal y de arte, porque la 
naturaleza de la plata y oro es tan noble, que junto con la calidad 
referida de convenir que tengan precio fijo, ha sido causa para 
que sean los dichos metales libres y exemptos de alcabala y de 
otras imposiciones que nunca se han cobrado ni pagado de ellos, y 
no hay razón para que el dicho uno por ciento se haga diferencia, 
antes cuando el dicho oro y plata pagara y adeudara otros derechos 
debiera ser relevado de éste por ser metales incorruptibles, y que 
una pieza ó joya que se labra de ellos permanece para siempre y 
paga muchas veces de unos dueños á otros, y si se diera lugar á 
la dicha cobranza vendría á ser que en breve tiempo se adeudase 
y pagase todo el valor de la dicha joya ó pieza en el dicho uno 
por ciento, lo cual no procede en las muchas que se consumen con 
el uso y con el tiempo, y este solo inconveniente era bastante para 
justificar nuestra petición, y porque en otros géneros de menos ca- 
lidad que no pagan alcabalas se ha mandado practicar lo mismo 
por V. A. y tenido por exemptos y libres de dicho derecho, y la 



412 

misma razón que para ello hubo, milita con mayor esencia en 
el oro y en la plata, por todo lo cual y lo demás favorable pedí - 
mos y suplicamos á V. A. se sirva demandar que no se cobre 
el dicho derecho de uno por ciento de dicho oro y plata, ni se pase 
adelante en el repartimiento que se nos ha hecho, para lo cual, en 
caso necesario, apelamos de todo lo prevenido en la dicha razón 
por el dicho corregidor y comisarios, y del auto en que nos mandó 
repartir la cantidad, y pedimos justicia. =: Otrosí á la notorie- 
dad de nuestro derecho para escasarnos de la dicha paga, supli- 
camos á V, A. mande que entretanto que se determina este nego- 
cio en vuestro Consejo, no seamos apremiados en virtud de dicho 
repartimiento ni se innove por dicho corregidor y comisario, pues 
es justicia que pedimos. = Licenciado, don Esteban de Prado. = 
Mai-co Antonio. =Gregorio de la Oliva. = Y vista la dicha peti- 
ción por los de dicho nuestro Consejo y contaduría mayor de Ha- 
cienda, proveyeron y mandaron lo viese el nuestro fiscal, porque 
habiéndose pedido se diese traslado de la dicha petición á esta vi- 
lla de Madrid, y cuando respondiese se volviese por los del di- 
cho nuestro Consejo, se proveyó y mandó se le diese traslado á 
esta dicha villa y junta de la dicha administración, y que el escri- 
bano de la causa fuese á hacer relación, citadas las partes, y ha- 
biéndose notificado estando en su ayuntamiento en diez y siete de 
Octubre del dicho año, respondieron que los gremios habían to- 
mado en sí por encabezamiento el dicho servicio dd uno por ciento 
por el mismo precio en que Madrid estaba encabezado, y así le to- 
caba responder á esta pretensión, y asi nos suplicaba mandásemos 
que el traslado se diese y entendiese con los diputados de rentas 
que están en poder de los gremios, y en el ínterin no les corriese 
término ni parase por perjuicio, y asi mismo que por tocar la pri- 
mera instancia á la junta que estaba formada, se le remitiese, con 
lo cual, visto este negocio por los del dicho nuestro Consejo, lo re- 
mitieron á la junta de la administración del uno por ciento ante 
quien la parte de los dichos plateros de oro y plata, por petición 
que presentaron, pidieron se mandase proveer en todo como en el 
dicho su pedimento de quince de Octubre del año de seiscientos y 
treinta y nueve se contiene, por la cual se afirmaron en él, y en 



413 

caso necesario la hacían de nuevo; y visto por la dicha junta de la 
comisión de millones de la administración del uno por ciento, man- 
daron dar traslado á los diputados de rentas de dicho uno por 
ciento, y habiéndoseles notificado en respuesta de la petición de 
los dichos plateros y su pretensión, presentaron la siguiente:^: 
Los diputados del uno por ciento por los gremios y demás vecinos 
de esta villa de Madrid, decimos que al gremio del oficio de los 
plateros de oro y plata se les repartió por nosotros como á los de- 
más, el derecho que le toca del dicho uno por ciento en menos 
cantidad de la que merecen y deben pagar conforme á el trato, 
caudal, uso de su oficio, el cual se pretende eximir por las razones 
que alega en su petición, procurando gozar de la exempcion que 
dicen han tenido hasta ahora, por lo que toca al oro y plata que 
fabrican, y otras razones alegadas en su petición, á lo cual res- 
pondemos que como á V, S. es jDÚblico y notorio, el encabeza- 
miento que esta villa hizo con Su Majestad, y el que nos- 
otros hicimos con V. S. en nombre de nuestros gremios, ñieron 
con calidad de que todos los gremios y oficios hablan de pagar 
este derecho sin que se reservase á ninguno, aunque por privile- 
gio ó merced particular ii otro cualquier titulo lo haya estado has- 
ta ahora, y Su Majestad, en la instrucción que da para cobrar di- 
cho derecho, sólo ha de ser reservado el oro y plata que se hubiere 
de acunar en la casa de la moneda y imágenes de nuestro Señor y 
sus Santos, y no otra cosa; y estando como está prevenido esto en 
la instrucción y rendimiento que el reino y el real Consejo de Ha- 
cienda tiene dado á V. S. y con otros en su nombre, como tuvo hoy 
para los plateros que intentan las partes contrarias, pues están 
obligados éste y los demás gremios á pagar este dicho derecho, y 
así es viciosa la pretensión que el gremio de los dichos plateros 
tiene de no pagar el dicho repartimiento, y no se les debe dar lugar 
á que hayan pleitos de ellos, pues sólo sirve de embarazar la co- 
branza y hacer costas á los gremios en estas defensas injustas; 
pretenden éste y los demás gremios que hasta ahora han sido 
exemptos, pagar alcabala, además de que como le consta por la ins- 
trucción particular y condiciones del encabezamiento que el Con- 
sejo hizo con V. S., y V. S. con los gremios, cualquiera persona 



414 

que Su Majestad reservare de pagar este derecho siendo contra 
las condiciones de dicho encabezamiento, la cantidad que se debie- 
re bajar á el tal gremio ó persona, no se ha de bajar de los veinte 
y cinco cuentos en que está nuestro encabezamiento, y así supli- 
camos á V. S. haga en todo conforme es justicia, lo que con esta 
parte se contiene, que en ello recibiremos merced. =01iva, = Isi- 
dro Rodríguez. := Y de la dicha petición se mandó dar traslado á 
la parte de los dichos plateros por quien se respondió y satisfizo, 
y ambas partes de por sí dijeron y alegaron de su derecho y justi- 
cia, de que se dio traslado de la una á la otra hasta que el dicho 
pleito fué concluso, el cual, visto por los de la dicha junta, dieron 
y proveyeron un auto en diez y siete de Abril del año de mil seis- 
•cientos y cuarenta, en que para mejor proveer en este negocio 
mandaron se trajese y pusiese en este pleito un testimonio de Ge- 
rónimo Félix, escribano de reutas de esta villa, en que declarase 
de qué cosas pagarían los plateros alcabalas y de qué cosas no las 
pagaban, y hecho, se trajese para determinar este pleito y que se 
daba por visto, en cuyo cumplimiento por el dicho testimonio 
consta lo siguiente, 

Testimonio. 

Certifico yo, Gerónimo Ifeliz, escribano mayor de rentas de esta 
villa de Madrid y su partido, y por el arancel que está escrito por 
los señores corregidor, hacedores y diputados de rentas de las 
cosas que entran y se comprende en ellas, parece que en las rentas 
de la especería, adonde entra el alcabala que deben los plateros, 
dice que se cobre alcabala de todo género de piedras y perlas, de 
cualquiera manera, engastadas 6 por engastar; y la alcabala de los 
dichos plateros, vecinos y no vecinos, está arrendada de por sí, y 
la condición del arrendamiento para este año de mil seiscientos y 
cuarenta, es la que sigue: 

El alcabala que deben los plateros de esta villa, vecinos y no 
vecinos de ella, y las demás personas de ella que tratan de hacer 
joyas para vender, teniéndolo por trato y grangería, se arrienda 
X)ara que la persona en quien se rematase pueda cobrar de cual- 



415 

quiera de ellos de lo que debieren á razón de á ocho por ciento, y 
se declara, que si alguna de las dichas personas que tratan en 
hacer las dichas joyas, vendiesen algunos diamantes ú otras pie- 
dras, aunque no estén enjoyeladas, que paguen alcabala de ello al 
arrendador de la renta de la especería; no siendo vecinos, el 
ciento; y siendo por el repartimiento, ó al arrendador de la junta 
de vecinos no encabezados, como consta y parece de dicho arancel 
y condiciones que quedan en mi poder á que me refiero; y para 
que conste, de pedimento de Gregorio de Oliva, di la presente en 
Madrid á veinte y cuatro de Abril de mil seiscientos y cuarenta 
años.r=Y asimismo certifico que la dicha alcabala de los dichos 
plateros, parece este presente año de mil seiscientos y cuarenta, es- 
tá arrendada en precio de ciento y diez mil maravedís y los diez 
al millar, como consta del remate que asimismo queda en mi poder 
á que me refiero. Fecha wú supr a. ^Gerónimo Ifeliz.=Con lo cual, 
visto el dicho pleito por los de la dicha junta, dieron y proveyeron 
en él el auto y sentencia del tenor siguiente: 



Auto. 



En la villa de Madrid á veinte y tres dias del mes de Mayo de 
mil seiscientos y cuarenta años, los señores don Joan Ramírez 
Treile y Arellano, corregidor de la dicha villa y su tierra, Lorenzo 
López del Castillo y don Xptobal de Medina, regidores de ella y 
comisarios de la junta de la administración de beneficio y cobranza 
del servicio del uno por ciento, habiendo visto el dicho pleito que 
es entre partes, de la una los plateros de esta corte, y de la otra 
los diputados de renta del dicho uno por ciento, y lo por ambas 
partes dicho y alegado, dijeron que declaraban y declararon no 
deber pagar los dichos plateros uno por ciento de la plata y oro 
que compraren y vendieren, y que le deben pagar de todo género 
de piedras que vendieren, engastadas ó por engastar, y de la mis- 
ma manera de las perlas y de las joyas que hicieren para vender, 
teniéndolo por trato y grangería; en consecuencia de lo cual, 
mandaron que los dichos diputados de rentas, á cuyo cargo es y 
fuere la cobranza del dicho uno por ciento, no lo cobren de los di- 



416 

chos plateros de la plata y oro que compraren y vendieren, y le 
cobren de todo género de piedras y perlas que vendieren engasta- 
das ó por engastar, y de las joyas que hicieren para vender, 
teniéndolo como dicho que por tanto y grangeria, y asi lo manda- 
ron y firmaron don Joan Ramirez Preile y Arellano.=Lorenzo 
López del Castillo. =Xptol)al de Medina. =Ante mí, Manuel de 
Robles. =E1 cual dicho auto se notificó á las partes, }' por la de 
dichos plateros se apeló del para ante los del nuestro Consejo y 
contaduría mayor de Hacienda, donde se presentaron y expresa- 
ron agravios, y por lo que alegaron nos pidieron y suplicaron 
confirmásemos el dicho auto en lo que era en su favor y de los de- 
más plateros, y le revocásemos en lo que era ó podia ser en su 
perjuicio, declarando que el dicho derecho de uno por ciento no se 
debia cargar en el dicho oro y plata por si solos, ni engastados ó 
juntos con perlas, piedras y otras cosas, que tampoco se habia de 
cargar en las joyas por la parte que tuviesen de trabajo personal, 
hechuras y obra de manos, á que se proveyó y mandó por los del 
nuestro Consejo que el escribano de la causa fuese á hacer rela- 
ción; citadas las partes y habiéndose notificado y citado y dado 
traslado de los agravios á la parte de los diputados del uno por 
ciento, por no haber respondido cosa alguna, fué acusada la rebel- 
día y conclusa la causa; vista por los del nuestro Consejo, con 
lo respondido por el licenciado don Diego Altamirano, nuestro 
oficial, en que pidió, que de lo que pagaban alcabala .se cobrase el 
derecho del uno por ciento, y en cuanto á lo que no lo pagaban, 
conforme á las leyes del Reino lo habían visto, dieron y provecieron 
en ella un auto señalado de las rúbricas de sus firmas del tenor 
siguiente; 

Anio de vista. 

En la villa de Madrid á veinte y cinco días del mes de Agosto 
de mil seiscientos y cuarenta años, los señores del Consejo de Ha- 
cienda de Su Majestad, habiendo el pleito que es entre los plateros 
de esta corte, de la una parte, y de la otra los diputados del uno 
por ciento, sobre la paga del repartimiento del, dijeron que lasen- 



417 

tencia dada en este pleito por el corregidor y regidores comisarios 
del dicho uno por ciento de esta villa en veinte y tres de Mayo de 
este año, en que declararon no deber pagar los dichos plateros 
uno por ciento de la plata y oro que compraren y vendieren, y que 
lo deben pagar de todo género de piedras que vendieren, engasta- 
das ó por engastar, y de la misma manera de las perlas y de las 
joyas que hicieren para vender, teniéndolo por trato y grangeria, 
y en consecuencia del, mandaron que los dichos diputados y per- 
sonas á cuyo cargo es y fuere la cobranza del dicho uno por cien- 
to, no le cobren de los dichos plateros de la plata y oro que com- 
praren y vendieren y le cobren de todo género de piedras y perlas 
que vendieren, engastadas ó por engastar, y de las joyas que hi- 
cieren para vender, teniéndolo, como dicho es, por trato y grange- 
ria, la confirmaban y confirmaron en todo y por todo, según y 
como en la dicha sentencia se contiene. Y así lo mandaron y seña- 
laron, la cual dicha sentencia y autos se notificó á la parte de los 
dichos diputados del uno por ciento de esta villa por los gremios 
de ella, porque y por la de dichos plateros de oro y plata de esta 
corte, se suplicó y expresó agravios de ella en lo perjudicial, para 
que se revocase y enmendase por las causas que por cada uno se 
dijo y alegó, de que se dio traslado de parte á parte hasta tanto 
qne el dicho pleito fué concluso; el cual, visto por los de dicho 
nuestro Consejo, dieron y proveyeron en él otro auto y sentencia 
en revista, señalado de la rúbrica de sus firmas del tenor si- 
guiente: 

Au¿o de revista. 

En la villa de Madrid á veinte y cuatro dias del mes de No- 
viembre de mil seiscientos y cuarenta años, los señores del Conse- 
jo y contaduría mayor de Hacienda de Su Majestad, habiendo 
visto este pleito, que es entre los plateros de esta corte y los dipu- 
tados de rentas, sobre la paga del uno por ciento, dijeron que la 
sentencia dada en el dicho pleito por este Consejo en veinte y cin- 
co de Agosto de este presente año de mil seiscientos y cuarenta, 
por la cual dijeron que se confirmaba otra sentencia dada por el 
Tomo OVIL 27 



418 

corregidor y regidores comisarios del uno por ciento de esta villa 
en veinte y tres de Mayo de este dicho año, por la cual declararon 
no deber pagar los dichos plateros uno por ciento de la plata y oro 
que compraren y vendieren, y que lo deben pagar de todo género de 
piedras que vendieren, engastadas ó por engastar, y de la misma 
manera de las perlas y de las joyas que se hicieren para vender, 
teniéndolo por trato y grangería, y en consecuencia de ello, man- 
daron que los dichos diputados y personas á cuyo cargo es y fuere 
la cobranza de los dichos plateros de la plata y oro que compra- 
ren y vendieren y le cobren de todo género de piedras y perlas 
que vendieren, engastadas ó por engastar, y de las joyas que hi- 
cieren para vender, valiéndolo, como dicho es, por trato y gran- 
gería, confirmaban y confirmaron la dicha sentencia en todo y por 
todo, como en ella se contiene, con que el dicho uno por ciento no 
ge cobre de los dichos plateros tampoco de lo que montaren las 
hechuras de las joyas que compraren y vendieren, y iiltimamente, 
se cobre de ellos el dicho uno por ciento, de todo aquello que de- 
ben y pagan la alcabala y no de otra ninguna cosa, y por esta 
sentencia de revista, así lo mandaron y señalaron. Y ahora, por 
parte de Gregorio de Oliva y Marco Antonio mayordo- 
mos que fueron de la cofradía de San Eloy de los plateros de esta 
villa, nos fué pedido y suplicado se despachase ejecutoria de las 
•dichas sentencias para que en todo tiempo fuesen guardadas, cum- 
plidas y ejecutadas, ó como la nuestra merced fuese; y visto por 
los del nuestro Consejo de su acuerdo y decreto que proveyeron, 
fué acordado que debíamos de mandar dar esta nuestra carta eje- 
cutoria para vos en la dicha razón. ^Por la cual os mandamos á 
todos y á cada uno de vos en vuestra jurisdicción, según dicho es, 
que siendo con ella requeridos por parte de los dichos plateros de 
•oro y plata de esta corte, veáis los dichos autos de vista y revista, 
de suso incorporados y proveídos en el dicho pleito por los del 
nuestro Consejo y contaduría mayor de Hacienda, y los guardéis, 
y cumpláis, y ejecutéis con efecto en todo y por todo, según y co- 
mo en ellos se contiene y declara, y contra su tenor y forma y lo 
en ellos contenido, no vais, ni paséis, ni consintáis ir ni pasar en 
manera alguna, pena de la nuestra merced y de cincuenta mil ma- 



419 

ravedís para la nuestra Cámara, so la cual mandamos á cualquier 
nuestro escribano os lo notifique y de ello dé testimonio para que 
sepamos cómo se cumplen nuestros mandatos. Dada en Madrid á 
veinte y tres dias del mes de Febrero de mil seiscientos y cuaren- 
ta y un años. El licenciado, don Antonio de Camporredondo y 
Río.=Miguel de Ipeñarrieta.=Don Pablo Valle de la Cerda. 1= 
El Marqués de Monesterio.=Yo, Diego Pérez de Vargas, escriba- 
no de Cámara del Rey nuestro Señor, la fice escribir por su man- 
dado con acuerdo del gobernador y los del su Consejo y contaduría 
mayor de Hacienda. =Registrada, (raspar Sánchez. =rTeniente de 
•Chanciller mayor, Gaspar Sánchez. 

Concuerda este traslado con la dicha real provisión y cartas 
ejecutorias que para este efecto exhibieron ante mí los mayordo- 
mos de la congregación de San Eloy de los plateros de esta corte, 
á quien se los volví, de que doy fé, y para que conste, y Pedro 
Alvarez de Peralta, escribano del Rey nuestro Señor y del nú- 
mero de esta villa de Madrid, lo signé y firmo de su pedimento, en 
ochenta y una fojas conta en ella, á veinte y siete dias del mes de 
Abril de mil seiscientos y ochenta y ocho años. En testimonio de 
verdad, Pedro Alvarez de Peralta, escribano del Rey nuestro 
Señor. 

Testimonio. 

Yo Pedro Alvarez de Peralta, escribano del Rey nuestro Señor 
y del número de esta villa de Madrid, doy fé que el dia de la 
fecha, los mayordomos de la congregación de San Eloy de los 
plateros de esta corte, exhibieron ante mí un traslado al parecer 
signado y firmado de Manuel de Robles, escribano mayor que fué 
del Ayuntamiento de esta villa de Madrid, de diferentes autos y 
diligencias ejecutorias del Consejo y otros, por los cuales consta 
que los señores de la junta de soldados de milicia, que lo fueron 
por el año de mil seiscientos y cuarenta, proveyeron un auto en 
diez y nueve de Septiembre, delante el dicho Manuel de Robles, 
por el cual mandaron se notificase á los repartidores, veedores, y 
examinadores, y mayordomos de los gremios y oficios de esta 



420 

Tilla de que se daña relación, y de los soldados de milicia que á 
cada uno tocaba, que para el dia siguiente veinte de dicho mes de 
Septiembre, estuvieren en el Ayuntamiento los soldados que les 
tocaba prontos para que los viese la junta y pasasen muestra, y 
estuviesen prevenidos para marchar el dia veinte y dos del mismo 
mes en la compañía de don Gaspar de Valdés. Y parece que ha- 
biéndose hecho notorio á los mayordomos de los dichos plateros y 
á los otros gremios y ejercicios, por entonces no cumplieron con 
el tenor de dicho auto y acuerdo, y hicieron otro los dichos seño- 
res de la junta, en que ordenaron se escribiese al señor don Fer- 
nando Ruiz de Contreras, secretario que fué del despacho univer- 
sal, dándole cuenta para que la diese á la dicha junta de la ejecu- 
ción de la mejora que habian sacado de los señores del Consejo los 
dichos plateros, en apelación de haberles mandado dar ocho sol- 
dados para que resolviese lo que más conviniese, y por la dicha 
mejora hiciera relación de lo referido, y que sin estar comprendi- 
dos los dichos plateros en el dicho auto expresa ni tácitamente, 
se les habia notificado, y por no ser comprendidos en el dicho 
auto, no habian respondido á él, juzgando era exceso del que lo 
notificó, y que por el corregidor y comisarios de dicha leva, esta- 
ban mandados prender, sacar prendas de que se les hacia agravio, 
que no se podia comprender con ellos el dicho auto, porque los 
plateros no eran gremio ni oficiales mecánicos á quien por gre- 
mios mandaron juntar y hacer semejantes repartimientos; porque 
la platería es arte liberal, y así estaba declarado por algunas eje- 
cutorias y provisiones del Consejo en los términos de repartimien- 
tos de soldados, y concluyen allanándose á servir á Su Majestad 
como en otras ocasiones, nombrando un ministro que los oyese, y 
visto por los señores del Consejo en nueve de Marzo, proveyeron 
el auto del tenor siguiente. 

Auto. 

A los plateros de esta corte no se les repartan soldados como á 
gremios, y cométese al señor don Pedro Marmolejo para que los 
llame como á particulares, y ajuste con ellos los soldados de mili- 



421 

cia con que han de servir en la ocasión de Cataluña, que es para 
donde se han pedido; los señores del Consejo de Su Majestad lo 
mandaron en Madrid á nueve de Marzo de mil seiscientos y caa- 
renta y un años. Está rubricado de Su Ilustrísima el señor Presi- 
dente, y de los señores don Pedro Marmolejo, don Francisco de 
Alarcon y don Sebastian de Zambrano. 

Y en este estado por parte de los dichos plateros, se dio un pe- 
dimento ante el dicho señor don Pedro Marmolejo, diciendo cómo 
la dicha congregación tenia muchos autos del Consejo, y el último 
de nueve de Marzo del dicho año de cuarenta y uno, en que estaba 
declarado que los repartimientos de soldados para el servicio de 
Su Majestad no contribuyesen como gremio sino como particula- 
res, cometiendo al dicho señor don Pedro Marmolejo el ajuste con 
dichos plateros, los soldados de milicia con que habían de servir 
para la guerra de Cataluña, según y como se ajustase la villa, 
habia innovado haciendo nuevo repartimiento de soldados á dicha 
congregación como gremio en que excedía, y la grababa en el 
repartimiento y modo, y pidieron que fuese á hacer relación el 
escribano de Ayuntamiento, y se mandó así cumplir el dicho auto 
de Consejo, y que en el ínterin no se innovase, á cuyo pedimento 
se proveyó auto por el dicho señor don Pedro Marmolejo en cinco 
de Abril del dicho año, en que mandó que los dichos plateros acu- 
diesen al Consejo, y en el ínterin el corregidor no innovase, á 
quien se le notificó y dio cierta respuesta, y con vista de ella y 
de otro pedimento dado ante dicho señor don Pedro Marmolejo 
por parte de los dichos plateros, proveyó otro auto en el dia si- 
guiente seis de Abril, en que mandó cumpliese el dicho corregidor 
con lo proveído por el dicho auto, pena de cien ducados, y que no 
innovase hasta que se viese en el Consejo y por los señores de él 
en sala de Gobierno; habiéndolo visto en diez de Abril del dicho 
año, dieron el auto del tenor siguiente. 

Y visto por los señores del Consejo de Su Majestad lo pedido 
por los plateros de esta corte sobre el repartimiento que esta villa 
les ha hecho de ocho soldados para los presidios, mandaron que el 
señor don Pedro Marmolejo á quien se comete, ajuste con ellos los 
soldados con que han de servir para los dichos presidios por cuen- 



422 

ta de lo que tocó á Madrid de este servicio, como por auto del 
Consejo de nueve de Marzo pasado de este año, está mandado so- 
bre el repartimiento que se les hizo de soldados de milicia, y así 
lo mandaron en Madrid á diez de Abril de mil seiscientos y cua- 
renta y un años. Está rubricado de los dichos señores. 

Y después de lo referido por los dichos maj'ordomos, so ocurrió 
ante el dicho señor don Pedro Marmolejo, haciendo relación de 
los dichos autos del Consejo y con esta villa y sus comisarios, ha- 
blando con ellos como con los demás gremios y oficiales mecáni- 
cos, les hablan pedido veinte soldados de los quintados y batallo- 
nes, en que se les hacia agravio por las razones que tenían dichas 
y por otras que dedujeron, y concluyeron pidiendo que en ejecu- 
ción de dichos autos del Consejo, esta dicha villa no innovase, y 
que el dicho Manuel de Robles fuese á hacer relación, y por autos 
que proveyó el señor don Pedro Marmolejo en trece de Julio del 
dicho año se mandó asi y hizo notorio al dicho señor corregidor y 
al dicho Manuel de Robles, quien respondió estaba pronto, y que 
en cuanto al innovar no era parte y que se hiciera notorio al señor 
Joseph González, del Consejo y Cámara de Su Majestad, á quien 
por particular comisión estaba cometido el reclutar esta milicia, 
y por los dichos mayordomos se acudió ante los señores del Con- 
sejo presentando petición haciendo relación de lo referido, y pi- 
dieron que en conformidad de las dichas ejecutorias y autos los 
dichos regidor y comisarios no procediesen á cobrar repartimien- 
to alguno de soldados de milicia como de gremio, pues estaban- 
prontos á servir por medio del señor ministro á quien estaba co- 
metido, á que se proveyó auto por dichos señores en que se mandó- 
cumplir lo que Su Ilustrísima por su deci'eto tenia, mandado y so- 
bre lo demás se remitió al señor don Pedro Marmolejo, quien en 
vista de dicho auto y de otros despachos, proveyó uno en treinta 
de Junio de dicho año de mil seiscientos y cuarenta y uno, que en 
su tenor es como se sigue: 

Auto. 
En la villa de Madrid á treinta dias del mes de Julio de mil 



423 

seiscientos y cuarenta y un años, el señor don Pedro Marmolejo, 
del Consejo de Su Majestad, habiendo visto todos los autos que 
por su mandado se han juntado sobre la pretensión del arte de 
plateros y los proveídos por el Consejo y repartimiento que para 
reclutar la milicia de esta villa les estaba hecho, y habiéndolos 
oido como á particulares, y visto asimismo un papel que sobre 
esta materia ha escrito á Su Majestad el señor Joseph González, en 
que se le avisa ha de salir la gente para diez de Agosto que viene, 
aunque su fecha es de veintisiete de este mes, no se le dieron á su 
merced hasta que á las doce del día en que le manda poner con es- 
tos autos, e informado de todo lo que ha tenido por necesario=: 
Mandó que por ahora el dicho arte pare la dicha recluta como par- 
ticular, sirva á Su Majestad con diez y seis soldados, los cuales 
prevenga luego y dentro de ocho dias los tenga prevenidos, y en- 
tregue para que vayan á servir y los cumplan los mayordomos con 
apercibimiento, y lo señaló, y si el dicho arte tuviere que decir, 
acudan al Consejo á seguir su justicia. = Está rubricado del dicho 
señor don Pedro Marmolejo. Ante mi, Manuel de Robles. =: Y del 
dicho auto se interpuso apelación por los dichos mayordomos de 
la congregación de San Eloy ante los dichos señores del Consejo, 
pretendiendo se había de revocar por las razones que alegaron; y 
visto por dichos señores y héchose relación de dichos autos, pro- 
veyeron uno en treinta y uno de dicho mes de Julio, que su tenor 
es el siguiente: 

Auto. 

El auto proveído por el señor don Pedro Marmolejo, en treinta 
de este mes, por el cual mandó que el arte de los plateros como 
particulares sirviesen con diez y seis soldados = se confirma coma 
en él se contiene con que los diez y seis soldados sean doce, los 
cuales den para reclutar y reforzar los ejércitos de Su Majestad 
en Cataluña. Los señores del Consejo de Su Majestad lo mandaron 
en Madrid á treinta y uno de Julio de mil seiscientos y cuarenta y 
un años. Está rubricado de Su Ilustrisima el señor Obispo, Grober- 
nador, Presidente y señores don Antonio de Contreras y don Alón- 



424 

so Guillen de la Carrera. Como lo referido consta y parece de di- 
chos autos que volví á entregar á loa dichos mayordomos de la 
congregación de San Eloy de los plateros de esta corte, y van cier- 
tos y verdaderos y á sus originales me refiero, es de su pedimento, 
lo signé y firmé en la villa de Madrid á veinte y siete dias del mes 
de Abril de mil seiscientos y ochenta y ocho años. En testimonio 
de verdad, Pedro Alvarez de Peralta. 

Concuerda esta copia con los instrumentos de guerra fecha men- 
ción que para efecto de sacarla me exhibió Francisco Pelaez de 
Aranda, vecino de esta ciudad y maestro platero en ella, á quien 
yo Joan Garcia Muñoz, escribano del Rey nuestro Señor, público 
■del número de esta ciudad, los volví á entregar y á que me refie- 
ro, y firmó su recibo al pié de éste, y va escrita en veinte y seis 
fojas, consta la primera del sello tercero, lo demás común, y para 
que conste de pedimento de dicho Francisco Pelaez, doy el presen- 
te en la ciudad de Cádiz á catorce dias del mes de Diciembre de 
mil seiscientos y noventa años. = Francisco Pelaez, = En testi- 
monio de verdad. Joan Garcia Muñoz, escribano público. 

Y habiéndolo corregido y concertado, concuerda con dicho su 
original que volví á entregar al dicho Pedro de Torres, de cuyo 
recibo firmó aqní su nombre, y cumplimiento del auto que va por 
.cabeza lo entregué al susodicho escrito en papel del sello tercero y 
-común, en cincuenta y ocho fojas, consta de un signo y la del pe- 
dimento y auto que va por cabeza en Sevilla en diez dias del mes 
de Junio de mil seiscientos y noventa y dos años. Entre renglo- 
nes = ni = allí = treinta = e = negocio = y á la dicha villa le 
tocaba uno de los dichos oficios = oficiales = presuntos = oficios 
= entrada =1: y = le = los al = á = o = gobierno = que = y =r 
respondido = haya = que = plat z= Álava = dad = hor = que = 
doy := ex =: mi = un =: vecinos = este pleito = partes = dicho = 
folio = y = siete años = dichos = junta = Martin = Majestad = 
para diez = enmendado =^ y que sí = esencion =z se = e = sen = 
o = solo := Pedro = dicho = Pedro de Torres = En testimonio de 
verdad, Antonio Euiz Jurado. 



