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Full text of "Comentarios de las cosas de Aragon"

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COMENTARIOS 

DE LAS 

COSAS DE ARAGÓN 



OBRA ESCHIIA EN UTIN 






Y TRADUCIDA AL CASTELLANO 



n IL F. MANUEL HERNÁNDEZ. DI US HILAS I 



1IPIESA T PUILICADA 



POR LA BICHA DIPUTACIÓN PROVINCIA! DE ZARAGOZA 




ZARAGOZA 

IMPRENTA DEL HOSPICIO 

1678 



iZ.4.8 
3(*+ 



ES PROPIEDAD 



r: 







T <t/ ^- 



¿/-/'4-6C- 



1350 



PRÓLOGO DEL TRADUCTOR. 




uando por vez primera , hace trescientos años , se exponía en Za- 
MS} ragoza á la contemplación del mundo literario un monumento 
gigante á fuerza de laboriosidad y de dispendios , de talento y de 
constancia, levantado para inmortalizar las glorias del nombre ara- 
gonés, á todos parecía sumamente difícil, por no decir imposible, 
que en nuestro pueblo pudiera erigirse una nueva obra capaz de lla- 
mar la atención de los sabios , de enaltecer las grandezas patrias y 
de figurar dignamente al lado de la primera, Y sin embargo se in- 
tentó y se acometió esa empresa , y la obra se realizó , y se exhibió 
al público apenas trascurridos media docena de años á contar desde 
que bajó á la tumba el autor de aquella , y también llevó tras sí las 
miradas de sus contemporáneos , y mereció las alabanzas de propios 
y de extraños como ella , y como ella tuvo en los antiguos y en los 
modernos tiempos , entre los eruditos y los doctos , entre los historia- 
dores y los críticos , y más aún entre los anticuarios , dentro y fuera 
del Reino , admiradores entusiastas y enemigos declarados , hábiles 
apologistas y acérrimos impugnadores. Por eso han merecido siem- 
pre la honra de servir de cortejo á los Anales de Jerónimo Zurita 
los Comentarios de las cosas de Aragón , escritos por su inmediato 
sucesor en el cargo de Gronista , y dignos por su grandilocuente es- 
tilo de los grandes héroes de la Ilíada aragonesa. Lástima que en la 
versión castellana , hoy presentada al público , no hayamos sabido 
conservar nosotros toda la corrección y pureza , la galanura y ele- 
gancia toda de sublimado estilo. 



IV PRÓLOQO. 

De todos son sabidas las dificultades , ni pocas ni pequeñas , que 
ofrece una traducción cualquiera , y más estando escrita la obra en 
alguna de las lenguas sabias ; nadie ignora tampoco cuan exiguos son 
los momentos que á este género de lucubraciones diariamente pueden 
dedicar los hijos del inmortal aragonés San José de Calasanz , asi- 
duamente consagrados á la instrucción y educación de la juventud en 
pro de la religión y de la sociedad entera; y nosotros, á pesar de todo, 
siquiera seamos el último entre ellos , nos creimos desde luego, y sin 
excitación de nadie*, especial é imperiosamente obligados á ofrecer 
por entero esos ratos de ocio a la querida patria , á ese Aragón ven- 
turoso cuyos recuerdos tanto nos entusiasman , á tomar otros pres- 
tados al sueño y al descanso , y á suplir con laboriosidad constante 
las dotes que notoriamente nos faltan , impulsados por el deseo de 
presentar en la versión de estos Comentarios un trabajo no del todo 
indigno de la excelsa Corporación que se manifestaba ganosa de 
prohijarle, ni del piadoso Instituto á que pertenecemos por dicha 
nuestra. Tales han sido nuestras aspiraciones, por más que no hayan 
quedado satisfechas. 

Atentos á realizarlas , dimos principio á una traducción lo más 
literal posible. Menguada ocurrencia que, robándonos un tiempo 
precioso, dio por resultado un trabajo perfectamente inútil , del que 
no hubiera quedado satisfecho el gusto menos exigente , puesto que 
nos desagradó en alto grado á nosotros mismos. 

En su virtud , comenzamos la segunda , usando de más amplia 
libertad, libertad que acaso se califique por alguien de excesiva, 
excepto en los privilegios y demás autoridades aducidas por el autor 
como prueba de sus asertos. Además hemos dividido cada uno de los 
capítulos en varios párrafos, según lo juzgamos conveniente, y ano- 
tado al pié ó en los apéndices no todas , porque son sin número, si 
solo las principales variantes que hemos observado al cotejar el texto 
impreso con otro autógrafo ( 1 ) de Blancas. Lo mismo haremos con 
la multitud de notas que tenemos dispuestas al efecto; pues si bien 

(1) Este precioso MS. hoy es propiedad de nuestro amigo D. Marcial Lorbés. 



PRÓLOGO. V 

parecerían oportunas y casi necesarias á primera vista, luego se 
calificarían de poco pertinentes , dadas las peculiares condiciones de 
la presente publicación. Para los apéndices reservamos también , en- 
tre otras cosas , algunos cuadros de los reyes primitivos , pero sin 
terciar en la tan controvertida cuestión sobre los orígenes de nuestro 
reino. Ojalá que el vigoroso empuje, nuevamente dado por la exce- 
lentísima Diputación á este género de estudios , y que á no dudar será 
fecundo en resultados, lleve al descubrimiento y demostración de 
esa verdad , uno de los principales objetos que se propuso Jerónimo 
de Blancas dilucidar en estos Comentarios. 



MANUEL HERNÁNDEZ. 



A LA MEMORIA 

DE 



El Doctor Juan Francisco Andrés de Uzt arroz. 



I 



F 



allbció el secretario Jerónimo Zurita á doce ( 1 ) de Noviembre, año 1.580, 
faltando al Reino de Aragón su mayor ornamento, en cuyas glorias ocupó más 
de treinta anos escribiendo sus Anales , para cuya ilustración hizo grande 
aparato, como lo significan sus obras. Gemía el Reino todo su muerte, pero 
enjugó las lágrimas á sentimiento tan debido la nominación de Cronista, que 
los Diputados hicieron en la persona de Jerónimo de Blancas , en quien con- 
currían prendas de linaje y erudición, su nacimiento fué Cesar-Augusta, y 
sus padres Martin de Blancas , Ciudadano y Notario del número de Zaragoza, 
y Catalina Tomás ; sus abuelos §e llamaron Martin de Blancas y María Diaz 
Frontín ; sus segundos abuelos Martin de Blancas y Catalina Escudero ; á éste 
le llamaron Martin de Blancas el de Perpiñan , por haberse hallado en esta vi- 
lla año 1 .475 cuando la rindieron á los franceses con honrosos partidos , obli- 
gados solamente de la hambre, pues no comian pan sino carne de caballo, ni 
les quedaba cosa que hombres pudiesen comer ; entre las otras cosas de grande 
admiración del sufrimiento y tolerancia , y grande obstinación de los cercados 
en morir por la defensa de su patria , fué que una mujer que tenia dos hijos, 
siendo muerto el uno de hambre , mantuvo al otro con él , y aun hallándose 
en trance tan apretado dudaron de entregar la villa cuatrocientos soldados que 
estaban en su defensa, si no hubiera dado licencia el rey D. Juan el segundo, 
cuya real carta publica su valor incomparable , la cual dice asi: 

« Por las vuestras duplicadas hemos sido certificados , de que compelidos 
de hambre habéis tratado de entregaros á los enemigos ; si dentro de tres dias 
no fueseis socorridos con gente para hacer levantar el,, sitio ; tenemos os por 
escusados, y os otorgamos, que jamás vasallos fueron más fieles, ni padecie- 
ron más por su Rey y Señor, que vosotros por Nos.» 

Las personas señaladas que salieron de Perpiñan á vivir en las tierras del 
irey , dice Zurita , que fueron Pedro de Ortaffa , Gobernador de Rosellon , Vi- 

( 1 ) A 8 según su epitafio. 



VIII Á LA MEMORIA 

nes, Lampio, Juan Redo, y un caballero que llamaban Blancba, y muchos 
otros gentiles hombres. Este caballero Blanca que nombra Zurita, fué Martin 
de Blancas , como se colige del privilegio que el año siguiente le concedió el 
rey D. Juan el segundo , hecho en el castillo de Tudela á trece de Junio, en el 
cual le confirma su Infanzonía en atendencia y consideración de los buenos, 




señalados , y agradables servicios que hizo á su real corona y señoríos en 
tiempos pasados , poniendo su persona á mucho peligro, derramando su sangre 
y gastando sus bienes, y haciendo otras cosas dignas de premio y galardón. 
No fué menos valiente Martin Martínez de Gombalde, su cuarto abuelo, 
cuyas hazañas hicieron olvidar el apellido antiguo de Gombalde por el de Blan- 



DE JERÓNIMO DE BLANCAS. IX 

cas. Sucedió, que el año 1.390 un alcaide del rey D. Carlos, el Noble de Na- 
* varra , entregó una fortaleza que tenía entre Logroño y Calahorra al rey don 
Juan el primero de Castilla. Admirado D. Carlos del suceso , noticioso del va- 
lor de Martin Martínez de Gombalde , aragonés , el cual por los bandos que te- 
nía su familia con los Garceses de Molina mudó de naturaleza, escogiendo por 
mansión la villa de Cortes , á este caballero le encargó la libertad del presidio 
perdido , y marchando luego con algunas tropas lo sitió , pero su alcaide pa- 
reciéndole que la guarnición era poca , quiso remitir el suceso á batalla de 
cuerpo á cuerpo. Admitió el combate el Aragonés , capitulando primero , que 
si le vencía había de entregar el castillo , y si le vencía levantaría el cerco, 
venía armado el alcaide navarro de armas negras, y Martin Martínez con ar- 
mas blancas; éste antes de empezar la pelea arrojó las manoplas para batallar 
con su contendedor con dos piezas menos: quedó el campo por el Aragonés, y 
según lo capitulado , le restituyó el castillo al rey de Navarra , y publicándose 
la victoria decían los soldados , que quien había vencido era el de las armas 
blancas , y desde entonces gustó que le llamasen Martin de las Blancas , de 
cuyo acontecimiento se originó este apellido , como otros muchos que hay en 
España, que tuvieron principio de sucesos semejantes. Sus armas son en campo 
rojo un castillo de plata con dos combatientes á la puerta , el uno vestido de 
armas negras , y el otro de blancas , la orla de plata con estos caracteres: CON 
ARMAS BLANCAS , por la celada salen dos manoplas por timbre. 

Memorable será el valor, la constancia y fidelidad de los dos hermanos 
Martin Martínez de Gombalde, y de Andrés Martínez de Gombalde, quinto 
abuelo de Jerónimo de Blancas , y padre del que venció al alcaide de las ar- 
mas negras ; estos caballeros tenían encomendado el castillo de la Buenia por 
el rey D. Pedro el IV el año 1.363, en cuyo tiempo fueron invadidas las fron- 
teras de Aragón por el rey D. Pedro de Castilla, el cual, ganando algunas 
poblaciones, llegó á cercar á Váguena , aldea de la comunidad de Daroca. Y 
con singular esfuerzo de un vecino de aquel lugar, que se decía Miguel de 
Bernabé , se defendió el castillo en el combate que se le dio por todo el ejér- 
cito, y aunque se le hicieron grandes promesas por el rey de Castilla, nunca 
se quiso rendir, y fué quemado dentro en el mismo castillo, y por aquella ha- 
zaña mereció que se concediese Hidalguía á sus descendientes por línea de va- 
rones y mujeres. Prosiguió el ejército castellano sus victorias, ganadas fácil- 
mente por no haber ejército que se le opusiera , y llegando á vista de la Bue- 
nia para sitiarla, prendieron los soldados á dos hijos Ae los que la tenían en 
guarda, y pareciéndoles que por librarlos de la prisión entregarían el casti- 
llo, se acercaron á él, y les dijeron que si no entregaban las llaves al rey de 
Castilla, que matarían á sus hijos; ellos entonces , despreciando sus amenazas 
y estimando en más la fidelidad á su rey que el amor de su propia sangre, para 
que no les faltasen instrumentos para verterla, arrojaron sus puñales del mu- 
ro, imitando en esta heroica acción á aquel famoso andaluz D. Alonso Pérez 
de Guzman , y como este nobilísimo héroe vio salpicar las murallas de Tarifa 
de la sangre de su hijo, vieron también nuestros aragoneses rubricar las de 
Buenia de su generosa sangre. 

n 



X A LA MI! MOMA 

Celebró esta hazaña Gracia Dei, rey de armas de I). Fernando el Católico, 
en su Noviliario MS. que escribió en verso, de cuya autoridad se valen en sus 
historias Gonzalo Argote de Molina en la nobleza de Andalucía , lib. 2.°, ca- 
pítulo 236; D. Pedro de la Escalera en los Monteros de Espinosa, parte 1. a , 
capítulos 1.° y 4.°; Bernabé Moreno de Vargas en la Nobleza de España, dis- 
curso 17, núm. 19, discurso 18, núm. 2.°, y otros; el cual, refiriendo la en- 
trada que hizo en Aragón el rey D. Pedro de Castilla, dice así: 

» 

« En esta entrada se vido 
La gran fé de BERNABÉ; 
Que bien que fué combatido 
Mas nunca escuytó partido 
Fasta que cremado fué, 

Y ni aun por essas rendido: 
Ca en sus manos abrassadas 
Las claves fueron trobadas 
Del Castillo que tenía, 
Porque fué su nombradla 
Más que las más estimadas, 

Y lo ss hoy su Fidalguía, 

Pues son sus fembras compradas. 
No menos que éste fizieron 
Los dos MARTÍNEZ hermanos, 
Que de GOMBAL se dixeron, 

Y la Buenya defendieron 
Del poder de Castellanos, 
Do senglos fillos perdieron. 
De uno de éstos deballó 

El que después combatió 
Dando las MANOPLAS francas, 

Y el castillo recobró 
Mas su renombre mudó 

Porque armado de ARMAS BLANCAS 
Al de ARMAS NEGRAS venció. » 

Ya que hemos referido la ilustre ascendencia de nuestro Cronista, será bien 
contar sus escritos; ftié oriente de su erudición la ciudad de Valencia, en cuyo 
Museo leía entonces Pedro Juan Nuñez, varón doctísimo en las lenguas Latina 
y Griega, y en todo género de estudios; de tal escuela salió tan afectuoso imi- 
tador del estilo ciceroniano, como lo publican las locuciones y cláusulas de 
sus obras. 

