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Full text of "Coleccíon de historiadores de Chile y documentos relativos a la historia nacional"

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CHARLES SUMNER, LL.D., 

OF BOSTON. ' 

(Clase of 1830.) 

** For Books relating to Politics and 
Fine Arts." 



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COLECCIÓN 



DE 





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Y DE DOCUMENTOS RELATIVOS 



A LA 



HISTORIA NACIONAL 




^ COLECCIÓN 



A LA 
HISTORIA NACIONAL 



TOMO XXIX 

. RELACIONES DE CHILE 

SACAÜiS DE IOS ÍHMOS CRONISTAS M DÍAS Y OTROS AUTORES 
II 

PUBLICADAS POR 
JOSÉ TORIBIO MEDINA 




SANTIAGO DE CHILE 
IMPRENTA ELZEVIRIANA 



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PROLOGO 



En el tomo XXVII dGcstB,Colección hemos dado ya las razones 
que, á nuestro juicio, aconsejaban la inclusión en ella de las 
Hlelaciones tocantes á Chile que era posible sacar de. los anti- 
guos cronistas de Indias y de otros autores. 

Incluimos en el presente volumen, en primer lugar, los frag- 
mentos de la Conquista de las Islas Malucas de Bartolomé Leo- 
nardo de Argensola, impresa por primera vez en Madrid en 
1609, referentes á Hernando de Magallanes y á su viaje de des- 
cubrimiento del Estrecho que lleva su nombre. Esa obra es 
considerada como monumental en las materias de que trata, y 
no hay historiador americano que omita citarla cuando llega el 
caso. 

En segundo lugar hemos insertado los párrafos que atañen á 
Chile de la obra inédita de Gabriel de Villalobos intitulada 
Grandesas de Indias^ ó estado eclesiástico, político y militar de 
América, cuyo manuscrito se guarda en la Biblioteca Nacional 
de Madrid. 

Continuamos con la parte pertinente del Teatro eclesiástico 
de la primitiva Iglesia de las Indias Occidentales del maestro 
Gil González Dávila, que dio esa obra á luz en los años de 1649 



y 



VI HISTORIADORES DB CHILE 

á 1655 en desempeño de su cargo de cronista del Nuevo Mundo; 
para seguir con los capítulos que podían interesarnos de tres de 
los trabajos de uno de sus sucesores en e^e"puesto, el doctor Pe- 
dro Fernández del Pulgar, canónigo magistral que fué de la 
Catedral de Palerícia. 

La primera de esas obra;^, de la cual hemos debido transcri- 
bir sólo un capitulo, se intitula Historia del origen de la Amé- 
rica ó Indias Occidentales; de la segunda, mucho más extensa, 
la Historia general de las Indias Occidentales, escrita para con- 
tinuar Ja de Antonio de Herrera y que abarca los sucesos de la 
conquista durante los diez años transcurridos desde 1555 á 1565, 
los libros III y IV de la década nona; y de la tercera, intitulada 
Trofeos gloriosos de los Reyes de España en la conquista de 
América, el libro V, que trata del Estrecho de Magallanes. 

Apesar de su cargo oficial, que permitía á Fernández del 
Pulgar la consulta de los documentos originales que existían 
en los archivos españoles, para desempeñar la tarea que se pro-» 
puso hizo casi en absoluto caso omiso de aquellas fuentes de 
estudio, que, bien manejadas, le habrían permitido realizar una 
obra no menos importante que la de su predecesor que se ha- 
bía propuesto continuar, y, ya fuera por ahorrarse trabajo, ya 
por falta de criterio histórico, se limitó á hilvanar su relato co- 
piando de aquí y de allá los libros impresos de historiadores 
y geógrafos nacionales y extranjeros. 

Es fácil comprender quede ese modo el cronista de Indias no 
correspondió en la redacción de su /fístoWa alo que habría podido 
esperarse del cargoque le confió Carlos 11. Su obra es, pues, de 
escasísimo valor, pero, con todo eso y aunque más no sea para que 
así conste, hemos creído que debíamos darle lugar en esta Co- 
lección. Con ella queda también completa la serie de los traba- 
jos de los cronistas de Indias en la parte referente á nuestro país, 
ya que las Hazañas de Chile con su historia de otro de ellos, el 
celebrado y erudito Antonio de León Pinelo, parece definitiva- 
mente perdida. El manuscrito de las tres obras que utilizamos 



PRÓLOGO VII 

de Fernández del Pulgar, el de sw Historia de la Florida -^ 
otros se guardan en la Biblioteca Nacional de Madrid. > 

Del libro de Diego Fernández, apodado el palentino, del 
nombre de su patria, llamado Primera y Segunda Parte de la 
Historia del Pera, dado á luz en Sevilla en 1571 y que era uno 
de los más raros referentes á la América antes de haber sido 
reimpreso en Lima por don Manuel de Odriozola hace un cuar- 
to de siglo, hemos transcrito los capítulos que nos intere- 
saban. 

Otro tanto hemos hecho con los que figuran en la Primera 
y Segunda Parte de los Comentarios Reales del Perú de que fué 
autor el Inca Garcilaso de la Vega, capítulos de positiva im- 
portancia para nuestra historia y que comenzaron á reprodu- 
cirse en el número de 22 de julio de 1851 de M Araucano. ^ 

'Hemos proseguido con la inserción del libro XI de las Noti- 
cias sacras y reales de las Indias Occidentales, escrito en 1659, 
según de la obra se desprende, por Juan Diez de la Calle, que 
fué oficial segundo de la Secretaria del Consejo de Indias. 

La obra de ese autor que en cortísimo número de ejemplares 
(por lo cual es hoy de extremada rareza) comenzó á imprimirse 
en 1635 y continuó hasta 1646 en tres ediciones sucesivas, 
aunque en gran parte aumentadas, y no alcanzó ah fia á termi- 
narse, la hemos copiado en la parte trascritaMel manuscrito 
que existe en la Biblioteca Nacional de Madrid, Sin que revista 



1. Don Andrés González de Barcia en la columna 735del tomo II de su Epitome 
de la Biblioteca Oriental y Occidental^ Madrid, i738, folio, cita en los términos 
siguientes la obra toda de Fernández del Pulgrar: aDe la América Eclesiástica, en 
cinco libros. £1 primero, de la justificación del descubrimiento y conquistado las 
Indias. El segundo, de la donación de Alejandro VI y sus efectos. El tercero, de 
las primeras conquistas de Indias y sus gobernadores. El cuarto, de la legítima 
adquisición y titulo de la Nueva España. El quinto de la del Perú. Manuscrito 
original, en un volumen muy grueso.» 

2. En los números 7 1 3-7 14, de i.* de mayo y 3 de julio del dicho año, se inser 
taron asimismo los fragmentos correspondientes á Chile de las obras de López 
de Gomara y Agustín de Zarate. 

Conviene recordar este^antecedente para que se conozca de cuanto tiempo 
atrás se hacia sentir entre nosotros la necesidad de vulgarizar lo que esos auto- 
res hablan contado de los sucesos de Chile. * 



VIII HISTORIADORES DE CHILE 

una importancia capital, se hallan en ella agrupados multitud 
de datos administrativos y de otra índole cuya consulta es á 
veces indispensable aun historiador concienzudo, y que por el 
cargo qué desempeñó su autor deben considerarse fidedignos. 

A un campo más especial pero sin duda muy interesante nos 
lleva la Memoria de don Antonio de Quiroga que sigue en este 
volumen á la obra de Diez de la Calle. El manuscrito se conser- 
va también en la Biblioteca Nacional de Madrid; pero después 
de haberlo hecho copiar nosotros se le dio cabida en el tomo 
XCIV de la Colección de documentos inéditos para la historia 
de Esparta. 

Seria inútil que encareciéramos el interés que despierta y la : 

importancia que reviste para Chile el conocimiento de los su- i 

cesos de la guerra y domésticos que refiere ese documento. 

Sólo diremos de su autorque fué hijo de Juan de Losada Oso- 
rio y Escobar, señor de Cavillos; caballero del hábito de Santia- 
go y comendador de Benacuzo, y que sir.vió en Chile desde 
capitán de infahteria hasta alférez general, hallándose con su 
tío Rodrigo de Quiroga en muchos encuentros con los indios. 
Fué casado con Inés de Gamboa y Quiroga, nieta de aquél, y 
tuvo por hijos á Juan de Quiroga y Losada, que nació y murió 
en Santiago (en 1619), y fué casado con Mariana de Córdoba y I 

Aguilera; y á Rodrigo de Quiroga, que profesó en el convento , 

de Santo Domingo, y en 1624 tomó, posesión de los bienes j 

dejados por su hermano. Losada Quiroga en segundas nupcias 1 

se casó con Constanza de Villafur. Murió en Madrid en 1H19, 
«siendo su cuerpo trasladado á la capilla de San Juan de Qui- 
roga de sus pasados. »3 

Los demás documentos con que se entera este tomo, todos de 
positiva importancia, los hemos tomado de la misma fuente 
que la Memoria de Quiroga. 



3. Gándara, ^r»:aí y triunfos de Galicia, págr. 465. 



CONQUISTA 

I>E LAS 

ISLAS MALUCAS 

ESCRITA POR EL LICENCIADO 

BARTOLOMlí LEONARDO DE ARGENSOLA 

CAPELLÁN DE LA MAJESTAD DE LA EMPERATRIZ Y EECTOB 
DE VILLAHERMOSA. 



Escribe Serrano d Magallanes que oenga á Témate. 

En este mismo tiempo, habiendo Magallanes pasado seis- 
cientas leguas adelante hacia Malaca, se hallaba en unas islas, 
desde donde se correspondía con Serrano. El cual, como le ha- 
bla sucedido tan bien en Témate con Boleife, escribió á su 
amigo los favores y riquezas que del Iiabia recibido, y que 
se volviese á su corapañia, Magallanes, dejándose persuadir, 
propuso la ida al Maluco, pero en caso que en Portugal no pre- 
miasen sus servicios, como prclcndia, desde donde luego to- 
marla la derrota de Ternate, con cuyo rey en nueve afíos enri- 
queció Serrano tanto. 



Opinión y discurso de Magallanes cerca déla demarcación. 

Hizo discurso que pues el Malucodistaba seiscientas leguas 
de Malaca para oeste, que son poco más ó menos de treinta y 
seis grados, y hacia afuera del limite portugués, según lascar- 
tas antiguas. 



n 



10 HISTORIADORES QE CHILE 



Persuade Magallanes al Emperador que las Malucas son de su 

demarcación. 

Vuelto á Portugal, no le hicieron merced, antes se juzgó 
por agraviado, y sintiendo el disfavor, pasó á Castilla, tra- 
yendo un planisferio dibujado por Pedro Reinel. Por el cual, 
y por conferencias que por cartas habla tenido con Serrano, 
persuadió al emperador Carlos V que las Malucas eran de su 
derecho. Dicen que confirmaba su opinión con escritos y au- 
toridad de Ruy Faleiro, portugués, astrólogo judiciario, y más 
con la de Serrano. El emperador, para este efeto, le entregó 
una armada, con la cual partió de San Líicar á veintiuno de 
septiembre de mil quinientos diez y nueve. Llegó á las Cana- 
rias, donde se detuvo cuatro dias. En ellos le alcanzó una ca- 
rabela con aviso secreto de que sus capitanes le seguían con 
intento de no obedecerle, particularmente Juan Cartagena, que 
llevaba los mismos poderes que Magallanes. El disimuló con 
valor, y saliendo en buen tiempo, pasado el Rio de Janeiro, en 
la provincia de Santa Cruz, vulgarmente llamada el Brasil, ha- 
llando los mares fríos y más el río de la Plata, que está en trein- 
ta y cinco grados, los capitanes le pidieron razón y cuenta del 
viaje, visto que no topaban el cabo ni elestrechoque buscaban. 
Respondióles como á personas que dependían de sólo su con- 
sejo y superioridad, que prosiguiesen, que él se entendía, que 
en mayor altura estaban las costas de Noruega y de Irlanda, y 
se navegaba por ellas. Estas contiendas duraron casi en todo 
el viaje y crecieron con los fríos y vientos intolerables y con el 
horror de las sierras de hielo y nieve envejecida, que en cin- 
cuenta y dos y cincuenta y tres grados se les ofrecían. Ponde- 
raban estas dificultades diciendo que para partir de Castilla, 
pasar la equinoccial y correr la costa de todo el Brasil eran 
menester seis ó siete meses de navegación, en tan diversos cli- 
mas, que en cada uno se mudaban los tiempos. Que era perdi- 
ción de navios y de gente: que importaba más que todo el clavo 
y especería de las Malucas. El astrólogo Faleiro, perdido el 
juicio, quedó en la casa de locos de Sevilla; venia en su lugar 
Andrés de San Martín, á quien Magallanes escuchaba en lo 
que decía de los temporales, no en otras materias, como algu- 



nos le acumulan, sino con la moderación y entereza que orde- 
na la piedad cristiana- Y no es creible que Magallanes consul- 
tase tan arduos sucesos con una facullad tan falaz como la ju- 
diciaria, y en medio de tan horribles peligros prefiriese la as- 
rologia á la astronomía. Las incomodidades excedían al sufri- 
tmiento. 



Rebélange contra Magallanes tres capitanes. 

Las discordias engendraron tanta impaciencia en los capita- 
nes Juan de Cartagena, Gaspar Quesada y Luis de Mendoza, 
que determinaron de matar ó prender á Magallanes. 



Coítiga Magallanes á los conjurados. 

Esta conjuración llegó á sus oidos; y hallándose en la boca 
del rio San Julián, teniendo prevenida la traza, según escribe 
Juan de Barros, mandó matar á puñaladas á Luis de Mendoza, 
y ejecutóla Gonzalo de Espinosa, Luego hicieron cuartos á 
Gaspar Quesada, vivo, y perdonó á un criado suyo cómplice. 
A Cartagena dio muerte civil, dejándole en aquel yermo con un 
clérigo comprendido en la misma culpa, que fué de traidores á 
su rey. Asi lo dicen historias portuguesas; pero en las de los 
castellanos se ve que les fulminó proceso secreto y se les leyó 
la sentencia. Después justificó el hecho en algunos razonamien- 
tos y consoló á sus compañeros. Cartagena y el clérigo, que 
quedaron con algunos mantenimientos, se salvaron do allí á po- 
cos dias en un navio de la misma armada que se volvió á Cas- 
tilla. 



Halla Magallanes elEstrecko. 

Magallanes, venciendo dificultades no creíbles, halló el es- 
trecho y canal por donde se comunican ios dos mares, el 
cual guarda hasta hoy el nombre de Magallanes. Habiendo 
prendido ciertos gigantes de más de quince palmos de alto, que 
faltándoles carne cruda, de que se solían sustentar, murieron 
luego; le pasó felizmente. 



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12 HISTORIADORES DE CHILE 



No atinó las Malucas Magallanes. 

Pero con haberse puesto debajo de la equinoccial, ó por causa 
de las corrientes ó por defecto de las cartas, andando en torno 
y casi á vista de las Malucas, no pudo aportar en ellas. Tocó 
en otras que le obligaron á pelear, y pasó á las de Zebú ó Ma- 
nilas. 



Mueren Magallanes y Serrano en un mismo dia. 

En este mismo tiempo navegaba su amigo Serrano á la In- 
dia, y aunque en diversas partes, los dos navegantes murieron 
en un dia, casi con sucesos conformes, 



Cuan deseadas fueron las Malucas, 

Superfino seria extender ahora la historia de Magallanes, 
sus largos viajes y dificultades, antes y después que por su es- 
trecho pasó al mar Pacifico; su llegada á las islas de Zebú y 
cómo persuadió al rey idólatra que recibiese nuestra fe, y las 
batallas que por su causa dio á sus enemigos. Porque, demás 
de estar referidas por excelentes escritores, de aquella parte 
que pertenece al descubrimiento de las Malucas, que fué el 
primer objeto de su temeraria navegación, debemos renovar 
con brevedad para que se vea el ansia general de diversos 
principes y naciones por estas islas, y la opinión que de la 
importancia dellas se prometían. 



GRANDEZAS DE INDIAS 

ESCRITAS POR j^ 

DON GABRIEL DE VILLALOBOS 



Desde Arica se va corriendo la costa á barlovento más 

(le 130 leguas norte-sur, en donde hay muchos ríos caudalosos 
y algunos puertos y surgideros muy buenos. Islas cortas éinii- 
liles. Está casi toda ella despoblada y juzgo no hay en ella sino ^ 

una población, cerca de las salinas, y esa muy corta. Es tierra .5 

infructuosa lo más de ella, porque lo que mira á la marina son 
arenales muertos, y en la tierra adentro serranía y montañas 
inaccesibles, cuyas malezas obligaron á los españoles primeros 
que entraron á su conquista a despreciarla, como hicieron en 
otras iniinitas partes, pues sólo poblaron lo que tenia riquezas 
ó cosas preciosas'.' Si bien en estos parajes no se ha averigua- 
do si las hay, porque están hasta el dia de hoy sin penetrar 
estas montanas y serranías, que sólo sirven de abrigo á ios in- 
dios, que huyendo del rigor de los españoles, buscan el alivio 
en ellas. Impiedad grande si se consideran los daños que na- 
cen de oslos retiros, sobro que se dirá más extensamenie en 
otra parte á V. M. las circunstancias tan verdaderas, que ñolas 
podrán negar aún los mismos que son la causado esta huida 
y perdición. 

Hasta el reino de Chile no hay cosa particular en esta costa 
de qué tratar, porque ni está reconocida, ni los navios que ha- 
cen estos viajes la reconocen, por ser otra sn derrota, y asi, no 
considero por muy precisas estas noticias, porque, aunque he 
solicitado indagároslos intereses, no he hallado fundamentos 
necesarios para poder, por menor, representárselo á V. M. 



14 HISTORIADORES DE CHILE 



CAPITULO L 



i 



Descripción del reino de Chile. 

N.*» 1. Quinientas leguas, multiplicando altura, está en 52 
grados y medio el Estrecho de Magallanes, en que se remata 
el reino de Chile. Tiene de longitud este reino 440 leguas de 
costa desde Copiapó, que está en 28 grados de la otra banda de 
la linea equinoccial, hasta el mencionado estrecho. Citlele á 
todo él la sierra nevada que llaman la Cordillera. Y por la ban- 
da del este la Mar del Sur. Lo más que se ensancha esta tierra 
son 30 leguas entre la cordillera y el mar, en que tiene muchos 
puertos, aunque los más muy poco seguros, por la fuerza de 
los vientos que reinan lo más del año, que imposibilitan la na- 
vegación algunos mescsdél.Divídeseen 12 provincias. Riéganlo 
40 ríos: losdieziocho vadeables, veinte caudalosos y algunos na- 
vegables, con las mejores aguas que hay en las Indias. El na- 
tural de sus habitantes es el más belicosoquese conoce en todo . 
lo descubierto; robustos y corpulentos, alcanzan grandísima 1 
fuerza. Sufridos en la calamidad y cautelosos, son bárbaros ' 
en su gobierno. No tienen cabeza á quien obedecer, ni religión 
fija. No rinden culto á nadie. Tienen por patñmonio la guerra 
que hacen á los españoles, teniéndolos persuadidos el demonio 
á que defiendan su libertad, y el que muere en semejante em- 
presa es lo mismo entre ellos que entre nosotros los mártires; 
tienen muchas supersticiones, agüeros, pactos con el demonio. 
No usan de moneda: truecan unos géneros con otros, reducién- 
dose á esto su comercio. Sus trajes son diferentes, y algunos 
usan los que traen los indiosdel Perú. Sus armas son las lanzas, 
que son muy diestros en jugarlas; lo mismo hacen con las ma- 
canas y flechas: no yerran tiro, por ser su usual ejercicio ma- 
tar lo que han de comer con estas armas. No tienen jueces que 
sentencien sus demandas: cada uno se hace justicia con su 
lanza; con ellas se determinan las causas que entre ellos hay. 
Su modo de guerrear es cauteloso, en emboscadas, procuran- 
do lograr un descuido para ejecutar la rota de nosotros, en que 



VILLALOBOS 15 

son carniceros, crueles y bárbaros eii lodo cuanto se les pone 
por delante. Y si no es con conocida ventaja, no se arriesgan 
á llar la batalla, con que peJeati siempre con esta ventaja. 

Los géneros que hay en este reino son: oro, plata muy poca, 
cobre bruto, suela, cordobán, cebo, hilos, jarcia, cuerda, cáña- 
mo y maderas gruesas que se comercian al Perú todos los 
años. 

N," 2. La primera entrada en este reino fué el año 1535 y en 
el de 1511 le sujetó don Pedro de Valdivia. 

El año 1535 fué la primera vez que se hizo entrada en este 
reino, siendo el primero don Diego de Almagro, llevando 500 
españoles y 3,000 indios del Perú, y. no consiguió cosa me- 
morable y se retiró conociendo el valor de aquellos indios. 1^0 
obstante el poco fruto de esta jornada, el virrey del Pero des- 
pachó el año de 1541 á Pedro de Valdivia con muchos españo- 
les; padeció los más increíbles trabajos y peligros que hasta 
ahora ha pasado ningún conquistador, hasta que don Francis- 
co Pizarro, virrey del Perú, le socorrió con 90 hombres que, 
junto con los que le habían quedado, por haber sido derrotado 
en una angostura, que picado de lo que los indios habían he- 
cho con úl, á fuerza de valor consiguió sujetar aquel reino y 
pobló la ciudad de Santiago, que es donde reside la Audiencia, 
y la de la Concepción, plaza de armas de aquel reino; las de 
Arauco, Tucapel y Valdivia, que están en la costa del mar, 
menos la de Santiago, que está la tierra adentro, poco más de 
veinte leguas. Gobernó diez años, hasta que en la ciudad de 
Tucapol dió.lín á sus malogrados días, desluciendo el renom- 
bre que habla adquirido del más valiente capitán y el más plau- 
sible de su tiempo, podiendo competir aún con los mayores 
que florecieron en otros siglos, con la codicia que mostró de 
oro, que tos indios, viendo el ansia que tenia de este metal, se 
lo dieron á beber derretido para que se saciase su desordena- 
da codicia. Y sin el escarmiento de este suceso, todos los go- 
bernadores que ha habido, desde su tiempo hasta el presente, 
padecen este achaque. Y asi no hay que espantarse que dure esta 
guerra tan prolija hasta nuestros tiempos, porque como no les 
mueve el servicio de Dios, ni el de la propagación de la fe, ni 
el de V. \f,, procuraii que no fengafin, porque, á tenerlo, seles 
gcaba la materia sobre que ejercitan su ambición. 

Este reino es fértilísimo do todos frutos y algún ámbar que 



16 HISTORIADORES DE CHILE 

cogen en las costas de Coquimbo. Tiene el Estrecho de Maga- 
llanes por llave y 20 leguas adelante otro aún más capaz, pero 
más proceloso, que llaman el de. Mayre. Y el día de hoy se ha 
descubierto por 59 grados que no es tierra firme, como se en- 
tendía hasta ahora, con que tienen la puerta abierta todos los 
extranjeros que quieran entrar á la mar del Sur, sin que nadie 
se lo embaraze, siendo hoy el mayor cuidado que debe dar á 
V. M. esta noticia, para resguardar los reinos del Perú de la 
codicia y malicia extranjeras, por haber descubierto entrada 
tan fácil al sur, con puerto el más capaz que hay en todos aque- 
llos mares, según las noticias que participa Francisco Garcia, 
vecino del Perú, que -hicitíron prisionero los enemigos que 
entraron por el Darién y desembocaron á la mar del Norte, por 
la altura referida. En que se demuestra que hoy debe dar más 
cuidado este camino descubierto que los dos estrechos que ha- 
bla de antes, porque en los unos había gran riesgo, y hoy, sa- 
biendo que es mar ancha, podrán, en cogiendo la altura, arro- 
jarse á entrar ó salir, sin los recelos que tenían de antes. A la ^ 
boca del Estrecho de Magallanes estuvo un presidio llamado* 
Calbuco, con una compañía de cincuenta infantes, y se debe 
conservar el día de hoy por razón de que las entradas que el 
enemigo puede hacer á la mar del Sur, ya sea por los estre- 
chos referidos ó por la que navegantes han descubierto, siempre 
han de venir á reconocerlo para proseguir la navegación de las 
costas del Perú. Y con este fin le conservaron los virreyes, 
para que diesen noticia de los que podían entrar por él. En el 
año 1580, por orden del virrey don Francisco de Toledo, des- 
pachó al capitán Pedro de Sarmiento y Antonio Pablos por pi- 
loto, á descubrir lo que hoy han hecho los extranjeros. Pasó 
por el Estrecho de Magallanes y vinosa España, llevó gente y 
se perdió en dicho estrecho, adonde por falta de socorro que 
le hablan de enviar de Chile, pereció la mayor parte de ham- 
bre y necesidad, y los que quedaron se hicieron fuertes y se 
mezclaron con los indios, llamándoles desde entonces los Cé- 
sares del Perú. Son blancos y se les ha perdido su origen, Con- 
sérvanse cruces que se pusieron en tiempo de los nuevos po- 
bladores., que las han visto muchos de los que han entrado por 
él, y en particular un holandés que traje por piloto en una oca- 
sión, me lo contó muy por menor haberlas visto haciendo via- 
je por él á la India Oriental. Y asi, no quise omitirlo. 



ii 

VILLALOBOS 17 ^ 

'i 
N.o 4, Hay en estas costas diversos puertos, si bien desaco- , jj 

modados para bajeles de alto bordo, siendo el más capaz el de -? 

Valdivia, que el día de lioy tiene V. M. con toda prevención y 
defensa. Sin que la (enga menor el puerto de la Concepción y 
no con mucha defensa el de Coquimbo y bahía de Tongoy, 
donde puede echar cualquiera armada gente en tierra y aún 
fortificarse sin oposición alguna; á que se debe atender que si 
las armadas enemigas que han entrado por el Estrecho se hu- 
biesen hecho fuertes en algunos de los muchos que hay despo- 
blados en esta costa, les era fácil conservarseen él porlaabun- 
dancia de mantcnimienlos que hay y difícil de desalojar, por lo 
desarmado y desprevenido que está todo el reino del Perú, me- 
nos el de Chile, que tiene alguna providencia y resguardo. Y 
aunque es asi que se puede responder que la distancia y la difi- 
cullad de las navegaciones defienden estos reinos, la experien- 
cia muestra que nunca la providencia hizo daño, y más en los 
siglos presentes; pues ¡(quién lesquita que en el día de hoy (con 
la navegación descubierta) que se pueblen en aquella bahía tan 
memorable que está en la Tierra del Fuego, donde pueden estar 
muchos afios ocultos sin que se sepa? porque no haciendo no- 
sotros aquel viaje, podrán estar todo el tiempo que quisieren, 
hasta tener refuerzo grande para avanzaráotrasnuevas empre- 
sas, á que les ayuda el ser el temple casi con poca diferencia al 
que ellos están connaturalizados, pues corresponde la misma 
altura á él. Y asi no se deben dejar estas materias en el descui- 
do que todas las demás, sino que V. M. mande al virrey del 
Perú que envíe como en tiempos antiguos alguna embarcación 
á reconocer aquellas costas y puerto, por versi los enemigos le 
pueblan, porque no les cojan descuidados, como hace tiempo. 

N." 5. Eldafioque se padece en la paga de los soldados, es de 
grandísima consideración y se debe remediar el que hay en 
pagar á la milicia é indios amigos en génems, para evitar las 
ocasiones que por eslo han resultado, como fué la del año 1660, 
con el levantamientoque hicieron por esto, poniendo á pique, 
de que estuvo perdido lo más del reino, siendo gobernador don 
Antonio de Acuña y Cabrera, mediante su codicia, que porqué- 
darse con el situado y no pagar á los indios amigos, hubo le- 
vantamiento dellos, desde la Imperial hasta Copiapó, porque 
les pagaban en géneros, cascabeles y cuchillos, que después 
vendían por las tres partes menos que se los daban, y hasta se 



r 



18 HISTORIADORES DE CHILE 

juntó el mal tratamiento que hacía su capitán mayor, llamado 
Chicaguala, mestizo, hijo de una señora principal que en otro 
levantamiento cautivaron los indios. Cuya experiencia y cos- 
tosos gastos que V. M. tuvo en este levantamiento causado por 
este desorden, debe en adelante V. M. mandar que estos indios 
ni soldados del presidio de Chile no se les pague en géneros 
ningunos, sino en plata, supuesto que sale de las cajas reales de 
V. M. y no de la de los gobernadores, pues aunque se da por 
excusa que, si no los pagan en estos géneros, gastan el dinero 
y andan desnudos, esta es la ocasión para el fraude que hacen, 
y puédese aplicar remedio muy fácil para que eso no se haga. 

N.<* 6. Queda referida sencilla y desapasionadamente la oca- 
ción del último levantamiento del reino de Chile. El remedio 
tan eficaz como singular es que los gobernadores ni oficiales 
reales hagan, pagando algunos en ropa y otros géneros, y que 
no impidan á los mercaderes de la ciudad de Santiago el que 
lleven ropa á la ciudad de la Concepción, y que no dejen estan- 
cada los gobernadores la que lleva el situado en aquel presidio 
en los géneros referidos algún paño de Quito y Guambos, lien- 
zo que se le vende á los soldados doscientos por ciento y más 
de su valor, para que en adelante haya tiendas francas d^ los 
vecinos de la tierra, y no estancadas, teniendo en ellas los sol- 
dados crédito por sus compañías (porque no haya confusión) 
correspondiente á su sueldo, que deste modo se vestirán los 
soldados y los mercaderes les socorrerán con más comodidad 
que en la tienda del gobernador, sin dar ocasión á que los go- 
bernadores, maestres de campo, generales, comisarios y pro- 
veedor á que por enriquecer con estas baraterías ocasionen 
las ruinas que de ellas se han originado, tan en grave perjui- 
cio de V. M., que costó el levantamiento referido más de siete 
millones de pesos, sin la gente que murió. 

N.*' 7. Ha llegado á mi noticia que hay una cédula de V. M. 
para que el sueldo de los gobernadores de Chile, oidores y de- 
más ministros se pueda emplear en ropa en Lima, por su 
cuenta, y volverla á revender en Chile. Confieso que no alcan- 
zo ni entiendo los motivos que pudieron obligar á ganar esta 
cédula estos ministros, ni loque pudieron representar para que 
V. M. se las concediese, porque si no fueron muy justificados y 
fundados en razón, se debe derogar esta cédula hoy, por lo 
pernicioso que es, en cualquier reino, que los ministros que 



k 



VILLALOBOS líí '. 

han de ser los que dan la ley con la vara de la justicia en la 
mano, vean los subditos que se ocupan on semejantes granje- ;i 

rías mecánicas é indecentes, en donde divierten todo lo más del ■ ^5 

tiempo, y quizá faltan á su debida obligación muchas veces, y -íj 

enflaquecen el reino con sus comercios, y no dejan vivir á los i 

vecinos, porque atraviesan los géneros y frutos que hay en la ■■■4 

tierra y los envían de su cuenta á Lima, porque exceden más -:| 

de la facallad que V. M. les dio. Otros innumerables inconve- ^'| 

nientes tiene el que los ministros sean tratantes, que, á haberlos '-S^ 

de explicar, fuera menester muchos volúmenes de papel. Y así .. | 

sólo digo que si acaso hubieren representado á V, M. que con y 

los sueldos que tienisn sitnados por razón de las plazas, no se ' yj 

pueden mantener, se les responda que siendo Chile la tierra 
más barata, regalada ytsana que hay en las Indias, y es cierto 
que no gasta ninguno veinte pesos en comer y vestir, por ser ' 
tantos los regalos de los comestibles que les hacen, que está 
puesto en estilo el hacerlo (sin que esto se tenga por cohecho) 
que si quisieren no gastar nada en esto, lo pudieran hacer; y 
para la auloridad que traen, que es muy limitada, les basta y 
sobra mucho de los quinientos pesos que V. M. les da de suel- 
do á cada garnacha. ¿Qué más se pudiera hacer con los pobres 
oidores de Filipinas, que están tan remolos y en una tierra en- 
ferma, que sólo por destierro se pudieran admitir aquellas pla- 
zas y en España por gran favor pretender las de Chile, donde 
no se diferencia del temple, carnes, frutas, pescados, ni les hacen 
ventaja los destos reinos? Y asi se debe derogar semejante cé- 
dula que perjudica tanto al estado público de aquel reino, que 
es el motivo que se loma para su destrucción. Y para que se 
ataje este daño, sólo les hade quedar facultad para que sus co- 
rrespondientes en Lima les puedan emplear por su cuenta los 
géneros que hubieren menester para su casa, porque los com- 
pren á moderado precio; y si se supiere que exceden desto, 
castigarlos severamente, pues no tienen razón para quejarse, 
porque no hay plazas en las Indias donde lo puedan pasar me- 
jor que en Chile, y aún ahorrar dos ó tres mil pesos, sin hurtar 
ni cohecharse, como lo hacen muchos de los que pasan de Es- 
paña, y esto es la verdad cierta, sin que pueda tener réplica, y 
asi no se los ha de admitir las excusas que dieren ó alegaren 
cuando se les derogue la cédula que hoy tienen. 
N.° 8. Habiendo reconocido el mal natural de los indios y lo 



30 HISTORIADORES DE CHILE 

poco que se adelanta el servicio de V. M. en aquel reino, y que 
la guerra que se hace en esta conquista, que tantos años ha í~e- 
solicita por todos los medios lícitos que se ha podido la con- 
versión de los Ínfleles, y no tiene remedio, por lo tenaces que 
son, tengo por de mi precisa obligación de traer á la memo- 
ria de V. M. que el señor Rey Felipe IV, que está en gloria, por 
informes del padre Luis de Valdivia, do la Compañía de Jesús, 
solicitó la conversión deste gentío por medios blandos y do sua- 
vidad, para cuyo logro se le dieron despachos al dicho padre 
para que con igual jurisdicción al gobernador, gobernaron aquel 
reino ambos,'y S. M. escribió á los caciques principales car- 
tas muy cariñosas, expresando el real ánimo de que su fin só- 
lo se enderezaba á que dejasen la barbaridad de sus costum- 
bres y se redujesen al gremio de la Iglesia y á vida política, 
racional y honesta, sin que deste beneficio les resultase suje- 
ción alguna, y que era su real voluntad que gozasen libremen- 
te de sus tierras, sin gravamen ninguno de tributo. Con estos 
despachos, y otros que conducían al intento, fué el padre Val- 
divia á Chile: tratóse luego de dar cumplimiento á los reales 
órdenes deS. M. haciendo paces con los indios, como se consi- 
guió con facilidad, y se consigue siempre, porque como su ma- 
yor garantía y granjeria de ellos es tenerla para que en fe de 
ella prevenirse de caballos y de lo que han menester, y en ha- 
llándola ocasión dar en los españoles, cogiéndoles á traición y 
desprevenidos. Empezó el padre á hacer sus oficios con ayuda 
del gobernador, manifestando á los caciques las cartas de S. M. 
y que el fin de sus peregrinaciones no había sido otro que el 
bien de sus almas, y que asi trataba del por medio de minis- 
tros apostólicos, á que mostraron los indios gran contento, y 
dijeron los tratarían con mucha devoción. El fruto que se cogió 
con la suavidad de estos metilos fué martirizar Aucanamón, ca- 
cique, á dos padres de la Compañía y después al dicho padre 
Valdivia, muy al principio de estos ajustes. Otros muchos ca- 
sos pudiera traer que han sucedido en las ocasiones que han 
solicitado valerse de estos medios blandos con ellos, y así reco- 
nociendo lo indómito deslos monstruos de naturaleza, y que no 
hay advertencia que los encamine á su bien, se debe obrar con 
todos los términos del rigor que permite la guerra cuando se 
hace á sangre y fuego; medio de que se valen aún en tos casos 
urgentes ios católicos, unos con otros, no puede haber moti- 



n 




VILLALOBOS ¿1 

VOS más justificados cuando se hace que el que hoy está suce- 
diendo con estos indios que han derramado más sangre de 
españoles que hay hoy en el Perú en muchas ciudades muy 
populosas, pasando su insolencia á profanar los templos, que- 
marlos, robar las monjas y violarlas, con todas las españolas 
que cojen en los saqueos que hacen, pues es rara la población 
que no esté lastimada de ellos y agraviada, y que si les toma- 
ran parecer, pidieran á V. M. que castigara la crueldad destos 
bárbaros sin ley, sin Di(te, sin razón, para que quedaran cas- 
tigados los agravios y ofensas que han hecho tantas veces en 
los dominios de V. M.; y para que se entre en la inteligencia 
por donde so les pueda hacer la guerra que se propone, haré 
una nueva descripción deste reino. 

N-° 9. La ciudad de la Concepción, plaza de armas del ejérci- 
citode Chile, estáenílOgradosdealtura. De estaciudadálaplazade 
Valdivia (que lo es) está en 40 grados. Hay por tierra 80 leguas, 
en cuyo intermedio no hay población más que los puestos que 
tienen ocupados las armas de aquel ejército, y el más distante 
de la plaza de armas en 24 leguas. De suerte que (odas las de- 
más tierras están baldías asi de longitud por la costa, y de lati- 
tud hasta la cordillera, que está poblada de indios. 

N." lÜ. La plaza de Valdivia ya se ha dicho que está en 40 
grados. 

La provincia de Chiloé es de la gobernación de Chile; tiene 
algún presidio, y está en 42 grados de altura hacia el Esti-echo 
de Magallanes, Hay por tierra 40 leguas. Con esta inteligencia 
se reconocerá la forma con que se les puede hacer la guerra á 
estos indios. No siembran sino lo muy preciso y tan limitado 
cual íes es necesario; comen verde el maíz que siembran, por- 
que no tienen providencia de un afio para otro nada, con que 
si viene un año estéril, es necesario sustentarse de yerbas. Es- 
tando cercados estos indios por una parto con la cordillera, y 
por la otra de nuestras plazas de armas, podía salir un día por 
tres parles el ejército á hacer una tala á sus campos, antes que 
eFraaiz esté granado, cogérsele en flor, para que no se aprove- 
len del: el uno había de ser del ejército de Chile, el segundo 
3 Valdivia, el tercero de la provincia de Chiloé, poniendo pena 
■■ la vida al soldado que cojera indio ninguno vivOj sino pasar 
cuchillo todos cuantos se pusieren delante, que deste modo 
dos años que se hiciera, se estrechara á gran miseria. Y si 



33 HISTORIADORES DE CHILE 

por este castigo pidieren paces, no se les había de admitir has- 
ta cuatro años que se hubiese hecho esta diligencia, y cuando se 
admitieran, había de ser entregando las armas y caballos que 
tienen, para que entonces, como indefensos, se les apremie á 
que vivan en pueblos con doctrineros, que poco á poco y con 
maña se reducirían á devoción de V. M. Procurando las cabezas 
principales que tienen el enviarlas al Perú, porque no vol- 
viesen á sublevar los indios, procurando hacerles buenos tra- 
tamientos, y no gravándoles, para que pierdan el horror que 
tienen á los españoles, porque si no es desta manera, esta gue- 
rra durará siempre, y le cuesta á V. M: todos los años más de 
50.000 pesos el mantenerla: ya se ve si los gobernadores desean 
el que se acabe, pues gastando en ella tienen fundada su mayor 
conveniencia. 



TEATRO ECLESIÁSTICO 

DE LA 

PRIMITIVA IGLESIA 

DE LAS 

INDIAS OCCIDENTALES 

VIDAS DE SUS ARZOBISPOS Y OBISPOS 

COSAS MEMORABLES DE SUS SEDES 

EN LO QUE PERTENECE AL REINO DEL PERÚ 



DEDÍCALE Á L\ MAJESTAD DEL REY DON FELIPE IV 
DE L.\S ESPAfiAS Y NUEVO MUNDO Y DE OTRAS CORONAS Y REINOS 



M. GIL GONZÁLEZ DÁVILA 

SU CORONfSTA MAYOR 
DE LAS INDIAS Y DÉLOS REINOS DE LAS DOS CASTILLAS, 



TEATRO ECLESIÁSTICO 

DE LA 

SANTA IGLESIA DE SANTIAGO DE CHILE 

Y VIDAS DE SUS OBISPOS. 



Á ESTA CIUDAD LA DIO EL SESOH EMPEHADOR 
POR ARMAS EN 5 DE ABRIL DE 1563 UN ESCUDO EN CAMPO BLANCO, 

EN MEDIO UN LEÓN RAPANTE 

CON UNA ESPADA EN LA MANO Y POR ORLA OCHO VENERAS DE ORO. 

Y TÍTULO DE CIUDAD EN EL MISMO AÑO 

DE 150á EN 31 DE MAYO Y LOS HONORES DE NOBLE Y LEAL. 

TIENE AUDIEKCIA REAL, QUE LA FUNDÓ EL LICENCIADO ALONSO 

MERLO, QUE FUÉ SU PRIMER PRESIDENTE, 

HABIENDO SIDO PRIMERO OIDOR DE PANAMÁ Y LIMA. 



S.\NTÍAGO DE CHILE. 



El reino de Chile es abundante de minerales preciosos de oro 
y plata, de pastos y de ganados; su temple es muy semejante 
al do España, salvo que cuando por 'acá es verano es para ellos 
invierno, y cuando para nosotros es noche, es día para ellos. 
Su gente, asi hombres como mujeres, son valerosos y ene- 
migos del impei-ío ajeno, haciéndose con la larga duración de 
la guerra contra españoles famosos y memorables en las his- 
torias y anales de ambos orbes. De su' clima, temple, gobier- 
no, armas y leyes, y de nuestros capitanes y conquistadores y 
pobladores deste rico y belicoso reino, escribió una historia 
con ameno y deleitoso estilo, como testigo do vista de mu- 
cho del lo, el venerable padre Valle, religioso de la Compañía 
de Jesús, que yo le comuniqué estando en corte. En todo lo 



^ 



2fi HISTOniADOBES DB CHILE 

temporal me remito á lo que con toda verdad escribe, y yo con 
la Magdalena á los pies de Cristo, historiaré lo sagrado de su 
Iglesia y lo precioso de el Evangelio Santo y vidas de los pri- 
meros obispos. 

En lo adquirido deste reino fundaron los nuestros la ciudad 
de Santiago de Chile, y en ella iglesia Catedral, que se erigió 
en el aflo de 1561, siendo Pontífice el SS. Pió IV, que la dio 
litulo de obispado en este año, en 27 de junio, y se edificó con 
24 mil ducados, que ofreció la piedad de nuestros españoles, y 
en ella puso la primera piedra D, García Hurtado de Mendoza, 
marqués de Canéle, virrey del Perú, y fueron testigos dallo el 
licenciado Vallejo, maestre-escuela de los Charcas, el licencia- 
do Valderrama, tesorero de la santa Iglesia de Quito, F. Gil 
González Dávila, de la orden de Santo Domingo, F. Diego de 
Chávez, Fr. Juan Gallego, F. Cristóbal de Ribadeneira,í'#ic) reli- 
giosos de la orden de San Francisco, y Fr. Antonio Correa, reli- 
gioso mercenario, y muchos nobles que se hallaron presentes 
al asiento de la piedra. 

Esta Iglesia se compone de cinco dignidades y ocho canóni- 
gos. Tiene cuatro parroquias, con la catedral, cinco conven- 
tos de religiosos Dominicos, Franciscos, Agustinos, Compa- 
fiia de Jesús y Mercenarios. Este convento sustenta ochenta re- 
ligiosos, y es cabeza de provincia. Uno de sus provinciales fué 
Fr. Francisco Pon ce de León, que por mandado del Principe de 
Esquilache, virrey del Perú, fundó la ciudad de San Francisco 
de Borja, y dijo en ella la primera misa y predicó el primer 
sermón, y esto fué en el año de 1619. También fundó en la ri- 
bera del gran rio Marañen veintidós iglesias. Tiene dos con- 
ventos de religiosas, y un hospitalque le gobiernan los herma- 
nos de San Juan de Dios, y un coigieo y un seminario, que le 
gobierna la Compañía de Jesús. 

Tiene algunas ermitas; á la de San Saturnino van en pro- 
cesión los cabildos eclesTástico y seglar, y es fiesta de guar- 
dar este día. Tiene Audiencia Real, que se fundó en el año de 
1609. Y en el obispado cinco ciudades, y en sus cercanías y 
obispado se coge mucho trigo, cebada, vino y frutas de Casti- 
lla en abundancia. Su primor obispo fué: 



gonzález dávila 27 

Don F. Fernando de Barrionuevo, 

único deste nombre, religioso de la Orden de San Francisco, 
su patria fué Guadalaxara, y sus padres Fernando de Barrio- 
nuevo y dofla María Calderón. Tomó el hábito de religioso en 
el convento de San Francisco de Talavera: fué persona muy 
señalada en vida, gobierno y letras, y presentado para este obis- 
pado en el de 1566- He visto las informaciones originales que 
se hicieron de sus costumbres y vida, que las lione en su poder 
el muy noble caballero D. Juan de Morales sobrino dei obispo, 
caballero de la orden militar de Alcántara, y consejero en el 
Consejo Supremo y Real de Castilla. El obispo partió á su re- 
sidencia, y habiendo gobernado su Iglesia diez y ocho meses, 
murió, y los suyos le dieron en su iglesia sepultura, -y tuvo 
por sucesor en la sede á 

Don F. Diego de Medellín, 

primero deste nombre, religioso de la Orden de San Fran- 
cisco. Antes. que tomase su hábito, fué colegial del Colegio 
Real de Lima; el primer sacerdote y el primer doctor graduado 
que tuvo. Todo lo que escribiere de su vida me lo ha dado y 
io he recibido de mano del muy venerable padre Fr. Diego de 
Córdoba, en la historia queescribió de la viday milagrosos he- 
chos dei siervo de Dios Fr. Francisco Solano, dice del obispo 
lo siguiente: «Fr. Diego de Medellin fué predicador admira- 
ble, y de celestial espíritu, varón apostólico y muy perfecto en 
la plática de las virtudes,!) Fué provincial de la provincia de 
los Doco Apóstoles en el año de 1568, y guardián en el conven- 
to de Josúsde Lima. Cuando visitaba, con serlos caminos 
ásperos y de rigurosos climas, no llevaba más que dos frazadas 
del noviciado. Era muy penitente y de muy estrecha pobreza, 
y de caridad ardiente y muy constante en la oración; y con el 
celo que tuvo de que los hijos de la Provincia aprovechasen 
en los estudios de las letras, no obstante las contradiciones que 
tuvo, puso cátedras, y él leyó la ínfima do gramática. 

Después que acabó su oficio de provincial, su vida fué in- 
culpable, y el ejemplo y modestia de su persona mostraban 
bien la gracia del Señor, que habitaba en su alma bendita, tan- 
ta que no se podía persuadir había hombro que dijese mentira- 
Fué electo obispo desta santa Iglesia, y la Santidad de Pío V 



28 HISTORIADORES DE CHILE 

pasó la gracia en 18 de junio de 1574. Consagróle don F. 
Antonio de San Miguel, obispo de la Imperial. Asistió en el 
Concilio de Lima, y gobernó su obispado con santidad y f)ru- 
flencia, con que fué reverenciado y venerado como verdadero 
varón apostólico. Murió pobre, y está sepultado en una capilla 
que fundó y dotó, viviendo, dedicada al nacimiento de Jesu- 
cristo. Gobernó su Iglesia diez y siete ailos, y tuvo por sucesor 
en la sede á 

Don F. Juan Pérez de Espinosa, 

primero deste nombre, religioso de la Orden de San Francisco 
lie Toledo. Tomó su hábito en el convenio de Alcalá de Henares, 
eu 2 de agosto de 1574, y profesó en 10 de agosto de 1575, en 
manos del guardián Fr. Alonso de Azofrin. Pasó á las Indias 
y estuvo en ellas cuarenta y cuatro años. La Majestad de Feli- 
pe III le presentó para el obispado de Santiago de Chile, estan- 
do en Toledo, en 8 de marzo de 1600. Consagróse en Madrid en 
el convento de San Francisco en o! día de el Apóstol Santiago. 
Fundó en Chile un Seminario. Volvió á España sin licencia de 
Su Santidad, ni Rey, y dio la razón que tuvo para ello, que no 
fué tenida por suficiente, quedando quejosa aquella Iglesia y 
sus pobres, porque trajo sesenta mil pesos de oro sin registro. 
Y llegandoá España fundó en Toledo, en Alcaiáde Henares, en 
Sevilla, memorias que no tuvieron efecto, porque era de ha- 
cienda ajena, y no suya. Mandáronle volver á su obispado, y 
murió en Sevilla en el convento de su Ordenen el año de 1622. 
La riqueza que trajo, por sentencia pública y jurídica, se de- 
claró pertenecer á la santa Iglesia de Chile, como verdadera y 
legitima heredera de sus bienes; y asi seejecutó, como con otros 
que vinieron sin licencia y con riqueza, y tuvo el difunto por 
sucesor en la sede á 

Don Francisco de Salcedo, 

primero destc nombre, nació en Indias, fué tesorero de la san- 
ta Iglesia de Tucunián; deán de la santa Iglesia de los Char- 
cas; obispo de Chile, presentado para esta Iglesia en el año de 
1(}22. Y en el de 1638 celebró sínodo para el mejor gobierno 
de su sede. Erigió en su ciudad la parroquia de Santa Ana; y 
en su tiempo ganaron los nuestros de los araucanos una nota- 



GONZÁLEZ dAvila 29 

ble victoria, en que murieron muchos, y preguntando aun in- 
dio amigo, ¿éuánlos serian los muertos? porque se halló en el 
mayor calor de la batalla, respondió: «Que él no se había dete- 
nido en contar, sino en matar.» Vivia este prelado en el aflo do 
1631, y tuvo por sucesoren la sedeA 

Don F. Gaspar de Villarroei., 

i'inicodeste nombre, religioso de la Orden de San Agustín, 
nació en Indias en la ciudad de Quito, y fueron sus padres et 
licenciado Gaspar de Villarroei y doña Ana Ordófiez de Cárde- 
nas. Tomó el hábito de religioso en el convento del Callao de 
Lima. Fué lector de Artes y prior en algunos .conventos de la 
Provincia. Vino á España y en ella dio á la eslampa dos tomos 
sobre los evangelios de la cuaresma, y un tomo sobre el libro 
de los Jueces; otros dos tomos, con titulo de Gobierno Ecle- 
siástico, Pacifica Unión y Concordia de los Dos Cuchillos: 
Ee-e.e dúo gladij sunt hic. El tiempo que estuvo en corle ganó 
el renombre de predicador de fama. 

EnolafioSOde su edad, fué electo obispo de Santiago de 
Chile. Partió á su residencia, y consagróle en el convento de 
San Agustín de Lima el obispo don F. Francisco de la Serna, 
que lo era del Paraguay. 

En su tiempo, en el año de 1642, el Marqués de Baides, gober- 
nador y capitán general del reino de Chile, capituló paces con 
los araucanos, y antes de asentarlas, se vieron algunas seña- 
les que los araucanos las interpretaron á favor de nuestra 
gente. 

La primera fué, que se vieron muchas águilas reales, que en 
Arauco se tiene por tradición que mucho antes que entrasen 
los españoles en el Perú se habían visto muchas, y decían que 
era señal que gente de otra nación seria señora de sus provin- 
cias y casas. Olra fué reventaron volcán, que arrojaba de si 
con espantoso ruido grandes piedras. Viéronse en ei aire pelear 
dos ejércitos, el uno á la banda de nuestra tierra, que lo capi- 
taneaba un caballero que iba en un caballo blanco, que ponia 
en huida al ejército que se via de la parle del Arauco, y persua- 
dida su gente de la certeza de su ruina, oyeron de buena gana 
la plática de la paz. Con que los imeslros. por medio de los pa- 
drea de la Compañía, comenzaron á publicar las verdades y 



30 HISTORIADORES DE CHILE 

luces del Evangelio, y los araucanos á gozar del regalo y de- 
licias de la paz, desterrada de sus casas por larttos años y 
liempos. 

F.ii eí de este prelado tembló la tierra á las diez y media de la 
nochedelaflo de 164g.fíi£f^Eldai'ioque hizoen laiglesiaCatedral, 
palacio del obispo, y conventos de fsanlo Domingo, San Fran- 
cisco, San Agustín, la Merced, Compañía de Jesús, dos con- 
ventos de monjas, hospital de San Juan de Dios y dos parro- 
Huias, importó un millón y 300 mil ducados, sin lo que padeció 
la ciudad en riqueza y edificios, que dice el obispo en su rela- 
ción que no se puede reducir á número. 

Murieron muchos niños, y los demás que faltaron fueron 
personas de cuenta. Confesábanse á voces y pedían misericor- 
dia al Altísimo; y dice que hasta la data de su carta se había 
sacado más de doscientos muertos. Dice más, que en esta oca- 
sión sucedió un caso que puso en admiración á todos, y fué 
que un noble, que se llamaba D. Lorenzo de Moraga, tenia un 
esclavo que se llamaba Mateo. Por ocasión que le dio le casti- 
gó con más enojo de lo que convenía. Túvose el Mateo por 
muy agraviado, y muriendo tres días antes del temblor, citó á 
su seflorque pareciese en el juicio de Dios á dar razón de lo 
mal que lo había hecho con él. Llegó la hora del temblor, y 
acordándose el caballero de la citación del esclavo, dijo: hoy ke 
rnnjesado y comulgado por si acaso fuese cierta la citación de 
mi esclaco, y fué uno de los muertos y pareció en el tribunal 
dn ¡ajusticia dioina. Duró el temblor medio cuarto de hora. Di- 
ce más, que en el día que sucedió este temblor no rezaba la 
Iglesia de ningún santo, para que en un tan declarado castigo 
no luviese la desdicha que amenazaba quien se encargase de 
nuestra tutela. Cayó una parte déla iglesia catedraL con sus 
capillas. Y para acudir á la necesidad de tantos que pedían 
confesión, dice que nombró cincuenta confesores, religiosos y 
clérigos, que se repartieron por las calles, por ser muchos los 
heridos y enfermos. Y dice más, que el fué el primero de todos, 
ij mandó á los curas que no Uceasen derechos por enterrar los 
muertos. Y todo esto fué en el discurso de la noche. Amaneció 
con la tristeza que se puede pensar, y del convento de la Mer- 
ced se trajo el sacramento á la plaza y la imagen de devoción. 
Dijéronse muchas misas, y de parte del obispo y de la Audien- 
cia se acudió á cuanto fué menester, y aunque el obispo estaba 



GONZÁLEZ DAvILA 31 

herido en la cabeza, dice que andando en esta obra santa no 
sintió dolor ni se curó. Y añade que en veintitrés días había 
temblado la tierra setenta veces, quedando la ciudad viva y di- 
funta, sin moradores, ¡sin riqueza y edificios y sin el pan de 
cada dia. 

Üice más, que el gobernador don Martin de Moxica envió 
dos mil pesos para que se repartiesen entre pobres. 

El virrey del Perú, Marqués de Mancera, como supo tan 
triste caso, de su hacienda envió gran cantidad para el reparo 
de la Iglesia Catedral y sustento de los conventos de monjas, y 
más de treinta mil pesos para socorrer al bien público; y éstos 
se juntaron de la limosna que dio la piedad desta nobilísima 
ciudad. Hiciéronse en ella muchas rogativas y penitencias pú- 
blicas, y se reformó el estilo y estado de las costumbres en otras 
loables y dignas. El Virrey suspendió lodos los tributos por el 
tiempo que fuese conveniente, y Su Majestad y su Consejo de 
liHÜas lo confirmaron y alabaron, yai virrey le dieron las gra- 
cias merecidas do justicia. 

El obispo vive en esto año de 1655, y en él suplica á Su Ma- 
jestad envíe obreros para su viña, y que éstos sean de la- Com- 
pañía de Jcsás, Y en el fin do la carta dice: «No cumplo, señor, 
con mi obligación, si no lo significo á V. Majestad.» El obispo 
fué promovido de esta sede para la de Arequipa en viernes 9 
de junio de 1651, y tuvo por sucesor en la de Chile á 

Don Diego deZambrana y Villalobos, 

segundo deste nombre, tuvo por patria á Mérida, y por padres 
á don Fernando Zambrana y doña Leonor Cordero. Estudió 
los cánones en Salamanca y se graduó en ella. Fué cura de 
Torre Mocha, en Extremadura. Pasó al Perú, y fué beneficiado 
onla Iglesia de Potosí, y su vicario y juez ordinario. Visitador 
del obispado de la Paz, comisario déla Cruzada y de el Santo 
Oficio, y electo obispo de la santa Iglesia de la Concepción de 
Chile en 20 de diciembre de 1632. Consagróle en la iglesia de 
la Paz su obispo don Feliciano de Vega. Y desta sede fué pro- 
movido para la de Santiago de Chile en el año de 1651, y mu- 
rió en el de 1653, habiendo gobernado sus obispados con tanta 
paz y prudencia que no hubo en todo su tiempo diferencias 
entre gobernadores y obispo. 
En el convento de Nuestra Señora de la Merced de religio- 



3S HISTORIADORES DG CHILB 

SOS mercedarios desta ciudad de Santiago de Chile, en su sa- 
cristía se guarda un cáliz que profanó un indio en una borra- 
chera bebiendo su cliiclia: dejó en él señalados los dientes, y 
reventó. Atemorizándose los demás, y nunca más tocaron en 
vasos santos. Historió este caso el M. F. Marcos Salmerón, 
on sus Recuerdos Hisíór icos. 

El obispo don Diego de Zambrana en el año de 1652 era el 
más antiguo prelado do las Indias, en edad de retenta y cuatro 
años, y babia suplicado á la Santidad de Inocencio X y á la 
Majestad de Felipe IV, admitiesen, para recogerse á morir, la 
dejación que hacía del obispado; y le fué respondido que perse- 
verase hasta fin. 

En un memorial, que por mandado Su Majestad del señor 
rey don Felipe IV escribió el doctor Juan Arias Pacheco, de 
las grandezas do la ciudad de Quilo, en el afio de 1650, en él 
tuce: «que el M. V. Juan de Herbias, religioso dominico, prior 
del conventode Quito, fué obispo de la Santa Iglesia de Chile.» 
No le hallo año, y apuntólo para que conste que se ha visto 
todo. 

Desta ciudad fue hijo don Francisco delrrazual,í«íe^ marqués 
de Valparaíso y vizconde de Santa Clara, gobernador y capitán 
treneral de las Canarias, virrey de Tremecén, gobernador y ca- 
pitán general de Oran, virrey de Navarra y de la Coruña, de 
los consejos de Estado y Guerra. 

El obispo don Diego de Zambrana fundó en la parroquia de 
Santa Olalla, de la ciudad de Mérida, su patria, una capellanía 
con mil ducados de renta, y nombró por patrón della, con renta 
de trecientos ducados, al sucesor de la casa de sus padres. El 
obispo murió en el año de 1653, y está sepultado en su iglesia, 
y tuvo por sucesor en la sede á 

Don Fernando de AvendaSo, 

único desle nombre, su patria fué la ciudad de Lima en el Perú, 
y sus padres Gaspar de Avendaflo y María de Orozco. Fué ca- 
lodi-iitico de Prima on la Universidad de su patria, en cátedra 
lio teología: calificador del Sanio Oficio, cura y rector de 
,-u Iglesia Arzobispal, su chantre y arcediano y visitador de 
la idolatría, en que hizo á la Fe muy señalados senicios. Vive 
onesie de 1655- 



TEATRO ECLESIÁSTICO 

DE lA 

SAMA IGLESIA DE LUIllDADIllPERIAl 

DE LA CONCEPCIÓN DE CHILE 

Y VIDAS DE SUS OBISPOS. 



LA CIUDAD IMPERIAI. 

DE LA CONCEPCIÓN DE CIllI.K TIENE POR ARMAS UN ESCUDO 

EN CAMPO DE ORO, EN MEDIO DOS ÁGUILAS, Y POR ORLA CUATRO 

CASTILLOS Y CL'ATHO CRUCES DE JERUSALÉN; 

ENCIMA UN YELMO Y ENCIMA DEL 

UN ÁGUILA. 

ESTAS ARMAS SE CONCEDIERON ESTANDO 

El. REY EN VALLADOLID, EN 18 DE MARZO DE 1554, 

FIRMADA DE FELIpE II, CON TÍTULO DE PRÍNCIPE. 



DE LA CONCEPCIÓN DE CHILE. 



{ 



Fundó la ciudad de la Concepción el que fue virrey del 
Perú, don García Hurlado de Mendoza, marqués de Caflele, 
que fueron tan grandes sus hechos, que todo el reino del Perú 
se hizo coronista dcllo.s. Y el Real y Supremo Consejo de 
las Indias, admirado de siis maravillosos sucesos, en la 
residencia que tomó, /«</ declarado por recto Jnes y por 
prudente gobernador y animoso capitán. Y con su rey tuvo 
el crédito que merecían sus hazañas y seflalados servicios. 

Esta ciudad tiene Iglesia Catedral, y fué su primer obispo 



r 




04 historiadores de chilq 

Don F. Antonio de San Miguel, 
primero desle nombre, religioso de la Orden de San Francisco; 
tuvo por patria á la ciudad de Salamanca. Pasó Su Santidad 
la gracia en 8 de noviembre de 1564, y desta sede fué promo- 
vido para la de Quito; y en su Teatro esa ih'ia su vida, y tuvo por 
sucesor á 

Don Agustín de CtsNEHos, 
primero desle nombre; nació en las Indiaís. Fué deán de la 
Santa Iglesia do Santiago de Chile y obispo de la Concepción 
en 11 de marzo de 1587. Murió, y está sepultado en su iglesia, 
y tuvo por sucesor á 

Don F. Diego de Zuaga, 

primero deste nombre, religioso de la Orden de San Francisco, 
fué presentado para él en 10 de octubre de 1595, y murió sin 
uonsagrarse, y tuvo por sucesor á 

Don F. Reginaldo de Lizarraga, 
único desfe nombre, religioso dominico; su patria fué Lima, y 
en ella tomó el hábito. Fué presentado para obispo desta Santa 
Iglesia, y murió en el aflo de lt>13. El kcenciado Antonio de 
León en su Biblioteca Occidental, pág. 135, dice: «escribió una 
historia de cosas varias del Perú, y tuvo por sucesor en la 
sede á 

Don Carlos Marcelo, 

canónigo magistral de Lima, promovido á Trujillo en el año i 

de 1620, y tuvo por sucesor en la sede á 

Don F. Luis Jerónimo de Oré, 

primero deste nombre, religioso de la Orden de San Francisco; 
su patria fué Guímianga en ludias, y sus padres Pedro de Oró 
y dofla María de Rojas, fundadores del religioso convento de 
Santa Clara de Guamanga. Tuvo don de lenguas, y fué muy 
celoso de la salvación de las almas de sus indios. 

El padre Fr. Diego de Córdoba dice del que predicó en dife- | 

rentes provincias y que su mayor fruto se cogió en la provincia i 

de los Oollaguas. Predicando de unos pueblos en otros á pié ' 

descalzo y con una cruz en la mano. 



GONZÁLEZ dAvILA 35 



,! 



Descubrió muchos adoratorios de ídolos y una sala de bronce \ 
del tiempo de los Reyes Ingas, de que se fundieron campanas " í 

para diferentes iglesias. 1 

Iiilrodujo en muchas provincias y poblaciones la frecuencia ' % 

de los sacramentos, y fué el primero que enseñó á los indios á i 

rezar ol oficio de Nuestra Señora. Adornó iglesias y doctrinas I 

de aquel reino con libros que compuso, y por ellos se gobier- j 

nan los curas para la buena enseñanza de sus indios, y fué el a 

Enoc de aquel tiempo. Compuso un Manual en siete lenguas J 

de diferentes provincias. Tradujo el Calecismo y el Símbolo de 'h 

San Alanasio, y muchos himnos del rezado romano, y la vida | 

de Cristo en verso, que los indios la cantan en sus casas. Tam- } 

bien escribió una historia de ios mártires que padecieron en la j 

Florida, y un Símbolo católico indiano. ■ 'i 

La Majeslad de Felipe III le presentó para el obispado en 7 ' \ 

lie abril de 1620. Consagróle en Lima don F. Fernando de ■ j 

Ocampo, religioso francisco, obispo de Santa Cruz de la Sierra. ' ^ 

A su Iglesia la donó toda la plata labrada que tenia, y todo lo J 

bueno de su casa. Estando en España imprimió una relación ] 

de la vida y milagros del S. F. Francisco Solano. Visitó \ 
su obispado cuatro vecüs, y dejó en él tanto bueno que la Ma- ■ \ 

jestad deFelipe IV le da muchas gracias encarta, su data en 1 

13 de septiembre de Ítí28- Murióen el año quinto do su gobior- -H 

no, y estásepultado en su iglesia Catedral; y tuvo por sucesor "j 

en la sedea \ 

Don F. Alonso de Castro, ' 5 

i 

de la Orden de San Agustín, que lomó su hábiloen el convento ■: 

de México. Fué mucho en su religión, y electo obispo déla ■' 

Concepción de Chile en el año de 1637, que no aceptó, y tuvo ■ í 

por sucesor á -i 

Don Diego de Zambrana y Villalobos, 

segundo deste nombre. Desta sede fué promovido para la 

Santa Iglesia de Santiago de Chile, y en su Teatro escribía su ■ 

vida, y tuvo por sucesor en la sede á 

Don F. Dionisio Cimbrón, 
único deste nombre, religioso de la Orden de San Bernardo; su 



HISTORIADORES DE CHILE 



patria fué la villa de Cintruerrigo ene! Reino de Navarra, y 
sus padres Baltasar Pérez Cimbrón y María Portillo Cimbríin. 
'Los esludios mayores de cánones y leyes los formó en Alcalá y 
Salamanca, y en ellos se graduó de bachilleren elaflo 1618. Y en 
1620 lomó el hábito de religioso bernardo en el convento de Os- 
sera, y se le dio su abad F. Alanasio de Esperanza, y en sus 
manos hizo profesión. En ol colegio de Mérida de su religión 
estudió las artes, y en Alcalá la teología. Acabados sus eslu- 
dios, su General le dio el titulo de maestro de estudiantes. Or- 
denóle de epístola don F. Agustín Antolinez, arzo!)ispo de 
Santiago; y de evangelio y misa don Juan de la Torre, obispo 
de Orense, y dijo la primera misa en el colegio de Montcrrama 
de su religión, en 29 de mayo de 1623. 

Fué prior en los conventos de Espina, Junquera y Ossera, 
maestro de novicios y lector de teología moral. A los catorce 
años de hábito fué electo abad de Ossera. Fué secretario del 
General de la Orden. Dos veces difinidor y comisario del Ge- 
nera! para elección de abadías. Otra vez fue abad de Ossera, y 
últimamente genera! de su Orden. Siendo abad de Ossera, 
teniendo noticia de sus muchas letras el arzobispo de Sanliago, 
le pidió fuese á su iglesia á predicar el mandato. 

Tuvo orden del Conde Altamira en el aílo 1637, en que le pide 
treinta soldados para Flandes; y dentro de seis dias le envió 
cuarenla, vestidos y pagados. 

La Majestad de Felipe IV, estando en Zaragoza, le escribe en 
30 de agosto de 1643 que se tendrá por muy servido del con- 
vento en que le sirva con gente y bastimentos para el socorro 
de la gente que defiende el Reino de Galicia. Recibida esta car- 
ta, y otra del cardenal D. Agustín Espinóla, arzobispo de San- 
liago, consultando el caso con selenta y cuatro monges que 
tenia el convento de Ossera, se acoMó que partiesen luego pa- 
ra la ciudad de Tuy ochenta carros de bastimentos, que se com- 
pusieron de 300 ducados en dinero, 350 fanegas de harina, 350 
arrobas de vino. 12 vacas, 50 carneros, 24 tocinos y 60 mil sar- 
dinas, 12 fanegas de sal y canlidad de quesos y gallinas, para 
el regalo de los enfermos, y pan regalado para ellos. Y en otra 
ocasión ocho carros de pan, vino, gallinas, queso, vacas, toci- 
no y gran cantidad de hierro para que so proveyesen de lanzas, 
y este socorro fué para el fuerte de Bandeja. 

La limosna que dió en sus primeros tres años de abadía, así 



GONZÁLEZ DÁVILA 37 

á pobres de la tierra, como á pasajeros y peregrinos, fué mas 
de cinco mil ducados, y en los tres últimos de segunda abadía 
se dieron más de ocho mil, sin lo mucho que se envió á pobres 
enfermos. 

En el aüo 1643 ajustó cuentas con todos los labradores, y 
considerando que muchos dellos debían grandes cantidades 
de pan y dinero, y que por sus pocas fuerzas no podían pagar, 
les perdonó 560 fanegas de centeno y doce mil reales. 

En el año Í637 fué la necesidad del Reino de Galicia tanta 
que venían pobres al convento de tres y cuatro leguas á pedir 
limosna, y considerando que muchos de los que venían eran 
niños, hizo el primer dia de marzo disponer un cuarto, don- 
de aquellos angelillos se recogiesen, y entraron en él cien niños 
que ninguno pasaba de nueve años, y en darles sus comidas 
y enseñarlos la dDCtriua se puso gran cuidado, y esto duró 
cuatro meses, hasta el dia de la Visitación, que ya habla frutos 
y á cada uno se les dio camisa y vestido, y cuatro reales y seis 
libras de pan, y los remilió á sus padres. 

Presentóle la Majeslad de Felipe IV para el obispado de la 
Concepción de Chile en 30 de diciembre de 1651. El juramenlo 
de la fe le hizo en manos del ilustrisimo nuncio de Su Santi- 
dad D. Jutio Rospillosi, y esto fué en el año de su edad de 55. Su 
Santidad pasó la gracia de la Iglesia. Partió á su residencia, y 
consagróle en Lima su arzobispo D. Pedro de Villagómez, y en- 
tró á su residencia, y vive en este año de 1655, 

Desta ciudad fué hijo el hermano Diego López de Salazar, 
religioso de la Compañía de Jesús: escribió su vida el padre 
Juan Eusebio, como se verá en su Historia, en la página 765. 



AMERICA O INDIAS OCCIDENTALES 



QUE ESCRIBIÓ EL DOCTOR 



PEDRO FERNÁNDEZ DEL PULGAR 



CRONISTA QUE FUE DE LAS INDIAS 
Y CANÓNI30 MAGISTRAL DE LA SANTA IGLESIA DE FALENCIA, 



CAPÍTULO XXX 



Si LOS NAYBES, INDIOS Ó CAMALES, POBLARON A ChILE. 



El licenciado Miguel de Balboa dice en el capitulo 17 de la 
Segunda Parte, cómo quedando los indios hostigados por la 
guerra de Ciro, constituyeron una orden de caballería militar 
y j untaron la más cantidad de mancebos que pudieron haber asi 
de las tierras subditas como de lasconfederadas, hijos de padres 
pobres y acottumbradoB á trabajos, ujercitados en las cazas y 
monterías; concediéronles grandes privilegios y mucha autori- 
dad sobre la genteplebeya, pero entre otras leyes pusieron una 
que ninguno ie aquella milicia pudiese dormir noche alguna un 
e! mar, pena de la vida, y que residiesen donde estuviesen sus 



40 HISTORIADORES DE CHILE 

reyes en las costas del mar para su guai-da. En esto permane- 
cieron largos afios, y ai'm permanecen en nuestro tiempo en la 
India.que son los que.llaman nayres, camales, y otros nombres 
diferentes: el fin y intento fué para refrenar las ordinarias fugas 
que hacia la gente por el mar en balsas, al menor ruido de 
guerra. 

Parece ser que Alejandro Magno entró en la conquiala do 
lalndia, y losnayres fueron los primerosquo le temieron, y ate- 
morizaron al demás pueblo. Y aunque con la duración de más 
de doscieoto años se habían multiplicado en más de un millón 
los quo estaban puestos de presidio en la cosía, tomaron tas 
embarcaciones y se acogieron al mar, y temiendo el castigo, 
fueron de isla en isla cometiendo delitos en los isleños, y t-e 
fortalecieron en una isla, cerca de la (ierra firme, llamada Tapro- 
bana, y acordaron de no volver á su tieira. 

De allí pasaron hasta Sumatra, y de allí á Malaca, á la Java 
Mayor y la Menor. Y de allí volvieron hacia el norte, por no ha- 
llarse poderosos para entrarse en la tierra autítral, que os la que 
han descubierto los portugueses sobre el Cabo de Buena Espe- 
ranza, á quien llaman Tierra de Vista, y por el Estrecho de 
Magallanes Tierra de Fuego; y sus naturales lucahcs. 

Fué desde allí esta gente despojando y atemorizando á Bur- 
ney, Tidore, Terrenate y otras islas, y llegaron á üilolo, tenido 
por el fin del mundo por la parte oriental. 

Pusiéronse en defensa los isleños en la bahía de Carneo, 
pero los extranjeros tomaron las armas y vencieron los nayres, 
y hicieron un notable castigo en los vencidos gilolos, que fué 
hacerun baluarte, amasada la tierra con sangre de los venci- 
dos gilolos, y, desierta la isla, se salieron de ella. Y para ame- 
drantar la gente comenzaron á comer carne humana, y baña- 
dos en sangre, salir á vista de los pueblos. Y deste modo alla- 
naron las islas, y se entraron en las de Maluco, hasta entrarse 
en la tierra austral; por la parte que tuvieron noticias camina- 
ron mucho tiempo, y por largos caminos dieron con el que los 
ophiritas hablan llevado muchos años antes, (que fué el de 
el Estrecho de Anián y la tierra que le sigue) y queriendo 
hacer lo mismo que con los demás, hallaron resistencia y tra- 
taron de asentar y hacer. casas, aunque cuando podían usaban 
de su fiereza. Y por verosímiles congeluras se saca que son 
los pobladores de Chile y de Chiriguancs. 




FERNÁNDEZ DEL PULGAR 41 

Porque aunque en el Libro Persa no se puede colegir clara- 
mente qué venian haciendo por las islas, y que sin templar su 
furor, ni sujetar su hambre se metieron en la tierra Austral, y 
de alli jamás se luvo noticia de ellos, la entrada que se les aña- 
de en estas nuestras Indias, es congetura. Pero la razón que loí 
indios antiguos dan para tenerla, son las antiguas tradiciones 
desús mayores, que les decían que de aquella parte del mun- 
do habían venido estos pestilentes tiranos. Y la misma razón 
dan los de Chile, señalando su venida de hacia el Estrecho que 
llamamos de Magallanes. Y pues conforman ó diferencian muy 
poco en el tiempo y no se engañan ni discrepan en contar las 
cnieldüdes que usaban y manera de vivir que tenían, y de otra 
parte del mundo no podía venir por aquella derrota gente tan 
experta en las guerras y sus máquinas sino de la India, no van 
fuera de razón los que dicen ser los que entraron en nuestras 
Indias los mismos que huyeron do ellas, 

En este discurso del Licenciado Balboa que supone que Ciro 
dio guerra á los indios, halló á Arriano que dicen Indus, que 
Dionisio (el que dio guerra á los indios) precedió quince si- 
glos á Hércules, según los indios refieren, y que ninguno otro 
entró en sus términos por causa de hacerles guerra, ni Ciro 
hijo de Cambises, nunca guió su ejército sino contra los scitas, 
y en lo que pertenecía á otras cosas había hecho muchas pre- 
claramente. Y asi no pudo ver Ciro la ocasión de que los indios 
inslituyesen los nayres, si seguimos á Arriano, pero no fal- 
tan autores que patrocinen la guerra de Ciro en la India, pues 
dice Estrabón, libro 15, pág. 96, que era fama que Semíramis 
eniróálaindiacon veinte mil hombres y Ciro con siete mil. Si bien 
no halle en Pedro Biceno esta guerra de Ciro, en la de Estra- 
bón, librolS, pág. 472, se lee que los Persas condujeron con paga 
los serisiacas de la India, pero que no llegaron ó ellos con su 
ejército, pero que llegaron cerca cuando iba Ciro contra los 
raesejetas. Y basta esto para instituir lo.s nayres huidos de la 
ocasión de! intento de Ciro. 

Pero no podemos negar que había entre los indios diferen- 
tes géneros de gefntes y estados. Hasta siete señala Estrabón, 
Arriano y otros que refiere Radacao, lib. 8, capitulo 17. Y dice 
Estrabón: El cuarto género es de los guciTcadores, que de anti- 
guo tiempo pasan ociosos en los lugares que el Rey les ha se- 
ñalado, adonde se les dan elementos para que cuando sea ne- 



HISTORUDORBS DB CHILE 

cesario, salgan con presteza, no llevando cosa suya sino los 
cuerpos. Estos parece son los nayres que dice el Licenciado 
Balboa. 

En cuanto á Alejandro, no hay duda que dio guerra á los 
indios. Y asi dice Solino, cap. 52, que fué sujetada por las 
armas de Alejandro. Y Arriano, /ni/idíís, que Alejandro vino 
¿L aquellas regiones, y sujetó á.las que Uegó y sujetara todas 
las otras, si el ejército no hubiera rehusado proseguir adelante. 
Y Plinio, lib. VI, cap. XIII, que fué la India manifestada con 
las armasde Alejandro. Véíise á Quinto Curcio todo el libro VIII, 
dfisde el cap. XVIII. Y asi dice un autor que el temor y la fa- 
ma de el nombre, le dio y sujetó más que la guerra, porque 
todas las gentes le adulaban como á rey destinado para ellas, 
como se vio en las legaciones que le hicieron de Babilonia,. 
sólo por la fama. Porque, como dice Justino, libro..., al fin, á. 
Philipo sucedió su hijo Alejandro, mayor que el primero en 
el valor y en los vicios, de suerteque entrambos tuvieron duros 
los modos de vencer. Este trataba las guerras abiertamente; 
aquél con arte; aquél so holgaba cuando engañaba á los ene- 
migos; éste, cuando los vencía claramente. Aquél, fué más 
prudente en el consejo; éste, más magnífico en el ánimo. El 
padre disimulaba la ira, y las más veces la vencía. Este, en 
enojándose, ni dilataba ia venganza, ni tenia modo en ella. Uno 
y otro eran dados al vino, pero eran diversos los vicios de la 
embriaguez. El primero tenía costumbre de ir luego desde el 
convite al enemigo, emprender la guerra y ofrecerse lemera- 
riamenle á los peligros. Alejandro no mostraba su crueldad 
contra el enemigo, sino contra los suyos Este salió frecuente- 
mente del convite matadorde los amigos; aquél, quería reinar 
con los amigos; éste., ejercer en los amigos los reinos. El pa- 
dre quería ser más amado; éste temido. Entrambos semejantes 
en honrar las Ietra.s; el píidre de mayor astucia; éste do mayor 
conüanza; en las palabras y en la ocasión, Philipo; éste en las 
cosas más moderado. En perdonar á los vencidos tenia el hijo 
o! ánimo más pronto; más honesto el padre. El padre era más 
liado á la frugalidad; el hijo á la lujuria. Con las armas el pa- 
dre hizo los fundamentos del imperio del orbe; el hijo consu- 
mó la gloria de toda la obra asi fundada. 

El rio Saphais fué el termino de las conquistas de Alejan- 
dro en ¡as Indias, y á petición de el ejército no pasó adelante^ 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 43 

como refiere bien Justino en el libro XII, y como dice Estrabón, 
libro III, puso allí sus aras por término de las conquistas por 
aquel paraje, y un todas las conquistas que refieren los auto- 
res, no hallamos fugitivos de Alejandro, sino, entregados, ó ven- 
cidos ó perdonados. Sólo estos nayres fugitivos, de miedo de la 
venida de Alejandro, y esto sin más comprobación que la que 
refiere Miguel de Balboa de el Libro Pérsico: y asi se queda en 
su fe. y para ayudar á ella hemos puesto estoque ayuda para 
su credulidad, dejando esta población al arbitrio de el autor. 

Conduce mucho para la probabilidad el paralelo que hace 
Miguel de Balboa de las costumbres de unos y otros indios. 

Los indios orientales, según Castañeda, parte I, capítu- 
lo XVI, adoraban el sol y la luna y ponían en sus ado- 
ratorios imágenes feas que causaban espanto. Las mismas 
ponian los occidentales en sus adóratenos. 

Los indios orientales usaron la vestidura corta, pero el 
manto largo, procurando excusar el trabajo de corte y cos- 
tura. Lo mismo han usado los indios occidentales, y en los 
llanos del Perú, mucho más las mujeres, que usan de ves- 
tido muy largo, aunque es más por defensa de los mosqui- 
tos y no pisar en la arena, que es ardiente. 
.Los indios orientales usaron de telas delgadas y de algo- 
dón variadas de diferentes colores; lo mismo se conoce de 
los occidentales. 

Los indios orientales recibían la nobleza y caballería de 
mano de los reyes por alguna pieza de que él rey usaba. Lo 
mismo tuvieron los indios del Perú, que por grande que fuese 
la hazaña que un indio hacía, so daba por bien gratificado de 
su cacique ó rey con una camiseta de las que usaba. 

Los indios orientales se sentaban en la tierra sobre tapetes, 
y allí hacían sus banquetes de manjares líquidos, acompañados 
de fruías y granos aromáticos; lo mismo lo han usado loa 
occidentales, y en lugar de los granos aromáticos, usaron de el 
ají y otras cosas muy cálidas. 

Los indios orientales, cuando moría el padre de la familia, 
quemaban el cuerpo y ponían las cenizas en una urna y las 
sepultaban en tierra y con ellas enterraban las joyas, ropas y 
preseas y las armas, si era militar. Otros ungían el cuerpo con 
varios aromas y los metían en bóvedas, y enterraban vivos 
criados y criadas y las mujeres que mal los querían, porque 



4i HISTORIADORES DE CHILE 

creían que en el otro mundo les habían do servir. Esto mismo 
hacían ios occidentales. 

Los indios orientales hacían exequias cantando los hechos 
del difunto y sus pasados, y ayunaban y se cortaban los cabe- 
llos; lo mismo hacían los occidentales. 

Los indios orientales tenían sacerdotes de que elegían reyes 
y gobernadores, caballeros y plebeyos; lo mismo los occi- 
dentales. 

Los indios orientales aborrecían al demonio, pero le adora- 
ban y obedecían porque no les hiciese mal; lo mismo los occi- 
dentales. 

Los capitanes andaban descalzos de pies y piernas; lo mis- 
mo los occidentales. 

Los indios orientales no acompañaban á las mujeres á 
parte ninguna que vayan. Lo mismo los occidentales. 

Los indios orientales no rehusábanlos casamientos con las 
que no eran doncellas; lo mismo los occidentales. 

Los indios orientales traen en la boca hojas de árboles que 
llaman betel, las mascan y no las tiran, y dicen que les 
conforta el estómago; lo mismo hacen los indios occidenta- 
les con la coca, y para el mismo efecto. 

Estas son las semejanzas de unos indios á otros, con que 
se hace verosímil que los indios orientales pasaron á po- 
blar las Indias Occidentales en la forma que lo hemos 
dicho. 



í 



HISTORIA GENERAL 

DE LAS 

INDIAS OCCIDENTALES 

DÉCADA NONA 



CONTINÚA LA DE ANTONIO DE HERRERA DESDE EL AÑO 

1 555 HASTA EL DE 1 565 

EL DOCTOR PEDRO FERNÁNDEZ DEL PULGAR, 

CANÓNIGO MAGISTRAL DE LA SANTA IGLESIA DE PALENCIA Y CRONISTA 

MAYOR DE LAS INDIAS POR LA MAJESTAD CATÓLICA DE 

CARLOS II, NUESTRO SEÑOR 



ES COMPENDIO HISTÓRICO Y GEOGRÁFICO 

DE TODAS LAS HISTORIAS DE LAS INDIAS OCCIDENTALES 

DESDE SU PRIMER DESCUBRIMIENTO 



DEDÍCASE AL EXMO. SR. MARQUÉS DE LOS VÉLEZ, PRESIDENTE 
DEL CONSEJO REAL DE LAS INDIAS. 



HISTORIA GEKERAL 

DE LAS INDIAS OCCIDENTALES 



DECADA NONA 



Continua a antonio de herrera 
el doctor don pedro fernandez del pulgar 



LIBRO TERCERO 

PROEMIO 

En este libro ponemos separadas las actiones de don Gar- 
cía de Mendoza, gobernador do Chile, liijo del Virrey del 
Perú, que aunque conducen á !a gloria do su padre y pertene- 
cen al año 57, merecen por singulares no mezclarse con otras, 
porque se verá que fueron heroicas en valor, prudencia y reli- 
gión; escribiólas el doctor Figueroa con elocuencia en libro par- 
ticular; tocóla el P. Ovalle en la Historia de Chile; de una y 
otra las reproduzco con alguna novedad y más claro método 
para conlinuación de estas historias. 

Descríbese á Chile para su mejor inteligencia deducién- 
dolo, no sólo de estos dos autores, sino de Gaspar Barleo, que 
en el año de 1643 hizo una exacta delineación de este reino en 
la Historia de Mauricio, Conde de Nasocrias, deducida de las 



48 HISTOBIADOBES DE CHILE 

relaciones qi.te hicieron los holandeses qne penetraron sus 
provincias, y de el P. Calanchá, tomo 2." de \a fíi^íoria del 
Perü, desde el libro 2.°— 26. 

Referiré en compendio los sucesos dalos españoles desde 
su primer descubrimiento de Chile hasta el estado en queso 
hallaba cuando entró en el gobierno Don García, para que el 
lector con estas noticias prosiga con más gusto esta historia lie 
don García de Mendoza y tenga entera la do Chile. 



I 

L 



descrIbesií chile: compendiase su descubrimiento y conquista y 
el. estado en que estaba el año de issy, cuando fué a gobeh- 

NAB DOS (ÍARCIA DE MENDOZA. 

/. — Descripción de Chile y tas costumbres de los chilenos. 

Eslilla lierra de Chile en la parte austral déla América, 
fuera del írópico, entre el Perú y la región de los patagones; 
ésta al mediodía y aquélla al bóreas. Al ocaso mira al Mar 
del Sur ó Pacifico, al oriente se termina con el Mar Atlántico, 
y donde es austral, con el Estrecho de Magallanes, tomándola 
eri toda su latitud desde los fines del Perú al Estrecho de Ma- 
gallanes entre el Ártico y el Austro; desde allí y el principio 
dol vallo de Copiapó, ó el grado 26 de latitud austral, hasta la 
misma boca del Estrecho hay casi 500 leguas, y de latitud en- 
tre el ocaso y el oriente desde el Mar Austral arAtlánlico. 
adonde más, 400 ó 500 leguas, adonde menos 90, poco más ó 
menos, en cuyos términos se contienen muchas vastas regio- 
nes y provincias, que las más no han conquistado los españo- 
les, y muchas que ni aún de vista las han conocido, que des- 
pués diremos, según lo que los holandeses han penetrado. Eslo 
es Chile en toda su latitud en genei-al. Pero si tomamos á Chi- 
le más estrictamente por la región que ya ha muchos años que 
poblaron, aunque con pocos lugares los españoles, se com- 
prende en más estrecho limite, porque en longitud por las 
costas no contiene arriba de 300 leguas, y en latitud sólo 20 á 
30, y en alguna parte menos, conviene á saber, desde las costas 



50 HISTORIADORES DJS CUItE 

del Mar Austral hasta los vastos collados de los Andes, que con 
uno y continuo orden discurren hacia la parte oriental de estas 
regiones, hasta el Estrecho de Magallanes, y aquí vastamente 
solevanta con perenne nieve. Agustín de Zarate dice que se 
llamó Chile por el frío, porque en lengua peruana Chile sig- 
nifica frío; y desde el Perú no se puede pasar á esta región sino 
por montes fríos y nevados, cuales son los Andes; que si he- 
mos de dar crédito á los escritores, es tan acre y vehemente 
aquí el frío que suele dejar á los caballos y caballeros helados y 
endurecidos como si fueran piedra mármol. 

Figueroa dice que se llama Chile de un valle principal 
suyo, de este nombre: todo puede concordarse. 

Toda esta región (que como dijimos está sita más allá de 
la tórrida zona y de el trópico de Capricornio) según las varias 
distancias del Polo Ártico ó Austral experimenta diversa tem- 
planza de aire y tempestades: han observado los españoles que 
casi desde 23 grados de la equinoccial hacia el Austro, hasta 
el Estrecho de Magallanes comunmente sólo corren los vientos 
de tres regiones del mundo. El austro en los meses de verano y 
estío y otros pocos días en que está sereno el cielo; el septen- 
trional en invierno y tiempo de lluvia, y finalmente, el favonio, 
que es muy dañoso y contrario á los que cogen estas costas, y 
algunas veces causa fuertes aguaceros cuando cesan los vien- 
tos septentrionales. Y como estas regiones se apartan del Polo 
Antartico tantos grados como España del Ártico, aquí es el in- 
vierno cuando en España el estío, de suerte que son los chilen- 
ses antéeos ó antípodas de los españoles, porque cuando el sol, 
pasado lajínea, -^e aproxima al trópico del Cancro, entonces se 
experimentan aquí las lluvias y el frío, esto es, desde el mes de 
abril hasta septiembre, y al contrario, cuando el sol vuelve al 
trópico de Capricornio pocas veces llueve, está el cielo sereno 
y es moderado el calor; de esta visicitudde tiempo proviene que 
los naturales de esta provincia se llegan más al ingenio y in- 
dustria de los europeos que los demás de América, y es mayor 
la semejanza de losfructos: comienza sur-norte en la altura de 
52 grados y medio y corre hasta el grado 27. 

El Polo Antartico se observa por la constelación de una nu- 
becilla blanca que se mueve cerca del Polo. No hallarás á Chile 
culta ó habitada en todas partes, pero mucho á la costa del mar, 
y por estas partes lo más es llano; los collados son moderados, 



FERNÁNDEZ DEL fULGAR 51 

se exceptúan los de los Andes; y estos montes, que los perua- 
nos llaman las serranías, comunmente están tres ó cuatro le- 
guas de las playas, algunos bajan hasta ellas y les baten las 
olas del mar, que casi cifle á Chile en torno, aunque su disposi- 
ción ofrece á los bajeles pocas y estrechas ensenadas y abrigos. 

Es tierra llena de lagos, ríos y bosques, por cuya causa y 
las muchas lluvias viene á ser pantanoso, y aunque según el 
sitio es varia la temperie do la región, á ninguna parle de las 
Indias cede en la clemencia del aire y del cielo, ni en la fre- 
cuencia de habitadores: es región amenísima y muy fértil y fe- 
cunda de todos frucíos, como España, y de yerbas y ganados; 
de trigo, vino y maiz es muy abundante. Dicen que los granos 
de trigo son como pifiones; tiene para sí y para repartir con el 
Perú, adonde fácilmente los transporla, favoreciéndole para ello 
e! austro, que de ordinario sopla. 

En toda la región de Chile hay un género de ovejas, asi 
domesticas como silvestres, que en la forma parecen camellos, 
excepto que no tienen giba; pero son mucho mayores que las 
de Europa, y un palmo más altas que las de España; tienen el 
cuello largo y delgado, y echan espuma cuando se enojan, con 
que imaginan que ofenden á los que las hacen algún daño. La 
carne es más seca que las de Europa. Las mansas de ordinario 
son blancas ó negras, y algunas veces cenicientas. Las silves- 
tres y montañesas son rojas ó ígneas. La lana es blanda, lai-ga 
y resplandeciente; excede mucho en valora la de España. De 
esta lana se hacen paños que parecen chamelotes; agujereantes 
las orejas y las ponen en ellas sogas para llevarlas donde quie- 
ren, porque, sueltas, especialmente las silvestres, corren de tal 
modo que igualan los caballos. 

Después que entraron tos españoles, dicen que es tanta la 
abundancia que hay de cabras, que matan cada año 50 mil sólo 
para aprovecharse de los pellejos y del sebo. 

Ricardo Hackiuyt hace mención do un animal que llaman 
chinchilla, tan grande como' ardilla, de color obscuro, perú 
de pelo tan blando que excede en eso á todos los demás anima- 
les, y le estiman mucho en estas regiones y en el Perú. 

Hay un género de grano que los naturales llaman fresa, 
cuya hoja es como de cebada; crece la caña como la de la 
avena, en altura de media vara española; el grano es poco 
menor que la borona; los bárbaros la ciegan antes que entera- 



5á HISTOKIADORES DE CHILE 

, mente madure, y en las aréslas las secan al sol y cuamlo es 
necesario la tuestan debajo deceniza y con una rueda do piedra 
sobre Gira la hacen harina, y la llevan cuando caminan, por- 
que es de mucho alimento y tes sirve de comida mezclándola 
con poca agua y de bebida echando mucha. 

Hay un género de árboles silvestres que llevan racimos co- 
mo de uvas, y los granos en la forma y color son como de gra- 
nada. Los naturales llaman á este árbol uñi; los españoles mur- 
tilla.EI sabor es agridulce, calienta y deseca, el licor es semejante 
al vino, no sólo que al gusto, sino por el provecho para ei estó- 
mago. Consume ios humores supérlluos del cuerpo, especial- 
mente de la cabeza y abro las ganas de comer; es claro y liqui- 
do; sin diligencia alguna se separa de las heces. 

También se hace vinagre de esta fruta, mejor en sabor 
y olor que el agraz. 

En algunos valles, en cierto tiempo cae un rocío tan espe- 
so que se cuaja en las hojas de las plantas y se pega como 
azúcar y sirve del mismo usoque el madi. 

Los prados perpetuamente están verdes por la continuada 
humedad de los valles, y los árboles en la montafla gozan de! 
perenne adorno de sus hojas. 

Pero ninguna cosa engrandece tanto estas provincias como 
la abundancia de oro y verdaderamente que es tan puro que 
excede mucho al de las otras regiones. Los espartóles distin- 
guen todo el reino en estas provincias: Copiapó, Guaseo, Clii- 
le, La Serena ó Coquimbo, Quíllota, Mapochoó Santiago, Pro- 
maucana, LaConceptión ó Penco, Arauco, Tucapella, Purena. 
Angola, Imperial ó Cabtén, Villarrica ó Mallelauí^uén, Valdi- 
via, Osorno ó Choulacasena, Castro y las tierras ó islas de los 
patagones, extendidas hasta el Estrecho de Magallanes. 

Son éstos vocablos peregrinos, y por ignorados y extra- 
ños á los europeos, los oyen con disgusto, pero entre los natu- 
rales tienen un uso y significación muy agradable. 

A la provincia de Copiapó la hace estimable su puerto, 
donde cada aflo suelen acudir los españoles á comprar eslava 
ó turquesa, que venden en gran precio á los pueblos; éstos con 
ser rudos y sin artificio en ta pulidez, se adornan de estas tur- 
quesas en las fajas ó coronas que ponen en las cabezas. En es- 
ta provincia de Copiapó hasta ahora no so han hallado vesii- 
gios de oro, aunque la tierra es de muy buen terrón y ferlilisi- 



FERNANDEZ DEL l'L'l.GAR 53 

ma (le oltas cosas. Son scmcjanlcs en la bondad del suelo 
(íuasco y Chile; aquí dicen que se han reconocido venas de oro 
L-omo Cilla Serena y Qiiillota, aunque carecen de aguas y de 
indios que las laboreen, porque no es posible conducirlos al 
trabajo sino con excesivo precio. 

La .provincia de Santiago debe el nombre á la ciudad, y es 
sede de obispado. Su propio nombre era Mapochb, y su exce- 
lente tío se llama Topocalma; es fórlií de vino y sementera de 
comino, de anís, y tan abundante de todo genero de alimentos 
que no necesita de traerlos de oti-a parte. 

La ciudad déla Concepción, sede de la corte y de el go- 
bernador, está sin murallas y patente á lodos los que quie- 
ren entrar en ella por cualquiera parte. Créese que la habitan 
dos mil vecinos: italianos, lusitanos, vascones, castellanos y 
mestizos, como los llaman los españoles. Tiene cien soldados 
para su defensa, que son la guarda de el gobernador. 

La región que en lengua de los chilenos se dice Penco, 
también es famosa por las minas de oro. 

Las islas primarias que se ofrecen al continente, son: Mo- 
cha y Santa María. La Mocha, que es más austral, yace opuesta 
al rio de la Imperial; áspera por ' sus montes, pero no menos 
abundante de las cosas para el alimento^iiecesario; habitanla 
los chilenos que desbaratados en las guerras araucanas, se re- 
tiraron á ella comunicando con los españoles y con los chi- 
liínosque llaman aucas, neutralosentreambos: aqui acuden los 
españoles á comprar alimentos que permutan por merca- 
derías. 

Estas las llevan los mochenses en sus canoas álos cactei'ies 
y loltinios y otras gentes que eslán próximas. 

La isla de Santa María está en frente de Arauco, fecunda 
también y abundantísima de maíz y sementeras y de habas; ha- 
bitanla pocos chilenos y entre ellos un espaflol que recoje el 
tributo regio, de estos granos. Arauco, que comprende á 
'l'ucapella, no menos es celebrado por la fecundidad del sue- 
lo, ni carece de minas, de donde llevaron los espafloles á los 
naturales á las labores de las minas; tomaron éstos las armas 
contra ellos para restituirse en su libertad; después de haber 
gastado muchos anos en guerra, vinieron á la paz, aunque 
siempre se comueven pleitos,:t3omo suele suceder entre los re- 
conciliados, y la peturban; obedecían áunscnor(eraelaiio 1G42) 



54 HISTORIADORES DB CHILE 

más aplicado á los españoles, llamado Cálamo; en cuyo tiem- 
po vivieron quietos y tranquilos, pero después que murió vol- 
vieron á su natural, porque son turbulentos y enemigos de la 
quietud. Los españoles fabricaron aquí el castillo de San Fu- 
lipe, para refrenará los tumultuosos y le pusieron mil quinien- 
tos soldados de presidio. 

Las demás regiones australes sonde los ucaos ó pueblos 
anti-castellanos (se exceptúa á Castro, á la cual los chilenos 
llaman Chiloé) son éstas: Lacuilla, Coblina, Carolomaga, 
Monlino, Matengua, Lacona, Limlina, Mentina, Causrat, Ca- 
naegua, Liuna, Quintrona y otras muchas con el alcázar 
ó castillo Callreja, que están a! mar interioren la provincia 
de Ancud: todas éstas en el dominio de los espafioli-s, y es su 
gobernador Fernando de Alvarado, nacido en Osorno, de pa- 
dres españoles, que obedece al presidente déla Concepción. 
Estas provincias son muy fértiles de maiz, cebada pica y habas; 
de trigo no tanto y es algo moreno, por la templanza fría y hú- 
meda de la tierra; también hay abundancia de frutos y meni 
brillos; hay nabos y otros géneros hortenses, patatas y criadi- 
llas de tierra. Las islas tienen ganado ovejuno, vacuno no 
tanto; muchas cabras, puercas, gallinas y otras cosas de ali- 
mento. En los ríos hay abundancia de pesca, como corbina, 
tan grande como un sardesquillo, robalos, y apucs á modo de 
chalches y otras semejantes ala europeas. La isla Chilué, á 
donde está la ciudad de Castro, cria oro, pero temieron e.scudri- 
ílarlo por miedo de los españoles, porque uo los obligasen 
contra su voluntad á trabajar en las minas. Ya á cualquiera es 
libre entraren las entrañas de la tierra y sacar el oro, como 
pague al rey el quinto. 

La ciudad de Castro, aunque con pocas casas, éstas al rio 
Gamboa, que se esconde en el seno ó mar interno; es agrada- 
ble esta ciudad á la vista por los puertos y planteles. Tiene tres 
templos: la iglesia parroquial, la de la Merced y la tercera de 
los jesuítas. Las ca.sas deformadas por los incendios, desagra- 
dan á la vista en sus ruinas, que son los premios de la gue- 
rra. 

La provincia Angol está en lo más interior distante de 
Arauco, á donde estuvo el lugar que los españoles llamaroíi 
Villanueva. El suelo es de insigue fecundidad, benigna ma- 
dre de trigo, higos, vinos y otros fructos; es fama que aquí hay 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 55 

oro, pero no se beneficia; entre los seíiores ó caciques angole- 
ses hay algunos que están de parle de los espafloles y gozan 
déla misma paz con los araucanos; aquí tienen los españoles 
un castillo, pero vacío de presidarios. 

La provincia purense por la parte que mira al occidente, es 
marítima; carece de oro, de lo demás es fértil. Antes de los 
tiempos de la paz con los españoles, obedecían sus habitadores 
á los araucanos. Ya se apartaron y están unidos con los impe- 
riales, y se valen los espafloles de secreto de ellos para sus 
negocios. 

La ciudad Imperial, que un tiempo fué obispal, desolada con 
las guerras precedente y última, es triste espectáculo. Era ru- 
mor que trescientos castellanos fabricaban allí un castillo y que 
alguno de los caciques de Chile se habtan apartado de la confe- 
deración de los suyos. 

Pero á esto la nación fiera y cruel de los puelches Los refrena 
desde los mismos montes que habita; más áspera que ellos mis- 
mos, carece de oro. Aborrecen intensísimamente á los españo- 
les, que algunas veces los han reducido á servidumbre, que es 
la materia más cierta del odio. En el tiempoquelos holandeses 
inoraban en Valdivia, e! cacique de los cactenes Lemoulionso 
envió con un legado un dardo, según su estilo, al prefecto de 
los holandeses, pidiéndole su amistad, y estando para caminar 
ix ver los peregrinos huéspedes, los puelcas, porque estaban en 
inteligencia que había favorecido á los españoles, acometieron á 
su provincia, hicieron grande estrago y le llevaron cautivo. 
Es esta región no menos fértil que las otras, pero, por ser más 
frío el aire, apenas maduran los fructos. 

Villarrica es nombrede ciudad y provincia; debe á la feroci- 
dad de los indios su desolación y deplorable semblante, sien- 
do asi que esdesuelo pingüe, aunque algo frío; tiene minas de 
oro; pero despreciada y inculta. Era prefecto por este tiempo 
Curuvancha, el cual á 3 de febrero de 643 habló con Herchora- 
no en Valdivia y asentó condiciones de paz de los valdivienses 
yconchenses con los holandeses. 

La provincia de Valdivia se distingue con nueve territorios y 
partos: Mariquína, Ochova, Regnisa, Calli-Calli, Guadalancua, 
en la cual está la ciudad Valdivia, Cuyuchelcua y otras. Los 
naturales constantemente niegan que aquí hay oro, sino en Ma- 
riquina, en tanto grado, que abominan lo que á los demás es el 



56 HISTORIADORES DE CHILE 

atractivo déla codicia, ninguno se gloria de este beneficio de 
la naturaleza, lodos se duelen de las obras serviles y e! rigor 
antiguo de los españoles; el suelo de Valdivia es frió y húme- 
do, por las continuas lluvias de las mudanzas de la luna. 

Los fructoscasí son como los nuestros; no maduran las uvas 
por el frío; el ámbito de Valdivia es una milla; en sus muros 
verás queá cada paso nacen árboles pomíferos, que como un 
bosque espeso cierran los caminos y las calles. Dos años des- 
pués de rota, 300 castellanos edificaron un alcázar al ángulo 
del rio, cerca de el convento de San Francisco, pero perecieron 
por falta de alimento, excepto 70 que.se retiraron á Osorno, 
atribulados y consumidos del camino; por esto, desamparada de 
los españoles, quedó abierta á sus incursiones. 

Choulacorvina fué antiguamente esclarecida por la ciudad de 
Osorno, que dista de Valdivia veinte millas; gozado aire sa- 
lubérrimo-, de suelo fértil y feraz de ovejas; tiene fértilísimos 
pastos y prados; excede en lasubtilidad de la lana, en la copia 
v variedad de fructos; conoció minas de oro. Los naturales son 
más humanos y más cultos que los valdivienses; obedecen á 
Pilomano, capitán de la milicia antigua; le alaban mucho y le 
tienen en gran veneración. 

Está la ciudad sita en un río que los españoles le llaman rio 
Bueno; e\ puerto es capaz de navios menores, no mayores, por 
los escollos y bajos que hay esparcidos por el rio. 

El P. Calancha dice maravillas de los rios en el libro 28, 
página 51. En Chile, entre Atacama y Copiapó, hay en el des- 
poblado un río, de quien todos los que caminan por tierra lo 
ven, y pondera don Melchor Jofré en su libro Epitome de Iüñ 
cosas de Chiles que al punto que sale el sol comienza á salir el 
agua, y continúa corriendo hasta que el sol se pone, y al punto 
que se esconde tras nuestro horizonte, se estanca de manera el 
agua que una gota no vuelve á manar en toda la noche hasta 
el día siguiente que sale el Bol por el contrario horizonte. A este 
rio llaman los indios de aquella casta, como dice don Melchor, 
Anchallallac, que en la lengua de los indios quiere decir muy 
mentiroso y engañador; diéronle este nombre porque viéndole 
los ejércitos del Inga; cuando iban á conquistar á los chilenos 
de día con agua, le vieron de noche seco. 

Otro estero tiene cuyas aguas sin duda son milagrosas y dig- 
nas de veneración, en un vallecito llamado Peteguelén; de este 




L 



FEBNÁNDEZ DEL PL'LGAR Ü7 

arroyo y olro mayor se hace el rio Laraquete; cuantas piedras 
cna el estero y ciianlas guijas bailan sus aguas tienen una 
perrecta y formada cruz del tamaño do una pulgada, de color 
de jaspe, y otras blancas ó .negras, del color del alabastro ó 
(jbano; yno para aquí la maravilla, pues, por cuantas partes 
quiebran las piedras bailan perfectisimas cruces, y vuelta á 
quebrar por cualquier lado, descubre la forma de la soberana 
cruz. Los más del reino de Chile las traen en sus rosarios, y 
yo he visto algunas traídas de Lima, que como de un hueso 
embutido están en la guija y parecen en el corazón de las pie- 
dras. 

De los chilenos, unos viven debajo de el imperio de los espa- 
ñoles; otros son de su derecho; aquellos viven más política 
y civilmente y se instruyen á la humanidad con las costumbres 
délos europeos, reciben la doctrina de Cristo y habitan en ca- 
sas; los otros viven vida agreste y fiera, con los afectos incli- 
nados á lo peor, que les mantiene la costumbre de sus mayores, 
que carecen de loda cultura. 

Son asi hombres como mujeres de buena caras, y más blan- 
cos que otros indios, de gran cabeza, de caras anchas, no tienen 
barbas, tienen mucho pelo y crespo, y dicen proviene déla 
mucha humedad del aire; quítanse muy amenudo el cabello y 
para eso traen pendientes del cuello unas conchillas con que 
los raen y el motiva es porque el enemigo no tenga instru- 
mento deque asirlos. Pero los que están en el dominio de 
los españoles traen el cabello largo y fendido; traen la cabeza 
descubierta y aladacon una faja ó cinta. Los caciques, y que 
son de mayor fortuna, usan de mayor compostura, porque 
usan de diadema de plata, adornadas de turquesas y corales de 
varios colores, y cubren la cabeza con pieles de marta, de suer- 
te que la cabeza cae á la frente y las colas á la espalda; po- 
quísimos traen sombreros, aunque saben hacerlos. 

También es costumbre de las mujeres traer descubierta la 
cabeza, desatado el cabello, y no hecho trenzas ni rizos; algu- 
nas al cabello que pende por los hombros le hacen un nudo 
cerca de la cabeza, cuando padecen los menstruos. Las que 
sirven en los aucaes no cortan el cabello, costumbre que apren- 
dieron de los peruanos; éstas tienen por la frente el cabello has- 
ta las cejas y como tas nuestras. 

Todos saben el arte de tejer y no extienden la tela sino 



58 HlSTORtADOBES DE CHILE 

hasta cuatro ó cinco varas. Hacen vestidos para loa hombres 
de paños de lana con que cubren los hombros; los brazos Iraen 
desnudos; según el tiempo, duplican los veslidos, unos blan- 
cos, otros azules, otros rojos, y echan sus guarniciones como 
los españoles. No se cubren con jubón el pecho; traen calzo- 
nes hasta las rodillas, al modo de los holandeses; no traen ca- 
misa, calza ni zapato. 

Los naturales que son libres no se unen en comunidad en 
ciudades ó pagos, sino que habitan en casas esparcidas, aunque 
poco espléndidas y bajas; fabricadas de cañas, juncos y céspe- 
des y sin distinción de aposento; por arriba tienen un agujei-o 
por donde entra la luz y sale el humo; traen los pies descalzos, 
sino los días festivos ó de algunas juntas y entonces se ponen 
medias, no calzado. 

Las mujeres también se visten de paño, cuyo vestido pen- 
de del hombro, atrás y adelante, cosido por losjados y abierto 
por detrás del pecho; sobre el hombro le prenden con alfileres 
de piala ó más bajos, conforme el caudal de cada una; ciñense 
por medio del cuerpo y se aprietan y luego ponen otras cober- 
tura que prenden debajo de la garganta con un alfiler; traen los 
pies descalzos como los hombres, sin calzas ni zapatos, acos- 
tumbradas á ía dureza del suelo. 

Las alhajas de la casa son pocas, ni falla mucho ni sobra l;i 
necesidad, con largo uso de la pobreza: cántaras, dos vasos ó 
Ires para guardar la-bebida, y un vasillo de cuerno y una me- 
didilla para beber, llanamente, como si vivieran según la regla 
de los cínicos; los troncos de los árboles les sirven de asiicnios, 
sólo cuando tienen visita de algún amigo los ríeos tienden píe- 
les por los suelos. 

Libres de otros cuidados, gozan del año á rédito: e-siacsla 
meta y término de su codicia. El año siguiente les trae otro.s 
cuidados y otros trabajos; sus riquezas son los rebaños, que 
perseveran no por su crianza sino por beneficio de la naturale- 
za, fecundos; ocúpanse en las sementeras al principio del mes 
de oclubre y en ese tiempo se juntan diez ó veinte familias do 
un distrito; de compañía aran los campos y hacen todas las la- 
bores, y lo ejercitan lo mismo al recoger los frutos. 

Observan los tiempos de comer, matutino y vesperlíno, be- 
ben poca agua; de trigo, cebada y mijo hacen unas bebidas á 
piodo de cerveza; en fiesta solemne usan de la chicha. 



^ 




FERNÁNDEZ DEL PULGAR 



59 



Toman los gobernadores por la virtud y dignidad del lina- 
ge y los llaman ulmenes ó piilraas, que el nombre de cacique 
es peregrino y pasó alia de la India Occidental. 

Los ulinenos, unos mandan á veinte, otros á treinta, otros á 
cincuenta familias; su principal autoridad es en las guerra y 
en las juntas, á donde hablan los primeros; pueden hacerlas 
cuando la necesidad lo pide, pero pedir tributos no pueden sino 
cuando hade haber guerra, y t esla es preciso que vayan por 
capitanes, y los primeros en los auspicios del general, á quien 
llaman ulmen-loqui, y á cuyo precepto obedecen; tener con- 
ferencia privada de lo que pertenece á la república es prohibi- 
do; hablan en público, estando en medio del pueblo que les cir- 
cunda, porque son sospechosos y fingen lo peor y le hacen reo 
con falsedades. 

La prefectura hereditaria pasa al primogénito, después á los 
demás, y, á falla de éstos, á los parientes más cercanos, y si pa- 
rece que no son dignos del imperio, asignan álos más dignos 
dignidad del principe. 

Traen las armas comunmente al hombro; estas son: lan- 
zas de 28 pies de largo con sus puntas de hierro ó de una dura 
madera, cenias cuales pelean diestramente de á caballo. Os- 
tentaban espadas y otras armas españolas, y petos y espaldares 
para defenderse de las heridas; todo esto recogieron de las an- 
tiguas guerras; traían ceñidas las espadas desnudas, por estar 
las vainas ya con el tiempo gastadas; también traen mazas con 
clavos, arcos y saetas, que son las armas de sus mayores, y las 
puntassondeagudos pedernales, envenenadas, cuyas heridas son 
moríales, y no es esta costumbre de todos, sino de aquella na- 
ción que llaman_Puelches, que es la que habita lo oriental de 
los montes que llaman las cordilleras; fabrican grebas y co- 
tas de muchas pieles compaginadas, con que resisten las mor- 
tales heridas; son más valientes á caballo que á pie, porque 
huyen con facilidad al sonido de las trompetas y al liro de las 
balas; siendo peritos de gobernar las astas, se han reconocido 
inhábiles para manejar las bombardas; desde los escondrijos y 
secretos de los montes tienen sus guerras y cogen y matan á 
los incautos; los holandeses oyeron que se jactaban de valien- 
tes; nunca lo experimentaron, porque diez escopeteros pueden 
hacer huir á 300 de ellos. 

Son crueles contra los vencidos, porque á ninguno perdo- 



60 HISTORIADORES DE CHILE 

nan la vida; sacan el corazón al enemigo postrado y le despe- 
dazan mordiéndole sanguinolentamente en bocados en nombre 
de Pillano, al cual, como á dios y gonid, sacrifican con csla 
viclima, ignorando el culto divino de Dios, (mico criador, y l;i 
inmortalidad del alma, y no distinguen días sagrados ni prora- 
nos, pero parece que están tocados déla superstición de 'al- 
guna falsa divinidad ó demonio, pues reverencian á su Pi- 
llano comoespiritu aéreo, especialmenlecuando enagenados do 
si con embriaguez, ó como con furor, le recitan versos; cuan- 
do los truenos ponen miedo á los tímidos, ruegan que so con- 
viertan en daño de los enemigos, é invocan á Pillano echando 
humo de tabaco por boca y narices, como sacrificándole con 
estos humos. 

En habiendo tenido algunas victorias hacen grandes fies- 
tas que paran en danzas y mayor borrachera; clavMi una saeta 
en el suelo y hacen corosy cantos á Pillano, al rededor de ellas; 
y lo mismo es cuando destinan algún enemigo para despeda- 
zarle, porque áésle le hacendansary gritar y en medio do la al- 
gazara ledan con una porra, y medio muerto le despedazan con 
los dientes, perseverando el canto y la vocería en honor de Pi- 
llano. Castigan á los homicidas, ladrones y traidores con pena 
capital, y esta escena, aunque trágica, la adornan con igual ce- 
lebridad de canto. 

A todos los fuertes y extremados que exceden á los oíros en 
prudencia y en audacia, les dan el nombre de su falso dios, y 
les llaman Píllanos, esto es, divinos, y el mismo honor partici- 
pan á sus cantores y otros ministros de estos sacrificios. Vene- 
ran también á otro demonio que llaman Mucapoantu y lo im- 
ploran como á Lucina, cuando se casan, y si usan del matri- 
monio por instigación de él conciben esperanza de fecundidad 
y dicen que no tienen otros colloquios con él, sino es por inspi- 
raciones y sueño, premisos juegos, canto y baile. 

Tienen mujeres más ó menos, según la facultad de sus ha- 
ciendas, y las compran á sus padre?, y asi es proverbio entre 
ellos celebrado que es rico el chileno que tiene muchas hijas; 
no concilia las bodas la hermosura ni la dignidad de la sangre, 
si no la industria y el trabajo; verás que se anteponen en la elec- 
ción las que se adelantan on esto, porque las mujeres cuidan 
de las cosas del campo, holgando y feriando los maridos acos- 
tumbrados al ocio y la flojedad; ellas esquilan el ganado, hi- 



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í 



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FERNÁNDEZ DEL PULGAR 61 



lan, tejen; los varones ¡apenas tienen otro cuidado que el de las 
sementeras, y aún para ello llaman las mujeres, como para 
coger los frutos. 

El que pide á alguno su hija por mujer no necesita de hablar 
con ella, ó hacer más pretensión que tratarlo con su padi-e; el 
precio de la esposa son adornos preciosos de la cabeza, caballos 
y ovejas, y entregando esto, se llevan la esposa á casa sin apá- 
ralo alguno; pero en habiéndose publicado, se convidan los ami- 
gos y parientes y se sacrifica una victima del rebaño y se can- 
ta al dios llamado Mucapoantu. Luego tienden en el suelo las 
pieles de las ovejas y se celebra el convite. El marido mira 
desde lugar secreto á las mujeres y avisa á la que ha de llevar, 
y aquella entonces es la estimada, las demás la sirven. Cuando 
paren, hacen convite de una cordera y ministran á la parida y 
a. la criatura del caldo y de la carne; no se observa el estilo eu- 
ropeo de curarse cinco ó seis semanas, al otro dia vuelven á 
sus obras. Son tan obsequiosas á los maridos que parecen 
criadas. Si miran con cuidado á otro que al marido, son casti- 
gadas por él, como celoso, pero las matan si las cogen en adul- 
lerio; pero, con lodo eso, no viven más castamente, aún cuanto 
pueden son cautas, y esto parece lo tolera ó ocasiona el marido 
en las que menos quiere. Los matrimonios que se hacen con 
la compra no se pueden de-shacer por ella, pero es permitido el 
repudio; violada la fe del lecho, es licito al marido dejarla mu- 
jer, aunque no lo merezca, pero con el peligro de la venganza; 
ni menos se atreven á quitar á oíros las mujeres nefariamenlo 
y malar los 'maridos con esperanza de gozar las mujeres, pero 
esto esdesvergüenza sin castigo de los poderosos; y preguntán- 
doles por los difuntos, dicen: el demonio le llevó. " 

Lloran los nmertos y dejan sin sepultar los cadáveres por 
algunos meses, preservándolos de la corrupción envueltos en 
yerbas y aromas; cuando quieren darlos á la tierra, convocan 
tres días antes los parientes; hacen convite y ponen un plato á 
la cabeza de el difunto, como si fuera uno de los convidados; 
después de tres ó cuatro días que hacen estos convites le sepul- 
tan dentro de la casa. 

Permito la costumbre que la viuda se case luego que muere 
el marido, pero el que se ha de casar con ella envía dones ásus 
hijos, si los tiene, en fe del matrimonio; pero la que queda en 
oslado de viuda tiene obligación á \ivir más honoríficamente. 



62 HISTORIADORES DE CHILE 

Es costumbre de los varones y mujeres lavarse porla mañana 
en el río, aunque Iiaya mucho hielo. 

Para unirse k la guerra con confederación, envían un dardo 
á los compañeros, y si le tocan con la mano derecha es la con- 
federación vota y jurada coníra el enemigo. Y porque no tie- 
nen estilo de manifestar á los ausentes sus secretos con letras 
ó caracteres, envían un confidente que dé nueva de la guerra 
y lleva en la mano derecha un dardo, del cual va pendiente 
una faja; y si se convienen en dar la guerra, vuelven á poner en 
la mano derecha del mensajero el dardo, y atan oira faja enci- 
ma de la primera. Y si e:^ manifestar á otros esta resolución, 
les manifiestan este dardo con las fajas, como señales del pac- 
to queestá hecho. Las partes vellosas del cuerpo las friegan con 
ceniza ydespués arrancan el vello para que no vuelva íi nacer. 

Tienen por Dios al trueno, y le llaman Pillano; todas las ve- 
ces que por los tiempos de los convites truena el cielo, le dejan 
y huyen y dicen á voces que vienen los espaíloles, y turbados 
toman las armas, como si estuviera cerca el enemigo: tanto ho- 
rror ocupa aún los ánimos de nielo y bisnieto, nacido del abo- 
rrecimiento que á esta nación tuvieron sus mayores, que juzgan 
que su ferocidad hace temblar el cielo. 

Eligen gobernador de este modo: el que quiere suceder al 
difunto debe explorar sus riquezas si son suficientes pai'a 
conceder dones á los ulmenos ó magistrados inferiores; des- 
pués les convoca, y hace una oración al pueblo, donde refiere 
la dignidad de su familia y de sus mayores, el poder de sus 
amigos, los decorosos titules de sus acciones militares. Recibe 
la oración alguno de los funcionarios y exagera los méritos del 
general futuro y obliga con juramento á los suyos, y al general 
le quita del cuello una faja que está cuajada de piedras pre- 
ciosas y las distribuye en los ulmenos ó señores de los terri- 
torios; después aclaman al gobernador y se dan á grandes 
banquetes, que es lo primero y último entre ellos. 

Últimamente, los pastos, aún en estas tierras, son comunes á 
todos los habitadores, porque así lo han dispuesto los reyes de 
España, entosquehan rendido la obediencia; también escoman 
el derecho de la pesca y de la caza, así en el mar como en los 
ríos y en los estanques ó lagunas, y es estilo dar á los cami- 
nantes, asi en los lugares como en los predios, el hospedaje 
de balde. 



1 



FERNÁNDEZ DEL PULGAU 63 

Esto en general de todo Chile. 

Ahora en particular diremos del Araiico. Este famoso valle, 
que con memorable valentía so ha defendido muchos aflos de 
poderosos enemigos, está en treinta y seis grados; la gente que 
en él se cria es sumamente valerosa y robusta, tan ligera, que 
escriben alcanza por pié á ios venados, y de tanto aliento, que. 
con pocas pausas, dura en la carrera casi un dia; excede á los 
demás occidentales y antarticos, asi en la trabazón eerao en el 
discurso, y es fuerte, feroz, arrogante, cplmada de generosos 
bríos; y asi, enemiga de sujeción, por evitarla menosprecíala 
vida; sesenta años ha que no le concede reposo su belicosa in- 
clinación, dirigida á tener en libertad á su patria; el largo ejer- 
cicio de las armas la ha hecho experta en la milicia. Son cómo 
los demás indios, grandes agoreros, y tienen á sus magos 
embaidores en gran veneración; éstos habitan en cuevas y en 
ellas tienen torpes sabandijas, con que se hacen horribles. Son 
también los araucanos dados, sobre todo, á borracheras, para 
las cuales se juntan en sitios amenísimos; allí, congregados en 
corrillos, hombres y mujeres se entregan á los manjares y al 
vino que llaman chicha; siguense luego los cantares y bailes, 
dónde, al son de tamboriles y flautas, enlazados todos, no so- 
siegan con cabezas y pies corriendo á todas parles. Estas fies- 
tas suelen durar, sin intervalo, cuatro, ocho ó más días, y par- 
ticularmente se hacen para tratar de resolver las cosas más 
importantes del estado. 

Es bizarro el traje femenil; adórnanse con tocados á modo 
de diademas; aunque bárbaros, son grandes amantes, y los 
miis se casan por amores; ellos celan mucho el honor y ellas, 
en especial las más nobles, son no poco continentes. Los arau- 
canos, tucapenses y purenses, queson los tres géneros de este 
valle, aborrecen mucho k los españoles. 



\ 




CAPÍTULO 11. 



DEL DESCUBRIMIENTO DE CHILE POR DON DIEGO DE ALMAGRO, 
Y CÓMO LE DESAMPARÓ. 

Son muchos y celebérrimos conquistadores los que penetra- 
ron esle valle, intentáronlos ingas extender su imperio; los 
españoles por ios motivos que las más regiones de la América, 
y los extranjeros sin más derecho que la emulación y oposi- 
ción á tos españoles. En abril del año 1535, pasó Diego de Al- 
magro "al descubrimienfo de Chile; pero el P. Calancha dice 
(|ne á 12 de septiembre de 1535, y esto parece es la verdad, 
íionde hizo como valeroso en la conquista y ahorcó al intér- 
prete Felipe, aquel que avisó á don Francisco Pizarro para 
que diese garrote al inca Atahualpa, por quedarse con su mu- 
jer. Con eslo pagó su amor lascivo el consejero homicida. 

El P. Salmerón, en sus Recuerdos históricos, página 300, 
dice: á la conquista de este reino de Chile, que fué el año de 
1535, acompañaron religiosos de nuestra orden al adelantado 
don Diego de Almagro. Hay desde el Perú á Chile dos cami- 
nos por tierra: uno porlasoledad de Alacama, que divide los 
Charcas ó parte austral del Perú de las provincias de Chile; 
otro por las montañas. Dilátase esta soledad de Atacama con 
longitud de 90 ó 100 leguas; es una región triste y nada amena 
ala vista, estéril por la penuria de agua, tanto que ni produce 
árboles fruciiferos ni silvestres. La tierra no se viste de yerba 
sino en tres ócuatro lugares, donde se crian algunas pocas 
ovejas que llaman guanacos. En el invierno os tan desapacible 
el cielo y tan rigorosas las heladas y tanta la nieve que no se 



66 HISTORIADORES DE CHILE 

puede caminar sin grande peligro, y aún evidente__de la vida;. 
por medio de esta soledad pasa nn arroyo, que ahora los espa- 
ñoles le llaman de la Sal, porque sus aguas son amargas y sa- 
lobres, tanto que en los vasos y en las manos se convierte en 
sal, y asi su^ márgenes perpetuamente se guarnecen de ella; 
sólo hay unos jagüeyes á 22 leguas de este arroyo, que sonónos 
pozos de donde sacan agua los caminantes, sin haber otra po- 
table en aquel cspaeio de leguas. 

El otro camino desde el Perú á Chile, es por las niontaflas. 
mucho más largo y más embarazoso, porque se ha de piisarla 
cumbre de los Andes, que continuamente está cubierta de nie- 
ve, y hay también en su tránsito peligro evidente de la vida, ni 
se puede intentar sino en pocos meses del af\o, porque, como 
dice Acosta, corre un viento lan sutil que penetra los cuerpos 
do los hombres, de modo que de repente se caen muertos antes 
de sentir que se mueren, porque este viento les consume el ca- 
lor natural insensiblemente. Diego de Almagro, pues, so con- 
vino con don Francisco Pizarro para el descubrimiento y con- 
quista de Chile, y recogió 530 españoles muy lucidos, por los 
cuales prestó más de cien niilducados paraquese previniesen; 
llevó consigo á un hermano de Manco Inca, llamado PaulUí, y 
á su sumo sacerdote que llamaban Viilahumo; llevé también 
muchos indios nobles y otros de servicio, que pasaron de quince 
mil; que todo eslo disponía el Inca porque esperaba por medio 
del obsequio á los españoles la restitución de su imperio, vana- 
mente crédulo.. 

Juan de Saavedra iba adelante y llegó á los Charca:^, que es- 
trin 200 leguas del Cuzco. Halló alli á Gabriel de Roj;is con GO 
soldados, quiso prenderle, él se fué á Lima y los soldados á 
Chile. 

Don Diego de Almagro llegó á los Charcas con feliz viaje: 
mandó apercibir lo necesario para su intentada conquista y no 
quiso ir por la cosía, sino porta sierra, y aunque el inca y el 
sacerdote le dijeron que no se tomaba aquel camino sino en 
ciertos tiempos del año, como dijimos, no se los quiso creer, y 
dijo que á los ganadores y descubridores del Perú les hablan 
de obedecer la tierra y los demás elementos, y aún los cielos, 
como lo habían hecho hasta aqui: notable confianza, sino fué 
tenacidad. 

