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Full text of "Colección de Poesías de los mejores poetas de la América del Centro precedidas de ligeros apuntes biográficos y breves juicios críticos sobre cada uno de los autores que la forman"


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galería poética 



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COLECCIÓN DE POESÍAS 



DE 



LOS MEJORES POETAS 



DE LA 



AKiiii iCL mmm 



PRECEDIDAS 



DE UGEMS tPfflm BlOCmilCOS I mVES JUICIOS críticos SOBti UDA m DE LOS UTORES «n 11 FOtlIU, 



POR 



amóu triarte. 



TOMO III. 



\ 



POETAS QUE HAN FIGURADO CON POSTERIORIDAD Á LA 
PRIMERA EDICIÓN DE ESTA OBRA. 



GUATEMALA. 



Tipografía ^*La Unión:" Octava Calle Poniente, Número 6. 

! 1888- 



Cotecdón luis Lujan Muftoz 

Universidad francisco Marroqum 

wyw^ufm.^du - Guatemala 



f 



i<É^iAAA^É É É É t >|fci<i^hAA^iÉ > É É É t t , ^^^^^,^t>^t,,„t^,„lt^^^^,^^t^^J^^^i^ 



INTEODUOOIÓN. 



o 



Aunque el presente volumen aparece con el título de tercer 
tomo de la G aleada Poética Centro- Americana, forma en rieor 
un libro aparte. Destinado como está, á dar una idea de los pro- 
gresos alcalizados en el cultivo de la gaya ciencia con posteriori- 
dad al año de 1871, bien merecía la pena de que le precediese 
un juicio crítico acerca del movimiento literario operado en Cen- 
tro-América por la gloriosa revolución de aquella fecha. Desgra- 
ciadamente el autor carece del tiempo y de las aptitudes necesa- 
rias para hacerlo. Cree, sin embargo, que sus lectores le perdona- 
rán algunas cuantas líneas por vía de introducción. 



L 

Como decíamos en el Prólogo de esta segunda edición de 
nuestro primitivo trabajo, la tribuna y la prensa que durante más 
de un cuarto de siglo, habían sido patrimonio exclusivo del cle- 
ro y la aristocracia de Guatemala, se ofrecieron por medio de la 
revoluciona todas las clases sociales; y todas las clases sociales 
vinieron á ellas, no tanto en busca de renombre, cuanto impul- 
sadas por el vivo deseo de entrar Cií^ésa esfera de acción y movi- 
miento, que es uno de los signos característicos de la vida ame- 
ricana después de la independencia. 

En sentir de algunos, este desborde de la inteligencia, si así 
puede llamarse, ha sido más bien perjudicial que útil, al progreso 



ÍI. ^___ 

de- la literatura. Y digo de la literatura, en general, porque los 
que tal opinan piensan que no la tenemos propia. Otros, por el 
contrario, sostienen que el aluvión de ideas que nos trajera la li- 
bertad, ha sido fecundo en resultados, por más que en el calor 
de las pasiones políticas haya llegado á abusarse del sagrado mi- 
nisterio de la prensa, y convertídose á veces la tribuna en una 
Cancha. El hecho es que hoy todos hablamos y todos escribimos, 
y que, dígase lo que se quiera, en ninguna época han brillado 
tantos poetas como en la presente. 

¿Corresponde el movimiento literario de los tres lustros trans- 
turridos á lo que de la revolución política y social teníamos dere- 
cho á esperar.^ Esta es la cuestión, como dina Hamlet, precjfando 
la materia. « 



II. 



No es nueva la idea de considerar, por punto general, los tiem- 
pos pasados como mejores que el presente, en cuya virtud se ha 
dicho y repetido que en la actualidad, nada hay en Centro-Amé- 
rica comparable con las obras de Fray Matías Córdova, García 
Goyena, Batres Montúfar y Diéguez. Desde los tiempos más re- 
motos, poetas y no poetas, vienen hablándonos de una edad de oro 
que es el tiempo que pasó, y de una edad de cobre que es la época 
en que ellos vivieron. Léase, si no, á Virgilio y Dante, á Cer- 
vantes y á Bernardino de Saint Fierre, y hasta á Voltaire y Rou- 
sseau, que fueron los profetas áe\ porvenir, y se encontrará que 
todos lamentaron la decadencia de su época. Cosa natural, pues- 
to que no hay razón para que la literatura quedase exceptuada 
de las leyes que rigen á la vida humana. Hasta los pesares de o- 
tros tiempos nos parecen mejores que los goces del presente, 
cuando recordamos aquellos á través del tiempo y del espacio. 

Sin pretender por esto qijp Lola Montenegro y Aycinena, 
Rubén Darío y Acosta seaHj^í^periores ó estén, cuando menos, 
á la altura de (/luestros poetas coetáneos de la independencia, 
pensamos que cuando los tiempos se adelanten, la posterioridad 
dirá de elios que vivieron en una época brillante, ante la que na- 
da*y«ldrá aquélla en que fueren juzgados. Tal es el mundo y no 




1 1 1. 

es posible, si no á riesgo de pasar por un insensato, contradecir á 
su destino. 

Ya no hay especialistas, se ha dicho; ya el poeta no se conten- 
ta con sus versos, ni el botánico con sus plantas, ni el astrónomo 
con los millares de mundos que giran en ese inmenso vacío que 
se llama el universo: hoy todos quieren saber de todo y enten- 
der en todo. Pues esto acusa un progreso: si el poeta no conoce 
á la naturaleza mal podría cantarla como debe ser cantada; si el 
botánico no entiende de poesía, jamás podrá elevarse hasta los 
recónditos secretos de la armonía universal; si el astrónomo está 
reducido á la espectación de su telescopio, nunca podrá darnos 
idea de lo que es el mundo moralmente considerado. 

Rara nosotros, muy lejos de ser un mal la difusión de los co- 
nocimientos enciclopédicos, de que se jacta nuestra época y que 
nos echan en cara los anticuarios, por no llamarles anticuados, 
es uno de los mejores frutos de la revolución. Hoy sabe más 
cualesquiera de las profesoras de quince años salidas del Instituto 
de Belén, que muchos de nuestros especialistas antiguos. 

Pero volvamos al asunto. 



III. 



Que las letras han progresado del 71 para acá es un hecho e- 
vidente. Nótase, sin embargo, entre nuestros escritores contem- 
poráneos, con muy pocas excepciones, un defecto gravísimo, y 
es el de la imitación, cáncer que corroe las entrañas de la liter?r 
tura americana, y que á toda costa es necesario extirpar. 

Llegó Velarde á Centro- América, publicó sus Melodías Ro- 
mánticas, y todos nuestros bardos se dedicaron á escribir versos 
alqandrinos, de música sonora, aunque vacíos de sentido. Popu- 
larizáronse las obras de Becquer, y no hubo quien no escribiera 
Rimas y sohxQ ioáo Golondrinas, ^hasta que se hizo necesario 
que un poeta mexicano dijera á fóf imitadores, que copiarían á 
Becquer hasta la saciedad, pero que jamás llegarían á igualarle. 
Posteriormente, José Joaquín Palma, sentido cantor de Cuba, 
publicó en Honduras sus "Tinieblas del alma," y allí fué de ver 
á nuestros poetas escribir á troche y moche décimas y duodéor^as 



17. 

de pie quebrado, con los títulos de "Tinieblas del corazón," de la 
mente, del espíritu y hasta de las mismas tinieblas. Ni han falta- 
do, por supuesto, admiradores de Campoamor y Núñez de Arce 
que dieran á la estampa Dolaras y Leyendas en que han repro- 
ducido no sólo el metro, si quetambién las ideas de aquellos dos 
poetas verdaderamente originales. 

(/Tenemos acaso necesidad de ésto? Seguramente que no. Nues- 
tra naturaleza, bellísimo panorama siempre antiguo y siempre 
nuevo, para valerme de la expresión de un célebre escritor car- 
taginense, es un manantial kiagotable de inspiraciones que se- 
rán tan eternamente nuevas como eternamente antiguas. Nues- 
tras costumbres difieren de las costumbres europeas; y si bien el 
sentimiento es el mismo sobre toda la haz de la tierra, cada pue- 
blo tiene diferente manera de revestirlo. Unos son los colores y 
una la paleta, una la armonía y unas mismas las notas del pen- 
tagrama; y sin embargo, ¡cuánta diferencia existe entre una vir- 
gen de Murillo y las creaciones de Van-Dyck, y entre las sona- 
tas de Beethoven y unajot:. aragonesa! 

Que la imitación es necesaria hasta cierto punto de vista, 
¿quién lo duda.^ Europa ha buscado sus modelos en Greciay Ro- 
ma, como nosotros los buscamos en Europa; pero de esto, es de 
cir, de perseguir los ideales de la belleza en las obras que sirven 
á la humanidad entera de modelo, á seguir servilmente á auto- 
res determinados, por más que estos lleven los nombres de By 
ron ó de Heine, hay un abismo de distancia. Imitaren el senti- 
do arriba indicado no es copiar, es simplemente acercarse por di- 
ferentes medios y bajo diversaseformas á la unidad estética que 
constituye el punto objetivo de la literatura universal. 



IV. 



En cambio del defecto apuntado, notaremos hechos que de- 
muestran que las patrias letra«í íian entrado en una era de positi- 
vo progreso. c 

Ya nuestros poetas no se contentan, como antes, con escribir 
canciones y sonetos, romances y cuartetas al dulce objeto de sus 
amores, sino que ensayan todos los géneros del arte; la historia 



V. 

y la novela, el drama y la comedia, y hasta en la escala que nues- 
tras peculiares condiciones lo permiten, la epopeya. El teatro 
nacional, que antes del 71 no existía, tiene ya, cuando menos, 
puestos sus cimientos con las producciones de Galindo y Vicen- 
ta Laparra, de Gavidia y Aycinena, de Urrutia y de Ma>o ¿^a 
Rivas. La novela histórica y la pintura de nuestras costumbres, 
en inimitables cuadros llenos de naturalidad y de gracejo, fueron 
elevadas por Milla al más alto grado de esplendor. Barrutia y 
Aragón se han encargado de la epopeya, cantando los gloriosos 
hechos de la conquista; y Rubén Darío y Acosta, atrevidas águi- 
las que se ciernen en el cielo de la idea, abarcan con su ávida mira- 
da el conjunto déla poesía, dispuestos á hacer presas en el inson- 
dable» océano del pensamiento. En cuanto á la publicación de 
obras, el adelanto no es menos notable. Desde la independencia 
hasta la revolución, las úiiicas que aparecieron fueron las "Fábu- 
las de Goyena" á que siempre se agregaba el poema de Fray 
Matías Córdova "La Tentativa del León y el éxito de su cm 
presa," las 'Toesías de José Batres Montúfar" las de Jesús La- 
parra, los "Cánticos del Nuevo Mundo" de Velarde, y una que 
otra composición suelta de los Diéguez y González Campo en 
los almanaques de Luna y de la imprenta de "La Paz." Falta- 
ban datos y colecciones para poder hacer un estudio formal del 
movimiento literario de Centro-América. Apareció nuestra Ga- 
lería en 18 73 y fué un estímulo, pues á ella se siguieron natu- 
ralmente la ''Literatura Americana" de Batres Jáuregui, la "Guir- 
nalda Salvadoreña" de Mayorga Rivas, 'El Parnaso" de García 
Salas, que desgraciadamente quedó^incompleto, y*poco después 
las liras costarricence, nicaragüence y la hondurena Lainfiesta, 
Urrutia, Gavidia, Méndez, Lola Montenegro, Vicenta Laparra, 
y otros muchos poetas y poetisas, dieron así mismo á la prensa 
algunas colecciones de poesías. 

No hablamos de los prosistas, que los tenemos muchos y dis- 
tinguidos, pues están fuera de nuestro propósito en la presente 
introducción. ^ ^ 

V.' 



Réstanos decir algo relativo á la formación de este volumen. 
Se nos ha reprochado no haber incluido en la primera edicrói 



VI. 

de esta obra á cuántos hablan escrito versos con anterioridad al 
71. Como al partir de esa fecha para acá, el cargo que probable- 
mente vá á hacérsenos con igual motivo, parecerá tanto más 
fundado cuanto que en estcíiltimo tomo át nuestra G a /eria, se 
•'"^-cnuWentrati'ómitidos nombres de verdaderos poetas, creémonos 
el en deber de dar una explicación sobre el primer punto y acla- 
rar de antemano el segundo. 

Versos, todos escribimos en cierta edad dé la vida; y cuan- 
do no podemos escribirlos los encargamos á un amigo ó co- 
piamos de cualquier autor, los que más adecuados nos parecen al 
objeto que nos proponennos. De esa clase de composiciones, pro- 
ducto del ingenio estimulado por la pasión; obsequio de ifn poe- 
ta ó plagio de otro, suscritas con distintas firmas, (.conocíamos 
muchas; y cuando se trata de formar una obra, preciso es tener 
sumo cuidado al darlas su partida de ibautismo, si no se quiere 
incurrir en gravísimos errores. 

Sirva de ejemplo la "Guirnalda Salvadoreña," publicada por 
el laborioso joven Román Mayorga Rivas, que nos ha dado in- 
completa y horrorosamente estropeada, como de Enrique Ho- 
yos, la preciosa cuanto conocida canción de José Farfán, padre, 
que comienza: 

"Obi cuan triste es vivir, vivir penando 
y sentir siempre ardiendo el corazón; 
dentro del pecho amarite estar luchando 
contra el deber la indómita pasión." (*) 

(. Un poco mas adelante atr^uyq á José Antonio Save los ver 

sos de Manuel Ramírez, 
c 

"Es mentira, mujer, tú no me amas 

ni has sentido jamás ese anhelo, 

que sublime desciende del cielo 

á premiar la sencilla virtud." C^'') 

Como de Farfán y RamfitiK hay poesías sueltas, que ;iio , care- 
cen de mérito,c atribuidas á Molina, Rivera Cabezas, Gal vez y 
otros, que acaso serían poetas, pero que no se les conoció como 






C*^Tomo I, i){ígiim 3í). 
\*) Tomo I,*píí<rina 2Híi. 



_ VIL __ 

tales, ni hicieron nunca publicaciones sobre las que pudiera ba- 
sarse un recopilador para incluirlas en una obra como la presente. 

Hasta aquí la explicación. Vamos ahora á la aclaración. 

Como nuestra obra no es un estudio de la literatura nacional, 
pero ni siquiera una crítica literaria, sino como en su portada se 
advierte, una "Colección de poesías de los mejores poetas de la A- 
mérica del Centro," creímos desde que se hizo la primera edición, y 
nos confirmamos en la misma creencia, al emprender la segunda, 
que no debíamosincluirá los autores que la componen sin su previo 
consentimiento, por más que ya sus obras hubiesen caído bajo el 
dominio del público. En tal virtud dirigimos en i.^ de Junio 
del cor^iiente afío, una circular á los poetas que han figurado con 
post^ioridaíi á la revolución, pidiéndoles así las poesías que tu- 
vieran á bien mandarnos, como su autorización para publicarlas. 
Varios de ellos ni aun se dignaron acusar recibo de nuestra car- 
ta. No es, pues, por culpa nuestra que no figuren sus nombres 
en la presente Galería. 

Obras posteriores, y sin duda mejor escritas que la presente, los 
darán á conocer. 

VI. 

Una palabra más para concluir. 

La presente edición, con todo y ser muy superior á la prime- 
ra, no satisface por completo los deseos del autor. Hubiera dt^- 
seado éste poder por sí mismo corregir todas las pruebas, á efec- 
to de uniformar la ortografía y evitur las erratas de imprenta que 
no han podido menos de escaparse; mas no le fué p(¡>«íible. El 
buen sentido de los lectores suplirá esa falta. 

Hay, sin embargo, una equivocación del compaginador que 
necesita aclararse. El soneto "La Música" (]ue dedicado á la se- 
ñorita Adriana Arbizú, figura á la página 344 de este volumen, 
entre las poesías de Joaquín Méndez, pertenece á Francisco E. 
Galindo. Conste para satisfacción de entrambos poetas. 

Guatemala, 31 de Dicienibre de 1888. 

V 



rfMkrfii*rfMMl^Mta^ÉiAiArfl^MkiA^^aí^la<Mb^te<a*rfl^Aita*MlMlMkrihat^^^MlMfe^atek^^^^^^^^^^Mki 



VICENTA L. de la CERDA. 



Cerramos el primer tomo de esta obra con el nombre de Je- 
sús Laparra, la inspirada cantora de la desgracia que, cual a- 
londra herida, nos dejó oir sus armoniosas quejas en una época 
luctuosa, en que permanecían cerrados al talento las puertas 
del sagrado de la prensa; y tócanos abrir el presente con el de 
una hermana suya, eomo primera muestra del movimiento li- 
terario operado con posterioridad a la revolución de 1871. 

En los versos de Vicenta Laparra de la Cerda, nótase la 
misma ternura y la misma tendencia al misticismo que en 
los de Jesús, pero son sin disputa más 'sonoros y mucho más 
correctos que los de su hermana, por lo que consideramos que 
han sido con justicia más generalmente aplaudidos. 

Vicenta tiene, además, la gloiia de haber fundado el teatro 
nacional, arriesgada empresa á que antes de ella no se había 
atrevido ninguno de nuestros poetas. Quien conozca á Guate- 
mala, á este público tan exigente, dispuesto siemp^-e á bur- 
larse de cuanto es nativo de la tierra, y á aceptar sólo como bueno 
lo que de fuera le viene, comprenderá todo el valor que era 
necesario para ofrecerle por primera vez un drama. 

Ni "El Ángel Caido" ni "Los lazos del Crimen" son obras 
acabadas, ni era posible exigir en ite, autora de esas produccio- 
nes aquel conocimiento profundo *del corazón humano y de 
las reglas del arte, que constituyen al verdadero dramaturgo; 
pero nadie puede disputar á Vicenta Laparra de la Cer- 
da el mérito de la iniciativa, ni el de la sonora v fácil ve¿sifi- 



galería poética. 



cación con que ha vestido sus primeros ensayos en el género 
dramático, el más difícil de cuantos abarca la amena literatura. 

Con un poco de más cuidado en la elección de argumentos 
y en el sostenimiento de los respectivos caracteres, estamos 
ciertos de que la Señora de la Cerda llegará á dominar el tea- 
tro, pues tiene para ello dotes que juzgamos de primer orden. 

De sus poesías líricas solamente conocemos la edición he- 
cha en 1883 en esta capital, que deseamos ver aumentada y 
corregida por su autora, en honra de nuestro archivo nacional. 

Extractamos de ese tomo algunas de sus composiciones, 
agregando dos inéditas con que ha tenido la bondad de favo- 
recernos. 



-^. 



VICENTA L. 1)K LA CERDA. 



EN LA PRIMERA PÁGINA DEL ÁLBUM 



9 
• 



DE LA SIMPÁTICA SEÑORITA 

VICTORIA SOLARES. 



i^ La página primera de tu álbum, 
voy á manchar bellísima Victoria, 
y será mi canción triste memoria 
consagrada á tu sincera amistad. 
En ella no hallarás la melodía 
ni la sentida inspiración del poeta; 
pues solo surgen en mi mente inquieta 
mil fantasmas de negra adversidad. 



No es mi cantar el ramo de azucenas 
que esparce en torno su fragante aroma; 
no es el tierno arrullar c^e la paloma, 
sino el triste suspiro dd ^olor. 
Voy á herir tus oidos, bella niña, • 
con las quejas de^'un alma lacerada 
que fija en el vacío su mirada, ^ 

y solo abrojos halla en derredor. • « 



GALEKIA POÉTICA. 



C 



'•? 



Pero al través del pavoroso velo, 
de mi negra y mortal melancolía, 
yo te veo brillar, Victoria mia, 
cual blanca estrella, allá en ignoto mar. 
Y por eso te ofrezco los suspiros 
que exhala mi alma de sufrir cansada, 
recíbelos, camelia perfumada, 
y alivie tu cariño mi pesar. 



Eres un ángel; y mi triste pena 
puede calmar tu melodioso acento, 
porque vibra en tu voz el sentimiento 
que se anida en tu tierno corazón. 
Enjugará las gotas de mi llanto 
tu bella mano, celestial criatura, 
y al través de mi noche de amargura 
veré brillar hermosa la ilusión. 



Tú bien sabes, Victoria, que mi vida, 
es un cáliz henchido de congoja, 
y mi dicha, 'a flor que se deshoja, 
en apartada y triste soledad. 
Es el perfume que arrebata el viento, 
el sonido de un canto que se a^eja, 
el último destelKcFque nos deja 
la luz que cubre, densa oscuridad. 



Y tu, mi dulce amiga, eres el ángel 
que viene coronado de inocencia, 
á poetisar la mísera existencia 
de un corazón fdfiísado de sufrir. 
P(5k' eso elevo mi plegaria al cielo 
pidiendo que te colme de alegría, 
que sea tu presente la poesía, 
y un edén tu risueño porvenir. 



VICENTA L. DE LA CERDA. 



EL ESCÉPTICO. 



• Voy de la vida por el desierto, 
odiando al hombre y á la mujer, 
por un sudario llevo cubierto 
mi pecho irio, mi pobre ser. 

Mis ilusiones se disiparon 
en un océano de am.arga hiél, 
y aquí en el alma sólo dejaron 
negro vacío, ponzoña cruel. 

No veo flores en mi camino, 
sólo fantasmas de torva faz; 
tronchar abrojos es mi destino, 
sin un momento de cRilce paz. 

¡No hay amistades! ¡todo es engaño! 
en los amores no tengo fe: 
mató esas creencias el desengaño, 
sin dejar sombra de lo que fué. 

,•; 

Cruzo la tierra como un idiota , 
que sólo muerte mira en redor, 
cual los cristales de fuente ignota, 
en cuya margen no hay una flor. 



9 



galería poética 



Y de la tierra la inmensa orgía, 
cansada el alma quiere dejar; 
porque me carga su algaravía, 
y es de maldades hirviente mar. 

Pero al dejarla ¡quiero que se unda 
en el abismo la falsedad! 
¡que corra sangre, materia inmunda! 
¡que se ahogue en llanto la humanidad! 

Quiero que sienta lo que yo siento; 
quiero que llore cual lloro yo: 
quiero brindarle todo el tormento 
que en copa de oro á mí me dio! 

¡Quiero burlarme de sus dolores: 
¡reirme quiero de su aflicción! 
porque ha tronchado las bellas flores 
que coit)naban mi corazón. 



c 

c 
c 



cV 



< ? 



VKKXTA L. DE LA CEKDA. 



gUEJAS DEL CORAZÓN. 



Vivir como yo vivo, sumida en la pobreza, 
bajo el terrible azote de negra adversidad, 
cubierta con las sombras de fúnebre tristeza, 
sufriendo ios martirios de cruel enfermedad. 

Es triste; el alma mía transida de amargura 
exhala en el silencio suspiros de dolor, 
como se queja el ave, del monte en la espesura, 
herida por el plomo de fiero cazador. 

A veces de mis ojos el doloroso llanto 
brota cual un torrente de fuego, que al rodar 
abrasa mis mejillas; y he derramado tanto 
que voy como cruzando de lágrimas un mar. 

Y luego cuando veo la faz entristecida 
de mis queridos hijos, que lloran de aflicción, 
y á mi virtuosa hermana tan triste y abatida, 
siento que de congoja se rasg^a el corazón. 

Entonces, Dios Eterno, transida de quebranto 
envío hasta los cielos mi férvida oración; 
y sola en tu presencia, bañada con mi llanto, 
exhala amargas quejas el mártir corazón. 



8 galería poética. 



LA TEMPESTAD DEL ALMA. 



dedicada a mi hijo ^ 



c 

c 



SALVADOR DE LA CERDA. 



¿Has visto cuando la noche 
tiende su manto sombrío, 
cuando cuelga en el vacío 
su enlutado pabellón? 
En el seno de las nubes 
revienta horrísono el trueno, 
y sopla en el campo ameno 
enfurecido el turbión. 



El arcángel de la muerte 
blande su negra guadaña, 
y resuena en la montaña 
enronquecida su voz; 
c y cuando bate sus alas 
y el inmenso espacio hiende, 
de sus ojos se desprende 
el relámpago veloz. 



1 VICENTA ].. I)K LA CERDA. 



Entre rocas escarpadas 
el torrente se derrumba: 
el huracán flota y zumba 
en el bosque secular, 
y los árboles se tronchan 
de los vientos al empuje, 
y alzando su oleaje ruge 
embravecida la mar. 



Desbórdase en el vacío 
la chispeante catarata, 
y los ceibos arrebata 
en su paso aterrador. 
¡Ah! la tierra se estremece 
con el estruendo del rayo, 
y se dobla sobre el tallo 
y se marchita la flor. 

Esa noche es fiel imagen 
de la tempestad del alma 
cuando ha perdido la calma 
el herido corazón: 
cuando ya no flota en torno 
el ángel de la esperanza, 
y no brilla en lontananza 
ni un destello de ilusión. 



Pero la noche se aleja 
y la esfera se abrillanta 
cuando el alba se levanta 
entre nubes de carmín, 
y la tempestad se olvida 
al resonar el arrullo 
del ave, y abre el capullo 
el delicado jazmín. 



10 galería poética 



¡Mas ay de mí! La tempestad funesta 
que á todas horas atormenta mi alma, 
me roba sin piedad la dulce calma, 
y en sus fragores me hace sucumbir. 
Mi triste pecho sin cesar envuelve 
el nublado de horrible desventura; 
es mi negro presente, la amargura, 
y la tumba mi solo porvenir. 

Siento que muere el corazón enfermo 
y se rasga transido de congoja, 
como la planta que el turbión deshoja ^ 

en apartada y triste soledad. ^ 

Que sus fibras se rompen una á una 
entre la garra del fatal destino; 
sólo espinas encuentro en el camino 
que me trazó la cruel adversidad. 

Es amargo, hijo mío, el triste llanto 
que á todas horas de mis ojos brota: 
es un raudal que en su corriente ignota, 
va formando de lágrimas un mar. 
En ese océano de insondable fondo 
navego yo sin encontrar bonanza; 
sin descubrir en bella lontananza 
alegre playa en dc^nde descansar. 



'V 



VICENTA L. DE LA CERDA. 



11 



EN LA MUERTE DE MI HIJA MARÍA. 



Yo dcsié el paraíso, hija querida, 
para esconderte en mi materno anhelo; 
más no habiendo un edén en esta vnda, 
tu alma inocente le buscó en el cielo. 

Ah! yo te veo con amor profundo 
cruzar veloz el éter trasparente, 
Y dejar los placeres de este mundo, 
por el bien que se goza eternamente. 

Y luego vaga cual aérea nube 
girando en torno de mi pobre lecho: 
creo ver tu sonrisa de querube 
y te siento en el fondo c?e mi pecho. 

Creo escuchar la dulce melodía 
de tu. festivo encantador acento; 
y surges en mi yerta fantasía 
levantando mi triste pensamiento, 



Aun más allá de eterna venturanza < 
donde no llega ni el pesar ni el llanto; 
y me haces columbrar en lontananza 
un porvenir de celestial encanto. 



12 galería poética. 



¡Ay! déjame sentir hija del alma 
el soplo de tu sombra bienhechora; 

dame, bien mío, la perdida calma 

quiero besar tu faz encantadora. 

Yo te llevé en mi seno, entre mis brazos 
dormias en tu infancia dulcemente. 
De la maternidad, los suaves lazos, 
me hacían existir niña inocente, 

Sobrellevando el peso de una vida 
que siempre fué sembrada de dolores; ^ ^ 

mas con el alma, de tu amor henchida, '^ 
olvidaba el pesar y sus rigores. 

Te di esposo, gocé cuando gozabas, 
reía mi labio cuando tu reías; 
y lloraba también cuando llorabas, 
siempre sintiendo lo que tú sentias. 

Todo pasó, la funeraria losa 
cubre á mis ojos tu cadáver frío; 
mas vive tu alma bella y candorosa 
y vives en mi ser, encanto mío. 



«V 



'' 



VICENTA L. I)K LA CERDA. 



i:i 



UN AÑO DESPUÉS. 



* Pedazo de mi alma, desde el cielo 
donde creo que tienes tu morada, 
vuelve, niña, tu lánguida mirada 
á tu madre que llora sin cesar. 
Porque el mundo sin tí, dulce María. 
es desierto de espinas y de abrojos, 
y en vano buscan mis cansados ojos 
un oasis en donde descansar. 



¿Y cómo puede el mundo indiferente, 
aliviar de mi vida los dolores, 
si tal vez no comprende los rigores 
de mi negra y mortal desolación; 
si no sabe, mi bien, que tu recuerdo 
le conservo en el fond.% de mi alma, 
y siempre oculto en aparente calma, 
los martirios del pobre corazón.^ 

¡Ah! cuando tiende la silencia noche 
sobre mis ojos su crespón sombrío, 
y^ creo vierte, dulce encanto mío, 
llegar á mí, radiante df;*c6ndor; 
que llegas poco á poco fiasta mi lecho 
y doblas reverente la rodilla; 
veo el llanto rodar en tu mejilla, 
llanto precioso de filial amor. 



14 galería poética. 



Siento también el beso suspirante 
que en mi frente imprimió tu labio rojo, 
veo de tus mejillas el sonrojo 
al recibir mi tierna bendición; 
flota el velo nupcial sobre tu frente, 
ceñida de lindísima guirnalda, 
y ya vestida con tu blanca falda 
te encaminas al templo de Sión. 

Entonces te detengo conmovida, 
y al estrecharte con amor vehemente 
disipas el ensueño de mi mente, 
dejando sólo, triste realidad; 
amarguras sin fin, crueles dolores, * 

negra desolación, mortal hastío, 
y una voz que repite en el vacío: 
sufre madre infeliz, tu soledad. 

¿No recuerdas que el fondo de una tumba, 
guarda ya sus encantos seductores, 
que ya pasó, cual las fragantes flores 
que deshoja la fuerza del turbión? 
Madre infeliz! apura el negro cáliz 
colmado de mortal melancolía, 
porque la dulce, angelical María 
no reanima tu yerto corazón. 



c 
c 



•^ ♦ »■ 



VICENTA L. DE LA CEKDA. 15 



A JULIA EN SU BODA. 



Mé^ bella que las flores que lucen en el prado, 
mecidas por el soplo del aura matinal! 
Más linda que los nardos y el lirio nacarado, 
abriendo pudoroso su broche delicado, 
es dulce, Julia mía, tu rostro angelical. 



Por eso yo te veo aquí en mi triste mente 
llegar cual llega un ángel, al templo de Sión; 
y ante el altar sagrado postrarte reverente, 
ciñendo de azahares la pudorosa frente 
qae realza entre los pliegues del velo de ilusión. 



Y escuchas de tu esposo d tierno juramento 
que junto á ti pronuncia de hinojos ante Dios: 
entonces tú respondes con melodioso acento, 
que guardas en tu pecho el dulce sentimiento, 
que enlaza para siempre la suerte de los dos. 

Así es como te veo aquí ei/aii fantasía; 
hermosa como un ángel de grafcias y candor, 
y veo la sonrisa de plácida alegría 
que entre tus labios rojos rebosa, amiga mía, 
más suave que la brisa jugando con la flor. 






16 galería poética. 



¿Por qué, querida Julia, me encuentro tan distante 
de aquel risueño nido donde feliz nací? 
¿Por qué no te acompaño en el dichoso instante 
que á tus hogares vuelves hermosa, palpitante, 
rodeada de tus padres que viven para tí? 






^ (* 
ú 



VICENTA L. DE LA CERDA. 17 



MI DESPERTAR. 



Pasa la noche y aparece el día 
en su carro de espléndido arrebol; 
huye la sombra que enlutece el mundo, 
pero mi angustia no. 

Abre el lirio su broche delicado 
al beso de la brisa matinal; 
viene la aurora derramando perlas, 
y . . . .¡no alivia mi afán! 

Cual lluvia de oro sobre el mundo caen 
los tibios rayos del naciente sol: 
las aves trinan y abre su corola 
la perfumada flor. 

Se borda el horizonte de celajes ' 

que heridos por los rayos de la luz, 
ondulan como gasas desprendidas 
del firmamento azul. 

El árbol mece su esTr^iltada fronda 
á orillas del ignoto manantial, • 

gorjean lo¿ arpados ruiseñores, 
arrulla la torcaz: 



T. III 



18 galería poética, 



Naturaleza vístese de encantos 
cuando en oriente se levanta el sol: 
todo se anima al beso de la aurora 
¡¡menos mi corazón!! 



El martirio sin fin que mi alma hiere 
brotó en la cuna donde recliné 
mi lánguida cabeza; y las espinas 
¡coronan mi sien! 



¡Lloré desde mi infancia! mi existencia * 
es negro cáliz que colmó el pesar * 

de acibarada hiél; y ¡no se agota! 

¡no se agota jamás! 



¡El destino implacable me persigue! 
¡Para llorar. . . .para llorar nací! 
¡No hay una sola flor en mi camino!. . 
¡Cuánto!. . . ¡cuánto sufrir! 



^\ 



VICENTA L. DE LA CEUDA. 19 



CONGOJA 



*Creo que, al fin, de padecer cansada 
ya dejo al mundo indiferente y frió; 
que el término llegó de mi jornada, 
que voy á hundirme en el panteón sombrío 

¡Ya no puedo vivir!. . . .¡me falta aliento 
¡Dios de clemencia, tu piedad invoco! 
¡Es muy grande, muy grande mi tormento 
y de angustia me asfixio! ¡me sofoco! 



Cuando yazga mi ser inanimado 
y de esta vida rómpanse los lazos; 
si hcxy quien abra mi pecfeo lacerado 
verá mi corazón hecho pedazos. 

Verá que tiene rotas las arterias 
por las crueles congojas que ha sufrido 
que al cruzar por el valle de miserias, 
le ha coe:tado un dolor ca^a» latido. 






^A^^B«htf^^^^^^A4M^lk**illAa»A^i*4ta*rfB^«i*«^i*Aiti*AAAitiA***Ai**A*'i''i**^>> 



JUAN FERMÍN AYOINEITA. 



9 

Es uno de los poetas que más honran en la actualidad á Cen- 
tro-América. Desde antes del aparecimiento de nuestra Galería 
habíanse publicado en periódicos de esta capital varias poesías 
suyas, que fueron recibidas con general aceptación; mas como 
quiera que, deseoso de guardar el incógnito, hubiese acostum- 
brado firmarlas con diferentes iniciales, no nos atrevimos á in- 
cluirlas en aquella obra, por temor de incurrir en la misma falta 
que hemos criticado en la introducción de este libro á ''La Guir- 
nalda Salvadoreña^ 

Conocedor Aycinena áé\r carácter de nuestra sociedad, se hizo 
aplaudir con los seudónimos de Delius, Tamirio y L. D.; y so- 
lamente hasta después de haberse hecho de este modo una tri- 
ple reputación literaria, apareció con su verdadero nombre, con- 
quistándose el primer premio en «I concurso á que convocó e^ 
Ateneo de Lima, con motivo del tercer centenario de Santa 
Rosa. 

Sus poesías son correctas, y tienen un sabor clásico que las 
distinguen de las producciones del mismo género que se han 
publicado en estos últimos quince años. Ni faltan en ellas inspi- 
ración y sentimiento, como puede verse en sus bellísimas estro- 
fas "^/ /^^/¿«y^z/^V'^?," "Z^; y7rjen¿nd'^yl''La Violeta': 

Juan Fermín Aycinena nació en esta capital (^ año de I838; 
se educó en el Colegio seminario; y aunque hizo una brillante 
carrera en el foro, no ejerce la abogacía, prefiriendo vivir de la 

5 



22 galería poética. 



agricultura, á la que ha dedicado estudios especiales, y consagrar 
sus ratos'de ocio á las bellas letras, en las que tan merecido re- 
nombre ha sabido conquistarse. Entre estas ocupaciones y el 
asiduo cuidado de su familia, deslizase su existencia tranquila y 
apacible, en el seno de sus amistades. 

Sabemos que de las obras de Aycinena, las que se han publi- 
cado hasta ahora, forman apenas una pequeña parte de la colec- 
ción de sus manuscritos, por lo que nos creemos en el deber de 
excitarle á hacer una edición completa de sus poesias. Los poetas 
no se pertenecen á sí mismos; se deben á la patria. 



• 



• '. 



JUAN FERMIX AYCINEXA. 



28 



AL PENSATIVO.* 



Ninfas del silencioso Pensativo, 

^•por qué adornáis vuestra marchita frente 

con ramas de ciprés? 
¿del pueblo de Kicab, triste y cautivo, 
las glorias que empañó la hispana gente, 

llorando vais con él? 



Alegres otro tiempo, bellas ninfas, 
al son del arpa de las cuerdas de oro, 

sobre el terso cristal, 
corriendo en pos de bulliciosas linfas 
celebrabais con cántico sonoro, 

los triunfos de Utatlán 



¿Acaso á devorar hondos pesares, 
arroyo sepultado entre las ruinas, 

solo naciste tú? 
En tu margen dulcísimos cantares, 
alzaron con sus arpas n,uvfilinas 

las hijas dt^Tanub. 



* Humilde riachuelo de la Antigua Guatemala. 



> 



24 galería poética. 



Envueltas en espléndidos güipiles 
bordados de fantásticas labores, 

con el tinto algodón, 
á tus ondas, las bellas zutugiles 
se acercaban en grupos seductores, 
^ danzando en derredor. 

En los fértiles valles que recorres, 
como eleva su frente de gigante 

la pirámide azul, 
templos, palacios y almenadas torres 
alzó el imperio colosal, pujante, 

que acaudilló Tecúm. • 

c 

¡Raza infeliz! el arpa de tus vates 

con tu antigua existencia quedó muda. 

¡Nadie te canta ya! 
Tu indomable valor en los combates 
con tu antigua guerra desigual y ruda 

fué estéril por demás. 

Ya del olvido entre la niebla obscura 
envuelto está de tu esplendor la gloria; 

nuevo astro la eclipsó. 
Tu poder, tu riqueza, tu cultura. . . . 
páginas arrancadas á la historia, 

mentidos sueños son. 



En el risueño valle donde exhala 
su perfume la agreste enredadera 

(jife abraza al suqtiinay. 
Tendida está la bella Guatemala, 
desdeñosa sultana y altanera, 

sobre verde sofá. 



JUAN FERMÍN AYCINENA. 25 



Por esclavos humildes Kachiqueles, 
de la reina al capricho siempre atentos, 

la cercan en redor: 
sus templos y obeliscos y vergeles, 
sus palacios y torres y conventos 

obra del genio son. 



Acariciada por el aura pura 
de siempre grata y dulce primavera 
se aduerme la ciudad, 
emporio de riqueza y de cultura, 
en brazos del placer vive y prospera 
t sin cuidados ni afán. 



Mas vela allí descomunal coloso, 

que en sus entrañas un inherno encierra 

de muerte y destrucción. 
De ese pueblo la dicha ve envidiosa, 
y hace temblar horrísono la tierra 

con sin igual fragor. . . . 



De la que fué ciudad lujosa y bella 
hacinados escombros, tristes ruinas 

tan sólo existen ya. 
El genio del dolor huadió su huella 
eg las antiguas g\oñas ¿im/c// /¿as. 

¡Profecía fatal! 



De la conquista al golpe calló herida 
de Jiutemal la raza heroica y fiera; 

mas vei^>-^rse juró. 
Y en medio del banquete de la vida > 
el cielo con su espada justiciera 

hirió al conquistador. 



26 galería poética. 



Ninfas del silencioso Pensativo, 
adornad si, vuestra marchita frente 

con ramas de ciprés. 
Del pueblo vencedor y del cautivo 
las glorias extinguidas juntamente, 

llorad, llorad también. 






«•c 



JUAN FERMÍN AYCINENA. 27 







EL INDIO. 



Dóblase al peso de oneroso fardo, 
d^ Kachiquel, un tiempo vencedora, 
humillada la frente, 
la que arbitra y señora 
del corazón de América se viera; 
al yugo, por sus dioses maldecido, 
del europeo abájase impotente. 
Va de Tanüb la vengativa raza 
no baña sus altares 
en sangre de la víctima enemiga: 
ni á defender sus amagados lares 
enfurecida muchedumbre apresta, 
que escudo fuerte embraza 
y envenenado pedernal asesta. 
Allí do erguía su soberbio templo 
la relumbrante ciispide (k laja, 
desparece entre ruinas 
mísero rancho de maguey ó paja. 
¿Do fué de sus caciques 
la noble autoridad? ¿Dónde sus leyes, 
sus costumbres sencillas patriarcales; 
la ciencia de sus magos, y, los reyes 
que humildes Mazehualús ^ 
adoraban postrados 
ante doseles de exquisito gusto 
con plumas de colores recamados.^ 



28 galería poética. 



€ 



Tú, grandioso volcán, tú que en los cielos 
audaz escondes la aterida cresta, 
que coronan las nubes y los hielos, 
de su claro esplendor testigo fuiste; 
y á tus plantas creció su limpia gloria. 
Tal vez de la victoria 
cual dios, en sus delirios te invocaron 
y víctimas sin cuento te inmolaron. 
¿Por qué al hundirse de Kícab el trono, 
al estampido ignoto de los bronces, 
no respondió en \.^^ falda 
de atronador retumbo el eco horrendo, 
que el pánico esparciera 
en la contraria hueste.? Quizá entonces ^ 
tu siempre verde colosal guirnalda 
agradecido culto aún recibiera. 

Mas ¡ay! sonó la hora 
que en su libro fatídico el destino 
el fin de esa nación marcado había. 
Y de ambición la sed devoradora, 
por no andado camino, 
falanges aguerridas conducía. 
No de blanda molicie ó torpe miedo 
vencida sucumbiste, altiva raza; 
ni al heroico denuedo 
de que en vano hizo alarde 
el español te humillaste cobarde. 
Si á la invención, estraña 
de la tronante pólvora no fueras, 
brazo á brazo quizás medido hubieras 
con la suya también tu invicta saña. 

El Hombre-Di^, que de su amor fecundo 
el fruto misteriosoi * 
sobrease pueblo derramar quería, 
que en las tinieblas del error yacía, 
suscita al religioso 



• 



JUAN FERMIX AYCIXKXA. 29 



• 



que á plantar venga sobre el nuevo mundo 
la noble enseña de poder y gloria, 
la sacrosanta cruz de su victoria. 

Y tres siglos pasaron; 

y de la nada al espantoso abismo 

de su existencia antigua el paganismo 

con sus dioses y ritos arrastraron 

Y brilló en medio al cielo 
el bello sol de la alma Independencia. 
La augusta libertad plantó su trono, 
y del arte y la ciencia 
r^gó su mano el misterioso velo. 
Alza la frente, raza envilecida 
del gran Kicab\ infando sacrificio 
no ofrezcas en impúdicos altares: 
de la eterna verdad hirió tus ojos 
la lumbre bendecida, 
y tu plegaria escuchará propicio 
el Dios que en tus fervores inv^ocares. 

No exhalen ya de tu arpa destemplada 
las cuerdas melancólicos lamentos; 
sublimes sentimientos 
de honor y de entusiasmo el alma eleven 
cuando aparece, cual la grata aurora, 
tras lóbrega tormenta, suspirada, 
iluminando el campo 
de ansiada libertad fúlgido lampo. 
Abrióse de Sofía 

para tí el templo y sus copiosas fuentes: 
tus hijos vayan á beber en ellas 
las ciencias y las artes á porfía. 
De abundosas corrientt^.^* 
que inútiles se lanzan al océano, » 

enséñente á arreglar el vago curso. 

Y las campiñas bellas 

que decorar ufano ** 



30 galería poética. 



tu clima quiso con fragantes flores, 
cuando sus aguas tersas fertilicen, 
y el arado revueh'a en anchos surcos 
de granadas espigas 
coronaránse y frutos deleitosos. 
Cruza tus sendas de aceradas lineas 
por donde fácil del vapor á impulso 
el opimo producto se deslice. 

Y entonces de la Arabia 

la estimulante nutritiva almendra 
que de estos valles la fecunda savia, 
entre verdes pirámides hojosas, • 
en racimos dulcísimos engendra, 
á cien frutos y cien que el almo suelo 
para solaz de sus colonos cría, 
unida irá; y á la sedienta Europa 
regalará con plácida ambrosía. 

AI prodigioso invento 
de Galván pide las veloces alas 
que arrancó al rayo en su fugaz carrera; 
y por el aire vuele 
rápido cual la luz, el pensamiento. 
En él vendrá la próvida experiencia 
á par de los progresos de la ciencia. 

Y siempre bienhechora 

tiende la diestra al nfísero que anhele, 
dgjando de sus padres los hogares 
cabe los tuyos levantar sus lares. 
La ya cansada tierra 
de otra región á sustentar no alcanza 
la^muchedumbre que en su seno crece: 
la tuya en vano de {placer encierra 
germen fecundo, qiíe'abundancia ofrece; 
con él «iivide y pródiga alabanza 
dará la fama á tu inmortal renombre. 

Y serás libre y sabia y opulenta. 
Cual antes, los alcázares labrados 



• 



JUAN FKK.VUN AVOiNKNA. 81 






con piedras de colores 

se elevarán; y más suntuosos templos 

al Dios de la verdad ya consa^^rados: 

y los días llorados 

de la gloria y poder de tus mayores 

renacerán también; verás dichosa 

poblarse de ciudades 

la tierra enrojecida 

un tiempo con tu sangre; y bendecida 

serás de lo futuro en las edades. 



;• 



32 galería poética. 



# 



LA VIOLETA. 



Flor misteriosa que entre el verde cerco 
de tu follaje, candorosa esparces * 

suave perfume, que á Favonio embriaga, 
dulce violeta. 



De la que adoto, virgen pudorosa, 
de negros ojos y rosados labios 
que del bullicio mundanal se esconde, 
plácida imagen. 

Llega veloce do mi pecho amante 
quiere que vayas á adornarlas sienes, 
ó feliz vive sobre el seno amado 
s^ella te acoge. 

Di á la beldad que acarició mis sueños 
que para ella tu existir cuidaba; 
que de mis ojos el ardiente lloro 
riega tu tallo. 

••. 

Si de su labio*purpurino á veces 
beso amoroso en tu corola imprime, 
guarda la esencia de su casto aliento 
entre tus hojas. 



,H AX FEKMIN AYCINEXA. 



33 



Y si una lágrima por dicha escondes, 
de las que vierto en tu virgíneo cáliz, 
haz que resbale á su contacto suave, 
dulce violeta. 



T. III 



84 galería poética. 



LA JUVENTUD. 



« 



Genio de la adorada patria mía, 

envuélveme en tus alas, 
dame divino fuego 
que incendie el corazón; y la armonía, 
hirviendo en ansia de entusiasmo y gloria, 
arrebate mi lira, y cante luego 
á la fogosa Juventud. ¡Cuan bella 
la faz orlada de pudor destella! 
Entre risas, placeres y cantares, 
regando mirtos, rosas y azahares, 
alegre se desliza, 
sin presentir que el tiempo, 
con ala abrasadora, 
su esmalte ar^-anca, su carmín devora. 



Graciosa juventud ¡oh quién pudiera 
el vuelo detener de tu carrera! 

Como la tenue brisa, 
suspiro de 1^ cmable primavera 

*' y del abril sonrisa, 
*hesando pasa las pintadas flores 
que la áurea linfa del verjel retrata, 

y pérfida arrebata 
á la viola y al nardo sus olores, 



JUAN FERMÍN AYCINENA. 35 



lo mismo pasas tú, dejando apenas 
de la ilusión perdida 
recuerdos que acibaran ¡ay! la vida. . . . 
¡llanto en los ojos y en el alma penas! 

Pero ¿por qué recuerdos doloridos 
ha de evocar la tétrica memoria, 
hoy que la esbelta juventud se lanza, 
ávida de adela-^itos y de gloria 
tras el genio inmortal de la esperanza? 

Yo miro al numen del saber tendiendo 
soSre la Juventud sus lindas alas; 
muestra de lejos la Verdad hermosa 
con el ropaje del candor vestida. 
Sigúele, oh Juventud, sigúele ansiosa 
en su incansable vuelo, 
y hasta tocar el árbol de la vida 
no desmaye jamás tu noble anhelo. 

Ya sangrientas lides 
do intrépidos justaban 
famosos adalides. 
y al filo confiaban 

de su cortante, brillador acero, 

de la mujef la suerte, 

la vida y el honor del caballero, 

en la mansión eterna de la muerte 
yacen abandonadas 

entre el obscuro polvo relegadas. 

A más dignos torneos / • 
te llama el genio del saber; ufanos, , 

apuestos paladines 
no preparan ni lanzas ni broqueles, 

ni vienen á las manos 






86 galería poética. 



al son de las trompetas y clarines: 

más preciados laureles 
arrancan en la lid á la victoria 
donde la ciencia y la virtud campean: 
sin lágrimas, sin sangre, Honor y Gloria 
las juveniles frentes hermosean. 



¿No son más dignas 
del genio emprendedor, nobles batallas 
en que la mente se ejercita y vence 
obstáculos sin fin, cuando benignas 
las musas del Olimpo cien coronas 
tejen de verde lauro y amaranto, i 
y ornan con ellas la celeste lira 
que en acordes dulcísimos suspira, 
y el alma embriaga de placer y encanto.^ 



Más dignas son. La púdica hermosura 
en ellas premia al vencedor: sus gracias, 

su sonrisa halagüeña, 
el vivo ardor de su mirada pura 
estimula también, y el pecho inflama 
del esforzado campeón que sueña 
en ellas alcanzar renombre y fama. 

Prosigue, oh Juventud; prosigue ansiosa 

del libre impulso de tu ardor llevada, 

en literarias lides combatiendo, 

tu marcha victoriosa. 

Yo me gozo en tu triunfo; arrebatada 

vuela también mi loca fantasía; 

y á tu brillante ¿'Porvenir" augura 
*» . 
^ Mi tosca poesía 

días de gloria y de sin par ventura. 



JVA'S FERMÍN AYCINENA. 



87 



A SANTA ROSA DE LIMA. 



EN EL Th;RCER CEXTEXARLO DE ST NACIMIENTO, 30 DE ABRIL DK ISSH. 



Ninfas dichosas del peruano suelo, 
pulsad las arpas del aonio coro, 

y en cántico inmortal 
en ondas suba á la región del cielo, 
celebrando dulcísimo y sonoro 

la gracia virginal. 

Que no brotó tan fresca y tan galana 
en el jardin de la fecunda Lima, 

do lucen flftres, cien, 
otra como la flor bella y lozana 
que la virtud, por más preciada estima, 
y trasplantó al edén. 



Es la alba flor suavísima y graciosa 
que perfumó con su arorrrti^a esencia 

el beso de Jehová; 
la casta virgen, la divina Rosa, 
prodigio de candor y de inocencia 

que envidia al cielo dá. 






88 



galería poética. 



El eco jubiloso de armonía 
que en la santa Salen alzó el Profeta, 

resuene en derrtdor, 
arrancando raudales de ambrosía 
del salterio inspirado del poeta 

el estro arrobador. 

Ensalce de la Virgen la pureza, 
la insólita humildad, el heroísmo, 

la libre esclavitud; 
cuando cerca de espinas su cabeza 
por confundir valiente al negro abismo 

su angélica virtud. 

De austero cenobita los rigores * 
brotar la sangre de esa niña vieron 

con pasmo y estupor: 
duros silicios por mullidas flores, 
y por galas, cadenas la ciñeron 

las ansias de su amor. 

Como en las lomas del volcán levanta 
entre cardos el lirio perfumado 

su frente de marfil, 
en los agudos hierros se agiganta 
el corazón extático, endiosado 

de esa Ro^a gentil. 

De virtudes riquísima diadema 
teje en su alma aquella Virgen pura 

con primoroso aíán; 
dócil, paciente,en la humildad se extrema, 
la injuria olvida, á los enfermos cura, 

al pobre dá su pan. 

Glorias el mundo efímeras le ofrece, 
y de azaharej ¥d nupcial corona 
1 que halaga á la mujer; 

ella en la sombra, humilde se obscurece; 
riega el lauro inmortal que galardona 
al que supo vencer. 



JUAN FERMÍN AYCINEXA. 8^ 



Tímida alondra que, tendiendo el ala, 
huye á esconderse en la enriscada peña 

donde su nido está, 
al dulce acento que su Amado exhala, 
ansiosa corre la beldad limeña, 

y hacia su Amado vá. 

Mira esplender hermosa, en lontananza 
entre arreboles de granate y perla, 

del alma fe la luz; 
inúndase su pecho de esperanza, 
y arrebatada de su amor al verla 

se enlaza con la Cruz. 

Pero al fulgor vivífico se esconde; 
y*el alma atribulada en noche obscura, 

suspira sin cesar: 
"^jEn dónde, Esposo mió, estás.en dónde?" 
exclama la afligida criatura, 

¡y siéntese expirar! 

Hórridas nieblas de su bien la privan; 
no hay á su angustia tregua ni consuelo: 

¡ay! ¡eso no es vivir! 
no desmaya: sus ansias más se avivan: 
es lema inexorable de su anhelo, 

¡padecer ó morir! 

Ángel, que de esa mística paloma 
elevabas los lánguidos suspiros 

al trono celestial, 
como sube impregnada del aroma 
que esparce el nardo, en olorosos giros 

el aura matinal. 

Tú sólo decir puedes la amargura 
del mar profundo en que; se anega el alma 

sumida efija aflicción; 
¡cuando la copa del dolor apura j 

hasta las heces, y no encuentra calma, 

ni aún en la oración! 






40 galería poética 



c 



¡Cuando en lóbrego, triste desamparo, 
los buenos de la tierra tiranizan 

su dócil juventud; 
y la calumnia y befa, con descaro, 
los actos de su vida satirizan, 

y enlodan su virtud! 



Pero al fin brilla la rosada aurora; 
de la noche las sombras se escondieron; 

» huyó la tempestad: 

los fulgores del astro rey, que dora 
las cumbres y los valles, yei lucieron: 

¡disipa su ansiedad! * 



¿No veis allí á la Virgen del Rosario, 
la tierna madre desamor hermoso 

entre ángeles sin fin; 
y Rosa prosternada en el Santuario,, 
en éxtasis suavísimo amoroso 

cual bello serafín? 



¡Oíd! .... la Madre de Jesús le dice 
que por esposa suya la eligiera 

el^ijo de su amor, 
y en sus brazos la estrecha y la bendice. 
¡Oh! quién al lienzo trasladar pudiera 

tal cuadro encantador. 

De Apeles dadme ó del pintor de Urbino 
la sacra inspiración, la fantasía 

Jet mágico pincel; 
trazara entonce el rostro peregrino 
que sonrosó la llama en que se ardíat 

su pecho amante y fiel. 






JUAN FERMÍN AYCINEN.X. 41 



Escucha, noble Virgen y agraciada, 
la tierna voz del celestial Esposo: 

Amada mía, ve7i\ 
levántate, paloma enamorada^ 
llega d ceñir el lauro victorioso 

qíie adornará tn sien. 

En desposorio místico, alba Rosa^ 
desde aquel día con Jesús amante 

unida fuiste tú; 
y en tu diadema nítida y preciosa 
de vírgenes, reluces cual brillante 

¡estrella del Perú! 

Del mundo de Colón, hijas queridas 
cercad el trono espléndido de gloria 

de esta Rosa inmortal: 
¡tres siglos os coritemplen hoy unidas, 
celebrando con himnos de victoria 

su plácido natal. 



t 



• 






42 galería poética. 



AMATITLAN. 



Sino fatal, ciudad de desventura, c 
presidió á tu nacer, qué tantas veces 
tuviste que apurar hasta las heces 
el cáliz rebozando de amargura! 

¡Un tiempo fué que tiermosa te asentabas 
á orillas de tu lago transparente, 
y en su cristal purísimo, luciente 
tu peregrino rostro contemplabas! 

¡Hoy escombros, no más, mira el viajero 
do ayer se alzaba una ciudad tan bella! 
¡El genio del dolor hincó su huella 
de lágrimas dejando, atroz reguero! 

c 

Tierra del Pocomán, en otros días 
testigo de sus hórridas victorias, 
celebrabas con él sus rudas glorias, 
lloraste, si humillado le veías; 

•V 

O si las ondis de tu limpio lago, 
que las canoas débiles cortaban, 
con sangre de tus hijos se empatiaban 
tí de fiera lucha al espantoso estrago. 



JL'AX FERMÍN AYCINENA. 



48 



¡Y sucumbiste al fin! cuando cayeron 

los hijos de Tanúb! Extraños reyes 

plugo al destino darles, y otras leyes; 
y á nueva vida entonces renacieron. 

I Y te alzaste también muy más hermosa! 
la hecatombe cesó de sangre humana 
ante la luz de la verdad cristiana; 
la fe del Dios de amor reinó gloriosa. 



Triste recuerdo en tus campiñas miro 
del nopal, que doquiera las llenaba, 
y á la preciosa grana alimentaba, 
dio'na rival del múrice de Tiro. 



Cuando en busca venían de ese fruto 
las presurosas naves extranje>;as, 
en cambio del tesoro que les dieras, 
ellas te daban opimo tributo. 



Entonces, ¡qué algazara! ¡qué alegría 
en tus plazas y calles! ¡Qué de fiestas 
en tus amenas, plácidas florestas! 
¡Cuánto pueblo tal vez te envidiaría! 



De tu lago, veloces barquichuelas 
de airosos gallardetes adornadas, 
encrespaban las olas sosegadas 
al suave empuje de sus blancas velas. 



En tus montes, cubiertos de verc^ra, 
el eco dulcemente repetía, 
los acordes acentos de armonía 
en ondas i impregnadas de ternura: 






44 galería poética. 



Bajo tu ceiba de frondosas ramas, 
¡qué bulliciosas danzas y recreos! 
endechas delicadas, galanteos, 
trovas de amor de abrasadoras llamas! 



¡Cuánto allí se gozó!. . . De la alba luna 
mil veces te miró la faz ríen te, 
ciudad próspera, bella, floreciente, 
¡hija mimada ¡ay Dios! de la fortuna! 

El hado adverso contempló envidioso 
tu vida tan feliz; y en hora triste ^ 

de la opulenta cuna descendiste, 
deprimido tu fruto más valioso. 

I 

Y cuando de salud el iris bello 
te auguraba no lejos la bonanza, 
y con él de la próvida esperanza 
vías brillar el fúlgido destello; 

Cuando el vapor con su gigante empuje 
se lanza cual ardiente torbellino, 
y acerca las distancias del camino 
y por tus cumbres y tus valles ruge; 



c 



Cuando otro fruto espléndido y lozano 
te brinda de la Arabia el delicioso 
néctar, que busca el europeo ansioso, 
V lo cultiva con afán tu mano; 



-\ 






L^ tierra se esíremece de repente: 
y caen entre el polvo derrumbadas 
casas y templos, torres elevadas: 
y en confusión y espanto huye la gente. 



JL'AX FERMIX AVCINEXA. 

¡Amatitlán! ¡ciudad de desv^entura! 
¡no sufres sola tú: que están unidas 
á tu dolor, y lloran afligidas 
tus hermanas también, tu suerte dura! 



45 



Ya las veo llegar: entre sus brazos 
te estrechan cual amigas cariñosas: 
¡que no rompen borrascas procelosas 
de la alma caridad los dulces lazos! 









46 galería poética. 



ELLA. 



SONETO DE COMBINACIÓN CAPRICHOSA. 



Tienen los cielos mágicos colores, 
los verdes prados celestial encanto, 
grato perfume las gallardas flores, 
las tiernas aves melodioso canto. 

Tienen las auras plácidos rum^ores, 
la casta virgen purpurino manto; 
y el hada espiritual de los amores,. 
tiene un destello misterioso v santo. 



Bello es el mundo en la inmortal grandeza, 
girando en luz y poética armonía; 
mas nada existe igual á su belleza 
* que aún no puede soñar la fantasía . . . 
al rayo de su amor y su pureza 
muere la noche y amanece el día. 



♦ V 



>***AAArfMhi 



DOnOTEO JOSÉ aUEREEÍlO. 



Tras largos años de ausencia de Centro-América, hallábame 
un día en Acajutla, reunido con varios amigos míos en el edifi- 
cio de la Comandancia, cuando apareció en el salón un joven 
viejo, empleado de la Aduana, preguntando por mí, para salu- 
darme. El Dr. Galindo salió á su encuentro, y trató de hacer su 
presentación. 

— Es innecesario, dijo el recién llegado, puesto que el señor 
fué quien me dio á luz. 

Y al decir esto y darme un apretón de manos, estalló, como 
era natural, la hilaridad de los concurrentes. 

He aquí en qué términos un biógrafo de Guerrero da cuenta 
de aquel extraño parto del autor de esta Galería. 

"En 1870, dice, cuando el laborioso literato guatemalteca) 
D. Ramón Uriarte, más político que los pensadores de gabine- 
te, concibió la idea de hermanar las inteligencias centro-ameri- 
canas, antes que violentar las masas, y recorría estas cinco sec- 
ciones del Centro, recogiendo materiales para su Galería Poéti- 
ca, vio casualmente los primeros ensayos de Guerrero en San 
Salvador; y sin conocerle, le honró con una visita y sus consejos 
relativamente al arte, y publicó íc^ de sus composiciones en 
"El Faro Salvadoreño," precedidas de muy hor^rosos conceptos 
para Guerrero, augurándole un brillante porvenir en el cultivo 
du las letras. Ese vaticinio se hn cumplido.'* 

Gjerrero, en efecto, ha cantado c^n inspiración y sentimiento; 



48 galería poética. 



y si la trabajosa vida que ha llevado no se lo hubiera impedido, 
habría escrito mucho más y mejor de lo que ha publicado y tie- 
ne inédito, que ciertamente no es poco. Algunas de sus poesías 
han merecido la distinción de ser reproducidas en periódicos' li- 
terarios europeos, de los que no acostumbran acoger sin examen 
cuanto para su publicación se les remite. 

Doroteo José Guerrero tiene 44 años de edad; pero represen- 
ta el doble. Actualmente viv^e en el puerto de Acajútla^ dedica- 
do á negocios propios. 






DOROTEO JOSÉ GUERRERO. 49 



RECUERDOS DEL MES DE ABRIL. 



• Una mañana sin luces, 
de aquellas en que parece 
que natura se adormece 
al son del aura sutil; 

A las riberas sentado 
del San Miguel caudaloso, 
aspiraba silencioso 
las fragancias del Abril. 

De su tranquila corriente 
al través de las espumas, 
se elevaban densas brumas 
ocultando su cristal* 



El horizonte nublado, 
la brisa que allí callaba, 
las flores, todo inspiraba 
un silencio sepulcral. 



;• 



Yo extático contemplaba ^ 

la bella naturaleza 
llena de pompa y riqueza 
y de dulce languidez; * • 



T. III. 



50 galería poética. 



Cuando en medio de las brumas 
como vapor condensado, 
71 cruzar un genio alado 
con extrema rapiglez. 

Reconocí que era un ángel, 
con la frente de azucena; 
su mirada era serena, 
su semblante celestial. 



¡Ah! cuando yo le miraba 
de eterno amor poseído, 
trajo la brisa á mi oído 
esta sentencia fatal: 



''¡Pobre joven! tú no sabes 
que ese ángel que al cielo avanza, 
es la luz de tu esperanza 
y á verle no volverás." 



Yo al instante soi prendido 
levanté mi vista al cielo, 
y le vi en su raudo vuelo 
dejar las n¿ibes atrás. 

De hinojos sobre la arena, 
sollozando tristemente, 
le pedí con voz doliente 
(|ue se volviera hacia mí. 



Mas inútil fué mi ruego, 
pues pálido al ocultarse, 
le vi muy luego eclipsarse 
en la esfera turquesí. 



DOROTEO JOSÉ GUERRERO. 



Allí comenzó mi llanto, 
de mi suerte los rigores, 
concluyeron mis amores 
y nació ir i padecer. 



Desde entonces he vivido 
en el mundo aislado y triste, 
pues ya para mí no existe 
ni alegría ni placer. 



Cuando encuentro en mi camino 
• una mansa clara fuente, 
beso su linfa, y doliente 
mi llanto derramo allí: 



Para que cuando al Empíreo 
se eleve cual humo santo, 
á regar suba mi llanto 
la esperanza que perdí. 



••• 



52 galería poética. 



ALA SEÑORITA.... 



De tus bellísimos ojos, 
cual de rocío una gota, 
nítida lágrima brota 
publicando tu pesan 



Por tu pálida mejilla 
ella corre tristemente, 
y se la mira elocuente 
indecisa caminar. 



Tu honda pena me revela 
la lágrima de tus ojos; 
que no hay en tu pecho enojos, 
sino un acerbo dolor. 

-\ 

Que aunque naciste tan bella, 
que el arcángel te envidiaba, 
el hado cruel decretaba 
para tí sólo rigor. 



DOROTEO JOSÉ GUERRERO. 53 



Solo amargura, pesares, 
infortunio, desencanto; 
por eso un amargo llanto 
tus pupilas inundó. 



Por que cuando eras niña 
sencilla cual la paloma, 
y pura como el aroma 
de la flor de Jericó; 



Un hombre que no te amaba 
tu inocencia carcomía, 
y de tu alma obscurecía 
el mas hermoso esplendor. 



Y mientras en blando lecho 
tu mente casta soñaba, 
por tu deshonra velaba 
el fingido adorador. 

El con pertinacia aleve, 
y su traición encubriendo, 
iba á tus pies entreabriendo 

un abismo para tí. 

• 

Te quitó el horror al crimen, 
te dijo que había flores, 
en donde abrojos traidores 
ocultos había allí. 



Y nunca movió*su pecho 
tu mortal y cruel angustia, 
y al mirar tu frente mustia 
solía aleve sonreír. • ^ 



• 



54 galería poética. 



j Pobre niña! .... no sabías 
que de amor el juramente, 
es hoja que arrastra el viento, 
que sólo dura el sufrir. 

No sabías que la dicha 
que el labio de amor ofrece, 
cual nube se desvanece 
sin dejar huella quizás. 

Y que el alma sólo guarda 
las ilusiones perdidas, 
y del dolor las heridas 
que no se cierran jamás. 



II 



¡Ah!yo también he probado 
del destino los rigores; 
desgraciado en mis amores, 
solo he tenido inquietud. 

Con todo el fuego del alma 
á una virgen yo adoraba; 
pero ella en cambio me daba 
por amor* ingratitud. 

c 

Fué tan aviesa mi suerte, 
que me hizo ver sin tardanza 
fugitiva mi esperanza 
volar al cielo veloz. 

•/. 

^ Mas yo sigo mi camino, 

marcharé siempre adelante, 
triste, solitario, errante, 
t !; iré de su huella en pos. 



DOROTEO JOSÉ GUERRERO. 



55 



Porque, hermosa, el pobre poeta 
es cual el ave viajera, 
que en el mundo es extranjera 
y canta en vez de llorar. 

Nadie su reclamo escucha 
y por do va caminando, 
sigue cantando, cantando, 
y ella canta hasta expirar. 

iir 

Yo que comprendo tu llanto 
y conozco tus pesares, 
te brindaré mis cantares 
y en ellos tendrás mi ser. 

El camino de la vida 
nuestras almas malhadadas, 
hoy cruzarán hermanadas, 
por la angustia y padecer. 

Y si el sauce funerario 
de mis pesares testigo, 
quiere brindarme su abrigo 
en m¡ postrera ngansión; 

Le diré te dé su sombra, 
que llore por tí al momento, 
y que en sus hojas el viento 
preludie triste canción. 



Y no importa, jt)ven bella, 
que en mi tumba solitaria, 
nadie doliente plegaria 
á elevar llegue por mí. 






56 galería poética. 



No importa que humilde losa 
sin inscripción, sin riqueza, 
oculta por la maleza 
guarde mis restos allí. 

No importa, si por tí llora 
el sauce en tu sepultura, 
si el aura suave murmura 
tu nombre al amanecer; 



Si el viento dentro el follaje 
del bello árbol plañidero, 
con acento lastimero 
te canta, hermosa mujer; 



Si el ángel de los sepulcros 
con afán triste y doliente, 
te vela constantemente 
en tu infinito dormir; 

Y si, en fin, el sufrimiento 
no llega con torvo ceño, 
tu tranquilo eterno sueño 
importuno á interrumpir. 

Yo en tanto del negro olvido,, 
al través del denso velo, 
pediré constante al cielo 
sólo calma para tí. 



«\ 



Y düVmiré ya contento 
si allá en tu mortuorio lecho, 
hay dicha para tu pecho 
c ¡; como desventura aquí. 



DOKOTEO JOSÉ «UEKKKRO. 



57 



LOS DOS LLANTOS. 



Ten presente, hermosa mía, 
que tú un día 

entusiasmada de amor, 

le juraste delirante 

ser constante 

cual ninguna al trovador. 

Que él, entonces, satisfecho 
en su pecho 

tu semblante comprimió; 

y al decirte su amor santo 
con su llanto 

tu i:)ello rostro bailó. 

Pues bien: vierten hoy sus ojos, 

siif enojos, 
llanto, pero es de dolur; 
y la faz que alegre viste, 

está triste 
y mustia por tu rÍQor. 

Hoy perdida la esperanza 
na/i^alcanza 

su quebranto á mifigar, ^ 

y aquel llanto sólo moja 

la blanca hoja 

en que escribe su pesar. 



58 galería poética. 



Á LA FUENTE DE URBINA. 



¡Límpida fuente, del prado encanto, 
que te deslizas sin murmurar, 
cual de una virgen el primer llanto 
que amante oculta con su pesar; 



Dime, ¿ha venido la ondina hermosa 
con lento paso, doliente faz, 
á reclinarse tal vez llorosa 
sobre esa grama por donde vas? 



Ella me dijo que acostumbraba 
por la mañana venirte á ver, 
porque á las auras su queja daba 
y en tí su llanto dejaba caer. 



i 

cSin más testigos que el alto cielo, 
el bosque, el ave, la agreste flor, 
la mariposa que esmalta el suelo 

c ^ y tu silencio cautivador. 

c 



DOKOTEO JOSÉ GUERKERO. 

Que contemplando tus blandos ^hos, 
tu eterna marcha,, tu oculta paz, 
ella exhalaba tiernos suspiros 
y disfrutaba tierno solaz. 



f)9 



Porque en tu curso ve el de la vida, 
en tí su llanto mira correr, 
}• cual su angustia guarda escondida, 
creé que tú ocultas tu padecer. 



jOcülta fuente, única amiga 
de tan esbelta lánguida hurí! 
si dentro el pecho quebranto abriga 
cuando sus pasos dirija aquí, 



Habla con ella de tus pesares 
que tu lenguaje comprenderá; 
di le el secreto de estos lugares 
que ella los suyos te confiará. 



Bríndale nardos de aquesta orilla, 
todas tus flores de grato olor; 
que el aura bese su alba mejilla, 
que sin colores tiene el dolor. 



Y que el zenzontle que tierno canti^ 
cuando á tu margen la aurora está, 
que le consagre de su garganta 
notas que calmen tanta ansiedad. 






60 galería poética. 



Y si en su rostro pálido y frió, 
miras que corren en profusión 
perlas preciosas cual el rocío 
con que embelleces esta mansión, 



Guárdalas presto, calma su pena, 
porque su pecho nunca sufrió; 
su frente siempre brilló serena 
hasta hoy que el lloro su paz turbó. 



TU 



Que ya no llore pídele ansiosa, 
porque se cierra mustia la ñor, 
plega sus alas y pesarosa 
suspende el ave su eco de amor; 



Tímida el aura deja su vuelo, 
refugio busca dentro el pensil, 
y ya no mece con dulce anhelo 
su cabellera blonda y gentil. 



Tranquila fuente, cuando venga ella 
estos lugares á visitar, 
dile que vine, que vi su huella, 
que hablé contigo de su penar. 



^Y que al recuerdo del sufrimiento 
que ha marchitado su joven sien, 
lágrimas tristes en el momento 
t ¡^ sobre tu linfa vertí también; 



DOROTEO JOSÉ GUKRKKKO. 61 



Para que se unan en tu corriente 
nuestros dos llantos, y sin parar 
caminen juntos constantemente 
hasta perderse dentro del mar. 



Cual nuestras almas que hoy van unidas 
en un torrente de adversidad, 
acaso un día queden reunidas 
en el olvido la eternidad! 



• 



I 



:• 






62 galería poética. 



EN ÜN ÁLBUM. 






Ave doliente de extrañas playas * 
¿por qué no ensayas hoy tu cantar.í^ 
¿acaso lloras, ave viajera, 
por tu ribera y el ancho mar.í^ 

¿Acaso ignoras que tiernas aves 
con ecos suaves cantante aquí, 
y que si elevan dulce querella, 
aiondra bella, sólo es por tí? 

Blanda al reclamo contesta luego, 
yo te lo ruego, canta por Dios; 
ó cantaremos con voz unida 
la paz perdida juntos los dos. 

¡Oh, ya no llores! yo de tus lares 
en mis cantares recordaré, 
la arena de oro do tú solías, 
ha pocos días posar tu pié; 

•/. 

^La blanca espuma del mar rugiente, 
la luz naciente de un nuevo sol; 
perlas preciosas, conchas cual flores 
y los colores del caracol. 



DOROTEO JOSÉ GUERRERO. 68 

La luna hermosa, la mar de plata, 
la brisa grata que te arrulló; 
las tempestades y la bonanza, 
y la confianza que te inspirg. 



Pero no quiero verte llorosa, 
Zaida graciosa, no llores más; 
yo aquí en mi suelo te daré aromas, 
prados y lomas do tú tendrás, 



Tranquilas fuentes que en verdes lechos, 
besando heléchos saltando van, 
entre los sauces, los cocoteros, 
los limoneros y el arrayán. 

Tendrás acacias Jazmin y rosa, 
la adelfa hermosa y el alelí, 
y mil gorjeos de aves canoras 
que á todas horas oirás allí. 

Tú de la linfa serás la ondina 
que se destina para reinar, 
en estos sitios do todo es bello, 
do nunca el sello dejó el pesar. 

