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Full text of "Coleccion de documentos literarios del Peru"

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5 A- 2ss-^-l' ¿ 



^' 



DOGIUNTOS JJflMIlIOS^ 



DEL PEEU, 



f 

OGLECTABOS Y ARREGLADOS 



m a mm, n cíiauhu it iiiscm roiiiim it u uiiminoA 



2^AXTT7aíi SS ODRZOZOLJL< 



(^ 



\\^// 



TOMO SEXTO. 



IMPRENtA DEL ESTADO, CALLE DE LRBIFA VVU. 58v 



13 



lotloBe Llbr«ry 

ift of 

Csry Coolldge 



Leona rd Hay 
7, 1909. 



ADVERTENCIA. 



Ouando emprendí la publicación de estas obras di á enten- 
der qne la parte literaria solo contendría documentos de este 
género. Fero hoy al compilar en este sexto volumen los escri- 
tos del ilmstre XJnanue, pienso que mis lectores verán con satis- 
facción que me haya apartado de mi primitivo propósito; pues 
no todo lo que brotó de la fecunda y hábil pluma de ese celebra- 
do escritor revista carácter puramente literario. 

Entre las obras de Unanue la que consagró al clima de Li- 
ma es de indisputable mérito y apenas conocida; pues es ra- 
rísimo encontrar un ejemplar aun en las bibliotecas de los que 
tienen la curiosidad de conservar libros antiguos. Oreo hacer^ 
pues, un verdadero servicio al pais y á los hombres estudiosos 
con la publicación de este libro por donde voy á principiar á 
luz todos los escritos de este eminente sabio. 



Manuel di: Opkiozola. 






OBSERTACIONES 



SOBRB 



EL CUMA DE IIIA 



T SUS INFLUEKCUS EN LOS SERES OBffANIZAOOS 



EN ESPECIAL EL HOMBRE. 



POBIIIi 

CattdMtito dft Prima da Mtdieiiui «aUltotl UniT«nidMlcteSanlUiOQg,Dirtdlw dtl Cclaofo da 

Hadioioa y Cirugía da Mn Famando, Médloo honorario da Cámara 

da S. IL, SoaladaU Raal Aoadamla Midiea-mátrlteiiaa, 

Proto-mAcliao dal Parú. 



SEGUNDA EDICIÓN. 



EN MADBID 

ENXA IMPRENTA DE SANCHA 

AÑO DE 1815. 

COir LAS UCBírOUbl VUQMñAKÁM, 



t * 



Peüces témhum pcpíüi^ queis prodiga teUu$ 
Fundit epes ad vota suas; queis contigit JEstas 
JEmula Verigy Hyems mnefrigore^ wiibihu aSr 
Jfs^ ca/rensy TiiiUoque sohtm fcícwmáims ¥ñii¡br€. 



Vanier. Pwed. Btwt 1X7. 



\ 



• 

ADVERTENCIA A íiA SEGUNDA EDICIÓN; 



Las observaciones, qae sobré él clima de Lima y sus induéñ- 
cias en los seres organizados publiqué en esta capital él año 
de 1806, han merecido el aprecio no solo dé los Literatos dé 
América, sino también de los de Europa £1]. En el Menlorial 
Literario de Madrid de 20 de Mayo de 1808 n. 14 se imprimió 
un juicio circunstanciado de ellas. Su autor después de reco- 
mendar las utilidades de la Medicina topográfica prosigue. . . 

" Penetrado de estas verdades el Doctor Unanue, trató dé 
^^ publicar sus observaciones, las cuales no solo tienen el mé^ 
'^ rito de la originalidad, sino el de haber tratado esta materia 
" con un orden científico, y cuando no mas, con tanta filosofia 
" y crítica como laque tienen los escritos de esta dase publi- 
" cados en Europa, á lo menos los que yo conozco. tHvide su 
** obra én tres secciones; en Ja primera trata de la historia del 
^^ clima dé aquella rigion; en la segunda de las influencias de 
^* aquel sobre los seres organizados; y en la tercera de la que 
'^ tiene sobre las enfermedades. 

^^ En la primeisa, después de hacer una descripción topógrá- 
^' flca de Lima, pasa á examinar la c^alidad del suelo^ natura- 
'^ leza de sus aguas, el temple ó temperamento^ influencias 
'^ del Sol y de la Luna, eclipses, estado de la atmosfera y los 
^^ meteoros, apuntando todos los ocurridos en los anos de 1799 
" y 1800, y haciendo varias reflexiones astronómicas y meteo- 



[1] HnmboMt. Eania politique sur le NouTelle Espagne. V. I. 350. The Medí- 
eal and Pyúcal Journal vol. XXV. 



— vm-— 
^^ tológieM relativas á el influjo de los fenómenos observado^.- 

^^ En la seganda examina la influencia que tiene el clima en 
^' la vegetiicion y la constitución del cuerpo humano, haciendo 
'' aplicación de todos los conocimientos físicos y químicos ^e* 
^* neralmente adoptados por principios entre los fiuropeos. 
" Procura explicarlo todo sin adherirse á un particular siste- 
^^ ma fisiológico ni botánico, sino deduciéndolo de los hechos 
'^ y de las observaciones mas contestadas. Después apunta los 
^^ resultados morales, explicando con bastante crítica é ideolo- 
'^ gia de que modo las mutuas relaciones físicas y morales for- 
^* man el carácter de aquellos habitantes, descendiendo á bus- 
^' car la causa de por qué los Limeños san mas ingeniosos que 
^^ meditabundos: haciendo al mismo tiempo reflexiones muy 
"juiciosas sobre el talento, el valor &, de los habitantes del 
" globo terráqueo, en que se advierte sus muchos y buenos co-^ 
" nocimientos geográficos. Termina esta sección con jinasta- 
" blas de las razas ó castas de hombres que allí hay, por las 
" mezclas de los Europeos y Africanos con los naturales de 
" aquel suelo, indicando sus propiedades genéricas y específl- 
"cas, las variedades en el colorido de la piel, refiriendo por 
^^ menor los diversos matices y sus degeneraciones desde el 
" blanco sonrosado hasta el negro atezado. 

" Finalmente en la tercera sección habla de las enfermeda- 
" des mas comunes en a(iuel pais, presentando sus diferencias, 
** síntomas, y anomalías, é indicando las causas físicas y mén- 
" tales, por cuya razón desciende á manifestar las enfermeda- 
" des del ánimo. En seguida propone varios medios preserva- 
" tivos, recorriendo la higiene, y fijando la conducente al di* 
" ma y estaciones de Lima, concluyendo con la exposición de 
" la constitución médica que se observó en aquella ciudad el 
" año de 1799. Con este objeto divide el año en sus cuatro es- 
" taciones, y en cada una refiere las enfermedades que hubo, 
" y los síntomas que las caracterizaron. Describe cii^cunstan- 
" ciadamente las observaciones prácticas de algunas de ellas, 
" sin omitir el diario de las mutaciones que observó en las 
" épocas de cada día y en las de cada enfermedad, y así mis- 
" mo de jos remedios de que se valió para combatirlas. 

" Para completar su obra promete publicaí* la cuarta sec- 
" cion, que deberá comprender las enfermedades endémicas 
" de aquella parte del globo, con el objeto de formar un tra- 
" tado de medicina práctica-, y de materia médica peculiar á su 
" pais. 

" En estas observaciones se nota lo versado que está su au- 
" tor en hvs ciencias naturales, y también que no le son extra- 
^^ ñas las humanidades; pero lo que se advierte con mas particu- 
" laridad es el caudal de buenos conocimientos anatómicos y 



*' médicos de qué está adornado, y la mucha erudición Coü 
^^ iMíftiduIaridad de los autores ingleses. Es preciso confesar 
** nó obstante que el castellano es incorrecto, y que suele á ve-^ 
^^ ees el autpr exaltar .su inia^inocíonde tal luodoque en lasnar- 
^' raciones emi)]ea el estímulo propio de las descripciones poé^ 
'^ ticas, y así mismo las ñ'ase» son al<;unas veces anglo-gálicas, 
^* mas bien que castellanas. Sin embargo considerauíjs que su 
'^ autor es dignó de los elogios de todos los hombres instruí- 
^' dos y de la beneracion de los sabios, y no dudamos atirmar que 
'^ es uno de los mejores tratados que sobre este particular se han 
** escrito en nuestros días; y que nos deberíamos dar por muy 
^^ satisfechos con tal que le imitara alguno de nuestros proie- 
** sores ilustrados y que gozan <lela pública reputación. 

" Goncluiremos pues nuestro juicio con decir, que esa la 

*^ verdad muy extraño que llevando nosotros á los peruanos 

^ muchos siglos adelantados en la ilustración, y bastantes años 

*^ en la erección de cátedras de todas clases, se haya publicado 

** el primer libro de esta clase en Lima, y no en Madrixl." 

£¡Q esta segunda edición he procurado corregir, ilustrar y 
completar mi obra conforme al plan, que me propuse para su 
composición. Mi principal cuidado en ella ha sido estudiaren 
la naturaleza las cosas de que trato. Las he considerado en sí 
^solas, y después de conocidas, han venido á exornarlas la me- 
moria y la imaginación, á la manera que el calor de Primave- 
ra viste de hojas y flores los árboles desnudos en Invierno. 
Entonces me recordó la primera la conformidad de muchas de 
mis investigaciones con las de los ilustres escritores que cito 
en su apoyo: dejé que la segunda^ excitada por la singularidad 
ó por la belleza de los objetos, usase á veces de sus fueros, ii)- 
terponiendo en la narración filosófica las imágenes y descrip- 
ciones poéticas, teniendo por maestro á Platón, quien, como 
observa Longino, lo ejecuta con frecuencia en sus tratados 
filosóficos. 

Lima y Abril 2 de 1814. 



tOJÍi Yti LlTBKATUBA— 2 



*. 



AL DOOTOE DON GABRIEL MORENO, 

CATEDiSATICO DE PBIMA DE MATEMíCtICAS J>R LA REAL UIOVKR- 
8IDAD DE SAN líARCOS DE LIMA, SOCIO DE LA REAL ACADE- 
MIA HÉDICO-MATRITENCE. COSMÓGRAFO HAYOE DEL PERÚ. 

PLAdDE QUIESCAS!. (i) 



Ofrezco á U. esta obrita; Preceptor esclarecido, Amigo be- 
néfico y Literato virtuoso. En su trat)ajo lie procurado reunir 
las fuerzas de mi entendimiento, y quisiera derramar en la de- 
dicatoria las efusiones mas tiernas de mi corazón. Poríjueesta 
pequeña oferta no tanto es mia, cuanto de la amable, y rara 
esposa que acabo de perdex. Su bien formada alma creyó, que 
una composición destineda al servicio de la Patria, no podia 
decorarse mejor, que llevando í su frente el nombre do un 
Profesor virtuoso y sabio, ,que la ediíica con sus ejemidosi, la 
beneficia con su caridad, y la ilustra con sus luces. Filósofo 
seguii las máximas divinas del Evangelio, la modestia, la pie- 
dad, y la generosidad le formau á U. el dulce y amable carác- 
ter que le bace dueño de las voluntades. 

Como el verdadero saber solo puede cimentarse en la virtud, 
ya se deja comprender, cuales serán los ccmoci mientes de 
quien se apoyó constantemente en la se^mda para la adquisí- 
'cion del primero. Cuando U. escribe en español ó latín lo eje- 

[1] Este benemérito literato murió el 9 de WLvyo de 1809 en medio 4» lot 
sneloa q[tie ofrecen la Religión y la amistad. 



■^- . 



— XII — 

cnta con el aliño, y delicadeza de los Autores de jnejer gusto. 
En todas sus producciones castellanas varía el estilo seran 
la diversidad 4e las materias; pero jamás la pureza y sintaxis 
que le son propias. Las varias teses de Medicina que lia dado 
á luz están escritas con la pluma de Salustio, y el Vejamen 
que pronunció U. al ceñirme la borla doctoral, y publicó la 
Sociedad Amantas de Lima es un modelo en este género. 

El bello gusto en las lenguas aplicado al estudio de las cien- 
cias, le lia grangeado á U la profundidad en la Análisis, la 
exactitud en la Geometría, el buen sentido en la Física, la 
precisión en la Botánica, la penetración y tino en la Medicina. 

Los célebres botánicos Buiz, Pavón, y Mr. Dombey, cuyoa 
trabiyos liai;i producido la Flora Peruana, y la colección del 
* Presidente PHeritier, sq ^presurarqn cada uuo por su parte á 
consagrarle un vegetal. Las Morenias^ que se ven en una y en 
#tra obra, están denominadas según todo ol rigor de las leyes 
del Príncipe Lineo. La pericia y la sabiduría meretñeron la 
erección dé estos monumentos Qn, el Reyno de Ifis planta^ no 
la autoridad ni el valimiento. 

El Gobierno y la universidad han premiado el magisterio 
de U. en la3 Matemáticas, colocándole en la Cátedra de Pri* 
ma. Este sitio que lleimron de gloría \o% Peraltas, Godines, y 
Buenos, no se deja ocupar, sino por hombres dignos de suce- 
derlos. ' Quizá el último, en cuya Escuela U. se formó, babrá 
oido desde el sepulcro el justo elogio con que La honrado su 
memOirí^: y ai los^ muertos ti^pen noticia de las acciones de los 
vivos, no puede dejar de. complacerle el acierto^ y honoir con 
que sj» desempeña el Discípulo. 

Como Profesor de Medicina se ha adquirido Ü. el aprecio 
nnivejrsal del público. Ora se considere como dogmático, ora 
epmo clínico, ¡qué profundidad» madurez y extensión de cono* 
cimientos en los dictámenes! ¡qué tino y prudencia en el ejeiv 
cielo práctico! Pero aun mas, ¡qué compasión, qué blandura^ 
qué iiitteráB á favor de) aflijído! Si puede decirse que el enten- 
dimiento del Mé4ico está en sus manos, por lo mucho que le 
sirven parfi el desempaño de su ministerío, en las de XJ, se ha* 
Ha el e»i,t€£LdimientOt y el corazón; aquel aliviando las dolen^» 
cias, y este socorriendo las necesidades. Estas recomendables 
prendas tuvieron en el aprecio de mi carísima esposa aquel 
irrado áe consideración, y estima, que sabia dar al mérito. 
Hoy desde, la tumba ofrece á Ü. por mis manos este voto debi* 
cla á su virt^ul. Porque aunque haya perecido el cuerpo, vive 
fil ánimo inmortal, cuya exelente imagen grabada altamente 
tti mj p^echOi domin% después de su muerte con tan absohito 
imperio, cual le poseyeron en vidA ísns raras,, y SQl)re9aljeq»t<M 
dotes. 



— ^XIJLI — 

O the tender ties 
Olose-twisted with the Abres of the heart! [*] 
Toung the Complaint. — ^99. 

Lima y Julio 19 de 1805. 

Es con' un afecto cordial amante discípulo de U. 

José Hipólito Undníie. 



[*] ¡O tierno lazo! ¡ó dulce compañía! 
No es una mera unión de iDclinaciones, 
Es una íntima mezcla inseparable 
De dos enagenados corazones, 
Que enteros ya no puede dividirse. 
Aunque quiera la muerte inexorable 
Separarlos, jamás podrá salirse 
Con su intento, pues no corta sus lazos, 
Bino un corazón solo en dos pedazos. 
Por la terrible herida 
Fluye, y se desvanece ^ 
Para.siempre la dicha que allí anida, 
¡Feliz entre los dos el que perece! 
£1 otro trozo lánguido y sangriento. 
Mientras palpita, sin cesar padece 
Amarga pena, bárbaro tormento. 



BsooiQUiz Obras de Yaufig. 



"^^ 



INTRODUCCIÓN. 



La vida del hombre parece que subsiste por Jos estímulos 
internos de sus pensamientos, pasiones, y necesíilados; y por 
los externosi^de las iiupresiones.<le los cuerpos qutí le rodean. 
Ambos ponen en ejercicio sus ór^iranos para que (lesemi)eüen 
sus funciones respectivas, entretant/O que les permite ejecutar- 
lasel bado inevitable. Morte morierÍH. Genes. 

La luz dej Sol ocupa el primer ln|2:ar en el número de los 
estímu.os exteriores. No liay vida donde no penetran los rayos 
de este astro benéfico; y ,se debilita con su ausencia la que 
existe en las regiones que esclan»ce, sohrevi^.iendo. con la no- 
cb^ el sneüo imagen de la muerte. La aurora es quien renue- 
va la luz plena, el calor, y la fuerza, <iue despiertan la natura- 
leza, adormecida. Sacudiendo Icís rayos que amanecen los ór- 
ganos vitales, se restauran sus acciones, las funciones se ex- 
piden, la vida vuelve; y recuerda el hombre á las labores (¡ue 
nutren su cuerpo, y a la contemplación de este hermoso Uni- 
verso, que alimenta la inmensa capacidad de su alma. 

Este estímulo espíritu de la naturaleza corpórea , debe con to- 
do guardar cierto temple en las impresiones que nos liace. Nues- 
tra delicada estructura no put'de sojiortarias en toda su fuer- 
za; porque el calor exesivo que reí^ultaria de ellas consumien- 
do los líquidos, y desbaratando el enlace y trabazón de los 
sólidos, reduciría á ceniza el mismo ediñcio, que sostiene 
obrando con moderación. Temiendo los antiguos aconteciese. 



— ^XVI — 

esto en la zona tórrida, donde el Sol desplega toda su inten-* 
sion, la juzgaron inhabitable. 

Totidemque plaga teüure premuntur 
Quarum qme media^ non est hábitabüis €Bstu. Ovid. 

Pero el Divino Arquitecto arregló de manera los planes de 
la formación da la tierra, que el hombre en el centro mismo 
de la zona abrazada goza, no solo de los mas dulces temperar 
mentos; sino, lo que eí aun mas asoríibroso, sufre los eternos 
frios de los polos. En esta parte de la zona ardiente, que corre 
por la costa del Perú del ecuador al trópico de Capricornio, 
yemas al oriento levantados los enormes cerros de la cordille- 
ra de los Andes, desde cuj'as faldas á la eminencia se substi- 
tuyen por grados todos los climas del universo. Los calores 
que abrasan en los valles, van perdiendo su actividad á i>ro- 
porcion que se sube: y el vigor y producciones del reino ve- 
getal variando y disminuyéndose, hasta encontrarse en las ci- 
mas páramos helados, en donde no puede habitar ningún vi« 
viento. Así debe m is bien aplicarse á los Andes, que al San- 
nine ó Líbano lo qu9 de este cantan los poetas árabes: que tie- 
ne la cabeza coronada del Invierno^ adornada la espalda de la 
Primavera^ que el Otoño reposa en eu eeno^ y que dusrme á sus 
plantas él Estío (1). 

(1) fin el globo terráqueo la diferenda de los dimtis y váiio a^pttíbs de 
811B Tegiones, nacen de los di vence grodoa de lat^'tiid ó distancia al Ecua- 
dor* }^n los Andes b%|o de una misma latitud aparece esta diversidad díe 
' temperamentos y producciones de la tierra por solo la diferencia de alta<* 
ras. 

€ne>tTo zonas pueden distinguirse en ellos: la. La ardiente: 2a. La ten^- 
piada: 'la. La Ma: 4a. La glacial. La primera corre al pié de los Andes desde 
las llanuras qii/B se hallan casi al nivel marítimo hasta cerca de 4,0Í)0 pies so- 
bre él; £n todo el ano varía el termómetro de iieumur de k^s 16 á los 24^, 
V se puede tomar el grado 20 por el que indica su temp^atura media.^ La 
humedad que acompaña al calor en estas tierras b^jaa4as hace produetivas 
de deesas y elevadas selvas, de flores y resinas aromáticas. Aquí está la 
patria donde llegan á su perífecta uiatui*acion las plantas americanas, y de 
paises ardientes. Hé aquí los sitios feracísimos de América, donde, eoaio 
dice Fombo, in^EM'ine pág. 79, la naturalesa está siempre en acción. 

La 2a. cena comiensa desde los cuatro mil pies de elevación hasta oeroa 
de los 12,000. La temperatura se halla entre 9 y 16^ y su temple medio es 
de 13® que forma el de Primavera ú Otoño, según se halla mas alisa 6 nms 
bivja. £n este benigno clima los granos y plantas europeas crecen y ¡Hfoda- 
cen con igual fertilidad que el mais americano: y se presenta aquel pius 
fUiz donde la naturaleza en sus libertades j ó por mejor decir en su» profusio- 
nes copia la imdyen del Paraíso terrenal. Bouguer Figuere de la ierre XXX« 

Entre los J2 y 15000 pies de elevación está la Zona ltí& Aquí el ospeeto 
del pftis es enteramente diferente del que se presenta en los dimas Ufesio* 
íes. Todo lo que en él se produoeeadeestatura pigmea, pobre y mismible^ 
La estrema Siberia y Kamskaka no tienen que envidiar, dice el ünstre 



— xvii— . , ^ 

La falda cbmprehondida entre aquella gran sierra y el océá^' 
no pacíñco, que con la latitud de 20 leguas mas ó menos fórmala 
costa del Perú, siendo la mas baja, goza con todo de un tem- 
ple suave y agradable. Concurren á proporcionársele su situa- 
ción encerrada entre la cordillera y un gran mar, los vientos' 
australes que son en ella perennes, y lá inmediación dal Sol, 
que siií las circunstancias anteriores liana quizá iiibospitables 
nuestras arenas. El soplo de los sures que corren una gran 
superficie marítima trae á e^tos llanos el frescor y labuniíidail. 
Prest'O el calor del clima la reduce á vapores, qite cerrados por 
la cordillera y sus ramos, queda formado sobre la costa. un 
toldo ó tejido de nubeoillas, que defeudiéndonos del Sol, nos 
hace disfrutar en casi todo el año un temple de Primavera. 

En el centro de este feliz pedazo del gíobo está el valla 
ameno de Lima, sitio de la rica y culta Capital del Perú. Asi 
parece que al rededor de ella sobresalen liis gracias, y los^ 
agrados del temperamento amable de esta costa. 



En su horizonte el Sol todo es aurora, 
Eterna el tiempo todo es Primavera; 
Solo es risa del Cielo cada hora. 
Cada mes solo es cuenta de la Esfera. 
Son cada aliento un hálito de Flora, 



Haenk, á loe habitantes de las cumbres del Perú. Estos son una^nacion de 
Eskiinaiis de estatura pequeña, de un color tostado por el frió, ojos peque- 
ños y plegados al canto esterno, y la frente corta y poblada de ptelo; y á 
duienes la próvida játnraléza dotó do éstas facciones del rostro para de- 
fender sus ojos del reflejo que causan las nieves en los rayo« solares: y pa- 
ra libertarlos oon la agudeza y perspicacia de su vista de los frecuentes 
riesgos que se encuentran en las ásperas, breñas y precipicios^ éñ que mo- 
ran. El termómetro en lá estación seiia dü Mayo, Junio y Julio señala el 
grado de congelación, en la lluviosa sube á los" 8? sobre el hielo, y su tem- 
ple medio puede reducirse á 4? do calor. La vegetación manifiesta igualmen- 
te^ la inclemencia del temperamento en que so halla. Los arbustos que allí 
nacen son leñosos, resinosos, y cubiertos de cortezas ñrmes^ para que pue- 
dan sostenerse contra el frid. 

De los 15 á tos 2I0Q() pies en que tei*minan los mas altos picos de los An- 
des (Jorre una Zona glacial, que siguiendo la dirección de la cordillera para 
uno y otro polo, vá descendiendo con su linll)o inferior, á proporción que 
Be retira de la línea. Al atravezar los trópitío:* hiya á los l^KW) pieS. A loB 
45? de latitud está solo á los 8 ó 90U0 pies de elevación: y á los 60 ó 70' to- 
ca la superficie del globo, demarcando en todü> su círculo el término de la 
vegetación y la vida. En la cima de los Andes^ lo mismo que en el polo 
habitan y braman los vientos impetuosos. 

Nimhorum patria, lo<M faia fvrenUbus au»iri$, Virg. 
TOM. VI/ LlTJDJBATÜRA — 3 



— ^xvni — 
Cada arroyo una Musa lisongera; 
T loa vergeles, que el confín le debe, 
19'ubes fragantes con que al Oielo llueve. 



PBBALTA. Inma fundada. Oanto 8. 



íto sojuzgará que el acalorado entusiasmo del primer pee-' 
ta de América ha cargado de coloridos el cuadro de esta des- 
cripción, cuando todos los viageros de Europa convienen, en 
ser el del Paraíso el temperamento de Lima. 

La constitución del cielo influye en los seres organizados 
que habitan debajo de él. Pende de a^iní especialmente el tono 
déla naturaleza productiva, y la calidad de sus partos. Por 
esto en los tiempos antiguos en que florecieron las ciencias, el 
estudio de los climas fué uno de lo^ que mejor se cultivaron. 
En el día ocupa la atención y los trabajos de los primeros 
Filósofos de Europa. La Agricultura madre de la subsistencia 
de los hombres, y la Medicina protectora de su salud sacan de 
continuo utilidades incalculables de tan importantes aplica^ 
dones, fecundas en bienes y verdades. 

Siguiendo los pasos de estos ilustres genios he querido tatn-< 
bien examinar las verdaderas calidades del temperamento dg 
Lima, y los efectos de sus influencias sobre los entes organiza- 
dos, el hombre en especial. El primero y principal fundamen- 
to en este género de trabajos debe ser la observación. IJomo el 
talento humano es limitado, no puede siempre sorprender to- 
das las circunstancias, que hagan determinar por constante 
cualquiera parte del tiempo, cubierto de variedades y meta- 
mórfoses. Dejo á los que vinieren después de mí el que mode- 
ren las extravíos que pueda tener mi imaginación, rectifiquen 
mis equivocaciones, y enmienden mis errores: homo sum^ nihil 
humani a me alienum puto. Terent. 

Esta obra la divido en cinco secciones. La primera com-^ 
prende la historia del clima registrado por todos lados. La se- 
gunda expone sus influencir.,s en el reino vegetal, en los ani- 
males, y en el hombre en estado de sanidad. La tercera trata 
del clima en cuanto autor de las enfermedades que padecemos. 
Se exponen estas sucintamente, y se establece el régimen con- 
veniente para evitarlas. La cuarta propone el método y me- 
dios generales de curarlas, tanto por los esfuerzos de la natu- 
raleza, cuanto por los recursos del arte médica. En la quinta 
se recorre el año médico, tomando por ejemplar el de 17Si9, 
para comprobar con los hechos las máximas, y observaciones 



que contienen las secciones anteriores. Cada sección se sub^^ 
divide en los párrafos que se indican en seguida de esta intro- 
ducción. 

Aunque mi designio ^s mantener en las tres partes un jui* 
cío imparcial, en cuanto alcancen el estudio y atención que he 
puesto en esta materia; no siempre podrá la pluma sujetarse á 
la austera y rígida nai^racion de los hechos y observaciones, ala 
vista de la magestad y pompa, con que la Ifaturaleza ha lo- 
deado á esta gloriosa Capital. 



SECCIÓN I 



HISTORIA BEL CLIMA. 



•^ I. 



SITUACIÓN DE LIMA 



1 Lima, ciudad la mas rica y célebre de la América Meri 
dional, está situada á los 12° 2' 51" de latitud austral : 70'^ 5(y 
51" de longitud al meridiano Cádiz. (1) Su situación es austro- 
occidental, pues por el oriente y norte la abrigan los cerros, 
quedando descubierta á los vientos al sur y occidente. 

2 Todos aquellos cerros son ramas de la gran cordillera de 
los Andes, cuyo cuerpo pasa N. S. por el oriente á veinte le- 
guas de la capital. Las ramas orientales descienden én degra- 
dación de N. á S. formando valles á sus espaldas hasta acer- 
carse á los muros de la parte alta de la ciudad. Las del norte 
acompañan de £. á O. la orilla derecha del Bimac con mas ó 
menos inmediación, y después de separarse formando im semi- 
cfrculo espacioso, para dar lugar al valle de Lurigancho, en- 
írente de la parte alta de Lima, revuelven tocando el principio 
del arrabal de San Lázaro con la falda del cerro de San Cris- 
tóbal, por cuyo pié entra el Bimac separando esta población 

(1) Qxúp del Perú 1793 VI.... I, 



— 2— 

de la principal. Al cerro de San Oristóbal contimian encade- 
Dándose los de los Amancaes^ y bordeándolos confines del ar- 
rabal mencionado finalizan con él hacia el O: á cuyo rumbo 
se distingue una serie de colinas, que por descender á espal- 
das de la anterior parece nacer de ella, y la va cerrando en 
forma de semicírculo, hasta terminar en la derecha del Bimac 
á f de legua de la ciudad, demarcando con su extremo el pun- 
to preciso del ocaso del Sol en el solsticio de invierno, visto 
desde el puente. Las cimas de San Oristóbal y los Amaneaos 
son las mas altas de estas sierras. La primera tiene 470 varas 
de elevación^ y la segunda 980 sobre el nivel del mar. [1] 

3 Por el O. mira la ciudad al mar Pacífico, que dista de ella 
dos leguas; y volviendo la vista al S. O. se descubre la isla de 
San Lorenzo, que demora entre el ocaso equinoccial y del sols- 
ticio del estío. Pasando al sur se encuentra en la^ costa con 
Morro Solar ó de los Chorrillos, cuya medianía dista 8 i da 
millas de la plaza de Lima. De allí para el E. se van levan- 
tando varías colínas de arena,^que creciendo gradualmente 
van á unirse con las ramas de la cordillera. E^s son los lími-> 
tes que ciñen la vista al extenderla sobre el ameno y espacio- 
so valle de Lima. ^ 



§ IL 



CALIDADES DEL SUELO. 



L El suelo de La Oiudad fonna un plano inclinado de orien^ 
te á poniente, y su altura central, ó de la plaza es de 170 va* 
ras sobre el nivel del mar [2]. Sus calles no se abren con pie* 
cisión á los cuatro puntos caidinales, pues como notó uno de 
nuestros antiguos poetas, se tuvo atención y advertencia de Jiwr^ 
tar un rumbo á la carta de marear (del E. al S. £), á Un de que 
lasparedm hiciesen sombra por la mañnna y por la tarde [3]. 

2 Examinando la calidad del terreno se descubre, que des- 
de cierta profundidad en que se halla con un suelo firme, se 
sobreponen, así en este valle como en toda la costa, varías ca^ 
pas de arena y de guijarros: estructura que siendo semejante 
á la del fondo de nuestros mares, ha«e creer que en algún 



^*>^i"«^ 



[1] Afir. Grodin. Disertao. del adre por el D. D. Cosme Bueno, 1796. 

[3] Dóefc. Bueno, 1 c. 

\J^\ Yaldez: Fundación de Luna, pág. 74 not. 3, 



tiempo les serviriau de lecho, internándose sus aguas dos 6 
tres leguas'mas adentro dejas playas que hoy las refrenan [1]. 
Es constante que en nuestra costa han ido las aguas en dimi- 
nución. Las conchas que se hayan al S. N. esparcidas sobré 
sus colinas y la composición de estas, de arena y despojos ma- 
rítimos, son monumentos que con otras muchas señales acre- 
ditan, que no han pasado muchas centurias después del tiem- 
po en que nuestros mares se internaban de dos á tres leguas, 
subiendo á mas de cien varas de altura sobre los cerros de 
granito, en que terminan las ramas descendentes de la cordi-* 
Uera. 

3 Quien sabe si cuando estos valles estaban ocupados por 
los mares, formaria la Polinesia ó Archipiélago austral un con- 
tinente con el Asia, y que seria este sumergido al retirarse 
las aguas de los llanos del Perú, y que ganando los moradores 
en la inundación los picos mas altos de la tierra, quedaron 
formadas las islas de la Sociedad, y todas las demás que se 
ven sembradas en este vasto océano. Este pensamiento acla- 
ra el misterio de su pot)laciou, y explica el motivo del idioma 
general entre aquellos isleños f2], conservado á unas distan^ 
cias á donde no podía coudncirles su navegac.on, ceñida á sola 
lo que alcanzaba la vista [3]. También podemos inferir á don*^ 
de irian á parar las navegaciones que los antiguos peruanos 
hacían en balsas de pellejos de lobos marinos á vela y remo, 
saliendo del puerto de Arica hasta i>erder de vista la costa.- 
Acaso por aquel punto vendría la nación de los Aimaraés, que 
supo situarse en medio de los Quechuas, y conservar por tan- 
tos siglos su lenguaje y costumbres, como si fuera una nación 
aislada, y no estuviera rodeada por todas partes de pueblos ' 
que hablan el idioma gericral del Peni. Un examen y cotejo 
de las lenguas Malaya y Ai mará, de las cuales la primera pa- 
rece ser la original do los isleños del Sur, podría dar mucha 



[i] Ulloa: Viage^ tom. t). A las tre» leguas de la costa comieazan á desa- 
parecer las capas de arena y guijarros. 

(2) Cooks: Voyage towards the south Pole, vol. 2, pág. 363. Carli; Let- 
tres ainericaines XXXIX. 

(3) Viajes de Quiroz y Mendaña. El primero opina que toda isla habita- 
da se eslabona al eontiaente, ó por una s<^rie de islas, ó de una cordillera 
oculta bajo del mar. Hechos de U. García Mendoza, pág. 287, 

_ • 

Bougaiuville juzga contra Quiroz^ que la navegación de los isleños se ex- 
tiende á mayor distancia de la que alcanza la vista. Voyage de la Perouse^ 
tom. 2, página 122, not. E. 

El 8 de Mayo de 1616 avistó le Maire á los 15° 20' latitud S, y 1510 le* 
guas distante de la costa una canoa doble gi'ande, navegando á vela v re- 
mo en donde por ninguna parte se descubría tierra. Llevaba varías lami- 
lias, y parecía destinada á nuevos descubrimieutoB. Bumey, P , 11, 384# 



luz á los literatos que gustasen escudriñar las conjeturas aptul 
tadas en esta ligera digresión. 

4 Las capas de arena y guijarros que hemos mencioaado 
están cubiertas por otras de tierra vegetal de dos pies do pro^ 
fundidad, mas ó menos, cuya fecundidad prodigiosa sacia los 
deseos del agricultor. 

Prodiga tellus 
Fnndit opes ad vota suc^, (1) 

% III.' 

AGUAS DE LIMA. 

1 Las aguas de Lima las suministra el Bimac, que toma bM 
origen en la provincia de áuarochirí, de varios raudales qnM 
se precipitan de las nieves derretidas en la cordillera de Iqs 
Andes: corre con un raudal de agua considerable de oriepte á 
poniente sobre un l^cho inclinado arenisco y pedregoso. A 
proporción que desciende vare^i^ando las vegas y- chacras que 
hay á uno y otro lado de sus márgenes. Poco antes de lle^^ar 
á la Giudad surte una acequia considerable que la atraviesa 
IT. S. regando ^üs calles cou profusión. De las aguas con que 
fertiliza las heredades de uno y otro lado se forman dos ma- 
nantiales. El uno al oriente de Sbu Cristóbal, que denominau 
loñpvbqnios^ y sirve al arrabal deSañ Lázaro: el otro al orienta 
de la Oiudad que nombran la atarjeu^ y es eí que provee á las 
pilas de esta^ 

2 Las aguas de Lima están reputadas por crudas ^ indijes- 
tas, causa de lo mucho que en ella se padece de estómago (2)j 
si es que Cupido y Céres no influyen mas que las aguas en es- 
ta común y penosa dolencia. En su análisis manifestaron con- 
tener en las mismas vertientes una cantidad mas que regular 
de selenita, mucha greda marcial, y diferentes tierras crasas, 
y que á proporción que se iban retirando de su origen, y dis- 
tribuyendo por las pilas eran mas impuras, teniendo en diso- 
lución una cantidad prodigiosa de tierras crasas y groseras, y 
hallándose saturadas de mucho aire fijo. (3) .^ 

(1) Vaniere, 1, c. . 

[21 Dr. Bu^no; Disert. del Agua, Efeméríde 1789, 

(3) Dr, Dávalos; informe sobre las aguas. M. S. r/89, 

£] Dr, Matias Pon-as, que en el año de 1611 escribió sobre las aguas de' 
Lima, notó también que el agná de sus fuentes defería en bondad de la que 
tenia en su oiígen, y recomendaba como la de meíor calidad para ser bebi- 
da la de- los paquios de San Cristo vál/exbortaudo al ayuntamiento que cui- 
dase de su aseo, Las gentes de comodidad prefieren en el día las aguas que 
escupe el barranco de Chorrillos, que destilándose al través de lechos de* 
ardlla, arena y piedra, son cristalinas y de buen gusto, 



J 



-á^ 



3 Cualquiera qué reflexione sobre ol oríjeu de donde vienen 
üuestras aguas potables, la calidad del terreno que forma eí 
cauce del rio, y las tierras en que se extienden las aguas de 
regadío, que filtrándose hacen nacer sus vertientes, inferirá 
que las malas cualidades que se le han atribuido, mas bien 
penden del poco cuidado en consiervarlas con la debida lim- 
X>ieza, que de la naturaleza de ellas. En los manantiales que 
aumentan el caudal de agua que sale de la atarjea, hay una 
porción de plantas acuátiles, y despojos de vegetales en pu- 
trefacción, y no ha sido raro el que se encuentren también de 
animales. Penetran la Ciudad por atanores i^e^ados á sepul- 
cros y cementerios, y por debajo de la multitud de balsas y 
charcos de nuestras desaseadísimas calles. El rodaje incesan- 
te de carros maltrata continuamente las cañerías que van á 
poca distancia de la superflcioj por lo cual las agmxs que con- 
ducen se inficionan de todas las impurezas, que de esta y los 
sepulcros se resumen con las aguas de las acequias detenidas 
por todas partes. Las fuentes de que bebe una Ciudad deben es? 
tar aireadas, el fondo limpio de cieno y regado de arena, y ar- 
rancadas todas las plantas que puedan precipitar en ellas sus 
despojos. 

4 Las aguas que riegan las calles piden celo en el magis- 
trado que cuide de ellas: porque las balsas y lodazales que 
forman dañan á la salud del ciudadano inficionándole no solo 
las aguas que bebé, sino también el aire que respira. Los des- 
pojos de ani niales y vegetables que se pudren en ellos despi- 
den un tufo mortífero [1] de donde nacen las calenturas inter- 
mitentes, las p:i tridas, y la frecuencia de asmas, y otras en- 
fermedades del pulmón. El Solón del Perú D. Francisco To- 
ledo estableció sabias ordenanzas para el aseo y dirección de 
las aguas de la ciudad, níovido de los males que entonces pro- 
dujeron los charcos de las aguas derramadas y detenidas [2], 
Pero laniíts útil, sabia y vigorosa ordenanza, alo que nías al- 
canza entre nosotros es, á qiie no se la coma la polilla en los 
archivos: suerte común á todos los climas cálidos. Por esto 
varios legisladores de Oriente para mantener en vigor sus es- 
tatutos sobre el aseo, los encomendaron á la conciencia colo- 
cándolos entre los deberes religiosos. 

6 Después del establecimiento de policía ha ido variando la 
faz de Lima, y esperamos ^el celo con que su .Excelentísimo 



(1) Senfejantes tufos se compODen de hidrógeno, azooe, y ácido' carbóni- 
<». Fourcroy, t. 3, pág. 14. 

(2) Mercur. Peruano, t. 7 página 187. 

(FoM* vi.^ Literatura — 4 



— 6— 

Ayuntaraiento promueve en el dia la limpieza consume esta 
grande obra, haciendo botar faera los cementerios [1}. 



§ IV. 



LA ATMOSFEPwA. . ¡ 



I 



1 La atmósfera de Lima es opaca, nebulosa y poco reuova-' 
da, lo que depende en gran parte de la gituacion de la Ciudad. 
Ceñida por la serranía del norte se apoyan contra esta^ formán- 
dole un toldo, todos los vapores que se levantan de la costa, y 
de la transpiración de la vegetación feraz que la rodea:_y i?Qma 
el sur por lo común sopla con poca fuerza, no pnexle hacer que 
Ips vapores sobrepujen las cumbres de los cerros. De aquí se 
origina el que los rayos del Sol disipen con mas facilidad las 
nieblas de los lugares circunvecinos que las de Lima, y que 
por consiguiente los inviernos sean en aquellos mas templadas 
que en esta, como ba notado el señor Ulloa. 

2 Aun en el corazón del estío en que el Sol próximo á nues- 
tro meridiano aclara el aire enrareciendo los vapores, todavía 
se hacen estos visibles sobre la Ciudad, mirándola desde el 
campo, donde se presenta un cielo limpio. Así, si en lo mas 
fuerte de los calores y del dia sucede algún eclipse que debili- 
te la acción del Sol, al punto nuestra atmósfera se cubre de 
nubes. Todo esto manifiesta la cantidad de vapores acuosos 
que nadan por sobre nuestras cabezas. For eso el ayre que 
respiramos carece de resorte, abunda de tufo hidrógeno, y es 
poco proporcionado á la respiración. Las personas de pulmo- 
nes débiles, si no es en los dias de un Sol que alumbre cons- 
tantemente, respiran con dificultad. No obstante la cantidad 
de aire vital, que entra en la composición de la atmósfera de 
la zona ardiente, es mayor que la que se observa al otro lada 
de los trópicos, y de esta superabundancia de oxígeno viene 
la facilidad con que nuestros metales so enmohecen y pierden 
el brillo [2]. 

(1) La verificación de tan importante proyecto estaba reservada al ge- 
nio benMco del Excmo. Señor Virey D. José Fernando Abascal, Marqnes 
de la CoBcordia. La reparación de las viejas murallas de Lima, el mayor 
aseo en sus calles, la fábrica del suntuosísimo panteón, y los colegios de 
jtaedicina y primeras letras; aquel levantado desde sus cimientos, y éste re- 
parado con magnificencia liarán glorioso su gobierno, y que sirva de modelo 
y estímulo á sus sucesores. 

{2) Según el ilustre Humboldt, las proporciones en que se* mezcla el aire^ 



-^7— 

3 Por estas cansas se Lalla miestra atmósfera en una varia 
cion continua. El horizonte amanece cubierto de nieblas que 
no dejan percibir muchas veces los objetos, aun los que están 
en la capital: conforme entra el dia se levantan estas nieblas, 
queda descubierto el campo; y cubierto el cielo de nubes se ha- 
ce mas ó menos visible el Sol. Al caer este á su ocaso vuelven 
las nieblas á extenderse sobre la tierra, viniendo del Sur em- 
pujadas por el suave soplo de este viento. Si exeptuamos al- 
gunos dias del fin del estío en que el Sol alumbra de lleno, y 
otros de invierno en que se halla del todo anublado, el resto 
del año es una seguida alternativa entre la luz y las sombras. 
La proporción entre ambas varia según que el Sol se acerca á 
nuestro trópico ó se aleja para el opuesto. En el primer caso 
hiriendo sus rayos mas directamente y con mayor eficacia las 
nieblas, se nos deja ver en mas horas al rededor del medio dia, 
quü nu en el ¡¿egundi), en que la distancia y oblicuedad de sus 
rayos los hacen menos activos. Por este orden que indica ha- 
llarse en continua lucha los vapores con el calor del Sol, se 
comprende que el clima ó temple de nuestro cielo es cálido y 
húmedo, sin que ninguna de estas calidades vayan al extre- 
mo. Ouardan entre sí un tenor y reciprocación, que hacen un 
temperamento benigno y agradable. 

La variación anual del termómetro es regularmente de 9 gr., 
desde el 13 sobre el ®, que nota lo mas fuerte del trio, hasta el 
22 á que asciende en lo mas fuerte del calor [1]. En esta car- 
rera que signe la del Sol tiene sus gradaciones y retrograda- 
ciones confoime al temple del dia, originado de la alternativa 
del Sol y las nubes. Asciende á proporción que aquel alumbra 
mas horas, y si después de xíolocado medio ó un grado mas al- 
to, se siguen uno ó dos dias cubiertos, vuelve á bajar la mis- 
ma cantidad. Su variación diurna en los dias nublados no es 
notable: en los dias varios, y sol desi)ejado es por lo común un 
grado: sube dos tercios hasta la tina de la tarde, y un tercio 
ínas hasta las cuatro, hora de su mayor altura en estío, á cu- 
ya entrada y salida, acontecen las mas notables de sus varia- 
ciones. En la noche desciende las propias líneas que subió en- 
tre dia, con algunas mas si caminamos al invierno y menos si 
se acerca el estío. 



vital con el resto de aiiíe atmosférico son en Europa 23 — 28. f uti?e los tró- 

TOO 100 
picos 27 30.^ En Lima 28. 

100 100 100 

Dayidson encontró en la Martinica 52 58. Medical Repository, vol. 2, 

TOO^ 100 
». :3, pág. 279. Véase la Seco, IV, $ IL 19. 

U) £1 dia 16 de Marzo de 1813 á la una del dia se hizo la siguiexite com- 



— 8~ 

5 El barómetro se mantiene regulannente á la altura de 27 
pulgadas, 4 líneas, variando solo de dos á cuatro líneas sin óiv 
den estable según nuestros observadores [1]. Pero el sabio 
Barón de Humboldt descubrió guardaba un fli^jo y reflujo 
constante en las veinte y cuatro horas del día. A las cinco de 
la mañana comioiza á subir basta las nueve, hora de su ma^ 
yor altura: entre las 9 y 12 del dia se mantiene casi estaciona- 
rio: luego sigue bajando hasta las 4 de la tarde: á las 7 vuelve 
^ subir basta las 11: se mantiene quieto basta las doce de la 
noche, y de aquí sigue descendiendo hasta las 4 y y media de 
la mañana. Periodo que notó por muchos dias consecutivos 
este exelente filósofo en el mes de Diciembre de 180'¿, en que 
estuvo en esta Capital. En 1812 comi)robó en Lima y otros 
lugares al S. mi amigo Samuel Curson de la América del Nor- 
te estas observaciones de Humboldt con el barómetro de mon- 
taña de Englefield, construido por Berge y.reci^M» - Henado en 
esta Capital. Entre unas y otras observaciones hay algunas 
pequeñas diferencias, y se necesita examinar con prolijidad si 
estas variaciones barométricas tienen relación con las de nues- 
tros vientos coincidiendo en las mismas horas. 

6 El temple que perciben nuestros cuerpos proporcionando^ 
se generalmente al que indica el termómetro, difiere en espe- 
cial con respecto á los vientos, á las nubes y á la lluvia, que 
reiuan. Los vientos nos refrescan en lo mas caluroso del tiem- 
po, 3' si ca^ap sentimos un fuerte bocho^^no, aunque no varíe 
el termómetro. Las lluvia* nos minoran la sens(i>cion del frió, 
y éste, si paran, nos molesta, aun sin alterar el termómetro. 
Menos sensible el termómetro que ^1 cuerpo humanó necesita 
ser afectado por ipas tiepipo y fuerza. Las nubes que se intepr 
ponen entre nosotros y el Sol en Enero y Febrero nos propor- 
cionan, ó pesar déla cercanía del astro, el mas agradable tem-: 
peramento de la tierra. Las causas de estos fenómenos van á 
desenvolverse en la historia de las variaciones p£|.rticul^res que 
inducen en la atmósfera los cueri)os celestes, habiéndose ya 
alumbrado las mas generales. 

paxacion del calor cop termómetros de Farenheit en Iob BÍtios que se indi- 
can , siendo el estío muy caluroso. 

En cuarto abierto 80* 

Fuera del cuarto en la sombra á tres varaa del Sol 87 ^ 

Berido por el Sol 106® 

Calordelagua en la sombra .... 74® 

£n los pozos á veinte y siete varas de profundidad. ... 70 9 
£n el mar á tiro de fusil de la costa, y á dos brazas de 

profundidad ..., 65® 

Calor del cuerpo humano sudando 96® 

(1) £1 barómetro sube dos líneas en el estío, y baja las mismas en in- 
yÁtTBOf ni le he observado otra mutación que la de dos i tres lineas que e^- 



j 



4 V. 



IMFLUENCIAS DEL SOL Y ESTACIONES DEL aSo. 



1 La proporelon que guarda bajo de nuestro clima, la acciou 
recíproca del calor y la humedad, ó del Sol y las nubes en ca- 
si todo el año, hace que también nuestro temperamento sea 
casi igual en todo él, sin la notable diferencia de estaciones 
que causan las fuertes variaciones en las zonas ultra-tropica- 
les; 'Nosotros solo distinguimos dos tienu)Os, uno de estío en 
que el calor nos hace tomar ropa delgada al llegar el solsticio, 
y otro de invierno en que el frió hace la mudemos en gruesa á 
fines de Mayo. Sin embargo me parece que las cuatro estacio- 
nes del año están bien marcados por los fenómenos que pro- 
duce el Sol según se acerca ó retira de nuestro hemisferio. El 
pimto mas notable es el equinoccio de Setiembre en que co^ 
mienza la primavera. Todo anuncia que vuelve del Noste el 
astro del dia á calent-ar nuestras regiones. El fuego disemina- 
do en la naturaleza se pone en movimiento, y en todos los se-t 
res se aumentan su volumen y traspiración. La atmósfera to- 
ma mayor elevación, y enrarecida del lado del ecuador soplan 
con fuerza los vientos australes. Los vapores se levantan á 
mayor altura de la superficie de la tierra, y en sus entrañas 
son mas frecuentes las combustiones. El calor reduce á vapor 
una parte de la« aguas subterráneas, las pone en expansión, 
exita la chispa eléctrica y las inflama. Por eso hacia Octubre 
repiten mas á menudo nuestros terremotos y las erupciones de 
volcanes: y los relámpagos que observamos por la banda del 
Norte indican la electricidad de la atmósfera. Aunque nues- 
tra vegetación sea perpetua^ adquiere en esta estación nueva 

tTaordinaiiamenlie tuvo de ascenso la mañana del 30 de Abril de 1808, in- 
dicando el viento sur mas faeii>e que he notado en esta capital, y sopló con 
violencia de las once de la mañana á las dos de la tarde, esparciendo un 
polvillo colorado hediondo. Siguióse á este viento en la costa escasez de 
aguas, toses y cf^tarros, que permanecieron hasta el mes de Diciembre. A 
mediados de él comenzó á aparecer al S, O., entre el cerro délos Chorrillos 
y el mar ál ponerse el Sol, un crepúsculo vespertino que iluminaba la at- 
mósfera: lanzábase del horizonte N. S. hasta el cénit en forma de cono, bri- 
llaba con laz clara hasta las ocho de la noche en que se extinguía; y esta 
escena se renoval)a todas las noches hasti^ mediados de Febrero en (Ine de- 
f»pareeió. 



—10— 
gracia, vistiéudose los jardiues de las flores mas hermosas qu© 
tenemos. 

2 Los animales sienten un estímulo mas activo que los in- 
duce á la conservación de su especie, para que sobre los ca- 
dáveres de la naturaleza arruinada, que se bailan esparcidos 
por las tierras y las aguas, triunfe el amor, repro.luciendo 
nuevos seres, q::e perpetúen los siglos de vida en la .carrera 
del tiemijo destructor. 

Ómnibus incutiens hlandam per pectora amorem, 

Efficit ut cnpide generatiam sísela propagent. Lucret. ] 

3 Hasta la imaginación humana adquiere no sé que grado 
de vehemencia y enerjia. He observado que la juventud pe- 
ruana es mas elocuente y íeciuula en primavera que en invier- 
no, y las obras de nuestros artistas, aunque ati'^iwwlos, isxielen 
adquirir tal aire de aniuiacio!., que parece que Pl^ometeo ha 
robado, la luz del Sol para animar las sombras y el barro, i)or 
medio del pincel y el buril. 

4 Este calor que adquiere en este tiempo nuestra sensible 
imaginación origina las manias, éxtasis, y otras alucinaciones 
comunes c^ los dos sexos, aunque mas al femenil. Las disipa 
el frió artificial ó el natural de invierno, no sin dolor del po- 
seído, pues juzga con el i)oeta que es una muerte el desen- 
gaño. 

Pol me occidistis^ amicij 

Xeu servastisy aitj cur sic extorta vohtptas^ 

]£t demptus per vini mentís gratissimus error, Horat. 

5 Hacia el 14 de Setiembre último t^^rmino del frió, princi- 
pia la metamorfosis expuesta. El calor va paso á paso subien^ 
do desde el grado 13 que señala en el termómetro. El tiem- 
po suele estar lluvioso, y obscuro por la gran masa de vapores, 
que arrastran los vientos australes, aumentando los flujos y 
evaporación marítima [1]. Pero conforme avanza la primave- 



(1^ Las mareas mas fuertes en el puerto del Callao acaecen en el tiempo 
medio entre equinoccios y solticios. Y entonces con la repentina obscura- 
ción del dia por la copia de vapores^ se vé á menudo la realidad do aquella 
pintura de Homero. 

**Quand le vent du midi par sés brovillards epais 
^*De la cbaino des monsts obsciucií les sommets, 
^'Sur les gueret.s uoisins le vapeiu* descendue 
•*Kamene au scin du jur la nuit inattendue.'^ 

Eochefort lUiad. Lib. TII^ vers. 9. 



—li- 
ra, ocupa la luz solar mas espacio al rededor del medio dia. 
Las garúas ó molliznas son mas ligeras que en los meses ante- 
riores, y se ciñen á la madrugada; y en esta alternativa se ex- 
perimenta la estación mas varia del año en Octubre y íTo- 
viembre. En el último comienza el cielo a descubrirse por la 
noche, y las estrellas, que, cuando llegaban á verse en los me- 
ses i)reccdentes, aparecían pequeñas y á una distancia inmen- 
sa, se acercáis a nosotros por su claridad y brillo. 

6 Guando el termómetro señala el grado 17 ya sentimos bas- 
tante calor, y entre este grado y el 18 sucede el solsticio que 
da principio al estío el 21 de Diciembre. Los vientos sures 
vuelven á soplar con fuerza, continúan i)or Enero, y luego vsu- 
ceden las calmas propias de esta estación. Ella es uuis igual 
que primavera. El teruiómetro ])rosigue ascendiendo desde el 
grado 18 hasta el 22, último aumento del calora los 75 dia» 
del solsticio, y hi transpiración del cuerpo humano siguiendo 
el progreso del calor se convierte en sudores copiosos. En 
nuestros jardines se desabrochan las flores olorosas, y espar- 
cen su fragancia por la atmósfera. Madura y se cosecha en los 
campos el trigo, y están en su sazón las frutas jugosas y dulces. 

7 La evaporación del océano y la electricidad atmosférica 
son mas fuertes en esta que en las otras estaciones. Pero no 
percibimos á la vista, ni una ni otra, porque la fuerza del ca- 
lor volatiza y enrarece los vapores hasta hacerlos poco per- 
ceptibles. Así se elevan á una gran altura, sobrepujan los 
montes, y condensados i)or el frió de la cordillera descargan 
con ímpetu en la sierra el a^ua y fuego, que levanta el Sol en 
la costa. 

8 El calor sensible está en razón compuesta de la claridad 
del Sol y de las calmas. Caliente la atmósfera, si no la renue- 
van sucesivas capas de aire, el calor que en ella descargamos 
es poco, así sentimos bochornos y dardos de fuego, en especial 
si el sudor se inteiTumpe: porque el sudor es un efecto de la 
evolución del calórico en las glándulas cutáneas, que reducer 
á vapores nuestros líquidos; y como los vapores arrastran con- 
sigo mucho calor, es efecto del sudor el refrigerio que senti-»^* 
mos á consecuencia de él. La variación diurna del termóme- 
tro es un grado, y cuando mas uno y medio: la mitad ascien- 
de el licor hasta el medio dia, y la otra hasta las cuatro de la 
tarde en que se fija, mientras que el íresco de la noche le vá 
bajando. Lo mas fuerte del bochóme es entre dos y cuarto de 
la tarde. Aunque la atmósfera conserva por la mayor parte 
el carácter de su perpetua variación, el estío es el tiempo en 
que hay mas días de luz llena, y en que las noches, principal-' 
mente á las inmediaciones. del equinoccio, ofrecen el cielo ma» 



. -12- 

iieniaosó del mando. Entonces se hallan sobre el Iioozonté 
Orion, y los Perros, la nave de Argos, y la bellísima constelar 
clon (leí Centauro austral. 

9 Luego que el Sol pasa por el equinoccio para el Norte 
se siente una estación distinta del estío. Las noches se man- 
tienen claras, pero se van obscureciendo los días, y manifes- 
tándonos el frió que se aleja la causa del calor. Expresamos 
nuestra sensación con este adajio. Mañanitas de Mái/o y Abril 
nadie las puede sufrir. Al fin del último mes los vapores están 
oondensados: las neblinas cubren el cielo dia y noche^ y la 
mollizna comienza. En los años húmedos continúa esta coní'- 
titucion del tiempo, dejándose ver solo uno, ú otro dia el Sol^ 
hasta que acercándose el solsticio aparece de nuevo este her- 
moso astro: los vapores se disipan en mucha parte, los días 
son varios y calientes, y se forma el veranito de San Juan. 

10 En otoño baja el termómetro desde el grado 19 á 20, que 
sefialaba en el equinoccio hasta el 14 ó 15 que indica en el 
solsticio. Nuestra transpiración insensible se reduce á menos 
de la mitad de la que teníamos en estío. El frió es bástante 
sensible, y según algunos, aunque no tan fuerte, es mas pene- 
trante que el que se siente en los lugares próximos á las cor- 
dilleras. Esta diferencia puede venir de que en estos sitíos el 
frió irrita la superficie del cuerpo, aumenta la evolución del 
calor latente, y constriñendo los poros del cutis le refrena ba- 
jo de él, de donde nace cierta especie de bochorno, que se sien-; 
te con el frío. En la costa el aire. húmedo es el que causa el 
frió, y esta humedad pegándose á la cara, manos &, para des- 
prenderse es necesario se convierta en vapores por medio del ca- 
lor que extrae del cuerpo humano. Baja por consiguiente la 
temperatura de este, siguiéndose como efecto la sensación mas 
íntima del frío. Es menor ésta cuando Une Ve, porque en lá 
formación de la lluvia hay desprendimiento de calórico de loa 
vapores que se convierten en agua, y se templa el ambiente. 

11 El veranito de San Juan modera la humedad de otoño, y 
nuestros cerros áridos en el estío, aparecen vestidos de una al- 
fombra vegetal. Las flores se animsin á la vista del astro deí 
dia, maduran y derraman sus semillas para presentar en el 
año siguiente la misma escena. 

12 La humedad de la tierra es evaporada para que no se 
pudran los pastos; pero esta misma elevada á la atmósfera y 
unida á las nieblas de la costa vuelve á cerrar el cielo, y el in- 
vierno está en casa. El termómetro baja del grado 15 al 13, y 
se reduce aun tercio nuestra transi)iracion diurna. Julio por 
lo común es vario: Agosto y Setiembre lloviosos. En los años 
fértiles se apacientan los ganados en nuestras colinas. El ciu- 



^13— 
dadano busca aUi su recreo, y la abuudaucLa y el lujo se inez-< 
clan sobre la verde yerba con los manjares agrestes del queso 
y la leche. . 

Has intér epiilas titjiivnt pastas oves 
Videre pr operantes do mu n ! Hora t. 



^ YI. 



INFLUENCIAS DK LA LUNA- 



1 No solo el astro del día, sino también el de la noche tiene 
influencia decidida sobre nuestra atmósfera: en sus variaciones 
se muda regularmente la constitución de esta: los sures soplan 
con fuerza al caer la tairde: y el termómetro hace sus ascención 
nes ó descenciones estacionales al rededor de sus nuevos as- 
pectos. El efecto mas constante de las sizigias y cuartos es 
enMar la atmósfera: én ellos las mañanas amanecen nebulo- 
sas y garuando. Las mas fuertes mutaciones las induce la Lu- 
na hacia el equinoccio de Setiembre y los solsticios; y en el pe- 
riodo mensual es mas activa del cuarto menguante á la con^ 
junción, que de esta á la oposición. 

2 Sostuvimos en otra parte que las variaciones atmosféri- 
cas, al mudar la Liina sus fases, dependía de la fueiza atractiva 
de esta, elevando la atmósfera un tercio mas de su altura: y 
que cualesquiera que fuesen las observaciones de los Físicos 
sobre la influencia lunar en las zonas templadas^ no podia du- 
darse de ella en la zona tórrida (1). 

3 Pero además de los efectos que produce por su fuerza 
atraente, también parece que obra por mi luz. Lo cierto es que 
las personas sujetas á los ataques asmáticos son el barómetro 
mas sensible á la mutación del aire, y como la fuerza activa de 
la Luna le trastorne en sus periodos, coinciden con estos los 
que sufren los asmáticos. Pero en mis observaciones de siete 
años, hay notados dias tempestuosos en las inmediaciones de 
las fases lunares, en los cuales se han mp,nteuido ilesos los as- 
máticos puestos á mi cuidado; y han sufirido fuertes insultos 
en los dias de las sizigias á pesar de haber estado serenos. No 
comprendo como obra la claridad de la Luna entre los trópi- 



(l) TheBÍB Medica de Lonae inflaxu. TypiBLimae i 798. 

ToM. VI. Literatura— 5 



—lé- 
eos. Wilson (1) produce hechos que prueban acelera la patre- 
faccion y vegetación. V ^1 dia 7 de Abril del año de 1754 eu 
^' la oposición de' la Luna hubo un eclipse total con demorado 
'' la Luna en la sombra, en cuyo tiempo que fué el de líiedia 
^' noche estaban fundidas 26 arrobas de metal destinadas á la 
'^ construcción de unos cañones de á libra de calibre en Pana- 
^' má, él que al comenzar el eclipse se endureció como si no 
'^ hubiera recibido fuego. La relación de este fenómeno se re- 
^' mitió á Lima autorizada en toda forma con deposición jura] 
" mentada de cinco testigos. Túvose el caso por cierto, aun- 
^^ que no en cuanto á la causa; pues se discurría ser efecto del 
^^ eclipse". (2) Si la realidad de este suceso se comprobase i>or 
otros semejantes, se demostraría que la luz de la Luna obra 
calentando 

§ VII. 



INFLUENCIAS DE LOS ECLIPSES. 



1 El 28 de Octubre de 1799 se despejó el cielo enteramente/ 
y un Sol claro iluminó el horizonte. A las 12 del dia sucedió la 
conjunción con un eclipse central de 11 digit. 47 minut. La luz 
solar se puso como la que tiene este astro en su ocaso: los pája- 
ros buscaban sus nidos: sopló un sur frió, se anubló el cielo, 
y de esta transmutación repentina del tiempo se originaron ma- 
chísimos catarros. Luego todo el maligno influjo de los eclip- 
ses consiste en la repentina privación de luz y calor en la at- 
mósfera, que hace variar su temple. 

2 En el novilunio de 15 de Agosto del año' de 1719 hubo un 
eclipse de Sol en esta América á las 11 horas 49 minut. del 
dia, y desde los 17 gr. 29 min. de lat. Sur, entró total en esta 
(íosta, y atravesando lo interior de nuestras provincias austra- 
]'es llegó al mar por la costa del rio de la Plata á los 40 gr. 13 
min. El dia quedó por largo tiempo convertido en una nqehe 
lóbrega que puso en conmoción á los seres sensibles. 

Dejan sus senos las nocturnas aves, 
Otra noche. llevando en sus horrores: 
Cesan las otras sus gorgeos suaves 
Gimiendo en sus silencios sus terrores: 
Ya huyendo activos, ya parando graves. 



(1) Observaciones relativas á las influencias del cUma, pág. J3* 

(2) P. Juan Rer. Efemeríde 1755. 



—15— 
Manifiestan los brutos sus pavores; 
Y los hombres que observan la extrafieza, 
Aun hallan el temor en la entereza. (I) 

3 Siguióse en todas aquellas provincias la peste mas terri- 
ble que ha padecido el Perú. Un catarro maligno asolaba los 
pueblos. Los Ohimchos, dice un autor contemporáneo, (2) pa- 
ira manifestar el númoro de los que hablan muerto entre ellos 
tiraban un puñado de arena al aire. Las cosechas se perdieron 
llegando á valer una fanega de trigo cincuenta pesos. De este 
genero debió de ser la peste que sufrió el cgército griego en las 
playas calurosas de Troya, pues dice el poeta que Apolo, esto 
es el Sol, caminaba semejante á la noche, (3) cuando haciendo 
tronar el arco de plata dispai*ó la saeta mortífera, que 

Excitó en el ejército una peste , 

Tan terrible y fatal, que los soldados 
En tropel á su impulso perecían 

Garcia Malo: lüad. Lib. L 



METEOROS. 



^0 



§ VIIL 



LOS VIENTOS. 



1 El Sur es el viento «constante de esta costa, y el Norte so- 
pla con interrupción, alternando según las horas del dia y es- 
ttu^iones del año. A la salida del Sol corre por lo regular un 
viento iduave de poniente, que cuando el astro se aproxima al 
meridiano vuelve oonstanteutiente al sur, y luego que descien- 
de al ocaso se muda al S. E. La mayor actividad del S. es de 
las 11 del dia á las 2 de la tarde; pero con un soplo suave y 
grato. En las variaciones de la Luna, solsticios y equinoccio 
de Setiembre corre con vehemencia al caer la tarde hasta las 



(1) Peralta: I. c. C. 6. Oct. 139. 

(2) Dr. Córdoba- Historia de Arequipa. 8. M. 

(3) Con valentía traduce Pope 

a sudden night he spread. 

And gloom j darkenes roITd around his nead. 



— IC— 
iliez u poco ma8 de la noclie, en qae calma. Su faerza en lel 
solsticio ele Junio rouii>¡endo los vapores forma el rerajiito de 
San /ii<7». Su soplo activo en el equinoccio de Setiembre, y 
solsticio de Diciembre parece destinado á elevar la masa de 
vapores y acopiarlos en la sierra, pues el primer repunte de 
nuestros rios es á principios de Octubre, parlo que se llama 
cordonazo de San Francisco. Este cordonazo cesa luego, por* 
que también calman los sures hasta el solsticio, en que recupe- 
rando su vigor entablan las lluvias de la sierra. Las calmas 
mayores 4cl sur son en las inmediaciones del equinoccio de 
^ Marzo: tiempo en que se verifica á menudo lo que hemos no- 
tado, que sin variar el "^ calor absoluto, varía el relativo 6 de 
nuestros cuerpos; porque como el Sur corre sobre un grande 
oséano (1) es húmedo y íresco, y así su soplo reponiendo suc- 
cesivameute al rededor de nosotros columnas mas frescas que 
el ambiente nos roba el calor y atempera. Por este motivo es 
peligroso exponerse á su corriente con el cuerpo acalorado: 
porque el repentino resfriamiento que causa origina-las pará- 
lisis, los insultos, 5^ muertes improvisas, que se observan entre 
primavera'y estío. 

2 El viento norte que se siente en Lima és íí". O. por dirijir- 
le por allí la cadena de cerros que tenemos de aquella banda. 
Empieza entre 1 y 2 de la mañana, y termina regularmente de 
9 á 10: su soplo es blando, pero frío, hace bajar el termómetro, y 
condensa los vapores australes sobre nuestra atmósfera. Así 
cuando corre con alguna interrupción en los fuertes calores y 
calmas de estío, dando consistencia á los vapores de la costa 
enrarecidos por los calores, y empujándolos á la sierra, aumen- 
ta en esta prodigiosamente las lluvias. Pero si sopla con repe- 
tición minora el calor del estío, se anubla todo el horizonte, 
se anticipa el otoño en la costa, y prometiendo un invierno hú- 
medo en ella, hace que escaseen las lluvias en la sierra. 

3 En todas las estaciones del año suele soplar algujias ma- 
ñanas de N. O. pero su mayor frecuencia es del equinoccio de 
Mayo al de Setiembre. En algunas mañanas se levanta un iST. 
de las 9 á las once del dia, lo que es muy raro. Entonces se di- 
sipan los vapores, el Sol aparece, y se limpia el cielo aun eu 
medio del invierno; pero al siguiente dia amanece mas cerra- 
do, en especial si corre el S. O. El soplo del N. lastima la ca- 
beza, de aquí es que los que padecen de ella pueden desda su 
misma cama anotar la hora en que comienza. 



(1) Las agna8 marítimas en esta costa son mas nías al Su; que al Xorte^ 
Á iguales distancias del ecuador. La principal causa de este fenómeno roe 
parece consistir en las corrientes de est-e océano que son de S. á N. La 
frialdad con que parten las aguas del cabo de Hornos debe irse diapando 
csonforme ynn atravesando la (ona tórrida. 



—17— 
4 El moviiiiieüto diurno de nuestros vientos depende del 
que tiene el Sbl en una dirección contraria. En su nacimiento 
sopla tlel ocaso el N. O. ó S. O. que se vá volviendo al Sur con- 
forme sube el Sol al meridiano, y á proporción que baja al 
ocasoy inclina al S. E. formando la briza bácia las cinco de la 
tarde: hora en que salen los buques del puerto del Callao. Al 
acercarse el Sol al nadir cesa el S. E., y se prepara de nuevo el 
Tiento O. 

§ IX. 



SOBRE LAS LLUVIAS. 



1 Mucho se ha escrito sobre la causa de no llover en Lima 
y esta costa del Perú, sino una ligfcra garúa ó mollizna: y exe- 
lentes Filósofos han ejercitado su ingenio en inventar sistemas 
que la expliquen. Eeunamos los hechos qué nos ofrecen la ob- 
servación, qué ellos mismos aclararán el misterio. , 

19 Entre Abril y Mayo empiezan las gurúas en Lima y si-, 
gucn con mas ó menos interrupción Ibiasta Noviembre. En el 
resto del ano repiten en las variaciones de la Luna. 

29 En el estío suele acontecer el que llueva hacia las cinco de 
la tarde, pero entonces es lluvia gruesa, y dura poco. 
. 39 Por los años de 1701-20-28-91 llovió tan copiosamente 
en la costa abajo, ó los valles, en las noches del estío, que se 
siguieron muchos danos porque precipitadas las lluvias en tor- 
rentes que no seguían las veredas de los que bajan de la sier- 
ra, arfuinaron los sembrados y echaron por tierra los^edifi- 
cios [1]. , 

2 Los vientos suaves que corren por la mañana del ocaso, y 
porcia tarde del Sur son los que traen las neblinas, y cubren de 
ellas el horizonte. Entonces la lluvia que se sienta es propia- 
mente un rocío copioso, ó unos mal formados vapores, que con- 
forme los empuja el aire sobre la tierra y colirias las van hu- 
medeciendo. Los nortes cuando soplan con viveza levantan, 
aquellas neblinas á alguna altura del suelo, y reunióndolas en 
nubes espesas llueve una garúa gruesa. Cuanto mas frecuentes 
los sures en invierno y primavera^ mas netlinas y molliznas; 
cuanto mas activos los nortes^ menos ni^Mas^ y mas gorda la 
garúa. 

3 En los anos en que han sobrevenido las grandes lluvias 

(1) D. Míipiel Fcijoo, Descripc. de Tmjillo pág. 157. Mercur. Per. t.2. 
pág. 2.53. 



—is- 
cle las cabecems dé la costa, se ha nota<lo (jue eran fuertes los 
calores, soplaban con viveza los sures, y en ocasiones se alter- 
naban y encontraban con los nortes. Según estas observacio- 
nes parece que como estamos situados á las costas de uü gran- 
de océano, y rodeados de cerros por el oriente y norte, nos ar- 
rastran los vientos del S. y O. una porción de vapores de la 
superficie del mar: y que hallándose distante el Sol dé nues- 
tro cénit en el otoño é invierno, no es suficiente su calor para 
volatizarlos, y para que según las leyes déla gravedad recí- 
proca de los cuerpos, asciendan á la parte alta de la atmósfera. 
'Quedan por consiguiente agazapados contra la tierra, hume- 
dociéndola con un rocío, que como sus gotitas no encuentran 
espacio en su descenso para reunirse, no forman lluvia gruesa. 

4 Soplando el norte en dirección contraria al sur levanta 
las neblinas del suelo, las une y condensa á mayor altura, pe- 
ro sin que excedan la que tienen nuestros cerros inmediatos. 
Así la garúa que cae entonces es mas gruesa, porque descen- 
diendo sus^otas de mayor altura pueden reunirse imas á otras. 

5 Aunque en el* solsticio de Junio, y equinoccio de Setiem- 
bre toma tanta fuerza el soplo del sur que rompe la atmósfera, 
y disipa los vapores empujándolos á la sierra; pero como lue- 
go añoja, esto mismo motiva el que amontbne mas vapores so- 
bre los llanos, entonces bastante fríos por la frecuencia con 
que corren los nortes á la mañana. 

6 En el tiempo del estío la acción del Sol es fuerte, la eva- 
poración marítima en consecuencia muy abundante. JEn el es- 
tíoy cuanto mayor el calor en la costa^ tanto mas abundante la 
lluvia en la sierra. Pero como los vapores son muy volatiza- 
dos van á parar á la parte mas alta de la atmósfera, y sui>erau 
las cimas de la cordillera, donde condénsados con el ftio vier- 
ten la enorme cantidad de agua que ha pasado sobre nuestras 
cabezas, sin, que pudiésemos percibirla por lo atenuado de sus 
vapores (1) En estas circunstancias, si al caer el Sol, no ha 
podido pasar de Lima algún nubarrón que va á la sierra,^ se 
condensa con el fresco de la noche, y cae una lluvia gruesa, 
por descender de mucha mayor elevación que en invierno, á 
causa del calor que exalta los vapores. 

7 Si á los fuertes calores se juntan frecuentes y recios vien- 



[1] Aquí hay nn gran fenómeno que nadie ha notado^ y es que las gran- 
des lluvias de la cordiUera de los Andes se forman de la evaporación del 
Océano Pacífico, y que naciendo de estas lluvias eKinmenso caudal de aguas 
que forman los ríos que corren al oriente del Perú para el mar del norte, se 
sigue que el Océano Pacífico surte de aguas al Atlántico, haciéndose la con- 
tinuación por el aire; y si como creen algunos la Atlántida existió entre el 
África y la América, coniendo su costa occidental por delante 4e la desem- 
bocadura del rio de las Amazonas, su inundación pudo haber provenido de 
algunas grandes lluvias en la cordillera de Jos Audes. 



—lo- 
tos del Sur, á las masas de vapores que elevau la acciou solar 
se unen las que arrastran los vientos australes corriendo por 
las espaldas del Océano. En este caso están reunidas las 
fuerzas evaporantes de los vientos y el Sol, y ambas concur- 
ren á elevar y empujar las nubes espesas á la sierra;' pero co- 
mo la acción solar se disminuye en el ocaso, y el Sur para á 
Tas diez de la noche, suelen en estas circunst^incias quedar es- 
tancadas muchas nubes á la altura medía de la cordillera y sus 
ramas, y entonces descargan los torrentes de agua que inun- 
dan los valles. Si álós calores y sures fuertes se juntan los nor- 
tes, las lluvias son mucho mas copiosas, por la mayor conglo- 
bación y densidad que adquieren las nubes del austro, repri- 
midas y enfriadas por el bóreas. Si, lo que rarísima vez suce- 
de, después de bien cargada la atmósfera sigue el S. E. so- 
plando de noche con alguna viveza, y el N. O. se adelanta, en 
este caso las nubes son desalojadas de la cordillera á la costa- 
y recibidas por el N. O. se forman las tempestades de relám, 
pagos, truenos y rayos, que llenan de consternación á los habi- 
tantes de estos valles, por no estar acostumbrados á oirías. 

Ilfait ffronder nafaudrey un effrayant tonnere 
E)h tourHUons defeu<K vient silloner la ierre. 

Eochefort L. 8, vers. 130. 

8 Concluyamos pues que tres agentes concurren á formar la 
lluvias de los valles, y que según la diversidad con que obran 
en su combinación é intensión, se diversifica la forma de las 
lluvias. La moUíznaes debida al soplo délos vientos australes 
y débi Inacción del Soh la garúa gorda al soplo de S. y ^. fal- 
tando Ja acción solar. Las lluvias y tempestades extraordinar 
rias de estío á la combinación de los tres agentes en su mayor 
actividad. 

9 Observación: el 8 de Enero de 1800 observé, y es la única 
vez, que pox la mañana corría un viento S. E. suave. Al si* 
guíente día la marea fué muy fuerte en el puerto del Gallao, y 
el dia 10 bajó el agua del Eimac, indicio de <tu6 hablan para- 
do las lluvias en la sierra. Notó j^a el P. Paulien que los vien- 
tos del E. no son lluviosos en el Perú. Los vientos lluviosos 
son los de O., N. O., S. O., y S., y así luego que cambia mas el 
S. al S. E. que al S. O. el tiempo so pone vario. 

10 El estíírtfe 1804 fué muy caluroso. El termómetro subió 
á los ^4 grados. No corrieron N. O. ni S. O., y el S. entre dia 
estaba en calma; pero á la media noche soplaba con fuerza 
contra el orden regular un viento S. E. que continuó por mu- 
chas noches del estío, y algunas de otoño, y en el solsticio for- 



\ 



—20— 
mó uu huracán que estremecía las puertas. Empezabau estos 
vientos entre once y doce de la noche, y duraban estos cerca 
de las dos de la mañana. Su efecto fué seguirse un año suma- 
mente estéril de lluvia en la parte alta y baja del Perú. Como 
estos vientos se oponen al ascenso y reunión de los vapores 
marítimos sobre nuestra atmósfera, lo que favorecen los vien- 
tos del ocaso, se sigue que siempre que en el estío y otoño no 
3oplen vientos de este lado, y corran del de oriente; cnanto 
mas frecuentes y fuertes sean estos j tanto mayor debe ser él temor 
de la falta de lluvia^ esterilid'Od, y males que la acompañan. 



^ X. 



SOBRE EL TRUENO Y EL RAYO. 



1 Entre la primavera y el estío toman rápido progreso las 
putrefacciones, con que la naturaleza disuelve á unoá cuer- . 
pos organizados para que nazcan otros nuevos, y asi la vege- 
tación es mas acelerada y frondosa: en el seno de la tierra se 
forman con mas frecuencia los temblores; y á las noches de 
Noviembre esclarecen repetidos relámpagos por el norte. To- 
do esto manirtesta que se vá aumentando la electricidad en la 
costa, y en verdad que en estío se halla nuestra atmósfera muy 
electrizada. Pero los efectos de este aumento de electricidad 
no deben manifestarse en Lima, ni en los lugares de esta cos- 
ta, sino en la sierra, cuya atmósfera está menos eléctrica: y 
cuya cordillera está sembrada de picos altísimos que hacen el 
oñcio de conductores eléctricos, para descargar los vapores 
empujados del océano sobre ellos. 

2 Concibo la atmósfera de esta costa como el depósito de la 
electricidad en el estío, ó ya sea electrizada positivamente; 
entre tanto que la de la sierra lo está negativamente. Los va- 
pores la van arrastrando de la primera á la segunda, y es des- 
cargada según la dirección que dan al rayo eléctrico las pun- 
tas de la cordillera y sus betas metálicas. Así aunque el fue- 
go ruede por sobre nuestras cabezas, debe mantenerse serena 
nuestra atmósfera, sin sentirse el trueno, ni verse nunca en 
ella el rayo, mientras que se estremecen las cordilleras con los 
que les enviamos, y vuelan allí por todas partes los relámpa- 
gos y centellas. Segmi las fábulas antiguas Júpiter arroja de 
lo alto los rayos en la otra parte de la tierra: en ésta es Nep- 
tuno quien los desi)idc de abajo. Luego que el otoño se debili- 



^21— ^ 
ta nuestra electricidad atmosférica minoran los rayos de lá 

. sierra. 

3 Cuando la ftvja compvcheudida entre el océano y la cordi- 
llera es al doble mas ancha que la que habitamos, como sucede 
del Ecuador para el trópico de cancro, entonce^ como hay una 
atmósfera muy dilatada sóbrela costa, incapaz de estar igual- 
mente electrizaSfla, truena y relampaguea en ella» 

4 Tal era mi modo de opinar haísta qne el estío de 1803 me 
enseñó, que la causa principal d^ no tronar en esta parte del 
Pera consistía en no soplar vientos encontrados, ni haber el 
calor suficiente para producirse este fenómeno. Él estío men- 
cionado ha sido sumamente caluroso desde sus principios: el 
termómetro de Reaumur señaló el grado 24 por muchos días: 
las calmas fueron continuas en Enero y i^ebrero. Por consi- 
guiente la evaporación marítima, la transpiración de anima^ 
les y plantas, y las exhalaciones de los cuerpos que se podrían 
eran abundantísimas. La atmosfera estaba con todo despeja- 
da, aun en las noches, y era escasa la lluvia en la sierra. La 
fuerza del calor impedia la formación de las nubes, hast4 qilé 
empezando á soplar los nortes en las mañanas de los últimos 
dias de Febrero condensaron los vapores, se anubló el délo, y 
se siguieron copiosísimas lluvias en la sierra en todo Marzo y 
principios de Abril. Comenzando á debilitarse en este mes la 
acción solar, por su tránsito á las regiones boreales, y crecien- 
do el frió de otoño, quedó sobre la costa una gran cantidad de 
vapores muy espesos, que del lado de la cordillera tormaban 
una faja de nubes obscuras. 

5 La tarde del 19 de Abril aparecieron por el austro algunas 
nubes negras de aspecto tempestuoso. Cerróse con la noche la 
atmósfera, y comenzó á relampaguear á las 7. El S. cambió al 
S. E., y siguió soplando mas allá de la hora en que cesa: y em- 
pujadas las nubes al N. O. se aumentaban los relámpagos 
conforme se aproximaba la hora en que comienza á soplar el- 
viento de este lado. A las once y media un relámpago ilumi- 
nó la atmósfera, llenó de claridaa las habitaciones obscuras, y 
siguióse un trueno formidable: á las 12 repitió segundo, y cor- . 
ca de la una de la mañana tronaron los mas inmediatos. En- 
tre la percepción de la luz y del ruido hubo, en los tres mas 
notables, la diferencia de 22," 14," 4," correspondientes de IJ 
de legua, poco mas de f y i de legua. Después siguieron al- 
gunos otros truenos que por la costase alejaban al N. Lanu- 
• be mas eléctrica, y que hizo las explosiones mas inmeiliatas 
pasó entre el extremo inferior de la Ciudad, y la costa con di- 
' recelen del S. B. al N*. O., estando el ciclo despejado en mu- 

chas pa^rtes. En la costa llovió .algo, y casi nada en la Ciudad, 

TOM. VI. LlTBBATÜBA — 6 



—22— 
eu cayos suburbios coman despavoridos sus liabitautes á vis- 
ta de un fenómeno que nunca observaron sus mayores [1], Si- 
guióse á esta tronada cesar la lluvia de la sierra^ y copienzar 
abundantísima la garúa de la costa: cuyas colinas y cerros se 
vistieron de tantos y tan hel*mosos pastos, que en treinta años 
no se contaba otro de lomas tan frondosas. Me parece que el 
frió anualmente minora la cantidad^ de calor en- todo el globo, 
y que para jestaurar el orden primitivo hay un periodo de es- 
tíos muy calurosos en ambos continentes. En principios del 
siglo pasado, y del presente han sucedido los mas notables de 
esta costa del Perú. Así en el .año de 1701 tronó y relampa- 
gueó en la ciudad de Trujillo; y en el de 1803 en la de Lima. 
6 En 1804 hemos tenido un estío tan caluroso como en el 
año anterior, y entró mas temprano. La muturacion de las fru- 
tas se adelantó cerca de dos meses, comiéndose en primavera 
las frutas de estío. Las cañas de azúcar de aüo y medio y dos 
años florecieron; siendo por lo común muy rara en estos valles 
la que echa flor, aunque tenga tres ó cuatro años. Y este au- 
mento de calor bajo la zona tórrida en el hemisferio^austral se 
verificaba aV mismo tiempo en el boreal. En Enero el temple 
de Hamburgo era el de primavera, lo mismo en Viena: y en 
París estaba el campo adelantado seis semanas, cogiéndose 
en Enero las violetas de Marzo. Los terremotos que en este 
mes se sintieron en España, África, y Flandes acreditan que 
habia mucha agitación en los fuegos subterráneos, los que * 
cooperarían al aumento del calor dentro de las zonas.ardien- 
tes y templadas; porque en las frias el invierno era por el con- 
trario sumamente rígiuroso. En Nefuega desde el 20 de Di- 
ciembre el termómetro señaló 32 grados y medio déb^yo del 
cero, y se heló el azogue. Véanse las gacetas de Madrid úa 
Febrero y Marzo de 1804. 



■VT 



TEMBLORT'S 



1 Si el cielo no nos asusta con los rayos que atemorizaD 
nuestras serranías, estas en cange rarísima vez sienten las vio- 

[1] En la bella Disertación qne sobre este fenómeno publicó el Dr. Mo- 
reno^ ^'Almanaqae Peruano^^ 1804 se refiere que el 13 de Julio de 1552 á las 
ocho de la noche se oyó en Lima un truena fuerte^ y se vieron dos reláni^ 
pagos, y que en el año de 1720, y 1747 se oyeron otros por la tardeb. 



»<:v.u»ó" convulsiones con que. nos aflige la tien^. Él fen5)ne- 
no terrible de los temblores es mas frecuente entro la prima- 
vera y el estio^ que en el resto del año, en el cual, si acontecen, 
es por el otoño. Sus horas sou las^ de la noche: 2 á 3 horas pa- 
sado el ocaso del Sol, y al apagarse la luz zodiacal, y con mas 
frecuencia en torno de la aurora. Los antiguos comparaban 
estas partes del dia con el otoño y primavera: y la acorde ve- 
rificación de los temblores entre estas estaciones y aquellas 
horas, da valor á la comparación. 

2 El curso de los temblores es S. K. siguiendo la cadena de 
los cerros. Una triste experiencia ha manifestado que sus mas 
violentas concusiones guardan ün periodo de medio siglo en el 
espacio, que corre del ecuador para el trópico de Oapricornio, 
y que se suceden con cierto orden del' trópico al ecuador. Es- 
to lo confirman las épocas de los terremotos, que de la conquis- 
ta acá se han experimentado en Quito, Arequipa, y Lima [1]. 

3 Al revolver el fatal periodo á fines del siglo anterior han si- 
do arruinadas la ciudad de Arequipa, y las provincias de Qui- 
to. Lima vá pasando indemne sus limites. ¡Qué votos serán 
suficientes para impretar del c|plo la conserve libre! La idea 
melancólica de haber de fundar de nuevo cada cincuenta años 
la capital del Perú,, y de que apenas vamos llegando á poner 
la última mano á su aseo y esplendor; cuando puede ser redu- 
cida á un montón de escombros y ruinas, atraviesa de dolor el 
alma. Hombres ancianos y religiosos aseguran ser menos co^ 
muñes y violentos los temblores de Lima, después que resue- 
nan sus templos con el legrado cántico del Trisagiaj y un pue- 
blo piadoso debe alumbrar su fó, y nutrir su corazón dé estos 
santos sentimientos: pues solo aquel á quien se consagra el 
devoto y sublime cántico del Trisagio^ es el que puede con- 
mover la tierra desde sus cimientos, ó mantenerla en repoS^o. 

4 Los dias muy varios son los mas expuestos á temblores, 



(2) Período de los grandes temblores del Perú. 

AREQUIPA. LIMA. QUITO. 

loo«a .->••••■■ .l«>ou* ■••... .l5o/. 

1604 1630 1645. 

1687 1687 1698. 

1716 ..1746 1757. - 

1784 1806 1797. 

Eü^losioneB volcüniciM, 

QUITO Cotopoxi 1534,* 1742, 1744. 

' Pichincha 1539, 1566, 1577, 1660. 
AREQUIPA. Quinistacas 1600. 



—24^ 
por esa vienen entre la primavera y estío, y en el veranilo dt 
San Juun en el otofio. A los grandes terremotos preceden co- 
piosas lluvias; estas empapan la tierra, penetran, y se extien- 
den por sus concavidades. Sucediendo dias calurosos se forma 
una cantidad enorme de vapores subterráneos, que no piidien- 
do transpirarlos enteramente la tierra, quedan expuestos ásor 
incendiarios ó por la excitación del fuego eléctrico, ó del que 
contienen los volcanes, el cual se actúa con el aumento del ca- 
lor de la atmósfeiti. Al incendio se sigue la mayor expansión 
de los vapores, explosiones violentas, concusión y trastorno 
de la tierrra. A las inmediaciones de los temblores suelen apa- 
recer exhalaciones obscuras, que en la« noches lóbregas, pero 
libres de nubes, dau á las estrellas un aspecto melancólico. 
Las he visto tan apiñadas bajo las manchas (le la cola del es- 
corpión, que parecía hendirse por allí un abismo en el cielo. 

4 La frecuencia do pequeií os temblores en primavera es m- 
ílicío de que se van descargando ppr partes l^is entrañas de la 
tierra, y así hay menos recelos de terremotos; pero si vienen 
unos sobre otros a cortos intervalos, es señal de una gran can- 
tidad de materiales qiio se van incendiando sucesivamente y 
por partes: debe temerse entonces que abrasándose el mayor 
depósito siga un violento terremoto. 

* 5 Suele la vegetación padecer mucho en estas épooas fu- 
nestan. El terremoto de 1687 hizo infecundos nuestros campos 
para el trigo. Las cañas iban lozanas hasta aparex^er la espiga, 
cuyos granos afectos dól tizón se convertían en un polvillo 
negro, y s^ perdían las cosechas. Veinte años después empe- 
zaron los campos á recuperar su primera fecundidad; pero el 
golpe recibido por nuestra aíjricultura fué mortal. Ocurrióse 
en la escasez por trigos á Chile, y quedó establecido por nues- 
tro Sicilia esto reino á donde enviaron el pan nuestros mayo- 
yes, y armiñada nuestra agricuUuaa por falta de consumo en 
su mas precioso ramo [1]. . 

6 No están los temblores destinados únicamente á la deso- 
lación del globo: pi'cscindiendo de los bienes qne suelen pro- 
curar en todas partes, ordenan en Lima la constitución del 
tiempo.. Así cuando pasíin los soles adentro del otoño, im tem- 
blor cubre de vapores la atmósfera píira que empiece la mol- 



(1) Bravo: VoíX) consultivo pág. 308. Annqae en la Ciudad de Tnijillo, 
cien leguas al norte de esta Capítol, apenas se sintió el ruido del terremoto, 
,con todo sus malencas influencias sobre la agricultura corrieron por aqnel 
rumbo hasta Paita á doscient^ts le^as de distancia. Los campos que eran 
los graneros de toda aquella costa iiasta Panamá, y que llegaban á dar dos- 
cientas fanegas por una, quedaron tan estériles^ que no rendian ni aun la 
misma semilla que en ellos se sembraba. — Feijó de Sosa, Descripción de ]a 
Provincia de Tnijillo. 



—25— 
lizna proi^a de esta parto del afio, y á los días muy opacos 
fuera del tiemi)o los aclara un temblor sacudiendo, los vapores 
de la atmósfera: y tal vez su frecuencia en primavera es para 
romper las muchas nieblas y vapores^ que nos rodean, y que su- 
cedan con mas facilidad los c)aros días del estío. 

7 El dia 1? de Diciembre de 1806 pareció conforme al, cál- 
culo del periodo de las ruinas, que iba á renovarse la escena 
destructora de 1746. A las seis de la tard^ sobrevino el mayor 
temblor que se ha experimentado después de aquel gran terre- 
moto. Lima se estremeció con violencia por el espacio de mi- 
nuto y medio. A las 8 de la noche subió la marea en el puer- 
to del Oallao á 18 pies de Burgos, y á los 9 y i repitió con ma- 
yor fuerza, pero á la 10 quedó el mar muy tranquilo. El cur- 
so del temblor fiíé de S. á N.: su movimiento imdulatorio, sin- 
tiéndose con las plantas de los pies las ondas ó desigualacio- 
nes de la tierra que paaaban con rapidez _debajo de ollas. Juz- 
go verificado con este temblor el cumplimiento del periodo ó re- 
volución semisecular de los terremotos en el Perú. Pero gradeas 
ala bondad divina que no acaeció como una señal de su eno- 
jo; antes bien debemos creerle como un testimonio de que oye 
nuestros cánticos sagrados, conforme á la antigua persuasión 
de los hombres religiosoá; yij-un de los paganos. Para mani- 
festar Dios en el Salmo 17 que atiende á las oraciones de su 
siervo hace temblar la tierra y los fundamentos de los altos 
montes. Júpiter al condescender con los ruegos de Tetis hace 
que se, estremezca el grande Olimpo. 

8 Besulta délo expuesto en esta sección, que Lima situada 
en el centro de la part^ austral de la zona tórrida, refrescada 
continuamente por los sures, vientos húmedos y nebulosos, y 
rodeada por el oriente y norte de cadenas de cerros, goza de un 
temperamento cálido y húmedo: en que ambas calidades s^ 
atemperan de manera entre sí, que parece una continuada pri- 
mavera, al compararse con el de los climas transtropicales. Su 
atmósfera poco renovada, por defecto de huracaties, IJuvias y 
truenos, mantiene suspensa ima gran cantidad de vapores, 
que en eontinua lucha con la lu^ solar forman unos dias va- 
rios del uno al otra extremo del año. Estas mutaciones diur- 
nas no alteran el ternáómetro si se corresponden entre cortos 
espacios, debe prevalecer la iluminación solar ó la espesura de 
las nubes por algún tiempo, para que se hagan sensibles su 
ascensión ó descenso. 

9 l^n las dos tablas meteorológicas siguientes se vé á un 
golpe de vista reunida una gran parte de las observaciones que 
llevamos expuesto Comprenden dos años completos, el de 
1799 y 1800 en que mis ocupaciones interrumpieron el hilo de 
ellaSt Si el cotejarlas con la que se ha notado en esta. sección, 



se euconíiare Iiaber alguna diferencia, debe preferirse lo que 
llevo expuesto á lo inclicado en las tablas: pues comprendien- 
do estas solos dos años, lo hasta aqui escrito está ñindaclo en 
«iete años de cotejos, asentándose ó lo que es estable, ó lo que 
mas generalmente acontece en la variabilidad del tiempo. No 
he anotado en las tablas los vientos, porque esto solo servicia 
para llenarlas de confusión, entendiéndose mejor sus tiempos, 
y diferencias por lo que tengo antes apuutodo § VIIL 

Las iniciales en las tablas significan: O. conjunción de Lu- 
na: O. oposición: Q. O. cuarto creciente: Q. M. cuarto men- 
guante. Han sucedido estas faces en el dia del mes frente del 
cual se colocan las Iniciales. 

Calor: Las observaciones del termómetro puestas en esta 
columna se verificaron con un termómetro de azogue, y según 
se dej^ entender con la escala de Beaumur: los termómetros 
de espíritu de vino estaban de uno á dos grados mas altos en 
el corazón del estío. Las observaciones puestas son las hechas 
al mediodía, y respecto á Uis variaciones de la tarde y la maña- 
na, véanse los <^§ IV y V. " 

Tiempo: S. Sol, denota que este astro alumbró todo 6 casi 
todo el dia: V, vario, que el dia fué vario ya cubriéndose el de- 
jo, ya dejándose ver el Sol. Este planeta por lo regular se de- 
ja ver á medio dia, y á veces en su oriente y ocaso: en las horas 
intermedias se anubla. 6. que este dia hubo ganla ó mollizna, 
sucede regularmente á la mañana, al caer la tarde y la noche. 

LL. Lluvi£^ gruesa, es del tiempo del estío al ponerse el sol, 
y cuando mas dura media ó una hora. 

L. En dondo se pusiese esta letra denota que en este dia la 
garúa fué tan gruesa que se asemejaba á la lluvia. «. 

Q. V. Oarúa y vario, que todo esto sucedió en un dia. Ga- 
ruó ala mañana, luego salió el sol, y cubriéndose Tie nuevo el 
cielo, volvió ó no la garúa. 

G. N. Garúa y nublado. Garuó y estuvo el dia constante- 
mente nublado. 

Nota. Los días que se suprimen fueron comos los anterio- 
res, y si se indica una y se omiten las otras condiciones, es 
porque variando aquella las otras siguieron el tenor de los dias 
precedentes. ^ ^ 

Temblores: Se señalan los días y horas en que sobrevinie- 
ron. La letra E. denota que fué tiemblor recio con mucho rui- 
do ó estremecimiento. 



•3 • 

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\ 



J 



i 



39, 



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.. V. 

Tl. V. 



•• • « * • 

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f 



.G.N. 
.G.V. 
.G.K. 



Novb. 
Q. O. 



O. 

Q.M. 

O. 



G. V.! 



Dicbre. 



G. N. 



...V. 
G. N. 
....N. 
.... V. 
..G. N. 

3 • - •* V • 

. . s . . 

... V. 

...3S". 




Q. O. 



O. 

Q. M. 
O. 



fe 



§^ 



^ 

e 



2 G.N. 

4s • • m JLJ •••• • 

7 V. 

O. . - . (di. • • . 

10. .15. .S*. . 
11. .J6 

19 V 

19 N. 

23 G.N. 

26...16Í..S.. 
22..16....K 



TABLA 

DK LOS TBMBU>BKS DB BSTK aRO. 



ENEBO. 



D. H. 



1 . . 16}. . S . 
2 V 

VF • • JL • • • • • 

7 . . . . G. V 

8 V 

12 

lo. .Xig** • • - 

26 



21..4delataTde. B. 
11 de la noche. 



FEBBEBO. 
27..11deldia. 



ABBIL. 

4.. 6 de la mañana y dos 
mas al flft del mes. 



JUNIO. 
12 . . 12 de la noche. 



OOTÜBBB . 
6.. 12 de la noche B. 






SECCIÓN II. 



INFLUENCIAS DEL CLIMA. 



u. 



tKFLüEKClAS EN EL ItBINO VEGETAL. 



1 Nada hay mas favorable para la vegetación que él calof 
acompañado de la humedad, i)orque aquel dá el movimiento, y 
esta la materia: y cuando por la combibacion de amlK)s loB 
tiempos se hacen varios, se estalilece una alternación de sísto- 
le y diástole en los canales de las plantas, que acelerando él 
movimiento de la savia, crecen mas en una semana, que en un 
mesen circunstancias distintas. La concurrencia de estas caa« 
sas en todo el año en la zona ardiente, Lace que la vegetación 
sea en ella asombrosa. 

2 La frialdad destructiva de la vegetación, que M. Paw asé* 
gura haber en nuestro suelo, por haber leído en Guillermo 
Pisón que en el Brasil los árboles echaban las raices someras y 
en circunferencia, es una de aquellas deducciones bijas de la 

. preocupación é ignorancia. Aunque yo no convengOien la opi- 
nión de los que dan perceptibilidad á las plantas; pero me con- 

^ formo con el pensar de aquellos que les dan instinto. Estos 
cnerp js organizados mantienen en los terrenos fuertes^ húme- 
dos, y sombríos sus raices próximas á la supertície, porque en' 
esta, encuentran demasiados lugos que los nutran, penetraii 

TOM. VI. LltJfiBATU£tA — 7 



—30— 
con dificultad la tierra, y por consiguiente perciben poco eí 
calor é influencia solar. Por el contrario en los terrenos secos, 
cascajosos, y areniscos, en que las humedades se hallan á dis- 
tancia de la superficie, sepultan sus raices profundamente si- 
guiendo las direcciones que les permiten los obstáculos, que 
encuentran hadta llegar á las aguas subterráneas y nutrirse 
de ellas. 

3 Esta es la razón de verse en la costa del Perú hacienda» 
de excelentes viñas, y germinar prodigiosamente muchas se- 
millas en medio de arenales estériles que no riega el cielo, ni 
raudal alguno. Gomo esta costa forma un plano inclinado de 
las sierras al occéauo, descienden muchas aguas á mas ó me" 
ños distancia de su superficie, y todo el trabajo del agricultor 
consiste en separar las arenas, escavando unas pozas en que 
aparezca alguna humedad (1). Las cepas, las palmas, higueras 
&. suplen profundando sus raices las demás diligencias que se 
necesitan para su riego. Así el labrador mas activo no tiene 
que hacer otra cosa para llenar sus bodegas, que escardar de 
cuando en cuando las pozas, acopiar la cosecha, y decir la 
mayor parte del año con el Pastor Títiro: Deus noMs Ikbc otia 
fecit. 

4 Como no solo en la inmensa extensión de la zona ardien- 
te, sino aun en sus pequeños recintos, se encuentra variedad 
de estos y otros terrenos, es una falta de juicio y raciocinio 
querer caracterizar un pais dilatado por lo que se observa eu 
algunas de sus partes: tómese la observación en el sentido que 
se tomare. A<lemás que la altura á que se sostiene nuestra Ve- 
getación convence lo quimérico de aquella supuesta frialdad, 
y la superabundancia de calor en el terreno. A los 9585 pies 
de elevación sobre el nivel del mar no pueden vivir las plan- 
tas en los Alpes; cuando en los Andes vegetan todavía á lo6f 
14697. T es verdad lo que yo afirmé en otra obra, que noso- 
tros tenemos huertos, y campiñas tan amenas como las mejo- 
res de Europa en la primavera, á una altura inhabitable al 
hombre y á las plantas en esa parte del globo (2). A la altura 



(1) Próximo al puerto de Pisco está el valle de Hoyas, así nombrado por 
que sus muchas y excelentes viñas están plantadas en unos pozas que for^ 
marón á mano los antiguos indios, separando y abriendo las arenas que cU" 
bren la costa! y como naturalmente se infiere, sus vinos sob ¿e gusto ea- 
quisito. 

~ "Dens magis Cereri, rarísima quseque LysBo." Virg* 

Los andenes ó graderías formada*^ en las sierras para hacerlas cultiba^ 
bles, y las hoyas de la co8t>ason unos monumentos que manifiestan la gran-» 
de aplicación y i>ericia de los antiguos peruanos en la agricultura. 

(2; Mercur. Peruan. t. 4. pág. ^. Fsto es muy conforme á las observa- 
dones qus cita Volney en su obra sobre el clima de América del Nr t. 2. v á 



—Si- 
en que el viejo de Ferneí veia expirar la uaturaleza eu los 
Alpes. 

Je retoume á ees vientes qui muiuiee^it Iss Oeuz^ . 

A ees antres glacés, on la Nature expira; 

la veia Bonguer en los Andes en tckáo su vigor y 
lozania, Je eroyois voir la France et les campagnes dans Teteat 
ou elles son ici pendant la plus helle saison: 1. c. XXX. 

5 Pero en los valles es donde se ve en sirmayor vigor esta 
vegetación prodigiosa, y los alrededores de Lima son uno de 
aquellos lugares en que parece que la naturaleza se excede á 
sí misma. La Capital se halla ceñida de huertas, que por el 
oeste y sur forman una doblo cadena que vá orlando la parte 
interna y externa de las murallas. En ellas desabrocha el rei- 
no vegetal toda sn pompa y lozanía: los árboles crecen con 
una rapidez pasmosa: y el invierno no ejerce aquí su triste 
y melancólico imperio. Las copas elevadas de los árboles 
robustos están siempre vestidas de hojas frescas, porque se 

gueblan de nuevas antes de que hayan cuido las que empoza^ 
an á marchitarse. La influencia, y fructificación son tan 
abundantes y sostenidas en algunas plantas, que se alcanzati 
de uno á otro año. Asi se ven naranjas que están tocando el 
término de su maturación en unas ramas, cuando ya las otras 
están vestidas de flores y vá tomando aumento el nuevo 
fruto. 

A un mismo tiempo aquí se vé en el huerto, 

De blancas flores un limón cubierto: 

Y otro con fruto en tan gran exceso, 

Que las ramas se encorvan con su peso» 

6 Si esto mismo no aconteciera eu otros sitios distantes de 



las nuestras, de las cuales se deduce que el calor en la zona tórrida, sape- 
niendo un término media, impregna la tieira con una cantidad igual á 14^ 
hastia una profundidad distante tantos pies de su superficie, cuantos. dista ae 
éste la linea de elevación en que se sostiene la vegetación en los Andes; y 
de que luego decrece en razón inversa de la latitud. De manera qiie de ia 
de S)^ en «delante la tierra se reduciría á carámbanos que se extenderían 
bácia los trópicos, si para contrabalancear la acción del frío no sucedieran 
estíos muj calurosos! de donde resultan variaciones atmosféricas tan des- 
templadas, que los moradores de aquellas regiones es preciso digan á loa 
del ecuador, 

" At vos prospeitit rultu natura benigno 
" Felices terrae, qneis blando mixta calore 
'' Frigora, et saquali concessit témpora csdlo.^ Geoffi*. Higiene. 

En efecto, en la zona ecuatorial la variación del termómetro en todo el 
Año no pasa de 10^ Mas á los 40» lat. N. es ya de 48^, á los 42" de la mismi^ 
lat. es de 51? v á los 60° lat. N. es la variación de 06° pasando Xqs que ha-^ 
bitan debelo de este paralelo 4^ un invierno de 90? de hielo á un estfp d% 
30 d# calor, i * 



la BtMnerosa población de Lima, podriamos persuadirnos á 4|tie 
concorria ella con el clima á fomentar la fecundidad de sus 
huertas: porque está observado que el reino vegetal y el ani- 
mal se vitalizan mutuamente. .De manera que la mofeta que 
^resulta en la atmósfera privada de su oxígeno por la i<espira- 
ipían animal| la combustión y las exhalaciones de los cuerpos 
puestos en putrefacción és ansiosamente absorvida por las 
plantas que adquieren con ella vi^or, y hermosura: y después 
,de nutrirse con su malignidad suelven, al herirlas el astro del 
di% á transpirarla por la parte superior de la hoja; pero do- 
l^ada ya de una salubridad, que renueva la atmósfera, y la pro- 
porciona al fomento de nuestra respiración y vida. Por esto 
i^n útiles á la vegetación los lugares inmediatos á las poblar 
dones; pero debe mediar cierta distancia, para que antes de 
s^r respirado por los animales, se diluya en el aire intermedio 
el vital que transpiran por la parte superior las hojas heridas 
de la luz solar, y se modere la actividad del tufo mortífero que 
arrojan por su parte inferior en el tiempo de la noche (1). 

7 No menos fecundo el terreno, que en árboles frondosos, 
jBU flores deliciosas cria una hermosa é inmensa variedad de 
estas ó propias del paJs ó traídas de otros. Y aunque hemos 
apuntado seguir la inflorescencia el curso.de las estaciones, es 
ihablando en lo general; porque varias plantas florecen indis- 
tintamente en todo mes. Observo que el color encarnado de 
la-s flores extrangeras se desmaya en este clima de la costa, y 
que es el amarillo el que domina principalmente. Así el aman" 
cae es la flor que viste y nace expontáneamente en las colinas 

Lesta influencia se extiende hasta los metales y el hombre. 
e allí nuestro a/lagio de, oro en la costa^ y plata en la tierra^ 
jH>r ser los lugares donde con mas frecuencia se descubren. 

8 Hay valles en los contornos de Lima, que sin mas riego 
gpe las avenidas del estío tienen suficiente para producir ae- 
lbj}las en todo el año que rinden desde 60 hasta 100 por 1. A 
esta tierra feraz bastan después las nieblas, y ligera garúa, 
i|ne oae en ella de Mayo á Octubre (2). 

Glebas fcecv/ndo rote ma/ritat Virgil. 



■»^ 



(1) Clemente Arohen Monthly Heview 1799, tom. 28. 

(2) Las nieblas fertilizan las tiende como las cenizas y demás estévooles; 
por esto se dice en los Salmos en nn veidadero sentido fisie<i: ''Nebalam 
jrioatoinerem spargit.^ Toaldo InflueDC delosMeteor. en )a vegetación. 

^ costa del Perú se asemeja mucho en clima y terreno al bajo Ejipto. Loa 
TÍóne^ de estío empapan la tierra á manera áek Nilo, cubriéndola de un 
Binof ¿reboso de macho ¿laten. Ksta tierra e$ arrastrada por las Un vías de 
tí/tpfiüúB de lají serranías de los Andes, y creo qqe contiene mucha ma/teiia 
AoSÁmly'pdt fa xno^ble multitud de p^omiHas que la aeompafian. Hétíéné 
f^ tmddad el agua, y la Suministra poco á poco á las plantas que «reoián 



J 



o Los campos de Lima mas cubiertos de nieblas y garáM 
no cederian en fecundidad, si por falta de consumo no estuvie- 
ran abandonados á servir por la mayor parte de pastos, en qus 
los riefyos sin orden causa demasiada buraedad, y el arte na- 
da tralmja para que se desabrocbe y mantenga la eterna f^ 
cundi(hKl del terreno. Este tiene migajon, fi:hiten, fondo y to- 
daa las calidades del mas sobresalieute; afí cuando el hombre 
6al>e aprovecharlas corresimiide mas allá de sns esperan- 
zas. Hemos dicho que nuestra Yejgfetacion sufrió un golpe ad- 
verso en el teri-emoto de 1687. Estas fuertes conmociones de 
la tierra parece le debilitan su virtud nutritiva. En la isla 
de Juma' cano es tan bella la naturaleza después del temblor 
que padeció en 7 de Junio de 1602, y cree el célebre Toaldo 
que del terremoto acaecido en Portugal, que fué casi general, 
venga Fa esterilidad que experimenta toda la Euroi>a desde 
aquel desastre. 

10 Yo me persuado que nuestra vegetación no sufrió por de- 
trimento de la tierra, sino por trastorno de la atmósfera y es- 
taciones del año. Como no tenemos tablas meteorológicas de 
aquellos tiempos es preciso nos guie la luz de las conjeturas 
fundadas. Concibo que de resultas de aquel terremoto queda- 
ron los estíos uuiy varios [1], Las nieblas cubriaii por las ma- 
ñanas y bañaban <le rocío las plantas, sucedia un Sol ardiente 
y sirviendo entonces las gota.»* de agua conA) de otras tantas 
leittes quemaban y i*educian á carbón el trigo encentado en las 
espigas. He observadlo que nuestras heladas de invierno vie- 
nen cuando, en lugar de dias cubiertos y lluviosos, suceden 
días varios. Pues es seguramente porque el Sol, que al salir 
despoja la atmósfera y hiere las plantas, quema por medio de 
las lentes ó gotas de rocío sus estambres. Se interrumpe por 
consiguiente el curso de la savia, las hojas sex>onen amarillas 
y el fruto se arruga y se pierde. 

11 Al acabo de 20 años apai'eció de nuevo fecunda la tierra, 
por que se habiaido, ordenado el tiempo; siendo mas iguales y 
menos varios los estíos. Pero si por la relación que nos ha de- 



i^* 



prodigioaameote. Los habitantes de los valles de Chuca, Asia, la Imperial 
-ete., lucigo que vienepi los turbiones riegan sus áridas campidaa empapin- 
4p)¿J^ por 24 horas, y al ñn del estío las aran y siembran. £1 riego succesivo 
Ós la humedad que ohupan las plantas de la tiemí, y la que suministran las 
njeblas y garúas del invierno. . 

it) Esta eoikjetura está muy ftindada, perqué á los ^rondes tembloMS 
^mfmjm ee hau segiudo copiosas lluvias. Peralta lo indica con resup^cto al 
4e L68/. 'Llanos en su Diario del memorable terremoto del 28 Octubre de 
t746 ¿ice^ que en el estío siguiente estaban las lomas y cerros cubiertos de 
^érde pasto como en invierno y primavera. Al temblor de I de Diciembre 
de 1.806 sucedió tan abundante Duvia; que del dJA 19 ftl 18 eonió«l agua 
por laa ealles. 



N 



jado un s^bio Magistrado (1) creyese alguno que la eufonne» 
dad que suñ'ió el trigo fu4 un verdadero tizón, siendo este una 
enfermedad contagiosa en sentir del célebre. Toaldo^el teire- 
moto de Lima nos ministraría la idea de buscar en los senos 
de la tien*a los contagios originales, puesto que nuestras mie- 
ses no hablan antes padecido de este accidente. 

12 Hay un proverbio antiguo que nos ha trasmitido Teo- 
frastro: Anmis^ non térra fructificat: que el año es el que firuc- 
tifipa S no la tierra. Es decir, que la abundancia ó escaseas de 
cosechas no depende tanto de la fecundidad del suelo, ciiaato 
del orden que guardan entre sí las estaciones y sus respectivas 
calidades. Las plantas tienen mas sensibilidad entre los trópi^ 
eos que fuera de ellos; así nuestras mieses padecen mucho coa 
las irregularidades que suelen sobrevenir al año campestre, y 
eii estas circunstancias no corresponden las (cosechas á l^ bou^ 
dad del terreno. 



INFLUENCIA DEL CLIMA SOBRE LOS ANIMALES. 



1 Al Perú no corresponde la espantosa pintura, que de la 
América ha hecho la exaltada imaginación de algunos Filóso- 
fos ultramarinos. Parece que mojaron su pincel en amargos y 
negros tintes para retratar á estas regiones afortunadas como 
á un suelo ingrato, negado á las bendiciones del cielo, funesto 
albergue de sierpes, cocodrilos y otros monstruos emponzo^ 
Sados, 

Quale portmtum ñeque militaris 
Daunia in latís alit esculetis; 
Nec JubiB tellus generatj leonum 
Árida nutrix, Horat. 

2 El sabio Oonde Bufón estableció las cuatro proposiciones 
siguientes: 1? los animales que son comunes al antiguo y nue- 
vo continente son mas corpulentos en el primero que en el se^ 
gtindo: 2f los animales indígenas del nuevo hemisferio son 
menores que los aborígenes del antigo: 3?^ las especies de ani^ 
males domésticos trasplantados de la Europa han dogenerado 
en América: 4? esta parte de la tierra ofrece pocas familias 
que la sean peculiares. Mas el ilustre presidente Jeferson (2) 

(1) Bravo, L c. p. 144. 

(2) Notes OH State of Virginia pág. 62, 



lia demostrad -^n tablas comparativas de los animales exk^ 
tentes en nno, y en otro • continente la falsedad de ellas. De 
erta controveirsia resulta la conseenenda jnstá y necesaria, de 
qne dependiendo el reino animal del reiuo vegetal, cuyas pro-" 
dacciones alitíoentan sns individuos, el numero y tamaño de 
estos se hallan en proporción con la feracidad y vigor de las 
plantas que los nutren: por lo qne encontrándose en uño y 
otro hemisferio dilatadísimas llanuras cubiertas de abundan- 
tes pastos, también regiones pobres y estériles, se exceden 
miituamente en el grandor, número y hermosura de bestias, 
según es la extensión y fecundidad de los prados y bosques 
que se comparan. 

3 Bl Perú no es á propósito para alimentar las muchas es- 
peeies indígenas qne habitan las selvas de la América del Nor-< 
te, ni i)ara multiplicar las trasplantadas de* Europa en aquel 
número prodigioso, que pace en los dilatados campos de Ohi- 
le y Paraná, lío obstante en sus costas, cordilleras, y mon- 
tañas ofrece numerosas y hermosas tribus, cuya descripción 
ocupaifá algún dia las deliciosas p$;gina^ de la Historia Natu- 
ral: siendo al presento nuestro objeto tratar únicamente de lo 
qne influye el clima en las mas notables. 

Cuadrúpedos indígenas. Entre las familias de cuadnipedos, 
que se encontraron en el Perú al tiempo de su descubrimien- 
to, y conquista, las principales son: 

Paco [1] GameUus peruviamis. Linn. Syst- Nat. Molina 
fiistor. de Chile part. I. 



■Ci« 



fl] Paco: Carnero de lana larga de ^^Ppáco" rubio, bermejo, iK>r aer este 
su eolor mas sobresaliente. Alppa-eo camero de la tieira, tiene la lana lar- 
ga y muy snaye, y es menos propio para la carga: '^Liama de Llamsccanf ' 

^ oamero de trabajo: tiene la lana corta y áspera, y es el mas alto y fuerte, y 

' mas á propósito para el servicio de la arriería. 

Proporciones externas del Hamo. 

I*IÉS. PULO. LIN8. 

Tiene de lar^o de la punta del hueso coronal 

álapnnta del hueso sacro.... 6 5 O 

i£l hueso coxis, ó del rabo, tiene de lon^tnd 1 () 9' 

La cabeza, de la punta del labio superior á la co- 

ronUla del cráneo, tiene de longitud 1 I ^ 

Longitud de la oreja 6 6 

Idm. del Gudlo de snprimeta á su última vertebra. 2 5 

Altura anterior medida de la base de la mano al la- 
bio de la paletiUa que está paralelo al espinazo 5 5 O 

Altnni posterior medida de la base del pié á la es- 
pina del hueso sacro 3 6 O 

Longitud de la callosidad del esternón O 7 O 

I^ati^ud. -. O » O 



Aleo. Canis amerioamis^ Lin. KÜtho^ Thegma. Mjoi. 

Puma. FíHspwma. Lin. Fagi. Mol. 

Utaranon. Fdis Orna. lAn. . Fdis giffna. MoIíq, q^e #e Im^ 
Ha al Occidente del Perú, y con la miama voz se designa el 
Yaicuar de Azara lám. IX qao habita á la parte Oriental eo 
los b(>s-.|abs. 

UcuiHart. Ursus americamis. Lin. 

Taráca. Elaphm. Lin. a»t corpore Miliar. 

4 La Divina Providencia, que ha proporcionado á sns cria- 
turas nicioiíalesen todas las partes <lel ly^obo los medios pa^ 
subsistir, y cumplir los trabajos á que los destinaba, dio al In^ 
dio habitante de los Andes un don precioso en lim pacos. Sos 
lanas le visten, sus carnes le alimentan: el veloz huanaco, y la 
tímida vicuña le recrean, y entretienen en la caza: y la llama 
y la alpaca conducen con seguridad sus liaberes por éntrelas 
angostas y ásperas seniUis de las serranías del Pera. El pea- 
cuezo largo y levantado <le estos animales, su cara, adoroada 
de hermosos ojos, el ureu 6 penaeho de su frente, y elpai^o sose- 
gado con que caminan mirando á todas partes, hace muy vi»- 
tosa su marcha, en la que se colocan en línea recta lo misóla 
que si fuer$»n tropas disciplinadas. 

5 El Aleo es compañero fidelísimo del Indio: su estatura 
es mediana, y tiene por lo general todo el cuerpo cubierto de 
lana ne/icra, menos entre el pecho, y la cola en que es parda. 
Estos perros son muy sentidos y avisan con sus ladridos cual- 
quiera novedad que ocurra al rededor de la ciusa, ó del hato; y 
tembien embisten con fiereza a las personas que no conocen. 
Hay de estos unos pequeños perritos semejantes á los núes* 
tros de faldas, que cargan las indias sobre sus quipea [1] y 
abrigan en su seno, los cuales por ser taciturnos han dadooca^ 
sion á que crean algunos que los alcos no ladran, y que por 
tanto no pertenecen á la clase de los perros. 

6 LfOS Fa4X)s y el Aleo habitan en las sierras: los domestica- 

Proporciones externas ¿M /slamo. 

PIB8. PüLO. uim« 



Espesor ó graeso .•..•»,..*• 6 

Longitud déla berga......— 1 3 O 

Laherga en delgada, tiene al medio de su lougitad utla«^^batOf(^ y ter^ 
mina en dos puntas elásticas. El toúacuIo suspensorio del csffioA que* la 
embaina termina una pulgada mas. atrás que la punta del prendo, jtraaí 
éste queda colgado é inclinado hacia las entrepiernas, de lo:cii*>] pioTlene 
el que la orina en los pacos se dir\|a por ellas al tiempo de sa^úr. l¿s tesM 
tienen dos pulgadas de longitud y están muy adherentes al cuerpo. La es- 
tructura intenor del Llamo es la misma que la que tí^ien kwnimtonim 
de sudase. 

(1 ) Quipes son uxios envoltorios que cargan las indias sobre sus espaldlM. 



ÚM éM<¿eiideti bóú Bns amos á la oMta, pátan pó^, y #é ífé^ 
j^resaD, porque no soporta niuguüo de ellos el ealoi*, á oaüMi 
de 1h carcuíka 6 sama que les acomete y mata, efecto del ma^ 
yor aumento de la circulación en la superficie, y falta de traos-r 
piracion por la densidad de su cutis. Tan hermosos son \oA 
ojos de la llama y de las tarúcas en las sierras, como pequeños 
y plegados al ángulo externólos de los indios, que moran eu 
ellas, quienes por este medio se libertan, según hemos diclid 
introd. nota de los riesgos de los precipicios por donde yi^añj 
y de las impresiones fuertes de los reflejos de los rí^yos solareis 
por la faieve, que en el pueblo blanco, y habitantes de la c<)st% 
que tienen los ojos grandes causan el zurumpe^ que es una mo-^ 
lesta optalmía. 

7 La Tarúca ó Ciervo, y el Pumu 6 León soportan. el tempis^ 
ramento de la siena, y el de la costa, y así peregrinan del uno 
al otro: los venados andan en tropas, y los leoncillos sepaüar^ 
dos unos de otros. Los venados son (je mediana estatiu^a^ ¡f 
tieuefi hermosa cornamenta. Son de velpz carrera y hacen la 
diversión de los cazadores que los acosan con perros: el Qtu- 
ri«i|Ctf.ó Tigre^ el Ucumari ú Oso no habitan á este Ijido, sino 
^l Oriente de las montañas de los Andes con otras mno}i^i8 y 
diferentes fieraa. 

8 Cnudrupeiús extrmigeros. £1 ganado menor ó lanar traá^ 
plantado de Europa se ha multiplicado prodigiosamente ob 
las grandes dehesas de ichu [1] que hay en la cima de los An- 
desj y efa los dilatadas provincias del OoUao con especialidad 
abundan las obejas en lanas superiores. 

& Los <?aballos^ burros y vacas, lo mismo que el lipmbi'e so¿ 
de pequeña estatura en lo alto de la cordillera porque el írió^ 
lio Tes permite crecer, el pelo que los cubre tiene la suávídá<3^' 
tamaño y consistencia de lana, de cuyo modo los protqje lanar 
turateza contra la incletnencia de aquéllos i)áramos de hielo: 
como i^evíste también de tomento á las flores de los arbustos 
que allí nacen. Por el contrario, en los valles y costas dónete 
á beneficio del calor se desarrollan con facilidad los miembro^ 
listos cuadrúpedos son corpulentos y gallardos: el burro es 
fuerte y el mas útil eu Lima, y en los ingenios de j^ucar^ 
donde lleva gran peso sobre si conduciendo las cañas amnáQ 
sacharifera} el caballo es airoso, y tiene fuego: los toros soíi 
fuertes^ y en los valles de Chincha y Cañete, eu que,se cuídíi 



^^•••^^^ 



[I I ^'Jaraba foliis intolutis, spica pamoulato.'' Flor. Per. et Chil. t. f , 
toá¿, 5, icón VI, flg. b. como estad dehesas se haUan á 12 ú lififíOjfxé^ fo- 
Dte el nivel del mati no admiten el caltivo y poblacioa de las alta« líanu- 
tM 4e Añahuac ó M(^ieo, porque estad solo se elevan do 6 á 8^0(i0 pi68« 

ToM. VI. LlTJElÍATüAA--*8 



de.aiaiiteiier las caataa bravas para las eonddas anones que 
en Lima^ son íerocisiinos. 



10 El ganado bacnno criado en la sierra no soporta el tem- 
peramento de la costa: luego que baja á él, se toca^ seguii la 
expresión vulgar, es decir, se atonta, y perece con rapidez 
asombrosa: en sus entrañas se encuentra el hígado endurecido, 
y como si se hubiese pasado por ascuas de fuego. Concibo, 
qne de la inisma manera que en los hombres, así en los toros 
kiego qne bíijan del clima alto y trio de los Andes al caloroso 
de la' costa la sangre adquiere un movimiento rápido y desa- 
costumbrado, encaminándose á la cutis, para promover la 
transpiración, la cual no pudiendo hacerse por el pellejo gime- 
so y tupido de que están cubiertos, se ocigina una fiebre ar- 
diente qne los mata, y la que es mas violenta que en los pacos 
y en el aleo, porque siendo en estos menos gruesa la cutis que 
en los toros, no opone ^anta resistencia al desfogue de los hu- 
mores por ella, y así brota en aquellos la sarna, que no t-enien- 
do efecto en estos mueren cpn increíble celeridad. Los camí- 
oeros aun no han encontrado remedio para' este accidente. 
UníeaniQnt'e saben por experiencia, que el ganado muere con 
mas celeridad en el tiempo de estío, que en el de invierno, 
lo que confirma nuestras conjeturas, y así es qne en estaparte 
del año es cuando bajan los ganados de los lugares altos para 
surtir las plazas y caruicerias de Lima. 

11 Si se comp irán los perros que se crian sueltos en esta ciu- 
dad con los que tienen igual libertad en las ciudades del alto 
Perú, se verá que los primeros son perezosísimos é indiferen- 
tes á todo, y que cualquier persona por desconocida que sea 

•pasa sobre ellos con toda seguridad; mientras que con los se- 
gundos es necesario andar con cuidado, porque acometen á 
todo el que no' sea de su conocimiento y amistad. Estos ani- 
males están sugetos á epidemias catarrales, qu^ les son pecu- 
liares, en especial en primavera: y también lo están á las que 
padecemos nosotros, habiendo princii)iado por ellos la del 
ejército Troyano. Sec. I. §. VII-3. T debe advertirse que la 

palabra que los iutérpetres traducen perros ociosoSj 

dabe ser tomada en la aceptación que tiene de veloces y ligeros^ 
porque los galgos 6 perros corredores son los primeros en 
quienes se manifiesta esta dolencia. Cuando están con ella to- 
sen, se ponen amarrados, y les aprovecha la evacuación ven- 
tral: y para promoverla buscan por instinto la grama, la devo- 
ran con ansia, vomitan, evacúan, y se alivian. Siguiendo el 
mismo método les hacen tragar sus amos los remedios pur- 

« gantes, y también los sangran cortándoles las orejas, ó li^ co- 
la; sin que sea precisamente la última la que se corto como ere- 



yó «el señor Ulloa, (1) atribuyendo e] mal á do sé que sangre 
espesa que se depositaba en el rabo de estos animales. 

12 No hay memoria de que los perros hayan padecido el mal 
de rabia en los siglos anteriores en toda esta América; mas eti 
principio de este siglo hacia el aiio de 1803 se obserró en los 
valles de la costa del norte en los calon5s del estío, y sifrníó 
recorriendo la costa del sur, habiendo llegado á la ciudad de 
Areqnipa^en la primavera (le 1^07, y notádose en Lima en el 
propio año entre el estío y el otoño. Después de haber procu- 
rado reunir todos los datos necesarios para descubrir el origen 
y progresos de esta fatal enfermeíiad, y consultado por escrito 
á los médicos^ y ])ei^onas instruidas que la han presenciado, be 
sacado en limpio: 1? que esta enfermedad ha sido una lábia 
ezpontánea nacida del aumento del calor, que hubo en los 
años de 803 y 804, Sec. I, <^ X-4-6. Comenzó por la costa del 
norte, nombrada comunmente la costa ahajo^ donde la atmós- 
fera se hallaba tan caldeada que el termómetro señaló en al- 
gunas quebradas él grado 30 de Beaumur: las calmas eran ex- 
cesivas sin que soplase el mas ligero viento capaz de enrizar 
la superficie del océano: los animales se precipitaban en los 
eharcos y lagos para templar el gran calor que sentían, y aaí 
66 experimentaba en toda su fuerza la estación que pinta Ho* 
jracio. 

Jam procyon furit^ 

JSt stella vesani leánis: 

Ca/rctqu9. 

Bipa taciturna ventis. 

Garm. L. S, od. 29. ~ 



Esta enfermedad acometió indistintamente á tbdos loa 
cuadrúpedos llegando en algunos el furor hasta hacerse peda- 
sos, arrancándose las carnes á mordiscones: en los lugares don- 
de el calor fué muy fuerte cayeron varios hombres enfermos 
con todo el aparato de la hidrofobia sin haber sido mordidos.; 
S? Fijóse con especialidad en los perros, de los que algunos 
la padecieron en estado tan benigno que sus mordeduras no 
ftieron mortales; pero Jos mas la tuvieron muy grave, y propa- 
garon el contagio á tK^s de su especie, á los otros cuadrúpedos, 
yálo^ hombres. El cuitado administrador de tin ingenio de 
caña distribuyó entre sus negros, aunque se le aconsejó no lo 
hiciera, algunas reses muertas de rabia, creyendo que habían 
perecido con la enfermedad que nombran tocado, y el resulta* 
do fué morir muchos de estos pobres negios con los síntomas' 
dd rabia. 



(1) Kotic AmericsaM. 



^? Br las ciudades de Tea y Arequipa ft)é mayor y naa <á¡t^ 
enustanoiado el número de enfermos que p^^ecieron mordidos 
por los perros rabiosos. Bn la primera, una sola perra rabiosa 
m<»rdíó catorce personas en una noche, de las cuales las ocho 
estaban en una casa, unas durmiendo al fresco, otras varía* 
mente ocupadas, y las seis restantes habian ocurrido al ruido 
oon otras á matarla. El cirujano de la ciudad D. Mariano £»t 
trada, las persuadió á que se dejasen curar; despreciaron sa 
consejo ali)gando que seria lo que Dios quisiera, y murieron to^ 
das, ó excepción de dos v¿u*ones que se sometieron á la oora^ 
cion, el uno de 28 años de edad y el otro de 50. El médico }os 
euro felizmente segim el método mas segii^ que es poner un 
cáustico sobre la parte mordida para promover su supuración, 
y provocar la salivación por medio de las unciones meronría^ 
les» En la ciudad de Arequipa se disputó mucho sobre la lOn 
gitimidad de la enfermedad, escribiéndose en pro, y en oogh 
tra disertaciones muy eruditas por los doctores Bosas y Salva* 
ni. En esta contienda se perdió- tiempo para atajar el oottte*< 
gía Verdad es que en varios individuos no existió la lefpei% 
ma hidrofóbia, sino el temor excesivo de que la tenia», el eual 
se disipaba con la persuacion: y esto hizo creer al profesor Sal-» 
vani que llevaba la negativa, que en todos acaecía lo mismo^ 
basta que los sucesos desgraciados pusieron en claro la reali^ 
dad del mal. El Excmo. señor Abascal, Virey del Perú, luego 
que tuvo noticia de que la hidrofóbia se acercaba á esta capi- 
tal, mandó hacer luia matanza cr<dcida de perros, con lo que la 
'libertó de este azote, pues aiinque en sus hospitales cntió uno 
¿ otro hidrofóbico^ no fueron de la ciudad sino de chacras y 
valles circunvecinos. 

.^? Guando coipenzó esta epizptia en los vaUes dQ la -costa 
fBLbfgp, ó del norte, me escribió el Bachiller D. ^tpsé Fig^e^a^ 
^4o^ perros andaban con las colas tendidas y metid«\s éntrelas 
;i^ern^, aitojaban muchas babas, sq escondía^ d^; las g^ate^Si^ 
ahiillabau fuertemente y luego cáián muertas, les ciaban aceiV 
^ les CQirtabau las orejas, pero no sanaban: los gatos oorrian 
por los t<^cbos con los pelos erizados; los caballos y bnirro^se 
exi^speraban unos contra otros, se tiraban al suelo, y se revóU 
caban, y luego que mbrian se hinchaban y podrían: jas bao^ 
y toros daban saltos^ embestían unos contra otro0, yajwse 
quebraban en esta lid las astas, y luego moriaii hramáis^o*'' 

& El Profesor Estrada aseguraba que de cuarenta y dos 
qxi^ lAurieron en la ciudad de lea mordidos de perros ra)itioso& 
iQsini^ perecieron de los doce á los noventa di$(S siguientes % 
)a mordedura. Guando se desenvolvían los síntomas resultf^ui 
teg del veneno comunicado por ella, apareciain á un tiempolaa. 
QOiiTPlsiones, la opresión del pec^o, los sus|^ir#8,, l^ tffi^tsieift} 



J 



\fk ttq^ii^on fatigoaa» el honor á Icm liqíüdos y á las cotsas 
brillapteai el furor^ los vómitos atrabilarios, y un clamor con- 
.^QO de los enfermos, que se apartasen de ellos los asistentes 
|K>r el impulso que tenían de embestirles, morderlos y destro- 
narlos: ninguno sobrevivió en este estado basta mas allá de 
fi)luco días* 

7? Después del año de 1808 ba ido terminando esta terrible 
epidemia^ y aimque de cuando en cuando se vé en los campos 
UBO úotroperrooorriendo velozmente de acá paia allá, y mbr- 
dieodo á cuantos encuentra, lo mismo que acaecía con muchos 
ponroe poseídos de la lejítima hidrofobia; no apareciendo nin- 

Stna resulta, ptlede reducirse esta enfermedad á la que Mr. 
dombier nota que acomete á los perros poniéndolos furio- 
sos, y excitándolos á monler; pero que no pertenece á la hi«^ 
dnjwbia* 8in embargo lo mas seguróos matarlos, é implorar 
cM: padre de las misericordias no vuelva á ^tps paises una c^i- 
liU0i4<idr too aeerba* 

Germán. Axat. 

12 JP<^'«rot, Las playas diel laar del sur están cubiertas de 
iMMQescables pojaros, entre los cuales se distinguen por su 
inoálealable numero los huanáes^de cuyo estiércol creen a^a<^ 
WMi fonnarse aquel huano, ó tierra colorada de óíqv pene» 
tmnte^ y alcalino, con que abonándose las tierras tripUcaiiy 
7 cua¿ipHoau sus frutos: cteseiibrimiento que hicieron los an« 
tiiguos Indios^ lOAastros consumados en la agricultura. 'Bntn 
ím piaros las gaviotas, garzas, y patos y algimas otras £»h 
nílimjdesoieiidén á la costa por el otoño de las lagunas de la 
lámsrai y peraia:»e<^eD en ella basta la entrada del estío, en que 
ngresAU. Para emprender este vi^e se levantan ala mañana mii 
piutídtos numerosas y coma á poco efitiacio tropiezan con los^ 
eerres altoa que no las' d^'an pasar, se elevan remolinandoseí y 
ftmiaodo eon su vuelo unas curvas espirales hasta que supe^* 
csmAm las eumbres pueden seguir el viige en línea recta. 

38 Bs fteeuente Ter 'colocarse en medio de las espiras un < 
ooiHlor (1) ó para servir de eoiiduetor, é para hacer aku^de dft 



41ji '^Cvotur ^ C<Hn3ke9iii ol^ qaal, porc^ue ^ Copdar hiede. ^ Este nam** 
l9%. y -si 4q 'Tuma'^ foterqn célebi^es #Qtre los antiguos Peruanos; se apeUi- 
Asm CM #IIo8i i^i^reu^ familias ilustreak, «ayos descendiejubes subsisten 
toia^^^psiido los empleos de caciques. Parece, oonforme al signiñcado 
telsf WM%me tobíadñfi^vdenísa de distineiott en ellmperio; con^ráie 4 
Ii)bir)a4sl Ctmiar, f Uk íM Leon^^ qn« 4» slU |mhbísii qsUni SfiíinM^t 



la poderosa fuerza con que se remonta el mayor, y mas Vlgo^- 
roso de los volátiles. En sn aspecto exterior lleva el maelio 
ronchas señales de dignidad, qne le diferencian de la hemlm^ 
tales sonla crCvSta qne le sirve de corona, la cutis floja negra¿ea^ 
que se le plega sobre la cabeza, y recorriéndose para atrás en 
fonua de rizos figura una peluca; y las manchas que le cu- 
bren las alas, y recogiéndose sobre la espaUla del ave <áiando 
para, figura una capa. Véase la excelente memoria de los smare» 
Hwnboldty y Bonpland sobre la Historia Natural del Cóndor im* 
presa en Paris en 1807. Santiago Cárdenas, mas conocido con 
el nombre de Santiago el volador, observó por muchos años 
él vuelo del Cóndor con el designio de imitarle, y dejó esorlto 
un tomo en cuarto, que he depositadoen la Biblioteca del Co* 
legio de San 'Femando. 

14 En esta obra distingue^tres diferencias de Oondoréa 1? 
Moromoro con golilla y capa de color de jerga, ó cenicientoc ti^ 
ne de emberg^ura de 13 á 15 pies. Este es el mas fneorto, y 
el que extendiendo las nerviosas alas hace alarde de bregar 
contra el viento balanceándose magestuosamente sin áleteai; 
y al que particularmente se le atribuye, de que arrebatando 
los recien nacidos corderinos, se los pone sobre la espalda^ - 
afianza con el pico vuelto hacia atrás, y luego emprende el 
vuelo huyendo con su presa. 2^ Cóndor de golilla y capa mus- 
ga, ó color de cafe claro: tiene de embergadnra de II á 13 
pies, y es ligero, y atrevido. 3^ Cóndor de csLpBFy golilla blatf^ 
oa: tiene de embergadnra de 9 á 11 pies, y es el mas hermosoy 
numeroso de la especie. Habita el Cóndor eñ los alto» risooa 
de los Andes, y según las observaciones de Santiago haw dia* 
rifiimente dos viages á la costa en busca de alimento, lo qne 
denota su velocidad prodigiosa. En la anatomía que hiclmoB 
de esta ave, no encontramos, ni vaso aereo que comunicase al 
pulmón con la sustancia esponjosa de las claviculas, ni eonia- 
nicacion del buche á la traquea. La cavidad interior del pecho 
está rodeada de una pleura fina y transparente, que forma va* 
rias celdillas: los pulmones bigan hasta el vientre, y están ad«- 
berentes por su parte posterior á la costillas y espinazo, en co* 
ya unión se hallan estas perforadas; j- oon comunicacioti á lo 
interior de su cuerpo esponjoso. El tefido del pulmón es-poro^- 
80, .así luego que se soplan por la traquea y se le infla,despide 
mucho aire que llena todos los escondrijos grandes, y pe^jine- 



^'Apncimtiu^, gran Cóndor, eomo si dijésemos grande Agalla, '^ Contar* 
ptisac'^, Señor de ocho condoreB. ''Contur-canqui, Cóndor por excelencia 6. 
gran Maestre de la .orden. ''Colqui-puma*', Señor del León de Plata ''CíOK' 
tor apachecta; se nombran por singularidad los picos mas altos délo* Aa« 
des, pora denotar qne son los sitios -á donde solo el-Ooador ebtre 10S,f<oUir 
tiles pnede remontarse y anidar, ^ «v- -W i • *: -w^. • 



-4$- 
fi^B mte lo rodean, y también los huecos del esternón y oosti^ 
lias. Xiáá enjandiás del Oondor son un excelente resolutivo en 
los tumores duros de los pechos, y de otras partes del cuerpo; 

Í'r los Peruanos, le atribuyen ademas tantas virtudes cuantas 
os Europeos al Obi bato, del que dice uno de sus médicos que 
totus eat medícamentosus. 

X5 Insectos* Es constantemente que los paises hámedos, y 
calientes, cual es el de Lima, son infestados de enjambres de pe-^ 
quenos insectos, como moscas, .mosquitos, zancudos, pulgas, 
&• y así no ha faltado entre los viageros quien escriba que 
por e^ta causa no se podta habitar en Lima, lo cual es fal«o, 
porque kt población y el aseo ahuyentan estas sabandijas. El 
invierno en Lima con ser tan suave aniquila las moscas y los 
¿ancudos: mosquitos no hay en las casas en ninguna estación 
del año* Las moscas y los zancudos se multiplican en estío, y 
los zancudos son muy incómodos en especial por las noches 
porque no dejan dormir con el zumbido de sus alas, pero en 
cuidando de que no haya en las casas aguas, que por su deteu-* 
cion estén próximas á corromperse se las liberta de este insec 
tillo que nace de los gusanillos que crian semejantes aguas: 
las moscas tampoco molestan por su número en las casas én 
que se cuida de la limpieza. El piojo se puede reputar estéril 
en la costa y fecundísimo en la sierra: las pulgas, y las chin« 
ches persignen al hombre en todas partes, y de estas incomo* 
dantes tribus no está mas poblada Lima que las ciudades de 
Europa, pues solo en París hay setenta y siete especies de 
chinches ^1). 