El libro que merece lugar primero entre todos es el de los Comentarios de 
las cosas de Aragón , el cual aunque se imprimió el afío 1.588, le tenía ya es- 
crito el 1.584 como se colige de la Epístola del doctísimo D. Antonio Agustín, 
arzobispo de Tarragona , en cuya carta engrandece sus estudiosas vigilias , y 
antes que le compusiera sus Comentarios en idioma latino, los escribió en len- 



DE JERÓNIMO D15 BLANCAS. XI 

gua española, cuyo MS. original tiene el doctor D. Jaime Aznarez, catedrá- 
tico de Cánones de la Universidad de Zaragoza, persona de singular erudición; 
celebran sus Comentarios el Eminentísimo Cardenal César Baronio en sus 
Anales, tomo 2.°; el abad D. Juan Briz Martínez en la historia de San Juan 
de la Peña, lib. 1.°, cap. 1.°, y el licenciado Martin Miguel Navarro, canóni- 
go de la iglesia catedral de Tarazona, benemérito de la erudición griega y 
latina, secretario que fué de cifra del conde de Monterey, siendo Virey de Ña- 
póles, describió en estos números la cuidadosa elocuencia de nuestro Cronista. 

Ut velera Aragonum primordio panderet orbi, 

Romano Blancas conspicienda sonó : 
Providus evoluit monumento, recóndita Rerum 

Annorum ocultos explicuitque sinus. 
Materiam ingenii prcestanlis viribus cequam 

Aggressus , specimen non minus arte dedit. 
Cecaque mox certis digessit témpora Fastis , 

Ambiguis materiam restituitqne fidem. 
Judicioque gravi perpendit publica gesta, 

El jura et causas que laluere diu. 
Profuit, exemplis, populis , et Regibus, ipsos 

Saxa limenda docens , quodque sequantur iler. 
Delicium patria , studiorum gloria vixit, 

Reddidit alermim posteritatis honos. 

Débese á Jerónimo de Blancas el ornato de la real sala de la Diputación, 
de la suerte que hoy la gozamos , ilustrada con los retratos de nuestros Sere- 
nísimos Reyes , y para memoria de sus hazañas, las cifró en breves inscrip- 
ciones, las cuales publicó ano 1.587. 

El mismo año dio á la estampa los Fastos de los Justicias de Aragón, em- 
pezando de Pedro Jiménez primer Justicia , después de la conquista de Zara- 
goza, y acabando en D. Juan de Lanuza, cuarto en el nombre, y con este 
orden se ven coloridos los retratos en la Cámara del Consejo de la Corte del 
Justicia de Aragón. 

El año 1.585 escribió el Modo de Proceder en Cortes de Aragón, de cuyo 
MS. hacen ilustre memoria Diego de Morlanes en la Alegación que escribió 
año 1.605 defendiendo las preeminencias de la iglesia de Santa María la Ma- 
yor del Pilar en Cortes, parte 3. a , núms. 115, 116, fól. 55; Baltasar Amador 
en otra Alegación que escribió en la misma causa núm. 281, fól. 25; el Ilus- 
trísimo Sr. D. Gabriel de Sora, mi tio, obispo de Albarracin en su Biblioteca, 
folio 145; Muríllo en las excelencias de Zaragoza , tratado 2.°, cap. 51, fól. 447; 
D. Vincencio Blasco de la Nuza, tomo 2.°, lib. 3.°, cap, 21, fól. 312, lib. 4.°, 
capítulo 28, fól. 379, y el doctor Vincencio Hortigas , Asesor del Gobernador 
de Aragón , en un discurso docto que escribió por el conde de Fuentes en la 
causa de Mora, fól. 48. 

Escribió el año 1.585 LAS CORONACIONES DE LOS REYES DE ARA- 
GÓN, cuyo MS. original debemos á la estudiosa generosidad de D, Jaime 



XII 



A LA MEMORIA DE JERÓNIMO DE BLANCAS. 



Aznarez , de cuyo Museo no es la vez primera que han salido Memorias anti- 
guas para ilustrar la historia de este Reino , como lo confiesa D. Vicencio 
Blasco de la Nuza ; este volumen no le hallo celebrado en nuestros escritores, 
pero confio que desde hoy se granjeará muchos elogios en ésta, y otras nacio- 
nes se lastimarán de no haberle gozado antes. 

El doctor Miguel Martínez del Villar, dice, que Jerónimo de Blancas com- 
puso un tratado de la venida de Santiago á España, escrito á petición de don 
Andrés de Bobadilla y Cabrera, Arzobispo de Zaragoza, y de sus palabras pa- 
rece que se infiere haberse estampado, las cuales dicen así : 

Hieronimus Blancas in tractaiu Edito precibus lllustrissimi Andrea Boba- 
dula Archiepiscopi Cc&saraugustani. 

Escribió un libro de los Prelados de Zaragoza, como se infiere de una carta 
del doctísimo padre Jerónimo de la Higuerra de la Compañía de Jesús, bene- 
mérito de la antigüedad de España , en esta le pedía afectuosamente publicase 
este volumen , cuya Epístola he visto de mano de Jerónimo de Blancas , con 
otras que varones doctos le escribían , cuales fueron César Baronio , Tomás 
Correa, Monseñor Francisco Peña , Auditor de la Sacra Rota Romana, Carlos 
Sigonio, 'Ambrosio de Morales, el Padre Andrés Schotto, el Padre Juan Pedro 
Mafeyo, y otros, cuyas cartas Amabeas me comunicó D. Jaime Aznarez. 

Del testamento cerrado de Jerónimo de Blancas consta , que escribió algu- 
nos libros que no se habían publicado, y éstos los dejó á los Diputados, cuya 
cláusula dice asi: 

«ítem, quiero, ordeno, y mando, que mis libros de Historia compuestos 
por mí, que no estuvieren publicados al tiempo de ini fin , se entreguen á los 
señores Diputados con los más papeles , y escrituras que en mi poder se ha- 
llaren tocantes á esto, etc.» 

Falleció nuestro Cronista á 11 de Diciembre , año 1.590, y por no dejar hi- 
jos de Margarita Malo, su esposa, instituyó en heredero á su sobrino el doctor 
Juan Martin Miravete de Blancas, Abogado Fiscal en este Reino, varón de 
singular doctrina, y de vida ejemplarísima, pues dejando al mundo, vistió el 
hábito de la sagrada reforma Descalza, con nombre de Fray Martin de los 
Mártires , cuya santidad y erudición celebran el doctor Calisto Ramírez en el 
tratado de lege regia, par. 11, fol. 99; Blasco, tomo 2.°, lib. 1.°, cap. 9, fol. 31, 
libro 5, cap. 35, fol. 533; el Padre Fray Martin de la Madre de Dios en el ejer- 
cicio de bien morir, cap. 6.°; D. Miguel Batista de la Nuza en la vida de la 
Madre Isabel de Sto. Domingo, lib. 4.°, cap. 12.°, y el R. P. Fray Jerónimo 
de San Josef en la Historia del Carmen Descalzo, lib. 1.°, cap. 16, fol. 144, 
capítulo 17, fol. 60. 

Yacen sus eruditas cenizas en el Real Convento de Santa Engracia de Za- 
ragoza, cuyo sepulcro está en el claustro enfrente de la Capilla de nuestra 
Señora del Pilar; á varón tanto séale, pues, la tierra leve. 



DEL REINO DE ARAGÓN, 

DON BERNARDINO GÓMEZ MIEDES, obispo de albarra- 
cin, y GASPAR SEBASTIAN ARROYTA, canónigo 

SACRISTA DE TERUEL, 

(Brazo del «atado Eclesiástico); 

DON FERNANDO GURREA DE ARAGÓN, duque de 

VILLAHERMOSA Y CONDE DE RIBAGORZA , y DON FRANCISCO 

LACABALLERIA Y DE ARAGÓN, 

(Brazo del estado de Nobles); 

FRANCISCO VAGUER y TRISTAN MUÑOZ PAMPLONA, 

(Brazo de Caballeros Hijosdalgo); 

PEDRO LUIS MARTÍNEZ CENEDO, doctor en ambos de- 
rechos, ciudadano de Zaragoza, y ESTEBAN CROSTAN, 

DE LA VILLA DE MONZÓN, 

(Brazo de las Universidades); 



JERÓNIMO BLANCAS, 

ZAJULOOZAlfO, CBOMSTA DBL MISMO MINO. 



wwwvwvwvwvww 



jf\.CBBTADos fueron , Ilustrísimos Sres. Diputados , los numerosos y excelen- 
tes recursos excogitados y planteados por nuestros mayores para conservar la 
memoria de los sucesos patrios; muy acertado nos ha parecido siempre el 
decreto de las Cortes de 1547 mandando se escribiese la historia de nuestro 
Reino ; y más acertado todavía , por haber tomado á su cargo nuestro Zurita 
aquella empresa , muy digna de su erudición. Nada pudiera acontecer más á la 



2 COMENTARIOS 

medida de nuestros deseos para coronarlos de imperecedera gloria , como el 
haber confiado á tan célebre historiador el panegírico de esas tan brillantes 
hazaSas de nuestros antepasados, que nos han conquistado esta paz, esta 
nuestra grandeza , según aquel famoso dicho de Héctor en Névio : « Sólo es 
grata la alabanza que brota de los labios de una persona que la merece. » Merced 
á esta disposición vemos libertada de un prolongado silencio , de un olvido 
completo , la gloria del nombre aragonés , y no libre tan sólo , sino también 
celebrada por un varón digno de alabanza, unido á nosotros con los vínculos 
de la amistad y de la patria , acreciéndose con esto no poco la estimación de 
los sucesos narrados por su pluma. 

Tal es , empero , la condición humana , que nada hay tan difícil como el 
satisfacer todas las aspiraciones. Observación que tenemos hecha, ya en los 
escritos de otros autores , ya en los del mismo Zurita. Pues aunque con tanta 
elegancia , al desempeñar su cargo , historió nuestros sucesos en latín y en 
castellano, igualando su mérito el mérito de los escritores antiguos; tíldasele, 
sin embargo, en determinados puntos, de brevedad excesiva, apareciendo 
poco inteligible su pensamiento. Táchasele también por la mala disposición 
de los epígrafes , y por haber tratado harto superficialmente la institución del 
Magistrado Justicia de Aragón. Siendo este el vínculo de nuestra república y 
el fundamento de nuestra concordia civil y doméstica, ya no debía, dicen, es- 
cribirse tan á la ligera, ni con tanta parsimonia, ni mucho menos con ambi- 
güedad. Pero nosotros le creemos tan diligente como el que más en sus in- 
vestigaciones históricas. Embarazado con la magnitud de su obra, no le fué 
posible trabajar con esmero cada una de sus partes. Esto fué lo que á nosotros 
nos movió por fin á escribir sobre el mismo asunto, mas no con la misma am- 
plitud que él, sino compendiosamente, esperando, si fuese posible, abarcar 
de un sólo golpe de vista nuestra historia entera. Tarea no fácil ni pequeña, 
pero debimos reflexionarlo antes de acometerla : después , donde quiera fué- 
semos llevados , era forzoso desplegar las velas al viento. 

La colosal grandeza de Platón en filosofía no fué bastante á detener la 
pluma de Aristóteles ; ni el genio mismo de Aristóteles arredró á los talentos 
que tras él vinieron al mundo, para que dejase de ensayar y desarrollar cada 
uno las fuerzas de su propio ingenio. Tampoco se quebrantaron nuestros 
bríos, por más que no esperásemos igualar nosotros á Zurita; al contrario, 
creíamos nos sería lícito ir en pos de él , exponiendo sus omisiones y llegar 
á donde nos fuera posible, ya que no al término de su carrera. 