El llanto queda para esos seres 
que de placeres y juventud, 
nunca gozaron y triste el alma 
sin calma llevan al ataúd. 



A tí aun sonríe dulce esperanza , 
que en lontananza se ve asomar, 
y muerta luego la amarga pena, 
tu faz serena debe brillar. \ • 



64 galp:ria poética. 

Yo para entonces solo te pido 
que del olvido cruel, destructor, 
con un recuerdo libres clemente 
á tu ferviente pobre cantor. 



DOROTEO JOSÉ GUEKKKKO. 



65 



EL PRIMER BESO DE AMOR. 



• Gratos son del alba bella 
los aromas, la frescura, 
la luz indecisa y pura 
que besa la casta flor 

Y los gorgeos del ave 
que canta alegre á la aurora; 
pero es más grato, señora, 
el primer beso de amor. 

Es dulce el néctar que liba 
la abeja de rosa en rosa, 
y del aura vagarosa 
el suavísimo rumor; ^ 

Mas ni el néctar, ni el murmullo 
de la fuente en el estío, 
nada es más dulce, bien mío, 
que el primer beso de amor. 



T. iri 



Se inunda el alma de|^ozo 
si al peligro la bonanza, 
viene con la esperanza 
á disipar el terror; 



o • 



(y^ galería poética. 

Es inefable ese encanto 
que en el ánima se imprime, 
pero nunca es ma's sublime 
que el primer beso de amor. 

Adán apreciar no pudo 
del Edén {cuánta belleza 
á sus pies naturaleza 
derramaba en derredor! 

Mas él y Eva supieron 
comprender lo que poseían, 
cuando en sus labios sentían 
el primer beso de amor. 

Porque, señora, ese beso 
para el que ama tiernamente, 
es el prólogo elocuente 
de la historia de un amor: 



Fin él se condensa un poema 
que ya existe y que ignoramos; 
por eso nunca olvidamos 
el primer beso de amo •. 



»v 






Arf^^M^^^ 



rRANCISCO E. aALINDO. 



Entre los hijos de la gloriosa revolución de 1871, pocos hay 
á quienes hayíí tocado en suerte figurar á la altura de Galindo. 
La prensa y la tribuna, la cátedra y el foro, la oposición y el 
ministerio, todo ha contribuido á elevarle en el aprecio de sus 
conciudadanos; y es que hay en él corazón abierto á todos los 
grandes sentimientos, claro talento para comprenderlos, y fácil 
palabra para trasmitirlos. Laborioso y activo en sumo grado, es 
uno de aquellos hombres á quienes sobra tiempo para todo, 
pues siempre saben ref^artirlo de tal manera, que para todo les 
alcanza. 

No se ha publicado en Centro-América, del 71 para acá, pe- 
riódico algimo— lit:)eral se entiende — que no contenga artículos 
de Galindo sobre política ó literatura, ó algunas de sus poesías 
Hoy mismo que, por propia voluntad, ha querido aislarse del 
bullicio de las capitales en su tranquila residencia de Soi«onate, 
jamás deja de prestar su concurso á la buena causa, como patrio- 
ta convencido. 

Sus poesías son notables por la corrección de estilo y por la 
elevación de las ideas, como puede verse en sus estrofas 'La 
Independencia de la América' y ''A C^aribaldi'' 

De su ensayo dramáti'*o ''Dos florea ^ Rosa y Aíaria,'^ publi- 
cado en "El Correo de Ultramar," no podemos en ^tos breves 
apuntes formar juicio; mas como de Vicenta Laparra en Guate- 
mala, diremos de Galindo, que puso los cimientos del teatro na- 
cional del Salvador. 



t • 



68 galería poética 



Galindo ha formado parte de todas las asociaciones literarias 
que se han fundado y, por desgracia, han desaparecido en Gua- 
temala y el Salvador; y es socio correspondiente de la Real 
Academia Española. 

Nació en San Vicente el 12 de marzo de 1850; de manera 
que aún tenemos derecho á esperar mucho bueno de su edad 
madura. 



-\ 



4 
* 4 

4 



FRANCISCO E. GALINDO. 



(59 



LA INDEPENDENCIA 



])E LA 



AMERICA ESPAÑOLA 



(canto épico.) 



Sobre lecho magnífico de flores, 
en las andinas faldas reclinado, 
fingiendo dichas y soñando amores, 
de soles refulgentes coronado, 
escuchando del río los rumores, 
viendo rielar el lago plateado, 
sintiendo vida en las hinchadas venas 
y en los pies el baldón ¿t las cadenas; 



Allí, cual Dios de la Natura hermosa, 
cual vil esclavo de la adversa suerte, 
besado por el aura deliciosa 
y en la razón el hielo deil^ muerte; 
como sultán en noche voluptuosa, 
como un ilota de conciencia inerte, * 
la mar veía y la encrespada ola 
el genio de la Améiica Española. 



9 



70 galería poética. 



c 



La mar! la mar!. . . .la ola resonante 

de música inmortal y plañidera! 

hay en su voz salmodia agonizante 

de la lejana, incógnita ribera: 

del planeta la idea palpitante 

dice la ola á la celeste esfera, 

y el latido de un mundo al otro mundo 

lleva su acento gemidor, profundo. 

La mar! la mar! .... En un lejano día 
gimió bajo las naves españolas, 
y el genio de la América sentía 
llorar, quejarse las sonantes olas: 
el sol en Occidente se escondía 
al ver flamear las rojas banderolas, 
y en sus ejes magníficos la tierra 
tembló al sentir la asoladora guerra. 

Después.. ..después.. -i Desolador, terrífico, 
inhumano espectáculo domina: 
huesos besan las olas del Pacífico, 
en los campos el sol huesos calcina: 
cráneos baña el Atlántico magnífico, 
ruge de maldición la arpa divina 
y el genio de la América enlutado 
ora sobre los Andes prosternado. 



Ahora conforme con su adverso sino 
ama su esclavitud y sus prisiones, 
buscando en lontananza el blanco lino 
que leyes trae para cien naciones: 
no oyó la voz ¿i,^ Dios y del Destino 
al tremolar el Norte sus pendones, 
tronando libertad, independencia, 
V del mundo alumbrando la conciencia. 






FHAKCJSCU E. GAL] N 1)0. 



¿Qué nueva voz eléctrica, sonora, 
llenen ahora las oles? ;Oué los mares 
dicen al continente que atesora 
los futuros destinos seculares? 
El sol alegre las arenas dora, 
las cólicas liras los pinares 
sacuden melodiosos, y los montes 
se extremecen allá en los horizontes. 



De cien volcanes la sulfúrea lumbre 
tronando hiere ei limpio firmamento; 
díj Chimhorazo en la elevada cumbre 
los siglos se amontonan ciento á ciento; 
y en el mar, en el valle, en la techumbre, 
ansian descifrar el pensamiento 
que los evoca, para abrir de gloria 
el libro nuevo de la nueva historia. 



Nuevos murmullos el cristal del río, 
aromas nuevos las silvestres flores, 
y la pampa y el prado, el bosque umbrío 
tienen nuevos espléndidos colores: 
de música inmortal llena el vacío 
el pájaro, olvidando sus dolores, 
y el lago manso, el azulatio cielo 
de luz esmaltan su zafíreo velo. 



El genio de la América escuchaba 
la voz del mar; el viejo continente 
de independencia y lihertgd le hablaba 
en idioma de llamas elocuente: 
la Francia por el hombre batallaba • 
ceñida de laurel la heroica frente, 
y en tempestad universal llovíaii , 

ideas ígneas que de Dios caían. • 



72 galería poética. 



Eléctricas corrientes en las venas, 
un huracán allá en el pensamiento, 
y vergüenza y horror por las cadenas 
y en los miembros convulso movimiento; 
renacer de tres siglos hondas penas, 
de su destino cruel presentimiento 
sentía el genio, y aumentar su vida 
á cada nota de la mar oída. 



Y el alma de la Francia condensada 
en un hombre de rayos, por torrente 
de gloria inmarcesible arrebatado, 
recorría la Europa delincuente; 
de Dios vibrando la fulgente espada, 
cetros, coronas, con furor ardiente 
arroja ensangrentados por el suelo, 
y baja al fin la Libertad del cielo. 



Y de la noble España se ilumina 
el espíritu fuerte, la conciencia, 
y cuando el rayo asolador fulmina 
en nombre de su santa Independencia, 
también te aclama, Libertad divina, 
también formula tus principios. Ciencia, 
y es vuestra máctir que sufriendo goza 
la nación de Gerona y Zaragoza. 



Se incendia España! Sobre el mar envía 
olas de luz á la ribera indiana, 
y cada ola de fuego estremecía 
como volcán f^tíierra americana; 
el genio nuevos horizontes vía, 
sintiendo el alma ardiente, soberana, 
y allá en el pecho tempestad grandiosa 
• < de independencia y libertad gloriosa. 



FRANCISCO E. GALINDO. 

Cual trueno horrible retumbó en la esfera 
la voz de Dios airada, omnipotente, 
diciendo: "Levantaos! Su bandera 
despliegue al viento el nuevo continente!" 
y el genio se alza con el alma fiera, 
luz irradiando la inspirada frente, 
y como rey de los espacios grandes 
voló á la excelsa cumbre de los Andes. 



¡Es Junín un volcán! El Genio mira 

entusiasta la horrísona batalla, 

la muerte en torno de Bolívar gira 

y la Victoria vacilante calla: 

el genio entonces á Simón inspira, 

la cólera de Dios en él estalla, 

y vencedor la fama le pregona 

y la flora de un mundo le corona. 



V al retumbar en Ayacucho e! trueno 
que el joven Sucre por Bolívar lanza, 
por el zafir espléndido y sereno 
la libertad como el cóndor avanza; 
al Genio mira, y de entusiasmo lleno 
ardiendo el corazón en esperanza, 
rompe al fin las cadenas^españolas 
y del Atlante las lanzó á las olas. 



Hosanna! Hosanna! la creación entera 
entona por los limbos del espacio, 
los astros brillan con su luz primera, 
es el cielo magnífico toj^piio, 
hace Dios de la América ftechicera 
de libertad el mágico palacio, 
y ella escribe en el éter soberana: 
"¡Viva la Independencia Americana!" » ^ 



74 galería poética. 



A ORILLAS DEL LEMPA. 



Así como ese río majestuoso 
sus aguas lleva al turbulento Océano, 
mi pensamiento triste y cariñoso 
hacia tí se dirije sin cesar. 
Mas ay! del Lempa el cristalino seno 
retrata la belleza de la luna 
y el cielo y las estrellas, y sereno 
va de su cuna hasta perderse al mar. 

Y está marchito el pensamiento mío, 
y está enlutado, lóbrego mi cielo, 
y á diferencia del dichoso río, 
no tiene ni una luz mi corazón. 
Sólo tu imagen adorable y santa 
vive rodeada de tiniebla umbría, 
• allí do la iiusión no se levanta, 
ni de esperanza la aromada flor. 

Como el sauce que adorna la ribera, 
sin aves y sin brisa, sin colores, 
que sólo tiene verde cabellera 
con que barre ^«arena el huracán; 
escasí mi existencia solitaria. . . , 

¡soledades del alma dolorida! 

y ni el ángel que lleva mi plegaria 
* « sabe medir mi hondísimo penar. 



FKANCJSC'O E. GALINDO. 

Ay! son las dichas del amor quimeras! 
un abismo separa nuestras almas; 
como el Lempa divide sus riberas 
adornadas de mangle y de sauz, 
lejos como ellas, siempre silenciosas, 
contemplándose al par que divididas, 
quizá irán nuestras almas cariñosas 
llevando del dolor pesada cruz! 



75 



i Ellas siquiera visten el fogaje 
de árboles mil, y cuando luce el día 
brillan al sol con majestad salvaje, 
y sube el canto de la selva á Dios! 
Adorarte y callar .... esa cs mi vida . . . 
solo, en la noche derramar mi llanto, 
por que en el mundo terrenal, querida, 
es crimen desahogar el corazón. 



La risa y el placer exige el mundo, 
y los que tienen desgarrada el alma 
deben reir también, aunque profundo 
se agite en sus entrañas el dolor. 
Cuando olvidando mi pesar sonrío, 
siento que el alma congojada llora; 
así brilla el cristal del mapso río, 
aunque el caimán devore en su interior. 



Si unido á tí pudiera en la corriente, 
de la lunaá la luz, en la canoa, 
deslizarme á tu lado dulcemente 
y en tus brazos de dicha síi^pirar! 
jVer nuestras sombras en el lago unida^ 
como dos almas tiernas que se adoran, 
y al soplo de las auras adormidas 
sentir tu ardiente seno palpitar! .... 



• 



76 galería poética. 



¡Si yo pudiera en esta noche bella 
o¡r tu voz angelical y pura, 
tú de mi vida la polar estrella, 
tú mi santa, blanquísima ilusión! 
y decirte cuanto hay aquí en el alma, 
las borrascas que estallan en mi pecho, 
interrumpiendo la nocturna calma 
con mis ayes, mis lágrimas, mi amor! 



Pájaros de la noche misteriosos 
que chillando tocáis la linfa pura, 
sólo vosotros escucháis quejosos 
este delirio de pasión fatal. 
¡Sólo vosotros! Mi insonoro canto 
cual humo sube al azulado cielo, 
y triste y solo con mi acerbo llanto 
sólo yo siento en esta soledad. 



Y las cigarras y el rumor del río, 
y el ruido de las auras en el bosque, 
sólo atestiguan sepulcral vacío, 
y que estoy solo ¡oh Dios! con mi sufrir.., 
Y tú, oh Lempa, corres siempre lento, 
y siempre bello, siempre majestuoso, 
insensible á la ^oz del sentimiento. . . . 
¡oh/ qué dicha, gtié dicha es no sentir.., , ! 



4 



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t € 

C 



FHAN'CISCO E. GALIXDO. 



77 



GARIBALDL 



Ni nombre más glorioso, 

ni gloria más preclara 
jamás con sus buriles 

la Historia consignó; 
ni la victoria nunca 

un adalid soñara 
más digno de los triunfos 

que impávido alcanzara, 
más bravo y de más noble 

y ardiente corazón. 



El alma de su siglo 

magnífica, radiosa, 
chispeaba en su cerebro 

con regia majestad; 
vibraba el ígneo rayo 

su mano p©dferosa 
y en huracán de fuego 

lanzábale animosa, 
á libertar el mundo 

la misma Libertad. 



9 
» » 



78 galería poética. 



Fué bólido de llamas 

caído en la llanura, 
aislado, sin ejemplo, 

sin sucesor tal vez; 
y sola sobre el Tiempo 

su colosal figura 
levántase y acaso 

la humanidad futura 
c) mito le declare 

de un siglo de laurel. 



Los héroes de la noche 

desciendan á la escoria, 
cubiertos de vergüenza, 

sintiendo su baldón; 
que el héroe de los héroes 

purifico la gloria 
y no bajo guirnaldas 

poéticas la Historia 
ha de abrigar á César 

ni al grande Napoleón. 



c 
• ff 
c 



Bandidos de fortuna 

que en fiebre carnicera 
habéis aniquilado 

la pobre humanidad; 
soldados sin consigna, 

^iíj ley y sin bandera, 
surgid de vuestras tumbas, 

mirad por vez primera 
un héroe legendario 

del bien y la verdad! 



FRANCISCO E. G ALINDO. 



Su patria fué el planeta, 

su campo de batalla 
dos mundos y el océano, 

la idea su peridón; 
poeta de la espada, 

cantó con la metralla 
principios sin fronteras, 
que se alzan como valla 
indigna Je los genios 

que brillan como el sol. 



üe América la hermosa 

en los hirvientes mares 
Id luna de su gloria 

meció su Libertad; 
plebello que á la sombra 

creció'de los palmares 
y erguido sobre el Ande, 

los genios tutelares 
dijeron: "¡Garibaldi!" 

y fué la inmensidad. 



El alma dolorida 

del Dame soñadora 
lloraba en las riberas 

del Tíber y del Pó; 
El Etna y el Vesubio 

con voz ateri»¿ora 
tronaban que la Itali», 

del mundo vencedora, 
yacía en el sepulcro 

del rígido Catón. 



9 



80 galería poética. 



Italia no existía! 

sus miembros divididos 
por el ferroso casco 

del bárbaro corcel, 
sufrían la tortura 

de pueblos oprimidos, 
y en Roma la tiniebla 

los santos forajidos 
forjaban, sosteniendo 

sacrilego poder. 



La tierra estaba negra, 

la noche dominaba, , 
las alas de los citei'vos 

nublaban la razón; 
en la ciudad Eterna 

la maldición tronaba, 
y en Francia valerosa 

su sombra proyectaba 
sobre el planeta mundo 

el chico Napoleón. 



El Cid Republicano 

le dice ¡adiós! al Plata, 
desplega su bandera, 

y lánzase á la mar; 
proscrito que regresa 

v\ su nación ingrata, 
y que al pisar la arena 

en que el Tirreno se ata, 
las sombras de los Gracos 

le van á saludar! . . . 



FRA?vCIS(;'0 K. GAÍ.INHO. 



81 



¡Sublime derrotado! 

de Roma las murallas 
no fueron aquel día 

de bronce como tú ... . 
En vano, Garibaldi, 

cual. Dios de las batallas 
volaras sobre el rayo 

veloz de las metrallas, 
y en vano te siguiera 

la osada juventud! .... 



Miradle: se retira 

con paso vacilante, 
venciendo á la victoria 

su grave majestad, 
cual sol que en el ocaso 

se hunde flameante, 
dejando que la noche 

domine en el Levante, 
y auroras prometiendo 

de lumbre celestial 



Con él iba su Anita. 

la fiel americana, 
la criolla de las selvas 

del mundo de Colón; 
pero al dejar á Roipa 

la audaz re^iilicana 
golpeó las Catacumbas 

con puño de espartana; 
los mártires se alzaron 

¡y Anita reposó!. . . . 



9 
> » 



T. III 



82 galería poética. 



Un día fué la Patria 

vestida de amazona 
del vnudo valeroso 

al enlutado hogar; 
y él jura defenderla, 

y empuña la tizona, 
y en lides inmortales 

derriba la corona 
de Viena, y á su Italia 

le dá la libertad! 



¡Espíritu sublime 

sin sombra ni horizonte, 
andante caballero 

por Dios y la Verdad, 
de palmas y laureles 

ceñiste el Piamonte, 
y en cambio recibieras 

Mentana y Aspromonte 
y Niza entre las garras 

del águila imperial. 



Del épico delirio 

en ei furor la Musa, 
audaz filibustero 

de noble corazón, 
te s\c^^e cuando forman 

V del gorro y de tu blusa 
corona y mantos reales 

Palermo, Siracusa, 
y de las dos Sicilias 

te aclaman redenton 



FRANCISCO K, GALIXDO. 88 



De Ñapóles el trono 

está en el continente, 
las olas de Mesina 

te llevarán fugaz; 
¡hay brisa! Dios lo quiere 

y del Borbón la frente 
la planta del plebeyo 

reclama delincuente 
y en tí su sacerdote 

venera la igualdad. 



Cual tempestad marina 

que el huracán auyenta, 
pasó por la Calabria 

el Dios batallador, 
y al arrasar el trono 

á Víctor le presenta, 
cual bélico trofeo 

que su grandeza inventa, 
surgiendo del sepulcro 

. la patria de Catón. 



Adorno de mi raza, 

no tiene la memoria 
en sus archivos nada 

de más solemnidad; 
servíate la mesa 

sumisa la Victoria, 
caían pur el suelo 

las migas de tu gloria, 
y un rey las recogía 

cual gajes de amistad. 



9 



galería poéti'ga*. 



El ruido de tus armas 

la tierra estremecía, 
los muertos inmortales 

reviven á tu voz; 
tronaban los volcanes 

y en Roma se moría, 
cual sombra que disipa 

el luminar del día, 
el Papa-Rey, que fuera 

sangriento semi-dios. 



Dos astros batallaban 

en la celeste esfera, 
brilló con luz siniestra 

el rayo de Sedán 
é Italia desplegando 

al viento su bandera 
llegó ala Porta- Pía, 

llamó con voz severa 
y sobre el Aventino 

se alzó la Libertad. 



4 



Abrió la Teocracia 

la edad del despotismo, 
cerróla con tu espada 

la gran Revolución, 
^del frío absolutismo 
con ¿lí-go del Vesubio, 
y só la inmensa tumba 

tu nombre de heroismo 
grabó como epitafio 

gloriosa la razón. 



FKANX'íííCO B. GALÍNI»:.). 



j Soldado de los Vosgos! 

tus bélicos furores 
salvaron de la Francia 

la iionra militar, 
que sólo á tí la i^uerra 

te coronó de flores, 
quizá porque servías, 

sin paga y sin honores, 
al Cristo de los pueblos 

á la hora de espirar. 



y en lecho de laureles 

reposas en Caprera; 
el mar temblando arrulla 

tu fúnebre ciprés; 
la flora de los mundos 

• te da la Primavera, 
é Italia en su regazo 

recibe la postrera 
mirada que la deja 

sumida en la viudez. 



Espíritu que vuelas, 

acuérdate de América, 
no olvides este mundo 

que fué tu pedestal; 
y cuando se levante, 

la hidalga Cofifro-América, 
¡ay! préstale tu espada, , 

aquella espada homérica 
que en fuego de los Andes 

templó la Libertad. 9 • 



86 galería poética. 



A LA ALTA VERAPAZ. 



Misteriosa voz secreta 
habla en mi pecho; y el canto 
la traduce hoy en mi llanto 
y en mis versos la interpreta. 
Me dijo un día: poeta, 
olvida tu desventura, 
y vé á cantar la hermosura 
á la patria del quetzal, 
donde risueña, inmortal, 
resplandece la Natura. 



4. 
1 



Tomé mi lira de amores, 
y cual paloma torcaz, 
los campos de Verapaz 
crucé cantando dolores. 
Su hermosa alfombra de flores, 
sus moi^t^s, su gallardía, 
sus auras, su poesía, 
recuerdos ay! despertaron 
de los años que pasaron 
en la bella patria mía. 



FRANCISCO E. íiALlNDC 

Vi lus cafetos frondosos 
donde la fruta colora, 
el espigal que se dora 
y los rosales lujosos. ' 

Vi los l)Osques majestuosos 
y sus mil canoras razas 
y las ondulantes lazas 
dejas orquídeas, que en sumas, 
hacen árboles de plumas 
en el país de Las Casas. 



87 



Aquí todo es imponente 
y todo tiene grandeza, 
luz, y color,7 belleza 
que se ve y que se siente. 
Esa raza penitente 
tuvo su apóstol un día, 
y aquí su genio lucía, 
y aquí su espíritu mora; 
pero ay! que Las Casas llora 
por los indios todavía! 



El Polochí caudaloso 
que va retratando el cielo, 
despierta el fecundo anhelo 
ael comercio; y vanidoso, 
al recordar sus anales,* , 
lleva plumas de quetzaíbs. 
y dice al Golfo, á la vez, 
que las naves de Cortez 
dividieron sus cristales. 



9 9 

9 



t. 



galería poética. 

Sobre las altas montañas 
se agrupan liquidambares, 
Y sollozan los pinares, 
y sonríen las cabanas; 
cimbran al viento las cañas 
y se despeña el torrente, 
y va gimiendo la fuente, 
y están soñando las flores 
con alados trovadores 
y con amor inocente. 



El lago ondea en el va)le, 
y va murmurando el, río 
do nunca llega el estío 
que la verdura avasalle. 
No venga aquí quien no halle 
bellezas en la creación, 
quien no dé su adoración 
al Artista sin modelos, 
que colgó el sol de los cielos 
y dio vida al corazón. 



Si la Natura es fecunda 
y enloquece su embeleso, 
aquí también el pi'ogreso 
sus reales de gloria funda. 
Esta tierra se circunda 
de lumitiasa aureola 
^ que los campos tornasola, 
pues del trabajo y la paz 
la risueña Verapaz 
*^ t el o-ran lábaro treinola. 



%: 



I HANCISCír» E. GALINDO. 



89 



La liljertad peregrina 
se asegura al ciudadano 
con el trabajo, y no en vano 
las fuerzas ciegas domina; 
pues aquí el |;iombre se inclina 
sólo ante la madre tierra 
que los secretos encierra 
de aquel porvenir de gloria, 
qne ha de grabar en la historia 
la supresión de la guerra! 



Ante esa magnificencia 
de los cielos y los campos, 
lanza vivísimos lampos 
el fuego de la conciencia. 
Por eso su independencia 
Tezulutlán soberana (i) 
supo defender, y ufana 
vio que huía sin mancilla 
la fiereza de Castilla 
de la furia americana. 



Miró quizá pensativa, 
de sus tierras al confín, 
al héroe Guatimotzín 
pendiente de una ceiba; 
é indignada, vengativa, 
recogió el hálito fiero 
de aquel imperial guerrero, 
y con su garboso poito 
esta Araucania del Norte 
sien^pre venció al extranjero. 



[1] Tezulutlán es el nombre iinliVena do ];i VcrajKiz. 



3 



90 galería poética. 



Aquí los conquistadores 
fueron tan sólo la ciencia, 
la música, la elocuencia, 
la virtud, los trovadores. 
Los bravos batalla^dores 
rindieron el corazón, 
y así flameó el pendón 
sobre la altiva montaña, 
de la sabia y culta España 
sin las garras del León. 



Tierra noble! Tu grandeza, 
tu valor y tu hidalguía 
comparar solo podría 
con tu infinita belleza. 
Tu íiidalga naturaleza 
se ostenta, Tezulutlán, 
pues siempre libres serán 
en los montes que prefieren 
los quetzales, que se mueren, 
si prisioneros están. 



* Verapaz, tu poesía, * 

tus eternos resplandores, 
tus matizados colores, 
y tu luz, y tu armonía, 
y esa dulce melodía 
de tus m¿l «alados seres, 
se unieroft en tus mujeres, 
cuyos puros corazones 
forman mundos de ilusiones 
4 en edenes de placeres. 

4 



FRANCISCO E. GALINDO. 



91 



El laborioso artesano 
levanta al cielo la frente, 
y recibe el beso ardiente 
de la luz; su honrada mano 
estrecha la del hermano; 
y de dicha palpitante 
aquí siente el inmigrante 
que esta tierra tan fecunda, 
es una patria segunda 
agradecida y amante. 



yVdiós, adiós! Peregrino, 
de tí, Verapaz, me alejo: 
seres queridos te dejo 
de que me aparta el destino 
Sigo errante mi camino 
donde no nace una flor. . . . 
¡Que tu pobre trovador 
para cantar tu belleza, 
dio treguas á su tristeza 
y á su infinito dolor! 






92 galería poética. 



nacía EL SOL.... 



Nada el sol, y la espumosa onda c 
rompíase á tus pies, llena de luz, 
contra la enhiesta formidable roca 
donde te alzabas como diosa, tú. 



¡Diosa del bien á quien la luz inunda, 
por quien la brisa sollozando vá, 
mientras el mar le ofrece sus espumas 
y su espejo la azul inmensidad! 



Las hadas de los campos en la selva, 
pulsando están su místico laúd, 
y pájaros y flores y nereidas 
piden que me«oigas y me adores tú. 

Flota en el agua tu cabello undoso 
y tu vestido blanco; y á tus pies 
oyes el ruego que te dice absorto: 
*'un mar de amor, mi bien, yo te daré." 



4 



• úúúttúúñ n ,tñ^»úñm ifc^A^i<>^>i> * É > a > ifc ^ i mmññmmm » »» ^ ^ ^-^ ^ . - ^ Hlfc^ - - - - ¡ ^j^ 



LOLA MONTEITEQEO. 



¿Quién no conoce la historia de esa marchita hermosura, en 
un tienapo nacarada rosa, que á los besos de la brisa se mecía en- 
tusiasmada sobre el verde tallo de sus más halagüeñas esperan- 
zas? ¿Y quién hay que no haya oido con mezcla de sorpresa y 
admiración sus magníficos cantares, que á manera de argentinas 
notas, escapadas de lo íntimo del alma, repercuten por el mundo 
del sentimiento? Lola Montenegro es una verdadera gloria na- 
cional. Moderna Safo, ha llorado en la injusticia de la sociedad 
los desprecios de Faón, y más de una vez ha estado á punto de 
dar el salto de Léucades. 

A los que la acusan de haber amado mucho, dirémcsles con 
Víctor Hugo, que el amor es 

La flamme qui ne peut s' éteindre 

et la tleur qui nc peut me urir! • 

Y á aquellos que suponen que sus bellísimas poesías pecan por 
exceso de ternura, ó en otros términos, por ser demasiado ele- 
giacas, les recordaremos el sentido aforismo de Donoso Cortez, 
en la corona fúnebre de la Duquesa á^ Rivas: 

Musa es el dolor; vate el que llora. 

Para nosotros, por el contrario el mayor mérito de Lola c^r^- 



94 galería poética. 

siste en haberse inspirado siempre en la inagotable fuente del 
sentimiento, que es la sóh que produce verdaderos poetas. 

Nada más atrevido, nada más osado en un corazón que sien- 
te, que este sublime arranque de la poetisa que ñus ocupa, diri- 
giéndose á Dios: 

Le sobra vuelo al alma que me diste: 
no dejes ¡ay! que el mundo la mancille; 
quiero ser un lucero esplendoroso, 
que en tu diadema para siempre brille. 



Yo aquí no vivo. Romoeré mi cárcel, 
porque no quiero la existencia aquí; 
llévame á la grandeza de tu gloria, 
ó nó me culpes cuando llegue a tí. 



Esto es poesía! 

Lola Montenegro, que es sin disputa la primera poetisa de 
Centro-América, tiene además un título especial á la considera- 
ción de sus conciudadanos: es una mujer patriota, y patriota co- 
mo pocos hombres saben serlo. Durante el célebre proceso polí- 
tico de 1886, llamado de la casaca, nos recordaba a Olimpia de 
Gouges, ofreciéndose á hacer durante la Convención la defensa de 
Luis XVI, segura de que aquel ofrecimiento le costaría la cabe- 
za. Lola hubiera exclamado también ante el Consejo de Guerra: 
"nous avont bien le droit de monter á la tribune, puisque nous 
avont lé droit de monter a T échafaud." 

Su edad .... ¿qué nos importa? Es joven; vive y morirá joven. 



' c 

-• — ' 






LOLA MONTENEGKO. l)o 



MI LIEA 



Trémula tomo mi enlutada lira 

9 

y arranco de ella melodías tiernas, 
pero el raudal de mi amargado llanto 

cae en sus cuerdas. 
¡Lira del duelo y del pesar más íntimo, 
pobre laúd de mis amargas penas, 
cómo tus cuerdas al mojarse en llanto 

vibrando tiemblan! 

Única y dulce compañera mía 
en mi existencia llena de tristezas, 
tú, que acompañas mis suspiros Iúgul)rc<. 

mis tristes quejas; 
tú, que en ::iis manos obediente y dócil 
sigues mi paso en medi^ de malezas, 
y al pulsarte amorosa vas brotando 
tus notas tiernas; 

Lira amorosa de mis días tristes 
V de mis noches llenas de tinieblas, 
tú, que almibaras con tus suaves notas 

mis horaSaíi*gras; 
tú, que acompañas mis suspiros lánguidos 
y mis dolientes, tímidas querellas, 
deja que mojen mis quemantes lágrimas 

esas tus cuerdas. *, , 



galería poética. 



c 
c. 



jAy! cuántas veces sola y abrumada 
me fui contigo á las umbrias selvas, 
y vimos juntas las pintadas aves 

volar inquietas; 
;ay, cuántas veces al oír su canto 
lloré contigo mis amargas penas, 
y al canto alegre respondieron tristes 

tus dulces cuerdas! 



Gimió la fuente y suspiró mi pecho, 
al ver la luz, crecieron mis tinieblas, 
y extraviadas cruzaron por mi mente 

negras ideas! 
Del sol hermoso los ardientes rayos 
me parecía que eran las hogueras 
que en cenizas tornaron de mi dicha 

las flores bellas. 



El cielo estaba nebuloso y triste, 
sombría la hermosura de las selvas, 
sin armonía el trino de las aves, 

las hojas muertas; 
espléndida natura se ostentaba 
con sus galas magníficas y bellas, 
y yo veía en tados sus encantos 

¡sombras funestas! 



Sentí un dolor tan lóbrego, tan íntimo, 
al ver de mi alma la esperanza muerta, 
que se cubrieron mis marchitos ojos 
*- ^e obscura venda. 

y nada vi sentíme abandonada, 

sola, doliente, congojosa, inquieta; 
pasó una eternidad en un instante 
de mi existencia. 



LOLA MONTENEGHO. 



97 



¡Oh! como suenan en la mar sombría 
las crespas olas al bramar el viento, 
y se derraman por las anchas playas 

con gran estruendo, 
sentí el furor de todas mis pasiones 
rugir terrible en mi angustiado pecho, 
y desbordóse en lágrimas amargas 

Mi sentimiento! 



Cuando pude llorar alcé la frente, 
quise exhalar mis dolorosas quejas, 
y comprendí que del dolor me ataban 

o recias cadenas; 

tomé en silencio mi amorosa lira, 
lloré sobre ella mis horribles penas, 
y gimieron al riego de mi llanto, 
todas sus cuerdas. 



[Lira bendita! jcompañera mía! 
;contigo solo mi ambición se llena! 
Tú jamás desdeñaste los gemidos 
de mi honda pena. 
Única dulce amiga solitaria 
que acompañas mi lánguida tristeza. 
Sin tí, nada importan las venturas 
que hay en*la tierra! 



¡Tu, inestimable, celestial consuelo 
que nunca sola en mi dolor me dejas, 
til, rasgfas de mi vida infortunada 

las densas nieblas! 
¡Quiero cantar contigo en wiis delirios, 
quiero llorar contigo en mis tristezas, 
quiero antes de espirar, lira de mi alma, 

besar tus cuerdas! 



T. lil 



* 



98 - galería poética. 



LA CITA. 



¡Hombre infame, infeliz! Tú eres la causa 
de mis angustias y mi afán doliente, 
tú envenenaste de mi amor la fuente, 
tú me cubriste de amargura atroz! 



?-> 



¡Tú tronchaste la flor de mi inocencia, 
tú me cubriste de fatal dolor; 
para siempre amargaste mi existencia 
y en cambio di, infeliz, ¿qué te hice yo? 

¡Ay asediada [)or tu horrible engaño, 

compadecida te brindé mi amor, 
para que lleno de veneno y daño 
le arrancaras laSnda al corazón! 



¡Asesino cobarde de mi dicha, 
tú robaste las flores purpurinas 
que cubrían mi frente aún de virjjfen, 
para clavarle sin piedad espinas! 

-\. 

^. ¡Yo te hago cargo de mi cruel quebranto 
ante la sangre santa de Jesús, 
yo arrojo al cielo mi angustiado llanto, 
abrazando ¡ay! en mi dolor su cruz! 



I.OLA MONTENEGRO. 



M9 



¡Vive feliz, cobarde! yo te espero 
en la presencia del eterno Dios! 
de su inmensa piedad, no desespero 
;el Justo Juez nos llamará á los dos! 



3 



loo galería poética. 



VANIDAD Y ORGULLO. 



<- c 



¡No me desiumbras, n(3, falaz orgujlo! 
¡vanidad necia, no me asombras, no! 
de mi arpa dulce, al misterioso arrullo, 
gozo sufriendo y lo desprecio yo. 

No pretendas bajar la erguida frente 
que hirió la mano del fatal dolor. 
¡No lo pretendas! que mi pecho ardiente, 
te dá piedad por tu sarcasmo atroz. 

¡Oh! bellas almas que apuráis callando 
la copa amarga del desprecio cruel, 
pulsad la lira, y el pesar cantando, 
brindad perdón á quien os dio la hiél! 

¡Oh! qué grande es sufrir. El cielo quiso 
que yo apurara el cáliz del dolor, 
y en mi misma aflicción un paraíso 
de tristes goces me dejó el Señor. 

•/. 

^ ¡Pasad, pasad, entre placer sin cuento 
pompa, riqueza, orgullo, vanidad; 
yo haré vibrar mi armónico instrumento . 
Mísero orgullo, junto á mí pasad! 



LOLA MONTENEGRO. 



<»1 



¡Oh!. ..qué dulce es llorar cuando ese llanto 
lo arranca el sentimiento y el pesar: 
se eleva el alma hasta el Empíreo santo 
do nunca llega la maldad, jamásl 



¡El sufrimiento al corazón eleva, 
el llanto de dolor sublima el alma, 
padecer es vivir, para quien lleva, 
del cementerio la funesta calma. 



El gozar no es del alma levantada 
que en ajeno suspirar, suspira; 
yQ>prefiero que mi alma enamorada 
vuele al gemir mi cncresponada lira. 

Gozar como los necios han gozado 

y gozarán henchidos de ilusión 

Quiero mejor mi corazón llagado 
sepultar para siempre en el dolor. 

Cuando al borde llegamos déla tumba, 
y el alma pura la materia deja 
del sufrimiento, aunque el mortal sucumba, 
se oye una triste plañidem queja! 

Los despojos del ser que ha padecido 
la negra tierra nada más cubrió, 
no hay un elogio de dolor mentido; 
sencilla cruz la tumba señaló. 



Pobre, ignorada, obscurafy solitaria, 
pálida y triste, en su dolor hermosa 
una mujer se acerca, su plegaria 
eleva á Dios, y llora silenciosa. 






102 galería poética. 

Reclina allí la marchitada frente 
sobre el sepulcro de su amor perdido, 
junta las manos, y el pesar doliente 
le arranca un triste punzador gemido. 

Oro ni mármol, ni inscripciones, nada 
sobre esa tumba colocó el dolor, 
sólo la queja del pesar brotada, 
sólo las flores de su triste amor. 

¡No me deslumhras no, falaz orgullo, 
no me asombra tu pompa y vanidad, 
de tus glorias la fama y el murmullo ^' 
es podredumbre, lodo, y nada más! 

Yo gozo con las almas amorpsas 
entre acentos tristísimos de amor, 
¡ellas también en su pesar llorosas 
piedad te ofrecen mi desprecio yo! 



Cuando al ocaso de mi triste vida 
me envíe al fin la muerte bienhechora, 
cuando mi almg del cuerpo desprendida 
no pulse ya la lira gemidora; 

Quiero que adorne mi sepulcro helado 
de blanco leño la modesta cruz, 
porque es emblema del do(or sagrado 
en que espiró, por nuestro amor, Jesús. 






LOLA MONTENEGRO. l08 



NO TE OLVIDO. 



^ómo olvidarte, encanto de mi vida, 
si no puedo vivir sin adorarte? 
¿cómo olvidarte, amor de mi alma herida 

cómo olvidarte? 
Aquí entre escombros, ruinas y tristeza, 
respira el alma solo para amarte: 
si la pasión doblega mi cabeza, 
cómo olvidarte? 

Sin esperanza el corazón te adora! 
No hay en mi amor un astro de bonanza: 
sin la esperanza el alma triste llora 

¡sin esperanza! 
Por tí suspiro abandonada y sola 
sin hallar una luz en lor^ananza: 
por tí suspira tu anorustiada Lola 

¡sin esperanza! 

¡Mi último amor, mi luz, mi idolatría! 
cómo olvidarte en mi febril ardor? 
¡mi último amor, mi sol, mi poesía, . 

mi último anx)r! 
no temas que te olvide. ¡Te amo tanto!. 
Sepultada en el mar de mi dolor, ^ 

por tí derramo ensangrentado llanto, 

¡mi último amor! 






104 galería poética. 

Yo pienso en lí cuando la bella aurora 
brilla sonriendo en el oriente, sí! 
yo pienso en tí cuando los montes dora, 

¡yo pienso en tí! 
y cuando ardiente el sol del medio día 
su hermosa luz derrama sobre mí, 
y en la noche patética y sombría, 
jyo pienso en tí! 

De mi dolor la lámpara mortuoria 
ilumina no más mi triste amor; 
¡de mi dolor te envío una memoria! 

¡de mi dolor! <■ <^ 

¿Te acuerdas, vida mía?. .. .¡Cuántas veces 
consagré á tí mi juvenil ardor; 
por tí apuro las amargas heces 

de mi dolor! 



¡Adiós! ¡adiós! Las solitarias notas 
de mi laúd, te envío en triste voz! 
¡adiós, adiós! Están sus cuerdas rotas 

¡adiós! ¡adiós! 
¡Mi lira, mi pasión y mis lamentos 
puede ofrecerte en el pesar mi amor; 
¡ay! que me arrancan crueles tormentos 

¡adiós, adiós! 



4. 
4 



LOLA MONTENEGRO. 



EN SU MATRIMONIO. 



^ras tí se lanza el pensamiento mió 
en esta hora terrible de dolor, 
y un ;ay! doliente, lóbrego y sombrío 
lanza por tí, mi apasionado amor. 



105 



¡Tantas promesas y palabras tantas! 
Tanta miel, tanto afán, tanta dulzura! 
Aquellas frases de afección, eternas, 
terminaron en lago de amargura! 



jOye, mi amor: de mi laúd doliente, 
voy á ofrecerte la postrera nota, 
ya que mi triste corazón ardiente, 
apuró de la hiél la últimePgota! 

A tí por siempre en mis pesares amo; 
tuyos mis ayes de amargura son 
y al separarnos el destino, exclamo: 
¡adiós por siempre, amor del corazón! 



Yo era una flor de cariñoso aroma 
que en un desierto de dolor yacía; 
la gemidora, tímida paloma 
que encontrar blando nido no creía: 



10() galería poética. 



Y al encontrarte, un mundo de ilusiones 
en el fondo de mi alma se agitaron, 
y fueron de placer las vibraciones 
que de mi pobre lira se arrancaron! 

¡Ay! cuántas veces al hablarte oía 

una voz tristemente cariñosa, 

que en el fondo de mi alma repetía: 

''serás después de tu dolor dichosa." 



4 



4 



Al estrechar tu mano apasionada 
pensamientos de gloria me animaron, 
que al soplo de mi suerte desgraciada, 
de mi pecho por siempre se arrancaron. 

En tí encontró la flor suave rocío 
y su nido la tímida paloma; 
recibe, pues, en triste desvarío, 
de esa ñor infeliz, todo el aroma. 



Vuelvo á hallarme otra vez en el desierto 
de mi triste existencia solitaria, 
vuelvo a enconj^rar desfallecido, yerto, 
mi corazón, cual urna funeraria. 

¡Te perdí para siempre, y á tí lanza 
su postrer vibración, mi amante lira, 
y el pecho mío que pesar respira, 
el gemido postrer de su esperanza! 

Al perderte, perdí cuanto en el mundo 
hubiera el alma de placer llenado, 
y un dolor negro, bárbaro, profundo, 
invadió al corazón desesperado. 



LOLA MONTENEGKO. 



lo; 



í^erdí contigo, mi ilusión querida, 

perdí la paz ! Sólo morir ansio; 

busco aliento en mi alma y está herida, 
busco vida en el mundo, está vacío. 

Escucha, Eduardo, el lastimero acento 
que lanza esta mujer que te ama tanto! 
eco sentido de mi cruel tormento, 
lágrima turbia de mi atroz quebranto! 



¡Te perdí para siempre y siempre mi alma 
te amará con pasión, con desvarío, 
y aí*)rigando un amor sin esperanza, 
vuela á tu lado el pensamiento mió. 



108 galería poética. 



A LA SOCIEDAD. 






Me aplaudiste, cruel, y me befaste,' 
te di mis cantos y dolor me diste; 
á las nubes mi nombre levantaste 
y después en el fango lo sumiste. 
Me miraste infeliz! mas no quisiste, 
un pedazo de pan, por mi arrancarte; 
.y al mirarme caer, vil y cobarde, 
conmigo hiciste de tu pompa alarde. 

¡Hiciste bien! que yo jamás debía 
puisar mi lira para tí, ¡menguada! 
ni endulzar con su suave melodía 
tu vida vanidosa y depravada! 
¡Ah venenosa y detestable arpía! 
bien te conoce*el alma desgarrada: 
jnas sóbrale nobleza, y te perdona, 
ciñendo del martirio la corona! 

Sigue en tu ciego y torpe devaneo 
riendo al oir del infeliz el lloro, 
sacia de herir tu bárbaro deseo, 
gozando solok^ retintín del oro! 
Aislada y triste tus delicias veo, 
pero jamás tu compasión imploro, 
y así al influjo del fatal destino 
errante voy cruzando mi camino! 



LOLA MONTEN KG I {(). 



10?» 



Sigue, tú, venturosa la existencia, 
aparenta virtud y honor mentido, 
luce en fin, de la célica-inocencia 
el esplendente y nítido vestido; 
acalla el grito atroz de tu conciencia, 
arrancando al que sufre un cruel gemido, 
y ostenta audaz, al par que indiferente, 
la guirnalda de virgen en tu frente! 

¡Injusta sociedad! goza en el llanto 
del desgraciado á quien rasgaste el alma, 
desprecia, impía, su fatal quebranto, 
V duerme sí, con bienhechora calma! 
¡llegará un día de justicia, santo, 
de dar al mártir su divina palma, 
y entonces, sociedad, verás caída 
de tu frente la gloria inmerecida! 






lio galería poética. 



MUJER. 



¡Nací mujer, y al mundo inmaculada 
vine entre el llanto que brotó el amor; 
lloró mi madre al verme entre sus brazos, 
y mi bautismo ¡oh cielos! fué el dolor! 

Crecí inocente, candorosa, pura, 
y así inocente comencé á sufrir; 
¿por qué tan niña el dardo del tormento, 
llegó mi tierno corazón á herir? 

Joven después, soñé con la ventura 
desde el nacer vedada para mí, 
quise adornar mi frente de azahares, 
y de espinas punzantes las ceñí! 

De espinas ay! La virginal corona, 
adornar pretendí con bellos lirios; 
vino el turbión, despedazó las flores, 
y agobiaron mi frente los martirios. 

^ Y aun me halaga al asomar la aurora, 
mirar á Dios en las rosadas nubes, 
bendecirle y amarle en mi tristeza, 
cual le adoran fervientes los querubes. 



LOLii MONTENEGRO. 1 1 1 



Y amaba á Dios, desventurada niña, 
con la fe que llenaba el corazón; 
resignada creía en que mi> males 
hallarían por fin consolaciói.! 

Y en vano la esperé. Se alzó el infierno 
y al ángel desgraciado arrebató; 
rompió su veste, le arrancó sus alas, 

y á un océano de llanto le arrojó. 

Puso en sus ojos venenoso jugo 
oye en lágrimas amargas derramó; 
las místicas creencias se alejaron, 
y en el infierno horrible resonó 

Carcajada horrorosa de alegría, 
que lanzó Lucifer al contemplar 
;un corazón tan tierno y compasivo, 
hecho pedazos, descreído y al 

Algo bueno le queda al alma mía. 

algo bueno que la hace | adecer, 

algo bueno que en lucha interminable, 

mantiene el corazón de la mujer. 

¿) 

Algo bueno y sublime, que me hiere 
porque me hace sentir dentro de mí, 
amor á la virtud, y me enfurezco 
;ay por que es farsa la virtud aquíl 



¡Maldita lucha, interminable, ruda! 
¡alma gigante, desgraciada, herida, 
rompe tu cárcel de materia inmunda, 
ácruila audaz, doliente v atrevidal 



112 galería poética, 



Y vete, y vete en magestuoso vuelo, 
de un espacio á otro espacio, alza tu voz 
hasta encontrar tu ambicionada gloria 
allá en el solio del eterno Dios! 



¡Adoro á Dios, porque le veo grande; 
y aunque no cambie mi sufrir maldito, 
adoro á Dios, que en mi tormento mismo, 
le contemplo sublime é infinito! 



¡Por eso adoro á Dios, por eso le amo 
desde mi horrible y tenebroso abismo; 
mis pasiones salvajes me atormentan, 
pero le amo en mi rudo salvajismo! 



Amé la aurora y amo las tinieblas 
que á las penas de mi alma se parecen; 
brote fuego el infierno, el cielo rayos, 
que con ellos mis duelos se adormecen! 



¡Te adoro. Dios! Me preferiste al menos, 
en hacerme cual nadie infortunada; 
que yo prefiero mis tormentos hórridos, 
á ser una alma en el placer menguada. 



¡Dios que me criaste, Dios del firmamento. 
Diosen el cielo y Dios en el infierno, 
Dios en el colmo de la inmensa dicha, 
Dios en el centro del dolor eterno! 

<\ 

^ Óyeme Dios! un corazón me diste, 
con sentimiento de un amor sin fin; 
alma de fuego dispusiste darme.... 
el mundo es hielo, yo no vivo aquí! 



LOI.A MONTKXECIfo. 

El ÍLic^ü que mu dislc me cuiisluhc, 
se desborda del pecho el sentimiento, 
si el fuego rompe el hielo de la vida, 
no soy culpable cuando tanto siento. 

Le sobra vuelo al alma que me diste; 
no dejes ayl que el mundo la mancille; 
quiero ser un lucero esplendoroso, 
(jucen tu diadema para siempre brille. 



118 



\o acjuí IR) \i\u. RonipcR- mi lluccI, 
poique no quiero la existencia aquí, 
llévame á la mandeza de tu Horia, 
ó no me culpes cuando llegue á tí. 



) > 



i. m 



114 galería poética. 



SIN FE. 



c 

( ( 



c 

Yo, ¿qué puedo esperar, cuando ni el llanto 
quiere ya desahogar mi corazón, 
que convulsivo en su hórrido quebranto^ 
ni tiene fe, ni ansia compasión? 

¿En dónde están las lágrimas que un día, 
de sentimiento atesoró mi pecho? 
;ya nada tengo; con tenaz porfía 
secó sus fuentes mi fatal despecho! 

Nada tengo, ni espero ni ambiciono; 
como el hoy, el mañana me es lo mismo; 
ayer, amargo, aterrador encono, 
mañana horrible y tenebroso abismo. 

; Morir! ah! para qué? ¿para que el alma, 
se agite más distante á la materia? 
dudo de hallar en el sepulcro calma; 
allí solo hay e^^isanos y miseria! 

c 
^ jEsperar, creer! ¡já, já! Sí, espere 
el que dichoso en la esperanza crea, 
al que este mundo con crueldad no hiera, 
el que la dicha en lontananza vea! 



LOLA MONTENEGRO. 11" 



Queespereel hombreyla mujer, que esperen; 
habrá para ellos en el mundo <^loria; 
¡dichosos, sí, que viven y que mueren 
sin regar ayl con lágrimas su historial 

Gocen los hombres, y deliren ellas; 
ebria la turba de este mundo canta, 
rien y sueñan las sirenas bellas, 
la luz del sol sus goces abrillanta. 



Rían, gocen, ó sueñen, ¿qué me importa.^ 
mi ne^a suerte fué al placer contraria, 
yo con mi acerba desventura, absorta, 
el mundo cruzo, cual maldito parial 



Ni envidio su placer, ni puede mi alma 
anhelar goces que codicia el hombre; 
yo solo ansio en mi pesar la calma, 
y eterno olvido á mi maldito nombre! 

Calma, que en vano demandé al Eterno, 
el dulce olvido me negó su velo, 
sentí en el alma el fuego del infierno, 
ó hirió mi pecho de sarcasmo el hielo. 



j 



1^1 bello arcángel que endulzó mi .sucilc 
con la miel del amor y la ternura, 
con negra zana me arrancó la muerte, 
lanzando mi alma á un mar de desventura. 



Infeliz y sin fé, lloré su ausencia, ^ 

mi funesto pesar templaba el llanto; 
hoy ya no lloro, arrastro en mi existencia, 
férrea cadena de infernal quebranto. j -> 



11 H galería poética. 



Mi hermana fué; me amó, fué mi consuelo, 
yo la adoré, se la llevó el Eterno; 
bien merecía mi Dominga el cielo; 
dejó por siempre el mundanal infierno! 



¡Ella es feliz! ¡Qué importa mi amargura! 
ella entona mis cantos á su Dios; 
cual vino al mundo, tornó al cielo, pura, 
mas ;ay no pude recibir su adiós! 



¡Feliz! La muerte dióle la ventura. 
Creía, y Dios recompensó su fe; • 

bien podia esperar, era tan pura, 
que fué en el mundo arcángel y mujer 



<4 (i 



Yo errante vago por sendero extraño, 
¿3. dónde voy? ¡ay cielos! no lo sé, 
y camino sin tregua, año tras año, 
sin alcanzar la dicha que soñé. 

Apoyada en mi lira encresponada, 
me detengo un instante en mi camino, 
cuando con mano vigorosa, armada, 
me empuja el ^pge\ de mi cruel destino! 

Más si un instante descansar me deja, 
yo pulso el a^-pa de mis tristes duelos, 
regalo al viento mi amargada queja, 
y mi espíritu audaz váse á los cielos! 

(í La esperanza, la gloria y la ventura, 
quimeras nada más, bellas quimeras; 
que al llegar ay! la realidad obscura, 
cual las nubes, disuélvense ligeras. 



LOLA MONTEN K(iR< 



Dudo de todo y nada me complace; 
mi suerte fué sufrir y padecer, 
es mi vida una flor que se deshace, 
más me hubiera valido no nacer! 



118 galería poética. 



EL SUSPIRO. 



¡Anda, infeliz suspiro de mi vidaf 
triste destello de mi cruel dolor: 
hijo del alma errante y dolorida, 
anda al objeto de mi ardiente amorl 

Nada le digas de las tristes notas 
que á su recuerdo brota mi ¡aíid; 
ni de mi llanto las amargas gotas, 
le digas ¡ay á tanta ingratitudl 

Vé sólo, y roza con tus blancas alas 
esa frente que enciende la ambición; 
vé sólo, y cubre sus brillantes galas 
con el luto fAal de mi aflicción! 



¡Infeliz, infeliz! ¡Quién me dijera 
que así mi amor tan tierno pagaría! 
¡y le amo aún; ¡imbécil! cuando olvido, 
la mas vil é infeliz, le arrojaría! 

¡Corazón sin amor, alma sin alma! 
vida sin afección, pecho de hielo. . . . ! 
sabe gozando de tu impía calma, 
que te amo tanto, cuanto es grande el cielo! 



.OLA MONTENEGRO. 11^ 



¡Lo confieso ¡ay para castigo mío, 
lo canto sí, con temblorosa voz, 
y el grande amor que me devora impío, 
sépalo el mundo, cual lo sabe Dios! 



120 galería poética. 



¡ALLÁ! 



Lejos, muy lejos del voluble mundo, 
mis ojos, mi alma y mi ambición fijé. 
¡Nada debo en la tierra! y si me deben, 
esa deuda fatal perdonaré. 

Ayer que ardiente se agitaba mi alma^ 
llanto de fuego en mi pesar vertí; 
y en tormento y angustia inexplicables, 
mi juventud hermosa consumí. 

¡Ayer! ¡palabra de amargura y duelo 
que cual toque de muerte suena ya! 
mañana, la ilusión encantadora 
de llegar á la aíigusta Eternidad. 

¡Hoy triste calma el corazón abriga! 
y si el dolor rasgáramelo cruel, 
cual nunca, á nadie compasión pidiera; 
que fui nutrida con amarga hiél. 



AconstumbVada al duro sentimiento, 
¡jamás á nadie compasión pedí! 
pero mi llanto al ver el llanto a geno, 
con generoso corazón vertí. 



I .o LA MONTKN EGRO. 121 



Cuando he sufrido, he sollozado sola: 
jamás consuelo, me arrastré á pedir, 
que siempre, siempre en mis pesares íntimos, 
sarcasmos tuvo el mundo para mí. 

Mientras que yo, con verdadero afecto, 
lágrimas tristes de dolor sequé; 
y despreciando la injusticia infame 
á calmar los pesares me entregué! 

Hoy como ayer abandonada y sola 
por mi senda de espinas seguiré; 
nada altera mi calma dolorosa 
y como antes sufría, sufriré. 

¡Yo reclamo gratitud del alma 
á quien un día amable consolé! 
¡allá muy lejos del voluble mundo 
está la dicha que en mi afán soñé! 

Si antes el alma se agitaba inquieta, 
¡hoy tranquila en el cielo la fijé! 
¡nada debo en el mundo! y si me deben, 
esa deuda fatal perdonaré. 



Hoy que la infamia el corazón destroza; 
hoy que me mancha la calumnia cruel, 
¡perdonar puede sin pedir alivio 
mi alma, que solo se nutrió'con hiél! 



¡Aquí está el pecho desg'arrado y triste! 
aun tiene aliento; ¡herid sin compasión! 
¡calumnia, ingratitud! podréis matarme, 
más nunca humillaréis mi corazón! 



122 galería poética. 



EL POETA. 



& 



c 



El poeta es luz que rasga las tinieblas 
y alumbra los senderos de la vida; » 
monarca augusto, lleva su corona 
de verde mirto, de laurel y espinas. 

El no mendiga aplausos y ovaciones, 
en un valle de lágrimas camina; 
de su propio valor tiene conciencia, 
pero jamás al desgraciado humilla. 

Nunca el énfasis propio de los necios 
ostenta el poeta: nunca la malicia 
nubla su faz, y como niño ingenuo 
lleva la frente luminosa altiva. 

El canta'sus amores como el ave 
enamorada, entre la selva umbría, 
ó gime en sus pesares como gimen 
las dulces auras cuando el sol declina. 

De su exisKr en la risueña aurora 
s*u tierno corazón abre á la vida 
y apura los tormentos mas amargos 
*su alma sublime, angelical, divina. 



LOLA MONTENEGRO. V¿'ó 



En él no tiene la maldad asiento 
ni en su alma hella albérgase la envidia, 
pues muy bien sabe que el debido premio 
nunca, jamás encontrará en la vida. 

Su gloria empieza do su vida acaba, 
y aun lo sigue al sepulcro la perfidia; 
que hasta la tumba donde duerme el genio 
la ruindad de los necios mancharía. 



El hace el bien porque su noble pecho 
por el amor y por el bien suspira; 
ama á Dios en los hombres sus hermanos, 
aunque destrocen sin piedad su dicha. 



¿Cuál es su patria? el universo entero 
la cuna es del genio que delira; 
¿cuál es su religión? ese infinito 
amor que enciende, eleva y vivifica. 



(jEn dónde busca á Dios? en cuanto existe 
verdad, amor, belleza y poesía, 
en los mares, los cielos y los bosques 
en la ciencia, en el arte y en su lira. 

¿Cuál es su altar? la gran naturaleza 
llena de encanto, de esplendor y vida, 
la augusta soledad de las montañas, 
el ancho espacio do los astros brillan. 



Fuera está del alcance de los hombres 
la grandeza del genio; y él agita "^ 

sus alas en regiones muy distantes, 
en pos de una deidad desconocida. 



o J 



124 galería poética. 



Indiferente á la ruindad del mundo, 
solo á lo grande, á lo infinito aspira; 
y teniendo por solio el firmamento, 
el gorgeo de un ave le cautiva. 

¡Niño sublime! mártir en la tierra, 
el dolor le destroza y le fatiga, 
y abnegado y valiente como genio, 
ama, perdona, compadece, alivia. 

Ah! no busquéis al genio en el orgullo 
que cree brillar cuando en verdad no brilla; 
el genio es olvidado en la miseria, 
el genio está donde el dolor habita; 

Que lo que buscan con afán los hombres 
desdeña el poeta en su humildad altiva; 
sin la desgracia que es su patrimonio 
el genio en el placer se asfixiaría. 



Precursor del progreso, va delante: 
siente, predice, alumbra y deifica; 
de su cerebro surgen las ideas 
que al adelanto con su luz nos guian. 

c 

Cantor de la verdad, no apoya farsas: 
4 no es poeta aquel que fanatismo abriga; 
que no ama las tinieblas el que lleva 
luz en la frente y en sus manos lira. 



Yo venero á^ los genios, los adoro, 
mV frente ante ellos el respeto inclina 
mi inteligencia no podrá alcanzarlos, 
c pero los siente mi alma enternecida. 



c t 



L0L4 MONTENEGRO. X2o 



¡Gloria, pues, á los poetas de mi patrial 
¡gloria á esos astros que en su cielo brillan, 
gloria á las tumbas que sus restos guardan. 
gloria á los infortunios de su vida! 



Patria del corazón tan adorada, 
bella patria de mi alma tan querida, 
engalanen su^ nombres tus altares, 
que tu historia con ellos se ilumina. 

Y que sean lumbreras de tu gloria 
y ilegítimo orgullo de tu dicha, 
los nombres de los Diéguez y de Córdoba. 
Goyena y Batres, Irisarriy Milla. 



Hermosa juventud! sigue adelante; 
de tu valor la patria necesita; 
que la bella y gallarda Centro-América, 
verdes laureles a tu frente ciña. 



Juventud, juventud! destruir iii debes 
fanatismo, maldad, hipocresía; 
lucha contra ellos, que las negras sombras 
rápidas huyen á la luz del día. 

No te estremezca, juventud valicnu, 
que la desgracia por doquier te siga; 
no se alcanza la gloria sin la lucha, 
pero ella al vencedor inmortaliza. 



Juventud, adelante! naáa temas: 
sigue serena, valerosa, altiva; 
que si existe la noche, sus tinieblas 
raudas se alejan cuando nace el día! 



126 galería poética. 



A LA LIBERTAD. 






c 
jCanto á \d Libertad! alzad las frentes 
y llenos de entusiasmo y alegría 
unid vuestro sonoro y dulce acento 
á la triste voz mía. 
Alzad un canto! con sus notas dulces 
vibren todas las cuerdas de las arpas; 
que cuando ahoga los pechos la ventura 
debe irradiar el fuego de las almas! 

Y ¿cómo no cantar? fuera de bronce 
el corazón; no fuéramos humanos 

si viéramos impávidos romperse 
las pesadas cadenas que oprimían 
á tantos infelices que nacieron 
en triste esclavitud, y que gemían 
siendo un objeto vil de sus hermanos! 

Y ¿cómo no cantar cuando el destino 
dejó de ser tirano, 

y el luminoscf gfcnio de los libres 
í^e cierne sobre el suelo americano? 
sí; cómo no cantar los que sentimos 
arder el pecho noble y generoso, 
ante la libertad de los esclavos? 



LOLA MONTKXEGHO. 12' 



qué! ¿no lloráis de gozo? 
¿no sentís en el alma la ternura 
que se desborda en delicioso llanto, 
y no sentís que el pecho conmovido 
quiere romperse al levantar su canto? 

Sí los sentís! sois libres, y á los cielos 
la frente alzar podéis; el pecho f>ravc 
no puede palpitar indiferente 
cuando hombre libre tórnase el esclavo. 
Ante la libertad, sonriente virgen 
de frente pura y esplendentes alas, 
elj corazón se agita estremecido, 
se eleva el pensamiento, y el poeta 
viste su lira de brillantes galas. 
Fraternidad, deidad la más hermosa! 
la más amable, tierna y compasiva, 
hiciste oir tu voz que reclamaba 
por esa triste humanidad cautiv^a! 
tu voz, más dulce que la voz Jel ángel 
dejaste oir, hablaste al soberano, 
y él noble te escuchó; que si es monarca, 
es antes hombre generoso, humano. 
Sobre su frente augusta suavemente 
imprimió la igualdad un dulce beso, 
sus labios le dejaron una aureola 
de blanca luz, y libres \0s esclavos 
de amor un canto alzaron al progreso 
Loor al que rompe al triste sus cadena^! 
gloria al que da ventura al desgraciado 
y que le abre las puertas de la vida 
al que vive muriendo atormentado. 
Gloria sí, por mil veces al que lleva 
un noble corazón hidalg<),y bravo. 
y que rompe con mano vigorosa 
las horribles cadenas del esclavo. 

Mengua,oprobioy vergüenza al inhumano * / 



c 



128 galería poética. 

que sonríe y se goza, 

cuando ve del esclavo en la mejilla 

resbalar presurosa, 

lágrima ardiente que temblando brilla, 

gota de acerbo duelo 

que brota silenciosa 

y justicia y venganza pide al cielo; 

gota candente que rodando quema 

el semblante marchito; 

maldición que espirando entre los labios 

se vuelve al corazón y brota en llanto 

de un dolor infinito! 

llanto que seca el desgraciado esclavo^ 

acallando las penas que le oprimenl 

¡Que en la abyección que al infeliz abate 

hasta el llanto es un crímenl 

¡caiga oprobio á los déspotas que matan 

la libertad, y gozan inhumanos! 

infamia á los que callan, y no rompen 

las bárbaras cadenas 

con que están oprimiendo á sus hermanos! 



Los que en el siglo XIX sufren 
tal afrenta con calma, 

prueban que tienen miserables ellos 

¡cobarde el corazón y negra el alma! 

¡ah no! que el arpa del poeta vibre, 

que solemne su canto al cielo suba 

y como en el Brasil ya no hay esclavos, 

que no los haya en la hechicera Cuba. 

Cuba, tierra infeliz! tierra bendita! 

¡Vergel de la poesía y la belleza! 

al contempladle' bella y desgraciada 

mi corazón oprime la tristeza! 

Aun hay esclavos en tu hermoso suelo 

y en quejas lastimeras 

lanzan lamentos que remedan tristes 



LOLA MONTENEGRO. 

tus gallardas palmeras. 

Rómpanse sus cadenas, y en tu seno 

de espléndida belleza, 

esa raza cautiva y desgraciada 

recline dulcemente la cabezal 

Que erguida se levante, 

de la igualdad ante la hermosa idea. 

<iue con amor te cante 

y en tu regazo viva, y libre sea! 



129 



¡Canto á la libertadl alzad las frentes 
y llenos de entusiasmo y ardentía 
mezclad vuestro sonoro y noble acento 
á la* triste voz mía. 



Que Dios preludie en su arpa de los ciclos 
en notas suaves, dulces y amorosas, 
el canto de ternura que levanten 
las almas generosas! 
que de la lira universal las cuerdas 
estremecidas vibren por su mano, 
y exhalen cantos que á los cielos vayan, 
regando en el espacio melodías 
de sentimiento fraternal y humano: 
que á tan sublime vibración respondan, 
con la imponente voz del océano. 
de las selva? las gratas arPi^ioníasI 
tiemble cobarde el corazón tirano, 
al escuchar el himno de los libres 
^n todo el continente americano. 



r. iii 



i é 



c 



----'■'^^^^'^ ^ ^ ^ ^ ^ ^^ ^^^^^^....^..........^.^....^.^.^.^.......^.^^ 



Pío JOSÉ VÍQTJES, 



Costa Rica vuelve'á tener digna representación en las pajinas 
de esta Galería. En el tomo iii hablamos de Peralta: toca hoy su 
turno á Pío José Víquesde quien sabemos, por los apuntes pu- 
blicados en la "Lira Costarricense," que nació en Cartago el año 
de 1 85o. 

De acuerdo con su biógrafo en que sus poesías tienen tantas 
bellezas como defectos, lo estamos así mismo, con respecto á la 
mala elección de los metros que ha escogido para la mayor parte 
de sus composiciones. Su Oda á Gráu y su Nocturno, inspirado 
probablemente en la lectura de Núñez de Arce, revelan un poe- 
ta de aliento y se distinguen de las otrjs composiciones del au- 
tor, por la sonoridad de la versificación. La siguiente estrjjfa sir- 
ve de prueba á lo que aquí manifestamos: 



Tiembla la palma soñolienta, y trémula 
cierra el cáliz la flor; y en la majada 
el pastorcillo tímido á su aríi^da 
le revela el secreto de su mai 
Que yo no sé que extraña analogía 
tiene la tarde con el sentimiento, 
que al triste son de su postrer lamento 
una queja modula cada cual. 






VS2 ÍÍALERIA POÉTICA. 



Víques se ha formado por sí mismo y ha prestado á su patria 
importantes servicios en el profesorado, en la prensa y en el go- 
bierno. Joven como es aún, de esperarse es que la literatura na- 
cional le sea deudora á su fecundo ingenio, de muchas obras 
mas, así en prosa como en verso. 



yíO JOSÉ VÍQÜES. 188 



LA TORCAZ 



Por qué tan triste, torcaz 
te lamentas cabe al nido, 
y con acento sentido 
hondo un ay! al viento das? 

Triste el ala 
batir con ansia te miro, 
y del aura que resbala 
el ramaje estremeciendo, 
en las alas, va creciendo 
tu gemebundo suspiro. 



En tus ojos no dirás 
por qué la inquietud asoma? 
y ¿por qué suspiras, paloma? 
¿por qué estás triste, torcaz? 

Ay! . . vén . . . deja 
del triste sauce la civn/bre, 
y á la mía une tu qu^a. ^ 

Esta es del llanto la hora . I 
vén, torcaz, conmigo llora 
del crepúsculo á la lumbre. \ s 



134 Galería poética. 



Esta es la hora del profundo 
sentir secreto del alma, 
que, perdida ya su calma, 
ancho desierto halla el mundo. 

Hora cruel 
en que todo triste está. . . ! 
en que es todo amarga hiél 
para el que gime angustiado, 
recuerdo del bien pasado, 
del bien que no volverál 



Aquella nube encendida 
que se mueve en lontanan2a, 
me parece una esperanza, 
una esperanza perdida . . . . ! 

y el adorado 
lampo que lejos se ve 
sobre el cerro levantado, 
me parece en mi dolor 
el trémulo resplandor 
déla ilusión que se fuél 






Torcaz, tus notas sentidas 
suspende; el céfiro llega 
y el ala trémula pliega 
sobre las flores dormidas. 

No el reposo 
interruiii^amos, paloma, 
con nuestro triste sollozo: 
de la luz la blanca huella 
allá muy lejos destella 
apenas sobre la loma! 



PIÜ JOSÉ viyi'K.s. 



185 



Yo también silencio pido: 
de silencio funerario 
á este bosque solitario 
en pos, torcaz, he venido. 

Gemebundo, 
la algazara de la vida, 
vengo huyendo; que en el mundo 
no se aviene el altanero 
espíritu placentero 
con el alma dolorida. 



El retiro es mi contento, 
porque en el mundo falaz 
¡son antípodas, torcaz, 
la risa y el sentimiento! 

Aquí nada 
burla el dolor y el quebranto 
del alma desconsolada; 
se llora con libertad, 
pues fué hecha la soledad 
para suspiros y llanto. 



De las hojas el murmullo 
solo suena interrumpido 
á veces por tu gemido 
y melancólico arrullo. 

Ayl .... tú sola 
en mi pena me acoTnjpañas! 
del dolor la férvida ola 
á tí te abate también ... I 
Paloma, díme, por quién .. . ? 
¿Has amado.^ ¿No me engañas.^ 



^ 9 

^ 



136 galería poétioa. 



¡Pobre torcaz!,. . . .como yo 
gimes con pena punzante: 
acaso traidor amante 
tu existencia acibaró! 

Vén, paloma, 
si tu ilusión cual la mía, 
es triste flor sin aroma 
que el vendaval ya deshoja,, 
tú calmarás mi congoja, 
yo calmaré tu agonía. 



Al pié del sauce doliente,, 
en cuya cima te apenas, 
sobre menudas arenas 
tranquila corre una fuente.. 

En su orilla 
los dos, si acaso lo quieres 
tu me dirás avecilla, 
al son de las linfas suaves, 
¡si engañan tanto las aves 
como engañan las mujeres? 






Oculta aquí entre las flores 
frescas que bordan la vega, 
á contarme presto llega 
la historia de tus amores. 

^Sí, torcaz, 
deja el sc>mbrío ramajee 
*^ y esa historia me dirás, 

yo entiendo tu idioma bien, 
f. pues de amor en el Edén 

me enseñaron tu lenguaje. 



IMO JOSÉ VIQUE8. 187 

Vo también evocaré 
del pasado la memoria, 
y de amores otra historia 
harto triste teTliré 

Ay!, qué triste 
es pensar en lo pasado, 
en el bien que ya no existe, 
cuando muerta la esperanza 
solo se vé en lontananza 
un porvenir angustiado . . . ? 



\^en, pues, y posa en mi seno, 
no temas posarte en él, 
que de amor mentido y cruel 
está por dentro el veneno. 

Compañera 
dulce serás de mi vida, 
en tanto que el cielo quiera 
que, al llanto de nuestros ojos, 
se quemen, ;ay!, los despojos 
de nuestra ilusión perdidal 



De mis amores perdidos, 
amores que me inspiraron 
ios rayos que me alcanzaron 
de aquellos ojos dormidos, 

solo un triste 
recuerdo amargo me i¡t?eda, 
que de luto el alma viste. 
Ay!, galoma .... qué martirio 
recordar que fué un delirio 
toda mi esperanza leda ' 



1'^^ galería poética. 



Mas la noche se adelanta: 
á la luz ya cierra el paso, 
y del oriente al ocaso 
su cortinaje le¥anta. 
Pavorosa 
el alta cima envolviendo 
va en su sombra misteriosa. 
Quédate, adiós! ... .tu gemido 
no suspendas. Ay! herido * 
yo también me voy gimiendo! 



**• 






PÍO JOSÉ VÍQUES. 13i' 



EL ALMIRANTE GUAU 



Uravo, indomable, ¡rresistihlc y fiero, 
Titán americano, 
en la lid el primero 
que, arrebatando á Júpiter roñante, 
el rayo fulgurante, 
lo reventó en su mano 
al ronco estruendo del clarín ouerrrro. 



Y temblaron los pechos más viriles 
al tremendo silbar de proyectiles 
que fulminó su diestra prepotente, 
como tímidos senos femeniles 
que cruel presagio de pavura Hena, 
cuando al fragor del encei^ido bronce, 
de centellas el ala reluciente 
del cielo abierta en la región serena, 
por la negra pirámide del humo 
súbito descendía 
el ángel de las iras, y ceñía 
surco de fuego á su radiosa frente. 



Mas no mezquina la ambición de gloria* 
efímera al combate le lanzaba, 
ni en su robusto brazo levantaba • 



140 galería poética. 