16 El impertinente, el molestísimo insecto de la zona tórri-p 
da es el pique^ que en otras partes nombran nigua: inmundo al 
extremo busca los corrales donde están los cochinos y en ellos 
ae multiplican al infinito: los muladares inundados de orines 
hierben de piques, que también andan tras los pies del hombre 
persiguiendo con encarnizamiento á los pezuñentos y demás 
que no cuidan de su aseo. Menor que la pulga aunque de su 
oolor, se introduce por entre los zapatos y medias para apo^ 
aentarse en las partes mas delicadas del pié, como son las 
hendiduras de la planta, debsyo de tas uñas: ahí se clava cau- 
sando tanto dolor como causa la punta de una aguja, y se 
afianza de manera que es muy dificil desprenderle. En que« 
riendo practicarlo se maltratan por lo regular las carnes coa 
las picadas que hacen las puntas del agi\ja, & alfiler con que 
comunmente se extrae, se ensangreuta la parte de la cual 
quiere arrancarse, y lo que al fin se consigue es partirle, que- 



■wr 



(1) Itüir^ carta al señor Maños, y loe sancudoii, moecací y mosquito» 
son i]ii]>ertiiieDtÍ8ÍiBos en Andalncía. 



dando clavada la mitad que excita m^yoif dotox que al ffÚé 
prodooe estando entero, l^ot esta razoa los experimentados oa 
^tán quietos ciiatado perciben que se les ba clavado al^in pi- 
que dejándole crecer uno ó dos días debajo de la epidermis: 
aquí formasiyi¡do,yeste mínimo y uegro insecto váconvirtién* 
dose en un globo blanco como una mediana perla, añskUzsAo 
á la cátis por el panto por donde se clavó en ella, que es stl 
boca, con la que chupa ^1 jugo que le nutre y aumenta sti 
cuerpo: luego qiie ha crecido no es otra cosa que un conjuntó 
de innumerables huevecillos ligados por un gluten blanco,ycu-* 
biertos de un común cuero que en forqiade globo los encierran 
todos. Mientras el pique crece casi no causa incomodidad; mad 
luego qife 3^a ha tomado el debido aumento, sino se te extrM| 
punza dolorosamente. A dos ó tres dias de introducido yaea^ 
tá en estado de sacarse. En esta operación son diestilsimos IM 
negros por el continuo ejercicio que tienen en d misñlod. Ld 
practican separando cuidadosamente con la punta de uii aífl-^ 
1er la epidermis debajo de la cu<al está la nigua, la qtle des^ 
pues solo queda pren(Iida por su boca rojiza, i^ntouces la'M-^ 
sartan por él centro del globo, y la extraen: debe cuidaf^ mu- 
étío de que no sé rebiente al tiempo de la ói>eracion, poiqué 
eu este caso quedan derramadas varias liendres que son ottM 
tantas zabandijas parasíticas que infestan el pié, porqué si sé 
ha dejado parte del zurrón sobrevienen inflamación, dolót, 
y supuración para arrojar este cuerpo extraño. 151 liueo(> 
que el pique deja en el pié, se llena con tabaco en polvo 
ó con ceniza de cigarro, lo que se ejecuta con el designio 
de qu6 el tabaco, eomo irritante y corrosivo, nestrifiaí los 
vasos, que puedan bal^erse abierto, y eonsuma «ualqQiwpi» 
nejito que baya quedado, y se evite el dolor que sobreviim^ 
euando se ^Ja á que lo pudra el ouerpo viviente en que m Im* 
Ha. Sin la operadou de la extracción se matan los piqaetifiD^ 
tando las partes en que anidan con ungüimto meronriál^ 6 eM 
tina mezcla de aoeite y jabón: de uno ú otro modo mneDeB^ f 
se desprenden en tbrma de costra. Bl aoeite aplicado tibio Ék« 
tria las partes que han quedado lastimadas de resulta de ki 
extraceioii de los piques: y es necesario qne el nue los Ua toni^ 
dó cuide mucho de no meter lospiésenaguafriamientrajiiio.ttih* 
ten enteramente sanos, porque oorre el riesgo de odntoaerla 
terrible enfermedad del pasmo. 

17. Anímales perdidos. Apesar de la distancia en que }my 
moran diferentes naciones de la tierra^ se encuentra en an 
tradieidn^ que sos antepasados vieron un mismo objeto^ tti^ 
ya descripción ó imagen fueron después aplicando, segualas 
ócitrrencias análogas que les ofrecían sus opiBionea, sdiglon 
ó costumbres. Jeh^va en medio del magestuoso apkt^to £ IM 



i^lámpa^os y traenos desciende á la cima del Sinaí, á intím^u: 
la Ley a los Hebreos. Esta augusta imagen del poder y lá 
grandeza divina, es luego aplicada á Jfípiter vibrando rayos 
contra el e.íercito Griego desde la cúspide del Ida; y el grande 
hombre^ no aparcfce de otro modo sobre los montes del Obip 
para exterminar con sus dardos un feroz animal que asolaba 
las campiñas. [1] Así también bajó en otro tiempo el Ángel 
Celeste sobre la punta de Santa Elena en la América meridio-* 
nal, para arruinar una raza impura y feroz de Gigantes, que 
liabiendo aportado allí de regiones desconocidas asolaban el 
país. [2] 

X8 Los indios de uno y otro hemisferio comprueban la ver- 
dad de.sus tradiciones con las grandes muelas gue se hallan 
soterradas en los sitios indicados. En el Perú se encuentran 
igualmente cx)n otros huesos de enorme magnitud en la Pro- 
vincia de Chichas cerca del trópica de Capricornio, y no faltan 
rastros de ellas en el reino de Chile. 

19 Ue tenido cuatro de estas muelas, de las cuales conservo 
una en la Biblioteca del Colegio de Medicina de San Feman- 
do. Comparadas entre sí he juzgado por su configuración, que 
no pertenecían a un mismo elefante fócil; sino que tres eran 
de la especie del Jfammotft, y una de la del Mastodonton de 
Ouvie* De «londe se sigue que estos corpulentos cuadrúpedos, 
que habitaron en tiempos i'emotos en la Siberia y Norte Amé- 
rica, penetraron en la Meridional donde han dejado á sus na- 
turales en los despojos de bu ruina un recuerdo de la existen- 
cia y castigo de lo.s gigantes antidiluvianos. | Estos fragmen- 
tos huesos reputados por parte de su esqueleto, no serán mas 
bien petrifícaciones de tierras y aguas calizas? Entre los pue- 
blos de los^Chomllos y Miraflores en el sitio que llaman la ca- 
lera destila al pié del barrar co una jagua caliza, que á las pie- 
dras que baña las deja cubiertas de unas láminas, que tienen 
tí mismo aspecto que las láminas huesosas del cráneo humano; 



^ IIL 

INFLUENCIAS DEL CLIMA EN EL HOMBKE. 

. r Aunque todos los hombres que pueblan la tierra descien- 
dan de un mismo padre, la diferencia de climas, usos y ali- 

(1) LoB indios de la América d«l Norte llaman á Dios el gran hombre. 
JeffersoD; Note^ on tbe Virginia pág. 56. 

(2) Garcilasoy 1. 1 pág. 318. • 

TOM. TI. LlTEBATÜRA— * 



—46— 
m^itos á que los redujo su primera dispersión^ ha ido iutio- 
duciendo tal diversidad en sus faccioües y propiedades^ quQ 
al comparar en el dia varias naciones, parecen derivadas de 
distinto orí<ren. Esta desemejanza es mas perceptible entre laa 
que habitan la Europa, la América, y el África; porque el 
Asiático puede reducirse en parte á las primeras, y en i>arte á 
las segundas, conforme á las latitudes bajo de las cuales mo- 
ra« El color blanco salpicado de cahnin en las mejillas, pelo 
rubicundo, ojos azules, facciones hermosees, solide^en el pensa- 
miento, y un corazón lleno de una fiereza generosa son los ca- 
racteres del Europeo en su perfección y cultura. 

2 Un color cobrizo 6 amarillazo, pelo negro y largo, ojos 
negros, facciones delicadas, aire melancólico, imaginación 
pronta y fuerte, corazón sensible y tímido: he aquí el retrato 
general del Americano. Un pelo enrizado que no se levanta 
del cascoj facciones salvages, color negro, espíritu pesado, y 
un corazón bárbaro han tocado en triste herencia á la mayor 
parte de los Africanos [1]. La población de Lima se compo- 
ne de estas tres naciones. .Condujo á la primera la gloria 
de conquistar: la segunda es originaria del pais, y la terce- 
ra ha sido arrastrada x)or las cadenas de la esclavitud. Estas 
diferentes tribus se han reunido, mezclado, y hecho nacer en- 
tidades medias. Algunas ramas conservan su origen primiti- 
vo; pero el clima ha hecho impresiones en ellas, que manifies- 
tan no nacieron en el suelo donde está arraigado el tronco de 
sus abuelos. Vamos á examinar por partes este punto intere- 
sante: y para guardar un orden claro trataremos de las sigila* 
clones que parece imprimir el clima: y concluiremos presen- 
tando una tabla, que haga ver á un golpe de que modo han si- 
do afectadas por ellas las diferentes castas que le habitan. 

3 En un pais situado en el centro de la zona ardiente, pero 
reduddo su clima ^ un temple benigno por la superabundan- 
cia de humedad de la atmósfera, deben los que viven en él 
tener un cuerpo débil. La humedad impide la firme unión de 
los elementos que componen las partes sólidas del cuerpo hu- 
mano: el calor produce una transpiración abundante que re- 
laja la cutis: [2] ambas causas un aire falto de elasticidad. 



(1) El Europeo y el Africano están puestos á los extremos de la esi>ecie 
humana en color y facciones. El Europeo tiene arqueados los huesos fion- 
tal y occiptial; prominente la nariz, redonda y proyectada ó sacada afuera 
la barba, y aplanada la boca, y el antebrazo mas corto que el brazo. En el 
negro están complanados frente, nuca, nariz y barba; solo la geta sale para 
fuera: su antebrazo es mas largo que el brazo, y el talón ó hueso del carca- 
ñal mas largo y prominente há«ia atrás que en los blancos^ 

(2) Juan Bautista Clemente Rouseau, pretende, que en el cuerpo huma' 
no solo hay absorción por los pulmones, y i^ue por consiguiente no hay f a- 
BOB inhalantes en la cutis. ^^An innaugural Dissert.^' Phüadelphia^ 1800. 



—47— . 
Dé aquí debe seguirse que la aiiimalizacion, ó coQversiou de 
las substancias vegetales en anímales por las facultades del 
cuerpo sea imperfecta, y que la sangre no se bata ni anime 
bien en los pulmones: sus globos carecen de la rubicundez en- 
cendida que tiñe la mejillas: hállase su parte crasa recargada 
de gluten, 6 linfa coagulable, y su suero es bilioso Ó de color 
amarillo. Por otra parte la variación continuada del tiempo 
en casi todo el año trastorna las funciones de los vasos cireu* 
latorios, y en especial de los inhalantes y exhalantes, y la 
transpiración se desordena é interrumpe. Así la sangre üo tie<- 
ne en arterias y venas el curso igual y vivo que extiende la 
fuerza y la vida por todos los miembros, y el vigor muscular 
se abate y debilita. De aquí es ser la pereza un vicio inherente 
á los moradores de estos climas. El cuerpo enervado solo de- 
sea el reposo y los placeres. Es preciso estímulos muy fuertes 
para sacarle de su* apatía, y aunque la juventud fogosa y agi^ 
tada supera esta fatal inclinación al ocio; pero pasados los ím- 
petus de los años florecientes, se adelanta por lo común- la 
edad que llaman de la prudencia, cual es la de no hacer nada. 
El ilustre Humboldt me confirmó en la opinión, de que aun 
nuestros animales domésticos, como el perro, eran de condi- 
ción mas tratable, ó ya sea mas poltrones que los de Europa, 

La térra molle é lieta édilettosa 
fSimilí á se gli dbitator produce, 

Tasso: la Grerusalem O. 1 Oct. 62. 

4 Mas cualesquiera que sean las causas físicas, que induz- 
can la morosidad y pereza en los habitantes de los climas cá- 
lidos, las causas morales pueden en ellos, no solamente con- 
trabalancearíais; sino también destruirlas, haciéndolos tanto 6 
mas laboriosos que los moradores de las regiones frías. Paises 
cálidos habitaron los Asirlos,. los Partos, y los Atabes, que por 
tanto tiempo mantuvieron el honor de la victoria, y con expe- 
diciones activas sometieron á su imperio naciones dilatadas y 
valerosas. En paises cálidos moraron esos Fenicios primeros 
comerciantes de la tierra, y cuyo genio, actividad, y magnifl* 
cencía permanecen esculpidos en los suntuosos restos de 
Tadmour 6 Palmira. Ni carecieron por cierto de mérito las 
obras públicas de los habitantes de los paises ecuatoriales, cu- 
yas minas subsisten todavía. Ita enim et leges ad animi mag^ 
nitudinem plurimum faciiint Hipocr. de Aer. loe et. aq. 

5 Facciones. Bajo el imperio de las causas anteriores preciBo 
es falte en los hombres el aire, y los rasgos varoniles, que de- 
ben ser fuertes y algo ásperos; por el contrario el sexo f&m»' 



nÍDodebe caminar á su perfección, si la hermosura, según pa? 
rece convenir los hombres, debe consistir en facciones delica-r 
das, de expresión tierna, ojos negros con pupila rasgada, ani^ 
mados de fuego y de sensibilidsui: caracteres de un cuerpo 
endeble pero electrteado (1). El hombre naturalmente activo y 
feroz desdeña cuanto le parece rebajar su fuerza y soberanía; 
pero no puede resistir el imperio de un ser débil, que expresa 
implorar su protección. Foresto es que una muger agreste de 
rasgos y fuerzas salvages no tiene para él encanto, ni atracti- 
vo; entre tanto que le domina plenamente la débil ciudadana 
educada en la molicie. 

6 Color. Que la diferencia de colores dependa de la diver- 
sidad de climas, como de causa principal, me parece inoontcsr 
table. En echando la vista sobre el globo terráqueo, se vé que 
todos los pueblos que viven á una igual latitud tienen co- 
lor semejante, á menos que algunas circunstancias peculiares 
varíen esta ley universal. Los dos extremos de calor y frió 
producen el color negro. En el Senegal y la Guinea, regiones 
donde el calor es excesivo, la especie humana es perfectamen- 
te negra: y entre los Groelandos, en donde el frió es sumo' los 
hombres son morenos, y los hay también neo^ros. Cuando el 
calor y el frió no son demasido fuertes es mas claro el color hu- 
mano: y si el clima es algo templado como en Berbería^ el Mo- 

f;oI, y la Arabia, el color bazo es el común. Finalmente bajo 
os grados de temperatura que corren del grado 4® al 5® lat. ST. 
|a especie humana es perfectamente blanca, cuyo color es sin 
dnd^ el original. 

7 Conforme á estos principios, los habitantes de Lima y de 
esta costa debian ser del todo prietos, pues están á esta ban- 
da clel ecuador bajo las mismas latitudes que el Senegal á la 
otra. Pero el calor obra allá en toda su fuerza, cuando por el 
contrario en el Perú se halla reducido á una influencia benig- 
na por las causas ya expuestas. Introd. 

8 El mayor aumento del terinópietro en Lima es de 23 gra- 
dos, cuando en el Senegal sube á38. Por esta razón el color de 
los aborígenes, ú oriundos de este pais debe ser un color dis- 
tinto del negro, y que se aproxime al bl£^pco. Este es aquel 
^\ot amarillento, que hemos dicho imprimir el clima con cier- 
ta especie de preferencia en todas sus producciones. Sec. II. 
ÍI.-7. 

9 Es un punto importante el resolver, de que modo el clima 
pro4nce el color negro de azabache ' en el África, y el cobii- 

p] Th^largeness of the apertnre of tlie iris, or ptipil of the eye, whioib 
has beeo reckpned by some á beatifal featnre in the témale coimteDanoej, 
M aii iiidicacion of delicacy, bnt to an ezperiencied observer it » aa Indlea- 
tHH)ofdebility. Parlwin: — Zoonomía^ Seet. XX^I. 



zo 6 membrillejo en América. Los humores y en especial la 
cólera son fe fuente de estos tintes. El color de esta es ama- 
rillo, y cuando se halla muy silbido se convieite en negro. Al 
2? ó 3? dia de nacer nn niño se cubre de ictericia, la cual en los 
blancos se disi]^ sin dejar impresiones; al contrario en los ne* 
gros deja sobre la cutis un color indeleble de azabache, y aun 
su sangre está teñida del mismo. Sus hijos nacen blancos 6 ro» 
jos cx)mo los de los demás hombres; pero al 39 dia cambia la 
ictericia estos colores eií un moreno amarillazo, que opacán- 
dose mas y mas, se hace pesfectamente negro al 79 ú 89 dia. 

10 En los climas ardientes, pero templados por vient«^s hú-» 
medos y frescos, la cólera igualmente abunda, tiene un color 
amarillo subido, y tino á los niñosdeun color cetrino mas óme^ 
nos claro, según la constitución del aire. A las riberas del mar, 
en queel calor se atempera por vientos húmedos, el colorcetrino 
es opaco; pero al pie de los montes donde la atemperación na- 
ce de vientos enfriados por las nieves, el color cetrino es muy 
claro, y los allí nacidos enmlan el arpeoto, y color rosado de 
los Europeos del norte. Los moros de Berbería en la costa del 
Mediterráneo son mulatos; y blancos los que habitan las mon- 
tañas de Fez del lado del monte Atlas. Los españoles de la 
costa opuesta son morenos, y blancos en las provincias inte- 
riores. De la misma manera son mas ciaros los que habitan al 
l)ié de nuestras sierras, que los de la costa del Sur, y los hifca 
de los Europeos conservan allí la blancura y mejillas encama- 
das que han perdido los de aquí. 

11 Parece pues que el calor del clima influye haciendo qne 
la secreción de la cólera en el higado sea abundante, y su tin- 
te mas ó menos opaco, y que cotiforme á las cualidades que 
de la influencia recibe, imprima la variedad de colores que ti- 
fien á la especie humana, fuera del blanco. 

12 Siendo este el color original, se necesitan según Mr. Ma- 
net en su excelente Historia de África 300 años 6 quince ge- 
i^eraciones de ^ 20 años cada una, para que pe cambie en nn 
^lor perfectamente negro. Las repetidas tinturas de unas ge- 
neraciones á otras van formando un ^jarácter original é indele- 
ble, y así aunque los hijos de los negros nazcan blancos, traen 
en sus genitales y raices de las uñas el sello de su futuro color, 
Y es preciso la mezcla snccesiva con personas blancas para 
|)orrarle, ó que reciban las influenciasde otros clinias para pasar 
del negro al blanco por tantas generaciones, cuantas fuero4 
pecesarias paia transpautarse el último en el anteriuir, 



—50— 



§ IV. 



ijíFLU encías sobee el ingenio. 



1 Todas l^s nacíoiies de la tierra se disputan la preferencia 
d^l ingenio, don precioso que distingue á el hombre de las bes- 
tías; pero los europeos, que hoy triunfan en las otras tres partes 
del globo, no menos por la energía de sus plumas, que por la 
fuerza de sus armas victoriosas, se han erigido en tribunal y 
-sentenciado á su favor. Las facciones exteriores del cuerpo, 
dicen, son una seüal cierta de la excelencia del alma que le 
habita* Eslabonados todos los seres de la tierra por una cade- 
na que se ata al pié del trono de Dios, descienden por medio 
de los ángeles al hombre, quien conforme vá perdiendo las be- 
llas disposiciones de su cuerpo, se vá degradando en los pri- 
vilegios de su alma, hasta tocar con los brutos. El principalin- 
dicio. del talen toes la filíente arqueada: por lo que aun éntrelos 
irracionales el elefante es el mas sagaz de todos por tener esía 
distinción: al mismo tiempo el arqueo de la ñente al que so 
proporcionan los demás rasgos de la cara constituye la belle- 
za. Tirando una línea orizontal que atraviese la base del cra^ 
neo, y dirigiendo otra recta á su encuentro sobre el labio supe- 
rior del arco de la frente, en su reunión han de formar un án« 
guio mas ó menos abierto según la curvatm^a de la frente. Los 
antiguos estatuarios de la Grecia, que en sus obras nos hande^ 
jado los modelos de la hermosura median el punto de la mas 
alta perfección por el ángulo de 100 grados [1]. Todo ángulo 
mas abierto suponía un rostTo imperfecto. Los estatuarios Eo^ 
inanos cerraban algo el ángulo, haciéndole de 95? Cualquie« 
ra: de las dos medidas que se tome y aplique á los rostros 
de las naciones manifestará, que los Europeos ocupan el pri- 
mer orden, formando la mensura de sus caras ángulos de 90 á 
^09: que los Asiáticos están en 2? lugar, resultando un ángulo 
80 á 75?, por complanarse un tanto su frente: que los Ameri- 
canos en quienes se complana algo mas la frente, solo dan 
ángulos de 75 á 70?, así están en tercer lugar. Finalmente es- 



(1) No haj proporción alguna^ ni linea, ni figura, mucho menos la angu- 
lar, que con preferencia á otra« deba servir de base ó regla exclusiva para 
medir la beUeza. Bui'ke on the sublime and beatiful; pág. 185, Véase á CaiQ-i 
per "varietés de la physionomie." París 1792. 



-^1— 

tas proporciones van decreciendo 'en los Africanos^ en cuyos 
negros por la complanacion de sus frentes los ángulos son de 
solo 70 á 60 grados^ que es ya la medida de la cara del Orang^ 
Outang, en el que el ángulo es de 60 á 50^ y ¿n cerrando algo 
más el ángulo, ya saltan las caras de los cuadrúpedos [1]« Por 
esta razón el negro es el último en la cadena, y el que eslabo-* 
na al hombre con el bruto. Pues con esta misma degradación 
que hemos notado descienden los talentos desde el celestial y 
sublime del europeo hasta el torpe y rudo del negro. Por esto 
los hombres nacidos en aquella dichosa parte de la tierra son 
los hombres de pensamiento entre quienes solos pueden flore^ 
eer las leyes, las artes, las ciencias^ y el valor. El Asiático sin 
talento para reformar sus placeres y despotismo: el America- 
no para salir de su ignorancia: y el negro de su brutalidad, no 
pueden presentar otra ventaja respecto del europeo que la de 
sus sentidos corporales, supuesto que la agudeza de estos care- 
ce en la razón misma en que se menguan los privilegios del 
espíritu [2]. ' 

2 Estas ideas curiosas y brillantes que parecen fortalecidadi^ 
por la experiencia en estos siglos, arruinan de un golpe é» 
mano, y privan á las otras tres partes de la tierra de lo mas 
caro en el hombre, la belleza en el cuerpo, y el talento en el 
alma. 

3 Pueden no obstante combatirse victoriosamente, restita- 
yendo á tres partes del género humano la esperanza de ascen^ 
der á la gloria de que es capaz el hombre. La vicisitud de lai^ 
cosas humanas to<fo lo trastorna. Los imperios se abisman <te 
tmas partes bajo de su mismo explendory cultura, dejan do 
apenas rasgos imperfectos de ^u existencia; al mismo tiem^^^o 
que se levantan otros en el centro de naciones rústicas, que 
olvidando en su felicidad el origen de sus luces, destrozan co- 
mo niños ingratos el seno que las ha alimentado. Bn retrocó-* 



(i) La cara del mono comim da ángulos de 50 á 40**. Son menores losqu» 
resultan medidas las caras de los perros: menores que en estos en las aves» 
Y asi se y á cerrando la perpendicular del ángulo recto del europeo hasta 
confundirse con la línea orizontal en la chocha ó gallina ciega. Como á pro- 
porción que se complana la frente hay menos cerebro, hay también menos 
razón. White: "An account of tho regular gradation in man." LondoH 1799- 

(2) No carecieron dé talento se^ramente los Griegos, y con todo, stC 
vista era tan perspicaz en testimonio de Páusanias, quB desde Sunnio á lé 
distancia de diez leguas marítimas descubrían el extremo de la lanza, y ^t 
penacho ó ci^esta del yelmo de la estatua de Minerva, que estaba en ol íÚ-' 
cazar de Atenas. A esta asombrosa agudeza de la vista debieron el pódela 
discernir en los objetos animados sus mas pequeñas irregularidades, distíií' 
gnir sus mas delicadas bellezas, sus gracias mas recónditas y percibir en- fin 
aquellos matices casi insensibles de con tomos que al expresarlos cott el^ft^^ 
cel ó el buril parecieron transmitir á la copia la verdad, el moTimientd, fl» 
vida del oríginal. Pardo, Cuadro de la transf. pág. 91» - - ■ 



diendo por los siglos anteriores gaiados del hilo de la liistxidá^ 
enooDtraremos las naciones del Asia y el África inven tandof 
las artes, las ciencias y las leyes: llevando su ln;s por todas 
partes, y haciéndola brillar como la de una antorcha clarísima; 
cuando Europa era un país de hombi*os galvajes. Fué necesa- 
rio que repetiílas colonias conducidas del ISjipto (1) y tlel Orien- 
te por los Pelasgos, Oiíeo, Cecrope, Oadmo, &, amansasen 
los padres de la sabia Grecia, mientras que los Fenicios y lo» 
Cartagineses reducian á un sistema racional los pueblos del 
otro extremo, nías ignorantes cuando aquellos aportaron, que 
ios Americanos en los días de su descubrí (niento y conquis- 
ta. (2) Y como echar los fundamentos de las ciencias arguye 
mas talento que el adelantarlas, no sé por donde hagan ma- 
yores ventajas las almas que animan los cuerpos que tienen 
las frentes arqueadas á las de los que las tienen planas. 

4 Hacia el siglo VI, las luces que del Asia y el África de 
habían ditundido por la Grecia y España en Europa, se eclip- 
saron. Dos pueblos vinieron á sojuzgar las bellas provincias 
del imperio Romano. El uno salió del Norte de la Europa, el 
otro de Arabia: el primero introdujo la barbarie hasta lo su- 
mo| él segundo empezó á disiparla, y á elevar la Europa por 
grados al alto en que hoy se halla. Bagdad era entonces el 
oentro de la política y cultura: y también Oórdova, y Sevilla, 
colonias que hablan adquirido sus armas vencedoras. Aquí 
era necesario viniesen los hombres de Francia^ Italia y Ale- 
mania que querían tener algún com^cimiento en las ciencias 
naturales, y x>or los conocimientos bebidos en las célebres es- 
cuelas españalas, eran al regreso reputados en su patria por 
briyos y hechiceros. |Qué se hubiera entonces juzgado sobre 



(l^ Los Coptos en quienes se cónrierva ÍA tsízA originaria de los antigaos 
Egipcios tienen el aspecto de mulatos, y probablemente descienden nle ne* 

Sros. Las facciones del Esñnge copiadas de los primitivos pobladores de 
gipto. son enteramente do africanos prietos, segiiu lo manifiesta el diseño 
del ciudadano Cusas en sü viaje pintoresco de Egipto. Herodoto pinta á los 
naturales de est-e país. L. lí, pág. 150 cubiertos de pellejo negro y cabello 
cyespoí y Blumembac en uncí memoria publicada en 1794 asegura naber di- 
secado muchas momias egipcias, y que de sus observaciones resultan per- 
tenecer á la raza negra, por sus pómulos elevados, labios espesos, narices 
grandes y achatadas y prunelas resaltantes. Volney voyage en l^irie T. I, 
y es probable que Atlas y sus hyos primeros astrónomos, y poseedores del 
£glpto eran negros africanos. Carli, Lettre, T. II. Luego est^^ miserable ra- 
za, acerca de la cual hoy se disputa si tiene la inteligencia de los hombrea 
l>la]itíos, fué la primera y verdadera maestra de éstos en las artes, las cien- 
das y la política.' 

(2) When Great-Britain was ñrst visited by the Phoenicians, the inhabi- 
ta^ltfi^ were painted savages, much less civilioed, than those of Tongata- 
boQ, or Otahiti. The World displayed. VoL 8, pág. ''¿4: y los PP. Moheda- 
not Bitt. Lit. tom. 7, pág. 141-167, dicen lo mismo de España. 



esta comparación de rostros, como indici(»8 de qjue unas almas 
eran mas capaces que otras de las cienciasf 

6 Peroseamay enhorabuena qiie las bellas fsicciones, bajo 
el plan que las caracterizan los europeos^ sean las señales mas 
ciertas de la nobleza de los espíritus: eñ esté éaso' todas las 
naciones se disputarán la palma^ pues én todas ellas hay pue* 
blos capaces de competir, y exceder á la tnisraa Ventld. Yo no 
tengo para que ponderar los habitantes de Georgia, Mingrelia, 
Oircasia, Oashimiry, ni de otros muchos paises de Asia, cuyd 
aire magestuoso, y as]>ecto encantador llevan ]^ palma á los 
de Europa en testimonio de muchos viageros. 

6 En ninguna parte dice Mr. Bougainville pueden encon- 
trarse modelos mas bizarros de un Hércules ó de un Marte 
qne en Otahití. Las mugeres tienen facciones no menos agra- 
dables que las de Europa, y en lá simetría y bella proporción 
de sus miembros pueden disputársela á la mas aventajada. 
Las del continente no tienen menos gracia que las isleñas. En . 
esta América meridional son comunes los ojos grandes negros ^ 
y animados de fuego, de que se pagaban tanto los artistas 
griegos como un gran punto de belleza en ambos sexoi?, que 
en todos sus bustos y medallas los ojos son mayores que en 
los de los antiguos romanos (1). Aun hoy el mayor elogio qué 
se hace en Oriente á una señorita fina, es decirle tiene los ojos 
de la Antélope, hermoso animal de AMca y Asia, al cual pue- 
de disputárselos nuestra oveja i>eruana, que los tiene tan be- 
llos y centellantes» Oomo ellos caracterizan la constitución 
delicada y sensible que influye el clima, los ha marcado así en 
el hombre como en el bruto. 

7 Las islas de Pelew á donde el año de 1783 ñié arrojado 
por una tempestad el capitán Wilson dan un noble testimo- 
nio de las disposiciones naturales del hombre americano para 



(1) Para darles rnaa gracia y fuego, los hundían en las cabezas ideales de 
la escultura, mas de lo que les ofrecían los objetos originales, porque resul- 
tando así mayor contraste de sombras y luz, resalta aquella animación que 
según Pimío reside en los ojos: profeoto in ocuIís animus luibitai. Nat» 
Hist. y^l rostro adquiere enresion y vida. Con este ñn las damas Atenien- 
ses dcgaban caer los rizos del cabello sobre la frente basta cei^ca de las cejas, 
y las indias del Perú forman el ureo ó monte, costumbre que se ba renova- 
do en nuestros tiempos, porque de este modo brillan los ojos eif el seno dé 
las sombras^ el obseiTador concentra allí su vista y percibe los mas grado- 
sos relieves y contornos déla cara. Pues nota Edwars, que la naturaleza 
para librar de la actividad de los rayos solares los bellos v tiernos ojos de 
fas habitantes del Ecuador los colocó en cuencas mas profundas que en las 
moradoras4e Europa, que los tienen á flor de la cara. Y como por otra par- 
te las ha concedido mi pelo negro y espeso que ciñe y estrecha el ámbito* 
déla frente^ reúnen la gentileza y elegancia de las mas bellas facciones. 
I^teiaéida nigris ocuU$, nigraque capiUo» Horati 

ToM. VI. Literatura— 10 



—54— 
la civilización y cultura. Eütre suar tiiotadóred sin oomuniM^ 
clon con ninguna parte del globo, se encontró tal aiíiabilfdad, 
política, y delicadeza de sentimiente^, que los inglé;ses qaedardn 
admirados de la ex:.elenc¡a de unos ingenios que por sí solos 
habían sabido salir de la feroz barbarie, y escucharla amable 
humanidad. No snpó la fecunda imaginación de Homero fin» 
gir una teippestad mas horrorosa, ni una acogida' mas huutk^ 
na, cuándo, las olas arrojaron á Ulises sobre la isla 4e Oalipso, 
que las que experimenta el capitán Wilson al naufragar sobre 
las rocas, y al ser recibido por los isleños de Pelew. Oigamos 
á este mismo ingles pintar la hospitalidad, y cortesanía con 
que él y sus compañeros fueron admitidos y consolados. ^^Les 
isleños sintieron nuestros desastres, y procuraron aliviarnos 
por todos los medios que podian ministrar. No eta ésia gene^ 
rósidad aquella magnificencia ostentosa^ que concede f extien*- 
de su favor, teniendo por fin, aun(]fue á veces con Síéívaz^ la 
reíribucion. Era la pura emoción de una benevolencia nato* 
ral. Era el amor del hombre para con el hombre.*' Llofrairon en 
Hacaq los ingleses lapérdida del niño Lee-Boo entregado porel 
Eey Abba ^fiíulle sú padre, *^para que aprendiera todas laa 
cosas que debían saberse, Se hiciera un veixladeró ingles^ y 
volviera á ser benéfico á su patr'.a.'^ La fatal viruela ec^tó las 
esperanzas de este padre generoso, y malogró los cuidados de 
los bretones, á quienes asombraban la rapidez con que sn espi*' 
ritu ava'nzaba en el idioma, la escritura, y la aritmética, y íMine* 
Has maneras delicadas de atención y sagacidad, con que sttbial 
corresponder en las visitas, aun estando su imaginadion sift 
fijeza por los objetos nuevos que la herían. 

8 Tampoco el África, aun en la Guinea y países adyacen- 
tes en que está la mayor degradación, presenta una deformidad 
tan absoluta como se cree. Los negros del Senegal poseen 
hermosas disposiciones corporales, tienen la misma idea de la 
hermosura que los europeos, y pueden competir en ellü c(m 
estos, prescindiendo del color, en que el prieto de azabache es 
el que mas estiman. La nariz chata y frente aplanada no son 
facciones queleshaimpreso la naturaleza. Provienen coiqq ob- 
serva el P. Terre. de cargar los niños á las espaldas, y con los 
repetidos sacudimientos queda la madre, se estrujan contira stt 
nuca laiiuiiz, frente y labio inferior del infante, de donde na- 
ce complanarse los dos primeros y formarse la geta del teice- 
roj lo que no sucediendo á los hgos dé lOs nacidos en las ooio- 
mns no adquiere» esa deformidad, de Suerte que á la segtiüdtt 
ó tercera geoeracion tienen un rostro bien for9iadó. Ya sé qiió 
en estos climas ardientes parece que eis otra la naturaleeía faii- 
mana, por la rudeza de los rostros, bárbaHe^ y túfpéth de loe 
ánimos; pero lo mismo Sucede al norte de Europa y Aeda don- 



—55— 
^6 el .trio ^s lloro, c^qf^p entre los Lipones, Samoyedofi, Bo- 
T&pdiauoB, Oalmncos, &. &. Sus caras y najíiqes aplastadas, 
-800 mal formados miembros, su aire nóstico, ^us U903 bárba- 
ros presenta^ unas facciones tan contrahechas y desapacibles 
que la costumbre que tienen de ofrecer los maridos sus muge- 
res á los transeúnte, y estimar unos y otros se reciban, es por ' 
Mtísíacerse de que. no son tan feas, que desmerezcan la aten- 
cicín de los hombres mas bien formadas; porque ^n jos países 
-domle tiene mejor disxH)sicion el bello sexo como ^n Persia, 
China, &, lejos de encontrarse esta fi^anque^a, son los hoi^bres 
celosos. 

9 Ko puede, pu^, la diferencia de facciones argüir diyersi- 
liad en los talentos; y cuando esto así sea, no tiene de que 
gloriarse la Europa, pues si en ella se encuentran naciones 
bien fomiadas, las hay también en las ptras partes de la tier- 
ra, y QÍ la Añica en el centro de sus inpendios produce hom- 
bres que parecen entes medios entre pl racional y el bryto, lo 
mismo sucede en los helados paises del norte de Europa. De 
aquí nace la consecueiicia de que el espíritu racional está igual- 
mente distribuido en todas las partes de la tierra. En todas 
^llas es el hombre capaz de todo, si es ayudado por la educa- 
ción y el ejemplo. Ya se vé que en las regiones templadas 
por su situación ú otras causas serán mas rápidos y estables 
los progresos; pero lentos en las heladas y ardientes por laim- 
proporcion del clima, que, ó con su calor sofocante abate el 
cuerpo, y, le imposibilita al trabajo; ó por el rigor de sus ye- 
los y continuada noche en la distancia del astro del dia, le 
permite únicamente abrigarse en las cuevas. 

10 Supuesta la igualdad de proporciones en los paises tem- 
plarlos, solo se exceden los hombres en ejercer en unas partes 
ciertas facultades mejor que otras por las influencias del cli- 
ma. Así ha solidez del pensamiento y el descubrí núento de 
verdades que piden reflexio.n, me parecen sobresalir en los eu- 
ropeos. Habitando un clima templado por una situación, (^ue 
en el medio de iguales distancias del Ecuador y polo, se incli- 
na á éste, sin faltar la luz y calor que nutren la vida en el hom- 
bre, el frió dá á sus nervios una elasticidad y tono capaz de . 
mucha atención y constancia. 

11 A los que nacen en este Nuevo Mundo ha tocado el pri- 
vilegio de ejercer con sui)erioridad la imaginación, y descu- 
brir cuanto depende de la comparación. Yo por imaginación 
no entiendo aquellas fuertes y tumultuosas impresiones exci- 
tadas sobre nuestros órganos por objetos análogos, ú opues- 
tos á nuestras pasiones, y en los que grabadas profundamente 
recurren perpetua é involuntariamente, casi forzándonos á 
obrar como á los brutos, sin deliberación, ni reflexión. Entieu* 



do el poder de percibir con rapidez Iba imágenes de los oble- 
toSy sus relaciones y cualidades, de donde nace la facilidad de 
compararlos, y exprimirlos colrenergía. Por este medio se ilu- 
minan nnestá*os pensamientos, la« sensaciones se engrande- 
cen, y se pintan con vigor los sentimientos. De aqni esta elo- 
cnencia asombrosa con qne suelen explicarse los salvages de 
América: las comparaciones naturales, pero fuertes de sus dis- 
cursos, y la viveza en sus sentimientos. Después que hemos 
oido algunas de las arengas de los guerreros de Arauco, esta- 
mos persuadidos que Colocólo no fué menos digno del razona- 
miento de Ercilla, que Néstor del de Homero." El sabio 8y- 
bly (1) desafia á todas las oraciones de Démostenos, Giceron ó 
de cualquier otro grande orador de Europa, a que presenten 
un trozo superior al de Logan al Lord Dumore, quejándose de 
las injurias que habia recibido del coronel Oresap; y lasreflexio- 
pes y monumentos que aquel sabio reúne sobre esta materia, 
le hacen establecer, que los salvages son formados en al- 
ma y cuerpo- sobre el mismo moclelo que el Homo Sapiens 
Suropeus. 

12 De aquella misma preciosa fuente nace la destreza y pe-^ 
rícia en la escultura y pintura, sin mas enseñanza que su ge- 
nio (2). En este segundo modo de expresar nuestras imáge- 
nes é ideas, hay en Méjfco, Quito, y el Ouzco una multitud de 
artistas capaces de competir con los mas provectos de Euro- 
pa, y también de superarlos, si tuvieran la instrucción qne es- 
tos reciben. Aquí en Lima,^eu el colegio del Príncipe,' suelen 
verse muchachos indios aprendiendo á leer, qué con un lápiz 
copian las estampas de Klauver tan perfectamente, que es di- 
ficil descubrir un ntsgo de diferencia, 

13 Me persuado que la imaginación, este precioso don déla 
naturaleza difundido en América, brill^. en especial en los lu- 
gares circunvecinos al ecuador. Pocos legisladores ha habido, 
jdice un escritor [3], que imdie^sen como M^nco-Capac percibir 
las inclinacio^es de sus vasallos, compararlas con sus necesi- 
4ades, y convertirlas en su propio provecho, por constitucio- 
nes llenas de sagacidad y benevolencia. La percepción qu^ 
roñemos de los objetos, proviene de la exactitud con que los 
árganos extemos traaipiten á puestra alma sus imágenes. Es- 



^ 



l] Natural Hlst. of Man^ pág* 212, 

í/¿) Los Balvjgee Xmericanos tigurando en süb pipas las imágenes de va- 
vios animales etc., las. que no parecen de mérito, j produciéndose muchas 
▼eoes con los golpes de la mas sublime elocuencia, manifiestan el germen 
ie 6Q alma y razón: su sentimiento fuerte, y su imaginación ardiente y ele- 
vada, que solo necesita de cultura. Gefferson^ <<on the state of Virginia." 

(3) Guthrie; €k<^grafícal Grammar. vérb. ''América.'^ Carli, Liettre XIII. 
JlaTÓAl, t. 3 pág. 156, 216. 



—67— 
taB imágenes no aon como ^^ulgannente opinan los lógicos 
pinturas hechas en los órganos exteriores: son modificaciones 
de los extremos de los nervios, que exprimen al alma los ob- 
jetos que los afectan: son unas contracciones activas, que va- 
riando la figura y posición respectivas de las fibras nerviosas, 
sirven de lenguaje entre los entes materiales, y el ser inmate- 
rial del hombre. Pudiendo estas variaciones suceder y combi- 
narse de mil maneras, como las letras del alfabet(>, pueden ha« 
eer también otra« tantas representaciones, y que se repitan de 
coutiuno para formar la memoria, por la asociación y enca- 
denamiento de unas (um otras. 

14 Siempreque tódaslas impresiones dimanadas de un objeto 
caigan sobre un nervio que se afecte con facilidad por ellas, 
resultará tanta diversidad de mqdiíicacioues en sus fibras, 
cuantas fuesen las mociones excitadas por aquellas impresio- 
nes: de consiguiente el objeto será exprimido por todas sus 
partes, y con todas sus variedades. Percibirále con claridad 
el alma, y se penetrará tanto mas de él, cuauto mas tiempo 
le tuviere presente, ó se le repitiere con mayor frecuencia. Por 
el contrario los extremos nerviosos, cuya firme constitución no 
es fácilmente afectada por pequeñas mociones, no esprimiráu 
Sino á medias los objetos^ esto es, solo en sus mas fuertes ras- 
gos ó coloiidos. Así no podrán ser ni bien representados, ni 
mejor percibidos. Desvaneceránse presto, y para <5oncebirlos 
serán necesarios repetidos actos y contemplaciones. 

15 Es propiedad de los nervios débiles ser movibles, y afec- 
tarse con el menor grado de axcitamento de un modo convul- 
sivo, fuerte y tenaz. Las histéricas dan pruebas repetidas de 
esta verdad, y mi esposa (1) que ha padecido casi todos los 
síntomas de esta rara enfermedad, me ha ofrecido mas obser- 
vaciones que los libros que tratan de ella. En su estado de sa- 
nidad, lo mismo que cualquiera otra i>ersona, no percibe luz 
en medio de las tinieblas de la noche; pero cuando ha llegado 
á debilitarse, poniéndose muy sensibles sus nervios, ha visto 
con claridad a media noche, y descubierto todos los trastos de. 
]a pieza en que dormíamos. Esto no es sino porque la impre- 
sión resultante de la débil luz mezclada con las tinieblas, ha 
sido capazón ea te estado de movilidad convulsiva, de excitar 
los nervios á adquirir una posición, que en otra circunstancia 
necesitaba de una luz fuerte. Gomo el temperamento de Lima 



(1) Doña Manuela de la Cuba y Rocha, natural de la ciudad de Aiequi 
pñ {Cara esposa ya no existes! 

''Me quoque^ me cúrrente rota reTolubilis ^tas 
''Yolyerit in tenebras, y, sponsa, ipse sequar. 



produzca un sistema niervioao débil, se í^igue que oai^fisusilidad 
se exoite á la presencia de los objeitos para represeutarloa, j 
que oouserve cou tenacidad estas representaciones por todos 
los coloridos fiel mas fuerte al mas opaco y «us inezclds. jBl es- 
píritu de animación ó vitalidad, que si no es el fuego ae avi- 
va con é], debe en estas regiones calurosas. pasar con fueiraa^ 
iluminadas al alma las palabras conque le habla el mentido. 
Este vigor de expresión hace que el alma atienda, aun cuaado 
está distraída. Con la fuerza y novedad de las representanno- 
nes se fija sobre ellae, las vé por todos lados, y entonces nacen 
nuevas relaciones, que la hacen descubrir y comparar otros y 
otros objetos que se presentan por asociación: los coteja, y entre 
sus simpatías y contrastes, se va penetrando de su objeto, 
dándole nueva luz, y color distinto del que anima al .original; 
pero que compite con él mismo al volverle ai mundo por la 
palabra ó el pincel [1]. 

16 Nace de esta fuente el adelantarse en nuestros niños el 
talento á la edad, porque la fuerza de las impresiones los hace 
atender y percibir con claridad en años, en que según las le- 
yes comunes debe faltar la atención, madiie de las ciencias. 
Asombrados algunos escritores ultramarinos de esta prodigio- 
sa anticipación de nuestros talentos, han creido «e anocheciau 
también temprano. Pero esta es una consolatoria, dice un au- 
tor inglés (2), para moderar el sentimiento de la desventaja.' 
En efecto conforme á las influencias de nuestro clima, los ner- 
vios deben mantenerse flexibles, y animados basta la vejez,* 
la cual debe ser larga bajo de un temperamento, en que es 
preciso tarden mucho para encallecerse los vasos. Pe aquí es 
que aquellos queno se malogran i>or sus excesos en lajuventud 
viven tanto, que Lima es nombrada el. pais de los viejos, y sus 
escritores, y sabios los mas célebres tienen en la ancianidad 
tanta actividad y fuego en su cerebro, cuanto en el ardor de 
la juventud. 



(l) La vivacidad y energía con que las ideas van pasando dolante del al- 
ma de los indianos, y la fuerte atención que en consecuencia pone ésta, es 
-ana d^ las causas de su nimia timidez. Cufüquier impresión que en estas 
circunstancias recibauísus órganos delicados la pasan con' ^erza alepanto 
se intemimpela cadena de Tas ideas, y para la contemplacioivv d^l alma 
basta tanto que predomina el primero ó segundo orden de sensaciones. La 
sorpresa se apcÑiera de ella eu esta suspensión, acompañada del miedo ó 
recelo, de si el nuevo impulso traerá algún peligro á la vida del cuerpo, ün 
golpe de ventana causa un estremecimiento involuntario á un americano, j 
un cañonazo no altera á un alemán. Quizá esta sensibilidad cooperará á fo- 
mentar la x>6reza de los indios, pues como opina el hermoso ingenio de Dar- 
win, empleándose en las funciones de ella una gran parte del espíritu d« 
animación, falto para el fomento y fácil movimiento de los esftierzos y ejer- 
cicios de la voluntad. \ 

(3) Begister Annuel 17M3. Bipgrafíoal AQ•cdotaa^ p%. 65. 



—59— 

.. ,Nec tarda senectus 

Débüitat vvres anvmi. Virg. ^neid/ IX. 

17 £stas preciosaa prerogativas del clima no se distribuyen 
con igualdad en todos los que nacen en él. Varian según la 
proporción en que se mezclan laá tres diferentes razas de hom- 
bres que engendran á los habitantes de Lima. En lá tabla si- 
guiente se indican estas mezclas, y se caracterizan con notas 
sacadas de la observación. 



XAS y^BftBTi^TÜHAS DB L/k TABLA SBt^ALAK BL HOMfifRt 

Ó LA MÜG»K. 

Eur Europeo. 

Crio Criollo. 

Bl Blanco. , 

Mest Mestizo. 

Ouart Cuarterón. 

Quint Quinterón. 

Zamb Zambo 

Zam. pto.. Zambo prieto. 

Neg Negro." 



lABLA 



DX LAS DIFERENTES CASTAS QUE HABITAN KN LUlA, Sü'óSÍOSaf^ 
COLOB T PROPIEDADES. El GOLOB BLANCO ES EL 

PRiKrriyo del hombre. Su última degeneración es 

EL negro. 



N? I. 



OonservOfCion^dd color primtivoj y regresos hacia él en sus 

degerieraoUmes. 

ENLACES. mjOS. COLOR» MEZCLA* ^ 

Varón. Mujer. 

Europ Europ Crio Bl (1) 

Crio Orio Orio Bl '.-.(2) 

Bl.r. India...... Mest; Bl (3) 

Bl Mest Orio -.Bl 

Bl Neg Mal i Neg. j Bl. (4) 

Bl..... Muí Onar... iNeg. iBl.(5) 

Bl Ouart. Quint J Neg. í Bl 

Bl Qui nt Bl 

Neg .India Ohino ......<,. .^ .. - 



^B.B«A 



TÁbLÁ; 



N? II. 



ílit.TÁ--ÁTRA.S, Ó DEOBADAClokES DEL CÓLdR PBlMITtTtf: 






HIJOS. MB¿0LA6. 



líeg. Keg. Neg •-..•.. *.^ ((í) 

Neg. MiiT. . éamb....: iNeg.^Bl ..\. 

Keg. Zani. Zamb. pto. | Neg. | BI ; 

líeg. Zani. ptá¿ Neg |f Neg: i^t Bl. 

Neg. Ohiiia: Zám * r 



(1) Betrato de sus padres, corazón mas suave, alma mas pron- 

ta, y penetrante; pero menos fuste en el pensar y obrar. 

SmoUit ánimos ehmentia ccbUí 
. . . . . 

(2) Betrato de sus abuelos, si han sido andalúoM. Si del norte 

de Bspaña pierde el rojo de las mejillas, el blanco algo se 
quiebra, y permanece así én las generaciones siguientes. 
Suele retroceder en ellas sacando el pelo, rojo, y ojos azii« 
les del troiicd de su familia; Propiedades, las del espa^ 
ñol criollo: 
{3) Mestizo. Habita por Icf regular á las faldas de la sieúra. 
Oonstitucion.hei^üúlea^ espíritu y disposiciones exteriores 
como las de ios gallegos, y otros pueblos mootta&eses dé 
Bspa&a. Su color un blanco^ que tira algo á amarillo^ 
muchas veces blanco enteramente, sacando los hijos ios 
ojos iusnles> y demás rasgos |de sus padres europeos^ 

TOMi Vli LlTBIUTüRA — 11 



(4) Pierde la robustez de sus padres. Su alma adelanta infini- 
to sobre la de los negros. Imaginación acalorada, lengua 
voluble, amor al lucimiento. Haría progresos en la elo* 
cuencia y poesia si la educación auxiliara al genio. Este 
ente medio eutre blanco y negro legítimo atrae con mu- 
cha fnerza la atención de un filósofo. La naturaleza seba 
cqmplacido en que aveces en el mulato entren por iguales 
partes el color blanco y <^l,negu>. Eu Londres hubo un 
hombre, hijo de un eiíro^óo yáe una negra, que tenia 
en el latió derecho el pelo y color del padre, y en el iz- 
qnierdo el de la madre: una línea dividía ambos por enme- 
dio del cuerpo paralela la del pecho á la delaespaldíi. Joan 
Klark hijo de un negro pico y de una inglesa, de la calie- 
za á la cintura era un hermoso inglés, de la cintura á los 
pi^iiVi{jE«p^icano^. G^isócon una bella señorita qu^ ig- 
noraba esta deformidad, y cuando llegó á descubrirla mu- 
rió de terror. En cuanto á las propiedades del mulato, se 
^ ha observado en el cal)o de Buena-Esperanza, que el que 
nace de Europeo y Hotentota es altivo y capaz de em- 
prenderlo toílo; pero, el que naiijiQ^d^ Hotentoto 7. Europea 
es manso y suave. 

(5^ Cuarterón y quinterón adelanta-n^ en el color al^ m^li^tQr 
'pero pierden de sú fuego. 

{&j El negro órijono.én disposiciones de cuerpo y alm^ y tam- 
bién ¿íi. vicios aventaja ¿sus padres naei<los en Afdca. 
Los satta-atras, ni tienen lá Tobust^. africana, ni el taleiítor, 

español, íH la iínagii^acion indiana; pero heredan las malas in- 

Glinaciones de sus padres. 

Nota. Lo que hemos expuesto en ést \& tablas debe recibirse 
en un sentido general; pues al contraernos en particular, nin- 
guna casta encontráremos en el mniido, en la que al lado de 
los vicios no se hallen hombres virtuosos de bellos v estima- 
fateft' faleútof}* Además que en el universo entero las naciosiea; 
qstd l)a]0 el frníno de la religión y la ley crian los hombres de la 
CfiUura y el satoer, roto aquel, solo producen monstruos y ca- 
DÍbutes^ IK>rqñe no sé que espíritu maligno háh^eho cund^ en 
toilpet género ,huinano: un corazón sanguinario é impio, que 
es preciso moderen de continuo la moral y la [>oli*^ica. 

' Cñsértacion. El hedor de la transpiración de^las razas pri- 
ilfltív'ás_éá diferente. El del Eirropeo, y del Africano es alcali- 
na, y él délTridio vinagroso. Eu el primero sb desenvuelve en 
lés pie;;, en el segundo en las glándulas subaxIlaréSy^ y en ei 
télx^'O poi* toi^la ld¿ cutis. El ácido de la transpiración indiana^ 
que eU éí idioma quichua se nombra |>09cd, neutraliza con fa- 
eilidad él'áltíSíílteT Bitrópeo 6 pezuña^ .y el del Afrio^no ó gra-- 



jo. Mezclado este con el segundo predomina en las castas re- 
soltantes. 

18 Infiérese de aquí qne la animalizacion está mas perfec- 
cionada en el Europeo y Africano que en el indio de ]a zona 
tórrida. En efecto son mas fuertes y tienen las carnes mas fir- 
mes. Las del Indio son fiojas y c^mio la grasa es el aceite 
concretado por los ácidos que abundan en esta nación, se po- 
nen regularmente tan gordos, que ])ara ponderar este estado 
en mi español decimos: parece vn cacique. 

19 El alimento animal continuado hace perder el hedor 
vinagroso de la transpiración indiana, y convertirla en el del 
fósforo ú orinoso. £21 alimento vegetal modera, pero no extin- 
gue el hedor nativo del negro. 

20 La transpiración del español criollo es alcalina ó ácida^ 
sesfun que se alimenta mas de carne que de vegetales, ó al 
contrario. Y con esta consideración pueden componerse las 
diferentes opiniones de los dos Príncipes de la Medicina Tro- 
pical Hillary, y Mosely. El primero establece que la transpira- 
ción de los habitantes de la zona ardiente tiene un olor seme- 
jante al del espíritu de cuemo*de ciervo disuelto en* mucha 
iigaa¡^ y el segundo al del espíritu de vinagre. 



."^ 



I I 



SECCIÓN in. 



INFLUENCIAS DEL CLIMA EN LAQ 

ENFERMEDADES, 
BNF|$^BVKI>ADSS DEL CfUERPO, 



' 1 SI hombre antes de morir padece muchas alteraciones en 
im salad. Una parte de estas proviene del abuso que hace de 
las cosas que se le concedieron ^ara- su subsistencia y recreo: 
la otra de las calidades del cielo b^jo del cual mora. Y aun 4 
las primeras extiende el clima sus influencias, pues según 
las disposiciones que engendra en nuestros cueipos, así es la 
capacidad de estos para resistir ó ceder al daño que Icfli ame-» 
naea en el ejercicio de sus necesidades y pasiones. 

2 Por eso el estudio de la medicina deberia empezar i)or el 
¡del clima^ pues que según la varia posición y condiciones de 
este deben variar en la aplicación las reglas glduerales de aque- 
lla. La medicina que se practica en Egipto, deeia el exacto 
jPelsol^ es diferente de la que se practica en Boma [1]» En el 
'(^eteiciode esta obscura facultad, nada puede ministrar una luz 
ÍBas clftra, que las observacipnes de laá cualidades y variado* 
tteft del temperamento unidas á la historia de lait alteraciones 
que han producido en el cperpo humano. Aqní propiamente 



O) "I>itfeiT9 qnoqnepro nstnra loeomm jráners medlein»y et áliod opas 
Hif Wmi6j aHnd in í^üby ftlind in Galli». PneH M. 8. 



an dia enseña á otro: dié$ diem dooet \éS» epidemias descritas 
en Ooo, Londres, y Paris*por Hipócrates, Sydenham, y Ba- 
lonio las considero mas útiles, que la aplicación que de las le- 
yes de la mecánica, de las análisis, químicas, de los espasmos, 
y estímulos han hecho los médicos para explicar los tenóme- 
nos del cuerpo vivo. Es lástima que cuando en prosecución 
del trabajo comenzado, quiero imitar á estos hombres esclare- 
cidos, carezca de sus talentos y juicio, para concluir con acier* 
to. esta parte de la obra que hé emprendido. 

3 Dos cosas importantes hemos notado Secc. I ^. IV. y XT. 
8: la primera, que el temperamento de Lima es caliente y hd- 
medo; y^a segunda 4^é sü attaiósferá está en una vaiáacion 
continuada la mayor parte del año, entre la iluminación solar 
y la sombra de las nubes, ó entre el calor y el frió. La prime- 
ra condición disp<|ne los cuerpos á las enfermedades^ y Ua ex* 
cita la segunda. 

4 El calor y la humedad combinados hacen endebles los 
cuerpos, y los exponen á todos los males'que nacen de esta 
constitución en los diversos tiempos de la vida. Entre ellos al* 
gunos la siguen hast^ el sepulcro, cuando el trabajo y la tem* 
planza no han sido llamados en tiempo á su .socorro. La blan- 
dura del clima solicita á los placeres del tacto, y su abundan- 
cia sacia los del gusto. Por ambos caminos se enerva el poco 
tono con que nace' el (me(rtK>. En los 6rgános de la digestión 
es donde primero aparecen las señales de debilidad. En él 
tiempo de la lactación perecen muchos niños de convulsiones» 
oausadas iK>r la indigestioa de la leche. Los insultos epfléfrti- 
^eos y otros semejantes lea son .frecuenta cuando conAeom%'Á 
usaiT k>s ^imeutos: comuiiiQs* . . ,.x.i 

6 En la edad media los c^Úeos y lipíria^i son e9f$i;iQ€^ite 
de todo íel año^- aunquei m mayor número ^n estío: poie^i^ifll 
estómago mas débil eon el sudory está menos apto p^arntal^aír 
lo^ excesos en la áfetsu. Tm pei^súadidos se hallan l<M».&ijQi(4Í» 
Lima de la debilidad ^q H\k» estóauigos,* ^ue no hay : wtV^uMh 
dad, cu^ cd;U$a.no bi^<]^ien en. los empachos, y, e^ v^i^a^ §ae 
la m^ybr parte de los anales que. padecen tonián su onf^if^;^ 
^án eomplicadbs con Sí>ñ^QcipneB gástricas: 6sto^, con ¡a^q^^- 
Ilas en las que anuncian hiifpbres nocivos en el vjénjtr^. - ^¿j 

6 Considero & la dql^Hidacl estomacal cOmo la j^ent^ ÍipC]^(^ 
da de la' aáom nrosá muititud'de enfermedades con Vjul^i^y^a, ' 
Xrjma. t^is mugeres ^especial las padecen cié. tanjbo^!jg|^ 
diferentes modos^ que diques de Jiaber, registri^da cúáj?^4^ 
ba ^Qrato sobre est^á' ,esí(&^ js^/ r^edlpí^ 

^ede cónVenclaó de qiie era uií rróééo, porló cdnótuií supe- 
rior á 10A fuerzas del arto, y que .solo cedia á la tomplai)za. al 



ji6*-^(fie^fiMB lás convtiMones en la eircnlaobn dé- la 8hñgi# 
héiÍB$ém cómonmente el órtlefi d^ lo8*flttjos mensuales, cfo dotí^ 
de4íá6e ñitíi nueva serie dé los pd^cltnientos eitiiaesfeos^ quer 
nmtnatftento' se arráigafi 'ccm postración del cnerpb. 

T Bíi^, laedad^dela jáv^ntnd nftan^fiesta también el pedScr- 
ecl^i^'SrtJe^ á los efeeMsidonSignietites á lai d^bil constitücioTí 
deí'feiferpo y priticipaílméíite del: estónmgo. Eti este* periodo de- 
l»-VitfaóéAiieñzan'á versé h!6pósici6Uésa latíais, y-á entablar^ 
se asmas ó ahogos; délos cuales la mayor parte tienen i^ 
a^ebtb en tos órgtoos dé 1& digestión. GorHendo lo» años de 
la Virilidad^ los que 6on él trabajo y la templanea no ban pro^ ^ 
enfado oponerse á las inflaencias del clima y las pasiones, ven 
agtyriada ftu aínsianiddM por obstrucciones indomables de las. 
entrañas que en^cíerra el vientre. El sistema linfático pierde 
su^fKytestad^ inhalante,- asf las congestiones glandulares se 
endurecen; y haciendo un obstáculo á la circulación se sigue; 
la hidrópesiíi ár cuya curación se opone la humedad del clima^ 
Iwvjeiisido en estas ciréunstancias el oficio de los vasos intério- 
rei^^y de los cutáheo^, se hallan aquellos sin -acción aÍTededor, 
de- Ms cúmulos de agua, al tiempo que ^&tos otros la aumen^ 
taó^ chupándola abundantemente de la attnósfera. 

á Por estas misnms causas se forman tumores en tas glán^ 
dMas situadas en otraé partes del cuerpo; Loi* pecho§ y.oteny 
de las mugeres los padecen u menudo, y suelen degenerar en > 
cirros y cancros. que traen consigo to<los íós temores y tormén- 
tofií de la mas cruel de las enfermedades. En este clima se te^ 
me* irnieáísikno, y con razón semejante mal, especialmente en 
el'út«eroi' en donde no hay el recurso del cuchillo, como en los* 
pechos y lábibs: ademas es muy vergonzoso y fauíaíllánte á' 
las-pacientes. Pero lo cierto es que el legítimo caifero no es- 
tan oonmti como se cree, y que una gran p^irte de las úlceras 
reputadas por cancerosas son venéreas, que se haceu incura- 
bles y aun se convierten en las primeras por la preQcup9>cion) 
énignoraocia con que se lea«ocorre al principio.. Las desgra* 
ciadas mugeres con solo el nombro se llenan de terror, y para- 
curar el cuerpo, y algunas veces tan solo á la imaginación^, 
aplican sin discernimiento muchuj» remedios chaces porsiT 
de lastimar el útero. 

9 Si el calor y la humedad disponen nuestros cuerpos- á la»: 
ei^fermedodsCSj la variación del calor alfriq es, qiiíen lasiexít^l 
Esh tan puderosa la accion.de e^te agente sobíie ^el cutO'po.^hiH 
mano en la zona ¿Mediente, que se puede asegurar^ aunque «pa^^ 
rezca-utia paradpjn, ser la .causa prineipa(I de las enfetmedadM 
q^e^se padecen en. ella. 

10 ^uesjtra cutís es mas dedicada, Jos i>wos. están m^msbkanfi 
tos, y . la traospiraciiDn es mucho masabnndante qtie^e» laa 



I 



fegiones ultxa tcopioales. Para oontxabalancear las eootiniiéf 
ÚM variaciones del aire en la zona Ardiente ha establecido la 
batnraleza^ dice el exceleqte observador Moseley^ una dieola- 
don mas fuerte sobre la cutis de sus jnoradoreSj que sobre la 
de los que habita^ el resto del globo. JLas transiciones de ca* 
lor á frió dentrd de los Jtrópioos son las, mas veces tan débiles 
que no alteran el terniómetro; pero bastan para^ obrar con vi 
veza sobre el <suerpo humano, por el estado de relajación eá 
que se hallai 

11 El calor aboca la transpiración á ía süperdciei y el tño 
que sobreviene la reprime y desordena. (1) Queda por consi« 
guíente encerrada en el cuerpo una parte de los humores qué 
^a estaban separados del circulo para seír excluidos por la c¿- 
tis. Deltajo de ésta se hacen nuevas combin^iones de los di- 
versos gasees y elementos que componen. el humor transpira- 
ble. [2] Por esto,.que se anide aquí ó que revuelva al circulo con- 
ducido por los vasos absorventes, ya es un hqmor extraño 
que, ó aumentando la degeneración de los líquidos,- é produ- 
ciendo estímulos desacostumbrados, engendra las enfermeda- 
des. Como el Mo obre en el cuerpo suprimiendo su transpira- 
ción, el primer efecto que pioduzca en él debe ser la constipa^ 
cion ó catarro. Es preciso pues que esta enfermedad sea la 
mas general en Lima, y ía que origine ó acompañe la mayor 
parte de las otras; 

12 Los hechos manifiestan ser esta una proposición verda-' 
dera. El resfrio exaspc^ra fuertemente las enfermedades cróni- 
cas, que hemos mencionado; y deben evitarle con cuidado las 
I>er8onas que quisieren precaver los retornos del asma, las con^ 
vuisionesy y cardialgías. Él resfrio perturbad orden de las en- 



^•<MiH 



(1) He adoptado el coman niodo de explicar las afeccione* qae padece e) 
caei-po humano expuesto á la vicisitud dé calor y ftio, i^ero alganós píen» 
san que el frió que sucede al calor no es quien produce el catarro: sino que 
por ei contrario sobreviniendo el calor al frió excita un estado inflamatorio 
en las partes que estuvieron expuestas á este, por lo que en el catarro l^os- 
de disminuirse se aumenta la perspiracion, y que la falta de estaño cpn^pl- 
ra coütria la salud, como se ve ^n los pueblos que se frotf^n el cuerpo con 
untuosos, y eü nüesttas célebres cabezas (largadas de ¿ébo y hariiía ¿aráí 
maniüratar seriedad, siendo esto una verdadera pantomima. D'arwin: Zoo- 
namia tóí 1. par. 2. MitlieR Medical Bcpo9itory voL 2. n. I. pág. 55/ 

Simemos al tiempo aclare estas idea», contentos con seguir por ahora las an- 
guas. Véase Secc. IV. i. VI. 6. 

(2) Opina el Doctor MitChel que al transpirarse' el fluido acuoso de ía san- 
gre, queda debajo de la cutis cantidad dé ''carbono," /«^«/bro, asiooU. kidró* 
gtmoj y en mayor ix>roion de oxígeno^ j qae de estos gases se formaiK 
valias combinaciones qne dañan la constitución del cuerpo^ Porque ó esti- 
mulando la cutis originan las erupcíoues, ó Uevadas por los vasos absorven- 
tes á los sanguíneos piroducen diversos géneros de fiebres. Y que la combi-* 
nadon del ét^ton [ áeoote J eon el oxigeno es hk que forman las materias 
contagiosas y pestilenciales. Medial Éipottiiorjf vol. 9. t. 2. pág. ISí^ 



I 



i'eniiedadea que léinan en los tiempos trauqnilos 
es un catarro el principal accidente y casi único t 
las estitciiines, y se renueva por la variedad de sus 

13 Los aínti'mias primeros con que se presenta 
y dfsvaneci miento de cabei'.a, seiisauion de frío 
cuerpo, y d(»lores.> vajíos eti todo él. Segnn es n 
fuerte la alternativa do c;ilor y fi-io qne produjo, 
ros efectos: set^in se lia ejeentado en periodos u 
lardos: conforme á la humedad alniudante ó es 
vientos sures ó nortes que ta acompañan; asi tt 
forma de qup se viste, y la gravedad que toman e 
el catarro. 

14 Er la Secc. V. se Iialla'descrlta la constituí 
de 179jí, y las enfermedades que en él reiníiron, 
puede deducir la comprobncion de lo que vamos 
do. Sin embargo, presentando aquí una vista gei 
médico ó de las tempestades y sus variaciones, c 
dentes que se orifrinaron de ellas, pondremos e¡ 
vencimiento, formándose una cadena entre el rae! 
servacion y los hecLos, en la que los eslabones 
difícultad, y se sostengan con firmeza. 

15 La primavera parece serla estación destín] 
sotrüs á dar nacimiento A tas enfevmedaíies del 
ella tío solo aparecen las cgne le son )>eculiares 
su fin, sino que también alumbra las epidemias <] 
de seguir. Aiinquo á la entrada de otoño bay con 
enfermedades muy graves, rara vez llegan al esi 
epidemias nacidiui en primavera dan vuelta al t 
renuevan á sn regreso. Kn esta estación el hora 
bre su cutis mayor cantidad de calor qiie en las' 
res. El iiiovimiento de los humores se dirige, com' 
enttis organizados hacia la superficie, tero vari 
tituciou del tiempo por ñ-ecuentes retrogradacioi 
de invierno, quedan encerradas debajo déla cuti 
de las fiebres eniptivas, que forman entre nosotr 
mias mas generales, y comunes: la^ actúa el estio 
á las influencias del várid otoño, cuyas enfermed 
imperio del verano. 

16 Luego que en el equinoccio de Setiemb.„ „,.,..„„ ,„ 
tientos australes, nace el catarro con sus síntomas cumuDes^ 
mas ó meno't tiebro, destilación de narices, toses, fluxiones á 
)a garganta, hemorragias de narices y pecho. 3on frecuentes 

[I] No es aplicable á humIto clima el, ver MlttbtTrímvm: et mtnínM exitia'- 
U. Hippocrat. Secc. III, apbor. TX. 

TOM. VI. Ltteratuba — Í2 



r 



— "1 — 

plpnresias: y lea intermitentes de otoño se adela 
das coD el catarro. 

23 La transmutaRÍon del estío al otoño se lia 
& repentinamente, v nuestros cuerpos iiadeeen 
vidad de las variaciones del tiemp». Nacen los 
mer efecto déla transpiración alteraUii, y se sij?! 
intermitentes con el carácter de continuas; per 
nocer el sudor que acompaña á las remisiones I 
leza próvida parece que inteuta por medio tío eii 
. en ift cátis la transpU-aeion abundante, que sup 
clon de las estaciones y evitar las funBStas con 
un trastorno repentino. Mas como el frío signeí 
y oponiendo resistencia sobre la cutis a la accir 
vascular, se diriie ésta á las superQcies interior» 
Si el otoño es biimedo pi-esto apaueceu las evat 
se hacen mas tenacea contiL'imndo la bumedail, 
uendias varios se ponen acres. Nacen las disen 
seguu el calor que ba'babido en estío, y la iiiiu 
sucedido eu otoño así tienen su índole y su ext^d 
■24 Endeble la acción del sistema vascular sol) 
enfermedades de ésta que entran eu otoiJo se. I 
Bas, no pudiendo seguir una carrera expedita en i 
turacion. Bl estado de relajación del cuerpo « 
calores activos de estío, la secreción abunüant 
qué este promueve, y los muchos iualeriales_ i 
ocupan las primeras vias á la entrada do otout 
de que sobreviniendo el frió do esta estación, apa 
de mala calidad. En las continuas las hay malí 
nerviosas. Éntrelas fiebres periódicas se obson 
se formaban epidemias de letárgicas en anos ai 
minorado después que se introdvjo ei euaiiedrad 
y limpieza de ellas. La experiencia manifiesta i 
én que la atmósfera está en contacto cou la sup 
ras y aguas podridas, padecen pestiienciaade 
pffl-niciosas. Los que las han tenido en la zona 1 
recaer al tiempo de lus fases lunares, por ©1 resl 
reffularmenten causan en la atmósfera. (2) Cu 
héoiedo sigue un solsticio vario aparecen diver 
miliares y erisipelas. 

(1) El carácter de la epidemU reinwit*, las orinas late 
mentó de color de ladrillo molido, y ciertas vibnwionca Ú 
peculiares á las fiebres intermitentes, conducen al mlsni' 
Per. t. 3, pág. 123. 

(3) Jakon: A treatlse on the ferrcs of Jamaica, pág- '■ 
IwiJh» oitiieaee ^ue comprueban esta observación. 



ievon nna Teotana qi 
lo y afroso: le acom» 
ie sn niicimieiito. 
Ls lieri'iigas son endétr 
UDveoinos de esta cap 
I al pié (le >as cnnlillcí 
»r, por su profanditlaii 
iiniladn ei aiulMeiite p 
ausa urt frió fuerte, po 
ó vieuto aercuno que : 
a el cuerpo abrigado \ 
.6 la AHiTauía, ú se eity. 
aíooaeion (jiie cuiisael 
Hemüjantes ú los reiut 
las 6 menos días teriui 
e ma<(u¡tnd, que por 
se exürpaii li^d^áiidola^ 
1), esta eiifennediid e- 
iiuia dul t'i-io «ubre el 
.1 iiiipnro. Fat'a castl^ 
Boutfar^e remedios m 
[le los Andes, 
íro dejando estas ipqn 
aios, quede loexpnesto 
) tasenfermeiladesde 
lart^s de esta costal. í 
S8, inspirada por la ti< 
)d08 tiempos ocnmr a 
lenta del arto dirigir 
I nuestros cuerpos soli< 
or lo que llevamos ref 
í la célebre coutrover 
diente tienen mas teo' 
clon: ó al 'contrario. 
e el arreglo del métod 
anto calor en la dispu 
le Kingston en Jama 
imbos perecierou trág 
l)re de 1750: triste coi 
1. 

i palabra putrefaccioc 
los escritores de la m 
jo (b; ella dos estados 



Olí p 
Htí tM 

itia á 
'ésir 
i (lis 
luític 
>u. C 
>re qi 
aína 
ja de 

Q cHi: 
La (i. 
níeh 
laraai 
usar 
illar ] 
la nii 
snn/{ 
o i-ai 
1. freí 

qii 
iimot 

se p 
es cí 

alUi 
>mas 
si cit 
o. Ei 
3113 
rástri 
eeu 

1 ina 
ieiito 
>icu1a 



—77— 
il Se aooRa «Ontinaaiueuie la cólera oolno el hunior tñas 

* 

pronto á podirse de cuantos encierra él cuerpo humano, y co- 
Ino la mas fecunda fuente de las tercianas y disenterias de ma- 
la caidad qué se experimentan eñ otoño. B3 verdad que en 
es tascircuñstaníiiasse encuentra muclla cólera eil el estoma^ 
go y partes inuiediatívS y que también se halla alterada; peíó 
es dutlosó que la cólera se haya corrompido por su propia ín- 
dole, de resultas de los colores de estío, cümo regularmente se 
Opina: mas bien deberá creerse que las frutas y otros acescen- 
tes usados con exc(5so en él sean los que han debilitado el es- 
tómago, producido las disenterias, y alterado lá cólera, que 
con su amargo no ha podido correjir sil disolución vinagrosa. 
Los preciosos trabajos de Mitchilí haceii dirigir la vista hacia 
este último parecaren la teórica y en el ejercicio de la práctica (1). 

42 EH aumento de secreción de la cólera parece ser efecto de 
Ih supresión dé la transpiración. Según se ha visto ácoiñpaña 
á menudo á las fiebres que provienen de ésta en primavera: 
en el otoño ta transpiración se diri^^e al vientre, y también 
Abunda la cólera. En la primera estación lá sangre está infla- 
mada: en la segunda sucede á menudo lo uiisnío. Así aun las 
disenterias que terminan én un estado de putrefacción, em- 
piezan por lo común por el de inflamación; 

43 Infiero dé aqní: 19 que muiehas vecéíi el aumento de se^ 
fcrecion en el hígado no és causa sino efecto de la enfermedad: 
2? que la éóíera no obra como séptica ó putrefactiva en las en- 
fermedades que produce, siuo como fiogística ó inflamadora: 
5? que el flogisto, que no se transpira por las variaciones del 
aire, pasa en abundancia ásegregarse en la végiga de la hiél.. 
Es consecuencia de lo expui^sto ésta aserción de Moseley. *'Tal 
**vez estáníuy próxima á^ la Verdad la afirmación de que lá 



[1] Medical Repository. vol. 2. n. í). pág. 292. Mitchilí cree existir en la 
naturaleza una acidez- pestilencial. Secc, III. $. I. not. 3. qne la desolaría, si- 
no se le' iipasiera el antiséptico poder de las sales, y tierras alcalinas, que 
no solo se hallan abuDdiintemente^ esparcidas en la superfície de la tierra; 
iuas ti^mbien la soda, ó sosa, álcali mineral existe eu las aguas del océano, 
y eri la hiél de los animales. En las primeras combinada con el ácidt» mu- 
riático fontía el "muríate de soda", y en la segunda Unida á la parte resino- 
sa^ é inflamable, cómpope el "amargo de soda", que en el estado natural 
de la bilis es un excelente antiséptico, que limita los progrCiSOd de la masa 
alimentaria en su camino á la corrupción. £1 "muríate de soda", igualmen- 
te qne el "amargo de soda", desprenden su bane ó soda en contiicto con 
el ácido de putrefacción, qué uniéndose á ella se neutraliza, forma nitro 
cúbico, y d^a separado é inedcaz al jiepton ó base de putrefacción, que unido 
al oxigeno o agrío, promueve la corrupción y la muerte. Do aquí la exce- 
lencia de las sales para conservar las momias, y las carnes: de aquí la exce- 
lencia de la soda y álcalis contra la pirosis ó acedías, y de aqui la utilidad 
de la sal coman en los alimentos. 

ToM. TI; Literatura— 13 



^'sangre espesa^ y las enfermedades inflamatorias ocurreti 6M 
'^mas frecuencia en los países calurosos que en cualquier ptxpi 
"y de que son el general producto del año, exceptuando los 
^^meses de otoño, en los cuales reinan las intermitentes, y la 
'^debilidad caracteriza las enfermedades.'' (1) 



^ IL 



CNFERMlüDADES DEL ANIMO. 



í Después de haber investigado los males fisicos del caerpcr 
humano, en cuanto dependientes de las calidades del clim% 
vamos á explorar los del ánimo bajo del propio aspecto. El 
alma del hombre párese que por la excelencia de su naturale- 
za, y por sus raras y singulares dotes debió estar escuta de las 
influencias de la materia. Es trono en que reside la sabiduría^ 
luz hermosa que viste de gloria á la virtud, dá honor y mag** 
nificeucia al genio: es relámpago que corre en un momento del 
uno al otro extremo de la esfera, y la llena de su claridad; sef 
que decora con sus obras la tierra, la gobierna con sus leyes, y 
la mautieue en agitación con su industria. Tan alto y podero- 
so como es el entendimiento humano, se subyuga no obstante 
al cuerpo material y frágil, mientras que peregrino en él pasa 
del no ser á una duración infinita. Estrecharaent€í ligado á 
unos órganos de carne, siente todas las flaquezas y necesida^ 
des de estos, y aun es fuertemente compelido á obedeqer sus 
groseros impulsos. De aquí es que todo lo que obra sobre el 
cuerpo lleva sus impresiones hasta lo mas intimo del ánimo. 

2 Si, como opinan doctores filósofos, el hombre" adquiere to- 
dos sus conocimientos por medio de las imágenes exteriores 
que trasmiten los sentides, el trage de que se Visten ellas irá 
dejando sus huellas ó cellos, á los cuales se amolde el temple 
de las almas, luego que pasados los dias de la impetuosa ju- 
ventud, amanezca en el varón formado la reflexión y el juicio/ 
En un cielo despejado y brillante las alegres pinturas harán 
que desde la niñez se imprima el cuño de las gracias festivas^ 
y su expresión la risa. IJn cielo nebuloso ofredeiido las ideas 
con un aire opaco, introducirá las semillas de los sentimientos 



(1) Pág. 94, y á la páa. 437 establece esta máxima importante: el hígado 
se halla por lo general alterado en la zona tórrida, y es casi siempre el asíen^ 
to ó el origen de los males crónicos. ''A treatise on tropical diseases^** 



—79— 
melancólicos; mucho mas si la ImagiDacion es sensible, y deli- 
cados los nervios: porque entonces las impresiones se hacen 
completas y se retienen con tenacidad. Secc. II. §. IV. 

3 Guando se contemplan las maneras y sentimientos gene- 
rales que han dominado en todos tiempos en los aborígenes del 
Perú, se les yó profundamente marcados con el sello de este 
último temperamento. El aire es iTiste, las modales tímidas, 
los pasos lentos, y aman la soledad y' los colores sombríos con* 
preferencia á los vivos y relucientes. Sn imaginación tiene las 
excelentes dotes que hemos referido Secc. II. §. IV, y es débil 
la estructura de sus cuerpos. Aunque hijos del Sol por situa- 
ción y creencia, la varidad del clima les oculta por lá mayor 
parte la clara brillantez de sus rayos, transmitiéndolos desma- 
yados la interposición de los vapores, y á manera de la luz pá- 
lida que debe*acbmpañar.á ks meditaciones melancólicas. 

4 Como la música és el lenguaje mas significativo ' de los 
sentimientos del ánimo, la de los peruanos es acaso la mas pa- 
tética de cuantas ha originado la pura expresión de la tristeza. 
Verdad es que tienen tonos alegres y danzas animadas de un 
placer festivo; pero el yaraví es la canción favorita. Parece 
que desplegaron todas las fuerzas de su ingenio para coi)iar 
en estás elegías su índole, y su corazón naturalmente sensible 
y apesarado. 

5 Los asuntos de la composición son por lo común infortu- 
nios de amor ó de la suerte. El idioma conciso, dulce, y sem- 
brado de interjecciones de dolor, les dá una forma harmonio- 
sa, tierna y penetrante. Los sentimientos salen con todo el 
fuego del pecho en que se forman, y abranzan con su calor á 
quien los oye. Los instrumentos cuya melodía acf>mpaña los 
melancólicos cantares son la flauta, la alta noche, sus sombras 
negras, y su silencio tétrico. En medio do esta escena propia 
del luto y del llanto, se oyen aquellos irresistibles ayes, que 
arrancan las lágrimas de los ojos á los mismos que no entien- 
den el idioma en que se canta. 

6 Considero á la melancolía como un efecto de debilidad 
corporal.* Parece originarse de una persnacion interior de nues- 
tra impotencia, y por esto se excita á la vista dé los tiimulos, 
y de las ruinas que nos recuerdan lo eflmero de la vida: y á 
Ijreseneia de los grandes lagos, riscos y precipicios, porque nos 
consideramos sin fuerzas para salvar el peligro si cayéramos 
en ellos. Se levanta en el silencio de una noche ti^nebrosa, 
porque se aumenta nuestra debilidad corporal faltando el estí- 
mulo de la luz solar, y el ruido de los afanes del dia, que sos- 
tienen en vigor las fuerzas, agitando los órganos exteriores. Exk 
medio de una noche lóbrega y de uu.fian^sto cementerio, oyó 
to campana el poeta de la tristeza, y dijo: la ho'ta ha daMj ua 



m^ios^ tengo de vida [1]. Acordóse de la muerte, y no de la au^ 
rora, que acercííndose babia de dar nuevo vigor á sus miem^ 
bros, nuevo aliento {\ su espíritu. 

7 Lps órganos de la digestión son el sitio principal de esta 
debiUtlad; poüesa los antiguos filósofos colocaban en la boca 
superior ^lel estómago el asiento <iel áinm. Demócrito buscaba 
4 su rededor la fuente de la melancolía, porque de ahí se Id- 
vantaiJ los negros vapores que eclipsan la claridad de la ra- 
^on, los fantasmas extraños, amargo sustento de la imagina- 
ción: y la memoria de la muerte austera, que vá tirando con- 
tinuamente del dogal. Aquí está el negro buitre devor^Miida 
las entrañas del infeliz Prometeo» 

Rostroque immani vultur dbunca « 
i'^nmortalejeear tundenSy facundaque penis viscera^ 

Yirg. ^neid. VI. 

8 Las varias naciones que'han venido á poblar á Lima y res- 
to del Perú después de su conquista, se ban afectado mas ó 
menos del carácter melancólico de sus naturales, segiun que 
BUS cueri)08.ban cedido ó contrariado á las impresiones debili* 
tativas del clima. Los españoles criollos son los que mas las 
sienten, y así pasan por lo conmn el tercio último de la vida 
oprimidos con los males de esta funesta enfermedad. El temor 
y la tristeza son los capitales, de donde nacen la sui)ersticion, 
el agüero y el escrúpulo en materias de religión: la anestesia 6 
indiferencia para todo lo relativo á la sociedad, la que no pue- 
den vencer ni aun aquellos dos poderosos estímulos del cora-> 
zon bumano: el amor de la patria, y la ambición sin límite de 
las alabanzas [2]. Empero el egoísmo es el mas general que 
acompañado de la indolencia, no tiene actividad para otra co- 
sa que para mirar por su propio interés y referirlo todo así 
mismo. 

9 Cuando la melancolía ha hecho progresos en el cuerpo, 
sobreviene la inconstancia, la cual es uno de los síntomas mas 
fuertes y mortificadores del alma. Los propósitos y díctame^ 
nes especulativos de hacer ó no hacer esta ó la otra cosa rela- 
tiva á la vida son tan frecuentes, como la ejecución práctica 
de la coptrario. 



(1) YouDff, pág. 2. 

£Por el coDtraiio, acaso nacerá de este amor migmo el estado triste del 
o, porque cuando los hcmbres no encuentran en el orden político U 
preferencia que desean para hacerse respetables, la buscan en el idealiquen 
zieiido distinguirse al menos por lo raro y caprichoso de los ^aalea que sn-i 
fcen: Burks on the sublime and beratiñil, pág. 68, 



—81— 
Qtuod petit spemitj repetit quod nuper omisit: 
JEstuatf et vita disconvenit fyrdine tota. Horat. 

De aquí una contíonda consigo mismo qne hace pesados los 
dias de ía vida, y nace el tedio de éista, el líltíxuo y el urna ca- 
lamitoso de lus iiiuleSi por los excesos en que precipita, si la 
religión no acu<le al socoito ilustrando y sosteniendo el áni- 
mo, y consolando al corazón. 

10 En las poblaciones civilizadíis del Perd es ignorado. el 
sntcidio, pero no carece de ejemplares en los lugawís yermos, 
donde los indios no conocen ni disfrutan la protección henéfi-r 
ca déla religión cristiana, su influencia saludable, ni sus gvan 
tísimos consuelos, Cuando en ellos se repara que algún pastor 
se aparta á menudo desús compañeros, que ama el retiro y la 
soledad de la noche, interrumpiendo su silencio <M>n los aii^es 
tristes de la flauta y con sus aires: éstü conducta indUa que 
aquel solitario vá á eximtriarse para siem])redesus hogares, ó 
á suspenderse de un lazo. El reme<lio de este mal es la flage* 
lacion, porque la initacion que los latigazos causan sobre la 
cutís, renueva la accipu de la vida, y cesa la debilidad, y svis 
efectos perniciosos. 

11 Acuerdóme haber lefdo, qne para impedir «n las islas -áe 
barlovento los frecuentes suicidios, qne ejecutan los negros 
africanos volviendo la punta de la lengua y tapándose laves* 
piracion, i)royect6 un francés hacerlos t>eda%os á azotea, luego 
que aparecían algmios indicios de este intento. Los negros 
cuando se ahogan creen van á pasar á su suelo patrio, y los 
azotes eran para qne teniendo vergüenza de aparecer maitra^ 
tados delante de sus paisanos, no pensasen en visitarlos. Ooq 
los indios no se necesitan estoB castigos, son deflbm delicada 
é irritable, y con algunos latigazos se animan y llenan de ale- 
gría, olvidándolas Ideas funestas. 

12 El suicidio activo, terrible é impetuosa calamidad de las 
naciones revueltas, y de las repúblicas alborotada^», no puede 
tener lugar donde se hallan en nn estado lánguido las fiiertes 
pasiones. No obstante, cuando han llegado á encenderse por 
alguna de las conmociones interiores que ha sufrido el Pera, 
se han* notado' en sus naturales acciones desesperadas. Cuan* 
do el hombre, después de haber concebido con vehemencia la 
esperanza de conseguir algún fin, tropieza con obstáculos in- 
vencibles, se excitan en su pecho conmociones vialentfsimaa 
que exponen stt propia existencia. 



Tristes en ircB^ quas ñeque Nortóus 
JMerret ¿nsisj nec manre naúfra^m^ 



)»i 'i*'* 



—82— 
Nec sww^ i^nis^ 7iec tremendo 
Júpiter ipse rueiis tumulUi. Horat. 

13 El estudio del santo Evangelio, y la práctica de sus di- 
vinas máximas son el remedio eficaz de este funesto frenesí: 
Alia itidem malorum animan prementium ex melanchqlia oritur 
caterva. QucBdam enim vero inter stomachum et generatiani$ 
argaúu intercedit necessitudo y qua Iujbc protintis in orgasmttm 
allidunturj illo existente débili et agrote. Miseranda^ mens stib táli 
stattn hac imminentis lethi terrare affligiturj expavescit; iUae 
insolentilmSj omni pndicitia nndiSj eonflictatur imaginiJnis: inde 
serHpuli: ind^ interminábile hellvm nrní meliorihis auspieiis «rW- 
gmdaj qiuim atomacho wm^ menti solatium et pacem qucsrendo. 
Sis instructi sint aportet qniJyus est ammarum cura^ et mímvmisse 
Ap&stohim^ dilectisim>o et laioribus confecto TimatJieo dicentem^ 
Noli adhuoaqwim Jnbere^ sed modieo vinú vterepropter stomachum 
PvLum etfreqnentes tuas inflrmitates. 

14 He considerado los males- del espíritu en <el hombre ya 
madiuo, y corriendo el tercio último de su vida. Los que pa- 
dece euan<lo aun se baila en el verdor de la edad se apun« 
taron en la/Secc. I. %. Y. 4. Se ven allí originarse del ealoi 
que se aproxima, y del herbor consecutivo de la sangre. Asi 
Uu» im¿gene%resultantes serán las del fuego; y dichoso aquel á 
quien sus ilusiones se las representen inspirándole los puros y 
apacibles ardores del celestial. 

16 ¿Pero de qué modo el diverso estado del cuerpo afecta 
^ ánimo, le hace enfermo é ilusof Creo con el pulcro Darwin, 
que di^ la manera que los músculos destinados al movimiento 
del cuerpo se componen de manojos carnosos y fibras nervio- 
sas, asi también los órganos del sentido constan de manojos 
nerviosos y fibras cMmosais. Hay por consiguiente una reci- 
procación mutua entre los movimientos de ambas partes. A 
una convulsión muscular sucede y reemplaza otra en ios órga- 
nos, en el de la vista por ejemplo; pero siendo toda convulsión 
una contracción activa, representará una imagen al alma, la 
que se ocupará en su contemplación con la atención que de- 
miBinden su claridad y permanencia, y resultará la serie ó tri- 
bu de idt^s, que le sean anexas. Por esto cuando los estímu- 
los engendrados en los órganos digestivos ú en otras entrañas 
exciten una x^n vulsion: ó ma^ bien cuando esta sea promovi- 
da pojr la naturaleza para.an*o)ar de si un estímulo, ó un dolor 
que la aflija, pu^de trasportarse de los músculos, al sensorio, y 
dar orijen á las imágenes que le sean conforiues, y seguirse 
todas las fascinaciones que induzca su i)resencia. 

16 Si conoci^r^mos^ la clave de correspondencia, ya diríamos 
mando debía salt^? la idea de la muerte^ y la^ t>1¿as que for- 



tüan las alucinaciones; pero la ignoramos del todo. jLos véW 
mentea accesfos de epilepsia terminan en una locura pasadera» 
porque las convulsiones musculares ó de los miembros plisan 
á serlo de los órganos del sensorio, y dan origen á los fant^is*' 
mas. He observado que en la formación de estos tienen mu- 
cha influencia la^ disposiciones anteriores del espíritu en cuan-* 
to á sus inclinaciones, recelos &. Lá educación de los prime- 
ros años hace quizá la base de los delirios que ocupan los últi- 
mos de la vida del hombre. El alma acostumbi^ndose á ua 
género de meditaciones, induce en el cuerpo la propensión á 
excitarlas, y es victima de la reacción de este. El que se crió 
j^ en medio de la adulación y lisonja degenera en la manía nom- 
brada Amor sui, y como otro Narciso está expuesto á morir da 
hambre por contemplarse á sí mismo. A quien le hacen abrir 
'* los ojos sobre los retratos de sus abuelos acaba con la locura 
SuperMa stemmatiSj conocida en la antigua Boma, y epidémi- 
ca en los pueblos incultos. El timar paupertatis^ insania comu- 
nísima á los cuitacjos, dice Bowley que se cura ofiredéndolea 
una rica mina en el Perú* 

J, demens^ et estevas cwrre per Alpes. Juven* 



^. III. 



M:BD10S DB FEÍ1CSBHVAR3E DE LAS EKPEBMEDAOfiS DEL CLÜtA/ 



1 Pues qtie las cualidades del clima debilitando el óuerpo 
humano le disponen á recibir las enfermedades que inducen 
sus variaciones, el método de precaverse de ellas consistirá en 
defenderse de estas, y vigorizar el cuerpo contra las influen-' 
cias de las primeras. Uno y otro se consigue por el ilso arre- 
glado de las cosas qíte los médicos llaman no naturales (1)^ 
porque según su buena ó mala administración nos s<m favora^ 
bles ó nocivas. Pueden reducirse á dieta, en cuanto compren- 
de el alimento, y la bebida: al sueño y la vigilia: y á la gim- 
nástica ó diversidad de ejercicios del cuerpo y del alma. Va- 
mos á examinarlas por partes. 

!2 La leche es el primer alimento que nos ofrece la natura- 

(1) La distiocion de cosas natorales, no natarales, y eztraBatiujkles m* 
troducida por Galeno en la medicina, la reputan por una geriag^za esoo^ 
iástica algunos profesores que proiponen otras divisiones diversas* ''Medi" 
cal Museum'^r vol. 2. pág. 84. 



-64- 
\ezsb en los pechos de nuestras madres: es esta una sustancia 
media -entre el vegetal y el animal, pues participa de una y 
otra calidad: eá uti quilo (pie hahiehdo ya pasado por las dos 
ferineiitaciones que van disolviendo los ve^retales antes de con- 
vertirlos en los fluidos anímales, se aproxima á entos, y aMse 
di/i^iere y nutre con facilidad los cuerpos tiernos dtí los infan- 
tes. Naciendo estos con los intestinos canutados de luateriales, 
que <leben expelerse, la primera leche de la madre es un suero 
qne desempeña e.^te oticio, sin riesgo de qne alterándose se 
separe la parte quesosa y perjudi(pie á su salud. 

3 Privan de este beneficio a sus lujos las madres que pn- 
diendo criarlos á sus pochos los entregan a los extraños. Se 
recurre entonces al arte para expurgar los infantes, y qué 
con mas seguridad mamen una leche ya formada. Se admi- 
nistran los oleosos/) los azucarados, y los primeros relajando^ 
y los segundos acedándose en el delicado estómago son noci- 
Tos. Pero friendo preciso y acostumbrado el darlos, será mas 
útil mezclar unos con otros (1). De este modo el ácido <lel azú- 
car se modera en la combinación coü el aceite, y este se c<m- 
creta, se hace mas digestible, y expurga el vientre con mas 
facilidad y menos daño» 

4 Pero como por la constitución del clina nuestros niños es- 
tán expuestos al mal de siete dias, acostumbro prevenir que á 
cada onza del paladeo usual se añadan de tres á cinco gotas 
de bálsamo copayvUj y se bat^a con cuidado: y en las familias 
que están sujetas á convulsiones, prefiero a las otras mieles el 
lamedor de peonía, ó de quina, incorporándole las gotas de 
copay va según la razón indicada. Este reme<lio mueve el vien- 
tre, y es excelente para el pasmo, el que couio nota un obser- 
vador, siendo de herida se precave, pero no se cnra Í2). 

5 El infante debe empezar á mamar de las seis a las doce 
horas del parto,en<pieya la madre está algo repuesta de los tra* 
bajos de él. Ko es útil tener á los niños sin mamar muchas 
horas. 

6 Si leha de criar alguna nutriz álaqué llamamos ámaj elí- 
jase esta de edad de 25 á 30 años, tena, que tenga la cutis lim- 
pia, de una Índole tranquila, y de las mejores costumbres: que 
su leche sea abundante, blanca, sin olor, que el gusto no sea 
salado8¡no dulce, que la leche sea delgada, que se diluya fácil- 
mente én el agiia, y que echada una gota en el ojo no le las- 
time. 



(1) Nuestras comadres mezclan con alguna miel ó jarave que pargne con 
Buavid^d, la cuarta parte de aceite dulce de almendras, y forman un lam- 
Ylitivo <|ue expurga con blandnra él vientre de los, recien nacidos, y los ali- 
tiienta y ooncilia el sueño en los primeros dias del parto. 

(2) El doetor Valdés ha probado con observaciones y raciocinios la« vir- 



, ; 7; JB¡n el tiempo de la lactación debe cuidarse de ño dar á cá-^ 
dains!baiite de. mamar a^ niño, sino interponer algñhod cortos 
espacio?. Si se yiere que la eyacüacioü sale veMe 6 con hedoí 
¿ vinagre, hacerle ayunar y darle diiaS cucharadas de agua eií 
qiiQ sji?, disuelva una pequeña parte de jabón. El vienti^e en los 
niños debe estar expeilito, á lo iñenos han de obrar dosí veces 
en las 24 horas del dia. 

. 8 El tiempo (le la lactación debe ertipezar á terminar, luego 
qiie pueeUn alimentarse con caldos, sopitas y carnés tiernas, 
iregularmente pueden ejecutarlo en el tercer tercio del primer 
aña de edad. La supresión anticipada de la leche liberta á mu- 
chos de convulsiones. Pero alffñnds se enflaquecen, y es me-^ 

nester volverlos á la lactación y prolongar el tiempo de ella íl)i 

-^_ ' 

tndes del bálsamo de copay va contra las cotival^iones infantiles. Pei'o mi 
experiencia ihe ha enseñado que es tiiás eficaz para precaverlas que para 
(dnrai'lás. Mis l)\)os y otros niños trata(k>s por el método que se ha indicado 
Bf han- llevado á bautizar á la Parroquia al segundo ó tercer dia de sü na- 
«^ilaidttto/ sin que> por haberlos sacado de la casa, ni por otra alguna de las mu- 
chas causas que ocurren en el tiempo de la lactación hayan herído. £n el 
Vallen dé Cañete, donde está á mi dirección un ingenio de aziicar de quinientos 
eacíSLV&Áj comenzó á extinguirse el ^^trismus nascentium" desde que hice que 
Be paladease á los recién nacidos, añadiendo al paladeo usual algunas go- 
tas del bálsamo de copay va. La dosis puesta en él texto pareciera corta, y 
aesd,é luego habrá niños que necesiten de mayoi^ cantidad. Para proceder 
dénde . lUego habrá niño$ que necesiten de daayor cantidad. Para proceder 

iSión tino abáérvese esta regla: la compomdion con que se paladease al niño 
debe tenerle el vientre corrientre, y si así no fuese, añádanse algunas gotitae 
laas de bál'^amo^ pero si se notase que con su uso se incendia el infante, Jr ab 
le secan los labios, en esté caso debe minorarse la cantidad de él, y darae 
ál niño mucha agua templada. Con el propio objeto se apJioa una ¡üan- 
chuelita empapada en el bálsamo sobre la herida que resulta del corte del 
cordón umbilical, y aunque me parece que el uso externo del bálsamo ño 
están eficaz como el interno, debe seguirse esta práctica, que tuvo origen 
en la isla de Cuba, donde seguñ Real órdéU de 25 de Mayo de 1795 se ezpe- 
riiúentaron felices resultados, precaviéndose por este medio los niños del 
mal de siete dias, qiie era una de las causas principales de la despoblación 
de la isla. . . 

£u la curación de las convulsiones se duplica y triplica la dosis del bál- 
samo, mezclado con el jarabe solutivo ó áb hiibdrbo para que purgue con 
mayor aí;titidad: por este medio unas criaturas se Ctti*an^ otras muereái y 

-Mk*ás aUnque no perecen quedan lisiadas, principalmente de ci^rebró. 

. :-. Hendniinistrado el bálsamo ^^ctinime ó capayva^' á los epiljticos ( n el''á- 

^ aaedor de peonía con algunas gotas de láudano; les hace provecho, pero su 

'V^ímtinuado uso les afloja la oriha con demasía. 

" £n el tétanos ó pasmo es excelente remedio dado en'\» cantidad de me- 
día drácma, una ó dos veces al dia, en una onza de aceite de almendras. 
En todas estas enfeiliiedades el objt'to principal es lúe se pvt cipite ó cor^a 
eon expediciou el vientre, y á este ñu deberá arr glarse la cantidad d i 
bálsamo, minorándola. si incendia m icho al (nfe.mo. y dándole á beuer 
mucha agua natural ó de pollo temp lada segu que da mdicado. 

^1) Siemp'e que no se tema, que alterándose la leche origine convulsiones 
debe prolongarse el tiempo de 1^ lactación. Observa Khus que los indios 

TOM. Y i. " LlTERATURA-^14 



,.. . . —86— 

d Iiii;i iaa familias cuyos hijos son propehisds á las eonVüídio- 

nes, deben las amas alimentarse de Carnes, y tío tomer frutas, 

ni otros vegetables. La leche de los íi¡ni males carnívoros eS 

mncho menos aceserite que la de los herbí>¿^oros y fitivarós. ' 

10 Ouaudo se quieran criar loS niños sin ama, después dé 
expurgado el vientre, se empezará dándoles riña leche dilui- 
da: por ejemplo dos partes de leche, y una dé té, 6 de coci- 
miento de escabiosa, ó ambarina: y después se les dará leche 
entera, raspando en ella algunas veces un pedacito de jabón. 
Las (jabras son excelentes para criar, se domestican, aman sus 
hijos, y ocurren á su llanto. Las niazamorritas que se dHii á loe 
niños déi)en ser de pan abiscochado, sueltas, y cocidas al res- 
coldo; las de harinas crudas deben evitai*se, ál menos 'hasta 
después de los seis meses. 

11 En esta misma época debe precaverse á los niños de fa 
desastrosa viruela, por medio de la vacuna. En esta sencilla 
operación se ha de cuidar: 1? no darles tres picadas en cada 
brazo con el objeto de asegurar la comunicación, del flaitto^ 
pues sueten broW todos los sei^ granos, iuQaiuarles los brazos^ 
y aun causarles algutias convulsiones aunque pasageras, y si 
el bnizo se irrita muóho, se calma con un baño de agua tibia^ 
enjugándole luego con suavidad: 29 debe evitarse el tiempo de 
la dentición y de cualquiera otra complicación enfermiza cu- 
yos resultados puedan atribuirle á la vacuna: 3? mas si e:^is- 
tiese alguna epidemia de viruelas, entonces ant43S de los seis 
meses, y en toda circunstancia debe ocurrirse á la vacuna, co- 
mo á una ancla sagrada, en que se afianza la vida y la hermo- 
sura de los infantes. 

Tu facietn eripis 
PericUtantemy protegisque 
Delicias Jnvenum futuras (1) 

4? Sino surte efecto la primera inserción se repetirá' pasado 
aigun tiempo. La vacuna aun cuando no brote y sobrevenga 
la viruela la modifica, y la hace benigna según los riasultados 
de los primeros ensayos, que de este fluido se hicieron por mí 
en esta ciudad, y que ha citado el señor Varón Humiioidt (2J. 
y con el mismo' fin se ha introducido posteriormente vacunar á 

lili I I I ÍM ■ 

'))árbaros, para criar á sns hijos robast-os y guerreros les dan de mamar dos 
aúos. Por otra parte el estómago de los nifios es -muy excitable, y la saW- 
titiicioQ de carnes á la anticipada supresión de la leche, paede oitaaarles 
fiebres. 

( 1 ) Benjamín Waterouse; á Prospect of externünating tTie Sínall pox, 
Part. n. Cambridge ldü2. 

( 2 ) Essai politique 1. c. 



—87— 
Ipn qp9 estáii acometido^ de la ñebre variolosa, antes del cuar* 
to dia eq q\ie se \^erifica lipi erupción [1]. 59 La comunicación 
4<»1 fluiijo varioloso es ibas seguro de brazo á brazo: eu su 4e- 
fecto por medio de las costras desleídas en pequeña cantidad 
df3 a$rua tibia para que quede espeso el fluido, y se pegue á la 
p^Wtode la lanceta; y en tercer lugar por medio del pus que 
86 traspiitepor los vidrios que deben estar bien cerrados^ y se 
dj^ü^lve según el método anterior. 

12 Pespues.que loa niiiosiban salido de la infancia se acos- 
.tnmbran a todos alimentos; pero necesitan usarlos en mas 
aboJQdancia que el hombre ya hecho (2). La única regla que se 
pp^e da»r es, que sus padres cuiden de que no se enseñen á 
gjptoiSies: y que por las noches pripcipalmente no carguen el 
yi^iitre. Laa reglas que siguen les servirán también con las 
iEU>diiic9<fíiones propi¿is á la edad. 



T 



AlilMENTOS. 



18^ PoeM ciudades tiene la tierra mas abf^stecidas que Lima 
l-odo género de alimentos, y esta jibundancia introduce el 
desorden* £1 común del pueblo casi no guarda regla: apetece) 
^p el despy upo .Jas carnes fritas de puerco, y otras comidas 
Ci^sas; y .^n el yesto del dia come quesos, frutas, dulces y tari- 

»Q*0Bry ^^ eí^pecial las mugeres. 

Í4 La parte x>riucipal y mas ordenada del pueblo distribuye 
en tr<?s partes su íilinieuto. Almuerza chocolate con álgiuia 
fruta: aunque las señoras regularmente le anteponen guisos de 
jcan)e de puerco .&.: al medio dia comen según la abundancia 
que Je projmreionau sue facultades; y por la noche general- 
mente no cena, sino dulce agua, y una jicara de chocolate [3]. 

; If Nadie debe formarse un plan de solo ciertas comidas; 
sino en la^ horas respectivas comer indiferentemente, tíero con 
parsimonia, los buenos alimentos que ofrezca el pais, a fin qiié 
eí e^tóuiago se acostumbre á todos, y i)ueda sin molestia dis- 
frutar de ellos, conforme á las ocurrencias y necesidades que 
ofrece la vida. 



( I ) Creo estar indicada esta práctica en Wateroose 1. c. 6 John Ring. 
M.^TtMm on «he Cew pox London tíO I j 1803. 

{:2 ) Hippfiqrat Secc, J. XIV* . 

< 3 j J^os que por sus compdidades puedan disponer d¿ los cuartos de sa 
hábiULcion, cuidarán que el destinado á comer 7 cenar sea espacioso y idan* 
^ueado/ sm colgaduras ni esterado^, pofqrsa' loa efiairio» de los aÜjÉnantoa. 
son y según Priestley, muy propios para corromper el aiid^r^^r^hley y pf- 
jiMd^,á lAf \¥^M' 4<^7 ^tc d/e la^ ;9plgadiinis ípnuw Jm a^ p>4 ^^' 



—88-. 

2^ E^ menester comer menos en estío que en el reato del 
año, en especial de parte de noche, porque debilitado el esto* 
mago con el sudor copioso no digiere el alimento, se sigue el 
yómito, y la lipiria mprtal. 

3? El liso de las carnes al medio día es saludable. Con* 
traria la debilidad que induce el clima, da mas fuerza al estó-< 
ma^o:hay menos de<:enerac¡ones en él, y por consiguiente me^ 
nos males. El mayor uso de carnes en Lima ha dado mas con-» 
sistencia á sus habitantes, y ha hecho menos piolestas algu- 
nas enfermedades, y las convalecencias. 

4? Las carnes de color rojo y oscuro contienen mas nutri- 
mento animfil, que las de color blanco, por lo que las carnes de 
los animales jóvenes son mepos nutritivas que las de los de 
edad adelantada. Las carnes de los animales jóvenes dan nn 
calcio que se aceda, é incomoda á algunos estómagos abun- 
dantes de ácido, y por esto les convienen carnes mas alcaliza- 
das como son las de los animales viejos. 

5? Las canies del género vacuno son mas nutritivas que 
las del obejuno, y la de este mas que el de las aves. Las car^ 
nes de pqercp son blandas, y fáciles á la digestión; pero por su 
grasa las soporta nial el estómago, y no soh propias para un 
alimento diario. De las tres primeras solas ó mezcladas, según 
la facultad de cada uno, resulta un alimento saludable. 

15 Plutarco en sus dos hermosísijnas oraciones contra el 
uso de las carnes, le reputa perjudicial á la salud, y á los sen- 
timientos de la humanidad, como introducido por ^l mismo 
qu8 convirtió antiguamente el acero en espada para matar á 
los hombres y á las fieras. 

Qui primum gladios dtixere ex aeré mahgnos 

Primi et aratoris gustarunt viscera tauri. t. 2. p. 998. 

16 Pero esto es mas prppio para exornar la elegante pluma 
de Plutarco, que pira servir de regla en la dieta. Ni el parco 
filósofo Pitágoras condenó el iiso de las carnes; solo intentó 
moderarle, y que en el alimento ordinario entrasen los vegetales 
en mayor cantidad que las carnes de los animales, y el mismo 
Pitágoras, según el docto Gocchio, se alimentaba de carnes 
íáerpqjí. 

17 En efecto los alimentos de carnes deben mezclarse eoa 
las ensaladas, ú otras preparaciones de hortaliza. En los estó- 
magos fuertes la hortaliza corrige la tendei)cia alcalipa déla 
carne, y esta en los débiles impide su degeneración ácida^ y 
evolución del aire. 

18 Los pescados de esta costa son en lo general agradables 



al gasto y al estóuiftgo. Los enfórmos luas' des^anadtíA /de 
mas débil estómago no repagnan el pejerey, Cyprinus rtgiuti 
ni Ias corvinitiis, y casonsitos, ScicEnvIa: Siiaruliia, á los onales 
lia man ^-nlBanuunte de !*■ che: porque tieueii la carne moy s\m- 
7e y 86 (ligifrtiii con facilidad. :'■'*• 

39 Las raices harinosas de qne olmnda elpaÍ8,ye8 elelimen-t 
to di) los poiires deben mezclarse con los eald<w do carne: tle-í 
neii muclia tendencia á ívcedarse, y á desprender aire,' y'aeíi 
son malas á los estómagos débiles. - ■ 

20 Las semillas farináceas hacen el niismoeft'ctoqnelasi'rai-' 
ees, á excepción déla qiiinua, «/wnojimíiuin. Molín, 13&q\teeil' 
estando hieu cocida equivale al arro% y snplia su falta entre 
losindtüs antignos, como snplia el maiz ladel trigo. ' ' > > 

21 Cuino los indios y los negros agricultores vivénde iiQa^' 
y otras, los primeros apetecen con ansia el agi para estiiiiiilftT' 
el estómago, é iiiiijedir la fermentación vinagrosa de sos ali- 
mentos, y los segundos las carnes medio podridas coíi él miÉ»^* 
niofin. 

22 La opinión de qneá los negros empleados en 
de azúcar les bacen daño las carnes, y essepiidad 
españoles, y franceí^es, es bija de la miseria delosli 
para ntí dárselas, "une nonrriture iiMuflisanf*, le 
" veteraents, et un travail au dessus de leurs forces, 
" le prodnit annnel de la geueration des negres, et 
" l'importation (1). 

(i^Dazille: ObRervatione sur lee Maladies des negrea, pág. ZÍ. 

El maiz j lao pnpaii non el aliiDento diiirio de Duetttroii indios, y el aai$^ y ' 
loa ñijoles de loe negro». J'ai-mentier.Y lioitehan escrito difanemente «cibre 
U gran utilidad y salubridad de las papas, y en efeoto «lltu soa imod*lM¡ 
dones moA rícoK ijue ha heelio la Amévifit ¿ la Europ». £1 maiarminiatn^ va. 
santeoto muj' Inerte. Los lusubres óMilnncsfabacen de en harifA.vonagaa' 
y sal lapúlenfa, que equivale á Diieetro eango, j con ella solo ae niantl«aeü^ 
entregadon por cinco niesen de ¡nric mo ni duriBÍni> trabajo de noerrar. Car- 
minat. Lob frijolea tfoiemlo. además de toa priociptos nutntivoadeloc n»- 
noa, abndante act^ite, alimentan con mas nieifa que eaUu: j mezcluurfow 
con «1 quilo el mucho aire lijo qne contienen, dá niac aotividid á la evola-, 
cion y combinación de partículaa nutriüvaa. Son por eato alimento d« get^., 
te rohnata, qne se reptiran eon él y en dejándole eufennan, asoque e^iAb- 
menten eco grano. Carm'c&t. 

No oharante eataa Tentabas, y otraa muchas del alimento vegeta. Maki 
aniniRt p] qne dfi, mna faertñ en entaa regiones. De aqní, aunque ra losln- 
genioB de caña tenga el npgro el nangc y Irvjel snüciente, y además ehopé- 
cuento jn^o quiera de la cafia, qne en nutritivo, no tiene en el trabajo la rn- 
bnatez y cosutancia que aquel que fe alimenta de carne, y todo amo debe 

Kropender á ministrarfiela; poToue gana en las laboree, acaeciendo al negn» 
) qne al atleta paisano de Pitftgoras, qne desde que por ecoM^o Airéete oo-' 
mió carne en el Ingar de loa higos secos, graooB, y qoese düó, deqnaaei 
aliinentabaii kw atrletaa, adqnlri^ ttí vigor j hrío, <]h« veoréA i tbdob iW 
(vinteodorea. . ' ib 



—90^ 

33 Bl uso de aromáticos en los países calientes es útil 4 los 
qne yÍYen de vegetales, pero los que se aJimeotan de carne de- 
ben nsarlos con parsimonia. 

24 B) cacao es el principti de los harinosos. Su uso para el 
desayuno es excelente: es amigo del^ estómago y le coníbr* 
ta. £1 chocolate grasoso y cargado de aromas causa va- 
hído á los biliosos y sangiiineos, produ;ce tristeza, y usado de 
noche quita el sueño. Bl remedio es subrogar un chocolate 
sencillo, y menos fuerte, fabricado de cacao de Guayaquil, to- 
miftrie una vess al día hasta acostumbrarle, y hacerle ea hor- 
chata que con el provecho es gratísimo al paladar (1). 

26 Lanaturak^a crió con profusión las frutas en los paises 
calientes. Lima es uno de los mas abundantes en elJas. En to- 
do qI año se encuentran en sus plazas. Kl estío ofrece muchas 
d^rencias de las que son propias de él: esto es ácido-dulces. 

26 Las frutas quitan la sed refrescando el cuerj)o, y estimu- 
lando los canales excretorios de las fauces y estómago exci- 
tan el apetito: unidas á la cólera impiden su alcalescen cía, y 
promueven su expulsión. Mueven las orinas, y disminuyen la 
fuerza del sistema sanguíneo. Tissót, y otros médicos las re- 
cbinienuán mucho para precaver las disenterias [2], 

.^7 ^Es i)ues muy útil el uso de las frutas en general; pero el 
desorden en él produce debilidad de estómago, y los males que 
se originan de esta. Pernientíin con facilidad en los estóma- 
gos débiles, despiden mucho aire, y causan angustias. 

28 Debe cuidaise que las frutas estén en sazón ó madnra- 
das por el arte, para que se desenvuelva su parte azucarada y se 
ablande la pulpa. Las frutas verdes descomponen el estómago, 
orijínan cólicos^ y empuercan la cutis con erupciones. Las pul- 
psá duras tragadas se indigestan en el estómago, se avinagran 
7 pudren, y cuando son muy crasas, aunque estén maduras, 
sucede lo mismo. 

'4<9 Por esto se cree que el uso abundandante de melones, 

ti) El choeoUbDe rettne en grado eminente la parten ntritlva de los vet^e- 
tabtes, com^ene á sabet, el aceite, harina y azúcar. No se pnede eatableoer 
en fl^Éitldo absolnto qne no qnebrante el ayuno; pero oon relación á la can- 
ttd«d, y^n el tiempo enaresmal, 4 loa calores «xeesivoe que debilitjtn el es- 
tómagOy es prudente la opinión que permite una jicara moderada por bi 
lásisna* . 

42) Tisot, Strak, Simmertnan^ y otros üusti^es médicos han recomendado 
el «so -de las frutas maduras de estío para precaverse, y aun curarse de las 
disenterías, e» cuanto con su jugo dulce y jabonoso limpian suavemente el 
vientre de la biliS; y mat<^ria» heterogeuias que les dan origen. Mas el «ibu- 
aade laib frnt4is principalmente de las verdes, de Jas cubiertas de rocío, ó 
m0dio4M)Bn>mpidaa íes. según el dictamen de Qoffinan, el manantial mas 
^Mondo de la» dieentrnaa desa8lax)«as, coa <«peo]alidad ai se meuslaa con 
baWdaafeimeBteaiblesoomo eervesaa^ borehataa, tisanas^ &. PiaevtaUasAi 
de morbis chronicis ex StoU, pág. 184. 



sandiasf, plátanos guineos, y pepinos en tiempo de éstto pvé-< 
pata en grm parte las e&tüaTaa qiie signen en otoño, y tamr 
bien las tercianas, por la debilidad y inal estado en qmé déjah 
el estóuiaiifo. ^Gnllen recomienda la adición de a^/lcar y droinas 
á los m otoñes, para qae se digieran con mas facilidad. > 

80 Ouanto son mas suculentas y dulces ios frutas, tanto ma^ 
yor tendencia tienen á la fermentación. Por esto no >e8 buena 
para los estóíná^s débiles la chirimoya, Annonnt retieulata^ la 
mas grata de todas ellas. ^ 

31 Se pregunta si las frutas deben comerse antes drt ali* 
mentó de carnes, 6 después de este. Soy de la*. opinión de Oii- 
llen de qufe tos estómagos fuertes antepongan su. uso, para qne 
les abra el apetito; pero <)ne Ioüi débiles lo pojspongan ó mes*- 
den, para que las carnes impidan su fermentación (l)« 

32 Se pregunta si la leche puede usarse con las frutas. No 
soy <lela opinión de OuUen que lleva la afirmativa (2), porque es^ 
ta mt^zcla produce frecuentemente lipirias en este pais, princi- 
palmente con frutas crudas, aunque estén maduras. La opi- 
nión de Spielman que condena esta costumbrj^, es massegi^ra. 

33 Las frutas de hueso, como son los durazno^, tienen p^ 
lo común mayor proporción de sicido con respecto .ásu wuc^ 
qne otros frutos, á lo que añadida la pulpa tiesa de mucbaa es- 
pecies son fáciles á acedarle en el estómago, y á causar Iqs 
males mencionados. El aurimelo en su estado de madior^ioa 
es el mas agradable y nutritivo. 

31 Estas frutas», j&omo también las maAzana8,,y,p]4WifW9 
desenvuelven su azúcar, ablandan su pulpa, y dei^pidenmucba 
parte de^u aire fijo, cociéndolos ó asándolos, cuya prepara^úpp 
63 útil para los que tienen estómago flaco. , . , ' i \ 

35 Entre las naranjas, la lima es muy indige«^ta; el UmPA'QB 
de mejor calidad, y la naranja dulce en su estado de matura- 
ción reuiui, por su aroma y acido dulce retrigerante, las mejj(>- 
res virtudes de' las frutas del estío. Pero deben usarse qoi^o 
las demás frutas con moderación, aunque estén madu>*ai^. 

36 Nuestra pina, Bromelia^ disputa la preferencia á.to^s 
)as frutas agridulces, por su excelente y grato aroma, y por el 
gujsto y gjcan rif^frigerio que caiusa; sin molestar el e$tóm.4^- 
Los dulces, mistelas y atojas que se hacen de elja, no pedían á 
ningmms otro^s en gusto y salubríd^d^^unas rajas de su ca^ne 
rociadas de vino, y polvoreadas de caiiela, ministran un ^sor- 
dial excelente; y bis infusiones de su3 cortezas, y los soi:betes 
que se hacen de ella, pueden llenar con mucha ventajeen la 
utilidad y el gusto el fárrago fastidioso de jarabes, arropes y 

(1) Mater. Medie. Vol. l,pág. 186. 

(2) L. c. pág. 187. 



—93— 
tisanas^ de qne e^tán repletaa laa farmacopeas y lihvf>^ médiqds^ 
para ataroperar la sanare, é impedir la degeneración i^calina 
de los bi\more8* 

^.» 37 Liv palta, Lmirti^ persea^ cnanflo está madura e^ bástan- 
te sana, polque se difiere con fHclli<la(l, titjne menos tenden* 
eia que las otras frutas áaífri^rse^ y deseavjuelve menor, canti- 
dad'de aire que ellas eo. el estómago. 

.« 1 38 Por lo que respecta al uso de los dulces, tan abundantes 
en el país, debe notarse, que cuando se usan coa exceso, sii 
áfiído.eorroe el esmalte de los dientes,, y los pudre, se llena cíe 
flemas el estómago, sobrevienen vahídos y lue^o vómitos 6 
«ivaouaeioiies. Si de noche se aumenta la cantidad de dulce 
acostumbrada, y se bebe agua encima,, se aceda y convierte ea 
purgantei 

bebidas/ 



39 El ágna pura és la mas sobresalieTite y saludable déla» 
bebidas, y los viageros celebran la sobriedad de las señoras de 
los trópicos que no belien otra. La vista, el olfato, y el gusto, 
son los iní-jores jueces de 1m bondad de las ancuas potables. En 
no teniendo níida que ofenda estos sentidos, son á propósito 
para el uso común. He tratado de las aguas de Lima Socc. I. 
§ IIL, y asegurado que estas en su estado de pureza, sino son 
délas mejores, son bastante buenas. Lo único que conviene 
es, como apunté en el lugar citado, que se cuide del aseo y 
Hmpies^a de los cauces por donde pasan. En las avenidas del 
rio ú otras circunstancias que las enturbian, se I s restituye su 
clairidad y limpieza, destilándolas por piedras ó are^ias. 

. 40 CJn vaso de agua tomado en eí desayuni) sobre dos, 6 
cuatro plátanos largos, Musa sapientiim, y luego el chocolate, 
mantiene el vientre expedito (1). 

^ 41 No debe beberse agua en el tiempo de la digestión, por 
qtte' se debilita el estoma ro. Las personas que padecen de es- 
teno beban agua sobre la cena, y dormirán con mas tranqui- 
lidad. Esta pirética era ya usada entre los antiguos Romanos. 
42 Las personas de estómagos débiles, y sujetas á'padeoi- 
" mientos crónicos bebag cuanta menos ágna puedan, y se re- 
cobrarán mas pronto, que por el método crudo é indigesto de 
'tisanas, aguas de pollo, y frutas que seje^ ordeiiasiu re- 
" flexión; 



(1) Nada es mas útil para recuperar las fuerzas perdidas y con serrar las 
presentes, como que el vientre r\ja bien: eato és ^ne se deftoargne en tieiuf a 
y completamente. Carmiuat. at. 1. c. pág. 328. 



—93— 

43 Ahxañ. El agua es la basa de las bebidas compuestas. 
El número de aloxas ó bebidas no fermentadas, que con el tí- 
tulo de tisanas, horcbatas, fifuinda^, belados, &, &. se empeü- 
den en Lima en el estío es liiuy considerable. 

't4 El Calor del clima dá el primer impulso á beberías, y el 
desorden en executarlo origina la sed de un estómago abatido, 
á quien se satisface arruinándole. 

45 El tiempo cuaresmal abraza lo mas fuerte del estío, y si 
IttS comidas se ham de ceñir,. según instituto primitiva, a vege- 
tales, ya se deja conocer no harán provecho bebidas y alimen- 
tos que fermentan y se acedan tomados eíi un mismo dia, y á^ 
boras incompetentes. 

46 Es pues preciso usarlas con moderacions las horas mas 
propias para su uso son l<is de la mañana, de manera que sean • 
digeridas anti<5s que venga el alimento, y jas de la noche cuan- 
do se conciba concluida la digestión de la comida, (|ue en este 
pais necesita cerca de ocho horas en los mejores complexio- 
nados. No se i\^^ cenar después de las bebidas 45u h\ noche. 
Una jicara de chocolate con corta cantidad de pan, es lo mas 
que podrán tomar sin molestia, los que desearen conservar su 
e.stúm9rgo. 

47 Todas es»as belmhis se enfrian con la nieve. El fri<Mle 
ésta contrabalancea la relajsicipn general <]ue induce el cilor. 

. Dá por consiguiente tono ul estómago, moderad /^lulor, atem- 
pera el bochorno; y el cuerpo con su uso se .siéntenlas fresco, vi- 
goroso y menosPiujeto á una sñbitasupresion del sudor al salir 
al aire. Cuando elestio sepon:^ vario lis. necesario nu)4lerarel 
uso de las nieves y bebidas refrigerólas con ella», poriiue c;m- 
san evacuaciones y pnjos. 

48 El agua y las otras bebidas enfriadas por la aplicación 
©jfterior de la nieve cumplen mejor el designio con que se 
beben, que aquellas en que se introduce la nieve para que se 
masque y trague; porque la nieve es cáustica al disolverse, y 
c¿iusa ardor. 

49 Chichas. No es menor el mí mero de bebidas fermentadas 
que se usan en Linm. que el de las no fermentada'^. Ijüchicha 
6 cerveza, y el guarapo son dos clases generaU^s do las cuales 
la primera abraza muchas es|)ecies. El maiz es la basa común 
de la chiclm: los sueros y mieles de la caña <le aziícar la del 
guarapo. Una y otra bebida se usan, o en un estado vinoso 
después de la primer fermentación y tienen un gusto dulce: ó 
piUiadcala segunda y el sabor es áspero. D^ aquí su distinción 
en dulce y fuerte. En uno y otro establo estas bebulasson diu 
rétícasy estomacales; pero <mi el priuiero cargaíi de» niucbo ai- 
re el estomago, y en el segundo si se abusan <»mbriairan. Los 

ToM. vr. LrrnuATCKA — 15 



europeos é indios prefieren la cbiclia al guarapo, y los negros 
éste á la primera. 

50 La fortaleza y obesidad que adquieren los indios comien- 
do poco y bebi<^ndo mucha tíliicha, prueba ser esta muy nu- 
tritiva. Los qite gozan de algunas comodidades adquieren con 
el abundante liso de la buena chicha la constitución y aspecto 
de up verdadero Baco. El pechio ^^ptáciosó, el vientre ancho, 
lá blandura y reposo de srl musculatura, y la poca acthndad 
y movimiento de su alma y cuerpo, respiran^ por todas partes 
la calma y fruición de placeres, que les permite el círonláes- 
trecho de vida á que están reducidos. También el guarapo 
puede considerarse como una de las cosas que sustentati á los 
negros de las* haciendas desafia; pero 'Cuando estos usan con 
abundancia del melado, ó guarapo dulce, se les llena la cutis 
de sarna. La chicha hecha de la hai^ina del huiñ-apo: e^to es 
del maiz que con la humedad se ha -lieeho germinar y luego se 
ha secado y molklo, estando bien fermentada y depurada, es 
muého mas daña y nutritiva que el ¿üatapó, y que las cértte- 
2as de los otros glanos. •' ' " >'» ' 
' =61 TAcorm. El u4o de estos se ha klo extendiendo muckfei- 
mq en éstos anos, y en especial el del aguardiente púró.^Al 
gUnos médicos y Álceos qúc no han visto entré lod trópicas 
siiK) putrefacciones, y al hombre medío' carrómpidb, háh fo- 
mentado y dlñmdido aott sus doctrinas las bebidas de este 
género. Es verdad que ol aguardientel conforta al é»tómagó y 
al sistema nervioso, y que l^bidá óóImpc las frutas muy jugbi^s 
y dulcen como la chirimoya, impide su fermentación y évolu- 
éion copiosa de airé; pero es precisó sbr mity circunspecto én 
beberle. Disipada su parte volátil, el cuerpo se pone lánguido, 
y se excítala feed: de aqui nueva necesidad dé beber, y los 
principios de uiía costilnoíbré qiíe añubla la raízon, desfigura 
los húmanos seres, los hace insociables, y acótta los límites 
de su vida. 



4 » 9 ^* 



JEvoe! parcCy lÁl)fr^ 

Parce, gravi vi^tneíid^ thyrso. Horat. 

52 La aserción de Lind^ de que las personas mas abstineu- 
tes y templadas mueren t^n tempranp en las regiones in^aln- 
bres, como las viciosas y prostituidas^ es hija, ségun dice muy 
bien Mpseley (1), de unas nociones iiiexactas. Las observa- 
ciones de los mas sobresalientes módicos, que han prac|:ic^(io 
enti*e los trópicos y nuestra misma \éxperiéncia iñaniflostíln, 
que el hombre templado vive en el íiueyo mundo, |o ijaispio 

(1 ) L. c. pág. 84. 



-05- 
que er\ el antiguo, cob menos enferipeda^es^ y n)ucbo8 (tñoi» m^ 
que el que se prostituye á los vicios, y abusa de los licores. {JÍ 
que hacen del aguardiente los indios les causa danos gravísi- 
mos y mortales, principalmente en la sierra, por lo que el se- 
ñor triloa, en sus iíotícias americanas, quería justamente ae 
les prohibiese del todo. 

53 Para corregir la mala calidad de las aguas, aconseja H|- 
pócatres se les mezcle una parte de vino. Los que usen de es- 
te licor procuren ¿jue sea tétate edmtúlmn^ según la frase dp 
Planto; es deeir, capaz de confortar á ]os que ya se leu caye- 
ron los dientes, y en cq^ntidad moderada, pues no es ciei'tp, dp 
que sin el vino no sé puede gozar de aquella salu4 deseablq, 
^n que la agilidad del cuerpo ^e upe la alegría del ánimo. 

Sicci» omnw ^aw dura DeAis proposif,it. 

Horat. lib. 1. Od. XVIII. 

54 Crito decia á Sócrates que no conversase después de ha- 
ber tomado el veléño, porqué aseguraba el carcelero, qtíe en 
CÉfso de htfcerlo se necesitaría doble dosis para matarle, rfes 

Eecto de que las bebidas feñibíiágantes y Soporíferas bacán 
lenbs impresión en los qué cnarlabán, que en los que es^tóü 
callados: y de aquí j)roviene ía átgá^éira con qué se bebp énírfe 
i|ígunas ní^ciones. 



SUENO Y VIQILIA. 



55 La naturaleza ppultauclp l9> lu^ del 3ol al venir 1q n^cbo? 
y ba^iéndplft amanecp^ q.1 alba, no^ ensena y ol^liga 4 ^fífí^- 
tamos temprano, y ó maífepgar- F«Hp> con el Sbí uiío eje los 
mas. fuertes. e^tímiuQS que nos poi^^^va vivos; y se abate pp^ 
consignienite la parte (}pl si^t'fdiqa nervioso que ob^ece & la 
r^zpn y á la vpUmtad. Queda sqla la que form^ la iilcultad pa- 
t^^l para spstfiner la vida, mieptra$ la vuelta de la aurorpí 
despierta la ofra, Zi^troduo. P^:q nosptros substítuyendip estíí- 
íftulos artiflcialís para y^laar en la noche, y que el Quei,T)Q caijr 
sado duerma Qptre dia^ perturbapio9 ^ •orden de la natui^e^a 
de donde resulta qup lo^ i^ostros 8^ abotagnep, que el tnal bu- 
T^ox se eicité, que Ja perezia <^?ezca, y qw se viva una vida 
iíiate. Vivid opino el labradoy, que guarda el silencio de ja 
noche, y saluda á la aurora: y la fortaleza, el frescor y la ale- 
gría ocuparan y ue^tpas hora;»; 
, 5(; K^ie^trp «ueoQ e^ snficáemte durmiendo de siete áoQbO 



—96-^ 
horas. Si vU ñomnus levU sit tibi cana hreviSy dice la escnela 
Salernitana. Debe nno estar cubierto pero no oprimido por el 
peso y el calor de frazadas 3^ sobrecamas. El mismo calor de 
estío obliga á aligerar la cama, para no exhalarse en sudor 
En lo mas fuerte de estío vi una persona de distinción cubier- 
ta de uu peso enorme de alpacas, ba;ío las cuales murió medio 
tostada. Los tejidos de lino deben servir de sábanas para todo 
el año: las frazadas y alpacas son buenas para invierno, y las 
colchas y estampados dn lienzo para verano. 

57 Las camas que tienen los pies muy altos so'n malas,* han 
causado malpartos, y flujos de sangre á las mugeres al subir á 
ellas. El cielo déla cama.es el (jue debe tener la elevación po- 
sible. Los colchones gruesos y duplicados son daüosoí», calien- 
tan las espaldas, y promueven las enfermedades del pulmón. 

58 La ])ieza en que se duerme debe ser la mas espaciosa de 
la casa, aireada por medio de ventanas altas, y sin muchos 
trastos. No deben dejarse de noche en ella ramos de flores, ni 
olores fuertes, tampoco muchas velas. Usen velador los que 
acostumbran dormir con luz, y si 110 se proi)orcioua, substitu- 
yan lámparas de aceite á las velas de sebo. 

59 Los cuartos estrechos calentados y ahumados por las 
velas consumen mucha cantidad del aire resplrable, y quedan- 
do el i^siduo nocivo á los pulmones, origina el asma. 

60 Por loque mira á los niños, les convienen sus cunas 
portátiles, para que duerman entre dia, cuidando de que en la 
noche, en que duermen con sus nodrizas, no sean sofocados 
por éstas, ni se deslicen y caigfin por su descuido de la cama. 
Lo primero se evita con la vigilancia del amor maternal, y lo 
segundo rodeando la cama con lienzo ó tablas amovibles que 
formen un cajón, líl movimiento de la cuna siendo moderado 
es útil al infante que está acostado en ella; pero le es nocivo 
cuando, por librarse de sus importunidades, se le quiere conci- 
liar el sueño agitándole con demasía, porque el sueño que en- 
tonces le sobreviene es efecto de los vahídos y borrachera que 
se originan del movimiento de la cuna. 

61 Es ])ráct¡ca sumamente ]>erjudicial estar metido el in- 
fante con la madre, ó el ama que le cria y con vela encendida 
dentro del lecho. Si por exponerlos intempestivamente á los 
sites frios y húmedos, se creen sujetos á padecer las convul- 
ciones, les sucede lo mismo por el denmciado abrigo. Me per- 
suado á que el humo de las velas que tienen las negras i)aridas 
en sus camas, tapadas éstas por todas partes, es mía de las 
causas poderosas para que perezcan tantos hijos suyos de con- 
vulsiones. 

62 El doctor Clark asegura halier observado, qtie en las ca- 
banas de los negros donde no habia humaderas, no existía el 



pasmo infantil [1] y en el hospital de Bnblin, en qne ¿mane- 
ra de una epidemia se extendían las convulsiones infantiles, 
se desterraron evitando el mnclio abrigo, y renovando el 
aire. (2) 

G3 Los niños deben tener sus cnnas en ])¡ezas desáliogadas, 
y su abrigo debe ser moderado. Hillary reprueba que á nues- 
tros niños se envuelva en tejidos de lana, como son las baye- 
tas, pues el calor de ellas coadyuva con el clima á relajar y 
debilitarles el cuerpo. Los pañales y bayetas (deben sujetarse 
con una faja floja. Bosenstein y Zud^erti prueban, con muchas 
razones, que peijudican á los niños las fajtis apretadas. (3) 



GIMNÁSTICA. 



64 Vestidos. Hemos escrito que en dos tiemi)os del año mu- 
damos vestido; hacia mediados ile otouo^ en que tomamos ro- 
pa gruesa, y al íiproximarse el solsticio de estío, en que la 
mu<lamos en delgada. Secc. I. '^ V. 

65 Hay tres precauciones que observar en esta costumbre. 
La 1? que el vestido de invierno es menester adelantarle 

en lo posible en otoño, y no dejarle en i)riunivera hasta que se 
entable el estío. Como en la permutación de estaciones ocur- 
ren los dias muy varios, si se anticipa el vestido delgado por 
sobrevenir un dia caluroso, sigue el inmediato frió, y se origi- 
na Tui catarro. 

La 2? es, qne la ropa de invierno nos abrigue, pero no nos 
oprima. Es cosa muy ridicula é irracional ver en la zona tórri- 
da a un hombre con tantos y tan gruesos corbertores, como si 
sufriera el invierno de l^etersburgo. El bello sexo ha hecho en 
esta parte mas progresos (pie los hombres: nuestras mugeres 
han abandonado sus faldellines de bayetas, tisúes y fondos, y 
sayas do enorme peso, y adoptado el lino y los tejidos de al- 
godón y seda. De este modo sus cinturas soportan menos: el 
aseo y el aliño son mas honestos y agradables, ysu salud está 
menos expuesta á sufrir los males que tanto temen. Pero un 
hombre «ron i)antalon, bota fuerte, sobretodo, citoyen, y muy 
ajustíido, euim temperamento de 13 grados sobre el cero, que 
es el mas conum de nuestro invierno, es lui hombre oprimi- 
do y medio derretido, dice Hillary. ] ¿a sangre no (jircula con 
libertad, el peso y calor de los bayetones que usamos la incen- 



(1) White, 1. c. páp. 75,' 

{2} Kegister timiuí»!, 1791. Liter. pág, 236. 

(8) Stollt de m^ribia chrouiciB, l€cl, 



—98— 
diau, y ó])rimieDdo nnéitróe pnlmones débiles, Io6 disponen á 
la übís. Mas sabios los turcos, persas, y chinos que habitan re- 
giones calurosas, usan vestidos flojos y delgados. 

La 3?^ que cuando el calzado, ú otra alguna parte del vesti- 
do se humedezcan, es menester mudarle con tanta mayor 
prontitud, cuanto mas leve parezca la humedad que se recibe. 
Porque los vestidos medio mojados, por la desigual impresión 
que hacen sobre el cuerpo, causan mas daño á la salud que 
cuando se mojan por entero, según observa el docto filósofo 
aonericano Franklin, porque en el último coso está el cuerpo, 
como sumeipgido en un baño, qiie le humedece con prontitud é 
igualdad. Así es también que un aire colocado por entre ren- 
dijas y puertas entornadas, hiriendo con desigualdad sobre el 
cuerpo, causa los graves daños, qiieno se sienten al aire libre, 
en que está rodeado por una masa atmosférica de igual temple. 

66 En toda circunstancia debe cuidarse mucho de la limpie- 
za y aliño délos vestidos,mandando lavar, y mudando ámenu- 
dola ropa interior, y sacudiendo la éfxterior. Se debe'peinar cbn 
frecuencia; rasarse la barba, y lavarse la cara y exti-emos del 
cuerpo, tes tan importante él aseo, dice Eumford, Sssays poli- 
tical. econamicaij vól. I. pág. 35, que las aves procuran bañarse 
para nláiiifestar la elegancia y hermosura de suplumáge. Los 
animsfles que se bañan son mas alegrías y tranquilos, y el a4seo 
en el hombre manifiesta su carácter moral. La virtud no se 
hermana con la inmuhdicia, ni hay persona amante del aliño 
qüéscíl un consumado villano. 

67 Ejereimo. El ejercicio á pié, én carruaje, 6 acaballo es 
litil, por euanto fortalece nuestros miembros, y en conse- 
cuencia se expiden de un modo favorable á la salud todas las 
funciones del cuerpo. Las personas robustas i^ueden empren- 
derlos 11 cualquiera hora del dia. Las débiles y enfermizas de- 
b(ín evitar el principio de la mañana, en especial si es airosa, y 
la entrada de la noche. En estas horas, en que hay un transi- 
to de la luz íi las tinieblas, ó al contraigo, sucede una miitacion 
en la lUniosfera que afecta los cuerpos delicados. 