Por tanto , los fastos ( 1 ) que publicamos años atrás sobre los Justicias de 
Aragón , formando tan sólo un catálogo de sus nombres por orden cronológi- 
co , hoy juzgamos deberlos ilustrar con más extensos comentarios : de manera 

(1) Véanse los apéndices. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 8 

que, presentados al principio toscos y desaliñados, como prenda de amor á la 
patria, vestidos y engalanados «ean ahora testigos de nuestra solicitud en 
cumplimiento de nuestras promesas. Además de remontarnos á la institución 
y origen de esa magistratura , y de recorrer la galería de los Justicias , princi- 
pal objeto de nuestra narración, nos hemos decidido á pergeñar también un 
compendio de la historia de nuestros reyes , dando á conocer cuál fué su nú- 
mero y cuál la sucesión de éstos , cosas ignoradas quizá de muchos todavía. 
Presentaremos además otras que se hallan aún envueltas en las tinieblas , re- 
ferentes á nuestros ricos-hombres y mesnaderos , á sus familias y á los blaso- 
nes de su nobleza, al número y orden de los que han desempeñado el justi- 
ciazgo, á nuestras Cortes, á los antiguos nombres y magistrados. Y, por 
último , tocaremos ligeramente los asuntos más copiosos de toda nuestra anti- 
güedad , para que , dilucidado todo esto , se eche de ver con mayor claridad el 
origen y progreso de la misma magistratura : mucho más habiendo hallado 
nosotros en documentos antiguos varias noticias , sobre las que hablan guar- 
dado silencio todos los escritores, ni era fácil saber dónde se encontraban 
ellas, por no hallarse tales documentos al alcance de los extranjeros, y, á no 
ser entusiastas de la ciencia de muchos , diriamos que aun de los nuestros 
eran desconocidos. Por tanto, aprobamos y seguimos completamente el dicta- 
men de los que opinaron que esta obra no debía en manera alguna intitularse 
Comentarios á los Fastos sobre los Justicias de Araron, como al principio 
habíamos pensado nosotros, sino Comentarios de las cosas de Aragón, por 
contener varios asuntos que no pueden holgadamente adaptarse al primer 
epígrafe. 

Presentárnosla ataviada con las galas del antiguo Lacio , aunque no por 
creerlas más agraciadas que las españolas. Ni ignoramos siquiera que emplean 
los más el tiempo en saborear la literatura patria con preferencia á la latina 
aun los doctos en ésta, á pesar de ser tan delicado su gusto, que tienen por ári- 
do nuestro idioma , no sólo para asuntos serios , si aun para vulgares consejas, 
desechándolo y despreciándolo todo, exceptuadas las versiones de aquella len- 
gua. Más poderosa razón nos ha parecido la conveniencia de escribir en ella 
por ser generalmente conocida de casi todas las naciones. Sean justos los que 
quisieran verla en español , habiendo escrito tanto en esta lengua el mismo 
Zurita , y quizá lo haremos también nosotros mismos si se prolonga lo bastan- 
te nuestra vida, aunque gustosos cederíamos este trabajo por favor especial á 
cualquiera otro. Confesamos sin ambages no poder nosotros igualar á ciertos 
autores que en castellano han tratado de asuntos graves con toda elegancia y 
sin ningún esfuerzo. Mas no hemos creído que debíamos alterar por ello los 
nombres de nuestros magistrados , ni darles los que usaba Roma , sino con- 
servar los mismos con que los apellidaron nuestros abuelos. Aun en latín juz- 
gamos sernos lícito decir Gobernador, Justicia de Aragón, Diputados, Zalme- 



4 COMENTARIOS 

dina, Jurados, Lugartenientes, y otros cargos por el estilo, nombres con que 
diariamente los designamos en Aragón. Porque si bien estas palabras no son 
castizas por no hallarse, ni se podían hallar, en los antiguos escritores de esa 
nación , el uso ya las ha latinizado y las hará más latinas cada dia. Impropio 
por demás seria llamar Prefecto de la Justicia al Justieia de Aragón , al Go- 
bernador Vicario, Pretor de la ciudad al Zalmedina, aplicando respectivamente 
á los nuestros los nombres de los magistrados romanos , porque no se expresan 
con los unos las atribuciones propias de los otros. Es muy diferente el deber del 
Zalmedina, de lo que fuera el cargo de los Pretores; no se designa con la pa- 
labra Vicario la verdadera potestad de nuestro Gobernador ; ni es tanta la dig- 
nidad de nuestros Jurados como fué la de los Cónsules en Roma ; menos aún 
puede llamarse Presidente de la justicia al Justicia de Aragón ; el único Pre- 
fecto de la justicia creemos que es el Bey, en quien reside la plena potestad de 
administrarla , y de él , como cabeza , así hablan los Juristas , cual de la fuente 
los pequeños rios , se deriva á todos los magistrados y al Justiciazgo mismo . 

Ni se nos alcanza, á decir verdad, el por qué no hemos de tener nosotros 
la misma licencia que siempre tuvieron los romanos de introducir en el suyo 
palabras nuevas, tomadas dejdiomas extranjeros. Latín hablaban ellos y les 
plugo usar las voces Filosofía, Aritmética, Geometría, con otras semejantes, 
latinizando con el uso esas palabras tan griegas como la misma Atenas. 
¿Cómo, pues, pensaremos que á nosotros no há de sernos licito eso mismo, y 
que hablando también latín no nos expresaremos con pureza y elegancia , di- 
ciendo Justicia de Aragón , al esforzarnos todo lo posible para que la gloria del 
propio y verdadero nombre de esa magistratura penetre hasta donde hayan 
podido llegar los ecos de su fama? ¿Y qué? Si se propusieron nuestros ante- 
pasados mitigar con la dulzura de ese nombre la potestad suprema , cual si 
creyesen que entre nosotros y el Rey no debía interponerse otra cosa que la 
misma justicia; ¿por qué, teniendo en poco tan alta sabiduría, acuñaremos 
nosotros á nuestro arbitrio otras expresiones, y consentiremos y sufriremos 
que se prive á tan excelsa institución de su propio nombre , tan ilustre y tan 
conocido por toda la redondez de la tierra, manifestando él con toda claridad 
qué és y cuál és esa magistratura? ¿Ignoramos acaso que Marco Tmlio y Te-* 
rencio emplearon las palabras Arconte y Sátrapa , y Livio las de Mediastútico 
y Sufeta ? ¿Recelaron ellos , por ventura , aunque hablaban y escribían en la- 
tín , el citar con sus nombres propios á esos magistrados , persas y atenienses 
los dos primeros, los dos últimos de Cápua y de Cartago , y jamás aclimatado 
ninguno de ellos en el suelo de Roma? Désenos, pues, á nosotros hoy, como 
ayer se diera á los latinos , el apropiarnos palabras exóticas. Al menos, tra- 
tando de nuestros magistrados , concédasenos emplear las vulgares en vez de 
las latinas, cifrando nuestra gloria principal en hacer inteligibles nuestros 
pensamientos ; en cuanto á lo demás bastará que no cometamos errores. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 5 

Jamás hemos dudado, Rustríannos Sres. Diputados, — para terminar con 
esta especie de epilogo, — y vuestra creencia viene á corroborar la nuestra de 
siempre, que al sentar nuestros mayores las bases de la constitución aragone- 
sa , ó inventaron con mayor cordura que otros pueblos algunas instituciones, 
6 mejoraron las que de otros aprendieron , para proteger con oportunidad las 
leyes y los intereses familiares y domésticos. Y nos sentimos más inclinados á 
creerlo , cuanto más decidido es vuestro empeño en publicar este trabajo, con- 
sagrado al recuerdo de los unos y de las otras : teniendo por muy digno que la 
descripción de nuestra república, tan grata , con razón , á los reyes y al pue- 
blo , llegue ya á conocimiento de todas las naciones extranjeras , persuadidos 
de que, en los proyectos de sus primeros fundadores, ni habla nada sobrante, ni 
se echaba un sólo ápice de menos. Y, sobre todo , esa tan singular y tan admi- 
rable prudencia de nuestros mayores, lo fué ciertamente desde el principio; 
más y más resplandece cada dia y merece mayores alabanzas al aclararse la 
cerrazón antigua. Porque al introducir ellos esta forense prefectura del Juez 
medio entre el Rey y el pueblo , formando una nueva y perfecta especie de go- 
bierno, mixto de poliarquía y monarquía , afianzaron maravillosamente la paz 
doméstica y civil , y establecieron que de tal suerte debía suceder todo entre 
nosotros , que los negocios de más peso se ventilasen sin el más pequeño mo- 
vimiento , los mayores peligros se allanasen sin ningún tumulto , todas las 
disensiones domésticas se calmasen sin sediciones, quieta y pacíficamente, con 
sola la mediación de ese magistrado. 

Una advertencia me voy á permitir, siquiera me tache alguien de poco 
avisado, — también los pasajeros suelen dar consejos alguna vez á los más ex- 
pertos pilotos, — y es , que no confundamos la libertad con la demasiada licen- 
cia. La única, la verdadera, es aquella libertad que sabe domeñar las pasio- 
nes ; que está contenta con el goce tranquilo de sus bienes ; que los defiende 
con moderación ; que aleja las manos , hasta los pensamientos , de la propie- 
dad ajena. Finalmente , que adoptemos un nuevo plan de vida al compás de 
las nuevas vicisitudes de la época , si no queremos escudarnos con la pacien- 
cia en la necesidad por no haber sabido hermanar con el uso la templanza. 

Dando oídos á la poderosa voz de nuestro patriotismo, á vosotros, á todos 
nuestros conciudadanos , hijos todos de una misma república , con todas nues- 
tras fuerzas suplicamos , que satisfechos con una justa y razonable libertad, 
rechacemos de nosotros la falsa inculpación de sobrada licencia. 

A los reales magistrados, quienes quiera que sean, aconsejamos tengan 
entendido , que de los reyes recibieron aquel solo poder que les permiten y 
conceden los fueros. No crean habérseles confiado la sola administración de la 
justicia, mas también su defensa, y de suerte que no les será licito obrar por 
capricho , sino de acuerdo con el espíritu de la religión y de las leyes. Ni piense 
alguno que es él solo , ni que le está permitido cuanto le sugieran sus antojos; 



6 COMENTARIOS DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 

sino que debe llamar por consejeros á las leyes, á la religión , á la equidad y 
á la fe pública. Y teniendo cada uno por joya de inestimable valor el conser- 
var limpia el alma que recibió de mano de Dios , si la pureza de la conciencia 
le diere testimonio de haber resuelto y practicado siempre lo' mejor, superará 
con facilidad suma todas las dificultades y cualesquiera peligros. 

Quedando ya expuesto el plan de nuestra obra , réstanos tan sólo implorar 
para ella vuestra protección. Y estos comentarios, que salen á luz sin belleza 
alguna . engalanados con la dignidad de vuestro excelso nombre aparecerán, 
si no cual cortesanos por harto rústicos y groseros , tampoco cual extranjeros 
ya que son el compendio de casi toda nuestra historia, logrando al menos ser- 
vir de cortejo, á fuer de huéspedes amigos, á los anales del inmortal Zurita. 
Si encontrareis algupa omisión ó ciertos puntos mal pergeñados, — que sí los 
hallareis y en cada página , — confiamos seréis indulgente con este cronista, 
tal cual es en verdad , dado que lo sea , y más no habiendo venido de algún 
centro académico, sino de las contiendas del foro, recordando asimismo que, 
ni se producen todos los frutos, ni los árboles todos arraigan en todos los ter- 
renos. Abrigamos, no obstante, fundadas esperanzas, y antes de mucho se 
traducirán en realidad , teniendo presentes vuestras larguezas para comunicar 
grande impulso á las aulas públicas , tiempo há establecidas en esta nuestra 
ciudad , de que contará nuestra república con la perfección de ésta , por nos- 
otros incoada , y de otras mayores empresas que enaltecerán la gloria del 
nombre aragonés. Y éste, si hasta hoy ha resplandecido con el nunca eclip- 
sado brillo de sus armas y con el esplendor de esa magistratura, brillará tam- 
bién en adelante , por los horizontes todos , con sus glorias literarias. 

Zaragoza L° de Setiembre de 1588. 



AAAMUWUVU\AMMWWWWVtA 



PREFACIO 



Á LOS COMENTARIOS DE LAS COSAS DE ARAGÓN 

DEL ZARAGOZANO JERÓNIMO BLANCAS, 

CRONISTA DEL REINO. 



A DON GARCÍA LOAISA GIRÓN, 

PEBCBPTOE DB NUBSTBO FBLIPB , ILMO. PBÍNCIPB DB LAS B8PAÑAS , Y ARCEDIANO ABBIAGBN9B 

DB LA IGLBSIA DB TOLEDO (l). 



X an difíciles y oscuras sobremanera son nuestras antigüedades , como de 
ningún modo creo lo ignoras tú , eruditísimo Loaisa , que no ya los aconte- 
cimientos de los primeros siglos , si aun las hazañas de nuestros abuelos ape- 
nas las sabemos nosotros mas que de una manera confusa y desordenada. Son 
muchas y de índole diferente las causas de esta fatalidad. Hé aquí las princi- 
pales. 

Cuenta la tradición que , á los albores del reino , fué consumido por el 
fuego el archivo de San Juan de la Peña , y que , reedificado de nuevo , volvió 
á ser pasto de las llamas (2) muchos siglos adelante. Como estaban allí depo- 
sitados los originales ( 3 ) de los antiguos privilegios y los documentos públi- 
cos, todo fué devorado por el incendio. Otras memorias que después fueron ar- 
chivadas en el mismo sitio, dicese fueron extraídas (1150) (4) por el conde 
de Barcelona, Ramón Berenguer (5) , yerno de Ramiro II, y que los nuestros 
en las Cortes de Zaragoza ( 1264) procuraron que de algún modo se reparase 

(1) Bl MS.: < Prefacio de los comentarios á los fastos sobre los Justicias de Aragón , por el zarago- 
zano Jerónimo Blancas. » 

Al limo, y Reverendísimo Sr. D. Antonio Agustín , arzobispo de Tarragona, etc. Aunque la idea do- 
minante es la misma en ambos, hay muchas. variantes entre uno y otro. El manuscrito es por regla ge- 
neral mas breve que el impreso. 