4 

^ 4 

4 



el ricu pabellón de la victoris!. 
Generoso guerrero, si iracundo 
Ja corona de Marte tú ceñiste, 
no fué porque indomable pretendiste 
como otros héroes conquistar un mundo, 
y suspender al cuello de tu hermano, 
ya sometido á servidumbre triste, 
férrea cadena de feroz tirano 
Por eso ni una sombra tu memoria, 
Hércules bravo del peruano suelo, 
á guisa empañará de negro velo; 
ni moverán los odios tu ceniza, 
las páginas hollando de tu historia; 
que el patrio amor condújote á la liza, 
y el patrio amor condújote á la gloria. 



Por qué del estro la encendida llama 
mi frente no corona, 
y al sacro fuego que mi pecho inflama, 
en vigoroso ritmo no pregona 
mi lira, la grandeza de tu fama? 

Mas, nó de Apolo los favores quiero 
que siempre altivo me negó inclemente; 
lejos el rayo de su luz divina, 
que hoy para dar al canto la argentina 
nota del him^no enérgico y valiente, 
¡oh Gráu!, me basta recordar el fiero 
arranque en la batalla 
de tu pecho fortísimo de malla 
que hinchió gigante corazón de acero. 



4 

Águila fíavorosa, sin ejemplo 
en las cimas del Ande soberano, 
no sin crudo temor la lira templo 
que á sacudir apréstase la mano. 



PÍO JOSÉ VÍQUES. 141 



Pues, ¿quién soy yo para elevar la nota 

del canto al héroe, intrépido peruano 

que, de Occidente en la región remota, 

fulminó la centella 

escondida en las cóncavas montañas 

del mundo americano, 

ígnea imprimiendo luminosa huella, 

del mar hasta en las diáfanas entrañas, 

y en la esfera escondió de sus victorias. 

de Gravina y de Nélson las hazañas 

y el círculo brillante de sus glorias? 

Como de airado Jove, que rojiza 
estela luminosa 

en su vuelo dejando, sulca el rayo 
y en su ímpetu terrible pulveriza, 
ó súbito destroza 

cuanto á su ardor terrífico se opone, 
partiendo de la nube ennegrecida 
del ancho cielo en la región tendida; 
tal de la lid en el primer momento 
que la faja de fuego ciñó á Marte, 
del bélico clarín al son agudo, 
al peligro inminente sin pararte, 
el alma llena de viril aliento, 
descendiste á la arena, enorme, rudo, 
de lo alto de tu cólera violento; 
y negra tempestad de torvas alas 
en la liza huracánico resbalas, 
el inflamado seno 
rasgando pavoroso, 
y al enemigo horrendo y poderoso 
vibrando el rayo con furente» y-ueno. 



¿Y en dónde tu valor grabó sus huellas 

•ancha zona de fúlgidas estrellas — ♦ ^ 



142 galería poética. 



sin que al bando enemigo, 
para eterno dolor y cruel castigo, 
brioso dejara, en su infernal pujanza, 
recuerdos de destrozo y de matanza? 



Allí naves y fuertes destrozados, 
moribundos allí, vencida el habla, 
que, al estrago de mares asombrados, 
llevaba la ola en fugitiva tabla; 
allí jefes valientes 
y temidos soldados 
á merced de las ondas inclementes ^ 
de humo y sangre cadáveres cubiertos; 
y en medio á tanta ruina, 
que el pensamiento apenas adivina, 
de indómito terror los pechos yertos. .. . 



Mas no por eso, generoso atleta, 
Almirante impertérrito y divino, 
inspiración fecunda del poeta, 
dejaste en tu camino 
de sombra un solo rastro 
que pueda obscurecer el fúlgido astro ^ 
de tu brillantagloria; 
que si vencer gallardo fué tu sino, 
no presidió jamás en tu victoria 



el negro corazón del asesino 



1 
t *. 

«. 



El honor de la patria te impelía, 
el deber má^ákgrado te hizo fuerte, 
iy más que cruel intrépido te hacía, 
y en tu diestra fortísima encendía 
el fulmínico rayo de la muerte. 

— ¿En dónde, en dónde está del bando opuesto 



PÍO JOSÉ YÍQUES. 143 



la tricolor enseña ? 

Y noble capitán siempre en tu puesto, 
volabas el primero á la cureña, 
y al ronco retumbar del bronce fiero 
jamás el enemigo fué el primero 
en dar de lid la aterradora seña. 



Mas ay , . . . ¿por qué mi lira, 
á la nota ensordece desmayada, 
y mi mano convulsa se retira 
de la cuerda templada? 
Qué giiedo, qué dolor así mi canto 
en la garganta anuda . . . . ? 
Cuál es la flecha que me hiere aguda 
y el rostro baña en fervoroso llanto. . 



¡El valiente cayó, cayó el valiente, 

orgullo de la América latina ! 

Del Nuevo Mundo el inmortal Gravina, 

rendida nunca la altanera frente; 

el que humilló á NeptuncJ^ y su tridente 

le arrebató terrible; 

el héroe entre los héroes invencible, 

que uíia lágrima, sí, vertió ferviente 

por Prat infortunado • 

y en su potente brazo quebrantado, 

robusto lauro al coronar su frente; 

el raudo cóndor de los Andes fiero, 

justo terror de la chilena gente 

y admiración del Universo entero ' 

Allí de Mejillones, ^ 

entre el hu::io y fragor de lo§ gañones, 

del titánico Gráu el pecho fuerte 

las alas quebrantaron de la muerte 

¡caudillo infortunado 

no por otro héroe como Prat, llorado . . ! 



• 

• 9 



144 galería poética. 



^fas, ¿á qué lamentar, ¡fortuna impía ! 

una muerte gloriosa 
que del Titán la fama lleva al cielo, 
y mientras brille el luminar del día, 
tendrá agrupadas en la negra losa 
cuantos laureles robustezca el suelo? 



c\ 



PÍO JOSÉ VÍQÜES. 145 



TUS OJOS. 



líbllo es el cisne que en sereno lago 
un copo fin^e de luciente nieve; 
bella la ^arza que las alas mueve 
lenta remando por el viento vago; 

Bello de amor el tembloroso halago, 
que vez primera el corazón conmueve, 
y bello el beso de una boca brev^e, 
de tiernas almas seductor amago. 

Bella la nube que á lucir serena 

la tarde argenta y vaporosa gira 

de franjas áureas y de pompa llena. . . . 



•- 



¡Pero esta nota que te da mi lira, 

la hallé en los ojos que en tu faz morena, 

son los espejos en que Dios se mira. . . . ! 



9 9 

T. III. 10 * 



146 galería poética. 



■ ái I I I « ■ ■ 



¿Se unirán nuestras almas? ¿De la Vida 
surcaremos la mar juntos los dos? 
Tú eres nota de amor, y yo perdida 
queja que dice, sollozando "¡adiós!" 



Una noche á tu lado, vida mía, 

qué esperanzas tan dulces me forjé ! 

mas rompió la ilusión la luz del día: 
¿por qué te conocí por qué te amé...? 

Joven y bella tú como la ninfa 
que el vate sueña en trasparente tul, 
y que dicen que mora entre la linfa 
tejiendo encajes con la espuma azul; 

Eras la virgen que en la noche aquella, 
coronada de mirtos, reinar vi: 
dominabas entre otras como estrella, 
del hondo cielo en el azul turquí. 

Y mis ojos en pos de tí se fueron, 
y mi pecho latió con emoción .... 
¿por qué mis ojos, ay! . . . . aHí te vieron, 
y un rayo no partió mi corazórj.^ 



PÍO JOSÉ VÍQUES. 14" 



• 



Del mundo en el revuelto torbellino 
retuérzome angustiado yo por tí, 
cuando tú, venturosa en el camino, 
nunca tal vez te acordarás de mí . . . 



Mas, qué puedo esperar, si de la vida 
tú eres la luz y la tiniebla yol 
si tú eres alma flor, y yo caida 
hoja que el sol canicular quemó. . . .1 



Aves somos los dos, mas de colores 
que siempre opuestos estarán tal vez: 
tu nforada se mece entre las flores 
y rr.i nido vacila en el ciprés. 



Tú tienes anchas alas matizadas 
que te elevan del cielo hasta el turquí; 
mis alas de dolor están plegadas. . . . 
¡cuándo podré llegar yo junto á til 



Mil sombras se cuajaron en mi frente 
y zarzas circundáronme al nacer; 
tú viniste á la vida, y trasparente 
gasi de lampos envolvió tu ser. 

Vo soy el polvo que en el bajo suelo 
sin rumbo arrastra el huracán veloz; 
tú el polvo de oro que abrillanta el cielo: 
¡qué grande es el abismo entre los dos . . I 

Goza, tú, pues; que en mi clí)lor impío 
ya muerto á la esperanza y la ilusión, 
yo de mi pecho en el sepulcro frío, 
un cadáver tendré por corazón .... 



• 

• 



148 galería poética. 



Prosiga el peregrino su jornada, 
que es fuerza hasta la tumba ir á parar; 

quédatel adiós Ipuesque en el mundo nada 

á tí ya nunca me podrá ligar. 

Mas, ¡ayl mi dulce bien, ¿por qué hechicera 
el destino a mi senda te arrojó, 
si de la vida en la movible esfera 
un polo tú serás. . y el otro yo.^ 



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PÍO JOSÉ VÍQUES. 149 



LA INGRATITUD. 



Una blanca paloma de castilla 
joven, muy joven vino á mi morada: 
era tan linda que muy pronto amada 
fué de mi alma la candida avecilla. 



Volar aun no podía; mas sencilla, 
en mi cariño al verse tan mimada, 
se estaba en mi regazo reclinada 
ó en mis palmas picando la semilla. 

De amor la di la explicación primera; 
en las ramas de un mirto la hice nido, 
y fué por ella mi pasión sincera. 

Mas luego que su pluma hubo crecido, 

dejóme en soledad ¡En cuál esfera 

premio del bien la ingratitud no ha sidol 



• 



150 GAI.ElílA POÉTICA. 



NAPOLEÓN. 



Mío es el mundo, en su ambición sublime, 
dijo, y soberbio se lanzó á la liza, 
y de pueblos deshechos la ceniza 
al viento da y el universo gime. 

Del Nilo al Don la libertad oprime, 
y cetros y coronas pulveriza, 
y la fama sus triunfos preconiza, 
y al nuevo Aquiles de morir redime. 

Y á detener el cataclismo fiero, 
preciso fué estrellar al iracundo 
sobre un peñón, el corazón de acero. 

Mas ya pasado el estupor profundo, 
¿quién no hace un himno al paladín guenero.í^ 
ijY que no haya tiranos quiere el mundo!! 



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iAAAak*AAi^*i^tfkrihA4MiMh**ilkA4^k*rfkiMA<^k<k^*Arf>rf^^^^AA^ikrfhí*^A^^«H 



MIGTJEL A. UREUTIA. 



En vísperas de la revolución se hablaba con cierta especie de 
entusiasmo de un joven que había abandonado los obscuros claus- 
tros de la Merced, para lanzarse en el torbellino del mundo, y 
que así por su talento como por su carácter, prometía ser uno de 
los más decididos campeones de la Reforma, que ya comen- 
zaba á iniciarse. 

Era este joven, Miguel A. Urrutia, quien desde 1883 para acá 
ha vivido de la prensa, sin haber por esto descuidado sus estudios 
profesionales. En 188o recibió el título de Abogado. 

Nada diremos aquí de sus escritos políticos, tocándonos juz- 
gar únicamente al poeta. Urrutia ha cultivado con acierto la 
ciencia de lo bello; y preciso es confesar que es uno de nuestros 
bardos más fecundos. * 

Sus "Armonías," que tenemos á la vista, forman un voRimen 
digno de leerse, elegantemente impreso en 1882 en la Tipogra- 
fía "El Progreso," en esta capital, y constante de 360 páginas. 

Mas no es solo en el género lírico que Urrutia se ha distin- 
guido. El teatro y la novela le son deudores de varias piezas, 
que si bien adolecen de defectos, revej¿in al nov^elista y dra- 
maturgo. • , 

Siga Urrutia cultivando su talento en el ameno cannpo de las 
letras, y abandone el resbaladizo palenque de la política. Mejor 
poeta que estadista, débese este pequeño sacrificio á sí mismo., 

Ne diibitce^ qiiiun magna pe tis, impenderé parva. 






152 galería poética. 



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MIS VERSOS. 



¿Habéis cruzado al empezar la noche 
por montaña de robles y pinares, 
cuando cierra la flor su casto broche 
y se oyen del labriego los cantares? 

¿Oísteis el rumor y las congojas 
del bosque por el viento sacudido, 
y el murmullo que forman en las hojas 
los pájaros que vuelan á su nido.^ 

Y visteis al través de la espesura, 
bajando al trote de alazán fogoso, 
extendida á lo lejos la llanura 
que un collado limita silencioso? 

¿V el rayo de la luna desde el cielo 
resbalar sobre el tallo de las flores, 
quebrarse en el cristal del arroyuelo 
en cambiados matices y colores.^ 

El canto de las aves, sus congojas, 
y el rumor de los robles y pinares, 
y el plácido susurro de las hojas 
remedan, en sus quejas, mis cantares! 



MIGUEL A. URRUTIA. 



153 



Mis versos son el angustiado acento 

de una paloma en el ramaje herida ! 

son lágrimas que adorna el pensamiento, 
al escribir la historia de mi vida! 



• 



• 



154 GALKKIA P< 'ÉTICA. 



A JULIA. 



Si el cántico del pobre peregrino 
sin patria y sin amor, sin venturanza, 
puede, ¡oh Julia! dejaren tu camino 
un eco de la voz de su esperanza! 

Si no molesta á tu armonioso oído 
el ¡ay! de mi terrible desventura, 
yo de mi lira arrancaré un gemido 
para ofrecerlo á tu existencia pura! 

Y olvidando mis penas y dolores 

á los hechizos de tu luz graciosa, 

al corazón le robaré sus flores, 

para ponerlas á^tus pies ;hermosa! 
c 

Que de tus ojos la mirada bella 
eternamente al corazón fascina, 
como la luz de solitaria estrella 
que desde el cielo, candida, ilumina! 

cV 

^ Y en tu semblante Je tristeza y calma, 
do luce sin igual inteligencia, 
presiente luego y con placer el alma 
i (' un rayo de la luz de la inocencia! 



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MIGUEL A. IRRUTÍA. lo.j 



¡Oh, si pudieras con la amarga cuita, 
de un amigo escuchar el dulce acento, 
y la flor de su vida ya marchita 
á la vida tornar y ?\ movimientol 



Si tú de la amistad no desdeñaras 
su afecto celestial ;cuánto consuelo 
al alma de un proscrito le brindaras, 
astro caido del azul del cielo ....! 

Entonces para siempre el desterrado 
feliz en tierra extraña se vería, 
ci^ciendo por tu luz iluminado, 
el árbol ;ayl de la esperanza mía 



^-•r 






156 galería poética. 



EL EXTRANJERO. 



(. 



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Vedleí ¡Ahí está! con la mirada fija 

en apartada y solitaria estrella, 
murmura el nombre de su patria bella 
y recuerda sus dichas y su amor. 

La patria! su amistad, y alguna imagen 
aérea y virginal, pura y divina* 
su noble frente sobre el pecho inclina 
nublada por recuerdos de dolor. 

Y huyendo de los hombres ¡solo y triste 

como la yerba que humedece el río, 

herido siente el corazón . . .¡vacío! 
sin dichas ni venturas que ofrecer. 

Y una por una á su memoria trae 
las horas silenciosas de su vida, 

« y ó bien lamenta su ilusión perdida 
ó el pasajero, engañador placer. 

Extraño vive, sin amor, sin nombre, 
sin que una nota del laúd querido, 
salvando las esferas del olvido, 
levante un eco éncotro corazón! 

E ignorado cantor ¡pobre poeta! 
en vano, iluso, por amor delira, 
arrancando á las cuerdas de su lira 
melancólica y triste vibración. 



MIGUEL A. UKRUTIA. 157 



Y es un hombre! y en su alma 
la antorcha brilla encendida 

de juventud y de vida, 
de ilusiones y de amorl 

Y en sus ojos centellea 
la aspiración de la gloria, 
y el deseo de victoria. 

de grandeza y de esplendor! 

Y como obscuro fantasma 
en tierra extraña se mira, 
censurado si suspira 

sjj nación al recordar. 

Es orgulloso si canta 
su bien perdido y su calma; 
y es ignorante, si el alma 
quiere noble conservar!. . , . 

Que pobre y triste extranjero 
extraña gente le vela. 
que afanosa se desvela 
por herir su corazón: 

Aquel con torpe calumnia, 
con sus sarcasmos el necio, 
el rico con su desprecio 
que parece maldición. ^ 



Infeliz proscrito, mira 
si tu dicha pereció; j^ ^ 

ah! no llores • 
el engaño y la mentira 
que sin piedad marchitó 

:av! I US flores. 



% 



158 galería poética. 



Infeliz! si el triste llanto 
contienes ¡ay del dolor 

angustiado! . . . 
tus pesares y quebranto 
olvida ya con tu amor 

¡desdichado! 



Sin placeres ni ilusión; 
sin una sola esperanza 

celestial, 
te hieres el corazón 
que ardiente vuela y se lanza 
tras su ideal! 



Miserable! ¿A qué nací 
con una inmensa ternura 

para amar, 
si todo en torno de mí 
es ponzoña y amargura, 

sin cesar? 



Mis ilusiones de ayer 
con el sol se evaporaron 

del dolor; 
y lutos y padecer 
en el alma me dejaron 

con rencor! .... 



Si ventura ambicioné 
en m^.fiatria y mis hogares^ 

* con quietud; 
desterrado me encontré 
con zozobras á millares. 



* ¡Juventud! 



c 



MIGUEL A. UliKUriA. 159 



Y en el ol)Scuro desierto 
de la horrible realidad 

sepultado, 
me vi de luto cubierto, 
en la inmensa soledad 

desterrado! . . . 

Y mi vida sin amor, 
sin un amigo querido 

que al vivir, 
consuele el negro dolor 
del corazón oprimido 

de sufrir; 

Es de tormento y tristeza, 
de amargura y desconsuelo 
negro mar. 



¡Ay del que pobre su ventura llora, 
pei'dida para sietnpre la ilusión! 
¡Ay del que triste realidad devora, 
ocultando su risa engañadora 
la aTOnía infeliz del corazón . . . . ! 

¡Ay de! que pobre en extranjero suelo 
sus placeres se pone á recordar, 
y observa melancólico en su duelo, 
la blanca luna que alumbrando el cielo 
en las flores se mira reflejar. 

Ese va como obscuro pe¿fegrino 
empapando con lágrimas su ^ie; 
y triste y sin ventura en su camino, 
siguiendo indiferente á su destino 
cual hoja seca, arrebatado fué! .... 



9 

9 



160 galería poética 



ADIÓS! 



( 



Pronto á partir, con faz entristecida 
á la morada de mi amor llegué; 
7 viéndola en mis brazos conmovida, 
¿me olvidarás? clamé. 

Ella sus ojos levantó llorando, 
y con tristeza y con pesar rre vio; 
y á mi pecho sus brazos enlazando 
jamás! me respondió. 

Con puro beso del amor ardiente 
yo sus labios de rosa comprimí; 
y viéndola la dije tristemente 
¿y pensarás en mí? 

De nuevo con amor y con ternura 
sus ojos en mis ojos los fijó; 
y en lágrimas bañada de amargura, 
sin tregua! murmuró. 

'■* 

Ansioso lá* besé; y desprendiendo 
de mi pecho sus brazos; ay! también, 
la dije, mis suspiros comprimiendo, 
¡adiós! mi dulce bien! 



MIGUEL A. URRUTIA. 161 



Pálida entonces, tierna y afligida, 
con amorosa y apagada voz, 
no me olvides! me dijo entristecida! 
Ni sufras ¡ay! adiós! 



• 



> j 
i 

T. III. 11 



162 galería poética. 



A MATILDE. 



Si yo del mundo al conocer los males 
perdí del alma la primer pureza, 
y vi, como á través de mi tristeza, 
cielos sin luz y tierra sin placer; 

Y si lloré con sangre de mis ojos, 
del bien que huyó las ilusiones muertas, 
y si cerré del corazón las puertas 
para no amar y para no creer; 

En tu pi esencia angelical Matilde, 
¿por qué despierta mi infantil cariño 
y torno á ser cual candoroso niño, 
forjándome un alegre porvenir? 

¿Por qué cuando te veo, de mi noche 
se desgarra la fúnebre cortina 
y el ángel de la fe, con faz divina, 
me vuelve á proteger y sonreír? 

¿Has visto en el otoño cuando caen 
de las ramas las hojas amarillas, 
cómo emigran las mansas avecillas 
dando al viferíto su queja de dolor?. . . . 
c Así cuando del árbol de mi dicha 
las hojas y las flores perecieron, 
^ del desolado corazón huyeron 

*• las dulces esperanzas del amorl 



MIGUEL A. URRÜTIA. 



168 



¡Qué triste soledad y qué congoja 
vivir en ese yermo de retiro, 
y lanzar, entre angustias un suspiro 
y llorando reir, con burla cruel! 

Las cenizas mover de lo pasado, 
cuando son los recuerdos una carga. . , 
y en la copa del mal, ponzoña amarga, 
beber con el acíbar y la hiél! .... 



Yo que conozco, por desgracia mía, 
lo que valen las dichas de la tierra, 
y sé (^ue solo vanidad encierra 
la fama, el esplendor, la autoridad; 

no quiero te cautiven, halagüeñas, 
palabras que carecen de sentido, 
ni que pasen al alma, de tu oido, 
quimeras que forjó la falsedad. 



Que la mentira, como enjambre alado, 
en torno vuela de la virgen pura, 
y cual la abeja tras la ñor, procura 
las mieles de su cáliz extraer. 

Y si realiza su primer deseo, 
indiferente y sin pesar la deja 
sumida en el dolor! Huye y se aleja, 
mientras ella se vé desfallecer. 



Cuida tu corazón, cuida Matilde 
el tesoro del alma, el blanco armiño 
de la inocencia que embelleco^l niño, 
vistiéndolo de suave brillantezi 

No te seduzcan las mentidas pompas, 
ni cambies nunca tu apacible calma 
por goces turbulentos, que del alma 
pervierten la dichosa sencillez. 



j j 
j 



164 galería poética. 



Si supieras Matilde, lo que cuesta 
dejar caer la venda de los ojos, 
y desengaños contemplar y abrojos 
donde los otros ilusiones ven; 

no tener esperanzas ni creencias, 
y por los bordes de un abismo andando, 
sentir que nuestras fuerzas van faltando 
y que estamos sin luz y sin sostén! .... 



Lanzar en vano plañideras quejas, 
gemir en angustiado desvarío, 
y perderse la voz en el vacío , 

y la mirada en densa obscuridad .... 

Y en medio de las brumas de la noche, 
asaltado de lóbregos temores, 
por solos compañeros, los dolores 
tener en tan inmensa soledad!. . . . 



¡Terrible situación!... Jamás, Matilde, 
la sufras ni conozcas en la vida. . . . 
guarda siempre tu fe, y guarda y cuida 
no te engañe maligno tentador. 

Pura como los cielos despejados, 
ó la nube de incienso, trasparente, 
conserva en él espejo de tu frente 
la estela luminosa del pudor. 



Hoy corres juguetona por el prado 
y ríes inocente y bulliciosa, 
encendiendo en los tintes de la rosa 
tu rostro q^e*es mas fresco que un clavel; 

del mundo desconoces los azares, 
porque en tus pocos y floridos años, 
no sabes lo que son los desengaños 
y bebes en la copa de la miel. 



MIGUEL A. URRUTIA. 165 



¡Dichosa edad que canta y que sonríe 
hallando por doquiera, de improviso, 
los goces de encantado paraíso 
y visiones de un bello porvenir. 

Cuando juegas y cantas, me parece 
que veo en tí, como á través de un velo, 
á un ángel invisible que del cielo 
desciende sin dejar de sonreír! 



Mas aquellas pobres niñas que perdieron 
la blanca flor de la inocencia hermosa, 
y que ajaron sus pétalos de rosa 
anidando en sus pechos la doblez; 

las vieras cuánto sufren, cómo lloran 
los burlados encantos de la vida, 
llevando por su faz entristecida 
el tinte de sombría palidez; 



Las vieras en la noche, cuando solas 
se despojan de cintas y de lazos, 
cómo velan, torciéndose los brazos, 
sin sueño, sin reposo y sin quietud! 

Las vieras arrojar sus atavíos, 
y en medio de su llanto y su locura, 
maldecir con escarnio su hjírmosura, 
sus goces y marchita juventud! 



Mientras todos descansan, ellas velan 
punzadas por atroz remordimiento, 
por fijo, inexorable pensamiento 
que las llena de duelo y dé /^libor. 

Y luego si se duermen, m\\ fantasmas 
se acercan á sus lechos sollozando, ^ 

mil espectros terribles van turbando 
ese sueño colmado de terror! .... -> 



i j 

j 



166 galería poética 



1 1 



Las vieras despertar sobresaltadas, 
llenas de miedo, de indecible espanto, 
para romper en plañidero llanto 
y en quejas que ninguno oyó decir. 

Mujeres infelices que desean 
acallar una voz déla conciencia, 
que tienen por castigo la existencia, 
y cuyo sólo bien está en morir!. . . 



Jamás, Matilde, comprender procures 
tantos misterios y profundo arcano, 
ni arranques de tus ojos, con tu mano, 
la venda de ¡nocente sencillez; ^ 

porque sólo verías las tinieblas 
de la noche del mal, y los horrores 
de este abismo de penas y dolores 
sembrado de perpetua lobreguez! 



Verías que la fama y que la gloria 
el humo y polvo son, con que engañados 
van los hombres, sin paz, desalentados, 
una sombra queriendo detener; 

Sacrificando á su ilusoria imagen 
dichas y juventud, bienes y calma, 
conciencia y pundonor, verdades y alma, 
patria y familia, niños y mujer! .... 



Verías, á través del desengaño, 
negros los cielos, sin placer la tierra, 
escoria por doquier, miseria y guerra 
y dolos y bbsfemias y dolor! 

Contemp^laras entonces las mentiras 
*- á la perfidia de amistad llamando, 
y al odio suaves himnos entonando 
4 al bien, al heroísmo y al amor! 



MKÍUEL A IJRRüTIA. 167 



¡Feliz de tí, angelical Matilde, 
que cantas como púdica avecilla, 
y que modesta en la niñez, sencilla, 
sólo sabes reir y juguetear! 

bajando de los árboles los nidos, 
mariposas buscando entre las íiores, 
llena de luz, de juventud, de amores, 
no quieras otra cosa ambicionar. 



Y cuando suene del amor la hora 
y el corazón sus alas estremezca, 
y llegue quién su corazón te ofrezca, 
uniendo á tu existencia su existir; 

sin perder la pureza que te adorna, 
ni la inocencia, ni la dulce calma, 
entrégale, Matilde, toda el alma 
y alumbra con tu fe su porvenir! 



j j 

j 



168 galería poética. 



LO SIENTO AUN. 



Aquel ardiente, enamorado beso 
que una noche de amor me concediste, 
lo siento aún sobre mi labio impreso; 
ni tú, ni Dios me lo podrán robar! 

En él citadas nuestras almas fueron 
al choque de los labios oprimidos, 
y en místico consorcio se fundieron 
del corazón ante el sagrado altar. 

El vínculo rompióse con los años, 
y fueron tus promesas, humo y viento; 
mataron al amor los desengaños 
y separados vímonos los dos. 

Alguna que otra vez, indiferente 
me miras al hallarme en tu camino, 
* se cubre de rubor tu casta frente 
y me respondes al pasar mi ¡adiós! 

¿Por qué tiñe el carmín tu faz hermosa 
y tiemblas en tu paso, al encontrarme.^ 
¿Por qué te agitas cual abierta rosa 
que sacude eti\su rama el aquilón? 

Si estrechase tu mano con terneza, 
seguro estoy que la hallaría un hielo; 
si posara en tu pecho mi cabeza 
i <* oiría que te salta el corazón 



MIGUEL A. URRUTIA. 169 



Y eso ¿por qué? ¿Recuerdas importuna 
el pasado de amor que me ofreciste, 
ó en el rayo oscilante de la luna 
ves mi imagen sonriendo suspirar? 

Pues sabe, entonces, que el ardiente beso 
en que fundidas nuestras almas fueron, 
lo siento aún sobre mi labio impreso .... 
ni tú, ni Dios me lo podrán robar! 









170 GALEIUA POÉTICA. 



LA TEMPESTAD 



i 
i 



Venga la lira que pulsé sonriendo ^ 
en la edad del placer y los amores, 
aquella dulce lira que adornaba 
con verde mirto y con lozanas flores! 

Quiero arrancar de sus templadas cuerdas 
un torbellino de encontradas notas, 
de tumultuosos sones, 
ahora que los cielos se osbcurecen 
por densos nubarrones, 
unos tras otros en tropel corriendo, 
en alas de ese viento repentino 
que sopla en la montaña con estruendo 
y arropa en agitado torbellino, 
de los océanos el revuelto oleaje 
y de la tierra el cecular boscaje! 

Quiero cantar el sin igual concierto 
de hermosa tempestad; quiero atrevido 
el rayo aprisionar en mis palabras, 
la luz y el estallido, 
y el ronco son de estrepitoso trueno 
que al mundo ('eja de rumores lleno. 

Cual mil parches de guerra redoblando 
^1 continuo crescendo, 
la negra tempestad viene avanzando 
horizontes y cielo obscureciendo. 



MIGUEL A. URRUTIA. 171 



Las ráfairas de viento humedecido 
crecen en fuerza hasta volverse airadas, 
y zumban por doquier, con el bramido 
de las recias tormentas desatadas. 

En confuso montón, aves viajeras 
graznando cruzan el espacio inmenso, 
deslízanse ligeras 
en caprichosos círculos girando, 
unas veces subiendo, otras bajando. . . . 
El toro rasca la menuda arena, 
dilata la nariz que fuego exhala 
en su hervidor resuello, 
y de seguida, furibundo brama, 
le\%ntando, colérico, su cuello! 

Mil serpientes de fuego centellean 
á través de las nubes renegridas, 
y rápidas pasean 

tronando con furor, cual desprendidas 
del bélico cañón las ígneas bombas 
estallan repentinas, 
y á su estallido tiemblan 
los inmediatos bosques y colinas! 

Un redoble lejano ya se escucha 
y en bajos tonos iracundo sube, 
rásgase el manto de azulada nube, 

desgárrase su seno, 

y con rojiza lumbre fulgurando, 

en pos del hondo y cavernoso trueno 

el rayo serpentea deslumhrando! 
Redondas, gruesas y pesadas gotas 

descienden á millares 

al seno de la tierra, 

crecen las fuentes, ánchanse los rios, 

y por las aguas rotas j ^ 

las antiguas barrancas y los*cauces, 

no ríos ya, sino mugientes ondas 

arrastan las aguas 

los llanos i^ivadiendo, 



172 galería poética. 



las peñas escalando, 

y en oleaje de lodo descendiendo, 

las encinas y robles derribando! 



i 

i 



¡Oh! calma tu furor! cede, apacigua 
tu cólera soberbia y majestuosa, 
sublime tempestad! Deja que torne 
á lucir en la bóveda espaciosa 
el resplandor del sol. Sus rayos de oro 
permite que se quiebren en las nubes, 
dibujando al confín del horizonte t 
el arco tornasol, que en sus colores, 
la calma anuncia al monte, 
al verde prado y abatidas flores! 



Mas ¡ay! la tempestad, imperturbable 
sigue su curso, sin cuidar del grito 
que arroja la creación. Ella obedece 
tan sólo á lo infinito! 

Su carro de relámpagos pasea, 
y en su trono de rayos asentada, 
cual diosa de los negros nubarrones, 
de llamas aparece coronada. 

Del mar se agolpan las hirvientes olas, 
los ejes de la tierra se extremecen, 
la humanidad se asombra, 
el orbe entero gime 
ante ese caos en que todo tiembla 
en medio de la sombra; 
y el ángel de S^s negras tempestades 
que en la es[firal del torbellino gira, 
sin pena y sin afanes, 
rápido pulsa su tonante lira, 
y de entusiasmo lleno 



MIGL^KL A. rRRl'TlA. 173 



arranca de sus cuerdas huracanes 
y la esplosion del cavernoso trueno! 

jCuánto siempre te amé, concierto hermoso 
del aire, de las aguas y del fuego! 
Creí con tu grandeza, engrandecerme, 
con tus notas formar un himno eterno 
que fuese mi corona de poeta, 
la palma inmarcesible de mi gloria, 
y de mi vida, la veraz historia! 

La humanidad, en todo se asemeja, 
á tu curso invariable; 
y e» sus hondas pasiones se refleja 
ese fiero vaivén de luchas lleno, 
€se soplar del aquilón terrible, 
ese rugir del retumbante trueno! 

La mayor tempestad de los humanos 
que consignada en los anales vive 
con todo su furor y su belleza, 
es el cambio que opera repentina, 
aquella gran revolución francesa, 
que mezcla con su nombre 
la redención del hombre 
al pie de la sangrienta guillotina! 
;Mar inmenso de luz que se colora 
con el carmín de las abiertas venas 
de tanta y tanta gente, • 
inolvidable aurora c 

de industria, libertades y progreso! 

En pos de aquella tempestad sublime 
corona de este siglo, luminoso 
se vio lucir con sus colores varios 
el arco esplendoroso 
de civilización y de justici?^^ 

Los hombres todos, á la vez hermanos, 

j 

unieron sus esfuerzos y lucharon, 

venciendo á los tiranos 

que el mundo de sus crímenes llenaron! 






174 galería poética. 



De entonces para acá al viento flota 
la bandera del arte y de la ciencia, 
el niño tiene escuela; 
derecho la mujer, y sus altares 
el honor, la virtud y la inocencia! 

Bendita tempestad la que eslabona 
el mundo al hombre, el hombre á la justicia, 
el bienestar al suelo, 
á todos ofreciendo por corona 
una pléyade de astros en el cielo! 



c 
1 



¡Salve, salve inmortal sabiduría, 
tormentas, huracanes, convulsiones; 
llamas de luz del esplendente día, 
y de la noche densos nubarrones! 

Y perdona, también. Naturaleza, 
el himno del poeta, consagrado 
á tu imponente, colosal grandeza! 
Perdona si por tí pulsé sonriendo 
la lira del placer y los amores, 
aquella dulce lira que adornaba 
con verde mirto y con tempranas flores! 



• V 



MIGUEL A. URRUTIA. 175 



A JOSÉ MILLA. 

(inédita.) 



Venciste, Milla, varonil y fuerte 
á la implacable pequenez del hombre! 
La ley del genio presidió tu suerte: 
en la vida el dolor, luego la muerte 
glorificando el perseguido nombre. 



Pasó la tempestad, el vano ruido 
de turbas bulliciosas. Tu memoria 
rompiendo los sepulcros del olvido, 
como dejan las águilas el nido 
buscando el sol, se remontó á la gloria! 



Qué fué de la envidiosa gt¡]fería, 
de la pequeña y la vulgar venganza.'^ 
niebla que quiso obscurecer impía 
el cielo azul del esplendente día, 
honor y fe, justicia y esperanza!. . . . 



176 galería poética. 



Pasó desvanecida, fué impotente 
en su cobarde, hipócrita desvelo, 
para extinguir el encendido Oriente 
ó la aureola de rayos que á tu frente 
ciñó la idea al descender del cielo. 



El insecto que muerde presuroso 
el fresco tallo de la flor que asoma 
en las mañanas del abril hermoso, 
herir podrá su cáliz tembloroso 
¡ah! pero nunca arrebatar su aromal 

♦• 
Así logró también ataque rudo 
sobre tu frente condensar la bruma, 
mas nunca, Milla, la calumnia pudo' 
contra el honor que te sirvió de escudo 
ni lo inmortal de tu inspirada pluma. 

Así también la nube tormentosa 
que desgreñada por el cielo avanza 
retorciendo sus senos orgullosa, 
no puede obscurecer la luz hermosa 
que el astro-rey, de su corona lanza! 

Envidias y pasiones concluyeron 
* al fallo justiciero de la historia; 
ya las miserias del ayer se fueron 
y en Guatemala para tí lucieron 
los dias sin ocaso de la gloria. 

Hoy te autícede juventud instruida 
^ verde laurel, inmarcesible palma, 
hoy la patria de júbilo vestida 
proclama ilustre tu modesta vida, 
\ • y endiosa las creaciones de tu alma! 



MIGUEL A. l'RKUTIA. 177 

Hoy se eleva suntuoso monumento 
al que del pueblo las costumbres narra 
con tan festivo y natural acento, 
que parece heredar el pensamiento 
con la sonrí^sa v la intención de Larra. 



Al clásico escritor, al que atrevido 
en luz del arte su razón inunda, 
y hallándose á la lucha prevenido 
de América-Central, valiente ha sido 
el que la historia y la novela funda; 

Ai que en días mejores y serenos 
buscando ansioso la verdad, la gloria, 
hizo brotar de tenebrosos senos 
la novela inmortal "Los Nazarenos" 
y del pasado nuestra triste "Historia: ' 

Al hombre de virtud, al que escudado 
por el honor que le infundió denuedo, 
fué siempre varonil y siempre honrado, 
sin abatir la frente acongojado 
ante el fantasma corruptor del miedo. 

Pudo sentir el alma cont^irbada 
por abismos obscuros de tristeza, 
rendir como los genios la jornada 
con altivez llev^ando coronada 
de zarzas y de espillas la cabeza; 



Llorar dentro de sí con a¿Tiargura 
los desengaños en el alma njé>s; 
de la miseria la misión obscura, • 

el negro porvenir, la desventura 
suspensa en el hogar, sobre sus hijos; « 

T. III . 12 • 



178 galería poética. 

Desfallecer ante el sarcasmo rudo 
de befas y calumnias en concierto, 
y fatigado y silenciosa y mudo, 
exánime caer sobre su escudo 
A^encido no, mas en la lucha muerto! 



Pudo sufrir en su postrer quebranto 
la ingratitud de su nativa suelo . . . 
Los ojos arrasados por el llanto 
á su conciencia dirijió entre tanto 
V disfrutaron la visión del cielo! . . . 



Y sucumbió el denodado Atleta 
en repentino y lánguido desmayo, 
el que la risa á voluntad sujeta, 
el novelista, historiador, ^oeta, 
como la encina que divide el rayo. 

Si el musgo del olvido, indiferente, 
cubrió su cripta en la ciudad mortuoria, 
ya del sepulcro levantó la frente, 
ya de la patria en el dorado Oriente 
Milla aparece como el sol de Gloria! 



L 
C 



i*OiAA**<k**ÉhA**<k*AA*rf^^H^^^^^^>*<li«MMMMMata^ÉiArfMh*ik*AArfMM 



CAEMEU P. DE SILVA. 



• • 



Es la cantora de la naturaleza. La finca de 'Provenza 
donde ha pasado una buena parte de su vida, le debe sus me- 
jores cantos. Procedente de una familia humilde, y huérfana 
desde la cuna, Carmen no pudo recibir siquiera hubiese sido 
la superficial educación con que se acostumbraba entre nosotros 
adornar las naturales gracias de la mujer. Sola aprendió á es- 
cribir ¿quién la enseñaría á cantar....? Esposa de un joven 
poeta, como ella humilde y amante de las letras, remeda 
su matrimonio un nido de alondras, por los raudales de 
armonía que de sus labios han brotado; y por su constancia, 
en el trabajo, el laboratorio de una colmena, donde, pacien- 
tes abejas, han sabido edificarse un modesto pero seguro por- 
venir. 

Con el anagrama de Celinda P. Vermes, Carmen ha escrito 
mucho bueno en verso y prosa, colaborando con e^itusias- 
mo en cuantos periódicos literarios se han publicado en esta 
capital, y fundando ella misma algunos, en unión de su espo- 
so y de Vicenta Laparradela Cerda. "El Ideal'' fué la últi- 
ma de estas publicaciones, cuyo desaparecimiento del estadio 
de la prensa todavía lamentamos. 

Trabajar así, sin estímulos ni esp^anza de una recompen- 
sa, en el seno de una sociedad que cafla día demuestra mayor 
indiferencia por el cultivo de las letras, es altamente meritorio 
sobre todo en la mujer, ángel de redención siempre expuesta 
á las amargas sátiras del mundo. %^ 



18(1 (lALEHlA POÉTICA 



Carmen P. de Silva se ha ensayado, además, en la novela, 
género difícil déla literatura, que manejado poruña mano como 
la suya, puede producir á no dudarlo, obras tan útiles como 
llenas de sentimiento. Sabemos que algunas de las que tiene 
inéditas son de indisputable mérito. Ojalá qne pronto tenga- 
mos el gusto de verlas dadas á la estampa. 









CARMKN P. DE SILVA. 



I^i 



LA MÚSICA. 



(dedicada AT. "ALKIM FILARMÓSICo/') 



jArte divino que nuestra alma eleva 
á la mansión de Dios, sublime Arte! 
Es la Música de ángeles idioma, 
y de la tierra universal lenguaje. 

Naturaleza toda es un ^vn^^iciUv 
que lo forman los hombres y los mares, 
la tempestad, el viento, las cascadas, 
y los gorgéos de canoras a^xs: 

Las flores al besarlas el rocío, 
al caer en sus pétalos temblantes 
le dicen sus amores castos, puros, 
con elocuentes y sabrosas frases; 



El céfiro intranquilo cuan3o mece 
y hace gemir las ramas de los sauces; 
las olas al chocar embravecidas 
coronadas de espuma ella en los mares; 






182 galería poética. 



El murmurar de la apacible fuente 
cuando serpea en solitarios valles, 
y el horrísono al par que magestuoso, 
rebramar de imponentes tempestades; 

El lamento tristísimo que exhala 
la tortolilla que perdió su amante, 
y el choque atronador de la cascada 
al desprenderse de la cima al cauce: 

El murmullo de insectos voladores 
que jugetéan al morir la tarde, 
y el rebotar del aquilón soberbio 
que humilla al roble con su duro emb^e: 

El roce de hojas secas que la grama 
bordando están con su movible esmalte, 
y el huracán que, destructor, las ruinas 
deja doquiera que iracundo pase. 

Todo es cadencias y sentidas quejas, 
suspiros de dolor y tristes ayes, 
himnos de amor que el universo todo 
envía al Hacedor de obra tan grande. 






c 



¡La Música! Del alma el alimento, 
néctar de amor, riquísima ambrosía, 
del sentimiento intérprete profundo 
que hace vibrar del corazón las fibras. 

^% 

Ella á place*! con sus variadas notas, 
cual una tierna y cariñosa amiga, 
nos convida á gozar, y si sufrimos 
hace brotar las lágrimas que alivian. 



CARMEN 



DE SILVA. 



183 



En toda edad su poderosa influencia 
ejerce bienhechora, y nos incita 
á veces á llorar, otras al goce 
y allá en el templo á la oración tranquila. 

La niñez la oye alegre y bulliciosa 
y bate sus pequeñas manecitas, 
salta cual cervatillo en la pradera, 
y desplega sus labios la sonrisa. 

¡Feliz edad en que si algunas lágrimas 
humedece sus candidas mejillas, 
sólo será por físicos dolores 
ó al r?clamar la maternal caricia! 

La juventud, al escuchar la música 
baila incansable, baila y no termina 
hasta que muere la postrera nota, 
y el silencio al descanso les invita. 

¡Encantadora edad de los ensueños! 
de visiones fantásticas, divinas, 
volcánicos amores, é ilusiones, 
que vaga entre las flores, la poesíal 

De la adusta vejez de faz serena 
también el corazón tardo palpita 
cuando hieren su oído los abordes 
de patética, tierna melodía; 



Pero no es de placer, que el desencanto 
heló su corazón, llenó su vida 
de amargas decepciones, de dolores, 
y temblando á la tumba se encamina. 






¡Qué triste es esa edadl Lüo^ubre suena 
la hora que el tiempo á su existencia quita 
una á una veloz, desapiadado 
y le deja sus huellas homicidas. 



184 galería poética. 

El anciano recorre allá en su mente 
de su historia fugaz línea tras línea; 
ve del placer las páginas borradas, 
las del dolor con negra tinta escritas . . 

jQué de recuerdos á su mente trae 
el murmurar de tierna melodía! 
y las lágrimas brotan de sus ojos 
y ruedan por sus pálidas mejillas. 

La música es á veces un idilio 
de esperanzas, de amores y delicias, 
do bullen juguetones y locuelos 
los invisibles genios déla dicha: 

Y otras, también, poema de amarguras, 
de las tumbas patética elegía. 
;Del alma es la plegaria que va al cielo...! 
que en la tierra lo puro se disipa. 






t 



CAKMEX P. DE SILVA. 185 



EL SENZONTLE. 



Mi inocente prisionero, 
ave de las plumas pardas, 
mi primoroso senzontle, 
que tan impaciente saltas 
y con el piquito intentas 
romper tu dorada jaula, 
¿por qué tu misiórh olvidas? 
Responde, ¿por qué no cantas? 
Por oir tus melodías 
te aprisioné aunque apenada; 
¿y callas, ave querida, 
burlando así mi esperanza? 
Tu inquietud bien la comprendo 
es que libertad te falta; 
pero ¿ignoras que las^quejas 
alivian el mal del alma? 
Tras sus rejas el cautivo 
triste canta, pero canta. 
No gustan tonos alegres, 
los melancólicos cuadran. 
Canta, pues; con impaciencia 

mi oido tu canto agt^i^la 

¿Callas? Eres caprichoso, 
pues mis ruegos no te ablandan. 
Libertad quieres, no hay duda, 
la esclavitud es amarga: 



186 galería poética. 



te 
c 



tienes razón, yo bendigo 
tus aspiraciones santas. 

Corre, pues al campo vuela, 

besa las flores galanas, 

fabrica tu blando nido 

en las cimbradoras ramasl 

Vuela, salta de contento, 

liba la fuente plateada 

que sobre blancas arenas 

siempre juguetona salta! 

Quién te verá en la pradera 

volando de rama en rama, 

lanzando tu amante queja 

allá entre las flores blancas, 

y cantando tus amores 

con voz triste, apasionada! 

cruzando la selva umbrosa 

en la plácida mañana, 

pasando tu vida alegre 

cual otras aves la pasan. 

¡Sal, pues .... I ¿Rehusas también 

pertinaz, la vida grata 

que te ofrezco.^ iQ^^ misterio! 

queda, pues, en tu áurea jaula 

quédate en ella, lo quieres, 

de importunas quejas basta. 

jSi adivit^ar yo pudiera 

de tu silencio la causa, 

satisfecha quedaría 

si al fin tus penas calmaban! 

Si algún secreto pesar 

enmudeció tu garganta, 

no creas que yo indiscreta 

tu secrftt^ publicara. 

¿Quizás- la perfidia lloras 

de tu consorte inhumana 

que libre en el campo vive 

con tu rival que la halaga.^ 



CARMEN ]'. I>E SILVA. 18" 



Desgraciado! si esa ha sido 
la causa porque no cantas, 
es dolor que nadie cura; 
no hay remedio, calla, calla. 



9 ^ 

9 



5 



188 galería poética. 



A MI QUERIDA AMIGA, 

Señora Doña Vicenta Laparra de la Cerda^ 



CONFIÜEXCIA. 






Era una tarde, amiga, lo recuerdas? 
La suave luz de agonizante día 
luchaba con las sombras de la noche, 
como luchan la muerte con la vida. 



Lánguidamente sobre el débil tallo 
las flores soñolentas se mecían, 
enviando sus perfumes á los cielos, 
cual la plegari^de inocentes niñas. 
c 

Solemne, majestuoso, triste y bello, 
es el día en sus horas vespertinas; 

\y esa tarde aún mas triste ¡nuestras almas 

un drama aterrador las conmovia! 

^ En dulcísima y franca confidencia 
tus grandes infortunios referías; 
por el incierto porvenir temblando, 
sin esperanza de encontrar la dicha. 



CARMEN P. DE SILVA. 189 



• 



Tu frente reclinada aquí en mi seno: 
una á una tus lágrimas caían, 
y, trémula tu voz, mas resignada, 
"no conozco el placer me repetías, 

"Un calvario perpetuo es mi existencia. 
"La fortuna me huyó. Mi fantasía 
"me presenta las flores más preciosas, 
"pero al tocarlas yo vuélvense espinas; 

"Hiél en el corazón, llanto en los ojos 
"la flor de mi esperanza ya marchita, 
"por morales y físicos dolores 
"agovi^do mi ser, triste mi vida. 

"¡Sólo Dios, mis recónditos pesares 
"comprende, y mis angustias infinitas: 
"mi espíritu abatido El fortalece, 
"y el amor de mis hijos, mi familia. 

"¡Tú sola eres feliz! Tú sola, Carmen, 
"has disfrutado de peremne dicha, 
"escepcional tu matrimonio ha sido; 
''Dios te conserve así. Dios te bendiga!" 

Pero no sabes cuantos sacrificios 
me cuesta ser feliz. ¡Ay dulce amiga! 
en batalla constante, siempre, siempre, 
con ajenas pasiones y las mia^. 



Es un Edén mi hogar: es el santuario 
de la paz, del amor, de la alegría; 
es mi mundo mi hogar, y mi fortuna 
de mi madre y mi esposo las caricias. 

Pero falla otro a?nor puro, sublime, 

colmo de los placeres, falta, amiga 

Junto á mi lecho, con pesar contemplo 
la preparada cuna . . .¡Está vacía! 



5 

5 



190 galería poética. 






;Tú eres madre, Vicenta, tu eres madre! 
has visto el Cielo en la infantil sonrisa 
de esos seres, mitad de tu existencia, 
fragmentos de tu alma, tu delicia. 

¿Qué importan los embates de la suerte.^ 
¿Qué del dolor su quemador estigma, 
si bulle en tu redor la amante prole 
que al brindarte su amor pide caricias? 

Si al ver el ceño del destino fiero 
bajas los ojos y la frente inclinas, 
encuentras la mirada de tus hijos, 
fuente de inspiración y de poesía. ' 

Y al estrecharlos en tu amante seno 
é inundando de besos sus mejillas, 
sientes en tí el orgullo de ser madre, 
y tus angustias y dolor olvndas. 

¡Con cuánto acierto de su voz traduces 
las frases que en su afecto te prodigan, 
cuando pretenden por la vez primera 
decirte con ternura: "¡Madre mia!" 

Dichoso hogar el que poblado se halla 
de esas flores con alma, bendecidas, 
que bulliciosas 6ual las aves cantan, 
cual inquietadas mariposas giran. 

De esos sublimes goces disfrutaste 
cuando en la cuna, aún, ellos cabian; 
hoy que saben pensar, sólo e o tí piensan: 
hoy que saben sentir, tu pena alivian. 

¡Con cuánta*abnegación tú los adoras! 
por ellos la existencia tu darías; 
que el amor maternal siempre en creciente 
es llama que la tumba no aniquila. 



CARMEN P. DE SILVA. 191 



¡Delicada misión, pero tan bella 
para que Dios á la mujer destina! 
ella modela el corazón del hombre 
y enseñándole a orar, al bien le guía. 

Ella con dulce voz, la faz serena, 
de la virtud las excelencias pinta, 
y de los vicios la fealdad describe 
con la severa faz de una Sibila. 

. Graba en su corazón el sentimiento, 
de Jesucristo la moral divina, 
y en su cerebro, del deber las leyes 
*con hético ejemplo, deja escritas. 

¡Magnífica misión! ¡Oh noble obrera! 
¡Reina á la vez que el'corazón domina. . 
Tú eres madre, Vicenta, tú eres madre. 
¿Quieres, responde, para tí más dicha.^ 









192 GAr.ERrA poética. 



DE LA TIERUA AL CIELO. 



(escenas íntimas.) 



Cual la tímida paloma 
que va huyendo por el prado 
cuando mira que afanado, 
la persigue el cazador; 
ó como el ciervo medroso 
que pace en la selva umbría, 
y atento escucha y espía 
el más pequeño rumor,. 



Y corre desatentado 
á ocultarse en la espesura 
y aún allí no halla segura, 
perfecta «tranquilidad; 
así salí^'de ese pueblo 
donde germina la envidia; 
donde la horrible perfidia 
C4 nos persiguió sin piedad. 



CARMEN P. DE SILVA. 



193 



Do la virtud se escarnece 
y aplauden, torpes, el vicio, 
corriendo hacia el precipicio 
de la infernal corrupción. 
AI campo me vine huyendo 
de aquella atmósfera impura, 
donde la infame impostura 
emponzoñad Corazón. 



Aquí disfruto la calraa 
por tanto tiempo anhelada: 
aquí escucho, extasiada, 
• sólo palabras de amor. 
Dios me dio por dicha mía, 
dos ángeles de ternura; 
ellos forman mi ventura 
con su acento arrullador. 



Cuando levanta orgulloso 
el sol su dorada frente 
y fulgura allá en Oriente 
con majestuoso esplendor, 
entonces un beso llega 
en mi frente, apasionado, 
á avisarme que ha empezado 
á abrir su cáliz la flor. 



Y los pájaros entonan 
en armonioso concierto 
sus cantares, y despierto 
sus trinos dulces á oii;; 
aspiro el ambiente puío, 
embriagador, que aromado 
las flores han exhalado, 
sus pétalos al abrir. 



T. III 



13 ••• 



194 galería poética. 



Como las aves parleras 
cuando abandonan el nido, 
voy, con mi esposo querido, 
al paseo matinal. 
Visitamos la cascada, 
mi predilecto 'paseo: 
me extasío cuando veo 
su argentino manantial. 



Complacidos admiramos 
de las plantas la frescura; 
pirámides de blancura 
son los cafetos en flor. 
Su nevado manto ostentan 
con su fondo verde obscuro; 
enviando su aroma puro, 
hasta el trono del Señor. 



Regreso alegre á la choza 
donde mi madre me espera, 
que con su faz placentera 
me sonríe con amor. 
Como la paz que disfruta 
el sencillo campesino, 
que burla audaz el destino 
con su constante labor, 



Así, felices, pasamos 
el día tranquilamente; 
después el sol de occidente 
nos convida a descansar. 
Y lo v^o allá en ocaso 
^ en ondas de fuego hundirse, 
fulgurante sumergirse 
c en los abismos del mar. 



Ce 

t 



CARMEN P. DE SILVA. 



195 



Rojas y plomizas nubes 
anuncian, viene tras ellas 
bella, rodeada de estrellas 
la luna pálida ya. 
Entonces se cambia al punto 
en tristeza mi alegría, 
pues ¡ay! su melancolía 
se esparce por donde va. 



Contemplando con mi esposo 
la viajera solitaria, 
una sentida plegaria 
• le dirigimos los dos. 

Después el reloj me anuncia, 
que el blanco lecho me espera: 
allí mi oración postrera 
reverente envío á Dios. 



Una imagen de María, 
que tengo en la cabecera, 
es la tierna compañera 
que vela siempre por mí. 
Y aunque apartada del mundo 
en este Edén escondido, 
nunca á mi pesar olvido 
los tormentos que sufrí. 



Indeleble siento en mi alma 
la saeta envenenada 
villanamente arrojada 
por la infame socied^,. . . 
¡Son nubecillas que arfublan 

mi trasparente horizonte ! 

Vivo feliz en el monte, 
me gusta la soledad. 






196 gallería poética. 



EL SOL. 



FRAGMENTO. 



Siempre el sol resplandeciente 
ha ofendido mis pupilas: 
me gustan nieblas tranquilas 
para poder meditar. 

Fernando Velarde. 



c 



Si absorta contemplo del astro del día 
su luz inflamante, su inmenso poder, 
me inspira el respeto que al Inca infundía, 
si niebla importuna tenaz impedía 
sus rayos brillantes, fanático ver. 

Si acaso en las selvas las ceibas se mecen 
muy verdes, lozanas, si es suave el calor; 
también hay desiertos que al hombre estremecen 
do fuentes no brotan y arbustos no crecen, 
do nunca se mira nacer una flor. 

Si algún inseysato y audaz caminante 
intenta en sus viajes al Sol desafiar, 
muy pronto vencido se siente jadeante: 
entonces le ruega se oculte un instante 
y el astro insensible le mira expirar. 



CARMEN P. DE SILVA 



197 



De ardientes celajes su disco rodea; 
y es tanta su pompa, su gran majestad, 
que ciega al curioso que verlo desea, 
en tanto el espacio grandioso hermosea, 
y espléndido luce del día en mitad. 

Yo sé que ala tierra también fertiliza: 
que al mundo es forzosa su luz inmortal; 
mas siento, con pena, que no simpatiza 
conmigo su aspecto, que mi alma horroriza 
y ofende mi vista cual fuego letal. 



• 9 
9 



198 galería poética. 



AL SR. D. F. S. CONTESTANDO A SU POESÍA 



"EL SUSPIRO." 



c 



Doquier que el nido 
juntos formemos, 
sea en Provenza 
ó sea aquí; 
entre el bullicio 
del mundo estemos, 
ó yá en el campo, 
seré feliz. 



Como el talento 
patria no tiene, 
creo no tenga 
patriatel amor; 
^ ¡germen divino, 

nutre y mantiene 
dos corazones 
<^c' que eleva á Dios! 



carMkx p. de 



,VA. 



19^ 



áigue tú siendo 
mi fino amigo, 
mi tierno amante, 
mi esposo fiel, 
que yo dichosa 
tu amor bendigo, 
por él yo aliento, 
vivo por él. 

Y si suspiros 
mi pecho exhala, 
y si mis ojos 
tristes están, 
es que á mi pecho 
perenne tala 

recuerdo amargo 

cruel, pertinaz . . . . ! 



• 9 



200 galería poética. 



A MI QUERIDA AMIGA 

SEÑORA DOÑA PETRONA E. DE SILVA. 



¡Ay Dios! cómo quisiera, cual cóndor en su vuelo 
batir las grandes alas, con ímpetu volar; 
cruzar el ancho espacio, trepar hasta ese cielo: 
del éter impalpable rasgar el tenue velo 
y luego descendiendo, bajar hasta "el Pilar. "^ 

Y allí cabe al abrigo de tu amistad sincera, 
contarte mis pesares, también mis alegrías, 
y así cual campesinas correr por la pradera 
asidas de las manos, llegar á la ribera 
de la argentina fuente do fuimos otros días .... 
i 

Mirar en torno nuestro, locuelos, discurriendo^ 

aquí y allí felices, los hijos de tu amor: 

ya el uno en mis rodillas mis besos recibiendo, 

ya la otra que afanosa se acerca sonriendo 

y arrójase en mis brazos brindándome una flor. 

Después, allá eij *las noches en el hogar reunidos 
á Ch&teobriand leyendo, leyendo á Lamartine. 
Los bellos episodios allí reproducidos, 
t que autores tan selectos, tan dulces y sentidos 
\^ nos cuentan en sus obras de amenidad sin fin. 



CARMEN l\ DE SILVA. 



201 



Después. . . . alzar el vuelo del cóndor al estilo, 
volver al grato nido de mi adorado bien: 
llegar donde me aguarda de amores el asilo, 
la paz y la ventura, que con mirar tranquilo 
recíbeme amoroso al reclinar mi sien. 

Amiga: ya que el mundo nos brinda sólo prosa, 
formemos los castillos que adorna la ilusión; 
la realidad del mundo estéril y enojosa 
no cuadra á mi a^ma, y sólo remónfa.se á la hermosa 
deífica y sublime de Apolo la región. 



• 9 



202 GALJíKIA POÉTICA. 



A m MUSA 



¿Por qué me esquivas, mi adorada Musa? 
¿Porqué te niegas á escuchar mis quejas? 
¿Por qué en el mundo sin tu amor me dejas? 

¡Oh Musa, ven! 

¡Yo te amo tanto! Cuando en otros días 
tú acariciabas mi atristada mente, 
sonó mi voz, aunque insonora, ardiente .... 

Después .... callé. 

Sola, entonaba mis sencillas trovas 
entre el follaje de la selva umbría; 
y el eco, sólo, repetir oía 

Mi agreste voz. 

Entonce, ufana, recorriendo el campo 
canté á las flores, á la fuente, al río; 
á la luna, á las aves, al rocío. 

¡Canté al amor! 



t 



t 



Bendije al Ser que tan sublime encanto 
supo infundir á su grandiosa hechura; 
y á la mansión de celestial ventura, 
c c *^ de eterna paz. 



CARMKN I\ 1)K SILVA. 



203 



Bendije al Sol, porque sus rayos de oro 
recoge al punto, si á sus pies destella, 
rasgando el éter, atronante, bella, 

la tempestad. 

¡Ay! á la margen del undoso río, 
á su sonora voz, mi humilde acento 
uní gozosa: me infundía aliento 

la soledad. 

Pero ¡incauta! no vi (jue en la espesura 
del bosque, con perfidia se ocultaba 
^jrofan^ ser; reía y se acercaba 

t para escuchar. 

Sorprendí en su sonrisa, vil sarcasmo: 
el desprecio contrajo sus facciones, 
y marchitó mis bellas ilusiones 

con su desdén. 

Humillada callé. . . . Y, tú, mi Musa, 
tu inspiración me niegas! ¿Por qué ingrata 
hondo vacío en mi alma, que me mata, 

dejaste, cruel? 

Ven, Musa, ven! al mundo despreciemos: 
huyamos del! Mi ardiente fantasía 
quiere volar, allá do la poesía 

en dulce son, 



Narcotiza las almas, las aduerme 
y en éxtasis beatifico y divino, 
amar y ser amado es el destino 

cerca de Dios. 

La despreciable prosa de la vida, 
á la que tantos, sin pudor, se entregan, 
y en el vil interés torpes se anegan 

detesto, sí. 



«9 



204 OALERIA POÉTICA. 



La virtud, el amor, lo bello sólo, 
hace latir mi corazón de fuego. 
Oye clemente, mi amoroso ruego, 



¡ven hacia mí! ' 



c 



c 
i 



-'--'--— -^-^^^^-^ ^^^.i.^-^.^^,,,^ - ^ ^ aiitÉiÉf''' 



RUBÉN DARÍO. 



La hermosa tierra de los lagos y volcanes — en este edén de los 
volcanes y los lagos — que en la primera edición de esta obra 
tuvo sólo mediana representación, viene rioy á llenar una buena 
parte de las más brillantes páginas de este libro, con el nombre 
de Rubén Darío, el joven poeta, cuyos armoniosos cantares han 
traspasado en alas de la Fama, las fronteras de la América 
Central. 

Carecemos de los datos necesarios para escribir sus apun- 
tes biográficos; pero ¿los necesita, acaso, quien como él, se 
ha conquistado ya una reputación literaria dentro y fuera de 
su país? 

Para nosotros bástanos con saber, y poder asegurar, que es un 
verdadero poeta, si no tan original como Acosta, ni tan clási- 
co como Aycinena, tan inspirado, sí, cgmo Lola Montenegro, 
tan fácil como Urrutia y tan fecundo como González Ci^pipo, 
para consignar su nombre en esta Galería con satisfacción 
y orgullo. 

Incompleto hemos recibido de Nicaragua un tomo de sus 
poesías; conocemos las que en periódicos del Salvador, Chile 
y México se han publicado en diversas épocas; mas no han 
llegado á nuestras manos sus últimas producciones, que se 
nos asegí^ra son muy superiores á las «otras. Creémoslo así, 
pues en Rubén Darío se nota que corrige de día eTi día su 
estilo, y de día en día se eleva en la concepción de la cien- 
cia y del arte. 






206 galería poética, 



Entre los diversos poemitas que contiene el volumen de 
que atrás hablamos, damos la preferencia á el intitulado el "Por- 
venir" por parecemos el mejor, sin negar por esto el respec- 
tivo mérito á los otros, especialmente á los que llevan los nom- 
bres de "La Cabeza del Rawí," "La Nube de verano" y "£1* 
Ala del cuervo." 

En el poemita á que nos referimos, y que en seguida verán 
nuestros lectores, Darío ha invocado las memorias del pasado 
para lanzarse con fe en el porvenir. Siga cantando en ese tono, y 
al frente de sus versos podrán escribirse un día estas palabras 
de Virgilio: 

Magmts ab integro scECidoríim nascitiir ordo. 



c 
ce 

c 



Rl'BKN MARIO. 



207 



EL PORVENIR. 



* (a man i el riguero de agl'ilaíl) 



Con la frente apoyada entre mis manos, 
pienso, y quiero expresar lo que medito: 
Númenes soberanos, 
Musa de la verdad, Verbo infinito, 
dad vuestro apoyo al que os demanda aliento; 
que esta fiebre ardorosa en que me agito, 
si hoy ensancha mi pobre pensamiento, 
vigor me roba al darme sentimiento, 
y á fuerza de pensar me debilito. 

Temo que se me ofusque la mirada 
si estoy de cara al sol; pero más temo 
que vacile mi voz debilitada • 
al cantar el ideal de lo supremo. • 

El astro eterno luce: glorifica 
la voz de lo inmortal su excelsa llama, 
cuyo fulgor celeste se derrama 
en oleada de luz que purifica. 
Siento que en mi cerebro forcejea 
y relucha mi idea ^ » 

por cobrar forma, por hallar salida? 
esa insondable claridad me atrae; 
pero al volar, el ¿mimo decae 
V no sale la voz dcsñiUecida .... 



208 galería poética. 



Pero .... ¡valor! ¡arriba, pensamiento! 

vuela, atrevido acento; 

alma ansiosa, sacude la cabeza 

y á la altura los ojos endereza. 

Basta de vacilar. Con ansia ardiente 
daré forma á la idea que concibo. 
Basta de vacilar. Alzo la frente, 
tomo la pluma, y lo que pienso escribo. 



4 



lU'JJÉX DARÚ 



209 



1. 



^ En medio de la duda en que he vivido, 
pensando siempre en el destino obscuro, 
en ansias misteriosas encendido, 
por fuerza espiritual fui conducido 
á tener la visión de lo futuro. 

Más radiante que el sol del mediodía 
se imaginó al Creador mi fantasía, 
dueño de soles y señor de mundos; 
teniendo por dosel cielos profundos, 
por diadema inmortal llama invisible, 

y, rudo mensajero, 
á sus plantfts el rayo prisionero, 
esperando su cólera terrible. 

• 
Vo fui llevado ante El, y le veía 
más radiante que el sol del mediodía. 



II. 



El Ángel del Señor su clarín 3e ero 
sopló á los cuatro vientos; 
rodó el eco sonoro 

del orbe á conmover los fundamentos. 



T. III 



U 



c 



210 galería poética. 

El Ángel del Señor á juicio llama 
al Pasado, al Presente 

y al Porvenir. El eco se derrama, 
y el abismo se inflama 

al tronar la palabra omnipotente. 



III, 



Al resonar la voz, surgió un anciano 
que dobló ame el Eterno los hinojos; 
tenía triste faz, cabello cano, 
y sin brillo los ojos. 

Después, un rudo obrero 
vigoroso y pujante, 
de músculos de acero 
y mirada radiante. 

Luego, un arcángel, puro 
como el rayo del alba que ilumina 
con tenue claridad, el cielo obscuro, 
entre el candido tul de la neblina. 

Los tres bajan la frente 
ante el trono de Dios resplandeciente. 

El fuego eterno en ráfagas circula 

sin que nada le estorbe; 
la vida en todas partes se acumula, 

y se agita y ondula 
mientras brilla la luz y tiembla el orbe. 

Vago rumor se oyó por el abismo, 

rumor de cataclismo; 
hondo estremecimiento, 
anuncio de gigante movimiento. 



liUBEX ])AR10. 



211 



De entre una claridad incomprensible 
va á brotar la palabra del Eterno: 
brota y conmueve todo lo sensible, 
y alúmbralo visible y lo invisible 
como el rayo las nubes del invierno. 



IV. 



La voz de Dios interrogó al Pasado: 
"Antiguo, di, ¿qué has hecho?" 
Clamó aliento el decrépito y cansado, 
^ así habló con dolor y con despecho: 

"Yo soy la inmensa sombra. 
«El mundo estaba nuevo, 
y aún tibio por el beso que le diera 

la hermosa alba primera; 
aún resonaba el eco de tu acento. 

Señor, y el firmamento 

de tus plantas las huellas 
aún tenía bordadas con estrellas, 
cuando, como la savia en el arbusto 
se filtra por las venas escondidas, 

en el alma del hombre 
se infundió el mal; y entonce el hombre osado 
al ver tu firmamento iluminad» 

se creyó rey de todo; ' 

se alzó ensoberbecido, 
y pensó á su placer y á su acomodo, 
y se miró hasta el cielo enaltecido 
caminando en la tierra soi>re Iodo. 



En mi sombrío imperio, 9 ' 
qué de vacilaciones, qué de luchas 
se confundieron en informe oleada: 
de la pasión el largo cautiverio, 
los estremecimientos infinitos 



>3 



212 GALERIA POÉTICA. 



r 



del alma aprisionada 
bajo el peso de incógnitos delitos; 

el ansia roedora 
del corazón que busca un ser primero; 

la pena que devora; 

y el destino severo, 
ante el brillar de la tremprana aurora 
marcando de la sombra el derrotero! 

Aun el hombre sentía de tu mano 
el poder, al rugir de tus tormentas; 

aun sentía tu sopio soberano, 
cuando ya para herir buscaba á tienta 
el pecho del hermano. 

Dueño del mundo, sobre el mundo impera; 

en su vida primera, 
las chispas del hogar en la familia 
encienden, luminosa, de la patria 

la sacrosanta hoguera; 
mas llevando en el alma el hondo germen 

de la pasión artera, 
los sentimientos que en el fondo duermen 

del pecho, en torbellino 
rudo se agitan; la terrible lucha 
atiza el huracán de la discordia; 
¡ayl y los frutcfs de una madre misma 

son fieras sanguinosas; 
la fe no alienta, la virtud se abisma, 
y ambas huyen llorando dolorosas. 

Y tú arrugaste el ceño, 
y fulminaste maldición terrible 
que hirió al^Rmano como el rayo al leño. 

En la sombra invisible 
bate Satán sus palmas; en la niebla 
sagrada de los cielos se oye un grito. 



rubín DARÍO. 



218 



^^^^ 



de horror; la cuerda santa 
del arpa que resuena en lo infinito 
gime herida, y su nota se levanta; 
y después de tristeza y lucha tanta 
la raza de Caín el mundo puebla. 



Señor, ¿qué quieres que haga 

el hombre prisionero 
del mal que le consume y que le amaga? 

Deleitoso minero 

es el bien que él ignora: 
las místicas dulzuras que atesora 

no le son conocidas; 

y así sufre caídas, 
sin poder refrenar su ímpetu osado, 
como alud en el monte despeñado. 

Ensangrentóse el mundo 

al grito de las huestes 
dominadoras; aguerrido y bravo, 

tras un luchar prolijo, 
el hijo al padre convirtió en esclavo; 

dio muerte el padre al hijo. 

jQué de horrores oculto 
entre mi obscuridad! El hombre ciego, 
desbocado y feroz entre el ^^multo, 
se proclamó señor á sangre y fuego; 
y haciéndote, Señor, grosero insulto 
con sacrilega voz é infame lengua, 
se llamó Dios, dio leyes á millares 

y levantóse altares 
del ser humano para oprohio \ inenírua. 



Anubló su conciencia obscuro velo, 
guió á la turba salvaje á la pelea, 
y del instinto loco entre los lazos, 
cuando su ardor lo hizo mirar al ciólo 



•; 



214 galería poética. 



c 
c 



sintió en su ser de tí la santa idea; 
siempre orgulloso se cruzó de brazos: 
su vista te buscó de luz avara 
para poder mirarte cara á cara. 

Yo soy lo tenebroso, soy el mito. 

Yo he visto á las edades 

hundirse en lo infinito 
en medio de un fragor de tempestades. 

Yo vi al hombre altanero; 
la venda del error cegó su vista: 
antes que sacerdote fué guerrero, 
antes que la oración fué la conquista. ' 

¿Y qué más.í^ Tras la lucha el poderlo 
del tirano cruel en su demencia, 

y el embozo sombrío 
de una fe que aprisiona la conciencia. 

Tras el conquistador que al hombre oprime, 
el fraile que el espíritu ataraza 

aunque guarda la ciencia; 

tras una edad que gime, 

una dormida raza. 

Y si el arte brilló, la moral pura, 
la luz del pensamiento, 
fué entre la celda obscura 
del ruinoso convento. 

De la ciudad alegre y populosa 
dominio de los reyes, nada queda: 
todo, guiado por fuerza misteriosa, 
vacila, se desploma, cae y rueda. 

Cayó*Menphis; y Tiro, 
Babilonia y Persépolis cayeron: 
del tiempo inexorable el raudo giro 
dejó sólo memoria de que fueron. 



RUBEX DARÍO. 



215 



V Grecia, de los dioses la morada, 

tierra hermosa y sagrada 

donde en las bulliciosas saturnales, 
doncellas, suspirando por amores, 
coronadas de pámpanos y flores, 
al rededor de las sagradas piras 

formando bellos coros, 
recitaban al son de acordes liras 
los ditirambos tersos y sonoros; 
Grecia, que alzó sus templos y murallas, 
que á la estatua dio ser, y al mármol venas, 
que un Milcíades tuvo en las batallas 
y un^Platón en el Agora de Atenas; 
y que en sus fuentes de dormida espuma, 
y que en sus bosques do el laurel retoña, 
entre flotante y vagarosa bruma 
Teócríto suena pastoril zampona; 
Grecia, cuna del arte, y Roma altiva, 

la ciudad en que viva 
la voz de Cicerón los aires hiende, 
y como hacha de oro luce y taja, 
que á los quirites en valor enciende 
y que al varón sin fe, befa y ultraja; 
Roma que vio en el circo en ruda brega 
al gladiador de músculos de acero, 
y la corona al vencedor entrega 

más pujante y más ñcnD\ 
¡Grecia y Roma! ¿y su alto poderío, 

y su regio atavío 
en dónde están? Los dioses las dejaron, 
y al morir Pan los bosques suspiraron. 