Con este desprecio del consejo que le dieron, teniéndole pe 



i 



rfernAndez del pulgar 67 

más sospechoso que fiel, se empeñó Almagro en tomar el cami- 
no de la sierra; á pocos pasos hallaron la experiencia de mu- 
cha nieve, falla de alimento y sobra de aquel sutil frió. De los 
quincemil indios murieron más de diez mil, de los españoles 
másde ciento cincuenla, y á otros sin sentir se les helaban los 
dedos de los pies y no lo conocían hasta que se les caían. Per- 
dieron la ropa, porque faltaron indios que la llevaran. En fin, 
llegaron los españoles de la otra parte de la tierra bien fatiga- 
dos ydestrozados; pero en lugar de enemigos hallaron indios 
amigos que les recibieron yregalaron, porque eran del imperio 
de los incas, y de el pueblo de Copayapu, que sabiendo venia el 
hermano del inca y el sumo sacerdote, salieron á recibirles y 
les festejaron cuanto pudieron, que si fueran indios enemigos 
fácilmente hubieran acabado con todos, según los pocos que 
iban, y ton fatigados como llegaron. Aquí Paullu y Villahumo 
hicieron á los indios un razonamiento en consecuencia de el 
obsequio antes recibido, persuadiéndoles que juntasen oro, plata 
y piedras preciosas para dar al general, que con eso esperaban 
que Manco su hermano sería restituido en el imperio. 

Holgáronse mucho los indios de Copayapu con la proposición 
de aquellaesperanza, y aquel dia juntaron más de 200 mil du- 
cados en tejos de oro, que estaban acopiados de los presen- 
tes que solían hacer á sus incas, y habían cesado desde la gue- 
rra de ios dos hermanos esperando á cual de los dos quedaba 
por seflor, y no habían ido á socorrer á su rey por no desam- 
parar áChile, por la mucha distancia y por no haber tenido 
orden para ello. 

Presentó Paullu el oro á A.lmagro, en nombre de su herma- 
no y de todo el reino de Chile; agradeciósele, y le prometió mon- 
tes de oro, con cuya esperanza solicitó á los demás pueblos, 
que en pocos días trajeron más de otros 300 mil ducados de 
oro á Almagro. Entonces entregó á los españoles las obliga- 
ciones de los 100 mil ducados que les había prestado, y no 
sólo recibió este regalo por diligencia de Paullu, sino que to- 
dos losindios siibditos de los incas se redujeron á su obedien- 
cia, que no fué mal principio de conquista y alguna compen- 
sación de la penalidad pasada. Habiendo descansado Almagro 
y su gente, y reformado los caballos, trató de conquistarlos 
demás valles de Chile que no estaban sujetos á los incas; co- 
municólo con Paullu, pidióle su favor y auxilio; y él, juzgando 



68 HISTORIADORES DE CHILE 

que era en beneficio de su hermano, sacó la gente que pudo de 
ios presidios y guarniciones, y mandó recoger mucho basti- 
mento, y ya que esto estuvo dispuesto, fué con Almagro á la 
conquista de las provincias Purumauca, Antalli, Pericio, Can- 
qui y otras comarcanas hasta la provincia de Arauco. 

Tuvo grandes reencuentros con los naturales de ellas, que se 
mostraron valerosísimos, pero por mucho que resislian los 
contrarios, los iban ganando los españoles felizmente y con la 
ayuda de Paullu y sus indios, de suerte que esperaban que en 
menos dedos aílos se ganaría todo aquel reino, aunque las vic- 
torias que se conseguían no eran sin costa de sangre de los es- 
pañoles y de los indios. 

Cinco meses hacía que Almagro habia entrado en Chile, y 
llegaron los capitanes Rui Díaz y Juan de Herrada con cien es- 
pañoles que llevaban de socorro á Almagro; fueron por el mís- 
.mo camino, y aunque hallaron los Andes con menos nieve, 
también murieron muchos indios y algunos espaíioies, y se 
socorrieron con la carne de los caballos que se helaron cuando 
pasó Almagro, que estaban tan frescos que parecían ninerlos 
de aquel dia, efecto déla gran frialdad; fueron recibidos con 
grande alegría y especialmente la recibió Diego do Almagro, 
porque don Juan de Herrada lo llevaba la provisión que habia 
sacado Pizarro cuando volvió de E:ipai1a al Perú, en que Su 
Majestad le daba á Almagro la gobernación de cien leguas, 
pasada la jurisdicción del Marqués, y lo estimó más que cuan- 
to oro y plata habia ganado, porque era muy deseoso de 
honras. 

Entró en consejo con sus capitanes de lo que debía hacer; 
algunos ledijeron y rogaron que poblase allí, ó en los Char- 
cas, antes de ir, y queentrelanto enviase á saber la voluntad ile 
Pizarro y de el cabildo del Cuzco, porqueera razón de coniem- 
porizar primero; otros, y entre ellos mucho más Gómez de Al- 
varado, Diego do Alvarado y Rodrigo Orgoñoz, su amigo, y va- 
lidos, sintieron lo contrario; se determinó volver al Cuzco y 
tomar posesión de su gobierno, quisiesen ó no los Pizarros, y 
se juzga no era la vuelta por el gobierno de las cien leguas 
sino por los designios que tenían de apoderarse del Cuzco, am- 
bición que fué la raíz de su desdicha; en fin se resolvieron de- 
jar á Chile; comunicó su resolución con Paullu, y que le dije- 
se qué camino tomaría para volver al Perú, escarmentado del 



^ 



r 

L que 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR G9 

que liabia traído. Paulhi le aconsejó volviese por cl segundo, 
nque los pozos ó jagüeyes eslaban ciegos desde la guerra 
.de sus hermanos, poi-que no se cruzaba, pero que enviarla 
quien les limpiase y quien les enviase agua limpia, que bas- 
laria como la gente fuese dividida, pues no había enemigos 
en el camino, que este era el modo con que por allí caminaban 
sus padres y abuelos. 

Convino en ello Almagro, y PauUu lo dispuso como lo ha- 
bla ofrecido y juntó bastimento para lodo el camino, y asi se 
desamparó Chile y se perdió todo lo trabajado, que fué un gran 
desacierto. Los sucesos que después tuvo Diego de Almagro 
no son de esle lugar, que pertenecen á la historia del Perú. 



^ 



CAPÍTULO III 



LO QITE OBRÓ EL MAESTRO DE CAMPO PEDRO DE VALDIVIA 
EN CHILE Y SUS POBLACIONES 



El maestro de campo Pedro de Valdivia volvió á Chile á la 
conquista qiift Almagro había comenzado y desamparado; re- 
flórelo asi Francisco de Gomara, C. 14? de su Historia general: 
pobló y comenzó á contratar con los naturales que lo habían 
recibido pacificaiiienle, auiiquo con engaño; que luego en co- 
giendo el grano y cosas de comer, se armaron y dieron tras los 
cristianos y mataron catorce españoles que andaban fuera de 
poblado; Valdivia fué al socorro, dejando en la ciudad la mitad 
de la gente con Francisco de Villagra y Alonso de Monroy con 
treinta de á caballo y otros algunos de á pié, y pelearon desde 
la maflana hasta que los despartió la noche, y los dos holgaron 
de ello, los nuestros descansados y heridos con flechas, los in- 
dios por la carnicería quédelos suyos había y por las fieras 
lanzadas y cuchilladas que tenían, aunque no por esto dejaron 
las armas; antes daban siempre guerra íi los españoles y no les 
dejaban indios de servicio, á cuya falla los nuestros mismos 
cavaban, sembraban y hacían las cosas que para mantenerse 
son necesarias. Mas, con todo este trabajo y miseria, descu- 
brieron muchas tierras por las costas, y oyeron decir que había 
un señor dicho Leuchen Golma, el cual juntaba 200 mil com- 



HISTORIADORES DE CHILE 

balictites para contra otro rey vecino suyo y enemigo que fenia 
oíros laníos, y que Leuchen Golma poseía una isla no lejos de 
su tierra en que había un grandísimo templo con dos mil sa- 
cerdotes, y que más adelante había amazonas, la reina de las 
cuales se llamaba Guanoniilla, que suena cielo de oro; de don- 
de arguyen muchos ser aquella tierra muy rica; mas, pues ella 
está, como dicen, en 40 grados de altura, no lerna mucho oro; 
lempero, qué digo yoí Pues aún no hanvislolas amazonas, ni 
el oro, ni á Lonchen Golma, ni la isla de Salomón, que lla- 
man por su gran riqueza. Este Gomara está muy corto en 
cuanto á las acciones de Valdivia en Chile, De las islas de Salo- 
món diremos en el libro 3." de la décadadécima. 

Agustín de Zarate, libro 4.", //^ísíoría rfei/'erít, cap. 13, añade: 
que andando Valdivia en la primera guerra, se quisieron alzar 
con él algunos españoles, que él ahorcó, en sabiéndolo, espe- 
cialmente á Pedro Sancho de Hoz, que había ido con él á titulo 
de compañero. Dice Zarate más: que todo lo más de esta tierra 
estuvo de guerra por más de ocho años, y en todos ellos Val- 
divia y su gente les resistieron sin desamparar la tierra, hasta 
que volvió al Períi en lienipo que Gasea estuvo haciendo genle 
contra Gonzalo Pizarro; y en el cap. XXIl dice que Vaca de 
C'astio con un Monroy envió socorro á la provincia de Chile 
al capitán Pedro de Valdivia. Cómo obró Valdivia en (iempo de 
(lasca, trata Zarate en el libro Vil, cap. V ysiguicnle, acabada 
la guerra contra Pizarro; y en el capítulo VI prosigue, porgi-ali- 
f icario que Pedro de Valdivia le había servido, le confirmó y dio 
de nuevo la gobernación de Chile, que hasta entonces había 
administrado. Fué á la ciudad de los Reyes, liizo gente y 
la embarcó, y él siguió por tierra hasta Arequipa; dieron 
cuenia á Gasea que llevaba gente de la que había sido de Piza- 
rro, y envió al capitán Hinojosa para prenderle; rogóle vol- 
viese con él, excusóse; halló ocasión de prenderle desnudo; do- 
jó los presos que consigo llevaba y alcanzó licencia para conti- 
nuar su jornada. 

También estácorto en las accionesdePedrodeValdivia en Chile 
y asi las compendiaremos del P.Ovalle, que aún se queja en el 
libro V, cap. I, de la falta de noticias de Valdivia. Pidió, pues. 
Valdivia al adelantado don Francisco Pizarro que le diese orden 
pnra proseguir la conquista de Chile, pues tenia comisiór 
del Rey para ello. Eligiólo para esta empresa el año de 153Í 



^ 



r 

f porque f 



FERNÁNDEZ pEL PULGAR 73 

porque era uno de los insignes capitanes qne habían pasado á 
las Indias, y lo había mostrado así en Italia como en el Perú, 
donde había sido maestro de campo. Con esto, se fué dispo- 
^ niendo Valdivia para su jornada, y con ia fama de las rique- 

k "^ zas de Chile se movieron muchos á esta empresa y juntó un 

I buen ejército, así de españoles como de indios amigos. No hay 

' duda padecieron grandes trabajos, por cualquier camino que 

fuesen de los dos referidos. Era esto el año de 1540. 

Llegaron lo primero al valle de Copiapó, que sígníñca se- 
mentera de turquesas, por un cerro que hay ahí abundantísimo 
de ellas; poca contradición parece que halló aquí, porque eran 
ya los españoles conocidos; lo mismo se puede decir del valle 
de Guaseo, que está 25 ó 30 leguas del valle de Copiapó, y del 
tle Coquimbo, Limarí, y los demás hasta Quiliota, donde co- 
menzaron los castellanos á sentir más resistencia en los indios 
porque se les opusieron y tomaron las armas defendiendo 
L'uanto podían la entrada en sus tierras; cadadia tenia batalla, 
pero aunque con gran riesgo y pérdida de vidas, penetró ei go- 
Ijcrnador al valle"del Mapocho, que halló poblado de inñnita 
gente, por ser tan anchuroso, capaz y apacible; riégase casi to- 
do con el río de su nombre, tan liberal y pródigo con la tierra, 
que desangrándose por varias partes para fertilizarlas, á pocas 
leguas se desaparece, hundiéndose para repararle y salir con 
más pujanza y caudal, tres leguas más adelante, muy cristali- 
liiio, siendo turbio en su nacimiento. 



Fundación de Sandaf/o. 

Al pié de un corro, dos leguas de la cordillera y á la orilla 
del rio Mapocho, hallaron poblados como 30 mil indios, y, pa- 
reciéndole á Valdivia que habian elegido aquel sitio por ser á 
propósito, fundó la ciudad de Santiago, que se dice de la Nue- 
va Extremadura, á diferencia de otras de este nombre, en 24 de 
febrero de 1541; pónenla en 34 grados de altura de longitud, y 
distante del meridiano de Toledo, 1980 leguas. 

Laet dice está sita 34 grados de la linea equinoccional, hacia 
elaustro,??" del meridiano toletano, hacia el ocaso, y quince le- 



74 HISTOBIADORBS DE CHILE 

giias del mar Meridional. El campo suburbano es fórlil y abun- 
dante de trigo, vino y legumbres; muy rico (!e minas de oro, y 
numeroso de naturales, pues en su diócesi so cuentan ochen- 
ta mil bárbaros, que, repartidos en veintiséis tribus, pagan tri - 
bulo á los españoles, y sirven gratuitas servidumbres. Hállanse 
aquí muchos caballos que vagan en los campos y las selvas, 
sin dueños ciertos, y tan fieros, que no es fácil domarlos. Die- 
go Fernández dice que el rio Maule baja de los montes y pasa 
por aquí hasta entrarse en el mar Austral. Otros dicen que es 
el rio Topocalma, que después baja al puerto de esto lugar, el 
más famoso y mejor de eslas costas, que conuinmenle llaman 
Valparaíso, y dista de la Iinea33 grados y 40 niiiiulos haci;i 
el austro, como los ingleses diligenlísimamenle han estudiado; 
en este puerto se registran todas las mercaderías que vienen 
por el mar desde Lima y de los demás puertos de! Perú, y á 
quien, en correspondencia, se embarca todo el oro que se reco- 
ge en ias provincias vecinas. Catorce leguas de este lugar co- 
rre el rio que los naturales llaman Cachapoal, al valle en que 
que está la ciudad de Santiago; es vecina la provincia de los 
pueblos que llaman Pormacanes, ó como dice el inca, Puru- 
raauca, por la cual se pasa al rio Maule y á los pagos que los 
riega el Itata, y, finalmente, á Quilacura. 

Trató Valdivia de fortificfu^e en esta ciudad para defenderse 
del furor de los indios, con quien cada día tenían contiendas, 
muriendo siempre gente de una y otra parle, conque los sol- 
dados querían volverseal Perü; pero Valdivia, aunque conocía 
las dificultades de la empresa comenzada, se resolvió antes á 
morir que dejarla, y hizo un fuerte en la ciudad para abrigo y 
defensa de los suyos, con que se aquietaron los soldados. 

Supo Valdivia de cierta junla y conspiración que trazaban 
los indios, y, sin embargo, envió sesenta hombres á recorrerd 
rio de Cachapoal. Tuvieron los indios nolicia de esta ausencia 
de los soldados, y dieron en el fuerte, y le hubieran ganado 
si no hubieran resislidolc con valentía hat^ta que volvieron los 
soldados españoles y se incorporaron y vencieron á \o^ 
indios. 

Comenzó á laborar las minas de Quillola Valdivia y sacaba 
gran cantidad de oro, con que los soldados se animaron, y hizo 
allí un fuerte para seguridad; pero hallábase con falta de 
gente, por la que ios enemigos le habían muerto, y envió por 



r\ 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 75 

socorro al Perú, dando aviso de la riqueza de la tierra para 
animarlos á venir á ella; y porque la vista persuade má* que 
el oído, despachó por tierra seis hombres, con mucho oro. íi 
quien acompañaban otros treinta; los estribos de las jinetas 
eran de oro y los demás adornos de los caballos. 

Llegaron al valle de Copiapó, saliéronlos indios y les ma- 
taron; sólo se escaparon dos capitanes, Pedro de Miranda y 
Monroy, que huyeron mal heridos por los montes; pero fuélos 
siguiendo un capitán indio llamado Cotes, con su compañía de 
cien llecheros, y les cogieron, por habérseles cansado los caba- 
llos; llevólos presos, atadas las manos atrás, y los presentó al 
principal cacique, que trató luego de matarlos. 

Estaba casado este cacique con la seilora de todo el valle, que 
allí se estila heredar las hembras, y cuando estaban ya para 
degollarlos, movida á compasión, ella misma les desató las 
manos y curó las heridas, y les regaló con sus bebidas y les 
dio ábeberdeellasconsu mano, haciéndoles la salva con beber 
primero, según su estilo, y les dijo que no habían de morir, 
con que el capitán indio se puso á su lado y les aseguró la vi- 
da, pues nadie se les atreviera teniendo en su defensa el favor 
de su seflora, á quien Dios movió á esta misericordia. 

Seis meses duró este cautiverio, y aunque era tan suave por 
el favor que en la princesa experimentaban, aspiraban á la 
libertad. El medio que tomaron para conseguirla fué cruel y 
indigno de españoles, que pagaron después los que no habían 
tenido culpa, como adelante diremos. Sintieron en el principo 
afición á los caballos, que eran nuevos en aquella tierra; per- 
suadiéronle á que aprendiese á andar en ellos; comenzó el ejer- 
cicio, llevando su guardia do flecheros y un indio adelante con 
una lanza al hombro, y otro detrás con una espada en la mano, 
más por grandeza que por temor de accidente. Un dia el capi- 
tán Monroy embistió á él y el capitán Miranda á los demás; 
quitáronle al uno la lanza y al otro la espada, hirieron á unos y 
otros, y al principe tan mal, que dentro de cuatro meses murió; 
ganaron los caballos y huyeron cuellos, y como no hubo quien 
siguiese al alcance, se escaparon, y con buena mañaydiligen- 
cia, venciendo las dificultades de tan largo y despoblado cami- 
no, llegaron al Perú donde al presente gobernaba Vaca de 
Castro. 

l''ueron muy bien recibidos por las buenas nuevas do aque- 



76 HISTORIADORES DB CHILE 

Ha tierra y de su conquista, y el Gobernador procuró esforzar- 
le y envió un socorro grande de gente, armas y ropas para los 
soldados, de que estaban bien necesitados: condVijole el capitán 
Juan Baiitisla Pastene, caballero genovés, de quien no baque- 
dado en Genova rastro de esta familia, sino en la memoria; 
llegó á Chile con el socorro, y fué recibido con grande alegría. 
Alentáronse los soldados á proseguir la empresa, y queriendo 
el gobernador Valdivia prevenir los lances que se podían ofre- 
cer por la mar, para impulsarla ó adelantarla, envió al dicho capi- 
tán Juan Bautista Paslene, con litiilode teniente general, áque 
en sus mismos navios descubriese las cosías y pocrlos del mar 
basta el Estrecho de Magallanes, como lo hizo. En esle tiempo, 
estándose labrando las minas de Quillola con gran provecho, 
y siendo gobernador de ellas el capitán Gonzalo de los Ríos, le 
llevaron los indios una olla de gruesos granos de oro, por 
muestra de lo que habían hallado en cierta parte, dejando una 
emboscada para quitar la vida á los que viniesen ciegos del de- 
seo á buscar oro; salieron muchos españoles, y salióles al re- 
vés do lo que se prometían, porque los de la emboscada los 
mataron á todos, menos al capitán Gonzalo de los líios y á un 
negro que á uña de caballo se escaparon; con que quedaron los 
indios vitoriosos, y para mayor triunfo, quemaron una fragata 
que tenían los españoles casi acabada para tener más fácil el 
comercio con el Perú, 

Con el socorro que del vino, prosiguió Valdivia con la con- 
quista de los proaiacaes, y fué descubriendo grandes lierrah; 
saliéronle muchos indios del valle de Qnilacura, y no sólo los 
resistió sino venció valerosamente, aunque con pérdida de al- 
gunos caballos; volvió á Santiago, porque sólo iba á especular 
Y reconocerla para proporcionar sus fuerzas con las enemigas; 
y habiendo vuelto Paslene de su descubrimiento por la cosía 
del mar, le envió al Perú á que trajese más socorro para prose- 
guir la conquista de Chile, porque reconoció que eran inferio- 
res sus fuerzas á las de los contrarios. 





FERNÁNDEZ DEL PULGAR 



III 



Fundación de la Serena. — Vuelve Valdioia al Perú, y los suce$o$ 

del interior hasia que volvió á Chile. — Vengan los indios la 
muerte de su cacique. — Abrasan la fuerza. 

Juzgó Valdivia que ya no era tiempo de dejar á la espalda 
cosa alf^iina que no quedase muy segura y fortificada; y fundó 
en el valle de Coquimbo la ciudad que generalmenle llaman de 
cslc nombre y ól llamó de la Serena, que fué la segunda de 
Chile, ano de 1544, para qne sirviese como de escala para pa- 
sar la gente del Perú á Chile, que es lo que más se necesitaba 
de ella. Dice Lael que no está muy lejos de la cosía del Océa- 
no meridional, y 30 grados de la linea, según Herrera, el cual 
dice que el solsticio estivo cae en 11 de diciembre y el dia más 
largo es de catorce horas, y el ayermal á 11 de junio. Distado 
Santiago i^csenta leguas hacia el Ártico; tiene un puerto dila- 
tado, que [lista del lugar casi dos leguas. Aquí se exponen de 
las naves todas las cargas. Por el campo del lugar pasa un 
moderado rio con que se riegan todos los campos y sembrados, de 
suerte que vienen los frutos y las plantas alegrísi mámente, y 
asi hay grande abundancia de alimentos y muy baratos, asi el 
trigo y el vino, como los pescados, y os mucha la copia de to- 
das las cosas que pido ol uso déla vida; aquí rarisimamente llue- 
ve, tres ó cuatro veces al año, y, con lodo eso, son aquí fértilí- 
simos los campos y muy hermosos; hay en ellos muchos me- 
tales de oro, y siete leguas de distancia hay un monte emi- 
nente, de donde los espafloles hi'mucho que sacaron mucho oro. 
Un holandés que le había visto, me dijo que no lejos del lugar 
había un monte abundantísimo de venas de bronce. 

Lope Vacio dice que la Serena tiene más do doscientos do- 
micilios; tuvo muchos naturales, pero están tan minorados 
que las minas de oro y bronce están intactas las más. 

Llegó por este tiempo Pasfene al Perú, por nuevo socorro 
que pedía Pudro de Valdivia, y halló la tierra turbada por la 
inobediencia de Gonzalo Pizarro, y no sólo no pudo conseguir 
lo que buscaba, sino que volvió á Chile á buscar socorro para 
el ejército real; súpolo Pizarro y prendió á' Pastene y embargó 



78 HISTORIADORES DE CHILE 

SU navio y solicitó hacerle de su bando, pero no lo consiguió, 
y Pastene se escapó y recobró su navio y volvió á Chile á traer 
algunos capitanes contra el que estaba poderoso y había dado 
muerte al virrey Blasco Nüflez Vela, y estaban los ejércitos 
para combatirse. 

Llegó íi Chile Pastene, dio cuenta de lo que pasaba y Valdivia 
resolvió ir al Perú con algunos capitanes y soldados de valor. 
á ayudar la parte de su rey, y dejó por su teniente de capitán 
general á Francisco de Villagni, caballero de gran valor y la- 
lento. Juntó Valdivia el oro que pudo y en el mismo navio se 
embarcó con Pastene y sus soldados; llegaron al Perú y causó 
en el ejército real grande ánimo, y fuó Dios servido que vencie- 
ron áPizarro en el valle de Xaquixaguana y_le prendieron, y el 
presidente Gasea para lodo lo que se obró se valió riel goberna- 
dor Valdivia, que fué uno de los siete de que usó en las consul- 
tas secretas para resoluciones tan importantes. 

En la ausencia de Valdivia, el capitán Pedro Sánchez de Hoz, 
ó quien (jl Rey hizo merced de el descubrimiento de ciertas tie- 
rras después de las de la jurisdicción del marqués don Fran- 
cisco Pizarro, pretendía que pertenecía á 61 el reino de Chile, 
se opuso á Valdivia; el Marqués le dijo que se contentase con 
ir á Chile en compañía de Valdivia y lo encomendó á Valdivia 
le honrase y diese lo mejor de la lieira, como lo hizo, y lo dio 
las mejores encomiendas de indios que había, pero no se con- 
tentó con esto, y en esta ausencia de Valdivia, porque no le 
dejó por su teniente, trató de poTierse en el pue&lo y malar á 
Villagra, pero éste, habiéndoloentendido, prendió á Pedro Sán- 
chez y le cortó la cabeza, con que aseguró la suya, y Valdivia 
cuando lo supo lo dio por bien hecho, y con razón, pues había 
cumplido con lo que el Marqués le había encomendado, y la 
elección de teniente era de su arbitrio, y Villagra era muya 
propósito. 

También en esle tiempo los indios de Copiapó, que habían ya 
comenzado á hacer el pulso á matar españoles, por venganza 
de la muerte de su cacique, á quien los capitanes Monroy y Mi- 
randa habían quitado la vida bien injustamente, se la quitaron 
ellos á Juan Bollón y otros cuarenta soldados que habían lle- 
gado del Perú y caminaban por aquella tierra; á cuyo ejemplo 
los coqitimbanos se levantaron contra los vecinos y soldados 
que estaban en la ciudad de la Serena y les mataron á todos 



-^ 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 79 

sin escaparse ninguno, y le pusieron fuego y la destruyeron, 
sin dejar piedra sobre piedra. 



Vuelce Valdiüia á Chile, reedifica la Serena y hace nueDas 
conquistas. 

Elcapiíáii Pedrode Valdivia, conseguida la victoria de Xaqui- 
xaguanacontra^Gonzalo Pizarro, volvió k Chile con buen socorro 
tío gente y armas, y con los capitanes y soldados que habia lle- 
vado conpigo. y ayudado de oíros socorros que diremos des- 
pués, pudo proseguir con la empresa de la conquista, y aunque 
los indios le resistían no sólo el pasar adelante, pero les ponía 
en lal aprieto que en seis años que duró lo mas vivo de su 
porfiada y primera resistencia, padecieron lan indecible trabajos, 
desnudez y hambre, que se hallaron obligados á sustentarse 
con raices de yerbas y comer ratones y otras cosas semejantes, 
con todo eso, fué grande el corazón y valor del gobernador, co- 
mo lo iremos viendo. 

Luego que llegó a Chile, supo el suceso de la Serena y envió 
á su reparo á Francisco de Aguirre con buen número de gente, 
con la cual y su gran valor, generoso ánimo y su buena dicha, 
que la gente no era mucha para tan grande empresa, llegó á 
Cnpiapó, venció en refiidas batallas y rolas que dio á los indios 
y últimamente á los de Coquimbo y reedificó la ciudad de la 
Serena en el sitio y lugar que hoy se ve. 

Llegaron á Chile sesenta hombres con el capitán Monroy, que 
selos habia datlo el gobernador Vaca de Castro para que acu- 
diese á Valdivia en la conquista cuando llegó al Perú Monroy 
y le dio noticia del estado que tenia la conquista de Chile, y lle- 
garon ¿1 muy buen tiempo. 

También Uevó el capitán Cristóbal de Escobar Villarroel, á 
su costa, algunas gentes para ayudar la prosecución de esla 
conquista, que no sólo sirvió á Su Majestad con su persona 
sino con la de su hijo, el capitán Alonso de Escobar Villarroel, 
que habia traído de España; también Vitlagra socorrió con 180 
soldados, no sabemos de dónde los condujo; de todo se congre- 
gó un buen ejército. 



80 HISTORIADORES DE CHILE 

Viéndose Valdivia con tan buen número de gente en 
dad {le Santiago, envió ala otra banda de las cordilleras á Fran- 
cisco de Aguirrecon bastante número de soldados, con los 
cuales, dice Herrera, pasó á ocupar aquellos asperipímos ca- 
minos y fundó en los Diaguitas, que están en la provincia de 
Tucumán, de que adelante haremos mención. 



V 

De la Concepción, año íóóO, y de sujuerte. 

Valdivia pasó los furiosos rfos de Maipo, Cachapoal, Tin- 
guiririca, Peleroa, Teño y Malaquito; conquistó los promocaes, 
gente muy belicosa, donde se embolaron los aceros do Alma- 
gro, y mucho antes los del poderoso ejército del Inga cuando 
pretendió conquistar esta tierra; pasó el caudaloso Maule y el 
espacioso rio Itata. 

Llegó al de Andaliéu y se acuarteló á la ribera del mar, y, 
por las conveniencias del sitio, fundó allí la ciudad de la Con- 
cepción el año de 1550. Este lugar, dice Laet, está sito á las 
costas del Océano meridional, en un seno desculiierlo y junio 
á \m puerto muy cómodo. 

El campo de esta ciudad tiene por término: al ártico, el rio 
Maule; al austro, el río B¡o-Dio, porque no hay duda que se 
engaña Herrera, cuando le da por termino austral el rio Ilateu 
ó Italoyán, porque es cerlisinio que este rio sale algunas le- 
guas de este lugar hacia el ártico 'para el Océano, sino es que 
este lugar haya estado en otro sitio. Dista de la linca 3ti grados 
40 minutos hacia el austro. La costa marítima va aquel 
espacio de 23 leguas hacia libonolo; desde el río Ilaten al 
puerto que los españoles llaman de la Herradura, porque tiene 
esta forma, hay tres leguas. Este puerto es muy bueno y muy 
defendido de la incertidumbre de los vientos. Dista de la línea 
hacia el austro 36 grados y 30 minutos, desde él al seno de 
Penco, cerca del cual eslásita la ciudad de Concepción, hay 
cuatro leguas. Salen para este seno, dos pequeños rios. ó por 
mejor decir, arroyuelos, que el menor divide la ciudad, el otro 
corre un poco separado de ella hacia el austro, y se llama rio 
de Andalién, tomando el nombre del valle Andalién que está 



1 



I cerca álf 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 81 

cerca á la playa, que aquí es más angosla; amenizanla collados y 
montes moileradamente levantados, que por todas parles forta- 
lecen el puerto, excepto contra la región aquilona y ártica, 
hacia la cual este puerto está expuesto á tempestades, aunque 
estos montes y campos suburban por si, ni es fecundo ni acep- 
to á la vista; ya se ha hecho amenísimo por la industria de los 
hombres y su cultura, porque los espafloles han hecho muchos 
huertos y vergeles, hermosos á la vista y abundantes de todo 
género de frutos. El mar, que está cercano al lugar, es de mu- 
cha pesca; junto á la playa hay una cantera de que se cortan 
unas piedras negras y bituminosas que sirven de carbón; des- 
de este lugar al rió* Bio-Bío, hay dos leguas. Este río es tan 
dilatado y profundo que no se puede vadear, y con todo eso, no 
sufre naves. Desde éste al rio Labapi, hay quince leguas. En 
este intermedio hay y admite el continente un amplísimo se- 
no, á donde eslá sita la provincia de Arauco. Dista este lugar 
dií la Concepción del Arauco, setenta leguas hacia el austro. 
En la diócesis de este lugar y sus términos, hay muchas mi- 
nas de oro, de donde antiguamente sesacógran cantidad, y asi 
ñereció mucho y fué muy rico; pero hoy, según testiñca Lope 
Vacio, casi está reducido á pobreza, porque por lo menos cua- 
tro veces le han arruinado y quemado los chilenses, de suerte 
que ahora apenas tiene doscientas tejas. Y porque tienen los 
araucanos (an vecinos y opuestos, está cercado de un muro la- 
tericio y tiene un castillo, adonde, de ordinario, hay guarnición 
de 500 soldados; desde la extrema puntn del seno hasta la isla 
de Santa María, hay trece leguas, ó, como dice Pedro Cieza, 
17), y también dice que los bárbaros la llaman Lucenga; está si- 
ta 37 grados y 20 minutos de la linea hacia el austro, en 
frente de la provincia araucana, rotas y comidas las peñas de las 
olas del Océano, que á algunos les parece fué continente, y 
cada dta se hace más lugar el mar, pues tiene tres leguas de 
latitud, aunque Laet no lo tiene por verosímil. El suelo de esta 
isla es muy fértil, lleva trigo y cebada; el mar produce muchos 
peces, en los que délos ojos sacan una sustancia que en el 
color y hermosura, parece perla y usan de ella las isleñas pa- 
ra hacer gargantillas, y otros que Maman choros, en cuyas con- 
chas se halla un género de perlas como la simiente de cárta- 
mo, y por lo que los bárbaros no tienen el arte de agugcrear- 
las no tienen estimación. Hay en la Concepción dos conven- 
tos: uno de dominicos y otro de franciscos. 



HISTORIADORES DE CHILE 

La gente de la tierra admiró el atrevimiento de los extran- 
jeros que veían entrarse por su países como si fueran propios; 
convocáronse y vino un poderoso ejército sobre el nuestro, y, 
presentándole la batalla, le dieron tanta priesa quo tuvieron 
por bien los nuestros no haberse empeñado en ella; derramóse 
mucha sangra por una y otra parle, y estuvo la nuestra muy á 
pique de perderse, mas Dios N. S. disponía esta conquista pa- 
i'a el fruto de el evangelio, y dio á los españoles gloriosa vic- 
loria, y quedó preso el famoso caudillo de los pencones, Aina- 
villo, quo se había mostrado valeroso en la pelea. 

Fundó luego Valdivia un fuerte para defenderse de los conli- 
iiuos asaltos que le daba el enemigo, y informándose del capitán 
.lorónimo de Alderele, que había corrido la tierra, de las buenas 
calidades de ella, y de sus poblaciones, y dejando bien guarne- 
fido el fuerte de ta Concepción, salió al principio del afio de 51 
ii la ejecución de lo que iba continuando, atravesó el grande 
Biobio, caminó el ejército por los llanos de Angol, y llegó al apa- 
cible rio de Canten , al que le dan el nombre de rio de las Damas. 



De la Imperial. IñSÍ. 

Por la belleza y hermosura de otro que se lejunlace rea del mar, 
donde halló muy grandes poblaciones, fundó allí la ciudad de 
la Imperial, tres ó cuatro leguas del mar, treinta y nueve de la 
Concepción y de Santiago ciento nueve y de la Serena ciento 
setenta, en 39 grados de altura al PoIo Antartico. Diremos de 
ella aílo 61. Repartió Valdivia la tierra, dió las encomiendas de 
indios á los conquistadores, conformo á la facultad real que 
para ello lenía, para empeñarle más en la prosecución de la 
conquista; señaló para si lo de Arauco y Tucapel hasla Purén, 
excepto algunas encomiendas que dio allí á otros para con- 
tentarlos á lodos. 



FEUNÁNÜE2 DEL PULGAR 



Fundación de Valdivia. 



Dejó la fuerza que fné bástanle en la Imperial, caminó el ejér- 
cito coriqiiisíaiido la tierra y llegó al famoso rio que se llamó 
Valdivia, que llaman ios naturales Guadalauquén. Y los indios 
se pusieron enarmasy atnncheándosecon el mismo rio, hacían 
casi imposible la conquista: pero Valdivia, como era hombre de 
tan gran valor, no se acobardaba con la resistencia y se esfor- 
zaba para pasar el rio; mas, nna valerosa india, ó movida del 
cielo ó de natural compasión de (anta muerle como prevenía que 
había de haber en esta batalla por las noticias que la fama pu- 
blicaba de oirás, se ofreció al Gobernador, y le dijo: «detente! 
qne yo le pondré toda esta provincia en lus manos, sin que se 
derrame la sangre de los indios ni de los tuyos»; asintió el Go- 
bernador hasta ver el Suceso, y la india, que se llamaba Redo- 
ma, se arrojó al agua y nadando pasó el rio; pidió audienciaal 
general del ejército indiano y le habló con tanta elocuencia y 
con razones lan eficaces, que quedó convencido. Volvió Redo- 
ma al ejérciio español cantando la vitoria; pasó Valdivia el río 
y fnndó la ciudad, á quien dio su nombre; hizo en ella fortaleza, 
y puso suficiente presidio para su defensa, y repartió las enco- 
miendas, como habla hecho en la .Imperial. Fué esto el año 
de 52. 



Fundación de Villar rica. 

Desde ahí envió al capitán Jerónimo de Alderete con genio 
suficiente para correr y explorar la lierra hacia la cordillera, y, 
habiendo enviado éste á Valdivia relación de las grandes pobla- 
ciones y países qne iba descubriendo, fundó la dudad que 
llamó ViÜarrica, por antonomasia, porque le parecióqueeran sus 
lérminos y comarcas más ricos que lodo lo hasta allí descubier- 
to; el sitio que se eligió para esla fundación, que pareció al 



HISTORIADORES DE CHILE 



1 



principio el mejor, se mudó en otro más aventajado, sobre una 
famosa laguna. Está, á !a~falda de la cordillera, dieziséis leguas 
de la Imperial y cuarenta de la Concepción 

Valdivia, diceLacl, ciudad celebérrima en lodo este trayecto; 
casi media entre el limite ártico de la gobernación de Chile y 
el Estrecho de Magallanes, está sila en la provincia <]uc los na- 
lurales llaman Guadalauquén, casi dos leguas del Océano 
austral, y casi 40 grados de la linea hacia el austro. Según Ho- 
rrera, que dice quehan observado los curiosos que cuando en Se- 
villa es medio dia, en Valdivia faltan cinco horas y una tercia 
parte para el medio dia, que echando bien la cuenta, disla del 
meridiano de Sevilla hacia el occidente, 80 grados; tiene muy 
buen piierlo, que se extiende al Ártico y recibe las mayores 
naves; el rio es agradable, limpio y ameno, dividido sobre la 
ciudad en dos ríos, y por ambas bocas se sale al puerto: por la 
mayor entran los navios dos leguas; juntóla menor está funda- 
lia la ciudad sobre una convexa y desgajada planicie, que excede 
la demás superficie de la tierra casi cinco brazas. Los reflujos 
del mar suben por entrambos rios á aquella planicie, que por to- 
das partes está ccilida de monte, que, como dijimos, se llama 
tJuadalauquén; dicen que el campo de esta ciudad dista casi diez 
leguas, por la mayor parte es húmido y llano, muy fecundo y 
fértil de trigo, cebada y de todo género de fruías, excepto de 
uvas, que no maduran; tieno por término al ártico el valle Ma- 
riquina, desde el cual á la ciudad hay ocho leguas; al austro, 
desde la ciudad, diez; de suerte que en longitud entre el ártico 
y austi'o se dilata el término dieziocho leguas, y casi otras tan- 
tas en latitud, conviene á saber: desde el Océano Austral á la 
ciudad, dos leguas; y desde la ciudad á las rayas de los Andes, 
dieziseis; ninguna parle de toda la gobernación de Chile 
abunda de tanto y tan puro oro, porque es constante fama 
que el gobernador Valdivia, que dio nombre á la ciudad, ha- 
ciendo aquí asiento, halló tan ricas venas de oro que cada bárba- 
ro sacaba cada dia veinte y cinco pesos de oro y algunas veces 
treinta. Tiene hoy doscientos soldados de presidio. 

Estas son las poblaciones de Pedro de Valdivia, que no hay 
dudacoslarian mucliasangre española: el descuido ha obscure- 
cido estas acciones heroicas, porque deslumhrados con el res- 
plandor del oro los nuestros no veían los quilates de tan heroicas 
acciones que habían de resplandecer en perpetua memoria, come 



i 



FERNANDEZ DEL PUl.GAn 85 

eran dignos si las hubieran entregado á la pluma: no son las 
primeras que han quedado obscurecidas ¡ojalá fueran las pos- 
treras! 



Fundación de tres casas fuertes. 

Por este tiempo don Antonio de Mendoza, que había pasado á 
ser virrey del Perú, había enviado al capitán don Martin de 
Avondaflo por tierra con un buen socorro de gente y trescientos 
cincuenta caballos y yeguas, y aunque se halló con este socorro 
Valdivia, reconociendo el valor de los indios, especialmente de 
los araucanos, que han sido siempre los aquiles de los demás; 
se conletitó con lo conquistado y volvió á Arauco, atravesando 
por Puréu y Tucapel; mandó Valdivia levantar tres casas fuer- 
tes en distancia de ocho leguas la una de la otra, en los sitios 
que parecieron más cómodos para darse la mano de la una á la 
otra parte, y volvió á la Concepción y de aquí á Santiago, de 
donde despachó al capitán .lerónimo de Alderete á Castilla á 
informar al Rey de las riquezas que le habían descubierto en 
aquel reino y de sus buenas calidades y de las fundaciones 
que se habían comenzado. 

Hallábanse las poblaciones con grande necesidad y en peli- 
gro de pcrderee, porque eran más de las que alcanzaban nues- 
tras fuerzas, y los indios estaban impacientes y rabiososdever 
en sus tierras ciudades de extranjeros que prevalecían y so au- 
mentaban cada día en edificio y fortaleza que iban fabricando; 
y reconociendo esto. Valdivia salió de Santiago conel socorro 
que había (raido del Perú don Martín de Avendaño, y repartió 
la gente en los presidios y ciudades para asegurarlas más. 

Parecióle á Valdivia que estaba bien asegurado, y no presu- 
miendo el mal que le amenazaba, se aplicó con demasiada 
atención á que se comenzasen á labrar las minas de oro, para 
venir á España con la cantidad que pudiese y que Su Majestad 
le honrase con titulo de propiedad, con que solía ^miar á los 
conquistadores, y traer de España gente con que acabar de 
conquistar aquella tierra. 

Envió primero á Francisco de Ulloa con dos navios al Estre- 



86 HISTORIADORES DE CHILE 

cho de Magallanes, quese aprestaron paraaquel iiilento, y que 
ól reconociese aquel canal y k) marcase, y trujóse relación del 
viaje para hacerle por él con la dirección y práctica que hubie- 
se alcanzado, Laego hizo que le buscasen nuevas minas de oro; 
descubrieron muchas y muy ricas, enire las cuales fueron muy 
célebres las deQuilacolla, cuatro leguas de la Concepción, yotras 
en Angol, y echó veinte mil indios á labrarlas. 



X 

Fundación de Angol ó los Confines. 

Con ocasión de la labor de las minas de Angol l'inidó allí la 
ciudad de Angol, que también se llama de los Confines; oíros atri- 
buyen esta fundación á Francisco de Villagra y.otros^á don Garcia 
de Mendoza, pero todo se concuerda, porque Villagra asistió á 
fundarla, en nombre de Valdivia, yDoiiGarcia la mudó tres le- 
guas de distancia del sitio primero, y la llamó Villanuova de los 
Infantes, como después veremos. Describirémoslaadelanle. Era 
mucha la cantidad de oro que se sacaba ¡de estas minas, y, con 
la codicia, tratalian más de enriquecerse que de atender al daíio 
que podían hacer los enemigos, que no estaban descuidados. 
Crecia-iiiuy apriesa la ciudad déla Concepción, levantábanse 
los ánimos de los vecinos, comenzaba á desenvolverse la inso- 
lencia y libertad de los soldados y el Gobernador con la prospe- 
ridad comenzó á mostrarse menos atento á los peligros y no 
tan entero como debiera en castigar desórdenes, porque roba- 
ron su atención las riquezas, y asi dice don Alonso Ercilla en el 
canto primero de su Araucana: 

El felice suceso, la victoria, 
La fama y posesiones que adquirían 
l-os trujo á tal soberbia y vanagloria, 
, Que en mil leguas diez hombres no cabían; 
Sin pasarles jamás por la memoria 
Que en siete pies de tierra al fin habían 
De venir á caber sus hinchazones. 
Su gloria vana y vanas pretensiones- 



^ 



FERNÁNDEZ DEL PULGÁU 87 

Crecían los intereses y malicia, 
A costa del sudor y daño ajeno, 

Y la hambrienta y mísera codicia 
Con libertad paciendo iba sin freno; 
La ley, derecho, el fuero y la justicia 
Era lo que Valdivia había por bueno. 
Remiso en graves culpas y piadoso, 

Y en los casos livianos riguroso. 



La ciudad que llaman los españoles Villarrica, dice Laet, dista 
déla linea hacia el austro, 39 grados; de la Imperial casi diez y 
seis leguas hacia el euro ó austro; de el Océano Austral, veinte 
y cinco hacia el oriente; de los Andes hacia el occidente, tres 
leguas. Está sita al lado occidental del lago que los naturales lla- 
man Mallalauquén, y el rio que del nace, que comunmente lla- 
man rio Toltén; dilátase este lago entre elorienteyel océano, tres 
leguas entre el ártico y el austro; dos á la cabeza de él, al euro 
austro estáun monte que arroja llamas, á cuyas raíces se ve un 
fuerte que abriendo por dos bocas ó manantiales grandes pro- 
duce un rio que con corto intervalo se entra en el lago. El cam- 
po suburbano dicen que es bastantemente fecundo, los demás 

• 

se levantan en collados cuyo suelo es casi estéril, aunque pro- 
duce muchos pinos, que los españoles llaman á su fructo piño- 
nes del Líbano; con éstos ceban á los puercos, de modo que 
ninguna otra nación engendra mejor tocino ni de más gustoso 
sabor; á las raíces de los montes viven los bárbaros que llaman 
puelches, género feroz de hombres y necesitados de todas las 
cosas; de ordinario toleran la vida con la caza, y con la muerte 
de las fieras se hacen de habilidad y industria para este ejerci- 
cio. Los términos de este campo ó diócesis son: al ártico el rio 
Toltén, que dista del lugar ocho leguas; al austro, por el cami- 
no que va á Valdivia hasta el valle Mariquina, otras tantas. La 
región por la mayor parte es fría pero fecunda de trigo y vides; 
los vecinos casi se ocupan en el lanificio, tejen muy buenos 
paños y lienzo y de esto ejercen el comercio en esta goberna- 
ción y en otras partes. 







i 




CAPÍTULO IV 



La guerra que dieron los araucanos A Valdivia y su muerte. 

Mientras los españoles se ocupaban en desentrañar el oro de 
la tierra, los enemigos cavaban en su imaginación el modo de 
restituirse en su libertad, que es más preciosa que el oro; no 
podían contenerse dentro de si mismos, ni en las trazas que 
desasosegados forjaban. Finalmente se resolvieron á levantar- 
se contra los espaiíoles; comenzaron á tantear el vado, habla- 
ban arrogantes y soberbios y mostraban portarse como due- 
ños de casa y no como siervos. Descomponíanse con unos y 
con otros, y tal vez vinieron á las manos y mataron á algunos, 
y viendo que se les disimulaban sus atrevimientos, se ensober- 
becieron ycobraban cada dia nuevos ánimos y se desengaña- 
ron que los españoles no eran dioses, como lo habian pensa- 
do, sino sujetos á las miserias que ellos, como cantó Ercilla. 

Comenzaron á convocarse los caciques y fueron menester 
pocas pagas para juntar mucha gente, porque el amor de la 
libertad les solicitaba y ponía espuelas. El primer cacique fué 
Tucapel con tres mil soldados, Angol cuatro mil, Cayocupil 
tres mil, Millarapue, viejo de buen consejo, cinco mil; Paicavi 
tres mil, Lemolemo, seis mil, Mareguano, Gualemo y Lavapi, 
cada uno con tres mil; el anciano y prudente Colocólo con 
seis mil. Lincoya, que era de estatura de gigante, se ofreció á 
dar más gente que el que más, y Peteguelén, señor del valle de 
Arauco, seis mil; Caupolicán, Tomé y Andalicán y otros mu- 
chos estuvieron prestos á concurrir cada uno con sus vasa- 
llos. 



90 HISTORIADORES DE CHILE 

Hicieron su junta con sus borracheras, como suelen, y convi- 
niendo en cl levanlamiento todos, hiibodiferencia sobre la elec- 
ción decapi(iin general; comenzaron á calentarse en esta am- 
biciosa contienda y vinieran á las manos los caciques, si Co- 
locólo con su buen consejo y autoridad no les hubiera reduci- 
do a que eligiesen á Caiipolicán, que era gran soldado y el 
niejor gobernador: hiciéronlo asi, y todos le juraron la obe- 
diencia. Eslo dice el Inca fué a! fln de el aflo de 53. 

Junio ya este numeroso ejército, el vulgo impaciente y sober- 
bio quiso dar en el castillo déla provincia deTucapel, que es- 
taba cerca del pueblo donde se hizo esta junta; prohibiólo el 
capilán genei'alCaupolicán y para obrar con más acierto y segu- 
ridad, mandrt á Palta, que hacia oficio de sargento, que le se- 
gregase ochenta soldados, los más valerosos y menos cono- . 
cidos de tos españoles y de los otros indios sus amigos, y en- 
tre ellos dos soldados de gran cuenta, Cayuguano y Alcatipai, 
y dio orden que entrasen todos en cl castillo con esla traza; con 
sus armas no era licito á los araucanos, aunque oslaban do 
p;iz, entrar en el castillo, sino que fuesen criados de los espa- 
ñoles, que entraban todos los días cargados de yerba, lefia y 
otras cosas necesarias para su sustento. Dio, pues, orden Cau- 
policán que entrasen estos valerosos soldados, fingiéndose cria- 
dos de los españoles, escondidas las armas entre los haces de 
yerba de que iban cargados, y que, si les preguntasen, se hi- 
ciesen sordos, dándose por desentendidos; hicieron su papel 
con muy buen disimulo, fingiéndose unos cansados, otros cojos 
y despeados, de manera que pudieron entrar todos dentro, sin 
slt conocido?; sacaron entonces sus armas de entre las yerbas 
y juntándose todos comenzaron á dar arma en los españoles, 
que quedaron fuerade si de ver un tan inopinado alrevimien- 
lo; tocaron apriesa al arma, salieron de sus cuarteles, pelearon 
unos con otros; hechos los españoles unos leones, mataron al- 
gunos de los indios enemigos. Los que quedaron, ó por huir la 
fuerza de los castellanos ó por obligados á salir fuera del casti- 
llo y ir en su seguimiento, se comenzaron á retirar y salir fue- 
ra, haciendo tiempo áque llegase Caupolicán con su ejército, 
como llegó, poderoso y bravo; llegando á las manos con los es- 
pañoles les hizo retirar y que se entrasen dentro de su for- 
taleza. 

Púsole cerco Caupolicán, y habiéndole muerto muchos, en va- 



^ 



FERNANDEZ DEL PULGAR 



91 



ríos reencuentros que con ellos tuvo, los que quedaron vivos 
hubieron de dejar el puesto al enemigo, porque por no perderse 
todos, juzgaron por más acertado perder aquella plaza, irse á la 
de Purért y incorporarse con los que estaban allí de presidio, 
para defenderse mejor de la fuerza del enemigo, que estaba 
tan soberbio y pujante que necesitaban de más genie para ha- 
cerle Frente. 

Estando ya los españoles en el fuerte de Purén, convocaron 
los soldados que Habla en el presidio de Arauco para que les 
diesen auxilio. Llegaron los indios á Purén, opusiéronse los 
españoles, pero quedaron derrotados y se retiraron al fuerte de 
Arauco, con que ya los dos fuertes que Valdivia había fabrica- 
do para defensa, quedaron perdidos y en poder de los enemi- 
gos. Llegó la nueva de esle suceso ala Concepción, y Pedro de 
Valdivia, que residía allí, dicen algunos que antes de ir al cas- 
tillo de Purén quiso ir al sitio donde tenia las minas y cin- 
cuenta mil vasallos que le sacaban oro y hacer allí un fuerte 
que les defendiese, con que llegó más tarde de lo que era nece- 
sario; pero otros dicen que le dañó la demasiada priesa, pues 
que fué sin aguardar socorro de las ciudades y con menos 
fuerza de la que era necesaria para combatirá Caupolicán. 

Salió eu fina Tucapel, aunque era larga la distancia, y le di- 
suadían los suyos, porque sólo llevaba cincuenta y tres solda- 
dos. Llegó á Cotón, que es un campo bien conocido en aque- 
lla provincia; envió diez exploradores á saber lo que pasaba, y 
. no volvieron. Apenas había corrido dos leguas, cuando vio 
Gjlgadas de un árbol las dos cabezas de sus exploradores; au- 
mentósele'.el temor, y consultando el caso, porque parecía teme- 
ridad pasar adelante, pareció á la juventud menoscabo volver 
las espaldas. Envió un capitán con diez soldados á reconocer 
el real del enemigo y en celada les mataron á todos. 

Vino un indio y le rogó que no pasase adelante, porque le 
esperaba en Tucapel Caupolicán con veinte mil, y que el peli- 
gro á que se exponía él y todo el campo era evidente, y. sin em- 
bargo, prosiguió su camino y llegó á darvista al enemigo. Co- 
menzaron la batalla y fué muy reñida de una y otra parle; en 
mucho tiempo no se conocía ventaja, que el valor de los espa- 
ñoles y el número de los indios tenían suspensa la victoria; 
después de mucho rato oyeron de su parle: «¡viva España!» los 
españoles, porque prevalecían, y cobrando nuevo aliento iban 



9S HISTORIADORES DG CHILE 

de vencida los indios y daban muestra de retirarse, pero dice 
Ercilla que Lautaro, un indio que servia de paje al gobernado; 
Valdivia, olvidando la fidelidad porel amor de la patria, se pasó á 
los indios y les exhorto de manera que se animaron á morir ó 
vencer, yaún dicen que que blandió una lanza contra el gober- 
nador, su amo, que admirado del caso le dijo: «traidor!» |qué 
haces? y él respondió con uno y otro bote contra él. 

Encendióse más el furor, y la emulación de unos y otros 
era sobre arriesgarse más; Valdivia esforzaba k los suyos y 
Lautaro á los contrarios. De una y otra parte morían; pero 
faltando los más españoles, se escapó Valdivia sólo con 14 
soldados á la ribera de! rio Lebo. Retiróse con su capellán á 
confesarse, reconociendo que instaba la muerte. Diéronle poco 
lugar para que se purificase, porque le fué siguiendoun gran tur- 
bión de gente, á donde mataron á lodos y al capellán también, 
excepto «n indio que por ventura se escapó y era cristiano, y 
oíros dicen dos, y fué á dar aviso de esta rota á los presidiarios 
que en el castillo de Arauco habían quedado, y á Valdivia re- 
servaron, aunque mal herido, para entregarle al capitán gene- 
ral, por triunfo de esta victoria, que fuera grande sólo con 
prenderle. Pareció este gran capitán en presencia de Caupo- 
licán atadas las manos por detrás como cautivo, derramando 
no lágrimas por los ojos, porque aunque era digno de ellas 
el suceso, las contenia el valor, sino sangre por las heridas. 
Y pidió la vida por merced quien antes la podía hacer de la de 
los conlrarios. Volvió los ojos á Lautaro y con ellos lo habla- 
ba y reprendía la traición, que podía recompensar en parto in- 
tercediendo por su vida. Daba palabra el rendido á Caupolicán, 
si le daba vida, de dejarle libre loda la tierra y sacar de ella 
loda la gente y se lo aseguraba con juramento, que es el ma- 
yor vínculo de firmeza. 

Caupolicán. que era no menos noble que valeroso, se movia 
ya á compasión y otros con él, pero la mayor parte á voces 
decía que no se debía dar fe á palabras de un cautivo, y otros 
ardiendo en cólera repetían «muera el que ha sido ultraje y 
cuchillo del pueblo y nombre araucano.» No dicen á qué parte 
se aplicaba Lautaro; eu fin, la piedad de Caupolicán no pudo 
vencer los clamores crueles del vulgo y así se dio la sentencia 
de muerte al gran capitán Valdivia. 

El modo de ejecutarla se refiere de diferente modo: unos 



i 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 93 

decían fuú echándole oro derretido por la boca, y le dijeron 
por mofa: «Hárlale de oro, pues lanía sed del has tenido»; y 
otros, que un cacique, impaciente de que se pusiese en cues- 
tión la muerte, de Valdivia, le dio con una maza en la cabeza, 
lie que mostró gran sentimienlo Caupolicán por haberse he- 
cho en su presencia. Este fué el fin lastimoso del valeroso 
Valdivia. Lo que no tiene duda es que hicieron trompetas de I 

las canillas de sus piernas, conforme á su estilo, y que guarda- J 

ron la cabeza para testimonio de lau insigne victoria y para 1 

animar con su memoria á la juvenludá emprender semejantes ] 

hazañas y mostrarse tan valerosa en ellas, y asi testifican que 
lo repiten en sus cantinelas. I 

Los españoles que habían quedado presidiarios en ol casti- I 

lio de Arauco, con la nueva de esle mal suceso y temiendo I 

ülro tal, y viendo su capitán que no discurrían medio para I 

librarse de los enemigos, desampararon el castillo y se fue- i 

ron á la ciudad de la Concepción, con que los tres castillos quo , 

en breve tiempo edificó Valdivia, en más breve tiempo los po- I 

seyeron los araucanos. Tales son los sucesos de la guerra. 



CAPITULO V 



Lo QUE SUCEDIÓ DESPUÉS DE LA MUERTE DE pEDRO DE VALDIVIA Y 
SIENDO CAUDILLO DE LOS ESPAÑOLES SU TENIENTE FRANCISCO DE Vl- 
LLAGRA Y PEDRO DE ViLLAGBA. 



Habiendo conseguido estas victorias, mandó el general Cau- 
policán tocar á recoger, y llamó después á consejo para tomar 
resolución sobre si seriabien ó nó proseguir adelante en la gue- 
rra, á sangre, como dicen, caliente; dividióse el consejo en los 
pareceres; unos dijeron que si, antes que las ciudades se ar- 
masen; otros, que era mejor esperar al enemigo, que no había 
de estar quieto sino venir á la venganza, y era más acertado 
aguardarle, estándose en sus propias casas. Caupolicán se 
acomodó á esto segundo, porque en su [¡ropia casa cada uno 
es más valiente y pelea con más ánimo. «Vengan, vengan á 
buscarnos, decía, que aquí les aguardaremos donde tenemos 
en nuestra ayuda estos montes, estos pantanos que nos hacen 
segura la entrada; demos al enemigo el fiaso tranco, que aquí 
tenemos los sitios á nuestra elección, los caballos descansados 
y descansando los soldados, rehaciiindose unos y otros, y en 
caso que nos teman, que no harán, y no vengan á buscarnos, 
podemos en todo tiempo buscarlos y acometerlos»; en este pa- 
recer vinieron todos al fin. Y luego sí; volvió Caupolicán á 
Lautaro, y tomándole del brazo le hizo un grande elogio, atri- 
buyéndole la victoria y libertad de la patria, y con aplasso y 
consentimiento de todos, le hizo su teniente general con la 
gente de guerra que eligiese y en el sitio que quisiese para 
esperar á los españoles. ' Era Lautaro no muy alto, pero bien 



L 



96 HISTORIAUORBS DE CHILE 

formado, de buen pecho y espalda, industrioso, sabio, preslo, 
de gi'an consejo y cordura, manso, hermoso y bien inclinado, 
y tan valeroso y amante de la patria como se ha visto, y asi 
fué bien recibida esta elección, y él la hizo de diez mil hombres. 

Para celebrar esta victoria, trazaron fiestas de luchas, juego 
y sallo, y varias pruebas de fuerza y maña que conducían pa- 
ra el ejercicio de la guerra. Hicieron grandes banquetes y con- 
vites y entretenimientos de danza y baile; todos aquellos días no 
hacían otra cosa que b§ber y holgarse, ocupando el tiempo en 
diversas suertes de recreo, pero sin descuidarse de estar pre- 
venidos, como quien espera al .enemigo lastimado y deseoso de 
la venganza. Francisco de Villagra era teniente del gobernador 
Pedro de Valdivia, y noticioso de la muerte de su general, aper- 
cibió toda la gente que pudo para salir á la venganza de este 
suceso, y salió de la ciudad de la Concepción con ciento sesen- 
ta soldados, pasó el rio Biobio y llegó á la vista del castillo de 
Arauco; no tuvo en el camino estorbo alguno, porque aunque 
cerca de un sitio adonde balen las olas del mar Austral, que 
los españoles comunmente llaman Laraquete, en la cumbre del 
monte estaba Lautaro con diez mil hombres, le franqueó los 
pasos á Villagra para que llegase á aquel puesto; la subida por 
un lado era razonable, lo demás despeñaderos, llano en la 
cumbre, como una plaza de armas, muy acomodada para el in- 
tento. 

Llegó Francisco de Villagra y se dieron vista ios españoles y 
indios enemigos: comenzaron á componerse de una y otra par- 
lo los escuadrones, y por nO dar ánimo al enemigo, que no se 
movía, hizo señal Villagra á tres compafiias de á caballo para 
que acometiesen. Fué en vano, porque Lautaro, que estaba bien 
acuartelado, no se daba por entendido y habia dado á su gente 
orden que se estuviesen quedos hasta su tiempo; embestían una 
y otra vez los españoles y recibíanlos siempre con un diluvio 
de flechas, piedras y dardos que los hacían retirar con cuidado. 
Los nuestros, que no podían romper el escuadrón sin manifies- 
to peligro de despeñarse, embestían por donde podían, pero 
sin más fruclo que cansarse y fatigar los caballos, porque el 
enemigo se estaba sin mover pie,guardando cada uno cons- 
tantemente el puesto que le tocaba. 

Sólo permitía Lautaro que saliesen uno á uno á desafiar 
cuerpo á cuerpo al que se atreviese del escuadrón español á pe- 



i 



FERNANDEZ DEL PULGAR 97 

learcon él. Salió, entre otros, un gallardo mozo llamado Curio- 
mán, tomó una larga carrera, y arrojaba una lanza con tal des- 
treza, que hería á muchos en el campo español; hizo siete 
de eslos acometimientos y a! octavo, Villagra, como vido el 
atrevimiento de este indio, hizo que saliese un soldado de fama 
llamado Diego Cano, que enfrenase el orgullo de este arrogan- 
te valentón; hizolo, pero no le valió nada de su grande ánimo, 
fiterza y valor. 

Viéndose los españoles ya cansados y que no aprovechaban 
los acometimientos de su caballería y que les iban tomando 
los pasos muy apriesa, comenzaron á valerse de la artillería y 
mosquetería; hacia ésta grande estrago en los indios y para 
remediarlo mandó Lautaro al capitán Leucatón que embistiese 
con su gente por el lado que ie tocaba, de manera que no para- 
se hasta mezclarse con los mosqueteros, porque con esto se ase- 
gurarían de sus tiros, pues estando mezclados, no podrían ha- 
cerles mal, sin hacerlo juntamente á les suyos; así lo hicieron 
y asi sucedió, como después acá lo han acostumbrado de ordi- 
nario, porque como no tienen bocas de fuego, quedaban infe- 
riores á sus contrarios si no usaban de este ardid; pero con él, 
embistiendo con una invencible ó imperturbable resolución, 
tragando la inexcusable muerte de algunos, quedan defendidos 
muchos. Con gran valor se peleaba de una y otra parte. Lauta- 
ro y Villagra acudían á su gente, como capitanes á la disposi- 
ción y como soldados ai mayor peligro. Entre otros, se señala- 
ron de los nuestros Pedro Olmos de Aguilera, caballero anda- 
luz, que por su mano quitó la vida á cuatro muy nombrados 
caudillos del contrario: Tilaguano, Guano, Cauco y Pillo; hu- 
bo otros famosos y valerosos soldados, Bernal, Pantoja y 
Al varado, que no fueron inferiores y hicieron dudosa la victoria. 

Pero como la fuerza del enemigo era muy superior á las 
nuestras, comenzó á mostrarse la victoria por su parte. Villa- 
gra y otros quisieran más morir allí con honra que volver las 
espaldas; pero juzgando otros que era temeridad perder la vida 
ciertamente, porque les faltaba ya mucha gente, se fueron re- 
tirando del enemigo como podían, que venia cantando la vic- 
toria, y más habiendo derribado á Villagra, que hubiera acaba- 
do entre sus manos, si su grande ánimo y valor no hubiera 
hecho tiempo, defendiéndose de ellos hasta que llegaron trece 
de los suyos que le libraron. 




98 HISTORIADOUES DE CHILE 

Murieron noventa y seis españoles; muchos de los que que- 
daron salieron heridos, pero se puede decir que en esta retira- 
da hubieron igual gloria que si hubieran vencido la batalla, 
porque el enemigo los fué siguiendo seis leguas, teniendo to- 
mados los pasos y viniendo á cada paso nuevas tropas de re- 
fuerzo en su seguimiento, y se defendieron valerosamente, 
hasta entrar en la ciudad de la Concepción. 

Murió mucha gente de los indios, cuyos huesos se ven hoy 
en aquel monte entremezclados con algunos de los españoles; 
llámase por esta batalla, la cuestade Villagra. De los indios 
fueron más de 3,400 los muertos de los amigos. Bien se olVüce 
á la consideración la pena que causaría en la ciudad de la Con^ 
cepción tan gran pérdida, pues fueron interesados españoles y 
indios, y ¿cuáles serian los llantos y suspiros de padres, mari- 
dos é hijos perdidos? Difícil fué entregarse aquel día y noche 
al reposo, pero apenas amanecía cuando cajas y trompetas to- 
caban viva arma de que venia el enemigo sobre la ciudad. 
Esta confusión hizo olvidar el sentimiento precedente y procu- 
rando tomar consejo, reconociendo que no podían resistir, eli- 
gieron el reíirarso, dejando todas sus riquezas, que eran mu- 
chas las que habían sacado de las minas, y caminaron hacia 
lu ciudad de Santiago, en cuyo viaje fué grande la penalidad 
que pasaron. 

No bien hablan salido de la Concepción los afligidos mora- 
dores, cuando los enemigos dieron en ella y después de haber 
recogido sus riquezas, como no pudieron ejecutar su furia en 
los dueilos, la ejecutaron en las casas, poniendo fuego en todas 
y abrasándolas hasta los cimientos. Acabado este incendio, 
llegó nueva á Lautaro de que Caupolicán hacia una gran 
junta en Arauco, y asi partió luego con su gente para congre- 
garse con él. Cuando estos dos caudillos araucanos se vieron, 
mutuamente se congratularon de las señaladas victorias que 
habían conseguido de los españoles, y para celebrar e! triunfo 
se vistieron 130 caciques y los principales capitanes, á la espa- 
ñola, con los vestidos que quitaron á los españoles muertos en 
las batallas. Halló el general el vestido de Valdivia, que dicen 
era de una tela verde, bordado de plata y oro, un peto y espal- 
dar de fino acero y una celada con una gruesa esmeralda por 
cimera. 

Sentáronse todos por su orden y propuso el general su iu- 



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J 



r 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR Ít9 

tonto, que era de recobrar todo lo que los españoles habiati con- 
quistado, pues los españoles estaban tan de vencida. 

Fueran dando todos sus pareceres con gran soberbia y arro- 
gancia, ofreciéndose acabar y consumir lodos sus contrarios; 
pero el anciano y prudente Colocólo que oyó tanta presunción, 
la humilló diciendo que templasen su furor y no se desvanecie- 
sen con sus victorias; que considerasen que si ellos habían te- 
nido dos, muchas más habian conseguido de ellos tos espaí^o- 
les, hasta tenerlos sujetos á servidumbre inexcusable, y que 
era mejor portarse con templanza para el mejor acierto y bue- 
nos sucesos de sus armas, y añadió que era bien que dividién- 
dose el campo en tres bandos, diesen á un mismo tiempo en la 
ciudad de la Imperial. 

Puchecalco, un famoso hechicero cacique, siguiendo el niis- 
mo dictamen de humillar la altivez de estas gentes, lea dijo que 
habiendo consultado á. sus oráculos le habian respondido que, 
aunque al presente se viesen tan victoriosos, últimamente li;i- 
bian de vivir sujetos y en perpetua servidumbre á los es|)a- 
ñoles. 

No le pudo sufrir el cacique Tucapel y levantándose, delante 
de lodos, jugando la maza, le dio tal golpe que le quitó la vid;!. 

Sintió mucho el general el desacato, y queriendo castigarle se 
turbó la junta, y aunque cercaron al matador por uno y olio 
lado, se dio tan buena mafia defendiéndose con su maza, que 
no fué fácil prenderle. Tomó la mano Lautaro, como quien la 
tenia tan grande con el general, y se compuso lodo. 

Resolvióse sitiar la Imperial, como Colocólo había diclm; 
entretuviéronse y celebraron sus triunfos con grandes fieslari y 
bailes y luego pusieron por obra la resolución; alojóse el ejéi- 
cito tres leguas déla Imperial. Esta ciudad, aunque tenia genle 
muy lucida, no estaba tan apercibida y proveída como era me- 
nester para aquel sitio, antes tan desbastecida dearmas, muni- 
ciones y víveres que se la llevara el enemigo, si le embislicra 
entonces. 

Acercóse el ejéixiito de los indios á la ciudad; y dice Ercilla 
que de repente se turbó el aire y se cubrió de negras nubes y 
entre un diluvio de agua, granizo y piedras que despedían de 
si, se apareció su Eponamón en forma de un fiero y espantoso 
dragón, enroscada la cola y echando fuego por la boca, y los 
dijo que se diesen priesa, que la ciudad era suya, porque esta- 



L 



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J 



100 HISTOBIADORES DE CHILE 

lia desapercibida; que entrasen dentro y ])asasen á cuchillo to- 
dos los españoles y la saqueasen, y con esto desapareció. 

Pero queriendo proseguir su intento, animados de este diabó- 
lico aviso, se serenó el cielo y apareció en una bella nube una 
hermosísima mujer, resplan deciente como el sol, y mostrándo- 
les un semblante, aunque benigno, grave y severo, les quitó el 
orgullo y les mandó no pasasen de allí sino que se volviesen 
luego á sus tierras, porque Dios quería favorecer á los españo- 
les; vio esta visión todo el campo y fué en 20 do abril; ¿quién 
sería esta seílora sino Santa María de la Concepciónt Con esto 
se volvieron sin dar un paso más los araucanos, y asi so con- 
servó esta ciudad con tan buena protectora en poder de los es- 
partóles, y la ciudad de Santiago; porque viéndose tan pocos de- 
sampararon á Villarrica y á los Confines, parecióndoles que no 
harían poco en defender á Santiago y á la Imperial. 

Recobráronse los españoles de estae dos ciudades y trataron 
de volver á la Concepción y reedificarla, viendo] que los arau- 
canos no habían proseguido adelante; y para esto hicieron 
gente en Santiago y partieron para el intento, y, aunque con 
trabajo, consiguieron lo que deseaban y hicieron dentro de la 
ciudad una buena fortaleza para su mayor seguridad. Los in- 
dios de las comarcas, aunque tenían el sentimiento que todos 
do ver forasteros que los mandasen y que edilicasen ciudades 
en su tierras, disimularon por entonces; mas á su tiempo die- 
ron aviso á Arauco, pidiéndoles socorro para echar de allí aque- 
lla gente y acabar de una vez con ella. 

Vino volando Lautaro con un buen ejército; saliéronle al en- 
cuentro algunas compañías españolas, pero las hizo retirar á la 
Concepción, donde se defendieron en la fortaleza, hasta que no 
pudiendo resistir al poder y fuerza de Lautaro, que era grande, 
hubieron de retirarse otra vez á Santiago, muriendo muchos 
españoles en esta refriega, y quedando Lautaro dueño del cam- 
po, siguió el alcance de la victoria, haciendo los unos y los otros 
gloriosos hechos. 

Señalóse entre todos Rengo, famoso capitán de Lautaro, que 
fué siguiendo con su gente á tres valerosos capitanes de los 
quese retiraban, diciéndoles mil afrentas y tratándolos de cobar- 
des; pero llegando estos á un rio, le hicieron frente. Rengo gand 
un aventajadosilio, donde se aseguró de sus contrarios, que viéu' 
dolé tan defendido, no le embistió. Con eslopasaronde aquí lof 




FERNANDEZ DEL PULGA» 101 

españoles á Santiago, y tocando Lautaro á recoger, se volvió á 
Arauco, donde celebró estavictoria con nuevos regocijos y fies- 
tas, en que hicieron pruebas de gran valor. 

Los indios, como se veían soberbios con sus victorias, hicie- 
ron de nuevo junta; no quisieron embarazarse con las ciuda- 
des de menos porte, que imaginaban ya por suyas, y pusieron 
la mira en la principal, que era Santiago, y resolvieron irá tomar- 
la; prefirióse á esto Lautaro y eligió la gente más granada y 
belicosa y salió con un poderoso ejército; pasó los caudalosos 
ríos de Bio-Bio, Itata, Maule y Mataquito y levantó aquí un 
fuerte para asegurar la retirada, por hallarse muy lejos de su 
tierra. 

Llegó á Santiago la nueva de esta junta, y muchos la tuvie- 
ron por falsa y sin fundamento, pareciéndoles que era imposi- 
ble que los indios tuviesen tal atrevimiento de venir de tan lejos 
á hacerles guerra, pero los que se habían retirado de la Concep- 
ción les desengañaron, como quien, conocía por experiencia los 
alientos de Lautaro acompañados de la fortuna. 

tórlalecieron el lugar, previniéndole^de reparos y armas para 
la ocasión; enviaron corredores, con orden de embestir al ene- 
migo si se ofreciese ocasión y lance de poderlo hacer; pero 
Lautaro tuvo cuidado de prevenirlo, y loshizo volver con harta 
priesa á dar ia nueva, aunque no volvieron todos los que ha- 
blan salido de esta función. 

Estaba enfermo en esta ocasión Francisco de Villagra, y de- 
terminó que su primo, el capitán Pedro de Villagra, saliese con 
toda ia gente que pudo levantar á impedir los furiosos Ímpe- 
tus do Lautaro. 

Llegó con su ejército al río Claro y se alojó media legua de 
la fortaleza que habían levantado tos indios: embistióla el día 
siguiente y la ocuparon sin hallar resistencia alguna, porque 
Lautaro había dado traza que embistiéndola los espafioleshuye- 
sen los presidiarios, para obligar á los españoles que entrasen, 
para cogerlos dentro, y asi, cuando les pareció que era tiempo, 
volvieron c^mo leones sobre los españoles que estaban en el 
fuerte, quo no hicieron poco en escaparse de sus manos, defen- 
diéndose con gran valor hasta una legua que los indios les 
fueron siguiendo y haciéndoles el mal que pudieron, hastaque 
llegaron k sus cuarteles. 

Hizo amago Lautaro segunda vez de retirarse, pero no dán~ 



102 HISTORIADORES DE CHILE 

dolé kigai'los nuestros, que habiéndose.reforzátlo venían á em- 
bestirle de nuevo, loa esperó en su fuerte; tres veces acomelie- 
ron los espaflolus y otras tantas los rechazaron los que estaban 
en la fortaleza, con piedras, flechas y dardos; causaban admi- 
ración á los españoles el sufrimiento y constancia con que su- 
frían una y otra carga, pero viendo lo poco que les valían sus 
alientos para ganar ia fortaleza, se retiraron á cierta distancia, 
á un valle de donde pensaban volver h probar cuarta vez ven- 
tura. 

Lautaro quiso quitarles do este cuidado acabando de una vez 
con ellos, y para esto fingió que le faltaban baslimentos. y los 
envió á pedir al campo do los españoles: lenia trazado derra- 
mar un río por el llano donde los españoles estaban acuartela- 
dos, (y no le era muy difícil, por estar todo acequiado) y empan- 
tanarlos de manera que no pudiesen menearse, para atajarles 
con esto los pasos.. 

Entendió Pedro de Villagra la estratagema, y alzó el campo 
y se retiró luego á Santiago, dejando muy rabioso al enemigo 
porque no había logrado su (raza como deseaba. 

Pero no por esto desistió Lautaro de su intento, si bien pare- 
ciéndole que la ciudad de Santiago estaba tan prevenida y ar- 
mada'que no podía ganarla si no aumentaba sus fuerzas, hizo 
alto en un valle, y allí levantó otro fuerte para abrigo de su 
ejército mientras le llegaban los socorros de genteque esperaba 
para dar sobre Santiago. 

Los de la ciudad también se prevenían con gran cuidado 
para la acción, y esperaban los socorros que habían enviado á 
pedir á las otras ciudades para su defensa. 

Había mejorado Francisco de Villagra y salió á recoger esto 
Socorro; desmintió el camino de Arauco y pasó ¿ la Imperial, 
de donde volvía con refresco de valerosos soldados, al tiempo 
que Lautaro estaba bien fortificado en su nuevo fuerte, pero 
guióle á Villagra un indio y vino con toda priesa y sin ser sen- 
tido, y una noche se puso cercadel alojamiento de Lautaro: va- 
lióse de la ocasión, que no pudo ser mejor, por estar descuidado 
el enemigo, tocó al arma y embistieron al fuerte con tan buena 
dicha que al primer asalto, que se dio ai amanecer, cayó Lautaro 
de los primeros de un flechazo que le atravesó el corazón. Este 
fué el infeliz fin de este valeroso caudillo araucano. 

No desmayaron por esto sus soldados, antes, embravecidos 



^ 



J 



[ feunAndez del pulgar 103 

[ con el deseo devengar la miierle de su general, embistieron 

como leones, haciendo cada uno como muchos, sin querer ja- 
más reiidirse al espaflol, aunque le vBian tan triunfante y or- 
gulloso: hiciéronse de una y otra parle insignes hazañas, dig- 
nas de más larga historia. No fué la menor muestra del valor 
de esta gcnle no querer darse por vencidos; aunque quedaban 
ya muy pocos, anteponían á su misma vida la gloria de morir 
peleando sin dejar las armas déla mano hasta dar el último 
aliento, y estando unos despedazados, otros alanceados y pasa- 
dos de parto á parte, no s61o no se rendían, pero se entraban 
por las lanzas á gran priesa, ayudándose con las manos, por 
llegará juntarse con el enemigo y vengar con la muerte del 
la suya. 

Con esta victoria pasó Francisco de Villagra á Santiago, a- 
donde celebraron su industria y su valor y de lodo el ejército, y 
dieron gracias á Dios de verse libres de la invasión de los arau- 
canos que Lautaro gobernaba. 

Este valeroso capitán, Franciscode Villagra, que hubo ahora 
lan feliz suceso, le hubo infeliz siendo gobernador propietario y 
sucesor de don García de Mendoza, como veremos adelante en 
el capitulo penúltimo de este libro. 



^ 



LIBRO CUARTO 



CAPÍTULO I 



El estado en que estaba Chile cuando vino por gobernador 
DON García de Mendoza. 

De lo referido en los capítulos y párrafos presedentes, cons- 
ta que de las ciudades que se habían fundado en Chile, la 
Concepción, Villarrica y los Confines estaban desamparadas 
de los españoles. Y aunque los de Santiago se hallaban en 
buen estado con la victoria que Villagra había conseguido, 
¿quien creerá de la inquietud de los araucanos que con ella se 
quietasen y no procurasen tomar satisfacción? y aunque no re- 
fieren que formasen etra expedición contra los españoles, con 
la nueva de que venía don García Hurtado de Mendoza por go- 
Ijernador, entraron en prevenciones de su defensa. 

Poéticamente describe Pedro de Oña en su poema el estado 
de esta gente, Canto I, y en los siguientes su consulta y lo que 
dijeron los agoreros pronosticando malos sucesos, con que los 
araucanos se desanimaron. Pero Rengo no les dio crédito y de- 
testó sus falsas profecías, y lo mismo hizo Tucapel, y así se 
deshizo la junta, y cada cual según su dictamen se volvió á su 
población á disponer lo que había creído conveniente para su 
cdiiservación y resistir á Don García; y así los halló con pre- 
venciones de guerra. 

Poro estaban los araucanos en muy diferente estado que los 
halló Almagro y Pedro de Valdivia, porque ya sabían pelear 
niejorque otros bárbaros y manejaban mejor las armas propias, 
que son: arcos, flechas, astas largas yalabardas; visten mallas, 



w^^m- 






106 HISTORIADORES DE CHILE 

r" usan de pscudos y de morriones; tienen las astas fortalecidas 

^ con bronce y hierro, que consiguieron de los españoles, y aún 

&- nianojaban algunas armas que les cogieron en las guerras; ob- 

servaban disciplina militar como en Europa, que todo esto, 
ayudado con su fortaleza é intrepidez, los hace casi inven- 
cibles. 

Y así, Ercilla que lo experimentó, dijo en la Segunda Parte 
de su Araucana: 



Cosa es digna de ser considerada 

Y no pasar por ella fácilmente, 
Que gente tan ignota y desviada 

De la frecuencia y trato de otra gente, 
De innavegables golfos rodeada, 
Alcance lo que asi difícilmente 
Alcanzaron por curso de la guerra 
Los más famosos hombres de la tierra. 

Dejen de encarecer los escritores 
A los que el arte militar hallaron 
Ni más celebren ya á los inventores 
Que el duro acero y metal forjaron; 
Pues los últimos indios moradores 
Del araucano estado así alcanzaron 
El orden de la guerra y diciplina, 
Que podemos tomar dellos dotrina. 

¿Quién les mostró á formar los escuadrones. 
Representar en orden la batalla. 
Levantar caballeros y bastiones, 
Hacer defensas, fosos y muralla, 
Trincheas, nuevos reparos, invenciones, 

Y cuanto en uso militar se halla, 

Que todo es un bastante y claro indicio 
Del valor desta gente y ejercicio? 

Y sobre todo debe ser loado 
El silencio en la guerra y obediencia, 
Que nunca fué secreto revelado 
Por dádiva, amenaza ni violencia, 
Como ya en lo que dellos he contado 
Vemos abiertamente la experiencia; 
Pues por mañas jamás ni por espías 
Dellos tuvimos nueva en tantos días. 



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FEllNÁNDIiZ ÜI!(, I'L'Ui.VR 107 

Pero fácil es responder á Ercilla, que, como los chilenos son 
de perspicaz enlendimiento, aprendieron de los españoles este 
estado en que los halló Don García. 

No era tampoco bueno el estado en que halló á los españoles, 
pues no estaban en uniforme sentimiento, porque no le tenían 
tampoco Francisco de Villagra y Francisco de Aguirre, ni tra- 
taban de dar guerra ít los araucanos, sino de sus convenien- 
cias, como adelante diremos. Tampoco halló que sehubiese tra- 
tado mucho de la conversión de los indios, que era el principal 
fin de esta conquista, y bien se puede congeturar que no hubie- 
ran tenido tan infelices sucesos si hubieran á un mismo tiem- 
po tratado de ejercer las armas de la milicia espiritual, porque, 
como estas conquistas seculares las disponía Dios para la con- 
versión de las almas y no para que saciasen la codicia los 
conquistadores ¿quó podían esperar de una gente feroz, opri- 
mida, sino violencia para romper el yugo de la sugeción? No 
se suavizan tan fuertes naturalezas sino con el yugo suave de 
la ley de cuya fe, reconcentrada en los corazones, mediante la 
caridad los suaviza, y de pedernal hace cera. 

Bien puede ser que sea omisión de los historiadores la falta 
de noticias que hay de lo que obraron estos capitanes en la 
propagación del Evangelio, pero fueron desgraciados, pues al 
crédito de su valor le quitaron este preciosQ^smalte que les 
acreditaba más; pues es más ganar un alma para Dios que un 
mundo para el Rey. 

Este es el estado en que halló don García de Mendoza á Chile. 
Bien tiene tn qué ejercitar la prudencia, el valor y la religión. 
No tiene ocupación menos ardua que su padre don Andrés de 
Mendoza tuvo en lo restante de el reino del Perú. 

Ahora veremos como cumplió con ella y con el deseo que su 
padre tuvo. Luego que entró al Perú, pues, dice Figueroa, Chile 
instaba de continuo por socorros; hallábanse las ciudades de 
españoles sin] fuerzas y despobladas, por haber desbaratado 
y muerto los indios á sus gobernadores en ellas, don Pedro de 
Valdivia y Francisco de Villagra, y degollado la mayor parte 
de su gente; clamaba por remedio y venganza tan grande y 
reciente pérdida, que si bien tenia movido á lástima todo el 
Perú, con los propios daños olvidaban el remedio de los aje- 
nos. Mas, Iras haber sido el Virrey freno de traidores, incli- 
nóse á conceder jornada contra aquellos naturales, que con esta 




HISTORIADORES DE CHILE 



-4 



coníianza envió el Virrey á su hijo Don García, reconociendo 
sus grandes prendas, sin olro motivo que porque no halló á. 
quien confiar mejor ian ardua empresa. 




CAPITULO II 



CÓMO VINO DoM García al gobierno de Chile v paró en la Sere- 
na.— Cómo LO ASISTIÓ Francisco de Aguirre y lo recibió la 

CIUDAD. 

Dejamo-s k don García de Mendoza en el fin del libro II con 
todas las prevenciones para partir á su gobierno de Chile, y 
ya cercana la ejecución, envió por tierra sus caballos, que 
eran de mucho precio y no pocos; gobernaba la tropa don Luis 
de Toledo, sujeto de virtuosas partes, que asi elegía Don Gar- 
cía sus cabos; dirigiéronse por el gran ijespoblado de Atacama, 
que describimos en el cap. I, núm. II, llevando las prevencio- 
nes necesarias para tan largo viaje. Oña dice que fué Julián de 
Bastidas. 

Tras esta partida, trató luego de la suya el nuevo general y 
gobernador. Pidió la bendición á su padre, diésela, y con ella 
documenlo y advertencia saludable para el gobierno, como 
hombre bien experimentado yquedeseaba el acierto de su hijo, 
y hicieron asiento en Don García, que tenia el mismo deseo 
del acierio y capacidad para la ejecución de lo que su padre le 
había enseñado. 

Embarcóse en el puerto del Callao, que es mucho mejor ca- 
mino que los de tierra, acompañado del licenciado Hernando 
de Santillana, á quien se había señalado por su teniente gene- 
ral en las cosas de justicia, y que ora oidor de Lima; llevaba 
consigo muchos religiosos y ricos encomenderos, y crecido 
numero de nobles naturales de aquel reino. 



lio HISTUKIADOHES UE CHILE 

Herrera dice que üevyba porsu nmesiro de campo al capilím 
Juan Remón y al famoso poela y honrado caballero don Alon- 
so de Ercilla, que escribió esla guerra de Arauco, aunque con 
alguna omisión en las heroicas acciones de don García de 
Mendoza por las razones que adelante se dirá. 

Hecho al mar con buen tiempo, navegó quinientas leguas dií 
costa, en que pasó grandes trabajos, peligros y tormentas, por- 
que aquella navegación aún no estaba bien descubierta, y como 
dijimos, tiene la costa pocas ensenadas y abrigos para las 
naves. 

Llegó al fin al puerto de la Serena, en la provincia de Co- 
quimbo, que es la primera de las de Chile; esta ciudad dista 
sesenta leguas de la de Santiago, donde estaba el general Fran- 
cisco de Villagra; en la misma Serena residía también como 
general Francisco de Aguirre, su vecino y encomendero; lla- 
mábanle sefloría, respecto de pretender el gobierno de aquel 
reino por cierto nombramiento del gobernador Pedro de Valdi- 
via, ó quien habían muerto los indios en Chile, como dijimos 
en el capítulo precedente, que habianombrado en su teslamenlo, 
y, asimismo, aspiraba al gobierno de las provincias de los Ju- 
ríes, Diaguitas y Tucumán, por ciertas razones de conquista y 
antigüedad. 

De esta competición tocamos ya y la describió el licenciado 
Pedro de Ofla en su Arauco domado, Canto III: 

Los dos gobei^nadores eran éstos. 
Que, sobre serlo en Ctiile contendían, 

Y á canto de perdérsele tenían 

Pues á romper estaban ya dispuestos: 
En Mapocíió y Coquimbo varios puestos, 
Los dos fortificados atendían 
Para venir con ánimos insanos. 
De encuentro de cabezas á las manos. 
Estarse en la Serena Aguirre quiso, 
Por ser allí el oráculo adorado, 

Y ViHagrán desotro apoderado 
Estaba en Mapochó sobre el aviso: 
Mirad agora el Reino en si diviso 
En víspera de verse desolado. 

Mirad un monstruo aquí de dos cabezas 
Que está para topar y hacerse piezas. 



A 



r 



FKBNÁNDEZ DEL PULGAR 111 

Francisco de Aguirre viendo que se acercaban los navios al 
piierlo, determinó ir á recibir al nuevo gobernador por mucho 
respeto y por ser hijo de tan calificado señor y virrey del reino 
del Perú. 

Mientras lo quería poner por obra, encontró condón Luis de 
Toledo, que había llegado ya con los caballos y gente; confirie- 
run algunas cosas y se fueron de conformidad á recibir á don 
Uarcía, que estaba ya en el puerto, sin haber consentido que se 
desembarcase alguno ni se arrojase batel al agua. Yendo por la 
playa, se encontró con Grabriel Guiérrez, criado del general, que 
traia carta del Virrey, su padre, para el mismo Aguirre: holgó- 
se mucho con ella por el amor con que le escribía el Marqués. 

Ya en el puerto, lomaron dos balsas de cueros marinos, llenos 
de viento y atados unos con otros {con éstos pescan los indios 
naturales de allí, que les sirven de barco) fueron apropósito 
para llegar al bajel donde venía embarcado el general, que an- 
tes que llegase había mandado disparar toda la artillería y que 
se locasen trompetas, chirimias y lodos los demás instrumentos. 
Entró en el galeón Aguirre, besó las manos de Don García, que 
le recibió con demostraciones de grande amor y contento; en- 
tre otras cosas, le dijo que estaba cierto no le hubiera envia'do 
el| Mai-qués su padre á la presente jornada y gobierno á no es- 
tar en aquella tierra un sujeto como él de canas, experien- 
cia y acreditado valor, de quien en todo lo que se ofreciese del 
servicio de S. M,, había de tomar consejo y parecer, pues con 
eso aseguraba el acierto. Propuso que se hiciese por su orden 
el alojamiento; pidióle con instancia no dejase de advertirle, co- 
mo práctico, todo cuanto importase hacer para la pacificación y 
altanainienlo de los bárbaros, que era lo principal á que venía; 
parecióle á D. García este mbdo de portarse con Aguirre confor- 
me al humor y variedad del huésped, que por las relaciones tenia 
bien conocidas, y así, por tenerlo grato y asegurarlo, quiso va- 
lerse de él al hacerle este razonamiento tan discreto y agradable 
al sujeto. Salieron á tierra y estaban ya prevenidos los caballos, 
y fueron á la Serena, donde Francisco de Aguirre tenía ya su 
casa en orden y disposición para aposentar á Don García con 
toda decencia. 

Llegó á la plaza mayor y fué recibido de la ciudad con la ma- 
yor grandeza y ostentación que pudo prevenirse. Allí dejó 
Aguirre su caballo, tomó de la rienda el de Don García, hasta 



113 IlISTORIADORIÍS DE CHILE 

que se apeó á la piiorla de la iglesia. Allí, antes de entrar en 
ella, le dijo Don García: «He sufrido, señor Francisco de Agui- 
rre, que haya traído de la rienda mi caballo, por fa autoridad 
que represento, que de otra suerte no lo permitiría, estimando 
yo, como es justo, su persona y atendiendo á sus muchos méri- 
tos y autoridad.» 

Juzgó el general importante el admitir aquel género de sumi- 
sión pública de Francisco de Aguirre, para comenzar á derri- 
bar las columnas ó basas de su mucho desvanecimiento. 

Hizo oración el Gobernador, dando gracias á Nuestro Señor 
de los peligros que le había sacado en el mar y del buen recibo 
que experinienlaba en tierra, y acabada, Aguirre le llevó á su 
casa, á donde le aposentó y regaló espléndidamente, como lo 
tenia prevenido y Don García merecía. 



f\ 





CAPÍTULO III. 



Cómo estando Don GarcIa en la Serena, reconoció lo que era 
necesario remediar para la conservación de aquel reino, y el 
razonamieeto que hizo a los encomenderos. 

Viniéronle á Don Garcia cartas del gobernador don Francisco 
deVülagra y de otra gente principal del reino. Leyólas, y 
considerando lo que en ellas se le escribía, se informó de todo 
loque parecía conveniente. En particular reconoció el exceso 
con que eran tratados los indios de paz y el mucho desorden 
que había en servirse de ellos, trayéndoles sobremanera apre- 
lados. 

Mandó que se juntasen los más encomenderos que fuere po- 
sible, y en ordena esto, les hizo el siguiente razonamiento: 
«La naturaleza no falta de ordinario en lo necesario ni abunda 
en lo superfluo; pero tai vez el arte se atreve á corregir los des- 
cuidos de la naturaleza, si pueden llamarse descuidos los cui- 
dadosos errores con que por diferentes caminos hermosea el 
universo. No va, á mi parecer, encaminada la política á otro fin 
que á cultivar la holgazana rustiquez, desabrida para el comer- 
cio humano. Bien notorios son los bienes que salvan á las re- 
públicas bien ordenadas, pero faltan cuando hay en ellas ru- 
deza tan dañosa. Testigos son los templos, los sacerdotes, los 
sacrificios, las divisiones de grado, las distinciones de san- 
gre, la forma de justicia, la manera de leyes, y, en fin, la univer- 
sidad de tantas artes y ciencias; este es el blanco en que deben 
poner los ojos aquellos á quienes el cielo comete el dominio de 



114 HISTOBIAUOHÜS DE CHILB 

remotas provincias y la enseñanza de gentes bozales y rústi- 
cas, no las riquezas solas; defensores deben ser, no usurpado- 
res de sus bienes, si liilorcs de tales menores. Dióseio alli 
quien repartió en la-s oirás provincias todo lo demás. Y asi se 
les debe la entrega de ellos, sólo con titulo de vasallaje, no de 
esclavitud. Por otra parte, no falta quien quiera sea natural la 
servidumbre de algunos. Válense del ejemplo de las cosas na- 
tiiralniDnte ordenadas, en que se ve claro cuál entre ellas deba 
mandar y cuál obedecer. La mudanza de orden es dailosa. La 
parle más débil, tenga sentido ó no, recibe siempre perfección 
déla obediencia; no es justo se vuelvan jamás inferiores los 
superiores do mérito, ni los inferiores superiores. De donde 
sc^infiere ser injusto seflor, aunque afortunado* el que care- 
ciese de mérito y bondad, y, al contrario, son dignos de ser lla- 
mados señores los beneméritos y virtuosos, aunque sean sier- 
vos, lie tenido noticia del rigoroso tratamiento que padecen 
los indios de paz de estas provincias, contrario á todas leyes y 
ajeno de la intención de Su Majestad, que es de que se traten 
como bijos, con que es loada la moderación y el saber usar de 
espuelas, y tiene tolerancia, corrección y castigo: El desor- 
den pasado es menester enmendar con medio y modo conve- 
nientes, para que en lo venidero no tenga lugar tal exhorbi- 
tiucia. Aligérense los pobres de 3u peso y solicitese la ganan- 
cia por el mejor y más fácil camino; excluyanse excesos, fe- 
nézcanse desaforadas imposiciones, y, sobre todo, desterrad do 
vuestros pechos la codicia, polilla roedora de las armas y su 
más disimulada muerte, pues es raiz de todos los males. Es 
la hacienda instrumento que sirve ala vida, y asi convie- 
ne que se'disponga su cantidad y cualidad según la necesidad 
del hombre. Si se viera un soldado que sin ejercitar las ar- 
mas que tiene, instrumento de su profesión, se ocupaba lodo 
en fabricar otras ¿á quién no causara asco? Luego son dignos 
de ella los que sin contentarse ni valerse de los bienes que po- 
seen, anhelan por acumular otros. Viven engañados, como si 
los instrumentos no fueran hallados para el arte, sino el arle 
par^i los instrumentos. Creen que la hacienda no sirve para 
ayuda del vivir, sino el vivir para aumentar la hacienda. Son 
estas regiones ricas de oro y de regalos; gozadlo todo con blan- 
dura, como es justo, no como hasta aqui, con violencia. De 
ésla se ha derivado tan eminente ruina como la presente en 



1 



que eslai: 



feiinAndez del pulgar 115 

que estáis: reparadla con la moderación y suavidad. Tengo re- 
lación que el trabajo de las minas sufrido por los naturales, 
siendo mucho y exhorbitante, sin ser reservado alguno de su 
continuación, ha menoscabado mucho su numero. Gran lásti- 
ma y error, pues de su cofiservación y muchedumbre pen- 
den nuestras riquezas; encargóos que observéis inviolablemen- 
la las ordenanzas que publicaré en razón de esto, sin dar oca- 
sión á que con el castigo solicite el escarmiento, pues están 
necesario el remedio que debe procurarse por cualquier me- 
dio. Tampoco de paso dejaré de advertir cuan necesario sea 
hallaros siempre prevenidos para taguerra, porque las preven- 
ciones de ella son !a conservación déla paz y medicina preser- 
vativa para no tener guerra, y másaqut, donde porlener cortas 
raices el dominio, está tan poco seguro y firme, como lo ha- 
béis experimentado en las muchas inquietudes que tiene el 
reino en tal estado. Porque si bien la paz es cosa de tanta esti- 
mación, que no deben |o5 buenos estados aspirar á otro fin; 
con todo eso, siendo el apetito del hombre tan vario, como se 
sabe, conviene en la bonanza prevenir la tormenta, y armarle 
do guerra para conservar la paz. Así los sabios antiguos se ha- 
bituaron en medio de la quietud al rumor de las armas, y no 
dejaron en tiempo tranquilo de ceñir tas ciudades con lorres y 
muros, alistaron y ordenaron soldados, por no hallarse pai'a 
las ocasiones desapercibidos, juzgando siempre por débil la 
paz desarmada. Las armas, las leyes y el culto divino en una 
ciudad bien gobernada no se pueden jamás separar sino con 
destrucción de alguna de ellas, porque sólo se mantienen uni- 
das; rigense una á otra, y en viéndose desatada la que parecía 
sin las dos compañeras por si suficiente, cae sino es socorri- 
da; de manera que es menester tengan las calidades de los tres 
oficios del alma racional, esto es: intelecto, sensitivo y vege- 
tativo, que hacen no tres almas sino una apta paralas ope- 
raciones de tres potencias; debéis estimar la común utilidad 
que se sacado vivir libre, como el gozar sin sospecha vuestras 
cosas. No dudar del honor de las mujeres, poseer con seguri- 
dad los hijos y carecer lodos vosotros de varios temores, reco- 
nociendo que lodo esto, después de Dios, proviene de mano de 
la sagaz prevención, como de segunda causa á que asiste la 
primera.» 
El celo y entereza con que habló Don García produjo en los 



J 



116 HISTORIADORES DE CHILE 

Circunstantes vivos deseos de obedecer y conformarse en todo 
con su voluntad, dirigida al servicio de Dios, al del Rey y al 
bien público que deseaba. 



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CAPITULO IV. 



De las C0SA9 QUB DISPUSO Don GaRCIA INUEDrATAMENTE PARA EL BUEN 
GOBIERNO, Y DE SUS BUENAS PRENDAS PARA ÍL. 

Ya que halló bien dispuestos los ánimos, en virtud de su 
razonamiento, para ejecutar lo que fuese conveniente para el 
buen gobierno y conseguir el bien que deseaba, dispuso algu- 
nas ordenaciones, que son las siguientes: 

Mandó que el encomendero se valiese sólo de la sexta parte 
de los indios de su encomienda para labrar las minas, y 
que éstos fuesen de varones desde dieziocho afios hasta cin- 
cuenta. 

Que del oro que se sacase se diese al indio la sexta parte, co- 
mo en retribución de su mismo tríbulo, y que esto se repartie- 
se el sábaJo de cada semana. 

Que se pusiesen en las minas hombres de buenas intencio- 
nes, por alcaldes, que no permitiesen las molestias y malos 
tratamientos de los indios. 

Que los bastimentos para los obreros no se llevasen, como 
hasta allí, en hombros de mujeres, sino en bestias, á costa del 
vecino. 

Que se diese á cualquiera indio cada dia comida bastante y 
carne los tres días de la semana. También alguna ropa á cuen- 
ta de lo que le habla de tocar. 

Que los encomenderos se abstuviesen de pedir á los indios 
otra cualquiera cosa, sabiendo que no tienen por caudal sino 
su trabajo. 



118 HISTORIADORES DE CirlLK 

Que en los pleitos de los subditos interpusiese el amo con el 
juez, sin usurparle la cosa sobre que tuviesen diferencia. 

Qiie cuidasen particularmente de domesticar y cnsei'iar los 
indios con caricias, no con rigores. Que por ningún caso les 
hiciesen trabajardomingo y fiestas, antes procurasen que no 
perdiesen la misa y otros ejercicios cristianos, los que lo 
fuesen. 

Con estas cosas y otras de este género, hizo que se juzgase 
menos penosa la propia servidumbre, dejando asi redimidos 
los pobres, remediados muchos danos y descargadas las con- 
ciencias. Y para el descargo de la suya, tras esto puso en go- 
bierno los españoles y en buen orden todos los negocios dei 
juzgado; fué templado en sus deseos y descubrió notable incli- 
nación á observar la justicia distributiva en la corresponden- 
cia de los premios á los méritos, que es una base muy funda- 
mental para mantener los reinos; tenia prudencia en ponderar 
para el bien común las cosas presentes, y era cauto en pre- 
venir las futuras, fuerte en vencerlos temores que impiden las 
operaciones déla virtud; mostró grande acuerdo en el manejo 
de las cosas políticas; mas, sobre lodo se aventajó en el agrado 
de general . para cuyo cargo poseía esquisita prudencia, mucho 
más necesaria en este que en otro, por ser innumerables las 
cosas que se han de proveer y mandar, infinitos los accidentes 
y varios los casos que por instante se le presentan, y más va- 
rios los naturales de los soldados. 

La calidad más excelente que resplandecía en Don García 
era la de la religión; solía decir que ésta causa buenos órde- 
nes; los buenos órdenes hacían nacer la buena fortuna, la 
buena fortuna los buenos sucesos de las empresas, y que, así, 
la observancia del culto divino era causa de las grandezas de 
las repúblicas, como sm. perdición la falla del temor de Dios. Y 
en razón de esto, ordenóque no fallase de continuo en la Sere- 
na el Santísimo Sacramento, como hasta allí por la inquietud 
de los indios. Hizo con superior caridad y religión k su costa 
rica custodia en que se guardase, que el exterior culto indica la 
devoción interior. 

No es justo callar á este propósito el más ejemplar acto de 
humildad que á la sazón se pudo hacer en aquel contorno, 
tanto más digno cuanto cayó en personaje de tan calificada 
parte, y en él tenido entonces en más estima. Celebrándose 



1 



fernAm)i:z diíi. pulíiar 1 lü 

pues esta festividad y trayendo aquel misterioso pan del cielo . 

en procesión, ordenó Don García le acompañase toda la genio; ¡ 
guarnecióle con sus guardas y creció el aplauso con mandar 
que asistiesen tras los instrumentos de música, lodos los mili- 
tares con trompetas, pífanos y tambores. Él, mientras andaba 
por la plaza el Santísimo Sacramento, se fué solo con un paje 

ít poner debajo de cierto arco por donde había de entrar, y en ¡ 
llegando, se tendió en el suelo, haciendo que pasase por encima , J 

de su persona el que lo llevaba, queriendo hollase su cuerpo I 

con el pie quien traía el de Dios en la mano, en que dio á en- J 

tender, no sólo su veneración á Jesús sacramentado sino á sus j 

niinisli'os, obra propia de su nobleza y de su gran ilevo- J 

ción. ' 

Fué este ejemplo importantísimo para mostrar á los barba- J 

ros la suma veneración en que se debe tener á la Soberana ] 

Eucaristía y íi los sacerdotes, y también aprovechó h los calóli- 1 

eos, que aunque lo eran mucho, siempre estas acciones de los J 
superiores son de grande edificación. ' 1 



J 



^ 



CAPITULO V 



De lo que obró Don García desde la Serena, como gobernador. — 

De los JtlRIES Y DIAGU1TAS V TUCL'MANES, Y LAS CIUDADES QUE FUN- 
DÓ. — Descríbese EBTA gobebnacióm. — La predicación de la pe en 
TlcumAn. 



I.— Quien descubrió y fundó estas proeÍneia$. 

Dice el informe que la Audiencia de Lima hizo á Su Majes- 
líid por Don García, después que habla acabado su gobierno de 
Chile, que juntamente con ]a|gobernación de Chile le iué encar- 
gada la de tos juries y diaguitas, en que habla sólo una ciudad 
poblada, que es Santiago del Estero; y llegado á la ciudad de 
la Serena envió al capitán Juan Pérez de Zurita con cien hom- 
bres á las provincias de Tucurnán y Diaguitas, con los pertre- 
chos y municiones necesarias, armas y caballos, con un sacer- 
dote; y el dicho capitán pobló en los Diaguitas la ciudad de Lon- 
drcSj-y en Calchaqui la de Córdoba, y en Tucurnán el Viejo la 
lie Caflele, y allanó y pacificó aquella provincia. 

Nü hallo bien apurado quien fué el fundador de estas provin- 
cias, porque Herrera atribuye á Francisco de Aguirre la de los 
junes; otro, que Francisco de Villagra fué el conquistador de 
Tucumán. Y asi el P. Ovalle dice: «lo que sé, es que á este ca^ 
ballero se le encargó la conquista de Tucumán, aunque no sé 
qué parte de esta gobernación fué la que fundó; porque Anio- 



l^á HISTORIADORES DB CHILE ' 

iliode Herrera atribuye á Francisco de Aguírre la fundación 
de los juries, que son en la misma provincia de Tucumán; pu- 
do sor que uno fundase una parte, y otro olra, y que á en- 
trambos junios tocase esla conquista.» Remilome á las historias 
que hablan de esto. ¿Pero adonde están estas hislorias á que 
se remite el P. Ovalle? Mas, Francisco de Aguirre, como dice 
Figueroa, aspiraba al gobierno de Juries, Diaguitas y Tucumán, 
por ciertas razones de conquista y antigüedad; veamos la des- 
cripción que hace Laet de la provincia de Tucumán, que de ella 
puede serque se saque alguna claridad. 



//. — Degcrihege la provincia de Tucumán. 

La provincia de Tucumán toda es mediterránea: dista muchi- 
simodeunoy otro mar, pero junta sus términos, por una parte, 
y hacia el occidente, con la gobernación de Chile; de modo que 
porella hay entrada alOcéano Meridional, y por la otra parte 
al oriente con las provincias del Riode la Plata, por las cuales 
se abre camino al Océano Atlántico ó Septentrional; pero ai 
oriente se termina primero con el rio que llaman Bermejo, que 
naciendo en el valle de Jujuy, á donde los bárbaros naturales le 
llaman Jui-juy, corre hasta entrarse hasta la gran madre del rio 
de la Plata; y demás do esto, se termina con el rio Esteco, que ya 
es conocido con el nombre de Graneas, porque mataron alli 
los bárbaros á Juan de Graneas, y algunos le llaman Rio Gran- 
de; nace despeñado de los Andes y corre algo por sus raices, 
liastaque finalmente corriendo hacia el oriente se entra en el 
mismo Rio de la Plata; hacia el ártico no están claramente ex- 
plicados los términos, y hacia el austro no son menos in- 
ciertos. 

El suelo es como diré: hacia la gobernación de Chile tiene 
mucho suelo cultivado; hacia el Estrecho de Magallanes mu- 
chas provincias incultas y que hasta ahora no están bastante- 
mente descubiertas; -los que tienen más noticias son los de 
S.intiago del Estero; comunmente llaman aquella región Tra- 
paíanda, poro los habitadores de la gobernación de Chile ia lla- 
man la provincia déla Sal. 

Esta provincia de Tucumán goza de cielo muy templado y 
de suelo medianamente fértil, pero, como dice Herrera, no se 



^ 



.<« 



FERNANDÜZ UHL fULUAIl 



han hallado hasta su licinpo metales de oro ni de plata. £1 ca- 
lor comienza á 23 de septiembre y acaba en 20 de marzo. 



III. — Naciones de Tucumán. 

Habitan esta provincia tres naciones bárbaras: Tucumán, 
Juries y Diaguitas. Los [U'incipalesson los tucumanes, y asi por 
ellos los españoles dieron nombre á toda la provincia. El prin- 
cipio de ella comienza donde acaba la de los Charcas,. cuya na- 
ción pertenece al distrito de la ciudad del Potosí; sus pagos 
son varios, los más nombrados son; Moreta, Cochinca, So- 
cocha y Casavindo; en pasando estos pagos, los que de el Perú 
vienen á esta provincia, encuentran una soledad que ocupa casi 
veinte leguas, región frígidísima por los levantadísimos mon- 
tes con que se ocupa, que son délos vastos y continuos collados 
de los Andes. Pero vencidos éstos, se baja luego á una región 
más cálida y más templada, por la cual se camina á la provin- 
cia de Tucumán y toman el camino algo remoto de ios pagos 
(le los bárbaros, para mayor seguridad de los que aquí ca- 



IV. — De Santiago de Tucumán. 

En esta provincia habitan hoy los españoles á Santiago del 
listero, San Miguel, á Talavera, á Córdoba y á Salta, y algu- 
nos mimicipios que diremos por su orden. La principal ciudad 
do esta provincia primero se llamaba Barco, pero ya comun- 
mente se llama Santiago del Estero. Eslá sita esta ciudad en 
28 grados de la linea equinoccial hacia el austro, ciento y 
óchenla leguas de las minas del Potosí hacía el mediodía, de- 
clinando un poco al oriente; ciento y ochenta leguas del lugar 
de Buenos Aires, sito á la ribera del Río^ík: la Plata. Aquí habi- 
tan de ordinario el gobernador de esta provincia y los demás 
ministros del Rey, y el Obispo, porque está aquí la iglesia ca- 
tedral, pero de esto diremos después. 

En esta ciudad el temperamento del aire es cálido pero salu- 
dable; los campos arenosos y salobres y no hay piedras, por lo 
cual no se puede edificar buenas casas; riéganse los campos 



L 



1:^4 HISTORIADORES DB CHILE 

con muchos arroyos y hay cerca de ellos muchas huertas, ver- 
geles y viñas. Comenzó á ejercerse aqui la fábrica de paños 
por la abundancia de lana, y asi se tejen de todo giinei-o, negros 
y do varios colores. También hacen paños de algodón, y de 
unos y otros usan en lugar de dineros, y lavara de ellos de or- 
dinario se eslima en medio peso ó cuatro reales, y la mayor 
parle de los paños llevan al Potosí ó á la gobernación de los 
Charcas. Los naturales ya andan vestidos y es gente de buena 
costumbre y política. 

Habitan dos muy grandes y poderosísimos ríos, que el uno 
pasa por esta ciudad y comunmente se llama Estero, porque, 
creciendo sus aguas, sale de sus riberas y dividiéndose en 
muchos arroyos y canales innunda larga y dilatadamente toda la 
región humilde y toda la campiña y la llena de cieno y de limo, 
y volviéndose á. su madre, se siembran grandes campos de 
trigo, maíz, cebada y otras semillas: el otro se llama el Salado 
porque el agua es muy salobre. Uno y otro río corren del ocaso 
al oriente por región llana y campestre, dislando el uno del 
otro casi doce leguas; entrambos abundan de peces mayores 
y menores, que traen grande utilidad á los naturales y los veci- 
nos. La región que media entre uno y otro río es abundante 
de miel y de cera, de algodón y algarrobos, frutos que son de 
buen alimento y duran y maduran todos los meses del año, y 
no es estéril esta región de cochinilla y glasto con que liñen 
sus lanas.- es yerba con que se tiñe azul. Véase varios en las 
etimologías. 



V. — Dp San Miguel de Tuctimán. 

El segundo lugar de esta gobernación se llama comunmente 
San Miguel de Tucuinán: está silo 26 ó 27 grados do la linea e- 
qiiinoccial haciael austro, veinte y ocho leguas de Santiago del 
Estero, cerca del camino que va t las provincias de los Charcas, 
á las raíces de unos vastos y ásperos montes, en un lugar opor- 
tu[io y que tiene bastante agua, porque por un lado baja de 
las montañas que comunmente llaman quebrada de Chalcaqui 
un rio que con otros y algunos arroyos que del mismo modo 
se precipitan de los monles, distantes del lugar cinco ó seis le- 
guas; finalmente so entra en el rio que baña i Santiago del 



i 



^ 



FERNÁNDEZ DEL PULGAH 135 

Estero. Eleampo de este lugar esabundanlisímo de maíz, trigo 
y cebada, y no es estéril de vides; tiene muchos pastos y asi 
hay granda abundancia de ganados mayores y menores; cóge- 
se mucho algodón y lino de que hacen sus moradores excelon- 
itís paños. El temperamento del aire es muy bueno y saludable, 
en que excedeá todos los demás lugares de esta gobernación; 
hay gran conveniencia de hacer madera, y se cree que copia 
de metales, si no engaflan los indicios. 



\I. — De N. Señora de Talaeera. 

El tercero lugar se llama comunmente Nuestra Señora do 
Talavera, en lengua de los bárbaros algunas voces Esteco, y 
liacia la ribera del rio que arriba dijimos el Salado, cuarenta 
y cinco leguas de las minas de Santiago del Estero hacia el 
seplentr¡(>n, y ciento cuarenta de las minas del Potosí. Su 
campo so riega con muchos torrentes; es rico de algodón, de 
que hacen los moradores varios paños, y para sus tinturas tic- 
lien bastantes materiales, y abunda de miel y cera; hay buena 
comodidad para !a pesca y caza; hanse hallado algunas veces 
venas de metales. Dista de la equinoccial 26 grados, como dice 
H enera. 



rn.— Córdoba. 

El cuarto lugar de los españoles en esta provincia comun- 
mente se llama Córdoba; disla de la linea equinoccial 32 grados 
y 30 minutos, hacia el polo Antartico, El temple del aire es 
alegre y egregiamente templado, con igual correspondencia de 
verano y invierno. El campo es llano y_''-;;_'>Henos pastos, apto 
para ganado mayor y menor, y asi se ha aumentado mucho. 
Por un lado corre un rio con mucha pesca, y media legua del 
lugar hay montes amenos y cultos valles; en ellos dicen algu- 
nos que hay minas de plata. El suelo, no sólo es fértil de trigo 
y otras semillas, sino que también tolera vides, y finalmente se 
celebran aquí las salinas. Edificóse este lugar en un sitio muy 
a propósito para los comercios, porque al oriente tiene el lugar 
de la Santa Fe, que pertenece á la gobernación de Paraguay ó 



I2ñ HISTORIADORES UB CHILE 

Rio de la Piala; al ocaso la ciudad de San Juan de la Frontera, 
de quo se dijo en la gobernación de Chile, y disla cuarenta le- 
guas do una y otra: demás de esto, caminan por aquí los que 
desde el Perú bajan al Rio déla Plata y al lugar de Buenos Aires 
para navegar por el marAtlánticoá España ó al Brasil, porque 
el camino no es largo y es seguro, y por la abundancia de ali- 
mento y comida, de camino fácil y no costoso. Dicen que 
tiene casi trecientas familias de españoles que se ocupan espe- 
cialmente en labrar los campos y en tejer telas de algodón y 
llevar sus mercaderías á las minas del Potosí y al Perú. 

Demás do esto, cuando el Marqués de Cañete era virrey del 
Perú y su hijo Don García gobernaba esta provincia, estaba 
aquí edificado un lugar que llamaban Nuevo Londres y otro en 
la provincia Calchaqui que llamaban Nueva Córdoba, que sub- 
sistieron pocos años. Pero un anónimo me dice: «pobláronse 
en tiempo de don García de Mendoza en esta provincia la Nue- 
va Londres y aldea que llamaron Nueva Córdoba, en la provin- 
cia de los Juries y Diaguitas. que se despoblaron dentro de pocos 
años.» 



^ 



Jumes y Diaouitas 

Los jiiries y diaguitas, pueblos queaqui habitan, se visten de 
vestidos de lana y algunas veces de pieles de bueyes, bien ade- 
rezados. Son pastores de ovejas y hacen ganancias de sus la- 
nas. Sus pagos son muchos, pero pequefios los más, porque 
en cada uno de ordinario hay una parentela. Hacen unos tugu- 
rios redondos y los cubren con espinas, por las continuas gue- 
rras que tienen entre sí cruelmente. Es gente que tolera los tra- 
bajos y no están dados á la borrachera, como son todos los 
demás bárbaros naturales de estas regiones. 

Herrera en la década ocho, libro V, cap. IX„ dice de esta pro- 
vincia de Tucumán: viven aqut menos espartóles de los que son 
necesarios, porque si fueran más, fácilmente pudieran sujetar- 
se muchos t^rbarosque están de guerra, y fuera esta provincia 
muy rica, especialmente si los que están sujetos estuvieran 
en servidumbre portíempo limitado y pagaran tributos, como 
en otras regiones de la América, porque entonces sin duda mu- 
chos españoles del Perú y las provincias vecinas las dejaran 
y pusieran aqui sus moradas; y demás de óstos, se podían fun- 
dar aquí dos lugares, uno en el valle de Salta, que es grande y 
fértilísimo y goza de cielo saludable y templado, sito en 25 
grados de la línea equinoccial hacia el austro, con campos ame- 
nos y de grandes pastos, y no menos idóneos para sementeras 
por la multitud y oportunidad de ríos y arroyos. 



I;;8 IllSiOlllAÜOUES DK CHILB 

Aquí se conslituiria un lugar en medio de la provincia, silio 
muya propósito piíralos comercios con ios de Calchaqui, Jiijuy 
y omagiiacos y con los demás .bárbaros que se dilatan hasla 
donde corre el rio Estece y que habitan los pagos Casavindo, 
Sococha, Cochiiica yMoreta y con los pueblos que comunmen- 
te llaman Apalanaí^; además que este lugar asegura (oda la 
región entre el PeM y Tucumán, de suerte que uno pudiera 
caminar solo desde el Perú á Tucumán y al rio de la Piala y al 
mar Atlántico. Está este valle casi cien leguas do las minas del 
Polosi, setenta del lugar de San Bernardo, sito en el valle do 
Tarija, y cincuenta de Talavera. Pertenece Tarija á la goberna- 
ción de los Charcas. El otro lugar podía fundai"so adonde estu- 
vo el Nuevo Londres, que dijimos se desamparó por falta de 
habitadores, cerca del camino que va desde Tucumán á Cliíle, 
porque este lugar había estado fundadoen el valle Quinmivil en 
campo fecundísimo de trigo y otras semillas y muy á propósi- 
to para vides y oíros árboles fructíferos. Los habitadores, quo 
son parte de los Diaguitas, andan vestidos y abundan de reses 
americanas, y dicen que también de oro y de plata. 

Un holandés dijo que en este valle estuvo sito en el valle del 
Salto, San Salvador, que los españoles llaman villa de Iierma, 
y muchas veces con nombre bárbaro se llama Salla; y que hay 
otro lugar en el valln Jujuy que llaman San Sahadur. Prosigue 
Herrrera: de la otra parte de los montes que cierran el valle 
Tarija y Omaguaca en las campiñas que de las raices de los 
montes declinan poco á poco al rio Paraguay, á la ribera 
del rio que los españoles llaman Bermejo, era necesario fun- 
dar otro lugar de españoles, porque podían gozar de región 
cjampestre y montaria,-del cielo templado y fértil suelo, y tiene 
esta región muchos naturales y gran copia de ganados y está 
casi en igual intervalo de los últimos fines del Perú y de la go- 
bernación del Rio de la Plata; como este lugar se fundase á se- 
senta leguas de el lugar de San Bernardo sito eu el valle Tari- 
ja y otras tantas del lugar de N. S. de Talavera y lo mismo 
del lugar de la Asunción, sito ala ribera de Paraguay; y, final- 
mente, cincuenta leguas del valle de Salta y casi cien délas 
minas de Polosi. No hay duda que los naturales do estas regio- 
nes, ceñidos por todas partes de lugares y colonias de españo- 
les, como un circulo, sin controversia vendrían más fácilmente 
á abrazar la religión cristiana y tuvieran paz entre sí y con los 



!;^ 



I'ehnAnuez del pulgar 120 

fispañoles y se poflia caminar con seguridad por el rio Berme- 
jo ai Paraguay y por allí al Río de la Plata, y, finalmente, por 
éste al mar Atlántico, y la plata y otras mercadorias se podían 
pasar á España por camino compendioso, saludable,, abun- 
dantísimo de todas las cosas. Este lugar se podía edificar con 
muy poco gasto y no con gran trabajo por los españoles que 
habitan el Paraguay y el Río de la Plata, porque son muchos y 
más abüdanies do todas las cosas para esto necesarias, como 
son, caballos, armas y alimentos; y lo principal, porque les im- 
porta aún más que á los de Tucumán que se abra este cami- 
no desde el Perú al Océano por sus provincias, porque es mu- 
cho más breve que por Tucumán ó Santa Cruz de la Sierra. 
Hasta aqui Herrera. 

Yaílade Laet que oyó al holandés referido, que lósanos 
pasados habían edificado los españoles un lugar & la ribera del 
rio Bermejo, no obstante que dista óchenla leguas de él, y que 
los que van al Potosí caminan por la soledad at lugar Santiago; 
pero si es este el que quería Herrera se edificase, ni él lo supo 
explicar ni le constó llanamente. 

A esta descripción de Laei, añadiremos lo que dice Gil Gon- 
zález de lo eclesiástico. La provincia de San Miguel de Tucu- 
mán tiene trescientas leguas de largo y más de doscientas de 
ancho; de lo que en sí contiene escribió una relación por me- 
nor Fernando de Quintana, poblador y vecino de la ciudad de 
Tucumán; tietie esta provincia ocho ciudades pobladas de es- 
pañoles y Fundada en medio de dos ríos, uno de agua salada y 
otro de dulce, y no hay en las provincias otra agua (hablará 
de suerte porque hay muchísimos arroyos que entran en esos 
rios, como se ha dicho); abunda de caza, fruta y volatería. Bien 
corta y bien confusa descripción: súplese con la que hemos 
puesto. Vamos á lo eclesiástico. 



I 

J 



PV 




DE LA PREDICACIÓN DE LA FE EN TuCUMAn, Y SU IGLESIA 

Catedral 

/. — De la predicación de la fe. 

Los primeros que predicaron las verdades evangélicas fue- 
ron religiosos de la Orden de Nuestra Señora déla Merced, uno 
de ellos el mny religioso padre fray Juan de Salazar que con- 
virtió ai primor cacique de la tierra, que en el bautismo y en 
memoria de su padre espiritual, se llamó don Juan de Salazar 
/upirata. En esta provincia tiene la religión de la Merced nue- 
ve conventos, donde sus moradores sirven á Dios y á sus pró- 
jimos con amor y caridad; uno de ellos fué el padre fray Fran- 
cisco Ruiz, natural de la Rioja, que predicando un diaíi los in- 
dios de Santa Cruz de la Sierra, le derribaron del pulpito y le 
dieron tantos golpes que le acabaron la vida, y haciéndole pe- 
dazos le comieron, y todos los que comieron reventaron. 

Otro insigne varón y señalado fué fray Francisco Solano, do 
la Orden de San Francisco, de cuya beatificación se trata. Visi- 
tó y predicó en esta provincia é hizo en ella muchas y milagro- 
sas conversiones, aumentando en ella el crédito de la fe y nú- 
mero de los fieles á Dios. Escribió su vida el padre Córdoba. 



L 



//. — De la Iglesia Catedral de Tucumán. 

Tiene esta provincia iglesia Catedral, que la erigió fray Jeró- 
nimode Loaysa, arzobispode Lima,el aflo de 1550, por manda- 



132 HISTORIADORES DE CHILB 

to de Su Santidad Pió V; tiene su asiento eii la ciudad de San 
Miguel de Estece y está dedicada á los principes de la Iglesia 
San Pedro y San Pablo, 

Fué su primer obispo don fray Guillermo de Villa Csirrillu, 
i-eligiosodelaorden de San Franciso y comisario general de 
el Porti. Prosigue con los demás Gil González. 

Y no puedo dejar de advertir que de un sujeto hace dos, por- 
fjue prosigue: y tuvo por sucesor á D. fray Guillermo de Albor- 
noz, único de este nombre, religioso de la orden de San Fran- 
cisco y comisario de su religión en corte y electo obispo el año 
de 1568, y en Roma se pasó la gracia en 8 de noviembre de 
ir>70. Re[)árese el descuido: ¿cómo es único del nombre si es 
sucesor de otro fray Guillermo y si el antecesor es obispo elaflo 
de 70, cómo á ésle se le pasa la gracia en Roma el aflo de 70Í 
y es que se llamaba fray G. Carrillo de Albornoz, y hallóle co- 
misario de Indias, que firmaría sólo fray G. Carrillo; hallóle 
también comisario de corte con el apellido de Albornoz y juzgó 
era otro; pero si reparara en el tiempo, reconociera la identidad 
de la persona. 

Según lo referido y tas ciudades que 3e hallan en esta pro- 
vincia para concordar todos los escritores, pues como dice el 
informe do la Audiencia de Lima, cuando fuéD. García por go- 
bernador, sólo había poblada la ciudad de Santiago del Estero, 
y las provincias se habían alzado y don García las allanó. To- 
do lo que había poblado Francisco de Aguirre en los juries se 
había perdido, y de todo lo que Francisco de Villagra había 
conquistado, sólo Santiago del Estero se había conservado; 
poresodioe Lael Nuevo Londres y Nueva Córdoba las que fun- 
dó D. García, porque las antiguas que había fundado Aguirro 
no subsistieron y Córdoba permanece hoy; qué nombre tenga la 
ciudad de Londres entre las que subsisten no lo he hallado, 
como tampoco el sitio de la ciudad de Cafiete, que no la nom- 
bra Lael y es preciso esté confundida con otra. Pero débese ad- 
vertir que esta ciudad es distinta de Cañete de la Frontera que 
fundó el mismo D. García en Tucapel, y de otro Cañete que 
hay en el valle de Pacama, que antiguamente se llamabaGuar- 
co y está veinticinco leguas de Lima hacia el austro, donde di- 
cen que habitan 300 españoles y muchos naturales y negros, 
que ósta fundó su padre don Andrés de Mendoza. 