REAL ORDEN DE CARLOS III 

PARA QUE SE ADMITA EN EL ARTE DE PLATERÍA Á UN INGLÉS, 
CONVERTIDO DEL PROTESTANTISMO AL CATOLICISMO 



Don Carlos, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, 
de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalem, de Navarra, de 
Granada, de Toledo, de Valencia, de Mallorca, de Menorca, de 
Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de 
Jaén; Señor de Vizcaya y de Molina, etc.: A vos el nuestro cor- 
regidor de la ciudad de Córdoba y demás jueces, justicia, Minis- 
tros y personas de la misma á quien en cualquier manera tocare 
la observancia y cumplimiento de lo contenido en esta nuestra 
•carta, salud y gracias, sabed: Que enterado nuestra real persona 
-de que los plateros de esa ciudad se oponían á que el hijo de un 
protestante inglés, prohijado por don Manuel Peñalosa, y reduci- 
do por su celo y caridad al seno de nuestra Santa Iglesia, entrase 
en su gremio, y reconociendo cuan contraria es esta oposición á 
la religión cristiana, á las miras paternales de nuestro Reverendo 
Padre y á las luces del siglo, lo participó al Consejo de su real 
orden el Conde de Floridablanca en diez y ocho de Octubre pró- 
ximo para que diese las correspondientes á que no se impida al 
citado iuglés el uso de este oficio cuando esté habilitado en él; y 
que cualquiera artista pueda tener en su taller el nvimero de 
oficiales y aprendices que quiera, por ser estas restricciones con- 
trarias al adelantamiento de las artes, á la gloriosa emulación de 
los maestros y á impedir que los «discípulos puedan escoger el 
maestro que más cuenta les tenga. 



426 

Publicada en el nuestro Consejo esta real orden en veinte y una 
del propio mes, acordó se guardase y cumplieee lo que mandaba 
nuestro Reverendo Padre, á cuyo fin pidió noticia de la natura- 
leza, edad, nombre y apellido y establecimiento actual del citada 
catecúmeno, con otros j- articulares, y resultando délas que se le 
han comunicado, que es como de edad de trece años, que vive en 
esa ciudad, y le tiene en su casa prohijado el don Manuel Peña- 
losa, y que se llama Josef Esteban Duar, natural de Posmout, en 
el reino de Inglaterra, el cual antes de profesar nuestra católica 
religión se llamó Esteban Duar, y que quería continuar apren- 
diendo el ejercicio de platero á que ya estaba dedicado con el' 
mismo Peñalosa, artífice de platería: Vuelto á ver en el nuestra 
Consejo, acordó conforme á la resolución de nuestro Reverendo 
Padre por decreto de seis del corriente, expedir esta nuestra 
carta. Por la cual queremos que el citado inglés Josef Esteban 
Duar continúe de aprendiz en el oficio de platería con el referido 
artífice don Manuel Peñalosa, y que hallándose hábil se le admita 
en el gremio de esa ciudad sin embargo de cualesquiera ordenan- 
zas, constituciones y providencias que haya en contrario, á cuyo 
fin 03 mandamos deis las que correspondan, como también para 
que cualquiera artista pueda tener en su taller el número de oficia- 
les y aprendices que quiera por las consideraciones que quedan 
especificadas, disponiendo que á este efecto se haga saber á la 
congregación de plateros y á los demás gremios de esa ciudad, 
entregándoles copia testimoniada de esta nuestra carta y también^ 
al don Manuel Peñalosa y al inglés Josef Esteban Duar, hacién- 
dola igualmente saber al Ayuntamiento y alcaldes mayores para 
su respectiva observancia, copiándose en los libros capitulares 
para que siempre conste, y guardándose la original en el Archivo 
de esa ciudad, que asi es nuestra voluntad. Dada en Madrid á 
nueve de Noviembre de mil setecientos ochenta y cuatro. = El Con> 
de de" Campomanes. = Don Miguel de Mendinueta. = Don Tomás 
Bernard. = Don Pedro de Taranco. = Don Manuel Fernandez de 
Vallejo.=Yo don Pedro Escolano de Arrieta, secretario del Rey 
nuestro Señor y su escribano de Cámara, la hice escribir por su 
mandado, con acuerdo de los de su Consejo. = Registrada. = Dob 



427 

Nicolás Verdugo. — Teniente de canciller mayor. = Don Nicolás^- 
Verdugo. 

De orden del Consejo remito á Vmd. la real provisión adjunta, 
por la cual se manda que el catecúmeno Josef Esteban Duar con- 
tinúe de oficial ó aprendiz en el oficio de platero con don Manuel 
Peñalosa, vecino de esa ciudad, y que cuando esté habilitado en 
él no se le impida en su uso y ejercicio, como ni tampoco que 
cualquiera artista de ella pueda tener en su taller el número de 
oficiales y aprendices que quisiere; para que Vmd. cuide de su 
cumplimiento en esa ciudad, disponiendo que á este fin se haga 
saber á la congregación de plateros y á los demás gremios de la 
misma, entregándoles copia testimoniada de ella, y también al 
don Manuel Peñalosa y al inglés Josef Esteban Duar, haciéndola 
igualmente saber al Ayuntamiento y alcaldes mayores para su 
respectiva observancia, y que se copie en los libros capitulares 
para que siempre conste, guardándose la original en el Archivo 
de la ciudad. Y del recibo me dará Vmd. aviso, á fin de ponerlo 
en la superior noticia del Consejo. Dios guarde á Vmd. muchos 
años. Madrid 9 de Noviembre de 1784. = Don Pedro Escolano de 
Arrieta. = Señor corregidor de la ciudad de Córdoba. 

Cumplimiento. 

En la ciudad de Córdoba, á trece dias del mes de Noviembre de 
mil setecientos ochenta y cuatro años, el señor don Manuel Joa- 
chin de Vega y Melendez, corregidor, justicia mayor de ella, dixo: 
que por el correo de este dia ha recibido Su Señoría la real provi- 
sión del Consejo que está por cabeza y carta de guia que le sub- 
sigue: por la que se consiente que Josef Esteban Duar, de nación 
inglés, continúe de aprendiz en el oficio de platería, con el artífi- 
ce don Manuel Peñalosa, con lo demás contenido en la citada real 
provisión, la que Su Señoría obedeció con el respeto y veneración 
debida, y para que tenga el más pronto y efectivo cumplimiento 
la superior real resolución. Su Señoría mandó se imprima ínte- 
gramente, y se den ejemplares autorizados á los señores alcaldes 
mayores y á los alcaldes veedores de todos y cada uno de los gre- 



428 

mios de esta dicha ciudad, á don Manuel Peñalosa y á el inglés 
Josef Esteban Duar, pasándose otro igual á el noble Ayuntamien- 
to para que se inserte en el libro capitular; y evacuado todo se 
conserve este original en su Archivo como se previene. Asi lo 
mandó y firmó Su Señoría, doy fé. = Don Manuel Joachin de 
Vega y Melendez. = Don Antonio Calatrava y Varnuevo, escri- 
bano público y mayor de Cabildo. 
Es copia de su original, de que certifico. 



DEL 

LIBRO DE LA CONGREGACIÓN DE PLATEROS 

QUE LLEVA ESTA PORTADA 

m 

INSTRUMENTOS PARA QUE LOS PLATEROS FERIANTES 

NO PAGUEN EN LAS PUERTAS DE ADUANAS DERECHOS ALGUN08- 

POR LA PLATA VIEJA QUE ENTRAREN, T LAS DOS ÓRDENES 

PARA QUE EN LAS FERIAS Y DEMÁS PUEBLOS 

NO PAGUEN POR LAS LICENCIAS COSA ALGUNA. 



Testimonio. 



El infraescripto, escribano del Rey nuestro Señor, público en eT 
número perpetuo de esta ciudad de Córdoba y familiar numeraria 
del Santo Oficio de su Inquisición. Doy fé que ante mi y compe- 
tentes testigos, el hermano mayor y demás individuos que compo- 
nen la hermandad del arte de la platería de esta ciudad otorgaron 
escriptura por la que dieron su poder cumi^lido á don Antonio de 
la Vega y Navas, procurador del número de esta ciudad para to- 
dos sus pleitos, causas y negocios que de cualquier calidad se 
ofrezcan á dicho arte, cuyo poder contiene todas las cláusulas cor- 
respondientes á semejantes instrumentos, con la de enjuiciar, 
jurar, protestar, consentir, recusar, apelar y con relevación de 
costas en forma, como de él más largo consta que queda en mi 
poder y oficio á que me refiero, de donde doy el presente que fir- 
mo y signo en Córdoba á cuatro de Septiembre de mil setecientos 
sesenta y cuatro años. = En testimonio de verdad = Juan Mar- 
tínez Val cárcel. 



430 

Petición. 

Antonio de Vega y Navas, en nombre de la congregación y arte 
<le platería de esta ciudad, de quien presento testimonio de poder 
en debida forma, y en la que más haya lugar en derecho parezco 
ante V. S. y digo, que los individuos de dicho arte se hallan en 
posesión, de tiempo antiguo, de no pagar derechos algunos de 
Aduana por su plata vieja que introducen en esta ciudad para la 
fábrica y alhajas de dicho arte, de modo que no habiéndose ofre- 
cido reparo en esto, y habiéndolo solamente de que tal vez pudie- 
ran en las arcas donde conducen la dicha plata y alhajas del refe- 
rido arte con que comercian, traer é introducir fraudalenta- 
mente otros géneros sujetos á los derechos de la Real Aduana, 
se ha procedido en esto con la prevención de que luego que llega- 
ban á ella los dichos individuos comerciantes y feriantes en dicho 
arte, seguia tras de ellos un guarda hasta llegar á sus casas, 
donde registraban las arcas para reconocer si venian otros gé- 
neros distintos de los que pertenecen al referido arte, y si de 
pronto no podia el guai*da acompañar al tal feriante, se dejaba 
en la Aduana la llave ó llaves de las arcas, ínterin se prac" 
ticaba el registro en sus casas, por ser esto embarazoso en la 
dicha Aduana , especialmente siendo tan delicadas las alha- 
jas de dicho arte; y habiendo corrido las cosas de este modo, de 
pocos dias á esta parte se ha experimentado la novedad en la Real 
Aduana del Puente, no sólo de detener en ella las dichas arcas 
practicándose allí el registro, cuando el fiel de ella, don Francisco 
de Mier le ha parecido conveniente, y aun practicándolo con per- 
juicio de las mismas alhajas, sin que haya parado en esto lo refe- 
rido, sino es que ha practicado el susodicho la novedad de pesar 
la plata vieja y llevar derechos de Aduana, medio real por cada 
^nza de plata vieja, siendo así que conforme á la ley ha debido 
manifestar el arancel ó título que para ello tenga, y que en esto se 
debe observar la costumbre, que esta ha sido, de no pagar tales 
derechos, y que se tiene entendido el que cualquiera disposición 
que en esto haya, debe ser con respecto á la plata que se intro» 



431 

duzca para vender en esta ciudad, no siendo de esta calidad la 
que traen dichos feriantes, pues la aplican para sus propios me- 
nesteres y fábrica de las alhajas de dicho arte, y para que sobre 
esto con conocimiento de causa se dispensen las providencias que 
convengan, evitando perjuicios y novedades que no deben ser 
permitidas. =Suplico á V. S. que habiendo por presentado el tes- 
timonio de poder se sirva de mandar se notifique al dicho don 
Francisco de Mier exhiba el título ó arancel en que se funda 
para el percibo de los presentes derechos, y que modernamente 
ha cobrado de algunos individuos de dicho arte, de que se ponga 
testimonio, así por lo que respecta á los dichos derechos como de 
otro cualquier capitulo ó capítulos en que se prevenga se guarde 
la posesión que hubiere de no pagar tales derechos, sirviéndose 
asimismo V. S. de mandar para la mejor instrucción de lo que 
llevo expresado en este pedimento, que el dicho don Francisco, 
bajo de juramento indecisorio y sin perjuicio de la prueba, decla- 
re ó informe sobre el contenido de este pedimento, y fecho lo re- 
ferido, se me confiera traslado para en su vista pedir lo que sea 
útil á mi parte en justicia que pido, costas, y para ello, etcétera. 
=:Antonio de Vega y Navas. =Licenciado, Sánchez de Quesada. 



Auto. 



Por presentado con el testimonio de poder que expresa, póngase 
con el pedimento y llévese para su providencia al señor licenciado 
don Jos^eph Mendoza Jordán, abogado de los Reales Consejos, 
alcalde maj'or y teniente de corregidor de esta ciudad, asesor ge- 
neral de Su Señoría, á quien se llevan para con su acuerdo dar 
providencia. Lo mandó el señor don Bernardo de Rojas y Con- 
treras, caballero del Orden de Calatrava, del Consejo de Su Ma- 
jestad en su Real Junta de comercio y moneda, corregidor de esta 
ciudad, intendente de ella y su provincia. Córdoba cinco de Sep- 
tiembre de mil setecientos sesenta y cuatro años. = Rojas. rr= 
Ante mí = Juan Martínez Valcárcel. 



432 



Auto. 



En la ciudad de Córdoba á seis de Septiembre de mil setecien-' 
tos sesenta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas y Con- 
treras, caballero del orden de Calatrava, del Consejo de Su Ma- 
jestad en su Real Junta de Comercio y Moneda, corregidor de 
esta ciudad; habiendo visto la petición antecedente, mandó que 
don Francisco de la Mier, administrador de la Real Aduana de 
esta ciudad, jure y declare, como por estas partes se pide, y asi- 
mismo exhiba el título ó arancel en fuerza de que cobra los dere- 
chos que exige á los comerciantes de platería de esta ciudad, del 
que se ponga testimonio por el presente escribano, á quien Su Se- 
ñoría dé comisión bastante de derecho para recibir dicha declara- 
ción y demás que se ofrezca, y fecho, se le comuniquen los auto» 
á estas partes para que pidan lo que les convenga, y por éste su 
auto, así lo proveyó Su Señoría con acuerdo y parecer del señor 
su asesor general, con quien lo firmó, de que yo, el escribano,, 
doy fé.=:Rojas.=:Lic. Mendoza. =Ante mí, Juan Martínez Val- 
cárcel. 

En Córdoba dicho día, mes y año, yo, el escribano, hice saber 
y notifiqué el auto que antecede á don Antonio de la Vega, pro- 
curador, á nombre de su parte en su persona, de que doy fé.^ 
Martínez. 

declaración,. 

En la ciudad de Córdoba dicho día, mes y año, yo, el escribano 
público, del número de esta ciudad, estando en la Real Aduana 
de esta ciudad y en fuerza de mi comisión, recibí juramento, se- 
gún forma de derecho, de don Trancísco de la Mier, administra- 
dor de la dicha Real Aduana, el que lo hizo, y en cargo de él, ofreció 
decir verdad, y siendo preguntado por el contenido del pedimento 
antecedente, dijo que está pronto á exhibir el arancel de los dere- 
chos de almojarifazgo de Aduana, y con efecto lo exhibió para que 
de él se ponga testimonio como se manda por el auto antecedente, 



433 

y aunque en él se expresa en el capitulo doce, que de la plata 
que trajesen á vender á la ciudad pague de entrada la veintena de 
ella y de lo que valiere, y de salida cuarentena; y en el capítulo 
once, que del oro quebrado, de cualquiera que sea que lo trajere á 
vender á la ciudad, ha de pagar veintena de ello á los Almojarifes 
cuanto valiere al respecto, salvo si fuere monedado ó en manera 
que monedado sea, no ha de pagar derecho alguno, y de lo que 
trajeren á vender, ha de pagar de entrada la veintena, y de salida 
cuarentena; y no obstante lo referido, no sabe el que declara la 
orden ó motivo que habrán tenido sus antecesores para haber mo- 
dificado los referidos derechos, reduciéndolos solamente á medio 
real de vellón por cada onza de plata, y que no le consta hayan pa- 
gado partida alguna de oro; que dicha práctica es la que encontró 
en dicha Real Aduana de las partidas que se han registrado y que 
le está mandado observar el estilo y práctica que han observado sus 
antecesores, que es lo que puede decir sobre el asunto que ha sida 
preguntado, y ser la verdad, en cargo de su juramento, lo firmó, 
y que es de edad de treinta y seis años, de lo cual doy fé.=:Fran- 
cisco Antonio de la Mier.mPor mi y ante mí, Juan Martínez Val- 
cárcel, 

Testimonio. 

El infraescripto escribano del Rey nuestro Señor, público, en el 
niimero perpetuo de esta ciudad de Córdoba. Doy fé que hoy dÍA 
de la fecha, estando en la real Aduana de ella, por don Francisco 
Antonio de la Mier, administrador, me fué exhibido un impreso 
que se compone de nueve fojas y vuelve algunos renglones de ella 
que principia diciendo: Arancel Real de la Aduana: y sigue en 
forma de real provisión que dice: Don Fernando y doña Isabel, 
por la gracia de Dios, Rey y Reyna de Castilla, etc., y siguen 
diversos capítulos en que se señalan los derechos que se deben co- 
brar por los Almojarifes 3' real Aduana, y el once y doce de ellos, 
copiados á la letra dicen así: = De oro quebrado, cualquier que 
sea que lo trajese á vender á la ciudad ha de pagar la veintena de 
ello á los Almojarifes cuanto valiere al respecto, salvo si fuere mo- 
ToMO CVII, 28 



434 

nedado, ó en manera que monedado sea, no ha de pagar derecho 
alguno, y de lo que trajeren á vender ha de pagar de entrada la 
veintena, y de salida cuarentena. 

De la plata que trajeren á vender á la ciudad, pague de entra- 
da la veintena de ella, y de lo que valiere, y de salida, cuarentena. 
= Y siguen otros muchos capítulos que hablan de otras diferentes 
cosas, y concluye el referido impreso con varias firmas de letra de 
molde con diversos nombres de los señores del Consejo que libra- 
ron dicha provisión; su fecha en la ciudad de Zaragoza á doce dias 
del mes de Septiembre de mil y cuatrocientos y noventa y dos años. 
= Y asimismo tiene dicho impreso dos firmas que dicen: Yo el 
E.ey: Yo la Reina = y no se halla autorizado de escribano: cuyos 
dos capítulos van insertos á la letra como están en dicho impreso, 
y lo relacionado concuerda con el que volví á poder de dicho don 
Prancisco el que firmará su recibo; y así lo signo y firmo en Cór- 
doba á seis de Septiembre de mil setecientos sesenta y cuatro años. 
= Francisco Antonio de la Mier. = En testimonio de verdad = 
Juan Martínez Valcárcel. 

Otrosí doy fé que al folio diez y siete de dicho arancel, el pri- 
mer capítulo de él copiado á la letra, es como se sigue. = Otrosí, 
cualesquier ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y seño- 
ríos, y cualesquier personas singulares de ellos que son francos de 
Almojarifazgo, y están en posesión de no lo pagar, que no les sea 
pedido ni llevado el dicho derecho de Almojarifazgo. = Concuerda 
á la letra con dicho capítulo inserto en dicho arancel de Aduana, 
que original quedó en poder de dicho don Francisco (de que doy 
fé), y de él lo saqué en fuerza de lo mandado y de lo pedido. Fe- 
cha ut supra.=Juan Martínez Valcárcel. 

Petición. 

Antonio de Vega y Navas en nombre de Ib congregación y arte 
de platería de esta ciudad, en los autos principiados á pedimento 
de mi parte en asunto de la novedad introducida por don Fran- 
co Antonio de la Mier, administrador de la real Aduana del Puen- 
te de esta ciudad, sobre exigir derechos de los plateros feriantes 



435 

■de esta ciudad que introducen la plata vieja en ella para la fábrica 
de los alhajas de dicho arte:n=Digo que por mi antecedente pedi- 
mento, hice expresión de que los individuos de dicho arte se ha- 
llaban en posesión de tiempo antiguo, de no pagar tales derechos, 
y que el dicho don Francisco, de poco tiempo á esta parte, habia 
introducido la dicha novedad de pesar la dicha plata vieja y de 
llevar derechos de Aduana al respecto de medio real por cada onza 
de dicha plata, por lo que pedí que el susodicho declarase sobre 
el asunto y exhibiese el título ó arancel en fuerza de que trataba 
•de exigir dichos derechos, lo que se mandó así, y habiendo hecho 
dicha declaración, en ella hizo referencia de lo que se manda por 
el arancel de los derechos de Almojarifazgo de Aduana de que 
hizo exhibición, expresando asimismo que aunque por el capítulo 
•doce de dicho arancel se ordena que de la plata que trajesen á 
vender á esta ciudad se pague de entrada la veintena de ella de lo 
.que valiese, y de salida cuarentena, en el capitulo once que del 
-oro quebrado que quien que fuese que lo trajese á vender á la ciu- 
dad, se habia de pagar veintena de ello á los Almojarifes, y desa- 
dida cuarentena, salvo si fuese monedado, y que no obstante lo 
referido, no sabia el declarante la orden ó motivo que habían te- 
nido sus antecesores para haber modificado los referidos derechos 
reduciéndolos solamente á medio real de vellón por cada onza, 
cuya duda es extraña cuando debía considerar que por el mismo 
real arancel se evacúa la duda que propone como que se limita á la 
plata y oro quebrado que se trajese á vender á esta ciudad, lo que 
como tengo alegado no se verifica en los individuos de dicho arte, 
como que no lo traen .para vender y sí para sus propios meneste- 
res y aplicarlo para la fábrica de alhajas de dicho arte, y bajo de 
esta consideración indubitada se convence á dicho administrador 
con su misma declaración que confiesa que por lo respectivo á di- 
cho oro no se ha pagado partida alguna, que siendo este -asunto 
de la propia naturaleza y calidad que el de la plata ó cuasi de ella 
libertad en cuanto al oro hace conservar el propio derecho en 
cuanto á la dicha plata, y más cuando de notorio resulta que la 
inspección del título que se produce para ello que es de dicho 
arancel, excluirse la prestación de tales derechos como que se limi- 



436 

ta el oro quebrado y plata vieja que se trajere á vender á esta ciu- 
dad en su propia esencia, y así se registra por la miscna declara- 
ción del dicho don Francisco, que ni aun en cuanto á la plata se 
ha observado dicho arancel, pues dice no sabe la orden ó motivo 
porque sin duda no lo ha habido, para semejante novedad que ha- 
brían tenido sus antecesores para haber modificado dichos dere- 
chos, reduciéndolos solamente á medio real de vellón por cada onza 
de plata, que ni aun esto es así ni lo podrá justificar ni se debe- 
ría substentar mediante resistirlo el título que presenta para ello, 
según el cual debe ser la introducción para el fin de la venta en la 
propia especie y constitutivo de oro quebrado j plata vieja, que 
es la que tiene la propia denominación de tal y, al tanto no podrá 
justificar el susodicho, y antes bien es caso notorio que los indivi- 
duos de dicho arte son respecto á las alhajas que fabrican y con 
que comercian, no se les ha pedido ni exigido tales derechos; y el 
mismo don Francisco confiesa estarle mandado observase el estilo 
y práctica que han observado sus antecesores, y lo mismo se pre- 
viene por dicho arancel en que se manda que cualesquiera ciuda- 
des, villas y lugares, señoríos y personas particulares de ellos que 
estén en posesión de no pagar el dicho derecho de Almojarifazgo- 
no les sea pedido ni llevado, cuya posesión resulta á favor de di- 
cho arte juntamente con la asistencia de derecho por exceptuarlos 
el mismo arancel, y que cualquier cosa que se diga en contrario 
ni es verídico y sería una especie de abuso y corruptela que no se 
debería sustentar ni dar lugar á los perjuicios que se experimen- 
tan, por tanto :=Suplico á V. S. que con vista de lo referido en que 
tan de bulto se demuestra la indequidad de los individuos de dicho 
arte, se sirva mandar se le notifique al dicho don Francisco Anto- 
nio de la Mier y demás fieles administradores de las demás Adua- 
nas se abstengan de llevarles tales derechos, y que con semejante 
pretexto no les detengan sus cargas ni hagan perjuicio ni vejación 
alguna, haciéndoles para su observancia los apercibimientos que 
convengan en justicia que pido con costas, y para ello etc.=::Anto- 
nio de Vega y Navas = Licenciado Sánchez de Quesada. 



437 



Auto. 



Por presentada y para su providencia se lleve al señor asesor ge- 
neral. Lo mandó el señor don Bernardo de Rojas, corregidor de 
esta ciudad en Córdoba, á siete de Septiembre de mil setecientos 
setenta y cuatro años=E,ojas =rAnte mí=r Juan Martinez Val- 
cárcel. 

Auto. 

En la ciudad de Córdoba á siete de Septiembre de mil setecien- 
tos sesenta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas y Con- 
treras, corregidor de esta ciudad, intendente de ella y su provincia, 
habiendo visto estos autos y lo pedido por estas partes, mandó dar 
traslado á la parte de la real Hacienda de esta pretensión; asi lo 
mandó Su Señoría con acuerdo y parecer del señor don Joseph 
Mendoza, alcalde mayor de esta ciudad, su asesor general con 
quien lo firmó en Córdoba siete de Septiembre de mil setecientos 
sesenta y cuatro años=Rojas=Licenciado Mendoza = Antonio 
-Juan Martíuez Valcárcel. 

Notijicacioii. 

En Córdoba dicho dia, mes y año, yo el escribano hice saber y 
notifiqué el auto que antecede á don Antonio de Vega, procurador 
á nombre de sus partes en su persona. Doy fé=Martinez. 

Notificación. 

En diez de dicho mes y año, yo el escribano, hice saber y notifi- 
qué el auto que antecede á don Pedro Fernandez de Córdoba, fiscal 
de la Real jurisdicción de esta ciudad, y defensor de rentas reales 
•de ella en su persona. Doy fé.=Martinez. 



438 



Petición. 



El fiscal de la Eeal jurisdicción de esta ciudad y defensor de la 
Real Hacienda, por lo perteneciente á rentas provinciales de ella 
y su reinado, ante V. S., como más haya lugar en derecho, pa- 
rezco y digo: Que se me ha hecho saber por don Juan Martiuez 
Valcárcel, escribano de este número, cierta demanda que está por ■ 
ante el refirido escribano por parte del arte de la platería de esta 
dicha ciudad, pretendiendo la libertad de derechos de Almojarifaz- 
go, que se pagan á Su Majestad en la Eeal Aduana, de la plata 
vieja que entran de fuera para vender, cuya demanda no es con- 
testable por la Real Hacienda ante escribano extraño al despacho 
de los negocios pertenecientes á la Real Hacienda y oficina donde 
los despachan, por lo que por V. S. se debe mandar que el dicha 
don Juan Martinez ponga los dichos autos en la escribanía á que 
pertenece de esta general superintendencia en que se despachan lo» 
negocios de la Real Hacienda, por quien se me entreguen para 
usar del trasladó que por V. S. se me ha mandado dar de la pre- 
tensión introducida por los de dicho arte de la platería, y en el 
Ínterin protesto que á la Real Hacienda no le corra término ni 
pare perjuicio alguno. Por tanto, suplico á V. S. así lo mande 
por ser de justicia que pido, costas, y para ello, etc.=Don Pedro 
Fernandez de Córdoba. ^Lic. Don Antonio de Molina y Aven- 
daño. 



AíUo. 



Por presentada póngase con los autos, y para su providencia se 
lleven al Lie. don Joseph Mendoza Jordán, abogado de los Reales 
Consejos, primer alcalde mayor y teniente de corregidor de esta 
cimdad, asesor general de Su Señoría, para con su acuerdo proveer. 
Lo mandó el señor don Bernardo de Rojas, corregidor de esta ciu- 
dad, intendente de ella y su provincia. Córdoba, doce de Septiem- 
bre de mil setecientos sesenta y cuatro años.=:Rojas.=Ante mí, 
Juan Martinez Valcárcel. 



439 



Auto. 



En la ciudad de Córdoba á doce de Septiembre de mil setecientos 
sesenta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas y Contreras, 
caballero del orden de Calatrava, del Consejo de Su Majestad en 
su Real Junta de Comercio y Moneda, corregidor de esta ciudad,. 
Intendente de ella y su provincia. Habiendo visto estos autos,, 
mando se haga saber á don Pedro Fernandez de Córdoba, use del 
traslado que le está mandado dar al que responda derechamente, 
y á su tiempo se le dará providencia á lo que expone, y por édte 
su auto asi lo proveyó Su Señoría con acuerdo y parecer del señor 
su asesor con quien lo firmó. Doy fé. =Roj as. =:Licen ciado Men- 
doza. =Ante mí, Juan Martínez Valcárcel. 

Notificación. 

En Córdoba dicho día, mes y año, yo el escribano hice saber y 
notifiqué el uuto que antecede á don Pedro Fernandez de Córdoba, 
defensor de la real jurisdicción de esta ciudad y de las rentas pro- 
vinciales de ella en su persona. Doy fé. ^Martínez. 

Notificación. 

En Córdoba dicho día, mes y año, yo el escribano hice saber y 
notifiqué el auto que antecede según y como en él se contiene 
á don Antonio de Vega y Navas, procurador á nombre de su» 
partes en su persona. Doy fé.=Martinez. 

Petición. 

El fiscal de la real Hacienda y de la real jurisdicción por lo 
perteneciente á rentas reales de esta ciudad y su reinado. Digo: 
que habiéndose puesto cierta demanda á la real Hacienda por el 
arte de la platería sobre eximirse del pago de los reales derechos 
de Almojarifazgo, prevenidos por el real arancel de la plata y oro- 



440 

•viejo que entran en esta ciudad para vender y entablada ante don 
■Juan Martinez Valcárcel, escribano público de este número, y dá- 
doseme traslado para que á nombre de la real Hacienda respondiese 
á dicha demanda, presenté mi petición de doce de este presente 
mes, haciendo presente á V. ÍS. no debia centestarla ante escribano 
Ageno y extraño de los negocios de Intendencia para lo que están 
■creadas dos escribanías, una por lo perteneciente á milloues, y otra 
por lo de alcabalas, cientos y demás perteneciente á Su Majestad, 
privativas sin que ningún otro pueda entrometerse en estos nego- 
«ios, y por lo mismo los tiene asalariados la real Hacienda, y 
además de la introducción de dicho escribano en oficio que no le 
toca y que por lo mismo no le debió admitir ni por V. S. hablando 
debidamente mucho menos, pues siendo privativo de la jurisdicción 
de V. S. para todo el reinado, y ninguno otro señor juez de él 
pueda entrometerse á oír ni admitir demanda contra la real Ha- 
oienda del mismo modo en los Ministros del juzgado de V. S. 
•como señor Intendente, creadas como son dichas escribanías para 
■este fin y por lo mismo y de tenerlos asalariados, fuera ocasionarle 
nuevos costos á la real Hacienda, en el concepto de que dicho es- 
•cribano don Juan Martinez, no ha de actuar sin llevar sus dere- 
'Chos, y siendo esto tan claro y que cualquiera artículo tan funda- 
do como éste y de su naturaleza por todas reglas de derecho de- 
terminable antes de la contestación de la demanda: pues puesto el 
artículo declinatorio de señor juez incompetente por el demanda- 
do, sin evacuar este artículo no se puede proceder ni determinar 
sobre lo principal que esto se debe hacer cuando ya no se disputa 
del señor juez, y antes, como que no está resuelto, no es contes- 
table; y sólo en un caso de incompetencia notoriamente desprecia- 
ble, que entonces puede despreciar el artículo el señor juez, y con 
todo eso, si la parte apela le es innegable el oírle hasta que la su- 
perioridad apruebe ó repruebe la providencia, y lo mismo milita 
con los ministros precisos subalternos del Juzgado, y no pudién- 
dose dudar que la demanda es sobre libertarse de reales derechos 
que cobra la real Hacienda, tampoco puede negarse que esta es la 
reconvenida, y por lo mismo "V. S. me mandó dar traslado; y co- 
mo no pudiere acudir á otro señor juez, el arte de la platería, por 



441 

ser especifico el caso de Intendencia y por el mismo hecho no de- 
biera cualquiera otro señor juez mandar á la real Hacienda que 
contestase y que á su tiempo daría providencia sobre inhibirse 6 
no, después de haber oido á la evidencia de ser nulo el proceso, y 
la instancia del mismo modo en nuestro caso, vanándose el Minis- 
tro privativo, ante quien despacha esta general Superintendencia, 
por lo que, siendo tan claros estos asuntos, y habiéndose por V. S. 
mandado por su auto de dicho dia doce que responda derechamen- 
te y que á su tiempo se dará providencia sobre mi artícul», ha- 
blando debidamente, es de reponer dicho auto por contrario impe- 
rio ó como más haya lugar en derecho, como tan perjudicial y 
-contrario á la real Hacienda, y á tan claros fundamentos como los 
•que llevo expuestos. Por tanto. =: Suplico á V. S. se sirva man- 
dar reponer dicho auto como llevo expuesto, y que estos se pongan 
en la firma que corresponden donde se me entreguen para respon- 
der al traslado que se me ha conferido, y en el ínterin protesto no 
me corra término ni pare perjuicio con lo demás conducente á la 
real Hacienda, por ser justicia, costas, y para ello, etc.=:Don Pe- 
dro Ternandez de Córdoba. ^Licenciado, don Antonio de Molina 
y Avendaño. 