Las náyades garridas 
abandonaron las calladas oncftis, 
y las ninfas llorosas y afligidas 
ya no vagaron por las verdes frondas; 
y los sátiros llenos de tristeza 
al perderse en los montes con estruendo, 



99 

9 



216 galería poética, 



inclinaron llorando la cabeza 
¡murió Pan! doloridos repitiendo. 

En la ciudad las fábricas vistosas 

rodaron por el suelo; 
y huyeron las falanges numerosas 
infundiendo pavor y desconsuelo; 
y se vio tras el duelo y la derrota, 
caído el templo y la columna rota; 
y queda al héroe antiguo por consuelo 
de sus hazañas, la memoria en pago; 
y está la piedra que se erguía al cielo 
cubierta de amarillo jaramago. c 

Todo eso entre mi abismo; 

del hombre infausta suerte, 
llevó el germen del mal entre sí mismo; 
por todas partes su destino advierte 
que por la voluntad de Dios sagrada, 

fué su vida pasada 
dolor, esclavitud y sangre y muerte. 

Todo en soml)ra escondido, 

en la insondable eternidad hundido. 

f Yo soy un esqueleto 

misterioso y escueto; 
guardián de mis abismos y mis sombras, 

dormía oculto y quieto; 

mas ya que tú me nombras, 

me levanto y me humillo 

ante tic excelso brillo, 

y pues*(que tú lo impones, 
rasgaré el negro manto 

que oculta mis regiones 
^^^ llenas de obscuridad y de hondo espanto." 

c 



RUBÉN DARÍO. 217 



V. 



Tendió sus brazos secos, 
después que habló el anciano, y dos crespones 

de gigantescas nubes 
rasgó, y en el abismo aparecieron 

las edades que fueron. 

Todo era obscuridad. Abajo el ruido 
^de un mundo confundido, 
inspiraba pavura 
en el imperio de la sombra obscura. 

Pero, ¡oh dulce consuelol 
luz refulgente que ilumina al mundo, 

con la radiosa frente 
bañada en claridad resplandeciente, 
surgió como el brillar del claro día, 

de aquel caos profundo, 

lleno de majestad y poesía, 
con la oliva de paz y venturanza 
derramando su magia bienhechora, 
como emblema de vida y esperanza, 
la figura de Cristo entre la aurora. 
La palabra de Dios estremecida 
se oyó por el espacio, retumbante; 
"Raza de Adán, el Genio es \>rbo y vida, 
y el Verbo es luz; y Dioses luz brillante.'* 

Bajó el Pasado la cabeza e^ <lanto 
al oir la palabra omnipotente, 
y á la armonía de un celeste canto, 
cansado y débil inclinó la frente. 

Después, habló el Presente. ^^o 



o 



218 galería poética. 



c 
c 



VI. 

"Sefíor, yo soy el número que mide, 

la balanza que pesa: 
la fuerza del trabajo en mí reside, 
que cambia, que* ilumina y que progresa. 

Yo de Ja entraña del Pasado exiguo 
arranqué la raíz envenenada; 
de cada templo antiguo 
he formado una escuela iluminada. 

c 

El ídolo grosero 

cayó al golpe del culto verdadero. 

Del pasado obelisco y la columna, 
la estatua del deber, Señor, he hecho; 
y del trono del rey, sacra tribuna 
de la ley, la justicia y el derecho. 

Señor, yo soy el pueblo soberano 

que derroca al tirano; 
soy la revolución que en sus fulgores 
confunde á los esclavos y señores; 
profetisa inspirada que en su enojo 

la tiranía ahuyenta, 
y que ante las edades se presenta 
con gorro frigio y estandarte rojo. 

Yo soy la edad de fuego; 

toda incendios, toda astros, toda lumbres; 

y yo domino al populacho ciego, 

y sé enfrenar las locas muchedumbres. 
<^ c 

f^ Señor, yo soy el pensamiento humano 
que quiere domeñar los elementos, 
que tiene como siervo al océano 
y que manda á los rayos y á los vientos. 



RUBÉN DARÍO. 



219 



Con el cáltulo frío en su medida 
en las regiones Je la luz penetra, 
y el libro inmenso de la eterna vida 
pretende adivinar letra por letra. 

Ave es el hombre de preciosas galas 

y de subido vuelo, 
que á tí quiere llegar con hondo anhelo, 
y ya sube al empuje de sus alas 
hasta perderse en el azul del cielo. 

Yo soy el mediodía. 

Ante la lumbre mía 
^ y el calor de mi hoguera, 
en esta nueva edad agitadora, 
golpea el yunque la falange obrera 
y escribe la falange pensadora. 

Después de Atila vencedor sangriento, 
está Bolívar, redentor de un mundo; 
tras lo pasado tenebroso y cruento, 

lo presente fecundo; 
después del dies ira en el convento, 
pavor y miedo de una turba opresa, 
ante la luz de libertad que brilla. 

se oye la Marsellesa 
después que se derrumba la Bastilla; 

y la nota robusta ,^ 
fatiga el eco mágica y augusta. 

Tras el concilio en donde rudo brota 

sacríleoro anatema 
que la conciencia azota, 
la hermandad que proclama 

á la razón suprema; 
después de horrenda esclarifbd que mata, 
la libertad que rompe todo yugo, ^ 

y el raudal de armonías que desata 

como una catarata 
de su arpa gigantesca Víctor Hugo. 



220 galería poética. 



La Industria impera en la variada zona; 
hiere el arado el monte y la llanura; 
sus frutos abundosos da Pomona, 

y las trojes abona 
el rubio grano de la mies madura. 

Yo soy la fortaleza 
que aprisiona á la gran naturaleza, 
que fecunda el erial y cambia el clima, 
que lleva al labrador á la montaña, 
y que enciende el hogar en la cabana, 
y que sazona la cosecha opima. 

El hombre sube en el henchido globb, 

y es en el huracán, ave potente 

que el éter surca con sublime arrobo; 

traspasa el dilatado continente 

en la humeante y veloz locomotora, 

y crea á Leviatán cuando su mano 

gobierna sobre la ola del océano, 

cortando espuma la sonante prora. 

Horada el duro monte, 
domina el rayo, borra el horizonte; 
y analizan sus ojos humanales 
por leyes poderosas y completas, 
á través de los límpidos cristales, 
las entrañas d¿l mundo en los metales, 
las entrañas del cielo en los planetas. 

Mas aun falta. Señor, al hombre osado, 
que recorrer un campo dilatado; 
aún hay en los abismos algo obscuro 
que el hombre no conoce aunque presiente: 
esa, Señor, «Stobra del Futuro, 
no es ofera del Presente. 

Yo soy un rudo obrero, 
%,^^ del Porvenir tan sólo mensajero: 



RUHBN DARÍO 



221 



brilla la libertad sobre mis sienes, 

el trabajo me escuda. 

Señor, aquí me tienes: 
yo soy la fuerza, el número y la duda. 

Señor, ante tus ojos inmortales 
está mi imperio fértil y fecundo." 
Dijo, y entre armonías celestiales 
se vio, bañada en luz, la faz del mundo. 

Y se miró el poder en toda parte, 

de la humana conciencia, 
'^ y alzado el estandarte 
del trabajo y la ciencia. 

Y entre un universal sacudimiento, 

con faz siniestra y ruda, 
con su negro pendón flotando al viento 
se levantó el fantasma de la duda; 
hacia la inmensidad tendido el brazo 
y en el azul clavada la pupila, 
mostrando de la sombra en el regazo, 

á la fe que vacila, 
y que en su afán relucha y se estremece 
entre lo obscuro de una noche larga, 
dentro vasta vorágine que», crece, 
donde, ya clama auxilio y desparece, 
ya va flotando sobre la onda amarga, 
ya pide fuerza á Dios, bañada en llanto, 

ya le implora consuelo, 
ó ya vigor para llegar al cielo, 
para asirse de una orla de su manto. 

La palabra divina, poderosa 
volvió á sonar en el espacio inmenso, 
mientras subió en oleada misteriosa 
de todo el orbe el invisible incienso: 



222 galería poética. 






"Genio del Porvenir, alza la frente; 
brote la luz cuando tu boca se abra, 
y al resonar vibrando de repente, 
sea lluvia de ideas tu palabra." 



VII. 

Irguió el ángel la faz encantadora, 

y respondió: "Señor, yo soy la aurora. 

Cual cariátide enorme que fulgura, 
soy, destacada en el inmenso espacio, 
con los brazos tendidos á la altura, ^ 
la columna mejor de tu palacio. 

Abajo huello sombras; 
arriba siento ese fulgor bendito 

con que creas y asombras, 
y á mi redor se extiende lo infinito. 

La onda de luz sagrada 

que enciende tu mirada 
sobre mi ser, en los espacios riego; 
y al imprimir sus encendidos rastros, 

se estremecen los astros 
cual bandadas de pájaros de fuego. 

Tu luz hiere mi frente 
como las cumbres el rosado oriente. 

Veo venir el tiempo siempre tardo, 
y, de pie sobre el mundo, 
la hora suprema aguardo 

para lucir mi lábaro fecundo. 

Tras de mí se columbran 
fulgores que deslumhran; 
y asoman la cabeza, 
á ver si el alba empieza, 



RUBÉN DARÍO 228 



Cristo y Job, Juan y Homero, Eschylo y Dante: 
procesión del espíritu gigante. 

Y luego Pan, con la armoniosa flauta, 

la dulce flauta de oro; 
y un universo en gigantesca pauta 
á su melifluo son formando coro. 
La nueva humanidad vése que aclama 
tu divino poder en toda parte; 
purifica su ser vivida llama; 
tiene por sola religión el Arte. 

El sol desconocido 
qjie aún jio brilla fulgente y encendido; 

la mamo poderosa 
que saldrá de la sombra misteriosa, 
agarrando un puñado de centellas; 
la voz que sonará y á cuyo acento 
en el fondo del ancho firmamento 
palpitarán de gozo las estrellas; 
¡la vida universal! todo eso es mío: 
al irradiar mi resplandor eterno 
por siempre cerrará su antro sombrío, 
la negra boca del sañudo infierno. 

Tras el espeso pabellón de llamas 

que cubre mis regiones al oriente, 

un árbol crece de robustas ramgs, 

emblema fiel del Porvenir luciente; ^ 

sus raíces se enredan al granito, 

sus cogollos se pierden en las nubes, 

y bajo el toldo azul del infinito 

en él anidan aves y querubes. 

El águila altanera y voladora 

que es ave de los héroes, allí mi)ifi; 

la tórtola afligida ^ 

que es pájaro de amores, allí anida; 
y el ruiseñor de dulcida garganta 
que es poeta con alas, allí canta. »• 



2^24 galería poética. 



El árbol gigantesco tiene flores 

de celestes colores; 
en grupos, sonrientes, y confusas 
como un tropel de bellas mariposas, 
las llegan á cortar las sacras Musas 
para adornar sus frentes luminosas. 

El árbol es de la divina ciencia: 
quien saboree sus amargos frutos, 

sentirá en la conciencia 
del genio los sagrados atributos. 

Es el árbol del Génesis sagrado, 
con la savia del hombre alimentado, 

que ha crecido y crecido, 
y sus ramas robustas ha extendido 
para abrigar ai hombre venidero; 

que si al hombre pasado 
ofreciera su fruto, envenenado 
por la ruda intención de un Dios severo, 
del porvenir entre la vasta lumbre, 

grita á la muchedumbre: 
**Ven, sube por mi tronco embastecido 

y llega hasta mis ramas; 
y húndete en el azul y ve las llamas 
del trono del Señor; cumple tu suerte, 
hoy todo es vida; ya expiró la muerte." 



Señor, yo siembro en surcos inmortales 

la semilla del ser, y el Verbo brota; 

y me asomo del mundo á los umbrales 

del bien, ek^o la sublime nota, 

y surgen á*mi voz, bellos, terribles, 

esos alucinados tenebrosos 

que husmean en las sombras invisibles, 

en Patmos ó en Florencia. . . ¡qué colosos! 



RUBÉN DARÍO. 



225 



¡Y cómo no han de ser, si sus destellos 
son por tí reflejados; y sus galas 

son mis dones para ellos, 
y les presto vigor y les doy alasl 

Señor, yo abarcaré en estrecho abrazo 

toda la faz del mundo, 
y desde el Himalaya al Chimborazo 
mi aliento correrá siempre fecundo. 



El Asia mutile que recorre el Ganjes, 
asien?o y pedestal del viejo Brahama, 
donde luchan innúmeras falanges 
sacudiendo á los aires su oriflama 

y sus rudos alfanjes; 
la tierra de los bosques gigantescos 
donde crece el baobab entrelazado; 
la tierra de los campos pintorescos 
por do va el elefante consagrado 

mostrando su rudeza, 
y el brutal hipopótamo crecido, 
y el forzudo y feroz rinoceronte 

de cuerno retorcido; 
en donde todo es grande: el alto monte, 
la fe, la tempestad y el horizonte; 

el África tostada 
ya de antiguo sombría, aletargada, 
donde el fiero león sangriento ruge, 
bate el ala el simoun y vuela y muge; 

la tierra en donde moran 

los hombres de piel negra, 
hijos de Cam, que su desgracia ignoran, 
y á quienes claro día nunca ategra; 
porque es raza de esclavos y precita, 
raza sin libertad, raza maldita; 

y Europa, la altanera, 

h tierra de los sabios; 






T. II 



«5 



226 galería poética. 



Europa, pitonisa mensagera, 
siempre con buenas nuevas en los labios; 
donde Voltaire rió, y habló Cervantes, 
y nacieron los Shakespeares y los Dantes; 

esa diosa que tiene 
por brazo á Londres, á París por alma, 
y que en Roma y Madrid, frescos nfiantiene 
¡oh poetas! laurel y mirto y palma. 
De su antiguo esplendor la fama ostenta, 
Europa artista, Europa sabia, Europa 

que crea, canta, inventa, 
y bebe inspiración en áurea copa. 

Y América .... ¡oh Dios mió! 
Si el viejo mundo ya maduro y cano 
gozará del fulgor de mi cariño, 
donde alzaré mi trono soberano 
será en el mundo niño. 

¡Salve, América hermosa! el sol te besa, 
del arte la potencia te sublima; 
el Porvenir te cumple su promesa, 
te circunda la luz y Dios te mima. 






En tí he sembrado la semilla santa 

de los principios grandes, 
y mi banderk altiva se levanta 
sobre la cima augusta de los Andes, 

Los dioses volverán, y en tu regazo 
entonarán sus mágicos cantares; 

y con celeste lazo 
circundarán tus montes y tus mares. 

Y tendrás Parthenón y Coliseo, 
y Musas que vendrán á saludarte; 

y Píndaro y Tirteo 
hijos tuyos serán, con mejor arte. 



RUBÉN DARÍO. 227 



Y luego la República que inflama 

con su magia divina, 
levantará su voz y su oriflama 
del Chimborazo que altanero brama, 

á la pampa argentina, 
y al gigantesco y rudo Tequendama, 
al sonar la trompeta de la Fama 
en loor de la América latina. 

Y tus sabios radiantes de ventura, 
y fijos en el alto firmamento, 
admirando tu espléndida hermosura 

verán tu nacimiento. 

o o 

Y enseñando la ley de lo absoluto, 
ya resuelto el problema de la vida, 
dará su íntima esencia el cuerpo bruto 
y la distancia su última medida. 

Los astros hablarán dominadores 
de los rayos de luz que el sol chispea; 
del éter al través, tus pensadores 
difundirán la savia de la idea. 

Y en medio de tus místicos encantos 
entre el brillo de soles y planetas, 

los aires poblarán de eternos cantos 
tus divinos poetas. 

Y Dios que mi esplendor supremo absorbe 
y que ha dado la ley de mi progreso, 
entre el hervor universal del orbe 

te mandará su sacrosanto beso." 

VIH. 



Calló el Ángel; tocó la espesa llama 
que cubría el Oriente; 
y el firmamento puro, 



228 galería poética. 



y el hondo abismo obscuro 
se bañaron en fuego de repente. 

Y tuve la visión de lo futuro. 

Y la fraternidad resplandecía, 

la Universal República alumbrando; 
y entre el clarear de venturoso día, 

los Genios asomando 

en grupo giganteo, 

en grandioso mutismo 
se perfilaban sobre el hondo abismo 
abrazados en místico deseo; 
y todos con el dedo enderezado 
mostraban un edén iluminado 

por la luz de la aurora: 
era América, pura, encantadora. 
Suena un himno; el océano sonante, 
hija de Dios, mugiendo la apostrofa; 
y el Porvenir de gozo delirante 
lanza á los aires su rotunda estrofa. 



IX. 



El Ángel del Señor su clarín de oro 
sopló k los cuatro vientos; 
rodó el eco sonoro 

del orbe á conmover los fundamentos. 

Y el Señor se veía, 
mas radiante que el sol del mediodía. 

Alzó eu sacra mano, 
^ y resonó su acento soberano. 
Dijo: ¡bendita sea! 
Y ungió al género humano 
*^^^ con el oleo divino de su idea. 



RUBÉN DARÍO. 229 



En fiesta universal estremecida 
la creación de gozo adormecida, 
del Porvenir sentía el beso blando; 
y por la inmensa bóveda rodando 

se oyó en eco profundo: 
"¡América es el porvenir del mundo!" 



230 ' galería poética. 



EL ARTE. 






C 

-Soit: le tounere aussi. 
V. H. 



Dios, que con su poderío, 
lleno de infinito anhelo, 
riega auroras en el cielo 
y echa mundos al vacío; 
Dios formó todo lo que es. 
¿Cómo.^ Dios omnipotente 
vio abismos sobre su frente, 
abismos bajo sus pies; 
sopló su divino aliento 
nacido entre su ser mismo, 
y en la oquedad del abismo 
hubo un estremecimiento. 
Mil inflamados albores 
dieron sus brillos fecundos, 
y reventaron los mundos 
como botones de flores. 
El señor tendió su mano, 
llenó la tierra de vida; 
cuorió á la recien nacida 
con manto azul: el océano; 
tejió delicados velos 
que entregó al inquieto Eolo, 



RUBÉN DARÍO. 



231 



y en un polo y otro polo 

sembró cristalinos hielos; 

después su voluntad quiso 

bendecirla. Dios sacrrado 

la envolvió en el regalado 

aroma del paraíso: 

y en las salvajes campiñas 

y en los bosques coronados 

con ceibos entrelazados 

y con lujuriantes viñas, 

lucieron frutos opimos 

las aromadas bellotas, 

y como doradas gotas 

las uvas en sus racimos. 

Parece, cuando combinan 

las mil faces que ambas toman, 

las flores, aves que aroman; 

las aves, flores que trinan. 

Y se erguían los volcanes 
hasta donde el cóndor sube; 
y en lo alto la densa nube 
regazo era de huracanes. 

Y toda la creación 
daba el vagido primero: 
conmovía al orbe entero 
la primer palpitación. 
Pero sobre todo El^ 

el grande, el Sumo Creador, 

el que há luz en su redor 

y al tiempo como escabel; 

Dios derramó en la conciencia 

la simiente del pensar, 

y la simiente de amar 

del corazón en la eseijcia. 

Dio poder, conocimr3nto, 

anhelo, fuerza, virtud, 

y calor y juventud, 

y trabajo y pensamiento; 



282 galería poética. 



y El que todo lo reparte 
á su pensar y á su modo, 
como luz que abarca todo, 
puso sobre el mundo el arte. 

Y el arte, sello es que imprime 
desde entonces el Señor, 

en el que juzga mejor 
ministro de lo sublime. 

Y el artista vuela en pos 
de lo eternamente bello, 
pues sabe que lleva el sello 
que gral)a en el alma Dios. 
Lleva fuego en la mirada; 
presa de fiebre, delira; ( 
y el mundo á veces lo mira 
como quien no mira nada. 
Porque es el artista ageno 

á lo que en la tierra estriba, 

y se anda por allá arriba 

sí, en compañía del trueno. 

Y cuando se baja, es 

para una cosa cualquiera 

á arrancar de una cantera 

la ruda faz de Moisés; 

ó á remojar un pincel 

en ese cielo profundo, 

y crear, en un lienzo, un mundo^ 

y llamarse Rafael; 

ó á taladrar con aguda 

flecha el abismo sombrío, 

lanzando sobre el vacío 

agujas de piedra ruda; 

ó á profundizar los senos 

de la armonía variada, 

y de jAa cuerda estirada 

sacar gemidos y truenos; 

ó á ser poeta; y entonce 

¿sabéis lo que hace ese tal? 



RUBÉN DARÍO. 



233 



se echa al hombro la inmortal 
lira de cuerdas de bronce: 
allí de cada bordón 

saca ira, consuelo, llanto 

Para todo tiene un canto, 
para todo sabe un son. 
Canta al heroico guerrero 
que es rayo ardiente en la lid; 
canta al heleno adalid 
y entonces se llama Homero. 
Llora los aciagos días 

de aquella Jerusalén 

no sólo se oyen se ven 

los truenos de Jeremías. 

Hiere al tirano venal 

que al trono infame se adhiere, 

y al rostro altivo lo hiere 

el fuete de Ju venal. 

Arruga el pálido ceño 

hablando con lo invisible; 

le dá la Musa terrible 

la adormidera del sueño; 

camina á pasos inciertos 

y, desgarrándose el alma, 

osado! turba la calma 

de la mansión de los muertos; 

deja la dulzura atrás 

y va de la sombra en pos, 

mira con misterio á Dios 

y sonríe á Satanás; 

y en rudo pesar interno. 

pulsa una lira potente 

que se ha tornado candente 

con el fuego del infierno; 

y con aliento que asoiVȣra 

comienza á cantar, y luego 

escribe en versos de fuego 

la epopeya déla sombra; 



234 galería poética. 



y alza la faz fulgurante 

de genio, y enseña ardiendo 

su corazón estupendo 

ante Dios y el mundo... ;ob Dante!... 

Y de esos genios después 

otro que sube hasta ellos 

y escudriña sus destellos 

de lo grandioso al través; 

Genio de la Libertad 

que sobre elevado trono 

el siglo decimonono 

presenta á la humanidad; 

desde París su profundo 

pensamiento desparrama, 

y lo recoge la Fama 

que vuela por todo el mundo. 

¡Victor Hugo! su voz viva 

crea encantos inmortales 

y este es otro de los tales 
que se andan por allá arriba. 



El arte es el creador 
del cosmos espiritual, 
fornfí.1 su hálito inmortal, 
^ fe, consuelo, luz y amor. 

Del arte al soplo divino, 
del arte al sagrado fuego, 
surgió en el Olimpo griego 
Júpiter Capitolino. 
Y á su oleada gigantea, 
he^n^osa y enamorada, 
sofere concha nacarada 
nació Venus Citerea. 
Grecia que llevó en su seno 
1.^ ^ estatuas, versos y amores 



c 

w 



RUBÉN DARÍO. 



335 



7 paraísos de flores, 
cabe el sacro Olimpo heleno; 
Grecia la sagrada, que 
guardó á los dioses en sí, 
¡bendita sea! que allí 
endiosado el arte fué. 

Y en el arte y por el arte, 
formóse en la edad aquella, 
el rostro de Diana bella, 

el ceño adusto de Marte. 
En marfil y oro hincha venas 
Fidias, da forma y figura, 
y aparece la hermosura 
de la Minerva de Atenas. 

Y entre la fulguración 
que los dioses abrillantan, 
las columnas se levantan 
del soberbio Parthenón. 

Y ese brillar de las artes 
que allí á inmortales reviste, 
en todas partes existe 

y es el mismo en todas partes. 
En el Asia soberana 
con su tradición divina, 
alza orgullosa la China 
sus torres de porcelana. 
Señalando al infinido 
con sus vértices gigantes, 
están del tiempo triunfantes 
las pirámides de Egipto. 

Y allí está el arte también 
en esas piedras monstruosas, 
como en las rejas vistosas 
del bello morisco ^d^n. 

Y vive su esencia totía, 
está su aliento divino, 
en el techo bizantino 

ó en la elevada pagoda. 



236 galería poética. 






Y tanto anima el cincel 
que hace á la piedra vivir, 
como hace también gemir 
la zampona y el rabel. 

Y él da la medida y pauta 
por la que con lujo y pompa, 
Homero sopla su trompa, 
Virgilio suena su flauta. 

E inspira en sus dones raros 
á fantasías creadoras, 
cuadros en notas sonoras, 
poemas en mármol de Paros. 
Trocado en inspiración, 
muestra al hombre la belleza:^ 
pero más que en la cabeza 
se posa en el corazón. 
Nos inspira en su poder 
con el alba primorosa, 
cuando se viste de rosa 
á eso del amanecer. 
Cuando se sienten vagidos 
cabe las ondas serenas, 
entre las dulces colmenas, 
junto á los calientes nidos. 
Cuando fuego alto y fecundo 
en el limpio azul ondea, 
cuando oscila y parpadea 
el héspero moribundo. 
Cuando van los aquilones 
entre tempestuosos senos: 
cuando preñados de truenos 
revientan los nubarrones. 
Que siempre y en toda parte 
Dios enciende, agita, inflama, 
comocuna divina llama, 
la infinita luz del arte. 

Y ésta domina y trasforma 
piedra, buril, cuerda y lira; 



RUHKX l)Al;i< 



237 



y envuelve, traspasa, inspira 
belleza y plástica forma. 
Adorna el rico museo 
y la armonía mantiene; 
y máscara y puñal tiene 
dando vida al coliseo. 
Y alli relucen: el drama, 
la hoguera de la tragedia, 
el fuego de la comedia, 
la chispa del epigrama. 
Allí ruge Prometeo 
amarrado á su peñón, 
abrasado el corazón 
con la llama del deseo; 
allí en el altar sagrado 

arde el misterioso fuego 

allí clama Edipo ciego 

con el rostro ensang^rentado; 

allí á la frente del mundo, 

como luz que alumbra y quema, 

arroja crudo anatema 

la frase de Sejismundo; 

y nacen amor y celo 

que arrebatan y consumen, 

y crea el grandioso numen 

á Desdémona y Ótelo. 

Hamlet duda; Hernani hiere; 

Cleopatra lúbrica, incita; 

sube al cielo Margarita; 

Fausto piensa; Ofelia muere. 

La fina estatua se labra, 

brota la línea y el son, 

y el iris de la ilusión 

y el trueno de la paliza ra. 

Que para glorificarte 

¡oh Dios santo y bendecido! 

sobre todo has encendido 

la infinita luz del arte. 



238 galería poética, 



¡Bendito sea el que toma 
en sus manos el buril, 
y dura piedra, marfil 
labra, hiere, esculpe, doma! 
¡Bendito el que con cincel 
muerde la roca y se inspira: 
bendito el que carga lira 
y el que humedece pincel! 
¡Bendito el que con osada 
mano que guía el deseo, 
levanta de un coliseo 
la gigantesca fachada! 
¡Bendito el que la armonía 
combina, impresiona, eleva; 
bendito sea el que lleva 
arte, fuego, poesía! 
Que cuando llegue el momento 
poetrero y quiera formar 
el Señor, para su altar 
un glorioso monumento; 
y este se eleve, y reciba 
dos besos que Dios le trajo 
de un infinito de abajo 
y otrojnfinito de arriba; 
entonces, cuando no exista, 
Dios que en el cielo estará, 
lenguas de fuego enviará 
sobre el alma del artista. 
Y mientras luz inmortal 
circule en ondas eternas, 
y détsys notas internas 
la arftionía universal; 
mientras ya rasgado el velo 
que oculta al Padre sagrado 
vuele un aire perfumado 



RUBÉN DARÍO. 



239 



con el aroma del cielo; 
mientras la suma belleza 
reciba allá en su santuario 
el humo del incensario 
de la gran naturaleza; 
el artista siempre en pos 
del infinito progreso, 
sentirá el ardiente beso 
del espíritu de Dios. 



240 galería poética. 



LO ?UE YO TE DARÍA. 



Un cestillo de blancas azucenas 

donde una mano leve 
coloque entre armonías y rumores 

rocío trasparente; 
un rayo misterioso de la luna 

empapado en el éter; 
un eco de las arpas que resuenan 

y el corazón conmueven; 
un beso de un querub en tus mejillas; 

algo apasible y leve, 
y escrita sobre la hoja de albo lirio 

una rima de Becquer. _ 



RUBÉN' DAHÍ< 



241 



A UN LABRIEGO 



Llévame, labrador, pur la vereda 
que guía á tu heredad y á tus cortijos, 
para que ver tus posesiones pueda; 

tus penas y trabajos tan prolijos 
dente sana cosecha y mucho grano, 
y calor á tu hogar, pan á tus hijos. 

Nunca la escarcha del invierno cano 
destruya la semilla que en el suelo 
regó afanada tu callosa mano; 

antes bien el rocío que del cielo 

baja, refresque puro la simiente 

que enterró tu constancia y tu desvelo. 

Va llegamos: ya miro la corriente 
del río, que camina lento v manso, 
con su linfa callada v traspálente; 

y vienen á beber en su remanso, 
la mugidora vaca y las ovejas; 

y til ala orilla encuentras e^ckscanso 

• 

en caluroso día; y las bermejas 
flores cortas ufano, y las pintadas, 
mineros de dulzor de las abejas. 



T. III 



242 galería poética, 



Allá están las espigas agitadas 
por el soplo continuo del solano; 
allá están las mazorcas apretadas, 

con sus penachos de oro al aire ufano, 
hinchándose de savia bien repletas, 
al dulce beso del frescor montano. 

Allá el viñedo está, do las inquietas 
aves pican la fruta en el racimo, 
moviendo los caireles, las sujetas 

guías, junto al retoño bien opimo; 
acullá está la era, aquí el sembrado 
que el sol calienta y humedece el limo; 

aquí la seca parva, allá el arado, 
y la boyada y el flamante yugo, 
y el surco que has de abrir y el fecundado. 

Mas acá está la choza, que te plugo 
hacer bajo un dosel de hayas frondosas, 
donde apagas tu sed con rico jugo 

que te ofrecen tus viñas más hemosas, 
mientras aspiras el campestre aliento 
de ias trilladas yerbas olorosas. 

Sus caricias te manda con el viento 
la arboleda que cubre aquella loma, 
donde están en sazón frutos sin cuento; 

candido te dará la rubia poma, 

sabroso néctar, mieles exquisitas 

que el pájpro antes con su pico toma. 

^ Riega el jardín: y vayan tus hijitas 
á cortar en el día de tu santo, 
c ramilletes de blancas margaritas. 



c 



RUBÉN DARÍO. 



243 



Borda natura su lujoso manto 
con flores de color variado y vivo, 
que deleitan la vista con su encanto; 

goce el trabajador del expresivo 
don que le dá feraz naturaleza, 
en premio del afán en su cultivo. 

En tanto que trabajas, adereza 
el nutritivo pan, tu esposa cara, 
guardiana de tu ajuar, con su limpieza. 

Ella es la que tus días almibara 
con ^u amor y virtud, con su cuidado, 
de tu dicha y reposo siempre avara; 

ella es la que es feliz siempre á tu lado 

viendo que gozas, de ternura lleno, 

la quietud y la paz del hombre honrado. 

á tus hijos arrulla, de su seno 
al maternal calor; por ellos ora 
con santa fe, con ánimo sereno; 



cuando empieza á brillarla blanca aurora, 
al alto cielo su oración envía, 

y se afana en tu hogar aliñadora; 

t 

y allá en la siesta de ardoroso día, 
cuando vuelves feliz de tu trabajo 
ella te espera llena de alegría; 

y al mirarte venir por el atajo, 
hacendosa y contenta, se apresura 
á poner cruda leche, y el ta%ij«) 

humilde y gordo que ofreció la hartura, 
y sabroso manjar de hojas cubierto, 
v la manzana rica \'a madura, 



244 GALEKIA POÉTICA. 



1 
c 



de los manzanos que brindó tu huerto, 
sobre el limpio mantel; te dará en eso 
más que la vianda, su cariño cierto; 

7 al saürte á encontrar, te dará un beso; 
para el festín casero te previene, 
te llama con pasión, con embeleso; 

y dirá que es su Dios aquel que viene, 
y verás en sus labios la sonrisa; 
y comerá contigo lo que tiene. 

Yo te envidio, labriego: tu divisa 
es la paz y el trabajo; cuando suda 
tu frente bajo el sol sin fresca brisa, 

ese sudor es fértil; él ayuda 

al terrón con su sacro y noble riego, 

caído agotas de tu frente ruda: 

del sol fecundo al misterioso fuego 
cada gota que cae es una espiga 
que llenará tus trojes, buen labriego. 

Quiero el contacto dé tu mano amiga 
mil veces más que de opulento infame 
la mano traicionera y enemiga; 

deja que el rayo truene, el viento brame^ 
y que oculten el sol nubes obscuras; 
y que el cielo su cólera derrame: 

son queridas de Dios las almas puras. 
El austro arranca robles corpulentos, 
y el rayo \i<isr.a. siempre las alturas; 

no temas ni á los rayos, ni á los vientos, 
con que suele amagarnos suerte aciaga, 
porque tienes inmobles fundamentos; 



RUBÉíí DARÍO. 245 



en tí es la fe un elixir que embriaga, 
un aroma celeste, inextinguible, 
una chispa inmortal que no se apaga; 

la bendición de lo alto, en invisible 
ráfaga, sobre tí vierte sagrado 
fuego; naturaleza con visible 

ejemplo te alecciona, y bien gozado 
pasas el tiempo, lejos del bullicio, 
y sin ser envidioso ni envidiado. 

Yo te envidio, labriego: cruel silicio 
llevc.*el humano en el social tumulto, 
siempre al borde fatal de un precipicio. 

Vive siempre dichoso, siempre oculto 
á la mirada de la turba loca, 
que hasta al cielo escarnece con su insulto 

sociedad sin pudor, que se desboca 
adornando el placer y la mentira, 
con testa de oro y corazón de roca. 

Cuida tu corta hacienda; quieto admira 
el campo en que naciste, la lozana 
floresta, el bosque umbroso, el sol que espira 

tras el lejano monte, y la fontana, 
que del barranco pura y rumorosa 
parece que en diamantes se desgrana, 

para formar la linfa bulliciosa 

que irá luego llevando en su carrera 

al terreno humedad, con ab^i^dosa 

vida á las plantas; y después parlera * 

s^ pierde entre el recinto del boscaje 
recorriendo en su curso la pradera: 



246 galería poética. 






oye cantar al ave en el ramaje, 

y aprende á adivinar los lindos versos 

que su garganta brota; vé el miraje 

que se retrata en los cristales tersos 
del río, en esas noches que en la altura 
se encienden infinitos universos; 

oye como demuestra su bravura 
con tremendo rugir, fiera alimaña, 
que vaga por el campo y la llanura; 

menqs cruel, aquesa de montaña, 

que las que moran en el mundo impías, 

de odioso instinto y condición extraña. 

que en la ruin sociedad, todos los días, 

vemos en alta cima colocadas 

por medro impuro y torpes granjerias. 

Pero tu tienes joyas más preciadas: 
la dicha con sus alas siempre cubre 
á las almas humildes y olvidadas. 

Déte siempre sus pámpanos octubre, 
y rellenos se miren tus graneros; 
déte el suelo maíz, leche la ubre. 

c 

¡Ay esos son los goces verdaderos 
que no sentimos, los que locos vamos, 
por amargos y lúgubres senderos! 

La muerte vemos, de la muerte hablamos 
y'á veces nos reímos de la muerte, 
y que somc^s niortales olvidamos. 

Ley tenebrosa nos ligó á la suerte 
de ser vendados, y no ver la lumbre 
que el verdadero rumbo nos advierte. 



KUBEX 1>ARI0. 



247 



Y vivimos los mas sobre la cumbre 
en perpetuo gozar, mientras los menos 
burla somos de ciega muchedumbre. 

Los malos somos grandes, y los i)iKnus 
somos el escabel de los altivos, 
siempre de dicha, de placer ágenos. 

¡Dichoso tú! conserva tus activos 
miembros para el trabajo y la bonanza 
sin ser del vicio inútiles cautivos. 



c /\d¡ós. Este gozar nunca lo alcanza 
quien como yo del mundo es débil juego. 
La verdadera y dulce venturanza 
sólo se encuentra aquí! ¡Salve labriego! 



248 GALEEIA POÉTICA. 



EN EL ÁLBUM DE ADRIANA. 



En medio de las brumas de la vida, 
¡cuan dulce es la palabra desprendida 
de los labios benditos de una hermana! 
Yo que en el alma hondo vacío siento 
busco quien me haga oir tan grato acento. 
¿Quieres tú serlo, Adriana.? 






üMhakAAAik^ 



AAAAAi^AiAA^^^ft^ 



iAAArfMiAikA*AA*aMh*******i**A*****A**«< 




MANUEL MOLINA VIQIL 



La memoria de este malogrado vate, grata para cuantos le co- 
nocieron, despierta en nosotros profundas simpatías. Hemos oí- 
do á un amigo suyo referirnos, con lágrimas en los ojos, algunos 

de los episodios de su vida Lástima que no nos sea dado 

trasladarlas al papel para útil enseñanza de muchos! 

¿Mató el amor á Vigil, ó fué la desesperación quien puso en 
sus manos el mortífero revólver? No queremos saberlo: el sepul- 
cro de los suicidas es para nosotros sagrado. 

Molina Vigil nació en Honduras é hizo su carrtf^ de Médi- 
co y Cirujino en Guatemala. Revelábase en él, á un poeta de 
inspiración y sentimiento, como lo demuestran las pocas compo- 
siciones que ha dejado; y era afable en su trato, de imaginación 
fogosa, ardiente en sus afectos y íiel á sus amistades. 

Su temprana desaparición del escenario del mundo, será siem- 
pre llorada por los amantes de las letras. Molina Vigil tenía a- 
penas 27 años cuando puso fin á sus días. 



250 GALEUIA POÉTICA, 



RECUERDOS. 



A la sombra de un árbol nos sentamos 
sobre la hierba, á descansar los dos, 
tu lo estabas del trecho recorrido, 
del gran peso de mis ansias yo. 

Cuántas horas pasamos felizmente 
en aquella agradable soledad, 
donde cada suspiro exhalado, era, 
de ternura una nota celestial! 

¡Ah! yo creo que Dios en ese instante 
complacido miraba nuestro amor, 
y que bendijp, cariñoso entonces, 
nuestras almas henchidas de ilusión. 

Por eso ni un liviano pensamiento 
cruzó por nuestra mente juv^enil, 
y en los deleites místicos del alma 
eras tú venturosa y yo feliz. 

Sobre tu rostro candido brillaba 
la expresión del encanto y del placer: 
un ángel parecías que á la tierra 



«^ había descendido del edén. 

c 



MANrf:L MOLINA VídlL. '¿'>i 



Allí á la luz de tus divinos ojos 
crecer sentía mi amoroso afán; 
y allí me hiciste comprender extático 
en una sensación la eternidad. 



Mas ¡ah! llegó el momento en que al recinto 
regresar, por mi mal, debías tú: 
el adiós pronunciado fué tan triste, 
que me estremezco al recordarlo aún. 

Yo estrechaba tu mano con la mía, 
queriéndola llevar al corazón: 
pero temí que en su latir violento 
á sorprender llegaras mi dolor; 

Y entonces comprendieras lo que ahora 
quien te idolatra á revelarte vá; 
que en el fondo del cáliz de la dicha 
la hiél se encuentra oculta del pesar. 



• 






252 galería poética. 



ACUÉRDATE DE MI. 



Ayer ardientes lágrimas, 
sumido en la amargura, 
á mares derramaba 
pidiendo compasión; 
y con afán solícito 
buscaba tu hermosura, 
que ya soñado había 
mi pobre corazón. 

Las horas que tan rápidas 
parecen al humano 
que mira felizmente 
cumplida su ansiedad; 
á mi cansado espíritu 
de lamentarse en vano, 
mil siglos parecían 
de horrible soledad. 

También el sueño plácido 
que con su influjo santo, 
convierte en paraíso 
el yerrkjQ del pesar; 
sobre mis ojos lánguidos, 
para mayor quebranto, 
su bálsamo divino 
negóse á derramar. 



MANl'KL MOLINA VK^II- 



253 



De la esperanza el último 
reflejo se extinguía, 
la sombra de la duda 
cubría mi razón: 
en ese instante crítico 
tu rostro, hermosa mía, 
hallé por vez primera 
y fué mi salvación. 

Mas ¡ayl no pude ¡míserol 
brindarte mi ternura, 
temiendo que eclipsara 
el brillo de tu tez, 
*por que era ya muchísima 
la hiél de la amargura, 
y acaso beberías 
para llorar después. 

Si tienes de mí lástima 
al ver mis aflicciones, 
que sólo se minoran 
estando junto á tí, 
cuando el destino bárbaro 
me arrastre á otras regiones, 
paloma de los cielos, 
¡acuérdate de mí! 



254 GALERÍA 1M)ÉTI0A. 



LAS NIEELAS DEL CORAZÓN 



jOh amigo! Yo en el fondo 
del corazón moribundo, 
por justo temor del mundo 
mis sentimientos escondo; 
yo he luchado 
por olvidar mi pasado, 
y evaporar de mi seno 
las gotas ¡ay! de veneno 
que con fingido placer, 
mintiendo fe y simpatía, 
allí filtraran un día 
los labios de una mujer. 

¡Cuánto crecía mi anhelo 
si al rayo de tibia estrella, 
llegaba á mirar con ella 
los panoramas del cielo! 
¡Cuál creía 
que Dios mismo protegía 
con su Providencia santa, 
tal veatpra, dicha tanta, 
y que "al mirarla sonriente 
y viéndome satisfecho, 
me daba abrazo estrecho 
y la besaba en la frente! 



MANUEL MOLINA VKÜL. 265 



Kn torno de su albo cuello 
mis brazos entrelazaba, 
mientras su aliento rÍ7.aba 
las hebras de mi cabello. 
Con dulzura 
decía que la ventura 
nos brinda sus castas flores 
en la edad de los amores; 
yo recliné en su reí^azo, 
mas perturbó mi embeleso 
la vibración de su beso, 
la conmoción de su abrazo. 

En sus labios seductores 
había miel y sonrisas, 
como perfumes y brisas, 
en el cáliz de las flores. 

Satisfecho 
puse mi mano en su pecho: 
la suya sentí en el mío, 
y en tan feliz desvarío, 
vi al astro de la ilusión, 
desde un cielo de ventura, 
disipar con su luz pura 
las nieblas del coriizón. 

Ella era una flor temf)rana 
de perfumado capullo, 
abierta al primer arrullo 
del beso de la mañana. 

Su inocencia 
era ma<ínífica esencia: 
y su mejor atavío 
era gota de rocío ^ • 

oculta en su casto brocha 
Ella en sus ojos reunía 
las luces del mediodía, 
las somhias de inedia noche. 



2o6 galería poética. 



c 



Al fin su labio risueño 
negó á mi labio ambrosía, 
mas viene á mi fantasía 
hasta en las horas del sueño; 

y la miro 
sin que dia exhale un suspiro, 
bella, apasible y sonriente, 
y ni siquiera presiente, 
que puede llegarle á ser 
en un momento terrible, 
todo placer imposible, 
y muy pesado el deber. 

Ya nada á fingir alcanza 
mi pobre mente sombría, 
ni vuela mi fantasía 
en alas de mi esperanza. 
No destella 
en mi horizonte la estrella, 
á cuyos suaves fulgores 
se iluminaban las flores 
de mi perdida inocencia, 
y sólo queda en el alma 
de aquella tranquila calma 
la dulce reminiscencia. 

Y tú que al festín me invitas 
del amor, di, ¿no te asombras 
de ver en mi rostro sombras? 
¿de oir de mis labios cuitas? 

¿No te hieren 
cuando en tus oidos mueren, 
los ayes del dolor mío, 
que ^^qtre suspiros te envío; 
tú no ves mi adversidad; 
no comprendes mi quebranto 
aunque te enseñe con llanto 
mi muerta felicidad? 



MAÍÍUEL MOLINA VIGIL. 257 

Cual se deshacen las almas, 
en lágrimas y congojas 
si se marchitan las hojas 
de nuestras triunfales palmas; 

si se esconde 
sin que sepamos en donde, 
para aumentar los martirios, 
el astro de los delirios, 
y si al velar nuestra gloria 
el ser que olvidar le plugo, 
nos deja como verdugo, 
su imagen en la memoria; 

• 

"Si es m uy triste á los que aman, 
ver desde extraños hogares, 
las sombras crepusculares 
que los recuerdos derraman:" 

todavía '^ 

siente más melancolía, 
el mísero adolescente, 
cuando de su hogar ausente 
huérfano, infeliz, de padre, 
del mundo entre los excesos, 
no le custodian los besos 
del corazón de una madre. 

¡Y cuan dulces y sagrados 

son de la infancia los sueños, • 

cuando los velan risueños 

los maternales cuidados! 

:Qué delicias 

derraman en sus caricias 

aquellos labios sedientos 

de nuestros tibios aliento»! 

Y cómo en la mente fijo? 

sentimos con dulce calma, 

esos coaciertos del alma 

con que adormecen los hijos! 
T. in 17 



258 galería poética. 



Yo soy un cisne perdido 
de un mar entre densas brumas, 
á quien cortaron las plumas 
y destrozaron el nido; 

y que á solas 

juguete vil de las olas, 

á divisar ya no alcanza 

las playas de la esperanza, 

y que en el postrer afán 

en que sus fuerzas se agotan 

su cuerpo débil, azotan 

las alas del huracán. 

Ya el dolor cubre de hielo ^ 
mi enérgica juventud, 
y aparta de mi laúd 
las melodías del cielo. 

No me alienta 
ni esa ilusión que presenta 
al través de sus cristales 
florestas, grutas, raudales, 
que en esta desolación 
do mueren las ansias mías, 
más densas son y más frías 
las nieblas del corazón. 



MAXL'EL MOLINA VIGIL. 2."'.' 



ADIÓS! 



DTos en su seno con bondad recibe 
de la tarde, al morir, su ultimo aliento, 
y toma coiwalutoel firmamento 

la densa obscuridad. 
El ave de la noche deja el nido 
y cruza los espacios solitaria, 
y la virgen eleva su plegaria 

allá en la soledad. 

Así también el sol de mi alegría 
el horizonte del dolor esconde; 
y nadie, nadie á mi clamor responde. 

Sólo me escucha Dios. 
Como el ave ncfcturna, el pensamiento 
recorre los abismos del quebranto; 
y bautizo con gotas de mi llanto 

mi postrimer adiós: 

Mas ;ay! no sufro solo, también sufre, 
V en su aposento inconsolable Hora, 
una blanca paloma que me adora, 



una modesta flor;« 



eres tú que presientes la amargura ^ 

que en los suspiros de un adiós se encierra; 
eres tú que desciendes á la tierra 
del cielo del amor. 



260 galería poética. 



Cuántas veces el jugo de una lágrima, 
la sed de nuestras alnnas satisfizo, 
y cuántas en un rapto de improviso 

subimos al edén! 
Nuestro goce era inmenso; nada, nada 
llegaba á interrumpir nuestra ventura; 
si aumentaba mi afecto, tu ternura 

aumentaba también. 



¿Recuerdas que en tu seno reclinado 
rizabas con tu aliento mis cabellos, 
y fijabas en mí, tus ojos bellos, 

sin moverlos jamás.^ 
Yo recuerdo que en premio á tus caricias 
besaba tus mejillas candorosas, 
y que el rubor sus encendidas rosas 

arrojaba á tu faz. 



Todo está en tu memoria y en la mía; 
ni un punto del pasado hemos perdido; 
de nuestros corazones el latido 

nos habla en alta voz. 
*Nos lo recuerda la primer aurora 
cuando el rayo del sol apenas arde, 
el aura de Iks campos por la tarde, 

y por la noche, Dios. 



Ya que nacistes bella y tan hermosa, 
tan llena de candor, tan tierna y pura, 
¿por qué diste cabida á la ternura.^ 

^•guién te obligaba.í^ ¿quién.? 
¿Por qué cuando á tus plantas puse un día 
la primer flor del corazón herido, 
no arrojaste esa flor en el olvido 
y mi nombre también.? 



MAN LKL MOLINA \1<.1I.. 



261 



Pero me amaste mucho por el cielo 

estaba destinado á los dolores 

de nuestro amor las delicadas flores 

en breve morirán. 
¡Morir! ¡oh nunca, nól ('on la di^uinuia 
mas bellas crecerán, mas hechiceras; 
como crece el azul de las praderas 
cuando lejos están. 



Al fin nos separamos Kl destino 

amarga con crueldad nuestra existenciíi, 
no respeta tu fe ni tu inocencia 
« ni el amor de los dos. 
Cual gozamos ayer, hoy padecemos: 
¿qué importa nuestro amargo desconsuelo 
si la esperanza nos promete un cielo 
para después? ¡Adiós!! 



262 galería poética. 



EL BESO. 

(imitación.) 



Un beso es la expresión más elocuente 
de un corazón ageno á los agravios; 
es la emoción vivísima y ardiente 
de dos almas que se unen tiernamente 
en el límite estrecho de dos labios! 



I • • • •*! 



FRAITCISCO CASTAÑEDA. 



Varios son, entre nosotros, los jóvenes que dotados de exce- 
lentes condiciones para el cultivo de la poesía, y después de 
haber dado muestras de ello, abandonan el estudio déla gaya 
ciencia para entregarse por completo á la política. Tal ha acon- 
tecido á Francisco Castañeda, que ha preferido el título de 
estadista á la corona de poeta. 

Nació en Zacatecoluca en junio de 1856, y se educó en el cole- 
gió de Velarde, en donde pudo atesorar cierto caudal de cono- 
cimientos en diversos ramos del saber, que posteriormente ha 
perfeccionado. 

Castañeda es autor de un Tratado Elemental de Retórica, 
que ha sido adoptado como texto para los colegios naciona- 
les por los Gobiernos del Salvador y Guatemala, y que se dis- 
tingue de las demás obras de su especie por la buena ele^^ción 
de los ejemplos, para la aplicación de las reglas del arte, habien- 
do tomado muchos de ellos de literatos centro-amencanos. 

Como político, Castañeda pertenece á la escuela liberal más 
avanzada. Ha redactado y fundado por sí mismo varios perió- 
dicos y colaborado en otros muchos, siempre en defensa 
de los derechos del pueblo y del adelanto de las naciones. 

Hoy vive en San Salvador, reputado Y^r todos sus conciu- 
da^danos como uno de los hombres que con mayor empeño han 
trabajado por la reconstrucción política de aquella rica sección 
de Centro América, bajo el Gobierno del General Don Fran? 
cisco Menéndez. 



264 galería poética. 



EN UN ALEUM. 



Flores, amor, placeres y armonía/ 
los corazones por doquier te ofrecen, 
y el ángel celestial de la poesía 
en su lenguaje y dulce melodía, 
te dá las flores que en sus campos crecen. 



Porvenir, ilusiones, esperanzas, 
luz y celajes, perlas y topacios, 
hoy venturosa á divisar alcanzas, 
al través de risueñas lontananzas, 
bajo el azul-turquí de los espacios. 



Oh, que dulce es la vida!.. .Y cuan veloces 
pasan las horas, para tí ligeras, 
hoy que el cáliz apuras de los goces, 
y del dolor la sombra no conoces, 
al divino fulgor de otras esferas! 

Tierna, apacible sin afán inclinas, 
sobre un mundo de sueños la cabeza, 
y en éxtasis sublime te imaginas 
que tus glorias futuras adivinas, 
llenas de amor y de inmortal terneza. 



FKA^' CISCO CASTAÑEDA. 



265 



Y en alas de fantástico deseo 
ves la luz de los ciclos encendida, 
y en tu febril y loco devaneo 
ves á su cárdeno esplendor febeo 
otro sol, otras flores y otra vida. 

Helio es vivir! si es sueño la existencia 
y si tranquilo el corazón palpita: 
sien horas de suprema complacencia 
libamos del placer la grata esencia, 
sin bien perdido ni ilusión marchita. 

Bello es vivir! si el mundo en sus paisajes 
espléndido nos brinda un paraíso, 
en donde el alma encuentra en sus mirajes, 
vestidos de riquísimos ropajes, 
formas y mundos que forjarse quiso. 

Bello es vivir! sin penas ni dolores, 
en dulce paz y venturosa calma, 
como tú vives deshojando flores, 
al dios de la ilusión y los amores, 
tranquilo el pecho y encantada el alma. 



.• 



Mas, si la venda de los ojos cae 
y de la triste lealidad palpamos 
la negra noche que á la muerte trae; 
si las fibras ternísimas nos rae 
el recuerdo del bien que disipamos; 



Entonces ¡av! la vida es Lvn tormento, 
sombras, tristeza, lágrimas, pesares: 
apágase la luz del pensamiento 
y el eco de la voz es un lamento 
que exhala el corazón, llorando á mares. 



266 galería poética. 



No dejes de soñar! Y nunca quieras 
palpar la realidad de nuestra vida: 
acaricia mejor á tus quimeras, 
y en tus horas dichosas y ligeras 
no veas nunca la ilusión perdida. 

No dejes de soñar! Y en tu locura, 
cuando te halles de tu ángel al abrigo, 
un recuerdo consagra de ternura 
á quien llora su triste desventura, 
tu plácido cantor y amante amigo! 



FKAXCISCO CASTAÑEDA. 



26; 



DILE QUE.... 



Bí-isa que tierna en el pensil florido 
finges ufana con tu voz amores; 
tú que acaricias de mi bien la frente, 
oye mi canto. 

Oye las notas que del alma mía 
entre sollozos el dolor arranca, 
y en tu lenguaje arrobador, mis quejas 

díle al oído. 

Dfle que absorto el pensamiento vive 
fijo en su imagen apasible y tierna; 
díle que sueño con su amor, y loco 

quiero adorarla. 

• 

Díle que en vano mi razón adusta 
quiere este afecto sofocar en germen: 
díle que sordo el corazón palpita 

férvido al verla. 



Díle que es pura mi pasión ardiente, 
como la luz qbe en sus pupilas brilla: 
díle que en fuego sacrosanto el pecho 
arde por ella. 



268 G=ALERIA POÉTICA, 



Díle que á solas mi ilusión la mira, 
como subiime aparición del cielo:- 
díle que en horas de ansiedad la nombra 

trémulo el labio. 

Díle que es nada para mí la vida, 
si no ha de unirse mi existir al suyo: 
díle que en ella mi esperanza cifro 

sobre la tierra. 

Díle que glorias, porvenir, fortuna, 
pompa, grandezas, esplendor, placeres, 
cuanto hay daría por vivir en su alma 

sólo un instante! 

Díle que sólo por su amor deliro, 
díle que sólo por su amor yo sufro, 
y que si ingrata mi pasión desecha, 

díle que muero! 






FRANCISCO CASTAÑEDA. 



ELLA 



• 
Tienen los cielos mágicos colores, 
los verdes prados celestial encanto, 
grato perfume las gallardas flores, 
las tiernas aves melodioso canto. 

Tienen las auras plácidos rumores, 
la casta virgen purpurino manto; 
y el tiado espiritual de los amores, 
tiene un destello misterioso y santo. 

Bello es el mundo en su inmortal grandeza, 
girando en luz y poética armonía; 
mas nada existe igual á su belleza, 

que aún no puede soñar la fantasía 

Al rayo de su amor y su pureza, 
muere la noche y amanece el día! 



270 galería poética. 



AMOR. 



Vivo reflejo del azul del cielo, 
faro divino, manantial fecundo, 
bálsamo suave, celestial consuelo, 
fuente de inspiración, alma del mundo; 

Eso es amor!... Ese hondo sentimiento 
que en nuestro ser con efusión palpita: 
ese dulce, eternal arrobamiento 
en que sensible el corazón se agita. 

Cándido cual la virgen inocente 
un mundo de ilusiones alimenta. . . . 
Por él el hotnbre renacer se siente, 
y hasta el empíreo remontarse intenta. 

De la sonrisa del Criador nacido, 
es cual su origen misterioso y santo: 
destello de los cielos desprendido, 
sobre la tierra poderoso encanto. 

El á su ifjflujo todo lo domina 
y nuestros sueños con su luz colora: 
plácido cual la lumbre matutina, 
de nuestra dicha es fuente encantadora. 



FRANCISCO CASTAÍÍEDA. 



271 



La brisa que susurra pasajera, 
el ave que se queja solitaria, 
la fuente que murmura plañidera 
su cadenciosa, férvida plecraria: 

Las flores que entreabren sus corolas 
al despertar la aurora sonrosada, 
el llanto gemebundo de las olas, 
el eterno rugir de la cascada: 

Dos almas que palpitan encendidas 
y en su ardorosa vaguedad se abrasan; 
dos almas que en un rayo confundidas 
• insejiarables por el mundo pasan: 

La llama que difunde la existencia, 

la fuerza que sostiene el universo 

Todo revela su inmortal esencia, 
doquier yo veo su poder disperso! 

Amor, y siempre amorl . . Eso es la vida . 
el divino fanal con que soñamos, 
la corona de luces bendecida 
que en nuestros días de ansiedad forjamos 

Amor y siempre amor!. . Ese es el grito 

que eternamente el Universo entona 

''¡Amor, amorr nos dice lofin finito. 
''¡Amor, aniorT la eternidad pregona. 

Amemos siempre!.. .Con febril locura 
que lata el corazón estremecido: 
fijemos nuestra plácida ventura 
en la ilusión que el alma st- lia ílntrido. 

Coronemos de mirto y azucjtnas 
las sienes de otro ser idolatrado: 
llevemos del cariño las cadenas, 
busquemos nuestro sueño realizado. 



^72 galería poética. 



Las diosas que el deleite nos inspira, 
el eterna placer, el paraíso; 
la luz porque el espíritu delira, 
con que el Criador divinizarlo quiso! 

Y pasen insensibles nuestros días, 
cual de un arroyo cristalinas linfas; 
que sean nuestras voces armonías, 
cual las que entonan celestiales ninfas. 

Amemos siempre!... En éxtasis divino 
que viva nuestra mente adormecida: 
que es amar nuestro espléndido destino, 
pues es amor la esencia de la vida!» 



FRANCISCO CASTAÑEDA. 



273 



MORAZAN 



Genio naciól y al libertar al hombre, 
con mil hazañas sublimó la historia: 
cuanto hay de grande, lo encarnó su nombre, 
cuanto hay de ilustre, lo abarcó su gloria! 



T.iir. 



18 



274 galería poética 



TU RETRATO 



Cierta noche observé que un caballero 
se llevaba á hurtadillas tu retrato. 

¡Desgraciado!— exclamé — yo no te envidio, 
pues en el fondo de mi ser lo guardo! 



i**AA*******A*> 



ANA DOLOEES AEIAS. 






Cruzó rápida por el valle de la vida, á la manera que un me- 
teoro por la azulada región del firmamento. Vino al mundo 
con el alma llena de amor y de esperanzas, y descendió al sepul- 
cro en lo más florido de su triste juventud, agobiada con el peso 
de su dolor y sus recuerdos. 

Su breve historia es un idilio de amor. Dotada de una alma 
de tan prístina pureza como el for.do del precio^^o silicato cor> 
cuyo nombre fir. liara sus escritos, Ana Dolores Arias consti- 
tuía una vcYÓñáera £smera/da en el arcilloso seno de nuestra so- 
ciedad. Amó una vez, mas de qué modo! Como sólo los gran- 
des corazones saben amar. 

Aim no hai^a enjugado las lágrimas que la ausencia de Cabre- 
ra la hizo derramar, cuando la noticia de la inesperada muer- 
te de su amante, l'egó á secaren su vir^n corazón la savia de 
la existencia. 

Si es cierto <jue hay un cielo en donde alguna vez w.i, a íku- 
nirse las almas de los que en la tierra separó injusto el destino, 
Lola Arias y Cabrera deben ser muy felfees ahora. 

La sentida poetisa de quien nos ocupamos, murió en Cojute- 
peque el 4 de julio último, á los 29 años de edad. Con este 
motivo el "Ateneo Centro-Americano^ ^ue tiene orgullo en 
honrar la memoria de nuestros literatos, dispuso celgbrar una 
sesión fúnebre en la que se pronunciaron discursos y se recita- 
ron poesías, haciendo justicia al reconocido mérito de la llorada 
alondra de Cuscatlán. 



276 galería poética. 



MIS PRIMERAS ILUSIONES. 



Mis ilusiones primeras 
fueron purísimas flores 
de unas mágicas praderas, 
que las tempestades fieras 
no turban con sus rigores. 

Fueron la dulce armonía 
exhalada de un laúd, 
cuando el hombre en su alegría, 
cantando su juv^entud, 
no piensa en la tumba fría. 

Fueron mágicas visiones 
que cruzaron por mi mente, 
cual sublimes concepciones 
que el poeta finge, inocente, 
en sus primeras canciones. 

Fuefop brisas perfumadas 
de melódicos rumores, 
fueron ninfas encantadas 
en alcázares de flores, 
y del sol enamoradas. 




ANA DOLORES ARIAS. 



277 



Fueron del blando arroyuelo 
el murmurio silencioso; 
hadas que emprenden el vuelo, 
y un suspiro lastimoso 
nos envían desde el cielo. 



Rápidas exhalaciones, 
sonidos que se extinguieron 
en las etéreas regiones; 
esto tan sólo fueron 

MIS PRIMERAS ILUSIONES! 



• 278 galería poética. 



RECUERDOS DE MI INFANCIA. 



A MJS AMIGAS. 



Son mis recuerdos 
quejas, gemidos, 
que al mundo lanzo 
con triste afán; 
y entre mi pecho, 
nunca dormidos. . . . 
siendo tan gratos, 
na^ morirán. 

II. 

Cuando mis ojos 
elevo al cielo, 
y blanca nube 
Veo cruzar, 
e ^^ dice el alma, 

con desconsuelo: 
¡así la infancia 
^ sentí pasar! 



ANA DOliOUKS AKIAr 



^79 



II 



De la paloma 
la blanda queja 
al aire envía 
vago rumor; 
así la infancia 
presto se aleja, 
como el perfume 
de nivea flor. 



IV 



La de las flores 
suave esencia; 
las armonías 
de algún laúd, 
dulces evocan 
de mi inocencia, 
recuerdos de oro, 
grata quietud. 



V. 



Cuando en las tardes 
el sol declina, 
hacia el ocaso 
para morir, ^ •» 

también mi frente ' 
mustia se inclina; 
que acaso mi alma 
busca el sufrir! 



280 galería poética. 



VI. 

Y si en la noche 
que calma goza, 
oigo los cantos 
del trovador, 
vuelve á mi mente 
la edad hermosa, 
en que inocente 
sonreía amor. 



c 
jOh cuan dulce es recordar 

nuestra infancia candorosa^ 

que se ausentó presurosa 

V que jamás volverá! 

Edad en que sonreímos 

sin saber que lloraremos, 

que sonrisas devolvemos. 

á quien placeres nos da! 

Mis ilusiones de niña 

aún las conservo en mi mente, 

y me obligan dulcemente 

con tristeza á sonreír; 

los ósculos maternales 

aún felice yo los gozo, 

mas tras horas de reposo 

vendrá tal vez el sufrir. 

Jugetona, infatigable, 

mariposas perseguía, 

y una lágrima vertía 

al no ^pederías tocar; 

atraída por las flores 

que ostentaban su hermosura, 

me arrojaba con locura 

su perfume á respirar. 



AXA DOLORES ARIAS. 281 



;Todo es encanto y belleza 
en esa edad venturosa 
en que una madre amorosa 
nos arrulla con su voz, 
y, solícita y constante, 
á nuestro lado la vemos 
que nos enseña elevemos, 
tiernas súplicas á Dios! 



¡Ay, amigas! ¿qué se hicieron 
aquellos dorados días 
4e continuas alegrías, 
de placer y de ilusión? 
¿Dónde huyeron los instantes 
que á vuestro lado gozaba, 
cuando alegre yo cifraba 
en vosotras mi afección? 



¿En dónde podré encontrar 
el amor puro y ardiente 
de aquella edad inocente 
en que mi alma se adurmió; 
y las flores, los encantos 
y los juegos infantiles 
de mis primeros abrilesf* 
jTodo, amigas, todo huyó! 



Como el eco de una trova, 
tan fugaz como la nube 
de incienso, que al éter sube, 
es del hombre la niñez. *> ** 
\'iene después otra edad 

de continuas emociones 

¡Bellas son las ilusiones, 
pero ya sin candidez! 






282 galería poética. 



Yo me encuentro en esa edad 
que llamamos juventud, 
y al. compás de mi laúd 
entono triste cantar; 
y al recordar de mi infancia 
la inocencia, la alegría, 
se sonríe el alma mía 
olvidando su pesar. 



* 



Son mis recuerdos 
quejas, gemidos, 
que al mundo lanzo 
con triste afán: 
y entro mi pecho, 
nunca dormidos, 
siendo tan gratos, 
no morirán. 






ANA DOLORES ARIAS. 



283 



MIS TRISTEZAS. 



Yo agonizo <le amor y df tristeza, 
ante esa azul inmensidad vacíal 
Como un sauce se dobla mi cabeza 
lánguidamente al declinar el dial 



V,,'nn,Hh, W'lnnh- 



I. 



Es de la tarde el postrimer momento; 
gimen las aves y suspira el viento, 

la noche empieza ya; 
es la hora en que mi espíritu agobiado 
por los gratos recuerdos del pasado 

languideciendo va. 

Es la hora misteriosa del encanto, 
de infinitas tristezas y de llanto, 

y deliquios de amor; 
en que incierto vagando el pensamiento, 
parece adormecido el sentimiento 

y olvidado el dolor. 

Keina el silencio. La ciudad dormita.... 
jSólo en mi pecho sin cesar s^fagita 

de fuego un coraz^nl 
;Un corazón que lucha y siente tanto, 
al ver desparecer el dulce encanto 

de plácida ilusión! 



fí5 



284 galería poética. 



II. 



Como la noche que, enlutado velo 
tiende en la tierra, y nos oculta el cielo 

tras densa obscuridad, 
¡así tendió su manto la tristeza 
sobre este corazón, que á amar empieza 

la negra soledad! 

Ayer no más, alegre y bulliciosa, 
cantaba de mi infancia venturosa 

las horas de quietud; 
hoy como el ave entristecida canto, 
y se marchita y languidece en tanto 

mi ardiente juventud! 



Ayer vivía en plática sabrosa 
unida con la amiga cariñosa 

que ciega idolatré: 
hoy solitaria, silenciosa y triste, 
recuerdo á mi Delfina que no existe 

¡que nunca olvidaré! 



Ayer, en fin, el alma enardecida, 
soñaba un paraíso do la vida 

pasara sin sentir; 
y hoy que }a poco á poco languidece, 
ni glorias ni venturas apetece 

:Es triste así vivir! 



i^^>rfad>^Ai^ri^^^^Ai^*rfk^^i*^^MA4k> 



EAFAEL CABBEBA. 



Si la índole de esta obra lo permitiera, uniríamos aquí al nom- 
bre de Rafael Cabrera el de Ana Dolores Arias, con objeto de 
trazar aunque no fuese más que á grandes rasgos la historia de 
uno de esos sencillos dramas de la vida que, aprovechados por 
el genio, producen para la inmortalidad obras del género de "Ro- 
meo y Julieta" y "Los Amantes de Teruel." Mas ¿cómo hablar del 
malogrado bardo cuscatleco, sin hacer mención á la vez de la 
Diva que inspirara sus más armoniosos cantos? No es posiMe se- 
parar en la historia, lo que no pudo desunirse en la vida, ni á 
través de la distancia, ni con un sepulcro de por medio. 

He aquí en que términos evocaba Cabrera el recuerdo de Lo- 
la durante su residencia en Cuatemala: 

€) 

"Sus labios para mí vertieron mieles; 
y hermanos en el arte y en la patria, 
juntos cantamos, y sintiendo juntos, 
la misma nota estremeció las arpas. 



Lloroso un día me llegué á'sus puertas, 
y por última vez dejé á sus plantas 
elegiaco cantar de despedida, 
porque un hado fatal nos separaba. 



286 galería í^oética. 

Ella me dijo que en hi casta lumbie 
que el astro de la noche nos enviara, 
los llantos de la ausencia se unirían, 
cual sollozos de tórtolas que se aman." 



Y así se amaron en efecto. Nacidos en el mismo valle y de la 
misma edad, poco más ó menos, Cabrera pobre y desvalido, de- 
jó á Cojutepeque y se trasladó á San Salvador, deseoso de bus- 
carse, por sí mismo, un porvenir. No encontrándole en la prensa 
periódica á que en aquella capital se dedicara, dispuso venir á 
Guatemala en busca de un honroso título en la Facultad de Me- 
dicipa. Cursando en esta ciencia le sorprendióla muerte. 

Joaquín Méndez en un artículo publicado e.i el nú;nero 8 del 
"Ateneo Centro-Americano," relativo al fallecimiento de Ana 
Dolores Arias, refiere así los últimos momentos de Cabrera: ''La 
ausencia se interpuso entre ambos: él hubo de trasladarse á Gua- 
temala para hacer una carrera científica; ella le aguardaba; pero 
el poeta enfermó aquí y se le condujo á un lazareto de variolo- 
sos cuando la epidemia diezmaba á la población. Una mañana 
de Septiembre de 1885 le encontraron muerto junto á la puerta 
del lazareto: el águila agonizante había pugnado por escapar, pe- 
ro la vida habíale faltado. ;Qué cuadro para un pincel, qué situa- 
ción para una lira!" 

Situación y cuadro terribles, que dos años más tarde debían lle- 
var al sepulcro á la virtuosa Es7neralda, 

Cabrera trató de imitará Becquer en sus rimas, y á J. J. Palma 
en sps "Tempestades del alma/' error en que han incurrido mu- 
chos de nuestros bardos, siendo más feliz en sus poesías origina- 
les "A la Ceiba de mi pueblo" y "En el Ilopango." 



UAFAKI- CaJJKKRA. 287 



LA CEIBA DE MI PUEBLO. 



Anciana ceiba de mi pueblo amadol 
¿Si volveré á soñar bajo tus ramas, 
sentado en tus raíces muellemente, 
á la luz que nos dice ''hasta mañana?" 

A veces triste, conmovido y loco, 
me finjo estar bajo tu sombra escasa, 
en una de esas tardes voluptucsas 
en que se siente, se delira y se ama 



Allá, á mi izquierda, el encendido ocaso, 
pintando flores en cendal de gualda, 
y la hondulada cumbre de los ^cerros 
perfilándose en fondos de escarlata. 

En rumbo opuesto el San Miguel truncado, 
en tul se vela de azulino nácar, 
cual el i^enio infeliz de los ausentes, 

perdido en el turbión de las distancias. 

» • 

Allá también el San \^icente adusto ^ 

su majestuosa cumbre dentellada, 
engolfa altivo en la región sidérea, 
como un sarcasmo á la soberbia humana. 



286 galería poética. 



Las nubes ciñen la severa frente, 
cual leves copos de errabundas gasas, 
y acaso el yermo de su bronca cima 
el campo sea de feroz batalla, 



En donde el cóndor contra el cóndor lucha, 
eon curvo pico y prepotentes garras, 
sobre el girón de palpitante presa, 
de un cóncavo á los bordes disputada! 



¡Quién sabe si mañana el gran coloso 
conmueva de mi valle las entrañas, 
y al tronar estridente de sus fauces, 
se inunde Cuscatlán de ardientes lavas! 



[Quién sabe, muda efigie de los siglos, 
si el dulce techo de mi buena anciana 
vayas á sepultar, tonante y fiero, 
en mar inmenso de encendidas llamas! 



Mejor mil veces que arrogante y mudo 
seas del valle espléndida atalaya, 
refrescando tu frente con neblinas, 
y haciendo hervir las fuentes á tus plantas. 



Que sientas adormirse dulcemente, 
al rumor melancólico del aura, 
la ciudad legendaria que en un tiempo 
libertad! libertad! clamó á tus faldas; 



PvAFAKT, ("AlilíKliA 



289 



\' el brazo armado de sus nobles hijos, 
la fe por guía, y por pendón la audacia, 
humillaron la testa del tirano 
de los valientes hijos de Tlaxcala 



Y frente á mí del carcomido templo 

la pintoresca mok se levanta, 
donde oraron los padres de mis padres, 
ante el altar del tiempo de la España. 
• • 

El verde llano y el amate umbroso 
donde de niño candido jugaba, 
y la calle mil veces recorrida 
en las austeras procesiones santas ! 



II 



¿'Si volveré con húmedas pupilas 
ú contemplar las míseras parásitas, 
que nacen, crecen, aman y se mueren 
al calor fecundante de tu savia? 

¿O si juguete de los largos siglos, 
que han dejado tus cepas deshojadas, 
te irás á ver muy pronto á sus embates 
sobre el suelo por siempre derrocada 






Las golondrinas que tus ramas pueblan • 
son mas felices que quien hoy te canta: 
ellas contemplan aquel pueblo mío 
que las ruines pasicyries despedazan; 

líl. h; 



290 galería poética 



El riente pueblo que me vio en la cuna, 
y entre alegrías escondió mi infancia; 
que guarda todos mis recuerdos dulces, 
y en otro tiempo me brindó esperanzas! 

Ellas contemplan revolando alegres, 
el pueblo aquel cuya ilusión me al haga; 
que no prospera, pero siempre bello, 
nidos de amores y perfumes guarda. 

Ellas le miran cuchicheando a'egres; 
yo con húmedos ojos le mirara; 
y tal vez le veré cuando de muerte 
enferma sienta desmayarse el alma! 

Si decretado está cuando la vea, 
ansiosa acaso la filial mirada, 
que en vano, en vano de mi al»uela busque 
las venerables y apacibles canas; 

Bajo las sombras caras y tranquilas 
del techo aquel, donde cuando ella oraba, 
yo, mis alegres tiempos recordando, 
reía con los niños de la casa. 



Mi pobre abuela! si de tu hijo inquieto 
las alegrías muertas retoñaian, 
volvería al hogar, y de tus labios 
con fe recoge) ía las palabras! 