(2) Bl segundo el 17 de Marzo de 1294; el tercero á 24 de Febrero de 1675. Abarca. Bl segundo in- 
cendio ocurrió el 17 de Noviembre de 1494. Esp. sagr. , tomo 30, pag. 416. 

(3) El MS.: « Leyes del Reino. » 

(4) El MS.: « Con mano fuerte. » 

( 5 ) El MS. : « La violencia del Príncipe arrebató lo que respetaron las llamas á pesar de su voracidad. 
De ello se quejaron amargamente los nuestros en las Cortes de Zaragoza ( 1264) al rey D. Jaime I , pi- 
diendo que fuesen devueltos al Reino los privilegios que contra justicia les había tomado su antecesor. » 
sssPól. 15 vuelto. « Además cuando el rey Pedro IV, > etc. Véanse los apéndices. 



8 COMENTARIOS 

tan enorme pérdida. Pero quien dio al traste con casi todas nuestras antigüe- 
dades , fué el rey D. Pedro IV en otras Cortes de la misma ciudad ( 1348) al 
rasgar con aquiescencia de todo el Reino aquellos dos turbulentos privilegios 
de la Union , intentando y consiguiendo destrozar y quemar no sólo" los docu- 
mentos á ella referentes, sino otros muchos públicos y particulares (1). De 
modo que con dificultad se halla entre nosotros un solo testimonio de escriba- 
nos , una sola escritura original anterior á la mencionada fecha. 

Desde entonces nuestras leyes y libertades, como las de Esparta, no siempre 
estuvieron escritas ; se conservaron en la cabeza de los prudentes , al decir de 
sus observadores , y de ellos emanaron las que hoy llamamos Observancias. Por 
eso gozaban en lo antiguo aquellos consultores de gran reputación y de mucho 
poder , no por ser ellos pocos en número , y sí porque á ellos se pedía la inter- 
pretación de nuestras cosas y leyes, como (2) los vaticinios sobre el tiempo á 
los astrólogos. Estas observancias , antes que fuesen incorporadas al libro de 
los fueros por Martin Díaz de Aux, Justicia de Aragón ( 1437) , ya tenían tanta 
fuerza y autoridad como las mismas leyes escritas. Aun entonces, según se 
lamonta Bagés, los juristas á quienes se confió esta importante misión, rece- 
lando que se podría prescindir de ellos en las decisiones si publicaban y di- 
vulgaban todas las observancias , reserváronse muchas para que hubiese ne- 
cesidad de recurrir á ellos , y de darles intervención en todos los negocios, 
siquiera ocurriesen dudas con menor frecuencia. De ahí el hallarse completa- 
mente oscurecida la memoria de nuestra antigüedad ; de ahí tantas y tan gran- 
des disputas entre los escritores , ya sobre los orígenes del Reino , ya sobre 
sucesión de reyes , ya sobre cronología , hasta tal punto, que un ilustre histo- 
riador (3) contemporáneo ha podido, y con razón, suscitar nuevos reyes cuyos 
nombres no habían hasta hoy sonado entre nosotros. Sería tolerable el que no 
tuviésemos conocimiento de muchas cosas , si las noticias detalladas sobre la 
dignidad del Justiciazgo de Aragón no sólo estuviesen grabadas en los cora- 
zones , sino que se hubieran conservado íntegras y sin mancilla , esculpidas 
con caracteres de oro en documentos públicos. Y, sin embargo, parece increí- 
ble , hasta el presente ellas son por desgracia las que escasean más entre nos- 
otros. No debemos, en nuestra opinión , culpar por esto á los primeros funda- 
dores , á quienes no es creíble faltara diligencia en escribirlas , ya que fueron 
tan cuidadosos en ejecutarlas. La culpa es toda de los accidentes , azares y 
circunstancias arriba mencionadas, que las destruyeran casi por completo. No 
tenemos por tan libres de falta á sus inmediatos sucesores, que consintieron 
perdiesen su lozanía en las tinieblas y se anticuasen en la noche de los tiem- 
pos , bien por no haberse dedicado á conocerlas á fondo , bien si las sabían , por 
no haber cuidado de trasmitirlas al conocimiento de la posteridad , como al 
tratar de Italia con razón se queja de sus conciudadanos el eruditísimo Si- 
gonio. Recordamos perfectamente que , al censurar nosotros repetidas veces 

( 1 ) De tanta importancia era á sos ojos el destruir las fuerzas y borrar el nombre de la unión. Fol. 16. 

(2) No está claro el pensamiento del autor. Literalmente traducido dice : « Como los dias se pedían 
antiguamente & Ó por los Caldeos. » 

( 8 ) Esteban Garibay . 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 

esta incuria de nuestros mayores en presencia del Excmo. Sr. D. Fernando de 
Aragón , arzobispo de Zaragoza , diligente é infatigable investigador de nues- 
tras antigüedades, y muy alabado por Zurita de palabra y en sus anales, solía 
decir su excelencia que no debía causarnos tanta extrañeza. El aragonés, 
añadía con frecuencia, taciturno por carácter, es tauto y más activo en ejecu- 
tar hazañas, como tardo en consignarlas por escrito. Gustosos referiríamos de 
cuánto nos sirvió su trato , si á la vez no tuviésemos que hablar de nosotros 
mismos, y no hay ninguna necesidad. Preferimos por tanto privarle á él de la 
gloria que merece, á enlazarla con nuestras propias alabanzas. 

Por más que concedamos ser ello verdad , no podemos absolver á nues- 
tros antepasados. Porque habiéndonos trasmitido, al menos incompletas, las 
noticias de otros acontecimientos, no mereció los honores de su pluma el Jus- 
ticiazgo, resorte principal de la máquina aragonesa: pues ni de su institución, 
ni de los nombres y hechos de los personajes investidos con esa magistratura, 
tenemos al presente cosa alguna escrita con orden y método , cuya lectura pu- 
diera sernos agradable además d^ útil y necesaria. 

Juan Giménez Cerdan , también Justicia de Aragón , fué el primero que en 
tiempo de nuestros abuelos escribió sobre este asunto , mereciendo con razón 
grandes alabanzas por sus buenas intenciones. Pero al formar el catálogo de 
los Justicias, comenzó por Pedro Pérez, al que otros muchos habían sin duda 
precedido. Hizo caso omiso de la cronología, fundamento de la historia, lo 
mismo que de algunos Justicias contemporáneos suyos ó poco anteriores á esa 
época, siendo en consecuencia sobrado incompleto el conocimiento que pode- 
mos adquirir por aquella carta. 

Nuestro esclarecido, elocuente y erudito analista Jerónimo Zurita, que en 
estilo elegante y con exquisita diligencia escribió toda nuestra historia, em- 
barazado por la magnitud de su trabajo, no pudo ilustrar con sus luces é ins- 
trucción esta materia, ni perfeccionarla con su exacta puntualidad. Sabemos 
que , poco antes de su muerte , á ese asunto había destinado la tranquilidad 
doméstica, cuando se halló inopinadamente atajado por aquella muy al prin- 
cipio de sus proyectos. De haberlos él llevado á cabo con la fecundidad y loza- 
nía de su talento , este asunto , para otros árido y estéril , se tornara entre sus 
manos en el más fértil y abundante. Pero ni esta es la ocasión más oportuna 
para su panegírico, ni podría decirse más de lo que tú sabes perfectamente, 
ni de lo que tenemos todos hondamente grabado en la memoria. 

Nosotros , pues , sabiendo esto , aunque sin ninguna de las dotes que para 
su perfección requiere una obra de ese género , pero anhelando dejar algún 
testimonio de nuestro amor á la patria , ya que aquel doctísimo escritor , de 
tanto mérito y autoridad , abarcó en sus anales ocho siglos de nuestra historia 
en estilo tan florido y con tanta copia de noticias , elegimos por fin el asunto 
que no pudo ilustrar su pluma: la dignidad del Justiciazgo Aragonés. Para 
mejor inteligencia y para mayor claridad del plan y desenvolvimiento de 
nuestra obra, nos ha parecido oportuno tocar sucintamente toda nuestra his- 
toria , basando sus principios con alguna detención , para que no se derrum- 
base todo el edificio por no estar bien sentados los fundamentos. Nos propusi- 

2 



10 



COMENTARIOS 



mos igualmente señalar el tiempo en que ejerció tan alta dignidad cada uno 
de los Justicias. 

Erizado se hallaba asimismo este punto de nuevas y grandes dificultades, 
por no saberse dónde y cómo podrían averiguarse cosas tan antiguas y desu- 
sadas. Pero fué tan vehemente deseo de que mereciera este trabajo el aprecio 
de mis conciudadanos , que nada pudo quebrantar ni debilitar nuestros propó- 
sitos en tal empresa. Con este objeto nos dedicamos á examinar cuanto pudi- 
mos haber á las manos de algún modo relacionado con ese asunto ; registra- 
mos los archivos del Reino, y de las iglesias de Nuestra Señora del Pilar y de 
Santa Engracia ; revolvimos muchos documentos de los monasterios de San 
Juan de la Peña, de Ovarra, de San Victorian y de Monte-aragon ; hicimos 
además investigaciones en otras ciudades é iglesias antiguas; consultamos 
después las bibliotecas de varios particulares, y entre otras la del Excmo. Se- 
ñor Arzobispo D. Fernando ; leimos los códices y observancias de los antiguos 
fueristas Vidal de Canellas, obispo de Huesca; Jimeno Pérez de Salanova, 
Justicia de Aragón ; Juan Patos , Jaime del Hospital , Juan Antich de Bagés y 
Miguel del Molino. Y para no omitir cosa alguna de cuanto nos hemos valido 
para llevar á cabo este trabajo , nos sirvió de no poco un legajo de memorias 
antiguas proporcionado por el doctor D. Carlos Muñoz , canciller del reino, 
y tan versado en el derecho civil y canónico como práctico en esta clase de es- 
tudios. Pero más que todos cooperó con su ayuda nuestro íntimo amigo, al 
que tan bien conoces , el maestro Diego Espes , natural de Arándiga , varón 
probo y docto , instruido en todas las ciencias , hasta en las más profundas , y 
la verdadera norma de todos nuestros estudios. Él , con sumo cuidado , diligen- 
cia y fidelidad , nos comunicó abundantes datos , tomados de los mismos ar- 
chivos, no pudiendo ciertamente proporcionarnos mayor alivio de trabajo. 

Estos y otros apuntes recogidos de todas partes y que debemos á la gene- 
rosidad de nuestros amigos, aligeraron no poco nuestras fatigas, por la antigua 
costumbre de nombrar en los privilegios y contratos de negocios , vulgarmente 
llamados instrumentos , algunos testigos , entre los cuales hemos hallado cita- 
dos á la mayor parte de los Justicias de Aragón. 

Tales testigos , y tú menos que nadie lo ignoras , no siempre se ven sus- 
critos por la misma causa. Doble objeto tenía el hacerse de ellos mención en 
las escrituras* de aquella época. Era el uno la validez y firmeza de éstas, por 
ser solemnidad substancial de los contratos el que asistieran personalmente á 
su estipulación , y se llamaban testigos visores y oidores , con cuyos nombres 
se encuentran á cada paso indistintamente. El otro era indicar la fecha de su 
celebración mentando los personajes más poderosos de su tiempo. A la manera 
que decían los romanos imperando Severo ó Constantino y los francos en el 
reinado de Carlos ó de Luis , usábase antiguamente entre nosotros , además de 
los nombres de los reyes , referir los magistrados y proceres llamados enton- 
ces ricos-hombres y senyores, los palatinos ó mesnaderos y otros personajes 
constituidos en dignidad eclesiástica ó secular , diciendo : Esteban obispo en 
Huesca, Pedro obispo en Zaragoza, Palacin senyor en Roda, Pedro Medalla 
Justicia mayor, y otros por el estilo. Y para que éstos no se confundiesen con 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 11 

los primeros que presenciaban los contratos , se llamaron testigos confirmado- 
res. Algunas, aunque raras veces, en tal cual documento hemos observado 
que, tras los visores y oidores, se citan estos ricos-hombres 6 senyores, ape- 
llidados testigos que no vieron ni oyeron. La costumbre primitiva fué men- 
cionar estos testigos únicamente en los solemnes privilegios de reyes 6 de prín- 
cipes ; pero después , poco á poco , fué introduciéndose en estipulaciones de 
negocios particulares. Al conceder en un principio los reyes 6 los príncipes 
algún privilegio solemne , y como (iecian ellos , por siempre valedero , citá- 
banse dichos personajes como testigos y confirmadores déla voluntad real, se 
hallasen 6 no presentes á dicho acto , con tal que fuesen miembros de la corte. 
Estos por lo general firmaban los mismos privilegios ; ponían al menos , como 
se decía entonces, su signo debajo del sello del rey ó del príncipe, y delante de 
la firma del secretario , en confirmación de la voluntad del rey 6 del príncipe 
expresada en aquellos documentos. Hasta hemos visto más de una vez que 
excitaban los reyes á los ricos-hombres , no ya con amonestaciones ó precep- 
tos, sino con súplicas y ruegos , á poner sus signos en confirmación de algún 
asunto importante. Yo Sancho Rey esta donación confirmo: y a todos mis proce- 
res ruego, que del mismo modo la confirmen y suscriban. De aquí el nombre de 
testigos confirmadores. 