Anio. 

Por presentada, y para su providencia se lleve al señor asesor 
general para con su acuerdo proveer. Lo mandó el señor don Ber- 
nardo de Rojas, corregidor de esta ciudad, intendente de ella y su 
provincia. Córdoba diez y nueve de Septiembre de mil setecientos 
sesenta y cuatro años. =: Rojas. = Ante mí; Juan Martínez Val- 
cárcel. 



Auio. 



En la ciudad de Córdoba á diez y nueve de Septiembre de mil 
setecientos sesenta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas 
y Contreras, caballero del orden de Calatrava, del Consejo de Su 
Majestad, en su real junta de Comercio y Moneda, corregidor 



442 

de esta ciudad, Intendente de ella y su provincia, habiendo visto 
estos autos, mandó dar traslado de ellos y de la pretensión de esta 
parte á el arte de la platería de esta ciudad para que exponga lo 
que le convenga, y por este su auto, así lo proveyó Su Señoría con 
acuerdo y parecer del señor Licenciado don Josepti Mendoza Jor- 
dán, abogado de los Reales Consejos. Alcalde mayor, teniente de 
corregidor de esta ciudad, asesor general de Su Señoría con quien 
lo firmó. Doy fé. = Rojas. = Licenciado Mendoza. = Ante mí: 
Juan Martinez Valcárcel. 

Notificacio7i. 

En Córdoba dicho dia, mes y año, yo el escribano hice saber y 
notifiqué el auto que antecede, á don Pedro Fernandez de Córdo- 
ba, defensor de la real Hacienda en su persona. Doy fé. = Mar- 
tinez. 

Otra. 

Luego incontinenti dicho dia, mes y año, yo el escribano hice 
saber y notifiqué el auto que antecede, á don Antonio Vega, pro- 
curador, á nombre de sus partes en su persona, de que doy fé. = 
Martinez. 

Petición. 

Don Antonio de Vega y Navas, en nombre de la congregación 
y arte de platería de esta ciudad, en los autos principiados á pe- 
dimento de mi parte en asunto de la novedad introducida por don 
Francisco Antonio de la Mier, administrador de la real Aduana 
del Puente de esta ciudad, sobre exigir derechos de los plateros 
feriantes de ella, que introducen en esta ciudad la plata vieja para 
la fábrica de alhajas de dicho arte: Digo se me ha conferido tras- 
lado del último pedimento, folio doce, presentado por el fiscal de 
la real jurisdicción y de la real Hacienda, por lo perteneciente á 
rentas provinciales, en lo que pretendió por su pedimento folio 



443 

diez, sobre que para responder al traslado que se le dio de la pre- . 
tensión de mi parte, se pongan estos autos en la escribanía que 
dice pertenecen de esta superintendencia general, pretendiendo la 
contraria por dicho su último escrito se reponga por contrario im- 
perio el auto de V . S. del folio once, proveído con acuerdo del 
señor asesor general, y en méritos de justicia se ha de servir 
V. S. de despreciar dicha pretensión absolutamente dando la debi- 
da providencia para que tengan su debido curso dichos autos bajo- 
de los términos exequibles á que está reducida la justa pretensión 
de mi parte, ó al menos bajo de la reserva que contiene el citado 
auto del folio once, y de los términos de que se hará expresión, 
que asi procede de derecho, por lo general y favorable que resul- 
ta de los autos, y por lo siguiente: = Y porque por el citado auto 
del folio once, se mandó que la contraria usase del traslado que 
se le habia mandado dar á que respondiese derechamente, y que á 
su tiempo se daría providencia á lo que exponía por dicho su pe- 
dimento, folio diez, que ésta es una providencia justa y arreglada^ 
mediante á que al presente no resulta se trate de intereses ni per- 
juicio de la real Hacienda, no obstante que V. S. para más bien 
proveer quisiese instruirse y oir las razones que por la contraria 
se expusiesen, y antes bien, lo que hoy resulta y de que se ha 
tratado y debe tratarse es de doseresarle á dicha congregación y 
arte la excepción que le compete, por virtud de la real provisión 
que se relaciona en el testimonio del folio quinto, que estando ex- 
preso en ella ilimitado el interés de la real Hacienda, por lo que 
respecta á los derechos de Almojarifazgo ó Aduana para plata 
que se trajese á vender á esta ciudad, está tan lejos el que se 
trata ó puede tratar de interés de la real Hacienda, que antes 
bien, se le excluye, verificándose que únicamente se trata de pa- 
trocinar y conservar un derecho perteneciente á dicho arte, para 
cuyas dependencias tiene V. S. nombrado al presente escribano, 
mediante lo cual la citada providencia del folio once, es notoria- 
mente justa y arreglada, y no causa ni puede causar perjuicio á la 
real Hacienda, no obstante lo que por parte de ésta se expone 
mediante haberse reducido el citado auto á que evacuase el trasla- 
do y respondiese derechamente, en cuya forma podia V. S. tomar 



444 

conocimiento para discernir si habia causa para el privilegio que 
se expone por parte de la real Hacienda, que habiendo sido dicho 
auto con la reserva que en él consta, de que á su tiempo se 
daria providencia, á lo que exponía la contraria en cuanto á 
que estos autos se pasasen á otra escribanía de la general Supe- 
rintendencia, á donde competían los negocios pertenecientes á la 
real Hacienda, demás de que se le niega el supuesto de que se 
trate este negocio de interés perteneciente á ella, no tiene de qué 
quejarse de dicho auto la contraria, ni le causa perjuicio, y antes 
bien, si tuviera razones que exponer y con que poder acreditar sa 
pretenso interés, más bien lo pudiera coadyuvar para su preten- 
sión; luego es visto que la contraria únicamente atiende á moles- 
tar á mi parte con dilaciones y á que se sostengan los perjuicios, 
mediante lo cual se debe llevar á efecto el dicho auto.=:Y porque lo 
mismo debiera suceder, aun cuando fuere absoluta su providencia 
para que evacuase el traslado y continuase la instancia ante el 
presente escribano, y esto aunque presupuesto el interés de la 
real Hacienda, que no aparece, y sin embargo de lo que la con- 
traria expone, asi por lo que respecta á querer fundar ser dicho 
artículo de previa inspección y determinación á lo principal de la 
-causa, que esto tiene su limitación, como en el presente caso suce- 
de, cuando para resolverlo se ha de tomar conocimiento depen- 
diente de lo principal, como también por decir la contraria ser la 
demanda sobre libertarse de reales derechos que cobra la real 
Hacienda y ser ésta la reconvenida, pues no hay, pues, ni esta es 
demanda, ni hay tal reconvención, y sí lo trata mi parte de lo 
mismo que debiera tratar y defender la real Hacienda, esto es, 
que se le paguen los derechos que prescribe el real Arancel y de 
que no puede excederse, y para lo contrario carece de acción, por 
lo que en todos términos se hace despreciable dicho artículo, y mi 
parte, por el contrario, trata el que se le observe su excepción, que 
esto es ejecutivo y á ello no se puede oponer la real Hacienda, 
por lo que mi parte funda su derecho en el mismo real despacho 
con el que instruye el suj'o para otros casos la parte de la real 
Hacienda, y aun cuando estuviésemos en otros términos en que se 
j)udiese establecer controversia de otra calidad, no se le vulnera su 



445 

privilegio á la parte de la real Hacienda, como que el negocio se 
sigue ante V. S., á quien reconoce por señor juez competente y 
privativo de todos los negocios pertenecientes á la real Hacienda,, 
y que aunque protesta la contraria que para tales negocios de la 
real Hacienda están creadas dos escribanías, la una por lo perte- 
neciente á millones, y la otra por lo de alcabalas, cientos y demás 
pertenecientes á Su Majestad, bien tendrá presente V. S. que esta» 
dos escribanías, que están enajenadas, la una respecto á millones, 
y la otra á alcabalas y cientos, y que hay otros negocios y casos 
que pertenecen á la Superintendencia general, y que por el capitu- 
lo sesenta y ocho de la real Ordenanza últimamente expedida 
para el restablecimiento é instrucción de señores Intendentes, 
se manda, que donde no estuviesen enajenadas las escribanías de 
Superintendencia y rentas, puedan elegir escribanos de su satis- 
facción que las sirvan y ejerzan, por lo que ha tenido V. S. el ar- 
bitrio de seguir este negocio ante el presente escribano, por lo que 
siendo V. S. el señor juez no se desafora á la real Hacienda. =Y 
porque, á mayor abundamiento, de lo que resulta á favor de mi 
parte, tanto sobre lo principal como por lo que respecta á dicha 
artículo, hago exhibición en debida forma de esta copia, sacada con 
autoridad judicial de los reales privilegios, sobre cuya observancia 
se ha tratado en la escribanía mayor de cabildo, y en cuya virtud, 
por los vecinos y comerciantes de esta ciudad se han relajado de 
semejantes derechos, tanto en esta, ciudad como en otros pueblos 
del reino, por lo respectivo á todos los mantenimientos y géreros 
de su comercio, aunque los traigan á vender á esta ciudad; por lo 
que es visto que, además de lo que dice el real Arancel en cuanta 
á que los derechos que señala sean de la plata que se trae á vender 
á esta ciudad, respecta lo referido á los forasteros, que así ningún 
perjuicio ni motivo de oposición tiene la real Hacienda; por todo 
lo cual:=;Suplico á V. S. se sirva proveer á favor de mi parte co- 
mo en este escrito se contiene, y habiendo por exhibida la copia 
de dicho real privilegio, se sirva mandar que el presente escriba- 
no ponga testimonio con inserción de ella, y fecho, se me devuelva 
para restituirla al interesado que se le ha conferido á mi parte, y 
la necesita para que se le guarde su excepción en los demás pue- 



446 

blos, en que pido justicia, con costas, y para ello, etc.=Antonio de 
Vega y Navas. =Lic. Sánchez de Quesada. 



Auto. 



Por presentada póngase con los autos, y llévese para su proci- 
dencia al señor licenciado don Joseph Mendoza Jordán, abogado 
de los reales Consejos y teniente de corregidor de esta ciudad, 
asesor general de !áu Señoría. Lo mandó el señor don Bernardo 
<ie Kojas y Contreras, caballero del orden de Calatrava, del Con- 
sejo de Su Majestad en su real junta de Comercio y Moneda, cor- 
regidor de esta ciudad, intendente de ella y su provincia. Córdo- 
ba veinte y cuatro de Septiembre de mil setecientos sesenta y cua- 
tro años.=E,ojas.=Ante mi: Juan Martinez Valcárcel. 



Anio. 



En la ciudad de Córdoba á veinte y cinco de Septiembre de mil 
setecientos sesenta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas 
y Contreras, caballero del orden de Calatrava, del Consejo de Su 
Majestad en su real junta de Comercio y Moneda, corregidor de 
esta ciudad: Habiendo visto el real privilegio que estas partes 
exhiben, mandó que el presente escribano ponga copia de él con 
inserción á continuación de estos autos, el que se devuelva origi- 
nal, y fecho, se haga saber á don Pedro Fernandez de Córdoba, 
defensor de la real Hacienda, use del traslado que se le mandó 
4ar por auto de siete y doce del corriente mes. Así lo proveyó Su 
Señoría con acuerdo y parecer del señor asesor general, con quien 
lo firmó. Doy fé.=Rojas.=Lic. Mendoza. :=Ante mí: Juan Mar- 
tínez Valcárcel. 

Copia del Real privilegio. 

Don Nicolás del Águila y Vergara, familiar del Santo Oficio de 
la Inquisición de esta ciudad, vecino de ella, á la Collación de la 
■Catedral, ante V. S., como más haya lugar en derecho, parezco y 



447 

digo: Que al mío conviene que el presente escribano mayor del 
Ayuntamiento de esta ciudad me dé copia signada, firmada y 
'Sellada del real privilegio confirmado por Su Majestad á es- 
ta LC. N. y M. L. ciudad, para que sus vecinos no paguen ningu- 
nos derechos de Almojarifazgos, Portazgos, Veintenas, ni derechos 
de sacas de las mercaderías que conducen á esta ciudad y llevan 
de ellas á otras de estos reinos, y para que se me entregue. =:Su- 
plico á V. S. así lo mande y que en cada copia se sirva V. S. in- 
terponer la autoridad de su oficio para su mayor validación, que 
en ello recibiré merced, con justicia, etc.==:Nicolás del Águila y 
Vergara. 

Auío. 

Por presentada y el presente escribano mayor del Ayuntamien- 
to de esta ciudad, dé á esta parte la copia del real privilegio y 
confirmación que expresa, en la cual desde ahora para cuanto 
tenga efecto, interponga su señoría su autoridad y judicial decreto 
para su mayor validación. Proveído así, el señor don Prancisco 
Bastardo de Cisueros y Mondragon, señor de las casas de su ape- 
llido, regidor perpetuo de la ciudad de Málaga, corregidor de 
esta de Córdoba, capitán á guerra y Superintendente general de 
rentas reales de ella y su reinado. En Córdoba á seis de Mayo de 
mil setecientos cuarenta y cinco años.=Cisneros.=Manuel Fer- 
nandez de Cañete, escribano mayor del cabildo. =Y en cumpli- 
miento del auto ante escrito hice sacar la copia que en él se ex- 
presa del real privilegio que esta ciudad tiene para que sus veci- 
nos no paguen derechos de sacas, cuyo tenor y el de la real cé- 
dula de la confirmación, es el siguiente: 

Copia. 

En el nombre del Padre, y del Fijo, y del Espíritu Santo, que 
son tre.s personas y un Dios: et de la Virgen gloriosa Santa Ma- 
ría, Madre del Nuestro Señor Christo, á que nos tenemos por Se- 
ñora, e por abogada, e por aiudadora en todos nuestros fechos, 



448 

et por ende queremos que sepan cuantos este privilegio vieren 
como nos, don Sancho, por la gracia de Dios Rey de Castilla, de 
Toledo, de León, de Gallizia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, 
en uno con la Reina doña María, mi mujer, y con la Infanta doña 
Isabel, nuestra fija, primera heredera. Por hacer bien e merced á 
todos los vecinos y moradores de la noble ciudad de Córdoba por 
muchos servicios que nos ficieron, de que nos tenemos por muy 
servidos, y que la ciudad vale más y sea mejor mantenida y guar- 
dada, damos y otorgamos á todos los vecinos que morasen en la 
sobredicha ciudad y tovieren y sus casas mayores, que de cuantas 
y cualesquier mercadurías, que saquen de Córdoba y de su térmi- 
no para otros logares ó que traían de otras tierras donde quier á 
Córdoba, que no den portazgo ninguno ni otro derecho ninguno 
en ningún logar de los otros Señoríos, et á los vecinos que tru- 
gieren carta sellada con el sello del Concejo dé testimonio que y 
tienen sus casas mayores, mandamos y defendemos que portad- 
güero ni otro cualquier que haya de recaudar algunas rentas en 
toda la nuestra tierra no sea osado de los demandar portazgo, ni 
de gelo tomar, ni otro derecho ninguno, ni de les ^'embargar ni 
contrallar ninguna de aquellas mercadurías que traigan, salvo si 
sacasen cosas vedadas de los reinos; e cualquier que lo ficiere ha- 
brá nuestra ira y pecharnos ye, por pena mil maravedís de la 
moneda nueva, y á los vecinos de la noble ciudad de Córdoba, 
todo el daño doblado, et porque esto sea firme y estable, mandá- 
rnosle ende dar este privilegio sellado con nuestro sello de plomo. 
Fecha en Sevilla veinte y ocho días del mes de Julio, era de mil 
y trescientos y veinte y dos años. Et nos el sobredicho Rey don 
Sancho, reinante en uno con la Reina doña María, mi mujer, y 
con la Infanta doña Isabel, nuestra fija, én Castilla, en Toledo, 
en León, en Gallizia, en Sevilla, en Córdoba, en Murcia, en 
Jahen, en Baeza, en Badajoz y e)i el Algarbe, otorgamos este 
privilegio e confirmámoslo. Signo del Rey don Sancho. — El In- 
fante don Joan, hermano del Rey, e su mayordomo, confirma. — 
Don Diego de Haro, alférez del Rey, confirma. — Don Mahomat 
Ababdille, Rey de Granada y vasallo del Rey, confirma. — El In- 
fante don Jaime, confirma. — Don Gonzalo, Arzobispo de Tole- 



449 

do, confirma.— Don Juan Alonso, Obispo de Falencia y chanci- 
ller del Rey, confirma. — rDon Frey Bernardo, Obispo de Burgos, 
confirma. — Don Martin, Obispo de Calahorra y notario en el Aa- 
dalucía, confirma» — La Iglesia de Sigüecza, vaga. — Don Agustín, 
Obispo de Osma, confirma. — Don Rodrigo, obispo de Segovia» 
confirma. — ^La Iglesia de Avila, vaga. — Don Gonzalo, Obispo de 
Cuenca, confirma. — La Iglesia de Plasencia, vaga. — Don Diego» 
Obispo de Cartagena, confirma. — Don Ibáñez, Obispo de Jahen, 
confirma.— Don Pascual, Obispo de Córdoba, confirma. — Maestre 
Suero, Obispo de Cádiz, confirma. — ^Don Juan Gronzalez, Maesti^e 
de Calatrava, confirma. — Don Fernán Pérez, prior del Hospital, 
confirma. — La Iglesia de Albarracin, vaga. — Don Fernán Pérez, 
electo de Sigüenza, y Dean de Sevilla y de Palencia, y notario 
del Rey en Castilla, confirma. — Don Fernando, Arzobispo de 
Sevilla, confirma. — Don Juan, fijo del Infante don Manuel, coijir 
firmia. — Don Lope, confirma. — Don Diego, confirma. — Don Air 
varj Nuñez, confirma. — Don Alonso, fijo del Infante de Molina, 
confirma. — Don Juan Alonso de Faro, confirma. — Don Diego 
Qa^vcia, confirma. — Don Fernán Pérez de Guzman, confirma. — 
Don Pedro Diaz de Castañe<ia, confirma. — Don Ñuño Diaz, su 
hermano, confirma. — Don Juan Alonso, confirma. — Don Bela, 
confirma. — Don Roy Gil de Villalobos, confirma. — Don Gómez 
Gil, su hermE^no, confirma.: — Don Iñigo de Mepdoza, confirma. — 
Don Ruy Diaz de Finojosa, confirma. — Don Diego Martínez de 
Fiuojosa, confirma. — Don Gonzalo Gómez Mazanedo, confirma. — 
Don Rodrigo Rodríguez Malrique, confirma. — Don Diego Juárez, 
confirma.— rDopL Gonzalo Yañez de Vinal, confirma. — Per Enri- 
quez Parrana, confirma. — Don Sancho Martínez de Leiva, Meri- 
no Mayor en Castilla por el Rey, confirma.— ^Garcí Jofre, Ade- 
l^intado Mtvyor á»l reino de Murcia, confirma. — La Iglesia de 
Santiago, vaga. — Don Martin, Obispo de León, confirma. — Don 
Fredo, Obispo de Oviedo, confirma. — La Iglesia de Astorga, 
vaga. — Don Suero, Obispo de Zamora, confirma. — La Iglesia 
de Salamanca, vaca. — Don Pedro, Obispo de cibdat , con- 
firma. — Don Alonso , Obispo de Coria, el chancilloi- de la 
Reina, confirma. — Don Gil, Obispo de Badajoz, confirma. r — 
Tomo CVII. 29 



450 

Don ... (1) Obispo de Mondoñedo, confirma. — La Iglesia de Lugo 
vaca. — La Iglesia de Orense, vaca. — Don Fernando, Obispo de 
Tuy, confirma. —Don Pedro Muñiz, Maestre de la caballería de San- 
tiago, confirma. — Don Fernant Paez, Maestre de Alcántara, con- 
firma. — Don Sancho, fijo del Infante don Pedro, confirma. — Don 
Esteban Fernandez, Pertequero mayor en tierra de Santiago, 
confirma. — Don Fernant Pérez Pons, confirma. — Don Per Alva- 
rez, confirma. — Don Juan Fernandez de Soñiz, confirma. — Don 
Gutier Juárez, confirma. — Don Juan Alonso de Alburquerque, 
confirma. — Don Ramir Diaz, confirma. — Don Fernán Rodríguez 
de Cabrera, confirma. — Don Arias Diaz, confirma. — Don Pedro 
Pérez de Asturias, confirma. — Don Fernán Fernandez de Limía, 
confirma. — Don Gonzalo Yañez, confirma. — Don Juan Fernan- 
dez, Merino Mayor en el reino de Gallizia, confirma. — Don Ro- 
drigo Alvarez, Merino Mayor en tierra de León por el Rey, 
confirma. — Don Fernán Pérez, electo de Sigüenza y notario en 
el reino de Castilla. — Don Gómez García, Abad de Valladolid y 
notario en el reino de León. Yo Roy Martínez lo fice escrebir por 
mandado del Rey, en el año primero del Rey sobredicho, reinó. 

Confirmación (2). 

Don Luis primero, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de 
León, de Aragón, de las dos Sicilías, de Jerusalem, de Portugal, 
de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de 
Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de 
Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de 
las islas de Canarias, de las Indias Orientales, islas y tierra firme 
del mar Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de 
•Brabante y Milán, conde Aipurg de Flandes, de Tirol y Barcelo- 



(1) Hay un blarco. 

(2) Hay otra confirmación que no se inserta en este documento, 
pero que nosotros hemos publicado en el tomo I de los Documentos 
inéditos de Córdoba con el número XXV, dada por don Fernando el 
Emplazado. 



451 

na, señor de Vizcaya y de Molina, etc. Por cuanto, mi padre y 
señor (que Dios guarde), por su Real orden de ocho de Enero del 
año de mil setecientos y diez y siete, fué servido mandar cesare 
la junta de incorporación que estableció para que entendiese en el 
examen de los títulos, privilegios y demás instrumentos, en virtud 
de que por diversos interesados se poseían rentas, oficios, y demás 
cosas enagenadas de su Real corona, y que en esta especulación y 
en la misma forma y reglas que la estaban dadas, continuase el 
Consejo de Hacienda, y por otra de diez y siete de Diciembre del 
año de mil setecientos y veinte, fué servido conceder un año más 
de término, para que los que no hubiesen presentado sus papeles 
en los que antes habia prefinido, lo ejecutasen en él, sin embargo 
de cualesquier órdenes que hubiese en contrario: Con este motivo 
se acudió á él por parte de la ciudad de Córdoba, el dia veinte de 
Octubre del año siguiente de mil setecientos veinte y uno, hacien- 
do presentación de un privilegio del Rey don Sancho junto con la 
Rey na doña María, su mujer, dado en el año de mil doscientos 
ochenta y cuatro, por el cual en atención á los servicios que le 
habian hecho los vecinos y moradores de la referida ciudad por 
hacerles bien y merced, y porque esta valiese más y fuese mejor 
mantenida y guardada, concedió á los vecinos que morasen y tu- 
viesen sus casas mayores en ella, que de cuantas y cualesquier 
mercaderías sacasen de ella y su término á otros lugares, ó traje- 
sen de otras tierras á dicha ciudad, no diesen portazgo ni otro 
derecho en niugun lugar de sus señoríos, y que á los dichos veci- 
nos que trajesen carta sellada con el sello del Concejo, en testimo- 
nio de que tenían sus casas mayores, no se les cobrase portazgo 
ni otros derechos, ni se les embargase, ni contrallase las merca- 
derías que tuviese, excepto si sacasen cosas vedadas de los reynos, 
multando y conminando á los contraventores con su ira y la pena 
■de un mil maravedís de la moneda nueva, y devolver á los veci- 
nos el daño doblado, el cual privilegio fué confirmado por los 
prelados y ricos hombres del reyno, y por el Rey don Felipe se- 
gundo á doce de Febrero del año de mil quinientos y sesenta y 
cinco, para que fuese guardado y cumplido como lo habia sido en 
tiempo de la Señora Reyna Cathólica y del Emperador don Car- 



452 

los quinto, imponiendo á su cumplimiento las mismas penas que 
se contenian en el relacionado privilegio, y en el memorial con 
que hizo presentación de él, en el dia citado, suplicó se le liberta- 
se esta excepción del decreto de incorporación, para lo cual agre- 
gó un traslado signado de Pedro Muñoz Toboso, escribano mayor 
del cabildo de dicha ciudad de Córdoba, en relación de una carta 
ejecutoria despachada por la Chancillería de Granada á dos 
de Agosto del año de mil setecientos veinte, por donde cons- 
ta que habiéndose acudido por parte de la dicha ciudad á la 
expresada Chancillería, y qnerelládose de diversas villas de stt 
término y de diferentes alcaldes mayores y arrendadores de los 
derechos de ellas, por querer hacer pagar á sus vecinos y morado- 
res distintos derechos de portazgos de las mercaderías y géneros 
que se sacaban de las referidas villas, y para llevar á dicha ciu- 
dad, contraviuiendo al privilegio que tenían del Eey don Sancho 
y confirmación del Rey don Felipe segundo, que para justifica- 
ción de su derecho presentó juntamente con una confirmación del 
Rey don Felipe cuarto, hecha en Cortes en once de Septiembre 
del año de mil seiscientos y veinte y uno, en que confirmó á todas 
las ciudades, villas y lugares, y á cada una de ellas, sus liberta- 
des y franquezas, excepciones y privilegios propios y rentas, ju- 
risdicciones, usos, costumbres y ordenanzas que tenían; que visto 
todo en la referida Chancillería, por su auto de doce de Julio 
del dicho año de mil seiscientos y veinte, mandaron que asi 
las dichas villas como todas las demás ciudades, villas y lugares 
de estos reynos y señoríos, guardasen y cumpliesen el referido 
privilegio 3' confirmaciones; y en su conformidad no se les llevase 
portazgo ni otro derecho alguno, á los vecinos y moradores de di- 
cha ciudad de Córdoba, de las mercaderías, mantenimientos y 
otras cosas que sacasen de las dichas villas y lugares para la refe- 
rida ciudad; y remitido todo á la Contaduría de la razón general 
de valores, mediante ser esta donación hecha y confirmada por 
reyes legítimos, informó no ofrecerle reparo: en vista de todo lo 
cual y de lo que sobre ello dijo el fiscal, habiendo dado cuenta 
el Consejo de lo que se ofrecía, en consulta de diez y ocho de Di- 
ciembre del año de mil setecientos veinte y uno, por resolución 



453 

de ella vine en condescender con esta instancia y en libertar esta 
gracia, también de valimiento respecto á no haber sobre qué re- 
caiga: Y para que así se cumpla, he tenido por bien expedir la 
presente, por la cual apruebo, confirmo y ratifico el relacionado 
privilegio y ejecutoria, y es mi voluntad se mantenga perpetua- 
mente á los vecinos y moradores que tuvieren casas mayores en la 
dicha ciudad, la excepción de pagar portazgo ni otros derechos 
de las mercaderías que sacasen de ella ó llevasen á ella, con las ex- 
presiones, estensiones y excepciones que en citado privilegio se 
contienen, sin innovar, ni exceder de todo ello en cosa alguna, en- 
tendiéndose que por esta confirmación y despacho, no ha de adqui- 
rir más derecho del que antes tenían, y sin que por mí y los Reyes 
que me subcedieren con motivo alguno, pretexto ó causa, se les in- 
quiete ni pueda inquietar en su justa y antigua posesión por decla- 
rar (como declaro), es y debe ser la expresada merced, libre del de- 
ííreto de incorporación y valimiento de lo enagenado de mi real co- 
rona, y de otros cualesquier órdenes que sobre estose hubieren ex- 
pedido ó expidieren, que todas han de quedar (como quedan), por 
lo que á esto toca anuladas; y mando que si con motivo del expresa- 
do valimiento se hubieren embargado ó cobrado algunas cantida- 
des, se alcen los embargos y restituya lo que por esta razón se les 
hubiere sacado por los ministros que han entendido y entienden en 
Ja exacción de él, dejándoles libre el uso y goce de esta franque- 
za: Y para que todo así se cumpla y tenga la más firme y perpe- 
tua validación, se tomará la razón de esta mi cédula por los con- 
itadores que la tienen general de mi real Hacienda, sentándola en 
sus libros, y los dejen salvados en los de rentas: en los de junta de 
incorporación á que se han agregado estos oficios, y por don Pe- 
dro López de Güescar, su secretario y contador dé la razón gen€f- 
ral de valimiento, fecha en Buen Retiro á veinte y cuatro de Ju- 
nio de mil setecientos y veinte y cuatro. Yo el Rey. = Yo don 
Prancisco Diaz Román, secretario del Rey nuestro Señor, la hice 
escribir por su mandado. = Don Juan Blasco de Orozco. = Don 
Juan Pérez de la Fuente. = Don Bartolomé Antonio Badaraude 
Osmalde. =r Don Francisco de Ariaza y Medina, tomamos razón 
dé la cédula de Su Majestad, escrita en las tres hojas anteceden- 



454 

tes de ésta, en las contadurías generales de valores y distribución 
de la real Hacienda. Madrid once de Agosto de mil setecientos y 
veinte y cuatro. = Don Pedro Estefanía Sorriba. = Don Antonio 
López Salces. = Tomóse la razón de la cédula de Su Majestad, es- 
crita en las tres hojas antecedentes á ésta en la contaduría de la 
razón general del valimiento. Madrid veinte y nueve de Agosto 
de mil setecientos y veinte y cuatro. -= Don Pedro López de 
Huesca. 

Concuerda con el real privilegio y confirmación de él, que ori- 
ginal queda por ahoi'a en la escribanía mayor del cabildo de esta 
ciudad á los que me refiero y la saque en cumplimiento del auto 
preinserto, proveído á pedimento de don Nicolás del Águila y Ver^ 
gara, familiar del Santo Oficio de la Inquisición de esta ciudad, 
mercader feriante á quien doy fé que conozco y que es vecino de 
esta ciudad, á la collación de la Catedral, mediano de cuerpo, con 
lunares pequeños de la nariz arriba y dos cicatrices pequeñas en 
la frente, como de edad de veinte y cinco años, la cual va firmada 
del señor corregidor de esta ciudad y sellada con el sello de las ar- 
mas de Córdoba: en ella á siete de Mayo de mil setecientos cua- 
renta y cinco años. = Don Francisco Bastardo de Cisneros y 
Mondragon. =: Y en fé de ello lo signo y firmo en testimonio de 
verdad. = Manuel Fernandez de Cañete, escribano mayor de Ca- 
bildo. 

Concuerda á la letra con las copias que se expresan, las que se 
exhibieron para que de ellas se ponga la presente, lo que ejecuto 
en fuerza del auto anteriormente proveído á instancia de la parte 
del arte de la platería de esta ciudad, y las volví á poder de don 
Antonio de Vega, su procurador, el que firmará su recibo, y asi 
lo signo y firmo en Córdoba á veinte y siete de Septiembre de mil 
setecientos sesenta y cuatro años. = En testimonio de verdad. = 
Juan Martínez Valcárcel. 

Notificación. 

Eu Córdoba, dicho día, mes y año, yo el escribano hice saber y 
notifiqué el auto último proveído á don Pedro Fernandez de Cor- 



455 

¿oba, defensor de la real Hacienda en su persona. Doy fé. = Mar- 
tínez. 