Pero aquellas horribles tempestades 
^que oías rebramar en tus entrañas, 
aun rugen con los ecos de la muerte 
en las noches funestas de su alma! 



UAí^AEL CABRERA. 



291 



Tal vez no existirás cuando yo vuelva! 
y vuelta escombros tu modesta estancia, 

mi padre, mis hermanos, mis amigos. 

también en polvo para siempre yazgan! 



III 



Añosa ceiba! díme si en las tardes, 
cuando la luz crepuscular te baña, 
precioso enjambre de morenas lindas, 
acude á sonreir bajo tus ramas. 



Fsas beldades, mis amigas fueron, 
también entre ellas escogí una hermana 
que me supo alentar cuando moría 
el último fulgor de mi esperanza. 



Sus labios para mí vertieron mieles, 
y hermanos en el arte y en la patria, 
juntos cantamos, y sintiendo juntos, 
la misma nota estremeció las arpas. 



Lloroso un día me llegué á. sus puertas, 
y por última vez dejé {\ sus plantas 
elegiaca cantar de despedida, 
porque un hado fatal nos separaba! 



Ella me dijo que en la casta lumbre 
que el astro de la noche nos enviara, 
los llantos de la ausencia se unirían, 
cual so'lozos de tórtolas que se aman. 



292 galería poética. 



Vo he cantado las hondas conmociones 
con que la ausencia el pecho nos desangra, 
y han ido hasta el alcázar de la luna 
mis notas tremulentas y cansadas 



A su recuerdo inmarcesible y santo, 
hay cuerdas que mi cítara consagra, 
que suspiran el eco de sus himnos, 
y chispean la fe de sus palabras; 

Y en su música vaga é infinita 
el moribundo corazón empapan, « 

y más allá de la vital miseria 
el pensamiento en abstracción espacian! 

Di si la has visto ¡ceiba de mi pueblol 
sentarse y suspirar bajo tus ramas, 
y volviendo sus ojos al poniente, 
verter de pena sus preciosas lágrimas. 



Y si bañada en rayos de la luna 
la oístes sollozar cual la torcaza 
en las grutas calladas de los sauces, 
cuando los sueños su sopor derraman. 



Ahí yo la he visto lánguida y tranquila, 
descender hasta mi, tímida y blanca, 
como el santo candor de la pureza 
y la primera luz de la mañana; 

Siempre la" veo! de mi mente nunca 
sus encantos purísimos se apartan, 
y me habla en el lenguaje de los dioses, 
y me infunde la fe de sus plegarias...... 



RAFAEL CABRERA. 



293 



V la siento vivir en el latido 
del corazón que en lecho de esperanzas, 
duerme y sonríe como niño candido, 
ó sueña y Hora la ilusión pasadal 



IV 



¡Quién pudiera volver á los parajes 
en donde tú penosa te levantas, 
y exhalar en el grito de los cisnes 
IS triste*inmensidad de la nostalgial 



Sentir, amar, correr como en los días 
de fiestas y placer, luz y fragancias, 
que el cáliz de la vida, exhuberante 
y lleno hasta los bordes derramaba! 



¡Quién pudiera escalarte y coger nidos, 
en infantil dulcísima algazara, 
ó cortar los capullos y las flores 
con que te adornan miles de pirásiias! 



¡Quién recorrer pudiera uno por uno 
tanto nido de amor donde dejaran, 
el corazón sus poemas de alegría, 
y sus tristezas pálidas el alma! 



Y aparecerse á ver en el paisaje, 
la de mi madre sombra veneranda, 
y hablarla en el idioma de los niños, 
y esperar y morir al escucharla! 



'294: 



galería poética. 



Y quién en fin ¡oh ceiba de mi pueblo! 
escuchar el sollozo de tus ramas, 
formar con ellas una cruz mortuoria, 
y en la fosa dormir bajo tus plantasl 



^•M^^^»i 



KAFAKL CABRKRA. 



DESPUÉS DE LA ORGIA. 



<» • 

Pasó la orgíal Calcinantes besos, 

chocar de copas, blasfemar de labios 

Profanar el amor con los excesos, 

la hermosura manchar con los agraviosl 



Todo pasó! levántase sombría 
la voz de la pureza mancillada, 
y truena Dios dentro del alma impía, 
que en sí tornó sedienta y desolada! 

Silencio, soledad, noche, martirio. . . . 
ansia de redención, ansia de cielo, 
sed por la luz . . ¡fantástico jielirio 
que el alma hiela en abrasante vuelo! 

Luego dirá la sociedad mundana 
que yo me río, cuando el alma loca, 
semeja el redoblar de una campana 
estremecido en cóncavos de rocal 

Luego dirá la sociedad impía 
que yo no sufro, cuando en lenta angustia, 
soy la tétrica Hor de la agonía 
sobre un sepulcro doblegada y mustia! 



296 galería poética. 



Luego dirá la sociedad de cobre 
que el corazón arrastro sobre escoria, 
cuando de amor hambriento y de amor pobre, 
me consagro á sentir en la memoria! 



Almas de cieno! corazones ruines 
que ni sentis, ni amáis, ni lecordais,. 
hundios del averno en los confines, 
y á turbar mis deliquios no volvaisl" 

Almas corruptas! en hedionda orgía 
soltad vuestras atroces carcajadas, 
y dejadme vivir en la agonía 
de mis muertas memorias adoradasl 



Sufrir, amar, sentir en lo pasado 
glorias marchitas y memorias muertas; 
perderse, cual en lienzo abandonado 
los perfiles de flores entreabiertas! 



Escuchar que el amor rejuvenece, 
cuando ha quedado yermo el corazón! 
y ver que en el confin desaparece 
el postrero fulgor de la ilusión! 



Palpar la garra que en el pecho hundida 
jamás desmaya en su candente guerra, 
y mientras más desangra nuestra herida, 
con más ahinco al corazón se aferra! 



Palparla, y* no poder, desventurados, 
i^rrancarla del alma moribunda, 
y sentir al luchar desesperados 
que nuestra vida el báratro fecunda! 



RAFAEL CABREBA, 



29 



\' volv^er á soñar. . . . volver al cielo, 
por la fe perdurable redimidos, 
remontar con los ángeles el vuelo, 
y llegar hasta Dios, puros dormidos 






298 G\LEKIA POÉTICA. 



i 



SU AMOR. 



c 

Era una tarde en que el cielo 
copiosa lluvia vertía: 
yo por la calle corría, 
en su hogar me guarecí; 
y el frío de aquel invierno 
me dejó una llama que arde, 
al recuerdo de la tarde 
en que yo la conocí. 

Llegaron ledas las horas 
de la hermosa primavera, 
y la promesa primera 
de sus labios recogí. 
Entre esperanzas y flores 
dos estaciones pasaron, 
cuando á mis puertas llamaron, 
y yo á mis puertas corrí. 

— Quién es? Yo soy el destino, 
y te ordeno que te ausentes. 
— Partir cuando sonrientes 
cielosMé amor entrevi! 
— ¿Qué importa, si yo lo mando.^ 
— Cruel! ¿mi llanto no te mueve.? 
— ¿Quién contra mi ley se atreve?...- 
La abracé y obedecí! 



KAKAlir. CAnREKA. 299 

Otra vez, y en una tierra 
donde vivía extranjero, 
tocó á mi puerta un viajero, 
y yo temblando le abrí: 
— Quién es? — El invierno canci 
que te trae malas nuevas; 
si tú en el alma la llevas, 
ella se olvida de tí! 

-¿Me olvida!... cuando en el sueño 
todas las noches me ríe, 
diciéndome que confíe, 
(|üe ella siempre piensa en mí! 
Cuando juego con sus bucles 
junto á la vela que arde, 
recordando aquella tarde 
en qu2 yo la conocí! 

— Pero tus sueños son humo 
que las tormentas destruyen; 
son estrellas que se huyen 
de su cielo de turquí. 
— Y yo en mis sueños creía 
con fe ciega y candorosa! 
— El corazón de una hermosa 
es voluble y balad í! 

— Triste anciano! resta sólo 
que tú á compasión te muevas 
¡toma mi alma y se la llevas, 
y no tornes por aquí! 
pero en tu yermo sudario 
por siempre envuelto me dejas, 

y te alejas y te alejad , 

sin acordarte de mí j 



300 GALJíRI A POÉTICA. 



c 



c 



Y volvió la primavera 
trayendo entre sus aromas 
quejas de amantes palomas 
que traduje en el verjel: 
supe que mi dulce niña 
tornó á estos lares su dedo, 
y expiró diciendo quedo: 
— ^'*Va mi espíritu tras él" . 



A veces vagando á solas 
sorprendo entre las violetas 
conversaciones secretas 
en que se trata de mí: 
mi nombre á medias murmuran, 
mi seno agitan y alhagan, 
y en los ecos que se apagan 
oigo exclamar: vivo en tí! .... 



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***i**^fc****^^t^^^ft**«Mh*^^M^^^*^ 



'?!*!■ 



ADELAIDA CHEVES 



Se ha distinguido esta apreciable poetisa, así por su dedica- 
ción á las letras, como por el /decidido empeño que en todas 
ocasiones ha mostrado en favor de la ilustración de la mujer. 
Nacida en una época en que se creía que con poner en manos 
de una niña el catecismo dé Ripalda y la ao^uja, se había com- 
pletado la educación que mejor la convenía. Adelaida ha reivin- 
dicado los derechos de su sexo, demostrando, con pruebas elo- 
cuentes, que el talento todo lo supera. Sus escritos en prosa son 
altamente morales, y mucho más correctos que sus poesías, en 
las que si se encuentran algunas faltas contra la retórica h\\ en 
cambio, un manantial de sentimientos. 

Adelaida Cheves ha colaborado con Ticenta Laparra de la 
Cerda y Carmen P. de Silva en varios periódicos de esta capi- 
tal, mereciendo la honra de ser nombrada socia de '*F1 Porvenir" 
y de "Kl Ateneo Centro- Ameiicano." 

También es autora de un interesante tratado sobre ''Econo- 
mía doméstica," que ha sido adoptado como texto para las es- 
cuelas nacionales. 

Nació en la Antigua en 1S46: se ha forínádo por sí misma. \ 
puede con orgullo decir que, al par que como mujer ha, sabido 
ganarse la vida con el modesto producto de su trabajo, como 
escritora no ha perdido ocasión de ilustrar su inteligencia, y ha- 
cer el bien por medio de la propaganda de las luces. 



802 (íaleima poética. 



¡FLORES Y LAGRIMAS! 

UNA VISITA AL SEPULCRO DE MI PADRE. 



¡La brisa déla tarde mi frente acariciaba! 
El sol sus tenues rayos benigno me brindó, 
al pie de aquella tumba que triste contemplaba, 
que guarda aquellos restos que en vida yo adoraba 
y exánimes y yertos también adoro yo! 

Mi pecho conmovido, doliente y pesaroso, 
moviera con recuerdos de paternal amor, 
mi pie, que incierto apenas se acerca silencioso, 
por no turbar tu sueño de paz y tu reposo, 
hacia esa tumba fría que miro con dolor! 

í 
c ¿No escuchas el gemido que lanzo en mis pesares? 

¿Ni escuchas mi lamento, mi tierno sollozar? 

¡Desconsolada quedo, como ave que en los mares 

muy lejos de la playa, nadie oye sus cantares, 

y presa de las olas, se siente naufragar! 

;En vano arrodillada, humilde y respetuosa, 
invoco en mi dilirio tu afecto paternal! 
;Eh vano á tí me quejo, llamándote llorosa, 
que no oyes los lamentos, tras la pesada losa 
que cubre de tus restos el lecho sepulcral! 



ADELAIDA ÍIIKVKS. 303 



Cuando sumida me hallo del mundo en el martirio» 
6 envuelta entre las sombras de agonizante afán, 
te llamo ¡padre mío! ¡te llamo en mi delirio! 
y á tu silencio quedo marchita ciímo el lirio 
que troncha de su tallo, funesto el huracán! 

¡Qué amargas son las horas de horrible desventura! 
¡Qué horribles son los días de amarga soledad! 
cuando buscamos tiernos en fría sepultura, 
al ser que nos amaba con toda su ternura, 
!y sólo llanto hallamos, tristeza y orfandad . . . 

¡Qué tristes nos parecen el sol y el firmamento, 
las nubes de oro y plata, de rosa y. de zafir, 
la luna, las estrellas, la noche, el día, el viento, 
las aves con su canto, las flores con su aliento, 
¡ay! todo... ¡mejor fuera, dejara de existir! 

¡Mas tú, que tras la noche sombría del misterio, 
dejando sus tinieblas, volastes á la luz; 
alzándote al empíreo, buscando otro hemisferio, 
dejando tus cenizas, aquí en el cementerio, 
veladas por tus hijos, un ángel y una cruz! 



¡Adiós! de tí me alejo, ahogando entre mi pecho^ 

un mundo de sollozos que quieren estallar. 
"Rl genio del silencio," allí junto á tu lecho, 
velando tu santuario tranquijo y satisfecho, 
del cielo descendiendo me viene á reemplazar! 

El ángel ya se acerca, de blanca vestidura, 

de suelta cabellera sus alas recodó . . . 

¡Cuan dulce su mirada! ¡Cuan bella su figura! * 

Rl dedo sobre el labio poniendo con dulzura, 

de piejuntoá la losa ¡silencio!. . . . murmuró 






804 o A LE ría poética. 



; Adiós] Como recuerdo filial te deposito 
de flores mi corona, de mirto y de ciprés! 
Y en ve/ de aquel rocío fresquísimo y bendito, 
las baño con mi llanto, mi llanto que, infinito, 
con ellas yo las riego por siempre aquí á tus pies! 



;Descansa allíl y en tanto, tu espíritu en las manos 
del Ser Omnipotente, del Padre Universal, 
dirija su plegaria por mí, por mis hermanos, 
pidiendo que reunidos de Dios en los arcanos, 
gocemos á tu lado la gloria celestial! 



AI)KI>AII)A CHKVKS. 305 



RECUERDOS. 

(IN'ÉI)ITA.) 



•-♦^ 



Una tarde de otoño, triste y fría, 
nublado el horizonte, opaco el sol, 
tras de negros crespones parecía, 
más que la antorcha que preside al día, 
la imagen del silencio y del dolor! 

Las aguas suspendidas de las fuentes, 
y enturbiado su límpido cristal, 
no se oye el murmurar de sus corrientes, 
ni se escucha el rumor de las pendientes 
al formar la cascada y el raudal. 

Caídas del árbol desecadas hojas, 
y el cáliz muerto del granado en flor; 
pálidas, mustias las camelias rojas, 
como del alma mía en las congojas, 
los pétalos marchitos, sin color. 

El ruiseñor, la tórtola, el jJig\iero 
acurrucados en la rama están, ^ 

y el cisne, la paloma, el clarinero, 
en busca de otro hogar más hechicero, 
hacia los montes caminando van. 
T. III 20 



306 



gaitería poética. 



¡Todo enmudece! el corazón doliente 

comprime sus latidos, su dolor 

él también se entristece cual la fuente, 
como las flores y las aves siente 
la ausencia eterna de su dulce amor! 



ADELAIDA CIIKVKS. 



807 



EL NAUFRAGO. 



(inédita.) 



Remando en débil barquilla 
contra las olas y el viento, 
vivía solo y contento 
sobre las ondas del mar, 
un pobre y triste remero, 
sin hogar y sin fortuna; 
mas con su amiga, la luna, 
compartía su ])esar. 



"Yo suspiré, dulce amiga, 
en sus cantares decía, 
yo suspiré porque un dí^ $ 
perdí mi primer amor, ^ 
y llorando mis pesares, 
con la mirada en el cielo, 
sólo esperaba el consuelo 
de morir con mi dolor. 



308 galería poética. 



Era un náufrago perdido 
en las borrascas del mundo; 
mas yo con dolor profundo 
con las borrascas luché; 
perdí en esa lucha el alma, 
la razón me dejó luego, 
y loco, sin tino, ciego, 
desamparado me hallé. 



En medio del hondo abismo 
que esa pasión me ofrecía, 
con fe á los hombres pedía ^ 
consuelo y santa piedad; 
mas todos náufragos eran 
en el mar de las pasiones, 
y estaban sus corazones 
con la misma enfermedad. 



Volví mis cansados ojos, 
buscando puerto seguro, 
y sólo de arena un muro 
con la mirada encontré. 
Seguí luchando, y buscaba 
entre los hombres consuelo; 
pero era en vano: mi duelo 
con mi agonía apuré! 



Mas al fin hallé la tabla 
de salvación que buscaba, 
y era un ángel que me amaba 
en forma de humano ser. 
Me arrojé á sus brazos, loco, 
lleno de amor, de ventura, 
y embriagado de ternura 
en sus brazos descansé. 



ADELAIDA CHE VES. 

Acaricié de sus rizos 
la sedosa cabellera, 
mientras la brisa ligera 
sus mejillas refrescó. 
— Tú eres el faro perdido 
que buscaba en lontananza; 
tú eres la sola esperanza 
del infeliz trovador— 



309 



Le dije; y una sonrisa 
que apareció en su semblante, 
jne confesó del amante 
el fuego de una pasión. 
Yo era felice: me amaba, 
y en medio de mis sonrojos, 
vi retratado en sus ojos 
el suyo y mi corazón. 



Pero después la tormenta, 
¿te acuerdas, hermosa luna? 
me arrebató mi fortuna, 
y entre las olas la hundió. 
Desde ese momento, amiga, 
con tu dulcísima lumbre, 
suavizas la pesadumbre, 
del corazón que enviudól 



Desde entonces vago inquieto, 

por este mar tan sombrío 

No sé si fué sueño mió, 
no sé si fué realidad; > » 
pero es lo cierto que lloro 
noche y día, sm consuelo, 
y que allá en el alto cielo 
me consuela tu amistad!" 



310 GAIiEBIA POÉTICA. 



En el álbum de mi buena amiga, la distinguida 
poetisa guatemalteca, Vicenta L. de la Cerda 

SONETO. 

(mÉDlTA.) 



Quise poner en tu álbum primoroso 
una flor de belleza la más rara, 
que con su dulce aroma te embriagara, 
y te hiciera soñar un cielo hermoso. 

Quise poner un ruiseñor gracioso 
que, al abrir esta página, cantara, 
y con su voz dulcísima iníitara 
de tu laúd el^ritmo melodioso. 

Quise ensalzar en inspirada nota 
tu celebrado nombre y tu grandeza: 
quise cantar; y de mi pecho brota 
raudal de llanto y de mortal tristeza. 

Si tanta así es mi negra desventura, 
¿qué te puedo ofrecer sino amargura? 



• 



>*t^>»>É>»ll>*^**>** »*. 



JOSÉ MAEÍA ALFAEO. 



Los únicos datos biográficos que acerca de este ilustrado 
costarricense nos ha sido dable obtener, son los que aparecieron 
en 1882 en "El Parnaso Centro Americano," interesante publi- 
cación de nuestro amigo el Señor García Salas, que desgracia- 
damente quedó incompleta. 

Por esos breves apuntes sabemos que Alfaro nació en la 
ciudad de San José en 1861; y que gracias á la generosa pro- 
tección de sus tíos, Don Juan y Don Ricardo Cooper, por quie- 
nes el joven poeta conserva inmensa gratitud, pudo educarse 
y hacer su carrera de Abogado en la Universidad de Santo To- 
más. 

De sus poesías dice García Salas que, "han nacido expon- 
táneamente como las flores del desierto." Hay, en efecto, en 
cuanto de Alfaro hemos leido, tal naturalidad, que como decía- 
mos de Cruz, cualquier corazón sensible podría exclamar al 
escucharle: "lo mismo lo siento yo." 

Cuando un escritor logra arrancar grito semejante del pecho 
de sus lectores, es que ha cumplido con las reglas del arte; cuan, 
do procede de un poeta ese fenómeno, bien puede jactarse con 
Horacio de poseer la meus divinior, que constituye á los verda- 
deros hijos de Apolo. 



312 galería poética. 



RIMAS. 



Yo la miré con la mirada intensa 
de una pasión amarga y delirante, 
y no supo mirar en mi semblante 
la negra nube del dolor tenaz. 

Y en una queja tímida y doliente, 
que arrancara el amor desesperado, 
un sollozo del alma le ha dejado, 

un sollozo del alma. . . .y nada más. 

Ella que el sueño de mi vida ha sido,, 
ella que. fué mi porvenir entero, 
¿querrá domar mi espíritu altanero.í^ 
¿querrá gozarse en mi pesar tal vez? 
Mas si la quise con el pecho henchido 
por la santa ambición de la esperanza, 
jamás su necia vanidad alcanza 
á domeñar mi orgullo y mi altivez. 

Y vencerá por fin ... , pero la frente 
marchitada, rugosa, amarillenta, 
revelará también que la tormenta 
altiva des¡5r€M:ió de su dolor. 

Y vencerá por fin .... pero la parca 
al descorrer las sombras. de la vida, 
dejará en la pupila entristecida 
escrita allí, la historia de mi amor. 



JOSÉ MARÍA ALP'ARO. 313 



ILUSIÓN Y REALIDAD. 



(Cuando el ñlósofo ve 
con su mirada de hielo 
la verdad del desconsuelo, 
la mentira de la Í2; 
pregunta al cielo ¿por qué 
me diste tu luz divina, 
si en lo que el alma imagina 
con más delicioso halago, 
ve la razón tanto estrago, 
y en cada flor una espina? 

• 
11 

Y el vate que eleva el canto 
de halagadoras caricias, 
ahogando va sus delicias, 
en los raudales del llanto, 
porque ha delirado tanto 
en su sueño de venturct, 
que cuando su labio apura 
el acíbar del dolor, 
más agrio encuentra el licor, 
más amarga la amargura. 



814 galería poética. 



III 

Llora el sabio la ficciór. 
de la ilusión de su vida, 
y el vate llora perdida 
la vida de su ilusión; 
y yo con igual pasión 
cuando la pena me acosa 
con su sombra venenosa, 
exclamo en mi desvarío: 
¡cómo he de mirar, Dios mío, 
para hallar la vida hermosa? 






JOSÉ MABÍA ALFABO. 315 



RISA Y LLANTO. 



Al pasar una luz, pintó la risa, 
y al pasar una sombra, pintó el llanto; 
creció en el labio dulce la sonrisa, 
y en la pupila se anidó el quebranto. 



Mas ¡ay! cuando la mente desvaríe, 
por la duda fatal que la devora, 
si el duelo baja hasta los labios, ríe; 
si el gozo sube hasta los ojos, llora. 

V á mí que tengo ya seca la fuente 
del llanto y de la risa, ¿qué me queda? 
mucha arruga no más sóbrela frente, 
sin que la risa remedar ya pueda. 



• 



816 galería poética. 



ABIOSA.... 



Ya no quiero tu amor, estoy cansado 
de soportar desdenes y desprecios, 
he luchado hasta el fin, y me has vencido; 
ya no me queda más que mi despecho. 

Quiero decirte adiós! mi labio torpe 
al cabo romperá tanto silencio; 
es cierto que te amé como ninguno, 
pero hoy como ninguno. . . .te respeto. 



^ 
i 



.lOSK MARÍA ALFAKo. 



317 



LAS DOS DUDAS. 



Es Lucila coqueta y veleidosa, 
y ha jugado al amor con tanto empeño, 
que negando su influencia poderosa, 
ya sus conquistas le parecen sueño. 

V la bella, dulcísima María, 
que amó con el candor del alma pura, 
perdida la ilusión ¿si amar podría? 
se pregunta también, con amargura. 

Mas hay que perdonarles la arrogancia 
de esa duda fatal de tanto áaño: 
que una duda nació de la ignorancia, 
y otra duda nació del desengaño. 



» 



3l8 GALERÍA POÉTICA. 



RIMAS. 

A mi amigo Isidro Calderón Marín 



jAh! yo la amé: que presto el infortunio 
en mi angustiado pecho se asentó: 
y sentí sobre el alma lacerada 
gravitando, la noche del dolor. 

Tu me has visto sonriendo delirante 
soñándola en dulcísima visión, 
y recoger mi espíritu á su vista 
cual la pupila ante la luz del sol. 

c 

Ella ha podido obscurecer mi gloria 
y matar en mi pecho la ilusión 
y encapotar el sol de mi esperanza; 
pero arrancarme su recuerdo, no! 






C 



^tfMMk*<k 



Ai*A*A***i 



ik*i******i«i*i 



it^rf^^ri^^rf^Mrtaft> 



JOAQUÍN ^ÉITDEZ. 






Es uno de los jóvenes salvadoreños que con mejor éxito se 
han dedicado al cultivo de las letras en estos últimos años. Mén- 
dez comenzó como la mayor parte de los poetas de la época, 
por imitar en sus Notas á Becquer; mas con posterioridad á su 
viaje por Europa, prefirió seguir á Víctor Hugo, de quien ha he- 
cho algunas felices traducciones. Últimamente, y á pesar de su 
reconocido talento, no ha podido librarse de \7i(íi^cí??ioma?íí(i que 
acometiera á casi todos nuestros barden 

Como prosista, Méndez es un escritor castizo, tanto así, que 
ha merecido la honra de ser nombrado miembro correspondien- 
te de la Real Academia Española, en San Salvador. 

Periodista á la altura de su misión, jamás ha descendido al te- 
rreno infamante del insulto, ni aún manejando la sátira, ep oca- 
siones en que él mismo era víctima de esa arma que, colocada 
en ciertas manos, produce heridas que envenenan el corazón más 
generoso. 

Méndez ha trabajado siempre con ahinco por la fundación y 
sostenimiento de centros literarios, donde quiera que ha estado; 
y actualmente reúne á los varios títulos de sociedades naciona- 
les y extranjeras de qué es poseedor, el *dp Vice- Presidente del 
"Ateneo Centro-Americano" en Guatemala. * 

Si sus poesías carecen de originalidad, fuerza es confesar que 
abundan en bellezas de primer orden. Emancípese nuestro bar- 
do de ese espíritu de imitación que hasta ahora le ha guiado, 



320 galería poética. 



que no es mas que una consecuencia de lo mucho que se apa- 
siona en la lectura de sns poetas favoritos, y estamos ciertos de 
que, en breve plazo, poco tendrá que envidiarles. Es joven, y la 
literatura americana le brinda con un brillante porvenir. 

In prcEstantibíis rebiís, magna snnt ea, qnce sunt optimis pro- 
xima. 






JOAQUÍN MKXDEZ. 32i 



LO QUE DIJO UNA NIÑA- 



§e hablaba ayer, en íntima tertulia, 
de que el gran Víctor Hugo había muerto, 
y cada cual, entre asombrado y triste, 
así le consagraba sus recuerdos: 

— ¿Quién es y qué merece? — exclama un joven: — 
Mucho amor en la tierra y en el cielo 
al amigo constante del que sufre, 
al defensor del débil y del bueno. 

Una madre. — Es Jesús que ama los niños. 
Un emigrado. — Es Dante en el destierro. 
Un poeta. — A la vez es Víctor Hug(^ 
Dante y Virgilio, Calderón y Hámero. 

Un artista. — Es el Fidias de la estrofa. 
Otro.— Goya y Rafael del pensamiento. 
Un marino. — Colón de la poesía. 
Un justo. — El Aristides del ingenio. 

— Yace en el Panteón? — Le ha puesto Francia 
en el Arco de Triunfo. — Bien! — Soberbiol * 
— Por blandón ese túmulo reclama 
la estatua de Bartholdi. — En bronce. — En^ hierro. j 

T. III 21 » 



322 galería poética. 



— No ha menester su gloria nuevos lampos. 
— Al siglo actual la historia del progreso 
'*le llamará ¿de Napoleón ó de Hugo?" 
— El Arco de la Estrella ha de saberlo. — 

Unos le dan coronas de laureles, 
otros por epitafio el firmamento; 
los rumores del mar por elegía, 
y por culto el cariño de los pueblos. 

Un anciano le ofrece á su memoria 
el corazón más noble como templo; * 
y mientras un hipócrita sonríe, < 

dice una niña: — ¡Yo íe diera un beso! 






JOAQUÍN MÉNDEZ. 



328 



NOTAS. 



Acabo de escuchar una leyenda 
con el ardor del corazón escrita, 
y, ante esa del amor sagrada prenda, 
siento en mi corazón ansia infinita. 

jCómo al través de interminables años 
tiene ese amor la fe del primer día, 
y, á despecho de crueles desengaños, 
agitarse le veo todavía! 

Aún palpita, convulso y sollozando, 
de un duro corazón ante el reproche, 
como el rayo de luz que va temblando 
en las primeras sombras de la noche. 

Ella le ama, él la adora! y ^ el mundo 
para sus almas candidas estrecho, 
desde que son, en su éxtasis profundo. 
un sólo corazón y un sólo pecho. 

Mas la pasión que á lo infinito aspira 
realizarse no puede aquí en la tierra, 
do siempre la maldad y la mentira 
mueven á la virtud infanda gujrAi. 

Y ese cariño fiel que me conmueve 
y de ofrecerle un canto me da anhelo, 
á desplegar las alas no se atreve 
y espera realizarse . . . allá en el cielo! 






►24 galería poética. 



Ingrata humanidad! Cuan vanidosa, 
llevas de orgullo el pensamiento lleno, 
buscas lo grande, y de lo bueno ansiosa, 
no comprendes lo grande ni lo bueno! 

Buscas la redención siguiendo el dolo 
que obscurece tu espíritu sublime, 
y no penetras que el amor tan sólo 
á la cansada humanidad redime. 

Proclamas la virtud y no conoces 
esa aureola del Dios que no comprendes, 
y entre el estruendo de mentidos goces, 
dices — ¡virtud! — y la conciencia vendes. 

De jazmín y azucenas no se viste 
erial do crece moribunda palma; 
ni hay virtud sin amor, como no existe 
color sin luz, aspiración sin alma. 

Yo creo en el amor! Mi joven frente 
no ha enfriado aún el vil materialismo, 
ni jamás se ha inclinado, torpemente, 
ante elídolo imbécil del cinismo, 

Y de esa inmensa religión en nombre, 
te interroga mi acento tremebundo: — 
¿Por qué negar al corazón del hombre 
lo que da vida al corazón del mundo.^ 

Vé! el amor es el pájaro que canta, 
la violeta que el céfiro perfuma, 
el sol primave|-al que se levanta, 
el beso que á la roca da la espuma. 

Oye! son los rumores de la fuente 
cuando el día se aduerme en el ocaso, 
voz qne cae en el alma, suavemente, 
como perlas de Ofir en áureo vaso. 

Escucha! es lo que dice la arboleda 
cuando de hojas y flores se engalana 
y, diamante ^n zafiro, ostenta leda 
SM rocío feliz de la mañana. 

Siente! lo que en el alma percibimos 
cuando sin voz y sin palabra hablamos. 



.invnnv MKVbK/. 



325 



y al calor de otro pecho sonreímos 
y un cielo arrebolado atravesamos. 

Con su soplo benéfico y fecundo 
le da á las aves y á los astros vuelo; 
y sin él no tendríamos el mundo, 
ni mas allá de esta región el cielo. 

¿A qué, pues, evitar lo que otro día 
el mismo Dios santificó en la tierra, 
lo que dio nacimiento á la Poesía 
y lo más grande que la vida encierra? 

Lo que en su vuelo el infinito abarca, 
le dio al Tasso aureola deslumbrante, 
•eterni2^ la gloria de Petrarca 
y dio el poder de un seinidiós al Dante! 

¡Tanto vale cortar á la paloma 
las blancas alas que al volar despliega, 
y arrancar el rosal, porque su aroma 
presta á la brisa, que en sus hojas juega! 

Tanto vale quitar luz á los ojos, 
vibración necesaria á los oidos, 
y al hombre dar inútiles despojos 
en vez de corazón y de sentidos! 

Pero ello es imposible! No podemos 
en su camino detener al orbe, 
ni jamás en el mundo alcanzaremos 
á apagar esa luz que al mundo absorbe! 

Nada importa ese cálculo que aleve 
sonríe haciendo el corazón ceniza; 
y á despecho del siglo diez y nueve, 
se alzará en cada pueblo una Eloísa! 

Vosotras las que amáis, almas dichosas, 
aunque apuréis el cáliz de la duda, 
siempre esperad un porvenir de rosas, 
si la virtud ingénita os escuda. 9 

Si sois tan desdichadas que en el mundo • 
no lográis que se espanda vuestro anhelo, 
esperad el momento tan fecundo 
de abrir las alas y volar al cielo. 



326 galería poética. 



En la sacra región del Bien divino 
que en el amor fundió sus hermosuras, 
gozosas cumpliréis con el destino 
que Dios le señaló á las almas puras. 

Seréis cual las errantes golondrinas, 
que cuando el austro marchitó las flores, 
presintiendo las pálidas neblinas, 
se elevan á buscar nuevos fulgores. 

La avecilla modesta del verano, 
no vive sin calor, y tiende el vuelo; 
el alma, en su destino soberano, 
no vive sin amor, y sube al cielo. 

Sube risueña á la celeste altura; 
y al resplandor de la región distante, 
parece el cáliz de la flor más pura, 
en un rayo de luna, vacilante 

Almas que amáis! La vida es sólo un paso 
y en él no muere el corazón ardiente: 
si el amor aquí abajo tiene ocaso, 
allá arriba no tiene más que oriente. 



^ ^ 
iij 



JOAQUÍN MBNDEZ. 327 



Iris tiene el rocío, 
rodo la corola, 
corolas el ramaje, 
y los ramajes tórtolas: 
yo que tengo todo eso, 
pues mía es tu alma toda, 
llevo ¿iempre en mis labios 
canciones amorosas. 



■5Í- 



Ingenua como el cántico del ave, 
como la luz que espléndida ilumina, 
cual el vago rumor del arroyuelo, 
es la alma Poesía. 
Expontánea se exhala de las cuerdas 
vibrantes de la lira, 
cual el aroma casto de las ri(jres 
y el efluvio suave de la brisa. 

Brota del corazón, amable y* pura, 
como del manantial la clara linfa, 
y la flor cuando viene la mañana, 
y la áurea estrella al ocultarse el día. 

En la canción que sin querer se aprende 
y el alma nunca olvida, 
y hasta en el verso que temblando queda 
en el alma que canta ó qu(; susf^ra; 
en la frase, en la voz. en el acento i 

que átodo humano corazón hechizan; 
donde hay algo que es de uno y es de todos, 

está la Poesía. » 



328 galería poética. 



•96- * 



Sus ojos. .. .yo no sé si son dos soles 
ó dos abismos que de negros brillan; 
tienen muchas tinieblas para noche, 
y demasiada lumbre para día: 
sólo se que esos ojos envidiados 
muerte dan más hermosa que la vida, 
y que deseara hundirme en esos caos 
ó abrasarme en la luz de sus pupilas. 



«3f 4f- 






Allí va! Me saluda y la saludo 
más que con la palabra, con los ojos: 
algo en nuestra mirada está diciendo 
que hay algo entre nosotros. 
Vedla, con que melancolía inclina 

la faz pálida y bella! 
Se lee en su languidez que va muy triste, 
porque de otra región ella se acuerda. 

La breve planta imprime sobre el césped, 
y así en su paso trémulo 
bien se ve que, nacida entre querubes, 
no se habitúa á recorrer el suelo. 
Sí! Mirad su ademán sobrecogido, 

su lánguida mirada; 
temerosa parece, y en sus hombros 
se ve el lugár'^en donde tuvo alas. 
^^ Yo la diré con la mirada triste 
que á su patria feliz torne ora mismo, 
y al ascender festiva y soñadora 
que me lleve consigo. 



JOAQUÍN MÉNDEZ. 329 



* -^ 



Te has vengado de mi como inspirada: 
humillaste mi orgullo con tu amor, 
mi olvido con tu lánguida mirada, 
mi frialdad con tu ardor; 
y cuantío yo creí que tú eras mía, 
pues tuyo era mi ardiente corazón, 
quise implorar perdón dándote un beso; 
y hallé sólo el cadáver de una virgen, 
y un hombre que lloraba. . . .¡y era yo! 



* * 



¿Por qué me llaman joven? Porque saben 
que tengo cuatro lustros; 
porque ignoran que una alma cual la mía 
envejecerse puede en un segundo. 






330 galería poética . 






He visto al inocente perseguido, 
loado al malo, escarnecido al bueno, 
en la cátedra altivo al ignorante, 
y al sabio convertido en pordiosero: 

he visto en almoneda la hermosura, 
la virtud puesta á vergonzoso precio, 
la amistad posponerse á la ganancia, 
y hasta el amor soñando con ser Creso: 

persiguióme sin tregua la calumnia, 
y aunque sus dardos arrostré sereno, 
sentí en mi corazón algo espantoso, 
cual lucha entre el empíreo y el infierno: 

llegué á dudar de la Clemencia suma, 
vi en el alma, no aurora, si no cieno, 
y también como aquellos que me herían, 
desconfié de los hombres, torpe y necio; 

pero algo ore reanima en este instante 
haciéndome cr^er; un algo siento 
que en mi pasa cual soplo matutino 
y me da ansias de amar y de ser bueno: 

busco en tus ojos salv^ación, cual busca 
en los cielos el náufrago un lucero: 
díme que me amas! Si me quieres, niña, 
voy á reconciliarme con el cielo. 



c 



JOAQUÍN' MKNDEZ. 831 






Cuando tii me dijiste que me amabas, 
me devoraba negro escepticismo, 
dudaba del amor y la esperanza, 
no creía en la paz ni en los amigos; 
pero al oír tu frase inmaculada, 
sentí erf mi pecho renacer el brío, 
hice mis confidentes á las flores, 
y les confié mi dicha y mi delirio 
á los cielos y á el aura, y con orgullo 
me los conté vo mi^mo. 






332 galería poética. 






Debajo de esta lápida mortuoria 
un joven corazón reposa inerte: 
amó la Poesía, ansió la Gloria, 
y al encumbrarse en pos de la victoria, 
entrambas alas le arrancó la Muerte.» 

Cayó como la alondra que despliega 
sus plumas al fulgor del sol de Mayo, 
por los aires sus cánticos riega, 
y cuando cerca de una nube llega, 
la arrastra el aquilón, la ahoga el rayo. 

Triste sepulcro! Cuántas ilusiones 
han descendido hasta tu fondo obscuro! 
Se han poblado tus lúgubres regiones 
con siluetas de espléndidas creaciones 
que iba á animar la luz de lo futuro. 

Cuando posa su labio descarnado 
sobre una joven sien llena de ardores, 
la Muerte de placer ha palpitado: 
tú eres noche ^polar, y has devorado 
de una aurora boreal los esplendores. 

Siembra el rudo huracán los esparcidos 
frutos que arranca al árbol que desmaya 
gritando de dolor en sus crugidos, 
y el peñón repercute los bramidos 
¿el mar domado, en la sonante playa. 

Tú, ¿qué\h^ces sepulcro.^ Mudo y frío, 
% ¿aún envías las almas á los cielos, 
como la flor sus gotas de rocío.^ 
Lleno está el mundo de maldad y duelos, 
y afirma que el empíreo es un vacío. 



JOAQUÍN MÉNDEZ. 838 

Cae la lluvia, júntase la tierra; 
nace la ortiga; en derredor la grama 
lanza sus hojas, la raíz soterra; 

pero del corazón que el polvo encierra, • 

no surge más la abrasadora llama. 

Luce aljófar después en las corolas 
que abren al despuntar claveles rojos, 
blancos lirios y rubias amapolas, 
y se nutren quizá sus espongiolas 
en las húmedas cuencas de unos ojos. 

Pero ¿son esas lágrimas el llanto 

que ha templado las cuerdas de una lira? 

¿imitan^como aquel, el triste canto 

que forma en el ciprés del camposanto J 

el aura misteriosa que suspira? 

Natura es muy gentil; mas sus colores 
quedan en su mágica paleta 
sin un pincel baQado en resplandores; 
é inútiles serían sus rumores 
sin la lira vibrante'del poeta. 

Genio! no es tu destino caer rendido 
y alimentar las yerbas sepulcrales: 
¿eres Verál? haz la iliada del sonido; 
¿Edisson.^ manten al orbe unido; 
^/Víctor Hugo.'^ esculpe himnos inmortales! 

Cuando concibe el pensamiento humano ^ 

la vida eterna, sólo en la memcfria; 
¡triste es ver al ingenio soberano 
morir con áurea pluma en una mano 
al acercarse al libro de la Gloria! 



• 



834 GALKKIA PU ÉTICA. 



ECOS DEL SIGLO 



(Versos recitados por su autor en la sesión pública que el "ate- 
neo CENTRO- americano" CELEBRÓ PARA SOLEMNI^'.AR LA ABOLICIÓN 
DE LA ESCLAVITUD EN EL BRASIL.) 



Expirante el retroceso, 
que es ya el único imposible, 
sólo hay una fe plausible 
que se funda en el progreso. 
Ella enciende con Uíi beso 
al genio batallador, 
y al darle lumbre y calor 
surge el hombre emancipado, 
mientras se hunde en lo pasado 
^ la tiniebla del error. 

Esa fe no alza la mano 
sangrienta, de Dios en nombre, 
e^a fe no quema al hombre 
ni echa hermano contra hermano, 
Su acento republicano 
nos entef a la igualdad, 
esparce*'la libertad 
en purísimos anhelos, 
nos muestra tierras y cielos, 
^ y nos dice: ¡meditad! 



JOAQUÍN MENDKZ. 



336 



Ella tiene por Mesías 
genios sedientos de gloria, 
por evangelio la historia, 
y ciencias por profesías, 
(Jon celestes alegrías 
da la hostia de la idea, 
y con su culto recrea, 
en su comunión bendita, 
al pensador que medita 
y al niño que deletrea. 



Ella, si á Eddison alienta, 
bella dicha al hombic labra 
tornando en luz y palabra 
las furias de la tormenta; 
ella descubre la imprenta, 
ese ariete contra el mal; 
ella la noche social 
va borrando por el mundo, 
y hace á don Pedro II 
un monarca liberal. 



Ella eleva, dulce y buena, 
en cada hombre un ciudadano, 
y se funden en su mano 
el grillete y la cadena; 
ella impávida y serena 
da al gran pueblo noble scj:^ 
fuego en el alma al verter, ® 
mina tronos, bota reyes 
y rasga opresoras leyes 
con la risa de Voltaire. 



336 galería poética. 



Ella desata del mal 
el triste y pesado yugo, 
el hacha quita al verdugo 
y al cadalzo el criminal. 
La verdad es su ideat 
y la perfección su fin; 
por ella no habrá confín 
que no oiga con ansiedad 
cantos de la libertad 
en las torres del Kremlin, 



;Qué imposible hay para ella? 
¿Qué tiniebla no vacila 
cuando en los cielos cintila 
la más poderosa estrella? 
Pongamos sobre su huella 
noble aplauso en dulce beso; 
tengamos por embeleso 
á esa luz que nos levanta: 
¡la fe más pura y más santa, 
la fe ardiente en el progreso! 



Jamás tuvo la poesía 
ocasión más oportuna 
de saludar en su cuna 
más espléndida alegría. 
Con dulcísima armonía 
cantad, 'pv^etas, cantad; 
que es Bella la humanidad 
contemplando emocionada 
á una testa coronada 
que proclama la igualdad! 



Del progreso es un trofeo 
este ejemplo soliera no 
que el ^ran suelo americano 
le envía al mundo europeo. 
Por él, noble y giganteo 
es don Pedro el inmortal; 
el á su siglo es leal 
y no ha creído mejor 
su cetro de Emperador, 
que el nombre de radical. 



Cantid, bardos, las victorias 
de líjt luz y del derecho, 
y exhalad de vuestro pecho 
un himno eterno de glorias. 
Son bellas las ilusorias 
remembranzas del pasado; 
pero siempre más loado 
será, doquier repetido, 
el cántico no aprendido 
del futuro inmaculado. 



La poesía es la más bella 
expresi(Jn del pensamiento 
quilatad su valimiento 
con grandeza y donosura; 
que es innoble su hermosura 
SI no es alta y popular; ^ 

su época ha de interpretar 
para ser grande y vivir, 
si es razón que hace sentir, 
V arpegio que hace pensar. 



111. 



^9 



338 galería poética. 

Como en la luz que destella 
va del iris la armonía, 
en la luz de la poesía 
va toda arte pura y bella: 
el alma absorta ve en ella 
arquitectura que encanta, 
elocuencia que levanta, 
escultura nunca extinta, 
una música que pinta 
y una pintura que canta. 

Es Homero, y diviniza 
á la Grecia en himno ufano; 
es para el mundo romano 
Horacio, y le inmortaliza; 
es el Dante que analiza 
la Edad Media en rudo acento; 
es para el Renacimiento 

Calderón austero y blando 

Víctor Hugo compendiando 
al siglo del pensamiento . . 

Cantad, poetas, cantad! 
y en himno elocuente y puro 
ensalzad el gran futuro 
de progreso y libertad! 
*' Así de edad en edad 

vuestro canto se va á oír; 
sólo así podréis decir 
que fuisteis al siglo fieles 
y alcanzareis los laureles 
que os ofrece el porvenir! 



JOAQUÍN MEXDKZ. 



339 



EL PARRICIDA. 



(VÍCTOR HUGO.-LEYENDA DE LOS SIGLOS.) 



Era una noche obscura y silenciosa 
cuando Kanut mató á su padre Svveno 
que dormía, decrépito y sereno, 
sin uno solo de su inmensa grey. 
Sin más testigo que la ciega noche 
y al verle para siempre ya dormido, 
dijo Kanut: "Ni él mismo lo ha sabidof 
y fué en seguida poderoso rey. 



Doquiera vencedor, su gran fortuna 
l)rillaba como el sol del mediodía; 
la nación respetuosa le aplaudía 
y su presencia dábale valor. • » 
Con vínculos de leyes y costumbres 
y para engrandecer á Dinamarca, 
nuevas tierras ganábale el monarca, 
cuyo trono crecía en esplendor. 



3i0 GALERÍA POÉTICA. 



Venció á sajones, vándalos y pictos, 
celtas, borusos, nómades y eslavos, 
y cual rindió en la lid á los más bravos 
los ídolos siniestros abolió; 
los menhires y runas terminaron 
al regio resplandor de su victoria; 
y al ceñirse la aureola de la gloria, 
tan grande como César se creyó. 



Veinte años recorrió sobre laureles 
soberbio el deslumbrante caballero, 
á quien todos con júbilo sincero 
le amaban y temían á la vez; 
y en medio del poder y la grandeza 
que el áureo cetro que usurpó le daba, 
él mismo de su crimen se olvidaba, 
y seguía reinando en su altivez. 



Murió. Sobre su féretro de oro 
el obispo ofició en los funerales 
y dijo con acentos sepulcrales: 
jcomo él no existen en la tierra dos! 
Llamóle justo, proclamóle santo, 
bendijo, por celeste, su memoria, 
y le puso sentado allá en la gloria 
á la derecha del Eterno Dios. 



Vino la noche; el órgano enlutado 
fué extinguiendo sus fúnebres gemidos, 
y salieron con rostros compungidos 
los prestes^ de la inmensa catedral. 
Quedóse el templo solitario y triste 
en medio del dolor de Dinamarca, 
y descendió á la tumba del monarca 
el más hondo silencio sepulcral. 



JOAyriX MEXDKZ. 



341 



Mas despertando el rey abrió los ojos^ 
tomó su cetro, lúgubre y callado, 
y salió del sepulcro apresurado, 
y á la puerta del templo caminó; 
cruzó el mar que las cúpulas refleja 
de las torres de Elseneur y de Aliona; 
en las sienes llevaba la corona, 
y la sombra sus pasos escuchó. 



Al monte Savo dirigióse altivo 
y le pidió unos copos de su nieve 
para l^cer un sudario l)lanco y leve 
que el monte no podíale negar. 
Kanut sacó la espada no vencida, 
quitó un girón al manto del coloso, 
y al ponérselo encima presuroso, 
por Dios, al Savo, preguntóle al par. 



No sé el camino, respondióle el Savo, 
y le dejó Kanut trntre sus hielos: 
buscó la ruta de los altos cielos 
y de frente miró la inmensidad. 
Rodeado por aquella eterna noche 
más fría y silenciosa que el osario, 
llamó el rey, bajo el frígido sifdario, 
y no le respondió la eternidad. 



Avanzó con audacia, y derrcpente 
algo vio desprenderse de la altura, 
y en su manto de nítida blancura 
una gota de sangre percibió, t • 
Alzóla frente, en su atrevido orgullo 
por los teirrores nunca dominada, 
perdióse entre las sombras su mirada 
y ¡adelante! impertérrito exclam«'). 



842 galería poética. 



Una segunda lágrima de sangre 
cayó donde ya estaba la primera; 
el jefe cimbrio interrogó á la esfera, 
y nada entre las sombras pudo ver. 
Siguió el sendero con valor terrible 
como á romper el horizonte breve, 
y en su manto blanquísimo, de nieve, 
una tercera gota vio caer. 



Desque subió las gradas de su trono, 
jamás sus pasos por temor contuvo; 
pero allí aquella gota le detuvo, < 
cambió de rumbo y rápido pasó. 
Mas por la nueva senda, tan obscura, 
que tiniebla sin límite envolvía, 
en la mano que el cetro retenía 
otra gota de sangre le cayó. 



Kanut retrocedió, con ese miedo 
que sólo siente el alma solitaria, 
quiso volver á la urna funeraria 
y nueva sangre pudo percibir. 
Lívido se detuvo aquel guerrero 
y una oración sus labios ensayaron; 
nuevas gotas la altura abandonaron 
v en su manto se fueron á reunir. 



Expiró la plegaria entre su pecho 
cual un aroma en ráfaga pujante, 
y el héroe confuso y vacilante 
volvió, sjit rumbo fijo, á caminar. 
Del fondo de aquel cielo tenebroso 
nuevas gotas de sangre descendieron, 
unas tras otras sobre el rey cayeron, 



^ y el niveo manto fueron á manchar. 



JOAgilX MÉNDEZ. 



343 



¿De cjüién era ese llanto formidable 
sino del corazón del infinito? 
Kanut vagaba trémulo y contrito 
entre las sombras por buscar á Dios. 
\^ió por fin una lumbre misteriosa 
que enviaba lampos desde allá muy lejos, 
y entre aquellos purísimos reflejos 
ovó de los arcángeles la voz. 



Quiso comparecer rnte el Eterno, 
y hacia él con humildad se encaminaba; 
mas la luz misteriosa le alumbraba 
el manto que la sangre enrojeció. 
Ansió retroceder; pero doquiera 
implacable la sangre le caía; 
Kanut comprendió entonces loque hacía 
cuando al anciano rey asesinó. 



Van pasando los años y los siglos, 
y el monarca invencible no se atreve 
á ver á Dios, ni á desgarrar la nieve 
con que quiso su crimen ocultar; 
vaga es la obscuridad que le rodea 
bajo un cielo fatídico y horrendo, 
de donde gota á gota está ca^'endo 
en su frente la sanirre sin cesar. 






344 GALERÍA POÉTICA. 



LA MÚSICA. 

A LA SEÑORITA ADRIANA ARBIZÍ 



r 
SONETO = 



Toca, Adriana, disipa con el piano 
la tristeza que anubla mi semblante; 
es la música, alegre ó sollozante, 
de las almas el canto soberano. 

Mas no hieran las notas de tu mano 
mi recuerdo de amor agonizante, 
quiero olvidar, amiga, un sólo instante 
ése de llanto misterioso arcano. 

La música es placer, melancolía, 
es recuerdo y dolor, tormento y calma, 
y hace nacer á veces la alegría 
y á veces, niña, despedaza el alma: 
toca, pues, del placer con el acento, 
mas no renueves ay! mi sufrimiento. 
tí t 

€ 



•*^Éh*«rfMbl^ik**i*4^hi^^^l*^^«^^Mh* 



JOSÉ M^ TJREUTIA y QTJZMAIT 



"Plebeyo soy! Los descarnados brazos 
de una débil mujer fueron mi cuna; 
y el techo de mi alcoba hecho pedazos, 
pasar dejaba el rayo de la luna . . 

He ahí en que términos nos da noticia de su origen el aventaja- 
do poeta cuyo nombre sirve de título á estas líneas. Hijo del pue- 
blo, educado en la escuela de la desgracia, pero de sentimientos 
noblesy elevados, José María Urrutia y Guzmán tiene razón so- 
brada para enorgullecerse de haber subido tan alto en el aprecio 
de sus conciudadanos, sin más ayuda que el acendrado amor de 
una madre y su constancia en el trabajo y el estudio. De su ho- 
gar dice, con naturalidad y sentimiento? 

"Había allí un exceso 
de orfandad y de luto; 
y mi madre mfeliz, en su embeleso, 
no sabía el tributo 

(]ue en tiempos del más negro absolutismo. 
juagaba el proletario al dt^spot^f^mo." 

Antes del 71 Urrutia y Guzmán fué impresor en la Tipogra- 
fía de Luna y estudiante en San Buenaventura y la Universidad ,^ 



346 galería poética. 



de San Carlos; mas luego que la revolución redimió al pueblo, 
se hizo periodista y literato, pedagogo y militar. 

Por un amigo suyo, sabemos que tiene coleccionadas todas 
sus poesías, y que pronto las dará á la prensa en un solo volu- 
men. Las que en seguida ofrecemos, se han tomado de perió- 
dicos de esta capital. Recomendamos, sobre todo, la lectura de 
las intituladas "La Primera Página" y á "Dolores", en las que se 
transparenta, en toda su belleza, la delicada alma del poeta. Tam- 
bién son dignos de encomio sus sonetos, la mayor parte de los 
cuales ha firmado con el seudónimo de Ramoncito. 






JOSÉ MARÍA IRRUTIA Y GUZMAN. 847 



A DOLORES. 



Lx)s dos soñamos porvenir de flores; 
los dos hallarnos porvenir de abrojos; 
y al pasar la ilusión de los amores 
las lágrimas brotaron de los ojos. 

Y viendo cual las flores se marchitan, 
luego que huye el fulgor de la mañana, 
y nubes que en tropel se precipitan 
trayendo el rayo de región lejana; 

V que arrojando centellantes cauda>, 
bajo un cielo cubierto de crespont's, 

va la tormenta con sus alas raudas 
desatando el furor de los turbiones; 

Nuestra mirada, luminosa un día. 
que buscaba el cristal de las estrellas, 
y al encontrarlo, en >u fulgor veía 
algún misterio del amor en ellas. 

•^ •) 
Sólo descubre ráfagas de íüego 
que pálidas alumbran una fosa, 
donde no se oye la oración del \uc<ro 
ni la plegaria funeral, piadosa. 



848 galería poética. 



Digamos ¡ay! en cánticos solemnes: 
"un amor y una tumba es nuestra historia, 
y el llanto amargo de un dolor perenne 
rocío del laurel de nuestra gloria." 



Porque nos dio fatídico destino 
un corazón que llora y que delira; 
de espinas erizó nuestro camino, 
V en nuestras manos colocó una lira. 



Y cual aves, sin patria y pasajeras, 
que van doquiera su orfandad cantando, 
cruzamos entre sombras y quimeras 

y seguimos aun, siempre soñando. 

Y cuando el fuego del cénit se aleja 
y queda el corazón desfallecido, 
levanto yo mi moribunda queja 

y tú levantas inmortal gemido. 



Excepcionales y malditos seres, 
espíritus de luz y soñadores, 
que soñamos en medio á los placeres 
y soñamos en medio á los dolores: 



Nosotros ofrecemos triste canto 
en lugar de la hiél de la venganza; 
y un placer encontramos en el llanto, 
y en vaporosos sueños, la esperanza. 



t t 

Y ¿habretnos de soñar, pobre Dolores, 

« hasta el triste final de nuestra senda, 
hallando las espinas tras las flores 
y buscando la luz tras una venda? 



.loSK MAHIA CinüT! A ^ 



¡40 



V <hal)icmüs de sonar mientras que dure 
de una vida tan laro^a, la eadena. 
aun(jue envolvernos el demonio jure 
en sed de dichas y en eterna pena? 

Soñemos ¡ay! La pesadumbre inspira 
y siempre hay para el llanto algún consuelo. 
y en nuestras manos colocó una lira 
para endulzar el sufrimienrí>, el cielo. 



Soñemos ;ay!;Oué importa que deshecho 
por la desgracia el corazón sucumba, 
si es este mundo á contenerle estrecho 
y está la libertad tras una tumba! 



Soñemos ¡ay! Yo quiero de tus sueños 
escuchar esas cantigas que arrullan; 
quiero oír esa voz de tus ensueños 
que remeda Ins fuentes que miirnuillan. 



V si heniu^ de soñar, demos un i'rito 
que responda, "pasad." á los dicterios, 
y espetemos la luz de lo infinito 
que revela del alma los misterios. 



Despreciemos del mundo los sonrojos, 
no busquemos en él dichas ni amores, 
pues que encontramos porvenir de abrojos 

V JK'mo^ ^oniKlo poivenir de lloír^ 



Contemplemos su saña, su miseria 
y agudos dardos con augusta calma, 
que no importa se rasgue la materia 
si queda la razón, si queda el alma. 



850 Í^ALKKIA ]M)ÉriCA, 



V si soñar tenemos por destino 
una alborada fugitiva y vana, 
no está en el mundo nuestro ideal divino 
sino en en el cielo, dolorosa hermana, 

Unamos nuestras quejas plañideras 
y olvidemos un tanto nuestro duelo, 
y cual aves sin nido y pasajeras, 
nuestra pena á cantar, vamos al cielo. 



JOSÉ MARÍA UBRl TÍA ^ «.LZ.MAN. GOl 



EN EL PRADO 



Al prado va con el arrullo triste 
que por su amor conservan las palomas, 
y el prado con sus tintas la reviste 
y ella le deja al prado sus aromas. 

Por eso veo en el hogar querido 
de las hadas, las linfas y las flores 
cada mañana, el adorable nido 
del ángel de mi dicha y mis amores. 

Van en su alma la paz y la ternura; 
con sus ojos, la luz de la pureza; 
con su semblante, un rayo de dulzura, 
y con todo su ser, va la belleza. 

V cuando el césped deshojado miro 
por una breve, perfumada huella, 
comprendo al exhalar hondo suspiro, 
que va también, mi corazón con ella. 



galería poética . 852 



LA PRIMERA PAGINA 

A MI MADRE. 



Cuando la luz iluminó mi frente 
en un albergue húmedo y estrecho, 
tu en mi cuna velabas diligente, 
fortificando mi vigor naciente 
con el jugo vital que hay en tu pecho. 

Cuando niño me vi, mis alegrías 
animaba tu tierna cantinela; 
si yo corría, tras de mí corrías, 
y juguetes y dulces me ofrecías 
porque fuese, a la iglesia y á la escuela; 

y de Dios y del hombre la existencia, 
que ha ofuscado la mente de mil sabios, 
en mis felices horas de inocencia 
me hacías comprender, con la elocuencia 
que sólo tienen los maternos labios. 

De la lU/ señalando los fulgores 
y la alfombra del cielo y sus estrellas, 
y de la tierra las variadas flores, 
me enseñaste que ostentan sus colores 
porque Dios imprimió su nombre en ellas. 



JOSÉ MAJUA I KRITIA V GUZMAN 



353 



Me enseñaste también, que á los azares 
debemos oponer sublime calma, 
porque al abandonar estos hogares 
hallaremos un mundo sin pesares, 
donde absoluta resplandece el alma; 

Y que al caer la sombra de la tarde, 
precursora del sueño de la tumba, 
será feliz el que tranquilo guarde 
su conciencia sin mácula, y aguarde 
la hora sin dolor en que sucumba. 



[Bendita seas tul Yo en mi camino 
contemplo tu mirada bienhechora, 
como en la noche lóbrega el marino 
mira un faro lucir, y el peregrino 
solo y perdido, el rayo de la aurora. 



Arrojó Dios la luz en el espacio, 
hizo giraren él mundos sin nombre: 
creó el diamante, la perla y el topacio, 
y coronó su espléndido palacio 
dando poder y majestad al hombre. 

• 
Por eso exclamo al ver embebecido 
sobre mi frente, al escalar el Ande, 
el velo de los cielos estendido, 
y á mis pies un planeta suspendido 
en medio del vacío: iDios es grande! 



T. 



Y cuando pienso que en*céleste fuego 
está su nombre donde quiera escrito, 
en la voz del placer y en la del ruego, 
en medio del bullicio y del sosiego, 
en la tierra y el cielo: ¡Es infinitoI 



1 1 



23 



§54 galería poética 



Mas cuando el día en el ocaso se hunde 
j al hogar vuelvo de fatiga lleno, 
y tu voz que la paz y el bien difunde, 
con acentos de un ángel se confunde, 
prorrumpo con el alma: ¡Dios es bueno! 



Porque me dio como á hijo de los mares,, 
para apagar tormentas y pesares, 
el faro cotí tu fe de la esperanza, 
con tu acento sublime sus cantares, 
y con tu amor el cielo de bonanza. 



Y me dio en fin, la lira gemidora 
que en ansiedad y tremulento vibro, 
para poner tu nombre que atesora 
la dicha del que ríe y del que llora, 
en la primera página de un libro. 



4. C 



JOSÉ MABÍA. ^'ííítl-'TÍA Y GUZJíÁX. 355 



EL POETA. 



Con cayado de errante peregrino, 
cantando el porvenir como un profeta, 
cruzabí melanqóiico poeta 
llenando la misión de su destín©; 
había en su mirada algo divino 
que el vulgo ni comprende ni respeta, 
y al verlo atravesar, turba indiscreta 
le salió preguntando en el camino^ 

— ¿^' Dónde están las riquezas que bendijo 
Dios para tí, si cruzas entre hielo 
/^cy sin dinero, ni pode i\ ni manto?'' 

— ''Llevo en el alma mis tesoros^' dijo; 
alzó los ojos, con orgullo, al cielo, 
dejó la turba y prosiguió %x canto. 



é 



356 • galería poética. 



ELLA ! 



c 
La vi tan dulce, la vi tan bella, 

la vi tan digna de adoración, 

porque el doliente suspiro es ella 

del ángel casto de la oración! 

MANUEL viCTOBES. 



No es ella el ave tierna y canora 
que da á la aurora su alegre voz, 
y con los rayos de un nuevo día 
nfana envía cantos á Dios. 



/ No es aquel ángel que misterioso 

^ /luentes de sfozQ da al corazón, 
ut) 

y h'dhld /^^cñ'ü'h''f y habla de amores, 

con lof V /res le la ilusión; 

.. ^ 

Ni de j -> -á Fza que el alma halaga 
dichosa xL qriesíque en su reír, 
presagia g] :^^v miente un cielo 
detrás del í ^ re^Pi^í^^vemr. 



vi 



Ella no T? A , \.s" los astros 
que dejan rastros de roja luz, 
y por doquiera que van cruzando 
pasan rasgando negro capuz. 



JOSÉ MARÍA IRRITIV ^ •;! /.MAN. 



357 



Ella en sus cantos, si esparce arrullos 
de los murmullos de la mujer, 
no cuenta bellas, dulces quimeras, 
que pasajeras brinda el placer. 

No es la mirada que ardiente evoca 
de una fe loca la inspiración, 
y forja y finge, tras mil cendales, 
mundos ideales de irradiación; 



Ni el estallido de la tormenta 
cuaiido revienta la tempestad, 
ni el hondo grito desesperado, 
de hiél preñado, de la impiedad. 



No es aquella alma que el bien no alcanza 
que al mundo lanza su maldición, 
y en las hogueras de su delirio 
de su martirio niega el perdón. 




No es el hastío del devaneo, 
no es del ateo la voz fatal, 
ni carcajada que ronca deja 
cuando se aleja 1? /^^b^ *^1. 



VC\{ 



¡Ella! es la ^ 

que en los dolores i 
jElla! es el án^ 

que en sus ca' ,, .. 



vic los amere 
i ^ su voz! 

los pesares 
^\ con Dio^ 



I uc 



Ave que lau..^ . .. ^a queja 
cuando se aleja la luz del sol, 
y sin el rayo tibio que no arde 
queda en la tar<;'le sin su arrebol! 



358 galería POÉTICA. 



Triste suspiro de un bien que ha muerto 
y en un desierto se prolonga, 
trémula, vaga, dulce armonía' 
que en selva umbría se levantó. 

Náyade humilde de nuestros mares, 
de nuestros lares genio de paz, 
hondo gemido que el alma brota, 
lirio que azota turbión audaz. 



De nuestro cielo luz titilante 
que alumbra amante su pabellón, 
cuando la noche con negras alas 
cubre las galas de la creación. 



Aura doliente, murmuradora, 
que errante llora por el pensil, 
el tallo seco, la ya agostada, 
embalsamada flor del abril. 



v. 



i^j nno sublime de una esperanza 
quie en lontananza, nos da inmortal 
uri paraíso puro y dichoso, 
niás ventuffe^o que el terrenal. 

} \ 

' '^ . ■ 

^ Casta creencij:^, j^ura sonrisa, 

que diviniza nqesí(tra mansión; 

mirada augustahu^e se levanta 

con la más santi re^"-\gnación. 

c 
Mártir que ginfíe, "ángel que llora, 
mujer que adora con toda fe 
cuanto divino derramad cielo, 
cuanto en el suelo digno se ve. 

\ 
i. 



JOSÉ MARÍA URRUTIA Y GUZMAN. 359 

Virgen del llanto que solitaria, 
en su plegaria pide al Creador, 
arranque al alma del desgraciado 
el grito ahogado de un muerto ampj. 



¡Ay! si su llanto borrar pudiera 
¡ay! si la diera consolación, 
yo olvidaría mis desventuras, 
mis amarguras del corazón! 



¡Cuánto la diera! Diera mi vida 
por su honda herida cicatrizar: 
por ver sus ojos que son tan bellos 
nuevos destellos desparramar: 



Por ver su frente candida y mustia 
donde la angustia huellas dejó, 
resplandeciente de venturanza, 
de esa esperanza que de mi hu) 



Diéralo todo! cuantp hay hermoso, 

por ver el gozo teñir su laz, 
porque en sus labios, voz plañidera 
ya no se oyera brotar jamás. 



3 j 
¿Por qué de i negro fatai castigo 
lloró conmigo la pena cruel? 
^•Por qué con suaves, dulces acentos, 
de mis tormentos borró la hiél? 



860 



galería poética. 



"¡Porque es tan dulce, porque es tan bella, 
porque inspira ella la adoración, 
y la ternura lleva en su seno 
del ángel bueno de la oración!" 



4 4 

4 



JOSÉ MARÍA URRUTIA Y GÜZMAN. 361 



A FAEIANA. 



Ruja el turbión, encréspense las olas, 
agite el aire tempestad bravia, 
manto de nieblas obscurezca el día 
y no cante el marino barcarolas: 
¿Se extinguirán por eso las aureolas 
y la dulce y sonora melodía, 
que la esperanza al corazón envía 
cuando va el alma á meditar á solas? 
No han de morir! Al retornar la calma, 
el fulgor de luz desfalleciente 
vuelve á tomar su mágico embeleso; 
porque la tempestad no hiere el alma 
cuando hay un sol que alumbra nuestra frente, 
y una dulce mujer que nos (ja un beso. 






362 galería poética. 



LAS SOMERAS DELANOCHE. 



Muy dulce y muy amargo 
es repetir un nombre, 
que sólo en el silencio 
debemos pronunciar; 
cuando las fibras todas 
del corazón del hombre, 
el dardo mas agudo 
las viene a c'esírozar. 

Ya todo está sombrío,, 
y en vano vibraciones 
del duelo mas profundo 
le pido al bandolín; 
los sueños de la vida^ 
^ del alma las canciones, 

las pláticas de amores 
llegaron á su fin. 

Si no puede extinguirse 
la hoguera que escondida 
^ del pecho allá en el fondo 
por si^rrípre vivirá, 
¿qué bten puede ofrecernos 
desesperada vida.'^ 
¿Qué esperan nuestras almas 
1 en este mundo ya.'^ 



JOSÉ MAKÍA URKLTIA Y GUZMÁN. 363 ' » 



Vivir en las tinieblas, 

cual ángeles caídos 
de un cielo á cuya puerta 
jamás se ha de volver; 
gemir donde no escuche 
ninguno los gemidos; 
llorar donde no vean 
las lágrimas correr; 



Saber que ya no existe 
la luz de la esperanza, 
paja alumbrar las noches 
eternas del dolor; 
y ver, cual un meteoro 
que en el espacio avanza, 
muy lejos, sí, muy lejos, 
el ser de nuestro amor! 



Buscar una armonía 
que sirva de consuelo 
á la honda pesadumbre 
que envuelve la aflicción; 
y sólo oír [suspiros 
de funeral anhelo: 
los ayes del desierto ^ 
rasgando el corazón. 



Llevar en la memoria 
recuerdos inmortales, 
buscar aquellas ñores 
que Abril acarició; 
buscar cual otros días 
del lago los cristales, 
y el faro que el delirio 
del alma iluminó. 



364 ©ALERTA POÉTICA. 



Y hallar dentro del pecho, 
cadáver la ventura, 
la espina envenenada 
de la deshecha flor; 
beber en una fuente 
inmensa de amargura; 
y sombras, sólo sombras, 
en vez de un resplandor. 



El bosque sin sus aves 
callado el arroyuelo, 
estéril la llanura, 
sin auras el pensil; 
cubierta por crespones 
la bóveda del cielo; 
abrojos el camino, 
y el corazón febril. 



Guardar en una tumba 
la imagen misteriosa 
del bien que no podemos 
besar con efusión; 
sufrir una agonía 
que sin matar destroza, 
y conséivar oculta 
del alma la pasión; 



Esto es lo que yo espero 
mientras mi vida dure, 
cual un eterno grito 
de níaMición aquí; 
mientras que los tormentos 
más íntimos apure: 
ésto es lo que yo sufro, 
<- mi sólo amor, sin tí. 



<^ 



JOSÉ MARÍA URRUTIA Y GÜZMAN. 36fi 



Mujer! yo te adoraba, 
te adoro todavía, 
Y pienso que mañana 
también te adoraré, 
lo mismo que en las hora: 
de paz y de alegría, 
que pura iluminaba 
la antorcha de la fe. 



Raudales de ternura, 
promesas y cantares, 
tesoros de esperanza 
y de felicidad, 
tornáronse en un piélago 
de hiél y de pesares, 
y en un mantón de luto 
sobre una soledad. 



No i m portal De mi lira 
la dolorosa queja, 
llegando á tus oídos 
mi amor te contará 
que ya del sol la llama 
crepuscular se aleja, 
y que entre nieblas yace 
mi vida, te dirá. 



:ik^6ñ ' galería poética. 



Yo me acuerdo de tí, por la mañana, 
cuando escucho la voz de los turpiales, 
y del cielo se visten los cristales 
con mil tachones de esmeralda y grana; 
yo me acuerdo de tí, cuando liviana 
deja la luz mis playas orientales; 
y al rumor de las auras nocturnales 
yo me acuerdo de tí, pobre Fabiana. 

Y cuando estoy contándote la historia 
de mi vida, y te veo de hito en hito, 
revelando mis ansias indiscreto, 
yo no sé si es mi afán sueño de gloria, 
si es de amistad el generoso grito, 
o es el gremido de un amor secreto. 



riMMirftgMiAiliÉi^^*MirfiArflab^iM^dtate^^^k«karft^^^^k«M^HMh 



ROMÁIT MAYORGA RIVAS, 



' Nació en León, de Nicaragua, en 1862; de manera que apenas 
cuenta 27 años de edad. Y sin embargo, tiene hecha ya una bri- 
llante carrera en las letras, y muy pronto la completará en la di- 
plomacia, puesto que en la actualidad figura como Secretario de 
la Legación Nicaragüense en Washington. 

Nacido con verdadera vocación para la poesía. Mayorga Ri- 
vas, durante su residencia en San Salvador, emprendió muy jo- 
ven, y llevó á cabo, con buen éxito, la ardua empresa de hacer 
una recopilación de las principales obras de todos los bardos de 
la antigua Cuscatlán. Su "Guirnalda Salvadoreña," compuesta 
de tres gruesos volúmenes, es un testimonio elocuente de su la- 
boriosidad y su constancia. Si como éí mismo dice en ynos a- 
puntes que tenemos á la vista, hay en esa obra mucho malo, con- 
tiene también, mucho bueno; y el importante servicio prestado 
con esa colección á la literatura patria permanece el mismo, pu- 
diendo una crítica imparcial é ilustrada, sacar de ella el partido 
conveniente. 

Nuestro joven poeta ha colaborado en casi todos los periódi- 
cos políticos y literarios que se han puljli^^ado en Centro-Améri- 
ca del 66 para acá, firmando sus escritos con los seudónimos de 
Nicarao y Rafael, Hoy estudia las costumbres de los Estados. 
Unidos,y tiene inédito un libro con el título de "La Mujer Ame- 
ricana," que probablemente hará imprimir en Nueva-York. \ 



368 



galería poética. 



Como poeta es. sentido y correcto, según podrán observar 
nuestros lectores por las pocas composiciones que siguen. 

En cuanto á sus ideas políticas, Mayorga Rivas pertenece á 
la escuela liberal, y constituye una esperanza para el porvenir 
de Centro-América. 






KOMAN MAVORGA RIVAS. 



369 



LAS PALOMAS. 



(Versión libre, del francés, de Teófilo Gautier.) 



T. III 



Ves? En el v^alle una palmera altiv^a 
alza á los cielos sus frondosas ramas, 
á do en busca de albergue se dirigen 
blancas palomas con ligeras alas. 

Aletean gozosas y allí duermen, 
pero cuando despunta la mañana 
aletean de nuevo, y por el aire 
como sarta de perlas se desgranan. 

Vuelan al horizonte con presura, 
semejando, á lo lejos, nube ulanca 
que se^pierde bien pronto y sólo deja 
triste y vago recuerdo dentro el alma. 

Pues bien! cual la palmera de aquel valle 
así es mi corazón .... visiones blancas 
en él buscan albergue por la noche, 
pero huyen jay! al resplandor ^Jel alba. 