68 No es bneiio ningún ejercicio violento, y mucho menos 
el fle apié, imncipal mente en estío. El movimiento del cuerpo 
debe hacerse con el estómago descargado: por citya razón las 
de siete á nueve de la mañana, y de cinco á seis de la tarde me 
parecen líis horas mas oportunas. Las señoras de Lima se 
crian endebles^ porque no tienen otro ejercicio corporal sino el 
de ruedas. Les aprovecharía anduviesen apié hacia la una del 
día por entre las alamedas, y hermosa arboleda, que rodea por 
tddíis partes la capital, pues las plantas arrojan el aire mas 
puro después que el sol pasa el meridiano. Aprovechará so- 
bremanera este ejercicio á las histéricas. Los sitios que están 



—99— 
al aiir de la .qiucla^ soaJUias gratos, y saludables (i;ae los que 
yacbíi ál flioito, 

6d Los ínfaútes uo debeiiéucerrarseeii sus casas. La luz los 
alegrá.y vigorizal, y elejéreido Jos fortaléoe, por lo que eu la 
hi>rá indicada debéu pasearse á la sombradle los árboles eu los 
bra¿os de sus juadres» ' . . .• 

70 Juegos ártifiqiale^f Jugar á la peíota, tirar la barra, y 
otras de estas ejexcitaciojies de miicha agitación y fuers^a, ijo 
convienen á los limeños por su pecho endeble. Ppro lo danza^ 
particularmente la pantoinimicia, les será de suma utilidad, 
pues observa Sócrates en el diálogo eii que lo introduce Xeuo- 
fonte (1), con este ejercicio 3e conserva mejor la salud, se co- 
me cou lilas apetito, y se conciliaun sueno mas apacible; y le- 
jos dé desfigurar el cuerpo, cómo lo hace/í la carrenj, y el pu- 
filato, es él mas apropiSsitp pg^ra dar soltura, garbo y belleza 
los cuerpos (le los jóvenes. Por esto debe el minuet.sér nues- 
tro, baile Ktvorito, pues reuniendo estas circunstancias, y dis- 
tribuyéndose con garbo y suavidad por todos los miembros el 
movimiento, que resulta de sus pasos y acciones acompasadas 
dá-gentileza al cuerpo, y esto puede sin cansaricio, auxiliado 
de la música, coiitíáuarle .por algún es'pacio de tiempo. La« 
tropas, según notó el célebre mariscal Saxe, marchan con me- 
nos fatiga al son déla cíúa, y música, que en silencio. 
. 7l La Mústc(c debe cbíocarse encere los ejercicios gimnásti- 
cos^ porqute no solo tiene un iúipovio decidido sobre las pasio- 
nes del ánimo, que influyen eiilí?^ constitución del cuerpo, sino 
porque también este se jfortalee.'e criando lumta^ ó tañe. Con el 
canto ¿e ponen en tono sus né^^vios y tendones, í1(? manera que 
él representa ima harpa en r^^ue se mueven todas las cuerdas 
diréctameiite, 6 por consoui'.ncia y simpatía . El hombre es na- 
turalinenté niüsico, descubriendo una pasito 'U vehemente á es- 
te bello arte en todos los grados de edad y civilización en que 
puede hallarse, Los nejr^ros africanos,, reiniti vdos por todos los 
hombres mas tori^íís de las razas hunjí^nas, se aventajan no 
obstante eii la iricliua/jibn á la música. De cuanto cae en sus 
mapps hacen uu ipstvumentp liarmónico^y si solo encuentran 
unáquiiada de bmTo ó caballo, la baten, y salfc wi a sus sonidos 
con tal precision-i (iríe no so encuentran igual e u 1,íuí danzas de 
los .europeos^ segují Ki\ Cha valoñ en su viaje a la Martinica. 

72 Laiíaturaiéza desplegó eíi la zonaardíent e toda la ener- 
gía de su pincel divino, dando hermo>sos colores. 4 las aves, pe- 
ro tal vez ha sido uu poco avara en eoncederles 1; * melodía (2); 

(1) Symposióü, pág. 092. Edíc. Baail. M. DLXIX, 

(2) Con todo, si cntrilrim en comj)Otcncia dos coro;4deav es canoras, el 
uno europeo, j/ eí otro aiiicricauo, la victorra qnieduvía iut leciea. Azara, 
Yoyages dauts T Americ*, l^Ier. tpi|>. 4i pág. 5. 



—100— 
mas el recitado hace el oficio del canto en los hombres qneca- 
receíi de ent/onncion. Y annque la rinm sea nna invención dia- 
bólica i)ara atormentar los poetas, y hacerlos pasar llenas de 
aní^nstias las ¡\oras de su vida (1), es excelentísima para dar 
inflexión y compás á la voz, transportando al recitado el pla- 
cer y ntilidad del canto. Por otra parte la instrucción en la 
n)i1sica es indicio de bnena educación, y cuando se sabe tañer 
' un instrumento portátil, se lleva consigo en la soledad y los 
viageí; un compañero agradable. En rusticidad degeneró la 
severidad de Esparta cuando condenó^ Timoteo porque, aña- 
diendo una cuerda á la guitarra, aumentó su melodiía: este 
proceder era mas propio de la barbarie de Solimán, que hizo 
pedazos los instrumeixtos, y devolvió á vFrancisco I los músi- 
cos que le habia obsequiado, ix»celando no aconteciera, que la 
suavidad y h^nrmonín encantjidoras de la música convirtiesen 
en un carácter afable la torpe ferocidad de sus musulmanes. 

73 Los (|ue \'^ntre nosotros tienen un pecho comimmido, y 
sobresalientes Las espaldillas deben evitar los instrumentos de 
aire, y ejercitarse en Jos de cuerda: tampoco deben cantar en 
voz alta, porque nopufíiendo los i)ulmones en la estrechura de 
la cavidad del pecho dilaüirse con comodidad, se rompen, y se 
escupe sangre. Por la misaia razón no deben estas jiei-sonas 
correr contra el vionto, ni a).>ié, ni acaballo. Sus ejercicios de- 
ben acomodarse á su constitución, la <pie por grados puede ir 
adquiriendo vigor, hasta pasar Jos treinta, y cinco años de 
edad, que en estos clinm« es por Jo general el término del ries- 
go, que tienen de arrojar sangre^ y morir de este accidente. 
El recitado nms ó menos vivo, segi:n el pecho de cada uno, de 
manera que nunca se haga esfuei'zo ni violencia. El recitíido 
de trozos escqjidos de poetas hace eJ efecto de ía inúsica, y 
mientras que la consonancia y harmonía alhagan al oido, el 
acento y la medi(hi sujetan la voz áquo adquiera aquel tono 
y pausa tan necesai'ias, no solo en las declamaciones y repre- 
sentaciones públicas, sí también en las conversaciones priva- 
das. 

74 Baños. Los baños son tan útiles en lo3 países calurosos, 
que los legisladores de oriente para hacerlos practicar, los co- 
locaron ontr(5 los ílebores religiosos. Limpiau la cutis, fortifi- 
can el cuerpo, y le atemperan.. En la costa pueden empezar 



[1 ] *'Man(lit w)it le premier, dont la ver ve insenséb 
Dañe les boniea (V un vers i'euícnua sa iKsíisée; 
En doiiimt a ses inotíi une étroite líriwnj, 
Voulut avec la llinie enchaiuer la RaÍMiu! 
Saus le metier fatul nu rcpo» de ina vie. 
Mes ípareple iua 4e loisir^ ecouleroieut Aans envié". 

BoUeaui Satir. 1 1 . tomv* I* 



—101— 
loíí billas, Inego que se arlelanta 1^ l^irímerají pero siénfló mas 
frió ti temple ile la ciudad, es menester espetar al estío. Las 
preeanciones que deben usarse en él baño consistan, efn bañar- 
se estaiidp ayuno ó con ligero alimento, y que no esté til cuer- 
po sttdoso. Las horas aintos de comei* son las mojoi'üs, y si se 
eliffe la noche, sean plisadas las horas de la digestión.* Si los 
dias se ponen varios y fríos debe suspenderse el baño, para 
que no sobrevenga algún catarro. 

75 A lf)S irifantes es menester acostumbrarlos al baño, no 
siHnergiéndolt)s de improvi&o, sino poniéndolos sobre el agua, 
y bañándolos don la mano. * 

76 Ló» enfermizos coii obstrucciones al vientre, que pade- 
cen de toses, y tienen un pecho angosto, deben evitar el baño. 

77 PjI agua marítima es preferible á la de rio por rntúi deter- 
gente; y así <lic0 un poeta que el agua del mar linípia todas 
las inmundicias del cuerpo humano [1]. 

78 Ejercicios nient<(les. El famoso médico americano Benja- 
miu Bush [2] piensa que los ejercicio^ de las facultades del al- 
ma, y sus pasiones activas aumentan la duración de la vida 
humaría. Para probar lo primero podría añadirse, díoe, á New- 
ton, y Franklin, una lista dilatada de hombres de gran talen- 
to, que vivieron muchos ailos hermanando. sus estudios con el 
ejercicio, y. la templanza; en apoyo de lo segundo se ven lle- 
gar á la extrema vejez los hombres, cuyo corazón ha sido domi- 
nadlo por la ambición ó la codicia. 

79 Nuestros estudios, para que ilustrando la mente no aoor^^ 
ten la vida corporal, pueden distribuirse del modo ^igui^nte: 
Las horas de.Iamaüana consagrarlas á la composiciou, ó al 
estudio de memoria. Por la tarde, después de la siesta, ocu- 
parse en la lectura, y háci^lascinco salir al campo para fortale- 
cer el cuerpo, estudiando á la naturalesca en sus obras. La n'bche 
debe dedicarse á la meditadou, lé{os <le l^^s velas y cuartos és^ 
trechos. Los antiguos llamaban álaLuna la lámpara de la sabir 
duria, por lo que podia meditarse á su luz en el silencio de la 
noche. Y aunque parece que én ésta se trabaían las obras per- 
fectas, pues se decian.oler al aceite del candil, con todq para 
tomarja pluma en estas regiones abrasadas, es preciso se de- 
je ver la aurora con stm dedos de rosa (3^. Aurora mnsis 
árnica. 

80 A Pax se le antojó poner entre sus muchos desatinos, 
que Godin no encontró en Lioia quien le entendiese una lee- 
— — « \ \ ■ 

(1) Euripid. IpbigoD. 

(2) Lecturos upuu eiuimal Life, pág. 10. 
[d] Hooier. 

TOM. VI. LlT£)EATUEA~16 



— Iflíí^ . 

cipn de Matemáticas. Slj^udouor j^i^^nf^^.s^piei), y para 
dar una pruel^a ae lo.contrai'io se lia al^ra;uií(lo este estudio 
con n^iu^I^o enxpeúo.. . A^P^^ra véc ¿V ios iiiños del colegio Ca- 
roliuó preseutar^f^joseiámejaes Físicp-l^afc^XAá^icos, con ua 
número increíble ^^.p^oporclou^s^^ii;! las i^uu^ arduas, dejando 
al ,^bjU;rÍQ 4^1 examia^dor^egi): 1^ qu^ q^uiera^. Los via^pros, 
qiie han cp^eurrido a estas justas literanas» han cónfesa^p no 
ceder en nada nuestrta juventud á la pías pi^pyecta d^ Europa. 
Elli(cimÍQ9to3'^^cierjtx>cou.que se desempeps^ llenada gl<])rla á 
supátdac.y íos^maesti'OSx que á costa de afames iúaeelbles hai\ 
abierto por si mismos está ifragosa vereda (1)^ son dignos 
de que se invoqjaeu á su favor los sagxadps cisoess a qpi^nes 
perteu^qe Qon^ervar-»-^2i riclii nomi la m€iiM>ria 4^m> Ariost. 
Orle. 35.. j. .,, .".:.'. 

81 Pero periMÍtaseme decir üo ser este por ahora ¿1 ^stüdío, 
qiié más conviene encstepais. JPprque uí .bailas proporcio- 
nes oportunas para adelantar en él, ni se iomentañ las artes a 
cuyos ádelántíimiettt^s sirve, aunque tan iiecesariás en un rey- 
no neo éá Inetalds; y eíi láfe primeras inatérias de íaá manu- 
facturas» Afei ipor \i, atención y fuerte contracción qtte necési- 
taii lo6 eteolarfcs para hacer progreso^ eti bsta espinosa carrera, 
en que se conducen por si comüniliente, pi'érdensus bst^ma- 
gcis^. sé híMidn íneláncoli(?osi y tncilutn^^ y se ínartihita el pre- 
cioso ¿&íneh de í a ¿on a tórrida. Acórtase értíeíiiiKf^ (Jue se 
empica eii las instituciones dé Jas cienpias ekactas, para dar 
lugar á las de las bellas letras, y crecerá prótii jaladamente el 
ánitífO tíln Inenosfeabaríié, arites ^i fortaleciéndose él cuerpo. 
La imaginación de la xona tórtídasd enñla coh él yélo y kt*idé^ 
del cálculo. Jsi éerebro es delicado para estáte ínitc^o tíerüpo 
jen una tensioii violenta. Nútrase con los coüocltoieiítos pro- 
pios: preséiiténáé á su imitación los cuadros de las art^sí, y las 
composicioues literarias del bello gusto, y presto se vetáü 
competir liuestras obras con los modelas acabados dé la 
Grecia (2). 



.1 



Oreado éqiiiákSú^ vivos drcent de niahnóf^c vtiltuii ' 
Ontiiimt oansaé ineH\is Virg. 



(i) La patm no «Ividará nunca lo que debe su jnvóntuú ii loá talcufcos 
asombrosos, yteuAz dcdicnciou del virtuoso cura do Huancayo, Doctor JDou 
José Iffnacio'Moreni». Mercí Per. totti. VXlt p%: 280. ^ ..', i. 

^2) Nuestros Ut<f ratos eucontrarún dccuiueiitos pvcciosós piirá couíjei'vm:- . 
se ¿o nilft büen«á vcrjcz, en la (excelente disertaci(»u latiua dé fiuestí'o compa- 
ti ' i ot a íñ Dr. D. Evaristo Albitez. "D© cousoqucnda, ot producenda senec- 
tut^." RomaB MDCCXC. ^ 



SECCIÓN IV. 



DE LOS MEDIOS DE CURAR LAS 

felírERMEDADES DEL CLIMA. 



%I. 



DE ¿A ÁUTÓCliAblA^ Ó PODEh QUE LA NATURALEZA, SOSTENIDA 
?0R I*Aí DIETA, TIENE EN LA CURACIÓN DE LAS . 

EKFERMEOADEÍ. 



1 Como el raoTimiento que fomenta la vida conddoe natu- 
ralmente á lamnerté, á nadie piiede el arte de curar ofrecerle 
la ixuiiortjalidacL El hombre que ha existido un siglo, ha visto, 
perecer al rededor db si todo^ los entes orgánicos, que comen- 
zaron con él la cartera de la vida: solo quedan en pié algiinlus 
vie>as eiicinas para servirle de monumentos Vivientes, en cu* 
y os troncos grabe su mano la historia de los sucesos, por 16 
común desgraciados, de su siglo; si es que el dolor de háber-^ 
los presenciado le permite transmitirlos á la posteridad. Xa 
IMedicina no tiene otro objeto; .que el de prolongar la Anda hii-^ . 
mana todo el tiempo, que pueda caber «íleutro de los términos^ 
que e^^táu señalados á su subsistcitícia individual, é impedid las 
molestias de las enfermedades que la cercan. En ésto hace ál 
hombre un servicio miiy grande, porque nada le importarían 
todas las fruiciones y. dulzuras, que pudiera proporcionarle 
una fortuna venturosa, ^i las haMa de perder pút una muerte 



—104— 
anticipada, 6 si el propio dolor habia de convertirlas en amar- 
gura. 

2 Tan importante cargo se desempeña: 19 conservando la 
vida en cualquier gi-ado en que se halle: 29 destruyendo las 
causas que la impiden el ejercicio i)leno de sus funciones. Lo 
primero se ejecuta por la dieta: lo segundo por !os remedios; 
y Ja dieta ocupará también el lugar de estos (1), siempre que 
se él.ja de substancias, cuya cualidad se oponga á las causas 
que fomentan la enfermedad. Es por consiguiente el primer 
deber de un médico en el ejercicio de la medicina, establecer 
el plan dietético, á que deba arreglarse el enfermo, cuya curación 
se le confia. Entíuices la naturaleza trabaja con orden y efica- 
cia, por desprenderle del mal que Je oprime: 19 aumentando la 
acción del sistema vital, en la que consiste la fiebre, la cual 
el Docto Sydenbam llamaba instrumento, con el que la natu- 
raleza separa las partes impuras y morbíficas de las saluda- 
bles (2): 29 estableciendo ciertas y determinadas revoluciones 
periódicas, á cuyo término se verifican semejantes separacio- 
nes, y por consiguiente las crisis y juicios de las enferme- 
dades. 

3 Est^ orden de movimientos, que con claridad se percibe 
en las enfermedades agiidas, enseñó á Hipócrates y á sus se- 
cuaces, H regir principalmentejos enfermos por medio de una 
buena dieta, confiando á la energía de la naturaleza la expul- 
sión de sus niales. Y este mismo designio ha animado sien^pre 
á los profesores sabios y i)rudentes; y cuando el atrevimiento 
y presunción juvenil los han hecíio seguir otíra^setída, los aüos 
y la experiencia los han obligado a revoíver sobre la qué deja- 
ron trillada los ilustres Griegos. De lo cual acaba de darnos 
un bííHo ejemplo el ardiente defensor de Broun el Docto Josef 
Frauk, retractando publicamente el sistema heuóico de aquel, 
que habia adoptado con entusismo; y confesando los errores 
módicos áque se ex|)Uso,i>or abrazarle en su totalidad, con al- 
to desjw'ecio de la Medicina expectante délos antiguos (3). 

4 Verdad es, que desde el tiempo de Asclepiades se ha ne- 
gado a líi naturaleza la virtud medicati-iZy que le concedió Hi- 

l)ócrates [4], y que los días críticos se han 

mirado como un sueño por jnuchos profesores de nombre. Pe- 
ro en cuanto á lo ])rimero, aun cuando la naturaleza, esto es, la 
vida subsistente en el enfermo, y las causas que la íbmentun 



(1) "Optimnii vero medica lucutiim est oportuna cibus datas." Cel». 
Lib. 3. Cívp. 4. pág. 119. 

[2] Seco. I. ciip. 4. "(?t Asclepiades febro ipsa praicipiie so ad remedium 
nti pl'ofessus est^' ('el8. Lib. 3. páí?. 118. 

(S) The-PbUftdelphia medical Museum. Vol. V. Jüegister 153. 

(4) Charüeír tom. 9. pág. 5üU. £x'idem*:Ub. 6. 8ecc Yt tex« L 



í 



—ios- 
de tuvieran en lAd enfermedades pasivamente, como quiere el 
Docto Jackson; eís verdad que cesando de cualquier modo la 
causa, que interrumpe el orden de sus movimientos y funcio- 
nes, los recuperará, al momento por su propia energía, pues la 
vida es un movimiento vital que intenta desempeñar activa- 
mente las funciones que son su efecto. Y asi bajo de cualquier 
aspecto que se considere la vida en el enfermo, ésta se fuerza 
á i*ecuperar la integridad que corresponde al individuo, y le 
era peculiar en el estado de sanidad [1], 

5 Si en aquellos momentos de aparente mejoría, que por lo 
coinun preceden á la extinción de la vida, y á la cual llaman 
algunos el relámpago, y^tros la Síinidad déla muerte, no se 
recupera la naturaleza, es porque este aparente «alivio no es el 
efecto del estímulo morbífico disminuido, sino de la excitabi- 
lidad ó fuerza vital consumida. Asi es que, aplacado eltujunl- 
to por la falta de ésta, se despejan los sentidos, y el i>u)so pa- 
rece ordenarse por la debilidarl qne sobroviene; pero que á mi 
ojo observador le hace ver ya la muerte, mientras qne los mé- 
áicb^ menos sagaces celebran el alivio. 

G Los dias críticos tienen á su favor la opiíHon de los pue- 
blos, fundada en la experiencia. 8u nombre salió del foro, 
porque con no menor soi'presa esperan los interesados el Jui- 
cio de una enfermedad en los dias críticos, que los reos y sus 
amigos la sentencia de absolución 6 condenacioii en los tribu- 
nales de justicia. Nuestro pueblo señala como eminentemente 
judiciales los dias 7., 11. y 14., y los anota con sumo cuidado: 
y la observación clínica confirma lo fundado de sus temores 
hacia el dia 7. término de la primera semana, y de su compla- 
cenein, luego que la enfermedad superó el 14. término de la 
segunda semana. PerO tse objeta, que el cálculo de los dias 
críticos es muy falible, y que confrontadas las mismas tablas 
clínicas de Hipócrates, hay una diferencia iastidiosa é inespli- 
cable. Confieso haber en esta materia algunas dudas; })ert» que 
podrían resolverse, no contando los di:^, sino las revoluciones 
periódicas en el tipo ó cui'so <ie las ent/^rmedades, como lo in- 
dicó Asclepiades y lo demuestra Jackson con el pedo que ca- 
racteriza su pluDia [2]. 

7 La causa mas común y general de nuestras enfermediules 
es la constipación, Seco. IIL^I., pues para repararse la trans- 
piración sobre la cutis, se excita en lo general el tíj^q teox^ia- 



[l] Helinonciey Stal hnn HiipiieAto, queostiM osfuerssos de la natiiralejía, 
lo6.excitiil>í\ el principio vital residente eu ella, bajo del upnibrede Archeo, 
ó Anima. Pero Hipócrntei? dejó escríto: "udinveiiit natura ríví ipsinH acce- 

susnon cogitatioue inerudita natura, et ín docta, qu» opus Bimt efl- 

cit'M. c. text. 11. 

(2) A treatise on the fevera of Jamaica cap 8: 



—106— 
nario, que ea el mus eficaz para deseiupefiar este eargp. Pero las 
cirounstoiacias que aeompaüanlainvasiou del catarro, no BÍem- 
pre permiten se desenvuelvan con claridad los paroxismos de 
las intermitentes. Por el contrí^rioreunióudoseduplicánrtosey 
aun tripUcándoBe estos, hacen nace? la variedad de fiebres conó- 
nnaS) en que se Xiecesita de todo un médico, 1? para analizar 
los paroxismos y no confundirlos, 2? porque puede acaecer la 
bri^is del tipo de paroxismos primarios, quedando en pié el 
de los accesorios ó secundarios: 3? porque absuelto un tipo fe- 
})tíl en el diacrítico, puede hacer niieva invasión en el siguien- 
te, en cuyo casó sigue el mismo progresó que el que le prece- 
dió. Pero ^e Usaría una cuenta errada, contando desde el prin- 
cipio do la enfermedad, y no desde la nueva invasión [1]. 

8 Iai^o ai se analizan las fiebres continuad de nuestro di- 
BQia, 80 hallará que sus radicale$ 3on las intermitentes t^rcia- 
Af 8, laa que adquieren vario aspecto según ll^ diferencias lo- 
cales, estaciones del afio, y otras camisas. Las tercianas tienen 
un término saludable á la séptima revolución, que corresponde 
al dia catorce, pues tambieu las crisis de este dia, según upa- 
reoe de las tablas» da Haen, m>h las mas saludable^ en las fie- 
bres eoutíanas. Hay mas: 1q3 días críticos del once para ade- 
lante, permutan el orden te^^nario en el cuaternario, lo que t^ 
originado infinitas disputas médicas, Bio atinarse con la solu- 
ción. Mas ésta w muy clara^ porque toda t<erciana camina á 
su fin con jáxito feliz, cuando se retardan sus periodos, con 
que es consiguiente, que siguiQudo el mismo s&ludable progr^ 
HO^ cuando reunidos los paroxí^uos fotman una fiebre aguda, 
se retarde el periodo final de la segiinda semaua, y én el lugar 
del dia 18 sobrevenga Vil 14^ 

9 Bl dia séptimo es un día muy crítico entre nosotros, y mu- 
chas pleuresías sojuzgan en él por sudor. Este dia i^s muy no- 
tableen lastércianasletárglcaS'ó soporosas, pnesaunq[ue Werl- 
hof dápor concluida funestamentelaenfermedad al tercer perio- 
do, que es el dia 5; yo he visto, lo mismo que anota Torti, es- 
capar á los enfermos de esta accesión; pero morir infaliblemen- 
te b^o la cuarta accesión, que eoitespónde al dia 7., si coa 
tiempo no se ha impedido el que sobrevenga. Sabido es que 
las tercianas adquieren 6 son de mala calida, cuando se anti- 
cipan sus paroxismos, pues e^ ooiisiguieute que el paroxismo 
critico, que debiendo acaecen en el sétimo dia eü las enfer- 
medades agudas, se anticipa al sexto tenga la misma maligni- 
dad. Y de este modo comparando los periodos teróianarioá en 
su $implicidad^ con los de su órdeñ coinpueste y compiicado, 

í((l) ''Verum postremas istas crises Boli medid pbilosophi prosequon- 
tur^ mercenarü non attíngant» Str^^fc ie pleuritide pAg- 7.'* 



recibirá la doctrina <le los (lía$ cdtieod la \\n, de quelia^ aho- 
ra ha oapecido: y el médico pensu^clido de. la ci^rtídiyfihre ^e 
ellos^ DO tnrbarálo^.esfumoH. saludables cío la naturale7.a, epn 
sus remedios impertíaenies. Stiga^ obs^rbador eoi3sideFp.ró9 
que cfunque á la ctiracion d6 Jas eufiaa^iedailes cÓDcn^en laKa- 
tqraleza, el Arte y tíl llíédico, como nqtij, Galeno [J], laííaiji- 
raleza. obtiene el priiHíer Iug£|x en el <}rd^n déla curado^, si#p- 
do la autóoData xestniíradoisa ñ^ la ^anHadf . ^ . . . . [2] 

10 8i & Qstas coüfiidei2aciojie9 Q.Qá(ll^^o^:que i^uestra^ enfer- 
medades se originaírii ¡pos; lo eomim <1^ \i^^> ppn^típa<iio|]t de la 
cutís, qne está. bcoiApaúaaa de afeccipnQ^^ gó^tlcas, $eoQ« IJJ. 
%X; es dfec&.de'alimbutosin^ dig^iídos 4. o^lterado^, b|^n sea 
¿or «l'qirasó qije'dlaeltós baCí^a lo^ pAciié^tie^, hi^u par }a d^jii- 
lidad de s«DÍ>mÍ)ómago8^ ó bi0n p^rqu^ f^n el ár^en de fiinoip- 
nes corporales, alteradas las del^.p^t}^ s^ altaran ía§4^'€^- 
]^(i]V[agQ( el ii^gJHíe^ de vida qv^f> cop];r$tx!Í^ yoderoi^amente estas 

. cansas fljQifbí^?¿ft,! 4^be esitabíec^r^e cpn^óla prhnera/y'fim- 
" ! damei^t&l' ^íaseij^ íi^fii>raáou,.fle/Buesjlr^ tq»uio 

» impidas [3] pQWftW^wVfa^ífl-.. . ' .' . . ' ! 



* ■« 






' < • 






•' ; .M¿ trso tftr: aire en las enpehmeabde». 



1 Los antigups íJosqf9fi c^^yeíón que en el Aire había cier- 
to oculto prípíjjpícxQ^^ áUij^^eptaltia la vida dé los aníma|es. 
p€(¡bul\im viüB, 3[j{i '<^í p^íriei^íjia * diaria pé'r$uadía la Verdad ¡de 
esta opinión^ y aijí párü {Jé^aibríi- finteún precioso se irrali|fi. 
plicaban las tentativas y observacioúeíi, eü la ra^oü misma en 
que 4^ fiUi^laVt^Vaü^l estudio y bello? trabajos db la Fífeica. 
Solícít<í lps'íe\ipía él gi'üüdfe BoferRave pava revelar él sWudá- 
l)le iflíí^teríp, qií^ etíHeiTÍtí>¿ eí aíre resplrable, y ctíásl al tocar- 
le CQÜ lá niáúQ aesesñeraba de su empresa, abandonando á 
tiempos riláis relifi^^s taú gloriosa conquista, in obsóüro Mbéhtrj 

'lT'CÍiárt;i/c;pJig-5Í0.'text.l. ' . 

á] Cliírrt. 1. c. pág. 3J3: 1 . . . • . 

3) Oáyk <jafr«A es %íeve y p^ligrw*. - 

' (4) Qu^íi «arretrj es hvrgfifj repato el peligro. **Tu acutfirum yere pas- 
sipiiain curatióne rectúm cíbóram 'usüín magnaiti parten* íibi vindicare, 
eoqiie negl^c^o fniBtra illam ^n^ec^icamentis ag^di." Carminat. Te».- 1, 
pa^» «juü» 

[5] Cbenia: de Aere. \ -^ 



—108— 

2 El esolarecido físico Priestley fité el qne, en 19 de Agosto 
de 1774, rompió el velo que nailie habia conseguido levantar. 
Descubrió en este memorable dia el aire (lejlógisticado^ oxigeno^ 
ó vital^ y preparó una gran revolución en las ciencias Fisico- 
químicas. Lavoisier patriarca de la Química moderna, perfec- 
cionó en 1776 y 1777 los trabajos de Priestley, ó hizo ver por 
medio de la análisis y síntesis, que el aire, reputado haata en- 
tonces por cuerpo simple primitivo y elemental, era en la rea- 
lidad un cuerpo compuesto de otros dos diferentes/ el uno emi- 
nentemente respitable, y el otro que no lo era, y que se mez- 
claba el primero con el segundo en el aire atmosférico en ra- 
zón de 1 á 3, según queda notado Secc. I, "^ IV. .2. De aquí ea 
que el primero adquirió el nombre de vitalj y el segiuido de 
w^/íííco, y azótico^ conforme ttl efecto que ' producían en los 
animales que los respiraban* 

3 La respiración es en los animales una -ambustión lenta: 
de manera que al inflamarse los cuerpos combustibles, se fija 
y consume en ellos la biise del aire Vital, desprendiéndose en 
esta combinación el calor y luz^ qne^acompafián el fuego, y el 
residuo del aire ambiente queda reducido, si no se renueva, á 
una mofeta en que no pueden arder los cuerpos inflamables, 
apagándose al instante qué se sumergen en ella^ y así tam- 
bién en la respiración animal el aire vital absorvido por los 
pulmones se mezcla con la sangre, le comunica un calor pur- 
pureo, y desprendiendo su calórico en esta combinación, forma 
el Hogar del calor animal, y eleva su temperatura [1]. El aire 
que se expira después de esta función, es de tal modo impnn 
porcionndo para la vida, que si no se renueva se debilita la ac- 
ción de las arterias y del corazón eil él hombre que le respira, 
el pulsease aceleríi, la cavidad del pecho se oprime, el hombre 
se agita, y extiende los brazos para dilatarla, abre la boca en 
busca de aire respirable, y no encontrándole perece. 

4 El hombre consume de este aire vital en cada hora 360 
pnlgadas cúbicas, y el aire que devuelve en la espiración es 
un gas cx)m[mesto de asoe, ácido carbónico^ y un residuo dí*oxí- 
geno. Cuando el aire solo contiene ^ de airo vital, el animal 
que le respira c<amina á la ipuerte, Xiuego que Hales consu- 
mió i de aire respirable ya no i)udo resi>irar. 

5 Por tan preciosas ó interesantes observaciones nos indu- 
cimos á manifestar la necesidad, que tienen los sanos y los en- 
fermos de vivir en un aire renovado: y dq ellas mismas se 
inferirá- cuan irracionales han sido, y son las prácticas que 
hay todavía en nuestras casas: 1? de tener á los enfermos en 



(1) Chaptal Elem. de Química cap. 2, del aire vital.... El anmeuto del 
caloren la respiración nmmal est/i avalando eu -^V^. ., 



—109— 
caartoii estrechos y cerrados por todas partes, aun en me>« 
dio del'<\9tío, y con enferni^daíles cuyos productos corrompen 
rápidaniv^nte el aire, como son la disenteria y viraela. A mu- 
chyinlo.s { \eometidos^ de esta enfermedad echó al sepulcro cos- 
ttimbre tai/, desatinada: 2? el permitir concui*sos numerosos de 
criadas y v^usitas importunas, que rodean los lechos (de* los en- 
íermos ricos '^ Esta caterva ignorante y petulante consume el 
aire vital de * la pieza, y deja al paciente rodeado de unaD^o/«* 
to, que Hgra ra sus males fisicos, después que con importunas 
preguntas le ha debilitado extremamente él ánimo: 39 e) tener 
muchas lúea s y braseros encendidos, que colocan eon especia* 
lidad en los cuartx>s de la^s parturientes, las que si son ricas; 
Dioi^ nos ami )are ! que oficiosidades tan nocivas tíenea que su<- 
frir, el cuarto ' se calienta, el aire puro se consume,, la partur 
ritote se enar dece, suda y se pone en mucho riesgo, 

6 En los q .ne padecen enfermedades agudas deben ol)Ber- 
varse las regí as siguientes para renovarles el aire que los ro- 
dea. Primera en el tiempo de las calmas, y calores del estío, 
deben estar abdertae; las ventanas del sur y puertas de. comuni- 
cación l;ji mayor parte del dia, y aun si hay bochorno, en 1»b 
horas ojíOrtnuíiíi déla noche. En esta estación reinl^n porto 
común flebreá dei' gén^nf de las ardientes, y el libre acceso 
del aire fres'*o atempera el calor de la sangre, modera su mo- 
vimiento, iux'piáe su disolución, disipa sus efloi^esceneias peli- 
grosas, minora el niíuiéro de sangrías y el enfermo ówai otro 
Sarpedon vuelve á la vida á beneficio del frescor del viento 
saludable. 

Son anie sem ble fuir: nn livide nuage 
Obscurntí sa pa upiere, et glaee son visage; • 
Mais de ii n ver it frais, et doux les secwurs bienfaisañts 
Lefrender \t á la vie, et ranjment ses sens. 

Rochefort, Iliad. 1. 1, pág! 348. 

7 Segunda: Me regaft i ligeramente en el centro del dia el 
cuarto del enfer ino con vinagre aguado, según lo exigiere la 
mayor 6 menor fuerza do. I calor; y con el propio vinagre água- 

/do se lavarán e ix todo ticL «po las vasijas y platos que sirviesen 
al enfermo, en lo que se d ebe tener tanto mayor cuidado cuan- 
to fuese mayor» la tendencl a de la enfermedad á la putrefacción 
y mas temible, el contagio; porque con los vapores que se le- 
vantan del vi nagre se modi ^ra la desagradable y nociva impre- 
sión de la pr imera, y se ataja el progreso del segundo, confor- 

TOM. VJ. LlTBRATtJBA — 17 



—lio— 

t 

merse experimentó en Gibr^ltar en una funesta epidemia, lim- 
' piando y regando no solamente el suelo sino tambiep las pa- 
redes. 

8 Tercera: un iguales circunstaueias de calor, ^^uedad y 
bochorno es útil colocar un lebrillo de agua, y sumergir eu 
ella algunas ramas de árbol de textura expoujosa, y que ca- 
lezca de olor fuerte, cuales son las del sauce : y si formando uu 
agujero en el techo se dirigiere un rayo de luz que hiera las 
rftinas, mudando el Jebiillo según el curso de aquel, se conse- 
guirá plenamente el objeto de i*efrescar la atmósfei'a que ro- 
dea al enfermo y hacerla saludable. Véase la secc. II ^ I. . . ,6. 
Y por las razones alli apuntadas ^eben separarse el agua y las 
ramas, luego que; sé; acerque lia noche, ó cuando e^ enfermo ue* 
cesite estar en cuartos oscuros, (1) 

9 Cuarta: en el invierno en que el tiempo está húmedo, y 
fHo, y reinan los dolorcí^ de costado, la renovación del aire de- 
be bacecse con precaución. Por decontado no deben abrirae 
laá ventanas que <»<ien al N. porque este viento es nocivo ea' 
América: y aun en Europa se rt^puta por un azote contra los en- 
fermos^ porq^ie ataja las ^yrísis^ las luwe im\uirfectas^ auniefita los 
doiar^Sy fatiffa noiabUnnente á las personas que tienen delíoiído el 
'jHióho>, y perjudica á los gotosos, (2) Bastará que eu el centro del 
di», cnaucEo está ma^ seca y templada la atmósfera, se abra al- 
guna puerta ó ventana baja, i>ai'a que pasando una moderada 
•oon^ieate de aire nuevo -antoje el de la pieza con la^s e5chalacio- 
nea perjudiciales die que esfci saturado; cuidando desde luego 
de que *i\ aire fresco no atraviese por encima del enfermo, ál 
que se defenderá corriendo las cortinjis de la cama, mientras 
se renueva el aixe. Precaufion á la cual debe atenderse con 
especialidad en tiempo de los sudores (jne juzgan las enfei'me- 
dadie^, y en los días críticos en que aparecen. Las piezas estre- 
chas tienen mas necesidad de que se renueve su atmósfera que 
las espaciosas. 

10 Quinta: se ha cixndo que el fuego purificaba el aire, y de 
aquí ha nacido la costumbre desahumarlos aposentos délos 
enfermos, quemando alhucema, romero, quina-quina y divér- 

|ftaí; resinas aromáticas. Pero no son Uis partículas del; mate- 
rial encendido que sei)ara y eleva el fuego las que mojoran el 
aínbionte respirable; poi el contrario,, los vapoi'es resinosos y 
'ítromáticos incomodan el pulnum y lastiman la cabeza, oon^s^ 
peciálidád en aquel Iuk personas que padecen afecciones ner» 

( 1 ) Moiiiou re<íoiiiiendA en los tioni pos muy caluroéos el colgaren kis puer- 
ta^ó veiitanas pañon empapados eu a^ua tria para i'eñ-escar el aire, qn« en- 
tra por enas eu las vivíenda^i. 

(2) BaÜA Arquitectura t. 9. Part. I, pág. 857. 



-^111— 

TÍo$aé:.y si hemos de creer á lan experiencias beebaR por Ach8tí;f| 
ppr medio del Wgrometeo, léjós de di^minqiranmeiitaDja. htti 
ifeiédHd del aire. El efecto nahidable de las hogueras coii$Í9ta 
en entablar corrientes de aire fresco, con la especLo de vacíij 
uñé forman al rededor de tá, para que empujándose uuaa.^ 
otras las ondulaciones del viento, arrójenla átmóa&rai ptísti^ 
lencial, y reemplacen otra nueva y saludable: jmr lo que si ^p 
sn incendio no se ha llevado este* objeto; sino qi^i^or. el eim^ 
trario, con el aumento del fue^o se ha caldeado la atiiQÓ$t^M) 
etítóhces lejos de mejorar se empeora la constít^imon pestilen- 
te. De aquí provino morir en l^óndes enatro mil personast e^ 
nna noche en la peste, que quiso impnideuteoHm^te detenei^j 
énéeodiéndose grandas hoguera.^ por tres dias; ouando la tnop? 
'talidadno excedía de cuatrocientas antes de ellas» {!] 
'11 Sexta: inferiremos pues de aquí la prudencié^ con quedci? 
be ^r<M;ederae en caldear y llenar de hiimo los cuaji¡09 d^ W 
enfermos. Y aunque desde luego, reinando tiem^ioB fríos y h¿r 
kkredós, y principalment^e si la piexa en t^uv* moca eLcDf^mrno 
es' espaciosa, es útil templarla y set^ir laiinmeilaiil jdboi aira^ qn^ 
Contiene, porque esta ataja la toanspiracion^cuaiMio «por eloopr 
traHo la sequedad absorviéndola .sobi^ la síipórtteii» de) uwi^ 
Tá píx^muéve y facilita lascrises; [2J debo oon tocio Quedarse d^ 
renovar al medio dia él ambiente déla pieza, pero^i^eudo.iur 
^r^soál atre externo, pues de lo contrario la &a^((QCÍ^^ que.l^ 
nan cf^itiüuicado las resinas quemadas en élla^ i^o^teiKdki Qtfíí 
éféétoiia^ anticipar la mnerte, esparciendo aroi^iae) .i€tb»ro «liji^ 
«^Svér. Dé allí es que en los países cultos del noj|te de. fi/i^K^Mi 
fos cuattoeno se calientan cófi hornos ni bi3áBei?03|.sino ppr'ini^r 
dio de chimeneas colocarlas dé mateDa^que altíempo mls^s^ 
qae estúfito los cuartos, renuevan el aire .enoercado qi) ^llos, 
i^rTqj&udote oon el humo por sus tubos y respíiradaros. . : . . 

12 Séptima: el descitbrvmiento d^l aire vital condujo il^^tUf 
líálmente á sobstituirfe á las exhalaciones resinosas, impr^gr 
¿ando de él la atmósfera de los dorinitorles á bt)tiíefloÍQ ^e^unf^' 
fiíáquin'á inventada por Inghenoux. Pop miediQ d« elloi sé. ^^ 
trae oon afoundanéia de los cuerpos que le oontí^dnen como SQfi 
la maneanesa, el nitro/ las- calés metóiáoas &| y .|»e esparce ^ 
'Ht'at7m<Hrfera en forma de vapov^ el cnaVsi seba-de creer. áv^Sr 
rió» médieos es muy Saludable, especial mentó para- los que p9r 
4écen del pecho. Pero como el oodgew)^ 6 aire vital, es un- y^rr 
^dadero estitnnlante y ceba el calor anipial^ no debe aplioaii^ 



t •• 



!•• 



• (!) HiMín PrsrieeK in Palhol. t. IV. . » . , .. • . 

• ' (ai Galena Metho^ I^ í> o. V. Paeíie también adoati^iie p^i^ mg^rai 1^ 
.biiiiWBdad,cleJ aire el reg^p el pavimento con cal ó potasa, ó colocar algniíoa 
^ V^ia^ pe<iueño«» one I^a eontengan, Aegun el método qne Mífehíl^ j'Acrtk 
*tísftn ímrá deBÍíiñcionarle; .•.}•• / . r *:- 



—112— 
indistintamente en* todas las enfermedades, sino tan solamen- 
te en aquellas que proceden de debilidad, atonía ó afofámien- 
to. Con gracia, y oportunidad dice el Dr. Por-dice Monthly 
Beview 1799 t 28, que los jóvenes médicos son como los niñoa 
que cuando les pasan alguna cosa brillante por- los qjos abren 
la boca creyendo ser comida, y que asi abrazan sin discerni- 
miento los descubrimientos importantes, y por falta de la justa 
y debida aplicación los hacen infructuosos, y aun nocivos á La 
salud del hombre. 

13 Octava: en las estaciones medias cuales son las de otoño 
y primavera, el mayor ó menor bochorno que reinare, y la ca- 
pacidad de los cuartos, indicarán el mas ó menos tiempo en qae^ 
en el centro del dia, debe renovarse el aire encerrado. Pero 
siempre que las enfermedades sean de las contagiosas, y de he-* 
.dór desagradable, como lo son las disenterias y fiebres erupti- 
vas, la renovación debe ejecutarse con franqueza, y practicar- 
se lo que queda advertido en la regla segunda. 
^ 14 Novena: cuando el enfermo comienza á mejorar de su' 
enfermedad, y se halla en estado de convalecencia, ailelan ta- 
ra mucho con pasarse á otra pieza algunas horas del día, en 
las cuales se cuidará de ventilar plenamente aquella en la que 
enfermó, y de sacudirle y renovarle su cama: por la tajrde se 
volverá á cerrar el dormitorio para que el enfermo regrese á 
él, y este ejercicio le será muy agradable y beBéfiíco. Y si sus 
facultades le permiti'^ren, cuando ya sehallecon alguna fuerza^ 
abandonar* la población y pasar á respirar el aire capipestre^ 
adquirirá en poco tiempo aquel vigor y lozanía, que oqnsiguen 
las plantas marchitasen la sombra, cuando se e^qM^nenála 
influencia benéfica de la lu£ solar. 

15 Décima: es indecible el bien que resulta á la saJUid de un 
paciente con dejar el sitio en que enfermó y pasar á respirar 
el aire de otro diterente, pero esta mutación es was notable 
cuando se conmuta el aireenoerrado, y* mal sano d0 las einda* 
des« por el libre y saludable del caoipo abie^rto. Jia^'^ Wijterioe- 
diaues nerviosas como las heimeránea$jio$€B convuM^asSSyde^ 
pues de haberse burlado del médico y de sus remedios, desa- 
parecen luego que las hiere la benigna aura campestre. Ver- 
dad es que los asmáticos no siempre > consiguen . la salud qujd 
desean respirando los vientos en las costas marítimas; pero la 
grangean agolpe seguro encaminándose á la sierra: y esta es 
la gran ventaja que presenta la estructura .del Perú para la 
conservación de la vida humana, de abrazar en solo veinte le- 
guasy que median de oe>eano á los Andes, todos los tempera- 
mentos de las diferentes zonas. Introdac. Por esto se vé con 
admiración que el mismo ser racional, que ayer abenas respi* 
raba en la costa, y á quien una variación atmosfénx^ .poniá en 



—lis- 
ios l>it^$!so6 de 1^ mui8r)te, tiepa hoy por los faldas de lo$. Ande? 
c5on la misma liljertacL que si miuca hulera padecido la fatal y 
g3?af'Q$Í8Íma asma, j Otjaln, que una sáWa política estableciera 
pueblo* de, ¡algua cultivo entre la capital y la cordillera, para 
que Ja e^exiia soledad lio desterrase de estos sitios sahidablevS 
á los que acostumbrados á morar eu i^ociedad, prcfieicu vivir 
muriendo en ésta á gpzar de sanidad en un desierto! 

: Í6 ündécimaj:. los que tienen disposiciones a contraer la tír 
sis^queeutre nosotros sou niuclios, consiguen yariar.su oons? 
titucioB^ practicando las puopias luutacioües, lo que deben eje- 
cutar fliempüano. JBasta nuichas veces para coiiseguirlo pa^ar 
de la^eápitid á vivir en alguno de Iw pueblos vecinos: (;l).€[iV' 
tre estos deben prelerirse los del 5ui' y oriente. El de JXiiHiíiéí^ 
res que esta al primer rumbo es excelente, porque sn terreno 
y todo el qi\e,aiguo para el 15- es elevado, seco, cttscajoso, y ca- 
lizas sus capas íu.t¿rlo;'es, y está refrescado jior los vientos lito- 
rales* I^allápdose inmediato á este inieblo el de Surco, y estan- 
do el de íjate á la. parte alta de lá ciudad camino para la sier- 
ra, se tuvieron por s^UidabJes desde la antigüedad, $egim can- 
tó uno de nuestros poetas. 

fíurco snU recreat ftoftis i^ernuntiíms a^grós' 
JUmhua (TiSitans huleas a urhe .' ' ' 

Látejútei mnfiis) étaiio leiie'fida aaJúti^ ' ' " 

"' Mrtls.lmmerr's anos tiU Neritiu: '''' -\ ;' 

, J^ós.cq^qiiisfádores ííc^^ porfun"4M-r!la ciudad sobre tas 



_^ , aej« . . ,^ . .. 

país ífabricabáii^-sus casas sobre laá 'colinas sQcas y venteada^; 
huyeúdo de lá liuinédad de los valles y télTcnos bajos*. 

, , 17. D«o«,\écínA;): )b a li^r y sabido.qije los qqe,ascie|jden ápoion- 
fte« iiíuyM'ltp$^j/íi4eceuíi alíelo, caijsancip,^ P^jpitaciones de co.- 
ipaecm, y. ppUacípnes. de 1^ arterias: 1^ (jara se'te^ pone rojí^xíQr 
Bia.cabiei;!^, de eí-isipela y j^uppn.aiaugrc'(2) {<)(ío lo cual es im 
jufttw^' €|í^cto 4^ 1;^ ílimiiíju^íófi del peso y gravedad del aire 
en las cimas d(3 los niontés encumbrados, porque minorándose 

• 

»* ■ t I , , ^ , , 

(1) BUek) >$uoe4<(^r qu,e estando iargo titwpo en los lugares .de icouvales- 
'<9eiioia retoña la.^Qbilidacl d^l pecho, y en es^ caso es oportuno regi'esar al 
sitio de dondje se 6filió,,ópaBar¿oti'o diferente, porque con el ejercicio y per- 
. inat7p<y.oiie6. atmosféricas se fortifica el cuevpo. 

(í?¿) Sausurp Voy age i|a Mont Blanc. A los 12^000 pies de clcraoioi; se resp 
•pira cq^i dificqltaa en los Andes, y las l)estias ca^p. muertas de fatiga, si se 
IaB.aj»re;^T|ra: 9^7^ accidente llaman en la sierra /^pasar la veta,'' por creer 
que io han cátiBaa.o las exhalaciones ;pa^tálicas. . . » • •< i. 



— 114r- 

lá compresión exterior de los vasos, sé aumenta sn ifiUttíkbtoíi 
interna, y se rompen con el movimienfo é imputóos dé Ift^alai- 
gre. Por consiguiente los que teniendo disposiciones á la tfi^ 
quisieren pasará la sierra para mejorar de <v>nstituoloDj esne» 
cesarlo lo ejecuten por grados, y antes que su pulmón se hltyá 
debilitado en tal manera, que al atravesar la cordflléra no pue* 
da sufrir, ni la levedad de la atmósfera ni el intenso frió dé las 
nieves; porque en tal caso perecerán acrojaado simg^ pof la 
boca. Dicta la prudencia situarse en iguales eívcuiistaiie^is» á 
la falda de los montes hastia que adquitiendo el cuerpo eivi^ 

?[>r debido, y aclimatándose, pueda c(Hi mas. segundad sabir 
los pueblos del alto Perú, si se tiene estC) designio. Berilio- 
00* consejo nos ha dado Oeofray en esta parte. 

Tuy quem soüicitat servándiB oicrít sálutis 
Hoc teneos animOy iiequid nimis ; elige sedém 
Quam nec in exPremia nimitmi grwúis appriVMLt úfir 
VáUe^ nec excelso praruptam culmine niüntiSy 
Áeris optati défraudet muñere costtimj 

18 Décima tercia: parece que es peculiar á los Andes del 
Perú, pues segim el señor Ulloa no se experimenti^ en los de 
Quito, (1) de que todos los que suben a ellos de la costa^ aun- 
que estén sanos y robustos se mareen, aco^metíéndoles vahí- 
dos y vómitos. Se piensa generalmente que este accidente pro- 
vieol de la^: exhalaciones que se levantan de las vetas metáli- 
cas- D. José Ooquet lo atribuye á lá misma camisa dé lá leve- 
dad del aire extemo, de donde se sigue expfcVtision en el inter- 
no del cuerpo, mayor celeridad y efervescemciá en el círculo 
de los humores. Yo creo que puede cooperar irifrio supiímiteri- 
do la traspiración cutánea, que es abundante en la costiá^ polv 
que á ^consecuencia de esta supresión se pertú ti>w lais funcio- 
nes del estómago y sobrevienen el vahido y vólmito, según 
a;coniece en los principios de los grandes catáfiríO^- (2) Por ^ 
contrario, debiendo aumentarse la transplracíoT a en Ibsqíeebaí- 
jan de la sierra á la costa, no estando acostum: bra^ á élllá sé 
cutis, pKÍecen ía miUiaria, 6 sarptilUdbi^, estof és, 




(1) Notídas AmencanaB pág. 76. Mas he oído á algan 06 viageros que «ó 
6l gnipo'de rocas que con el nomhte de A^nay forma la ' reunioití de la a doa 
cordilieTas bigo los 2 gr* 23 tnin. lát; S. se padece eQ mate< Ven emu cimai s qw 
«6¿un Caldas éstáu 2.480 1. ó 5,786 varas sobl^ el nivel d el mair: 

(2) Los visgantes de los altos páramos del Perú procu ran deféniéfen ié de 
las impresiones del frió y viento que allí sopla casi de cor itínuó, íbrtalecien- 
ÍO BUS estómagos, con el desaynro de carnes y caldos en i qué pol vcíteaí ' i^fí 
[(í^fiiéum came mictícoso scabriusculo peduñonUs solit ariis. Flor, Pef*^. 
t. n, pá|f, dOy* que es muy eettmulante. 



—111^— 

eoi^ pÍ€||«Q&. y Quyü eufermed^ suele tambi,ei>Uama^ p^iwer 
tguM^^i porque también la sufren los europeos recién venims 
á( lofl^ ¡i^^es ecuatoriales^ y es el efecto del aumento de cireu- 
lacion^y ff^lta de laxitud en los vasos exhalantes: ó les sobre- 
vienen' fiebres intermitentes, que son uno de Ivh medios con 
que la naturaleza dispone la cutis á una transpira cion copiosa. 
Be eualquier modo que sea, padeciendo estas diferentes im- 
presiones el cuerpo en las permutaciones de los climas déla 
eo^ta y de 1^ sierra, deben hacerse tantas mas demoras en los 
lugmes int^ro^edios, cuanto mas débil y enfermizo fuese el hom- 
bve que las vá á sufrir [1]. 

19 Décima cuarta: ias peregrinaciones marítimas á los dife- 
rentes puertos de nuestra costa no son menos útiles que los 
majen terrestres para restaurar la salud perdida. Pordeeonta- 
do el que se embarca en nuestro ' grande y pacífico océano de- 
be vespiíar un aire eí mas oxigenado del orbe terráqueo* La 
atmiósfera se renueva, y oxigena por la descomposición «del 
agua que consta de 841 partes de oxigeno, y de 15$ de hidróge- 
no. Y si el mediterráneo según los (denlos de Halles [2] eva- 
pora en un dia de estío 620.800,000,000 toneles 3=s ^ de pulga- 
da de. su superficie,' ya se deja comprender cual será la canti- 
dail evaporad^ de tiuestro inmenso océano b^jo los climas,^- 
lorosos de la zona ardiente, y cual la salubridad que adquiere 
el fresco y agradable austro que sopla por encima de él. Pero 
aun cuando los nuevos experimentos' de Adam Seybert prue- 
ben que existe la misma proporción de oxígmo en cualquier 
parte de la atmósfera alta ó baja, marina ó terrestre, saludable 
ó pestilente; [3] y que por consiguiente los grados de salubri- 
dad del aire no tanto dependen de las proporciones de sus par- 
tes componentes, ó propiedades químicas, cuanto de sus cua- 
lidades fisicas,^ y de las mezclas extrañas que lleva consigo, 
siempre se segiiirá que el aire que respiramos es mas puro so- 
bre el mar que sobre la tierra, por no estar inficionado allá de 
la multitud de exalaciones y vapores nocivos, que se levantan 
acá de continuo de los pantanos corromi>idos y de los cuerpos 
podridos poff el calor y la humedad &, los cuales at^an la tras- 
piración, debilitan el pulmón, y ocupando su capacidad impi- 
den que en un tiempo determinado se respire la misma canti- 
dad de aire puro, que en los sitios donde no tiene estáis mez- 



- (]) El temple medio entre el frió de las corditienus, y calor de loa valLea 
es de 13? §obre el O en el termómetro de K. y luego que los que duben y ba- 
jan loB Andes llegan á loe sitios donde domina, sienten la mutación del 
temperamento que han dejado. 

t2) <PliyltMEK>f. tnransac. n. CLXXXIX. 

(3)' MuMom. Medie, de Philadelphia 1808. Yol. V, pág. 204. Daocer Fmc. 
PJt^9. of JaoMoa p^. 21 ed. 1809. 



—11^— 

cla^'éxtraflaiá.. Dé aquí es, qne ftiift cuaífMlo laoxigetttt^on cW 
aire ftieía inav.or bajo la zona ardiente qnéUájo lf^é^ti5nip]Ada8| 
y frías, fen estas el hoiñbre respiraría mas eaErtldíid de oiígenOf 
él calor aiiiuial se fomentaría en el pnhnoapor una llama mas* 
pura y activa, y así el bahiíante de las zonas frías Beria siem- 
pre ínas rbbustó (ine el qne mora bajo de la tórrida. 

'20 A la ventaja de Respirar j'^^ verse bañado por im aii?e piiro y 
fresco, seaüadeiadelníoviinientodola naw, 'qué excitando por 
lo común el vómito, limpia el estómag'o y protnneve la trans- 
piración. Estos ion 1>eneticios íjenerales á loscimliespüedeca- 
da nuo añadir el imi)ortante de elegir siii haeer largas uaviego- 
ciones, eí pnerto ytílima mas apropiado para- librarse .de sus 
dolencias. El pi^rto do Pait>a y las costas iiiiúedÍHtaB^ que go* 
zan de temples secos, mas calientes, é'igiialid^ qne-el de Lima, 
son muy iitiles á los gotosos^ perláticos, escrofulosas, itifeotar. 
dos de gálico, y de otra multitud de males qu» se alivian con 
la traspiración constante. Ma« el que por tener una constüo- 
cion débil sufre los males que le son propios, vuelva la proa 
al sur y diríjase al ameno y vigoroso reino, de Ühile* De mane?, 
ra que la ilustn^ capital del Pera está magestubauímeute. sitúa* 
da enmeíliode la costa, que une el Ecuador al trópica de.ca* 
prieornio, para gozar de todas las comodidades^ que hacen dul* 
ce y próspera la vida humana. 

media testndine tmipUy 

Sepia armis solioqne dlU suhnixa, re'sedit Virg. 



§ m. ' • ' ' 

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DEL AUMENTO.. 



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i ■ ' i ) , ' ' \ . ' i > , ; I I . • 1 1 



• 



1 Los mismos alimíMitos que conserr^m la vida ^1 Iiombra 
en el tiempo de sanidad,' deben también sóstjenerla én^el deia 
enfermedad. Pero como en esta hvsfuneionívsdigestívasHe ha- 
llan masó menos endebles y |K»rturbadas,.«egun el carácter y 
violencia del mal que las lia invadido: y (|ue al Tiismo tiempo 
(jue se consulta a mantener las fuerzas riel enferma, no díd)e 
perderse de vista el debilitar la cansa que las oprime^' es indis-* 
peusable variarlos alinioiitos á que el })áciente estaba acos- 
tumbrado, con respecto á su cuuli(hid, cuautidíMÍ y ti^iíapo de 
ministrarlos. 

2 Cualidad. Si se considera que el hombre «e niantieíie*^ di-' 






— X17— 
rectamente de vegetales ó <le animales que se sustentan de 
ellos, podrá el cuerpo humano reputarse formado originalmen- 
te de Jos productos del reino vegetal. Para pasar estos de su 
primer estado al de animal sufren varias descomposiciones, de 
donde resultan nuevas combinaciones y propiedades: en lo ge- 
neral experimentan la fermentación vinosa y acida, y retienen 
las cualidades de ésta hasta que, por nuevas transmutaciones 
y merecías de los jugos digestivos del cuerpo, se con^ierten en 
sus humores y carnes. Las carnes en su estado perfecto tienen 
por término la putrefacción, que es el instrumento con que la 
naturaleza disuelve cou rapidez la obra en que habia trabaja- 
do por una serie dilatada de producciones, separaciones y nue- 
vas coml)inacioi\es &, á tin de que las hojas, raices, y frutos de 
las plantas se convirtieran en carnes de los animales." 

3 La parte alimenticia de las carnes es, según los Fisiolo- 
gistas, el gluten ó materia oleoso-mucilaginosa, de que se for- 
man, y reparan las partes sólidas del cuerpo viviente; Este 
gluten en los vegetables se halla en su primera formación en 
cantidad mas ó menos abundante, y es tanto mas análogo al 
del animal cuanto es mas nutritivo el vegetal. Así el trigo de 
qne se forma el mejor pan es entre los granos el que posee un 
gluten mas semejante al gluten animal: en segundo lugar le 
suministra la leche del maíz verde ó choclo^ y aimque es mas 
abundante en la harina del maiz maduro v seco; pero es mas 
imperfecto. El pan de maiz debe colocarsexlespues de el de tri- 
go. El arroz debe entrar en el tercer lugar de las semillas que 
poseen en abundancia el gluten animal, aunque por su consis- 
tencia tenaz y latigosa es menos propio que el tVigo y el maíz 
para la formación de pan. De cualquier modo que sea, estos 
tres genei'os de granos constituyen el pan y alimento general 
de los pueblos de la tierra. El europeo vive del trigo, el Asiá- 
tico de^l arroz, el Americano del maiz y el Africano de los dos 
últimos. 

4 Furci*oy Anual, de Ohimie t. 3, ha descubierto en todos 
los vegetales verdes y despojados del ácido el állmmen que 
constituye en los animales la materia alimenticia, pero así en 
ellos como en sus frutos se halla en menor abundancia, y per- 
fección que en el maíz, y que en el trigo, suministrando el ali- 
mento mas bien que por el gluten: ya por medio del aceite y 
harina que contienen, como sucede en las almendras y legum- 
bres, entre las cuales los frijoles son menos nutritivos que las 
habas; pero mas que los garbanzos y lentejas: ya por medio de 
su azúcar, como lo hacen los frutos ácido-dulces; en fin, por su 
almidón como acaece en las papas y yucas las cuales carecen 
del gluten animal. Porque todas estas partes son alimenticias 

ToM. VI. Literatura— 18 



L . 



't^'^ 



—us- 
en el reino vegetal, teniendo por principios el hidrót 
el carbón variamente combinados con el o3:ígeiw. L; 
zas son 1^ qae contienen menos alimento, pero ten 
Inido en mayor cantidad de agua que las otras i 
aventajan á ellas por sus cualidades refrescantes, sí 
Siguiendo Furcroy la comparación entre los jugos d 
tales y de los animales, encuentra que ademas de la 
entre el gluten y el aJbumen, hay mucha analogía en 
te y la grasa, entre las emulciones y la leche, entn 
lagos, y las gelatinas; y entre el azúcar sacado de I 
les, y el que se extrae de la leche. 

5 Para que estas partes alimenticias puedan ser^ 
tra nutrición, deben aplicarse debajo de una forma 
la cual adquiere, ó bien por la preparación que se le 
de tomarlas, ó bien por las fuerzas digestivas del e 
los humores que en él se les mezclan. Entonces lof 
getales comienzan á perder las cualidades de tales, 
el quilo, que subministra la leche, antes de transmu 
sangre y carne de los anímales. Y así es que la le< 
niuchas propiedades de las substancias vegetales a 
cou otras de los animales, y es por consiguiente alii 
dio entre unas y otras. 

6 De estas consideraciones debe deducirse que e 
del hombre se enctnntra en tres estados diferentes: 
vegetal puro: 2? en el de vegetal y animal medio: 
animal puro. En el 19 y 2? estado abandonado así 
avinagra. En el 3? se pudre cou tanta mas prontit 
está mas animalizado, como acaece con el de animí 
y de carnes rojas, porque en los animales jóvenes 
blandas, y blancas la animalizacion no esta irerfei 
asi sus jugos retienen en parte su carácter original 
se. La fermentación acida, y la pútrida dan produc 
mente diferentes, pues de la primei-a resultan los li 
les acidas, y refrescantes; y de la segunda los líquid 
las sales alcalinas, que siendo de cualidad opues 
otras, se corrigen y detienen en la carrera de su for 
su mezcla oportuna. Estos principios nos llevan pot 
establecer la dieta, que en sus enfermedades agí 
adoptar nuestros conciudadanos, conforme 6. la cÜf 
lidad de los alimentos, que usan. 

7 El célebre principio de la contrariedad, estal 
Hipócrates para curar las enfermedades; esto es e 

(1) Et hidrógeno eatá ya|de8terríulo de Ioh cuerpos Rimples, 
puesto de carlwue, y alkáligeno. Huseutn. Anieric. Vol. II. f 

(2) Zackert.de re alimentar. Callen Canmant. 



—119— 
siempre á sus causas y progresos, debe rigorosamente obser- 
varse, cuanto en la administración de los remedios, tanto en 
la elección de la^ substancias alimenticias, que han de submi- 
nistrarse á los enfermos. Y pues las fiebres agudas aceleran 
fuertemente por el aumento de la circulación, calor &. los pro- 
ductos de la animalizacion llevada á un alto grado, es preciso 
evitarlos, interponiendo los de la vegetación en su estado pri- 
mitivo, ó en su carrera media. Es decii;es necesario hacer re- 
troceder al cuerpo viviente del término fatal, á que lo llevan 
la formación de sus carnes, al estado original de donde partió 
su primera constitución para recibir la vida. 

8 Sigúese de aquí 1? que en toda enfermedad aguda no de- 
be en lo general ministrarse alimento animalj sino vegetlil: 2? 
que es un puro re^iltado de la preocupación de las escuelas 
Galénicas de Europa trasmitida á las de América negar á los 
enfermos en sus debidos tiempos, y estaciones el tiso de las 
frutas ácido-dulces: 3? que es la última prueba de la insensa- 
tez dar á estos enfermos los caldos espesos, y gelatinas de los 
animales: lo que hace con tanta mas confianza el vulgo indoc- 
to de mugeres y empíricos, cuanto mas postrados los ven, dan- 
do motivo á que se pudran en sus débiles estómagos, y se ace- 
lere su muerte. * 

9 La Natiu*aleza próvida ocurre con sabiduría, y oportuni- 
dad á todas nuestras necesidades. En el tiempo de estío nacen 
las fiebres ardientes, y biliosas, y en él se producen en abun- 
dancia las frutas ácido-dulces, cuyos jugos moderan el calor, 
atemperan el ímpetu de la sangre, corrigen la bilis alterada, y 
la expelen por el vientre. Así á los que las padecen deben 
concederse las uvas, las fresas, ó frutillas, las moras, los auri- 
melos, algunas cortezas de pina, limones dulces, y no excex>- 
tuo las chirimoyas, ú otras semejantes: bien que deben estar 
maduras, y ofrecerse con moderación. Podrán haber algunos 
estómagos que no las soporten bien, y en los cuales origine 
flatos su uso, ^haga que sobrevenga alguna diarrea que pue- 
da hacerse excesiva. Pero la idíosincracia de cada individuo 
no destruye las reglas generales, será sí una excepción de ellas: 
excepción fácil de percibirse por el efecto que produzcan las 
frutas en el enfermo, y conforme al cual se minorará la canti- 
dad,, ó se sostituirá otras, como las manzanas, ablandando sus 
pulpas por medio del fuego, ó bien se suspenderá su uso por 
las circunstancias particulares del tal enfermo. 

10 Los granos para el mismo objeto nos otrecen sus coci- 
• mientos como el arroz, su sustancia como el pan, sus maza- 
morras acidas como el maíz, [mazamorras de reciento llaman 
nuestras conciudadanas las mazamorras hechas de maíz fer- 
mentado], y sus horchatas como las almendras, para que de 







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—120^ 
éstos, y otros semeiautas alimentos se elija ol mes apropiado al 
gusto del enfermo en la cantidad, y tiempo que indicaremos 
después. 

11 Y lio obstante que los alimentos expuestos deben ser de 
nn grande uso en las enfermedades de otofio, en que son fre- 
cuentes las disenterias, me parece que el suero de Ja leche de 
baca cortada jíor él ácido del crémor, ó del tamarindo, debe 
tener en ellas un ns(f mas común como bebida, y como ali- 
mento, por las excelentes cualidades que reúne su calidad me- 
dia, pues, aunque despojado de la manteca de la leche, no ca- 
rece enteramente de sus partes endulzantes, y nutritivas, al 
tiempo mismo que conserva el carácter^ refrigerante de los 
jugos vegetales. 

12 En el invierno las enfermedades catarrosas, y de pecho 
que en él reinan no admiten el uso de alimentos de un ácido 
desenvuelto, y así se subrogarán las horchatas, caldos de arroz 
panetelas, y otros semejantes, en que aun no está formado. 
En la primavera se arreglará la dieta al carácter de las varias 
enfermedades que en él aparecen, conforme á lo indicado, an - 
teponiendo ó i)ostergaudo la dieta mas ó menos accecente, se- 
gún que se antepgnga ó retarde al calor del estío. 

13 Ha dicho Hipócrates que no se debeministrar la lechea 
los que a<lolezcan de fiebres, ni á los que les duela la ciibeza 
(1), mas en despojándola de la nata, y terciándola con la mi- 
tad, ó dos tercios de agua de cebada, según el mas é menos 
cuerpo, que se crea deber tener, puede darse con seguridad en 
las fiebres, en cualquiera estación que sea. 

14 El i)lan propuesto hasta aquí, establecido, y seguido ri- 
gorosamente por los primeros médicos do la Grecia, padrea y 
fundadores de la medicina juiciosa, y i)or los antiguos intíios 
del Perú, que hicieron bastantes progresos en la inquisición, y 
establecimiento de los medios para conservar la salud, y i^es- 
tituirla cuando so hallaba quebrantada, tiene^contra sí el uso 
constante de adoptarse la dieta animal en nuestras enferme- 
dades aj[iud:)s. Eli todas ellí\s los enfermos se alimentan con 
caldos de carne, y acostumbrados á este régimen parece que, 
conforme al consejo de Hipócrat^^s, no debe variarse, pues es- 
\;ablece (2) que el alimento y bebida usuales deben anteponer- 
se á aquellos de que no se tiene uso, aun cuando estos sean 
de mejor calidad que los primeros. La Naturaleza dice el gran 

Boerhave, con sueuergia característica, se complace de las co- 
sas á que está acostumbrada, soportando mal las que le son 
extrañas Natura gandet consuvüs cegre fert iuHOÍita qnccque. Y 



■.r:.. 



( I ) 8<5ec. V. Apbor. 64. 
(B) bttCOi Ili Apbor< 06 y 00. 



mí- 



—121— 
en efecto he observado qne diversos enfermos á quienes habia 
«luerido someter al alimento pm^amente vegetal; ó al do la le- 
che terciada se debilitaban, y exigian el animal, cnyo estímu- 
lo era mas' agradable á su estómago, y les daba mayor vigor. 

15. Consiguiente íi estas máximas y observaciones deberá 
entrar en el plan dietético de nuestros enfermos ^1 uso de las 
carnes, sin olvidar que esta excepción á favor de la costumbre 
y del clima, en nada puede alterar los fundados principios en 
qne estriba el régimen vegetal en las fiebres agudas, y que 
así es preciso acercársele en lo posible. De aquí es que los 
caldos, IV deben ser de aves tiernas, y en su defecto de carnes 
de corderos como menos animalizadas, que las de bacíis, y 
animales viejos: 2? que al cocer las carnes sejes debe mezclar 
ó bien alguna hortaliza, como la lechuga, verdolaga, ó algún 
hasinoso como el arroz: 3? que antes de darse §1 caldo al en- 
fermo se le debe quitar con la cuchara ta grasa que nade ])or 
encima: 4? que con el uso de los caldos conduce admirable- 
mente, que al tiempo de tomar el de el medio dia, á cuyaíiora 
nsan los buenos las frutas, se den éstas también á los enfer- 
mos conforme á lo que dejamos indicado. 

IG. Cantidad, Al ver los médicos de la antigüedad que mu- 
chaíj enfermedades ])odian curarse sin otro auxilio, que el 
arreglar en ellas el uso de los alimentos, excitaron entre sí 
fuertes controversias sobre la cantidad que debia ministrarse 
á los que las padecian. Asclépiades en los tres primeros días 
condenaba á sus enfermos ár las tinieblas, á las vigilias, y á la 
absoluta privación de alimento y bebida. (1) Temison, y la 
secta de Metodistas, y Diatritarios imitaban la práctica de 
de Asclei>iades con algunas peípieSas alteraciones: (2) y el 
viejo Petron, sofocaiulo el calor, y sed á sus pacientes en la 
accecion febril, i)rocnraba extinguirla dándoles en la remisión 
agua fresca, á lin do i)romoVer el sudor ó el vómito, y luego 
les daba á comer carnes asadas de i)uerco, y á beber vino, (ti) 

17. Los graves daños que se seguia)i á los enfermos de la 
diatritis ó abí^oluta privación de alimento por tres itias, obli- 
garon á Galeno á (lue llaiuase carniceros y berdugos á jos 
médicos autores y promovedores de ella: (4) y la ridicula 
I)ráctica del viejo Petron ha hecho que el ilustre Triller lo 



I 

(1) Cel. L. .3. cap. 4. 

(2) Temison para <lar alinieuto á riir enfí^rmos mníaba, desde líi remi- 
BÍon del primer pai'oxÍ8mo li.Tstula del paroxismo «hl día tercero, las horas 
intermedias. Cels. 1. c. Lob Diatritarios daban alimcrnto el dia cuarto He la 
(mfcrmedad, lo suspeudian el quinto y repetían al sexto. Galeu. Metod. 
Lib» XI. cap. XV' 

(8) Cris. Llb. 3. cn()i Di 
[i) Oaktti li o> hx tíi 



3 á médico de mai-rauos, (1) Nada pue 
ita parte, porque es uecesarto ateuderí 
iiicius, que aconipuñaii á la euíeriueda< 

ú iiiatterablu obligación del luédíco de 
'iierzas del oufcriiio, para abatirlas con 
lUí^do con la üebit) iin tono inuy alto 
igirlas con el alimento, si se ban postrj 
,11 al tiempo de su invasión. [2] De i 

respecto a. la causa de la enfermctla 
r desde el primjc dia al enfermo que 
! trabajos penosos, ayunos &?; y por i 
buen servicio á los que se hallubau < 
, ó-que han enfermiulo do resultas de e 
10 dftndoles otra cosa que algunos vasc 
o ó dos días: 29 (pie con respecto á la 
lad, como algunas de las agudas termi 
mura semana, otras á su tin: muchas 
término de la sttgunda senmiia, y viiri: 
tiTcera; es necesario preveer, i»or el ( 
le acompañen su invasión, cual será 
jliril, para conceder tanto alimento al c 
ecesario para sosteneií sus fuerzas en 
ebe ar^udei-se A la costuuibre, á la eda 

y á la reííiou en que se vive para ai 
I. (4) Asi es que entre nosotros, y los i 
Igacla consiste en ciildos de carnes, qu 
asiiwlo fuertes, y nutritivos entre los gr 
, los cocinnentos de cebada, y entre lo: 
pie preferían los de arroz. ((í) Los nif» 
líitan de mus alimento, que los liombí 
irno hay mejor dijrLV^tion, que en estío, 

nuestro clima l-o (pie asoguraba Celso ■ 
institución celcst^í cti ningún dia se_. 

sin alimento. (D) 

. Not. [n'iR, 772 cdit. cniíi Xot, Vniioi'. Lijifíix 
ui illuil, etc. Hf'iujiur, nU'. ubique Hei'vaudnm t 
isiduntt meiliPUB iiiKpíciut, etc. ctinindiii Kuperc 

inturcilitutenircruii c;riM'i'it cibv siibvfiiiat. I 
)t n;jirimi iii>(]ii(! xuiicrviiuuii iti.ittriíi ojiwíjt, iit 
nt C'i'Is Lib. y. ciiíi. 4. 
'M-riít. Aiilior. SfP. I. Ajilior, 9. 
. p. J7. 

n lint, nictlündi t. T. cap. I. 
ci, (]uid.>ra, máxime orna giinílnit, ex qiia pti 

jiú rnoitalennx lioi'd<!0 I'iiriio. Ilisl.. Natiii 

, 1. e. Spc. i. ]4, 
I. c. ir, y 18. 

3. cap. 4. 



—123— 

18. Con respecto á estas diferentes circunstancias, la dieta 
alimenticia en nuestras enfermedades agudas se halla en lo 
general bien arreglada. (¡Jonsiste ella en tres tazas de caldo 
delgado, que de cinco en cinco horas, ó de seis en seis se ad- 
ministran á los enfermos. Así el alimento cae en las mismas 
horas que en tiempo de sanidad, no se perturba el orden á 
que se está acostumbrado en ésta, y queda destinado al repo- 
so de la noche el tiempo correspondiente. Por manera que en 
esta parte no tenemos que advertir otra cosa, sino que los 

caldos se preparen conforme á lo que dejamos ai)untado 

núm. 15. 

19. Cuando los enfermos repugnen el uso de los caldos de 
carne, entonces se les sostituirá el do los vegetales, cual nos 
ofrecen los granos de que dejamos hecha mención, y la leche 
terciada, cuyas preparaciones tendrán mas ó menos consis- 
tencia, según lo exigiesen las fuerzas del enfermo, y capaci- 
dad de su estómago. Y bajo las mismas consideraciones se le 
darán, dos ó tres veces al dia, y se variarán conforme al ca- 
rácter de la enfermedad y al paladar del que la padece. 

20. Es frecuente entre nuettras mugeres solicitar que en las 
enfermedades agudas se les den pollitos cocidos^ locritos de 
sapallo y papas, asegurando sienten mucha fatiga de estómago 
por falta de alimento, y qup lo desean con ansia. Uno, y otro 
es dudoso, y en condescendiendo á sus importunas demandas 
se les hace mucho mucho daño, porque el tal alimento ^se les 
indigesta, crecen 'la fatiga de estómago, el, desasociego y la 
fiebre. 

21 Cuando habiendo pasado el mayor aumento de la enfer- 
medad, comienza esta á declinar, se ha de ir dando mas vigor 
á los alimentos. Los caldos que eran de solo ave, se compon- 
drán de ave, carnero, y baca, y se les corregirá su demasiado 
estímulo con la mezcla de pan, y algunas gotas de ácido, si el 
enfermo le soportare. En estas circunstancias tomarán los en- 
fermos dos caldos al d¡a, y ima sopa, mas 6' menos cargada. 
Celio Aureliano recomienda á los convalecientes de enferme- 
dades de pecho los huevos, que los griegos nombran (1) los 
cuales, según la elegante antitetis de Aretteo, son (2) huevos 
reden puestos, calientes por el fuego ; pero que carecen de 
fuego. Y aunque del contesto de Aretteo se deduce que reco- 
mienda los huevos, que no tengan mas calor que el que les ha 
comunicado la madre, que acababa de ponerlos; con mas pro- 
piedad deberemos entender los que entre nosotros se llaman 



(1) Lib. 2. cap. 8. 

(2) Lib. I. Acat. marbor. cap. 10 pág. 91. Edict. Boeriiave. 



—124— 
huevos eantoreSf ó Uuevos írescos pasados por 
pues pocos tieoeii estómago parü comerlos crin 
211 Si la clara Je los huevos frescos puede 
ventaja á los convalecientes de catarros, disen 
enfermedades en que un acre peregrino last 
membranosas, no lo será meuos nuestro salep ( 
dad de su gluten, la faciliilad cou que se digi 
que dáal cuerpo. Al paso que éste gtne en sí 
al alimento de losibueuos de qne ya liemos tra 
III. ■^. III.,., 13. 

23 Tiempo de dar el alimento. Estableció H 
fiado jíor la experiencia, que en las accesiones 
.las enfermedades no se diese alimento á los en 
les era nocivo. (2) Porque cualquier jcéneio de 
le pudre, ó se le aceda, y en especial el de ve 
esta regla es de las mas imporüuites en la pr 
respecto, que en su cumpUiaieuto estriba el g 
una feliz curación. (4) Ñuesti'os conciudadaní 
cou puntualidad. En las fiebres intermitentes c 
to ,i solo dos veces, la una, horas antes que cou 
cion para que ésta no halle el estómago grav. 
después qne cou el sudor ha cesado 6 remitido 
la fiebre. En estas circunstancias la mayor cau 
vigor del alimento suple el menor tiúmero de vi 
iiistra; y según el espacio que media del térmit 
ciou á otra, se acerca 6 retira el sustento, cum 
posible la excelencia del precepto con la necesic 
las fuerzas del euíei-mo. Pevo, cuando la fiebre 
sou muy largas sus acceciones, en este caso el ; 
do, que se ministni á la mañaua y primeras hoi 
cae eu tiempo oportuno, pues en este mismo tie 
sus remisiones, mas no así el que se dá al med 
vieue á coincidir con el aumento febril. Pero co 
en estos ca-sos es delgado y refrigerante, no pi 
daño de un alimento pleno; y además de que se 
ner ó posponer ima ó dos horas á los momentos 
termo se^balla bajo el mas ako grado de la invasión febril. Y 
de este modo nueda bien establecida nuestra dieta en las ea- 

(1) Siviep. Entiendo aquí el gluten de 1a pap.t heclia chuño. Tiinibien de 
Ina pitpa« vocidiis, y sccir redncidiis ñ hjirinii, se formaun 8ali<p, ó K^l^tinit, 
disolviendo uun cncharada de vitta hniiiia on caldo de caine, ó lecho. I'era 
í'l salep del chuño es mas salwoso. 

(2) Aph. Sec. I.— aph. 7 8—50—11. 

(I) Cel. Curel c«i>. 18. 

(4) Sapienter pnr Denm, etc. cgregie, in liac enim observationc magiium, 
imino máximum felicis curatiouiH oiuuino situm. Triller púg. 131 uot. ft-] 



iermectades agudas, concluyendo con lo qite dejamos adverti- 
do, que la principal obligación del médico es sostener las fuer* 
zas del enfermo, pues en faltando estas, por demás están la 
dieta, y los remedios. Y así: 1? mejor es cometer algnna falta 
dando al enfermo mayor copia de alimento de aquél qne neccr 
sita, que por el contrarío sustraerle el preciso: (1) 29 con los de 
estomago débil, con los biliosos, melaueólicos, hambrientos, y 
que padecen fiebres sincópales no corre la, regla general, de 
que no se dé alimento en las acceciones; antes sí debe conce- 
dérseles en todo tiempo que lo exija el abatimiento de sus 
Tuerzas: 3? de resultas de largos ayunos, ó de trabajo continua- 
do con ])oco alimento, se ejcitan liorrlpilaciones y fiebres, 
como lo he tóperi mentad o en mí mismo por la segunda causa, 
y se corta la acceciou con dar de comer en el momento de la 
invasión, ó poco después. Galeno (2) hace advertencias muy 
útiles y nuiy conformes á lo que imjmgnando en esta parte u 
los diatritarios y metodistas, se observa en nuestro clima. 

24 Enfermedades crónioaa. La dieta de los que entre noso- 
tros padecen enfermedades crónicas debe, ser tónica, y nutri- 
tiva, sacándola de carnes tienuis y sanas, evitíindo en lo posi- 
ble las sustancias acupsas. StoU que recomienda el uso de las 
frutas en la disentwia, le reprueba en su convalecencia. En 
fecto, yo no he encontrado mejor remedio contra este género 
de enfermedades, qite las peregrinaciones campestres ó marí- 
timas, acompañadas de dieta animal. Nuestras enfermedades 
crónicas reconocen generalmente })or origen la debilidad esto- 
macal, la cual se aumenta con el uso de farináceos y herbá- 
ceos acuosos, y se rei)ara con el nutrimento estinmlante de 
carnes, y harinosos tónicos, cual es el chocolata, tomados en 
aquella cantidad y tiempo que vaya soportando el estómago, 
conforme á la costumbre y apetito del enfermo; y principal- 
mente á los^eíectos resultantes que enseñarán si debe aumen- 
tarse ó cercenaos© algo del alimento diario. Suele haber una 
grande equivocación en esto, porque resistiéndose el estóma- 
go al aliñiento de carnes, se le subroga el de las mazamorras^ 
con las cuales, aunque el enfermo cree sufrir menos, se aumen- 
ta la debilidaíí, de manera que á poco tiempo se signe el vó- 
mito como una consecuencia de la inversión de funciones, que 
ella produce. En semejante caso es necesario insistir en la die- 
ta animal con laprudencia, que demanda la situación del en- 
fermo. 

25 En las enfermedades febriles en que no e» apropósito el 



\ 



] ] Hip. Aphor. Sect. T. aplior 5. 

2j Galeii. Method. Medeucl. Lib. 8 cap. c. Lib. 10 cap. 2, y mgiiicntes, 

ToM. VI* Literatura — 19 



_126— 
uso de las carnes, como acontece eu diversos góne 
y coDSoncioues, usamos con mucha utilidad de la le 
barra es mas dnlcc y delííada, que la de bacas, ca 
así es menos nutritiva, pero mas refrigerante y ái% 
segundo lugar se coloca la de yegua, 'en tercero la 
por algunos, y por otros la de baca, disputándose .• 
dos últimas es mas crasa: en cuya diferencia podj^ 
la diversidad de pastos. La de ovejas se reputa 
crasa, mas cargada do q^ieso, y por consiguiente m 
tapara el estómago, é impropia para el uso médicc 

26 A consecuencia de estos principios, se dá ent 
la leche de barra á los que están mas débiles, y pos 
observa al tomarla: 1? que est«^ recien sacada de 
que sea condueida en vaso tapado á la cama del • 

■ se empieza por la cantidad de tres y cuatro onzaa 
var como la soporta el enfermo, é ir anmentandoli 
dañado: 3? como el principal daño que suele hacer 
burra es el precipitar el vientre, lo que sino se moi 
ria de postrar al enfermo debilitado: a. se cuida qu 
y el alimento siguiente haya bastante espacio pai 
tion, corriendo de tres & cinco horas, segan la cant 
tomado el enfermo, y los efectos que siente eu st 
h. se procura que se levante y pasee la l^ke, pues co 
el ejercicio á su digestión impide la diarrea ])or la 
cion que promueve: c. en caso de precipitarse el 
mezcla á la leche una solución alcalina, por ejempl 
da agua de cal, ó la de ojos de cangrejo, en la pr 
una tercia á cuarta parte: d. se prescribe al pacient< 
ga del uso de frutas y ácidos: 4? si la leche de bíu 
lustra mezclada con el tercio, ó mitad de una infui 
carilla, adquiere una virtud restaurante, que hace> 
digiosos en los extenui^dos, y tísicas. 

27 Cuando el enfermo no se halla muy abatid 
repugna la leche de burra, se le ministra la de bi 
mismas precauciones que quedan expuestas. Nu€ 
tiene por mas refrigerante entre las leches de bací 
ordeña de baca negra, acaso porque también ent] 
nales repata por mas fresca y sana la leche de li 
negras. Yo no encuentro otra razón para esta cr 
que como vé que todos nuestros hijos crecen á lof 
nuestras esclavas, supone que las excelentes cuali' 
leche, y no la necesidad de no haber otras nodrioei 
esta preferencia. Pero también de las tetas de las 
reputa por ardientes, toman el primer alimento lo 
cuya constitución hercúlea supera con mucho exc 
constitución de los españoles de Lima. 



—127— 
23 El gluten que nos subministran nuestras papas, y yucas 
en sus almidones, combinado de varios^ modos con ]a leche de 
baca, se proporciona [además del arroz, y sopa de leche] á di- 
ferentes composiciones, que uniendo al gusto virtudes medi- 
cinales, ofrecen á los tísicos, héticos, y á todos aquellos á 
quienes Lastima y consume un suero acre y corrosivo, una me- 
sa delicada y provechosa para que soporte con algún placer y 
alivio la calamidad de sus propios padecimientos. 

§ IV. 

DE LAS BEBIDAS. 

■ 

1 De la manera qife en los sanos, es el agua en los enfermos 
la bebida natural, y la basa de cuantas se les dan para aliviar 
sus dolencias. Como los indios del Perú buscasen en las yer- 
bas sus remedios, hicieron acopios considerables de ellas, á las 
que reunidas cuantas con el propio objeto recomiendan los eu- 
ropeos, la cienciírde nuestros antiguos módicos consistió, en 
mucha parte, en componer de unas y otras tales cocimientos, 
y tisanas, que pudieran por el número de sus ingredientes dis- 
putar la preferencia á la famosa triaca de Andromaco, y dar 
por su mezcla alguna idea del célebre caos de Ovidio: ^ibi 
frígida pugndbant ealidis^ et liximantiu siccis. 

2 En el dia se hallan reducidas estas fórmulas monstruosas 
á una simplicidad científica. En lo general mandamos las ti- 
sanas: 19 para diluir los humores del vientre, y expelerlos, ó 
proporcionarlos á su expulsión : 2? para refrescar el calor fe- 
bril, y refrenar la exaltación biliosa : 39 par^ mover con sua- 
vidad las excreciones del pecho y cutis: 49 para fundir las 
congestiones del vientre, y promover la orina: 59 para provo- 
car el sudor con alguna actividad en las enfermedades cróni- 
cas que lo piden. , 

3 Se satisface al primer designio con un cocimiento de mal- 
vas, al que se le une miel rosada, y crémor tártaro en debida 
proporción. Esta bebida se ministra para mover los humores 
del vientre, y como siempre se teme el acopio de ellos en todas 
nuestras enfermedades, con ella principia por lo general su 
curación, y si la fiebre es intermitente, entonces se añade la 
yerba hedionda, (1) por atribuírsele una excelente virtud anti- 
febril. 



[1] Cestrum auriculatum. Flor. Per. toin. II. pjlg. 28. Indicando los re- 
medios, me abstendré en lo posible de poner las fórmulas de su composi 
cion^ porque las domésticas las saben nuestras mugeies, y en las farmacéa 
ticas es lo mas seguro, que las receten los médicos. 



—128— 

4 El segmitlo tii\ so consigne: a. con el agí 
fnrii) V de limoiüula hecha con \m ácidos do la p 
del viua^re, d«I «spíritii de nitro dulce, y con n 
ilel espíritu de vitriolo dulce: c. por el agua d 
Jos cociiuientos de cel)ada, ascorzonera; y en 1 
viruelas malignas, so ]>retiere el de las verdolnj 
cíoD de los ácidos indicados. 

5 Li tercero está, redncido á dar nn cociinie 
i ndulzado.cou oximiel simple, ó con cnalqniei 
l)ettoraI, y cuando se quieie bacor diaforético 
alRunas Lojiis 6 flores de boiTaja. El cocimiei 
raí/ de ceiTaja en que se disuelven el jarave de 
un V s vi media, como tártaro vitriolado &?, cui 
con ol cuarto ohjetí». Eü casos de obstnifcionc! 
ttm preferibles al tártaro vitriolado las sales ¡mi 
nnLO La infusión ó cocimiento de zarzaparri 
mente el quinto artículo, liebicndo eu almndaí 
el día y á la hora de acustareo. 



LucifiT, et sero egritViUir non rcSj 
Syphil. . 

6 Cuando la eufermedad es aguda, coico e' 
wijeto á una dieta delgada, la bebida se !e niiii 
con el caldo, do manera que del tiempo en qu» 
il de la tisana corran tres horas, y dos de és 
guíente, por reputarse estas horas suficientes pi 
calnl de uno y otro. Las tisauns fundentes qui 
nnles crónicos se ministran á la inañaiin, y et 
cinco ó scin lloras, del alimento. l*ero yo sí)y 
así en los que padecen estas enfermedades, y c\\ 
d( comidas sólidas, conm faniliicn en los oonva 
Iludís que practican lo mismo, debe supiimirs 
tumi, á nienns qni' no se tome en lugar de In 
011 it i pues de Ío contrario iastiniaudo el estón 
mal que pi-oveelio. 

T'lln diversas épocas de la medicina se ha c( 
á los enfermos febrecitantes debería darse la uo.mu* iii<i 
tibia. En la Sec. III. >^ III. 47, qneda indicado el efecto de " 
bebidas frias en el cuerpo humano. En las enfermedades 
ben pijes ministrarse ron los mismos objetos. De aquí os; 
que cuando el estío es igual y caluroso, ('¡ebe darse el ajru 
limonadas del mímero ií? al temple natural de la primera; 
que cuando el verano es vario cou las mañaiiafl, y las iioc 
MsA, en estos horas la bebidiv se ministrará al temple, h 



—129— 
vulgarmente llaman de agua garda^ y eñ el centro del dia se 
dará fresca. El estío es el tiempo de las fiebres ardientes con- 
tinuas é i n tí' rm i ten tes, y lo es también de las exaltaciones do- 
léricas, de las lipirias, y de las. fiebres eruptivas. Para mode- 
rar el calor de la fiebre se iniede dar el agna, no solamente en 
su temi)lo natural, sino también enfriada i)or medio de la nie- 
vec teniendo la precaución de no darla, ni fd iieiupo ddfrio^ui 
cvavdo el sudor ha relajado el calor; sino evadido éste ¡rehalla en 
sumayor fuerza^ la Jiféi'e está hien esUthlecida^ y el. enfermo ¡w 
siente horripilaciones en el cuerpo^ ni frialdad en sns exttemida- 
des: con semeíantes cautelas es muy i)roveclioso su uso en Jas 
fiebres ardientes mencionadas. [1] Desde que el aumento de 
calor íil fin de primavera indica la proximidad del estío, em- 
piezan á sentirse váhidos,. que anuncian el movimiento de los 
humores á las ])art.es superiores y í\ la cutis, y la debilidad 
que con el calor van teniendo las fnerzas digestivas del estó- 
mago. En estas circunstancias es por lo regular neccvsario des- 
cargar el vientre, y usando después» del agua fresca, y aun 
enfriada con la niííve, se extinguen estos movimientos, restau- 
rándose la fuerza al estómago; y lo mismo acíidce en los vó- 
mitos biliosos, sieiulo la nieve el mas efiítaz y pronto remedio 
en la nipTda, y terrible énf^^rmedad de la cólera morho, [*2] 
Pero es necesario adveitir, que así los valiidos y atolondra- 
miento de cabeza, como la angustia e incomodidad de estó- 
mago, que se padecen ¿i la entrada del estío, son muchas ve- 
ces síntomas catarrales, nacidos de las variaciones del calor al 
frió que acontecen en ella. En este caso la nieve no tiene lu- 
gar: los remedios deben ser el cocimiento tibio de cebada, las 
horchatas, ó las limonadas hechas con el crémor tártaro, para 
templar el ardor y movimiento de los humores, y promover 
sus exci'eciones. El Dr. D. Bernabé Sánchez asegura, [3] que 
en compañía del J)r. T5otoni ministró la nieve, no sin suceso, 
en las viruelas y sarampión; pero no dice el tiempo en que lo 
ejexíutaba. James (^nrrie [4] que ha tratado este asunto con 
grande magisterio (|uiere, que en (ístas fiebres se dé el agua 
fresca antes de la erupción, y cuanto mas i)ronto, como es al 
segundo dia de la fiebre, tanto mas útil; por considerar que 
en estos casos la fiebre no es el efecto de ía enfermedad erup- 
tiva, sino lajcauwsa, y que i)or consiguiente debe extinguirse, 

1] Cnrrie Modical Rnportson tliocllbct"^ of \V¡il<'r, í.iberpol 1804. 
[2J Vénso Conatitucion del año do 179*.). Socc, \'. í I. Estío. Nota. Có- 
lera morbo. 

(3) DiseuvBO mfi. contra la eirouluoion do l:i Maiüvre al fol. r37. Mns Bo-^ 
toui en el libro, que en dt^feiiMa de la i-irciilacioij d<» la gangro imprimió eu 
Lima en 1723 á la p^tg. 44. reprueba el uso de la nieve en U» viruelaéi. 

(4) L. e. 



—130— 

6 moderarse antes qne cubra al cuerim <le viruelas, 
antiguos ni^dicott dalinn en los sarampiones la bcbid 
dio (lía eiifriadn por la aplicación externa <Ie la jiiev) 
que con el tiempo caloroso conciirrian vigor, sequed 
en el enfermo: y esta pnictica ora lítil en los coDva 
que después del sarampión quedaban con óebre ardit 
libertarlos de hacerse héticos; mas todas las vece 
concniTÍan estas circunstancias, sino que por el co 
constitución era endeble, el enfermo estaba tocado ( 
é inclinado su vientre ú las cámaras por causíts friaí 
cribia como muy nocivo el uso de la nieve. (1) D 
que en el uso de los espíritus no he visto utilidad 
con respecto al nítrico; mas el snlfúiico, ó espíritu ( 
dulce os un eminente remedio contra los movímient 
lera, y contra las enfermedades petequiales y ganíjn 
- las' cuales unido á la tintura de quina, le dá una fnei 
giosa; mases necesario queiso use en moderada caí 
y que no se continúe mas allá de ht indispensabl 
lastima el pecho. 

8 Las tisanas relativas al número 39 y 4?, deben di 
por |»e<lirlo así las enfermedades en que se recetan, 
pos del año en que éstas dominan, y jiorquu así se yt 
bien la transpiración, y los es)>ut<is en las enfei-nu 
])echo del mvierno, á las que miran los pectorales de 
y?, también los himioiT* del vientre se cxpél-m coi 
dando libios los apozemas del número 4?, ¡lor lo que 
]t(trgantes ro debe ministrarse el agua fresca, para 
su operación, como lo ejecutaii indiscretamente algii 

9 El uso del cocimiento de la zarza del número I 
de todos los demás leños de su clase, debo siempre e 
los tiempos muy calorosos, y reservarse ]>ara las < 
niikllaa. Dado el cocimiento, é infusión da zarza, 
cii-cnnstancias del enfermo, hace efe(!tos a<lniirabks ( 
mutismos crónicos, en los dolores venéreos, y mezcli 
leche aprovechan en la tisis, principalmente si se 
traer algún origen gálico: á la mañana y á la uocht 
mai-se odíente en la cama, y en el resto del día á 1 
tibio, o cual tiene el agua aí medio dia de estío. 

10 En el otoño y primavera, que corren entre los 
d(! frió y calor, se <tarán las bebidas en atiiiel temple 
que la constitución, esto es, qu(í un estado de bocho 

( I ) Vniflíift MiicliHcn, flíBCurso solire líi ciiicU-niin do saraiupio 

(3j l)it MtÍH & Uiezgtifas en los ndvltoii, ó at cauntjiR sean siifli 

i1iir ii laM iH'liidaH im w-ido ngmiliililc. Imü i-hnvn ko» mim nctiv 

Iicii iiMirsii iiulÍKtintitiiitiiit(- i'oii Iok ('q>fi'itiiH, como lo liftccii nlg 

BorcS uifiiOíí ciiiitdt. 



-131— 
atmósfera pide bebidas frescas, el contrario de frialdad las 
indica tibias, y lo mismo debe observarse respecto al tempe- 
ramento que ten<fan las horas del día, en que se ministren; 
pero en lo general la nieve no debe usarse en las teferidas es- 
taciones, bastando el temple á que se baile el agua de las 
fuentes, cuando se baya de dar íresca, y al cual se acomodará 
el de las tisanas, si alguna otra circunstancia dependiente de 
la enfermedad ó del enfermo no lo prohibiese, 

11 Licores. Los que usan los licores se juzgan menos ex- 
puestos á las infecciones apidémicas, y el vino se ha recomen- 
dado como un buen preservativo, y remedio en los tiempos ca- 
lamitosos en que aparecen, habiéndole señalado el oráculo de 

r^ Delfos en semejantes circunstancias, y correspondiendo el éxi- 
to (1). Muchos célebres médicos aconsejan el uso del vino en 
las fiebres malignas acompañadas de gran debilidad, y que 
suelen observarse entre nosotros en el otoño; y desde luego 
puede darse al enfermo puro ó mezclado con agu2^ como uno 
de los cordiales mas sobresaliente. Pero es necesario que, asi 
para el uso de Jos enfermos como para el de los sanos, se des- 
tierren los vinos recientes, agrios, y cargados de arrope, por- 
que se acedan con mucha celeridad, y los estómagos de los ha- 
bitantes de paises ¡calientes sienten con viveza este ácido, y es 
una de las causas i)rinc¡paleí$ porque prefieren el aguardiente. 
El vino debe ser corado 16 deseaba Horacio. 

* 

Generosxi^íí et lene reqttiroy 
Quod curas aiigat Horat. L. I. ep. 15. vers. 18. 

12 Troter es de opinión, que al enfermo que rehusa el vino, 
se lé dé cerveza ó ponche, variando los licores según la cos- 
tumbre que haya tenido, y siempre -que los beba, bajo de cual- 
quier forma que sea, no desespera de la curación del tipo, ó 
fiebre maligna. 

Kil desjyerandtim Bacclio dnce 
et atispici Bmclio Horat. 

13 Pero debiendo arreglarse el uso de los licores en los en- 
fermos, á la costumbre que tuvieron de beberlos estando sanos 
no podemos nosotros ser tan francos eij concedérselos, como 



lo son los ingleses. 



Odim ns et cálices Bacclie diserte tuos. 

Deslions. pág. 78. 



[1] Jackfiou 



—132— 
t Bu las oiitei'medades crónicas ca en (l()u<l 
debe preferirse al uso del ayua Sccc. III < 
icoi-es, teuieu<lo luuy presente la respuesta 
i Pincerna, cuando le ofreció nua gran caí 
h que bebiera: las lluvias, las lluvias, l<{díjo, 
wi, que alegra y vifforisa el Vianda rocío. A 
3nfortau algunos estúinagos que voiiiitau e 
ornar agna §obre él, y hacerle preceder uti t 
.e agaaixliente. Y si el uso de los licoi-es se . 
rdadcs crónicas y estomacales para coofod 
en de ellas, por ¡a inisniarazon dsberepreb 
lie huceii del agua culieute las jiersonas, qi 
lauAo del todo bebería ñ*esca. Es vei'datl q 
)o soportan sus cstóina^ios el aj;ua de las 
lo natural, porque su delicadeza y suusíbi 
r las iniprcsioues délas diversas tierras y g 
ilaiíos coa las agmis, las que no perciben I 
os; pero eu este caso basta puriñuar el ag 
ir al i'ncffo, y poniéndola liie^'O íi enfriar al i 
rí'.e de ella en el ilso comuu, exceptnaitdos 
coRÍou&s 6" 1"*^ descomponiéndose el estói 
ones ó flaqueza, hace muy buen provccliti 
atecitos de a¿íua caliente c<m azúcar y yerba 
n nuestra antigua costumbre. 

Baños. El agua tibia aplicada sobre el ci 
a muy buenos etectos, asi en las eufermeda< 
m nuicbas de las crónicas. Los pediluvios 
uno uso en las primeras, y en especial en lo 
irías: en'su lugar pueden sostituirse los m 
iones do la mano hasta el codo. Eu uno y 
iquel ardor de los pies y los manos, primei 

inSamatorlo, íSece. IV''. ■§ VI. 9, y ([tío pa 
untos céntricos, desde donde éxteudiendos 
s las potencias vitales, origina laftebreardií 
iií estas circunstancias. La disipación del a 
guíente el abatimieiito del estímulo, y la i 
i cutis provoca la transpiración, y la fiebre i 
os sintoniíis qtiela acompañan, signieiidosf 
eño que repara las í'nerzas, queha consuu 
!sto aunque en cualquiera hora del dia pnedi 
uvios, es lo mas segnm se haga eu la uoche 
lir, á fin de que la costumbre auxilie su itil 
Ta del sueño. 

La inmersión total, ó baño templado de 
:e litil para extinguir las fiebres héticas, laa 
a fomentadas por alguna lesión particular d 



^ece qiié se sostienen por la costumbre^ que han tomado de 
repetir sus acciones. En los reumatismos crónicos y males goto- 
sos es de mucho consuelo y alivio el baño templado, y lo mismo 
acaece en las enfermedades venéreas^ y acaso á esto mirarla el 
Poeta, cuando (1) supoüe á Venus huyendo, después de su 
pública desgracia, á refugiarse en las grutas de Paphos, donde 
bañada por las Gracias adquirió una belleza celestial: pasage 
que podrá referirse con especialidad á los baños termales, don- 
de entran muchos ifnposibilitados por las bubas, y salen repa- 
rados. 

17 Bajo de cualquier forma que se tome el baño, ha de te- 
ner las siguientes condiciones para ser útil, 1^ el agua debe es- 
tar tibia, esto es, en un calor inferior algunos grados al del 
cuerpo humano, para que pueda rebajar el de este: con seme* 
jante objeto se mide con el termómetro; pero como no todos 
han de tener á mano este instrumento, en lugar de él, meterá 
en el baño el brazo una persona sana, arreglando por sus sen- 
saciones el temple tibio y grato en que debe servir: 2? si el en- 
fermo siente que el agua está fresca se le añadirá un poco de 
agua caliente, para elevar el Calor del baño, pues el del enfer- 
mo será muy fuerte, cuando el agua tibia le causa sensaciones 
de frialdad, y es menester proporcionar el temple del agua, de 
manera que se abata poco á poco la estuación febril, principal- 
mente en las fiebres inflamatorias: 3?^ no es necesario que el 
baño, sea parcial ó total, pase de quince minutos, pues este 
tiempo le basta para hacer su efecto, y si fuere necesario se 
repite conforme á la índole del mal, y esta repetición es mu- 
cho mas útil al enfermo, que el mantenerle sumergido por 
treinta ó sesenta minutos, lo que no carece de peligro: 4? al en- 
fermo luego que sale del baño, se le deben enjugar con un pá-. 
fio caliente todos los miembros bañados, para que no quede 
alguna humedad, que enfriándose le destemple. 

18 El uso del baño frió no ha sido común en las enfermeda- 
des, se le ha mirado con temor, excepto entre las tribus de bár- 
baros, á quienes llevando el instinto á^poner á las sensacio- 
nes que los molestan, las cosas que i3roducen las contrarias, le 
han usado, y aun usan en el calor febril. Asi los indios del Pe- 
rú á los que padecen tercianas los arrojan al agua al tiempo 
de la accesión, y hacen lo mismo con los que padecen virue- 
las. En las otras fiebres de mala calidad colocan los enfermos 
donde los bañe una corriente de aire fresco, supliendo de este - 
modo el no poderlos conducir por su postración á las acequias 
y lagos de agua fria. 



[1] Odys. lib. Vm. vers. 363. 367. 
TOM, VI, 



Lttbratüea— 20 



-134- 

amea Ourrie, (1) con observaciones bien 
Bflesiones exactas, pretende probar la 
¡on dol agua fria en la curación de las ñ 
i tres modos. 19 Por afusión: 29 por abl 
.on. De cualquiera de estos modos con < 
• fresco, debefi guardarse exactamente I 
as cuales, hemos dicho, ha de ministrara 
ia. La anision consiste en sacar al enfer 
do, desnudo ó cubierto de una camisa, s 
B proporcionado, echarle con prontitud ¿ 
3, fresca, que le bañen de arriba abajo, ^ 
natural 6 artificialmente, hace mejor ef» 
Este remedio se repite según la necesida 
r 19 á la bebida fria, porque hace una < 
y general, y no deja agravado el esWSr 
lueila: 29 á la ablución, esto es, á la inn 
>s, ó á la aplieaciou con esponjas ea di: 
srpb, porque el efecto del remedio en i 
ar la fiebre, consiste en la prontitud y g 
üacion, siendo asi poderosa su impresión 
is. Esto DO se consigue con la ablución t 
cripta: tampoco con la inmersión, que a( 
ion molestaNjae hace sobre el pecho fat 
Q, lo que depinguna manera aprovecha, 
ente. 

11 baño frió conviene en las mismas fieb 
j reglas, que hemos indicado tratando d 
or bebida, siendo utílfsimoen todos loa 
lue CD lo general son crónicos, y para st 
ablece Ourrie esta máxima. £¡1 beneficio 
las enfermedades convulsivas, duende de s 
>o de los paroxismos, 6 insultos de la conv 
icia consisto en resolver, ó abatir el pai 
ana vez su efecto, el retomo del paroxií 
do, 6 en grande espacio de tiempo retan 



§ V. 

IllCtfXsTICA, Ó EJERCICIOS DEL HOMBRE ENFERMO. 

itre la salud y la mn.erte del hombre, que padece alga- 

L. c. 

trie 1. c. MaximUiauo Stoll, Mat. médica püg. 15, trata bien y cok 




—135— 
na enfermedad aguda [1] median pocos dias, y se hace pre- 
ciso aprovecharlos; ó bien para recuperar la primera, ó para 
anunciar la secunda. La medicina no puede prolongar la vida 
del hombre mas allá del término, que le ha proscripto su Cria- 
dor, y los que censurara su ineficacia, no hacen otra cosa que 
quejarse contra el orden de la Soberana Providencia. El mas 
grande médico no puede hacer mas, que esforzarse it conseguir 
el primer objeto, y fallar con repetición que no alcanza su 
arte. 

. 2 En^medio de este peligro deberá, arreglarse la conducta 
del enfermó, y de los que le asisten, de manera que coadyuven 
á los auxilios y régimen que prescribe el profesor, para obte- 
ner resultados favorables. 

1? El hombre enfermo ha de ceñirse á la pequeña sociedad 
de sus mas allegados, y éstos asistirle con caridad. Ya quedan 
apuntados los perjuicios de las visitas numerosas. Secc. IV. 

§ n . . . . 5. * 

2? Gomo su vida está reducida 'á poco alimento según lo 
que se ha expuesto, Secc. IV. § III. debe también estar ceñida 
á an ejercicio moderado. Tal será el levantarse un rato al 
medio dia, para que sacudan la cama: dar algunos pasos, ó 
pasarse á otro lecho, si hubiese proporción y fuerza. Este pe- 
queño ejercicio y renovación de lecho refocila admirablemente, 
y solo debe dejar de hacerse cuando sobrevenga algún sudor 
crítico, que haya de fomentarse con el abrigo de la cama, ó 
que el tiempo esté muy frió. 

39 El silencio y la luz moderada inducen quietud en los en- 
fermos: mas algunos desearán disipar la melancolía de su 
espíritu, con la conversación suave de un caro amigo, ú oyen- 
do algún instrumento de su afición, y no debe negárseles este 
consuelo. La música ha acreditado tener un Imperio poderoso 
para refrenar los delirios. 

49 En el orden del dia es necesario, que el enfermo se arre- 
gle en lo posible, al que tenia cuando gozaba salud. El ali- 
mento deberá proporcionársele á las mismas horas, y arreglar- 
se el sueño y la vigilia, á los mismos tiempos: por lo que si 
fuere necesario dar algún remedio soporífero para conciliar el 
sueño al enfermo que carece de él, se le dará en la hora en 
que el enfermo estando bueno acostumbraba acostarse; y en 
esto es necesario advertir que no todos los enfermos soportan 
un mismo medicamento, bajo de ima propia fórmula, ó canti- 
dad. A uno le será suficiente un baño de pies de agua tibia, 



* >» 



(1) De los qne padecen enfermedades crónicas se ha tratado en eH IL del 
uso del aire. N? 15. 



— 13G— 
)Ier.'iiá mal el láudano, (1) y dormirá 
ideras, y otro se incomodai-á cou éste, 
D sustancia : tal con nna dosis fuerte q 
e profundamente con la cuarta part« d 
: tener presente el perito profesor parar 

remedio, á causa que no hizo efecto bí 
Míhara en otros. 

Pambien mantendrá el propio aseo : po: 
, las manos diariamenre con aguatcmpl 
uardiente si lo hubiese, y se las enjugf 
te. Con la misma se mandará hacer la 
á la semana, pasando la navaja cuan 
b1 pelo gmeso, si alguna erupción com 
pión DO Io«mpidiere. Se hará peinar e 
bierto, para aligerar la operación, y qn 
bien se hará cortar las uñas. 
ie le mudará igualmente camisa seguí 
) la precaución de calentarla con hum 
«rio á la hora en que lo ejecutaba esta 
lará el caldo ó tisana caliente, con lo 
del temor del resfrio, que tiene á tantí 
idos lechos : las sábanas de éstos se muí 
ándelas con alhucema, y si el enfei 
se enrollarán, y colocadas por debajo 
i desenrollarán con suavidad sobre su i 
3 que tenia, de cuyo modo ni se airea, 

molestia. 

üs uiuy útil desde la primera noche d( 
istrarle alguna lavativa que le pnrgu 
■sela eu las siguientes, con mas ó meno'i 
fiese el estado de su vientre y cabeza ; purqiuj esws exw 
■emedio descargando el primero, deriva el cfrculo de la 
i, y alivia la segunda. Es al misrao tiempo un baño tíbio 
omueve la transpiración, como lo hacen los de pies, que 
ovechosos en las fiebres. 

[idas esias cosas deben mirarse como una parte de la 
stica, (') ejercicio de que es capaz el hombre enfermo, y 
a sanidad hay tanta mayor esperanza de que se reco- 
llanto mayor fuere el progreso que hiciere para tolerar 

tt« reiueUiu que unidlos t^ninAD con iuctimoilidíkd por 1n boca, obn 
jstin y produciendo p1 t-l'tcto d« bh viifud, uiiiiistriindole eii lava- 

dósis daplicadii íi la (jiio ne tlá, pnr bebida. En Itm liist^rfcas con 
idad lie obsertiido hiih biieiioR efectos con pI inéUHbi propiicRto . 
ite reoiulio es muy roniuu y jiroveelioBO c¡i Limn. Ijnn nitigorcB w- 
iinierables coiiipoHiriotieí), qm-ndininintrau con tino; in«noa ea IM 
w» inflnniatorms, eii l;in qm; i: pretexto del vicho Suelen combiaTlo* 

cauMir dníioR. 



—137— 
las con menor incomodidad. Más si por el contrario le fueren 
fatigando y oprimiendo diariamente, el término de este ejer- 
cicio será la agonía ó suprema lucba de la vida con la muerte. 
El hombre que transita de utio á otro sitio, tiene míis vida que 
el que solo puede estar sentado: éste que el que solo puede es- 
tar echado: éste que el que no puede estar sino de eíspaldas 
en la cama: éste que aquel qtie se desliza de ella involunta- 
riamente, dejando colgar fuera lasi manoay los pies; mas vida 
tiene el que goza de todos sus sentidos, que el que en fuerza 
de la enfermedad va perdiendo su uso, hasta terminar en el 
de la vista, de cuyo órgano corren al fin unas lágrimas invo- 
luntarias, tristes demostraciones del hombre, que se despide dé 
la tierra en que liació, y en que ha morado. Sobre esta escala 
se hallan calculados los pronósticos del grande Hipócrates. 

4 El hombre al acercarse & la agonía, necesita de toda la 
caridad y compasión de sus amigos y sacerdotes. Entre los 
primeros debe numerarse el médico, cuya voz manejada por 
la discreción y dulzura, debe anunciarle el riesgo en que se 
halla^ para que arreglo su testamento y cumpla con los debe- 
res de cristiano. Todas esas otras pretensiones, que el celo 
imprudente, ó ^la codicia de la herencia solicitan del médico 
para que con aspecto sañudo, y voz inexorable sentencie á un 
miserable, oprimido de dolor, al sepulcro, deben ser repelidas. 
Solo el Dios que ha hecho nacer al hombre sobre la tierra, 
que le ha hecho vivir en ella, y proporcionádole tantos moti- 
vos de amarla en su magnificencia, én sus recreos, en sus 
uniones conyugales, en sus hijos, en sus amigos, en la misma 
novedad de sus desastres, y revoluciones: solo este Dios será 
capaz de hacer, que su criatura olvide, en un momento de 
opresión y angustia, relaciones de tantos años y tan fuertes. 
El hombre cumple con someterse á la voluntad de su Criador, 
y resignarse á tributarle desde el humilde polvo en que vá a 
convertirse, la gloria debida á su omnipotencia. 

5 De las manos del módico pasa el enfermo á las del sacer- 
dote. Dichoso el que consigue tentar uno ilustrado, que sepa 
lo que es Dios, y lo que es el hombre: que conozca que allí vá 
& ayudar á salvar á un i)rój¡rao y hermanoisayo de un gran 
peligro y desconsuelo en que sé halla: que siendo los mismos 
los hombres, desde que tiacemos hasta qué morimos, debemos 
ser socorridos por aquellos medios, que se conoce aprovechar- 
nos: y que de la manera, que al que estando bueno se halla en 
un conflicto, no le sacamos de él pintándole horrorosamente 
el peligix) en que se encuentra, ni asustándole con retratos 
asombrosos del riesgo que corre, sino (pie por el contrario, 
procuramos erigir su ánimo abatido, é inspirarle confianza y 
valor, asi deben olvidarse para el hombre moribundo esas ima- 



—138— 
genes de espanto y terror, capaces de desaieotar al i 
y raronil. 8e han de invocar solament« á su favor h 
del Pastor solicito por su oveja, el amor tierno del 
familias, y la caridad inmensa de la víctima qno sa 
una Cruz por nuestnis culpas. Muévase el corazón 
qno nació para amar, y no se at«rre la imagiDaciou 
expuesta á muchos descarríos. 

■ ti Sobre t-an lirme apoyo, con protección tan duli 
soladora, eríjase el¿nimo consternado á la contení] 
los bienes eternos, cuya magnificencia, y esperanza 
guíMos, le hará olvidar los perecederos que dttja. 



DEL PODEE DEL AIITE MEDICA EN LA CURACIÓN I 
ENFERMEDADES. 



1 Deseando que nuestras observaciones sobre é 
Lima sirvan á cuantos gusten loerla's, para que pi 
servarse en estado de sanidad, ó volver á ella todas 
que la bajean pei-dído, hemos reunido los preceptos 
qne conducen ú uno y otro fin bajo los esfuerzos sal' 
la naturaleza. Mas no siempre puedo esta remedia 
enfermedades; y entregarlas á solo sii poder, come 
tendido muchos médicos, es querer ocuparse únicam 
contemplación y estudio del modo con que la mueri 
la carrera de la vida: censura que el docto Asclepi 
& la medicina de Hip<')crates, bien que con no poca 

2 El arto médica ofrece recursos preciosos para i 
enfermos (le los l»riwos do la muerte, y con especiali 
efemiedades agn<las: pero es necesario saberlos a; 
opoi'tuuidad y método, pues como dice el ilustre Bo 
hiti/ otro remedio específico, qve aquel que se aplica e 
tiempo. Ambas cosas piden unir á una práctica cons 

juicio severo, ponpie la medicina está fundiwla en 1<. «.«.o^- .«- 
cioi) puntual do los hechos, que enseñan mutuamente su cono- 
cimiento; y en los justos raciocinios con que se deducen las 
consecuencias, y se ordenan en un cuerpo de doctrina. Por 
manera que de ella se verifica aquella sentencia del Nazlance- 
no, qua t;in imperfecta es la experiencia sin la razón, como la 
razón si» la experiencia. (1) 

(1) Ileiim. t. 2. piig. 3«!. 



s 



—139— 
3 Guiado ol inédioo de una y otra^ debe dedicase: 1? al ctí* 
nocimiento de la enfermedad principal que domina en el pais 
en que mora, y la cual viene á ser como la lyiiz y fundamento 
de las otras: 2? á examinar el carácter de la fiebre que la acom- 
paña: 3? á observar de que modo esta enfermedad radical se 
envuelve, ó pierde su aspecto original, vistiéndose de nuevas 
formas bajo la diferente mutación de las estaciones, y dias del 
ano: 4? debe indagar que indicaciones han de deducirse para 
la curación, así con respecto á su carácter primitivo, como á 
• sus metamórfoses distintas: 5? con qué remedios deben llenar- 
se estas indicaciones: 69 y en que tiempo del curso de la enfer- 
medad deberán aplicarse. Voy á desenvolver mis ideas sobre 
este asunto, con el objeto de que unidas á la descripción médi- 
ca de la constitución, y enfermedades del año de 1799, que 
termina esta obra^ puedan ministrar alguna luz para el acierto 
á los jóvenes, que habiendo corrido el sendero científico de la 
medicina, se dedican á su ejercicio clínico bajo las influencias 
de nuestro clima. 

4 Primero: importantísimo es para el buen desempeño de la 
medicina práctica de un pais, de3entrañar la enfermedad radi- 
cal de donde proceden todas ó la mayor parte de las que en él 
dominan. Parque como notan doctos observadores (1), en to- 
dos los climas hay una fiebre fundamental, cuyo aspecto y sín- 
tomas varían, ó por la diferencia de las estaciones; ó por la di- 
versidad de los lugares. Y cuando los climas son semejantes lo 
son también sus calenturas, aunque se hallen situados bajo de 
distintos paralelos. Así las calenturas descritas por Hipiócra- 
tes en las islas del mar Egeo, por Oleghon en Menorca, y por 
Jackson en Savanna la mar de Jamayca, que gozan de un pro- 
pio temple, ofrecen el mismo hábito y circunstancias. Por de- 
fecto de este conocimiento y análisis, dice el consumado clíni- 
co StoU (2), se ha introducido una gran confusión en la clasi- 
ficación y curación de las enfermedades, estableciendo los mé- 
dicos superficiales y dañosos sofistas nuevas cohortes de fie- 
bres, donde solo existen diferencias accidentales de una mis- 
ma calentura; y arreglando bajo los mismos planes sus méto- 
dos curativos, hacen á los enfermos víctimas inocentes de sus 
delirios. Es también digno de tenerse muy presente con este 
exacto observador, que en todas las enfermedades intercurren- 
tes es siempre necesario atender á la fiebre del pais bajo el 
carácter que domina, para dirijir hacia ella la principal cura- 
ción, puesto que es la que constituye benignas ó malignas las 



(1) Jackson 1. c. Troter Medie. Naut. Yol, U.... Apendix, en qne Sáls- 
tonstall reúne observaciones, y observadores. StoU. Medicina dinica. 

(2) Observaciones del año de 1777 cap. X. 



,\ • —140- ■ 

■^ én^eriüQdaclBS & que se raiiae. Asi es qae v'mxú 

•r¿ nes y escarlatas paedoii considerarse tal vez en 

^ fermedades sen cillas de buena calidad; pero que 

¡í de una fiebre epidSoiica, esta les comunica su tna 

ft^ lo qie del)3 olla combatirse directamente, abat 

0^ naturaleza el que promueva el brote, matnracioQ 

¿r las ernpcioues (1). 

¡ J 5 Pues de las observaciones y reflexiones qi 

/¿ blicado eu la Sec. HI. ^. I. de esta obra resulta, < 

i es en Lima, y aun en toda la zona ardiente, la e: 

% dicil do donde se deriva generalmente el resto 

^ en ella se padecen, y los cuales no son otra cosa 

'' mutaciones, que ha sufrido él por las variacioneí 

f sucesión de estaciones. 

% b Hemos asentado que el frió es la causa prin 

'^ gina e^a enfermedad; y habiéndonos abstenido 

tido en la célebre controversia de la oi)eracÍoa d» 
cuerpo humano, la daremos aquí alguna mas luz. 
los médicos instruidos de todos los siglos han m 
taciones de la atmósfera, ó bien sea las vicisitud 
frío como el origen y fuente fecun,da de las eníei 
sufrimos, las cuales se producen ctm tanta m 
? cuanto son mas rápidas las transmutaciones refe 

cuando se pasa por grados del calor al frió, el'ci 
tnmbra insensiblemente al nuevo temple, su tri 
disminuye poco á poco, y no se sigue detrimen 
j>ues basta ahora no se sabe hasta que grado pue 
iitd descarga, sin que se siga molestia. (2) No ot 
111 Cnrminati (3) asegura que los ilustres Ban! 
Moscati y Fordiee probaron, exponiéndose ellos 
ligro de que se puede pasar de un aire niuy calie 
mámente frió, ó al contrario, sufriendo tan solo u 
lestias que no inducen eníermedad, pero que Oi 
.._ . cion de temples debe ser pronta y rápida para i 

pe al aire de hacer impresiones permanentes. Y 
gura, id.pdg 63. que la transpiración no se siipriu 
los cuartos al aire libre, aun cn&ndo este se ha 
frió que el encerrado en aquellos. Si semejantes tentativas 
>' pueden verificarse sin peligro en las zonas frias, seguramente 

I ■ que serian peligrosísimas bajo de la nuestra, en que es tan po- 

\-'--. derosa la acción del frió sobre nuestra cutis. Sec. III. ^. I. 

;. - 7 Pero ¿cómo obra este'agente con tanta eficacia eu estas 

!. regiones calurosas? Concibo que con respecto al calor del 



te 



(1) Stoll. 

(2) Vanswictem ad í, 380. 

{3} Mater. Med. t. I pág. G5. 



—141— 
cuerpo humano, el pulmón y la cutis desempeñan oficios 
opuestos. El primero es el hogar en que se mantiene y acumu- 
la por el aire que se respira, y aumenta el temple del cuerpo 
viviente. La segunda le descarga del calor por medio de su 
transpiración, y hace bajar el tenjple Sec. I. ^. V. 8. La mayor 
cantidad de calor, que tiene la atmósfera ecuatorial, compara- 
da con la de los otros climas, demanda en sus moradores una 
cutis mas transpirable que la de los de estos, para reducir el 
calor animal al grado proporcionado que fomenta la vida: so- 
breviene el frió, por corto que sea, comparado con el de mas 
allá de los trópicos, tupe los poros de la cutis, ó bien sea de- 
bilita la acción de sus vasos delicados y flojos, y la entorpece. 
De cualquier modo la transpiración se minora, eU'uego queda 
encerrado en mas ó menos cantidad, y el catarro se forma en 
dos diferentes maneras. 1? Si estando el dia caluroso soljrp viene 
el frió como acontece en los eclipses solares del medio día. 
Sec I.\. VII. (1). 2? Si estando la cátis cerrada,' ó debilitada 
por el tiempo frió sobrevienen horas calurosas: y con especia- 
lidad si el soplo del norte ha causado ésta variación, pues al 
tiempo mismo que con su desagradable frió impide la transpi- 
ración, despeja el cielo, y el sol hiere con un calor quemante. 
El catarro así formado toma distinto rumbo según las circuns- 
tancias de los dias que siguen. Atendiendo generalmente a 
ellas pueden distinguirse dos especies. 19 Catarro cálido infla- 
matorio en que el tono arterial está aumentado. 29 OatajTO 
"frió ó húmedo en que el tono de los vasos está en la invasión 
abatido: el 19 acaece en los tiempos varios boreales y secos: el 
29 en los húmedos y australes. Sec. HI.^. I. . 

8 Este 29 por lo regular es benigno, Sec. III. ^. 1. 17: s% Uo- 
tuTrre es austral: es benigno, porque cuando el frió que obra so- 
bre la cutis es húmedo, esta se enfria y afloja, y el círculo de la 
sanffre se debilita en sus vasos: y como las venas absorventes 
tienen menos energía que las arterias exhalantes,, acompañan 
á este ffénero de catarros de la destilación de nances y algunas 
evacuaciones ventrales que le alivian y le curan. Imitando es- 
te TOOceder de la naturaleza a<Jonseja Antpnio de Haen Tato- 

-^ loffo t 4. pág. 65, que en las hinchazones del cuerpo, que so- 
brevienen á las constipaciones repentinas, se ministre un pur- 
cante- y nosotros lo hemos ejecutado con feliz suceso en las 
que si'¿en á la escarlata. Sec. V. §. IIL Invierno. 

9 Üuando se aproxima el calor de estío, ó se caldea repenti- 
namente la atmósfera por cualquiera otra circunstancia, se po- 

/|. El día 28 de Setiembre de 1810 hubo un eclipse en Lima hacia el me- 
dio dia, al que siguió una epidemia catarral, bien que bemgna. 

TOM VI» IjITKRATüRA— 'ÍSa 




Hé en estaoolún U sAUgre, ae aumenta su pacte I 
aodon de los vasos se dirije sobre la cutis á promov 
piracion para minorar luia y otra. Pues si ea esta 
m¿- ' eia sopla el norte y el tiempo se pone varío, la tr 

i^ no corre, y se forma el catarro inflamatorío. Si Oí 

|¡¿ -^ real y vario. Sec. III. %. I. 17. En eate caso liay ui 

r^ cien general en cutis, narices y vientre: on los ojos 

% las manos y plantas de Iob pies se siente ardor-, y lia 

^^ fuego lamen Ja superficie del cuerpo. Esta sensac 

Y^ efecto de la transpiración aumentada por las arl 

?^f rápidamente absorvida por las venas por el tono < 

¿ mado, que no la dejan formar el sudor, como opii 

^' Darwln; es en mi juicio el calórico detenido debajo 

Tfi que.no ha podido transpirarse, y cuya detención 

* parte biliosa de la sangre. La repulsión y enceri 

S\ un estímulo tan activo haceai que este catarro se: 

"% turaleza grave. 

10 Segundo: la fiebre, que ea consecuencia ac 

'^ catarros, es en lo general la fiebre ardiente hilioso-i 

".^j^ Se percibe con claridad en el catarro inflamatorio 

( ^ fiesta con mas ó menos* fuerza en el catarro frío, en 

bidndose este disipado al tiempo de la invasión, 

^ fiebre por la reacción vital. El pulso en esta calem 

y pungente al tacto, con el que se siente un calor 

que nace de lo intimo del cuerpo. Si después de 1 

» y diluyentes que se administran para curar la fiebí 

este calor urente, la vida del enfermo corre much 

^ tipo de la calentara es el tercianiarío, el cual pre 

principio reunidos ó duplicados sus paroxismos, t 

el aspecto de una fiebre remitente mas ó menos el 

cesivamente se establece en sus legítimos periodo: 

* sienes, si algunas otras causas no la hacen tomar t 

. í ro. Sec. IV. f^. 1.1. 

'^ * 11 El tipo tercianario segnn queda dicho, Sec. 

ea el radical de los períodos febriles en esta parh 
tórrida, porque en ella- se reúnen las causas tanto 
mo saludables que le producen. Pertenecen á las ] 
estómagos débiles: la copia de alimentos indigest 
res viliosos que en ellos se acumulan: la continua ' 
la atmósfera que interrumpe la transpiración: la ae 
sobre una cutis tioja y débil: los tufos de las aguas 
drídas, que se hallan estancadas por todos estos vi 
la incuria de sus moradores, ya porque lo bajo de 
que forman sus depósitos no permiten secarlos, al 
ees para que desagüen en el mar o ríos. Estas C£ 
das hacen que desdo la ensenada de Tumbes has 



Lg iiifcÉfc ^ 



blado de Ataoama sean numerosísimas las fiebres interipiten 
tes en esta parte baja del Perú. 

12 Al finalizar el estío, y entrar el otoño, despiden los refe- 
ridos charcos, y lagunas corrompidas un tufo tan hediondo, 
principalmente al nacer el dia, queda vahídos y lastima la ca- 
beza; y es tan productivo de calenturas intermitentes de mala 
calidad, que á sus malignas impresiones deben, con especiali- 
dad atribuirse las epidemias mortíferas, que han desolado los 
valles y quebradas en diferentes tiempos. 

Clmisceque maium fecere pdludes. 

Gratii Falisci. 

13 Los indios para evadirse de sus influencias malignas, 
edificaban sus casas sobre» las colinas de arena que rodean los 
valles conduciendo á su cima con sumo trabajo la tierra y el 
agua. Les enseñó la experiencia que los tufos pestilentes de 
Jos ' pantanos no se elevan á mucha altura, por disiparlos las 
ráfagas de viento que pasan por encima de ellos. M podemos 
menos de agradecer á la mano liberal y cuidadosa de la Provi- 
dencia, que para impedir la despoblación de estos países colo- 
case el remedio al frente del mal, con tal exactitud, que á la 
misma línea que siguen las tercianas invadiendo las provin- 
cias del bajo Perú, camina otra paralela por los Andes produc- 
tiva de las cascarillas; y así comenzando las mas excelentes en 
lioja en los paralelos de Tumbes, siguen al sur hasta las mon- 
tanas de Cochabamba situadas enfrente del desierto mencio- 
nado, donde terminan las epidemias de tercianas (1). La cau- 

• sa saludable que promueve el tipo tercianario, es un esfuerzo 
de la naturaleza para restaurar por él, como por el medio mas 
apropósito la transpiración cutánea que ha suprimido el ca- 
tarro. 

14 Eevestido el catarro de la fiebre expuesta toma diverso 
rumbo conforme á la idiosincracia del paciente, y estado del 
tiempo. Eeconocemos que generalmente sigue tres caminos. 
19 El del vientre: 29 el del pecho: 39 el de la cutis. 19 Oomo 
la naturaleza pretende con el periodo tercianario restablecer 
sobre la cutis la transpiración suprimida en el catarro, el paso 
natural de la fiebre remitente que le acompaña, es ir haciendo 
las declinaciones mas claras por la apariencia de algún sudor, 
hasta que se forme la legítima y radical fiebre de la zona ar- 

fl} £1 cerro de Loja, que se hallaba acotado para el uso del Bey, se 
noratra Vritus-inga, fed vez compuesto de Usuri-tusani inca, que quiere 
decir "Rey enfermo con enfermedad en que Be tiembla," como acontece en 
el Mo de las tercianas, denotando con el nombre del cerro el precioso des- 
tino de sos quinas. 



—144— 
s. Más si el tiempo sb pone húmedo y ttio, ei 
,ua se coDvierte en disentei'ia. Seo. III. ^. I. 2Í 
había notado que las tercianas pasaban á diw 
santerías á tercianas, UeTando á veces aquella! 

{1) 2? Segim las propias circunstancias se coi 
ísia y perineumonias. Sec. III. §. I. 22. . . 25. 
Las pleuresías son propias del invierno frío y 
leral inflamatorias. Sec. III. §. T. Las perinei 
6 prima,vera, las unas del tiempo austral y hi 
del tiempo boreal cálido y seco. Sec. III. ^. I 
carácter es bilioso inflamatorio. To he visto í 
perineumonías pasar á fiebres remitentes, d 
ado el vientre por medio del aceite: y Jrfaximi 
as describe con puntualidad: 1776, Mars, lai 
irtirse en tercianas, cuando el emético no ha c 
ira afección. Entre el asma y la terciana hay t 
lientras duran las accesiones de ésta, no acou 

enfermedad á los que la padecen, y la quina 
>s efectos en ella reprimiendo sue retornos. 3? 
iebre preceden á enfermedades cutáneas, come 
la erisipela, escarlatas. Sec. ÍU. >^. I. 19. í 1^ 
;V. %. II. . . 18 tiene íntima alianza coU las tei 
iota Gleglion, y así es que se convierte una en 
}]azan en los que de países fríos vienen á n 
ites del EcuadoK y en una misma estación se 
nple se tonna también una cadena de catan 
antes, intermitentes, disenterías y erupciones 
1 las observaciones apuntadas Sec. III. -§. I. . . 
Síica; luego es constante que el catarro es 
ras enfermedades, y el tipo tercíauario el pñ 
ibres. 

Entre la invasión del catarro y establecimi 
;ura intermitente legítima, media la remiten 
observa Saltoustal, es tan idéntica con la an 
or ía claridad del discurso se ha introducido e' 
!i distinción de remitentes, é intermitentes. I 
lias y otras se curan por unos mismos medios, 
arlos con acierto, es menester reducir las prin 
des, atendiendo á que la prolongación ú dnpl 
los, qne hace aparecer las fiebres tercianas bají 
remitentes, acaece, ó por robustez del enfermo 

sus vasos, lo que es mas frecuente en primav 
> de bnmores alterados en el vientre, lo que c 
m otoño. Indican la existencia de la causa ] 

[•«rtit Apendfx Vol. II. 



—145— 
pulso fuerte, sequedad en la lengua,* calor vehemente en la 
accesión, y color encendido en la orina: indican la de la se- 
gunda el pulso blando, la lengua húmeda y puerca, el color 
amarillo de la orina; Sec. V. §. II. Otoño, Nota. Terciaiuts. 

17 Tercero: según lo expuesto, la indicación principal, que 
nos presentan para su curación nuestr¿is enfermedades, es res- 
tablecer Já transpiración sobre la cutis, para que se disipe el 
catarro. Esta oi)eracion pertenece á. la naturaleza auxiliada 
por el arte, en cuanto éste remueve los obstáculos que se opo- 
nen á tan imi^ortante función. Son estos: 19 el tono y tensión 
muj aumentados en los vasos sanguíneos como acaece en el 
catarro inflamatorio: 2? la inversión de las funciones, y el tono 
de los vasos disminuido en mas ó menos extensión do la mem- 
brana exhalante: 39 la acumulación de materiales heterogé- 
neos en las primeras vias por las causas señaladas, y como un 
efecto consiguiente al catarro. 

18 Cuarto: por consecuencia en nuestras enfermedades ten- 
dremos por objetos: 19 rebajar la acción aumentada del siste- 
ma sanguíneo: 29 restaurar el orden de la función transpiran- 
te, y el debido tono á sus vasos; y 39 evacuar los humores 
peijudiciales, debiéndose cumplir con preferencia la indica- 
ción, que se presentare con mas claridad, y denotando mayor 
urgencia. 

19 Quinto pues, el cargo 19 se desempeña por medio de la 
sangría: el 29 por los remedios que aflojan 6 estimulan la su- 
perücie del cuerpo; tales son el baño tibio: Sec. IV. %, IV. 15, 
las fricciones, ventosas, (1) y cantáridas. (2) El 39 por losme- 

[1] Las ventosas abocan poderosamente los humores á la superficie dl'l 
cuerpo, y promueven la transpiración: do aouí su proveclio en las erupcio- 
nes que se retropelen, y sobre lo que en las memorias de cirugía de París 
t. 12 se lee luia interesantísima observación liecliíi por D. Martin Delirar en 
Lima. Las ventosas sajadas puestas sobre los tumores, y dolores iniiama- 
torios desahogan, y alivian las partes que afligen^ de aquí la ventaja con 
que las usamos en las anilinas inflamatorias, y el beneñcio que de su uso 
sentían los enfermos, que asistió el Dr. Villalobos en una epidemia de fie- 
bres de mal canícter, á quienes de improviso les acomotia un dolor terrible 
«n la nuca, que se aliviaí)a aplicando sobre ella ventosas sajadas, y extra- 
yendo de (tos á tres onzas de sangre, acnecieiulo el mismo buen efecto ea el 
delirio, y sopor. Método de curar tabardillos impreso en Lima en J8iK). 

1 2] Se reputan los vegigatoiios, que se hacen con las cantárida:^, ¡íor el 
remedio mas diaforético, que hay después del opio. De a<pií su buen efecto 
en todas las afecciones catarrales: en la revocación de las erupciones que 
han desapai^ecido antes de tiiíuipo: en erigir las fuerzas abatidas: contra las 
enfermedades crónico-serosas. En los caHos de ])létora, y cacoquilia no se 
aplicaa hasta que se hallan rebajado ella^í^. iSec. V. ^. IV. Coustit. Nota, 
pleuresías. 

No deben extregaise las partes en que sí» aplican los vegigatorios ni ar- 
rancarse la cutícula que forma las ampollas: b:wtíí abrirla liscoramente para 
(^ue descargue el suero, y cubra complanándose bis escaldaduras de la cu- 
tis, que deben jnociirar defenderse del contacto del aire, cubriéndolas con 
un eaave uogueuto. 




n 



"146— 

^^ dlcamentos purgantes y^ eméticos: yembontemeat 

% con el 2? y 39 fin por el uso de los segundos. 

^ 20 Sexto: resta saber en qué tiempo de la enferm 

^ aplicarse estos auxilios: i>uuto Bumainente interesa 

R* de su esclarecimiento de]>6nde no solo la felicidad 

^ clon de las enfermedades agudas de qué tratamos 

^ rafo, sino también la soluciou del gran problema 

'^^ las escuelas médicas: de si deberán abandoDarse ós 

i y curación á los esfuerzos de la naturaleza sostet 

^ dieta; ó estimándolos débiles é inciertos, confiar er 

•^ empeño en los recursos enérgicos del arte. 8Í se es 

,T la carrera de las enfermedades y lo que dejamos 

I*, Seo. IV. §. I., se descubrirá que el 49 período es ii 

eo las enfermedades: en él se arraiga el orden de re 
fc* y la enfermedad toma un canicter permanente, en 

^ que si el enfermo no ha perecido al concluir esta é 

jf w ella el médico sa^az empieza á proveer su fin: y as 

1'^' dies est Índex dii Hipócrates está establecido con t 

^ exactitud. 

21 Esto supuesto, «1 arte y la naturaleza deben 

la curación de las enfermedades en todo el curso d 

1^ con esta difei'encia, que el arte debe emplear toda 

P eu ios cuatro <lias primeros, á fin de trastornar e 

eiifermeda<l; impidiendo que se arraigue y estal 

¡" esto no se lia veHficado en la cuarta revolución, } 

'•• COITO de cuenta de la naturaleza extinguir eJ mal, 

y expeliendo las causas materiales qne le fomentan 

de los misQio períodos y del poder del tiempo. 