Otra. 

Luego incontinenti dicho dia, mes y año, yo el escribano hice 
saber y notifiqué el auto que antecede á don Antonio de Vega y 
Navas, procurador á nombre de sus partes en su persona. Doy fé. 
z= Martinez. 

Petición. 

El fiscal de la real jurisdicción y de la real Hacienda de esta 
ciudad y su reino, en los autos introducidos por el arte de la pla- 
tería sobre libertad de derechos que está en actual satisfacción á la 
real Hacienda de los Almojarifazgos y en posesión de cobrarles de 
la piala vieja que para vender introducen en esta ciudad. = Digo, 
que habiéndose propuesto dicha demanda por el citado arte de la 
platería por ante don Juan Martinez Valcárcel, escribano público 
de este número, habiéndoseme dado traslado de ella, pedí que an- 
tes de su contestación, y responder á dicha pretensión, se mande 
por V. S. poner dichos autos en poder del escribano mayor de esta 
general superintendencia que ejerce las escribanías de alcabalas, 
cientos y demás derechos reales ante quien despacha la real Ha- 
cienda todos sus negocios demandando ó siendo reconvenida con- 
independencia de todo otro escribano como privativo su oficio de 
dichos negocios á correspondencia de la jurisdicción privativa de 
V. S. para todos los de la real Hacienda, y siendo esta pretensión 
tan clara y justa, se me denegó por V. S. mandando contestase la 
demanda y que después se daría providencia, di nuevo pedimento 
pidiendo su reposición mediante á que con la contestación ante es- 
cribano extraño era prorogarle facultades que no tiene ni (hablan- 
do debidamente) rosiden en V. S. para contraer á la real Hacien- 
da de la oficina que le corresponde, y por este fin asalariada, y 
además del perjuicio en lo principal, lo era en acrecentarle gastos 
¿ la real Hacienda en los derechos que pidiese dicho escribano, 



456 

como con efecto los ha pedido, y no se deben satisfacer: y sin em- 
bargo de estas y otras fundadísimas razones que expuse, la provi- 
dencia de V. S. ha sido que no obstante responda á los traslados 
que se me han dado de dicha demanda, de cuya providencia bajo 
del mismo respeto y judicial modestia por tan perjudicial á la real 
Hacienda, se siente notoriamente agraviada, por lo que estando 
•como estamos, dentro del término del derecho apelo de ella para 
ante Su Majestad y señores de su real Consejo de Hacienda, y 
para donde por derecho puedo y debo, por tanto:r=Suplico á V. S. 
me la mande admitir llanamente, y en ambos efectos y para mejo- 
rarla se me de él correspondiente testimonio, y de lo contrario, 
protesto la nulidad de todo cuanto se actuare, y que en tanto á 
-éste mi pedimento que autorizado queda en mi poder, sirva para 
los recursos convenientes á la real Hacienda, que así es de justi- 
cia que pido, costas y para ello, etc. ^= Don Pedro Fernandez de 
Córdoba. = Licenciado, Molina. 

Aillo. 

Por presentada, y para su providencia llévese al señor asesor. 
IjO mandó el señor don Bernardo de Rojas, corregidor de esta ciu- 
dad, intendente de ella y su provincia. Córdoba primero de Octu- 
bre de mil setecientos sesenta y cuatro años.=Rojas.=Ante mí: 
Juan Martínez Valcárcel. 



Auto. 



En la ciudad de Córdoba á dos de Octubre de mil setecientos se- 
senta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas y Contreras, 
caballero del orden de Calatrava, del Consejo de Su Majestad en 
su real junta de Comercio y Moneda, corregidor de esta ciudad, 
intendente de ella y su provincia: Habiendo visto estos autos y lo 
últimamente dicho por parte de la real Hacienda, dijo no haber 
lugar á la apelación interpuesta, en atención á no contener daño 
irreparable el auto de por ahora. Cúmplase lo proveído, y por éste, 
así lo mandó Su Señoría con acuerdo y parecer del señor asesor, 



457 

coa quien lo firmó. Doy fé.=:Rojas^=Lic. Mendoza. = Ante mi: 
Juan Martínez Valcárcel. 

Notificación, 

En Córdoba, dicho dia, mes y año, yo el escribano, hice sa- 
ber y notifiqué el auto que antecede á don Pedro de Córdoba, 
defensor de la real Hacienda, en su persona. Doy fé.=: Mar- 
tínez. 

Otra. 

Luego incontinenti dicho dia, mes y año, yo el escribano, hice 
saber y notifiqué el auto que antecede á don Antonio de Vega, 
procurador á nombre de sus partes, en su persona. Doj' fé. = Mar- 
tínez. 

Petición, 

Antonio de Vega y Navas, en nombre de la congregación y arte 
de platería de esta ciudad, en los autos principiados á pedimento 
de mi parte, y en asunto de la novedad introducida por don Fran- 
cisco Antonio de la Mier, administrador de la real Aduana del 
Puente de esta ciudad, sobre exigir derechos á los plateros ferian- 
tes de ella que introducen en esta ciudad la plata vieja para la fá- 
brica de alhajas de dicho arte:=Digo, que habiendo pretendido 
por mi pedimento del folio siete, en conformidad del real Arancel, 
por donde debe gobernarse dicho administrador, y por lo demás 
que expresé se le notificase y á los demás fieles administradores de 
las otras Aduanas, se abstuviese de llevar á los individuos de 
dicho arte los pretensos derechos por la plata vieja que introducen 
en esta ciudad para la fábrica de las respectivas alhajas de dicho 
arte con que comercian, y que con semejante pretexto no le detu- 
viesen sus cargas, ni hiciesen perjuicio ni vejación alguna bajo de 
los apercibimientos que fuesen convenientes, habiéndose mandado 
jpor el proveído del folio nueve vuelta dar traslado de dicha pre- 



458 

tensión á la parte de la real Hacienda, habiéndosele hecho saber 
al fiscal de la real jurisdicción, como defensor de ella, presentó el 
pedimento del folio diez, en que, conociendo lo limitado y expreso 
de dicho real Arancel, y tomando el siniestro presupuesto de que 
la demanda de mi parte se reduela á libertar la plata vieja que 
entraba de fuera para vender, y protestando no ser contestable 
ante escribano extraño del despacho de los negocios pertenecientes 
á dicha real Hacienda, pretendió que estos autos se pusiesen en la 
escribanía á que pertenecían de esta general superintendencia, á 
que se mandó por el proveído del folio once, que dicho fiscal usase 
de dicho traslado, respondiendo derechamente que á su tiempo se 
daría providencia á lo que exponía; y sin embargo de no ser per- 
judicial este auto, como el fin de la contraria es dilatar para que 
se obtengan los perjuicios de mi parte y se vulnere su notoria ex- 
cepción, acreditando con la real orden que es de calidad exequible, 
pretendió por su pedimento del folio doce se requiriese dicho auto, 
lo que contradije por mi pedimento del folio quince, demostrando 
otro privilegio corroborante de la excepción en todo caso extensiva 
á otros géneros y á todos los vecinos comerciantes de esta ciudad, 
de que se puso copia al folio diez y nueve, habiéndose mandado 
por el proveído asesorado de folio diez y ocho vuelta, se notificase 
á la contraria usase del traslado que le estaba mandado dar, y en 
lugar de cumplirlo la contraria, procediendo de buena fé, ha pre- 
sentado de último estado pedimento en que, continuando sus dila- 
ciones, interpuso de dichas justas providencias dirigidas á oirle y 
con reserva y pretendiendo se le admitiese dicha apelación llana- 
mente, y en ambos efectos á que en el dia dos del corriente se pro- 
veyó á otro auto asesorado, declarando no haber lugar á dicha 
apelación, en atención á no contener daño irreparable el auto de 
por ahora, y se mandó cumplir lo proveído, lo que se hizo saber á 
dicho defensor el mismo dia, y no ha tratado ni trata de tomar los 
autos por no tener qué decir en contra de lo pretendido por mi 
parte, y á cuyas dilaciones no debe V. S. dar lugar, como tan 
perjudiciales á mi parte, y que los reales despachos en que se fun- 
da son por su naturaleza ejecutivos, no permiten audiencia ni con- 
troversia, y mucho más bien, cuando por dicho real arancel se 



459 

gobierna la contraria, que él mismo le excluye, y se procede con 
la idea de embeber tiempo para cobrar indebidamente y causar 
otras vejaciones, y que cualquiera dilación que en esto se ofrezca 
cede en perjuicio de la debida obediencia y pronto efecto de los 
reales mandatos, por lo que repitiendo &u requerimiento, y acu- 
sando, á mayor abundamiento, su rebeldía á la contrai'iar^Supli- 
co á V. S., que habiéndola por acusada, se sirva proceder á tomar 
providencia efectiva, evacuando lo pedido por mi parte en dicho 
mi citado escrito del folio siete, en que insisto, y sobre que protes- 
to los daños y perjuicios con lo demás que sea útil en justicia que 
pido, y para ello, etc.=:Antonio de Vega y Navas. =Lic. Sánchez 
de Quesada. 

Auio. 

Por presentada póngase con los autos y llévense para su provi- 
dencia al señor asesor general para darla con su dictamen. Lo 
mandó el señor don Bernardo de Rojas y Contreras, caballero del 
orden de Calatrava, del Consejo de Su Majestad en su real junta 
de Comercio y Moneda, corregidor de esta ciudad, Intendente de 
ella y de su provincia. Córdoba cuatro de Octubre de mil setecien- 
tos sesenta y cuatro año>s.=Roja3.=Ante mí: Juan Martínez Val- 
cárcel. 

Auio. 

En la cindad de Córdoba á cinco de Octubre de mil setecientos 
sesenta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas, corregi- 
dor de esta ciudad. Intendente de ella y su provincia. Habiendo 
visto estos autos, mandó se haga saber á don Pedro Fernandez de 
Córdoba, defensor de la real Hacienda, use del traslado que le 
está mandado dar dentro de segundo dia, con apercibimiento y 
por éste su auto así lo proveyó Su Señoría con acuerdo y parecer 
del señor asesor general, con quien lo firmó. Doy fé=rRojas=Li- 
cenciado Mendoza. = Ante mí: Juan Martínez Valcárcel. 



460 



Notificación. 



En Cói'doba, dicho dia, mes y año, yo el escribano hice saber y 
notifiqué el auto que antecede á don Antonio de Vega, procurador 
á nombre de sus partes en su persona. Doy fé. = Martínez. 



Otra. 



En Córdoba, á seis de Octubre de mil setecientos sesenta y cua- 
ífó años, yo el escribano hice saber y notifiqué el auto antecedente 
según y como en él se contiene á don Pedro Fernandez de Córdo- 
ba, fiscal de la real jurisdicción de esta ciudad y defensor de las 
rentas provinciales de ella en su persona. Doy fé. =^ Martínez. 

Petición. 

Don Pedro Fernandez de Córdoba, fiscal de la real jurisdicción 
y de la real Hacienda de esta ciudad y su reino, en los autos á 
instancia del arte de la platería sobre que no se le cobre por la 
real Hacienda los derechos de la plata vieja que introducen en 
esta ciudad. Digo qué de habérseme mandado por V. S. que con- 
testase esta demanda en el oficio del presente escribano, que por 
no serlo de rentas reales y tener la real Hacienda escribanía crea- 
da y asalariada para el despacho de todos sus negocios, interpuse 
apelación para ante Su Majestad y señores del real Consejo de 
Hacienda con la protesta de quedarme con copia testimoniada del 
citado pedimento, para formalizar el recurso en el caso de dene- 
gárseme la apelación, la que con efecto se me denegó por V. S., 3^ 
en su consecuencia entregué la expresada copia al señor don Ma- 
nuel Antonio de Barros, que de presente hace de administrador 
general, para que dándose cuenta al señor fiscal de dicho real 
Consejo por mano de los señores Directores generales, se formali- 
ce el recurso que es el método y práctica que en semejantes nego- 
cios se observa, y cuanto me corresponde hacer en defensa del de- 
recho de la real Hacienda, pues es así que no obstante lo relacio- 



461 

do en el dia seis de! corriente, se me ha hecho saber providencia 
en que se sirve V. S. mandar se me notifique use del traslado que 
me está conferido de los relacionados autos, dentro de segundo dia 
con apercibimiento, y habiendo acudido á tomar parecer del letrado 
de la real Hacienda de lo que debo ejecutar, por éste se me dice no 
poder por ningún concepto contestar la referida demanda, por ser 
esto incompatible con el recurso intentado á la superioridad. = 
Suplico á V. S. que en vista de lo relacionado, se sirva sobreseer 
en la dicha providencia, ínterin se resuelve lo conveniente por Su 
Majestad y señores de dicho real Consejo, sobre que repito mis 
anteriores pretextas, pido justicia, costas, etc. — Don Pedro Fer- 
nandez de Córdoba. 

Nota. 

Doy fé que la tarde de este dia se puso en mi oficio este pedi- 
mento para su presentación en el Juzgado del señor corregidor é 
Intendente de esta ciudad. Córdoba ocho de Octubre de mil sete- 
cientos sesenta y cuatro años. = Martínez. 



Auto. 



Por presentado llévese para proveer al señor asesor general. Lo 
mandó el señor don Bernardo de Rojas y Contreras, caballero del 
Orden de Calatrava, corregidor de esta ciudad é Intendente de 
ella y su provincia. Córdoba nueve de Octubre de mil setecientos 
sesenta y cuatro años. — Rojas. =: Ante mí: .Tuan Martínez Val- 
cárcel. 

Auto. 

En la ciudad de Córdoba á nueve de Octubre de mil setecientos 
sesenta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas y Contre- 
ras, caballero del Orden de Calatrava, del Consejo de Su Majes- 
tad en su real junta de Comercio y Moneda, corregidor de esta 
ciudad, habiendo visto estos autos, mandó se cumpla lo antece- 



462 

dentemente proveído, y por éste asi lo proveyó su señoría, con 
acuerdo y parecer del señor asesor general con quien lo firmó. 
Doy fé. = Rojas. = Licenciado Mendoza. = Ante mí: Juan Mar- 
tínez Valcárcel. 

Petición. 

Antonio de Vega y Navas, en nombre de la congregación y arte 
de platería de esta ciudad, en los autos principiados á pedimento 
de mi parte y en asunto de la novedad introducida por don Fran- 
cisco Antonio de la Mier, administrador de la real aduana del 
Puente de esta ciudad, sobre exigir derechos de los plateros ferian- 
tes de ella que introducen en esta ciudad la plata vieja para la 
fábrica de alhajas de dicho arte:=Digo, que á consecuencia de ha- 
berse despreciado la apelación que interpuso el fiscal de la real 
jurisdicción, como defensor de la real Hacienda, con el legal moti- 
vo que se expuso en la providencia asesorada de V. S. del folio 
veinte y ocho, y por no haber tomado los autos la contraría para 
usar del traslado que tantos días hace se le confirió por el proveí- 
do del folio trece de vuelta, presenté el pedimento del folio veinte 
y nueve en que le acusé su rebeldía é insistí en lo pedido por mi 
parte, sobre lo cual, por la providencia del folio treinta y uno, se 
mandó se hiciese saber á la contraria que dentro de segundo dia 
usase de dicho traslado, con apercibimiento, lo que se le notificó 
en el dia seis del corriente, y aunque es pasado dicho término, no 
ha dicho ni alegado cosa alguna, ni aun tomado los autos, por 
lo que es visto que, no teniendo que decir cosa que haga fuerza 
en exclusión de la justa y exequible pretensión de mi parte, se 
vale la contraría de maliciosas dilaciones, ocasionándole á mi par- 
te indebidos gastos, y con la idea de que se continúe el injusto 
percibo de dichos derechos, con alteración y abandono del real 
privilegio y reales órdenes en que se funda mi parte, constituj'én- 
dose esto más extraño á vista de que se contraviene al propio real 
arancel que se tiene dado para su observancia á los fieles admi- 
nistradores de dicha real aduana, lo que no debia abrigar la con- 
traria ni V. S. debe permitir tal perjuicio; por tanto, acusándole 



463 

de nuevo su rebeldía á la contraria:=Suplico á V. S., que ha- 
biéndola por acusada, y sin dar lugar á más dilaciones ofensivas 
dé la pronta y debida observancia á los reales mandatos, se sirva 
proceder á tomar desde luego pronta y eficaz providencia sobre lo 
pedido por mi parte en mi escrito de folio siete, y que, en su con- 
secuencia, se haga saber al dicho don Francisco Antonio de la 
Mier y demás administradores de otras aduanas se abstengan de 
llevar derechos algunos por el oro y plata vieja que conduzcan á 
esta ciudad los individuos de dicho arte, j con este pretexto ú otro 
del registro de sus cargas, no se las detengan, ni hagan perjuicio 
ni vejación alguna, observando la práctica que tengo enunciada en 
mi pedimento del folio segundo é imponiéndoles para su observan- 
cia las multas y demás apercibimientos que sean del digno arbitrio 
de V. S., en que insisto, y sobre que vuelvo á protestar lo conve- 
niente, pido justicia, costas, y para ello, etc.=:Antonio de Vega y 
Navas. =Lic. Sánchez de Quesada. 



Auto. 



Por presentada póngase con los autos, y llévese al señor asesor, 
como está mandado en auto de este dia, el señor don Bernardo de 
Rojas, corregidor de esta ciudad, intendente de ella y su provin- 
cia. Córdoba nueve de Octubre de mil setecientos sesenta y cuatro 
años.=Rojas.=:Ante mi: Juan Martínez Valcárcel. 



Auto. 



En la ciudad de Córdoba de nueve de Octubre de mil setecientos 
sesenta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas, corregidor 
de esta ciudad, intendente de ella y su provincia: Habiendo visto 
estos autos, mandó se haga saber por tercero, último y perentorio 
término al defensor de la real Hacienda, use del traslado con aper- 
cibimiento; asi lo proveyó Su Señoría con acuerdo y parecer del se- 
ñor asesor general, con quien lo firmó. Doy fé.=Rojas.=:Lic. Men- 
doza = Ante mí: Juan Martínez Valcárcel. 



464 



Notificación. 

Luego incontinenti, dicho dia, mes y año, yo el escribano 
hice saber y notifiqué los dos autos antecedentes á don Pedro Fer- 
nandez de Córdoba, defensor de la real Hacienda, en su persona. 
Doy fé.=Martinez. 

Otra. 

En dicho dia, mes y año, yo el escribano, hice saber y notifiqué 
los dos autos antecedentes á don Antonio de Vega, procurador á 
nombre de sus partes, en su persona. Doy fé.=:Martinez. 

Petición. 

Antonio de Vega y Navas, en nombre de la congi-egacion y arte 
de platería de esta ciudad, en los autos principiados á pedimento 
de mi parte, y en asunto de la novedad introducida j^or don Fran- 
cisco Antonio de la Mier, administrador de la real aduana del 
Puente de esta ciudad, sobre exigir derechos de los plateros ferian- 
tes de ella que introducen en esta ciudad la plata vieja para la fá- 
brica de las alhajas de su arte y comercio: =Digo, que del último 
estado por la providencia asesorada de V. S. del folio treinta y 
cinco vuelta, á consecuencia de haberse despreciado la apelación 
interpuesta por el fiscal de la real jurisdicción, como defensor de 
la real Hacienda, y sin embargo de lo que inútilmente expuso en 
su escrito de folio treinta y dos, y por no haber usado del traslado 
de la pretensión de mi parte que desde el ingreso de los autos se 
le confirió, sin quererse aprovechar 'de los varios términos que se 
le han dado, por ser el fin de dicho defensor dilatar y molestar á 
mi parte con dilaciones y gastos para sostener el indebido pago de 
dichos derechos, se sirvió V. S. mandar se notificase á dicho de- 
fensor por tercero, último y perentorio término, usase de dicho 
traslado con apercibimiento, lo que se le notificó en el dia nueve 
del presente mes, y son pasados más de tres dias y no ha usado de 



465 

dicho traslado ni tomado los autos, y uo siendo justo se dé lugar 
á más dilaciones, especialmente á vista del perjuicio que se sigue 
á mi parte, por lo que acusando como acuso de nuevo su rebeldía 
á la contraria: =r:Suplico á V. S., que habiéndola por acusada, y 
sin dar lugar á más dilaciones, y en ejecución y cumplimiento de 
los reales despachos de que hay testimonio en dichos autos, se 
sirva proveer á favor de mi parte, según y como se contienen en 
la conclusión de mis pedimentos de los folios siete y treinta y 
cuatro de los autos, en que insisto, y sobre lo que vuelvo á protes- 
tar lo conveniente, pido justicia con costas, y para ello, etc.=Anto- 
nio de Vega y Navas. =Lic. Sánchez de Quesada. 

AtUo. 

Por presentada póngase con los autos, y llévense al señor asesor 
general, para con su p.cuerdo, dar providencia. Lo mandó el señor 
don Bernardo de Rojas y Contreras, caballero del orden de Cala- 
trava, del Consejo de Su Majestad en su real junta de Comercio y 
Moneda, corregidor de esta ciudad, intendente de ella y su provin- 
cia. Córdoba quince de Octubre de mil setecientos sesenta y cuatro 
auos.=Rojas.=Ante mí: Juan Martínez Valcárcel. 

Anío. 

En la ciudad de Córdoba á diez y seis de Octubre de mil sete- 
cientos sesenta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas y 
Contreras, caballero del orden de Calatrava, del Consejo de Su 
Majestad en su real junta de Comercio y Moneda, corregidor de 
esta ciudad, intendente de ella y su provincia, en vista de estos 
autos y pedimento presentado últimameute:=:Dijo había y hubo 
por acusada la rebeldía, y en esta atención de no haberse expues- 
to razón alguna por la real Hacienda, que justifique la exacción 
excesiva que se hace de los derechos de aduana de la plata que 
entran los plateros feriantes para su uso y comercio, manda se 
haga saber á don Francisco Antonio de la Mier, que para la exac- 
ción de los reales derechos de aduana en esta especie, se arregle 
Tomo CVII. .30 



466 

precisamente á lo prevenido en el real arancel de Almojarifazgo y 
al privilegio presentado por la parte del arte de la platería, del 
que se le instruirá, dejándole tanto para su inteligencia y reserva 
á dicho arte su derecho, por lo que se le haya cobrado indebida- 
mente por este efecto, para que use de él como le convenga, y por 
éste su auto, así lo proveyó Su Señoría con acuerdo y parecer del 
señor licenciado don Joseph Mendoza Jordán, abogado de los rea- 
les Consejos, alcalde mayor y primer teniente de corregidor de 
esta ciudad, asesor general de Su Señoría, con quien lo firmó. 
Doy fé.=Rojas.=::Lic. Mendoza. =Ante mi: Juan Martínez Val- 
cárcel. 

Notificación. 

En Córdoba á diez y siete de Octubre de mil setecientos sesenta 
y cuatro años, yo el escribano público, estando en la real aduana 
de esta ciudad, hice saber y notifiqué el auto que antecede á don 
Francisco Antonio de la Mier, administrador de dicha real 
aduana, en su persona, á quien entregué copia del real privile- 
gio y su confirmación escrita en nueve fojas, el que lo firmó, j de 
ello doj' fé.=Francisco Antonio de la Mier.=Juan Martínez Val- 
cárcel. 

Otra . 

En Córdoba, dicho día, mes y año, yo el escribano, hice saber y 
notifiqué el auto que antecede á don Pedro Fernandez de Cór- 
doba, defensor de la real Hacienda, en su persona. Doy fé.=Mar- 
tinez. 

Otra. 

Luego incontinenti, dicho día, mes y año, yo el escribano, hice 
saber y notifiqué el auto antecedente á don Antonio de la Vega, 
procurador á nombre de sus partes, en su persona. Doy fé.=:Mar- 
tinez. 



467 



Petición. 

Don Pedro Fernandez de Córdoba, fiscal de la real jurisdicción 
5' de la real Hacienda de esta ciudad y su reino, en los autos in- 
troducidos por el arte de la platería de esta dicha ciudad, sobre 
Que no se le exijan derechos reales de la plata vieja que introducen 
^n ella, y de que por el fiel de la real aduana se certificó estárseles 
cobrando, sin memoria en contrario, á razón de medio real por 
onza, constando por el real arancel deber pagar veintena: =Digo, 
que con el motivo de haberse puesto dicha demanda ante ei pre- 
sente escribano, que es uno de los del número de esta dicha ciu- 
dad, y no de los de esta superintendencia general, cuyas dos es- 
cribanías de ella las ejerce ambas don Francisco León, que por 
razón de tal, está asalariado por la real Hacienda, demandando ó 
siendo demandada, expuse esta excepción al auto de traslado que 
SQ mandó por V. S. dar de dicha demanda á la parte de la real 
Hacienda, y que pasándose los autos á dicha escribanía, donde 
pertenece, protestaba responder á él y no en otra forma, bajo de 
ciertas protestas, y de la nulidad en contrario y de los recursos á 
Ja superioridad: y habiéndose, sin embargo de ello, mandado 
por V. S. que usase de dicho traslado bajo de ciertos apercibi- 
mientos, despreciando dicho artículo, interpuse mi apelación para 
jel real Consejo de Hacienda, pidiendo que se me admitiese en am- 
bos efectos y que se me diese el correspondiente testimonio; me 
fué denegada dicha apelación, y con copia que me quedé de dicho 
pedimento, como lo expuse en el que presenté, recurrí á dicho su- 
perior tribunal, donde tengo formado el recurso; y sin embargo 
,de él, y éste pendiente, y sin otra sustanciacion, se ha dado 
por Y. S,, según se me ha hecho saber, cierto en fuerza defi- 
nitivo, resolviendo el caso de la pretensión de dicho arte man- 
dando que el fiel de la real aduana observe el real arancel de que 
perlificó que aún está moderado en su ejecución á una mitad de 
lo que previene, y asimismo que observe cierto privilegio que 
se dice haberse presentado por el diclio arte de la platería, que no 
íiie consta cuál es, y que de él se instruya al fiel para que lo ob- 



468 

serve, y con reserva á dicho arte de plateros de su derecho por la 
que se le habia exigido indebidamente para que use del como le 
convenga, de cuya providencia, bajo de mismas protestas de la 
nulidad de lo actuado, sin haberse resuelto el dicho artículo, y por 
consiguiente, de no haber contestado en lo principal, y de su de- 
terminación con este defecto y de lo intempestivo de ella, como 
asimismo de cualquiera gravamen que en sí contenga contra la 
real Hacienda, vuelvo á apelar para ante Su Majestad y señores de 
su real Consejo de Hacienda, por el agravio que contra ésta induce; 
por tanto :=rSuplico á V. S. mande admitirme dicha apelación lla- 
namente y en ambos efectos, y que en ínterin, en manera alguna se 
innove, y que se me dé el correspondiente testimonio para ganar la 
mejora de dicho superior tribunal bajo de las mismas protestas de 
la nulidad de todo lo que en contrario se ejecutare y practicare, y 
de la repetición de dicho recurso, en razón de ello, porque así de 
justicia que pido, costas, y para ello, etc.=Don Pedro Fernandez 
de Córdoba. :=Lic. don Antonio de Molina y Avendaño. 

JS'oía. 

Doy fé, que hoy dia de la fecha, me entregó este pedimento para 
su presentación don Pedro de Córdoba, defensor de la real Ha- 
cienda, siendo como á hora de la campana de la oración. Córdoba^ 
veinte de Octubre de mil setecientos sesenta y cuatro años. = 
Juan Martínez Valcárcel. 

Auío. 

Por presentada llévese para su providencia al señor asesor ge- 
nex'al, para con su acuerdo proveer. Lo mandó el señor don Ber- 
nardo de Eojas y Contreras, caballero del orden de Calatrava, 
corregidor de esta ciudad, intendente de ella y su provincia. Cór- 
doba veinte y dos de Octubre de mil setecientos sesenta y cuatro 
años. = Eojas. = Ante mí: Juan Martínez Valcárcel. 



469 



Auto. 



En la ciudad de Córdoba ú veinte y dos de Octubre de mil sete- 
cientos sesenta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas, 
corregidor de esta ciudad, intendente de ella y su provincia. Ha- 
biendo visto estos autos mandó dar traslado de ellos á la parte del 
arte de la platería de eáta ciudad; así lo proveyó Su Señoría con 
acuerdo y parecer del señor asesor general con quien lo firmó. 
Doy fé. = Rojas. = Licenciado Mendoza. = Ante mí: Juan Mar- 
tínez Valcái'cel. 

Notificación. 

En Córdoba dicho día, mes y año, yo el escribano hice saber y 
notifiqué el auto que antecede á don Pedro Fernandez de Córdo- 
ba, fiscal de la real jurisdicción y defensor de la real Hacienda, 
en su persona doy fé. = Martínez. 



Otra. 



En Córdoba dicho día, mes y año, yo el escribano hice saber y 
notifiqué el auto que antecede á don Antonio de Vega, procurador 
ii nombre de sus partes en su persona de que doy fé. = Martínez. 

Petición. 

Antonio de Vega y Navas, on nombre de la oongregacion y 
arte de platería de esta ciudad, en los autos formados á pedimen- 
to de mi parte, y en asunto de la novedad introducida por don 
Francisco Antonio de la Mier, administrador de la real aduana 
del Puente de esta ciudad, sobre exigir derechos de los platerojf 
feriantes de ella, que introducen en esta ciudad la plata vieja para 
la fábrica de las alhajas de dicho arte y comercio: Digo que ha- 
biéndose provtido por V. S. auto asesorado en que se sirvió man- 
.dar se hiciese saber al dicho don Francisco de la Mier, que i^ara 



470 

la exacción de los reales derechos de aduana se arreglase precisa- 
mente al arancel real de Almojarifazgo y al privilegio presentado- 
por mi parte, instruyéndosele en él como se ha hecho, habiéndole 
entregado copias y con cierta reserva que se hizo á mi parte por lo 
que se hubiese cobrado indebidamente, se me ha conferido trasla* 
do de un pedimento últimamente presentado por el fiscal de la 
real jurisdicción, como defensor de la real Hacienda, en que ha- 
ciendo relación de lo referido y de la apelación que antecedente' 
monte interpuso del auto de por ahora, y con reservas, y que jus- 
tamente se le despreció, vuelve á apelar y solicita se le admita 
dicha apelación llanamente y en ambos efectos, y que en ínterin 
no se innove, y respecto á que dicha providencia es justa y por su 
naturaleza exequible, como fundada en el dicho real arancel que 
tiene y de que usa para su observancia el dicho don Francisco, y 
que sobre esto se aumenta el privilegio que se cita en dicho auto, 
que aunque de él pretexta ignorancia la contraria, nada importa 
que no dependa de su noticia su cumplimiento ú observancia, fuera 
de que es bien notorio que se ha estado y está observando, así en 
las aduanas de esta ciudad como en otros pueblos del reino, y que 
si la contraria ha querido instruirse, facilidad ha tenido y tiene,- 
por la copia entregada á dicho don Francisco de la Mier, y que sí 
antes de ahora y judicialmente ni en los presentes autos no se ha 
instruido, ha sido por no haber querido contestar ni aun tomar 
los autos, habiéndosele interpelado con varias providencias y acu-- 
sáudole repetidas rebeldías, por lo que la citada providencia 
de V. S. recayó con méritos muy justificados, y no se puede sus- 
pender su efecto con la dicha apelación que es frivola, genérica y 
destituida de fundamento y opuesta á la excepción notoria de mi' 
parte y á la debida y pronta obediencia y cumplimiento de loaf 
reales mandatos, por lo que contradigo en debida forma dicha 
nueva apelación. = Suplico á V. S. la haya por contradicha y se 
sirva despreciarla, mandando que sin embargo de ella se cumpla 
y guarde dicho auto apelado sobre que protexto cuanto haya lu- 
gar. Pido justicia, costas y para ello, etc. Otrosí digo que por 
mis pedimentos de los folios siete y treinta y cuatro, pedí se no- 
tificase asi al dicho don Francisco de la Mier como á los demá» 



471 

fieles administradores de las otras aduanas de esta ciudad, se abs- 
tuviesen de llevar los tales derechos á los individuos de dicho arte, 
y que con semejante pretexto no les detuviesen sus cargas ni hi- 
ciesen perjuicio ni vejación alguna, observando en el reconoci- 
miento de las arcas la práctica que se enuncia en mi pedimento 
del folio segundo, y por no haberse extendido á estos particulares 
la providencia de V. S. y haber hablado solamente con el dicho 
don Trancisco para que se arreglase á el arancel real y privile- 
gios, se está esperimentando el perjuicio de que 'además de pre- 
textarse en la otra aduana que llaman de la Puerta Nueva, que el 
fiel administrador de ella no habérsele hecho saber providencia 
para que se abstenga de llevar tales derechos, perjudica grave- 
mente á los individuos de dicho arte que hacen tránsito por ella, 
deteniéndoles las arcas y practicando el reconocimiento con aja- 
miento de las alhajas delicadas que conducen á esta ciudad y sa- 
can de ella, á lo que no se debe dar higar; por tanto: = Suplico 
á V. S. se sirva mandar que la dicha providencia se entienda asi- 
mismo y haga saber á los fieles administradores de la Puerta 
Nueva y del Rincón, para que se abstengan de llevar tales dere- 
chos, y que asi á estos como al dicho don Francisco, se les noti- 
fique que en el reconocimiento de dichas arcas para asegurarse de 
que no se introducen otros géneros, observen la práctica que se 
enuncia en dicho pedimento folio dos, que para ello pido, ut 
supra. =: Antonio de Vega y Navas. := Licenciado Sánchez de 
Quesada. 