Yo las siento volar en loco enjambre 
y no me estremece el ruido de sus alas; 
me quedo solo, y al pensar en ellas 
pienso en tu amor y vierto acerbas lágrimas. 



24 



370 galería poética. 



EN EL ÁLBUM DE CARLOTA DE KELLY. 

{GUATEMALA.) 

t 

(inédita. ) 



En un jardín de perfumadas flores 
una azucena su corola erguía, 
y el aura cariñosa la mecía 
y arrullaba con plácidos rumores. 

La bañaban del sol los resplandores 
dándola vida, olor y lozanía, 
y ledo un arroyuelo la decía 
con su música tierna, sus amores. 

Pero una vez que en el jardín florido 
entraste tú, t^^n bella y agraciada, 
la azucena tembló en su tallo erguido, 
y vino mustia y deshojada al suelo, 
y fuiste tú la reina proclamada 
por el aura y el sol y el arroyuelo! 



c c 

c 



lio MAX MAYORGA RIVAS. 



371 



ÜN TIEMPO QUE PASO 



(inédita.) 



Como esas nubéculas sonrosadas 
que el viento hace girones, 
así vi disipadas 
mis bellas ilusiones nacaradas, 
al soplo destructor de las pasiones. 

Temblando de emoción, joven apeonas, 
pensando en cosas buenas 
y en ilusión fecundo, 
confiado me lancé dentro del mundo, 
trayendo fuego en las hinchadas venas. 

En mi inocencia juvenil, creía 
que la existencia era 
un cáliz de ambrosía, 
una mañana azul de primavera 
radiante de esplendor y de poesía. 

* Soñaba el corazón puros ¿rtíores 
y palpitaba, libre de congojas, 
como tiemblan las flores 
á los besos que imprimen en sus hojas 
los céfiros del valle aduladores. 



372 galería poética. 



Jamás del llanto la quemante gota 
rodó por mi mejilla, 
que ese llanto no brota 
en la pupila que inocente brilla 
y do la paz del corazón se nota. 

El ruido misterioso de los montes; 
el de las aves melodioso canto, 
los vastos y encendidos horizontes, 
de Natura el encanto, 
nunca lo olvido, me inspiraban tanto! 

Me figuraba oir en el ruido 
de la montaña umbría 
un extraño sonido, 
cual ritmo desprendido 
de universal y célica armonía. 

Era todo á mis ojos esplendente, 
el mundo, edén de sueños y de amores, 
y la vida cual fuente 
que discurre parlera entre las flores, 
que en ella mojan la olorosa frente. 

De mi primer amor el sentimiento 
al alma enardecía, 
y de mi lira en el feliz acento 
algo del cielo había, 
lo mismo que en mi puro pensamiento. 

Dichosas fueron las fugaces horas 

de aquel tiempo de gloria 

¡Enjambre de ilusiones tentadoras, 

no sólo á mi memoria, 

venid también á mi alma, halagadoras! 



c 



ROMÁN MAYORGA RIVAS. 373 



LOS TRES VELOS DE MARÍA. 

(Paráfrasis de una balada en prosa, de Henry Mürger.) 



I. 



El primer velo de María era 
de puro lino, lo tejió ella misma, 
más blvinco que la nieve, y v^aporoso 
como un girón de pálida neblina. 

Bordó sobre la tela una guirnalda, 
formando con la seda florecillas 
que, por lo naturales, las abejas 
con su aleteo á acariciarlas jban. 

Una sola ocasión el blanco velo 
lució la pura y candorosa niña, 
y fué aquel día en que por vez primera 
hizo su comunión en la capilla. 



I I 



P>a el segundo velo, un velo negro 
de lana, que así obscura parecía, 
ser por los tristes genios de la noche 
con girones de sombra entretejida. 



374 galería poética. 

Enpezólo á bordar con esas flores 
que están junto á la tumba, siempre vivas, 
el día aciago en que su santa madre 
del seno de la muerte fué á la vida. 

Lo regó con sus lágrimas, y sólo 
se lo puso una vez la pobre niña, 
cuando, buscando amparo en el convento» 
se hizo esposa de Cristo en la capilla. 

III. 

El tercer velo de María era 
azul-celeste y de labor divina, 
salpicado de estrellas, como el cielo 
en una noche azul, limpia y tranquila. 

Estaba embalsamado, y su perfume 
como fragancia del Edén olía; 
ella no lo tejió, su ángel custodio 
dicen que fué quien se lo dio á la niña. 

Una vez lo llevó y fué en la tarde 

que plegarias y cánticos se oían 

y,en busca de su madre,una alma huérfana 

dejaba olor á tumba, en la capilla. 






ROMÁN MAYORGÁ RIVAS. 375 



PETALO SUELTO. 



I 



Cuando nace la aurora, de amor tiemblan 
los pudorosos lirios 
y exhalan su fragancia al dulce beso 
que les regala el viento fugitivo; 
y una niña, al nacer la bella aurora 
de su primer cariño, 
sí la imprimen un beso, toda su alma, 
la exhala, temblorosa, en un suspirol 



376 galería poética. 



EL ULTIMO BESO. 



Tú no sabías que al dejar impresos 
mis labios en los tuyos aquel día, 
era para borrar de muchos besos 
la huella, y nada más, amiga mía! 

Ya era preciso, varonil y fuerte, 
romper en un arranque de ternura, 
el lazo de un amor que era la muerte 
dorada por la luz de tu hermosura. 

Así es el corazón! Tras los placeres 
que apura con afán, lleno de vida 
quiere en el alma hallar de las mujeres 
junto al amor, la castidad perdida. 

Y tú no eres culpable! Yo lo he sido; 
me amaste mucho, mucho y te perdiste, 
y á pesar de mi amor, yo no he podido 
sacarte del abismo en que caíste. 

Fué mucha tu pasión, mucho tu fuego,, 
mis ojos con tus ojos se encontraron 
y, trémula de amor, cediste al ruego . . . 
y en el cielo los ángeles lloraron. 

Después..*., tú bien lo sabes, la existencia 
* fué un sueño bello, de color de rosa, 
y aunque en tí no encontraba ya inocencia 
te hallaba, á más de amante, muy hermosal 



ROMÁN MAYORGA RIVAS. 



877 



Y corrieron felices muchos meses 

Pero del alma loca aquí en el fondo, 
al hallarme en tus brazos, ¡cuántas veces 
una pena oculté, que ahora no escondo!. . . 

Me amabas, era cierto, y yo te amaba, 
mas había en mi amor como un vacío 
que á fuerza de caricias lo llenaba, 
para hallarme después con hondo hastío. 

Es nube blanca que decora el cielo 
la ilusión de las almas cuando nace; 
pero ¡ay si se adelanta el torpe anhelo, 
sopla la tempestad, y la deshace! 

Brilla el fuego, hay incendio, luz de vida 
que alumbra la creación, mas de improviso 
se avergüenza el amor de su caída 
y abandona el urrbral del paraíso. 

Pasado aquel arranque de delirio, 
yo que amo la virtud y la pureza, 
hallo en tu amor ¡perdónamel un martirio, 
y me das mucha lástima y tristeza. 

El camine en que vamos, nuestro no era; 
nos fascinó, á lo lejos, un miraje, 
en un día de luz de primavera, 
y equivocamos, por desgracia, el viaje! 

Quiero buscar mi senda! Isío me pierdas 
con el fatal poder de tu hermosura; 
tú quizá me disculpes, si recuerdas 
que fué mal de la edad, tanta locura. 

He de encontrar en los ideales míos, 
en mis tranquilos sueños de poeta, 
la paz que me han robado los desvíos 
de mi alma joven, ardorosa éjrfluieta. 

Si dichosa te hicieran mis amores, 
quizá mi dicha por tu bien daría, 
mas tengo el alma enferma de dolores 
que sólo un puro amor los curaría. 



378 galería poética. 



Llevo á tu corazón las descepciones 
que acongojan el mío, pues no puedo 
hacer tornar mis santas ilusiones, 
y vivir de las tuyas me dá miedo! .... 

Conozco los misterios de la suerte; 
cuando el amor- - pureza emprende el vuelo 
viene el amor— sensual que trae la muerte 
y que nos cierra de la dicha el cielo. 

Salvémonos los dos! Quédate en calma, 
dame la lira de mis cantos bellos, 
porque ya es tiempo que suspire mi alma 
con la esperanza que aún conservan ellos. 



Debo decirte adiós! Venga el olvido 
á mitigar las ansiedades mías. . . . 
Perdona! Dios lo ordena, he obedecido; 
si tú overas su voz, lo mismo harías! 






IJOMAN MA><)K<;A KIVAS. 



EL Y ELLA 



379 



7> 

— "Calla, le dijo, y en sus labios puso 
la suave yema de sus dedos rojos; 
sin que lo digas tú, lo he comprendido 
en la expresión de tus amantes ojos" 

Ella, de pronto, retiró la mano, 
como asustada de su amante exceso 
y llena de vergüenza, pues el joven 
la dio en sus dedos encendido beso. 

El, á su vez, quedóse como absorto, 
y ella, entre tanto^le esquivó los ojos, 
y rul)orosa y tímida mordíase 
con secreto placer, los dedos rojos! 



380 galería poética. 



voz DEL ALMA 

(inédita.) 



<r 



Cuando en mis horas de amargura y duelo 
siento en el alma abrumador hastío, 
quisiera alzarme en atrevido vuelo 
á la región inmensa del vacío. 

Espíritu y materia están en guerra; 
solloza mi alma en mí, porque estoy triste, 
porque la abruma la porción de tierra 
conque el Creador del cielo la reviste. 

La inocencia y la paz, las he perdido 
del mundo vfmo en la ruidosa fiesta, 
y joven como soy, he conocido 
que mi mansión espiritual no es ésta. 

La juventud, en su dolor, empieza 

á penetrar en el obscuro templo . . . 

Duda de Dios, y pierde la pureza 

atendiendo ^ la voz del mal-ejemplo. 

• 
Manchada ya la veste del bautismo, 

¿qué somos.^...qué queremos.^..á do vamos.^ 

¡Enloquecidos, ciegos, á un abismo 

con nuestro propio gusto nos lanzamos!... 



ROMÁN MAYORGA RIVAS. 



381 



Señorl Señor! Tu omnipotencia sea 
la que me dé la fe de la conciencia; 
y si quieres que te ame y en tí crea, 
devuélveme la paz de mi inocencial 



T \ 



382 galería poética. 



ARABESCO. 



Como empujan los ríos al océano 
sus ondas de cristal, 
así encamino á tí mis pensamientos 
pedazo de mi vida, ¿no es verdad? 
Como beben las flores la luz pura 
que les envía el sol, 
así recibe tus miradas tiernas 
mi amante corazón. 






i**<kA***i*i***A*Ai******tfl;***,*rih*^^MMkik^^^^^A4^^^«MkAa^^^M^ki4MMMtata 



BUEHAVEHTURA SAHAVIA. 



• 

Conocido, más como diputado que como poeta, el joven Sa- 

ravia es tan digno de ocupar un asiento en el Parnaso America- 

lo, como de subir á la tribuna parlamentaria en la que tantas 

muestras ha dado de su circunspección y su talento. Estudioso 

grave como pocos á su edad saben serlo, se ha creado una me- 
recida reputación en el foro guatemalteco; la representación na- 
cional le ha recibido desde muy joven en su seno; y últimamente 
mereció la honra de ser nombrado Subsecretario de Fomento. 
En la actualidad forma parte de la Legación de la República en 
México. 

Infatigable colaborador del progreso, Saravia se ha distingui- 
do, además, como pedagogo, siendo una de las personas que con 
más ahinco han trabajado por el engrandecimiento del Instituto 
Nacional Central, de que ha sido por virios años Profesor (en 
varias asignaturas,) y Secretario de la Dirección 

Como orador se expresa con asombrosa facilidad, y es tan co- 
medido en el ataque como enérgico en la defensa; metódico en 
la exposición y desarrollo del tema que se propone, y lógico en 
sus conclusiones. No le acontece lo mismo cuando improvisa 
en verso, defecto, por no decir pecado poético, que desearíamos 
sinceramente ver corregido en nuestro arríí^, pues mal cuadran 
con el estro verdadero, esos forzados compromisos á qu^á veces 
se somete el numen con detrimento de la fama del autor. Es- 
criba Saravia y no improvise; toda obra del ingenio humano, si 
algo ha de valer, tiene que ser maduro fruto de la meditación. 



384: galería poética. 



EL FERROCARRIL EN LA CAPITAL 

I. 



¿Quién salva la colina altivo y prepotente 
y el límite lejano se atreve á trasponer? 

Soñamos? No soñamos! Es el vapor rugiente 

que con su voz de trueno nos viene á estremecer! 

Mirad! relampagueante la sien levanta ufano, 
encrespa la melena como esforzado león: 
sus válvulas respiran, se apresta, mide el llano 
y audaz en un instante devora la extensión. 

Mirad! al cielo lanza el hálito encendido 
de sus ardientes, fauces con indomable afán; 
ya silba en su carrera, ya ruge enfurecido, 
que es máquina, y es monstruo, y es águila y titán! 

Soltó el penacho al viento el bravo caballero 
y á redimirnos viene intrépido adalid; 
ceñido el arnés férreo, el casco y el acero, 
gallardo se presenta en la obstinada lid. 

c 

^ Oíd! Los rieles vibran, el émbolo resuena, 

del bronce resistente se escucha el estridor; 

y un hombre, sólo un hombre, sus ímpetus enfrena 

como al corcel de guerra reprime su señor! 



lU'EXAVENTURA SARAVIA. 



385 



II. 

Trabajo y movimientol revolución fecunda! 
fraternidad ¡oh pueblosl que allega nuestro bien: 
la Patria se despierta y hoy que luz la inunda, 
hasta las piedras pueden decirnos "¿no os movéis?" 

Por eso la sonriente, <{arr¡da Guatemala, 
ornóse con festones de flores y de luz; 
por eso sus hermosas vistiéronse de gala, 
y en sus ideales rostros radió la juventud. 

¿Quién canta? Son los niños, generación lozana 
que el trii^jifo de la Patriase apresta á saludar: 
la aurora del presente, el sol será mañana 
que en nuestro limpio cielo hermoso brillará. 

Feliz el pueblo libre que en mágico embeleso 
con himnos y con flores recibe al gran motorl 
Feliz el pueblo libre que aspira así al progieso 
y une á la acción la idea, la escuela v el vapor 

La enseña de la Patria, gallardos su bajeles 
sobre la mar bravia mañana han de lucir, 
y entonces por doquiera recogerá laureles 
el pueblo que así marcha triunfante al porvenir 






1 1 1 



386 galería poética. 



PRIMAVERA. 

(en un álbum.) 



Despuntad so), enblema de la vida, 
y la tierra se baña en sus fulgores: 
besa á la flor la fuente adormecida 
y en su verde dosel el ave anida 
en la hermosa estación de los amores. 



Al declinar la tarde, los postreros 
rayos de luz argentan los raudales 
que desató la lluvia placenteros: 
después . . .ha noche tibia y sus luceros 
y en la callada selva los turpiales. 



Despierta el alma plácida y risueña 
al albor matinal del nuevo día: 
con ilusiociQS juveniles sueña, 
y una hadh cariñosa y halagüeña 
al corazón devuelve la alegría. 



BUENAVENTURA SAHAVIA. 



Xevauo iiiirdu y uncLiiuiua rosa, 
el blando césped húmedo y florido, 
la balsámica brisa deliciosa 
y la pintada y tenue mariposa, 
todo es amor y luz y colorido! 



Aves y aromas, dichas y cantares, 
he aquí tu edad feliz, niña hechicera! 
¡Qué en esta edad los genios tutelares 
derramen á tus pies los azahares 
en celestial y eterna primavera! 



387 



• 



388 galería poética. 



EN EL CENTENARIO DE BOLÍVAR. 



c 
Hoy la musa de la historia, 

del Nuevo Mundo al clamor, 

consagra al Libertador 

una página de gloria: 
hoy evoca la memoria 

su figura soberana; 

recuerda América ufana 

aquel inmortal poema 

en que ciñó su diadema 

de libre y republicana. 



Quisiera que mis cantares 
tuviesen tan grande aliento 
como el poderoso acento 
del himno que alzan los mares: 

hoy me acerco á los altares 
del adalid sin segundo, 
y absorto y meditabundo 
contecnplo con efusión 
la justa veneración 
que le rinde el Nuevo Mundo. 



ii L' EN A V iuSl U KA .SAUAV i A. 



389 



Un genio Jcl mediodía 
desplegó las anchas velas 
de frágiles carabelas, 
y este edén encontró un día: 

la América que dormía 
bajo su cielo sin brumas, 
brotó de la mar Atlante, 
como Venus deslumbrante 
del seno de las espumas. 



Ornaban su ceñidor 
perlas y rojos corales, 
y bandadas de quetzales 
volaban á su redor: 

un aire adormecedor 
le enviaban sus altos picos, 
besos en aroma ricos 
le daban auras ligeras, 
y sus gentiles palmeras 
formaban sus abanicos. 



No tardó la hueste hispana 
en someter a á su yugo: 
¡siendo su infame verdugo 
cuando debió ser su hermana! 

La virgen americana 
lloró solitarias penas; 
V ai rumor de sus cadeiia%, 
y al lamento de los marA, 
gimieron en sus cantares 
del Caribe las sirenas. 



BW OALERIA POÉTICA. 



En Puno y Tenoxtitlán 

rayos desata la ira 

Aquí sucumbe Lempira, 
muere ailá Caupolicán . . . , 

Los incas no llevarán 
sobre sus frentes marciales 
las diademas imperiales; 
y sus hermanos bizarros; 
morirán de los Pizarros 
en las manos criminales! 



El lábaro en sangre tinto, 
clavado en la enhiesta cumbre, 
recordó la servidumbre 
de Atenas y de Corinto: 

el feudo de Carlos quinto 
casi el orbe comprendía; 
pero lució un nuevo día 
en nuestras hermosas zonas . 
La esclava del Amazonas 
tirante el arco tenía. 



Bolívar, su paladín, 
fué el arcángel vengador; 
y heroico y batallador 
libertadle dio en Junín. 

Suena el agudo clarín, 
y surgen cinco naciones, 
y un i^ueblo robusto y grande 
eleva santas canciones 
á sus triunfales pendones 
sobre las cimas del Ande. 



BLKNAVKNTLKA SAUAVÍA. 



891 



¡Cómo estalla el bronce rudo 
en cien pétalos de fuego! 
;Y cómo intrépido y ciego 
lucha el llanero desnudo! 

Bolívar todo lo pudo: 
cada pecho era un baluarte, 
cada adalid era un Marte, 
y ve brillar inspirado 
dos mártires á su lado 
un Glrardot y un Ricaurte. 



Ved á Bolívar cual va 
en su arrogante corcel 
volando con el laurel 
de Junín y Boyacá; 

su capa al paso le dá 
á un tamborciilo errabundo, 
y el soldado moribundo, 
sintiendo el mortal acíbar, 
se descubre ante Bolívar 
y saluda al Nuevo Mundo. 



Mirad su ardiente pupila 
como luce y centellea 
con los rayos de la idea 
que animaba á la Sibila: 

es su alma noble y tranquila, 
augusto su continente, , , 
su acento grandilocuente* 
se oye brotar de sus labios; 
y erguida ante los agravios 
levanta su excelsa frente. 



392 



galería poética. 



Su destino la fortuna 
trazó con cifras tan bellas 
y entretegió las estrellas 
y las flores en su cuna. 

Fué un gigante en la tribuna, 
fué un titán en la batalla, 
la férrea cota de malla 
ciñó en la épica pelea, 
vio resplandecer la idea 
y oyó rugir la metralla. 



Aún conserva de su paso 
recuerdo inmortal, divino, 
la cumbre del Aventino, 
la cumbre del Chimborazo: 

su gloria, robó al ocaso 
la luz que al trópico inflama; 
la repiten, cuando brama 
en la pampa el huracán, 
y el encendido volcán, 
y el ruido del Tequendama. 



Cuando predijo la unión 
de América, el Cincinato 
no pensó que el odio ingrato 
desgarrase su pendón: 

formemos ya una nación 
en hpijra de su memoria; 
una rtíiisma es nuestra historia, 
• iguales aspiraciones, 

idénticas ilusiones, 
^^ ^ un porvenir y una gloria. 



BUENA VENTIRA SARA VI A. 



898 



Y España?... también España, 
aquclia noble matrona 
que llenó una y otra zona 
con tanta proeza y hazaña; 

nada hoy nuestro cielo empaña, 
el mortal rencor se olvida, 
y el destino nos convida 
á estrechar los santos lazos; 
por eso le abre los brazos 
la América conmovida! 






894 GALERÍA POÉTICA 



A DON J. J. EL DE LA Q. 



i A propósito de un artículo que publicó contra la orto- 
grafía americana, que usábannos al redactar "La 

Nueva Generación.") 



Hoy contesto, don José, 
ií sus serias objeciones 
en esas graves cuestiones 
sobre la jo/a y la £e: 

mucho me agrada que usté, 
de la lógica en acecho, 
el asunto tome á pecho 
y alegue, con ocho citas, 
las razones eruditas 
que á la £-e dan el derecho. 



Me dice usted condolido 
que "oye la oreja y no entiende; 
pero, amigo, usted comprende 
que el idioma es del oído: 

si suprime tal sentido 
en la sorda raza humana 
no habrá lengua castellana, 
con latín y sin latín, 
y ni usted ni Marroquín * 
podrán parlarla mañana. 



i 

* Autor á quien cita. 



Bl'ENAVENTUKA SAKAVIA. 



S9í 



Tengo un tímpano fatal, 
pero no hay quien me distinga 
á la jota ÚG Jeringa 
de la ^r de a^tgelical. 

Letra pérfida é infernal, 
que en guisante te percibo 
y no te encuentro en argivo! ... 
Mas, don Jota, me consuelo, 
pues si al uso me rebelo 
es porque como hablo escribo. 



^1 la relación colijo 
entre tokar y toké, * 
yo no me explico el porqué 
del dirigir y el dirijo\ 

por un momento transijo 
y con la ge me acomodo, 
pero escribiré con todo 
con jota, jener ación ^ 
y si hay equivocación 
pruebe á leerlo de otio modol 



Va la gana me revienta 
de trasmitirle un secreto; % 
como es usted buen sujeto 
[eche esta jota en la cuenta] 
ha de saber que en la imprenta 
yo vi sus originales 
y vi unas señas fatales 
de ciertas yWíZí rascadas. . . . 
dudas mal disimuladas • • 
de "orejas gramaticalesl" * 



* También los romanos eFcribieron Kaitago, Kolumnia; Kalecdario, y hoy Eeus» • 
en Kilo, Kiosco, etc. 



396 galería poética. 



Al origen no me avengo 

CITO T^ /~\ /~\ /^^^ r^ /*>■ ■*-• ^ ^"^^ «^ *^ Z-' /-X y-X /-« X» y-s «-v *-J y-v 

UdllUU v_.:)\^ v^i i^c il ZiK^ \-.:3\-wiiU\^, 

y hoy la lengua no responde, 
no responde á su abolengo. 

No es mi culpa y lo sostengo, 
con mi oreja que no nota 
á la ^e sino á \dijj¿a, 
aunque digan Marroquín 
la madre España y Pekín 
que debo ser un idiota. 



¿Quién, don José, nos diría, ^ 
sin que el origen le empache, 
que escribamos con pe-ache 
phósphoro y philosophiaf 

¿Por qué la ^^ guardaría 

el privilegio lirondo? 

Mas ya no entremos más hondo 
en este abismo del arte, 
pues, mi amigo, por mi parte 
la cuestión ha dado fondo. 



Presumo diga un ladino, 
como tengo mañas viejas, 
que siendo cuestión de orejas 
sirva de arbitro un pollino; 

así es que por hoy termino 
reconociendo el honor 
que á usted hac3 su anterior 
y bien meditado escrito; 
con que, amigo, me repito 
su seguro servidor. 



• • * > >^^^ 



VICENTE AGOSTA. 



Vestid al genio con el traje de la humildad; dad al talento 
los modestos atavíos del trabajo; ceñid sobre la frente del pro- 
letario la diadema de la virtud, y obtendréis la fotografía mo- 
ral de Vicente Acosta, el primer poeta del Salvador, y uno 
de los que más pueden honrar en la actualidad á la literatura 
americana. Carece de pretensiones, y estamos ciertos de que 
cuando estas líneas lea, va á reprocharlas á nuestra nunca des- 
mentida amistad. Pero ¿qué hacer? Nosotros no podemos excu- 
sarnos de cumplir con el precepto cardinal de la justicia que 
manda dar á cada uno lo que es suyo. 

Al remitirnos nuestro amigo José Joaquín Palma, el inspi- 
rado cisne del Bayamo, algunas de las poesías de Acosta^ que 
por encargo del autv)r le pedimos para la presente colección, 
nos escribe estas palabras: ''Le envío los lindos y perfumados 
versos de Acosta; léalos y goce. Tienen boiujueí Bequeriano 
y miel de nuestras cañas. Sentimiento, espontaneidad y alteza, 
todo eso encontrará en ellos. Acosta es un verdadero poeta, y 
tengo la seguridad de que entre pocos años srrá timbre v de- 
licia de la musa centro-americana." *^* 

¿Qué podríamos agregar á éste expresivo juicio del¿iutor de 
las "Tinieblas, del alma" sobre el sentido cantor de Apopa? Nada, 
en verdad, que no fuera pálido y frío. 

Acosta trabaja como Corrector de pruebas en la Imprenta 



398 galería poética. 



Nacional del Salvador, y es un naciente literato que apenas 
cuenta 25 años de edad! El porvenir le espera; mas antes de 
que en él penetre, permítasenos, á fuer de amigos leales y sin- 
ceros, darle con la autorizada voz del Dante, este consejo: 

Guarda coni entri, e di cui tu tí fide: ( 

Non fÍ7iga7i7ii Vanipiezza delV entrare. 



t 



VICENTE AGOSTA. 



H99 



CONTRASTES. 



Oe(,carcomido tronco 
brota lozano el pámpano florido; 
flota el astro en los pliegues de la sombra 
y nace á orillas del pantano el lirio. 

Debajo la onda amarga 
yace la perla; al borde del abismo 
tiende la flor sus pétalos de seda, 
y vaga en medio del silencio el ritmo. 

Duerme en la nube el rayo, 
como el delito en la conciencia; el limpio 
fulgor del sol empaña espesa niebla; 
siempre una sombra eclipsa su?fiureo brillo. 

Tiene insectos la rosa, 
y rasgos de belleza el tosco ídolo; 
flores hay en la tumba, impuro cieno 
en el fondo del lago cristalino. 



o o 



Gusanos mil rebullen 
en la dorada poma; junto al risco 
columpiase la rubia espiga; esconde 
en su concha tesoros el marisco. 



400 galería poética. 



Como el beso en los labios 
y la mirada en las pupilas, trinos 
duermen en el boscaje, del que un arpa 
es cada rama y cada eco un ritmo. 

Hay risas que disfrazan 
la convulsión del odio comprimido: 
carcajadas que son una agonía 
y lágrimas que son un lenitivo; 

Y senos de alabastro 
en cuyo fondo se revuelca el vicio: 
como el monstruo que yace bajo la onda 
ó el áspid en las flores escondido.' 

Las aves cuando vuelan 
surcando los espacios infinitos, 
¿quién sabe dónde pararán el vuelo 
y sobre que árbol construirán su nido? 

¿Quién sabe lo que dice 
de la ola aprisionada el ronco grito, 
lo que brilla en el fleco de la estrella 
lo que enciérrala gota de rocío? 

¿Qué murmuran los ecos 
Sobre la copa del enhiesto pino, 
lira de mel^dncólicos arrullos 
que pulsan leves, invisibles silfos? 

¿Qué hay en el matiz vago 
del celaje, cual velo suspendido 
por la mano de un angelen el cielo? 
¿Qué en la queja, en la nota, en el suspiro? 
c t 

¡Esta és la ley del mundo! 
¡Siempre el misterio á la existencia unido! 
¡Este el destino que el Supremo Artífice 
en la conciencia universal ha escrito! 



VICENTK AGOSTA. ;á01 



PENUMBRA. 



Cuando ya la luz se apaga 
entre mil vagos rumores 
yola sombra silenciosa 
se descuelga de los montes: 
á esa hora en que muere el día 
en los brazos de la noche, 
sollozando con las brisas, 
suspirando con las flores; 
triste se engolfa mi espíritu 
en hondas meditaciones, 
y flotan en mi memoria, 
cual las hojas en el bosque, 
las sombras de los recuerdos 
de mis muertas ilusiones. 

Vaga, inefable poesía 
hallo en las horas que corren 
serenas, 'en ocio blando, 
como pétalos de flores 
sobre el cristal de una fuente; 
y soñando me figuro 
que hay una voz que responde 
á este afán que hierve adentro, 
pero que nadie conoce; ^ ^ 
voz que á mis sueños promete ^ 

darles forma, luz, colores: 
que me inunda de ternura, 
que me estremece de goce. 
T.iii. 26 



402 galería poética. 



Mas ¡ay! que cuando la ola 
amarga de los dolores 
golpea mi alma, me envuelve 

la duda con sus crespones 

Y el desencanto me punza 
y me atormenta, y entonces 
pienso que es sólo penumbra 
la triste vid^ del hombre. 



( ( 



VICENTE A COSTA. 



408 



EEMEMBER. 



I 



Aun vibra en mis oídos 
la postrera palabra de su boca, 
dulce como el gemido de una flauta, 
suave como el arrullo de una tórtola. 



II. 



Aun siento que me miran 
hasta el fondo del alma aquellos ojos, 
lánguidos, negros, dulces y adormidos, 
mezcla de sombra y claridades de orto, 

III. 

Aun siento aquella mano 
estrechando la mía con cariño; 
aquel aliento de jazmín que beben 
tropas alegres de risueños silfos. 



ÍV 



o o 



Aun creo todavía 
sentir sus rizos que mi frente rozan; 
sus brazos enlazándose á mi cuello 
y su boca juntándose á mi boca.... 



404 galería poética. 



V. 



¡Oh glorias de otros días, 
sueños de rosa, candidos idilios! 
¡Oh santa comunión de dos espíritus 
que, inundados de luz, amor bendijol 

VI. 

Como aroma del alma, 
vivís en mi memona eternamente: 
que el corazón es libro cuyas páginas 
sólo borra la mano de la muerte. 






VICENTE A008TA. 



406 



EL PARRICIDA. 



(Fragmento de una leyenda.) 

o 



En medio del recodo 
de la apartada senda, 
que cubren enlazadas 
las zarzas y las breñas, 
aislada y misteriosa, 
simbólica y severa, 
sus toscos brazos abre 
deforme cruz de .piedra. 

Elevada en el borde*, 
que alfombra )a maleza 
y que rudas coronan 
las rocas y la peñas, 
se muestra al caminante 
en la extensión desierta, 
tan apartada y fúnebre, 
tan sombría y siniestra > 
en su actitud doliente 
y desnuda rudeza, 
que semeja en la roca, 
ave trágica y negra 



40fi galería poética. 



que en el espacio extiende 
las alas entreabiertas, 
dominando de lo alto 
la inmensidad serena. 

No brotan de allí rosas, 
ni lirios ni azucenas 
que viertan en los aires, 
blanda lluvia de esencias, 
de su§ pop3s dip gloses, 
que los céfiros besan: 
ni derrama pomposa 
la trepadora hiedra, 
cual manto de esmeralda, 
siempre verdes y frescas 
sus extendidas hojas, 
que el aura balancea. 

No hay en aquel paraje 
que enlutó la tristeza, 
ni flores matizadas, 
ni arroyos de ondas tersasí 
sólo las golondrinas, 
gárrulas y ligeras, 
en obscuras bandadas 
en su contorno vuelan 
de día, y de noche 
el buho, ave siniestra, 
que/en fantástica rqnd^» 
al girar aletea, 

Por eso al divisarla 
huyen de, ella y se alejan, 
temerosos los piños, 
miirmurando, las viejas; 
pues cuentan campesinos 
qu2«U comarca entera 
conocen palmo a palmo, 
como una cosa cierta, 
hab^r visto en las noches 
más claras y seren^Si 



o 



vicí:xte agosta. 4(>7 

cuando en reposo augusto 
duerme naturaleza, 
en brazos del descanso, 
coronada de estrellas, 
como de luminosos 
diamantes, una reina; 
y en la vetusta torre 
de la vecina aldea, 
con son pausado y lento 
la media noche suena, 
ante la cruz; de hinojos, 
como alguien que reza, 
enlutado fantasma 
que suplica y se queja. 

E inmóvil permanece 
hasta cuando clarea 
la luz del nuevo día 
en la bóveda inmensa, 
y las aves entonan 
un aria en la arboleda. 

Entonces, impalpable, 
sutil como la niebla, 
el medroso fantasma 
huye, corre, se aleja 
por entre matorrales 
y enramadas espesas. 

Y la cruz se destaca -j 
misteriosa y severa 

en el borde sombrío, 
coronada de perlas, 
que lágrimas parecen, 
cristalinas y frescas. 

V dicen que por eso 
crecen extrañas hierbal ^ 

en los contornos fúnebres ^ 

de la alta cruz de piedra; 
pues abajo reposan 
en las entrañas negras 



408 galería poética. 

de la tierra, los restos 
malditos del que fuera 
mostruoso parricida 
de corazón de hiena. 



C 

c 



1 i 



•VICENTE AGOSTA. 



4()9 



LA DONNA MOVILE. 



Brillaba en el cielo la pálida luna, 
perfumes regaba la brisa al pasar: 
ly estábamos juntos y estábamos tristes, 
y tú entre mis brazos rompiste á llorar! 

V^estida de negro ;cuán pálida y bella 
tu casta hermosura, temblando estrechél 
Tus rizos rozaban mi frente; tus lágrimas 
con húmedos besos ardiente borré. 

Llorabas» bien mío, mi próxima ausencia; 

y al verte tan triste no sé qué sentí 

Corrieron los días, corrieron los años; 
y ha poco, de nuevo, como antes te vi. 

La noche era negra, la noche era triste, 
doliente gemía la brisa al pasar: 
jy estábamos juntos! mas tú ya eras otra, 
sonriendo burlabas mi oculto pesar! 



Y dije, sintiendo la angustio en el alma, 
con voz embargada de intenso dolor: 
promesas de niña, mujer las olvida; 
;será una mentira tan sólo el ame r? 



41<l galería poética. 



CREPUSCULAR. 



Todas las tardes, cuando muere el día 
y las sombras avanzan^ y se extienden 
como inmensas cortinas sobre el monte, 
el bosque, el valle y la hondonada verde; 
y al arrullo del viento fresco y puro, 
que enamora á las hojas, dulcemente 
la luz plegandp sus rosados párpados, 
en brazos del crepúsculo se duerme; 
y la flor desmayada se doblega, 
y el follaje murmura y se estremece, 
y la ciudad sus cúpulas y torres 
hunde, de las tinieblas en los pliegues: 
¡cuántas veces, oh dulce amada mía, 
el paso dirigí óon ansia ardiente, 
á tu casita blanca y perfumada 
que entre el umbroso limonar se pierde! 
Y tú estabas allí, pálida y bella, 
apoyada en la reja tristemente, 
para darme el amor en tus miradas 

y la gloria en tus besos 

1 * ¡Cuántas veces» 

bajo el toldo florido del ramaje, 
enlazadas las manos dulcemente, 
el limonero nos bañó de esencias, 
sus murmullos pos dio ^1 palmar agreste 



\ 



VICSÍTTE ÁJ30HTA. 411 



y el cielo nos bañó de claridades! 

Después, la noche, majestuosa siempre, 

su palio gigantesco desplegaba, 

salpicado de estrellas; y yo al verte 

tan triste ¡oh mi adoradal negras sombras 

cruzar sentía por mi inquieta mente, 

presintiendo tal vez tu fin cercano, 

temprana flor; tu prematura muerte! 

Y ¿después? ¡Oh! después, su obscura boca, 

para tragarte, a brié la tumba 

Muerte 
que aun deplor(>. Y por eso no encaminóme, 
el alma presa de ansiedad ardiente 
á la casita blanca y perfumada 
que entre el umbroso limonar se pierde. 



412 galería poética. 



LA NUBE 



c 

Blanca, ligera nube, 
que en sosegado vuelo, 
surcando vas el azulado cielo, 
cual girón de la veste de un querube; 

Y sabes las querellas 
que enamoradas cantan 
á la luz de la luna las estrellas, 
por espíritus mil que las encantan: 

Los trémulos suspiros, 
las pláticas secretas 

que en la nuche murmuran albos lirios 
al oído de tímidas violetas: 

Amores de palomas 
que aparejada*^ vuelan, 
de auras que pasan derramando aromas, 
de haces de rayos que temblando rielan: 
• • 

En los ¿andidos tules 
envuelto, de tu manto, 
mi espíritu arrebata á las azules 
mansiones de los sueños y el encanto; 



VICENTE ACOSTA.* 418 



V en un rayo de luna 
ó el fleco de una estrella, 
como perlas caídas una á una, 
condúcele estos versos á mi bella. 

Y al llegar hacia el lecho 
la sorprendan dormida, 

las manos de alabastro sobre el pecho 
y en sueños inefables sumcrcfida; 

Y, con sonrisa pura 
que al despertar sonría, 
y tiemble en sus pupilas la ternura, 
y suspire .en sus labios la poesía. 






j 



"^14 GALGBRIA POÉTICA. 



f 



AEMONIA. 



CkrBíi» az^l, t^rée serena^ 
auraes cargadas d^e aromias: 
el sol dorando las lomas, 
el mar besando la arena: 

Las parleras golondrinas 
sobre los limos floridos: 
mucha música en los nidos, 
mucho verde en las colinas: 

Las cadencias que derrama, 
con sus gemidos la onda; 
los rumores de la fronda, 
y los besos de la rama: 

Los soplos primaverales 
del bosque en sus florescencias, 
y las claras transparencias 
de las tardes tropicales: 

La luz que lenta desmaya 
envuelto en rosado velo; 
la nube que surca el cielo, 
la ol^ que muere en la playa: 

Puro ambiente arrullador, 
ruidos adormecedores 
y efluvios embriagadores 
de los naranjos en flor: 



vitíKsry: aoosta. 



Ub 



La hoja que va temblorosa 
del árbol rodando al suelo: 
el ave parando el vuelo, 
plegando el broche la rosa: 

Y esa luz y esa armonía, 
dicen con pomposo alarde, 
que en los brazos de la tarde 
sollozando mucre el día. 



416 UAJLEKIA JPOÉXICA. 



DUDA. 



Era una tarde fría 
del invierno: la lluvia cadenciosa 
en hilos de cristal lenta caía, 
á través de la niebla vagarosa. 

Rodaban del alero 
las gotas como lágrimas; hundida 
la ciudad en las brumas y el silencio, 
parecía inmensa águila aterida. 

Y tu, tras los cristales 
del balcón entreabierto, meditabas! 
y tus pupilas negras, celestiales, 
en la doliente inmensidad clavabas! 

¿Qué amargo pensamiento 
sombreó entonces tu frente casta y pura, 
qué hizo que, dando rienda ai sentimiento, 
te oprimieras el seno con tristura? 

¿Sentiste dentro el pecho 
latir el corazón acongojado, 
con rudo golpe, al encontrar estrecho, 
tierna alondra, tu nido sosegado? 



\ h'KNTK Aros'iA. 



417 



No sé; pero un suspiro 
por tus labios en flor rodó, temblando; 
mientras la lluvia en armonioso giro, 
caía con rumor tranquilo y blando. 






i . 111 



27 



418 galería poética. 



ULTUA-TUMBA. 



F2spíritu que engendras las ideas 
y animas con tu soplo lo creado, 
como alma universal; tú que en tu vuelo 
invisible, rompiendo los espacios, 
escudriñas el fondo de natura 
con mirada profunda, y vas del átomo 
á la mole; del árbol á la selva 
de enlazadas cavernas; de los campos 
á las montañas; de la estéril roca 
á la alta cumbre; de la flor al astro; 
del soplo al huracán; de la onda al río; 
de la nube de purpura al nublado 
que corona la frente de los montes; 
déla oruga á la chispa; del relámpago 
á la hoguera; de la hoja á la floresta 
de centenarios y copudos árboles 
que se elevan severos como inmensas 
columnas de algún templo abandonado; 
del eco al ritmo; del reptil al ave; 
del lago azul al fétido pantano 
de turbfds aguas; del rumor al grito; 
del arroyo al torrente despeñado 
que los valles atruena, y del insecto 
al águila de vuelo soberano, 
garras de bronce y encorvado pico, 



VICENTE AGOSTA. 419 

símbolo de la fuerza; tú que osado 
haces en tu carrera prodigiosa, 
como la tempestad en el océano, 
rugir el pensamiento en el cerebro 
y el dolor en el alma, sordo rayo 
que brota de la angustia comprimida: 
díme, pues eres el eterno sabio 
que, escudriñando mundos ha leído 
en la pagina inmensa de lo creado 
que Dios en sus divinos embelesos, 
en su éxtasis de artista sobrehumano, 
asomado al dintel del infinito, 
bordótde sombras y escribió con astros; 
¿qué hay tras el velo de ese azul que ríe, 
profundo, extenso, dilatado campo 
do en fantástica danza raudos or¡ran 
enjambres de planetas revolando, 
bandadas de gigantes mariposas 
que la luz infinita ha enamorado? 

¿Morir es renacer? Tras de la puerta 
obscura de la tumba, que enlutado 
guarda el ángel sombrío del misterio, 
mustia la faz y el dedo sobre el labio 
imponiendo silencio, ¿brilla eterna 
la verdad, como un día sin ocaso? 
¿la esencia del querub es la del hombre? 
¿en lo divino fúndese lo humano? » 

¿y en lo humano se funde lo divino, 
en círculo sin límites girando? 

Kl alma, desligada de la carne, 
como el perfume escápase del vaso, 
¿vuela á vivir la vida del espíritu 
á otro mundo sin fin, mundo ignorado, 
de luz perpetua ó de perpetuad :fcmbras? 

¿Será verdad que la invisible mano ^ 

que empuja el universo y la semilla, 
hace en el surco germinar, y el ancho 
océano encadena, formidable, / 



420 GALEKIA POÉTICA. 



y el árbol cuaja de racimos áureos, 
y el campo borda de esmaltadas flores, 
é inunda el bosque de armoniosos cantos; 
puede secar las fuentes de la vida? 

El cadáver que, pasto de gusanos, 
la tierra abriga en sus entrañas negras 
con la siniestra mueca del sarcasmo, 
que al derrumbarse causa lo pequeño; 
y fué en un tiempo asilo sosegado 
que el luminoso espíritu encerrara 
de poeta soñador, de ilustre sabio; 
débil corteza que aprisiona el fruto: 
ó fué de la beldad rico palacio, '^ 
nido de gracias, fuente de armonías, 
tesoro de dulzuras y de encantos; 
al hundirse en las sombras de lo ignoto, 
bajo un montón de tierras sepultado, 
¿irá á ser savia que en las venas corra 
de humilde yerba ó de robusto árbol, 
de blanco lirio ó de encarnada rosa? 

jOh dolor! esos ojos donde el rayo 
de la luz tiembla en armonioso giro, 
de la esperanza al seductor halago, 
ó del dolor al silencioso golpe; 
el pecho que, robusto, entusiasmado, 
siente latir^un corazón de fuego, 
como la blonda espiga encierra el grano 
que estalla al beso del pomposo otoño 
y ha de ser el sustento moderado 
de numerosa prole; la ardorosa 
mente que sueños forja: todo cuanto 
hervir sentimos en el fondo obscuro 
de nuestro ser: los goces no alcanzados, 
las ansia\que el espíritu enardecen, 
los ardientes deseos y los santos 
anhelos que á otros mundos nos elevan: 
la virtud, el amor, dulce remanso 
de la vida, la angustia, el sufrimiento 



VICENTE ACOSTA. 421 



que oprime el corazón con férrea mano; 
el honor, que es obscuro calabozo; 
la conciencia, que es mostruo despiadado: 
acaba todo con la muerte en polvo 
convertido? ¿Del fondo de lo creado 
podrá surgir la nada? ¿Acaso brotan 
tinieblas de la luz, nieve del fango, 
flor del hielo, armonía del silencio 
y juventud de la vejez? 

¡Oh arcano! 
;Oh impenetrable noche del misterio! • 
jSombra que no penetra ningún rayo! 
¡Lim^o en que los espíritus se ahogan! 
jMuro de bronce que no deja paso 
á la ciencia, al analis, al examen! 
Que el pensamiento, pájaro enjaulado, 
delante lo imposible se detiene 
V expira, como el día en el ocaso 
ó el arroyo en el mar. 

Dios sólo tiene 
la clave de ese enigma, del que en vano 
la razón quiere desgarrar el velo 
y la aurora inflamar dentro del caos! 






422 galería poética. 



PENSAMIENTOS. 



c 
En el fondo del vaso cristalino, 

esponjados y frescos, 
como negras pupilas siempre fijas, 
contemplaba los bellos "pensamientos." 
Y pensé: cuántas veces así duermen 

en el profundo seno 
de la conciencia humana, como t ido 
de serpientes, los negros pensamientos! 






VICENTE AGOSTA. 423 



MARÍA EOSA. 

(CAXTO POPULAR.) 



I. 

Es María la morena 
más graciosa del lugar; 
tiene unos ojos tan negros! 
y una cinturita tan I 

tí- 
Cabellera obscura y luenga, 
boca que humilla al coral; 
mucho donaire en el porte, 
mucho garbo en el andar: 3 

III. 

La tez sonrosada, y fresca, 
la voz que trina al hablar; 
el piecesito muy mono, 
la sonrisa mucho más: 

IV. ^ * 



3 



La mirada reto^.on a 
que besa y mata áJa par; 
mejillas cono la grana 
y . . pare U. de contar! 



3 



3 



224 galería poética. 



V. 

Cuando por la calle pasa 
con su traje de percal, 
una flor en la cabeza 
y echado el cabello atrás, 

VI. 

Y á misa llaman alegres 
las campanas del lugar, 
no hay mozo que la resista, 
moza que la iguale no hay: 

VI J. 

Por ella penando muere 
el simpático Pascual, 
mancebo gentil y apuesto 
como no lo hubo jamás. 

VIH. 

Con las hembras es galante, 
con los hombres es jovial; 
como el vello de un durazno 
el bozo le apunta ya. 

IX. 

Robusto como una encina, 
afable y dulce al hablar, 
con ojos pardos y ardientes 
de un irresistible imán; 

X. 

Por su gallarda apostura, 
por su gracia singular, 
es entre todos los mozos 
el más cumplido galán. 



VICENTE AGOSTA. 42o 



XI. 

V codiciado de todas 
las muchachas del lugar, 
el rozagante, el apuesto, 
el simpático Pascual. 

XII. 

María Rosa no le ama .... 
Nunca tal vez le amará; 
porque ella también padece 
por incógnito galán. 

XIII. 

Galán que en noches tranquilas 
cuando el barrio duerme ya, 
con voz armoniosa llega 
á su ventana á cantar. 

XIV. 

En sus manos la guitarra 
llorando parece estar, 
y María Rosa jura 
que tan sólo á él amará. 

XV. ^ 

En noche serena y fresca, 
noche en que brillando están 
como pupilas de un ángel 
en la azul inmensidad, 

XVI. 

^ i 

Las temblorosas estrellas, 
y todo en silencio está, 
llega á cantar como siempre 
el incógnito galán. 



426 GAI.EÍMA POÉTICA. 



XVII. 

Como heridas por el llanto 
las cuerdas, gimiendo, dan 
tan melancólicas notas, 
música tan celestial, 

XVIII. 

Que la elevada ventana 
una mano entreabre ya: 
es María, la morena 
más graciosa del lugar. 

XIX. 

Brilla la luna en el cielo, 
perfuma el viento al pasar, 
resuena un ¡ayl amoroso 
y un beso en la inmensidad. 

XX. 

Todo luce y tiembla!... jY era 
el incógnito galán, 
el cantor desconocido, 
el simpático Pascual. 



t c 



l 



\ ÍCKNTE ACOSTA. 



427 



LA CALUMNIA. 



Sangre*gotea la profunda herida 
abierta; sangre que la vida agota 
y arrebata la vida, 
rama verde y florida 
que la tormenta azota, 
y cae desprendida, 
y arrastra la corriente enfurecida. 

Mas ¡ay! causa más daño, 
más intenso dolor, más ruda pena, 
el puñal que en las sombras hiere el alma 
y blande la calumnia, hambrienta hiena 
que devora las honras, y la calma 
trueca en zozobra; furia que invisible, 
bañada en las tinieblas del pecado, 
va agitando sus teas infernales, 
la mirada feroz, el rostro airado; 
serpiente que en la hierba oculta muerde 
y se desliza y pierde 
á través de los rudos matorrales; 
tigre que acurrucado 
entre espesos' breñales 
acecha al cordcrillo descarriado, ^ 
la pupila inflama 
con salvaje alegría, 
y le clava su* garra despiadado, 
y en su sangre revuélcase embriagado. 



428 galería poética, 



En el valle ó en la cyimbre 
siempre crece la zarza^ 
sombría, donde deja 
su argcnlaüo bellón la branca oveja 
y el pájaro sus plumas. Huyen de ella 
las aves y las áureas mariposas: 
no le dan sus arrullos 
las fuentes sonorosas, 
ni el bosque sus murmullos, 
ni su aroma las rosas; 
y se ostenta en el campo aislada y sola 
como siniestro símbolo de muerte. 

En la senda escabrosa de la vidaí 
la calumnia que mancha y envenena 
es siempre zarza de la honra agena; 
y derrama su aliento impuro, insano, 
del honor en los diáfanos cristales, 
como vierte sus babas el gusano 
en el broche de candida azuceud. 

No valen á sus ojos 
ni amistad, ni virtud, ni edad, ni ciencia, 
ni saber, ni experiencia, 
ni santa abnegación, ni ardiente heroísmo; 
y así escupe en la frente del anciano 
como en la de la virgen inocente, 
y clava su saeta emponzoñada 
en la honra de la esposa, inmaculada, 
y en la alma del fogoso adolescente: 
así el reptil inmundo admira airado, 
en su vuelo á la altiva 
águila que en el éter se columpia, 
ó al cisne que en las ondas se desmaya. 
jCrucificará Cristo, abrir al Dante 
las puertás^del destierro, es su deseo! 
;Dar á Juan de Huss suplicio degradante, 
inmundo calabozo á Galileo! 
¡Empañar la virtud, nublar la gracia, 
donde antes hubo luz regar tinieblas. 



N'JC'KXTE A COSTA. 429 



y las Horcs cambiar tn rojas ascuas, 
y las dichas cambiar en hondas penas. 

Del suntuoso palacio, donde el arte 
derramó sus primores y sus galas, 
y pródigo reparte 
sus neos dones ostentoso fausto; 
donde el ocio entre sedas y perfumes 
embriagado se duerme, y la hermosura 
como esponjada flor, abre sus alas, 
bañada en ondas de sin par ventura, 
y ostenta sus encantos y sus gracias 
agena á las desgracias 
que azota» al común de los mortales; 
desde ese hermoso nido 
por el placer mecido, 
hasta la humilde choza 
aislada y silenciosa, 
que es ave oculta en el follage verde, 
pavorosa llamea 
de la calumnia la rojiza tea, 
llevando la amargura, 
el dolor, la tristeza, el desconsuelo, 
donde ha poco reinara la ventura, 
precioso don que el cielo 
concede á los mortales pocas veces. 

Mas pronto llega la hora * 

en que brilla triunfante ^ 

con hermoso semblante 
la verdad, luz de aurora 
tras prolongada noche aterradora. 
Y caen el oprobio y la vergüenza 
como una tempestad sobre la frente 
del vil calumniador; y la inocencia, 
oprimiendo su planta • • 

la cerviz de la cruel maledicencia, 
se yergue, se levanta, 
querida, respetada 
y bañada en fulgores de alborada. / 



430 galería poética, 



A LA SEÑORITA ANGELA M, CARRANZA, 



EN SUS BODAS. ^ 



I. 



Ledos vagan los genios tutelares 
Hoy que ciñen tu frente inmaculada 
La guirnalda de niveos azahares 
y el velo de la virgen desposada. 



II, 



Brillan tus ojos con la lumbre pura 
del alma joven, que apurar anhela 
la copa del placer y. la ventura, 
mientras en alas de los sueños vuela. 

III. 

Nido de amores, el hogar te espera 
con sus delicias, que hacen de este mundo 
un verjel en perpetua primavera, 
que inunda Dios de bienestar profundo. 



VICE!íTE AGOSTA. 



431 



TV 



Ser esposa es ser reina sin corona: 
es el capullo que se torna en rosa, 
la doncella en simpática matrona, 
la crisálida en áurea mariposa. 



V. 



De un nuevo amanecer el rubio lampo 
para tí va á brillar; que entre querellas 
la vida sin amor es como el campo 
sin floi^s, como el cielo sin estrellas. 

VI. 

Por eso vengo á darte mis cantares 
hoy qu^ ciñen tu frente inmaculada 
la guirnalda de niveos azahares 
y el velo de la virgen desposada 






432 GHALERIA POÉTICA. 



PENSATIVA. 



De opaca bomba al resplandor violado 
que en vagas ondas por la estancia rueda, 
sobre la falda de crujiente seda, 
el libro en que leía, abandonado; 
el frondoso cabello, destrenzado, 4 
que una cascada de ébano remeda, 
plegado el labio por sonrisa leda, 
el candor en la frente retratada; 

Absorto su hermosura contemplaba 
y, en mi loco amoroso devaneo, 
en éxtasis supremo imaginaba 
ser ella el ángel que soñó el deseo: 
rompió el silencio al fin y ¡ay! Dios! pensaba 
en un nuevo sombrero de paseo. 



É^i^kA^^iAi 



NAPOLEÓIT ESCOBAE. 



Es un joven nicaragüense que apenas cuenta 22 años de edad, 
habiendo nacido en Masaya en abril de 1866. 

La mayor parte de las poesías que de él conocemos son in- 
correctas; mas no carecen de inspiración y atrevimiento, por lo 
que creemos que con el tiempo mejorará su estilo y llegará á 
ser un verdadero poeta. Demuéstranlo así las tres composicio- 
nes que de preferencia hemos escogido para esta Galería. 

Según sabemos, Escobar se ha ensayado, con buen éxito, en 
los géneros dramático y novelesco, por los que tiene particular 
predilección. Cultívelos con esmero, y se hará de merecido re- 
nombre en la literatura nacional, pues, como es sabido, entre no- 
sotros abundan los poetas líricos y hacen falta, muchísima falta, 
los dramáticos. • 



T. rir 



434 galería poética, 



DÉCIMAS 



Recitadas en la velada que tuvo lugar en el Casino de Ma- 
saya^ la noche del 15 de mayo de i887. 



I, 



Las nieblas del retroceso, 
hundiéndose en el ocaso, 
van dejando libre el paso 
al arcángel del progreso; 
el cantor debe por eso 
alzar su voz anhelante, 
y con acento pujante, 
valiente, firme y audaz, 
decir á la niebla ¡atrás! 
pero á la luz |adelante! 

II. 

Hoy con entusiasta anhelo 
á esta velada asistimos, 
y en nuestras almas sentimos 
un misterioso consuelo! 
Mi inspiración alza el vuelo, 
y ale'^re batiendo el ala, 
busca más flores, más gala; 
á regiones altas sube, 
y trae una brillante nube 
para adornar esta sala. 



NAPOLEÓN ESCOBAR. 435 

lll. 



Ahí está! yo bien la veo! 
una nube blanca y pura! 
le prestan más hermosura 
los ojos de mi deseo! 
en su lumbre me recreo! 
ahí está! vedla! mirad! .... 
pero, Dios mió! en verdad, 
la nube que yo veía 
contemplo con alegría 
que«s tan sólo claridad! 

IV. 

Vibren contentas ahora 
las cuerdas de mi laúd! 
escuche la juventud 
una voz consoladora. 
De hermoso día la aurora 
ya sonríe en el oriente! 
¡Alza, juventud, la frente 
orgullosay despejada; 
tras la aurora nacarada 
lucirá el sol esplendente! 



Todavía hay frío... hay nieve... 

vénse horribles, densas brumas 

¡Las deshará como espumas 

este siglo diezinueve! 

La juventud, ella debe, 

con robusto y fuerte brazo, * ^ 

abrir á las luces paso; ^ 

y hundir altiva y valiente 

en cisterna pestilente 

al vestielo del atraso. I 



436 galería poética. 



VI. 

Juventud! la hora ha sonado 
apasible y redentora: 
vuela la locomotora, 
cae el rayo aprisionado! 
Lucifer está espantado 
con el brillo deMa ciencia: 
la luz de la inteligencia 
se refleja en nuestro pecho, 
y leemos que es un derecho 
la libertad de conciencia! ^ 

VII. 

Pues bien, juventud, luchemos! 
Donde quiera hay. un abismo: 
hundamos al fanatismo, 
y la religión salvemos! 
La religión, que hoy la vemos 
degradada, envilecida ... 
No es religión fementida 
la que el espíritu anhela, 
es religión que consuela, 
que da fe, esperanza y vida! 

' YIII. 

Perdonad! Callar no puedo! 
Bien lo sé: tal vez mañana 
una multitud insana 
me señale con el dedo: 
pero yo no tengo miedo: 
siert.jpi'e alto alzaré la voz; 
y si el fanatismo atroz 
herirme torpe quisiera, 
entonces me defendiera 
mi conciencia, el siglo y Dios! 



NAPOLEÓN ESCOBAR. 



437 



IX. 

Cuánta luzl cuánta armonía 
en esta hermosa velada! 
Viene el alma entusiasmada, 
rebozante de alegría! 
La amistad y la poesía 
están en este salón; 
se siente grata emoción! 
y viendo próximo el cielo, 
tienden fogosas su vuelo 
las al^s del corazón! 



X. 



No desmayes, juventud! 
Tu porvenir es brillante; 
corre en pos de él anhelante, 
con fe, constancia y virtud. 
Las cuerdas de mi laúd 
vibran con loca ansiedad . . . . 
Callad!, me dicen, callad! 
por eso mi lengua calla, 
diciendo: ¡viva Masaya 
y el Casino "La Amistad"! 



• é 



438 galería poética. 



A DELFINA. 



Hay en tus ojos bellos 

la luz del alba, 
y toda la hermosura 

de la mañana; 

y de tu frente 
brotan rayos divinos 

que el alma hieren! 



Yo te idolatro, niña, 
porque eres pura 

como la luz que vierte 
^ la blanca luna; 
porque eres bella, 

como un campo de rosas 
en primavera! 



Me dijo ayer un ave 
^ que está celosa 
<^de tu voz argentina, 

dulce y sonora; 

y por tus ojos 
se desvelan de envidia, 

los astros todos! 



NAPOLEÓN ESCOBAR 439 



Unas flores me han dicho 

que tienen celos 
del color de tu rostro, 

por ser tan bello; 

y una palmera 
dice que ser gallarda 

cual tú quisiera. 

Por eso encantadora, 

dulce Delfina, 
yo te amaré constante 

toda mi vidal 

porque eres bella, 
como un campo de rosas 

en primavera! 






• 



• 



440 OADKRIA POÉTICA, 



DIOS Y EL POETA. 



— Poeta, ¿á aónde vas entristecido? 
— A lloraren silencio mis pesares, 
porque si alzo la voz, me insulta el mundo 
con satírica, horrible carcajada. 
— Pues búrlate del mundo, tú que llevas 
una chispa divina en el cerebro, 
tü que eres el arcángel que yo he creado 
para cantar mis soberanas obras. 
Si es verdad que tal vez es tu destino 
llorar y padecer, canta, poeta, 
y hazle ver al incauto que te insulta 
que es grande tu misión. Desde los cielos 
yo escuche, embelesado tus cantares, 
y de mis obras b grandeza admiro 
radiante de alegría, si tu arpa 
con notas resonantes las celebra. 
No dejes que se apague la luz pura 
que yo puse en tu mente, luz divina! 
Canta, poeta, y si se ríe el mundo 
desprecíalo, hijo mío, y canta siempre! 



w 



AAAA*A**i*AakAAAiAAakA^,iAA**iMkaft*tft**i**i*dMi**Éh*riMMi****irfMMtA*A^A^A^AÉ^^b4^M^^kAÉhA**rfk* 



FRANCISCO A. GAVIDIA. 



flntre los po(^tas contemporáneos que con legítimo título se 
sientan en el Parnaso Centro-Americano, distingüese Gavidia 
por haber sido uno de los. pocos que, rompiendo con el tradicio- 
nal lirismo de nuestros mayores, se lanzó con ánimo resuelto en 
el ameno campo del arte, ensayándose en el teatro y la novela, 
bajo la modesta forma del romance. 

Imaginación volcánica en la que bullen y rebullen las ideas, á 
la manera que la ardiente lava en el seno de nuestras montañas» 
Gavidia lucha en la elección de sus pensamientos y en la mane 
I a de vestirlos, con la fecundidad de su ingenio y el deseo de ser 
original. Su "Ursino" que le conquistó merecidos aplausos en su 
primera representación en el Teatro Nacional de San Salvador, 
es una prueba de lo que dejamos consignado. 

Ha publicado un tomo de poesías escogidas y fundado varios 
periódicos políticos y literarios en la vecina República, hs ade- 
más, miembro correspondiente de la Real Academia Española, 
del círculo de la Unión Ibero-Americana en San Salvador, y de 
número de la Academia de Ciencias y Letras, recientemente es 
tablecida en la capital del mencionado Estado Centro-Americano. 

Gavidia tiene 25 años y entra al mundo lleno el conzón de 
esperanzas y la mente de sólidos estudios. 



442 galería poética. 



LA HECHICERA. 



c 

¡Tiempo viejo! ¡Qué de historias! 
¡Qué de agradables leyendas, 
que tratadas, en romance, 
pueden, en noche serena, 
leídas por algún viejo, 
de una familia cabeza, 
entretener los pequeños, 
que escuchan, la boca abierta 
esos curiosos pasajes, 
conque ya dormidos sueñan! 

¡Tiempo viejo! ¡Cómo brotan 
tenues y' flotando en nieblas, 
de edades que tal crearon 
las vagas reminiscencias! 

yVh! ¿qué nos dicen las ruinas, 
esas sombrías pavezas 
que pregonan de otros tiempos 
las cla^^icas opulencias? 
¿Los techos desvencijados, 
^a pared grietosa y huera, 
las destroncadas columnas, 
los restos fijos en tierra, 



FRANCISCO A. GAVIDIA. 448 



y que asoman entre el polvo, 
mas asoman de manera 
que se asemejan á náufragos 
ya para hundirla cabeza? 

;Oué los ecos misteriosos 
que oscilan entre las celdas, 
en otra era cobijadas 
por la sombra de la iglesia 
que se alzaba allí vecina, 
vigilante centinela; 
cancel que ahogd los sollozos, 
cerrando al mundo la puerta, 
de alguna virgen amante 
que al cielo llevó su hoguera? 

¿Qué hay de suave poesía 
en todo lo que recuerda 
esas edades que vieron 
aquella ruda grandeza 
de gente menos leída, 
¡ah! pero tal vez más buena? 

¡Tiempo viejo! ¡Vago enjambre 
de deleitosas consejas! . . 
¿Quién no habrá oído en las noches 
déla alegre primavera, * 
sentado con otros chicos, 
formando callada rueda, 
tal vez junto á la cocina 
en que la cena se tuesta, 
bufa el gato, husmea el perro 
y el fuego chisporrotea, 
mientras da su luz la luna ^ 
impalpable y soñolienta, > 
contar algunas historias, 
sabrosa aunque con torpeza, 
á una criada de la casa 
que por cierto es la más vieja? 



I 



444 galería, poética. 



Y forma todo ese enjambre 
de sencillas historietas 
esa obra nunca esireciíada 
en los moldes de la imprenta, 
narración jamás extinta, 
no terminado poema 
porque su autor nunca muere, 
;que es el pueblo el gran poeta! 



11, 



Marcha apuesto caballero 
por una angosta vereda 
en corcel fogoso y ágil, 
que tras de sí al viento deja. 
Del sombrero del ginete 
el ala doble adereza 
airosa y flotante pluma 
con que aura galante juega; 
va embozado hasta los ojos 
en holgada capa negra, 
espada brillante y corva 
pende á la cmtura apuesta; 
y el doble dorso apretándole 
con varoiil gc^ntilcza, 
al raudo corcel azu/.a, 
que avanza rápido, llega, 
y deja atrás del camino 
las mil retorcidas quiebras 
Robusto y brioso es el bruto, 
la cola al viento flamea 
fingiendo cascadas dé ébano 
bruñidas y ondeantes ebras; 
le estimula el acicate, 
la brida colgante y suelta 
le deja beber espacio 
que bajo del casco amengua. 



FEANCISCO Á. GA.VIDIA. 445 



Palabras dice el prinete 
(|ue el aura feble remeda 
y expiran en las sombras 
de la umbría soñolienta. 



Hincha el corcel las narices 
resoplando, y manotea 
y m?s que galopa, corre 
y más aun que corre, vuela; 
mas nada al ginete rinde, 
que al contrario más desea, 
porque el ansia es de su peeho 
más aguijadora espuela. 
Voces ardientes pronuncia 
que sus codicias revelan, 
ambiciones de alma joven, 
de sangre moza y sedienta, 
que atestiguan briosos ímpetus 
y gallarda gentileza. 



— En busca voy de una niña, 
hija de las verdes selvas 
que diz que guarda en su choza 
una celosa hechicera; 
dicen que otros caballeros 
amantes fueron á verla, » 

que ardían en viva'Jlama; 
por cautivar su belleza 
sacrificaron familia 
y abandonaron hacienda; 
anchos surcos fecundaron 
con la sangre de sus venas 
y por fruto de tal germen * * 
vieron zarzas y maleza. ^ 

Ah! plegué al cielo descuide 
la siempre celosa vieja 
y que me vea la niña 



I 



4Á6 galería poética. 



de suaves y rubias trenzas. 
Si llega á danne sus brazos 
y á seguirme hasta mis tierras, 
será entre flores y damas 
por su hermosura la reina. 

Hincha el corcel las nances 
resoplando, manotea, 
y más que galopa, corre 
y más aún que corre, vuela. 

III. 

Tras una florida loma 
y en una verdosa vega 
do las auras del boscaje 
y las del llano se encuentran, 
cercada de airosos árboles 
que en umbrías frondas velan 
los nidos en que las aves 
aletean y se besan, 
en medio de frescos plátanos 
pajiza choza se eleva 
rodeada de rósales, 
cercada de fina yedra, 
con ventanas á que forman 
anchas y tupidas rejas 
en vistosos cortinajes 
profusas enredaderas. 

Diz que vive allí una niña 
y que es la niña más bella 
que ff desde hace quince años 
la vasta comarca entera. 
Los ojos muy azulados, 
con las pestañas muy crespas, 
muy blanca la suave frente, 



FRA.N(;irsCÜ A. «ÍAVIDIA. 447 



muy doradas las guedejas, 
muy sonrosada la boca 
y muy graciosa y pequeña, 
donde su dulzor dejaron 
las más preciadas colmenas, 
y que una vo;^ suelta al aire 
que gentes sesudas cuentan 
que cuando la oyen se corren 
las aves de la ribera 
déla fuente que en la sima 
de aquel valle serpentea. 
La fuente corre entre guijas 
sobue ánfora de alba arena, 
de espumas leves crinada 
que en blanco vapor se elevan; 
se estaciona en los recodos 
y al saltar se desnivela, 
y entre cortados peñascos 
bulle, solloza y se quiebra. 



A esa fuente aquella niña 
en una noche serena 
fué á mojar sus pies enanos 
y á esponjar su cabellera 
que suaves dedos de rosa * 



con lindo donaire peinan. 



• 



Mírase en la clara linfa 
la candorosa doncella 
y admira la dulce imagen 
que entre los cristales tiembla, 
y que finge sus miradas 
y que sus risas remeda. ^ 

— ¡Quién fuera, dice la niña 
inocente como ingenua, 
tan bella como la sílfide 
que entre las aguas se vela, 



» 



44ís <;alekia poética. 



quién tuviera sus sonrisas 

y quién sus gracias tuvieral . . . 



Y cuando bajo las aguas 
va con la mano á cogerla, 
deshecho el cristal en ondas 
que el nivel límpido quiebran, 
se huye la sombra y la niña 
la dice de esta manera: 
— ¿ni por amiga me quieres, 
que así te huyes y te alejas.... 
Ay! yo vivo sin amigas 
y sin dulces compañeras: 
si esos cristales dejaras 
en que mis ansias se estrellan, 
perseguiríamos juntas 
á las saltadoras ciervas, 
y alegres discurriríamos 
por los llanos y las selvas. 



Y al fin se calman las aguas, 
sus ansias la niña empeña, 
tórnase en ondas la fuente 
y la niña llora y ruega. 



¿Y es ella la que así llora, 
y la que así envidia es ella, 
la de los rizos cabellos 
y de graciosa cabeza, 
]a de los ojos brillantes 
que la faz del sol afrentan, 
la db ios rosados labios, 
la de los dientes de perlas 
que guarda como dulce urna 
su boca linda y pequeña, 
ella, la que así codicia 



KKANCISiO A. (¡AVIDIA. 441) 

SU imagen que se reí leja 
en la linfa que se enturbia 
si va la mano á cogerla? 

Felicidad! visión pura, 
que aquí en el alma se lleva, 
que corre en pos de sí misma 
y se busca y no se encuentra; 
y que al quererse tocar, 
el cristal que la refleja 
se empaña y deshace en ondas 
V se deslíe v se quiebra. 

Historia siempre la misma 
de cuestión nunca resuelta. 

historia obscura del alma 

Pero sigamos la nuestra. 

IV. 

No vive sola la niña, 
que vive con una abuela 
á ^uien reconoce el vulgo 
como bruja y hechicera.' 



T. III. 



Limpio el ia\o de la luna 
en la clara linfa riela 
de Ja fuente corredora 
que al aire de ayes y quejas, ^ 
aura mansa y silenciosa 9 

las verdes hojas orea, • 

y viven de los ramajes 
escondidos de las selvas 

enjambres de leves ruidos ' 

29 



450 GALKKIA POÉTICA. 



que ya temblando se acercan, 
ya del viento arrebatados 
ó se extinguen ó se alejan; 
favonio duernne silente 
en alguna doble reja, 
respirando en los doseles 
que forma la enredadera: 
salen ceñidas de pámpanos 
las sedosas cabelleras 
con que Juguetea el aire; 
silenciosas las napeas, 
y las vagarosas ninfas 
dejan la fuente parlera > 

y estremecen los fulgores 
que en el ambiente chispean, 
desliéndolos en cambiantes 
sus esponjadas guedejas; 
y enlazadas de las manos 
avanzan por la pradera, 
al paso flores hollando 
que de tal suerte se huelgan, 
y alegres y bulliciosas, 
más que las brisas ligeras, 
se van, se vienen y en tanto 
misteriosas danzas trenzan 
que los silfos acompasan 
y que los faunos celebran. 

Noche tranquila y luciente, 
los cielos están de fiesta, 
leves las candidas nubes 
van como hojas de azucenas 
barridas por sutil aura, 
o v^n como aves viajeras 
trasmontando el ancho dorso 
de parda y tendida sierra; 
lujoso el azul subido 
que atavían las estrellas, 



FKAXCISCO A. GAVlí)! A 451 



y la luna deslizándose 
entre ondas tenues y trémulas, 
recibe en el seno pálido 
los ideales de doncellas 
que amaron con toda el alma, 
pero con pasión secreta 
ayl que nunca revelaron 
^guardándola con cautela, 
tal vez porque era imposilile. 
por tímidas ó discretas, 
ó temiendo quizá agravios 
y desprecios, por ser feas. 
Al confín alzante obscuras 
las o'^scuras montañuelas 
que á la luz va^a y sombría, 
haciendo temblar las crestas 
lejos se avistan fingiendo 
torcida y vibrante cuerda. 



Por una corta pendiente 
que hasta la fuente se acerca 
en que la candida niña 
habla con su imagen bella, 
galopa un brioso caballo 

en que gallardo se asienta i 

un caballero, que al punto* 
que ve á la niña, refrena 
al corcel; y ve y devora, 
se adelanta, y cree que sueña. 
Ella entonces la faz vuelve, 
esquiva el pecho ligera 
y le tiñe las mejillas 
sonrosada erubescencia, > j 
que á ser de día causara ^ 
sin duda envidia y vergüenza 
á las rosas que mirándola 
se alzaban en la ribera. 



9 



452 



GALl.mA POÉTICA 



— No huya la nina medrosa 
ni algo de mis armas tema, 
que Contra ella nada pueden, 
pues me tiene el alma presa. 
— Galante es el caballero 
de las doradas espuelas. 
— Es aun mas dulce y graciosa, 
y más garrida y apuesta 
y más el alma me rinde 
la niña de rubias trenza". 

— Dice unas cosas muy dulces 
su garganta lisonjera, 

que adulando los oídos 

en el corazón penetran .... 

— ¿Qué hace la candida niña 

en esta fuente desierta? 

— Llorando estaba y diciendo 

al aire duelos y quejas 

— Ah! ¿pues por qué llora asólas 

la niña de rubias trenzas 

que añade al cristal quilates 

de sus ojos con las perlas? 

— Si sabe el doncel galante 

lo que son amigas tiernas, 

bien sabrá lo que es tener 

por única á la tristeza. 

— Si irte siguiera la niña 

á mis apartadas tierras 

donde entre flores y damas 

fuera tenida por reina 

— Muy dulces son sus palabras, 
y grata impresión me dejan, 
pero dejar no podría 
soli tirrias mis riberas, 
pues ^diligente me guarda 
una cautelosa abuela. 

— Mi corcel es poderoso, 
y son anchas sus caderas, 



KRANCISCO A. GAVIDIA. 