Innocuas jUacide corpiis jitbet flammas 
Et justo raiñdas tempiirat igne focos. 

i 22 De aquí es qne si á un catarro se lia seguido 

sfa iuñaniatoria, se ha de sangrar al enfermo desc 
do dia, on que ya debe estar pi-eparado, Sec. IV. % 
descubierta la enfermedad, hasta el cuarto inclusii 
cantidad y en tantas veces, cnanto In pidan las i: 
que denotan deberso celebrar este i-emedio; pnes o 
de soguu el docto Trlller dtbe comprarse la salud 
Pero si la enfermedad es una fiebre gástrica, ó u 
monía del propio género se le administrará, segim ( 
del gnm práctico Stoll, el vomitivo: y aqní podem* 
nna de las cansas principales de nnestríi distincioi 
vei-iodo, que asignamos á la energía del arte, y de 
Ites que entregamos á las manos de la naturaleza. 
(»a cuatro primeros dias de la eufermeda<l, se hal 



mores nocivos ea las primeras via^^ de donde sé ptteddn arro^ 
jar por medio del vomitivo; mas en la época signlente la ab- 
seroion de sus .vasos tos ha hecho pasar al torrente de la san- 
gre y partes íntimas del cuerpjo, donde es preciso que su ad- 
mirable economía los asemeje á los sanos, ó los prepare, 
segregue y expela para que no molesten. En lo demás el en- 
fermo pertenece á la dieta y á la naturaleza; salvo si algún 
^ctídente irregular pidiere nuevamente el auxilio del arte, que 
ya ha cumplido con su instituto .(1). 

23 Este plan de curación en las fiebres continuas, es el mis- 
mo que debe sei^nirse én las intermitentes de éxito dudoso 
por su carácter, por la estación del tiempo, ó . por lo mal sano 
de los lugares en que acometieren. Es necesario extinguirlas 
antes del cuarto periodo, lo que se ejecuta con certeza dando la 
cascarilla^ ó bien sea quina con la elección, preparación, canti- 
dad y órdéh debido, Sec. V. '^. 11. Not. 2. pues de este modo se 
precaven en otoño los inopinados y tristes accidentes de ver 
variar de improviso el carácter de la fiebre á la tercera acce- 
sión, y perecer en ella el enfermo, 6 quedar de manera que no 
se pueda impedir sobrevenga la cuarta en que muere «in re- 
medio. Si la terciana según el orden arriba expuesto pasa á 
disentería, siempre que algún motivo no obligue á adelantar 
alguna sangria, que por lo común es necesaria, Constit Medicct 
Séc. V. §. III, debe administrarse el emético antes deí dia 
cuarto, así se limpia el canal intestinal de los humores que le 
dañan, se restaura ^1 orden invertido de los vasos, exhalantes, 
y vuelve el sudor á la cutis, que según Moselei cura con tanta 
certidumbre la disenteria, como la quina á la terciana. 

24 Los hombres enseñados por la experiencia vieron desde 
mucho antes la necesidad de sofocar la enfermedad en su mis- 
mo nacimiento: ni tenia otro objeto la abstinencia total, pro- 
moción de la transpiración &., pero esto se hacia por medios 
y modos las mas veces dañosos, destruyendo la vitalidad, ó 
queriendo forzar el sudor poi* bebidas calientes, sin haber pri- 
mero removido los impedimentos que se oponían á él. Hipó- 
crates, el grande Hipócrates, ha comprendido en dos pala- 
bras todo lo que aquí hemos dicho. In principio morborum 
acutorum^ si quid tibi videtur movendum ruave^ vigentibus vero 
quiescere melius est (2). 



(1) Las reglas generales tienen sus excepciones. Según Celso 1. 2. c. 10 
no debe sangi'arsA en las enfermedades después del cuarto dia; mas sino se 
ha hecho antes, que es la causa principal de necesitarse después: (fi^alen . 
Met. Medendi 1. 9. c. 4, ó liay otra cualquier circunstancia que lo ex\ja, no 
se atenderá en estos casos para sangi'ar á los enfermos al número de dia« 
que padecen, sino á la indicación, y sus fuerzas. Gal. 1. c. c. Y. 

(3) Aphor. 29. Séc. IJ. 



_14&— 
No ignero cuaoto ha objetado en esta parte 
j docto médico Aotonio de Haen, queriendo 
tuéticos y purgantes oa los cuatro primeros 
ídad, soio se siga el régimen.blando de ayii 
mas suaves apropiadas á la ení'ermedad, ci 
crat«$ en los íracmentos poblicados por H 
establecido con tan prósperos resultados 
► yo convengo de que en el principio de las < 
as, en especial de las inñamatorias, no deb< 
;s acres, de los que parece hablar Hipócratoi 
lucidos por Haen: semejante práctica, fuera 
mtes notados por este, es contra el designií 
is funcionas de la cdtis. También debe segí 
do de Haen eu las. fiebres eruptivas, siempre 
B la fiebre remante uo obligue á lo contrarii 
cuarto periodo, haciéndose el brote sobre li 
ntomas del estómago alterado, que algnuof 
es que piden un emético, no debieudo much 
irse sino como esfuerzos saludables para 
lion, por la conexión admirable que hay ■ eu 
4>mago, cesando la nausea y vómitos que a 
I que aparece el brote sobra aquella. Pero ( 
is el vomitivo debe ministrarse en su princj 
onforme á las precauciones prácticas, esté i 
mativo que lo embarazo. El emético después 
lago promueve el sudor y el expúto, desbar. 
nte las -congestiones de la garganta, facilita 
la cutis, y es el remedio mas ventajoso para 
isar el curso de la enfermedad. A las refiesi 
|ue propone en contrario, de este uso genon 
y grandes médicos, el clínico Haen,. le o 
les doctrinas y consumada práctica y aciert« 
Maximiliano 8tol.'2. 

Si existíeseu circunstancias que impidiereí 
)n del emético, entonces so hará preciso rece 
acuacion ventral la falta de transpiración, y 
itrar los purgantes salinos por pequeñas 
inodo obran con suavidad, y con efecto m 
il mismo Haen (2). Pero aun en este caso 

Haen Ratio Me<leiidi 1. 1. Cap- 11 Cap. XXIII. 

Patolojjia. t. 5. piíg. 22(1. E¡n toda la costa del Perú al 
gueeia, ú &'il catártica, y el sulfata do sosa, ó sal de ( 
a de cataBe^umla qneparíñcau en Lima, y hoce rauj 
jurganto, y iiixiritiva, eu los deiuaa Ingares carecen d 
ando á preciofl caros la de epaou, y de la higuera, pi 
: y lo mismo HQCcdt! eu el alto Peni, donde se encuei 



del tártái^ emético eti á^ita xiaCümlj 6 la del jai'abe^ 6 vino . 
compuesto con él, ministrada á oiicharadas, ofrece con todas 
las xentajas de las sales medias para limpiar el vientre^ la que 
es propia á los eméticos con relación á la cutis, y asf se llena 
directamente nuestra primera y general Indicación. 

27 He indicado con brevedad puntos de mayor considera- 
ción én la medicina. Los jóvenes deben reflexionarlos, y estu- 
diarlos á la cabecera de los enfermos, y en las obras inmorta- 
les de Hipócrates, Areteo, Oelso, Sydenhan, Baglivi, Boerha- 
ve, Burserio, Stoll, Haen, y Japkson. Para auxiliarlos en es- 
tos estudios, y que puedan aplicar con tino bajo de nuestro 
clima las doctrinas escritas en otros diferentes, les he propues- 
to en ^o genera! diseños de curación, y con el mismo objeto 
voy á particularizar algunos, describiendo, para terminar esta 
obra la constitución clínica del^año de 1799. 

Per varios casus artein ezperientia fecitj 
Ezenvph mostrante viam. Manil lib. I. 

SEOOIOSr V. 

CONSTITUCIÓN MÉDICA DEL AÑO DK 1799. 

ESTÍO- 

1 Podemos decir que este estío fué boreal, pues por la ma- 
yor parte de él soplaron en la mañana los N. O. principal- 
mente en el mes de Enero, á fineá de Febrero, y en el mes de 
Marzo. A§i Enero se presentó vario, trayendo el dia las ma- 
ñanas frias, y calentándose de las diez en adelante, en que se 
pojaba ver él sol, que con variedad volvia á ocultarse^ El ca- 
lor se hacia sentir conforme se adelantaba la estación y suce- 
dían las calmas del siu> especialmente en las tardes de Febrero 
y Marzo, en que fué activo. 

2 Durante esta constitución se observaron en Enero virue- 
las, paperas, evacuaciones biliosas, y hemorragias. B^tas en- 

partes según Haenke^ cuyos M. S. estáu ya impresos eu el vi^e de Azara t. 
2 pág. 891 . edic. de París 1809. Poseemos igualmeute el tamarindo, f la 
caña-fÍBtola, que expurgan el vieutre cou blandura. No obstante los pur- 
gantes no pueden llenar el lugar do los eméticos^ porque estos pueden mi- 
nistrarse en las acceciones fobriles^ como lo indiccS Hipócrates^ porque 
obran con mas prontitud^ porque desempeñan también cou frecuencia el 
oficio de los purgantes; y por los efectos peculiares que se mencionan en el 
texto. 

TOM. VI, LlTEBATüBA— 22 



% 



fermedades hablan tenido oiigen en la primayeía ai 

eran benignas. Expurgado el vientre en las evacnaci 
alguna ayuda, cedían al ubo de los ácidos vegetales 
nadas. Asi en ésta como en las otras enfermedades, ' 
sario defenderse del frió de la mañana, y manten! 
régimen moderado, y á un temple medio en el resto 
El nsQ de la sangría era importante en las fiebres en 
hemorragias, según sus síntomas y vigor del enferme 

(1) "Fiebres emptÍTaB:" estas son fiebres acompañadas de a 
sobre la anperflcíe del cnerpo, como la fiebre "vinieleifta, san 
escarlatina, y erisipelatosa:" en estas calentntaa como en otros 
suelen venir sin ellas, coates son loa sarpullidos "milliaría, sadj 
chas, exantbema urticoea &*" aprovecha la sangría; mas esta no 
tarse de manera, que se ponga en su efecto la principal couflans 
ración, con exclusión absolnta de los eméticos^ porgantes, com 
nneatroB antiguos médicos con respecto al sarampión. [*] Ini 
observaciones me han persuadido á. ivesar de mis ideas, y de mi 
médica, dice el ilustre Stoll, que las calenturas mUliares, escaria 
goza, f erisipelat^Ma tienen su origen en hnmoros del vientre, qa 
coa tiempo se les corta el progreso: y la fiebre biliosa es una fieb 
ca que acompaña por lo común al sarampión, y vimelas, De est 
raciones so deduce claramente, cuan ritil puede ser el vomitivo e 
: tiempo, conforme á los excelont«s efectos que produce en el on< 
no, Sec. IV. i. Vb 25: y de la manera que en cualquier tiempo d 
dades exantemáticas, que esté indicada, debe administrarse la 
de observarse lo mismo con respecto al emético. 

Has como uno de los fines mas importantes que se desea ooi 
él, es impedir las "metastases" ó dep<iaitoB que se forman en alg 
tas fiebres, según acaeoe ea la angina que sobreviene al swarn] 
carlata, hará tanto mas provecho cuanto mas anticipadamente 
Goando no se haya conseguida el fin en el todo, al menos qnedari 
el enfermo, para que en caso que se haya formado el tumor ai 
aplique nn vegigatorío al cuello para disiparle, Sec. IV. (. VI. 
en verdad que esta aplicación no debe hacerse antes de expnzga 
tre, respecto qoe el vogigatorio suprime la evacnacion y la onn 
pueden hacer falta para ayudar á remediar un mal, que tiene sn 
humores detenidos en las primeras vías. Si concnrren juntas la 
de la sangría, y del vomitivo, 'deberá preceder la primera entre 
Umites, porque si debilita al enferme por demasiado oopios», el 
surte el buen efecto que se pretende. 

Las ideas escolásticas hacen que algunos miren todaviacon m 
de los vomitivos, pues en este caso de duda sobre si ha, 6 no la 
é manólas blandas pulpas de caña-ñatola, y tamarindos, y el i 
taro, ^nepnr^Ji el vientre con suavidad. En la terrible epidei 
ramplón de 1692, y 9^, se hallaba de médico en la ciudad de 
' donde comenzó, el r>r. D . Diego Herrera, quien principiaba i 
evacuando á los enfermos con nna onza de pulpa de caña-fistola 
gimo efecto en mas de quinientos indios que hubo de curar, y oo 
no sfc atrevieron á imitarlos médicos de Lima por el t«mor qo 
qae impidiera el brote del sarampión, 6 le hiciera retiopeler a 
principiado. íTaJ es la influencia oe las doctrinas qae ee apiend 
juventud! 

[■] D. D. Bermtgo, y Machuca. Discorsos sobre la epidemia 
jHon impresos en Urna en 1693, 



—151— 

3 Luego qne los N. O. volvieron á hacerse frecuentes en las 
mañanas de los días calurosos de Marzo, se extendió una epi- 
demia de toses. Sentíanse vahidos, dolor de pecho, y tos fuer- 
te. Los que mas padecieron fueron los ni^os, en, quienes se 
bizo una tos ferina, que los hacia vomitar y llorar, y solo arro- 
jaban, después de repetidos golpes', una linfa clara. 

4 En estos meses es cuando lo pasan con mas regularidad 
los enfermos asmáticos; pero en este año los que habitaron la 
ciudad, itafiieron unos paroxismos incomparablemente mas 
violentos en la duración y la angustia, que los que padecen 
en otra estación, porque á la dificultad de respilrar, se les 
Juntaba la necesidad de respirar un ambiente cálido y calmoso. 

5 Las toses (1) y el asma (2) en los adultos, se curaban con 

(ly Clttarro. £1 punto esencial en la curación del catarro consiste en la 
san^^. La exacta distinción que dejamos hecha entre los diversos catar- 
ros, Sec IV $. Vi. ly es una luz bastante para conocer el tiempo y oportu- 
nidad de aplicar este remedio; pues la sangría que aprovecha en el inña- 
matorío, no conviene en el Mo, y húmedo^ ó al menos mientras duren los 
estomas que le acompañan. Siguiendo esta máxima deberá observarse lo 
siguiente en la euraeion de esta enfermedad. Primero: muchas veces acaece 
que el catarro principia por un atolondramiento ó gravedad de cabeza, ca- 
lor extraño, y sequedad de narices, originados de haber estado el que le 
padece en un ambiente cálido ó muy enceiTado en un cuarto, ó mu v abri- 
gad<>. £n este caso con salir al aire fresco se rebiga el grado de calor del 
ouerfK), le t^oja la cutis, las narices se humedecen, y el catarro se disipa: 
observación que se aduce como una de las que prueban que el frió tiene una 
virtud sedativa, y que su aplicación no causa el catarro, Sep. IIL $. I.. 11. 
Segundo: si los síntomas de constipación son mas fuertes, si sobrevienen 
calos-frios, desazón y disgusto, (*) en este caso será oportuno que el pa- 
ciente tome un vaso de agua caliente con azúcar, y se pasee en el cuarto á 
fin de provocar la transpiración, y que después se recoja á la cama. Terce- 
ro: si en esta invasión catarral no acontecen laa evacuaciones, y destilación 
que alivian, Sec. IV. J. VI. - 8; sino por el contrario el vientre se le supri- 
me, y la tos aparece, se le harán echar unas lavativas que le evacúen, y se 
si^etará al régimen de alimentos, Sec. IV. 4. III. - y bebidas, Sec. IV. %. IV. 
con mas 6 menos rigor según lo pidiera la mayor 6 menor vehemencia del 
acoidento. Nada acelera tanto la curación de las constipaciones dice Baglivi 
como el no cenar, y tomar después de acostado un vaso de pectoral caliente, 
lios baños tibios de pies, Sec. IV. 4. IV-. 15, son excelentes en este caso. 
Ouarto: si á pesar de estos auxilios el pecho se seca, sobreviene tos fuerte, 
aparece la fiebre activa, Sec. IV. 4. VI. pulso fuerte, y demás señales que 
indican un estado inflamatorio se sangn^rá el enfermo. En la epidemia ca- 
tarral, que hubo en esta ciudad el año de 1790, nunca ordené mas de dos 
sangrías regulares. Seguia en esta práctica á Sydenham: (♦♦) es cierto que 
estas bastan para moderar la tos, el dolor de garganta, y ardor del esó- 
fago de que algunos se quejan, y para facilitar la transpiración, ó sudor «on 
que termina esta enfermedad por lo general. Si ocurre nueva necesidad de 
sangrar es por lo común originada del (^lor aumentado por el demasiado 

[*] '<In omni morbo acuto ad linguan et oculos respiciendum est. Si lin- 
gua qnidem muco obsidetur, oculi vero rubri sunt. certum est perspiratio- 
nem in toto corpore imminutam esse.'' Boerhav. rraslect. 4. 428. 

(•♦) "Tusses SBpidemicad." Seco, V. cap. 5. 



—152— 
ordiuario de las afecciones catarrof 
í Jas toses eu ios niños fueron mas ten 
iados con ayudas, fomentarles el vient 
ífcarlos, porqiie los órganos de la dige 
ie materiales impuros. La fuerza de Ii 
exigían en algunos la sangría, y Ioí-(i 

ifermo. Qninto: para apiieiguar la tos se darA 
.oral tibio, endulzado coq una eiicharada deja 
> resTiltHs de bu ubo se cerrase el pecho, se rebí 
oeaclaríi cou el de violeta», ú orosús con el mii 

aun después de curado auele quedar con nlgí 
liento de miembros; pero si el pecho ee pone bi 
rinaB adquieren su color natnral; entonces el 
lisipa estas iSItimas reliquias. "In tussi poctoi 
menta vulgaria ex licrbis pectoralibus parat 
íornm apparatus." Prax. Medie, pág.— mihi 59, 
. Esta enfermedad es muy común en Lima. E 
1, conviilsiva, gravísima: en las aueianas hüm' 
:oraet« á media noche ni empegar el soplo del 

1 desvelo en las noches anteriores. El paroiisn 
enno demanda aire, se alioga, v entre dia se s 

se ngravii, y termina iwr loregiilar de las 2J 
o sudor. El vientrff constipado fomenta ostii ei 
a acc*cion poner nua aynda al paciente, pnei 
Bco que se tiofoca: no obstante eñ las horas d. 
e la mañana, se tantea con suavidad ejecutara 
la, porque dice que Jiace retomar loa períodos, 
or hi debilidad que imluce; pero con frecuencl 
ar con el pu^so, que se ¡lono tanto maa débil ( 

angustia que impiden el cii-culo de la ganim 
retornos de este mal: piiinf ro, dormir en hal 
po, aunque entie dia se t-ntú en la ciwlad: seg 
ro, tener una terciana, y el uso de la quina. A 
ro, el vientre expedito: segundo, el baño tibií 
«pacioso para que haya bastante aire: cuarto, 
la: sexto, el vegigatorio; séptimo, la mistura 
Iracma de vmo emético en cinco onsas de agu 
o: de este poroion se toma una cucharada en < 
ácima se bebe nit cociniieutó emoliente diafii 
r Hnr de saúco, ó de borrí\ja: ocfjiio, en lugar 
e<le (Lirse una cuclmi-ada de .jarabe de Uieconio 
cite, porque suele suitii- buen efecto ooncüiand 
■gularmeute se resiste á estos, y íi cuantos rci 
•lo cede completamente transportándose el pa 
la sierra. A jiesar de ser tan grave la nccecíoi 
) perezca pn ella; peixí airaatra para él, y su i 
«te mundo. No cuenta con una lior» aeaura 
B «livicrte y pi^cpara una buena hora A bu ftim 
' )l a fat.ll Ijoia de la ima de la (loclip el asii 
árido, y <-rflo .«.loearse. Su alma maa angnstla. 

(e mvMHu 'mt\ rto f-ancfin Pd^do p«i ios t 



—153— 
IMkpaveñQos suaves servían para embotar el acre del material, 
que irritaba el pecho, y moderar sus concusiones. Mas el me- 
jor remedio era adietarlos, que evitasen el frió de la mañana, y 
anduviesen al aire libre en el resto del dia. Por este medio se 
conservaban tosiendo mas 6 menos dias, hasta que inclinada 
la estación desapareció esta epidemia (1). iEra por ventura 
originada de solo la alternativa del calor y frío, ó existia en el 
aire alguna calidad peculiar que la producía? ¿Y era conta- 
giosa á manera del sarampión y la vinielaí Uno y otro afirma 
Hillary de una semejante epidemia, que observó en la Barbada, 
y que el que la padecía una vez, no la sufría otra en el resto de 
su vida (2). Empero el ilustre StoU asegura lo contrario, que 
es lo mas cierto (3).^ 



(1) Consiiltese á Piquer: epidemias de Hipócrates t. 2. pág. 18. . 

(2) Observations on the chauges of the air. pág. 46. 

(3) Toses convulsivas. En 1808 hubo en esta capital una epidemia de 
ellas, y se propusieron por tema á los opositores de la Cátedra de clínica, 
que acababa de ftindar el Excmo. señor Yirey, Marques de la Concordia, y 
de las observaciones qué hice entonces resulta lo siguiente: 

Primero: la tos convulsiva, principalmente cuando cft epidémica, no es 
sino una modificación, 6 una variedad de un otro mal que reina en la esta- 
ción en que ella aparece, y así crece, se sostiene y disminuye con la enfer- 
medad principal. Segundo: no hay hecho qué pruebe que sea contagiosa, y 
que el individuo que la padeció una vez quede preservado en lo futuro. 
Tercero: tiene su asiento principal en el estómago por los humores de mala 
calidad que allí se acumulan. Cuarto: pero como las fiebres resultantes de 
estos humores pueden complicarse mas ó menos con el estado inflaraatorií», 
que originan, las circunstancias de la estación, ó variedad de el tiempo, la 
curación de esta enfermedad debe ser diversa. Quinto: por decontado el 
emético es el principal remedio, y todos aquellos que vomitan por la fuerza 
de la tos, ó por los remedios que se les ministran, corren encella con felici- 
dad, y es por el contrario incierto 4\ éxito en los que no gozan de este be- 
neficio: un grano de tártaro emético disuelto en seis onzas de agua destila- 
da, añadiéndole una onza de jarabe de culantrillo ú de otro semejante, for- 
ma lina composición suave que se dá á los niños á cucharaditas hastív qne 
vomiten. Sexto: sino há lugar el emético, en este caso isé procurará descar- 
gar el vientre por el uso do las Lavativas, y de algún purgante suave, como 
lo es una infusión ligera de sen enqfie se haya disuelto maná en debida do- 
sis, ó bien la disolución de ésto en agua común con alguna sal media: cual- 
quiera de ambos se*dará á cucharaditas hasta que produzca t'fecto. Sépti- 
mo: sucesivamente se ministrará por la mañana un cocimiento tibio de 
yerba buena, ó quina, ó cualquier otro estomacal. OcUvo: pero si la tos 
viene con fiebre, que permanece entre los- accesos, si el enfermo tiene difi- 
culta4 de respirar, ó algunas otríis sofíajes que denotan un estíido inflama- 
torio, la principal curación 0tíI)6i^te eptonces en la sangría, los bañoA tibios 
de pi^Sj J^ los blaTidos pe^toralüs, debiéndose siipriiiiiv el uso dej vomitivo 
hf^t^ qup fijenjipape^saa el estado iníiamjvtoiio. Noveno: p{dp mucha pircuns- 
p^cplo^^} uso do Jqí» opimos: HQ fidmm|itriin j)op Li uui>]|e Jos mus suaves 
pWf> flOpcfUay p] rcppao, y Sí im «P «í^^Vft poq \in blanda í^i^dpr y pI «tí^Ut^n-p 









« — 154 — 

6 Guando en el estío los calores son fuertes, y los sad(Hei 



dieta que hemos indicado: y si pasadas algunas semanas, ó variaiido 1a es- 
tación no cesa la tos, y por el contrario comienza á í^rcibírse alguna fiebre- 
cilla, entonces la mutación al campo hace excelentes efectos. Undécimo: il 
tiempo de toser el niño debe ponerse derecho para que pueda con libertad 
dirigir el mismo la postura de la cabeza, y no hay que apUearle nada á la 
boca en este acto á título de sacarle el moco que arranca, porque se lea- 
pone á soforcarse, embarazándole la respiración. 

Si se quiere ver el retrato de esta enfermedad en su mas alto grado, leáae 
este que hace un padre de la que padeció ^n tierno hijo suyo, y á quien ao 
pudo salvar después de haber sido el consuelo de tantas familias deaoLidu, 
á las cuales conservó sus caros retoños. Juan Crisóstomo, jobusto, rosado, 
pendiá á lo« tres meses de los pechos de su amable madre rodefCdo de 1» 
dulces gi'acias de la inocencia. £1 27 de Abril del año de 1808, se le oyó 
toser como sncedia con otros niñoá de la familia. Mas el 1? de Mayo la tn 
era muy acelerada: entre espiración é inspiración era imperceptible el ins- 
tante en que ésta acaecía,. £1 golpe de tos era seco, y semejante al toado 
de los perros acatarrados: pasaban de doscientos los golpes de tos quedsbi 
seguidos unos en pos de otros; parecia que tenia nna titilación incesante eo 
la cabeza de la glotis ó garganta. La cara se le abultaba, se le ampliabaa 
los ojos y narices, sudaba un sudor irio que empapaba los paó€»B con que se 
le abrigaba la cabeza: se desñguraban todas las facciones de su hermoso y 
' amable rostro en tal mapera, que su padre tenia que volver el suyo cubier- 
to de dolor, por nq poder soportar su vista. Conforme iban succedíéndoM 
I09 golpes de tos, parecia irse estrechando la glotis y perder su movimien- 
to, á que se seguia una espiración de ahullido, que amenazaba la sofoca- 
ción. Hacia esfuerzos increíbles el tierno angelito por evitarla, se erigía 
sobre los pies, extendía los brazos, y * manoteaba como quien busca aire j 
reclinaba la cabeza hacia atrás: eb pulso bibraba con increíble celeridad 
£st« infantito uó vomitaba, la terminación del paroxismo era en lo genera 
precedida, por aflojársele el vieuti-e y la orina, y algunas veces parecia ib 
que arrancaba algo del pecho. La primera señal de haberse verificado en 
un llanto tan claro, que denotaba liallarse libre su pulmón. Quedaba por 
un rsto fatigado, y «cesando, paraba el sudor frió, se ordenaba el palao,la> 
gracias y )a sonrisa volvían á su dulce rostro, y tomaba el pecho con tanto 
empeño como si nada hubiese sufrido. 

£1 niño tenia de estas acc<3aioiie8 dos ó tres al dia moderadas: á la prínu 
noche le repetían con mas fuerza una ó dos veces, y luego se dormii^ mas 
al llegar la media noche, esta hora destinada para que el hombre amulado 
por el sueño olvide los táistes cuidados del dia, y en la que solo el desgra- 
ciado asmático recuerda de improviso con el susto en el rostro, el coraioa 
sobresalt-ado, y la muerte á los ojos, en la misma repetía esta enfermedad 
análoga tan cruel, y desapiadadamente, que los golpes de tos sabían á240, 
repitiéuclose paroxismo sobre paioxismo, no encontr<áudose otro oonaofilo 
en este apuro, que tomar al niño en los brazos ponerle recto y paseaiH 
hasta que con el nacimiento de la aurora se serenaba esta escena de dolor» 
angustias y congojas, que solp podian existir en el lóbrego seno de la so- 
che. Lidiauí^o veinte y ocho días con esta tos verdaderamente ferina, J 
aiiment<nndo siempre la enfermedad á ^esar del cuidado y solicitud p&^' 
nal, y de sus caros compañeros, la aurora del 25 de Mayo puso fin á lo^P&; 
decimientos de este tierno infante, conduciéndole á mejor vida. Una pon- 
nenmonia finalizó la fatal carrera de la tos convulsiva. En otros la muerte 
desQgura los rostros cubriéndolos de su pálido y melancólico color: en este 
infante la muerte le restituyó el verdor y lozanía que alteraban las eonnd- 
«iones, y le pintó eon placer. 



tepiosos, se experimentan insultos freonentef de oSlera morlo^ 
los que en el presente fueron pocos, y sin malas resoltas (1). 

■^ II. 

oTofroi 

1 El otoño principió con mañanas y noches &iaS| y calor al 
medio dia. Esta constitución duró por casi todo el mes de 

''Non aliter ^nam si mensis dapibusque Deonim 
^'Mortalift qniAquam adscitas, íffilixque futuras, 
^'Hauríat sdternnm cselesti póculo néctar.'^ 

SyphyUs. L. 3. 

[1] La cólera morbo, que vulgarmente se llama ^^piría," es nn mal ííre« 
enente en nuestro dima en la estación del estío, por el abuso que se hace 
de las bebidas fermentadas, frutas y comidas en un tiempo, en . que con el 
sudor se bailan debilitadas las fuerzas digestivas del estomago, las que 
siendo menores luego que en la noche cesa la acción muscular cpn el sueño 
y reposo de la cama, es en esta hora cuando acomete. Principia por un ma- 
reo al que se siguen vómitos y evacuaciones copiosas, sudor Mo, calam- 
bres, y la muerte, sino ha iK>dido detenerse en su progreso. Los que quisie- 
ren precaverse de este funesto accidente deben evitar los excesos mencio- 
nados, y acostarse con el estómago desembaiasado; mas si se sintiesen re- 
car^^os de alimentos que no han podido digerir, ó incomodados con un 
agno fuerte, deben procurar arrojar los alimentos indigestos, moviendo el 
vómito por medio del agua tibia, y estimulando las fauces con los dedos, ó 
con alguna ^luma: ó en lugar de mover el vómito pueden hacerse echar un 
» par de lavativas purgantes, y luego tomar un par de gíoaras de agua calien- 
te con azúcar, y algún estomiAcal, como la flor de la, manzanilla, triaca, cor- 
teza de naranja etc. , 

Si esto no se ha practicado, y la cólera morbp sobreviene en un grado re- 
miso, la indicación es disolver los humores del estómago y expelerlos, to- 
mando con abundancia en bebida, y por ayudas, agua de pollo ú otra equi- 
valente, y después que sojuzgue el estómago descargado, se usará de labe- 
^ida estomacal indicada. 

Mas si la cólera morbo ha sobrevenido con violencia, y el enfermo ha ar- 
rojado mucha cantidad de humores por arriba y por ab%jo, el remedio pron- 
to para sacarle del conflicto en que se halla, es hacerle beber agua helada con 
nieve, bien sea na|;ural ó de pollo, sola, ó en forma de limonada, y también 
puede tragar nieve majada. Es buen remedio para contener el vómito el 
«ntiemétioo de Lázaro Riberio, que consiste en disolver un escrúpulo de sal 
de tártaro en media onza de agua, y al dar esta al enfermo se le añade una 
cucharada de zumo de limón, para que la trague en el acto de la efervescen- 
cia, y se repite según lo que exigiere el caso. £n su lugar he ministrado la 
siguiente composición: de jara ve de limones una onza, de sal de igeiy os un 
escrúpulo, de láudano veinte gotas, se mez<da y se dá acucharadas, bebien- 
do encima el agua de nieve. Entre los alimentos el que mejor soportan los 
estómagos en esta situación, es eí de mazamorra delgada de reciento. Sece. 
IV.»II1 10 

Las piernas y brazos se ei\jugan con paños calientes sahumados con al- 
mácifla, romero etc. á fin de que el caler estimule los vaso:» de la superficie 
y les haga restaurar el tono y tensión que han perdido. 9 




Abut) íSoplAüdo á la inafiána los K. Ó. y la tatde los Vientoé 
üél aiiStíó (ít>n suavidad. Al fin de él eüipe55aw)ti las garoaí, 
las nubes se mantuvieron altas, no hubo neblinas, asi la mo- 
llizna fué copiosa, y gruesa en todo el otoño^ en especial á la 
noche y á la mañana: los K. O. continuaron por las mañanas 
hasta el 17 de Junio, y los sures soplaban con alguna viveza 
al tín de la tarde, y principios de la noche, en las variaciones ^ 
de la Luna, y con mas fuerza en Mayo, y en la oposición de 
Junio. 

2 En este trársito de los calores de Marzo á los dias varios 
frios de Abril, fueron frecuentísimas las tercianas, disfraza- 
das con el aspecto de i^ebres catarrales y precedidas por ellas. 
Su carácter era mas bien bilioso que sanguineo. Acompañá- 
banlas evacuaciones con la« que tenían tal correspondencia, 
que corriendo estas se minoraban ó cesaban ellas, y su supre- 
sión hacía revivir los paroxismos. Al principio de la estación 
eran popiosos los sudores en la declinación del paroxismo; pe- 
ro conforme se adelantaba era corto el frió de la invasión, lar- 
gas las accesiones, y escaso el sudor de la declinación; mas 
las evacuaciones eran abundantes, y degeneraban en disente- 
rias. Las orinas estaban amarillas, y la lengua puerca con in- 
comodidad de estómago. El método curativo consistía én aflo- 
jar el vientre á beneficio de ayudas y ácidos purgantes, como 
el crémor. Si el enfermo era robusto y pictórico necesitaba 
sangrarse, en especial cuando la fiebre aparecía con el carácter 
de continua, pues de este modc^se la reducía al tipo terciana- 
ria. Sucesivamente debia administrarse la tintura de quina 
con una sal ó lamedor purgante, respecto de que el estado pó- 
tridi> de los humores, que ocupan nuestras primeras vias, pide 
siempre mantenerlas corrientes. Cuando las tercianas se resis- 
tían, se doblaba la dosis del remedio, alternándole entre dia el 
enfermo con caldos simples y alguna bebida sub-ácida, aun en 
medio del paroxismo febril: y con este método decian (1). 



[1] Tercianas. El tipo tercianario comienza á formarse b%jo el equinoc- 
cio de primavera cuyas variaciones atmoféricas, con frecuentes retrograda- 
ciones al fno no le permiten entablarse, y la fiebre tiene tendencia á dege- 
nerar en continua inflamatoria. En el estío se desenvuelve con mas clari- 
dad en una fiebre de aspecto bilioso: el sudor franco conserva las int-ermi- 
siones, mas al sobrevenir el Mo y variedad de otoño, hallándose en su mas 
alto grado las causas de las fiebres intermitentes, cierran éstas sus periodos 
y aparecen en gran número bajo el carácter de continuas remitentes, Sec 
III. í I.... 23: con el fiio de invierno pasa el tijpo tercianario al minuto "con- 
tinente,^ siendo esta estación la de las fiebres inflamatorias legítimas, siem- 
pre que conserva su constitución peculiar. Esta permutación que se obser- 
va en el año, acaece también en los lugares; pues en la costa caliente y hú- 
meda dominan las tercianas, y no las hay en la sierra y temples Mos y se- 
cos, substituyéndose las fiebres continuas inflamatorias, q^ue denominan 
,* tabardillos" en la sierra, y "x^habalongos" en el reino de Chile. 



Ji ObdOt^acioa If ün europeo robusto comode9da4dectt[|||ett« 

Las fiebres remitentes deben ctirarse con el mismo método (lue ks .inter* 
mitentes, como que forman tma misma familia. Scc. IV. i. VI. Pero autos 
és necesario reducirlas á su carrera legitima^ esto es, á la intermisioii, 6 á 
una remisión ciará y notable. Para esto en las remitentes de primavera^ 
que tienen tendencia á la ínñamacion, es necesario sangrar al enfermo, y 
Bo DÜnistrarle la cascarilla hasta que se hay^ disipado el estado infíamato- 
lio, po|:que de lo contrario se convierten en continuas violentas: y mudias 
Veces con solo las sangrías y alguna bebida atemperaiite, lavativas, y dieta 
eorrespondiente, se curan sin necesidad de la quina. La sangría debe lia* 
eerse tanto mas pronto, cuanto mayores sean las anticipacioues de las acce- 
siones,, las que smo se reprimen por su medio, la fiebre se hace continente 
grave.. 

▲nn mayor cuidado piden las remitentes de otoñó.. En esta estación acae- 
cen las tercianas malignas y desoladoras. Si la variación de la* atmósfera no 
es considerable, y se inclina á húmeda, el catarlo que nace es moderado, y 
lo mismo las fiebres remitentes é intermitentes que le acompañan y siguen: 
y. aunque siempre mas graves que las de primavera, no traen un peligró 
oecidiQO, y continuando la humedad se convierten en evacuaciones, oeo. 
Uí, í. I. Pero si las variaciones entre el frió y el calor son fuertes, y el 
tíeTnx>o seco, las tercianas que nacen son de pésima calidad. Su primera in- 
Tasion es moderada, dobla con fuerza en la segunda, y sino se le sale al ata- 
jo, ya de la tercera en adelante corre peligro el enfermo. En las manos del 
médico no está el arreglar los otoños; pero sí el impedir hagan estragó las 
tereianas que produce. Son ^pr lo común humorales, y asi luego quépase lá 

Í primera accesión, debe ministrarse la ''quina catliartica^' (*; para cortarle 
a carrera. Una onza de nuestra sal purgaute ''sulfate de sosa,^ que se re- 
coge en las lagunas de Villa, Sec. IV. $. VI. y se purifica y cristaliza her- 
mosamente, se- divide en cuatro partes: pasada la accesión de la fiebre, se 
ministra la primera en cuatro ó seis onzas de tintura de buena quina, á la 
enal igualmente se añade una cucharada de jarave solutivo: por lo común 
esta toma se dá al enfermo á las cinco ó seis horas de la mañana, y encima 
tm vaso de agua tibia: á las dos horas se repite la misma bebida en * todas 
sos partes: dos horas después se ministra un caldo al enfermo, á las tres 
horas se repite la quina, y á las dos horas siguientes el caldo; y con arre- 
■glo á este método se prosigue con las precauciones siguientes: 1? Las dosis 
están arregladas i)ara los adultos, y se minoran con proporción á la edad 
de el enfermo. 2? Si con bis dos primeras tomas de sal 'ha obrado en abun- 
dancia el enfermo, se suprimen las otras dos partes, y sino se repite la ter- 




igualmente si en lugar de agua apetece tomar sobre la quina algunos va^os 
de limonada, s^ le ministrarán mas ó menos templados según el temple del 
dia: el uso de crémor tártaro en lugar de limón hace una bebida agradable, 
7 promueve las excreciones. 4? En la noche se d^ja ' al enfermo quieto en 
las horas que duerme, y según se ha "calculado la hora en que repetirá la 
a^ocesion, que es por lo regular de las seis á las doce de la mañana, se dis- 
tribuye el uso de quina y caldo, de manera que una toma de aquella caiga 



(*) ''Quina cathartica:'' tintura de quiua acompañada de alguna sal y 
Jarabe purgante. 

TOM. VI. LlTEBATURA— 23 



—158— 

ta años, fué acometido el 25 de Abril de un fuerte fi: 

huerta al sur de la ciudad, al que se siguió calehtun 

27 por la tarde: la relación que ae me hizo, de su er 

f"^ de que la habia originado una vehemente cólera. 

a habia notado en los dos dias iutermedios: frioe 

» solo unas ligeras remisiones: asi algunos de la 

liaban una fiebre continua; pero otros la carácter 

iana, y le habían socorrido con lavaúvas, y pue£ 

t. Encontrele íreuétlco, con el pulso bajo, blanc 

y moderadamente acelerado, fatiga de estómago 

solera pura, y mucho incendio; y ordené se le dit 

boEa iQfts ú mituos autus dol tiuiupu de. lu cntradu del pnr 
iutura de quiua debe ücr de buena ciilidad: preterúnoa la á 
r ciato de canela, snperdcie iiiuy lisa, amargo fiiert« y ag 
de los montes de la Paz cou el iioinbi'e de "colittaya," y Uat 
o laa caacarilias do los nueatro»: ui unión con la «al purgai 
caso todas la» ventilan que se deduei^u de la nota 14: Sec. 
in es mayor ó menor el riesgo de la accesión futura, asi deb 
íflor la cantidad de tintura qne ne dó al enfermo, repitiénd 
mas cortos, si so teme que se anticipe la iicct^siou. 7? Si s 
nno necesita de alguna sangria, y pur otra parte parece in 
ezarel uso de la quina luego que pase 1» accesión, debo san 
le ésta después <iue baya cesado el frió, y antes que príncip 
o y Sydenluun han condenado semejante práctica; la adopt 
o maestro en clínica el Dr. D. Cosme RnoHo, y seguramen 
do mas tercianas, habiendo tenido á su cargo <los hospital 
¡lor espacio de cuarenta años, siendo el uno de ellos de indi 
ine mas las padecen. 

>n este método se destruye de un golpe la cansa material d 
j_ sus accesiones, y en cuantos enfermos he tenido en veb 
itica de intermitentes de todas especies, ninguno, & escept 
idica en el texto, ha pei*ecido bíyo de él, ni La tenido la me 
^n las fiebres cujas accesiones vienen acompaíiadas de exi 
dones de vientre 6 sudor, como son las coK-rícas, y lipfrica 
uina se ministra sin sol ni lamedor pnrganto^ pues el enfer 
¡ado eyacuado por el mismo accidente. 9? Si quebrantada 
de la fiebre sigue con tenacidad la repetición de ticcesiont 
emente dando una ó dos tomas de quia» durante el calor i 
como ya lo Labia experimentado Alcinet. 10? Es muy raro el 'que bm 
«ario echar mano del polvo de quina; no obstante si se dnda de la hon- 
do sa cocimiento, ó lo repugna el enfermo, entonces una onza de polvo 
dida en seis ú ocLo partes, según ta urgencia,' y dada en forma de opia- 
i disuelta en la tintura, ú de otro cualquier modo, entre acoesioD y at- 
m, suprime la siguiente, 6 cuando menos le destiuye toda su mtiUgní- 
y violencia. 11° La quina colisaya es suporioi á las otrüs en la onni- 
de las gangi-enas, y con imperio absoluto sobre los períodos febrües re- 
le aun los sintomáticos, que naceu de cuneros, supuraciones etc., bien 
después repiten, como qne reconocen un origen permanente. 12" Para 
ar las recaidas es necesario contiuuar el uso de la quino, por ana 6 doi 
anas, tomando una jicara de su tintura por las mañanas, un. dia si J 
no, 6 dejando dos días intermedios. 



—159— 

limonadas frescas para atemperarle. Repetí la visita el 28 por 
la manana^ estaba enteramente despejado, muy tranquilo, y 
en conTersacionj pero el pulso conservaba cierta celeridad y 
carácter no muy perceptibles; pero sospechosos. Siguiendo el 
régimen de limonadas y caldos, con el que habian moderado 
los síntomas, le sorprendió á,las doce una nueva accesión; pú- 
sose frenético, con una resistencia insuperable á lo qué se le 
daba, pulso muy acelerado y sudor de medio cuerpo arriba. 
lío l^abiéndose prestado al uso de la quina por la boca, á ex- 
cepción de una jicara de tintura con dos dracmas de sal pur- 
gante, fcon la que hizo una evacuación biliosa, se lé |puso una 
aynda saturada de cascarilla, y se le aplicaron vejigatorios á 
las piernas. Persuadido de que el enfermo moria de su ante- 
rior constitución, se procuró sacarle un poco de sangre del bra- 
zo, no obstante el sudor sintomático que tenia: desmayóse en 
la sangría: más recuperado, se ordenó un poco el pulso, y el 
dia 29 amaneció algo mas tranquilo; pero ba.jo de toda la gra- 
vedad anterior. Creció la fiebre por la tarde: comenzó por la 
noche el sudor de medio cuerpo arriba, conservándose los ex- 
tremos calientes, y pereció en este estado. Si es verdad este 
aforismo de Hipócrates: in quovis morbo mente constare j etiene 
se haber e ad ea que offeriintur bomtm; contra vero' málnm.^ect. 
ti. aph. 39.: este otro Quocumque autem modo intermiserint 
fehrespericulum ahesse significatun Sect. IV. aph. 43., ¿ó debe 
entenderse sino con muchas restricciones. Y si en este enfer- 
nio hubiera tenido presente que era tiempo de tercianas, y que 
cuando se extiende alguna epidemia, es regular estén contagia- 
dos los que son acometidos de una enfermedad dudosa en sus 
principios: si hubiera meditado que unos síntomas como los 
que él tenia, no podían haber rebajado tan presto sino en una 
intermitente; y analmente que el pulso alto, elevado y reduci- 
do á su estado natural en la remisión, es elque caracteriza las 
tercianas seguras, pero que el pequeño, blando, ftecuenté, 
acompañado de síntomas funestos en la accesión, y que en la 
remisión conserva todavía cierta celeridad, es indicio de una 
terciana maligna: este enfermo socorrido en tiempo pudiera 
haberse salvado, como se han salvado cuantos he asistido, en 
el espacio de veinte años, de todo género dé intermitentes, aun 
las mas atroces, como lo son las lipirias, cardialgicas, soporo- 
s'as&.; y como en el mismo tiempo se curó de una intermiten- 
te apoplectica un anciano que pasaba de ochenta años. Mas 
en la atención que demandaba oste de mi, estuvo la desgracia 
del otro, porque siendo él el virey del Pera marqués de Osor- 
^ó, y hallándose en el puerto del Callao á dos leguas de la Oa- 



V, —160— 

pitftl, no pude descubrir con tiempo el carácter de la enfcr- 
medady y riesgo en que estaba el primero: Por esto ha dicho 
Oeíso: exhis autem inteligi oporütáb uno medico multas non pos- 
se.cürq^ri: eumquCy si artífex est^ idonmm esse qtnnon múltum áb 
agfo reoeííit. L. 3. c. 4. i x 

4 Observación 2* En el mes dé Mayo asistí á nna mulata 
de cuarenta y cinco años de edad, que estaba acometida de 
una terciana afónica, esto es, de una terciana, en que perdía 
If facultad de hablar en todo el tiempo de la accesión. Con 
dos sangrías que se le hicieron y el uso de la quina, quedó sa- 
na al cuarto periodo. 

5 Hábia en este tiempo algunas viruelas pequeñitas, y, aun- 
que nó todaá, de mala calidad. Las erupciones de este tiempo 
deben suponerse abortivas, fuera de su estacioQ natural, que 
es la primavera, en que van los humore's á la 'superficie. Asi 
no pueden seguir bien su eflorescencia y maturación, y están 
expuestas á retropelerse á lo interior: al contrario que en el 
estío,'en que la suiíerflcie de la cutis está floja, y si algo en- 
tonces puede dañar, es que el calor fuerce su maturación y las 
pudra. Según esta consideración parece que el régimen ca- 
liente conviene en ellas en el invierno, y el frió en el es- 
tío, componiéndose de este modo las opiniones, y observacio . 
ijíes encontradas de Morton, y Sydenhau. ^que teintrarium 
est, tempore hiberno, aut tempestate algente perfngefacere cegrotañr 
USj aut eorum languidam vitaUtatem restinguerey quam iBState 
eospreepostere^ et torrere jUtmmce quasi oUxim ad jicere: Burser. 

é Las observaciones de este año me acreditaron lo que dice 
el secundo autor, de que en los infantes y niños preceden 

S luchas veces los insultos epilépticos, y convulsivos al brote 
e viruelas benignas. 

7 Observación 3? Una niña de edad de 0£5ho años, y de 
cpnsjbitucion delicada, padecía de dos años atrás una sarna- 
Berpética que le cubría las piernas, y se resistía á la curación. 
En los meses de Abril y Mayo le hice sangrar dos veces, y 
ptras tantas le administré remedios i^argantes, tratándola en 
los espacios intermedios con baños tibios, y bebidas dulcifican- 
tes, sin mayor alivio. 

, 8 A principios de Junio la sorprendió la calentura variolo- 
sa, y quedó enteramente limpia de las pústulas herpéticas y 
sarnosas. La hice poner al régimen corriente de las enferme- 
dades agudas, Secc. IV. *^. II. m. Hacia el día cuarto apün- 
iojéoxí 1^8 viruelas formando tetillas blanquisoas, que reuaién- 
dpáe im^ á otras componían vq^rias isletas con un hoyo en el 

medio. Una sola de esta oubria toda la frente: otras se hallan 



^' V -161- 

háti Mparcidás por el cuerpo, y en mayor número en las pier- 
na». El pulso estaba blando, y la cutís blanca, y el progreso 
dé las. viruelas era tan lento, que en el octavo di a no daban 
fndicuos de elevarse. Entonces le hice dar una dracma de me- 
qunio por la mañana, y otra á la noche, y bufaron las islas 
Bubdividiéndóse en islotes, que al dia pnce eran otros tantos 
nianaiitiales de materia en la cara, y de sanie hedionda en las 
piernas: é hice que sé le limpiasen con baños templados de un 
cocimiento de malvas, mezclado con \ma parte de leche. 

9 £1 dia catorce se secaron de improviso los manantiales 
de pus y sanie, y sobrevinieron evacuaciones repetidas, sed in- 
tensa, lengua roja y seca, postración de fuerzas, y la gaügre- 
iiaap4?*^ció ^obre varios puntos de las nalgas: las piernas se 
einfiltraroi) de la ^anie suprimida, sus carnes se afofaron y 
^ amenai^áron desprenderse. En tan triste situación mandé dar 
á la enferma tres tomas de tintura de buena quina entre dia, 
en cantidad de cuatro á seis onzas, endulzada con lamedor de 
altea, y de espíritu de vitriolo dulce, lo suficiente para que la 
comnnicase un ácido grato; el número de veces en que se da- 
ba la quina, estaba arreghoído al mayor ó menor peligro de la 
euieripa,la que bebia limonada encima de ella. Hice tocar las 
úlceras gangrenosas con miel rosada, mezclada con espíritu 
de Vitriolo ácido, que no siendo suficiente, substituí el de sal 
marina casi puro: este fijó las carnes podridas, y formó la es- 
cara que se desprendió después, aplicando planchuelas unta- 
das de nñ ungüento compuesto del amarillo y arceo; renacie- 
ron las carnes y se cicatrizaron las úlceras, substituyendo á 
las planchuelas de ungüento las de hilas secas raspadas. 

1,0 Las piernas fuerpn auxiliadas por baños de quina y man- 
zanilla, y polvos de la segunda esparcidos después del baño: 
las piernas se secaron y las carnes tomaron consistencia. Mas 
laa corbas se le pusieron encogidas y muy doloridas arrojando 
sanie, y aparecieron en los muslos varias escaldadura^^. Oon el 
bajTio repetido de cocimiento de malvas y leche, se quitó la ti- 
rantez de. las corbas, y con la clara de huevo batido con espí- 
ritu dé vino se secaron las escaldaduras, y adquirió firmeza la 
cutis. Del dia veinte en adelante comenzó la enferma á mejo- 
rar, consiguiendo una salud perfecta; pero quedándole nnanu- 
l>e en un ojo qie sufrió mucho de una fistola que se formó en 
el ángulo interno debajo del párpado inferior. 

il Observación 4? En este tiempo asistí á un joven que te 
nia unas paperas: desaparecieron estas dj3l cuello, transpor* 
tándosé el humor que la0 formaba al liecho, y oausándole fuer* 
Utóñ^j d^ando luego Ubre el pecho descendió al teste I 



—162— 
quiérelo y lo entumeció. Esta enfermedad fué benigna y de po- 
cos dias, y se curó por el abrigo, la dieta, y blandos diaforéti- 
cos, por no ser otra cosa que unas afecciones catarrales las 
enunciadas paperas, que á las veces se presentan con mayor 
gravedad, y aun con un carácter epidémico, según puede ver- 
se en la muv buena descripción que hace de ellas Burserio, 
Yolum. IILf OCOLVI. 

12 Como en el mes de eTuilio en la oposición de la Luna 
empezase la variación del tiempo, que causan los sures del 
solsticio, aparecieron toses con carraspera. La garganta se ir- 
ritaba, se ponia áspera y seca : pústulas ulcerosas aparecían 
tras el arco anterior del paladar: los enfermos arrojaban mu- 
cha linfa clara, como si hubiesen usado las unciones de mer- 
curio, y se ponían roncos: las orinas estaban claras y con nu- 
bécula, la lengua húmeda. Quitada la terciana con la casca- 
rilla sobrevenía á muchos esta cnfe:rmedad, y aunque ella no 
tné peligrosa, se resistía á la curación, y aparece que solo ce- 
dió establecido el invierno. ' 

13 Como apareciesen igualmente algunas erupciones, podía 
recelarse que las tercianas hacian crisis, depositando el humor 
en lívs. amígdalas, y prei)aran(}() una ei)idemia de escarlatas, 
segiin aconteció en Yiena en 1771. Ilaeii la Curó con su acos- 
tumbrado método de sangrías, Andrés K i rchvogelio siguió un 
rumbo opuesto: omitía his^sangrias, á excepción de en ú imo en 
otro adulto, en que parecí au muy necesarias', y administraba 
la cascarilla. El éxito fue feliz, y creyó seguir esta práctica, 
en cuanto la enfermedad era oriifinada de una epidemia de in- 
t^írmitentes. tie aqíií una])lopia (^])ideinia, curada en una mis- 
ma ciudad por dos excelentes médicos, el uno' recetando san- 
grías, y el otro oinitií^ndolas, y ambos asegurando el acierto. 
exp^rimentiim falax: Ilipocr. Do a(¡uí es que, como nota Bur- 
serio, nacía puede ser constíinte é inalterable en el método cu- 
rativo; el médico debe examinar con cuidado los indicantes y 
contraindicantes de los remedios paria prescribirlos con tino, y 
por lo que hace á las sangrías ha de notarse en general, que 
en las enfermedades en que mas bien que la copia, y densidad 
de la sangré, la.s famenta la' acrimonia de su suero, debe pro- 
cederse con parsimonia en recetiKlas, aun cuando la enferme- 
dad aparezca bajo de un aspecto inflam¿^torio.,Burser. Vbl. II. 
§LXXni. yLXXXIV. ^ 



—103— 



§ IIl. . 

INVIERNO. 



1 El inyiéxño entró vario. La mitad de Julio estuvo nubla- 
do y frío con garuá; creció el calor en la otra, hiriendo el boI 
en'algnnos dias'con fuerza. Esta constitución se mudó en 
Agosto qiie estuvo nublado, y garuó coü abundancia. Setiem- 
bre'trajo los dias varios, y la moUisna en 158 dias que cayó era 
lifjera: se séritia ffio vivo en especial cuando no garuaba. Los 
safes 'del solsticio duraron liastá el 11 de Julio: el 12 sopló con 
viveza, y cayó lluvia fuerte. Eí resto del mes estuvo sereno, 
menos él diá 25,' en qué sopló él sur. Agosto sereno. El sur algo 
activo énlos dias 3, 4 y 26.' Corrió N- el 26 y 27. En setiem- 
bre soplaron los S. Q. a Tá ínañaña: los sures con actividad el 
10, 14, 15 y del 25 én adelári'fé. El 2 y 3 hubo norte. El rio re- 
punta el 25, y bajó él 27. 

2 Las enfermedades de Julio fueron aügiuas, y erupciones 
de sarpullidos cxantlie)iiata milliaria de ílíl caíácter benigno; 
pero rio obstante, si los qué los habían padecido se exponían 
intempestivamente en la convalescencia al aire frió, les sobre- 
venían las hincliázones que padecen en semerjantes casos, los 
que han tenido iB^púrinira 6 escarlata^ que á las veces se com- 
plica con ellos.' Debianse seguramente estas erupciones á la 
efervescencia de los humores, causada por los dias calorosos 
que sobrevinieron en el mes de Julio, y que arrojando a la su- 
perficie del cuerpo sus partículas acres para ser transpirados, 
quedaban allí detenidas por el frío, que alternando con el ca- 
lor impediá su transpiración. 

3 Las lavativas para descargar las primeras vías, las san- 
grías oportunas y el régimen atemperante, y moderadamente 
diaforético surtieron buenos efecto^. En los que se hinchaban 
en la convalecencia, aprovechaba darles todas la mañanas uña 
ó' dos cucharadas de una composición de dos onzas de jarave 
solutivo, mezclado con dos dracmas de oximiel esquilítico, ha- 
ciéndoles beber encima un vaso de cocimiento de grama tibie. 
Este remedie les promovía el vientre y las orinas. En algunos 
el oximiel causaba pujos, po^ lo que se hacia necesario mode- 
rar su cantidad ó quitarle, dando solo el lamedor y el agua de 
grama. Es de aduertir cpie en tma epidemia gravisvnm de escwr- 



iatasy ^ue sé padeotom e$ta ciudad el año de 1794^ aigunoi de toi 
hinchados padecian respiración dificil y fatigosa^ que se^aumenta' 
ha por la noche^ en ctt/yo chao aproeecMwa la sangría. 

4 Observación 1? Un religioso de San Juan* de/Dios, mi en- 
fermero en él, robuéto y grueso, tenia por enfermeidad las ci- 
catrices de unos laihparones que le hablan salido, y se cura- 
ron por el uso interno del sublimado, cortándose los bordes de 
las úlceras con tijeras, y consumiendo los fungos con lechinos 
de sublimado. Este, pues, quedó macilento de resulta de ha- 
ber disecado el cadáver dp un negro varioloso bien podrido. 
Pocos dias después disecó otro afecto del pecho, del cual se le- 
vantó un vapor hediondo de una apostema, que se rompió en 
el pulmón. Al punto le acometió un vehemente dolor de ca- 
beza, y al dia siguiente amaneció frenético, y con una man- 
cha de escarlata que le cubría medio cuerpo, desde la coroni- 
lla de la cabeza hasta la ingle en el lado derecho: tenia la len- 
gua roja y seca, el pulso di;iro, y vehemente, y el vientre muy 
constipado. Auxiliósele al principio con ayudas, tisanas atem- 
perantes, y cuatro sangrías, en las que la sangre salió muy in- 
flamada. Pusieronsele sucesivamente dos vejigatorios á las 
piernas, que obraron bien, y se le daba una bebida de suero 
con una onza de tamarindos en cada dos ó tres dias, y se le 
echaban sus correspondientes ayudas. En el curso de la enfer- 
medad empezó en la primera semana á desaparecer la escaria* 
ta, y á aumentarseel delirio. Ministraronsele unas cucharadas 
de mistura antimonial: el efecto de esta fué hacer revivir la es- 
carlata, moverle el vientre eon moderación, y excitar nn^ 
náusea que promoviendo la salivación disipó un embarazo li- 
gero, que tenia en la garganta; pero levantándose de nuevo 
los síntomas de irritación aumentada, se le hicieron dos san- 
grías mas: la enfermedad siguió declinando, volvió la razón 
hácii^ el dia 14, y en este apareció un gran tumor en el cuello 
sobre las cicatrices de los lamparones, que se extinguió siguien- 
do el régimen anterior, y con un aposito emoliente. El 17 es- 
tuvo el enfermo libre del mal. En la primavera quisieron re- 
toñar las escrófulas, v fueron reprimidas ^r el uso dilatado 
de la quina. 

5 Prevaleciendo en Agosto el frió y \q, lluvia sq hicieron 00- 
muñes las disenterias, y aunque no formaron una epidemia 
mortal, hubo con todo varios enfermos en quienes tuvieron un 
fin funesto. Estas disenterias se presentaban generalmente en 
sus principios con un carácter inflamatorio. En este caso era 
necesario seguir enteramente el régimen antiflogístico, nüen^ 
tras subsistía el dolor permanente sobre él vientre, que ae aa- 



—íes- 
mentaba al tocarle, el calor y la fiebre. Las ayadas emolientes 
repetidas con pmdencia, para evacuar los intestinos gruesos: 
los alimentos delgados atemperantes Seo. lY. ^ IIL . . 7. . . II 
el 'WkguB, de pollo, y otras bebidas análogas Sepe. IV. ^ IV... 4, 
eou los fomentos emolientes al vientre, y sangrías dé los bra- 
zos, repetidas según las fuerzas del entermo, y gravedad de ' 
los síntomas, son los medios .únicos que aprovechan en igua- ^ 
les casos, en los que deben desterrarse enteramente los vomi- 
tivos, los astringentes y los opiados. Jjqs disenterias de est{i 
clase suelen tomar á veces un movimiento tan precipitado, que 
sin poderlo remediar terminan en la gangrena, principalmente 
por el temerario abuso que hay en este pais, de apUcar ino- 
IK>rtunamente las curaderas irritantes y astringentes, á título 
de que la enfermedad es un Vicho. Stulti sua culpa periere (1). 

\\\ Vicho. La enfermedad qae se nombra Vicho, es peculiar á los paisea 
ealientes y húmedos de la América meridional. £n el Brasil y Orinoco le 
dieron este nombre iK>r estar persuadidos sus moradores á que algunos do 
loB ixuectoB, qae llamamos en castellano bichos, se introducía en el ano y la 
causaba: y como sea frecuente en los valles del Perú, se denomina también 

''mal del vidle.'' Consiste él, Seco. lU. $. I 40, en que aflojándose el 

mÚBcnlo orbicular del ano, se sueltan sus- pliegues y se abre con exceso. 
Ekte accidente acompaña á tres diferentes génerois de enfermedades. 

Primero. Es nn síntoma esencial de una fiebre maligna, que describe el 
P. Gumilla en su via^e al Orinoco, tom. 2. pág. '^. £8ta fiebre comienza 
eon un sopor profundo, al que siguen el vicho y las convulsiones. £1 enfer- 
mo las padece primero en el brazo izquierdo, y luego en el derecho, y mué- * 
Te á las Teihtionatro horaS; sino ha podido curarse enti-e ellas. Su remedio 
principal consiste en introducirle por el ano rajas de limón agrio, y darle el 
mmo por la boca. Según dejamos anotado, Secc. 111. (. 1., el vicho en esta 
eireunstancia consiste en una atonía de los nervios gástricos, que para re- 
cuperar 8U tono necesitan ser estimulados por medio del ácido de limón, ú 
de otros estimcdantes, como el agí, y las aguas salobres; y fortalecidos por 
-loa astringentes, como las cascaras ae granada, rabo de zorro, (*) cogollos 
de guayabo, (**) huesos de palto (^**) etc. de que usan en nuestros valles 
en dysteres. 

Segundo. Bl vicho es síntoma de im tenesmo que describe Pisón, Medie. 
BraS. Lib. 11. cap. 16. £n este caso retenidos los cíbalofe ó escrementos 
dnros, por una fnei-te constricción de los intestinos gruesos, se dilata la boca 
del recto, de la manera que se aflojan los esfínteres del útero y vegiga de la 
orina cuando sq contraen sus fondos. Los remedios en este caso son la san- 
gría, si el dolor y el pulso la demandan, y los cocimientos emolientes to- 
mados por bebidÍM y ayudas, haciendo excelentes efectos el aceite minis- 
trado con repetición en unas y en otras. 

Tercero. Él vicho es síntoma de la disenteria, así de la inflamatoria como 
de la pútrida. £n la primera es el resultado de una fuerte inflamación, en 



[♦] "Heliotropium peruvianum.'' 
(••) "Psydium pyriierum." 
{•••) *Xaurus persea." 

TOM. VI, LlTERATUEA— 24 



—166— 
i6 Guando calmaban los síntomas de inflación y ] 
cesidad do evacuar el vientre, lo que es común, se e 
dando al enfermo un dia sí- y otro no un vaso de suei 
se disolvía una ODza de tamarindos, y se endulzaba' 
car, ó con cualquiera miel suave, y en defecto del t! 
se ministlraba el Crémor tártaro. También es nn ten; 
ve mezclar tma onza de maná limpio con dos onzas 
de almendras, y darle á cucharadas, bebiendo agua t 
ma; 6 el equivalente de a<!eite fresco solo, 6 mezcladt 
car, 3 que b^o de diferentes forpiaa ministran con t 
to en este pais, baciendo tomar al enfermo caotid» 
de malvas tibia, y echándole á las cinco horas una ó 
tivas, paia que ayude á su operación. Es menester i 
solutamente el sen en esta enfermedad, como solia h¡ 
denham, pues Hilari ha experimentado malos efec 
uso, lo que me ha conSrmado la práctica. 

7 El punto principal de la indamacion en la die 
que se agangrena primero, es el arco que hace el col 
bí^o del ombligo para terminar en el intestino rect 
eso aquí sienten los enfermos la fuerza del retortijoi 
mismo se levanta aquel movimiento convulsivo, qt 
dejarle pasar se comprimen los enfermos el estoma^ 
de sigue al esófago produce el hipo, y prenuncia 
guiar la gangrena y la muerte (3). 

8 Guando las evacuaciones acaecían sin señales ú 
don, y principalmente sin el dolor permanente al vie 
solo venia al tiempo de la evacuación; pero que lúe 
taba dejando la barriga ñoja &. y por el contrario se 
ban las de cacoquiMa, entonces el vomitivo era .el r 

qae lae fibras carnosas son las mas expuestas á corroerse, alcen 
grenarse, i>or cujra cansa el esflnter se afloja, y el ano se ab 
circunstancias conviene el método curativo de la» disenteria» ii 
y loa ayudas Irritantes que aplican intempestivamente nuesti 
causan funestos daños. (****) En las evocuacioneB pútridas 
puede reducir al primer género que describe el P, Gumilta, y ai 
evacuadas las materias corrompidas, cuyos aires sépticos- an 
potencia nerviosa, entran bien los estimulantes y tónicos que 1 
vivir. La quina en este caso, como en el de gangrenismo, p: 
bnenos efectob. 

(2) Mercurio Peruano tom. í 

(3) Es menentei' no confundií 
ntestinoaen las disenterias, w . . ^ 

aire «zietente en ellos, cuando comienzan las disenterias, y que 
cia el riesgo que el primero. Mercurio Per. tom. 3. pág. 126. h 

('••*) Mercurio Peruano, tom. 3. pág. 128. tom. 9. pág. 30. 



—167— 

pecffico de ellas y que debía administrarse con la poi 
cipacion. Ud escrúpulo del polvo de Cartagena toma 
vez; 6 lina dracma infundida de noche en caatro onzi 
tibia, y colada al dia siguiente para que se tomase t 
nos han sido suficientes para hacer vomitar: mas si 
la infusión del polvo que quedó de lá primera al se^ 
y en el tercero se ministra el polvo mismo, se eons 
buen efecto, porque por lo regular los enfermos v 
primero y segundo dia, y en el terceío el polvo los e 
abajo. Guando oo haya Cartagena, se dará cualqui¿ 
cion del antimonio en la debida dosis. 

9 Entre estos evacuaciones suelen presentarse alg 
no reconocen otra causa que un humor delgado acn 
muía los intestinos, en este caso el aso del agua de 
ó dos veces al dia, en la que se haya dJsuelto un esc 
goma arábiga, ó de tragacanto es buen remedio. 

10 Cuando las evacuaciones y sangre contínüai 
mera laxitud de los intestinos, entonces es muy ú 
miento de simarouba. Es también ventajoso min 
granos la cartageua, uniéndola con la mitad ó cuait 
opio, ó con mayor cantidad de la tierra japónica, j 
de rosas, ó de goma arábiga, como lo hacia el Dr. Bu 
continuaba dando este remedio hasta que el vienta 
ñia. Mas si prosigue obstinada una mera diarrea, es 
sobreseer en el uso de la medicina activa, y poner s 
á una dieta corroborante, cuidando principalmente é 
te el resfrio, porqne siendo la disenteria ima enfermed 
nere al catarro;jamás podrá ni precaverse, ni curarse, 
el mayor esmero en el abrigo proporcianado, para ( 
de que un nuevo resfrio sostenga ó haga revivir la en 

11 De aquí es que cuando una disenteria viene so 
to es, sin complicaciones inflamatorias, biliosas, &. : 
una mera resulta de un resfrio ó catarro, se cora coi 
decir, por las lavativas que descarguen el vientre, y 
dios que muevan la transpiración, y así este es el 
en que aprovechan'los opiados, y también los vejigat 
cados al hipogastrio, ó debajo del ombligo, y que 
sirva de ejemplo para los casos complicados, se hat 
las esperanzas de los médicos. 

12 En Setiembre los catarros eran mas fuertes, la 
se fijaban dolores al costado, y habia expntos < 
Habiendo menguado la garúa copiosa de los meses 
era sensible el frío, y la inclinación de los hamores 
al pecho, Es verdad que algaooa de loa qae pareóla 



—168— 
eos tenían, según conceptué, en el hígado la rmz 
medad. Otros adolecían de fiebres con recargos 
acompañados de doliño, el pulflo poco tuerte, j 
puerca y húmeda. La sangría ora conveniente en 
medades, y la sangre salía cubierta de costra infla 
los enfermos de pecho aprovechaban los baños til 
usados de parte de noche, las horchatas demulsen 
na^ y en todos los enfermos de esta estación era i 
tante que el vientre estuviese corriente, por ser de 
inflamatorias las flebres que padecían. En el e< 
Setiembre hubo como regularmente sucede, algui 
tos en las mugeres preñadas, y en los que_ corren 
go porqae suelen ponerse apopléticas y perecen. 1 
oportuuas y el tártaro emético, dividido en peque 
ministrado de cuatro en cuatro, 6 de seis en seii 
salvado á algunas; mas tanto en la administracii 
remedios, cuanto en la de los demás que se 8pli< 
casos peligrosos, se necesita de un médico ezperin 
los dirija. 

§. IV. 

PRIMAVERA. 

1 Esta primavera ha sido húmeda y vana. Las , 
copiosas en las mañanas, y se alternaban con di 
nebulosos, hasta que cesaron hacia el 8 de Novíen: 
jigBto de tiempo hasta el solsticio, fueron los días 
>»or parte varios, y algimos de soles. Los vientos 
tvana faeron en Octubre S. O. suaves, el norte sop 
la el 4 y 29. Los sures en la tarde fueron vivos ( 

arto dei mes, en Noviembre prevalecieron los í 
con fVierza el 7, 8, 12, hasta el 17, y el 22 y 29: el si 
actividad la mañana del 18, y las tardes del 17 y 1 
bo calma. En Uicienibi-e los vientos do la mañana 
al S. O., y este fué activo con ueblína el 6. El sur 1 
yor fuerza en las tardes del 5 13 y 19 en adelante. 

2 El rio repuntó el 2 de Octubre, biyó el G, y vol 
incremento en la oposición de Diciembre. EU lae 
fines de Noviembie apart'cieron al norte muchos re 

3 El 28 derOctubre dia de conjunción, se despej 
las 10 de la mañana, y á las ]2 del dia sucedió c 
que hemos hecho mención, Sccc. I. ^ Vn..... L La 
en esta primavera fué hermosa, cubriendo nnestn 
sus preciosas flores. 



—169— 

4 Las principales eiifennedades eran los catarros, y en es- 
pecial á ñnes de Octubre y en el mes de Noviembre, en qne 
formaban perínenmoniaa biliosas. El carácter de la fiebre era 
ardiente, la lengua húmeda y puerca, el pulso se presentaba 
blando por la gran dificultad de respirar, á la que acompaña- 
ba una especie de ansiedad 6 angustia, que-no permitía 
tarse á los enfermos: y era mayory mas funesta qtie la q 
otaros años acompaña 6. las neumonfas, y provendria qni 
la hmnedad del tiempo. Em preciso sangrar pronto á k 
feípioa con proporción á sus fuerzas, moverles el vientri 
ayadas y bebidas oleosas, y que usasen una tisana emolí 
Aunque no bizo muchos estragos esta enfermedad, los q 
padecían tenian una convalecencia larga, quitándose poi 
dos mínimos la angustia. Y si el dejar de sangrar como t 
bido, expone los enfermos á perecer,, el excesivo núme 
sangrías debilitándoles el estiSmago, les causaba fuerte 
siedades (1). < 

[11 Las "plftureBÍas y pormennumias" tlescritaB en primsTera, son 
regnW miiy fuertes, Sec. III. {. I. 27. El dolor ocupa el esternón, i 
tiende & los lado* cane&ndo opresión, y no se fija precieaniento & un ] 
Lb cnracion qae hemos indicado en el t«xto no siempre llena uuestn 
«eos. Haiimiliauo Stoll doscnbe estas mismas periuoumoniaa, y las 
den. Primero, como meramente "saburralea," y do»le rf priucipio i 
tra el emético ron felices efectos. Procura que el vientre esté corrien 
tes y despnes de él, dando la tisana de cebada con el oximiel y dfgui 
nentra: repite el emético si hay necesidad, y la curación la concluye i 
trando al enfermo cocÍmient« do hinojo "anetum fceniculam" con el o: 
esqoilftico, y el antimonio diaforético, 6 en lugar de ést« la solución di 
taro estihiado en pequeñas dosis, con el que se rcmed'a la dificult 
respirar, asi como con toe amargos y estomacales. Segundo, "biliot-o- 
nuriorias:" en este caso deben preceder una ó dos songrfaa r1 emiít 
aunque la sangre salga cubierta de costra inflainntuiiii, le adutiuiatr 
baen efecto: después del emético si es preciso vuelve á sangrarse el ' 
mo,y entonces produce mas atUidad este auxilio, el cual si es ncc 
puede alt«mar con el emético, Begun lo indiquen la inflamación y la f 
ra. Sobre la parte dolorida aplica una cataplasma «'moliente, y coi 
cata e&fermeuad al tocar el vientre so auuicuta ul dolor, do «ine IíIh: 
vomitÍTO, concluye, que no "todo dolor agudo que se aumenta por Is 
NOQ debe reputarse por inflamatorio:" y de la experiencia saca que tu 
diarrea sintomática puede ser considerada dañosa en los pleorfticos. 

Ha cunoto al uso de vejigatorios distingue StoU tres especiea de pl 
Óai, J' la rigorosamente inflamatoria, 2T la biliosa, ó saburral, y S" L 
mitíca. JuEga dañoso en la primera lii aplicación delisvegigatorioa, 
traa qne con la inflamación sLibsist« la tennion de iun .Ibros: los aplici 
qns cCestraida la inflamación haya caido el enfermo i'n atonía, que nc 
descargar sus pulmones ocup.idoe de moco glu< inoHo: tampoco aplica 1 
^gatonofl en la pleuresía biliosa, aiiti-s que los eméticos hayan arroja( 
materias sitbarialeB, porque el vegigatorio excita fudorea, Ids que c^r 
el vientre se hacen peijudíciales; pero después de limpios los intestii 
Bplicacioud» laa cantáridos, ayudada de bebidas tidlidoa abantes lii 



—170— 

irme avanza el calor en Noviemtre, po 
s, se suprime la transpirociOD, que ret 
e la generación, causó este año en a 
ioa de sangre. Bn este padecimiento, ; 
Igra del brazo; y el baño tibio suprime 
re. Aprovechan igualmente horcbataf 
mtea: á, otros el acre de la transpiraci 
ta cólicos, que aliviaban el abrigó, y 1 
ttmacales; y era preciso descargar el t 
los que estaban estreñidos ó padecían i 
iivieron evacuaciones en invierno, se 
garuaba. 

Í29 enfermos Que en todo este año ent 
}al hospital de San Andrés murieron 3 
ivierno fué la que causó mayor estrag 
)DG en lo general fueron benignas, y 
murieron de ellas, fué á causa de su i 
ir abuíío en la dicta. En la primavera 
pero con éxito favorable en su curacio 

imáticaa, promueve Ift eapecíoracion <le los espr 
> plcurenia reumática min» como especifico el a 
ieie se aplifiuen desde la primer sangría, aun<] 

•t debe ser consaltado porque ministra miicbf) 
to, y curación de nuestras pleuresías. En el in 
ral de la primera especie, 6 iuítnmatorias legíti 
I inflamatorias, y en totLis circunstancias comp 
láticas, como nacidas de catarros, y en un tien 
lét^do de Stoll difiere en especial del que nosc 
e él dÁ el emético para limpiar el estiímago, y i 
pie el aceite hace muy buenos efectos. Los ne 
>a & gravísimas poríneimionias, complicadas c,( 
azon de su dieta. Las sangrías copiosas según 
I necho, aunque el pulso parezca blando y deb 
almendras dado en la cantidad de cuatro onz 
' el vientre, ^repetido se^un la necesidad, son 
que se consigue su curación, que so promuev 
. dieta, bebida copir.M, y baños de pies tibios, 
or, por el cual so .iuzga regularmente la enfen 
Asa del a(^it« en la capital; pero debe evitars 
n los .jóvenes ai-dientea, y cuando hay movimi 
T<i>ío ptoduce incendio, agitación, etc. Me paro 
tuirse con mucha ventaja en la curación de las 
omo que mh'a mas diit;ctamcnto A satis'ñicer !a 
tros raalíís. Ma es necesario estudiar en el iluí 
' confianza con que dobo ministrarse, 
wn» moleitó á raachoa." El frío y la humedad 
luan oomeíonea, laipulUdos, y aarnaa; que ea 
UbuiourÍMi BQ Alivian mai^lio oon el uto da 



—171— 

ikDICACIOmSS A LOS OPÚSCULOS ACADÉMICOS DEL AUTOB, QUE 

SE HAN OMITIDO. 



Influencia de la Luna en la zona tórrida, pág. 23. 

" Hinc licet quam phirimi qui septentrionales incolunt mun- 
^V di plagas, influxum Lunse, vrresque in corpus humanum um- 
" bras delirantium, et somnia reput^nt; attamen populis late 
** sub tonida zona patentibus, non idem esto judicium. Obser- 
" yationes equídem sub diversis parallelis utrinque ab sequa- 
" tore circulo subque asquatore ipso catis homfnibus institutse^ 
" meridiana luce clarius ostendunt, eos praesertím, quos morbi 
" itii, redituque periódice fatigant, satellitis terrestri phasibus, 
" veluti infausto sidere plecti, Thesis de Lunae influra 1. c. 

Influencia en los periodos de las tercianas, y asmas ibid. y 
pág, 121. * 

" Sub cáelo Limano febres intermitentes perpesos, ad Lunse 
" mutationesin relapsus iré, a^quinoctiis imminentibus iiñpri- 
" mis experiundo didisci: sed mea de ásmate pericula, ita sce- 
" leniticum imperium firmant, ut omnem de medio tollant 
" dubitationem. Forsan utile esset absolutam eorum tiistoriam 
." sistere; verum tabella icnographica prima tantum rerum li- 
^^ neamenta fert. Sat meminisse erit dispnoese spccies, quám 
'^ convulsivam nominant, suos circuitus ita Lunae circuitibus 
" aptare, ut segritudine incipiente syzigiis, temporis prógressu 
" etiam quadraturis connectantur: feminas prae viris impetit: 
" acrius Luna cceunte, quam soli opposita, ssevit, acrius nhn- 
" bosa, quam tempestate serena. Pridie igitur phaseos diem, 
" ineunte ipso, postridieve, nescio quo mentís moerore, lassitu- 
^^ dinis, et inflatíonis sensu, paroxysmum passurus afflcitur, á 
" somno solamen requirens, post multam noctem súbito ex- 
" pergiscitur, aura frigidiore aflatur, et pulsibus hñmilibns, 
" celeribus, que horret, contremiscit veluti tertianarum frigore 
** tactus: inde pulsus effertur, et abdomen borborygmis obstre- 
^' pit. Qua diaphracma, a costis in spinam contondit, zona 
^^ pectus constringit, atque anima difflcile trahitür. 1. c. 

tomada tibia por la mañana, porque promueve la transpiración, 6 el yien- 
tre, y depura el cuerpo. £1 estío por la misma razón cura estas afecciolies, 
que cuando son rebeldes se destierran por el uso del baño marítimo. Mas 
si hay alguna complicación gálica es necesario ocurrir ál nao del mercurio, 
que las cora con seguridad y prontitud. 




•«í"»* 



■..rf-A 






^ 



.* 




—172— 
Introducción de la Vacuna en el Perú, pág. 149. 

^^ Imperii fines in ultimas orbis terrarum oras, favente victo- 
^^ ria ducere, ditiones longinquas subjicere, arces munitas, op- 
^^ pida fortisima solo stemere, magna hsec quidem sant, sed 
^^ humana. Popules autem a morborum f»trage liberare, yitam 
^^ pereuntibus largiri, pestes fugare, hominumque dies aogere, 
^^ non humana, s^ divina habentur, et praedicantur. Quod ta- 
'^ men, quale quatumque donum, sit, id omne majestati toaB, 
^^ et benefícentissimo numini, gabole bÉx, acceptum.ieferi- 
" mus. 

^^ Quam siqulden Peruvii regna late patent, tam mortíferiB 
^^ vañolis subversa, laniata, ruinis, et sepulcris foeda, misera, 
" depopulata jacebant. Oum vero, summo dbi beneficio, vacci- 
^^ na mortalibus conceditur, singulari pbikoipis kostbi pieta- 
^^ te in Americam deffertur. Eximia quadam animi celsitadine 
'^ a^rari angustias, belli calamitates, HispaniaB inopiam et eges- 
'^ tatem superante, largis sumptibus americanis snis, etíam teo- 
^^ tis silvestribus et nigris montium antris instar ferarom de- 
" gentibus, iré opitulatnm jussit. . 

" Spirat suavis vaccinaB favonius, lethalis pellitür lúes, no- 
" vaeque surgunt de tumulis urbes: ag'ri incultí et derelictá, 
" verteute denuo vomere glebas, virescere incipiunt, et reper- 
" entere coUes dulcísimos lallos, quibus matres teneros infan- 
" tes oblectant, et gratulantur. 

^^ En tua o bex niunera pro quibus academia solemni ins- 
" tituit, et non doctores modo et magistri, ceterique homines ' 
^' gratias tibi rependunt máximas; sed tabuldB etiam, et maiv 
" mora sensus nusquan habitura. 

" Ergo PATEB AmericaB, Peruvii delicium, gentis nostrse va- 
" nolis peritursB servator, Lycei limani prsesidium ac tutamen- 
'^ tum firmissimum, inclyte oabole dum nostras oras alluat 
^^ immensus oceanus, dum antium alta juga ¿eternis albescant 
" nivibus, intonetque ibi fulmen, tempestateque micent sono- 
^^ T9dj tamdiu in animis nostris impresa manebit, cum chara 
" nominis tui recordatione , memoria benéficií sempiterna. 
Actuaciones literarias de la Vacuna impresas en Lima año de 
1807. 

La sangría en las asmas inveteradas y demás males cróni- 
cos es perjudical en lo general, pág. 272 nota 3. 

" Oportet videlicet corpus vietum tonicis roborare, quomi- 
^^ ñus ^stuantis aeris impressionibus succumbat. Quos jnter 
^^ cortex ille noster, auró carior, miracula edit. Eo usque exhi- 
/ bendus est, et 48 horis ante lunas phasim de more repeten- 
,1 dus, doñee revolutionis sigillum nervorum debilitatí i 






y 



—17»— 
^^ ptiim, penitos deleátur. Quantum a vera medendi methodó 
" aberrante quilmorbis periodicis subactos venas sectionibüs 
'^ conficinnt I Hi, aedepol ! suas Neomenias hecatombe cele- 
^' brant, miserandos astmaticos^ hystericas, et epilecticos, Dia- 
" naéf mactando. De influxo Le.. 

Bá iM fiebres i>eriodico*inflamatorias deben recetarse las 
sangrías^ oportunas antes de mandar el uso de la quina, pági^- 
na ^282. Nota í. 

Observatio. "Nuper in consilium 01. Olinicorum, pbjéoíií?- 
" TOBis nimirum gabfielts morbki, Doctor. Villalobos, et 
" EGOAGUiBBE, ilustris Senatorios Oonjusris curam gerentium, 
^^ accitus fui. HaBC, qusB aspectu rubicunda, setate et sanguino 
'^ florebat, gestationis tempore tertianis duplicatis aflicta fue^ 
" rat^ vense sectionibus, et opiata corticis peruviani ab ili. 
^^ Masdebal commendata, saspius abactis. Fartu laborioso le- 
^^ vata, proximis diebus redidit tertiana illa, subdole pu'^rpera- 
'^ lem íebrem simulans: duplicatis paroxysmis quotidie incres- 
" cebat: caBphalalgia, narium levi hemorragia, tumoribus du- 
" ris, resistentibus, dolorosis, utrinque sub hypocondriis ja- 
^^ centibus stipata. A quibus ómnibus vensB sectione tribus 
^^ vlcibus instituta, clysteribus prorritatis intestinis, et opiata 
" denuo liberaliter exhibita, praeter spem incolumis Senatrix 
^^ evasit. Opiatas usu, tipsana antiphlogistica largiter supérbír 
*^ bita, excr^iones proliciebantur, et alvo soluta tumores dis- 
'^ paruere, a cibariis certe in coUi arcubus congestis, et indura- 
<^ tis orti. Ast aBgrae alteri, febre puerperal! inflammatoria de- 
*' cumbenti, opiatas usus, sanguinis mii^sione omssa, infelici* 
" ter cessit. Eecurrentes paroxysmi imposuerant Medico fe- 
^^ brem de tertianarum simplicium genere esse. Adeo interest 
^^ Olinice prius naturam morbi exqnirere, quam ejus moliri cu- 
" rationem ! De febre puerperali tipis Limas 1799.'^ 

OONOLÜSION. 



Pensé concluir la obra, que ofrezco al público, con un com- 
pendio de Materia médica del Perú; mas cuando reunia los ma- 
teriales precisos para su composición, se dignó mi ilustre Pro- 
vincia de Arequipa elegirme por su Diputado (1): destino in- 
compatible con este género de ocupaciones. 

Dejo á los hábiles jóvenes que he educado en el Beal Anfi- 
teatro de Anatomía, y Oolegio de Medicina, y Oirugia de San 



Íl] Para corresponder en lo posible á este honor y confianza, ten^o en- 
ladas ante S. M. y supremo Consejo de Indias diversas pretensiones, 
que miran á la mejor instxuocion y decoro de la provincia, y su capital. 

VL LlTBEATUBA— 25 



L7*- 
solicitud 
jyes (2) e 
licina' to] 
fínalizar 
i las Cíe 
e menesl 
idad, y qi 
ras de mi 
to. 



Salmo 1. 

? Baylio Pr 
lo» IV. 
r Maitines < 
ro Augufito 
[>robar la f 
ebajo de ai 
"es de Méi 
moría de 



DECADENCIA T RESTAUMOION DEL 

ORACIÓN INAUGÜEAL QUE PARA LA ESTRENA T ABERT 
ANFITEATRO ANATÓMICO DIJO EN LA REAL UNITEB 
SAK MARCOS, EL DÍA 21 DE NOVIEMBRE DB 1792, E 

JoSE Hipólito Unanub, catedrático de anatom 

CEETARIO DE LA SOCIEDAD. 

, '-Non ignsrs mftli, miseris anón: 
Virg.,^D. Ub. I.v. 630. 

Excmo. señor: 

Oaando la imíyinaciou me representaba la solé: 
gloria de este día, en que Lima y el Perú colocaQ e: 
pío de las ciencias á la diosa conservadora de la hu 
y se Talen de mi ministerio para principiar au servic 
magnifico Anfiteatro consa^ado por Y. E. á la ni 
vacilaba dudoso si la Divinidad ó el patrono, si Y. E. 
tomia, embargarían exclusivamente mi espirita y mi 
gado ya el momento dichoso, objeto de mis desvelos 
embarazo en la misma necesidad de rosolrerme. A 
la incomparable beneticencia, y en el esplendor del i 
biemo de Y. E., veo nacer las artes y las ciencias, f( 
y florecer en este benigno clima de la América; y t 
ocurriendo de improviso al rededor de mí cada nna i 
disputa á porfia que mi lánguida voz sea el interp: 
gratitud, recomiende sus utilidades, y paso á los si 
ros las glorias de Y. E. Hb sé á que decidirme. 

I O política, 6 ciencia de gobierno, tú me dictasl jy 
dré resistirlo? Proclama la restauración, la gloria 
La integridad, la prudencia, la justicia de su jefe, lo 
sobre el orden, lo edifican con hermosura y piopo: 



elevan al témiino debido de su magnitud (1). Labores aban- 
donadas por la ignorancia, arruinadas por la impericia; brazos 
multiplicados, y agobiados inútilmente; ensayos y beneficios 
por costumbre, ¡cuanto debéis á las nuevas luces, al cultivo y 



(l) Es diñcU ceñir á unas breves notas la relación de los importantes 
establecimientos que debe el Peiii al Excmo. señor Frey D. Francisco Gil 
Lemos y Taboada. Tocaré tan solamente aquellos que ocurrieren á la jj^lu- 
ma, y fderen mas análogos al objeto del discurso. Entre los establecimien- 
tos con que S. £. ha pretendido mejorar la policía del reino, merecen ser 
distinguidos los ejecutados en orden á, la limpieza y cultura de la OapitaL 
Lima cuyo temx>eramentolia áido en la plunia de diferentes sabios el hi- 
. -jiér1i)ol^ de la benignidad, se haUa reducida é ser la patria de las mas fu- 
nestas enfermedades; y el sepulcro de los naturales y extrai^eros. Si se 
inquieren con atención las causas, se descubrirá que la falta de celo páblico 
ha mudado las saludables cualidades de este cielo clementísimo. Lo prime- 
ro, ^r permitirse que las calles y plazas fuesen establos de los excrementoB 
y despojos de la multitud de cuadrúpedos que entran, salen y se encierran 
en ella, formándose por esta causa enormes muladares. Lo segundo, porque 
á las acequias que atraviesan casi todos los barrios, y arrastra las basuras 
de las casas, se les ha dejado fonnar á su arbitrio pantanos, sin cuidar de 
' dárseles otra circulación ni limpia que la desecación que hacen los ardores 
del estío. Lo tercero, porque estando los hospitales en el centro de la ciu- 
dad, con camposantos muy estrechos, y siendo muchas las bóvedas de las 
iglesias, con^ ventanas de comunicación, ó las caUes, ó al interior de los 
-conventos, se dejan los cadáveres casi al haz de la tierra. Lo cuarto, porque 
aunque en el siglo pasado se pn>hibió seriamente se introdujesen en la ca- 
pital partidas de negros bozales, por las pestes quehabiaiTcausado. (Escal., 
dart. 2, pág. 222}( en el presente se han admitido sin reserva. Lo quinto, 
porque los paños infectos de contagio, ó continuaban en la fiunilia, ó por 
una falsa piedad se daban á los pobres, etc. 

:La experiencia de, todos los siglos, y de todos los paises de la tierra, nos 
enseña que cada una de estas causas por si sola puede apestar al lu^ar mas 
. sano y perpetuar sus dolencias. ¿Qué hará pues la reunión de todas? Es 
acreedor S. £. á la mas tierna gratitud de nuestros conciudadanos por ha- 
ber empezado á remediar estas causas mortales. La primera con los carros 
dé liVapieza, establecidos desde el año anterior; lo segundo, con la supresión 
de acequias inmundas y formación de silos, que ademas de servir para el 
iseo de las crasas, podrán ser muy titiles en los terremotos á que está ex- 
puesta Lima, Sabemos ser menores y c^as raros los estragos en la Pepda, 
después que se introdujo el uso de los pozos profundos, ^bre la tercera, es 
constante cuanto se ha interesado S. E. á £n de que se formen los sepul- 
cros y osarios fuera de las ciudades, y cuanto por su orden ha declamado 
sobre este asiuitoel "Mercurio" (tom. 1°, pt4g. 116, tom. 2?, pág. 57, etc.,) 
pero auTL no han seguido las capitales el ejemplo de algunos de sus pueblos 
'subahemos. Sobre la quinta causa se vola con eficacia, y será seguramente 
demediada así la cuarta como otras que le son Riiálo,7as."Por estos cuidados 
la, salud del ciudadano gozará de mejor suerte. Co:no las capitales dan 
/siempre el tono á las ciudades de su dependencia, ya el Cuzco se lUMoe Hbre 
de sus inmundicias. Arequipa con una hermosa Alameda, y Tarmacon otea 
igual. Entre los estabh cimieutot» relativos á la seguridad, no se puede pa- 
sar en silencio la fábrica de los puentes de Huaura y Sania, que se ejecuta 
por 1^ sabias órdenes y arbitrios de S. E., ouya falta inteminipiael comer- 
cio y comunicaciones, y orginaba mil desgracias en los intereses y vidas de 
los que tnlfícan por esta canora, desde Lima hasta el vireynato de Sftnta- 
Fé. 



—177— 
sA fomento de la míneralójia, mecánica, arquitectnra, ñsica y 
químia! (1) Oiianto debéis al genio protector, que imitando 
M espíritu Yitul que flnjen los poetas (2), se defiende por las 
entrañas de la tierra, alienta los desmayados racionales que 
las liabitan, los reúne en sociedades (3), los saca de la miseria 
(4) V la ignorancia, y hace renacer al Pera con mayor opulen- 
cia! . 

Bel mortíü abismo de la inacción se levanta el historiador: 
repasa en su memoria las oscuras edades corridas desde la 
conquista ¿el mas rico de los imperios, da nueva vida y fija 
la suerte de las errantes sombras de sus ilustres antepasados, 
ultrajados por el olvido. El filósofo contempla todos los puntos 
lie tíüte fecundo país, y el magnífico espectáculo que le ofrece la 
naturaleza, electriza su alma, pone en movimiento sus poten- 
cias, vigoriza su mano, gímela prensa, y se propaga la ilustra- 
ción y buen gusto (5). ¡ Qué hermosa me parece la faz del Perú, 
después que v . E. tomó las riendas de su gobierno ! 

(1) Las ciencias naturales son de primera necesidad en el Perú, atendi- 
dos los ñutos que le ofrece, y han sido las mas olvidadas. No presentando 
giro ni 'premio, casi nadie las ha cnltívado; asi todo lo que depende de ellas, 
'ó se- ha dejado de hacer, ose ha practicado con. nn ciego empirismo. La de- 
clarada protección do S. £. á cuantos las cultivan, los vivos deseos de pro- 
porcionarles auxilio van introduciendo un nobl^ deseo y emulación de en- 
tenderlas. La fisica, la mecánica, la geometría, la arquitectura subterránea, 
laquimia y docimástica forman hoy las delicias de muchos que al abrigo de 
la. protección no pueden menos que hacer rápidos progresos que resulten á 
favor de la minería y la agricultura. Véanse diversos discursos sobre estas 
materias, insertos en el ''Mercurio. 

(2) Spiritus intns alit, totaque infusa per artus 

Mens agitat molem. 

Virg. 

(3) Sodedad mineralógica estüblecida en la ciudad de Arequipa en él 
año anterior. ("Mercurio." núm. 169.) 

(4) £n los asientos de Chota, Pasco, Huarochirí, Lucanas y Huantacaya 
se «stán estableciendo por el Real Tiibunal de Minería bancos de rescata, á 
fln de que los mineros tengan donde vender con reputación sus pinas y en- 
cnentren numerario á mano, evitándose de este modo que sufran pcijuicio 
en las primeras por parte de los rescatadores particulares, ó que paren en 
la'iabér por falta del segundo. 

(5) 'Con fiolo rejistrar los tomoa que ha dado á luz la Sociedad Académic k 
de Lima, fundada bi^o los auspií^ios do S. E., se manifiesta la favorable y 
repentina mutación de las ciunoian im el Perú. El historiador, el filósofo, el 
botanista, el estadista, el coaiercLMite, etc., han salido de un letargo fu nes- 
tOf y concurrido con sus luces á verificar el esmero con que S. E. promueve 
cuanto conduce á la ilustraciou del va-mUo americano^ según los designios 
de nuestro católico, sabio, am^ulo y piadoso luonari-n oi señor D. Carlos IV. 
"He observado (dice esto mouai'ca filó'iofo en la céilila de erecsion del co- 
legio de nobles americanos en la ciudad de Granatia, monumento de su 
grandeza y pie<lad para las Américas) que nada imi)i>rta tanto para la feli; 
eidad de las Américas como la universal difusión de las luces, y que dQ 
^iúgun modo puede ésta asegurarse, sino perfeccionando el sistema de co^ 




— lis- 
La relijion mrema siente este extraño y ©nerjico impnUo qnt 
todo lo agita. Abrazados sus apóstoles en un fuego divino se 
lanzan en el seno tenebroso de las desgraciadas naciones que 
rodean i)or el Norte y por el Sur (1), siendo el excelso LemoB 
el ángel tutelar que los conduce, bajo de sus alas protectoras, 
para que se aumente el dichoso número de los católicos, para 
que triunfo y brille la fe en el siglo en que piensa opacarsus ra- 
yos el vano esfuerzo de tanto espiritu inquieto y atrevido. Mis 
sentidos se conmueven con la novedad de los objetos. Mi ima- 
jinacion se acalora con las imágenes que en ella se delinean. 
Mi alma las contemi)la, se asombra, se arrebata, y exita á to- 
rnar el pincel. . Pero ¿qué subdito será capaz de formar el cua- 
dro? Habitadores de un orbe inferior, rodeados de una densa 
atmósfera, no podemos nosotros percibir la primera luz ni di- 
cernir los sublimes rasgos del ínclito genio que nos gobierna 
para darle su debida actitud y proporción. Solo el monarca, 
que desde una esfera á donde no llegan vapores que la empa- 
ñen, rejistrae los sucesos prósperos ó adversos de sus pueblos, 
vé el modelo exacto dejlas heroicas acciones de S. E. El ha si- 
do del real agrado del piadoso padre de Jlas Amóricas: ha me- 
recido que el católico, invicto, justo Carlos IV lo ensalce con 
todala enerjia que inspira á los augustos la complacencia de 
ki feliz suerte de sus vasallos. Calificación que eleva á V. B. 
mas allá del término de nuestros elojios. Sea, pues, el de 1» 
anatomía por quien deba rdsolv^erme. Sean las ventajas del 
Anfiteatro que se dedica á su enseñanza las que ocupen hoy 
mi atención y mi. voz. Contraído á esta parte de la gloria del 
tutelar de nuestras artes y piencias, aparecerá tanto mas bri- 
llante, cuanto fuese menor la facundia y vehemencia del pa- 
nejirista; no siendo la palabra sino la grandeza de la óbrala 
que debe recomendarla. ¿Y podrá ser mayoría del Anfiteatro! 
En ella está cifrado el mas firme, el maí» favorable apoyo de la 
felicidad del Períi. Ignorancia de la anatomía, impericia de 
de esta ciencia directora del profesor, tú has causado en gran 
parte la decadencia y miseria que hoy lo oprime. Conocimien- 
to de la anatomía, ilustración de esta ciencia conservadora de 
lí|. humanidad, tu le restaurarás su opulencia y esplendor. 

)iociniiento3 humanos en la generación creciente y en las que han de suc- 
ceder." 

Uüo (lo los objetos mas iiiteiesantes y menos atendido qae ha habido en 
el Perú es su njiv<í;(ac¡o:i Lostjintira. La Academia de pilotaje del puerto 
del Caljao, que por informes de 8. E. sfi ha dignado aprobar S. M. en real 
ónlen dü 1? de Noviembre de 17^)1, evitará con sus luces los quebraatoBJ 
desgracias que causaba la falta de instrucción de nuestros pilotos. 

(1 ) En el tomo 2?, G*" y 5" del ^'Mercurio" so refieren los progresos quo 
bnjo el glorioso gobierno y amparo de S. E. han hecho los misioaeroe £Áa- 
císcanos. 



—179— 
Los imperioa dilatados y ein moradores son cuerpos f 
ticos, cuya magnitud es un atributo iniajinario: son uní 
tas soledades, que lejos de aumentar la reputación del 
enervan su vigon son «na carga gravosa y perjudicial 
que sirven los pueblos arruiníulos? ¿De qué los paises fi 
sin agricultoresT ¡De que las minas poderosas sin opeí 
Faltando los brazos que aren los campos, rompan las en 
de la tierra y den impulso á las artes y al comercio, la n 
hará gemir sin recurso elpais mismo donde la liberal n 
leza ha derramado los tesoros de su inagotable fecuudid 
Tal es hoy la suerte, tal la condición del Perú; de aqu 
TÚ hipérbole en otro tiempo de la felicidad y la opul 
GoDBumidos sus moradores, solo presenta cilniulos de r 
heredades desiertas, minas derrumbadas! ¿Donde están 
líos pueblos de tan numeroso vecindario que sostenian 
• bertad, oponiendo huestes que equilibraban todo el podej 
Incas [l]í ¿Donde la multitud do ciudattes y villas en q 
héroes españoles quisieron perpetuar sn nombre y sus p 
[2]? ¿Donde los verdes sembradíos que hermoseaban I 
nos, las faldas, y basta las pendientes de los montes (3) 

(1) En la coeta, que es hoy lo laaa düspoltlndo del Peifi, de nolo I 
á TrajUlo, en qne están Ins proviuciiu) dn Cuñete. Cercado, Chanca 
ta y Tnyiilo, nabia cuatro régulos (¡ue i»ara siijeíar á cada uno de 
Be TÍ6 obligado el Inca Pachacut«c á foimar dos «ejércitos de ¿ trei 
hombrea cada uno, que altemaeeD en los afanes de la guerra; y cun 
trodino ^ ^ta en los Establos del Chima, rógalo de Tri^illo, se tí 
necesidad de reunir todas sus fuerzan y las de los tres régulos ant 
que salieron ti auxiliarle, como Be lee en Gainiilazo, tom. 1? Fruebí^ 
loa muchos indios que lialiitaban la costa. En los tiempos iuniediaC 
conquista, estaban «etuA lugares toa poblados, que por esta tazón s 
poraron en la Corona eu la difítribucinn de enromieudas. En gnlo la 
na de Aucallama, curato de la proviucia de Ohaucay, se numeraba 
ta mil indios tributarios desde la eiUtd do 18 A 50 aüon, según el P. 
dez, tom. 1.°, péc. 328, doude prosigue: "¡Pues ciiántos serian estos 
tas laa mngeresT Era hormiguero de indios el valle, y hoy apenas s 
rin seis ó siete originarios, que viven en&e sus ruinas, (ülloa, Enti 
20, pág. 361.) * 

(2) En la part« del Peni que ha quedado al virej-nato de Lima, 
meraban desde los tieiupon próximos á, l^conquista catorce ciudadeí 
tantas tíUób, que manifeetabau el incremento que iba tomando la pe 
española. En el dia boIo hay cinco ciudades y un igual número de 
que merescao el nombre de villas, hallándose el resto reducido á 
nes derribados, en loa que habita por la mayor parte un pequeño 
do mulatos, ó de otras razas análogas, cargadas de miseria. 

(3) Los indios, para aumentar el teiTeno cultivable, se volian do t 
dioe. El primero, fundando laa pobhuüones en las colinas y médano 
les para el cultivo. Segundo, igualando las quiebras de los cerros i 
dian ser regadas, 6 formando con sumo trab^o cuadros de mam] 
qne rellenaban con tierra conducida de otra parto. Eat'ks cuadros ib 
gestando á proporción que so aproximaban á la eminencia de loe 
Loa qne ocupaoui laa laldaa aolian contener ciento, doacientoa ó tte» 




—180— 
donde están los fecundos minerales, cuya fama conmovía á los 
cuatro ángulos del globo, y reunía sobre nuestras heladas cor- 
dilleras las naciones todas del orbe, sedientas de sus riquezas? 
Parece que cansada la tierra de la insaciable ambición con que 
la ajítaban los humanos, abismó de improviso con las vidas 
sus tesoros. Parece que al ruido de las cadenas del despotismo 
y la tirania, que arrastraba el hambre del oro, huyeron los na- 
turales á las cavernas, á las selvas inhabitables; y desampara- 
das las provincias, quedaron yermas, sacrificadas á la voraci- 
dad del tiempo. 

Esta idea funesta, apoyada de . algunos ejemplos, y adopta- 
da con lijereza, se quiere presente las causas de la despobla- 
ción del Perú; pero en la historia de sus catástrofes no se en- 
cuentra que alguna de ellas pueda haber orijinado tan espan- 
tosos estragos. Las momias sepulcrales indican por su integri- 
dad y postura ser de hombres muertos naturalmente, y enter- 
rados bajo las ceremonias pacíficas de supelijion [1]. En unos 
bosques habitados de fieras es rara la huella humana: en otros 
sus vivientes son orijinarios (2), y los negros caracteres con 
que se han pintado los poseedores de la América española, so- 
lo existen en la pluma de los que antepusieron al valor de con- 
quistarla el vil empeño de denigrar las ínclitas acciones. ¿Aca- 
so el hombre armado de las furias de Marte fué el xsljo devas- 
tador de estos infelices lugares? Ifo receléis, ilustres manes, 
dominadores del Nuevo Mundo, que mi voz turbe el silencio 
de vuestro eterno seposo. No creáis oscurezca el renombre in- 
mortal, los hechos esclarecidos, presentándoos á la vista del 
universo con un aspecto horrible, una alma feroz, y un cora- 
zón insaciable de la sangre Americana. Huyan de las esprecii>- 
nes dé la verdad tan infames calumnias. La muerte ensangren- 
tada precede siempre á los conquistadores, y su terrible segur 

fanegadas. (Veáse á Grarcilazo, tom. 1?, pág. 131.) Teroero, álos ceños 
areniscoB, próximos á las tierras de labor, les ponían los mismos eaadio^ 
pero solo cuanto eran suficientes para sostenerlos é impedir que se derrum- 
basen y las enterraseif. El reino está sembrado de ve8t\jios de esta antígoa 
y prolija agricultura, que ha ido decayendo en razón de la falta sucesiva Ú» 
loB agricultores. 

Íl] Bajo las ruinas de los pueblos del Perú se encuentraai muchísimos 
[iveres humanos, cubiertos de sus vertidos y rodeados de sus iguajes; lo 
que no proviene de que las hubiesen soterrado los temblores que han pie- 
cedido, sino de la costumbre que tenían de sepultarse en sus casas ctm su 
Testuario y alh^as (Consúltese á D. Antonio Ulloa, Entretenim. 21, pág. 
340,) lo que permaneció muchos años después de la conqi^sta. 

(2) Se cree generalmente que las montañas de los Andes se hallan pobla- 
das de innumerables emigrantes del Perú, que desde el tiempo de la eoft- 
quista se han ido acojíendo á eUas, para evitar la tiranía de los españoleé. 
Lo cierto es que aqueUos bosques están por la mayor parte enterameot» 
desiertos, y que las naciones errantes y esparcidas que han encontrado 
nuestros misioneroa en nada convienen con los indios del PenL 



—181— 
és la que corta ios lanreles que han de coronar sos siieneis. Pe* 
ro no fueron los del Perú que causaron las grandes ruinas y 
nüs^rias que hoy lo oprimen (1). Al contrario, los vestijios de 
las ciudades y villas con que mejoraron excesivamente cuanto 
habia consumido' la dura necesidad de la victoria, prueban con 
evidencia, que lejos de haber sido los actores, han sido las víc- 
timas de esta común calamidad. Sobre este cúmulo de destro- 
zos y escombros no aparecen las señales del hierro, ni las ce- 
nizas inestinguibles: trofeos fatales que orlan los monumen- 
tos del guerrero exterminádor del genero humano. Los melan- 
cólicos aparatos de la Parca que aquí reside; la amarillez pin- 
tada en el semblante de las víctimas que van á inmolarse en 
sus aras; la languidez mortal que por instantes les mina la sa- 
lud y la vida; sus gemidos, sus congojas, su. ansia por el auxi- 
lio; el murmullo de mil manos que se encuentran con el desig- 
nio de ministrárselo, y que aplicándolo acaban de extinguir 
los restos moribundos, cuando juzgaban animarlos; no son las 
insignias de las violentas explosiones del cielo airado de la ti- 
ranía de los hombres, ni de los rayos abrazadores de Marte. 
Son los triunfos de la ignorancia de la ciencia conservadora 
de la humanidad, do la ignorancia de la anatomía, que al 
frente del terrible ejército de las' enfermedades á ^arruinado 
nuestros pueblps, asolado nuestros campos y derrumbado 
nuestras minas, consumiendo las manos benefactoras que fo- 
mentaban su esplendor, feracidad y tíquezas. 

Kacimos para morir, y nuestra propia vida es la ejecutora 
de esta ley eterna. En continuo choque las partes que compo- 
nen el edificio de nuestra mortalidad, sometidas á la acción de 
los elementos que las vivifican, es imposible precaver las con- 
secuencias del movimiento, y evitar los debates y alteraciones 
de los cuerpos que nos rodean. Están estas íntimamente co- 
nexas con el sistema del uuiverso, y nuestras mismas cos- 
tumbres concurren á promoverlas. Asi es preciso que por mo- 
mentos se desarreglen las funciones del cuerpo humano y naz- 



(1) La aserción del lUmo. Casas sobre los millones de indios sacrificados 
por la esx^oda de los españoles, hace tan poco honor á las virtudes de este 

SiadoBo prelado, como á la verdad la del peruano Llanos y Zapata sobre la 
estmiccion de los españoles por los indios. fCart. Prelim., pág. 56. J No se 
puede ciertamente negar que estos han sufrido mucho así en li» guerras del 
reino como en las demás vejaciones de que se quejan, pues que la incom 
parable piedad de nuestros amables monarcas se ha expresado en términos 
muy vivos y enéijicos contra ellas en diversas cédulas. Pero si los san- 
grientos retratos que hacen las naciones extranjeras de la conducta de los 
españoles tienen sdgun ordinal, éste es sin. duda las inhumanas devastacio- 
nes que eUas han ejecutado en los infelices países de Asia y norte de la 
América. 

TOSL TI. LlTEBATUBA— 26 



—182— I 

ca en él las enfermedades, preludios del sepulcro. Es preci- 
so que desde I^ aurora que nos colocó en el número de los se* 
res que pueblan la tierra, seamos agobiados por el enorme pe- 
so de mil dolencias que nos llevan por instantes á los confines 
de la noche eterna. Pero, por un beneficio singular de la ado- 
rable Providencia, en nuestras manos están loa recursos, sino 
para evitar el supremo dia para que nacimos, al menos para 
alejarlo, entre tanto que la generación creciente pueda reem- 
plazar con ventaja el lugar de .la que fenece. Su infijiita libe- 
ralidad ha enriquecido los dos hemisferios de la tierra para bien 
del hombre, de suerte que si todo conspira á destruirlo, todo 
también conspira á sostener al rey de la naturaleza. Es la in- 
telijencia del profesor la que rije estos extremos. Si rasga el 
velo sagrado que oculta á sus ojos las leyes de la economía 
animal, si estudia las revoluciones de sus líquidos, si explora 
la simetría de los sólidos, conocerá el oríjen de la vida, las 
fuentes de la sanidad y los caminos de la muerte. Entonces 
aplicará oportunamente los remedios que arreglen las altera- 
ciones interiores; colocará y reunirá con tino las partes que se- 
pararon las extemas (1). Pues está demostrado con una evi- 
dencia metafísica, que el conocimiento de la estructura dd 
cuerpo es el fundamento de los aciertos del profesor (2). Asi 
por este medio salvará la vida á una multitud de raciouales, 
que podrán ser padres de mil generaciones ]Puturas. Mereoeürá 
las bendiciones de los pueblos, y el glorioso espítete de su res- 
taurador y conservador. 

Por el contrario, si sumergido en una crasa ignorancia acer- 
ca de este orden inefable, intenta reparar sus quebr^tos sin 
mas luz que su impericia ni otra esperanza que la continjen- 
cia, la muerte habitará en sus manos. -jPor ventura el Cria- 
dor Soberano, que por la armenia y magnificencia de sos 
obras indica haber querido borrar de nuestra mente la idea del 
acaso, habia de someter al imperio de este la conservación y 
restauración del cuerpo del hombre, en cuya arquitectura pa- 
rece que agotó su infinita sabiduría? No lo creáis: las naciones 
os harán reos de sus desgracias é infamaran justamente por la 
causa de su desolación. Si el navegante que se arroja á surcar 
el Océano sin conocimiento de^la brújula, los vientos ni las 
costas, es el autor del naufrajio que no se evitó por su Incapa- 



i (1) '^eqne hac ratione ignorare potest medicas (qni Btractnram ooipons 
noverit) quid benignior, quid prior sit natura, quid vita, quid sanitas, ct 
'morbos, quid ii>6a denique mors denotet; ñeque fallero iJülum potest caratío- 
nis et vertutis iu medicamentis ratio..[Hoff., Deusu Anatomes in praxi 
medica, tom. 6.") 

(2) Hoff., Suplem. tom. 2, pág. 121. Verum universee medioiji» pxind- 
piom in Btractora corporis humani mechanica repeiiundom. 



^ —183— 
cidad; si el general que expuso por su impericia las fuerzas del 
Estado, es la causa de sus derrotas y pérdidas, ¿con cuanta 
mayor razón lo se^á de las que sufren los pueblos invadidos de 
las enfermedades la mano temeraria por cuya ignorancia ó ce- 
dió la naturaleza al accidente, ó este se agravó é hizo mortal, 
ó resultó otro nuevo y mas violento! 

¡Desgraciado Perú! esta ha sido tu suerte. Abismado en una 
mortal ignorancia de la anatomía, faltaron en las provincias 
medióos intelijentes, y las enfermedades internas menoscaba* 
ron una parte de sus moradores. Faltaron cirulanos expertos, 
y las externas consumieron la otra. Introducidas en el siglo de 
las conquistas mil enfermedades extranjeras con el comercio, 
el lujo y la mezcla (1), vencieron ellas las nobles calidades del 
clima, y no encontrando obstáculos eficaces á sus progresos, 
premúeron en los regnícolas como el fuego en el bosque seco, 
cuyo estrago se aumenta á medida de su espesura y disposi- 
ción. Oontaminado el aire, la tierra y los vientos, varió el ge- 
nio y curso de las endémicas. Adquiriendo por la neglija^cia 
fuerzas formidables, las benignas se hicieron perniciosas, en- 
.tre tanto que las esparódicas y estacionarias aceleraban sus 
periodos. Llegó el tiempo fatal en que bajo de un cielo donde 

\1] El aguardiente, la introducción de negros y las epidemias de virue- 
las y sarampión han sido los rayos destructores que después de la conquis- 
ta han casi exterminado á los indios y concurrido á impedir la propagación 
de los españoles. Del aguardiente dice D. Antonio Ulloa en sus Entreteni- 
mientos, que mata mas indios en un año que las minas en cincuenta; que 
por BU inmoderado uso amanecen los indios muertos en las calles de los 

gueblos de la sierra, y que en la epidemia d^ año de 1759, que hizo terri- 
les estragos en esta nación, se conoció que era el aguardiente el que la ha- 
cia mortal, por cuya razón se prohibió su venta y cesó la mortandad. Los 
negros han introducido la lepra, la sama y el cancro, que estos últimos 
años se ha incrementado rápidamente x>or el peso que movidas del lujo lle- 
van las mujeres sobre la cintura, creciendo la infecundidad á proporción 
que él se propaga. La opinión mas bien defendida sobre el oríjen del gálico 
es deberse á los indios,- pero como en el Perú manifiesta la experiencia, que 
es rarísimo el indio que la padece, mientras que es frecuente en los negros 
y que están contaminados de ellas las partidas transportadas de AMca, 
eUos son, al menos por lo que respecta^ á estas rejiones, los que lo han con- 
ducido. Pero nada hace tanto destrozo en los naturales del pais como las 
viruelas y sarampión. Muchos autores, al ver sus estragos, han ocurrido á 
atribuirlos á la ira del cielo por las pasadas y presentes abominaciones de 
los indios, ^s cierto que todas nuestras enfermedades vienen de la mano 
soberana que nos humilla; i>ero si hubiésemos de reposar sobre esta consi- 
deración, sin poner nada do nuestra parte para remediar nuestros quebran- 
toSy se despoblaría la tierra. Creen otros, que impidiendo el brote de las 
viruelas el uso que tienen los indios de embarnizarse el cutis para libertar- 
se de las picadas de los insectos venenosos, los hace mortales. Desde luego 
esta es una bella razou.liablando de los indios desnudos que habitan en las 
montañas y bosques de la Amóiicáj pero no de los peruanos, en cuyo pais 
no existen tales insectos ni barnices. La verdadera causa porque son en 61 
tan fañestas las viruelas, es la que apuntamos en el cuerpo del discurso. 



—184— 
jamás habiah dominador las pestílencias (1) cada 
ana pente terrible, cuya insaciable voracidad ere 
con el curso dé los años; jQae horror dá estendc 
bre la faz del Perú! Las conTulsiones arrazan si 
hermosos pimpollos, c^a esperanza de una genei 
Las fiebres eruptivas son un astro maligno, cnyoi 
flujos no perdonan á la inocencia, al sexo, ni & 
en un pais poblado de bosques de cascarilla, cor 
mitentes, arrasándolo de un extremo al otro. 

Belante de la muerte marchan la constemacif 
ria. Oonveítidos en hospitales los pueblos, cada] 
un retrete sombrío en que el dolor, la necesidad 
cia ejercen á comi)etencia su funesto imperio. Li 
templa absorta al tiorr.o infante, á quien un im 
bíor ha sorprendido en su propio regaso. Los ojc 
dos, yá centellantes y vibrados, los miembros coi 
latados por una violenta y alternada aiitacion, de 
la amable imaien de la inocencia, y su voz def 
tristes gemidos, le anuncian el mortal veneno q 
lo estría entre sus brazos, lo inunda de lágrtm 
corre despavorida en busca del auxilio; pero ] at 
de este encuentra la barbara mano que consuma 
.Una fiebre dolosa acomete á este ó el otro indivj 
tomas líjeros nada anuncian de peligro; bajo de n 
ni^o engaña al mas sagaz, mientras que el tenu 
flciona los líqiddos y eólidos del cuerpo human 
fuerzas, pervierte de todos modos sus ñinciones, 
generalmente rompe en el mas terrible estrago, 
acre de sa género se introduce en la sangre jam: 
él, la ajita y descompone: desenvuelve sus semil 
mas, y por el movimiento de perturbación las lli 
ferixL Aqai es donde la inflamación que comenz 
rior acaba su triste excena; donde el dolor, el ñieg 
cion ejercen su ultima tiranía. Síntomas fácileí 
podres que consume en vida, sepulcro siempre f 
horror! qué angustias! su llauto,~siis gemidos, su t 
Los momentos son breves; la muerte se acerca; y 
liberal en recursos que nos arraii()UBU de sus braz 
estáis, profesores t>enéficos, á cuyas manos se con 
en su aplicacionl Vosotros los que habiendo c< 
fuerzas y la edad en el estudio del cuerpo humano, 

(1) En el tiempo de la coimnieta «o habi.t liYLilicion de p 
Berú, j ee encontramn mnchos ind¡<m de im siglo de «dad. 
194, 195.) La larga vida es i-irácter ile esta nación (Ulloa, I 
y la consiguen pasando de cien añOR, siempre qne escapen <l 
tniba, Vi^e. tom. 2, pág. 563. "Mercurio Peruano," tom. 5, 



-"186— 
las apariencias externas todo el fondo de las mutaciones interio- 
re^ vosotros á quienes la interna estructura manifestó las cau- 
sas y el sitio de las enfermedades, alumbró la acción y efecto 
de los remedios sobre ellas, enseñó á apoderarse de los mo- 
mentos presentes, augurar y precaver divinamente los futu- 
ros, ¿cual teatro se os puede presentar mas oportuno para ejer- 
cer las luces y la compasión, y hacer brillat el poderlo del arte, 
que un grande y opulento imperio en donde la muerte triun- 
fa, los pueblos s^ arrasan, y la miseria se introduce por falta 
de quien ministré con dicernimiento sus remedios saludables? 

Lejos se hallan de aquí vuestro diéemimiento y piedad: en 
el Perú no han tenido sus moradores otro asilo en las graves y 
frecuentes epidemias y demás accidentes qiie han padecido 
que la imx>ericia de los empíricos, el total abandono, y el bár- 
baro arrojo de los charlatanes: medios capaces de acabar i)or si 
solos el linaje humano. 

Los primeros que fijando su residencia en Lima, tenian el 
lugar mas eminente en la facultad, son pintados en el siglo de 
la conquista como unos hombres ignorantes, sedientos de oro 
y olvidados enteramente del bien público (1). En el siguiente, 
sus conocimientos prácticos se reputaban inferiores á los su- 
persticiosos que conservan los indios, y á los qué por uní ins- 
tinto automático adquieren los sirvientes de los hospitales (2). 

Fundáronse las cátedras para esparcir la luz de la enseñanza. 
Pero, ó porque la medicina no mereció aquella atención que 
las demás ciencias [3], ó porque al abrigo de las tinieblas del 

(1) £o el siglo de la conquista no había en el Perú otros médicos que los 
Tenidos de Enrona. £1 célebre Pedro de Osma dice de ellos á Monardes: 
^'Ob medicomm nuc á vobis commeantiúm magna ex parte negligentiam ct 
inscitiam, quibas publica utilitas [qnam tameu summan pra^stare posseut] 
cor» non est, sed nt qnsestai dnmtaxat serviant." (Epist. ad. Nicol. Monar- 
dis é Lii^a in Pera, ad 26 decembris 1568.) En ella misma asegura que las 
yerbas y demás drogas medicinales de estos países no aprovechaban por falta 

de método en su administración "Ex quibus sinc methodo ante usur- 

patis^ nnUum auxUium percipiebamus." — En el tom. 2 del "M^^rcurio," pág. 
72, cité esta carta^ y di razón de la i)rofesion de Pedro de Osma, á quien 
Monardes compara á Dioscórides. 

(2) En el claustro tenido en la Real Universidad de San Marcos en 1637, 
para resolver la fundación de dQf\ cátedras de medicina, se opuso el Dr. 
Monzo de Huerta, cate(lrátici> JubQjido de lengua quechua, por ser constan- 
te que los indios curaban mejor que los médicos, sanando á los que éstos 
habían desahuciado, y por haber muchos que por haber estado algún tiem- 
po en loe hospitales, de solo la experiencia qat* linn tenido curan muy acer- 
tAdamemte sin ser médico^, como Martin Saiii^hc^ y Juan Jimenes. [Libro 
4 de Claustros, pág. 185.J 

(3) En el siglo XVI, el gusto dominante de nuí»8tr;i nación estaba á favor 
déla teología escolástica, de la filosofía de ArÍF ^óte1<^) y del derecho civil 
de los Romanos. Asi en la fundación de la UaiverKÍ<lad de San Marcos, y 
en los tiempos sucesivos á ella, se erijió competente número de bien renta- 
das cátedras á cada una de aquellas facultades. Se establecieron ademas 



—186— 
^iglOj era fácil profesarla sin entenderla, nadie procuró pene- 
trar sus misterios (1). Oreianse demasiadamente instruidos loft 
que poseían un fárrago de recetas (2) adquirido poy una prac- 
tica grasera, 6 que juzgaban esplicar y ordenar por el hombre 
quimérico, que se habiau figurada en la mente, las leyes reales 
del cuerpo físico. En uno y otro caso corría un riesgo evidente 
la salud del pueblo. — No hay otro remedio eficaz que el que sé 
aplica en tieinpo oportuno (3). La distinción de los tiempos en 
la practica médica, depende de la contemplación y compara- 
ción de los fenómenos que presenta el cuerpo sano y doliente, 
el sólido vivo, natural, ó alterado en sus funciones: y siendQ 
aquellos el resultado de su estructura y leyes, que mantienen 



colegios para su enseñanza, no solo en Lima, si también en todas las ciuda- 
des principales del reino. Para la medicina se designaron dos cátedras, una 
de prhna y otra de vísperas, proveyéndose únicamente la primera en d 
Dr. Antonio Sánchez Eenedo; pero no habiéndosele señalado sueldo alguno, 
con el Dr. iionedo se acabaron las cátedras y catedráticos de medicina. Por 
esto no es de estrañar que cuando en 1637 se deliberaba sobre su restaura- 
ción, asegúrase elDr. Huerta, que habiendo florecido un crecido número de 
doctores en teolojía, artes y leyes, numerándose en aquel año maa de cien- 
to en Ifima, en 70 años corridos después de la fandacion de la Universidad 
solo se habían conocido tres ó cuatro doctores médicos, que habiendo estu- 
diado en otras partes, se incoiT)oraron en ella. (Libro 4 de Claustros.) — ^La 
suma necesidad y escasez de éstos, como se explica la Real cédula que cita- 
remos después, dieron motivo á que en el año de 1638 se fundasen de nue- 
vo la« cátedras de prima y de vísperas de mediciDa, aplicándoles para su 
subsistencia 1,000 pesos ensayados del producto del estanco de Solimán. 
'^Parece misterioso (dice Escalona, Gazophyl., lib. 2, part. 2, pág. 221, no 
haberse óonsignado esta paga y estipendio en otro género y especie que esta 
que es tan mortífera, habiendo otras que no lo son." Era á la verdad muy 
o¡)ortuna para simbolizar el estado que tenia entonces la medicina en Á 
Peni. Extinguido el estanco, se tomó el arbitrio de hacer ima reb^a gene- 
ral en las cátedras de las otras facultades, para aplicar una parte de ella á 
las de medicina, pero dejándolas siempre sobre un pié en que se deben re- 
putar por las de mas escasa dot^acion. Después se añadiéronlas cátedras de 
método y anatomía, cuyos profesores, sin renta, han sido hasta ahora, cate- 
dráticos "in partí bus," ó catedráticoí? de anillo. Faltando por estas raeones 
la enseñanza pública de la medicina en la Real Escuela, y no habiendo co- 
legios que la suj)liesen, no se han hecho en esta facultad los progresos que 
se debiftn, con gran* detrimento de la salud pública. Esto mismo previo y 
espuFO la Real Escuela con exx)resione6 muy vivas, en informe de ít de No- 
viembre de 1G62. 

(1) Consta por el lugar citado del lib. 4 de Claustros que en aquel tiempo 
«olo concuiTian al estudio de la medicina im bachiller, un boticario y un 
barbero. 

rz) *'Quid ingens illa medican lentorum copia, quie in immensam prope 
sylvam excrevit, aliud deraonstrat, quam intempesiivum in praxi studium 

ot vnnaní inüustríam? Quid nisi medicum, cum in tanto remediorum 

afilnentia versíítiir, ue píuicorum quidem vires satis intellexisset" (fioff., 
De usu Anatomes, loe. cit.) 

(8) Boerh., Prsef. "ad mat. medie. — Oportunamente dijo Ovidio: 

"Temporibus medicina valet, data tempere proeunt; 
••"• Et data non apto tempor vina nocent 



_187— 
6 han perdido su natural annonia, sin la intelij encía de estas 
se oscurecen los tiempos favorables, huyen las ocasiones, los 
auxilios se hacen inútiles, y por la mayor parte perniciosos. 
Entre los entes de la razón y los de la naturaleza media una 
inmensa distancia, y eis preciso sean erróneos los dictámenes 
deducidos de aquellos, siempre que no est^n fundados en el ín- 
timo conocimiento de estos [1]. De lo contrario, los síntomas 
y demás aspectos que en las enfermedades arreglan el plan 
curativo, tendrán relación con las causas ideales é imaginarias, 
no con las flsicas y existentes en el cuerpo. Consistiendo las 
últimas en las afecciones del sólido y el líquido, no puede co- 
nocerlas aquel á cuyos ojos, ocultos los resortes interiores de 
la máquina viviente, solo se manifiesta su decoración externa. 
lOuales, pues, podrían haber sido los aciertos de nuestros mas 
célebres profesores? ¿Cuales hablan de ser, sino de dejar pere- 
cer la mayor y mas acendrada porción del Perú? 

Confesemos con todo, no haber sido ellos quienes hicieron 
BU mayor ruina. Apesar de su práctica equivoca y grosera, 
como la trasmitían de unos á otros, los posteriores procuraban 
evitar los remedios que habian surtido mal efecto en manos de 
sus antecesores, manteniéndose sobre la inacción en los casos 
que no comprendían. Menor mal es é la verdad; siendo un 
mal menos grande dejar lidiar á la naturaleza con la enferme- 
dad que con un arrojo' temerario: imposibilitar los recursos de 
la primera, ó hacer triunfar antes de tiempo á la segunda. 
Una plaga de langostas nacidas del abandono, es laque ha cu- 
bierto de cadáveres nuestros cementerios, y convertido los 
campos en sepulcros. Yieronse las ciudades, las villas y los 
pueblos en medio de los males que los añigian, en aquel de- 
samparo que en el dia ofrecen nuestras cabanas y rancherías, 
donde siendo la suma pobreza barrera insuperable á los reme- 
dios y á la medicina, se enferma sin esperanza, se adolece sin 
socorro, y se muere sin consuelo. Triste situacioíi! (2) Para 
salir de ella acojieron con liberalidad á cuantos aseguraban 
habérseles confiado el precioso depósito de la salud humana, y - 
dieron por este medio en un escollo mas fatal que el que in- 
tentaban evadir Canonizado por el amor de lá vida el atrevi- 
miento y el engaño, en un momento se despoblaron las casas 
hospitalarias, las boticas, las barberias: y mejoraron de fortú- 



(1) *'C»teru]u natara corporÍB príneipiuiu sermonis in arte médica." Hip- 
poc.y De locis in homine, $. 4. 

(2) Veáse al señor UUoa, viaje, tom. 2, pág. 563. "Mercurio Peruano," 
tom. 5, pág. 195. £n uno y otro lugar se aaienta morir los indios porque 
carecen de todo auxilio, médicos, medicinas, etc., asi luego que enferman 
ayisan al cura para que loé conñese y se prepare á enterrarlos, porque si 
alguno eicapa, na de ser por solo la fuerza de su n aturaleza. 



r 



—188— 
na loa ociosos, los vagamundos y cuantos quisieron huir una 
suerte miserable y criminal; aunque no todos poseyesen el sin* 
guiar talento de imponer^ Era grande el abandono, suma la 
necesidad del auxilio, y la ignorancia general. Asi 30 formó 
una parte de curanderos y charlatanes que iba devorando por 
todas partes la vida y la sustancia del vulgo, que adora nécia- 
mepte por Esculapio á las serpientes (1). iCuáles serán los es- 
tragos que ella ha originado en tantos años que ocupa suelta y 
con aceptación este infeliz reino? Sien los puntos en quienes la 
ilustración en la medicina parece haber ya tocado la raya de los 
conocimientos humanos, en quienes el majistrado conoce el pre- 
cio y vela sobre la salud del subdito, castiga la audacia, 7 hay 
copia de profesores que enmiendan sus yerros, se tiene por cons- 
tante que los pocos charlatanes que s^ escapan ala vijilancia pú- 
blica, hacen mas dañoála población que todas las enfermedades 
que la invaden (2); ¿quién podrá calcular las mortandades prac- 
ticadas en el Perú, donde esta plaga es libre é innumerable, 
muy poco los médicos, grande el abandono, graves y frecuen- 
tes las epidemiasf Si es mas útil entregamos al poder de la 
naturtileza que al de los agyrtas (3) y los paises se asolan en 
las manos de aquella, si la desampara el arte (4); ¿qué sucede- 
rá ep la de los segundos, en la que los recursos del arte son una 
espada puesta en las manos de un loco (5)f Lo sensible es que 
después que en los dilatados tiempos de la ignorancia ha cor- 
rido impune esta infectísima turba, cunda en nuestros pro- 
pios dias, en la mi^ma capital, á presencia de los sabfos pro- 
fesores que han hecho variar el antiguo é infeliz aspecto de 
nuestra medicina. Por semejante tolerancia se hallan en situa- 
ción de cometer un doble crimen, sacrificando á cuantos incaa- 
tos caen en la red de sus torpes engaños, y malogrando los 
enfermos dirijidos por médicos peritos; porque introduciéndo- 
se clandestinamente, mudan, invierten, y sustituyan el méto- 
do y los remedios. Quizá por evitar un atentado tan funesto, 
promulgó Zeleuco, rey de loa Locrences, aquella dura ley que 

(1) oprimidos los Bomauos de una cruel peste ocurrieron al oráculo dd 
Delfos, el que habiéndoles ordenado se acojiesen al dios EBculapio, Yene- 
rado en la isla de Epidauro, en la navegación se les introdcgo una serpiente 
en la naye, á la que, creyendo ser el dios referido, condujeron á Boma, 7 le 
erijieron templo en una isla del Tíber. 

£t fínem specie cselesti resumpta 
LuctíbuB imposuit; venitque salutifer urbi. 

Ovid., Metaforf., lib. 15. 
Fab., lib. 51, Aurel. Victor, De vir. illustr. 

[2] TÍBsot, discurso sobre los charlatanes. 

(3) ídem, loe. cit. 

(4) CuUen, '^Medicina pract., tom. 2, pág. 19 

(5) Tissot, loe. cit. 



—189- 
oonáenaba al último suplicio al enfermo que, contraviniendo 
á las órdenes do su médico, usase otro auxilio que el mandado 
por este, aun cuando consiguiese con 61 la sanidad (1). A ejem- 
plo de ella las naciones civilizadas han establecido praí^iuáti- 
cas muy severas y oportunas, dirijidas á reírenar tan lamenta- 
bles abusos (2). Las tiene el Perü, pero quiere su desgracia 
que triunfe el desorden, y que á la sombra de un concepto va- 
no, de una afición inconsiderada, multiplique el arrojo sus es- 
tragos, la temeridad haga victima de la Pnrcii á sus patrones, 
y el asilo mismo sea sacrificado. Justa pena de los que no ad- 
viertan que la verdadera piedad, gloria y honor consisten mi- 
rar por la salud del pueblo, posponiendo á ella las inclinacio- 
nes y las utilidades propias (3). 
¡Ojala no hubiera llegado á la memoria de aípiellos entes 
* nocivos á su especie el nombre de los medicamentos ni la me- 
dicina! ¡ Ojalá hubieran tenido en lugar do esta la menor idea 
de la organización del cuerpo humano! |La habrían entonces 
profanado sus impías manos? La majestad, el enlace, la deli- 
cadeza, el riesgo, puestas á sus ojos, hubieran sin duda evitado 
los acerbos males que su audacia ha producido. Los estímulos 
del crimen que se advierte, amilanan al mas osado; pero cuan- 
do se juzga ser acierto el error, crece tanto mas el empeño y su 
estrago, cuanto es mayor la ignorancia. A pwporcion, pues, 
de la que ocupó al Perú en la ciencia anatómica, la« enferme- 
dades internas, dirijidas i)or las manos del empírico y del char- 
latán, menoscabaron una part^ de sus moradores: entre tanto 
.las externas consumían la otra. 

Si nacemos aventurados al choque y combate do los cuerpos 
que nos rodean, nuestra insaciable ambición nos expone á un 
doble fatal impulso. El deseo de dominar á sus iguales, hace 
al hombre víctima del hierro y el plomo, y la ansia del oro lo 
sepulta en los lóbregos senos de la tierra, que intenta vengar 
los o-olpes que recibe, destrozando la mano que la oxeaba. In- 
faustas riquezas ¡cuantas vidas os^acrifican diariamente el or- 



(1) ^Uan, apud Leclere, "Hist. de la medie." i)ii¡r. ;38(). 

(2) Cnando encontraban charlatanea en Mont¡)eller, acostumbraban po- 
nerlos sobre un burro ñaco y asqueroso, con la cara íukia la cola. De este 
modo los paseaban por toda la ciudad, mofándose de ello» con silbos los 
muchachos y la plebe, dándoles golpes, tinludoles i)orqueiiab, empujándo- 
los á todos lados y maldiciéndolos. (Tis8ot, loe. cit.) 

(3) "Ut enim leges oninium salutem singularam saluti anteponunt, sic 
vir bonus, et sapiens, et legibus i)aiens et civilis oftlci non igiiaiiis, utili- 
tati omnium, plus quaní unios alicuyus autsuíe consulit. Neo inaí^is vi< upc»- 
randus est proditor patria?, quam communis ntilitatis, aut saUítis deseí tor 
propter suam utilitateui aut salutem." (Cicer., lil). ;í. De finibus, *. 10.) 

ToM. VI. Literatura— 27 



f 

9 



-190- 
tfüUo y la codicia (1) 1 El hombre nació para habitar la super- 
ficie, no los osearos abismos del planeta terrestre. Soterrado 
en ellos, su corazón se consterna de no ver la luz que le acredite 
^que vive. El vapor maligno que allí respira, lacera los delicados 
estambres y debilita los mas fuert-es cordones de su estructura. 
(2) Busca su consuelo en el aura exterior de quien recibe la res- 
piración y la vida, y aun esta le es adversa. Parece que horro- 
rizándose de que vuelvan á su sebo los moradores de la rejion 
de los muertos, los repele de si, como á cuerpos estraños (3). 
El hombre mismo, á cuya codicia se inmolan las fuerzas y el 
aliento de sus semejantes, se arma de mil modos contra ellos. 
STo contento con los tesoros regados* de sudor y fatigas que le 
ofrece la tierra, pretende convertir en estas la sangre del infe- 
liz. Para olvidar tan melancólicas ideas el operario que vé reu- . 
nirse contra si el cielo, la tierra y sus vivientes, recurre al licor 
espirituoso que le alegra y vigoriza, perturba sus sentidos, y 
disminuye el riesgo la ilusión. Bn este estado sube y baja, 
cargado de paciencia y de metales, por aquellos oscui'os labe- 
rintos, en donde cada paso es un precipicio. Emprende arran- 
car el resistente mineral, llevando en la una mano el hierro y 
en la otra el fuego: las,caidas del i^rimer trabajo, y los resal- 
tos y derrumbamientos del segundo magullan y abren sus car- 
nes, dislocan y rompen sus huesos, estropeándole toda su or- 
ganización. Imposibilitado para la labor, busca su consuelo en 
los auxilios y operaciones de la benéfica cirujia. 
Pero ¿cual es el alivio que espera de iinos profesores entre 

(1) "Itum est in viscera terse." 

Quasque recondiderat, Stygiisque admoverat umbrifi, 
Efíbdiuntur opes, initamcnta maloruiu. 

O vid. 

(2) En las minas ademas de las enfermedades internas, contimes al géne- 
ro humano, las contusiones, dislocaciones, fracturas, etc., efectos de su la- 
borío, están expuestos los que las trabajan á los honibles y peculiares acci- 
dentes que resultan de inspirar una atmósfera cargada de partículas metá- 
licas, á los vapores de estas en la fundición 6 intix)duccion de las pequeñas 
partículas del azogiie por los poros de los pies, en los* ensayos por crudo. 
De aquí las parálisis, esputos sanguíneos, cólicos, etc. (Veáse á Ramazziní, 
"De morbis artífice, cap. 1; Hoff., Metaluigia morbífera," tom. 6, pág. 210j 
En la Europa para remediar semejantes desgracias se cuida de que los 
asientos de minas estén proveídos de profesores peritos y de auxilios. En 
el Perú se carece de todo, y le haría un gran servicio el que compusiese un 
pequeño tratado sobre la dieta, enfermedades y remedios de los mineros, 
para que sirviese de algún alivio á aquellos infelices. 

(3) Las impresiones frías del ambiente exterior sobre los cuerpos abo- j 
chomados con el trabígo y habitación en las labores subterráneas causan 
en eUos funestos palmos, y por esta razón han perecido centenares de indios 
en las minas de Huancavelica, según Escalona, "Gazophil., part. 1, pág. 35 

"Tune supemse lucí restitutt, calefacti, et anrii, rígida astii intemperie 

affecti, et, candicantium montium nive ac Mgore tacti, mortaliter ilgebant. 



.>' 'i- 



*, 






—191— 
quienes el inas adelantado no excede los conocimientos de 
aquellos cirujanos del tiempo de Dark), cuyos errores les me- 
recieron sentencia del último suplicio (1)? ¿De aquellos entre 
quienes jamás se especuló el orden, disposición, conformación 
jr enlace de las diversas piezas que componen la arquitectura 
del cuerpo humano? ¿podrá alfcuno reponerlas con tino y acier- 
to cuando pierden su simetria? El qne de ellos esto empren- 
diese, ¿no añadirá mal sobre mal, hasta inutilizar la víctima 
puesta en sus manos, ó sacrificarla antes del tiempo á la muer- 
te? Para componer iin reloj, solamente, dice un sabio^ (2) se 
confia del que ha empleado muchos años en estudiar como es- 
tá hecho y cuáles son las causas que le hacen andar bien y las 
que le descomponen: ¡y se fiará el cuidado de componer la 
máquina de mayor artificio, la mas delicada y la mas preciosa, 
á gentes que no tienen el mas mínimo conocimiento de su es- 
tructura, de las causas de sus movimientos y de los instru- 
mentos que pueden restablecerla! 