Auto. 

Por presentada póngase con los autos y llévese al señor asesor 
general para con su acuerdo proveer. Lo mandó el señor don 
Bernardo de Rojas, corregidor de esta ciudad, intendente de ella 
y su provincia. Córdoba veinte y cuatro de Octubre de mil sete- 
cientos sesenta y cuatro año3.=:Rojas.=:Ante mi, Juan Martínez 
Valcárcel. 



472 



Auto. 



En la ciudad de Córdoba á veinte y seis de Octubre de mil se- 
tecientos sesenta y cuatro años, el señor don Bernardo de Rojas y 
Oontreras, caballero del orden de Calatrava, corregidor de esta 
ciudad, intendente de ella y su provincia: habiendo visto estos 
autos, dijo admitía y admitió esta apelación cuanto ha lugar en 
derecho en el efecto devolutivo, y no ha lugar en el suspensivo, 
y désele el testimonio que pidiere. Y en cuanto á el otrosí, por 
lo proveído, se les haga saber á los fieles de las puertas de Adua- 
nas de esta ciudad en la misma forma que se hizo saber á don 
Trancisco de la Mier, observen el arancel y privilegio que tienen 
los vecinos de esta ciudad para no pagar Almojarifazgo, y por 
este auto así lo proveyó Su Señoría con acuerdo y parecer del 
señor licenciado don Joseph Mendoza y Jordán, abogado de los 
Heales Consejos, teniente de corregidor, asesor general de Su 
Señoría, con quien lo firmó. Doy fé.:=E,ojas.=:Licenciado Men- 
doza. =Ante mí, Juan Martínez Valcárcel. 

Noii^cacion. 

En Córdoba dicho dia, raes y año, yo el escribano, hice saber 
y notifiqué el auto que antecede á don Antonio de Vega y Navas, 
procurador á nombre de su parte en su persona. Doy fé.:=Mar- 
tinez. 

Oíra. 

En Córdoba dicho dia, mes y año, yo el escribano, hice saber 
y notifiqué el auto que antecede á don Pedro Fernandez de Cór- 
doba, fiscal de la real jui'isdiccion de esta ciudad y defensor de 
la real Hacienda de esta ciudad en su persona. Doy fé.=Mai'- 
tiuez. 



473 



Oh'tt. 



Luego incontiueuti dicho dia, mes y año, j'o el escribano, pasé 
á la puerta del Rincón de esta ciudad y hice saber y notifiqué el 
auto del folio treinta y siete, y el antecedente á don Joseplí Bel- 
tran de Guevara y don Joachin de Salamanca, fieles de la puerta 
del Rincón de esta ciudad en sus personas. Doy fé.=:Martinez. 

En Córdoba dicho dia, mes y año, j'o el escribano, estando en 
la puerta Nueva de esta ciudad, hice saber y notifiqué el auto 
del folio treinta y siete y el antecedente á don Clu-istóbal de Mi- 
randa, fiel de dicha puerta, en su persona. Doy fé.=Martinez. 

Petición. 

Antonio de Vega y Navas, en nombre del arte de la platería 
de esta ciudad, en lo? autos sobre la libertad del pago de la real 
aduana de la plata vieja que entran los artífices para fábrica de 
alhajas, suyas propias, de su comercio: Digo: que estos autos se 
hallan conclusos y finalizados, y por cuanto conviene á dicho arte 
tener y conservar en su poder para los efectos que le sean útiles, 
copia á la letra de todo ello: = Suplico á V. S. se sirva mandar 
se le dé autorizada y en pública forma y manera que haga fé 
para el efecto que lo pido y es de justicia, etc. Y juro.=Antonio 
de Vega y Navas. 

Auto. 

Por presentada y por el presente escribano se dé copia auten- 
tica á esta parte de los autos que expresa para el efecto que los 
pide, pagándole sus justos derechos. Lo mandó el señor don 
P.eruardo de Rojas y Contreras, caballero del orden de Cala- 
trava, del Consejo de Su Majestad en su real junta de comercio 
y de moneda, corregidor de esta ciudad, intendente de ella y 
su jírovincia. Córdoba, nueve de Noviembre de mil setecientos se- 
senta y cuatro años. =Rojas. —Ante mí, Juan Martínez Valcárcel, 



474 

En Córdoba dicho dia, mes y año, yo el escribano, hice saber 
y notifiqué el auto que antecede á don Antonio de Ve^a, pro- 
curador, á nombre de sus partes en su persona. Doy fé. = Mar- 
tinez. 

Concuerda á la letra con los autos originales de los que saqué 
la copia antecedente en fuerza del auto proveido por el señor don 
Bernardo de Rojas y Contreras, corregidor de esta ciudad, como 
juez de ellos, la que va escrita sus dos pliegos, primero y último 
del sello segundo y el intermedio común, quedando en mi poder 
y oficio los originales, y á continuación de ellos sentado haber 
dado esta copia á pedimento del arte de la platería de esta ciudad, 
y así lo signo y firmo en Córdoba á veinte de Noviembre de mil 
setecientos sesenta y cuatro años. = En testimonio de verdad, = 
Juan Martínez Valcárcel. 



475 



Don, Bernardo de Rojas y Contreras, caballero del orden de Cala- 
trava, del Consejo de S. M. en su realjwita de Comercio, Mo- 
neda y Minas, corregidor de esta ciudad, intendente de ella y 
su provincia, y subdelegado de dicha real junta, etc. 

Por cuanto me hallo con real orden de Su Majestad, 3' señores de 
su real junta general de Comercio, Moneda y Minas, comunicada 
por el señor don Luis de Albarado, de la dicha real junta, y se- 
cretario de ella, su fecha en Madrid ocho del corriente mes y año, 
por la que se manda, que á los plateros feriantes no se les cobre 
en ningunas ciudades, villas, ni ferias maravedís, por razón de 
las visitas de alhajas, ni por licencias para la venta de ellas, y 
que los sesenta pesos que les tomaron en Ecija, y los ciento y diez 
reales que les exigieron en la Puebla del Real Monasterio de Gua- 
dalupe, se restituyan, cuya real orden, y el auto en su vista pro- 
veído son del tenor siguiente: 

Real Orden. 

En consecuencia de lo que V. 8. informó en seis de Septiembre 
último á la junta general de Comercio y Moneda, ha tomado la 
resolución, que hoy le comunicó en orden separada para que á loa 
plateros que llevaren sus alhajas á las ferias, no se les exija de- 
rechos por razón de visita, ni cobren cantidades algunas por las 
licencias para su venta: y ha acordado asimismo la junta general 
se restituyan á los plateros de esa ciudad los sesenta pesos que les 
cobraron en Ecija, y los ciento y diez reales que les exigió la jus- 
ticia de la Puebla del Monasterio de Guadalupe, en el año de mil 
setecientos cincuenta y nueve, á cuyo fin se dan con esta fecha las 
órdenes correspondientes al corregidor de Ecija, y alcalde mayor 
de Guadalupe. Y lo participo á V. S. de acuerdo de la junta, para 
que haciéndolo saber á la platería de esa ciudad, puedan acudir 
ante los referidos ministros los individuos agraviados, por sus res- 



476 

pectivas cantidades. Dios guarde á V. S. muchos años como deseo. 
Madrid ocho de Enero de mil setecientos sesenta y cinco. =Luis 
Albarado.=rSeuor don Bernardo de Rojas. 



AvJo. 



En la ciudad de Córdoba ú quince de Enero de mil setecientos 
sesenta y cinco años, el señor don Bernardo de Hojas y Contreras, 
caballero del orden de Calatrava, del Consejo de Su Majestad, en 
su real junta de Comercio y de Moneda, corregidor de esta ciu- 
dad, intendente de ella y su provincia, dijo: que por el correo or- 
dinario ha recibido en este dia una real orden de Su Majestad, y 
señores de dicho real Consejo y junta, comunicada por el señor 
don Luis de Albarado, del Consejo de Su Majestad y de dicha 
real junta y su secretario su fecha en Madrid, ocho del corriente 
mes y año, por la que me comunica como orden de Su Majestad 
y dichos señoi'es, se manda que á los plateros qué llevAsen sus al- 
hajas á las ferias, no se les exija derechos por razón de visita, ni 
cobren cantidades algunas por la licencia por razón de su venta; 
y ha acordado la junta general se restituyan á los plateros de esa 
ciudad los sesenta pesos que les cobraron en Ecija, 3' los ciento y 
diez reales que les exigió la justicia de la Puebla del Monasterio 
de Guadalupe en el año pasado de mil setecientos cincuenta y 
nueve, á cujas justicias se dieron las órdenes para la restitución de 
dichas cantidades, y que se le haga saber á la platería, para que los 
interesados acudan al percibo de dichas cantidades; y para que ten- 
ga efecto, mandó su señoría se haga saber esta orden, para que la 
comunique á los interesados, para que acudan al percibo de dichas 
cantidades, y que para ello, 3' para que se observe lo mandado 
por todas las justicias, se les dé á dichos interesados copia de dicho 
despacho, y de este auto, por el cual así lo proveyó, y firmó Su 
Señoría, de que yo el escribano doy fé.=Don Bei'nai'do de Rojas. 
Ante mí, Juan Martínez Valcárcel. 

Concuerda á la letra dicha real orden y auto inserto con sus 
originales, que obran en poder del infraescripto escribano público 
de que dá fé, y en fuerza de dicha real orden y auto en su virtud 



477 

proveído, que fué hecho saber á el arte de platería de esta ciudad, 
mandé se diese copia á cada uno de los artífices de dicho arte co- 
merciantes con alhajas, }' son interesados en lo mandado, para 
que la presenten ante los señores jueces y justicias que corres- 
ponda, para que la guarden, cumplan en todo y por todo como se 
manda por Su Majestad y señores de dicha real junta general. 
Dado en Córdoba á diez y ocho de Enero de mil setecientos sesen- 
ta y cinco años.=Don Bernardo de Rojas y Contreras.^=:Por man- 
dado de su señoría. =Juan Martínez Valcárcel. 



478 



Don Bernardo de Rojas y Contreras, caballero del orden de Ca- 
latrava, del Consejo de Su, Majestad en su real junta general 
de Comercio^ Moneda y Minas, corregidor de esta ciudad de 
Córdoha, intendente general de ella y su provincia ^ y subdele- 
gado de dicha real junta, etc. 

Por cuanto me hallo con real orden de Su Majestad j señores 
de su real junta general de Comercio, Moneda y Minas, comuni- 
cada por el señor don Luis de Albarado, de la dicha real junta, 
y sus señores de ella, su fecha en Madrid á ocho del corriente 
mes y año, por la que se manda que á los plateros feriantes no 
se les cobre en ningunas ciudades, villas ni ferias maravedís por 
razón de visitas de alhajas ni por licencias para la venta de ellas, 
cuya real orden y el auto, en su virtud proveído, son como se 
siguen: 

Real orden. 

A la junta general de Comercio y Moneda han recurrido don 
Antonio Raphael Camacho, don Juan de León Jurado, don Ro- 
drigo Beltran y otros plateros de esta ciudad de Córdoba, ex- 
poniendo que con motivo de llevar á vender alhajas propias de 
su comercio por las ciudades, villas y ferias de estos reinos, ex- 
perimentan los notables perjuicios de exhibirles crecidas cantida- 
des de maravedís, con título de derechos de justicia, por la visita 
y reconocimiento de las alhajas y licencias para su venta, llegan- 
do al extremo de cobrarles sesenta pesos en Écija, y á proporción 
en otros pueblos, y en la villa de la Puebla del Real Monasterio 
de Guadalupe ciento y diez reales, como consta de testimonio que 
exhibieron; y que estando mandado por provisión del Consejo de 
Castilla, de treinta de Junio de mil setecientos y cinco, no se les 
llevase ni lo consintiese el corregidor que era de esa ciudad can- 
tidades algunas de maravedís por las licencias que les daba para 



479 

vender sus alhajas, suplicaban tomase la junta providencia para 
evitar semejantes exacciones introducidas de abuso y corruptela, 
eximiéndoles de las citadas contribuciones ó moderándolas de 
suerte, que sean tolerables, y habiéndose visto en la junta gene- 
ral con lo informado por V. S. en seis de Septiembre viltimo, ha 
acordado, por punto general, no se lleven por las justicias de las 
ciudades, villas y demás pueblos de estos reinos derechos algunos 
por razón de visita y reconocimiento de las alhajas que llevaren 
los plateros á sus ferias ni por las licencias para venderlas, y 
que V. S. haga entregar una copia impresa y certificada de esta 
orden á los plateros de esa ciudad que corren las ferias del reino, 
para que la exhiban ante las justicias y se les guarde puntual- 
mente lo resuelto por la junta, en cuyo impi-eso se añadirá que en 
los pueblos donde hubiere contraste aprobado se visiten las alha- 
jas, y si no estuviesen marcadas las reconozcan, y hallándolas 
faltas de ley las denuncie ante la justicia y dé cuenta á la junta, 
como también de si estando marcadas hubiere recelo de haber 
faltado el marcador ó contraste á su obligación, remitiéndola tes- 
timonio para que tome la providencia conveniente, lo que parti- 
cipo á V. S. de acuerdo de la junta para su observancia, y que 
lo haga saber al colegio y arte de plateros de esa ciudad para 
noticia de sus individuos, en inteligencia que con la fecha de 
esta orden se dan las correspondientes á los intendentes y corre- 
gidores de estos reinos para que celen su cumplimiento en las ca- 
pitales y pueblos de sus respectivos distritos. 

Dios guarde á V. S. muchos años como deseo. Madi'id ocho de 
Enero de mil setecientos sesenta y cinco. =Luis de Albarado. Se- 
ñor don Bernardo de Rojas. 



Auto. 



En la ciudad de Córdoba á quince de Enero de mil setecientos 
sesenta y cinco años, el señor don Bernardo de Rojas y Contre- 
ras, caballero del orden de Calatrava, del Consejo de Su Majestad 
en su real junta de Comercio y de Moneda, corregidor de esta 
ciudad, intendente de ella y su provincia, dijo: que por el correo 



480 

ordinario La recibido en este dia una real orden de Su Majestad 
y señores de dicho real Consejo y junta, comunicada por el señor 
don Luis de Albarado, del Consejo de Su Majestad y de dicha 
real junta y sus señores de ella, su fecha en Madrid á ocho del 
corriente mes y año, por la cual me comunica como de orden de 
Su Majestad y dichos señores, y en fuerza de recurso que hicie- 
ron diferentes artífices plateros de esta ciudad, exponiendo que 
con motivo de llevar á vender alhajas propias de su comercio á 
las ciudades, villas y ferias de estos reinos, experimentan loa 
perjuicios de exigirles crecidas cantidades de maravedís con título 
de derechos de visita por la justicia y reconocimiento de las al- 
hajas y licencia para su venta, y exhibieron testimonio por el 
que hicieron constar no deber pagar tales derechos. Lo que visto 
por dicha real junta general con cierto informe, acordó por punto 
general no se lleven por las justicias de estos reinos derechos 
algunos por razón de visitas y reconocimiento de alhajas que 
llevasen los plateros á sus ferias, ni por las licencias para ven- 
derlas, y que de dicha orden se les dé á los plateros copia impre- 
sa y certificada para que la exhiban ante las justicias y se les 
guarde puntualmente, y de dicha real orden se darán las copia» 
por el presente escribano á los plateros feriantes, haciendo saber 
antes todo su contenido al hermano mayor y demás individuos 
que componen el cuerpo del colegio del arte de platería de esta, 
ciudad para que lo noticien á sus individuos, y por éste su auto 
así lo proveyó, mandó y firmó su señoría, de que yo el escribano 
doy fé.=:Don Bernardo de Eojas.=Ante mí, Juan Martínez Val- 
cárcel. 

Concuerda á la letra dicha real orden y auto inserto, que ori- 
ginales paran en poder del infrascripto escribano de que dá fé. 
Y en fuerza de dicha real orden y auto, en su virtud proveido, 
mandé imprimirlo y que se dé un impreso á cada uno de los ar- 
tífices plateros de esta ciudad que comercian con alhajas de dicho 
su arte para que la presenten ante los corregidores, jueces y jus- 
ticias de las ciudades, villas y lugares de estos reinos, para que 
la guarden y cumplan en todo y por todo como se manda, sin 
llevar derechos por razón de visitas ni licencias para la venta de 



481 

sus alhajas, cuya real orden y auto fué notificado al hermano 
mayor y demás oficiales que componen la tabla de dicho arte de 
platería para que cumplan lo mandado. 

Dado en Córdoba á diez y ocho de Enero de mil setecientos 
sesenta y cinco. = Don Bernardo de Rojas y Contreras. = Por 
mandado de su señoría, Juan Martínez Valcárcel. 



Tomo CVII. 31 



482 



Excmo. Señor. 

Señor: Don Mathías G-arcia Vela, hermano mayor de la congre- 
gación y colegio del arte de platería de esta ciudad de Córdoba, y 
fieles veedores de dicho arte, con el secretario de dicha congrega- 
ción, parecen con todo rendimiento ante V. E., y dicen que hallán- 
dose los individuos de dicho arte en la antigua posesión de no 
pagar derechos algunos de aduana por las alhajas de oro y plata 
que fabrican y con que salen para sus ventas á las ferias y pue- 
blos de este reino, sucediendo lo propio en cuanto al oro viejo y 
plata vieja que compran é introducen en esta ciudad, y consumen 
para la fábrica de dichas alhajas, y que la práctica que en esto se 
ha observado con tales fabricantes, ha sido el no detenerles en la 
aduana las arcas donde han traido y traen sus alhajas por ser es- 
tas delicadas y que seria impeditivo del comercio, por lo que lue- 
go que llegaban á la aduana los tales individuos comerciantes y 
feriantes en dicho arte, seguia tras ellos un guarda hasta llegar 
á sus casas, donde registraba las arcas para reconocer si venían 
otros géneros distintos de los que pertenecían al referido arte, y 
,si de pronto no podía el guarda asistir á esta diligencia, se deja- 
ba en la aduana la llave ó llaves de las arcas ínterin se practica- 
ba el registro en las casas del feriante, por ser esto embarazoso 
en la dicha aduana, especialmente siendo tan delicadas las alha- 
jas de dicho arte, y habiendo ocurrido la moderna novedad prac- 
ticada por don Francisco de la Mier, fiel administrador de la 
aduana del Puente de esta ciudad, de no sólo detener en ella las 
dichas arcas practicando allí el registro cuando le parecía, con 
detención de los feriantes y aun con ajamiento y perjuicio de las 
mismas alhajas, sino es también procediendo á pesar la plata vieja 
que encontraba y llevar por derechos de aduana medio real por 
cada onza de plata vieja, recurrieron los suplicantes por pedi- 
mento ante el intendente de esta ciudad pretendiendo se notifi- 
case al dicho don Francisco de la Mier exhibiese el título ó arancel 
en que se fundaba para el percibo de los tales derechos, y que so- 



483 

bre ello se le recibiese declaración, en la que expresó no constarle 
se hubiese pagado partida alguna por lo respectivo al oro viejo, y 
habiendo exhibido el arancel real de dicha aduana, que se incluye 
en real provisión librada por los señores Eeyes don Fernando y 
doña Isabel, á los 12 de Septiembre del año pasado de i492, se 
copiaron por testimonio dos capítulos, en que se manda que del 
oro quebrado que se trajese á vender á esta ciudad, se pagase la 
veintena de cuanto valiese á los almojarifes, y que de la plata que 
trajesen á vender á esta ciudad se pague de entrada la veintena 
de ella; y que estando en posesión de no pagar tales derechos, 
cualesquier ciudades, villas y lugares, y personas particulares, 
no les sea pedido ni llevado el dicho derecho de Almojarifazgo, 
mediante lo cual, y de resultar esta posesión á favor de los indivi- 
duos de dicho arte, y habiendo expuesto asimismo los suplicantes 
ante dicho intendente que dicho real arancel hablaba de la plata 
y oro viejo que se trajese á vender á esta ciudad, y esto no se ve- 
rificaba en los individuos de dicho arte, por cuanto la plata y oro 
viejo que traian lo consumian en la manufactura de las alhajas de 
dicho arte, pretendieron se notificase al dicho don Francisco de la 
Mier y demás fieles administradores de las otras aduanas, se abs- 
tuviesen de llevar tales derechos á los individuos de dicho arte, y 
que con semejante pretexto no les detuviesen sus cargas ni les hi- 
ciesen perjuicios ni vejación alguna, de que por auto de dicho 
intendente se mandó dar traslado á la real Hacienda, y habién- 
dose mostrado parte por ella don Pedro Fernandez de Córdoba, 
fiscal de la real jurisdicción y de dicha real Hacienda, se negó á 
contestar y á responder derechamente sobre el asunto, valiéndose 
-de la dilatoria de decir debian pasar dichos autos ante los escri- 
banos de rentas, y siendo así que se ha tratado y trata de la ob- 
servancia de un privilegio y de un negocio que no puede preten- 
der interese la real Hacienda, y prevenirse por la real oi'denanza 
áltimamente expedida para el restablecimiento é instrucción de 
los intendentes, el que donde no hubiese escribanías enagenadas, 
pasen los negocios de rentas ante escribano que nombre el inten- 
dente, como con efecto tiene nombrado para los negocios de dicho 
arte, á Juan Martínez Valcárcel, escribano del número de esta 



484 

ciudad, donde sólo están enajenadas las escribanías de alcabalas 
y millones, de cuya clase no es el presente negocio: sin embargo 
á lo cual, por el dicho intendente se proveyó auto, mandando que 
dicho fiscal respondiera derechamente al traslado que se le habia 
conferido y que á su tiempo se daria providencia, á lo que expo- 
nia sobre remoción de escribano, sin embargo á lo cual, no se 
pudo conseguir respondiese sobre dicho traslado, sin duda por na 
tener qué decir, y gastando inútilmente el tiempo sobre insistir en 
lo que tenia pedido sobre que los autos se mudasen á otro oficio, 
dirigiéndose á esto á ir sustentando el percibo de los indebidos 
derechos sobre que por los suplicantes se presentaron varios pedi- 
mentos, insistiendo en su justa pretensión y acusando rebeldía» 
á dicho fiscal, y en el progreso de estas diligencias y á mayor 
abundamiento se exhibió por parte de los suplicantes testimonios 
de un real privilegio confirmado hasta la Majestad del señor don 
Luis primero, que se halla en observancia, y por él relevados los 
vecinos y comerciantes de esta ciudad de que paguen portazgos ni 
otro derecho alguno, en cualquier lugar de los señoríos de Su Ma- 
jestad, de cualesquier mercaderías que saquen de esta ciudad y de 
su término para otros lugares, ó que traigan de otras tierras para 
esta ciudad, y con vista de todo por dicho intendente se mandó 
hacer saber á dicho don Francisco de la Mier, que para la exac- 
ción de los reales derechos de aduana, se arreglase precisamente 
á lo prevenido en dicho real arancel, y el real privilegio presenta- 
do por los suplicantes de que se le diese un tanto para su inteli- 
gencia, y reservándole á los individuos de dicho arte un derecha 
por lo que se le hubiere indebidamente cobrado, de cuya pro- 
videncia por parte de dicho fiscal se interpuso apelación por 
pedimento que presentó el día 22 de Octubre próximo pasado^ 
la que sólo se le admitió en el efecto devolutivo, declarando 
no haber lugar en el suspensivo, y se hizo saber lo manda- 
do para su observancia á los demás fieles de las otras adua- 
nas, sin embargo á lo cual por parte de dicho fiscal no se 
ha tratado ni trata de proseguir la dicha apelación; y no es 
esto lo más, sino es que con dicho pretexto, conociendo que según 
el estado de los autos no se puede innovar en cuanto á exhibir ta- 



485 

Íes derechos, se ha tomado por parte del dicho don Francisco de 
la Mier el pretexto extraño dirigido á la vejación de dichos co- 
merciantes, deteniéndoles las cargas y haciendo que los fieles de 
las otras aduanas le remitan las arcas que entran por ellas, las 
que detiene en dicha aduana del Puente hasta que le da ganas de 
reconocerlas para habilitar í?u entrega, y luego que llegan las 
manda descargar, y las pone en sitio tal vez arriesgado á que pue- 
da suceder alguna extracción, y el reconocimiento lo hace con tropel 
barajando las alhajas y echándolas á perder, y deteniendo á los 
dueños que son personas distinguidas, de modo que no le basta el 
reconocer no venir en dichas arcas géneros distintos de los de di- 
cho arte, sino es que todo lo van mirando con escrúpulo, diciendo 
dirigirse á reconocer por menor lo referido para tomar razón de 
la plata y oro viejo que encontrase, y no debiéndose dar lugar á 
lo referido, y esto pide pronto remedio por los irreparables per- 
juicios que se originan; y atento á que se trata de la observancia 
de dicho real privilegio, y lo que es más, del dicho real arancel con 
lo que se excluye lo pretendido por el dicho don Francisco de la 
Mier:=Piden y suplican rendidamente á V. E. se sirva dar so- 
bre lo referido la providencia que tenga por justa para que se cor- 
ten estos perjuicios, y que el dicho don Francisco déla Mier y los 
demás fieles de las otras aduanas se arreglen á dicho arancel y no 
detengan las arcas de dichos comerciantes, y que para el registro 
de ellas para ver si traen otros géneros distintos, se arreglen á la 
práctica que qneda expresada en este memorial, que así lo esperan 
de la rectitud de V. E., á quien guarde Dios muchos años en su 
mayor grandeza, etc. Excmo. Señor: ^Suplican rendidamente 
k V. E. 



La copia del memorial antecedente es sacada del original que se 
dio por parte de la congregación del señor San Eloy, del arte de la 
platería de esta ciudad, al Excmo. Señor 1* [arques de Esquilache, 
del Consejo de Estado de Su Majestad y su secretario, y en su vista 
por dicho señor Excmo., de orden de S. M. pasó papel de oficio á 
los señores directores administradores de rentas provinciales, para 



486 

que estos señores diesen la orden conveniente á don Pedro Igna- 
cio de Venero, administrador de dichas rentas provinciales de esta 
ciudad, para que á los individuos feriantes de dicho arte, se man- 
tuviesen en la posesión de no .cobrarles á la entrada en esta ciu- 
dad Almojarifazgo, y con efecto, habiendo recibido dicha orden di- 
cho administrador, pasó papel de oficio á don Joseph Ruiz, visita- 
dor de dichas rentas en esta ciudad, y á don Bartolomé Carrion,. 
su escribano, para que lo notificasen á los fieles de las puertas de 
aduanas de esta dicha ciudad, cuya copia de papel es la siguiente: 

Pa^el. 

El visitador de rentas provinciales del casco de esta ciudad y 
su escribano harán saber al arte de plateros de ella, ó sus diputa- 
dos, que el Excmo. Señor Marqués de Esquilache^ha resuelto en su 
pretensión de libertarse de medio real en onza de plata vieja, que 
se ha cobrado por derecho de aduana á la entrada; que acuda al 
juzgado de Intendencia de ella para que se le oiga en justicia; y 
que los registros ó reconocimientos de cargas se han de hacer pre- 
cisamente en la misma aduana. Y al fiel de estay oficiales que fir- 
maran, se hará saber los deben practicar con puntualidad y si» 
perjuicio del comercio. Córdoba 31 de Diciembre de 1764. =Ve- 
nero. 



Antonio de Vega y Navas, en nombre de la congregación y arte 
de platería de esta ciudad, en los autos formados á pedimento de 
mi parte y en asunto de la novedad introducida por don Francis- 
co Antonio de la Mier, administrador de la real aduana del Puente 
de esta ciudad, sobre exigir derechos á los plateros feriantes de ella 
que introducen en esta ciudad la plata vieja para la fábrica de di- 
cho arte y comercio. Digo: que estando evacuado este negocio poi' 
la providencia definitiva de V. S. del folio 37 en que se sirvió 
mandar se notifique al dicho don Francisco que para la exacción 
de los reales derechos de aduana se arreglase precisamente á lo' 
prevenido en el real arancel de Almojarifazgo, y al privilegio pre- 



487 

sentado por mi parte en que se mandó se le instruyese como se 
hizo dejándole un tanto para su inteligencia y reservando á mi 
parte su derecho para que usase de él por lo que se le liubiere co- 
brado indebidamente con dicho pretexto, y que aunque la contra- 
ria interpuso apelación, sólo le fué admitida en el efecto devolutiva 
por el proveído del folio 44, en que asimismo se mandó se notifi- 
case lo proveído á los fieles de las demás puertas de aduanas de 
esta ciudad para su observancia, lo que así se ejecutó, y no cesando 
por ese medio la vejación á los individuos de dicho arte, por cuan- 
to sin embargo á lo expresado se experimentaba que el dicho don 
Francisco de la Mier, con el pretexto de registrar las arcas de los 
feriantes las detenía hasta que le daba gana de reconocerlas para 
habilitar su entrega, haciendo que los fieles de las otras adua- 
nas le remitiesen las arcas que entraban por ellas para el mismo 
fin de su registro, haciéndolo con tropel, barajando las alhajas 
y echándolas á perder, deteniendo á los dueños y haciendo poner 
las arcas en sitio tal vez arriesgado, en que pudiera suceder al- 
guna extracción, de lo que mi parte se quejó al Excelentísimo Se- 
ñor Marqués de Esquilache, dirigiéndole memorial, en que así 
mismo hizo presente á dicho Excelentísimo Señor el asunto y 
estado de dichos autos y lo determinado en ellos por V. S., de 
que ha resultado el que con orden que tuvo de don Pedro Ignacio 
Venero, administrador general de rentas provinciales de esta 
ciudad, don Joseph Ruiz, visitador de rentas provinciales deí 
casco de ella, y por ante don Bartolomé Carrion, escribano de Su 
Majestad, se ha hecho saber á los diputados de dicho arte carta or- 
den de dicho Excmo. Señor, en que se manda que mi parte sobre 
su pretensión de libertarse del medio real en onza de plata por de- 
recho de aduana á la entrada, acuda alJuzgado de V. S. para que 
le oiga en justicia y que los registros ó reconocimientos de cargas 
so hagan precisamente en la misma aduana, notificando al fiel de 
esta y oficiales los deben practicar con puntualidad y sin perjuicio 
del comercio, que esto como se comprende y resulta se dirige á 
precaver el perjuicio que pudiera resultar, introduciéndose en di- 
chas arcas otros diversos géneros, y sobre que debo hacer presente 
que habiendo expuesto mi parte en dicho memorial, no sólo lo que; 



488 

resulta por el privilegio y real arancel á favor de la indequidad de 
mi parte, sino es también el artículo que Labia introducido la con- 
traria en el ingreso de los autos sobre que éstos pasasen á otra es- 
cribanía, y la determinación de V. S. y admisión de la apelación 
de la contraria únicamente en el efecto devolutivo, todo esto y el 
des|)recio de dicho articulo se prueba por el mismo hecho de man- 
darse que mi parte acuda al juzgado de V. S. para que se le oiga 
en justicia, que no puede ser de otro modo que procediendo según 
el estado de los autos en que se constituj'e exequible la dicha de- 
terminación para que mi parte y sus individuos gocen de la dicha 
libertad, por lo que conviene á mi parte que dicha carta orden de 
dicho Excmo. Señor, con lo operado en su virtud se traiga á los 
presentes autos, á donde tocó especialmente, siendo resolutiva en 
■el particular de que los registros ó reconocimientos de las arcas 
se hagan con puntualidad y sin perjuicio del comercio, y que á 
presencia del respeto que merece dicha orden suj)erior, podrá ce- 
sar la nueva vejación experimentada, y sólo se cumple lo expresa- 
do, se deberá proceder con más rigor, para lo cual conviene asi- 
mismo conste de dicha resolución en los expresados autos; por 
tanto: = Suplico á Vmd. se sirva mandar que la carta orden de 
dicho Excmo. Señor con las notificaciones hechas en su virtud al 
hermano mayor y oficiales de dicha congregación, y á los fieles de 
aduanas, se traiga y agregue á los presentes autos para que se lo 
notifique á dicho visitador y á su escribano ó á la persona en 
quien dijeren parar lo referido, hagan el entrego ó al menos la 
exhibición para que se saque testimonio con inserción de todo y 
se ponga con los presentes autos en que pido justicia, costas, etcé- 
tera. = Antonio de Vega y Navas. = Licenciado, Sánchez de 
Quesada. = Derechos, quince reales. 