Débeííe pues á don García de Mendoza el haber reparado y 



^ 



FEIINÁNDEZ Dlil. l'ULOAll 133 

retiatuido en las antiguas fundaciones á Tucumán y á sus pro- 
vincias por medio del capitán Juan Pérez de Zurita, que con 
cien hombres hizo las tres poblaciones de Londres, Córdoba y 
Cañete y pacificó aquella provincia; merece este capitán ser ce- 
lebrado entre los héroes más valerosos de la conquista de la 
América; y me admira mucho que Figueroa omitiese esto en 
los hechos de don García y no procurase examinarlo, cuando 
por lo que dice la información de la Audiencia que dio al res - 
poeto no pudo ignorar esta noticia y no conducía poco & la glo- 
ria de Don García. 



III. — Predicación de la fe en Tucumán. 

Dice el informe que envió un clérigo con el capitán Juan Pé- 
rez de Zurita, pero ¿cómo se puede dejar congeturar que es- 
lando ya pacifico aquel reino, dejase de enviar quien asistiese 
á la conversión de las almas? Hallamos lan introducida la cris- 
tiandad que el afio de 1569 se elegía obispo para la ciudad de 
San Miguel de Tucumán, como dice Gil González. Luego que 
había ovejas, á quien su Majestad daba pasto, y quien cuidó 
que el año 61 se erigiesen obispados en ia Concepción y en 
Santiago de Chile, ^cómo no cuidaria de laconversión de los in- 
dios de Tucumán? 

Dice Figueroa que partió Don García y se embarcóen el puer- 
to del Callao acompañado de muchos religiosos; después cuan- 
do partió al valle de Penco, refiere algunos cuyos nombres y de 
los clérigos pusimos en el libro II, con que después de poblada 
la ciudad y acabada la conquista temporal entrase en la espiri- 
tual, y supuestoque sólo fué un clérigo con el capitán Juan Pérez 
de Zurita, que tenia harto en qué entender con los españoles, y 
cuando se aplicase á la conversión de las almas era mucha 
la mies y pocos los operarios; preciso era que el celo español 
de don García de Mendoza cuidase de enviarlos y fueron los 
padres de la Merced, que es lo que dice Gil González, y arri- 
ba se refirió. 

He procurado asegurar estas noticias y están diminutas las 
historias, porque el padre fray Alonso Uemón no toca esta mi- 
sión en su historia, ni la he hallado en otros, pero no puede du- 
darse de ella ni se debe quitar á esta sagrada religión lan gran- 
de gloria. 



131 HISTORIADORES UE CHILB 

DespUHS por los años de 1577 fray Francisco de Victoria, de 
la orden de Santo Damíngo de Lima, llamó á religiosos de la 
Compañía para que le viniesen á ayudar en la conversión de 
los indios. Y vinieron del Brasil cinco y del Perü cuatro, que 
convirtieron y banlizaron multitud de indios. 

Don fray Melchor Matdonado, de la orden de San Agustín, 
también obispo de esta Iglesia de Tucumán, escribió una carta 
á Su Majestad en que le da cuenta del estado de su obispado y 
le suplica envíe obreros para que aquella viña se cultive y que 
los escogidos sean de la Corapafíía de Jesús, por el mucho íruto 
que se coge con su industria y buen ejemplo de su vida. 

Y estando juntos los padres de la Compañía en su capitulo 
provincial, el obispo les escribía una carta que dice así: Don 
Fray Melchor, de la Orden de San Agustín N, P, por la gracia 
de Dios y de la Santa Sede Apostólica, obispo de la Catedral de 
Tucumán, del Consejo de Su Majestad. 

Al padre Diego de Boroa, provincial de la Compañía de Je- 
sús en estas provincias de Tucumán, Paraguay y Buenos Ai- 
res, salud on Nuestro Señor Jesucristo. Sabrá V. P., como bien 
debe saber y lo tenemos comunicado y entre los dos conferido 
muchas veces, la necesidad grande que en estas provincias hay 
de ministros evangélicos para predicar y administrar los sa- 
cramentos á nuestras ovejas, en especíala los indios que ya 
están convertidos y bautizados. Y para llamar al conocimiento 
de Dios y de su santo evangelio á los que están fuera de la 
Iglesia y que en las doctrinas que hay hoy de gente bautizada 
es tan grande la falta de operarios, que hay hoy de doctrina 
más de mil y trescientas almas en sólo una reducción, sin que 
tengan cura que les doctrine y confiese, ni le hay en todo el 
obispado capaz; y hay otros donde, aunque los tienen, son tan 
largos en las distancias que es imposible un clérigo solo po- 
derlo hacer, como era razón. Demás de lo cual, hemos recono- 
cido muciías fallas irremediables en algunas parles, de que he 
dado cuenta á Su Majestad y en las demás á Su Santidad. Y 
asimismo hay en los cerros muchos centenares de millares de 
almas por convertir á nuestra santa fe, etc. 

Y acaba con alabar el celo conque la Compañía de Jesús 
cuida de lo que está por su cuenta en el servicio de Dios y au- 
mento de li\fo, calülicayde su verdad evangélica, asistiendo 
todas las horas del día y noche á las necesidades espirituales 



i 



FEHNÁNDRZ DKL PULGAR 135 

de lodo género de gente, pide al provincial, de parte de Dios y 
de su rey, le socorra con número de religiosos. Hizolo asi el 
Padre provincial, como lo pedia el obispo. Y Gil González 
también refiere que el M. R. P. Antonio Ruiz de Montoya, 
de la Compaflia de Jesús y obrero de esta gran viña por espacio 
de ireintaanos, y testigo fie! do vista de las inñtiitas maravillas 
que Dios ha obrado con la gentilidad de aquella parle del mun- 
do, escribió una historia con elegancia, estilo y maravilloso 
espíritu de esta conquista espiritual. No ha llegado á mis ma- 
nos para poder poner las noticias que podían conduciráestas 
historias. 

Pero no se debe omitir lo que refiere Gil González, que el 
año de 1636, por la industria de la Compañía, estaban bautiza- 
dos en las provincias del Paraguay, Tucumán y Buenos Aires 
noventa y cuatro mil novecientos y noventa gentiles, sin ios 
que se han bautizado hasta el aflo de 1647. 

Pues si el año de 1570 erigió el Arzobispo Loayza, e instituyó 
esle obispado, no hay duda que había muchos católicos con- 
vertidos por oíros misioneros. 

Todo esto cede en gloria de don García de Mendoza, pues él 
envió á la conquista espiritual y temporal, como hemos dicho. 

Después de escrita ésta, leí al P. Salmerón, {/íecwerrfo 39, §6) 
que dice: «Los primeros que predicaron la fe católica á los in- 
dios en Tucumán fueron religiosos de la orden de Nuestra Se- 
ñora de la Merced; (asi lo afirma Alvaro Ndflez Cabeza de Va- 
ca en sus Comentarios) adonde dice que fray Juan de Salazar, 
hijo de la provincia de Castilla y de la casa de los Salazares de 
Vizcaya, fué ei que llamó á ios indios del Paraguay y los redujo 
á la fe y los bautizó, y á que dieran la obediencia al Emperador 
Carlos V. El cacique de aquella provincia, llamada Zupirata, 
también se redujo y bautizó, y en reconocimiento de loque de- 
bía á su padre espiritual, tomó su nombre en el bautismo y se 
llamó don Juan de Salazar Zupirata. Esto ya es más antiguo; y 
añade hablando de las fundaciones de conventos déla provincia 
de Tucumán, el de Santiago de el Estero, el convento de la ciu- 
dad de San Miguel de Tucumán, el convento de ei de Salla, el 
del Estero, el de la Rioja, el de la ciudad de Córdoba, el del 
Puerto de Buen Aire. 

Pero lodo esto está sin decir los fundadores y los aflos en 
que se fundaron, y deseo noticias más individuales. 



CAPÍTULO VI 



Cómo Don G.vrcía mandó prender A Francisco de Villagra v A 
Francesco de Aguirre, por ordes de su padre el virrey, y otros 

MUCHOS V tX)S EXViÓ AL PeRÚ. — Y LA SEVERIDAD QUE MOSTRÓ EN 

LA Serena. 

Ya dijimos en el capitulo 11 que las competencias de Villa- 
gra y Aguirre lenian á peligro de perderá Chile, y también en 
el capitulo I loque Villagra había obrado en la defensa de la 
ciudad de Santiago, quitando la vida á Lautaro, con que estaba 
muy glorioso. Las competencias de los dos capitanes cesaron 
con la venida de DonGarcia. Peroaigunas bizarrías de Francis- 
co de Villagra, no sin átomos de libertades y barruntos de poca 
lidelidad, dieron ocasión á que Don García le enviase á pren- 
der. Residía, como se dijo, en Santiago de Mapocho. La com- 
placencia de tener en si absoluto imperio lisonjeaba de conti- 
nuo su coi'azón, hasla hacerle incurrir en insolencia, sin adver- 
tir que asiste la ceguedad donde ésta reina, con que falta el 
conocimiento de la virtud y el juicio para discurrir acciones 
de otros y la ceguedad para medir lo que convenga; hinchado 
por las honras, no era ya doméstico con los amigos, ni tan 
afable como solíaen las conversaciones; el no mantenerse en 
este grado do humanidad, descubrió en él ánimo poco genero- 
so y modesto, porque aunque las honras mudan las costum- 
bres, los cuerdos las deben mudar, no en peor sino en mejor 
ministerio: que la mudanza en soberbia es indicio de que no 
cabe en su corazón el honor. 



inU HISTOR1AUORES DE CHILE 

Al capilári Juan Reinón, encomendero en el Perú, se eome- 
liú esta prisión; acompafiáronle veinle arcabuceros; en llegan- 
do á Santiago se onlró Remón donde vivía Villagra, y haciendo 
venir á la Justicia y Regimiento se recibió á Don García por 
ciipit-íin general yjuslicia mayor de lodo aquel reino. Luego 
el capitán Pedro de Afcsa, del liábilodeSan Juan, presentó pro- 
visión de el nuevo goí)ei'nador, en que le MOmbraba por capitán 
y corregidor do aquella ciudad, y hechas ambas cosas, se eje- 
cutó la prisión de Francisco de Villagra, que übedcció sin répli- 
ca alguna, diciendo era excusado lauta prevención, pues una 
Iclra que escribiera Don García bastara para conducirle donde 
l'iiera su voluntad, hecho por tierra. ■• 

Al instante Remón le llevó al puerto de ^'alparaiso y le em- 
barcó en un navio, que haciéndose luego á lo largo llegó en 
bieveá la Serena, Atli le melieron en olro, en que estaba ya 
|ireso Aguirre; el cual sabiendo que llegaba Villagra, salió al 
borde de la nave á darle la mano y la bienvenida; abrazáronse 
y se saludaron, y luego dijo Aguirre con particular sentimien- 
to: «Seiior Villagra ¿qué le parece de la variedad de las cosas 
del muiido'f Ayer no cabíamos los dosen un reino tan grande, 
y ahora Don García nos hace caber en una tabla. Bien creo que 
ignoran lodos las causas de nueslras prisiones, ina.s sin duda 
deben de convenir, pues las ordena tan justo gobernador. Yo, 
por la licencia que me dan estas canas, no deja ró de advertir 
ser especie de locura indignarse con aquellos de quien por su 
grandeza no se puede esperar venganza, y así, aunque parezca 
que injurian los tales, es menester disimular, padecer y sufrir; 
pueden los hombres prosperar por la fortuna, mas no oponer- 
se á ella; pueden tejer sus tramas, más no romperlas. Si bien 
en cualquier acaecimiento no deben los fuertes aniquilarse, 
porque no sabiendo su fin, y andando ella por caminos torcidos 
y desviados, han de esperar siempre mudanza, fuerza es que 
nu alcanceella tanto poder en la.s humanas operaciones, que 
dejen de tener los valerosos su parte en ellas. Por manera que 
nuce de vileza y pobre corazón remitirse en todo á su arbitrio, 
mas no ha de ser con nosotros así. Diferente contraste hade 
hallar en [uiesli'a fortaleza. Marémosla conocer que, si bien se 
puede mezclar en las cosas exteriores, por ningún caso puede 
cnli-ar en lo más interior, supuesto que, aunque nos pongan 
en la mayor miseria, hemos de exhalar el úlliriio aüenlo con 



H 



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FEllNÁNDi;/. DEL l'CI.GAR 13'.) 

tanta graiidoza.de ánimo, tjuo vengamos á quedar más estima- 
dos en la infelicidad que lo oslábamos en el estado dichoso; de 
suerte que, aunque la fortuna pueda hacernos pobres ó ricos, 
privados ó seílores, nos tocará enlodo tiempo mostrar seflales 
de valor, quedando ensalzados por ól perpetuamente más que 
por ella. Esto es lo que está en nuestra mano.» -Asi fueron en- 
viados al Perú ambos en un bajel, cometidos al cuidado y fide- 
lidad de el capitán Luis Perguer, caballero alemán qiiepasóá 
las Indias por maestre-sala de el marqués don Andrés de Men- 
doza, 

Ahora es necesario dar el motivo de la prisión de Francisco 
de Aguirre. Dos días antes que Remón partiese á Santiago, la 
primera fiesta en que el nuevo general salió á misa mandó que 
se pusiese en la iglesia mayor un sitial para él, y algo apartado 
unasillaparael licenciado Hernando de Sanlillana, su teniente 
general, como ya se dijo, y allí junto un banco grande con una 
alfombra paradon Felipe de Mendoza, don Luis de Toledo y 
don Francisco de Portugal, entre los cuales habla de tener 
asiento Aguirre. Entrados, pues, en misa, Don García se puso 
en su lugar y Santillana en el suyo. Viendo Aguirre que no le 
daban otra silla, se salió déla iglesia con veinte soldados que 
le acompañaban, á los cuales dijo, ardiendo en cólera: «Ami- 
gos, si como sois veinte fuérades cincuenta, y« resolviera hoy 
el caso;» súpolo el gobernador, y con deshecha de salir de cam- 
po, en comiendo dio orden le prendiesen en el interinque es- 
taban fuera, como se hizo, hallándole bien descuidado de tal 
t^uceso. Fuera de esta ocasión, que no fué pequeña, hubo otra 
do no poca consideración además, que habiéndole podido Don 
(iarcía varias veces fuese (como tan práctico) con él á la guerra, 
que procuraría honrarle y darle en todo el contento posible; 
Aguirre huyó el rostro á sus corteses .ofertas, y dando aparen- 
tes excusas no acudió bien á su obligación, hallándose siempre 
muy desviado de su voluntad, con que Don García estaba de- 
sazonado y justamente quejoso. 

Asimismo, sabiendo el Virrey que tenían estos dos mucho 
séquito en aquel reino, mandó al hijo los prendiese en llegando, 
receloso de que pudiesen causar algún desconcierto; porque el 
buen gobierno consiste en tener de modo los subditos, que no 
deban, si pueden, ofender, y esto se hace con asegurarse en 
mdn, quitándoles cualquier camino de alborotar; pero Don 



140 HISTORIADORES DE CHILE 

García lo habia suspendido hasta que halló ocasión de ejecu- 
larlo, aún en sentir de los que no sabian el orden secreto que 
de su padre tenia, cuyaejecución no instaba. 



i 



El motíBO de la prisión de Agairrc 

El orden del Virrey fué muy suficiente. Los temores de tener 
apasionados en los reinos y tener séquitos, han ocasionado se- 
mejantes violencias. Es necesario examinar las circunstancias 
para hacer juicio muy desnudo de ellas. Refiere esta prisión He- 
rrera, libro VII, cap. IX, anticipándola ai año de ol , siendo su 
lugar el año 57; dice asi: «Llegado don García de Mendoza, con 
quien fué el famoso poeta y honrado caballero don Alonso de 
Ercilla, mandó prender al capitán Francisco de Aguirrc en 
laciudad de la Serena, y embarcarle en un navio para enviarle 
al Perú; y luego despachó al maestre de campo Juan líemón 
á^ia ciudad de Santiago con cuarenta arcabuceros, para que 
prendiesen á Francisco de Villagra, que, como se hadicho, le- 
nta titulo de corregidor y justicia mayor por la Real Audien- 
cia, y le envió ala ciudad de la Serena, y embarcado en el 
mismo navio á donde pstaba el capitán Francisco de Agnirre, 
le enviaron al^erú á la ciudad de los Reyes, en pngo de lo 
bien que había sen'ido. Pero esta prisión de Francisco de 
Villagra fué para trofeo de sus victorias, que fueron muy 
grandes y todas muya tiempo, y primero atajó el curso de 
ellas la Real Audiencia, cuando mandó que gobernasen los al- 
caldes; y agora la llegada de Don García, el cual se portó en lo 
que hizo después como valiente caballero y gran .soldado, co- 
mo lodirán los escriplores que trataren de ello; yde no haber- 
se dado al capitán Francisco de Villagra el debido premio do 
sus valerosos hechos, como es propio de principe.» Hasta aquí 
Herrera, que no parece siente bien en la pi-isión de Villagra, 
pero según lo que hemos reconocido, aunque fueron vjilci'osos 
los hechos de Villagra, y aunque concedamos que el orden df¡ 
prenderle pudo fundarse en vanos temores; loque Don Garcia 
habla experimentado de sn presunción y la audacia que tenia, 
no era tolerable, y lo que más es, el excusai'sc do asiístir cor 
Don Garcia en la guerra, cuando le prometía honiarle come 
convenía ásu persona. Puede ser nO tu viese noliciade todo esl 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 141 

Antonio de Herrera, y así no sintió bien de esla prisión, ha- 
ciendo juicio de lo que habla servido; pero dio Don Garciaá 
entender cuan importante era enviar á Aguirre y á Villagra á 
el Perú, y cuando se excusasen con el ruego, que suele in- 
iL'ivenir en tales ocasiones, lodos se abstuvieron: sólo el capi- 
tán de su guarda pidió por ellos, y sirvió s« favor de que los 
fuese acompañando, con orden do no volver á. Chile. 

Fué Peilrode Lisperguer, alemán, varón de estimación, quien 
los llevó ii Lima. Juzgaba Don García por conveniente la seve- 
ridad en el gobierno político y militar, porque aunque laestric- 
tez hace á veces desabridos los ánimos, con todo eso, enseña 
la experiencia que asi como el fácil perdonar do) padre hace co- 
rrer los hijos á una vida licenciosa y desordenada; asi la dema- 
siada blandura en el que rigey gobierna, estraga y destruye los 
subditos, ocasionando también mayores males cuando es usa- 
da con persona de grado, porque las cabezas con salirse con lo 
illicito, engendran insolencia y aspiran poco á poco á osadía 
irremediable, de suerte que tal vez el más que moderado rigor 
mantiene á los rígidos más inconsiderados en la observancia 
de las leyes. 

En la Serena dió las primeras muestras de su severidad: ve- 
nia en su corapañia Gonzalo Guiral, noble y rico peruano, y 
queriendo cierto día entrar en la cuadra donde estaba el gene- 
ral, un paje le detuvo, diciendo tenia oixlen de avisar primero. 
Impaciente Guiral, hizo fuerza, y porque el muchacho le rosis- 
lia, le dió un bofetón; mandóle prender Don García, y sordo 
á muchas intercesiones, hizo le clavasen la mano en parte pu- 
blica. También hizocortar algunas cabezas en aquel reino, por- 
que querían serlo de revoluciones; más de tres, dice Ofla, y con 
estos principios llegó como por acertado medio á tener próspe- 
ros fines; no he hallado quienes fueron estos sujetos; más vale 
se queden en olvido acciones que tal "merecieron. 



H 



CAPÍTULO VII 



Vindicase Don García de un suceso que le imputaron en la.í:nti<aua 

EN AbAUCO ALGUNOS MORADORES, Y REFIERE EL InCA GaRCIL^SO. 

Y anlcs de entraren lasacioncsbélUcas de Don Garcia. refie- 
ro loquclrae elInca,IIParle, cap. XIII, libro VIII, dice cnlró 
nIGoIje mador, que me parece es incierto ó que escribió eslo por 
rumores del vulgo, en las provincias rebeladas con ni Licha y 
muy liicitia gente y grande apáralo de lodo lo necesai'io para la 
guei'ra, particularmente de armas y de municiones y mucho 
bastimento, porque los enemigos tenían alzados los suyos; á 
pocas jornadas que hubo entrado, le armaron los indios 
una brava emboscada; echáronle por delante un escuadrón de 
cinco oiil indios de guerra, con orden de que no aguardasen á 
pelear ni llegasen á las manos, sino que con la mejor oi'den y 
mayordiligencia que pudiesen poner se fuesen retirando de día 
y do noche, porque ios españoles no les alcanzasen y obligasen 
á pelear. 

Los espartóles teniendo nueva por sus corredores quo aquel 
ejército de indios iba delante de ellos y que no los esperaban, 
dieron orden de seguirlos, aunque con recato, sin desmandarse 
á parte alginia, porque el Gobernador luego que entró en aquel 
reino tuvo aviso de los españoles de la tierra délas mafias, 
trazas y ardides de guerra que aquellos indios tenían y usaban 
con los españoles, unas. veces acometiendo y otras huyendo, 
como mejor les estaba y convenía. 

Pero no le aprovechó al Gobernador el aviso, porque se cebó 
en ir en pos de los enemigos, con deseos de hacer una gran mu- 



Á 



144 HISTOIKADOKES DE CHILE 

tanza en ellos, poique los demás, sinliendo su ánimo belicoso, so 
rindiesen y perdiesen la soberbia que hablan cobrado: con este 
ánimo siguió aquel escuadrón un día y una noche. 

Los enemigos quo quedaron en la celada, viendo al Goberna- 
dor algo alejado de su real, donde había dejado lodo lo que 
llevaba, salieron de la emboscada y no hallando contradicción, 
robaron todo lo que hallaron, sin dejar cosa alguna, y se fue- 
ron con ello libremente. 

La nuevade¡esta pérdida llegó á la noticiadel Gobernador y le 
obligó á dejar los que seguía y volverá buscar los que le habían 
saqueado. Mas, no le aprovecharon sus diligencias;, que los 
enemigos se habían puesto en cobro por no perder el despojo- 

Esta nueva de este mal suceso llegó al Perú casi juntamen- 
te con Ja de la llegada del Gobernador á su gobernación: pon- 
deróse tanto, que so admiró toda la tierra de que en tan breve 
tiempo hubiese sucedido una cosa tan hazañosa para los 
indios y de tanta pérdida para|los españoles, porque no les 
quedó ni armas ni ropa más de la que tenían vestida, cuando se 
esperaba diferente suceso. 

El Virrey aprestó el socorro con gran diligencia porque 
llegase aina; gastóse mucha suma de oro y plata de la ha- 
cienda real, de que hubo murmuración, como lo dice el Palenti- 
no, libro III, cap. II, aunque lo dice acerca del primer gasto que 
se hizo para que el Gobernador fuese á Chile, y no ouenta esle 
segundo gasto ni el hecho de los indios que lo causó, que 
también fué causa de la murmuración, porque dijeron que por 
socorrer el Visorreyásu hijo había mandado hacer una y dos y 
más veces aquellas demasías de gastos en la hacienda real. 
Esto el Inca. 

Y tengo e.ste suceso por fabuloso, porque no sólo no le refie- 
re el Palentino pero ni Oilaen su Arauco domado, que se im- 
primió el ano de 1605, ni Figueroaque imprimió el su libro año 
de 1613; seria algún cuento que levantaron en el Perú viendo en- 
viar socorro á Don García de la hacienda real, y murmurando el 
gasto, como murmuraron el primero, dirían cuan sin razón se 
hacia, pues se había enviado poV gobernador quien tan impru- 
dentemente lo malbarataba, puesdejóei real sin defensa, y ha- 
HfSndoseguidoundia y una noche aquelejército.no se retiraba. 

Las circunstancias con que se cuenta el suceso le hacen in- 
creíble, porque no dice el sitio en que sucedió: dice qtie llegó la 



1 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 145 

nueva de él cuando la de su llegada, y esto no pudo ser como 
dice, á pocas jornadas que hubo entrado, porque estuvo un mes 
Don Garcia en la Serena, donde obró lo referido. Luego se em- 
barcó, padeció tormenta, llegó á la bahía de la Concepción, tomó 
puerto en la isla de Talcahuano, adonde estuvo dos meses es- 
perando los caballos, hasta que, constreñido de la necesidad, pa- 
só á la tierra firme, donde hizo un fuerte, donde aguardó la gente 
que venía por tierra, como se verá en lo que adelante diremos; 
pues ¿cómo pudo llegar al mismo tiempo la nueva de haber llega- 
do y haber sido despojado de todos los víveres y armas, si pasa- 
ron cuatro meses antes de tener contienda con los araucanos, ni 
haberles visto? y así, lo verisímil es que con el aviso que envió 
de su llegada, envió á decir á su padre no se descuidase en en- 
viar socorro, y disponiéndole, corrió la voz de que le habían 
despojado los araucanos. ¿Quién creerá que Don García dejó 
tan desierto su real y todo el aparato y prevención para una gue- 
rra, que no dejase algunos en custodia? pues los araucanos, ra- 
biosos contra los españoles, primero harían presa en ellos, qui- 
tándoles las vidas, que los víveres; ¿pues, cómo se cuenta este 
trofeo sin sangre de españoles? 

El padre Ovalle en la Historia de Chile, Whro Y, cap. XXll, 
dice: «después de una tempestad recia, que puso las naves á 
pique de perderse, eptró Don García por la bahía de la Concep- 
ción y desembarcó en la isla de Quinquina (que es la de Talca- 
huano) por tomar desde allí lengua y saber el estado de la tie- 
rra, y la gente de esta isla, que era robusta, esforzada y belicosa, 
se armó luego que vio acercarse las naves al puerto, y tendién- 
dose en escuadrones por la pflaya, pretendían impedir que 
saltasen en ella los españoles; pero como no tenían resistencia 
ninguna, ni armas de fuego, luego que comenzaron á jugar 
las de las naves se retiraron y dieron paso franco á los que 
iban en ellas. Al punto que saltaron en tierra, mandó el Gober- 
nador publicar el intento que llevaba para que llegase á oído 
de los indios, que era, principalmente, la sajvación de sus al- 
mas por medio del Evangelio y que se concillasen con Dios los 
que lo habían ya recibido por medio del santo baustimo, que pa- 
ra ello llevaba religiosos de las dos esclarecidas Órdenes dé*San 
Francisco y la Merced, y que si esto quisiesen, saldría en nom- 
bre de Carlos V, su señor, á cualquier partido. Corrió la voz en 
A rauco, vino embajada para sacar á los españoles de la i tela 




146 HISTORIADORES DE CHILE 

con pi'etexlo de paz; con todo eso, no quisieron los españoles 
salir á tierra firme. Sólo salieron ciento treinta soldados para 
edificar el fuerte. Allí esperaron los caballos, que tuvieron nue- 
vas que venían marchando. Los araucanos concibieron que 
ios españoles no venían de paz; alojáronse en Talcahuano, dos 
niilias del alto donde estaban los españoles; al amanecer hicie- 
ron embestida en el fuerte, y los espahoies se. defendieron. Lue- 
go los españoles que quedaron en la isla y en los navios, sa- 
biendo el aprieto en que estaban los suyos, salieron ai socorro, 
y GOn la ayuda de Dios, que les asistía, juntándose los unos con 
los otros, comenzaron á prevalecer contra los araucanos, los 
cuales viendoque les faltaba ya mucha gente, se fueron retiran- 
do, quedando sólo TucapeLque, mal herido, se escapó final- 
mente entre los españoles mismos, dejándoles admirados su 
valor y animosa resolución. 

Esto el P. Ovalle, que no lo fingió, porque aún queda corto 
en alabanza de Don García, porque no escribió sino las noti- 
cias que tuvo con certeza, y así es historiador verídico. 

Este es el primer encuentro que tuvo Don García con Jos arau- 
canos ¿pues cómo se compadece con el que refiere el Iiical Y 
como perdieron lodos los víveres si no habían desembarcado 
de las naves, si había gente en la isla, que todo estos habían de 
tener víveres y armas? Después, entre todos los encuentros ya 
es pasado mucho tiempo; luego no hay lugar para el que dice 
el Inca, que fué á pocas jornadas que Don García liubo entrado. 

Y asi, me parece fabuloso este suceso, y que fué voz espar- 
cida de la mala voluntad, como la que dijeron y refiere el mis- 
mo Inca, que los murmuradores decían de Don García que su sa- 
lida del reino de Chile con tanta priesa mas había ?ido por huir 
de los araucanos que le habían asombrado, que no poracuriir á 
la muerte de su padre ni á sus negocios, y como eslo se verá 
que es falso, así lo fuéaquello. Daremos principio á los verdade- 
ros y memorables hechos de don García Hurlado de Men- 
doza. 

Estuvo, pues, un mesen la Serena, obrando lo que hemos re- 
ferido y aguardando la gente Jque venia por tierra,, y desde allí 
los despachó para Santiago con los caballos, y él [larlió para la 
bahía de la Concepción. 

Cantólo Oña, diciendo: .,■■,• 



^ 



f 



FEUNÁNUEZ UEI, l'UI.GAll 

Con este en la Serena se entretuvo, 
l'or no gastar el liempK) mal gastado, 
Hasta que á los del seco despoblados 
y á su Bastida fiel consigo tuvo: 
En ocio allí la gente se detuvo 
Un delciosQ mes, el cual pasado 
Con todo.s los caballos y bagaje 
A Mapochó tomaron el viaje 



Dióie orden que no se detuviesen en la ciudad de Santiago 
fie Mapochi), sino que pasaran luego á Penco, que un tiempo 
fué lugar rico y populoso y entonces asolado y yermo, y man- 
dó á Juan Remón que en lodo caso viniese con los vecinos & 
Penco. 



Dícelo Oña: 



iManddseles que nada en él parasen 
Por ser tan retialado y abundoso 
Temiendo que en su vicio pegajoso 
Los cuerpos hasta el ánima atascasen, 
Sino que á Penco rápiíios pasasen. 
Lugar un tiempo rico y populoso, 
Más por entonces yermo y asolado 
De sólo cuerpos y aves ocupado. 

Adonde á Juan Remón también mandaba 
Que en todo caso luego se partiese 
Con todo los vecinos que tuviese 
El próspero Santiago donde estaba, 
Porque él á la sazón determinaba 
Enderezar allá como pudiese 
Metiéndose en el mar embrevecido 
Con los que ya por él habían venido. 

Para que de esta suerte en la bahía 
De Talcahuano, que es á Penco junto, 
Se Tuesen á juntar al mismo punto 
La gente que por tierra y mar venia: 
Con esta traza y orden los envía 
Y él queda con su gente puesto á punto 
Para desocupar aquel asiento 
Aunque lo contradicen mar y viento. 



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CAPITULO VIII 



CÓMOSEGMBAKCÓ DON GaRCIA PARA I.A CIUDAD DE LA CONCEPCIÓN Y C0\ 
El. MAL TEMPORAL SURGIÓ LA ARMADA A LA [SLA TaLCAHUANO Ó Ql'I- 
RIQUINA, 

Como Don García hubo ejecutado las órdenes que su [laiire, 
el Virrey, le había dado, en las provincias donde Iiabia paz, pe- 
ro no sin temor de turbaciones y las había sosegado ya, le pa- 
reció era bien mostrar sus alientos en el ejercicio de la guerra 
paracumpiircon entrambos ministerios. Jerónimo do Villegas 
venia por contador mayor, para que con la autoridad rea! pro- 
veyese todo lo necesariopara la empresa, todo género de armas, 
municiones, caballos y ropa. Ya hecha la provisión, so mandó 
partiese lacabaileria por tierra h la ciudad de Santiago. Seña- 
lóse por cabeza de ella ádon Luis de Toledo, á quien se le orde- 
nó recogiese los encomenderos y soldados que se hallasen re- 
presados allí. Tras su partida, se embarcó el general con el resto 
de la gente, bastimento, artillería y municiones, y con destino 
de no locar sino en la ciudad de la Concepción, donde pensaba 
desembarcar y donde había dado orden acudiesen los rereri- 
dos, por disponer su reparación, que estaba desolada. Fué este 
año de 57 en todo aquel reino de infinitas aguas y de invierno 
tan riguroso que impidió la salida de los españoles de la ciudad 
de Santiago, porque como las tierras y llanadas de Maule y 
Cauquenes se empantanaron con las muchas lluvias, no podían 
los caballos pasar adelante, y asi fue imposible llegar á la 
Concepción al tiempo determinado. 



15l> HISTORIADORES DB ClíII.R 

En tanto, don García experimentaba el rigor lIíí recios tem- 
porales, respeclo de no ser menores los del nmr fjiie los que co- 
rrian en tierra; quisiera el valeroso manceba lli'gai' en breve á 
la despoblada ciudad de la Conceijción y def^paba (caso que los 
rebeldes no se redujeran) venir sin dilació]i á batalla, porque 
juzgaba imporlantisima su primera rota, asi para dejar con 
ella amedrentados los enemigos, como para que los amigos, 
prósperos con el primer suceso, se prometiesen otros muchos, 
eusefíados á vencer. Mas, sin duda ignoraba el natural tesón 
de aquellos indios feroces, que imitan al lagarto, que mientras 
está dividido en menudas partes, siempre más áspero amena- 
za á su ofensor, mostrando, aunque casi muerlo, vivamente su 
ira y rabia. 'Tales eran los presurosos intentos de don García, 
mas fueron detenidos por la más horrenda borrasca que jamás 
se vio en la mar, en esta forma. Navegando con tiempo norte, 
llegó al puerto de Valparaíso, mas no le quiso tomar, noobs- 
lanlequele estaban esperando en él con muchos y varios 
refrescos los vecinos de Santiago. Parecíale que estando latie- 
i'ralan gastada con las guerras, les seria dificultoso alojar tan- 
la gente, y puesto que esto se facilitara por abundar aquel dis- 
Irito de bastimento, diflcultaba oi sacar despuósde allí los sol- 
dados que, atraídos con las comodidades, abrazan mal las fati- 
gas; poniasele por delante el antiguo ejemplo de Aníbal en los 
contornos de Capua, cuyos deleites enfrenaron el curso de sus 
glorias. Alcanzaba ser el buen soldado como el hieri-o lucien- 
te, que retiene su resplandor mientras se halla en contino ejer- 
cicio y en no siendo trabajado se loma de orín. Por eso trató de 
pasaradelante con el tiempo fresco de norte que llevaba; mas 
fuese arreciando de suerte que, embravecido el mar, acometieron 
á los bajeles furiosas olas y aguaceros. Aqni se tuvo por cier- 
to el zozobrar, porque si bien eran buenos los navios, fueron 
tantos los ímpetus que tos embistieron que se prometían pocas 
esperanzas de salvarse. Los pilotos, turbado*, ignoraban donde 
acudir, antes (como entonces sucede)por ayudar, desayudaban. 
Los vientos, de continuo mucho más índiimitos. fomentaban 
por instantes su ferocidad contra los bajeles; oíanse confusas 
voces, una de iza, otra de orza, y quien de amaina, sin saber 
nadie como poder acertar; hallábanse despedazadas las sogas. 
amarras y cables. Quebrábanse las escotas, rompíanse las mu- 
ras. desfallecían timones, entenas v mástiles: v á lodo esto 




i'ehnAxdkz del pur.GAit 151 

crecía el esfuerzo de! general, y sereno y firme, jamás desam- 
paró la popa de su nave estremecida con extremo, antes des- 
de allí, aniíilando á lodos, les hacia acudir con presteza á todo 
lo necesario. 

f1 Temporal tan deshecho le obligó á desechar la hacienda por 
ver si podía asegurar la vida: mandó se alijasen las naos, 
vióndoSG en un instante arrojada al mar infinita cantidad de 
cajas llenas y vacias, ropas, sin tener respeto al valor de lo que 
iba adentro, ni á cuya eran. Para sello del mayor malíes so- 
breviene la noche tan cerrada y teñida de obscuridad, que 
aumentó el espanto y terror de los navegantes: había de 
ser lai'ga como de invierno. yen su espacio los bajeles confusos 
y despedazados, sólo csperabari su fin: esta fué la causa por- 
que envió al Perú por nuevo socorro, de que se originó el cuen- 
to que relirió el Inca y dejamos refutado. 

El galeón de Don García se vio ya con la gavia en el agua, 
casi penlido, rompiéndole recísimo encuentro la esi:;ota y con- 
tra-escoía del trinquete de sotavento y de las amuras; lag 
tinieblas, los gritos, la turbación y ei pasmo se habían ya 
apoderado de todos; veian los afligidos desgarrarse el cielo, 
abrirse el profundo, rechinar las jarcias, crugir la tablazón, 
arrancarse los mástiles y redoblarse las lluvias. * 

En medio de tanta adversidad, D. García siempre el corazón 
en Dios, mostraba no perder jamás latirme confianza que tenia 
puesta en su socorro, recibía por merced de su mano aquellas 
añiccioiies, noconaintiendo ahogarse su pechoal exceso de tan- 
ta tribulación. En fin, luchando casi todos los elemenlüs, des- 
cubrieron al amanecer la bahía de la Concepción. Surgió la 
armada en Talcahuano, isla bien amparada de tierra y habita- 
da de ciertos indios pocos y pobres. Su apacible ensenada 
acogió á los huéspedas, asegurándoles del temor que les podrían 
causar viento y marea. 

El padre Üvalle dice que después de la tempestad que pu- 
so las naves á pique de perderse, entró por la bahía de la Con- 
cepción y desembarcó en la isla de la Quiriquina, por tomar 
desde allí lengua y saber el estado de la tierra, y que la gente 
de esta isla era robusta, forzuda y belicosa; y que se ai rnó luego 
que vio ¡legar las naves al puerto y tendiéndose en escuadrones 
por la playa pretendían impedir que sallasen en ella los espa- 
ñoles, pero como no tenían resistencia ninguna, ni arma de 




152 HISTORIADORES DE CHILE 



fuego, luego que comenzaron á jugar las de las naves se reti- 
raron y dieron paso franco á los que venían en ellas. 

En ios geógrafos modernos hallo el puerto de Talcahuano y 
la isla Quinquina cerca, de donde parece que se le dio el nom- 
bre de Talcahuano. 

Ordenó el Gobernador antes de saltar la gente que no se to- 
case á cosa de los indios moradores de aquella parte; deseaba, 
siendo posible, aunque con tantas prevenciones militares, no 
atraerles asi violentadossino voluntarios. Huía devenir á la 
paz con efusión de sangre, y asi, armado más de blandura que 
de rigor, hizo juntar los indios y supo los que había en la is- 
la y dióles de lo que se había preservado en los navios del 
naufragio, acariciándoles, todo lo posible, si es que eslo hiciese 
algún fruto en ellos, porque casi toda la gente de aquel reino 
entienden que se les hace el bien más por temor que les tienen 
que por caridad. Con todo esto, acudía el general a! ejercicio 
de su benigna' inclinación, no sin esperanza de reducirlos más 
bien por aquel camino que con el del rigor y violencia. 

Desembarcados los españoles, halláronla pequeña isla estéril 
de todo, sino de cantidad de nabos que nacían por los campos 
convecinos, no porque los produjese esponláneamente la tie- 
rra antes que enirasen los espaifloles en ella, sino que la semi- 
lla castellana se habla ya extendido por todas parles. Los sol- 
dados, deseosos de resíauí'ar los estómagos de los mareamien- 
tos pasados y de comer verdura, eslimaron mucho la de este 
género y trataron de cocerla con la carne salada, á concederlo la 
gran faltado leña; mas, socorrióles su buena suerte con una 
manera de piedras que, golpeadas unas con otras, daban fue- 
go y se conservaban en si como carbón; con éstas guisaban la 
comida y se calentaban: rara providencia de la naturaleza, su- 
ma benignidad de Quien la gobierna parfi consuL>lo da los que 
se fían de ella. Dctóvose D. tlarciaen esta isla algunos díasdc 
invierno para recoger los navios y soldados. 




L 



CAPITULO IX 



Que D. García oliscó sitio, coupbtgntb para po&er esperar -los 

CABALLOS CON SEGURIDAD V QUE PROCUJiÓ INFORMARSE .DE.LOaiK- 
DIOS YEL fLWpNAMIENTO QUE PtZO A UaS QUE VINIERON EN 811 i DE- 
FENSA. , , 

Restaurados ya soldados y navios, le pareció á.D.. García. era 
ya tiempo de llegar los caballos que venian tnarchando . para 
juatarsecon él, d<j.quieii.teiiüaque si los. rebeldes les. cogían 
desunidos hablan de hacer un gran destrozo, y .Teconociendp 
que tras la buena prevención de buenos, capitanes, de valientes 
soldados, de bastimentos y armas, ie convenía busc^ir lugar 
á propósito en qué, fortificarse y desde dondepudiese interrum- 
pir los designios délos contrarios y debilitar sus. fuerzas; de- 
terminó pagarse & tierra firme, donde asimismo tendría menos 
escasez de vitualla y más noticia y relación . del . estado.^de. to- 
das las cosas; púsolo en ejecución y buscó nnsitioque, ampa- 
rado por las espaldas del mar y por el lado derecho de perna- 
(ios y altisiraos cerros, sólo por el siniestro y por la . frente 
podía tener acometimiento. ■■ . 

Allí se fortificó lo mejor que fué posible, con pocos menos de 
200 españoles que tenia; arriba en lo más llano de la loma 
plantó seis piezas, de campaña, cercando con ancho y bien 
hondo foso la parte Saca para trinshearse; de esta manera. el 
ejército todo y el, mismo general se dispusieron. al. trabajo. 

Ninguno quedó reservado de, acarrear fajina y gruesos. tron- 
cos,., í^ntes con generosa emulación, cada ..cual prpeuraba 



154 HISTOKIAUOllES I)E CHILE 

'ostentar quien se señalaba más en la fatiga, sirviendo de 
espuerta para llevar la tierra hasta la fuente de plata de don 
García. 

En esta forma esperaban por instantes que llegase la gente 
de Santiago, mas impedíalo el tiempo y los caminos rotos y 
empantanados por las muchas aguas; por otra parte, no fué 
poco propicio el invierno con su rigor, porque su escarcha en- 
coge grandemente los indios, con que se hallan en extronno 
torpes para el uso de guerra, y como no presumían ser creci- 
do el interés que pudieran conseguir en dar entonces batalla y 
asalto, por ningún modo entraron en ello; en tal tiempo sosie- 
gan en sus ranchos, donde abandonadas las armas, sólo tratan 
de vivir, y para pasarle inclemencia del tiempo se amparan 
del fuego contra el rigor de el invierno, hasta que con la pri- 
mavera, entrando en calor y recobrando esfuerzos y bríos, fre- 
cuentan el ejercicio militar. 

Era singular el cuidado y vela con que se frecuentaba el 
nuevo baluarte y no menor el que tenía D. García de especu- 
lar la tierra, y asi envió luego exploradores para que trajesen 
á su presencia algunos indios de quien poderse informar de 
lo más interior de Arauco y de la resolución del senado si aca- 
so había elegido alguno con la noticia de su venida; mas^ 
presto estas diligencia parecieron excusadas. 

Viniéronse algunos indios de paz, naturales dealli cerca, casi 
como espías, y sólo por ver qué clase de gente era la recién 
llegada, con qué intento venía y si se diferenciaba de losotro,s ver- 
dadero españoles con quieneshabían peleado. Admitiólos el ge- 
neral, hablóles con amor y vistiólos como á los de la isla. Dióles 
á entender el motivo de su venida, certificóles era sólo paraque 
conociesen al verdadero Dios que les había criado y redimido. 

Propúsoles cuan fundado estaba en razón que sometiesen 
blandamente el cuello al yugo, reconoci(.uido por supremo 
señor al monarca Felipe. Mostróles el título y derecho por don- 
de los españoles pretendían esto, en especial después de ser 
ñeles católicos. 

Representóles el público provecho que recibirían con la paz, 
y no omitió los graves daños que causarían las guerras. Pro- 
metióles perdón de parle de su rey por los excesos hasta allí 
cometidos, como dejasen las armas; y en c;iso contrario, que ta- 
lariael país ó sangre y fuego; persuadióles á su conveniencia, 






i'tíiiNÁxniiz ui:i. i'UiAiA» 1.j5 

en fin, con obras y palabras, íláiidoles Iras esto licencia para 
que se pudiesen ¡r libremente donde fuese su voluntad, en- 
viando á llamar con ellos á los demás rebelados de (oda la 
comarca, por si acaso obrase algo en ellos su persuasión. 

Partieron admirados del amigable tvatamiento, y al parecer 
agradecidos. Mas !o iiilerior era diferente; juzgaban aquellos 
beneficios nacidos antes de temor que de cortesía, y ya forma- 
ban en sus ánimos contra los beneficios feroces corresponden- 
cias. Presto lo veremos en el capitulo siguiente. 



F»" 



/\ 




CAPITULO X,. 



CÓMO SE JL'NTÓ TODO EL EsTADO DE ArAUCO Y LA.EMBAJAQA QUE .HiaE- 
BON LOS [NDIÜS A DoN GaRCÍA Y c6mO tES RESPONDIÓ. ,■,.,■: ... 

El estado del Arauco, advertido de lo que pasaba, se convocó 
casi lodo, tratando en la primera junta de unir sus fuerzas cóh- 
Ira el espafiol, porque le consideraba encerrado, á pié, haní- 
brienlo, tímido y confuso; advirtió cuan importante era embes- 
tirle antes que se juntase con el socorro que' esperaba, qiie 
siendo lo más de caballería, no podia dejar de serles por extre- 
mo daíloso; menospreciaba el amoroso convite de paz, ahte^ 
provocado con él t cólera y furia, elegía por medios más' prcít 
porcionaüos las discordias, hacia memoria de cüaii justos' érán 
los odios y cuan digna la venganza de aquella gente íurbadórá 
del público reposo y usurpadora de su patria; juraron lodos 
morir, antes que por algún modo permitir sujecióil, llevad'os 
de la ira, sin atenderá más fin que la libertad. ■■■-.■;.,■ 

Caupolicáii, con acuerdo de los más prudentes, determinó 
fuese uno de sus consejeros ó senadores con me'nsajes a Db'n 
García para que con maduro juicio penetrase su cierta preléri- 
sión. Sabían (aunque bárbaros) se deben buscar las noticias de 
las cosas de estado y guerra, nosóloporviadeavisos.discursós 
y espías, sino también por medio de embajadores, porque son los 
que más descubren cautamente la inclinación de aquél á quien 
son enviados, rastreando por sus acciones sus deseos hasta c6- 
llegir sus más particulares intentos, apoderándose de sus pa- 
labras, costumbres y consejos, siendo los embajadores conio 
deben ser. 



158 HISTOltlAUORES UE CHILE 



Antes de llegar al fuerle envió el mensajero un indio al 
neral, para que le diese licencia para la entrada y poder hablar 
seguro de parte del Estado. No se la negó el geneía!, antes, go- 
zoso, tuvo por especie de fidelidad esta manera de comunica- 
ción, esperando verlos apaciguados si del todo no cerraban los 
Oídos á la fuerza de la razón, pues era tanta la que le asislia, 
como se los había dicho. Vino el mensajero h su presencia y so 
admiró desús pocos aflos, quedando atónito de su compostura, 
reposo y madurez; hizo la más humilde cortesía que entre ellos 
se usa, y comenzó su razonamiento que la indignación le ha- 
bía suministrado, cuya substanciase redujo á lo que sigue, aun- 
que con más pulidas palabras, y es lo que debieran decir según 
su entender: 

«Apenas, señor, tocaron tus navios en Talcahuano, cuantió 
algunos moradores de aquel asiento dieron al Estado aviso de 
tu llegada. Lastimados con los pasados excesos, tuvieron por 
sospechosa tu benignidad; con todo eso, fueron entre nosotros 
aquellos habitadores, clarines de tu franqueza, encareciéndoos 
la blandura de su proceder, de suene que en cierto modo pudie- 
ran templar la indignación araucana, enfrenando su coraje, 
hasta hacerle por mi medio sabedor de tu intento; excusado es 
al presente traer á la memoria las recientes victorias con que no 
sólo sacudimos el yugo de la sujeción, antes, con estragos lo 
pusimos á los libres y á los que no le tenían impuesto, pues 
menoscabamos sus vidas, despoblamos sus ciudades, estrecha- 
mos sus confines y les obligamos á tener por sagrado los cortos 
límites de unas paredes. Sólo diré que bastantes ocasiones que 
nos dieron engendraron estos alborotos. Ninguno ignora el 
excesivo rigor de aquellos que se intitularon primeros conquis- 
tadores de estos dominios, por el cual, desesperados los nues- 
tros, tuvieron muchas vtices por molesto el vivir. Ohl cuánto al 
que quiere ser obedecido conviene el saber mandar! Tal vez 
puede más en cualquier ánimo nn acto lleno de piedad que otro 
violento y feroz, pues so han visto por instantes quedar rendi- 
das y sojuzgadas sólo con un ejemplo de humanidad provincias 
por las cuales no pudieron entrar las armas ó cualquiera otra 
fuerza. Sea vuestro corazón nuestro tribunal y cscuciiad nues- 
tros'agravios; puede ser que oyéndolos atribuyan á menos culpa 
nuestras demasías. El talento natural nos dicta que debe intro- 
ducirse cualquier cultode nueva religión, aunque más la razón 



.1 



FERNANDEZ DEL PULGAR 159 

la palrocinc, mas con suavidad que con violencia, pues deben 
qnodar siempre exentos de ella los actos del albedrío. Sabe- 
mos por relación los modos de que para este fin os valisteis en 
otras parle?: entrasteis con beneplácilí), introducisteis comer- 
cio, plnntásleis factorías, atrajisteis con dádivas, persuadisteis 
con regalos y convencisteis con razones. ¿Cómo olvidasteis con 
nosotros semejanto estilo? ¿No veis con cuanta diversidad pro- 
cedisteis? j,Qué politica, qué arte, ó qué ciencia nos comunicas- 
teis? Algunos de vosotros con temeridad osaron llamarno? bru- 
tos, y como tales debíamos ser tratados; deseo saber, ¿en 
qué fundaron tan inhumano error. ¿No somos hombres? ¿y el 
hombre no es animal casi divino? ¿no participa de 1e^ naturaleza 
de todas las cosas que viven? ¿nuestras almas son ^caso vege- 
tativas, como las de las plantas, que sólo tienen vida, sin conocer 
fi sentir, renaciendo, creciendo y produciendo frutos y semillas 
para el uso humano y conservación de sus especies? ¿ú son co- 
mo las do los animales, á quien se concedió el sentir y'el mo- 
verse de tugar á lugar, teniendo virtud da llegarse á las cosas 
que son aptas para el sustento de la vida? i!,No son las nuestras 
inmortales, incorruptibles, intellectivas, que teniendo en si las 
potencias de las otras diversas facultades, ordenadas á varios 
oficios, conocen, entienden, discurren, aconsejan, eligen y se 
aplican á obrar y á contemplar las cosas naturales y divinas? 
De eslo, señor, puedes inferir que siendo los nuestros natural- 
mente capaces de razón, gustarán mucho conocer la verdad con 
el rigor del entendimiento; y asi eslimarán que les comuniques 
la policía española, y que les adiestres en la manera de leyes y 
justicia. Es la virtud amable por sí, y no podrán ellos ser in- 
gratos á su introducción. Admitirán maestro para todo, y juzga- 
rán como los principios lo que procediere de ellos; irán creciendo 
con las edades los beneficios, y lo reformadores de su rustiquez 
serán venerados en todo siglo, casi comodeidad y como jueces de 
su honesto vivir; mas, para esto, ¿de qué sirven las armas? Tú 
apenas has pisado nuestros confines, y te fortificas: ¿qué rece- 
las? ¿quién te obliga á tan cuidadosas prevenciones? ¿Negá- 
rnoste nuestra amistad? Vuestra opresión huimos, no nuestra 
conservación. Justo será que siendo compañeros de nuestros 
trabajos, participéis de nuestros frutos. Ya tenéis colonia en 
nuestra provincia; gozadla felizmente sin turbar con discordia 
estos limiladoscontornos.Noesel temor quien nos envía ápro- 



160 HISTORIADORES DE CHILB 

poner estos medios; tenemos más fuertes las manos queelegan- 
tes las lenguas; mas no es bien menospreciar el título de hu- 
manos y más cuando en la imaginación de los vuestros somos 
estimados como brutos. Nuestra parte hacemos y sólo á nuestra 
utilidad, aunque resultaen vuestro blasón; van estas diligencias 
encaminadas á decir se recotiociese por rey á Felipe, que lo es de 
España. A esto responde el Estado que, como saltes, se gobierna 
en la paz á modo de república, eligiendo por uso antiguo para 
la giierra el varón más fuerte que sea el general y superior ca- 
beza de los ejércitos; este es al presente Caupolicán, digno por 
su valor y prudencia de mayores honras; asi, se desea que no 
se mudase ál presente la forma de su gobierno. 

«Además, que si para la elección de algún principe conviene 
que quieran los pueblos libres por naturaleza sujetarse y dé 
comiin consentimiento depositar en uno la suprema potestad del 
dominioj ahora no vienen en esto los araucanos por algunos res- 
pectos, pues, cesando esta causa, ¿por dónde puede vuestro rey 
pretender nuestro séflbi'ioí Mas, si por ley humana y positiva se 
hallaron los repartimientos de las jurisdicciones, que hoy son 
in-riiimerables, propios nuestros son los en qae,ahora estáis, co- 
mo heredados de nuestros antecesores, y así, cuando los quieráis 
usurpar, nos será forzoso defenderlos. Fuera de que juzgan los 
riuestroé por suma vileza ser sujetos á la servidumbre; por 
esto; como Varones inagnánimos. no recelan perder las vidas 
dondéiiiterviénen gloriosas empresas; aborreciendo ser ocu- 
pados de temor, vencidos de afectos, sobrepujados do placeres. 
atraídos dé hacienda: cosas instables y lijeras yen todo contrarias 
á !a fortaleza. En esta conformidad tomamos lais armas, de suerte 
que siendo lícita la defensa, ¿qué culpa pudimos cometer sobre 
que caiga el perdón ofrecido? General, considerad si nos aparta- 
mos dé lo honesto; tú, como recto y amador do lo justo, adnii- 
te'nuestra propuesta, deshecha amenazas y arrima estos apara- 
tos. De ellos, ¿qué se puede seguir sino destrozos^ Mas, en tal 
caso, ¿dequien serán las mayores angustias? pocos los tuyos y 
en especial necesitados de todo, en tierra extraña, no plá lieos en 
los' pasos, lejos y difícil de llegar el socorro, y cuando llegue, 
de corlas esperanzas. Según esto ¿qué podéiá conseguir proce- 
diendo con rigor contra muchos animosos y fuertes, dentro de 
sus casas, llenos de bastimentos, en medio de hijos y mujeres, 
estímulos del valor, y lo que importa más y ha hecho aventar y 



} 



r 



1 



FÉKNÁNIÍEZ DÉll' PULGAR 161 

despedazar lo?'qüe tuvieroh por formid'áblést Creed que no se 
os concederá nííiiuto de sosiego háslaaniquilarósdcfl todo. So- 
brevendrán á nuestro carripb dos mül soldados por dos que 
falten, mas, entre 'voáo'lros será iireparable ia pérdida de uno, 
Kstos reparos publican lo qué debéis tenier nuestras ofensas. 
Bien la podéis dejar con eladitamento qiie os propongo; gozad 
uniéndolas voluntades; dejad vuestros albérgues-Yo os lo ofrez- 
co seguro de parte de el Estado junto con la ejecución y cunipli- 
mienlo de que os he tratado aqui.» 

Asi terminó el cacique su razonamiento, dejando atónitos los 
circunsianies con la eficacia de su decir y con lo maravilloso 
del pensar. 

Mas, Don García, lleno de apacible gravedad, fué respondiendo 
alo más importante de su embajada.' agravó ia remisión de 
los pasados: cuanto al buen ejemplo, culpó la flojedad de los 
ministros; por lo que tocaba al blando tratamiento de los natura- 
les, propuso enmienda en el rigor, ofreciendo Iratoamigable y 
sólo el reconocimiento de fáciles tributos. No negó la introduc- 
ción de las arles en los estados, indicó fundarla seminarios en 
las ciudades españolas, donde sólo araucanos se instruyesen en 
la religión y ciencia, para que después, saliendo de allí, pudie- 
sen ser maestros de ellas entre los de su nación; acriminó las 
pasadas rebeldías, y en caso do obstinación amenazó con 
severos castigos; apoyó el vasallaje con prudentes razones, y 
en especial concluyó con que su rey tenia el dominio de Dios 
por medio del Pontífice universal de la Iglesia, á quien se le ha- 
bía comunicado cuando le dejó por vicario universal de ella, de 
quien había recibido el cargo de ser juez, y reducir y sujetar blan- 
damente las regiones Árticas y Antárticas y Occidentales; so- 
bre todo, pidió pronta obediencia; declaróle cómo quien se re- 
vela á su soñur, habiéndole una vez conocido, es más contumaz 
siervo que amador de libertad, y, en fin, dándole algunas cosas, 
lo despidió. Partióse el embajador admirado y receloso más de 
la excelente calidad del caudillo que de el número de los solda- 
dos, porque, aunque esto alentaba sus brios, aquélla le desfa- 

3cia. sabiendo cuanto importaba para los buenos sucesos de 
milicia la reputación del capitán, fundándose ésta en la dig- 

dad del cargo absoluto, pues, con verisimilitud se había de 
iceder sólo á quien poseyese singular virtud, loables eos- 
abres, levantados pensamientos, cuerdos discursos y acriso- 



E 



Í62 HISTORIADORES DE CHILE 

lada prudencia. Pero no fué convencido de las razones de Don 
García, pasQue las que él había propuesto, que lenian mucha 
apariencia, tenían mayor fuerza para perseverar en su libertad; 
no obstante, quedó algo inclinado y con deseo que se tomase 
madura deliberación, y si la razón hnbiera de guiarles, fuera 
muy diferente que la que les dictó la inclinación, como se verá 
en el capítulo siguiente. 



H 



L 



CAPÍTULO XI 



QlE DE LA LECAGÍA DE LOS ARAUCANOS, RESULTÓ EL COMBATE DE El. 
FUERTE DONDl! ESTADA DoN GaRCÍA Y EL VALOR CON QUE SE DEFEN- 
DIERON LOS ESPAÑOLES. 

Llegarlo el mensajero donde esperaba el Senado araucano, 
refirió lodo lo sucedido y aunque (como de helada sangre y ex- 
pertas cana?) se inclinase de buena gana íi la paz, no se atrevió 
á proponer los medios, temiendo alguna general indignación: 
es menester gran valor para querer intentar poner en razón á 
un común que está fuerte en su dictamen; depuso el que la ra- 
zón de Don García motivaba y aún la conveniencia; púsose de 
parte del Estado araucano y de su inclinación, y callando la í^a- 
lisfacción de sus quejas, manifestó sólo el dictamen de los cas- 
tellanos, aniquilando su poder y prometiéndose de ellos segura 
victoria; hablóles á su deseo y sembró por ios pechos de sus 
compatriotas llamas de venganza, que fueron fáciles de crecer, 
según estaban encendidos. Tenían delante sus memorables ha- 
zailas, yasi.por extremo impacientes se deshacían poraumenlar 
las pasadas con otras nuevas. Los ancianos resistían las cóle- 
ras de los mozos, juzgando consideradamente por no acertadas 
muchas veces las súbitas y indeliberadas resoluciones que da 
la cólera y no la prudencia. Hallábanse en la junta ocho mil ca- 
si de pelea y esperaban más combatientes para conseguir de 
una vez el último vencimiento. Cada día ¡ha creciendo el núme- 
ro, hasta que, pareciéndoles suficiente, marcharon una noche 
á la vuelta del fuerte, con tan buen modo y silencio tan particu- 
lar que por ningún caso fueron sentidos de los que el cuidado 
tenia desvelados. 



J 



1 



164 HISTORIADORES UE CHILE 

De esta manera se pusieron en celada cerca del muro, donile 
ordenaron que al alborada se diese el asalto con repentina furia, 
juzgando que los españoles estarían desprevenidos, como ellos 
habían venido con tanto silencio. Don García hizo asestar las 
seis piezas, siempre vigilante, hacia la parte por donde imaginó 
habían de venir los rebeldes, porque á sus tiempos las dispa- 
i'asen, porque no habiendo vuelto los embajadores con rcspuea- 
la, conjeturó no abrazaban la paz, yasí acudió álasprevenciones 
de guerra; fueron estas piezas la salvación de los sitiados, por 
que á no detener con tales instrumentos el ímpetu con que 
acometieron los bárbaros, sin duda .ganaran el fuerte y degolla- 
ran los que se hallaban dentro, por ser pocos y mal apercibidos 
de armas y de municiones, por no haber llegado la gente y ca- 
ballos, qpe esperaban. Salió con el alba el ejército emboscado y 
i'ompiendo el profundo silencio con varios alaridos inlentaroii 
romper el baluarte por las partes que le pudieron embestir. Pú- 
sose el generoso mancebo á la defensa con esfuerzo y valor, 
apércíbiéiido sil ^enté y repartiéndola por donde era menester. 
Previti5 con industria y fervor lo que parecía no oslarlo, acu- 
diendo & todbpróntísimb; asomóse á una trinchea para recono- 
cer el oráen conque el enemigo se acercaba, Represenlóseie 
bizarro, repartido eh treséscuddi^jnes; más, mientras conleni- 
plába sii'deñnedo, itegó üha piedr-a despedida de alguna honda 
y lastiníáhdóle la sien derecha le derribó en el suelo, y á no dar 
por especial providencia sobre la oreja de lá celada, que tenia 
puesta, fuera posible, del golpe, perder la vida. Casi á un mis- 
tnó" tiempo cerraron los indios disparando ún infinito número 
de flechas. Blandían tras esfo gruesas astas y corriendo' hasla la 
orilla del Foso, muchos, Henos de temeridad, osaron sallarlo, no 
temiendo morir con el coraje de vencer. 

Apenas tocó la tierra Don García, cuando puesto en pie. bro- 
tando fogosos bríos, compuso y exhorto las gentes, sin perdonar 
ardid ó prevención. Jamás había visto semejante bizarría de 
gentiles, mas no por eso se atemorizó. Disparó la artillería en 
bdenaocasión, hizoel destrozo que acostumbra, volando cuer- 
pos. Pero seiTiéjante terror no enfrenó ni un punto el ánimo 
del menor bárbaro. Tropezaban los de atrás en los muertos de 
adelante, y rabiosos por los embarazos, á porfía apresuraban'cl 
morir", era terrible el daño que les causaba la arcabuceria; vein- 
te de los más diestros tiradores pusieron varias veces la punterís 



rmiNÁNDIÍZ DEL PULGAIl 165 

en ios que parecían capitanes cabezas de los enemigos. Estos se 
señalaban y conocían entre los otros por traer pomposos pena- 
chos y por más gallardía varias colas de zorros; eran las armas 
de ciertos cueros de lobos marinos que, endurecidos y crudos, 
llegan á tener la superficie de naturaleza de concha; plntanlas 
con diversos colores y adórnanlas con diferentes divisas- 
Proseguíase el asalto, siempre más furioso; los indios, llenos 
de mayor ferocidad igualando la canal con sus mismos cuerpos 
muertos, esperaban entrarse á pie llano en los reparos, donde 
ninguno se les podía escapar sino hecho trizas. La sangre de- 
rramada de los suyos les animaba á derramar la de los españo- 
les; habían peleado otras veces contra la ciudad de la Conc^pT- 
ción, á quien tenían por de más fortaleza que aquel terrapleno ó 
fortín. La memoria de tan buen suceso solicitaba en ellos el 
menosprecio de aquellos baluartes, guarnecidos de tan pocos 
bragos, como estaba el do Don García. 

Mas, los de adentro les ponían delante bastante desengaño de 
que no había de ser lo mismo, á no hallarse todos tan ciegos de 
cólera. Los más orgullosos de los enemigos, que creo serían seis 
ó siete, se arrojaron con .saltos desmedidos de la otra parte del 
foso; fuéGracoiano el que mereció el primer laurel de animoso 
y ágil sobre temerario, pues, habiendo ya pasado sin espantarle 
la selva de picas, ni los interpolados arcabuces que contra él 
disparaban, fué trepando el muro arriba hasta pisar la extre- 
midad. 

Llegó abrumado de golpes y tan teñido de las heridas que 
apenas se divisaba su rostro, aunque se veían y se sentían bien 
sus hechos. Jugó la maza con singular valentía en viéndose en- 
tre los españoles, lisiando á cuantos se le pusieron delante. Mas, 
pereciera luego á sus manos, á no ser socorrido de algunos a- 
migos que con su ejemplo se avalanzaron tras él. 

Cuando entendió mantener solo aquella refriega, halló á su 
lado la braveza de Tucapel, el esfuerzo de Leucotón, la osadía 
deRengo y la presunción deLepomandeylas proezas de Talhue- 
no yEngoI. Estos escalaron la pared, sin que lo pudiesen estor- 
bar tantas puntas y buscaron la parto más alta como centro de 
su soberbia. 

Allíjuntos y libres de temor, intentaban dejar en corto espacio 
el palenque por suyo; parecía cada cual el aliento de la guerra, 
y con invcncibití corazón daban casi indicio de no estar sujetos 



IGG HÍST0U1A.D0RKS DE CHII.E 

á la mortalidad servíanles los pechos de escudos con que des- 
barataban las armas enemigas, sin que el granizar de los arcii- 
buces los pudiese ofender, porque impidieron el uso, habien- 
do llegado tan á lo estrecho que solamente las espadas y mazas 
podian ejecutar las heridas. 

Menor estruendo y ruina hace un rayo cuando deciende que 
Tucapel hacia en esta ocasión, armado de un pelo doble, con una 
concha por celada y por maza un grueso tronco. Era más que 
todo membrudo y de nerviosa trabazón, ligerisimo y dueño de 
lengua y mano. Tan pronto era la una para baldones como la otra 
para hazañas; por demasiado arrogante era aborrecido de los 
que entre los suyos tenían más opinión y deseaban tras las tur- 
baciones presentes dar satisfacción á sus odios. Sólo Talhueno 
era su grande amigo, porque sabía, como tah sobrellevar la 
asperezadesu condición. Mas, al presente, locante á sus obras 
dignas de alabanza digo que hizo este día cosas increíbles; mo- 
lió brazos, cercenó cabezas, derribó á montones, acorraló va- 
lientes y retiró escuadras. 

Sólo don Felipe de Mendoza no pudo llevar con paciencia 
tanto estrago. Provocado pues, de justa indignación, le acometió 
casi cuando campeaba ufano de no hallar quien se le opusiese; 
embistióle embrazado el escudo y firme y derecho el brazo do 
la espada; esperóle el indio alta la maza y echó el pie dcreciio 
atrás, deseando con sólo un golpe poner fin á la batalla. Quisiera 
Don Felipe que la dejara caer, para poder, librando el cuerpo 
de su furia, pasarle con pronta eslocada; mas Tucapel, penetran- 
do su intento, procuró valerse de su destreza; derribóla no con 
mucha pujanza, á fin de asegurar con más facilidad y mayor 
violencia. No decendió tan quedo que dejase de obligar á retro- 
ceder á Don Felipe, con que, apercibiéndose el bárbaro para 
segundo golpe, le ejecutó tan terrible que, á no sor tanta la lige- 
reza del caballero, quedara sin duda el bárbaio victorioso de su 
vida. El bastón calado, con su misma fuerza, dando en vacio el 
golpe que esperaba en lleno, se partió en dos, dejando á Tuca- 
pel casi desarmado; cerró en esto el español con é\, lan ansioso 
por matarle, que atravesándole el siniestro brazo juntó con el de 
el contrario su pecho, po"- manera que, sin poder ambos valerse 
por entonces de las armas, les fué forzo.so pelear á' fuerza de 
brazos. 

El caballero, ya que se le había escapado el objeto de su v¡c- 



1 



pbhnAndez del pulgau 

loria, sin recibir minuto de refrigerio, fué embistiendo ácuanlos 
indios se le pusieron delante. Convino á los otros seis bárbaros 
que se hallaban dentro del fuerte, despeñarse desde lo al(o del 
cerro, con mil heridas; las mortales que Gracolano habla reci- 
bido no le permitieron que quedase con vida, si bien sólo 
rayo de un arcabuz pudo aterrar y acabar tan soberbio gigante- 
mas, puédese afirmar con verdad, quedó alN, aunque muerto, 
no vencido; tal fué el [es6n con que combatió siempre, haciendo 
hasta en el último expirar acciones llenas de admirable i-alor. 
Paréccme que dejaré sólo con el silencio bien encarecido las 
proezas que obraron esto día los españoles, pues las hiciera 
increíble la vista, cuanto inás ajena relación, aunque verdade- 
ra, á no constar por el efecto de haberse resistido á la violencia 
con que gente tan valerosa y arrestada había peleado. Mataron 
tantos enemigos que llenando el foso de sus cuerpos temieron 
prepararles el paso á los que restaban. Y por esto, presumieron 
como cierta su pérdida, pues ayudaba á ella el medio para la 
victoria; pero no puede dejar de ponderarse el esfuerzo y solici- 
tud de Don García: hizo soto masque todos los suyos, así peleando 
valientemente con su persona, como solicitando, mandando y 
acudiendo con su presencia adonde más importaba, dando so- 
lo con ella abundanlisinio socorro al que más necesitado se 
hallaba de él. El verle hacia concebir ánimo y poner el pecho 
alo más imposible. Acompañaba siempre las palabras con se- 
ñaladas actos, de modo que se hallara demasiadamente tibio, 
por no decir cobarde, quien con las pruebas de tan claro caudi- 
llo no se encendiera en colérico furor. El fué la verdadera mu- 
ralla, pues despojó de las vidas excesivo número de infelices 
de los más animosos; hacíanle lugar ios más ladinos. Y para 
pasar adonde importaba hallaban los muchos que habla destro- 
zado duros estorbos. Mas, no por los gravísimos daños desma- 
yaban los bárbaros: tres veces fueron rebatidos de las trincheras 
y otras tantas se mejoraron; asi, cobrando por momentos deses- 
perados bríos, aspiraban más á la victoria, ni cedían al estrago 
de los arcabuces, antes ofrecían osadamente los pechos á los 
golpes de las balas. Como temerarios, ni consideraban, ni te- 
mían al peligro. Con inaudito coraje procuraban no sólo rendir 
e! fuerte sino desencajar de su centro la misma loma. Jugaba 
en tanto la artillería puesta á la mira por instantes en lo más 
apiñado. Esta causa y la excesiva disminución de los suyos 




r\ 



^ 



168 HISTOBIADOBBS DE CHILE 

hecho por íos arcabuceros les forzaron á desviarse un poco de las 
trincheas ya lan abiertas y aportilladas, que era mucho menos 
io sano que lo roto de ellas. Puestos en parte donile no alcanzaban 
las piezas, juzgaron conveniente curar los heridos y dilatar 
el nuevo asalto basta unirse con otros muchos que á la sazón 
estaba juntando Caupoiicán. Desdeñó él, fiero, hallarse enaste 
asalto, pareciéndole indigno de su presencia empresa de tan li- 
mitado poder. Y así envió capitanes y reservó el ir en persona 
(caso que no se siguiera luego la opresión de los españoles) para 
cuando tuviera noiicia de que había llegado el socorro que 
esperaban. 



CAPITULO XII 



Cómo acudieron los espaíÑoles que estaban en el puerto al so- 
corro DE LA BATALLA QUE TUVIERON CON LOS INDIOS Y CONTINÚASE 
LA DE EL FORTÍN. — ExEQUIAS DE LOS ARAUCANOS. 

Los navios que estaban en el puerto surtos delante del fuerte, 
visto el recio combate de tantas horas y recelando en log suyos 
adversa fortuna, echaron en los bateles partede su gente' para que 
acudiese con prontitud, si fuese menester, á su ayuda. Llegaron 
á la playa y puestos en el mejor orden que pudieron, fueron al 
instante acometidos de los contrarios, que intentaban impedir- 
les el paso. Los hombres del mar mostraron bien estar ens^eñar 
dos ¿ durísima doble fatiga, porque los araucanos, rabiosos 
por lo pasado, deseaban forjar sus primeras venganzas en sus 
vidas, peleando ambas partes con extremo valor. Llam&basie 
Temito el capitán de esta manga de indios, mozo arrogante y 
criado en las armas desde pequeño; con éste trabó escaramuza 
Valenzuela. diestro por la espada y dueño de un navio: pasaron 
entre ellos los trances que suelen ser propios de dos animoso^ 
que combaten, y así, porque es superfino referirlo por extenso, 
sólo diró que al fin dio el español con el indio muerto solíre la 
arena á vista de amigos y de enemigos. Estos con otros que ha- 
bían ven ido de refresco sintieron mucho la pérdida de su adalid, 
y apretaron tanto á los que hablan salido del mar que les obli- 
garon á perder tierra, retirándolos hasta el agua, y aún haciendo 
que entrasen en ella no pocos hasta la cintura. El padre Calan- 
cha dice que se retiraron á defender un barco que los chilenos 
II 



170 HISTORIADORES DE CHILE 

cogían para tomar la nao Jj' queel capitán don Juan de Pineda, 
viendo que el socorro que Íes venia tenia más necesidad de so- 
corro, en vez de amainar el brío, creció en esfuerzo: acometié- 
ronles cuatros capitanes, los más valerosos, Tucapcl, Talpuén. 
Rengo y Lepomán, de Angol, acompañados de otros de su mis- 
mo esfuerzo, y Don Juan con bravura desviando los contrarios 
y cuatro que le siguieron no sólo hicieron resistencia, pero 
ofendieron tanto que á Talguén le dieron veinte y tres heridas, 
pero tal era su tesón que, como si estuviera sano, peleaba. Va- 
lioso don Juan de una espada ancha, y ejecutando golpes, les 
rindió. 

Cuando no fueran las; vidas los premios de estas victorias 
pudiera suponerse que se hallaba en esta escuadra de lodo, más 
y menos valientes. Pero en eílos los riesgos eran tan comunes 
y tan propios de cualquiera, que sacando vivas fuerzas de la 
mayor ñaqueza. les hacía parecer más que hoiribres. Infiero de 
aquí que es casi excusado nombrar los que más se aventajaron, 
supuesto que procedieron todos como sumamente esforzados. 
Bien es verdad que entre ellos, por más fuertes, hicieron mayo- 
res daños en los enemigos Juan de Pineda, Francisco de Ba- 
rrio, Cristóbal Lasarte, Hernando de Villegas, Juan Alvarez 
(le Luna, los capitanes Viedmay Aguayo de Santaren, Martín 
de Elvirá.,'don Pablo de Espinosa, don Gabriel Vaca, Agustín 
de Paz, Diego Manrique, don Simón Osorio, Gregorio de La- 
go, Pedw Verdugo, Luis Cherino, Juan de Villegas, Baltasar 
Mejía, Clemente Bravo, Rodrigo de Ahumada, Riva Martin, 
Pérez de la Entrada, Diego y Andrés, ambos en apellidos Guz- 
manes, Francisco de Figueroa. 

Pudiera extender mucho más esta historia con casos infiíiitüs 
dignos de eterna memoria, en que se ocuparán otros; sólo uno 
pide aquí forzosa narración, esle fué Martín de Elvira, que pe- 
leando cuerpo á cuerpo con Gracolano, perdió la pica; el bárba- 
ro, gozoso con tal despojo, se retiraba con ella, y al saltar la cava 
fué muerto de un arcabucero, como se dijo: cayó y quedó }nnto ^ 
él derecha, arrimada la pica, como por trofeo de sus hechos. 
Acudieron muchos indios por ganarla, y locóle á Guaticol como 
más suelto y de mayor osadía; entregado de ella, la comenzó á 
ii'rciar con gallardo modo, haciendo al punto no poco daño con 
ella; mirábala con ansia el espaflol y siendo á un tiempo mica- 
do de su general, juzgó por importante á su honra atropellar 



ih_ 



FEItXÁNUEZ Dlíl. PULGAR 1 71 

cualquier peligro y no tener dilación. Despeñóse do las trincliu- 
ras al parecer sin armas, y cerrando con Guaticol hizo esfuerzo 
porrecobrar lo perdido: era el araucano casi gigante en estatura 
y pujanza, y sabíala defender con extremo; mas, su fuerza, 
se rindió á su destreza. Cerró Martin de Elvira estrechamente 
con él y aferrando el asta, ó por valor, ó por ventura, le tendió 
en el suelo sin que le valiese el exceso de sus fuerzas; sacó con 
presteza una oculta daga y le dio tres pufialadas, con que le pri- 
vó déla vida, y volvió salvo y con su honor á defender su pues- 
to. Quedó la gente española en su muro tras la próspera victo- 
ria sin conseguir el alcance, porque no pareció acertado estando 
á pie y la gente tan fatigada. Viéronso poco 1*3. lastimosos de- 
sastres en quien, menospreciando el reparo, siguió demasiado á 
su enemigo, pues no se sabe si desesperado éste, por perse- 
guido, ó si animado por la ventaja de algún sitio, revolvió so- 
Ijre los contrarios, y poniendo el rostro donde tenia la espada, 
les hizo quedar vencidos de vencedores. Hallábanse muchos 
soldados malamente heridos, aunque ninguno habla perdido la 
vida; el general dio gracias á Dios por el suceso y ordenó á los 
suyos que recobrasen el aliento, tomando alguna reformación, 
y luego reparasen las roturas del'baluarte, para poder contrave- 
nir á lo venidero advertidos de lo pasado. Es cierto no poder- 
se despreciar porolro mejor modo al enemigo y hacerle quedar 
con pérdida y mengua, como teniendor y apercibiéndose contra 
él de manera que cuando piense cosa nu^va en contra, y se 
mueva para querer ofender, halle prevenciones para que él 
pea el ofendido. 

Don García, dueño de gallardas resoluciones, deseaba impe- 
dir sus daños por todos caminos: en esta conformidad mandó 
limpiar el foso adonde la muerte como inexorable campeaba 
triunfadora entre infinidad de cuerpos araucanos. Alzáronse 
nuevos lienzos y cortinas, y rehaciéndose con brevedad todas 
Ijvs partes deshechas, se trató de curar y regalar á los heridos 
con el cuidado posible cuanto daba lugar el tiempo y preven- 
ción; duró el combale casi seis horas, en que perecieron con va- 
rias muertes más de dos mil bárbaros. 

No disgustará al lector de saber como se celebraron las exe- 
quias do los bárbaros que en esta batalla perecieron: usan las 
mujeres de éstos esperarlos no lejos de donde pelean, con gran 
]irevención de una bebida que usan como vino, que restaura el 



172 HISTORIADORES DE CHILE 

cansancio y mitiga la sed. Y Ja que echa menos á su marido 
suele partir en su busca para curarle si queda herido, y si es 
muerto para darle sepultura pronto; por lo que hizo una, se 
puede inferir lo que harán otras; faltando áTegualda su esposa 
llamado Pilgueno, partió velocísima á saber de i;l. Fué su am- 
paróla noche y asi, libre de miedo, andaba entre les cuerpos, 
llamando con voz sumisaá su esposo. Hallóle, y venidoel día, 
habló al gobernador con determinación afectuosa, suplicándole 
quisiese concederla el cuerpo de un indio que habla muerto en 
la batalla, poniendo por intercesor el amor que lo tenia y el áni- 
mo con que había venido por él. Este piadoso denuedo tuvo 
lugar en Don García, y dejando verá españoles aquel valor, 
concedió la demanda como recibiese el bautismo. Dejó la peti- 
ción suspensa un rato á la mujer, mas, al cabo consintió, por 
no perder la cara prenda y darla sepultura; y ha renacido por 
muerte ajena y cobrado el nombre de Beatriz; no quiso llevar 
á su esposo de aquel sitio, y por no dejar á los españoles agrade- 
cidos á su compasión, quedóse sirviendo con ellos. Y enterra- 
do Pilgueno en un hoyo, iba cada diaá estar sobre la sepultura 
un gran ralo y allí hablaba con él, y le pedia con instancia lo 
respondiese, representándole lo mucho que lo había querido: 
efecto de su amor y de su barbarie. 

¡Cuan bien se echa de ver cómo en todo cuan lo hay reina el 
amor! él engendra, cria y sustenta cuanto nace, y asi, los gen- 
liles con razón le tuvieron por el mayor Dios de los que fabu- 
losamente llamaban dioses. Entre las verdades católicas atri- 
buye el sabio á Dios amar todas las cosas y el amor de todas 
olias. Es sin duda el puro amor sumamente bueno, pues lo 
apetecen tanto hasta los bárbaros, que en crueldad distan poco 
delosbrutos. Son tiernisimas las entrafias de las mujeres del 
Arauco^en razón de amará sus maridos; desprecian por ellos 
muchas veces las vidas. Mas, sobre todo admira el ver que 
hallan las amantes tierna correspondencia en la ferocidad do 
sus varones. Al modo que esta mujer obraran todas, s¡ hubie- 
ran hallado ocasión de recoger los cadáveres de sus esposos; 
pero eslo trae la atrocidad de la gnerra, que no permite hacer 
demostraciones A la piedad. Y asi se queda Sf'jlo en suspiros lo 
([ue había de ser obsequioso fünebre aparato para demostracio- 
nes del aféelo. 



^ 




% 



CAPÍTULO XIII 



Cómo ponía Don Gabcía toda vjgilancia en la cüSTODitv del fortím 

V CÓMO ALENTÓ PABA ELLO A LOS SOLDADOS. 

Cada diaso temía volviesen los bárbaros con nuevas fuerzas 
á dar asalto al fortín, y asi es que se pusieron en nueva defen- 
sa; todo el cuidado de Don García consistía en que siempre so 
estuviese alerta, receloso de un nuevo acometimiento; á esle 
fin, visitaba en persona de noche los centinelas por inslanles, 
encomendaba su vigilancia, poníales delante qué eran los ins- 
trumentos de la conservación de la vida desús amigos y que 
sus desvelos eran los verdaderos medios de cualquier victoria. 
YA solicilo general, que andaba de continuo rondando, llegó al 
sitio donde estaba im cierto Rebolledo, reconoció en su modo, 
aunque le halló despierto, que dormitaba, y no dando crédito á 
indicios, y que reconociese que no se le ocultaba su flaqueza, 
loóle la vigilancia, y con esta sagacidad le dejó advertido de 
-SU descuido. No lo fué tanto Rebolledo; porque habiendo pasa- 
do el general, le pareció que no volvería, y rindiéndose al pe- 
sado enemigo que le acosaba, se quedó hecho trasunto do un 
muerto. 

Dio la vuelta presto Don García solicitado de aquellos ba- 
rruntos, queriendo no ser remiso con el más peligroso, y ha- 
llóle durmiendo, como dicen, á sueño suelto; llamóle enalta 
voz para certificarse más, y no dio respuesta; impaciente el 
general, sacó la espada y le hirió gravemente en un brazo y 
mandó que le colgasen luego al punto. Pusieron por escudo 



k.. 



174 HlSTülíIAÜORES UE CHILE 

drl golpe de aquel rigor SU clemencia, que no le resplandecía 
imjiios que su justicia; representáronle asimismo cuan precio- 
sa era allí la vida de un soldado, y promeliendo lodos el escar- 
niieato en aqu¿l y en cualquiera olro, si le hubiese de aquel 
género, consiguieron la misericordia y perdón que pedían por 
ininel soldado. 

Llegado el día, sabiendo el general cuan á propósito es con 
los subditos el prudente razonamiento del que gobierna, por- 
que quita el temor, enciende los ánimos, aumenta el tesón en 
loa combates, promete premios, expone á peligros y excita el 
modo á huirlos, colma de experiencias y causa oíros muchos 
buenos efectos, quiso haceV una oración á sus soldados. En 
ella les ensalzó de valerosos y con apacible gravedad les dio 
gracias por el sumo esfuerzo con que habían peleado; advirtió 
que convenia fuese este victorioso principio, para empeño 
do otros muchos vencimientos que habían de conseguir en los 
futuros rencuentros, que se apercibían no pocos; acordóles la 
valentía y atrevimiento con que proceden los bárbaros, para 
que les eslimasen; luego propuso era nádalo hecho ano que- 
dar vencidos; habían de querer cobrar el crédito perdido, y que 
p;iru esto era cierto habían de juntar todo el resto de su poder y 
lodo el caudal de sus bríos y volver á tomar satisfacción, y que 
así, era necesario no apartar la vista del remedio; avisó que el 
menosprecio de valer poco había de engendrar en ellos dobla- 
da estimación y estimulación paraganar ios reparos; propuso 
eia necesario que reconociesen los contrarios de nuevo cuan 
lejos estaban sus corazones de sor albergues del terror, y que 
cuii nuevas proezas debían apoyar las pasadas, aunque verda- 
deras, apenas creídas de los infieles; persuadió cuan honroso 
era que cuando viniese el socorro de los compañeros les ha- 
llase tan adelante que. juzgasen era casi superíluo su favor; 
Iras esto, les quitó toda esperanza de escaparse do la furia de 
lus l)árbaros, si no es venciendo; advirtió también que podían 
ser muchas las necesidades, pero que la más fiera era la que les 
obligaba á vencer ó morir; fomentó su ánimo con la justa cau- 
sa de semejante guerra, que era la de Dios, cuyas armas eran 
ennveuientes, pues se enderezaban á recobrar lo perdido y á 
defenderse de ajenas injurias; llamó ganancia ei haber salido 
bien con lo presente, mas no bastante para que se contentasen 
con ellas, pues seria perdida si no se llevase adelante con otras; 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 175 

dio igual lugar al sustento que at adquirir, encareciendo aún 
más laconservación, pues se suele ganar en una hora loque 
apeuas se puede asegurar en muchos años. Y aunque (hablan- 
do comunmente) aplicase á la fortuna gran poder en todas las 
acciones humanas, y so la atribuyó mayor en las cosas milita- 
res, con todo eso, hace la fortuna el ejecutar la buena disposi- 
ción y orden militar, donde un mandato mal entendido, un or- 
den mal ejecutado, una temeridad, una voz vana, traspasa 
muchas veces la victoria á los que ya parecían vencidos, na- 
ciendo en tales hechos de la guerra innumerables accidentes, 
que es imposible que sean previstos y gobernados con la pru- 
dencia del capitán y su consejo. Üliimamente les encargó la 
piedad con el rendido, pidiéndoles con encarecimiento no die- 
sen tanta rienda al furor que atropellase del todo la clemencia, 
pues no es vencer no dejar á quien implora.^ 

Con esto dejó á los circunstantes por extremo animados y 
dispuestos á emprender lo más imposible. 



s 



CAPÍTULO XIV 



C6mo tuvo aviso Don García que venía contra íl todo el Estado 
de a rauco, y que después que vinib9e la gente que estaba en la 
armada para la prevención de este rencuentro, v con la que 

VINO DEJÓ EL FORTIn, RkFIÉRENSE LOS PRINCIPALES SOLDADOS. 

Con el razonamiento que Don García habla becho á su gen- 
te, estaban esperando ganosos el segundo acometimiento, pa- 
ra poder subir con él más de punto sus hazañas. Estando asi 
sobre aviso y todo puesto en orden, llegó al muro un indio que 
venia dirigido al general; lleváronle á su tienda, y arrodillado 
en su presencia le persuadió se procurase poner en salvo por- 
que venia sobre ellos todo el estado de el Arauco. Añrmó que 
eran más de cuarenta mil los combatientes, todos colmados de 
mortal determinación y que era particular la priesa con que 
marchaban . 

No turbó esta nueva á Don García, ni mudó el semblante, por- 
que como habia dicho, estaba para todo apercibido, y asi su pre- 
vención no daba logará temor ó alboroto. Agradeció la inten- 
ción det cacique Cayuguano, que era quien como amigo le ha- 
bia enviado el aviso, y no quiso que quodase sin retribución 
aquella benevolencia. Mandó se diesen dos capas de grana, 
una guarnecida para el mismo cacique, y otra llana para el que 
habia traído el aviso. Mas, antes que se partiese, ordenó se le 
enseñase su gente puesta en orden de batalla, para que en cual- 
quiera parte que se hallase pudiese referir el cuidado con que 
oslaban de continuo los españoles, por si esta prevención déte- 



178 HISTORIADORES DB CHILE 

nia á los araucanos. Advertido del riesgo en que se habia de 
ver, si los enemigos le acometiíin con la pujanza qne se decía, 
despachó en un barco al.capilán Juan Ladrillero, junto con 
Alarcon de Cabrera, para que cosleando por la mar hasta el 
paraje del rio Maule, entrasen por él en busca de la gente. El 
orden que llevaban era de hacerla caminar con loda priesa, á 
fin de que se juntasen presto con la de el fuetle. Llegaron as- 
ios á tiempo que ellos m^smos querían atravesar aquel gran rio. 
Aí^initóse el campo en su orillapara que fuesen pasando lodos. 
Aquí se ahogó un valiente soldado por querer vadear su hon- 
dura en un buen caballo, suceso que lastimó no poco á los que 
li; vieron. Confiado el orden de Don García y la necesidad 
instante que representaba por sus' cartas, y cómo los contra- 
^il^s le habían cercado y dado ya una batalla, y quedaba en vís- 
peras de tener otra, adonde los enemigos, con la gente que 
tenían junta habían de mostrar todo su mayor esfuerzo; aper- 
cibieron luego los capitanes cien hombres á la ligera, con ar- 
mas y caballos, para que adelalándose sirviesen á los amigos 
ib; más pronto socorro; partiéronse estos al siguiente dia por 
la maflana, y don Luis de Toledo se quedó con otros doscien- 
Mri españoles, porque sin perder tiempo caminasen con el resto 
del campo y bagajes, en que venia cantidad de caballos de pre- 
cio. Con haber veinticinco leguas desde el rio Maule á la ciu- 
dad de la Concepción, las anduvieron en tres días, y el uno de 
ellos se les pasó en hacer balsas y en atravesar el rio Nibequetén. 
En jueves 13 de septiembre llegaron avista de los fuertes y en 
lo alio déla tierra de Penco tocaron arma. Causáronla los co- 
rrndores de los rebeldes, que venían marchando á dar sobre los 
foriificados, y reconocidoslos españoles, mirlaron da parecer 
y diiterminaron volverse ásus tierras, sin atreverse á acometer 
ni á descubrirse. 

Era grande el deseo de pelear que traían los cien españoles 
y ülliqnísieron manifestar el gusto de trabar escaramuzas con 
los bárbaros, mas enfrenólos el respeto debido al general, que 
(.'slaba cerca, y por eso no los fueron siguiendo, por no tener 
orden. Estando ya en una loma grandeque cae sobre la ciudad, 
fueron vistos por los centinelas del baluarte, y no divisando 
bien quiéneseran, locaron arma y se puso en ella toda la gen- 
le: mas habiéndoles reconocido y oído los relinchos de los ca- 
ballos, aunque de lejos, les hizo de gozo la salva la artillería y 






\ 1 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 179 

se tocaron otros instrumentos. Alborozáronse unos y otros y 
recibió por extremo bien el general á los que venían; desdeñó 
con su llegada estar encerrados dentro de los reparos; dejó el 
fuerte y se alojó por el campo, poniéndose en buen orden de 
guerra. 

Dentro de cinco días llegó don Luis -de Toledo con los de- 
más armados, con que quedaron todos colmados de alegría. En 
esta ocasión. vinieron de paz á los reales de Don García cier- 
tos indios de los rebelados y le trajeron un caballo que habían 
tomado en la última rota que dieron á los encomenderos de 
la Concepción cuando la iban á poblar segunda vefe, de que ya 
hicimos mención al principio.. 

Consideraba su obstinación, trató de proseguir la guerra, y 
' para ello ordenó se hiciese-reseña de toda la gente; mandó sa- 
liese la caballería á lo llano, en frente de la ciudad despoblada, 
y cada uno pasase delante de él la carrera con lanza y adarga: 
quiso que hiciesen escaramuza y que manejasen los caballos. 
Quedó por extremo gozoso de verlos tan prácticos, porque lo 
eran mucho los españoles que residen en aquel reino, por el 
continuo ejercicio militar; imponíanse desde edad de diez 
aQos, que es la causa de salir sumamente diestros. 

Los personajes más calificados y que más campearon este 
día, fueron don Felipe de Mendoza, don Luis de Toledo, hijo 
de el clavero de Alcántara, vecino y encomendero en el Perú, 
don Pedro de Portugal, aunque de edad de setenta y cuatro 
años, fuerte y animoso, Diego dala Cueva, de la casa de Albur- 
querque. Pedro Fernández de Córdoba, de ladel gran capitán, 
don Luis de Velasco, don Alonso Pacheco, Juan Remón, Pedro 
de Aguayo, Alonso Reinoso, Pedro de Murguía, don Simón 
Pereira, Rodrigo Quiroga, Lorenzo Bernal de Mercado, que 
después fué maestro de campo, Martín Ruiz de Gamboa, viz- 
caíno, que vino después á ser gobernador de Chile; el capitán 
Pedro de Olmos Aguilera, Lope Ruiz de Gamboa, Diego 
Cano y otros que no se nombran por evitar la prolijidad. 
Añade el P. (Jalancha á don Juan de Pineda, y que había mos- 
trado su valor en tiempo de Valdivia, y se le debieron las ma- 
yores acciones que obró Valdivia, y no fué peque'ña la que se 
dijo en el cap. 11 de este libro. Dos días antes de la partida 
proveyó el general capitanes á otros cargos, necesarios en la 
milicia, teniendo consideración sólo á los méritos, suficiencia y 



180 HISTORIADORES DE CHILE 

valor de cada uno. . Hizo coronel ó tenienle suyo á don Luis de 
Toledo, maestro de campo á Juan Remón, alférez general á 
don Pedro de Portugal, sargento mayor ii Pedro de Aguayo; 
capitanes de í¿ caballo ¿Rodrigo de Quiroga, Alonso de Reino- 
so, Rengifo y á Francisco de Ulloa; capitanes de infantería á 
don Felipe de Mendoza, á don Alonso Pacheco y á Vasco Suá- 
rez, y sargento mayor de éste ó Pedro de Obregón. Quiso el 
mismo general gobernar una compafiia do caballo, haciendo 
alférez de ella al capitán Pedro del Castillo; nombró por capi- 
tán de la artillería á Francisco Alvarez Berrío, sujeio bien en- 
tendido en ella. Tenía en su servicio Don García muchos hijos 
dalgo que como tales deseaban señalarse en las ecasiones, 
como lo habían hecho los que se hallaron on el primer combate 
que tuvieron. Acompañaron al general en esta jornada mu- 
chos caballeros viejos y mozos, y no pocos religiosos y personas 
eclesiásticas, como el licenciado Vallejo, maestreescuela de la 
Iglesia de los Charcas, predicador y su confesor, Leonardo de 
Valderrama, tesorero de la Iglesia Catedral de Quito, y su ca- 
pellán fray Gil González de Avila, de la orden de Sanio Do- 
mingo, también predicador; fray Diego de Chávez, fray Juan 
Gallegos, fray Juan de Rivadeneira, de la Orden de San Fran- 
cisco; fray Antonio Correa, de la Orden de Xuesira Sefiora de 
las Mercedes, todos con sus compañeros, sin otros clérigos. 
Con esta santa compañía de religiosos y varones doctos y con 
la gente de guerra puesta en orden, mandó alzar el real. 



^ 



— V 



CAPÍTULO XV. 

Cómo marcharon la vuelta del río grande Biobío, y le pasaron, 
aunque era dificultoso. 

Marchó el real la vuelta del rio grande dé Biobío, pero siem- 
pre iba el ejército bien puesto; mientras trataban de pasarle lle- 
garon cincuenta hombres de á caballo de la ciudad de la Con- 
cepción, que avisados por el general venían desde la Imperial á 
juntarse con los demás; mostró Don García mucho amor y 
agradecimiento á su Cuidado, y trató de pasar el río con toda 
diligencia; para este efectb se valió dé un ardid ya otra vez usa- 
do en semejantes ocasiones: temeroso de estorbos, mandó que 
cinco leguas más arriba de donde se apercibía el paso, se co- 
menzase á cortar madera y á fabricar barcas, para que enten- 
diesen los enemigos que había de ser por allí el tránsito; tuvié- 
ronlo ellos por cierto y así se fortificaron de la otra parte. 

En tanto, Don García marchó con la gente hasta donde el rio 
entra eri la mar. Ordenó luego, que subiesen por su boca todas 
las barcas y bateles de los navios que estaban en la Concepción, 
y allegados, quiso se diese principio al tránsito. No juzgaron 
muchos esta determinación por acertada, considerando era po- 
nerse en mucho aprieto por la división. El general, viendo in- 
clinadoá los más á este parecer, juzgando cuan importante era 
sepasase el río, pensó el modo, y no hallándolo fácil, por care- 
cer de vado, haciendo juntar los capitanes y otros, les dijo: 
«Pareceráos extraño que esté resuelto á pasar este río con el 
ejército, teniéndolo por sumamente peligroso, así por su gran- 
de travesía, como por el crecido número de contrarios que se 
ven de la otra parte. 



f>» 



182 HISTORIADORES DE CHILE 

«Mas, porque donde hay menos temor, asiste menos peligro, 
quiero mostraros hallarme aquí solo certero de honor y prove- 
cho. Las dudas que se os pueden representar son todas vanas, 
pues, cuanto á la osadía del enemigo, quedó con la pasada pér- 
dida tan acobardado que le será forzoso tomar ahora las ar- 
mas con corazón libre, considerando la importancia del socorro 
que nos ha llegado, y la unión de toda nuestra gente; sobre 
todo temsn tanto nuestra caballería, que sólo el verla los des- 
caece y llena de espanto: á la vista tenemos el ejemplo, pues 
cuando divisaron los cien caballos cesó el furorcon que venían 
á combatirnos el fortín y volvieron las espaldas. Si pocos y 
dentro de cortos y mal fortificados limites pudimos hacer los 
destrozos en ellos que os hemos referido: ¿qué es^peraremos ya 
muchos y puestos en buen orden? Aquí debemos procurar el 
servicio de Dios, el del Rey, y nuestra honra. ¿Deque habrán 
servido tantas prevenciones y aparatos de guerra, si ligera difí- 
. cuitad nos impide el paso? ¡no ha de serasíl Amas hemos de as- 
pirar y con más hemos de salir; no hallo estorbo que pueda ser 
bastante al triunfo de nuestra^ glorias, antes parece qne la for- 
tuna la va disponiendo según deseamos y más conviene. Por- 
que si estos enemigos que tenemos delante estuviesen aloja- 
dosen sitio queentre ellos y nosotros no hubiese algún impe- 
dimento, pequeño servicio hariamosal Rey en vencerlos, y por 
el consiguiente conseguiríamos poco honor; porque ¿cuál gloria 
se puede esperar hoy de vencerlas débiles reliquias de aquel 
ejército, que ayer todo junto, y con sus primeros bríos, venci- 
mos y pusimos en huida? Cierto, ninguna. Y asi quiere nues- 
tra buena suerte, para que nos resulte mayor alabanza, que 
. haya elegido el araucano poniendo contra nosotros aquella ri- 
bera. Y que en esta presente con gran ventaja suya nos mues- 
tre la frente, pues, es opinión general entre nosotros que puede 
desde allí turbará Su Majestad la justa posesión del reino; y 
que echándole j3e tal puesto consigamos tanto más galardón, 
cuanto el negocio se muestra más dificultoso.» Estas palabras y 
la autoridad de quien las decía, hizo parecerá todos bien consi- 
derada la resolución. Mandó, pues, que por la parte de arriba 
alguna gente pusiese en cuidado al enemigo con arma conti- 
nuada, dándole á entender que por allí había de ser el tránsito, 
para que así quedase ese otro desmentido. 
Y mientras se trataba de quienes habían de ser los primeros. 



\ 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 183 

Don Garcia con animosa determinación señaló esle riesgo para 
su pei-sona. Y haciendo que entrase con él en una misma bar- 
ca su caballo, junto con los de Bastida, Juan Remón y Diego 
Cano, pasaron todos cuatro ala otra parte. El P. Calancha 
dice que fiiéen su compañía don Juan de Pineda. Llegado ya, 
y ocupada la silla, caminaron media legua la tierra adentro, 
hollando aquellos tan temidos términos de el estado de Arauco. 
Reconocido el sitio, y hallándole sin peligro, volvieron adonde 
habían quedado los suyos, para que prosiguiesen en pasar el 
rio. Ellos, no menos confusos que corridos, echando de ver 
que había pasado su animcso caudillo y que no habían tenido 
riesgo, coléricos de vergonzosos, se apresuraban por pasar el 
rioá nado, impacientes de esperar las idas y venidas de los 
barcos. En fin pasaron todos dentro de cuatro días, sin que 
sucediese alguna desgracia. 

Es\ligno de sumo encarecimienlo que sujeto de tan poca 
edad, ni acompañado por falla de ella de mucha experiencia, 
usase de ardid tan ápropósito, y que en todo lo demás se valie- 
se de tan admirable gobierno. Mas ¿qué mucho si desde que tu- 
vo conocimiento del arte militar, y en especial desde el punto 
que le ocuparon en aquel cargo, manifestó ser magnánimo y 
prudentef Asi como lal procuraba tener autoridad en las cosas, 
gravedad en las palabras y fe en las promesas. Procuraba dis- 
currir en los negocios con grave advertencia, deliberarlo con 
maduro juicio y ejecutarlo con celeridad. Mostrabaá los suyos 
rostro alegre, descubría condición agradable, humana y benig- 
na con todos. Mas, de tal manera se acordaba de su grado y 
conservaba el decoro de su dignidad, que ni con mucha do- 
mestiquez hacia el ejército libre y poco diligente, ni con la de- 
masiada severidad le hacía enemigo. Antes reconociendo ser 
la benevolencia la más cierta esperanza de los soldados para 
alcanzar victorias, ponía cuidado, no sólo de que le tuviesen el 
debido respeto y reverencia, mas también en que le amasen 
rmicho; valíase para esto de premiará quien lo merecía, y, al 
contrario, de reprender y castigar á quien erraba con especial 
malicia. 



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^ 



CAPITULO XVI 



CÓMO ENTRARON POR TIERRA ADENTRO Y LA REFRIEGA QUE 
TUVIERON CON LOS ARAUCANOS. 

Ya que se vio con su gente Don García, habiendo pasado el 
rio Biobio y vencido dificultad tan insuperabla, comenzaron á 
marchar en buen concierto, llevando siempre ta vanguardia 
Don García, á quien jamás desamparaba la consideración de 
escoger sitio á propósito donde poder hacer seguro alojamien- 
to. Habiendo marchado asi media legua, el general ordenó al 
capitán Alonso de Reinoso adelantarse con su compañía á fin 
de recorrer la comarca y dar aviso de lo que descubriese; ibaio 
siguiendo poco á poco el resto de la gente, que al fin hizo alto 
en parte bien copiosa de pasto y agua y escombrada y desem- 
barazada de quien al rededor la pudiese cercar. 

Cerca de este puesto, á la una mano y al pie de una cuesta, 
estaba un gran pantano disimulado y cubierto por algunas 
parles con la espesura de varias yerbas. 

Apenas hablan comenzado á descansar, cuando oyeron á 
corta distancia de aquel sitio gran vocería y tropel que les obli- 
gó á tomar las armas; Vióse presto la causa del ruido, porque, 
habiendo Heinosocon los suyos encontrado con gruesa escua- 
dra de enemigos, le venían dando cara diciéndole palabras 
afrentosas. Estaban estos indios emboscados no lejos del cerro 
de Andalicán, para, en llegando alli los españoles, cercarles de 
improviso por los lados y dar furiosamente en ellos. 

Antes de esto habían salido del campo, sin orden, dos solda- 
dos llevados de curiosidad á ver qué había por el contorno; 



18G HISTORIADORES DE CHILE 

cuando iban andando se encontraron con gran número de bár- 
baros que venían determinados de embgslir á los españoles. 
Hallándose los dos tan cerca fneron acometidosde los contrarios 
y procuraron prenderlos porque no diesen aviso á los suyos. 
Procuraron entre ambos valerosamente resistirse, mas, al fin, 
fué muerto el uno, qtie se llamaba Hernando (juillén: escapó el 
otro, cuyo nombre era Román de Vega. 

Visto por Don García la molestia que daban los indios á Rei- 
noso, mandó saliesen en su favor dos compañías de á caballo; 
con este socorro hicieron rostro, y esperando las tres en un 
llano distaban de los enemigos poco más de un liro de arcabuz. 
Hallábase aquí el maesire de campo Remón, y en tanto que se 
consideraba io que habían de hacer, un soldado atrevido, lla- 
mado Hernán Pérez de Quesada, dijo en alta voz; «ali! señor 
maestre de campo ¿á qué hemos venido aquí?» — Respondió 
Remón: «buena pregunta es esa: ¡á qué podemos venir sino á 
esoln— Replicó Qnesada: «Pues, ¡Santiagol y á ellos!» y arre- 
metiendo con su caballo obligó á que se trabase la batalla ce- 
rrando todos; con este furioso tropel fueron desbatados los es- 
cuadrones opuestos, si bien el Hernán Pérez de Quesada salió 
mal herido: 

El padre Calancha cuenta asi esta batalla: «habiendo pasado 
el rio Biobío, salieron á ellos Andalicán, valiente bárbaro, Mi- 
llantén, Galbarino y Orompello, valerosos capitanes, con vein- 
te mil infantes, lloviendo flechas y arrojando lanzas; hicieron 
valerosos hechos don Juan de Pineda, Hernán Pérez, Diego de 
Avalos Valenzuela y Diego de Arana; mataron á un indio que 
hacia rostro á seis españoles; acompañábanles Ortigosa, Casta- 
ñeda y Cáceres.o t 

Y dice Oña que m^ó Pineda tantos indios que se habían 
metido en un cieno que sirvieron do puente para pasarle, y con 
todo este conflicto no salió Pineda herido. 

Rolos los|araucauos y vuelta la espalda, les fueron los españo- 
les dando alcance; mas, apenas duró esto mediahora, porque 
se encontraron con otra escuadra que venia en ayuda de los fu- 
gitivos; estos fueron causa que las tres .compañías de españo- 
les se fuesen retirando hacia su real, si bien se puede decir 
que sirvió de ardid esta retirada para incitar que los rebelados 
se acercasen más á su perdición, que en Jo mismo que hizo 
el campo español. Y asi, cuando el retirarse nace de pm- 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 187 

dencia más que de temor, es en iodo tiempo loable, sobre todo 
cuando se hace por excusa no poner en duda lo cierto, porque 
ninguna victoria es más útil y gloriosa que la que se adquiere 
sin dafio ni sangre. 

En este tiempo ya otros escuadrones de enemigos eniljcstian 
por otra parte al resto del ejército, y juntos todos ellos con los 
que venían siguiendo las tres compañías, se comenzó á trabar 
la batalla, la más sangrienta que hasta allí se había visto: lle- 
garon los indios con gran determinación de morir ó vencer; la 
misma tenían los españoles; el general, no turbado con el im- 
proviso acometimiento, proveyó todo lo que convino, y mon- 
tando á caballo, fué acudiendo á todas partes, animando á los 
suyos con obras y palabras. Asi peleaban ambos ejércitos con 
prodigioso esfuerzo, aunque desanimaba gravemente á los in- 
dios verse cercados de tanta caballería. 

Bien seria menester para cada batalla de las que hubo nue- 
vo y crecido caudal de palabras con que expresar las hazañas 
de unos y otros; mas, pienso que serán excusadas las míis en- 
carecidas por ser ya tan conocido el valor de los combatientes. 

Duró el pelear sin declinación largas cinco horas; al fin, fo- 
mentando los españoles á cada paso más su pujanza, obliga- 
ron á que no pudiesen resistirles sus contrarios. Escogieron és- 
tos la huida; mas, no se les concedió á muchos, y se metían en 
los pantanos que dije alli habla, por huir de los caballos; en 
éstos hizo don Felipe de Mendoza, con sus arcabuceros, lasti- 
moso estrago, pues no se disparó tiro sin acierto; andaban 
los de á. caballo por otra parte haciendo con rigor crecidas ma- 
tanzas en los demás que iban huyendo: aqui fué preso Galba- 
rino, á quiea mandaron cortar las manos, enviándolo vivo á su 
tierra para ejemplo de los otros rebeldes, si bien sirvió sólo de 
obslinar sus ánimos mucho más, porque de la arenga y per- 
suasión que después hizo el ofendido al seuado mostrándosele 
en forma de horrible espectáculo, resultó en todos nueva indig- 
nación para seguir la guerra, aborreciendo todo lo que tuviese 
color de paz. 

No siempre se logran todos los medios; asombró este dia el 
número de enemigos que quedaron sin vida; velase sembrado 
el campo de armas, lanzas, dardos, flechas, carcajes, batidas y 






HISTORIADORES DE CHILB 



Salieron heridos mortalmenfe no pocos nppailoles, muertos 
muchos de sus caballos; pero, en fin, se consiguió victoria de 
los araucanos. 



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(ÍV 



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CAPÍTULO XVII 



Cómo Don García pasó adelante con su gente y lo que sucedió en 
la marcha y otra gran victoria. 

La pasada y presente "victoria dieron aliento á Don García 
para que con mayor acierto pisase más osadamente los limites 
de Arauco, y asi, otro día después de este encuentro, que fué 10 
de octubre del 57, mandó marchase toda su gente, ordenando á 
Remón, su maestre de campo, caminase derecho al valle del 
Arauco. Toda la gente, antes de llegar á él hizo asiento en el 
cerro y llanuras de Andalioán, legua y media más adelante de 
donde fué la batalla; desde allí comenzaron á correr aquella 
tierra, haciendo los capitanes que sallan el daño posible, para 
que experimentándole, se viniesen á poner las indios debajo 
del dominio de S. M.; creyóse que de esta forma los que anda- 
ban huidos por montes y sierras acudieran con más facilidad 
á la paz, teniendo esperanza de volver á habitar sus casas y á 
gozar de sus sementeras: fué esta prevención no poco provechosa 
y por extremo loable y digna de tan español caballero. Tras esto 
marchó el ejército sin ningún peligro, dejando con dolor el tea- 
tro en que quedó vencido Francisco de Villagra, como ya toca- 
mos al principio de este libro. 

Hicieron su alojamiento á orillas del rio Laraquete, entrada 
de el extendido llano de Arauco. Partieron luego algunos caba- 
llos á correr la tierra. 

Pasados dos días, al rayar el alba, se tocó un clarin para que 
todos fuesen á oir misa, porque habia de pasar adelante el ejér- 



190 HISTORIADORES DE CHILE 

cilo, y acabada, estando toda la gente de á caballo y de á pió 
para marchar, les fué forzoso aciidir á las armas con notable 
furia; y fué el caso que los indios, sabiendo que los nuestros 
estaban en el sitio de Millarapue, caminaron toda la noche á 
toda priesa para poder llegará tiempo que los cogiesen descui- 
dos y sin orden; acertó á ser este día el del apóstol San Andrés; 
tocóse la alborada, haciendo salvas al santo, clarines, cajas 
y chirimías. 

Los araucanos, que sin haber sido sentidos por los centine- 
las españoles, habían llegado á menos de un cuarto de legua 
del real, pensaran que hablap sido descubiertos y se tocaba 
arma para dar sobre ellos, y asi respondieron también con sus 
instrumentos, bocinas y grita acostumbrada. Montó con singu- 
lar presteza D. García á caballo, porque de continuo se le te- 
nia á punto en las puertas de su tienda; luego hizo que se reco- 
giesen todos en !a plaza de armas, donde estuvo aguardando á 
que acabase de amanecer. Con la luz del dia se comenzaron á 
descubrir tres gruesos escuadrones: el uno dio muestras de si, 
por una loma baja; seria de siete á ocho mil indios. Este venia 
á dar á la mano derecha de donde estaban los españoles; otro 
de cinco á seis mil, se encaminaba por otra media ladera ai 
lado izquierdo, y el último y menor que tos dos se quedaba 
un poco atrás, como en retaguardia: éste hizo alto en un cerri- 
llo, donde estaba Caupolicán en un caballo blanco con una 
capa de grana, proveyendo gallai-damente cuanto era me- 
nester. 

Recibió D. García la gente que se acercaba por el lado dere- 
cho con cinco ó seis piezas de campaña y con la arcabucería; 
mas, volviendo la cabeza y viendo que no habla podido la caba- 
llería romper por dos veces los contrarios, á causa de estar su 
escuadrón tan cuüjado y cerrado de picas como si fuera de 
alemanes, considerando que los que marchaban hacia él se ve- 
nían deteniendo quedándose algo lejos, mandó revolver las 
bocas de las piezas á la ladera donde estaban los que peleaban 
con la caballería. Jugaron ésta de manera hacia el través del 
mismo escuadrón, que á las primeras rociadas sa abrieron los 
bárbaros portodas partes y así con facilidad los pudieron entrar; 
tras esto, apresurando el paso el general, hizo sentir la ar- 
tillería y arcabucería álosque le venían á embestir. Trabóse des- 
pués entre una y oira gente sangrienta batalla: do ella salieron 



^ 



f\ 



J 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 191 

heridos no pocos españoles y muertos algunos caballos; mas, 
al fin, fueron rotos del todo los enemigos y alanceados y pre- 
sos mucíios, y entre ellos algunos capitanes de no poca consi- , 
deración. Caupolicán con los demás de su tercio, visto el mal 
suceso de los dos escuadrones yol improviso destrozo que ha- 
bían hecho en ellos las armas de fuego, acordaron retirarse y 
ponerse en cobro cada uno lo mejor que pudiesen: fuéseles dan- 
do alcancacomo media legua; cesaron alli por orden de B. Gar- 
cía, que aún en medio de tales ocasiones de rigor, jamás se veía 
desnudo del todo de piedad y clemencia, siendo por extremo 
loable en el principe victorioso olvidar y omitir lo que 
puede hacer con razón contra el vencido: asi lo previno á sus 
soldados y asi lo ejecutó. 

El padre Calancha dice que en esta batalla don Juan de 
Pineda, caballero de Sevilla, anduvo más esforzado, animando 
á los soldados y quitando la vida á muchos enemigos, y que 
Caupolicán, que era el general, envió á un cacique á desafiar 
á D. García para que saliese cuerpo á cuerpo con él, pero que 
en este intermedio D. Juan de Pineda acometió á Caupolicán y 
ludió tanto en quéentender que no se acordó del desafio y que 
viendo que en la fuerza de la batalla aclamaban los capi- 
tanes caciques, victoria, les acomelió con tanta violencia con 
su gente que aclamó por el pueblo español victoria, y les fué 
siguiendo D. García. Fué esta batalla tercera por extremo re- 
ñida; quedaron en ella los indios tan rendidos y desbaratados 
que parecía imposible levantar cabeza. Aquí quedó preso Gal- 
barino, aquel á quien cortaron las manos en el encuentro que 
se tuvo después de pasado el río: éste, tras haber entonces 
movido los ánimos de los suyos á conseguir desesperada ven- 
ganza de los españoles, venia ahora delante de los tres escua- 
drones, alzando las manos cortadas y exclamado: «Esforzaos, 
amigos, y pelead con bravo corazón hasta morir ó vencer á es- 
tos de quien tanto daño hemos recibido. Estos "quitaron vues- 
tra liacionda; éstos extrajeron vuestros hijos y mujeres»; sin 
otras cosas que iba diciendo para incitarlos: pagólo con la vi- 
da colgado de un árbol. 

Fueron los que murieron en esta ocasión hasta cuatro mil; 
prendiéronse más de 800; entre los que D. García mandó ajus- 
ticiar para poner terror y escarmiento á los que habían esca- j 
tlado, fué uno que llamaron Livantuano, que estando para ser i 

L J 



192 HISTORIADORES DB CHILB 

colgado, dijo, vuelfc á los que le miraban; «Españoles, yo os 
ruego qne mo pongáis no en lo bajo sino en lo más alio de esta 
plañía que tenemos delante; verán los de mi patria cómo mue- 
ro en su defensa y cómo me quitáis la vida, y verán por ella el 
odio que os tengo, para que los demás aprendan de mí á te- 
nerle y no perderle en cualquier trance en que se vean.» Duró 
esEabatalIa, que fuá por fin de noviembre del 57, desde que 
amaneció basta las dos de la tarde, sin cesar el pelear valerosa- 
menle; puso D. García en ella el resto de su valor, prudencia y 
práctica, acudiendo á todas partes y no faltando á cuanto con- 
vonia: procedieron todos los españoles con crecido esfuerzo 
mirando al de su general; mostró cualquiera de los capitanes 
que era bien digno del cargo que ocupaba: tal fué su cuidado y 
puntualidad. En ninguno se vio flaqueza que se pudiese notar, 
antes siendo el uno émulo del valor del otro, aspiraba á con- 
seguir él solo mayor oposición. No fué menor la fortaleza que 
descubrieron algunos araucanos hallándose en esta refriega 
todos los conocidos por más famosos: fuera faltar á la verdad 
en todo si no so confesara que hicieron proezas dignas de in- 
mortales alabanzas. 



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J 



CAPITULO XVIII 



Cómo D, G.tRCÍA fué entrando i,a tierra adentro y REEnrricó el 

FUERTE QVE HABIaN DERRIBADO LOS ARAUCANOS, HECHO pOR \'ALDr- 
VIA, Y DE OTRA VICTORIA QUE TUVO. 

Tras la victoria pasada, envió D. García ciento y cincuenta 
soldados en tres compafiias de á caballo acorrer la tierra: 
mandó fuese con ellos su maestro de campo. Estos llegaron á 
donde les enemigos estuvieron alojados, cuando se juntaron 
para venir á dar esta última batalla: halláronse alli huesos co- 
mo de tres ó cuatro cabezas de españoles, que al parecer ha- 
bían sido comidas. Mas, en toda aquella comarca no se des- 
cubrió indio enemigo; dieron la vuelta los corredores do? ho- 
ras antes de anochecer y hicieron relación de lo visto. 

Alzóse el real otro día y fué caminando hacia el lebo de Tu- 
capel, adonde no se halló resistencia porque los rebeldes 
andaban ya por extremo decaídos y no osaban juntarse para 
venir de nuevo á las manos con los españoles. Sólo se conser- 
vaban en cuadrilla, procurando hacer salto on algunos españo- 
les que anduviesen desmandados. 

Mas, traía el general tan bien disciplinado su ejército, que 
ninguno salía de la orden que daba ^y conveníanla guerra. 
Servíales de sustento lo que tenían sembrado los bárbaro,?, sin 
gran' cantidad de otros mantenimientos que tenían encerrados 
en silos. 

Llegada la gente al distrito de Lebu, se detuvo dos días en 
él. La primera noche al primer cuarto do la prima vigilia se 
tocó arma y estuvieron todos en eila hasta el amanecer. 



194 HISTORIADORES DE CHILE 

En esta parto tuvo D. Pedro de Valdivia aquella batalla tan 
sangrienta, y en que fué desbaraiado y muerto; asi, su conside- 
i'ación era bastante á que en general se estuviese alerta, obli- 
gando á esto en particular la disposición del sitio, no poco pe- 
ligroso. Pudo la memoria de aquel lastimoso suceso traer 
lágrimas á los ojos de algunos prímei-os conquistadores que 
iban con D. García allí. 

Los dePaicavi y Ougolmo, agradecidos á la buena obrado 
que les soltasen suspresoa, trataron de pagarle con hacer en su 
distrito otra junta de guerra, con tanto secreto y presteza que 
por ningún modo llegase á noticia de los españoles: ibale 
sucediendo asi, cuando un sábado del mes de diciembre del 
57 salió Rodrigo de Quiroga á recorrer la tierra por mandado 
del general; llevaba consigo sólo 32 soldados y entre ellos no 
más que un arcabucero, ocasión porque después fué muy re- 
prendido, supuesto que en tierra lan alterada no debía salir 
menos que con toda su compañía; y caminando sin advertir lo 
que habia de las juntas, se aposentó tres leguas del ejército. 
Llegó á unos bosques, que eran confines de Paicavi y Ongol- 
mo, donde sus moradores, que son muchos, le enviaron á 
decir que querían venir á dar la obediencia y á ver pacifica- 
mente á D. Garcia; en confirmación de esto, enviaron dos ve- 
ces mensajeros á fin de entretener. Pasáronse tres horas en 
idas y venidas, en cuyo intervalo estuvieron los enemigos or- 
denando sus escuadras, y haciéndose tiempo de dar vuelta al 
real, comenzaron á marchar los 32 con su capitán Quiroga por 
la misma parte por donde habían venido. 

Apenas caminaron un cuarto de legua, cuando el aviso de 
un criado les obligó á ponerse en arma; éste les dijo cómo 
millares de araucanos les habían tomado el camino y estaban 
con ánimo de cogerles vivos y ejecutar con ellos difercnles gé- 
neros de martirio. Decía que estaban grandemente lastimados 
de la gente que les habían cogido en la costa, no obstante se les 
hubiese vuelto el general libre y sin haber recibido agravios; 
además significaba el criado que se hallaban sentidísimos de 
que les anduviesen escalando las casas y quitándoles los man- 
tenimientos, de lodo lo que venían á tomar venganza. 

Animó Rodrigo de Quiroga á los suyos y mandando que 
se alijerasen todos de las cargas, les puso á punto de batalla 
y se fué acercando. Venían los enemigos bien ordenados en 



i 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 195 

escuadras y más bien armados que hasta atli sé habían visto. 
El primero qtie les embistió fué el capitán Alonso do Escobar, 
vecino y encomendero de la ciudad de Santiago, con doce es- 
pañoles: era éste gallardo hombre de á caballo , de entrambas 
sillas, y asi los rompió valeutlBÍmamente. Luego acometieron 
los demás soldados con Quiroga, su caudillo, y continuándose 
la escaramuía, fueron dentro de hora y media desbara- 
tados los indios, dejando gran suma d.e armas como en des- 
pojos. 
Fueron siguiendo el alcance, y á dos carreras de caballo en- 

( centraron el socorro de dos escuadrones que venían marchan- 

do aprisa: allí se fueron á recoger y amparar los que iban de 
vencida. Turbó algo á ios españoles el ver de repente llegar 
de refresco tanta y tan lucida gente. Mas, considerando el 
presente peligro y valiéndose del resto de su pujanza, la hicie- 
ron experimentará los rebeldes peleando animosament-e. An- 
tes que se reconociese la victoria, hubo notable turbación en 
los españoles por el grande aprieto en que los pusieron los infie- 
les, mas fué servido Nuestro Señor de dárselas con muerte de 
400 y prisión de más de 100. Peleó cada uno délos 32 con inau- 
dito esfuerzo y obstinación, siendo cualquiera digno de ser ce- 
h lebrado por largas edades, pues sin duda excedió este dia 

t al de más opinión y fama que Uone el mundo, con haber sido 

de tanta los ]-"■'"'<"'' 



Quiroga, en la fuerza de la batalla, les puso con animosas 
razones delante que eran por lo menos las vidas los premios 
de aquel vencimiento, y que si hasta alli ha¿ia sido el honor 
quien les había hecho fuertes, debía ahora fortificarlos la ur- 
gente necesidad de salvar su vida. 

Era et sitio donde acometieron loslenemigos raso y del todo 
libre de arboledas, y con eso los de á caballo pudieron revol- 
ver á su gusto con lanza y adarga, uniéndose los unos á los 
otros. Señaláronse todos grandemente, pero en especial se 
aventajaron los capitanes Francisco de Riberos, Juan de Cue- 
vas, Alonso de Escobar y Luis de Toledo. Seria de cinco mil el 
número de los indios. Acaudillábalos Caniomangue hombro 
valentísimo: fué menester desembarazar el camino por donde 
habían do [tasarlos victoriosos, por tenerle cerrado los con- 
trarios con palizadas antes de entrar en la batalla. Quedaron 
los españoles y sus caballos tan cansados, que apenas se podían 



196 HISTORIADORES DE CHILS 

mover, y esconderse ei sol, ya perdida la fuerza en laescaramu- 
za. sólo el calor fuera bastante para acabar con ellos privándolos 
de aliento. Dieron gracias á Dios los victoriosos por el buen 
suceso y volvieron al ejército con gran gloria de su valor. Don 
García, á quien algunos criados, adelantándose, avisaron del 
trance en que se habían visto los suyos, salió á recibirlos á dos 
tiros de arcabuz del fuerte; mandó primero se tocasen los cla- 
rines y se disparase la artillería y los arcabuces cuando llega- 
sen cerca de la muralla. Ya llegados, dijo el general á Quiro- 
ga; «de tan buenos capitanes como V. Md. no se esperaba 
menos; estimo como es justo el vencimiento y me he holgado 
hayan peleado tan á su satisfacción los que llevo V. Md. en su 
compaiiia. Yo en nombre do Su Majestad les gratificaré, para 
cuyo efecto deseo se me dé memoria de sus nombres.» Con 
esto, y con abrazar á cada uno de por si les dejó conlenlisimos 
y alentados para emprender semejantes hazañas; este agrado le 
hacia sumamente bienquisto y amado con particular afecto. 
Tenía en este tiempo 25 años de edad, no menos apetecedor 
de honor y alabanzas que apto y generoso' para tolerar las 
fatigas y sufrir las incomodidades que necesariamente se pa- 
decen en la guerra. Hasta aquí las heroicas acciones de don 
García, este año de 1557 y el tercer libro de. esta Historia. 
Proseguiráso en el Libro quinto. 



^ 



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REYES DE ESPAÑA 

EN LA 

I CiiSIi DE LA MICA 

í 

POR EL DOCTOR 

PEDRO FERNÁNDEZ DEL PULGAR 



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!Tl. 



De las islas peiítenecientes A Chile. 



De la exlroma boca del seno de la ciudad de la Concepción, 
á la isla de Sania María, cuentan (rece leguas; Ciczadice quin- 
ce, y que los barban-^ la llatnan Liicengo. Está sita en 37» y 20 
niiriulos. poco menos de la linea, hacia el Estrecho, enfrente 
de la provincia araucana, donde dijimos que el continente ad- 
mitía un grande y amplio seno. Está circuida de peflas, que 
las olas del océano tienen comidas, de suerte que algunos juz- 
gan que fu(^ unida al continente, y poco á poco, la hundió el 
golfo; no liene ya casi tres leguas cíe ancho. 

El suelo de esta isla es muy fértil. Lleva mucho trigo yceba- 
da; el mar cercano, mucha pesca, especialmente sepias, de cu- 
yos ojos se saca una callosa substancia, que parece á las per- 
las en blancura y resplandor, pero no tiene aquella dureza. 
Con todo eso, las mujeres las nsan para su adorno. Aquí se 
hallan unos peces con conchas, que llama choros, y se halla 
un género de piedras preciosas como simiente de cáñamo y de 
singular grandor, pero no tienen estimación, porque los bárba- 
ros no saben agujerearlas. 