Pero, ¿por qué me fatigo en demostrar las evidencias ? Bas- 
ta proferir esta verdad, de todos conocida. Si la práctica mé- 
dica del Perú solo empezó á desear merecer con justicia el tí- 
tulo de tal á los principios del siglo XVIII, de la cirujia se 
supo únicamente el nombre casi hasta mediados del propio si- 



(1) Con las fiinestiH í^iierras que destruyeron el Ejipto en los tiempos de 
Necho, Hophr«i y Psanimenito, y lo pasaron al dominio de los Asirlos y 
Persas, decayeron de suerte las ciencias en aquel famoso imperio, que ha- 
biCíndosole desconcertado á Darío Histaspes un pié, al saltar del caballo en 
la caza, convocados los mas famosos médicos egipcios, no solo no pudieron 
reponerlo, sino que con violentos y crueles estirones lo pusieron en un es- 
tado lamentable, lo que remedió Demósedes, célebre médico griego de la 
isla do Crotón, é imploró la vida de los egipcios que en castigo de su impe- 
ricia iban á ser castigados. (Ilerod., lib. 3, núra. 129.) — Que nuestros ciru- 
janos 3iayan sido de la misma especie se demuestra i)or doet testimonios ir- 
refragables. El 1? es la cédula de 11 de Octubre de 16ÍÍ5, en que dice S. M. 
á la líniversidadMiaberlb infonnado el virey, conde de Cliincbon, ser nece- 
sario fundar dos cátedras de medicina para su enseñanza^ por falta de mé- 
dicos que hay en el reino, que es tan grande, cuanto se siente en las ciuda- 
des pinncipales de est^ reino, como son la Plata, Qnito, Cuzco, Potosí, San- 
tiago de Chile y otras villas y i)oblacione8 importantes, que están scgetas 
á tener solamente unos malos cirujanos qu^ sirven d© todo. (Libro de cé- 
dulas de la Universidad, pág. 384.) El 2? es el infonne que en 2 de Noviem- 
bre de 1G62 hizo la Eeal Escuela, i)or mano de su Rector D. Alvaro de 
Alarcon y Aj^ala, al Superior Gobierno para la fundación y rentas de las 
c:ítednis de método y anatomía. En él, después de representar con expre- 
siones enérjica^ la falta de médicos en todo el reino, y en la capital misma, 
prosigue: "Y porque la cirujia no es menos, áino en el mismo grado nece- 
saria, y haber muy pocos que la estudian, y muchos que la ejerciten, que 
con poca experiencia de practicantes salen los barberos á -cinganos, de cu- 
yos errore« resultan daños irreparables en materia tan dignado remedio, &.' 

(2) Tisgot, loe. cit. 






.i. 












■.^' 



^ 



—192— 
glo, hasta que la ilustró en él el feliz I)el«:ap (1). Los dias de 
jí)s años anteriores en todo el Perú y de los posteriores en to- 
do lo que no es una parte de la capital, han sido consagrados' 
á las inmolaciones de la impericia de los pretendidos ciruja- 
nos, que ha ido insensiblemente consumiendo los brazos jna» 
útiles. Y, como en la misma proporción en que van faltando 
las fuerzas, es preciso descaezcan las labores que de ellas de- 
penden, la consecuencia necesaria de esta despobla<5Íon es la 
miseria á que se hallan reducidas las minas mas rica« del orbe. 
Así, puestos en la situación de desear y no poder poseer sus 
tesoros, representamos vivamente la imagen de Tántalo de la 
fábula. 

La ignorancia (|ue ha despoblado nuestras minas, ha hecho 
otro daño menos notable, i)ero mas general en el reino. A imi- 
tación de los hombres sin instrucción ui conciencia que encon- 
traron su subsistencia en la x^ráctica de la medicina, unas mu- 
geres incapaces, y por lo regular de esfera humilde, se apode- 
raron de la delicada parte de la cirujia que cuida del exordio 
de la humanidad: del arte/ de partear, cuyo ejercicio pide vir- 
tud, calidad y ciencia. El ningún freno y abandono formó una 
plaga lio menos sangrienta que la primera. Su capricho y ar- 
rojo ha privado al Peíoí en innumerables momentos del nuevo 
habitante con que la naturaleza benéfica pretendía reparar 
sus pérdidas, y de unas madres fecundas que podían hacérse- 
las olvidar. Puedo as(?gurarse sernos mas nocibas nuestras co- 
madres que lo que pudieran haber sido á los Hebreos las égii>- 
cias, si hubieran seguido las (jrdenes inicuas de sus príncipes, 
porque la vanidad ó impericia de las primeras las pone al abri- 
go de todo escn1pu?(). Atenas, república famosa, á quien toda 
la Euroi)a debe el orígí^n d(^ sus leyes, de sus artes y de sus 
ciencias, prohibía {mv un aii ti (piísimo estatuto que los esclavos 
y mugeres se mezclasen en las honestas funciones de la parte- 
ría, reseryáíiílolas á los lio'ubres i)oritosen el arte, porque re- 
colaba que In ooiidicií)]) de los i)rinior()s ó estolidez de lasse- 
giiniliirt la ])r'v<ísíMi do ras inestimables vidas que debian (in- 
juentnr su roput.ic/Kr.! y íucn'zas. Si el pudor de sus ilustres 
matronas, si la priuhíneia de Agnodice obligaron al Areopago 
á que derogase esta ley, lo hizo únicamente á beneficio de las 
mugeres libres que imitasen las i)isadas de aquella esclarecida, 



(1) El eminente ciriij vno 1). Marüii Delgar vino al Perú hacia el aüode 
1744, conducido por su vehcneiito }):iKÍon á las minas. Su« aciertas le hwi 
- grauffeiido nn iionilm» etcnio, y m¡( r-.rras viví*'» em tal la couíianza que te- 
nían los enfermos í^n s¡is m iiio-s que vuando se sitbiü que habia de pasar poc 
alfana lu{;;nr de la Sievni, c<..::au en tiopat* de^de grandes distauciaa ti coa- 
saltar hUft dolencias. KI fué ti primero que derramó enti'e nosotros la»lU" 
coa de la cirujia^ eusenaudo iil^^uuas de sus operaciones, 



I 



—193— 
lio en favor de la servíiliimbre, ni do ^la ignorancia (1). Con- 
dición fatal! ¡ Ignorancia dó la anatomía! tn has amargado y 
cnbierto de lagrimas todos nuestros ins1»antes. Si el ainaMe 
j^yo de luz hiriendo por la primera vez en nuestros sentidos^ 
los despierta del sueño que los gravaba en el seno de la ma- 
dre, para anunciarles que existen; allí nos acechas, y juntas al 
jubilo de sus resiilaudores la lobreguez del sei)ulcro. Si conde- 
nados al trabajo, seguimos al que nos cupo en suerte en ladis- 
tiíbucion de las diversas tierras, regando con nuestro sudor 
sus duras entrañas; aquí redoblas tus esfuerzos para convertir 
enlamas acerlJa tumba jsl propio lugar donde buscamos la vi- 
<In. Si nos cometen, en fin, las dolencias á que estamos ex- 
puestos por .nuestro temperamento; tú Jas agravas, y las vio- 
lentas á que extingan antes de tiempo la débil llama que nos 
alimenta. De esta suerte, mas atroz que las convulsiones del 
globo, los grillos del despotismo, y las calamidades de la guer- 
ra, has consumido las fuerzas del Perú, y con ellas arruinado 
sus pueblos, asolado sus campos y derrumbado minas, dejan- 
dolo sumerjido en uiia profunda decadencia y miseria! ¿Y lo 
llevaras al exterminio! Aniquilados los restos que aun subsis- 
ten, jquedará reducido á una soledad es])antosa, en que solo se 
rejistren arenas est*íriles y cordilleras inhabitables? Teatro 
glorioso del esfuerzo español; patria de la lealtad y la docili- 
dad, no temas estos insultos. Circula perlas venas del ínclito 
jefe que te rije la sangre generosa de quien eres el precio, y 
no puede. mirar con indiferencia tus desastres. Antes siempre 
vijilante sobre el depósito sagrado que ha puesto en sus manos 
un monarca^ padre de las américas, para devolvérselo mejo- 
rado y floreciente, calcula sus ai>titudes, separa los embarazos 
y promueve los medios de su felicidad, el mas grande, el único, 
el objeto solo digno do la alabanza en un i)jínciiK\ Por eso 
concede todos sus inñujos y auspicios al Aníit(^atro (jue hoy se 
consagi'aá laanaíomia, jmts si su igiunancia ha sido el orijen 
de la decadencia y nns'.*ria que oi)i'iuie al Perú, será su ilustra- 
ción la que leTeíátauro sn rsj^leiulor y ()]>u!eiicra. 

El cadáver diseeiuio y demostrado, es la sabia y elocuente 
escuela en que se dicían las mas segurjis máximas para con- 



(1) Agnoilice estudió la riiodirira. y tomó el traje de varón para socorrer 
á, las jiiatronas atenieuses, cuyo ]>ndor no les pennitia ponerse en manos 
de los hombres, como prevenía la ley; lo qne »lrí;<'nl»¡ rto por el Areopíigo, 
la derogó á favor de toda^ l:»s ¡)ers()»ías lit^rs <|iu' .-e instruyesen en esto 
ejercicio. (Hygin., lib. ], Fál»., c*ij). 147.) lli. <le i.i IVyronie, primer cini- 
jano de S. M. Cristianísima, [uasuadido de 1 1 iirce^? lad de qne se ilustren 
los qne ejercitan el aile de partear, rentó jxjr su rf:i:. mentó dos profesores 
y demostradores de él en las escálelas de cir:ijí:u Vudn, año dan lecciones el 
lino á los mugeres, y el otro á los estndiantt - de cirajia; ejemplo digno d^ 
ser imitado por todas las naciones del niuhd). 



—194— 
servar á los vivientes. Ea el se conoce cual es el eukce y los 
oficios (lelos distiiitos órganos que componen esa máquina sin- 
gular, la primera enlye las obras déla Divinidad, en que con- 
siste la mutua dependencia con que se auxilian ó dañan unas 
á otras; cnales son las verdaderas causas que fomentan 6 des- 
truyen su armonía, y cual es el modo de restaurarla. Allí se 
descubre el oríjeny la distribución de aquellos pequeños é in- 
finitos tubos, instrumentos de la sensación y movimiento mi- 
nistros del imperio del alma, y de las fuerzas del cuerpo; ajen- 
tes de esa multitud de enigmas oscuros y vagos meteoros na- 
cidos de la rejion inferior, que es el Júpiter congregador de 
las nubes [1]. ¡Oh, como á cada inst!knte se alucina aquí la 
ignorancia! Cuando los síntomas mas diftciles parecen ser el 
hilo de Aríadua, que señala los giros y salidas del laberinto, 
las convulsiones la estrenxecen creyéndolas unas formidables 
tempestades .que amenazan la ruina del hombre. En este con- 
flicto, encamina por lo común la mano hacia donde no se ne- 
cesita el remedio y mas vaga en sus relaciones y juicios que la 
enfermedad en sus metamorfosis, i)adece igualmente las trans- 
forma. ñones del inconstante. Proteo (2). Allí se observa, co- 
mo el corazón, fuente de nuestras i)asiones, lo es igualmente 
de los líquidos que bañan, nutren y animan el buerpo, atrave- 
zandolo i)or tan diversos, delicados y entretejidos canales, que 
I)arece que cada punto de su superficie está el i>riucipio de to- 
da la vida, y que eu cada momento del tiempo hace la Provi- 
dencia un milagro para que i)or í^í misma no se arruine. Y os 
atrevéis á introducir on él el fierro y el fuego, vosotros los que 
no no tenéis todavía ni aun la idea justa de lo que es un perito 
artista! Allí finalmente se espía á la naturaleza, que al abri- 



(1) Homero Uama. á Jni)iter coiign?ga(lor de líw nnves, título que se 
apropiaba Bayle, y justaniento, porque ia multitud de errores que teni«i 
acopiados en su cerebro erau una deiis.^ nube que nó le permitía verla luz: 
aquí lo aplicamos á la región natural del cuerpo humano, minero d,e los 
negros vapores que en el liisterisnio, hipocoudria, etc)^ ^e levantan, trastor- 
nan y oscurecen la razón. 

(2) S(m infinitas las equivocaciones que se padecen en las enfermedades 
de nervios por ignorancia de la anatomía. Es célebre el ejemplo de Pausa- 
nias Siró, quien de resultas de un golpea eu la e8i>alda, tenia paralíticos los 
tres últimos dedos do la mano izquitu'da. Los médicos apliciindole cien 
apositos en ellos, no consiijuierou otra cosa que agravar el mal, hasta que 
consult^ido íxaleno, quitó de allí los emplastos y los puso sobre el origen de 
de los nervios braquiales, dond(». hahia sido la contusión, con lo que sanó 
brevemente. Se gloria Galeno d'> cM:i curación, confesando debélasela á sus 
conocimiento* anatóaiicos, (De loe, lib. vS, cap. 10 et ti.) Y en el libro íi. 
"De adníiu anatom., cap. 1, d:'-;pn(vwlr> referir oste caso, concluye: ^'''Dies 
me deficeret si omnia percnrrere Vill:!)!, qute id g(íuus ju$ta pedes manus- 
qne tune in militibtis in bello couvulnenilis, tune hisce gladiatoribus (ut 
vocant,) tune alus multis i)rivatis, ut sunt pleraque rerum infortunia, cous- 
pexi accidisae niedic^s auatonu\'i imporií is ' 



' 




go de mil honestos velos reproduce la especie humana. iQué 
movimientos tan extraordinarios no practica I Un átomo en 
quien el dedo de Dios grabó la efijie del hombre, es el oríjen 
de su embrión. Fecundado a manera de las semillas, se des- 
pijende del ovario que le servia de cáliz, se precipita y arraiga 
en el claustro de la madre como en jsu propio terreno, y forma 
con ella, si es posible decirlo, un solo compuesto, á fin de que 
sus piadosas entrañas socorran sus indijencias, y lo bañen de 
un fluido blanco, á cuyo beneficio se dilatan sus miembros. El 
hombre, destinado á morar sobre la tierra, se violenta al verse 
colocado en el número de los acuáticos: crece y se fortalece 
con celeridad, é intenta romper los vínculos que lo detienen. 
Forzado el seno que lo contiene y obligados las partes vigoro- 
sas que lo circundan á salir fuera de la esfera de su estension, 
comprimidas unas visceras, arrojadas otras de sus sitios, estre- 
cho el conducto por los huesos y ligamentos fuertísimos que lo ' 
. rodean, puesto en equitación el infante: ved aquí un momento 
en que pone en riesgo déla vida á quien acaba de dársela: La 
naturaleza viene al socorro, dilata, las visceras y procura diri- 
jir el feto; pero muchas veces vé inutilizados hus esfuerzos, y 
puestos á peligro de i)erecer la madre y el hijo, sino la ayuda 
una diestra mano que, habiendo observado sus pasos, conooca 
el lugar de la necesidad y sepa aplicar allí el auxilio correspzn- 
diente. 

La economía animal es tan admirable, que el hombre no pre- 
senta á los ojos del hombre sino im compuesto de misterios. 
Pero esta incomprensible criatura es la misma que el médico 
debe conservar, arreglados sus partes sólidas y fluidas según el 
orden que exije la sanidad, ayudándola en todos afanes y mo- 
lestias que le cuesta el x>erpetnarse. Y será posible practicarlo 
con acierto sin la intelijencia de la anatomía! ¿Quién es aquel 
que puede gobernar con tino una república, cuya legislación, 
costumbres, intereses y fundamentos no conoce? ¿Quién es 
aquel que puede aplaudirse del triunfo, habiíando de combatir 
con un enemigo astuto, cuyas estratajemas no comprende, y 
acampado sobre un terreno cubierto de riscos y montes, cuya 
posición absolmjtamente ignora? ¿Quién será, pues, el que cure el 
cuerpo humano sin el conocimiento de la anatomía, si ella es la 
aurora que guia al entendimiento en este animado caos ? (1) si 
es la luz brillante que le indica la situación, naturaleza, afec- 
ciones, leyes y comercio de sus partes en el estado de salud, las 

\ 

(1) Latent ista omnia, LuciiUe, crassis occultota et cii'cumñisa tenebris, 
Tit nuUa ocies hiimani ingenii tanta «it, qu» penetrare possit. Corpora nos- 
tra'non novimnfi, qni sint situs pai-tium, quam vim qua>que pars habeat 
ignoramns: itaque medici ipei, quorum intercrat ea nosse, aperuetunt, ut 
viderentur. (Cíe, Luciil.. núm. 39.) 



cau8as que las alteran, los im)v¡iníentos extraordinarios que 
las perturbau eu las eiifermediules, y la que disipa las espejas 
nubes cou que estas iutentau ocultarse á nuestra iuda^fación j 
estudio? Con razón los í^randes ííonios, honor de la humani- 
dad y do la medicina, se bau esforzado en persuadir con sen- 
tencias V comparacíoueii cjiérjicas la indispensable necesidad 
de aquella ciencia, para el acierto en la ciu*a y remedio de los 
males que nos acometen. 

Galeno compara el profesor destituido de la anatomía á aquel 
que, encerrado en una litera, viaja sin conocer los lugares que 
transita (1). Asi comees sospechosa la fidelidad de la historia 
sin la geografia, dice Fernelio (2), lo son igualmente las des- 
cripciones de las enferñiedades del cuerpo humano, sino van 
fundadas sobre los conocimientos anatómicos. La anatomía, 
según Eiolano (3), es el ojo de lince del médico, que i)enetran- 
do lo mas oculto del cuerpo, le manifiesta lo que debe ó no eje- 
cutar; es aquella ventana que deseaba ]\[<)mo, para remediar 
todas nuestras enfermedades interiores. Querer curar al hom- 
bre sin la ciencia aiuitómica, añade Sydenham [4], es lo mis- 
mo que entrar en la lid privado de la yista, como aquellos an- 
tiguos gladiadores noiubrados Andabates, ó arrojarse á las on- 
das del Océano sin el conocimiento de la brújula. Laanotomia, 
según Hofliuan (5) y Boerbaave (0), os el principio, es el mas 
sólido fundamento sobre el cual iJuede elevarse y avanzarse el 
cuei'po entero de la medicina. En faltando esta base, son in- 
ciertos todos los raciocinios en ella, su i)ractica es equívoca y 
desaparece al momento el arte de curar. 

Los sentimientos de estos grandes hombres que acreditaron 
con sus aciertos la rectitud -de sus dictámenes, han sido los del 
género humano en > cuantas partes no ofuscó su razón la espesa 
sombra de la barbarie. Así si reconocemos sus épocas, hasta 
aquellas al mismo tiempo felices é infaustas que le dieron el 
ser, en todas aquellas encontraremos una continuada serie de 



(1) Lib. I)c cüuip.^iuodicani. per. gen. 

(2) Lib. 1, Part. corp. hiiin. descrip., cap. líi. 

(3) Antropogi'ai>b.; Ub. l,cap. 1. 

(4) Sydcubam, Dobydrope. ^ 

(5) Loe. cit. 

f6J "MetJiod. disceiidi artoin niedic," ])ars. 5. A las aiitovidadeB dees- 
tos wispetables médicos, deben unirse lo« sentimientos del incomparable 
San Francisco de Snles, (\\m a^^altado de una «ri'íive enfermedad, repata pen* 
el último de bus consuelos le^^ar su venerable 'cadáver al servicio de la.*^ 
disecciones anatómicas. "Ma.í^ister o])tinie quam viventis cin*am habuiíti, 
mortui píirem babeas rogo; boc sohim expí^to, nt cum expira vero, corpns 
lioc disseeandum medices, cbiinirgis et anatomicis studiosis trodas: umim 
erit in extrema vita solatinm, si i)o^;quani üullius vi veas fuero utilitatid, 
defunctns aliqua ratione reipublicie prosim." (Benedict. XIV, Cart. pastor.; 
tom, 2, pag. (50.) 



—197— 
^^les que demuestran Ix^ber cultivado este estudio indispen- 
i&a% pMa conservarse y propagase: Í51 tiempo hia devorado' l6s 
pprim^o^' monumentos del espíritu, así como las Obras' ^déláa 
ina^o^. Xj9, ¿abulia Ixa cubierto de un deni^ velo la véídad';! pe- 
j;a4.pesf»r*de todo esto, brillan ciertos Bechos y ceréihoníá;s de 
Jfl§ af),t^yüvi^nos y primitivos repóbladorés dé latíéMl^tfáe 
4 flianera<le la^ lucernas de la selva de'A^rió, áVinqué' é¿éH- 
8^ qop^iuien con seguridad á los viajantes eh'laá ^ínTeWáís de 
la i\Qch^ (1). Üespues que larázon alumbró al hóinbré;fá'tdéa 
del imperio y la industria verificó su establecimieñtp* á¿iléh. 
tándose Ja necesidad de esta ciencia, fueron mas cíííróú'yrí- 
Pi¡^os siis progresos. Como no era posible combatir hl déféh- 
derive sin vasalloi^ puso en ejecución cuatitó miraba aVáüttitíli- 
to de Qi^tojs. Jbl Bgipto„ la moqarquia acaso niéjór reglada, m- 
boriosa y* culta entre las' mas aíi.cianas, fué igunlniéiite la'níiis 
d^cjíca^aá Ta anatomía, con cuya instrucción, liabíeiído' togtk- 
dó malignes profesores en todos los ramos de la'niedicina'(2), 
lleg<? a contar diez y ocho raií ciudades y veintisiete líiiliótífes 
. d^^lK^bitauteis (3) en un terreno ingrato a la salud (4). Peto 
jcpál np era la pojiícia d^ estos pueblos acerca de este ásiíütó? 
Los rwes sepfec¡a*b^n de anatómicos (5). Los sacerdotes eran 
€)V.doposito sagrado de la medicina y cirujia (6). Las leyes rb- 

(1) Primero, el nombre impuesto á los arimfd^B por Adán. (YaUea, Phi- 
lo8. sacra.) Segundo, las guerras introducidas por Cain. Tetcero, los. bolo- 
caastoB ofrecidos por los primeros padres (Genes., cap. 8,) y conJtiiinadas en 
el pueblo bebreo, en que la víctima debía estar sin lesión y distribuirse con 
órdeñ (Levit., cap. 1.) Cuarto^» la lucha de Jacob con. el ángel (Geoea.. cap. 
32y) én que se luu^e mendon del ligamento redondo del fémur, conti^nidoen 
la cavidad cotiloide. (£iolan, loe. cit., cap. 2.) Quinto, las palabras de Sa- 
lomón al cap. 12 del Eclesiastes. (Portal, Hist. de Ja anatom., toni. 1.) S^s- 
to, el UBO^e victimad entre loís j)ueblos antiguos, cuya distribución se La- 
ciai seguii Homero. /^epistamenos pesipluadeos kai kata moiraii," con arte, 
.deÚberiKion y según costumbre. (Hiolau, loe. cit.) Séptimo, el uso inme- 
sioda) 4^ embalsamar los cadáveres. 

(2) '^itedicus nnusquisque peritas supra omues homines. Homer., Odvss.. 
Jib. 4, V. 231.' ^ ^ . ' 




pl^/' toxo. 4, -pág* 93. 

(5) Véí-nse los escritos anatómicos de Atolis, citados por Manetlion, 
**DÍ€t. medie," tom. J. Verbo "Auíitom." Los escritos anatómicos deiKcrmes, 
testificados por Clemente Alejaudrino. Leclere, loe. cit. pág. 13, 

(^). Los Orientales tubicron tanto aprecio de la medicina [de ésta ciencia 
cuya hmaillacion ba Uega^o ea el Perú al exceso de que tengan rubor .ae 
pro^gfiajrla lo», españoles aun del es.tado general], que siempre atribuyeron 
BU. invenícion ¿ la Deidad, y re«ervaron su ejercicio á los reyes, j^ los béróes 
y á \m sacerdotes. (Véase á Leclere y a Gaspar de los Beyes J, 

TOM. VI. LlTBBATTIBA— 28 



_198— 
frenaban la atrevida igno)*ancia (1). Las comadres eran do^ 
trinadas (2). El Estado fomentaba un número competente de 
peritos, á quienes obligaba á descubrir en los cadáveres las 
causas y sitios de sui^ enfermedades, y asi conseguía no solo 
moderar las del pais, sino extinguir en su origen las qae de 
nuevo lo ínvadiaií (3). Esta excelente policía fué el modelo de 
todas las naciones, que en aquella larga antigüedad eran las 
émulas ó imitadoras del Egipto. Entre ellas fué la Griega so 
mas exacta copia, porque como sus varias repúblicas no solo 
sé disputaban la gloria de las armas, sino también la de la» 
letras, cultivaron la anatomía en cuanto era conveniente, así 
á la común defensa, como al decoro de las artes liberales (4). 
De aquí esos sublimes filósofos, artistas y poetas, que en sos 
discursos, poemas y retratos delinean con tanta naturalidad 
el cuerpo humano. Aun entre las naciones reputadas general- 
mente por bárbaras se ha observado una suma aficiónala 
anatomía, y si los progresos que hicieron en esta ciudad los 
antiguos peruanos hubiesen de medirse por la preparadon y 
conservación de los cadáveres, que requieren una particcrlar 
destreza é intelijencia, podrían sin duda disputar la prefeien- 
cia á los Egipcios; pues se puede decir, valiéndose de la expre- 
sión de un hombre elocuente, [5], que los freruanos perpetua- 

(1) ^'Neqnis pnetorquam módicus, medicinam £»eeret. " Boeriura, 
"PwBlect," * 10. 

(2) Dedúcese del cap. 1. del Éxodo. ^^De Porígine des lois^ etc., tom.S, 
pÁg. 21. 

(3) Diodoro Zículo, lib. 1. "Bibliot.»'— Herodoto, lib. 2, núm. 34, dioedel 
Egipto: "Omnia referta snnt mediéis," y Plin, lib. 19, cap. 5. "Tradantet 
praecordiis necessarium hunc succam [rapboni s.ylyestrí8,J qniirn. potisaniiDB 
cordi intns inhserentem, non alio potnisse depeíli comi>ertuni sit in ^gyp^ 
regibas corpora mortuorum ad scrntando^ morbos ínsecantíbÚB." 

(4) Los Griegos tubieron seguramente bastantes nociones en la anatomii 
desde tiempos muy antiguos, y la cultivaron con esmero. En Homero « 
leen descripciones exactas de varias partes internas y externas dd eaiapo, 
de las que refiere algunas Riolano, á quien puede consultarse. Demóento, 
según Cicerón, estaba tan versado en ia anatomía, que al solo aspecto de 
las entraiías de los animales, y color de las plantas, preveía si serían ato- 
dant<?s las cosechan, y el año sano ó enfermizo, f Portal, "Hist. deraMt" 
tom. 1, pHg. 2;?. Hipócrates, su contemporáneo, rué sin duda muy vewido 
en esta ciencia, en la que se aventiyó Erasistrato. En el tiempo de Anstcte 
les ya eran comunes las láminas y diseños anatómicos, y él se refiere i 
eUas: "H»c anatómica d«scriptio exiconibus petenda. " (Enciclop. veri»". 
Anatom.) En la escuela de ^ejandría se hacían disecciones púbücae, y «a 
«Uas florecieron Herófilo, Andreas, y Marino. ( Vesal., "Pr»fet. ad. Cirol. 
V.) Galeno, sin embargo de las censuras de Vesalio y de VaJ verde, m ei- 
tractador, fué eminentísimo anatómico. El Grupo de Laocon, obra de Age- 
alandro, Polidoro y Atenodoro, al que Miguel Ángel Bounarotti llamaba ^ 
milagro del ai-te, y el Gladiador de Agasio, natural de Efeso, acreditao el 
gusto delicado de la anatomía que tenían estos artífices. 

(5) FonteneUe, "Eloge de Mr. Ruysch." 



—199— 
ban en cierto modo la vida de sos momias cuando los Egipcios 
'solo prolongaban la muerte de las suyas [1]. 

Si los Bomanos pensaron en algún tiempo arrojar de sus 
muros á los profesores de esta ciencia ilustre y de cuantas de 
ella dependen, fué precisamente en aquella época en que el je* 
nio feroz de su censor, adicto a las prácticas supersticiosas de 
8tts rústicos antepasados y enemigo por capricho de cuanto no 
era latino, les mereció: justamente el epíteto ignominioso de 
ópticos [2]. Mas cuando la comunicación con los cultos pue- • 
blos de la Grecia, su maestra y esclava, les hizo deponer la an- 
tigua grosería (3), entonces supieron apreciar sus mayores 
triunfos, tanto por el esplendor y aumento de la Bepública, 
cuanto por los conocimientos que les ministraban para conser- 
var su salud las naciones sojuzgadas (4): y cuando ocui^ó el 
lugar del adusto Oaton el sagaz Bocto, entonces fué la anato- 
mía la ciencia favorita del senado (5). Mas ilustradas las na- 

(1) Los caerpos de laa Iiieas desde el fimdador del imperio se. mante- 
nian sentados en sus andas en el templo del Sol tan bien conservados, que 

{>arecian estar víyos, según los testimonios del P. Acosta y Garcilaso, qae 
08 vieron y tocaron. No se sabe como los preparaban los Indios, para que 
pudiesen resistir á ias injurias del tiempo. Gomara, cap. 195, dice que los 
embalsamaban echándoles por la garganta licores de árboles olorosísimos 
y untándolos con gomas. El P. Acosta dice que les daban con cierto betún 
y les ponian los ojos de' láminas de oro, tan bien acomodados, que no les 
nadan falta los natnrales. Garcilaso cree que la principal preparación con- 
sistía en helarlos con la nieve. Pero todas estas precauciones no erau rtuli-, 
cientos para que en Lima se niantubiesen por nías de 20 años expuestos al 
ambiente, que por su humedad y calor llena de moho y corrompe las car- 
nes mas secas y endurecidas, los cadáveres de Pachacuta y otros tan ente- 
roB y tersos que solo les faltaba el hablar para creer estaban vivos, según 
refieren los citados. Estos cadáveres se enterraron en uno de los corrales 
del hospital de San Andrés. En el din se hubieran pagado á peso de oro, 
para conduciilos al gabinete de Historia Natural. 

(2) Ópticos, groseros, sin política, ignorantes. [Lecrerc, loe. cit., pág. 383.] 
El censor Catón tenia en cuanto fi, la medicina lleno su cerebro de tantas 
patrañas, cuantas manifiesta la siguiente receta que daba para curai* las 
dislocaciones y fracturas: ''Luxum si quod est cautione sanum fiet. Ha- 
rundinem prende tibi viridem P. IV, aut, V lougam. Mediam deflinde et 
dúo homines teneant ad concen dices. Incipe cantare S. P. motas vasta da- 
ries dardaries astataríes disrumpite usque dum coeant. Ferrum insuper 
jáctate. Ubi coierint, et altera alteram tetigerit, id mann prende, et destra 
sinistra pr»cide. Ad luxum aut fracturaní süliga, sanum fiet et tamen quo- 
tidie cántate in alio, S. F. vel luxato. Vel hoc modo buat, buat, buat ista 
pista fista domibo dannaustra et luxata. Vel hoc modo huat, huat, huat 
istasistar sir audannaban dunnaustra. fOato. De ve rustic, cap. 160] 

(3) Grecia capta^ ferunt, victerem cepit, et artes. 
Intulit agresti Latió. 

Hor., lib. 2, epist. 1. 

(4) Plin., Ub 25, cap. 2. 

(5) ^'Tam enim anatomico) speculationis amore flagrabat, quam morta-' 
lium qui vixerunt unquam allus.^ 

[Gailen, "De anatom. admin., lib. 1, cap. 1]. 



-2bSft- , . 

ci¿i!iéá irilodériids de Europa que las del Egypto y la i(?i0cia,=a^^ 
aYentiy[ap á unas y otras én el estudio de la anatomía. Apé- 
na¿ Federico II, rey de Sicilia, reparando á lo lejos írts prime- 
ros ói^eptisculos de las ciencias que iban á aniáneéer tobre loé 
fértiles páis^es de la Italia, consagra una cátedra á la enseñan- 
za dé aquella (1), cuando su utilidad sorprende los espíritus 
súméijidós en la barbarie. El ardor en cultivarla se propaga 
con rapidez. Émulos de la ilustración de los habitadores ñel Tl- 
ber los del Sena, él Tamesis, el Tajo (2) corren en tropas ¿ las 
escuelas de Eoiúa ^ Padua, y regresando á su patria introdu- 
cen el giisto haclfi la ciencia conservadora de los pueblos. Vi- 
jHañtes sobre su aumento y felicidad sus augustos mánáreas- 
hacen consistir su gloria en la erección dé anfiteatros ttiajgnifl- 
cos, en que compiten la incubación del anatomista con la ge- 
nerosidad, del monarca^ Perojcon cuantas ventajas no recom- 
I)onsá la anatomía la majio liberal del protector! iNó son sos 
luces las que elevando á la medicina y cinijia al punto de per- 
f(^<j<;áotién. qué feé han visto'en los últimos siglos, orijfinanlos 
ininepsos beneficios que de una y otra reciben diariamente sus 
süíbditmf 

Oáa^i no hay ano en que el cnchillo anat-ómico no haya pre- 
sentado un nuevo descubrimiento, ó alguna observación im- 
portante para rectificar la teórica y práctica de las dos faculta- 
de». No es posible que en el breve tiempo que defrauda VE. alas 
importantes y vastas ocupaciones que trae consigo el réjimén 
del Perú, por acreditar su protección á la anatomía, pue4a su 
paoejirista presentarle todas las utilidades de que le es deudor 
el género humano, en ciucb siglos corridos desde Mundino, sa 

(1) A medíadoR del siglo XII T, Federico II rey de Sicilia y emperador de 
Alemania, promul^ una ley. á iustancia de Mai'ciauo, su médico, para oue 
nadie, ejerciese la ciiiQia sin íiabor cursado la anatomía, Á la que on Sicilia, 
consagró una cátedra, ordenando se demostrase cada cinco años con asis- 
tejHna de médicos y cirujanos. ("Haller in Not. ad metliod. Boerhaav, tom. 
I. pá^i500.) ^' Tun vinci co^pit. barbaries, sed lente ómnibus mortalibus 
obcflBcatis prsestigiatríce illa Perípateticorum scieúcia. (Boerhaav, PtsBlect, 

(2) Aunque los españoles bayan sido los últimos <^n cultivar con esfuerso 
la anatomjfa, no lo nieron en concurrir á las escuelas de Italia en los siglos 
de su restauración. Argumento de esto es el célebre Juan Val verde, discí- 
pulo de Kealdo Columbo. Y aunque Carcano trató al maestro y al discípulo 
de ignorantísimos en la anatomía, asegurando que siendo Valverde vizcoy 
legañoso, nunca disecó por sus manos, esta es una censura propia solo de la 
acrimonia de Carcano. La obra de Valverde es un buen compendio de la del 
inmortal Vesalio, ilustrado con mucbas obseiTaciones del autor. El haberse 
traducido en italiano, y después en latín por niiguel Columbo, á instancias 
de Mercurial; el haberse surtido de él diversos autores que se han vendido 
por or\jinale8, y haberse hecho cuatro ediciones, maníAestan bien el aprecio 
que ha merecido. ("Fama itaque meritissima Valverdas fruafur, livore 
etíam frustra obnubilante." Frider, Christ, cregut( "Introduc. ad Physiolog. 



T^ . . ... — 2()1— 

réiftiaurádbr^ hasta Vic-Dásir, ©1 último ele snfe prcíbsoifes (1). 
Pero .'^ c6iiiOjE)ódrá olTidar al inmortal Harveo (2), de >eii- 
yí¿ itíaóbs tiatílS lá tóláridad que ha disijiado laS' antij^na» a- 
iii^Tás -d^ fii ittl^d?ipíñíaí .Oótüb la aüi^a defecnbiiü al erraflo ca- 
minéínttá ío's precípídoi A qné lé habiíi ÍBítj)uefttOi la oscntidiad 
de lanbchjé/éi inv'ehto d'ela cironlacioh dé la fti^ngre maniff«*- 
tó á los &ládK;os Ihs riesgos á ^ite llevaba su estragada; fiann 
li^ia, les ihósitii'ó él rérdádéró' catábulo d^láeconmrná'oipmahy 
y los cóndt\jb hasta lofs bíás recóndita miM:«Tfo9'ttela*Vidáfjd^l 
Iiómbí-e 'sano y ént^rinb. ^tábléciendo el Vetdaldero'pdnóipio 
dé ellay.hizo ver sus causas, notar sus desordenes á aplicar con 
séj^u^did Tóstéihédiós.; ^ÍB'eli^ déétotíbriiúieBto^uéliéstea^ 
quimeras dé \^ ¿íédieina antigua, ií)6 lA époeá dé liir modemci^ 
arregló el tnáh Sé Is^^ pirexias y puso én t^^^íla »ñ claridaiitel 
uso, la diVisiox^ioé éféctios de lia sangría! V0sotk*oé^ Mbi^ó^ 
res dé la cfúllká Europa^ <iüe acoáaétidód de un incendio Toaras; 
de una ftiñéstá sufocación, evadisteis por su uiedibJa últínia 
de las dés^á'ciai^: Vosóttós, los que invadidos del falbal veneno 
que ha désolái^b :QÍiéstfos hogares, gozáis por el mismo auxi- 
lio de una salud robu^á^ rodeados de prole numerosa, dad grtt-* 
cia^ á la béhéflcá áüátómiá. 

De^'e^ que Stenon, Viesetis, Willis, Eidleg, Leweohoek 
anatonrnárbn el cérébrtt y lóiá nervios^ y distinguió Hallerja 
.seusibiltUád déla irritabilMad, la medicina ha podido prtes^A- 
tar la ídóa exacta y iüétbdo cífentíflco del conooimieiito jen^ 
ración dé iá intiincidá ífáfáiliár dé las enfermedades nertriobá» 
y Sus síntotíiáá jrroííii lares. Fuisteis víctímasdé la ñielaooolla, 
inquicttíd y alucinaciones, cuyos bjos no vieron el diasmo 
para representar espectros fúnebres; vosotros los «pie tantos 
veces siü aliento, ¿(jspiracion, ni sebtidos^ figiliraítteis lab J»ttad 
eíitatua^ de Prometeo, dé la disección de lo£ oádáveoeskes de 
donde rob'ó la medicina la lus? que oá ha dado el dulce ropoto 
*.'■." ■ •. ■■■^ — *■ 

Bergen.) B$ ¿igao dé admircúsion qae todas sub ledicionee J»ca^' Qjx^nuvÍQFfuSy • 
y ^ne estip ^v^cipe i|e lo^ ^átomistas españoles no haya merecido lo reipi- 
pr|ma nuestra n^ion^ ei^ un siglo en que la tipografia y grabado sé hairan 
en ella en el último punto de perfeedon. 

(1) No obstante que á co^npetencia de la escuela de Sicilia se empeaó á 
enseñar la anatomía en casi todas las nnirersidadeb de Italia, no hiéo pro- 
gméoñ aénsiblétf kasta 1315, en que Mundino la profesaba en. Boloi»!^. For 
el miamo apo. oóiiipu^ una obra anatómica que le mereció el título ¿^ res- 
taurador de la anatomía^ Vic-Dasir empezó pocos años há á publicar uíía 
magniflca colección de láminas anatómicas, que no sabemos si ha oocluido. 

(2) Haryeó descubrió la circulación de la sangre en 16^. hós demás des- 
cubrimientos que se han hecho después de la restaur^ion 4e la anatomía y 
los progresos de la cirnjia, pueden yerse en la histeria de es^s dos ciuda- 
des, escrita por Mr. Portal. Las ventajas que han resultado á la medicina 
se hallan tratadas con extensión y delicadeza en el discurso de Hoffioianque 
se ha citado. 



t- 



—202— 
y la vida. Después que Aselio, Pecquet, Bartoliuo, Vau-Ho- 
me demostraron las venas lácteas y los caminos del quilo; 
después que Budbeck y Kuc^ hicieron conocer los vasos linfá- 
ticos; después que Malpigby y Bnysch ilustraron la estructu- 
ra de las glándulas, y Havers manifestó las de las articulacio- 
nes, empezó á verse la claridad de la teoría de las caquexias^ 
compitiendo con la seguridad de su curación. Ved aquí las 
manos piadosas á quienes debéis la sanidad los que reducidos 
á piel y hnes«>s, entumecido el vientre y los extremos, marchi- 
to y deforme el rostro, erais espectáculo lamentable á vues- 
tros semejantes! 

Gracias á Duvemey y Yalsava, que indagaron la sublime ar- 
quitectura del oido. Gracias á Malpigby, que investigó los 
pulmones; á Guson, Bianchi, Morgagni, por sus inquisiciones 
del higado; á Caserío y Euysch por las del baxo; á'Graaí y 
Bmner por las del páncreas; á Bellini por las de los riñones; 
á ISwammerdam, Oowper, Santoriui, por sus trabajos sobre la 
estructura de los órganos de la generación en ambos sexos. 
Gracias á Oarpi, Yesalio, Falopio, E^stachio, Lower, Sence, 
Albino, Borello, Douglas, Bidlop, Lancisio, Wínlow 

¡ Adonde me arrebata la memoria de tanto genio benefactor! 
¡ Adonde la narración de los iuesplicables beneficios que hace 
al género humano l.i anatomía por el minis torio de la medici- 
na! ¿Tu, cirujia, reemplazarías sin su auxilio en las batallas, 
en esos campos inundadlos de sangre humana, las líneas des- 
truidas! |Formarias con una mano de los despojos del cañón 
y el acaro ejércitos robustos y vistoriosos, entre tanto que fa- 
voreciendo con la otra en las poblaciones las madres fecundas, 
repones con ventaja las vidas que allá sustrajo á tus esfuerzos 
el fatal destino! fConio sin la luz anatómica podrías desgar- 
rar el seno materno, descuadernar los sólidos huesos que lo 
rodean, y romper los fuertísimos ligamentos que los imen, pa- 
ra dar paso y vida al infante y conservar la de la madre, 
triunfando de la muert3 con su3 propias armasf Aquella es 
también la que por la operación del trépano hace que arran- 
ques de los brazos de esta al que, aletargadas sils fnnciones 
animales, principiaba ya á dormir el sueno eterno. ¿Sin ella 
restitnirias al servicio de la sociedad y á la contemplación del 
universo á los que una densa catarata ó una opaca nube impe- 
dia que el rayo conductor de las i majen es las pintase en la 
retina, para pasarlas al juicio del alma! Por ella has abierto 
nuevos y no iniajinados caminos á la respiración, forzando á 
la naturaleza }:»ara que continúe la vida que ya abandonaba, 
oprimida del grave obstáculo que cerraba el paso al aire, con- 
servador. 

I^a fiebre lenta, el dolor, peso y angustia de pecho apunci^n 



—203— 
que el hombre lleva en la cavidad vital nn líquido que eoiistí- 
me y pudre sus nobles entrañas. La medicina prevee el reme- 
idio y su coyuntura: la cimjia á la luz anatómica, nota el sitio, 
rompe el lado, y abre una puerta para que salgan á un tiempo 
el pus y la muerte. Las partículas de tierra y las sales de la 
orina se atraen y unen por cristalización, forman un cuerpo 
duro de formaárregular, que punza, irrita y dilacera la vetiga 
del hombre infeliz: el dolor acerbo y el vano conato de expe- 
lerlo apuran sú paciencia y lo' llevan á la^ desesperMion. ¿Y 
habrá filien pueda serenarlo extrayendo de lo íntimo de la mar 
quina el insoluble enemigo f 

Tu, saludable anatomía, tu serás la que guiando el onehillo 
y la tona^, le conservarás la vida y proporcioiiiarás el reposo. 
Así benéfica^ así saludable, recompensas las liberalidades y 
magnificencia de los príncipes que te protejen. Ilustrando, 
desde los templos que te consagran, á la medicma y cinrfia, 
fomentas y multiplicas sus pueblos, á pesar de los estra.ioros 
con que intentan consumirlos las ¡lestilencias y la guerra. No 
bien ha calmado la inclemencia del cielo ó la ira oe los hom- 
bres, cuando se ven repobladas las provincias que pareoian 
aniquiladas por las enfermedades, el fierro y el fuego. Lo& hi- 
jos de Jafet, renacen bajo las manos del profesar perito, á ma- 
nera de los árboles y las plantas, que arrazadas por el rijido 
invierno recuperan en la primavera su primitivo vigor y hermo- 
sura, bajóla conducta del experto agrieult<H*. De aquí esas 
tropas siempre respetables; la marina numerosa, las fábricas 
abastecidas, el comercio en su auje, los campos florecientes, y 
las ciudades estrechas al número de moradores. 

¿Y no gozaría el Perú de una suerte igual en la parte que 
correspobde á su situación y dependencia, si desde buena ho- 
ra hubiese alcanzado aquellos auxilios (l)f Sn el espacio de 

(1) £1 mejor modo de proporcionárselos seria fundando nn colejio de me- 
dicina y cingla. Los catedráticos de física y medicina de la Universidad 
¿oncurririan gustosos á dar lecciones en sus horas respectiTas. Las beeas 
podrían ser costeadas por los fondos de las ciudades del reiúO; que tepeti- 
dae Teces ociirren por pi'ofesores á esta capital; y no encuentran quienes 
vayan, por el importante cuerpo de mineria y c^'a do censos de indios. Ca- 
da partido elejiría los que debian aplicarse; con la calidad precisa de que 
se le devolviesen. Si jwr premio se les diese el derecho exclusivo de asistir 
y disfrutar las rentat de los hospitales del reino, según su mérifo; iría aquel 
saliendo de la suma necesidad en que está. Los dueños de obn^es^ en don- 
de se oprime con exceso sá indio, deberían ser obligados á concurrír á esta 
piadosa obra, y á que mautubiesen en sus posesiones una sala hotpitál, có- 
mo lo c^jecutan muchos hacendados para el auxilio de sns esclavos. Con- 
vendría se formase este útil establecimi/Bnto para respeto á la humanidad y 
á lo que debemos al piójimo, y por conveniencia propia para cuidar de la 
conservación y aumento de una raza, que sin embargo de sus malas propie- 
dades, vicios y decidía, es por la que se mantienen estos vastos dbminios. 
(ÜUoa, Entretenim. 18.) 



—20^ 

iroa 9Íglo3 6U que los habitadores de 44 mil leguas cuac^rai^s^ 
acometídos de mil dolencias, bau sido la viistiipia 4é ^^ ^S^9r 
rancia y el abandono, ¡cuantas se habrían sal Vado aái^^^fj^ 
{MNT profesores intelig€intes! Comparad la triste ii^a^<^;^.(^ 
tos:e^C[ta3 qijie ha 9WS¿4o en éí la ignorancia 4^. li^ ana^w^ 
0091 laSi Vfentfi^as quQ orijina. la ilusti^a^iop. en ^¿^ c|i[^n^ y 
ent¡wo€iS:e.n m^fUo d^l 4olor q^e os causará Ip r^fi^^s©i\%fq|i 

d^/v^r aIaruinado^ nuee^ros pueblos,. asolafio^ PJ^?^F9^: f^flPI^ 
y demunbadas nuestras urinas, np pjo^reis pienó^^íjli^, /^iflrpp^ 
con jíostía.: 1 Ah ! desgraciados mói^iumentos, de Ja igpp^Wf^» 
¡que diverso aspecto preseuta^riais hoy, á ^er aaxijjlaclqs.^i^)]^ 
iostsuoclonlt I^a medicina, dirijidapo;:!?^ aflatomií^ WbíQp^re- 
diixvido las mwos que, edificaron y sqstenijan ^s^ps , n)ür9^^^ 
miamft bubi€|[ira indemnizado los bra^c^ que ^bí^h ^tbs.Cjf^- 
pci^«.¿a (án\iia^ con la propia luz, hubiera salvado laa,fu€ir2¿^ 
iq\ie rompíia^ ^atos cerros, y para llenar ^1 hueco déiilosij^^ 
habían toeíadQ.el término prescritos á la vida h,i;ii]¡ia¡p(i, hubjlj^;|fi 
. projbciido las generaciones nacientes. 

tíomputapdP á 1^ verdajd ^1 nú^ieiro de Ips qu^^ en, ^ap ^|^ 
todos safios ha dej^o {perecer la ignorancia y el ábj^ni^pno j^p 
mía edad invwluca, qálcular^do el fruto que estos y siis.^^ 
cendienjiies podrían haber p^flucido, es cierto' que áV^t^r 
aquellas capsas i^tructojras tendría a;l pre^nt^ el Peiiá^ '^.W 
pía de nwradqres; y q1 J?eru, con una pobüif^ion l¡r^p)icad^ jíje 
hallarla en Ja .die<^d^nci;a y mi^^a que le opríipef CjoJo^i^ 
dei etóombrp^ y destrozo», con un comercio jángi^i^p y ppfipp, 
minas din e^id^iít^pn, valles ton eriales, qup para i^^^nt^ 
necesita que ^ pan le venga de fuera! Poi: <^ cQutis^o.ii;^^, ^ 
plicadoa los bracos, allá se hablan mantenido qu pie, extendi- 
da y.mcijwado los antiguo^ pueblos, las villas y ciíicLade^ a^á 
te conservariaB 1q9 cauces délos Incas, apárecei:i{^n,4Í>|^tos 
otros nuevos, precipitadas las aguas de las sientas para aumen- 
tar el cabdal de los rioi^ y empleados estos en regar stis dila- 
tadas.Tegas« ¡Que pei'spectiva tan hermoí^a ofrecerla ]á cpslia 
del Perú al que desde el otro hemisferio viene surcando el 
Océano inmenso para canjear la industria con la liqueza! Yb- 
ria representada la succesion y murmullo de las ondas en las 
verdes, prad^ías y sembradíos que en el fondo de los valles 
ajitflda el blando zéfiro. Yeria elevarse en medio de las fera- 
ces compañías las soberbias torres y chax)iteles, acreditándála 
i^q¿e^a de sus dueños. Conmovida la tierra que ctibre á ésta 
por un número triplicado de brazos, cada cerro seria xm JxxxGvp 
Potosí enyos desperdicios podrían enriquecer una liarte del 
globo. Abarat^o el bastimento y los jornales, mas fi^ecuente, 
¿fitiyP' y expedito él jiro y mutua común iéacion dé laceria 
con la costa, se hallaría el comerc^io en iina g^iKQde opulgÁf^l^. 



thi^da 4 (»dtM .ventojasy concn^ necesarias éetantiieá' 
to dé {K^lacion, la profunda paK de este reino, podrían sos 
moradores gloriarse de qne habitaban él Elisio (1). 

Hé aqní la feliz, la veutnrosit suerte que, perdidaenei Beiá 
por la ignorancia «n la ¿anatomía, v& á restSAurarle^ la ilnstra- 
oion y practica de esta oiencia benéfica. Bn esto Anfiteotuo 
que hoi^ se coTisagra á su enseñanza amanecerá la bidileinte 
aurora que disipe la tenebrosa nocbe del error, íos prestjjiosy 
el desÓ3fde«i. Sus rospliandores fijarán la vista del Pei^no,^ y 
atraerán la juventud deseosa de recursos que asegnren ^u sub- 
sistencia. Por esté medio se hallará en breve asistido de pro- 
fesores celosos é ilustrados. Bajo de sus manos y cuidados re- 
n^^pá de sus cenizas, adquiriendo aquel primitivo esplendor 
y opulencia, euya conservación ha sido uno de los grandes 
cuidados de nuestros clementísimos monarcas (2). 

Dichosa época, en que principia la restauración del Perú. 
Dichosa éiK>ca en que estos pueblos, adelantando su satisfac- 
ción á los deseos del sabio de la Grecia, logran un gobema 
dor filósofo, y que, como si aun no lo fuese, pone todo su estu- 
dio en el cultivo de la sabiduría (3). Dichosa época, en que el 

(1) En otros tiempos faeron comparadas estas rejiones al Tempe y al Eli- 
sio. (ZolórzanOy ^'Politic ind/'^ lib. 1. cap. 4; Acosta, '^Histor. natur.) 

(2) De aquí la ley I, tit. 4, lib. I? de la Recopilación de Indias^ en que se 
manda que con especial cuidado se provea que no haya pueblo de españo- 
lea ni de indios sin hospital, para que sean curados los pobres enfermos^ y 
•e ejercite la caridad cristiana. De aquí las cédulas dirijidas á los señores 
Yiréyes, príncipe de Esquilache, conde de la Monclova y Marques de Ci^- 
tel-merte, en que los exhorta S. M. á que inclinen á las personas devotas, 

{lara que en lugar deñindalr templos, monasterios, y beateríos inviertan sus 
imosnas en la fábrica y fomento de hospitales, pues es obra en que tan in- 
mediatamente ejercitan la caridad, y procuran el bien público de las pro-' 
vinóias ''para la curación de los indios, cuya conservación y ct^idadó es el 

Í primer gravamen de mi Real conciencia, aun mas <]fue la construcción de 
os4»mplos materísJes.^ De aquí la fundación del Anfiteatro mandada eje- 
cutar en el Reáí Hospital de San Andrés, desde el año de 1753, para que se 
instruyan los oirvyanos y médicos de esta capital, concurriendo los dos pri- 
meros años que practicaren la facultad, cuya asistencia han de justificar por 
eertifioacion del catedrático. Eáta soberana resolución quedó sin verificarse 
en ninguna de sus capitales, hasta que el año pasado de 1790, el Excmo. se- 
ñor D. Teodoro Croix, cuya piedad permanecerá eternamente esculpida en 
los £EM«tos del Perú, proveyólos memos para la fabrica del Anfiteatro; pero 
quedando este sin lápida, instrumentos y sobre todo sin rentas para los pro- 
mores, ni arbitrio al cual no se opusiesen mil embarazos, cuando ya pare* 
cia indispensable abandonar este interesante eBtaí>lecimiento, todolo ha 
allanado el genio protector de nuestro benéfico é inmortal jefe. * 

(3) " Atque iUe quidem Princeps in^enii et doctrinad Plato tum denique 
fore beatas respublicas putavit, si aut docti et sapientes homines eas regere 
esepissent, aut qui regerent, omne suum studium in doctrina ac sapientia 
eoUocassent. Hanc coi\juctiónem videlicet potestatis, et sapienti» saluti 
c«n(init eivitatibos esie posse. (Cicer., Epist. I, ad Quint. &atr., lib. 1." 

TOM, TI, LrroBATUBA--29 



jefey seffim la máiima del oméor de Boma, acredita en todaA 
muí aooiotieft que vive, medita y obra, nó éoÍo 'pasa af^ iinopi- 
rapa posteridad (1). Si señor Exeelentíiñmó, noestMs saeeao- 
res recojerán los fratos del Anfiteatro, y haran >de VSL ékjpM 
mas sublimes que los que yo puedo tributarla Peroaonque 
no sea posible antícipar los honores postumos, iasvictudes que 
r han de ser su objeto, hacen sentir en vida el preiaiio> que lestt 
debido. La reetítud y benefloeneia allá en lo fntíiao detoom- 
zpn perciben de antemano los fragantes loores que ae proferi- 
rán sobre el sepulcro. Y la voz de la patria, siesNípve jnsts, 
consagra ya á YB. una gloria inmarcesible por ét útil eslaUd- 
cimielnto con que la' decora y ielieita. 



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(1) ''Quonismque íUa toz mhaniaiiA et acelera^ dueitur «orum^ f ai >«- 
fantse recusare, quominus ípsÍB mortuis terrarum omnium deflágraüó e6D- 
Mquator: oette vemm est etiams iis, aniáliquando fatori, úát, eue ptaff^ 
iptoe ecmBulendiati, (ídem. De flnil)., Hb.-l/ 



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B^CfDBSQ 






Que. para el establecimiento de unas ccnferendas eM-^ 
V iiipas dé medicina y cingia d^jo en el Beal Anfiteatro^ 
anatómico,. el Br. !)• Hipólito tJnanne^ catedrático de 



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'•4ÍÉ 









hidustría huniftim immk adiiictii; liypbthe- 

, aibuA, . aoUb .iuoixa .obber^atíombÚBy «Hu ' 

noiti^.ppmería in..di^ext^ndijb^ cor^ 

que qni id porfeceript; ,nomen et;e^uiii 

' (Haeá, <^Bat. medent^^ txnn l/pJAg.SdS.) 

SeiVores: ••••'. _,.,.'.-. r :•- 



t « < • y • • 



''fil'bien de la' httmanicliad, los deseos ardientes de éocréfi^iyotí* 
der á la tn<Mmiparable beDeficéncia háoia mi de'eBta'oápttifl' 
flei]^rosa^y:}os<4agxados debeces de* mi -ministerio «úe obUj^fan 
a reeargat mis hombros^ fatigados ya del trabi^o, eon fmb'glo^^ 
riosay jieio 4ificil ocupación.' Después de haber zanjado en ea* 
te^]ílnñteatro Anati^ico, erijido bajólos dichosos > auspicios 
del v irey excelso qiie rije el JPerú, los mas sólidos fundamen- 
tosal estudio de la medicina y cirujia, pienso ser propio de mi . 
gratitud y cargo' prepararles su p^ébciony estableciendo en él, 
uncfS' joóttíbtencias <;tÍQÍ0EU9/ Pioy:ecto/inéiátitEiáblé^.m^^^ 
i9T;c)bÚEMsí..yf)c^ y ábápdonadQ otiiás taitas por la ardqidad de 
lar empresa- .'•'•«''••!"">'• " - •••''.'''•• ■; 

' Si» i^jebiof didi^ja^/antonte tle la erudición Jr '|^1 buén;^ 
gusto, y dotado del divino don de la palabra^.sQ presenil^ co^'^ 
mo un conquistador formidlElbíe' en él campa inmenso dé la sa- 
btduri^; TjDidó ,lé' jífede jf se lé subyuga, y arifástra; QÓino atada 
a1\(!¡f^'rro.4^' /$us .iTOÚrfos^lí^, glpjja .de. sobresalir y hacerse lad*. 
üíirar de todos los mortales. Pero si le es preciso observickí pii^ ' 
so á paso las revoluciones de la economía animal en un euer- 



po enfermo; si intenta penetrar en el caos de confostones en 
que 80 abisma el oríjen de ellas; si pretende proveer sa cañe- 
ra, sa terminación y variaciones; sorprender el instante fa- 
vorable, y armado de los recursos mas activos impedir sos 
progresos y evitar sus funestas consecuencias, (jaediui enton- 
ces como vencidas toda la enerjía y las riquezas del injenio. 
-A^^virtud mas eminente, á conocimientos mayores esa quienes 
ciñe de laureles la vida triunfante de los asaltos de la maerte. 
La instrucción basta y profunda, el discurso exacto, el juicio 
maduro y ya libre del yugo de la opinión, la observación con- 
sumada no solo por la serie de los años, sino por la fuerza y 
constancia de la atención, la prudencia, la sagacidad^ la elo- 
cuencia, las buenas costumbres; un espíritu y un corasen, en 
fln, en quienes la naturaleza 5f la doctrina con el designio de 
formarlos para profesar la clínica se disputaron la pief^rencia^ 
sqn tos solos dignos de practiearlai (1). ,T como e^tas cualida- 
des stíblímeB no pueden disfrutarse, sino juntando á alia Ín- 
dole apt^ y feliz el naceif y educarse en el regazo del coi^oso 
^4°^^^í> de disciplinas que deben precederla, ^)de^bael 
grande y experimentado maestro de ella (3) la abrazasen des- 
de la niñez los que hubiesen de ocuparse en su eiercicio. Con- 
cebía qne solo de este modo pódrian ir adquiriendo las luces y 
perfeccionando las disposiciones que requiere. Mas cuando 
destinados por la misma natiiraleza, nutridos con la ciencia 
de la razón y de la moral, y aguerridos en los caminos del sa- 
ber podían ¿manquearse por si mismos la senda en cualquiera 
otra de las partes mas elevadas de la sabiduría, se ha ju gado 
que si aplicaban la mano á la grande obra de remediar las do- 
lencias íSsicas del hombro, entonces era cuando necesitaban 
aup de una luz mas fuerte que los guiase y esolaredese. 

|Tán arduo y tan difícil es poseer la ciencia clínica con la 
dignidad que corresponde á la mas excelente y sublime de las 
ciencias naturales, bien que humillada hasta el extremo |)or la 
ignorancia de muchos de los que la ejercen, y la estupidez del 

0). ^'QUapr^pter siiígala prttdicta suscipere oportet^ et 8a]>iantíaíxL trans* 
v2i *d medicinan, et mcdicinam ad Bapieutíam. Medican enim philosophos 
S5 'P^ »q«*h?- (Hipp, Do decentí orneta, ^ 4.— Hipócrates jaináa ha ha- 
blado del verdadero medico, de quien éi era el ordinal, siiio suponiéndolo 
raYoreddo pqr la naturaleza y peifeccionado por la ciencia y la virtud. 
Véanse los retratos admirables qu« hace de él, asi en el libro citado como 
como en el "De medico." . 

(2) Véase ú. Ludwig, "instit phyfiiol." cap. 3, 4. 

-Pl./S'^squiBenim medie iuíB scieutiam sibi veré comparare volejt^:eam 
h» ancibus yoti siii eompotem fieri oportet, natura, doctrina» niorilím» ge- 
neráis, loco studiis apto, institutione apuero, indiutria, et tempore. Hípp., 



vnlgo .qne los fomenta y a<}re(iit¿:(l)l Be aquí la formación de 
esas van^i at^éniiáédilií. lá Europa p^ adiestrar en el conoci- 
miento y reétb íisode fellas á los íjtie yaprpy ééttís éfií todas las fa- 
cültad€)sbréviás, ábi:áisan su practica (2). De áiíjtíi la infiíiltución 
de las cátedrlU cliiiieas. <?on el propio destitio. Establecimiento 
el mas ventajoso (jnepodia Uábei^se meditado píírá formar pro- 
fesores incomparables.. Uii sabio llenó de ex^rleiicda y doctri- 
na coñdücéí á 1í^ juventud ál leelio misnió del enferfáo, y la ha- 
ce notat* todól^ los síntomas qué distitígüen ó acompañan á sti 
accidente. Sucesivamente térje con íápompía de la ertidicioii y 
la II. apestad del juicio la bistpria de él. Hade vehil'á su presencia 
lo pasadp para aéelarfit las causa$, y adelanta lá existencia de 
los futuros párá.fortíiár él presagio. Y bajo de uuos alcances 
que pueden lláhikrse divii^os propbné y arregla lá curación. 
¡Felices los ique pueden consultar á los oráculos de la natura- 
leza paciente éíi sus projpíios templos! 

Pero cqinp ñi ló dificii de la empresa, ni la falta de re- 
cursos liój^ libertan de las obligaciones del oficio, es preci- 
so adoptemos los medios posibles para suplir la carencia de 
aquellos. Ningunos á la verdad parecen mas proporciona- 
dos qué el estál^lecimiento de estas conferencias clínicas, 
siempre que sé áiTéglén á nn pian exacto y se solstengan 
con tesón. Yo Toy a proponeros el primero, esperando que 
su ejecución manifieste lo que se deba en él reformar ó^ 
añadir. Ifáda ule ocurre deciros sobré ló segundo. Ha- 
blo con vosotros, jóvenes, á quienes perteneqe sostener el 
peso dee^tas^ actuaéiones. Tenemos el honor singular de que 
el jefe ilustrado de nuestra facultad se digne hoy autorizarla 

^ (1) ^'Mediiei^a omnium artiuin praclarífisiiDa est.: venim propter ignoran- 
tiam eoram qui eám ex^rcent et od vUlgi ruditatem^ qnocl tales pro medicis 
indicat, et habet, jam eo res deyenit, ut omnium artium longe yitiscdma ceii- 
seatur." (Hipp.y Lex^ $ 1-) Aunque se hayan compuesto muchas InYectivaa 
contra los falso» médicos, ninguna iguala en pTopi^dad, vehemencia y sal á 
que trae aq^ui Hipócrates. Los compara á los farsantes que se presentan en 
el teatro haciendo éí papel de ^mperadoreí^ y reyes, cuando en la realidad 
solo son unos miserables truhanes. Y asi como son muchos lofl monarcas de 
mojiganga y muy pocos los verdaderos, hay también, dice, mnchos médi- 
cos eñ la representación y muy pocos en la r)aálidad. '^Sic et medici fama 
quidem, et nomine mnlti, re autom. et opere valde pauci.'' 

^ Es célebre, entre otros, el instituto de la universidad de Halle. Con- 
carren en el anfiteatro todos los et^tudiantes de medicina presididos de un 
íacnltativo consumado. Allí se ministran gratuitHiueut^ los niedicamentos 
á todos los qne concurren por ellos, con talc^ue ll<«veu descrita la eníerme- 
dad para cuya ciu'áción se solicitan. £1 médico, lu< i^o qué la oye, manda á 
los estudiantes uno por uno caractericen la enícrnioilad y receten el reme- 
dio competente. Al que acierta se le celebra con )>»hnadas y se reforma el 
dictamen del que yerra. Si los síntomas de la enfeniiedad parecen no estar 
bien notados, se depntan das estudiantes para qne vean al paciente y fo^- 
ip^en la relación de sus dolepcíM» 



^ 

4 



C0D Sil asistaueUio jY-que^árdor no ú^undirá* sii presencáa, sa * 
t)rot^ccion y su ejemplo! .Reinos también congregadoaáíoi. 
venecable» maestros 4 quienes debemos .la instrucción. Ag<i^ . 
biados de losaüos y las fatigas inees^ntesá -favor 4^ la ¿uma-'. 
nida^aflijida;' extenuados.. |>or las ¥ijíUas continuas- que les 
ha costado . nuestra . educación , médica,' interrumpe^ no oÉis? ^ 
tanto) 4a única faora 4iue se , les^ permite de reposo por {uresenr. . 
ciarse aquí 4 darnos lecciones^ de .constancia y dedicación* -¡Obi . 
ceda en honor'de>eUos la gloria^ue^ resultare de imestcoS'sa-tM 
dores. Ooróuense con las flores hermosas' que regaron eon los 

% suyos^ esperando .nosotros, recojerlas en aquellos.. campos en- 
donde supiesemoB á su imitación ^mbrarlas y cultivarlas^ . Por. r 
otra parte, vosotros sois unos profesores cristiano&¿ 'quienes. 

. congregan > aquí las. luces, del entendimiento y la . xectitiid del . 
corazón: la perfección de vuestra arte y. el cumplimiento dei 
vxM^stróS'deberes.: Objetos preciosos, que* inundando ^.médieo 
clínixio del placer inefable.de 'up a^recer^ manchado, con.el.x 
mas negro de. los crímenes delaate.de ')osrOJ(V9;de¿l, Dios. vivo 
(1), le proporcionan un renomJt^re inmortal, industria humana > 
nuUis addietah^pQtliedbtiSf aoUs^ imixa.cbservfliionibuSj arUt, 
nostra pomeria ifirdiesssctenídity e<^umq,ue'^HÍ id jferfec^ntyWh- . 
Tifien aéefmunbclüeti if i' '* ' . '•■., .»...» .»» :. . - m . •: ^ • 

P£iA'K PAIRA' &&AfRRBG<LO 0B LAS^ OGK^BRENOIAB GLimOAS.* 

l/See8táT)lfecéi^'áestá;á'ck)tffe^^^ 

ná'én el drá'jtíeve& dando pVíhcipid á laá 'éltati^o' áé tó'tíírdé:' ' 

2. lios profesores de medicina alternarán con los d^^^ra- 

jiá, de suerte, que éin una semana ^^xpóndran los primeros tía 

ininto de su facultad,. y en la siguiente Xa. ejecutaran con la 

snjra los i^gündos. • ' • ^ 

'3, Las materias se di^rjb^lirán de Yqodo <^^^ 
nost *^ ba ^la conceder mi mes ¡de. tiempo á ,cada fácql^t^vÁ 
para que ordene la suya. • ^ ... •'■ . j... ... ' . 

4. (Dada facultad al empegar y' sfeguir tin eurso complet^f' 
pWcíéderá ^ikténiáticamente |)0r iilíi^és, órdptíe^j gátteití^ 

pecios v..y^rie<lfMles. . , , , V^ .,.'.. : V! '.'^^ 

., 5/ Respeiíto^.de que él sistema nosolqjico del Bi:, ÓtÜJieii., 
tiene bastante precisión y 'Claridad, y^^ sus obras «(m/lasWM: 

•(l/^'€Ht im ijoinib «apítal dánfilfí partid" <Té la médéeine qu'oii ¿miñe' 
clmíqiie'oa praetiqne; et Hrrrtoiit dáns liv métlecinefoTaiDef que «haq^eJné*' 
déoin'd«4t toujoiir»^onAii1ter 866 talento et'8a oonscieueej «tiiepiniit-péfllier;' 
Boit ^aiift 6eAcure8/V)(íitdaii8 ses'd^ÍBionB, par i^óranee^. eteiíoóreiiidiiii^* 
par^fíittlH^f l^nV á^'gnéif?' «de • ^^iTwb plüw atrocb, DÍ^d^»cllnoR plttdeoupar ' 
ble que cellc-ci aux yeiix du Dieu vivaut".^CDiclf©Idy^'L'efud¿t^Milmvd!r»sy 
tom. 2, pág 44.) 



— 21Í— 
eomones que tenemos de esta éspeoic, se arreglará á él la olá« 
.sideacion de las eíifeiinedades. % ^ 

6. La exposición de la enfermedad debe dividirse en tres 
partes: V- historia de la enfermedad; 2^ curación 3^ obs^- 
vacion. > 

7. La historia de la enfermedad ^ebe exponerse del modo 
siguiente: 1? El nombre de la enfermedad de que se vá á tra- 
tw, apuntando )as diversas apelaciones cojí que haya sido des- 
crita iK>r los autores, al menos los mas recomendables.. 2? La 

' especie, género, ótdeny clase á que perteneciere ("^ 5). 3? La 
definidon de la enfermedad por Sius signos caracteristioos. 49 
El diagnóstico, esto es, la enumeración de los demás síntomas 

?ae suelen acompañarla y que no entran en su definición. S? 
^áEksripcion de la enfermedad según sus diferentes tiempos, 
' debiéndose seguir paso á paso desde que principia hasta su 
mayor aumento, y de aquí hasta su terminación. 69 Las can- 
sas de la enfermedad' remotas a), procatárticas 6), próximas o), 
descubrimientos anatómios < d). 79 Teoria de las causas, de- 
mM>strando por" uní raciocinio sólido el modo como han infinido 
ellas para enjendrar la enfermdad, y de que manera produ- 
cen todas las variedades y síntomas que -la acompa&an. Ko se 
señala sistema alguno flfi»0t%ico que - deba 'adaii^arse.') Cada 
'uüó "seguitá el que le* pársiere mas' conforme á las afecciones 
''<[üe <0Otí0eettK)i9de'laéeonmia''animal,^y^á'la observación, que 
debe ser la base de todo discurso inedico:[l>]; 89 Bl pronósti- 
"IMdelaenfeiiáedadyfarazondeél. » -^ 

' ' ' '8 £a segunda parte de la «xposidon en las «confereneias 
eKiÜeító debe empleaise en tratar ^ de la' curación' de la "enfetane- 
'^ád, la que se pit>pondrá> én: los ténnicres siguientes: 19 Se 
' níMÍúráh las indicaeieties curatorias que ofrece ila enfermedad 
én'cáMia tind'de su9'tíempoSi 29 Se (propondrán ice remedios 
''eOn* tffi^ Aeíben satisfáoevse, y el orden eon < que ( « se lian* de idi- 
nistrar. 39 Se dirá el modo como deben combinarse . estos-an- 
' mUAiyiataiMm de su (combinación y stisdo8ís>respeetiV2te, pre- ' 
'*#eaitluido utias fórmulas simples libros de toda agregación 
Sliútil. 49 Se* advertirán las cautelas qué deben 'obserstasse 
^'MiSpeeto tu enftormoj á las cosa» que lo rodean y- 4 : los^ectos 
d)6Y medicamento administrado.. • -^ ' ^ ^ > • > í r : 
9^ Poarque no es posible el qucse 4é T^zon.mAnüda^jde'iA- 
^fr<Éi<]^^<lílüifiAl,^etal' ór^^ttimorai el isim^le)faue,<|H0éaieoe»m|ts 
^^Wgtttt>^u6tiiÉríto;iV^t su ixdrtudrespeétnw á(la(«nfo]á^^ 

l>JKI$'']^MSÍáÁia)iiawrbonimi€aaM jtQdagiMidw<.prQ|pr^d¿:<}tloi^^ 
iofiíiy lád«r»I (VÁa-SwiétieiL, ad Api 



- 1 



de que eys trata, ó por cualquiera otíiá drcñnaialioiay y sé w« 
toriará bajo el órdeu siguiente: 1? Su nombre y los diversos 
"que pueda teiier en los autores médicos y naturalistas; 2? su 
especie, su genero, orden y clase en el sistema de Lineo: 3? sus 
caracteres distintivos, señalándolos sobre el mismo rjqmedio 
que se deberá tener presente; 4? las variedades qqe de él ae 
Bucuentran; 5? los lugares en dorde se halla; 6? sqsi eqaUdii- 
des; 7? los principios de que consta; 8? las prepacacipne^ qoi- 
tnico-farmaceuticás que recibe para servir en la medicijoa; 9? 
los usos qt^e en esta tiene, usos generales a), usos especial^ 
h)* 10. La dosis en que debe administrarse según los teipper^ 
mentes a)^ las edades b^; 11 la tepria de su operación en el 
cuerpo humano; 12 las cautelas que pide su uso, y eomci d^- 
ben correjifse sus «efectos si resultan violentos, ó auinent&ipe 
cuando son débiles; 13 las varias composiciones oficinsJes en 
qne^6ntra8e este simple; 14 que otro medicamento puede repo- 
nerse, en especial de los del pais, faltando él; 15 el juicio qae 
deba hacerse del usó que hubiesen hecho de él los médioos ó 
los farmacéuticas. 

10 El remedio que se historíase en una coi]ifer$^ci% no 
volverá á historiarse en otra, aunque sea un específico en. la 
eniermedad de que se habla; se elejirá otro, á fin de que al 
mismo tiempo que se van recorriendo las enfermedades SQ re- 
corra igualmente la materia médica. ' 

11 Guando la conferencia sea de cinyia, la operación qve 
en ella se propusiere para la curación, deberá praaticarla en el 
cadáver el profesor que la sostuviere. ÍBsta se ejecujbará.al¡4ia 
siguiente viernes, en que se hacen las disecciones anatóipicas 
por la mañana. Y si ocuiriese algún embarazo, se practicad 
en el martes inmediato, que está igualmente destinado ;á las 
funciones anatómicas. Aplicará igualmente el vendré re^ 
pectivo. 

12 La tercera parte de la conferencia clínica con^prepde 
la observación. Observación de parte del que disertí^ pbser- 

^ vacien por parte de los facultativos que le oyen. El que.dMff-' 
ta terminará la historia de la enfermedad que expi^sí^re, con- 
firmándola con observaciones propias ó. saca4as.de loa W^cto- 
res de ellas. Los que oyen, según Á órdeu de su antÍ4$oied¿d, ob- 
servarán los detectes y equivocaciones que hi^biesen notAdv en 
la exposición, oponiendo argumentos precisos saeadpa- .46 la 
experiencia ó de un justo raciocinio. El disertante deb^ná Q9P- 
testar con claridad y brevedad á ellos. Para que en esta parte 
se obvien todos los estravios y sutilezas metafiaicas^ se ad- 
vierte que lue^p que se proponga alguna objeción de este gé- 
nero, se dejara sin respuesta y se pasara á otro ]a factútad de 
hablar, * 



—213— 
IS A. fin de sacar de estas coaferencias cUnioas toa. 
lidad posible en favor de los profesores que concurre! 
y del público, se establecerán algunas concarreucias c 
dinArias, destinadas á coatestar á las consultas qne 
MD hacerse. 

14 Si el consultante fuere atgtino de los facaltati 
oonourren al Anfiteatro y desease ser socorrido con li 
de sos compañeros sobre alguna eufermedad que se h 
toalmente tratando, deberá propoaerla, de palabra ó 
orito, observando método, verdad y sencillez en sos : 
nes. Oada uno de los asistentes, empezando por el a 
demo, deberá darle sn porecer, tnndandolo. Si el caso 
ta meditación, se reservará la respuesta para otro dia 
señalurá según lo ezglese la urjencia de 61. En el ent 
deberá cada nno me<litar y estudiar el punto para dai 
menes segaros. 

15 Si alguno del público quiere igualmente qne se 
sobre sos males, se ejecutará lo que se refiere en el <) I 
gnn e] mayor número de votos se le contestará de pa 
por escrito. Guando el pacieute uo pueda presenciarse, 
ga por su indijenoia facultativo que dé razoo de él, se ( 
i4 nno de loa del Anfiteatro para que lo visite, orden 
ponga sn enfermedad, y siga asistiéndolo graciosam 
fiíera predso. 



LlTBIUTCrBÁ— SI 



DISCUESO 

Sobre el panteón que está construyendo en 
grande de San Francisco de esta capit 
Guardian Fray Antonio Díaz. Por el Dr- 
TTnanue catedrático de Ánatomia- 



Viva' la proyideucia saludable, 
Que á Dios dá culto, y á los hombre 
Huya la corrupción abominable 
De su Sagrada Casa exclarecida: 
Eespfrese en el Templo el agradablí 
Aromático olor que á orar convida, 
Triunfeu'ya los Inciensos primitivof 
Y DO maten los muertos á los vivos. 

D. Chegorio 



Los hombres en- todos los siglos han deseado, q 
pos fuesen tratados con respeto, después de su mu 
timíento de la resurrección parece innato al Gen 
y que en virtud de sus dulces esperanzas, se ha 
reposo y la seguridad para las cenizas que se i 
día al soplo del Omnipotente, ]>ara formar de nue 
humano, Las carnes frescas cubrirán otra vez lo 
dos, brillará la luz de los ojos, y pintará el carmín 
De este principio dimanó la institución de los Se 



—216— 
al r^asar la Historia^ y cotejarla con las ruinas de los pue- 
blos antiguos de uno y otro emisferio, se vé, que la uxiiverMd 
y constante costumbre, fué hacerlos en los campos. £1 deooio 
de los templos, en que se creía morar la Divinidad, y la salud 
de los pueblos, no permitieron abrirlos en su recinto. 

Guando la luz del Evangelio esclareció las tinieblas que 
cubrían la tierra^ adoptaron los primeros cristianos estos mis- 
mos nsos. Sus templos, como consagrados al verdadero Dios, 
eran mirados con tal respeto, que por una señal de la estima- 
ción, debida al gran Constantino y sus servicios importantes 
á la religión, se le concedió una sepultura en el vestíbulo, 6 
atrio de la Basílica de los doce Apóstoles, que él mismo baúa 
edificado. Hasta este tiempo acaecido á mediados del siglo 
ipnarto, solo los cuerpos de los mártires, estos gloriosos detoi* 
sores de la religión, podian ocupar el pavimento de laft igle* 
Mas; ípoi^ue. sus ^pi;eeiosas virtudesi> el olor de santídad^y^ la 
sangre geaerosamente derramada por la religión, los imeia 
^gnos & servir de base al altar augusto, en quase intnolael 
mismo Salvador. 

Algunas pretensiones piadosas de personas respetables em- 
pezaron á debilitar el rigor de la disciplina eclesiástica. Mira- 
ron como un bien singular, estar sepultados en el mismo t»- 
reno, en que dormiañ los mártirea* Biígniósé á la piedad el es- 
plendor de Jos títulos: imitáronlo las iriquezas; y en conse- 
cuencia el vulgo, mas ínfimo no quiso ser inferior en esta pie- 
rogatiba. Ab Episoopis ergo cwptumy tum ad clericoSf tándem ai 
laicos vmtum est^ juxtd rerum ImnianartiM consnetudinem^ qua 
ex uno multa consequuntur. Sicenim natura hominnm compmrúr 
ta estj ut ad essemplum moveamur: etquidqtiid h4ynoriSy et utUUa" 
tis in altera ncvervmis, quisque appetat^ et habére contetidat (1). 

De este modo los templos mas suntuosos, las mas bellas 
ciudades han quedado reducidos á unos inmundos cemente- 
rios, mesfielándose en aquellos el hedor de la podre con los in- 
ciensos que se ofrecen al Soberano Dios de los Oielos, y fo- 
mentando en estas las enfermedades, sus contagios: y las 
muertes, tristes consecuencias de la vs^idad y preocupación. 

Seaseque en estos últimos tiempos se hayian visto n^^r es- 
tas eosas,- que en la edad media del cristianismo; 6 que Tos re- 
petidos males y públicas calamidades, que han resultado.de 
los entierros' entre las poblaciones, hayan abierto los ojos; lo 
cierto es, que de la mitad del siglo anterior para acá, casi to- 
dos- los gobiernos de Europa y prelados muy respetables lum 

(1) f^Fray José Alegrancia De sepulcrís chrístianis xd sedibiiB sacrÍB. Ci- 
tado (P¿g* 48) por el jmfonne de la Éeal Academia de la Hlstoría, sobré la 
Biscipiiiiá Ecleisiástíoa antigua y moderna, relativa al li^ar de lai ^sepulto- 
ras, Obra completa. 




—217— 
ni^ifestado un grande empeño en la erección de campos MH- 
tos fuera de Poblado. Con este designio se han expédidadr-* 
denes y Pastorales, llenas de humanidad y sabldnria: y los 
Qteratos las han sectiudado con una multitud de discursos^ en- 
tre los cuales hay muchos dignos de eterna memoria; Sé bábe* 
dio ver con los monumentos mas preciosos, que la práctica de 
enterrar los muertos en las iglesias, es contraria á la discipU* 
na de los primeros siglos, reclamada incesantemente por los 
primeros personajes en los siguientes. Be ha manifestíldo 
igualmente dañosísima á la salud de los pueblos^^ comprobán- 
dolo con reflexiones sólidas, y una multitud de funestos ejem» 
piares* Estos esfuerzos combinados de la religión y la políti- 
ca, han tenido los mas favorables efectos. En Alemania,. Ita- 
lia, Francia, España se ha adoptado generalmente el uso de 
cementerios fuera de poblado, viéndose entre ellos algunos 
muy suntuosos, di^os de la magnificencia de los príncipes 
que han si(j[o los primeros en dar en sus capitales el ejemplo a 
los gobiernos de los Departamentos y ciudades subalteriías. 
Tiene Lima la gloria, de que un hijo suyo fuese quizá el pri- 
mero que los erigió en España, estableciéndolos en ísm cele- 
bres poblaciones de Sierra Morena. Las ideas de ei^te grande 
hombre sobre este punto interesante, están desenvueltas en su 
obra inmortíJ del Eiíangélio en Triunfo^ con aquella dulce elo- 
cuencia, que lleva dichosamente encantado el espíritu en me- 
dio de las tristes imágenes, y de los funestos cipreses que ro- 
dean los túmulos. ' " 

Queriendo la Sociedad de amantes de Lima, que esta capi- 
tal siguiese el ejemplo de las de España, encargó á una de sus 
mejores plumas (1) la composición de los Mercurios 13, 14, 15 
del tom. 1? en que con un pincel filosófico se ven retratadas 
las costumbres de las naciones sobre funerales, y las razones 
legales y fisicas, que prohiben su entierro en los templos. Pe- 
ro ni este ni otros medios adoptados por el gobierno, han sido 
suficientes para mover á un pueblo habitador de un clima 
suave. 

Evioüit anwMs clenientia Gali, 

Estaba reservado al zeloso prelado S>. P. Fr. Antonio Üiaz, 
dar el primer paso, y acaso el mas necesario. La devoción de 
los fieles al Patriarca San Francisco hace, que el concurso de 
4^áveres en la, iglesia del convento grande sea muy crecido. 
El pavimento, incluso el Presbiterio, está lleno de bóvedas y 

(1) ''La de D. José Rosi, y Rubí Cabulloro de la Real y Distíugnida Or> 
den de Carlos IIT." 






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—218— 
sepaltaras, que no bien se cierean, cuando vuelven á abrirse, 
para echar los cuerpos recien muertos sobre otros medio-po- 
dridos. El templo, por este motivo, tenia muy mal olor. Así, 
luego que entró en la prelacia^ que dignamente ocupa, pensó 
en limpiar la iglesia, formando un osario fuera de ella. Pero 
su razón esclarecida, y su corazón religioso quedaron conster- 
nados, cuando vio que el altar, en que está colocada S. M. Sa- 
cramentada, apoyaba sobre un pavimento que cubría mal cer- 
ca de cuatrocientos cadáveres, en que herbian el hedor y la in- 
mundicia. Desde este momento pensó edificar un panteón, en 
que con mas aseo se depositasen los cadáveres, y el templo 
santo quedase libre de estas pestilentes impurezas. 

La planta del convento proporciona un sitio adecuado, sien- 
do de mucha extensión, y colocado al extremo del norte de la 
capital casi sobre la vega del rio. Los vientos sures, que son 
aquí 'los constantes, aiTojarán fuera de ella los efluvios que se 
levantasen del panteón, y quedará menos expuesta la salud de 
los moradores. Con este fin importante, en la punta del con- 
vento, que mira á Norte y Oriente, se ha elejido un sitio, cuya 
figura^ dimensiones, y distribuciones se ven en la lámina que 
acompaña este discurso. 

Según ella, el piso forma un cuadrilongo con 49 varas de 
longitud de Oriente á Poniente, y 30 varas de latitud de Xor- 
te á Sur por un lado, y 23 por el otro. En medio del muro 
que mira al Sur, está un pórtico que sirve de entrada: y por 
una galería que divida en dos partes el panteón, conduce al 
fondo de él, donde se edificará una capilla, cuyas decoracio- 
nes sencillas y sombrías inspiren la compostura y meditación, 
que piden estos alcázares de la muerte. Los dos cuadros que 
qiiedan á uno y otro lado de la galería, tienen el piso sobre 
unos osarios profundos, que se vienen cerrando de manera, 
qu¡e el centro de la bóvedalo concluye una pirámide, sobre cu- 
ya eminencia se colocará una cruz, y por un lado tendrá una 
puerta cerrada, y que solo deba abrirse, cuando sea necesario 
descargar en él los huesos de los sarcófagos ó sepulturas. For- 
mando im cuadro al rededor de la pirámide, están los sepul- 
cros en forma de nichos, tendidos unos sobre otros, de cal y 
ladrillo: su entrada en forma de arco, y por este método com- 
ponen dos órdenes. Al extremo de ellas debe correr una ba- 
laustreria, ó pasamano, y entre esta y los muros del panteón, 
dejando un espacio suficiente para el tránsito, se levantan 
cinco órdenes de sepulcros. 

Los que están apoyados á la derecha de la capilla, en la pa- 
red que mira al ilbrte, están destinados para los cuerpos de 
religiosos y hermanos generales, ó de la Primera Orden. 
2Los que se juntan á esta cortina, y cuya pared mira al 



/] 



Oriente, son aaitftiadoA á la Y. Orden ^fercera y demáci hei> 
mandados de la Iglesia. Y á fin de evitar que los septiltttreroa 
conftLDdan el órdeu de las respectivas separaciones, se asega« 
rariá* cada una con sus puertas, sobre cuya coronación se pon:^ 
dxá una inscripción demostrativa de las partes á quienes per- 
tenecen. 

En los que cierran este cuadro en la cortina del sur, se colo- 
carán con igual segimdad y método los cuerpos de las fami- 
lias distinguidas, que han trasladado al panteón el derecho 
que tienen á determinadas bóvedas de la iglesia y presbi- 
terio. 

A la izquierda de la capilla, se depositarán en la primera se- 
paración los cuerpos de los señores sacerdotes seculares: en )a 
segunda, los de padres y madres de los religiosos de la orden: 
y en la tercera, los de losjseñores benefactores del convento y 
provincia. Los restantes nichos de esta cortina, de las otraa 
dos que miran al Poniente y Sur, y los inferiores del pavimen- 
to de los dos cuadros, que enteran el número de setecientos, 
servirán para el pueblo en general* 

En las esquinas del edificio se formarán nichos para párvu- 
los, que terminen en una pequeña cúpula, donde se pondrá un 
signo alusivo. Cortadas así las esquinas, el interior del pan- 
teón, presentará una figura agradable, rodeada por todas par- 
tes de sepulcros, en que reposen las cenizas de los fieles, cuyas 
virtudes divinizadas por el Salvador, merecen con mas justi- 
cia se ai)lique el nombre de panteón á los sitios^ en que espe- 
ran el dia dichoso de la resurrección, que á los de los frivolos 
bustos de los dioses gentílicos. 

La ligera descripción que hemos hecho de esta obra mani- 
fiesta su suntuosidad, y los costos que deben impenderse en 
su fábrica: un religioso franciscano, pobre i>or instituto, no 
tiene desde luego medios para subvenir á ellos: y pertenece á 
una capital ilustrada y generosa proporcionárselos con aque- 
lla liberalidad que acostumbra. Ya algunos ciudadanos han 
empezado á manifestar su magnificencia y luces, y se espera 
lo ejecuten los que conocen cuanto importa poner á la vista 
un ejemplo, que seguido en esta capital, queden restablecidos 
á su debido estado el decoro en los templos, la decencia en los 
funerales, y memoria de los muertos; y libartada la salud pú- 
blica de las causas principales quo la arniinan. 

En efecto: en los siglos de la santidad de los cristianos, co- 
ma se lleve dicho, pareció tan incompatible la magostad del 
templo con la presencia de los cadáveres en él, que BauBfren 
exclamaba: Sí alguno se atreviese confcUsas razones á enterrar- 
me debajo del Altar j que jamás consiga este ver él altar célestiití. 
No es decente qiie un gusano lleno de podre esté en él templo y 



— 2í?0— 
Santuario}, pero ni en otra alguna parte ¿k la iglesia permitáis 
que semeM sepultura. Este padre hablaba penetrado del íes* 
peto que 6e debe á la ' Magestad augusta que habita en los 
templos católicos. El edificado por Salomón y Zorobabel, so- 
lo contenía las sombras y símbolos religiosos de los misterios 
que se celebran en aquellos, y con todo, la nación judia ente- 
ra hubiera reputado por un sacrilego incapaz casi de expiar 
cion,' que el templo se hubiese contaminado con la prebenda 
de un solo cadáver. Si Dios se ha humanado para habitar real 
y verdaderamente en nuestros tabernáculos, ^ por qué no tra- 
tamos á S. M. con el debido respeto? |E1 Bey de la Gloria es- 
tá bien entre lo mas inmundo que tiene la tierraf Y el que 
por excelencia es Dios de los vivos, y no de los muertos, ¿ha- 
bita dignamente entre los despojos asquerosos de estos? \No 
hay mortal un poco decente sobre la tierra, que súfrale eutíeiv 
len un cuerpo muerto en sus viviendas: ¿y se ha de pwmitir 
que él Dios de los mortales esté rodeado de ellos? Nuestroá 
templos materiales representan .el templo de la eternidad, en 
que todo lo que se respira es fragante y iigradable: son la ca* 
sa de oración en que las exhalaciones de un corazón abrasado 
en el divino friego, deben mezclarse á los inciensos puros de 
nuestras^ oblaciones materiales, que recreando ál Divino Ser lo 
hagan indulgente, y compasivo. Odoratus est Dwninus odorem 
auamtatis^ et ait: Nequáquam maiedicam térra propter h&mines. 
Getté6, cap. 8. V. 21. 

Autíque la pompa frmeral, el grande acompañamiento en 
los entierros y exequias, la magiaiftcencia en los túmaloéó 
mausoleos sirvan para el consuelo; de los vivos, mius no para 
el alivio de los finados, según se explica el P. San AguB^ 
íl) no qnbremos, por, las refiexiones que hemos hedbo, privar 
á IOS hombres de este lenitivo de su dolor^ y muc&o menos 
despojad á los muertos de sus sufragios.. Uno y otro se verifl- 
c&.mhumando los cadáveres en los cementerios; y aun quedan 
sns. cenizas mejot soterradas, y su memoria mas fresca en el 
panteón de San JYandBco. 

Iii^i.exeqTiias deben celebrarse en la iglesia con toda la so-> 
Ien^iji4ad y ácompaQ.amiento de su&sqíos, que corresponda 4, 
la.eia^ que ocupó el muerto ratre los vIvo3. Concluidas estiís, 
enjugar de sepultar su cadáver en una. tierra húmeda que^ 
presto lo convierta en un enjambre de podre y gu$ano, que ¿b 
bi«p ^yan consumido sus carnes^ cuando vuelva á ser e^ú- 
mfi^fijpi^ra ser revuelto con otro nuevo cadáver, en lu|^t, di* 
g^ de esta sepultura incómoda al templo, á los vivos, y fod. 
m^¿U)fl^ jse conducirá al panteón, y depositará en una nrñade 

1) /'Iiitonne diela Resl Academia de la Historia. P^. 29, 



—201— 
ladrillo, oaya boea será exactamente cerrada, y tal vez grava- 
da en ^a una inseripcioD, si lo mereciere el difunto. Ocupan- 
do su cuerpo este lugar decente en una tierra bendita, su al- 
ma participará de todos los sufragios de la Santa iglesia, que 
solo son fructuosos á los que murieron en la gracia del Señor. 
Tampoco dejará de celebrarse el sacrificio Sacro-Santo del 
altar sobre las cenizas inanimadas. Con este ñn se vá á ediñ- 
ear la capilla del panteón, é impetrarse de la Santa Sede 
Apostólica todas las gracias que conduzcan al alivio (|e las al- 
mas, cuyos cuerpos en él descansan. 

Y si los muertos están destinados para el bien de los vivos, 
en cuanto su memoria nos recuerda sus virtudes para imitar- 
los, y su fin para prevenir el nuestro, ¿á donde podrán ofrecer- 
se mas vivas estas imprecónos que un panteonf TSo hay ob- 
jeto que distraiga la visita: nada que separe la imaginación. 
Acia cualquiera parto que te vuelvas, encontrarás un sepul- 
cro en que tu mismo pusiste á tus mas caros parientefií y ami- 
gos. O vosotros, que separados del bullicio y tumulto, buscáis 
un asile quieto en la casa de ejercicios (1) para asegurar vues- 
tra salud eterna! dad un paso mas adelante, y os hallareis en 
las mansiones de la muerte. En una noche tenebrosa^ en qué 
la luz pálida de las estrellas viste de un aspecto melancólico 
los sepulcros y los tristes álamos que á trechos los rodean: 
en medio del silencio que no interrumpe viviente alguno, ¡qué 
ideas nacerán en una alma contrita rodeada de los muertosl 
Ordenes diferentes de sepulcros circulan estos sitios sombrios. 
El pueblo está siempre en los humildes, y el poderoso en los 
altos lugares. ¡O Dios, y si en la eternidad tendrán los mis- 
mos destinos! Caro amigo, ya pasaste del tiempo: aquí veo to- 
da tu grandeza reducida á un palmo de terreno, y yó me acer- 
co á paso largo acia tí. El hombre es nada: solo Bios tiene 
ser. Piadoso Señor, mira propicio sobre este cúmulo de huesos 
que me rodean por todos lados. Guando á vuestra voz omni- 
potente se estremezcan estos muros, abran sus fauces estas se- 
pulturas, salgan de nuevo animadas las cenizas yertas, sean 
vestidas con el esplendor de tu gloria. Bendecid entretanto las 
almas de los que aquí yacen. 'Les impetramos de Vos la paz: 
de Vos que sois el único que podéis endulzar la amarga me- 
moria y presencia de la muerte. Annos atemos in mente halmi. 

Entre tanto que en estos panteones y cementerios solitarios 
nos dan los muertos unas lecciones tan penetrantes, y nos ex- 
citan á clamar por ellos: entre tanto que reposando decente- 
mente sus cenizas^ no alteran el decoro de nuestras augustas 

. (1) ^'La casa de ejerdcloB está inmediata al panteón. 

Ton. VI. LlTABATUBA— 31 



—202— 
Basílicas, ni carecen sus almas de los sufragios que en ellas se 
celebran, la sociedad recibe beneficios incalculables á favor de 
la salud de sus individuos. La historia de la medicina ofirece 
tristes y repetidos ejemplos de los daños ocasionados á los vi- 
vos por los cadáveres sepultados en las' iglesias. No solo se 
han visto caer repentinamente muertos los sejíultureros , al 
abrirse las bóvedas y sepulturas, sino también otras personas 
que estaban inmediatas. Be las Iglesias, como de una sentina 
de pestilencia, se han propagado enferttiedadés mortales que 
han asolado barrios, . ciudades, y aun provincias. Los primeros 
impulsos que tuvo el piadoso corazón del señor Carlos ELI i>a- 
ra ordenar el establecimiento de cementerios fuera de pobla- 
do, fueron debidos á los clamores y triste situación de varios 
pueblos por la causa expuesta. En la villa de Pasages fué pre- 
cisó cerrar y destechar la iglesia parroquial, para cortarla 
epidemia, que fomentaíia el hedor intolerable que de ella salía. 
En los í>neblos de Yevenes de San Juan fué necesario rúandar 
á los tercianarios nb asistiesen á misa para evitar las recaídas. 

Como nosotros no reflexiuamos sobreesté punto, no atende- 
mos ai daño que recibimos de la impureza dé nuesn^as iglesias. 
Pero ío cierto es, que Lima por razón de su clima cálido, y hú- 
medo, y método de sus entierros, es la mas expuesta á que la' 
dañen los cadáveres. Toda la infección de estos proviene, de 
que los vapores pestilentes, que se levantan dé ellos, alteran y 
corrompen el aire que respiramos. Pues nada acelera y au- 
menta tanto estos vaporéis, como el calor unido á la humedad: 
estos son principales agentes de la corrupción y disolución de 
los cuerpos. Por otra parte, nuestras sepulturas son someras, 
y mal cerradas nuestras bóvedas. Así pasan con libertad los 
productos de la corrupción, y queda infestado el aire de nues- 
tros templos.' Las puertas principales de estos caen al Oeste, 
de donde no tenemos vientos. El Sur que es constante, y sopla 
solo á ciertas horas y por lo general con blandura^ pasa por las 
ventanas de la techumbre, ó atraviesa de una a otra de las 
puertas estrechas de los costados. De este modo queda sin 
renovarse todo lo interior del templo. . El canto, el óígano los 
inciensos, y aun las flagelaciones pufeden en algún modo sa- 
cudirlo, y hacerlo menos nocivo. Perojcuando aprietan los ca- 
lores y calmas del estío, cuando se aumenta una epidemia, son 
aquellos medios febles é ineficaces. 

En estas circunstansias si los soterrados han muerto de en- 
fermedad contagiosa, como la viruela, el sarampión, la disen- 
teria, contagian á ios concurrentes inficionando el aire que 
respiran. Y debe advertirse, que el contagio introducido por 
la boca, hace estragos incomparablemente mayores, que los 
que resultan del que se introduce por la cutis, aplicándose el 




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—203— 
eaerpo sano al enfermo. En esto oonsiste la gran diferenda 
en los efectos de la viruela natural, y artificial. j,Y quién duda 
ilustrado por la experiencia y la razón, que la tenacidad y per- 
manencia de muchas de nuestras epidemias no venga de la 
fuente perenne de contagio que oireceu las iglesias, en que se 
entierran los apestados? 

Pero cuando no sean de esta calidad los vapores, que infl-^ 
cionaii nuestros templos,' los meros productos de la putrefac- 
ción áninal son bastantes para disponernos á la enferdad y la 
muerte. Observé en mis primeros años, que con los fuertes ca- 
lores de un estío se cubrió de pejes la costa de Arica: ocur- 
rieron muchos pájaros; pero empezando la putrefacción, se 
alteró de manera el aire, que muchos de los que entraban vo- 
lando en el centro dé la mofeta, cain muertos: Los vecinos pa- 
decían tercianas de muy mala calidad. 

El aire tiene en si un principio de vida: un principio que fo- 
menta nuestro calor natural, anima la sangre, y vigoriza los 
nervios, proporcionadole» un fluido peculiar. Ddalll el hacha de 
Prometeo dando vida al barro, la llama de la vida, y otras 
figuras con que se explican los poetas: aura ethei;éa, el calor 
innato, los espíritus anímales de los médicos, y flsicos. IíOs 
químicos del dia le dan el nombre de aire vital, para distin- 
guirlo del resto de la masa de aire atmosférico, que privada 
de aquel, es improporcionada á la respiración animal. 

Pues esta porción preciosa se hace ineficaz por los vapores 
de los cuerpos podridos, que infectan el ambiente. Así, al res- 
pirarlo, el calor y las fuerzas animales se debilitan. De aquí 
los desmayos en las personas débiles que asisten á nuestros 
templosy los dolores de cabeza y nauseas: porque conforme á 
las leyes de nuestros cuerpos, á la debilidad se sigue el dolor 
y la inversión de las funciones. De aquí la recaída de los ter- 
cianientos y el contajio en otros; pues nada nos dispone tanto 
á enfermar, como el abatimiento y falta de enerjia en los 
nervios. \ 

Las personas devotas están mas expuestas á las malas im- 
presiones del aire corrompido de las iglesias; porque á propor- 
ción que se aumentan los ejercicios del espíritu, se amortiguan 
los esfuerzos materiales del cerebro. Estánlo igualmente los 
que ofician en medio de muchas hachas; porque como la luz de 
las lámparas se nutren del mismo aire puro que el hombre, 
consumiendo aquellas el poco que queda en un ambiente cor- 
rompido, se forma una mofeta dañosa á la respiración de es- 
te. Finalmente las observaciones del ilustre Barón de Sum- 
holdt manifiestan, que el aire d^ Lima es uno de los menos sa- 
nos de la Zona ardiente; y no por^otra razón, según opina este 



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—204— 
gran fisico, sino por la maltítud de exhalaciones y vapores po 
dridos que se levantan de la ciudad, y la inficáonan. 

Guando todas estas razones no sean suficientes, para empe- 
ñamos en trasportar los cadáveres fiíera de las iglesias y hos- 
pitales á cementerios formados en el campo, es preciso espe- 
rar, á que la mano lenta del tiempo vaya borrando las impre- 
siones de una costumbre vieja. Entre tanto los dnidadanos 
nias ilustrados y amantes de la humanidad deben ser los pri- 
meros en dar el ejemplo al pueblo, auxiliando por todos los 
medios que puedan los loables conatos del B. P. guardián de 
San Francisco. Este, sin embargo de sus deseos, deja á salvo 
la.Qpinion, de los que quieran conservar sus sepulturas y bó- 
vedas en la iglesia. A nadie se perturbará. El panteón es úni- 
camente para los que gusten pasen sus huesos á él, y conma- 
tar los sitios, como ya lo han ejecutado algunos personajes (I). 
¡Dichosa la época en que se siga por todos su ejemplo! (2) 
Besta^rado el decoro á nuestros templos magníficos, y propor- 
cióoado; un asilo mas aseado á los muertos, respiraremos los 
vivoí$ ui^ aire mas grato y saludable. 

. (1) Han dado un noble ejemplo, conmutando las bóvedaB á que tenían de- 
recho en la iglesia en unos sepulcros señalados en el panteón, los señores 
marqueses de Santa María, D. Femando Carrillo: D. José Felis: y D. Ti- 
butcio Mendoza: D. Antonio Toledo, y las mismas diligenoias se están cor- 
riendo respecto á la Archicofradia de la Purísima^ de la Soledad, y hennan- 
dades de Aranzazu y Candelaria: cuyos señores mayordomos están prontos 
á la traslación: y solo se espera reaUzar el convenio en junta capitaL 

(2) '^Don Domingo Láspiur, hermano diputado del real hospital de San 
Andrés, con un zelo verdaderamente loable promueve la construocíon de 
un Campo Santo general para el servicio de los hospitales. Los señores 
mayordomos han convenido: y solo parece esperan desahogarse de los tim- 
pefiOB que originó la guerra, para di^ principio á esta obra en un sitio nrtj 
adecuado. 



'^m. 







PBELUSION 

Qne al examen de Gfeografía hizo el I)r> D- fiipdlito 
ünaniie catedrático de Anatomia. 

Señor: 

Las alabanzas justamente merecidas forman la vida del 
hombre racional, y son la mejor recompensa de su mérito, to- 
das las otras cosas que le rodean y suelen engrandecerlo, pe- 
recen con él, reducidas al polvo de que fué formado. Pero los 
aplausos debidos á sus virtudes atraviezan ilesos los tiempos 
I>ara reposar tranquilos en el plácido seno de la inmortalidad. 
¡Dichoso el hombre que llena sus deberes! Un dia terminará 
su existencia fisica sobre la tierra; i>ero permanecerá su nom- 
bre rodeado de la fama. 

Entre éstos* seres recomendables que produce la naturaleza 
humana para su gloria y ornamento, debe colocarse el señor 
D. José Oobbea y Badillo, caballero de la real y distingui- 
da Orden de Oárlos III, fiscal en esta real cancillería, y hoy 
en el Oonscgo Supremo de las Indias. 

Destinado á examinar la parte geográfica en este ejercicio 
literario que se le consagra dignamente, deberia yó formar el 
elogio de sus cualidades personales, su clara ascendencia, su 
brifiante carrera en las letras, sus varios empleos en la magis- 
tratura, y de la iustificacion é integridad con que ha desem- 
peñado sus deberes. 

Pero estos han sido repetidas veces en estas aulas el asun- 
to de nuestros mejores oradores. Ahora mismo acaba U. 8. de 
cirios retratados con todas las gradas, y delicadeza con qne 



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—208— 
J^iaa aparir Geiru$altm ai vede: 
Sooo additar G^^usai^fia si scorge; 

Gerusalmame sálutar ñ sent (1) 

(No ves en aquella parte del Asia la pompa fí 
troció, los excesos <lel iracundo Aquües, lo» uít 
tor, las ruinas de Troya, funestas consecuencias 
puro de Paria, y Helena! 

Ilios, Iliok 

FataUs incestusque jndex, 

et Tmilier peregrina vertit I (2) 

Pero ¿qué hombre extraordinario aparece al v 
sobre las uHcioBesi conquistadora de Troya, corr 
ya, la Tbesalia, la Beocia; imprimiendo con su ' 
ardor, el entusiasmo, la sed de los combates á 
intimidados con las armas de Filipof Nada resii 
riosa Toz de la elocuencia. GberoDe vá á manifi 
poder en el corazón del hombre. Pero teniendo 
la voz de Demóstenes que U)s aninmse, les falt 
Phocion que los dirijiese, y por la rivalidad ent 
mas virtuoso, y el mas fecundo de Grecia perdió 
Bns frato^ Atenas su libertad y sus glorias. 

El nombre de Zaina en el Aftica llena de tem 
Dos pueblos van á disputar allí su suerte y la de 
verso: llegó el mayor dia que han visto los anti. 
tes (3). Aníbal, y Seipion nombres inmortales! C 

ma señoras de la tierra! Que conflictos!. que < 

que temores! cada uno recela por su patria. 

jJU prohíbete minas ! IHi talem avertite ct 

Hoinbres valerosos, Cartatfo ha sucumbido de 
ber llevado sus tropas triunfantes hasta las puei 
tolio. Aprended pueblos á reprimir las facciones 
que promueven los poderosos en vuesto seoo. L 
Haonon no ha podido oprimir la descendcDcia 
sino con las minas de su propia patria. 

(1) Tasso. 
(S) Horat. 
(8) Flor. Lib. U. Cftp. VL 



—209— 

Hanno qui danrnm nostram^ quando aUa re n&n potui% 
ruina Oarthaginis appressit (1). 

P^ro ya nos consnelon en medio de los desastres horrorosos 
de las batallas los afortunados sitios de^Marengo. Ved allí nn 
homlu^e que reúne en sí solo el valor sin ejemplo de Leónidas, 
la intrepidez de Alejandro, la magnanimidad f dulzura de Ce- 
sar, el aliento del corazón, las virtudes del alma que deben 
caracterizar al primer héroe de la historia. ¡Que de reflexio- 
nes ofrecen los sucesos de la vida de este ínclito campeón, de 
este legislador prudente, del inmortal Bonaparte, á quien 
atentamente los contempla. 

Pues si en cada punto de la tierra hay tantas luces que ilus- 
tran a) entendimiento, tantos ejemplos que enseñan al cora- 
zón del hombre; el estudio de la geografia debe indudable- 
mente ocupar una principal parte en las lecciones que comien- 
zan á formarlo desde la cuna. Tienes precioso joven, el honor 
de ser el primero que en los ejercicios literarios desenrroUa en 
nuestras aulas el lienzo entero de la tierra. Nos presentas en 
las líneas de tus tablas el cuadro magnífico de Europa, donde 
eada rio, cada monte, cada selva está rodeada de los laureles 
de las victorias, los trofeos de la sabiduria, ó los monumentos 
de la industria: el prospecto alhagueño del Asia, destinada á 
la molicie de la vida humana entre los aromas olorosos, y las 
fiagantes reciñas: el melancólico y solitario diseño de las rui- 
nas de África, tristes escombros de su antiguo esplendor. 

Describidnos, pues, esta parte del nuevo Mundo, que habi- 
tamos. Estos países, cuna de los legisladores de mas nombra- 
día que no ha trasmitido la historia antigua. No olvidéis el pe- 
queño rincón de Arauco, donde cantó el suavísimo Ercilla, 
peroró Colocólo, y un puñado de guerreros desnudos nos han 
disputado su libertad por tan largos años. 

'< Satisfizo completamente el joven examinado, y habiendo 
^^ terminado su descripción de la América Meridional en la 
'^ embocadura del Marañon, siguió el Br examinante 

Este rio Monarca de los que riegan la tierra no ofrece á los 
Cgos de un vitgero poco instruido sino su enorme boca, su cau- 
dal inmenso de aguaa. Pero cuando un filósofo á la vista del 
mar en que se precipita, registra las observaciones hechas so- 
bre su fondo por Mr. Bauche, recuerda la relación que el sa- 
cetdote egipcio hizo á Platón sobre la existencia de la Atlán- 
tiaa, y caminando hasta los primeros tiempos de la fábula, 

(1) I4y. Ub. 90, 

TOMt Vlf LlTKRAtUBA— 32, 



—210— 
levanta su vuelo, entresaca las primeras observaciones astro- 
nómicas de Atlas y Frano; sigue sus conquistas, y comparan- 
4x>la8 entre si, reúne y forma un todo de estos monmueDtos 
esparcidos: se vé tentado á creer, que las ciencias pasaron de 
. la América al África, y de aquí a Europa. Pero las niinas de 
. la naturalez(i en lavaría inundación de los mares, trastorno, y 
subversión de la tierra y la remota antigüedad de aqaellos 
tiempos, han hecho olvidar de manera los primeros acontecí- 
xoientos^ que al conquistar los europeos al nuevo Mundo repu- 
taron por bárbaro el suelo primitivo de la sabiduría. 

; Tantum eovi larigiqua valet imitare vetustas! 



PKOSPEOTO. (a) 

8i guafaUísinantfjanlMV^ 
tendióle fovetgue, 

Virg. 

Deade ahora mismo, si lo 
X>enaitiere el cielo^ se pondran 
y fomentarán los medios de 
la pública prosperidad, 

Nada mas grande, glorioso, ni magnífico que los dias en 
que regresó Augusto César á Boma, después de haber apaga- 
do el incendio de las guerras civiles, que devoraba á los ciu- 
dadanos, arrojado á los enemigos exteriores que asolaban el 
imperio, puesto en silencio el estruendo de las armas, y resti- 
tuido la paz al universo. Los dioses, dice el historiador Ve- 
leyo Patérculo (1), no tuvieron en el tesoro de sus beneficen- 
cias mejores dones que dispensar á los hombres, ni estos en- 
contraron en sus deseos cosas mayores que pedirles. Bestita- 
yóse el vigor á las leyes, la autoridad á los jueces, la msye^ 
tad al senado, el orden y potestad primitiva á la magistratn- 

: ra: restableciéndose la antigua forma de gobierno ala repú- 
blica, volvieron á cultivarse los campos asolados, renovóse en 

. los templos la majestad del culto, vivió cada hombjire en segu- 
ridad, disfrutando sin inquietud la posesión de sus bienes: se 
enmendaron las leyes que hablan sido alteradas y se publi- 
caron con nuevo vigor y salud del estado; y para poderlas 

[a] "Verdadero Peruano." Periódico "que se pubUcó en esta capital d 
año de 1819— en el que fué el principal redactor el Dr. Unanue. 

[1] Lib. II: pa|^. 53, edit. ant. cuic. El historiador exag(^:ando ha dicho 
una altísima verdad; pues en ese tiempo nació el divino Salvador, don el 
mas precioso que ha descendido del cielo. 



—211— 
conservar, se formó el senado por elecciones justas, en las 
qué fué examinado con severidad, pero comedidamente el : 
mérito, y aptitudes de los que habían de componerlo." 

Tal es el cuadro magdíflco 4e los venturosos dias que co- 
menzó á gozar la república romana al volver Augusto 
triunfante del Oriente, y dar la paz al -universo; y tal es 
igualmente el de los que van á rayar en el imperio español, 
por el valor y sublimes talentos de sus inmortales hijos. En- 
tonces mas esforzados, cuando mas oprimidos, han renovado 
la gloriosa escena en que nuestros ínclitos antepasados de- 
fendieron constantemente por dos siglos la amada libertad y. 
las leyes patrias, contra todo el poder de Boma. Las plazas 
ocupadas por los ejércitos franceses al abrigo de una estre- 
cha alianza; y con el mentido objeto de arrojar de Portugal 
á los que entonces eran nuestros rivales marítimos, represen- 
tan el tránsito, que por los Pirínec^ permitieron los descuida- 
dos celtiberos á las legiones itálicaB, á prétesto de vengar á 
Sagunto. Madrid el 2 de Mayo de 1808 es un doloroso rcr 
cuerdo de Numancia incendiada, á cuyo trájico suceso sigue 
un pronto y repentino movimiento de indignación y guerra^ 
en todos los puntos de la península. (2) El grito de la ven- 
ganza no sé propaga, sino truena de golpe entre los pue- 
blos (3), levantándose esos terribles españoles, que reposando 
demasiado en su buena fé, solo conocen y desplegan sus fuerzas, 
cuando las sienten oprimidas por las cadenas de la servidum- 
hre (4.) Dé otra suerte habria sido imposible que un suelo, 
que cria tan generosos espíritus, y que está defendido por 
los Pirineos y el mar, fuese profanado, no digo por los ejercí- . 
tosj pero ni aun por el pensamiento enemigo (5.) Masasi Te- 
nace en todo sti esplendor la gloria de los Viriatos y Megaras, 
y la fama de tantos invencibles héroes, que con sus claros he- 
cho^ han llenado de luz las páginas de la historia (6.) 

Y si los títulos de protección y amistad que dispensaba Bo- 
ma á los celtíberos contra la opresión africana, la integridad 
y fama de su senado, las virtudes eminentes de sus generales, 

1 2] Erarsere i^íies animo: suUt ira eademtem. 

ülcisci patriaMj et acelerata^ sumere paenas. — ^Virg. Eneid. 1. II. 

[3] Ñeque per vices, sed simul panter, qu<m u/niMnj undi^^ tellum/íUt 
Flor. lib. n. cap. XVII. 

[4] Sola amninm pravinciarum vires suaSf postquan victa est, intelexit 1. c. 

J5] Alioqui ita undiqui mari, Pyreruxoqm vallata ese, ut ingenio situé neo 
iri quidem potuerit 1. c. 

[6] Megara viro fortissimo duce assiduis c(edibu8 ita [Romanos] sube* 

enintf tit ne oculos quidem, aut t^ocem, nwnumthíe'. viri Iqnisquam sustineret 
ap, XVIIL|¡He aqai el original del invencible Mina! 



—212— 
las fnerzas todas del orbe reonidas b%jo su mando, apesar da 
la división y falta de uniformidad que reinaba en la Iberia^ 
no pudieron avasallar sos pueblos indomables por el espado 
de dos centurias; |cómo lo ha de conseguir el tirano de la Eu- 
ropa en medio del odio que rodea sus inmorales, bárbaras é 
insaciables huestes, y contra el clamor unido de toda la na- 
cionT Pasó, pasó, pasó el estrecimiento del primer choque, se 
aleja la noche lóbrega de los desastres, amanece el resplande- 
ciente y sereno rayo de la libertad, y se aproxima el término 
de la gloriosa defensa de la nación aspañola. Sus armas no 
tardarán en depositarse en el templo de la inmortalidad, é 
inscribirse en sns muros sus heroicas proezas. 

Solo vá á quedar en ejercicio el uso de la justicia: ¡oh qoé 
memoria tan grata será á nuestra feliz posteridad, recordar 
que perseguidos sus valientes padres y acosados por un impe- 
tuoso torrente de males, desastres, muertes é incendios; y ar- 
rojados hasta el éstremo de la patria, hasta las columnas de 
Hércules, se congregaron á su sombra antigua y respetable 
á formar leyes para' la monarqía como si nada la amenazara, 
como si existiera quieta, reposando en el seno tranquilo de' la 
pazi En cualquier otro pueblo seria este un delirio; i>ero en 
el español que crece en valentía con sus desgracias, es un ac- 
to de heroicidad y alta sabiduría encaminado á formar una 
época grandiosa é inaudita en medio de la carrera de los sig- 
os, y acontecimientos de las generaciones humanas. Se es- 
tablece una gran sociedad en dos mundos i^ejida por un or- 
den en la administración pública, que cuatro mil años há de- 
sean infructuosamente el ver plantiñcado sobre la tierra los 
mortales esclarecidos: y que después de los dias dichosos de 
Grecia y de Eoma, donde aparecieron algunas vislumbres, no 
dejaron rastros, sino en el pueblo español para servir de base 
al complemento y elevación á que hoy se levanta el suntuoso 
templo de su orden y sus leyes. 

Tiempos felices para la España y la América, cuando con 
los himnos de la victoria se oigan los cánticos sagrados de la 
paz, la abundancia y la justicia. Mas es preciso que los ven- 
turosos hijos de tan gran nación, se reúnan y esfuercen á que 
se verifique cuanto antes su dichoso arribo. Oesad mal aven- 
turados espíritus de soplar la discordia entre los hermanos. 
Oesad provincias desgraciadas de sacrificar vuestra sangre al 
interés y maléfico egoísmo de los malvados que ultrajan el 
santo nombre de amor u la patria. Esto sagrado fuego tan 
solo arde en los corazón '<)8 virtuosos, que prefieren el interés 
común al suyo propio; no en los malévolos que no tienen otro 
objeto que escalar los honores por cima los cadáveres de sns 
engafhdos hermanos. Bastante sangre y lágrimas se bao 



—213— 
derramado, y así retiraos á vuestros pacffloos hogares á dis* 
imtar las dulzuras de la Tida, que os ofrece la nueva (hnsti- 
tutian. Betiraos á criar en el regazo de la religión,^ las luces 
y el patriotismo esos vuestros tiernos retoños á quienes lia* 
man el desempeño de elevados empleos los altos destinos 
de la patria (7.) 

JSt vosniet rehis servales secundis. Yirg. 

Las ciencias y las artes peregrinando de oriente en occi*- 
dente hacen sentir su halagüeño acento sobre las cumbres y 
entre los valles del Perú. Oada hombre debe dar mas ensan- 
che á su genio y mas actividad á sus labores, y el sabio der- 
ramar sobre él la luz que le inflame y le dirija. La imprenta 
es el cauce mñs á propósito para ejecutarlo, haciendo circu- 
lar los periódicos. Estas pequeñas y continuadas obras ins- 
truyen sin molestia, y forman algunos ratos útiles y entrete- 
nidos: Se abandona el trab^o por la lectura, y la lectura 
surte de nuevos medios para continuarlo con provecho. 

Tal es el objeto precioso que una junta de literatos preten- 
de desempeñar, dando á luz un periódico que se titulará el 
Verdadero Peruano: porque la verdad será su carácter, y por- 
que no publicará sentimientos bastardos, nada' conformes á 
la nobleza y lealtad, que en todos tiempos han sido el distin- 
tivo de los habitantes de este imperio. Lazos muy estrechos 
de padres, hijos, esposos, amigos: de relaciones, parentescos, 
y derechos á las mas grandes herencias tienen unidas fuerte- 
mente las familias del Perú á las de España. Sus internes 
sou^unos mismos, y asi lo son también sus sacrificios confor- 
me á sus respectivas situaciones. A las márgenes del Ebro 
y del Tajo crecen frondosos laureles regados con el sudor y 
la sangre de la patria, y á favor de esta misma florece en las 
del Bimac, la concordia, la liberalidad, y el voluntario holo- 
causto de personas é intereses, mientras que por restaurar el 
orden y sumisión debida al nombre augusto de Femando ti- 
fie con su sangre el militar peruano las encumbradas cúspides 
de los Andes. 

El "Verdadero Peruano'^ hará circular cuanta sea relativo 
á la moral y política, propias á un pueblo católico regido 
por una justa constitución. De estos dos principios bases del 
orden social, se partirá por tollas las líneas que se dirijan á 
su prosperidad, esplendor 6 ilustración. L i salud púBáca: la 

[7] No ae vea manchado de eHmenes esepmbh generoso, que será un dia 
atih de las eieneias y de las artes y d quien e^fan reservados sin duda los 
w0$ altos destinos. Proclama del Supremo Gobii^mo á, los americanos. Ga- 
ceta, sábado i 1 de Julio de 1812. 



—214— 
edttcaeiouf pop^olar. la agrioiiltwa, historia y geografía: com^r- 
cio^ pefiéa: mineria, arte^ mecánicas y liberales: composició- 
ned" antíoniosas, uóticias interesantes; y en fin, la suma de in- 
tereses é ilostpacion del Perú, ya á ser tratada con decencia, 
yeldad é impal*cialidad rigurosa. 

Estas demandan que testiñquemos que la publicación, el 
nombre y la nomenclatura de las materias que abraza este 
periódico, son 4^bidos al Excmo. señor Virey D.^José Fer- 
nando Abascal, marques de la Concordia española del Perú, 
grab cruz de la orden de Carlos III. El nos ha estimulado y 
empeñadla ¡á; tomar la pluma para su composición, dando este 
nu^vso ^testimonio de sus deseos por la instrucción de este 
pais, y dé'que^á los talentos marciales une también los políti- 
cos^' haciéndonos, esperar que coronará unos y otros, cimen- 
tando: ieo el reino la nueva constitución, que esperamos sea 
la-aurora dichosa de. la libertad española y el suspirado iris 
de la paz /cn las. Américas. 



LLEGABA DE. LA CONSTITUCIÓN. 

ímpetus Ule actcer, qui vatum pectora ^ati^- 
£1 impeta sagrado agita el pecho mío. 

Los antigups señalaban con piedra blanca sus di as m<as fe- 
lices^ y con la misma debe grabarse entre nosotros la memo- 
ria del diá veintiuno de Setiembre de 1812. Yo reposaba en 
un profunda* y tranquilo sueño, cuando á los primeros albores 
de la mañana, ma dice una voz dulce y sonora: levántate ' 
mortal y contempla la naturaleza. El sueño se disipa, se re- 
animan mis fuerzas, abandono el lecbo y presto estoy en el 
campo. 

Mas ¡que espectáculo tan grande y magnífico se presenta a 
mis ojos! La aurora señalaba con sus dedos de rosa los cami- 
nos de la luz: los crepúsculos bordaban su rico ropaje: brilla- 
ba en su rostro el carmín de las mejillas, y ondeando al aire 
el pelo de oro, inundaba la esfera de fragancia y ambrosía. El 
azul celeste encantaba la vista; y en apacible sosiego dormia 
el océano, espirando unos blandos vientesillos que arrullaban 
las mieses de nuestras fértiles campiñas. 

Ál oriente se descubrían las blancas cumbres de los Andes: 
el fuego de los volcanes ardia en medio de las nieves: una nu- 
be religiosa^bajaba del empíreo y rodeaba sus mas altas ci- 
mas: mil relámpagos se lanzaban por todas partes de su seno, 
y se oia' á gran distancia el estallido del rayo pavoroso. 



j 



—215— 

La gloria del señor descendia sobre los altoá íñoínfes -del 
. Pero, como descendió en otro tiempo sobré el Sinaí. 

Absorto en la contemplación de tantos prodigios, -'tne' decia 
.'á mi mismo:- ¿que anunciarán señales tan áugustasy indibios 
tan favorables? cuando el ruido de un repique general -tíié sa- 
; ca del éxtasis en que me bailaba. Vuelvo el rostro á labilidad, 
y endereso mi& pasos hacia ella; y á los primeros me sálé*ííl^en- 
cuentro un hombre, cuyo rostro inundaba el alborozo, y- pa- 
recía no caberle dentro del pecho. Amigo, le dije: jqué'sig- 
niflc£i tan grande aparato en él cielo y en la tierra! ftodéada, 
me responde, de laureles de la victoria ha llegado la* Ochtoíitu- 
ción Política^ que lia de regirnos en lo futuro, que hos^ ha de 
mantener en paz, que ha de fundar nuestra felicidad, y'hli de 
librar al nuevo mundo de las inmensas desgracias que lo opri- 
men. 

Un placer celestial penetró en tal manera lo íntimo de-mis 
calmes y huesos, que ocupando el lugar de la sangre, y los 
espíritus que les dan vida, creí morir en los brazos del gozo; 
pero devolviéndome este mismo la respiración y el aliento, el 
primer impulso que sentí y cumplí prontamente, fué volver 
mis ojos ala nube religiosa.que cubria las encumbradas cús- 
pides de nuestras nevadas sierras. Póstreme humilde sobre 
el. suelo, al pié de una peña de la que hice un altar; y arran- 
cando unas yerbas del campo, ofrecí sobre ella á la (Uvínidad 
un pobre y rústico, i)ero sincero y abrasado sacrificio. 

Qracias al Eterno que derrama sus bondades sobre esta^ feli- 
ceíí rcijiones, y va á desterrar de ellas la enemistad y la dií^cordia. 
Gloriaal Omnipotente, que ha conducido á este su pueblo ñel, - 
sin dejarle extraviarsede los caminos de la justicia en medio de 
l£t noche lóbrega y tempestuosa. Que su excelso nombre sea 
('alabado por el vapor que se levanta en la mañana, y los vien- 
tos que salen al medio diá de los mares. Que lo sea por los 
collados, por los rios, por las nieves de los Andes, y por cuan- 
tos seres vivientes é insensibles mantiene su mano liberal en 
estas regiones afortunadas; y qué mientras dure la tierra que 
fué criada por su voz todopoderosa, no cesen los cánticos y 
alabanzas, que se entonan á su augusto nombre en los sun- 
tuosos templos de Lima, que ha conservado en su esplendor y 
magnificencia, para recibir los cultos mas puros de sus cria- 
turas. Mis dulces salmos, mis himnos piadosos fueron inter- 
^mpidos por el horroroso aspecto de la envidia ' y la discor- ^ 
. dia, que con ojos ensangrentados y boca espumosa proferían. 
. Todo esto. .....Ee tiraos furias infernales á lo mas hondo y 

espantoso de vuestra triste desolación. El dedo del Omnipo- 
tente gobierna los destinos de la tierra^ ¿y quién- es -el olortal 
mú»erable, que puede trastornar los planes con que quieve re- 



-.216— 
glar á sus criatarasf Perecerá disipado como el polvo seoo, 
que arrebata el impetaoso sur. 

Yen, libro santo, escrito por la inspiración celeste: ven, de* 
pósito sagrado de los mas grandes reglamentos, que han po- 
dido concebir los hombres j^ara vivir en ór4en9 dignidad y 
amor. Tus leyes deberán ponerse en metros armoniosos, co- 
mo se acostumbraba en la edad de la inocencia, para que los 
reciten los ancianos en sus congresos, los canten los jóvenes 
en sus festividades, y hasta los niños las repitan «n sus ino- 
centes recreos. Sacerdotes, intérpretes de la voluntad del 
muy alto, exortad en los templos á su cumplimiento. 

Y tú, jefe generoso del Perú, á quien la providencia sobe- 
rana ha destinado para ser el primer plantificador de tan 
grande obra en el nuevo mundo; coronad verificándolo, las 
ilustres acciones de tu inmortal gobierno. Derramad pronto 
este bálsamo salutífero sobre los pueblos, que habéis tenido 
la prudencia y la incomparable felicidad de mantener en paz. 
Apenas se experimentarán en ellos sus efectos saludables^ 
cuando correrán á disfrutarlos con ancia irresistibie aquellos 
mas lejanos, que se hablan estraviado del sendero de la vir- 
tud en medio de la horrible y turbulenta tempestad que los ha 
envuelto. De este modo serás el ángel de paz, que meiezoa 
en la América del Sur, las mas tiernas bendiciones de sus 
presentes y futuros moradores. Obedientes á tu voz como á la 
sonora de Orfeo, se amansaran los tigres y los leones; y los 
bárbaros de Axauco y los silvestres Pampas abandonaran la 
vida errante é inmunda, para vivir en el seno de la patria ba- 
jo de sus dulces leyes. De esta suerte la consolatá del dolor 
que la causan la sangre y las lágrimas de sus hijos: y cuando 
la monarquía española llegue al punto eminentísimo de po- 
der y grandeza a donde la lleva su constitución poiíticl^ {con 
que placer sus descendientes y compatriotas leerán escrito tu 
nombre esclarecido entre el de los gloriosos españoles, qae la 
salvaron é hicieron dichosa! 

Lec^isladores representantes del pueblo español: desde lo 
mas mtimo de nuestros corazones agradecidos os tributamos 
las mas tiernas y espresivas gracias, por los desvelos é ince- 
santes fatigas que habéis empleado en formar la Constitución, 
base de nuestra prosperidad y grandeza. Los pueblos todos 
van á levantar suntuosas columnas en que permanezcan gra- 
bados para el reconocimiento público vuestros nombres vene- 
rables; y para que también paedan bañarlos con las lágrimas 
de su gratitud los pobrecitos agrícolas de esta campiña, va 4 
esculpirlos en esta peña, que le ha servido de altar la mano 
de ....A. 



ÉL OnJBABANO SSiPAirÓL 

\^eiUU satfiam diverm gentíbus unam, 

Pumque oflérs viotis praprii consartiajuru^ 
VrbmfeeUti^guod.]frii$s whis eraL Büiil. 

./^.p^fifli^ inflafi)4^dosie en mi m^uo q^i^re despieDd^iwy 
tifíf^ QÚ vuelo j&siehOy je¿L recordar el oriente feliz del día 9 díe 
]Dieiembi¿ de 1812. Los derechos de ciudadano renacen éñ 
el Perú en este día memorable. Sepultados bigo las minas 
de Atenas y Soma^ sojp l^aN^i^. dfga4o una triste, memoria de 
su existencia á las f^públlo^ é Unperios, que las subieron . 
La España por la grandeza de su espíritu y, la nobleza de 
flM {(«qMmicofttos^ 

n|Qllarqllíl^Ipe|o<iuél]lego oprimida por la tiranía^ la i^o<* 
mjftdaíjr el' £»Qi(lisi)ia 'Oongüegáronse estos terriblesaa^jb^s 
d€i4ini(}ebiimanO|.paffaíabatír y eselavizadr las álmaa eq^ajgío- 
iM^ly lateosQsigttieson en. tal numera^ que á los hombies nías 
míiat^ii» la Ubevta»d los.bicíeron amar la servidumbre. Aun 
lK4^r<aiie:]S^a sobre nuestro «horizonte la ólara Ims de la rasH>n, 
qia$UnmfB*no yerla, y tivirtranquilos.en nuestras infaustas 
ttaiebla*. 2fo es mucho. Haee largo tiempo que teiiemoa 
asustada la imaginación y encadenado el eutendimiento,,yr& 
wAe^rvi»cA^ las^Kbras isAciones h^nos ñdo el juguete de una 
SfOUtíMr^arbitn^. 

-5^lola»I¿glat«raha^pod]dopor la exeelem^a^^sueons* 
l9lnMDlon|iooiiserya£ e«k^ est$s la. dignidad del hombte libre.' 
BoretitafCtoniititueion^cle.la cual aseara el sabio Adams> q^e 
eala fábrica mas estupenda de la humana invención, asi por 
ék «rtia b ig cüi iiepto d»}«'balfmza política^ como por los me^M 
dAyi^Ifl^^ú átteracion. . • . y que ni la invención de las len* 

.Tkj^Yt LITBBATUBA--33. 



—218— 
gnaB) ni el arte de la savegaolon y constracdon de naresi lift» 
ce mas honor al entendimiento humano. 

Mas ya una serie inaudita de calamidades ha hecho retro- 
ceder al ilustrado sigla y heroica constancia de nuestros ma^ 
yores, para disputarle a la noble Albion, la preferencia en las 
mstituciones civiles. De én medio de los humos de nuestan 
patria abrazada, y generosamente defendida se ha levantado 
tm globo de luz faerte y penetrante, que ha esclarecido los 
dos nemisferios. El nombre ilustre, y la encumbrada digni- 
dad de ciudadano españoL están proclamados en ambos man- 
dos. Mas generosa la España que la misma Boma, no ha que- 
rido eucerrar las nobles prerogativas de la ciudadanía dentro 
de sus propios muros, ni venderlas 4 precio de oro á las pro- 
vincias de su imi>erio. El genio español estiende sus divinas 
alas, y se remonta á lo alto de la esfera. Desde alli registra 
los dilatados paises, las estensas provincias, las numerosas tri- 
bus y naciones, que domina en Europa y América, y sobre 
todas derrama sus influencias feneficas. 

De esta suerte ha constituido una solo patria á inuniera- 
bles y diversas gentes, haciendo amable su yugo á los hom- 
bres que ha conquistado, é incorporándolos en el número de 
sus propios h\ios ha formado una sola ciudad de lo que antes 
era dos diferentes orbes. 

«.I 

Dumque offérs victis proprii oansartiajwris^ 
Urbem fecisUj quod prius arbis erat 

El dia 9 de Diciembre de 1812^ fijamos por primera época 
del ejercido de los derechos de cmdadano español; en la ca- 
pital del rico y poderoso imperio del Perú. En este dichoso 
dia: en este dia lleno de todas las gracias de los tiempos ven- 
turosos, entró el pueblo en la posesión y ^oce de sus derechos 
los mas queridos. Por su libre y espontanea voluntad, y con 
el sosiego y tranquilidad propios de la índole limeña^ desig- 
nó con sus votos los electores que debían elegir iMtra el si- 
guiente año de mil ochocientos trece, á su ilustre Ayunta- 
miento (1). 

- En tan solemne y augusta ceremonia parece que quiso in- 
teresarse el mismo cielo. Contra el orden naturid, contra la 
constitución física de la atmósfera, y sin que exista en nues- 
tros anales la memoria de semejante prodigio^ se vio el dia 
primero de Diciembre cubrirse de nuves en medio de su car- 

, (1) £1 Boaiego es lo principal qae mas debe deseane ña estas élBéoioiies: 
I un mayor orden y aoierto, es obra del tiempo que enseña á los pueblos sos 

latimos derechos, 7 el uso josto y fraternal que deben hacerse de ellos. 

La base mas sólida de una república, es el motao amor de sos dadadanos • 



J 



—21»-' . 
mta: tronó poderosamente el alto empíreo, y apareció cubier- 
to de fuego eléctrico. Debiendo ser este el mes primero, eñ 
que. Iba á suceder en nuestro orbe político una revolución fa- 
TotaWe jamas vista, ni imaginada por nuestros mayores, qui- 
«Q el <aelo pronunciaría por el majestuoso aparato desús 

truenos y relámpagos. . ^ 

Bn la tierra se alternan los bienes con los males; y asi des- 
pUM- de la dMhecha tempestad que hemos sufrido, y cuando 
ya Iba á quedar en escombros la mas rica y grande monar- 
quía, se deja ver una apacible aurora, que á la manera del 
cisne, lahacerenacer mas bella, y vigorosa de sus cenizas. 
liesapareTOrán de todos los ángulos déla tierra que pisan sus 
previliglados hijos, esas insignias y festividades, consagrada 
a Ja numülacion del pueblo y al triste recuerdo de que era 
esclavo. . ^ 

iGradas á tí, España heroica, ilustrada y generosa! Tá nos 
Has restituido nuestros fueros. Contigo, pueblo inmortal, vi- 
viremos siempre, contigo seremos hechos pedazos.— T^oum 
fn/vere amem^ tecwm obeam libens. Horat. 

Verdad es, que sufriendo de tus desastres, es necesario sea- 
mos también partícipes de los bienes que nacen de ellos. Con 
rt rey amable se sepulta en las cadenas y las desgracias nues- 
teo primer compatriota, duque de San Garios. Los campos de 
Aragón, Oastilla y Oastaluña, están regadas en defensa de la 
España con la sangre de los generales peruanos Villanueva, 
L»avalle, Zuazo, y otra multitud de' oficiales, y soldados nati- 
vos de este pais; y de los cualesmuchos se han e^ibarcado por 
mmolar^ á la sagrada causa de la libertad. Con la misma es- 
tan temdas las cumbres de los Andes, para mantener el orden 
y unión con la península en la América austral. T los que 
K*^ 1?^??^ empuñado la espada, ¿cuantos sacrificios no hemos 
hecho bajo los diferentes títulos con que se ha pulsado nues- 
tro patnotismo y generosa fraternidad? Auxilios á la España 
europea: subsidios á los ejércitos del Perú: socorros á las viu- 
das de la inmortal Zaragoza y monjas de Estremadura. Ee- 
novales, el Empecinado y el siempre inmortal Mina, lian exi- 
tado en nosotros el fuego patriótico que arde en nuestros pe- 

í? ^^í^rosos, y hemos ocurrido á sostenerlos. 

Mucho hemos ofrecido, y daremos mucho mas, conforme lo 
exijan las necesidades; y cuando se agoten nuestros recursos^ 
se habrá acabado el dinero; pero no el deseo de emplearlo a 
favor de la madre patria, y desgraciados habitantes. No po- 
demos obrar de otra manera nosotros, cuya religiosidad bri- 
lla en esos templos, los mas suntuosos que existen hoy sobre 
la tierra: y que con la sangre hemos heredado lá inalterable 
fidelidad de nuestros projenitores. 



(]idq.élev;adoárTOgirl^valdwM.niiM»tr0 8fli^^ hopiMStat^ 

•fdbimuo de £oma (!)• ^ A «uie&tqMceto^ seforeft, éícsMr pw 
oensort ...-p-. .¿••.¿.•:¿¿. 

Al ^ue aliando Auaente lüem loa tOJOB de todos oom ioLdlaio 
«e^plafidoirde sus yirtadea:y aJ qoepot la eKbdtoiufiai cfejflps 
eí9Atamlñ?és tenga, la oenspraJdeQttfiaada eaala yida» P(iime 
aqqtel.debe jozgar.é sus ooBciadadanoSi el q»e ios edfflca¿eoQ 
«Ki ejemplar oouductá: sea juee 4fi wt^sbiM ^itkaentíá éL^pie 
eoQstontemeQte se ha lihxaido de eUoe^ teniendo menp» nia 
TtdA irreprehensible; Ei pradentie^ nmiesto y gravé, él ami- 
g»Aelo& buenos; ei enemigo de los ipjttdfcos^^id qneidebdémi 
niñes aborrezca, cele y persiga los vicSos públicos, 40» ém- 
lM>iirim;la patria. £1 qne sea un yeiúadf»o dediádoée ilB:vir- 
itud é inte^dad. que adoruaron á. les gcandes hoaÜireB qáe 
iondaton la lepublica, á este elegimos pw iraestñ eenaoÉ, á 
éste queremos todos imitar. 

Se&oim. alcaldes y legidores: este es el piim w pasb «n que 
el p.ueblo de Lima, vá por su muev* canstitucion, á entrárton 
lfle.d^^mdlos y prerogaUy as que gozaaxm eu.d wden.* olvfllM 
eiud«daiios de Soma, en los tíempoB gloritNsos de su mptóüúBk. 
¥nest^s nombres vau á ser los plumeros que se inaecifaaiL 
m Ips anales de esta España ulteamarina. Oórresponded! ¿ 
9iiiestra ee^ran^sa, y no olvidéis qoeos han de jungarlas ]uto- 
eeutes y venideras generacienes: ¿Oon que dnksuta no repite 
hoy todo hambre de bien, ^ nombie de los virtuosos oeBaoiés 
de Sema, aunque hayan pasado tantos: siglos deq[ȟes deja 
Mi^ncta, y en nada les toquen,, ni perfienescanf La^ausa 
Wfm. pueblo es la de tpdoel géojero humano: por qu» á taío 
41 interesa que haya habido h^bres, que viesen por isu feliéi- 
dad^ para que sirvan de estimulo, y original á los btienaB,'y 
de eensores terribles á los inalvados. 