Auto. 



Por presentada, llévese para su providencia al señor licenciado 
don Joseph Mendoza Jordán, Abogado de los R. Consejos, Alcalde 
mayor de esta ciudad. Asesor general de Su Señoría, para con su 
acuerdo proveer. Lo mandó el señor don Bernardo de Rojas y Con- 



489 

treras, caballero del orden de Calatrava, del Consejo de S. M. en 
su real junta de Comercio y de Moneda, corregidor de esta ciudad, 
intendente de ella y su provincia. Córdoba diez de Enero de mil 
setecientos sesenta y cinco años. = Rojas. := Ante mí: Juan Mar- 
tínez Valcárcel. 

Auío. 

En la ciudad de Córdoba á once de Enero de mil setecientos se- 
senta y cinco años, el señor don Bernardo de Eojas y Contreras, 
caballero del orden de Calatrava, del Consejo de S. M. en su real 
junta de Comercio y Moneda, corregidor de esta ciudad, intenden- 
te de ella y su provincia. Habiendo visto estos autos, y lo pedido 
por estas partes, mandó se haga saber á don Joseph Euiz, visita- 
dor de rentas provinciales del casco de esta ciudad y á don Bar- 
tolomé Carrion, su escribano, que parando en su poder la orden del 
Excmo. Señor Marqués de Esquiladle, que hicieron saber al her- 
mano mayor y veedor, diputado del arte de la platería de esta ciu- 
dad, la exhiban para que de ella y las diligencias en su virtud 
practicadas, ponga copia testimoniada en estos autos como por es- 
tas partes se pide. Así lo proveyó Su Señoría con acuerdo y pare- 
cer del señor Asesor general con quien lo firmó. Doy fé. = Rojas. 
= Licenciado, Mendoza. = Ante mí, Juan Martínez Valcárcel. 

Notificación. 

En la ciudad de Córdoba, á trece de Enero de mil setecientos 
sesenta y cinco años, yo el escribano público del número de esta 
ciudad, hice saber y notifiqué el auto que antecede á don Bartolo- 
mé de Carrion, escribano de S. M., y de la ronda del resguardo 
de rentas reales del casco de esta ciudad, el que entendido de su 
contenido, dijo que á el susodicho y á don Joseph Ruiz, visitador 
de dichas rentas en dicho casco, se encargó por el señor don Pe- 
dro Ignacio de Venero, caballero del Orden de Santiago, adminis- 
nistrador general de dichas rentas provinciales de esta ciudad y 
reino de que notificara la orden que se expresa del Excmo. Señor 



490 

Marqués de Esquilache, á la parte del arte de la platería de esta 
ciudad, á los fieles de las Puertas del Puente, Puerta Nueva y la 
del Rincón, lo que practicó, y con sus diligencias hechas lo volvió 
todo y entregó á dicho señor don Pedro Venero, con quien se en- 
tenderá la providencia. Esto respondió. Doy f'é. =: Juan Martínez 
Valcárcel. 

Oíra. 

En Córdoba, en dicho día, mes y año, yo el escribano hice saber 
y notifiqué el auto que antecede á don Antonio de Vega y Navas, 
procurador, á nombre de sus partes en su persona. Doy fé. =:Mar- 
tínez. 



ACUERDOS DE LA CONGREGACIÓN DE SAN ELOY 

DEL ARTE DE PLATERÍA DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA, SACADOS 
DE SU ARCHIVO 

Lilro I de cabildos. 



En la ciudad de Córdoba en diez y nueve de Septiembre de mil 
setecientos y veinte y siete años, se celebró cabildo en el hospital 
de Nuestra Señora del Amparo por la congregación del señor San 
Elo}', citados de ante dia por nuestro maj'ordomo; y en él hizo 
proposición el señor don Luis Joseph Ruiz de Navas, como her- 
mano mayor de esta congregación: Diciendo como en el dia treinta 
de Agosto próximo pasado, en el cabildo que dicha congregación 
celebró en el real convento de nuestro Padre San Francisco, hizo 
proposición el Padre guardián, suplicando á dicha congregación 
le habia de hacer favor de hacer una de las fiestas de la octava en 
que se celebra canonización de los Santos San Francisco Solano y 
San Jácome de la Marca, para cuyo fin hacia dicha súplica y pro- 
posición, y que esperaba por medio de tan ilustre congregación la 
harían con el lucimiento y devoción que acostumbra hacer sus fun- 
ciones, y que por mejor resolución citase el hermano mayor á di- 
cha congregación para la solución de lo propuesto, y habiendo oído 
dicha proposición todos los que se hallaron presentes, unánimes y 
conformes, acordaron se haga dicha fiesta y se salga con nuestra 
glorioso Santo en el último dia de la octava en la procesión que ha 
de salir de dicho real convento, y que para el gasto de dicha fies- 
ta ofrecieron los que se hallaron presentes, diferentes cantidades 
de maravedís, y al cuidado de dicho señor hermano mayor y del 



492 

señor don Francisco Bruno de Valenzuela y don Bartolomé Gar- 
cía, pasar á las casas de los demás individuos de dicha congrega- 
ción y proponerles lo acordado por dicho cabildo, y que cada uno 
acuda con lo que pudiere, y en este estado se concluyó este cabil- 
do. Yo el secretario de dicha congregación, doy fé. = Luis Joseph 
Ruiz de Navas. = Francisco Bruno de Valenzuela. =Bartholomé 
García. = Diego de Zúuiga y Mesa. = Gerónimo de Aguilar y 
Cueto. ^ Juan de Navas y Sanllorente. = Blas Antonio de la 
Cruz. = Antonio Vallejo. = Gaspar de Medina }' Cueto. = Juan 
de Castro, secretario de la congregación. 

Lo saqué á la letra como secretario de esta congregación del se- 
ñor San Eloy: doy fé. = Juan de Castro, secretario de la congre- 
gación. 



II 



En la ciudad de Córdoba en veinte días del mes de Abril de este 
año de mil setecientos y veinte y nueve, se celebró cabildo general 
por esta congregación del Señor San Eloy, del arte de la plate- 
ría, siendo citados de ante día: Y estando juntos los señores her- 
mano mayor, alcaldes, veedores, aprobadores y demás individuos 
de esta dicha congregación en el real convento de nuestro Padre 
íSan Francisco de Asís, el señor don Luis Joseph Ruiz de Navas, 
nuestro hermano mayor, propuso lo siguiente: 

Que el día diez y nueve de este presente mes, le fué hecho saber 
cómo venían á esta ciudad los Serenísimos señores Príncipes de 
España (1) cuya noticia la participó á dicho señor hermano mayor, 
el señor don Francisco Bastardo de Cisneros, corregidor de esta 
ciudad, quien pidió que esta congregación manifestase como siem- 
pre su gran lealtad, haciendo demostración de festejo; á que dicho 
señor hermano mayor ofreció juntar el presente cabildo y propo- 
ner lo referido como se ha ejecutado, y que esta dicha congrega- 
ción resolviese. 



(1) Don Luis Antonio Jaime y doña María Teresa, según dice al 
margen. 



493 

Habiendo oido y entendido todos los presentes lo propuesto por 
dicho señor hermano mayor, por sí y en nombre de toda la cofra- 
día, fué acordado se nombren por diputados los señores don í'ran- 
cisco López de Riva, don Pedro de Luque, don Antonio I\rart^nez, 
don Bartolomé de Aranda, don Alonso de Calatrava, don Martín 
de Luque, don Mauuel Bermudez, don Antonio Vizcaíno, don 
Francisco Bruno, don Bernabé García, don Bernabé del Álamo, 
don Juan León, don Gaspar de Medina, don Diego de Avila, don 
Tomás de Bustamante; cuyos diputados se nombraron por toda la 
congregación, y á cual se obligó por sí y en nombre de todos á pa- 
gar la costa que tuviere el adornar la Puerta Nueva, cuyo adorno 
lo dejan á elección de dichos señores diputados; y se obligaron á 
pagar dicha costa, sólo con relación jurada de dichos señores di- 
putados, y que dicha paga la harán luego que se les pida por re- 
partimiento hecho como es costumbre anticuada por esta congre- 
gación, y dichos señores diputados se obligaron á gastar y cos- 
tear dicha función hasta fenecerla del todo, supliendo á prorata 
cada uno lo que para ello fuere menester. Así lo acordaron y fir- 
maron los señores que presentes fueron, de que yo- el secretario 
doy fé.=: Luis .Toseph Ruiz de Navas. = Francisco Bernardos 
López de Reina. = Francisco Alonso del Castillo. = Pedro de 
Luque Leiva. = En este sitio cayeron los algodones del tintero 
por serró, juzgando ser la salvadera cuya mancha está debajo de 
este papel. =: Doy fé.= Castro. = Antonio Vizcaíno. = Fausto Ra- 
mírez. ::^ Bartolomé Francisco de Galvez y Aranda. ^ Juan de 
Luque y Leiva. = Miguel Ruiz Urbano. =: Blas Antonio de la 
Cruz. rz= Andrés Gómez de Lara. =; Gaspar de Medina Cueto. = 
Martin de Luque y Leiva. = Diego de Agu¡lar.= Manuel Bermu- 
dez. = Andrés de Luque. =r Francisco Muñoz y Domínguez. = 
Bernardo del Águila. = Domingo Tomás Carreras. = Acisclo 
Ruiz de Baena. =^ Gerónimo do Aguilar. ii= Juan Vigil. ::^ Ber- 
nardo de Soto.=r Joseph Fernandez. =: Bernabé García de los Re- 
yes. — Juan Sánchez de León. = Miguel de Castro. =Thomá3 de 
Bnstamante. ^= Juan de Panlagua y Aguilar. =: Álamo. = Mi- 
guel López Coracedo.^-- Juan de Castro, secretario. 



494 



III 



En doce dias del mes de Junio de mil setecientos y veinte y 
nueve años, se celebró certamen de los discípulos de nuestro arte 
de platería en el real convento de nuestro Padre San Francisco 
de Asís de esta ciudad de Córdoba; y estando juntos en la sala de 
la gobernación de dicho real convento los señores hermano ma- 
yor, veedores, mayordomo y demás individuos de dicha congre- 
gación, en cumplimiento de la ordenanza sexta de nuestro arte, 
se nombraron por jueces de dicho certamen á los señores don Luis 
Joseph de Navas, don Juan Ramiro Narvaez, don Juan de León 
Narvaez; y habiendo visto los dibujos y chapas que han hecho los 
discípulos y dichos señores jueces, distribuyeron el premio en la 
forma siguiente: A Joseph Mellado, y á Damián de Castro, y á 
Juan González, y á Ignacio de Aguilar, y á Joseph Iglesias, y 
Juan Galindo de Morales, y á cada uno de los referidos se les dio 
á cuatro reales de plata, y más á Diego del Prado y á Joseph Na- 
varro, á dos reales de plata cada uno, que todo componen toda la 
dicha cantidad sesenta reales de vellón, y aunque por acuerdo que 
hizo esta congregación el día del recibimiento de las ordenanzas, 
se acordó dar de premio cincuenta reales de vellón, en el presente 
certamen se adelantó hasta sesenta reales, los que se distribuyeron 
en la forma referida, y en este estado se concluyó la celebración 
de dicho certamen, y lo firmaron los señores que presentes fueron, 
de que yo el secretario doy fé. = Luis Joseph Euiz de Navas. = 
Fausto Ramiro Narvaez. = Gonzalo de Luque y Leiva. = Martin 
de Luque y Leiva. = Blas Antonio de la Cruz. = Juan Félix de 
León. =1 Bernardo de Heredia y Estrada. = Francisco Castejon. 
-=: Luis de Estrada y Quesada. = Juan de Castro, secretario. 

IV 

En la M. N. y M. L. ciudad de Córdoba, en veinte y tres dias 
del mes de Julio de mil setecientos treinta y dos años, la congre- 
gación del Señor San Eloy se juntó en las casas de don Francisco 



4&5 

Bruno de Valenzuela, jurado perpetuo del regimiento de dicha 
ciudad y hermano mayor de dicha congregación, habiendo sido 
citados de ante dia á celebrar cabildo, y en él ver un memorial 
presentado por la hermandad del glorioso Arcángel y Señor San 
Raphael, y en él se trató lo siguiente: 

Pro'posicion. 

Don Francisco Bruno de Valenzuela, proponiendo dice, que ha- 
biéndole traido el hermano mayor y dos diputados de la herman- 
dad del glorioso Arcángel Señor San Raphael, un memorial en 
que pide á la congregación del Señor San Eloy, se sirva de hacer 
una de las fiestas de la octava que tienen determinada, en haci- 
miento de gracias de haberse acabado la nueva iglesia consagrada 
á el glorioso Santo Arcángel, en lo que recibirá especial favor. Y 
siendo tan de la obligación de todos concurrir á un fin tan glo- 
rioso, por lo mucho que debemos á su poderosa intercesión, pare- 
ce se hace preciso, hacer una de las fiestas de su octava, lo que 
pone eu su consideración para que determine lo que tuviere por 
más conveniente. 

Acuerdo, 

La congregación, habiendo oido el memorial presentado por la 
hermandad del glorioso Arcángel Señor San Raphael, y proposi- 
ción hecha por dicho señor hermano mayor, acordó se haga una 
de las fiestas de su octava, siendo la segunda ó la penúltima de 
las que se hicieren; y que el memorial con copia de este acuerdo, 
ae ponga en el archivo para que siempre conste, y para la dispo- 
sición de las cosas que conducen á dicha fiesta, y para que se 
haga con la mayor solemnidad que se pueda, nombró para sus 
diputados á los señores don Francisco Bruno de Valenzuela, don 
Antonio Vizcaíno de Alfaro y don Alonso de Calatrava y Pineda, 
á los cuales da facultad para su disposición, y que la limosna que 
Be recogiere entre los individuos de esta congregación se distribu- 
ya en dicha función, y hecha se traiga á el primer cabildo que se 



496 

celebrare, cuenta formal de cargo y data, para si no alcanzare la 
limosna que se recogiere, lo supla esta congregación, y si sobrare 
se determine sobre su aplicación; así lo acordó y lo firmaron di- 
chos señores que presentes fueron, y yo el secretario de esta con- 
gregación doy fé. = Francisco Bruno de Valenzuela. = Francisco 
Alonso del Castillo. = Antonio Vizcaino de Alfaro. = Antonio 
Martinez Mateos de Ribera. = Gonzalo Luque de Leiva. = Joseph 
Canalejo y Sabariego. = Gaspar de Medina Cueto. 

V (I) 

Y asimismo por parte de don Juan de Segovia y La Hoz, que 
estaba presente como seise conciliario, fué presentado un memo- 
rial del tenor siguiente: 

Mu?/ Ilustre Congregación. 

Don Juan Martin Segovia y La Hoz, artífice en oro aprobado 
por este colegio, veedor acompañado que ha sido y de presente 
seise conciliario: con todo rendimiento, puesto á los pies de tan 
ilustre congregación, dice: que atento á que está acabando de tra- 
bajar y escribir un copioso volumen (cuya mayor parte que se 
halla sacado en limpio hace px-esente y manifiesto), en el que in- 
tenta tratar de todas las materias y operaciones que se pueden 
ofrecer á todos los artífices de nuestro arte, por lo que le intitula, 
Universidad de la platería g compendio de todas ciencias; y de- 
seando que esta obra tenga todos los requisitos que le competen, 
es de hacer más extenso el capitulo siete del Proemio, que trata del 
sublime concepto de estimación con que está reputada nuestra no- 
ble arte déla platería, con la noticia por breves índices de los par- 
ticulares, privilegios y ejecutorias honrosas que tienen y guardan 
en sus archivos las platerías de las principales capitales de Espa- 



(1) Este documento es el final del acta de la sesión del 25 de Julio 
de 1745. Todo lo que en ella se trató es de escaso interés, y como sea 
muy larga, hemos creído oportuno copiar sólo lo útil. 



497 

ña, lo que podrá lograrse segura y prontamente, siendo pedido y 
solicitado por parte de la congregación, por lo que hace la súplica, 
se sirva acordar se escriba y suplique á dichas platerías, remitan 
jos dichos índices, y habidos que sean, se le entreguen al suplican- 
te, jnnto con el respectivo sacado del archivo de esta congregación, 
deseando en todo los merecidos aplausos de nuestra nobilísima 
arte de la platería, cuyo expresado favor espera recibir de tan 
ilustre congregación, y siempre rogando á Dios Nuestro Señor, le 
prospere felices años, etc.=Artífice y servidor de esta congrega- 
ción, Juan Martin Segovia y La Hoz. 

Y habiéndose leido en alta voz por mi, el infraescripto secreta- 
rio, pidió el suplicante licencia á la congregación para separarse 
de la junta, para que sin su asistencia se acordara sobre dicha 
pretensión, á cu3-a ausencia no se dio lugar, atendiendo dichos 
señores á lo loable de la expresada pretensión, y que su desvelo 
se dirige á hacer públicos los honores de nuestra arte y excerap- 
ciones de sus profesores, mandando que de el presentado crecido 
volumen, se lej^eran algunos capítulos que especialmente se hizo 
del séptimo citado, en dicho memorial, lo que tuvieron dichos se- 
ñores por bastante para corroborar el buen concepto que piiblica- 
mente está hecho de los estudios y aplicación del dicho don Juan 
de Segovia, y que su obra será la más útil y copiosa que hasta hoy 
se ha escrito, por lo que á una voz se le dio por dichos señores los 
correspondientes agradecimientos: Y acordaron se copiase en este 
acuerdo á la letra el expresado memorial, y que en nombre de los 
señores nuestro hermano mayor, veedores y secretario, se escri- 
ba y suplique á los colegios de nuestra arte de las principales ca- 
pitales de España, remitan los expresados índices ordenando poi 
el actual secretario de la congregación entregue como se pide la 
razón de los instrumentos conducentes que se hallan en nuestro ar- 
chivo: todo lo que asi lo acordaron y determinaron dichos señores, 
y firmaron. Fui presente como secretario sustituto de dicha con- 
gregación. De ello doy fé.r= Juan Galindo y Morales. = Francis- 
co Sánchez Taramas.r^ Tomás Fernandez de Pedraxas.=: Antonio 
Martínez de Dueñaíi.^-" Juan Félix de León. — : Bernardo de Here- 
ília y Estrada. :rr: Mathias García de Vela. := Juan Sánchez Izquier- 
ToMo CVII. 32 



498 

do. = Juan Martin Segovia y la Hoz. = Martin García Vallejo.=; 
Gonzalo Muñoz Maldonado. = Francisco Galindo Morales. ;= Juan 
González. = Andrés de Coria. =r Joseph Antonio Garcia.= Joseph 
Gabriel Ceballos y Bonrostro, secretario. 



VI 



En la ciudad de Córdoba, en diez dias del mes de Octubre del 
año de mil setecientos y cuarenta y seis años, se citó á cabildo 
de orden de nuestro hermano mayor, y por el maj'ordomo agente, 
se hizo dicha citación con dos dias de antelación al dia de la fecha, 
como lo han de uso y loable costumbre, para el convento de San 
Pedro el Real, orden de nuestro Padre San Francisco, y en el 
dicho cabildo nos asistió el M. R. P. Presentado Fr. Juan Or- 
duy, y en dicho congreso propuso nuestro hermano mayor lo si- 
2;uiente: 

Proposición. 

Don Juan Galindo y Morales, jurado del regimiento de esta 
ciudad y hermano mayor actual de la congregación del Señor San 
Eloy, propuso en dicho cabildo, como fuere citado por Su Señoría 
la ciudad el dia siete de dicho mes, lo que puso en ejecución 
acompañado de don Bernardo de Heredia, veedor actual, y estan- 
do en las casas de ayuntamiento, oyó la proposición que le hizo el 
señor don Francisco Joseph de las Infantas, juez pesquisidor y su- 
perintendente general de rentas reales de este reinado; dijo dicho 
señor nuestro hermano mayor, cómo la ocasión presente y las no- 
vedades que acaecían pedían, como de justicia, el que la congre- 
gación le acompañase en los júbilos y celebraciones, tan debidas á 
una exaltación tan delicada (1), y que pues Su Señoría tenia tan- 
tas noticias del modo con que siempre se había portado el colegio 
y congregación de la platería, pedia á nuestro hermano mayor y 



(1) La proclamación de Fernardo VI. 



499 

congregación le diesen ese gusto, haciendo algo de lo que acos- 
tumbraban. En el cabildo dicho propuso nuestro hermano mayor á 
la congregación la recomendación hecha por Su Señoría la ciudad 
y señor juez, y como no corresponden las fuerzas á la voluntad, 
pues es notoria la quiebra que padece dicho arte, y no obstante se 
subordina dicha congregación al buen dictamen de su hermano 
mayor y demás señores oficiales, confederándose con sus pareceres, 
con el deseo de ver si pueden hacer algo de lo mucho que desean 
en exaltación tan deseada; sin embargo de la injuria que padecen, 
quedaron todos los señores que presentes fueron á dicho cabildo, 
unánimes y conformes á la determinación del colegio y congrega- 
ción en todo, para lo que se nombraron seis diputados, que fueron 
los siguientes: señor don Juan Galindo y Morales, nuestro herma- 
no mayor; señor don Bernabé García de los Rej'es; señor don 
Bernardo Heredia y Estrada; señor don Bernabé del Álamo y 
Valderrama; señor don Joseph Zeballos y Buenrostro; señor don 
Domingo Tomás Carreras; y á dichos señores diputados se les 
dieron todas las facultades precisas y arregladas al pensamiento 
propuesto, y asimismo, están dichos señores hechos cargo de la 
desolación en que se mantiene dicho colegio, y en este estado y 
forma queda obligada la congregación á responder, satisficiendo 
dichos gastos y lo que causare la formación del carro que se pro- 
puso en el dicho cabildo, quedando los demás gastos de cuenta de 
los sujetos que se convidasen para la dicha salida; haciendo cada 
uno de por sí su gasto, como se trató en dicho cabildo, y asimis- 
mo que dicha cantidad se ha de repartir por la congregación con 
la mayor proporción, según las fuerzas de cada xmo, y se ha de 
cobrar con antelación para ejecutar dichos gastos los mencionados 
y no más, pues es constante que nuestro hermano mayor no lo tie- 
ne y que tiene otros muchos gastos hechos, y no puede; y así será 
razón repartirlo y cobrarlo y gastarlo, y en esta forma se feneció 
ebte cabildo de todo lo dicho y de que lo firmaron los señores que 
parecerán por sus firmas; yo el secretario déla congregación, do}^ 
fé.r^Juan Galindo y Morales. ^=Fr. Juan Orduy.= Bernabé Gar- 
cía de los Reyes. -^Bernardo de Heredia y Estrada. ^=Juan Félix 
.de Leon.=Antonio Martínez.— rBernabé del Álamo. =:Joseph Ce- 



500 

l)allos.=Domingo Tomás Carrera s.=Gerónimo de Aguilar y Cue- 
to. = Juan de Luque y Molina. :=Joseph de Vargas Machuca. = 
Andrés de Coria. = Juan González. =:Juan de SoldeviIIa.=Lorenzo 
Joseph Camacho. = Francisco Rogelio Alcaide. =:Fraii cisco Galin- 
doy Morales. =Bernardo de Cáceres Berlanga.= Joseph Francisca 
Carreras y Bonrostro.=Francisco Antonio González Valderrama^ 
secretario de la congregación. 



VII 

En la ciudad de Córdoba, en treinta dias del mes de Abril de 
mil setecientos 5'^ cincuenta y tres años, estando en las casas en 
que hace su morada don Gregorio de la Cuesta y Cea, jurado del 
regimiento de esta dicha ciudad, los señores veedores, fiel con- 
traste y demás oficiales que componen la tabla del colegio y con- 
gregación del arte de platería de esta ciudad, cuyos nombres al 
íin de éste parecerán por sus firmas, se juntaron en dichas casas 
después de las oraciones, por citación que tuvieron de ante dia 
de orden de dicho señor hermano mayor, por el mayordomo de 
este colegio, en la cual dicha junta se trataron varias cosas, per- 
tenecientes y útiles para el buen gobierno de esta congregación,, 
entre las cuales que necesita, y se mandó anotar, fué lo siguiente: 

El dicho señor hermano mayor dijo que en atención á su em- 
pleo, que su mayor obligación se dirigía al celo y mayor culto 
del glorioso santo nuestro patrón el Señor San Eloy, y así de- 
seaba la mayor decencia en su altar y venerada imagen que en 
propiedad tenia esta congregación en el convento del Señor San 
Pedro el Real y casa grande de la observancia el seráfico Padre 
San Francisco, de esta ciudad. La cual dicha imagen y retablo 
no estaba en la mejor vista, así por su antigüedad como los de- 
más defectos que ocasionan los muchos años, y que contemplando- 
en los demás señores oficiales sus compañeros el mismo ardor y 
celo para dicho mejor culto, habia determinado proponerles, como 
les proponía, se hiciese un retablo primoroso para el susodicha 
altar, pues además del merecido culto á nuestro dicho santo patrón 



501 

era crédito de esta congregación tener ua expresivo que manifes- 
tara algo de su mucha devoción, fijándolo en un sitio tan público 
y tan notado de los fieles, como ser en uno de los colaterales de 
la capilla mayor de dicho convento, y por cuanto estaba enten- 
dido ser del agrado de Dios, y nuestro santo, hacía la expresada 
proposición y resolviesen á su voluntad. 

Oida la proposición ante escripta y hecha por el dicho señor 
hermano mayor, acordaron se hiciese el retablo para el altar del 
glorioso Señor San Eloy en el citado convento, y para el logro de 
su consecución, determinaron se nombrasen diputados para que 
tratasen y ajustasen dicha obra, y fueron nombrados el dicho 
señor hermano mayor don Gregorio de la Cuesta, y don Do- 
mingo Tomás Carreras, y don Bernardo Rubio, y les dieron sus 
facultades para que en voz y nombre de esta congregación trata- 
sen con los artífices tallistas del justo precio de su coste, arre- 
glándose al dibujo ó planta que se les daría; convencidos en ella 
todos los oficiales de esta congregación que se hallasen presentes, 
reduciendo su coste y ciñéndose á la cantidad de cuatro á cinco 
mil reales de vellón, en corta diferencia de más á menos, la cual 
expresada cantidad, siempre será aprobada y recibida en cuentas 
por esta congregación; y los dichos señores diputados nombrados 
aceptaron el dicho nombramiento y se ofrecieron con mucho gusto 
al cumplimiento de su cargo, á todo lo cual, yo el secretario, 
acompañado en ausencias, de don Joseph Ceballos, fui presente, y 
de que así lo acordaron y firmaron dichos señores que se hallaron 
presentes, doy fé. = Gregorio de la Cuesta y Cea. = Francisco Sán- 
chez Tharamas. = Blas Antonio de la Cruz. = Jorge Joseph Jura- 
do. = Gerónimo de Aguilar.= Juan Félix de Lyon yNarvaez.= 
Bernardo Rubio Barrionuevo. = Domingo Tomás Carreras. = Ber- 
nabé Palomino. = Diego de Lara.=j Manuel de Avila. =Andrés de 
'Coria. ^Joseph de Vargas Machuca, secretario. 

VIII 

En la ciudad de Córdoba y en quince diaa del mes de Julio de 
«lil setecientos y cincuenta y siete años, estando en las casas en 



502 

que hace su morada don Gregorio de la Cuesta y Cea, jurado del 
regimiento de esta ciudad y hermano mayor de este colegio de 
platería de esta dicha ciudad, se juntaron en las dichas casas loa 
señores veedores y demás oficiales de tabla, cuyos nombres parece- 
rán por sus firmas, y en presencia de dicho señor hermano mayor 
y del presente secretario, se conferenciaron diferentes asuntos 
pertenecientes á esta congregación, y el particular que se mandó 
anotar y constase por el presente acuerdo, fué dar facultad á dicho 
señor hermano mayor para que en el retablo que se hizo á la ima- 
gen del Señor San Eloy, en su altar, que está en el convento de 
San Francisco de esta ciudad, entre el adorno que tiene dicho reta- 
blo se miran dos hechuras de ángeles de asistencia sin conocido 
nombre, y teniendo el correspondiente que se ha de poner en el otro 
colateral á San Miguel y San Eafael, se le den movimientos á las 
dichas hechuras de San Gabriel y Ángel de Guarda, y se le abone 
á dicho señor hermano mayor ciento y cincuenta reales, poco más 
ó menos, que es lo que por los artífices inteligentes han regulado 
tendrá de costa, y asimismo dijeron abonaban á dicho señor otros 
ciento y cincuenta reales de vellón, para el agente de las depen- 
dencias de esta congregación en la villa y corte de Madrid, y resi- 
dente en ella, por hacerse preciso el dicho reconocimiento; y para 
el resguardo en sus cuentas de dicho señor hermano mayor, se 
mandó anotar lo determinado en dicha junta por los referidos ofi- 
ciales, los que así lo determinaron y firmaron, de que yo el secre- 
tario de este colegio, doy fé.=Gregorio de la Cuesta y Cea.=Ber- 
nardo Rubio Barrionuevo.=!Francisco Galindo y Morales. =Ma- 
nuel Barrios. = Jorge Joseph Jurado. = Bartolomé Calderón. =^ 
Bartolomé de Aranda.=Juan Andrés González. =Joseph Antonio- 
García. =Thomás Rubio. = Juan Sánchez Soto.=Manuel Nicolás 
de Pineda Marroquí. =Diego Muñoz y Vergara.=:Christóbal Sán- 
chez y Soto.=Joseph Gabriel Ceballos y Bonrostro, secretario. 