Tomás Candido, ó Candish, llegó con sus naves aquí y paró 
en la oriental región de la isla; ancló en lugar seguro, subió á 
la isla y halló gran cantidad de lrigo> Los bárbaros están tan 
sujetos A los españoles que no se atreven á matar y comer un 
puerco ni una gallina, aunque hay de todo grande abundan- 
cia. 

Abrazan ya la religión católica, y tienen iglesia y altar y or- 
namentos según el estilo romano. 



20Q. HISTORIADORES DB CHILE 

Hay miiclio maíz y varias fruías, de suerte que los que fueren 
poderosos pueden coger de' aquí todo género do matalotaje. 
Georgio E^pilbergío se apoderó de esta isla el año 1615, y lle- 
vó más de quinienias ovejas, gran número de gallinas y abun- 
dancia de todo alimento. 



Isla de la Mocha. 

Esta isla la habitan pueblos que del continente se recogieron 
aqui, huyendo de los españoles. Dista de la linea 38" y algunos 
minutos; está del continente cinco leguas, de el rio Lebu 
que enfrente del continente sale al mar Austral, seis leguas, y 
tíiialmeiite, de laislade Santa María diez y ocho leguas hacia 
el ártico. El marque intermedia tiene de profundidad de ordi- 
nario doco brazas, muchas veces menos. 

Esta isla es bastantemente amplia: en medio hay un monto 
muy alto junto á la cumbre, de dos puntas; de él baja un rio 
muy claro, potable. Desde la raíz del monte está la costa del 
mar y la cerca; el restante de la tierra, declina y para en lla- 
nura. El suelo es fecundo para lodoe frutos y alegre para pas- 
tar. Debajo dtí la sierra hay cómoda estación y fácil páralos 
lanchónos, y el mar profundo en siete ú ocho brazas, pues se 
temen los aquilones, aunque aquí raras veces soplan. 

Francisco Draque estuvo aquí con sus naos, y hallando propi- 
cios á los naturales y permutando alimentos por mercaderías, 
después de dos días envió ,á tierra dos personas; y tos isleilos, 
como es verosímil, juzgando que eran espaflolctj, ó sus amigos 
y confederados, los mataron, y después prohibieron que los in- 
gleses saliesen á tierra. 

Tomás Candish llegó allí otra vez, y casi del mismo modo 
le rqpibicron los naturales, y también le prohibieron salir á 
tierra. 

Los holandeses han tenido mucha fortuna, porque Oliverio 
Noor llegó aqui, y amigablemente comerció con Jos isleños, 
permutando por cuchillos y cosas de este género, ovejas y ali- 
mentos. Por.una segur, una oveja; por un cuchillo, una galli- 
na y á veces dos, y á este modo, maíz, patatas, calabazas y 
otros frutos que lleva la isla. 

Los bárbaros cerca de la mar habitaban chozas de cin- 



^ 



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FERNÁNDEZ DEL PULGAR 201 

cuenta domicilios, bien compuestas con SUS empalizadas lar- 
gas, y adornadas en medio con un zaguán, Y aunque recibían 
benignamente á los holandeses, no les dejaron oiifrar en sus 
casas, ni hablar con sus mujeres. Todas las juntaron en una 
era cercana j' las mandaron que por su orden fuesen á hincar A 
sus pies la rodilla. Tienen costumbre de tener tantas mujeres 
cuantas quieren, y el que tiene más hijas, tienen por más rico, 
porque las compran los novios por bueyes y ovejas ú otras 
cosas. Cúbrense con túnicas largas desdo los hombros hasta 
los talones, asi varones como hembras; hácenlas de paño que 
lejen de lana de las ovejas. Los hombros traen el cabello hasta 
los hombros, las mujeres ie añudan en la cerviz. 

Jorge Spilbergio, holandas, exporimenló también benignos 
estos isleños, y recibió de ellos todo género de matalotaje. Des- 
cribió esta isla, y dice: que por la parte qOe mira al ártico es do 
humilde suelo y campestre; por la que mira al austro, eslá 
circuida de muchos escollos y piedras, y que la azotan fuerte- 
mente las olas dol mar. 

No he visto, dice, hasta esta hora quien explicase la amplitud 
de esta isla, ni las leguas que tiene de circuito. 



De Chile. 

De esta gobernación, limites y cualidades de cielo y suelo, 
trato latamente en el libro tercero de la década nona, y así 
sólo pondré aquí el índice de lo que se describe. ' 



I. Nos ha parecido inútil copiar este Índice délos capítulos que quedan ya ii 



^ 



LIBRO QUINTO 



DE EL ESTRECHO DE MAGALLANES Y ISLAS DE LOS LADRONES 
QUE HOY SE LLAMAN LAS ISLAS MARIANAS. 



Descr[pc[Ón del Estrecho de Magallanes, así de lo interior de él 

COMO DE LAS COSTAS AL MaR DEL SuR Y DEL NoRTE. — PÓNENSE i.AS 
NAVEGACIONES DESDE ClIlLE Y DEL CaLLAO DE EL PeBÍÍ A LA DOCA AUS- 
TRAL Y DESCRÍBENSE LAS COSTAS. 

/. — Descripción del Estrecho de Magallanes según lo 
refere el padre Oaalle. 

Oídas en Castilla las relaciones del nuevo y prodigioso viaje 
de la nao Victoria y del comercio de la ospecieria, creció el de- 
seo de continuarlo. 

Pero antes que refiramos el viaje que se siguió, será bien po- 
ner la descripción de el Estrecho de Magallanes como lo verifi- 
ca el P. Ovallc, lib. III, cap. III. 

Dio nombre al Estrecho de Magallanes, 'el que elernizó el 
suyo por haber sido el primero que le descubrió y pasó en la 
forma qua queda referida, y añade Ovalle fie su muerte, que le 
derribaron la celada de una pedrada y lo quebraron una pierna 
de otra y le derribaron en el suelo y le alancearon. Con que el 
mundo dio á sus fierezas y valentías el premio á que otros: hizo 
gran falta su muerte en el descubrimiento y conquista de aquel 
nuevo mundo, porque no hay duda que si viviera hubiera des- 
cubierto más tierra y islas. 



204 HISTORIADOREa DE CHILE 

Para decir lo más cierto de este estrecho de Magallanes me 
valdré de las noticias que nos lian dejado los que han pasado 
por él, pues, como lestigos de vista, han tenido menor peligro 
de engañarse. Y en primer lugar refiero las relaciones juradas 
que dieron al Rey en Castilla los que habiendo partido de la 
Coruña por d-den del emperador Carlos V en las seis naves, 
cuyo general fué don frey García Jofré de Loaysa, de el hábilo 
de San Juan, natural de Ciudad Real, y volvieron t Castilla á 
dar cuenta de su viaje. 

Estos refirieron que dicho Estrecho tiene de largo cien le- 
guas, desde el caho de las Once rnil Vírgenes, que es el que eslá 
á la boca del Mar del Norle, hasta el cabo Deseado, que está á 
la del Sur. 

Y describiendo el Estrecho, dicen que hallaron en él tres an- 
cones ó ensenadas de siete leguas, poco más ó menos, de diá- 
metro de tierra á tierra, cuyas bocas son de poco más de media 
legua de ancho, y de largo, la primera de una legua y la segunda 
de dos, y la tercera dicen que corre por entre unos montes tan 
altos de la una y oíra banda que parece compiten con las estre- 
llas, y no dan entrada al sol en lodo el año; y asi, padeciei"on 
alii grandísimos fríos, porque nevaba ordinariamente, y coreio 
la nieve nunca se derrite al calor delsol, poi'que no llega alli, la 
vieron que azuleaba. 

Dicen más, que hallaron alli la noche de veinte horas; buenas 
aguas, arboledas de varias suertes, mucha canela, y las hojas 
y ramas de los árboles, aunque verdes y frescas, ardían en el 
fuego como si estuvieran secas; que hallaron asimismo mu- 
chas y buenas pesquerías, grande número de ballenas, algunas 
sirenas, muchas toninas, marrajos, rotes, tiburones, merluzas, 
capras, y muy grandes; mucha cantidad de sardina y anchoas, 
grandes megiüones y ostras, y otras muchas y muy diversas 
maneras de pescados muy buenos. 

Y seguros puertos, con catorce y quince brazíis de fondo, y en 
la principal canal más de quinientas, y en ninjíuiia parte ba- 
jíos. 

Encontraron con muy alegres rios y arroyos y vieron que las 
mareas del uno y oiro mar suben cada una cincuenta varas y 
más, y se van á juntar á la mitad del Estrecho, donde, al en- 
contrarse, hacen grandísimo ruido y formidable estnieiuio. 

Aunque un caballero portugués que pasó este estrecho me 



^ 



i 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 205 

dijo no eran éstas mareas, sino una creciente que dura un mes 
y más, conforme los aires que predominan, y asi crece en unas el 
mar de manera que sube muy alto, y otras mengua, dejando en 
seco muy extendidas y dilatadas playas; y este menguar debo 
ser tan apriesa que tal vez quedan los navios en seco, como 
aconteció al de este capitán que quedó como en un pozo, más de 
ocho varas de el agua, y fué menester romper la arena por todo 
aquel espacio para poder navegar. 

Hallaron otras muchas gargantas en este estrecho, pero por 
falta de tiempo y bastimentos no pudieron reconocerlas. 

Perdieron una nao en el cabo de las Vírgenes, y aún no ha- 
bían entrado por la boca, cuando una tempestad los arrojó fue- 
ra al río y puerto de la Santa Cruz, donde hallaron áspides de 
varios colores, y unas piedras que tenían virtud de restañar la 
sangre. Lo referido se podrá ver ala larga en Antonio de He- 
rrera, tomo II, década 3, libro X, folio 335. Y no desdice de la 
relación de el viaje de Magallanes, aunque éste hace más es- 
trechas las angosturas, porque las juzgó de poco más de tiro de 
mosquete, ó como un tiro de pieza de artillería pequeña. Y de 
boca á boca juzgó seria la distancia de cien leguas; y las tie- 
rras de la una y otra parte, dijo que eran las más hermosas del 
mundo. 

Esta es, en suma, la relación que hicieron al rey los de esta 
armada. 

Otros autores he visto que ni dan tantas leguas de largo al 
Estrecho de boca á boca, porque unos le hacen de noventa le- 
guas, otros de .ochenta, ni hacen las angosturas tan estre- 
chas. 

Pero á los que parece que se ha de dar más crédito son los 
primeros, por haberlo tanteado con el cuidado y puntualidad 
que era necesario para informar á su rey de la verdad, como lo 
hicieron. En lo que todos generalmente convienen es en las 
buenas cualidades que cuentan, así del mar y islas de este Es- 
trecho, como de las costas y tierras de la unji y otra banda; y 
de los abrigos y buenos puertos que en ellas hay para el buen 
seguro de los bajeles. 

De algunos en particular dicen que son tan buenos que esta- 
ban los navios que estaban en ellos sin amarrar, defendidos y 
guardados como en una caja. 

Entre otros, fué muy celebrado de los holandeses el puerto 



^ 



206 HISTORIADORES DB CHILE 

vigésimo quinto, que llamaron Insigne; y lo es íaiito por sus 
buenas propiedades, que el general Jorge Eupilbergio le dio 
su mismo nombre, por el buen refresco que en l'I hallaron, y 
por haber visfo la tierra apacibilísima, toda sembrada do va- 
rias frutas, coloradas y moradas, de muy buen sabor, y para 
mayor alegría y recreo, vieron despenarse de unos altos mon- 
tes un rio de muy suaves y cristalinas aguas, que regaban la 
ribera de aquel puerto y valle. 

Fuera de estos veinticinco puertos, que contaron hasta éste, 
no dejará de haber otros en lo restante del Estrecho, que será 
un buen trecho hasta la boca y cabo Deseado, y en todos ellos, 
en las costas intermedias, refieren haber visto cosas admira- 
bles. 

Es también muy célebre el puerto que llaman de la Pimienta, 
por unos árboles que hallaron en él, los cuales vieron también 
en otras partes de aquellas costas, cuyas cortezas son de un 
olor fragantísimo, y tienen sabor de pimicnla, aunque más 
vivo y picante que el de la India Oriental. Cuando los Nodales 
pasaron por allí cogieron alguna cantidad de estas cortezas, y 
cuentan estos autores que, llevándolas á Sevilla, fueron de tanta 
estima que se vendieron á diez y seis reales la libra. 

También refieren los mismos autores que hallaron árboles 
do canela buena de comer en alguno de aquellos parajes; y en 
la segunda angostura, otros que llevan un cierto genera de fru- 
ta negra de suavísimo gusto y sabor. 

En otras partos vieron hermosísimos bosques y arboledas 
apacibles, campos agradables, valles y llanuras, y á trechos 
vistosos y altos montes, cubiertos unos de nieve, de donde se 
descolgaban alegres fuentes y arroyos; otros de verdura de 
varias suertes, cruzando á cada paso los unos y los otros va- 
rias suertes de animales, de avestruces, guanacos, venados y 
otros, donde también hallaron muchos y hermosísimos pájaros 
de varios colores. En oíros vieron unos tan grandes, que mi- 
diendo una de sus alas, hallaron que era de más de una braza 
de largo; y eran tan mansos que se venían á las naves y se 
dejaban tocar con las manos, y asi les era muy fácit cazarlos. 
Otras veces hallaron algunos no menores, que se decían gansos 
marinos. Cadauno de ellos, pelados y sin intestinos, pesaba 
ocho libras castellanas, y eran tantos que cubrían el suelo. Y 
comoporsertangrandesnopodian volar, mataron cuantos qui- 



i 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 207 

síeron. No eran tan fáciles de coger otros que asimismo vieron 
en estas costas: blancos, de figura de palomas, con picos y pies 
colorados; y otros de varias suertes, que eran á los navegantes 
de grande recreo. 

También es muy celebrado de los holandeses el puerto que 
llaman Pulchérrimo, donde estuvo fundada la ciudad de San 
Felipe. Vieron en él pisadas de varios animales, que venían á 
beber délas cristalinas fuentes y arroyos que por allí corren. 

Pasada la tercera angostura, se ve otro famoso y muy rega- 
lado puerto, que llaman de las Conchas, por la gran copia que 
allí hay de ostras, tan buenas que, dando fondo allí una armada 
suya, se detuvieron algunos días regalándose con ellas y di- 
jeron que gustarían mucho á los de su tierra, y hicieron gran 
provisión para el viaje. 

Y pasando más adelante, llegaron al puerto que dicen de las 
Zorras, por las muchas que allí hay. 

Y luego vieron un hermosísimo río que salía á un famosísi- 
mo puerto,, á quien dio nombre de Abraham un criado del 
almirante que se llamaba así, y murió y lo dejaron enterrado 
en él. 



//. — hlas del Estrecho de Magallanes. • 

No gozan de menos buenas calidades que las referidas, algu- 
nas islas de las que se ven dentro de la mesma canal del Es- 
trecho, en los senos por donde se ensancha á siete y ocho le- 
guas. 

Entre otras, son más conocidas las.de San Lorenzo y S€^n 
Esteban, que por otro nombre llamaron de Barnesaldo los ho- 
landeses. 

Y antes de éstas, están otras islas, á quien dieron nombre 
las aves que llaman pinguinas. por la mucha abundancia que 
en ellas se crían. 

Otra se llama de los Santos Reyes, la cual se ve en uno de 
aquellos ríos que desembocan én aquella costa; y en ella mu- 
chos leonea marinos. 

Otras se dicen de Sebaldo, por llamarse así el que las descu- 
brió, donde también se ve gran muchedumbre de los pájaro» 
pinguinas, y muchísimas ballenas. 



20a HISTORIADORES DE CHILB 

Otras tres islas se ven pasada la segunda garganta y angostu- 
ras del Eslrecho. La primera muy grande, que llamaron de loa 
Angeles: hay en ella muchos pájaros de losde arriba citados; 
la segunda, délos Patagones ó Gigantes, por los que en ella 
vieron, y la tercera, Teslácea. No sé de dónde tomaron la eti- 
mología de este nombre, si no es que sea por haber hallado 
allí abundancia de cangrejos del mar, de que han visto en otras 
parles empedradas las [)layas. 

Másadelante se topan junloal puerto de las Conchas otras 
ocho islas, y al desembocar al mar de el Sur, poco antes se ven 
otras muchas islas, que deben de ser muy pequeñas, porque 
por aquellas partes es ya todo muy estrecho. 

Desearán saber algunos si fuera de la boca desle canal do 
Magallanes, hay otra por donde puedan pasar las naves del 
norte al sur. 

Acerca de lo cual, afirman los de la armada de Jorge Spil- 
bergio diciendo que la hay por el promontorio que llamaron 
Proubacat, y son del mismo parecer algunos ingleses que han 
navegado aquel mar; y citan por esta parle al P. José do 
Acosta de nuestra Compañía, en la historia de la India Orien- 
tal, traducida por Juan Hiergon, como se podrá ver en los cita- 
dos Juan y Teodoro de Bry,ios cuales avaden que convienen 
en estafopinión otros autores, y que los de la armada referida 
de Spilbergio, antes de llegará la última estrechura, vieron 
este canal que abría paso á las naves por la costa septentrional, 
pero que no entraron por él porque llevaban orden expreso de 
pasar por el de Magallanes. Y también debió de ayudar á de- 
jarle á un lado y no hacer experiencia de el fin por donde re- 
mata" el temor que tuvieron al grande Ímpetu con que se 
encontraban en él unas olas con otras, que parecía hervir el 
mar. Esto es lo que he hallado en los autores acerca de esta 
opinión. Todos los demás la dan por falsa, y los mismos Teo- 
doro y Juan de Bry dicen que no hay cosa más cierta que la 
contraria, porque ni los españoles ni los holandeses han visto 
jamás este segundo canal, antes han hecho experiencia que 
toda la tierra de el Fuego, que hace lado al estrecho y canal 
de Magallanes, es una continuada isla, y lo prueban con )a 
navegación de tos Nodales, enviados por el líey N. S., 
para reconocer el Estrecho de San Vicente, los cuales, como vi- 
mos arribají-odearon toda esta isla del Fuego, sin hallar en 



m 



i 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 209 

ella toda más bocas, ni más entradas ni salidas que las dos 
de Magallanes y San Vicente. 

Pero aunque seaasi, y yo lo tengo por cierto, sin embargo 
no deshacen la opinión y parecer de Spilbergio, porque éste 
no dice que la canal que vio en ol Estrecho fué de la banda 
austral, sino de la seplcntrional que mira á Chile, y asi, aun- 
que sea claro que la Tierra del Fuego, que es de la parle aus- 
tral, sea una continuada isla, y por esto no haya salida al mar 
por aquel lado; pero esto no quita que la h^-a por el septentrio- 
nal. Dcjcmo.s esto al tiempo que lo averigüe. 



^ 



CAPÍTULO II 



BKEVK DESCail'ClÓN DEL P. AcOSTA DEL EsTRECEIO DE MAGALLANES 
EN EL LIBRO DE LA HlSTORIA NaTLRAL Y MoRAL. 

Ei Eslreclio, dice, de que ya hablC', eslá en 52" cerca del 
austro; üpno de largo nóvenla ó cien millas; de latitud, por la 
parte que es más angosto, por lo menos una milla. Algunos 
aconsejaron al Rey de España que edificase en este lugar un 
alcázar ó castillo bien fortificado, que fuese suficiente para ocu- 
par aquel paso. Ei Estrecho en algunos lugares es de tanta 
profundidad, que no se puede hallar fondo. En otra-s partes, al 
contrario, que sólo tiene de profundidad diez y ocho brazas, y 
en algunos sitios quince. 

De aquellas cien millas que hay desde el un océano al otro, 
consta por manifiestos indicios que las treinta pertenecen al 
mar Austral, porque^es hasta donde aquel mar se extiende: muy 
bastanteinciile, se puede ver por los senos. Las setenta millas 
designadas por sus mismos senos pertenecen al mar Aqui- 
lonar ó Aguilonar; y la razón de esta distancia es que las di- 
chas treinta millas corren desde el austro: corren por esco- 
llos y precipicios asperísimos, cuyas cumbres o extremidades, 
vestidas de nieve^ por la inmensa altitud no se franquean á la 
vista sino de modo que parecen firmemente pegadas y unidas, 
por lo cual el Estrecho de el Océano Austral tan dificultosa- 
mente puede conocerse la profundidad de estas dichas treinta 
millas, es lan grande que pasar allí es muy dificultoso. Pero 
las otras treinta millas que están al Ocóano Boreal dan fondo 



^ 



S13 HISTORIADORES DE CHILE 

idóneo: al uno y al otro lado del Estrecho se dilatan canipoí- ú 
regiones dilatadísimas. Demás de esto, muchísimos nos gran- 
des y clarísimos desaguan en este Estrecho, cerca de los cua- 
les hay árboles maravillosos no conocidos en estas tierras, cu- 
ya madera es de gran fragancia: los priiineros que pasaron por 
alli nos trujeron un género de ellos. 

Hacia la tierra, como dijimos, hay grandes campos y ame- 
nos, pero ea medio del Estrecho se ven muchas islas. 

Los indios que habitan hacia la parte austral son pocos en 
número, más cortos ó máshumildes-en la estatura, pero malos y 
crueles en la alma; al contrario, los que tienen su asiento en la 
parte'boreal, estos son de mayor y más robusta estatura: algunos 
se han traído cautivos á España. En este lugar se hallaron al- 
guas fajas de paño teñidas de color, de lo cual se conoce 
evidentemente que pasaron por alli alguna voz pueblos do 
Europa. 

Los indios saludaban á los nuestros que alli llegaban con el 
nombre de Jesús. Son expeditísimos lapidarios y se visten de 
pieles de fieras, que allí hay gran abundancia. 

Algunos tractos, así del Océano Boreal como del Austral, pa- 
rece que insignemente so destuercen, especialmente en aque- 
llos lugares, adonde, como dijimos, uno y otro mar se termina, 
lo cual no parece que carece de insigne peligro, pero es cosa 
segura, porque cuando el almirante Sarmiento pasó por alli no 
sólo no padeció peligi-o alguno pero tuvo una navegación mu- 
cho más fácil y más segura, que él habia creído que podia ha- 
cerse peor que fuera de haber usado tiempo muy á propósito. 
Las olas que solían inundar del Océano Aguilonar habían 
impelido quebrantadas por todos las setenta millas, y lo que 
pertenece al Océano Austral sin la profundidad maravillosa dol 
agua dol Estrecho, estaba lejos todo peligro. 

Verdad es que este estrecho en tiempo de invierno no es na- 
vegable, porque por la extraordinaria crueldad de losuirbiones 
y el fiero impulso de lasólas, perecieron algunas naves que 
buscaban en este Estrecho retiro de salvamento. 

En el lado austral una sola nave, por lo menos, acometió el 
Estrecho, que estaba señalada al almirante, de cuyo goberna- 
dor Hernando Alonso fuimos informados con mucha más certe- 
za é individualidad de todas las cosas que jamás otro dio noti- 
cia. Este nos contó todo lo que ahora hemos referido tan 



oti- I 

por I 



FERNÁNDEZ DEL PCLGAK 



213 



menor, y nos mostró, á más de eslo, descripoión ó delincación 
cierta del Eslpocho, que decia él había formado habiéndole vía 
recta corrido; y sabemos qnc ofreció al líey de Espaiia y á su 
Virrey del Perú ejemplares. 



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^ 



CAPITULO III 



Descripcción de la costa DEL.RE1^0DE Chile HASTA el Estrecho 
DE Magallanes, según Herrera y Laet. 

La costa marítima de la gobernación de Chile, dice Laet, li- 
bro XII, cap. III, toma su principio del seno y valle Copiapó en 
S6 grados de la Equinoccial hacia el austro. De allí pasan á 
Guaseo, á Coquimbo, Quintero, Valparaíso, oíros ríos y puer- 
tos hasta Valdivia, que se pueden ver en Laet, cap. XIII y XIV, 
y prosigue que desde Valdivia al rio Cagtén, que admite naves 
de cualquiera magnitud, hay tres leguas. 

Desde este rio al promontorio que llaman de la Galera, hay 
dos; desde la punta de la Galera al rio Bueno, hay siete leguas; 
entran en este río antes de la boca siete rios menores, y el uno 
que viene de cerca de Valdivia. 

Desde el rio Bueno hasta el promontorio 6 ángulo de Valdivia, 
que dista de la línea 41 grados hacia el austro, hay diez leguas. 

Desde ésto al promontorio de San Marcelo, hay siete. 

Toda esta playa es precipitada por los collados altísimos de 
los Andes, que la amenazan, y el mar que la baña profundo, 
aunque no tiene escotlo.s, ni bajíos, y asi se tiene por sin puer- 
tos, y si se hallan algunos, son de pequeño momento, y no só 
que hasta ahora se hayan registrado ni observado. 

Desde el promontorio de San Marcelo hasta el de Chanqui, 
hay ocho leguas: dista de la línea hacia el austro 43 grados y 
30 minutos, y cerca de media legua de él, hacía el ártico, se 
ofrece al continente una pequeña isla habitada de bárbaros, y 



216 HISTORIADORES DE CHILE 

Otras tres menores desiertas, que unidas ocupan poco más de 
una legua. 

Desde Chanqui al promontorio de la Ballena hay cuatro le- 
guas, y entre uno y otro promontorio se inclina el mar y hace 
un estrecho fjue se llama de los Coronados, porque so descu- 
brió su día á 8 de noviembre. Este, entrando en el continente 
cerca de la larga isla donde está la ciudad de Castro, llena 
aquel lago, que unos llaman Ancud y oíros Agulay, que son 
nombres bárbaros. 

Desde el promontorio de la Ballena al promontorio de San 
Félix, cuentan nueve ó diez leguas: dista de la linea hacía el 
Polo AntáMico, 43 grados. Aqui se tuerce la costa y hace un se- 
no. Es fama constante que en el continente se hallan muchas 
venas da oro. Llamóse de San Félix, porque se llegó ahi ese 
dia. 

Desde este promontorio á la punta de San Cipriano, hay ca- 
torce leguas, entre el ártico y el austro. 

Desde esta punta á lade Santa Clara, cuatro leguas. 

Desde aquí al cabo de la isla, hay diez leguas. 

De aqui á la isla de Nuestra Seflora del Rosario, diez y ocho 
leguas. Esta isla está poco distante de el continente: va la cos- 
ta al sud-oeste. 

Declinando un poco de ella, hacia el oriente, se ponen seis 
leguas, hasta el puerto de Santo Domingo. 

Desde éste al promontorio de Diego Gallego, Irece leguas. 
Dicese que está distante de la línea 46 grados, hacia el aus- 
truo. Desde aquí al puerto de San Esteban, doce leguns; va la 
costa al sur. De aqui seis leguas en 47 grados de la linea. 

De-sde aqui al promontorio del Ochavarlo, 8 leguas. Desde 
éste al valle de Nuestra Señora diez leguas: llaman asi un seno 
que está cerrado entre dos collados, casi en 48 grados de la li- 
nea, hacia el austro. 

Desde este valle á los puertos de Hernán Gallego, hay diez 
y ocho leguas, en 49 grados de la linea hacia el austro. Va la 
costa al sur cuarta sud-oeste. 

De aquí hasta el altura de San Guillen, hay quince leguas, en 
49 grados y 40 minutos de la linea. 

De aquí á la Punta Delgada, seis leguas, en 50 grados. Sigúe- 
se luego el puerto de los Reyes, en 50 grados y 20 minutos. 

Seis leguas más adelante está el puerto de los Inocentes. 



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i 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 217 

LuGgo la punta de San Agustín. El promontorio de la Rosa, 
y de Santa Catalina en 51 grados y ■JO minutos de la linea. 
Luego el puerto de San Amaro, y el abra de San Victoriano en 
52 grados y 25 minutos de la linea. La cual canal se interna entre 
unas levantadas islas, y cubiertas de continua nieve. Rn el pro- 
montorio austral, hay trtís islas pequeñas, indubitables Índices 
de la boca del Estrecho de Magallanes, que sale al Mar Austral. 
Asi Herrera, década 8.», lib. 7, cap. 11. 

El mismo Herrera en la descripción de la India, cap. 23, dice: 
Hallarás gran número de puertos, puntas y promontoi-ios, y 
algunos hallarás notables en las mismas tablas, pero no está 
plenamente explorado con qué ríos se riegan estas playas de 
aquí y allí. Los promontorios más conocidos, que ocurren entre 
la costa de Chile y et mismo Estrechó, cien leguas desde Val- 
divia hacia el Ártico, son éstos: el pronionlorio de San Andrés, 
en altura de 47 grados; de él la costa se retuerce al austro, y 
va directamente hacia el Estreciio hasta el promontorio de San 
llomán, en altura de 48 grados. Y cerca de la isla de Santa 
Catalina, no lejos del seno magno que llaman Alcarchofada, á 
donde está el seno de Nuestra Seilora y la isla de Santa Bár- 
bara; poco más adelante, on altura de 50 grados, el puerto de 
Hernán Gallego, y el seno de los Reyes, 18 leguas de esfe puer- 
to; demás de esto, el seno de San Juan, en altura de 50 grados 
y un tercio. Después el promontorio de San Fernando en altu- 
tura 51 grados, en el cual lugar corren algunas canales á los 
lugares mediterráneos. Después de esto se sigue la islade la 
Campana, quince leguas de la de San Francisco, que tiene 
también sus canales. Y el seno de San Lázaro, en altura de 52 
grados, con seis insignes canales bastantemente anchas y que 
ocurren á partes ocultas de la tierra, pero no se ha navegado 
por ellas; y Analmente el archipiélago de las islas que comun- 
mente se cree están al lado austral de el Estrecho. Lo cual 
niega don Ricardo Aquinés, que dice que en la costa meridional 
de el Estrecho no hay sino cuatro islas menores, una puesta 
en medio, las cuales están distantes de la boca del mismo Estre- 
cho, por lo menos seis leguas; pero que el mismo archipiélago 
está al lado de éstas; el mismo afirma que á la región meridio- 
nal de el Estrecho no hay continente, y esto contra la opinión 
recibida. 
Otros, dice Laet, lib. XII, cap. III, ponen otros nombres á 



218 HISTORIADORES DE CHILE 



esla costa, porque vimos una tabla geográfica impresa en Es- 
¡);ina el afío de 1613, por Pedro TeKcira, (cosmógrafo regio) 
(liílineada después déla vuelta de las dos naves del nuevo Es- 
trecho Le-Mayre, en la cual hallamos cslos nombres. Ai grado 
■45 de la linea hacia el austro, el rio de los Barbudos, que des- 
agua en el seno de los Coronados, á altura de 46" y 30 es- 
cnipulos; otro sin fondo. Entre los grados 47 y 48, unos rece- 
sos ó senos. Y dice, aquí se perdió Diego Gallego, al grado 49, 
y casi 30 escrúpulos. El promontorio cerca del cual se aparta 
la tierra con largo intervalo, casi al oriente, y abre un gran 
seno, que con ámbito semicircular va hasta el grado 50 ó 53, y 
[larece que admito en si varios ríos, y finalmente al mar aus- 
tral, se cierra con muchas islas. No se le ha dado nombre á 
este seno, pero en el primero interior de él, hay un retiro bas- 
tante patente en la entrada, áquien se dio nombre Ancón sin 
Salida. La vista de esta isla se pondrá en la misma tabla. Es 
montuosa, y por una y otra parte vestida de bosques. 

En la tabla de Laet está la isla de Chiloé, donde está la ciudad 
de Castro, luego puerto de Sanio Domingo, cabo de Diego Ga- 
llego, puerto do San Esteban, cabo de San Andrés, cabo do 
Ochavarlo, valle de Nuestra Soflora: aquí se perdió Diego Ga- 
llego; abra de San Guillen, Punta Delgada ó Cabo Coezo, se- 
rranía de Cabo de la Victoria. Estrecho: y de la otra parle do 
la boca del Estrecho: cabo Deseado; la Serranía; abra de 
San Vicloriano, Roca Partida, puerto de San Amaro, cabo de 
Santa Catalina, cabo de la Rosa, puerto de San Agustín, puer- 
to de los Inocentes y puerto de los Reyes. 



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CAPÍTULO IV. 



Navegación ijeí. puerto del Callao de Lima al íístrecüo, seoi'n 
Argensola V Laet, co\ la qi;e hi70 don Pedro Sarmiento. 

Don Pedro Sarmiento por orden de don Francisco de Toledo, 
salió contra Francisco Draque, quedecían volvía por el EstrecJio, 
de que trataremos el aflo 1579, Salió del Callao, y á 10 de no- 
viembre llegó á las islas Desventuradas, que hoy se llaman de 
S. Fí^lix, y ambas que lo eslán en 20" de la linea hacia el austro; 
y las halló Juan Fernández acaso el aflo de 1574, navegando ii 
Chile desde el Perú. De aquí, volviendo hacia el continente, 
vino primero á su visla en 49" y 30 escrúpulos do la linea hacia 
el austro: parando aquí y habiendo salido á la playa con mu- 
cha dificultad, halló vestigios de hombres, saetas, remos y 
redes; pero nunca llegó á ver los mismos bárbaros. Después, 
con mucho trabajo procuró subir á los sumos collados de los 
montes, y reconoció todas las cosías, vainadas de abras, y de 
senos, y muchas islas opuestas al continente; de suerte que 
no dudó que era archipiélago de islas, pues podía desde aque- 
lla eminencia contar más do ochenta, y .juzgó que por esta par- 
lo habla cnl!-ada al Estrecho de Magallanes. Llamó al puerto, 
Nuestra Señora del Rosario, y á la isla cercana, de la Santísi- 
ma Trinidad. Tomó posesión de estas tierras en nombre del 
rey de España, con las acostumbradas cerenLonias. 

De aquí con una chalupa eniró en la canal que corre ep.tre 
las islas y el continente; registró todos los puertos y estacio- 
nes, y puso nombres ávarios lugares, especialmente dio auno 



220 HISTORIADORES DE CHILE 

el nombro do Puerto Bermejo, por las arenas de e?te eotor del 
rio cercano; aqiii lambién se hallaron vestigios de hombres. 
Todos lüs rios que corren entre las islas tienen abundancia de 
peces, y especialmente grandes ostras, en que se hallaban per- 
las, pero eran obscuras. 

Salieron de Puerto Bermejo y entraron en un seno que lla- 
maron de San Francisco; cerraba este seno un monte bastan- 
temente eminente, al austro, y le llamaron Punía de la Gente, 
porque aquí fué cuando primero vieron algunos bárbaros, que 
tenían rubricado con colores todo el cuerpo. Trajeron imo con- 
tra su voluntad á la chalupa, pero poco después se escapó na- 
dando. 

Después fueron á islas casi innumerebles, pero todas despo- 
bladas; y finalmenie, habiendo llegado a laque llaman Nues- 
tra Señora de Guadalupe y al promonlorio que cierra aquel 
seno, hallaron allí sólo un humilde tugurio, compuesto de vi- 
gas y cubierto de cortezas de árboles y de cueros de lobos ma- 
rinos. No vieron bárbaro alguno, y asi se volvieron á su nave. 
Ya la otra so había perdido. 

Partió con ella al puerto de la Misericordia, y tres leguas de 
aquí, al puerto de la Candelaria, nombres que entonces dieron 
á estos puertos, como á la islade Santa Inés, á donde pasaron. 
Aquí halló cinco bárbaros, que con algunas serias le dieron á 
entender que no lejos estuvieron anchoradas dos naves, donde 
iijan hombres barbados, que estaban vestidos de trajes de es- 
pafioles. Parecióles que hablaban de los ingleses que bus- 
caban. 

Vuelto desdo aqui al euro, entró en una isla que los bárba- 
ros llamaban Puchachailgua, y luego á otra que tenía por nom- 
bre CayvaxaxÜgua; y finalmente entró en la madre de un rio, 
cuyo nombróse decía Xualtegua; demás de esto, cayó en innu- 
merables islas, y una de ellas llamábanlos bárbaros Anqui- 
chisgua; y Sarmiento la llamó la isla do Santa Cruz. De allí 
pasó por una y otra isla, y entró en un insigne puerto. Desde 
la cumbre del monte le pareció que via una hermosísima ciu- 
dad, edificada al modo de las do Europa, yon ella muchos hom- 
bres armados. 

De aqui, prosiguió su camino á una punta que está en 45" de 
Li linea al austro, y llamóla de San Isidoro. De aqui se vía 
un monte que arrojaba llamas, cubierto por encima de perenne 



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A 



L 



■ FERNANDEZ DEL PULGAR S91 

nieve. Después, navegando por el canal, llegó á la punta de 
Santa Ana, en 50°y 30 escrúpulos de la línea hacia el austro, 
á donde puso una cruz y escribió al pié de ella que denunciaba 
á todas las demás naciones que estas regiones eran propias del 
Rey de Espafla, y que habia tomado la posesión con las acos- 
Inmbradas ceremonias, según ta bula de la donación de Ale- 
jandro VI, pontífice romano. 

Llamó al rio que baja cerca de dicha punta al Estrecho de 
Magallanes, de San Juan, y al estrecho que corre entre las is- 
las, la Madre de Dios, y á las estrechuras del Estrecho en 50" 
y 30 escrúpulos de la linea hacia el austro, Nuestra Señora del 
Valle. Aquí tuvo con los naturales un sangriento certamen y 
consiguió célebre victoria. 

Y bajando al continente, llamó también á esta región Nues- 
tra Señora del Valle, y habiendo subido á un alto monte, le pa- 
reció que vio una amenísima llanura, y muchos pagos, magní- 
ficos edificios y altas torres, y finalmente espléndidos templos. 
De suerte que apenas daba crédito á sus ojos y juzgaba que 
miraba una ciudad más en el aire que en la tierra. 

Yo no dudo que los que leyeren esto haciéndoles impresión 
con lo que otros refieren, según la realidad de la verdad, juz- 
garán que Sarmiento fué hombre vanísimo y que se fió mucho 
de la credulidad de otros. Finalmente, navegando el Estrecho 
de Magallanes, pasó al Brasil y finalmente á Espafla. Esto 
Laet. Y latamente lo trataremos, como dije, en el aflo de 79, 
donde se hace juicio de esta expedición. 

Antes de esla navegación, dice Laet, el primer español que 
desde el mar Austral intentó ir por el Estrecho de Magallanes 
al mar Atlántico, fué el' capitán Ladrillero, por orden de don 
García do Mendoza, gobernador de Chile. Salió de esla pro- 
vincia y entró en el Estrecho, y le penetró hasta el Océano Sep- 
tentrional, pero no seatrevió á salirdel Estrecho por el grande 
invierno y crueles temporales que hacían en aquellas partes. Yasi 
se volvió á Chile porel mismo camino por donde había venido. 

Prosigue Herrera: Este estrecho pasó por mandado del vi- 
rrey D. Francisco de Toledo, Pedro de Sarmiento con Antonio 
Pablo Corso, en altura de 52 grados á 53, en la cual está pues- 
ta la parte más austral de él, con longitud de más de ciento 
diez á ciento quince leguas, con latitud, unas veces de una le- 
guas y otras de diez. 



^ 



232 HISTORIADORES DE CHILE. 

Desde el mar Pacífico al Allántico, antes no se habia iiav 
gado, exceplo la entrada de Ladi'illero, que dijimos por el 
Estrecho. Porque no consta que los piratas que desde ei Mar 
Allántico paKaron por aqui al Pacifico, volviesen por es le ca- 
mino. Añrnia Ricardo Aquinfis que 6\ anduvo iniiclios días 
errando en ealo estrecho y que de la parte austral no hay con- 
linenlc sino muchas i,sla.s que corren liasla 50 grados; porque 
habla llegado hasta osla altura, navegando, habiendo tomado 
. el camino por medio de las islas, pero no ociirriéiidolc otra 
cosa sino mar, se volvió al eslreciio. Comprueban la verdad 
tie esto los movimientos y corrientes de los ríos, por cuya cau- 
sa hay muchísimos canales y entradas de islas. Demás de 
esto, el pueblo que aquí vive, suele desde'el tracto boreal venirse. 
aquí á pescar, y en ciertos tiempos del afio volverse á casa- 
Dice el mismo que no halló casas fijas sino unas ligeramente 
compuestas por los indios, y lo mismo afirma Francisco Dra- 
que, que el a fio 1579 pasó este Estrecho, y volvió por él en 
una nave que llamaba Forííma, y navegando por una y otra 
parte el archipiélago hasta la boca del mismo Estrecho, do 
nuevo instituyó su camino hacia el Mar Pacifico y midió feliz- 
mente estas angosturas. 

Las cosas principales que ocurren cerca déla boca del Es- 
trecho, son: el promontorio Deseado, en altura de 53 grados; 
la canal de Todos Santos, 22 leguas de la boca: es amplia y 
larga; el puerto de la Traición y otra canal que corre liácia él. 
Demás de esto, una pefla baja en medio de la boca de la ca- 
nal que se llama de la Campana de líoldán, dicha asi por un 
companero de la expedición de Magallanes, que se cree que ha- 
lló esta canal. Sigue la Punta de la Posesión, cuatro leguas de el 
promontorio do las Vii'genes, en la misma entrada del mar 
Septentrional, en altura de 52 grados y medio. Pedro Sarmiento 
y Antonio Paulo Corso, teniendo orden que explorasen el si- 
lio, lugares y tránsito do este estrecho, y especialmente si con 
más facilidad ycomodidadse hallase camino al mar Austral que 
el que por tieri-a se instituye á Panamá; hallaron al lado bo- 
real del Estrecho dos estrechuras, y la una pareció tan estrecha 
á Pedro de Sarmiento que juzgó podría defenderse con artille- 
ría, y lo persuadió, contradiciéndoie el Duque de Alba, y se 
envió armada con Diego do Flores, que no fué de provecho. 
Observó el mismo que aquí es tan formidable la corriente del 



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4 



FEUNÁNDEZ DEL PULGAR 223 

mar, y que en medio del estrecho concurren los mares de una 
y olra parto con tanlo impelo que oii algunos lugares se le- 
vantan las naves a altura (le seis codos, en tanto grado que 
s¡ no se fijan con fuertes áncoras, no pueden pasar aquellas 
esli'oeliuras, aunque vayan cargadas de pesada arena. 

A la cosía de la Amt^rica que del Eslrecho se 'extiende hasta 
el rio de la Plata por 400 leguas ocurren los ríos do San Ilde- 
fonso, 12 leguas del promontorio de las Vi rgenes, el rio Gallego, 
el seno de Santiago, 40 leguas del rio de Sania Cruz, en al- 
tura do 50 grados. Junto á la boca de éste está la isla de los 
Leones; e! puerto de San Jnlián, en altura de 40 grados; el 
rio de Juan Serrano hacia la región austral de las islas de los 
Palos, en altura de 47 grados; el rio Cananor, en altura de 
■logrados; el promontorio de Santo Domingo, el promonto- 
rio de Tres Puntas y la Tierra de los Humos, en altura de 38 
grados. Demás de esto, la punta de Sania Elena y Santa Apo- 
lonia, en altura de 37 grados delante del Promontorio Blanco 
en la misma entrada y boca de el rio de la Piala á su lado me- 
ridional. {Herrera). 

Concluyamos este capítulo con la delineación de la tabla de 
Lael. Por la banda del sur tiene el Estrecho desde la boca, Ca- 
bo Deseado, la Tierra del Fuego, y en ésta pone antes de la 
primera estrechura la entrada de San Sebastián, que sale al 
mar del Norte, más abajo del cabo de las Vírgenes, antes del 
cabo de Sania Inés entre los dos estrechos de Magallanes y 
Mayre. De la parte del mar del Norte, pone, desda la boca, el 
cabo de la Victoria, cabo de Guarda, canal de San Jerónimo, 
C Gallante, Bahía Cordes, C. Holandés, Cabo Froward, Ba- 
hía Mosel, puerto Fainine. Puerto de la Posesión, río de 
Gallegos, rio de la Cruz, C. de las Barreras, Morro de Santa 
Inés, Bahía de San Julián, Isla de Santo Domingo, Bahía de 
Spining, Bahía de los Trabajos, Puerto Deseado, Cabo de 
San Jorge, Cabo Blanco, Barrancas Blancas, Río de los Ca- 
marones, Cabo de Santa Elena, Cabo de Malas^^Ancón de Sar- 
dinas, Cabo Redondo, Puerto do los Leones, Bahía Sin 
Fondo, Casia Desierta, Punta de Tierrallana, Bahía Anega- 
da, Costa de Ranas, Cabo de San Antón. 



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'^j^jxrypj^j'jv^ 



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CAPITULO V 



Navegaciones de el Kstreciio de Magallanes, según refiere 
Laet, descubierto por los españoles. 

Comenzaremos por ios españoles, pues aunque se debe el des- 
cubrimiento á Fernando de Magallanes, caballero noble, lo des- 
cubrió con auspicios del rey de Casiilla en esta forma: año 
1520, los sucesos antecedentes; invernó en el seno y puerto 
de San Julián y partió de allí con sus naves á 29 de agosto de 
1520, dejando allí á Juan de Cartagena y á un clérigo francés, 
castigados por graves delitos; fué al rio de Sania Cruz, adonde 
estuvo septiembre y octubre y cogió gran cantidad de peces. 

Partió de aquí á fines de octnbre, cogió la costa hacia el 
austro y allí con mnchas dificultades y tempestados crueles, fi- 
nalmente llegó al promontorio de las Vírgenes, que le llamó 
así porque le descubrió día de Santa Úrsula. Aquí so vio que 
un gran trecho del mar iba al continente, y asi envió dos na- 
ves que le registrasen: una no trajo cosa de cierto; la otra dio 
grandes esperanzas quo este estrecho se podía navegar con 
naves graneles. Casi una legua de la boca del estrecho su- 
bió al conliiiente y halló una chocilla y muchos sepulcros 
de bárbaros, pues los habitadores de estas regiones sue- 
len llegar aquí los meses de verano y dar entierro á los ca- 
dáveres de los suyos; y el invierno se van á las mediterrá- 
neas. Halló allí una gran ballena arrojada á la playa, y 
hallaron muchos palos, por los cuales se daban á pensar 
que estos lugares estaban sujetos á grandes tempestades. A 



^ 



226 HISTORIADORES DE CHILE 

fines (le ocUiLire vencieron el promontorio que llamaron de; 
San Stivcrino, en 52 grados y 53 escrúpulos de la linea h;i- 
cia el austro. Porque vieron en el contiÉiente dn noche mu- 
chos fuegos, la llamaron Tierra del Fuego, y habiendo ca- 
minado con trabajo por los angostos del estrecho, á fin 
de noviembre penetraron al océano Austral; pereció después 
Magallanes en esta ex|)cdición, pero no su fama, porque me- 
reció con este hecho no sólo dar rionihre á c^Xc estrecho 
sino que esta parte más austral de la América Meridional 
langa hoy su nombre. 

Después de él. García de Loaisa, el ano de 1525 costeó el 
mismo estrecho en el mesde abril yá\finde mayo felizmen- 
te le navegó. Este vio bárbaros de alia estatura y les llamó 
gigantes y patagones: entonces fué observada la longitud del 
estrecho, sus estrechuras y varios recesos, estaciones y puer- 
tos con nnicho más cuidado, porque, vencidas las segundas 
estrechuras del Estrecho, halló allí el puerto que llamó de 
San Jorge, en el cual observaron árboles, de que después se 
dirá: usai'on de las cortezas y creyeron que era canela verde. 
Luego halló oli'o puerto, que se llamó Puerto Frío, porque era 
tan grande el que allí hacia, que murieron no pocos. 

El tercero que lomó esta jornada fué Simón de Alcazaba, 
que el aflo de 1534, al principio de octubre, salió lie la Gome- 
ra y caminó recio y sin ver tierra; á 17 de enero de 1535 lle- 
gó al rio de los Gallegos, 25 leguas del Estrecho hacia el ár- 
tico y poco después entró al Estrecho, y tumultuándose los 
compañeros navales, se vio obligado á volverse iú puerto de 
los Leones, donde murió miserablemente. 

El aflo de 1539 envió el obispo de Plasencia (res naves. Sa- 
lieron por el mes de agosto de España; á veinte de enero de 
1510, vieron el Estrecho, donde la nave almirante misei-able- 
mente se quebró, aunque la mayor parte de los que iban en 
ella se salvaron. La otra nave navegó felizmente por el Es- 
trecho y vino á aportar á Arequipa. La tercera invernó en el 
estrecho en el Puerto de las Zorras, por las muchas que allí 
vieron. Pero sin pasar adelante volvió á España. 

Estas son las navegaciones por csle estrecho de los espa- 
ñoles anlcs que la intentaran los ingleses, por cuya relación 
Acosla describe en el modo siguiente el Estrecho en ellibro 
3.*, cap. 13. El estrecho Magallanes yace 52 grados no He- 



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■» FERNÁNDEZ DEL PULGAR 227 

nos (le la linea liacía el austro; rjilátasc en lonf^itud ña un 
oci'íono á olro noventa óá losnmo cien leguas; en latitud don- 
de más se angosta sólo una. Y aquí so persuadió al rey de Espa- 
ña que hicipse mi alcázar, para eniliarazar deste imodoá otras 
naciones la entrada en el mar Austral. El mar aquí en algunos 
lugares es tan alto que apenas con la sonda se lialla fotulo. 
En otros sólo tiene quince ó diez y ocho brazas; y aquellas 
cien leguas que se extiende cu Ipngitud, las treinta son del 
Océano Meridional, las setenta del Oriental ó Atlántico, con 
manifiesta diferencia entre las otas de entrambos y porcior- 
ta reciprocación de las corrientes. Demás de esto, en et es- 
pacio de estas 30 leguas, el Estreclio es más angosto y tan 
cerrado de una y otra parte con altísimos montes y cubiertos 
de nieves perennes, que desde lejos parece que las cundirás 
de los montes se unen unas con otras y con dificultad se 
puede discernir la boca del mesmo estrecho por los que nave- 
gan desde el occidtíiite. Y en el mesmo espacio, es profundisi- 
mo,y lascoslasdeniio y olro lado prorriiptas, de snerle que con 
dificultad se ¡lucdon echar aquilas áncoras. El espacio do las 
setenta leguas es más ancho y menos alto, y las costas suma- 
mente anchas. Los españoles pusieron varios nombre entonces 
á los lugHres dentro de! Estrecho, muchos ya se lian olvidado, 
excepto el promnntoro á uno y otro ocáano, que álos que en- 
tran desde el Océano Atlántico están á la mano derecha y se 
llama Cabo de las Vírgenes, y el que está prominente al océa- 
no Austral, se llama Cabo Deseado. La navegación de Pedro. 
Sarmiciilo es adelante. 



H 



71 



J 



CAPÍTULO VI 



Navegaciones por el Estrecho de Magallanes por los i 
cioMis DE- Francisco Drake. 



Año de 1577, Francisco Drake. inglés, con pocas naves, y no 
grandes, lomó la expedición a! Océano Austral por este Estre- 
cho, A mediado diciembre salió de Inglaterra. Al principio de 
abril de 1578 fué al Brasil, en 33 grados de ia linea hacia el 
austro. Casi á fin de junio entró en el puerto de San Julián. 
De allí salió A primero de agosto, á veinte locó el Estrecho de 
Magallanes. Eniróenél; encontró tres islas, que llamó, la una, 
Isabel, la otra San Bartolomé y la otra de San Jorge, y en bre- 
ve tiompo mató tres mil penguinas. Al fin de septiembre navegó 
felizmenle el Estrecho y debajo deuna isla que en cierta mane- 
ra cierra la boca del Estrecho al mar Austral, echó las áncoras 
para registrar del todo aquel mar, y asi, enviada una chalupa, 
ia canal que se abre hacia el ártico, la vieron brevemente. Aqui 
se ofreció al encuentro una canoa de bárbaros, hecha de corte- 
zas de árboles con maravillosa industria y tan ceñidas con pe- 
llejos de las espaldas de las focas, que no admitía agua por las 
rendijas, y la proa y la popa corvas á modo 3e media luna. Es- 
tos bárbaros eran do mediana estatura, bien membrudos, los 
rostros pintados. En la isla se halló una chociUa compuesta de 
troncos, cubierta con pieles de animales, en la cual tenían 
fuego y agua en cortezas del mismo modo compuestas; 
carnes de lobos marinos, moluscos y oirás semejantes co- 
midas. Las conchas de los moluscos, que aqui son muy gran- 



230 HISTORIADORES DE CHILE 

des, do (al manera las aguzan que parten con el las no sólo du- 
rísimos lefios, sino hierros. 

A seis de septiembre entraron ea el Ocóano Aiislral. Aqui les 
cogió una tempestad tan espantosa y pertinaz, quo en cincuen- 
ta dias no so terminó, por lo cual les obligó con gran peligro á su- 
bir la altura de57 grados australes, fuera de su insiituto, adonde 
echaron áncoras en un puei-to, y se hallaron obligados por la 
violencia de los vientos y la fuerza del mar á retirarse más al- 
io, y una nave y después otra se separaron de la almiranta á 
donde iba Francisco Drake, por lo cual puso nombre á esta üs- 
tación, Divorcio de los Amigos. 

Desde aqui esta misma tempestad los arrebató á altura de 55 
grados de la linea hacia el austro, entre muchas islas, cerca de 
las cuales estuvieron mientras callaba la tempestad, que llamó 
Isabelas, con parte de la tierra austral que antiguamente se juz- 
gaba continente, tan divididas con madres anchas y proi'un- 
ilas que pueden parecer otros tantos estrechos. 

Aqui venían bárbaros, hombres y mujeres que traían á los 
hijos pendientes délos hondjros cubiertos con pieles. Observó- 
se que las últimas de estas islas estarían 5G grados de la linea 
hacia el austro, y allí el mar más vasto que lo que se creyó en 
el siglo pasado. Finalmente, á fines de octubre se remitió el 
viento y caminaron hacia el ártico. Lo demás no es desle 
lugar. 



II 

Naoeg ación por el Estrecho de Magallanes de Tomás Candisio. 

A Francisco Drake sucedió Tomás Candisio en el mismo 
conato, que el afio 1586 partió con tres naves de Inglaterra en el 
mesdeJLilio y cerca del fin de agosto llegó al continente de la Amé- 
rica en 48 grado? déla línea hacia el austro y entró en el puer- 
to que per la oportunidad llamó Deseado, y partiendo de él 
áGdc enere del aflo de 1537 llegó al Oatrecho de Magallanes; 
pasó algo adelante y halló á un español quccon otros veinti- 
trés había quedado de 400 que el rey ile España había enviado 
|)íu'a que edificasen algunas ciudades, de que después dire- 
mos. El día siguiente venció las primeras estrechuras, que se- 
gún Su cuenta distan do la boca del Estrecho 14 millares ángli- 



\ 



s\ 



FERNANDEZ DEL PULGAR 

COS. De aquí caminó ü las? islas Pinf|UÍnaR flioz mill.iti-.. I'n 
hacia el austro y v¡ó las murallas cU: la ciudad del rey [■'■■lii»- 
estabaTi desiertas, y sacó dobiijo do lierra algunos lirns <[u¡j 
habitadores habían enlerrado. Y porque la mayor \<:¡\ !■■ de 
españoles íiabian muortoaqni porvariasiucomodidadf^ y p 
cipalmente de hambre, puso al lu^ar Puerto de i;i ll;iiiil 
Estaba sito ol Lujaren í>3 grados de la linea hacia el .m-iro 

El Anuario Náutico de ios ingleses coloca este pr-mioii 
rio, que olios llaman Punía de Santa Ana, en altuiM -U- y.) ^ 
dos y 30 escrúpuhis, y nota el lugar del roy Pliili|i[ii'. 

Movirt deste lugar á I de enero, y llegó á un piniiiMiiii 
muy aiisli'al, que llamó C.jbu l-'roward en ól grados i!i' l;i lii 
á,¿l do! mismo mes. en un seno arenoso aliado diri'clin 
esli-echo, echó las ancoras. Al ^cwo puso el nombrr df \<:\ 
de t'sle, en espacio de do.s millas dista un rio que di'-rli'iüli' 
continente, por el enyl subieron con la barca hasta n-r- imll 
y hallaron una horniüsa llanura y una región canipi-nv i, 
da k una y otra ril)i.']-a de él. lo cual es raro en estas iv^iun 
porque casi lotio lo domas de la región consta de íi,s|ji>ii(- y 
cuetos montes. Aquí habitaban nuiclios bárbaros (|iic imn 
<;arne humana y olnis coniidas ¡nnumtlas, yes vcru-miil < 
mataron y comiei'on alirn nos españoles, ¡lorque se li:ill;unii 
chillos y otros despujus de españoles en sus Inguriu.-. 

Do aquí pasaron á la canal que llamaron los es|i;inu|i- 
San Jerónimo, que dista del rio dos millas, y casi un iiii- < 
lero se hallaron obligados, por e! viento contrario, .1 -uli^i 
en un puerto. A veinte de enero salieron al Océano An-^ii;il 

El mismo Candisio había determinado penetrar ,d *)•■(■; 
Austral por este mismo oslrccli© el ailo 1591: sali/) Mnm 
deseo, porque tuvo muchas caiamidadcs"y pereció rw r>ui 1 
pedición. 

- A Candisio siguió Ricardo Hauchins, que el aílodi' ^■<'■>■^. 
el mes de abril, partió de Inglaterra y después de linln'] >u\ 
do las costas y el río de la Plata, finalmente en el im--- di' 
tierabredelaflode ló^A. por viento contrario, fuéllevíidn ,1 li^ 
hasta ahora ignota, y como es verosímil, del contincni'' ;iii-i 
si hay alli alguna tierra continente, en casi 50 gradn- ilr l;i 
neahaciael austro, y cogiósu derrota hacia el aquilón, r;i-i ;i 
senta millas. Testifica que le pareció región muy anu'ii.i. y 
duda habitada, por los muchos fuegos que de noche lialiia 



232 HISTORIADORES DE CHILE 

servado. Demás de esto, que algunos rios salían del continente 
al mar con lodo ímpetu, que se conocía entre las olas el color de 
las aguas. Al promontorio que primero vieron desde lo alto, lla- 
maron promontorio Tremontaine. Doce ó trece millas de este 
promontorio hacia el oriente, se ofrecía al continente una isla. 
que por su vista amena y floreciente, lallamaron Isla Hermosa, 
y toda esta tierra de Hauchins. 

Pero resoplando de nuevo el viento, partiendo de aqui, llegó 
con felicidad al Eslrecho de .Magallanes, y le navegó, no sin 
peligro, repelido algunas veces de la misma boca que mira al 
mar Austral. Finalmente, en el mismo mar Ausfral, cuando ya 
no sólo la costa do Chile, sino casi toda la del Peni habla pasado, 
filé cogido por los españoles, después de un largo y acérrimo 
certamen, y les enseñó muchisimascosasde la parle auslralde! 
mismo Jísirecho, que hasta ahora ¡gnorahan. Conviene á saber, 
lodo lo que toca al Estrecho de Magallanes, de tierras, desdeel 
austro, que no son sino islas divididas con varios senos y es- 
trechos, como después lo observaron los holandeses. Y ílnal- 
mente, habiendo hallado el nuevo estrecho de Maire, se vio sin 
dirección alguna, como después diremos. 



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fe^ 



CAPITULO VII 



Del mal suceso de la nave de Santa A\a que iba de Filipinas en 
TIEMPO DE Santiago de Vera. Dícese la navegación de TomAs 
Candisio roB EL Estrecho. 

Anticipamos este suceso por concluir esta década con el go- 
biarno de Santiago de Vera en Filipinas, y por si también con- 
duce á la expedición de Pedro de Sarmiento que pobló en el 
Estrecho de Magallanes. 

El año do 1586, siguió Tomás Candisio á Francisco Drake, 
con el mismo intento, y con tres naves se hizo á la vela desde 
Inglaterra en el mes de julio. 

Cerca del mes de diciembre, llegó al conlÍn2nt6 de la Amérir 
ca, en 48 grados de la linea, hacia e! austro, entró en un puerto 
que por la oportunidad le llamó Puerto Deseado. 

De aqui salió á 6 de enero de 587, y llegó al Estrecho de Ma- 
gallanes. Había andado un poco cuando cogió á un español que 
con otros 33 habían quedado de 400 que el Rey do España había 
enviado allí para que fundasen algunos lugares, de los cuales 
después diremos. 

El día siguiente pasó las primeras angosturas que, según su 
cómputo, diatan de la boca del estrecho catorce millas ánglicas; 
desde aqui pasó diez millas á. las Islas Penguinas. Torció hacia 
el austro y especuló á las murallas de la ciudad desierta de el 
Rey Felipe. Y sacó algunos tiros que tenían debajo de tierra 
sus habitadores. Y porque la mayor parle de los españoles ha- 
bía muerto aqui de varias incomodidades, especialmente do 



234 HISTORIADORES DE CHILE 

hambre, dio á este puerto el nombre de Puerto ád Hambre. 
Estaba este lugar 35 grados de la linea hacia el austro. El ili- 
nerario náulico de los españoles pone al promontorio que lla- 
man Punta de Santa Ana, á altura de 35 grados y 30 escrúpu- 
los. Y nota, que el lugar de S. Felipe estaba en pasando esto 
promontorio hacia el euro, en un ángulo de la tierra. 

A 14 de enero, salió de este lugar y fué aun promontorio 
muy austral que llamaron cabo Froward, 44 grados de la li- 
nea. Y á 21 del mismo mes fijó las áncoras en un seno arenoso 
al lado derecho del estrecho. Púsole nombre de Elisabet al 
seno: dista de él dos millas un rio que baja del continente. Su- 
bieron en un balel tres millas y bailaron una llanada y campi- 
ña florida á una y otra parte de la ribera. Cosa rara en esas 
regiones, porque lodo lo demás es horroroso por sus ásperos 
é incultos montes. Aquí habitaban muchos bárbaros qne co- 
mían carne humana y alimentos inmundos, y era verosímil 
que mataron algunos españoles y los comieron, porque se ha- 
llaron en sus cabanas cuchillos y otros despojos de españoles. 

De aquí fueron á la canal que llaman los españoles de San 
Jerónimo, que dista del rio dos millas, y se hallaron obliga- 
dos á estar casi un mes entero en el puerto, por ser el viento 
contrario. 

Hasta aquí sólo refiere Laet, porque sólo conducía á su inten- 
to la navegación del estrecho. 

El padre Torquemada refiere esle suceso, tratando del virrey 
de México D. Alvaro Manrique de Zúniga y dice: El año 1583, 
gobernando este virrey, entró por la mar del Sur el corsario, 
y comenzó á requerir los puertos. Hizose gente contra él, cuyo 
cabo y general fué el Doctor Palacios, que con un buen ejército 
fué al puerto de Acapulco. Pero no fué de estorbo para que el 
inglés hiciera lance, porque á la otra parle de la boca de la Ca- 
lifornia se encontró con una nave llamada Santa Ana, que ve- 
nia de las Filipinas, cargada de grandísima riqueza, y abor- 
dó con ella y la rindió y llevó consigo al puerto de San Blas, 
donde sacó gran suma de oro, y la pesó con balanza para re- 
partir á su gente. Las sedas eran tantas que las arrumaban 
como pipas. Quemó el navio y dejó allí la gente, aunque se vi- 
nieron en el casco que había quedado sobre el agua, que no se 
quemó. Fué presa de grande pérdida para la Nueva España. 
Salieron á la mar los nuestros en seguiraento suyo, y aunque 



FERNANDEZ DEL PULGAR 



235 



anduvieron algunos días sondando derrotas, no dieron con é 
y asi se volvieron sin cosa alguna. 

Pero el padre Ovalle, pág. 228 de la Historia de Chile, dice: 
El general inglés Tomás Candisio pasó dos veces con su ar- 
mada el Estrecho. La una el arto 1587 y la otra el de 1591. Y 
una de ellas, corriendo la costa de Chile, pareció por la isla de 
Santa María y lomó puerto en la Herradura, que es un puerto 
de la bahía de la Concepción, de donde pasó á Valparaíso, aun- 
que no se sabe r[u<.' lomase ¡lilí puerto,- pnrfine pasó luego al de 
Quintero, adonde salló oii tierra ]>ara liacer aguada, pero los 
nuestros les hicieron retirar más que de pi'isa, 

Y sucedió el caso asi. Luego que en Santiago supieron la 
llegada del inglés á aquellas cosías, salieron los vecinos á Val- . 
paraíso, que está 24 leguas de la ciudad y cuatro ó cinco de 
(Quintero, á defender la entrada al enemigo. El, recelando el 
mal que podía tener en tierra, no perniilio que ninguno saltase 
en tierra, hasta asegurarse bien del peligro; pero como necesi- 
taban de agua, leña y de otros bastimentos, les fué forzoso que 
saltase la chusma, Hiaciéndola escolta una compañía de arcabu- 
ceros; mas viendo que asomaban dos espartóles que acaso se 
hallaron allí, porque aquel puerto es despoblado, temiendo que 
eran senlidos y que tras aquellos dos venían otros, se retiraron 
todos muy apriesa alas naves. 

Desde allí despacharon aun español que habían cogido en 
aquellas costas, con una embajada á los nuestros, diciéndoles 
cuanto les importaba la amistad y buena correspondencia con 
la Inglaterra, en ocasión que Francia había hecho liga contra 
Espaíla, y ellos estaban tan poderosos que dentro de poco tiem- 
po los hablan de ver señores de todo aquel mar y reinos de la 
América, y asi que los socorriesen con bastimentos, de que ve- 
nían muy necesitados. El español halló el cielo abierto con ver- 
se libre con esta ocasión de aquel infelicísimo cautiverio y sa- 
lir de luteranos y enemigos de la fe, á vivir entre católicos. 
Llegó á1os dos españoles, díjoles quien era: lleváronle á Val- 
paraíso, donde estaba la gente de Santiago. Estos, con el aviso 
que les dio este mensajero, partieron para Quintero, donde en 
una emboscada estuvieron aguardando á que saliese el in- 
glés por los bastiiTientos que buscaba, como lo hizo, porque 
viendo que tardaba el español mensajero con la respuesta, 
apretados de la necesidad que tenían de provisión, echaron cu 



S 



1 



1 



236 HISTORIADORES DB CHILE 

tierra boena parte de gente y mosqueteros para liaccrse de agua 
y leña. 

Pero salieron de la emboscada los nuestros, y dio en ellos la 
caballería con tal tropel y orgullo, que se tuvo por más dichoso 
el más suelto y ligero, porque pudo llegar más presto á las na- 
ves á abrigarse. De alli se daban prisa á disparar la artilleria 
y mosquetería, pero no por eso dejaron los españoles de seguir 
el alcance, casi hasta el mismo mar, matando é hiriendo á mu- 
chos de ellos. 

Cautivaron k 14, de los cuales ajusticiaron después á doce, 
no con poca dicha suya, porque dejándose persuadir de la ver- 
dad de nuestra santa fe, se reconciliaronvcon la Iglesia Roma- 
na, y asi murieron como verdaderos católicost dejando pren- 
das de su predestinación. 

Los de la nave, viendo lo poco que podrían ganar con la 
gente de aquel país, que podemos decir se destetan desde la 
cuna en ejercicios de la guerra, izaron velas y navegaron al 
norte á las Californias y de allí á Filipinas. 

Los principales que hiciei'on esta buena suerte los nonbra 
el capitán Fernando Alvarez de Toledo, que fué uno de ellos, 
en la primera parte de La Araucana, en esta octava: 

El capitán Gaspar de la Barrera, 

Don Gonzalo, el de Cuevas, y iMolina, 
Campo Frió, Pasten, y el de iHIerrera, 
Ángulo, Pero Gómez y Medina, 
Juan V'enegas, valor en gran manera 
descubre cada cual en la marina, 
derribando cabezas enemigas 
cual diestro segador cortando espigas. 

El padre Ovalle no determinó en cual de las dos entradas fué 
e^ie suceso. Pero ajustase que fué en la primera, porque en el 
P. Colín enellib.I.cap. LVL dice: En el año 87 fué tomada por 
Tomás de Escander, corsario inglés, la nao San/a Ann, que iba 
de esta tierra á la Nueva Espaiía con mucho oro y mercaduría, 
junto á la California. 

Y luego el año 88, esto mismo corsario entró por la provin- 
cia de Pintados á vista de Arévalo y del astillero en que se es- 
taba fabricando un galeón para la carrera. Pretende quemarlo 
resístele el cabo Manuel López de Lemos. 



H 



:1 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 237 J 

Con que se reconoce que fué este suceso en la primera entra- 
da de Tomás Candisio ó EscaTider, por el Estrecho de Maga- '' .;,i 
lianes. ,;\^ 

Padilla en la Historia de México, libro I, cap. X, dice que los ^ ;s] 

ingleses, atreviéndose á pasar el mar del Sur el año 1588, co- . í'j 

gieron uii navio que venia de la China cargado de oro y de ..'-^V^ 

cosas de mucho valor, siendo la fuerza del enemigo muy leve ''-i 

ilaque2a, porque no era más que un naviculo, con poco másde , | 

veinte hombres, y casi lodos enfermos, que por maravilla ha- 
blan quedado vivos entre todos los demás que en aquella nave- 
gación se habían muurlo. 

El doctor Figucroa cuenta así este suceso: En tiempo del 
conde del Villar, D, Fernando de Torres, virrey del Perú, en- 
iró por el mismo estrecho el inglés Tomás Candisio; y surgien- 
do en el puerto de Valparaíso, que es el más principal de el 
reino de Chile, fué asaltado de una tropa de espailolos. Estos 
cogieron descuidados á los ingleses, y malhndo á catorce, obli- 
garon á que Tomás siguiese su viaje con sumo sentimiento. 
Cogió algunos navios surtos, en cuya gente se vengó de la re- 
ciente ofensa. Fué luego avisado el Virrey de esta entrada, y 
armando tres buenos navios, los envió en su seguimiento: hi- 
ciéronse sin esto otras diligencias para la opresión de este pi- 
rata, por estar todos avisados por mar y tierra. 

Ija Audiencia de Quito envió soldados á Guayaquil, donde 
hallando en tierra á los enemigos, mataron otros seis. 

Partióse el navio lleno de desconfianza por esle mal suceso, 
y siguiéndole en vano los de Lima, llegaron á Panamá. 

Corrió el inglés la costa de Nicaragua, pasando después á la 
punía de San Blas, que lo es do la California, altura 22 grados 
y medio, parte del noríe. 

Allí esperó á la nao Sa/i/d ^n«, que venía de Filipinas car- 
gada de preciosa hacienda. Hallábase, por ser aquel mar paci- 
fico, sin una espada, y bien seguro de semejante novedad. 
Candisio, abordando, la entró y robó, y echando toda la gente 
en tierra (salvo un clérigo á quien ahorcó) fué mirando todas 
las mercadurías fardo á fardo. Halló gran suma de oro, y esco- 
giendo de lo demás lo mejor, echó al mar el resto. Por remate, 
pegó fuego á la nao, y se avió para Filipinas, donde hubo á la 
mano un indio que le mostró canales y embocaduras, por don- 
de salió entre las dos islas Trapobana y Java Mayor: estrecho 



B:5TOBlAl>!JRes DE CHILE 



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ciüif'lfj vj 'irrVí'j, líor; :e ■; jMr^i-tii"» v-ir:a% Te>?es miserable- 

ii.ir:;'e "ir ■;»"i:.'.^^l^,-^. i-rr^:-.: j e:i a ji-?!;.! t?xj:'^dici.>n. 

- V en *:: !.-,ri V. c. XXIí. liuvián !o «I^! pu-?n.3 dc'l Guarco. 

<i le e-i *::* '.i "íl '^z-^i'.' -i-: Tr i^í'm, di'>? 'jj- Tomas Catidisio, en 
^ »:I a-Vtd*? liw. c,(;.'ií •í^l'í lj¿ir y roSi •'! toir:.'.} y la aduana 

p.-aí. Y'i'i- í'-» ii.;-:nj li-i'oia li'----!io Fra:ioi>co Drake el año de 

Her-j Tí->!or> Bn-. 'íii ..•! vmo Vill de ta /-i'/ti Occidental, 
páifiria 43, hao*: ¡a »¡.:^'rñ|tCK.n de o-ia navecaoión que la hizo 
FrHiicisMiB!T:-.v';r.com[i;iri<?r.> ■leToin:!* Candi?io. y aunque es 
larga, la Ira lucii-ü í?ii ca-:l>-l!aiiO por Ía« noticias individuales 
*]'!<; comi'riií', \HiTf\ñ*i exji'om lO'Jo A orbe. 

Afio liWi. á ¿''j d-:* j'ilio, pcirún í'I esfíilo aiiti^íuo, partimos de 
I*lyHiOM.'t, p'K-rlo de Inglaterra, con tres iiavc:^: la aimirauta, 
que w; llamn^a Th-; D-^iirf;, esto es. codicia ó deseo, de láO to- 
nelada';; The Contení, eslo es, suficiencia, y The Gallant. esto 
»r», gallardo, de 10. E>las naves se armaron con 123 caño- 
n'.'-í y áe instruyeron en toJo lo necesario á cosiii de Tomás 
Candi-ili, nohlc íiijíI'-ü. También fué por almirante y capitán 
fteneral. 

Marte», que era dos de julio, aún eslábamos 45 millas dis- 
tantes del promonlorio de Fifíislerre, á donde nos salieron al 
encuentro cinco naves españolas de Vizcaya, que á nuestro pa- 
recer venían del gran seno del mar en Terranova. Nuestro al- 
mirante las ac'jmetió y oprimió tres horas: llegó la noche y 
ninguna pudo co^er. 

A ()rimi:ro de agoí^to, á la hora décima antemeridiana, vi- 
mos la isla Fuerte Ventura, que es una de las Canarias. A 7 de 
ajáoslo, había llegado tan cerca de la playa ilc la Berbería, 
como al líio del Oro. 

A 13 de agosto llegamos al promontorio <iul Cabo Blanco, . 

poro tan vehemente el viento, que no pudimos arribar hasta | 

diiiide los pescadores suelen salir á pescar; y asi pasamos seis | 

horas en un sitio hacia el Horcajo, especialmente hallando co- 
piosa arena ante este promontorio en la región austral. 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 239 

A lo litj agosto, estábamos en la cumbre de Cabo Verde, y, 
ú nuestro juicio, 50 millas de él hacia el mar. 

A 18, el promontorio de Este, Sierra Leona, dista de nosotros 
hacia el Oriente, y el mismo día comenzó á soplar el céfiro, que 
de lal modo promovió nuestro camino, que á 20 de agosto so- 
lamente distábamos do la linea equinoccial seis grados y 
medio. 

Habiendo partido últimamente de Sierra Leona á 23 ¡de agos- 
to, llegamos á 25 adonde está el puerto ó estación de las naves, 
adonde estaba el v ice-almirante H. Brewer con el The Contení. 

A 26 de agosto entramos en el puerto, y en la entrada, cerca 
de los escollos en la región austral, hallamos agua profunda, 
cinco hilos. Piosiguiendo más adelante, conviene saber que, 
vencido el escollo, se halló profundidad de 10 hilos, hasta que 
viniinos á la misma estación, que estaba distante del promon- 
torio sólo un millar, y iba corriendo hacia el austro, pero se 
habiade tener cuidado que cada cual entrase hasta el medio del 
seno con su nave, porque había allí un reflujo muy vehemente, 
y que se derramaba en las estaciones con gran fuerza. Desde In- 
glaterra á este lugar se cuentan 950 millas, que caminamos 
desde 21 dejulio hasta 26 de agosto. 

A 27 de agosto brincaron dos negros á nuestras naves, que 
nos enviabael almirante de Londres. Estos por señas nos de- 
cían que una nave portuguesa estaba en este puerto no lejos 
de nosotros. Y asi la nave minima nuestra The Gallani, subió 
hasta tres ó cuatro millas, y es de peligrosa profundidad, 
como después supimosde un portugués. 



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1 



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CAPÍTULO VIII 



Naveoación de Rícabdo Haughins ó Aquinés por el Estrecho, 

EN TIEMPO DE DON GaBCIA DE MENDOZA, VIRREY DEL PeRÚ. 

A Candiaio siguió Ricardo Aquinés, que el aflo de 1593, por 
abril, salió de Inglalerra, pasó las costas'del Brasil y el rio de 
la Plata, y en el mes de febrero el año de 1594, el viento con- 
trario le llevó á una tierra incógnita, parle del Continente Aus- 
tral, si es que allí hay tierra continente, casi 50 de la linea 
hacia el austro, y cogió la costa de ella hacia el aquilón casi 
sesenta millas. Testifica que le pareció región muy amena, y 
sin duda habitada, por los muchos fuegos que á cada paso ob- 
servó de noche. Dem.^ de esto, que salían algunos ríos del 
continente al mar, con tanto Ímpetu, que se conocía su color 
entre las olas. 

Al promontorio que primero vieron desde lo alto le llamaron 
Tremonlayne, desi^e el cual á doce ó catorce millas hacia el 
oriente, se ofrecía al continente una isla, á la cual por la vista 
florida y amena llamaron la Hermosa, y á toda la tierra, de 
Aquinés. 

Pero volviéndose contrario el tiempo y el viento, se apartó 
de ella, y llegó con felicidad al Estrecho de Magallanes, le na- 
vegó, aunque no sin peligro, porque algunas veces fué repelido 
de la misma boca que sale al océano Austral, finalmente, en el 
mismo mar Austral había navegado, no sólo la costa de Offile 
sino (oda la del Perú. 

Después de un largo y acérrimo certamen, le cogieron los es- 
pañoles, y les enseñó muchas cosas de la parte austral de el 



S4S HISTORIADORES DE CHILE 

mismo Eslrecho que hasta entonces ignoraban. Eslo es, que 
toda tierra qne loca el Estrecho de Magallanes [¡oc el austro, 
no son sino varias islas cortadas con varios canales, como tam- 
bién tcis flamencos observaron. Y finalmente, hallado el nuevo 
estrecho por Le Mayre, constó sin duda ser esto asi. Hasta 
aqui, Laet, 

Más por extenso refiere esta espedición Cristóbal de Figiieroa, 
desde la página 212; «Ricardo Aqninés. inglés, entró el año 
He 94 por el Estrecho con una famosa nave llamada /,n Linda, 
en' cuya angostura se perdieron otras que venian con él. Lle- 
gado á Valparaíso, falto de bastimentos y menesteroso de otras 
cosas, halló descuidados en aquel puerto cinco bajeles^ baste- 
cidos de comidas, ele jarcias y oíros pertrechos. Rindiólos lue- 
go sin contradición. 

En este puerto se estuvo regalando algunos días, y al cabo, 
queriéndose partir, vino á concierto con el pueblo, en razón del 
rescate de las naves, sin reparar en si era acertado ó nó dejar 
libre á quien pudiese dar aviso de su venida; tal érala estima- 
ción en que tenia su bajel por extremo armado y guarnecido de 
gente práctica y de hecho; y lan poco el caso que hacia de las 
fuerzas marítimas de todo el Perú. 

Tuvo aviso de esto el virrey don García de Mendoza. Con 
(oda brevedad, y aunque por una indisposición se hallaba en la 
cama, se levantó luego, siendo su primera prevención mandar 
acudieren al puerto de el Callao las guardas de lanzas y arca- 
buces, y porque estuviese seguro, dio asimismo conductas de 
capitanes á tres soldados experimentados en la Uiilicia, Pulgar, 
Manrique y Plaza, con orden de que cada uno levantase cien 
soldados para guarnición de los bajeles que á toda prisa se 
aprestaban. 

El Marqués, no fiándose del todo de la diligencia de los mi- 
nistros que había enviado, fué con pocos de los Huyos el día si- 
guiente ásolicitar en persona lo necesario, sin que lo estorbase 
un riguroso accidente de gota que padecía. Proveyó, en llegan- 
do, las cosas más especiales para la expedición do los bajeles, 
mandando partiese al instante un pataje, que á loda diligencia 
fuese de puerto en puerto avisando la nueva para que á nadie 
cogiese descuidado el enemigo, pasando desde allí con el pro- 
pio fin á Gnatimala y México. 

Despachó otro asimismo á Panamá, para que don Fernando 



:l^ 



r 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 



243 



de Córdoba estuviese á punto con su escuadra y estorbase al 
inglés el paso, si allá fuese. 

Prevenido de esta forma el mar, envió diferentes chasquis 
(son éstos indios correos dé á pié, velocísimos) la costa arriba 
mandando entrasen también la tierra adentro, para que toman 
do los moradores los pasos al pirata, por ningún caso seles 
pudiese escapar. 

En tanto Lima, puesta en arma, deseaba sumamente tener 
ya delante aquella ocasión, pai» prueba de su mucho es- 
fuerzo, 

En el Callaodejúol Virrey por su teniente al doctor Alonso 
Criado de Castilla, oidor más antiguo de la Audiencia de los 
Reyes, benemérito por letras y virtud, y en cualquier negocio 
que sü le encargase, cuidadoso, activo y eficaz. 

Cada larde, entraban en la ciudad dos conipafíias de guarda, 
ejercitándose los más días en las armas los soldados más bi- 
sónos. 

Tras estas y otras imporlaiites prevenciones, se apercibieron 
tres fuertes navios, con lodo lo que era menester para el in- 
leiito. Repartiéi«onse treinta piezas con otras treinta piezas de 
bronce, total sesenta, entre la capitana y su almiranta, po- 
niéndose otras catorce por los costados del galeón San 
Juan. 

Asi, habiendo ya hecho leva los tres capitanes nombrados, 
se recogieron con la gente al puerto para embarcarse con pres- 
teza, luego que les llegase el orden. Sin este número, que era 
de trescientos, se ofrecieron para la jornada algunos caballeros 
mozos, entro qgien, Lorenzo de Heredia, que se embarcó con 
diez soldados sustentados á su costa; y don Francisco de la 
Cueva, con casi otros tantos de la misma manera. 

Nombró el Virrey por general á don Beltrán de Castro y de 
la Cueva, hijo del Conde de Lemus, y su cufiado, varón de se- 
ñaladas prendas y de sapientísima capacidad para mayores 
empresas, como testifican servicios de consideración. Hallóse 
en el estado de Milán, en tiempo qno con tanta satisfacción le 
gobernaba su tio el duque de Alburquerque don Gabriel de la 
Cueva, que en edad de veintidós aí^os, conociendo su talento, 
le nombró por caudillo del ejército enviado por orden de Su 
Majestad á la loma de el Final. Agradó á todos la elección, por 
ser el general bienquisto, descubriéndose en breve cuan acer- 



244 HISTORIADORES DE CHILE 

tado había sido ei nombramiento. Apenas fué elegido, cuando 
caminó al puerto, donde sin salir de la marina tarde y mañana, 
acudia con particular solicitud k preparar cuanto era me- 
nester. 

Púsose la armada en orden con esquisila brevedad, supues- 
to que se dispuso todo dentro de ocho días; cosa casi increíble 
por el mal aparejo que habla de todo, aunque por fallo que se 
hallase en cualquiertlempojuzgóei Virrey, de las dos guerras, 
siempre mejor la ofensiva ^e la defensiva. Asi solía decir, 
que quien embiste se halla ya resuelto y tiene ya imaginado 
todo loquees menester para el acometimiento; mas, que al aco- 
metido le cogían, por la mayor parte, sin orden, causa deque se 
preparase y defendiese por fuerza. Anadia también, que á lar- 
go andar se empeoraba el mismo, respecto de venir á dar en 
las penurias y incomodidades de carencia de soldados, de bas- 
timentos, de artillería, municiones y cosas semejantes nece- 
sarias á la misma defensa, procediendo todo esto <le no poder 
obrar con entera elección, y de ser obligado á hacerlo lodo por 
pura necesidad. Demás que los propios pueblos padecen infi- 
nitamente con peligro de su total ruina, y eor^ perpetuo temor 
de pérdida, sin alguna esperanza de ganancia. 

Ya los tres galeones á punto, y bien pertrechados de solda- 
dos, religiosos, armas, municiones y bastimentos, sólo aguar- 
daban tiempo favorable para salir. Mientras llegaba, quiso el 
Marqués favorecer la partida con su presencia: para eso fué al 
Callao, donde entrando en un esquife, se acercó á los bajeles, 
que disparando todas sus piezas, levantaron alllsimos montos 
de humo envueltos en gozosa grita'. 

Fué, pues, visitando á lodos, incitándolos y alegrándolos 
con cuerdas y corteses razones. En fin, vuelto á la marina, se 
disparó, como es costumbre, la última pieza de leva, largando 
de allí á poco. 

Anduvieron los tres en conserva hasta engolfarse. Mas, ape- 
nas había partido don Beltrán, cuando tuvo el Virrey aviso que 
Ricardo había parecido sobre Arica con tres naves. Trajo esta 
nueva un pescador, á quien el corsario había tomado un barco 
de pescado y dádole libertad. Juzgóse debían de ser los bajeles 
que se hablan vislo de nuevo: la almiranta y alguna otra nao 
do las que corría fama se habían perdido al pasar el Estrecho. 

Pareció al Marqués, para mayor seguro, hacer nuevas pre- 



^ 



J 



FERNANDEZ DEL PULGAR ^5 

venciones. Asi, pertrechó una galizabra, hecha ene! Callao por 
su orden, con otro galeón y nn bergantín: éstos, con lodo lo 
necesario se previnieron para- guarda de treinta pataches y 
navios qne oslaban en aquel puerto, tan vacíos de defensa, que 
casi sólo nn batel los pudiera rendir. Y también á fin de que si 
arriljase la primera armada, como podía suceder, menestero- 
aa de reparO; pudiese con facilidad ser socorrida y restau- 
rada. 

Poblábanse de gente las costas, asistiendo todos con tanta 
vigilancia que apenas se descubría el corsario, cuando se sa- 
bia en cada puerto, avisándose unos á otros con llamara- 
dae. 

Ksle continuo cuidado fué parte para que no osase Aquinós 
salir a tierra, temeroso de su pérdida, por reconocer las playas 
llenas de caballeiia. que es con loque más desmayan los ene- 
migos. Por manera que sin poder dailar, fué á su despecho 
prosiguiendo su viaje hasta llegar á Chincha, que es paraje 
apartado do Lima li'einta leguas, desde donde partió luego un 
correo con aviso al Marques, que al punto te envió k su cufiado 
don Beilrán. 

En doce días que había faltaba don Beltrán dol Callao, no 
había podido tener noticia de Ricardo; por eso, recibida esta 
nueva, torciendo el rumbo que llevaba, c»n crecido gozo echó 
la vuelta de lierra, por haberse engolfado ya, como se dijo. 

Descubrióse un día al amanecer el pirata sobre el puerto; 
mas habiendo visto él primero nuestra armada, solicitó la 
linida con notable presteza, virando á barlovento. Quiso ga- 
narle don Beltrán, mas no fué posible por levantarse casi al 
instante recísimo temporal. Con todo eso, le iba siguiendo 
cuanto le era posibo, por máscontradicción que hallase en el 
mar,' hasta que difundiéndose ó desenfrenándose los vientos 
de el todo, se perdió de vista, teniendo apenas lugar para tratar 
de sn propio salvamento. 

Fué tenida esta tormenta por una de las mayores que hasta 
enloncea se hubiesen visto. Y asi obligó su gran desconcierto 
á qufl los que seguían á Ricardo procurasen volver al puerto 
dti donde habían salido, como lo hicieron, llegando á él por 
extremo quebrantados. No perdonó la borrasca al fugitivo, an- 
tes le trató de manera que le fué forzoso alijar para salvarse, 
echando al mar parte de lo que llevaban. 



246 HISTORIADORES DE CHILE 

Vuelto al Callao don Bellrán tan deshecho como se apuntó, 
fué fácil rehacerse, por ía prevención con que se liallaba Don 
Garcia; tratóse, pues, de salir segunda vez sin pérdida de tiem- 
po; mas fílele necesario volverse de diferentes veces. Nombró- 
se por capitana la quo Imbia ido anles por almiranta: y por 
almiranta la galizabra apercebida, bajel pequeño más famo- 
so. A esto se añadió una lancha como para descubridora de 
ensenadas y cálelas. Acompañó al general Miguel Ángel Fili- 
pón, grande pilólo, y, aunque extranjero, de particular con- 
Hanza. 

El dia que se comenzó á embarcar, corría mucho mar de 
leva, ocasión de que se hiciese con desigual molestia, porabun- 
dar aquel puerto de cantidad de guijarros. Sucedían, pues, mu- 
chas desgracias, porque atravesándose los bateles, mataban y 
estropeaban mucha gente. Mientras con singular solicitud an- 
daba el Virrey á caballo por la marina, haciendo embarcar á 
los que iban á la jornada, vio á uno puesto en notable aprieto; 
no pudo su piedad dejar de hacer su acostumbrado olicio, y asi, 
apeándose del caballo y metiéndose en el agua hasta la rodilla, 
trató de fovorecer al hombre. Arrojáronse con su ejemplo al 
mar los soldados de más listura, sin perdonar á costosos ves- 
tidos, y haciendo lo mismo los de la guardia con las alabardas 
detuvieron los golpes del batel, que todo fué causa de que se 
salvase el que peligraba. Por este respecto hicieron á laembar- 
cación dos tiros de mosquete de allí, el puerto arriba, que di- 
cen de la Mar Brava. 

Partieron, pues, al primer soplo favorable, arrimándose á la 
tierra cuanto pudieron, por saber que se había de hallar Aqui- 
nés cerca de ella, sino desviaba el rumbo comenzado. Ibanse 
reconociendo de camino cuantos recodos, cabos, senos, bahías 
y caletas se descubrían, con recelo no se les quedase el contra- 
rio en alguna. 

Apenas habían doblado la última punta, cuando un dia. vis- 
pera de Santa Isabel, como á las cuatro de la tarde, descubrie- 
ron al enemigo, surto al parecer en la bahia de San Maleo, 
que os en las costas de las Esmeraldas. Vio Aquinés los dos 
bajeles, y entendiendo que no eran de guerra sino de pillaje, 
se apercibió para embestir. Estaba con sólo un navio y una 
lancha, porque juzgando de estorbo para su viaje otras dos 
naves con que se apareció en Arica, no había queriiio pasasen 



\ 



A 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 247 

de allí. Despachó el pirata, sin dejar su puesto, á su capitá4i, 
para que con la lanclia fuese á reconocer los que se divisaban. 
Hízolo asi, acercándose poco menos que á tiro de caflón. 

A estfi tiempo había ordenado don Beltrán á su almirante 
Lorenzo de Heredia la saliese á recibir con la galizabra; man- 
dóle juntamente que, respecto de ser pequeña su nao, procura- 
se la vuelta de la playaj tomando é!, al instante, la del mar. 
Disparó la almiranta tres piezas, que sin herir en alguna de 
sus partes á la reconocedora, sólo sirvieron de avisarla de que 
eran enemigos. 

Volvía, pues, el capitán á vela y remos adonde estaba espe- 
rando Ricardo, y hecha breve relación de lo que había pasado, 
cortando al ¡nstanle amarras ó áncoras, y tocando un maravi- 
lloso clarín, salió al encnenlro á los que venían. Recibiólos con 
imaTociada, y diciendo, «Amaina, por la Reina,» se les fué lle- 
gando. 

Sacudióle la capitana <ie don Bellrán con la artillería de ba- 
bor, y al amurar de la oira banda, le disparó dos caílonazos de 
la popa, con que se amedrentó el inglés. 

Llegó luego la galizabra, y despidiendo á un tiempo otros 
seis, le echó la mesaría en el mar. Desvióse el corsario animo- 
samente, y, volviendo á disparar, despedazó en la capitana áoH 
negros y dos marineros junto á la obra, que estaban cazando 
la escota á popa. Tras esto, asegundó tan velozmente con otra, 
que sin recibir ofensa, puso al Castro en notable aprieto. En 
esta ocasión, la galizabra que había ¡do en seguimiento de la 
lancha, viró para querer abordar la de Ricardo: mas no la su- 
cedió bien, porque se defendió con nueva rociada; derribándo- 
le el árbol mayor y matándole 14 hombres. 

Apartáronse con esto algo y sobreviniendo la noche, fueron 
los del Rey siguiendo con mucho cuidado al Aquinés, dispa- 
rándole de cuando en cuando algunas piezas. En cerrando la 
oscuridad, curaron unos y otros los heridos, y arrojaron al mar 
los muertos. 

La galizabra aplicó unas bandolas por árbol mayor, con que 
á la mañana, día de la Visitación, se halló sobre el enemigo, á 
quien hizo salva con lodos los cañones y mosquetes. Llegó 
luego D. Bellrán, disparando sus piezas; mas, volviendo el 
enemigo, como haciendo vuelta, le dio una carga tan horrenda, 
que le llevó todo el bauprés y espolón, y alcanzando otra 
bala en las obras muertas, pasó, sin hacer daño, á la otra parle. 



HISTORIADORES DE CHILE 



1 



Recibiendo una y olra diferentes rociadas, se vinieron á po- 
ner tan bordo á bordo y lado á lado, que el animoso á quien 
proveyó en persona pasar ó ganar el estandarte real, valiéndo- 
se para eso de un lazo que arrojó, salióle inútil la traza, por- 
que halló en su defensa á Diego de Avila, á Juan Manrique, 
á Pedro de Reinaltc, á Juan de Velázquez y á otros que le de- 
fendieron valerosamente. Sacó el inglés de la temeridad dos 
heridas, una en el cuello y olra en un brazo, hechas ambas 
con bocas de fuego. Quiso en esto abordar la galizabra; mas, 
arrojando los enemigos dos arpones á ^us velas y cuatro al- 
cancías dentro, quemaron con ellas al condestable y á dos ma- 
rineros. No desmayaron por eso los que embestían. Antes, sa- 
liendo con su intento, la aferraron y entraron, siendo los pri- 
meros que subieron Juan Bautista Montañés y Juan de Torrüs 
Portugal, ambos valientes soldados. Resistió la entrada de 
Portugal el capitán de la nave con un broquel acerado y una 
espada; mas, iras de algunos golpes y heridas dadas el uno al 
otro, cayó de espaldas el inglés, dando lugar al español para 
que pasa.se adelante. A esto había ya el Juan Bautista muerto 
á dos y llevaba retirando á otros hasta meterlos en la cámara 
de popa, donde haciéndose fuertes, contrastaban á los contra- 
rios con particular coraje. En suma, se dieron de paz por ha- 
ber abordado también la capitana y echado genle en la enemi- 
ga. Era ésta de 400 toneladas. Bellísima en todas sus partes; 
traía por armas en la popa una negra con guarnición dorada. 
Reparóla aquella noche Miguel Ángel Filipón, porque no se 
fuese á fondo, respecto de estar maltratada. 

Prendió á Ricardo el capitán Pulgar, pasándolo ala capitana 
con la gente de más lustre. 

Llegaron al siguiente día á Panamá, donde fueron bien re- 
cibidos de don Francisco de Cárdenas, presidente de aquella 
Chancillcria. Entraron los heridos en la ciudad, parte en an- 
das y parte á caballo, quedando los sanos con los prisioneros 
en la calle de los Calafates. 

Hizo el victorioso D. Beltrán aprestar la armada con toda 
diligencia, despachándola luego al Virrey con la nueva de lo 
sucedido. En tin, volviendo á Lima, llegaron al puerto de Pal 
ta, donde habla ya orden del Marqués para que en una nao qu 
estaba allí trajese al capitán Pulgaral tí'aNao. Los ingleses era 
en todo ciento veinte. Escaparon de la batalla noventa y Ire 



i 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 349 

y de éstos heridos diezisíete; hubo en la capitana cinco muer- 
tos y cuatro heridos. Murieron en la galizabra veinte y tres, 
salieron heridos doce y quemados ó chamuscados seis. 

Sucedieron en esta refriega dos cosas dignas de memoria. 
Fué la una que mientras el enemigo jugaba la artillería contra 
la capitana, metió una bala por el amura de babor, con que 
mató al artillero que estaba cargando una pieza, y pasando por 
otro, le llevó la piel de casi lodo el vientre. Era éste un vizca- 
íno de sesenta años llamado Encinal; mas, no desmayando de 
ver perder sus intestinos, solo, sin ayuda ajena, se los recogió 
y fajó con un paño de manos, y volviendo á cumplir con la 
obligación do su oficio, impelió la pieza con tanto vigor y áni- 
mo como si no hubiera recibido alguna herida. 

La otra es que estando para subir en la nao contraria cierto 
Jorge Italiano, le llevaron de un mosquetazo la mano izquier- 
da. Miróla menos, con indignación, y sin dejar el intento co- 
menzado, entró en el bajel, donde peleando fuertemente con 
la derecha, daba con el zoquete de la otra a los que alcanzaba, 
rociando de sangre los cuerpos y rostros de los enemigos. 

Alegróse grandemente con este suceso todo el Perú, por ver 
rendidos y sujetos en aquel mar los enemigos de nuestra san- 
ta fe, que antes no lo habían sido, y perdiendo el general te- 
mor que se solía tener de ellos. Atribuyeron todos tan buen su- 
ceso á la extraordinaria presteza y resolución con que procedió 
el Marqués. 

Diüse al punto aviso á Su Majestad de la victoria, á que res- 
pondió en carta con mezcla de otros negocios, cuyo tenor es el 
que sigue: 

El Rey. — Marqués de Cañete. Por las cartas que me escribis- 
teis en 15 de mayo, de 30 y 20de enero del presente, ambas en 
materia de guerra, se han recibido, y en ésta se os responde á 
ollas. 

Alegrádome he de entender, por lo que decis en la de 15 de 
mayo, el buen orden que teméis en las cosas de la mar y la 
bondad de los bajeles, y cantidad de artillería, que es muy buena, 
yquetodo es en defensa. Y asi lo será, pues que decís que bas- 
tarán los dos galeones y galizabra; quede sólo eso y os desha- 
gáis de lo demás. Advirtiendo asi en esto como en todas las 
ocasiones que se ofrecieren, á que acudiendo á lo necesario, sin 
que á esto se falte, se procure excusar lo superfluo. 



350 HISTORIADORES DE CHILE 

En lo que toca al gobierno de Chile, y aquella guerra en que 
docis procede Martin García de Leyóla, con tan poca esperanza 
de que se consigan los buenos efectos que se desean, por cuya 
causa os parece convendrá proveer aquellos cargos en otra 
persona, voy mirando lo que convendrá, y de lo que me pare- 
ciere os avisaré. 

Bien hicisteis en enviar la galizabra con el capitán y cien 
soldados que decís, para que asistiese en aquellas costas de 
Chile; y lo será que se entretenga allí todo el tiempo que fuere 
necesario. 

Aunque los gobernadores desaquellas provincias pidan los so- 
corros por que decís envían á la continua, vos, como quien tie- 
ne entendido lo que conviene, proveeréis lo necesario y excusa- 
reis lo que no lo fuere. Que no es bien que los que allí gobier- 
nan aprovechen tan mal lo mucho que se gasta, y cuando se 
trate la provisión de este cargo, se mirará lo queconveudrá cer- 
ca de enviar gente de acá, y si se les dará sueldo, que cosa es 
esta sobre que hay muchos papeles y pareceres, y sobro que se 
va mirando con mucho cuidado, y en el entretanto continuareis 
el cuidado de mirar por aquello, y en advertir al gobernador 
lo que os pareciese convenir cerca de las poblaciones de espa- 
ñoles que os escribió quería deshacer, y lo demás tocante ala 
guerra y gobierno. 

Mucho contentamiento he recibido con la nueva de el buen 
suceso que tuvo don Beltrán de Castro contra el general Ricar- 
do, inglés, que pasó á esa mar por el Estrecho de Magallanes, 
que ha sido de mucha importancia, tanto por haberse estorba- 
do sus designios, como porque de hoy más duden los enemi- 
gos de semejantes empresas, temiendo su perdición y castigo. 
Y agradézcoos mucho la diligencia que pusisteis en hacerle se- 
guir y avisarme tan particularmente de ello. Y á D. Beltrán 
agradezco asimismo su buen servicio, y el que me hizo en al- 
zar mano de la pretensión que pudiera tener de tocarle alguna 
parle del navio y arlilleria. Lo cual le diréis de mi parte, que 
tendré memoria de lo uno y de lo otro para hacerle merced en 
lo que hubiere lugar. 

Eu cuanto al castigo del general inglés y los demás que se 
tomaron en el dicho navio, que decís los pidió la Inquisición, 
y que por no tener orden allá de lo que es mi voluntad se hagr 
de ellos, procurasteis con el Santo Oficio que se fuese dilatandt 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 251 

el sacar al dicho general al auto, por haber entendido que es 
persona de calidad; lo que en esto ha parecido es que se haga 
la justicia conforme á la calidad de la persona. 

Pues decís que en esta ocasión de la toma del navio inglés 
hicieron muy bien su deber los artilleros que fueron en la ar- 
mada, procuradlos siempre conservar en ella. 

Y con la del general Miguel Ángel Filipón de quien también 
decís trabajó mucho en la dicha ocasión, mandaré tener cuenta 
para hacerle merced en lo "que hubiere lugar. 

De los demás capitanes y soldados que decís se señalaron 
en la dicha ocasión, me enviareis relación particular, así de la 
calidad de los servicios de cada uno, como de lo que os pare- 
ciere que merecen, para que se me consulte y yo provéalo que 
me pareciere convenir. 

Decís que siendo necesario aderezarse la nao capitana, con 
que se rindió al dicho navio inglés, ordenastes al capitán An- 
drés Gómez, maestro de ella, que peleó muy bien y fué de los 
primeros que¡saltaron en la nao del enemigo, que la aderezase. 
Y habéis sobre ello de tomar asiento con él, pareciéndole que 
se había llevado más fin á que se hiciese barata que á su forta- 
leza, sin reparar en el asiento hizo un galeón muy fuerte y de 
gran bondad, en que se gastó su hacienda y la de sus amigos, 
y que aunque á vos y á la Audiencia y á los oficiales reales os 
había constado de el mucho gasto que hizo, no os habíais deter- 
minado hacerle la recompensa que pide. Y así pedís se os co- 
metajel hacérsela en cosas de arbitrio. En cuanto á esto, jun- 
tamente con la Audiencia, veréis la recompensa que será justo 
hacer al dicho Andrés Gómez y avisarme heis, para que, vis- 
to esto y lo que merecen sus servicios, se le haga la merced á 
que hubiere^lugar. 

De Madrid, á 17 de diciembre de 1595.— Yo, el Rey. — Por 
mandado del Rey, nuestro señor. — Juan de Ibarra, 

Hasta aquí con alguna diferencia refiere esta hi^oria Antonio 
de Herrera, lib. X, capítulo XXIV de la General: 

El año pasado de 1593, Ricardo Aquinés, hijo de Juan 
Aquinés, natural de Plimua, famoso hombre de mar, salió con 
patente déla Reina de Inglaterra del puerto de Plimua, á 22 de 
junio, con tres navios, uno de ciento cincuenta toneladas, otro 
de ciento, y el tercero sólo con doscientos hombres, con intento 
de entrar en el mar del Sur por el Estrecho de Magallanes; y 



fi- 



262 



HISTORIADORES DE CHILB 



^ 



orden de la Reina de hacer todo el daño que pudiese en los 
subditos del Rey Católico. Y habiendo corrido las costas del 
Perú y Nueva Espafia hasta las Californias y islas del ponien- 
le, queson las Molucas y Filipinas, y desde allí dar la vuelta á 
Inglaterra. 

Desde Plimua fué á dar á la isla de la Madera, á Canarias y 
á la isla de Guinea, á ponerse en seis grados, desde donde pasó 
á la isla de Santa Ana en 22", á donde se detuvo un mes refres- 
cando la gente, porque toda iba enferma y se le había muerto 
alguna, por haberse detenido casi tres meses y medio con vien- 
tos contrarios cerca de la linea equinoccial. Y alli quemó el 
navio de cien toneladas por la falta de gente, y luego pasó á 
Isla Grande, en 23" en la costa del Brasil, y tomó un barco de 
portugueses, á los cuales echó en la isla de Placencia. Y entre 
ellos iba un castellano, que llegando al rio de la Plata, dio no- 
ticias de Ricardo de Aquinés, y desde alli avisaron á Potosí de 
cómo iba á entrar en el mar de el Sur, y á la ciudad de los 
Reyes al visorrey don García de Mendoza, marqués de Cañe- 
te, el cual con diligencia mandó armar navios contra el dicho 
Ricardo Aquinés. 

Estando en el rio de la Plata, le dio una gran tormenta y se 
le apartó el olro navio y nunca más le vio; que según se enten- 
dió después, volvió á Inglaterra y la Reina castigó al capitán 
por haber desamparado al superior. 

Con esta tormenta corrióse cuatro leguas al mar, y conti- 
nu/indo su camino, como lo descubrieron por toda la costa, 
los indios hacían muchos fuegos. Y una vez salió atierra y 
habló con los indios, y le dieron pescado y le parecieron de bue- 
nos cuerpos, más blancos que los del Perú; desnudos, aunque 
cubiertos con algunos pellejos de lobos marinos, y sus armas 
eran arcos y flechas, no tan grandes como los del Brasil. Y no 
los entendió sino por señas, y le dejaron pacíficamente hacer 
agua, admirándose de verá los ingleses, tocándoles los vesti- 
dos. Y continuando su camino al Estrecho de Magallanes, 
descubrió una tierra grande, y buenas arboledas, con grandes 
ríos, por cuya costa fué corriendo más de sesenta leguas 
oeste, cuarta al norte, sin encontrar puerto, hasta que halló 
viento conlrario, con el cual se volvió á la boca del Estrecho. Y 
[)or haber corrido tanto por el mismo rumbo, le pareció tierra 
firme, y saltando en tierra, la llamó de su nombre, Aquinesland, 
y «stá en altura de tos mismos 50°. 



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. ^-^.t' 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 253 

En 26 de enero de 1594, comenzó á embocar el Estrecho, y 
por una gran tormenta no pudo proseguir adelante. 

Cesada la tormenta, parecieron sobre el navio muchos pája- 
ros grandes, y aunque los tiraron con arcabuz, ni se espanta- 
ron ni mataron ninguno, y acudiendo á comer algunas cosas 
que se echaban del navio, pusieron un anzuelo cebado con sardi- 
na, y un corcho, porque no se hundiese, y picando uno, porque 
seis hombres no le podían subir al navio, bajó un marinero y '^'i 

queriendo asir, le dio tan gran golpe con el ala, que pensó que 
le había quebrado un brazo; pero echándole una cuerda al cue- 
llo le subieron, y desta manera cogieron otros once ó doce, 
que comieron, aunque la carne no era buena. La pluma tenían 
blanca y algunos parda ó cenicienta y á modo de garzas; las 
piernas más largas, el pico como de buitre, y las alas de punta 
á punta tenían doce pies. 

Y caminando por el Estrecho adelante, en dos isletas que 
están cerca de treinta leguas adentro, halló tres maneras de 
pájaros: unos grandes como patos, bravos, que por espacio do 
una milla tenían hechos sus nidos de tierra, altos del suelo co- 
mo un palmo, y por abajo anchos y redondos y arriba más 
angostos, hechos artificialmente, muy limpios y aseados, y tan 
juntos unos de otros, que podía pasar un pájaro. Y no pudo 
tomar ninguno porque eran bravos y volaban mucho. Todos 
eran blancos y negros como picazas. La segunda manera de 
pájaros que halló en las dichas islas eran como grandes gansos 
sin pluma, con vello, y tenían alas pero no volaban; y tenían 
los nidos debajo de tierra como conejos, y saliendo á tierra 
sesenta hombres, los cercaron y tomaron como ovejas; aunque 
si con un palo no los acertaran en la cabeza, no los mataban, y 
los que escapaban se arrojaban por las peñas abajo, y rodando 
con la cabezas entre las piernas, se saltaban sin hacerse mal. 
Tenían razonable carne, y, salados, sustentó con ellos su gente 
más de dos meses. La tercera manera, eran unos pájaros de la 
mar, delicados, con buena pluma parda, más sabrosos que 
perdices, como gallinas castellanas. Había en estas rías muchos 
lobos marinos, y tan bravos como leones, y sin miedo de arca- 
buces; metidos en el mar, arrojaban con los pies las piedras 
tan lejos, y tan recio, que podían descalabrar los hombres. 

En aquella parte, desde 40 grados adelante, hay muchos lo- 
bos marinos, y los ingleses dieron en ir á caza de ellos, y á 



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1 I 

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254 HISTORIADORES OE CHILE 

sacar el graso que para la labor de los paflos y para otros servi- 
cios lo tenían por mejor que el de ballena, y se hubiera en ma- 
yor cantidad, pero no se pudo llevar adelante esta granjeria 
porque los lobos marinos, donde una vez los cazan ó raatan, no 
vuelven más. 

Prosiguiendo el dicho Ricardo Aquinés su viaje, le pareció 
que toda la banda de el Estrecho al sur no es tierra firme, si- 
no muchas islas, que se extendían hasta 56 grados; porque des- 
pués de entradoel Estrecho hastae! cabo de Froward, corrió por 
dentro de las dichas islas, hasta ponerse en altura de los dichos 
56 grados: y viendo que no descubría sino mar, volvió á surgir 
en el derrotero que llevaba por el Estrecho: y demás deslo, le 
pareció que no pueden dejar de ser islas, por las diferencias de 
mareas que causan la multitud de entradasque hay entre las 
dichas islas; y tuvo por vanidad pensar que están habitadas, 
por que la gente que en ellas parece es la que pasa de la banda 
del norte á sustentarse de focas; y esto se conoce de las 
habitaciones, porque no son sino ranchos y algunas ran- 
chadas. 

Detúvose Ricardo Aquinés en el Estrecho cerca de mes y 
medio: tres veces estuvo para desembocar, y otras tantas arri- 
bó más de cincuenta leguas al Estrecho adentro: y tres veces 
estuvo para perderse: una encima de unas peñas, con el navio 
más de dos horas: y en fin en el mes de marzo, desembocó en 
la mardel Sur, sin hallar el archipiélago que dicen algunos que 
hay en la boca del Estrceho de la banda del sur, porque no halló 
sino cuatro isletas solas, y la una en medio, á manera de un, 
pan de azúcar, desviadas, por lo menos, seis leguas de la boca. 

Y navegando por la costa, la vuelta de Chile, se acercó al 
navio un pescado casi tan largo como el navio, de forma de bo- 
nito, y conforme a su largueza muy delgado y tan veloz contra 
la naturaleza de los pescados grandes que parecía rayo del 
cielo, y aunque le tiraron con algunos mosquetes no se vio que 
le hiciesen daño; y en parte se holgaron porque se ha visto de 
pescados grandesqueen viéndose heridos, han acometido á na- 
ves~y puésfolas en peligro, etc. 

Refiere los que han pasado el Estrecho y prosigue en el capi- 
tulo XXV. 

Salido Ricardo Aquinés á la Mar del Sur, la primera tierra 
que tocó en la costa de Chile fué la isla de la Mocha: acudien- 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 255 

do los indios, pensando que los ingleses eran caslellaiios, les 
dieron maiz, gallinas y carneros. 

Pasó a VaiparaiBO y halló cinco naves, rescató las cuatro en 
veinte mil quinientos ducados, y valían veinte mil; llevóse el 
uno con sólo el piloto, que se llamaba Ambrosio Pérez Bueno; 
llegó á Caflete y después á Arica, y allí tomó pescado de dos 
naves pequeñas. 

Ya en este tiempo habia el Marqués enviado con el aviso 
que tuvo del Rio de la Plata de el gobernador Gonzalo de Zarate 
que un corsario andaba por aquella costa con intención de en- 
trar en L'IMar del Sur, armando con diligencia varios navios, y 
saliendo con ellos don Beltrán de Castro y de la Cueva en bus- 
ca de Ricardo Aquinés, la costa arriba, y asi cuando el dicho 
Ricardo llegó á Cañete ya estaba Don Bellrán barloventeando 
con sus naves, y le descubrió al amanecer, dos leguas á sota- 
vento, con calma muerta, por la cual fué saliendo k la mar la 
capitana de Don Beltrán tras él, y las demás naves cargando 
todas las velas para alcanzarle: rompió la capitana la gabia 
mayor y quedándose, les seguían el almiranta y otras dos, 
y el navio primero que iba en proa del inglés rompió la verga 
mayor, y descaecía, y el almiranta rompió las velas; y el otro 
navio que habia ganado el barlovento no tenia fuerzas para 
abordar, y en esto anocheció, y Ricardo Aquinés se fuó costean- 
do el Perú. 

D. Bellrán, viendo sus naves destrozadas, y que el inglés se 
había ido, volvió al Callao para aderezarse, y en dos dias con 
la mejor gente y bastimento volvió á salir con dos navios y una 
lancha, coriiendo lodos los puertos la costa abajo tomando len- 
gua, y halló que había parecido en la bahia de Pasto y en Puer- 
to Viejo, y que tomo un navio de Alvaro de Meudaña cargado 
de bastimentos. Y no se deteniendo D. Beltrán en ninguna 
parte, siguió su camino, y aunque llevaba poco bastimento, con 
determinación de no dejar el viaje y seguir el inglés hasta In- 
gialerrn, y llegando á la bahia de Alacames, descubrió á D.Ri- 
cardo, surto con su nave y una lancha, la cual envió á reco- 
nocer á D. Beltrán, y sabido que era él, zarpó y dio á la vela, y 
se fué á D. Beltrán; y en un momento llegamn á tiro de mos- 
quete, y saludáronse con sns trompetas y chirimias, jugando 
el artilleria, barboventeando la capitana y almiranta: y hallan- 
do mucha defensa y artificio en el navio inglés, no pudo entrar 



So6 HISTORIADORES DE CHILE 

ninguno en él, y los que lo intentaron, murieron. Por lo cual 
tuvieron por mejor apartarse y despacharle con el artillería ó 
echarle á fondo. Y asi anduvieron tres días sin tener sosiego 
ni resfriarse ni convenirse, y hallándose muchos heridos y 
muertos y el navio del inglés muy destrozado y perdido, D. 
Beltrán mandó que ofreciesen á Ricardo que, rindiéndose á 
buena guerra, se le daría libertad con toda su gente; y porque 
Ricardo estaba herido y su capitán le dijo que pues su gente 
estaba herida y la mayor parte muriendo, aceptase el ofreci- 
miento, que siendo D, Beltrán caballero grande, no habría du- 
da que guardaría su palabra. 

Ricardo Aquinés, viendo el mal estado, llamó al pilólo Juan 
Gómez de Pineda, que llevaba preso, y se informó de quién era 
D. Beltrán, y entendido que era cuñado del visorrey, ordenó al 
piloto que dijese desde la proa del navio que se rendiría si 
el nombre real le daba su fó y palabra que le cumplirla lo ofre- 
cido. Lo cual prometió D. Beltrán y en confirmación de ello 
envió su guante con el mismo Juan Gómez de Pineda y el ca- 
pitán Pulgar: y fué llevado Ricardo á la capitana y bien tratado 
de D. Beltrán, que le mandó curar las heridas; y su navio fué 
entrado y saqueado con más de 20.(X)0 ducados de mercancías 
que había sacado de Inglaterra, que llevaba para contratar en 
lasMolucas y otras partes de la India Oriental. 

Los navios estuvieron treinta y seis horas más en través, 
por eslar maltratados: por lo cual hubieron de ir á Panamá, á 
donde dieron monte al navio inglés y pusieron áríwles nuevos, 
y dejando todos los ingleses en Panamá para que se les diese 
libertad, D. Beltrán se llevó á la ciudad de los Reyes á Ricardo, 
á su capitán y piloto, los cuales se perdieran por seis horas de 
tiempo, porque cuando su navio estaba surto, aguardando á su 
patache, que habiéndosele roto el árbol, se hacia de nuevo; y 
cuando estaba hecho y para irse, pareció D. Beltrán, y cuando 
no llegara en aquel punto, no le alcanzaban, aunque sus navios 
eran ligeros, que con sólo el trinquete andaban más que el in- 
glés con todas las velas, porque los navios del Mar del Sur son 
más sutiles por causa de la bolina y por ser hechos de liviana 
madera, y así caminan mucho. 

D. Beltrán de Castro, como honrado caballero, luvo siempre 
en su casa á Ricardo Aquinés y le trató muy bien, y procuró 
que se le diese libertad, y se dio al capitán y püoto- Pero dis- 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 257 

pillóse mucho si D. Beltrán podía empeñar la palabra real, no 
siendo general sino comisario, con otro que lo era inmediata-, 
mente de su reina, Y en la ciudad délos Reyes se concluyó 
que convenia guardarle la palabra, pues no era corsario, y que 
el Rey no podía hacer leyes en el Mar del Sur que no fuesen 
muy conformes á las otras leyes militares. Y en medio de estas 
disputas llegó orden para traerle á Castilla, adonde estuvo pre- 
so algunos años. Y solicitando ü. Beltrán que su palabra se 
guardare, se murió, y pareciendo convenia que el castigo fue- 
se notable para que nadie se atreviese á entrar en el Mar del 
Sur, duró la prisión hasta que, enti'ando el Conde de Miranda 
por presidente del Consejo, le hizo dar libertad; afirmándose 
en que en los casos de guerra las palabras de los capitanes del 
rey, dadas en el hecho, como este fué, y condicionalmente, se 
debían cumplir, pues de otra manera no se rindiera. 

Y asi quedó satisfecho D. Beltrán de Castro, aunque muerto. 



Navegación de los holandeses por el Estrecho de Magallanes. 

/. — Navegación de Simón de Cordes. 

En el año de 1597 comenzaron los holandeses la navegación 
por el Estrecho de Magallanes con dos armadas, bastecidas 
por dos mercaderes. A la primera presidía con el nombre de 
almirante Jacobo Mahuvio, y era vicealmirante Simón de 
Cordes, que sucedió á Mahuvio, que murió en el mar Atlán- 
tico. Constaba de cuatro naves. Partió de Holanda en el mes 
de junio, y después de haber vencido varias dificultades, lie- ' 
gó al Estrecho en el mes de abril del año de 1599. El tiempo 
era bastantemente incómodo, porque el invierno en aquella 
parte enti-a en él. Aquí, lo primero, fueron á la isla de las Pen- 
guinas, y luego á 13 del mismo mes echaron la áncora en un 
seno que los ingleses babian llamado de los Moluscos, en 
veintidós millas dentro del Estrecho. Por el lado derecho de 
este seno hay un rio, y toda la costa y la isla que se opone al 
seno está cercadade árboles. De suerte que hay suma oportu- 
nidad de hacer agua y leña, y en el mar suma abundancia de 
grandes moluscos. 



258 HISTORIADORES DE CHILE 



^ 



és, soplando el viento de el oriente hacia el ártico, y 
después hacia el sur, instituyeron su camino, pero de-spués mu- 
dándose el viento, se hallaron obligados á volver y echaron las 
ancorasen un seno aliado septentrional de el Estrecho, y llama- 
ron ia estación Sonó Verde. Dista de la línea 54" hacia el aus- 
tro; vénse tres pequeñas islas esparcidas en él. Aquí cuando 
hay nececidad se pueden poner las naves en seco y refaccio- 
narse. La costa del continente y las islas están vestidas de 
muchos árboles, de las cuales Sebaldo de Werte, ¡de quien ade- 
lante se hará nnención, dice; «Este árbol no tiene semejanza 
con el laurel, como refieren algunos mal, sólo se encuentra en 
sus hojas el olor; son más anchas y más verdes, Ilauchins 
las compara á las hojas del álamo negro y que son más duras; 
perpetuamente estacón ellas, como ios más árboles de las cos- 
tas de aquel Estrecho. Crece y engruesado suerte que se hicie- 
ron de uno dos tablas de dos pies y medio de ancho. Es el 
leño muy frágil; no lleva fruto, alo que pudimos observar, 
aunque estuvimos nueve meses en el Estrecho, que es el tiem- 
po necesario para florecer, y hojas sólo, que son aromáticas y 
que usamos de ellas en nuestras comidas, juzgando que en 
tan fría región no podrán ser dañosas, y más no teniendo pi- 
mienta parasazonar los mariscos que comíamos por penuria 
de otros alimentos.» Hauchins nos habla de otro árbol; tam- 
bién le atribuye frutos verdes semejantes á las baccas de la 
oxiachanta, que tiene algunos piñones blancos en lo interior 
y más picantes que la pimienta. En el mismo seno se halló 
copiado moluscos y grandes. Las conchas casi de un palmo. 
Y tres cocidos pesan una libra holandesa. Cógense, demás de 
esto, muchos gansos y ánades. 

Aquí estuvieron hasta el fin del mes de agosto casi, por la 
gran tempestad, en e! cual tiempo padecieron crudos turbiones 
de los vientos, que los arrebataron de las áncoras á padecer 
gravísimos peligros. Y murieron más de ciento de graves y 
varias enfermedades. 

Mientras estaban aqui, partieron en una barca ala isla que está 
enfrente, y les salieron al encuentro siete canoas de bárbaros, 
que luego salieron á tierra y arrojaron tantas piedras que les 
obligaron á retroceder á los nuestros, y con esto, más audaces, 
subieron en sus canoas y nos comenzaron á seguir hasta que 
murieron cinco con las escopetas. Entonces salieron de las 



A 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 259 

canoas y arrancaron troncos de los árboles con gran facilidad 
y procuraron arrojarlos contra los nuestros, que se retiraron á 
tiempo. 

A 14 de diciembre se levantó gravísima tempestad y perdi- 
das las maromas y las áncoras, les arrebató de el seno, de 
suerte que contra su voluntad volvieron atrás al seno de Cor- 
des. Estando en él, les oprimió nueva calamidad, porque el 
Estrecho les arrebató la barra; pero al día siguiente, estando ya 
en áncoras en aquel seno, les vino un impensado socorro de 
Oliverio Noort, que ya había fijado áncoras en el mismo Estre- 
che. Sebaldo se juntó con él y le persuadió que se fuese al 
océano Austral; pero fué en vano, porque lo contradijo el 
viento y los rechazaba, y así juntamente desamparando esto por 
defecto de matalotaje, torció el camino hacia las islas de los 
Penguines, y á 12 de enero de 1600 llegó á... de aquí salió á 
talsla Menor y estando ocupados en malar aves, hubo tempes- 
tad repentina, la cual dio con una barca que habían fabricado 
por la pérdida de la otra en los escollos de las playas que cre- 
yeron se había hecho pedazos. No parece que se podía añadir 
más á esta calamidad porque en la nao sólo habían dejado 
cinco compañeros, la mayor parte enfermos y sin fuerzas, y ellos 
necesitados de todo, no sabían á quien volverse, pero la indus- 
tria de algunos reparó la barca y á 24 volvieron á la nave. 

En esta isla hallaron una mujer que se habla escondido en 
la caverna de aquellas aves. Tenia pintado el rostro, cubierta 
toda desde los hombros hasta las rodillas con un sayo elegan- 
temente cortado y cosido de pellejos de pinguinas y oíros ani- 
males; de suerte que es fácil juzgar que los bárbaros que ha- 
bitan el continente son más cultos y menos bárbaros que los 
que viven en las islas de en frente. Allí se halló el cadáver de 
un hombre con largo cabello y con una corona hecha de va- 
rias plumas, y ceñido desde los lomos á las rodillas de seme- 
jantes plumas y la pretina estaba adornada de varias pie- 
drecillas y huesecillos. Cogiéronse 450 aves; el dia siguiente 
pasaron ala Isla Mayor, que estaba llena de casi innume- 
rables aves, de suene que en breve tiempo mataron 900. 

Arrebatados de los vientos fuera de estas islas, volvieron á 
ellas segunda vez, no sin peligro. Perdieron una áncora y ya 
no les quedaba más que una, pequeño consuelo en tan proce- 
loso y tempestuosoEstrecho. Ya resueltosá volverse á su casa 




260 HISTORIADORES DE CHILE 

dejaron el estrecho de Magallanes á 21 de febrero, y á 24, ha- 
biendo caminado sesenta millas de el continente, hallaron 
tres islas situadas en 50 grados y 40 escrúpulos de la linea 
hacia el austro, y las llamaron de Sebaldo, y finalmente á 13 de 
julio volvieron á Holanda. 

iL — ///. — Segunda y tercera naüegación de los holandeses 

por el Estrecho de Magallanes. 

La otra navegación de los holandeses constó de cuatro na- 
ves, cuyo prefecto era Oliverio Noort, que salió el año nnismo 
pasado, á mediados de septiembre, y después de varios casos 
y peligros, al fin de septiembre de 1599 llegó al puerto que los 
ingleses llamaron( Desire. Salieron de il á fines de octubre y 
entraron en el Estrecho á 4 de noviembre; algunas veces fue- 
ron rechazados, y á 22 del mismo mes vencieron las prime- 
ras estrechuras y á 25 echaron las áncoras, cerca de las islas 
Penguina»; y después de muchos y grandes peligros, k fines 
de marzo de 1600 penetraron al mar Austral. 

Pero luchando con los vientos contrarios y otras incomodi- 
dades, se encontraron con algunos bárbaros, de quienes tuvie- 
ron noticia de lo siguiente: que el continente cerca de la menor 
isla de las pequeñas hacia el austro, se llama Calli, que aqui 
habita la gente; que la isla menoría llaman los bárbaros Talke; 
la mayor, que es adyacente á ella se llama Caltamma, donde 
hay gran abundancia de penguinas, de cuyos pellejos hacen los 
bárbaros los pellicos que traen en los hombros, lo demás des- 
nudo; que estos bárbaros viven separados por parientes ó 
parentelas. Referían muchos nombres. Los remenes, que habi- 
tan la región Kastaig; los kenescas, la de Karamay; los karay- 
kas, la de Morimen; y asi otros. Y que todos estos no vencían 
en la cantidad del cuerpo á los europeos, pero que tienen an- 
cho el cuerpo y el pecho levantado, que unos se pintan la frente, 
otros todo el rostro con colores. Los machos atan con hilos el 
prepucio. Las mujeres se cubren con despojos de penguinas; 
que cortan el cabello cerca de la frente; al contrario le deja; 
crecer los hombres; que los pequeños navios se llaman com 
pógies, y el velamen que hacen de las pinguinas, se llama ori- 
pagara. Saben adobar y coser estas pieles con tal arte corr 
maestros pellejeros. Refieren que en lo mediterráneo viví* 



''^ 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 261 

los quemenes, en la región de Cora, de estatura casi gigantea 
los cuales son infectos á todas las naciones y las acometen 
muchas veces con armas y las matan miserablemente, y es 
verosímil que comen carne humana; aunque, por otra parte, 
parece que abundan de carne de fieras y otros alimentos. Esto 
recibieron de los muchachos que tuvieron consigo y enseñaron 
en parte nuestra lengua. 