Los secretarios y escribientes de tales privilegios , obviando de paso esta 
dificultad , acostumbraban llamarse , ya escribanos reales , ya letrados del mo- 
narca. 

En las transacciones particulares no garantizaban esos testigos confirma- 
dores la voluntad de las partes contratantes ; servían únicamente para señalar 
la fecha de aquella estipulación , por no creerla bastante determinada si ha- 
cían caso omiso de los magnates y personajes más notables contemporáneos, 
especificando sólo la era, modo ordinario de señalar entonces el tiempo. De 
esto se infiere que no estaban muy segiíros los antiguos en el cálculo de la 
era ( 1 ). Sabido es, que .ésta comenzó treinta y ocho años antes del nacimiento 
de Cristo (2); pero no siempre la entendieron ellos así, tomando á veces la 
era por el año y viceversa. Sólo por la lectura d§ los documentos antiguos se 
llega á comprender cuándo se refiere el número de su fecha al uno ó á la otra. 

Dá margen á nuevas dificultades la forma de las letras ó caracteres em- 
pleados en la numeración de los antiguos. Además del abecedario gótico, 
común en aquellos siglos y muy diferente del romano , usaban esos caracteres, 
esas letras, que compaginaban de una manera poco uniforme. Anadíaseles á 
veces algunos rasgos muy diminutos para variar la significación numérica, 
los cuales, si no se consideran atentamente, con facilidad ocasionan en el cálcu- 
lo errores de trascendencia. De tales notas pasa por inventor el obispo Gálfi- 
la (3); pero no tenemos de él obra alguna que nos dé á conocer el valor de 

( 1 ) Hispánica. 

(2) Pretende el Marqués de Mondejar que la era precedió al nacimiento de Cristo 89 años. 

(8) La invención del carácter de letra gótica se atribuye á Gulfilas ó Ululas, obispo godo de Dacia 
en el siglo iv. Tradujo la Biblia al idioma de su nación , bajo el imperio de Valente. De esa obra nos han 
conservado algunos fragmentos los MS. Codea argenten* y Codea Garolimu. Murió por los años 870. 



12 COMENTARIOS 

esas abreviaturas en cada caso particular. Esto ya dijimos que sólo puede 
conseguirse á fuerza de observaciones. 

Hemos creido conveniente hacer aquí estas advertencias , á fin de dar al- 
guna idea de las inmensas dificultades que se presentan al descifrar esas notas 
para inteligencia de nuestras antigüedades, y principalmente para que, en caso 
de hallar alguna diferencia en los monumentos antiguos , alguna discordancia 
entre lo que precede y sigue , lo atribuyamos á esas variantes de los antiguos, 
á errores de imprenta, ó á la dudosa figura de los números, y no dudemos, 
por la confusión que ha reinado hasta hoy , de aquellas cosas que por lo de- 
más estriban en una verdad completa. 

Para formar el catálogo de los Justicias y colocarlos por orden cronológico, 
nos ha servido de guia muy seguro la observación de los testigos confirmado- 
res. No han quedado, sin embargo, satisfechas nuestras aspiraciones, porque 
ni en los primeros ni en los últimos Justicias hemos podido hasta hoy, á 
fuerza de trabajo y diligencia, señalar como queríamos el número de años de 
cada uno , el principio y el fin con toda seguridad. Llamamos primeros á los 
Justicias que encontramos con este titulo después de la conquista de Zara- 
goza (1115). Los anteriores á dicho año desde la institución de esa magistra- 
tura , nos son absolutamente desconocidos , si bien no es posible dudar que los 
habría, y no pocos, en esos doscientos cincuenta años. Ya quedan en otro lu- 
gar consignadas las causas especiales de esa pérdida. 

Finalmente , nos hemos creido obligados á desenvolver todo esto con ma- 
yor diligencia y apreciar en cada ocasión todo su valor , supliendo á fuerza 
de laboriosidad la falta de talento. 

Con gusto someteremos á tu dictamen , ya que tantos progresos has he- 
cho en esta y en otras cosas mayores , el determinar hasta qué punto haya- 
mos realizado nuestros propósitos. Nosotros estamos persuadidos de que, 
siendo la empresa superior á nuestras fuerzas, no hemos logrado por completo 
nuestros deseos. Pero estaremos satisfechos si estos nuestros comentarios son 
para esa desgraciada antigüedad , que parecía próxima á extinguirse consu- 
mida de vejez, como algunas gotas de aceite á una luz moribunda. 

Pero en verdad , doctísimo Loaisa , recelo ser censurado por haber sido tan 
prolijo dirigiéndome á ti , que tan profundos conocimientos tienes en todos los 
ramos del saber humano , y que tan á fondo conoces la historia , lo mismo que 
todas nuestras cosas y hasta su organización , desde que años atrás te hallaste 
presente á las Cortes generales , celebradas por nuestro poderosísimo rey en la 
villa de Monzón. Tal fué en ellas tu proceder; tan gratos, tan felices los re- 
cuerdos que dejaste á todos los brazos del Reino, que todos te consideramos 
como el apoyo más robusto de nuestra ventura. Y tan lejos está de nosotros 
el designio de habernos extendido con el Reprensible objeto de instruirte , que 
sólo nos ha guiado la intención de someter al fallo rectísimo de tu crítica estas 
nuestras vigilias , y el penoso trabajo invertido en disponer estas cosas , puesto 
que nos complacemos y descansamos gustosos en tu reputación y fama. 

Pero no creas que nos hayamos hecho cargo de este trabajo por aparecer 
más serviciales á la patria que otros cuya gloria no pretendemos arrebatar, ni 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 13 

que hemos sido preferidos á los demás por nuestro aventajado ingenio ; sino 
que fuimos destinados como el último de todos para llevar con el menor can- 
sancio esa carga pesada, y muy pesada en verdad, mas también digna y muy 
digna de que en ella se ejercitasen la destreza y bríos de algún ingenio gi- 
gante. Esperábamos, es cierto, que para nosotros sería más ligera por lo 
mismo que cerrábamos los ojos al quedar agobiados , con mayor resignación 
que todos, bajo su enorme mole. 

En cuanto á tu persona , innecesarias son nuestras alabanzas , siendo tal 
tu mérito, que jamás podrían ser ellas excesivas ni tan frecuentes como me- 
reces. Baste para tu gloria recordar que, en las antes mencionadas Cortes, 
fuiste nombrado por nuestro sapientísimo rey , preceptor de su muy amado y 
esclarecido hijo el príncipe D. Felipe, no sólo de las artes y de las ciencias, 
sino también maestro del corazón y de la virtud. ¿Qué más pudiera decirse en 
tu panegírico? Guardaremos, por tanto, silencio, y concluiremos con pedirte 
y suplicarte , ya que arrebatado nos fué prematuramente al Reino en general 
y á nosotros por sus muchos y singulares beneficios en particular , aquel doc- 
tísimo arzobispo de Tarragona , Antonio Agustín , varón dotado de toda cir- 
cunspección, adornado de todas las virtudes, digno de las mayores alabanzas 
y merecedor de inmortal memoria , que nos concedas en tu corazón el mismo 
lugar con que él nos había distinguido en el suyo durante su vida, amándo- 
nos tú como nos amaba él , y reverenciándote á tí como á él le venerábamos 
nosotros. Y no porque creamos que aumentará esto la veneración y aprecio 
que te profesamos , sino para aliviar con este consuelo el sentimiento de haber 
perdido á un hombre de tantas prendas, dignándote enlazar y encadenar 
nuestro corazón con este vínculo nuevo. 

Zaragoza 1.° de Setiembre de 1588* 



COMENTARIOS 



(i) 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 



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N, 



uestro principal objeto al escribir la historia de Aragón , de la que otros 
se han ocupado ya con bastante extensión , asi en latín como en castellano, 
ha sido bosquejar los acontecimientos principales, notando aquellos que pue- 
den arrojar alguna luz sobre el poder y dignidad del magistrado Justicia de 
Aragón. Enlazándose esa institución con los orígenes del Reino que se llamó 
primero de Sobrarbe, debe tener comienzo nuestra narración en el desastre de 
España, desde cuya época empezaron ambas cosas , como de pequeñas semi- 
llas, á nacer y desarrollarse prodigiosamente. Asi, pues, con el favor de Dios 
Todo-poderoso, daremos principio & nuestro trabajo. 



PÉRDIDA Y DESOLACIÓN DE ESPAÑA, 



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JQín el año de la creación delfoundo 5.913; 714 (2) del nacimiento de Cristo 
nuestro Salvador ; siendo pontífice Gregorio II ; Flavio Filipico Bardanio, em- 
perador; y rey de los francos Childeberto II; dominando en el África, sojuzgada 
por los árabes , el califa Ulith Abdelmech (3) , año 93 de la egira (4) , en aque- 
lla infausta , calamitosa , y todavía no bastante llorada catástrofe , se hundió la 
majestad del Reino con Rodrigo, último de los reyes godos. Jornada funesta, 

(1) MS. folio 28. « Comentarios á los Fastos sobre los Justicias de Aragón , por el zaragozano Jeró- 
nimo Blancas. • 

Antes de tocar el origen de esta magistratura , principal objeto de nuestra obra , justo será que se- 
ñalemos con la posible brevedad la forma, el principio, los incrementos del estado de Sobrarbe y del 
aragonés , y veamos cómo llegó este Reino á tan colosal grandeza. Delicioso es en sí mismo este conoci- 
miento , y muy propio , además, para la explicación de nuestro asunto.» 

(2) TU según la opinión general. 

(8) La conquista de Bspafia se verificó en tiempo de Al Valid, undécimo califa de Damasco y 
sexto de los Ommiadas. 

(4) Huida. Así se llama la era de los mahometanos. Comienza en mitad de Julio del 622 de J. C, 
en cuyo año , pero no en el mismo dia, se verificó la fuga de Mahoma desde la Meca , su patria, á Me- 
dina. Cuentan por anos lunares , cuya relación con los solares es de 10 á 9'7. 



COMENTARIOS DB LAS COSAS OB ARAGÓN. 15 

cuya causa, dicen, fué la perfidia de un magnate de la primera nobleza, y 
entre todos señalado, el espartano (1) conde Julián (2), quien para vengar 
la injuria que se le había inferido con el ultraje de Cava 6 Caya (3) , su hija, 
según otros con la deshonra de su esposa Fandina ó Faldrina, introdujo en 
España á los árabes (4), que ocupaban el África. Estos lo enseñorearon todo 
despuep de vencer á Rodrigo , y bajo su dominación quedaron pagando tribu- 
to la mayor parte de los pueblos cristianos, no queriendo, por amor á sus ha- 
ciendas, esquivar la suerte de los esclavos. Llamáronse muzárabes (5) , cris- 
tianos unidos á los árabes, porque en árabe muza significa cristiano. Teniendo 
otros por afrenta el doblegar su cerviz á tan pesada servidumbre , y huyendo 
á los lugares montañosos de Asturias y de los Pirineos , buscaron un refugio 
firmísimo para sus personas y bienes en las escabrosidades de los montes. 
Empujados y relegados á esas vastas y no lejanas soledades, y despreciados 
por aquellas impías gentes al principio , ellos fueron después , con la ayuda 
de Dios, los vengadores de la sangre española y los restauradores de la patria. 

Aquel mismo año, Pelayo, por cuyas venas corría la sangre real de los go- 
dos, hijo del duque Favila, reúne los restos del destrozado ejército, vence á 
los enemigos, y echa los cimientos del Reino de Asturias. Hay quien asegura 
que no consta en parte alguna habérsele conferido el título de rey, y que 
hasta el dia de hoy siempre se le apellidó el infante D. Pelayo. Sea de esto lo 
que quiera , él dio principio al Reino de Asturias , Reino que , después , con los 
nombres de Oviedo y de León , abarcó grandísima parte de la España. 

Subyugados más tarde los nuestros , algo después dieron principio al Reino 
de Sobrarbe , origen de la corona aragonesa. Cuenta Rasis , historiador árabe, 
que dos años después (716) (6), conquistaron los suyos á Zaragoza. Así pa- 
rece probable , como lo escriben algunos historiadores , que se apoderaran los 
moros de nuestra patria á su regreso de la provincia Narbonense ó Galia Gó- 
tica. Ganada Zaragoza, devastaron los lugares próximos, invadiendo luego 
las cumbres de los Pirineos. No habiendo quedado apenas documento alguno 
que lo testifique , no es cosa fácil el manifestar cuánta soledad reinaba enton- 
ces en las poblaciones , cuánta desolación en los campos , cuánta evasión y 
alejamiento en sus habitantes, cuan desierto, inculto y abandonado se que- 
daba todo. Pero no pasaremos en silencio, que, apoderados por este tiempo 
los moros de un castillo muy fuerte en las inmediaciones de Huesca , encerra- 

(1) CreemoB que debe leerse espatario, literalmente, porta-espada. Tal vez fuera este eomes apa- 
thariorum el conde 6 jefe de la guardia de palacio ó de la escolta del monarca. La voz spatharius se de- 
rivó de spatus, la espada dedos filos, larga y ancha, propia de los godos. 

(2) A la sazón gobernador de Ceuta. 

(3) Esta se llamó Florinda. Cava, voz árabe que significa mala mujer. Así se llamaron en España 
las malas mujeres, que son cavas y trampas donde los hombres caen , según aquello de Salomón en los 
Proverbios , Cap. 23 : « Hoya profunda es la ramera. » Fr. Luis de Granada , Guia de pecadores , Lib. 1.°, 
Capítulo 6.°, traduciendo dicho lugar , dice : « La mala mujer es como una cava muy honda. > 

(4) Los moros abrazaron el islamismo, y fusionándose con los árabes, sus conquistadores , formaron 
un sólo pueblo con el nombre de sarracenos. Unos derivan esta palabra de Sara , la esposa de Abraham; 
otros de Sahara, el gran desierto ; quién de Sharac, oriental, y quién de Sarraca, ciudad de Arabia. 