En esta M. N. ciudad de Córdoba, día veinte y seis de Abril de 
mil setecientos cincuenta y nueve, se celebró cabildo por esta con- 



503 

gregacion y arte de platería en las casas que hace su morada don 
Juan Cortes y Luna, hermano maj'or de este ilustre colegio con- 
gregación del Señor San Eloy, siendo citados de ante dia los se- 
ñores veedores, contraste, seises y demás oficiales que componen 
la tabla, y diferentes señores congregados que parecerán abajo por 
sus firmas; siendo todos juntos ante mi el infraescripto secretario 
de esta congregación, habló dicho señor hermano mayor en altas 
inteligibles voces para que todos oyesen que el motivo que había 
tenido para el citado cabildo, que además de los señores de la con- 
vocatoria de tabla habia convidado para que diesen sus pareceres 
al señor don Fernando de Navas, don Tomás Rubio, don Francisco 
Bermudez, don Bartholomé de Aranda, don Francisco Rogelio, 
don Domingo Carreras, don Juan Ruiz, don Alonso Millan, don 
Francisco de Dios, don Alonso de la Huerta, don Francisco Ma- 
dueño, don Pedro de Cáceres y demás que se citaron de nuestros 
congregados, que se citaron por nuestro mayordomo y no concur- 
rieron, hizo nuestro hermano mayor esta proposición: Señores: 
á Vmds. les consta que el retablo de nuestro gloriosísimo Señor San 
Eloy estaba acabado de madera desde el año de cincuenta y cuatro, 
puesto y acabado de talla en el altar de nuestro titular en la iglesia 
de San Pedro el Real, convento de nuestro Padre San Francisco 
de esta ciudad, en uno de los dos colaterales de dicha iglesia, con 
cuyo motivo de dicho nuestro retablo habia hecho el reverendo pa- 
dre lector jubilado Fr. Juan de Alcoba, provincial que fué de la 
provincia de Cranada, observancia de esta casa de esta ciudad, se 
dedicó á hacer con su gran devoción otro igual en toda fábrica al 
de nuestro glorioso patrono en el otro colateral de dicha iglesia 
que se venera por la devoción á Santa Rosa, y dicho reverendo pa- 
dre suplicó á nuestra congregación que siempre que se pudiese 
concluir y perfeccionar con el dorado de nuestro retablo, se compro- 
metía dicho padre á dorar el que á su dispensa había hecho y 
acabado de talla, que se halla como el nuestro, y para que de esta 
forma concluidas estas dos obras, una la nuestra, y otra la del re- 
verendo padre, quedaría con mucho más adorno la iglesia, más de- 
voción, más culto á nuestro glorioso patrono, pues son los dichos 
altares los que están más manifiestos á la pública veneración de 



504 

todo el pueblo. Oidas estas representaciones de dicho reverendo pa- 
dre, me comprometí á hacer todo lo de mi parte, á fin de que el 
resto de toda la congregación coadj'udase á este santo fin, dando 
sus i*esoluciones para lo aquí expuesto. Oido todo este razonamien- 
to por los señores veedores y demás dichos señores, le dijeron á di- 
cho señor que dijese los caudales que tenía en su poder de presen- 
te, de limosnas recogidas, de exámenes y de aquellos débitos que le 
hubiese entregado su antecesor; en atención á esta pregunta res- 
pondió que se hallaba con alguna cantidad, así de los exámenes que 
había hecho y limosna que habia recogido de algunos, que de la 
contribución anual habia cobrado; dada que fué esta razón dispu- 
sieron estos señores que por votos secretos recogidos por el presen- 
te secretario se pasase á ver si se convenían á que se dorase dicho 
retablo, lo que levantándome de mi lugar puse en un pliego de pa- 
pel la señal para recoger los votos que por sus lugares fueron vo- 
tando cada uno de por sí, y en su lugar y concluido que fué este 
acto con la más recta seriedad, di cuenta en público de los votos re- 
cogidos, diciendo: «Señores, de todos los circunstantes no falta nin- 
gún voto, pues todos unánimes han dicho que se dore, que se dore, 
que será del agrado de Dios, de que doy fé, como de haber oido 
otros actos de celo de cada individuo que omito. Viendo este par- 
ticular concluido, expuso dicho señor hermano mayor, que sí se le 
permitía facultad para que hiciese dos ángeles nuevos de aumento 
en dicho retablo, y estofarlos, pues le hacen notable falta para per- 
fección de dicha obra, y otras menudencias como son unas almoha- 
dillas para las andas de nuestro Santo, y unos guques, y asimismo 
expuso dicho hermano mayor que en las targetas que se hallan en 
el retablo han borrado algunos letreros en que daban cuenta del año 
que se habia hecho, que fué en el de cincuenta y cuatro, quién eran 
hermano mayor y veedores en aquel tiempo, quitar dichas letras 
y en su lugar se pongan algunos atributos ;de nuestro patrono con 
solo un rótulo que diga expresamente, se hizo en el año de mil se- 
tecientos cincuenta y cuatro, de madera, y se doró en el de mil se- 
tecientos cincuenta y nueve, á devoción de este ilustre colegio 
y congregación; y asimismo dijo dicho señor hermano mayor que 
si cuando cesase en su empleo no se hubiese reintegrado en el des- 



505 

-embolso que hubiese hecho para hacer el pago de dicha obra, debía 
la congregación estar pronta á satisfacerle todo aquello que hubie- 
se suplido á este fin, como otros que puedan causarse hasta el final 
de dicha obra. Diéronsele facultades para que ajuste con el maes- 
tro de dorador recogiendo escritura, ó relación jurada de dicho 
maestro, y en esta forma se obliga dicha congregación á satisfacer- 
le á dicho señor hermano mayor de aquellos efectos que tenga más 
proporcionados, que son las limosnas que anualmente se cobran del 
resto de los individuos de esta congregación, ó exámenes que se 
hagan por este colegio, y en esta forma expresó dicho hermano 
mayor estar pronto á ejecutar todo lo aquí expuesto, por lo que todo 
el resto de la congregación le dieron repetidas gracias por su fer- 
voroso celo y deseo del culto de nuestro tanto glorioso patrono, de 
que j'o el secretario doy fé de haberme hallado presen te. =1 Juan 
Cortés y Luna.=Damian de Castro. =Francisco Galindo y Mora- 
les. =:Jorge Joseph Jurado. =Joseph Gabriel Ceballos y Bonros- 
tro.=:Blas Antonio de Austria. =Antonio González Valderrama. 
^Mathías Vela.=Joseph Antonio García. =Diego de Lara.z=:Ma- 
nuel de Barrios. =Bartolomé Calderón. r=Cristóbal de Soto y Pa- 
niagua.=Juan Sánchez Soto.=Christóbal Sánchez Soto.=Fran- 
cisco Cifuentes.=:Thomas Rubio. =Fernando de Navas. =Pedro 
de Cáceres y Ayllou.=üomingo Tomás Carreras. =Francisco Ro- 
gelio Alcaide. =:Bartolomé de Aranda.=Francisco de Dios Ayuda. 
^Francisco Bermudez.=:Alonso Mil]an.=:rJuan Ruiz Blanco de 
Cea.=rFrancisco Madueño y Correa. =Alonso de la Huerta. =rJo- 
seph del Hoyo Tafur.=Ante mí, Bernardo Rubio Barrionuevo, se- 
cretario. 



X 



En la N. y M. L. C. de Córdoba, en veinte 3^ un dias del mea 
de Septiembre de mil setecientos cincuenta y nueve años, juntos 
todos los artífices aprobados de la ilustre congregación y colegio 
arte de platería, como abajo parecerán por sus firmas, siendo ante 
dia citados por el mayordomo y con orden de su hermano mayor 
que lo es don Juan Cortés y Luna, y con la asistencia del fiel con- 



506 

traste y los veedores de dicho arte y demás número de oñciales de 
tabla, y ante mí el infraescripto secretario en dicho día, puestos en 
el salón que hay frente del refectorio de dicho convento al margen 
de esta foja (1) puestos en su lugar y asientos según su orden y 
práctica en estos casos, y con la asistencia del muj' reverendo pa- 
dre Fray Francisco de Molina que presidió dicho cabildo, hizo 
nuestro hermano mayor esta proposición: 

Pro¡)Osicion. 

Señores: sean Vmds. sabidores que Su Excelentísima la ciudad 
con motivo de la exaltación al trono de nuestro Rey y Señor don 
Carlos tercero, que Dios guarde, pide á este arte que como siempre 
se ha empeñado en dar muestras tan distinguidas en semejan- 
tes funciones y regocijos de júbilo y placer, y que el señor inten- 
dente don Alberto de Suelves ya está informado de la pasada fun- 
ción que este colegio habia hecho en la máscara seria que hizo 
cuando la exaltación del Monarca que de Dios goce el señor don 
Fernando el sexto, se inclinaba dicho señor intendente que ahora 
se haga la misma en semejante función, pues á el pueblo y foraste- 
ría tanto gusto se les habia dado, que siempre agradecería dicho' 
señer intendente y la ciudad el desempeño de este asunto al colé- 
gio y congregación; lo que oido por los señores veedores y demás 
número de tabla, dijeron unánimes y conformes con los demás del 
resto de la congregación que era preciso á tan debida súplica ha- 
cer el mayor desempeño, pues era honra de nuestro colegio, crédito 
y honor; expuso dicho hermano mayor el estar la congregación 
con la obra del dorado del retablo, ya comenzado, y que para este 
caso le era sensible no tener caudales suficientes; lo que oido por 
dichos señores veedores dispusieron el que los diputados que se 
nombren á este fin, que hagan y prevengan lo necesario á esta 
función con la mayor decencia y seriedad, siendo de dictamen de 
todo el resto del colegio que se haga la máscara á excepción que la 
de la vez pasada fué de noche, y ésta sea por la tarde para mayor 



(1) San Francisco. 



507 

laciniiento; y que unido el hermano mayor con los diputados, no 
teniendo el santo caudales, con los más proutos efectos que haya 
lugar, con repartimiento general entre todo el arte arreglado se- 
gún fondos de cada individuo; para este fin fueron nombrados di- 
putados los más idóneos y desinteresados sujetos, que fué en esta 
forma: nuestro hermano mayor en primer lugar, don Gregorio de 
la Cuesta, don Francisco Galindo, don Jorge Joseph Jurado, don 
Mathías Vela, don Pedro Mendoza, don Damián de Castro, quien 
renunció de dicho empleo por sus muchas ocupaciones, y en su lu- 
gar se nombró á don Diego de Lara, don Joseph del Hoyo, don 
Bernardo Rubio, que todos aceptando dicho nombramiento de di- 
putados ofrecieron poner cada uno de su parte para el lucimiento 
de esta función, disponiéndose que se hiciese la invención de más- 
cara las cuatro partes del mundo, con vestimentas que asemejen 
con la mayor propiedad, con su carro triunfal donde v&ya. de- 
mostrando nuestro Rey y Reina, y que vaya todo el colegio con el 
mayor lucimiento á caballo, y que para estos gastos si algún dipu- 
tado supliere alguna cantidad, siendo justificada, se le haya de pa- 
gar el hermano mayor de aquellos caudales que haya, y la congre- 
gación ha de estar pronta á nuestro hermano mayor á darle satis- 
facción si hiciere algún desembolso, supliendo algunos maravedi- 
ses á este fin. En esta forma se feneció este cabildo, de que j'o el 
secretario certifico, de haber sido todo lo referido en mi presencia, 
y que firmaron en dicho dia, mes y año. =: Francisco Solano de 
Molina. =^ Juan Cortés y Luna. == Gregorio de la Cuesta. = Da- 
mián de Castro. = Jorge Joseph Jurado. = Blas Antonio de 
Austria. =: Diego de Lara. = Mathias García de Vela. = Fran- 
cisco Cifuentes. —: Bartolomé Calderón. =; Pedro Francisco de 
Mendoza. = Alonso de Luque y Leiva. == Francisco Rogelio Al- 
caide. = Joseph de Calatrava.=Joseph del Hoyo y Tafur.=r Joseph 
de los Reyes. =: Francisco Martinez y Córdoba. = Antonio de 
Mendoza. = Pedro de Flores. = Diego de los Reyes. = Bernardo 
Rubio del Castillo y Barrionuevo, secretario. 



508 



XI 



En la ciudad de Córdoba, dia diez y seis del mes de Junio de mil 
setecientos setenta y nueve años, estando en la sacristía del conven- 
to de San Pedro el Real, religiosos observantes del orden de mi 
Padre San Francisco, casa grande de ella, los señores don Bernar. 
do de Cáceres, hermano mayor, don Juan de Luque y Leiva, y 
don Damián de Castro, contrastes; don Juan Andrés González 
Alcalde; don Josefde Soto, don Francisco de Aguilar y don Diego 
González, veedores; don Diego del Pozo, mayordomo; don Alonso 
de la Huerta, don Francisco del Pozo, don Juan Polinario, don 
Pedro de Cáceres }' don Rafael del Hoyo, todos individuos de la 
ilustre congregación del Señor San Eloy, arte de platería de esta 
ciudad, citados ante dia por dicho mayordomo, como es costum- 
bre, para acordar lo que se contendrá en este cabildo, procedieron 
por ante mí, el secretario de dicha congregación, á celebrar por 
sí y á nombre de los demás individuos de dicha congregación, que 
•de presente son y fueren en lo sucesivo, por quienes prestaron cap- 
ción de ratto gratto, deque estarán y pasarán por lo que se ex- 
presará: á presencia del señor don Miguel Ximenez Navarro, ca- 
ballero del orden del Señor San Juan, intendente general de todas 
las reutas reales de esta ciudad y su provincia, se procedió á él en 
la forma siguiente: 

Habiéndose visto una real cédula de Su Majestad, su fecha en 
Aran juez, á los veinte y nueve de Abril del año próximo anterior, 
librada por ante don Luis de Al varado, escribano de la real junta 
de Comercio y Moneda, por la que Su Majestad se ha servido 
aprobar el establecimiento de una escuela que ha puesto en Ma- 
<irid don Antonio Martínez para enseñar la construcción de alha- 
jas finas y comunes de oro, plata, y similor y acero, con esmaltes 
y sin ellos, con varias condiciones, reducidas á lo contenido en 
diez y ocho capítulos que comprende la expresada real cédula, y 
con atención al cuarto, sexto y octavo, expresivos, el primero, de 
haber de concurrir á lo menos á su escuela, diez y seis jóvenes de 



509 

catorce á veinte años de edad, que tengan la necesaria suficiencia 
en el dibujo; el sexto, que la admisión de ellos ha de ser con pre- 
via obligación de responsabilidad de sus padres, ó de otra persona 
abonada, si no los tuviesen; de continuarlos por cinco años á su 
costa, hasta que sean aptos para ganar jornal; y el octavo, que la 
aprobación y examen la ha de ganar cada discípulo en oposición 
con los demás, á fin de que se excite entre ellos su honrosa emu- 
lación y aprovechamiento: En vista de todo, y con presencia de la 
conferencia que dichos señores tuvieron entre sí para el mejor 
acierto y disposición, arreglada á dicha real cédula, acordaron 
enviar á la expresada escuela sujeto de esta vecindad para que se 
instruya en el uso de las máquinas del don Antonio, de la edad 
que se previene, á quien ha de asistir la congregación, como á sií 
nombre los señores concurrentes se obligan á hacerlo, por espacio 
de cinco años, con cien ducados vellón cada uno por vía de grati- 
ficación para su manutención; con la circunstancia de que, si antes 
de cumplirse estuviese instruido en dichas máquinas y fábricas, y 
capaz á ganar jornal para mantenerse, ha de cesar la obligación 
insinuada, y que la elección del sujeto ha de ser, precedido exa- 
men, en el más sobresaliente en dibujo y buril, atendiendo también 
á su buena crianza, conducta y disposición para adelantar en el 
arte, cuyo examen y oposición se hiciese en las casas de dicho se- 
ñor intendente, si Su Señoría lo tenia á bien, como lo tuvo, pres- 
tando su consentimiento, á cuyo fin, y para la ocurrencia de dichos 
opositores, se citase por medio de esquelas á todos los maestros de 
este arte, para que les constase y enviasen para dicho examen y 
oposición á las enunciadas casas, para el dia veinte y uno del cor- 
riente raes y año, sus hijos, discípulos, aprendices, oficiales de 
la edad prevenida, para que, en oposición, y con atención ú sus 
circunstancias, ganase el más benemérito; y al que se eligiese se 
encargase especialmente en que concurriese por las noches á la 
Academia de dibujo, que tanto conduce á la perfección del arte, si 
esto fuese compatible con la disposición que haya de trabajar en 
las casas del don Antonio Martínez. 

En cuyo estado so finalizó este cabildo, quo firmó dicho señor 
intendente y también los concurrentes, quienes dieron muchas 



510 

gracias á Su Señoría por haberlos favorecido con su asistencia, é 
interesándose, como lo hace, en el mayor aumento y perfección 
de este arte; de todo lo cual, yo el infraescripto secretario., certifi- 
co. =Ximenez.=iJuan de Luque y Le¡va.=Bernardo de Cáceres 
y Ayllon.=Juan Andrés González. =Prancisco de Aguilary Cue- 
to. =Joseph de Soto Alférez Panlagua. =Damian de Castro. =: 
Diego González de la Mata.=rFrancisco del Pozo.=Pedro de Cá- 
ceres y Ayllon.=Juan Apolinario.=Alonso de la Huerta. =Diego 
del Pozo.=RafaeI del Hoyo Tafur.=Rafael de Vilches y Cea, se- 
cretario. 

En la M. N. y M. L. ciudad de Córdoba, dia veinte y uno del 
mes de Junio de mil setecientos setenta y nueve años, en virtud 
del acuerdo antecedente, y de haber publicado á todos los indivi- 
duos de la congregación la oposición entre los discípulos de este 
arte, en las casas del señor don Miguel Ximenez Navarro, caballero 
del orden de San Juan, intendente de esta ciudad y su provincia, y 
con asistencia del señor hermano mayor y veedores, y en presen- 
cia de don Miguel Verdiguier, maestro de escultura, concurrieron 
Antonio Hidalgo, Bartolomé del Pozo y Rafael Beltran y Corne- 
jo, á los que, en presencia de dichos señores, se les dio á cada uno 
un dibujo, el que habiéndolo concluido y pasado á la prueba de 
ellos, se declaró por más conveniente el que vaya á la Academia 
de Madrid Antonio Hidalgo, de que estando todos conformes, 
quedó nombrado por el arte, de que se dio cuenta, y aceptó su 
nombramiento, y su madre doña Marina de Lucena, de que cum- 
plido el tiempo de cinco años que sea examinado, ha de venir á 
esta ciudad á establecer su casa á disposición del arte, recibiendo 
tres aprendices, los que la congregación le nombre, poniendo su 
obrador público, y que cumplidos los tres primeros, ha de recibir 
otros, los que la congregación le fuere nombrando, haciendo pú- 
blica su habilidad á cualquier individuo de esta congregación; y 
de todo lo expresado se conformó y firmó, de lo que yo el secreta- 
rio, certifico. = Bernardo de Cáceres y Ayllon.— Diego González 



511 

de la Mata.=Joseph de Soto Alférez Panlagua- ^Francisco de 
Aguilar y Cueto. =Rafael de Vilches 5' Cea,, secretario. 



:s:iii 

En la ciudad de Córdoba, dia veinte del mes de Enero de mil 
setecientos ochenta y tres años, el señor don Diego González, her- 
mano mayor de la congregación del Señor San Eloy, arte de plate- 
ría de esta ciudad: juntos en sus casas los señores fiel contraste y 
veedores para hacer diferentes proposiciones á la congregación, y 
que daba cuenta de haber sido llamados por dos caballeros veinte 
y cuatros, para pedirle á este arte adornasen la Puerta Nueva y 
los dos arcos de la Plaza Mayor, que pasaba por esta ciudad el se- 
ñor Duque de Artois, Principe de Erancia; y que el Señor San 
Eloy necesitaba de un vestido nuevo; y que por don Ventura Xi- 
menez se habia presentado un memorial pidiendo un socorro para 
gastos de un pleito que ha seguido en el Consejo, por haberle pro- 
hibido el señor intendente de Zaragoza no vendiese sus alhajas en 
aquella provincia: =La congregación, enterados todos los concur- 
rentes en todo lo propuesto del señor hermano mayor, acordaron 
que en cuanto la venida del señor Duque de Artois (]), se adorne 
y se vista con toda decencia la Puerta Nueva y los dos arcos de 
la Plaza Mayor; y que se haga el vestido del Santo, la capa de la- 
na y la sotana raso liso, uno y otro bordado de oro, y que se com- 
pongan las andas y peana; y del memorial de don Ventura Xime- 
nez se le den por una vez cuatrocientos reales; y que los gastos 
que se causen en todo lo expresado los satisfaga el señor hermano 
mayor, que en llegando el tiempo de dar sus cuentas se le abona- 
rán todos estos gastos; y asimismo dio cuenta en esta junta el se- 
ñor hermano mayor, cómo se le habia hecho saber por don Fran- 
cisco Molina, escribano público y de millones, una orden del Con- 
sejo Real, en que manda á esta congregación se observen y guar- 
den los capítulos quince y diez y siete de las Reales Ordenanzas; 



(l) Después Carlos X de Francia. 



512 

y en este estado se finalizó esta junta, lo que certifico. =:Diego 
González de la Mata.=:Mateo Martínez y Moreno. =Bernabé Gar- 
cía de Aguilar.=:Antonio Ruiz.=Christóbal de Soto Alférez y Pa- 
nlagua. =Rafael de Vilches y Cea, secretario. 



^ En la ciudad de Córdoba, en veinte y cinco de Noviembre 
de mil setecientos ochenta y tres años, el señor don Juan Ruiz 
Blanco de Cea, hermano ma3'^or de la congregación y arte de pla- 
tería del Señor San Eloy de ella, precedida citación que manda 
hacer á todos los señores que componen su tabla, y son los que 
parecerán por sus firmas, pax'a que concurrieran en las casas de 
su morada, y todos juntos, hizo presente dicho señor hermano ma- 
yor haber sido citado por el señor don Erancisco Xavier de Qui- 
roga, corregidor de esta dicha ciudad, para que pasase y asistiese 
á sus casas consistoriales á efecto de hacerle, como lo hizo, pre- 
sente á dicho hermano mayor la orden de S. M. don Carlos terce- 
ro, nuestro muy amado Rey que Dios guarde, dirigida y respectiva 
á que cada arte ú oficio ordenase la función ó festividades que tu- 
viere por conveniente, en acción de gracias del feliz éxito de 
nuestra soberanísima Princesa por haber dado á luz dos Infantes, 
consistencia y apoyo de la real Corona, y júbilo y asilo de la espa- 
ñola nación. Cuya orden, leida que le fué á dicho hermano maj'or, 
y éste héchola entender y participándosela á dichos señores de su 
tabla, acordaron todos á una voz, se hiciese incontinenti una so- 
lemnísima festividad en el real convento de nuestro seráphico Pa- 
dre Señor San Erancisco, casa grande que se venera en esta mis- 
ma ciudad, y para ella y todos los gastos que se ofreciesen hacer 
para su mayor celebridad, acordaron igualmente los expresados se- 
ñores se comisionase como efectivamente comisionaron al referido 
hermano mayor don Juan Ruiz, á quien se le intimó por los rela- 
tados señores se le pasaría seguramente en cuentas todo lo que in- 
virtiese en dicha celebridad, y así lo acordaron los mencionados 
señores, de que 3^0 el infraescripto secretario, certifico. 



513 

Otrosí certifico: cómo en el mismo dia, mes y año, los explica- 
cados señores acordaron se le diese comisión bastante en forma á 
dicho señor hermano mayor don Juan Ruiz, para que á nombre 
de esta congregación dispusiese y costease el regalo competente y 
decente que deliberaron se le haga en estas próximas Pascuas á el 
R. P. definidor Pr. Antonio Hurtado, residente en la villa y corte 
de Madrid, en gratitud y recompensa que esta nuestra congrega- 
ción le debe por las atenciones que le ha merecido, como también 
para que le remita cien reales vellón de agasajo á el mismo fin de 
Pascuas á el procurador que dicha congregación tiene en la consa- 
bida corte para los asuntos de sus pleitos pendientes: cuyos gastos 
se expresó por dichos señores se le abonarían en sus cuentas á di- 
cho señor hermano mayor, con sola la relación que de ellos diere, y 
de todo ello doy fé. = Juan Ruiz Blanco de Cea. = Matheo Martí- 
nez y Moreno. =i Antonio Reyes. = Antonio de Paniagua y 
Sánchez. r= José Vázquez de la Torre. = Joseph de Vela Navarro. 
=: Diego Madueño y Sánchez, secretario. 



En la ciudad de Córdoba, en cinco dias del mes de Diciembre de 
mil setecientos ochenta y tres, por citación previa que hizo á todo 
el ilustre cuerpo de congregantes de platería de ella, el señor don 
Juan Ruiz Blanco de Cea, su hermano mayor, concurrieron dichos 
señores congregantes á el real convento de nuestro seráphico Pa- 
dre Señor San Francisco, casa grande que se venera en esta dicha 
ciudad, á fin de celebrar, como en efecto celebraron, la solemnísi- 
ma festividad en acción de gracias del feliz éxito de nuestra Seño- 
ra la Princesa, por haber dado á luz dos Infantes, gloria de la na- 
ción, cuya función se dirigió y se celebró en los términos siguien- 
tes: Primeramente: En la tarde del dia cuatro á vísperas, digo á 
la.s doce de este dia, se ordenó é hizo repique general de campanas 
y toque de clarín; después, á la noche de él se repitieron los repi- 
ques y toque de clarín con iluminación completa, con que se vistió 
de arriba á abajo la torre de dicho real convento; luego á el dia 
Tomo CVII. 33 



514 

siguiente, cinco, consagrado á la dicha festividad, se continuaron 
los repiques y toques de clarín, y á su continuación y llamamien- 
to concurrió el lucidísimo cuerpo de platería, y llegada la hora 
competente se iluminaron los altares, y con hachas encendidas to- 
dos los congregantes se hizo patente á nuestro Dios sacramentado, 
á cuya Majestad se rindieron los debidos cultos y adoración, y 
dadas las debidas gracias comenzó la Misa mayor que ofició el 
condecorado cuerpo de profesores músicos de esta dicha ciudad, y 
á su oportuna ocasión y tiempo predicó el muy R. P. Fr. Miguel 
de Lora, maestro de estudiantes de dicha real casa. Y últimamen- 
te, concluido el sacrificio santo de la Misa, se reservó á su Divina 
Majestad y se dio fin á dicha festividad con igual generalidad de 
repiques y toques de clarín, á todo lo cual, yo el infraescripto se- 
cretario concurrí y presencié, de lo que certifico y doy fé. = Jnan 
Huiz Blanco de Cea. = Diego Madueño y Sánchez, secretario. 



XVI (1) 

En la ciudad de Córdoba en veinte y dos de Enero de mil sete- 
cientos y ochenta y nueve años, el señor don Francisco Cortés de 
Aranda, hermano mayor del ilustre colegio y congregación del 
Señor San Eloy, arte de platería de dicha ciudad, en virtud de or- 
den superior, hizo citación general por el oficial mayordomo á to- 
do el cuerpo de la expresada congregación, para que á las oracio- 
nes del dicho dia veinte y dos concurriesen á el convento de San 
Pedro el Real, orden seráfica de nuestro Padre San Francisco, 
casa grande, y juntos que fueron todos los concurrentes en la sa- 
cristía mayor del citado convento, hizo de nuevo presente el dicho 
¡hermano mayor, como lo tenía comunicado por esquelas, que la 
junta presente se cifra sólo á tratar y conferir sobre la proclama 
de nuestro Monarca y Señor, don Carlos cuarto (que Dios guarde), 
.según se lo había cometido el caballero corregidor de la citada 
ciudad, por hallarse con orden superior, por lo cual se hizo saber 



(1) Desde éste son del libro II de acuerdos. 



515 

á todos los presentes diversas funciones que algunos habían inven- 
tado, y levantado voz por toda la congregación en general, que pa- 
ra la determinación de dicha función se sometían á el dictamen de 
nueve diputados que para este efecto se nombraron, que lo fueron: 
el citado hermano mayor y demás señor don Juan Vázquez, don 
Damián de Castro, don Fernando de la Vega, don Antonio Santa- 
cruz, don Joseph de los Reyes, don Joseph del Hoyo, don Joseph 
Espejo y don Manuel Peflalosa. Los cuales expresados señores ad- 
mitieron su encargo; y asimismo que para el reparto de la expre- 
sada función asistirán dichos diputados con toda la tabla, para 
que á mejor luz prudentemente se determine lo que cada individuo 
deberá pagar, y que si la dicha congregación tuviese algunos dine- 
ros, se apliquen á dicha función, y detenidos para firmar esta jun- 
ta y acuerdo, se levantó otra voz general que decia que por evitar 
confusión y dilación i'especto á componerse la junta de unos dos- 
cientos artífices, desde luego se daban por satisfechos con que los 
ijeñores de tabla y señores diputados firmasen, lo que así se ejecu- 
tó como aparecen por bajo, con lo que se concluyó esta junta; á 
todo lo cual, yo el secretario de la expresada congregación he sido 
presente, de que doy fé. Fr. Francisco Serrano. := Francisco Cor- 
tés de Aranda. = Matheo Muñoz y Moreno. =: Miguel Guerra y 
Madueño. = Juan Vázquez de la Torre. = Francisco Madueño y 
Sánchez. = Miguel Madueño. = Juan López Galvez. =: Matheo 
del Ri© y Lara. = Damián de Castro. = Manuel Gutiérrez Rané. 
= Fernando de Vega. = Joseph del Hoyo Tafur. = Juan García 
Osorio. == Manuel Peñalosa. = Joseph de los Reyes Martínez. =: 
Rafael Ceballos Carreras. = Francisco López y Bastillo. = Fray 
Joseph Espejo y Delgado. = Antonio Joseph de Santa Cruz. = 
Diego Madueño y Sánchez, secretario. 



:x.vii 

En la ciudad de Córdoba, en veinte y siete de Enero de mil se- 
tecientos ochenta y nueve años, después de oraciones de dicho dia. 
Jos nueve señores diputados que relaciona el acuerdo que antecede, 



516 

concurrieron á las casas del señor don Juan Cortés de Aranda, her- 
mano mayor del ilustre colegio del señor San Eloy, arte de plate- 
ría de esta ciudad, y uno de los citados diputados, y á presencia 
de los señores fieles veedores y el presente secretario, conferencia- 
ron sobre la función que se habia de hacer por esta dicha congre- 
gracion para la celebridad de la jura de nuestro Rey y Señor don 
Carlos cuarto (que Dios guarde), y habiendo hecho presente varias 
festividades por los presentes, acordaron últimamente por la ma- 
yor parte de votos de los dichos señores diputados que la fnncion 
que se habia de hacer es máscara seria, disponiecdo después el 
mejor modo que prometa el mayor lucimiento á mayor honra de 
nuestro Rey y Señor, y desempeño de nuestro colegio, á todo lo 
cual he sido presente, y de que lo firmaron los dichos diputados, 
doy fé. = Francisco Cortés de Aranda. =. Juan Vázquez de la 
Torre. = Joseph Espejo y Delgado. = Antonio Joseph de Santa 
Cruz. = Manuel Peñalosa. = Damián de Castro. = Joseph del 
Hoyo y Tafur. ■=^ Fernando de Vega. =r Joseph de los Reyes y 
Martínez. = Diego Madueño y Sánchez, secretario. 