La tercera navegación y última por este Estrecho, fué de 
Jorge Spilbergio, con ayuda de la Compañía Indica. Este salió 
de Holanda año 1614, en el mes de agosto, y á 2 de marzo de 
1615, vencidos muchos peligros, llegó al estrecho de Magalla- 
nes; fué muchas veces repelido de tempestades y de vientos 
contrarios, pero á 13 del mismo mes de abril venció las pri- 
meras estrechuras, y á 16 del mismo entró en el seno de Cor- 
des, tomó agua y lefia y repuso" lo demás necesario en las 
naves, y finalmente, después de muchas dificultades, á 16 de 
mayo penetró al océano Austral, y éste compendiosisimamente 
y más brevemente que todos navegó en el Estrecho. 

Juzgo que otros ingleses y holandeses han intentado esta 
navegación y la han conseguido, pero porque no he visto sus 
diarios no he podido hacer mención de ellos. 



^ 



i 



CAPÍTULO IX 



Expedición DE Diego Flores de Valdés, y las colonias que los es- 
pañoles PUSIERON EN el EsTRECHO DE MAGALLANES. 



Pedro de Sarmiento, cuya navegación de el mar Austral por 
el estrecho de Magallanes sedijoen el lib. I, movió con algunos 
especiosos argumentos á Felipe Segundo, aunque era pruden- 
te, contradiciéndole mucho el Duque de Alba, por que fortale- 
ciese las estrechuras del estrecho de Magallanes y fundase allí 
alguna colonia para estorbar que pasasen otras naciones. En- 
viaron á eso á D. Diego Flores de Valdés con 23 naves y 3,500 
hombres, fuera de 500 soldados veteranos que vinieron de 
Flandes y acompañaban al nuevo capitán de Chile á su pro- 
vincia. 

Esta expedición comenzó con infaustos auspicios, porque 
antes que saliese de las costas de España se hundieron cinco 
naves con 800 hombres, marinos y colonos, y la demás arma- 
da volvió al seno gaditano; reparóse la armada y salieron con 
16 naves para conducir á Pedro Sarmiento con sus colonos 
al estrecho de Magallanes. 

Salieron tarde de España y invernaron en la costa del Bra- 
sil, en el puerto del Rio Janeiro. Partieron de aquí, y en 42 
grados de la linea les sobrevino tan fuerte tormenta que an- 
duvieron 22 días de aquí para allá, y una de las mejores na- 
ves con 300 hombres y 20 mujeres de los destinados paralas 
colonias de Magallanes se perdieron y se hallaron obligados á 
volver á la isla de Santa Catalina. 



2&4 HISTORIADORES DE CHILE 

Aquí llegó rumor k los oídos de Valdós que dos naves de 
ingleses en que iba Fontori, venía ó habría pasado el estrecho 
de Magallanes. Tomó diez naves de las más bien instruidas 
para seguir y prevenir á los ingleses; tres naves envió con la 
gente inútil y las mujeres al río Janeiro, y dos dejó aquí to- 
talmente desbaratadas. Los ingleses encontraron estas tres 
naves, apresaron una con la gento; las demás las dejaron que 
se escaparan. 

Valdés, medio deshecho, entretanto entró al estrecho de 
Magallanes. Primero en el transcurso saludó el exterior del 
Río de la Plata y allí se despidió del prefecto de Chile, que se 
dirigió con tres naves hacia Buenos Aires, para que de allí 
fuese á su prefectura por tierra. De estas tres naves, las dos se 
quebraron en este rio; escapáronse los hombresy los trastos, 
aunque con diñcultad. 

Valdés llegó al estrecho Magallanes á mediados do marzo, 
cuando ya en estas partes iba á acabar el verano y comienzan 
continuas tempestades, fríos y nieves, y no pudiendo exponer á 
Sarmiento y sus colonos en tierra, se vio obligado á volver 
segunda vez al Brasil y al puerto del Rio de Janeiro. Y se cer- 
tificó de los suyos que se había escapado de los intentos de 
los ingleses, y asi con cuatro naves de las suyas y otras cuatro 
que de España se habían enviado, partió del Río Janeiro para 
investigar y seguir á los ingleses, en lo cual gastó algún 
tiempo en vano, y torció el camino hacia Paraiba. Aquí halló 
cinco naves de franceses que habían fortalecido un castillo; 
tres de ellas deprimió y las cogió y deshizo el cerco del casti- 
llo, y asi se volvió á España. 

Ribera, teniente de Valdés, y Sarmiento, prefecto de la región 
magallánica, al año siguiente, en tiempo oportuno salieron del 
Rio de Janeiro y con bastante prosperidad fueron al estrecho 
de Magallanes y allí pusieron á sus colonos, 400 varones y 30 
mujeres, con matalotaje para ocho meses. Aquí se perdió una 
nave, otra dejó Sarmiento á Ribera y con las demás volvió a 
Espafla: esto costó á los españoles perder esla gente. 

Sarmiento, lo primero, no lejos de la entrada del Estrecho 
fabricó un pueblo, que le llamó Nombre de Dios y lo dio 150 
moradores. De aquí caminó por tierra hacia las estrechuras de 
este estrecho y cerca de una estación no muy segura, comen- 
zó á edificar un lugar que llamó del Rey Felipe. Tenia ánimo 



^ 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 265 

de edificar fuerte y disponer muchos Uros que para ose efecto 
habia traído, para evitar que lodas las naciones peregrinas 
enlraran este Estrecho. Pero entró el invierno y no lo pudo 
perfeccioiiar, tomó Í5 compañeros navales en la nave que le 
habia quedado y navegó hacia el primer lugar: allí estuvo an- 
corado algunos días y se rompieron las maromas, ó lo que es 
más verosímil, él voluntariamente las deshizo; se volvió al Río 
de Janeiro y no hallando allí los socorros que le habían pro- 
metido, caminó á Pernambuco; aquí tampoco los halló y soli ■ 
citando volver al Estrecho, eniro Pernambuco y la bahía de 
Todos los Santos quebró la nave. 

Finalmente, en la bahía habiendo conseguido nueva nave y 
socorros, navegó ia segunda vez al Estrecho y le cogió una 
gran tempestad en 44 grados de la linea hacia el austro y le fa- 
tigó de modo que le obligó á echar buena parle de matalotaje 
al profundo. 

Volvió al Rio de Janeiro y saliendo después del cayó en ma- 
nos de ios ingleses, que le llevaron cautivo. 

Habia caído totalmente de la gracia de su rey, por ha- 
berse dejado llevar de las imaginaciones de este hombre, 
principalmente habiendo entendido de Ribera que las angos- 
turas que le habia dicho Sarmiento que eran pequeñísimas, 
eran máximas y que se extendían más de una legua de an- 
cho, de suerte que las máquinas bélicas de todo el orbe no po- 
dían detener ó embarazar las naves si vinieran con viento fa- 
vorable ó con fuerza del mar. 

Últimamente, todos los vecinos que Sarmiento habia dejado" 
en estos lugares perecieron , excepto pocos, y murieron de enfer- 
medades, y en primer lugar de hambre; también no pocos que 
pasáronse á las provincias vecinas, murieron á manos de los 
feroces bárbaros, y no dudo que se los comieron, como arriba 
dije. Esto sucedió el año 1584, 1685 y 1586. 



1 





CAPÍTULO X 



Las navegaciones de los kolamdeses por el estrecho de Maga- 
llanes. La pbemeba de Simón de Gordes y Sebaldo de Weert. 



El año de 1598 nuestros flamencos comenzaron la navega- 
ción por el estrecho de Magallanes con dos armadas que dispu- 
sieron diversos mercaderes. De la primera era almirante Ja- 
cobo Mahiivio y su teniente Simón de Cordes, antes capitán, el 
cual sucedió á Mahuvio, que murió en el mar Atlánlico. Esta 
constaba de cinco naves y se dio á la vela desde Holanda, en 
el mes de julio; después de vencidas varias dificultades, final- 
mente, en el mes de abril del año 1599, llegó al mismo Estre- 
cho: era tiempo intempestivo, porque era en aquella región 
lo crudo del invierno: aqui, lo primero, llegaron á las islas do 
las Penguinas, y á 13 del mes fijaron las áncoras en el dilatado 
seno que antes los ingleses habían llamado de los Moluscos, 
2á niÜlas dentro del Estrecho y al lado derecho de un rio do 
los que le entran. A este seno sale un rio y toda la cosía y la 
isla que está al seno está cercada de árboles, de suerte que 
hay aquí suma conveniencia de tomar agua y cortar leña, y el 
mar suministra copia de grandes moluscos. 

Soplando el viento por el oriente, instituyeron su camino 
hacia el austro y después hacia el bóreas, pero poco después se 
mudó eí viento y se hallaron obligados á volver las velas, y 
echaron las áncoras en un seno al lado septentrional de el Es- 
trecho. A esta estación pusieron nombre de Seno Verde: dista 
de la linea 54 grados hacia el austro; en él se ven esparcidas 



266 HISTORIADORES DE CHILE 

tres islas pequeñas; aquí., cuando es menester, se pueden las 
naves poner en seco y aderezarse. La costa del continente y 
las islas están vestidas de muchos arboles, de quien dice 
Sebaldode Weert, que fué capitán de una nave, y sin conse- 
guir su deseo, después de haber navegado mucho se halló 
obligado á volverse á su casa. En una carta que refiere Carlos 
Clusio habla de cierto árbol: esfe árbol ninguna semejanza 
tiene con el laurel, aunque algunos lo dijeran sin razón: sólo 
las hojas imitan el olor de las del laurel, pero son más anchas 
y más verdes. Ricardo Hauchins las compara á las hojas del 
álamo negro, pero el verdor es más claro, siempre están ver- 
des, como la mayor parte de los otros arboles que crecen á 
la costa de aquel Estrecho; crecen mucho; y algunas veces son 
tan gruesos que se cortan tablones de dos pies y medio de 
ancho y es madera muy frágil: no lleva fruto, á lo que pudi- 
mos reconocer, habiendo estado en el Estrecho más de nueve 



meses, en los cuales parece se había de observar ó flor, ó 
fruto maduro ó inmaduro. De las facultades de las hojas ó 
de las cortezas no nos consta más sino que observando que 
eran tan aromáticas, comimos de ellas, juzgando que en tan 
frígida región no podían ser nocivas, especialmente no tenien- 
do pimienta para comer los moluscos á que nos obligaba la 
necesidad por penuria de alimentos. 

Pero Hanchins nos habla de otro árbol, que da frutos ver- 
des semejantes a las baceas de occidente y contienen algunos 
granos blancos pequeños más picantes que la pimienta. 

En el mismo seno se halla copia de moluscos mayores que 
en otra parte, porque las conchas exceden de un píilmo y mu- 
chas veces tres: cocidos llegan á una libra bélgica; también se 
cogen aquí muchos gansos y ánades. 

Aquí estuvieron por el mal tiempo hasta el fin de agosto y en 
este tiempo padecieron grandes tempestades de vientos que 
les arrebataron, sin que obstasen las áncoras, á gravísimos pe- 
ligros, y perecieron más de ciento de graves enfermedades. 

Estando aquí, pasaron á la isla que está en frente en un ba- 
tel y encontraron siete canoas de bárbarps que salieron á tie- 
rra y tiraron tantas y tan grandes piedras que obligaron á re- 
troceder al batel. Con esto más audaces, entraron en las canoas 
y les fueron siguiendo hasta que perecieron cinco con las esco- 
petas, y entonces volvieron á saltar en tierra y arrancaron con 



^ 



FERNÁNDEZ DEL PULSAR 269 

gran facilidad gruesisirnos troncos de árboles y procuraron 
arrojarlos, pero se fueron con gran prisa. Eran de gran esta- 
tuida, de diez á once pies, rubios, de cabellos largos, todos des- 
nudos, sólo lo necesario para la decencia. Las armas, dardos de 
durísima materia con puntas torcidas atadas con nervios de 
animales: penetran con ellas los cuerpos de los hombres. Lla- 
móse el seno la bahía de Cordes. 

A 23 de agosto se dieron á la vela; al día siguiente por la 
calma del Estrecho á la parte austral, echaron las áncoras á la 
parte oriental de un seno, que llamaron el seno de los Caba- 
lleros, porque instituyeron aquí un orden de caballería el cual 
celebraron entre sí con título de León Dorado, con ciertas ce- 
remonias y artículos de cierta fe. 

^e aquí salieroa muchas veces y otras tantas fueron repeli- 
dos, no sin grandes peligros. 

Finalmente, á3de septiembre, navegando el Estrecho pene- 
traron al océano Austral, á donde los recibió una cruel tormen- 
ta, y la nave en que iba Sebaldo fué arrojada al Estrecho, y des- 
pués de muchas miserias por muchos meses dentro del Estre- 
cho padecidas, se hallaron obligados á volver á su patria, á 
que se debe la puntualísima delincación del Estrecho que trae 
Laet. 

Pero pongamos los sucesos de esta nave de Sebaldo. Habien- 
do entrado á 3 de septiembre de 1599 en el océano Austral, ca- 
minó tres días con viento próspero y al cuarto un viento vehe- 
mente comenzó á levantar grandes olas que sacudían repetida- 
mente la nave y una niebla espesa que quitaba la vista, de 
suerte que la almiranta perdió de vista á las demás. 

A 10 de septiembre hubo gran temporal que separó á las de- 
más naves, excepto en la que iba Sebaldo y otra. Aplacada la 
tempestad, y favoreciendo el viento fueron corriendo las dos 
naves hasta el 19 del mismo mes, cuando los oprimió tan fiera 
furia de vientos, que se vieron en sumo peligro, de suerte que 
arrojados de una á otra parte en el océano Austral, finalmente 
fueron arrojados al estrecho de Magallanes y allí en un seno 
echaron las áncoras. Aquí casi cada día los persiguieron los 
torbellinos de los vientos y arrancaban algunas veces las ánco- 
ras y perdieron algunas; pasaron á otro seno que juzgaban más 
seguro, pero, si no tuvieron el menor peligro, la nave de Sebaldo 
la cogió un repentino torbellino y casi la quebrantó en los es- 



270 HISTORIADORES DE CHILE 

eolios y casi fué guardada por milagro. A esto se llegó olro 
daño, que se tumultuaron los marinos porque querían volverse 
á casa y con dificultad el capitán podía delenerios; entretanto. 
en este seno la copia de moluscos servia largamente al alimento 
de cada dia; pero ¡qué miseria no experimentarian el tiempo 
que aquí estuvieron hasta el 10 de diciwmbrel 

Este dia comenzó á soplar un viento por el aquilón, y asi in- 
tentaron salir á velas tendidas, y finalmente, habiendo salido 
después de un sumo peligro y miedo de naufragio, ocharon las 
áncoras algo lejos de la otra nave, eon que, ñnalmente, del todo 
se separaron. 

Parando aquí, saliendo en un batel á la tierra cercana hacia 
el occidente encontraron algunos bárbaros, que en viendo los 
nuestros, con gran ligereza huyeron á los montes cercanos y 
de ningún modo los pudieron alcanzar los nuestros. Súlo co- 
gieron una mujer con dos hijos y la llevaron á la nave: era 
mediana de estatura, el color rubicundo, de gran vientre y pe- 
cho, áspero el aspecto, el cabello raido, sino es cerca tle la fren- 
te y las orejas, casi desnuda y sólo los hombros y el e.spinaza 
cubiertos con el pellejo de una foca. No pareció que senria mu- 
cho su cautividad. Aborrecía toda comida cocida. Cogió un ave 
ligeramente pelada, y la partió un poco con una concha de mo- 
lusco, arrojó buena parte de las entrañas, y luego la demás 
carne medio asada la comieron con gran prisa, ella y sus dos 
hijos; estuvo en la nave dos días y la pusieron en la ribera. 
Solóla niña, que era de cuatro ó cinco años, retuvieron, no 
repugnando mucho la madre. Después la criaba con cuidado 
Sebaldo, pero luego murió en Amsierdan. 

A 14 de diciembre una cruentísima tempestad les rompió las 
maromas y las áncoras, y les arrebató del seno, de suerte que, 
forzados, volvieron atrás al seno de Cordes. Y estando en él les 
oprimió nueva calamidad y les llevó la corriente del Estrecho 
el batel. 

Pero el día siguiente, estando ancorados ya en aquel seno, 
les vino un no esperado socorro porOliverio Noort, que va en 
el mismo Estrecho había fijado las áncoras. Juntóse con Sebal- 
do y puso toda diligencia para penetrar con él el Océano Aus- 
tral, pero en vano, porque era contrario el viento y les recha- 
zaba, y asi dejándolo por falla de bastimento, torció el camino 
á las Islas de las Penguinas. 



H 



FERNANDEZ DEL PULGAR 271 

Y á 13 lie enero de 1600, llegó á ellas. Aquí salieron á ta me- 
nor, y estando matando aves, se levantó tempestad y dio en el 
batel, que, perdido el primero, habían compuesto, tan fuerte- 
mente en los escollos y en la playa, que juzgaron que totalmen- 
te se había hecho pedazos. 

No parece que podía añadirse más á esta calamidad, porque 
en la nave sólo habían dejado cinco compañeros, la mayor parte 
enfermos y sin fuerzas, y ellos, necesitados de todas cosas, no 
sabían á donde volverse. Pero con la mañosa industria de al- 
gunos se reparó en algún modo el batel, y á 24 volvieron ala 
nave. 

En esta isla hallaron una mujer que se había escondido en 
la caverna de aquellas aves. Tenia pintado el rostro. Estaba 
cubierta desde los hombros hasta las rodillas con un manto 
elegantemente compuesto de pieles de penguinas y otros ani- 
males, y cubierta decentemente con otra semejante piel. De 
suerte que se puede juzgar que los bárbaros que habitan el con- 
tinente son más cultos y menos bárbaros que los que viven en 
las islas opuestas. Tarfibién se halló allí un cadáver de un va- 
rón, que tenia el cabello largo y una corona hecha de varias 
plumas, y cubierto desde la cintura hasta las rodillas con las 
mismas. Y tenia una redecilla con varias piedras curiosas y 
huesecillos. 

Cogiéronse cuatrocientas aves, y el día sigiente pasaron á la 
isla mayor, a donde había infinitas, de suerte que en breve 
tiempo mataron novecientas. 

Los vientos les arrebataron de estas islas y les volvieron 
á las mismas, no sin peligro; perdieron un áncora. De 
suerte que ya no les quedaba otro pequeño consuelo en tan pe- 
ligroso y tempestuoso Estrecho. Y ya, determinados á volver 
á casa, dejaron el Estrecho de Magallanes á 21 de febrero, y á 
24 de el mismo, y á casi sesenta millas de el continente, halla- 
ron otras tres islas hasta ahora ignoradas, en 50* y 40 escrúpu- 
los de la línea hacia el austro, que "las llamaron de Sebaldo; y á 
13 de julio volvieron á Holanda. 

Y porque hemos hecho mención de las aves penguinas, pon- 
dremos la descripción que de ellas hace Carlos Clusio: Esta 
ave es marina, del género de gansos, aunque diferente en el pico; 
vive en c! mar, muy gorda y de la magnitud de un ganso. Hase 
observado que las hay de trece, catorce y diez y seis libras: por 






L 



273 HISTORIADORES DE CHILE 

partes de plumas negras, y por partes cenicienlas, y en el vien- 
tre blancas, el cuello, que es ancho y corto, tenían algunas con 
un collar dtí plumas blancas, el culis graso y denso como do 
puerco; no tienen alas, sino en lugar de ellas unas cosas pen- 
dientes como brazos de cuero, cubiertos con unas plumillas cor- 
tas y ásperas, blancas, y en algunos lugares con mezcla de ne- 
gras, que no sirven para volar, pero sirven para nadar con velo- 
cidad, porque se presumía que la mayor parte del tiempo andan 
en el agua, y solamente habitan en tierraen tiempo de la procrea- 
ción, y que tres ó cuatro están en una cueva. El pico es mayor 
que de cuervo, pero no tan elevado. La cola es corta, los pies 
negros, llanos y en forma de los de gansos, pero no tan extendi- 
dos. Andan levantados y erguida la cabeza, caídos á los lados 
los bracillos, de suerte que parecen pigmeos á los que los ven 
de lejos. Decían que sealimentaban de peces, pero no son do 
sazonado sabor, y su carne no sabe á pescado. Hacen unas 
cuevas profundas en la playa, como las de los conejos, y el sue- 
lo está tan anidado, que los marineros que pasan por él mu- 
chas veces se sumen hasta las rodillas. • 



A 




CAPITULO XI 



)e L\ SIÍGUNDA y TKRCEKA NAVEGACIÓN' DE I.OS HOLANDESES POR E 
TRECHO DE MaGAÍ.Í.ANES. 



La otra navegación (!e los holandeses fué en el mismo aílo 
precedente, siendo almirante Oliverio de Noort; salió en mediado 
septiembre, y después de varios sucesos y peligros, al fin de 
sepliemdflrc de 1599 llegó al puerto que los ingleses llaman de 
el Deseo. De éste salieron aí fin de oclubre, y á 4 de noviem- 
bre entraron al Estrecho, y algunas veces fueron repelidos. Pe^ 
ro á.23 de! mismo mes vencieron las primeras estrechuras; á 
25 fijaron las áncoras junto á las islas Penguinas; y, finalmente, 
después de grandes peligros, al último de febrero del año de 
1600 penetraron al océano Austral. 

Pero cuando luchaban en esc Estrecho con los vientos con- 
trarios, cogieron algunos bárbaros, de los cuales recibieron 
estas noticias: queel continente por la región de la isla menor 
de las islas Penguinas hacia el ártico, se llama CoUi, y que 
habita la gente en euro, y que la isla menor se llama Kalke, y 
la mayor, que es adyacente, se llama Caltamme, en la cual hay 
gran abundancia de penguinas, de cuyos pellejos hacen los 
bárbaros los mantos que traen los bárbaros en los hombros; lo 
demás, desnudos. Que estos bárbaros viven separados por 
sus parentelas, y contaba muchas: los kenetes, que habitan 
la región de Karray, los kcnechas que habitan la de Karamay, 
los karaides que habitan la región Morinen, y asi otras. Demás 
de esto, no exceden en el cuerpo á los europeos, pero que le 



274 HISTORIADORES DE CHILE 

pecho es dilatado y levantado, y algunos pintan la frente con 
varios colores, oíros todo el rostro. Las mujeres andan decen- 
temente cubiertas con los despojos do las penguinas; no asi 
los hombres, aunque se atan unos hilos. Las mujeres cortan el 
cabello cerca de la frente. Los hombres le traen crecido. La 
ave penguina la llaman compogre; el velamen que hacen de tos 
pellejos de ellas, oripogre. Saben componer y coyer estas pie- 
les con tanta arle como los maestros pellejeros. 

Demás de esto, refieren que en los mediterránt-os vivian los 
tiramenes en la región Cam. De estas (ierras de gigantes que 
son infectos á las demás nackines, y que las invadían con ar- 
mas, y muthas veces miserablemente los despedazaban. Es 
verosímil. Comen carne humana, aunque parece que abundan 
de fieras y oíros alimentos. Eslo dicen que les dijeron los ni- 
ños que habían traído consigo y á que en parle habían ense- 
ñado nuestro idioma. 

La tercera navegación por este estrecho estuvo á cargo de 
Jorge Spilbergio con auxilios de la Compañía Indica. Este salió 
de Holanda el año de 1G14, en el mes de agosto, y vencidos mu- 
chos peligros llegó al Estrecho de Magallanes á dos de marzo 
de 1615. Fué muchas veces repelido de los vienios con'írarios 
y tempestades. A tres de abril venció las primeras angosturas, 
y á 16 entró en el Seno de Cordes. á donde tomó agua y cortó 
madera y puso en las naves otras cosas necesarias. Y finalmen- 
te después de muchas dificultades penetró en el Oct-ano Austral 
á 6 de mayo; y este es el que más breve y compendiosamente 
de todos navegó este estrecho.- 

Continúa esta navegación Colín con palabras de el padre Pe- 
dro Chirino, libro 3, capítulo 17, ntim. 136. Por fin de octubre 
de 1600 llegó á estas Islas Filipinas Oliverio de Nord, corsario 
holandés, despachado de su tierra por la vía del Estrecho de 
Magallanes con ocho naves. Embocó por él con sólo cuatro; in- 
vernó allí y perdió la una y mucha gente, y desembocó con las 
tres. Costeó las orillas del Perú y Nueva España, y fuéá surgir 
aunas islas sóbrela California, donde reformólas dos naos: 
desmantelando la tercera y con ellas trayendo por su almiran- 
te á otro hereje como él, por nombre Lamberto Bicsman, dio 
consigo en Filipinas por el tiempo dicho. No conociendo el em- 
bocadero, se entró por la ensenada de Alvay, por lo cual no 
dio en Manila. Sabido el aviso de su llegada, pareciendo que 



^ 



FERNÁNDEZ DEL PüLGAE 275 

le (oiitli'ian alli anlicipado, respecto del viento brisa que enton- 
ces comienza á reinar furioso, y es travesía para salir de la 
ensenada al mar ancho. Mas, comoquiera que en las cosas del 
mar no hay regla cierta, y ser loá holandeses grandes marinos, 
el corsario, lomando alli piloto que le enseriase el embocadero 
de Capul, salió gallardamente por punía de Bolinao de !a ense- 
nada y filé á surgir á la misma isla y pueblo de Capul, con lan- 
ío sefloi'io y libertad que echó su ropa y gente en tierra, y dio 
carena ásus naos. Allí se le huyó un negro que había cautiva- 
do en la costa de la Nueva Espaflayse le quedó un inglés mú- 
sico de sus ministriles. A ésto cogieron los naturales de la is- 
la, durmiendo, tomado del vino y encerrado en una]jaula; 
(efectos de la embriaguez). Pasaron á Manila adonde vino tam- 
bién á parar el negro, que dio cuenta al gobernador de los in- 
tentos y fuerzas qnc traía el enemigo, el cual, dada la carena y 
hecha aguada, se levó de Capul y entró por estas islas hasta 
ponerse dentro de la bahía al abrigo de Batán y á la' mira de 
Manila. 

Tomado el paso á los navios que hubiesen de entrar y salir 
de ella, hizo presa de algunos de poca consideración de indios 
sangleyes y japoneses, mientras so armaba en el puerto de Ca- 
vile dos naos para salir á castigarle, en que hubo más tibieza 
y monos orden del que debiera. AI fin, por buena diligencia del 
oidor más antiguo, D. Antonio de Morga, á quien el goberna- 
dor lo cometió, se pusieron á lávela tos dos bajeles, que el uno 
era una nao harto mal fabricada, que es taba aprestándose para 
la carrera de la Nueva España; y el otro una galizabra nueva; 
ambos bajeles pertrechados de mucha artillería y gente, más 
de laque pedia au porte. Serian los españoles más de 300, la 
llor de las islas, llevados los unos y más nobles de la autoridad 
del general, que fué el mismo oidor, á quien todos amaban y 
querían con afición por su agrado, y oti-Ofl de la codicia del pi- 
llaje, que le esperaban rico y curioso. Quiso el oidor llevar en 
su compailia al padre Diego de Santiago, de nuestra Compañía, 
el cual antes do llevar.se del puerto de Cavite, confesó la gente 
de mar y guerra. Salidos, tuvieron aviso que e! enemigo ha- 
bía zarpado anclas y hóchose á lo largo hacia los bajos de Pa- 
ley. En el cual paraje cerca de la isla de Forti'm le reconocie- 
ron sábado por la mañana á 14 de diciembre, y cargando velas, 
le alcanzaron presto y barloaron capitana con capitana, abor- 



376 HISTORIADORES U^ CHILE 

dándose de suerte que se daba paso franco de una á otra, y lle- 
garon nuestros españoles á quitarlas banderas de cuadra de 
la popa y del tope, y arbolarlas en nuestra nao. Ya señores de 
la enemiga, acorralados los herejes hacia su popa debajo de cu- 
bierta y pidiendo partidos de paz, abierta su nao con nuestros 
balazos y muerta la más de la gente, pues conocidamente no le 
quedaron más de quince hombres; pero como nuestra nao fue- 
se de mala y débil fábrica, no recibió de su arlilleria menos da- 
ño que la enemiga. Abrióse de manera que comenzó á hacer 
agua en cantidad; reconoció el piloto la gravedad deí peligro, y 
por ser hombre valeroso y práctico del mar, exhortó al general 
que no dejase de seguir la victoria y rendir la nao enemiga, 
que ól salvaría la gente de (a nuestra, bajándola en la isleta 
que estaba de allí tasada media legua. Mas quiso nuestra dos- 
gracia que al mismo tiempo le alcanzó una bala y voló al mar 
en la silla en que estaba gobernando. Quedó el bajel sin gobier- 
no y hinchiéndose á prisa de agua, de suerte que reconocieron 
todos se iban á pique, desaferráronse de la nao enemiga, fu¿- 
ronse arrojando al mar los que pudieron, antes que la misma 
nao los hundiese, como los hundió consigo á muchos. A esta 
sazón, un caballero castellano, mancebo de calidad, dio voces 
desde abajo de cubierta á donde le habian retirado mal herido 
llamando al padre Santiago para que le oyese de confesión, 
añadiendo le iba en ello la salvación. El padre, aunque reco- 
noció peligro de la vida, posponiéndola á la caridad, le acudió 
mientras la nave se acababa de hundir, y aunque entonces, re- 
mediado ya el penitente, rompiendo la sotana de alio abajo se 
echó algua, ya no pudo escaparse, porque le sorbió el remoli- 
no á él y al hermano su compañero, que no le quiso desampa- 
rar, y aunque salieron otros cuerpos que fueron traídos á se- 
pultura ¿Manila, los del padre y hermano no se hallaron. 

Quedaron con este suceso los vencidos vencedores y saltando 
arriba sobre la cubierta con la alegría de nuevos resjcitados se 
dieron á prisa á huir por aquel mar y cuajado de vivos nadan- 
do y muertos sobre aguados, contra los cuales se descolgaban 
ellos por los costados do la nao victoriosa, aunque maltrata- 
dos, y alanceaban y afrentaban cuantos alcanzaban vivos, dán- 
doles befa con mil blafemias de las que ellos suelen decir con- 
tra el mismo Dios y los fieles. Hai)ian algunos de los nuestros 
tomádole al enemigo con tiempo la chalupa, y en ella y en la 



/K 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 277 

. nuestra se salvó alguna de la gente, fuera de la que se escapó 
.á nado, valiéndoles á unos y a otros estar tan cerca la isla, y en 
las chalupas se vinieron todos en veces de allá á la tierra fir- 
me, distancia como de dos leguas. 

El general nuesft'o saltó á nado, y sacó por prendado la vic- 
-toria y testigo de su desgracia el despojo de las dos bandei-a» 
-enemigas, de que después hizo trofeo, si del enemigo, no em- 
pero de la fortuna: la pérdida fué (demás de nuestro padrf y 
-hermano) artillería, municiones, y gran riqueza de preseas, 
ciento y nueve castellanos de los más calificados de las islas, y 
ciento y cincuenta indios y negros, yotra gente de servicio, 
que todo lo sorbió el mar. 

La almiranla, que iba á cargo del almirante Juan de Alzega, 
fué más dichosa, porque dando caza á la almiranta enemiga, ;i 
fuerza de cañonazos la hizo amainar velas y rendirse, y enti-an- 
do con ella triunfante en Manila, un dia después de la mnla 
nueva de la capitana, mitigó en un tanto el dolor de aquella 
pérdida; aunque no se tuvo por pequeña ganancia haber echa- 
do al enemigo y quiládole de donde tanto daflo había comeiiza- 
de á hacer, y él fué tal, que no hizo poco en salvar su persona 
en la huida juntándose allí con otros de su tierra, perdido y 
desbaratado. 

Era el padre Diego de Santiago, natural de Badajoz en Extre- 
madura, hijo del Doctor Santiago, prolomédicodel rey don Feli pe 
II. Murió de edad de veintinueve años y quince de ro- 
ligión; vino á las Filipinas déla provinciade Andalucía, donde 
había entrado en la Compañía y, acabados sus cursos de arles 
y teología, aprovechó muy bien, y salió bnen predicador y 
buen teólogo. Pero su mayor talento fué de trato y confesionL's, 
que verdaderamente hechizaba con su buena gracia á los espa- 
ñoles, y atraía á los tagalos, cuya lengua supo bien, y acudían 
á ei á porfía, y se convidaban unos á otros para ponerse en sus 
manos; de que, como el que le trató familiarmente, podía yo 
referir muchos casos particulares. 

El hermano Bartolomé Cdlvo era de la misma edad, y de sie- 
te años de religión, recibido en Filipinas, como queda diclio, 
muy humilde y religioso, y grande hombre de obediencia, por 
la cual vino al fin á dar la vida, trocándola por la «terna, don- 
de cantará las victorias prometidas á los obedientes. 
El almirante Juan de Alcega, valeroso vizcaíno, no halló cu 



^ 



S78 HISTORIADORES DE CHILE 

la nao enemiga, fuera del almirante Biesman y de su piloto, 
más que once hombres de mar y guerra, porque los demás, 
aunque todos eran pocos, los tomó su general en viendo que 
nuestras naos le iban dando alcance, y reforzado con este tan 
poco socorro, dejando tan sin defensa la almiranla, le dio or- 
den pasase adelante Iiuyendo á todas velas, y procurase valer- 
se por las alas, ya que no había otro remedio, que el sólo en- 
tretendría nuestras dos naos, y, á más no poder, salvase por lo 
menos ella. Al fin le dio alcance la nuestra, y entregó al gene- 
ral don Francisco Telto los trece prisioneros. El gobernador los 
condenó á muerte, bien merecida por ladrones, corsarios y ho- 
micidas. Bióseles tiempo para ordenar-sus almas, y hiciéronse 
conellosapretadas y suavísimas diligencias para convertirles y 
que abjurasen sus herejías, en que estaban obstinadísimos: y 
en fin de todos trece, uno sólo, que era el almirante, murió here- 
je pertinaz, diciendo mil blasfemias contra nuestra santa fe. 
Diéronle garrote, y echáronle al mar: los doce volvieron sobre 
sí, y convirtiéndose á Nuestro Señor con gran dolor de sus pe- 
cados confesaron nuestra fe católica, y dieron la obediencia á 
la santa Iglesia Romana. 

Fué ostocon tantas veras que juzgaron las religiones lesdie- 
sen el santísimo sacramentodel aliar, y de cinco que cupieron á 
nuestra Compañía, y que vimos morir, puedodecir que nos de- 
jaron notablemente ediíicados, porque se dispusieron á morir 
con mucho dolor de sus culpas, confesando generalmente y 
comulgando con muchas lágrimas; antes de la comunión hi- 
cieron pública profesión de fe católica romana, protestando que 
morían en ella y abominando los errores de Calvino, Lulero, 
Zuinglo y los demás herejes, y pidiendo perdón á todos. 

De allí á dos días murierotí con sus rosarios al cuello y sus 
bulas de la Sania Cruzada (por lo cual fueron absueltos) cosi- 
das en los pechos, cada uno con su crucifijo en las manos, qiifi 
devotamente adoraban, abrazándonos á todos y con grande ale- 
gría de ver que pagaban sus pecados con aquella muerte, y así 
pasaron con valor, dejando á todos grandemente edificados. 

Otro día por la maí^ana los enterró con gran aeompañamien 
lo y solemnidad la Cofradía do la Sania Misericordia. 



CAPITULO XII 



Descubrimiento del Estrecho de Le Maybe, según Juan de Laet, 

Y DE LAS ISLAS DE JUAN FbRNANDEZ, LIB. I3, CAP. I7. 



Isaac de Mayre, antuerpiano, mercader industrioso, y Gui- 
llermo Cornelio Escontano determinaron descubrir nuevas 
tierras hacia el polo antartico, y apercibieron una nave y una 
chalupa, y las instruyeron con todas las cosas necesarias para 
una larga navegación. 

Iba porcapitán Escontano, y Jacobo de Mayre, hijo de Isaac, 
cuidaba de las mercadurías. Partieron de Tesalia, puerto cono- 
cido de Holanda, á mediados de junio, año de 1619. 

Lo que sucedió en los primeros meses no se tocará aquí, 
porque no es de nuestro instituto, y se puede leer en el diario 
que hay impreso de esta expedición. Comenzaré desde que sa- 
lieron del puerto de Siró, adonde entraron á 7 de diciembre; 
allí perdieron en 13 de enero de 1616, la chalupa con un incen- 
dio, con gran daño. Habiendo partido, pues, deste sitio prime- 
ro, á 18 de el mismo mes, vieron las islas Sebaldianas, de que 
ya he hablado, en 51° de la linea hacia el austro. Llegaron á 
ella, y caminando derecho hacia el austro, á 20 del mismo raes, 
medida la latitud, reconocieron que habían declinado á 53' de 
la linea hacia el austro, y congeturaron que habían caminado 
ya veinte millas fuera del Estrecho de Magallanes. De aquí 
prosiguiendo el camino, á 23 del mismo mes, comenzó á mu- 
darse el color de las aguas, y de verde se hizo más pálido, 
que sin duda decía no estaría lejos la tierra. Dista ésta á la 



^ 



£BU HISTORIADORBS DE CHILB 

hora tercia después del mediodía hacia el occidenU; y áfrico, y 
poco después hacia e! austro; soplando el viento desopiles por el 
septentrión, tomaron el camino por la cosía hacia el euro. 
A 24 por la mañana vieron segunda vez la lierra á la mano de- 
recha, de la cual apenas distaban iin millar. Aquí el marera 
alto, de cuarenta hrazas, y el viento soplaba por el occidente; 
pero toda la costa se sujetaba hacia el eiiro-nolo con vastos y 
altísimos montes, que se vian cubiertos por todas jiartes con 
mucha nieve. 

Cogiendo esla cosía hacia el euro, finalmente llegaron al fin 
de ella cerca del mediodía, y desde lejos vieron otras tierras 
hacia el oriente, no menos conspicuas, con altos y ásperos mon- 
tes entre una y otra lierra, casi de ocho millares. Juzgaron que 
por éste se entraba en el océano Austral, y no en vano, porque 
la corriente lo persuadía, que valientemente entonces llevaba 
las olas hacia el anstro. Ya so haliinn apartado de la línea ha- 
cia el austro 54° y 4íj escrúpulos. Y favoreciendo por ártico el 
viento, con buenos auspicios entraron en el Estrecho; pero á la 
tarde, remitiéndose el viento toda aquella noche, más se impe- 
lían de la creciente que de! viento; aquí vieron innumerables 
penguinas ala costa, y en lo alto, tan gran multitud de ballenas 
grandes que apenas las podían declinar. 

A 25dol mismomes seacercaroná la tierra oriental, lacualera 
alia y áspera, por montesdi vid idos por precipicios. Y por taparte 
que mira á los septentriones, parecía que iba derecha al euro, 
á lo que se daba á discurrir desde lejos; pero con todo eso, cre- 
yó que era continente, y así la impusieron el nombre de isla de 
las Ordenes; y á la tierra opuesta la dedicaron al Principe 
Mauricio. La costa de una y otra con arenosa playa y fondo 
suavemente declive, parecía que prometía segura estación íi las 
naves. Había abundancia de aves y peces, y no podía faltar 
oportunidad de coger agua, pero no vieron árboles algunos. 
Demás de esto, soplando el viento del ártico, reconocieron que 
iban hacia el áfrico; y midiendo la altitud, reconocieron que 
estaban 55° y 36 escrúpulos de la linea hacia el austro. Toda la 
tierra que tenían ala mano derecha, desdo allí por el niismi 
promontorio quetimenaza a! Estrecho, caminaba al áfrico, con 
vastos y ásperos montes. A la tarde, soplando el viento de' 
áfrico, volvieron atrás hacia el austro. Sacudiéndoles un hon 
doso y proceloso piélago por el áfrico, de lo cual era fácil juz- 



J 



FERNÁNDEZ DEL PULGAR 281 

gar que aquel vasto y profundo piélago pertenecía á esta re- 
gión. 

Aquí había grandes lares, que es un género de aves marinas, 
casi tan grandes como nuestros cisnes, (que éstos llaman pali- 
cas) los cuales, no temiendo la vista de los hombres, como no 
acostumbrados, voluntariamente bajaban a las naves y se deja- 
ban coger y matar. 

A 26 del mismo mes, en 57° de la linea hacia el austro, les co- 
gió una horrenda tempestad, y por el occidente' y el austro ó el 
üfrico, de suerte que se hallaron obligados á hacerse alo alto; á 
la mano derecha, no obstante había tierra a la vista y iba hacia 
el euro, á la cual de noche volvieron la proa. A 27, en 56*^ y 
50 escrúpulos, grandísimo frío y granizo, contradiciéndoles 
primero el viento hacia ei austro, y después volvieron las velas 
hacia el euro, A 28, favoreciéndoles ei viento por el oriente, 
promovieron hacia el occidente, y en el mismo mediodía obser- 
varon la altura de 56° y 48 escrúpulos australes. A 29, llevando 
el euro las velas, caminaron hacia ei áfrico. Después de me- 
dio día encontraron dos islas, y cogiendo el lado septentrional 
deellas, reconocieron que más eran escollos que islas: pusié- 
ronles nombre de Banebeldio. De aquí, caminando hacia el 
euro, por la tarde volvieron á ver tierra, la cual cierra el Estre- 
cho de Magallanes por el austro, y aqui produce sus costas 
hacia el mediodía, hórridas por los montes, senos, hasta el pro- 
montorio que ellos llamaron Hornano, en 57" y 48 escrúpulos 
de la línea hacia el austro. 

Aquí, habiendo conseguido viento septentrional, amanecieron 
hacia el occidente, impeliéndolos fuerletnente la corriente del 
mar para aquella región. A 30 observaron la latitud de 57" y 
34 escrúpulos; á 31, de 58". Y dejado ya atrás ei pi-omontorio 
Hornano, y no se manifestando más ninguna tierra, resopló 
el viento por ol occidente. De suerte que se hallaron obligados 
á caminar por aqui y por alli; y habiendo llegado á 59° de la 
linea hacia el austro, finalmente coligieron que habían llegado 
al mismo océano Austral, y derechamente instituyeron su ca- 
mino hacia las islas de Juan Fernández. 

Este nucvoestrecho que ellos primero intentaron y tan feliz- 
mente navegaron, le llamaron Le Mayre. 



HISTORIADORES DE CHILE 



1!. — De las islas de Juan Fernández, según Laet, ljb. 



-I 



Las islas de Juan Fernández tomaron el nombre de su prifner 
inventor. Son dos, en 38° y 40 escrúpulos de la linea hacia el 
austro, como observó Jacobo l,emayre. Ambas en -suelo levan- 
tadas. La más occidental es pequefla, infecunda, ydesuelo casi 
sin yerba; de sólo piedras y collados áridos. La más oriental 
es mayor y de montes empinados, pero de muchos árboles ves- 
tida, y agradable, con verde amenidad, y se juzga que no es in- 
fecunda. Hállase aquí grande abundancia do cabras y puercos. 
El mar que larodea es abundande de grandes peces. De suerte 
que los españoles llegan á ella á pescar, y en breve tiempo co- 
gen gran número de peces y los llevan al continente y al 
Perú. 

La punta oriental de ella se tiene por extremo muy acomo- 
dada, y para echar aqui las áncoras se ha de ver la costa orien- 
tal, porque si alguno cogiere la occidental, por la travesía fá- 
cilmente seria arrebatado de la corriente marina y llevado fuera 
de la isla, de suerte que no puede conseguirla debajo de la 
costa que mira al occidente. No tejos de la playa, el mar tiene 
de alto cuarenta brazas, después treinta, y poco á poco subien- 
do tres. Y aqui se pasa en lugar idóneo para echar las áncoras. 
Ala vista está un valle verde y muy ameno, con un bosque 
vestido de árboles verdes, graciosísimo á la vista. 

El aílo de 1624, los holandeses con la armada de Natalio, que 
se llamaba así vulgarmente, navegaron á estas islas y refirie- 
ron lo siguiente: 

Las islas de Juan Fernández son dos. La más orienta! dista 
de la linea hacia el austro 33" y 40 escrúpulos; de el continente 
de la América Meridional, casi sesenta millares germáni- 
cos. 

La otra isla, según los españoles, casi veinte leguas de ésta 
hacia el curo; ésta suelen llamarla Isla de Fuera. A la otra, 
de Tierra. Y la causa es manifiesta: porque la más orienlal, 
está más distante de el continente. Por lo cual yerran in- 
insignementc los que toman por segunda isla de Juan Fernán- 
dez un escollo y no isla, que está adyacente á la isla má 
oriental; porque distan oslas dos islas veinte leguas, y Íí 
oriental tiene estos escollos. 



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FERNANDEZ DEL PÜLGAH 283 

La más oriental, dice el autor de la navegación, en la 
cual fijamos las áncoras, tiene de ámbito seis millas; de 
longilud, entre el oriente y ocaso, dos ó tres. Tiene la esta- 
ción á la región del bóreas, á donde se ven algunos va- 
lles de yerba y árboles verdes con amenidad. El seno es de 
fondo muy declive, y parece inquinado con escollos y parte 
compuesto con arenas negras. Es muy molesto llegar cerca de 
tierra y cogerlugar idóneo para fijar las áncoras. Abunda esta 
isla de manantiales de dulces y potables aguas; el mar cerca- 
no de buenos peces, que sin dificultad se cogen en grande 
abundancia; hay de focas y leones que llaman marinos infinito 
número; en los bosques, gran multitud de cabras, pero no son 
de tan buen sabor como las que cria la isla de San Vicente; có- 
genso con dificultad, por la densidad de los árboles que impiden 
el tránsito y le hacen sin camino. No vimos animales de otro 
género. En los montes nacen muclias palmas. Cerca déla pla- 
ya de esta estación se ven tres árboles de membrillos. Hállase 
aquí copia del leño sandaiio, pero es mucho mejor el que pro- 
duce la isla de Timor, Hay oirás más yerbas insignes, en fir- 
meza y tenacidad muy idóneas para cualquiera ministerio, 
Pero no vimos árboles levantados, que puedan servir sus tron- 
cos para mástiles de navios. 

Consta que habitaron aquí algunos tiempos diez ó doce bár- 
baros, que se ocupaban en hacer aceite de la grasa fle las focas 
y otras bestias marinas. Ahora totalmente está desierta la isla; 
sino que seis de los nuestros, ya soldados, ya marineros, ó 
enfadados de la larga navegación, ó por otra causa que no sa- 
bemos, sin nuestra noticia, por su voluntad y contra la del ca- 
pitán, huyeron de las naves y se quedaron aquí. 

Bartolomé Leonardo de Argensola, en el lib. III de las Islas 
Malucas, hace mención de dos islas que halló Juan Fernández 
elanodel574, acaso caminando á Chile, que se llaman hoy 
San Félix y San Nabor. Pero estas no pueden ser las de que 
ahora tratamos, porque escribe que éstas están de la linea hacia 
el austro, sólo 25" y 20 escrúpulos. Dice que las llaman los cs- 
pafioles Las Desventuradas. 



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PRIMERA Y SEC^UNDA PARTE 



HISTORIA DEL PERÚ 



QUE SE MANDÓ ESCRBBIR 



DIEGO FERNANDEZ 



VECINO DE LA CIUDAD DE FALENCIA 



CAPITULO I,XXXV 



Cómo el Presidente llegó con kl campo á Andaguaylas, donde 
VINO Diego Centeno v BenalcA7AR y el Oicx)r de Guatimala y 

CÓMO TAMBIÉN LLEGÓ VALDIVIA DE ChILE. PÓNESE LA RAZÓN DE SU 
VENIDA. 

Caminando el Presidente Gasea con su ejército llegó á Gua- 
manga, donde proveyó cosasnecesariasy despachó mensajeros 
á diversas partes. Y de alli fueron, poco á poco, á la puente de 
Vilcas, con alguna necesidad de comida; y holgáronse mucho 
de hallar hecha la puente, porque traían temor que los de Pi- 
zarro la hubiesen quemado, que, cierto, lo pudieran fácilmente 
haber hecho, y con cincuenta arcabuceros que alli pusieran 
estorbaran que no se volviera á hacer. Pasada pues la puente 
de Vilcas, pagaron á Andaguaylas y hallaron los capitanes y 
gente que delante se habian enviado; y de ahi á poco llegó el 
adelantado Benalcázar con veinte hombres de caballo; asimismo 



-i 



286 HISTORIADORES DE CHILR 

llegó Diego Zentcno con sesenta de caballo, con el cual el 
Presidente y todos los del ejército se holgaron mucho, por su 
mucha bondad y lealtad, en que grandemente se había señalado. 
Luego también llegó Pedro de Valdivia, con ocho de caballo, 
que venia de Chile, y el Presidente y todos se holgaron extre- 
madamente, porque aunque con el Presidente estaban buenos 
capitanes y gente, ninguno había tan prálico y diestro corno 
' Valdivia, ni que así se pudiese igualar con la destreza y maña 
do Francisco de Carvajal. Luego llegó también el licenciado 
Podro Ramírez (oidor de la Audiencia de los Confines) con do- 
ce hombres de caballo, que venían con él, y otros ciento veinte 
quedaban atrás porque venían á pié. Y Iras éstos llegó el con- 
tador Juan de Cácercs con mucha ropa y plata para el socorro 
de los soldados, con que la gente se regocijó mucho, y por la 
venida de Valdivia y Centeno jugaron cañas y 'corrieron sor- 
tija. Aquí .se detuvo el campo mucho tienjpo, por ser ya el in- 
vierno y haber muchas lluvias, donde adoleció gran parte de 
l;i gente y algunos murieron, y fallecieran muchos más si no 
fiiora'p'or el mucho cuidado que el Presidente tenia de loa en- 
l'onnos, por cuya causa muchos convalecieron; y porque cual- 
quier discreto curioso letor deseará saber la causa de la venida 
de Pedro do Valdivia y que conviene para mejor entendimien- 
to de la narración de la historia, la quiero aqui poner, que fué 
desta manera: 

Kstando el gobernador Pedro de Valdivia en las provincias 
de Chile, tuvo nueva cómo Gonzalo Pizarro estaba alzado con- 
tra el servicio de Su Majestad y aún quieren decir (y asi e.s) 
qno había recebido cartas de Gonzalo Pizarro, lo cual disimuló 
Pedro de Valdivia como si nada supiera, y pidió prestado oro 
á las personas que entendió que lo lenian, diciendo que quería 
este emprestido para enviar á Francisco de Villagrán al Perú, 
para hacer gente y para acabar de hacer aquella conquista, y 
aunque lo procuró mucho, ninguno le quiso prestar cosa al- 
guna, por lo cual Pedro de Valdivia disimuladamente juntó á 
todos y dijoles; que pues de su voluntad no le querían prestar 
el oro que les había pedido, que so fuesen aj Perú todos losqu 
qnisicscn, que él les daba licencia para ello, por razón que 
visto allá que llevaban oro, se acreditase la tierra y vinics 
gi'iiteá ella, y dosta suerte muchos se dispusieron áveniral Per' 
y se fueron á embarcar al puerto de Valparaíso (que es diez I 




FERNÁNDEZ 287 

guas de la ciudad de Sanctiago}y con ellos Francisco de Viíla- 
gián, que era la persona que del Perú había de volver con gente, 
y Valdivia quedóse en la ciudad de Sanctiago, y ya que todos 
dos fueron partidos y que entendió que estarían aprestados 
para hacer su viaje, salió de noche secretamente y llegó á 
tiempo que todos estaban embarcados y que habían hecho una 
ramada á la lengua del agua. E alli Pedro de Valdivia hizo 
guisar muy bien de comer y enviólos á convidar, que serian 
hasta veinte personas, los cuales vinieron todos, y acabada la 
comida, hablólos, encomendándoles mucho á Francisco de 
Villagrán (que tenía en lugar de hijo) diciendo que pues él iba 
con ellos á traer gente para defensa de la tierra, les rogaba que 
si Villagrán tuviese allá necesidad de algún oro se lo prestasen. 
Todos prometieron hacerlo con gran voluntad: locual hecho, Val- 
divia salió de la ramada, muy disimulado hacia la mar, donde 
estabaun barco, en el cual se entró y se fué al navio y tomó todo 
eloro que llevaban, que seria más de ochenta mil castellanos; 
é hizo asentar lo que á cada uno tomaba y metió luego consigo 
en el navio á Jerónimo de Alderete, Gaspar de Villarroel, Juan 
de Cepeda y al capitán Jofré, Luis de Toledo, don Antonio Bel- 
trán, Diego García de Oáceres, Vicencio de Monte, Diego Oro 
y á su secretario, ante quien hizo cierta protestación de como 
iba á servir á Su Majestad contra la rebelión de Pizarro, y de- 
jando en tierra á aquellos que tomó el oro, luego con éstos se 
hizo á la vela, dejando por su teniente general á Francisco de 
Villagrán. Y llegados al Perú, tuvo nueva cómo el Presidente 
iba camino del Cuzco, y viniéronse derechos á Lima, donde se 
proveyeron de todo lo necesario, y de alli se fueron á Anda- 
guaylas, donde sabían que todo el ejército estaba esperando á 
que aflojasen las lluvias y entrase la punta ¡del verano para de 
alli caminar y dar fin á las cosas de la guerra. 



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CAPÍTULO XCII 



Como el Presidente díó la conquista de Chile A 
Pedro de Valdivía. 



De ahí á diez diasque el Presidente estuvo en la ciudad del 
Cuzco, despachó á Pedro de Valdivia por gobernador y capitán 
general de Chile (llamado Nuevo Extremo). Limitada y tasada 
aquella gobernación desde Copiapó, que está veinte y siete 
grados de la equinocial al Sur, hasla cuarenta y un grados 
norte sur del meridiano, y en ancho desde la mar, la tierra 
adentro, cien leguas oeste leste: dióle esta gobernación el Pre- 
sidente por virtud dei poder que de Su Majestad tenia para 
dar gobernaciones, y también se la dio en esta sazón porque 
convenia mucho descargar el Perú de gente. Diósela á Pedro 
de Valdivia antes que á otro, porque, allende lo que sirvió á Su 
Majestad en la jornada, tenia mucha noticia de Chile, y había 
trabajado mucho en aquel descubrimiento y conquista 



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CAPITULO XCIV 



Cómo el Presidente envió A prender A Pedro de Valdivia, y df 
los capítulos que los de clille le pusieron, y la forma que el 
Presidente tuvo para salvarle. 



Ya hizo mención la historia de la forma que Pedro Valdivia 
tuvo para salir de Chile. Y cómo después le dio el Presidente 
la conquista de aquellas provincias. Pues queriéndose aprestar 
para la jornada, Valdivia se fué del Cuzco para la ciudad de los 
Reyes, donde se aprestó de todo lo que le era menester y juntó 
los que pudo para acabar la conquista. Y entre la gente que 
llevaba, había algunos que hablan sido desterrados del Perú, 
y otros á galeras por culpados en la rebelión. Y como hubo 
aparejado la gente y cosas necesarias, todo lo embarcó en 
navios, que se hicieron á la vela desde el puerto del Callao de 
Lima. Y Pedro de Valdivia fuese á Arequipa por tierra. Y como 
en este tiempo hubiesen dado noticia al Presidente de los cul- 
pados que llevaba y de algunas otras cosas que iba haciendo 
por el camino, y desacatos que había tenido á ciertos manda- 
mientos suyos, envió á Pedro de Hinojosa para que por bue- 
nas mañas le trújese preso. Y dijole la manera que para 
hacerlo había de tener. Pedro de Hinojosa alcanzó á Valdivia 
en el camino y rogóle se volviese á satisfacer al Presidente. Y 
como no lo quisiese hacer, fuese una jornada en buena conver- 
sación con Pqdro de Valdivia. El cual, yendo descuidado, asi 
por la gente que llevaba consigo, como confiado en la amistad 
que con Hinojosa tenía, tuvo Pedro Hinojosa manera como le 





HISTORIADORES DB CHILE 



H 



prendió con sólo seis arcabuceros que habia llevatlo, y vinié- 
ronse juntos af Presidente. Asimismo habian ya llegado en 
esta sazón algunos de Chile, de aquellos á quien Valdivia 
habia lomado el oro al tiempo de su venida {como tenemos con- 
tado). Estos, pues, pusieron ciertos capítulos por escriplo y 
querellas contra Pedro de Valdivia, luego que llegó con Pedro 
de Hinojosa, en que le acusaban del oro que habi» tomado y de 
personas que habia muerto y de la vida que hacia con una 
cierta mujer, y aún deque habia sido confederado con Gon- 
zalo Pizarro, y que su salida de Chile haliia sido para le servir 
en su rebelión, y de otras muchas cosas qne le achacaban; y 
finalmente, pedian que luego les pagase el oro que les habia 
lomado: vióse confuso con eslo el Presidente, considerando 
qiiií s;i condenaba á Valdivia, desaviábale su viaje (que para 
los negocios del Perú le parecía grande inconveniente, por la 
goiiie baldía qne con él iba). Pues probándose haber tomado el 
oro ;'i aquéllos, y no se lo hacer volv(?r y restituir parecíale 
cosa injusta contra todo derecho y que por ella seria muy 
notado. Estando, pues, en esta perplejidad, inventó y halló una 
cierta manera de salvarle por entonces dcsta restitución, y fué 
que antes de dar traslado á Pedro de Valdivia de la acusación 
y c';i|iilulos, ni lomar sumaria información dellos, tomó infor- 
uiacioii de oficio sobre quiénes y cuantas personas habian 
lieclio y sido en hacer y ordenar aquellos capitidos, lo cual hizo 
muy descuidadamente, sin que nadie advirtiese ni entendiese 
para qué lo hacía. Y á este efecto tomó por testigos desla infor- 
mai'ióii todos los de Chile interesados, de que resultó que lodos 
ellos habían sido en los hacer y ordenar do manera que nin- 
j;iino podia ser legítimamente testigo en su causa propia- 
Tiiniada pues esta información, mandó el Presidente dar tras- 
lado á Valdivia de aquellos capítulos, el cual pi'esentó un bien 
largo escripto, desculpándose de todo !o que se le imponía, 
y uonio ya en este negocio no se podia proceder á pedimenlo de 
las [jin-tes, por la falta de legilimos tesligos (que ninguno habia) 
jicoccdió el Presidente de oficio, y no hallando por la informa- 
ción de las oirás cosas ninguna averiguada ni cierta por que 
debiese estorbar á Valdivia su jornada (aunque hubo alguno; 
indicios de lo do Gonzalo Pizarro y otras cosas) le mandó ir ! 
han ■!■ su viaje y proseguir su conquista, con que prometiese de 
lui llt'var los culpados, reservando que so enviaría juez para 



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salisfacei'los querellosos sobre el oro que había toniaiio, encar- 
gando mucho á Valdivia que luego on llegando se lo pagase, 
el cual asi lo prometió de hacer; y con eslo Valdivia üq parlió 
luego para Chile. 



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PRIMERA PARTE 

nií LOS 

COMENTARIOS REALES DEL PERÜ 

EL INCA GARCILASO DE LA VEGA. 

LIBRO SÉPTIMO 

CAPITULO XVIII 

Prevenciones i'ara la conquista de Chili. 



El buen rey Inca Yupanqui, aunque vio el poco 6 ningún fru- 
to que sacó de la conquista de los Chirihuanas, no por eso per- 
dió el ánimo de hacer otras mayores, porque como el principal 
intento y blasón de los Incas fuese reducir nuevas gentes á su 
imperio y á sus costumbres y leyes, y como entonces se ha- 
llasen ya tan poderosos, no podían estar ociosos, sin hacer 
nuevas conquistas, que les era forzoso, así para ocupar los 
vasallos en aumento de su Corona, como para gastar sus rentas, 
que eran los bastimentos, armas, vestido y calzado que cada 
provincia y reino, conforme á sus frutos y cosecha, contribuía 
cada año. Porque del oro y piala ya hemos dicho que no da- 
ban los vasallos como tributo al rey, sino que lo presentaban 
(sin que se lo pidiesen) para servicio y ornato de las casas rea- 
les y de las del sol. Pues como el rey Inca Yupanqui se viesr 
amado y obedecido y tan poderoso de gente y hacienda, acor- 
dó emprender una gran empresa, que fué la conquista del reí- 



396 HISTORIADORES DE CHILE 

110 de Chili. Para la cual, habiéndolo consultadü con los do su 
Consejo, mandó prevenir las cosas necesarias. Y dejando en su 
corte los ministros acostumbrados para el gobierno y adminis- 
Iración de la justicia, fué hasta Atacama, que hacia Chile es la 
última provincia que habla poblada y sujeta á su imperio, para 
dar calor de más cerca ala conquista; porque de alli adelante 
hay un gran despoblado que atravesar hasta Hogar á Chili. 

Desde Atacama envió el Inca corredores y espías que fuesen 
|)or aquel despoblado y descubriesen paso para Chili y notaseii 
las dificultades del camino, para llevarlas prevenidas. Los des- 
cubridores fueron incas, porque las cosas de tanta importancia 
no las ñaban aquellos reyes sino de los de su linaje, á los cua- 
les dieron indios de los de Atacama y de los de Tucma (por los 
cuales, comoatrás dijimos, habiaalguna noticia del reino de Chi- 
li) para que los guiasen y dedos á dos leguas fuesen y viniesen 
con los avisos de lo que descubriesen, porque era asi menester 
para que les proveyesen de lo necesario. Con csla prevención 
fueron los descubridores, y en su camino pasaron grandes tra- 
l)ajos y dificultades por aquellos desiertos, dejando seflales por 
donde pasaban para no perder el, camino cuando volviesen. V 
(ambién porque los que los siguiesen supiesen por donde iban. 
Así fueron yendo y viniendo como hormigas, trayendo relación 
de lo descubierto y llevando bastimento, que era lo que más ha- 
liian menester. Con esta diligencia y trabajo horadaron ochen- 
lii leguas de despoblado, que hay desde Atacañía á Copayapu. 
que es una provincia pequeña aunque bien poblada, rodeada 
de largos y anchos desiertos, porque para pasar adelante hasta 
Cuquimpu liay otras ochenta leguas de despoblado. Habiendo 
llegado los descubridores á Copayapu, y alcanzado la noliciaquc 
[)udieron haber de la provincia por vistade ojos, volvieron con toda 
diligencia á dar cuenta al Inca de lo que habían visto. Conforme 
ala relación, mandó el Inca apercebir diez mil hombres de gue- 
ira, los cuales envió por laordcn acostumbradacon ungeneral 
llamado Sinchiruca, y dos maeses de campo dw su linaje, quo 
lio saben los indios decir como se llamaban. Mandó que les lle- 
vasen mucho bastimento en los carneros de carga, los cuales 
también sirviesen do bastimento, en lugar de carnaje, porque 
es muy buena carne de comer. 

Luego que Inca Yupanqui hubo despachado los diez mil 
liombres de guerra, mandó apercebir otros tantos, y por la mis- 



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GABCILASO DE LA ^'EGA áOT 

ma orden los envió en pos de los primeros, para que alo? ami- 
gos fuesen de socorro y á los enemigos de terror y asombro. 
Los primeros, habiendo llegado cerca de Copayapu, enviaron 
mensajeros, según la antigua costunibre de los incas, diciendo 
se rindiesen y sujetasen al Hijo del Sol, que iba á darles nueva 
religión, nuevas leyes y costumbres en que viviesen como 
liombres y no como brutos. Donde no, que se apercibiesen á 
tas armas, porqne por fnerzaó de grado babian de obedecer al . 
inca, señor de las cuatro partes del mundo. Los de Copayapu su 
alteraron con el nitínsaje y tomaron las armas y se pusieron á 
i-esislir la entra<la de su tierra, donde hubo algunos rccueniros 
de escaramuzas y peleas ligeras, porque los unosy los otros an- 
daban tentando las fuerzas y el ánimo ajenos. Y los incas, en 
cumplimiento de lo que su rey les había mandado, no querían 
romper la guerra á fuego y sangre, sino contemporizar con los 
enemigos á que se rindiesen por bien, los cuales estaban perple- 
jos en defenderse; por una parte, los atemorizaba la deidad del 
Hijo del Sol, pareciéndoles que habían de caer en alguna gran 
maldición suya si no recibían por señor á su hijo. Por otra 
parte, los animaba el deseo de mantener su libertad antigua 
y el amor de sus dioses, que no quisieran novedades sino vivir 
como sus pasados. 



CAPÍTULO XIX 



Ganan i,os incas hasta el valle que llaman Chili, y los mensajes v 
respuestas que tienen con otras nuevas nascionbs. 



En estas confusiones los halló el segundo ejército, que iba en 
socorro del primero, con cuya vista se rindieron los de Copa- 
yapii,parcc¡éndoles que no podrían resistir íi tanta gente, y asi 
capiliilaron con los incas lo mejor que supieron, las cosas que 
habían de recibir y dejaren su idolatría. De todo lo cual dieron 
aviso al Inca, el cual holgó mucho de tener camino abierto, v 
tan buen principio hecho en la conquista de Chili, que por ser 
un reino tan grande y tan apartado de su imperio, temía el 
Incacl poderlo sujetar. Y asi estimó en mucho que la provin- 
cia Oopayapu quedase por suya por vía de paz y concierto y 
no de guerra y sangre. Y Siguiendo su buena fortuna, liabién- 
dose informado do la disposición de aquel reino, mandó aper- 
cebir luego otros diez mil hombres de guerra, y proveídos do 
todo lo necesario, los envió en socorro de los ejércitos pasados, 
mandándoles que pasasen adelante en la conquista, y con toda 
diligencia pidiesen loque hubiesen menester. Los incas, con 
el nnevo socorro y mandato de su rey, pasaron adelanto otras 
ochenta leguas, y después de haber vencido mnchos trabajos 
en aquel largo camino, llegaron á otro valle ó provincia que 
llaman Cuquimpu, la cual sujetaron. Y no sabemos decir si 
tuvieron batallas ó recuentros, porque los indios del Períi, 
porhabersido la conquista en reino extraño y tan lejos délos 
suyos, no saben en particular los trances que pasaron, mas de 



300 HISTORIADORES DE CHILE 

que sujetaron los incas aquel valle de Cuquimpii. De allí pasn- 
ron adelante conquislaiido todas las naciones que iiayiíaslael 
valle de Chili, del cual toma nombre todo el reino llamado 
Chili. En todo el tiempo que duró aquella conquista, que, según 
dicen, fueron más de seis años, el Inca siempi'C tuvo particular 
cuidado de socorrer los suyos con gente, armas y bastimento, 
vestido ycalzado. que no les fallase cosa alguna; porque bien 
t'utendíacuanto importaba á su honra y majestad que los su- 
yos no volviesen un pie atrás. Por lo cual vino á teneren Chili 
más de cincuenta mil hombres do guerra, tan bien bastecidos 
lie todo lo necesario como sí estuviera.! en la ciudad del 
í'ozco. 

Los incas, habiendo reducido á su imperio el valle de Chili, 
dieron aviso al Inca de lo que habían hecho, y cada dia se lo 
daban de lo que iban haciendo por horas, y habiendo puesto 
orden y asiento en lo que hasta alli habían conquistado, pasa- 
ron adelanto hacia el sur, que siempre llevaron aquel viaje, y 
llegaron conquistando los valles y naciones que hay hasta el 
rio de Maulli, que son casi cincuenta leguas del vallo Chili, No 
se sabe qué batallas ó recuentros tuviesen, antes se tiene que 
se hubiesen reducido por vía de paz y de amistad, por ser este 
el primer intento de los Incas en sus conquistas, atraer los in- 
dios por bien y no por mal. No se contentaron los Incas con 
Iiaboralargado su imperio más de docienlas y sesenta leguas 
(le camino que hay desde Alacama hasta el rio Maulli, entre 
poblado y despoblado; porque de Alacama á Copayapu ponen 
ochenta leguas, y de Copayapu á Cuquimpu dan otras ochenta. 
De Cuquimpu á Chile cincuenta y cinco, y de Chili al rio Maulli 
casi cincuenta; sino que con la misma ambición y cudicia de 
ganar nuevos estados, quisieron pasar adelante, para lo cual, 
con la buena orden y maña acostumbrada, dieron asiento en el 
gobierno de lo hasta alli ganado, y dejaron la guarnición ne- 
cesaria, previniendo siempre cualquiera desgracia que en la 
guerra les pudiese acaescer. Con estadelerminaciún pasaron 
los incas el rio Maulli con veinte mil hombres de guerra, y 
guardando su antigua costumbre, enviaron á requerir á los 
de la provincia Purumauca, que los españoles llaman promau- 
caes, recibiesen al Inca por seiior ó se apercibiesen á las ar- 
mas. Los purumaucas, que ya tenían noticia de los incas, ; 
estaban aperoibidos y aliados con otros sus comarcanos, come 



i 



GARCILASO DE LA VEGA 301 

son los Antalli, Pincu, Cauqui, y entre todos dclerniinados de 
morir antes que perder su libertad antigua, respondieron que 
los vencedori^s serian señores do los vencidos, y que muy 
presto verían los incas de quó manera losobedescian los puru- 
niaucas. 

Tres ó cuatro dias después de la respuesta, asomaron los 
purumaucas con otros vecinos suyos aliados, en numeró de 
diex y ocho ó veinte mil hombres de guerra, y aquel dia no en- 
tendieron sino en hacer su alojamiento á vista de los incas, 
los cuales volvieron á enviar nuevos requerimientos de paz y 
amistad, con grandes protestaciones que hicieron, llamando al 
sol y t la luna, de que no iban á quitarles sus tierras y ha- 
ciendas, sino á darles manera de vivir de hombres, y á que re- 
conociesen al Sol por su Dios, y á su hijo el Inca pon su rey y 
seflor. Los purumaueas respondieron diciendo que venían re- 
sueltos de no gastar el tiempo en palabras y razonamientos 
vanos, sino en pelear hasta vencer ó morir. Por tanto, que los 
incas se apercibiesen á la batalla para el dia venidero, y que no 
les enviasen más recaudos, que no los querían oír. 



f 



CAPÍTULO. XX 



Batalla cruel entre los incas v otras diversas nascioxes 
y gl primer español que descubrió a cüili. 

El dia siguiente salieron ambos ejércitos de sus alojamientos 
y ari'emelietido unos con otros, pelearon con grande ánimo 
y valor y mayor obstinación, porque duró la batalla lodo eldia, 
sin rcconoscerse ventaja, en que hubo muchos rauerlos y heri- 
dos; á la noche se retiraron á sus puestos. El segundo y terce- 
ro día pelearon con la misma crueldad y pertinacia, los unos 
por la libertad y los otros por la honra. Al fin de la tercera ba- 
talla vieron que de una parte y otra faltaban más qne los me- 
dios, que eran muertos, y los vivos estaban heridos casi lodos. 
El cuarto dia, aunque los unos y los otros se pusieron en sus 
escuadrones, no salieron do sus alojamientos, donde se estu- 
vieron fortalescidos, esperando defenderse de! contrario, si le 
acometiese. Asi estuvieron todo aquel dia y otros dos siguien- 
tes. Al fui dellos se retiraron á sus distritos, temiendo cada una ' 
de las partes no hubieseenviado el enemigo por socorro á los 
suyos, avisándoles de lo que pasaba para que se lo diesen con 
brevedad. A los purumaucas y á sus aliados les paresció que I 
habían hecho demasiado en haber resistido las armas de los á 
Incas, que tan poderosas y invenciblesse habían mostradohas- ' 
ta entonces, y con esta presumpcíón se volvieron á sus tierras, 
cantando victoria y publicando haberla alcanzado enteramente. 

A los incas les paresció que era más conforme á la orden de 
sus reyes, los pasados y del presente, dar lugar al bestial furor 




304 HISTORIADORES DE CHILE 

dtí los oneniigos que destruirlos para sujetarlos pidiendo soco- 
iTo, que pudiei'an los suyos dárselo en breve liempo. Y así, 
habiéndolo coiisulladu entre los capitanes, aunque hubo pares- 
ceres contrarios que dijeron se siguiese la guerra hasta suje- 
tar los enemigos, al fin se resolvieron en volverse á lo que 
tenían ganado, y scilalar el rio MauUi por ttirniino de su impe- 
i'ío, y no pasar adelante en su conquista hasta tener nuevo 
orden de sn rey Inca Yupanqui, al cual dieron aviso de todo lo 
sucedido. El Inca les envió ii mandar que no conquistasen más 
nuevas tierras, sino que atendiesen con mucho cuidado en 
cultivar y beneficiar las que habían ganado, procurando siem- 
pre el regalo y provecho de los vasallos, para que, viendo los 
comarcanos cuan mejorados estaban en lodo con el seflorio de 
los Incas, se redujesen también ellos á su imperio, como lo 
habían hecho otras nasciones, y que, cuando no lo hiciesen, per- 
dían ellos más que los Incas. Con este mandato cesaron los In- 
cas de Chili de sus conquistas. Tortalescieron sus fronteras, pu- 
.sieran sus términos y mojones, que á la parle del sur fué el últi- 
mo término de su imperio el rio Maulli. Atendieron á la admi- 
nistración de sn justicia y á la hacienda real y del Sol, con par- 
ticular beneficio do los vasallos, los cuales con mucho amor 
abrazaron el dominio de los Incas, sus fueros, leyes y costum- 
bres, y en ellas vivieron hasta que los españoles fueron á aque- 
lla tierra. 

El primer español que descubrió á Chili fué don Diego de Al- 
magro; pero no hizo masque darle vista y volverse al Perú con 
innumerables trabajos que á la ida y vuelta pasó. La cual jor- 
nada fué causa do la general rebelión de los indios del Perú y 
de la discordia que entre los dos gobernadores después hubo 
y de las guerras civiles que tuvieron y de la muerte del mismo 
don Diego de Almagro, preso en la batalla que llamaron de las 
Salinas, y la del marqués don Francisco Pizarro, y la de don 
Diego de Almagro el mestizo, que dio la batalla que llamaron de 
Chupas. Todo lo cual diremos más largamente, si Dios, nuestro 
señor, nosdejarellegarallá. Elsegundo que entró en el reino de 
Chili fué el gobernador Pedro de Valdivia: llevó pujanza de 
gente y caballos, pasó adelante de lo que los Incas habían ga- 
nado, y lo conquistó y pobló felicisimaniente, si la misma feli- 
cidad no le causara la muerte por mano de sus mismos vasa- 
llos los de la provincia llamada Araucu, que él proprio e 



GAUCILASO DE L,\ VEGA 305 

para si en el re parí i miento que de aquel reino se hizo entre los 
conquistadores que lo ganaron. Este caballero fundó y pobló 
muciías ciudades de españoles, y entre ellas la que de su nom- 
bre llamaron Valdivia, hizo grandísimas hazañas en la con- 
quista de aque! reino, gobernólo con mucha prudencia y con- 
sejo y en gran prosperidad suya y de los suyos y con espe- 
ranzas de mayores felicidades, sí el ardid y buena milicia de 
un indio no lo atajara lodo, cortándole el hilo de ha vida. Y por- 
que la muerto desle gobernador y capitán general fué un caso 
de los más notables y famosos que los indios han hecho en 
todo el imperio de los Incas, ni en todas las Indias, después 
que los españoles entraron en ellas, y más de llorar para 
ellos, me paresció ponerlo aquí no más de para que se sepa 
llana y certificadamente la primera y segunda nueva que del 
suceso de aquella desdichada batalla vino al Perú, luego que 
sucedió, y para la contar será menester decir el origen y prin- 
cipio de la causa. 




CAPITULO XXI 



Rebelión de Chili contra el coBERNAboB Valdivia. 

Es así que de la conquista y repartimiento de aquel reino de 
Chili, cupo á este caballero, digno de imperios, un repartimien- 
to rico de mucho oro y de muchos vasallos, que le daban por 
año más de cien mili pesos de oro de tributo; y como la hambre 
de este metal sea tan insaciable, crescia tanto más cuanto más 
daban los indios, los cuales, como no estuviesen hechos á tanto 
trabajo como pasaban en sacar el oro, ni pudiesen f^ufrir la mo- 
lestia que les hacían por él, y como de suyo no hubiesen sido 
sujectos á otros señores, no pudiendo llevar el yugo presente, 
determinaron los de Araucu, que eran los de Valdivia, y otros 
aliados con ellos, rebelarse; y asi lo pusieron por obra, hacien- 
do grandes insolencias en todo lo que pudieron ofender á los 
españoles. El gobernador Pedro de Valdivia que las supo, salió 
al castigo con ciento cincuenta de á caballo, no haciendo caso 
de los indios, como nunca lo han hecho los espailoles en seme- 
jantes revueltas y levantamientos; por esta soberbiaban peres- 
cido muchos, como peresció Pedro de Valdivia y los que con 
él fueron, á manos de los que habían menospreciado. 

Desta muerte la primera nueva que vino al Perú fué á la 
ciudad de la Píala, y la trujo un indio de Chili, escrita en dos 
dedos de papel, sin firma ni fecha, de lugar ni tiempo, en que 
decía; «á Pedro de Valdivia, y áciento y cincuenta lanzas que 
con él iban se los tragó la tierra». El treslado destas palabras, 
con testimonio de que las había traído un indio de Chili, corrió 




308 HISTORIADORES DE CHILE 

luego por todo el Perú, con gran escándalo de los españoles, no 
pudieiuio aliñar qué fueae aquel tragárselos la tierra, porque 
no podían creer que hubiese en indios pujanza para malar 
ciento y cincuenta españoles de á caballo, como nunca la ha- 
bía habido hasta entonces; y decían (por ser aquel reino tara - 
bión como Perú, de tierra áspera, llena de sierras, valles y 
honduras, y ser la región subjeta á terremolos) que podría ser 
que caminando aquellos españoles por alguuaquebrada honda 
se hubiesecaido algún pedazo de sierra y los hubiese cogido 
debajo, y en esto se afirmaban todos; porque de la fuerza do 
los indios ni de su ánimo (según la expiriencia de tantos anos 
airas) no podían imaginar que los hubiesen inuerlo en batalla. 
Estando en esta confusión los del Perú, les llegó al fin de más 
de sesenta días otra relación muy larga de la muerte de Valdi- 
via y de los suyos, y de la manera como había sido la última 
batalla que con los indios habían tenido, la cual referiré como 
la contaba entonces la relación que de Chili enviaron, que ha- 
biendo dicho el levantamiento de los indios y las desver- 
güenzas y maldades que habían hecho, procedía diciendo asi: 

«Cuando Valdivia liego donde andaban los araucos rebelados, 
halló doce ó trece mili dellos, con los cuales hubo muchas ba- 
tallas muy refiidas, en que siempre vencían los españoles; y 
los indios andaban ya tan amedrentados del tropel y furia de 
los caballos, que no osaban salir á campaila rasa, porque diez 
caballos rompían á mil indios. Solamente se entretenían en 
las sierras y montes, donde los caballos no podían ser señores 
dellos, y de allí hacían el mal y dailo que podían, sin querer 
oir partido alguno délos que les ofrescian, sino obstinados á 
morir, por no ser vasallos, ni sujetos de españoles. Asi andu- 
vieron muchos dias ios unos y los otros. Estas malas nuevas 
iban cada día la tierra adentro délos araucos, y habiéndolas 
oído un capitán viejo que había sido famoso en su milicia y 
estaba ya retirado en su casa, salió á ver qué maravilla era 
aquella, que ciento y cincuenta hombres trujesen tan avasalla- 
dos á doce ó á trece mil hombres de guerra, y que no pudiesen 
valerse cun ellos, lo cual no podía creer si aqueüos españoles 
no eran demonios ó hombres inmortales, como á los principios 
lo creyeron los indios. Para desengañarse deslas cosas, quiso 
hallarse en la guerra y ver por sus ojos lo que en ella pasaba. 
Llegado á un alio, de donde descubría los dos ejércitos, 



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GAHCILASO DE LA VEGA 300 

viendo el alojanaienlo de los suyos tan largo y exlendido, y el 
de ios españoles tan pequeño y recogido, estuvo mucho rato 
considerando qué fnese la causa de que lan pocos venciesen á 
tanlos; y habiondo mirado bien el sitio dfil cí^mpo, se había ido 
á los suyos y llamado á consejo, y después de largos razona- 
mientos de todo lo hasta allí sucedido, entre otras muchas pre- 
guntas les había hecho éstas: 

rSí aquellos españoles eran hombres mortales como ellos, 
ó si eran inniorlales, como el sol y la luna? Si sentían hambre, 
sed y cansancio? Si tenían necesidad do dormir y descansar? 
En suma, preguntó si eran de carne y hueso, ó de hierro y 
acoro? Y de los caballos hizo las mismas preguntas. Y sién- 
dote respondido á todas que eran hombres como ellos, y de la 
misma compostura y naturaleza, les había dicho: «Pues, idos lo- 
dosa descansar, y mañana veremos en la batalla quién son más 
hombres, ellos ó nosotros». Con esto se apartaron de su con- 
sejo y al roniperdcl alba del día siguiente mandó locar arma, 
la cual dieron los indios con mucha mayor vocería y ruido do 
trómpelas y alambores y otros muchos instrumentos seme- 
jantes que otras veces; y en un punto armó el capitán viejo 
trece escuadrones, cada uno dea mil hombi'es, y los puso á 
la hila uno en pos de otro. 



L 



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CAPÍTULO XXII 



Batalla con nueva orden y ardid de guerra de un 
indio capitán viejo. 



Los españoles salieron á la grita de los indios hermosamente 
armados, con grandes penachos en sus cabezas y en las de sus 
caballos,, y con muchos pretales de cascabeles, y cuando vieron 
los escuadrones divididos, tuvieron en menos los enemigos, 
por parecerles que más fácilmente romperían muchos peque- 
ños escuadrones que uno muy grande. El capitán indio, 
viendo los españoles en el campo, dijo á los del primer escua- 
drón: «Id vosotros, hermanos, á pelear con aquellos españoles, 
y no digo que los venzáis, sino que hagáis lo que pudióredes 
en favor de vuestra patria; y cuando no podáis más, huid, que 
yo os socorreré á tiempo, y los que hubiéredes peleado en el 
primer escuadrón, volviendo rotos, no os mezcléis con los del 
segundo, ni los del segundo con los del tercero, sino que os re- 
tiréis detrás de lodos los escuadrones, que yo daré ordeíT de lo 
que hayáis de hacer». Con este aviso envió el capitán viejo k 
pelear los suyos con los españoles, los cuales arremetieron con 
el primer escuadrón, y aunque los indios hicieron lo que pu- 
dieron en su defensa, los rompieron; también rompieron el se- 
gundo escuadrón y el tercero, cuarto y quinto con facilidad, mas 
no con tanta que no les costase muchas heridas y muertes de 
algunos delloñ y de sus caballos. 

El indio capitán, asi como se iban desbaratando los primeros 



L. 



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312 HISTORIADORES DE CHILE 

escuadrones, enviaba poco á poco que fuesen á pelear por su 
ordenios que sucedían. Y detrás de toda su gente tenia-un 
capitán, el cual, de los indios huidos que habían peleado, vol- 
vía á hacer nuevos escuadrones de á mil indios, y les man- 
daba dar de comer y de beber, y que descansasen para volverá 
pelear cuando les llegase la vez. Los españoles, habiendo rom- 
pido cinco escuadrones, alzaron los ojos á ver los que les que- 
daban, y vieron otros once ó doce delante de si, Y aunque ha- 
bía más de tres horas que peleaban, se esforzaron de nuevo, y 
apellidándose unos á oíros arremetieron al sexto escuadrón 
que iba en socorro del quinto, y lo rompieron, y también al 
seteno, octavo, noveno y décimo. Mas ellos ni sus caballos no 
andaban ya con la pujanza que á los principios, porque habla 
grandes siete horas que peleaban, sin haber cesado un mo- 
mento, que los indios no los dejaban descansar en común ni 
en particular, que apenas habían deshecho un escuadróu 
cuando entraba otro á pelear, y los desbaratados se salían de 
la batalla á descansar y ponerse en nuevos escuadrones. Aque- 
lla hora miraron los españoles por los enemigos y vieron que 
todavía tenían diez escuadrones en pie; mas, con sus ánimos 
invencibles se esforzaron á pelear, empero las fuerzas estaban 
ya flacas y los caballos desalentados, y, con todo eso, peleaban 
como mejor podían, porno mostrar flaqueza a los indios, tos 
cuales de hora en hora cobraban las fuerzas que los espafioles 
iban perdiendo, porque sentían que ya no peleaban como al 
principio nial medio de la batalla. Así anduvieron los unos y 
ios otros hasta las dos de la tarde. 

Entonces el gobernador Pedro de Valdivia, viendo que toda- 
vía tenían ocho ó nueve escuadrones que romper, y que aun- 
que rompiesen aquéllos, irían los indios haciendo otros de 
nuevo, considerándola nueva manerade pelear, y que, según lo 
pasado del día, tampoco les habían de dejardescansar la noche 
como el dia, le pareció sería bien recogerse antes que los caba- 
llos les fallasen del lodo, y su intención era irse retirando hasta 
un paso estrecho, que legua y media atrás habían dejado, 
donde, si llegasen, pensaban ser libres, porque dos españoles 
pie podían defender el paso á todo el ejército contrario. 

Con este acuerdo, aunque tarde, apellidó los suyos como lo 
iba topando en la batalla, y les decía: «A recoger, caballeros, , 
retirar poco á poco hasta el paso esliecho, y pase la palabra d 



GARCILASO DE LA VEGA 313 

unos á otros.» Así lo hicieron, y, juntándose lodos, so fuoran 
retirando, haciendo siempre rostro á los enemigos, más para 
dcfetiderse que no para ofenderles. 



-/^AA/'jVj'-- 



CAPITULO XXIII 



Vencen los indios por i;l aviso y traición de uno dellos. 

A esta hora, un indio que düsde muchacho se había criado 
con el gobernador Pedro de Valdivia, llamado Felipe y en 
nombre de indio Laufaru, hijo de uno de sus caciques (en quien 
pudo más til infidelidad y et amor de la patria que la fe que á 
Dios y á su amo debía) oyendo apellidarse los españoles para 
retirarse.cuyo lenguaje entendía, por haberse criado entre ellos, 
temiendo no se contentasen sus parientes con verlos huir y los 
dejasen ir libreí=, salió á ellos dando voces, diciendo: «No desma- 
yéis, íicrmanos, que ya huyen estos ladrones y ponen su espe- 
ranza en llegar bastael paso estrecho. Por tanto, mirad lo que 
conviene á la libertad de nuestra patria y á la muerte y des- 
truicióii destos traidores.» Diciendo estas palabras, por animar 
los suyos con el ejemplo, tomó una lanza del suelo y se puso 
delante delios á pelear contra los espai^olcs. 

El indio capitán viejo, cuyo fue aquel nuevo ardid de guerra, 
viendo el camino que los españoles tomaban y el aviso deLau- 
laru, entendió lo que pensaban hacer los enemigos, y luego 
mandó á dos escuadrones de los que no hablan peleado que 
con buena orden y mucha diligencia, tomando atajos, fuesen á 
ocupar el paso estrecho que los españoles iban á tomar y que 
se estuviesen quedos hasta que llegasen lodos. 

Dada esta orden, caminó con los escuadrones que le hablan 
quedado, en seguimiento de los españoles, y de cuando en 
cuando enviaba compañías y gente de refresco que reforzasen 



Sl6 HISTORIADORES DE CHILE 

la batalla y no dejasen descansar ios enemigos, y también para 
que los indios que iban cansados de pelear so saliesen de la 
pelea ;i tomar aliento para volver de nuevo á la batalla. Desta 
manera los siguieron y Tueron apretando y matando algunos 
hasta el paso estrecho, sin dejar de pelearun momento. Venan- 
do llegaron al paso, era ya cerca del sol puesto. 

Los españoles, viendo ocupado el paso que esperaban que les 
fuera defensa y guarida, desconfiaron del lodo de escapar déla 
rauGi'lo, antes certificados en ella, para morir como cristianos 
llamaban el nombre de Cristo, nuestro señor, y de la Virgen, 
su madre, y de los santos á quien más devoción tenían. 

Los indios, viéndolos ya tan cansados que ni ellos ni sus ca- 
ballos noípodian tenerse, arremetieron lodos auna, asilos que les 
habianscguidocomo los que guardaban el paso, y asiendo cada 
caballo quince ó veinte gandules, cual por la cola, piernas, bra- 
zos .crines, yotros que acudían con las porras herían los caba- 
llos y caballeros doquiera que les alcanzaban y los derriba- 
ban por tierra y ios mataban con la mayorcrueldad y rabia quo 
podían mostrar. 

Al gobernador Pedro de Valdivia y á un clérigo que iba con 
él lomaron vivos y los ataron á sendos palos hasta que se 
acabase la pelea, para ver de espacio lo que harían dellos. 

Hasta aquí es la segunda nueva, que, como he dicho, vino de 
Chili al Perú del desbarate y pérdida de Valdivia, luego que su- 
cedió, y enviáronla por relación délos indios amigos queenla ba- 
talla se hallaron, que fueron tres los que escaparon della, meti- 
dos en unas matas con la escuridad de la noche, y cuando los 
indios se hubieron recogido á celebrar su victoria salieron de 
las matas, y como hombres que sabían bien el camino y eran 
leales á sus amos más que Lautaru, fueron á dará los españo- 
les la nueva de la rota y destruición del famoso Pedro de Val- 
divia y de todos los que con él fueron. 



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CAPITULO XXIV 



^\ATAN Á Valdivia: ha cincuenta ajíos que sustentan la guerr.i. 

La manera como mataron los araucus al gobernador Pe- 
dro de Valdivia la contaron después desta segunda imeva 
de diversas formas, porque los tres indios que escaparon de la 
batalla no pudieron dar razón della, porque no la vieron. Unos 
dijeron que lo habia muerto Lautaru, su propio criado, hallán- 
dole alado á un palo, diciendo á los suyos: «¿paraqué guardáis 
este traidor?B y que el gobernador habia rogado y alcanzado 
de los indios que no lo matasen hasta que su criado Lautaru 
viniese, entendiendo que por haberle criado procurarla sal- 
varlo la vida. Otros dijeron, y esto fué lo más cierto, que un 
capitán viejo lo habia muerto con una porra: pudo ser que 
fuese el mismo capitán que di6 el ardid, para vencerlo. Mató- 
lo arrebatadamente, porque los suyos no aceptasen los partidos 
que eí triste Gobernador ofrescía, atado como estaba en el palo, 
y lo soltasen y dejasen ir libre; porque los demás capitanes in- 
dios, fiados en las promesas de Pedro de Valdivia, estaban in- 
clinados á le dar libertad, porque les prometía salirse de Chilí 
y sacar todos los españoles que en el reino habia y no volver 
más á él; y como aquel capitán reconociese el ánimo de los 
suyos y viese que daban crédito al Gobernador, se levantó de 
entre los demás capitanes que oían los partidos y con una 
porra que tenia en las manos mató apriesa al pobre caballero 
y atajó la plática de los suyos, diciendo: «Habed vergüenza de 
ser tan torpes é imprudentes que fiéis en las palabras de un 



318 



HISTORIADORES DE CHILE 



esclavo rendido y atado; decidme ¿qué no prometerá un hom- 
bre que está como este se vee, y qué cumplirá después que se 
vea libre?» 

Otros dijeron desta muerte y uno dellos fué un español natu- 
ral de Trujillo que se decia Francisco deRieros, que estabaen- 
tonces en Chili y era capitán y tuvo indiosen aquel reino, el cual 
vino al Perú poco después de aquella rota, y dijo que la noche 
siguiente á la victoria la hablan gastado los indios en grandes 
fiestas de danzas y bailes, solenizando su hazaña, y que á cada 
baile cortaban un pedazo de Pedro de Valdivia y otro del clé- 
rigo que tenían atado cabe él y que los asaban delante dellos 
mismos y se los comían, y que el buen Gobernador, mientras 
hacían en ellos esta crueldad, se confesaba de sus pecados con 
el clérigo, y que así acabaron ambos en aquel tormento. Pudo 
ser que después de haberle muerto con la porra aquel capitán 
se lo comiesen los indios, no porque acostumbrasen á comer 
carne humana, que nunca la comieron aquellos indios, sino por 
mostrar la rabia que contra él tenían, por los grandes trabajos 
y muchas batallas y rñuertes que les había causado. 

Desde entonces tomaron por costumbre de formar muchos 
escuadrones divididos para pelear con los españoles en batalla, 
como lo dice don Alonso de Ercilla en el primer canto de su 
Araucana^ y ha cuarenta y nueve años que sustentan la guerra 
que causó aquella rebelión, la cual se levantó á los últimos 
dias del año de mil quinientos cincuenta y tres: en aquel mis- 
mo año fué en el Perú la rebelión de don Sebastián de Casti- 
lla en la villa de la Plata y Potosí, y la de Francisco Hernán- 
dez Girón en el Cozco. 

Yo he referido llanamente lo que de la batalla y muerte del 
gobernador Pedro de Valdivia escribieron y dijeron entonces 
en el Perú los mismos de Chili. Tomen lo que más les agra- 
dare, y hela antepuesto de su tiempo y lugar y por haber sido 
un caso de los más notables que en todas las Indias han acaes- 
cido, y también lo hice porque no sé si se ofrescerá ocasión de 
volver á hablar más en Chili, y también porque temo no poder 
llegar al fin de carrera tan larga como seria contar la conquií 
que los españoles hicieron de aquel reino. 




CAPITULO XXV 



Nuevos sucesos desgraciados del reino de Chili. 

Hasta aquí tenia escrito cuando me dieron nuevas relaciones 
de sucesos desgraciados y lastimeros que pasaron en Chili el 
año mil quinientos noventa y nueve, y en el Perú el año de 
mil seiscientos. Entre otras calamidades contaban las de Are- 
quepa de grandes temblores de tierra y llover arena' como ceni- 
za, cerca deveinledias de un volcán que reventó, y que fué tanta 
la cenizaque en parles cayó más de una vara de medir en alto, y 
en parles más de dos, y donde menos, más de una cuarta. Deque 
se causó que las viñas y sembrados de trigos y maizales queda- 
ron enterrados, y los árboles mayores, frutlferos y no frutiferos, 
desgajados y sin fruto alguno, y que todo el ganado mayor y 
menor peresció por falta de pasto, porque la arena que llovió 
cubrió los campos por unas partes más de treinta leguas y por 
otras más de cuareata en contorno de Arequepa. Hallaban latí 
vacas muertas de quinientas en quinientas, y los hatos do ove- 
jas, cabras y puercos cnlerrados. Las casas, con el peso de la 
arena, se cayeron, y las que quedaron fué por la diligencia qua 
sus dueilos hicieron en derribar el arena que encima tenían. 
Hubo tan grandes relámpagos y truenos que se oían treinta le- 
guíis en contorno de Arequepa. El sol muchos días de aquellos 
por la arena y nieblina que sobre la tierra caía, se escurecia de 
tal manera que en medio del día encendían lumbres para hacer 
lo que les convenia. Estas cosas y otras semejantes escribieron 
que habían sucedido en aquella ciudad y su comarca, las cua- 
les hemos dicho en suma, abreviando la relación que enviaron 



k 



320 HISTORIADORES DE CHILE 

áe\ Perú, que basta, porque los historiadores que escribieren los 
sucesos de estos tiempos están obligados á decirlos más larga- 
mente como pasaron. 

Las desdichas de Chile diremos cómo vinieron escritas de 
allá, porque son apropósito de lo que se ha dicho de aquellos 
indios araucos y sus hazañas nascidas de aquel levantamien- 
to del aflo 1553, que dura hasta hoy que entra ya el año de rail 
seiscientos tres, y no sabemos cuando tendrá íiii; antes parece 
que de año en aflo va tomando fuerzas y ánimo para pasar ade- 
lante, pues al fin de cuarenta y nueve años de su rebelión y 
después de haber sustentado guerra perpetua á fuego y á san- 
are todo este largo tiempo, hicieron lo que veremos, que es sa- 
cado á la letra de una carta que escribió un vecino de la ciudad 
de Sanctiago de Chili, la cual vino juntamente con la rela- 
ción de las calamidades de Arequepa. Estas relaciones me 
dio un caballero señor y amigo mío que estuvo en el Perú 
y fué capitán contra los amotinados que hubo en el reino 
de Quiíu sobre la impusición de las alcabalas y sirvió n:iu- 
cho en ellas á la Corona de España, dicese Martin Zuazo. 
El titulo de las desventuras de Chili, dice: Avisos de Chili, 
y luego entra diciendo: Cuando se acababan de escribir los 
avisos arriba dichos de Arequepa, llegaron de Chile otros de 
grandísimo dolor y sentimiento, 'que son los que se siguen, 
puestos de la misma manera que de allá vinieron. 

Relación de la perdida y destruición de la ciudad de Valdivia 
en Chili, que sucedió miércoles veinticuatro de noviembre de 
(lutnientos y noventa y nueve. Al amanecer de aquel día vino so- 
bre aquella ciudad hasta cantidad de cinco mil indios de los co- 
marcanos y de los distritos de la Imperial, Picay Purem,ioslres 
mildeácaballoylosdeniásdeápie; dijeron tratan más de setenta 
arcabuceros y más de doscientas cotas. Los cuales llegaran ai 
amanecer, sin ser sentidos, por haberlos traído espías dobles de 
ladichaciudad. Trajeron ordenadas cuadrillas, porque supieron 
que dormían los españoles en sus casas y que no tenían en el 
cuerpo de guardia más de cuatro hombres y dos que velaban de 
ronda, que los tenia la fortuna ciegos con dos malocas (que es l'^ 
mismo que correrías) que hicieron veinte días antes y deshará 
taron un fuerte que tenían los indios hecho en la vega y ció 
ucga de Paparlén, con muerte de muchos dellos, tantos que i- 
entendía que en ocho leguas h la redonda no podía venir indi( 



^ 



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GARCILASO DÉLA VEGA 321 



porque habían recebido muy gran dailo. Mas, cohechando 
espías dobles, salieron con el más bravo hecho que jamás bár- 
baros hicieron, que pusieron con gran secreto cerco á cada 
casa, con la gente que bastaba para la que ya sabían los indios 
que había dentro, y lomando las bocas de las calles, entraron en 
ellas, tomando arma á la ciudad desdichada, poniendo fuego á 
las casas y tomando las puertas para que no se escapase nadie, 
ni se pudiesen juntar unos con otros, y dentro de deshoras 
asolaron el pueblo á fuego yá sangre; ganaron los indios el 
fuerte y arlilleria por no haber gente dentro. La gente rendida 
y muerta fué en númerode cuatrocientos españoles, hombres y 
mujeres y ciíaluras. Saquearon trescientos mil pesos de despo- 
jos, y no quedó cosa sin ser derribada y quemada. Los navios 
de Vallano, Villarroel y oíro de Diego de Rojas se hicieron á 
lo largo por el rio. Allí con canoas se escapó alguna gente, que, 
si no fuera por es'o, no escapara quien trajera la nueva. Hubo 
este rigor en los bárbaros por los muertos que en las dos corre- 
rías que arriba se dijo hicieron en ellos, y porhaberdadoy ven- 
dido las más de sus mujeres y hijosquehabian preso, á los mer- 
caderes para sacarlos fuera de su natural. Hicieron esto, habiendo 
tenidoservidumbre de más de cincuenta años, siendo todos bau- 
tizados y habiendo tenido todo este tiempo sacerdotes que les 
administraban doctrina. Fué lo primero que quemaron los tem- 
plos, haciendo gran destrozo en las imágenes y santos, hacién- 
dolos pedazos con sacrilegas manos. Diez días después des- 
te suceso llegó al puerto de aquella ciudad el buen coronel 
Francisco del Campo, con socorro de trescientos hombres, que 
Su Excelencia enviaba del Perú para el socorro de aquellas 
ciudades. Rescató allí un hijo y una hija suya, niños de poca 
edad, los cuales había dejado en poder de una cuñada suya y 
en este rebato los habían cautivado con los demás. Luego como 
vio la lastimosa pérdida de la ciudad, con grande ánimo y va- 
lor desembai"CÓ su gente, para ir al socorro de las ciudades de 
Osorno, Villarrica y la triste Imperial, de la cual no se sabía 
mas de que había un año que estaba cercada do los enemigos, 
y entendían que eran todos muertos de hambre, porque no co- 
mían sino los caballos muertos, y después perros y gatos y 
cueros de animales. Lo cual se supo por lo que avisaron los 
de aquella ciudad, que por el rio abajo vino un mensajero á 
suplicar y á pedir socorro con lastimosos quejidos de aquella. 





333 HISTORIADORES DE CHILE 

misefable gente- Luego que el dicho coronel so desembarcó. 
detcnninü lo primero socorrer la ciudad de Osorno, porque 
supo que los enemigos, habiendo asolado la ciudad de Valdi- 
via, victoriosos con este hecho, iban á dar cabo á la dicha ciu- 
dad de Osorno, la cual socorrió el coronel y hizo otros buenos 
efetos. A la hora que escribo esta, ha venido nueva que los de 
la Imperial perecieron de hambre después de un afio do cerco. 
Sólo se escaparon veinte hombres, cuya suei'te fué muy más 
trabajosa que la de los muertos, porque, necesitados de la ham- 
bre, se pasaron al bando de los indios. En Ango! mataron cua- 
tro soldados, no se sabe quienes son. Nuestro Señor se apiade 
do nosotros. Amén. De Santiago de Chili, y de marzo do mil 
y seiscientos artos. 

Todo esto, como se ha dicho, veníaenlas relaciones referidas 
del Perily del reino de Chili, que ha sido gran plaga para toda 
aquella tierra. Sin lo cual, el P.Diego de Alcobaza, ya otras veces 
por mi nombrado, en unacartaque me escribió el arlo de IGOl, 
entre otras cosas que me escribe de aquel imperio, dice del rei- 
no de Chili estas palabras: Cliili está muy malo y los indios tan 
diestros y resabiados en la guerra, que no hay indio que con 
una lanza y á caballo no salga á cualquiera soldado español, 
por valiente que sea; y caila aflo se hace gente en ei Perú para 
ir allá, y van inuchos y no vuelve ninguno; han saqueado dos 
putíblosdeeíípanolesy muerto todos los que hallaron en ellos, y 
llevádose las pobres hijas y mujeres, habiendo primero muerto 
los padres y hijos y todo género de servicio; y últimamenle ma- 
laron en una emboscada al gobernador Loyola. casado con una 
hija de don Diego Sayriiupac, el Inca que salió de Viilcapainpa 
antes que vuesira merced se fuera á osas parles. Dios haya mi- 
sericordia de los muertos y ponga remedio en los vivos. Hasta 
aqui es del P. Alcobaza, sin otras nuevas de mucha lástima 
que me escribe, que por ser odiosas no las digo; entre las cua- 
les refiere las plagas de Arequepa, que una deltas fué que valió 
el trigo en ella aquel ailo á diez y á once ducados, y el ujaiz á 
trece. 

Con todoloqnese ha dicho de Arequepa, viven todavía sustra 
bajos con las inclemencias de lodos los cuatro elementos que L 
persiguen, como consla por las relaciones que los padres de Ie 
sancta Compañía de Jesús enviaron ásu generaiisimode los su- 
cesos notables del Perú del ailo de 1602, en las cuales dicen aun 



i 



GARCILASO DE LA VEGA .Í2ll 

no se han acabado las desventuras de aquella ciud.iil. Pero en 
las mismas relaciones dicen cuanto mayores son bi- drl itíiio 
deChili.que sucedieron alas que atrás hemos dichn. hi^ ciiak's 
me dio el padre maestro Francisco de Castro, naiiir;il di' (Ira- 
nada, que este aflo de seiscientos y cuatro es perl'crin di' his 
escuelas desle sancto colegio de Córdoba, y lee ichhícli cu 
ellas. La relación del particular de Chili, sacado á la li.ii'a cdu 
su titulo, dice asi. 

De la rebelión de los araucos. 

De trece ciudades que había en este reino de Cliili, dcsirn- 
yeron los indios las seis, que son: Valdivia, la Imperial, An^nl, 
Sancta Cruz, Ciiülán y la Concepción. Derribaron, cnií^uinic- 
ron y talaron en ellas la habitación de sus casas, l;i limita i\\- 
sus templos, la devoción y fe que resplandecía en (?llf<>, [,i hei- 
mosura de sus campos; y el mayor que se padesció tu»'' (|iie (;ini 
estas viclorias crescieron los ánimos dolos indios \ inmaiDii 
avilantez para mayores robos é incendios, asolamimiiK, saens 
y destruicioncs de ciudades y monasterios. Hiciri.ni i'^iiiilin 
en sus malas uiañas y artificiosos engaños, corcanni la ciudad 
de Osorno y gastando las fuerzas á los ospaflole;:, In-- f'ni'nm 
retirando á un fuerte, adonde los han tenido casi cdn un coiili- 
nuo cerco, sustentándose los asediados con unas >iaiiillii?i dr 
yerbas y con solas hojas de nabos, y éstos no los ak';iiiz;ibau 
lodos, sino á muy buenas lanzadas. En uno de lor: urivu^ ijuí' 
ha tenido esla ciudad, quebráronlas imágenes dr Ntic-^U'u 
Señor y Nuestra Señora y de los sanctos, con infinita |ia('ii'iii.'ia 
de Dios por su invencible clemtjucia; pues «o falli'i \nn\fy para 
castigo, sino sobró bondad para tolerarlo y sufrirlo. Mu d ulti- 
mo cerco que hicieron los indios á este fuerte, sin sir -laitidns 
de los españoles, mataron las centinelas, y á su ^■a\\í\ Ir fu- 
traron y apoderáronse del con inhumanidad debárbaru>. \<-a-:\- 
ban á cuchillo todas las criaturas, maniatando toil;i- l,i- uni- 
jeres y monjas, queriéndolas llevar por sus caiii)\-,i-. I'ri<i 
estando codiciosos con sus despojos, ocupados ■ n rlld--, \ 
desordenados, dándose priesa á recogerlos y guarda i In-. iii\ ir- 
ron lugar de reforzarse los ánimos délos espaílol-, y n\iil- 

viendo sobre los enemigos, fué Dios servido de dai j Ihs .'s- 

tros buena mano, que quitándoles la presa de la> uuiji.'rGsy 



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324 HISTORIADORES DB CHILE 

religiosas, aunque con pérdida de algunas pocas que Itevaron 
consigo, los retiraron y ahuyentaron. La última victoria que los 
indios han lenido ha sido tomar á la Villarrica, asolándola con 
mucha sangre de espafioles derramada. Los enemigos le pega- 
ron fuego por cuatro partes, mataron todos los religiosos de 
Sánelo Domingo, San Francisco y Nuestra Señora de las Mer- 
cedes y á los clérigos que allí estaban; llevaron cautivas todas 
las mujeres, que eran muchas y muy principales, con que se 
dio remate á una ciudad tan rica, y un fin tal, con tan iní'elice 
suerte á un lugar por su conoscida nobleza tan ilustre. Hasta 
aquí es de la relación de Chili, que vino al principio desle año 
de 60 1, á todo lo cual no sé qué decir, mas de que son secretos 
juicios de Dios, que sabe por qué lo permite. Y con esto volve- 
remos al buen inca Yupanqui, y diremos lo poco que de su vida 
resta por decir. 



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SEQUNDA PARTE 

DE LOS 

COMENTARIOS REALES DEL PERÚ 

EL INCA GARCILASO DE LA VEGA. 

LIBRO SEGUNDO 

CAPÍTULO XIX 



DON DtEHO DE ALMAGRO SE HACE GOBERNADOR SIN AUTORIDAD REAL 
V EL CONCIERTO QUE HIZO CON EL MARQUÉS. 

La discordia habiendo hecho entre los indios una de sus ha- 
zanas, que fué la muerie de Quizquiz, se mclió enli'e los espa- 
ñoles á hacer otras semejantes si pudiera, si la paz y amistad 
(sus enemigas) no se las contradijeran y estorbaran, porque es 
de saber que pocos meses después de lo que se ha dicho, tu- 
vieron nuevas en el Perú de la llegada de Hernando Pizarro á 
España y del buen recibimiento que á él y al tesoro que traía 
se le hizo y de lo bien que con Su Majestad negoció, que para 
el gobernador, su hermano, alcanzó merced y titulo de mar- 
qués. 

En este paso, libro III, capitulo V, dice Agustín de Zarate lo 
que se sigue: 

Entre otras cosas que el gobernador don Francisco Pizarro 
envió á suplicar á S. M. en remuneración de los servicios quu 
había hecho en la conquista elPerú, fué una que le diese veinte 
mil indios perpetuos para él y sus descendientes en una pro- 



Á 



336 HISTORIADORES DE CHILE 

viiicia que llaman los Atabillos, con sus rentan ylributos y ju- 
ridición, y con titulo de marqués de ellos. 

Su Majestad le hizo merced de darle titulo de marqués de 
aquella provincia, y en cuanlo á los indios, que se informaría 
de la calidad de la tierra y del daño ó perjuicio que se podía 
seguir de dárselos, y, le haría toda la merced que buenamente 
hubiese lugar. Y asi, desde entonces, en aquella carta le inti- 
tuló marqués y mandó que so lo llamasen de aiji adelante, como 
se lo llamó, y por este ditado le intitularemos de aquí adelanto 
en esta historia. Hasta aqui es de Zarate. 

Sin esta merced, alcanzó que los términos de su gobernación 
se prorrogasen ciertas leguas: así lo dice Zarate, sin decircuan- 
tas. 

Y para si alcanzó Hernando Pizarroun hábito do Santiago y 
otras mercedes, enlre las cuales dijeron que á don Diego de Al- 
magro le hacia merced de titulo de mariscal del Perú y de una 
gobernación do cien leguas en largo, norte sur, pasada la go- 
bernación del Marqués. Llamaron á esta segunda gobernación 
la Nueva Toledo, porque la primera se llamó la Nueva Cas- 
lilla. 

Todas estas nuevas tuvo don Diego de Almagro en el Cozco, 
donde oslaba con el principo Manco Inca y con los hermanos 
del Marqués, Juan Pizarro y Gonzalo Pizarro, que se las escri- 
bieron de España. El cual, sin aguardar la provisión de S. M. 
ni otra certificación más que la primera nueva (como el goí)er- 
nar y mandar sea tan deseado de los ambiciosos) no pudo 
contenerse á no llamarse gobernador dende luego. 

Y porque le parecía que el lérmino de la gobernación del 
Marqués era de do.scientas leguas do largo dende la cquinocial 
hacia el sur (comoquiera qne se midiese, ó por la costa ó por 
la tierra adentro ó por el aire) no llegaba su juridición al 
Cozco, y que aquella ciudad entraba en su gobernación (en lu- 
gar de la provisión de S. M., como si ya la tuviera) dio indios 
de repartimiento. Y para dar á onleudor que los daba como go- 
bernador absoluto y no por autoridad ajena, renunció el poder 
que de su compañero el Marqués tenia para goberuar aquella 
ciudad. Todo lo cual hizo aconsejado é incitado de muchos es- 
pañoles, ministros de la discordia, que no fallaron. Los cuales 
{demás de su propria ambición) le dijeron que asi le convenía, y 
favorecieron su bando declarándose por él. 



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GARCILASO DE LA VEGA 327 

De la otra parle lo contradijeron Juan Pizarro y Gonzalo Pi- 
zarro y otros muchos caballeros extremeños de los que fueron 
con don Pedro de Alvarado, Entre los cuales fueron Gabriel 
de Rojas, Garcilaso de la Vega, Antonio Altamiranp, Alonso 
de Alvarado y la mayor parte del Regimiento. 

Y andaban los unos y los otros tan apasionados que muchas 
veces vinieron á las manos y hubo muertos y heridos de am- 
bas partes. 

De todo lo cual avisado el Marqués, tomó la posta solo dende 
Trujillo, donde le halló la nueva, y corrió en hombros de in- 
dios las docientas leguas que hay hasta el Cozco. Atrevióse á 
liar de los indios su persona 6 ir solo un viaje tan largo por- 
que tenia en poder de su hermano al principe Manco Inca (11a- 
mámosle principe y no rey porque nunca llegó á reinar) por J 

cuyo amor los indios por obligar al Marqués y á sus españo- i 

les á que le restituyesen el imperio,. procuraban extremarse en 1 

servirles y en regalarles. Asi llegó el Marqués, y con su pre- i 

sencia se apagaron los fuegos que la discordia y ambición ha- ] 

bian encendido; porque la hermandad y amistad anticua que 1 

siempre vivió entre estos dos insignes varones (quitados de en 
medio los malos consejeros) en cualquier enojo y pesadumbre 
los reconciliaba con facilidad. 

Don Diego se halló confuso de lo que hizo sin haber visto la j 

provisión, aunque decia que, hecha la merced por S. M., le 
parecía que no eran menester papeles. 

El Marqués le perdonó y restituyó en su gracia, como si no 
hubiera pasado cosa alguna de enojo. 

Y de nuevo volvieron ambos á juraren presencia del Santí- 
simo Sacramento de no quebrantar esta confederación, ni ser el I 
uno contra el otro, y para mayor seguridad desta paz y concor- ^ 
dia, acordaron de común consentimiento dellos y de sus par- 1 
cíales que don Diego fuese á ganar el reino de Chile, del cual i 
tenia nueva por los indios del Perú que era rico de mucho oro i 
y que era del imperio de los Incas. Que, siendo tal, pedirían á 1 
S. M. la gobernación de él para don Diego de Almagro, y que, \ 
si no le contentase, partirían el Perú entre ambos. I 

Desto quedaron todos muy contentos, aunque no faltaron \ 

maliciosos que dijeron que los Pizarros echaban del Perú á Al- i 

magro, con haber sido tan buen compañero y tanta parte para | 

lo ganar, por gozárselo ellos á solas; y que le cebaban con el | 



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HISTORIADORES DE CHILE 



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gobierno de un reino grande y enlero, en layar de cien leguas 
de lierra, por echarlo de entre ellos. 

Proveyeron asimismo que por cuanto á la fama de la riqueza 
de aquel imperio habían acudido muchos espafiotes do todaí^ 
partes, y que en lo ganado aún no habia para los primeros 
conquistadores, según lo que cada uno con mucha razón presu- 
mía de sus méritos, se hiciesen nuevas conquistas, ásemejan- 
za de la de don Diego de Almagro, para que hubiese tierras O 
indios que repartir y dar á todos, y para que los españoles se 
ocupasen en ganarlas y Jio estuviesen ociosos y maquinasen 
algún motín, incitados de la envidia de ver tan grandes repar- 
timientos como los que se daban á los primeros conquistadores. 
Con este acuerdo proveyeron que el capitán Alonso de Alvara- 
do fuese á la provincia de los Chachapoyas, los cuales, aunque 
eran del imperio de los Incas, no habían querido dar la obe- 
diencia á los castollanos, confiados en la aspereza de su tierra, 
donde los caballos eran poca parte contra ellos, y atrevidos de 
sus fuerzas y ánimo belicoso. 

AI capitán Garcilaso de la Vega proveyeron para la conquis- 
ta de la provincia que los españoles por ironía llaman la Diie- 
n aven tura. 

Al capitán Juan Porcel enviaron á la provincia que los cas- 
tellanos llaman Bracamoros y los indios Pacamuro. 

También ordenaron que llevasen socorro al capilán Sebastián 
de Belalcázar, que andaba en la conquie^la de! reino de Qui- 
lu. 

Hecho el concierto entre don Diego de Almagro y el marqués 
don Francisco Pizarro y publicadas las demás conquistas, cada 
cual de los capitanes se apercibió y hizo gente para la suya: 
xMonso de Alvarado hizo trescientos hombres para su conquis- 
ta, y Garcilaso de la Vega doscientos y cincuenta para la suya, 
y el de los Pacamuros hizo otros tantos, y todos tres entraron 
cu sus distritos, donde cada uno por si pasó grandes trabajos 
por las bravas montaílasy grandes ríos que aquellas provincias 
tienen, deque adelante haremos mención; á Sebastián de Be- 
lalcázar enviaron ciento y cincuenta hombres de socoro; don 
Diego de Almagro hizo más de quinientos y cincuenta hom- 
bres, entre ellos fueron muchos de los que ya tenían reparti- 
mientos de indios, que holgaron de dejarlos, pensando mejorar- 
los én Chili, según la fama que de sus riquezas tenían; que en 



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GARCILASO DE LA VEGA 329 



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aquellos principios cualquier español, por pobre soldado que 
fuera, le parecia poco todo el Perú junto para él solo. 

Almagro prestó más de treinta mil pesos de oro y plata entre 
log suyos para que comprasen caballos y armas y fuesen bien 
apercebidos, y asi llevó muy lucida gente. 

Envió á Juan de Saavedra, natural de Sevilla, que yo conocí, 
con ciento y cincuenta hombres para que fuesen delante como 
descubridores de la tierra, aunque todaellaestabaen paz y muy 
segura de andar, porque el príncipe Manco Inca estaba con los 
españoles y todos los indios esperaban la restitución de su im- 
perio. ^ 

Dejó Almagro en el Cozco al capitán Ruy Díaz y á su íntimo 
amigo Juan de Herrada para que hiciesen más gente y se la 
llevasen en socorro, que le pareció sería toda menester, según 
la gran fama del reino de Chile, de áspero y belicoso. 



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CAPITULO XX 



Don Diego de Almagro entraben Ghili con mucho daño de su 

EJtHCITO, V EL BUEN RECEBíMIENTO QUE LOS DEL InCA LE HICIERON. 



Dejando proveído lo que atrás se ha dicho, salió don Diego 
de Almagro de el Cozco al principio de el año de mil y quinien- 
tos y treinta y cinco: llevó consigo á un hermano de Manco 
Inca llamatiü,PaulIu, de quien atrás hemos hecho mención, y 
al summo íi-aeerdote que entonces tenían los indios, que llama- 
ban Villac Umu, que los españoles llaman Villa Orna. 

Llevó asimismo muchos indios nobles que les acompañaron 
y otros muchos .de servicio, que llevaron las armas y los basti- 
mentos, que entre los unos y los oíros pasaron de quince mil 
indios, porque el principe Manco Inca con las esperanzas de la 
restitución de su imperio, pensandoobligar á los españoles á que 
se lo diesen, hacia extremos en servicio dellos. 

Y asi mandó al hermano y al sumo sacerdote que fuesen 
con los viracochas para que los indios los respetasen y sir- 
viesen mejor. 

Aunque loshistoriadores en este paso, anteponiendo los suce- 
sos, dicen que concertó con ellos que matasen á don Diego y íi 
lodos los suyos en los Charcas ó donde más aparejo hallasen. 
Lo cual los envió á decir después por mensajeros cuando se 
certificó que no querían restituirle su imperio, como adelante 
diremos. 

Juan do Saavedra, que iba adelanto, llegó á los Charcas, que 
están doscientas leguas del Cozco, sin que por el camino 



332 HISTORrADORES DE CHILE 

le acaeciese cosa que sea de conlar, sino toda paz y regalo que 
los indios le hacían á él y á los suyos. En los Charcas halló á 
Gabriel de Rojas, que días anles había enviado el Marqués con 
sesenta soldados para que cómo capitán asistiese por él en 
aquella provincia; quiso -Saavedra prenderle, sin que hubiese 
causa, porque la discordia, no pudiondocon los indios hacer lo 
que ella quisiera, por la blanda y pacifica natural condición que 
ellos tienen, se rnetia entre los españoles k encender los fuegos 
(]ue pretendía. Gabriel de Rojas, siendo avisado, se ausentó di- 
simuladamente y se fué á los Reyes por diferente camino del 
que don Diego de Almagro llevaba, pornoenconlrarle; los más 
lie sus sesenta compaileros se fueron á Chili. 

Don Diego llegó á tos Charcas sin haberle sucedido cosa 
notable por el camino. Mandó apercebir lo necesario para c! 
viaje, quiso ir por la sierra y no por la costa, poi-que supo que 
era más breve camino, y aunque Paullu y Villac Umu le dije- 
ron que aquel camino no se caminaba sino á ciertos tiempos 
del ano, cuando había menos nieve en las abras y puertos do 
aquella brí^va cordillera de sierra nevada, no quiso creerles, 
diciendo que á los descubridores y ganadores del Perú habían 
de obedecer la tierra y los demás elementos, y luscielos les ha- 
bían de favorecer, como lo habían lieclio hasta allí. Por tanto, 
no liabia que temer las inclemencias del aire. Con esto, siguió 
el camino de la sierra que los Incas {después que ganaron el 
reino de Chili) descubrieron, porque el camino de la costa por 
donde entraron á ganarlo se leshacia largo de andar; mas, tam- 
poco se andaba este camino de la sierra sino de verano, por 
Navidad (cuando acá es invierno) y con mucho recalo, por la 
nieve, porque todo el año se hace temer. 

Don Diego de Almagro salió de los Charcas, siguió el cami- 
no de la sierra, huyendo del consejo de Paullu, teniéndolo an- 
tes por sospechoso que por fiel. Mas, á pocas jornadas que hu- 
bieron caminado por la sierra se arrepintieron de no haberlo 
lomado, porque hallaron grandes dificultades en el camino: io 
primero, que no podían caminar por la mucha nieve, que mu- 
chas veces la apartaban á fuerza de brazos para pasar adelante 
de cuya causa eran las jornadas muy corlas. 

Empezaron á faltar los bastimentos, porque los llevaban tan 
lasados para tantos días y fueron tres tantos más. 

Sintieron grandísimo frío, porque, según los cosmógrafos 



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GARCILASO DE LA VEGA 333 

I astrólogos, aquella gran cordillera de sierra nevada llega con 

su altura h la media región del aire, y como allí sea el aire frigi- 
disimo y el suelo cubierto de nieve y los dias los más cortos y 
I frios del año, que era cercado San Juan, se lielaron muchos es- 

pailolcs y negros é indios, y muchos caballos. Los indios llc- 
' varón la peor parte, por la poca ropa que visten: heláronse de 

quince mil que iban más de los diez mil, y aún de los españo- 
les, con prevenirse de ropa para defenderse del frió, murieron 
más de ciento y cincuenta; y hubo muchos, sin losqiie murieron, 
quesinsentirlo se les helaban los dedos de los piésy no lo sen- 
tían hasta que se les caían. Yo conocí uno dellos que se decía 
I Jerónimo Costilla, natural de Zamora, de la muy noble sangre 

' que hay en aquella ciudad. Perdieron el fardaje, no por que se 

lo quitasen los enemigos, que no los hubo en aquel paso, sino 
porque se murieron los indios que lo llevaban. 

Llegaron los espaíloles de la otra parte de la sierra bien des- 
trozados y fatigados de los Irabajos pasados. Donde, en lugar 
de enemigos, hallaron indios amigos que los recibieron, sirvie- 

Iron y regalaron con mucho amor, como proprios hijos, porque 
éstos eran del imperio-de los Incas y del pueblo Copayapu. Los 
cuales, sabiendo que PauUu, hermano de su Inca y el sumo 
sacerdote dollos iban con los españoles, salieron á recebirlos y 
* los festejaron en todo el extremo que pudieron, que, si como 

hallaron amigos que los hospedaron, hallaran enemigos que les 
hicieran guerra, perecieran del todo, según iban malparados. 

Entre tanto que los viracochas se reformaban de los trabajos 
pasados, que fueron mayores que ningún encarecimiento pue- 
de decir, Panllu Inca y su pariente el Villac Umu hicieron un 
parlamento á los capitanes y curacas del imperio de los Incas, 
en que les dieron cuenta de lo sucedido en el Perú por Huás- 
car Inca y Atahualpa, y cómo los espaíloles los mataron en 
venganza do la muerte de su rey y de toda su real sangre, y 
que al presente tenían en su poder al príncipe Manco Inca, le- 
gitimo heredero de aquel imperio, y que le trataban con mucho 
respecto y honra y con grandes promesas de restituirle en su 
alteza y majestad. Por tanto, estaban lodos los indios obligados 
á servir y regalar á los viracochas de manera que con los ser- 
vicios les obligasen á cumplir la promesa de larestitución del 
imperio, la cual esperaba su principe Manco Inca con gran 
confianza, porque aquellos hombres eran hijos y descendientes 



334 HISTORIADORES ÜE CHILE 

del sol, padre de los Incas, y que asi los llamaban incas y los 
reconocían por parientes, y en particular les habían dado el 
nombre de su dios, viracochas, y que el general que allí iba 
• ora compaílero y hermano del que quedaba en el Cozco; que 
los servicios qne á cualquiera del los les hiciesen iban á cuenta 
de ambos, y que el mayor regalo que les podían hacer era dar- 
les mucho oro y piala y piedras preciosas, porque eran muy 
amigos destas cosas, y ya que en aquella tierra no habia sino 
oro, juntasen lodo lo que pudiesen para hacerles un gran pre- 
sente,que su principe Manco Inca se daría por muy servido 
dello. 

Los indios de Copayapu se holgaron mucho con la esperan- 
xa de la restitución del imperio, y aquel mismo día juntaron 
más de doscientos mil ducados en tejos de oro quo estaban 
represados de los presentes quo solian hacer á sus Incas, 
porque es asi que luego que en Chili se supo la guerra de los 
dos hermanos Huáscar y Ataliualpa, los capitanes incas que 
sustentaban y gobernaban aquel reino, cesaron de los servicios 
y presentes que hacían á su Inca, y estuvieron á la miraáver 
cual de los dos quedaba por señor. . 

No fueron á socorrer su rey por nodi'samparar h Chili y por 
la mucha distancia del camino, y lo principal, porque no tu- 
vieron orden de su Inca. 

Paullu llevó ol oro á don Diego de Almagro y se lo presentó 
en nombre de su hermano Manco Inca y de todo el reino do 
Chili. Almagro y los suyos holgaron mucho de ver que en 
sóloun puebloyen tan breve tiempo diesen losindioslanto oro, 
que era seflal de la mucha riqueza de aquella tierra. Dijo á Pau- 
llu que se lo agradecía y que en las ocasiones presentes y por 
venirse lo sastifaria con muchas ventajas. 