(5) Mozárabes ó mostárabea. 

(6) 718. 



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ron en él al conde Julián ( 1 ) , á quien llevaban prisionero. Después de haber- 
le despojado de todos sus bienes , le cargaron de cadenas , y en castigo de su 
atroz felonía, le tuvieron allí sepultado hasta su cruel y miserable muerte. 
Varias son las razonas que nos inducen á conjeturar, que esa fortaleza men- 
cionada por Julio César en sus comentarios como próxima y dependiente de 
Huesca , es la fuerte villa de Loarre ( 2 ) . Hay en esta muchísimos vestigios 
de construcciones romanas , y sus habitantes enseñan todavía el sepulcro del 
mencionado conde. Su nombre antiguo y primitivo, casi significa «población 
próxima á Huesca. » 



OPRESIÓN DE ZARAGOZA. 



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uk Zaragoza (3) la más famosa de las ciudades situadas en el corazón de la 
provincia tarraconense , según Pomponio Mela en su libro de oro , si bien poco 
voluminoso, titulado « De sitn orbis. » Celébrala San Isidoro por ser fundación 
de César Augusto, que lé dio su nombre. Y añade, que es la más ilustre de 
toda España por su amena y deliciosa campiña (4) , y por los famosos sepul- 
cros de los santos mártires. Es bien notorio y harto sabido, que después de 
construido por Santiago, apóstol de nuestro Salvador, el templo del Pilar, el 
primero que en toda la redondez de la tierra se erigió á la Santísima Virgen 
María, jamás abandonaron sus habitantes la religión cristiana, antes por la 
misericordia de Dios , la conservaron siempre y la practicaron con reverentes 
cultos. Tras de San Atanasio, discípulo del mismo apóstol y primer obispo de 
Zaragoza, se sabe haber sido obispo de esta ciudad (225) el bienaventurado 
Félix, De él dice San Cipriano que honraba la fé y defendíala verdad. A Félix 
sucedió San Valero I, que tuvo por arcediano al mártir San Vicente. Por esta 
época (300) consiguieron nuestros antepasados el célebre triunfo del martirio 
en la décima persecución de la Iglesia. Tantos fueron estos mártires , que se les 
dio el nombre de innumerables. Su ejemplo excitó á San Lamberto, á Santa 
Engracia y á sus compañeros á ceñir también la auréola del martirio por amor 
de Cristo en el mismo lugar y tiempo. Esa ciudad, enriquecida con tan precio - 

( 1) Todavía es un misterio la suerte que cupiera al conde Julián , al obispo Oppas , y á los demás 
autores ó cómplices del desastre de Guadalete. 

(2) Dista unas cinco leguas de Huesca, y de Jaca sobre tres y cuarto: tiene 50 vecinos. Otros lla- 
man á esta villa Calagurris Fibularia ; en sentir de los misinos, Calagurris Julia Nascica es Calahorra. 

(8) Estas noticias no se hallan en el MS. ; la mayor parte parecen tomadas de la carta de Antonio 
Agustín. 

(4) Cuatro ríos fertilizan sus campos : el Bbro , llamado rio de vino; el Gallego, de abundante fruta; 
el Jalón, de copiosísimo trigo; y la Huerva, de muy regalado aceite. (Abarca) . 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 17 

sas reliquias, es la misma que habitamos nosotros. En ella (385) (1) durante 
el pontificado de Dámaso, siendo Graciano emperador como se colige de Severo 
Sulpicio, escritor casi contemporáneo, se celebró un concilio nacional, al que 
además asistieron algunos obispos de la G-alia, siendo absolutamente conde- 
nado el error del gallego Prisciliano, de Elpidio, de Instancio y de Salviano, 
por los votos de los santos padres en el mismo congregados. Para extirpar 
aquella herejía , que comenzaba entonces á serpentear y á ganar terreno , se 
creyó sin duda más á propósito el lugar que más henchido estaba de reliquias 
de santos. 

La detestable y pestífera herejía de Arrio, que se había diseminado la- 
tamente y propagado por algunas provincias y apoderado de casi toda Es- 
paña, no penetró sin embargo en la ciudad de Zaragoza, porque los nuestros, 
con la ayuda de Dios Omnipotente , siempre permanecieron firmes y constantes 
en el culto de la verdadera fe. Esta circunstancia ignoraban los reyes francos 
Childeberto y Clotario (2) , que habían invadido la España con grande ejército. 
Resueltos á exterminar el arrianismo , pusieron sitio á Zaragoza ( 525 ) (3) per- 
suadidos de que estaban también los nuestros manchados con los errores de la 
misma secta. «Los zaragozanos , son palabras de San Gregorio de Tours , se 
dirigieron a Dios con tanta humildad, que vestidos de cilicio y con ayunos ri- 
gurosos, llevaban procesionalmente la túnica de San Vicente mártir, cantando 
salmos alrededor de los muros de la ciudad. Seguían las mujeres en traje de 
luto, destrenzada la cabellera y cubiertas de ceniza, dándose golpes de pecho con 
hondos gemidos, cual si presenciaran los funerales de sus esposos. Puesta toda 
su esperanza en la misericordia de Dios , parecía que allí se celebraba el ayuno 
de los ninivitas, y que no podía menos de doblegarse a sus ruegos la divina cle- 
mencia. Misterioso era para los sitiadores el ver á los habitantes de la ciudad 
recorriendo en aquella forma sus mu/rallas, y lo atribuyeron á sortilegio. Un 
labriego a quien lograron prender, preguntado por el significado de aquella ce- 
remonia, disipó sus dudas, diciéndoles que llevabm en procesión la túnica de San 
Vicente y que imploraban con ella la protección del délo. Al saber la verdad, 
sobrecogidos de temor los francos, levanta/ron el cerco» (4). Abdon, arzobispo de 
Viena, Anón (5) , Gagüino (6) , y otros muchos escritores cuentan, que Chil- 
deberto y Clotario, al oir esto, se trocaron de enemigos en amigos, hicieron 

(1) Parece lo mas probable que se celebró en el 880 , aunque algunos lo fijan en el anterior y otros 
en el siguiente. El segundo concilio provincial y presidido por el metropolitano de Tarragona lleva la 
fecha de 542. Su objeto fué la abolición completa del arrianismo. El tercero se congregó en 691 para res- 
tablecer en algunos puntos la antigua disciplina. 

(2) Hijos de Clodoveo, rey de París el primero y de Soissons el segundo. 
(8) El MS. refiere este acontecimiento de un modo algo diferente. 

Según otros en 542 , después de haberse apoderado , entre otras varias poblaciones , de Pamplona y 
de Calahorra. 

(4) Al regresar á su patria cargados da botin , hallaron ocupados los pasos del Pirineo por un ejér- 
cito godo. Teudiselo, su general, les concedió un dia de tregua mediante una enorme cantidad de oro. 
Los reyes francos se pusieron inmediatamente en marcha cruzando las montañas con lo más florido de 
sus huestes. Los restantes perecieron todos á manos de los godos que , como una avalancha , se precipi- 
taron sobre los galos en aquellos desfiladeros, al espirar el plazo. 

(5) Quizas Aymon , Adalard, escritor y abad de Corbia, que murió en 826 , á los 72 años de edad. 

(6) Fecundo escritor del siglo zv. 



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cesar las hostilidades y depusieron al pronto las armas , comprendiendo que 
los nuestros eran ortodoxos. Convocados á su presencia el obispo de la ciudad 
y los principales senadores , lograron que éstos les regalasen la estola del már- 
tir San Vicente , la que , vueltos á su patria , depositaron en la iglesia ( 1 ) 
erigida en París bajo la advocación del santo. Añade Anón , que Germán, 
obispo de Paris , varón de mucha santidad y rectitud , inspiró á los reyes tan 
gran devoción hacia el bienaventurado mártir. Conjeturamos que ocupaba en- 
tonces la silla de Zaragoza Vicente I (2), pues consta que siendo Pedro 
cónsul (Noviembre de 516), asistió al concilio tarraconense y suscribió sus 
actas; ó tal vez Valerio II (3) á quien hemos visto citado en algunos docu- 
mentos (532). 

A éste , pero no inmediatamente , sucedió San Braulio , coetáneo y amigo 
de San Isidoro, el cual reedificó la iglesia de las Santas Masas (625). Este 
nombre llevaba entonces la gruta en que descansaban las reliquias de los in- 
numerables mártires de Zaragoza, de Santa Engracia con sus companeros, 
y de San Lamberto , situada en las afueras de la ciudad á las márgenes del rio 
Huerva. Nadie ignora , que allí existió antiguamente un monasterio de monjes 
benedictinos; siendo tanta la santidad de aquel templo, que Eugenio (651) 
desde su patria, Toledo, vino á ese lugar, tan insigne por su piedad, que aven- 
tajaba á todos los demás en religión, viviendo en él por espacio de algunos 
años. Aquí practicaba la regla de San Benito al ser nombrado por el rey godo 
Chindasvinto y por el clero de aquella iglesia prelado de Toledo, dignidad que 
bajo el nombre de Eugenio III, ilustró no poco con sus virtudes. Sobre esto 
preferimos á todos el testimonio de San Ildefonso: «A un Eugenio, dice, este 
santo, sustituyó en el episcopado otro Eugenio. El monacato hizo las delicias de 
este distinguido clérigo de la iglesia real. Huyendo previsor a Zaragoza, se ad- 
hirió en ella a los sepulcros de los mártires, dando principio al estudio de la 
sabiduría y i la vida cenobítica que había elegido. Arrancado de aquel asilo por 
la violencia del príncipe, vivió más con los méritos de las virtudes, que con las 
fuerzas corporales.» 

Esa iglesia cuentan haber pertenecido después á los canónigos de San 
Agustin, incorporándose (4) á la de Hueáca por largo tiempo. Engrandecida 
por los reyes católicos en vida de nuestros padres, se confió á los monjes Je- 
rónimos, bajo cuya fiel y piadosa vigilancia, son visitadas con singular vene- 
ración las reliquias de aquellos santos. Este asunto lo trató con la erudición 

( 1 ) De la Santa Cruz bajo la advocación de San Vicente , hoy San Germán de los Prados. Iglesia de 
oro se llamó por su extraordinaria magnificencia. Cubiertas estaban sus paredes de planchas de bronce 
sobredorado y de ricas pinturas sobre fondo de oro. Diferentes veces fué saqueada por los normandos, 
quienes la entregaron á las llamas en el siglo iz. Reedificada á principios del zi fué consagrada por 
Alejandro III. Quizá la parte inferior de la gran torre y su puerta adornada con estatuas de varios reyes 
pertenecen á la fábrica primitiva, obra de Childeberto. En ella fueron enterrados este monarca (558) y 
San Germán (576), que murió octogenario, y cuyo epitafio fué compuesto por Chilperico, el Nerón de 
los franceses. 

(2) El MS. : « Según el arzobispo D. Fernando , Valerio II j » según otros, Lucio. 

(8) El P. Risco dice , que esto sucedió en el pontificado de Juan I , que era obispo de esta ciudad por 
los años 540. «España sagrada, tomo 80. 
( 4 ) Pertenece todavía. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. Id 

que suele el limo. Sr. D. Antonio Agustín, arzobispo de Tarragona, en lá 
carta que nos dirigió , y que íntegra insertamos al fin de estos comentarios, 
para que sirva de gloria á nuestra patria el testimonio de un prelado tan 
eminente. De todo esto, y de mucho más que podríamos añadir, resulta 
haberse dicho con tanta frecuencia como con exacta verdad : que ha sido patria 
de mártires y madre de santos la ciudad de Zaragoza ( 1 ) . Y valiéndonos de la 
expresión de nuestro conciudadano Prudencio , el más aventajado de los poe- 
tas cristianos: en esto no la iguala, Car lago, y difícilmente la supera la misma 
ciudad de Roma. La mencionada elección de Eugenio III, fué unos sesenta 
anos anterior (2) á la pérdida de España. 

Al remontarnos á tan remota antigüedad, nos propusimos hacer notar, con 
esa constante y jamás interrumpida serie de grandes hazañas realizadas en 
Zaragoza, que desde la cuna de la naciente iglesia, siempre, hasta el dia de 
hoy , se ha practicado en ella el culto de la verdadera fe católica ; á fin de que 
su recuerdo, el mejor de los recuerdos, nos aliente á imitar con todo empeño 
esos ejemplos, escuchando las amonestacioiies de la misma ciudad, su patria 
y nuestra patria, sabiendo que en todas sus calles y plazas estampamos nues- 
tras plantas sobre las huellas de tantos mártires y santos; estimulándonos con 
esto, como si tuviéramos delante de los ojos cada uno de sus ilustres y glorio- 
sos triunfos alcanzados por su amor á Cristo. Aun después de la invasión sar- 
racena, no fué peor*su condición que la de otras ciudades españolas; cúpole 
á veces menos desgraciada suerte que á las demás. 