453 



y SI quisiera la nina 
subir 

A , ' 

— A mi reino la llevara 

y allá sería la reina. 

La niña tiende ios brazos, 

el caballero se acerca, 

la pone en la anca robusta 

y el corcel relincha y vuela. 

VI 

— Ay! que se roban la niña, 
grita saliendo la vieja, 
yo iré detrás del mancebo 
porque mi bien me devuelva; 
y corre á todo correr 
la que diz que es hechicera. 

Vil 

— Muy lejos está tu reino .... 

— Pero al fin, niña, se llega. 
— Hay muchas flores y aves.^ 

— Muchos diamantes y perlaí. 

— V muchas niñas hermosas.^ 

— De que tu serás la reina. 
—Y habrá quién me sirva? 

— Muchos 

— ¡Muchos habrál 

Y que te quieran. 
— Ah! , j 

— Y te ensalzan en tu trono* 
y veneren tu diadema. 
— Tendré, pues, diadema y trono! 
— Y mi alma de humilde sierva. 
— Mucho me ama el caballerol 




454 galería poética. 



— Porque la niña es muy bellal 
— Tan galante y tan cumplidol 
— Tan donosa y tan discretal 

Y con los ferrados callos 
echa atrás la dura tierra 
y hace- que chisporroteen 
chocando, rudas las piedras, 
soplando el corcel fogoso 
con las narices abiertas, 
que brinca de rambla en rambla, 
burla la eriza breña, o 

y hiende los matorrales 
con la encorvada cabeza, 
salva tajos y hondonadas 
y atrás los recodos deja. 

Trap!....trap!....trap!....Rápidos pasan 
los árboles en hilera, 
y atrás van dejando montes, 
bajando y subiendo cuestas; 
y del sabroso coloquio 
que los amantes se llevan 
apenas el eco flébil 
las suayes veces remeda .... 

— Mucho me ama el caballero .... 

— Porque la niña es muy bella. . . 

VIII 

Y tras ellos sigue rápida 
en íii¿ansable carrera, 
rumiando horribles conjuros 

y maldiciendo la vieja 

Y según refiere el vulgo 
que tal historia conserva, 
un huacal con una esponja 



FRANCISCO A. GAVIDIA. 455 

y un jabón envueltos lleva 
en un extremo del manto 
ia fantástica hechicera. 
Por fin para; y juramentos 
y maldiciones renueva 
que el viento repite lúgubre 
y que devuelve la sierra; 
tras su cabeza se escucha 
un batir desalas sinistras 
que sus cabellos de furia 
con ruido fatal avientan, 
y que dejan en el aire 
diáfana fosforescencia. 
Levanta en alto una mano, 
el huacal tira frenética, 
(]ue va girando en los aires 

V hendiendo el aura ligera, 
hasta que al caer se adelanta 
en ia escabrosa vereda 

al paso del corcel rápido 

del ginete y la doncella. 

Tiéndese entonces un lago 

que chispeando se dispersa 

y que se deshace en olas 

que en los peñascos se quiebran, 

y. van, y vienen, y braman, o 

y chocan y espumajean. • 

Y el caballo se encabrita 
y se resiste á la espuela, 
que no divisa ni lejos 
la brumosa orilla opuesta; 
y se aferra temerosa 
al ginete la doncella. 

Pero es valiente el amante 
y el peligro no le arredra 
y habrá de piobar la suerte 
por lograr su niña bella. 



9 



456 galería poética. 



Embiste el corcel las a^uas, 

opone el pecho su fuerza ♦ 

al empuje poderoso 

de las oleadas revueltas, 

se hunden sus anchos bijares 

y sus robustas caderas, 

y el casco haciendo de remo 

con la oleada se revuelca, 

lucha, sube, vuelve, baja,, 

esquiva el golpe, vadea, 

y se agita y se retuerce 

y entre la espuma se orienta 

y por fin desaparece ^, 

bajo oleada jigantesca 

La luna que limpio disco, 
tenía hundido en tinieblas, 
rasgó la em pañosa bruma 
y su lumbre macilenta 
pudo ver del turbio lago 
salir á la orilla opuesta, 
un corcel de agua empapado 
que airoso caracolea, 
y en el que diestros se afirman 
un galán y una doncella. 



X 



Ya es de madrugada: avivan 
su tibia luz las estrellas 
como regias moribundas 
que antes de espirar alientan 
el ánkifo; y tras los montes 
unas después de otras ruedan. 
Las brisas desde los l>osques 
vienen meciendo palmeras 
á orear las hojas húmedas 



FRA-NCÍSCO A. (rAVíDlA. 



45; 



cuajadas de claras perlas 

(¡ue al soplo del suave alicio 

estremeciéndose ruedan! 

En lá^ copas de los árboles 

se escuchan rendidas quejas 

y en la umbría, arpas eolias 

dan sonatas tremulentas. 

Trap! trap! trap! Entre las guijas 

el ancho casco resuena 

del corcel que bebe el viento 

y que la distancia amengua. 



A^í hablad doncel apuesto 
(i la niña de áureas trenzas: 
— Ancho era el lago espumoso 
y las corrientes revueltas; 
pero ¿qué no vencería 
por tu amor, niña? 

— ¿De veras?. . .. 
— Tiró la esponja encantada 
la maldiciente hechicera 
y se nos trocó el camino 
en espinosa maleza; 
el caballo resistía, 
le aguijaban las espuelas; 
las guías le maniataban, ^ 
las rasgaba él con fiereza; 
le acosaban los bejucos, 
le punzaban las saetas, 
saltaba 5 obre las unas, 
las otras le daban fuerza, 
que el dolor si mucho ataca 
da ardides y mañas nuevas; 
y vencí el segundo ensalmo ^^ 
sólo por tu amor 

— De veras! 

— Tiró el jabón á mi paso 
la muy enconada abuela 



4p8 



galería poética. 



y se alzó bruñido monte 

que hería la azul esfera. 

Resbaladiza pendiente 

á un lado y á otro se apresta, • 

formando faldas blanquísimas 

en que la lumbre se estrella, 

á oponerse del corcel 

á la impetuosa carrera; • 

mas clavó el ferrado callo, 

estimulóle la espuela, 

trepó ala cumbre del monte, 

cual disparada saeta, 

y burlé el tercer encanto q 

por sólo tu amor 

— De veras! 

— Pronto llegará la niña 
á mis apartadas tierras 
donde de flores y damas 
por hermosa será reina. 
¿Me ama la candida niña.^^ 
La niña no le contesta. 
Hacia la niña el mancebo 
vuelve entonces la cabeza, 
quiere estrecharla en sus biazos 

y besarla y no la encuentra, 

que sólo queda en sus brazos 

un cano girón de niebla 

Entonces entre los árboles 

una carcajada suena 

y rabiando el dgncel grita: 

— La hechicera ! 

Del sol el límpido rayo 
la azul región atraviesa 
y trat; fcl las golondrinas 
se van en ronda parlera. 



fk.axcisco a. <.a\ ihi.v. 4o9 



UNION IBEHO-AMERICANA. 

(DÉCnrAS LKÍDAS. VO^ su AUTOR, AL IXAUGURARSE EN SJX SALVADOR, 
ET. CKXTKO CORRESPONDIENTE DE AQUELLA ASOCIACIÓN.) 



La España. Vuelve provista 
de pendones y soldados; 
que como en tiempos pasados 
se apercibe á la conquista; 
mas no se alza, ni se avista, 
con su malla de pelea, 
ni el bridón caracolea 
porque el ginete retarda 
la muerte de su alabarda* 
y el incendio de su tea. 

¿Ni quién á tanto se atreve, 
que hermane, si lo teméis, 
aquel siglo diez y seis 
con el siglo diez y nueve.^ 
Ahora la conduce y mueye^ 
no la suerte, no el azar; 5 
que ahora empieza á reinar 
para España y para el mundo, 
no Don Felipe Segundo 
sino Emilio Castelar. 



460 galería poética. 



Y hoy para darse la mano 
y fundirse de alegría. 
su idioma les vastaría 
al indio y al castellano. 
Sino, la historia. Y si en vano 
del odio antiguo el capuz 
no desgarra tanta luz, 
á iberos y americanos 
trocarían en hermanos 
una Biblia y una Cruz. 

La España. Vuelve provista 
de pendones y soldados; 
que como en tiempos pasados 
á una contienda se alista. 
Conquista, noble conquista! 
que á través del océano 
dicen echando la mano 
el indio y el español: 
— Soy tu hermano, hijo del Sol 
— Español, yo soy tu hermano. 



^'"---"''■"^J- ^ - - ■^ - ■• '- 



-" ^- '----'--' '•^'- 



QTJILLERMO P. HALL. 



Ningún dato biográfico hemos podido obtener relativo al sen- 
tido cantor cuyo nombre acabamos de e^^cribir; y eso que vive á 
dos pasos de nosotros, y que por conducto de un amigo nuestro 
se los hemos pedido por dos veces. 

Guillermo Hall es hijo del conocido poeta Eduardo, del mis- 
mo apellido, de quien nos ocupamos en el tomo segundo de esta 
obra (pag. 205). 

Como en las poesías del padre, nótase en las del hijo cierta es- 
piritual vaguedad, resultado tal vez de la lectura de los poetas 
ingleses que les han servido de modelo; mas hablando con fran- 
queza, diremos que Guillermo nos parece mucho más americano 
que Eduardo, como que al fin ha nacido y vivido siempre en es- 
te ardiente corazón del nuevo mundo. * 

Guillermo F. Malí, ha fijado su residencia en laciudad de San- 
ta Ana, desde donde cada vez que se ofrece, envía su valioso con- 
tingente al progreso de las letras, en sonoras y armoniosas rimas. 
En Guatemala fué uno de losma's anti<:uos socios del extinsfui- 
do centro literario que llevó el nombre tic ''VA Porvenir." 



4(32 #iALERIA POÉTICA. 



Á LA SEÑORITA C. U. 



(En su í'urieión de gracia.) 



Yo siento en el alma no sé que dulzura, 
qué mágica fuente de ignoto placer, 
al ver una niña, cual tú, tierna y pura 

alzarse á una altura 
do un ángel tan sólo pudiera ascender, 

Al verte en la escena irradia tu frente 
la artística llama que en tí puso Dios; 
el genio en tu rostro fulgura esplendente 

y el alma se siente 
perderse e^tre dichas oyendo tu voz! 

Tú, ángel que apenas hoy tocas el suelo, 
que guardas intacta de tu alma la flor, 
hechizas, conmueves, nos llevas á un cielo, 

deshaces el hielo 
del alma, y la bañas de luz y calor. 

Parean imposible, precoz azucena, 
que el genio tan pronto mostrárase en tí, 
que tu alma sencilla, al llanto aun ajena 

pudiera en la escena 
pintar emociones de cruel frenesí! 



<. I ii.ij;i<M< » i'. JiAi.i.. 



US 



Parece imposible, fugaz golondrina 
que al verte llorando tus penas cantar, 
no sientas.el duelo, que finges domina 

la faz peregrina, 
ni sepas de afanes, ni sepas de amar. 

;Oh tórtola belia! 1 f vas de este suelo 
dejando recuerdos sembrados doquier; 
abriste á las almas las puertas del cielo 

borrando su duelo 
llenándolas sólo de gloria y placer! 

¡Oh! quiera la suerte, gentil mexicana, 
(jue tu alma no abrigue jamás un dolor; 
la flor que hoy adorna tu vida temprana 

por siempre lozana 
dciianu' ci> ttfseno su nítido olor! 

Que el sol de la dicha te dé sus fulgores, 
sus prismas el iris, su voz el turpial, 
su esencia el conjunto de todas las flores 

y pase entre amores 
tu vida risueña de artista inmí^í-í^J' 

V quiera el destino que sigas de gloria 
la huella esplendente do vagas por hoy, 
V en tanjíp H"^ ^^ mundo celebre tu historia, 

allá en tu memoria 
conserva el recuerdo que humilde te doy. 



4()4 (lALKlUA roÉlICA. 



¿QUE ES LA FAMA? 



Imitación de Byron 



The da^'s of oiir youtli, are tlie 
days of oiir glorv. 



No me hables de la fama, no me hables de la gloria; 
los rayos de su lumbre por siempre tristes son! 
Más gratos son los sueños que guarda la memoiia, 
más dulces los delirios de un joven corazón. 

¿Qué sirven los laureles que ostenta débilmente 
la mustia sien cansada, de fría senectud? 
Más bellas son Irs flores que adornan dulcemente 
la senda de los años de alegre juventud! 

¿Qué vale el débil soplo ó el lánguido embeleso 
de musa que nos brinda coronas de laurel? 
Más tierno es de una virgen el amoroso beso, 
más grato es el suspiro de un pecho ardiente y fiel. 

• "^ 

^ ¿Qué importa que las almas al encumbrar el vuelo 
tras sí dejen estelas de gloria y de esplendor? 
Más dulce es de este mundo formar feliz un cielo, 
do sólo impere un ángel: el ángel del amor! 



GUILLERMO F. HAIA . 465 

¿Por qué si son fugaces las horas de la vida, 
si es sólo un dulce sueño, del pecho el bienestar, 
arrebatar al alma su dicha apetecida 
y á la experiencia triste, cruelmente despenar? 

¡Oh sí! Mientras conserve su fresca lozanía 
la flor idolatrada de nuestia juventud, 

gocemos delirantes Del alma la armonía 

felices acompañen las cuerdas del laúdl 

La Fama! ¡Oh, si algún día ferviente he suspirado 
soñando en las aureolas de un numen inmortal, 
tan sólo era que ansiaba brindar a un ser amado 
mi gloria, mis laureles, mi lira celestial! 

La Gloria! esa fantasma que al comenzar la vida 
traidora nos sonríe para engañar después; 
que al alma ofrece flores, al verla adormecida, 
para después tornarlas en fúnebre ciprés. 

Ciprés que orna la tumba marmórea y desolada 
del bardo que infelice tocó la realidad. . . . 
¡Gocemos del presente! ¡Mi virgen adorada 
sera mi única gloria, mi gran felicidad! 






T. III 30 



466 galería poética. 



A USILA 



¿Cómo elevar mi voz hasta la altura 
de tu beldad divina, y de mi acenso 
apagar el gemido del tormento 

que exhalo, en tí al pensar? 
¿Cómo ¡oh visión de mis ensueños tristes! 
extinguirla letal melancolía 
que asalta de continuo el alma mía 

y oblígame á llorar? 

¡Oh! ¿Dónde están los de mi mustia lira 
alambres de oro, que de amor vibraban 
cuando tus ojos bellos me enviaban 

la luz de mi existir? 
¿Y dónde están de mi confusa infancia 
los nacaracjos sueños de ternura, 
cuando era tu sonrisa mi locura, 

tu amor, mi porvenir? 

¡Cuánta mudanza ¡oh Dios! encuentra el alma 
en tu faz, en tu voz, en tu sonrisa! 
Como cambia la blanda y fresca brisa 

, trocada en vendaval, 
así cambikiste tú!. . . .¡Oh quién creyera 
que tu labio de arcángel purpurino, 
con su aliento agostara en mi camino, 
la flor más virginal! 



JIANM. OUELLAR. 



IjL'jana voz del ruiseñor escucho 
que canta en el follaje. 
¡Oh que triste su voz! . . . ;si tú la oyeras!. 
Es una voz tan tierna, y es tan suave.... 
Canta á la luz de moribunda luna. . . 
El pecho oyendo su canción me late... . 

;Oh muertas ilusiones gratos días 

Vo también he cantado . . . Tú lo sabesl 



.• 
.^ 



48<) GALEKIA POÉTICA. 



: •3?' 



¿Ves ese alto precipicio 
tan hondo, lóbrego y negro, 
que parece nos atrae 
con un lúgubre recuerdo? 
Pues allí en su fondo obscuro 
donde sólo hay llanto y duelos, 
allí el alma se extremece 
entre horrores y entre miedo, 
y ve al través del abismo, 
como al través de un espejo, 
la eterna y sombría nada * 
y un embriagador silencio. 
¿Sabes cuál será mi suerte 
á fuerza de sufrimientos? 
Arrojarme en ese abismo 
hondo, fatídico y negro. 
Y si en el mundo te dicen 
que por qué no fui yo bueno, 
ya que podrías salvarme 
y ser mi eterno consuelo, 
cuando con dolor mi madre 
llore su hijo predilecto; 
¿qué le dirás, niña hermosa, 
de4)jos azules, serenos, 
de frente ancha y despejada 
y de rrjirada de fuego? 



¡A; no he creído que tengas 
fría el alma como el hielo! 



if 



*^MMi******A<Mh**i 



ANTONIO NAJAERO. 



lis unojc esos hombres privilegiados que simpatizan á pri- 
mera vista, se hacen querer tan pronto como se les trata y no 
se olvidan jamás. Najarro, como médico, es un verdadero pa- 
dre por la asiduidad de sus cuidados, y un filántropo comple- 
to por su desprendimiento para con los enfermos que asiste: 
como orador, seduce más que con la suavidad de su palabra, 
con su profunda convicción, como poeta canrtí el dolor; y final- 
mente, como músico, interpreta tan fielmente las armonías del 
alma, que nos recuérdala pesar nuestro ' ' p^r .f * \'adores 
(le la Edad Media. 

Queda dicho con est( \ajarro es un gran corazón, mo- 

tivo por el cual pocas personas hay en la vecina República del 
Salvador que sean tan populares como él. 

Su divisa es: amaos los unos d ¡os o/ro.^. .\»* -v...i.^..i i\.-*...ii- 
miento para nadie, ni á nadie niej^ja, aunque sea enemigo suyo, 
>usservicio3, sin esperan otra recompensa que la satisfac- 

ción interior de hacer ei bien. 

Nuestro querido amigo puede exclamar con Deliiic: yv/ívv 
nc pent arranc/tcr nn mot a vfa carJ.-r.r ;/;// //;;/,• d ¡j.'-y hh.. 
me, itn detour d mo)) cwnry 

Merece ser feliz! 



i . I i i 



482 galería poética. 



RECUERDOS. 



Cuando en la tarde misteriosa v triste 
de llanto y luto va á cubrirse el mundo 
y entona el ave con dolor profundo 
su flébil canto al moribundo sol; 
cuando ya el aura y la fragante rosa 
duermen tranquilas, sin color, sin vida, 
y todo, todo á meditar convida, 
y á contemplar la inmensidad de Dios; 

vSerena, hermosa, cual solía un tiempo, 
bella saliendo del funest > olvido, 
la dulce imagen de mi bien perdido 
flja en mi mente sin cesar está. 
Y á mi memoria en confusión se agolpan 
con los recuerdos de mejores días, 
las ya pasadas venturanzas mías, 
su patrio suelo, su nativo hogar. 



Su hermosa patria, aquel jardín ameno 
en donde moran encantadas ninfas, 
donde murmuran cristalinas linfas, 
donde no brama rudo el huracán. 

Cielo es aquel, prodigio de hermosura, 
verjel de lirios, de jazmín y rosa, 
trasunto fiel de la mansión dichosa 
con que delira insomne el musulmán. 



ANTONIO NAJARRO. 488 



Son sus hermosas, celestiales hadas, 
frescas, aéreas cual la blanda brisa, 
tienen del ángel la sutil sonrisa 
y del sensontle la meliflua voz. 

/\llá en las tardes puras, perfumadas, 
cuando las flores cierran su capullo, 
se oye el lejano y lastimero arrullo 
de la paloma al expirar la luz. 

Allá en la noche, siempre encantadora, 
se oye al amante que de amor suspira, 
y al sbn pausado de armoniosa lira 
entona alegre su gentil canción. 

xVllá no turban la quietud del alma 
los vanos ruidos del mundano orgullo, 
ni se oye nunca el corruptor murmullo 
del egoísmo y la ambición falaz. 

Todo es quietud, placeres y bonanza; 
la blanca luna, la a/ulada esfera, 
del ave el canto, el aura pasajera, 
todo ai amor convida y á la paz 

¡Tierra bendita!... ¡Manantial de vida! 
Bello pensil, admiro tu hermosura, 
te recuerdo transido de amargura, 
porque te adoro y no te miro ya. 

Porque allí vive en tu recinto hermoso, 
una mujer dechado de hermosura, 
en cuyos ojos sin cesar fulgura 
la luz divina de inocente amor. 

Al extasiarme en su semblante un día 
sentí abrasado el corazón por ella, 
seguí sediento su encantada huella 
como la madre al hijo que perdió. 



484 GALEKrA rOÉTICA. 



Y fué de entonces mi tranquila vida, 
agitación, delirios, emociones, 
rugiente mar de dudas é ilusiones 
donde perdido el corazón quedó 

¡Feliz el pecho en cuyo seno nunca 
de amor la llama se anidó furtiva! 
Triste del hombre cuya frente altiva 
|ay se inclinó rendida ante el amor! 

El abrasado de febril delirio 
soñando irá tras una sombra incierta 
y, cuando crea su ventura cierta 
y agitado se sienta despertar, 

Verá ya tarde, de amargura lleno, 
que es la ilusión divina de su gloria 
sueño mentido, pasajera historia, 
humo ligero en frente de aquilón 



Cuando en mi pecho brillaba la esperanza, 
cuando su luz fnis pasos alumbraba, 
cuando inexperto, loco, yo soñaba 
eternas dichas de inmortal amor, 

Sonó la hora del partir tremenda, 
la voz tremenda del destino airado, 
la voz que siempre, siempre me ha gritado: 
llora infeliz, que es tu vivir. . . .llorar! .... 



Heme ya lejos de mi amada bella, 
heme á merced del egoísta mundo, 
sin quien me alivie en mi penar profundo, 
sin quien me ayude en la obstinada lid. 



ANTONIO NAJARRO. 486 



Huérfano, errante, triste, sin fortuna, 
sólo me alienta en tan fatal martirio 
la fe del alma y el fúnebre cirio 
de una esperanza agonizante ya. 

Mas si la suerte con tenaz porfía 
quiere implacable doblegar mi frente, 
yo no sucumbo á su furor demente, 
yo no me humillo á su poder fatal. 

¡Brame, no importa, el huracán furioso! 
Siga ensañado el mísero destino. . . . 

Yo no desmayo sigo mi camino... 

Todo lo vence la constancia audaz! 



486 galería poética. 



aEITOS DE DOLOR. 

(fragmentos.) 



Morabitis et Jiehüis v&.'t, 

mundus auiem gaxidebii. 

Joannes— C. 17 v. 20. 



Se mueren mis esperanzas; 
mis ilusiones risucíñas 
el viento las arrebata, 
y las visiones hermosas 
que á veces mi mente halagan 
desaparecen, se extinguen 
cual quiméricas fantasmas, 
como ecos moribundos 
de lastimeras campanas, 
cual los gemidos dolientes 
que sollozando ¡ay! exhala 
allá en los bosques umbríos 
la paloma solitaria 



Fué.mj cuna muy sombría, 
mi niñez infortunada, 
y mi triste juventud 
siempre camina arrastrada 
por las furias implacables 
de mis eternas desgracias. 



ANTONIO NA JARRO. 

Y no hay una voz amiga 
que calme ¡cielos! mis ansias; 
y mis suspiros son vanos 
inútiles mis plegarias, 
porque las quejas del triste 
á las alturas no alcanzan, 
pues se pierden cual los ecos 
en las azules montañas! 

Por eso cuando el dolor 
mi corazón despedaza, 
cuando el duelo y la amargura 
me destrozan las entrañas, 
cuando en la noche tranquila 
medita llorandx) el alma 
y horribles presentimientos 
en mí mente se levantan; 
cuando en mi pecho se agolpan 
las dolientes remembranzas 
de otros tiempos infelices, 
de otras horas muy aciagas, 
y recuerde enternecido 
una historia muy infausta 
de unos amores perdidos, 
de una mujer desdichadr^ 
cuya dicha aircbaíaron 
de mi vida las borrast^ss; 
entonces ... dt sesperado. 
sedientt) de amor y calma, 
para aliviar mis tormentos 
y para aturdir 6 mi alma, 
busco ansioso los placeres^ 
las alegrías orgiásticas o 

y frenético me arrojo 
de la vida en la algazara. 

Después. . . . más hondas penas 
mis pensamientos embargan, 
mis placeres se convierten 



48: 



4iSS galería poética. 



en reflexiones amargas, 
é inmóvil y adolorido 
evoco á la horrible Parca 
para volar á esos mundos 
de eternales venturanzas, 
ó perderme en los abismos 
tenebrosos de la nada, 
que en esta tierra maldita 
todo me abruma y me cansa 
y todo me inspira tedio! ... 
El amor ya no me halaga, 
las mujeres me horrorizan, 
y, por fin, ya nada calma 
esta que roe mi pecho 
desgarradora nostalgia!!! . . . . , 



ANTONIO NAJARRO. 489 



LA TÓRTOLA. (*) 



(A MI HERMANA DOLORES D. DE BERRIOS.) 



I. 



La tortolita que arrullando vive 
iba á ser madre, y con afán prolijo, 
en una selva de verdura llena 
"de secas pajas fabricó su nido/' 

V al resplandor de la plateada luna 
en una noche hermosa del estío, 
acariciaba el ave gemidora 
los tiernos frutos de su amor purísimo, 

Con ese amor sublime de las madres, 
emanación sagrada del Altísimo, 
alma que anima qJ Universo jO'io 
con la energía de un poder divino. 



(*) El principal iH^nsatcienio de esta compoeiciJn, es tomado de nua J 
poesía de Epifanio Mejía, el seutimenSil poeta colombiano. Hay tanta ter- 
nura y tanta tristeza en ella y me impresionó tanto, que. ú pesar de mis esca- 
8M fuerzas, me propuse hacer nua composieidn con el mismo tema.— El Autor. 



490 galería poética. 



II. 



Al despuntar la rubicunda aurora 
cruzó los aires con gallardo brío, 
y al acordarse de su hogar amado 
sonrióse ufana y exhaló un gemido. 



III, 



Volvió muy pronto el ave alborozada 
á su tranquilo y apacible nido, 
trayendo frutos de lejanos bosques, 
"y con arrullos despertó á sus hijos." 

IV. 

Un cazador aleve y despiadado 
miró la dicha en el risueño asilo, 
oyó á la madre amante que aleteaba 
y de la implume cría, oyó los píos. 

Indiferente á la ventura ajena 
y devorado por afán impío, 
el arma apunta con certera mano, 
y el tiro suena estremeciendo el nido. 

¡yVy! la infeliz al contemplarse herida, 
sintió temblando de la muerte el frío 
y, para ¿aHes el postrer abrazo, 
"abrió las alas y cubrió á sus hijos." 

¡Cuánta amargura sentiría entonces 
al contemplar á seres tan queridos! 
Al contemplarse en agonía horrible, 
el pecho y alas en su sangre tíntosl 



ANTONIO NAJAKHO. 491 



V. 



La noche vino y la p>asó gimiendo 
"su compañero en el laurel vecino," 
su amor perdido sin cesar llorando, 
y maldiciendo su terrible sino. 

VI. 



Tiñóse el ciclo del color del alba 
é iluminó con sus fulgores nítidos 
ja madre muerta, el nido destrozado, 
y taínbién y también los tortolitosl 



Vil. 

El ave esposo quiso en otros climas 
ir á exhalar su postrimer suspiro ... 
Cuentan que un día lo encontraron muerto 
*'bajo las ramas de un ciprés sombrío." 

VIH. 



Vo soy el ave triste y gemebunda 
que en este mundo sollozando vivo; 
si alguna vez en mi horizonte asoma 
de la c^prrnn/a el perfuniadí^-íni-v 

Si alguna vez columbra en lontananza 
rosada nube que con ansia miro, 
¡ay! la disipa el cazador infame 
que es mi implacable, mi fatal destino! . 



492 galería poética. 



EL AVE. 



Un ave aquí de todos conocida 
cantaba el otro día en el jardín, 
y en su cantar decía suspirando, 
gozándose también: dichoso fui. 



Turbóse mi alma al escuchar el canto, 
honda tristeza á mi pesar sentí. . . . 

Ay! no poder decir como aquel ave, 
cantando en el jardín: ¡dichoso f ni! 



iAAi^i*iA^»^J>^A^ >*>«>>>*»»>>>aÉ>É*«>*«<^ ÉÉ fci^^^^^^^,^^^ É>É>>t>>a^> 



«■ 



FELIPE IBAEEA. 



Las poesías de este api eciable joven nicaragüense, están todas 
impregnadas de ese suave perfume, característico de la flor del 
sentimiento, que se quema en los altares del corazón. 

Escaso de bienes de fortuna ha tenido que luchar con mil con- 
trariedades para poder seguir una carrera; pero, según sabemos, 
está próximo á recibir el título de Abogado en la Universidad 
de León. 

Como poeta novel le excitamos á crearse un estilo propio y á 
prescindir de las imitaciones que tanto han | erjudicado, y perju- 
dican aún, :V*la marcha y desenvolvimiento de la liteíatura na- 
cional. •> 



*i^^ 



494 galería poética. 



NOCHE TRISTE. 



A la memoria de mi miadre. 



Es de noche media noche. 

Reinan en mi pobre estancia 
la obscuridad y el silencio, 
la soiedad y la calma. 

So hay rumores ni ruidos 

todo en estas horas calla: 
ios arroyos no murmuran, 
los pajarilios no cantan, 
ni se oye el bramar sonoro 
del torrente en la montaña, 
ni el glu-glú de las palomas 
en la arboleda cercana. 
Sólo se escucha á lo lejos, 
desde mi sombría estancia, 
el jad Mr' confuso y triste 
de un íebrel que en vela pasa. 
Y acá en el jardín, cubierto 
de reseda y flores varias, 
y de bananos y cocos 
y de sauces y otras plantas; 



FELIPE IBARRA. 495 



ondulando entre las flores 
y del sauce entre las ramas, 
gimeel ccfirillo ledo, 
gimen las serenas auras. 



Es de noche; todo duerme... 
todo reposa y descansa: 
el rico en lecho de plumas, 
el pobre en humilde cama, 
el jornalero en su choza, 
el pescador en su barca, 
la coriorniz en el monte 
y el pajarillo en la rama! 

Sólo yo dormir no puedo 

que en en estas horas de calma, 
gota á gota estoy bebiendo 
del dolor la copa amarga. 

Y es que en mi mente se agrupan 
en esta noche callada, 
recuerdos que me contristan 

y me acongojan el alma; 
recuerdos que como dardos 
aquí en mi pecho se clavan, 
y me hieren y me hieren 

V el corazón me desgarran 

Madre! te he visto entre sueños 
envuelta en fúnebre gasa, 
murmurando de rodillas 
una doliente plegaria 
ante una imagen de Cristo 
por cuatro cirios velada. 
Orabas^^ay! por aquellos 
caros pedazos de tu alma, 
seres de tu ser, que fueron 
tus hijos, madre adorada. 
Por aquellos que ya duermen 



496 GA&EUIA POÉTICA. 



contigo en perpetua calma 

eterno sueño, cubiertos 

de funerales mortajas. ^ 

líl 

He despertado. . . .la Musa 
de mi dolor Hora y canta, 
y entre callados rumores 
gimen las cuerdas de mi arpa. 
Sobre mi pecho, en la honda 
tribulación de mi alma, 
negras turbulentas olas 
de melancolía pasan, 
y son, al rudo y terrible 
golpe que el dolor descarga, 
mi corazón mar de penas, 
::iis ojos lluvia de lágrimas! 

Y entre tanto en esta noche, 
negra como la desgracia, 

el lebrel, allá á lo lejos, 
lúgubres aullidos lanza. * 

Y en el jardín tristemente 
siguen gimiendo las auras 
al pasar entre las flores, 

Y del (sauce entre las ramas. 



rv 



Madre! te hei/isto en mi sueilo 
y he vuelto á oír tus palabras: 
aun resuena en mis oídos 
tu fervorosa plegaria ....!'* 

Y al despertar y no verte...... 

considerando que te hallas 
dormidaen el cementerio 
bajo una losa pesada, 



FKI,n»K 1 MAR KA. 



497 



rompí á llorar madre mia, 
con honda pena en el alma, 
invoqué tu dulce nombre 
y adoré tu imagen santa, 
y elevé puesto de hinojos, 
lleno de fe y esperanza, 
tierno, fervoroso ruego. 
por el sufragio de tu alma; 
recé como cuando niño 
contigo en el templo oraba 
allá en nuestra pobre aldea, 
en nuestra aldea adorada; 
Dondií una vez, con tristeza, 
vi nuestra casita blanca 
y los árboles del huerto 
que tu mano ayer plantara. 

Los vi en poder de otros dueños 

Vivían gentes extrañas 

bajo aquel techo querido 

que me dio sombra en la infancia! 

He despertado mis ojos 

fúnebre llanto derraman . . . 
Mi corazón está triste 
y de dolor se desmaya. 

V en el jardín entre tanto ^ 
siguen gimiendo las auras. 

al pasar entre las flores 

V del sauce entre las ramas. 






T. in 



498 galería poética. 



EN UN ÁLBUM. 



Si Dios en mi alma depositara 
ricos tesoros de inspiración, 
yo escribiría para tu álbum 
miles de versos, versos de amor. 



Si la guitarra tañer supiera 
y si argentina fuera mi voz, 
de sus rumores al eco blando 
te cantaría, trovas de amor. 



Si fuera el aura que en los jardines 
pasa gimiendo con blando son, 
yo jugaría con tus cabellos 
y te daría, besos de ainor. 



c 

Y si tuviera como las aves 
bulces gorjeos, arpada voz, 
yo pasaría por tus balcones 
vertiendo trinos, trinos de amor.. 



c 
c 



KKI.II'K JBARKA. 



4:^9 



Y es que yo te amo, niña del al ma, 
como las flores la luz del sol; 
es que tu eres, luz de mi vida, 
mi único sueño, mi único af?ior. 






»úñú»»tt f É * a * a ü a rt ^AA^i^^^^<^^i^* >>É«É>tÉ>>>a>*Éa*a<* ft «>a o i 



JOAQUÍN AEAQÓIT. 



I 



Fecundo como pojosde nuestros poetas, Aragón ha empren- 
dido la tan difícil como honrosa tarea de popularizar la historia 
antigua de Centro-América, cantando las glorias de los guerre- 
ros indígenas que contra los españoles lucharon por la indepen- 
dencia de estos reinos. Sus poemitas "Tecún Umán"y **Milta" 
son muy recomendables, á pesar del descuido con que íst'ni es- 
critos, y de las incorrecciones que contienen. 

También ha cantado á Morazán, el héroe legendario de la U- 
nión Centro Americana, en una magnifica oda, que por ser de- 
masiado extensa dejamos de publicar en esta Galería. Rn cam- 
bio damos cabida á varias de sus composiciones líricas, de mayor 
mérito. * 

Aragón nació en 1863. Terminada su carrera de Abogado, ha 
sido varias veces Diputado al Congreso salvadoreño, y actual- 
mente vive en Santa Ana, dedicado al ejercicio de su pn^^' -'-'^n 
y al cultivo de las bellas letras. 

Amigos suyos nos han informado que tiene muchas obras iné- 
ditas. Va desde la publicación de "La Guirnalda Salvadoreña" 
se le había excitado para darlas á la prensa. A]^unir hoy nuestros 
votos á los del señor Mayorga Rivas, recomendamos á Aragón 
no abandonar los asuntos históricos de la patria comi'^n délos 
centro -americanos, tan olvidada hasta ahora por la mayor parte 
de nuestros poetas. Está llamado á ser el romancero nacional. 



^ 



> 



502 galería poética. 



INTEODUCCION A MIS VERSOS. 



Los estrechos recintos 
de mi imaginación están poblados 
de fantasmas distintos, 
que, altivos y airados, 
pugnan por no vivir aprisionados. 

Como león africano 
que se afana en romper férrea cadena, 
7 con furor insano 
sacude su melena 
y de rugidos el espacio llena: 

a- 
Así mi pensamiento 
por salir de sus cárceles batalla; 
f y, aV hallar su ardimiento, 

del idioma la valla, 
en rudas voces de furor estalla. 

MiEerable idioma, 
¿qué vales? ¿imitar puedes acaso 
la voz de la paloma, 
^ ó de la luz el paso 

al través de las brumas del ocaso? 



JOAQUÍN ARAGÓN. 



503 



¿Imitarás del río, 
que en sus ondas de tul al sol retrata, 
€l vago murmurio; 
ó el de la catarata-, 
que en torrentes de perlas se desata? 

¿O de los huracanes 
la fragorosa voz que al mundo aterra, 
ó la de los volcanes 
en do el trueno se encierra, 
que la máquina mueve de la tierra? 

¿Quién imita el saludo 
que hace la flor á Feho?¿Y quku sr cUíL\t- 
á expresar ese mudo 
quejido de la nieve, 
cuando el gélido bóreas la conmueve? 

Nadie en lenguaje humano 
puede evitarlos flébiles rumores 
con que á su soberano 
hablan de sus amores 
céfiros, fuentes, pájaros y flores. 

Ni esos que el vate escucha 
y Dios entiende, Itigubres lamentos, 
que en su terrible lucha 
íanzan los elementos 
al conmover del Orbe los cimientos. 



¡Oh! si el poder tuviera » 

de dar vida en el lienzo á mis creaciones, 
¡qué de cuadros hiciera . 
sublimes producciones 
que habían de asombrar á las nacionesl 



# 

504 galería poética. 



O bien, si del sonido 
fuera señor, altivo le mandara 
que en ritmo sostenido, 
del hombre nunca oído, 
mis afectos mas tiernos expresara. 

Y entonces sí, podría 
copiar exactamente esa natura 
que admiro cada día 
radiante de hermosura 
ó sublime en su cólera y bravura. 



¡Ah! cuántas veces, cuántas 
me paso contemplando su belleza, 
en emociones santas, 
y al cabo mi rudeza 
significar no puede su grandeza . . 



Y ya no en pobres versos 
saldrías á la luz, engendros míos, 
en trajes tan diversos, 
tan mudos y tan fríos, 
sino llenos de luz y de atavíos. 

Mas ya que no me es dado 
de armonías usando y de paleta 
vestiros á mi agrado, 
permitid al poeta 
su fantasía desahogar inquieta. 

Saliera la luz y al hombre 
revelad *ios ensueños de mi mente; 
y decidle en mi nombre: 
que yo constantemente 
sólo he cantado la virtud ferviente. 



JOAQUÍN ARAfioX. 



505 



Decidle: que de hinojos 
al Dios de las alturas he cantado, 
que dio luz á mis ojos; 
y siempre me ha inspirado 
el dulce nombre, de mi patria, amado: 

Decidle: que una nota 
no hay en mi lira para el odio insano; 
y que he de verla rota 
antes de que mi mano 
^\ oído reárale de un tirano. 

Y tíi, del hombre orgullo, 
y de naturaleza obra acabada, 
al ternísimo arrullo 

de tu voz regalada 

cantó á tus pies mi musa entusiasmada. 

V no importa que esquiva 

se muestre la que adoro á mi querella, 

pues su desdén aviva 

de mi amor la centella: 

ni la puedo olvidar, mi todo es ella. 

Decidle, en fin: que airado * 
el vicio escarnecí, que su veneno 
jamás se me ha filtrado; 
y que firme y sereno 
canto sólo lo noble, grande y bueno, 



• 



506 €hJ^EERIA I^OÉÍTIOA. 



AL PROGRESO 



(ODA.) 



Cual cristalina gota de rocío 

que ajena de atavío 
de una flor en el cáliz se aposenta, 
si tiembla en la mañana conmovida, 
cuando el sol con sus rayos la calienta 
sube al cielo en nimbo convertida; 

Así, audal la humilde musa mía 
se atreve en este día 
del Parnaso á escalar la excelsa cumbre; 
y, de sacro entusiasmo en el exceso, 
sin temor que su brillo la deslumbre, 
quiere cantar la gloria del Progreso. 

jOh! cómo al sólo pronunciar su nombre 
*• el corazón del hombre 
en éxtasis sublime se levanta; 
¿mas que mucho, si el Dios de las naciones 
6oquier asienta la divina planta 
nacen fuentes de luz á borbotones.^ 



JOAQUÍN AJÍAGÓN. 507 



El á Nínive alzó y cuando caída; 
sieiva y envilecida, 
de los tiempos se vio por los rigores, 
levantó á Babilonia en un instante, 
de Nemrod aplacando los furores, 
y gritando á Semírami: ¡adelante! 

El de la India cavó los hipogeos 
y fabricó trofeos 
que, admiración del mundo, Egipto encierra. 
Tebas, Roma, Pekín, Sidonia, Efeso 
y todas las ciudades de la tierra 
tus glorias atestiguan ;oh Progreso! 

9 

A'^iendo á lo porvenir, ¡siempre adelante! 
gritas con voz pujante 
al poeta y al sabio y al guerrero, 
y á tu acento Lesseps abre canales, 
su Ilíada inmortal escribe Homero, 
y ciñe César lauros inmortales. 

Antes que el grande Artífice del mundo 
poblara en un segundo 
de soles y de estrellas el espacio, 
y en cuna de rubíes, naciera el día, 
la noche desde el fondo del palecio 
del silencio, en las sombfas, lo envolvía. 

Pero al sentir la luz en su miracfa 
al reino de la nada 
fué á ocultar su terror, cayó su trono 
de un rayo de esa luz al fuerte embate; 
mas tornó de su espanto, y, en su encono, 
trabó con ella sin igual combate. 

¡Ah! quién batalla tal, pintar pudiera! 
Se ven con zaila fiera » 
y en ira rebosando, ya se abrazan, 
se retuercen cual tigres combatiendo, 
ya caen, ya se levantan, se rechazan 
para acertarse un golpe más tremendo. 



■0 



508 galería poética. 



Muda Naturaleza les contempla: 
nada sus iras templa, 
y acrece su furor cada momento 
y su rabia se aumenta á cada instante: 
avergonzado el ancho firmamento 
hizo crugir su solio de diamante. 

No se cansan ni cejan; lucha horrible, 
eterna, incomprensible: 
dos cuerpos en sólo uno retorcidos 
cual las fibras de un lazo, dos rivales 
en un abrazo eterno confundidos 
y conmoviendo al cielo en sus quiciales! . . . 

c 

¿Quién es capaz de comprender tal lucha.^ 
¿Quién los gritos escucha 
que de rabia y dolor viven lanzando.^ 
¡Y sin embargo, vemos cada día, 
que en nuestro corazón están luchando 
la luz y las tiniebras á porfía! ... 

Se estrechan más y más, la luz v^acila, 
el cielo se horripila 
y tiembla y se estremece; mas la hora 
del tiempo en el cuadrante ha resonado, 
en que siendo la luz la vencedora, 
sea por ella el mundo rescatado. 

Oue al cliocar con la noche, en su fiereza 
surgió de su cabeza, 
cual Palas del cerebro del Tonante, 
otro nuevo campeón: fuerte armadura 
aprisiona sus miembros de gigante, 
y tiene de los dioses la apostura. 

Lleva la diestra poderosa armada 
• de flamígera espada, 
y en la siniestra la espantable egida 
con que la altiva diosa de la guerra, 
desbarataba un tiempo enfurecida, 
las legiones del cielo y de la tierra. 



<. 



e 



JOAQrÍN ARAGÓN. 509 



Rayos sus ojos lan/ati, y su aliento 
cual inHamado viento, 
palpita y arde, su palabra quema; 
son su Tabor los pueblos y ciudades, 
su nombre sólo es el mayor poema 
que admiró el hombre en todas las edades. 

Ministro de la luz, verbo divino 

de Dios, cuando el camino 
á cada astro marcó, diciendo ¡avanza!, 
si es como el mar terrible en sus furores, 
cuando sonríe al sol de la esperanza, 
nace en medio de vividos fulgores. 

jOh! y ese numen eres tá, Progreso, 
tá, formado de un beso, 
que dio la luz al cielo; tú que inspiras 
sus labios á Platón, su Infierno al Dante, 
y que en torno del genio siempre giras 
¡adelante, gritándole, adelante! 

Tú, que al legislador dictas sus leyes, 
que pulverizas reyes 
y al grande y al pequeño haces hermanos, 
y que para destruir preocupaciones 
y barrer á la tierra de tiranos, 
hablas, y haces surgir revoluciones. 

Cristo eres tú, que al hombre, *sin recelo, 
la puerta abrió del cielo 
ú donde entrar sus vicios le negaban: 
y á sus frases en fuego convertidas, 
las cadenas que al mundo aprisionaban 
rodaron por el suelo derretidas. 

Y á tí también te señaló el camino 
¡Oh, Genovés divine^* 
que á un virgen continente conducía. 
Al rendir culto, al que besó tu frente 
y te llamó su esposa, patria mía, 
al Progreso saludas reverente. * 



510 CiAl.KHlA roÉií* 

. ^ . — __JJ 



Cuando crió su sistema Cjalileo 
y el nuevo Prometeo 
robó e! rayo á las nubes tempestuor.as; 
cuando Fúlton puso alas al navio 
y raudo se le vio las procelosos 
ondas surcar del piélago bravio; 

Cuando Newíon contaba las estrellas 
innúmeras y bellas, 
y los cielos Laplace escudriñaba, 
oían de tu voz la melodía 
que ¡adelante! ¡adelante! les gritaba 
y la inmortalidad les prometía. 

Sócrates proclamando la doctrina 
de la unidad divina, 
el Macedonio el Gránico pasando, 
Cicerón desde el alto Capitolio 
de su palabra el rayo fulmin^mdc, 
de la maldad contra el dorado solio; 

Y el mismo ardiente rayo tle la guerra, 
que encadena á la tierra, 
y á cuyo acento, trono y rey caían, 
aquel que osado desafiara al ciclo 
en Jena y Austerlitz; todos sentían 
tu sacro fuego y tu sublime anhelo. 

No hay ^ara tí barrera, pues si Atila, 
que todo lo aniquila, 
llega tu obra á destruir con tea en mano, 
y en él la noche forma y cuerpo toma, 
tu aliento infundes á un sublime anciano 
que, humilla al huno, y ha salvado á Roma. 

Triunfa el bárbaro al fin; mas se conserva 
\ la ciencia de Minerva, 
y de la ruina universal se libra 
del convento en los claustros encerrada: 
én vano flechas la ignorancia vibra, 
por lá égida la luz e^tá guardada. 



.i(JAgllX AKAíiO.V. 

Salvc, |jl;cs, vcnccJor, nunca vencido, 
que si acaso has caído, 
te alzaste como Anteo más potente; 
ven á mi patria, ven, donde oraciones 
te ofrecerán y un culto reverente 
seiscientos mil altivos corazones. 

Aquí también la odiosa tiranía 

sus reales plantó un día; 
• velado estuvo el faro de la ciencia 
hista que ardientes, generosos pechos, 
dándole libertad á la conciencia, 
proclamaron del hombre los derechos. 

Hoy los confines del oriente ciñe 
faja de luz que tiñe 
de rosado color el horizonte, 
y del día á los candidos albores, 
el prado, el valle, la ciudad, el monte, 
de hilos de luz se pueblan y rumores. 

Ya el progreso se acerca, audaz, bizarro, 
su resonante carro 
siento crugir: heroica patria mía, 
para que el mundo tu ventura labre 
y de la libertad el almo día 
haga siempre brillar, tus puertas abre. 

y tú también, mujer, gloria del*mundo, 
con respeto profundo 
en tu pecho de rosas y azucenas, 
á la augusta deidad erige altares, 
que, rompiendo tus grillos y cadenas, 
reina te proclamó de los hogares. 

Americana juventud, el vuelo 

levanta pues el cielo, / 
hiera tu frente sus ventanas de oro 
y escuche el mundo en místico embeleso, 
á las naciones.de la Europa en coro 
apellidarte esposa del Progreso! 



II 



512 ' (íalek'Ia PoÉricA. 



UN DRAMA EN DOCE VERSOS. 



PERSONAS. 

ELLA. EL. 

UXA VOZ. 

ACTO 1. ^ 

Ella. Mi esposo nada sabe y* sin embargo, 

la vista bajo y tiemblo en su presencia .... 

El. jOh! me llama su amigo: y cuando me habla 

en el cuerpo la sangre se me hiela. 

^ ACTO 2. ^ 

Ella. ¡Todo se descubrió!... ¡Perdidos somos! 

El. Estando yoá tu lado, nada temas. 
Ella. Por piedad, por piedad, no le hagas daño. 

El. Te comprendo, eso corre de mi cuenta. 



ACTO 3. ^ 



El í-frenZgr'eZSo)" Sc opouía á mi dicha. ..le he matado.. 
[vciviéndoseáEiu] Eu paz goccmos, nadie nos inquieta... 
Una a^oz. Para vivir en paz después del crimen, 

es preciso matar á la conciencia. 



JOAQUÍN ARAGÓN. 



513 



LA MUJER. 



(A la Señorita Dolores Irrizari.) 



Fuerte es el hombre, la mujer hermosa: 
nace la tentación, habla y espera. . . . 
¡Y la infeliz sin luz! .... El hombre es fiera 
si no educa á la madre y á la esposa. 

Dios hizo á la mujer de miel y rosa 
para que dulce y agradable fuera: 
dióle, para que el vuelo alzar pudiera, 
con alas de ángel, ímpetus de diosa. 

¿Y cómo en las tinieblas surjergida 
podrá cumplir con su misión sagrada? 
¡Pobre alondra entre rejas, no alza el vuelol 

Mas dadle libertad, la vida, 

y la veréis de estrellas coronada 

.ángel y diosa remontarse al cielo. 



rr. III. 



33 



514 GALEEIA POÉTICA. 



TUS OJOS. 



r 



Me dijo una vez un sabio: 
con los ojos habla amor 
mucho más que con el labio, 
¡guarda de un ojo traidor! 

Mas yo por mi mala suerte,, 
su consejo despreciando, 
siempre los tuyos mirando 
en ellos bebí la muerte. 

^, ¡Lila, por Dios, esos ojos. . . . 

Yo no sÁ que haga con ellos: 
me anonadan sus destellos, 
me aniquilan sus enojos! 

c 

Alma y vida me arrebatan 
y sólo crueldad respiran, 
si no me miran me matan, 
y me matan si me miran. 

Mas ¿qué es morir, si el consuelo 
teneo de verlos lucir? 
*■ ¡Morir por mirar el cielo! .... 
[Cuan dulce es así morir! 



JOAyUl>' AKAGoN. 



515 



Mas ya me ves con enojos: 
¿por qué me miras así? 
¡Ay! cierra, Lila, esos ojos, 
ó no respondo de mí. 



Que en ellos veo el furor 
en toda su inmensidad, 
que tiene la tempestad, 
la tempestad del amor. 



Yajestá tu rostro sereno; 
mas, ¿porqué en llanto revienta? 
¡Es verdad que en pos del trueno 
siempre viene la tormenta! 



Sartas de líquidas perlas 

manan ya de tu pupila 

No llores, que siento. Lila, 
tentaciones de beberías. 



Tú con tus ojos me asombras: 
unidos están allí 
junto con la luz las sombras, j 
junto con un no, un sí. 

Ora veo el iris, ora 
la borrasca miro en ellos: 
¡bien haya. Lila, la hora 
en que me perdí por vellosl 



Que aunque no verlos, quisiera, 
porque me causan sonrojos, 
¿quién no ha de ver unos ojos 
que miran de tal manera? 



516 galería poética. 



Echada está ya mi suerte, 
no hay poder que me contenga: 
¡venga en buena hora la muerte, 
como de tus ojos venga! 



■^—^ 



JOAQUÍN ARAGÓN. 



517 . 



CANTARES- 



Le dijo á su adorada, 
don Juan el necio: 
dicen que amas á un tonto, 
¿acaso es cierto? 
Y ella repuso: 
sólo á tí te he querido 
de allí á ninguno. 



Dice mi dulce Lola, 
que si en el cielo, 
para su mal me encuentra, 
se vá al infierno; 
y yo le digo: 
que á doquiera que vaya 
allá la sigo. 



Desde el día en que te vi 
ni un sólo instante te olvido; 
y, en pago, sólo te pido 
que te acuerdes tú de mí. 



518 galería poética. 



Te dieron los jazmines sus olores, 
las rosas y claveles sus colores, 

su dulzura el panal, 
la amante tortolilla su ternura; 
y Dios, para adornar más tu hermosura, 

el pudor celestial. 



Hija del aura y del viento, 
púdica ñor del Abril, 
dedícame un pensamiento 
ya que te consagro mil. 



?Iay un antiguo adagio, 
que diz que cada oveja, 
amable Merceditas, 
busca su compañera. 
Por eso tú, tan pura, 
tan candorosa y bella, 
entre todas las llores 
buscas las azucenas. 



Ayer una zarza impía 
sangre saco de tu pecho: 
dime á dónde está la zarza, 
voy á destrozarla á besos 



Todo elídelo se refleja 
en una gotita de agua, 
en el iris de tus ojos 
se mira el cielo de tu alma. 



JOAQUÍN ARAGÓN. 



CARIDAD. 

(soneto) 

'(A las Señoras y Señoritas de la Sociedad de Beneficencia 

de Santa Ana.) 



Es Caridad abneoación divina 
que el corazón levanta y engrandece; 
por donde pasa, el páramo florece, 
huye la pena y el dolor se inclina; 

cien ojos tiene, todo lo adivina; 
es demócrata, á todos compadece; 
en secreto aliviar al que padece, 
tal es su lema y celestial doctrina. 

Más grandes son que artistas y soldados 
los que ofrecen al mísero im consuelo: 
heroicos pechos por amor templados, 

ancho espacio tenéis á vuestro anhelo: 
aquí en la tierra abundan desgraciados, 
v coronas abundan en el cielo. 



520 GALEEIA POÉTICA. 



EL EETRATO DE MI AMADA 



Capullito 
de azucena, 
que las auras 
aun no besan; 
avecilla 
que gorgea 
temerosa, 
porque empieza 
á ensayarse: 
tal es ella. 



€ 



Ondulante 
cabellera; 
faz de rosas, 
frente tersa; 
linda boca 
do las perlas 
han formado 
sartas bellas; 
talle esbelto: 
tal es ella. 



JOAQUÍN A}i\C.^>\'. 



521 



Candorosa 
cual violeta, 
que se oculta 
tras la hierba; 
amorosa, 
pura y tierna 
cual paloma 
de las selvas; 
toda gracias: 
tal es ella. 



522 galería poética. 



A VÍCTOR HUGO. 



Cuando digan los siglos venideros 
que el nuestro á la poesía vio morir, 
la sombra de Hugo se alzará irritada 
gritándoles: ¡Mentís! 



JOAQUÍN ARAGÓN. 523 



TECUM UMAN. (*) 



¿Y por qué no?^*acaso no están llenas 
de la valiente sangre generosa 
de la raza quiche todas mis venas? 
^Por qué no he de cantar la muerte honrosa 
del ardido Tecum, que en las arenas 
de la llanura de Xelahuh (i) gloriosa, 
defendiendo al Quiche, fué derribado 
por la lanza de Pedro de Al varado? 



Tú que le viste ¡oh DiosI caer herido 
como al ceibo que airoso y arrogante, 
desafía á las nubes, atrevido, * 

y el rayo le derriba en un instante, 
dame, Señor, de hinojos te lo pido, 
una centella de tu luz brillante, 
que ilumine mi pobre pensamiento 
para cantar del indio el ardlmicMUn. 



(*) Príncipe <le la sangre rr*ol del Quicb ', que murid en un desafío con Don Pe- 
dro de Al varado, conquistador de Ou itemala, cuando s.^ libraba la batalla de 

Xeliibuli. 

(1) Ciudad fuerte dfl reino d.l Quiche, situada cerca déla actual Quezaltenango, 
en lii República de Guatemala. 



624: galería poética. 

Descansaba Don Pedro de Alvarado 
en Xelahuh, ciudad fuerte y hermosa, 
cuando por sus espías fué avisado, 
que una falange de indios numerosa, 
le enviaba Oxib-Qüeh, (i) el desgraciado, 
y que Tecum el de la mano briosa, 
comandando el ejército venía 
y que al teule (2) arrojar se proponía. 

A esperar á Tecum salió el guarrero 
español, en tres cuerpos dividiendo 
sus tropas, y cedió á Portocarrero, 
el mando de uno de ellos, ofreciendo 
á Hernando Chávez otro y el postrero 
se reservó para él, el centro haciendo 
del castellano ejército esforzado, 
por indios tlascaltecas reforzado. 

Igual distribución Tecum había 
hecho en sus fuerzas. Entre nubes de oro 
asomaba en oriente el rey del día: 
con roncas voces el clarín sonoro 
á la hueste española prevenía 
que Tecum se acercaba, haciendo coro 
al clarín, con sus gritos, los millares 
de belicosos indios auxiliares. 

Llegó Vecum-Umán: era un valiente, 
que apenas treinta y nueve años contaba,, 
mirada audaz, altivo continente, 
ancho de espaldas: su cabeza ornaba 
una diadema de oro refulgente, 
manto de plumas de quetzal llevaba; 
y en su frente serena se leía 
la nobl^eza, el valor y la energía. 



(1) Oxib-Qüeh y Beleb-Tzy, últimos reyes del Quiche, que perecieron en I» 
hoguera, por orden del bárbaro Don Pedro de Alvarado,el di i viernes santo de 1525. 

(2) Los aborígenes llamaban teules d los españoles, palabra equivalente á dioses, 
como llamaban á Alvai-adn Tonatiuh, esto es sol. (N.. del A.) 



JOAQUÍN ARAGÓN. 526 



La lucha se empeñó: el dios de la guerra 
miraba complacido los estragos 
que causaba la lid: dejS en la tierra 
la sangre del Quiche profundos lagos, 
estremecióse la vecina sierra 
al mirar de la muerte los amagos, 
y era tanta la atroz carnicería, 
que el suelo un mar de sangre parecía. 



El castellano goza en la matanza, 
d arcabuz los aires ensordece; 
resiste el inttio, el castellano avanza, 

y la carnicería crece y crece: i 

lluvia de dardos al espacio lanza * 

el Quiche, que á la cólera obedece 

Lidian, forcejean, hácense pedazos, 
y á los ayes responden cañonazos. 



Los ochenta ginetes de Alvarado, 
que no habían tomado todavía 
parte en la lucha, al indio desgraciado 
atacan con furor: la gritería 
y confusión aumentan; é indignado 
Tecum-Umán al ver tanta osadía,^ 
dominando los gritos y algazara, 
á Pedro de Aivarado, á hablar se para. 



Tonatiuh, dijo, que de luenga tierra 
á usurparnos la nuestra habéis venido, 
con vos trayendo destrucción y guerra, 
¿qué derecho para ello os ha asistid^^ 
En el valle, en el llano y en la sierra, 
furioso, nuestra sangre habéis bebido: 
¡yo no pensaba que los blancos, siervos 
del rey blanco, serían tan protervos! 



526 galería poética. 



Vivíamos tranquilos recogiendo 
el fruto de la paz, nuestras esposas 
vivían nuestras túnicas' tejiendo 
y amamantando tiernas y amorosas 
á nuestros tiernos hijos, bendiciendo 
á los dioses del cielo y á las diosas; 
pero venisteis vos y un tributo 
nos arrancáis de lágrimas y luto. 

Vos habéis nuestro lecho profanado, 
robado nuestro pan, habéis vendido 
como esclavos al niño, al encorvado 
anciano, al sacerdote bendecido 
y á la doncella; en fin, habéis quemado 
nuestros templos y hogares; y habéis hecho 
muchos males ¿y aun no estáis satisfecho? 

Varias veces el sol ha aparecido 
depde que vos ¡oh Tonatiuh inhumano! 
á nuestra pobre tierra habéis venido: 
nosotros os tendimos nuestra mano, 
y vos y vuestros teules habéis sido 
para nosotros látigo tirano. 
Como á un Dios os tratamos y hoy en pago 
en nuestra raza hacéis tamaño estrag-o! 



c ^ 



Vuestro aliento letal cual la canjura (i) 
y más que el manzanillo venenoso; 
nos trajo Tonatiuh, la desventura, 
así como en sus alas el furioso 
huracán suele traer la peste impura. 
¡Engendro de la muerte, hijo orgulloso 
del DioS(del mal, de lo que hacéis alarde, 
venid, lidiad conmigo ¿ó sois cobarde.? 



(1) Canjura y manzanillo, plantas venenosas déla familia, de las euforbiceas, 
(N. del A.) 



JOAQUlN ARAGÓN. 



527 



Así dijo Tecum; y en ira ardiendo 
le contestó Alvarado: Perro, ahora, 
lo juro por el Dios que me está viendo, 
probarás de mi diestra vencedora 
el furor espantoso^ Estraoro horrendo 
en tus tropas haré: llegó la hora 
en que mueran á manos de mis bravos, 
y que venda á tus hijos como esclavos. 



Y el indio contestó: no con la muerte 
queráis amedrentarnos, no os tememos, 
que en nuestro corazón ardido y fuerte 
nunca moró el temor: si perecemos 
culpa será de nuestra ingrata suerte^ 
no de nuestro valor: venid, lidiemos; 
mas no vengáis cual niño ó cual anciano, 
venid como guerrero, lanza en mano. 



Calló Tecum-Umán; y Alvarado 
sin hablar, de coraje enardecido, 
avanzó contra el indio denodado, 
como león africano que han herido. 

Llega se acerca ... .y con ojo airado 

se contemplan los dos. Nadie atrevido 

osó evitar la singular batalla: 

el campo todo se estremece y calla. 



Así como el rabioso tigre hircano 
cuando se encuentra con el león, rugiendo 
contra él se lanza con furor insano, 
abierta la ancha fauce, despidiendo • 
rayos de ira y el valle comarcano 
con su bramido horrísono aturdiendo, 
y escarbando furioso el alma tierra 

y hacirntlí^ rsl :r;n;\:M- \i A:\ ]■.^ birria. 



528 galería poética. 



Así Tecum-Umán sobre Alvarado 
se lanzó, respirando odio y venganza, 
y le arrojó brioso y denodado 
uno tras otro golpe, con su lanza, 
á los que contestaba el esforzado 
ibero campeón. Con más pujanza 
arremetió Tecum y con su acero 
matar logró el caballo del ibero. 

El valiente Alvarado, de ira ciego, 
se arrojó contra el inpío que arrogante, 
la frente erguida le esperó; y luego 
Tecum, al pensamiento semejante, 
tiró á Don Pedro dos lanzadas: fuego 
despedía de entrambos el punzante 
acero, y retemblar la tierra hacían; 
tan grande era el furor con que reñían! 

Forcejaba Don Pedro, pero en vano, 
por herir al indíjena, y rabioso 
fulminaba contra él el hierro insano; 
Tecum se defendía valeroso; 
cansado empero, al Marte castellano 
iba presto á ceder, cuando un airoso 
quetzal (i) enorme vio que descendía 
del cielo y á su lado se ponía. 

Nuevos^ bríos cobró Tecum al verlo, 
pues conoció que era el nahual (2) querido 
que del Teule bajaba á defenderlo: 
y arremetió otra vez contra el temido 
castellano adalid que, sin quererlo, 
retrocedió; el quetzal osó atrevido 
atacar á Don Pedro á picotazos, 
mientras lo hacía el príncipe á lanzazos. 



(1) Ave de vistoso plumaje que abunda eu los bosques de Guatemala y Honduras. 

(2) Síabía entre los indígenas Centro-Americanos la costumbre de que llegados 
á cierta edad, escogían un animal cualquiera, al que llamaban su naliual, j creían 
que él era su compañero y amigo que les defendía y ayudaba en todas las ocasiones 
-de su vida, y que cuando moría debían morir ellos también. Esa creencia repug- 
nante er% lo que constituía el nahualismo. [N. del A.] 



.loAí^riN AKAGOX. 



529 



Al minir í]ui el qiicr/;il le acometía, 
el airado Don Pedro sin tardanza, 
mientras que de Tecum se defendía, 
lo^rró clavar al pájaro su lanza; 
y al ver el indio a' ave que yacía 
bañada en sanp^re; á recocerla avanza, 
respirando furor; pero A I varad o 
la lanza le clavó por un costado. 

Cállenle sangre l)orl)otó la liL-iida, 
la vista le empañó tiniebla obscura; 
y por tierra*cayó Tecum sin vida. 
Estremecióse toda la llanura 
con el golpe fatal de la caidíi 
que llenó á todo un pueblo de amargura, 
y del Quiche los cerros agitaron 
I \ cabeza, y así se lamentaron: 

Tecum-Umán, valiente entre valientes 
y grande entre los grandes, no el olvido 
te envolverá en sus sombras inclementes: 
pregonará tu nombre esclarecido 
la Fama augusta; y las futuras gentes 
irán diciendo así: "gloria al vencid( 
y oprobio al vencedor"; y á tu meiiToni 
consagrará sus págin.is I» histori.i. 

Mas ¡ay Quiche infelizl ¡ay desgraciados 
hijos de Gucumatz! (i) ya no los píos 
sacrificios haréis á los amados 
dioses: ya no los frágiles navios, 
de seculares cedros fiíbricados, • 

las aguas surcarán de vuestros rio- 
cual en mejores tiempos: pronto errantes 
vagaréis por las selvas más distantes. 



(1) Gncnmatz, eandillo de los quiob^ á quien, despué», dÍTÍnizaroii. ' 

V. 111 34 



530 GALEKIA. POÉTICA. 



Va no seréis g-uiados por la mano 
de vuestro rey Oxib-Qüeh; ai fuego 
condenará el terrible castellano 
templos, palacios y ciudades: luego 
al niño, a la doncella y al anciano 
degollará Tonatiuh, de ira ciego; 
y llenos de pavor por los barrancos 
huiréis por la fiereza de los blancos. 



Sufriréis largo tiempo esos extraños; 
pero día vendrá en que valerosos, , 
á la Iberia digáis: ya no los daños 
que causaron vuestros hijos orgullosos, 
queremos tolcrar;*ya muchos años 
hace que les sufrimos silenciosos; 
mas hoy nuestros derechos pediremos: 
hombres nacimos; libres viviremos. 



Y seréis libres. Y tendréis asiento 
en la asamblea augusta de naciones 
civilizadas; donde quiera al viento 
libres tremolarán vuestros pendones. 
Y seréis grandes: nadie atrevimiento 
tendrá para manchar vuestros blasones, 
que respeto os tendrán, tanto en la guerra, 
como en la paz, los puqblos de la tierra 



Habéis acaso visto una manada 
de tímidos corderos que paciendo 
están la».7erde yerba en la explanada, 
ágenos de temor, cuando rugiendo 
el lobo, al ver la presa codiciada 
se avalanza contra ella; y ellos, viendo 
al lobo, en tropel huyen y en la huida 
él á muchos despoja de la vida.^^ 



"-:n 




Asi los pobres indios al mirarse 
sin su jefe, y al ver al de *\lvaradu 
cual Jiinchado torrente, avalanzarse 
contri ellos, orgulloso de haber dado 
la muerte al gran Tecum, para salvarse 
huyeron en tropel desordenado; 
pero él los alcanzó y en ese día 
hizo en ellos atroz carnic<MÍa. 



Al sol cubrió de polvo nube obscura; 
y el genio del Quiche, al ver la derrota 
de los indio», con voces de amargura, 
así empezó h decir: la sangre brota 
de tu pecho, la rqgia vestidura 
mira ;oh Quiche! en mil pedazos rota: 
¡dura es cí)ntigo la inHexibU- sueite' 
mas la vida ted.i al darOs la muerte.... 



>sotras brisas de la tarde ardient 



es. 



• jiK orefisteis la sangre de millares 
<le magnánimos indios inocentes, 
que por su rey lidiaron y sus lares, 
y el ibero mató: á esos valientes 
campeones de su patria y sus hogares 
decidles: que el Quiche ya está venp^ado, 
y es pueblo libre, culto v esforzado. 



-#-'•- 



532 galería poética. 



ABNEGACIÓN. 



La amaba con delirio desde niño 
y se casó con ella; 

pero ella amaba á otro, y una nocbe 
le abandonó la pérfida. 

El otro y ella, huyendo del marido, 
se fueron á otra tierra, 

pero el marido presentóse un día 
y, con la faz serena, 

desnudando un puñal, dijo ^ amante: 
;tú me respondes de ella! 

¡Ay de tí si sufriere por tu causa! , 

Y no más volvió á verla. 



«k^ft^***rfl&^*^ArfHftA<^fe«k****ite*A*rftetMhAA*AAA*^ 



I Nac 



MANUEL MONTÚPAR. 



i 



Nació en 1859 eii Sah José de C'osta-Rica, residencia de su 
familia durante el largo período del ostracismo de su padre, el 
Dr. Don Lorenzo Montúfar, de la República de Guatemala. 

Manuel ha comenzado á figurar desde temprana edad, en la 
política y las letras, captándose las simpatías de cuantos le co- 
nocen, así por su clara inteligencia, como por su ilustración y fi- 
nos modales. 

Mejor diplomático que poeta, fué nombrado en IS79 Secreta- 
rio de la Legación de Guatemala en México. En seguida pasó 
á Washington, en donde con el propio carácter estuvo Ciltima- 
mente encargado de negoóos ac¿ üi/erñu. Hoy ocupa el puesto 
de Subsecretario en el Ministerio de í^elaciones Exteriores, y 
es uno de los miembros más activos del Aftíneo Centro-Ameri- 
cano. 

Como se vé, Montíifar tiene abierto ante su paso un brillante 
porvenir. Nuestro mejor deseo es que sepa aprovecharlo. 







D 



534 GALEKIA 1»C'ÉT1CA. 



A LA LOCOMOTORA. 

Composición leída en el Teatro Nacional de Guatemala^ 

(C 

e:': lina Velada Lírico-literaria, celebrando la lle- 
gada del primer tren á la capital. 



Monstruo potente del ingenio humano, 
deja escuchar tu atronador silhido, 
tú que en el seno llevas comprimido 
del progreso el aliento soberano. 

Burla el abismo, trepa las montañas 
y actividad esparce por do quiera, 
quemandb la ignorancia en la caldera 
al fuego abrasador de tus entrañas. 

Marcha, marcha por selvas y por valles 
y á la patria que estuvo adormecida, 
ofrece con tu grito nueva vida, 
aliéntela tu voz y no te calles. 

A tu paso retiembla el pavimento, 
se trasforma en ciudad el caserío 
y al soplo de tu inmenso poderío 
desplómanse las celdas del convento. 



M A M K L MuN TI F A K. 



635 



Del claustro de abandono y soñolencia 
huye el monje en su inercia sorprendido, 
y á aquellos muros torna fu silbido 
en santuarios ¿el arte y déla ciencia. 



Máquina inmensa, tú lo puedes todo, 
til conviertes las horas en instantes, 
y al ful<ror de tus ráfagas chispeantes 
los pueblos se lev^antan dentro el lodo. 



V nada existe que vencer no puedas, 
atraviesas^por túneles los montes, 
acortas los extensos horizontes, 

y agobias la miseria con tus ruedas. 

V tal es tu poder, que yo no dudo 
que del cóndor y el águila altanera 
le darás la altivez en tu carrera 

al luciente quetzal de nuestro escudo. 

Ciclope audaz, atleta soberano, 
prosigue así con tu gigante anhelo 
é intrépido recorre el patrio suelo, 
cruzándole feliz de océano á océano. 

Tus rieles sean paternales lazos, 
y el ambiente ardoroso de tu hoguera, 
el poder sacrosanto que fundiera 
en uno de mi patria los pedazos. 



Deja Ui inaiclia i iii |>u>iuiivia> h^iellas 
que á tu valiente empuje colosal, 
veremos en la América Central 
un sólo pabellón de cinco estrellas. 



o86 galería poética. 



Quiero levantes respetado solio 
que agrande lUcslra pi.liia coii la uniópi; 
quiero ver tremolando el pabellón 
en las torres del nuevo capitolio: 

Ese vapor que la caldera exhala, 
cruzando la extensión en un instante, 
nos prueba que hay un genio que adelante 
resuelto y firme impulsa á Guatemala. 

Siente el patriota entusiasmado el pecho 
al ver la luz que brilla en nuestra aurora, 
no es promesa la audaz locomotora, 
no es mentira el progreso, ya es un hecho. 

Cíclope audaz, atleta sobrehumano, 
bien venido, mil veces, bien venido, 
pues llevas en el seno comprimido, 
del progreso el aliento soberano. 



*< < !» > >*' 



MANUEL MONTÓ PAR. XM 



EN EL CEMENTERIO DE RETALHULEÜ 
SOBRE LA TUMBA DE 

VALENTÍN ESCOBAR. 



;Oué triste soledad, qué amargo duelol 
Una tumba junto á otras olvidada, 
un nombre y una fecha cincelada 
en mcjrmol arrojado sobre el suelo! 

Todo es fúnebre aquí, todo misterio. 
jCüál exhibe la muerte sus rigores! 
No tienen los sepulcros unas flores, 
ni un saíicc, ni un ciprés el cementerio. 

Heme aquí, Valentín, donde la suerte 
severa, sin piedad y sin clemencia 
el hilo destrozó de tu existencia, 
lanzándote en los brazos de la muerte. 



Deber ineludible, de^^er santo, j 
vengo á cumplir desde lejana tierra, 
al regar el sepulcro que te encierra 
con las amargas gotas de mi llanto. 



538 GALEIÍIA POÉTK^A. 

Más que un amigo cariñoso, hermano 
fuístes tú, Valentín, en la existencia; 
lo mismo en el dolor que en la opulencia 
sincera me estrechó tu franca mano. 



Mi voz adolorida y quejumbrosa 
siento que oprime el lacerado pecho, 
y quiero arrodillarme ante tu lecho 
y llorar sobre el mármol de tu fosa. 

Quisiera conveitir mi tii'^tc acento 
en corona inmortal y perfumada, 
y dejarla en íu bóveda clavada 
cual lleva tu recuerdo el pensamientol 



IL 



jQué inflexible el destino en su carrera! 
Nos lleva inquebrantable por la vida, 
como á Lot obligado en la partida, 
y nos arrastra sin piedad, ni es[era. 

No miremos atrás, que la memoria 
es sólo el ataúd de la esperanza; 
si vemos adelante, en lontananza, 
mentira soíi honor, y patria y gloria! 