Paullu, viendo las buenas promesas de don Diego, procuró de 
regalarle más y más con semejantes dádivas, y asi envió a los 
demás pueblos y valles á pedir le truJo.sen ol oro que para pre- 
sentar á su Inca tuviesen recogido, porque era menester para 
presentarlo á los vicarochas, que eran hermanos del Inca. Con 
este mandato trujeron los indios en pocos dias más de otro'^ 
trescientos mil ducados de oro y se los dieron á^don Diego d 
Almagro; el cual, vista la riqueza de la tierra que lo habíacabi 
do en suerte (teniéndola ya por suya) hizo una gran raagnifi 
cencia en albricias de su buena dicha para ganar honray fam 



GARCILASO DE LA VEGA 335 

que era amigo della; y para obligar á los suyos á que le fuesen 
buenos compañeros, sacó en presencia dellos las obligaciones 
y conocimientos que tenia de los dineros que para esta jorna- 
da (y antes della) les habla prestado, que pasaban de cien mil 
ducados, y una á una las rompió todas, diciendo á sus dueños 
que les hacia gracia de aquella cantidad y que le pesaba de que 
no fuese mucho mayor; y á los demás dio socorros y ayudas de 
costas, con que todos quedaron muy contentos. 

Francisco López dé Gomara, cap. CXLII, habiendo contado 
este hecho, dice: «Fué liberalidad de principe más que de sol- 
dado; pero cuando murió no tuvo quien pusiese un paño en su 
degolladero, etc.» 



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CAPÍTULO XXI 



Nl'EVAS PRETENSIOMES PBOlllBfiN LA CONQUISTA DEChiL!, — AbMAGBO 
TRATA DE VOLVERSE Al. PERlí {Y l'OR QUÉ? 

Haliicnrio descansado Almagro y su gente y reformado los 
caballos de los trabajos pasados, (rato de conquistar los demás 
valles y provincias de aquel reino de Chili qne no estaban su- 
jetas al imperio del Inca, porque las que lo estaban, viendo que 
Paullu, hermano de su rey, iba con él, todas le hablan dado la 
obediencia. 

Dio cuenta de su intención á Paullu, pidiéndole su favor y 
ayuda para aquella conquista. El Inca Paullu, viendo que era en 
beneficio del imperio de su hermano, sacó la gente que pudo 
de los presidios y guarniciones que en aquel reino había. Man- 
dó recoger mucho bastimento, lo cual proveído, fué con don 
Diego á la conquista do las provincias Purumauca, Antalli, 
Pincu, Cauqui y otras comarcanas hasta la provincia Arauca. 

Tuvo grandes rencuentros con los naturales della, que se 
mostraron valientes y diestros en las armas que usan, particu- 
larmente en los arcos y flechas, con las cuales hicieron bravos 
tiros do mucha admiración, que por volvernos á nuestro Perú 
no lo contamos en singular, ni las batallas que tuvieron, mas 
de que fueron muy reñidas. 

Empero, por mucho que resistían los contrarios, iban ganan- 
do los españoles felicisimamento con la buena ayuda y servi- 
cio que Paullu y sus indios les hacían, de manera que todos 
esperaban que en menos de dos años ganaran aquel reino. 



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338 HISTORIADORES DE CHILE 

Esta prosperidad y buena andanza atajó la discordia que 
siempre anduvo buscando ocasiones y encendiendo fuego entre 
estos dos famosísimos hermanos, y no paro hasla que los con- 
sumió ambos, como adelante veremos. 

Andando Almagro en sus victorias, aunque las alcanzaba á 
mucjia costa de sangre española é india, al cabo do cinco me- 
ses y más que habían entrado en Chili fueron allá el capitán 
Ruy Díaz y Juan de Herrada con cien españoles, que. como 
atrás se dijo, quedaron en el Cozco haciendo gente para llevar- 
la en socorro de don Diego de Almagro. Fueron por el proprio 
camiiio,yaunquehalIaron los puertos con menos nieve, porque 
ora ya por noviembre y allá es verano, murieron muchos in- 
dios y algunos españoles del mucho frío que pasaron, y los que 
escaparon hubieran de perescer de hambre, porque la pasaron 
grandísima. 

Socorriéronse con lacarnedeloscaballosquehallaron muertos 
de los que se helaron cuando pasó don Diego de Almagro. Es- 
taban tan frescos, con haber pasado cinco meses, que parecían 
mnertos de aquel día. 

Habiendo padecido estos trabajos y más los que no se cuen- 
tan, llegaronante su capitán general; fueron recebidos con mu- 
cho regocijo y alegría, y mucha más cuando supieron que Juan 
de Herrada llevaba la provisión de S. M. de la gobernación de 
cien leguas de tierra pasada la juridición del Marqués. 

Estaprovisión llevó Henando Pizarro cuando volvió de Espa- 
ña al Perú, y de la ciudad de los Reyes se la envió por la posta 
á Juan de Herrada, porque supo que estaba de partida para 
Chili. 

En este paso, cap. CXXXV, dice Gomara, sacado á ¡a letra, 
lo que se sigue: 

«Estando Almagro guerreando á Chili, llegó Juan do Herrada 
con las provisiones de su gobernación que había traído Her- 
nando Pizarro, con las cuales (aunque le costaron la vida) se 
holgó masque con cuantooroni plata había ganado, ca era co- 
dicioso de honra. Entró en consejo con sus capitanes sobre lo 
quehacer debía, y resumióse, con parecer de los más, de volver- 
SQ al Cozco á tomar en él (pues en su juridición cabía) la po- 
sesión de su gobernación. Bien hubo muchos que lo dijeron y 
rogaron poblase allí ó en los Charcas, tierra riquísima, antes de 
ir, y enviase á saber entre tanto la voluntad de Francisco Pi- 



GARCILASO DE LA VEGA 339 

zarro y del Cabildo del Cuzco, porque no era justo descompa- 
drar primero. Quien más atizó la vuelta fueron Gómez de Al- 
varado, Diego de Alvarado y Rodrigo Orgoños, su amigo y pri- 
vado. 

Almagro, en fin, determinó volver al Cuzco á gobernar por 
fuerza, si de grado los Pizarros no quisiesen.» Hasta aquí es de 
Gomara. 

La pasión que Almagro y sus capitanes lenian por volver al 
Perú no era por gozar de las cien leguas de juridición que su 
gobernación tenia, que muchas más hallaron ganadas en Chi- 
li, cuyos naturales los recibieron y sirvieron como hemos vis- 
to, y muchas más leguas que iban ganando, y las unas y las 
otras de tierra de mucho oro; según que al principio halláronlas 
muestras. Pero nada les agradaba como no poseyesen aquella im- 
perial ciudaddelCozco, la cualfué la manzana de la discordiaque 
el demonio echó en (re estos gobernadores, por cuyos amores tu- 
viesen guerras civiles con que seestorbaseiapredicación del san- 
toevangeiioy muriesen muchosficlesélinnumerables infieles 
sin el sacramento del bautismo, porque el enemigo del género 
humano y sus ministros estorbaban la administración del y de 
los demás sacramentos que son remedios de nuestras ánimas. 

Con esta afición ó pasión que Almagro y los suyos tenían á 
la imperial ciudad del Cozco, se] resolvieron en dejar á Chili y 
volverse al Perú, no por el camino que á la ida llevaron, porque 
los escarmentó malamente para que no volviesen por él, sino 
por otro tan dificultoso, porque el pasado los hubiera de aho- 
gar con nieve y aguas, y el venidero. con falla dellas y sobra de 
arena, como luego veremos; y porque los historiadores Zarate 
y Gomara en esta jornada que Almagro hizo á Chili andan 
muy confusos, porque dicen que Almagro volvió por el mismo 
que fué, y que hizo odres para llevar agua, porque, según di- 
cen, pasaron mucha necesidad de agua; y donde hay nieve no 
hay falta de agua; de donde se ve claro que el que les dio la re- 
lación dijo en confuso, juntando en uno las cosas que sucedie- 
ron á la ida y á la vuelta desfe viaje, haciendo el camino uno 
solo, siendo dos y tan diferentes, como se verán. 

Y el oro qucPaullu y los de Chili presentaron ádon Diego de 
Almagro, dicen aquellos autores que Juan de Saavedra lo quitó 
en los Charcas á los indios que -lo llevaban para presentarlo á 
su rey, habiéndose cerrado aquel camino luego que se levan- 



340 HISTORIADORES DE CHILE 

taron las guerras entre los dos hermanos Huáscar y Ata- 
hnalpa. 

Por todo lo cual, aquel conquistador antiguo de quion he- 
mos hecho mención on otra parte, que marginó la Historia de 
Gomara, viendo en este paso la confusa relación que al autor 
hicieron, como enojado della, dice sobre el cap. CXXXV lo 
que se sigue: 

«En todo lo que el autor escribió de el Cuzco y de Chile hay 
mucho que quitary queafiadir, porque, según lo que aqui dice, 
parece que lo escribió por relación de algunos que ignoraban 
el hecho tanto como él, porque asi lo muestra en este paso. La 
verdad del hecho es que Almagro no volvió á Chile por el ca- 
mino que fué á la ida, porque fueron por la sierra con nmcho 
trabajo de hambre y frío, Y al pasar de los puertos para entrar 
en Copayapu, que es el primer valle de Chile por aquel cami- 
no, cayó tanta nieve y hizo tan grandes frios, que se heló mu- 
cha gente, indios y españoles y caballos, y muchos escaparon 
con los dedos de los pies caídos, helados de frió, asi de negros 
como de indios y españoles. 

«Dendeácinco meses llegaron al mismo paso Ruy üiaz y 
Juan de Herrada con la gente que quedaron haciendo en el Pe- 
rú [)or orden de Almagro, Pasaron mucho frió, hambre y tra- 
bajo. Aquel paso, por mucha priesa que se den, se tarda en pa- 
sarlo cuatro y cinco días, donde se hallaron muy faltos de co- 
mida, á causa de haberla alzado los indios. Ral laron los puertos 
con menos nieve, pasáronlos con mejor tiempo, aunque el frió 
los maltrató mucho, de manera que murieron algunos. Renie- 
diaTOn su hambre, que fué muy grande, con los caballos que 
hallaron helados, y tan frescos como lo dice la Historia. 

«Almagro, como está dicho, no volvió por el camino de la 
sierra que llevó, sino por el que ahora se anda, que es por la 
costa de la mar, que por otro nombre se llama Los Llanos. 

«Hay un despoblado desde Atacania, que es ei postrer pueblo 
del Perú, hasta Copayapu, que es el primero de Chile, de 80 
leguas, donde hay por el camino algunos manaderos de agua 
que no corre. De cuya causa y por el poco uso que hay de sacalla 
siempre huele mal; y estos son á trechos á seis, siete leguas, y 
ámás y á menos. Y por la poca agua que tenían, que no había 
recaudo de agua para todo el ejército, mandó Almagro que co- 
menzasen á pasar el despoblado los de á caballo en cuadrillas 



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GARCILASO DE LA VEGA íMl 

de cinco en cinqo y de seis en seis. Y como los delanteros iban 
limpiando los pozos, acudía más agiia; <Ie manera que pudie- 
ron ir creciendo el número de' los cabaÜos y el de los infantes, 
liasla que pasó todo el ejército. Embarcóse Almagro, pasando 
el despoblado, en un navio que llevó Noguerol de Ulloa, capi- 
tán suyo. Este era hijo del alcaide de Simancas que el obispo 
de 2^mora mató. Jerónimo de Alderetc^que muchos años des- 
pués fué gobernador de Chile, estando' en Copayapu, viendo 
los puertos con poca nieve, quiso ir y otros muchos con él, á 
ver si liabia alguna sefial ó rastro de aquella mortandad tan 
memoranda que sucedió cuando los pasó Almagro. Hallaron 
un negro arrimado á las peñas, eu pie. sin haberse caído, y un 
caballo, también en pie, como si fuera de palo, y las riendas en 
las manos del negro, ya podridas; y esto fué cinco o seis años 
df'spués que fué Valdivia por gobernador, á quien sucedió Al- 
di^rete.B Hasta aquí es del conquistador antiguo que marginóla 
Historia de Gomara. 
"Lo dicho se decliira mas en el capitulo siguiente. 



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CAPÍTULO XXII 



Almagro desampara A Ghili y se vuelve al Cozco. El príncipe 
.Maxco Inca pide segunda vez la bestítución de su imperio y lo 

QUE SE LE RESPONDE. La IDA DE HERNANDO PlZARRO AL pERÚ Y LA 
PKISIÓN DEL MISMO InCA. 

Don Diego de Almagro habiendo determinado volverse al 
Perú para deslriiición de todos ellos, viéndola fidelidad y el amor 
que Paulin Inca le tenia, le dio cuenta de SQ intención y le pi- 
dió su parecer, que le dijese por donde volvería, que temió caer 
en otro peligro como el pasado, que por despreciar y no admi- 
tir el aviso de este Inca, se vio en ét de manera que pereciera 
con todo su ejército sí la misericordia de Dios no los librara, 
como los libró Jo otros muchos peligros que hemos visto, y 
muchos masque veremos; que los guardaba, porque hablan de 
sor predicadores de su evangelio y fe católica y la habían de 
enseñar á aquellos gentiles. El Inca PauUu, habiendo consul- 
tado con sus indios los caminos, dio cuenta á don Diego de Al- 
magro del camino que habia por la costa; y dijo que después 
ele las guerras que sus hermanos los Incas Huáscar y Alahual- 
pa tuvieron, se había cerrado, y que los pozos ó fuentes que por 
ú\ había, de donde bebían los caminantes, por no haberse usa- 
do en tanto tiempo, estaban ciegos con el arena que el viento les 
ochaba encima y no tenían agua sino muy poca, y ésa he- 
dionda, que no se podía beber. Empero, que él enviaría indios 
tlelantc que los fuesen limpiando y sacando el agua sucia, y que 
CJ3n el aviso que éstos le enviasen de la cantidad del agua que 



344 HISTORIADORES DE CHILE 

los manantiales lenian, asi cnviai'ia su ejército en cuadrillas, 
aumentando el número de la gente conforme á la cantidad del 
agua; porque aquellas fuentes, cuan lo más las usaban, lanía más 
agua daban de si, y que la genle podia ir dividida, porque no 
hahia enemigos por el camino, y porque laé fuentes, algunas 
de ellas, estaban lejos unas de oirás, á seis y á siete leguas, 
se harían odres en que llevasen agua de unas fuentes á otras, 
porque la gente no padeciese trabajo con la sequía, mientras 
llegaban aellas, y queesta orden era de los Incas, sus padres y 
abuelos. A don Diego de Almagro y sus capitanes pareció muy 
acertado lo que Paullu Inca les dijo, y fiándose del le dijeron 
que lo ordenase como viese que era menester para la salud de 
todos ellos conforme al consejo y prudencia de los Incas, sus 
pasados, pues era uno dellos. El Inca Paullu, muy ufano de 
que el gobernador y sus españoles fiasen del la salud y la vida 
de todos ellos, envió, á toda diligencia, indios que fuesen ¡im- 
piando las fuentes; mandóles que avisasen de lo que fuesen 
haciendo. Dio orden que desollasen las ovejas que le pareció 
serian menester para las odres, y que sacasen los pellejos en- 
terizos. Mandó que se juntase el bastimento necesario para las 
ochenta leguas de despoblado. Entre tanto que estas cosas se 
proveían, enviaron aviso los indios que fueron á limpiar las 
fuentes de lo que iban haciendo, y que podían los españoles 
empezar á caminar. 

A don Diego de Almagro 'le pareció no hacer tan abso- 
luta confianza de los indios, en negocio de tanta importan- 
cia como la salud de todo su ejército, sino que fuesen algu- 
nos españoles que le certificasen de to que los indios le 
decían de el camino y de las fuentes, paralo cual envió cua- 
tro de á caballo, que por escrito y no de palabra, le avisa- 
sen de lo que hallasen á cada jornada del camino y de sus par- 
tes. Con el aviso deslos españoles, fueron saliendo otros y otros 
en mayor número, hasta que no quedó ninguno en Chili. Asi 
caminaron hasta que llegaron á Atacama, donde supo Al- 
magro que cerca de allí estaba Noguerol de UUoa, el cual 
había ido en un navio por orden del marqués don Francis{ 
Pizarro á descubrir los puertos que en aquella costa hubies 
y que llegase hasta Chili y supiese como lo iba á don Die 
go de Almagro y volviese con la relación que haber pudier 
üe las buenas parles de aquel reino, para enviar socorro 



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GARCILASO DE LA VEGA 3'J5 

don Diego si lo hubiese menester. Almagro escribió á No- 
guerol de Ulloa que se viesen para informarse de loque en 
su ausencia habla pasado en el Perú. Con la respuesta de 
Noguerol se vieron los dos y hablaron largo; y por tener 
más lugar de hablar de los sucesos de ambos reinos, sin 
que su ejército perdiese de caminar y por regalar á No- 
guerol de Ulloa, que era mucho su amigo, le dijo que que- 
ría enlrar en su navio y ser su soldado y marinero por 
tres ó cuatro días, mientras su gente caminaba por tierra 
tres ó cuatro jornadas, que en breve los alcanzarla, por mu- 
cho que se alejasen. Con este común regocijo caminaron 
por mar y por tierra, y pasada la navegación, que fué corta, 
Almagro volvió á los suyos, donde lo dejaremos hasta su 
tiempo, por dar Cuenta de general levantamiento de los in- 
dios que sucedió mientras don Diego anduvo en Chile... 



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LIBRO SEXTO 



CAPITULO V 












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A Pedro de Valdivia dan la gobernación de Chile. Los capítulos 

QUE los suyos le PONEN. La MAÑA CON QUE EL PRESIDENTE LE LIBRA. 

Entre los grandes repartimientos y famosas mercedes que el 
presidente Gasea hizo en el valle de Apurimac, fué una gober- 
nación del reino de Chile, que la dio á Pedro de Valdivia, con 
título de gobernador y capitán general de todo aquel gran rei- 
no, que tiene más de quinientas leguas de largo. Dióle comi- 
sión para que pudiese repartir la tierra en los ganadores y be- 
neméritos della; de la cual comisión usó Pedro de Valdivia 
largay prósperamente, tanto, que la misma prosperidad y abun- 
dancia de las riquezas causaron su muerte y las de otros cien- 
to cincuenta caballeros españoles que con él murieron, como 
lo dijimos en la primera parte, en la vida del gran inca Yupan- 
qui, donde adelantamos la muerte de Pedro de Valdivia, por 
haber sido cosa tan digna de memoria y porque no hablamos 
de escrebir los sucesos de aquel reino. Los casos presentes se 
cuentan porque pasaron en el Perú, como los escribe Diego Her- 
nández, vecino de Palencia, que es lo que se sigue sacado á la 
letra, con el título de su capítulo, donde se ^rá. 

Que las leyes humanas, unas mismas, pueden condenar y 
n^atar á unos, y salvar y dar la vida á otros, en^un mismo deli- ' 
to. El título del capitulo y todo él es el que se sigue: Capítulo no- 
venta y cuatro: Cómo el presidente envió á prender á Pedro de 
Valdivia y de los capítulos que los de Chile le pusieron, y la 



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348 HISTORIADORES DE CHILE 

forma que el Presidente tuvo para salvarle. Ya liizo mención la 
historia de la forma que Pedro de Valdivia tuvo para salir de 
Chile, como después le dio el Presidente la conquista de aque- 
llas provincias, pues queriéndose aprestar para la jornada. 
Valdivia se fué del Cuzco para la ciudad de los Beyes, donde se 
aprestó de todo lo que era menester y juntó lo que pudo para 
acabar la conquista. Y entre la gente que llevaba, babia algu- 
nos que habían sido desterrados del Perú y otros á g;deras, por 
culpados en la rebelión; y como hubo aparejado la gente y co- 
sas necesarias, todo lo embarco en navios, que se hicieron 
¡i la vela desde el puerto del Callao de Lima, y Pedro de Valdi- 
via fuese á Arequipa por tierra. Y como en este tienipo hubie- 
sen dado noticia al Presidente de los culpados que llevaba, y 
de algunas otras cosas que iban haciendo por el camino y de- 
sacatos que habían tenido á ciertos mandamientos suyos, envió 
a Pedro de Hinojosa para que por buenas manas le trújese pre- 
so. Y díjole la manera que para hacerlo había de tener. Pedro 
de Hinojosa alcanzó á Valdivia en el camino, y rogóle se vol- 
viese á satisfacer al Presidente, y como no lo quisiese hacer, 
fuese una jornada en buena conversación con Pedro de Valdi- 
via, el cual yendo descuidado, asi por la gente que llevaba 
consigo, como confiado en la amistad que con Hinojosa tenia, 
tuvo Pedro de Hinojosa manera como le prendió con sólo seis 
arcabuceros que había llevado, y vinieron juntos al Presidente. 
Asimismo habían ya llegado, en esta sazón, algunos de Chile 
de aquellos á quienes Valdivia había tomado el oro al tiempo 
de su venida (como leñemos contado). Estos, pues, pusieron 
ciertos capítulos por escrito y querellas contra Pedro de Valdi- 
via, luego que llegó con Pedro de Hinojosa, cu que le acusa- 
ban del oro que había tomado, de personas que había muerto y 
de la vida que hacia con una cierta mujer, y aún de que habia 
sido confederado cojí Gonzalo Pizarro, y que su salida de Chi- 
le había sido para le servir en su rebelión, y de otras muchas 
cosas que te achacaban; y, finalmente, pedían que luygo les pa- 
gase el oro que les habia tomado. Vióse confuso con esto el 
Presidente, considerandoque si condenaba á Valdivia, desaviá- 
bale su viaje, que para los negocios del Perú le parecía grand 
inconveniente, por la gente baldía que con él iba. Pues probán 
dose haber tomado el oro á aquéllos y no se lo hacer volver y 
restituir parecíale cosa injusta contra todo derecho, y que 



GAKCILASO DE LA VEGA 349 

por ello seria muy notarlo. Eslaiido, pues, en esta perplejidad, 
inventó y halló una cierta manera de salvarle por entonces 
(lesla rcstilución; y fué que, antes de dar traslado á Pedro de 
Valdivia de la acusación y capítulos, ni lomar sumaria infor- 
mación dallos, tomó información de oficio sobre quienes y 
cuantas personas habían hecho y sidoeii hacer y ordenar aque- 
llos capítulos. Lo cual hizo muy descuidadamente, sin que 
nadie advirtiese ni entendiese para qué lo hacia. Y á este 
efecto, tomó por testigos desla información todos los de Chile 
iritercsados; de que resultó que todos ellos habían sido en los 
hacer y ordenar. De manera que ninguno podía ser legítima- 
mente (esligo en su causa propria. Tomada, pues, esta informa- 
ción, mandó el Presidente dar traslado á Valdivia de aquellos 
capítulos, el cual pre.'^ciitó un bien largo escrito, desculpándose 
de todo lo quo se le imponía, y como ya en este negocio no se 
podía proceder á pedimento de las parles, por la falta de legíti- 
mos lest¡gi)S{que ninguno habia)procedióelPresidoiitedeoficio, 
y no hallando por la información de las otras cosas ninguna 
averiguada ni cierta por que debiese estorbará Valdivia su jor- 
nada, aunque hubo algunos indicios de lo de Gonzalo Pizarro 
y otras cosas, le mandó ir á hacersu viaje y proseguir su con- 
quista, con que prometiese no llevarlos culpados, reservando 
que se enviaríajuez para satisfacer los querellosos sobre el oro 
que había tomado, encargando mucho á Valdivia que luego en 
llegando so lo pagase. El cual así se lo prometió de hacer; y con 
esto Valdivia se partió luego para Chile. Flasta aquí es del Pa- 
lentino, con quo acaba aquel capítulo. 



NOTICIAS SACRAS Y REALES 

DE LAS INDIAS OCCIDENTALES 

POR 

JUAN DIEZ DE LA CALLE 



LIBRO ONCENO. 



Del distrito de la Audiencia y ChancillerÍa Real que reside en 

LA noble y leal ciudad DE SaKTIAGO, CABEZA DEL BELrCOSO, FÉRTIL 
Y ABUNDANTE Re'NO DE ChiLE, CON LO ECLESIÁSTICO Y SECULAR QUE 
HAY EN ÉL, OFICIOS VENDIBLES Y ELECTIVOS. 



Fué La décima que se erigió en las Indias; el coronisla gene- 
ral Antonio de Herrera la pone en el Sumario á fs. 87. 

Tiene un presidente, cuatro oidores, un fiscal, cinco oficia- 
les de la real hacienda y ciento oclienla y seis oficios; con éstos, 
presidio militar de veinte hombres de á caballo y á pié, cuyos 
sueldos y gastos importan al aflo doscientos mil ciento veinte 
pesos, que se pagan de la caja real de la ciudad de Lima; diez 
ciudades de españoles, que son: 

Santiago, la Concepción, Villanueva, de la Serena, Mendoza, 
""lanJuan, Castro, Chillan, Loyola y Valdivia. 

Dos obispados, que son: 

Santiago de Chile y La Concepción. 

Esta Audiencia de Chile, que estuvo en la ciudad de la Con- 

ipción desde el aDo de 1567 hasta elde 1574, que se consumió, 



J 



353 HISTORIADORES DE CHILE 

por parecer que no era necesaria, y se proveyó un gobernador 
y capitán general, que dependió del Virrey del Perú, y sirvió 
este cargo hasta que se volvió á instituir la Audiencia en el 
afio de 1609 en la ciudad de Santiago, donde al présenle per- 
manece por muy justas causas. Antonio de Herrera, folio 65 
de la Descripción, . 



CAPÍTULO I 



■ De las leyks de su erección. 

Que en la ciudad de Santiago de Chile hayaaudierieiay chan- 
cilleria real, con un presidente quesea gobernador y capitán 
general, cuatro oidores y un fiscal, iacual tenga pordislrito todo 
el reino de Chile hasta el Estrecho de Magallanes, y la tierra 
adentro hasta la provincia de Cuyo inclusive. 

Dispusiéronlo asi las Majestades del señor don Felipe III, en 
Madrid, á 17 de febrero da 1609, y don Felipe IV en los Suma- 
rios de la Recopilación de las Leyes de Indias, que se dio á la 
estampa el año 628, fo. 77. 

Que el Virrey del Perú no se entremeta en el gobierno de 
Chile sino fuera para cosas graves y de importancia, cédula 
de 15 de octubre de 1597, Sumario, fo. 330. 

Que el virrey tenga nombradas personas para que si subce- 
diere morir el gobernador, gobiernen en el entretanto que Su 
Majestad nombre y llega á aquel reino. Cédula de 7 de mayo 
635. 

Que la Audiencia Real de la ciudad de los Beyes, en va- 
cante de virrey, gobierne este distrito en lo que le toca. Suma- 
rios, fo. 77. 

I. — DESCUBRIMIENTO 

El adelantado don Diego de Almagro descubrió este reino en 
el afio 1535 con muchos trabajos, y en el año 1537 se encargó 
al marqués don Francisco Pizarro la pacificación de la gober- 



354 HISTORIADORES DB CHILE 

nación de la Nueva Toledo, doscientas leguas de tierra más 
adelante de la de el mismo Marqués, hacia el Estrecho de Ma- 
gallanes, y él la encomendó el año de 1540 á Pedro de Valdivia 
con titulo de su maestre de campo y teniente de capitári ge- 
neral, y fué á esto con ciento cincuenta españoles y titulo di? 
gobernador y capitán, general desle descubrimiento y facultad 
de encomendar los indios, y la exerció en !a fundación de las 
ciudades de Santiago, la Serena, la Concepción y la Imperial y 
Valdivia. 

Están todas las tierras deste reino de Chile al sur de la 
linea equinocial en 23", adentro de la zona que los antiguos 
llamaron Desierta, y es muy poblado de indios blancos, situado 
en las riberas del mar del Sur, que se incluye entre su costa y 
la de la China. 

D,6sde el valle de Copiapó, donde comienza en 27", (iene de 
largo norte sur quinientas leguas, y de ancho, este oeste, úea- 
del mar del Sur ala del Norte, de cuatrocientas á quinientas. 
Lo poblado della serán trescientas á lo largo déla cosía de la 
mar del Norte, y lo ancho della veinte hasta la cordillera do los 
Andes. 

Habiá en esta gobernación once pueblos de españolo^, una 
Audiencia y dos obispados sufragáneos al arzobispado de los 
Charcas, hasta que en el aflo de 1598 destruyeron los indios 
infieles de guerra las seis ciudades della, que son la Imperial, 
Villarríca, Osorno, Valdivia y otras. 

Fundó la de Santiago de Chile (que al presente es la cabeza 
deste belicoso y poderosso reino) en el año 1541 el gober- 
nador y capitán general Pedro de Valdivia: eslá en 34" 1/1 de 
altura, 77 de longitud, mil novecientas ochenta leguas de la dü 
Toledo, por línea recta, quince de la mar. 

Al reino de Chile llamaron al principio Nuevo Extre- 
mo. 

Reside en esta ciudad la Real Audiencia, la Catedral, con 
cinco monasterios de las sagradas religiones de Santo Domingo, 
San Francisco, San Agustín y la Merced y Compañía de 
Jesús. 

La religión de la Orden de Santo Domingo entró en este 
reino cerca de los años de 1541, y en sus conventos pueden 
tener estudios y dar grados por bulla de Su Santidad, de 11 de 
marzo609. Léenseartesyteología. Hay cincuenta religiosos en 



n 



i 



DIEZ DE LA CALLE 355 

él, y cti lodo este reino hasta ciento cincuenta en diez conven- 
tos y cuarenta casas é iglesias en pueblos de indios, á quien 
adminislPan con grande celo y amor. 

San Francisco el de 1551. 

San Agustín fundo en el aflo 1595. 

La Merced en el de 1535: entraron los primeros religiosos con 
el adelantado don Diego de Almagro, y en particular los padres 
Fe. Antonio Rondón y Fr. Francisco Ruiz, que bautizaron in- 
numerables indios, con gran riesgo y peligro de sus vidas, y 
en ól tiene esta real y coronada religión una provincia con siete 
convenios y una doctrina en Chuapa, cuyos religiosos con los 
demás de las religiones referidas han hecho muy copiosos fru- 
tos y padecido grandes calamidades. Y de! padre Fr. Antonio 
Rondón, natural de Castilla la Vieja', se dice haber hecho al- 
gunos milagros, y fundó los más de los conventos de este 
reino. 

La Compañía de Jesús en el año... 

Tiene esta ciudad dos conventos de monjas de Santa Clara. 

Alonso del Campo Lantadilla dispuso en su testamento se 
fundase un convento de monjas de la advocación de Santa 
Clara en esta ciudad, para fjue dejó ocho mil pesos, y que 
hubiese en él veinte religiosas profesas y diez sargentas que 
las sirviesen, que fuesen doncellas y viudas de gente principal 
quQ no tuviesen con qué tomar estado; esto, demás de los otros 
convenios de monjas que habla, como parece por cédulas de 5 
de julio de 637 y 18 de marzo de 643 y 3 de abril de 648. 

Colegio Seminario, que se erigió en el aflo 1583 con ocho 
colegiales, que gobierna la Compañía de Jesús, en que con 
el gran celo y cuidado acostumbrado enseñan á leer, escribir, 
contar y la gramática á sus vecinos y naturales. 

En csla ciudad hay con los españoles de las estancias, cerca de 
los milvecinos, y en veintiséis repartimientos de indios de su 
jurisdición, más de ochenta indios tributarios en todo el 
reino, que se encomiendan por el Presidente desla Audiencia á 
personas beneméritas. Y Su Majestad hace merced en ellos 
con muy particular atención á sus méritos y partes personales 
y los heredados de sus pasados. 



HISTORIADORES DE CHILE 



Este reino es muy poblado y abundante de mantenimientos: 
mucho trigo, cebada, vino, ganado mayor y menor y otros fru- 
tos y frutas y flores de Castilla, pescados excelentes y muchas 
y buenas truchas, ovejas como las del Períi y Cuzco, que lle- 
van dos y tres arrobas de carga, y á ratos un hombro tres y 
cuatro leguas; andan muy despacio, y tienen la lana fmisima 
y sonde poco comer, y pasan cuatro y cinco días sin beber; su 
carnees tan sabrosa y sana como los carneros muy gordos de 
Castilla; y hay avestruces en grande nómero, que vutílan á pié 
y saltan de forma que no les alcanza un caballo. 

Tiene muchas minas de oro y otros metales^; es tierra muy 
montuosa y de asperísimas sierras, donde hace muy grande 
frío; tiene difíciles pasos y caudalosos ríos, y especial el de 
Bio-Bio, que es muy caudaloso; el Cantón, faldas de la cordi- 
llera nevada; el de Coipu, eldeTirúa, el de la Laja, el Claro, 
el de Tabón, el de las Canoas, y el estero de la emboscada que 
se llama el de las Truchas, por las muchas y buenas que hay 
en él, y el lago de Ancud, junto á Castro. Rio de Cnpiapó. 
Algunos destos ríos corren de día y nó do noche, por helarse 
y derretirse las nieves de dia con el sol y helarse con la luna y 
el frío de la noche. 

En el invierno en los llanos no hace mucho frío, ni en el ve- 
rano mucho calor. 

III 

En lasreduciones de este reino de Chile se apareció Nuestra 
Señora á los nuestros, con que se facilitó y consiguió. 

Y esta aparición fué acompañada de un venerable anciano 
que con su celestial presencia puso en huida un poderoso ejér- 
cito de indios araucanos que combatían la ciudad Imperial, 
destituida entonces de todo auxilio humano, y con este divino 
socorro fué libre de tan indómitos enemigos, líeíiérelo Vr. Diego 
de Córdoba en la Corónica franciscana del Perú, libro 1.", 
pág- 38. 

En el convento de la Orden de la Merced de esta ciudad de 
Santiago de Chile hay un cáliz que fué de la do Osorno; quísole 
un indio profanar en una embriaguez áquese juntaron, y al 
ir á beber la chicha, que es bebida de ellos, dejó señalados los 



DIEZ DE LA CALLE 357 

dieiiles y reventó avista de los demás, y escarmentados de "este 
suceso, nunca se atrevieron á los vasos sagrados, por ser muy 
sabido en las historias los grandes castigos que Dios ha hecho 
en los que los han lomado y profanado. Refiérenlo Fr. Pedro 
de Sosa, de laOrden de San Francisco, en el memorial impreso 
délas cosas de este reino, folio vin, y el maestro don Fr. Mar- 
cos Salmerón, de la Merced, en sus Recuerdos Hietóricos, folio 
301, columna s 



CAPITULO II 



DE LOS OFICIOS QL'E PROVEE Su MAJESTAD EN LA CIUDAD DE SANTIAGO 

DE Chile, cabeza de este reino. 

Gobernador y capilan general y presidente de la Audiencia 
de eslas provincias con 5 mil pesos de oro de minas de salario 
en cada año; encomienda los indios de su dislrilo, que en el 
año de 586 tenia 800 mil nalurales. 

Cuatro oidores y un fiscal, con 3 mil pesos ensayados de sa- 
lario cada uno, que valen 3600 ducados. 

Relator con 2 mil. 

Portero: no se sabe e! salario que tiene; entii^ndese que es 
150 ducados. 

De Hacienda 

Un veedor general de la gente de guerra con 1500 ducados. 

Dos oficiales de la real hacienda, conlador y tesorero, con 
500 mil maravedíes cada uno. 

En el distrito desla Audiencia no provee Su Majestad otro 
ningún oficio, ni gobierno, ni corregimiento, porque el Virrey 
del Perú elige y nombra todo lo militar del, por tener, como 
tiene á su cargo, el gobierno superior desíe reino. 

El poder que Su Majestad dio al capitán Rodrigo Qniroga, 
que iba por gobernador y capitán general de este reino, ■ 
fecho en San Lorenzo el Real, á 31 de julio de 1573, y 
halla en el segundo tomo impreso de las provisiones y eédul 
del Consejo, pág. 200. 



CAPITULO III 



Oficios renunciables, vendibles y electivos de la audiencia. 



Alguacil mayor, en 123 pesos, en 30 de junio de 646. 

Chanciller y registrador, en 3,500 pesos en 17 de abril de 651. 

Relator, con 200 ducados. 

Tasador, tendrá 100 ducados. 

Abogado de pobres, tendrá 100 ducados. 

Procurador de pobres, 50. 

Solicitador fiscal, tendrá 200. 

Escribano de cámara. 

Otro de provincia. 

Juzgado de bienes de difuntos. 

El ju(!z mayor es un oidor de la Audiencia, como en las 
demás de las Indias. 

Contador deslos bienes tendrá 150 ducados. 
Defensor y alguacil, lo mismo. 
Portero de la Audiencia, tendrá 150 ducados. 
Receptores del número, habrá 4. 
Procuradores del número, otros 4. 

Oficios del cabildo desta ciudad. 

Corregidor que nombra el Presidente. 
Dos alcaldes ordinarios. 



^ 



360 HISTORIADORES DE CHILE 

Alguacil mayor en 3 mil pesos, año 652; y en 11 de octu- 
bre 635. 

Alférez real. 

Receptores de penas de cámaras, en 7 mil pesos el año de 
649; vendióse en virtud de cédula de primero de octubi'c de 649. 

Depositario general, en 2,500 pesos, en 19 de diciembre 
de 649. 

Fiel ejecutor. 

Regidores serán 12, los seis compró el Cabildo eii llOOduca- 
dos, y á 4 mil pesos se vendió el año de 652 y á 1,500 pesos et 
de 644. 

Correo mayor, en 337 pesos y 4 reales, año 1627. 

Alcaldes de la Hermandad en 3,200, año de 652; vendióse en 
virtud de cédula de 28 de septiembre de 645. 

Provincial de la Hermandad. 

Escribano público y del cabildo. 

Otro del número en 1,500 pesos, año de 47, y en 1,700 el 
de 49. 

Otro mayor de minas y registros, hacienda real y juzgado de 
difuntos en seis mil pesos de á ocho reales, en el año 1636. 

Ejecutor de la Real Hacienda tendrá ciento cincuenta du- 
cados. 

Por cédula de 30 de julio de 646 so concedió licencia t los 
testamentarios de Alonso del Campo para que con los bienes 
que dejó, que eran más de 7600 pesos se fundase en efíta ciudail 
un convento de monjas de Santa Clara. 



CAPITULO IV 



Obispado de la ciudad de Sa\tiago de Chile v obispos que ha 
tenido, su8 rentas y las de sl's prebendas. 

Erigióse en 27dejuniode 1501, siendo pontifica romano la 
SantÍLiaii de Pió IV, y rey de las Espai\as el señor don Felipe 
II, con la advocación de Santa María; su templo es de los illus- 
tres del Perú. Edificóse buena parte dél con veinticuatro 
mil ducados que ofreció la piedad de los españoles; puso la 
primera piedra don García Hurlado de Mendoza, marqués de 
Caflete, que fué virrey del Peri'i por los años de 1588. 

El arzobispo de la ciudadde los Reyes, metropolitano de esta 
Iglesia, nombra en ella juez melropolilano por lo que toca á 
este obispado y el de la Concepción, por la gran distancia que 

hay desde estas ciudades á la de los Reyes que son 

leguas para las apelaciones y expedientes de sus negocios 

en virtud de bula de su Santidad de 11 de julio de 608, 

á suplicación de la Majestad de don Felipe Ill.por caria de 4 de 
marzo de 607. 

La renta de este obispado valdrá cinco mil ducados; tiene 
diez prebendas; el deanalo, novecientos; el arcedianato, chantria 
y tesorerías, á ochocientos; los canónigos, á seiscientos; fué su 
primer prelado don fray Martin de Torralba, de la Orden de 
San Francisco, presentado en el año de no llegó á consa- 
grarse. 

Sucediéronle: 

Don fray Antonio de San Miguel, de la 'misma Orden. Pasó 



303 HISTORIADORES DE CHILB 

Su Santidad la gracia en 8 de noviembre de 1584; fué nalural 
de Ledesma, del obispado de Salamanca, y en su tiempo se eri- 
gió la iglesia y fué promovido al obispado de San Francisco 
de Quito en, el aflo de 

Don Rodrigo González murió sin consagrarse, en el año 
de 

Don fray Pedro de Ayala, de la Orden de San Francisco, 
provincial que fué en Santa Fe de Bogotá, era obispo en el año 
1565, murió antes de consagrarse, 

Don fray Fernando de Barrionuevo, de la misma Orden; 
pasó Su Santidad la gracia en diciembre de 1566. 
i Don fray Diego de Mcdellin y Gallo, de la misma Orden, 
' . pasó Su Santidad la gracia en 18 de junio de 1574; asistió en 
í e! Concilio de Lima, fué predicador admirable, provincial de 
i la provincia de los Doce Apóstoles de Lima; murió con o[)i- 
nión de santo en su Iglesia año de 

Don Agustín de Uisncros fué deán de esta catedral de San- 
tiago de Chile; nació en las Indias, fué presentado á ella por 
prelado en II de marzo de 1587. Yace en esta iglesia. 

Don fray Francisco ó Pedro de Azuaga, do la orden de San 
Francisco, provincial de la provincia de Santa Fe de Bogotá, 
presentado en 10 de octubre de 595, murió antes de consa- 
grarse. 

Don fray Reginaldo de Lizárraga, de la Orden de Santo Do- 
mingo, nació en la gran ciudad de Lima, donde tomó el hábito; 
fué excelente varón en esludios y vida; fué presentado aílo de 

Murió el de 013. Yace en su iglesia; escribió un curioso 

libro de cosas del Perú y le envió á estos reinos; fué ol)iypo de 
la Imperial. 

Don fray Juan Pérez de Espinosa, de la misma Orden, tuvo 
por patria á Toledo; fué presentado en 16 de marzo de 1000. Vi- 
no á España á defenderlos derechos do su Iglesia, sin licencia 
de Su Santidad ni de Su Majestad, y murió en Sevilla, el año 
1632, habiendo hecho dejación de su obispado. Dejó á Su Ma- 
jestad por testamentario y heredero. Fundó en Chile un semi- 
nario; y yace en su convento de Sevilla, debajo del altar mayor, 
cerca de donde está sepultado un liíjo de la Majestad del seño' 
rey Don Pedro; y por cédula de ÍÍO de septiembre de 1031, si 
aplicaron por Su Majestad á su Iglesia de Chile siete cuentos 
529870 maravedíes que se hallaron do sus bienes. 



DIEZ DE L.\ CALLE ÍIOÜ 

Don Francisco de Salcedo nació en las Indias, fué tesorern 
de la catedral de Tucumán, deán de la melropolitana de la ciu- 
dad de la Plata, provincia de los Charcas. Aprobóle mucho 'I 
Obispo de Tucumán, y su virtud, ejemplo y prudencia, coi]>- 
1a por cédula de 7 de diciembre de l(iá6. Con esta atención, fui' 
presentado por prelado desta Iglesia, por dejación de don Tray 
Juan Pérez, en 18 de enero de 16á2; erigió la parroquial de San- 
ta Ana. Celebró sínodo provincial luego que llegó á su obispa- 
do en 20 de diciembre de 1626, y su Su Majestad le dio licencia 
para publicalle é imprimille en el año 1630. 

Don fray Gaspar de Villarroel, de la Orden de San Agustín, 
tomó su hábito en el convento del Callao de Lima, como liijíi 
de la provincia del Perú; fué lector de artes y prior de algunas 
casas del Perú; escribió dos tomos sobre los Evangelios y paia 
la cuaresma y pulpito, que imprimióen España; fué presentado 
en 20 de enero de 1637, en el 50 de su edad, consagróle en el Pr- 
rú el obispo don fray Francisco de la Serna, de su Orden, 

En el año 1586 tenia osle obispado 800 mil almas y 10 mil es- 
pañoles. 

V. P. F.Alonso Fernández, en la[iág. 190, rcfierequeesta ciudad 
alcanza comarca muy fértil de trigo, vino y otras cosas, y de muy 
ricas minas do oro, y que tiene con los españoles de las estan- 
cias circunvecinas poco monos de 2 mil vecinos, y que en vein- 
tiséis repartimientos que había en su jurisdicción, se hallaban 
más de ochenta mil indios, y que en este obispado hay otra- 
dos ciudades pobladas de españoles. 

La de San Juan de la Frontera, la do Mendoza y la de Villa- 
nueva de la Serena. 

Imprimió su Historia en la ciudad de Toledo, en el ailo 161 1 . 



CAPITULO V 



Ciudad de la Concepción de Ceiele, que se fundó en lugar i 
Imperial, que destruyeron los indios de guerra. 



Poblóla el maestre de campo Pedro de Valdivia, en el año 
1550, es cabeza del obispado y puerto de mar. Residieron en 
ella los gobernadores después que se quitóla Audiencia, que 
estuvo aqui desde el año 1567 hasta el de 1574; eslá en trein- 
ta y dos grados de altura, setenta leguas al sur de la ciudad de 
Santiago; hay en elia Iglesia Catedral nuevay muy grande, ca- 
sas realtjs, monasterios de las Órdenes de Santo Domingo, San 
Francisco y la Merced. Y este le fundó fray Antonio Rondón y 
Sarmiento; tiene colegio de la Compañía de Jesús y hospital 
real. Diósele el titulo de ciudad en 2 de marzo de 1552, por la 
Majestad del emperador don Carlos, nuestro señor, que es en 
gloria, y en su distrito habla más de 80 mil indios pacíficos 
cristianos, sin otro mayor numero de guerra. 

Su puerto eslá en una ensenada al reparo de una isla: gobiér- 
nase en lo secular por un corregidor y capitán á guerra, que 
nombra el presidente, y tiene: 

Dos alcaldes ordinarios; alguacil mayor. 

Alférez real. 

Regidores, 6. 
. Escribano público y de cabildo. 

Dos oficiales de la Real Hacienda; contador y tesorero desi 
eiudad y la Imperial con 500 mil maravedíes de salario car 
uno al año. 



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DIEZ DE LA CALLE 



365 



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En esta ciudad asiste la soldadesca española, para la guerra 
que tiene con los indios rebeldes de las provincias confinantes 
de Arauco, Tucapel y valle de Purén. 



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CAPÍTULO VI 



Obispado de la ciudad de la concepcíón v obispos que ha tenido, 

sus RENTAS Y LAS DE SUS PREBENDAS. 

Erigióse en el afio 1561 en la ciudad de la Imperial; y habién- 
dola destruido los indios infieles el de 1598, en su lugar se fun- 
dó de nuevo en esta de la Concepción en el año de 1620. siendo 
pontífice romano la Santidad de Paulo V y rey de las Españas 
el señordon Felipe III, con la advocación de la Concepción. Su 
¡■enla es de cinco mil cuenlosde maravedíes que le están señala- 
dos por Su Majestad en su real caja; tiene cuatro prebendas. 

El deanalo valdrá al año 700 ducados; el arcedianato 500. 
Dos canongías á 400. 

Fué su primer prelado don Carlos Marcelo Corni, canónigo 
magistral de Lima, presentado en 22 de diciembre de 619 á esta 
Iglesia de la Imperial y promovido á la de Trujillo el de 

Don fray Luis Jerónimo de Oré, de la Orden do San Francis- 
co, nació en la ciudad de Guamanga. Compuso muchos y bue- 
nos libros sobre la administración de las doctrinas y otras co- 
sas. Fué el primero que enseñó á rezar á los indios el oficio de 
Nuestra Señora, y presentado á esta Iglesia en 7 de abril de 620 
y el primero después que el año 598 destruyeron los indios d" 
guerra de Chile las seis ciudades deaquel reino, y entre ellas I 
de la Imperial, donde había erigida iglesia con obispo y pre 
bendados, en cuyo lugar se erigió esta de la Concepción, com 
se ha referido. Vi si todos veces por su persona el obispado yhí 
hiendo confirmado, casado y catequizado másdesietemil persi 



r 



DIEZ DE LA CALLE 367 

ñas é instituido en él algunos curatos, por io cual y lo demás 
que había hecho, le dio Su Majestad las gracias por carta de 12 
de septiembre de 628, y por el cuidado y celo con que procedía. 
Doctor don Diego Zambrano Villalobos fué presentado á esta 
Iglesiasiendocura de la mayor de Potosí, en 20 de diciembre de 
632. Por cédula de 3 de octubre de 643 le agradeció Su Majes- 
tad el donativo que él y el estado eclesiástico dieron y le dio 
las gracias por el cuidado y atención que puso en esto. 

II 

El padre fray Alonso Fernández en su Historia Eclesiástica, 
en la pág. 190 dice que en el obispado de la Imperial había sie- 
te ciudades de españoles: la ciudad de la Imperial, adonde 
asistía el obispo con su catredal, y en su comarca había más 
de ochenta mil indios pacificosy cristianos, sin otro mayor nú- 
mero de indios de guerra en sus términos; la ciudad de la Con- 
cepción, de Villanueva de los Infantes, de Villarrica, de Valdi- 
via, muy fértil de trigo y semillas; la de Üsorno, abundante de 
mucho oro, que en su comarca tenia más de 20 mil indios de 
repartimiento; la ciudad de Castro en una isla de cincuenta le- 
guas de largo y seis de ancho, muy fértil de trigo, de maíz y de 
oro volador, que tenía doce mil indios de repartimiento. 




-^ 



CAPITULO VII 



Ciudad de Villanueva Rica de los Infantes ó de los Confines. 

Poblóla don García de Mendoza y el gobernador Francisco de 
Viliagrán mandó que se llamase de los Confines. Llegan á los 
lérminosdesla ciudad los indios de guerra, y pasa por ellos el 
caudaloso rio Bio-bio, que es de los más famosos dcslc reino, y 
otros que entran en él, y el rio Nibequetén. Su distrito es abun- 
dante de trigo y semillas. Atraviesan estos rios por medio de 
su comarca. 

Está diez y seis leguas de la ciudad de la Concepción, á la 
parte del Estrecho; ocho leguas de la cordillera de los Andes, y 
cuarenta de la que va por la costa; tiene esta ciudad iglesia pa- 
rroquial, con conventos de las Ordenes de Santo Domingo, San 
l'rancisco y la Merced, y para su político gobierno dos alcaldes 
ordinarios. 

Alguacil mayor. 

Regidores, cuatro. 

Escribano. 



n 



CAPITULO vm 



CiL'DAD DE Coquimbo, que también se llama de la Serena. 

Tiene su asiento en el valle de Coquimbo, y es el primer pue- 
blo de castellanos á la entrada del reino de Chile, que fundó y 
pobló el gobernador Pedro de Valdivia en el ano 1544, junto á 
un buen puerto que se llama Coquimbo, sesenta leguas de la 
ciuda<i de Santiago, como al norte desviada al poniente, junto 
á la mar, con iglesia parroquial y monasterios de Santo Do- 
mingo, San Francisco, San Agustín y la Merced. No llueve en 
ella sino tres ó cuatro veces al año, y en las tierras antes della 
nunca lo hace. 

Su puerto de Coquimbo está en 38 grados; es una buena en- 
senada, adonde hacen escala los navios del Perú. 

Gobiernan esta ciudad en justicia y guerra un corregidor y 
capitán á guerra que elije el presidente; dos alcaldes ordina- 
rios; alguacil mayor. 

Alférez real. 

Regidores, seis. 

Escribano público y del cabildo. 



CAPITULO IX 



Ciudad de Mendoza. 



De la otra parle de la cordillera de los Andes, camino de Tu- 
cumán, pobló esta ciudad, cuarenta leguas de lado S;ititiago, 
don García Hurlado de Mendoza, en la provincia deChuquilo, 
en tierrafría y estéril. Tiene iglesia parroquial, cura, vicario y 
convento de la Merced, y collegio de la Companiade Jesús. 

Nombra el Presidente un corregidor que la gobii.'nia. 

Tiene dos alcaldes ordinarios. 

Alguacil mayor. 

Regidores, cuatro. 

Escribano público y de cabildo. 



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CAPITULO X 



« 
Ciudad de San Juan de la Frontera en Cuyo. 



Al sur de la ciudad de Mendoza, la pobló don García Hurta- 
do de Mendoza; es del mismo terreno que ella. Tiene conven- 
tos de las Ordenes de Santo Domingo y la Merced é iglesia pa- 
rroquial. Tiene viñas. 

Gobierna el teniente de corregidor de la ciudad de Men- 
doza. 

Dos alcaldes ordinarios. 

Alguacil. mayor. 

Regidores, cuatro. 

Escribano público y de cabildo. 



CAPITULO XI 



Ciudad de Castro en Chilué de Chile. 

Siendo gobernador de los reinos del Perú el licenciado Lope 
García de Castro, la pobló, y en lengua de indios se llama Chi- 
lué, y es la última de lo que está poblado en este reino de Chile 
hacia el Estrecho de Magallanes, en una isla de las que hay en 
el lago de Ancud ó Chilué y el archipiélago; está en 43 grados 
de altura, cuarenta y una leguas al' sur de Osorno, en tierra de 
guerra y la navegación peligrosa; con iglesia parroquial y con- 
ventos de las Ordenes de San Francisco y la Merced. 

Tiene en su comarca doce mil indios de repartimiento, y 
su contorno es una isla de cincuenta leguas en largo de la tie- 
rra hasta cordillera de los Andes, y seis de ancho. 

Tierra montuosa y cerrada, fértil de trigo y maíz, con minas 
de oro volador en la playa, cosa pocas veces vista. 

Gobiérnase por un corregidor y un capitán á guerra que 
nombra el presidente. 

Alcaldes ordinarios. 

Alguacil mayor. 

Regidores, cuatro. 

Escribano público y de cabildo. 



\ 



CAPITULO XII 



Ciudad de Sar Bartolomé de Chillan en Chile. 

Su distrito es abundante y de buenas estancias y viñas. Con 
iglesia parroquial y conventos délas Ordenes de Santo Domin- 
go y la Merced, 

Gobiérnase por un corregidor y capitán á guerra que nom- 
bra el Presidente. 

Dos alcaldes ordinarios. 

Alguacil mayor. 

Regidores, cuatro. 

Escribano público y de cabildo. 

II 

Ciudad de San Luis de Loyola de \-a punta de los Venados 

EN Cuyo. 

Tiene iglesia parroquial, cura, vicario y convento de la Orden 
de Santo Domingo. 

Gobiernan la justicia y política dos alcaldes ordinarios. 

Alguacil mayor. 

Regidores, cuatro. 

Escribano público y del cabildo. 

Fundó esta ciudad (según el maestre de campo Santiago de 
Tesillo en su Epítome de Chile) el gobernador Martin García 
de Loyola, que lo fué deste reino. 




376 HIST0RUD0RE8 DB CHILE 

Alguacil mayor. 
Regidores, 'seis. 
Escribano público y del cabildo. 

El Archipiélago. 

El Archipiélago (que es un ayuntamiento de islas, dista cua- 
renta y dos millas de Osorno. l^ mayor isla do todas tiene 
cincuenta millas de largo y dos de ancho, y en algunas partes 
nueve; son entrelazadas de mar hasta los Andes. Tiene muchos 
montes y collados fértiles en trigo y maíz, y lo que más admi- 
ra son las minas de oro, que se hallan en la orilla del mar. 



Puertos y ríos del reino db Chii.f;. 

En este reino y gobernación, que comienza en 22 grados, 
hay el puerto y rio de Oopiapóy al surdél el de Huasco en otro 
río. 

Ei de Coquimbo, en ;í2 grados, y pasado és!e, el rio de 
la Ligua, y el de Quintero á la boca del rio Aconcagua, 
antes del de Santiago ó Valparaíso; y el de Tocopalma en el 
rio de Maipo; y pasado el rio de Maule, el puerto de la Herra- 
dura, á la boca del rio Itata, antes del de la Concepción en el 
rio grande do Biobio, al norte la isla de Santa María, enfreiile 
del estado de Arauco y puerto de Lebu, y la isla de Mocha 
más al sur, y el puerto de Cauléii, que es de la Imperial. 

Al sur, el desembocadero y rio de Toltén, antes del puerto de 
Valdivia, y pasado éste, la Punta de la Galera, y más al sur 
Uahia Grande ó puerto de Osorno, en el río de las Canoas, y al 
sur del, como treinta leguas, el lago de los Coronados, el rio 
más ancho de este reino, y al fin de este reino el lago de 
Ancud. 



CAPITULO XIV 



lc:iOS DE GOOiER.NO, GUERRA Y MAR QUE PROVEE EL PRESIDENTE DE 

LA Real Audiencia de Chile. 



Son írcco los corregimientos, cuyos salarios por no saberse 
con efecto, ae ponen asi: 

Corregidor de la ciudad de Santiago, cabeza de este reino, 
400 ducados. 

De la ciudad de la Concepción, lo mismo. 

De !a Serena, 220. 

De Cuyo lo mismo. 

De Qnülola lo mismo; de que se vendió la escribanía en mil y 
10 pesos, ano 637. 

De Melipilla lo mismo. 

De Aconcagua lo mismo. 

De Maule lo mismo. 

De Copiapó lo mismo. 

De Chillan, 300 ducados. 

De Chiloé lo mismo. 

De Itata, 2i0. 

De Talcaluiano lo mismo. 

I. — De GIIERIIA. 

Hay un presidio de dos mil soldados de caballería y infante- 
ría que con la gente de mar importa su gaslo al ailo 212 mil du- 
cados los cuales se pagan en la caja real en la ciudad de los 
Reyes de las provincias del Perú, desde el año 606, de que 



378 HISTORIADORES DE CHILE 

consta por cédulas de 7 de octubre de 617 y 29 de agosto de 
630, y por la última se encargó al virrey le remitiese entera- 
mente con puntualidad. Esta gente se aloja en los fuertes y 
tercios de Chile siguientes: 

La ConcepcÍón/_San Pedro, Colcura, Talcamávida. Laraque- 
te, Arauco, Lcbu, la ciudad de Chillan, San Cristóbal, la es- 
tancia del Rey, Santa María Salazar, Angol y el Nacimiento. 

11 

Las plazas y sueldos que gozan son éStosl 

Maese de campo general con 1,200 ducados de sueldo al 
ai^o. 

Cabo y gobernador del tercio de Arauco, 700 ducados. 

Auditor general, 1,000 ducados, cumpliéndosele á éstos los 
550 que tenia: consta por cédula de 16 de diciembre de 628, fs. 
167. 

Veedor general, 1500. 

Oficial mayor del veedor, 366 ducados y 7 reales. 

Factor del ejército, 272 ducados y 8 reales. 

Cabo de la provincia de Cbiloé, 700 ducados. 

Teniente de cabo de Chiloé, 240 ducados. 

Capitanes de caballos seis, á 700 ducados. 

Tenientes suyos, seis, á 240. 

Capitanes de infantería, veinte, á 600 ducados. 

Capitanes de camparía, dos, á 300 ducados. 

Capitán y sargento mayor, 600 ducados. 

Ayudantes de sargento mayor, dos á 200 ducados. 

Alférez, veintiuno, á 317 ducados, con el abanderado. 

Sargentos, veintiuno, ál44 ducados. 

Cabos de escuadra, veintiuno, á 100 ducados y 4 reales. 

Capitanes reformados, á215 ducados. 

Soldados de á caballo, trescientos, á 96 ducados y 7 reales. 

Soldados infantes mil seiscientos, á 73 ducados y un real. 

Soldados mosqueteros, cien, á 24 ducados de ventaja, que 
son 97 ducados y un real cada uno. 

Trompeta del gobernador, 21(1 ducados. 

Trómpela del cabo de Chiloé, 76 ducados y 4 reales. 

Preboste general, 117 dnsados. 

Cirujano mayor, 250. 



i 




DIEZ DE LA CALLE 379 

Ayudantes de cirujano mayor, 960 ducados. 

Mayordomo y cirujano del hospital, 309 ducados. 

Boticario, 101 ducados y 10 reales. 

Intérpretes, dos, á 272 ducados y ocho maravedíes cada uno. 

Correos, dos, á290 ducados y 10 reales. 

Mayordomo de la estancia de vacas, 307 ducados y 5 reales. 

Mayordomo de la estancia de yeguas, 87 ducados y 3 reales. 

Capellán mayor, 400 ducados. 

Capellanes de los fuertes, siete, á 250 ducados cada uno. 



UI 



Provee el Gobbrnauor nueve fuertes en capitanes de caba- 
llos ó infantería, QUE son: 

Fuerte de Yumbel. 

Fuerte del Nacimiento. 

Fuerte de la Magdalena. 

Fuerte de San Pedro. 

Fuerte de Arauco. 

Fuerte de Negrete. Despoblóse por ser poco reparable el 
terreno contra las fuerzas del enemigo, si bien el sitio es 
ameno, ailo de 640. 

Fuerte de Lebo. 

Fuerte de Carelmapu. 

Fuerte de Calbuco. 

Esos nueve fuertes nombra asi el licenciado Antonio de 
León en su Relación Unicersal del año de 631. 

IV 

Gente de Mar. 

Capitán y maestre de una fragata, 981 ducados y un real. 
Maestre de otra fragata, trescientos ducados. 
Marineros de dos fragatas, 14, á 174 ducados y 4 reales. 
Calafate, 218 ducados y 2 reales. 



Í180 HISTORIADORES DE CHILE ' 

Los puertos y caletas de eslc reino son miiclios y muy 
n sondables, aunque ninguno está forl¡fica<lo ni con toda la 

defensa necesaria á su importancia, sino es el do la ciudad de 
la Concepción, que tiene alguna buena arlillcria de bronce; y 
contra los enemigos que entran á infestar aquellos mares 
puede el gobernador y capitán general juntar en esto puerto 
dentro de 24 horas, hasta 2,500 personas españoles y namrales 
que están en los presidios y campos do San Felipe y Arauco y 
en las comarcas de la Concepción é Itata é Maule; los demás 
puertos están con poca defensa. 

En la Descripción de iodos los Reynos del Perú que tengo 
manuscripta hecha por Juan Canelas Albarrán en el aflo 1586, 
dice había en el reino de Chile 800 mil naturales y 10 mil espa- 
Holcs y otras gentes, en el capitulo 37, que es este. 

El reino de Chile, que lo poblado del comienza desde el 
puerto de Copayapo en esta costa de la Mar del Sur, el cual está 
en 2G grados, y lo que se dice Chile es desde el puerto de 
Valparaíso cercado Santiago, que está el dicho puerto en 32 
grados y 2/3. y en 42 está el cabo de Santa María, á la parle 
del sur. que es hasta donde llega la longitud de norte sur deste 
reino. 

Los naturales que en sólo lo poblado díl hay, según las 
informaciones que he tenido de hombres de crédito y vecinos 
dcsle reino, son 130 mil indios tributarios, y de guerra 30 mil, 
afirman que habrá de todas edades, varones y hembras, niños 
y viejos, dos millones do ánimas, y según asegura don Pedro 
Mariflode Lobera, hombrecuriosoyescritordesle reino de Chile. 
■ Los que yo hallo que hay por la cuenta de las ciudades que 
están pobladas, en los que cada una se sabe que tiene de servi- 
cio y de tributo, asi varanes como hembras, niilos y viejos de 
todas edades, y las distancias que hay de unas partes á otras, 
es como se sigue: 

La ciudad de Coquimbo, que es la primera como se va del 
Perú, tiene 1,000 indios. 

Desta á la de Santiago hay sesenta leguas, tiene diez mil in- 
dios, 

Desta á la de Concepción hay ochenta leguas, tiene diez rr 
indios, 

Desta á Angol hay diez y ocho leguas: tiene doce mil indi* 

Desta á la Imperial hay veintidós leguas: tiene ... indios, 



i 



DIEZ DE LA CALLE 381 

Desta ii la ciudad ó villa Rica hay diez y siele leguas; tiene 
doce mil indios. 

Dcsla á Valdivia, puerto de mar, diecisiete leguas, tiene 
doce mil indios. 

Desta á Osorno, catorce líignas; tiene diez y seis mil indios, 

Desla á Castro, postrera, treinta y cinco leguas; tiene ocho 
mil indios. 

Que en todas nueve ciudades, sin oíros pueblos, habrá ochen- 
ta mil indios, y xíontando á cinco por casa y en los de guerra 
asimismo, me parece que habrá, acortándome en la cuenta de 
don Pedro Marino de Lobera 800 mil almas en todo el reino, en 
los de paz y guerra, y diez mil españoles. 

Antonio du Herrera, coronista mayor de las Indias. 

Pedro de Cieza de León, coronista del Perú. 

Alonso Fernández, palentino. 

Agustín de Zarate. 

El Inca Garcilaso. 

El capitán don Bernardo Vargas Machuca. 

Jerónimo de Vivar, Historia deste reino, manuscripla, 

Abraham Orlelio. 

Joanes de Laet, lib. 12, pág. 481, pone mapa particular. 

El licenciado Anloniode León, Confirmaciones reales. I'o. 36. 

El mismo en su Historia manuscripta y otros autores que 
citan estos y el mismo Antonio de León en su muy curiosa 
Biblioteca occidental á fo. 85. 

Sumario de la recopilación de las lejes de Indias, impreso 
año 1628 por el señor don Rodrigo de Aguiar y Acuña, del Real 
y Supremo Consejo de Indias. 

Alonso de Ovallc, de la Compañía de Jesús, natural de San- 
tiago de Chile, imprimió en Roma el año 1646 la ^ísíóriea 
relación deste reino, y de las misiones y minislerios quo 
ejercita en él la Compañía, escrito en folio, en 455 fs., con su 
mapa, imágenes y figuras estampadas con mucha curiosidad 
y agradable estilo. 

También andan impresos deste asunto algunos memoriales 
del padre fray Pedro de Sosa, de la Orden de San Francisco, y 
en uno de diez fojas, al número 8 dice se apareció en este reino 
Nue.stra Señora á favorecer los españoles en las batallas que 
tenían con los indios. 

Don Andrés de Arbicto, gobernador que al presente es de 



382 HISTORIADORES DE CHILE 

la provincia de Nicaragua, dio á la estampa en Lima y en estos 
reinos algunos Discursos, y el último el afio 644 sobre la 
forma de la composición de este reino de Chile y conclusión 
de su guerra, que son de segurasy buenas noticias, como quien 
sirvió tanto en él. 



CAPÍTULO XVI 



Algunos socorros que se han enviado A este relno. 

El año de 622 se enviaron cuatrocientos hombres á cargo de 
don Iñigo de Ayala. 

El mismo, 300 á cargo de Pedro de Barnechca; folio 90, están 
sus despaciios, y la instrucción á 102. 

El año de 30, trescientos soldados, que llevaron tres capita- 
nes por Buenos Aires, folio 185 hasta 189. 

Sobro enviar seiscienloss hombres de socorro, 5 de junio de 
638. 

n 

Algunas cédulas reales y ordenanzas. 

Ordenanzas hechas para el servicio de los indios y que sean 
relevados del servicio personal, en setenta y tres capítulos, fe- 
chas en 17 de julio de 622, fs. 60. 

Cédula de 29 de octubre de 637 para que haya una barca con 
la gente necesaria en que continuamente desde enero hasta 
julio de cada año se reconozca qué enemigos entran por los 
estrechos de San Vicente ó Magallanes y se avise al Virrey, 
fs. 156. 

Para que en este reino se puedan pagar treinta plazas, las 
quince de capitanes, alférez y sargentos, cinco de cada puesto 
destos, y otras quince de soldados que hayan servido por lo me- 
nos veinte años y tengan sesenta de edad y se les paguen sus 



L 



384 HISTORIADORES DE CHILE 

sueldos de los doscientos doce mil ducados de la situación de 
la gente quo aquí sirve, con que asistan á donde les ordenare 
el gobernador. Cédula de 15 de noviembre de 634. 

Dos mil doscientas plazas, que se pagan las doscientas del 
crecimiento que se compra de ropa con el dinero del situado, 
cargándosela á los soldados á mayores precios del empleo de 
Lima. 

Consta que hay dos mil plazas en este reino por respuesta de 
caria de Su Majestad de 15 de noviembre del mismo año, y que 
su situación es doscientos doce mil ducados, al folio 223. 

Declaración de algunas dudas que se ofrecieron entre el go- 
bernador y capitán general y la Audiencia, 30 de marzo 
de 635. 

Otra declaración de dudas entre los mismoí;,en 18 de junio de 
640. 

Al Virrey del Perú encargándole tenga cuidado de gratificar 
las doce personas beneméritas que sirven en esto reino, cédula 
de 15 de octubre de 630. 

Carta de Su Majestad de 15 de noviembre de 34, para que el 
mismo tenga cuidado de gratificarlos cada aílo. 

Cédula de 21 de septiembre de 22 para que el virrey provea 
cómo se guarden las ordenanzas militares en cuanto á dar 
títulos de maestres de campo y de otros oficios, y que los que 
no fueren proveídos conforme á ellos, no seles pague su sueldo 
ni guarden preeminencias, ni se puedan intitular maestre de 
campo, capitanes, sargentos, ni otro titulo ni oficio militar, y 
que S6 les den por el estilo y costumbre que se tiene en los 
ejércitos y presidios en dar semejantes títulos. 

Cédula para que haya (res lenguas generales que sirvan de 
intérpretes, con mil ciento veinte y cinco pesos cada uno, y que 
el virrey lo reforme si viere que es conveniente, su fecha en '¿7 
de septiembre de 627. 

Al gobernador de Chile que meta en posesión déla primera 
couipaília que vacare al capitán Alonso Fernández de Buen 
Rostro, cédula de 8 de junio de 630, folio 174. 

Por cédula de 20 de junio de 47, mandó Su Majestad que e! 
dotordon Pedro Muehado, oidor de esta Audiencia, sepudiest 
ordenar sacerdote, no embargante que fuese ministro jubi- 
lado. 

Por otra de 18 de septiembre del mismo año, mandó Su Ma- 



1 



i 



DIEZ DE L.V CALLE 385 

jestad al gobernador deste reino admitiese á composición las 
eiiccinieiidas de indios que padecían el defecto de no haber 
llevado confirmación, ni estar despachadas ante escribano 
aprobado. 

Con ocasión del gran terremoto que en 13 de mayo de 647 
hubo en la ciudad de Santiago de este reino, hizo Su Majestad 
merced á los vecinos y moradores de ella que fuesen libres do 
pagar alcabala, unión de armas y los demás derechos y tribu- 
ios pcrlenccicnles á Su Majestad, y asimismo mandó quedo 
las tercias partes de las vacantes de los obispados de las Indias 
se repartieran diez mil ducados para ayuda á la reedificación de 
las iglesias, conventos y hospitales. 

Porolrac^dula de 25 de abril de 652, mandó que por tiempo 
de seis aílos no se cobrasen derechos de las pulperías, y que 
por este tiempo fuesen libresde los derechos de salida y en- 
trada lodos los frutos y mercaderías desíe reino que se hubie- 
sen de consumii' en la ciudad de Santiago ó so sacasen por los 
puertos de su jurisdición para las provincias del Perú y otras 
partes. 

Por cédula de 1." de junio de 49, encargó Su Majestad al 
Virrey del Perú ayudase y favoreciese á los vecinos de la di- 
cha ciudad en lodo lo que se les ofreciese, de suerte que se 
alentasen á reedilicar sus casas y se volviese á poner la ciudad 
en el estado que antes estaba. 

III 

En el libro iulitnlado Guerra de. Chile, causas desu duración, 
medios para su fin ejemplificado en el gobierno do don Fran- 
cisco Laso de la Vega, por el maestre de campo Santiago de 
Tcsillo, corregidor de la ciudad de la Concepción, plaza de 
armas del ejórcilo, y lugarteniente de capitán general en su 
frontera, que presentó en el Consejo Real en el año de 1647, por 
junio, y le aprobó en Lima á 2de agosto de 41 el doctor don 
Pedro de Ortega Solomayor, siendo arcediano de la metropoli- 
tana de aquella ciudad, catedrático de prima, propietario de sa- 
grada teología en la Real Universidad delta y electo obispo de 
Trujillo, hallo: 

Que ha que dura la guerra allí cien años, sustentándola Su 
Majestad sin que á su santo ce'o se le reconozca otra mayor 



[ 386 HISTOBIADORES DE CHILE I 

conveniencia que la del anheloso deseo de ver aquella nación 
iluminada de la verdadera lumbre evangélica. ^ 

Rompióse la guerra después de la que se les hacia deronsiva 

líl año de 1625, que gobernaba el señor del Carpió, don Luis 

, Fernández de Córdoba, soldado valeroso, experto y limpio do 

manos, que tuvo felices sucesos. 
I Salió gobernador don Francisco Lasoal tiempo que el Conde 

Chinchón fué por virrey aílo 1629. 
Hay en este reino el rio de la Laja. 
Dióle el virrey quinientos hombres de socorro en tres na- 

Ívios. 
El puerto de la Concepción está en 27"; para entrar en él se 
da vista á la isla de la Mocha. 

En la ciudad de Santiago, corte de aquel reino, está la Au- 
diencia. 

Llegó al puerto de la Concepción á 23 de diciembre de 29. 

Las fuerzas del enemigo se componían de cincuenta hom- 
bres, treinta caballos y veinte infantes. 

El rio Bio-Bio. 

Purén, frontera pertinaz del enemigo y el más belicososo 
clima del reino, donde tiene una ciénaga en que se hace fuerte, 
á quien los españoles pusieron Rochela, á imitación de la de 
Francia. 

Pelean los indios con notable ardimiento á los principios, 
pero, apretados, ceden con facilidad. 

Tienen muchas mujeres, conforme á su caudal. 

Pelean con lanza de treinta palmos, á caballo y á pié; usan 
co.soletes de cuero de vaca, peto y espalda, y celada suficiente 
en la fortaleza para resistir el más fuerte bote de lanza, y cada 
uno llevaá la grupa lo que ha de comer todo el tiempo de la 
ocasión. 

El raes de mayo es en Chile cuando entra el invierno riguro- 
samente con sus lluvias, que crecen los ríos con notables 
inundaciones, particularmente el de Bio-Bio, que es cauda- 
loso. 

Gasta el ejército de Chile cada año ocho mil vacas; tiene la 
estancia de Catentoa, hacienda grande de Su Majestad, donde 
se pusieron ti'es mil de principal, y con el multiplico se per- 
petúa el gasto. 

La amenisima ciudad de Santiago de Chile tiene su funda- 



DIEZ DE LA CALLE 387 

ción al pió de la gran cordillera nevada, en un ferlilisimo y 
agradable llano y á la orilla de un río que sus antiguos natu- 
rales llamaron Mapocho, que crece mucho el verano con las 
nieves que se derriten de las cordilleras. Es capaz de muchos 
vecinos y no tiene 500. Abundante de mantenimientos regala- 
dos; sus habitadores son nobilísimos y de ánimos generosos, 
excelentes y fortísimos ginetes de ambas sillas; crianse en sus 
riberas excelentes caballos. Fué recibido don Francisco en esta 
ciudad, á veintitrés de julio de treinta, y entonces tenia el ejér- 
cito 1,200 españoles; tenia el enemigo siete mil hombres. 

A los españoles que cogen, tos matan, y de la cabeza hacen 
una taza para beber la chicha. 

La orilla de Biobio, al pie del cerro de Negrete. 

Los fuertes son fabricados de adobes y tejas. 

La estancia del Rey se llama de Buena Esperanza, es fronte- 
ra del enemigo; está dos leguas del cuartel de San Felipe; jun- 
to al rio de la Laja, aposento ordinario de gobernadores, y pre- 
sidio: aqui fabricó casa decente y fuerte para los soldados el 
gobernador 

Era gran prelado y pastor en su tiempo don Francisco de 
Salcedo. 

El rio Cagtón. 

La provincia de Cuyo os jurisdicción de Chile. 

La ciudad de Chillan. 

Es la ciudad de la Concepción cabeza de las fronteras, plaza 
de armas del ejército, puerto de mar donde se desembarcan y 
destribuyen los situados y donde estuvo fundada la primera 
Audiencia, hasta que se extinguió y se fundó en la de Santia- 
go, á donde ahora está: aquí es el invierno riguroso y terrible, 
de norte proceloso y lluvias. 

Et rio de Cagtén faldas de la cordillera nevada. 

Hay robles gruesísimos. 

Al gobernador Alonso de Rivera le envió Su Majestad diez 
mil hombres á este reino. 

Siempre asisten á los gobernadores intérpretes con titulo de 
lengua general, personas de satisfacción y legalidad. 

Padeció en los alojamientos plaga de copiosísimo número 
de arañas venenosas. 

El fuerte de Lebo. 

El puerto de Valparaíso es el de la ciudad de Santiago. 




388 HISTORIADORES DE CHILE 

En Cagléii tiene su principio el rio de esie iiombre, que es 
(le la Inipei'ial, 

La provincia de Chiloé es lo último de Chile, á la parte del 
Eslrecho de Magallanes, islas ledas abundantes de legumbres, 
ganados mayores y copia notable de pescados: en la isla prin- 
cipal deslas de Chiloé está fundada la ciudad de Castro con 
corlo número de españoles y un presidio de Itasta cien hombres 
de a caballo, y en otra isla que llaman Calbnco hay otro de in- 
fantería de setenta soldados, no tanto para liaccr la guerra al 
enemigo por aquella parte que confina con Osorno, una de las 
ciudades asoladas por él, como para hacer resguardo A mucho 
número de indios pacíficos que hay poblados y avecindados en 
aquellas islas. 

El río de Coipu de poco nombre y corriente. 

El rio de Tabón. 

Pásanse con balsas que se hacen con palos y paja atados. 

El año de 1600 entraron en este reino cinco navios de holan- 
deses y todos perecieron á manos do los naturales y españoles. 

Uno dio fondo en la isla de la Mocha. 

Otro en el puerto de Labapit^, arriba de .\raiico; oli-o en la 
isla Quinquina en frente de la Concepción de Ciiüe, 

Otro en el puerto de Valparaíso, que es de la ciudad de San- 
lia pe' 

El quinto en la isla grande de Chiloé, donde está fundada una 
ciudad de españoles llamada Castro, y ninguno tomó puerto 
en el de Valdivia, donde se hade poblar una ciudad con qui- 
nientos españoles, por parecer que es conveniente para acabar 
la guerra de Chile. 

Junto á Quilacura hay un estero con una emboscada que se 
llámala délas Truchas, por la grande abundancia que hay 
dolías. 

El rio de Tirúa aquí cerca. 

La ciudad de Santiago tiene cuatrocientos vecinos. 

Quilacura es coníinante á la Imperial. 

Pueblo Angol, una de las ciudades que el rebelde asoló en su 
general alzamiento; dista veinte leguas de la Concepción, doce 
del cuartel de San Felipe, dejando en medio fres ríos: el de Ir 
Laja, el Claro y el Biobio. 

1^1 fuerte del Nacimiento junto á Angol. 

El río de Tabón. 



i 



DIEZ DE LA CALLE óü'd 

Para coimluir ia guerra propone so le den dos mü hombres de 
España para ejeciilar cuatro poblaciones y partir la guerra, ha- 
ciéndosela al enemigo por frentes y espaldas, por Valdivia y 
por las fronteras que tenemos. 

Que diese Sn Majestad para la guerra en cuatro aílos lo que 
se habia de gastar en ocho, sin añadir más cantidad á la situa- 
ción y con estos medios se acabaña la guerra en los cuatro 
I años primei-os. 

f Murió don Francisco en Lima, á veinticinco de julio de 1640, 

1 dia de Santiago, su patrón. 

' Don Martin de Mojiea, caballero de la Orden de Santiago, 

• gobernador y capitán general deste reino de Chile y presiden- 

' lo (le ia Audiencia Real de él, en caria para Su Majestad de 26 

(le mayo de 1647, avisó que llegó á aquel reino y á la ciudad 
de la Concepción en 8 de mayo de 1646. Y que halló en aquel 
puerto trece piezas de artillería, que la bahía está abierta, que 
, on siete leguas de circunferencia tiene cinco surgideros donde 

poder asegurar las naves de los vientos, y se pnso á fortifi- 
caría. 

Que el ejército constaba de dos mil plazas en diez compañías 
de caballos y trece de infantería, y en la guarnición de diez 
fuertes, lacompañia de capitanes reformados que sirven cerca 
de la persona del capitán general, con 106 plazas. 

En el tercio de Tiicapel, tres compañías do caballos y cinco 
de infantería con quinientas cuarenta plaza?, á cargo del ma- 
estre de campo. 

En el fuerte Paitavi, donde hay reducción de indios amigos, 
una legua del dicho tercio, una compañía de caballos con se- 
sunla plazas. 

En el castillo de Arauco, redución de indios, otra compañía 
con cuarenta y dos plazas. 

En el fuerfü de Colcura, que le gobierna un capitán refor- 
mailo, hoy redución de indios, treinta plazas. 

En el de San Pedro que está al margen del rio Biobío, donde 
hay un barco para su pasaje, veinte plazas. 

En el tercio de Yumbel, que está veinticuatro leguas del de 
Tueapel, hay cuatro compañías de caballos y cuatro de infan- 
tería con quinientas sesenta plazas. 

En el fuerte del Nacimiento, que está al margen del estero de 
Vergara y Biobío, donde hay un almagacón capaz de armas 



390 HISTORIADORES DE CHILE 

de respeclo, y un barco para conducirlas á los fuertes con- 
vecinos, hay uTia compañía con veinticualro plazas. 

Á este fuerte corresponde el de San Miguel, donde hay redu- 
ción de indios, con treinta y dos plazas. 

Y el de San Rosendo, con veinte y cuatro, de la parte del 
mismo rio, donde hay un barco para su pasaje. 

En el fuerte de San Cristóbal hay redución de indios y una 
compailia con cuarenta y cuatro plazas. 

El fuerte de Buena Esperanza, que le gobierna un capitán 
reformado, tiene veinte y cnalro plazas. 

El deTalcamavida y el de Santa Juana, donde hay redución 
de indios, tiene cincuenta plazas, y se miran de la una y otra 
parte del Biobio para su pasaje. 

Estos últimos seis fuertes están consecutivos desde el tercio 
de Yumbel, en distritos de siete leguas. 

En la ciudad de San Bartolomé está de presidio una compa- 
ñía A cargo del corregidor de aquel partido, con setenta plazas, 
con que se guardan los pasos de la cordillera por donde los 
indios de guerra pueden hacerla. 

En la de la Concepción hay compañía de presfdio con cien 
plazas, á cargo del corregidor con título de maestre de cíimpb. 

Ocúpanse cincuenta plazas en carpinteros, albañiles, ciruja- 
nos, marineros y calafates de las dos fragatas y nn barco 
grande que hay y otro menor en que se conducen víveres al 
tercio de Tucapel y los fuertes de la costa; artilleros, plazas 
muertas, oficiales de veeduría y contaduría, factoría y ayu~ 
dantes. 

Los que asisten en la estancia de vacas y pasaje del río 
Maule, capitanes y oficialesde las reduciones de indios amigos 
y soldados que andan en la escolta con el proveedor general del 
ejército. 

En la provincia de Chilué, que es la última del reino, cien 
leguas de la ciudad de Santiago, en 43", y se socorre cada año 
en uno de los navios asentados por el situado con víveres, 
ropa y municiones, hay ciento treinta y ocho plazas en dos 
compañías: la una de caballos, á cargo del que gobierna aque- 
lla provincia con titulo de tenienle de capitán general; y la otrj. 
de infantería en el fuerte de Calbuco, ácuyo abrigo están la; 
reduciones de indios amigos. 
La ciudad de Castro asoló totalmente el holandés el añode 



rTN 



] 




DIEZ DE LA CALLE 391 

G43. y qiic el dicho gobernador la había enviado á reedi- 
ficar. 

Que pobló á Valdivia y se redujeron quinientas familias de 
los indios retirados que nuevamente ofrecían la paz; fortificó 
a Valdivia por mar y tierra, yTucapel en espacio de treinta y 
tres leguas. 
" Que quería poblar á la antigua ciudad de la Imperial con 
fuerte capaz de cien hombres, que está en medio de Tucapel y 
Valdivia. 

El rio ToUén siete leguasdelalmperial; hacía fuerte capaz de 
quince hombres. 

Pidió mil hombres para las poblaciones. 

IV 

Sueldos de la dicha carta. 

El de capitán de caballos, novecientos noventa pesos. 

El de infantería, ochocientos veinte y cinco. 

El tcnicnle y alférez, trescientos treinta. 

El sargento, ciento noventa y ocho. 

Alférez reformado, ciento sesenta y cinco. 

Sargento reformado, ciento treinta y siete. 

Soldado de á caballo, ciento treinta y siete. 

Al infante, cientocinco. • 

El gobernador de Chile, cinco mil pesos de oro de sueldo, 
en frutos do la tierra, y lo que no alcanzare, en el situado del 
ejército. 

Que se quemaron dos mil cuatrocientos ranchos, mataron 
trecientos indios, cautivaron quinientas personas, á que ayu- 
daron muclio los indios. 

Habiéndose visto esta carta en la Junta de Guerra de Indias, 
se acordó on 7 de noviembre de 48 se le respondiese en buena 
forma y que creta de su celo y cuidado que procedería con el 
desvelo que se esperaba de sus obligaciones, como lo había 
hecho hasta aqui, y que se le alentase mucho. 



Han porfiado tanto las guerras que han durado sin cesar 
cerca de cien años, en que se han consumido en estipendios 



L^ 



392 HISTORIADORES UE CHILE 

que se situaron en la caja real de Lima más de ceinti' millones 
de plata del patrimonio real, y han muerto sin fruto más ile 
veinte mil soldatlos españoles, que los indios se han quedado 
libres y señores de la mejor tierra que hay en las Indias, más 
fi^rlil de frutos y todo género de mantenimientos, más rica de 
minas de oro, sin quo los españoles hayan conseguido allí 
mas que un infausto sopLilcro de sus vidas; pidamos á Dios, 
nuesti'o seílor, se sirva que, unidas las repúblicas de los espa- 
ñoles y de los indios, abracen su sanlaley, como lo van ha- 
ciendo los de Valdivia, y libres de pecados y supersticiones se 
conserven en su santa fe, religión y servicio, para hacer {como 
dice el apóstol San Pablo) un cuerpo y una al ma en su Iglesia 
militante, como igualmente llamados, si lo merecieren, á la 
triunfante. 

Con la pérdida de las ciudades y destrucción do sus conven- 
tos, le quedaron á la provincia ocho conventos y un nionesle- 
rio de monjas de Santa Clara, esposas purisimas do Cristo, 
que viven con gran observancia y están a! gobierno do nuestro 
prelado. Los religiosos se emplean con ejemplo y caridad en 
continuas misiones que por bien do las almas tienen entabla- 
das, en que Nuestro Señor es muy servido y el pueblo edi- 
ficado. 

(Coránica franciscana de las procincias del Peni, cap. 17, 
libro VI, pág. 63-4). 

En c! memorial que imprimió el Señor Marqués do Maticcra, 
virrey que fué de las provincias del Perú, de lo mucho que obró 
en aquel gobierno con tan grandes aciertos en el servicio de Su 
Majestad, aumento de su real hacienda, seguridad de aquellos 
reinos, tratando de la población y fortificación del puerto y ciu- 
dad de Valdivia, redución del reino de Chile y importancia do 
la conclusión y fin de aquella guerra, dice que ha durado 
más de cien anos, con pérdida de más de treinta mil españoles, 
y consumo de más de veinfo y cinco millones, pues hasta 
que se restauró Valdivia por el general don Antonio de Toledo, 
hijo del Marqués, poseyeron los indios dos veces desde los 
años de 1553 y 1599, nueve ciudades, las más ricas y mayorc 
con que se aliaron, habiendo degollado más de diez milespañc 
les, quedando cautivos niños, mujeres y religiosos, y pei-dirio I' 
mejor de aquel reino; pues los españoles no poseían más 
algunas ciudades en las fronteras del, sin poder pasar adelaui 



r\ 



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DIEZ DE LA CALLE 

Y porque no se perdiese lo que se poseía, se redujo Va guerra 
á defensiva; y para que se sustentase un ejército en ia Concep- 
ción, situó el virrey Marqués de Monlesclaros el ailo do 612, 
dos mil ciento veinte ducados de piafa cada afio en las cajas 
de la ciudad do Lima, que se han sacado y sacan de lo más 
efectivo y pronto que está destinado para enviar á Su Majes- 
tad á estos reinos de Espaíla, y desde el dicho aílo de 612 hasta 
este de 1655, hay apuntado este gasto de nueve millones ciento 
y diez y seis mil ducados de plata, en que se reconoce el gran 
celo y religión de los católicos reyes de España, pues por con- 
servar la fe en los últimos términos del Nuevo Orije, hacen 
gustosamente un gasto tan inmenso. Y esto es sin otros mu- 
chos y cuantiosos gastos que se han hecho en armadas y soco- 
rros extraordinarios que se han remitida al reino de Chile. 

En el A'ueco Atlas ó Teatro de todo el Mundo que compuso 
Joan Jansonium, refiere los puertos, cabos, golfos, islas y 
rios que están á la orilla do este reino de Chile desde 26 grados 
de altura hasta 43, en esta forma: 

El golfo y el valli?"de Copiapó. 

El rio Guaseo. 

Las islas del Totoral, Megillones y Pájaros. 

El rio Totoral. 

El golfo de Coquimbo. 

El golfo deTongoy. 

El rio deLimari. 

El cabo dül Gobernador. 

El cabo de Herradura. 

El golfo de Penco. 

El cabo de Biobio. 

La isla de Santa María. 

El rio do Labapi. 

Lt rio de Lebo. 

El cabo de! Carnero. 

La isla do la Mocha. 

El rio Tullen. 

El rio Labiana. 

Ll rio Topocalma. 

El cabo de Corona. 

El rio de Maipo. 

El rio Cachapoal. 



394 HISTORIADORES DE CHILE 

El cabo de Baires. 

El rio del Oro. 

El río Manque. 

El cabo de Homa. 

El rio Itata. 

El golfo Queule. 

El cabo de Galera. 

El rio Bueno. 

El cabo de Valdivia. 

El cabo de San Marcelo/ 

El cabo de Canqui. 

El golfo de los Coronados. 

El cabo de la Ballena. 

El cabo de S. Félix. 

Pone once ciudades vecinas en este reino, que son: 

La Serena, Santiago, Mendoza, San Juan de la Frontera, la 
Concepción, Villa Nueva de los Infantes ó de los Confines, la 
Imperial., Villarrica, Valdivia, Osorno y Castro, que los indios 
llaman Chiloé, en cuyos distritos refiere la^ cosas particulares 
de este reino, sus frutos, riqueza y abundancia de ruinas de oro 
y otras cosas de gran precio y estimación, y que tiene este rei- 
no más de trescientos indios tributarios. 

El maestre de campo Santiago de Tesillo imprimió en Lima 
el año 659 un cuaderno que intituló Epítome Chileno^ ideas con- 
traía paz, en que hace descripción de aquel reino de 450 leguas 
de longitud y 25 de latitud. Poneá 30 grados de la equinoccial á 
la ciudad de la Serena y las ciudades de Mendoza, San Luis de 
Loyolay San Juan de la Frontera, y á 33 grados, apartada 15 le- 
guas del mar, la fidelísima ciudad de Santiago, cabeza de 
este reino. A los 37 la ciudad de la Concepción, fundada en 
la misma playa de su puerto de mar, frontera de guerra y plaza 
de armas. La ciudad de Chillan y la de Angol despobladas, y 
las reliquias de Osorno, la Villarrica y Valdivia, que está en 
40 grados, vuelta á poblar con sabio dictamen y militar provi- 
dencia deste virrey. Marqués pe Mancera. A los 43 grados, Chi- 
loé, Isla Grande y la ciudad de Castro. 

Discurre los gobernadores que ha tenido este belicoso reine 
y los nombres, en esta forma: 

1. — Don Diego, de Almagro. 

2. — Don Pedro de Valdivia, á quien mataron los indios. 




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DIEZ DE LA CALLE 395 

3. — Francisco de Villagrán. 

4. — Don García Hurlado de Mendoza, después inarqu6s de 
Cañele. 

5. — llodrigo de Quiroga. 

9.— El mariscal Martin líiiiz do Gamboa. 

7. — Don Alonso de Sotomayor. 

8.— Martin García de Loyola. 

9. — Don Francisco de Quiñones. 

10. — Alonso de Ribera. 

11.— Alonso García Ramón. 

13. — Luis Merlo de la Fuente, togado. 

13- — Juan Xaraquemada. 

14,— Don Lope de Ulloa y Lemus, 

15. — Don Pedro Osores de Ulloa. 

16. — Don Luis de Córdoba, seilor del Carpió. 

17. — Don Francisco Laso de la Vega. 

18.— El Marqués de Baydos. 

19.^-Don Martin de Muxica. 

Dice que la guerra de Chile ha consumido veinte millones 
y veinte mil españoles, al folio 26; y que escribió también los 
Anales de Chile; Y que e\ año 6(i& se resolvió formar ojórcilo 
de 2000 plazas y situación de 213.000 ducados cada aflo. 

Y por esta cuenta sólo la situación, sinsocorroy levas, mon- 
ta once millones ducientos y treinta y seis mil ducados, en d3 
años, hasta este de 1659. 



MEMORIA 

DE LO SUCEDIDO A DON ANTONIO DE QUIROOA DESPUÉS QUE DEJÓ 

LA CASA DE SUS PADRES, PARA POR ELLA, SIENDO DIOS SERVIDO, 

DISPONER 8U ALMA PARA DARLE CUENTA Y A SUS HIJOS 

X DEUDOS, Y PERSONAS A QUIEN TIENE 

OBLIGACIÓN EN EL MUMDO. 

Por el año 1573, que salió de casa de sus padres, nombró 
S. M. al capitán Juan de Losada Quiroga, que fué del hábito de 
Santiago, por capitán general para que levantase SOOsoldados 
dende Sevilla hasta Santiago, y los llevase al reino de Chile 
para la guerra de Arauco y Tucapel, y entregase á Rodrigo de 
Quiroga, gobernador y capitán general de aquel reino y ade- 
lantado del; y ansí, el dicho general Juan de Losada Quiroga 
comenzó á hacer diligencia para que hubiese efecto el juntar y 
hacer los dichos soldados. 

Por el mes de abril del año 1574, nombró el dicho capitán 
general al dicho don Antonio de Quiroga por capitán y alférez 
general de la dicha gente, y para que se la ayudase á hacer y 
levantar, lo cual hizo el dicho don Antonio de Quiroga sin 
que de la hacienda real se le diese ningún salario ni ayuda de 
costas. 

Después que el dicho general hizo el nombramiento en ei 
dicho don Antonio de Quiroga, le fué forzozo al dicho don An- 
tonio, para administrar el dicho cargo como razón era y como 
estaba obligado conforme á su calidad y como á persona á quien 
conocía el Consejo de las Indias, por cuya orden se hacia la 
dicha gente, hacer muchos gastos en el tratamiento de su per- 



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308 HISTORIADORES DE CHILE 

sona, en aderezos tlella y en caballos y criados, y en regalar á 
ülgimos soldados para atraerlos á que hiciesen !a jornada y 
atrajesen amigos suyos á ella, que lodo fuéá rauchacosta suya 
y de sus amigos. 

Después de estar toda la gente que debía ir á Chile junta en 
Sevilla, por no poder salir en aquella flota y haberse de dete- 
ner hasta otro aflo, le pareció al general que era bien que una 
persona de satisfacción y de confianza se fuese adelante al 
reino de Chile, á dar aviso al gobernador Rodrigo de Quiroga 
cómo S. M. enviaba al reino aquel socorro y cómoestabajunta 
!a gente y quedaba á pique. Y pareciéndole al dicho general 
que el dicho don Aníofíio era persona sabia, y se había hallado 
i! todo, y por cuya mano había pasado, que era bien que fuese á 
dar aviso al Gobernador para que se proviniese de lo necesario, 
se lo comunicó el dicho general al dicho don Antonio, mos- 
tniiido mucho sentimiento d.e que se hubiese de apartar del en 
un viaje tan largo, poniéndole por delante cómo era su tio y la 
solrdad con que quedaba, estando sujeto á poderse morir y 
la mucha falta que le hacia; y con todos estos inconvenientes, á 
ciiti'ambos les pareció que seria de mucho efecto para el servi- 
cio de S. M. que el dicho don Antonio se fuese adelante para 
poder advertir al gobernador Rodrigo de Quiroga de lodo, y 
asi quedó tomada resolución en su partida. 

Posponiendo por el servicio del Rey, el dicho don Anionio, 
su contento y comodidad, dejó á. su tío y á sus amigos y el 
buen lugar en que podía hacer un viaje tan largo, bien acomo- 
dado y sin costas de su hacietida. y sé embarcó. Toda la flota 
corrió gran tormenta, de suerte que con pérdida de algunos 
navios les fué forzoso arribar todos al puerlo de Cáliz, excepto 
el navio en que iba el dicho don Antonio, que ei'a la almiranta, 
suyo capitán era un hidalgo vizcaíno que se decía Iñigo de 
Lccoya, que iba por almirante, y como su olicio era ir detrás 
de la flota y en resguardo della, salió el postrero, y así fué el 
navio que corrió más recia tormenta, porque pidiendo parecer 
al [)iloto, que era un Pedro Alvarez del Condado, de lo que se- 
ria bien que se hiciese, y diciéndole el almirante que arribase, 
el piloto no se atrevió, diciendo que el tiempo era ya mucho 
más forzoso y recio que cuando habían arribado los demás 
navios de la flota, y que el tiempo estaba oscuro y cerrado, y 
que el puerto no se veía, y que si acertaban al puerlo, como 



^ 



QUIROGA 399 

era necesario, se podian hacer pedazos en las costas, y que to- 
mando el puerto bien, corrían el mismo riesgo, por ser el tiem- 
po tan recio y fuerte que con los mismos navios que estaban 
surtos se podian hacer pedazos; y asi, se tomó el parecer del pi- 
loto, que fué que se hiciesen á la mar, y todo aquel día y noche 
y otro día se Horrió, mar al través, recísima tormenta, de 
suerte que con estar el navio sin velas, se hallaron dos leguas 
dé la costa de Berbería, tan cerca que veían los humos de los 
moros. Y en este estado fué Dios servido de trocar el tiempo, 
y comenzó el navio, aunque muy maltratado, á hacer su viaje, 
hasta que llegó al puerto de la Gomera, solo, adonde se aguar- 
dó á tener nueva de la flota algunos días, pertrechando y ade- 
rezando el dicho navio y tomando algunos refrescos y basti- 
mentos, porque los que venían, parte dellos se habían echado 
á la mar con la tormenta. 

Como no se tenia ni sabía nueva de la flota, salió el navio 
solo la vuelta de Cartagena, é, yendo engolfados, vieron y des- 
cubrieron algunos navios; y aunque al principio, cuando se co- 
menzaron á ver, se tuvieron por de enemigos, .por haberse 
descubierto en paraje á donde suele haber franceses, y con 
este temor, se puso todo el navio en arma y apercibió para si 
fuese necesario pelear y defenderse. En este estado se recono- 
ció por la cantidad y número de los navios, y por un pataje y 
navio de aviso que los vino á reconocer, que era la flota, y 
desde allí hicieron juntos su viaje, con mucho contento, por- 
que los unos y los otros estaban con mucho temor de lo que 
pudiera haber sucedido con la tormenta pasada, y de que se 
habían perdido. 

Llegada toda la flota á Cartagena, pareciéndole á don Anto- 
nio que los navios tardaban en salir para Nombre de Dios, se 
avanzó en una fragata de los galeones de S. M.^ que andaban 
do armada para resguardo de las flotas, que la dicha fragata 
con otros estaban á cargo de Francisco de Ovando, en la cual 
llegó el dicho don Antonio á Nombre de Dios, y de allí se fué 
por tierra á Panamá. 

Llegado á Panamá don Antonio de Quiroga, le fué forzoso 
detenerse algunos días, porque no había navio en aquel tiem- 
po que fuese á la ciudad de los Reyes, y» como aquella tierra es 
tan enferma, plugo á Dios de dar al dicho don Antonio yá don 
Bernardino de Quiroga, que era un hermano suyo, muchacho, 




1 



400 HISTORIADORES DE CHILE 

que llevaba en su compañía, y á dos criados suyos, tan recia 
i'nfermedaii, que él y uno de sus criados estuvieron desahucia- 
dos y los otros muy peligrosos, en la cual enfermedad gastólo 
que llevaba para su viaje, y vendió parte do su ropa para poder 
pasar adelante. 

Comenzando á convalecer don Antonio de Qniroga y los que 
iban en su compailia, se despachó un navio de que era maestro 
y seílop Fleraán Gallego, que era piloto mayor de aquella mar, 
que llaman la del Sur, el cual dicho navio iba á la ciudad de 
los Reyes; y aunque con mucha flaqueza y riesgo de su salud, 
por hacer lo que convenia al servicio del Rey, queerallegarcon 
brevedad á Chile, se embarcó, y los que iban con él, en el 
navio, y aunque la navegación fué un poco larga, más de lo 
que suele, por no ayudar los tiempos, llegó á la ciudad délos 
Reyes. 

Llegado ;i la ciudad do los Reyes don Antonio, no halló á la 
sazón en ella al virrey don Francisco de Toledo, que era ido á 
visitar la tierra, y asi habló á los oidores de aquella Audien- 
cia, dándoles cuenta de la cansa de su viaje, y cómo quedaba 
la gente y socorro junto para Chile, y la brevedad y tiempo en 
que llegarla á aquel puerto, pidiéndoles, pues era tan del ser- 
vicio de S. M., y á S. M. !e costaba tanto, y aquel reino tenia 
tanta necesidad de gente, favoreciesen la gente y la aviasen de 
lo necesario cuando llegasen, de manera que con brevedad sa- 
- liesen y llegasen á Chile; y con esto se despidió dellos, sin es- 
tar en la ciudad de los Reyes más que seis días, que tardó en 
salir un navio que estaba en el puerto para ir á Chile. 

Embarcóse don Antonio de Quiroga en el navio que salió 
para Chile, y habiendo llegado á reconocer la Nasca, que es 
una tierra que está de la ciudad de los Reyes 150 leguas, poco 
más ó menos, les dio un tenyíoral tan recio que les desaparejó 
parle del navio, y, haciendo fuerza para tenerse contra la del 
mar y del viento, llegó un golpe de mar tan recio que les llevó 
el timón; y ansi el piloto, que se llamaba Hernando Lamero, vol- 
vió con las velas en las manos y las escolas, arribando al puer- 
to de la ciudad de los Reyes, de donde habían salido, y, allí se 
volvió á aderezar el navio y so le volvió h pom^r otro timón, y 
volvió á salir el navio para Chile y volvió liasta reconocer la 
ciudad de Coquimbo, que es en eldichore¡nodeChile,80 leguas 
de la ciudad de Santiago, poco_menos. Y allí, queriendo tomar e! 



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QUIBOGA 401 

puerto de la dicha ciudad do Coquimbo, sobrevino un victilo 
sur lan recto, que fué forzoso amainar las velas del navio y vol- 
ver arribando, pomo poderse sustentar el navio en el mar do 
otra manera, y asi este viento debió entrar á las ocho de la ma- 
flana, poco menos, estando á la vista del puerto, y á las cuatro 
de la larde les había hecho volver atrás, arribando hasta e^ 
puerto del Huasco, que ponen 25 leguas, las cuales en ocho 
horas corrió el navio sin más vela de la con que se podía sus- 
tentar, y por no dar á más lugar la fuerza del viento, corriendo 
y navegando siempre el navio á popa, y asi llegó don Antonio 
al dicho puerto del Huasco, y saltó en tierra, y los que iban en 
su compania, el día de Santiago, á 25 de julio de 1575. 

Después de haber tomado y salido á tierra don Antonio de 
Quiroga, no íjuiso volver á embarcar más. y desde allí despa- 
chó con aviso de su llegada al gobernador Rodrigo deQuiroga, 
y se fué por (ierra hasta la ciudad de Santiago, adonde residía 
el dicho gobernador, que son 100 leguas, poco menos, y con 
hartos trabajos, y muy cansado y gastado de la larga navega- 
ción, llegó á la ,'dicha ciudad de Santiago y dio al dicho go- 
bernador don Rodrigo de Quiroga larga y particular cuenta de 
todo. 

Embarcóse don Antonio en España para Chile en el puerto 
de Sanlúcar, á 4 de octubre, día de San Francisco, en el aflo de 
1574, y llegó á la ciudad de Santiago de Chile, á donde resi- 
día Rodrigo de Quií'oga, ó verse con él, por el mes de agosto 
del año de 75. Tardó nueve meses, poco más, en el viaje, que 
por falta de salud, y haber caminado por tierra algunas leguas 
y no haber hallado en los puertos navios á pique, no pudo 
hacer con más brevedad el viaje; aunque raras veces (aunque 
haya salud) se hace con más brevedad de tiempo, por ser 
tan larga la distancia, que hay tres mil leguas de camino y 
más. 

Para hacer este viaje, ni el tiempo que sirvió don Antonio 
de capitán en España, ni para hacer una tan larga jornada por 
mar y tierra, aventurando su persona y vida por el servicio de 
Su Majestad, y ser de tanto efecto su llegada á Chile, así par'a 
que el Gobernador se aperci biese do lo necesario para la gente 
de socorro que Su Majestad enviaba á aquel reino, como pai-a 
que todos los del se animasen con el socorro y estuviesen las 
municiones y caballos juntos para cuando la gente llegase 



L 



402 HISTORIADORES DE CHILE 

poder con brevedad entrar á hacer la guerra, nunca, ni en 
la Contratación de Sevilla, ni en las reales cajas de Tierra-firme, 
ni cu la de'laciudad de los Hcyes. ni en las del dicho reino 
de Chile, ni en otra manera recibió e! dicho don Antonio 
paga ni ayuda de costa algnna, con haber gastado el dicho don 
Antonio mucha cantidad de hacienda, y cmpeñádose para bas- 
timentos y fletes de navios, y con enfermedades snyos y de sus 
criados. 

Después que el dicho don Antonio de Quiroga llegó á la 
cindad de Santiago, donde residía el dicho gobernador Ro- 
drigo de Qniroga, y se Informó díl del estado en qne quedaba 
la gente y cómo dentro de un año llegaría, dio el dicho Gober- 
nador aviso á todo el reino, haciéndoles ciertos del socorro 
y por qué tiempo habia de venir; y en todas las ciudades y 
lugares del mandó atar y domar mucha cantidad de caba- 
llos, y hacer mucha mecha, y que se hiciesen muchas armas 
de cueros, y cecinas y bizcocho, y que se fuesen juntando 
lodos los pertrechos y municiones que se pudieí'e, para hacer 
la guerra y entrar con brevedad á hacerla cuando llegase la 
gente. 

Por el mes de julio del aflo 1576, llegó la gente de socorro 
que se habia hecho en España, y habia aymlado :i hacer don 
Antonio, al reino de Chile, que fué un afio después que habia 
llegado el dicho don Antonio á dar aviso de su venida al dicho 
gobernador Rodrigo de Quiroga, el cual, habiendo llegado la 
gente, maiulO al dicho don Antonio que saliese de la ciudad do 
Santiago y fuese al puerto de Valparaíso, que son diez y ocho 
leguas de la dicha ciudad, á recibir en su nombre los dichos 
soldados y gente de socorro, como á persona quede Espaíla 
los conocía á todos y la calidad de cada uno, y parecii'-ndole que 
el dicho don Antonio era persona de confianza y acertaría á 
servirá Su Majestad. 

Después que llegó al puerto, el dicho don Antonio mandó 
hacer lisia de tos soldados qne vcTiían, y parece que, aunque 
la voluntad de Sn Majestad fué que llegasen ;d dicho reino qui- 
nicnlos soldados, y venía el número bastantemente cumplidc 
no llegaron al puerto donde los reciljió el dicho don Antonio 
hizo listar, más de trescienlos, pocos más, la cual gente y so 
corro no llegó entero, por haber faltado sn capitán general, qu 
era Juan de Losada Quiroga, del hábito de Santiago, el cuaíd 



^ 



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QuraoGA -103 

enrormt'dad murió cerca fie laisla Dominica, adonde lo eclia- 
i'on en el mar, y así quedó la gente A cargo de Juan Lozano 
Machuca, que iba por factor de los Charcas, el cual se fué á su 
oficio, y los soldados, siendo informados de los trabajos de 
Chile y poco que hay que darles en aquel reino,, se procuraron- 
quedar y quedaron los que pudieron, sin que los demás capita- 
nes fuesen parte para remediarlo, por haber, como digo, fallá- 
doles SL1 general, y no sólo llegó la cantidad de gente menos 
de lo que habla de ser, pero los mAs de los que llegaron llega- 
ron desarmados vdesnudos. 

Para hacer don Antonio lista de la gente y armas, como ve- 
nían los soldados maltratados y cansados de tan larga navega- 
ción, y habiaalgunos enfermos, fué necesario regalarlos en el 
puerto algunos días, y animarlos y darles á entender el mucho 
deseo que el Gobernador, en nombre de Su Majestad, tenia de 
hacer merced y gratificarlos, y cuan soldado y compaAero era 
el Gobernador do todos, lo cual hizo don Antonio dándoselos á 
entenderlo mejor que pudo, 

Después de hecha la lista y tomada la razón de las armas, 
y que estaba la gente algo descansada, la fué enviando el dicho 
don Antonio al Gobernador en cuadrillas, con sus capitanes, 
recogiendo para los soldados todos los caballos qnc pudo 
hallar á la redonda, en que fuesen, y dando orden para 
que en el camino, en lo que fuese despoblado, hallasen bas- 
timentos y no les faltase lo necesario; y así fué Dios servido 
que llegasen todos contentos Adonde estaba el Gobernador. 

Después que el dicho don Antonio volvió de la mar á verse 
con el Gobernador, de alli á pocos dias, en la iglesia mayor de 
la ciudad do Santiago, diciendo misa el obispo de aquel obis- 
pado, don fray Diego de Medellln bendijo el estandarte ri'al de 
Su Majestad, y en presencia suya y de muchos capitanes y 
soldados que estaban presentes, tomó el dicho Gobernador al 
dicho don Antonio pleito-homenaje de que con aquel estan- 
darte serviría á Su Majestad, y que A nadie le entregaría sino 
fuese A él ó al dicho Gobernador en su real nombre, mandán- 
dole hiciese el oficio de capitán y alférez general de lodo el 
reino y ejército, dándole por escrito comisión para ello y ha- 
ciéndole inmediato A sola su persona. 

Tardó la gente A salir A la guerra, y el Gobernador con ella, 
seis meses, que fué desde el mes de julio de 1576 hasta el mes 



H 



404 HISTORIADORES DE CHILE 

de enero de 1577, porque lodo este tiempo es invierno en aquel 
reino, hasla el mes de enero, que es el verano; en los cuales 
dichos seis meses de tiempo que tardó en salir el dicho Go- 
gernador, don Antonio de Quiroga se ocupó en hacer que los 
oficiales de aquella ciudad de todos oficios se ocupasen yira- 
bajasen para el breve despacho de la gente, haciéndoles hacer 
(le vestir, y hierros de lanzas, y adargas, y estribos, frenos y 
sillas, espuelas y otras cosas muchas necesarias, asi para 
acabar de armar los soldados que hablan llegado de España, 
como para la demás gente que había en el reino, para que toda 
laque se pudiese juntar saliese aderezada con el Gobernadora 
hacer la guei-ra, conforme á la orden y memorias que el dicho 
Gobernador daba. 

FiU siendo tiempo, y que ya el verano entraba y que en el 
campo comenzaba á haber comidas para la gente y caballos y 
poderse suslonlar el ejército, salió c! Gobernador, con la más 
gente que pudo juntar, mediado de enero del ai'io de 1577, en 
cuya compañía fué el dicho don Antonio y saliO de la ciudad de 
Sanliogo. 

Por c! mes de febrero del año de 1577, tres ó cuatro jornadas 
antes de entrar en la tierra de guerra, nombró el dicho gober- 
nado por escrito al dicho don Antonio por capilán y alférez 
general del reino y ejército, mandando que con kis cajas, para 
que viniese h noticia de lodos, se publicase el nombramiento, 
en el cual reservaba el dicho Gobernador todas las causas del 
dicho don Antonio y el conocimienlo dcllas á su propria per- 
sona, por la satisfacción que tenía della, como por el nombra- 
miento constaba. 

Dentro de tres ó cuatro días se comenzó á velar el campo y á 
marchar la gente en orden con sus capitanes, porque se iba ya 
caminando por tierra de guerra, hasta que llegó ¿i la orilla de 
un río que se dice Biobio, que fué por el mes de marzo del 
dicho año, á donde en un cerro muy áspero, en cuyo pié bate el 
mismo río, se forliflcaron losindios de guerra con fin de pelear 
en el campo ó impedir la pasada del río, que era forzosa para 
haber de entrar en Arauco. que era el fin que el Gobernad 
llevaba para poder hacer con más rigor la guerra; y an 
siendo forzosa la batalla, so peleó con elloa en su fuerte, q> 
el cerro se llama Gualqui, y con la voluntad de Dios fueron I 
indios desbaratados y murieron algunos de heridas y otr 



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QumoGA "105 

ahogado?, sin pérdida de ninguno de los españoles, cu la cunl 
balaila se halló el dicho don Antonio con sucomparíhi. ijue ora 
toda de capitanes reformados y de la gente más princi|]al del 
reino. Y ese día en la dicha batalla hizo el dicho don ANtoiiio 
lo que estaba obligado en servicio del Rey. 

Desbaratados los indios del fuerte y gastadas las comillas que 
tenían á la redonda dé), hizo el gobernador tentar el vado del 
rio Biobií), en cuya ribera estaba alojado el campo, porque, 
pasándole, dentro de tres dias se enti'aba en Arauco, que era el 
lin que se llevaba para poderse fortificar alli y hacer la guerra 
dos meses que quedaban del verano; y no pasándose el rio. se 
habia de rodear mucho, y se enli-aba muy tarde para halier tie 
hacer ansimismo rancherías para los soldados, porque con lat. 
recias aguas del invierno no pereciese la gente, porque se habia 
de invernar en Arauco. 

Habiéndose tentado por muchas parles del rio, se baíbi pur 
una parte que iba cerca de un cuarto de legua de ancho, uil 
vado que parecía imposible; y ansí, otrodia de mañana se puso 
el Gobernador con su campo en orden, hecho un eseiiadiún de 
vanguardia, batalla y relroguardia, repartiendo todo el campo 
entres partes, y todas hechas un cuerpo, y ese día llevó el 
Gobernador la vanguardia, llevando el carruaje y ganadns 
repartido en tres partes, y ansí se pasó el río, que auii(|ne ;^e 
tardó en pasar todo aquel dia, y se pasó con mucbn iiiLliajn, 
fué Dios servido que no se ahogase ninguna persnua, ni se 
perdió nada de lo que se llevaba, aunque nadaron aljímuis ^lA- 
dados, en especial don Antonio de (juiroga y los suldadus de 
su compañía, que le pareció al Gobernador que se quedase en 
la relroguardia para acabar de echar el campo por dolante. T 
ansí, cuando llegó al rio don Antonio con su compafíia. como 
habia pasado la demás gente y ganados, y el rio es de mucha 
arena movediza, habíanse hecho algunas canales iiniy hondas, 
todas las cuales fué forzoso que el dicho don Antonio y sus sol- 
dados nadasen para pasar de la otra parte, y asi llegaron ellos 
y sus armas y ropa lodos mojados, aunque no peligro ninguno 
de su compañía, si no fué un caballero natural de Exlieniüilura 
que se llamaba don Juan de Aguijar, que iba en un eaballo 
hollador, el cual zahondó en el arena hasta los pecluis, y ansí 
fué forzoso echarse en el rio con su amo, y le tomó .i <'\ y á la 
lanza y adarga debajo; pero don Antonio volvió y lu.-:' de :íu 



406 HISTORIADORES DE CHILE 

compañía, y le socorrieron, y ansí llegó como los demás. 

Otro día caminó el campo con la misma orJen, y se vino ú 
alojar en el paraje de Andalícán, cerca de donde los indios 
mataron al gobernador Valdivia y desbarataron al gobernador 
Víllagra. 

Otro día se alojó el campo para marchar, y se fué por la 
misma orden, y aunque se tuvo nueva que los indios querían 
pelear y resistir la entrada de Arauco-, no pelearon, y ansí 
aquel dia, con el favor de Dios, se llegó á Arauco, á la parte 
donde se había de invernar. 

Allí se hizo asiento y se trazó un fuerte y un pueblo para 
hacer donde pudiesen invernar los soldados, y comenzaron á 
salir en camparla á correr la tierra para recoger comidas para 
el invierno, y para que se trajese madera y lo demás necesario 
para el fuerte y rancherías y casas que se habían de hacer 
antes que se entrase el invierno; y ansí, ese poco de tiempo, 
que seria mes y medio, que tardaron en eiilrar las aguas recias 
y la fuerza del invierno, se trabajó mucho, por haber muchas 
cosas juntas á qué acudir, y se hizo el fuerte, y el pueblo para 
los soldados, y rancherías páralos indios amigos. En el cual 
tiempo don Antonio con su compaflía, que era de la gente 
más principal del reino y de mejores caballeros, trabajó mu- 
cho, por haber de acudir siempre á las cosas du importancia y 
de peligro. 

Después de hecho el fuerte y el alojamiento para los solda- 
dos, que era todo un pueblo, salieron el maestre de campo y 
don Antonio á correr la tierra hasta el fuerte de Gualqui, dos 
veces, en las cuales corredurías se tomaron algunos indios do 
guerra y otros se mataron y se metió en el campo mucha do 
comida y algunos ganados, aunque con mucho trabajo, porque 
iba entrando el invierno y comenzaba á llover recio. 

Después de haber venido de la última correduría, por el mes 
de mayo de 1577, que era ya invierno, y después de estar ya 
recogidos en el campo algunos bastimentos, le pareció al Go- 
bernador enviar á todas las ciudades del reino á hacer gente, 
toda la que se pudiese juntar, para que el principio del verano 
siguiente se pudiese hacer la guerra á toa indios con más segu- 
ridad. 

A los 14 de mayo de 1577, pareciéndole al Gobernador que 
don Antonio daba buena cuenta de lo que se le encargaba ' 



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J 



QUIROGA 407 

que servía al Rey con mucho cuidado y voluntad, le nombró, 
dándole comisión bastante, de capitán, para que volviese desde 
Arauco á la ciudad de Santiago, la Serena, San Juan y Men- 
doza á hacer y levantar gente, con ser la cosa de mayor tra- 
bajo y confianza que habia que hacer y de mayor dificultad, 
por haber el dicho Gobernador en persona poco tiempo antes 
hecho lo posible para llevar todo el número de gente que pu- 
diese y no haber podido llevar más de la que llevó, y an- 
sí le dio el dicho Gobernador al dicho don Antonio para el 
efecto todos los poderes que él tenía, como por ellos pa- 
rece. 

Hechos los despachos por el principio del mes de junio, 
que es la fuerza del invierno de aquella tierra, salió don 
Antonio de Arauco, llevando consigo diez ó doce vecinos de 
la ciudad de Santiago, á quien el Goberna(|or habia dado 
licencia para que fuesen á invernar con sus mujeres. Salió 
don Antonio con muchas aguas y nieves, y con muchos 
peligros de los rios y de los indios de guerra, por haber de 
atravesar mucha tierra que no estaba de paz; pero, con ve- 
larse de nochí^y hacer diligencia por el camino, fué Dios 
servido que él y los que iban en su compañía llegasen á la 
ciudad de Santiago sin pérdida de nada, aunque cerca de unos 
indios que se llaman Cauquenes hubo mucha necesidad de 
hambre, y ansí el capitán Hernando Coronel, para sí y otros 
que tenían necesidad, hizo matar un caballo y se repartió en- 
tre ellos. 

Llegando don Antonio de Quiroga á la ciudad de Santiago, 
que fué por julio de 1577, que por las muchas aguas y ríos y 
mal camino, no pudo ser con más brevedad, escribió desde 
allí á las ciudades do la Serena, San Juan déla Frontera y Men- 
doza que estarán á 80 leguas cada una apartadas de la de San- 
tiago, donde él quedaba, y envió personas, encareciendo á los 
cabildos, por cartas, la necesidad que el Gobernador tenía, y su 
voluntad, y que le hiciesen merced de ayudar todos por su par- 
te para que la gente saliese con brevedad. Después que hubo 
despachado á aquellas ciudades, en la de Santiago se ocupó 
aquel invierno enjuntar personalmente la más gente que pudo 
y que se hiciesen armas para los soldados que habían de ir 
con él, y se juntasen bastimentos para poder salir al principio 
del verano á juntar con el campo del Gobernador. 








^ 



HISTORIADORES DE CHILE 

Y por el mes de octubre de 1577 llegaron las personas que 
don Antonio haljia enviado á las ciudades de la Serena, San 
Juan y Mendoza, y trajeron dellas los solihidos que les habia 
dado por lista, los cuales en la ciudad de Santiago el dicho 
don Anlonio acabó de armar y dar los caballos vio necesario 
para la jornada, conforme á una memoria qiio el Gobernador 
habia dado á don Antonio en Arauco, para los soldados que 
había de llevar; y aunque pareció niuy ditículloso, por haber 
el verano antes el Gobernador hecho la diligencia posible para 
llevar consigo todos los demás soldados que pudiese, mediante 
la diligencia de don Antonio, llevó más gente de la que se le 
habia mandado, lo cual hizo con trabajo y cuidado suyo, y á 
muy poca costado la hacienda real. 

En el camino, cinco ó seis días antes que se juntase con el 
Gobernador don Antonio y su gente, fu¿ necesario estar siem- 
pre de día y de noche con las armas en las manos, por- 
que los indios de guerra, como sabían la gente que lleva- 
ba y los bastimentos para el campo y ganailos. siempre tuvie- 
ron fin de pelear con él antes que se juntase con el campo del 
Gobernador, y le tocaron muchas veces arma de día y de no- 
che; pero con el favor de Dios y doblando algunas jornadas 
llegó al valle de Purén, al asiento donde desbarataron al gene- 
ral don Miguel de Velasco, en tiempo que gobernaba aquel 
reino el Doctor Saravia, en el cual asiento le salió á recibir ol 
campo del Gobernador, y se juntó con él, y ie entregó la gente 
y bastimentos que traía, sin riesgo ni pínlida ile ninguna co- 
sa, antes fué muy bien recibido, porque andaba el campo con 
mucha necesidad de todo, así de bastimenloí, como de caballos, 
y con su llegada se remedió mucha parte. 

Para servir al Rey en esta jornada, ni para la salida de 
Arauco, cuando le mandó el Gobernador que fuese á- hacer la 
gente, aunque de su hacienda y prestada de sus amigos gasta- 
ba lo que ora for/ioso, nunca se le dio salario, ni socorro, ; 
ayuda de costa alguna, con serle forzoso gastar mucho al dis! 
don Antonio. 

Después que se juntó don Antonio de Quiroga con el caí" 
po del Gobernador, con su compañía y oü'a que llevaba á 
cargo, hizo algunas corredurías en que siempre trajo al cam 
indios presos, y muchos bastimentos para los soldados, s 
que le sucediese desgracia, mediante la noluntad de Dios y 
cuidado y recaudo. 



QUIROGA 409 

Andando el Gobernador haciendo la guerra con todos sus 
capitanes y gente junta, se tuvo nueva que en un cerro áspero, 
en un lugar que llaman Catiray, á donde los indios de guerra 
habían desbaratado á los gobernadores Villagra y Saravia, es- 
taban juntos para pelear con todo el campo, y así se alojó el 
Gobernador y su gente al fin del fuerte; y, con fin de acome- 
ter los indios, se fué á reconocer el sitio donde estaban, y al 
maestre de campo y á don Antonio y á otros capitanes que fue- 
ron, les pareció malo y peligroso el sitio, y parte tal, que, aun- 
que fuesen desbaratados los indios de guerra, no podía ser con 
daño suyo, porque tenían muy segura y muy cierta la huida, 
por la aspereza del sitio y de la tierra. 

Sabido el Gobernador y bien informado del sitio, tomó pa- 
recer por escrito de sus capitanes si era bien acometer el fuer- 
te, y entendido bien el poco fruto que se seguía después de 
haberle desbaratado, y la poca gente que se podía matar ni 
prender en él, por la aspereza, y lo mudio que se aventuraba 
si acaso sucediera en aquella ocasión alguna desgracia en los 
soldados y campo de S. M., como las habían tenido Villagra 
y Saravia, que habían sido desbaratados en el mismo lugar, 
tomó resolución el gobernador Rodrigo de Quiroga en que 
todas las comidas que tenían sembradas á la redonda del fuer- 
te y á las faldas del ((jno eran muchas) seles talasen y qui- 
tasen todas, de manera que el mucho daño que se les hacía 
los obligase á salir del fuerte para defender sus haciendas, 
para pelear con ellos, porque en cualquiera otra parte se pe- 
leara con ellos, por no haber ningún sitio tan malo, y tener 
el Gobernador y soldados deseo de que se pelease; pero los 
indios se dejaron estar en el fuerte, aunque se les quitaron 
todas las comidas, sin salir á defenderlas, y ansí, después 
de acabado de talar y destruir todo, fué el Gobernador mar- 
chando con su campo adelante. 