**i 



<1) Ca*'f?en Iob ceoéorea del pueUo de f(;rníisr.«l eeaao, anotnado luAiífli- 
IDÜías, los anciaDos, los ligos j 'b¡«net. que tenfan: distríbuyaa el papno 
en dif< rentes partes para su mejor régimen. Los templos los oáminóAj^ 
blieogy las faentes^ el almste, la reoaudaoioa dé las rentas públicas^ Ve- 
«ntrio-dalieii estar bijo de sa onidado y Tigilancia^ para que né sé amii 
a0«f ni disipen* Calan las costan^bres de) pueblo: promuevan losfcas^itti^ 
tos, prefiriendo los padres de fainilia á los solteros en todos los át^Ób tÍon- 
toioe, como qae soportan el mas pvecióso á la repúbtfoa en la pTopagadbn 
y eriáDM^ úm sus bye?, Cic de legib. 



I 



M.mm»in ¿fines del t^g]ú,l% m 



M «HtiMio ijwumi da) iPeiét. ^i^ ^9 cfamplimi^nto 4^1 1^ rfiip- 
bah|na*> ^ tette a oside TDaesíro mgQsto laozMkixia,. prj^^ijpió á. pú- 
UfcaMo rao 'Cd rtítolo dé 4B^iiÍ9 di» este reiaa en el. e^a^^^. pai^o 
éépX793y^im a«)primeif<l98«F€f.^a fil de 1797 (2.); V 

Oom^ elAi d0 eitot^o^ti^^sc^Q Jtos designios áé)^ Gobier- 
no, déMA 6er piMfiuteTt amufl^iiiefi^ un cuadro político aoon¿- 
mite^diu Berá^^eebwto visto sobre él ofrecid los sjigaien- 
im ofagjetos para Aufocmaeíoné 1? La actual extensi{6niy coiis- 
titMÜ>i¿ fiaiea del FevtL 29 Su población» 3? Los recursos 
de que snosUte^estoesii su industria: su agricultura: «u miné*- 
]llife.tfU:ák>iQaiüciOr A^ Los fpndod. que estos diversos r^in^o^nii- 
nísÉrtaB^ p«tai^ui7ír á Ips: gwtos indmpensables y úec^sida- 
dtti.dl^/BsOúío.: 5?, I^as varías g^rarquias en qn^jse divic^i|ó 
para el exacto régimen y pronta distribución de la justicia 

(I ; Bbtnáó pttm elégine la dipatadon, á 003^0 'CBUgo debo ^i»r hk £a|r- 
ttflektti 4et itam0 y e^tatetíea M 'PertL «in IO0 ctiales iio «8 p«0il»to á^r un 
piM««M«rtkdoenloéiiiaj^0ras7 MasátiléB.pi^^ de utitídaé «fúblifla, 
úMaíoé á tius'e»t¿ oeliipeMio -dé los óinóo ^tornos de la Guiar polkiea del- f|(B- 
rtf^ dM^d de Imj^riBiifm' peénj haber ^ta seguido. Pedrá á&í4» Uingo 
«eratil perlas iMiti<sias«Qe éomptrendsy^A p^ qme se psoiKXae pMjra)O0A- 
tiiittarlmfpdiiMiidolas. Con el prepio objeto añadimos ahorafatgtñaa^iiotifis. 

(2) De la multitud de daU>8 j noticias que contTenen los icíñco voWtneJ 
ne^ de la .Gnia del Perá, se han aprovechado «Tiver^ots escritores; -asi extraii' 
getíis'cimioiiacioiíales, eopr^/uido m^terialiAéiYt^ al/cnnoRtrosM eóáio' Hel- 
met'^á sa.Ti^Se por d Fismy y Bféíalñ, en su vi?ijero universal aln ^ae baf^a 
mH^aüola i^Hte de>ite^e se stirtiañ. Bien qne h1 sefjfmido^ le proY^^ 
e^dlf^liW iSvgii/iJMá gneiro eia nada esernpuloKo en adoiíaTs^ dti la m^Q 
7Mw.9j^f pmrfilvmw A j^peH^ m gruí» Ut^iatOi 



tetra 808 diversos pueblos ó para el culto de I& santa religión 
que profesan, ó para la defensa y protección de una y otra. 
6? Y finajmente, el grado de luz que domina sobre esta 
porción del género humano. 

La reunión simétrica de tan importantes objetos y la rectár 
ficacion anual de aquellas que en ellos varia con el tiempo, 
ponian al Perú en estado de ser comparado en cada año con 
el Perú y con la balanza en la mano dirijir sus intereses. 

Pero como no era posible desempeñar completamente al 
primer golpe un proyecto tan vasto y arduo, debia ocuparse 
un determinado espacio de tiempo, un quinquenio, por ejem- 
plo, para ir organizando alguna de sus partes; y si el suceso 
correspondía á los deseos desenvolver ligeramente, al dar ra- 
zón de lo trabajado lo que faltaba que hacer para perfeccio- 
nar la Guia* El quinto año que con el presente contamos de 
la publicación de esta y el aprecio que ha merecido en Amé- 
rica y Europa, nos persuade haber llegado el momento de eje- 
cutarlo. 

Perú. Escribimos en el 4? tomo del Mercurio Peruano (3), 
• que tomada en un sentido riguroso la parte de la América 
Austral que se ha llamado Perú, ocupa una superficie plana 
de 44.650 leguas cuadradas: de la extensión que en ella hoy 
tiene el vireinato, de su nombre y de su constitución física, 
hemos dado una breve idea al principio de la Guia y acom- 
pañándola una carta corográfica. Esta obrita no pide mas 
difusión; solo sf , nos parece oportuno se pusiese á la cabeza 
de cada intendencia, una descripción semejante con su eor^ 
« respondiente mapita, para que sirviese de adorno, é ilustra- 
ción á las análisis que se hacen en cada partido. 

Población. Según el censo ejecutado en los años de 1790 y 
91, que hemos distribuido con bastante exactitud y colocado 
un resumen (4), nuestra población asciende á 1.076,997 almas 

(3) £1 mn vireinato del Perú se extendió en otro tiempo deade el rio de 
la Plata. liasta el Istmo de Panamá. Este inmenso territorio se. halla boy 
dividido en trec vireinatos. vna capitanía general y tres presidencias, resi- 
diendo ana audiencia en la capital de ;cada uno de estos siete departamen- 
tos. Y si conforme á las miras del dia se han de establecer e;n él tantas 
^putaciones provinciales, cuantas audiencias tiene, se presenta una divi- 
sión natural del terreno, tpmando de tres en tres los obispados. .... .La di- 
visión eclesiástica, ó de diócesis, según se halla en esta América, es prefe- 
rente á la civil, ó de intendencias para el mas ^justado cálculo y mayor 
acierto en la elección de diputados para las cortes. 

(4; Guía de año de j793 pag. 178. La población del vireinato en el dia» 
asciende á 1..500,000 habitantes: por el aumento de 900,000 indios resultan- 
tes de 200,000 indios de aumento de la agregación que á principios de este 
. mgio se le hizo tle la intendencia de Puno y gobierno de. GuayaquO, y de 
mas de 120,000 indios que han tenido hasta la época presente de aumento 
los 600,000 que en 1791 habia en las otras intendencias, y el resto por el 



—223— 
Impartidas en 077 pueblos, entre los eoales se nnmeran 14 oia« 
dades y otras tantas villas, aunque las mas solo tienen el 
nombre de tales. El censo debe renovarse en cada quinque- 
nio, según las órdenes de S. M: lo que hará ver no solo el pié- 
Bohre que se halla la masa total de la población con respecto 
al anterior, sino también las diferentes castas que la compo- 
nen. 

Por lo que hace á esta capital, se ha incluido anualmente 
la razón de los nacidos y muertos, cuyo resumen es el si- 
guiente. 

Años. Nacidos. Muertos* 



1792 1,646 2,795 

1793 1,652 2.160 

1794 1,645 2,723 

1795 1,837 2,735 

Total.. 6,780 10,413 

Mortandad enorme, comparada con la población y los na- 
cidos. Pero su aumento, como reflecciona el teniente de poli- 
da B. José María Egaña, á cuyo cargo corrió la formación de 
estas razones; se origina, ya de los muchos que de los pueblos 
vesinos mueren en nuestros hospitales, ya de que en las par- 
roquias se duplican las partidas asentadas en los primeros. 
Deben, pues, tomarse las precauciones oportunas, para que 
evitadas estas equivocaciones, se reduzca á un cálculo exacto 
la necrología de Lima (1). 

ntimeio agregado de blancos y castas de I^ino y de GaayaqnU y aumento 
de nnofi y otros, esx»eoialmente en la capital. Pe este suma conforme al ar- 
tículo 29 de la constituciony deben rebsgarse 100,000 y al resto correspon* 
den veinte diputados propietarios y siete suplentes, que están costeados en 
el todo con 100,000$ anuales. Corto gasto comparado con las grandes 
yentfljas que resultan de él al Estado. ' 

(5) £1 error no está en el cálculo de los muertos: véase el Verdadero Fe* 
ruano núm. V. pág. 44 en la nota. Los terrenos b^jos, húmedos y calientes 
como el de Lima, son mas enfermisos que los elevados, sbcos y frios. Ño 
obstante comparada Lima y sus suburbios que están á 12 grad. lat. S., y á 
582 pies sobre el nivel del mar con la ciudad de Querétaro, y su territorio 
W Nueva España, de temple benigno á 21 grad. lat. N. y á la altura de 
6,489 pies sobre el nivel del mar, se encuentra que con igual número de po- 
blación, tienen con poca diferencia los mismos muertos, pues en el aík> da 
1793 murieron 2978 en Querétaro^y sujurisdiccion que asciende á 70,000 mo- 
radores. Humbolt,Politícal. Esai vol. 1 pág. 90, 102 vol 2 pág. 188. £1 error 
estáraecisamente en los nacidos,que no pu^en b^jar anualmente del número 
de 5.000 que produce Querétaro,y habrá seguramente habido muchísimo des-, 
eorao, ó en la formación de razones, ó en los libros parroquiales de donde se' 
sacaron. De lo contnuio estando nuestro» nacidos como 9 á 5 respecto da 




qqebábi^teniaQla adDló$féra,.y dé las 0írflMxi6Í^ 
mú gei^eraltDQn^ habian refaiadd: ^ éir tibAapo nié '^MmA» 
ó/^Íqs, car9>cter^ mas l^dbrebálténtiE» üe ell^^^téte'cA-ittéC^^ 
cprativo que.babia'BÜrtidb méjtír ef6bt6::6)9'iiattá ' tíft Wii^IlM' 
imi^ortante á la bumanidad. Por falta'de tisdés édiioéMlicM^ 
ea .C34^ repet^dou epid^oüca, M hay^ á obsooias nuesMi^ 
médicos jóveQés,. y lo pagan los &mrftño$. V<éébSX$t nláb^'^l 
auxilio de los inédicios bospitalátiós. !Püé3éli ^^ifttlr Mi»J«l>- 
servaciones por semestres, conforme al plan establecióla 
Sidenham, , i^ropiándolo á. nuestro clima. L^s raasones de 
muertos debát^entónces seguir la misma división lY por qae 
no habrá de;6stid>leeer8e x^k iñétodo tan útil ^nlfooos los Ikm* 
pítales del reynet 

líidMstria^jjigrieultura cria. ^ ganados. Estos' tres ramos se 
ven reunidos,^ los cálcul¡o& prestos en la QtiSsL m, porque no 
hemos tenidii.dQcumentós por dónde pódéilos computar con 
separación, i^d^deinas los d^tp^ ^o han sido de un mismo orden, 
porque los unos solo se han dirigido sobée los restos qne han 

qMdi9ida p ^a el ogün? ercip, 4ewue9, de a^b^^topi^p ^1 J?ÍS|ff ® 
sueks '7 los otros se Ima formado por un ¿óm^ütb pradév^^ 
bie sil. toir^l yalpr^ ÍDespues de esi^as considérácíóiiie^ y ^^^"^ 
seignpraJa cantidad á^ q^ie asc^naei^ los fbitds dé 'vanf^t 
partidos, , nps 'parepe que no está 4ístahtie' del val¿r tójtátjf^ 
iindt)nranualmé];i,te aquellos, tres iriEuaoS| ólqúéáís '^^"^ ''^' 
los puestos «n la0Qia. 

Lima ^%Xp^fi^ 

Ouzco * ',. lV438y6dO 

Arequipa-.. ■. 1.98ÍH2S8 

TrujiUo ^ l,lñJÍ,m 

Htiariíangía. . . w •240^060 

.^uancáTelIéa. •.*... tOt,MO 

Tarma •...,. 429^3? 




TútaL ......... 7.?5í;40S i : 

tos mprtoQ, jm» suiquilária ind^e^tfbléiiiente la j^M^dn- lá'ífSíkríMtí» 
qj^ YiDieseh d^ fqfira á vivir én ella; y 16 qtxe ireíabñ ' és, qn^- ^mIbIMÍ» %^ 
naoitaAtea yá cTBcien46 én Lima en éBtoii lAItiÚios ^'OHy c^*étiA4eM#«<iMr 
im^.ffleoy policía, por el llii8trad<> cela del E^mo: 9)Bñbr^%lÉMM/4lq[«iéB* 
ai.imkaee^ »u8 sucesores, prestó dSsfbfitará Liú^á la .t»«ftt^éMéiil> á/ kHi'SiSÍi 
oi4tasy pppi^osa^ y amenas ólcídadéftd^ilmúiídó. 

(0) Líiivfafmwmhk rectific^49 dé e^eós rimos eijib ito'fl»'^htte4li' 
ItmyííW, l>iótdtt8tría en el FéH;idébe tepütáiií^^'Étílil;^ 
%gEÍfÍM^aí|N9V9fua9S trabaia^ pi;bs¿iite ír'^'^*' 

jj§fí^dfiü^ ámttíatek iüedtds t^ ]iié||tfhúSili 

moa tieiápo para íljeoíitarló. 




^225— 
De esta, suma se extraen * 2.400,000 $ para el comeroío exr 

teMor. :> >; . 

No llegan & 100,000 los que se dírijen á España; 1.900,000 $ 
se exportan á Buenos Aires, y el resto á los puertos de Chi- 
le, Santa Fé y Guatemala. El residuo se emplea en el comer- 
cio interior de unos partidos con otros, dando cada uno lo que 
le sobra por lo que le fáltál 

Las ált^ y bajas de las cuotas di^zmales^ fl^büBcn también ins- 
truirnos de las que tenga nuestra agTÍcuItui:^i Por los estados 
que hemos dado á luz (7), produjeron los diezmos en el ^xe- 
niode74á79. 

Lima 759,274 4 J 

Ouzco 331,386 7 i 

Arequipa 537,891 7 i 

Trujillo 254,167 1 | 

Huamanga 179,687 



«J r.'S.i 



Total 2.062,407 5 i 

Gorresponde esta suma por año á 343i,734 pesios ó síetoi ce** 
tavos 15, que denotan un londo de 3.437^340 posos ó siete oe^i 
tavos rs. Al que si se agregan las utilidades que deben £époiw> 
tar los que rematan los diezmos, y el precio de las coseáliab de» 
las tierras tributarias que no los pagan; se conocerá importar 
mucho mas los frutos de nuestra agricultura. P^ra acereamoa^ 
pues, á su lejítimo valor como el de la 'industria, es preciso 
que los receptores de alcabalas nos ministren anualmente: ira^ 
xones de lo que sale de cada partido con distinción délimpor^ 
te y ramo Á que pertenece,. y que estos mismo^^ y Ioi^süMbIo^ 
^ados hagan luego im cómputo prudencial de^o que quedaear 
él partido para su propia subsisteacia. Así podremos calcular 
rigurosameate la parto que se emplea én el comercio y aprp^.- 
mamos bastante al valor total. Por lo que hace á los diesuaos 
deberi^i renovarse sus estados encada quinquenio. Ilustrado 
el supremo jefe con estas hermosas luces, fomentará la ptúñ- 
peridad, 6 atsyará la decadencia que apareciere en el primero 
y mas útil patrimonio del hombre 

. Minería. De esto inestimable tesoro hemos publicado i|ti 
estado general y once particulares, en que con individualidad 
se ven anotadas las minas de actual labor, los parsyes donde 
están situadas, marcos que producen, azogues que consu- 
men, &^ 

(7) Se contienen en la Gma del año de 1793 á foj. 186, 234, 267, 274 y 
287. . 

TOM, VI. LlTBKÁTÜRA— 34. 



—226— 
Pero como estos uo comprendan todas las minas del vi- 
leynatOy I soló puede resultar de ellos la razón incompleta que 
sigue de los marcos de plata, que anualmente rinden (8). 

Lima 70,000 

Cuzco , 1,764 O 

Arequipa 106,462 

Trujillo 82,403 4 

Huftncavelica 9,119 6 

Tarma 270,472 

ToUú 546,222 

El defecto de nuestros estados debe suplir la real casa de 
moneda, la que en 1.794, que es la última razón de las que re- 
fiere la Guia (9), compró 5,438 marcos 4 onzas de oro, y 648,318 
marcos 3 onzas de plata. 

De esta real casa en que se reúnen nuestros preciosos me- 
tales para recibir el sello que los hace representativos de to- 
das las especies comerciable^, tenemos una historia seguida 
en cuanto á su amonedación desde 1754 en que dio principio 
de cuenta del rey hasta el año de 1794. Hállase divi^da en 
Ixep épocas. La primera: del año 54 al 72. La segunda: del 
73 al 91. La tercera: de 92 á 94. Las dos primeras están 
comprendidas en un solo excelente estado, formado por el di- 
rector interino de la real renta de tabacos, D. Diego de la Ve- 
ga (10.) La tercera está compuesta de las razones que hemos 
ido insertando en la Ouia, remitidas por el señor intendente 
de aquella real casa. Según estos estados resulta, que lo 
amonedado en oro y plata ha sido: 

> (8) Guías de los afíos 95^ 9H y 97. ErTfibuual de Minoría no tiene fon- 
dos suficientes para cumplir los importantes fines de su institución. Acaso 
seria mas útil al reino, unirlo al dcu consulado y fonnar uno solo de comer- 
cio y minería; en cuyo caso ahorraría esta muchos sueldos de los que hoy 
e»nsumen sus pocos ñmdos. fintraqan á sostener sus labores los brazos 
mas activos de la sociedad y se podría fomentar la instrucción en la mine- 
r^ogia, y el auxilio á los mineros en la explotación de metales que son las 
dos cosas que necesitamos. - 

(9) Guia 1795 pá^. 38. 

(10) Guia 1793 p^. 43. En el último bienio de 1811 y 1812, se ha sella- 
do 9.312,080 5 y un cuarto que corresponde á 4.656^040 pesos 2 reales 5 oc* 
tavos por año común: y por consiguiente hay un millón menos en la luno- 
nedacion que en la época da la Guia. Y por ventura ^proviene esto de ha- 
ber decaído la explotscion en las minas, ó de que los ingleses con el con- 
trabando é introducciones por Panamá, se llevan en tc^os de oro, barras y "^ 
pinas de plata este millón ^ue fiütaf Lo cierto es, que desde príncipios de 
este siglo en que se extendió el comercio clandestino de los ingleses, bajó 
Iffoonedacion. y asi en 1799^ Uegó á seis millones próximamente, y en ^ 
1^800 no llegó a cinco. 



--227-. 

1? Época 68.944,522 1 

2* Época.. 85.434,849 

3? Época 17.640,305 7 

Total 172.019,697 

Estas samas (livididás i>or un año coman dan. 

1? EiK)ca 3.628,659 

2? Época 4.496,670 6 

3? Época 5.880,108 

Aparece el anmento "progresivo que ha tenido nuestra amo* 
nedacion. Antes de concluir el ramo de minas debemos adver- 
tir que de la do Huancavelica, que por la mayor parte las surte 
de azogues, se han explotado de este metal desde 1570 en que 
empezó á laborear, basta 1789, y entrado en los reales alma- 
cenes 1.040,452 quintales 5^ libras 2 onzas, que importan 
67.629,396 posos 2 reales (1 1.) Pues para que en lo sucesivo 
llevemos completa esta interesante parte de la Guia, deberá 
proporcionarnos el real tribunal de minería por medió de sus 
diputados territoriales, estados anuales de todas las minas de 
oro y plata conforme a los publicados. La real casa de mo- 
neda seguirá ministrándonos las razones de lo que acuña y el 
señor intendente de Huancavelica' completarnos los años que 
nos faltan de aquel mineral y continuar anualmente en lo su- 
cesivo, . 

Comercio El del Perú se divide en terrestre y marítimo. El 
primero se hace con el vireynato de Buenos Aires. El segun- 
do es, ó americano ó europeo, f^ecútase el primero en nues- 
tra marina mercantil, cuyo número y parte de buques hemos 
publicado (12), con los puertos del reino de Chile sitos al sur 
del Callao, ó con los del vireynato de Santa Fé y Méjico, que 
yacen al norte. El de Europa se efectúa con Cádiz. En las 
Guias se contienen dos épóéas relativas al comercio. La If 
de 1781 á 90. La 2?^ de 91 á 95. En cuanto á la primera, es- 
tán completos los datos, asi pueden hacerse todos los cálculos 
y comparaciones que se quieran. Yo me contraeré aquí úni* 
camente á un cotejo entre el fondo que tenia en efectivo di- 
nero anualmente el Perú y la exportación en [caudales, que 
se hacia en el mismo tiempo para Europa, para ver cuanto le 
quedaba en numerario á este reino. En la segunda época so- 
lo tenemos datos para el comercio con Europa. 

(11) Guia 1796 pág. 134. 

(12) Guia 1794 pág. 14G. 



—228— 

JEpoca primera de 1781a 1790, 

Oomercio con Buenos Aires. Del estado que va inserto en 
la Gnia, representativo de un solo año resulta (13.) 

Exportación.. 2.034,980 

Importación 864,790 

• Diferencia; 1.170,190 

La diferencia es ár favor del vireynato del Perú y se le sa- 
tisface en moneda acuñada de Potosí. Sumada esta ganancia 
€on la que se labra en la moneda de Lima en un año común 
de la segunda época, produce 5.066,760 pesos 6 reales. Fon- 
do anual del Perú en moneda contante. 

Cáineroio marítimo america^w. Del estado que hemos dado 
á luz comprehensivo del quinquenio de 85 & 89 (14), se dedu- 
ce que en este período fue la 



1 



Importación 8,350,749 6 

Exportación 7.823,776 6 

Diferencia 526,973 

La diferencia es contra Lima y dividida por años comunes, 
da de pérdida anua] 105,394 pesos 4 f reales. Pero cómo ca- 
si otras tantas {ganaba nuestra marina mercantil en el mutuo 
trasporte, queda equilibrada la balanza americana. 

.Oomercio en Cádiz. De la balanza comprehensiva del dece- 
nio de 81 á 90 publicado en la Guiíi, aparece que en esta épo- 
ca hiíbo de (15) 

IraportíM^ion 43.241,862 7 

' Exi>ortac5on 54.837,114 3 

Diferencia. . . . . ^ . . 11.595,251 4 

La diferencia denota la cantidad con que las remesas de Li- 
ma supói-aron á las de Cádiz. La cuota de exportación se 
compuso de 49.678,305 pesos 1 real en caudales y el resto en 
frutos. Dividida la suma délos caudales por años comunes, 
da en cada mío 4,967,830 pesos 4 reales, cotejada est« canti- 
dad con el fondo anual del Peni, resulta. 

4 

(J3) Guia de J7í)7 pá^r. 90. 
(J4) Guia de 1794 pÁg, i4í>. 
(15) Guia de 1796pág. 24. 



— 5KÍ9— 

Fondo 5,666,760 6 

;BipoiJÉ»cÍ9n ^t^^íSa» 4 



"•"iW" 



Diíearepcia 698,939 2 

La difereneia indica la cantidad numeraria que le quiedaba 
á> Pidi6/.tx>noliiido fiu domjerciouíüvmsal^ de^la qae debeü i^- 
Invaiw Ias Temesad hechas poií la real hacienda .l)ata iiitnddos 
á,0í/Aloéi Valdivia, Panamá y para compara» de talmcos eíi 
Qtiayaqqil y la Habaüa: igoalmeiíte dtehe dedncirde él v^lor 
de los nebros que se jiob dkigto de Buenos Aw$ por Cbiié; 
y resultara que en cada año queda extinguido el numemrio 
delPearú, 



Época segunda de 1791 á 95. 

I^as cinco balanzas relativas á esta época, que hemos publi* 
cado (16) manifiestáa que hubo dé 

Importación 21.547,861 

Exportación. 33.313,741 ^ 

Diferencia 11.761,890 i 

La exportación se compuso de 22.316,995 pesos 5 reales en 
caudales y el i^to en fritos. DivicUda la sama de l<»s cauda- 
les por años comunes, corresponde á cada uiio á 5.863,399 pe- 
sos 1 real. 

Obsérvese lo primero que en esta exportación se hallan in- 
cluidos 6.274,484 pesos siete reales pertenecientes á la real 
hacienda; de donde proviene su ventaja sobi*e la anterior. Lo 
segundo, que corresponde anualmente Ui pjata atenuada en la 
moneda en el propio tiempo, con la diferencia de 16,000 pesos 
á favor de la segunda, Tercero que careciendo de datos rela- 
tivos á nuestro comercio americano en la presente época, no 
pueden servimos los de la antecedente para hacer el tanteo 
del fondo sobrante en el Perú. La razón és porque la balan- 
za debe hallarse en esta época, mucho mas inclinada que en 
la anterior contra Lima. Primero: porque para igualar la 
lialanza maritima en el quinquenio auterioi*, remitió, á Chile 
L430,924 pesos y á Guayaquil 2.235,719 pesos en ropa de Cas- 

(16) Guias de 1793, pág. 60. 1794, pág. 20. 1793 pá? 20,1797, pAg. 22 y 64, 



—230— 
tilla, adquirida eu su comercio con Oádiz (17.) Segando: la 
conducción de estos efectos, como de los frutos que renian en 
retorno para embarcarse para Oádiz, cedía en utilidad de 
nuestra marina. Hoy carecemos de uno y otro por el giro di- 
recto que bacen aquellos puertos con la Europa, aunque se 
baga escala en el Callao para Guayaquil. Tercero: losazú- 
caretfi internados por Buenos Aires han hecbo decaer el comer- 
cio de los nuestros. Los sembríos de viñas en los valles de la 
ciudad de la Paz, van minorando el valor de nuestros aguar- 
dientes y el aumento en el uso de la coca que se saca de aque- 
lla provincia, menoscabando la cantidad numeraira que utili- 
zábamos de la (jue se acuña en Potosí para aumentar nuestro 
fondo y comerciar con Cádiz. 

Para presentar, pues, en cada año el plan de nuestro co- 
mercio universal, necesitamos que continúe anualmente mi- 
nistrándonos las balanzas de nuestro comercio marítimo, asi 
enroi>eo como americano el contador de la real aduana, según 
lo efectuaba el difunto D. José Ignacio Lequanda, á cuya de- 
dicación y celo se deben las que adornan nuestra Guia» Por 
lo que respecta al terrestre con Buenos Aires, deberá formar- 
se en las aduanas del Cuzco y Arequipa. 

lientas reales. Hemos publicado tres bellos estados de real 
hacienda, ministrados por el contador de resultan D. Joaquín 
Bonat, cotejado el dinero existente de las reales cajas con sus 
gastos, aparece 

jí/io íZe 1790 (18) 

Caudal...,. 6.445,471 7 

Gastos 2.970,599 7 i 

Sobrante 3.474,871 7 i 

Año dfi 1791. (19) 

r 

Caudal 7.683,608 5 

Gastos 4.082,313 5 

Sóbrant^í. 3.601 ,295 

(17) Guia de 1794, pdg. 140. Balanza en las notas. Entre las dispataA 
de una liliertiul desatinada y un monopolio ii^iusto, aun no hemos haUado 
el medio de que nuestros fíeles aliados no se lleven el dinero del Perú por 
Panamá, dejándonos estancados los frutos. Ellos nos dejarán en paz con 
sus pretensiones mercantiles, mientras que les dejemos nosotros uevarae 
tranquilamente el dinero. 

(18) Guia 1793 páí?. 16. 
09) Guia 1793 pjlg. 17. 



— 2ai— 

jÍmo de 1792. (20) 

Caudal 7.095,429 6 

Gasto». 4.211,192 4 

Sobrante 2.884,237 1 

£1 balance general de todos los fondos de real hacienda 
con sus créditos, puede verse en los estados que se han indi- 
cado y que deben insertarse anualmente para no romper su 
historia, como ha sucedido en el precedente quinquenio. Por 
el estado relativo al año de 1792 aparece, que cotejados todos 
los créditos de la real hacienda con sus fondos efectivos, se 
hallaba descubierta en 174,234 pesos 3 reales; pero á fines de 
1794 el fondo de la real hacienda excedió á todos sus créditos 
y gastos en 4.011,930 pesos. 

Mentas civiles. Los propios y arbitrios de las ciudades del 
reino pueden calcularse anualmente en 60,000 pesos (21). 

JRentas eclesiásticas. El resumen de las rentas anuales del 
clero secular, regular, universidades, obras pías y hospita- 
les, es el siguiente (22). 

Petos, Keales. 

Lima-.... 1.076,943 3 

Cuzco 393,455 7i 

Arequipa 329,711 6i 

Trujillo 244,034 3i 

Huamanga 275,408 Ri 

Total ...^ 2.319,564 2 

Muchas de las partidas que componen estas cantidades, son 
por la mayor parte imaginarias, por estar arregladas á lo que 
debian xn*odncir los caudales impuestos, pero que en eiecto no 
rinden por el deterioro de las fincas. Asi era necesario, que 
al menos en cada decenio se formasen nuestras razones de 
estas rentas. 

Ghn^arquias. La Guia está dividida en tres estados que son; 
el i)olitico, eclesiástico y el militar; cada uno de estos se sub- 
divide en tres secciones. El político en el primer ministerio 

■ 

(20) Guia 17d4 pág. 14. £1 estado actual de la real hacienda ofrece obBer- 
vacioues tony imx>oitaiito8y quereBervainod para otro lu|^. 

- (2i ). De esta cantidad apenas componen 20,000 pesos los restantes de to- 
dos los ayuntamientos do este vireynato. Los 40,000 son del aynntanoien- 
to de Lima, que posteriormente los ba aumentado á mas de 100,000 pesos 
con los cuales ha hecho servicios muy importantes, que indicaremos en uno 
de los Peruanos siguientes. 

(22). Guia de 17SM, pág. 144. 



de justicia, segando de real hacienda: tercero, en cuerpos polí- 
ticos. El eclesiástico ea 1 cleib sécnüEkh 2 cuerpos religiosos: 
3 cuerpos literarios. El militar el 1 tropa veterana: 2 milicias 
deciplinadas: 3 miticias provinciales (23). Oáda orden de aque- 
llos en que se divide la clase general, abmza las partes que 
le competen, considerada cada una con separación, y anotán- 
dose en ella lo qne merece saberse. Asi párese que la Gola 
ha sido en esta parte desempañada completamente. 

Ilustración. Los establecimiento^ literarios, la univeisi&d 
y colegios én los <)uo hemos séQálado sus cátedras, sus éjertí- 
cios, y hasta los autores qne tienen adoptados para su ense- 
ñanza (24), manifestarán á un genio inteligente, cual es el 
gusto, y la ilustración dominante del Perú. Pertenecen á es- 
ta las nuevas obras que se hacen i)ara el adelantamiento éb 
cualquiera de los ramos del reino, ó para perfeccionar en él 
la cultura del espiritu humano. Pocas ocasiones hemos teni- 
do de publicar alguno que merezca hacer inmortal el nombre 
de sus autores. Ojala se presenten en lo sucesivo, para que 
tribute nuestra pluma él digno homénágé, á que son acreedo- 
res los beneméritos á la Patria* En recomx>ensa se debe á la 
Guia haber hecho restaurar algunas obras útiles, que sabiendo 
hallarse abandonadas, largamos una chispa al honor en algu- 
na de sus páginas. 

En suma para cóinpletar y perfeccionar la Guia, se necesi- 
ta el que se ministi*eu en especial los siguientes estados. 

Por quinquenios^ 
Población. Diezmos^ 

Por años. 

Agricultura, industria, mineria^ casa de nloneda, comercio 
europieó y americano, estado- de real hacienda &a. coiiforme 
á lo qúehem^s expuesto basta aquí en esté resumen. 

Ya se vé que las variaciones que ocurren en esta parte ao 
pueden salir dé un año para otro. Es necesario lleven dos de 
atrazo á la edición de la Guia, pues es predstí corra el ajto en 

<23;. LftGNiiade 1793, pág. 156. Se halla (A oatálag» de Um títulos de 
CMrtiUa del Perú. 

(24). La Guia de 1793, es la mas oircunAtanclada de esta parte. Estos es- 
tablecimientos célebres por siis estadios especulativos, carecen de lains* 
traectbn de las ciencias práticas. Aun la medicina no hace en el nuevo co- 
legio de 8ftB Fernaado, los progresos que debiad esperarse de U ejpeeleneia 
de los ingenios del Fñíit porque aun no han podido plantificarse las cáte- 
dras' necesarias para la ensefiansa, ni p^ropordonádoíBelas máquinas y nteu- 
silios que úrven paira desempeñarla con acierto. Sm embargo, esta ea una 
obra que haeé muckldmo honor al Gobierno del Exorno. Señor Yitey i>. 
José Ferhando Abascal^ y que sfeiKdo hoy el únioo colegio de esta elaae que 
hay en la América española, no tardará en ser el mejor de la monarquía, 
fti se le proteo como es debido. 



Á 



--233— 
que se yerificau, y aquel en que se adopten para la prensa- 
da'' silas mutaciones ocurridas en el actual año de 97 deberán 
darse á luz en el de 99. Mas como está para finalizar el siglo 
en que vivimos, serla oportuno que en los meses que restan 
de él preparásemos los materiales enunciados, y habriésemos 
con esta preciosa obrita la excena del siglo 19, 

Sea ella un testimonio de lo que hemos adelantado en cuan- 
to al conocimiento de nuestro pais, sobre los que nos pre- 
cedieron en el 17. Estas apenas trasmitieron al 18, una gaze- 
ta en que no se encuentran dos renglones útiles relativos al 
Perú. Nosotros presentaremos una colección, que siendo de 
lo mas importante que contiene para el hombre social, debe 
ser al mismo tiempo, i^til y agradable. Útil al Gobierno que 
viendo la sucesiva progresión de todos los ramos que adminis- 
tra, fomentarán los que florecieren, y opondrá el remedio 
oportuno á los que decayeren : que comparando los efectos 
con los, principios de donde emanaron, podrá en tiempo ó dar 
mayor energía, ó rectificar á estos. Útil al comerciante, que 
conociendo los fondos y recursos de todo el reino, y de cada 
una de sus i)rovincias, sabrá arreglar á ellos sus tráficos, y 
evitar las quiebras que se originan inevitablemente cuando 
faltan estas luces. Agradable á todo hombre inteligente, que 
puede en una dilatada serie de años, admirar por una parte 
la liberalidad con que la adorable providencia desabrocha los 
senos del mas rico suelo de la tierra, para premiar las labores 
del pacifico peruano; y por la otra, al activo europeo al verle 
adquirir con su industria estos mismos tesoros, y trasmitirlas 
á su pais, para que sirvan de base á ese raro espetáculo de 
grandeza que ofrece aquella parte del globo, después de la 
conquista de las Américas. 

Y para evitar á los postreros el trabajo de acopiar un creci- 
do núm«ro*de volúmenes , en que los dos tercios de cada uno 
le serian inútiles, se deberla en cada decenio extractar lo mas 
interesante de las Guias de esta época, y reducir á un solo vo- 
lumen, y publicarlo con el titulo de Décadas económicas del 
Perú. Entonces diez pequeños tomitos contendrian un siglo 
entero. 

Tales son mis ideas. Las ha dictado el deseo del servicio 
de mis soberano, y el amor al suelo en que he nacido. — ^Lima, 
Noviembre 6 de 1797 H, U. 

Observación. Se puede suponer, que el sistema colonial del 
Perú, concluyó con el siglo anterior, y con la edicoion del 
último volumen de la Guia. En este año de 1813, comienza * 
una nueva era con la jm*a de la constitución de la monarquía 
española» Entre una ó dos decenios, podrán ya estar bien ci- 
Toai:. VI. Litbbaíüra.^35. 



: v: -^Se- 

mentadas sus leyes benefactorM^ y entonces podrán compa- 
rarse con el cuadro colonial que ofrece Mto companiUo Qs4a^ 
dístico, el que presentará la libertad é igualdad civil» y dornas 
excelentes prerogatiyfis de que boy goza dftUr l^paft^ ultah 
marina, y que deseamos emplee ea cimentar la pa^^» la uaioii 
y el verdadero amor á la patria sin los cnale» no i^md^ flore* 
cer ningún estado. Los tres años corridos entre ^1 fin d^l Ms* 
tema colonial, y principios del nuevo gobierno, están Henos 
de sucesos extraordinarios en todos los ramos de la pública 
administración. Eepreseutan aquel eampo de aguas agitadps 
que se interponen entre dos mares alterados, que Sd embisten 
conmovidos por opuestos vientos. Si una pluma iustriiidii, 
imparcial y verídíoa, se encargase algún dia de eacribirlasi 
ofr^erá en nn corto espado de tiempo, sucesos que no ^C vie- 
ron en siglos anteriores,y ellos mismos servirán ú» lecciones 
saludables á los hombres venideros, para el buen gobierno de 
la república en general, y de sus familias en particular. 

Nota* Acabábamos de soltar la pluma, concluida la obser* 
vacien antecedente, cuando el ruido de la alegría pública^ nos 
anunció la <K>ttflrmacion de las insignes victorias qua un nh 
mor vago, aseguraba haberse conseguido en la madre patria. 
Volvimos á entrar cfn nosotros mismos, y hemos quedado con- 
vencidos de que se anticipaba el tiempo del firme esfaabtoei* 
miento del nuevo orden que introduce la constitución espsr 
ñola. Los sucesos de la guerra se dirá son varios, y oasi no 
se puede contar sobi^ ellos, basta después de concluida. Pero 
aqui hay una reunión de circunstancias extraordinarias. OWr 
i4$d Rodrigo^ Badnpg^ Stiiamanmy fortificados con todos loa r»- 
cursos del poder y el arto, son reconquistadas rápidamente 
por asalto una en pos de otra. Marmot derrotado hasta el es 
tremo, las Castillas y Madrid recuperadas: el sitio de Oadie 
levantado, Sevilla y las Andalucías, precipitadamente abando- 
nadas. Boult, el general mas activo ó inteligente deBouapart^ 
fujitivo y perseguido. Welington triunfante en todas partes, j 
los x>endoues españoles tremolando victoriosos sobre casi Uh 
das las almenas, de donde habían sido precipitados. ^Bn fia, 
los frutos y las glorias de cuatro T^ños de conquistas y comba- 
tes pertinaces, en que han perecido millares de regimientos 
los mas valientes, y mejor dicipUnados de Europa, y en qne 
ha corrido á torrentes la sangre francesa, en pocos dias han 
desaparecido como el humo que se lleva el viento. 

( Xo aparece aqui una mano superior que yá salva á su pue- 
blo, concluida la legislación bajo de la cual quiere viva, an lo 
íhturo f Esto es hecho. Solo resta que los faombces depongan 
8«is i^iñdoupaciones y ñinestas livalidades, y no quieran bajo^ 
de psistestot imne») priva» á las pvmblds «q^alxria» did fOM 



—235— 
te sagrado que les ofrecen la ^rtüfl, la sabiduría y la heroLsi- 
dad íennMas. Bit© es el medio de ttafimilUsjuí* & loh Qué ésteu 
desgraciadamente alterados, y ttflililtót la mt y ob^üíencta 6n 
loB tíaVjqttilos* Vlrhtoso* hamta\ites dé todas las fciiidaató de 
América! íeitnf d imestfos euRtewóS, liiccs y patriotístoo, para 
establecey Ift qtiletitd y pw>spi3rídad con mió noá briüdá la 
coiisttttttsíott eíipaftola. Bl egoísmo, kte intrigan, la oelosidád, 
los Vldoa que con ^itwtlela 6 m\ ella se han atribuido á las co- 
lonias, tl^sftpareícán dol todo; y nazcan el amor á lá patda^ 
la sinceridad, la dedicación al twibajo. la probidad y aquella 
flfme»» de ftflimo qtie deben distinguir al ciudadano español, 
Seamo* gnjüdes, como es gi*aiide la eía qne comióu^a en 
nnestras manos, Y ya que por lo frajil de la vida Iminaua, no 
pueda la generación presente llegar & este cówpleniénto, pre- 
parésmple el camino á la venidera con instituciones sagaces. 
La buen» educación debe ser la primera. En el terá no fal- 
tan escuelas ni fondos para sü dotación- pero se abusa de todo. 
Oon doter decimos que estamos enterados de que en diferen- 
tes lugares, se apropian las reütas de las escuelas con gran 
detrimeiifco de ellas, las mismas personas que mas debían in- 
teresawe en fomentarlas. Por eso la dlmtaéon provincial^ 
deberá colocar entre sus primems determiuactones) la de res- 
tablecer la Gula, para que se dé anualment'C i^a^on del estado 
y i^rogreso de todos los establecimientos sometidos á su ins- 
pección. 



"^w* 



'*B1 Mnor wmyugal." 

MA nontiMKtttm doíartt. 

• 

La grandes^a del hombre se áe^ percibir mas bien eu loa 
adversos, que en loa prósperos sucesos de sU vida. La fantasía, 
y coraron de nn hombre afligido adquieren no sé qué de divi- 
nó, que imprimen el sublime en cuanto iñeusa, y en cuanto 
siente. De aquí es. que como lo que pasa dentro del mi^mo^ 
procura simbolizarlo con imágenes oorpórales^ tienen \m de- 
mostraetóiieii ÜVinebres iipa elevación incomparablemente su* 
perlor á las de los irinufos y las glorias. I^as musas solo en los 
funerales de Lésbas, se vieron Yestldas de luto baoer resonar «1 
aire otm sas gemidos. Sn ninguna parte ^ el raise&or naas m#r 
lodloso, que al reded^n* de los »epnléróa» AuU en las exeqOíM 
qnehM^laifeUgiOtt á ^It^t»» 8S dUÜttftbtttt ^fijA^^OM^V^ 



—236— 
netrante que en sus otras solemnidades. Canta, y Hora Job el 
poeta mas sublime que ha tenido la tierra. 

Por entre un bosque solitario me dirijia en otro tiempo á la 
casa de un amigo, cuya esposa acababa de morir. Llegué en la 
mañana del segundo dia de este trájico acontecimiento. Entré 
en el cuarto de mi amigo, y le encontré sentado: cubria su cuer- 
po un negro manto: tenia el codo derecho apoyado sobre el bu- 
fete, y la frente sobre la mano; su rostro demudado é indina- 
do al suelo, sus ojos abiertos, rasos, inmobles representaban á 
un hombre poseído del asombro. Me acerco, le contemplo^ le 
creo sin vida, le muevo: entonces levanta su rostro, lo l^ja so- 
bre el mió, oprime mis manos con las suyas, las inunda con sus 
lágrimas, y pasados unos momentos en que podria recujierar- 
se, me dice 

¡O amigo! tierno amigo, mi dolores inexplicable. Espiritual 
como mi alma, obra poderosamente sofocándome la vida en él 
pecho, sin que yo encuentre en la naturaleza seres con quienes 
compararlo, ni imágenes que lo representen. Parecía mi cora- 
zón formado para resistir todas las calamidades que persiguen 
al hombre. Yo mismo encendí, y coloqué en manos de mi es- 
posa la pálida luz, que le alumbrase el camino déla eternidad. 
Yo la ayudé á invocar la protección divina, y los dulces con- 
suelos de la religión católica: recibí sereno sus últimos suspi- 
ros, oí RUS quejas amorosas, y la vi tranquilo espiraren mis bra- 
zos. Mis labios se abrieron en este momento para decirla: ha 
muerto la mejor de las esposas. 

Mas luego que la paloma desamparó su nido, y que amor rom- 
pió sus lazos dejando ensangrentadas las heridas, no cupo el 
corazón en mi pecho, quiso quebrarme los huesos, v volar tras 
ella. Una mutación extraordinaria se apodera de mí. ¡O noche! 
El sol se sepultaba en su ocaso, cuando las lágrimas de cuatro- 
cientos agrícolas hacian correr á torrentes las mias, y con sus 
clamores me partían de medio á medio el pecho. Todas esas 
verdes praderías se vistieron de luto: cesaron los gorjeos sua- 
ves de las aves canoras: el silencio mas triste se a^>deró de es- 
tos montes y valles. Solo so oía á lo lejos el pesado ruido de 
las ondas marítimas, que en cada golpe me comprimían el co- 
razón. 

En esa antesala colocaron el féretro del cadáver de mi ama- 
da, cubierto de un humilde sayal. Por entro esas negras cor- 
tinas divisaba á la luz pálida de las antorch<a,s fúnebres el ros- 
tro: . . . ay! ya pasó dulce objeto mis delicias Los 

' ojos de la Antélope sin luz: marchitas las rosas del carrillo: sin 
percepción los oídos que median el acento y armonía en mis 
discursos: y las gracias ñijitivas de sus labios 

Absorto en estas melancólicas consideraciones: absorto enes- 



—237— 
tas leooiones penetrantes de la muerte, veo levantarse del fére- 
tro á mi esposa, y venir hacia mi: salto para recibirla: le estien- 
do mis brazos. Pero que horror me sorprende: un yelo extraor- 
dinario ocupa mis miembros: mis cabellos se erizan y tiemblan: 
el pellejo se me pega contra los huesos de la cara: el calor de 
mi vida vá cesando: el pulso, y la respiración vacilan. Mi exis- 
tencia es dudosa, huyo precipitado Sombra amable, dis- 
pensa perdona mi esposa mi querida Espa- 
cios inmensos nos separan, y todo clamor es inútil. 

Que de veces en tiempo venturoso. 
Las horas vi de tus delicias llenas; 
Mas hoy solo mis penas 
Ocupan mis instantes: 
Se acabaron las glorias. 
De dos tiernos amantes. 
Que de veces el tiempo, la sonora, 
La dulce voz llevaba á mis oidos; 
Mas hoy solo gemidos 
Escucho en que me dices: 
Para siempre pasaron 
Nuestros dias felices. 
¡O sombra de mi esposa! ayer la vida 
Del valle ameno, y de la alta sienta, 
Hoy convertida en tierra. 
Ya no pisas ufana 
Las verdes praderías 
De que eras soberana. 
Mi esposa peregrina, en una tumba 
Despojo yaces del hado á los rigores: 
Cesaron los amores, 
Y en mis negros i>esares. 
Agotaran mis ojos 
Las hondas de los mares. 



Nota:--B1 resto de esta escena no ha podido trascribirse, por estar roto 
y carcomido el cuaderno en qeo se encontró manuscrito: parece qne es de 
tiempo en que los españoles segnn sucaracter, aynntaban todavía la piedad 
con el amor. 



— 2S8— 



IHsottrao sobre si el clima Inñuye ó no en las oostumbres 

de los habitantes, áeduoiclo de las ilnstracíóiiés má^ 
ÉKsciitaá ^arí^ íi se^áa eidicion de Ia$ ób$ert¿ici(üie$ 
sobre el duna de loma* 

(2) Emollit aniím^ cl^mm^iia easH* 

Gnalesquiora que sean las causas físicas que inducen la mo- 
rosidad y pereza en los habitantes (te los cttjpji^s cálidos, las 
causas morales pueden no solaínéftfíe cputr^pátanceatt su in- 
fluencia, sino tamtóeú 4®atruitía y h^^^v 6,6 ellos hombres, tan- 
to, ó mas enórjicos qué los que inoraii líá^jQ dé téíiiperamentos 
frios, porque tienen una CQns<;ititcioii tip(ás movible y exaltable 
que estos, y en consecuencia su imagináciQ^ j pasiones son ma» 
prontíis, y fuertes. Las descripcíqúes^ qiie los griegos y roma- 
nos nos han dejado (Je los asiáticos» y Í6 que (Jicéu los viajeros 
de diversos pueblos que habitari pueblos calorcisQS, han hecho 
creer de que la indolencia y desic^iá, sóñ i,íu efec^Q ipeontrasta- 
ble de la influencia del clima. La igualdad y temple del cielo 
en Asia, dice Hipócrates, proporciona ^ áus naturales una ta- 
lla y figura mas uniforme y elegante, y lirias costumbres mas 
dulces que las que tienen los europeos; pero tahibién los hace 
perezosos é imbéciles, negíindoles él ánimo activo, laborioso, y 
emprendedor, que dan á los ultin^os las fuertes iñutaciones de 
los temperamentos en que viveh. Hoy mísniq se vé á los tur- 
cos asiáticos pasar dias enteros seuta^lós cou ^os pies cruzados, 
y la pipa en la boca sin hacer nada, ñi mudar (Je aptitud: y los 
indios miran la inacción cpmo uno de los elementos de la feli- 
cidad. ¡Qué perez{> en los del Perú! ¡Oon qué lentitud mueven 
su» miei^bvos al trabajo! De áqui es^ que MontasKiuieu toman- 
do estos hechos por principios meneiales, ha cmido qoe el ^^üh 
potismo era el gobierno natural de los paises calientes} y jJor 
la misma razón establece Wilson la necesidad do la esclavitud 
de las islas do Barlovento. 



(2) Los singulares elojios que La merecido esta obra A los sabios de Ma- 
drid, París y Londres; y las instancias que para concluirla hacen al autor 
SUR amigos de Améiica; le han empeñado en dar una segunda edición cor- 
recta, Y completada en la part« práctica. Para esto necesita dedicar única- 
mente á esto fln los muy pocos ratos, en que sus ocupaciones lo permiten 
o mar la pluma, y asi lo ejecutar4.cn lo sucesivo, 



J 



Pe^4i 8t ^ olima «al^roso es él que tofl^iye tal peies^t, é «lep- 
títttd ^n los qü6 lo faabitati quo «e isooésito dfeldfspatisBAo^ 1^ la 
eipola ^ itnd para bUij^arios at trsMImj^ 7 om^aelones de áfia vi-^ 
da laboitosa: |de dómle naokS }a iáqüAet-a ambición de Iob aá- 
Sfbs, qne por el eep^xsio de quinientos afio« tarbaTon el A^ia 
eotí sos giterrast |De dónde vino el vigor de los Medoa que sa- 
eudiero» su yngof Giro en el espaeio de treinta a&oa canqnis- 
fó del Indo al meditepráneo. Los Cardueo^ de quienes habla 
Xenofonte, resistieron al gvan rey én el seno de sn imperio, y 
dieron mucho que haeer á los valerosos que eandncidos por 
aquel insigne capitón, hideron la nías difícu f valiente xetira- 
da de cuantas refiere la historia de la g^ierra. Los Partos f ue< 
ton rivales Indomables de Soma, y los Atabes llevaron sus ar- 
mas vencedoras hasta los Pireneos y los Alpes. 

iío carecieron por ei^i^o de actividad los fenicios, quo por 
t€i>ntos siglos al^azarón ellos solos el comercio de las costas co- 
nocidas. En ninguna peai^ de la tierra se encuentran ruinas 
que acrediten mayor energía^ industria, genio, y magnífloen- 
eia que en Tadmbiu\ ó Palmíra. Ni la Grecia, ni la Italia anti- 
gua, han dejado nada qne pueda compararse á sus escombros 
suntuosos. Bl ánimo queda estático y suspenso en la contem- 
placi^i de la diligencia, y actividad de aquellos pueblos habi- 
tantes de climas calientes, cuando considera á Palmira en uu 
vasto desierto, donde al rededor de muchas leguas no se en- 
cuentra objeto alguno animado: de manera, que representa una 
isla separada de la tierra habitalile por un piélago de arenas es- 
tériles. Dos fuentecillas de aguas dulces, cálidas y azufradas, 
que brotando en un valle estéril, podían surtir de este elemen- 
to necesario á la vida, bastaron para que siendo á propósito 
para servir de punto al rico comercio de la India por el Eufra- 
tes y Golfo Pérsico, se fijase allí la vista de Salomón, y de 
otros príncipes, y fuese por muchos siglos el emporio del gus- 
to, actividad, y magnificencia de los comerciantes asiáticos. 

¿Se podrá creer que los indios que moran hoy en el Peni sean 
los descendientes de aquellos antiguos peruanos, que han de- 
jado tantos rastros de industria y laboriosidad en todas las 
partes de este imperio? ¿Qué, esfuerzo tan extraordinario no se 
necesitarla para levantar esos caminos reales, cuyos grandes 
escombros aun hoy subsisten! ¿esos pueblos, cuyas ruinas per- 
manecen sobre médanos de arena, donde era necesario condu- 
cir de sitios lejanos el barro y. el agua? |esos excelentes y nun- 
ca bastantes ponderados cauces parad aumento y prosperidad 
cíe la agricultura, y tantas pbras de ataque y defensa que mar 
nifiastan en el m^o y bftÍP P^, el movimtoüto de ejércitos, ac- 
ciones ruidosas, y fuego con que se disput¿^ba el honor de la 
victoria y la gloria de las cpnquistas? 



Todo I>6r$uiule á que existe entre los hombrea ott^a transa dis- 
tinta del influjo físico del clima que enerva imperiosamente 
' sus áhimos, ó bien porque les hace ceder á él sin resistencia, ó 
porque los priva de aquel movimiento y valentía, con que el 
hombre, á distinción del resto de los animales, vive en todos 
los climas, y se hace superior á todas las impresiones físicas, 
que en ellos pretenden enfrenar la suma activa de su espíritu? 
¿Y cuál podrá ser esa? Observa Homero, que el hombre pierde 
la mitad de su ser el dia que se le esclaviza (1): es decir, que 
pierde los sentimientos nobles, y las pasiones honrosas, que le 
llaman á sobresalir entre sus semejantes, y poner todos los me- 
dios decorosos que conducen á conseguirlo. Su alma se rinde 
á las cadenas que aprisionan su cuerpo para arrastrarlas con 
lentitud y bajeza. En esta condición miserable busca la quie- 
tud y felicidad que ella proporciona, persuadido que todo es- 
fuerzo para romperlas, será infractuoso y le agravarla de ma- 
les. T tal parece ser el primario y funesto origen de la indo- 
lencia de los pueblos que en todos los climas soportan el yogo 
de x>equefios, ó grandes déspotas. El alma de una naeion es el 
gobierno, ella es grande y gloriosa, si este es ilustrado, justo 
y activo; y por el contrario, es infeliz, holgazana y perezosa, 
si este carece de luces, equidad, y enerjía. Ita ut con^tet^ legeos 
ad animi maípiitudinem plurimum faceré (2). 



Elojios Académicos. 



INTRODUCCIÓN. 



Al dar Donatello el ultimo golpe á su hermosa estatua de 
Judit, quedó t¿ui arrebatado de la perfección de la obra, que 
enajenado' y fuera de sí la decia: ¡habla, habla! ¡Mira que yo fé 
que tú puedes hablar! Teniendo esos rasgos peregrinos, y to- 



(1) Odyssealib. 17 v. 0^2. 

/Diiniílium virtutis eium niortaliliis aufert* 
Sea v:i dies. 

Esto célebre verso RC lial1í> citado por Longino p^ri ypgoup. é ilustra lo 
por Tollio pag. 223, y por J^>oileau 1. c. pa^?. 342, edición de 'J'oilio. 

Le lueme your qni inet un liomme libre anx fero 
Luí líivit. lamoitit^ de sa verta premiere. 

(2f Hippocrat, de a^re, lo^, it. ay, cap. XII. 



—241— 
da la perfecdou de tina criatura racional ¿por qué no par* 
lasf [1] 

El habla es el don precioso del hombre: clara señal de que 
tiene un espíritu dotado de razón, que le distingue esencial- 
mente del bruto [2], Sin el idioma, el j^énero humano se con- 
fundirla con el de las bestias, pues en las facciones externas se 
aproximan sus individuos, al juntarse en la cadena que los 
une. La palabra es quien hace conocer que el homt)re es ca- 
paz de religión y sociedad, y la que le repara del Ourang-Outan 
criado para errar en los bosques: y con cuanta mayot perfec- 
ción habla, tanta mayor excelencia manifiesta en el ánimo. 
Asi el progreso del idioma ha sido siempre el indicio del de las 
luces en las diferentes tribus y pueblos, que habitan la tierra. 

Las naciones que han subido al colmo de la gloria han con- 
ducido también su lenguaje á la cumbre de la perfección. Go- 
mo la lengua es el intérprete de los sentimientos del corazón, 
la que esprime las ideas del espíritu, la que trasmite los nobles 
sentimientos, la que comunica el fuego de la virtud y el honor-, 
preciso es que tenga todas las proporciones necesarias para ha- 
cerlo con la claridad, dulzura, y fuerza que correspondan á la 
grandeza del espíritu, de quien es el órgano. Asi, en los bellos 
dias de Atenas y de Boma, se tropezaba por todas partes con 
escuelas de lectores y oradores, en que con un afán indecible 
se adiestraba la juventud en el arte de decir bien. Estudiando 
y puliendo el idioma, adquiriendo elegancia en el estilo, arti- 
ficio en la composición, dulzura en la elocución, gentileza en 
la acción, y vigor en el pensamiento, se fomíaron aquellos hom- 
bres modelos acabados para todos los siglos. Esos oradores que 
dominaron & su arbitrio en la voluntad de los pueblos libres 
por solo el poderoso imperio de su voz. Esos grandes capita- 
nes mas terribles en el combate por el ardor de sus discursos, 
que por las fuerzas de sus armas conquistadoras. 

Luego que por haber variado la constitución política de los 
pueblos, se comenzó á echar menos la elegancia ática, y la fa- 
cundia romana, se vio también que los hombres retrocedían de 
sus progresos en la política, las artes y las ciencias. Eegresa 
ba el espíritu humano á sus principios, y parecía que las socie- 
dades iban á componerse en lo sucesivo de aquellos hombres, 
íi quienes sacaron de los montes los cantai*es armoniosos de 
Anjion y ürfeo. 

[1] The niiívoraal Magaziiie 1798. vol. Clll i>u.í?. A 17. 
\2] Ac railii ([oidem videniíir honiínes, cimi intilti^ rebns humiliores, et 
isifírmioroA sirif, hac re máxime hestiia propstaro, <|iiím1 loqni possint, Cicer • 

ToM. vr. Literatura — 36, 



-tSk 



Dictíis oh Iwc Uniré tigres^ raMdosque luanes. 

m 

Pero la religión cristiana qne se extondi» sobro estos plises 
hiciiftos, qtie «liflcaba sobríB la» raliiai» del Areopago, y el €>a- 
pitoiió; y qne plantaba sus i^átecb'ai» en el lu^(ar de los roabni^ 
ofrecía tantos y tan grandes objetos, fpie para expUearloo esa 
necesario restaiiltir la majestad y el reino de la omitnria. La 
tírtnd y la tñoraí fiíeron sn objeto querido por nmel»» años y 
saliendo el buen gusto del Santuario, se instauraron los ji^iiiinar 
sias, To^vieroru los ejercicios de la retórica, laa naeicoies mo- 
dernas tnéjoraron su lenguaje, y los progresos de éste iinanoió 
el de todos los conocimientos. — Vtielre á bombreá¡»aar ék an- 
ticuo camino de la gloria, y loa pulpitos, las cátedras, los pala- 
cios augustos de la justicia, los t^éroitos y todas la^cl^sesr^e 
la sociedad, presentan prelados elooQentíaiiitios qüie baoen cun- 
dir la virtud: majistrados que hacen ama! la jnstieia; eapitanes 
que hacen apetecer la muerte por la gloria ú^ la i>at?ia; y filó- 
sofos que iluminan los senos oscuros de la naturaleza con la 
brillante y amable luz de la expresión. 

iSú podia la academia de San Marcos, la primera y mas ilus- 
tre de! nuevo mundo, negarse al ejemplo que le daba el ant^ 
fuo, cuando apoderándose descartes y Ne^rtotí del líilo de 
.riadna, sacaban al entendimiento del oscuro laberinto en qiie 
le tenian aprisionado, y casi mnerto los extraños fantasmas de 
los tiempos anteriores: y que la aurora de las eteneias instiga- 
radas, le alumbraba los extravíos de las sondas por doade se 
habia querido conducirle al templo de la sabiduría, 

Sorprendido el hombre al descubrir los países reales de lana* 
tnraleza, recuerdan del letargo las facultades de sn espirito, 
¡qué vigor, que fuerza las anima! fil quiere medirse eon su 
magnificencia y hermosura, y si es posible veneeria en el ad<»- 
no y la belleza al describir sus producciones. La academia co- 
noce esta disposición en sus hijos, vé que la elocuencia es útil 
en todos los destinos de la vida, y que como madre prudente 
debe proporcionar á cada uno al que ]e tocase en suerte. Con 
este fin celebra sus actuaciones literarias, juntan4o al de la 
dialéctica el ejercicio de la oratoria por la consagración de ellas 
á personas y objetos ilustres. Y aunque en los años pasados so- 
lía también observarse este género de apoteosis, era no obs- 
tante la destreza en la parte lógica, la que merecía los aplau- 
sos, y ocupaba e} tiempo conforme al gusto de los siglos con- 
tenciosos, . 

Aun el elojio que prefiedia á la disputa, no era otra cosa qae 
tm artificio de sutilezas metáfisicas, coordinadas en el mismo 
estilo y método que los purísimos silojismos del Peripato. £n 



I 



— ÍS43— 
la dichosa renovación, ó bien sea plantificación del bello gus- 
to, no se entra en liza con esperanza de algún suceso, sino 
uniendo á la facultíid de discurrir con solidez la de parlar con 
íi»t«£ll y facundia. 

Verdad es que Iqs pnmerQS ensayos de la o?atorií|, no pue- 
dett tener éste mérito^ Bl desorden, las exajeracióites, la re- 
dundancia, una imaginación desmesurada» se ooogr^gan las 
mas veces para formar composiciones monstruosas. Pero son 
los primerosf pasos que hace la juventud en la dificil carrera de 
la elocuetícia, és el éámpo en qile se ejercita á llevar y mane- 
jar sus arínaá paderósas, y deben condonársele los defectos. 

También los tuvo Beínóstenes, que corrijió con largo y pe- 
noso estudio, y no empleó menores afanes Molón de Eodas 
para ceñir la redundancia del orador de Roma. Y si se cele 
bró algún dia en nuestros jóvenes el que supiesen usar de los 
enredos de Dédalo en un idioma bárbaro, y con raciocinios so- 
flatiiMükS, p€kf descubrirse en elida la sutileza de sus ingeetiios, 
¿p^r qué Qo se dispenscurá al calor, á la riqueza y fecundidad de 
ftfi Imft^inaeloii^ salir de iiiadre, pintando las cosas no eomo son 
en sf, 1^^ conforn^e al eolotiúo que ella iesdá e>h sns transpois 
t0E)} Tienipo vendrá eu ^ue el orador se moderé ensenado por 
9a pvopia tefieiLÍdtí^ y por la censura y gasto do un auditorio 
iinfttraclo^ y a^reiieca ^tdnees con el tino y aeierto que hahe- 
ebo eéiebn$s & tientos varones^ que éomenzilron en los mismos 
extravíos. £ll sol en sti orieñt^e extiende al infinito la sombra 
de los cuerpos, y debe subir, á cierto grado de la esfera, antes 
de pre^iratarlad en áu natural tamaño* 

Ba)d de eirte punto de vista, yo oftezco al público la reunió 
de diferetiies discursos que hú prontineiado en la real escuela 
desempeñando el oargfo de i^líeairte* Mi objeto es dar el ejem 
pío deesa publicación á los muchos literatos que en iguales 
ocasiones se han producido con mucha decencia, y hecho con- 
cebid gráfidos esperanzas de sus talentos. Deseo no quédeti se- 
imltados sus pan^ricos^ sino que salgan & luz para estitíiular 
tt los jóvenes que vieniereti después, y dar también una idea 
é» los primeros brotas de la faeundia peruana, y eoncurrir á 
la glovia y crédito de nuestros estudios^ añadiendo este t^ti-^ 
mcinio mós al que presentan animlídente en sus tablas las cá- 
ñüá de dduoaclon literaria [1]. 



[1] Como en los demás ejercicios^ se hüútí> en el de la oratoria, muy deca- 
iidnie cu el dia la academia^ siendo asi que era el tiempo do adiestrarse pa- 
r^ asistir ooD 4e€eneia á los grandes <3«n)gresos. Se dir^ que nú todos hén. 

dé hñh\kr,.ét*4.,*ii» Vaya muy é^horabu^iift, es preciéM> qod también hit;f(^ 

algunos que se duerman, mientras otros discurran. 



-.244r~ 



Elogio del Exorno- Señor D- José TJfni,tia y Las-Gasas, 
pronunciado en la Beal Universidad de San Marcos, el 
26 de Noviembre de 1796. [*] 

Quidquid ex Agrícola amuvimitSy quidquUl mirati 
sumus mnnetj inanstinimque est in animis homintnn, 
in (eternitate tempornm fama verum. — Facit. 

Señor: 

Entre las augustas ceremonias con que las naciones solem- 
nizan los triunfos de sus héroes, ninguna mas tierna y expre- 
siva que aquella, en que perlas manos de las vírgenes é infini- 
tes, coronan de preciosas guií^naldas sus excelsas sienes. Be- 
presentantes de la* inocencia protejida, del pudor santo, de 1a 
amable virtud, & vista dé la pureza y sinceridad de la ofrenda: 
¡quién puede presenciar tan agradable espectáculo con una 
admiración estéril! El padre anciajio que contempla en los ni- 
ños los caros hijos, apoyo y delicias de su vejez, libres de 
arrastrar la pesada cadena de la servidumbre en enemiga 
tierra. El joven que en cada virgen considera á su casta espo- 
sa, segura de ser arrancada de sus brazos, y sacrificada á la 
pasión brutal del soldado, siente su corazón oprimido de una 
deuda inmensa, que desahogándose por los ojos acompaña con 
sus lágrimas los himnos de la victoria. 

Émulas las ciencias de la gloria de premiar á los héroes, 
figuran también los triunfos en sus templos, y con sus propias 
pompas el candor y la justicia renuevan la gratitud, el gozo y 
el aplauso. Este primer alcázar que les ha consagrado el nue- 
vo mundo, sirve hoy de teatro en que ese infante de Palas te- 
je la corona hermosa de delicadas flores, primicias de su fecun- 
do ingenio; y en que arrebatado del mérito, mas que de los 
movimientos de la sangre, la lleva, la coloca, sobre la alta fren- 
te del héroe de Cataluña. Sobre la inmortal cabeza del Excmo. 
señor D. José de Urrutia y Laf;-Casas, capitán general de los 

[*] Le pronunció su autor haciendo de replicante. en el acto de matemá- 
ticaa y fíflica, que consagró al referido señor Excmo.^ su deudo D. Juan de 
Olachea, colegial del real convictorio de San Carlos, presidiéndole el Dr. D 
Santiago Ofelan • 



—245— 
reales ejércitos^ del sapremo consejo de guerra^ virey, gober- 
nador y capitán general tlel principado de Cataluña, caballero 
de la espada de mérito, del orden militar de San Jor je del im- 
perio de las Eusias. 

Si todos los miembros de un estado deben formar un solo 
cuerpo animado del mismo espíritu, ahora que nos recuerda 
esta actuación gloriosa, el dia feliz en que rodeado de trofeos 
el Marte de la España, el libertador de Barcelona penetraba 
por entre las aclamaciones del inmenso pueblo de su fiel ve- 
cindario, debemos ser partícipes de sus sentimientos, y en la * 
efusión de nuestro jubilo, juntar las manos con las del género- 
so catalán, y alternar con sus canciones nuestros panejíricos. 

Pero ¿cómo acertaré yó el mió sin haber militado al lado de 
este guerrero, sobre las márgenes del Nieper y el Fluvia? jOó- 
mo sin haber intervenido en los consejos, oido sus sagaces dic- 
támenes, y bebido por los ojos las imágenes de sus . ilustres 
proezas, haré el justo elojio de esa consumada pericia, y de ese 
-valor marcial, que lo han elevado á la suprema dignidad del 
ejército, y colocado en el augusto templo de los héroest 

Oiceron censijraba de arrog9>ncia y locuacidad el hablar en 
público de las acciones de generales, no habiéndose maneja- 
do ejércitos, ni combatido enemigos [1]. Y el ejemplo de Por 
mion filósofo y retórico elocuente de Efeso, expuesto en oca 
sion semejante á la irrisión del grande Aníbal, debe hacer mas 
(nautas la vanidad é insolencia comunes al orador. Por esto el 
desempeño de mi cargo consistirá únicamente en reunir en 
una y otra parte del discurso, con el orden y decencia posi- 
ble, los hechos que la fama ha traído á esta parte del océano. 
Sus méritos haián el del héroe, y su esplendor su gloria. 

19'aciendo de una esclarecida prosapia en el lugar de Mella 
en las encaxtaciones de Vizcaya, la sangre y el clima le ins- 
piraron la milicia. La naturaleza criando en aquellas provin- 
cias el mas excelente fierro, ha querido indicarnos haberlas 
elegido para el mejor plantel de sus campeones. Asi ha dota- 
do á sus naturales de luias costumbres nobles y severas, de 
un ánimo superior á las desgracias, y de una constancia y pa- 
ciencia en los trabajos como la del mismo yunque. La prime- 
ra educación empezaba á desenvolver en nuestro atleta joven, 
tan ventajosas cualidades, cuando asaltándole la pasión á la 
gloria, indicio do los talentos sublimes, lo obligó á sacrificar- 

^1) De oratore Vih. 2, n, 18. En eftte mismo lugar refiere qne habiendo 
Formion discnrrido largamente sobre los deberes de; Qn general, j las re^ 
gla^ de la milicia en. presencia de Aníbal, los concurrentes encantados de 
m elocuencia, qiiifiieron saber el dictamen de aquel fiímoso Cart^enes^ el 
que respondió francamente: he oido delirar á mti^hoé viejos; pero d mn(funo 
ina$ qiu á Formion. 



_246— 
se todo entero, al estudio de las ciencias de su profesión. La 
matemáticas, el dibujo, la fortifieaeioq, la artíllerla, la geogfa- 
fía, la táctica, y qtie sé yó cuales otras fttcultades que ense^ 
ñan á matar al bombre en regla, le presentaron un campo di- 
latado y fragoso. Primera batalla que debió dar su espíritu, y 
inimer triunfo que logró completo, comprobándolo con la ma- 
yor evidencia, ya los ascensos en su carreiti, ya los impoTta&<> 
tes olijetos en que empezó á ocupársele» 

Las memorias de los primeros servicios de un militar pare- 
cen inas apreciables, qno sus árboles genealójicos: porque aqn^ 
ilas y no estas, dan el conocimiento anticipado que debe te- 
nerse del desempeño de aquel, á quien su cerebro y bni^o, y 
no el do sus abuelos, han de salvar del enemigo. Yo no he po- 
dido adquirir las del general TJrratia (1). Pero me persuádese 
acostumbró desde la primera edad á tener su cuerpo y ajnjg. 
en un movimiento á intensión incesante con el obleto no dé 
llenar sino de perfeccionar sus deberes. P^ede ser una prue- 
ba de este aserto, haber reducido á su panegirista á esta situa- 
ción penosa desde los primeros pasos üel encomio. PresejitÁn- 
doseine siempre grande, siempre ocupando empleos tmidoí 
íntimamente con la abundancm, honor y seguriaad de la mo- 
narquía, me obliga á hacer esfuerzo sobre esfuerzo para wn- 
quistaríe á él mismo, y que adornada la pluma con los despo- 
jos de tan dichosa victoria, entone también su triunfo. 

ITcUpe V no aspiró al .trouo de España, sino para difundir 
en ella el aliento vi vifícante, inherente al real trono de Borbon» 
XJi^o de fisus pri Uleros cuidador íuó consagrar un suntuoso ^ir 
ficio al cultivo de la lengua española, Oreía est^ gma rey que 
entonce» serian remediadas las necesidades de sus pueblos^ 
cuando el órgano que las expresa supiese explicarsa con aquel 
vigor y dignidad que las hace sentir al solio. Felipe no se em^ 
ganó. La voz de la nación ha tomado tal enerjia para hacera 
los presentes á sus augustos hijos y nieto, que se ñau dispa* 
tado la palma en promover establecimientos que la ilustren y 
feliciten; y el esclarecido Urrutia ha tenido la inesplícable sa-^ 
tisiacciou de cooperar con su soberano á los mas ventrosos. 

Castilla la vieja, á pe»ar da sus ríos caudalofioii y dilatadas 
llanurda,yace en la miseria* Sua mmpoft yernos imitan al Tan* 
talo, que se seea 4e sed Juato al agua, y oa^reMa de giio loa 
frutos de 8u escasa industria* Abrir un canal que remediafé 
uno y otro, es empresa que ha hecho incomparable al mini»* 
tro d^ i^emando y qii^ coutinuavá h^ci^ndo laomorables liw 



-r^ 



<l> Pwdgftet» 4i3 entad» puede lif¡b^ imMüfi <% »>inp<<wiwiffi^j 



—247— 
ministerios ele los que lo han seguido y concluyan [1]. Entre 
los j^randes obstáculos que han retardado esta magnifica obra^ 
ha sido quizá el mayor la falta de diseños cientiflcos y fieles, 
quja evitasen el extravío de sus varias labores. Urrutla regis- 
tra el terreno, y ya están presentados. Castilla, acuérdate de 
la mano que baoe la tierra corresponder agradecida á tu tra.- 
bajo. Ella te asegurará en lo sucesivo su^ firme posesión. Ea 
tí misma tienes el plantel en que vá á criarte defensores, y á 
cuya cabeza puesto algún día será tu antemural. 

Ávila de los caballeros es elegida para la fundación de un 
colegio militar. La ciencia de la guerra y del corazón humar 
nó en que deben instniírse, les dará la superioridad del oficial 
que entiende lo que manda, sobre el que solo ha seguido una 
rutina empírica, y la admii*able mágica de transformar en hé» 
roes las tropas mercenarias, é inspirar al soldado en el anun- 
ció del combate la gloria de vencer, 6 de morir. Pericles, Ani* 

v^,!, Esciplon , éste fué vuestro primer estudio; y el per* 

feccionaros en él, el mayor cuidado de vuestra patria. ¿Pero á 
quien se consignará el magistrado de una educación de tanto 
peso é interés? ¿Cuál será el militar consumado, que pueda 

desempeñarlo cumplidamente? ürmtia. Él no necesita dar 

á sus nobles clientes otras lecciones que así miaño; y habrá 
colmado los deseos del monarca y la nación, si consigue que 
las cópiaá se acerquen al original [2]. 

Del centro del imperio lo llevan la voz del soberano y sus 
conocimientos á sus mas distantes posesiones. Aquí en cali 
dad de ingeniero mayor reconoce los límites, fortalezas y pre- 
sidios de las conquistas de Hernán Cortés, y levanta planos 
en que se compiten la exactitud con la belleza. 

Cada acierto de sú ingenio era una chispa á su guerrero ao* 
razón. Mas la España reposaba en el dulce seno de la paz. 
No le quedaba, pues, otro recurso que recorrer en los interva- 
los de sus ocupaciones la historia, que retratando los sucesos 
memórateles, y los eminentes genios que los rijieron, ensena á 
gobernarse con madurez y prudencia en loa diversos lances de 
la gueiTa. Pero apenas desenvuelve el ensangrentado lienzo 
de las batallas, cuando se arrebata á su vista. Su fantasía ad* 
quiere una ftierza oi'eativa que anima las imágenes de los hé** 
roes, y hace renacer al rededor de sí los siglos que ya pasaron* 
¡Qué espectáculo! Las falanjes griegas empiezan é moverse 
sobre las orillas del Indo. Marcelo acerca sus naves á la capi- 
tal de Sicilia, y ia$ lej iones romanas atraviesan las garantas 



■?•<•■ 



• f 1] Bowte ÜMim* Mto* y «i»ogr«í. d« Espaga pag. 9^. 
W9 wospujw en xcmc^o huiobu'* 



—248- 
del TauDo. A lo lejos se percibe el tono fríjio, y el clarin mar- 
cial, que agitan el corazón dentro del pecLo. Ya se siente has- 
ta el laiido del combate. üiTutia se ampara de sus armas, y 
vuela á sostenerlo, Allí corre tras la temeraria audacia del 
gi*ande Alejandro, al asalto de Oxydraques (1). Acá con uu 
puñado de guerreros bate con Lucúlo las huestes innumera- 
bles de Tigránes y Mitridates [2]. Triunfa con César en los 
campos de Farsalia. Dirije con Arquimedes las enormes má- 
quinas que defienden á Siracusa. ¡Manes de Bauban y Monte- 
cúculi, espiraron el tiempo y el espacio que dividían Iob cam- 
peones y las batallas! Ahí tenéis ese español cubierto del pol- 
vo del Asia para ser vuestro inseparable compañero. Ya tra- 
za con el primero aquellos admirables planos de fortificación 
y ataques, prodijios del arte: ya ordena con el segundo aque- 
llas insignes marchas y contramarchas, que triunfando de la 
multitud sobre las riberas' del Danubio, detienen y llevan has- 
ta el sepulcro en las del Bhin todo el talento, el valor y la for- 
tuna de Turena, el tutelar de la Francia. 

No se me diga, pues, que el general TTrrutia estudió en Po- 
libio y Santa Cruz, las máximas de la guerra. No: él al leer 
estos autores no hizo sino recordar las empresas de donde las 
dedujeron, y á las que él mismo habia asistido en persona. 

Mientras que trasportada la imaginación de nuestro héroe 
reconcentraba en un solo momento de tiempo siglos tan di- 
versos, y militaba en él, se acercaba á su fin el 18 para dar 
principio á esa serie de escenas^ calamitosas, tantas veces de- 
nunciadas, y otras tantas no creidas. 

Las familias trasplantadas de la Europa á la América, con- 
mutan entre pocos años de habitación el carácter duro que les 
comunica el frió y rijidez de su temperamento nativo, en el 
blando y dócil que inspira la dulzura de estos climas. Pero 
esta ley general bajo la zona tórrida, parece que no influye á 
proporción en las templadas. Los cuakaros condudidos por 
Guillermo Penn á poblar las frondosas riveras del Dalaware, 
á pesar de hallarse bajo de paralelos mas i)róximos al Ecua- 
dor, que los que cortan su primitivo suelo, conservan la adus- 
tez y fiereza propia de éste. Séase i)orque avanzando los trios 
mas hacia el trópico en el nuevo que en el antiguo continente; 
el vigor que este comunica á la fibra., compense la diferencia 

(1) Akxamlrr nm aii8U8 est incredibilem, atque iuauditam, multoque ma- 
gis adfaman tcmeritatis, quam gloriw insignein. Q. Cuxt. 1. 9 cap. 5. 

(2) Antiochus Pküosojji/nis, nuUan Jwic pugníeparem á solé con spectnm 
fume, affinnai, Livius scribit, nuniquam romanos adeo nwnero inferiores hof- 
tibus, signié collntis dimiaosse, Plutarc. in Luculo. Los romanos enuí 12 mil. 
y 185 mil los soldad(>s de Tigránes. De los primero^ murieron cinco, y mas 
de cien mil de Ids stígundo^s. que pbr huir se baciaD p¿áííZiSB. 



—249— 
de meiidianoa: séHM que el fanatisiDO religioso de los cuakaros 
dé tal tono á sn espíritu, qne supla eou ventiga la desgmda* 
cion del cuerpo: lo cierto es, que observadores celosos é infleo- 
dbles de sus pactos y previligios, apenas intenta alterarlos la 
Oran Bretaña én 1767, cuando los reclaman con altivez, j 
con . ellos la independencia y la libertad [1]. Unos hombres 
empleados en la agricultura y comercio, no tenian para esta 
arriesgada empresa tropas, armas ni disciplina. ¿Pero que im^ 
porta, si los anima el espíritu de Frankiint [2] Franklin, cu<> 
ya sabiduría ha llegado á encadenar los rayos tremendos del 
cielo, armara la diestra de Washinton el Norte-americano, 
con los mas fueirtes de la tierra. 

El parlamento ingles cree altamente ultrajada su soberanía 
por los colonos, y excecrablemente insultada la majestad ingle- 
sa. Sus declamaciones conmueven el trono, y levantando Kep* 
tuno su. formidable tridente, cubre al instante el ooéano con 
sus naves: monstruos marinos que intentan aumentar las on- 
das con las lágrimas de los infelices. Pero el padre de la elec- 
tricidad ha comunicado su fuego rápido y penetrante á la real 
casa de Borbon, y puesto en movimiento sus fuerzas. Las 
nuestras marchan contra Mahon y Gibraltar. ¡Que campos tan 
fecundos para se^ar los laureles de Marte! Allí está Urrutia 
coronándose de eUos, Al ver la realidad de aquellas catastro» 
fes, que tantas veces habían ocupado en pintura su imajina- 
cion arde el pecho, y se atrepellan en su alma las ideas y los 
recursos, atesorados en ella por las ciencias y la historia* Es-, 
te guerrero, que habia acompañado en todas sus expediciones 
á los héroes antiguos y modernos, se presenta en su primer 
campana como un veterano consumado en el arte de vencer. 

Orillen le consulta, y avanzando á la claridad de sus luces 
en una noche obscura asalta áMalion y lo conquista (3). £1 
asedio del Peñón de Gibraltar en el año de 82 ofrecerá siem- 
pre á los siglos futuros un expectáculo de sobresalto, admira- 
ción y dolon y nuestra pluma no quiere volverse a teñir en 
lágrimas para referirlo, después de haberlo ejecutado al cele- 
brar los honores i>ós tumos del inmortal Pineda (4). Urrutia, 
émulo de su instniccion y v^or, hizo brillar en aqueHos dias 

(í) CoDgreao dé Filadelña en Setiembre de 1774. 

f2] Si 86 necesitaba, seffun dice Horacio, tener el corazón cubierto con 
na Mple acero, para atreberae la primera ves á entre^ mi vida á las olas; 
DO ie noeeaitaba eer ni menos valiente, ni menos atrevido, i>ara osar propo-^ 

nerse encadenar la materia del rayo El Dr. Franklin tuvo la gloria da 

inventarlo j proponerlo. Sigauáfisda, t 7 pág, 184. 

raí Cn4deFeWiodel7S4. 

[4] Elojio histórico del coronel D. Antonio Pineda y Ramirex. Mercar* 
Per. t. 9 pág. 90 reimpreso en Madrid, s^gon anuncian las gacetas. 
TOM. VI. LlTBBATUBA — 37 



—250— 
peligrosos su corazón luagnániínoy y su grande injeuio. — Tra- 
zando con la una mano los planos del ataque y defensa, y eje- 
cutando uno y otro con la otra, se graiyeó Ja estimación y 
alabanzas de los generales, y el grado de brigadier. Este astro 
de la fispaña iba ya ascendiendo á su medio dia; cuando la be- 
nigna paz interrumpió su progreso. El altivo bretón se apre- 
sura & pedirla de rodillas para ocuparse todo entero en evitar 
un golpe, con que el norte de la Europa pretende aniquini- 
Jarlc. 

José II emperador de Alemania, y Catalina II Czarina de 
las Busias, meditan apoderarse del comercio del Asia. La si- 
tuación' de sus imperios y sus tratados con la Puei^t^ los cons- 
tituyen arbitros del Danuvio, del mar Negro y el Caspio; y pue- 
den con inmensas utilidades pi'opias, y aun de toda la Europa, 
restaurar la antigua ruta de los venecianos y genoveses. Se 
ahorraban de contado seis mil leguas sobre el tráfico por el 
cabo de Buena Esperanza, y eran favorabilísimas las disposi- 
ciones de los comerciantes indianos, á quienes las tiranías y 
y- monopolios de los ingleses han llenado de amargura y de- 
sesperación [1]. — Tiembla el gabinete de S. James al descu- 
brir la tormenta, que iba á descargar sobro su cabeza; y aplica 
su profunda y fatal política á deshacerla, antes que verifique 
su explosión. A sus instigaciones incesantes se le reúne la Ho- 
landa, y separa de la alianza de la Francia, á Flandes quien 
se revela contra José II, y el turco declara la guerra á los dos 
imperios (2). El proyecto se malogra, y la guerra principia. 

Lauden, Lasi, Bomanzof, Fotenkin, estos adalides famosos 
que disputaron tantas veces el honor de la victoria á Federico 
el Grande, y arrancándola de sus manos se coronaron con ella, 
conducen los ejércitos austriacos y rusos, contra las huestes 
otomanas. La Europa fija atónica la vista sobre los campos de 
la Grecia inundados tantas veces de la sangre humana, y es- 
pera temerosa é impaciente el éxito de esta contienda. Ella 
exita el corazón de Urrutia, a quien llama la gloria hacia el 
oriente. Implora del trono la venia para ofrecer su brazo á la Cza- 
rina: la obtiene, y un rápido vuelo le incorpora en sus tropas. 
La victoria sigue de cerca sus pasos,- y Catalina volviendo los 
ojos del Asia sobre las ruinas de Bisancio, ya no es el comercio, 
sino la restauración del trono de los Constantinos la que ajita 
su gran espíritu. ¡Muger inmortal! Pero el imperio turco oik)- 
ne una barrera insuperable á sus designios. Agota sus tesoro^ 
las luces de la Inglaterra, de la Prusia y la Suecia, y emplea, 
sus mejores tropas en fortificar y defender á Béuder, Ismael, 



[11. Vida de José lí emperador de Alemania, t. 3pág. 230. 
r^J. Publicóse en 13 de Agosto de 1787. 



, • —251— 

y Oksakú. Potenkin avanza contra la última Plaza, y & su 
vista vacila el aliento de los jefes y soldados. Guerreros, no 
temáis: Urrntiaestá entre vosotros, seguid sus dictámenes. El 
héroe español es consultado, y tal es el acierto con que há for- 
mado el plan del asalto, tal la enerjía con que lo demuestra, 
que so acepta al momento: la empresa se resuelve, y sé lía de 
su exfuerzo y pericia el mando de la columna mas expuesta. 

Marcha Mi imaginación teme se«7uirle, atemorizado del 

horrible aspecto de la muerte que existe á su diestra. . . .Pero 
el ataque principia. El polvo, humo y fuego, ocultan á los se- 
res inmortales la cólera de los hombres, para que no turben su 
eterno reposo . . .; Ángel tutelar de la España, cubre con tus 

alas protectoras el héroe que lleva nuestra gloria La patria 

necesita de su vida y de su sangre 

Por entre una espesa nube de balas, bombas y granadas, se 
arroja al muro el émulo de Alejandro. El cañón y el fozo le 
detienen sobre el borde de éste, y hacen caer unos encima de 
otros sus soldados. Pero aquel arrebatado torrente, á cuyo rá- 

ÍAáo curso se ponen frágiles leños, los embiste con furor, los 
rastorna, arranca, envuelve y abisma. . .Mil rayos despide por 
los ojos del héroe, él violento fuego que abraza su corazón. ... 

La humauidad olvida en él los sentimientos Sus manos Se 

abalanzan á las tristes reliquias del que muere, las arrojan 
entre el foso, que es ya un mar de sangre, y contra el muro 
para formarse el puente y la escala, y dando por ellos el últi- 
mo y desesperado asalto, fija la planta en la eminencia, y tre- 
mola las águilas negras sobre los torreones de Oksakú. Entran- 
do por sus huellas el descendiente del Escita, usa con barba- 
rie del fruto de la victoria. Urrutia recuerda que es español y 
cristiano: envaina el temible acero; corre á todas partes á salvar 
el tierno niño y la indefensa muger. Sus ojos se humedecen y 
descienden las lágrimas por sus vestidos, lavando los de la san- 

fre que los ha manchado. Grita que le pesa haber conquistado 
Oksakú; y este clamor salva á millares las víctimas puestas 
ya sobre las aras de la muerte. En el mismo campo del honor, 
ciñe Oatalina al héroe la espada de mérit^o, é insignias del or- 
den, militar de S. Jorje. Y^ta no es^ le dice, elpremio sino la 
señal aagíUHta dé que á tí es debida esta inmortaJ coiiquisia, 
¡Oksakú en poder de los rusos! Un tal eclipse amenaza al 

imperio de la mediíi luna Qué ¿veremos florecer de nuevo 

por el fuerte bmzo, de nuestn> invicto campeón, aquellas an- 
tiguas y dichosas campiñas donde nació la poesía, se educa- 
ron la eloonenoib y la filosofía, y tocaron su perfección las 
bellas artesf ¿Herirán otra vez nuestro oído la sonora trompa 
de Homero, el vehemente acento de Demóstenes, la voz pe? 
iietrante y divina del Orisóstomo? 



—252— 
{Ahí ¡que presto desaparecen tan bellas' esperanzas! Las 
sombras se retiran del oriente sobre el medio dia de la Euro- 
pa. Aquí se reúnen, aglomeran y condensan. Bajo su malij^oo 
inflijo tiembla el trono de S. Luis, y cae precipitado el mas 
amable de sus descendientes. En su ruina envuelve ¡qué do* 

lorl Echemos un velo sobre estos tristes sucesos, cuya tri- 

Jica historia no puede recordarse sin que el pavor penetre los 
huesos, la voz intente suspenderse, y porften las lágrimas á 
salir en torrentes por los ojos. 

¡Temblad, desgraciada Europa! El rayo de la divinidad vá 
4 reducir en cenizas lá fé muerta de este infausto siglo, y á 
tomar venganza de nosotros por nuestras propias manos. La 
Francia armada en musa {1) parte á los cuatro puntos del 

Élbbo, para trastornar los imperios con sus armas y opiniones, 
a muerte enarbplando su terrible segur precede á sus estan- 
dartes; y revolucionados también los elementos (2) se con- 
gregan en su auxilio. El audaz patriota acometiendo de nue- 
vo la conquista de aquellas rejiones en que fracasaron Icano 
y Dédalo, se abre una nueva é inaudita navegación, y condu- 
cido sobre las alas del viento, ya no puede ser detenido por 
las trincheras, los fosos, las plazas, los montes, ni por cuanto 
el arte y la naturaleza oponen á los ejércitos (3). Las aguas 
se ven obligadas á concederle asilo en su seno. (4), y adelan- 
ta el frió aquilón sus hielos para que atravezandolas á pié 
flraie, no liberten á la Holanda sus inuudaciones y canales. 
Llora el Oátavo al considerar inútiles los lagos y diques, en 
cuyas obras dos siglos há consumía los tesoros del Zeilan para 
aislarse en medio de la Europa (5). La luz hasta la ama- 
ble luz que siempre há amanecido para el bien de los mortales, 



(1 ). Espresion del docrato de la asamblea nacional lejida por RobospieiTe. 

{2]. LoB químicos franceses principiaron la tovolucion des tronando al 
aire, el agua y la tierra, déla antigua é inmemorial soberanía que ocupaban 
en la natnralesa en laeon de ouerpoa elementaresi y despojaron á 1a luz da 
loa privilegios de ser fuente del fuego. Lo que se opuso en contra de su opi- 
nión por otros sabios no se llamó argumentos, obserTaciones contrarías &* 
aino insurrección, y resistencia, jcTe este choque y sus hornos ^alió el gas 
iDÜunable y azótico, que ha hecho tantos daños. 

[3]. Globos aereostáticos, de que se han servido en la guerra con mucha 
ventíga. 

(4)« Máouina hidráuUca presentada á la asamblea nacional por el ciu- 
dadano Schmidt, para poderse sumeijir á cnalesquior profundidad del agua 
ain riesgo de sofocarse, y pudiendo lü mismo tiempo hablar con los que es- 
tén i íneta. 

(5). Una de las causas que mas facilitó á les franceses la conquistado Ho- 
landa ftié el invierno d^ 1795, que habiéndose adelantado muy riffuroto, 
heló J«0 aguiis de I09 ríos, canales &^ y los franceses aprovechándola 9^- 
sicm lie calcaban iMitines armados de púas para no resbalarse en la mévé, y 
y }oa.iklnvesab9n« 



—253— 
ya sufre la dura ley de ser uuncio fatal de las desgracias (1)^ . 
pnes el francés consigne, que aniquilada por su infinita celeri- 
dad la demora qne orijinaría con la comunicación el gran ter- 
reno que media entre la asamblea y los ejércitos destructores^ 
no entorpezca la distancia los males del género humano. ¡Dios 
eterno! jpara cuando son las sombras del caos? ¿Porque no 
permites que rompan por esta vez los límites que le señaló tu 
dedo omnipotente, y que ocupando la esfera, apague las an- 
torchas celestes, para que sepultado el universo en una íobre- 
ga noche no se miren unos á otros los mortales? 

Las naciones se estremecen al ver estos melancólicos presa*- 
jios. Las unas corren á los pies de los altares: las otras invo- 
can á sus guerreros. TJrrutia oye en el oriente la voz de la 
suya, y vuelve á su seno con aquel explendor y celeridad con 
que parte de este punto el planeta rector de la esfera, & coló* 
carse en el cénit. Ceuta, Cataluña, y Navarra, le llaman á 
un mismo tiempo. En todas es necesario, á todas asiste. 

La tierra que de común acompaña con sus extragos & los 
del hombre, sacudiendo con violentas conmociones las costas 
del Aftica, pretendía arruinar nuestros presidios. Y el pérfi- 
do Mnley Eliazit, que ocupaba el trono de Marruecos, eu 
lugar de prestar una ínano generosa á los afligidos, reúne 
sus esclavos, y los invade ( 2 ). Se presenta en persona de- 
lante de Ceuta, donde no consigné otra cosa en sus tentati- 
vas infructuosas, que experimentar la Atérza de aquel brazo 
acostumbrado á humillar la cerviz musulmana. La vista sola 
de TJrrutia es suficiente para ahuyentarlos, y que abandonen 
todos sus puntos y baterías ( 3 ) . Eliazit arrepentido, inter- 
pone con Carlos IV los honorables manes del amigo de Es- 
paña, Muley Mohamet su padre, para que suspenda sus ra- 
yos. El defensor de Ceuta es premiado con el grado de ma- 
riscal de campo, y sin poder gozar del reposo que haeia^ 
renacer en África, corre á Cataluña donde ya bermegéa- 
ban ensangrentadas j[>or los satélites de Bobespierre las blan- 
cas cumbres délos Pirineos. Pero apenas pone el pié en la 
frontera, cuando le reclama Navarra pafa defender la suya 

Yiriatu es testigo de aquel ardor militar con que atropeUa^ 
y fatiga al enemigo, arrojándole de todos los riscos en que 
intentaba guarecerse, huyendo de las garras de los leones 



[1]. Telégrafo. 

(2) AgoBtol791. 

[3 1 Salida de la plaza en 30 de S«tiembre^ de 1^200 hombreí manda- 
doe por el brigadier Urratia. Los moros á sa TÍsta hajen abandonando 
sos trincheras. 



—234— 
( 1 ); Zngarramendi, de aquel talento eu la posición y mar- 
cha, que con tropas inferiores espanta al enemigo antes de 
llegar á las manos, dejándose la presa que creia asegurada: 
(2) Maya, de aquella ^consumada prudencia que no se deja 
sorprender por las estratagemas nías sutiles de un competi- 
dor astuto y atrevido. I^os militares instniidos que presen- 
ciaron las acciones ocurridas á la parte de Maya^ y valle de 
Bastan del 3 al 6 de Junio de 93, creyeron renovarse las dias 
de Anival y Fabio. El general trances con fuerzas formida- 
bles, y con todos los ardides y fuego del cartajinés, intentaba 
que abandonando el jefe español su ventajosa situación, se 
empeiíaso en la defensa de Ispequí, y trabase combate. De 
este niodo sus numerosas tropas podian rodearle, envolverle 
y aniquilarle. Con este objeto presentaba mil posiciones, 
falsos ataques, bravatas y amenazas. Ya nos cortaba la reti- 
rada, ya embestía do frente, ya coronaba las altas cerranías 
que nos rodeaban. Inútiles fatigas contra la flema y frialdad 
de Fabio, que inmóvil en su puesto se divertía con ellas co- 
]no si fueran representiaciones teatrales, cansa, aburre, deses- 
pera, y hace que se letire el enemigo, burlados sus proyec- 
tos. El grado de teniente general viene á premiar el talento 
y mérito demuestro héroe, y servirle de último escalón para 
el supremo mando del ejército, á que Je llamxin las lágrimas 
de Cataluña. 

Clavado el rostro en la Fi'ancia, y la espida levantada so- 
bre ella ha muerto el joven Leónidas. Este tierno espectácu- 
lo arranca el sentimiento y los elojios del enemigo. Y nues- 
tro ejército. tente que las tropas mas leales y valero- 
sas dé la Europa oprimidas de su dolor, Imp padecido un 
parasismo; y este no debe contarse en los gloriosos fastos de 
los defensores de Sagáuito y Numancia, ni en laa memorias 
de los victoriosos de Payi^ y S. , Quintín. Ilustre Urrutia ; el 
feroz ;;alo escalando nueras propias bát^íás, tremola ya 
sus triunfantes pen<lones sobró las tonres de -S.l Feínando de 
Figneras, y amenaza desde allí al mismo Cáp^oli^ Tú eres 
el Camilo Torcuato por quien hoy clama la n^j^on^y de.quien 
espera su salud. El monarca excelso apoya l^bre tus^FÍiertes 
hombros su troui>, la libertad de Cataluña, y tel hoitór de stis 
tropas. '/'' 

£1 héroe elevado á la dignidad de general (3 ) ha ftejaílo 
de ser hombre. El sueño no tiene imperio sobm sus ojos, 



[1] 30 (lo Agosto de í)3 el enemigo arrojado de la lom» del Pozo, y 
AltiiraR do Viriutn. 

'2) 7 de .SctieiTibre, Urdaz, y Zagarraineiidi, libertados por las oxee 
lentes dií^posiejones y inaiTlias de Urnitia. 

(3) Diciembre do \)A, 



—255— 
por que 1o$ emplea én velar por el servicio de sa patiia. Abí 
coniuudieudo la noche y el día ( 27 ) llega con celeridad 4 sit 
dí^stino. Los dispei'sos y abatidos combatientes le rodean 
en un silencio profundo, vnelto el rostro, y las bayonetas al 
suelo. ¿Quien podrá explicíu* la grandeza de la angustia de 
este béroe castellano al contemplar aquellos uiiserable^^des-^ 

pojos, las causas odiosas las importunas querellas 

( 28 ). Esta es la segunda vez que se le humedecen los cigoe <E^n 
la campaña. El no atina sino á levantar la diestra én ade- 
mán de aplacar á los guerreros de Carlos V y Felipe II, y & 
las inmortales sombra/s de Mortai'a y Vallejo ( • ) , que con , 
un aspecto airado miraban los Pirineos. I Españoles ¡ dice,* 
fingiendo marchar al enemigo, y esta voz animada del ejem- 
plo, hace renacer cjí la tropa aquel efueerzo sin igual de la 
nación. 

La gloriosa det'ensa de Eosas, que detiene 70 dias ( 29 ) al 
ejército vencedor pródigo de sus vidas, es el preludio dé 
nuestras victorias. El intrépido capitán D. Francisco de 
Pineda la*» abre con nna de la.s acciones mas vizarras, que 
otrece la historia de Marte. En la noche del 12 de Enero de 
95 intenta de orden del general sorpi-ehender con 300 hom- 
bres el parque de reserva de los enemigos, situado en el Pla- 
no del Coto á la retaguardia de su ejército, y protegido por 
la plaza de S. Femamlo. Pero nada detiene á éste venturo- 
so eapañol. El atraviesa el rio Muga con el agua hasta la 
cintura, los pantanos, y la aspereza que le oponían las quie- 
bras áb\ tén-eno, y el invierno borrascoso, i Acomete al ene- . 
migo,- Imce en s'us artilleras una espantosa carnicería^ clava . 
sus cañones, pone en alarma toda^ sus ttopas, y se retira . 
tranquiló á' ofrecer ilesos á la patria el puñado de héroes 
que le seguían, entre tanto, que él* espiraba oprimido dfel 
triunfo. 

Desde este niomcrrto hasta fines de Julio corren diaria-, 
ment^ teñidas de la sangre francesa las cristalinas aguas 
del Flnbia para regar la frondosa selva de palmas, y laure- 
les, qué han de coronar las hazañas del Ínclito libertacfór cíe 
Cataluña. Ofuzcado ya con su excesivo resplandor, nó^me ¿s 
posible seguir la rapidez, con qne crecen y se mnltipticah. 



( 27 ) Dejó lie iloviiiir tres noches consecutivas por acelerar sii arribo 
á Cataluña. 

( 28 ) El tiempo ha corrido, y lia manifestfido hasta la evidencia, lo que 
fue el Conde do la íTuion, y lo que ha sido Moría : ese Moría que tanto le 
injurió. 

(*) Isipcnes generales del Perú. 

( 29 ) Kl sitió principió el 20 de Noviembre de 94, y se evacuó la plaza 
en Í3 de Febrero de 95. 



V 



t 



^ • 



— 2S6~ 
Borprehendido el enemigo en Systella, i'echazado de Besalu, 
Ba&ul y otros puntos: repetidas veces derrotado en i^ásca^ 
ra^ puesto en total ruina en un combate general y decildvo 
delante de Villafan ; invadido en la Cerdania, guareciéndose 
por todas jiartes en los picos del Pirineo oriental, de temor 
de aquel mismo guei*rero de quien huyó vergon7x>saménte 
en los Pirineos occidentales. IAh¡que estos brillantes su- 
cesos van á abrir segunda vez en el Bosellon el teatro glo> 
rioso de la primera campana. Pero la paz es invocada, y la 
*^az rodeada de la seguridad, la abundancia y la riqueza, se 
ofrece con un rostro grato y majestuoso. 

Bajo de sus divinos auspicios, el héroe se encamina al 
templo sacrosanto de la i^elijion y la patria. Tú me has dteido'el 
ser, le dice á la segunda; tñ formado mi corazón á lá primera, ^ 
ambas conservándome triunfante en esta guerra extermina- 
dora, que ha obscurecido á tantos claros varones que pa.recian 
invencibles. En recompensa yo he consagrado toda mi vi- 
da á vuestra defensa y protección. Y si al cesar estos objetos 
depongo mis nrnms victoriosas á los pies de estos altares, 
es para que sirvan de monumento sempiterno de mi ¡Medad 
y patriotismo: de señal pública de que ampararé siempre estos 
venerables atrios, aunque sea preciso derramar la última gota 
de mi sangre pava consumar el sacrificio. Entonces levan- 
tando el ángel tutelar de ia nación una guinialda tegida de 
frescos laiireles que liabia sobre las «aras, la coloca sobre la 
frente del héroe. Este es, le dice, el premio inmarc^ble, 
con que la religión y la patria coronan sus campeones. Los 
otros que aspiran el honor, devastando con crim^mes atroces 
al género humano, no conseguirán «sino el de Sila que man- 
chó sus nobles triunfos con la proscripción de los patricios, los 
latrocinios de los ricos, los crueles asesinatos det circo, la 
ciudad y la Italia. Tiempos infaustos en que se premiaba 
al esclavo que cortaba la cabeza de su dueño, al hijo que 
arrancaba la de su padre, ó al que cegaba con Oatiliua la dQl 
hermano. Si el olvido no sepulta los autores de estas des* 

fadas, es por que su memoria debe permanecer expuesta 
la execración de los hombres. Pero la fama de Umitia 
crecerá de siglo en siglo, en las generaciones futuras. 



--257— 



ELOGIO HISTOEIOO 

D^Ii SlU J). AKTOniO DE PlNBDA Y BaMIBBZ. COltOKBL DE LOS 
ijtlTAtES EJÉRCITOS) PBIMBR TENIENTE DE REALES OITARniAS 
' BS^AÍ(6lAS/y EHCARGADO DÉLA HISTORIA NATURAL EN LA 
' ÚL*riMA EXPEDICIÓN DESTINADA A IíA AmÉRICA Y AslA. 

l^entras que las cenizas del Señor D« Aotonio de Pineda y 
Bamirez reposan bajo las abrasadas arenas de Liizon, consa- 
gro^as en agrádableiiolocuasto á la gloria de Ia8 ciencias 
y'4é,7á nación española, se apresura la fama á darles nueva 
vida, inmortalizando sn valor y talentos. Al formar su elo- 

Sio se llena dé fuego la pluma; y la elocuencia le ofrece sus 
presé inciensos para ser esparcidas y quemados sobre su 
fiépnlcroj Pero seria agraviar aquella modestia y circunspec- 
ción con que honró nuestra mortalidad^ mezclar en su pane- 
gírico otros adornos que sus propios méritos. La relación sen- 
cilla, de estos debe ser el monumento indeleble que los trans- 
mita ala veneración de los siglos futuros. 

'IQV Señor D. Antonio de Pineda y Eamirez nació el año de 
17«5Sj eti la ciudad do Guatemala, en la nueva España, de 
ilustres progenitores. Su padiv, el Señor D. José de Pineda y 
Tabvtres, fue natural de Madrid, caballero del hábito de San • 
tiago, cole£|:ial mayor de San Ildefonzo de Alcalá, oidor en 
]a real Audiencia de Guatemala, y después decnno en la de 
GraniBída. : Su madre la señora Da. María Josefa Bamirez y 
Mioldonado, era oriunda de la ciudad de Loja, y posesora de 
lo& ióiayorazgos y alcaidías de aquella fortaleza, c<>nsiguados 
al Taior y esclarecida prosapia dé sus antepasados desdéla 
conduísta del teino de Granada. As^ndido su padre de la 
Amneiiciadé Guatemala á lá dé Granada cuando él ¡solo con- 
taba seis años de edad, pasó en su compañía á la Europa. 
Para' recibir en esta una educación conforme, á su cuna, y á 
las.señales que desde ella había manifestado, entró en el co- 
legio de nobles de Madrid. Bn este fértil plantel de la ilustre 
juventud española se le dieron todas las nociones que debián 
formar un hombre cuyo imperio se hablan de disputar á por- 
fía Fauna y Belona. Los idiomas cultos, la poesía, la fisolofla, 
Jas matemáticas, el dibujo, la música y la esgrima formaron el 
plati de instrucción; y su espíritu, á manera de muchos ciim- 
ToM. VI. Literatura — 38. 



—258— 
pos del nuevo mundo, recibia y fecundaba todas las buenas se- 
millas. Los Jesuítas que dirigían aquel seminario, conociendo 
sus talentos, hubieran seguramente aumentado el número de 
las conquistas con que dieron tanto esplendor & su orden, si 
la extinción de esta no hubiera frustrado sus designios. 

A los diez y siete años de edad salió del colegio para repo- 
sar por algunos momentos en el dulce seno de su familia. El 
corazón lo llamaba & seguir las banderas de Marte, y para 
podarlo ejecutar con brillo entró de cadete en el distinguido 
cuerpo de reales guardias españolas. La profesión, las faculta- 
des, la corte y el artlor juvenil no pudieron vencerle á que 
abandonase el tiempo que dividia entre íl cumplimiento de 
las obligaciones de su empleo, y el estudio de las ciencias. 
Por el contrario aumentándose oí amor á estas, á proporción 
que descubria sus encantos duplicaba sus tareas. Perfeccionó- 
se en las lenguas latina, francesa, toscana é inglesa; y domó 
las pasiones de la edad con el severo estudio de los misterios 
mas recónditos de las matemáticas y la anatomía. El anfitea- 
tro anatómico era su común paseo, en donde en lugar de los 
fingidos adornos y coloridos con que la industria liumana os- 
curece los bellos rasgos de la naturaleza, los contemplaba en 
toda su luz y perfección. 

Ocupado en estos ejercicios y en los del real servicio, fué 
ascendido en 1? de Enero de 78 á alférez de fusileros: épocsk 
en que era ya preciso moderar el orgullo <le la soberbia Al- 
bion. El famoso sitio de GibraHur le presentó un campo in- 
menso para recoger el fruto de una parte de sus estudios, y 
pro|K>rcionarse otros nuevos. En 1? de Abril del año 80, mar- 
chó á él con su batallón. El sabio pacífico que había conside-. 
rado tranquí/aniente la hermosura de la mejor obra de Ja na- 
turaleza, se vio sorprendido de aquel fuego terrible que la 
abraza y aniquila. A los estudios de la anatomía se hablan 
subrogado los de )a tá«*tica militar, y la ciencia dé la guerra, 
ciencia destructora del linage humano. Apto para cuanto em- 
prendía, no tardó en hacerse admirar por su valor, y oír por 
su conocimiento aun de los Fabios y Scipionesi Pero el orden 
del servicio en el primero y benemérito cuerpo del ejército, 
que respeta la antigüedad en la distribución de sus premios, 
le impidió progresase tanto en.los grados cuanto en la públi- 
ca estimación. 

Llegó el año 82, memorable en loa fastos de Marte, pues 
que el valor de los Españoles bizo el último esfuerzo contraía 
inconquistable Gibraltar. Tratábase de avanzar la tercer pa- 
ralela; y esta operación en que debían combinarse los profun- 
dos conocimientos de la táctica y arquitectura niilitar, con la 
prudencia y celeridnd en la eiecucion, puso en movimiento á 



—259— 
todo el ejército. La experieucia y Jas cunas dedicaran sus nica- 
nos á formar los planes. En el señor D« Antonio el ingenio 
no babia seguido los tardos progresos del cuerpo. Su alma te- 
nia en la edad juvenil aquella madurez y penetración que pa- 
recen reservarse á la senectud. Ajdicóse desde luego á deli- 
near sobre el i>apel sus reflexiones, y cuanto consideró relati- 
vo á la empresa que se meditaba; y como ni su modestia ni 
las circunstancias le permitían entrar en paralelo con los pri- 
meros jefes del ejército, las dirigió anónimas y p<M* vías des- 
conocidas á las manos del general. La elección que so hizo de 
ellas, el acierto.y felicidad con que por su medio se consiguió 
acabar una operaciou que llenó de asombro á, los sitiados y 
al mundo entero, cubrió de gloria á nuestro héroe. Pero ja- 
mas se hubiera descubierto la numo autora, si su propia des- 
confianza no le hubiese obligado con anticipación á solicitar 
el parecer reservado de algunos hábiles camaradas. 

Seria molesto seguir la narración menuda de los^demás he- 
chos,, con que acreditó su talento y valor con aquel asedio in- 
fructuoso y arriesgado, en que ni aun el mismo campamento 
estaba libre del alcance enemigo, tanto mas cnanto se hallaba 
empleado en un cuerpo á quien- la i)reeminencia sobre el resto 
tlel ejército lo espone á ser el primero en las fatigas y peli- 
gros. Pero no pueden olvidarse sus proezas ,en las baterías 
liotantos. Su eíjpíritu marcial no le permitía ver con sereni- 
dad desde la orilla las higrinnis y la sangre que teñirían para 
siempre las ondas del estrecho en los 13 y 14 de Setiembre. 
Determinó embarcarse de voluntario; y ¡ireviendo los riesgos 
á que ibaá exponerse no poseyendo sMiuella arte que tantas 
veces hizotriuntar de los toiTentes y los lagos del ardor mili- 
tar de Marco Antonio y de Cesar, el arte de nadar, digo, se 
ejercitó diariamente en él todo el tiempo que duró la cons- 
tmccion de las baterías flotantes. Sin confiar en los seguros 
inventos deBonal, de liachstrom y de Gela«i (1), aprendió á 
resistir y domar las ondas que podian ser su único refugio si 
Je invadiese el fuego, y. se proveyó de arma propia para com- 
batir aun en medio dé ellas. ¡Qué feroz e^^s el corazón del guer- 
rero! La sola idea de los abismos del Océano nos llena de cons- 
ternación y miedo al los que vivimos en el seno tranquilo de 
la paz; pero estos indómitos bijos del implacable Marte á to- 
do se ati*even, todo lo intentan, y hacen el teatro de sus iras 



[1] Tres ingeuios de Francia, Alemania é Italia, que han procurado so- 
coiTer al hombre en los peligros del agua. El primero por medio de unn ca- 
saquilla de corcho, el segundo por una coraza <hí lo mismo, y el t-iírcero p<n' 
«u vestido do mar compuesta de varias piezas de estacort(*za. Enmchped, 
CíiatelL, tom. <h Arf» aeadnn.. pil g.i>íí) 



_26Ó— 
hasta aquellos tremendos lagares que la Providencia ha sos* 
traída al dominio y habitación del hombre. 

Venidos los dias señalados para el asalto naval de la plaza, 
se embarcó el Señor D. Antonio de Pineda en la batería .flo- 
tante la Pastora^ y en breve tiempo se vio rodeado de las lla- 
mas. El sobresalto, el tropel y confusión de los que huian á 
guarecerse en el bote, lo sumergieron en el agua. Entonces 
ocurrió á la destreza que babia adquirido en el nado previen- 
do este lance; pero siempre que ganaba la superficie volvia á 
snmegirlo la multitud, que creia salvarse asiéndose de éL 
Asaltado por la muerte y los que morían, le fué preciso echar 
mano de la espada, y convertirla contra los propios, á fin de 
no quedar anegado por bis aguas y la muchedumbre. Los mas 
duros soldados admiraron el valor y cerenidad de espíritu con 
que esto nuevo Scóvohi sostuvo por largo rato este doble 
combate. Luchaba con un brazo con las aguas, mientras que 
armado el otro con el acero, se libertaba de los náufragos, y 
abria camino para llegar íil empalletado él Paula, en que salvó 
la vida, Una aventura de esa naturaleza parece que d^bia ha- 
ber extinguido el fuego guerrero de su atrevido corazón; pero 
solo sirvió para aumoiitiU'lo mas. Frustrada la empresa de las 
baterías flotantes, se embarcó de voluntario en el navio el jBo- 
yovL fines de Setiembn»; y en el choque que en el 20 de Octubre 
tuvo- la escuadra combinada con la enemiga, dio nuevas pme- 
vas de su intivpidez y esfuerzo. 

151 incendio de una saugrienta guerra que nacida en el nor- 
te de la América liabia abrazado al globo entero, t«nia ya 
consumidos á los victoriosos y vencidos. Ambos suspiraban 
IK>r la paz que verificada á principio del año 83, restituyó á 
Madrid á nuestro intrépido guerrew); El monarca justo remu* 
nerador del mérito, le concedió sucesivamente el empleo de 
segundo teniente que le correspondia-i)or su antigüedad el'gra- 
do de teniente coronel y 1500 reales de pensión sobre las óf- 
dones militares en premio de su naufragio, valor y servició^ 

El estruendo y fatigas de la guerra que habían interranij^ 
do sus estudios fiiosótícos, no pudiendo^ borrar la pasion^üe les 
tenia. Apenas depuso las armas victoriosas que habiaa oefii* 
do de laureles, cuan«lo se dejó poseer enteramente de aquella. 
La botánica, la tísica experimental y la (^uíraícsi empesaroñ 
á ocupar su atención, y en breve la fauna entera. Todavía se 
hallal)a rociado con la sangre enemiga, cuando se le vio pre- 
sentarse á piíblicob ejercicios en la primera. Su alma varió de 
objetos, pero no de energía. Salía repetidas veces de la corte 
en coiupiíuía del emiiieute botánico D. Casimiro Gómez Orte- 
ga y otros profesores á recorrer las campiñas, observíir los tres 
reinos de la naturaleza, y liac^^r crecidos acopios. Diversas 



—261— 
memorias y observaciones sobre ellos que presentó al conde 
de Florida-Blanca, Mecenas declarado de las ciencias y sus 
profesores, le granjearon iln singular aprecio de parte de este 
esclarecido ministro. Las repetidas cartas con que lo honró 
podían formar su elogio, no menos que las comisiones en que 
lo empicó desdo el año de 85, relativas al lustre y adelanta- 
mientos de la nación en las ciencias naturales. El concepto 
adquirido en el desempeño de estas, obligaba á varios cuerpos 
científicos de la corte á respetarlo por su oráculo entretanto 
qnepara hacerse él mas acreedor áestetítulo sublime emplea- 
ba una parte de sus tareas en ordenar sus observaciones, y for- 
mar un cuerpo elemental de ilsica, política y mineralogía. 

Obra única en este género en la monarquía, ya se considere 
la claridad, novedad y exactitud del método, ya la profundi- 
dad con que se tratan las materias, ya las reflexiones, expe- 
riencias y resultados que la llenan de luz. Ella hará su mejor 
elogio cuando la publique la prensa. Los grandes conocimien- 
tos del infatigable Pineda nopodian estar ceñidos por los mu- 
ros de Madrid. La fama que cuida de las glorias del sabio, los 
llevó hasta los últimos rincones de la Europa, y le proporcio- 
nó la amistad y correspondencia con sus primeros literatos. 

Gélebre entre los propios y estraños, no podia menos que fi- 
jar sobre sí los ojos del ministerio español, empeñado en for- 
mar para honor de las ciencias y de la monarquía una compa- 
ñía de sabios que recorriese las costas de América y del Asia 
bajo el acreditado celo, ilustración y conducta del Sr. D. Ale- 
jandro Malasijina. En 1789, en que partió la enunciada ex- 
pedición de Europa para América, se le nombró (no sin li- 
sonja de su genio incubador, cuanto de celoso patriota) pri- 
mer encargado de' los diferentes ramos de la historia natural. 
El los cultivaba y entendía todos como si á cada uno en par- 
ticular hubiese consagrado solamente sus talentos y vigilias* 

Se lamentaba un filósofo digno de este título (1) que los 
robustos pinos de que la naturaleza habia proveído al hombre, 
para que navegando en ellos del uno al otro continente se fa- 
cilitase el comercio de entrambos, se auxiliasen mutuamente 
eon sus producciones y riquezas, y de todo el mundo se for- 
mase una sola sociedad de hermanos: el Europeo los habia 
convertido en Etnas que llevaban el estruendo, la desolación 
y la miseria á las infelices costas del Asia y de la América. 
Pero las expediciones científicas deben borrar las tristes me- 
morias de las exi>ediciones de sangre. Ellas conducen á los 
pueblos remotos la cultura, la policía, las. artes y un sin nú- 
mero de bienes. No son ciertamente susceptibles de las pre- 



(1) Saint-PieiT«; SstudioB de la nahiraleza. 



—262— 
ocui)ac¡ones de los viajeros pedantes, que lleuau do patrañas 
sus diarios para hacci? admirable su lectura; pero que toma- 
dos desgraéiadamente por elementos de los cálculoa políticos, 
pueden originar perjuicios irreparables. Presentan el verda- 
defo retrato de las cosas, y Lacen en consecuencia re^^nlten 
exactos los cómputos, y proporcionados á la felicidad de los 
paises á que se dirigen 

No es posible referir todo lo que trabajó nuestro naturalis- 
ta en los que yacen desde el Cabo de Hornos liasta el fondo 
de la California por una y otra costa. Queda esto reservado 
á la pluma de sus ilustre compañeros, testigos y émulos de 
sus fatigas y conocimientos. En otra parte apuntamos loára- 
mos principales á que so contraía en sus investigaciones. Pe- 
ro es cierto que él abrazó todos los que se comprenden en la 
historia natural, y otros muchos que tienen conexión con ellos 
La especie humana, considerada en cada uno de los diferen- 
tes climas que transitó, su grado de civilización, población, 
comercio, agricultura y recursos, fué para él un obgeto digno 
y fecundísimo. No olvidaba entre tanto los demás individuos 
del reino animal y vegetal, haciendo un crecido número de 
acopios y observaciones, y se contraiacon esmero al reino mi- 
neral. Siendo este el primer patrimonio de nuestras Améri- 
cas, debe ser el asunto mas importante, de las especulaciones 
de un filósofo español. Son admirables las descripciones ob- 
servaciones, reflexiones y comparaciones do nuestro natura- 
lista acerca de estos diferentes rann)s, y capaces do dar un 
nuevo aspecto á los intereses de la nación. 

Para poder satisfiicer á tan vast<as y distintas ocupaciones 
vivia en continuo éxtasis y perpetuo movimiento. Apenas 
pisaba alguna playa cuando recorria sus inmediaciones y se 
avanzaba á los i>aises mas distantes de ella sin que pudiese 
nada detenerlo. Penetró i)or diferentes latitudes las cordi- 
lleras de los Andes y de Méjico, subiendo á una altura donde 
jamas habia llegado la huella humana: corrió lo interior de 
la Nueva España dbsde el nuevo reino de León hasta el de 
Ouadalajara, formando un círculo proporcionado que presen- 
tase ásu vista cuanto la naturaleza y la industria ofrecen en 
aquellas provincias opulentas, en especial en la minería: es- 
caló los volcanes mas famosos (L) con indecibles fatigas, vién- 
dose repetidas veces el Plinio de la América á pique de ser 
sofocado por el humo y las cenizas. Do esta suerte pudo, en 



(1) TuDguragua^ Cotopaxi, Chíniborazo, Telica y otro» muchos 'asi de la 
Auiérica meridional como de los innamerables que rodean el fértil valle de 
Méjico. £1 Aiayoly Bakí^ con otros de las islas Filipinas • y Marianas, cu- 
yas cordilleras registró con igual empeño que las de América, 



—263— 
el corto espacio de tres años qne le duró la vida en el vía^íe, 
satisfacer los encargos de un sin número de sabios de la Eu- 
ropa, bacer crecidas colecciones^ y llenar sus escritos de tan-* 
tos descubrimientos y observaciones, que su publicación va á 
trastornar seguramente, y causar una revolución general en 
el orbe literario. 

Después de haberlo enriquecido con sus trabajos y excur- 
siones en los dominios católicos americanos y asiáticos, pre- 
tietídia darle nuevos frutos en el resto del Asia, Tenia medi- 
tado un viaje en que siguiendo una derrota inversa á la de 
Qamelli Cairieri, corriese diversas provincias de ella hasta la 
Empopa. Este vasto proyecto cuyas medidas estaban ya to- 
madas, presentados los planes, y animado á seguirle el labo- 
rioso hermano, imitador de sus virtudes y aplicaciones (1^, 
debia principiar por las islas Filipinas. En 10 del mes ae 
Marzo de 1792, llegó con la expedición á Manila. En el ante- 
rior de 1791, le habia concedido S. M. el grado de coronel de 
infantería (2), y una nueva pensión. Premios debidos á sus 
relevantes servicios, y que eran para él nuevos estímulos que 
le haciau triplicarlos. Apenas pisó las orillas de la isla de 
Luzon, cuando emprendió atravesarla por su centro aun no 
reducido. Sin otra compaüia que su criado siguió un giro de 
mas de cien leguas tolerando cuanto puede considerarse en 
regiones incultas pobladas de salvajes feLX)ces, sin otra ocu- 
pación que el robo y homicidio, y bajo de un clima muy noci- 
vo al forastero. Ya empezaba á inclinarse sobre las costas del 
Oeste para regresar á Manila, cargado de los despojos que no 
babia reoojido ningún naturalista, cuando comenzó á sentir 
los efectos de las fatigas del calor, y su misma constitución 
atlética, á pesar de una dieta muy rigurosa que observaba 
con pertinacia. Conducido en una hamaca en hombros de 
indios, llegó al pueblo de Badoc en la provincia de llocos. 
Un misionero agustino.que era el único recurso que allí ha- 
bía, solo pndo recibir sus últimos alientos. Privado repenti- 
namente de todos los sentidos, se mantuvo en un estado apo- 
Xriético por el espacio de tres dias. En el tercero se le vieron 
sus ojos rociados de lágrimas lijarse en un crucifijo, y denotar 
con la mano que moria en la augusta y santa religión en que 
habia divido. 

Pasó del tiempo á la eternidad este célebre ingenio el dia 
23 de junio de 1792, á los 39 años de adad. Su muerte ha pri- 
vado al ejército español de un héroe en quien afianzar la an- 



(1) D. Arcadio Pineda, teniente de fragata de la real armada agregado á 
la corbeta la Atrevida» 

(2) £n 20 de mayo, y In peusion de 22 de Marzo» 



—264— 
tigua gloria dó sus armas; á la república literaria, de im sabio 
que algún dia debia ser su primer ornamento; á la monarquía 
de un naturalista laborioso que le será difícil reponer aun con 
muchos profesores activos; á nuestra América^ de nn hijo ilus- 
tre que seria treno y confusión del orgullo y mordacidad ex- 
tranjera, al i)aso que llenó de consternación á sus amigos y 
compañeros. Para perpetuar su memoria y trabaJoSi dispu- 
sieron estos erigirle un suntuoso mausoleo, en aquellos térmi- 
nos del imperio español, que se pueden llamar los del mundo. 
ÍNTo habiéndose visto nunca esta especie de honores postumos, 
se excitaron esas odiosas é impertinentes contradicciones qne 
han privado en otros tiempos á las ciencias y á la nación de 
mil preciosos y quizá irreparables monumentos. Pero como 
vivimos en el brillante siglo de Garlos III y Garlos IV, se di- 

" siparon fácilmente esas sombras. Elevóse la pirámide é ins- 
cripción, cuya copia insertamos en este número, en el jardín 
botánico de Manila, ^llí la amistad simbolizada en nna lla- 
ma inestinguible da nuevo aliento, y Flora ciñe con sus pre* 
ciosas guirnaldas á la tierna y respetable memoria del Sr. D. 
Antonio de Pineda y Bamirez, á quien puede nombrarse jus- 
tamente el mártir de la naturaleza. 

El Sr. D. Antonio de Pineda era mediano en la estatura: 
en su contextura grueso, y de una fisonomía apacible. Regla- 
ba las horas de su vida a sus ocupaciones; y siendo estas con- 

* tfnuas, casi no tenia alguna destinada al reposo y desayuno. 
Dormía y comía con austeridad, y solo cuando se veía oprimi- 
do de las grandes necesidades de la naturaleza. Le eran in- 
sensibles las medianas. Aunque militar y músico, era pooo 
apto para la pequeña conversación. Un pajaro, una planta 
etc., que se presentasen á sus ojos, lo arrancaban del mas ex- 
pléndido cortejo, y le hacían olvidar cuantos hechizos ofiqDoe 
el sexo amable. Los contrastes y simpatías marciales se hae 
liaban en él amortiguados por las profundas contemplaciones 
de la sabiduría. Pero cuando trataba en asuntos de esta, eia 
facundísimo. La miel y la leche destilaban de sus labios co- 
mo de los del divino Késtor. 

ínter héUafuit, vel qwB non dvXdor ulUf 
8uada sedes labris, 

CAlegee, IliaSf lib. I^ ver». *^33. 



^265— 



Actuaciones litebabias de la vaouxa en la bkal uni- 
versidad DE SAK MAKOOSDE LIMA. 

Eu el año de 1802 padeció Lima una epidemia de viruelas 
(1). Describióla el Dr. D. Gabriel Moreno en el Almanaque del 
año siguiente, y caracterizando su malignidad, refiere la his- 
toria de un niño, cuyo cuello tenia unas grietas que penetran- 
do hasta la traquea salia por ellas el aire de la respiración. 
Notaba al mismo tiempo este célebre observador y literato, 
que las tentativas hechas con el pus vacuno conducido en vi- 
drios no habían surtido efecto alguno. El señor Ministro de 
Gracia y Justicia I). José Antonio Caballero leyó á sus Ma- 
gestades esta descripción, y quedaron tan consternados al oiría 
que el Rey nuestro Señor preguntó, si no habría algún medio 
de socorrer sus pueblos de América, conduciéndoles fresco el 
pus vacuno. Se le respondió que para esto era necesario for- 
mar una expedición marítima, en la cual se embarcase un com- 
I)etente número de jóvenes que no hubiesen padecido la vi- 
ruela; y bajo la conducta de profesores inteligentes se fuese 
pasando de brazo en brazo la vacuna hastíi jmnerla en las cos- 
tas dé América, y desde ellas coiHunicarla á lo interior de sus 
provincias. Pero que esta expedición demandaba crecidos cos- 
tos, los que no pedia sufrir el Erario, por lo exhausto que se 
hallaba con las pestes padecidas en la península, con los gran- 
des gastos que originaba la guerra, y con las muchas necesi- 
dades que oprimían á España. 

S. M. contestó se hiciese el último esfuerzo, y se diese á su 
corazón el consuelo de libertar de la viruela á sus pueblos de 
América. En consecuencia de esta orden para siempre memo- 
rable en los fastos de la humanidad, se formó la BeálJExpedi- 



(1) La erael epidemia de 1802 siguió hasta el año de 1805^ fomentando la 
inoculación antigua de tal manera el contagio^ qué este superior Gobierno 
se Tió obligado a prohibirla b%|o.de tuertes penas dentro de la capital. A 
fines de 1805 tuvo la felicidad el D^. D. Pedro Belomo, médico cirujano ma- 

Íor del apostadero de marina, de que el pus vacuno conducido en vidrios de 
iuenos Ayre3 le surtiese en un mucliacDo, produciendo un hermoso grano. 
Este Excmo. Ayuntamiento dio gracias muy solemnes al Todopoderoso por 
este beneficio, cou el que comenzó á extinguirse esta mortal, y larga epi- 
demia. Los qee murieron en ella fueron muchísimo^^, y sentimos no poder 
asegurar el número, por falta de los estados necrológicos, que en los años 
anteriores formaba el recomendable, y benemérito D. José María de £ga- 
ña, siendo teniente de policía. 

ToM. VI, Literatura— 39, 



*.t. 



—266—. 
don Filantrópica de la vádunaj qae ha merecido los aplaosofl 
de toda la Europa (1). 

Los profesores nombrados para dirigirla fueron D. Francis- 
co Javier Balmis, y D. José Salvany. El primero después de 
liaber atravezado la América Itepañola del ^ojpb^j 8e:^bare6 
para las islas Filipinas, de donde lut. extendido^ eí t>eiiéfído de 
la vacuna al Imperio de lá Ohiua. ' '-^ ' '- '" ' 

El segundo después de haber, corrido todo el vireynato de 
Santa Fé, y parte del de Lima llegó á esta capftáA á tiempo 
que ya se enipezaba á temer alguna inYasién én ttaéibsbk ooe- 
taa por las armas inglesas. ' 

La Beal Universidad de San Marcos, para áxt á nuesiEio so* 
berano. un testimonio de gratitud, concedió ' á ' SMirany^ con 
anuencia del Excmo, señor virey, los grados de^Bá^illelR, Li- 
cenciado, y I)r. en medicina. Desemj>eñóel ágrúüikAó^ cw mu- 
cho acierto los exámenes literarios, que prevén á'eííStoB gra- 
dos. Para el de Bachiller puso por titular mécfica: ^fM^étj/ahO' 
nismo era una électrioidud negatiédj por cuyo 'Ím&íú \^' -oxfiifíar 
han lo$fen6menoé^ue producia en él cuerpo humaiio; y por iñsica: 
gne los picos de los Andes haciendo de conductori^ ÚáotriM des- 
cargaban la . atmósfera de la costa, é impedian troítááé éií éüá. 
fara el grado de doctor publicó las Teses que ' van a^qui in- 
sertas. 

El Dr. Unanue, que presidió estas funciones, valiéndose de 
esta reunión de circunstancias, pronujQció los discursos que se 
imprimen á continuación de la Teses. Pocas veces fi^hasi vis- 
to' en un auditorio de sabios y hombres de cultttra ítnpresio- 
nes mas.fuertes, que las que caú^ó el primer Discurso, Jpíroferi- 
do con el tono, y accioni correspondientes á los sbüaiáientos 
que encierra, y que están altamente, impresor én IdS; {liechos 
americanos. 

O) La expedición itlantrópica de la vaeuua salió de laCocafía^el 1* ^ 
XHclétikhre de ]d03| y lléa¿ á Puerto Cabello «n la costa de Caráúa tí 19 de 
Kárto d^. ISQi, de^qp^ee de haber vaconado en laBÍálas de Teñenfisii y Pner- 
to Bico. £a el mee de maro se dividivi siguiendo la.iuia parte á Uítwdsiisfi 
' de Bakois para Méjico, y la otra á la de Salvany para- la Américaumeridio- 
nal. Iios individuos de la ezpedidon dcQ fiur haií vaeunado-poi: simismoi 
en el vireynato de Sonta Fé mas de jOO^ODQ y ebel dei Peni hasta Noviem- 
bre deT pres^mte año pasan de 40,000. Las vacunaciones veriftcadas'pór me- 
dio de los sujetos á quienes lia instruido^ éiiÉregando niños twi hecmoiM 
granos para diseminarlos de brazo á brazo en todas direcciones, son incal- 
culables. 



DlSOCBSO QVB PBBSIOIEKDp EL QEÁDO DB LlCGNOtAVOBH HB- 
lííOtK¿ 1 ÍM)N JOaá SALTAVr, TIOB-DIBBGTOB DB I^ HXi^ '_ 
BXP^i^CaON FILANTBÓPIÓi. DB Ll. TACTTKA, PBOKCKOIÓ :Ui 
DOCTOS XKm HIPÓLITO UITANÜE EN Li. BEA.L UlTIBBttstbAly 
DB SAK 'uilBCIOS, BI, DU. 8 DB KOTIBMBSB DB 1806. 

Bie amet did pater, «tqut fbincbps. 

Orat. 
Namfinem 

Luct^nis tmposuitj venitqut M2ut\f9r JXrU. 
OVID. 



tiOB '^eñtimieiifos de amor, y gratitticl que siempre ba ma?- 
nifest^o y. Bi á bus monarcas augn^s, ae renoQvan en este 
acto solemne para unirse' á los gratas aclamaelones oon qne.el 
pueblo americano bendice el nombre benéfico del señor Car- 
los IV, ; 

AJábénaé anos príncipes de estremecer la tíOTra cíbi el hfxr 
leudo.raíido de las ártiias: gloríense' otros de llevar el terror y- , 
la miaéria del una al otro polo, sóbrelas movibles ondas del ; 
océano: er^anse enhorabuena en el continente y en las üfoiis 
monumentos de sangre que señalen á la posteridad los heíoes ; 
nacidos en nuestros días para desgracia del género humana 
Toda la ifloria de nuestro buen Bey quede reducida á ser sii 
benefactor en estos tiempos lufelices. 

Jamás la historia lia descubierto escena mas hMronwa, qna: : 
aquella en que aparece el «iglo XVIII tocándose y eñlae&Ur 
dose con ei XJS.. El P<S y el Bhin, el Nilo, el Indo y el Para- 
ná .corren teñídoa deja sangre humana. Las islas y lea mares ? 
resuenan con los gtjpes del cañón devastador. |Homlwe] ya 
en toáfk.lá extensión del globo que habitas- no queda unalber- 
gu« «égojt) á 1: ~ largos son tus años, tan odioM ' pi 

existencia, qut el fuego deban cortarlos enmedif» 

desncairraat las otras causas fínicas y inonUeK . 

conque los eli amiman, y tú mismo te deetniy«Bf , 

iSSa OBSt^ Un lortlferos que han vomitado cootí» 

ti los desiertos espantosos del AñíoaT 



—268- 
Salió de estos el de la viruelí\, que & manera de un rayo de- 
solador, ha corrido nno y ot3*o hemisferio, vengando con crael- 
dad las cadenas que hemos hechado sobre sus habitantes. ¡Y 
qué caras cuestan á la América las que estos arrastran sobre 
su suelo! í)e otros males por graves, por fecundos que aeaq, 
se observa que se moderan con su duración, ó repiten á largos 
intervalos, permitiendo que repose y se retaiblezca el línage 
humano; pero la viruela crece eu alevosías y liíalignidad coa 
los años: precipita del trono á los monarcas, despuebla las ein* 
dades, y arruina las cabanas. ¿Cuál será la suerte do los vi- 
vientes racionales, si á esta feroz calau^idad que los persigue 
sin intermisión, se juntan los estragos de una guerra la mas 
destructora, la mas desapiadada, la mas general? 

Pero el Padre de los hombres no quiere que aun se aniqui- 
len las estatuas que formó del barro para depósito de un espí- 
ritu inmortal. En la propia isla donde está abierta la caja de 
Pandora que infesta el universo, ha revelado el feliz preserva- 
tivo de la viruela. Sus victimas quedan ya libres para llenar 
los huecos que dejan los hombres muertos por la espada. La 
vaca, ese animal inestimable, que nos alimenta con sus car- 
nes, y regala con su leche, madre del buey nuestro amigo y 
compañero en las quietas labores de la campaña, llevaba en 
sus prolificos pechpa el precioso antidoto. 

Tributemos elogios inmortales al Dr. Jennér, á cuyas ma- 
nos confió la Providencia soberana tan venturoso descubrimien- 
to. Ya puedes, Europa, consolarte en tus desastres. La guerra 
camina exterminando tus varones; pero le sigue al pié la va- 
cuna reemplazándolos con los niños que arranca de la muer- 
te. Estos hermosos pimpollos de la extirpe humana crecen lo- 
zanos, libres del aire pestilente que los sofocaba, se fecundan, 
y la multiplican. 

jY tú, América? Ya se oye en Haiti, primera conquis- 
ta de Oolon, el bronco ruido de la artillería, y corre á torren- 
tes la sangre colonial vertida por manos bárbaras é implaca- 
bles. Con semblante airado mira Marte al continente, y el pa- 
cífico océano siente el estruendo del bronce inflamado. 

[Dios! Ocupados en entejar los hijos que nos mata la 

viruela, en llorar las esposas que nos arrebat-a de los brazos: 
vestidos de lato tras el féretro de nuestros padres ancianos 
que han perecido de lo propia plaga: asolados por ella las cos- 
tas, las sierras, y los montes; ¿queréis suframos el azote de la 
"guerra para que acabe lo que resta de moradores? ¿Estas fér- 
tiles praderías, estas magestuosas montañas que bendicen tu- 
clemencia, líberalidadl y grandeza, quedarán yermas? 

Las gotas del humor vacuno, en quien tu mano poderosa ha 
depositado tantas utilidades y misterios, parece no estar des- 



. . —269— ' 

tinadas al bien de la América, porque pierden su virtud traus-^ 
portadas por los mares. ¡Cómo pues, se repoblarán sus provine» 
cias que devasta la viruela, al tiempo mismo que las amenaza 

la espada enemiga. ¡Peruanos! ¡Qué imagen tan triste se 

presenta á mi espíritu, considerando estos sitios dichosos cü-' 
biertos de ruinas funestas, que con silencio melancólico digan: 
aquf, en otro tiempo, estuvieron los bogares pacíficos donde 
florecian la religión, la fidelidad, y los ricos ingenios del Pera.. 

Pero no hay un gran Eey Mi corazón se enternece 

al repetir su nombre. Jamás han penetrado en mi alma ni mas 

vivos, ni mas fuertes sentimientos y para no interrumpir 

el discurso con mis lágrimas, es preciso que haga violencia á 

mis ojos Cuando se señale la sMe de los reyes deEspafm^ es- 

cribia un elocuente magistrado en nuestra sociedad Académi- 
ca, se dvrá cd indicar al señor Carlos JF, éste es el padre de la 
América^ y al escuchar ese tierno renombre^ resoltarán la^ mas 
sinceras adamaoiones del gozo^ y el respeto [1] 

Penetrado este gran monarca de amor y compasión para su 
hijo el pueblo americano, concibe y hace verificar el proyecto 
para siempre memorable de un-a expedición filantrópica^ que 
transmita de brazo en brazo el celestial preservativo de la va- 
cunaj desde las costas de España hasta las de América. ¿Po- 
drá en medio del esplendor del trono percibir todos los efectos 
saludables de su beneficencia paternal? Después de haber sal- 
tado de isla en isla x>oi^ en medio del atlántico los profesores 
encargados de cumplir su voluntad soberana, y corrido dila- 
tados espacios del nuevo mundo, han conducido la vacuna 
hasta el corazón de la Ohina. 