XVIII 

En la ciudad de Córdoba, en veinte y cuatro días del mes de 
Mayo de mil setecientos ochenta y nueve años, por citación que 
hizo el señor don Francisco Cortés de Aranda, hermano mayor del 
ilustre arte de platería, por el oficial mayordomo para que concur- 
riesen á las casas del secretario don Diego Madueño, los señores 
fíeles veedores y señores diputados nombrados para las funciones 
de proclama de nuestro Rej' y Señor don Carlos cuarto (que Dios 
guarde), de los cuales señores diputados concurrieron los que apa- 
recen por sus firmas, y juntos que fueron, acordaron dichos se- 
ñores diputados, que no obstante de haber acordado anterior- 
mente las funciones de máscara que no sean de ningún valor^ 
sólo sí el hacer un arco triunfal en la calle la Feri¡i, vistoso y 
de lucimiento, y para su mejor adorno será cubierto de alha- 
jas de plata y oro, las que teudrán á bien el darlas todos los^ 



517 

congregados, respecto á ser el lucimiento de nuestra congrega- 
ción, y para el fin á que se dirige, quedando dicha congregación 
responsable á los perjuicios que se ocasionaren á dichas alhajas; y 
para la disposición de todo lo que se practique en dicho arco, ideas 
y disposición, se nombran por diputados á los señores don Fran- 
cisco Cortés, don Juan Vázquez y don Antonio Santa Cruz, obli- 
gándose todos los demás señores á ayudarles en todo lo que se les 
ofrezca, á todo lo cual he sido presente, de que doy fé.=rrancisco 
Cortés de Aranda. =:: Joseph Espejo y Delgado. = Antonio Joseph 
de Santa Cruz. = Manuel Peñalosa.=Joseph del Hoyo y Tafur. 
= Temando de Vega. = Juan Vázquez de la Torre. = Joseph de 
los Eeyes y Martinez. = Diego Madueño y Sánchez, secretario. 

XIX 

En la ciudad de Córdoba, en veinte y dos dias del mes de Agos- 
to del año de mil setecientos noventa y cinco, el señor don Diego 
Madueño y Sánchez, hermano mayor de nuestro arte, por citación 
que hizo á los señores fieles veedores, mayordomo y á mi el pre- 
sente secretario, concurrimos á las casas donde hace su morada, y 
entre otros particulares concernientes á nuestro dicho arte, que se 
trataron en dicha junta, se dispuso poner por obra la composi- 
ción del lienzo de la imagen de Nuestra Señora, que está en la Pes- 
cadería, para lo cual se nombraron dos diputados que se encarga- 
sen de dicha obra, con las facultades de toda la congregación sin 
limitación alguna: y los tales diputados fueron el señor don Diego 
Madueño, hermano mayor, y don Antonio de Guzman, á todo lo 
cual fui presente, y de ello doy fé.=Juan García Osorio, secre- 
tario. 

En la ciudad de Córdoba, á veinte y dos dias del mes de Febre- 
ro del año de mil setecientos noventa y seis, el señor don Diego 
Madueño y Sánchez, hermano mayor del ilustre colegio y congre- 



518 

gacion del Señor San Eloy, arte de platería de esta ciudad, por ci- 
tación que hizo á los señores fiel contraste, fieles veedores y demás 
que componen la tabla, concurrieron los que parecerán por sus fir- 
mas, á las casas donde dicho hermano mayor hace su morada, y 
juntos que fueron, el expresado hermano mayor hizo presente ha- 
bla sido llamado por los señores del nobilísimo Ayuntamiento de 
la ciudad, para que dijese qué podría hacer el arte en obsequia 
de nuestro católico monarca, el señor don Carlos cuarto (que Dios 
guarde), en su venida por esta ciudad, y oída y entendida esta 
relación por los señores de esta junta, teniendo en consideración 
la decadencia de dicho arte, y no queriendo grabar á ninguno de 
sus individuos con repartimiento alguno, desde luego acordaron y 
determinaron que del caudal de nuestro glorioso Santo, se costea- 
ría la iluminación de tres noches en la plaza mayor de la Corre- 
dera, con cera y orquesta de música, y en caso de que esta propo- 
sición fuere adaptable á los señores del nobilísimo Ayuntamiento, 
también está pronta la congregación de platería á poner á la dis- 
posición de sus señorías cincuenta doblones, para que éstos se 
apliquen en lo que parezca más oportuno. Esto pasó en dicha jun- 
ta, de que doy fé. = Diego Madueño y Sánchez. = Francisco Ló' 
pez y Bustillos.=Bernardo de Bonilla. r=Manuel Núñez y Sanchezr 
= Christóbal Sánchez y Soto. = Manuel de Azcona. = Bernarda 
de Soto Alférez. = Francisco Cortés de Aranda. = Miguel Guerra 
y Madueño. = Eulogio Muñoz. =r Rafael López y Bustillos. = 
Juan Xerez. = Antonio de Guzman. =z Manuel Miranda y Aus- 
tria. = Rafael del Hoyo y Aranda, = Juan García Osorio, secre- 
tario. 



519 



88 Cabildo celebrado en el convento de San Francisco, en 30 de 
Septiembre del año de 1823, sobre un oficio del nobilísimo 
Ayuntamiento de esta ciudad de Córdoba, para decorar el 
edificio de la Inquisición á la venida de nuestro amado Rey el 
señor don Fernando séptimo, y acuerdo de los señores que asis- 
tieron. 

En la ciudad de Córdoba, á 30 días del mes de Septiembre de 
mil ochocientos veinte y tres años, el señor don Joseph Román, her- 
mano mayor del colegio y arte de platería del Señor San Eloy, por 
citación que hizo ante dia á todos los señores artífices para el con- 
vento de San Francisco en la capilla del venerable orden tercero á 
las cuatro de su tarde, juntos los señores que aparecerán por sus 
firmas, se leyó un oficio del nobilísimo Ayuntamiento, sobre la de- 
coración del edificio de la Inquisición, hoy cárcel pública, y ente- 
rados todos y hechos cargo de lo justo que es contribuir cuanta 
esté á su alcance á tan plausible objeto, acordaron nombrar cinco 
diputados, que lo son el señor hermano mayor, don Joseph Román, 
don Joseph de Roa, don Francisco de Paula Martes, don Bartolomé 
Canales, y al secretario de dicho colegio don Francisco Rafael 
González, para que éstos hagan cuantas diligencias les parezca 
son precisas, como también que el costo que tenga lo repartan á 
proporción entre todos con el mayor primor y lucimiento, y que 
con arreglo á nuestras reales ordenanzas, ningún individuo podrá 
pedir ni tomar cuentas de lo que hagan dichos diputados, siendo 
de cargo de estos el acordar con el señor Marqués de Villa- 
seca y señor Conde de Gavia, viudo, diputados de la real cárcel, 
de lo cual yo el presente secretario, doy fé. ^rJosé Román. = 
Salvador Merino. ^^ Diego de Vega y Torres. =: Manuel Canta- 
rero. = José de Roa. = Francisco de Martes. = Bartolomé Cana- 
les := Francisco Rafael González, secretario. 



520 



XIALII 



En la ciudad de Córdoba, dia ocho de Noviembre de mil ocho- 
cientos treinta y tres, reunidos los señores que componen la junta 
del ilustre colegio de platería en las casas del señor hermano ma- 
yor don Manuel Cantarero, por citación que para ello se hizo por 
mandado de dicho señor, se vio un oficio del Excmo. Ayuntamien- 
to en el que se invitaba á dicho colegio, á fin de que en los dias en 
que se ha de celebrar la proclamación de la Reina nuestra Señora 
doña Isabel segunda, se manifieste de algún modo la adhesión á 
la Eeal persona de Su Majestad, según la costumbre inmemorial: 
y atendiendo al estado de decadencia en que se halla el arte, y 
más en las presentes circunstancias, con el terrible contagio que 
Be padece en varios puntos de la nación, se acordó se diese un de- 
cente desayuno, comida y cena á los enfermos y comunidades de 
nuestros hermanos del Hospital de Jesús Nazareno, cuyo número 
asciende á noventa y tres personas, y no teniendo ningunos fon- 
dos la congregación, se hiciera presente á todos los artífices para 
que cada uno diera lo que á bien tenga, lo que se pondrá en poder 
de los señores don Manuel Cantai'ero y don Francisco de Martes, 
comisionados para disponer cuanto el encargo requiere con el ma- 
yor lucimiento, y concluido, den cuenta á la junta cuanto hayan 
practicado, por escrito, para conservarlo en el archivo, los que 
aceptaron la comisión; igualmente se acordó que por el señor her- 
mano mayor, se conteste al Excmo. Ayuntamiento, poniendo en 
su conocimiento la parte que corresponda de lo dispuesto en estos 
acuerdos, con lo que finalizó esta junta, de que yo el presente se- 
cretario, certifico. = Manuel Cantarero. = Cristóbal Pesquero y 
Soto. = José Prieto. = Antonio Ruiz. = Erancisco Rafael González. 
=:José del Hoyo y Ximenez. = Francisco Paula Martes. = Juan 
José Maduoño, secretario. 



521 



XXIIII 

En la ciudad de Córdoba, á veinte y cinco dias del mes de No- 
viembre del año de mil ochocientos treinta y seis, el señor don 
Mariano Euz, hermano mayor del ilustre colegio y congregación 
del Señor San Eloy, arte de platería de ella, hizo citación ante dia 
á los señores fieles veedores, y presente secretario, para concurrir á 
las casas de su morada, cou el fin de dar cuenta de un oficio que 
■el señor don José Illescas y Cárdenas, alcalde cuarto constitucio- 
nal de esta ciudad, habia pasado al señor don Marcial de la Torre, 
guardia de la persona del Eey, retirado, y fiel contraste de la mis- 
ma, incluyéndole adjunto Su Señoría un testimonio, que copiado 
Á la letra, dice así: 

El infraescripto, escribano de Su Majestad la Reina nuestra Se- 
ñora, que Dios guarde, ppco. del número y colegio de esta ciudad 
de Córdoba; 

Certifico y doy fé::=Que por el juzgado del señor don José 
Illescas y Cárdenas, magistrado honorario de la Audiencia terri- 
torial de la ciudad de Granada y actual alcalde cuarto constitucio- 
nal de esta capital, y mi testimonio, se siguen autos, diligencias 
judiciales sobre averiguar el paradero de las alhajas de plata, pro- 
pias de este Excmo. Ayuntamiento, que fueron extraviadas en las 
últimas ocurrencias (1) acaecidas en esta dicha ciudad, y para que 
no se carezca por todos conceptos en dicha indagación, en el mis- 
mo expediente se ha proveído el auto que, copiado á la letra, di- 
ce así: 

Auío. 

En vista de lo que resulta del anterior certificado que se ha re- 
¿libido del Excmo. Ayuntamiento de esta ciudad, parece el oportu- 
no testimonio comprensivo de las alhajas de que se trata al fiel 



(1) ücupacion de Córdoba por la facción Gómez. 



522 

contraste de platería de esta misma ciudad, para que prevenga á 
todos los artífices de su colegio, que en el caso de presentarse al- 
guna persona á vender cualquiera de dichas alhajas, la retenga 
en su poder y dé cuenta inmediatamente al Juzgado, librándose 
otros dos testimonios iguales con los oportunos oficios, á los fieles 
contrastes de Sevilla y Granada para el mismo efecto, y compa- 
rézcase á don Lorenzo Maurleon mañana á la una del dia para 
recibirle la correspondiente declaración indagatoria; asi lo acordó^ 
mandó y firmó el señor don José Illescas y Cárdenas, magistrado 
honorario de la Audiencia territorial de la ciudad de Granada, en 
Córdoba á veinte y tres dias del mes de Noviembre de mil ocho- 
cientos treinta y seis. Doy íe.=Ante mí: Joaquín Millán y Se- 
govia. 

Lista de las alhajas extraviadas. 

Un frontal de plata; dos candeleros de id.; dos bujías de id.j 
una palmatoria, un atril, dos sacras, una cruz con su peana de 
Ídem; otra id. para los juramentos; dos arañas con tres cubillos; 
una corona de id. de la Purísima Concepción; unas vinajeras y 
platillo de id.; un azafate de id.; una pilita de agua bendita 
de id.; un cáliz y patena dorados de id.; una caja para las hostias- 
de id.; un tintero, salvadera y campana de id.; dos jarros de id.; 
unas tenazas de id.; dos mazas de id.; dos escudos y sus cadenas 
y un Santo Cristo de madera con remates y corona de id. 

El auto y nota de las alhajas referidas que se expresan es literal 
contesto de lo que aparece en citadas actuaciones, á las cuales en 
un todo me refiero; y en virtud de lo mandado en el presente auta 
deduzco el presente testimonio, en Córdoba á veinte y cuatro días 
del mes de Noviembre de mil ochocientos treinta y seis. =:r Joaquín 
Millan y Segovía. 

Y en su virtud se acordó pasar listas de las alhajas extraviadas 
á todos los maestros, de la comprehension de este colegio, encar- 
gándoles bajo la más estrecha responsabilidad lo que se previene 
en el auto referido; y habiéndose esto verificado, el señor hermana 
mayor se levantó y dio por concluida la junta, y firmaron conmi- 



523 

go, de que doy í'é.=M. Ruiz.=:Marcial de la Torre.=Joaquin 
Gómez. =:José Junquito y García. =^ Francisco de P. Gómez. =:Ra- 
fael Caballero. ^José Prieto, secretario. 



En la ciudad de Córdoba á cinco dias del mes de Febrero de 
mil ochocientos treinta j siete, el señor don Mariano Ruz, herma- 
no mayor del ilustre colegio y Congregación del Señor San Eloy, 
arte de platería de ella. Hizo citación ante dia por el oficial ma- 
yordomo á los señores fieles veedores y presente secretario para 
manifestar á dichos señores la satisfacción que tenia y debia tener 
todo el colegio por el hallazgo de las alhajas propias del Excelen- 
tísimo Ayuntamiento, extraviadas en la forma que expresa el tes- 
timonio inserto en el acta anterior; y como mal intencionados hu- 
bieran podido figurarse que algún artífice habría acaso tenido in- 
tervención en deshacer ó comprar alguna de ellas, acordaron todos 
los señores que suscriben, que se estampase un acta en nuestro li- 
bro de acuerdos, expresando que dichas alhajas fueron halladas en 
un sepulcro de los muchos que hay en la Santa Iglesia Catedral 
de esta ciudad, y que en su ocultación ni hallazgo tuvo interven- 
ción ningún individuo de los que componen este ilustre colegio. Y 
habiendo finalizado dicho señor la junta, lo firmaron conmigo el 
presente secretario de que doy fé. = Mariano Ruz. = Joaquín Gó- 
mez. ^Rafael Caballero. = Francisco deP. Gómez. = José Jun- 
quito y García. = José Prieto, secretario. 



524 



Relación de todos los gastos hechos en la función de máscara 
como for menor se van explicando, las partidas siguientes (1): 

Reales Mrs. 



Diez y ocho varas de lienzo crudo á 3 reales y 

3 cuartillos comprado en 22 de Octubre. ... 67 26 

Mas seis varas de holandilla para el vestido del que 

hizo el indio, á 4 reales 24 

Mas 1.700 tachuelas, á 4 reales y medio el millar, 

7 reales y 3 cuartillos 7 26 

Mas 1 real y 8 maravedises en llevar y traer una lá- 
mina de casa de don Gaspar de Góngora, la que 
no sirvió 1 8 

Mas 1 real y 1 7 maravedises de llevar y traer otra de 

casa de don Joseph de Salazar á casa de Tejada. 1 17 

En 26 de dicho mes gasté 5 reales y 17 maravedises 
en llevar el carro de casa de Tejada á la casa de 
donde salió la función 517 

En dicho dia le di á don Bernarbé del Álamo para 
las tachuelas y portes para forrar la coronación 
del carro 4 

Mas otro real que gasté en 200 tachuelas que pidió 

don Juan Ruiz 1 

Bías tres libras y media de cordel para atar el carro 
á 2 reales y 17 maravedises cada libra .... 

Mas seis cuartos de puntilla para atar el carro. . . 

Mas libra y media de jabón para untar el carro que 
costó 

Para los guantes del Rey y de la Rey na 

Mas 8 reales de unos zapatos blancos para la Reyna, 
y del peinado de dicha 4 reales, que son 12 reales. 

Mas de los zapatos para el Rey 

Mas en 4 cuartillos de rosoli de ajenjos para co- 



8 


28 




24 


1 


28 


6 


17 


12 




12 





(1) Véase el acuerdo número VI inserto anteriormente. 



525 

Reales Mrs. 



cheros, músicos, clarinero y timbalero, á 24 cuar- 
tos cada uno 11 10 

Mas seis libras de cubierto para los seis que salie- 
ron en el carro del Rey 22 17 

Mas cinco libras de bizcochos á 5 reales, las que se 
gastaron en los mismos que se distribuyeron en 
rosoli 25 

Mas media libra de cera para los músicos dentro 

del carro 4 

Mas di á los músicos por la asistencia de dicha no- 
che 16 pesos 240 

Mas media libra de cera para la lámina que lleva- 
ban los ángeles alumbrando las armas reales . . 4 

Mas cuatro varas y media de cotonía azul, á 7 cuar- 
tos cada vara para atar el pabellón del carro. . . 3 25 

Mas 10 cuartos de dos varas de listón encarnado 

para atar los dos ángeles de la lámina 16 

Mas 10 cuartos en cuatro varas de cabezón para las 

tarjetas 1 6 

Mas 1 real para regilado y porte de la cera del carro. 1 

Mas al clarinero se le dieron 45 

Al timbalero se le dieron 30 

Mas al cochero mayor y menor y lacayo, á todos 

tres se les dio 75 

Al cabo de los soldados de á caballo se le dio 12 rea- 
les, y 8 reales á cada uno de los otros tres. . . 36 

Mas 10 cuartos en los gallegos que bajaron el carro 

del juego del coche 1 6 

Mas 7 cuartos de porte de la lámina para llevarla á 

su casa 28 

Mas le di á Amaro Vázquez, el que estuvo guar- 
dando el carro ocho dias con sus noches, á 3 rea- 
les cada dia 24 

Por traer el carro á mi casa desbaratado le di á los 

mozos 217 



526 

Reales Mrs. 

A don Juan Ruiz, el que forró el pabellón del carro 

por tres diaa que se le regularon de trabajo, le di. 16 

Mas 4 reales que pagué á Párraga por la garzota 

del carro. 4 

Mas 3 cuartillos vellón, en el mozo que trajo las 

contra varas y los tornillos del carro 26 

Mas 27 reales vellón que costaron las siete coronas 

de hoja de lata que las hizo Ramón 27 

Tengo dado á don Juan de Tejada como consta por 
los recibos que están en mi poder para la hechura 
del carro de la máscara, 350 reales vellón. . . 350 

Tengo dado á don Juan Pareja á cuenta del pintado 
del carro, vestidos, tarjetas y demás cosas que 
nos hizo para función de la máscara, 472 reales 
vellón 472 

Mas gasté en el pintado de juego del coche que llevó 
á el carro, que fué del señor Marqués de Loren- 
zana, 200 reales, que los tomó don Juan Pareja 
en 12 de Diciembre de 1746 200 

Tengo dado á don Juan de Soldovilla por 56 libras 
y 5 onzas y media de cera que se gastaron en el 
carro, y las seis hachas que llevaron los armados, 
y 16 reales vellón de los renuevos y alquileres, 
que todo compone 453 reales y 17 maravedises, á 
razón de 7 reales y 3 cuartillos la libra. . . . 453 17 

Mas gasté en la lonja que se le echó á el juego que 
es una correa que se habia quebrado, pagué 6 rea- 
les y 4 cuartos, que le di al cochero que llevó el 
juego á casa de su ama, hoy 12 de Diciembre 
de 746 años lt> 

Mas gasté en la otra lonja que se le echó al juego 
del señor Marqués de Lorenzana, seis clavos gran- 
des y los dos hierros de los dos ejes, 14 reales y 

10 maravedises • 14 10< 

Mas gasté en 3 de Enero de 747 anos, 13 reíales y 



527 

Reales Mrs. 

10 maravedises en una tercia de felpa carmesí 
para los estribos de juego, del juego del señor 

Marqués de Lorenzana 13 10 

Mas gasté hoy 11 de Enero de 747 años, en el maes- 
tro que compuso los estribos del juego, y en un 
ciento de tachuelas doradas que costaron real y 
medio, y 6 cuartos en tachuelas negras y clavos, 
pagué por todo 12 reales y 8 maravedises. . . 12 8 



Son los dichos 2.25/ 



Proclamación de Carlos IV (1). 

Recibí del señor don rrancisco Cortés, como hermano mayor 
del colegio de platería, ciento treinta reales vellón, por la traza j' 
alzado de un arco que se me mandó hacer, y hice con compare- 
cencia del señor don Antonio Santacruz y del señor don Juan 
Vázquez, diputados del dicho colegio, para las próximas funciones 
de proclama, para cuyo fin es dicha obra, y para que conste doy 
éste que firmo en Córdoba. Junio quince de mil setecientos ochen- 
ta y nueve. 

Son 130 reales vellón. 

Manuel Sánchez de Sandoval. 



(1) Véanse los acuerdos XVI, XVII y XVIII insertos anterior- 
mente. 



528 



Razón individual de los gastos ocasio7iados en la renovación de la, 
Limpia y Pura Concepción, -propia de la platería, colocada en 
la calle de la Pescadería de esta ciudad, que como diputados 
por la congregación (según acuerdo) dan don Diego Madueño y 
8ancliez su hermano mayor, y D. Antonio Cfuzman, mayordomo 
de ella, y es á saber: (1) 

De la composición de la pintura por don Antonio 

Torrado con su recibo 600 reales. 

Del lienzo del forro con su recibo 45 '/a 

De los faroles con su recibo 150 

De pintura y dorado, su armazón con recibo. . . 500 
De la composición de las puertas con recibo. . . 30 

De los cordeles de los faroles 12 

Seis libras de cera á 15 reales 90 

De la música 30 

De portes de bancas y otros 10 

De tres portes de la imagen 15 

Que dichas partidas componen la cantidad de mil 
cuatrocientos ochenta y dos reales y medio 
vellón 1.482 Va 



Y para que conste damos la presente que firmamos en Córdoba 
á 12 de Diciembre de mil setecientos noventa y cinco años.=Die-' 
go Madueño y Sánchez. = Antonio de Guzman. 



Recibo. 



^ Recibí del señor don Diego Madueño y Sánchez, hermano 
mayor del colegio del Señor San Eloy, arte de platería de esta 
ciudad de Córdoba, seiscientos reales por la composición que se ha 



(1) Véase el acuerdo XIX inserto anteriormente. 



529 

hecho á la pintura de la Limpia y Pura Concepción, propia de di- 
cha congregación. Y para que conste, doy éste que firmo en Cór- 
doba, á siete de Diciembre de mil setecientos noventa y cinco años. 
Son 600 reales vellón. 

Antonio Torrado. 



Como diputados que hemos sido señalados por la muy ilustre con- 
gregación y colegio del Señor San Eloy, arte de f latería de esta 
ciudad de Cardóla, para la iluminación que se hizo en la 
Plaza Mayor de esta ciudad, inclusos los balcones del Rey 
nuestro Señor (que Dios guarde), el d". la cárcel y ventanas de 
madera, en regocijo al señor don Carlos IV y á la señora doña 
María Luisa, nuestros Monarcas y señores, en las tres noches 
que ennoblecieron Sus Majestades á esta muy noble y muy leal 
ciudad, certificamos que los gastos causados en ella fueron los 
siguientes: (1). 

Reales Mrs. 

El memorial de la ciudad con un pliego sellado con 

su real por el letrado 22 J 2 

Cuatrocientos y setenta cubillos, á 3 cuartos con 

recibo , . . . . 165 30 

Guita para atar los cubillos 11 

Clavos para clavar los cubillos en las ventanas. . . 6 
Dos portes de cera de casa del cerero á la de los di- 
putados () 

Por llevar la cera y repartirla á los vecinos en los 

tres dias ] 5 

Composición de las puertas de la Virgen en la Pes- 
cadería 7 17 

Por poner los cubillos en toda la Plaza 20 

A el Ministro por acompañarnos (> 



(1) Véaso el acuerdo XX, inserto anteriormente. 

Tomo CVII. 34 



530 

Reales Mrs. 



A la música del regimiento de Bujalance por las 

tres noches con recibo 50D 

Las tres iluminaciones del balcón del Rey, cárcel y 

ventanas de madera á el que cuidaba de ellas. . oO 
A el escribano por la notificación á el vecindario de 

la Plaza 20 

A el tambor para lej, cita á la iluminación. ... 12 

Mas 20 cubillos por extravío de algunos 7 

Por encender los balcones de el pósito las tres no- 
ches á el encargado de ello 4o 

Por la recaudación de los cubillos 10 

Por llevar la cera sobrante vieja á el cerero. ... 3 
Consumo de cera, 182 libras, á 14 reales y 3 cuar- 
tillos con recibo 771 17 



Que dichas partidas componen la cantidad de. . . 3.653 8 



Y por ser verdad lo i'eferido, lo firmamos como tales diputados 
por el supradicho colegio y congregación, como consta por acuer- 
do hecho á este efecto. Córdoba y Marzo, veinte y uno de mil 
setecientos noventa y seis.=:Diego Madueño y Sánchez. ^Ma- 
nuel Miranda y Austria. =:Antonio de Gruzman. 



Compra de alhajas para e¿ San Eloy de la congregación 
de plateros, desde 1814 á 1816. 

Reales Mrs. 

A don Antonio Ruiz, por la cruz del pendón, 290 

reales y tres cuartillos 290 27 

A don Bartolomé Repiso, por la flor del báculo. . 406 17 

A don Rafael de Plores, por la cruz de altar dorada. 1 .664 

A don Francisco de Paula Martos, por el báculo. . 1.285 4 



531 

Peales Mrs. 



A don Francisco de Paula Martos, por la taza para 

las bolillas 450 8 

A don Francisco de Paula Martos, por la Custodia 

y libro de mano del Santo 1.195 

A don Francisco de Paula Martos, por la mitra 

para el Santo 2.056 17 

Don Rafael Medina vendió á la congregación un 

par de bujías de plata dorada sin hechuras. . . 1.675 

Don Rafael Medina vendió á dicha congregación 
un jarro y un par de bujías para el Santo sin he- 
churas 1.569 

Don Joseph Tello, por las letras que abrió á todas 

las alhajas compradas 90 

Esta relación forma parte de las cuentas presentadas por el her- 
mano mayor del colegio de plateros, don Rafael Medina y Luna. 



Cuenta que forma y da el que ahajo firma á los señores diputa- 
dos del ilustre colegio de plateros de esta ciudad, encargados 
del adorno é iluminación que se ha 'puesto en las paredes y tor- 
res de la Inquisición, por las noches de regocijo de los dias 
26, 27, 28 y 29 de Octubre, en las que hizo tránsito en esta re- 
ferida ciudad nuestro augusto soberano el señor don Fernan- 
do 7," (q. D. g.); del costo que ha tenido citada iluminación, 
el que con expresión de jornales, materiales y demás que se ha 
invertido en ella es á saber: (1) 

Reales Mrs. 



En los dias '.i y 4 de Octubre de este presente año 
trabajaron tres oficiales, á doce reales, y dos peo- 
nes á seis cada uno, que importaron dichos jor- 
nales en estos dos dias noventa y seis reales. . . 96 



{!) Véase el acuerdo XX, anteriormente inserto. 



532 

Reales Mrs. 



En los dias 5, 6, 7 y 8 trabajaron los mismos tres 
oficiales y cuatro peones, con referidos jornales, 
que importan en estos cuatro dias doscientos y 

cuarenta reales. . 240 

En 9 del mismo Octubre trabajaron siete hombres, 

y ganaron ochenta y dos reales 82 

En 10, 11 y 12 trabajaron cuatro hombres y ganaron 

en dichos tres dias ciento sesenta y ocho reales. . 168 
Enl3, 14yl5 trabajaron los mismos y ganaron 

ciento cuarenta y cuatro reales 144 

En 10 trabajaron medio dia y ganaron veinte y 

cuatro reales 24 

En 17 trabajaron los mismos cuatro hombres y ga- 
naron cuarenta y ocho reales 48 

En los dias 18, 20, 21, 22, 23, 24 y 25 trabajaron 
tres oficiales y ganaron en referidos siete dias 

doscientos cincuenta y dos reales 252 

De clavos y tachuelas ciento noventa y tres reales. 193 
De alcayatas ciento sesenta y cinco reales. . . . 165 
De cuerdas de cáñamo, cordel y puntilla cincuenta 

y seis reales 56 

De sogas de esparto doce reales 12 

De jarros, macetas y cántaros veinte y dos reales. . 22 
De 185 tablas, á dos y medio reales, cuatrocientos 

sesenta y dos reales diez y siete maravedises.. . 462 17 

De hacer las letras ciento sesenta reales 160 

De moselina diez y seis reales 16 

De ocre y trabajo de componer la pintura y negro 

para las paredes sesenta y cinco reales .... 65 
De pintura de los palos de las banderas y el tras- 
parente sesenta reales 60 

De aguarrás para las torcidas diez y ocho reales. . 18 

De la mecha catorce reales 14 

De cerillas para las cuatro noches ciento veinte y 

cuatro reales 124 



533 

Reales Mrs. 

De caños y tacillas y su porto cincuenta y seis reales. !')('> 

Por el desarmado de toda la obra, recogerla y su 

porte ciento cincuenta y seis reales. ..... 1 r)() 

A los que encendieron la iluminación se les pagó 
por su trabajo en las cuatro noches de ella mil 
ciento cuarenta y dos reales 1.142 

A los mismos por su refresco cada noche cincuenta 

y dos reales •')2 

A mí el maestro por la dirección y trabajo inver- 
tido en 28 dias que se ocupó en esta obra, con 
respecto á treinta reales vellón cada uno, ocho- 
cientos cuarenta reales i^4l> 



De manera que según queda figurado, resulta ha- 
berse invertido en todo lo contenido en esta cuen- 
ta la cantidad de cuatro mil seiscientos sesenta 3' 
siete reales diez y siete maravedises vellón. . . 4.66' 



La misma que he recibido de mano de los expresados señore.s 
diputados de dicho ilustre colegio de plateros de esta ciudad, y por 
ia mia se han distribuido entre los respectivos interesados, y para 
que conste, y por ser todo ello la verdad, lo juro á Dios nuestro 
Señor y á esta señal de cruz ^ y firmo en Córdoba á primero do 
Noviembre de mil ochocientos veinte y tres.=Antonio del Hoyo. 



FIN DEL TOMO CIENTO SIETE 



NDICE 



Pásrs. 



Advertencia v 

Diccionario biográfico de artistas de la provincia de Córdoba. 1 

Discurso preliminar ; H 

Biografías (i'á 

Libranza en favor del pintor Pedro Alfonso de Carrasquilla. 285 
Libranzas en favor del pintor don Leonardo Antonio de 

Castro 289 

Cronologías 295 

Estudio sobre la historia de la orfebrería en Córdoba. . . . ¡-505 
Documentos relativos á la hermandad de plateros de Córdo- 
ba, copiados del archivo que los mismos conservan en dicha 

ciudad H51 

Ordenanzas del arte de la platería, ó sea de la hermandad de 
San Eloy de Córdoba, aprobadas por el obispo don Leopoldo 

de Austria yóH 

(Jopia del libro de la congregación de San Eloy y colegio de 
plateros de Córdoba, que lleva por título Privilegios del 

arte de la platería S77 

Eeal orden de Carlos III, para que se admita en el arte de la 
platería á un inglés, convertido del protestantismo al cato- 
licismo 425 

Copia del libro de la congregación de plateros que lleva esta 
portada: Instrumentos para que los plateros feriantes no 
paguen en las puertas do aduanas derechos algunos por la 
plata vieja que entraren, y las dos órdenes para que en las 
ferias y demás pueblos no paguen por las licencias cosa 

alguna •12íi 

Acuerdos de la congregación de San Eloy del arte de la pla- 
tería de la ciudad de Córdoba, sacados de su archivo. . . . V.H 






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