Por el mes de marzo de 1578, llegó el Gobernador aon 

su campo á Andalicán, que es una parte por donde se entra 

fin Arauco, y allí le dio al Gobernador una enfermedad de 

\ estuvo muy peligroso, y los indios que estaban juntos 

el fuerte y todos los demás de aquella tierra, se juntaron 

curando defender la entrada de Arauco, y teniéndose nue- 

4ue estaban juntos y querían pelear y defender la entrada, 

•eció al maestre de campo y demás capitanes que era 






410 HISTORIADORES DE CHILE 

gran inconveniente la enfermedad del Gobernador, y pregun- 
taron á Mendieta, que era un médico que le curaba del mal 
que tenia, que si era grave, y qué era lo que se podía hacer, el 
médico respondió que la enfermedad era de mucho peligro, y 
que lo más acertado seria que al Gobernador, por tierra ó por 
mar, le llevasen á la ciudad de la Concepción, que estaba poco 
más de dos leguas de donde estaba alojado el campo, y que allí 
se podría el Gobernador curar ó aguardar lo que Dios dispu- 
siese; y ansí, habiendo el médico dicho esto á los capitanes, les 
pareció bien, y como el Gobernador mostraba tener amor á don 
Antonio, y sólo él comía con él, de sus deudos, y asistía con él 
á su toldo, les pareció al maestre decampo y capitanes que era 
bien que don Antonio dijese al Gobernador cómo al médico le 
parecía que para su salud convenía salirse á la Concepción, 
pues estaba tan cerca á aquella ciudad, y ansí, don Antonio se 
lo dijo, añadiéndole que después el maestre de campo y demás 
capitaneé y toda la gente que quedaba junta podría ir haciendo 
la guerra, que Su Señoría fuese servido de dejarse llevar para 
que le curasen, pues era tan importante su vida y salud para 
todo el reino, y tenía tanta necesidad su persona de regalo, por- 
que estaba de mucho peligro, según decía el médico, y que era 
acrecentarle más dormir en el campo en una tienda de lienzo, al 
viento y al agua, sin tener buena cama ni ningún género de 
regalo para su comida. El Gobernador estuvo atento á todo lo 
que don Antonio le dijo, el cual le respondió dé esta manera: 
Que entendía él que todas las personas que había en el campo 
se lo dijeran, sino don Antonio, por la mucha obligación que 
tenía á su voluntad y amor, y que se espantaba mucho que le 
dijese aquello, que él bien sabía que había nacido para morir, y 
que lo que había procurado toda su vida era que su muerte 
fuese en servicio de Dios y del Rey, y que bueno seria que estan- 
do juntos sus enemigos para pelear con él, dejase el campo y 
se fuese á curar; que nunca quisiese Dios tal, que lo que pedíaá 
don Antonio era, que si Dios le llevase de aquella enfermedad, 
pues el médico decía que tenía tanto peligro, que en algún 
arroyo de los que por alh había le hiciese enterrar, apartando el 
agua y volviéndola á echar después por encima del cuerpo, 
porque los indios no le pudiesen hallar ni le llevasen, sino que 
después, habiendo lugar, le pudiesen llevar á su capilla en la 
ciudad de Santiago. Y, dichas estas palabras á don Antonio, en 



QUIROGA 411 

presencia suya envió á llamar al maestre de campo Lorenzo 
Bernal, y le preguntó qué fin tenían los indios de guerra, y qué 
sitio, y que si los habla reconocido, y él le respondió que esta- 
ban con las armasen las manos aguardando el campo para 
pelear con él. El gobernador le mandó que pusiese la gente en 
orden y que estuviesen apercibidos para salir otro día de ma- 
ñana á buscar los enemigos; el maestre de campo le respondió 
que cómo podía ser, estando Su Señoría como estaba. El Gober- 
nador le respondió que no le replicase, que á él le llevarían en 
hombros en una silla, y que hiciese luego lo que le decía; y ansi 
otro día de mañana, llevando al dicho gobernador Rodrigo de 
Quiroga en una silla, se alzó el campo y se acercó á los enemi- 
gos, aunque con mucho riesgo de la salud del Gobernador, 
porque le llevaban en hombros muy enfermo y flaco. 

Llegado el Gobernador con su campo hecho en escuadrón, 
apercibida la gente para lo que sucediese, al pié de la cuesta 
que llaman de Villagra, porque le desbarataron allí los indios 
siendo gobernador, mandó alojar allí la gente, y, después de 
haberse alojado el campo, mandó el gobernador al maestre de 
campo que fuese á reconocer si eran muchos los indios, porque 
era la parte á donde decían que hablan de pelear; el cual los 
reconoció y entendió que estaban emboscados, y como los in- 
dios entendieron qXielos habían reconocido dieron muestras de 
querer pelear, saliendo algunos á escaramuzar con los soldados 
que iban ¿caballo y habían ido á reconocerlos, y, por ser algo 
taMe, mandó el Gobernador recogerla gente y que la batallase 
dejase para otro día de mañana. 

Toda aquella noche se estuvo en arma, porque estaban tan 
cerca los enemigos del campo del Gobernador, que los indios 
tiraban algunos arcabuzazos (por tener entre ellos algunos arca- 
buces que han tomado de los españoles) pero no hacían daño, 
por llegar las pelotas ya cansadas cuando caían en el campo 
del*Gobernador. 

Otro día en la mañana, que fué viernes 21 de marzo de 1578, 
se dijo misa á vista de los enemigos, y se formaron dos escua- 
drones, y en orden fué caminando el campo á acometer los ene- 
migos y se peleó con ellos, y al cabo de gran rato fué Dios ser- 
vido que se reconoció la Vitoria y que los enemigos fueron 
vencidos y desbaratados. 

Este día le cupo á don Antonio y su compañía la vanguardia, 



412 HISTORIADORES DE CHILE 

porqué como sus soldados era la gente más principal del reino, 
que eran los del estandarte real, todos quisieron señalarse 
aquel día, y como acudió allí la mayor fuerza de la gente de 
guerra de los enemigos, la mayor parte de los soldados del es- 
tandarte salieron heridos, porque se comenzó por aqueJla parte 
la batalla más reñida, y asimismo llegaron á dar algunas fle- 
chas al dicho don Antonio y le hirieron un caballo, pero fué 
Dios servido que ninguno de sus soldados murió ni corrió 
riesgo. 

Como el Gobernador estaba tan enfermo ó impedido para 
salir ese dia y de hallarse en la batalla, se mandó armar y que 
le pusiesen en un caballo, con unos estribos hechos de tafetán 
porque no le hiciesen daño, y así entró en la batalla y anduvo 
entre los enemigos, y fué tan grande el contento *que recibió 
con la Vitoria, que de allí adelante comenzó á tener notable 
mejoría, hasta que estuvo bueno, y fué esta batalla reñida. 

Después de esta vitoria fué caminando el Gobernador con 
todo el campo, talando las comidas y corriendo la tierra de los 
enemigos, hasta la provincia de Tucapel, á donde se había de 
invernar, porque ya la provincia de Arauco quedaba destruida 
y sin comidas, del invierno pasado, que había invernado en 
aquella provincia el Gobernador con toda la gente, en el cual 
invierno tuvo algunas batallas con los indios, y ellos empren- 
dieron dos veces á desbaratar el campo, la una mostrándose 
más de ocho mil indios en escuadrones con sus armas sobre 
el campo, que hablan estado emboscados para llevar la escolta 
y dar en la demás gente después. La cual emboscada se les des- 
cubrió, y como vieran que habían sido sentidos, no osaron aco- 
meter los soldados del campo, antes en voz alta en español di- 
jo un Alonso Díaz> mestizo, hijo de un español y de una india 
(que aunque era cristiano y se habla criado entre los españo- 
les, se fué después á los indios de guerra, y ellos le hicieron 
general suyo), el cual dijo que agradeciesen á Dios que su go- 
bernador era buen cristiano, y que Dios le quena bien, porque 
por milagro había querido descubrirles la emboscada, que si 
no se la descubriera Dios, que él se hubiera llevado todo el c 
po y muerto á todos los españoles; y con estas palabras, i 
pues de haberlas dicho, fué retirando toda su gente en esc 
drón, que por ser tanto número de gente de guerra, y la tie? 
tan áspera, no pareció convenir seguirlos por entonces. Ar 



QUIROGA 413 

de lo cual, otra noche habían venido á poner fuego átodo el 
asiento de Arauco, á las casas á donde estaban alojados los 
soldados, que eran de paja; lo cual hicieron una noche que ha- 
cia mucho viento, pasando el rio de Arauco, que iba crecido, en 
cuya ribera estaba el pueblo, y aunque la noche era tempestuo- 
sa de viento, y prendió el fuego, salieron tan bien y con tanta 
presteza los soldados al arma, que se remedió el fuego, con 
pérdida de una ó de dos casas, sin que muriese ninguna perso- 
na. En este mismo tiempo, y pocos días antes, como el Gober- 
nador veia las traiciones y bellaquerías. que cada día hacían ó 
iban intentando, mandó salir una noche de 'mucha escuridad 
y tempestad (y habiendo puesto espías y sabiendo que los in- 
dios de guerra estaban seguros en sus casas) al maestre de 
campo y á algunos cristianos, con número de gente, que fue- 
sen de trasnochada á los indios de guerra y prendiesen todos 
los que pudiesen y los trajesen al campo, y así salieron los capi- 
tanes y maestre de campo y trajeron presos más de quinientos 
indios, los cuales el Gobernador hizo embarcar y llevar deste- 
rrados á la ciudad de Coquimbo, metidos en un navio por la 
mar, que era de su tierra más de ciento veinte leguas, para 
que en las minas de aquella ciudad sacasen oro para ayudar á 
los* gastos de la guerra; y algunos caciques que se tomaron allí, 
como fueron- los sucesores de Colocólo, Arauco y otros, que 
mandó el Gobernador que se llevasen desterrados al Perú, á 
don Francisco de Toledo, que era virrey en aquella sazón, los 
cuales se le llevaron y entregaron. Esto sucedió todo en el pri- 
mer invierno que el Gobernador invernó en Arauco, en el cual 
tiempo sucedió un caso notable de un indio, el cual era de gue- 
rra, y una mañana se vino solo con una lanza en la mano al 
campo de los españoles, y dijo que quería hablar al Goberna- 
dor, y llevándole delante dól, le dijo desta manera: «Yo vengo á 
ti con una embajada, que si has sido enamorado y querido bien 
me creerás, y si no, no me podrás creer.» El Gobernador le dijo 
que se dejase de razones y que dijese qué quería, pues sabía bien 
Que conocía de muchos años sus bellaquerías y engaños; con 
^ asegurado el indio, le dijo: «Sabe, señor, que yo quiero bien 
. india, hija de un cacique, y ella me quiere á mi, y contra 
jstra voluntad la ha casado su padre con otro indio, y ella y 
concertamos que para el día que hubiese de ser la boda, yo 
viniese á tí, y que estando sus padres y más deudos juntos 



414 HISTORIADORES DE CHILE 

en la fiesta, fueses tú con tus cristianos, y estándose ellos hol- 
gando, los prendieses á todos (porque en aquel tiempo no tra- 
tan sino de holgarse y están desarmados) y que si yo hiciese 
esto, y te llevase á tí y á tus cristianos, ella, aunque estuviese 
con su marido y su padre, le dejaría y á sus parientes y se ven- 
dría para mí.» Oyendo el Gobernador el caso, estuvo confuso, 
y dijole que era un bellaco mentiroso, y el indio respondió que 
no mentía, y que para más seguridad, á él le llevasen atado, y 
que si no hallasen la gente y íuese como él lo decía, que lo 
ahorcasen. Persuadido el Gobernador que el indio decía ver- 
dad, envió á llamar al maestre de campo y le mandó que aper- 
cibiese número de gente, que quería ir él en persona con el 
indio, pues el indio había venido á él; y así fué que el mismo Go- 
bernador fué en persona, y mandando que se llevase atado aJ 
indio, y que la gente fuese en orden para pelear y siguiéndole, 
el indio los llevó, atadas las manos y una collera á la garganta, 
á donde estaba su dama y todos los parientes del y della en la 
fiesta, como lo había dicho el indio, bebiendo y holgándose y 
muy descuidados de semejante suceso. Prendió el Gobernador 
con sus soldados muchos dellos, matando algunos que se qui- 
sieron defender, y la india sin ninguna alteración, antes con 
muestra de mucho contento, dejó á su marido y á sus padres y 
deudos y se vino abiertos los brazos para su indio, y así los 
trajo el Gobernador consigo al campo presos, y les enseñaron 
la dotrina y oraciones y fueron cristianos y los casaron, y á 
él, como verdadero enamorado, le llamaron Maclas. Que, cierto, 
fué caso notable que estos bárbaros vendiesen sus padres, su 
patria y deudos y amigos para sólo gozar de sus amores. 

El primer invierno que el Gobernador invernó en Arauco hi- 
zo otro indio una cosa de grande atrevimiento y de muy hom- 
bre de guerra, y fué que salió de entre los indios de guerra y 
se vino al campo de S. M. y preguntó por el Gobernador y 
maestre de campo, y en encontrando con el maestre de campo, 
dijo que él venía huyendo de su tierra porque sus parientes le 
querían matar por quitarle unas chácaras, que son tierras, y 
harta hacienda que tenía, y que lo habían jurado que le habían 
de dar hambi, que son géneros do tósigos que se dan unos á 
otros, y que asi, porque no le matasen, se venía huyendo á fa- 
vorecerse de los españoles; el cual indio venía con un vestido 
muy roto, y él, que mostraba ser un simple por su aspecto y ra- 



V 



QüIROGA 415 

zones, que á todos engañaban, le mandó recoger y que se es- 
. tuviese con los indios amigos y comiese y anduviese con ellos, 
el cual estuvo cinco ó seis días haciéndose del bobo, y al cabo 
dellos se huyó; y haciendo una correduría el campo, de allí á 
quince ó veinte días se tomaron^algunos indios de guerra, y 
dando tormento á uno dellos para saber sus designios, entre 
otras cosas descubrió que aquel indio habia sido espía y que 
había venido á reconocer el campo de los españoles y el núme- 
ro de gente que tenía, y el sitio y armas, y que, después que lo 
habia reconocido todo, se había huido y dádoles razón de todo 
ello, y que él de su propia voluntad se había 'ofrecido en aquel 
traje y disimulación á hacerlo y á engañar á todo el campo, co- 
mo lo hizo, sin ponérsele por delante el peligro que corría su 
vida si por algún camino se pudiera imaginar su designio. 

Ansimismo en otra correduría que hizo el mismo Goberna- 
dor, teniendo noticia que unos indios de guerra estaban juntos, 
se tomaron y prendieron algunos dellos, y entre otros se cogió 
un indio muy belicoso^, cacique principal, llamado don Juan, el 
cual habiéndose criado entre los españoles, muchacho fué cris- 
tiano, y después que fué hombre se huyó á su tierra á los in- 
dios de guerra, adonde en las ocasiones que se ofrecían se ha- 
llaba contra los españoles; y teniendp á su cargo el gobernador 
Rodrigo de Quirogá las cosas de la guerra de aquel reino, y 
siendo gobernador, la primera vez que gobernó prendió al di- 
cho don Juan, ypor serindioprincipalledesterróyenvióála ciu- 
dad de los Reyes al Pirú, el cual el gobernador Saravia, vinien- 
do á gobernar del Pirú por orden de S. M. á Chile, volvió á 
traer al dicho don Juan, persuadido del indio de que sería de 
muy grande importancia verle en aquel reino para persuadir 
que los indios de guerra diesen la paz; y persuadido Saravia, le 
trajo, y viéndose cerca de su tierra, se volvió á huir á ella, y es- 
tando casi todos los indios de paz fué mucha parte para alzar- 
los, diciéndoles que el Saravia era un patero (que llaman así á 
los clérigos) y que no valía nada, que era muy chiquito y no 
entendía la guerra, y así ellos hicieron al dicho don Juan ge- 
neral de toda la gente de aquellos l^bos, que es como una pro- 
vincia y parte de aquella tierra, eñ el cual nombre mandando á 
los indios hacía á los españoles muchos daños. 

Y habiendo quitado el gobierno al dicho Doctor Saravia y 
vuéltole á Rodrigo de Quiroga, en la correduría dicha, como es- 



416 HISTORIADORES DE CHILE 

tá referido; prendió el dicho Gobernador al dicho don Juan y le 
hizo empalar, porque fueron grandes traiciones y maldades las 
que se averiguaron que había hecho á los españoles y á los in- 
dios de paz. Estas cosas referidas, y otras muchas de que no se 
hace mención por excusar prolijidad, sucedieron al primer ve- 
rano y el invierno siguiente que se invernó en Arauco, y el 
verano siguiente, hasta que después de la batalla que se tuvo 
on la cuesta de Villagra, y después de hajber muerto en ella al- 
gunos indios, y aprehendido otros siguiéndoles el alcance, se 
fué caminando el campo á invernará la provincia de Tucapel, 
porque la de Arawco estaba destruida del invierno pasado, que 
se habla sustentado allí de los bastimentos de los enemigos, 
toda la gente del campo y caballos; y asi talando algunas comi- 
das que se hallaban por el camino, y haciendo algunas corre- 
durías, se llegó á la parte á donde se habla de invernar el se- 
gundo invierno. 

Allí se escogió un sitio, que á los principios pareció muy 
bien, porque era muy fuerte, el cual era en esta manera: una 
loma rasa, cercada por todas partes de una laguna muy honda 
y que no tenia sino una sola entrada, y la comarca á la redon- 
da muy fértil, llamada Paicavi; y en esta loma, cercada de la 
laguna, en lo más altodella se situó el campo y se hicieronran- 
cherias para los soldados é indios^amigos. 

De allí se hicieron corredurías y se recogió cantidad de co- 
mida, y se hizo un depósito para las necesidades, cuando se 
ofreciese, y se trujo mucho ganado de los enemigos, el cual se 
repartió entre los soldados, que cada cual procuraba sustentar 
su parte. 

Después desto comenzaron á cargar las aguas del invierno y 
vino á ser el más mal sitio del mundo el que se tuvo, que ha- 
bía parecido bien al principio, porque como no había más de 
una entrada al campo y aquella tierra es fértil y entraban y sa- 
lían tanta cantidad de caballos á las escoltas y á lo que era ne- 
cesario, no se podía entrar ni salir con lodo de donde estaba la 
gente del campo sitiada; y [)or otra parte, como estaba cercada 
la loma donde estaba el campo de la laguna á la redonda " 
con las aguas que caían era tan húmido el sitio que por del' 
te de donde estaban recogidos los soldados y dormían, corr 
arroyos de agua, y ansí sin duda debía ser de los más trab? 
sos inviernos que han pasado españoles soldados. 



QUIROGA 41 7 

Todo este invierno le cupo á don Antonio de Quiroga y á los 
soldados de su compañía mucha parte de trabajo, porque como 
era toda la gente principal y que tenían los mejores caballos del 
campo y deseo de servir al Rey y dar gusto al Gobernador, en 
habiendo necesid(;id de comida ó de otra cosa en el campo, eran 
los primeros que salían del. 

Habiendo salido deste asiento el maestre de campo á recoger 
comida, que comenzaba á haber parte della, legua y media de 
donde estaba el Gobernador, envió á pedir socorro de gente, 
porque querían pelear con él los indios en uña tierra que lla- 
man las Quebradas de Lincoya, al cual socorro fué el mariscal 
Martin Ruiz de Gamboa con algunas compañías, y fué don 
Antonio con la suya y se peleó con los indios, y fueron venci- 
dos y desbaratados, y en la dicha batalla salió don Antonio he- 
rido de una flecha en una pierna. 

De allí á dos ó tres días vinieron en* unas balsas por la lagu- 
na una noche dos indios de guerra y pegaron fuego en el cam- 
po, y como el sitio vino á ser tan malo con el invierno, cada día 
se mostraban los enemigos, y no se atreviendo de entrar dentro 
del campo, se llegaban cerca y tocaban armas y traian inquieta 
toda la gente, sin que pudieran ser ofendidos; y ansí, antes que 
se acabase el invierno nos fué necesario para poder salir golpe 
de gente á buscar comidas y ganados, porque estaba la gente 
con mucha necesidad, mudar el campo á otro sitio, y asi, se 
mudó media legua de allí á la playa de la mar, poco más; y 
cerca Üel mar, en un arenal, se alojó el campo junto á un rio 
que se llama Viloco, que quiere decir culebra de agua, el cual 
nombre le pusieron porque trae aquel rio muchas lampreas de 
las misnias de España, aunque pequeñas, á las cuales los in- 
dios llaman en su lengua culebras de agua. 

Deste asiento fué necesario salir á buscar comidas entre los 
enemigo^, porque, como está dicho, había necesidad en el cam- 
po, y entendióse que la había en las Quebradas de Lincoya cer- 
ca de donde se había peleado los días pasados; y ansí, le pare- 
ció al Gobernador que fuesen el maestre de campo y don Anto- 

; por ella, y asi, fueron, y los indios, por estar juntos y ser el 

io aparejado, la procuraron defender y fué forzoso que el 
estre campo y don Antonio y la gente que iban con ellos pe- 
sen con los indios, como se hizo, y pelearon con ellos en 
a. loma rasa que tenía una quebrada de una parte y otra, en 



418 HISTORIADORES DE CHILE 

la cual batalla anduvieron este día los indios tan atrevidos y des- 
vergonzados, que uno, sin temer los arcabuzazos, con estar es- 
caramuzando y disparándolos arcabuces en sus mismos pechos, 
se entró entre ellos y quitó á un arcabucero un arcabuz de las 
manos; y otro indio, viendo que un soldada le trata apretado, 
cerró con el soldado á brazos y se echó á rodar con él por la 
quebrada abajo, y si no le socorrieran al soldado, corriera mu- 
cho riesgo, con ser hombre de bien y valiente por su persona; 
pero con la voluntad de Dios y con muerte de algunos indios, 
fueron vencidos y desbaratados y se trajo al campo alguna co- 
mida y ganado, aunque poco. 

De allí cá algunos días fué necesario salir á buscar de comer 
entre los enemigos para sustentar el campo, y le pareció al Go- 
bernador que fuesen el maestre de campo y don Antonio, y se 
alejasen cinco ó seis leguas del campo, de trasnochada, y. se 
dividiesen en dos partes para que se pudiese hacer njejor y más 
efecto, y que el maestre de campo fuese hacia una tierra que se 
dice Videregua, y don Antonio hacia Clarea, que eran las par- 
tes adonde se entendía que podía haber comida y ganados, por- 
que nunca se había ido á hacer corredurías después que se ha- 
cía la guerra hacia aquella parte; y ansí, el maestre de campo y 
don Antonio salieron con 200 hombres del campo y con algu- 
nos indios amigos, y porque la tierra hacia donde se había de 
ir á correr era la más áspera hacia donde iba el maestre de 
campo, cuando se apartaron él y don Antonio, dijo el maestre 
de campo que para ir á aquella tierra tenía necesidad de llevar 
150 soldados, y don Antonio replicó que pues él había de lle- 
gar á Clarea, que era media legua más adelante, que era poca 
gente 50 soldados, porque, aunque la tierra era muy llana, si 
sucediese algo y se juntaran algunos indios de guerra, no po- 
dían ser socorridos; en fin, se tomó resolución en que el maes- 
tre de campo llevase 140 hombres y don Antonio 60, y se apar- 
taron al anochecer; y el maestre de campo hizo su jornada y 
fué sentido de los indios de guerra, porque, luego que se apar- 
taron él y don Antonio, hacia la parte donde fué el maestre de 
campo con su gente, en todos aquellos cerros hicieron los indios 
de guerra humos, que es señal por donde ellos dan aviso cuan- 
do salen los españoles del campo para poner sus personas y 
haciendas en salvo, y ansí el maestre de campo y la gente que 



QUIROGA 419 

iba con él, por haber sido sentidos, no hicieron ningún efecto 
ni hallaron gente, ni comida, ni ganados. 

Don Antonio, como se vio con sólo sesenta hombres, y reco- 
noció los humos, y que el maestre de campo había sido sen- 
tido, habló á sus soldados y les dijo que convenia hacer mu- 
cha diligencia porque la gente de guerra no tuviese lugar de 
juntarse, y que asi era necesario camínafT toda la noche para 
poder llegar á Claroa, que era la parte adonde hablan do ir an- 
tes que amaneciese, que era más de cuatro leguas de donde 
estaban, y porque para llegar allá se habla de pasar un rio, que 
se dice Lleolleo, que por aquella parte viene á descargar en la 
mar, y suele llevar mucha agua, y no sabían el vado, mandó 
don Antonio á los capitanes Nicolás de Quiroga y Miguel de 
Silva y á don Bernardino de Quiroga, su hermano de don An- 
tonio y á otros soldados, que llevasen buenos caballos, que 
se adelantasen por la playa galopando los caballos, y que á 
media rienda llegasen hasta donde se juntaba el rio con la mar, 
á donde hay pesquería y suelen los indios coger ostiones y 
otros pescados que dan ala costa, que suelen ser en mucha 
cantidad, y siempre suele haber indios por allí pescando. Y 
ansí se adelantaron los soldados referidos, y poco más de una 
legua, tomaron dos indias que andaban pescando, y hicieron 
alto con ellas aguardando á don Antonio, porque era esa la or- 
den que él les había dado; y asi, llegado don Antonio á donde 
estaban las indias, las hizo preguntar por donde se habla de 
pasar el río para Claroa, y ellas dijeron que no se podia pasar 
porque no había vado, y don Antonio les dijo que las había de 
hacer ahorcar porque mentían, porque él sabia que por allí se 
pasaba, y mandó que las echasen sendas sogas á la garganta 
y las llevasen al pie de unos árboles que estaban á la orilla del 
río, dando muestras de que las quería hacer ahorcar, y así, 
apretándolas, dijo la una dellas que ella diría por donde pasa- 
ban los indios, y llevándola presa con una guía, comenzó á 
pasar el río, y un soldado á caballo tras ella, y los demás en su 
seguimiento. Y ansí, dando el agiia á los pechos de los caba- 
llos, se pasó el río, y después que se hubo pasado supo dellas 
el camino para Claroa, que es á donde se había de llegar; y por- 
que se supo de las indias que no estaba muy lejos, y era poco 
más de media noche, mandó don Antonio que se apeasen todos 
allí, y comiesen los caballos, sin quitar las sillas, en unos jun- 



N. 



420 HISTORIADORES DE CHILE 

CCS y yerba que estaba entre el río y la mar, y ansí se hizo, y 
se debió de estar descansando allí dos horas, poco más. Luego 
mandó enfrenar y que se pusiesen todos á caballo, y con sus 
mechas encendidas fueron caminando hasta llegar un tiro de 
arcabuz, poco más, de Claroa, y allí repartió don Antonio los 
soldados que llevaba en cuadrillas. Fueron veinte soldados con 
los capitanes Miguel \le Silva y Nicolás de Quiroga; éstos fue-' 
ron por lo llano á unas rancherías que estaban cerca de una 
laguna, y don Antonio, con los cuarenta subió por lo alto de 
la sierra á donde estaba la casa del cacique principal de aque- 
lla tierra y la demás población, y ansí dieron en sus casas an- 
tes que amaneciese, media hora, y los hallaron todos en sus 
casas durmiendo, descuidados do semejante suceso, porque 
no entendían que con tanta brevedad pudieran llegar los espa- 
ñoles. Tomóseles en esta correduría mucha ropa y se mataron 
algunos indios que se quisieron defender, y se trajeron presos 
diez y ocho á veinte indios, y más de cien muchachos y mu- 
chachas indias, y dos mil cabezas de ganado de ovejas y car- 
neros y cabras, y niás de ochenta de las de aquella tierra; y 
luego que hubo hecho su presa, mandó tocar una trompeta á 
recoger, que era la señal que tenia dada á su gente, y con mu- 
cha brevedad hizo que se recogiese todo, y tomando en medio 
el ganado y los presos, encargó la retaguardia al capitán Juan 
Beltrán, natural de Ciudad-Real, y dándose la mayor priesa que 
pudo, salió á lo llano, que era donde se había de venir á juntar 
el maestre de campo con él; y con toda la priesa que se dio, 
habían ya salido á lo llano, reconociendo los indios de guerra 
la poca gente que don Antonio tenía consigo, y se habían junta- 
do ya dos ó tres escuadrones, que serían por todos hasta cien 
indios, con sus armas, los cuales, viendo ya que don Antonio 
había salido de los malos pasos y que el maestre de campo ve- 
nia ya caminando para juntarse con él, no osaron acometerle, 
y ansí se juntó con el maestre de campo y con su gente, el cual 
se regocijó mucho con la presa que había hecho don Antonio, 
porque venían él y sus soldados muy tristes de no traer nada; 
y ansí se despachó luego al Gobernador, dándole aviso de ^^ 
sucedido ádon Antonio, y porque estaba el campo con extre 
necesidad de comida y ganado, fué grande el contento que 
recibió, saliendo el Gobernador, con gente del campo, á recí 
al maestre de campo y á don Antonio. Y así en estacorredi 



QUIROGA 421 

hizo don Antonio servicio á Su Majestad, porque, mediante su 
buena diligencia y cuidado, se reparó la necesidad de los sol- 
dados de S. M., que era mucha, porque con el socorro que tra- 
jo don Antonio había comida y bastimento en el campo bastan- 
te hasta que hubo trigos y cebadas en la tierra de guerra para 
poderse sustentarlos soldados del campo de S. M. 

Habiéndose juntado con el Gobernador el maestre de campo 
y don Antonio, se vino el Gobernador con todo el campo á un 
asiento cerca del rioLloolleo, que era donde don Antonio había 
hecho la correduría dos dias antes, y alli sucedió un caso no- 
table de un indio de guerra, y fué, que habiéndose alojado el 
campo aquella noche, al cuarto de la prima, estando puestas las 
centinelas y las rondas, vino un indio con un arco y unas fle- 
chas, y llegándole á reconocer la ronda, vio que era de guerra, 
y el indio se llegó á él y lo aseguró dándole á entender que 
venia al campo de los españoles, y asi la ronda le trajo consigo, 
y hablándole con una lengua, le dijo que venia á hablar á un 
capitán que había traído preso á su padre dos dias había, y asi 
llevándote á don Amonio, le dijo: «Tú, capitán, trajiste preso á 
mi padre, que es señor de esta tierra; es muy viejo, y tiene 
tres mujeres y muchos hijos pequeños y hace mucha falta en 
su casa; doliéndome desto, como su l:\ijo, por la falta que nos 
hace á todos, vengo á pedir que pues mi padre es tan viejo, 
qu^ no es de provecho para servir á los españoles ni para sa- 
car oro, que pidas al Gobernador que le deje ir á su casa para 
sus mujeres é hijos, y que yo, pues soy mozo y puedo servir á 
todo lo que se me mandare, quede en la prisión en su lugar.» 
Oyéndole don Antonio, y pareciéndole que para un bárbaro era 
gran amor el que tenía á su padre, le llevó consigo al Gober- 
nador, suplicándole que, en virtud del amor del hijo, diese li- 
bertad al padre, y que se fuesen entrambos á su tierra, pues al 
fin no era más que un indio viejo, y que para ellos seria ejem- 
plo de la virtu,d que tenían los cristianos. El Gobernador no 
quiso hacerlo, diciendo que eran unos bellacos, y que hasta que 
sirviesen no era justo hacerles bien ninguno, porque cualquie- 
^osa que se hiciese por ellos, entendían que era por temor y 
jdo que se^ les tenía; que si quería llevará su padre, que se 
idase él en su lugar; y así fué don Antonio con él á donde 
iban les indios presos, y él se fué derecho á su padre, y co- 
nzó á llorar de contento con él, y le dijo que venía él á que- 



422 HISTORIADORES DB CHILE 

darse en su lugar y sacarle de la prisión, que se fuese á su ca- 
sa. Y así se fué el padre á su tierra para sus mujeres é hijos, 
y el indio se quedó en la prisión, que, cierto, aunque entre bár- 
baros, fué prueba de grande amor de hijo á padre. 

Al principio del verano de 1578, \yno el Gobernador con el 
campo á Purén, y hasta llegar allí, vino puesta la gente en or- 
den, y hecho un escuadrón, por un valle y una cuesta arriba, 
hasta que llegó, que hay más de legua y media de camino, 
porque se tuvo nueva que querían pelear los indios de guerra 
con el campo, porque lo habían hecho el año antes en el mismo 
sitio, dando en la retaguardia en el bagaje, á donde hirieron á 
un soldado llamado Ribadeneira, natural del reino de Galicia, 
y llevaron un caballo y unos quijotes de otro soldado, llamado 
Juan de Córdoba, nacido en Chile, y si no fuera por el capitán 
Rodrigo de Quiroga, que era sobrino del Gobernador y un va- 
liente soldado, que traía á su cargóla retroguardia y arremetió 
animosamente sobre los enemigos, hicieran más daño, por ser 
el sitio más aparejado para ellos; y asi estuvieron aguardando 
en el mismo lugar que el año pasado, y como vieron que lá 
gente iba tan apercibida y en orden, no osaron acometer, mas 
que sólo dende lo alto dar mucha grita y tocar sus cornetas 
haciendo muchos fieros de palabras, como gente que por el si- 
tio y aspereza de la tierra estaba segura de que no les podiesen 
ofender, y asi marchando el campo con esta orden llegó al va- 
lle de Purén. 

Es el valle de Piirén un valle muy fértil, donde se alojó el 
campo, y había en él mucha fuerza de trigos y cebadas, y taca, 
que es una manera de avena que hay en aquella tierra, que es 
extremado pienso para los caballos, y mucho maiz, y que todo 
estaba ya casi para cogerse, y quinoas y porotas y murtas y 
frutilla, y otros muchos géneros de legumbres que se cogen en 
aquel valle por la fertilidad que hay en él; y ansí, para talar y 
destruir todas estas comidas, fué necesario que el campo estu- 
viese alli alojado diez ó doce días para destruirlas, como para 
descansar y reformar los caballos que hablan quedado del in- 
vierno pasado, que habla sido muy recio y los caballos habían 
quedado muy flacos. 

A este asiento llegó el mariscal Martin Ruiz de Gamboa á 
pedir al Gobernador socorro de gente para pacificar unos indios 
que se habían alzado en las ciudades de arriba, y el goberna- 



QUIROGA 423 

dor, de la gente que había en el campo, le díó 60 hombres, con 
los cuales y la gente que traía se volvió á hacer la guerra y cas- 
tigar á los indios que se habían alzado. 

En este asiento usó un indio de un atrevimiento y ardid ex- 
traño, y fué que el indio era ladino y hablaba el español, y con- 
certó con los indios de guerra de venir al campo de los españo- 
les en traje de indio de paz, y que al tiempo que los soldados 
estuviesen descansando en los toldos la siesta, que hacia en 
aquel tiempo y en aquel valle excesivo calor, él iría á donde 
estaba el ganado de los españoles y le iría recogiendo hacia el 
monte, y que allí estuviesen emboscados los indios con sus 
lanzas y armas para ayudarle á recoger el ganado y á defen- 
derlo de los españoles, y que si acaso los indios que lo guarda- 
ban le dijesen algo, que él les diría en la lengua como que era 
indio de paz y su compañero, que iba recogiendo el ganado 
hacia aquella parte, porque había muy buen pasto y yerba para 
él, y ansí vino y comenzó á recoger el ganado y á irle llevando; 
y un indio capitanazo que tenían los indios, que tenía cuenta 
con el ganado á su cargo y les había dado orden y dicho lo 
quei se habían de apartar y no más del campo, que andaba á 
caballo sobre ellos y había yenido al campo á comer, viendo 
que el ganado se alejaba mucho más de lo que á los indios se 
había mandado y que cada vez iba caminando más, fué corrien- 
do en su caballo á reñir á los indios porque apartaban el ga- 
nado, y topó con el indio que le iba recogiendo ú\ monte, y 
aunque el indio le habló en español y andaba vestido con el 
traje de los indios de paz, con todo eso el capitanazo reconoció 
que no era de los indios que traían el ganado á su cargo, y le 
echó mano, y volviendo el ganado hacia donde solía andar, que 
era cerca del campo de los españoles, trajeron el indio al Gober- 
nador, y preguntándole quién era, dijo que de los indios de paz, 
señalando que era délos indios de Toltén, que son unos indios 
de la Imperial, y enviando á llamar á su cacique dijo que no 
era suyo. Y entonces le mandó el Gobernador apretar y confesó 
la verdad, y lé ahorcaron, teniéndose por terrible atrevimiento 
que un indio viniese solo á querer llevarse el ganado del cam- 
po de los españoles en medio del día y que tuviese osadía para 
emprender caso semejante. 

Después de haber destruido y talado las comidas del valle 
de Purén, y después de haberse ido el mariscal con la gento 



\ 



424 HISTORIADORES DE CHILE 

que vino á pedir socorro á las ciudades de arriba, salió el Go- 
bernador con la gente del campo al valle de Guadaba, que está 
del do Purén una legua, poco más, y allí se alojó; y después de 
haberse alojado el campo, pidió el maestre de campo Lorenzo 
Bernal licencia al Gobernador para ir á ver su mujer y casa, 
que estaba de aquel asiento poco más de dos leguas en la ciu- 
dad de Angol, porque había estado el verano pasado y todo el 
invierno sin ir á su casa, y ansí el Gobernador le dio licencia 
por cuatro días, y él se fué á visitar su casa y á verse con su 
mujer. 

Y como los indios de guerra habían visto apartar al mariscal 
con la gente que llevaba, y que también el maestre de campo 
había salido á su casa, parecíéndoles que el campo de los espa- 
ñoles estaba con poca gente, y que el asiento que tenía la gente 
del Gobernador era muy malo, y para ellos muy aparejado para 
huir, si se ofreciese, por ser áspero y tener la huida cerca, y 
porque había muchos días que se andaban juntando para pelear, 
después que el gobernador no los había querido recibir la paz 
en Ongolmo y en Lleolleo, determinaron pelear en este asiento, 
y lo pusieron por obra acometiendo el campo por tres partes, 
dos horas antes que amaneciese, que por estar la gente del 
campo descuidada y ser la primera vez que habían dado de 
noche, y acometer con gran ímpetu y muchos indios., estuvo en 
muy gran riesgo el campo de S. M. y muy cerca de perderse 
todo, porque estuvierpn los indios dentro del cuerpo de guar- 
dia, y hubieron ganado algunos toldos, porque como los solda- 
dos estaban descuidados de semejante suceso, y los indios 
fueron tan prestos que cuando se tocó arma ya estaban dentro 
del campo, hubo gran confusión primero que los soldados pu- 
diesen tomar las armas. Esta noche, en esta batalla, peleó don 
Antonip de Quiroga animosamente, más por defender su vida 
que por vencer, porque saliendo á pié, armado y con una lanza 
y adarga en la mano, y su espada ceñida, en saliendo de su 
toldo dando voces á los soldados que saliesen á pelear, se halló 
metido entre más de 50 indios de guerra, que venían hecho un 
escuadrón cerrado, con lanzas y flechas, y embrazando su 
ga y volviendo la lanza á los enemigos, hizo espaldas en 
árbol que estaba allí, y estuvo peleando gran rato con los 
dios; y llegó en e.^te estado á él un soldado llamado Die^ 
Ulloa, natural de Villafranca, el cual, reconociendo á don 



krr/ 



QUIROGA 425 

nio le dijo: «Señor capitán, ;^qué hace vuestra merced? Retirar, 
retirar, que es temeridad estar peleando solo con un escuadrón 
entero; retírese vuestra merced al cuerpo de guardia, que allí 
podrá socorrerse y ayudarse de sus soldados». Don Antonio le 
replicó que llegase á ayudarle, porque si en aquella sazón 
volvía las espaldas á los enemigos para retirarse al cuerpo de 
guardia, que en el sitio que estaba habla de ser forzoso, los 
indios por las espaldas los llevarían en las lanzas. El Diego de 
Ulloa lo hizo tan valientemente que llegó á don Antonio y se 
juntó con él, hombro á hombro, y estuvo desta suerte peleando 
don Antonio con los enemigos gran rato, hasta que llegaron 
algunos arcabuceros amigos, que tirando á los indios con quien 
estaba peleando don Antonio, se abrió el escuadrón y comenza- 
ron á apartarse y á deshacerse. Don Antonio pidió un caballo, 
y juntó gente y soldados del campo los que pudo, que fueron 
pocos, por ser muchos los heridos que había, y fué. siguiendo 
el, alcance á los enemigos, matando algunos dellos y quitándo- 
les mucha cantidad de armas, que trajo al campo del Goberna- 
dor; y después de vuelto al campo, que eran ya las nueve de la 
mañana, poco más ó menos, que había más de cuatro horas que 
se habla comenzado la batalla, visitando don Antonio los toldos 
de los soldados heridos, halló metidos en ellos tres ó cuatro 
indios de guerra, que teniendo por cierta la victoria de su parte, 
se habían entrado para llevar la ropa de los españoles y á robar- 
los, y él los hizo ahorcar, después de haberlos hablado y per- 
suadido que fuesen cristianos, por una lengua. 

Y salió don Antonio desta batalla atravesada la adarga de 
cuatro lanzadas de los enemigos por la embrazadura, y la una 
le llegóá picar en el brazo izquierdo un pocoj y traía don Anto- 
nio de ordinario sobre las armas que traía una cuera de cinco 
cueros de gamuza justa, que hacían que sobrepujasen las ma- 
llas de la cota unas sobre otras, que la hacicín más fuerte para 
sufrir las lanzas y flechas de los enemigos, y este día salió de 
la batalla con ocho ó nueve flechas, que atravesaban la cuera 
sin herirle; y en la boca le dieron otro flechazo de gran ventu- 
ra, porque acertó á tener los dientes apretados, y en ellos mis- 
mos se rompió la flecha, siendo de pedernal, sin hacerle otro 
daño más que entrárselo algunas guijas por las encías, que con 
sacárselas el cirujano y quemarle las encías con unos aceites 
calientes, estuvo luego bueno del flechazo. Sacó asimismo en la 
27 



426 HISTORIADORES DE CHILE 

mano derecha un golpe, de que estuvo muchos días sin poder 
hacer fuerza con la mano, y fué que aquellos indios de guerra 
usan de una manera de armas de forma de pala de horno, hecha 
cayado y torcida, que llaman macanas, que lo más ordinario es 
hacerla de una madera que llaman luma, porque es pesada y 
no se quiebra; y ansi, con una destas macanas, teniendo don 
Antonio torcida su lanza contra los enemigos y asida con la 
mano derecha, cerca del cuento y cabo della le dio un indio en 
la lanza, que era de fresno de España, con fin de quebrársela, 
para poder cerrar con él con más seguridad, tan gran golpe, 
que todo un dedo atravesado se metió en el golpe y señal que 
quedó en la lanza, que pareció cosa de milagro el no hacérsela 
pedazos; y fué tan grande el golpe, que como don Antonio hizo 
fuerza para que no le quitase la lanza de la mano, los tres pos- 
treros dedos de la mano derecha se los desconcertó y sacó de 
su lugar, trayéndola muciios días con bizmas en el pecho, sin 
poderse aprovechar della. Y puede tanto la honra de las necesir 
dades con los hombres honrados, que, herido don Antonio, y de 
la manera que está referido, siguió el alcance de los enemigos 
y volvió al campo como si no lo estuviera, haxjiendo en esta 
batalla notables servicios al Rey. 

Hirieron esta noche en esta batalla 30 ó 40 soldados, y algunos 
de peligrosas heridas, aunque no murió ninguno, y sucedió 
una desgracia grande, que fué la muerte del capitán Rodrigo 
de Quiroga, que era muy valiente caballero, sobrino del Go- 
bernador, hijo de un hermano suyo, el cual murió de esta 
suerte: hablan ido, dos días antes ó tres, con él á cierta corre- 
duria, dos soldados, entre otros, que el uno se llamaba don 
Pedro de Gaona y el otro fulano Ortiz; éstos, sin orden del 
capitán Rodrigo de Quiroga, se adelantaron en tierra de los 
enemigos más adentro de lo que convenía, y en parte á donde 
los indios pudieron hacer suerte en ellos, que es una ciénaga 
y pantanal que hay en el valle de Purén, á donde no pudieron 
ser socorridos, de lo cual el capitán Rodrigo de Quiroga, muy 
mohino, les dijo algunas palabras, de que ellos se sintieron y 
juraron^ que se la habían de pagar en la primera ocasión qn 
se ofreciese, diciendo esto á muchas personas, y ansi la noc^ 
de la batalla le dieron un arcabuzazo *por detrás en la celad 
que se la pasaron y metieron la pelota en los sesos, de qi 
luego cayó muerto: que fué del Gobernador muy sentic 



QUIROGA 427 

SU muerte, por ser un valiente y determinado capitán y haber 
hecho muchos y muy buenos servicios á S. M. en aquel reino 
en compañía del gobernador Rodrigo de Quiroga. 

En este asiento estuvo el Gobernador con el campo de Su 
Majestad dos ó tres días, para que los soldados heridos y de- 
más gente descansase y se alentase, y para que de allí llevasen 
á la ciudad de Angol á enterrar al capitán Rodrigo de Quiroga, 
su sobrino; y, hecho esto, se alzó el campo y se fué á la pro- 
vincia de los Coyuncos, acudiendo don Antonio á todo lo que 
se había de hacer y mandar por la ausencia del maestre de 
campo, y destruyendo y talando las comidas que se hallaron 
por el camino de los enemigos, y se llegó á un valle de la dicha 
provincia de los Coyuncos, á donde vino estando alojado el 
Gobernador y ¡el maestre de campo, y en este sitio, de unas 
indias de guerra que se tomaron en una correduría, se enten- 
dió que los indios estaban juntos para pelear y que habían 
de acometer al campo de S. M. por tres partes, y que habían de 
pelear cuando anocheciese. Y ese mismo día mandó el Gober- 
nador al maestro de campo que se hiciesen diligencias para coger 
algún indio de quien se supiese la verdad, y ans^cerca del 
campo se emboscaron ciertos soldados en una espesura que 
había: y dejaron alargar dos ó tres caballos como que no lle- 
vaban guarda, y al amanecer, como de un cerro los viese una 
centinela de los indios de guerra que traían siempre sobre el 
campo, que no había visto ni sentido los soldados que se ha- 
bían emboscado, por ser de noche, bajó el indio á querer llevar 
los caballos y los de la emboscada salieron y lo cogieron, y 
dándole tormento se supo del cómo otro día al anochecer pe- 
learían sin falta, y que lo habían dejado de hacer por no haber 
acabado de llegar unos indios de la sierra que estaban aguar- 
dando, y que eraansi lo que lasindias hablan dicho, de queque- 
rían acometer al campo al anochecer y por tres partes. Y los 
soldados que habían ido á la escolta habían visto esa misma 
tarde algunos indios de guerra, con sus armas, que se iban 
iuntando tocando sus cornetas, por lo cual se tuvo por cierto 
batalla, y pareció que lo que más convenia era repartir toda 
gente del de S. M. en tres cuadrillas, que, para conocer 
la soldado á lo que habla de acudir, nombraron la una del 
píritu Santo, cuyo capitán era el Gobernador, y la otra la 
,nidad, que estaba á cargo del maestre de campo, y la otra 



428 HISTORIADORES DE CHILE 

cuadrilla se llamaba de Nuestra Señora, de la cual era capitán 
don Antonio; cada cuadrilla dcstas tenía seis arcabuceros y 
gente de á caballo para lo que sucediese, aunque los de á ca- 
ballo eran muy pocos, que por ser de noche no era tan nece- 
saria la gente ^de á caballo. 

Estando el campo puesto á punto para pelear se tocó arma, 
y se mostraron los indios por tres partes, como habían dicho, 
y como vieron la gente puesta en orden, en un punto mudaron 
sus capitanes de parecer, y viniendo divididos, se juntaron y 
acometieron juntos por la cuadrilla del Espíritu Santo, que era 
la que tenía el Gobernador á su cargo, á donde se peleó una 
hora, poco más, con los enemigos, y como por la parte á donde 
estaba don Antonio no habían osado acometer los indios, aun- 
que se habían mostrado, mandó don Antonio ádon Bernardino, 
su hermano, y Nicolás deQuiroga, y á otros veintidós arcabu- 
ceros que fuesen á socorrer á donde estaba peleando la gente 
del Gobernador, y que supiesen del si era necesario que él vi- 
niese, porque no le querían acometer los indios, y que él no 
dejaría la orden que tenía de guardar aquel puesto, confío se le 
había mandado, hasta que se le ordenase otra cosa. El Gober- 
nador le envió á decir que pues los indios no le habían aco- 
metido, que bien podía venir, y ansí don Antonio con su gente 
llegó á donde estaba el Gobernador con su cuadrilla peleando, 
y los indios de guerra fueron vencidos y desbaratados, y mu- 
rieron en esta batalla muchos, y muchos fueron á morir á sus 
tierras heridos, según se entendió, por ser el sitio aparejado 
para poderlos seguir el «alcance casi media legua, que si fuera 
de día se hiciera un gran castigo; con todo eso, mandó el Go- 
• bernador á los indios amigos que trajesen todas las cabezas de 
los indios muertos que hallasen, y que en los palos las pusie- 
sen todas por donde los indios habían venido á acometer el 
campo, y por la mañana trajeron ciento y tantas cabezas y entre 
ellas dos de dos indias, que al parecer eran muy hermosas y de 
lindos cabellos, que les daban por los tobillos, las cuales, ena- 
moradas de dos indios, con sus armas en las manos, que eran 
macanas y flechas, y con sus petos de cueros vinieron á ha- 
llarse con sus amigos en la batalla y murieron con ellos en 
ella, la una de un arcabuzazo, y la otra do una lanzada, sin po- 
der ser conocidas, por ser de noche, sino que en la mañana 
cuando trajeron las cabezas se entendió qué había sido, de dos 



QUIROGA . 429 

indios heridos que se trajeron presos andando los amigos bus- 
cando los muertos. 

En esta batalla, al tiempo que sucedió, tenía el gobernador 
Rodrigo de Quiroga más de setenta aflos, y andaba tan pesado 
é impedido de una hinchazón que le habla comenzado á dar, 
que le traían en una silla, porque se cansaba de andar, y ansí, 
cuando se tuvo nueva de los enemigos, se puso una cota y una 
celada y tomó su lanza y adarga, y estando sentado en la silla, 
sin poderse tener en pié, cuando se tocó arma fué tan grande el 
esfuerzo que tomó, que s5 levantó de la silla, y con sus armas 
en las manos fué corriendo más de cien pasos hasta juntarse 
con sus soldados, y estuvo allí mandándolos y gobernándolos 
y animándolos todo el tiempo que duró la batalla, y acabados 
de vencer los indios, se dejó caer en el suelo sin poderse me- 
near hasta que trajeron la silla, y los soldados le llevaron en 
brazos á su tienda; que, cierto, para todos los que le habían 
visto ant^s de la batalla y cuan impedido estaba, fué caso ma- 
ravilloso y extraño y gran prueba de su ánimo y esfuerzo. 

Dos días depués de la batalla, llegó al Gobernador el Licen- 
ciado Calderón, teniente general en los términos de la ciudad 
de Santiago, que el Gobernador le había mandado traer para 
entrar con toda la gente junta en Arauco, aquel invierno, á re- 
cibir la paz de los indios rebelados, porque había más de un 
año que, ansí los de Arauco como los de Tucapel, la ofrecían, 
diciendo al Gobernador que querían servir, pofque no tenían 
otro remedio, por estar con extrema necesidad de hambre, que 
había dos años que no los dejaban sembrar ni coger comidas, 
y si alcanzaban por algún camino algunas, se las quitaban los 
soldados; y allí había muchos que traían los rostros cubiertos 
de vello, de pura necesidad, demás de que faltaban, de los ca- 
pitanes y hombres belicosos y cabezas de la guerra, la mayor 
p''ai'te, muertos y desterrados, ansí en las batallas como que se 
habían preso en las corredurías: y á lo que ellos decían que 
querían servir, les habla respondido el Gobernador que quería 
que muriesen todos y que la paz no la quería recibir sino de 
los niños que no tenían culpa: todo para necesitarlos á que 
diesen mejor la paz y entregasen todas las armas y se poblasen 
en los llanos, como el Gobernador quería, para quedarse para 
siempre fija la paz; y así de puros desesperados y apretados, ve- 
nían á pelear con el campo y con las escoltas, cada día que sa- 



430 HISTORIADORES DE CHILE 

lían y cada ocho días, con toda la gente que podian juntar, con 
andar el Gobernador antes que estuviesen necesitados con todo 
el campo un ano entero deseando pelear con ellos, sin que ellos 
quisiesen sino con su ventaja. 

En este tiempo, y en el propio asiento á donde había llegado 
, el Licenciado Calderón, les mandó el Gobernador á él y al 
maestre de campo prender á don Pedro de Gaona y otro sol- 
dado fulano Ortiz, -porque se decia públicamente que ellos 
habían muerto en la batalla de Guadaba al capitán Rodrigo 
de Quiroga, su sobrino, y que hií^iesen averiguación cómo 
había sido, y que se hiciese justicia de los culpados; y el 
Licenciado Calderón, teniente general, y el maestre de campo 
hallaron por información qus el don Pedro de Gaona y el 
fulano Ortiz á un tiempo aquella noche le habían tirado por 
detrás con los arcabuces, y que luego había caído muerto el 
capitán Rodrigo de Quiroga, y cómo habían dicho muchas ve- 
ces que le habían de matar, y así el Licenciado Calderón y 
el maestre de campo los sentenciaron á ahorcar, y los ahor- 
caron en sendos árboles, como asoldados que habían muerto su 
capitán. 

Estando las cosas de la guerra de aquel reino en este estado, 
y el gobernador Rodrigo de Quiroga haciéndola á aquella pro- 
vincia, con toda la gente junta, le llegaron cartas del corregi- 
dor de la ciudad de Santiago y oficiales reales y otras perso- 
nas, dándole aviso que á los 5 del mes de diciembre del dicho 
afio de 78 había entrado un navio de luteranos ingleses en 
el puerto de Valparaíso, que está diez y seis leguas de la 
dicha ciudad de Santiago, y habían tomado un navio que es- 
taba surto en el puerto, con todo el oro, vino y bastimentos 
que tenia, de que estaba cargado, que de oro serian treinta mil 
posos de particulares, poco más ó menos, y los bastimentos y 
otras cargazones; y asimismo le escribían que, además deste 
navio luterano, decían los indios de la costa que habían visto 
más arriba del dicho puerto, metidos á lámar, otros dos navios 
y una lancha. Y con estas cartas y nuevas se alteró tanto el Go- 
bernador que, pareciéndolc que las ciudades y puertos deaqi 
reino estaban con poca gente y armas, porque la más de la q 
había la traía él y sus capitanes en campo, y que de los pj 
pios indios de guerra los herejes se podrían ayudar^y se 
ocasión de tan grandes ofensas y daños al servicio de Dio? 



QumoGA 481 

del Rey y de aquel reino; y así, desde aquel asiento dio aviso 
al mariscal Martín Ruíz de Gamboa para que en el puerto de 
la ciudad de Valdivia y en las demás donde había puertos se 
estuviese con muchos cuidados y se alzasen los bastimentos 
y se metiesen en la tierra adentro, porque si llegasen los lute- 
ranos no hallasen bastimentos. Y después de haber despa- 
cha([i]o á las ciudades de arriba, el Gobernador, con los vecinos 
de Santiago, y trayendo en su compañía al Licenciado Calderón 
y á don Antonio y otros cincuenta soldados que venían con él, 
doblando jornadas, llegó á la ciudad de Santiago por principio 
de enero de 1579. 

Llegado el gobernador á la ciudad de Santiago, tuvo nueva 
por carta del corregidor^de la Serena, que está ochenta leguas 
de la de Santiago (camino del Perú) cómo el navio luterano 
en una lancha había echado en tierra cincuenta hombres, y có- 
mo el corregidor con la gente que había en ella é indios ami- 
gos hablan salido á la defensa, y que los herejes' se habían 
vuelto á embarcar y que en la retirada les habían muerto un 
luterano. 

Luego se tuvo nueva del mismo corregidor qpmo el luterano 
se había ido de aquel puerto, y que el que venía por capitán 
se llamaba Francisco Draque, y estaba surto en otro puerto que 
llaman la Bahía Salada, que está treinta leguas, poco más, de la 
ciudad de la Serena, más abajo en el camino del Perú, y en el 
mismo paraje por donde van y vienen los navios de contrata- 
ción á aquel reino; y pareciéndole al Gobernador que era de 
gran inconveniente y peligro que estuviese el hereje en aquella 
parte para los navios que navegaban la costa, por andar todos 
cargados y sin armas, fué el mismo Gobernador en persona 
con toda la gente que tenia, que había traído consigo de la ciu- 
dad de Santiago, con fin de embarcarse en un navio que estaba 
en el puerto y él en persona ir con la gente que tenía á buscar 
el corsario. 

Cuando el gobernador Rodrigo de Quiroga llegó al puerto, 
^on los trabajos de la guerra, del camino y de su mucha edad, 
dio una enfermedad de hidropesía (que se hinchó todo) que 
nque habla muchos diasque se tenia sospecha, nunca se co- 
enzó á declarar tanto como entonces, porque no le dejaba 
iearse en la cama; y ansí despachó el navio con cien hombres 
m aderezados, que fué toda la gente que se pudo juntar, y el 



43.8 HISTORIADORES DE CHILE 

capitán Gaspar de la Barrera, que los llevaba á su cargo, con 
orden que si hallasen al inglés, embistiesen con él, hallándole 
en algún puerto de los de aquel reino, y despachó juntamente 
un barco con aviso al Virrey y Audiencia del Perú de todo lo 
sucedido. 

Después de haber despachado el Gobernador el navio y 
el barco, se volvió á la ciudad de Santiago con mucha falta 
de salud, y dio orden en que se fortificasen los puertos de 
aquel reino de gente y se apartasen dellos los bastimentos, 
para que el luterano, si viniese á ellos, no hallase con qué 
sustentar su gente, y ansimismo dio orden en que se vistiesen 
los soldados que andaban haciendo la guerra desnudos, y es- 
taban sustentando las fronteras; á todo lo cual en persona acu- 
día don Antonio con la orden que el Gobernador daba, y, por 
su falta de salud, sirviendo en lo necesario con mucha volun- 
tad al Rey. 

Fué gran dafiopara todo aquel reino la venida deste hereje, 
porque el Gobernador traía ya en término la guerra del, y los 
indios tan apurados de necesidad y hambre que habían venido 
muchas veces á pedir la paz y que querían servir, la cual, como 
está dicho, el Gobernador no habla querido aceptar ni recibir 
si no entregaban las armas y dejaban la sierra y se venían á 
poblar á los llanos y venían en otras condiciones que les pedia 
el Gobernador; v estaba el Gobernador con determinación de 
entrar aquel invierno en Arauco y recibir á esos indios y á los 
deTucapel y los de Purón y Mareguano, que son estos cuatro 
lebos los que sustentan aquella tierra y toda la fuerza della, 
por la disposición y fertilidad della, y por ser ellos todos gente 
muy valiente y belicosa, y á éstos quería recibir la paz y ayu- 
darse ellos para la conquista de los demás que no quisiesen 
venir á servir, que era el camino por donde parece que, sin 
ninguna duda, en el punto que estaba la guerra, tuviera aquel 
reino con mucha brevedad'paz firme y estiiviera reducido al 
servicio del Rey. Pero cómelos juicios de Dios son infinitos, 
atajó los designios del Gobernador, siendo servido que por 
el Estrecho, navegación al parecer imposible, entrasen en 
aquella tierra herejes, cosa nunca oída ni imaginada, y ansí 
por acudir al reparo desto que tantos daños prometía, si se 
poblara en aquel reino, y haber con la gente que traía, que aún 
no eran quinientos hombres, de acudir al reparo de los puertos 



s 



QUIROGA 433 

y fronteras y á otras necesidades, vino á quedar sin gente 
bastante para poder entrar á hacer la guerra como quería, y 
acabarla; y ansí, con algunos soldados que habían quedado 
hizo que el maestre de campo Lorenzo Bernal anduviese ha- 
ciendo la guerra en los llanos y por la orilla del rio de Biobío 
álos indios, sin que se metiese en parte á donde hubiese pe- 
ligro. 

Mostraba el gobernador Rodrigo de Quiroga estimar en mu- 
cho la persona de don Antonio y tenerle en mucho, mostrán- 
dolo en todas las ocasiones que se ofrecían, y entendiendo que 
había gastado mucho en servicio del Rey, ansí sirviéndole de 
capitán en España, como en haber hecho un viaje tan largo á 
aquel reino á su costa, y que había servido en aquella guerra 
con tanta voluntad y valor, poniéndose á tantos peligros y 
saliendo dellos con algunas heridas, y que hasta entonces de 
la hacienda de Su Majestad ni desús reales cajas en ninguna 
manera había recibido paga, socorro, ni ayuda de costa nin- 
guna; entendiendo que ^n conciencia el Rey le estaba obli- 
gado á hacer merced y que en aquel reino había poco con 
qué poder gratificarle, y procurando que esto fuese sin que 
pudiese quejarse ninguno de los soldados que servían al Rey 
en aquel reino, determinó de hacer dejación de un reparti- 
miento de indios que tenía encomendados en aquella tierra 
por sus días, y después dellos le había hecho Su Majestad mer- 
ced que sucediese un nieto ó nieta suyo, y ansí, teniéndolos 
por dos vidas, los dejó en cabeza del Rey, y estando por la de- 
jación vacos, por virtud del poder que como gobernador tenía 
de Su Majestad para encomendar indios, encomendó el repar- 
timiento en don Antonio, sin que ninguna persona lo contradi- 
jese ni tuviese ocasión do hacerlo, pues teniéndolo el Goberna- 
dor por su vida, y después della por la de un nieto, á nadie 
hacía agravio en dejarle para encomendarlo á un caballero de 
tantos servicios y tan benemérito como don Antonio, y ansí, 
en virtud de sus servicios y en descargo de la Corona Real, hizo 
la encomienda en don Antonio, como por ella parece, que la 
dejación fué hecha á 6 de febrero del año de 1579, y la enco- 
mienda á 17 del dicho mes y año, y tomó don Antonio la pose- 
sión en 21 del dicho mes y año de 1579. 

Después destoibacada día agravándose y en crecimientolaen- 
fermedad del Gobernador, y ansí trató de casar á don Antonio 



434 HISTORIADORES DE CHILE 

I 

de Qniroga con doña Inés de Quiroga, su nieta, hija dermaris- 
cal Martín Ruiz de Gamboa y de doña Isabel de Quiroga, hija 
del dicho gobernador Rodrigo de Quiroga, el cual casamiento 
le trataron ádon Antonio un contador ciel rey que se llamaba 
Francisco de Gálvez, natural de Madrid, y un secretario del 
Gobernador^ llamado Juan Hurtado; á los cuales don Antonio 
replicó agradeciendo mucho al Gobernador la merced que le 
hacía, pero que su deseo y voluntad no era de ser casado. Lo 
cual diciéndoselo al Gobernador los que trataban el negocio, 
les dio dos cartas, la una del limo, don Gaspar de Quiroga, 
arzobispo de Toledo, y la otra de su padre de don Antonio, que 
parece, habiéndoles el gobernador Rodrigo de Quiroga dado 
cuenta de que deseaba hacer aquel casamiento, ellos le habían 
respondido que les parecía una cosa muy acertada y que á lo- 
dos estaba muy bien, y ansimismo se lo escribió el limo, don 
Gaspar de Quiroga á don Aníónio; que la carta escrita al ade- 
lantado Rodrigo de Quiroga era del tenor siguiente. 

«Muy ilustre señor: A una carta de V. S., de doce de enero, 
que me dieron los días pasados, debo respuesta; con ella y con 
saber de su salud recibí merced y me holgué mucho, y de en- 
tender la determinación que tenia de casar á la señora doña 
Inés con el señor don Antonio, que me ha parecido muy acer- 
tado: ello sea para muchos años y servicio de Nuestro Señor. Su 
Majestad ha hecho merced á V. S. de titulo de adelantado de 
Chile, que la he recibido yo por propia; sea muy enhorabuena 
y píira el acrecentamiento que yo deseo. Para lo que toca á la 
perpetuidad del repartimiento, no se ha podido excusar de re- 
mitir al Virrey y Audiencia de la ciudad de los Reyes que ha- 
gan relación dello: venida ésta, en loque pudiere servir á V. S. 
lo haré con mucha voluntad, conio lo he de hacer siempre en 
todo lo que se ofreciere en que yo pueda mostrarla. Nuestro 
Señor la muy ilustre persona de V. S. guarde y acreciento por 
largos años. De Madrid, á 20 de diciembre de 1578. —A servicio 
de V. S. — G. Cardinalis Quiroga,y> 
La de don Antonio era del tenor siguiente: 
«Ilustre señor: Recibí la carta de Vrnd., y con ella y co.i 
ber de su salud, holgué mucho, como lo haré siempre que 
avisare della. El señor Adelantado me escribió cómo estaba 
terminado de dar á Vmd, ala señora doña Inés y casarle " 
ella, y he holgado mucho dello, porque entiendo que es 



QUIROGA 435 

muy á propósito y que estará á Vmd. muy bien. Plegué á 
Nuestro Señor que sea para mucho servicio suyo, y que todo 
suceda tan prósperamente como yo deseo, y guarde y acrecien- 
te la ilustre persona y casa de Vmd. por largos años. De Ma- 
drid, 19 de diciembre de 1578. — A lo que Vmd. mandare. — 6?. 
Cardinalis Quiroga.y) 

Habiendo visto don Antonio las cartas y la que el ilustrisi- 
mo cardenal y-arzobispo de Toledo le escribió, respondió á los 
que trataban el negocio con él, que ya él, conforme á aquellas 
cartas, no tenía voluntad, y que se hiciese comojel Gobernador 
lo mandaba; y ansí, mediante la voluntad de Dios, se casó don 
Antonio de Quiroga con doña Inés de Quiroga, que era decen- 
diente legitima de sus propios abuelos, en el quinto grado, y 
ansí no fué menester dispensación. Casáronse á 25 de febrero 
del año de 1579, habiendo cumplido don Antonio el mayo pasa- 
do 28 años, y siendo doua Inés de edad de 17. 

Dos ó tres meses después de casado don Antonio, comenzó 
la enfermedad de la hidropesía, de que el Adelantado estaba 
gravado, á apretarle tanto que no le dejaba levantar de la 
cama, teniendo los médicos por muy difícil el remedio y por 
muy cierto que acababa de aquella enfermedad, aunque se alar- 
gaba por algunos días; y ansí entendiendo el peligro en que 
estaba, y que tenia cédula y facultad del Rey para nombrar al 
tiempo de su muerte gobernador en su lugar, en el entretanto 
que el Rey proveía, vinieron los del Cabildo de la ciudad de 
Santiago á suplicarle que dejase nombrado á don Antonio para 
que los gobernase, y por gobernador de aquel reino, poniéndo- 
le por delante cuan bienquisto y amado era de todos y cuan 
buena cuenta había siempre dado en servicio del Rey de todo 
lo que se le había encomendado en la guerra y en la paz; y 
persuadido é importunado el Gobernador del Cabildo, después 
que se fueron, envió con su secretario á llamar á don Antonio, 
y delante del le dijo lo que el Cabildo le había pedido é impor- 
tunado, y don jVntonio le respondió que los del Cabildo eran 
engañados, porque, aunque su celo del era de servir á Dios y 
Rey, no se hallaba suficiente para ese cargo, por ser mozo 
e poca experiencia, y que aquel gobierno se había de sus- 
tar con haciendas ajenas, porque el Rey no la tenía en aquel 
.10, y que él por ninguna vía se atrevía á esto; demás que, 
^ don Antonio no le sucedía bien, Su Señoría no tendría 



436 HISTORIADORES DE CHILE 

disculpa en haber encargado el gobierno aun hombre tan mo- 
zo comoél: que le suplicaba que en ninguna manera se lo 
mandase. El Gobernador le respondió agradeciéndole mucho 
la humildad y razones con que le había respondido, diciéndole 
que él se hubiera holgado de haberlo entendido asi, y de no 
haberse metido en los trabajos y guerras de aquel reino, que 
por lo monos hablan sido causa de haber consumido y gastado 
en servicio del Rey toda su hacienda y de la enfermedad que 
tenia y de otros muchos peligros á que se había puesto, que 
pudiera haber excusado. 

Fué la enfermedad del adelantado Rodrigo de Quiroga en 
tanto aumento que no le dejó salir de su casa en más de nue- 
ve meses, hasta que á los 25 de febrero del afio de 1580 le lla- 
mó Dios, muriendo como muy católico cristiano con todos los 
sacramentos de la Iglesia y después de haber hecho su testa- 
mento; murió muy pobre y con muchas deudas, tanto, que 
pidió á don Antonio que le hiciese enterrar como á pobre, 
mandando en su testamento que sólo se le dijesen 30 misas 
rezadas, y pidiendo á don Antonio que ahorrase una negra que 
le había servido más tiempo de treinta años, y que él no po- 
día con buena conciencia hacerlo, por dejar más deudas que 
hacienda, y dijo á don Antonio que le dejaría nombrado por su 
albacea y que le pedia le pagase el amor y voluntad que siem- 
pre le había tenido en cumplir su testamento, y que la mayor 
pena que llevaba, después de haber ofendido á Dios, era de- 
jarlos á él y á su mujer tan pobres, habiendo él gastado tanto. 

Escribió á 23 de febrero del dicho afio de 1580 dos cartas, 
la una para el Rey y la otra para el limo, don Gaspar de Qui- 
roga, arzobispo de Toledo, que eran primos, legítimos des- 
cendientes de los bisabuelos hermanos, que el limo. Cardenal 
es biznieto de Constanza García de Quiroga y Valcarce, y el 
Adelantado lo era de García Rodríguez de Quiroga y Valcarce, 
su hermano de Constanza García. 

Sirvió al Rey el Adelantado y al Emperador, de gloriosa me- 
moria, Carlos V, más tiempo de cuarenta y cinco afios; fué un 
caballero gran sufridor de trabajos, y que se halló en todas las 
conquistas, guerras y descubrimientos del Perú y del reino de 
Chile; pasó muchas necesidades y hambres; en la jornada de 
los Chanchos pasó tanta necesidad que llegó á comer la adar- 
ga cocida. Fué muy valiente soldado y capitán. Era muy tera- 



QUIROGA 437 

piado en el comer, y en el beber era aguado y nunca bebía vino 
sino era con alguna enfermedad ó necesidad que le forzase á 
ello. Era muy devoto de Nuestra Señora, y siendo gobernador 
de aquel reino don García de Mendoza, y Rodrigo de Quiroga 
capitán de gente de caballos, le envió don García á una corre- 
duría para que trajesen algún indio de los de guerra, para in- 
formarse de lo que querían hacer y qué designio tenían, por- 
que había muchos días que don García no podía saber nada; 
salió Rodrigo de Quiroga con 25 ó 30 hombres de caballo, y 
entrando por un repartimiento que se dice Ongolmo, que es 
tierra algo áspera, en una loma se halló él y los de su compa- 
ñía por todas partes cercados do indios de guerra, que, tenien- 
do noticia de su venida, estaban emboscados aguardándolos, y 
decían algunos soldados que.se habían hallado con él que 
eran más de 500 indios; con los cuales él y los 30 soldados es- 
tuvieron peleando desde por la mañana hasta que se quería 
poner el sol, y los vencieron y desbarataron y mataron mu- 
chos y trajeron algunos presos, y afirmaban todos los soldados 
que ese día habían visto en el aire sobre ellos á la Madre de 
Dios, y los indios presos decían que una mujer vestida de 
blanco les echaba tierra en los ojos y los cegaba: que fué un 
caso maravilloso, y lo afirmaban así todos los que se hallaron 
en la batalla. 

Enviando Rodrigo de Quiroga al gobernador don García de 
Mendoza un soldado con el aviso délo sucedido, el Gobernador 
con mucha parte del campo salió á recibir á Rodrigo de Qui- 
roga y le abrazó diciendo que quisiera y estimara en más ha- 
ber sido soldado de Rodrigo de Quiroga ese día que hijo del 
Marqués de Cañete. Tuvo asimismo Rodrigo de Quiroga otras 
muchas victorias antes y siendo gobernador; y con haber dado 
á los indios diez ó doce batallas señaladas, entre otras, nunca 
fué, vencido ni desbaratado. Fué un caballero de gran humil- 
dad y de gran paciencia y de gran caridad, en tanto extremo, 
que muchas veces daba á los soldados aquello de que para si 
tenía necesidad precisa, como era ropa y dinero y otras cosas, 
porque no le sufría el ánimo ver á nadie con necesidad. Edificó 
en la ciudad de Santiago de Chile un monasterio á Nuestra Se- 
ñora de las Mercedes á costa de su hacienda, y en la capilla 
mayor del recibió el hábito de Santiago, y allí se mandó enter- 
rar, y lo enterró don Antonio como á capitán general, llevando 



438 HISTORIADORES DE CHILE 

SU estoque y celada y estandarte y sus cajas, sin embargo de 
que él se había mandado enterrar como pobre. Sintió mucho 
toda la ciudad y el reino su muerte. Pusiéronse en su sepulcro 
muchasletras y sonetos, entre los cuales había un soneto que 
decía ansi! 

Soneto que se hizo á la muerte del adelantado Rodrigo de Qui- 
roga, y se puso en la tumba de su sepultura. 

Rodrigo de Qairoga está metido 
En esta dura tierra y sepultado, 
Que por ser de virtud claro dechado 
La muerte le llevó como á escogido. 

Vivió en la guerra, y nunca fué vencido. 
Con haber muchas veces peleado; 
Fué de sus capitanes muy amado, 

Y de sus enemigos muy temido. 
Gobernó muchos años esta tierra. 

Fué espejo de humildad y de paciencia, 

Y de ser, de valor y de cordura. 

Y ansí le vino Dios por su clemencia, 

Sacándole por fuerza de la guerra, 

A poner en su propia sepultura. 

# 
Dice que vivió en la guerra, porque toda su vida anduvo en 

ella; y dice que la muerte le llevó como á escogido, porque 
murió con todos los sacramentos; dice que le sacó Dios por 
fuerza de la guerra, porque estando metido en la fuerza della 
y peleando cada día con sus enemigos, permitió Dios que en- 
trasen herejes en aquel reino, para que un caso tan extraño y 
una ocasión tan forzosa le hiciese dejar la guerra, como suce- 
dió. Ansimismo se puso otro soneto que decía ansí: 

Otro soneto que se puso á la muerte de Rodrigo de Quiroga^ 

sobre su sepultura. 

Aunque el Cid, famosísimo guerrero, 
Que inmortal renombre ha merecido, 
Entre los moros fué, muerto, metido. 
Ardid de capitán bravo y artero, 

No hizo menos este caballero, 
Que el Cid estaba muerto y sin sentido, 
Pero él enfermo, flaco y encogido, 
En hombros se entregó al bárbaro fiero. 



QUIROGA ' 439 

Que bien sabéis que estándose muriendo. 
Cercado délos fieros araucanos, 
Antes quiso morir que hacer falta, 

Y que, tullido ya de pies y manos, 
Dentro de su escuadrón se fué metiendo, 
Y estando tal verlció aquella batalla. 

Trae consigo consecuencia el que hizo el soneto, el ardid 
del Cid en nnandar que después do niuerto le sacasen á la ba- 
talla, y dice que no fué menos lo que hizo el gobernador Ro- 
drigo de Quiroga, pues estando en Andalicán desahuciado de 
los médicos no se quiso salir á una ciudad que está dos leguas 
de allí, que es la Concepción, á curarse, antes teniendo nueva 
que los indios tenían tomado el paso para entrar en Arauco y 
que estaban juntos para pelear con él, se hizo llevar en hom- 
bros y que le pusiesen en un caballo con sus armas y unos es- 
tribos de dos cordeles cendales, porque no podía sufrir otros; 
y ansí con su gente poleo con los enemigos y los venció ^des- 
barató en aquella batalla. Otros muchos sonetos y letras en la- 
tín y romance hubo en su sepultura, porque se hizo en su 
muerte gran sentimiento, porque tenia gran bondad de caballe- 
ro y era tenido y respetado, y con mucha razón, por padre de 
aquel reino. 

Dejó el gobernador Rodrigo de Quiroga á doña Inés de Qui- 
roga, su nieta, y mujer de don Antonio de* Quiroga, por su uni- 
versal heredera, con cargo de restitución á los indios y á los 
demás sus acreedores, y dejó á don Antonio por su álbacea, y 
manda que se venda su hacienda y se paguen sus deudas; y 
para que no se venda mal y puedan ser mejor pagados sus 
acreedores, dice que se tasen y que por el tanto las tomen sus 
herederos y se obligasen á sus acreedores; tasadas todas las 
haciendas que quedaron de Rodrigo de Quiroga, y después de 
vendidas en almoneda, las vino á tomar don Antonio todas, 
y lo que en la almoneda se habla vendido en menos de lo que 
estaba tasado, lo pagó don Antonio conforme á la tasación, y 
lo que bajaba de la tasación en el almoneda lo suplía; de suerte 
an sólo las casas pagó de su propia haciqnda 1,500 pesos 
')ro más, porque no valieron en el almoneda sino 2,500, y 
^an tasadas en 4,000, y en eso las pagó don Antonio á los 
'"^ores del Gobernador, porque todo se vendió á su pedi- 
^ dellos. Y don Antonio se obligó á las deudas por cum- 
ia voluntad de Rodrigo de Quiroga y ser agradecido á un 




440 HISTORIADORES DE CHILE 

tan honrado caballero y que había gastado su hacienda y su 
vida en servicio de Dios y del Rey y mostrado á don Antonio 
siempre mucho amor y voluntad. 

Vendidas todas las haciendas por la orden que está dicha, 
montaron 12,244 pesos y seis tomines de oro, y lo que pareció 
de deudas liquidas por escritura, sin otras deudas, fueron 12,444 
pesos y seis tomines, los cuales, y las deudas menudas pagó 
don Antonio y cumplió su testamento; y aunque el Gobernador 
se había mandado enterrar como pobre, gastó en su muerte 
mas de 2,000 pesos en sacrificios y en lutos, porque se da de 
limosna por una misa rezada un peso de oro y poruña libra de 
cera otro tanto, y por una vara de paño negro seis pesos y ocho, 
y no pareciera justo que don Antonio le dejara de enterrar co- 
mo quien era; y ansí, con mucho trabajo y necesidad de don 
Antonio y de doña Inés, su mujer, se pagó todo loque se debía 
por el adelantado Rodrigo de Quiroga, empeñándose ellos en 
mucha cantidad para ello, como parece por las cuentas de don 
Antonio que dio de su alhacea. Jideicommiso, 

Andando don Antonio ocupado en pagar estas deudas y en 
descargar el ánima de Rodrigo con mucha falta de salud que 
traía, de una fístula que se le había hecho en una herida que 
había tenido, de que no había sido bien curado, le llevó Dios á 
su mujer, á quien amaba y quería mucho. Murió doña Inés de 
Quiroga á principio del mes de mayo del año de 1581, día de la 
Ascención, después de haber sido casada con don Antonio dos 
años y dos meses. Dejó á don Antonio dos hijos, que el uno se 
llamaba Juan, que nació en la ciudad de Santiago del reino de 
Chile, el año de 1580, á 22 de abril, viernes, cuando se ponía 
el sol; y ansimismo le dejó otro hijo llamado Rodrigo, que na- 
ció en la misma ciudad y reino, en el año de 1581, día de San 
Marcos, á25 de abril, martes, al amanecer, del cual parto le so- 
brevino á su madre una calentura, de que murió, con todos los 
sacramentos y hecho su testamento, en el cual hizo unas man- 
das á unas criadas suyas, las cuales don Antonio pagó, y otras 
á otras personas, cómo parece por sus cartas de pago; que todo 
ayudó á que fuesen más los trabajos de don Antonio y su nece- 
sidad, y ansí se le echó de ver á don Antonio, porque pocos 
días después de la muerte de su mujer tuvo una enfermedad 
larga, de que vino á estar muy peligroso. 

Estando don Antonio de Quiroga con estos trabajos, re- 



QUIROGA 441 

cibió cartas de su padre y de Andrés de Prada, secretario que 
había sido del señor don Juan de Austria, hermano del rey, 
nuestro señor, don Felipe 11; las cartas le decían que el rey ha-- 
bía proveído por gobernador de aquel reino á don Alonso de 
Sotonriayor, y que era un caballero muy cuerdo y que trata muy 
á su cargo el hacer merced y amistad k don Antonio, de que 
don Antonio recibió mucho contento, creyendo su venida fuera 
parte para aliviar alguno de sus trabajos. 

Juntamente con aquellas cartas tuvo don Antonio otras, cómo 
por el mes de mayo de 1583. había llegado por el río de la Plata 
el gobernador don x\lonso á la provincia de Cuyo, que es del 
distrito de aquel reino; y como don Antonio supo que era lle- 
gado, le escribió dándole á entender las obligaciones y deseos 
que tenía de servir al Rey, y ofreciéndole su persona, casa y 
hacienda para este efecto. 

Dentro de algunos días, por sus poderes, que envió adelante 
á la ciudad de Santiago, fué recibido por gobernador de aquel 
reino, y por el mes de septiembre del mismo año de 1583 llegó 
á la dicha ciudad de Santiago, adonde don Antonio, aunque es- 
taba con mucha falta de salud, le salió á recibir á cinco leguas, 
refiriéndole lo que le había escrito y ofreciéndole de nuevo su 
casa, y que era la mejor de aquella tierra y que estaba desocu- 
pada, porque don Antonio estaba solo, por haberle llevado Dios 
su mujer, y que tenía buenos caballos y lo necesario, y que le 
seria servido con tanta voluntad como si llegara á la casa de 
su hermano. 

En lugar de agradecer don Alonso de Sotomayor la volun- 
tad y ofrecimiento de don Antonio, á 9 de octubre del dicho 
año, y un mes poco más ó menos después que había llegado, 
quitó á don Antonio el repartimiento de indios que tenía había 
más de cuatro años, sin le querer oir ni tomar conocimiento de 
la causa, y pidiéndole don Antonio mirase su necesidad y sus 
deudas y que todas habían sido hechas en servicio del Rey y 
para sustento de aquel reino, y que le dejase su repartimiento, 
y que. si quisiese que se pleitease, diese aviso á S. M. para que 
proveyese lo que fuese servido; y habiéndole don Antonio dicho 
estas palabras, andándose paseando entrambos á caballo solos 
por el campo, el Gobernador con mucha sequedad contestó que 
á él no se le daba nada que tuviese deudas ó las dejase de tener, 
que aunque don Antonio le respondió riendo, por ser gober- 

38 



44g 



HISTORIADORES DE CHILE 



nador del Rey, á estas razones, sintiólas de manera que, á no 
travesarse el servicio del Rey, estimara don Antonio en poco 
su vida á trueque de satisfacerse dellas: y ansi es justo que él 
y sus hijos las tengan escritas en los corazones para, sin ofen- 
sa de Dios, seguir y pedir su justicia. 

A dos días del mes de enero del año 1584, poco más de dos 
meses después que el gobernador don Alonso había quitado el 
repartimiento á don Antonio, se lo tomó para si, encomendán- 
dose en sí mismo, estando don Antonio con muchas deudas y 
trabajos y necesidades; y sucedió un caso extraño en que don 
Antonio mostró mucho sufrimiento, y fué que, estando don 
Antonio jugando á los cientos con doña Mafia de Vera, mujer 
de Bernardino Morales de Albornoz, factor de la hacienda real 
de aquel reino,' llegó el mismo factor, que había sido testigo de 
la encomienda que el Gobernador había hecho en sí del repai»- 
timiento de don Antonio, y se lo dijo á don Antonio, y como 
doña María lo oyese, reprendió mucho á su marido, diciéndole 
que por qué había él de venir á decir á don Antonio una nueva 
como aquella, qué más le pudiera decir si fuera su enemigo 
mortal. Oyéndolo don Antonio, se rió, y con ser nueva que le 
quitaba toda su hacienda, dejándole con muchas deudas y en- 
fermo, y con dos hijos sin madre, uno de tres años y medio y 
otro de dos y medio, y 3,000 leguas del Rey, adonde había de 
pedir su justicia, sólo respondió don Antonio á doña María que 
no riñese á su marido ni hiciese trampas, sino que le diese 
mano, y que sólo le suplicaba que en ninguna manera se tra- 
tase más del negocio delante del, recibiendo con este hecho una 
fuerza tan grande, haciéndosela él muy mayor á sí mismo: que 
tanto puede la virtud en la necesidad cuando hay sufrimiento. 

Sintió don iVntonio tanto el verse sin hacienda y quitada con 
tanta violencia, y estando con tantas deudas y con dos hijos en 
tan tierna edad, y que había de venir á pedir su justicia 3,000 
leguas, que muchas veces estuvo con determinación de satisfa- 
cerse por sus manos y por las de sus amigos, que era bien- 
quisto en aquel reino y tenía muchos; pero, habiendo conside- 
ración de su calidad, y cuan antiguos y leales vasallos y sei 
dores eran sus antecesores de los reyes de España, y que ; 
tualmente estaba en la silla de Toledo y sirviendo al Rey 
todos sus Consejos don Gaspar de Quiroga, legítimo descr 
diente de los antecesores de don Antonio, y que ansimismc 



I 



QUIROGA 443 

nía ásu padre vivo, y á dos hermanos suyos sirviendo al Roy 
en las guerras de Italia y Flandes, y que por lo menos llegaría, 
si él se satisfacía, una voz á España de que habla muerto 3,000 
leguas del Rey, un gobernador suyo, y que primero que la 
causa se justificase padecería su honor y desús deudos; aunque 
por el descuido con que vivía el Gobernador y poco recato que 
traía, y muchos amigos de don Antonio, le fuera fácil el satis- 
facerse y tomar venganza, consideradas las causas referidas, y 
oíros mayores inconvenientes á que don Antonio se había de 
poner, determinó, ayudado del favor dé Dios, que su nombre sea 
bendito, echando y atribuyendo á la culpa de sus pecados sus 
trabajos, de pedir su justicia por el camino ordinario. 

Pidió don Antonio de palabra licencia al gobernador don 
Alonso para venir á pedir su justicia al reino del Perú, el cual 
le entretenía con palabras sin dársela, y ansi fué forzoso pedír- 
sela por petición, el cual le respondía que enviase sus papeles 
en el navio y que en el Perú habla procurador. A esto replicó 
don Antonio que, demás délos negocios de justicia, él tenía 
necesidad de informar al Rey de muchas necesidades de aquel 
reino, y que, demás deslo, en su justicia le iba toda su hacienda 
y no la podía fiar de procurador. Don Alonso replicaba que lo 
que quería decir al Rey se lo dijese á él, que en su nombre es- 
taba gobernando aquel reino, y otras cosas con que le entre- 
tuvo más de un afio sin dejarle salir. Viendo esto don Antonio, 
tomó resolución de salir del reino como pudiese, y ansi dijo á 
don Luis de Sotomayor, hermano del Gobernador, que le dijese 
le diese licencia, porque él había de salir de la manera que pu- 
diese del reino, y que para esto había de hacer al Gobernador un 
requerimiento que le diese licencia para venir á pedir su justi- 
cia, pues, sin le querer oír, le había quitado toda su hacienda y 
tomádola para sí, donde no, que protestaba salirse del reino en 
demanda dello, y á informar al Rey de la fuerza, y que protes- 
taba los daños y muertes que en ello sucediesen, diciendo al 
don Luis que dijese al Gobernador que, después de hecho este 
^uerimiento y protestación, don Antonio se había de salir del 
no como pudiese, y que cuando en esta demanda perdiese la 
'a,la daría por muy bien empleada, pues esto le estaba mejor 
> vivir en aquel reino tan agraviado; y que, ó le diese licen- 
pará salir á pedir su justicia ó para hacer el requirimiento, 
TTiue él estaba ya con determinación de salir como pudiese. 



Y»an 




444 HISTORIADORES DE CHILE 

Don Luis dijo á su hermano la determinación de don Antonio, 
y que era justo darle licencia para pedir su justicia, y no dar 
lugar al requerimiento de don Antonio, ni ásu salida, y ansí el 
Gobernador le dijo que, en habiendo navio, le darla licencia. 
Dando prisa don Antonio por la licencia, que si no hallase navio 
se vendría por tierra, de srtli á algunos días el Gobernador se la 
envió por Cristóbal Luis, secretario, estando don Antonio en la 
cama muy malo. t 

Como los acreedores del gobernador Rodrigo de Quiroga, á 
quien él debía y á quien don Antonio se había obligado á pa- 
gar por él, y á otras personas á quien ansimismo don Antonio 
debía por si y por su mujer deudas, le vieron de camino para 
salir de aquel reino á pedir su justicia, por orden del Goberna- 
dor, que deseaba algunas haciendas de las do don Antonio, 
(comoeraunamuy buena heredad de viña, cercada de dos tapias 
en alto, de más de20,00{)cepas que compró, y muchos ganados) 
para necesitará don Antonio que no pudiese salir del reino á 
pedir su justicia ni tuviese con qué, pidieron todos ejecución 
en sus bienes, y ansí para pagarles se vendieron todas sus 
haciendas á menos precio, como consta por* el testimonio que, 
don Antonio trajo y tiene presentado, y la heredad que compró 
el Gobernador, que era de don Antonio, y de las mejores de 
aquel reino, la está gozando el Gobernador y beneficiando con 
los propios indios de don Antonio, aprovechándose de todo 
ello. 

Sustentaba don Antonio de Quiroga á su mesa, después que 
el gobernador Rodrigo de Quiroga murió, de ordinario, quince 
ó veinte soldados, con haber quedado con mucha necesidad y 
deudas, y había en su caballeriza un par de caballos ensillados 
y en quien se paseasen algunos á quien don Antonio deseaba 
hacer más amistad, porque como el gobernador Rodrigo de 
Quiroga lo hacía asi en su vida, y el deseo de don Antonio 
nunca fué menos para el servicio del Rey,' y hay muchos solda- 
dos que son muy hidalgos y pobres, y han servido mucho, y 
don Antonio deseaba ser bienquisto de todos, no se podia 
hacer otra cosa. 

Y en esto gastó don Antonio de Quiroga su tiempo, 
como está referido, después que salió de casa de sus pa- 
dres, y el tiempo que estuvo en el reino de Chile, como es 
notorio á los más que fueron a servir al Rey á aqíiel reino, que 



QÜIROGA 445 

conocieron á don Antonio en España y en él, hasta que el go- 
bernador don Alonso de Sotomayor le tomó su hacienda y se 
la tomó para si, como todo ello consta por escrituras y testimo- 
nios, que están presentados ante el Rey, y á Dros las gracias, 
que ni sus deudos ni hijos de don Antonio podrán decir que 
faltó á su obligación. 

Salió don Antonio de la ciudad de Santiago de Chile á pedir 
Su justicia, por el mes do noviembre de 1584, con mucha falta 
de salud y con necesidad y con gran tristezp, y soledad de 
dejar dos hijos, uno de tres ailos y medio y otro de dos y me- 
dió, sin madre y sin poder don Antonio, por su edad, traerlos 
consigo. 

Embarcóse don Antonio en la ciudad de la Serena, que son 
sesenta leguas de la de Santiago, en un barco de remos, por no 
haber otro para venir á la ciudad y puerto de Arica, que son 
trescientas leguas por mar, con fin de aventurar su vida y salir 
de aquel reino á pedir su justicia; hizose á la vela en este barco 
día de la Concepción de Nuestra Señora, á 8 de diciembre del 
affc de 1584, 

Viniendo don Antonio navegando en su barco de remos, 
doscientas leguas, poco más ó menos, de donde se habla em- 
barcado, en el paraje del despoblado de Chile, donde hay unas 
sierras que se van al cielo, que no tienen género de yerba, 
ni otra cosa, sino es arena y peñas, y allí, yendo navegando 
con una vela pequeña que traia el barco á popa, revolvió en 
un momento un desgarrón de viento recio que hizo dar al 
barco una vuelta redonda, v se hinchió más de la mitad de 
agua, diciendo el maestre del barco, que era un Jácome Bedo, 
que se hiciese alguna promesa á Nuesira Señora, porque es- 
taban perdidos; y asi fué muy grande el peligro que hubo, y 
se echó á la mar el agua que traían para beber y l©s mante 
nimientos, porque se habla mojado todo, y para que el barco 
quedase más liviano. Y asi, quitando el mástil y la vela, y 
agotando el agua del barco, con los remos, como mejor se 
pudo, se volvió el barco hacia tierra y so vino en una ensenada 
que hace allí la mar, muy grande, á donde á las peñas se 
arrimó el barco, y saltó don Antonio y los que iban con él en 
aquellas peñas, víspera de Navidad del año de 1584, sin agua 
ni qué comer, y en una tierra á donde parecía que no pu- 
diese haber entrado, después que Dios la hizo, alguna persona. 



446 HISTORIADORES DE CHILE 

Había en aquella ensenada gran cantidad de ballenas y otros 
pescados muy grandes, que se venían al barco, que, por temor 
que alguna ballena ito se arriVríase á él y le hiciese' pedazos, 
erameno?tercí?tar siempre en el barco haciendo ruido con pie- 
dras y con los remos, y dando voces, porque no se puede creer 
las ballenas que había. ^ 

Venían en el barco los indios pescadores, que en los puer- 
tos salían en una balsa á pescar con cordeles, y como la mar 
estaba allí sosegada, y había tanto pescado, salieron en su balsa, 
queerapequeña y venía dentro del barco, y fueron á pescar, 
y nunca más volvieron ni se pudo saber qué había sido dellos, 
sino que delante los ojos se desparecieron, qi/e sin dúdalos 
debió de hacer pedazos alguna ballena ú otro pescado,, porque 
nunca más volvieron al barco, que solían volver siempre á la 
tarde yendo por la mañana. Allí estuvo don Antonio el día de 
Navidad y los demás días de Pascua, y andando buscando qué 
comer entre las peñas, les deparó Dios muchos pulpos como 
los do España, aunque más pequeños, los cuales con unos pa- 
los pescaba, que estaban arrimados á las peñas debajo del agcia, 
muy cerca de tierra, y muertos los secaban en las peñas al aire 
y al sol, y después cocidos sabían muy bien; con esto, y con 
maiz alguno que había quedado, aunque poco, y algún bizcocho 
medio mojado, se pasaba. 

Había una senda por entre las mismas peñas, por donde iba 
rastro como de zorras ó de otros animales de aquel tamaño, 
que ninguno se pudo ver, mas que siguiendo el rastro don An- 
tonio con su espada debajo del brazo y un arcabuz, por si to- 
paba algo, tirarle para comer, como á media legua de donde ha- 
bía quedado el barco, halló entre unas peñas un charco de, 
agua muy grande y muy clara, que estaba detenida y no corría. 
. adonde parece que iban á beber aquellos animales; probóla 
don Antonio, y aunque estaba muy salada, le supo bien, que 
debía ser agua llovediza que se recogía entre aquellas peñas en 
aquella parte, que era más bajo./ Volvió don Antonio muy con- 
tento al barco, y llenaron algunas botijas que había y las traje- 
ron del agua, de qué tenían extrema necesidad, y les pareció á 
todos que había sido milagro hallar allí entre aquellos risr 
pelados agua. 

Embarcóse don Antonio en la ensenada de las Ballenas, q 
asi la llamaron, el postrer día de Pascua del año de 1584, 



QUIROGA , 447 

llegó al puerto de Arica por principio del mes de enero de 1585. 
Es este puerto á donde traen toda la plata que viene de Potosí 
y llevan del los azogues para labrarla. Hay desle puerto á la 
ciudad de los Reyes, adonde está el Virrey y la Audiencia, 
doscientas leguas. No pudo don Antonio salir de allí, porque 
el barco en que vino llegó de manera que, en llegando al puerto, 
no fué más de provecho, por venir hecho pedazos, y así le fué 
forzoso aguardar navio para bajar á la ciudad de los Reyes. 
Está aquel puerto en tan poca altura, que es l^i tierra más en- 
ferma del Perú. 

Estuvo en Arica aguardando puerto don Antonio cuarenta 
días, para bajar á la ciudad de los Reyes, y, como la tierra es 
tan caliente y enferma, estuvieron allí, él y los que venían en 
su compañía, enfermos, y se le murieron allí dos indios que 
había bajado para su servicio. 

A mediado de febrero del año de 1585, se embarcó don Anto- 
nio en Arica, y llegó á la ciudad de los Reyes por fin del dicho 
mes de febrero del dicho año de 1585. 

Á principio de marzo de 1585, comenzó don Antonio á pedir 
su justicia ante la Audiencia de la ciudad de los Reyes, á donde 
después de haber litigado muchos días entre el gobernador y 
don Antonio, mandaron restituir á don Antonio en su reparti- 
miento. Envió don Antonio carta ejecutoria á Chile para que 
le restituyesen, la cual el Gobernador de Chile y sus justicias 
no quisieron obedecer, haciendo á don Antonio nuevos pleitos, 
con los cuales volvieron á Lima por parte de don Antonio, que 
estaba aguardando á ver si se cumplía su ejecutoria; y en este 
tiempo llegó por virrey el Conde del Villar á aquel reino, ante 
quien y la Audiencia se' vino á quejar don Antonio de que el 
Gobernador no quisiese cumplir la ejecutoria y restituirle su re- 
partimiento con frutos, como se le mandaba, pidiendo juez para 
que fuese á hacerlo. Volvióse á litigar y dieron segunda eje- 
cutoria á don Antonio, la cual tampoco quiso el Gobernador 
ni sus justicias obedecer, antes haciendo siempre á don Anto- 
nio nuevos pleitos, las volvieron á remitir; y viendo don Anto- 

10 que los oidores ni el Virrey no querían enviar persona que 
^. hiciese justicia, porque el Gobernador decía que era inme- 
diato al Rey, y les parecía que si no quería obedecer el juez que 
líos enviasen sería atravesar su autoridad y causar escándalo 

\ aquel reino, y así volvieron á ser doblados los agravios y 



448 . HISTORIADORES DE CHILE 

fuerzas de don Antonio, y á serle forzoso, después de haber 
estado en la ciudad de los Reyes dos años, con excesivos gas- 
tos y costas, venir á pedir su justicia de nuevo ante el Rey, 
nuestro señor, á España. 

Embarcóse don Antonio en el puerto de la ciudad de los Re- 
yes para España, en seguimiento de su justicia, á dos días del 
mes de diciembre del año de 1586, en los navios que traían la 
plata del Rey y de particulares para España, dejando sus nego- 
cios encargadosal doctor Antonio de Valcarce, provisory vi- 
cario general de aquel arzobispado, gran señor y amigo de 
don Antonio, y natural de su tierra, y á quien don Antonio y 
sus hijos tienen mucha obligación de servir y reconocer con 
agradecimiento, por haber hecho los negocios de don Antonio 
en su ausencia. 

Llegó don Antonio á Panamá por fin del mes de diciembre 
de 86, y porque no se había aprestado más presto la flota que 
habla de venir á España, estuvo don Antonio allí seis meses, y 
allí, con los trabajos y cansancios de don Antonio, le dieron 
unas tercianas y después unas c^iartanas, que la tierra está -en 
poca altura y es muy caliente y enferma; pero plugo á Dios 
que con purgas y sangrías don Antonio tuvo salud, aunque 
tuvo mucha costa en su enfermedad, porque demás de ser la 
tierra muy costosa en todos los mantenimientos, vale una galli- 
na diez ó doce reales, y un pollo seis, y no hay otro regalo para 
los enfermos, ni otro mantenimiento, por no haber carneros en 
aquella tierra. 

Ya que estaba la flota á pique para salir de Nombre de Dios, 
se partió don Antonio de Panamá por tierra, y llegó al puerto 
de Nombre de Dios, y se embarcó en él para España, día del 
Corpus Christi, á 2 de junio de 1587, y llegó la flota á la ciudad 
y puerto de Cartagena á 8 del dicho mes y año. 

En Cartagena estuvo la flota seis ó siete días, y de allí salió 
don Antonioá 15de junio de 1587, y llegó al puerto de la Haba- 
na á 4 de julio del dicho año de 1587, y tuvo la flota en el cami- 
no algunas tormentas. 

Allí en aquel puerto de la Habana estuvo la flota hasta el 13 
del dicho mes de julio de 1587, á donde se juntó con la flota do 
la Nueva España y con los navios de Santo Domingo, y hablan 
de venir todos en compañía. 

Salieron las flotas juntas de la Habana y tuvieron algunas tor- 



QUIROGA 449 

mentas, y, entre otras, hubo una muy recia sobre la Bermuda, de 
suerte que estuvieron los navios mar al través, sin velas, un dia 
y una noche, y creció ala noche tanto el agua y el viento, con 
truenos y relámpagos y rayos, que era la cosa más terrible del 
mundo ver el mar, que traía un bramido y ruido dentro de si que 
era cosa espantosa; entre otros cayó un rayo en un navio, yendo 
tres soldados juntos hacia la proa á ayudar á los marineros, y á 
uno dellos, que era un caballero natural de Sevilla, le mató 
el rayo, sin hacer ningún dafioá los demás. Otros muchos rayos 
cayeron esta noche, pero como es orden del cielo que, llegando 
á igualar con el agua, aunque sea dentro de la cubierta del na- 
vio, se deshacen luego, no hicieron más daño. Esta noche, como 
era tan tempestuosa y oscura, traían todos los navios faroles, y 
andaban procurando apartarse y huir los ufiosde los otos, por- 
que la fuerza del mar y del viento no los hiciese pedazos, y con 
toda esta diligencia no se pudo excusar que un navio de los 
que venían de Santo Domingo se encontró con un galeón, y el 
galeón le embistió, desde la popa hasta la proa abriéndole por 
medio, de manera que la gente que venía en el navio se asió 
de la jarcia del galeón, sin perecer ninguna persona, yéndose 
el navio á fondo con todo lo que traía; y un hombre que se 
había quedado en el navio le sucedió una cosa extraña, y es y 
fué de gran ventura, que fué que habiéndose quedado en el na- 
vio y no pudiendo salirse con los demás, se asió de una tabla, 
y dando voces álos navios que lo socorriesen, corrió toda aque- 
lla noche asido á la tabla con toda la tormenta, sin ser posible 
que con el temporal fuese socorrido, aunque fuera el general de 
la flota, por no ser posible. Y después de haber andado ansí toda 
aquella noche y otro dia hasta la tarde, se topó con uif navio 
de la nota, que se había quedado atrás cuatro ó cinco leguas, 
aderezando, que le habia la tormenta quebrado los árboles que 
traía y desaparejado, y se estaba aderezando; el cual, dando 
voces, como estaba ya la mar algo más sosegada, se fué el pi- 
loto del navio hacia él y le echaron un cabo del navio y le re- 
cogieron, hasta que el navio se juntó con los demás y se pasó 
con sus compañeros, que le tenían ya por muerto, que fué, cierto, 
milagroso caso y de gran ventura, y que el hombre debía de 
ser animoso, pues pudo sufrir semejante trabajo. Llegaron las 
notas ala Tercera, á 27 de agosto del año de 1587, á donde se 
halló que la estaban aguardando con los galeones de Portugal 



450 HISTORIADORES DE CHILE 

y otros navios de armada, porque-se tenía temor que en aquel 
pasaje habian de salir los ingleses á las flotas, y asi estaba el 
Marqués de Santa Cruz para resguardo; y otro día salieron de 
la Tercera todos juntos, y. el Marqués de Sania Cruz con sus 
navios se apartó la vueltade Lisboa 100 leguas, poco más ade- 
lante déla Tercera, cerca del cabo de San Vicente; junto al cabo 
se corrió un dia y una noche de tormenta, de manera que ama- 
neció la flota tan cerca de tierra, que se entendió que estaba 
toda perdida y había de hacerse pedazos en las peñas. Lo 
cual, sin ninguna duda fuera, si el viento que traían durara 
más media hora, porque hace allí una ensenada la mar, y hay 
unosbajíosquCeraimposiblequedarningún navio. Trocó en este 
estado Dios, como misericordioso y en cuya mano está todo, el 
tiempo, y vino un poco de viento de tierra, que hizo los navios 
al mar, y ansí, con muy recio tiempo y con tormenta, se llegó 
al puerto de Sanlúcar, y perdióse antes de entrar en el puerto, 
avista del, un navio que venia cerca de tierra y dio en la costa; 
salvóse la gente y lo que venia en él. Ansimismo, á la enjrada 
del puerto se perdieron otros cinco ó seis navios, que tocaron 
en las peñas al entrar del puerto, porque tiene muy peligrosa 
entrada y salida el puerto; también se sacó la plata que. venia 
en los navios, y se salvó la gente, y tomaron el puerto los 
demás navios á 25 de septiembre de 1587 años, en el cual puerto 
saltó don Antonio do Quiroga en tierra. 

En San Lúcar estuvo don Antonio de Quiroga descansando 
tres ó cuatro días, y embarcóse en el río para Sevilla, y llegó 
á aquella ciudad á principios de octubre del dicho año de 1587. 

En Sevilla tomó don Antonio de Quiroga una posada, y es- 
tando*en ella le envió á visitar el ilustrisimo señor don Rodri- 
go de Castro, cardenal y arzobispo de aquel arzobispado, man- 
dándole se fuese á su casa y haciendo fuerza á ello; y yéndole 
don Antonio á besar las manos, no le quiso dejar salir della, y 
le hospedó y estuvo tres meses en ella, haciéndole mucha mer- 
ced y regalo, llevándole en su coche á casa y por la ciudad, 
honrando mucho su persona, adonde don iVntonio estuvo des- 
cansando hasta 25 de diciembre del dicho año de 1587, c ' 
dando tan grato y obligado al servicio de Su Señoría Ilustris 
y á la honra y merced que recibió en su casa, que don Antón, 
sus hijos están con obligación perpetua á su servicio y á 
de su casa v sucesores. 



/ 



QUIROGA 451 

Salió don Antonio de Quíroga á26 de^ diciembre del año de 
1587 de la ciudad de Sevilla, y tardó en el camino hasta Ma- 
drid once dias. adonde llegó otro día de los Reyes del año de 
1588, y comenzando á querer tratar de pedir su justicia, después 
de haber besado la mano al ilustrisimo señor don Gaspar de 
Quiroga, arzobispo de Toledo, y recibido su bendición, infor- 
mándoso de todo, halló que estaban allí don Francisco y don 
Luis de Sotomayor, hermanos del Gobernador, y sus contrarios 
al pleito á que don Antonio venia, y que era su primo de ellos 
fray Diego.de Chávez, confesor del Rey, nuestro señor; que á 
esta causa habla grandes dificultades en su negocio, porque 
también eran primos de doña Juana, mujer de Antonio Pérez, ^ 
secretario; aunque en aquella sazón estaba preso, todavía te- 
nia, por haber sido tan privado y favorecido del Rey, nuestro 
señor, muchos amigos y amigas, él y su mujer, y su prisión en 
aquel tiempo no era tan rigurosa como lo fué después, antes se 
tenia por muy cierto la libertad, por andar con ella, y le visita- 
ban los que querían, que si él quisiera suplicar á S. M. le per- 
donara, si le había dado algún disgusto, y que le volviese á re- 
cibir en su servicio, que S. M. lo hiciera. Esto era lo que el 
pueblo entendía, pero, según después se vio, sus culpas y su 
soberbia no lo merecían. ^ 

Teniendo don Antonio estos contrarios tan poderosos, se de- 
terminó antes de pedir su justicia de hablar al confesor, dán- 
dole á entender lo que sentía haber sido tan desgraciado, que 
don Alonso, siendo tan deudo de su paternidad reverendísima, 
le hubiese hecho aquella fuerza y agravio de quitarle su ha- 
cienda para tomarla para sí, y después no haber querido obede- 
cer Jas ejecutorias de la Audiencia que le mandaban restituye- 
se á don Antonio su hacienda, y suplicaba don Antonio á su 
paternidad reverendísima, pues su celo era tan cristiano, que 
no favoreciese semejante fuerza. 

El confesor le respondió que le pesaba mucho que don Alon- 
so le hubiese quitado su hacienda para tomarla para sí, que 
aquello no podía parecer bien á nadie, pero que don Alonso 
su primo y que él había. sido parte para que le proveyesen 
jel gobierno, y que él no podía dejar de desear que don 
)nso tuviese justicia, por el deudo que tenía con él, pero que 
ri Antonio estuviese cierto que él no trataría del negocio, y 
e don Antonio pidiese su justicia. 



452 HISTORIADORES DE ''CHILE 

Presentó don Antonio sus papeles en el Consejo de las Indias 
y pidió que castigasen al gobernador don Alonso de Sotoma- 
Yor, que, demás de haberle hecho fuerza en quitarle la hacienda 
que él poseía y tomádosela para sí con poder de ser goberna- 
dor, tampoco habla querido obedecer tres cartas ejecutorias de la 
ciudad de los Reyesque don Antonio habia librado en aquella 
Audiencia en contradictorio juicio con él para que le restitu- 
yesen. 

Presentó don Antonio sus papeles en el Conseja: era fiscal 
el licenciado Valtodano, el cual salió á la causa diciendo que 
lo que don Alonso habia hecho en el despojo y en lo demás 
había sido justicia, y favoreciendo la causa de don Alonso con- 
tra don Antonio, cosa que pareció de mucho rigor al doctor 
Asencio López y al Licenciado Polo, que fueron letrados de don 
Antonio, porque los fiscales de las Indias, después que vieron 
que don Alonso habia tomado el repartimiento de don Antonio 
para sí, no quisieron salir á la causa, viendo que el Rey no tenia 
ningún provecho, pues ya don Alonso poseía la hacienda, an- 
tes públicamente el Licenciado Carvajal, que era fiscal en la 
Audiencia de Lima, pidiéndose por parte de don Alonso que 
saliese á la causa, respondió que para qué había de pleitear el 
Rey y la hacienda que (^poseía. 

Sin embargo desto, pudo el favor que por parte de don Alon- 
loso hubo tanto, que el fiscal salió á abonar su causa, y des- 
pués de haberse vistp el pleito por todo el Consejo, en un ne- 
gocio que constaba que don Alonso habia quitado ádon Anto- 
nio aquel repartimiento, teniendo más de tres aflos de posesión 
y tomándoselo para sí sin* le querer oir, y haberlo don Antonio 
litigado con él en la Audiencia de los Reyes, y en contradic- 
torio juicio librado tres ejecutorias para que le restituyese su 
repartimiento con frutos, que decían los letrados que era toda 
la justicia que el Rey tenía, y que por fuerza se había de 
ejecutar aquello, sin ser don Alonso oído, sin ser en esto parte, 
de todo el Consejo de las Indias ocho jueces que había en él 
remitieron el pleito en discordia, que admiró á todos los le- 
trados. 

Pareció á don Antonio que era bien para los que quisiesen 
ver su razón y justicia y entenderla, y que él en el negocio 
habia hecho lo que estaba obligado, y |)ara que los jueces vie- 
sen más clara su justicia, pedir por una petición á todo el Con- 



J 



QUIROGA 453 

sejo que mandase sacar un memorial de lodo el pleito, corregi- 
do y concertado con las parles, para que se imprimiese y diese 
á los jueces, y quedase impreso y constase de líi razón y jus- 
ticia de las partes; y ansi, después de la petición, proveyó el 
Consejo que se hiciese, y que asistiesen á ello al relator y las 
partes, y se hizo ansi, y se sacó el memorial y se imprimió, y 
tuvo impresas de letra menuda treinta hojas; y ansimlsmo, se 
imprimieron las informaciones en derecho de parte do don 
Antonio, que^ fueron impresas veinte y tantas hojas, en cinco 
veces que escribieron los letrados en favor de don Antonio. Lo 
cual todo se dio á los jueces, do suerte que, para poder sacar \ 

los memoriales necesarios para dar á los jueces y letrados y 
procuradores y personas que lo querían entender y era nece- 
sario, se imprimieron de parte de don Antonio más de mil y 
quinientas hojas de papel de medio pliego de memoriales y de 
informaciones en derecho: con lo cual, después de muchas 
contradicciones por todas partes, y haber que estaba don Anto- 
nio en la Corte más de dos años, y, de parte de don Alonso, 
don Francisco y don Luisde Sotomayor, sus hermanos, y el 
confesor, que era su primo, y á esta causa muchos otros que 
favorecían la suya, después de haber nombrado el presidente 
Hernando de Vega dos jueces déla Contaduría en discordia, 
que fueron el licenciado Agustín Alvarez de Toledo y el Licen- 
ciado Saavedra y el Licenciado Villafaña, que era del Consejo 
de Indias, que por falta de salud no lo había visto la primera 
vez, todos tres con los demás del Consejo que lo hablan visto 
lo volvieron á ver, y dieron un auto y sentencia en que man- 
daron cumplir las cartas ejecutorias de la ciudad de los Reyes 
dadas en favor de don Antonio, y condenaron á don Alonso y 
á los jueces de Chile en 2,000 pesos de plata ensayada, aplica- 
dos á don Antonio para sus gastos. Hicieron- al Gobernador y 
á los jueces esta condenación por no haber cumplido las ejecu- 
torias en favor de don Antonio. 

Desta sentencia hubo por parte de don Alonso y del fiscal 
apelación, y por haber hecho del Consejo al licenciado Valto- 
dano , que era el fiscal contra don Antonio, proveyeron en su 
lugar por fiscal al licenciado Alonso Pérez de Salazar, el cual 
viendo que su antecesor el Licenciado Valtodano había favore- 
cido la causa de don Alonso, y que en la sentencia de vista no 
había salido con su intención, mudó intento, y en sus alega- 



454 HISTORIADORES DE CHILE 

I 

eiones decía que don Alonso no había podido despojar á don 
Antonio, porque el Rey no le había dado comisión para que 
quitase indios que estuviesen encomendados, pero que tam- 
poco el gobernador Rodrigo de Quiroga los había podido en- 
comendar en don Antonio, porser contra cédulas y provisio- 
nes del Rey, y que, ansí, el repartimiento podía no ser de don 
Alonso ni tampoco de don Antonio, sino que era del Rey; y 
en esto fueron todos sus fundamentos. Don Alonso replicaba 
en lo que siempre había dicho, que el repartimiento no se ha- 
bía podido encomendar en don Antonio, y que, como indios 
vacos, él, en virtud de la cédula del Rey, los había encomen- 
dado en sí; don Antonio fundándose en lo que había servido 
al Rey, y que en virtud de sus servicios se lo habían enco- 
mendado, y que tenia posesión de más de tres años. Hubo 
acerca de esto por todas partes muchas demandas y respuestas 
y muchas contradicciones, y habiendo pasado más de un año 
después de la sentencia de vista, salió sentencia de revista, 
confirmándola, con que diese don Antonio fianza de estar ti de- 
recho con el fiscal y pagar lo juzgado y sentenciado. 

Don Antonio suplicó en cuanto á lo de la fianza y no estar 
obligado á darla hasta que estuviese entregado y restituido en 
su posesión, y que se le mandase dar carta ejecutoria. Don 
Alonso contradijo á la carta ejecutoria, y en esto pasó otro pe- 
dazo de tiempo, y salió sentencia en lo de la fianza, se enten- 
diese hasta la cantidad de 10,000 ducados, y que se diese á don 
Antonio carta ejeculoria; y don Antonio dio la fianza, y con- 
tradíjola el fiscal. Mandó el Consejo que don Antonio diese 
más información de abono; contradijo el fiscal de nuevo. 

El Consejo da la fianza de don Antpnio por buena y manda 
dar cédula para que en el reino de Chile ni en el del Perú no 
se le pida fianza, atento que la tiene dada, y la carta ejecutoria 
que la ejecuten sin pedirle otra ninguna. 

Despachó don Antonio la carta ejecutoria y lá cédula de la 
fianza, y una paulina del Nuncio para descubrir bienes del 
adelantado Rodrigo de Quiroga, y suyos, y de don Alonso de 
Sotomayor y del doctor Azoca, y de Ramiro Yáñez, que ei 
las justicias que favorecieron á don Alonso y los que van cr 
denados. 

Envió don Antonio estos despachos por dos vías, el uno 
el pliego del Rey, por la vía del secretario Ledesma, al Vir 



QUIROGA 455 

clel Períi, dirigido al provisor de ios Reyes doctor Antonio de 
Valcárcel, y el otro (despacho llevó Juan de Gálvez, tesorero 
del reino de Chile; que fué el uno en un navio de aviso, por el 
mes de enero del año de 1592, y el otro por el mes de marzo del 
dicho año. 

Fué este picito para don Antonio de grandísimo trabajo y 
costa, por haberle de seguir desde el reino de Chile á la Corte 
de España, que son más de 3,000 leguas, siguiéndole y plei- 
teando siempre con excesivos gastos, desde nueve días del 
mes de octubre del año 1583, que fué el dia en que don Alonso 
le quitó el repartimiento, hasta el mes de marzo de 1592, quó 
son más de nueve años de pleito, sin el tiempo que tardaron 
en llegar las ejecutorias y ser restituido en su posesión, liti- 
gando siempre don Antonio con contrarios tan poderosos, que 
pudieron tanto, que, con tener en su favor tres cartas ejecuto- 
rias para que se restituyesen viniendo á pedir justicia al Rey 
de 3,000 leguas, á quien habla servido tantos años, aventuran- 
do en su servicio muchas veces su vida y gastando siempre la 
hacienda qu^ tuvo, calieron de parte de S. M. contra don An- 
tonio dos oficiales, sin tener atención á sus servicios ni á los 
de sus deudos, ni á la fuerza que se le habla hecho, ni á la jus- 
ticia y razón qne traía de su parte. Cosa que don Antonio sin- 
tió tanto, que si no fuera ayudado del favor de Dios, que le dio 
fuerzas y pecho para poder resistir semejante suceso, no pare- 
ce que bastaran fuerzas humanas, mayormente habiendo siem- 
pre seguido este pleito con mucha necesidad y pobreza, ha- 
biéndole hecho el despojo y quitado su hacienda estando con 
muchas deudas hechas en servicio del Rey y en sustento de 
aquel reino, y vendido sus casas y sus haciendas para pagar- 
las, sin haber sido socorrido de jiinguna persona del mundo 
sino sólo de la mano poderosa^ de Dios, que sea su nombre 
bendito. 

Con estar don Antonio en la corte y [no haber visto á su pa- 
dre había más de 17 años, no pudo hacer ausencia, por tener 
tíín poderosos contrarios, hasta acabar su pleito. Después que 
acabó fué á recibir la bendición de su padre y á verse con 
j hermanos, y en romería al apóstol Santiago, y de vuelta 
3curó conocer á sus deudos, que no los conocía, y saber su 
ealogia y decendencia, buscando testamentos y escrituras 
'guas ó informándose de las personas que más lo eran, y 



456 HISTORIADORES DE CHILE 

así sacó en limpio la que está en el principio deste libro, con 
muy grande trabajo y á costa de muy gran diligencia, que es- 
taba ya olvidado y caído, y puso para memoria en la capilla de 
sus abuelos un capelo y estandartes, con sus memorias de al- 
gunos hombres de su linaje señalados, para que esta memoria 
se conserve por los que vinieren, favoreciéndose siempre de 
Dios, que lo hizo, y dándole gracias y alabanzas por ello. 

Hase detenido don Antonio en la Corte hasta agora, por 
aguardar á ver cómo se cumplen y ejecutan las cartas ejecuto- 
rias que envió al reino de Chile para ser restituido, y porque 
pareciéndole que oslaba obligado en conciencia á pedir al Rey, 
nuestro señor, mercedes, en recompensa de los grandes ser- 
vicios y gastos que sus deudos y él han hecho, como parte de- 
llos refiere el adelantado Rodrigo de Quiroga por dos cartas 
que escribió al tiempo y dos dias antes de su muerte, la una 
al ilustrísimo señor don Gaspar de Quiroga, arzobispo de To- 
ledo y primo suyo, y la otra al Rey, nuestro señor, las cua- 
les dio originales con un memorial á S. M.; que las carias y 
el memorial eran del tenor siguiente: 

Carta del adelantado Rodrigo de Quiroga, que escribió dos 
días antes que muriese, al limo. Cardenal de Toledo, supli- 
cándole hiciese merced y favoreciese con S. M. á don An- 
tonio. 

«limo, señor: Dios ha sido servido por su gran misericor- 
dia, después de una larga enfermedad que he tenido de una 
pesada hidropesía, que saqué de los trabajos de la guerra deste 
reino, dar fin á mis días: á su Divina Majestad doy infinitas 
gracias, que, habiéndome librado de tantas guerras y peligros, 
ha querido darme una muerte de tanto regalo. Dejo por here- 
dero de mis trabajos y servicios que he hecho á S. M. á don 
Antonio de Quiroga y á doña Inés de Quiroga, su mujer, por- 
que la hacienda que les dejo aún no bastará para pagar mis 
deudas y descargar mi ánima. Voy muy consolado, conside- 
rando que S. M., como rey tan cristiano, nunca oh^ 
que le sirven y que quedan debajo del amparo de V. 
que, como verdadero señor, les favorecerá cerca de S. 
que les haga mercedes, ansí porque le he servido en \2 
y conquista del Perú y en las de este reino más dft ' 



% 



\ 



QUIROGA 457 

y cinco años, y he gastado en su real servicio más de trescien- 
tos mil pesos de oro adquiridos con mucho trabajo de mi per- 
sona (y pongo á Dios por testigo que si mucha más vida y ha- 
cienda tuviera, la gastara en servicio de S. M., con tanta volun- 
tad y amor como lo he hecho con la que ho tenido) como -por 
los servicios de don Antonio, que en el tiempo qué en mi com- 
pañía ha andado, ha servido á S. M. en la guerra deste reino 
de su capitán y alférez general en todas las ocasiones que so 
han ofrecido al real servicio. A V. S. lima, suplico cuan en- 
carecidamente puedo sea servido recibirlos debajo de su am- 
paro y favorecerlos para que S. M. les haga mercedes, de las 
cuales es capaz don Antonio de Quiroga, y concurren en él 
las partes y calidades que V. S. lima, sabe, y le casé con do- 
ña Inés de Quiroga, mi nieta, y dello luego avisé á V. S. lima. 
y pretendí, siendo persuadido de muchas personas deste rei- 
,no, encargarle el gobierno del para después de mis días, por la 
f§icultad que tengo de S. M. para ello, y lo procuré cuanto 
pude, por entender descargar bien mi conciencia en ello, y 
nunca pude persuadirle que lo aceptase en ninguna manera, 
antes me dio tan bastantes razones para no aceptarlo, que, con- 
vencido dellas, no le quise más importunar; y ansí soy cierto 
que quien de su edad hizo semejante prueba cabrá en él toda 
merced que V. S. lima, fuere servido de hacerle. Yo quisie- 
ra dejar este reino en más quietud y sosiego del que queda, 
y así yo lo he procurado con todas mis fuerzas, y cuando pen- 
saba haber alcanzado el fin deseado de la guerra, porque los 
indios rebelados me rogaban con gran instancia con la paz, su- 
cedió la venida del corsario inglés á esta costa, que me obligó 
á dejar el campo y acudir á la resistencia del corsario, y an- 
sí se perdió la ocasión de la paz. Placerá á la Divina Bondad 
que mi sucesor en este gobierno lo concluirá. Nuestro Señor 
quede con V. S. lima, y le guarde con tantos años de vida y 
acrecentamiento de estado, como los verdaderos servidores de 
V. S. lima, y de su casa deseamos. — De Santiago de Chile, á 
23 de enero de 1580. — limo. Sr. — Verdadero servidor de V. S. 
'a., que sus ilustrisimas manos besa. — Rodrigo de Quiroga.y> 
a carta original que don Antonio de Quiroga dio al ilustri- 
no señor don Gaspar de Quiroga, cardenal arzobispo de To- 
lo, y de allí á algunos dio á S. M. la suya, juntamente con el 
niorial; que la carta era del tenor siguiente:* 

9 



458 HISTORIADORES DE CHILE 

<cS. R. M. — Dios ha sido servido, teniendo misericordia de na i 
ánima, después de una enfermedad larga qpüe he tenido, dar fin á 
mis dias, por lo cual doy infinitas gracias á su Infinita Majestad, 
porque los descuidos y faltas que la flaqueza humana y mis in- 
disposiciones me han hecho cometer en el gobierno deste vues- 
tro reino de Chile, no pasen^ adelante. Bien quisiera yo dejar 
este reino en más quietud y sosiego del que queda, y ansí lo 
he procurado con todas mis fuerzas, y puse en términos tan 
apretados á los indios rebelados, que si el corsario inglés no 
Hcgara á esta costa al tiempo que llegó, sin duda entiendo los 
acabara de pacificar; y por acudir á la resistencia del corsario, 
y sobrevenirme la enfermedad grave de que muero, no se pudo 
efectuar la paz. Confio en la Divina Bondad que mi sucesor en 
este gobierno lo concluirá prósperamente. Cuarenta y cinco 
años y más tiempo ha que sirvo á V. M. en la conquista y gue- 
rra del Pepü y en la de este reino, lo tnejor que yo he sabido y 
podido, y he gastado en vuestro real servicio más de trescientos 
mil pesos de oro, adquiridos con mucho trabajo de mi persona; 
y Dios es testigo que si más vida tuviera y mucha más hacien- 
da, la gastara toda entera en vuestro real servicio con el amor 
y voluntad que lo he hecho hasta hoy. Muero tan pobre, que 
no dejo hacienda aún para pagar mis deudas, y sólo llevo des- 
ta vida, por consuelo, que V. M. no olvida á los que le sirven. 
Dejo por heredero de mis trabajos y servicios á don Antonio 
de Quiroga, fiel vasallo de V. M., que ha servido en mi com- 
[lañia de capitán y alférez general deste reino, el cual queda en 
extrema necesidad. A V. M. humildemente suplico sea servido 
hacerle alguna merced, en remuneración de mis servicios y su- 
yos. Nuestro Señor la católica real persona de V. M. guarde 
con acrecentamiento. — De Santiago de Chile, 28 de febrero de 
1580. — S. R. M. — Humilde y leal vasallo y criado de V. M., 
que sus reales pies besa, — Rodrigo de Quiroga,» 

Esta carta original dio don Antonio de Quiroga al Rey en 
su mano, y juntamente el memorial, que es del tenor siguiente: 

«Señor. — Parece por una probanza hecha á pedimento de Ro- 
drigo de Quiroga, conforme á la real ordenanza, el año de 1571, 
en la Audiencia que residió en el reino que en aquella sazón ha- 
bla, que servia áV. M. treinta y cinco años de soldado y capitán 
y de tinientc degobernador, á su costa y misión, en el cual dicho 
tiempo gastó (3e su hacienda y de la de sus amigos mucha can- 



N 



QUIROGA 459 

tidad de pesos de oro, porque sólo dps años que en aquellos 
tiempos gobernó, gastó más de treinta mil pesos, que á este 
respeto, en los dichos treinta y cinco años fueron más de dos- 
cientos mil pesos los que gastó en oro y en bastimentos y en 
otros pertrechos, para sustentar la gente de guerra y necesida- 
des de aquel reino y en el sustento dél, por no tener V. M. en 
sus reales cajas hacienda bastante; y ansí dice la Real Audien- 
cia que no hay en él cosa con qué poderle gratificar, conforme 
á lá calidad de su persona y servicios, como consta por la dicha 
probanza que está presentada.» 



/ 



RELACIÓN 



DE LOS AGRAVIOS QUE LOS INDIOS DE LAS PROVINCIAS DE ChiLE PADECEN, 
DADA POR EL PADRE GiL GONZÁLEZ, DE LA OrDEN DE PREDICADORES. 