Acaso ahora mismo estarán acompañando á mis voces otras 
de admiración y reconocimiento en Macao, Ganton, Pekín. 
Pero ¡qué espectáculo mas tierno, ni mas tocante que el que 
ofrece la América Meridional! Destinado á ella el virtuoso li- 
terato, á quien tengo el honor de presidir, se ha internado bas- 
ta las rancherías sepultadas en sus inmensos y fragosos bos- 
ques. "Amigos, el Rey vuestro señor y padre, decía á los po* 
bres salvajes, os envia este remedio que liberta de la viruelia» 
Ya podéis esperar una posteridad numerosa: ya no tenéis por-, 
que huir de vuestras esposas, de vuestros amigos, de vuestros 
padres; ni porque incendiar vuestras chozas, dejando esta tierra 
regada con el sudor de vuestro rostro á merced de las fieras." 

Para reconocer el beneficio basta ser racional: asi en él pe- 
cho de nuestros rústicos indianos están grabados tan altamen- 
te los cuidados paternales de nuestro buen monarca, como en 



f 1] Señor D. Jeté Baqueano. Merctmo Feruano: tom. Y. pag. 285, 



. . -^270— 
el de ]o8xalto8 ciadadanos que los aprecian, y meditan' con 
terntunL' •■•■ ■ ■ ■ ■..:■. i 

{GraaiBeyíliirosotrQsiiOi podemos testíflcaros de otro^ modo, 
nuestra gratitud, que aseguraudooa de nuestra fidelidad f inr 
misión, Cualquier tormenta que amenace á esté rico Imperio 
en guerra tan desastrada, permaneieed tranquilo» M|)ilarea!de 
hoxwres correrán á defenderlo con el interés y animosidad de 
hijo^ á quienes, sosteniendo la causa de su padre, no les quer . 
da otra esperanza: en este mundo, que la victoria,, ó lar muerte. 

Ni se crea que ; mis voces son las de un hombre que ¿esde 
tma alta y segura roca insulta las furiosas ola^s áék mar, que se 
estrellan á sus plantas. El Gallao [1], Cartagena [2] y Buenos 
Ayres [S] han acreditado en todos tiempos la noble energía de 
la Amáricadel Sur. Y que sé yo si llevados del amor á nuestro 
dulce monarca, y apoyados en la confianza sin límites*, que tie- 
nen en el valor y talentos del excdente Jefe (4), que a su nom- 
bre gobierna esta antigua y opulenta capital, deseaiii su^ es-^ 
fonsftdos .moradores el momento de defenderla^ Sus alma^ elec- 
trizadas soio encuentran placer, en considerar las playas del 
mar pacífico adornadas de altas pirámides, en que sé graba- 
rán los nombres venturosos de los que muriesen por la patria, 
y á cuyo pié se entonarán sus alabanzas inmortales. 

. • « .DULCE £T BEGOBÜN PBO PATBIA HOElI 

fforat 

Señores militares, bravos defensores, sobre cuyos fuertes 
brazos duernle tranquilo el Perú: si llegasen los instantes "del 
honon si amaneciese el día dé Vuestras glorias, sei^n estas ce- 
lebradas con voz mas sonora, y pensamientos mas sublináes, 

. \í] 'Ñádie ha éotrado al mar del Sñr con fletígnios mae alto» que Jaeoba 
¿remite en 16^. Once nafio» níiontadoa eon 2Í>4 cañones^ y 1600 hQBoibpnis 
4e trc^a disciplinada debían tc^ar á I^ima; Pero no solo no podo deaem- 
barearun aolo hombre en el Callao «n cinco meses de sitíb/ mas ni áon "Uh 
mar á.jPisep, ni Arica, por donde pensi^ba iuterDarse á Potosí. Asi el ántbr 
inglés' de este tiage, djce: qtie los finos proyectos de eoñqnistar las * Indiaa. 
formados en Holanda, finieron al fin á pareoerlea tmos dramas romanees- 
eos, qne ni ellos motri» algunos podnan qjeeat^ I 

[2] Nuestras relaciones asesoran, qne en la expedición del Almirante 
We^kon contra Cartagena en 1740 perdió la Inglaterra 9,000 hombres. Peto 
Moseléy, autor inglés, hace subir la pérdida 20,000. 

[9J El 9enorD. Santiago Liniérs acaba de sentarse gloriosamente en ^' 
teiiiplo Ame1ri<iano de Marte al lado del marqués de Guadalcasar. D« Sebea- 
tian de Eslaba, yD. Blas de Leso. 

r4] £1 Ezcmo. sefior D. José Femando Abascal ha consegnido en poeo 
tiempo hacerse amar y «stimar en tal manera del pueblo, que sé jni^ in- 
Tenclble conducido por él. 



j 



—271— 
que los del grande orador ^e pronunció el panegírico de los 

of [ füíMll^tir^ tamio ip^ cuerpo di^ sabios, de cuyos sentiinientos 

,-;. :í«py:r4iÍF»a?<V 9^í^í^ ^^ uua^seuí^lde recgtDQciniiéíito4,¿úe8- 

. ; , i ( t^ ;in¿jpatc^ óiñendo la .borla . d^^ctoral áf ósjte beneniéri tgj li te- 

^r fjra^ a quien se 'digné éle^i^r para traernos el^uido^ váctínó. Oo- 

/f:c4o<»^ñdolb ep la ma^ <^]>íp y nii^ antigua AcadéiQ|i^4el.i)uevo 

mundo, le damos i^n testiinonió sole^pe '^ ze^o y par í^d con 

;(.;fgfi^>had€f3aQii^^ sob^r^^P en las 

- < 1 1 n » WWP^w i^?'^^?^^^ *^ ímpónpmos ' uña niiey^ obliji^ion 

i i)jPfú*^r4a|iii:Íes de.toao su llenq.en las qu^ le. ?estan al ^uif^^ 






1 



DiBGUBSo Qtna fbesidiendo el obado de doctor sk he- 

^/pítíliíX ÁdoN JOsk^R^ DBLÁ ílBATi 

bxpbdíóioñ fiLantbópioa i)B LA VnAjdüna,; pbqnjctngíó el 

r. I}B,(Q. HIPÓJ^STO UNAcKFB/EK ):iA BBAL UNIVEESgÉ^i^D DE SAK 
^»ABCOS) itL D^Á>30 bl( NOVníitBIlE !D(Bl8í06«: 7 ,: ! c ; 

Señon 

... Desde la fundación de esta Academia ba ofrecido Y. S. vo- 

.;< ;toií wleitmeft al Todopoderoso^ frente inagotable ^e^ ijodq bien^ 

r/)i^a(rfliquevconserYe4iosr;reyeí^ :de £¡spáña.;nuestrps áfi^qstos 

i^ü^eiÉpcflradonBS ilesas» .feíiqes.y. trkinfant)es< J>e Ja .piiwi^ ma- 

;(!> «era l06' bai i&stituido por , lar «a}i;id d^. )aa reyqf^ M JP real 

>oíIíÉ|miliay piy>fl[íWdfl4<do.to^ peorp ío§;flg^#p este 

n > X fte.^.<)e^lebr%fi^ 9p0.r!9aeD .cpijuiwii powp^.nupfi^i^Mt^'y una 

magestad extraordinaiji?^ qio^ , is^perffc .1». C9i:^dipMn;y ^¿«erzas 

TOO 4\3b»nfi(^Í9ffiMini^b9^.oido decir á nuestros padres«,98erito en 

- :¡ní éMímmmtmi9*<nk^:^t»i\tm^\9^ pi,!vi/aiiQ;.poT;i)<i^o.tar9fl^í|me el 

.r.d.;* honibñe(4f^(0He!642«o^ri(e^'9s, pwpuppiado westwiiajalaft.produ- 
- ( ; I i liesf» 'ta&tp júbilo^ flpe^ h^t^ .!«* columna 4^ el|a :se /Cpnmo vie- 
-íí-íi isensjgitdilasdMr^^ AB^ las ipaígenesi del<?píKP»u4^ Va- 

rones, que ya pasaron del tiempo á la eteniida4i :Be reAuima- 
. '«i'^Ben l^or.é) mismo de. tau .vivos colore^ quci was úi^ii que lien- 
V .^.nxos^óaimalacroa^pacecieaeU'puerpos dotada^ d^i w^-.espfritu 
■ ;v¡^- viviente» ■••• -^ •"• r ....,...• :.. . . 



(I) DemoBtbeneB: Oratio Funebris, 



1 



—272— 

Pero ahora, que los sonoros himnos de las musas hacen re- 
sonar el nombre glorioso del señor Garlos IV, las mismas par 
redes de este templo se conmueven dulcemente: y las sombras, 
bajo las cuales el pincel conserva la idea de nuestros sabios, 
parece, como si estuvieran animadas, que descienden y se si«i- 
tan en estas sillas, que ocuparon en otro tiempo. Este asom- 
broso espectáculo embarga mis sentidos. / 

En verdad dilatar los términos del Imperio bígo los auspi- 
cios de la victoria hasta confundirlos con los últimos del man- 
do, subyugar los reynos lejanos; y echar por tierra las einda- 
des y castillos, para cuya defensa han hecho sus últimos es- 
fuerzos el valor y el ingenio, es una cosa muy grande, pero 
que no excede la capacidad del hombre. Mas librar á los pue- 
blos del azote destructor de las enfermedades, restaurar la vi- 
da á los que iban á perderla, extinguir las pestes, y prolongar 
los dias del hombre, sobrepuja á la virtud humana, y solo es 
propio de la divina. Pues con todo, cuan grandes puedan ser 
estos beneficios, los ha recibido el Perú, como de un benéfico 
Numen, del señor Carlos IV. 

La viruela, la mortal viniela tenia menoscabada, despeda- 
zada, y aniquilada la población de los dilatados reynos. y pro- 
vincias de este rico Imperio, y solo aparecían ruinas y sepul- 
cros que desfiguraban y hacian horroroso su suelo. Pero lue- 
go que, por un beneficio nunca bastantemente agradecido, 
concedió la Divina Providencia á los mortales la VacunOj ha 
sido^ste preservativo inestimable conducido á la América por 
la piedad del Eey. Superando con aquella grandeza de alma 
que á él solo es ])ropia todos los obstáculos que oponían, la es- 
casez del erario, las miserias de los pueblos de España, los gai^ 
tos y calamidades de la guerra, quiso que á todo costo se cor- 
riese al auxilio de sus hijos los americanos, aun de aquellos 
"que como fieras habitan en lo profundo de ios bosques, y en 
las cabemas obscuras de los montes. 

De este modo se extiende la vaoutia á manera de lui blando 
zéfiro, que destierra esta, peste, y reanima la : naturaleza cor- 
pórea. Ya de entre los mismos túmulos se ven levantarse nue- 
vas ciudades: los campos que estaban abandonados y eriazos, 
cultivados de nuevo, comienzan á reverdecer, y á repetir los 
montes los dulces arruyos, con que las madres deleita y feli- 
citan á sus tiernos hijos. 

Estos son, ó gran Iley, vuestros incomparables beneficios, 
I)or los cuales la Academia os ofrece estos solemnes votos, y 
os tributan gracias mny tiernas, en medio de la gloria, festivi- 
dad y júbilo extraordinario que los rodean, no solo los Docto- 
res, los maestros, y ios demás hombres; sino también las pin*' 
turas y los mármoles que carecen de sentido. 



ÍPues penetrados de tan grandes sentimientos, Bey ínclito^ 
Padre de la América, delicias del Perú, y el mas firme apoyo 
de esta escuela, os aseguramos que mientras bañe nuestras ori- 
llas el inmenso octano, mientras blanqueen las altas cumbres 
de los Andes cubiertas de nieve tan antigua como el mundo, 
brillen allí los relámpagos y retumbe en ellas el trueno pavo- 
roso, permanecerá impreso en nuestros pechos el recuerdo 
querido de vuestro nombre augusto, y será eterna la memoria 
del beneficio recibido. Y tú, amable Salvany, que por obede- 
cer las órdenes de un Bey tan grande, te has expuesto á tan- 
tos peligros por mar y tierra, entra á reposar de ellos, ocupan- 
do un asiento entre los esclarecidos doctores de esta universi- 
dad, la primera y principal del nuevo mundo. Aquí tributa- 
remos á vuestro mérito los elegios que han sido en todos tiem- 
pos el premio debido á los Varones, que habiendo ilustrado su 
entendimiento con la luz de la sabiduría, y conformado su áni- 
mo á los severos preceptos de la virtud, sirvieron á la nación. 
La naturaleza dándote una bella índole, te destinaba á tan 
digna suerte, y tú haa sabido merecerla con el estudio de las 
ciencias y la probidad de costumbres: y obtenídola al fin em« 
prendiendo obediente tus trabajos. 

En verdad que la copia, el adorno y la doctrina de tus dos 
cuestiones acerca del gáhanismo y la vacunay no dejan nada 
que dudar sobre tus grandes progresos en el estudio de las le- 
tras: al mismo tiempo que tu apacible natural, la honestidad 
de tu porte, y la dulzura de tu trato, son unos argumentos 
irresistibles de la moral de tu al alma. 

Y ¿qué diré del alto aprecio que te has adquirido, trabajan- 
do en favor de les americanos! ¡O y cuántas tormentas has su- 
frido por mar y tierra para libramos de la viruela! fTo quiero 
amargarte el júbilo de este dia, acordándote que dejaste tu cara 
Patria, para entregarte en frágil leño á las furiosas olas del 
temible atlántico, y que le pasaste tropezando con sus bajíos 
y peñascos, famosos por los grandes naufragios que han cau- 
sado. El ánimo se horroriza recordando estos peligros. 

Pero tu obediencia al piadoso Garlos, y tu compasión á la 
América afligida, te han hecho tolerar estos y otros muchos 
riesgos, con paciencia, con constancia y con firmeza, y has 
conseguido salir de todos ellos lleno de honor y de felicidad. 
¡Ah! Estos trabajos que se sufren en la juventud por el bien 
de los hombres, causan- mucha complacencia contándolos en 
la ancianidad. 

Por ahora es preciso recrear tu ánimo causado y. casi opri- 
mido de las pereg^naciones y contratiempos con el dulce re- 
cuerdo de los beneficios que has hecho. Tantas vidas arranca- 

TOM. VI. LlTBSATUBA— 40 



—274— ^ 

4%is de los brazos de la muerte, y lá pestilencial virdelá 'extfci- 
^tiida, deben eansatte mucho gozo: así como te exaltaíi y lle- 
nan de honor las alabanzas y estimación con que te han reoí* 
bido los pueblos por donde has transitado, no menores derlii- 
mente que las que Boma y Atenas concedieron á Esculapio é 
Hipócrates, cuando acudieron á socorrerlas en las gratfeimás 
enfer&edades que las asolaban. 

También aquellos de nuestros respetables inayores que mu-» 
rieron llorados por la Patria, elogiados por los sabios, y en 
olor de i^atitidad, mirarán propicios fus peregrinaciones. Por- 
que aunque, rotos los lazos que los iinia con la tierra, solo ise 
ocupen, según creemos piadosamente, én contemplar lá DlvK 
nidad, no pueden con todo olvidarse de nosotros que somos 
sus hijos: pue^ habiéndonos servido en ebta vida perecedera de 
ejemplo y modelo de piedad, deben ser éh la eterna nuestiM 
tutores y protectores fidelísimos. Así cuando te instalo^ eft el 
grado de Doctor en medicina, observando los estatutos y ce- 
remonias que nos dejaron, te recomiendo también á su patren 
cfnio. 

Procura seguir sus huellas en el camino de la salAdurfifij é 
imitar sus virtudes. Prosigue b¿y'o sus auspicios comunicafñtdé 
el benéfico fluido de la vacuna á las provincias del Perá-que 
aun carecen de ella. ¡Quiera Dios que el suelo americano, al 
cual ha favorecido con tantos dones, no vuelva á ser infestado 
por la pestilencial viruelal Be este modo mientras tiembla la 
Europa convelida con el funesto choque de las anñas y opinio- 
nes: mientras los hombres se abandonan á crimenes inaudito^ 
y con necio orgullo insultan al misino cielo; gozará nuestro 
magnifico Bey, en medio de tan grandes calamidades, el duU 
ce placer de haber librado á la América de la mas cniéi d^ laa^ 
enfermedades; 



i 



(1) Plin., Hiit. itatu,r., lib. 25, CAp. 8, 



—275— 



Disertación 

SOBBE BL ASPECTO, CULTIVO, COMBRCIO Y VIBTÜDBS DE LA 
FAMOSA PLANTA DEL PeRÚNOMBBADA COCA, POR KL Db. D, 

HtPOUTO Ukanüe. 

El hombre ha mirado siempre coa predilección las produc- 
ciones del reino vejetable, presentándole ésto, en sus frutos y 
mieses, nn tributo inocente que consagrar á su Hacedor sobe- 
rano y un recui'so seguro para alimentar la vida: cubriendo 
su desnudez con sus hojas y cortezas, y protegiéndolo contra 
las inclemencias de las estaciones con sus troncos y ramas; 
mitigando sus dolencias con sus báls^unos saludables, y hala- 
gf^ndo sus sentidos con el hermoso espectáculo de sus flores 
en aquellos tiempos en que, falto de industria, de artes y do 
ciencias, carecían de cuanto podian ministi*ar á sus necesida- 
des y recreo las obras de sus manos, le captó desde entonce^ 
la atención y el reconocimiento. Asi el primer ensayo filosófi- 
co del entendimiento humano tuvo por objeto al reino de las 
plantas. Estudiólas antes de arreglar los movimientos del 
planeta rector del universo, y observar la marcha magestuo- 
sa del resto de los astros ó estudiar la generación de los fósi- 
ies^en los senos ocultos de la tierra, continuando las mismas 
necesidades y experimentando los propios socorros al i)oblar 
la superficie de esta, se perpetuaron con ellas primeras apli- 
jeaeiones; encontrándose por consiguiente el estudio de los ve- 
getales hasta en aquellos sombríos rincones del globo, en que 
^1 linage humano parece extirguirse del irracional solo por su 
J|jura exterior. Y como la sabia naturaleza ha distribuido las 
^]4M3tas según la diversidad de los climas, ocurre con libérali- 
«ad á Buesti'o socorro yse muestra en toda su magniflcaiicia á 
XoB ojos que la contemplan: en todos los siglos y en todos los 
pai^s se han descubierto plantas admirables por sus raros do- 
tes. Invehiere lierbas et onvies gentes (1). 

Los pueblos inventores las adoptaron con entusiasmo, y ha- 
ciendo consistir una parte de sus glorias en haberlas encon- 
trado, no perdonaron medio de cuantas pudieron conducir á 
celebrarlas. Guando la poesía les inspiró sus dulces cantos, 
las lucieron el alma ó el objeto de sus imnos. Guando la filo- 



(1) Plin., Mist, natur*, lib. 25, cap. 8, 



— 27<> 

sofia les enseñó á coDocer sus virtudes y pasiones, quisieron 
fuesen el símbolo y aun el original de todas ellas, y sumerji- 
dos en la noche do .la superticion las elevaron á ser sus dioses. 
El espíritu humano, aunque amante de lo maravilloso, lleva 
las cosas hasta el estremo, y quizá principió la idolatría por la 
adoración de los vegetales. Al menos la magia, su insepara- 
ble compañera, ha figurado siempre con estas sus misterios y 
deducidos de ellos su eficacia. Nó hay nación en cuyas fábu- 
las é historias no se encuentre la memoria de alguna yerba 
que, i>or alguna calidad recomendable, no mereciese los su- 
premos honores de la apoteosis. Pero parece que á ninguna 
se le tributaron con mas exceso que á la célebre hoja del Pera 
nombrada coca. 

Los arbustos que la producen y qu^ gozan del propio nom- 
bre, se creian en los siglos del imperio de los Incas ^imulaa*os 
animados de la divinidad, y sus sementeras un santuario don- 
de todo mortal doblaba la rodilla (1). Los solemnes sacrificios 
del Capdcraimij Intiraimij Situar oÁmi^ y Ruimicantaraiqui^en 
que se intentaba manifestar el esplendor del Imperio y lama- 
gestad del Sol, á quien se dedicaban, no podian celebrarse con 
agrado del cielo si las victimas no eran rodeadas del sagrado 
humo de los cestillos de coca que arrojaban al fuego (2). Los 
oráculos no contestaban, y los agüeros eran terribles si el sa- 
cerdote al consultarlos no mascaba la enunciada yerba (3), 
imitando en esto á los Griegos, entre quienes la Pitonisa se - 

~ (1) Garciloso, Historia de los Incas toiu. 1, pág. 122.— En las provincias 
>^ 4e la Paz distinguen el arbusto de la hoja. Al primero llaman cooa y 4 la . 
hoja auchi-coca ó chiuchi*coca. 

(2) Acosta, ütóí. natur,y lib. 4, cap. 22. Herrera, Décad. 5, lib. 4, pág^ 91- 
También Iqs Jeques sacerdotes gentiles de Bogotá, sahumaban á sus ídolo» 
con la coca después de bien tostada [Julián Feria de la América, yé^' 27 J- 
f 3] Los agoreros peruanos consultan sus divinidades destrenzwdose el 
pelo que lo traen muy largo, cubren con parte de él la cara, beben chicha, 
mascan coca, se introducen én cabernas subterráneas y oscuras, y e^ me- 
dio de un silencio espantoso entonan cantos ñinebres. Los picarones que 
conocen nuestra codicia, se valen aun de semejantes ardides para deacu- 
'. ' brír las huacas ó entierros de oro y plata y las' vetas ricas. A prevención 
hay una india escondida en lo interior del lugar del descubrimiento que 
contesta con gruñidos iúintelijibles y temerosos. Todo esto se practica en 
desiertos, en las noches oscuras y con la condición de que aquel á quien 
se le ha de descubiii el tesoro vaya solo y no hable una sola palabra , por 
<iue todo desaparese. El resultado de esta aventura es salir cargado 
de gan'otazos por los diablos á manera de íiquel que engañó al famo- 
so Cali ostro, ó huir con el miedo que imprimen los alaridos, ó cuando no 
recibir unas piedi'as muy pesadas y muy envueltas que no so deben descu- 
brir hasta que esté uno en su casa , de donde tiene que botarlas á la ca- 
lle por que no lo estorben. Ifil picaron del indio, después de haber comido, 
bebido y estofado muchos i-eivles al burlado, huye donde no le encuentre, 
lo que si por casualidad sucede responde á las reconvencio^es,que se debe- 
ría naber revelado el secreto, el que encargan con mucha ftie^za^ y q^^t por 



—277— 
preparaba á las respuestas mascando las hojas del laurel (1). 
Era una profanación inaudita visitar los túmulos de los ma- 
yores é invocar sus sombras sin asercarse cop la propia prepa- 
ración en señal de respeto. La divinidad tomaba pronta ven- 
ganza de este atentado (2), y lo mismo practicaban las Coyas 
y Mamas^ dioses del oro y la plata, ademas de hacer imjKsne- 
trables los cerros, si el que buscaba aquellos metales tío los 
aplacaba con el olor de la coca (3). Esta sola era la que po- 
dia felicitar á los viajantes ofrecida á los álpachitas cotorayar- 
rnmi (4), y la que en los desiertos mas estériles podia soste- 
nerl«^s la vida libres de las invacicnes del hambre sin necesi- 
dad de otro socorro. 

No menos eflcas, en las poblaciones qtie en el campo, se 
juzgaba al abrigo de todo crimen y desventura aquella casa 
en que se guardaba alguna parte de esta yerba sagrada: per- 
snacion semejante á la que tenian los antiguos españoles con 



eso 1a plata se convirtió en piedras. £1 qne no tiene paciencia para espe- 
rar BU respuesta se venga con darle unos garrotazos y puñadas; pero ni 
uno ni otro quedan escarmentados. To,dos los dias se ven codiciosos, en es- 
pecial en la sierra, que exponen su vida y haberes á estas burlas. 

Quid non mortalia pectora cogis, 

Aun sacra fames! 

(1) Academia de inscripciones y bellas letran, IXseurfo sobre los oráculos* 

(2) Sentían aturdimiento, desmayo y un vehemente dolor de cabeza, cu- 
yo estado llaman hatear [Jcaícar debe deríbarse de hachan^ andar atontado] 
Los que descubrían los sepulcros mascando la coca se libertaban de ser 
kaicaidos. Creyéfon los antiguos haber yerbas cuya virtud sacaba á las áni- 
mas de los sepulcros y obligaban á responder las consultas. [Virgil., Ecl. 
8. Horat,, Sát. 8, lib.l.J 

<d; Frecier, Yoya^e du Sudy pág.246, refiere que los Indios cuando la ve- 
ta está dura le arrojan coca mascada para que se ablande. Esta relación 
es cierta; ni dudamos que se haya conservado en algunos lugarcillos de la 
costa, en donde se use la coca, lo que añade, de que también la x>onen en el 
anzuelo para que caiga el jpescfido. 

(4) A los montones de piedras que había eñ los caminos llamaban los 
Cnzqueños apaehitas, y en otras provincias cotorayanumif y los adoraban 
por dioses. El origen de estos montones de piedras que se ven en los ca- 
minos de las sierras parece ser debido áqüe los primeros indios, luego qne 
ascendían una cuesta ó transitabiui algún paso dificil cargados con algpn 
peso, se descargaban de él, y en señal de gratitud ofrecían lo primero que 
se les presentaba á la vista, que regularmente eran piedras, al Tachaca- 
mac; repitiendo la voz apuchectay que quiere decir, al que hace ó me da 
fuerzas para llevar. £n lo sucesivo se tomó el holocausto por la deidad. 
Los Fenicios tenian la c^nfttumbro de hacer montones de piedras en los 
csiniinos en honor de Mercurio, y aun en algunos pueblos de España hay 
esta costumbre dirigido á mejor fin. [García, Orig. de los Ind,, lib, 4, pág. 
237]: También veneraban los ser os y grandes peñascos, creyendo se ha- 
blan convertido en ellos los guaris ó gigantes que suponían primei-os pobla- 
dores del Perú. Todavía los indios de las sierras arrojan coca mascada 
contra los grandes peñascos y montones de piedra qne encuentran en los 
caminos. £1 bagazo de la coca mezclado con la saliva forma un gluten con 
el qne se pega á las piedras, y entre algunos indios hay la snperticion de 



—278— 
)a betónica (1). Que se conjuraseu todos los pesares rqne ;ppri- 
m»u al hombre desgraciado, el Peroaoo. socorrido con te ótíca 
k^ veía y aum ré (2) con aquella serenidad de ánimo! ^on, que 
el Griego presenciaba la muerte de sus padres y degoHaoiQQ 
de sus amigos cuando tomaba el ueponte (3). El favor, dct-lft 
fortuna y los triunfos de Cupido solo podían asegnrMse eoii la 
coca, virtud, principal del carimwiachi (4), y si en lo6 ultima 
periodos de la vida, si en aquellas enfermedades en qiie/eAipa^ 
ciento era victima de la deidad indignada podia espemsQenéjt- 
gun auxilio, debia iHiscarse únicamente en esta yer|ia eeles* 
tial(5). Por estos motivos, en el principio del im|>0rip| el uso 
de la coca se reservó á solo los Incas, creyémlose Jn^gnoí9:de 
él los demás humanos que no train como sus reyes un :orígen 
inmediato del cielo (6), y sus primeras augustas esposaste de- 
coraron con su nombre (7). Acaso la constituyeron ^ tombíen:el 
símbolo de la belleza, como lo ejecutaron los Griegos. Qfmaqne 
lia frondosa i)alma que floreció junto á las aras de Apolo j(8) 



que si al regrosó de su Tiaje bailan haberse desprendido «I pelotón de 
qae tiraron a) pasar^ en señal de iu> haberles sido ñeles sas esposas mieD- 
tras estuvieron ausentes. 

(1) Betónica in HUtpania tantmnque gloria liahetj ut domus in qua sa- 
ta sú tuta exiathrvetar a placulis ómnibus [ P¿m; loe. cit, ] Son del mismo 
HOntir los indios cuando tienen alguna bolsa de c^ica en sus chocas. 

(2) Mi scent folia dentihns commansa pulveri telUnarum usiarum, in eatíy^- 
tiaqiM confonnanty exmccant que, at que ita illis sunt usui. ... ad soéiumn con- 
siUanduiñf ebrietatemque indumeendaiij el laharum curarumqus onmkun obU- 
vioneniy aique quietein, [Nardi Ant. Hechi. lib. 8, pág. 303]. 

(3) Protiuus ergo in viuum misit niedicamen, relide libebat.. . Miver- 
sum malorum oblivionera inducen s oinniun. 

(4) Carimumichi, Hay dos eHpeoias, uno para hacerse amable, .otro para 
tener dinero. £1 carímunachi de Venus se forma de una figurita de pie- 
dra imán, un palito delgado que parece ser de culantrillo^ un ^^ol ú 
otxa semilla semejante que sea colorada y tenga la cabeza n^jgjBa^ á qnien 
nombran quairuro, y anas h^jas de coca. De todo esto baAOP ua «ft- 
envoltorio que coloca el agorero en ia mano de quien desea, ser aqi^cIo; que 
reg.ulannente son las mugeres mozas, les haee ceirar moderadÍNDueotola 
mano, dice uno en salmos y aspergía la man^ y el envoltorio .con efciAfk. 
Kste breyí^je acompaña á la coca en todos lo^ agüeros. £l.ciMÍfl9(aQ9<ÁÍ;|N^ 
ra tc;ier plata, parece ser inventado después de la oonqnistiif ;^a^ juomo 
que el anterior, con la añadidura de una mWeda de plata, y. que el iMp^* 
je pueda ser con aguardiente á falta de cliicha. 

(5) £1 remedio general para todas las enfermedades en. los indios jijBfii^' 
nos es la coca, cuya virtud piensan apaciguar al Cielo, á cuya .indi|¿pimH>P 
atril>uyeD las enfeimedades que se resisten á las primeras conícioiiea, 'á 
semejanza de loA primeros pueblos de la tierra, quienes teniau. la mi^ma 
opinión, según Celso in Preefat. 

(61 Acosta, loe. cit.- Garcil. loe. cit., pág. lOfc. 

[7] Mama-Cuca, esposa de ai ai ta-Ca pac, cuarto Inca; ttibieron €l pro- 
pio nombre la segunda y tercera reina Jena Histox. de los Iñeas^ li. S. piáig. 
45^"; aunque otras las I laman Mama- Cuba y Mama-Cor^, 

[8] \ít\\ la heraiosiiiima oración con que Ulíses implora la protección de 
la prim<íra NiVisica, compara su peregri mi belleza, que le hacia dodvr ú . 



—270— 

tia coca pues, esa planta divinizada por los antiguos mora- 
dores del Perú, y aun aplaudida hoy por sus pósteros con su- 
mo encarecimiento^ merece sin duda ser objeto de nuestras 
investigaciones filosóficas, y o¡ue su historia continúe la que 
abrimos en otra parte (1); Para desempeñarla con claridad y 
asierto, la dividiremos en cuatro miembros, esto es describire- 
mos el arbusto que produce la coca; expondremos mas su cul- 
tivo; referiremos el tráfico que se hace con ella, y examinare- 
mos sus virtudes. Quiza cubiertas con los velos de la fábula y 
la superstición, se hallarán algunas reales que le dieran ori- 
gen, y que no percibieron nuestros respetables antepasados, 
ya por que precisadas á sostener la espada victoriosa en la 
época de la conquista, por ocurrir los espíritus al corazón de- 
samparaban al cerebro, y ya por que en lo sucesivo cuidaron 
solamente de aquellas 'ciencias abstractas que formaron por 
tantos siglos el justo dominante de las naciones. 

Obsí todos los primeros escritores del Perú han hecho me- 
moria de la coca, y aun corai)uestos discursos dilatados de ella; 
pero considerándola por aquellas relaciones que su uso y co- 
mercio tenian con la religión y el gobierno, dejaron intacta su 
parte fisiológica. Una ú otra pincelada del P. Acosta y con 
mais exactitud de Garcilaso sobre su aspecto y virtudes, es lo 
único que se nos ha trasmitido. Los demás escritores no han 
hecho sino copiarlos civilmente, ó desfigurarlos. Wi esto ha 
sucedido solo en aquellos que ilustraron los siglos XVI y 
XVn, si también en los que han escrito en "el XVIII, cuando 
la .botMiicá parece haber llegado á su último incrementó. En 
igual oscuridad los escritores nacionales que los extrangeros, 
6 reproducen las propias ideas de nuestros autores antiguos, 
ó desbarran notablemente si pretenden adelantarlas. Es cier- 
to que después de la última expediciou botánica del Perú, no 
ha faltado algún naturalista europeo que con mejores luces y 
exactitud la haya clasificado, é indicados sus caracteres prin- 
cipales. Los que forman la descripción siguientehan sido or- 
denados por una mano diestra y delicada [2]. 

E. con hojas ovales, y drupas de sies ángulos. Véase coca. 
TafalíainM. S, 

era defdild-ó mortal, al renuevo de la palma que nacía junto á las aras de 
Apol<^[OdÍ8 IV, 160]. 

. (1) Véase mi introducción ala Botánica del Perú. Mercurio Peruano, 
núm. 43, tom. 2, pág. 68. 

(2) £1 del Dr. D. Gabriel Moreno, véase la lámina que viá al fin de esta 
dtderCacleii, la que acompañada de una buena descripción, remitieron á la 
QoMUidXw botánicos de S. M. D. Juan Tafalia y D. Francisco Folmr. Es 
preciso advertir, en honor de los trab2\jos del célebre botánico D. mpólito 
KúiZj^ que éstefaé el primero que examinando con proligidad la coca, la re 
di^o al género crithroxylon de Lineo. 



— á80— 

Habita en ios Andes. 

Arbtisto de estado y medio de altura. Produce: 

La raíz ramosa que baja oblicua con fibras delgadas. 

M trafico recio, aspefo ^cubierto de una corteza que se pone 
blanquecina. 

Las Tamas, tiernas, derechas, alternas que tiran á rojas 
sembradas de puntas. 

Las hojas, elípticas de petiolos muy cortos, alternas, enteras, 
lisas, por el haz y en vez, con tres nervios, los dos laterales 
menos visibles. 

iflw flores, nacen de las ramas con los pedúnculos cortos y 
delj2:ados, esparcidos solitarias, ó en ramilletes de dos hasta 
cuatro. La corola de color entre amarillo y blanco. 

JFruotificadon. 

Gáliz PeriantioAe una pieza,cónico inverso,hendido en cin- 
co lacinias aovadas, agudas, pequeñísimo, y que se marchita. 

Córalo Pétalos cinco aovados, cóncavas y patentes. 

!N'ectario de cinco escamas, escotadas, derechas, de color, 
injeridas en la base de los pétalos. 

Estamhres. Filamentos diez alesnados de la longitud de la 
coroin, sostenidos en sus ba«es por una membrana truncada 
con las nnteras de figura de corazón. 

Pispilo. Oénnen aovado, de seis ángulos: estilos tres filifor- 
mes, apartados, del largo de los estambres, con los estimas ob- 
tusos. 

Perumrpio. Drupa oval de seis ángulos, y de una celdilla. 

Semilla. Yuez oblonga de seis ángulos, los tres alternos ob- 
tusas, y menos eminentes. 

Se cultiva en varios parages vecinos á la montaña: florece 
en los meses de Mayo y Junio. 

Observación. 

Si el fruto se corta por su latitud, cada sección manifiesta 
dos triángulos concéntricos, formados por los contornos de la 
drupa y de la nuez; en el centro de esta se el vé córenlo que 
ocupa toda su longitud, aleinado y del color de la hoja. Algu- 
nosc reen que la representa. 

Luego que los afanes de la conquista,y las pretenciones am- 
biciosas de Fizarro y Almagros, permitieron pensar en el ré- 
gimen del Perú, la coca fue entre nuestros sabios lo que la 
manzana de la discordia entre los dioses. El universal uso 
quo hacían de ella los moradores del reino, y el crecido lucro 
que reportaban los traficantes, la constituyeron uno de aque- 
llos objetos principales que demandaban la atención del go- 
bierno. Opinaron algunos debía proscribirse enteramente su 



—281— 
U80, y arrancarse de raiz bus ceioenteras. Fundábause en 
dos razones. La primera por que habiepdo servido á las anti- 
guas snperticiones, era dar ocasión con permitirla á que los 
indios reincidieren en ellas. Argumento á la verdad piadoso, 
pero que jamas se ba hecho contra el oro y la plata que tu- 
vieron el propio destino. ^ 

La segunda razón consistía en que multiplicándose las ce- 
menteras por el gran valor de sus frutos, se pretendían para 
su labranza indios de mita, que conducidos de las sierras frías 
á las montañas húmedas y calientes, en^^ie se cosecha la 
enunciada hoja, y maltratados por los dueños, sufrían aun 
mas que el duro trabajo de las minas. Las quejas llegaron 
hasta los pies del trono, y aquellos monarcas que han mirado 
á los indios, no como puede haberlo hecho el soberano mas 
piadoso respecto de sus colonos, sino como un padre tierno 
cuidadoso de sus hijos, prohibieron rigurosamente las mitas 
(1), y aun por este motivo unido al primero, se hubieran dp 
contado arrasado los sembríos de coca, si la codicia no lo hubie- 
se Ueva^'O todo tras si, como se esplica un eminente sabio [2]. 
Es cierto que ha efectuarse estos humanos designios, los in- 
dios quedaban sin un socorro de primera necesidad para la 
labor de las minas, y que no conocieron los Españoles, como 
espondremos después 

Las representaciones de los interesados en la ganancia de 
la coca, apoyadas en los dictámenes de algunos célebres ju- 
risconsultos, suspendieron el rayo que iba á abrazar sus here- 
dades é intereses. Permitióse el cultivo de la coca; pero con 
la calidad de hacerse con indios vcduntarios, bien pagados, y 
también asistidos, que no recibiesen daño en su salud y vida 
(3). Punto interesante sobre que el virey D. Francisco de To- 
ledo hizo mas de 70 ordenanzas (4), precedidas de mas de 14 
cédulas despachadas hasta el año de 1574. Oon tal piedad 

con. tal amor, han rejido siempre los monarcas españoles á los 

naturales del Perú. De suerte que cuando sus conquistado- 
res hubiesen sido unos bandidos ejecutores de todas las pira- 
terías con que las naciones extrangeras ban oprimido al Asia 
y Norte de la América, la bondad de sus soberanos las recom- 
pensa con ventaja: siendo los indios infinitamente mas felices 
al amparo de sus piadosas leyes, que pudieron ser desgracia- 

fl) Cédulas délos años 156(), 63, 67,(«) y 1639. Véanse al señor Solóraa- 

no, Polit: indian,, lib, 2, cap. 10. 

(2) Solórz., loe, cit. 

(3) Cédulas antes citadas y otra de 1573. Solórz., loe. oit. 

(4) Pinelo, Cuest sobre el chocolate, pág, 35. 

ToM. VI. Literatura.— 41. 



—282— 
dos en aquellos tiempos de calamidad retratados con sangre, 
é imprescindibles de las conquistas. 

Bcyo el enunciado reglamento su permiten operarios para 
la cultura y beneficio de la coca. Los terrenos húmedos, vi- 
gorosos y situados en climas calientes, que en la lengua que- 
chua nombran yungas, son los propios para producirla, y co- 
mo participen de estas calidades los que forman los valles y 
montanas de los Andes, aqui es donde se cosecha, como ya 
hemos apuntado (1). Para su sembrio se elijen los meses de 
Diciembre y Enero, en que principiando las copiosas lluvias 
de la montana, que duran hasta Abril, facilitan la germena- 
cion de la semilla. 

Tum parter omnipotens fecundis imhribus tether 
Oonjugis in gremium IorUb descenditj el amnes 
Magnus ality magno commisUis corpore^ fetua (2). 

La referida estencion, ademas de ser favorable por la mn- 
medad que induce en la tierra, lo es también por sus nubla- 
dos que defienden las tiernas plantas de quo las hieran con 
fuerza los rayos del sol, el que les causa muchos daños. 

Dos son los métodos que adoptan en el sembrio de la coca. 
Oonsiste elprimero en formar unas grandes eras de tierra 
limpia y suelta, en que derramada la semillase hac(Mi uluiaci- 

fos proporcionados á toda la heredad. A pocos días empiezan 
nacer las plantas, y se dejan en la almaciga hasta el año si- 
guiente, en que ya han crecido á la altura de media vara. En- 
tonces se afloja y escarda con cuidado el terreno que se ha de 
ocultar, se divide en surcos ó callejones de una vara de ancho 
y en los camellones se van formando viveras en la propia dis- 
tancia para trasplantar el almacigo. 

El segundo método consiste en surcar y dividir el terreno 
desde el principio, hacer las tosas y sembrar en cada uno tres 



(1) Mas adelaute, tratando del comercio de la coca, individualizareinoft 
loB partidos en que se cria en el Pei'ú. Fuera de él hc cultiva en la juris- 
d ooion de Timaná e i Popayan, y eu la provincia de Santa Mai*ta en el 
territorio de los Gruagiros. En el nuevo reino de Granada se conoce bajo 
el nombre de hai/o* Antes de la conquista estaba muy extendido en él su 
uso y comercio; después de ella se han arruinado uno y otro, conservándo- 
se solo en los pueblos referidos, alguuos de Pasto y el Chocó, y en los con- 
fines del valle de Upar al pie de la sei-rania que separa este valle y ia pro- 
vincia de Santa Marta, de Maracaibo. -Uli se cultiva y cosecha con cui- 
dado para comerciar con los Guaffiros permutándola por perlas. Nosabe- 
nros que en otra parte alguna déla tierra, fuera de las citadas, se crie ni 
ase la coca. 

(3) Virgil, Georg., Ub« 3, T. 315. 



—283— 
ó cuatro granos, con el fin de qne bi*ote uno de elloa, y si na- 
cieren todos, dejar el uno y trasplantar los otros á su debido 
tiempo. Bl primer método es mas ventajoso por varias razo- 
nes. La primera, porque como la coca necesite mucha hume- 
dad, y no tenga otro riego que el de la lluvia, si el año la es- 
casease le es mas fácil al agrícultror regar á mano una cocha 
en que esté reunido todo el almacigo, que no toda la chacra: la 
segunda, como los rayos del sol sequen á los tiernos, retoños 
es mas factible cubrir con ramadas ó con las sombras de los 
árboles una sola almáciga, que una multitud de ellas. Ade- 
mas qne aun cuando se quiera impender el trabiyo de amparar 
á cada pequeña cocha sembrando á sus lados yucas ó pa- 
caes, (1) estas planteas defraudan á la coca los jugos de la 
tierra, é impiden se nutra y vigorice. En el propio defecto 
caen aquellos que creyendo aumentar la cosecha con el mayor 
número de arbustos, estrechan los camellones y las distancias 
de las fosas. De aquí resulta que como la coca devore con ex- 
ceso el surco vejetal de la tierra, unos á otros se perjudican y 
crian desmedrados (2). 

Siguiendo el primer método, luego que llegan los meses de 
Diciembre y Enero del año subsecuente á la siembra, se tras- 
planta el almacigo en los sitios referidos, cuidando de que nin- 
guna raiz, por pequeña que sea quede doblada, porque se seca 
la planta. Siendo la estación de aguas, crece con fapidez la coca 
á beneficio de la lluvia, y florece á los cuatro 6 seis meses, es- 
to es, en Abril ó Mayo, y produce la semilla que nombran muO' 
Uu. El arbusto no llega á su perfecto estado, que es de tres 
varas, hasta los cinco años, pero desde el segundo empieza á 
dar con abundancia las hojas, y continúa por muchos años 
sin necesidad de que se haga nuevo plantel. De esta suerte 
quedan formadas las célebres haciendas de coca que han pro- I 
ducido tantas riquezas. En lo sucesivo consiste la felicidad de * 
los agricultores en que el terreno sea feraz, abundantes las 
lluvias, y que ellos sean prolijos en escardarlo [ó como suelen 
explicarse en huruir^ culpar 6 corear^'] y en acopiar las hojas 
con cuidado, y que no las destroce el ulo (3). ' 

(1) Miedosa.— Inca. Palan., 1288. 

(2) La calidad del teiTeno puede desde luego hacer excepción á la regla 
general, £1 D. D. Pedro Nolasco Ci-esiK) asegura, Disert. M. S. sóbrela co- 
ca, que en los yungas de la Paz ee colocan los arbustos con un jeme de dis- 
tancia cuando mas, y que la latitud de los surcos es de tres jemes. Cree • 
que los Incas enseñaron este método á fin de debilitar el arbusto, qne 
siendo de. naturaleza agi*este, de procera magnitud y de una hoja ingrata 
al gusto, por aquel medio ha adquirido las calidades (jue lo hacen apeteci- 
ble; así que, este es un arbusto formado por la industria de los incas. 

(8) £1 ulo es una especie de palomilla que en algunos años cubre como 
nn ei\Jambre de langostas los cocales, en cuyas hojas depoñtaii la simieate 
de una infinita multitud de orugas que los devora^ 



Aunque la coca iio florece sino una vez al ano, se pueUa 
tres de hojas, que son otras tantas cosechas, las que en el idio- 
ma índico nombran mitas. No son estas igualmente abundan- 
tes, pues en el tiempo de la florescencia escasea la hoja por 
emplearse mucha parte de la savia en la semilla. Guando el 
terruño es vigoroso, y el año abundant^i en aguas, suelen ade- 
lantarse las mitas, de suerte que en lugar de tres rinde la coea 
cuatro, una en cada estación [1]. Pero nada influye tanto pa- 
ra que las cosechas se adelanten y vistan los arbustos de mu- 
chas hojas, como limpiar las heredades de la mucha yerba sil- 
vestre que crian por su humedad y calor. Guando la planta 
está tierna, es preciso ejecutarlo á menudo. Guando ya ha lle- 
gado á su auje, debe indispensablemente practicarse después 
de cada mita, si se desea que la siguiente rinda con anticipa- 
ción y abundancia (2). Eeflere Oarcilazo que cierto díezmero 
de su tiempo, que conocía cnanto se adelantaban las cosechas 
escardando el terreno frecuentemente, cohechó á los capataces 
de la« heredades que había en el distrito del Guzco para que 
lo hiciesen ejecutar. Gon esta diligencia quitó al diezmerodel 
año siguiente, las dos tercias partes del diezmo de la primera 
cosecha, lo que originó entre ellos un pleito muy reñido. La 
limpieza proporciona también que la hoja se crie fragante y 
de buen gusto, siendo insufrible el que tiene la que nace en- 
tre malezas. Estas no solo dañan en cuanto debilitan la tier- 
ra atrayendo la sustancia alimental, sino también en cuanto 
ocupando toda su superficie impiden que el calor y el aire, 
agentes extrínsecos de la vegetación, la penetren, disuelvan y 
actúen los jugos nutritivos, los mezclen, pongan en circulación 
y moderen la demasiada fermentación, é impidan la comip- 
' cion en que degenerarán sin duda las partículas terrestres por 
el demasiado exceso de humedad. 

Por lo que hace á la cosecha de las hojas, se dá principio á 
ella cuando ya han llegado á su incremento, que es de pulga- 
da y media, cuando se hallan consistentes, y que el color ver- 
de semejante al de la esmeralda que presenta su cara interior, 
y el pajizo de la exterior se hallan en toda su viveza y empie- 
zan á desprenderse por sí mismas. En esta operación debe po- 
nerse sumo cuidado en no romper los pimpollos de las ramas. 
De lo contrario se secan éstas, no fructifican en la siguiente 



(1) Parece que eu la proTiucia de Santa Marta solo se hace al aPu» ana 
cosecha de hayo, pues creen qne la hoja no e-stá en sazón hasta qn«' apun ce 
la semiUa que sirve de regla para el acopio. ^* Julián loe. cit.'' Pudi'á e>>to 
provenir de defecto del terreno, ó de pericia del que lo cultiva. 

(2) En los yungas de la Paz, nl[)mbrau mazi la oava que se dá después de 
la mita. También acostumbran requintar el cocal, que es darle un corte ó 
quA poda Aesde el mismo tronco cuando está viejo. 



mitüy y es por consigaiento escasa. Debe arrancarse hoja por 
hoja; ó asegurando con el dedo índice y pulgar de la izquierda 
el extremo de la rama, correr blandamente con los de la dere- 
cha por toda ella, limpiándola de la hoja. Así se acelera el 
acopio y se evitan los daños que causa el quebrar ó maltratar 
las yemas. 

Las hojas cosechadas se extienden al sol [1] á fin de que 
pierdan algún tanto de su humedad, y luego se conducen á 
los almacenes de acopio. Es muy importante el que los hacen- 
dados cuiden de que no se deseque demasiado la'hoja expues- 
ta al sol, ni se traspo'rte á la sombra muy húmeda. Por la pri- 
mera causa pierde el color, el gusto, y se reduce á pol vo. Por 
la segunda, se pudre, se pone fétida y de un sabor ingrato [2]. 
En la provincia de Huanta pisotean á intervalos los tendales 
de la coca, estando aun húmeda, por creer que así se engruesa 
la hoja y adquiere un gusto delicado. Es cierto que la compre- 
sión de los píes, exprimiehdo la mucha agua que pueda ha- 
llarse embebida en la hoja, la hará ma<s consistente, é impedi- 
rá que la humedad la pudra y prive de sus agradables cuali- 
dades. Asi esta operación po<lrá ser lUil en aquellos valles y 
estaciones en que la mucha lluvia haya puesto la hoja espon- 
josa y cargádola de jugos iu<lijestos. 

Tan á poca costa se ñ)rman y cultivan las famosas haciendas 
de coca, cuyos frutos, dice un c>élebre cronista, hmi hecJw nms 
hambres ricos qiw las mermncías deimiyor ganancia \S]. Ala 
verdad, ella ha sido y es uno de los principales ramos del 
comercio de este reino. En ios primeros tiemi)os de la domi- 
nación de los incas, la coca estaba reservada á solo el culto y 
solemnidades de los dioses, y al uso de aciuellos monarcas que 
se gloriaban de ser sus descendientes, como ya hemos dicho. 
Ningún otro podía tomarla á menos que sus hazañas ó servi- 
cios distinguidos lo hiciesen acreedor á partir con sus augus- 

[1] Para desecar la cooa se tieneu niios patios bien culozados, que en al- 
gunas partas nombran caahi. Mientras )a cMica está en ellos es preciso ob- 
servar las mutaciones del aii"e, porque suelen en aquellas montañas levan- 
tarse repentinamente unos ti»rÍ)ellino8, que ajKxlerándose del cíwhi dejan á 
los dueños de la coca mas destmiados de lo <|ne ellos dejaron los cocnles, 
como dice agudamente el Dr. Crespo. — £u la provincia de Santa Marta se 
cosecha el hayo aiTancado con las uñas hoja por hoja á la raiz del pedún- 
euloy conforme al primer método que hemos propuesto. En tiempos anti- 
gaos tostaban allí las hojas en vasijas de bari-o puestas al fuego, y asilas 
guai'dabiui para su us>> y conu rcio. La experiencia debió de enseñarles 
que perdí}) n de est*' modo si fn.taleza, y así hoy luego que las cosechan 
las meten en vasijas de ban-o y procuran usar de eUas cuanto mas verdes 
y frescas puedan consejy^iirse. ^^Julian, loe. cit.'^ 

(2) A esta dejeueracion y detrimento de la .coca nombran los indios oho- 

tome. 
(S) Calancha, jíág. 60. 



—^se- 
tos la fruición de esta hoja preciosa. Era ella el premio de la 
lealtad y de los hechos heroicos. De suerte que siendo aque- 
llos señores los monarcas mas opulentos del orbe, preferían 
la coca al oro y la plata en la distribución de los premion; se- 
mejantes á Jiípiter, que en los certámenes olímpicos premia- 
ba al victorioso con nna corona de acebnche, motivo porque 
el poeta Aristófanes lo acusó de dios pobre [1]. 

Los muchos sembríos de coca que con las entradas y con- 
quistas de los Andes fueron después descubriéndose, igual- - 
mente que la multitud de vasallos que por los méritoa propios 
ó de sus mayores obtenían el privilegio de mascar la coca, hi- 
zo que á los flnes del imperio se extendiese su uso hasta los 
plel)eyos. Entonces perdió la coca parte de aquella veneración 
con que era mirada cuando solo servia á los dioses y á los re- 
yes; pero en recompensa adquirió otra de no menor estima. 
Se le consignó la representación de todas las especies comer- 
ciables, para que sirviese de moneda en los contratos [2]. 

Los pueblos que no conocieron el uso del oro y la plata pa- 
ra arreglar sus ti'áHcoH, pracisados á ellos y advirtiendo los vir 
cios inherentes en la simple permuta, buscaron materias que 
por wi solidez ó su aprecio, pudiesen conservar el valor que 
arbitrariamente se les imponía. Unas naciones se valieron de 
pedazos de tronco de cierto árbol, otras de determinadas con- 
chas, algunas de sal, frutas, etc. [3]. Lá coca era en el Perú el 
itícurso mas obvio y seguro, pues siendo la pasión favorita de 
todos sus moradores el marcarla, y mirándola con un respeto 
sagrado, perraut^iban por ella todas las especies comerciables, 
cuyo aprecio estaba arreglado á peso y medida. 

Sustituidas las monedas de oro y plata con la entrada de 
los españoles, giró la coca en el tráfico peruano, siendo "imo 
de sus mas cuantiosos ramos y cim el que mas se enriquecía, 
pero la mucha ])1ata que por su causa se sacaba de las minas, 
según lo testilica una real cédula exi)edida el año 1573" (4). 
A la verdad, en solo Potosí se expedían anualmente? sobre • 
cien mil c(*stoií de coca, cuyo precio ascendiendo hasta cinco, 
pesos ensayados, pasaba de medio millón lo que rendía, (5) y 
aun mas de uno, como dice Matienzo (6). Este excesivo con- 
sumo, y las inmensas ganancias que de él dimanaban en el 
siglo XVI, no continuaron en el XVII, pues en cédula diríji- 
da al virey principe de Esquilache con fechu» de 19 de Noviembre - 

f]) PlnntiiR Avt. 4. 

(2) Ac(>»t., loe. <!Ít., cap. 3. 

<3) L*orig des loi$, des arts et des sdencen, tom. 2, pág. 197. 

(4) Solorz.y loe. eit. ^ 

(5) Acost, eap. 22. 
\6] Apud Solorz., loe. eit. 



—287— 
de 1619 le dice S. M. ^^Y porque se ha entendido que el bene- 
ficio derla coca, que se sembraba y cojia en los Andes del Cuz- 
co y otras partes, se ha enñaquecido notablemente, habiendo 
sido por k> pasado de grande aprovechamiento, avisareis que 
causa ha habido para esto, y remedio que se podrá aplicar 
para volverla entablar^ (1). 

El célebre D. Antonio de León Pinelo cree que ia decaden- 
cia del trato de la coca provenía de que ^'como enriqueciese á 
muchos, dieron tantos en plantarla, que la abundancia, aumen- 
tando el uso, le bajó el valoi*^ (2). Él señor D. Juan de Solór- 
zano opina haberse originado de la gran diminución á que ha- 
blan venido los indios, y el nuevo uso del vino que era una de 
las causas principales de ella. Pueden añadirse las continuar 
declamaciones de todos los que no se interesaban en su logro, 
con las que consiguieron impedir su uso en las provincias de 
Quito, y rebajar su estimación en las del Perú. Con el mismo 
designio, el Solón de este reino D. Francisco de Toledo impu- 
so sobre la coca el 5 por ciento de alcabala, pagando á razón 
de dos las demás especies (3). Era regular que tan fuertes óbi- 
ces hiciesen decaer su tráfico en aquellos tiempos. 

El que se hace en los nuestros debe considerarse con respec- 
to á las provincias del vireinato de Lima y á los de Buenos Ay- 
res, en que est^iayor el consumo. El estado siguiente, deduci- 
do de los libros de Aduana, (4) manifiesta el producto y valor 
de este ramo en^ el quinquenio de 1785 á 1789 en el vireinato 
de Lima. En la primera columna se colocan los partid(»s en 
cuyas fronteras se cosecha: en las tres siguientes lo que ha ren- 
dido cada uno en el quinquenio en cestos, aiTobas ó cargas. 
según el método peculiar con que la avahlan: en la última va 
el valor computado por el precio que tiene la coca en los mis- 
mos partidos de su extracción. 



>%^S\S«C>n.^lB 0>VM.<«AS X^J^COM. 



Tarma. „ 32,tíll „ 97,833 

Huamalíes. „ 1,000 „ 3,000 

Huánuco. „ 46,735 „ 280,410 

Huañta. „ 62,680 „ 376,080 

Anco. „ 2,424 „ 14,644 

Urubamba. 1,200 „ „ . 9,600 

Calcay Lares. 11,500 „ „ 34,600 

Paueartambo. 96,618 „ „ 386,472 

Hnamachuco. „ „ 500 5,000 

109,318 145,450 5(K) 1.207,439 



1] Solorz., loe, cit. 
%\ Id., loe. cit. 

'31 Escalona, OazaphyL, part. 2, pág. 220. 

4 1 £8 debido al laborioso D. José Ignacio Lecuanda^ contador de la 
real aduada de Lima y su administrador interino. 



—288-^ 

Las partidas enunciadas hacen su jiro con solo las provin- 
cias del virreinato de Lima, á escepcion del partido de Pau- 
cartambo, que lucra unos 6,000 pesos anuales en las provin- 
cias inmediatas del virreinato de Buenos Aires. 

No tenemos datos tan fijos como los antecedentes para cal- 
cular el comercio de la coca en este virreinato. Según el cóm- 
puto de una* persona capaz de hacerlo con bastante aproxi- 
mación por sus empleos y conocimientos, (1) se cosechan en 
él ^n cada año al pié de cuatrocientos mil cestos. Los 300,000 
en el partido de Ghuflumani, y el resto en Larescaja, Oaraba- 
ya, Apolobamba* y Cochabamba. Dando el precio de 6 pesos 
á cada cesto, que es el mas moderado y que se expende en la 
Paz, plaza de reunión, corresponden 2.400,000 pesos anuales 
al jiro de la coca en aquel virreinato. Los 2.300,000 pesos de- 
ducidos de sus propias provincias y minerales, y los 100,000 
pesos restantes de los partidos de Arequipa, Moqueguá y Ta- 
rapacá, pertenecientes al virreinato de Lima. 

Si á los 2.400,000 pesos que produce, la coca del virreinato 
de Buenos Aires, unimos 241,487 pesos que corresponden anual- 
mente á la que cosecha el virreinato de Lima, según el cómpu- 
to hecho en el quinquenio, resulta que el comercio de la coca 
en el Perú rinde en cada año 2.641,487 pesos. Cantidad prodi- 
jiosa y que á primera vista acredita, que el comercio de la co- 
ca en nuestros tiempos excede infinito al que se pondera en 
los de la conquista. No obstante, como entonces habia mas 
consumidores en uno y otro virreinato, y solo Potosí daba al 
ramo de coca dos ó tres tantos mas de lo que hoy le produ- 
cen todas las provincias de Lima, dejamos indeciso este punto. 

Siendo muy fragosos los caminos por donde jira el tráfico 
de la coca, en su primera extracción, para facilitarlo se for- 
man en las haciendas y lugares de la montaña unos pequeños 
sacos de bayeta blanca, ó cestos de caña endida, cubiert<3S con 
las ojas de estas, y ligados con sogas hechas de la corteza del 
maguey, juncos ú otras materias análogas. El peso de cada 
cesto es regularmente de tres arrobas (2). Si lias veredas son 
muy ásperas, los conducen en hombros de indios hasta donde 
pueden ya trajinar las muías: si est¿is pueden penetrar hasta 
las haciendas, allí^e les cargan dos sacas á cada una, y en sa- 
liendo á los caminos de sierra que son mas transitables, se les 
ponen tres. Ordinariamente se practica este tráfico por medio 
de gente i>obre que, comprando muías al fiado, se emplea en 



f 1] El D. D. Pedro Nolaflco Crespo, oficial real de las ctvjas de la ciudad 
de la Paz, en la erudita Disert. M. S. que heiuoA citado. 

(2) En la Paz cada cesto tiene solo 24 libras, y entran tres cestios en un 
tambor, dicho asi por su figura y volúiueu: hay también tamborcUlos de á 
dos cestos. 



— 28d— 
la arriería para cubrir su costo y mauteuerse. El precio de la 
coca en las montañas es de 3 á 5 pesos, y su expendio en los 
minerales sube á 7, 8 y 9, según las distancias y la mayor ó 
menor abundancia 

Los mineros, para tener provisión suficiente para sus traba- 
jadores, acostumbran tratar directamente con los hacendados: 
estos les ponen la coca en sus asientos de minas, y ellos satis- 
facen á plazos á razón de seis pesos arroba, y en marcos de pir< 
ña por 7 pesos 1 real, precios que aumentan en razón de la es- 
casez, &. También se ejecutan otras semejantes permutas con 
los hacendados de viñas que de la costa dirijen sus aguardien- 
tes á las sierras para recibir en canje la coca. Gomo una y otra 
contratación se hace en partidas grueeas, los arrieros y demás 
personas miserables que viven de este comercio, dirgen sui^ 
miras principalmente al expendio por menor, dando la libra 
á 2, 3 ó 4 reales, según el precio en que se halla; de cuya suer- 
te, cuando la arroba se vende á 6 pesos, por ejemplo en grue- 
so al menudeo sacan ellos 7 pesos 6 reales. Comercio efectivo 
en que cuentan con la seguridad de la ganancia y de la pron- 
ta venta, porque la coca para los indios está al nivel con los 
demás renglones de primera necesidad. 

El uso que hacen de ella es semejante al que tienen los 
orientales del Betel (1), por cuya razón la han equivocado al- 
gunos con este, (2) y otros han querido deducir por aquí el orí- 
gen de los peruanos. Tejen éstos unas bolsas de lana que lla- 
man chuspas^ y que llenas de coca traen pendientes del hom- 
bro por una faja ceñida al través de la derecha á la izquierda. 
En unas provincias introducen en las propias bolsas ciertos 
pequeños calabazos nombrados iscopurus cargados de cal, ó 
cenizas de varios vejetales (3). Pero lo mas común es formar 



(lj ^e¿e? especie de pimentero. (Palau 53), Los indios orientales mascan 
BUS hojas mezclándolas con el ohunam, especie de cal tostada, hecha de 
conchas^ también le mezclan oti'os ingredientes, y le atribuyen muchas de 
las virtudes y prerogativas que dan nuestros indios á la coca (Bomar. Diec* 
de Histor. naty verh. Betel). Los asiáticos tienen una pasión dicidida por el 
uso de los vejetales con las cenizas. Así además del Betel mascan el cate- 
cu, el kaat, &* Los de Filipinas usan la bonga, sustancia de un pequeño 
coco que mezclan con ceiíizas de fr\jol. £8te ramo se halla estancado en 
aquellas islas y rinde crecidtM sumas de dinero al Real Erario. 

(2) UUoa, Viaje d lu Américít, tom. 2, pág. 409. Ortega, Viaje de Viron^ 
pág. 152 en la Nota. Bien que con las nuevas inspecciones -que se han he- 
cho, han reformado ya su opinión estos sabios respetables. 

(3) Los indios Guagiros llaman al calabazo poporo, lo llevan colgado á la 
cintura lleno de cal finísima hecha de Conchitas del mar, y después de mas- 
ticar y tragar un puñado de hayo, revuelven la cal con la punta de un pun* 
tero, y se van untando cui iosamente los labios. El abate Julián cree que 
es eon el designio de limpiar el color verde con que los tiñe el sumo del 

TqM. VI. LlTERATUBA— 42. 



—290— 
de las cenizas de la caña de la qiiiuua unos panecitos chatos 
de forma elíptica, y de cuatro dedos al través de largo, á los 
que noml)ran llípta. Esta, ó la cal según la costumbre de la 
provincia', sirve de sal para condimentar la coca. Se ha escri- 
to que para aumentar el gusto mezclan también el tabaco: (1), 
lo que puede ser cierto entre algunos, como hay otros, entre 
los españoles que usan la coca, que para mayor regalo toman 
azúcar en lugar de la Uipta; pero este no es el uso general y 
primitivo. 

Para tomar la coca se sienta el indio con mucho reposo, 
aunque vaya de' viaje; saca la chuspa, y hoja por hoja vá in- 
troduciendo en la boca, masticándola y dándole vuelta con la 
lengua hasta formar una bola, que arrima al carrillo; luego mo- 
ja con saliva un punterillo, y lo mete en el calabazo de la cal, 
y cubierto de esta lo chupa dos ó tres veces. Loa que acostum- 
Dran la Ilipia muerden uu pedacito. Concluida esta operación 
que en las provincias del Norte llaman cliaschary y en las del 
Sur y mayor parte del reino acullicary sigue su viaje ó labor, 
chupando el jugo de la pelota, y mordiendo de cuando en 
cuando la Iliptaj hasta que ya solo queda el bagazo de la coca, 
que arroja para reponer otra nueva bola. A üu de no detener- 
se en la formación de esta, tienen hechas en la chuspa tan- 
tas cuantas consideran necesarias hasta conchiír la t^rea que 
se les ha encomendado. Acullican por lo común tros veces en 
el trabajo diario, antes de empezarlo, hacia la mitad de labor, 
y algún espacio antes de concluirlo. Begla invariable asi en 
las obras propias, como en las que hacen pagados. Si estas 
se han de extender á la noche, aumentan á proporción el acu- 
llico. Nadie pretenda que el indio trabaje ni se mueva sin con- 
cederle las horas necesorias para acullicar. Se abate, enfaila y 
abandona, porque el aliento y la paciencia necesaria para arros- 
trar á los mfls duros trabajos, lo espera del vigor y demás vir- 
tudes admirables que atribuye á la coca. 

Todas estas han sido generalmente reputadas, desde el tiem- 
po de la conquista, por sueños y credulidades de una nación 
supersticiosa, y como la virtud mas ponderada era de que da- 
ba fuerzas y alimentaba, se dírijieron contra ella en especial 
las plumas de varios escritores, numerándose entre ellos el cé- 



hayo: bien puede ser, pero el príncipnl senl Hegnrninente para ir chupando 
la cal y mezclarla cnu el jii^o de la yerlm, por las utilidades que de eato ra- 
Bulta y dii*eino8 después. £n la jurisdicción de Ti mana en Popayan mes- 
clan la coca €Ou uua gi-eda blanquecina, á la que llaman nu^mbL (UUoa, 
Viajef loe. cit). 

(1) Quin ejns catapoUÍ4f uti solentj permixto delicíarnm gratín, }>?f [taba- 
co] ín oppidis domimii$qne 8i(i9 manenteg. [Kechi, loe. cit|. 



—291— 
lebre P. Martiu del Bio (1). La opiukm se hizo tan general, 
que la sancionó el Ooncilio 2? Liineuse, reput>ando á la coca 
por **oosa sin provecho y ai>arejada para los abusos y supers- 
ticiones de los indios (2); y con mayor especificación una cé- 
dula de S. M. expedida en 18 de Octubre de 1569, en la que 
dice: "habérsele hecho relación que el creer los indios que tra- 
yendo la coca en la boca les daba fuerzas, era ilusión del de- 
monio (3). Entre tanto reclamaba la experiencia, la imparcia- 
lidad de los mas célebres historiadores, y la autoridad de mu- 
chos hombres doctos, que aducían en favor de la opinión de 
los peruanos á la yerba Mpisej á la espartaniaj á ]ñalimnia &% 
á quienes Plinio y otros naturalistas de la antigüedad con- 
cedieron iguales virtudes. 

El trascurso del tiempo, que ha disipado Uis preocupaciones 
de aquella edad en que soñaban los hombres despiertos por lo 
respectivo á las ventajas y producciones del Nuevo- Mundo; 
el trascurso del tiempo, que ha hecho ver que el tabaco no es 
mas funesto al í¡:énero humano que la pólvora y las balas (4), 
que se puede uiiuisrmr la cascarilla sin cometer pecado mor- 
tal (6), que las pepitas de cacao no son cagarrutas de carnero 
(6), que los indios no son iiTacionales, ni se degrada la parte 
del género h\tmano trasplantada de la Europa a la América; 
no ha podido extinguir aun los primeros peijuicios que se tu- 
vieron acerca de la coca. Así en el año de 1782, época de la 
pacificación del Perú en su última revolución, se volvió á sus- 
citar aquella antigua disputa en el vireynato de Buenos Ayres. 
Delincuente la coca en cuanto delincuente el indio, sojuzgó, 
que para restaurar el orden en las provincias, era preciso exa- 
minar si el liso de aquella planta debia reputarse por vicioso, 
6 era útil á los naturales. Sostenida una y otra parte por di- 
versas plumas, y examinados los papeles en el superior gobier- 
no de Buenos Ayres, quedó indecisa la cuestión. Debiendo no- 
sotros resolverla en esta última parte del Discurso, destinada 



(1) Disquit Mag.j lib. 2. q. 21. 

(2> Canon 124. 

(3) Solórz., loe. cit. 

M) Véase en el señor Solorz., loe. cit.. pág. 61, la traducción de la Tehe- 
mente é ii^justa sátii'a que cooipiiso Barclayo contra el tabaco. 

<5) El Dr. Colmenero, catíidrático de prima de la Universidad de Sala- 
manca, aseguraba en su obra contra la quina, que las muertes repenti- 
nas acaecidas por su uso en sólo Madrid pasaban de ochenta. Falso princi- 
Eio del cual se deducían mil consecuencias extravagantes en la ñsiea y en 
% moral. Opiniones ann mas absurdas tuvieron los ingleses en^^te punto. 
[Morton, tom. 2, Ejerc. 1, cap. 7J. 

(6) En los primeros años en que se empezó á conducir el cacao para la 
Europa, cogieron los holandeses un barco español que iba cargado de él, y 
lo arrojaron todo al sigua, Ifff if^^ndolo por desprecio cagarruta de carnero. 



\ 



—292— 
á examinar las virtudes de la ooca, adoptaremos aquellos, me- 
dios, poi donde se puedan conocer y distinguir con claridad 
las genuinas, de las qne le consagró la credulidad ó la supers- 
tición. 

Syst&nmte qualitaU^ et experientia eruitur ofiims usus planta- 
rum^ dice el famoso Lideo (1^. Hé aquí una regla sólida que 
nos conducirá con seguridad en nuestras inquisiciones. Priu- 
cipiaremos por la experiencia, que debe ser el fundamento de* 
todos los raciocinios y resultados fisiológicos. Ed faltando ella 
son vanas en la física las conjeturas del del entendimiento hu- 
mano. (2) Por eso los bárbaros que consultaron á la primera, 
mientras que los mas célebres doctores perdieron el tiempo en 
la segunda, han hecho mas progresos, adelantado y enrique- 
cido la materia médica, que las escuelas de todas las edades (3). 

Eíx^erieíitia. Los hechos incontestables que nos ofrece la ex- 
periencia acerca de las virtudes de la coca, deben considerarse 
con respecto á los cuerpos sanos y á los enfermos. Bn los sa- 
nos presenta los siguienres: Es constante que nuestros indios 
.^serranos, que son los que mas usan de la coca, están expues- 
tos á los mas duros trabajos de la tierra. 1? En el laborío de 
minas situadas casi todas en cordilleras muy rígidas, en don- 
de trabajan dia y noche con la comba y la cuña en la manó, 
para desentrañar el metal, acarreando este mismo á hombros 
desde profundos subterráneos, ó amalgamando con los pies 
loseuerposde beneficio. Todo el reposo de este trabajo consis- 
te en tenderse, en los ratos que se conceden alternativamen- 
te, sobre un pellejo, y cubrirse con una manta para dormir, ó 
acullicar. 2? En las postas que corren de correos, en que con 
un ciyon de cartas al hombro andan con mucha celeridad cen- 
tenares de leguas, atravezando, para acortar el camino, los de- 
siertos y las cordilleras mas bravas, y sufriendo cuanto géne- 
ro de inclemencias pueden caer sobre un hombre medio des- 
nudo, que vá por las breñas y despoblados de nuestra sierra. 
Todo abrigo y descanso, cuando apura la nieve ó la fatiga, es 
reftigiarse en alguna caverna ó bajo de algún peñazco, en que 
tendido sobre el suelo duerme unas pocas horas. 3? Cuando 
practican la arriería, cargando en sus hombros por lo áspero 



{!) Matetia niédi^,,. canon li, 

(2) Dúo m medicina Julcraty ratio, et eJcperienUa', experientia pr<Beeñit^ ratío 

eequitw: héne rationee in rehue medieie experieutia non candiU» nihU wxlemt, 
LoC. cit:, can. 2. 

(3) BarhaHplits od augmentum mcdieaminum oantulerímty qnam omnium 
^etatMn neholre. Loe. cit . 



—293— 
de lo8 lagares que no permiten penetrar las muías, 6 arriando 
mB llamas, sufren las mismas inclemencias, y en los arenales 
y lugares estériles la sed. 4? Generalmente apacentan su ga- 
nado lanar en pampas tan frías que no producen otra planta 
que una especie de paja que nombran hi>chuj y con el hielo se 
I>onen ellos tan negros como los Etíopes. 5? Guando necesitan 
regar sus heredades por la noche, aunque sea en el rigor del 
invierno, y en los lugares mas elevados, se mantienen meti- 
dos en el agua con sus mnjeres, tolerando las noches mas 
borrascosas. 

Para oponerse á todas estas miserias é inclemencias, no tie- 
nen mas alimento que un puñado de maíz, otro de papas, y una 
chuspa de coca. Solo comen carne cuando se la dan, lo que es 
raro, porque estiman la vida de sus cameros casi tanto como 
la suya. Viendo el valeroso D. Ignacio Plores que un intMo 
Ganarí, para correr la posta de Ghuquisaca á la Paz, entre cu- 
yas ciudades median mas de cien leguas, no hacia otra pre- 
vención que unos granos de maíz tostado y unas pelotillas de 
chuno, que todo no compondría dos libras, y una buena chus- 
pa de coca, exclamaba que no habia en el mundo recoletos ni 
ermitaños tan austeros. Esta espantosa frugalidad y toleran- 
cia del indio la han atribuido muchos, no al uso de la coca, 
sino á la educación. Pero es menester hacer las siguientes ob- 
servaciones: 1? el indio es voraz en el comer siempre que se 
halla al lado de un esp^nol franco: 2? Muchos españoles, no 
pudíendo tolerar el trabajo é intemperie de las minas, se han 
dado al uso de la coca, con que han conseguido la resistencia 
hercúlea de los indios: 3? Guando estos abandonan el uso de 
la coca, aunque mejoren de alimento, pierden su antiguo vi- 
gor y tolerancia: 4? A pesar de haberse siempre prohibido ri- 
gurosamente el uso de la coca en el Tucuman, se ha introdu- 
cido, porque solo con ella han podido los troi)ero8 sostener las 
crudas vigilias y rigores de los páramos de Lipes, &?, para im- 
pedir se descarrien las muías que conducen al Peni: 5?^ duran- 
te el riguroso cerco que en el año 1 1^81 i)usieron los indios re- 
beldes á la ciudad de la Paz, los vecinos no teniendo otro ali- 
mento que cueros^ animales inmundos, &? &% y en la necesi- 
dad de velar al rigor del invierno sobre las trincheras para evi- 
tar los insultos de los indios, se dieron muchos al uso de la co- 
ca, y estos fueron los que escaparon de aquella lamentable ca- 
lamidad. 

Los hechos r< Jativos á los cuerpos enfermos que ofrece la 
experiencia en el uso de la (*x)ca son estos. Afianza y conserva 
la dentadura: tomada en forma de té, mueve la traspiración, 
y alivia las asmas húmedas: en esta misin^ forma ó mascada, 
restaura el vigor del estómago, disipa las obstrucciones, pro 



mueve el vieatre, y cura los cólicos extercorosoa. [IJ Aplica- 
da exteriorniente por la frotación y emplasto, moderai, 6 ex- 
tingue los dolores tópicos que origina el reaumatismo causa- 
do por el frió. 

Tales son los hechos incontestables que nos presenta lá ex- 
periencia feü los cuer])os sanos y enfermos que usan la coca, 
cuyas cualidades vamos á exponer [2]. 

Qualitate. El color, olor y sabor son los que indican las cua- 
lidades de las plantas en las que estriban sus virtudes [3]- 
Gonsiderarémoslos en la coca bajo de dos respectos, en la hoja 
entera, y en esta misma analizada. En atención á que la fer- 
mentación y el f negro destruyendo enteramente la combina- 
ción peculiar de las partes de los vejotables los reducen á unos 
mismos elementos, de donde nacen iguales resultados [4], to- 

[1] Se asegura que también cura laa cuaitaiuw, y pTWAve del gálico. No 
U*ueiii08 expérieneia sobre estoj pt^ro no liay inconveniente par» que ejecu- 
te lo prímero, y en e.uanto á lo negunno e« coiis^t'aut'e ser rarwimo el indio 
que padece la Ine venérea, t«n común entre los españoles y negro». 

[2] TeniauíoH concluida esta Disertación de lacoeu, cuando llegó á núes- 
tnis manos la Feria de la América, esciita por el ex-Jesuitii D. Antonio Ju- 
lián, y entre las otra« teosas que ya hemos anotado de él, nos causó compla- 
cencia leer las obH(fi-va<;ionefi (|ue éste celoso misionero de la nación gu}^^- 
ra hÍ70 en e»U\ sobre los eteotos saludables del hayo ó coca. Kllas son con- 
formes á las que experiinentamos, y teníamos ya escritíis. Apunta la vir- 
tud de conservar la dentadura, «luitm* el hambre y la seíl, y alimentar. Re- 
fiere que los Jeques, que para ser tenidos por santos debiaii pasar la vida 
en continuas abstinencias y vigilias, á tin de sostener uno y otro usaban el 
hayo, el que parece les t^ra reserTíwlo, pues luego que con la predicación 
evangélica se extinguieron estos agoreros del nuevo reino, se arruinó tam- 
bién el uso y comercio del Uayo^ excepto entre los Uuagiros, que aan eon 
por la mayor parte ¡maganos. Nota que esta nación que conserva el nao del 
hayo, es la masn»busta y corpulenta de aquellas provincias. Añade ftnal- 
mente "ser el hayo decootivo insigne, y solutivo délos humores^ pectoral y 
sudorítico excelente, y antipocóndiico eñcasisimo; que mitiga^ y destiraye 
los afect4)s, y efect«)S hipocóndricos é histéricos, disolviendo laa obstiniccio- 
nes que suelen ser la causal y principio de mal tan varío en sua efectos, co- 
mo pertinaz en el tormento y molestia de los pacientes.^^ Así todos los que 
allí padec^en de estos t'Cmbles achaques ocurren al hayo como á una ánco- 
ra sagrada. Cita el ejemplo de cierto misionero sabio, y muy dado á la bo- 
tánica, que atornK'jitadt) cruelmente de hipiK*>óndría ocorria como á único y 
elicaK lenitivo de sus síntomas al uso del hayo en forma de té. Cree no obs- 
tanteel abate Julián ser mas eficaz chupando el jugo á manera do los indios. 
Hé aquí luuui observaciones hcx^has entre una nación nanea conocida álos 
Peruleros, y por un liomlu'e inteligente; pero que, como se vé de su libro, en 
qiie solo es(rib<^ lo que ha visto, no tenia noticia de los que estos han di- 
cho y esperiuientan de la coca. Luego sus vii*tudesno son meros sueños J 
supersticiones, sino efectos reales de una planta benéfica, que se hacen sen- 
tir en cuant4)H pjirtos v]\a se cultiva y usa. 

[3j Liun, Philo»oph.y aphor ^fóé. 

[4] Csllf^n, Matéx. nufdim.y noU 3 y 128. Entre 1,500 plantas analizada» 
por la Real Academia de las ciencias de París, por medio del fuego; no se 
encontró una sola, ann de las que menos se p9ffecian, que no diese los mia- 
mos principios que las otrae. 



—295— 
dos nuestros conatos en este punto se han ceñido á unas aná- 
lisis sencillas. Describimos aquí la ejecutada eu coca del par- 
tido de Huánuco, muy seca y de bastante tiempo. 

Oonsiderando la hoja entera, presenta por la parte • interior 
un color verde, y por ei reverso pajizo. El olor es agiadal)le, 
y moderadamente aromático. Mancada despide cierta fragan- 
cia grata, y dá un sabor oleoso amargo, acompañado de una 
suave astricción. En la membrana que cubre lo interior de la 
lK>ca, produce una leve irritación, acompañada de calor y ar- 
dor moderado, que permanecen breve tiempo. La saliva corre 
con abundancia, y se impregna de un jugo grueso y verde, 
siendo un menstruo tan poderoso, ciuo el bagazo que queda 
después de algunas mascaduras y succiones, únicamente con- 
tiene la pajte flfroza de la hoja despojada enternmeníe de sus 
jugos. 

Para analizar la coca se pusieron ocho onzas de ella en infu- 
sión calienta, sin agregación alguna, y se dejaron por 48 ho- 
ras. Al término de estas se coló por una bayeta tupitla, sin im- 
primirla, permitiendo que solo el peso del agua arrastrase las 
partículas que habia extraído y disuelto. 

La tintura presentó un verde de esmeralda encendiílo, un 
olor aromático mas grato que el de la lioja, el que confortaba 
y recreaba al celebro. 8u astricción y amargo estaban igual- 
mente mas mitigados, y eran mas agradables que la hoja mas- 
cada. Mezclado á la tintura el vitriolo marcial, ad(}uiria aque- 
lla un color oscuro. 

Reducida á extracto la tintura por baño de vapor, rindió 2 
onzas y media de un extracto compuesto de part-es puramen- 
te gomosas y ningunas resinosas sensibles. El color del ex- 
tracto era de un verde oscuro: carecía del olor grato de la ho- 
ja y tintura: y tenia un amargo fuerte que dejaba en la len- 
gua impresiones vivas y peruuinentes, sintiéndose al masticar- 
lo ciertas puntas picantes que herían con actividad 

Los resultados de estos exámenes varían según la diversi- 
dad de los territorios en que se cosecha la coca, y en- especial 
por el mayor ó menor Irescór de la hoja. Cuando esta no se 
halla tan seca como aquella cuya análisis hemos descrito, y en 
cuyo estado es casi ya deseccha por los indios, suele sentirse 
hI tacto una especie de miel que Ja cubre. Entonces son mas 
fuertes el olor y el sabor, y mayor la cantidad del extracto. To- 
mando el medio de los resultados producidos en distintas aná- 
lisis con ditVrentes hojas, correspon<le á cada onza de la hoja 
entera y limpia cerca de media onza de extracto gomoso. 

Syslemate. No presentando virtud conocida las plantas con- 
géneres á la coca, ni hallándose esta reducida aun a la clase 



-^296— 
natural que le corresponde, no podemos hacer observación al- 
guna para descubrir sus virtudes lege systematis. 

Pero la luz que nos ministran la experiencia y la análisis 
manifiesta ser la coca el architónico del reino vejetaL A la 
verdad, enta preciosa planta reúne en si las diferentes virtu- 
des que se hallan distribuidas en el crecido número de diver- 
sas especies de vejetables que pueden comprenderse bajo la 
expresión genei:9.1 de tónicos. El aroma punzante de los esti- 
mulantes, la virtud astrictiva y corroborante de los astringen- 
tes, la antiespasmódica y antiséptica de los amargos, y el mn- 
ciiago nutritivo de los analépticos ó alimentosos; los que com- 
binados en ella por las sabias manos de la naturaleza, han de 
obrar con mas actividad y provecho, que mezclados por las del 
hombre, cuando intenta aumentar su eficacia, ó evitar el daño 
que causa el uso de cada uno en particular. Asi esta hoja ines- 
timable, dotada de tan diversas y raras prerogativas, imprime 
con enerjia su acción sobre todas las partes que componen la 
economía animal: Olido in ñervos^ sápido in fibras, utroque in 
fluida [1]. 

Su aroma, estimulando al sólido vivo, lo ccmmuevey vigori- 
za: su amargo austero, absorviendo la humedad que impide la 
coherencia de los elementos de la fibra, fortifica al sólido sim- 
ple. Su mucilago, compuesto de partes oleosas y azucaradas, 
que son los principios constitutivos del alimento animal, minis- 
tra á la sangre un quilo blando y abundante. Operación tri- 
ple de la que deben resultar los efectos que la experiencia acre- 
dita haber procf ucido el uso de la coca, asi en los cuerpos sanos, 
como en los enfermos. 

No puede ciertamente ser herido el sistema nervioso por los 
átomos picantes del aroma de la coca, sin que mediante las le- 
yes de la simp.itía se extiende el movimiento á los lugares mas 
distantes de los que se hallan en contacto. PuQsto en tono y 
acción el sistema nervioso, las túnicas de las arterias y las 
membranas del cuerpo, que están tejidas por la mayor par- 
te de sus innumerables hilos, han de líacer con viveza sus con- 
tracciones y dilataciones, y la sangre contenida en la cavidad 
de las arterias correrá con mas celeridad. Entonces se restau- 
rarán y promoverán las secreciones y execi*eciones, y el cele- 
bro adquirirá un cierto estado de vigor que disipe las imáge- 
nes melancólicas del ánimo [2] Agitado el torrente de la san- 



Íl] Líhq., loe. cit., $ d61. 



[2] Véiuse nuestra Diaeitocion 8obi*e el tabaco. Entre el estonia^ y las 
ideas del alma liay una BÍinpatía que se muestra claramente en los Inpocóu- 
drícos. De manera qne si pad<HM el estómago, todas l>»s idea« son funestas, 
las qi e (^san al punto que se restaura aquella entraña. Entre esta y los va- 
sos cutáneos que •> rven á la transpiración InHen.sible teína iguahueute una no- 



_317— 
gvñj batirá lod obstáculos que sé opongan á su curso, y serán 
desbumtadas lab obstrat^iones. Loé membrauAs de] pulmón^ 
del pééhé^ A?; ja por ¿ru propia íiccioii^ yfl por hi de los vasos 
saiiguíneos Que las atrárlesan 6 estitti inmediatos, dividirán 
los materias glutinosas, las sácuditán dé sí^ j expelerán fuera. 
La sfiliTa^ aumentaiili^ asi por el estímulo que sufre el sistema 
uervitiso, conici^ i^t el qnb obra directamente Sobre las glándu- 
las de la boofí, dchidé se desprendó el arom¿^ á proporoion que 
se itimÍB lá bí^a^ bilmedeéerá las fauces y ap^laedrá la sed. La 
' saliva^ cargada de todas 1^ partículas amargas y mticildgino- 
sas dé lá coed, llevará al ventrículo la c^mfottacion, la hume- 
dad y el alimento^ adquiriendo ella misma una tíueva y mejor 
caUdad (1). Se es^tinguirá piles íh hambre. 

Bt ventríedlo y les intei^tipós, confortados por el amar- 
go astriBjeftte del jugó dé lá coca, obrarán sobte los humo- 
res' corrompidos que los gíavásen^ y reforjirtdo el movimien- 
to peristáitioo itorán arrojados por aba}o; | Acaso el acido de 
la éoéa combinada con la bilis adquiere una propiedad pur- 
gante ^ue depnta de sus heces el candil inte^tinai? El Doc- 
tor Oullen dpilia que el ácido vejetal anido á la cólera 
adquiere una calidad estimulante y lavativa ( 2 ) . En vir- 
tud del propio tono que ha retribido el ventrículo y dé Kt 
muefaff ssliba que sé mezK^la con la coca, Ta gran cantidnd de 
muéfiago que contiene será digerida y convertida en un 
abundante y nutritivo quilo. Introducido él en la sangre, 
elavoradcr y convertido en la sustancia del animal, según las 
leyes dé su economiay será cofíducída por las inmensas, divi- 
siones del sistema arterioso y nervioso á los vasos mínimos, 
para qn» »pHcadó á sos fxaredes repon'ga las partes que pier- 
de el cuerpo,* cñya tilla es un movimiento continuarte que lo 
aniquila y restaura. Oomo al mismo tienií>o quo se viV éni- 
pl0ffnd<)i en \ii nutrición el moco 6 gluten oleoso sacarino', las 
partieRlaa amairge^-astringentés van aumentando la coheren- 
cia y firmeza dé las ftbráá, el cuerpo humano con el uso do 
la eacá ba* de adquirir una constitución atlétíca^ capaz^ áé 
reslartí^ en medio dé \á miserisf y de la penuria á los mas du- 
ros trabl^os, y á las mclemeneia)» dé los tiempos. 

Ln9 que |írodnce nn veheínewte frió, son seguramente 
miiy temiMes; Hcmod Aem:ostTado qné el calor natural del 




L]¿aft£EniA>«-43 



—ais- 
cuerpo luimano, que en el termómetro de Fareiilieit señala ÍMJ 
grados, debe ser superior al de la at^mófera que lo rodea para 
conservar su vida. Pero también es cierto que si el tiem- 
ple de la atmósfera se enfriase demasiado, lo liará parecer 
por una razón contraria. Cuando el temperamento del 
aire se halla liácia los GO grados del termómetro, ya se ha- 
cen sensijbles en el cuerpo las impresiones del frió, y estas 
se van aumentando á proporción que se desciende de aquel 
.íjfrado que puede llamarse el confin del calor y el firio. Si 
ios grados de este crecen sucesivamente hasta obrar con fuer- 
za sobre el cuerpo humano, se apodera de sus extremidades 
cierta especie de envaramiento y estupor, que se extiendo 
insensiblemente á todos los músculos sometidos al imperio 
do la voluntad, y al punto sobreviene una modorra grata 
que conduce al sueño de la et43rnidad á los que se dejan po- 
seer de elhi. Accidente funesto, originado seguramente, ó 
de que el firio obra directamente como una potencia amor- 
tiguadora sobre el principio vital, ó de que constriñendo los 
vasos de la superficie del Cuerpo, disminuye el círculo de la 
san;?re, al contrario del aire coluroso, y rei)eliendola al cen- 
tro infarta al celebro y lo oprime. 

El único medio para evadir un daño tan grave es reani- 
mar el tono y acción de los nervios y arterias, para que pro- 
muevan con ríipidez el círculo de la sangre. De esta suerte, 
eljcalor del cuerpo cuya actividad se proporciona á la veloci- 
dad de la circulación, cualquiera que sea el principio que 
lo enjendra, hará nulo el frió e:ctenio. Pero como entónceíá 
debe aumentarse excesivamente la traspiración que es absor- 
vida por momentos por el ambienta, si no existe una causa 
que repare los dispendios de la sangre, el hombre cíxerá en 
un deliquio mortal. Tal es el que sucede á los que para 
evitar la muerte corren con ligereza por sobre las nieves 
estando ayunos, siendo así que el ejercicio es el gran reme- 
dio coutra la violencia del frió, y los licores espirituosos por 
disiparse con suma lijereza so convierten en lui verdadero 
veneno, cuando se .usan con el propio destino. ( 1 ) . Para 
evitar los males que se presentan i)or una y otra part<^, os 
preciso reunir el principio estimulante con ernutritivo, para 
que mientras aquel agita el círculo de la sangre, sostenga 
este el tono del estómago y reponga la materia que se disi- 
jm. Y como la coca mediante las partes que la componen 
satisfaga completamente estas dos iiulicacioues, se deduce 
con toda claridad y evidencia ser uüo de los auxilios mas 
oportunos que la benéfica Providencia ha concedido á los 
mortales contra las inclemencias del frió. 
[1] Bohtírhaav.; pfoíUo aXadcm., t<^mo. 2, ¡>ag. 49. 



• I 



—319— 

Con , razoa el ingeuioso Dr. Pedro ?íolasco Crespo dice 
hablando de ella: *M Ojalá que se probase eu la iiuiriuería 
para las navegaciones circumpolares, y peregrinos descubri- 
mientos! Ya se verían los prodigiosos efectos de la coca, y 
las ventajas que hace al uso del tabaco; cuanto vá de tragar 
ül zumo de la coca, á disipar con el tabaco la propia sustan- 
cia i)or el esputo. ^ 

" Yo no desespero que vengan tiempos en que se haga el 
mas opulento comercio de la coca para los Ingleses, Dina- 
marqueses, Suecos, Busos, Lapones: acreditándose porto 
do el mundo, haber Dios creado aquí tal vegetal para pa- 
trimonio del Perú; pues por su delicadez, nada reparable, 
es de verdad intrasmisible á regiones extrañas. Espera- 
ble, pues será que estas naciones, luego que experimenten 
las virtudes de la coca, sean las que mas la avaloren : i>ara 
quienes hará el mejor maridaje con ella el uso de la cidra y 
do la cerveza, y i>reservada en buenos botes de toda humedad 
y disipación, es capaz de subsistir muchos aííos y de condu- 
cirse a regiones extrañas ( 1 ) . " 

Si en los tiempos pasados, en lugar de las reyertas metafi- . 
sicas sobre la utilidad ^ inutilidad de la coca, se hubiesen 
hecho algunas de las tentativas proiniestas por el Dr. 
Crespo, acaso seria hoy esta planta un ramo de exti'accion 
tan interesante al Perú como el cacao y la cascarilla. Pero 
no es dudable se ejecuten en lo sucesivo, pues se van exa- 
minando á mejor luz las producciones de nuestro terreno. 
Desde luego los nuevos usos suelen padecer vehementes 
contradicciones, por la repugnancia que se tiene á lo que no 
se está acostumbrado, pero es creíble triunfe de ellas la coca, 
cuyas virtudes prodigiosas apoyan acordes la razón y la expe- 
riencia. Aun muchas do esa multitud de fábulas que aglo- 
niei-ó sobre ella el superticioso Peruano, y que originaron 
por la mayor parte Ja adversión que le tuvieron nuestro» 

(1) El abate Julián esfuerza este pensamiento del comercio, quejáudofle 
del descuido de los españoles que se dejan sacar el dinero <^on el té j el 
café, y teniendo en la coca una yerba de superiores virtudes, no promue- 
ven su comercio; ^^ que podía ser veuUgosísimo para la España, salud de 
la Europa, i*emedio preservativo de muchos males, reparativo de las fuer- 
zas perdidas y prolongati vo de la vida humana es lástima que 

tantas familias pobres no tengan este preservativo de hambre ▼ sed, que 
tantos oficiales y artesanos carezcan de este mantenimiento de fuerzas 
para el trabajo continuo; que tantos viejos y jóvenes, aplicados á la 
pesada tarea del estudio > á componer libros, na gocen de esta yerba con-, ^ 
ira laáalta de espíritu, contra la consiguiente debilidad de cabeisa y fla- 
queza do oatómago, compañera inseparable del estudio continuo. ^' Loe. 
cit. 

Debia haber añadidáli los infelices militares, A quieuea la gaetira expo- 
U^ ft t^W^^ cduiinuas vi^llaS; intcmj^nes y haiaU'99. 



—320— 
virtuosos mayores^ sou un argumauto á su favor. Siguieado 
el genio fauático de todas las nacioDes ótmcas^. divinizaban 
todo aquello en que deseubriau algún poder, y lo que al 
principio parece que vto era aiino una alegoría, se iva sucesi- 
vamente subdividiendo y vísfcleudo de tantos portentos, con- 
forme á las costumbres y superticiones de cada tribu, que al 
fin venia á quedar enteramente envuelto en las quimeras. 
Pero si se examinan estas con atención, la verdakl se deja 
ver muchas veces en medio de sus sombras, y entonces la 
misma mentira viene á ser un apoyo de ella. Asi sucede 
por \o que respecta á la coca^ como lo manifestará la expo- 
sición de las fábulas con que concluiremos este discurso, 
después de inquirir la razón por que los indios mezclan en 
el uso de ella el de las cales y cenizas. 

Parece que en esto no ha tenido lugar la reflexión. Ha 
dimanado sin duda do aquel instinto que la naturaleza ha 
puesto en todos los animales para libertarse de ciertos danos. 
El gallo atado á una estaca y alimentándose de harinosoa^ 
pica la cal de la pared. El asiático mezcla el betel con laa 
cenizas de conchas. El salvaje americano se entrega con 
exceso al uso del espíritu de vino, y el indio peruano une á 
la coca la Ilipta. Todos conspiran á un fin ; conspiran á 
evitar que los vejetales de que se nutren dejeneren en el 
estómago en una acrimonia ó corrupción acida á que están 
expuestas por su misma naturaleza y por los diversos grados 
de fermentación vinosa, acetosa y pútrida que deben pasar 
antes de reducirse al estado mocoso, propio para la nutrición 
de los animales. Es cierto que esta dejeneracion es orijen 
de infinitos males ( 1 ) ^ Los espirituosos, tomados en gian 
cantidad, impiden que !os sólidos y fluidos que para descom- 
ponerse pasan por los tr^s grados de fermentación referidos, 
dejeneren en la corrupción que le& es natural y lo mismo 
ejecutan las cenizas y cales respecto do los acescentes, en 
cuanto sus partes alcalinas atacan y se apoderan de las agrias 
y neutralizándolas impiden la corrupción de ellas y el da- 
ño que de aquí dimanarla. Asi por un apetito ingénito que 
antecede á toda reflexión, se eíitregan al uso del aguardien- 
te, las cenizas y lar oales, todos aquellos cuya vianda se 
compone por la mayor parte de sustancias vejetales. i De la 
combinación del álcali de la Ui^ta coa el áeiílo de la eoca no 
resultará una sal neotia, ttna ^ú vegetal aperitiva j laxante 
que oooi)ere en gran parte, ctiando la coca obra de este modos 

Concluyendo ya con la exposición de algunos de aquellos 
hechos que se. hau creído m«raAU«ttto MajIosos, ea constante 



—821— 
deber su orijen á las preciosas prerogativas de la coca. Por 
que, j que otra cosa quiere decir que tenia potestad pura 
aplacar a la deidad irritada, sino el que su uso faabia curado 
á muchos que adolecían de enfermedades internas, las que 
seffun la opinión de los antiguos se atribuían directamente 
á la ira del cielo t Asi entre algunas de las primeras nacio- 
nes, cuyas costumbres conservan aun varios pueblos bárba- 
ros, no sé aplicaba á este genero de males otro socorro que 
las deprecaciones y holocaustos, persuadidos do que en la 
tierra no existia auxilio que pudiese remediarlos i Qué 
indica el que la coca encendía la llama del amor, sino 
que siendo un tónico vigoroso aumentaba los estímulos 
de la concupiscencia, de donde nace aquel incendio tantas 
vetees funesto al corazón humano f Por que la articoca 6 
cinara goza de una calidad semejante, le atribuyen los Euro- 
peos la propia virtud ( 1 ) 

Del mismo orijen proviene la creencia de que no podían 
visitarse los túmulos de los antepasados sin acercarse á ellos 
mascando la coca, lo que se observa todavía, por que como 
al destapar estos sepulcros se levante una exhalación mefí- 
tica, la que, como todos los demás vapores podridos, tiene 
un poder sedativo sobre el sistema nervioso; siempre que lo 
i'espire el indio, cuyos alimentos son muy débiles, será aco- 
metido de aturdimiento, desmayos, &^, á menos que mas- 
que la coca, por que entonces reanimando esta el sistema 
nervioso, eludirá las impresiones amortiguadoras. Los Fe- 
ruanos no han tenido motivo para ser fisioTogistas ; así atribu- 
yeron á la cólera de las almas lo que era un efecto consi- 
guiente á la putrefacción de sus cuerpos y á complasencia de 
las mismas, lo que dependia de las cualidades de la coca. 

Un igual raciocinio los condujo á persuadirse que las 
Coyas y las MamaSj diosas del oro y de la plata, endurecían 
las entrañas de los cerros y castigaban á cuantos pretendían 
extraer los metales, sin aplacarlas con el agradable olor do 
la coca, qué debían masticar. Esta alegoría comprende dos 
partes : 19 el endurecimiento de los metales ; 29 el cas- 
tigo de los que los buscaban cuando no iban prevenidos con 
aquella planta. En cuanto á lo primero, como todo el sus- 
tento del indio se reducía á un poco de maiz, papas y quí- 
noá, careciendo enteramente de las carnes, era imposible que 
con aquel teble alimento, y no teniendo instrumentos propor- 
cionados para la labor, pudiese soportarla sin que á los pri- 
meros golpes desmayasen sus fuerzas y causasen poco 6 
ningún efecto sobre el resistente mineral. Pero si empren- 

(1) James, Dke., v#rb. Árticocor-chara. 



■1 



—322— 
dian el trabajo acullicando la coca, el vigoroso jugo que tra- 
gaban, sosteniendo sus fuerzas^ bácia los ¡golpes ]na>s eficaces 
y era mas fácil la extracción. De aquí conciniauy según su 
modo de opinar, ser efecto de la dureza de los metales la 
fatiga que sentían en el primer estado, y que las ventajas del 
segundo nacian de su blandura y poca resistencia, originadas 
del placer de las Coyas, encantadas con la fragancia de la 
coca. 

En cuanto á lo segundo, es constante que todos los que se 
emplean en la explotación de las minas, fundición y amal- 
gamo de los metales, respiran una atmófei*a venenosa que 
les causa accidentes terribles. Los ácidos vitriólicos, el arsé- 
nico y el antimonio, que mineralizan la plata y ca^i todas las 
sales de base metálica, tienen una caustícidad que devora á 
las sustancias animales; obrando con una fuerte tendencia 
de la combinación con ellas, ó por sus puntas ó por cualquie- 
ra otro principio en que consista su causticidad, las irritan, 
las inflaman y dilaceran, de donde provienen el asmci, la he- 
moptisis, los cólicos, &? 3c ba considerado siempre como 
nno de los remedios mas eficaces para evitar estos males, el 
que los trabajadores usen de una dieta sustanciosa y graso- 
sa, como son las carnes gordas y materias oleos¿is. De esta 
suerte quedan como entapizados el esófago, el ventrículo y 
los intestinos, y las puntarS metálicas son embotadas y no 
pasan al ton*ente de la sangre. Oareciendo los indios de 
este recui*so, estaban expuestos á sufrir sobre las túnicas des- 
nudas la actividad de los dardos metálicos, excepto cuando 
mascaban la coca., por que entonces la mucha goma de esta 
I>lanta suplia con ventaja, embalsamándolos interiormente, 
cuando al pasar envuelta en la saliva se iba x>egando á la 
superficie interna del conducto alimentario. Por consiguien- 
te heridos en el primer caso, y libres ea el segundo, creían 
allá irritadas á las Coyas por la falta de la coca, y acá benig- 
nas á su i>resencia. 

i Por ventura el ácido de la coca no concurre á quebrantar 
la acción del arsénico y el antimonio, cuando se inspiran T 
Mr. Sage ( 1 ) demuestra, apoyado en la experiencia, que el 
vinagre es el remedio mas segm'o contra los efectos deletéreos 
de aquellos dos sem i-metales. También es probable que 
la sal neutra que se forma en la boca del indio en la combi- 
nación del álcali do la Ilipta con el ácido de la coca, soa muy 
útil en esta parte, pues que al inspirarse el ácido vitriólico, 
frecuente en nuestras minas descompondrá á aquella sal, 
apoderándose del íílcali por su fuerte nfínidad. y en la nueva 



(1) Attanicr qnimivo. tom. **. \n\*í. líM). Afhovf m^tflrrnr tom. rí, pa^. ÍÍ87. 



_323— 
combinación perderá todo su cánstico. Da cualquier modo 
que sea (1), es cierto que como el indio en nuestros dias no 
usa oti'o alimento que el de el tiempo de la gentilidad por la 
suma escaces de carnes, &in el uso de la coca no puede sos- 
t^^ner el trabajo de la explotación, y su salud padece mucho. 
Argumento incontestable de la necesidad que tiene de esta 
planta y de la sabia economía de la adorable Providencia, 
que habiendo dado á estas gentes por principal ocupación la 
labor de las minas, ya que les privó de las carnes y otros 
iguales alimentos, les proveyó de una planta que recompen- 
sase su falta. Les provej^ó de la admirable planta de la co- 
ca, cuyas prerogativas prodigiosas parece quedan suflciente- 
mente demostradas en la disertación que hemos formado de 
KU aspecto, cultivo, comercio y virtudes. 



Al Excmo. Señor Don Luis Fermín Oarbajal y Vargas, 

Conde de la uxiÓn, caballero gran cru;5 de la real y 
distinguida orden de carlos lu, comendador de sagra 
y senbt en el orden de santiago, gemtil-hombre de 

cXmARA de S. M. con EJERCICIO, TENIENTE GENERAL DE 
LOS REALES EJÉRCITOS, ETC. ' 

Excmo. SeñoK 

Engendrado por las flores el terrible Marte (2), pert43nece al 
reino de las plantas coronar á los intrépidos y afortunados 
guerreros. Así en los tiempos del poder y de los triunfos de 
Grecia y de Iloma, eran el mirto, el laurel y la palma los que 
distinguían á los ínclitos héroes conquistadores del mundo. 
V. E. vuela con suma rapidez á colocarse al lado de estos en 
el templo.de la inmortalidad. Sereno ó invencible sobre las 
arenas del África, cuando parecía que hecha pedazos la tierra 
abismada a Oran y á sus valientes defensores, repele y des- 

(ij Nuestros mineros explican los efectos de la coca por lo respectivo 
:i la respiración, diciendo, que cnaudo descienden 6. los profundos subter- 
ráneos, ó corren por Ins cordilleras, sienten, que se atlelgaza el aire y que 
así no pueden respirarlo sino con mucha ísitiga; pero si ma.'^can la coca, 
este mismo aire al inspirarse se engruesa, y entonces la respiración se ha- 
ce con facilidad. 

(2) Oxiá.f Fafttor., lib. 5, 



toúza V. E. &]Qñ hm^tw ftgap^usHIy ÜW» »f^i^\m lü Dto»S 
auxiliadas (tel espawto, la consterni^oíi y }* Ifluorta (1). Vic- 
torioso rcpotiil^s veces á 1^ fi^W^s dQÍPfif PÍFiQeQiii )til«a l^jri- 
llar BU grande esfuerzo y poupcimipntofi ittilifc&F#í §ft ÍP» fwtto- 
sas aiícíoues de G^vet (2) y de TrímU»¿ (3). Fowíd^blp al- 
euemigo, aun en medio de sus triuRÍQS, Ip i)(H)e teül>(9f Ppb^^ 
las uiár^venes del Tet (á), siu que sus fayoríjl^les B|iQ|)fiKW ea 
Oleta, Benitít y Peivestortes, ni el nílíPWP ííft m^ trppftPi ni el 
espíritu de furia y frenesí que le íipiroa m ^Btps tifdfppps ¿ps- 
dichudos, le diese aliento para awmeter ^ V, í). qu©, »i pri- 
nitír anuucio de la desgpaciai halúa opmdp i^asto* M(l^ prapMis 

líneas á reunir y salvar Ips di^persps y p|iiai|ffpoptHÍ4Q§ QíPi- 
batieutes, víctimas de aqimUps fuupstps ^íiMQSt V»np§fWf á 
todo esfuerzo humano, el 36 de ífpvipmUre, m la mpRtAila de 
Sanrerrcol,lia sidoV.JB.la salud y el honor de las armas espa- 
ñolas. ¡O dia venturoso, tú harás época en los fastos de nues- 
tra triunfante milicia! Acometido furiosamente el ejército ca- 
tólico al otro lado del Tech por ías tempestades, el hambre la 
fatiga, las vigilias ?/i>or cítawta cí«s« de carencia é intemperie 
podía juntarse (5): jrotos los puente^ y vepedas 4^ comunjpacion 
con España por la violencia de la lluvia y de los píoss el ene- 
migo reforzado y triunfante todo Qguifaba una esoana ló- 
gica quP ya U^oia dpsujftyq^r Ifi oppqtaupia rtPl spl^Mo W^pwes- 
to cinco dias cputinups á H inclpipenwn y la mi^w^i sin mas 
abrigo ni íipoyo que el fusil. En tan estrechas circunstancias, 
no le queda al valor otro recurso que abrirse camino por entre 
los fuegos de San Ferreol y reductos inmediatos para acogerse 
al puente y reductos de Oeret, único refugio. Pero el patriota 



Cl; £^ la noche del ^\a, 8 al 9 de octubre 4e 17po se de§plo|nó todi^la cia- 
dad <ie Oran al inipuUó de Tcintidos temblores consecutivofi, que gíguierou 
repitiendo por todo el mos. Qaedaron soterrados bi\|a fti^s Futuai ol gober- 
naípr día la pH?fi y «la» 4q :íO pm'óQUfl.3 4p \^ gH^rfliplop y yp^M4w«j J 
destruidos loa liQíjpiti^lpa, íí,buívpeReí$ y pii^ntft ppíjimmpisjirí^r ftjgmi «^xilio 
en aíjiielja lamentable catástrofe. Los ii^bumau os Moros quisieron aprQvo- 
cliarse de esta ocasión asaltando con ñiror y crecido número de tropas á la 
plaza el 15^ 31 y 20, bacleiido un esf aeren extraordiuapio oontca la ton^pdel 
Napi|viioi)to. Pevft vecibi4p8 ^pií ynn' el m\m ^mA9 4^ l| Uniprii fttftFPn !*«- 
cb^za4ps y aupesivnmpptf. 4ps|ilqmos4e impuestos, y tftp bjpp pasíigailp»» 
que en lugar de cantívr hiinqos á }a viptovia, hublQron de (^puipañarnp^ en 
él llanto y er dolor. 

(2) 20 dp Abril de 1793. 

(i) 3? de Sptiembre. 

^4; 19 de Setiembre. 

función con una pluma digna de Julio César. Mere» poJíl. ^|#. ]féi, p^* 
491. 



» 



—825- 
Pftrto lleno, de vastos ^esigiiios & poiiquistoi? uno y otro. La 
fortoi^a milita m m^ banderas. Aaglt# e^ :fm\iiQtQ y lo po^ee. 
Aliocft la artillería á Ift pendiente, larga j liniea «^nda por 
dónde puede iavadírsele, y »& baae inaccesible por natnraleza 
y par arte. ¡Qué momentos tan ^margoi»! Con ]^ felioid^ se 
pfidobla la arrogancia del militar, y en el Francos creíje al ex- 
tremo. Ya cree faltarle un solo pasp p^ra dominar al puente, 
extender el pavor é imponer la ley á la armada espaiiola, y re- 
novando sobro las quiebras de los Pirineos el memorable es- 
Iieotapulo de las boraiirs caudin£|s, inmortalizar la bistoria de 
su ñámente y desorganiz^a repiibiioa. Pero no advierte que 
pai^a eon los descendiente^ de aquellos guerreros del siglo 
XVJ, cuyas marchas bicieprn estvemeoerse tontas veces á la 
íVappia y á la Europa entera. 

y. E. vuulft al peligro. A la vp55 d^l bóroe sacuden la mole- 
ní^ los fatigados leones, y embisten con el monte, con el fue- 
go y el rtíduoto. Doenos y repelidos de él 4 nn mismo tiempo 
PQP ip grande del cansancio, bpscan en hI aire el aliento, y 
mas sensibles al desbonor que á la ñauarte, rppiten el atí^que 
y y0oonqui§tfi»n el reducto. ÍJnye el pneraigo 4 sus fuertes re- 
tfincberamientp», y nuestras tropos e^si desfallecen b^jp la 
misma victoria, oprimidas por el pielo, la típrra, el bambre y 
las refriega^} de cinco dias continuos, tCual de esos insignes 

capitanes, que celebra la fama, no hubiera aquí suspendido sus 

esfuerzos, iuísgapdo bp^bpr hecho lo suficiente para ascender á 

la cima del heroísmo? Las fuerzas del enemigo son superiores, 
y sus puestos tan ventajosos, que para desalojarlos se habia 
intentado empeñar lq> mayor parte del ejército en el dia ante- 
rior. Pero á este no se le puede asegurar el reposo, mientras 
aquel los posea. El soldado español confia en V. E. y le ama, 
y y. E. conoce su corawn y le sobra talento para conducirlo 
y auxiliar al valor con el arte. Marcha, pues, al enemigo, le 
amaga por una frente de su primer reducto para distraer su 
atención, mientras le acometo con vigor por la otra. Nada re- 
siste ya á la bayoneta de este puñado de héroes. Ds reducto 
pn reducto es sp^cado el patriota, b^sta ser arrqjado con ¡n- 
ci-pible intrepidPís y celeridad de Ip. misma ermita de San 

Ferreol. 

Jjsl victoria arrancada de las manos, perdidos los puestos 
mas importantes, reducido ^ recibir la ley el qne pensaba im- 
ponerla: ¡qué desesperación para aquellas huestes furiosas! No 
lUpdpn sp|)Qrtar el bochorno. Reúnen todos sus braísos, oon- 
ian en el canon, de que carpoeV. JE,, y vuelven encarnizados 
al combate} iW!o detenidos 4 meáio tiro de fusil, sin que die- 
sen paso que no fuese la mu«*te, sp les hace conocer pelean 

TOM. VI. LlTBKATÜBA — 44. 



—326— 
con los conquistadores de ambas Tndtas [1], y que los manda 
V. E. Proeza incomparable, que asegurando la tranquilidad y 
subsistencia del ejército, ha sido el preludio de las brillantes y 
multiplicadas acciones, que han ceñido de tantos laureles á 
los jetes y á las tropas en esta primera y gloriosa campaña. 
V. E. ba hecho en ella ñjar sobre sí la admiraeion de las nacio- 
nes extrañas, los elogios de la propia y la confianza del mo- 
narca [2]. 

Pues para que lo decore igualmente el verde ramo, insiguia 
de la victoria y del renombre eterno, con que anima la Fama 
los campeones, le presento este déla coca, el mas precioso de 
cuantos produce el fecundo Peni. Su prodigiosa feracidad, su 
inmarcesible lozanía, su larga duración y el haber sido en la 
edad de los antiguos soberanos de este imperio el símbolo del 
vencimiento y el mas noble premio del vencedor, ío hacen 
digno de subir á la excelsa frente de Y. B. Recíbalo, pues, con 
agrado. Recíbalo como una señal de la admiración y recono- 
cimiento de su patria. De esta patria venturosa, á quien los 
heroicos hechos de V. B. han elevado hasta la cumbre del ho- 
nor, y que aun espera dilatar su gloria, apoyada en ese fuerte 
brazo, en esa grande alma, nacida para combatir y vencer al 
feroz enemigo de la religión, de la humanidad y del monarca 
augusto, á quien coronan á competencia la justicia y la vic- 
toria. 

Dios nuestro Señor prospere los dias y lasemi)resas deV. E. 

Lima y Agosto 13 de 1794. 

Excmo. Señor, 
B. L. ]Vr. de Y. E. su mas apasionado servidor. 

J08Í2 lÍTPeLTTO UxAnTTE. 



[I] Componíanse nuestras tropas de Españoles y Portiignesos. **E«ta ac- 
ción, dice el general en jefe, es di» la mas l>riUanfes, y prueba que no hay 
soldado como el español, en que comprendo sí los portugueses, que lo son, 
cuando los conducen bien y tienen conñanza en sus jefes. 

[2] Ignoraba el Excmo. señor du(iae de San Carlos, padre de nuestro 
héroe, hi gracia que so le habla hecho de la gran cruz de Carlos Iir, y en- 
trando á cnni])liraentar á S. M., que cstr.lía de partida para el Real sitio de 
Aran juez, le dijo el monarca á presencia de toda la corte: ^Qiié vijties d Ite- 
sarnie la nutno por qu4í lie conferido la gracia de Ja tjran cruz a 1u hijo el con- 
de la Union f Sdbetequc el es en quien tengo puesta toda mi esperanza en <■' 
ejército, Expn>siones que cubren de gloria al héroe, á su familia y á su 
patria. ^ * 



•^327— 



Disertación 

ROBRE LA KATüílALKZA Y EFECTOS DEL TABACO, ADOBXADA 
CON UNA BEEVE IDEA DEL ORÍOEN Y PBOGBESOS DTih 

BEAL ESTANCO DE LIMA. 

1. El tabaco es una de aquellas nuevas y raras plantas que 
se descubrieron con la conquista de la América; pues aunque 
Juan Liebaul la suponía indígena en la Europa^ esta opinión 
fué sólidamente refutada por Magneus (1). Los indios de la 
América seteutrional la nombran j>6íww, y los nuestros sayrL 
La copia que encontraron de él los españoles en la provincia 
de Tabasco en su entrada á la líueva España hacia el año do 
1520, le originó aquel nombre, y no la isla de Tábago, una de 
las Antillas,como pretenden algunos. Generalmente se leí lama 
nicociana por Juan Nicot, que lo introdujo en \p, Francia el 
año de 1632: gloria que le disputó Mr. Tlievet. La Inglaterra 
os deudora de él al almirante Drak, y la Italia al cardenal do 
Santa Cruz. 

2. No causó mayores disturbios entre los dioses la manzana 
de la discordia, qne los que produjo entre los sabios la inven- 
ción del tabaco. Formidables partidos se formaron en pro y 
en contra de sus virtudes, sirviendo de tropas auxiliares los 
ig'norant^s, y hasta las mugeres, acostumbradas á dar su voto 
en los importantes asuntos de la religión que no entendían, y 
que devoraban entonces aquellos países. 

3. Los unos consideraban el tabaco como el remedio uni- 
versal, y la yerba mas privilegiada de cuantas abriga la natu- 
raleza en su fecundo seno. Apoyábase este dictamen en la 
A'eneracion que gozaba enti^ los Americanos. Según la cos- 
tumbre de estos pueblos, el humo del tabaco era el sagrado 
incienso que ardia de cpntinuo sobre las aras. Los presagios 
y respuestas de lo futuro solo podian oii-se de la boca de aque- 
llos sacerdotes, que medio ebrios por la violencia de sus háli- 
tos liabian. caído trastornado el juicio, á los pies de los altares 
para recibir la inspiración celeste. Un nubarrón de los vapo- 
res dol petun encendido abríalas grandes asambleas, anima- 

(1) Geofroy, Mat. iiwíI., verb. Nicocia^m. Covarrulnas, apoyado en un 
.t<*xto de Pliuio, en también do sentir que ronocn';():» la planta del tabaco 
los antignoK Kiiix>poos, y quíi la descubrió <'l (K*ni'>ji¡o para dárwla á «na 
ftiireidotefl. r>i<\ espanoh toni. H** vnl». Taburó 



—328— 
ba y dirigia las deliberaciones de la paz 6 de la gaerra. Unían- 
se á estas tradiciones la experiencia de innchos médicos, y las 
análisis de otros tantos químicos qne daban nuevo vigor 9Í 
panegírico. El tabaco fortifica los sentidos, disipa las i>a8Íones 
del alma, alimentaba al hombre en medio de las mayores fa- 
tiga^ sin necestdiid de otro recurso, y remediaba todas sos 
dolencias (1). El era el vínculo de la sociedad, y la cosa mas 
grata del mundo. ¡8e creerá que nuestros antepasados pudie- 
ron vivir sin tabaco! 

4. Por la parte opuesta lidiaban no solo las plumas, sino 
también las espadas, y aun los formidables rayos del Vatica- 
no. Los papas Urbano VIII y Clemente II condenaron el uso 
del tabaco entre los templos profanados con este indecente 
vicio (2). Miguel Federowitz, gran duque de Moscovia, Anaa- 
rates iV, emperador de los Turcos, Seac Sophi de los Persas 
lo prohibieron bajo de la pena de muerte ó ampubicion de 
narices, por perjudicial á la salud de sus vasallos: sistema qoe 
sostuvo Jacobo I, rey de la Gran Bretaña, en un excelente 
Tratado dirigido á este objeto. La causa de los reyes fué pa- 
trocinada por Simón Pauli á instancias de Cristiano IV de 
Dinamarca: escritor á quien siguieron otros muchos; i>ero nin- 
guno ponderó mas que Barclayo (3) los malos efectos del pe- 
tun. Hubiera este cedido sin duda atan formidables golpes, 
si en sus rivales hubiesen correspondido los dictámenes del 

(1) Mouardes reflere qne los indios de algunas provincias de la Nuera 
Espuña hacen unas pelotillas de tabaco, las que puestas entre el labio infe- 
rior y los dientes, les sirven de viático para caminar tres ó cuatro días, sin 
molestias de hambre ni sed, Hernández pretende que el uso del tabaco en 
polvo hace al hombre menos sensible á los golpes y adversidades.y aumenta 
su valor. Wilis quería por esto que se introdujese el uso del tabaco en las 
tropas: y algunos han pretendido, según se reflere el P. Labat, tom. 6, cap. 
}^, haberse experimentado infinitas veces en casi todos loa climas de la tier- 
ra, que media onza de tabaco en rama concedida í^da 24 horas al soldado 
para que lo fumase ó mascase, lo mantenía sin beber ni comer, y roboato 
en los mas duros trabajos de la guerra, no solo días, sino semanas enteras. 
Cr$dat JudcBUM, Ap^üa, non ego, £1 uso del tabaco minora el apetito; ya 
porgue BU virtud narcótica adormece los iiervios del estómago, ya porque 
haciendo arrojar mucha saliva, priva al cuerpo de unn d« las causas efíoa- 
ce.s del hambre, v por la misma razón en siendo excesivo su uso, lo deseca 
y consume. Boernaave, Prasle^t., tom. 1, pág. 189; tom. 5, pág. 105. 

(2) En el tercer concilio de Lima, presidido por Santo Toribio, se prohi- 
ba el uso del tabaco á los sacerdotes antes del eacrifício de la misa iK>r estas 
palabras: Prohibetur aub reatu mortU aterno! Preshytem célebraturis^ ne ta- 
oadfumwm ore, aut sayri, ^^^^ tabddpulverem naribus, etiavk prmtextu medi- 
ciruc ante Jlíl^ec saeriñcium suinant Co mismo debe entenderse respecto de 
los laicos antes de la sagrada Comunión. Véase al D. D. Antonio Pinela 
en su incomparable Tratado del chocolate. 

(d) Véase al Sr. Bolórzano, Folitioa indianaf pág. 61, que trae vertidos 
en Terso castellano los latinos que escribió en su Batiricon Barelayo con- 
tra el tabaco. 



—329— 
^usto á los de la razón. En el año de ltí99^ se sosturo en la 
universidad de París, que d freoiéeiite ti^o del tabaco (^éifM¡^ 
la rktoy y nüeiitras el presidente esforzaba la lenffaa en fan-' 
dar las pruebas, no apartaba el polvo de la nariz iSn largáis \á 
cajeta eioí toda la actnaeion. ISo estando acordes stis sentidos, 
probaba et uno lo que el otro combatía [1]: así esta gtadosd 
eseena, destinada á proscribir el uso del tabaco, acabó, de aflan-^ 
¿arlo. 

5. Comparados ebtre sS los dos opuestos sistetuas que hemos 
referido, parece que por una y otra parte se ba ido al e^tfc^ 
mo. El usordel tabaco es útil, y debe permitirse; pero ba de 
ser á costa de proporcionársele al público el de mejor calidad^ 
porque si el bueno le trae algunas utilidades, e) malo lo e^ 
pone á perniciosísimos daños. 

6. Kada puede instruir al hombre de la índole de las plan- 
tas como sus propios sentidos [2], Para esto los ha coloeadc^ 
en él la benéfica naturaleza. Ellos son la Inz que en su oscuro 
reino guian á la razón al conocimiento de Iob entes análogos 
y conservadores de sn cuerpo, igualmente que al de los^ des^ 
trnctores y adversos. Oon los ojos registramos la varia orga- 
nización de las plantas, y rastreamos sus virtndes comparán- 
dolas con otras conocidas. Los ojos nos manifiestan en )d aná^ 
lisis de aquellas, cuáles son sus elementos, y lo» precisos re- 
sultitdos de sus combinaciones. La lengua y el olfato, explo^ 
raudo las sensibles cnalidades de olor y salior, nos llevan haí^ 
ta lo íntimo de los cuerpos: el tacto delicado en sn origen, y 
muy sensible en toda la superficie interior de los órganos por* 
la conmoción que experimenta al contacto de los entes, coé?- 
iirma su l>ondad ó malicia. 

7. De aquí resultan cuatro principios, qite aplicados di exa- 
men del tabaco y sus especies, harán conocer con evidencia 
su naturaleza y propiedades: 1? examen botánico; 2? análisiié^ 
química; 39 aensaciouesi de gusto y olfato; 49 efectos prodnei- • 
dos por sn uso en el sensoriív conaann, y superficie intertía de 
las visceras. Caminemos con esta lu:^ en IdíS tinieblai^ de lá 
noeJie. 

8w Examinada el tabaea botánicamente^ aparece ser ü» gé- 
nero de la Sí- dase, orden 19 en el si'^teina sexual del kieoiiíipH- 
rable^ Lineo, y de la 33 en los fragmentos del sistema natural 



(1] HubkTíi sido eaÉa reporesentacioii la mae^chiBtosftdel mando Bt selrrr' 
bi^SQ aiMfeQido en eUa el P. Presentiido ¥^r. Tomiis Kamou, oubiej^o ée^oi- 
vo de tabaco, y pronunciando aquel discurso que compuso oontrar el xwx dé 
este, sirviénucáe de tema las paibibraa de la Iglesia en el Miércoles d6CéF> 
DÍsa: Memento homo, quiapulvis est, et inpulverem revertería, 

\SSÍ 8mmuíexteirm.^ímki minmwitta. watw/Maf entizné wwkii^mfl^ 



—330— 
del mismo autor (1). J^as piautas de esta clase son sospedio- 
sas por su virtud uarcótieay dementante, corrosiva y veneno- 
sa como la mandragora, cáustico, etc., [2] consiguientemente 
será los mismo el tabaco (3). Pero esta idea así generalissada 
no debe comprender igualmente á todos los tabacos. Cada espe- 
cie tiene su peculiar mecanismo para elaborar y modificar los 
jugos que la nutren: y aun en una misma especie, el clima, la 
región y el terreno inducen alteraciones bien manifiestas (4). 
Be aquí es que la índole genérica varía, i-ebajando ó aumen- 
tando su malicia. Los botánicos reducen á una sola es|>ecie el 
tabaco nsnal, 6 nicotiana-Uibacum^ estableciendo cuatro varie- 
dades. 1? Nicociana con hojas cntrelanceoladas y aovadas, 
sentadas y escurridas, y flores agudas. 2? Nicociana con ho- 
jas lanceoladas, o? Nicociana mayor con hoja ancha. 4? Hios- 
quiamo del Perú. Nombraremos especie á cada variedad para 
ser entendidos. A cada ima de estas especies [como se ha di- 
cho] le conviene el carácter maligno del género. Aquella se 
aproximará mas al grado supremo, en cuyos elementos oons- 
titutivos preponderen los venenosos, y al contrario. Cuáles sean 
estos elementos, y cómo se combinan, es del resorte de la quí- 
mica el explicarlo. 

9 Sometido el tabaco á la acción del fuego, produce un 
principio móvil y fugaz, con una sustancia resinosa-gomosa^ 
que lo demuestran cálido contra la opinión de algunos. La 
parte- resinosa, principal matriz de la vaporosa, es mny amar- 
ga, acre y caliente, compuesta de una sal acérrima volátil-fija. 
El principio fugaz consta de partículas flogísticas, penetran- 
tísimas, movibles y expansivas. En la gomosa^se abrigan las 
partes oleosas y mucilagiuosas blandas. Estos tres elementos 
unidos á un i>oco de tierra forman esa planta que nos admira. 
8u potestad narcótica se deposita en el principio fugaz: la pi- 
cante y corrosiva en la resinosa: el veneno resulta dé la com- 
bi luición de ambas: en fin, la grata y suave es originada de la 
gomosa que atemjKdra las primeras. Luego la bondad ó mali- 
cia del tabaco dependerá de la proporcion;y][cantidad con que 
se hallasen mezclados los referidos elementos. Es de la última 
importancia conocer en la planta entera cuál es el que excede 
j)m*a arreglar su uso. Esto se averigua ^porJ^las¡dos^últimasre- 

(l) Liiiu., (Jt'uera, luiín. 179. Philosoph. botan., pílg.31, núui. 33, Lurida. 

(2; Penianilria monoginia hacctjh'a monopetala canmuniiér veninata esí. 
Fundamenta hotanka, mí ni. 341. Luridw snnt plantic ««p^<?f<f. Pliiloaou., 
pág. 279, Ni'im. 341. 

(3) Planta qH<ü genere convemnnt, ct'utni virtuic vonveniunt, cte. Loe. cit., 
núiu. 337. 

e 

(4) L0CUU8 $¿ccu$ ettpidiorCf succulcntus in9Ípid<tB magis, amiosus s<eph$ 
cQWaiviiá r^it. Wc. cit, uúi»,, 357. FunÚüm. bót., uúm. 35/. 



j 



—331— 
glas, qne son el criterio de Uis tres cualidades, olor, sabor y 
contacto: las que siguiendo en todos los mixtos la naturaleza 
de sus principios, declaran el predominante. 

10 Siempre que se fuma el cigarro, sufre el tabaco dos aná- 
lisis: una de parte del fuego, que á impulso del aire eleva sus 
partes vaporosas y tenues, Tas aplica sobre los 'nervios de la 
nariz y pequeños vasos inhalantes, por donde se introducen 
hasta el celebro: otra de parte de la saliva, que siendo un mens- 
truo poderoso, separa los corpúsculos fijos y i>esados, j' los 
distribuye por todo el órgano del gusto, y mas allá. Esta du- 
pla descombinacion hace resaltar con eficacia los elementos, y 
brillar sus calidades. kSi estas son un sabor suave, un olor blan- 
damente aromático: si el sensorio con sus imi)resiones no se 
perturba, antes manifiesta que se vigoriza; ¿no anunciarán un 
buen tíibaco, en que el exceso del muciUigo embota y endulza' 
las partes corrosivas de la resina, y atempera la fuerza del i)rin- 
cipio fugaz! Si i)or el contrario un acre austero, picante y - 
nauseoso devora la boca, el fetor incomoda el olfato, se ator- 
menta y atolondra el sensorio; ¿no indican un mal tabaco en 
que el principio flogístico y el resinoso, superiores al gomoso, 
triunfan y hacen ineficaz su virtud correctiva? ¡Qué efectos 
tan peniiciosos causará el veneno que resulta de la unión de 
aquellos dos victoriosos elementos! Calculémoslos é igualmen- 
te los que dimanan de la benéfica goma siempre que es capaz 
de refrenarlo. 

11. Guando el principio nuicilaginoso ba endulzado las sa- 
les acres, y templado la actividad del agente volátil, conduci- 
das las partículas leves del tabaco á la membrana que forma 
el olfato, la herirán suavemente; una grata conmoción se pro- 
X^agará por el celebro. Insinuado el principio espirituoso i>or 
los vasos inhalant4)s, adelantará con blandura el movimiento 
comenzado:' la sangre se apresurará un poco, y excitiuá la ale- 
gría; moderadamente enrai-ecida, aumentará el tono de los 
vasos, y reanimará las fuerzas. Los^ menores canales del sen- 
sorio común, oprimido» algún tanto por la corta dilatación de 
los mayores, negarán el paso á los esiiíritus turbulentos, que 
corriendo con tranquilidad introducirán cierto reposo, un apa- 
cible sosiego, capaz de extinguir las tristes ideas que inquie- 
tan al hombre desgraciado. Entre tanto las partes mas graves 
sacudirán las glándulas salivales y toda- la njembrana mucosa 
que entapiza la supei-ficie interior de las entrañas, promove- 
rán con economía la secreción de la linfa, la atenuarán; y de- 
l>urando la sangre de este lento humor, precaverán los males 
que nacen de su abundancia: tales son los catarros, i'cumas, 
dplores de dientes^ etc. T como e^to^ ef^Qt^? $0U luas propi- 



cios á los ííOFclüs y fitíinátít^os, dii*emos ser su aroph (1) la ni- 
coéiatia. IJiie & estos beneficios ol de ^er iiti excelente pfeéeK 
Viitivo eii las ijestes y demás enfeímadades epidémicas; ó Qui- 
que sus virtudes coridgeu el aire infecto, ó porque al fumarle 
forma al rededor del cuerpo una atmósfera particular que im- 
pide el contacto de los corpúsoulos pestiíeneiales* Por la mis- 
ma razón precave también de los pasmos y demás inñúencias 
del ambiento destemplado 9(obre ol cuerpo humano. Los náu- 
ticos lo reputan por un buen remedio contra las injurias de ía 
Inimedad y escorbuto. Motivos todos que ha^jen muy reeoiaeii- 
dable el uso del tabaco, en quien sobresalen los elementos re- 
feridos. 

12. Por el contrario, cuando aquellos nuestros dos enemi- 
gos^ la resina y el vapor, están predominantes; ¡qué resultas 
tan funestas! I>e las partes volátiles^ imas suben C/On.fuerj^ 
irritan el olfato y convelen el sensorio: otras, penetrando por 
los vasos inhalantes, aumentan la tragedia. Él sólido irritado 
se pone en violentas conmociones: enrarecida y agitada la san- 
gre, desfila con rapidez por todos los vasos del celebro: dilata 
con exceso sus diámetros; y el hombre se atolondra, oprime y 
cierra los menores, que negando el tránsito á los espíritus ori- 
ginan un vértigo. Entonces le parece, que los objetos exterio- 
res voltejean; que la luz se eclipsa; que la llama vital so extin- 
gue; y cae trastornado sobre la tierra á manera de aquellos 
antiguos indios que hemos referido. ¿No diremos que es un va- 
por mefítico, que es una aura pestilente la que invadió á este 
miserable? 

13. ÍSiitretanto los elementos mas graves de quienes está 
impregnada lá saliva, impelidos á los dientes corroen su eí^ 
malte y los quiebran, escorian y rajan la boca á proporción de 
su delicadeza. Si acometen la laringe sacuden hststa los me- 
nores vaso? del pulmón, que*vestiilos de una sensibilísima 
membrana, se origina una tos temible en sus resultas. Si «sla 
faringe la que sufre las puntas de estos pequeños dardos, se 
encrespa y figura una sufocación: tiembla el labio inferior, 
corre con abundancia la saliva, el estómago se fatiga; y todo 
denota nfta iítgrata náusea causada por la propagacioít de 
aquel impulso en el esófago y nervios que con él comtíiiiéíin. ^ 
Si el humo y lá saliva conducen loá enunciados corpúsculos h\ 
estómago, estará el efecto eñ razoñ directa de la cantidad. Sí 



^}> Arop, aroáid íttósófíeo; ú«í íkiúBtti) los qitimicos l(M remedios. motfbé- 
néficóA ni hombre: áe este uúAiero aln clisptita es el tabaco^ pues ndeiuas do 
los Bahidablc» efecton <^ao hemos meDciouado arríba^ aplicado exterionuen- 
fo CH ún famoso antídoto contra las mordeduVaá de los auimaUs venenosos, 
tien^mw-girtiii Vfcrtnnl fuiíráenfe é f ótrtidudád ¿tt ¿litítor JÁí áytWfeí, 4a- 



—333— 

m 

esta es mediocre, irá insensiblemente promoviendo la secre- 
ción del humor gástrico destinado á digerir el alimento, y ex- 
citar sn apetito, el que continuamente arrojado cesai^ aquel 
estímulo. De aquí el hombre falsamente engañado creerá 
mantenerle el uso del cigarro, y lo duplicará mientras este vá 
miuando.su vida. Si la cantidad es grande, aparecerán vómi- 
tos, evacuaciones y convulsiones funestas, capaces de aniqui- 
lar la vida en un momento. El último y el supremo daño que 
pueden hacer estos átomos, es cuando han llegado ya á mez- 
clarse con la sangre. Encendida y enrarecida ya esta por el 
principio móvil y elástico, irritados igualmente los canales por 
donde circula, ¿qué podrá esperarse de unas sales cáusticas, 
que arrebatadas por aquel torrente son llevadas hasta los me- 
nores estambres del celebro y el pulmón? Las roturas, las he- 
morragias, las consunciones, etc., serán iiuas consecuencias, 
infalibles que anticipen la muerte. 

14. ¿Con qué furor se harán sentir éstas en los que tienen 
un temperamento cálido, sanguíneo ó bilioso? Su sangre, car- 
gada de partículas flogísticas, carece de un mucilago capaz de 
embotar lás puntas de las sales cáusticas, y el sólido débil, ó 
desnudo, é irritable, no tiene defensa y vigor suficiente para 
evadir sus vibraciones. Hará én estos el mal tabaco lo que un 
tizón de fuego en una choza seca. No se diga que exageramos: 
la historia de la medicina está llena de tristes ejemplares que 
confirman nuestros raciocinios. ¡Felices mil veces, felices los 
sabios que se abstienen de su uso! (1) 

15. Por las reflexiones que acabamos de hacer, se conoce que 
el uso del tabaco, en cuanto á sus efectos en el cuerpo huma- 
no, no se debe condenar ni aplaudir en un sentido absoluto. 
Es preciso distinguir sus diversas calidadecj (2). El que tuvie- 
se las enunciadas en los § 12, 13 y 14, debe desde luego pros- 
cribirse en la sociedad como un fatal veneno que la arruina. 
Al contrario, no hay motivo para que se impida el que goza 
de las exi)uestas en el § 11, 

16. Oon el designio de proporcionar el segundo á sus vasa- 
llos é impedirles el uso del primevo, establecieron nuestros 



(1) Domare, Dk'tion. d^hist, natur», verb. Niootiana. 

[2] Cuanto B€i ha dicho del tabaco eii rama, se debe entender propoTcio- 
nalmente del que se usa eu polvo. En siendo suave y de buena calioad, sa- ' 
cude bhindamente los nervios de la membrana que entapiza la snpetíScie 
interior de las narices, la limpia de sus mocosidades, y descnrga el celebro. 
Un polvo acre irrita este mismo órgano, excita una convulsión que lastima 
el sensorio, hace perder la seuiiacion del olfato, y arrebatadas sos partíea- 
las volátiles por el aire, en la inspiración las introduce hasta los menorea 
conductos del pulmoU; y origina muchos males. 

TüM, VI. LlTBItATÜBA-^45, 



—334— 
amables monaroafi el estanco de tabacos. De suerte qne, auQ- 
qné es un derecho inherente á la soberanía imponer tributos 
sobre la« cosas de puro lujo para proveer á los gastos de la 
Oorona, el fln supremo que originó' la Beal Administración de 
tabacos fué la salud del pueblo. El tiempo y la atención hicie- 
ron conocer que los daños que se experimentaban con el uso 
del enunciado vegeta), dimanaban del ningún cuidado que se 
tenia en su cultura y beneficio, siendo el tabaco una de las 
plantas que necesitan mas esmero. Devorando con exceso los 
jugos de la tierra, adquiere una índole venenosa y mortal cuan- 
do se le siembra en lugares pantanosos (1). El terreno montuo- 
so, los vientos fuertes, los hielos, los ardores del sol, la mucha 
Uutia, los insectos, por parte de la naturaleza: la ignorancia y 
la desidia en limpiar las heredades, en el debido orden del 
sembrío, en expurgar la planta, en cortar con tiempos los re- 
toños, flores y frutos que defraudan el vigor de la hoja: en co- 
secharla en su perfecta sazón, en impedir el que se pudra, ó fiíe 
deseque, en mezclar el silvestre ó corrompido con el bueno al 
tiempo de bolear los mazos, (2), por parte del agricultor; eran 
unas causas que reunidas ó separadas pervertiau enteramente 
la buena calidad de los tabacos. ¿Y quién podía haber repri- 
mido esta serie de. accidentes que, Mriqueciendo á uno ú otro 
cosechero, exponían la salud de toda la monarquía? Solo el 
monarca. Estableciendo leyes para la buena cultura y benefi- 
cio del tabaco (3), colocando jueces que velamen sobre su cum- 
plimiento, distribuyendo reconocedores peritos en todas las 
factorías para el tiempo de la compra, pagando de contado, y 
aun haciendo suplementos al agricultor á fin de proporctonar- 



[1] No ha mucho tiempo que se hizo en la Vi*ovÍDcia de Chachapoyas on 
nuevo plantío de tabaco para la fábríca de cigarros puros, con el ünde que 
imitasen la excelencia de los habaneros. Kste proyecto sumament-Q venta- 
joto á la Benta Real y al Perú, parece que se ha malogrado. Las experíen- 
oiaa de un expecto químico han demostrado que lejos de que el nuevo ta- 
baco emule las cualidades del habanero, es sumamente ínftino y acre. Es 
•reible no se tuviese cuidado en la elección de la semilla, el terreno, eto. 
Una tentativa de esta naturaleza requiere se haga por partes: con semilla 
escogida, en diferentes (sitios, y que se cultive con esmero. Las montañas 
que ofrecen tan diversos climas y territoiios, no dejarían de presentar al- 
gunas capaces, tan buenos como los célebres de Verína. 