Dos eran (3), volviendo á nuestra narración, los principales caudillos del 
ejército invasor ; el uno Muza Abenzuir , del cual derivan algunos la palabra 
muzárabes; Taric, el otro, Abenzarca apellidado en árabe por faltarle un ojo. 
Con pasmosa rapidez destrozaron á Rodrigo y conquistaron todo su Reino, 
el que además de abarcar la España entera , se extendía á una parte del África, 
la provincia Tingitana, llamada por Sexto Rufo y otros autores España ul- 
tramarina ó España Tingitana, y también á la Galia gótica. No bastaron á 
contener las antes vencedoras Galias , ni aun con el dique de los Pirineos , el 
empuje de los desbordados moros. Rompieron éstos por España con tan vio- 
lenta furia, que, al decir del arzobispo de Toledo, no quedó ninguna iglesia 
catedral libre del yugo de los sarracenos. 

Engañaban, según el mismo autor, con falsas promesas (4) alas poblacio- 
nes que no podían sojuzgar á fuerza de armas. Ocupadas ya casi todas las ciu- 

(1) Ya la llamaba el Pacense á principios del siglo vin ciudad antiquísima y florentísima: Metró- 
poli de mártires la apellidó Baronio : hasta le han dado algunos el título de ciudad santa y segunda 
Roma. 

(2) En 646. 

(3) Así comienza en él MS. el presente capítulo. 

(4) Las condiciones impuestas á las ciudades españolas, que se rendían, eran la entrega de todas sus 
armas y caballos ; permiso para abandonarla los habitantes , dejando todoB sus bienes ; promesa de ser 
respetados en sus personas, creencias é intereses , los que en ella se quedasen pagando un tributo mode- 
rado. Con ellas abrió Toledo sus puertas al vencedor del Guada lete sin oponerle resistencia. Según el 
convenio ajustado entre Abdelaziz y Teodomiro , al pié de los muros de Orihuela , los cristianos debían 
pagar cada año un dinhar por cabeza, cuatro medidas de trigo, cuatro de cebada, cuatro de mosto, cuatro 
de vinagre , cuatro de miel y cuatro de aceita : los siervos ó pecheros la mitad. 



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dades , se reunieron ambos caudillos ( 1 ) para poner sitio á Zaragoza. Al fin se 
posesionaron de ella, bien por la suerte de las armas, bien engañándola con 
mentidos pactos. Sus cristianos habitantes, unos permanecieron ¿orno muzára- 
bes 6 tributarios; otros, huyendo á los montes Pirineos, dieron principio á la 
restauración de la patria , fundando los Reinos de Sobrarbe y de Pamplona, 
llamados después de Aragón y de Navarra. 

Bencio era á la sazón obispo de nuestra ciudad , como lo acredita un in- 
signe documento de alguna antigüedad , escrito en caracteres antiguos , que 
hemos hallado en el vetustísimo códice de San Juan de la Peíia. Es su título 
Canónica de San Pedro de Taberna. Colígese igualmente haber sido célebre en 
tiempo de los reyes godos , este monasterio de San Pedro de Taberna, sito en 
el condado de Ribagorza. Pero hemos oido, que en nuestros dias está agre- 
gado al no menos insigne monasterio de Ovarra, conservando el mismo nombro 
de Taberna , y también grandes recuerdos de su antigua celebridad. Por esta 
canónica. se verá con toda claridad, cuál fué el estado y condición de Zaragoza 
al perderse España. Por temor á la prolijidad, únicamente copiaremos (2) lo 
que hace más á nuestro intento. 



PROSIGUE LA CANÓNICA 

DE SAN PEDRO DE TABERNA. 



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« lliL venerable P. Davidio era entonces abad del monasterio de Taberna, y 
» tras él era el bienaventurado Belascuto el primero en el colegio de su con- 
»gregacion. Y con razón. Este bienaventurado Belascuto, se retiró un dia 
» ganoso de escribir. En cuyo deseo le acometió una enfermedad corporal. 

(1) Las huestes de Tarik penetraron en Córdoba, Écija, Elvira, Málaga y Toledo; recorrieron la 
Mancha, la Alcarria , la serranía de Cuenca pasando á Tortosa , y de allí á Zaragoza. Tenaz y vigorosa 
fué la resistencia de esta plaza : pero coincidiendo la escasez de víveres á los sitiados con la llegada de 
Muza , capituló por fin , aceptando las miBmas condiciones que las otras. Sin embargo , luego tuvieron 
que recurrir los habitantes á las alhajas de sus templos para satisfacer la codicia de Muza , que les im- 
puso una gruesa contribución de guerra. Este , que se había posesionado ya de Sevilla , Marida , Sala- 
manca y Astorga, tomando en rehenes lo más florido de la juventud zaragozana, y poniendo el gobierno 
de la ciudad en manos de Hanax Ben Abdala , voló de conquista en conquista, de Zaragoza á Huesca, 
de Huesca á Lérida , de Lérida á Barcelona , de Barcelona á Gerona , de Gerona á Ampdrias. De allí tor- 
ció á Galicia , pasando por Astorga , y volvió á penetrar en la Lusitania. Tarik , retrocediendo á Tortosa, 
ganó á Murviedro , Valencia, Játiva y Dénia. Tan rápidas fueron las conquistas, que en monos de doa 
años se enseñorearon los alárabes de casi toda la península. 

Véase Lafaente , Hist. de España , parte 2.*, lib. 1.° 

(2) No la trae el MS. Como se tiene por apócrifa, no trascribimos algunos párrafos que se leen en 
otros autores, y que omitió Blancas por parecerle inverosímiles, á pesar de haber sido nuestro cronis- 
ta, según May ana, más elocuente que crítico. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 21 

» Esta fué larga y penosa. Mucho se afligió con toda la congregación el abad 
» Davidio por la dolencia de tan gran siervo de Dios- Según costumbre, con 
»toda reverencia y religión, como tan grande hombre se merecía, vinieron á 
» visitarle y á encomendarle á Dios , según suele la Iglesia y ordena el apóstol 
» Santiago, diciendo: «¿Enferma alguno entre vosotros? Llame á los pres- 
» bíteros de la Iglesia, y oren sobre él ungiéndole con óleo en el nombre del 
» Señor: y la oración de la fe salvará al enfermo.» Visitado, pues, con esta re- 
»verencia::::::::::::::::::::::::::::::::::::: ::::::: y C on todo cuidado por el orden 
» eclesiástico, comenzaron á traer á la memoria la fundación del monasterio 
s> de Taberna. Pero siendo muy difícil á los otros, y más por la vetusta anti- 
» güedad , quisieron saber con toda solicitud del bienaventurado Belascuto el 
» principio de la iglesia de Taberna , como que él era , según se ha dicho, tan 
» sobresaliente por su mérito como avanzado en edad. Condescendiendo, pues, 
» este bienaventurado varón á los ruegos del abad y de la congregación , fiel- 
» mente y con veracidad procuró recordar lo mejor posible la erección del 
» monasterio de Taberna. Y comenzó así su narración: «Porgue ninguno po- 
to dría decir esto después que ¿l mismo hubiese salido de su cuerpo. » 

A esto siguen varias cosas que no son de nuestro intento, pero sí hace lo 
siguiente : 

«El año quince de su ordenación— la de Bencio, á quien antes llama mu- 
» chas veces beatísimo obispo de Zaragoza— recrudeció el furor de la perse- 
x> cucion. En cuyo tiempo Rodrigo era rey de España, y en ella entraron los 
» sarracenos. Tal era su furor en perseguir á los cristianos , que ninguno de 
» éstos pudo permanecer vivo en su presencia. Teniendo noticia de esta perse- 
» cucion el santo obispo Bencio , reunió á todos sus discípulos , y bañado en 
» lágrimas, les dijo: «Ved, hermanos, cuan grandes son los pecados de los 
» cristianos , que la divina venganza envía sobre nosotros la muy impía na- 
» cion de los sarracenos. Ahora, pues, hijos, escuchad los consejos de vues- 
» tro padre , y con vuestros códices y con el brazo de San Pedro apóstol y con 
» las demás reliquias ( 1 ) de los santos, ó marchemos á Roma (2) , ó huyamos 
» á los montes en donde no puedan hallarnos los sarracenos.» Al cual un mal 
» aconsejado discípulo respondió : « Ha llegado á nosotros de parte de esa im- 
» piísima nación de los sarracenos un mensajero , por medio del cual prome- 
» ten y juran: que cualquiera de los cristianos que quisiere habitar con ellos 
» no recibirá mal alguno. » Perturbados los demás con este mal consejo, no 
» siguieron el de su padre. Viendo el santo obispo que sus discípulos se nega- 
» ban á seguir sus insinuaciones saludables, llegada la noche, tomó el brazo 
» del apóstol San Pedro y las reliquias de otros muchos santos , y seguido de 
» unos pocos huyó sigilosamente de la ciudad. Armentario era entonces conde 
* de este país. A él se llegó huyendo el bienaventurado obispo. Y este clemen- 
» tísimo príncipe le preguntó qué deseaba, tan luego como oyó sus lamen- 
» tos. Al cual respondió el obispo : « Obispo de Zaragoza he sido , he venido 

(1) Respecto á las sagradas reliquias de la antigua iglesia zaragozana, véase la España sagrada 
tomos 80 y 81 , y en particular la página 202 del 80. ' 

(2) A ella , en opinión de algunos , se refugió D. Oppas. 



22 COMENTARIOS 

» huyendo delante de los sarracenos y te ruego encarecidamente que , si en tu 
» tierra tienes una iglesia fundada en lugar muy seguro , me hagas donación 
» de ella, para que habitándola yo pueda esconder en ella el brazo del apóstol 
» San Pedro y las reliquias de loa santos mártires y confesores que conmigo 
» traigo. » A quien el conde Armentario, de buena memoria, contestó : «Ten- 
» go en estos confines una iglesia erigida bajo la advocación de San Pedro 
» apóstol ; si te place , tómala y esconde en ella reliquias tan preciosas. » Lleno 
» de gozo al oir esto el obispo Bencio , llegó á nuestro monasterio , y como 
» convenía, fué honrosamente recibido por nuestro abad D. Donato y por toda 
» la comunidad. Trajo, pues, riquísimo tesoro. Y pasado el tiempo de su vida, 
» felizmente terminada , descansa en el mismo lugar. Por el mismo tiempo 
» reinaba sobre los francos el valeroso rey Carlos. Al cual fui yo enviado por 
» D. Donato, y le referí todo lo sucedido. Así que él oyó tales cosas, me pro- 
» metió venir á las Españas con muy numeroso ejército y abundantes provi- 
» siones para arrojar de ellas á los sarracenos y devolver la libertad á la pa- 
» tria. Y por amor al apóstol San Pedro me concedió la libertad de nuestro 
» monasterio , y á mí me dio muchos regalos , y con toda prosperidad me en- 
j> vio á nuestro monasterio. Todavía á mi regreso de Francia vivía el santo 
» obispo Bencio , y en el dia por él designado se consagraron nuevos altares 
» para guardar en ellos las preciosísimas reliquias de los mencionados santos. 
» Dedicó , pues , un altar en honor de San Pedro , y en él colocó el brazo del 
» mismo apóstol y reliquias del vestido de la bienaventurada Virgen y reli- 
y> quias del cuerpo del apóstol San Pablo, y de San Andrés y de Santiago, 
» hermano de San Juan Evangelista , y muy preciosas reliquias de San Loren- 
» zo , levita y mártir , y otras muchas reliquias de santos que ahora no puedo 
» enumerar á causa de mi debilidad. Consagró además otro altar en honor de 
» San Juan Bautista, con las reliquias siguientes: un pequeño vaso de plata 
h lleno de la preciosa sangre de los apóstoles bienaventurados , esto es muy 
» cierto , y cenizas del cuerpo de San Juan Bautista , y reliquias de las vesti- 
» duras y cabellos de San Juan Evangelista, y reliquias de otros muchos san- 
» tos que, por ser tantas, no las puedo recordar. Erigió también otro altar en 
» honor de San Esteban Protomártir , en el cual depositó dos dedos del mismo 
» santo , reliquias del cuerpo de San Bartolomé apóstol y del apóstol San Ber- 
» nabé , y de San Cipriano mártir , y la cabeza de Santa Nunilon , y una espá- 
»tula (1) de Santa Alodia, y una partícula del leño de la cruz del Señor. 
» Terminadas , pues , estas cosas con la debida veneración y convocados los 
» obispos de toda la provincia, designó el dia para la dedicación de la Iglesia. 
» Dedicación que se celebró con toda magnificencia. A ella concurrieron siete 
» obispos y el mencionado conde Armentario y un varón muy noble, por nom- 
»bre Redempto, y yo pecador Belascuto. Yo os juro, hermanos mios muy 
» amados, por el dia del tremendo juicio, haber dicho en verdad cuanto os he 

(1 ) Espalda de Santa Alodia el P. Murillo. Quizá homoplato. Estas dos santas de Adahuesca fueron 
martirizadas (21 de Octubre del 840) á mediados del siglo tx. Sus cuerpos, rescatados por los re- 
yes de Navarra pocos anos después , fueron trasladados á Leire. Es , pues , más verosímil que se lea en la 
canónica, como quieren otros, la cabeza de Santa Nonia y el homoplato de Santa Albina. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 23 

» contado , porque lo vi con mis ojos , y algunas cosas que no vi , las he oido 
» de boca de fieles::::::::::::::::::::::::::::::::: Esto el bienaventurado Belascuto 
» dijo, y victima de la enfermedad enmudeció, y de buenas obras::::::::::::::: 
» el dia (1) :::::::::::::::::::::::::::: de Marzo pasó á los cielos, y junto al altar 
» del apóstol San Pedro sepultado ::::::::::::::::::::::::::::::: imperando nuestro 
» Señor Jesucristo , que vive y reina por todos los sigios ::::::::::::::::::::::::: 
» hay muchas reliquias y están rotuladas (2) para su mayor veneración. Y 
» allí está la cabeza::::::::::::::::::::::::::::::::: y en el menor un pequeño vaso 
» de plata que encierra muchas reliquias de santos::::::::::::::::::::::: de Justo 
» y Pastor ( 3 ) y de las Santas Justa y Rufina , y allí está escrito como arriba 
»se ha:::::::::::::::::::::::::::::::::: de Belascuto. Así hemos visto estar en los 
» altares. » 

Tal es el contenido de la canónica de San Pedro. No nos atrevemos á sos- 
tener, que merezca entero crédito. Aseguramos, sí, con toda verdad, que la 
hemos copiado fielmente del antiquísimo códice de San Juan de la Peña. An- 
tiguos son los caracteres, tan antiguo el pergamino que, á nuestro juicio, 
presenta grandes visos de probabilidad. 