Enr las provincias de Chile entraron los capitanes y demás 
españoles como en las demás tierras que se han descubierto en 
Indias, matando y robando á los indios, tomándoles sus muje- 
res y hijos, quemándoles los pueblos y comidas, cortándoles las 
chacarras en berza, destruyéndoles la tierra, escandalizándo- 
los, finalmente sólo pretendiendo servirse dellos, como lo han 
hecho y hacen el día de hoy de los que tienen subjetos por fuer- 
za. Esta fué la causa porque los indios de la provincia de Arau- 
co y Tucapel se alzaron la primera vez y mataron al goberna- 
dor Pedro de Valdivia; sujetólos segunda vez don García Hur- 
tado de Mendoza, gobernador también de aquel reino, también 
con guerra y muertes y por fuerza, é yo, el que la presente re- 
lación doy y firmo, fui testigo de alguna parte de la que á los 
indios se hizo; y dello, y de otras cosas que supe de hombres 
fidedinos, di noticia á los señores del Consejo de Indias, por 
cumplir con lo que debo al Evangelio y al amparo de los pró- 
jimos afligidos. 

A I presente los mismos indios se han tornado á alzar y han 
jrto los españoles que han podido, por vengarse de los agra- 
3 y violencias que continuamente les hacen, y tengo enten- 
o, si Dios, nuestro señor, no les tuerce la voluntad, escoge- 
antes morir que volver á la miserable servidumbre y veja- 
*^.s que sirviendo padecían y padecen; y allende de que los 



462 HISTORIADORES DE CHILE 

indios tienen justicia en defenderse y ampararse de la fuerza 
que les hacen, y repelerla con otra fuerza, si pudiesen son las 
crueldades que al presente los españoles usan con ellos tan in- 
humanas y fuera de término, que claramente muestran su in- 
justicia y dañada pretensión, y que derechamente van los espa- 
ñoles contra el Evangelio. 

Traen al presente indios é indias de los que prenden en la 
guerra, en cadenas para cebar los perros, y vivos se los echan 
para que los hagan pedazos, y muchas' veces echan los indios 
á los perros por recrearse en ver una tan inhumana batalla. 

Matan niños y niñas, mujeres y viejos, cuantos encuentran. 

Si algún indio ó indios, por particular interés suyo, mata 
algún español, va luego un capitán con gente á destruir y ma- 
tar todos cuantos hay en aquel pueblo ó valle, que tengan cul- 
pa, que no la tengan. 

Allende de todo esto, hacen muertes atroces, destruyen y cor- 
tan las comidas, queman las casas y pueblos, y muchas llenas 
de indios, y tápanles las puertas, porque ninguno se escape, y 
ejercitanse agora en las demás crueldades que se han usado en 
Indias desde su principio. 

Para todo esto pretenden' por excusa, diciendo que lo hacen 
porque se pueda predicar el Evangelio, y, allende que esto 
agrava más su culpa, no hay cosa que más olvidada tengan que 
la predicación del Evangelio, como se paresce por los indios 
que tienen de paz. 

También alegan con que S. M. el Rey, nuestro señor, no ha 
castigado, antes ha dado premio, á muchos gobernadores y ca- 
pitanes señalados, crueles y destruidores de indios, y, cierto, á 
mi nie paresce que en tanto S. M. no mandare se haga infor- 
mación y castigare á los que en este caso hallare culpados, 
aprovecharán poco cuantos predicadores hobiere, y harán poco 
al caso las buenas instrucciones que siempre para todo envia, 
pues ninguna se cumple. Yo me opuse contra el dicho don Gar- 
cía por la parte de los indios, y valieron poco mis razones, por- 
que hobo predicadores que hablaron más al gusto, de lo cual, 
como ya he dicho, tengo dado cuenta; al presente también me 
he puesto á probar la justicia que los indios tienen á no querer 
servir. Dicen los señores desta Real Audiencia de"la ciudad de 
los Reyes me oirán, y por otra parte envían gente de guerra 
desde esta ciudad contra los dichos indios. Dios, nuestro señor, 



K 



GONZÁLEZ 463 

lo remedie y tenga por bien recibir mi voluntad en cumplimien- 
to de lo que soy obligado, pues más no puedo. Entre otras ra- 
zones en que he fundado cuánta razón tienen los indios en no 
querer tener paz con los españoles, es una, y á mi parecer efi- 
caz, y es que no pueden entender de nosotros los trataremos 
sino como á aquellos indios que tenemos de paz, los cuales son 
tratados más inhumana y cruelmente que lo siguiente. 

El que tiene indios encomendados en Chile, se sirve de ser- 
vicio personal de todos los de su repartimiento, chicos y gran- 
des, continuamente, muy peor que de esclavos, porque vienen 
á servir de veinte y treinta leguas, y traen lo que han de comer 
á cuestas,, sin otras cargas que por el provecho de sus amos 
traen y llevan siempre de una parte á otra. 

Ningún indio es señor de su mujer, hijos ni hijas, porque á 
los indios ocupan en hacer sementeras y cas^s y guarda de ga- 
nado, y á las indias en hilar y tejer y en los beneficios de las 
chacarras, y en todo lo demás que sus encomenderos han me- 
nester, y tráenlos en estos servicios á los unos y á los otros 
desde niños, de suerte que ninguno huelga desde que nace has- 
ta que muere; no consienten á las indias hilanderas que se 
casen, porque dicen que se ocuparán en servir á sus maridos 
V no hilarán tanto, v á esta causa las tienen encerradas de no- 
che, y en algunas partes de noche y de dia, para que hagan las 
telas más delgadas. Y, finalmente, son tantos los agravios que 
padecen, que si no es viéndolo, no se pueden relatar sin sentir; 
y si S. M. no provee de personas cristianas que visiten aquel 
reino 'y remedien tantos males y crueldades y vejaciones, ten- 
go entendido se acabarán los naturales dól muy brevemente, 
porque los trabajos son pxcesivos, y por otra parte les estorban 
la generación y procreación, pues no los dejan casar. 

En fes minas ocupan de la misma manera los indios gran- 
des en cavar, y á las mujeres y muchachos en lavar la tierra y 
sacar el oro, y también tienen cuidado, ó por mejor decir, ley, 
que las indias que lavan el oro no se casen. Danles la comida, 
que los mismos indios hacen y benefician, con tasa, y en par- 
tes hay que les dan un poco de trigo ó cebada, y dánselo co- 
cido porque parezca más, y tiénenles puestos mineros españo- 
les y yanaconas para que no puedan descansar, y tienen tan 
buen concierto en servirse delíos, que en saliendo de las minas, 
donde están ocho noeses, van á hacer las sementeras, y de las 



464 HISTORIADORES DE CHILE 

sementeras vuelven á las minas, y para hacer el.pobre indio 
una chacarrilla para si ha de pedir licencia y no se la dan todas 
veces. 

En la ciudad do Santiago y en Coquimbo hay recuas y carre- 
tas, y so color que no cargan Ios-indios, ée sirven de todos ellos, 
porque ninguno hay que guarde tasa* ni justicia que lo casti- 
gne. Al principio mandaron dar á los indios la sesma parte del 
oro que sacasen y después se lo pasaron al ochavo, yesteocha- 
vo mal pagado; y, por fuerza, unos compran vacas, dicen que 
para los indios, y los que se sirven dellas son los encomenderos; 
otros les compran ovejas, y en nombre de los indios la lana y 
carne es de los encomenderos. Del mismo ochavo pagan al 
protector de los indios, á el cual señala el gobernador sólo para 
dalle aquella ganancia, no porque haya de volver por los in- 
dios, porque no pretendo tal; y hay un protector general en toda 
la tierra y otros particulares on cada pueblo, y todos ellos no 
sirven sino de acabar de llevar aquel ochavo que viene á los in- 
dios, y ansi todos contra ellos. 

Después de los dichos agravios, y otros muchos que no se 
pueden oscrebir, es el mayor el poco cuidado que de la doctri- 
na de los indios tienen, porque ñola hay en todo aquel reino, 
ni la quieren tener, porque los frailes que han de hacer lo que 
deben vuelven mucho por los indios, y los que en esto se des- 
cuidan quieren dineros, y ni lo uno ni lo otro contenta á los 
encomenderos; y ha habido en esto un abuso muy grande, 
que bautizan á los indios, sin enseñarles cosa alguna de nues- 
tra santa fe cristiana, do suerte que les hóbiera valido más, 
como San Pedro dice, que ningún género de doctrina bebie- 
ran tenido que no hacerlos cristianos solamente en el nombre, 
y haberlos, los mismos que los han bautizado, dado tan mal 
ejemplo. 

De aquí se infiere, como dicho es, la razón que los indios 
que están de guerra tienen para no querer servir á los cristia- 
nos do paz, y el poco titulo do los españoles para pretender 
sujetarlos, pues álos que tienen ya rendidos los tratan tan 
contra razón y ley evangélica, y no los quieren para más 
para aprovecharse de su trabajo y nunca poner término t 
cobdicia. 

Y paresco claro, pues habiendo yo los días pasados tao^ 
los indios de un encomendero de Santiago, en que cadau" ^^' 



GONZÁLEZ 465 

tributario diese en cada año tres pesos de buen oro á su enco- 
mendero, y un peso para la doctrina, y medio peso para el que 
los amparase en justicia, reclamaron todos los vecinos y dije- 
ron que echaba á perder lar tierra; paresoiéndoles muy pequeño 
un tributo tan excesivo, no teniendo los indios cosa de qué 
aprovecharse ni de qué dar tributo, sino es de su sudor y tra- 
bajo. Y es verdad que tratando con los indios que quería tasar, 
de la tasa que les quería poner, me dijeron que se contentarían 
con que los dejasen de noche de los trabajos, y en las minas 
no hubiese quien los tratase jnal después do haber sacado el 
oro; y esto es en Santiago, donde dicen son menos mal trata- 
dos los indios, por donde se verá los agravios que allí y en to- 
das partes se les hacen, que, cierto, hay necesidad de verlos 
para remediallos.* 

Y torno á decir que tengo entendido, como he dicho, que ja- 
más se sujetarán los indios que están de guerra, porque dicen 
que más quieren morir que no venir en sujeción de los espa- 
ñoles y que cien indios que mueran por matar un cristiano, 
lo dan por bien empleado, y que ansí se acabarán los unos y 
los otros, y que solos los pájaros gozarán de aquella tierra. Y 
á mí mismo me dijo un principal do Tucapel, preguntándole 
yo qué quería que hiciesen los españoles, me respondió que' se 
fuesen de su tierra, y si no querían irse, tomasen una parle do 
la tierra y sembrasen para sí, y lo mismo harían los indios 
para sí, pero que en ninguna manera servirían á los españoles; 
y predicándole yo algunas cosas de nuestra fe y ley cristiana, 
le parescieron bien, y me dijo que nunca tal les habían dicho, 
y que fuese yo entre los indios y que me oirían de buena vo- 
luntad; y á esta causa me quise quedar en aquel pueblo, y los 
españoles no lo consintieron, entendiendo que les había de 
predicar contra las muertes y crueldades que hacían en los 
indios. 

Tres cosas me paresC/C á mí causan tanto mal: la prime- 
ra, no haber S. M. castigado á los que han maltratado á 
los indios, hasta agora, ni las justicias que lo han disimu- 
y aún dádoles favor para ello; y es tan principal esta 
isa, que si no se pone remedio será la total destrucción 
aquella tferra, y de cualquiera otra donde hobiere la mis- 

a injusticia;- lo segundo, hpy hombres" en aquel reino que 

nen á veinte y a treinta indios, y para sustentar casa y 



466 HISTORIADORES DE CHILE 

fausto hanse de servir aún de los por nacer. Y en Coquim- 
bo me dicen toman para moler las indias preñadas, porque 
no pueden padecer el trabajo con la preñez y porque no 
vengan después sus hijos á tan temblé servidumbre, y por 
las mismas causas matan los niños ya nacidos. Y es la te^r- 
cera razón la culpa de los eclesiásticos, frailes y clérigos, que 
pretendiendo sus intereses y contento de los hombres, les 
predican lo que ellos quieren, y viendo como viven, los con- 
fiesan sin que se enmienden; y si alguno les predica la ver- 
dad son todos contra él, y le alegan los vecinos que es solo 
y que en Perú se consienten peores cosas, y que el Rey tiene 
buenos letrados y lo consiente, como á mí particularmente 
me ha subcedido, con alguna persecución. Por lo cual doy 
muy grandes gracias á Dios y le suplico vuerva por su Evan- 
gelio, y de mis trabajos me ternia por bastantemente servido, 
si el que puede y debo en la tierra volviese por' estos misera- 
bles, por quien nuestro maestro y redentor Jesu-Cristo {í&,de- 
ció. — Fr. Gil González, 



'•-■^\r\f\S\pj\<\r>- 



RELACIÓN 



DE LOS VECINOS \qUE HAY ÉN LOS PUEBLOS DE LA PROVINCIA DE 

Chile, que yo me acuerdo. 
Santiago, cabeza de la gobernación. 



Juan Jofré, 
Rodrigo de Quiroga. 
Francisco Martínez. 
Juan Godínez. 
Juan de Cuevas. 
Diego García de Cáceres. 
Doña Esperanza de Rueda. 
Santiago de Azoca. 
Pedro de Miranda. 
Gonzalo de los Ríos. 
Alonso de Escobar. 



Antonio González. 
Bartolomé Flores. 
Juan Gómez de Almagro. 
Antonio Tarabajano. 
Juan Fernández Alderete. 
Pedro Gómez. 
Alonso de Córdoba. 
Rodrigo González. 
Un menor. 
Francisco de Riberos. 
Gabriel de la Cruz. 



Todos estos veintidós vecinos sacan oro después que están 
en la tierra, no tienen más tasa de en el número de indios 
que han de echar á las minas, y á ellos se les dé la octava par- 
te de lo que se saca, por mandado del Gobernador que es ago- 
ra, demás del vestido y comida que se les ha de dar. 

La cibdad de la Serena ó Coquimbo. 



Francisco de Aguirre. 
Pedro de Herrera. 
Diego Sánchez de Morales. 
Juan González. 



Luis de Cartagena. 
García Díaz. 
Pedro de Cisternas. 
Francisco ó Pedro de Torres. 



468 



HISTORIADORES DE CHILE 



Estos ocho vecinos sacan oro como los de Santiago y con las 
propias costumbres. 

La cibdad de la Concepción. 



Doña Marina, mujer de don 
Pedro de Valdivia, goberna- 
dor. 

Don Alonso Pacheco. 

Antonio de Reinoso. 

Hernando de Huelva. 

Diego Díaz. 

Gonzalo Hernández de la To- 
rre y su yerno. 

Un menor llamado don Fran- ' 
cisco Manrique. 

Luis de Landa. 

Pedro do Oñate. 

Pedro Orne. 



Luis de Toledo. 
Rodrigo Román. 
Antonio Lozano. 
Gabriel de Cifontes. 
Francisco de Hortigosa. 
Pedro de Jaén. 
Vicencio de Monte. 
Diego de Aranda. 
Licenciado Pacheco. 
Licenciado Ortiz. 
Hernando de Figueroa. 
Hernán Páez. 

El heredero de Alonso Galia- 
no. 



Estos veintitrés vecinos, después que se descubrieron y 
poblaron, no han sacado oro sino un año; y tienen tasa en sus 
indios y les han de dar la octava parte de lo que se sacare. 

La cibdad de los Confines. 



Don Miguel de Velasco. 
Don Cristóbal de la Cueva 
Sebastián del JHoyo. 
Juan de Losada. 
Francisco Escudero. 
Pedro Martin. 
Juan de Medina. 
Juan de Bárahona. 
El Licenciado de las Peñas. 



Francisco de Ulloa. 
Gaspar de Aviles. 
Gaspar de Vergara. 
Diego Cano. 
Diego Ruiz de Oliver. 
Pedro de Artaño. 
Pedro de Aguayo. 
Lorenzo Bernal. 



Estos diez y siete vecinos no han sacado oro jamás, sino 
las sementeras se mantienen, porque están en una tierra de 
de no están los indios muy asentados. 



UEIACIONES 469 



La cibdad de\Tucapel ó Cañete. 

Esta ciudad es donde los indios han estado hasta agora de 
guerra, y jamás han sacado oro por ello, y porque tienen las 
minas muy lejos. 

La cibdad Imperial. 

Francisco de Villagra.^ Alonso do Villanueva. 

Pedro de Villagra. Alonso de Montiel. 

Gabriel de Villagra. Juan de Cárdena. 

Leonardo Cortés. Antonio Núñez. 
Pedro Dolmos de Aguilera. Pedro de los Santos. 

Don Francisco Ponce. Don Luis, " 

Hernando Ortiz. Murguía. 

Estos catorce vecinos jamás han sacado oro dende que están 
poblados, sino una demora; tienen las minas lejos. 

Villarrica. 

Pedro de Aran da. Juan de Oviedo. 

JuanTéllez. Juan Fernández Puertocarrero. 

Gonzalo Sánchez. Pedro de Madrid. 

Y hay hasta diez y ocho vecinos que no han sacado oro sino 
una demora. 

La cibdad de Valdima 

Aquí hay hasta veinte vecinos, los nombres no los sé; han 
sacado dos años oro. Tienen tasados los indios que han de 
echar á las minas y á ellos se les ha de dar la octava parte de 
lo que se sacare, demás del vestido y comida y medicinas. 

La cibdad de Osorno. 

Eslacibdad tiene otros tantos vecinos y no han sacado jamás 
D mas que una vez, y tienen la misma tasa que los demás.'' 
Detrás de la cordillera hay otros dos pueblos que descubrió 
ú gobernador Villagra y los pobló después don García; los ve- 
nos no sé cuan tos son, ni cómo sollaman; jamás han sacado 



470 



HISTORIADORES DB CHILB 



oro porque ha muy poco que son poblados; han de guardar la 
misma orden que los demás. 

En la provincia de Tucumán, que en \ida del gobemadoj 
Valdivia descubrió Francisco de Villagra, como su teniente, 
hay dos pueblos ó tres poblados; éstos no sé cuántos vecinos 
tienen ni cómo se llaman, porque el libro del repartimiento que 
hizo don García no lo había dado el secretario de don García. 
Jamás han sacado oro; á estos pueblos pagábamos en Chile los 
curas y sacristanes. 



■«•- 



'^ 



CARTA ORIGINAL 

DE Julián de Bastida A don García Hurtado de Mendoza.' 



Muy ilustre señor: 

Yo salí de Chile, de la ciudad de la Concepción, á los seis 
de septiembre de este presente año, y llegué á esta ciudad á los 
veinte de otubre, porque me detuve en la ciudad de Santiago 
quince dias; ya que fué Dios servido de darme libertad para 
poder dar cuenta á V. S. de lo sucedido en aquel reino, des- 
pués que V. S. del salió, lo haré, aunque, según hay de qué, 
no podré dejar de ser largo y prolijo en mi carta. 

Fué Dios servido que aqud reino estuviese en la mucha paz 
y quietud que V. S. le dejó de españoles y naturales todo el 
tiempo que estuvo á su cargo, y de los ministros que en él dejó, 
que aún hasta en esto les alcanzó la suerte de la buena fortuna 
que V. S. tuvo en las cosas de la guerra; y asi, el general Ro- 
drigo de Quiroga, á quien V. S. lo dejó encargado, ayudándole 
Nuestro Señor y ser caballero tan bienquisto, como es, lo tuvo 
todo en buen gobierno, paz y quietud. 

Después questos naturales entendieron ser cierta la venida 
del gobernador Francisco dü Villagra, se comenzaron á alterar 
y animar contra él, porque verdaderamente creen que le tienen 
ganada la ventura de salir con cualquier buen suceso que con- 
*tra él emprendan, y como no pierden un punto en las cosas de 



I. El sobre dice: cAl muy ilustre señor don García de Mendoza y Manri- 
que, etc., mi señor.» Y más abajo: aEn esta carta doy cuenta á V. S. de todo lo 
sucedido en Chile desde el día que Villagra entró hasta que yo sali.» 



472 HISTORIADORES DE CHILE 

la guerra, y como infieles, se ayudan de sus supersticiones, 
habiendo entrado el Gobernador en aquella tierra á los cuatro 
de junio del año sesenta y uno, estando dpn Pedro de Avenda- 
ílo con tres amigos suyos mandando hacer sus sementeras 
en el lobo de Purén, que por aqui entenderá V. S. cuan de paz 
estaba todo, á los diez y ocho deste mismo mes mataron á el y 
á Enrique de Flandes, con cautela de traelle unas tablas y fru- 
tilla que les habla pedido; y lo mismo hicieron al Vizcainillo 
ducientos indios con que estaba haciendo la chácara. 

Rodrigo de Quiroga estaba en la Conceptión, y por hallarse 
más cerca quel Gobernador, acudió luego al castigo y allana- 
miento de aquel lebo, y le escribió lo sucedido, y que, pues la 
tierra estaba quieta y pacifica, excepto aquellos cuatrocientos 
ó quinientos indios de Purén, diese orden cómo lodo se conser- 
vase en la paz en que estaba, y que inviase con el capitán Rei- 
nóse, á quien luego que entró en la tierra proveyó por capitán 
délas tres ciudades déla Conceptión, Cañete y Infantes, con 
alguna gente que del todo acabasen de asentar aquel lebo. 

Dende á un mes vino Reinoso sólo con otros dos hombres, 
lo cual no fué pequeña ocasión para que los indios se alterasen 
más, y desde á otro mes invió á su hijo, Pedro de VíUagra, 
con hasta treinta soldados, y entrambos, con ellos y con otros 
algunos soldados que de la Conceptión llevaron, se fueron á la 
ciudad de Cañete y estuvieron en ella otros dos meses que 
tardó el Gobernador en llegar á apquella ciudad, sin salir della; 
y como los indios estaban mostrados de ver de ordinario gente 
en el campo que les amonestaban á la paz y quietud que tenían, 
y conociendo la negligencia de los capitanes, se comenzaron á 
alzar algunos de Pelmayquén y de Cayocupil, y como no se 
puso remedio, poco á poco se fueron declarando todos los de- 
más lebos, visto que no los castigaban ni sallan á hacelles la 
guerra como solían. 

En el entretanto, el Gobernador estuvo algunos dias en Co- 
quimbo, y como V. S. dejase acá opinión de lo mucho en que 
tuvo su persona, y autoridad con que administró el cargo, pare- 
ciéndole que haciéndose más tratable y humano de lo que 
quiere sean los ministros de S. M. de semejantes cargos, y 
teniendo gusto de ninguna cosa de las que V. S. y ei Licer 
do Santillán ordenaron en el alivio y conservación destoj 
dios v buen recaudo en los bienes de defuntos, y parecie 



t 



BASTIDA . 473 

que se podria mejor conservar y afirmar en el gobierno vinien- 
do aquí opinión de que era humilde y tratable, mandó que na- 
die le llamase señoría, y que todo género de gentes se sentasen, 
hacienda igual cuenta de uno« quede otros, que bien creerá 
V. S. lo que los buenos sentirían; y fué causa que entonces y 
después y agora se tuviesen en poco los favores y buen trata- 
miento que á algunos quería hacer, y que se hiciese gran memo- 
ria y recordación del buen término con que V. S. hacía merced 
á cada uno de ponelle en su lugar. 

Y dando á entender que V. S. ni Santillán no pudieron tasar 
los tribuctos y servicios de los indios y yanaconas, como si pa- 
ra hacellesbien no bastase un alcalde, sin hacer ninguna visita 
ni otra diligencia, vistas las tasas por V. S. hechas, hizo Otras, 
en que, complaciendo á los vecinos, las alargó, dándoles más 
bateas de las que V. S. les permitió echar, y que, como daban 
el sesmo del oro á los indios, les diesen el ochavo; y á los yana- 
conas y indias de servicio, ansi del Cuzco como de aquella tie- 
raa, que V. S. dejó libres, las ha encomendado y encomienda 
por cédula, y les hacen servir contra su voluntad á quien las 
deposita. Que, cierto, tuvieron razón y adivinaban su mal los 
yanaconas de Santiago, cuando suplicaron á V. S. hiciese que 
les fuesen válidas las cédulas de la libertad que les dio, y V. S. 
ganará ante Nuestro Señor gran mérito en que suplique á S. M. 
se las mande guardar y que se vuelvan las tasas á lo que V. S. 
las dejó, en el entretanto que no hubiere lugar, por la pobreza 
en que ha vuelto esta tierra, de bajárselas más, como V. S. lo 
tenía en propósito y se hace en todas las partes de Indias; que 
yo fio que no se alteren por ello los vecinos, pues los más 
dellos, como saben que es cosa desusada alargar tasas, desde 
luego y agora dicen que quieren la que V. S. dejó. Pero como 
nadie apremie mal á sí mismo, y se les ofrece siempre necesi- 
dad, pasan ayudándose del socorro que les da el tiempo; y los 
ochavos ninguno han visto después acá los de los indios, que 
todo se resume en hacer depositarios dellos á los encomenderos 
^'' "^asar con la carga dellos adelante, 

^ como algunos, con celo del servicio de Nuestro Señor, han 
ho el agravio que reciben los naturales, y que jamás se ha 
to alargar tasa, vuelve por lo hecho con decir que lo que 
"gó en las bateas quitó en mandar no se sirviesen de algu- 
. indios de servicio de casa; y aunque es verdad que se man- 
so 



474 HISTORIADORES DK CHILE 

dó, como no se ha ejecutado, gozan del servicio y alargamiento 
de las tasas en la forma que de antes que no hubiese ninguna, 
que, cierto, es cosa de gran lástima lo questa pobre gente tra- 
baja. Y de aqui adelante lleva esto menos término de remedio, 
porque con la gran desventura de guerra que en aquel reino 
hay, de que ansimismo daré aqui cuenta á V. S., no hay que 
pensar en más que en defenderse della, que no será poca mer- 
ced la que Dios les hará en conservarse con el trabajo que 
agora está. 

Y aunque no ló moviera otra cosa á el alivio de aquellos in- 
dios, bastaba ver que ningún dia hubo en Santiago, en el tiem- 
po que alargó las tasas, que no se enterrasen de veinticinco á 
treinta indios, déla plaga de viruelas que llevó en su armada, 
con que se llevó gran parte dellos; y no fué para ellos pequeña 
ocasión de indignación para la guerra contra el goberna- 
dor, asentárseles y tener por cierto haber traído él dos boti- 
jas desta pestilencia para matalles, en venganza de la ene- 
mistad del desbarate y victoria que contra él hubieron en An- 
dalicán. 

Y lo délos yanaconas, dejado aparte el agravio quellos reci- 
ben, ha causado harto desabrimiento en los soldados ver decir 
á un yanacona libre que quiere estar con uno y dallo á otro; y 
asi pide y da por depósito el servicio de un difunto como un re- 
partimiento, y como todos no mueren donde está el goberna- 
dor, y luego las piezas, en falleciendo su amo, toman otro á su 
voluntad, y tras esto llega el depósito de otro que no conocen, 
es la misma muerte. 

Pocos dias antes que llegase el gobernador á Coquimbo fa- 
lleció el alguacil mayor Alonso García, y conforme á la ins- 
trucción de Su Majestad, que V. S. mandó guardar, se metió 
en la caja de difuntos seis ó siete mil pesos que dejó, y los sacó 
della y los tomó para si. haciendo depositario dellos á Juan Vás- 
quez, su mayordomo; y lo mismo hizo de otros tantos que dejó 
en la Concepción, Bautista, mercader, que posaba en casa de 
Juana Jiménez, con lo cual acabó de quitar la gana de Tnr^rí^cp 
á todos los hombres que tienen algo. 

Y desde á cinco ó seis meses proveyó por juez ma; 
funtosal Licenciado Pacheco, con poder y facultaa 
cuentas á los tenedores y rccebir ansí y sacar do la c 
alcances y todas las escrituras que hubiese; y co»^^^ ' 



BASTIDA 475 

galo Dios en la gloria, tan trapacero, jugador y gastador, dióse 
tan buena mafia, en cuatro ó cinco meses que después vivió, 
que cobró y sacó de las cajas otros cinco ó seis mil pesos, y si 
viviera un poco más no hubiera deuda que no cobrara en la go- 
bernación de cuantas debian á los difunlos, que unas tomaba 
en caballos y otras en vestidos y ropas y ganados, y otras en 
lo que podía haber y tenia necesidad, y agora se quedan los di- 
funtos sin todo ello. Así, entre otros buenos dichos que dijeron 
soldados contra la negligencia y poco socorro y calor que el 
Gobernador puso en las cosas de la guerra, fué decir, que cómo 
querían que acertase, que hasta las ánimas de purgatorio pedían 
justicia contra él. 

En principio de julio adelante entró el gobernador en San- 
tiago y hizo en aquella ciudad el mismo alargamiento de tasas 
y depósito de yanaconas que, en Coquimbo, y comenzó á remo- 
ver los repartimientos de indios que V. S. dio, haciendo prin- 
cipio en dar á Larreinaga, á quien hizo teniente de Osorno, los 
indios de Bautista Ventura, y á Ríos, un soldado que se quebró 
la pierna en la barca de Bio-Bio, los de Santoyo; y como La- 
rreinaga era chapetón venido con él, y Ríos no habla servido 
ninguna cosa, no podrá V. S. creer lo que decían y sentían las 
ciudades de arriba, por donde llegaba la nueva de tan buenos 
principios, de quitar las haciendas álos que lo habían servido, 
para éstos. 

Y á los demás que le pedían de comer los remitió á las de- 
más ciudades, con decilles que en cada ciudad que llegase ha- 
bla de repartir y quitar lo que V. S. habla dado. 

Y desde allí se comenzó á prevenir para que no se diese 
aviso á Su Majestad ni á la Real Audiencia de su gobierno, y 
piíso en todas las ciudades, diciendo tener facultad, tres regi- 
dores perpetuos de su mano, y entre ellos en la Concepción al 
Licenciado Pacheco, y á su hermano Baltasar Pacheco, la vara 
de aguacil mayor con voto en cabildo; y en Valdivia á Altami- 
rano, el zurdo; en Osorno á Tomás Alcón, el barbero, y á Cas- 
tro, el boticario, y á otros hombres dcste jaez, de quien él se fió 
seguirían su voluntad, y comenzó á regalar y hacer los mejo- 
res tratamientos que supo á los oficiales del Rey, entendiendo 
que, cerradas estas dos puertas, estaba todo seguro, y les acre- 
centó los salarios á dos millpesos, y al contador Arnao Zega- 
rra, que tuvo más gusto á indios, le dio los de Miguel Martín, 



476 HISTORIADORES DE CHILE 

y la contaduria al Licenciado Herrera, su teniente general, con 
el mismo salario y más otros dos mil pesos del oficio de juez, 
y al fator Rodrigo de Vega, demás del acrecenttHniento de sa- 
lario, se le dio en la Concepción para su hijo parte de los in- 
dios de la mujer del capitán Gonzalo Hernández, que para 
esto no le valió lo mucho y bien que habia servido á Su Ma- 
jestad. 

Por septiembre adelante llegó á la Concepción con todos los 
más soldados que habia en Santiago, y dando á entender que 
no solamente V. S. no tuvo poder i)ara daí' indios, pero ni aún 
para dar solares ni tierra en lo que V. S. conquistó y pobló, 
quitó todos los solares y tierras que V, S. dio alli; y lo mesmo 
ha hecho en todas las demás ciudades, dándolos á quien quiso. 
y otros se dejaron de dar porque no hubo qui^n los quisiese, 
parcciéndoles ser cosa fuera de término y que no podia per- 
manecer quitar un poco de tierra, donde tanta sobra', á un 
hombre que ha cinco ó seis años que se halla en la población 
y sustentación destas ciudades. Y los que mejor rompieron 
la tierra y la plantaron y la desmontaron, fueron más desdi- 
chados, que, como cosa de más precio, se la quitaron los pri- 
meros, y uno de ellos fué el maestre-escuela, que le quitaron 
su vina y la dio á Ruiz, su secretario, y á Pedro Home aque- 
lla poca de tierra que V. S. dejó, y los solares á Juan de 
Alaor. 

En este medio tiempo sucedió que habiendo dado el juez 
eclesiástico por válido el matrimonio de Alonso Galiano y Leo- 
nor Galiano, su mujer, la Leonor Galiano dio la mitad de los 
indios á su hija y la desposó con Pedro Guerra, y el goberna- 
dor, por so haber hecho sin dalle parte, se enojó tanto que luego 
quitó los indios á Le()nor Galiano, y el matrimonio, por estar 
entonces medio secreto, se retrajo, y dio la mitad dellosá Juan 
de Alaor, y casó á la doña Luisa con Guate (que después falle- 
ció súpitamente) y le dio la otra mitad; á cuya defensa salió 
Francisco López, con quien antes se. habia casado Leonor Ga- 
liano, y viene agora con ejecutoria dellos, del Audiencia Real, 
en su favor y de su mujer. 

Pasados quince ó veinte días que. estuvo en la Concepciv/ 
en que sucedió lo dicho y la toma de los seis mil pes' 
de los bienes de Bautista, difunto, se partió de alli para 
ciudad de Cañete, con la gente y soldados que trujo de S" 



BASTIDA 477 

tiago y con la que habia en la Concepción, y vino de las ciuda- 
des de arriba en su busca, en que se juntaron duscientos hom- 
bres", que era suficiente número para pacificar y asentar aque- 
llos términos. 

Y habiendo publicado, como lo debiera hacer, que no había 
de salir de alli sin dcjallo todo depaz, estuvo en ella solos 
quince días, y luego se fué á la ciudad de los Infantes, con pro- 
pósito de ir á las demás ciudades de arriba; lo cual les hizo 
acabar de confirmarse en su alzamiento y rebelión, y que, en 
todas las corredurías que después se hicieron, los indios dije- 
sen que se iba huyendo, y que era una mujer, y otros mil géne- 
ros de desvergüenzas á este propósito, y que no habían de 
servir hasta que viniesen con el á las manos, pareciéndoles que 
no les podia faltar la victoria. 

Y estos .quince días en lo que principalmente se ocuparon 
fué en quitar á don Alonso Pacheco sus indios y dallos á Rei- 
nosOj sobre los que tenia, porque no se quiso casar con su cu- 
ñada, y á Pangalemo áPantoja sobre los que tenía, y al Licen- 
ciado Pacheco el principal de Negrete, sobre los Carboneros, y 
á Pedro Home los demás indios de Gonzalo Hernández, y á 
Fuenzalida los de Talaverano, v los de Gabriel Gutiérrez á 
Alonso de Alvarado; y á los demás de aquella ciudad los resu- 
mió en catorce ó quince vecinos, de veinte y cinco en que V. S. 
la dejój debiendo procurar, siendo posible, de hacer muchos 
más para que mejor se sustentara. - 

Luego' don Alonso Pacheco y Francisco de Hortigosa pusie- 
ron su pleito sobre el despojo, y volvieron á la Conceptión al 
Licenciado Herrera, su teniente, á quien lo remitió, y á contra- 
decir las posesiones que sus contrarios tomaban; y yendo á la 
ciudad de los Infantes, donde Herrera se fué en busca del Go-^ 
bernador, en seguimiento de sus causas y de la residencia de 
y. S., en el campo les dieron las provisiones de amparo que 
y. S. les hizo merced de enviar; y avisado el Gobernador dellas, 
en lugar de cumplirlas, envió luego sus mandamientos á todas 
las ciudades, en que mandó á lasjusticias que, por virtud dellas, 

lO diesen ninguna posesión, y que las remitiesen áél, y que, 
10 embargante á ellas, guardasen las cédulas de encomiendas 

'e indios que hubiese dado y diese de los que V. S. dio. 
Llegados á los Infanjes, queriendo subirá la Imperial á las 

iotificar al Gobernador, que habia partido de allí cuatro días 



478 HISTORIADORES DE CHILB 

Iiabia, el Licenciado Herrera les mandó notificar y se les noti- 
ficó no subiesen á ella, so ciertas penas, y se bajasen luego á la 
Conceptión, dejando ir á todos cuantos querían, de manera que 
por una parte se mandó á las justicias que no les diesen sus 
posesiones, y por otra les impidieron la subida al Gobernador 
para hacer sus diligencias; y por sólo esto, y parecerle que 
Francisco de Ilortigosa era el que principalmente meneaba es- 
tos negocios, desde á seis dias que llegó á la Conceptión vino 
á prendello un alguacil, con diez pesos de salario cada dia, y le 
llevó preso hasta la Viilarrica, donde había subido el Goberna- 
dor, dejando toda ia tierra-de guerra, con propósito de ir á po- 
blar lo que V. S. descubrió en Ancud, que lo bautizaron en 
Chilué, para dar un estado á su hijo. 

Y pagados ducientos pesos que- montó el salario del alguacil, 
sin hacelle proceso, como no habla de qué, le dio licencia para 
que volviese á^su casa, tomando por Ov-^asión de la prisión decir 
que, con aquellas provisiones y decir ser válido lo que V. S. 
hizo, alborotaba la tierra; y siendo estorbada la ida del Gober- 
nador á Ancud, con cierta enfermedad que le sobrevino en la 
Viilarrica, se volvió ala Imperial, y dende á quince días se ba- 
jó á los Infantes, ansi por parecerle que era comarca para la 
guerra, como para desviarse de su mujer, siendo persona que 
merece cualquiei* servicio y amor. 

Halló de guerra los indios de Purén y Mareguano y Guadaba, 
con toda aquella cordillera, hasta lo de Castañeda, y aunque 
estuvo allí cinco ó -seis meses con ciento v cincuenta hombres 

tu 

de la ciudad y sus criados, y personas que iban y veniao á ne- 
gocios, no fué poderoso paratraer uno dcllos de paz, y cadadia, 
en frente de las puertas, les llevaban los ganados y caballos y 
les mataban los yanaconas; y es tanta la desvergüenza que 
aquellos indios tomaron, que los que no lo vieron no pueden 
creer que en tiempo de V. S. estuviesen quietos y pacíficos con 
solos cuatro hombres que V. íS. tuvo en la casa antes que el 
pueblo se poblase. 

Cuando el Gobernador salió de Cañete, dejándole en la forma 
que está dicho dejó por su teniente á Lope Iluiz de Gamboa, el 
cual con ciento y cincuenta hombres, poco más ó menos, que le 
dejó, hizo la guerra á aquellos indios dos ó tres meses, sin po- 
der traer ninguno de paz, y al cabo dcllos, por no poder hacer 
dar paso á lieinoso después que le dio los indios de don Alonso, 



BASTIDA 479 

vino por su maestre de campo el Licenciado Altamirano, con 
hasta cuarenta soldados que recogió en las ciudades de arriba, 
y entrambos liicieron la guerra sin hacerse efecto ninguno, y 
en el discurso «lella mataron los indios en diversas partes á Ro- 
drigo Palos, á Sancho Jofré de Mendoza y á Carrasco y á dos 
ó tres, hasta que por haber diferencias entre el maestre de cam- 
po y Lope Ruiz sobre alargar cada uno su mando, queriéndo- 
lo el Lope Ruiz, el Gobernador proveyó de su cargo de capitán 
y teniente de aquella ciwdad á Juan de. Lasarte; y tomada hoy 
la posesión de la vara, por apearse Fuenzalida, que velaba la 
modorra, á dormir con una mulata, llevaron ciertos indios el 
caballo ensillado y enfrenado con otros dos que estaban en una 
caballeriza. 

Juan de Lasarle salió por la mañana con once ó doce sol- 
dados á quitalles la presa, y treinta indios mataron á él y á 
Ruiz el platero, y á don Pedro de Ocón y á Rebolledo, que des- 
pués acá se ha dicho le tienen en la isla de la Mocha. 

Y en este mismo tiempo mataron sus indios á Vicencio de 
Monte, y á don Bartolomé Hernández de Heredia y á Copete; 
y con estos sucesos los indios de la ciudad de Cañete y los de 
la cordillera délos Infantes fueron cobrando tanto ánimo y 
fuerza, que dentro en las mismas ciudades les venían hacer 
la guerra y á poner fuego á las casas y llevarles los caballos, 
y mataron tantos yanaconas, que, por no tener servicio, los que 
les quedaron los apacentaban delante de si entre diay de noche 
los ataban. 

En este tiempo, que sería al principio del año de sesenta y 
dos, temiendo el Gobernador más que hasta allí que la Audien- 
cia Real había de dar sobrecartas délas provisiones que V. S. 
invió, despachó al Licenciado Herrera y al tesorero Juan Nü- 
ñez de Vargas á informar de las injustas causas que le movie- 
ron ^íara quitar los indios; y demás de pagalles lo corrido de 
sus salarios y lo que él les acrecentó, les hizo pagar cada 
cuatro mil pesos de dos años adelantados, y para que no se 
entendiese ni hubiese quien informase en la Real Audiencia 
de la verdad del derecho de los despojados, aunque muy mu- 
chos dellos le pidieron licencia para ir á Lima en segui- 
miento de su justicia, no la quiso dar á nadie, excepto á don 
Alonso Pacheco después de haber pasado grandes cosas sobre 
ello. 



480 HISTORIADORES DE CHILE 

Y procurados primero todos los estorbos posibles para jus- 
tificar su quedada, con deudas y otras cosas de poca sustancia 
que le buscaron, como de tDdos salió bien y no pudieron por 
aquí detenellc, al tiempo que se iba á embarcar descubierta* 
mente no le quisieron recebir en el barco, y se hicieron á la 
vela y le dejaron en la playa, y llevaron su cama y matalotaje 
que tenia en el navio, y mandó Herrera á Juan Diez, el pesca- 
dor, so ciertas penas, que no le llevase en su barco á los demás 
navios; y luego se partió por tierra al fuerto de Santiago, y se- 
cretamente le embarcó Hernán Gallego á él y á don Pedro de 
Lobera, que es de los despojados, y los llevó escondidos hasta 
el puerto de Coquimbo. De allí los sacó de debajo de cubierta 
entre la lefia, y don Alonso se quedó en Coquimbo, y don Pe- 
dro, como el maestre era de su tierra, le tornó á esconder y 
llevar. Y dende á ciertos días don Alonso se partió por tierra 
una noche, y envió tras él el teniente de aquella ciudad dos 
hombres que le prendiesen y le volviesen por bien ó por mal, 
y aunque don Alonso hizo por su persona loque un caballero 
tenía obligación, porque dicen que los pudiera matar á en- 
trambos, al cabo le dieron una pedrada en la cabeza que le de- 
rribaron del caballo, y cayó sobre unos cardones, y se le hin- 
caron muchas espinas en la cabeza, y le volvieron á Coquimbo, 
á donde estuvo más de cinco meses á la muerte, y le abrieron 
tres veces la cabeza. No se atreviendo después el teniente á 
mandalle volver si se tornase á huir, porque cuando se qui- 
so morir le atribuían todos la culpa de su muerte, le dio licen- 
cia para que so fuese al Perú, adonde asta. 

El Licenciado Herrera volvió del Perú por el mes de enero, 
llegó á Chile, y por las cartas que llevó desta ciudad, de parti- 
culares, se entendió cómo el Audiencia Real, visto el grande 
agravio, aunque no hubo persona de acá que contradijese á 
Herrera, mandó dar sobrecartas con grandes penas y aper- 
cibimientos, dando por ningunas las encomiendas hechas 
por Francisco de Villagra; y, como vio Herrera que por 
vía de justicia iba su negocio perdido, acudió al Comenda- 

m 

dor Muñatoncs, que es el que sostiene y ha defendido las c 
de Villagra, y él y los comisarios dicen lo remitieron á S. . 
mandando, como en efecto mandaron, al Audiencia Re*^' 
conosciese de aquellos negocios: entremetiéndose en \l^ 
sas de justicia como si fueran de hacienda real, q"^ 



BASTIDA 481 

en lo que más pueden y á lo que S. M. los envió. Díjoso en 
Chile, de parte de los Villagranes, que curó el Licenciado He- 
rrera dos llagas que estaban añstoladas, con nuevo mil pesos 
de oro de Valdivia, con lo cual fué despachado como quiso, y 
no como convenía á servicio de Dios, nuestro señor, ni al de 
S. M., ni quietud ni aumento de aquel reino, sino para que del 
todo viniese en la total destruición que al presente queda; y el 
licenciado Herrera fué y está aguardando una plaza de oidor 
en esta Real Audiencia, que ansí se lo prometieron. Suplico á 
V. S. le ayude con un grito. 

El Audiencia estuvo siempre en que se hiciese justicia, y 
por no venir en rompimiento estuvo el negocio detenido por 
algunos dias, y en esta coyuntura llegó el mandato de S. M. 
para que se fuesen á España, y con esto y cqn la llegada de 
Luis de Toledo á esta ciudad, visto su despacho, se despacha- 
ron algunos negocios, mandando volver los indios á lasperso- 
sonas á quien V. S. los habla dado que se hallarojí aquí, entre 
los cuales fué uno Bautista Ventura. Todas las ejecutoi;ias dos- 
tas llegarori á Santiago estando yo allí, y las obedeció y dio 
algunas posesiones á los que alli hallaron indios de sti repar- 
timiento en qué tomalla, lo cual hizo más de miedo que de 
virtud, porque estos señores oidores les dieron aquí una fra- 
terna sobre el negocio; pero yo entiendo que P^lro de Villa- 
gra no las cumplirla, por dos cosas, la una por seguir la mala 
intención de su antecesor, la cual en todo lo que se ha ofrecido 
ha pasado el pié de la mano de lo que el otro hiciera, espe- 
cialmente con Francisco de Hortigosa, secretario de V. S., que 
haya gloria, que porque pretendió se acrecen tase una escribanía . 
de gobernación, por parecelle era en daño del secretario de 
Francisco dé Villagra, que es el que le gobierna, no paró has- 
ta que, con apercibimiento de malocas, fué causa de su muer- 
te, teniendo S. M. mandado se acrecentase; Ja otra es porque 
tienen por broquel el auto y provisión que los comisarios die- 
ron para que no conociese el Audiencia de aquel negocio, y 
tres meses antes que llegase ninguna ejecutoria, sé yo tenían 
leñado un auto conforme á lo que tengo dicho. Y la moneda 
í3 entre el muerto y vivo corre es decir que el Audiencia no 
dde mandar en aquel reino, y que, hasta que S. M. lo decla- 
suplicará de todo lo que le mandaren; que creo yo no será 
«nte de S. M. esta la menor causa para que provea con 



482 HISTORIADORES DE CHILE 

brevedad de remedio á esta tierra, pues está en todo muy sin 
61. 

Si V. S. viese las personas á quien hizo merced, que ha des- 
pojado Villagra, cuan rotos y perseguidos andan, creo se en- 
ternecería harto con ellos, y con ver que los que tienen sus 
hacienílas se están en sus casas y ellos en los trabajos de la 
guerra, que son los que hasta agora la han sustentado y sus- 
icíitan: y para más desabrimiento ha quitado á muchos, con 
un término extraño, sus indios, que es enviándolos á servir á 
Tucapel con grandes promesas que no les removería sus in- 
dios, V al cabo de un año, v otros de año v medio, salen con 
ellos los comelitones que andan tras él. 

Y pedir licencia para poder salir á pedir justicia, es hablar 
en latinidad, que para sólo éstos está la puerta de cal y can- 
to; á Martin Alonso le sucedió peor, que habiéndole quitado 
los indios de Alarcón, enviándole á servir á Cañete, debajo de 
grandes esperanzas de volvérselos, y habiendo estado allá un 
ano, y subiendo al cabo del á suplicar porlo prometido, le pagó 
con quitalle los otros pocos que fueron de Martíañez, y agora 
no puede alcanzar licencia ni aún unos papeles que presentó 
para ir abajo, y otro tanto le sucedió á Cherinos. 

Ido el Licenciado Herrera y los navios abajo, con la nueva de 
la humildad de no querer señoría, y también á vueUas de lo 
que había tomado á los difuntos, y del descuido y poco fruto 
que se hacia en las cosas de la guerra y del ruin gobierno y 
justicia que comenzó á entablar, comenzó á permitir que le 
llamasen señoría y hacer otros autos y cerimonias de grave- 
dad, y asentábasele tan mal, que como de la boca se le cala 
cualquier cosa que quería hacer; y su hijo moría por remedar 
áV. S. Y con esto, quedándose todo ardiendo, se subió á la 
Imperial, y de alli, estando bien pocos días en su casa, á Val- 
divia, que se tenía grande esperanza de aquellas minas que 
V. S, descubrió, por quedar tan acreditadas, como quedaron, la 
demora que V. S. se fué, y no se labrar al año siguiente con la 
ocasión de haber removido los indios, y alli le tomó la nueva 
de la llegada de los navios á aquel reino, y cómo el arzobispo 
y oidores sacaron dellos á doña Juana de la Cueva, por quien 
había enviado con dos mil pesos de los de los difuntos. 

Y llegó á tanto el pesar desto, que en el primer navio des- 
pachó por ella á su hermano el clérigo; sino viniere no será por 



BASTIDA 483 

SU culpa, y entretanto el padre Fernando Ortiz, que no se supo 
conservar con él, decia que estaba descocotando una perdiz en 
Valdivia, ^ 

Y los pobres vecinos de Caflete y los Infantes, viéndose -tan 
apretados, faltos de nnuñiciones y d^e todo lo demás necesario y 
temiendo los de la Conceptión lo mismo, y que las minas le 
deternian que no bajase á socorrer la tierra y hacerla guerra á 
lapuntadel verano, le enviaron cada día sus procuradores, sig- 
nificáudolesu perdición, para que bajase abajo, que no debiera; 
y como no lo hizo al tiempo que lo suplicaron y convenia, y se 
acordaban de los socorros que V. S. les enviaba sin pedirlos, 
y del irse á meter en Cañete en sabiendo que la querían 
sitiar y estar diez meses en Arauco comiendo cabra, y de la 
gran presteza con que V. S. acudía á todo, ha acabado V. S. 
de ser celebrado y conocido por el mejor capitán que ha habido 
en las Indias y de mayor ventura, y como se compara á tantas 
muertes y trabajos como después ha habido, y que en tiempo 
de V. S. no se perdió un hilo ni casi se sacó gota de sangre 
á español, bendicen y alaban á V. S. toda la tierra sin quedar 
ninguno. 

Y si alguna esperanza tienen de volver á la quietud en que 
V. S. les dejó, es cuando piensan que V. S. ha de volver á 
aquel reino, y los indios no temen de ser sojuzgados sino por 
mano de V. S., y ansí lo dicen y publican en sus bailes y bor- 
racheras, y creo que por los clamores de los pobres que están 
de paz ha de ordenar Nuestro Señor la vuelta de V. S.; y si va- 
liera para hacello el voto de Juan de Villanueva, el viejo, y 
supiera lo que don Henrique de Villena, V. S. amaneciera aquí 
un día destos, pues, no le cabiendo en el pecho lo que cerca 
desto sentía, se salió un día á la plaza y dijo que si por caso 
hubiese dicho algún mal de V. S., se desdecía dello, porque 
no merecían besar los de aquel reino la tierra que el caballo de 
V. S: había pisado. Y tratando en conversación si príncipe tan 
poderoso como el turco se podia perder, y teniendo todos que 
no, dijo que sólo un camino habla para ello, que era haciendo 
su capitán general á Francisco de Villagra, el cual es otro rey 
don Rodrigo. 

Y* están las gentes tan desconfiadas de su ventura, que no 
se comienza cosa que tenga esperanza de buen suceso. Y al 
cabo de un procurador y otro que le llegó, de que todo estaba 



484 HISTORIADORES DE CHILE 

para dar en tierra, y que los soldados de Cañete se le querían 
salir de puro descontentos, de que es cierto que á ninguno de 
cuantos alli han estado les ha cabido un indio, se embarcó en 
el puerto de Valdivia con hasta treinta personas con feus cria- 
dos y soldados y algunos caballos (andando huidos por los mon- 
tes, por no venir con él, buena copia de soldados que alli y en 
Osorno habla) con propósito, según dicen unos, de bajar á 
Arauco, y según otros, de ir á Ancudó Chilué, que es todo uno. 
Y volviendo el tiempo, llegando al paraje de la isla de la Mocha, 
mandó hiciesen la navegación de Ancud y entró por el archi- 
piélago que V. S. descubrió, corriendo á mano derecha á las 
espaldas de los Coronados, hasta veinte leguas; y tuvieron tan 
poca advertencia, que surgieron en parte, que como alli despla- 
ya mucho, dentro de dos horas quedó el navio en seco y Iras- 
tornado á un lado, y si no hubiéramos acertado .á sacar los 
caballos y casi toda la gente, no escapaba nadie, y, con todo esto, 
estuvimos á punto de nos perder. 

Y desde á seis ó siete días que saltamos en tierra, vinieron 
sobre nosotros cinco ó seis mil indios al cuarto de la modorra, 
y, como no son tan diestros como los de Arauco, los que dellos 
llegaron á los toldos y rancherías, sin ser sentidos, se ocupa- 
ron más en dar palos en los bohíos que lanzadas, y rehechos los 
españoles, los echamos de allí, con muerte de un Tiombre, el 
cual estaba puesto por centinela á la puerta del toldo de Villa- 
gra; y murieron algunos yanaconas. Y casi hecho el navio pe- 
dazos, que para sacalle y enderezalle fué menester quitalle los 
árboles y lastre, nos volvimos á la casa de Arauco con el cre- 
do en la boca (que nos íbamos anegando) én fin de noviembre, 
y ^esde alli comenzó á mandar hacerla guerra al maestre de 
campo en los términos de Cañete, con ochenta españoles; y á 
Lagos en Mareguano, y Talcamávida con la Cordillera, hacia 
Angol, con cuarenta; y á Lorenzo Rernal, con otros cuarenta, 
que habia más de seis meses que estaba en Purén, que la pro- 
siguiese más apretadamente; y los unos y los otros, demás del 
mucho castigo que hicieron en todo género de personas, les ta- 
laron todas las comidas qué pudieron haber. Y estando lo¡ 
dios apretados con la guerra y necesidad de comida, de r^ 

ra que los de Cañete habían comenzado algunos dellos á ( 

paz y otros trataban della, y que parecía se querían torn^ 
asentar, hicieron un fuerte en lo alto de la sierra de Mar^' 



BASTIDA 485 

noy se juntaron en él los indios de toda aquella cordillera'y 
de entrambas vertientes, yendo á los desbaratar Pedro de Vi- 
llagra, el mozo, y el maestre de campo, con ochenta y cinco 
soldados y vecinos, los mejores de aquel reino, á los diez y 
seis de enero deste año de sesenla y tres, después de permitir- 
lo Nuestro Señor, y la mala orden con que se acometió, fueron 
desbaratados todos los españoles y muertos treinta y ocho de- 
llos, y entre ellos don Pedro de Guzmán y Pedro de Villagra, 
y otra muy buena gente; los demás salieron huyendo á Angol, 
casi todos heridos , con pérdida de los mejores caballos y ar- 
mas de la tierra, y muerte de muchos yanaconas y indios de 
servicio. 

Y otro día por la tarde supo el Gobernador la nueva, que 
estábamos en la casa de Arauco, de ciertos indios amigos que 
de Arauco llevaron, y luego, sin aguardar otra nueva, envió á 
despoblar la ciudad de Cañete, por no perder la costumbre; y la 
misma jioche, á la media noche, diciendo ir á enviarnos soco- 
rro á la casa, se embarcó para la Conceptión por el río abajo, 
dejándonos á solos veinte ó veinte y tres hombres en ella, y 
permitió Dios que, llegando á la mar, para desembocar el rio 
comenzó á correr norte y fuéle forzado á la mañana volverse, 
que no nos pesó poco cuando le vimos. 

Los de Cañete no quisieron despoblar, antes le enviaron do- 
ce hombres, en voz de la ciudad, á requerille no despoblase, y 
sobre ello le hicieron muchos requerimientos, y, no obstante 
esto, en efecto despobló, y recogidos todos en la casa de Arau- 
co, 'dejando á Pedro de Villagra por su general, con hasta no- 
venta soldados, con los demás, que fueron bien pocos, y las 
mujeres se vino á la Conceptión; que, cierto, quebraba el cora- 
zón ver aquella ppbre gente echados de sus casas, al cabo de 
cinco y seis años que tantas guerras y trabajos sufrieron sus- 
tentándolas. Y con suceso tan triste no quedó cosa que no se 
alterase y moviese á la guerra; y luego se alzaron los indios 
del Estado y todos los demás de la otra parte de Biobío, y la 
•^"Yor parte de lo que estaba de paz en Angol y en la Imperial, 
, también, antes desto, pronosticando estaba buena parte 
'yuerra. 

jm, dentro en quince dias, como el Gobernador salió de 
lUCO, sitió toda la tierra aquella casa y la combatieron 
<ro días arreo, con tanto ánimo y desvergüenza que no 



484 HISTORIADORES DE CHILE 

para dar en tierra, y que los soldados de Cañete se le querían 
salir de puro descontentos, de que os cierto que á ninguno de 
cuantos allí han estado les ha cabido un indio, se embarcó en 
el puerto de Valdivia con hasta treinta personas con Sus cria- 
dos y soldados y algunos caballos (andando huidos por los mon- 
tes, por no venir con él, buena copia de soldados que allí y en 
Osorno habla) con propósito, según dicen unos, de bajar á 
Arauco, y según otros, deir á Ancudó Chilué, que es todo uno. 
Y volviendo el tiempo, llegando al paraje de la isla de la Mocha, 
mandó hiciesen la navegación de Ancud y eiutró por el archi- 
piélago que V. S. descubrió, corriendo á mano derecha á las 
espaldas de los Coronados, hasta veinte leguas; y tuvieron tan 
poca advertencia, que surgieron en parte, que como allí despla- 
ya mucho, dentro de dos horas quedó el navio en seco y tras- 
tornado á un lado, y si no hubiéramos acertado .á sacar los 
caballos y casi toda la gente, no escapaba nadie, y, con todo esto, 
estuvimos á punto de nos perder. 

Y desde á seis ó siete días que saltamos en tierra, vinieron 
sobre nosotros cinco ó seis mil indios al cuarto de la modorra, 
y, como no son tan diestros como los de Arauco,los que dallos 
llegaron á los toldos y rancherías, sin ser sentidos, se ocupa- 
ron más en dar palos en los bohíos que lanzadas, y rehechos los 
españoles, los echamos de allí, con muerte de un Tiombre, el 
cual estaba puesto por centinela á la puerta del toldo de Villa- 
gra; y murieron algunos yanaconas. Y casi hecho el navio pe- 
dazos, que para sacalle y enderezalle fué menester quitalle los 
árboles y lastre, nos volvimos á la casa de Arauco con el cre- 
do en la boca (que nos íbamos anegando) én fin de noviembre, 
y ^esde allí comenzó á mandar hacer la guerra al maestre de 
campo en los términos de Cañete, con ochenta españoles; y á 
Lagos en Mareguano, y Talcamávida con la Cordillera, hacia 
Angol, con cuarenta; y á Lorenzo Rcrnal, con otros cuarenta, 
que había más de seis meses que estaba en Purén, que la pro- 
siguiese más apretadamente; y los unos y los otros, demás del 
mucho castigo que hicieron en todo género de personas, les ta- 
laron todas las comidas qué pudieron haber. Y estando .^. 
dios apretados con la guerra y necesidad do comida, de n? 
ra que los de Cañete hablan comenzado algunos dellos á d_, 
paz y otros trataban della, y que parecía se querían torn^ 
asentar, hicieron un fuerte en lo alto de la sierra de Mar^^ 



BASTIDA 485 

no y se juníaron en él los indios de toda aquella cordillera 'y 
de entrambas vertientes, vendo á los desbaratar Pedro de Vi- 
Uagra, el mozo, y el maestre de campo, con ochenta y cinco 
soldados y vecinos, los mejores de aquel reino, á los diez y 
seis de enero deste año de sesenta y tres, después de permitir- 
lo Nuestro Señor, y la mala orden con que se acometió, fueron 
desbaratados todos los españoles y muertos treinta y ocho de- 
Uos, y entre ellos don Pedro de Guzmán y Pedro de Villagra, 
y otra muy buena gente; los demás salieron huyendo á Angol, 
casi todos heridos , con pérdida de los mejores caballos y ar- 
mas de la tierra, y muerte de muchos yanaconas y indios de 
servicio. 

Y otro día por la tarde supo el Gobernador la nueva, que 
estábamos en la casa de Arauco, de ciertos indios amigos que 
de Arauco llevaron, y luego, sin aguardar otra nueva, envió á 
despoblar la ciudad de Cañete, por no perder la costumbre; y la 
misma jioche, á la media noche, diciendo ir á enviarnos soco- 
rro á la casa, se embarcó para la Conceptión por el río abajo, 
dejándonos á solos veinte ó veinte y tres hombres en ella, y 
permitió Dios que, llegando ala mar, para desembocar el río ' 
comenzó á correr norte y fiiéle forzado á la mañana volverse, 
que no nos pesó poco cuando le vimos. 

Los de Cañete no quisieron despoblar, antes le enviaron do- 
ce hombres, en voz de la ciudad, á requerille no despoblase, y 
sobre ello le hicieron muchos requerimientos, y, no obstante 
esto, en efecto despobló, y recogidos todos en la casa de Arau- 
co, 'dejando á Pedro de Villagra por su general, con hasta no- 
venta soldados, con los demás, que fueron bien pocos, y las 
mujeres se vino á la Conceptión; que, cierto, quebraba el cora- 
zón ver aquella ppbre gente echados de sus casas, al cabo de 
cinco y seis años que tantas guerras y trabajos sufrieron sus- 
tentándolas. Y con suceso tan triste no quedó cosa que no se 
alterase y moviese á la guerra; y luego se alzaron los indios 
del Estado y todos los demás de la otra parte de Biobio, y la 
vor parte de lo que estaba de paz en Angol y en la Imperial, 
^ también, antes desto, pronosticando estaba buena parte 

^uerra. 
m, dentro en quince dias, como el Gobernador salió de 

"30, sitió toda la tierra aquella casa y la combatieron 
3 días arreo, con tanto ánimo y desvergüenza que no 



TK^ e\ «1 



484 HISTORIADORES DE CHILE 

para dar en tierra, y que los soldados de Cafiete se le querían 
salir de puro descontentos, de que es cierto que á ninguno de 
cuantos alli han estado les ha cabido un indio, se embarcó en 
el puerto de Valdivia con hasta treinta personas con Sus cria- 
dos y soldados y algunos caballos (andando huidos por los mon- 
tes, por no venir con él, buena copia de soldados que alli y en 
Osorno habia) con propósito, según dicen unos, de bajar á 
Arauco, y según otros, de ir á Ancudó Chilué, que es todo uno. 
Y volviendo el tiempo, llegando al paraje de la isla de la Mocha, 
mandó hiciesen la navegación de Ancud y entró por el archi- 
piélago que V. S. descubrió, corriendo á mano derecha á las 
espaldas de los Coronados, hasta veinte leguas; y tuvieron tan 
poca advertencia, que surgieron en parte, que como allí despla- 
ya mucho, dentro de dos horas quedó el navio en seco y tras- 
tornado á un lado, y si no hubiéramos acertado .á sacar los 
caballos y casi toda la gente, no escapaba nadie, y, con todo esto, 
estuvimos á punto de nos perder. 

Y desde á sers ó siete días que saltamos en tierra, vinieron 
sobre nosotros cinco ó seis mil indios al cuarto de la modorra, 
y, como no son tan diestros como los de Arauco, los que dallos 
llegaron á los toldos y rancherías, sin ser sentidos, se ocupa- 
ron masen dar palos en los bohíos que lanzadas, y rehechos los 
españoles, los echamos de alli, con muerte de un Tiombro, el 
cual estaba puesto por centinela á la puerta del toldo de Villa- 
gra; y murieron algunos yanaconas. Y casi hecho el navio pe- 
dazos, que para sacalle y enderezalle fué menester quitalle los 
árboles y lastre, nos volvimos á la casa de Arauco con el cre- 
do en la boca (que nos íbamos anegando) én fin de noviembre, 
y ^esde allí comenzó á mandar hacer la guerra al maestre de 
campo en los términos de Caúete, con ochenta españoles; y á 
Lagos en Mareguano, y Talcamávida con la Cordillera, hacia 
Angol, con cuarenta; y á Lorenzo Rernal, con otros cuarenta, 
que había más de seis meses que estaba en Purén, que la pro- 
siguiese más apretadamente; y los unos y los otros, demás del 
mucho castigo que hicieron en todo género do personas, les ta- 
laron todas las comidas qué pudieron haber. Y estando loí. 
dios apretados con la guerra y necesidad de comida, de m* 
ra que los de Cañete habían comenzado algunos dellos á d^ 
paz y otros trataban dolía, y que parecía se querían torn' 
asentar, hicieron un fuerte en lo alto de la sierra de Mar* 



♦Q' 



I 



BASTIDA 485 

noy se juntaron en él los indios de toda aquella cordillera 'y 
de entrambas vertientes, vendo á los desbaratar Pedro de Vi- 
llagra, el mozo, y el maestre de campo, con ochenta y cinco 
soldados y vecinos, los mejores de aquel reino, á los diez y 
seis de enero deste año de sesenta y tres, después de permitir- 
lo Nuestro Señor, y la mala orden con que se acometió, fueron 
desbaratados todos los españoles y muertos treinta y ocho de- 
Uos, y entre ellos don Pedro de Guzmán y Pedro de Villagra, 
y otra muy buena gente; los demás salieron huyendo á Angol, 
casi todos heridos , con pérdida de los mejores caballos y ar- 
mas de la tierra, y muerte de muchos yanaconas y indios de 
servicio. 

Y otro día por la tarde supo el Gobernador la nueva, que 
estábamos en la casa de Arauco, de ciertos indios amigos que 
de Arauco llevaron, y luego, sin aguardar otra nueva, envió a 
despoblar la ciudad de Cañete, por no perder la costumbre; y la 
rnisma jioche, á la media noche, diciendo ir á enviarnos soco- 
rro á la casa, se enj barco para la Conceptión por el rio abajo, 
dejándonos á solos veinte ó veinte y tres hombres en ella, y 
permitió Dios que, llegando á la mar, para desembocar el rio 
comenzó á correr norte y fnéle forzado á la mañana volverse, 
que no nos pesó poco cuando le vimos. 

Los de Cañete no quisieron despoblar, antes le enviaron do- 
ce hombres, en voz de la ciudad, á requerille no despoblase, y 
sobre ello le hicieron muchos requerimientos, y, no obstante 
esto, en efecto despobló, y recogidos todos en la casa de Arau- 
co, 'dejando á Pedro de Villagra por su general, con hasta no- 
venta soldados, con los demás, que fueron bien pocos, y las 
mujeres se vino á la Conceptión; que, cierto, quebraba el cora- 
zón ver aquella ppbre gente echados de sus casas, al cabo de 
cinco y seis años que tantas guerras y trabajos sufrieron sus- 
tentándolas. Y con suceso tan triste no quedó cosa que no se 
alterase y moviese á la guerra; y luego se alz¿iron los indios 
del Estado y todos los demás de la otra parte de Biobio, y la 
■^"vor parte de lo que estaba de paz en Angol y en la Imperial, 

. también, antes desto, pronosticando estaba buena parte 
íjuerra. 



3m, dentro en quince dias, como el Gobernador salió de 
uco, sitió toda la tierra aquella casa y la combatieron 
^0 dias arreo, con tanto ánimo y desvergüenza que no 



490 HISTORIADORES DE CHILE 

Talaverano, y Alonso Benitez y Diego Pérez, visto que el Go- 
bernador les quitó sus haciendas y que no los dejaba salir á ve- 
nir á este reino á pedir su justicia, por tener, como siempre ha 
tenido, cerrados los caminos, por mar y por tierra, trataron de 
huirse en un navio de Alonso Benitez, y entendido por Matien- 
co, á quien tiene por teniente en Valdivia, los prendió y les bi- 
so proceso, diciendo eran causa que los soldados no bajasen 
á socorrer al Gobernador; y como él es tan mal cristiano, ios 
condenó á muerte y ejecutó la sentencia en los pobres del capi- 
tán Peñalosa y Talaverano, y á Alonso Benitez leotorgóel ape- 
lación para ante el gobernador y Diego Pérez se huyó de la 
cárcel, y presentados ante el Gobernador, visto su negocio, fue- 
ron dados por libres, y lo mismo fuera de los muertos, porque 
todos tienen entendido fueron ^mártires y que la causa de su 
muerte fué Diego Ruiz de Oliver, secretario de Francisco de 
Villagra, ante quien pasó el proceso, por tener entendido no 
estaban bien con sus maldades y con las de su amo. 

Hortigosa, que haya gloria, estaba tan enamorado del Fran- 
cisco de Villagra, que porque llevase compañia ásu hijo, cuan- 
do iba á romper el fuerte de Mareguano mandó á su maestre 
de campo le pusiese en los delanteros, y Nuestro Señor, que 
ningún bien deja sin premio, ni mal sin castigO; trocó la suerte 
en su Absalón, y está al natural esta tierra como cuando entró 
la discordi^i en el campo fingido de Agramante. 

En lo que toca á la justicia, es de manera que el que menos 
se alargare no dejaran de entender que es émulo, porque de- 
más de que ninguna cosa de lo que se debe se paga, en los de- 
más litigios y negocios de justicia y gobernación es grande la 
confusión; que llega uno hoy y despacha a su voluntad, y otro 
dia su contrario, y luego se revoca aquello, y el otro vuelve y 
torna á encabalgar sus negocios. Y ausi andan de envite y re- 
vite y todo es confusión, y lo que manda se obedece mal, por- 
que como las más veces va fuera de la razón, ello se cae y 
abaja la fuerza que tiene; y con esto, y tantas desventuras como 
en su tiempo han sucedido, y la poca esperanza que tienen lo 
remediará, está tan mal quisto y respetado que no lo podrá creer 
V. S., y, finalmente, es todo una confusión y mazamorra, y. desear 
echar de sobre sí carga que tantoseleshasentado. Ycon tanto 
contrastábase vuelto mu y diferente de loque antes mostraba, con 



BASTIDA 491 

haberse hecho remiso y descuidado, y tan embelesado, que no 
da traza ni orden en cosa, y todos juzgan habérsele puesto el 
entendimiento confuso,, y acaba de borrarlo con que, por qui- 
tar el extremo de los muchos gobernadores que había de haber, 
no admite ninguno, ni quiero consejo ni parecer; y culpando á 
sus criados y amigos, que no hacen el deber en no avisalle de 
lo que pasa^ se descargan con decir que no lo admite, y haría 
bien si todos acertasen á darlo como los deudos de que está 
cercado, que son su yerno Arias Pardo, que casó con hija de 
Bernardina, y su cuñado Mazo de Aldorete y Villarruel y el se- 
ñor don Felipe, el cual se está encerrado en la Imperial sin 
tener solo un indio ni tomín, que los suyos se repartieron y no 
le han dado otros ningunos, y su mujer ciega del tod^, que es 
la mayor lástima del mundo pensar en su perdición y no es 
parte para más de querer avisen á V. S,, por cuyo respeto otros 
se duelen del y le sirven cuando se acuerdan ser su hermano 
y se les olvida la poca cuenta que tuvo con su obligación y con 
arrimarse á loque tanto le contradijeron los criados y servido- 
res de V. S., á quien él quiso dar parte. 

El estado en que están las cosas dcsta tierra por lo escrito 
lo podrá V. S. colegir que es harto trabajoso, y lo que más cui- 
dado da es no hallarles cabo; porque á todo lo que se puede 
juzgar, según el estado presente y poca gente y armas que hay 
y estar sin ninguna voluntad para juntarse, cuanto más se 
arrójala lanza, si no viene nuevo socorro y persona que lo me- 
nee de otra manera, harto será conservarse en la Conceptión y 
casa de Arauco y los Infantes, con mucha guerra y trabajo, sin 
ser señores de más de lo que se hollare. 

Por descartarse, lo que no podrá, de la ruin maña que se ha 
dado, me han dicho escribe en este navio á S. M. que V. S. 
tiene la culpa de todo, por no hallar á V. S. en la tierra, que era 
lo que él deseaba; hallándola más pacifica que en el Cuzco, en 
tanto grado que fray Juan de Torralba con su compañero vino 
desde la ciudad de Osorno hasta la de Santiago, entrando por 
Purén, Cañete y Arauco, y en todo el Estado le sirvieron los in- 
dios tan de paz como sirven los de Santiago, y luego tras él 
vino por el mismo camino dende la Imperial con sólo su hijo, 
la Vizcaína, atravesando todo el Estado hasta Santiago, y la 
sirvieron de la misma manera que á los frailes; por donde -se 
entenderá en la paz que V. S. dejó aquel reino. 



492 HISTORIADORES DE CHILE -^ 

Y si para el abono desto y de otra cualquier cosa que resulte 
de la residencia de V. S., fuere nnenester hacer probanza, en- 
viando V. S. cédula para ello, hacerse ha tan cumplida como 
se puede desear; que aunque en la residencia no fuese, como 
entonces estaban los ánimos oprimidos con la nueva entrada 
del nuevo gobernador, y ser en lo que más cuidado ponía, hubo 
hombresque dijeron «yo he dicho todo lo que hay y dijera más, 
pero ¿qué queréis, que no está seca la tinta, cuando llevan los 
dichos al Gobernador, y hablar aquí bien de don García le da 
pena, cuanto más lo que ha de parecer ante el Rey.» 

La residencia Herrera se la hizo y se la llevó originalmente 
al Pirú^ y ha tenido tiempo harto para descoser y quitar y poner 
á su voluntad; y desta vez será bien que V, S. escarmiente, 
para no fiar su honra y de sus amigos y criados de sus propios 
enemigos, no porque se entienda empecerá áV. S., mas, si fue- 
ra juez ante quien libremente, y él sin pasión, se hiciera todo, 
con tener por contrario al Gobernador, tal, que en viéndole 
S. M., le sacara á V. S. de su casa para servirse del en lo más 
importante. 

De las demandas públicas, la de Juan Núñez de Vargas él la 
llevó allá hecha como quiso, que sin la pasión del juez, comía y 
posaba con él, y fueron como hermanos, en tanto grado, que la 
cuenta que dio de los gastos que había hecho en su viaje, en 
que V. S. fué condenado, la hizo la misma parte, y mandó el 
Licenciado Herrera á Juan de la Peña, su escribano déla resi- 
dencia, que diese fe habían pasado antes; porque no lo quiso 
hacer, le echó en la cárcel sobre ello, y cuando el Licenciado 
Herrera bajó aquí vinieron juntos, cada uno con cada diez ó 
catorce mil pesos. En siete ú ocho meses la de Aguirre, por te- 
ner gran condenación, aunque es desatino, porque, al tiempo 
que ordenó la sentencia. Herrera la mostró á Viliagra, y porque 
condenaba á V. S. en doce mil pesos^ le dijo Viliagra condena- 
se á V. S. en toda la demanda, como en efecto lo hizo, pare- 
ciéndole que, pues que todo era desatino, era bien hacelle gran- 
de; será menester enviar compulsorio á buen recaudo y ^^ 
mismo en las demás en que V. S. ha sido avisado. 

El factor Rodrigo de Vega da por disculpa que es desdicha 
en amar, pues no supo hacer buena elección, y él top0 lo q 
había menester, porque, por cierta pasión que hubo con Reír 
SO; de que st; halla muy agraviado Reinoso, le quitaron lu 



BASTIDA 493 

el oficio, y estuvo cinco meses con grillos y cadenas y en el 
cepo, cerrado por de fuera con llave, sin dejalle hablar sino 
cuando le melian de comer, y con un hombre á su costa que le 
guardaba, hasta que se fué á San Francisco y allí ha estado 
otros tres ó cuatro y harbá otro que se presentó, y le quieren 
sentenciar y nunca acaban. Ha padecido tanto y padece por una 
cosa harto Hviana en respecto de lo que con él se ha hecho, que 
todos le tienen lástima. 

Desde á dos meses, que seria á mediado abril de sesenta y 
tres, los indios se tornaron á convocar v hicieron nuevo llama- 
miento á todos ios de los llanos y sierra, en que juntaron todo 
su poder, y tornaron á cercar la casa de Arauco, poniendo cua- 
tro fuertes á la redonda, átiro de herrón, viniéndose acercando 
haciendo sus trincheras y albarradas de traveses de terrapleno 
y gran cantidad de madera; y estuvieron así cuarenta y dos días 
sin dejalles salir de las puertas afuera, ni poder meter un gra- 
no de yerba ni leña, y fué tanta la hambre de los caballos que 
murieron más de ochenta y todo el ganado que tenían para co- 
mer, y no era caída la flecha cuando, con la hambre, arreme- 
tían los caballos á comella. Y los españoles estuvieron á canto 
de perecer de sed, por no haber más que un pozo en la casa, y 
llegó á tanto, que bebieron los orines de los caballos, hasta que 
Nuestro Señor fué servido que llovió, con que se hartaron, y en 
sábanas y botijas recogieron para adelante." 

Y querer contar á V. S. en particular los ardides de guerra y 
el ánimo y valentía con que la acometieron y sustentaron su 
cerco seria cosa muy larga, mas de que en un punto no falta-, 
ron á lo que gente muy diestra en la guerra debía hacer; y como 
con la falta de agua, algunas veces saliesen algunos yanaco- 
nas, con treinta arcabuceros de guarda, á coger agua del hoyo 
de adobes que se hizo junto á la casa, los indios una noche hi- 
cieron una contramina por donde la desaguaron. Yalcabo, con 
pérdida de quinientos ó seiscientos indios, alzaron el cerco, de- 
jando heridos algunos españoles, ansí de arcabuzazos como de 
flechas, con los arcabuces y pólvora que tomaron en la guazá- 
ra de Mareguano; y loa demás dellos se fueron á sus'tierras 
^tros están á la legua y dos de la casa en sus fuertes, 
lomo estaban tan cerca alojados de la casa, no podrá V. S. 
3er las conversaciones que tuvieron los indios con los espa- 
les, y Colocólo tomó algunas veces la mano á decilles que no 



^1 



494 HISTORIADORES DE CHILE 

era él hombre de burla, que había de andar peleando hoy y sir- 
viendo mañana, que quería morir con la lanza en la mano, y 
que ellos ningún remedio tenían sino morir; que bien sabían 
que no eran mil ni aún ciento, y que el Gobernador era mal 
obedecido y no le querían servirlos españoles; que de Santiago 
no le habían venido de socorro sino ocho ú diez mestizos, y de 
arriba otros tantos, y que en la Concepción y en los Infantes 
harto ternian que sustenerse, y que si tuviera la diligencia del 
Apó pasado, pudieran tener esperanza de salvar, y que bien sa- 
bía él lo que pasaba en la tierra, y que tos cristianos le dejaban 
de servir porque les quitaba los indios, y los daba por lo que 
los mochachos llevaban debajo de las mantas. Y tengo por hom- 
bre á Colocólo que terna punto de sustentar en su tierra otros 
tantos años la guerra como en Tucapel. 

Yendo á saber por la mar el estado en que se hallaba la casa, 
cuando la cercaron, por el poco aviso del que fué y menos di- 
cha del Gobernador, mataron en la isla de Santa María á 
cuatro hombres y un negro, y con el- barco se escaparon dos 
negros por gran ventura, y el Gobernador envió sesenta solda- 
dos á hacer el castigo, y por su ^apitán á Pedro de VíUagra; y 
están tan confiados de salir con cuanto acometieren, que hicie- 
ron sus fuertes en la playa y les estorbaron en saltar en tierra, 
de manera que faltó poco de perderse, y mataron á Villalobos, 
sobrino de doña Marina, que no le quedaba ya más. Y, rehechos 
los españoles en tierra, los desbarataron y mataron más de cien 
indios y trujeron más de ducientas y cincuenta personas, y 
otras tantas ovejas y toda la comida, y les quemaron parte de 
sus casas, que, cierto, es gran compasión vereldañoy destrui- 
ción que se les causó. 

Estando la tierra y suceso de la guerra en el estado que ten- 
go dicho, á los veintidós de junio deste presente año, fué Dios 
servido que muriese Francisco de Villagra en la Concepción; 
su muerte fué poco sentida y menos llorada; murió de unas 
unciones que tomó para sanar do su gota ó bubas. Por virtud 
de una provisión que el Licenciado Herrera le llevó de los comi- 
sarios, con otras muchas no nada provechosas al servicio de 
Dios, nuestro señor, ni al de S. M. ni bien de la república, como 
por ellas parecerá, para que por su fin y muerte pudiese nom- 
brar gobernador, nombró á Pedro de Villagra, su general, más 
por parecelle que sustentaría sus buenas obras, que no por con- 



I 



BASTIDA 495 

venir así ni por el amor que le tenía, porqife después que llegó 
á Chile estuvieron á matar, en tanto grado que el día que suce- 
dió la desventura de Mareguano estaba Pedro de Villagra de 
partida para el Pirú, y como se halló en la casa de Arauco cuan- 
do vino la nueva al Gobernador, y aquella noche se determinó 
^,de ir por.el rio abajo, como lo hizo, á la Concepción, nos le dejó 
allí con el titulo de general, constreñido de la necesidad en que 
estaba. Sabida su provisión por el capitán Reinoso, luego á la 
hora se desistió del cargo que tenia de teniente, agraviándose 
del Gobernador de haber proveído á Pedro de Villagra en aquel 
' cargo. 

Un día antes que muriese Francisco de Villagra, por virtud 
de un mandamiento que para ello dio, fue recibido Pedro de 
Villagra por gobernador, siendo del cabildo Gudiel y Diego 
Diez y Pedro Home y Hernán Páez, el molinero, y Gregorio 
Blas y un Ordóñez, que estaba en posesión de su hermano; que 
estas gentes y otras tales metía en los cabildos, por tener enteri- 
dido dellos no excederían en nada de lo que ól quisiese. En su 
recebimiento hubo hartas cosas-graciosas, y bien creerá V. S. 
que si hubiera dos hombres do bien en el cabildo, que se hiciera 
lo que convenia 'al servicio de Dios, nuestro señor, y al de S. M. 
y al reparo de aquella opresa república. 

Luego envió á Santiago y á Coquimbo por la mar á que hi- 
ciesen lo mismo, procurando por sus cartas y mañas de su an- 
tecesor hiciesen lo mismo. En Santiago, sabida la nueva y 
entendida la perdición de la tierra, fué requerido el general 
Rodrigo de Quiroga, por parecclles convenir más al servicio de 
Su Majestad y al reparo de la república su elección que la de 
Pedro de Villagra. 

Entendido por el, no sólo no lo quiso aceptar, mas, como es 
tan buen caballero y tan bienquisto y celoso del servicio de 
Nuestro Señor, fue parte se recibiese luego Villagra, hasta que 
S. M. proveyese, harto contra la voluntad de todos. En Coquim- 
bo hubo contradicción y requerimientos no le recibiesen, dando 
sus razones por escrito convenir ansí al servicio de Su Majes- 
tad, como V. S. verá por el requerimiento que con ésta envío, 
el cual se dará en el Consejo. 

En las demás ciudades de toda la gobernación no estaba re- 
cibido cuando yo partí de la Concepción, que fué á los cuatro 
de septiembre de este presente año; dijome él iría en persona á 



496 HISTORIADORES DE CHILE 

hacerse recibir y á sacar genie para hacer la guerra este vera- 
no, pero dice Bastida que diibitat Agustinas: harto hará en no 
retirarse á Santiago, que será lo más cierto. 

Estando en Santiago, me escribieron de la Concepción que 
no iba sino que envió á Villarruel y al factor Vega y á Lorenzo 
Bernal á que le recibiesen y á traer gente, y al secretario Diego 
Ruiz á procurar con lodos los vecinos de todas aquellas ciuda- 
des que escribiesen á S. M. pidiéndole por gobernador; para 
lo cual escribió Pedro de Villagra á todos los de la tierra sin 
faltar uno, ansí vecinos como soldados, pareciéndole que por 
aquella vía y camino vino su antecesor al cargo de gobernador, 
más que por méritos que en su persona hubiese para ello: y 
juntamente con esto, llevaron]comisión para tentar el pulso á 
las cajas reales y dálleselas sangrías que les. pareciere, con voz 
de decir que es para dar socorro á los soldados, que en esto tan 
buenos aceros tiene como el pasado, aunque no de su hacien- 
da. En lo cual ha pasado una disolución nunca vista, que de 
8olas las cajas de Santiago y Concepción, antes que yo partie- 
se, tenían gastados de cincuenta mil pesos arriba, sin haber 
puesto hombre en el campo, dándolo á personas qiíe ni nunca 
han servido ni sirven, sus criados y allegados, fuera de toda 
orden. 

Luego que entró al gobierno, pareciéndole que la respuesta 
do Santiago de si le recibían ó no, tardaba, que estuvo más de 
cuarenta y cinco dias que no vino, entendiendo que si allí, por 
serla cabeza de la gobernación, le repudiaban, su juego queda- 
ría perdido, puso en efecto de despoblar la casa de Arauco, so 
color de decir no se podía sustentar, habiendo él sido de con- 
trario parecer queriéndola despoblar Francisco de Villagra; 
sacó noventa soldados que allí estaban en la sustentación della 
á fin de que, si no le recibiesen, tomaría cien soldados, vernia 
á Santiago y se haría recibir, y sobre ello ahorcaría al género 
humano, lo cual todo me dijo Juan Alvarez de Luna que era 
todo su gobierno, como si el nombre de Villagra estuviese muy 
acepto en aquel reino, que no hay cosa más odiosa entre indios 
y españoles. 

Como lo platicó lo puso por la obra: envió tres barcos \ 
la mar en que se trajese la artillería y municiones y fardaje 
la gente, con las lanzas en las manos, á prima noche se sai 
ron á uña de caballo, por Longonabal, á la ciudad de los Inf 



BASTIDA ' 497 

tes, con pérdida del pobre Francisco Gómez Ronquillo; y sea 
V. S. cierto que, bí fueran sentidos, que no escapara hombre. 

Peteguelén se vino de paz á la casa, alzado el primer cerco, 
con hasta sesenta indios, y ayudó en el segundo cerco harto á 
la defensa della, y en pago de habelle tenido por amigo y lia- 
ber ayudado como si fueran españoles, usaron con él una in- 
humanidad muy grande, y fué que al tiempo que llevaron el 
artillería ala mar, como entendió que despoblaban, pidió que 
le trajesen á la Concepción con sus mujeres y hijos y indios, y 
diéronse tan buena maña que Iqs dejaron en la playa; visto por 
los indios de guerra, le quisieron matar, y sobrello se puso en 
arma su cuñado Andalicán, que de otra manera caro le costaba 
nuestra amistad. 

El día que los barcos entraron en la Concepción, como to- 
dos ignorásemos el haber enviado á despoblar, oimos tirar 
mucha artillería, y pensamos haber entrado» por el Estrecho 
algunos navios do franceses, y ellos hicieron aquella fiesta 
en recordación y memoria de haber despoblado aquella casa; 
que, cierto, entiendo que Dios les tiene ciegos los entendimiQn- 
tos. 

Dentro de diez ó doce días d^l gobierno del nuevo electo, 
tuvo nueva que venían sobre Canumangui á llevar seis mil ca- 
bezas de ganado, que allí hablan recogido los vecinos, ciertos 
indios de la otra parte de Biobio, y, por no dejar de parecer á 
su antecesor, fué tan remiso en enviar gente al socorro dello y 
amparar tees españoles que allí estaban, habiendo ocho dias 
que tenian el aviso, que cuando proveyó hablan muerto. á To- 
rrellas y á Roldan y al español que en tiempo de V. S, se huyó 
á los indios, y llevado lodo el ganado; y yendo en el alcance 
Lagos con cuarenta hombres, se les fueron huyendo con su 
presa, y los españoles estuvieron casi para perderse, y eran 
hasta ochenta indios. 

Dentro de tres dias después desto, hubo nueva que por lo 
de Castañeda pasaban á Biobio muchos indios de guerra, 
que venían á hacer un fuerte en las minas, y proveyó fuese 

mte á vello, y en llegando á las minas tuvieron nueva que 

ibian muerto allí á"^un criado de Horligosa y un negro; y, 

ígados á la barranca del rio hallaron hasta cien indios, y 
stos pelearon con ellos y les mataron á Domingo Pérez, un 

>ldado que V. S. embarcó con Aguirre, y les hirieron veinte, 



498 HISTORIADORES DE CHILE 

• 

y, si no fuera por Diego Pérez de laEntrada se perdieran todos; 
y ansí se vinieron al pueblo sin hacer efecto ninguno. 

Dentro de dos días se tuvo nueva habían pasado genio 
á Reinoguelén, por los ganados que allí estaban, y con ir allá 
algunos soldados llevaron los ganados de doña Juana Copete; 
y los demás que quedaron se trujeron á la Conceptión, por- 
que hasta lo de Gregorio Blas, dende Maule, está todo de gue- 
rra. 

Pedro de Villagra, visto tantos y tan ruines sucesos, prendió 
álnavillo, que ha mostrado ser amigo y daba aviso de lo que 
pasaba en la tierra, aunque bien creo era de industria para 
saber nuestros secretos; déjelo preso. Loque del se supo es 
que los indios de los promocaes les han enviado á ofrecer diez 
y siete mil cabezas de ganado para que coman y sustenten la 
guerra, y la plática se entiende ser general en toda la tierra, 
hasta Copiayapó, donde mataron dos criados de Francisco de 
Aguirrelos indios. 

Pedro de Villagra se ha echado tan alo descubierto á susten- 
tar las hazañas de su antecesor que por ello está aborrecido 
más que el muerto, y no lo encarezco poco, que, cierto, si V. S. 
viese loque dicen del sus parientes y amigos, y jpntre ellos 
Juan Jofré y Mazo de Alderete, causaría admiración á V. S.; 
Juan Jofré escribe á V. S., la carta va con esta. Ha venido 
Chile á tanta desventura que la gobierna Diego Ruiz de Oliver, 
secretario del pasado, y Hernán Pérez, su compañero, que croo 
hade ser causa que muchos soldados y aún vecinos vayan á 
demanda de Montalbán. 

Y luego que tuvo la nueva que le habían recibido en San- 
tiago, hizo mensajero á Francisco de Aguirre pidiéndole tu- 
viese por bien subir con sus hijos y amigos á ayudalle á paci- 
ficar la tierra, y, al tiempo que recibió su carta, el señor Conde 
de Nieva le había proveído en la gobernación de Juries y Dia- 
guitas, con lo cual se llamó luego señoria, y lo que á ella le 
respondió fué ponelle título de muy magnífico señor, escribién- 
dole el otro, ilustre, y que, á lo que decia, él no podía ir ni lo 
pensaba hacer, antes le avisaba que no se entremetiese en nin- 
guna manera á enviar á Cuyo teniente, ni justicia alguna á la 
ciudad de Mendoza, porque estaba debajo de su distrito y lo 
había de defender. Por donde entiendo que entre los dos C4)pi- 
tanes se han de ofrecer cosas por donde se acabe de perder 



j 



BASTIDA 499 

todo, que en Santiago, cuando della partí, dejé ciertos presos 
mensajeros de Francisco de Aguirre, y soldados que pretendían 
irse á donde él estaba. 

Diez días antes que partiese de laConceptión, prendió Pedro 
de Villagra á Francisco de Godoy, el que quitó los despachos 
al capitán Ulloa, y á otros dos vecinos de los Juríes, que habían 
venido con Castañeda á pedir socorro; la causa de su prisión 
fué que andaba convocando soldados para irse cóndilos á Cot 
quimbo con Aguirre. Y tengo por cierto que, visto el gran des- 
contento que todos tienen, se han de desvergonzar y se le han 
de salir, sin ser parte para remediallo. 

El Licenciado Herrera, entendiendo de cuan mala disistión 
estaba Francisco de Aguirre, procedió contra él por la puñalada 
que dio al teniente de Coquimbo, y le acumuló el proceso que 
contra él hizo sobre le haber quitado los despachos al señor don 
Felipe, y á Ulloa y -los demás, y otras muchas cosas; y concluso 
el proceso, los condenó á él y á Godoy á que dentro de cierto 
tiempo se presentasen en esta Real Audiencia, á donde envió el 
proceso en este navio: bien entiendo no se ha de castigar nada. 
Yo tengo de procurar haber el proceso y enviarle á V. S. para 
que se presente en ese Real Consejo y se procure sea castigado. 

Poco antes que partiese de la Conceptión, se tuvo nueva ha- 
bían llevado los indios en la Imperial la mujer de Chacón, de 
junto al pueblo. 

El capitán Ulloa quedaba en la Conceptión, que había venido 
á pedir socorro, porque tenían nueva iban los indios sobre su 
ciudad; Dios lo remedie. Estando en Valparaíso, el mismo día 
que me embarqué para acá, líegó allí un barco que vino en dos 
días desde la Conceptión; con él tuve cartas del capitán Vied- 
ma y Delgadíllo y de otras personas. Escríbenme había seis 
días habían venido á la chácara de Mella, la que tiene junto An- 
dalién^ y le habían llevado todo su ganado y muerto sus yana- 
conas, y lo mismo hicieron en la de Pedro Home, y los pocos 
ganados que á los vecinos les han quedado los recogieron al 
pueblo porque no se los acabasen de llevar; salió Pedro de Vi- 
llagra al alcance, y con ser cabe el pueblo, se fueron con su 
presa, sin recibir más daño de maíalles una india vieja. La hora 
de agora tengo yo entendido que la Conceptión estará cercada, 
y plega Dios que ella y los Infantes y la Imperial so sustenten, 
que yo dudo en ello y aún todos los que allá lo entienden. 



500 HISTORIADORES DB CHILE 

Pedro de Villagra invió con despachos para esta Real Au- 
diencia y para S. M. á Hernando de Santillán, su cuidado, pi- 
diendo socorro; no sé lo que estos señores proveerán. Ilanme 
dicho que le enviarán provisión para que gobierne y que el 
socorro no habrá lugar por agora; den gracias á Dios los de 
Chile quejcada día bendicen al Virrey, mi señor, que haya san- 
ta gloria, porque los metió en sus casas, y mediante el artille- 
ría y municiones que á aqtiel reino envió, se han sustentado y 
sustentan, que si esto no fuera, bien puede V. S. ser cierto que 
no hubiera hombre vivo en toda la tierra. 

Al Obispo le llegarpn sus bulas á tiempo que ya está tan ca- 
duco que fué la mayor conciencia del mundo habelle enco- 
mendado aquella Iglesia. Envía á suplicar á S. M. le dé por 
coadjutor al Licenciado Cisneros, el cuñado de Francisco de 
Villagra, en lo cual se emplea tan mal como en el presente, 
porque es un hombre torpe de entendimiento y más codicioso 
de lo que requieren ser los perlados. Va á negociallo un Juan 
BeUránjque fué criado de Valdivia, y dirá hartas mentiras, por- 
que lo tiene de costumbre; hanle desterrado dos ó tres veces 
por infamador de aquel reino. Dígolo porque sé lleva cartas pa- 
ra el señor Rui-Gómez sobre ello, y pues S. M. ha hecho mer- 
ced á fray Antonio de San Miguel de aqu^l obispado, dende 
Coquimbo hasta Osorno, no hay para qué dividille por agora, 
porque delosJuries y Diaguitas y Cuyo se puede criar otro 
obispo, y lo uno y lo otro queda más en comarca para mejor 
poder ser gobernado. 

Bien creo que no será menester traer á la memoria á V. S. 
la obligación que tiene á enviar confirmación de S. M. de todo 
lo que hizo en su real nombro en aquel reino, pues fué lo que 
convino al servicio de Nuestro Señor y al suyo, y con ésta se 
excusará muchos pleitos y diferencias, demás de ser honor de 
V. S. y hacer merced á todos sus servidores. * 

Deste reino no tengo qué decir, porque como ha tan poco qua 
llegué, no he salido de casa ni he tenido tiempo para más de 
escribir á V. S., que hallé un navio de partida. Bien creo no 
faltará quien escriba lo suyo y lo ajeno y aún materia s 
bre qué. 

Una cosa se me ha olvidado de hacer recordación della, y 
que, como Francisco de Villagra era tan amigo de triunfar^ 
memoria del acrecentamiento de ciudades que debajo de 



BASTIDA 501 

Corona Real ha sojuzgado, el diaque fué recibido en la ciudad 
de la Serena sacaron el palio del Santísimo Sacramento en que 
entrase, y, viniendo caballero en el mejor caballo de la tierra, 
no fué parte para hacelle entrar debajo del palio, aunque le 
dieron muchos varazos y le ayudaba bien con las espuelas, y 
ansi l^fué forzado apearse para gozar del triunfo; que, cierto, se 
tuvo por milagro. 

Yo he procurado de dar relación de todo lo sucedido en aquel 
reino después que V. E. se partió de él, por los mismos pasos 
y medios que han sucedido las cosas del gobierno y de la guerra 
y de la justicia, y aunque quisiera ser más breve, no ha sido 
posible, ni he podido enviar estacarla antes de ahora, porque, 
aunque en Chile lo procuré, nunca hallé medio por donde vi- 
niese segura sin ir á manos del Gobernador, que para esto, y 
para comer doscientos mil posos de pobres gentes, no le faltaba 
diligencia, como V. S. entenderá por lo escrito. Cuya muy ilus- 
tre persona Nuestro Señor guarde y su estado acreciente, como 
yo lo deseo y V. S. lo merece. En los Reyes y de noviembre 
quince, 1563 años. 

Muy ilustre señor.— Besa las manos de V. S. — Su criado. — 
Julián de Bastida. 



'--r\j\pj\fj^j-, 



MEMORIA 



DE LA GENTE QUE HAN MUERTO LOS INDIOS EN ESTAS PROVINCIAS DE 
CHILE DESPUÉS QUE GOBIERNA FRANCISCO DE VlLLAGRA. 



En Mareguano. 



Don Pedro de Giizmán. 

Pedro de Villagra. 

Figueroa, sobrino de dona Ma- 
rina. 

Juan Calderón. 

Rodrigo Volante. 

Francisco Osorio. 

Francisco Ortiz de Züñiga. 

Blas de Sarasate. 

Rodrigo de Escobar. 

Gaspar de Ribera. 

Andrea, el valiente. 

Diego Mejla. 

El licenciado Pacheco. 

Melchior Pacheco. 

Gaspar Pacheco. 

Francisco Pérez, el de la li- 
tad. 

Francisco Gómez, vecino de 
Angol. 

Carnizano. 



Camporrey. 

Luna. 

Bernardo Pérez. 

Melchior Juárez. 

Gaspar de Espinosa. 

Juan de Areste. 

Gonzalo Rodríguez, cuñado de 

Morales. 
Luengo. 
Pedro Guerra. 
Grabiel Hernández. 
Quintero. 

Morales, vecino de Osorno, 
Avila. 
Castillo. 
Alfaro. 

Alonso Benítez. 
Ledesma. 
Salaya. 
Cabrera. 
Palenzuela. 



504 



HISTORIADORES DE CHILE 



En Cañete, 



Rodrigo Palos. 
Lasarte. 
Sancho Jofró. 
Juan Gutiérrez. 
Riiiz, platero. 
Rebolledo. 
Carrasco. 



Don Pedro de Ocón 

Cóntreras. 

Juanes. 

Pedro Ramírez. 

Alfonso Lorenzo. 

Rodrigo Alvarez. 



En Purén. 



Don Pedro de Avendaño. 

Enrique de Flandes. 

Solar. 

Pedro, el vizcaíno. 

Garcés. 

Aguirre. 



Juan Fernández. 

Santiago de Azoca, mestizo. 

Baltasar Rodríguez. 

Juan Fernández Mascareñas. 

Juan Rodríguez. 



En Aratieo, 



Lope Ruíz de Avendaño. 
Don Juan Enríquez. 



Romero. 

Juan de la Cueva. 



En la Imperial. 



Manuel Pérez. 

La mujer de Chacón. 



Andrés Rodríguez, 



En la Isla. 



Juan de Villalobos, sobrino 

de doña Marina. 
Iluete. 



Julián Martin. 
Manuel. 
Antón Alfonso. 



En los Llanos. 



Francisco Gómez Ronquillo. 

Cueva. 

Vicencio de Monte. 

Copete. 



Jerónimo de Villegas. 

Domingo Pérez. 

Don Bartolomé de Heredia 



MElMORIA 



505 



En Canumangui. 



Torrellas. 
Roldan. 

Benito Sánchez. 
Dos mestizos. 



Zamudio. 

El capitán Peñalosa. 

Talaverano. 

Coronado. 



Pedro, criado de Ortigosa, y Dos criados de Aguirre, en Co- 
lín negro. piayapó. 
Solís. 

En los Juries y Diaguiías, 

Veinte y cinco hombres, cinco ó seis mujeres, ocho ó diez mo- 

chachos. 

En Labapié, 

Tres negros y un mulato de Juan Diez. 



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' 



MEMORIA 

DE LOS VECINOS DE ChILE A QUUSN FRANCISCO DE ViLLAGRA DESPOJÓ 

DE SUS INDIOS. 



Primeramente quitó sus indios al capitán Francisco de Uiloa, 
que ha treinta y ocho años que sirve á S. M. en Indias con 
cargo de maestre de campo y capitán. 

ítem, quitó sus indios á Alonso de Miranda, que ha diez y 
seis años que sirve en Chife, y los tomó para si. 

ítem, quitó sus indios á su mujer de don Pedro de Avendaño, 
que ha que sirve á S. M. catorce años en aquel reino, que ma- 
taron indios, y los dio á Diego Ruiz, su secretario. 

ítem, quitó sus indios al capitán Pedro del Castillo, que ha 
servido á S. M. en cargo de capitán en estos reinos veinte y 
tres años, y los dio á un hijo bastardo suyo, que era de edad de 
año y medio. 

ítem, quitó sus indios á Cristóbal Ruiz de la Ribera, que ha 
veinte y ocho años que sirve á S. M. en este reino y en aquél. 

ítem, quitó sus indios á Grabiel de la Cruz, poblador deste 
reino y conquistador y poblador del de Chile. 

ítem, quitó sus indios á Arévalo, conquistador y poblador 
deste reino y del de Chile. 

ítem, quitó sus indios á Tarabajano, poblador deste reino y 
conquistador del de Chile. 

ítem, quitó sus indios á Juan Gómez de Almagro, muy an- 
tiguo en este reino, y conquistador y poblador y descubridor 
del de Chile, y los dio á Mazo de Alderete, que fué á aquel rei- 
no habrá un año á casarse con su cuñada. 



508 HISTORIADORES DE CHILE 

I 

ítem, quitó á doña Esperanza, mujer del adelantado Aldere- 
te, los indios que tenia en Santiago y los dio al dicho Mazo. 

ítem, quitó á Pedro de León los indios de Palta y los dio á 
un amigo suyo, siendo uno de los más antiguos de aquel reino 
el dicho Pedro de León. 

ítem, quitó sus indios al sobrino del obispo. 

ítem, quitó sus indios á su mujer del capitán Gonzalo Her- 
nández, habiendo sido poblador, descubridor y^ conquistador 
de aquel reino, 

ítem, quitó sus indios á Antonio Pérez, uno de los primeros 
descubridores y conquistadores y pobladores de aquel reino, y 
los dio á Villarroel, el cual dicho Villarroel vendió unos indios 
en la ciudad de Santiago á Mella por tres mil pesos, con que 
se fué á España. 

ítem, quitó sus indios á Diego Pérez Payan, poblador deste 
reino y primer descubridor y conquistador del de Chile. 

ítem, quitó sus indios á Mateo Diaz, muy antiguo deste 
reino y primer descubridor, poblador y conquistador de Chile. 

ítem, quitó sus indios á Pedro de Murguía, que ha diez y 
seis años que ha servido á S. M. en este reino y en el de Chi- 
le; se halló. con don García de Mendoza en la pacificación y po- 
blación y allanamiento de los naturales de Chile. 

ítem, quitó sus indios á Bautista Ventura, que ha servido 
á S. M. en este reino veinte y seis años, y se halló en lo de 
Chile con el dicho don García, y los dio á Juan de Larreinaga, 
que fué con él agora dos años, y había vendido unos indios 
que lé dio el de la Gasea, y después el Marqués le dio una lanza. 

ítem, quitó sus indios á Antonio de Torres, primer conquis- 
tador y poblador de Chile, y los dio á Grabiel de Villagra, su 
tío, con otros tres repartimientos, sobre otro muy bueno que 
le dio don García. 

ítem, quitó sus indios á Juan López, antiguo en aquel reino, 
y los dio al dicho Grabriel de Villagra. 

ítem, quitó sus indios á Juan de Almonacid, descubridor, con- 
quistador y poblador en aquel reino. 

ítem, quitó suá indios á Bautista de Chávez, descubrid( 
conquistador y poblador de aquel reino, y los dio á Hern 
Pérez, su criado. 

ítem, quitó á Gonzalo Sánchez, conquistador y poblado 
sfis indios. 



MEMORÍA 509 

ítem, quitó á Coronas, de los antiguos conquistadores, sus 
indios. 

ítem, quitó sus indips á Talaverano, poblador y conquista- 
dor de aquel reino. ^ 

ítem, quitó sus indios á Juan Fernández Puertocarrero, an- 
tiguo en este reino y casado. 

ítem, quitó sus indios á Román y á Rodrigo Alonso, y los 
dio á Juan Viejo, que andaba huido por los montes en tiempo 
de don García de Mendoza, por el delito tan atroz que come- 
tió en dar la cuchillada á María de Lazcano. 

ítem, quitó sus indios á don Pedro de Lobera, de los anti- 
guos de aquel reino, y los dio al dicho Villarroel con los otr9s 
de Antonio Pérez. 

ítem, quitó sus indios á Francisco de Castañeda, antiguo 
en el Perú, y había servido, en aquel reino con el dicho 
don García. 

ítem, quitó sus indios á Juan 'Salvador, de los primeros des- 
cubridores y conquistadores de aquel reino, y los dio á Mo- 
cagua porque se casase con una cierta mujer. 

ítem, quitó sus indios á Gómez Alvarez, uno de los primeros 
descubridores y conquistadores de aquel reino, y los dio á 
Hernando de Paredes, muy moderno en la tierra, porque era 
muy grande amigo suyo. 

ítem, quitó sus indios á Carrillo, y los dio á Bilbao, un re- 
mallador, criado suyo, que le prestó á Cándida de Montesa 
ciertos dineros en España. 

ítem, quitó sus indios á Francisco de Niebla, que ha servi- 
do á S. M. en estas partes más de veinte años y se halló con 
el dicho don García en la pacificación de aquel reino, y los 
dio á Sojo, uno de los secaces y más culpados de la rebelión 
de Gonzalo Pizarro, y que no está perdonado; es casado en 
España. 

ítem, quitó tres repartimientos al capitán Viedma, y á Pé- 
rez, y á Cristóbal Ruiz de la Ribera, y los dio á Francisco Pé- 
»'^7 de Valenzuela, por ciertos dineros que le prestó y no se los 

gó. 

ítem, quitó á Juana de Paz, viuda, un repartimiento que le 

ó Valdivia á su marido, porque se halló con él en la conquista 
aquel reino. 

ítem, quitó al hijo de Juan Valiente sus indios, teniéndolos 



510 HISTORIADORES DE CHILE 

por Pedro de Valdivia, y ejecutoria desta Real Audiencia, y los 
dio al Licenciado Pacheco, zurujano, grande amigo suyo. 

ítem, quitó al capitán don Alonso Pacheco sus indios, y los 
dio á Alonso de Reinoso sobre otro muy buen repartimiento 
que tenia, y por esta Real Audiencia se los han mandado 
volver. 

ítem, quitó al dicho don Alonso Pacheco un prencipal, y le 
dio á Juana Jiménez porque le debia cinco mili pesos que le 
habia prestado y nunca se los pagó, 

ítem, quitó á Francisco de Hortigosa otro repartimiento y le 
dio al dicho Licenciado Pacheco, parle del sobre el que tenía, y 
lo demás dio á un amigo suyo, Pantoja, sobre xm muy buen 
repartimiento que le habia dado don García. 

ítem, quitó sus indios á Francisco de Valdivia, sobrino del 
gobernador Pedro de Valdivia, que le había dado don García, 
y los dio al Licenciado Ortiz *sobre otro repartimiento que 
tenia. 

ítem, quitó á su mujer de Alonso de Galiana sus indios, sien- 
do de los primeros conquistadores de aquella tierra, y los dio á 
Juan de Afor, y por ejecutoria desta Real Audiencia se los han 
mandado volver. 

ítem, quitó á Alonso deSantoyo sus indios, y los dio á fulano 
de Ríos, que nunca sirvió, porque se casase con cierta mujer 
que era parienta del dicho Villagra. 

ítem, quitó sus indios á Altamirano, el sordo, délos primeros 
conquistadores de aquel reino, y los dio á Montenegro sobre 
otros dos repartimientos que tenía. 

ítem, quitó sus indios á Martin Alonso, y los dio á Joaquín 
de Rueda porque rompió una obligación de cuatro mili pesos 
que debia á su suegro, siendo un escribano de un navio, y 
nunca sirvió. 

ítem, quitó á Eslava sus indios y los dio á su yerno Arias 
Pardo, sobre otro repartimiento. 

ítem, quitó sus indios á Cherinos y los dio á Niculao, que es 
un marinero que anda en un navio. 

ítem, quitó sus indios á Juan Velázquez, pariente del de La 
Gasea, hombre muy antiguo de Nueva España y Perú, y se 
halló con el dicho don Garcia en el allanamiento de aquel rei- 
no, y los dio á Jerónimo Ñuño, sobre un muy buen reparti- 
miento que tenía. 



MEMORIA Sil 

Itera, quitó sus indios á Riberos, muy antiguo y conquistador 
de aquel reino, y los dio á Lázaro González, mestizo, que fué con 
él, porque le emprestó cuatro mili pesos y no se los pagó. 

ítem, quitó sus indios á Francisco de Molina, que sirvió en 
la pacificación y allanamiento de aquel reino con don García 
de Mendoza. 

ítem, quitó sus indios á Lope de Montoya> que sirvió en la 
pacificacióti y allanamiento de aquel reino con don García de 
Mendoza, y los dio al dicho Valenzuela, mercader. 

ítem, quitó sus indios á Quiñones, que se halló en la pacifi- 
cación de aquel reino. 

ítem, quitó sus indios á Diego de Santillan, que se ha halla- 
do en servir á S. M. en este reino en las alteraciones pasadas, 
y en el de Chile en el allanamiento y pacificación del y pobla- 
ción de algunas ciudades del. 

ítem, quitó sus indios á Hernando de Santillan, que se ha 
hallado en servir á S. M. en este reino, y en él de Chile en pa- 
cificarle y poblarle. 

ítem, quitó sus indios á Miguel Martín y los dio al contador 
Arnao Segarra, sobre lo proveído por S. M. 

Por la orden y manera susodicha quitó y despojó, por fuerza, 
á otras muchas personas de aquel reino, sus indios, á quien el 
gobernador don García de Mendoza los había dado, por haber 
servido á S. ^. 

ítem, por la dicha orden y manera susodicha, el dicho Fran- 
cisco de Villagra despojó y quitó sus indios á todos los más ve- 
cinos de la ciudad de Mendoza, en la provincia de Cuyo, que 
el capitán Pedro del Castillo pobló detrás de la cordillera, en 
nombre de S. M., por mandado del dicho gobernador don Gar- 
cía,. á los cuales se les dio los dichos rcpart\mientos porque 
fueron los que poblaron la dicha ciudad y trajeron de paz los 
dichos indios, sin matar ninguno dellos ni hacelles daño nin- 
guno, ni tomalles sus ganados ni comidas, ayudándole Nuestro 
Señor más que á otro ningún capitán que haya nuevamente 
poblado en Indias; y en pago de sus servicios están despojados, 
como dicho es,. y tienen sus indios personas que nunca sirvie- 
ron, y no los dejan salir á pedir justicia. 

ítem, por la orden susodicha, el dicho Francisco de Villagra 
•y Gregorio de Castañeda, su teniente en las provincias de los 
Juríes y Diaguitas, por su mandado, quitó y despojó por fuer- 



512 



HISTORIADORES DE CHILE 



za los indios al capitán Juan Pérez de Zorita, teniente de gober- 
nador que fué por el dicho gobernador don García, y en el tiem- 
po que gobernó las dichas provincias, que fué casi tiempo de 
cinco años, pobló en ellas las ciudades de Londres y Córdoba 
y Cañete, y, con el favor de Dios, se dio tan buena maña que 
trujo de paz todos los indios comarcanos de las dichas pro- 
vincias, y los tuvo en paz y en justicia á ellos y á los españo- 
les que en ella residían todo el dicho tiempo. 

ítem, el dicho gobernador y el dicho su teniente asimismo 
despojó más de ducientos vecinos, á quien el dicho goberna- 
dor don García de Mendoza les había dado repartimientos en 
las dichas tres ciudades, en remuneración desús servicios, co- 
mo á personas que las habían conquistado y poblado y susten- 
tado; de cuya causa el dicho Francisco de Villagra, nrodiante 
su mal gobierno, fué causa que se alzasen los indios de las di- 
chas provincias y que despoblasen las dichas tres ciíidades, y 
matasen muchos españolos y mujeres y mochachos, y los que 
se pudieron escapar, huyendo, se salieron á las provincias de 
los Charcas. Y el dicho Gregorio de Castañeda, teniente del 
dicho Francisco de Villagra, se salió huyendo con otra parte 
de gente á la ciudad de la Serena, en Chile, llevando gran su- 
ma de caballos cargados de ropa de la tierra; no osando salir 
á la provincia de los Charcas, por cuanto el Audiencia Real 
no tenía que ver con el dicho gobernador: y ansj^se recogió á 
Chile, pareciéndole 'estar seguro, porque aunque á Francisco 
de Villagra le fuera cédula de la real persona en que le manda- 
ra inviar al dicho Castañeda, su teniente, no lo hiciera, porque 
eran hermanos en armas. 



índice 



Págs. 

Prólogo v 

Conquista de las islas jMalugas, escrita por el licenciado Barto- 
lomé Leonardo de Argensola, capellán de la Majestad de la 
Emperatriz y rector de Villa Hermosa 9 

Grandezas de Indias, escritas por don Gabriel de Villalobos i3 

Teatro eclesiástico de la primitiva Iglesia de las Indias Oc- 
cidentales, por el maestro Gil González Dávila. De la 
SANTA Iglesia de Santiago de Chile, y vidas de sus obis- 
pos 25 

Teatro eclesiástico de la santa Iglesia de la ciudad Imperial 
DE LA Concepción de Chile, y vidas de sus obispos 33 

Historia del origen déla América ó Indias Occidentales, que 
escribió el doctor Pedro Fernendez del Pulgar. — Capítulo 
XXX. — SilQsnayres,indiosócamales, poblaron á Chile 39 

Historia general de las Indias Occidentales, década ñoña, por 
el doctor. Pedro Fernández del Pulgar.— LIBRO TERCE- 
RO. — PROEMIO 47 

Capitulo I. — Descríbese Chile: compendiase su descubrimiento 
y conquista y el estado en que estaba el año de iSSy, cuan- 
do fué á gobernar don García de Mendoza 49 

'^.apítulo II. — Del descubrimiento de Chile por don Diego de 

Almagro, ycómo le desamparó 65 

Capítulo III. — Lo que obró el maestro de campo Pedro de Val- 
divia en Chile y sus poblaciones 71 



514 HISTORIADORES DE CHILE 

Págs. 

Capítulo IV. — La guerra que dieron los araucanos á Valdivia y 
su muerte .....: 89 

Capítulo V. — Lo que sucedió después de la muerte de Pedro de 
Valdivia y siendo caudillo de los españoles su teniente Fran- 
cisco de Villagra y Pedro de Villagra 95 

LIBRO CUARTO.— Capítulo I.— El estado en que estaba Chile 
cuando vino por gobernador don García de Mendoza io5 

Capitulo II. — Cómo vino don García al gobierno de Chile y paró 
en la Serena. — Cómo lo asistió Francisco de Aguirre-y lo 
recibió la ciudad 109 

Capítulo III. — Cómo estando don García en la Serena, recono- 
ció lo que era necesario remediar para la conservación de 
aquel reino, y el razonamiento que hizo á los encomen- 
deros ii3 

Capítulo IV. — De las cosas que dispuso don García inmediata- 
mente para el buen gobierno, y de sus buenas prendas para 
él 117 

Capítulo V. — De lo que obró don García desde la Serena como 
gobernador. — De los juríes y diaguitas y tucumanes, y las 
ciudades que fundó. — Descríbese esta gobernación. — La 
predicación de la fe en Tucumán í2I 

Capítulo VI. — Cómo don García mandó prenderá Francisco de 
Villagra yá Francisco de Aguirre, por orden de su padre 
el Virrey, y otros muchos y los envió al Perú. — Y la seve- 
ridad que mostró en la Serena 187 

Capítulo Vil. — Vindícase don García de un suceso que le impu- 
taron en la entrada en Arauco algunos moradores y refiere 
el Inca Garcilaso 148 

Capítulo VIII. — Cómo se embarcó don García para la ciudad 
de la Concepción y con el mal temporal surgió la armada 
á la isla Talcahuano ó Quiriquina 149 

Capítulo IX. — Que don García buscó sitio competente para po- 
der esperar los caballos con seguridad y que procuró infor- 
marse de los indios, y el razonamiento que hizo á los que 
vinieron en su defensa i53 

Capítulo X. — Cómo se juntó todo el Estado de Arauco y la em- 
bajada que hicieron los indios á don García y cómo les res- 
pondió 157 

Capítulo XI. — Que de la legacía de los araucanos resultó el 
combate de el fuerte dondeestaba don García, y el valor con 
que se defendieron los españoles i63 

Capítulo XII. — Cómo acudieron los españoles que estaban en 



índice 515 

Págs. 

el puerto al socorro de la batalla que tuvieron con los in- 
dios, y continúase la de el fortín. — Exequias de los arauca- 
nos * 169 

Capítulo XIII. — Cómo ponía don García toda vigilancia en la 
custodia del fortín y cómo alentó para ello á los soldados.. 178 

Capítulo XIV. — Cómo tuvo aviso don García que venía contra 
él todo el Estado de Arauco, y que después que viniese la 
gente que estaba en la armada para la prevención de este 
rencuentro, y con la que vino dejó el fortín. «Refieren se los 
principales soldados 177 

Capítulo XV. — Cómo marcharon la vuelta del río grande Bio- 
bío, y le pasaron, aunque era dificultoso 181 

Capítulo XVI. — Cómo entraron por tierra adentro y la refriega 
que tuvieron con los araucanos i85 

Capítulo XVII. — Cómo don García pasó adelante con su gente 
y lo que sucedió en la marcha, y otra gran victoria 189 

Capítulo XVIII. — Cómo don García fué entrando la tierra aden- 
tro y reedificó el fuerte que habían derribado los araucanos, 
hecho por Valdivia, y de otra victoria que tuvo 193 

Trofeos gloriosos de los reyes de España en la conquista 
DE LA América, por el doctor Pedro Fernández del Pulgar. 

LIBRO QUINTO. — De el Estrecho de Magallanes y islas de 
LOS Ladrones que hoy se llaman las Islas Marianas. — Ca- 
pítulo I. — Descripción del Estrecho de Magallanes, así de 
lo interior de él como de las costas al Mar del Sur y del 
Norte. — Pónense las navegaciones desde Chile y del Callao 
de el Perú á la boca austral y descríbense las costas 2o3 

Capitulo II. — Breve descripción del P. Acosta del Estrecho de 
Magallanes en el libro de la Historia Natural y Moral 211* 

Capítulo III. — Descripción de la costa de! reino de Chile hasta 
el FZstrecho de Magallanes, según Herrera y Laet 2i5 

Capítulo IV. — Navegación del puerto del Callao de Lima al Es- 
. trecho, según Argensola y Laet, con la que hizo don Pedro 
Sarmiento 219 

Capítulo V. — Navegaciones de el Estrecho de Magallanes, se- 
gún refiere Laet, descubierto por los españoles 225, 

Capítulo VI. — Navegaciones por el Estrecho de Magallanes por 
los ingleses. Navegaciones de Francisco Drake 229 

Capítulo VII. — Del mal suceso de la nave de Sania Ana que iba 
de Filipinas en tiempo de Santiago de Vera. Dícese la na- 
vegación de Tomás Candisio por el Estrecho 233 



516 HISTORIADORES DE CHILB 

Págs. 

Capítulo VIII.— Navegación de Ricardo Hauchins ó Aquinés 
por el Estrecho, en tiempo de don García de Mendoza, vi- 
rrey Sel Perú '. 241 

Capítulo IX. — Expedición de Diego Flores de Valdés, y las co- 
lonias que los españoles pusieron en el Estrecho de iMaga- 
llanes 263 

Capítulo X. — Las navegaciones délos holandeses por el Estre- 
cho de Magallanes. La primera de Simón de Cordes y Se- 
baldode Weert 267 

Capítulo XL — De la segunda y tercera navegación de los holan- 
deses por el Estrecho de xMagallanes :.. 278 

Capítulo Xll.r— Descubrimiento del Estrecho de Le Mayre, se- 
gún Juan de Laet, y délas islas de Juan Fernández, lib. i3, 
cap. 17 279 

Primera y secunda parte déla Historia del Perú, por Diego 

' Fernández. — Capítulo LXXXV. — Cómo el Presidente llegó 

con el campo á Andaguaylas, donde vino Diego Centeno 

y Benalcázar y el oidor de Guatimala, ycómo también llegó 

Valdivia de Chile. Pónese la razón de su venida 285 

Capítulo XCll. — Cómo el Presidente dio la conquista de Chile 
á Pedro de Valdivia 289 

Capítulo XCIV. — Cómo el Presidente" envió á prender á Pedro 
de Valdivia, y de los capítulos que los de Chile le pusieron, 
y la forma que el Presidente tuvo para salvarle 291 

Primera parte de los comentarios reales del Perú, por el 
Inca Garcilaso de la Vega.— LIBRO SÉPTIMO.— Capítulo 
XVUI. — Prevenciones para la conquista de Chili 295 

Capítulo XIX. — Ganan los Incas hasta el valle que llaman 
Chili, y los mensajes y respuestas que tienen con otras 
nuevas nasciones 299 

Capítulo XX. — Batalla cruel entre los incas y otras diversas nas- 
ciones, y el primer español que descubrió á Chili 3o3 

Capítulo XXI. — Rebelión de Chili contra el gobernador Val- 
divia 307 

Capítulo XXII. — Batalla con nueva orden y ardid de guerra de 
un indio capitán viejo 3i: 

Capítulo XXIII. — Vencen los indios por el aviso y traición de 
uno dellos 3ir 

Capítulo XXIV. — Matan á Valdivia: ha cincuenta años que sus- 
tentan la guerra 3 



ÍNDICE 517 

Págs. 

Capítulo XXV. — Nuevos sucesos desgraciados del reino de 
Chili ...:. 3i9 

Segunda parte de los comentarios reales del Perú, por el 
inca Garcilaso de la Vega.— LIBRO SEGUNDO.— Capí- 
tulo XIX. — Don Diego de Almagro se hace gobernador sin 
autoridad real, y el concierto que hizo con el Marqués 325 

Capítulo XX. — Don Diego de Almagro entra en Chili con mu- 
cho daño de su ejército, y el buen recebimiento que los del 
Inca le hicieron 33i 

Capítulo XXI. — Nuevas pretensiones prohiben la conquista de 
Chili. — Almagro trata de volverse al Perú ^-y por qué? 337 

Capítulo XXII. — Almagro desampara á Chili y se vuelve al 
Cozco, — El príncipe Manco Inca pide segunda vez la resti- 
tución de su imperio y lo que se le responde. — La ida de 
Hernando Pizarro al Perú y la prisión del mismo Inca 343 

LIBRO SEXTO.— Capítulo V.— A Pedro de Valdivia dan la 
gobernación de Chile. Los capítulos que los suyos le po- 
nen. La maña con que el Presidente le libra 347 

Noticias sacras y reales de las Indias Occidentales, por Juan 
Diez de la Calle.— LItíRO ONCENO— Del distrito déla 
Audiencia y Chancilleria Real que reside en la noble y 
leal ciudad de Santiago, cabeza del belicoso, fértil y abun- 
dante reino de Chile, con lo eclesiástico y secular que hay 
en él, oficios vendibles y electivos 35i 

C-apítulo I. — De las leyes de su erección 353 

Capitulo II. — De los oficios que provee Su Majestad en la ciu- 
dad de Santiago de Chile, cabeza de este reino 357 

Capítulo III. — Oficios renunciables, vendibles y electivos de la 
Audiencia 359 

Capitulo IV. — Obispado de la ciudad de Santiago de Chile y 
obispos que ha tenido, sus rentas y las de sus prebendas.... 36i 

Capítulo V. — Ciudad de la Concepción de Chile, que se fundó 
en lugar de la Imperial, que destruyeron los indios de gue- 
rra 364 

Capítulo VI. — Obispado de la ciudad de la Concepción y obispos 
que ha tenido, sus rentas y las de sus prebendas 366 

Capítulo VIL — Ciudad de Villanueva Rica de los Infantes ó de 
los Confines 368 

Capítulo VIII. — Ciudad de Coquimbo, que también se llama 
déla Serena 369 



518 HISTORIADORES DE CHILE 

Pigs. 

Capítulo IX. — Ciudad de Mendoza 370 

Capítulo X. — Ciudad de San Juan déla Frontera en Cuyo Syi 

Capítulo XI, — Ciudad de Castro en Chilué de Chile 872 

Capítulo XII.— Ciudad de San Bartolomé de Chillan en Chile. 373 

Capítulo XIII.— Ciudad de Valdivia • 374 

Capítulo XIV. — Oficios de gobierno, guerra y mar que provee 

el Presidente de la Real Audiencia de Chile 377 

Capítulo XVI. — Algunos socorros que se han enviado á este 

reino 383 

Memoria de lo sucedido A don Antonio de Quroga después que 
DEJÓ LA CASA DE SUS PADRES, para por ella, siendo Dios 
servido, disponer su alma para darle cuenta y á sus hijos y 
deudos, y personase quien tiene obligación en el mundo.. 397 

Relación de los agravios que los indios de Chile padecen, 
dada por el padre Gil González, de la Orden de Predica- 
dores 461 

Relación de los vecinos que hay en los pueblos de chile, que 
yo me acuerdo 467 

Carta original de Julián de Bastida A don García Hurtado 
DE Mendoza 471 

Memoria de la gente que han muerto los indios en estas pro- 
vincias después que gobierna francisco de ViLLAGRA 5o3 

Memoria de los vecinos de Chile A quien Francisco de Villa- 

GRA DESPOJÓ DESÚS INDIOS 507 



FIN DEL índice Y DEL TOMO XXIX. 



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