(2) Bolear los mazos, es en el idioma de los que cultivan el tabaoo^for- 
mar los rollos en las ramadas que en sus heredades tienen destinadas á es- 
te fin. 

(3) En.las varias ordenanzas hechas para la dirección de los Reales Es- 
tancos, se leen reglas muy sabias para la instrucción de los agricultores del . 
tabaco. Si se les añadiesen algunas mas de las que trae el P. Labat, y se P 
examinasen y adaptasen por personas inteligentes: reducidas á un pequeño 
Yolúmen, podrían formar un código sumamente útil á los que se emplean 
en la enunciada labor, y por consiguiente al público, que es quien suire los 
efectos de su ignorancia. 



—336— 
le todos los medios necesarios para el laborío se conseguía 
precisamente proveer al público de buen tabaco, é impedirle 
el uso del nocivo. Tal ha sido el objeto y el fin supremo de la 
fundación de los estancos, y tal debe ser el que los perpetué. 

17. El dé Lima empezó á proyectarse bajo el gobierno del 
Excmo. señor conde de Castellar, que por los años de 1674 re- 
gía al Perú. En tiempo de éste, según testifica el P. Diego 
Aveudaño [1], propuso un particular se le concediese.el dere- 
cho exclusivo de expender los .tabacos en toda la América me- 
ridional, dando en recompensa á S: M. diez mil pesos anuales. 
Pero esta proposición fué mirada con desprecio, ya por las 
consecuencias fatales que debia inducir un monopolio de esta 
naturaleza, ya por las condiciones gravosas y perjudiciales á 
la eausa pública que inclüia la propuesta, y que hizo manifies- 
tas al referido señor virey el tribunal del Consulado 

18. En 18 de febrero del uño de 1684, la Sala de Millones 
consultó á S. M. sobre la plantificación del estanco: consulta 
que fué aprobada con una instrucción firmada de su Beal ma* 
no, y compuesta de 23 capítulos. En uno de ellos se ordena-., 
ba que los tabacos en polvo se condujesen de Sevilla á esta 
América con despacho del Administrador general, y que los 
que se encontrasen sin las licencias y guias necesarias, caye- 
sen en comiso. Esta providencia no tuvo efecto, acaso porque 
el tabaco de ISevilla no es acomodado al gusto de estos lu- 
gares. 

19. Cuando se hizo el estanco en las islas de Canarias, se 
pensó por D. Jacobo Flon extenderle en toda la América; mas 
no hallando luces suficient^es para su dirección, quedaron frus- 
trados sus intentos. En tiempo del ministerio del cardenal 
Alberoni, se encargó á D. Manuel de León, vecino de la Ha- 
bana, diese principio por aquellp. isla á semejante estableoif 
miento; pero las reglas que por entonces se le ministraron^ 
fueron inveriflcábles en la práctica. Bajo el ministerio de D. 
José Patino volvieron á renovarse los deseos de plantifioar él 
estanco; pero corrieron la misma suerte por falta de una per- 
sona ilustrada, que fuese capaz de ejecutarlo sin agravio áA 
rey ni del vasallo. 

20. Últimamente í). Tomás Chabaque, contador ordena* 
dor del tribunal mayor y audiencia de cuentas de este reino, 
renovó el proyecto de estancar los tabacos de polvo y rama. 
El plan que con fecha de 4 de agosto de 1746 puso en las ma- 
nos del Excmo. señor Virey conde de Superunda, era confor- 
me á los intereses del público, y además presentaba_im^ ro^ : 
curso para cubrir las pensiones ordinarias de la BmI 



[1] Tt9<yro indicOf tom. 5, part. 10, pág. 345. 



—336^ 
tía. Calculadas estas desde 28 de junio de 1725, hasta 31 de 
diciembre de 1737, 6e demostraba faltar 299,741 pesos 6 rea- 
les para que correspondiesen las entradas á los gastos. Don 
Tomás Ohabaque, haciendo ver la utilidad ^el vasallo, dedu- 
cía á favor de S. M. 1.088,666 pesos 6 reales: cantidad verda- 
deramente excesiva, desmentida por la experiencia, y que de- 
bió haber sido computada sobre datos equívocos. 

21. Sin embargo, el Bxcnío. señor Yirey que acabamos de 
.mencionar dirigió a 8. M. el i3Ítado proyecto: el que fué apro- 
bado, según consta de una carta del señor marques de la En- 
senada, secretario del despacho universal de indias, con fecha 
de 27 de Octubre de 1747. Oon la misma se acompañó otra, in« 
dnyendo las instrucciones y reglas que se observan en los rei- 
nos de España, ministradas por los directoi*es D. Martin de 
Leynar y D. Félix Dabalillo, para que se adaptasen al Perú 
las que pareciesen ser convenientes. Y aunque x>or carta de 20 
de Julio de 1752, se previno que el real estanco se redujese 
únicamente al recinto de la capital, entre tanto que la expe- 
riencia y los efectos demostrasen el método según él cual de- 
bia propagarse en las demás ciudades del reino; ya el expre- 
sado señor Virey, por bando general publicado el 20 de Abril 
del propio año, habia prohibido el libre comercio del tabaco, 
ordenando se comprase de cuenta de S. M. todo el que se ha- 
llaba existente en poder de los que traficaban en este ramo. 

22. En virtud del referido bando se principió el estanco en 
8 de Marzo de 1753. En el propio año y en los siguientes de 
64 y 55, se extendió hasta el reino de Chile, y á las varias pro- 
vincias que forman hoy el vireinato de Buenos Aires. La Ad- 
ministración de Lima y sus dependencias rendian anualmen- 
te 170,000 pesos libres á la Eeal Hacienda. Producto menor 
:cerca de una sesta parte, del que habia computíido D. Tomas 
*^hajt)aque. A la verdad, los proyectistas y los astrólogos, de- 
ben reputarse gemelos, ü^ada mas aparente que sus teorías y 
combinaciones, nada mas equívoco que los resultados. 

. > 2^. Pero al abrigo de este regular beneficio que recibía la 
^al Hacienda, el público disfrutaba grandes ventajas. De 
jfffntSí/áo .era selecto todo el tabaco que usaba; porque en la 
'^j;Qena y sus almacenes se separaban los rollos de buena cali- 
4 {>a|*a la venta pública, rezagándose los averiados para ea- 
j^g^los al fuego en ciertos tiempos. Señal nada equívoca de 
' Ms^^9^ picosos piincipes españoles preferían á sus intereses 
*•' ^ sf^d, 4q los perad>nos. Este género de elección de tabaoos 
^ trtÉnn«tli^ ^^*— ^^^^^^ y celo de los empleados en las faoto- 
- gffcBfooBeoheros* ^^^"* ^^^P^^^'^l^s'siempre que en la ?f;epara- 
^4e mazos Se"d¿¿cuü.1®s^ ^««^ fr»^® ó descuido. Así to- 



—337— 
'dos oon^^arrian á abastecer al público con la especie de mejor 

24. Un sejBfundo beneficio recibia este de qne el dispendio de 
tabacos girase se^un el sistema referido. Todos saben qne el . 
P^rú es uno de los países del mundo en qne hay menos recursos \ 
para que subsista la gente pobre. Viniendo hecho de la Euro- 
pa desde el zapato á la gorra, queda muy corto espacio á los 
Peruleros en el ejercicio de las artes mecánicas. El tabaco ali- 
mentaba entonces á un número crecido de familias no solo en 
Lima, sino en todo el reino. El indigente padre de familia 
ocurría á la tercena, y á costa de un corto precio conseguía nn 
buen mazo. Lo reduela á cigarros ayudados de sus hijos, y en 
su venta y corta ganancia encontraba el medio seguro de sub- 
«sistir. ¡Guantas veces esos infelices cargados de canas rocia- 
rían con sus lágrimas los atrios de los estancos, considerándo- 
los como un piadoso refugio á su miseria! 

25. Disfrutaron estos de las ventajas referidas hasta el año \ 
de 1780. En esta época que no nos atrevemos á caracterizar, 
66 invirtió el sistema seguido hasta entonces en la Real renta 
de tabacos. Los cálculos sellados tantas veces con los nombres 
de intereses del fisco y utilidad del subdito, y las mas, con- 
trarias á uno y otro, ejercitaron su infinjo. Se adoptó el mé- 
todo establecido en el reino de Méjico [Ij. Se arrancó de las 
manos del pobre la fábrica de cigarros, y se rest^rvó á la ad- 
ministración: mezclándose al mismo tiempo en la venta de los 
mazos que el vasallo podia comprar para solo su uso mil equi- 
vocaciones indecorosas. Un millón y mas de pesos que debia 
utilizarse, era el fiador de este proceder que la experiencia 
acreditó falible y contrario á las intenciones de nuestro pia- 
doso monarca. 

26. En efecto, el nuevo sistema era opuesto enteramente á 
la suprema ley de mirar por la salud del pueblo, y por consi- 
guiente á los intereses del fisco. En el hecho de reservarse á 
la Beal renta la fábrica de cigarros, quedaba sin recurso para 
«ubsistir el gran número de familias que se alimentaba labrán- 
dolos. Era igualmente una pi*ecisa consecuencia del mencio- , 
nado hecho, que la mayor parte del público fumsise un tabaco 
pernicioso, obligado á recibir indispensablemente los cigarros 
que se le vendían. Este género de conducta debia descuidar 
•1 celo de los factores, de los transportadores, y de todos los 
MQpleados desde el agricultor al cigarrero. Sabían, que fuese 

[IJ Desde el año de 1777, en que principió la visita general del rcnno, se \ 
proyectó la enimciada alteración en el estanco, perq por falta de inteligen- 
tes no se Terificó hasta' el año de 80, en que llegaron los que se pidieron á 
liéjieo. 



—338— 
de la calidad que se faese el tabaco, pasaría cubierto del pa- 
pel á las manos del ))úblico, que no tenia otro recurso: y sino, 
dígase ¿qué tabacos se han quemado por perjudiciales á la sa- 
lud de este? Se le bacía pues un agravio y daño manifiesto. 
Así él clamó, y ha levantado sus justos clamores al cielo: y los 
menos leales encontraron vereda al contrabando, con perjui- 
cio de los derechos de la soberanía. 

27. Pero ya ha llegado la época feliz en que las expresiones 
de beneficio y utilidad pública dejan de ser en el Perú unas 
figuras inventadas por los poderosos para adelantar su fortu- 
na, hacer gemir á los pueblos, y deslumhrar al monarca. El 
excelso jefe que los preside á su nombre, les dá aquel enérgi- 
co y propicio sentido que dictan la humanidad y la razón, y 
recomienda de continuo el corazón piadoso de nuestro ama- 
ble soberano. El superior decreto ^ue acaba de expedir sobre 
la reforma del precio y expendio dé tabacos y extinción de la 
llábrioa de cigarros, es un testimonio fidedigno de esta verdad: 
es un monumento de la sagacidad y clemencia de un virey 
esclarecido. Nosotros vamos á transmitirlo al público y á la 
posteridad. Quisiéramos en este acto solemne empeñar nues- 
tra pluma inflamada con los movimientos que inspiran la ad- 
miración y la gratitud; pero los grandes principes desdeñan 
los encomios que se les forman mientras viven. Temen las 
frases y coloridos de la elocuencia, como á otras tantas som- 
bras destinadas únicamente á encubrir los crímenes, fomentar 
los vicios y la tiranía; y solo aspiran á que sus gloriosos he* 
chos y no las palabras, constituyan su mérito. De esta suerte 
se hacen acree<lores al sincero aprecio de los buenos vasalk>s y 
de la posteridad, juez imparcial y libre de las acciones de los 
poderosos y señores de la tierra. Decia uno de estos, que de- 
seaba infinitamente mas que sus pueblos vertiesen una lágri- 
ma sobre su sepulcro, que el ser aplaudido en sus dias aun por 
los divinos oradores de Atonas y Soma. Dejemos, pues, que 
esa porción inocente y desgraciada que vé hoy volver á sus 
manos los únicos recursos con (|ue solia evitar la miseria, ins- 
pire á sus hijos los sentimientos que la poseen al mirarse favo-' 
recida. Con traigámonos ala publicación del enunciado de- 
creto. Grabado á su frente el benéfico nojnbre del Bxcmo. se- 
ñor p. Frey Francisco Gil Lemos y Tabeada, pasará hasta 
los siglos mas remotos; y encontrará en cuantos leyesen el 
"Mercurio Peruano" admiradores y panegiristas. . 



—339— 



iUPBRIOB DBOBETO. 



Lima y Diciembre 26 de 1791. 

Siendo voluntad expresa de S. M. que sus rentas estanca- 
das se administren con tal economía y buen óiden, que el pú- 
blico bien servido y tratado, lejos de mirar como un monopo- 
polio gravoso el expendio de las especies, lo reciba como un 
arbitrio mucho mas suave y benigno que cualesquiera otra 
contribución establecida con el solo objeto de sostener la^^ car- . 
gas que el Estado se impotie para conservar en núa feliz se- 
guridad á los individuos que lo' componen: y no habiéndose 
podido conseguir hasta el dia, sin embargo de los muy repeti- 
dos encargos que he hecho, y penosas tareas que para ello se 
han emprendido, los conocimientos suficientes á determinar 
el precio y peso á que podria venderse el tabarco; de modo que 
ni la Eenta dejara de tener una racional ganancia, que es el 
fln de su establecimiento; ni el público tuviera la precisión de 
escasear sus consumos, abandonar la costumbre, ú ocurrir al 
contrabando para sostenerla, como ha sucedido con utilidad 
de los Ínfleles introductores, y perjuicio de los honrados, su- 
misos y obedientes vasallos, todo por el criminal y probad"o 
desorden, oonfusion y abandono en que ha estado la Éenta de 
algunos años á esta parte. He venido en determinar, confor- 
mándome con lo representado por la Dirección general y el 
Tribunal mayor, que desde principio del año próximo se ven- 
da la libra de tabaco en rama, sea de la Habana, Guayaquil, { \ 
Bracamoros ó Saña [pues todos han de tener un mismo pre- 
cio por razón de los abusos que de lo contrario se cometen], á 
razón de ocho reales: y que al mismo tiempo se subdivida en 
medias y cuartas, ú onzas para la comodidad del comprador; á 
quien siempre que le convenga se le dará por medio real una 
onza, que es la última subdivicion ordinaria de la moneda y 
peso prescrito: entendiéndose esta providencia en calidad de 
por ahoraj y hasta que 1& experiencia rectifique las utilidades; 
en cuye ca«o se continuará beneficiando al público en cuanto 
ellas permitan, para que viva feliz; y reconociendo la rectitud 
y bondad del piadoso monarca que lo protejo y gobierna, que- 
de intimamente persuadido, que no es su sot)erana voluntad 
se le agoten sus fuerzas, ni qiie las exacciones excedan á los 
límites regulares y precisos; sino al contrario, que sus intere« 



—340— 
868 recíprocos á los de sus vasallos permanezcan tan intima- 
mente ligados, cuanto lo exije la mutua conservaciojí y felici- 
dad, y que todo lo que se oponga á este justo fin sea corregido 
y extirpado, como sucede en el asunto de que se trata: sobre 
cuyo particular, son muchos y muy dignos de que permanez- 
can grabados en los corazones de sus vasallos los encargos y 
disposiciones que tiene dadas, y repite sucesivamente. Y co- 
mo aunque desde el momento que se reconocieron los peijui- j 
cios y disgusto que al público se le inferían con la fábrica de i 
cigarros, igualmente ruinosa para la Benta, bc decretó so to- 
tal extinción; no ha proporcionado el tiempo que desde entón- . 
ees ha mediado, el consumo de la desmedida cantidad de ta- 
ba<^o que se halló labrada, de que todavía existe una parte en 
el resto del reino; se tendrá entendido que á medida que en 
las demás Administraciones se verifique el total consumo, co- 
mo ha sucedido en esta capital, se venderá en ellas al mismo 
precio de ocho reales libra, que para aquí se establece: que- 
daudo como queda abolido el perjudicial abuso que sé había 
introducido de vender el tabaco por mazos, esto es, de dar una 
cantidad indeterminada por un precio fijo; de donde resulta- 
ba que el público dando siempre por el mazo dos pesos, unas 
veces recilria doce onzas, otras mas; pero jamás las veinte y 
dos netas que debia contener: cuya perniciosa arbitrariedad 
queda enteranjente extirpada con la prescripción del peso pa- 
ra la compra y venta, de que jamás debió haberse prescindido. 
Y á fin de que lo mandado tenga ^1 debido efecto, se pafiíffá 
una copia certificada de este decreto al tribunal mayor de 
cuentas, y otra á la Dirección general de la Eenta, para qne 
den por su parte las providencias correspondientes, poniendo 
en' la tercena la tarifa de los precios para que el comprador se 
halle instruido. Y de todo se dará cuenta á S. M. 

Gil Dionisio Franoo. 



INTRODUCCIÓN 

A LA DESCRIPCIÓN CIENTÍFICA DE LAS PLANTAS DBL PERÚ. 

La histori i natural es la historia de todos los entes corpó- 
reo», que sacó del seno de la nada la voz fecunda del invisible 
Orlador. Por eso Pliuio intituló á la suya Historia del mundo. 
Nada á la vetdad pnede hal)er en este magnífico teatro, qne no 
entre en el plan del objeto destinado á las especulaciones del 
naturalista; pues nada ofrece á sus ojos que no sea obra de la 



J 



—341— 
naturaleza, de quien es el sacerdote y el filósofo. La criatura 
que vive sobre la tierra, el aire, ó el caos de las aguas; todos 
los seres que pueblan la superficie y centro de la primera, ó 
que desde el cielo dispensau la luz á los mortales, deben so- 
meterse á su observación y estudio. Pero no siendo posible á 
la débil comprensión humada rc^unir bajo un solo punto de 
vista tan diferentes y multiplicados conocimientos, sin con- 
fundirlos, le ba sido indispensable dividir el imperio de la na- 
turaleza. Todos los objetos celestes se han separado del catá- 
logo de la historia natural, y formado la astronomía. La pri- 
mera se ha contraído únicamente á la investigación de los 
tres reinos, que componen y hermosean el globo que habita- 
mos. La riqueza y prodigalidad con que se difunde en cada 
uno de ellos el inagotable tesoro del Orlador, vuelve á opri- 
mirnos y precisamos á dividir su estudio. Los minerales, los 
vegetales y los animales piden ser examinados con separación. 
De aquí nacieron la litología que trata de los primeros, la fito- 
logía de los segundos, y la zoología de los terceros. Ciencia 
cfl^a una de muchas partes, y capaz de ocupar por sí sola -la 
vida entera de los hombres mas aplicados y penetrativos; pero 
que no forman sino tres pingües ramos, que se reúnen en el 
feraz tronco de la historia natural. 

El Mercurio Peruano^ auxiliado con un número suficiente 
de -brazos laboriosos, es el órgano por donde se deben ir anun- 
ciando las producciones raras y notables de este vasto impe- 
rio. Con este designio se dieron algunas pinceladas acerca del 
reino vegetal. Fueron estas un ensayo de la pluma, para abrir 
en este segundo la descripción científica de sus individuos. El 
aplicado D. Juan Tafaya, botánico de S. M. en el Perú, será 
quien desempeñe en esta parte nuestras promesas. Eu sus ex- 
I>ediciones á las fértiles montanas de los Andes no olvidaí^ 
los otros dos reinos: pero siempre será la botánica el objeto 
principal de sus tareas. *^La botánica, es aquella parte de la 
'^ histoñ^natural, que ensena á distinguir por señales claras 
'^ y cara^rísticas unas plantas de otras, dá á cada una el 
/^ nombre que le corresponde, y la graba en la memoria." [1]. 
'So sabemos si en los bellos dias del augusto Carlos IV, 
cuando la aurora de la filosofía ha disipado yai las sombras que ^ 
cubrían el horizonte peruano, será necesario, antes de empe- 
zar las funciones de aquella ciencia, recomendarla á nuestoos 
conciudadanos, describiendo su historia y ponderando su utili- 
dad. La botánica, como todo el resto délos conocimientos huma- 
nos, debió su origen á la necesidad. Era preciso que el hom- 

[IJ Boher., JBift, 16. 

JÍOH. VI. LlTBJBATTTBA,— 40t 



—342— 
bre alimentase sa vida, y se opusiese á la multitud de doleiw 
cias que intentan aniquilarla casi desde el momento que le dio 
prineipip. Y es cierto que solo entre los vegetales podía en- 
contrar los mas poderosos y sencillos recursos para uno y otro 
efecto. Pero estos primeros cuidados no se deben considerar 
sino joomo unas preparaciones, 6 unos leves esfuerzos que no 
merecen el sublime título de ciencia. Las ciencias comenza- 
ron á nacer después que la succesion de los siglos, la forma- 
ción de las sociedades, y en especial la beneficencia de los 
príncipes, proporcionaron al hombre la comodidad y el repo- 
so, para pasar de los trabajos de las manos á las reflexiones 
del espíritu. En los fastos que describen los progresos de este, 
se percibe no haber sido la botánica el último ramo científlco 
de su dedicación. Una multitud de panegíricos, é inscripcio- 
nes consagradas á ella en los siglos xviry xvni, nos dispen- 
san de tocar las épocas de sus adelantamientos, decadencia y 
restauración en el mundo antiguo [1]. 

El Perú, la parte mas feraz y brillante del nuevo, es el úni- 
co que debe ocupar nuestra pluma. Oapaz por sí solo de haber 
igualado las colecciones de las otras tres partes de la tierra^ 
puede considerarse como abandonado, al menos en cuanto a 
las indagaciones exaotas, hasta los fines del siglo xviii. Sus 
primitivos moradores, dedicados á la agricultura y medicina 
empírica, llegaron á descubrir las virtudes de muchísimas 
plantas. La doctrina propagada de padres á hijos por el mi- 
nisterio de la palabra, cierta inclinación peculiar á este estu- 
dio, y el alto empleo que les granjeaba, los^ constituía exce- 
lentes herbolarios [2J. Pero las revoluciones' consiguientes á 

[1] El quo quisiere instruirse con extensión sobre los autores que han 
escrito y cultivado la botánica, y las varias épocas de esta, puede consul- 
tar la Biblioteca de Seguler y Montalbaui; el Isagoge de fournofort^ el pró- 
logo de D. José Quer á la.Flora española, y el del Dr. Barnades á Bu obri- 
ta de los Príneipios hotátii^sos. 

[2] En esto convienen todos nuestros historiadores: véas^ entre ellos al 
P. Acosta en su '^Historia natural" lib. 4, cap. 29. Y aun muchos años des- 
pués de la conquista se reputaban por este conocimiento superiores á los 
médicos de profesión. En testimonio de esto podrá citarse el Claustro te- 
.nido en la Real Universidad de San Marcos el año de 1637, pai'a jresolver la 
fundación de dos cátedras de niedicina. En él d\jo el Dr. Alonso de Huerta, 
catedrático jubilado de la lengua <][uechua, ''no ser necesarias; porque en 
este reino hay muchas yerbas medicmales para muchas enfermedades y he- 
ridas; las cuales conocen los indios mejor que los médicos, y con elíáa se 
curan sin haber menester médicos^ y lo mue^ra lá experiencia, que muchas 
personas deshauciadas ya de médicos so van al 'Cercado y á Surco (puebler 
citos de indios, el uno contiguo, y el otro inmediato á la ciudad) á que las 
curen indias é indios, y alcanzan la salud quo no les dieron los médicos.^ 
(Lib. 4, de Claustros, pág. 185). Es constante que estos no serian del gé- 
nero de aquellos cuvas luc^s han honrado al Perú, sino semeiantes á m 
que pinta redro de Osma en los años próximos á la conquista* Habí» del|ui 



í 



—343-- 
la oonqaista, sa ^nio misterioso, tenaz y desconflado [1] hi- 
ciaron que perdiéramos machísimas utilidades que podían ha- 
ber resultado, de su larga experiencia. Por nuestra parte na 
hemos concurrido á repararlas, viviendo contentos con las re- 
liquias que nos conservan la tradición y la historia [2]. Pode- 
mos decir que la mayor parte de la tierra que habitamos nos 
ha sido tan incógnita como lo es al Persa y al Chino. 

La Europa^ maestra de las naciones que pueblan el resto 
del universo, no ha olvidado estos pnises, destinando natura- 
listas que los examinen. Pero todos los peregrinos que antes 
del año de 70 del siglo presente han pisado las orillas del Perú 
¡con esta expectativa, han adelantado muy poco. Los mas an- 
tiguos, careciendo de método para ordenar sus colecciones, se 
veían reducidos á hacerlas cortas por no formar un caos [3]. 

plantas d^ qno no tenia noticia MonnrdeA; y dicepvoyenir la eanñdk oh me- 
dioorum hu>o d vohis comíneantium magna ex parte negligentiam et insGitianiy 
qníbus publica titiUtas (qiiam tamen Bumniam prcestare possent) curw non estj 
$edut qiuestui dumtaxat serviaiit (Epist. nd Mónavd. apnd Cliis. Simplic. 
MedieAOL ex Novo orbo. delator. Histor., pág. 76). El progrodo de los indios 
en el conocimiento de las plantas medicinales provendría en mucha parte^ 
de que por él se hacían aereedored á ser elevados al empleo de módicos de 
solo loi incas y gi'aiides soaoros; digtiidad que no los permitía descender al 
auxilio' de la plebe. (Garcilaso, f. 1, ])ág. G4). Igualmente favorecía este es- 
¡(udio la ley que maudaba expresamente no hubiese holfi^azan alguno, y que 
los ^ue entre el pueblo fuesen inhábiles para la agricultura y la guerra, se 
dedicasen Á herbolarios para asistir á los enfermos do este, por cuyo moti- . 
vo habia inñnitos ocupados en herborizar. [Calancha, pág. 1177 J . Por estas 
razones debemos reputar á. los indios por los padres y fundadores de la bo- 
tánica del Perú. 

[J] La tenacidad con que los indios procuraban ocultar sus conocimientos 
áloB Europeos, se colige de la enunciada cai*ta de Pedro de Osma, cuya fe- 
cha es en Lima á 26 de Diciembra del ano de 1568. En ella le reñere que ha* 
hiendo salido á cazar con algunos amigos,conel designio de descubrir el lagar 
en que criaban las vicuñas la piedra Lejsar, por mas preguntas que hadan á 
los indios sobre esta materia, se resistían y no quenan descubrirles sus 
secretos por el encono que les tenian se quidquam de lapidihtts eeire nega^ 
hant, ut 8wn nohü infesíissimi, neo swi secreta nobis iunoteseere veUent Pero 
habiéndoselos revelado un indiecito de 10 á 12 años, al instante sus paisa- 
nos lo quisieron degollar. Protegiólo Osma, y descuidándose en custodiar- 
lo con el recreo de la caza, se lo robaron y sacriñcaron. 

[9] Cieza, Gromara y Zarate fueron los primeros historiadores, que cuida- 
jcon de dar algimas noticias acerca de las plantas alimentosas y medicina- 
les del Perú. Garcilaso, D. Antonio de Lepn Pinelo, y el Maestro Calancha 
lo Secutaron con mas extensión y puntualidad. A los historiadores debe- 
remos unir los poetas. Entre los nuestros solo ha tratado de esta materia 
D. Pedro de Peralta en su ^'Lima fundada.'^ 

' [3]' Surtid los peregrinos deberá ser el primero en el tiempo el ya men- 
eioi^ado Pedro de Osma, soldado de profesión y que vino al Perú desde los 
I)rimero8 años de la conquista. En la carta á Mpnardes le dá razón de al- 
gunas plantas, y manifiesta haber sido hombre de talento. El segundo es el 
P. José de Acosta, á quien su ^^Uistoria natural" le ha merecido el título de 
]Plinio español. Vino al Perú hacia el año de 1572, esto es, 40 años después 



—344— 
Los posteriores, aunque dotados de todas las nociones necesa- 
rias para arreglar vastos acopios, no los lograron; ó porque re- 
corrieron únicamente la costa [1], ó si se internaron, fué solo 
para experimentar el dolor de ver perdido el fruto de sus pre- 
ciosos trabajos [2]. 

Bl año 78 del feliz siglo en que vivimos, es en el que debe 
fijarse la época de la botánica del Perú. El señor D. Oárlos m 
aquel monarca augusto, cuyo nombre no puede recordarse sia 
elogio, destinó en él una expedición de hombres inteligentes, 
que observase, descubriese y aprovechase las producciones 
que presenta el reino vegetal en esta parte de sus dominios [3]. 
Entonces fué cuando se vieron recorrer con un ojo especulati- 
vo y exacto, no solo las campañas de la parte poblada del 
Perú, sino también las nunca registradas montañas de los An- 
des: aquel rico tesoro de las preciosidades de la naturaleza, 
donde esta madre benigna y sustentadora de los mortales ba 
desplegado toda la fuerza de su inagotable fecundidad. Pare- 
ce que en oposición con el arte ha querido manifestar en ellas, 
no necesita el auxilio del débil brazo de los humanos para os- 
tentar su magnificencia y vigor. Diez años de una aplicación 

de la muerte de AtahuaUpa, en la que es regular Be ñje la época de la con- 
quista. £1 tercero es el Dr.Matias de Forres, médico de Cámara del Cxcmo. 
señor príncipe de Esquilache, virey que fué de estos reinos, por los años de 
1615. Escribió un libro en octavo sobre las virtudes de todas las frutas y 
semillas de este reino, que se imprimió en Lima, año de 1621. Igualmente 
escribió otro intitulado "Concordancias medicinales", en que toca muchas 

Slantas del reino que poseían estas virtudes. El cuarto y el quinto son los 
cenciados Calderón y Boblea, que asociados escribieron un libro acerca de 
las plantas del reino. 

J1J Por los años de 1709, 10 y 11, el P. Luis PeviUé recorrió las costa» 
Peni, delineando y describiendo según el sistema de Tournefort algu- 
nas de las plantas que* habitan en ellas, como se vé en sus Diarios. 

[2] £1 año de 1796, llegó al Perú la célebre expedición destinada á me- 
dir los grados terrestres bigo el Ecuador, compuesta por los académicos pa- 
risienses MM. Godin, Bouguer y La Condamine, y los Excmos. señores 
Juan y Ülloa. Con los primeros vino por botánico D. José Jussieu, y por 
desi^ador Mr. de MorainviÚe. Mr. Jussieu, después de haber trabajado 
infinito en la botánica del Perú, en su regreso para la Europa, le robó en 
Buenos Aires el mozo que le servia la petaca de acopios, creyendo hubiese 
en ella algún dinero. Despojado de estos frutos preciosos de su sudor y 
grandes conocimientos, tuvo que regresar á Lima; pero agobiado ya de la 
edad, y trabaos de sus continuadas excursiones; no pudo restaurar esta 
pérdida. 

f3] En el año de 1778,* época de la botánica del Peni, llegó á él la expe- 
dición destinada á inquirir con frnto y acierto sus producciones vegetales. 
Componíase de tres botánicos séxualistas: Mr. Dombey, por la Corte de 
Paris: D. Hipólito Ruiz, quien merece el título de "Lineo del Perú," y D. 
José Pavón, por la de Madiid. Por dibi\iantes vinieron D. José Brunette y 
D. Isidro Galvez. Concluida esta expedición, han quedado para continuar- 
la y fundar el Jardín Botánico, como se apunta aniba, D . Juan Tafaya y 
D. Francisco Pulgar. 



j| 



—345— 
iücansable, y do un estudio profundo llenaron de riquezas -á 
esta compañía botánica, que restituida á la- Península matriz, 
las emplea en la grande obra de la Flora peruana. 

Émulo de las glorias y virtudes de su agusto padre, el pací- 
fico sucesor del Salomón de España continúa igual protección 
á favor de la historia natural. Una nueva expedición, dirigí- ^^ 
da por el acreditado talento del señor D. Alejandro Malaspí^ 
na, recorre velozmente todo el reino por mar y por tierra, para 
adelantar los pasos de la primera [1]. Al mismo tiempo se 
buscan y ordenan los medios mas oportunos para fundar una • 
cátedra y jardin botánico en la capital del Pera. Nuestro la- 
borioso botánico, asociado al perito designador D. Francisco 
Pulgar, debe impedir la extinción de las luces derramadas en 
él, y mantener un giro perpetuo entre las Montañas, Lima y el 
Jardin de Madrid. La Flora Peruana, aumentada con nuevos 
y continuos socorros, será un monumento eterno de la, sabidu- 
ría y magniñcencia de dos gloriosos príncipes, un tesoro opu- 
lento del reino vegetal, y el testimonio mas auténtico que acre- 
dite que el Perii no abunda menos en precio'sos metales que 
en pl antas exquisitas, lío se crea con todo, que la cole cción 

[1] £q el ano pasado de 1790. Los re^alf julos de esta expedición harán 
mas visible al Perú, no solo por la parte de su navegación, sino también 
por los conocimientos del estado político y civil del reino, de su agricul- 
tura, comercio y minería, y finalmente por el de su historia natojal. Don 
Antonio Pineda y Ramircz, primer teniente de Guardias españolas, es el 
encargado de este último ramo. Este sftbio naturalista, ú, quien por uu tri- 
buto de justicia del)emos llamar el Walhr de nuestra nación, ha dirigido 
sus investigaciones con particularidad á la litología, tetrapodología, orni- 
tología, ictiología y á la quiínia. D. Tad^'o Haencke y D. Luis Neé han de- 
sempeñado la botánica en toda su extensión. Haencke es discípulo del cé- 
lebre Mr. Jacquin, y alumno del laboratorio químico del insigne consejero 
Bom. Sus disquisiciones han sido trascendentales también á la metalnr- 

Í^ia, mineralogía, entomología, etc., 'uniendo Á la viveza propia de su edad 
ozana unas luces nada comunes, así en la t-eórica como en la práctica. D. 
Luis Neé, prendado de iguales conocimientos y actividad, aunque en una 
edad mas provecta, ha procurado enriquecer la botánica con el fruto de sus 
indagaciones. 

En esta breve histeria de la botánica del Perú, hemos numerado única- 
mente los profesores que hemos podido averiguar haber estado en el reino, .. 
sin contar los infinitos que por noticias hau escrito acerca de ella desde la 
Europa ú otra cualquiera parte, pues el ejecut^irlo seria impertinente. La 
concluiremos nombrando los sabios que en el dia la protejen, y que por es- 
ta razón se han hecho acreedores á que se transmitan sus nombres á la pos- 
teridad en las plantas que se les han consagrado. Son estos: el P. Francis - 
co González Laguna, de la Heligion de los.. Agonizantes, encargado déla 
fundación y dirección del Jardin Botánico de Lima. Dedicóle D. Hipólito 
Bniz la '^Gonzaletia dependens*^ que habita en las ihontañas. £1 D. D. Cos- 
me Bueno, cosmógrafo mayor del Perú, socio de la Academia Médico Ma- 
tritense, á quien consagró ^\ mismo botánico la "Cósmea balsamífera" lla- 
mada vulgarmente *'Limoncillo." El D. D. Gabriel Moreno, médico de esta 
ciudad. Dedicóle Mr. D<mibey la "Peruana morena," llamada vulgarmente 
^'Bosario'^ en el pueblo do Chanchin, en donde habita. 



-^46— 
inestimable qne hemos mencioDado, ha dejado exhaustas sus 
prodnccioDes en este género. A pesar de la multitud de do 
conoeidas y raras plantas que en ella aparecieren al lado de 
las descritas, se debe reputar por un catalogo de solo aquellas 
que habitan las fronteras de Jos Andes. La falta de veredas 
para penetrar sus espacios llanos y multiplicadas quebradas, 
los pantanos profundos, y los bosques enmarañados han sido 
y son un obstáculo insuperable á su especulación atenta. Era 
preciso para esto, que la nación entrase en las miras benéficas 
del soberano, y coadyuvase á los laudables esfuerzos de los 
pocos que han tomado el honroso empeño de facilitar su eur 
trada. Oon el designio de inspirarles semejantes sentimientos 
nos acercamos á la conclusión del tomo I,- de nuestro Periódi- 
co, apuntándole con una pluma imparcial y bienhechora las 
ventajas generales que le resultarian de su descubrimiento y 
cultivo. La utilidad común, repetiremos por instantes, es el 
alma de nuestras tareas, y son imponderables las particulares 
que ofrece el estudio do la botánica á las artes, á las ciencias 
y al Peró. 

Todos los vegetales, desde el humilde musco hasta el copo- 
so y soberbio cedro, están destinados al servicio del hombre, 
monarca en la naturaleza. Los luios los sustentan, los otros lo 
visten: otros reparan su salud, y todos juntos elevan su espíritu 
á rendir el homenaje de gratitud y sumisión debido al Autor 
Supremo, que ^iste de pompa y fragancia las campiñas. Sa- 
lomón, en toda su gloria y fausto majestuoso, no era comparar 
ble al matizado lirio, que nace en las selvas (1). 

Para que estas encantadoras criatura^s tributen al hombre, 
solo es necesario quo. él aclare sus derechos con la aplicación 
y el estudio. La multitud do aquellas, y lo frágil de nuestra 
memoria exigen se ejecute con método y por partes. La mis- 
ma naturaleza nos amonesta semejante conducta, presentán- 
donos la sabia distribución que hace del reino vegetal. Carac- 
teres tan permanentes, sensibles y multiplicados como los que 
diferencian al perro en los cuadrúpedos^ al escíirabajo entre 
los insectos, y como la variedad de picos que distinguen las 
aves, forman y separan en él unas familias de otras. Este des- 
cubrimiento deberia ser el fundamente único de la botánica, 
y la guía de nuestras ideas, si se pudiera adelantar hast^ su 
fln. Pero lá naturaleza, contenta con haber revelado su uni- 
formidad en la división de todos los seres, no ha querido eje- 
cutarlo en cuanto al conocimiento peculiar de cada uno de 
ellos. Presentando á nuésfros ojos u»a multitud de plantas 
. desnudas al parecer de relaciones uniformes entre sí, nos ha 

(1) Mattli., cap. 6, v. 26. 



j 



—347— 
sumergido en la incertidumbre de no saber á qué faipilia de 
las naturales pertenecen. Está reservada la gran empresa de 
completar el método natural para otro siglo mas fllosófico, ó 
al menos mas feliz que el presente. 

El arte ha entrado á suplir la debilidad de la penetración 
humana. Se han inventado sistemas que imitando en cvianto es 
posible aquella sagaz economía, sean el hilo de Ariadna qcie. 
nos conduzca por el giro de nuestras oscuras investigacioue» 
á Jia inansion de la luz (1). El sistema debe ser la reunión de: 
divisiones y subdivisiones, apoyadas en principios estalfles Jr 
determinados; en señales que aunque menos sensibles y mul- 
tiplicadas, que las que constituyen \b^ familias naturales seítn 
mas sencillas, mas generales, y tan seguras como ellas: pues 
su objeto es fijar nuestros conocimientos y aliviar la memor 
ria. Él método que ha parecido mas oportuno, es el de dividir 
el. reino de los vegetales: 19 eu clases ó familias; 29 wi órde^ . 
nes 6 secciones; 39 en géneros; 49 en especies; 59 en variedades!; 
69 en individuos. 

La clase requiere ser indicada por un carácter general, que 
se adopte para la primera división. El orden debe gubdividir 
la. clase por un' carácter menos aparente, pero tan general co- 
mo el de la clase. El orden en cierto modo es una ciar 
se subalterna. El género parte el orden, considerando en 
las plantas, además del carácter clásico y del orden, re- 
laciones constantes en sus partes esenciales. Las especies so(a 
miembros del género denotadas por la consideración de par- 
tes menos esenciales, pero que distinguen constantemente unos 
de otras. Las variedades subdividen las especies por aquellas 
diferencias únicamente accidentales, que se encuentran en sus 
individuos. El individuo es el último término de la división: 
es la planta ó ser que buscamos, y que detiene las inquisicio- 
nes del botanista, para que la contemple sola é independiente 
de su especie, de su género, de su orden y de su clase. 

Por medio de estas diversas secciones^ se reduce el. vasto im- 
perio de los vegetales á representar un pueblo, ó ün ejército 
numeroso, pero bien arreglado (2). Si todos viviéramos sin 
tener morada señalada, seria imposible ordenar el coitiercio, 
ni los demás efectos de la sociedad civil. ¡Qué laberinto sería 
ver á los hombres vagar revueltos unos con otros sin concier- 
to ni fijeza! (Onántos pasos, cuánto tiempo deberla ocuparle, 
para encontrar y descubrir aquel en ci^yas deliberaciones -e»- 



(1^ Füum ariadncBum Botanices eet ayetema, sine quo chaos est res herbivría. 
Lánn., FMlosqph., 4 116. 

(2) NUi m ordines rediffánturplantcBy et vel/uU ca>strarum aeies éUstribuan^ 
tur m suaé classes^ omnia^uctuari necesse est C»salpin, 



tribaba el giro de nuestros asuntos! La división de la ciudad 
en plazas y cállesela de estas en cuarteles, los cuarteles en 
banios, los barrios en casas, y estas en aposentos nos llevan 
sucesiva y fácilmente, por los números y señales que los dis- 
tinguen, al lugar del poderoso, del noble y del plebeyo; y pro- 
porcionan expedir con celeridad los resultados de la dependen- 
cia á el convenio. La división en regimientos, batallones, com- 
pañías y soldados, presenta igual ventaja á una armada nu- 
merosa. La de clases, órdenes, géneros, especies, variedades 6 
individuos dá el mismo resultado en la investigación de las 
plantas. 

Sin este método, si el filósofo, teniendo presente al narcizo, 
V. gr., quisiere buscar entre las descripciones de diez mil plan- 
tas (1) la que le corresponde y hace conocer científicamente, 
le seria indispensable irlas repasando de una en una,aventura- 
do á la casualidad de encontrarla en el medio^ si tal vez no se 
hallaba al fin. El carácter general de la clase, procediendo 
sistemáticamente, le ahorra al primer golpe de vista el inmen- 
so trabajo de mas c^e nueve mil y quinientas plantas, y le anun- 
cia que debe solo rejistrarla entre quinientas. Sucede el ca- 
rácter del orden, y le rebájalas caatrocientas. El del generóse 
las reduce al número de 20, entre las cuáles el específico le ha- 
rá conocer el narciso por todos sus aspectos y variedades. Con 
tal rapidez y facilidad nos conduce un sistema bien ordenado 
al descubrimiento y contemplación de cualquier planta. 

Los primeros cultivadores del reino vegetal previeron estas 
ventajas, é hicieron sus esfuerzos á fin de metodizar sus colec- 
ciones; pero el entendimiento humano marcha á paso lento (2). 
Los caracteres clásicos y genéricos, que son el fundamento 
del sistema, debian deducirse de las partes esenciales de las 
plantas; pues según hemos observado, deben ser, sino tan sen- 
sibles y multiplicados como los que constituyen \ba familias 
naturales^ mas sencillos, generales y tan fijos como ellos. Esta 
operación requería muchos siglos de observaciones y análisis 
que desentrañasen, si era posible, cada uno de los vejetales. 
Faltó uno y otro socorro á los padres de la botánica, y se vie- 
ron obligados á valerse de las señales mas aparenten y por la 
misma razón falibles. Los usos, las virtudes, calidades varia- 
bles, hojas, raíces, varia dimensión, vida y lugar nativo délas 
plantas, tomados por elementos del orden, no sirvieron sino 
para inutilizar sus trabajos. Caracteres expuestos á mil muta- 



(J) Pasan ya de veinte mil las especies, segan los liutores que cuentan 
entre ellas las variedades. Rebajan la mitad los que no las numeran. 

(3) JS'on oímUa granéUor aftas 

Noequm Édnws habet; seria venit u^u^ qb annis. 



—349— 
dones, sólo pudieron prodncip en la posteridad la incertídaní* 
bre, y el dolor de no poder rastrear por ellos una ^iultitnd d^' 
las que ocupan las historias de Teofrasto, Aristóteles y Pli- 
nio. 

A Oofnrado €lesneró debe esta ciencia el haber indioadc^ ahs 
verdaderos fundamentos, señalando las partes de la fructificar 
cion, esto es^ la flor, el fruto y semillas, por base y origen de 
donde debían dimanar sus caracteres clásicos y genóricps (1). 
Dictamen tanto más plausible y acertado^ cuanto estaiido las 
enunciadas partes destinadas á la reproducción del individujo, 
era precisó fuesen las mas constantes y generales. I^s sabio» 
adelantaron aucesivamonte una idea que se ofrecía, al ' ontea- 
dittiiénto únicamente para convencerlo. Aventajóse Jos6 Pi- ^ 
ton de Tóurnéfbrt. Su método establecido sobre la carola jf d ' 
fruto j que püblic6 el año de 1694, cubrió de gloria á lanacioa 
francesa. En este momento figuran los progíresos del enten- 
dimiento humano en la clasificación de las plantas, los ere* 
púsculos del alba que empiezan á sacar el orbe del seno de IfliS 
tinieblas, l^ació Lineo, y brilló entonces la claridad del jdiaenc 
todo el vastó y admirable imperio de lo^ vegetales; Tourn^ 
fort es respecto de éste ilustre naturalista^ lo que Descartes. - 
respecto de Kewlion. Los dos ^Franceses presentaron la física 
y la botánica bajo de un nuevo aspecto: las despojaroQ de lassj 
quimeras que las oscúrecian: desterrarpp su incertidumbre, y 
prepararon su perfección. Kewton y Lineo se hubieran inmo£* 
tali2ado, cóh soló haber mejorado y concluido las obras dé sus 
predecesores; pero dotados de un genio criador, no pudieron 
contenerse entre los límites de reformMorés, y sé avánzisúróii 
á descubrir otros senderos que aunque condujesen á ua mis« 
mo fin, fuesen mas brillantes y dignos del excelso talento' qvd 
los constituía superiores al resto de los filósofos. 

Carlos Lineo, esclarecido con las luces de sus antepasados^ 
enriquecido de un inmenso acopio de observación^; dotado 46' 
un géuio penetrantcj laborioso y nacido para inquiílr los iúis- 
teribs del reino vegetal, se acercisb á descubrirlos. Levanta con 
tiento el veló que los oculta á los ojos de los mortales taxL 
atreverse á introducirla mano temeraria que viola el Isanttitt* 
rio de la naturaleizra. Contempla la sagaz economía cOni(].üé 
viste de verdores al prado, dé matices los verjeles, y dé fron- 
dosos árboles las selvas. La atención, decía el celebre Male- ^^ 
branche, es una especie de oración natural, con la que el filó-" 
sofo implora á la Divinidad le imprima las ideas y nodonear 
de las cosaS). La de Lineo fué seguramente una deias mteéft-i- 

(]) Año de 1560. 

TOM. VI LltBKATimÁ— 47 



—350— 
caces y fiructiiosas. En ella se le revelaron muchas de aqaellas 
relaciones que ^podían favorecer el adelantamiento del método 
de la naturaleza. (1). Y lo que es mas admirable, allí vio que 
la planta, émula del animal, se reproducía por un mismo me* 
dio, por la unión del sexo masculino y femenino, y perpetua- 
ba sus generaciones. La corola es el hermosísimo palacio des- 
tinado á celebrar las nupcias de los vegetales. Los pétalos son 
las amables ninfas que autorizan estas bodas. El cáliz es el le- 
cho conyugal. Los estambres y el pistilo son los esposos que, 
dotados de todas las partes correspondientes, se asocian en el 
instante de la fructificación. Entonces penetra el aura seminal 
hasta el germen ú ovario, y fecunda el grano, que es el huevo 
que contiene los delineamientos primordiales de la planta, 
que se desenvolverá y crecerá con los jugos de la tierra (2). 

Herido vivamente de este descubrimiento nuestro incom- 
parable botánico, cree haber encontrado en él los fundamen- 
tos sólidos de un sistema sabio é invariable, para metodizar 
todas las producciones del reino vegetal, y lo establece (3). 
Los estambres ó machos le dieron los caracteres clásicos: el 
pistilOj esto es, la heiúbra, le presentó los de las órdenes. Unos 
y otros, unidos á las demás partes interesadas en la fructifica- 
ción, los caracteres genéricos. El hábito ó aspecto de la plan- 
ta, constituye el de ía especie. La especie y el género son de- 
bidos á la naturaleza: la clase y el orden, á la naturaleza y el 
arte (4). Desde luego, como la distribución de las clases, ór- 
denes y géneros, ha de ir arreglada al número, figura, situa- 



(1) Considérense bus fragmentos acerca del método natural, puestos en 
variAs partes de sus obras, y se comprenderá hasta, dónde ayanzó en su ade- 
lantamiento. 

(2) Lin., loe. cit. í 146. 

(3) El precioso descubrimiento del sexo en las plantas, y fundación del 
sistema sexual alarmó á los implacables filósofos contra Lineo. Se publicó, 
que esta producción original se hallaba dibujada en la mas remota anti- 
güedad; en los escritos de Aristóteles y Teofrasto. Pero también David 
Gregori [Astron. phys,, tom. 1 J soñó, que el sistema de la atracción se en- 
contraba en Plutarco, ^en Stobeo, Laercio, etc. El corazón es el principio 
activo del entendimiento humano, y este no hace sino juzgar según la si- 
tuq^ion y pasiones de aquel, cuando le parece está despreocupado, y ani - 
maido de solo el amor á la verdad. El prudente Lmeo contestó con estos 
dos versecitos dignos de esculpirse en el oro, el cedro y el marfil 

Pascitur in vivis livor: post fata requiescit. 

Tuno sutts ex mérito quemque tuetur honos. 

[Spec, plantar., tom. 1.] 

MM. Adanson y Necker han seguido un rumbo opuesto en sus impugna- 
ciones. Han negado el sexo en muchas familias. El segundo desafió á loa 
siglos presentes y venideros á que lo descubriesen en los muscos. Pero Mr. 
Beauvois aceptó este reto quijotesco, y triunfó de Necker. 

(4; Lin., Philosoph., } 162. 



—351— 
cion y proporción de las partes referidas (1). El retrato gene- 
ral que acabamos de hacer admite algunas excepciones, pero 
no es este el lugar de explicarlas; solo sí el advertir que este 
ingenioso sistema, parto de las meditaciones, estudio y pro- 
fundos conocimientos de un naturalista inimitable, es el que 
va á dirij^r nuestras descripciones. 

Arreglado á él, se irán sucesivamente presentando las plan- 
tas del P^rá. La relación mas ó menos estrecha que tuvieren 
con las necesidades del hombre, será la que señale la prefe- 
rencia en la elección. Ocuparán el último lugar las de puro 
recreo. En todas apaiecerán bien notados la clase, el orden, 
el género y la especie á que pertenecieren en el enunciado sis- 
tema, y las variedades que tuviesen. Las mas interesantes se 
acompañarán de disertaciones, en que con claridad y exacti- 
tud se exponga cuanto se refiriese á su cultivo, á su acopio y 
adelantamientos de su expendio y valor. Así se señalarán los 
terrenos propios para el sembino, el orden con que deben dispo- ' 
nerse, los cuidados necesarios desde el nacimiento del vegetal 
hasta su fructificación: el método de cosechar sus produccio- 
nes, prepararlas y hacerlas estimables. 

Por esta inducción se percibe muy bien, cuántas utilidades 
pueden resultar á las artes, á las ciencias y al Perú, mediante 
las tareas de D. Juan Tafaya, y los desvelos de la Sociedad. 
La agricultura podrá mejorarse con las luces que vamos á es- 
parcir sobre ella, y salir del miserable abandono en que se ha- - 
lia. En consecuencia crecerá nuestro comercio, ya por el 
aumento de esta, ya por los vegetales que puedan descubrirse 
para sustentar, feoundar y propagar los cuadrúpedos, y dupli- 
car las utilidades que de ellos deducimos (2), ya por las plan- 
tas y árboles relativos á los tintes, ajuares y demás fines que 
hemos expuesto en otra parte (3). La historia natural, la tí- 
sica y la medicina dilatarán sus términos. La tercera en es- 
pecial se verá enriquecida no solo con nuevos específicos, sino 

(1; Nota- característica omnis erui debet á numero, figura, proportione, et 
HtuomnimnpartiumfrwíHficatianis. (Lin., loe. cit., i l67). ^ . 

Si Mr. Lamark hubiera eonsultado eete axioma fundamental, no hubiera 
afirmado [JSncyclop,. part. I, tom. 2, Botánica, pág. 396] que Lineo no coi* 
dó de la inserción de los estambres, Pero por el discurso que precede al 
enunciado Diccionario se conoce que el caballero Lamark no penetró ó nó 
quizo penetrar todas las partes que fundan el sistema sexual. 

(2) £n las pampas de Bombón' se cria una yerba llamada por los indios 
callua-cállua, la que dada al ganado lanar tres meses antes de la esquilma 
de tres en tres dias, mezclada con sal, lo puebla de j^abundante lana. La 
hualgua 6 barba Jovis, especie áepsoraleay es excelente para libertarlo de 
la peste. 

(3) Véanse los Mercurios 32 y 33. Entre las plantas indígenas que crecen 
expontáneamente en nuestras montañas, debe numerarse el café. Descu- 
briéronlo el año de 85 los célebres botánicos del Perú, Roiz y Pavón, al 



—352— 
también con el co^Qcimiento de las plantas succed^neas de 
las que se conducen de Europa, y que no $e usan por igrno- 
r^ncia (1). Se ieyit^rán igualmente los errores perjudicialeB 
mncbás veces á la salpd pública, que causa esta misma equi- 
vocando unas plq.ntas con otras, y recetando las que no exis- 
ten, l^uestros jardines, bermpseados de raras y lozanas flo- 
res, disputarán la pi^^minencia al Tempe y al Elisio. lia unipn, 
éíí ñn, de estás ventajas formará la imiversal de todo el Perú* 
Tal es el diseño 4^ las utilidades que ofrece el estudio déla 
botánica á la comodidad, ilustración y bonesto placer del bpm- 
bre. Utilidades reales, que han estimulado á los príncipes de 
la Europa á protejerjo cop tanta liberalidad y esmero, y saca* 
do Á íó^ sabios (leí du)ce reposo, aventurándolos á la incle- 
mencia, al viento y á las ondas con el objeto único de inquirir 
én los j^aises extraños las producciones del reino vegetal, y 
aprovecharse de ellas (2). Y cuando la naturaleza presenta 
tantas ^ tan varias á Iqs ojos del Peruano: cuaudo su monarca 
Cié el primero que favorece y propende á sus investigaciones, 
¿no concurrirán á este noble fin los buenos patriciosf |Se que- 
dará solo en proyecto el Jardín botánico de Lima? Eoma, Pa- 
rís y Madrid tienen reconocido el talento de los peruanos para 

p\é ^e la cuesta de Carpís, y prÍDcipio de la quebrada de Chinchau, en la 
pi^énnéia de Huanaco. Acopiaron ¡¿gano, del qué regalaron al Excmo. se- 
ñar X^roix y al se&or D. Jorjé Escobedo, y Be reputó ser de una calidad 
soperipr Tafa¡fa. 

(1) Tenemos varías especies de Id^ericony sen, válerianay etc., que en al- 
gttnoB puebíiei^itos dé la Sierra se usan con provecho, y en la capital es pre- 
ciso valerse de las que se traen de Europa, por no conocer las que tenemos. 
Por el entrado se recetan la ortiga, la hiedra t4írreatre, el cardo santo, etc., 
pajea que o'bren según las virtudes que se les poneu en.loft libros, y ñinga- 
na de las tres se aplica; porque en lugar de la primera usan la loosa urens, 
equivocan la seguima con el ceneóio y el eupatorio, y siistituyen al tercero 
el pernicioso argémone. De aquí pasan á otras equivocaciones mas nota- 
ble usando varias especies de solanos, y plantas acres hasta en )as infla- 
niius^mes. 

(2) lias expediciones dirigidas en el presente siglo, de Suecia, Londres y 
ParÍB, á investigar las producciones vegetales en las cuatro partes de la 
tierra, dan á entender que sus principes no son menos magníficos que Ale- 
jandro el Grande. Este ilustre néroe promovió el estudio de la historia na- 
tural dando 800 talentos Á su maestro Aristóteles^ y cuantos recursos n^- 
sitába para escribirla. La España desde mucho tiempo atn» viene acredi- 
tábdo el gusto y generosidad de sus monarcas en ef^ta parte. El señor Feli- 
pe II gas&-92 mil pesos en las peregrinaciones de Hernández á Méjico. No 
importará menos la dejos botánicos dirigidos á él por el señor Carlos 111, 
j continuados por nuestro glorioso rey. Consta de varina cédulas que se 
enouentran en los archivos de Palacio^ y de un parecer dado por el señor 
Soldrzano, que igualmente han instado sobro el uiisiiio a8unto eu el Perú 
desde el auo'1608 y se renovó la misma instancia en el de 1621. Los costos 
toB de la expedición penúltima dirigida á él, pasan de cien mil pesos, y 
contintian parala veniicacion de la Flora Peruana, y Jardín Botánico de 
Lima» 



JO DE LIMA 
Iarques de 0S( 




I 

/ 



^oo 



^ Varos Castellanas. 



19. 
20. 
• 21. 
22. 
23. 
24. 



Xíl/ii tic- Cortia 
Acequias de Rí 
PaHr del Pue{ 
Rojich/js di' y'n 
Poblítcion, de/ 
El Muelle.. 



DEL MARQs DE OSORN 



\ 



V 



\ 



j 



■ B ■ 



—363— 
la historia natural [1]. Su país es acoso el mas pipgüe en ve- 
getales de toda la tierra: y la capital, bajo un gobierno aman- 
te de las ciencias, disfruta el honor de tener muchos ho^lures 
esclarecidos. 



©ISCÜKSO HISTÓIIIOO SOBBB EL XtJEVO CAMINO DEL CALLAO, 
OONSTBÜIDO DE ÓüDBN DEL TLUSTRÍSTMO SEÑOR MARQUÉS 
DE OSORNO, TIRBY GOBERNADOR Y CAPITÁN GENERAL DEL 
PERÚ, POR EL DOCTOR HIPÓLITO UNÁNÜB, AÑO DE 1801. 

Los caminos son entre los establecimientos públicos los que 
ipejor caracterizan el grado de civilización de un Estado, el 
talento y gobierno que lo rigen: porque á manera de las artó- 
nas en el cuerpo natural forman en el político los canales por 
donde giran los espíritus que lo animan y vivifican. Las ideas 
no se desenvuelven en los hombres, ni adquieren vaJor las 
obras de sus manos, sino en razón de la comunicación que.tie- 

(1 ) El peruano Franco Dávila se hizo célebre en. París por su Gabinete 
de historia natural, y en todo el mundo por el catálogo que publicó, divi- 
dido en tres tomos, de las preciosidades que contenia. Después de haber 
disfrutado en Francir; el aprecio de los sabios de Europa por el espacio de 
20 años, pasó á Madrid por orden del señor D. Carlos III á fundar y ser 
primer director del Gabinete de historia natural, donde falleció pocos años 
há. £1 elogio que le hizo desde Roma el P. Hoselli es capaz de inmortalizar 
al Perú. Los Españoles han sido reputados por las demás naciones de Eu- 
ropa como extrangeros en la historia natural. Roselli, para demostrar lo 
cox^trario, dice: Sed 6ati8 erit indictisse op^us egregium galUcc conscríptum Jioe 
titülí): ''Catalogue systématiquo et raisonué des curiosités de la nature et 
de Párt qui composeut le Cabinet de M. Dávila," edítum Parisiis anno 1767. 
In eo extat admiranda plañe collectirium rerwin rarissimariim pertincntium ad 
regna animaUum et vef/eiahUiumytam terresUum, qtiammarinorumjetad varios 
oirdines lapidum, mineralium, bitumimim, fossillium, etCf qiias prcefatue Dá- 
vila magnis lahoríbns ei impendiis eoUeqerat spatio phiriwn annorum. Quw 
quideni collefítio iniMum dedit Begio l^uswo de historia naturali d catholico 
rege Oarolo III Matriti excitaio. [Philos., tom. 4, pág. 184, in tiotis. | No es 
menos notable el elogio que hace al mismo Dávila el famoso M. Adanson: 
"Ce cabinet (dice^, vraisemblablement le plus riche qu^aucun partioulier 
ait encoré formé, surtout quaut á la partie de lljistoire naturelle, est d'au- 
tant plus précieuz qu'il renfeiiue des suites immenses des productions des 
iTois régnes de la nature. II serait fácheux que cette CoUection, qui nous 
est tres connue, et qui e^t dcstiiiée á étre mise en vente j fdt démembrée et 
dispersée daus divers petits eabiiiets particuliers, étant tres digne de 
Patiention de quelque seoveraiii qui en ferait l'acquisitíon, autant par mag- 
nifícence que pour procurer á ses peuples des objets de connaissances na- 
turelles. dont l'application bien entendue méne le plus souvent á quelque 
chose d'utile pour le commerce de la -soeiété.,' [Catal. sgstem. et raisan. de 
ir Dávila, tom. l.J 



—354— 
B6n entre sí sus diversas Sociedades. El salvaje aislado en 
medio de los bosques apenas puede formar hordas miserables 
en cuya holgazanería y estupidez se sepultan su alma y cora- 
zón [1]. Los pueblos en comercio se frotan y'electrizan recí- 
procamente. De este choque nace el deseo natural de aventa- 
jarse, y todo va á tener vida bajo su poderosa influencia. El 
entendimiento hace uso del don precioso de la reflexión, y es- 
ta luz primera es la aurora de una sabiduría benéfica, que me- 
jorando la parte mas noble del hombre, lo coloca en el alto 
destino que lo separa de la naturaleza irracional. Su mano su- 
cesivamente pone en movimiento las obras de la Creación y 
prodúcelas del Arte. Cultiva la tierra madre de su subsisten- 
cia, explota las minas manantial de su riqueza, expide el co- 
mercio hijo de su industria, padre de su esplendor é influjos 
en la balanza del poder humano. 

Este bello conjunto de cosas, que distinguen al hombre so- 
cial del hombre salvaje, es debido á los caminos que se fran- 
queó el primero, y su carencia procede del encierro en que vi- 
ve el segundo. Puede decirse que aquellos han sido el prime- 
ro y el último paso que se ha dado sobre la tierra el Género 
Humano hacia su civilización. Esparcido en su infancia por 
vastas soledades y bosques enmarañados, demarcó aquellas y 
rozó estos para al)r¡r senderos que estableciesen relaciones 
entre algunas de sus partes. Por este medio se reunieron sos 
individuos, echaron los cimientos de las villar y ciudades y se 
formaron las Eepúblicas y los Imperios. Creciendo ambos en 
sus comunicaciones, florecieron cu las Artes y el Poder, y des- 
de entonces fue preciso so dilatasen los caminos por los caá- 
les debia viajar no solo el traficante, si también el conquista- 
dor; y que en la comodidad y aseo con que estaban fabricados 
se manifestase el gusto, la autoridad y magnificencia de la 
IS'acion que los tenia. 

De allí es que todos los pueblos que han figurado con glo- 
ria sobre la tierra,* miraron como una de sus instituciones. mas 
útiles la abertura y construcción de grandes vias, y confiaioa 
el cuidado de ellas á sus primeros personajes. ¡Qué ideas tan 
tristes ofrece á la imaginación la pintura de la África moder- 



(1) Una secta de entusiastas suplicaba poco )iá á los salv^es uo abrie- 
sen sus bosques al hombre civilizado. Creian que la verdadera felicidad era 
vivir con ellos y ser sepultados después de la muerte al pié de un árbol 
frondoso, cuya c«pa hiciese sombra á sus cenizas. Llegó dia en que alguios 
de estos fanáticos fuesen con otros inocentes expatriados á la Cayena y 
costas bárbaras de la América; donde podían gozar tranquilos placeres por 
que tanto sngpiraban. Pero entonces sobrevivieron los terrores de vivir en- 
tre monos y sabandijas, y no perdonaron medio hasta el de la deseBp«ra- 
cion por evitar estas locas cabezas suerte tan infeliz. 



—355— 
na comparada con el retrato de la antigua! ^Se creerá que las 
costas con que ciñe al Mediterráneo esta parte del mundo, y 
en que las costumbres corresponden al nombre que tienen de 
barbarie, sean las mismas en que existieron el Egipto y Oar- 
tago cunas de las ciencias y primeros maestros en el arte de 
de abrir grandes canales y ediñcar caminos magníficos? La 
luz del entendimiento no ea seguramente como la del dia, que 
alterna la claridad con las tinieblas renovando de continuo á 
nuestros ojos el augusto espectáculo del Universo. Guando 
aquella se eclipsa sobre un horizonte, se oculta para siempre 
no dejando otras trazas de haberlo iluminado que ruinas y es- 
combros, que tambiense aniquilan b^jo la planta asoladora 
del hombre anochecido en las tinieblas de su razón. 

El Egipto enseñó á los griegos, y Gartago á sus vencedores 

los romanos. Situados los primeros en las islas y costas del 

Egéo, tenian menos necesidad de caminos que de Marina. El 

haberse encomendado á Epaminondas el cuidar de ellos por 

humillarlo, acredita el poco aprecip que les merecían. Pero 

este grande hombre supo ilustrar de tal modo su empleo, que 

después no se permitió en toda la Grecia lo ocupasen sino los 

primeros y mas respetables magistrados. Los mismos Dioses 

Tutelares fueron encargados de su conservación y custodia, 

colocándose sus bustos de espacio en espacio; aunque estos 

númenes desempeñaron muy mal su oficio, dejándose atrope* 

llar Dioses tan cultos por enemigos bárbaros. 

Vencedores los romanos de Gartago llevaron á su patria en* 
tre los despojos del triunfo modelos de caminos reales enlosa- 
dos, cuya invención se atribuye á aquellos insignes aMcanos. 
Los romanos conquistadores por sistema, y devorados de la 
sed de gloria y cuanto pudiese perpetuar su nombre mas allá 
del sepulcro, han sido entre todas las naciones que aparecie- 
ron con brillo sobre la instable escena del mundo, los que ma- 
nifestaron mas gusto é industria en ^ta especie de trabajos. 
Habiendo de conducir ejércitos numerosos á *los extremos del 
orbe entonces conocido, abrieron por todas las provincias del 
Imperio para la comodidad y disciplina de la tropa cami- 
nos espaciosos y bien solados. Y como el subir triunfan- 
te al Oapitolio era el mayor premio de la victoria, adornaron 
las entradas de la ciudad con caminos magníficos en que los 
arcos y las inscripciones realzaban la solemnidad del triunfo, 
7 conservaban su memoria para los siglos venideros. Muchos 
monumentos de esta especie han sobrevivido á las ruinas del 
Imperio, siendo los principales caminos que hoy salen de la 
Boma moderna los mismos que habia construido la Boma an- 
tigua, la Boma libre y guerrera. 
La ley de las doce tablas encomendaba á los Censores la 



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administración d0 lo» caminos, y en calidad de tai Apkr Olair- 
dio el eiego^ emptandró el año de 442 dé Boma la p^imeira y la 
mas bella via qne tovo la capital del mnndo. Saliendo de esta 
se dirija á Gapiia, y el haberla distinguido con el nombie de 
Yia Apiaina en memoria de an antor, faé bastante pava qué 
en^lo sueesiyo se dedicasen machos á constrair caminos smi-^ 
tilosos^ ^e cíHxserTasen sn nombre. De allí la Yia Flaminia^ la 
la JÍin¿Kana^ y otras del tiempo de la de la Bepública. Los ca- 
miift4M:d& Oerar/ Augiastof y Trigano en el del Imperio. En el I 

Foro ó Plasa de Boma habla nna columna dorada, de dond^ ^ 

salían estes yias y empezaba su división^ colocando de milla 
en miÜa porínveiDicion de Gayo Graco lápidas en que estaban 
escritas las distancias y direcciones lespectiras. Y en este sen- 
tido' Son entre 'los latinos frecuentes las voces de müliare 
wtí/rmmy lapides mURareByOdqmntum lapUevn^ ad c(nít€SmMmfS$, 
Oreeiéndo con el dominio de Boma la extensión de sns ca- 
minos^ llegaron á contarse 10^767 leguas de caminos reates 
emi>edrados en las provincia del Imperio, sin entrar en esté 
n6mero Ibsqueatmvezaban la Italia, las Gallas y G^rmania. 
En flny tal era la correspondénda de estas famosas vías pw 
amibos lados del Helesponto, hoy estrecho de Oonstantinopla^ 
que' sin separarse de ellas podia un viajante partir dé Boma^ 
por Milán áÁquileay salir de Italia^ llegar por la Esctavonia 
á OoQfltantinopra, atravesarla Natolia, la Galaíciay la Syifs^ 
pasar á Antioquía, ccHirer la-Fenicia, la Palestina, el E^ipto^ 
visitar jáJejamdriay entrar &k Oartago^ y avanzándose hasta 
Gleysmos en los confines dé Etiopia^ pasar sobre las orillas del 
'Mar Bojo, después de haber atravesado la Europa, corrido nna 
parte del Asia y «el Afinca sin salir de un camino real C0ti9^ 
triiido á tddo costo, con todas las proporciones del suelo, hes^ 
pedafías*,' y cuanto podia - desearía en viaje tan ditiatado. 

Se asombira lá imaginaron al considerar los gastos, los coi- 
dadosf y las dlficmltaides que ofirecian estos inmensos trabaja. 
Pero si el Imperio- fiomasio supo llevar tan adelante el gusto 
y magnificencia en un tan importante ramo de la administra- 
ción páblica, no han dejado con todo excederse los reinos que 
en el dia dividmi sus posesiones de Europa. Los nuevos ca^ 
minos edificados en España, los de Francia Inglaterra y Ate^ 
mania unidos abrazan un espacio treinta veces mayor que e! 
que eomprendián los de Boma en toda la extensión de sus do- 
minios, aVentaj)ándolos< también en la magnificencia y comodín 
dad^ cuanto el genio debe ser mas delic^lo en la Europa di- 
vidida «ntre difeirentes Soberanos, que reunida bi^o'unpuch 
blo tumultuoso^ ó un déspota disipado aunque venced^ deü 
Universo. Verdad es que después del descubrimiento del Nue- 
vo Mundo h¿b adquirido aquella parte del antiguo un aire de 



— S57— 
grandeza en la onltora y poder á qae no llegaron los Latíiios, 
ni aun imaginaron los Griegos, fecundos en pinturas porte;!-" 
tosas¿ Esta feliz mutación debida á las riquezas de América, 
desagrada á algf^nos indigentes Filósofos y Estadistas qi;e 
tienen la desgracia de no participarlas. 

Los monumentos antiguos conservan señales ciertas de que 
el Asia, cana del género humano, y de las primeras monar- 
quías, tuvo el propio gusto para los caminos que el Afinca y 
Europa. Los Hebreos estaban obligados por leyes expresas al 
aseo y conservación (1). Y Diodoro de Sicilia y Estrabon (2) 
aseguran que entre los otros edificios suntuosos con que Semi- 
ramis hizo tan célebre á Babilonia se contaban también sns 
caminos. La magnificencia Asiática existe en el dia en el Indos- 
tan, el Japón y la Ohina. En el primero el camino real que va de 
Agrá á Delhi es una alameda hermosa y continuada de ciento 
ochenta leguas. En el segundo de una señal que está sobria el 
puente que divide la ciudad de Jedo, é imita el millumum au- 
reum de los romanos, salen todos los caminos reales del Lnpe- 
rio muy bien hechos, y vestidos sus lados de series de árboles 
frondosos plantados átM)rdel.' 

Pero los caminos reales de la China son superiores á todo 
encarecimiento. No hay país en el mundo donde un viajante 
goce de mayor comodidad, vías de cerca de ochenta pies de 
ancho atraviesan el Imperio: las montañas han sido en varias 
provincias abatidas; en otras, como en la Ghen-si, se han con- 
tinuado por el aire en galerías suspendidas de una eminencia 
á otra, salvando quiebras profundas y que causa temor pasar 
por ellas á los que no están acostumbrados: en otras finalmen- 
te se ha formado puentes, levantando pilares para sostenerlos 
de una altura asombrosa. De media en media legua hay tor- 
reones de madera en que están escritos con toda precisión l6s 
caminos, sus distancias y nombres de los pi^eblos donde van 
á terminar. De la misma manera se encuentran fuertes guar- 
necidos con tropa para la seguridad de los transeúntes. Los 
puentes, canales, hospederías, villas y ciudades unas sobre 
otras, que por todas partes ocurren al encuentro, manifiestan 
la cultura y excelente policía de aquel Imperio opulento. Los 
crecidos gastos que or\gina,la subsistencia de tan multiplica- 
dos y magníficos caminos se hacen á costa del Emperador; pe- 
ro en retomo el inmenso y rico comercio de que están siem- 
pre cubiertos los recompensa con exceso, hace la ¿loria de mx 



(1) Stemens diligentar viam. Denterom. 

(2) Lib. a. 126, Ub. 16, pág. 1071. 

TOM. VI. LlTBBATUBA— 48* 



imperio, y la felicidad de sus industriosos é incalculables va- 
aallofii, (1). 

SU ¿nevo mundo ofreció á los ojos de sus conquistadoreg| 
ep testimonio de su civilización calzadas suntuosas en Méjico: 
grandes caminos en el Perú. De la plaza del Cuzco se dirigian 
hacia los cuatro puntos cardinales otros tantos caminos que 
terminaban en los confines del Imperio. Los mas notables eran 
los qup hicieron por la mayor parte en tiempo de Huáyna- 
Capapjt penúltimo de los Emperadores, cuando adelantó sus 
conquistas hasta Quito. Tenia cada uno quinientas leguas de 
longitnd, las mismas que median entre esta ciudad y la capi- 
tal de ^quelhj antigua monarquía: su latitud era por lo regular 
de cu£(renta pies. El camino que llamaban de la Sierra iba del 
Sui; á ]!^orte á la espalda de la cordillera occidental: el nom- 
brajio^e la Gpsta venia de Oriente á Poniente hasta topar con 
esa en el valle de Chincha: aquí se dividía en dos ramos, la 
una volvía al Sur para Chile, y la otra torcía al IS'qrte para la 
Lín^a* 

Estjd último al atravesarlos valles regados estaba fiaqueado 
por muros sólidos y árboles coposos. En los desiertos se subs- 
tituían maderos secos ó molles de un verdor proporcionado á 
la humedad del terreno. El camino de la Sierra era obra mas 
grande, y superior en el juicio de muchos á cuanto el hombre 
ha eje^nitado en esta línea; no por el primor dejarte, sino por 
el esfuerzo y trabajo incomparable que^eran necesarios, para 
vencer los obstáculos que oponia el terreno. ¿Cuánto costaría 
abrir un camino cómodo por entre la enorme y escarpada cor- 
dillera de los Andes, en cuya comparación los cerros que atra- 
rezaron los romanos; y abatieron los chinos apenas merecen 
el nombre de colinas? Dijo muy bien un sabio americano que 
en su ejecución había sido preciso nivelar los precipicios para 
sendas y levantar montañas por calzadas (2). ¡Qué profundas 
y honofosas concavidades, en que la vista parece bajar al 
abismo y subir de ól los terraplenes y mamposterías! ¡Qué ás- 
peras^ y cortadas las laderas, que empinados los riscos que fue- 
ron allanados* Se comprime y estremece el corazón al mi- 
rarlos. 

'Los rios que se encontraban ^1 paso se atravesaban en bal- 
sas ó puentes de crisnejas en forma de galerías, que ni por lo 
largo, ni por las eminencias en que estaban colgadas podian 
ser superadas por la de Chen-si, Cada tres leguas del Inca, á 
que corresponden cinco españolas, habia un tanibo espacioso 
con provisiones de los frutos que pertenecían al Sol y* al Mo- 



(1^ Hístoire universelle tom. 20. 
(2) Pfiralta, Júbilos áe Ldma. 



L 



narca, con vestidos y armas suficientes para^ proveer un ejér- 
cito entero. Asi, ni los individuos en particular, ni el prfnci* 
I)e, su comitiva y tropas llevaban otras vituallas que las pre- 
cisas para pasar de un palacio, ó tambo^ á otro en donde á pro- 
porción de las necesidades se suministraban los auxilios gra- 
ciosamente. En la eminencia de las cordilleras mas altas por 
cuyos lados seguía el camino, formaron placetas, á las qué sq 
ascendia por gradas de cantería, para que reposando tillí él 
viajerQ disfrutase de aquel espectáculo inmensamente variado 
que ofrece el Perú á quien lo contempla de unas cimas mas al- 
tas que la región de las nubes; y cubiertas de nieve coetánea 
á sn existencia. 

Imitáronla también en el camino de lá costa sobre sus co- 
linas y promontorios para gozar del fresco, vista del mar y 
amenidad de los valles. No perdonaron trabajo por difícil que 
fuera con tal que condujese á la mejor comodidad. Las aguas 
que regaban los llanos eran elevadas á laa emineiiciás por 
cauces dirigidos con ingenio y arte. Los derrumbes y preci- 
picios, aunque los rodease un mar profundo, eran calzados por 
piedras de cantería traidas de larga distancia, labradas con 
primor, y tan^bien unidas, que sin otra mezcla que su ajusté : 
resisten á las injurias del tiempo [1]. 

Tres siglos de destrucción no interrumpida por las guerras^ 
terremotos, inundaciones, y la aterradora co(Ucia que sin, ce- 
sar arranca desde sus cimientos los edificios mas respetables 
en busca del oro que suele encontrarse soterrado, no han po- 
dido aniquilar las ruinas de estos memorables caminos, ni ven- 
cer la tenaz resistencia de su estructura. Los sabios que mi- ' 
dieron el grado terrestre bajo del Ecuador siguieron sus tra- 
zas en las operaciones al rededor de Quito, y notaron sus ves- ' 
tigios en los valles donde se presentan succesivos al que viaja 
con un ojo atento é investigador [2]. 

Estos prodigios del esfuerzo y victorias del conato manifies- 
tan que en todos los tiempos, en todo¿> los lugares en que el 
Ser pensativo ha comenzado á desplegar sus fuerzas intelec- ; 

]1 1 Al Norte del Enarco, hoy Cañete, hay de estos MonumentoB. ' 

[2j BoTiguer, Figure de la Térre cv. 

Ulloa Viage: Notic, Amerícaí^. •308. 
Mr. Paw, y algonoB otros negaron la existencia de «stos caminos. 

Tero quien podrá convencer 
Jjos testas en que él tino 
Perdieron del tal modo 
Que^acaso restaurarle no podría 
Bl hehoro todo 
Que en tres i$la8 
Anüciras se creta. 

. Iriarte A. P. pig. 46. • 



1 



, —360— 

tnales, en todos ha mirado la construcción, aseo y conserva- 
ción de caminos como los medios mas conducentes á perfec- 
cionar y vivir en comodidad y explendor. Pero á pesar de una» 
ventajas tan claras han sido olvidados en el Pera, y aun en 
toda la América española después de su conquista; siendo asi 
que no hay países en que mas se necesiten por la disposición 
dé sus terrenos, y sitios en que se hallan las fuentes de los pre- 
ciosos metales, que forman la cadena que enlazan las nao^nes 
del globo á fin de que se vayan reuniendo en un pueblo hu- 
mano y comerciante. Estaba reservado á los fines del siglo 
XVIII ver levantarse dé un golpe entre Lima y el Oallao, es- 
to es, en la garganta por donde han salido nuestros tesoros y 
entrado los frutos de la industria Europea y Asiática, un so- 
berbio camino que reuniese el lujo de la segunda á la magni- 
ficencia de la primera. Vamos á describir esta obra inmortal, 
induciéndonos con la pintura concisa y enérgica que un sabio 
[1] nos hace de nuestra anterior política en este punto, de los 
trabajos del genio feliz que la ha mejorado, y de los nobles 
sentimientos que la condujeron á perfeccionarla en la parte 
que hace nuestro objeto, y un monumento mas glorioso de su 
gobierno. 

^^Hasta nuestros tiempos, en América no se había pensado 
en caminos. Se marchaba én el cerro ó en el llano por Pendas ~ • 
sin otra dirección que la del rkstro que hablan dejado los an- 
' teriores viajantes. Todos los trabajos en esta linease reducian 
á ensanchar una ú otra ladera, quitar un risco ó una peña que 
había causado mil desgracias, y hecho llorar á muchos infeli- 
ces la pérdida de- sus intereses. El mas celoso gobernador se 
contentaba con escusar el riesgo de un paso ó sus peligros. No 
se vio solicitar la comodidad hasta los tiempos del Excmo. se- 
ñor Márquez de Osorno actual Virey del Perú. Siendo Presi- 
dente de Chile hizo componer y ensanchar el antiguo y prin- \ 
cipal camino de la cordillera de los Andes, que conduce desde 
la capital de aquel reinóla la ciudad de Mendoza y provincia 
de Buenos Ayres, por el mismo punto en que antes constin- 
yó estas famosas casas que resolvieron el problema de la posi- 
bilidad del tránsito de los correos en el invierno al tiempo de 
sn establecimiento. 

Penetrando al corazón de la montaña que media entre Val- 
divia y Fuerte de Acudía en el distrito de aquella plaza, abrió 
nn camino espacioso hasta la antigua Osorno, y cual era ne- 
cesario para verificar la reedificación de. esta ciudad, facilitar 
la salida de sus producciones y hacer desaparecer por medio 



[1] Señor D. Ramón de Rosas, Asesor General del vireynato, y Ándito' 
de Guerra, 



—¿61— 
de esta comunicación las fábulas que oscurecían su historia. 
El talento, la ñrmeza y la sagacidad de la mano á quien se 
encargó esta diligencia fueron ,todo lo necesario para llegar á 
veriflcarla en el breve tiempo en que se ejecutó [1]. 

Antes se habla ya empezado el conocido vulgarmente por 
el nombre del camino del Puerto, y corre por el espacio de 23 
leguas desde Santiago al puerto de Valparaíso, haciendo tran- 
sitables para todo género de carruajes las cuestas nombradas 
de Prado, Zapata y Altos del Puerto. Esta obra que puede 
llamarse la primera de su clase en la América, costó cuatro 
años de trabajo incesante, y una suma tan considerable en 
dinero en aquel reino abundante en comestibles y barato en 
los jornales, que ella por sí sola demuestra su grandeza. 

En Méjico, el Bxcmo. señor Márquez de Brancbifort siendo 
su virey emprendió y dejó muy adelantada la obra del camino 
de la capital á Vera-Oruz. En el Perú, gobernando el Excmo. 
señor don Manuel de Am'at, se hallaparon varios puntos dé 
los caminos de la sierra, y del que sale de, esta ciudad por los 
valles que yacen al Norte. Pero estos trabajos no pasaron de 
la clase de aquellos en que, como decimos, solo se trataba de 
escusar un estorbo ó remover un peligro. Así un camino có- 
modo, magnifico y di^o del primer pueblo del Perú estaba 
reservado para los tiempos de} gobierno del Márquez de 
Osorno. 

Este jefe, en quien compiten la ilustración y el amor por el 
bien público, estrañó el dia de su entrada en está capital, se- 
giin le hemos oido decir varias veces, que después de dos si- 
glos y medio de la fundación de Lima, en que se han juntado 
y conducido desde ella al puerto del Óallao tanto millares de 
millones de pesos para trasladarse á Europa por Panamá y el 
Oabo de Hornos, no se hubiese pensado en honrar este peda- 
zo de terreno, que habia tenido sobre sí tan espantosa su- 
ma de dinero, que ha animado la industria, mejorado las artes, 
adelantando las ciencias, corregido las costumbres, poblado 
los mares de flotas numerosas, yen una palabra, ha mudado la 
faz del Universo. 

Ocupado de estas reflexiones importantes creyó S. E. que 
uno de los principales objetos á que debia dedicarse en los 
principios de su gobierno era pensar en los medios de que se 
construyese un camino cómodo y suntuoso. Un camino. cuya 
vista recordase ser Lima la primera y mas grande ciudad fun- 
dada por los españoles en el nuevo mundo, é hiciese nacer en 
los que aportasen del antiguo la idea de que pisaban el suelo 



[1] £1 Teniente don Juan Clark Gobernador de Valdivia. 



—362— 
de lt)8 tesoros y del emporio del Perú. Tomadas sobre esto 
todas las medidas que hacen ordinariamente eficaces la auto- 
ridad y la prudencia se halló á poco tiempo, por la gaueroM- 
dad del consulado de esta capital, en estado de expedir el 11 
de Febrero de 1797 su superior decreto para que los ingenie- 
ros formasen el plano de la obra, su dirección y presupuesto 
del gasto que debía impenderse en ella. 

Evacuado todo con esta celeridad que inspira á los faculta- 
tivos el fervor de que veían penetrado al jefe y al pAblico, fué 
consiguiente el nombramiento de un Oonaisario que reuniese 
á la inteligencia y exactitud en la inversión de los caudales y 
su cuenta, el concepto y estimación universal. Como sin duda 
habia llegado este instante que tienen señalado en el Cielo to- 
das las cosas del mundo, se presentó sin exftierzo á la conside- 
ración de S. E. como apropósito para este delicado encargo el 
señor D. Antonio Elizalde, Caballero del Orden de Santiajro 
y Regidor perpetuo de esta ciudad. Un aplauso general por 
esta elección hizo vaticinar el breve y feliz suceso de la em- 
presa, y que contásemos con seguriclad poder decir en honor 
del Consulado lo que Tíbulo de la de Mésala — 

Namqne opibus congesta tuÍ9 hic Glarea^ dura. 

StemirtuTj hic apta cumjuguitur arte Sileix (1). I 

. Creeríamos usurpar mucha parte de la gloria de este Pueblo, 
si para describir la actividad y empeño con que se comenza- 
ron los trabajos, no usásemos de las mismas expresiones con 
que la pinta un elocuente Magistrado. (2). 

"ElVirey O'Higgins, manda, y á su voz se rompen las^mura- 
llas, se levantan los planos. Ingenieros, Arquitectos, Albañi- 
les. Carpinteros, mil personas se ponen en movimiento. Be- 
suenan los cerros á la explosión de la pólvora y corte de las 
canteras. La atmósfera se ilumina, y purifica con el fuego de 
los hornos encendidos. Aquí se aprontan las primeras mate- 
rias: acá se labran: por allá se acarrean: y cual las abejas se 
derraman y vuelan por los campos á reoojer en los cálices 
hermosos de las flores el meloso licor, que después vacian en 
las colmenas para su alimente y el de sus compañeras; tal á* 
la salida del astro del día se vé el camino sembrado de hom- 
bres, que en el duro cáliz de la tierra van regando eJ precioso 
sudor de sus rostros, y recogiendo la- miel de sus trabajos pa- 
ra vaciarla después en el seno de sus pobres familias." 

Ifada prueba mejor la exactitud de esta descripción subli- • 

me, que el haberse concluido entro de solo dos años lo princi- 
pal de una obra tan vasta, quedando únicamente algunas ac- 

(1) Lib. Eleg. 8. 

(2) £1 señor d6ii|José Arriz. 



-^3— 
oesorias para perfecdonarla. 8a oosto hasta el dia adciende á 
348,600 pesos. 

El camino, su dirección y partes están individualmente pre- 
sentados con sus escalas respectivas en el plano que acompa- 
ña á este discurso, é iremos indicando. Se sale de Lima por 
la portada de tres puertas que c<>rresponden á otras tantas di- 
visiones del camino. Su planta en la linea de la muralla mi- 
rando la fachada. Su basamento de cantería y de mamposte- 
ra fina de ladrillo el cuerpo y decoraciones, arregladas á un 
orden Jónico compuesto. En el frontón se lee: . * 

IMPERANTE CAEOLO lY 
ANNO M.DCOO. 

Sobre un cuadro de la puerta derecha: 

PBO BEGB 

■ 

KABOHIOKE AB OSOBNO. 

Sobre otro de la izquierda. 

SUMPTIBÜS 
eOMMBBOII LIMANI OQNSULATUS. 

Curante. 

DON J^TOmO ELIZAIiDB. 

Equite Aureató. 

Tiene por remates las armas del Bey en el medio, las de la 
Ciudad á la derecha, y las del Gonsulado á la izquierda. La 
proyección del camino es E. Q. y desde la portada hasta ci«^n 
varas antes del gVasis de la plaza de San Felipe el JKeal en el 
Puerto del Oallao, donde termina, tíene 13,310 varas de lon- 
gitud* En esta longitud se desvia de 15 á 20 grados de una lí- 
nea recta en cuatro puntos, por la necesidad de causar el me- 
nor gasto posible en las chácaras y edificios que se hallan al 
paso. 

Principiando el camino por la portada, 13 varas mas ade- 
lante de esta se entra en la plaza de la Beyna. Es esta una 
especie de anfiteatro de figura oval, cuyo diámetro mayor 
N. S. es de 108 varas, y el menor B. O. de 72. Sus muros es- 
tán ceñidos por la parte interior de 4 órdenes de gradas, por 
la exterior de sauces y coronados de hydras. En los espacios 
laterales que hay entre este óvalo y la portada se halla á la 
derecha la casa del guarda de rentas, y á la izquierda un ca- 
napé: ambos edificios forman una especie de aletas que unen 
la muralla de la ciudad, su portada y el óvalo de la £eyna4 
Bemata este en la entrada del camino, adornado de dos leo-* 



nefi Bobre pedestales. La latitud del camino es de S6 vansí 20 
del camino real carretero y 8 por banda de loa oaminoa cola- 
terales de á pié. El camino real Tá sobre un terraplén elevado 
sobre el terreno, fortalecido por dos caizadas de «ali-oanto, y 
macizado el centro de cascajo y capas de tierra hasta quedar 
una superficie perfectamenre anivelada. Para darle consistea- 
cia y evitar el polvo que siempre ha molestado allí, se ha em- 
pedrado formando cajones encintados de piedra» de rio de 9 
á 12 pulgadas de largo, colocadas verticalmente y cubiertas 
de una capa de arena limpia del mar de 4 pulgadas de grueso 
que hace un rodage muy suave. En los muros de las calzadas 
han construido escalerillas de cincuenta en cincuenta varas 
para comodidad de los concurrentes: tienen ademas sus guar- 
daruedas hechas de ladrillo triangular de uno á dos pies de 
altura, colocados á sardinel para que los defiendan de ana in- 
sensible ruina, impidan el paso sobre ellos á las gentes de á 
pié ó á caballo, é igualmente á los carruajes el que se pred- 
piteu. Los muroá están flanqueados por serie de árboles plan- i 
tados á cordel. 

Los caminos laterales de á pié van á nivel del terreno con 
un piso muy suave, y defendidos con atajadizos de manipos- 
tería para que las bestias no entren en ellos. Llevan igualmen- 
teá su lado extemo una serie de árboles paralela á la del cami- 
no del centro. De espacio en espacio hay canapés muy cómo- 
dos para el descanso de los caminantes. Besulta de aquí que 
del óvalo de la Beyna sale un camino triplicado, uno real car- 
,retero en el centro y dos laterales y que todos tres van entre 
una alameda de cuatro series de árboles, en cuyo último fon- 
do se descubre desde que se sale de Lima la bahía y sus ba- 
ques. En esta hermosisima disposición y agradable vista se 
camina hacia el Oeste por la longitud de 1,198 varas en cuyo 
punto se entra en la plaza del Marqués cuyo diámetro mayor 
es de 88 varas, y el menor de 52, en lo demás semejante al de 
la Eeyna con poca diferencia. Siguiendo adelante el cajnino 
á las 1,198 varas del segundo ovalóse entra en el tercero nom- 
brado del Consulado de igual amplitud que el antecedente. 
En este óvalo que dista de la portada 2,533 varas terminan los 
caminos laterales de á pié y la perfecta rectitud del camino 
real de enlfnedio. En adelante signe este solo flaqueado úni- 
cíi^mente de dos series de árboles hasta llegar á la distancia de 
8,795 varas del tercer óvalo en que se halla el cuarto con el 
nombre de Bellavista, por la inmediación á este pueblo. Su 
diámetro menor 40 varas. Entre el tercero y el cuarto óvalo 
forma el camino los cuatro ángulos que hemos dicho. 

La última parte del camino, que empieza en el óvalo de Be- 
llavista, vuelve á tomar la misma disposición que tuvo al 



—365— 
principio, esto es dos caminos laterales y cuatro series de ái^ 
boles, y continúa en la longitud de 1,908 varas hasta el quin- 
to óvalo nombrada de Pescadores, cuyo diámetro menor es de 
52 varas, y en que finaliza del todo este famoso camino. 

En toda su longitud h,ay formadas trece alcantarillas ó puen- 
tes de ladrillos para comodidad del paso de las aguas. Igual- 
mente 36 rampas de comunicación para las haciendas inme- 
diata!^. Lat altura promediada de un extremo á otro para el 
arreglo y perfección de los desniveles; se regula desde uno 
ha«ta6 pies en los muros de la calzada principal, según con- 
vino. Se calcula que concluida la plantación de los árboles, 
que tiene á los lados, ascenderán al número de 14 pies, me-' 
diando de unos á otros la distancia de cuatro á cinco varas. ' 

Entre todos los dias que han sido señalados con piedra blan- 
ca en ios fastos del Perú, quizá ninguno ha sido mas solemne 
que el 6 de Enero del año liltimo del siglo XYIII, en que se 
estrenó el magnifico camino del Oallao. Destinóse para servir 
de teatro á la memoria que hacemos anualmente de la funda- 
ción de nuestra Capital y de su nombre augusto. Las cenizas 
de Pizarro se animaron en este ^ día. El inmenso gentío que 
ocupaba las gradas de la plaza de la Beyna, el Marqués,y jOon- 
sulado, y los caminos laterales: la multitud de ricos carruajes 
que habia sobre el pavimento de aquellas y del camino real, 
manifestaban en su esplendor y magostad hallarse en estos si- 
tios afortunados 'los ciudadanos de los reyes< 

A vista de los grandes objetos nacen en el alma grandes 
ideas, conformes si á los sentimientos que la dominan. En me- 
dio de este concurso innumerable y de estos jardines gratísi- 
mos que lo rodean, «puede yo, decia uno, respirar el aire vivifi- 
cante que despiden las plantas heridas por el astro del dia, 
tan saludable y provec;boso á los habitantes de este clima por 
su tierna constitución. A la dulce sombra de estos árboles y 
sobre este asiento, repetía otro, me defenderé de los rayos del 
sol, y el labrador, el artesano, el marinero y cuantos buscan 
conmigo su subsistencia eü estos campos y playas, caminan* 
do sobre este suave piso no sentirán desfallecérseles I9S fuer- 
zas que necesita su pobre familia para el dia siguiente. 

Un comei*ciante que desde la portada descubría en el fondo 
de la alameda del camino la bahía del Oallao y en ella flotan- 
do su buque, le dirijia los ojos sin detenerlos en tanta varie- 
dad de objetos arrebatadores que intermediaban. He ahí mis 
esperanzas decia señalándole con el dedo. Podré en adelante 
sin temor que se me rompa el 6oche ó caer precipitado correr 
con celeridad hasta el puerto, calculando tranquilamente las 
ganancias que han de reportarme sus viages, 

TOM. VI. LlTBRAXUEA— 49. 



1 



—366— J 

Qué diversos me parecen los campos que median entre la I 

capital y el Gallao, pronunciaba un filósofo, después que sea | 

ooj>cluido este suntuoso y agradable camino! TJn Dios bene- 
factor ha reunido en este breve espacio cosas que entre sí dis- 
tan mucho en el resto de la tierra. TJna vegetación siempre 
animadfi del brillante y hermoso pincel de la naturaleza, li- 
bre del triste imperio del invierno: un mar pacifico que lleva 
en sus espaldas una república comerciante: una cordillera ele- i 

yada, habitación continua del granizo, el relámpago y el true- \ 

no me representa al mismo tiempo todas las regiones del glo* 
bo y lias cuatro estaciones del año. La incomodidad que te^ 
nipn antes estos lugares no me dejaban percibir espectáculo 
tanm^gestuoso; pero ahora el aseo, el descanso que ofireeen, y 
l^ g^!!aiideza que inspiran, hacen elevar los pensamientos has- 
ta medirse en su contemplación con toda la naturaleza. ¡Di*- 
chosas las manos á quien debemos estas proporciones, estas 
ypntajas! ¡Oh y si como este oamino está ya sirviendo de ejem*- 
piolara que se adornen las. otras entradas de nuestra ilustre 
patria (1), lo i^rá también para que los hombres dejen de sei^ 
vir en las montañas y sierras bravas en lugar de las bestias! 
Un palmo mas de ensanche á sus senderos y laderas, pasaírán 
Qstas y descansarán aquellos. Y á la mano bene&ctora que 
lo lueiere le prepararemos los elogios inmortales que por el 
catmino suntuoso' del Callao consagramos al JSxcmo. Señor D. 
Ambrosio OPhiggins de VaUetuiriy Marqués de Osorao, Bacon áb 
Vallenari, Virey Gobernador y Oapitan Greneral del Pera. 

JEstdndose imprimiendo este Bisowrso fálleeió el JBktcmo. Señor 

Marqués de OsórnOy dia 18 de Marso á las 12 y media del día. 

Fims vites efus neibis luctuosus^ amisis tristisy ejctiraneis etiam 

ig;notisque non sirve cura fnit. 

Tacit. in Agria .\ 



(í\ Camino de Mirañores que con mucbo celo y diligencia está haciendo 
componer de orden de S. E. el Sr. don Manuel del Vallé, Alcalde del Crí- 
liien de esta Real Audiencia. 

Nota:— Las láminas grabadas sobre acero que acompañan el Discurso de 
1^ eoea, y el que antecede que se pronunció al inaugotar el capime de la 
Porcada del Callao, nos han sido cedidas por el señor D* Pedro Paz-Soldan 
y Unanue, nieto de nuestro autor, quien las hizo trabajar en París hace 
varios años, cuando preparaba una edición completa de las obras de su 
abiselo, que no pudo Uevar á cabo por su regreso al Perú. 

Cumplo con un deber en consignar aquí esta circunstancia, manifestam- 
do mi gratitud al joven, y ya ventajosamente conocido literato con el sea- 
dónimo de "Juan de Arona," señor D. Pedro Paz-Soldan y Unanue que con 
tanta generosidad ha contribuido á dar importancia á este libro. 
Lima, Abril de 1875. 

Maniiel de Odrioeola. 



I 

J 



—367— 



Exposición 

SOBRB IiA HACIENDA PÚBLICA DBL FfiBÚ, POS Sli MINISXBO 
DB EliliA.. 

3eñor: 

,Bu el tiempo en que la patria ha luchado, con varia suerte, 
para cQii^segair su independencia, he sido llamado tres veces 
á desempeñar el ministerio de hacienda. En las dos prime- 
ras existían algunas ruinas para reparar]el edificio; mas ahora 
han desaparecido hasta los escombros^ 

Pereció la libextad del Perú, no tanto por la fuerza del ene- 
migo, cuanto por la negra traición de los desnaturalizados 
que les entregaron la capital y las fortalezas del ' Oallao. Ani- 
quilado él todo, nada podia quedar de las partes que lo for- 
maban. 

£!a tal angustia era necesario, que, para repararle, apare- 
cjera un gepip de aquellos que la Providencia soberana hace 
existir, á muy distantes épocas, en la carrera de los siglos. 
Nació este en Oolombia, y le condujo entre nosotros, cuándo 
por todos sus ángulos se desplomaba el Estado. 

Homero, en el calor de su extraordinaria imaginación, quiso 
á veces exaltar en tal manera la grande alma de los héroes, 
que sirviendo sus imágenes como una prueba del pencar su^ 
blime, no se hallara el original en la naturaleza humana. No 
será lisonja si yo digo, que después de siglos y siglos, vino 
á encontrarse el de Ayas rodeado de peligros y tinieblas, en 
los abrazados desiertos de Guarmey y Oasma, en la persona 
del gener£i.l ^olivar. Al rededor del él, y á muchas leguas nar 
d^ existia que no le fuese adverso. La estación, los elementos^ 
los hombres, la guerra, la infidencia, la anarquía, la desolar 
cion general del pais, todo amenazaba, de cerca, su propia 
existencia. 

Los que habíamos querido sepultamos bajo las ruinas de la 
patria, rogábamos al cielo le abriese algún camino por donde 
pudiera retirarse al Ecuador. De alli con mas fortuna, y con 
toopas y recursos, volverla, en otros dias felices, á emprender 
la libertad del Perú, de la que, aunque nosotros no disfrutaría 
mos, gozarian nuestros hijos. 

El solo era superior á los obstáculos físicos y á los pensar 
mientes melancólicos. Vuela á Tnyillo, provincia debastada, 
y en desorden civil. A su presencia huye la discordia: la tier- 



—368— 
ra estéril brota y le auxilia. Beune los tropas esparcidas de 
Oolombift^ organiza las reliquias de las del Perú, iomaa ejém- 
tOy lo equipa, marcha, y mientras gimen las prensas de Lima 
pintándole con colores^injUstos é inicuos, los pueblos que ex- 
perimentan sus virtudes Ío conducen en brazos i>or las breñas 
intransitables de los Andes, á los picamos de Junin; alcanza 
al enemigo y lo derrota. 

' La aurora de nuestra libertad asoma de nuevo por los altos 
montes: aurora mas graciosa,*y benéfica que la que amanece 
sobre el desgraciado enfermo, ó extraviado caminante, que es- 
peran con ansia sus primeros albores para encontrar alivio ó 
seguridad. Ella n6 solo nos ha consolado y asegurado la exis- 
tencia, si también prolongado la vida. Un lustro he retroce- 
dido en la revolución de la mia. 

Aun no hemos bien celebrado la victoria de Junin, cuando 
el rayo de la guerra revuelve desde el Apurimac sobre la an- 
gustiada Lima, al tiempo que ya los males y desastres, que la 
oprimían, se hacian muy superiores á la tolerancia humana. 
Con un puñado de soldados medio armados, llevando por de- 
lante su nombre y su gloria, entra en ella, encierra á los or- 
gullosos enemigos de los castillos, y como si su presencia solo 
bastara para imponerles y contenerlos, se sienta tranquilo á 
organizar el sistema político del i>oderoso estado que condu- 
cia á la libertad. 

tQue doloroso me es, que cuando he llegado á conocer sus ex- 
celentes calidades,y extremado amor por la independencia de la 
América, no resida en mi una actividad proporcionada para 
desempeñar con acierto la parte de los trabajos públicos que 
ha querido encargarme, y mucho mas en la situación en que 
nos hallamos! 

Sin hacienda no hay estado, porque esta es el alimento y 
la sangre del cuerpo político. Tampoco puede haber hacienda 
sin ingresos, los que de necesidad deben faltar en un país en 
que ha desaparecido la agricultura, y donde la minería, prin- 
cipal fondo de él, está deiTumbada, y el comercio de la capi- 
tal sin puerto y sin numerario. 

^ Al dejar los enemigos el Perú, quisieran que no quedaran 
sino desiertos y cordilleras, y asi con furor superior al que 
pintan Las-casas, y algunos filósofos haber ejercido en el tiem- 
po de la conquista, han destrozado cuantos seres y fortunas 
pudieron. De aqui es que esta capital tan rica y opulenta en 
otros tiempos, lejos de ofrecer auxilios á la entrada (!& S. E. 
los exigían las inumerables familias que redujeron á la mi- 
seria. 

Seis millones de pesos se consiguieron por préstamo en Lon- 
dres, y consumidos y mal gastadospor los gobiernos anteriores, . 



—369— 
cinco entre cálculos y números, quedó solamente un millón en 
billetes y libranzas, único fondo,único recurso con que ha con- 
tado S. E. para los gastos inmensos de la lista civil y militar 
de 1^, capital, del ejército libertador del Alto Perú, y déla ma- 
rina; siendo asi que los alcances que se deben á los yalerosos 
y beneméritos militares que, exponiendo su vida y sangre nos 
han dado la libertad y fundado la república, asciende próxi- 
mamente al duplo. 

Si á estas cantidades se juntan las enormes de los emprés- 
titos hechos al gobierno con motivo de la desastrada guerra, 
que anteriormente se ha sostenido, se deducii'á que las rentas 
del Perú en el estado de ruina y desolación en que se hallan, 
no pueden cubrirlas ni sostener en lo succesivo las crecidas ex- 
pensas que aun restan que hacer. De necesidad es pues, que 
el Congreso encomiende á S. B. haga solicitar un nuevo em- 
préstito en Londres de diez millones de pesos; conseguidos 
que sean se podrá pagar al ejército y á . la marina, proveer á 
su ulterior subsistencia, y cubrir los muchos créditos del. es- 
tado, reuniéndolos todos en uno solo, cuya satisfacción podrá 
practicarse con menos embarazo, y sin aquella agonia con 
que cada particular oprime al gobierno. Si á materia tan in- 
teresante quiere el Congreso que el ministro conforme al ar- 
tículo 158 de la constitución, dé mas extensión, lo hará luego 
que tenga á bien ordenárselo. 

Por ahora, debo contraerme á enunciar los trabajos rentís- 
tico que en dos meses de existencia en la capital se han ejecu- 
tado con el fin de ir restaurando su administración. 

Ya en otra ocasión he expuesto al soberano congreso, cuan- 
to podia convenir al conocimiento de la arruinada tesorería 
del Perú. Caminando incesantemente al abismo, sacarla de 
él, es la obra del' grande hombre que preside .á nuestros des- 
tinos, Su impulso se difunde i)or tod^s partes con la rapidez 
del rayo eléctrico. Pocos días han corrido de su ingreso e^ 
Lima y están ya puestos en movimiento los ramos^ destina- 
dos al sustento, defensa y esplendor del estado, y el arreglo 
de su exacta distribución. La contaduría y tesorería general 
se hallan establecidas conforme á la constitución. El oscuro 
laberinto de aduana, apesar de la deserción de algunos de sus . 
jefes inteligentes, vá reponiéndose, no sin trabajo, sobre un 
pie activo y expedito; y desterrándose los innumerables abib* 
sos y contrabandos á que habia dado origen el poco orden, y 
la ninguna firmeza del anterior régimen. Dificil es desarrai* 
garlos males que brota la codicia; empero la. ley de comisos 
que ha hecho publicar S.E. y el puntual cumplimiento que se 
leda, vale masque los numerosos resguardos en que el crimen 
es impune, y ninguna la recompensa del zelo. 



—370— 
Ed verdad que la £^ta de bnenos reglamentos eansa peijui- 
eioa al estado, y al comercio. El continao tnmnlto, en qne hft- 
mos vivido, no ha permitido rectificar ni el provisianál, qne 
se publicó al declararse nuestra independencia, ni otrb mas 
extenso y claro en que trabajó el congreso. En la última ex- 
patriación se han perdido casi todos los documentos relati- 
vos á ellos. 

Es de necesidad organizarlos de nnevo, ahora qne libre el 
Pera deben uniformarse sus aduanas. El punto céntrico sobre 
el tanto que debe satisfacerse en la introducción de los géne- 
ros europeos, no puede arreglarse, en su totalidad, á las teo- 
rías de los escritores de aquellos paises, en los que la práctica 
no está muy conforme cou sus liberales ideas. Ellos son 
agricultores ó manufactureros, y las negociaciones en -el can- 
je no terminan, comienjian, si, coa nuevos riesgos. En el Perú, 
^pai3 minero concluyen; por que se hace la permuta con el oro, 
y la plata de valor inalterable, y objeto de tantas aj itacáones. 

La multitud de gastos del gobierno español para llevar la 
guerra desde el Penü á todos los paises que le rodean, le hizo 
contraer grandes créditos. El consulado era el gamnte de 
ellos, y para]>agai' sus réditos se señalaron sobre el comercio 
derechos, que, impuestos bi^o su nombre,' cobrados y distriboi- 
dos por sus priores y cónsules, crearon una complicada, ex- 
pendiosa y no conocida administración eu otros paises. 8. E. 
ha repuesto al consulado en su primitivo orden con arreglo á 
lis mismas coustitnciones, y para saldar la deuda que corres- 
onda al estado conforme al articulo 161 de la constitución, 
a oomeneado por los medio» que se proponen en el proyecto 
ue tengo el honor de presentar al congreso. 
Tres veces los españoles han arruinado las máquiuas, ylle- 
ádose los instrumentos de la casa de moneda. Sin numerar 
lo no hay giro, y sin giro fracasa la existenda del pueblo. El 
loesante bamboleo de la débil república del Perú no ha per- 
litido repararla, por qne apenas se llegaba al término de loa 
íabajoa emprendidos, cuando el enemigo los derrivaba de 
nevo; mas desai«areeió este, y desapareció para siempre en 
w gloriosos campos de Ayacueho. Con extraordinario afán 
9 ha emprendido repararla sobre bases sólidas. Entá conolui* 
a, el Perú es ito pais minero, la casa de moneda es, de neoe* 
idad: uno de los principales manantiales de sus riquezas. La 
loneda no es tan solo el signo representativo de las especies 
Dmerciales. Es en las repúblicas, un monumento qne> lleva & 
i posteridad el recuerdo de los sucesos prósperos y adverso^ 
en las monanitúas el testimonio infalible del dueño y señoc 
e ellas. ¡ Que doloroso I de cuan infausto agüero me era ver 
«tir moneda con el basto de Femando VII proclamada ya 



—371— 
la independencia. Eñ cada momento lá tómia perdida, y eh 
efecto se perdió. 

'TTh diseño se propuso, que encontró mil obstáculos, jy él, en 
sf, carece del piíncipal carácter de la moneda, sencillez y éx- 
préBÍon. Asi eii el cuño demora las labores, y las hace im- 
perfectas. No obstante, como cualquier moneda qué indique 
la iüdependencia, debe preferirse á la que lleva e! solemne 
testimonio de nuestra esclavitud, sigue gravándose hasta que 
él congreso apruebe el que le presento. Tiene el mérito de es- 
tar simplificados los símbolos del adversoy reverso, y perpetuar 
en el ex&r¿6 la gloriosa victoria á quien debemos 1^ entera li- 
bertad. 

La casa dé tíiónéda sin minas, seria un mero adorno de lá 
capital. Nuestro general asiento, qué es el de Pasco, ha sido 
tres 6 cuatro veces derrocado por los enemigos, y destrozadas 
las máquitíaJs de desagüe. S. E. ha expedido providencias 
eficaces para la restauración de las labores de este poderoso 
cerro. Mas adelante, y conforme se encuentren medios, se es- 
tablecerán l09 bancos de rescate y habilitación, y las ricas en- 
trañas de nuestra tierra madre, nos sacarán de tanta miseria 
en que nos han sumergido los avaros españoles, cuyo eterno 
dolor es no poder llevar á la suya, cuando menos á Pasco y 
Potosí. 

Mientras que, con mano activa, se fijan y hacen jirar los 
puntos centrales de la hacienda pública, se comunica á las 
p^rovindas el propio impulso. A todas ellas se han remitido 
órdenes expresas áfin de que los prefectos, á la mayor breve* 
dad instruyan al supremo gobierno sobre la situación y orden 
én que sé hallan las administraciones y oficinas de sus depar- 
tament(Á, y sobre los hombres de mejores aptitudes para em- 
plearse en ellas. El comercio, la minería, las acciones recí- 
procas entre el estado y el pueblo, el arreglo para una con- 
mbuciótt en proporción & los haberes de lo^ individuos: los- 
planes páorá extinguir la deuda pública, y la simplificación én 
el eonlipHcado ínañejo de las rentas, para situar á estajs sóbire 
principios claros y expeditos, aplicando al Perú las Mcésy 
V adelantamiéiitos económicos del siglo, son objetos que sé nu- 
meran entre los grandes que ocupan la atención dé S. E. Go* 
mo xm exelenté artista tiene á la vista los diseños de su obra, 
j solo espera los materiales para concluirla. A si es qtié gran- 
des capitanes han sido también consumados políticos, que á 
la gloria de hacer triunfar su patria unieron la inapreciable 
de establecer sru gobierno. 

Legisladores: el bello sistema político de la república, que 
habéis trazado en vuestra constitución, sé afianzará y pros- 



=1 



—372— , ^ 



perará en sus manos, como se ha afianzado y prosperado nues^ 
tara libertad, teniendo en ella el poder de las armas. 

Por esto es, que vuestra sabiduría lia brillado altamente 
en la constancia con que habéis sostenido la lucha obstinada 
en que os renunció el supremo mando. La voz de trueno del 
guerrero no alteró vuestra Arme resolucioD, ni aquellas pala- 
bras que parecían alejarle de los peruanos, os hicieron dudar 
un momento del paternal amor con que los mira.- ISo me es 
posible describir á cuanto subió su afección y ternura en los 
aciagos dias, en que despavorida la inmensa población de Li- 
ma, huyó de ella como de un funesto hogar de hambre, ultra- 
jes, desolación y muerto. Pretendí hacerlo al congreso de pa- 
labra, mas agolpándose por todas partes sobre mi imaginación 
las sombras de los aterrados ciudadanos^ sus lágrimas, su as- 
pecto miserable, el espantoso silencio de ella; que se yó 

se me oprimió el pecho, y la voz se cortó y aun ahora 

mismo, la mano se paraliza, y la pluma se cae. 

Padres enseñar á vuestros hijos, y que estos lo hagan con 
los suyos, á que en las mas distantes edades repitan. 

Duz Bolvüo/if^ erat Twster quojustior alter^ 
Necpietatefuitj necleüomajory etarmis. 

Lima Febrero 14 de 1825. 

H. TJnánue. 



MbHOBIA PBBPABADA PABíl la PBESENTACrOy KAOIOXAIi POB 
<EL SBl^OB MIKISTBO BB ESTADO EN EIi DBPABTAMENTO BB 
GOBIEBKO T BBLAOIONBS EXTEBIOBES, Y VIOB-PBBSIDBIÍTB 
DEL CQNSBJO DE.GOBIBBNO DOOTOB D02Í HIPÓLITO TOTAKU». 

Señor: 

Por tercera vez me presento ante el augusto Congreso del 
Perú, para dar cuenta de la parte administrativa del Gobier- 
no^ que he tenido el honor se me confiara. Llamado al Minis- 
terio de Hacienda desde los dias en que se proclamó en esta 
capital la independencia de la Patria, identifiqué mi suerte con 
la suya. (1) Buinas, incendios, secuestros, emigraciones pwo- 
sas, abandono de hijos, esposa y bienes, me oprimieron en sns 
desastres^ su reparación me restituyó á mis hogares, y á sus 
primeros empleos. 

(1) En efecto, yo pienso que la patria no nos ba dado el nacimiento y la 
edacacion para esperar que la correspondamos de nuestra parte, y que so* 
lo lo ha heeho para hacerla esclava de nuestros intereses, para proporcio- 
nar un refugio pacífico á nuestra desidia, y para servirpos de lugar de asilo 



I 



. j 



N 



-373— 

Oatorce meses han corrido desde que el ilustre Libertador 
del Perú entró triunfante en Lima, ocupada y acerbamente 
oprimida por sus enemigos. Quiso por su rara bondad que del 
Ministerio de Hacienda pasara al de Gobierno y fiel aciones 
Exteriores; y al ausentarse de Lima, me confió también la 
Presidencia del Oonsejo de Gobierno, que instaló con alta sa- 
biduría. Esfuerzos Superiores á mi edad, he hecho por desem- 
peñarme con alcierto, y la alta aprobación que he merecido á 
S. B., es, la mejor prueba y el piayor premio á que yo podía 
aspirar. 

Beuniendo este excelente capitán la elegancia de la pluma 
á la fuerza de la espada, 'de la rara manera que, en los dilata- 
dos siglos de los héroes, acaeció en Scipion, Oésar y Napoleoa, 
ha bosquejado el gobierno de mi tiempo, con una grandeza y 
benevolencia dignas de él solo (1). No, no: no es ese el cua- 
dro que me pertenece; es sí, el de su gloria y política, de la 
cual ha querido que un destello cubra á su hechura. En v<>r- 
•dad, este régimen afortunado, en el que apesar de un sitio dis- 

j de reposo. Por el contrarío, eree tener un derecho privilegiado aobre el 
oso de fas mas numerosas t mejores facultades de nuestra alma, de nuestro 
espíritu y de nuestra razón, y que nosotros do podemos disponed, á nuestro 
proYecho, sino de aquella parte que no le sirve á sí misma. Cicerón, de la 
RepúbKque. L. 1. 

FatrÍ€Bque impenderé vitam, Luo. 11, 382. 

(1) Cuartel general en el Plata, Noviembre 25 de 1825. — Supongo queM- 
ta carta, encontrará á ü. dueño del Callao, y que dirá U. al Congreso, ó al 
Greneral La-Mar: entrego la República libre de enemigos, libre de facciosos, 
libre de todas las calamidades públicas y domésticas: las leyes han manda- 
do en lugar del Gobierno: la nación ha cumplido sus empeños, y ella ha S6- 
cobrado su dignidad, mientras la he servido. Yo no veia esta nación cuando 
empecé la caiTera pública, tT ahora la presento íntegra, gloriosa, libre y pa- 
cíftca: los enemigos la cubrian al nacer con todo el peso de su poder y de 
mal, y al presente, ¡Peruanos! m'rad, mirad y ningún español ofenderá 
vuestra vista. ¡Cid! y un solo eslabón de las cadenas no lierirá vuestros 
oídos. ¡Reflexionitd, y contemplareis que la disolución de los males que de- 
solaban vuestro país, ]ia producido los elementos del bien, la dicha, ó la 
esperanza de todos. V. dirá, verdad, después de* haber concluido este dis- 
curso, y el Perú será justo si considera á U. entre sus primeros bienhecho- 
res. ^Bolívar. 

Non unius diei gratulationem, sed oetemitatem, inmortalitatemque dona- 
vit. — Oicer. 

Sin recursos, sin experiencia, en medio de la mas desastrosa anarquía, 
iqué podríamos hacer, ni yo, ni el Concejo, ni todos los peruanos honrados? 
Nada: volver á la cruel esclavitud de los españoles era nuestro desgracia 
do destino. \ este solo gran capitán y legislador, es á quien se le debe to- 
do, y todo: la gratitud inmortal á sus beneficios, á sus gloríosos sacrifidot 
por nuestra libertad, por nuestra paz, por nuestra tranquilidad y por las 
excelentes bases sobre que vá estableciendo la República, es nuestro deber^ 
nuestra obligación y el alto y honroso cargo que debemos cumplir con nues- 
tros h\jos, ahora y en las generaciones ñituras. 

ToM. VI. Literatura.— 50. 



—374^ 
pendioso de mar y tierra, con solo los recursos de los Depar- 
tamdQtos de Lima, Junin y la libertad, se han cubierto gastos 
inmeasoSy sin gravar de contribuciones á los ciudadanos que, 
en el estrepitoso y continuo ruido del canon del 'Callao, han 
vivido tranquilos en sus talleres y casas es la obra del gran- 
de hombre, que hizo que dominasen las leyes, y que con su di- 
rección y luces encaminó al supremo magistrado que habia de 
aplicarlas. 

Al indicar mis destinos, parece que yo debería trazar ante 
los ojos del Congreso el cuadro entero de la administración 
púbUoaen el año de 1825, el primero de la libertad general 
del Perú. Mus lo ejecutarán con superioridad en sus respecti- 
vos d^artamentos los esclarecidos ministros de Guerra y Ha- 
cienda, vocales del Consejo de Gobierno. Yo me contraeré á 
la exposición de los asuntos de mi peculiar inspección, que son 
los de Gobierno y Belaciones Exteriores. 



dbBIERNO Ilf TEBIOB. 

Se me angustia el ánimo al recordar la desorganización y 
miseria en que yacía Lima al acercarse S. E. — Uabia pasado 
Buecesivamente por la anarquía y el feroz despotismo, y lo 
que es mas terrible, el abandono de toda autoridad que man- 
tuviera el orden. ¡Qué dias tan peligrosos corrió esta inmensa 
población! Salvóla de un desastre general el Ser inefable que 
cuida de sus criaturas. 

Tan melancólica situación comenzó á desaparecer á la pre- 
sencia de S. E. el Libertador. Este astro benéfico debia haber 
permanecido algún tiempo sobre nuestro horizonte; pero faé 
imperiosamente llamado á consolar otras rejiones del sur. Al 
ausentarse, dejaba socorrido lo mas urgente, que es el ham- 
bre, habiéndose conducido bastimentos de valles muy distan- 
tes; y los habitantes presentaban de nuevo el rostro risueño y 
festivo, que le desfigurara la desgracia, y hacia reverdecer la 
paz que les condujo su protector y padre. 

Entonces tomó el Consejo las riendas del Gobierno, y como 
Presidente de él, protesté en público, que mi deber era devol- 
ver la capital en el goce de la tranquilidad en que me la en- 
tregaba S. E., (1); y asi es como; bajo los auspicios divinos la 
he trasmitido al digno Jeneral, á quien pertenecía la presi- 
dencia. 

Vaticinando Anchisis á Éneas los futuros acaecimientos del 
pueblo Bománo, le indica como base esencial de toda buena 



(l) Gaceta de Gobierno^ tom. 7, núm. 31 del 7 de Abril de 1825. 



—875— 
administración, y preferente á cnalqaier otro medio, establecer 
las leyes, y las costumbres de la paz. 

PiUÁsqueimponere marem. F. L. 6. 852. 

Si en todos tiempos, si en cualquier parte es necesario ob- 
servar esta importante máxima, lo es principalmente, en los 
pueblos que acaban de salir de una efervescencia revoluciona- 
ria. De necesidad deben sosegarse los ánimos irritados, cortat 
de raiz los proyectos turbulentos y ambiciosos, reducir á cada 
ciudadano á su clase, y procurar que vivan en amistad y ocu- 
pados. El gran resorte de tan importante transmutación, es 
1^ recta administración de justicia. Ante la ley, no debe haber, 
diferencia en las personas, (1), y lo que ella mande ha de cge- 
outarse con equidad y firmeza. Pocos actos judiciales basta- 
ron para remediar algunos males introducidos por la calami- 
dad de los tiempos. 

La Patria sufrió una pérdida lastimosa en la muerte del D, 
D. José Sánchez Carrion, que falleció temprano, como regu- 
larmente acaece en los genios precoces. Sus excelentes talen- 
tos y amor al bien público hicieron abrazar con empeño el ar- 
reglo del foro en que estaba muy versado. Desempeñando la 
Secretaría de Gobierno y Eelaciones Exteriores, estableció la 
Corte Superior de Justicia de la ciudad de Bolívar, la Superior 
y Suprema de Lima, por la orden y dirección de 8. E. el Li- 
bertador, quien en su tránsito para la Bepública de Bolivar, 
completó en el (luzco y Arequipa el número de las <!j[ue debian 
administrar la justicia en la del Perú. Para su mejor arreglo y 
expedición, se ha impreso el primer tomo de decretos y leyes 
publicadas por la suprema autoridad de la Bepública, y se tra- 
baja en la edición de los que han de segairle. La sabiduría del 
actual Congreso, rectificará las que hubiese enseñado la ex- 
periencia ser menos apropósito, y organizará las otras que fal- 
tan para llenar el vacío qne presenta nuestro sistema judicial. 

lío permitiendo la escasez de letrados, surtir á todas las pro- 
vincias de jueces de primera instancia, conforme á la Oonsfeife»- 
cion, rge el artículo 49 de la suprema orden de S. B.el Liberta- 
dor, dada en el cuartel general de Oaráz á 24 de Mayo de 1824. 
Conforme á él, en defecto de jueces de Derecho, contináan 
administrando justicia los intendentes y gobernadores. Aun- 
que estos funcionarios eran electos por el Supi^emo Gobierno^ 
k>s pueblos del departamento de la Libertad, adquirieron por 

(1) Siendo la ley el lazo de la sociedad civil, y el principio de la ley, la 
igualdad: no pndiendo esta existir entre las fo -tonas, ni entre los talentof, 
solo pueae observarse entre los derechos de los ciudadanos de ana mi WA 
Bepublica, y en verdad, que una ciudad no es otra cosa, que lá diitjib^* 
cioii igual de la justicia.— Cicerón, de la República, L. 6. 



—376— i 

sus grandes y heroicos sacrificios á la causa de la independen- 
cia; el privilegio de elejirlos por sí misinos (1). 

La igualdad de los ciudadanos ante los ojos de la ley, se 
compoue con la diferencia de clases y condiciones, que la na- 
turaleza, la sociedad y la religión han establecido. El gobier- 
no de los pueblos debe ser uno, y á él le han de estar someti- 
dos, con arreglo á las leyes, que no son otra cosa, que lazos 
que unen con firmeza las partes del cuerpo político, para que 
no se disuelva. Empero, el Gobierno Supremo que forma en 
él la cabeza, debe distinguir aquellas que concurren con pre- 
fereucia á su seguridad y esplendor (2). 

Sin religión no hay sociedad. La interior reponsabilidad 
del hombre es el contrapeso mas fuerte que tiene contra la in- 
fiuencia de sus pasiones Tenemos la felicidad de profesar la 
Católica, que en la cadena dé la tradición, viene directamente 
del divino instituidor del cristianismo. El Consejo de Qobi»- 
no, prohibiendo la circulación de libros que ataquen sus dog- 
mas, y la moral pública, ha cumplido con los deberes que en 
esta parte le impusieron la constitución y la honestidad, y rec- 
titud de un buen ciudadano. La corrupción del corazón de 
los jóvenes, que trae consigo la lectura de libros licenciosos, 
«olo puede originar desastres en la vida civil, y es una cruel- 
dad permitir se malogren talentos, que podían estar mejor 
ocupados en tantas y tan excelentes obras, partos gloriosos de 
los grandes ingenios que han sido preciosos ornamentos del 
linaíe humano. 

Testifico á honor de nuestro clero, que en lo mas mínimo 
ha inquietado al Supremo Gobierno: sumiso siempre á él, ha 
sufrido grandes privaciones con la guen-a, y sostenido la cau- 
sa de Patria, sin que sus esclarecidas luces hayan podido ser 
ofuscadaí^ por las arterías con que se pretende ultrajar el de- 
recho de las naciones á pretesto de la autoridad del cielo. 

Decía un poeta, que nada importaban las leyes sin las cos- 



(1) Cireiilares de 2 de Agosto de 1824.— 8 de Marzo de 1825— y supremo 
decreto* de 14 del mismo m^s. Pero han sido rev.ocadas estas gracias, á cau- 
sa de sus grandes inconvenientes por supremo decreto de 27 de Mayo del 
presente año. Véase el peruano num. 8. 

Todos los funcionarios, en el orden administrativo, deben ser de la no- 
minación del Gobierno, porque ellos son sus luientes directos para la ejecu- 
ción de las leyes, y desempeño de los negocios públicos, y porque siendo el 

garante de su conducta, debe pertenecerle su lección jBontn, La 

Administración pública. T. ] . 

(2) Los pueblos, aun los mas enemigos del yugo y de la si\jecion han te- 
nido siempre grandes condescendencias para diferentes personas, existien- 
do en BU espíritu un maraviUoso discernimiento de los hombres y sus ran- 
gos. En verdad, si en un pueblo se tributare igual honor á los hombres los 
mas eminentes y los mas ínfimos, era inevitable que la misma igualdad se 
«>nvirtiera en una estrema injusticia. — Cic. L. c. 



—377— 
, tumbres, por eso no basta para formarlas en los jóvenes el 
prohibir los medios que las corrompan; es ademas de suma ne- 
cesidad fundar establecimieutos donde se nutran con buena 
doctrina. Todos los que aquí antes existian, estaban entera- 
mente sin ejercicio: la juventud dispersa, y las rentas arruina- 
das. El Oonsejo procuró restaurarlos, buscando los recursos 
mas ptecisos ejx las necesidades que por todas partes le ro- 
deaban; y aun fundó otros nuevos que hacian mucha falta. 
Conforme á su objeto, se hallan en ejercicio en la capi- 
tal dos escuelas numerosas de primeras letras, arreglada su 
enseñanza al sistema de Lancaster. Existen otras subalter- 
nas que igualmente se han ido propagando por las provincias 
para que conforme al artículo 184 de la Oonstitucion, partici- 
pen de esta indispensable enseñanza todas las clases de la so- 
ciedad. El arte de escribir esencial á la generalidad, abraza el 
de la taquigrafía, que se circunscribe al servicio de los cuer- 
pos representativos, á fin de que el pensamiento del orador 
pase al papel con la velocidad con que lo presenta la expre- 
sión. Para el de este augusto del Pero, ha formado tres jóve- 
nes el recomendable sacerdote doctor í). Agustin Guillermo 
Charum. 8e hallan bastante adelantados, y la práctica y ejer- 
cicio en las sesiones futuras del Congreso, harán que sus plu- 
mas sean tan veloces como las palabras que copian. 

Está abierta la hermosa biblioteca para la instrucción pú- 
blica, y plantificado un suntuoso museo de latinidad. Los jó- 
venes que hybieren de seguir la carrera de las ciencias, tienen 
expeditos para cultivar la filosofía, teología y el derecho, el 
convictorio de Bolívar, el seminario de Santo Toribio, y el co- 
legio de Santo Tomás; é igualmente el de la Independencia 
para la medicina y ramos que le son anexos. 

El gobieruo colonial olvidó enteramente la educación de 
las niñas. La natural viveza y disposición de sus excelentes 
ingenios las sostenían en los concursos, cuando con m(^diana 
instrucción babrian rivalizado á los mas provectas de Europa. 
El de la Patria ha mandado consagrarle, para que la obten- 
gan, el Ginecio que hará honor á la capitaly^por la suntuosi- 
dad del edificio, y por la luz clara que ilustrará los preciosos 
talentos de las legisladoras de la sociedad doméstica, madres 
y primeras maestra de los rectores y defensores de aqiiella. 

El Consejo ha procurado promover en cuanto ha estado de 
su parte, las escuelas y colegios de Bolívar, Ayacucho y Ju- 
nin; y S. E. el Libertador en su tránsito al Alto-Perú los ha 
fundado sobre una mayor escala en los departamentos de Are- 
quipa, Cuzco y Puno. Y para dar impulso á todos ellos, se ha 
establecido conforme al artículo 185 de la Constitución una 
dirección general de estudios, con las respectivas subalternas 



—378— 
en las otras capitales. Sus tirabsyos serán nuiy útiles para or- 
ganizar los planes y reglamentos generales que decretare el 
Ocmgreso segiin el artículo 183. 

Pocas capitales poseen sobre la tierra las ventajas qae Li- 
ma para elevarse á un alto rango por sus proi)orcioDes,.a3Í 
para cultivar las ciencias y las artes, como para decorarse con 
todas las obras del bello gusto; pero esto pide tiempo, recur- 
sos y tranquilidad que no ha tenido el Gobierno; y el mini»* 
tro de él solo puede ya disfrutar de la perspectiva de los her- 
mosos planes que le traza su imaginación y amor á la Patria. 

Mas todas estas ideas, por grandes que parezcan, se vé que 
son de segundo orden en la consideración del Gobierno, cuan- 
do vuelve los ojos sobre la agricultura, lío hay sociedad sin 
los frutos de la tierra; que alimenten los hombres que la for- 
man, y está demostrado que el número de estos crece ó decre- 
ce en razón de su abundancia ó escasez. Se arruinan las fa- 
milias indigentes, y se multiplican en las que existen las pro- 
porciones para vivir.. Así en todos tiempos, y en todos países 
donde hay un gobierno civilizado, su principal atención es fo- 
mentar las labores campestres, para que nuestra común ma- 
dre no deje perecer sus habitantes estando yerma. 

La Cí>nstitucion física del Perú no permite numerarle entre 
los países agricultores, en que el sobrante de las cosechas pue- 
da ofrecer un ramo de comercio para la exportación exterior; 
pero sus fecundos valles, bien trabajados, mantendrán sin da- 
da una doble población. La extinción de los indígenas, des- 
pués que los ocuparon los españoles, originó la necesidad de 
reponerlos con esclavos arrancados del África. Sobre sus bra- 
zos se apoyaba la prosperidad de la agricultura, cuando arri- 
bó el Ejército Libertador á las órdenes del Gk^neral San Mar- 
tín: la extracción de los siervos mas útiles para el servicio de 
las armas, que comenzaron los españoles, y el decreto del Con- 
greso de dar por libres los partos, y la gran destrucción que 
han sufrido las heredades con la guerra, hacen muy dificil su 
restauración. (1) 



fl) Veamos ahora lo que ha dicho en esta materia importante Mr. Caar 
ning en la sesión de la Cámara de Comunes el 17 de Mainso de iS^. — tiste 
publicista experimentado y sabio, cuyas opiniones merecen tanto respeto; 
y en una nación poderosa en todos sentidos para cualquier empresa. £1 se 
espresa así: — ^'La cámara ha establecido el año pasado los principios, aegan 
los cuales desea que el GTobierno se dirija en esta materia difíclL Ella con- 
viene en que la esclavitud es un mal horroroso; pero reconoce también qu/e 
debemos tener eonsideracion á los derechos de pi'opiedad existentes, y no 
sacriticarlos á la ansia de obrar, l^bremeoto, según una teoría ó un piinci* 
pió. La Cámara no está dispuesta á conceder una emancipaoioa repentioa: 
e]la prefiere esperar una extinción gradual de la esclavitud, como setnltar 
do de Ift perfección moral de los mismos eadavos, á prodamac de repente 



—379— 

Ko lo sería, si hubiera brazos que sostituir; pero yo no sé de 
donde puedan estos sacarse. La América de] Ñ^orte, el país re- 
publicano por excelencia, y la cuna de la representación na- 
cional, ncf obstante su calculable iujpaigracion, mantiene to- 
davía un millón de esclavos^ á pesar de cnanto resisten esta 
triste condición del hombre, la- religión, la humanidad y la 
filosofía, arreglando la libertad de ellos á la necesidad de tra- 
bajar los campos, y á los medios de reemplazarlos. General- 
mente los del Perú están gravados con crecidas imposiciones, 
cuyos réditos, diezmos y contribuciones, acaban de imposibi- 
litar el que puedan volver á su antigua prosperidad. 

El Consejo de Gobierno siguiendo lo prevenido por el Oon- 

f'eso y por S. E. el Libertador, ha expedido algunos decretos 
beneficio de los agrícolas: el principal, y que ha merecido 
aceptación en las repúblicas vecinas, es la reducción de los 
censos del tres al dos por ciento. No puede haber justicia, para 
que los dueños de los fundos, á cuyo sudor, gastos y trabajo 
se debe so producción, sean los únicos que sufran los ingen- 
tes quebrantos de la guerra, y no los censuarios que, sin la ac- 
tividad de aquellos nada percibirían esterilizadas las hacien- 
das por falta de cultivo. En las grandes de numerosa escla- 
vatura, la sola libertad de partos hace una pérdida annual pa- 
ra los propietarios, que deben también sufrir los censualistas 
como condominos, ó indemnizarlos el Estado, si por una rara 
resolución quisiera mantener los privilegios cíe manos muer- 
tas, á costa de las activas y laboriosas. 
La escasez de mieses en Lima en el año último, que la ocu- 



nna libertad de que ellos no están todavía en estado de servirle con venta- 
ja para sí mismos^ y con seguridad para los otros. El tiei ministro de las 
voluntades del Parlamento, no debe ocuparse e::chisivamente de lo que es 
justo en teoría, sino sobre todo lo que es practicable en realidad, y de los 
medios de obtener el mayor bien con el menor mal posible. 

"Nosotros no hemos adoptado, dice Cai^ning," el proyecto de declarar li- 
bres todos los nuevamente naciuos: Esta medida habría creado nn celo mu- 
tuo entre los negros. Por otra parte; la libertad debe ser adquirida por el 
hombre, como cualquiera otro bien por una séríe de exfuerzos bien dii'\jidos.. 
HaudfaeUem esse viam voluit. Esta sentencia es el correctivo de toda am- 
bición precipitada. La libertad adquirida por una industria paciente, y por 
una perfección moral sucesiva, será, yo estoy cierto, un beneficio m^as real 
y mas sólido, que lo que seria una libertad repentinamente proclamada." 

ftfi^moría al Congreso de Colombia por D. Joaquín Mosquera, seuadoi^ 
iuiprena en Bogotá ano de 1 825. 

Ue opinado en esta parte, conforme á lo que dicta la total falta de bra-^ 
20S eii nuestra agricultura, pero los sanos principios de la moral y la políti- 
ca exijeu que ala mayor brevedad se reponga la esclavatura C/On brazos li^ 
bre.*4f ó que eUos mismos mejoren su condición, obligándolos al trabajo por 
un estipendio moderado con que puedan subsistir y costearse los dueños 
de los fundos, porque si se les dejara en libertad amplia, su tendencia ge* 
neral ni odo, originaría muchos males á la República y á sí mismos. 



I 



— S80- 
paroD los españoles, ha llegado á tal e^ti^üió qne no se én- 
ciientra trigo que poder sembrar, y es an deber del Gobiemo 
hacer que luego que pasen las aguas se trasporten de los va- 
lles de abajo, y con la posible equidad, cuantas fanegas pue- 
dan adquirirse para distribuirlas •entre los chacareros, y que 
hagan sus sementeras en el tiempo acostumbrado. 

Lo que la naturaleza nos negó de tierras cultivables, nos 
reemplazó con inmensas cordilleras, atravezadas por todas 
partes de vetas minerales: y si el Perd en este género no es el 
mas rico de la tierra, á ninguno cede en la abundancia y va- 
riedad de metales: sobre todo, en los de oro y plata, que por 
su valor representativo, forman el canje general con todas las 
especies comerciales. De este principió se deducen tres con- 
secuencias. Primera: que siendo todo el objeto de las especu- 
laciones mercantiles, él que al fin terminen ep la adquisición 
del oro y de la plata; nuestros magníficos puertos han de ser 
frecuentados por naves extranjeras, que nos conduzcan todo 
lo mas precioso de las otras tres partes de la tierra para can- 
jear con ellos. Segunda: que la posesión que tiene el Estado 
de ricas é. innumerables minas, le pone en situación de pagar 
las deudas que le ha originado la guerra. Tercera: que explo- 
tadas ellas con mas actividad y orden del qne hasta aquí se 
ha observado, puede proporcionarse unas rentas suficientes 
para cubrir sus gastos ordinarios, y quedar un sobrantje para 
mejoras, y otros extraordinarios. El oro y la plata jiran en 
moneda, que llevan los signos distintivos del país en que se 
acuñan. En mi anterior Memoria expuse los grandes afanes 
que me costaba la reparación de la casa de Moneda, arruina- 
da por los españoles, y el sobresalto de no ver en su cuño otro 
busto que el de Femando. Mas ya finalizó, y circula en su lu- 
gar la moneda patria qne reúne con el valor representativo, la 
sencillez, seguridad y belleza, que son los propios caracteres 
•que deben calificarla. 

El Pera no es un país manufacturero, y mas cuando la de- 
sastrosa guerra ha exterminado el ganado lanar. Sin embargo, 
no deben abandonarse, antes sí procurar se mejoren los obra- 
jes de tocuyos y bayetas de la tierra, pues las clases inferio- 
res se visten de ellos, subsisten muchísimas familias con ese 
trabajo, y no hemos de estar sugetos al extranjero en lo que 
podamos proporcionarnos por nosotros mismos. En una de 
las guerras marítimas de