El vigor de la vida, ¿en qué se invierte? 
En trepar. una senda en cuya cumbre 
no hay otro resplandor que el de la lumbre 
de los sirios humeantes déla muerte. 



Si tal^^s la existencia, entre más corta, 
más benigna nos hace la jornada, • 
si un cadáver no- importa al mundo nada, 
ése mundo aJ cadáver, ¿qué le importa? 



AÍANÜEL MONTÚrAH. 539 



111. 



Hay un poder secreto y misterioso 
que siempre noscnpuja hacia adelante, 
y en vano le imploramos un instante 
de calma, de bonanza y de reposo. 

Se quiere regresar porque perdido 
tal vez el corazón quedó en la senda, 
y no hay un sólo ser que nos atienda, 
ni cxistr otro consuelo (jue el olvido. 

Olvidad y seguid, con ruda calma 
un acento responde d nuestro acento, 
y deja al corazón el scnti miento 
y no rompo las fibras de nuestra alma. 

No es posible olvidar, á mi despecho, 
mientras la sangre la existencia agite, 
no es posible olvidar, mientras palpite 
altivo el corazón dentro del pecho. 

Así la senda de la v ida >igo, 
así yo cruzo el mundanal desierto 
el alma entristecida, el paso incjerto, 
sin una sombra que me preste abrigo. 

Pero fué, Valentín, otra tu suerte: 
tu sino se mostraba placentero, 
y de improviso rudo y traicionero 
te abandonó en los brazos de la muerte. 

Duerme, duerme tu sueño misterioso, 
y perdona si acaso con mi llanto 
interrumpo la paz del camposanto 
destinado al silencio y al reposo. ^ 



540 galería poética, 



Duerme, pues, que la vida entre más corta, 
más benigna nos hace la jornada; 
si un cadáver no importa al mundo nada, 
ese mundo al cadáver, nada iraporta! 



-^•••^- 



rf^^^^^A^^h^^ 



^1^^^^^ * a a • é^^i^i^ék * * * • *i^^.^i 



^^^^^iA> 



FÉLIX A. TEJEDA. 



Es casi un niño, y la vida de un niño poco asunto puede 
dar para una biografía. 

Mas cuando ese niño es un poeta que de improviso se pre- 
senta seduciendo con las armonías de su lira, debe alentár^^ Vv 
inscribiendo su nombre en los anales del Parnaso. 

El '^Ateneo Centro- Americano," naciente sociedad que, 

aunque rudamente conbatida desde su fundación, ha podido 

sostenerse, como muestra del progreso intelectual déla juventud, 

ha dado á conocer á este joven hondureno, como loorítima espe- 

uiza del |)orvenir. 

Tiene Tejeda inspiración y sentimiento, y tal manera de leer 
sus versos, que cautiva á su auditorio. Su severa fisonomía nos' 
recuerda (x Juan Arólas. 



542 galería poética. 



LUZ 



Germen divino que brota 
de la esencia del Creador; 
luzl principio animador 
(le la inteligencia ignota: 
vivido fuego que agota 
las tinieblas y el capuz; 
es la antorcha que en la cruz 
á Jesucristo alumbró; 
primera llama en que ardió 
el pensamiento, es la luz! 



/■ 



Busquemos su pura esencia 
y sigámosla en su huella, 
que se ha agitado por ella 
toda grande inteligencia; 
robustece la conciencia, 
enaítece el corazón, 
ella saca á la razón 
de su letargo profundo, 
y^va á los antros del mundo 
^/dar vida á la creación. 



i-i.iix \. iK.ii-:i».\ 



A'¿ 



' llágase la luz radiante," 
dijo ti Supremo Hatcdo»-, 
} niiiósc el resplandor 
de aquella antorcha brillante: 
des Je entonces fulgurante 
aparece por doquiera; 
del Sinaí se apodera 
cuando Moisés á su ¡x^cy, 
<íraLKla en tablas, la ley 
ofrece por vez primera. 



Levanta de las naciones 
su esjíritu aletarti^ado 
y las limpia del pecado 
con sus i^Mandes comuniones: 
deifica les corazones 
separando lo mezquino; 
al ser humano el camino 
enseña de hermoso solio, 
desde el alto Capitolio 
al majestuoso Aventino. 



Ella quita á la ignorancia 
su destructora potencia, 
y acompaña á la ciencia 
con su poder y constancia. 
En el tiempo y la distancia 
no se le opone barrera 
(jue siempre la luz imp< ¡a 
con su espíritu fecundo. 
y penetrí» lo profundo 
y más alto de la esfera 



ñíi: <.akj:ia poética 



c ' 



Con su semblante sonriente, 
con su poder soberano, 
trasforma todo lo humano 
que vive, que piensa y siente. 
Hasta en el arte potente 
tiene su influencia creadora, 
en el fuego que atesora 
la sagrada inspiración, 
en la ciencia de Platón 
y el espíritu que adora. 



Ella eleva el alma inquieta 
en altas meditaciones 
é inspira las intuiciones 
al renombrado profeta. 
Es en la ciencia, discreta, 
en el arte, encantadora, 
en la poesía, creadora, 
sublime en Dios, como artista, 
pura en el evangelista, 
como en Jesús redentora. 



Ya lo veis! La luz se extiende» 
con su poder sobrehumano, 
desde el átomo liviano 
á lo que el hombre no entiende; 
y ruando pura se enciende 
la Fiama del pensamiento, 
penetra del firmamento 
las cavidades obscuras, 
y en irradiaciones puras 
/alumbra el entendimiento. 



I-ELIX A. I'EJEMA 



545 



\' tu, juventud hermosa, 
que comulgas con la idea, 
p^uiada vas por esa tea 
de una lumbre esplendorosa; 
sigue su cauda fañosa 
y limpia tu alma en su luml)ie, 
que jlegarás á la cumhre 
de la ciencia soberana, 
que es antorcha de do emana 
la luz que eterna te alumbre. 



El alma de una nación, 
fija en tí su pensamiento, 
y cifra todo su aliento 
en tu ardiente corazón: 
espera su redención 
de tu noble rectitud; 
y en premio ¡oh juventud! 
te dará la patria, honrosa 
corona, la más valiosa, 
del honor v la virtud. 






54^ galería poética, 



COMPOSICIÓN 



eída en el ^^Ateneo Centro-Americano" en honor de lo; 
poetas Rodríguez Méndez y Esmeralda. 



La muerte es el principio de 
la vida, porque ella es el origen 
de una vida superior. 



'ergniaixl. 



Luto y pesar! El corazón herido 
al recuerdo solloza del que amó, 
es que lleva latente en cada fibra 
la fúnebre tristeza del panteón. 

Cruzanc ideas por la mente inquieta 
y oculta el pecho respetuoso amor; 
sentimiento que pasa de la tumba 
y es himno universal, es oración. 

Llorar!. . . . Debemos abundoso llanto 
derramar, agobiados de dolor, 
cuando el ser por la muerte arrebatado, 

nuestra amor ó respeto mereció. 

c 

Muy justo es el dolor: es sentimiento 
que desborda en su angustia el corazón; 
plegari^i que se eleva á lo infinito 
y acg'ge con amor el mismo Dios: 



FÉLIX A. TEJE DA. 



647 



El incienso que lleva de las almas 
el alma que á otra vida renació: 
lo más noble y más puro de este mundo, 
única ofrenda digna del Creador. 

La tumba es el silencio. La materia 
sufre allí su especial transformación: 
el alma, libre de la estrecha cárcel, 
del centro universal camina en pos. 



Allí ¿cscansa de Id ruda lucha 
que en el valle mundano desafió: 
parte de la esencia de Dios mismo 
vuelve á su centro, y reconoce á Dios. 

Felices seres que dejáis el mundo 
donde las dichas el dolor nubló, 
y traspasando incógnitas regiones 
dejáis de gloria el vivo resplandor. 



\"osotros bardos que pulsáis la lira 
y dais al viento su armonioso son; 
vosotros que lloráis con lo infií^ito, 
os llama el infinito con amor. 



Vosotros que lleváis dentro del pecho 
soles de sentimiento en ignición; 
vosotros que brindáis en armonías 
consuelos in('r^*>^^^- -^^ ílo^>^: 



Vosotros habitantes de este mundo 
que tenéis el poder de la intuición; 
vosotros que leéis en lo absoluto 
la infinita verdad, la ley de Dios: 



548 galería poética. 



Vosotros sois dichosos, yo os envidio! 
Habitáis un palacio de esplendor; 
la vida universal es vuestra vida, 
la gloria sempiterna es vuestro honor. 

Rodríguez! Esmeralda! Sois felices! 
Tenéis al firmamento por mansión; 
las lumbres inmortales de los astros 
les dan á vuestras vidas su fulgor. 

La lira que pulsabais, en la tierra 
cantó tristezas, devoró aflicción; 
rota, en la tumba renació sublime 
y al canto universal su voz unió. 



Vuestros nombres sen hijos de la fama 
de la patria y las letras son honor: 
Guatemala se inclina en una tumba, 
y llora en otra tumba el Salvador. 



■••4^»^«^ 



c 
c 



FKLIX A. TK-JtOA. 



549 



LA PATRIA. 



Ei. i5 DE SEPTIEMBRE; 



Fecha inmortal! tus albores 
traen recuerdos de otra edad, 
cuando en luto y orfandad 
vivían nuestros mayores: 
en tu seno los rigores 
de la infanda tiranía 
vio la hermosa patria mía 
alejarse en lontananza, 
llena de fe y esperanza, 
firmando su autonomía. • 



¿Quién no bendice gozoso 
tu aparición inmortal? 
¿Quién no levanta triunfal 
el himno del victorioso? 
¿Quién no mira un cíelo hermcfo 
para una heroica nación • 

cuando, al mundo, su pendón 
ha mostrado soberano, 
llevando el cetro en la mano 
de su feliz transición? 



550 GALERÍA POÉTICA. 



Nadie patria! nadie puede, 
respetando su honor mismo, 
provocar aquel cinismo 
que su propio honor le vede; 
hoy el pecho sólo cede 
al impulso de) amor; 
hoy se aplaude con ardor 
aquella hermosa jornada, 
en que pudo verse izada 
tu bandera bicolor. 



Corona de soberana 
lució en tu frente divina: 
el Sinai te ilumina 
con sus rayos, espartana. 
Tu frente tersa y galana 
resplandeció en el espacio; 
ricas nubes de topacio 
se posaron en tu cielo, 
y una estrella de consuelo 
iluminó tu palacio. 



Fijaron ya las naciones 
en tí su mirada amiga, 
ya no eras tá la mendiga 
de soberanas legiones; 
Grqcia y Roma sus pendones 
de Ifoertad te mostraban; 
á ser grande te enseñaban 
con ternura y con cariño, 
raspando el obscuro aliño 
é los siglos que pasaban. 



FKLIX A. TEJEDA. 



551 



Un apóstol (i) en tu seno 
predicaba tu doctrina, 
esa Biblia que ilumina 
al justo, al sabio y al bueno: 
elocuente como ameno 
era aquel apostolado; 
alma noble, fiel soldado 
que da de progreso el grito 
y ve con signos escrito 
tu sino predestinado. 

Esmerad! que la hora santa 
de lil)ertad ha sonado, 
y en el espacio ha rodado 
una voz que la levanta; 
la voz de un pueblo que canta 
su primer himno de gloria; 
es la voz de la victoria 
que inunda los corazones, 
el alma de las naciones 
que glorifica la Historia. 

¡Oh! que hermoso es contemplar 
un pueblo niño al nacer, 
cuando viene á comprender • 
lo que es digno de alcanzar! 
Cuando va á erigir su altar 
al ídolo de su amor, 
cuando pide con vigor 
para su espíritu ileso 
luz brillante de progreso, 
de libertad v de honor! 



(1) — J. Francisco Barrninlia, uuo ile loa hombres mrfs Vptablee de C€ntri>-Amé- 
rica, decidido dtfcntror de I03 derechoe y libertades del poiWo, eminente orador y 
honrado cindadano. 



0&:¿ GALEIUA POÉTICA, 



Pisto hacías, madre pura, 
al salir del caos mudo, 
acariciando el escudo 
que rompió tu ligadura; 
cuando levantóse impura 
la mano de la traición, 
y esclava de otra nación 
vimos tu orgullo humillado, 
pero un destino ignorado 
te daba la redención. 



Las horas de tu existencia, 
en revuelto paroxismo, 
te llevaron al abismo 
del error y la inclemencia; 
y en estúpida demencia 
la envidia con la ambición 
rasgaron tu corazón, 
hirieron tu alma, señora, 
y con su mano traidora 
desgarraron tu pendón. 



¡Oh vergüenza! los girones 
de tu bandera gloriosa, 
notando sobre una losa, 
cobijan cinco naciones; 
cinco pequeños pendones 
irrisión de las edades, 
cinco locas vanidades 
que formara el retroceso, 
en >^n siglo de progreso 
yrde augustas libertades. 



FKLIX A. TK.IKDA. 'í58 

^•Sueñan, acaso, que siendo 
tan pequeños como estamos, 
nuestra grandeza alcanzamos 
á sus doctrinas siguiendo? 
Gocen hoy, el alma hinchendo, 
y maldigan nuestro afán, 
que más tarde caer verán 
desquiciadas sus barreras, 
y triunfantes las banderas 
de Barrios y Morazán. 



Llora sí, desconsolada, 
tus dolores ¡ay prolijos! 
Pero no! que tienes hijos 
para tu idea sagrada! 
Su pensamiento ó su espada 
sabrán unir tu derecho, 
y con un abrazo estrecho, 
mañana se ligarán 
y todos trabajarán 
por tu bien y tu provecho. 



No dudes, hoy se levanta 
la juventud con vigor 
y luchará con honor 
por una idea tan santa. 
Más tarde su fuerte planta 
secará el verde ciprés, 
pondrá el olivo á tus pies 
como enseña de victoria, 
envocando la memoria 
de Cabanas y Jerez. 



554: galería poética. 



t 



c 



Ten confianza, en ella espera, 
que lleva en su seno raso 
el fuego del Chimborazo 
para inaugurar tu Era\ 
y modesta como austera 
sabrá esculpir en la Historia, 
esa epopeya de gloria 
y triunfos edificantes, 
con caracteres brillantes 
que enaltezcan tu memoria. 



¡Oh patria! cuánto consuelo 
bañará nuestro semblante, 
cuando miremos triunfante 
y flotando en nuestro cielo 
el pabellón que, sin duelo, 
alzarás de gran nación! 
¡Cuánto goza el corazón 
al pensar en tal ventura, 
pues ya cieo que fulgura 
la bandera de la "Unión!" 



Cuando nos anunce oriente 
del día el primer albor, 
cada pecho con ardor 
lanzará un himno ferviente; 
y jugará en cada frente 
la sonrisa del placer: 
entonces podremos ver 
levantar tu faz risueña 
y s^;dudar, doble enseña 
libertad 7 deber. 



FÉLIX A. TKJEUA. 



í555 



El cáncer del sufrimiento 
lu corazcjn hoy devora, 
y tu alma sensible llora 
sin esperanza ni aliento. 
Espera! vendrá el momento 
de animar tu corazón, 
de apagar esa pasión 
que tus fibras estremece, 
porque robusto florece 
el pensamiento de "Unión." 



Vaíios escombros pisando, 
viendo correr tristes días 
y cual lloró Jeremías, 
vamos nosotros llorando. 
Ese llanto va regando 
las ruinas casi infecundas; 
pero de amor las profundas 
lágrimas que se derraman, 
animan, nmeven, inflaman 
y hacen las vidas fecundas. 



V cuando suene la fiesta 
de aquella inmortal mañana, • 
con nubes de nieve y grana ( i ) 
lu frente estará compuesta. 
La ninfas de la floresta 
traerán las lucientes flores, 
que con gustosos primores 
{\ tu cendal prenderán, 
y jentonces entonarán 
dulces cantigas de amores < 



(1)— En nubes de oro y grana (Gertrud's O. ile Avellnne<1a, 



556 galería poética. 



Allí, hermosa juventud 
alegre estará á tu lado, 
compartiendo aquel honrado 
triunfo de excelsitud. 
Inspirada en la virtud 
mirará tu comunión, 
los himnos de bendición 
irán al cielo radiantes 
y entre rosas y brillantes 
grabada estará ''La Unión." 



FEMX A. TK.IKDA. 



557 



PROFESIÓN DE FE. 



CONSEJO DE MI MADRE. 



Ayer el mundo halagador y falso, 
poniendo en mi alma el entusiasmo ardiente, 
del ser que me ama con amor ferviente, 
sin tener compasión me arrebató. 
Humedeciendo el lloro aquellos ojos, 
espejos de mi ser hasta ese día, 
en la faz de mi madre se entrevia 
la triste angustia de ^u cruel dolor.* 



Terrible instante del amor materno: 
decir adiós á su hijo idolatrado, 
volver los ojos al hogar sagrado 
y encontrar un vacío en el hogar. ^* 
Llamar al hijo ausente y por respuesta 
oír el eco de una voz cobarde .... 
Cuando este corazón es de una mad' 
rompe sus fibras, pónese á llorar. 



558 galería poética. 



No hay pecho que resista ese tormento, 
no hay alma que no sienta enternecida 
que en el fondo del ser lleva una herida, 
manantial de tristeza y de aflicción. 
Estrechando á mi madre entre mis brazos 
el valor me faltó súbitamente, 
bajé los ojos, la besé en la frente, 
7 entre sollozos pronuncié mi adiós. 



Estaba entonces zozobrante, y muda 
la vi también en su aflictiva pena, 
crispó sus brazos, del amor cadena', 
y en un abrazo me dejó su ser. 
¡Hijo del alma! prorrumpió; mi vida 
corta será, tu empiezas la jornada; 
hoy que dejas tu madre idolatrada, 
virtud y honor procura mantener. 



La virtud en el hombre, hijo querido, 
como el cristal de la apaci[)le fuente 
las acciones refleja, é indulgente 
el mundo sabe recompesa dar. 
Y si virtuoso el mundo no te estima, 
y sufres sin cesar, ten el consuelo 
de que el premio seguro está en el cielo, 
en la mano de Dios v en su altar. 



El honor hace al hombre; y no confundas 
soberbia y vanidad con don tan raro, 
estos vicios son propios del ignaro 
y la virtud tu debes perseguir. 
Los hombres son hermanos; y respeto 
y compasión, fraternidad, cariño, 
guardarj^rs debes. Corazón de niño 
quier^''4ue lleves de tu vida al fin. 



F t; I 1 \ 



i'i:.! Ki) \ 



559 



KI amor de tu padre guarda siempre, 
y no manches su nombre. Si elev^arlo 
tú puedes, hijo mío, habrás de honrarlo 
sin que quede una sombra en su virtud. 
Humilde es ese nombre y es obscuro; 
el maléfico aliento no lo empaña, 
él vive con modestia en su cabana, 
trabaja y cuida de su hogar sin luz. 



De aquellos que tu misma sangre llevan 
que en mi seno tomaron su alimento, 
no separes jJmás tu pensamiento 
que todos ellos, tus hermanos son. 
No olvides tu familia. Falta grave 
será tu olvido ante el eterno cielo, 
y á esta madre, que llora sin consuelo, 
consérvala en tu propio corazón. 



Que el Dios benig.iw .^u- .;.uidade^ \ icita, 
en la riesgosa senda de tu vida; 
virtud y honor te servirán de egida 
para que puedas dicha disfrutar 
Te arrancad mundo de mi lado, >^a. 
persigue la verdad con la constancia, 
recuerda que tuvistes una infiincia 
y que esa infancia la arrulló un hogar. 



Si á la senda del vicio ó la del crimen 
te lleva alguna vez tu aciaga estrella, 
piensa que la virtud es muy más bella 
y debes evitar tamaño error. ^ 

Recuerda que en tu frente pensador! 
el labio de tu madre puso un beso, 
y al besarte, hijo mío, dejó impreso 
remedio á todo mal, todo su amor. 



560 GALElilA 1»0ÉT1CA 



Del labio de m¡ madréese consejo, 
penetrando en mi pecho enternecido, 
como queda en el mármol esculpido 
un recuerdo glorioso, en él quedó. 
El tiempo puede en sucesión continua 
hacer mudanzas en lo que hay mudable, 
de mi madre el amor es inmutable: 
sufrirá el corazón, cambiarse, no! 



¡Cómo olvidar joh madrel tus virtudes; 
aquel cariño que me dio consuelo, 
aquellos ojos en que tuve un cielo, 
aquella mano que largueza fué! 
Aquellos sentimientos filantrópicos, 
cuando la sed y el hambre tii calmabas 
de los que han menester; y parcticabas 
las doctrinas del mártir de Belén. 



Nunca olvidaré que en el ejemplo 
las lecciones más sabias me ofrecías: 
si hay gloria para mí, son esos días, 
si hay amor para mí, sólo es tu amor. 
La virtud tiene un templo; y vestal pura 
el fuego tú has guardado de la diosa; 
has hecho 'el bien y morirás dichosa, 
que al justo siempre recompensa Dios. 



FlISr r>E LA OBRA. 



#. 




Ilr ^*^' 



T. in 



RAMÓN UEIAETE. 



Varios amigos míos me han reprochado el no haber incluido 
mi nombre en la primera edición de esta obra, instándome para 
hacerlo en la segunda, ya que, como quiera que sea, el público 
ha dado en llamar poeta á mi otro yo, Renato iWurray. 

Resistíame á complacerlos por una razón muy sencilla: lleva 
esta Galería el título de "Colección de poesías de los mejores 
poetas de la América del Centro;" y aunque no es la modestia 
la más característica de mis escasas buenas cualidades, temía he- 
rirla, dando cabida á mis composiciones en verso hnjo ♦•^^ de- 
nominación. 

"Una advertencia lo salva todo," me dijo hace pocos días el 
más entusiasta de mis lectores. Medité un momento, y luego 
resolví que no era una advertencia la que á mí me convenía* sbio 
un verdadero Apéndice, es decir, un hueco en que, indepcndíí n- 
temente de la obra, pudiese formar parte de ella. 

Hecha esta necesaria explicación del por qué vengo con mi 
nombre á cerrar las últimas páginas de esta recopilación, réstame 
decir algo sobre mí mismo, siguiendo el método que desde el 
principio de la obra me propuse. 

Si hubiera de escribir mi autobiografía, cansaría la paciencia 
de mis lectores con asuntos que á pocos intereiíhn. Prefiero, pues, 
dejarla en blanco; mas no será sin advertir á los que han darfo en 
llamarme i'iejo, que nací el 15 de julio de 18^6, lo que no es 
mucho tirar, aunque bien pudiera yo decir C(N^ Salaverry, no 
que 




galería poética. 



He vivido diez siglos cii 7 ni día, 
si no que me ha tocado vivir un millón de siglos en diez años...! 

En cuanto al juicio crítico de mis versos ¡cómo quisiera 

destruirlos. .! Sin embargo, son hijos míos, los quiero como tales, 
y tan'importante papel representan en el mundo de mis recuer- 
dos, como decía en el prólogo de mis *'Hojas de un álbum," que- 
lo menos que puedo hacer en honra suya y descargo de mi con 
ciencia, es aplicarles este sabido epigrama de Marcial: 

Sii7ií bo)ia, siiut qcedaní mediocria^ simt mala pitera. 



RAMÓN URIARTE. 



-h.» 



LA SIN VENTURA 



DOÑA BEATRIZ DE LA CUEVA, 



(Romance histórico.) 



Kntre los floridos valles 
de l^anchoy y Alotenango, 
al pie de un erguido monte, 
émulo del Chimborazo; 
sus blancas torres eleva 
naciente villa que, ufanos 
del sitio electo, fabrican 
los soldados de Pelayo. 
Nunca jardín más ameno 
en su camino encontraron, 
al través de los jardines 
del edén americano. 
Defiéndenla dos colosos 
de verdura coronados, 
cuyas frentes besa el alba 
con sus labios de amaranto. 
Rl uno apacible y quieto, 
la mirada reflejando 
del sol, que en sus blancas nieves 



galería poética. 

quiebra sus dorados rayos, 
semeja al genio del bien, 
frente á frente á su contrario, 
que á guisa de audaz guerrero, 
con su espléndido penacho 
de rojas llamas infunde 
terror á los castellanos. 

Es allí sereno el cielo, 
de azul y nácar bañado; 
fresca la brisa que sopla 
y el ambiente dulce y blando. 
Agradecida la tierra 
fecunda al instante el grano, 
y de ambas zonas los frutos 
produce en el mismo espacio. 
Allí la esbelta palmera 
abrigo presta al durazno, 
y la uva se hace dar sombra 
por las hojas del banano. 
Allí la magnolia crece 
junto al perfumado nardo, 
y el jacinto y la camelia 
al par de la flor de mayo. 
Confundense allí en un huerto 
las manzanas y el cacao, 
con l6s cafetos de Arabia 
y el nopal americano. 
Silvestres enredaderas 
de forma y colores varios, 
los troncos de las encinas 
convierten en un mosaico. 
Son sus aguas cristalinas 
de venero inmaculado, 
qut por eso los aztecas 
Alntolonga le llamaron; 
mas l^s huestes españolas, 
su/ reales allí sentando, 
/ara dar gloria á su apóstol, 



RAVOX T'IÍIARTE. 



567 



consagráronla u ^cuiíiaoo. 

¡Verjel de las bellas flores, 
cuyo sueño están velando 
los genios que el Señor puso, 
para guardarte, á tu lado; 
muy pronto harás que el intruso 
que con atrevida mano 
las cabezas de tus reyes 
hizo rodar del cadalso, 
pague en horrorosa muerte 
sil ^acrílr'jo atrnt-vlo' 



En un salón del alcázar 
que para sí construyera 
el primer Adelantado, 
conquistador de estas tierras, 
sentada está en un sillón 
de rica y bordada tela 
una dama en quien se admira, 
más tal vez que la belleza, 
el gentil donaire y garbo 
que su alta estirpe revela. 
Dama que si ya no es joven, » 
de la juventud conserva 
en su enérgico carácter 
la más elevada prenda. 
De los duques de Alburquerque 
descendiente en línea recta, 
la ambición, que no el destino, 
á las Indias la trajera. 
Vela sus rasgados ojos , 

una nube de tristeza, 
llorando de su marido, 
no tanto la larga ausencia, 
cuanto de noticias suvas 



568 galería poética. 

la falta que tiene de ellas; 

mas, al fin, un mensajero, 

portador de tristes nuevas, 

de la Corte mexicana 

á la de Santiago llega. 

Palpítale el corazón 

á la dama con violencia, 

y temblorosa recibe 

el pliego que la presenta, 

por manos de un* edecán, 

el portador de la esquela. 

La abre, da un grito, en su silla 

sin conocimiento queda <^ 

¡Pedro de Al varado ha muerto 
al dar principio á la empresa 
de más valía que nunca 
su ambición le sugiriera! 

Por nueve días la viuda 
se encerró en clausura estrecha; 
y de luto riguroso, 
al saberla infausta nueva, 
con verdadero pesar, 
vistió la ciudad entera; 
que era Alvarado valiente 
y de probada entereza, 
y aunque cruel, nunca en los suyos 
• su crueldad sentir hiciera. 

Concluido el duelo oficial 
convocóse una asamblea 
del Cabildo y los vecinos, 
clero milicia y nobleza, 
para nombrar la persona 
que el mando ejercer debiera 
en t^.nto Su Majestad 
c daba sus órdenes regias. 

Amaneció la mañana 
deV,pesas nieblas cubierta, 
y/vruesa lluvia caía 



6»>9 



con (jue se empapó la tierra. 

Presidía c! digno Obispo 

la agitada conferencia, 

los opuestos pareceres 

ordenando en la materia. 

Quería Portocarrero, 

como Teniente que era 

de Gobernador, seguir 

ejerciendí) las faenas; 

mas disputíibale el rango 

don Francisco de la Cueva, 

propuesto por el X'^irrey 

de N%ieva España, en la esquela 

de pésame, que al Cabildo 

desde México escribiera. 

Pendiente la discusión, 

sintióse abrir una puerta, 

y apareció en sus umbrales 

la noble ficrura esbelta 

de una mujer principal, 

avanzando entre las nieblas 

con que la copiosa lluvia 

invadía desde afuera, 

aquella espaciosa sala, 

turbando su luz" incierta. 

A\ distinguir (\ la dama, , 

púsose en pié la asamblea. 

"Señores: os he escuchado, 
dijoa(|uella con firmezn. 
Hacéis mal en discutir 
lo que discutible no era. 
Faltando el Adelantado, 
que Dios en su gloria tengj 
á mí me toca el gobierna ^ / 

que el César le conhriei.: 
Así el acta extended, pues, 
y acabe la conferencia.*' 
^' 1 acta se extendió así. 



570 galería poética. 



y al acercarse á la mesa 
la viuda del de Alvarado, 
un rayo alumbró la escena. 
Temblaron todos de miedo, 
signándose con presteza, 
y es fama que entre los pliegues 
del relámpago qne ondea, 
vio la viuda que vagaban 
por cima de su cabeza, 
las sombras descoloridas 
de los príncipes tultecas. 
Tomó posesión del mando, 
del susto apenas repuesta; c 
leyó el acta con voz débil, 
y pálida, convulsa, trémula, 
firmó al pie: la sin ventura 
doña Beatriz de la Cueva. 

III. 

Al pronto ronco bramido 
hizo temblar el palacio, 
sus ec«)s repercutiendo 
por los montes y collados, 
sin ser el trueno dePéier 
cuando^se desprende el rayo, 
ni la luz que le acompaña 
la claridad del relámpago. 
No es mayor la confusión 
con que dispersa un rebaño 
hambriento lo&o que llega 
sus negras fauces mostrando, 
que la que sembró el Volcán 
de fhego en los castellanos, 
su espiral columna de humo 
sacudiendo en el espacio. 
Al h/rrísono concierto 
debyendaval azocando 



TÍAMOX I HIAHTK. 

las corpulLMUas enemas 
y los cedros y los álamos; 
la lluvia que en grande copia, 
cayendo sobre los prados, 
convirtió la ancha llanura 
del valle en profundo la^o; 
la tempestad que bramaba 
la ciudad iluminando, 
en su incesante fragor, 
como en medio del océano, 
con no interrumpida serie 
de relámpagos y rayos; 
las oifdas de negras nubes 
que unas trasoirás rodando 
en el vacío ocultaban 
la mirada de los astros; 
á ese lágubre conjunto, 
á ese terrífico cuadro, 
faltaba sólo el rugido 
del volcán, amenazando 
hundir la natur-.leza 
en el primitivo caos, 
para creer, como creyeron, 
los culpables castellanos, 
sobrecogidos de asombro, 
el fin del mundo llegado. 

La ilustre Gobernadora 
en su capilla rogando, 
la clemencia de los cielos, 
medrosa, implorab^á en vano, 
que al resplandor de los cirios 
del altar, vio que cruzaron 
las sombras amenazantt^ 
de los reyes inmolados; 
y ella, la que ayer subió 
al poder tanto deseado, 
prepárase hoy á la muerte \ 
sin tener tranquilo el ánimo. 



572 galería poética. 

En esta horrible congoja 
tres días así pasaron. 
¡Qué largos días aquellos; 
más que los tres siglos largos, 
Llegó el once de septiembre, 
y el Volcán de Agua, velado 
por negras brumas, al fin, 
rasgó sus senos hinchados. 
Jamás semejante tuvo 
aquel trueno extraordinario, 
que el postrer día del mundo 
fué para la de Alvarado! 

ÍV. 



Estaba ésta en el alcázar 
rodeada de sus doncellas, 
cuando sintió que el torrente, 
arrastrando enormes piedras, 
á la ciudad descendía 
con indómita fiereza. 
Su palacio estremecido 
hundió sus bóvedas regias, 
y las aguas agitadas 
subierom las escaleras. 

Era imposible salvarse 

La vida imposible era, 
pues Témis inexorable 
buscaba en ella una ofrenda. 
Estrechó á sus nobles damas 
transida de amarga pena, 
y gotas de amargo llanto 
vertio,sobre sus cabezas. 
"Adiós!" dijo; de rodillas 

cayó besando la tierra 

y vió/e Chignaviuncelut 
y SKiacám, medio muerta 



lí A Vi 'N i kia i: i »• 



673 



(le terror, cruzar tranquilas 
las vairas sombras sinietras. 
Entonces alzando al cielo 
sus ya miradas inciertas: 
"Perdón, Dios mío, exclamó, 
infinita es tu clemencia! 
Sea yo sola la víctima 
que aquí en expiación perezca." 
Al decir esto, la bóveda 
de su oratorio retiembla, 
y en los muros sacudidos 
ábrense profundas grietas. 
El á^ua sigue empujando 
cuanto en su camino encuentra, 
y en el sagrado lugar 
impetuosa, al fin, penetra. 
A su choque el no seguro 
altar por el suelo rueda; 
desplómanse las paredc 
y allí sepultada queda 
en vida, /a sin ventura 
Doña Beaííiz de ¡a Cueva. 



Al otro día en el cielo 
brillaba el rey de los asiros 
para iluminar las ruinas 
de la ciudad de Saniia^^o. 
y Alniolonoa siguió siendo 
por sus huertos coronado, 
el más hermoso jardín 
del edén americano. 



- — \ 



■\ 



574 galería poética. 



TUS OJOS. 



Hermosos ojos tienes, 
preciosa niña, 

la del cabello de oro 

que el viento riza 
la de los labios 

como entreabierta rosa 
del mes de mayo. 



Ojos que de los cielos 

el azul puro, 
en apacibles rayos 

• muestras al mundo: 

ojos tan bellos 
que el titilar remedan 

de los luceros. 



Cuando tranquilos miran, 

roban el alma, 
y hacia tí la coriducen 

sin abrasarla; 

que son tus ojos 
aulce imán de los buenos, 

calma y reposo. 



KAMü.N I KtAKTK. 

Mas si inspirados tiemblan 

en tus pupilas, 
de la pasión vehemente 

la llama atizan; 

y ¡ay! del incauto 
que por salvarse quiera 

ya no mirarlosl 

Siempre que por las tardes 
contemple el cielo, 

cuando descubra á Venus 
pensará en ellos; 

• y tristemente 

aun en la obscura noche 
los verá siempre. 

\o sé, niña del alma, 

por experiencia, 
que sufriría menos 

si más los viera 

y que no es poco 
lo que al mirarte me hacen 

sufrir tus ojos. 

Mas por desgracia mía 
los amo tanto, 

que mil veces quisiera 
verme privado 
del sol hermoso, 

antes que de la lumbre 
de esos tus ojos. 

Ojos que el azul claro 

del éter puro 
en su mirar divino # 

muestran al munl'» 

ojos tan bellos, 
que en sus pupilas llevan ^ 

oculto el cielo! 



o 75 



576 galería poética. 



DE HEINE, 

Versión dedicada á la señorita María Lowenthal, 



Eres inocente y pura 
como la blanca azucena; 
de tristeza el alma llena 
siento al mirar tu hermosura. 



Quisiera velar tu frente 
con mis manos, sin alarde, 
rogando á Dios que te guarde 
siempre pura é inocente. 



«'^««^►•♦i 



/ 



RAMÓN L'KIAHTE. 



bVi 



DÉJAME ASI 



( ib^üb. ) 



Ucjamc asíl con la mirada tija 
en la pupila de tus lindos ojos; 
mis labios ccica de tus labios rojos, 
libando el néctar que se exhala allí: 

mi brazo en torno de tu blanco cuello 
para jupar tu cabellera obscura; 
cerca mi frente de tu frente pu»a, 
ebrio de amor, mi bien, déjame así! 



Déjame asíl contra mi pecho amante 
sentir que late el corazón que adoro, 
y elernamenle el virginal tesoro 
de tu albo seno descansando en nfí: 

entre tus brazos mi cabeza ardiente 
soñando amor en tu ávida hermosura, 
y oír la voz de angelical ternuriA 
f">"""-- mt- Hicr< tú., dt^jamc así! 




'578 G'AISÍÍRI A POÉTICA. 



Déjame así! tu entrecortado aliento, 
tibio, rozando mi encendida frente, 
magnetizarme tu mirada ardiente 
gozar la vida estando junto á tí: 

por tu ancha espalda deslizar mi mano, 
tu pie oprimiendo con descuido el mío, 
y en mi amoroso y ciego desvarío, 
decirte a media voz: déjame así! 



Déjame así! La aborrecida muerte 
venga si quiere con furor insano; 
que no podrá su descarnada mano 
cortar tu vida, sin cortarla en mí. 

Gocemos hoy de nuestro amor inmenso 
sin acordarnos de su faz helada; 
que cuando llegue la hora infortunada 
quiero, mi amor, que nos encuentre así! 



/ 



RAMÓK UJUABTE. 



N» 



A MOMOTOMBO. 



(ManaguQ.-1870.) 



(J altituJo! 



Salud á tí! magnífico coloso, 
señor del lago que á Managua riega, 
hijo del Tiempo, cuya frente llega 
la impenetrable nube á coronar. 

Nunca la negra tempestad que estalla 
bajoftus pies con pavoroso estruendo, 
pudo, tu hermoso casco desluciendo, 
tu gigantesca mole dominar; 



Que siempre erguido y magestuoso y grande 
con tu penacho espléndido encendido, 
te vi de lejos, y escuché el rugido 
de tu abrasado aliento aterrador. » 

Siempre te vi ;titán de Nagarote! 
del aquilón la furia desafiando, 
y tu soberbia cúspide alumbrando ^ 
los cien pueblos que están en tu redor. 



580 galería poética. 



Ah! cuando escucho el oscilante ruido 
que hace tu cráter, escupiendo al cielo 
rayos de luz, que la región de hielo 
bañan con su ígnea, ardiente claridad; 

y cuando siento queá mis pies la tierra 
con tu vibrante soplóse extremece, 
¡cuánto á mi vista el fuego te embellece, 
cónico atleta de voraz beldad! 



Mientras la necia muchedumbre obscura 
te cree de Dios horrísono anatema, 
y contemplando tu imperial diadema, 
tiembla de miedo ¡míseral y pavor; 

yo que, ansioso de fuertes emociones, 
gozo al mirar tu espléndida cimera, 
de la alta cumbre dominar quisiera 
de tu hondo seno el lúgubre fragor. 



Quisiera hallarme en el obscuro vórtice 
de humo inflamado que tu sien levanta, 
y audaz herir con atrevidai planta 
tu egregia frente, y descansar allí: 

pulsar mi lira al resplandor sangriento 
de tu ígnea cresta, y elevar mi canto 
al son del trueno que terror y espanto 
entre los hombres derramando vi. 



Bajar al seno de tu mole inmensa 
para saber tu aterrador secreto, 
y dar al mundo, en pálido boceto, 
una ide?, no más, de tu beldad; 

y escudriñar tus cavernosos antros, 
trasunto, acaso, del infierno mismo; 
y descenAer al insondable abismo 
para medir de allí la eternidad . . . . ! 



HAMÓN I KIAKTK. 



^1 



Sí, yojte admiro, Momotombo hermoso, 
faro del Istmo, colosal gigante, 
que entre el Océano y proceloso Atlante 
haces lucir tu espléndido fanal. 

Mientras no turbes el tranquilo suefto 
de Nicaragua, con la voz impía 
que anuncie al orbe tu postrero día, 
salud mil veces, ande tropical! 



^ 



582 GALURI A POÉTICA. 



LOS FUEGOS FATUOS. 



Madre, al cruzar por el prado 
ya entrada la noche ayer, 
cuando salí á recoger 
nuestro disperso ganado; 

vi lucir, no muy distante 
de mí, una llama rojiza 
que en los pliegues de la brisa 
se cernía vacilante. 

Túvela miedo y corrí, 
y al volver mi vista hacia ella, 
vi que seguía mi huella, 
corriehdo detrás de mí. 

No sé como sucedió 
que pudiera dominarme; 
pero observé que al pararme, 
también la luz se paró. 

Entonces, ya sin temerla 
fijé en ella mi atención, 
y rpe vino tentación 

e <' luchr para cogerla. 

Por mi deseo impulsada 
me l^ncé á ella corriendo; 
masóla llama salió huyendo 
dejándome así burlada. 



KAMpy URIARTE. 



m 



Me paro, vuelve á pararse. 
Esta vez no será en vano; 

la asecho alargo la mano. . . 

y otra vez vuelve á escaparse.... 

Y otra vez, cuando prosigo 
mi camino, indiferente, 
la llama sigue indolente 
la misma ruta que sigo. 

"^[Por qué, madre, al huirla así, 
tras de mis pasos viene ella, 
y si yo sigo su huella, 
ella es la que huye de mi?" 

"Pít^que esa es la condición 
del fuego fatuo, hija mía, 
en su triste analogía 
con la ley del corazón. 

Como esa luz inconstante 
es la dicha, y no te asombre 
que tras ella corra el hombre 
sin reposar un instante. 

Cuando la vemos brillar 
en el valle de la vida, 
como la llama encendida 
que viste anoche al pasar; 

lo mismo que tú corremos, 
lo mismo que tii temblamos;» 
y huye cuando la buscamos, 
nos sigue si no la vemos; 

que es humana condición 
de la ventura, hija mía, 
ser fuego fatuo que guía 
los pasos del corazón." 



\ 



584 GALKRIA POÍJTICA, 



EN EL ÁLBUM DE MLQUERIDA SOBRINA. 

SOLEDAD MEJÍA. 



(Imitación de mi amigo Peón y Contreras.). 
DRAMA EN TRES ACTOS. 

Acto primero, — Una niña 
que entre mis brazos se duerme, 
que llora y sonríe al verme 
de su vida en el albor; 

niña que al abrir los ojos 
á su padre no encontrara, 

y en ifií á su padre buscara 

en mí errante trovador! 



Segundo acto. — Han transcurrido 
quince años, y la doncella 
de gracia y virtudes llena 
con «el poeta se encontró. 

Pidióle escribir en su álbum 
un verso en la hoja primera, 
y él ía dijo: si pudiera 
mil versos te haría yo. 



HAMoN 5 ai AHÍ K. 

.lelo tercero. — i. a tmta 
del libro aun no se ha borrado, 
y ya la niña ha llamado 
á la puerta de un panteón; 

y es que hay en él una fosa 
olvidada, solitaria, 
donde espera una plegaria 
el poeta .... Cae el telón! 



585 



\ 



586 galería poéíiga. 



HISTORIA DE UNA VIOLETA. 



Fué en un jardín, á orillas de una fuente 
que al sepultarse el sol nos conocimos: 
sentados en un banco frente afrente 
nos miramos los dos y enmudecimos. 

Ella sus ojos me ocultó temblando, 
no sé si de emoción ó de sorpresa, 
y una rosa en sus manos deshojando 
inclinó sobre el pecho la cabeza. 

Al caer de los pétalos al suelo 
sobre la verde alfombra, vi cruzados 
sus pies de niña, cual entre albo velo, 
por la elegante falda resguardados. 

Todo mostraba en ella la inocencia 
de la primera conmoción sentida 
cuando despierta el alma á la existencia 
en la alegre mañana de la vida. 



Llevó luego las manos á su pecho, 
y al arregbr entre medrosa é inquieta 
de un encaje de armiño el nudo entrecho, 
me descubrió en el fondo una violeta. 



* BAMélV^ UBfARTf. 



5S7 



No sé si yo se la pedf anhelante, 
no sé si adivinó mi pensamiento... 
Yo la marchita flor tengo delante, 
y aun todavía su perfume siento. 



588 GilLBRIA POÉTICA. 



LA LAGUNA DE ATITLÁN. 



En medio de murallas 
de eterna primavera 
que van entre las nubes 
la luz á recibir 

del sol, que en el espacio 
brillante reverbera, 
y adorna el horizonte 
con franjas de carmín; 

Dilátase tranquila, 
lamiendo suavemente, 
la plácida laguna 
los pies de su señor; 

y al beso de las auras 
y al soplo del ambiente, 
recibe de los bosques 
la desprendida flor. 

Con suave movimiento 
sus aguas cristalinas 
en leves ondas llegan 
los campos á regar, 

de pueblos y de aldeas, 
mc>^ntañas y colinas, 
que bellas y agraciadas 
en torno suyo están. 



i.i .\ 1. 1 K. 



Panajachel cultiva 
sus huertas abundosas* 
al soplo humedecido 
que allí se hace sentir 

constante, al elevarse 
las nieblas vaporosas, 
que van su superficie 
cubriendo hasta el confín. 



;Qué hermosa perspectiva 
presenta á nuestros ojos 
el cielo y la la^^una 
la tierra y el volcán I 

Ante ese bello cuadro 
debiéramos de hinojos 
caer, y eternamente 
al Dios grande adorar. 



Al Dios que, prodigando 
bellezas á millares 
al suelo americano 
colmó de bendición: 

y que este en recompensa 
le ofrece como altares, » 
pequeños monumentos 
de gratitud y amor. 



Mirad hacíala playa, 
que al fíente, majestuoso, 
del fondo de las aguas 
se eleva el Atitlón, 

vestido de esmeralil • 
perfecto y orgullos 
pirámide formando 
que al cielo toca ya. 



WO GALBRIA POÉTK3A. 



Su cúspide coronan 
mil nubes delicadas, 
en forma de diadema 
de límpido algodón, 

que cambian por el oro 
sus tintas nacaradas, 
variando á su capricho 
su nítido arrebol. 



Y?á veces, cual montañas 
de grana y amaranto, 
ó bien de nieve pura, ^ 

se elevan á sus pies; 

ó en forma de celajes 
le cubren con su manto, 
que fresco y transparente 
flamígero se ve. 



Mirad al mediodía 
los cerros sepultando 
sus faldas en el agua 
con orden desigual, 

como los bastidores 
de leatro, decorando 
columnas de verduras 
que en progresión están. 



Falange de titanes 
que en torno á la laguna 
resisten impasibles 
1?. furia de aquilón; 

ejércitos de sombras, 
fopnando media luna, 
de eternos centinelas 
espléndido escuadrón. 



BlAltáS UKIARTE. 



<fi91 



Y cllago retratando 
sus belias proporcionen 
de verde obscuro tiñe 
su espejo circular, 

mirándose en el fondo 
hundidos mil peñones, 
traslados gigantescos 
del bello original. 



Y en vez de áridas playas, 
desiertos asolados, 
del tino al otro cerro 
campiñas hay al pie; 

ó verdes hortalizas 
y campos cultivados, 
cañales donde brota 
riquísima la miel. 



Mirad al otro laclo 
cien pueblos á la orilla; 
sus casas, sus iglesias, 
las vemos desde allí: 

y al indio que pescando 
en misera l)arquilla, 
surcando va las aguas 
en direcciones mil. 



El águila altanera 
que cruza en raudo vuelo, 
cual reina del espacio 
la cóncava extensión .... 

que mide con la vista, 
cerniéndose en el cielo, 
del ave á quien acecha 
la breve ondulación 



592 tiALBKIA POÉTICA. 



La astucia con que sigue 
su presa, indiferente, 
tendiéndose traidora 
del lago en dei redor; 

y el gozo con que clava 

su garra ferozmente 

Del perseguido cisne 
la moribunda voz! 



La garza que se posa 
cual lirio inmaculado, 
sobre la inculta breña 
del áspero arenal; 

los peces que se mueven 
en un fondo azulado 
y arrojan de las ondas 
espumas de cristal; 



Y allá por las montañas, 
de lejos, la armonía 
del guarda y del zenzontle 
confusa percibir; 

y del humilde pito 
la uulce melodía, 
con ecos de la fuente 
sus ecos confundir; 



La tórtola que llama 
del solitario nido 
con su doliente arrullo 
¿a prenda de su amor.... 

La música más suave 
qup hiere nuestro oído, 
sintiéndose en el pecho 
latir el corazón! 



IIAMÓN IRIARTK. 

Las das que en la playa 
murmuran dulcemente, 
la espuma que acaricia 
volul'ic nuestros pies; 

la hrisa perfumada 
que roza nuestra frente, 
cual aura que nos besa 
con suaviaad la sien ... ! 



693 



¡Qué cuadro, qué conjunto 
de Agres y de aromas! 
¡qué encantos para el alma 
descubre el hombre allíl 

Las aguaí^r la:, espumas, 
las pintoiescas lomas, 
las aves y Irs ondas 
de un cielo de zafir . I 



Magnífira belleza 
que ofrece á nuestra vista 
el cielo y la lag^una, 
la tierra y el volcánl 

Hermoso panorama 
que erró el Divino Artista, 
y el suelo Americano 
le ofrece como altar. 



in 



38 



594 . cíale KI A POÉTICA. 



GUTTEMBEEG, 

(SONETO.) 



Modesto pensador, con ojo atento 
en la lectura bíblica embebido, 
quiere que en el naufragio del olvido 
halle una tabla el bello pensamiento. 

Y constante y leal, con ardimiento, 
pone mano al trabajo concebido, 
viendo su libro, al fin, reproducido 
merced á lo ingenioso de su invento. 

Ilustre Guttemberg. genio sublime, 
por quien podemos conservar ilesos 
los nobles timbres que la gloria imprime; 

si á la imprenta no faltan sus excesos, 
ella álos pueblos con valor redime: 
¡la humanidad te debe sus progresos! 



r- 



RAMÓN rRIARTK. 



595 



LA FLOR DE LA ESPERANZA. 



(SONETO.) 



A D. Z. 

Ha tomado del lirio la blancura 
y el nácar delicado de la rosa, 
del nardo la fragancia voluptuosa, 
y del mirto la alegre vestidifra. 

Brindóle la violeta su frescura, 
su humildad y su corola graciosa; 
la palma su esbeltez noble y airosa 

V el narcisf) sm célrhre hermo'^nnL 

Descendieron los ángeles sobre ella, 
cantó la tierra un himno en su alabanza 
y la llamó entre las flores la más bella; 



que ningún sol á rtiarchitar alcanza, 
donde la lumbre vivida destella, j 
la inmarcesible flor de la esperanzíi. 



596 galería poética. 



EN EL SEPULCRO DE COLÓN. 



(Imitación de Arólas.) 



Genio profundo del mar 
que redondeaste la tierra; 
aquí tus restos encierra 
pobre y mísero lugar. 

Sal de la estrecha morada 
que, ingrata, Cuba te ofrece; 
pues ningún pueblo merece 
ser tu tumba venerada. 

Todos, todos te burlaron, 
*^^*^ todos, todos te vendieron; 

los que á tí te precedieron 
y los que por tí brotaron. 

Hasta España, aquella España 
que por tí se engrandeció, 
con su ingratitud borró 
la ayuda que dio á tu hazaña. 

Negociador sin segundo, 
que por una carabela, 
á las plantas de Isabela 
^ arrojaste el Nuevo Mundo; 



KAMON URIARTE. 



no: 



Allí tienes al oceani) 
que es un sepulcro grandioso, 
digno sólo del coloso 
que le arrebató su arcano. 

Monumento de tu gloria 
con omnipotente voz, 
él te proclama su Dios 
en el tiempo y en la hi^tnrii- 

V de una edad á otra edad, 
tra^itiendo tus blasones, 
llevarán los aquilones 

tu nombre en la tempestad. 

Sus furiosos vendavales, 
jsombra del descubridor! 
serán tu arrullo mejor 
tn l(js mares tropicales; 

V puesto que el continente 
nunca su nombre ha cambiado, 
y prefiere el usurpado 

á tu nombre refulgente, 

Déjale su ingratitud ^ 
en señal de tu memoria: 
que no hay gloria que á tu gloria 
iguale en excelsitud. 

Señala tu nacimiento 
el término de una edad: 
;la era de la libertad 
te debe su advenimiento! , 



Por tí la ciencia ofuscada 
rasgó su negro cendal; 
y fué tu viage inmortal 
su más gloriosa cruzada. 



j 



598^ GALEEIA POÉTICA. 



Por tí ensanchados se vieron 
sus horizontes divinos, 
7 los secretos destinos 
del orbe se descubrieron. 

Te precedió Tolomeo, 
como San Juan al Mesías: 
tú preparaste los días 
gloriosos de Galileo. 

Singular revolución 
fué la que hiciste en la tierra, ^ 
envidia dando á la guerra 
tu admirable adquisición. 

César, Alejandro, Ciro 
doblan ante tí la frente, 
y hasta Genjis insolente 
te venera desde el Iro; 

Que fué tu gigante imperio 
anchuroso mar ignoto, 
de cuyo seno remoto 
brotaba rico hemisferio. 

No^hay nombre igual átu nombre, 
no hay gloria igual á tu gloria, 
que vivirá tu memoria 
tanto como viva el hombre. 

Hijo de las tempestades 
que los mares dominaste, 
y á sus olas arrancaste 
secretos de cien edades; 

Genio ninguno adelante 
hay de tu genio profundo; 
pues al contemplar el mundo 
te hiciste á Dios semejante. 



TíAMoX I RlAini- 



699 



OTRA VEZ. 



V otra vez, y otra vez siento que ci alma 

vuela hacia á tí, como la vez primera 
que al encontrarnos ambos en el mundo, 
me deslumhró tB espléndida belleza. 

¿Te acuerdas? Ah!.¡quc puedes acordarte 
si nunca el labio desplegar me viyas, 
si nunca una mirada, una sonrisa, 
te reveló el secreto de mis penas! 

Vo era feliz Escucha: es unahi^toiii 

que á mí tan sólo atañe é interesa; 
mas si al bardo descubres que la canta, 
fuerza es también que conocerla debas. 

En la primera edad de las pasiones, 
yo era feliz, soñando como sueñan 
los que del mundo el áspero camino 
con ilusiones virejinales siembran. 



lín mis tianquilas horas de vio;ilia, 
siempre la imagen candida y risueña A 
de un ser ideal mi mente acariciaba, 
llena de luz y de esperanzas llena. 



600 galería poética. 



Te vi, te amé tu rostro era el del ángel 

que hizo brotar la'inextinguible hoguera 
que hoy dentro el pecho, á mi pesar, señora, 
aun todavía su calor conserva. 

Yo te seguí con ansia delirante, 
como el marino á la polar estrella, 
sin que jamás llegara á descubrirte 
la honda inquietud que el corazón sintiera. 

Mil veces en el campo, al contemplarte 
más que las palmas del desierto, esbelta, 
quise echarme á tus pies, y de tus lakios 
una palabra merecer siquiera. 

Mas siempre reservado, siempre frío, 
enmudeció mi lengua en tu presencia; 
que yo le amaba arcángel de los ciclos, 
con el amor sublime de los poetas. 

Una tarde no más, ¡bendita" tarde! 
ya no pudo más tiempo ser discreta 
la abrasada mirada de mis ojos, 
y me vendió al pasar junto á tu reja. 

Muellemente inclinada sobre el brazo, 
c ^ más que nunca gentil y placentera, 
estabas arreglando entre tus rizos 
una preciosa, pálida camelia. 

Lo que entonces sentí ¡oh! no es posible 

que pueda traducirlo humana lengua, 
ni que, usurpando al corazón sus fueros, 
en mis caritares revelarlo pueda. 

Después .... Ese después me aterroriza, 
tú de la dich^el celestial emblema 
^ fuiste para otro. . . .y la esperanza mía, 
falta de luz, hundióse en las tinieblas! 



UAMdN UKIARTE. 601 




En vano entre el bullicio de este mundo, 
busqué un alivio á mis amargas penas; 
el santo amor que me abrasaba el alma 
me mostraba tu imagen donde quiera. 

Por fin creí que dócil á mis ruegos, 
el corazón calmaba la violencia 
de aquel amor; mas me engañé, bien mío, 
que aun otr^ vez el alma me enagena. 

Y otra vez y otra vez siento que amante 
vuela hacia á tí como la vez primera 
que al encontrarnos ambos en el mundo, 
me deslumhró tu espléndida belleza. 

Yo seguiré tus pasos sin que nunca 
en mi semblante mi tormento leas; 
mas, en cambio, permite que en tus rizos 
vea otra vez la pálida camelia. 




602 galería poética. 



LA SENSITIVA. 



— ¿Conoces, hija, esa planta, 
de las menudas hojitas, 
que al pie de los lirios crece, 
á cuya sombra se abriga? 
¿Esa delicada hierba 
que los besos de la brka 
temblando en su tallo acoge 
de placar extremecida; 
que oculta entre las malezas, 
por su humildad defendida, 
ni teme á las tempestades, 
ni al huracán desafía? 
— No, padre. ¿Cómo se llama? 
— Se llama La Sejtsítiva. 
— ¿Sienten las flores, acaso? 
— Puedes probarlo tú misma. 
Entre tus manos de seda 
toma una de sus ramitas, 
sin desprenderla, si quieres, 
d^^l tronco que la da vida. 
-í^Ah! 

— ¿Qué te pasa? 
/ — Es extraño; 

ved, padre, la flor querida, 
con sólo tocarla apenas 



RAMÓN UKIAKTE. 



O'Já 



SUS hojas dobla y marchita 

Mas no ha de ser, que mis besos 
la devolverán la vida. 

— ¿La has ya besado bastante? 

— Si, padre no resucita! 

Y están allí sus hermanas 
rebozando lozanía, 
mientra^ ella mustia yace; 
y de esmeralda vestidas 
ven con tristeza las otras 
que ésta se pone amarilla! 
— Pues así como esa planta 
es el pudor, hija mía. 



604 galería poética. 



ANTE UN RETRATO. 



Yo la conozco, sí! Esa es su frente, 
y esos sus ojos diamantinos son: 
esa su boca dulce y elocuente; 
retrato fiel; le falta solamente, 
lo que le falta á ella ¡el corazón! 






i 



RAMÓN URIARTE, 605 



EN LAS PLAYAS DE GUALOEA. 



(ISLA DEL TIGRE. ^ 



Su liistona ninguna^ su límite el mar. 

.lOfiK r>ATlíK>. 



Salud, oculto recinto • 
de dulce y tranquila calma, 
donde las penas del alma, 
enamorado olv^^é! 

¡Salud, solitario bosque 
en cuya verde espesura, 
los besos del aura pura 
mil veces acaricié! 



Tendido allí en una hamaca, 
en altas horas del día, 
cuando mis fuerzas sentía 
desfallecer de calor; j 

¡cuan grato me era ocultarme 
en los brazos de mi amada, ^ 
bajo tu verde enramada, 
soñando sueños de amorl 




606 galería poética. 



Ella con dulce sonrisa, 
acariciata mi fr nte, 
)' mecía muellemente 
la red con su lindo pie; 

ella velaba mi sueño 
hasta que el sol se ocu'taba, 
ó el posadero llegaba 
á servirnos el café. 



¡Qué de emociones extrañas 
al despertarme sentía 
cuando mi boca entreabríei 
con sus labios de carmín; 

cuando, traviesa, á mis ojos 
su blanco dedo acercab:i, 
y ligera le ocultaba 
con gracias de serafín! 



Salmoreábamos entonces, 
olvidados de la vida, 
la aromática bebida 
en una taza ios dos; 

escuchando ?htre las ramas 
de,los soberbios manglares, 
los melodiosos cantares 
de las aves para Dios 



Luego á la playa bajando, 
ella en mi brazo apoyada, 
daba una tierna mirada 
*á aquel santuario de amor; 

y apretando dulcemente 
mi brazo contra su brazo, 
pagábame algún abrazo 
con un beso tentador. 



RAMÓN LKIAKTE. 



601 



La mar trn tranquila calmu, 
cual un cristal transp-^.rente, 
hasta su lenta corriente 
ocultaba, al parecer; 

reflejando sobre el ao^ua, 
entre el a/ul de los cielos, 
al sol, oculto entre velos 
de armiño y de rosicler. 



Allí al soplo de las brisas, 
y jugando con las olas, 
ó ^cuchando barcarolas 
de algún pobre pescador, 

nos sorprendía la noche 
en nuestro éxtasis profundo, 
remontados de este mundo, 
á otros de dicha y de amor. 



¡Salud, oculto paraíso 
de dulce y tranquila calma, 
donde las penas del alma, 
enamorado olvidé! 

¡Salud, ignorado bosque, 
en cuya verde espesura, 
las auras de la ventura 
miK'eces acaricié! 



608 galería poética 



«►M» 



REMINISCENCIAS. 



Si en el transcurso de los lentos años 
que á nuestro amor castísimo siguieron, 
has probado de crueles desengañes 
la amarga copa, con que á mí me dieron 
á conocer el mundo y sus amaños; 
no dudo Elisa, no, que los que fueron 
efluvios de tu pecho adolescente 
hayan vuelto, mil veces á tu mente. 

No hay perfume más dulce ni más grato 
que aquel que, en broche, de la flor primera 
van ágbsorver las. brisas con recato, 
para incensar la alegre primavera. 
Ni hay un rayo de luz que sobre el lato 
y ancho dosel de la celeste esfera, 
pueda igualarse al rayo que colora 
de oro y de nácar la naciente aurora. 

En el revuelto océano de la vida 
se suceden las dichas y las penas; * 
y hay para el corazón, perla escondida, * 
horas (^e tefnpestad y horas serenas. 
Mas cual va el áncora al bajel asida 
con el fér^-eo eslabón de sus cadenas, 
va con el alma que en la mar se lanza, 
ala memoria unida la esperanza*. 



KAMON URIARTE. 

jCuán grato es evocar las ilusiones 
con que se abrió al amor nuestra existencia, 
y de aquellas primeras emociones 
sentir aún la cmhriaj^adora esencia! 
Dulces, tiernas, benditas impresiones 
de la tranquila edad de la inocencia, 
que inútilmente en mis pesares llamo; 
mientras más lejos, tanto más os amol 



6(>9 



¿y la esperanza? mi esperanza, Elisa, 

así cometen las sombras del pasado 
queda sólo, en montones de ceniza 
el que fué fuego en humo disipado; 
ella también envuelta se desliza 
de obscuro porvenir en el nublado; 
que para mí la dicha no renace 
V al tocarla en mis manos se deshace. 



Vo no tengo en mis hora^de amargura 
más lenitivo que el ferviente anhelo, 
de que te guarde el sol de la ventura, 
cuanto á mí me persigue el desconsuelo: 
saber que tengo dentro tu alma pura, 
vedado, es cierto, pero hermoso un cielo, 
donde al Herrar mi canto dolorido, 
pienses en mí que tanto te he querido! 



I. 1 1 1 



39 



t 



610 galería poética. 



MEDITACIÓN, 



(EN EL CEMENTERIO DE GREENWOOD.) 

Quedan atrás la vida y movimiento 
de la soberbia Manhattan bañada 
por las linfas del Hudson caudaloso, 
y aquí mi pensamiento, 
lejos ya dfel mundano torbellino, 
viene á buscar una hora de reposo 
en la gigante sepulcral morada, 
que en las cumbres del Gowanus se extiende, 
de acacias y jacintos coronada. 

iQué triste es ia hermosura 
de sus brillantes jaspes y tibores; 
de sus ríos, sus lagos y sus flores, 
de sus mantos de gualda y de verdura, 
si cada sepultura, 

con su lenguaje misterioso advierte 
que e^Greenwopd el imperio de la muerte! 

La muerte!¿Y quién es ella?¿Por qué el hombre 
tiembla có'barde al escuchar su nombre, 
si cuanto existe en la extensión del mundo 
ante esa ley de destrucción se inclina? 



h^ 



RAMÓN LRIARTK. 611 

¿Qué razón tiene ese dolor ^^rofundo 

con que, al tocar al fin de la existencia, 

á otros mundos el hombre se encamina? 

¿Por qué esa errónea creencia 

de que un castigó sea la sentencia, 

de que todo en la tierra se transforme; 

si en el mundo nada hay que sea inerte, 

y es práctica uniforme 

de ley reconocida, 

que es la vida el principio de la muerte, 

y la muerte el principio de la vida? 

Soberbios monumentos! 
decid, ¿qué erais ayer? Rocas informes, 
á quienes muerte dio para puliros 
de algún minero la acerada mano; 
preciosos sedimentos 
que el mar dejó sobre la dura tierra 
antes, acaso, que el diluvio ahogara 
cuanto en su seno el Universo en'jierra; 
y agua al principio, hoy mármoles brillantes 
que piimorosamente ha enriquecido 
con letras de diamantes, 
artístico buril, más de mil años, 
for:nas cambiando en épocas distantes, 
sin dejar de morir habéis vivido. * ' j 

La oruga que en crisálida se torna 
será mañana bella mariposa, 
que en su voluble giro, 
irá á libar el cáliz de la rosa; 
y luego, ya sin alas, 
marchitados sus nítidos colores, 
ella al morir renacerá á la vida, , 

la que ha sido la envidia de las flores, 
en gusano asqueroso convertida. 

Así como ella, ¡oh vasto cementerio, 
tú que el asombro del viajero has sido, 



612 galería poética. 



tal vez mañana ^n solitarias ruinas, 

por la mano del tiempo destruido, 

la admiración serás del hemisferio! 

O, quién sabe, quién sabe, si esas aguas 

que con serena majestad dominas, 

alzando un día la abatida frente, 

con furia omnipotente, 

ala mirada universal te oculten 

y en un caos de sombras te sepulten 



También el hombre, asi, de su destino 
las varias formas, por su mal, ignora; 
^y qué extraño si obscuro es el camino, 
aun de la misma vida que le alienta, 
sobre la tierra en que proscrito mora? 
Mas en la lucha que la fe sustenta, 
su espíritu atesora 

rayos de luz con que á medir alcanza, 
más allá d.^ las nubes y los astros, 
el mito de una bíblica esperanza. 



¿Será menos el hombre 
que el mármol y la débil mariposa, 
que así cambiando nombre, 
quién sabe cuántos años han vivido? 
Si del Creador la mano poderosa 
así ordenó del mundo la armonía, 
¿por qué el hombre se lanza 
con ánimo atrevido, 
á buscar en el fiel de la balanza, 
un castigo en la ley con que ha querido 
conservarnos la gran sabiduría.'^ 



Si al hombre solamente, 
no más que al hombre hubiérase exceptuado 
de la muerte; decid, ¿qué continente, 



!IAMÓX URIARTK. 613 



ni qué mundo al presente bastaría 
para albergar su raza eternamente 

Mas ya el sol se sepulta, 
y ante mi vista el panorama oculta 
de Nueva York, de la ciudad imperio; 
y aunque quisiera proseguir mi canto, 
fuerza es dejarte, bello cementeriol 
Va he pagado el tributo de mi llanto 
á la ciudad mortuoria, 
ahada aquí por la mundana gloria; 
vuelvo á la vida ahora 
para gozar m dicha, aunque ilusoria, 
que en su animado cauce se atesora. 






FIN DEL APÉNDICE. 



^•^•^^•^m » m » » m » 



y aaa»^¡^aa««»«« 



índice. 



P<giiu». 
IXTRODLUUioN .1 

VICENTA L. de la CERDA i 

En la primera página del álbum de V. > 

El Escéptico 

Quejas del corazón 

La tempestad del alma 

En la muerte de mi hija María . 1 1 

Un año después 

Á Julia en su boda. . 

Mi despertar 

Cong^oja. . 

' I AN l'lLRMfN AN < 1\ I \.\ 20 

Al Fensativn ? x 
El Indio . 
La Violeta 

La Juventud 34 

A Santa Rosa] de Lima ?- 

Amatitlán i- 

Ella 46 

nOROTEO'JO^i-. oL i.KKiLk* > 

Recuerdos drl ni(*s de ahril . . 




616 ÍNDICE. 

Páginas.. 

A la Señorita í 52 

Los dos llantos 57 

A la fuente de Urbina « 58 

En un álbum 62 '^ 

El primer beso de amor 65 

FRANCISCO E. GALINDO 67 

La Independencia de la América española 69 

Á Orillas del Lempa 74 

Garibaldi yj 

A la Alta Verapaz 86 

Nacía el sol .' 92 

LOLA MONTENEGRO 93 

Mi Lira 95 

La Cita 98 

Vanidad y Orgullo 1 00 

No te olvido 103 

En su matrimonio 105 

Á la sociedad 108 

Mujer, .'- lio 

Sin fe 114 

El suspiro 118 

Allá 120 

El Poeta 122 

sÁ^a Libertad . . .\ . 126 

PÍO JOSÉ VIQUES 131 

La Torcaz 133 

El Almirante Grau 139 

Tus ojos 145 

1 146 

La ingratitud . 1 49 

Napoleón . .a 1 50 

MIGUEL A. URl^UTIA 151 

Mis versos 152 

Á Julia • • • • 154 



LNDIO& 617 

PáfíinaB. 

El extranjero 56 

Adiós . . . 160 

Á Matilde ... 162 

Lo siento aún . . '^8 

La tempestad. -<^ 

A José Milla 



CARMEN P. de SU \ \ .79 

La música ^ r 

El sensontle 

A mi querida ant^ga V. L. de la Cerda . S 

De la tierra al cielo »2 

El sol , '^6 

Al Sr. Dn. F. S. contestando á su poesía "El suspiro'* 198 

V mi querida amiga Sra. Dña. P. E. de Silv o 

A mi musa 



RUBÉN DARÍO 

El porvenir 

¥A arte \o 

Lo que yo te daría . 40 

A un labriego 41 

En el álbum de Adrián ;S 



MANUEL MOT.INA VIGIL 49 

Recuerdo. 50 

Acuérdate de mí . . . - 2 

Las nieblas del corazón 54 

Adiós. . . -9 

El beso. )2 



l;RANCLSCO CASTANÍEDA ' 03 

En un álbum . . - 4 




618 ÍNDICE. 



Páginas. 

Díle que ^ 267 

Ella 269 

Amor 270 

Morazán ... 273 

Tu retrato 274 



ANA DOLORES ARIAS 275 

Mis primeras ilusiones 277 

Recuerios de mi infancia 278 

Mis tristezas 283 



RAFAEL CABRERA 285 

La ceiba de mi pueblo 287 

Después de la orgía 295 

Su amor 298 

ADELAIDA CHEVES 301 

Flores y lágrimas. ^ 302 

Recuerdos '. 305 

El Naufragio 307 

Soneto 310 



JO?E MARÍA ALIJARO 31Í 

Rimas 312 

Ilusión y realidad 3 1 *> 

Risas y llanto 315 

Adiós á .. 316 

Las dos dudas ^ 317 

Rimas á mi amigo J. C. M 318 

JOAQUÍN MÉNDEZ 319 

Lo que dijo una niña 321 

Notas.... 323 

Leos del siglo 334 



INDICK. 



PíÍríom. 

El Parricida (^XMctor Hul^o, Leyenda de los si irlos i \-, 
La música 

• 

JOSÉ MARÍA URRUTIA y GUZMÁN ;- 

Á Dolores 

En el prado ; 5 i 

La primera página (á mi muir. — ^ 

El poeta 

Ella ! 356 

A Fabiana ;^i 

Las sombras de I^ noche 362 

A ;66 



ROMAN MAVORGA RI\ as ;67 

Las palomas -^60 

En el álbum de Carlota de Kelly 

Un tiempo que pasó .;7i 

Los tres velos de María.. ^jj, 

Pétalo suelto ;tí 

El áltimo beso 

Él y ella 379 

Voz del alma 581 

Arabesco '^: 




j"-t 



HULNAX LiM ÜRA SARAXI \ 

El ferrocarril 

Primavera . . ..^ ;?86 

En el Centenario de Bolívar 
A D. J.J. eldelaG 



X' ícente agosta 

Contrastes 

Penumbras 

Rcmember 



620 ÍNDICK 



Páginas 

El Parricida ^ 405 

La Donna Movile 409 

Crepúsculos 410 

La Nube 412 < 

Armonía 414 

Duda 416 

Ultratumba 418 

Pensamientos... 422 

María Rosa 423 

La Calumnia 427 

A la Señorita Angela M. Carranza 430 

Pensativa < 432 

NAPOLEÓN ESCOBAR 433 

Décimas .,, 434 

Á Delfina 438^ 

Dios y el Poeta 440 

FRANCISCO A. GA.VÍDIA 441 

La H echicera .k . 442 

Unión Ibero Americana 459 

GUILLERMO F. HALL 461 

A la Señorita C, l^.. 462 

¿Qué es la Fama.í* 464 

A Usila 466 

Fe, Esperanza y Caridad 470 

JUAN M. CUELLAR 473 

Ultimas confidencias 474 

En "El bosque" 475 

Intimidades . . . ^ 477 

ANTONIO NAJAkRO , . . . . 481 

j Recuerdos 482 



INI>I( K 



ft>l 



Gritos de dolor 

La Tórtola 

• El ave ... 



FELIPE 1 BARRA 

Noche triste 

En un álbum 



JOAOUhV ARAuuN 

Introducción á mis versos 

Al progreso 

Un drama en doce versos . 

La mujer 

Tus ojos 

Cantares 

Caridad 

El retrato de mi amada 
Á Víctor Hugo 
Tecum Umán .... 
Abnegación 



MANUEL MOxNTrFAR 

A la locomotora 

En el cementerio de Retalhuleii 
Valentín Escobar 



sobre la tiinnba d( 



;86 

194 

19'^ 

'Oí 

19 

;20 
;22 






FÉLIX A. TEJED A 

Luz 

Composición leída en el "Ateneo Centro Americano" 
en honor de los poetas Rodríguez, M<^ndez y Esme- 
ralda ... . • ;^6 

La patria ;49 

Profesión de fe ^57 



APÉNDirr 



RAMÓN URIARll 

La sin ventura Dña. iicainz úc la Lucva. 




561 



622 ÍNDICE. 



Páginas , 

Tus ojos 5 74 

De Heine (versión dedicada á la señorita María Lo- 

wenthal 5 7^ ♦ 

Déjame así 577 

A Momotombo , 579 

Los fuegos fatuos .. . 582 

En el álbum de mi querida sobrina Soledad Mejía 584 

Historia de una violeta 586 

La laguna de Atitlán 58^ 

Guttemberg (soneto) 594 

La flor de la esperanza (soneto) ^ .... 595 

En el sepulcro de Colón 596 

Ota vez 599 

La sensitiva 602 

A nte un retnto 604 

En las playas de Gualora 605 

Reminiscencias 608 

Meditación . . 610 



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