No recordamos haber visto en parte alguna nada relativo á Bencio ; sospe- 
chamos sólo por indicios , que éste fué inmediato sucesor del obispo Baldefre- 
do , mencionado por el concilio XIII de Toledo celebrado en tiempo del rey Er- 
vigio ( 683 ) , y cuyas actas están suscritas por el abad Freydebando , vicario 
del obispo de Zaragoza, Baldefredo. Este prelado asistió después á otros dos 
concilios toledanos, celebrados por Egica (688 y 693) , desde cuya fecha hasta 
el (700) en que según el testimonio de Belascuto era Bencio obispo de Zarago- 
za, sólo van trascurridos siete años. El (714) de la pérdida de España era el 
decimoquinto de la ordenación, ó sea, á nuestro parecer, de la consagración 
del mismo Bencio. Deducidos, pues, estos quince años del (714) en que se 
perdiera España, resulta que Bencio comenzó su episcopado á principios de 
aquel siglo (700) , hasta el cual sólo promedian siete desde (693) las últimas 
noticias de Baldefredo. 

No es nuestro propósito continuar en este lugar la serie de los prelados 
zaragozanos. Lo haremos en otra obra, que meditamos, tratando de todos 
ellos, desde los albores de la Iglesia hasta la época presente. Además de los 
arriba mencionados , hubo otros muchos , cuyo catálogo en obsequio del lector 
daremos al fin de este capítulo. Ahora nos hemos propuesto únicamente ma- 
nifestar, que Bencio sucedió á Baldefredo, y que ni los nombres ni la cro- 
nología están en pugna con el testimonio de Belascuto. 

Las palabras de éste nos hacen conocer, que Donato era á la sazón abad del 
monasterio de Taberna, en donde sucedió todo esto, y que el conde de los 
nuestros, Armentario, se había apoderado de un extenso territorio , que tal 

( 1 ) El dia 15 de Marzo lee Briz. 

(2) Dice el texto : = < Sunt reliquia multce quorum delectatu sunt no t amina. *= Confesamos ingenua- 
mente que no entendemos este pensamiento. 

(8) Los cuerpos de los Santos Justo y Pastor se hallan en Huesca, según la tradición, y algunas 
reliquias en el Escorial. 



i4 COMENTARIOS 

rez íbera el de Ribagorza. De esto no hemos hallado noticias en ninguna 
parte. Recordamos, sí, haber leído en documentos antiguos el nombre de un 
Redempto, personaje ilustre de esta época, pero no nos atrevemos á precisar 
el año. 

Nos maravillamos, y no poco, de que tantas reliquias de santos, y aún 
más de que el brazo del apóstol San Pedro , á ser verdad , hayan permanecido 
tantos siglos en el monasterio de Taberna, sin que nadie pensara jamás en 
trasladarlas á esta capital ; bien que ni los modernos ni los antiguos anales, 
ni las historias propias ni las extranjeras, certifican un suceso de tanto bulto. 
Dícesenos al escribir esto, que en el monasterio de Ovarra , al que hoy se halla 
incorporado el de Taberna, está en mucha veneración el brazo de un santo er- 
mitaño llamado Pedro, nó el del apóstol del mismo nombre. La semejanza de 
éste dio quizá lugar á la equivocación. De ser cierto, fuera más digno de glo- 
ria y alabanza, y debiera ser preferido á muchas de nuestras antigüedades. 
No es nuestro intento depurar esta verdad ; gustosos cedemos su examen á 
otros que nos aventajan en el conocimiento de las cosas antiguas. 

No creemos sea Cario Magno, sino Carlos Martel, padre de Pipino, aquel 
Carlos, rey de los francos, de quien se habja en la canónica de San Pedro, 
pues Carlos Martel comenzó á reinar , según atestiguan los anales de los fran- 
cos en 725: aunque no resultaría inconveniente alguno en entender aquellas 
palabras del rey Cario Magno. Este, dice Emilio, empuñó el cetro en 769. 
Bien pudo en este año , y aun algo después , ir á visitarle á la Galia el men- 
cionado Belascuto, que llegó á edad muy avanzada, como lo manifiestan sus 
mismas palabras, y el hecho mismo de preguntarle el abad Davidio y sus 
monjes sobre la antigua fundación del monasterio. Porque hallándose él á las 
puertas de la muerte , y estando ofuscada su razón , parece haber reservado sus 
últimas fuerzas para el relato de esta antigüedad. En cuanto á nosotros , plá- 
cenos más referirlas á Carlos Martel. 

No nos ha sido posible descifrar ni el dia de la muerte de Belascuto, ni leer 
muchas otras cosas que hemos sustituido con puntos. Claramente se desprende 
del texto de la misma canónica, para no hacer más larga esta digresión , cuál 
fué el estado de Zaragoza al caer bajo el yugo de los moros; y también ser 
verdadera la tradición que cuenta haber permanecido pagando tributo muchos 
cristianos , engañados con las falsas promesas de los árabes. Estos fueron los 
que se negaron á seguir el saludable consejo del obispo Bencio. Mientras ocu- 
paron los moros la ciudad , los cristianos vivieron circunscritos á la parroquia 
de Nuestra Señora del Pilar. 

A esta época eleva la tradición, y lo mismo se desprende de antiguos per- 
gaminos, la erección de la cofradía de Santa Maria la mayor ó del Pilar, lla- 
mada en los más antiguos documentos, Cofradía muy insigne y antiquísima; 
si bien la creen algunos fundada en tiempos anteriores. Es de todos sabido, 
que en su templo , tan célebre como venerado , residieron aun en tiempo de 
los moros algunos sacerdotes, y á veces los mismos obispos de la ciudad. 

Los prelados que hubo en ésta desde el nacimiento de la Iglesia hasta la 
invasión de los árabes en España , época que narramos en el presente capí- 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 25 

tulo, son: San Atanasio, discípulo de Santiago , y según la tradición , uno de 
los nueve conítertidos por el mismo apóstol á la fe de Cristo. =San Félix. = 
San Valero I. = Valero IL=Clemente.=Costo. = Vicente I. = Lucio. = Va- 
lero m.=Vicente II.=Simplicio.=Máximo.=Juan.=San Braulio. =Tayon. 
=Baldefredo; y finalmente Bencio (1), de quien hemos tomado ocasión para 
formar el catálogo de sus antecesores. En otro lugar formaremos el de los 
obispos que le han sucedido hasta nuestros dias. Volvamos á la narración. 



PRINCIPIOS DEL REINO DE SOBRARBE. 



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s 



iendo muchas y varias las opiniones de los historiadores sobre el origen del 
Reino de Sobrarbe , sobre quiénes fueron los primeros señores , y sobre si éstos 
han de apellidarse reyes ó capitanes , expondremos nosotros los acontecimien- 
tos , la serie y cronología de los reyes , según nuestra opinión , explicando los 
motivos, que hemos tenido para abrazarla, en la controversia que entablaremos 
después para dilucidarlo todo. No se nos oculta el inconveniente de ser escru- 
pulosos hasta el exceso en las tradiciones históricas. Pero se halla tan invo- 
lucrada, que no podemos buenamente dispensarnos de hacer alguna luz en 
nuestra historia. Por esta causa, no dudaremos, siempre que lo juzguemos 
conveniente para comprobar la verdad , abandonar los caminos trillados y abrir 
otros nuevos, ya que nos hemos propuesto valemos únicamente de argu- 
mentos fundados en la para todos evidente verdad de antiguos documentos. 
Terminemos ya la comenzada narración de la ruina de la patria, en la que 
tuvo su origen el Reino de Sobrarbe. 

Presa de los árabes Zaragoza ; las ciudades , los municipios , todas las co- 
marcas próximas* corrieron bien pronto la misma suerte. Los más de sus cris- 
tianos habitantes recusaron las condiciones de la servidumbre, ofrecidas por 
los infieles ; huyeron abandonando sus hogares ; y dirigiéndose á los lugares 

(1) El P. Risco excluye de este catálogo á San Atanasio, Teodoro, Epitacio, Clemencio, 6 Clemente, 
etcétera. Según dicho autor, los obispos de Zaragoza anteriores á su conquista por el Batallador, son: 
Félix dudoso, San Valero 290 A 315; Gasto 84*7, Valerio II 380, N 458, Vicente 516, Juan 540, Vi- 
cente II 580, Simplicio 586 ¿ 592, Máximo 592 á 619, Juan II 619 á 681 , San Braulio 631 á 651, Tayon 
(Samuel) 651 , Valderedo 683 , Sénior 845, Eleca 890 á 902, Paterno 1040, español, no francés; Julián 
10T7, Vicente 1111 , Pedro 1112, Bernardo 1118. España sagrada , tomo 80, en donde pueden verse las 
obras de San Braulio, y las sentencias de Tayon en el 31. 

Obispos anteriores á la invasión sarracena: San Atanasio, Teodoro , Epitacio, Félix , Valero I , Vale- 
ro II , Valero III , Clemente , Costo 6 Casto , Valero IV , Pedro I , Simplicio , Luciano , Isidoro , Vicente I, 
Juan í, Vicente II > Simplicio II, Marco Máximo , Juan II , Braulio , Tayon, Valderedo, Bencio. (P. Mu- 
riilo en la historia de la Virgen del Pilar). 

4 



20 COMENTARIOS 

montañosos de los Pirineos ( 1 ) , fabricaron entre los más fragosos peñascos 
sus viviendas, á manera de chozas (2) de pastores, cubiertas dé troncos y ra- 
maje de árboles silvestres. Vagaban diseminados y en continuas escaramuzas 
con los moros; pero no lograban hacerse superiores á éstos. Unos trescientos 
que lograron reunirse, fortificaron no lejos de Jaca, en el monte Oruel, una 
caverna inaccesible por lo accidentado del terreno , y circundada de peñascos 
enormes, convirtiéndola en alcázar, con la esperanza de escapar en ella al 
furor de los árabes, como Pelayo en las montañas de Auseba (3) . Durante al- 
gún tiempo , ésta sirvió á los nuestros de asilo , del cual se descolgaban á veces 
para molestar á los enemigos con frecuentes excursiones. 

Había sucedido ya por orden del califa Vlith á Muza-Abenzuir, en el go- 
bierno de los árabes españoles, su hijo Abdalaziz (4), que tomó por esposa 
á Egilona , la viuda del rey Rodrigo , é hizo de Sevilla la capital de su emi- 
rato (5). Éste, luego que tuvo noticia de los preparativos hechos en la cueva 
por los nuestros, temiendo no le sobreviniese á él y á los suyos algún desca- 
labro, como el causado por Pelayo en Auseba, reunió sin perder tiempo las 
gentes de guerra para reprimir los ímpetus de los nuestros. Nombrado jefe de 
esta expedición Abdelmelich-Abencatan (6), cerca y toma la cueva, pasa á cu- 
chillo á todos sus moradores, hombres y mujeres, aun á los niños de pechos 
en el regazo de sus madres , y arrasa hasta los cimientos todas las obras de 
defensa preparadas por los nuestros (7). Hoy existen todavía algunos vesti- 
gios de sus ruinas. Revolviendo luego sus armas contra los lugares inmedia- 
tos, los asoló con increíble furor, llevándolo todo á sangre y fuego. Pero 
noticioso de la muerte de Abdelaziz en Sevilla ( 8) á manos de los suyos (719); 
mirando por sus intereses particulares, resolvió retroceder con sus tropas, y 
bajar á la tierra llana, dejando guarniciones de los suyos en los castillos más 
fuertes. Los nuestros que se habían librado de la matanza y que vagaban por 
los campos , respiraron entonces , y se repusieron algún tanto del temor de 
los enemigos. Llegado Abdelmelich á la llanura (9) , y tomando parte en las 
guerras civiles que se siguieron entre las diferentes razas de su nación, pu- 
dieron los cristianos habitar las mismas montañas con mayor libertad, y aun 
vivir en medio de las aldeas. 

( 1 ) A pesar de lo que han escrito varios autores , nunca llegaron los árabes á dominar , ni siquiera 
con la vista , los valles altos del Pirineo. 

(2) El MS. : • Como pequeños nidos. » 

( 3 ) Otros Auseva ó Ausera ( 718 ) . 

(4) Algunos opinan que Abdelaziz abrazó el cristianismo. 

(5) Los walíes ó emires de España estaban subordinados á los de África, y éstos recibían directa- 
mente su poder y autoridad de los califas de Damasco. 

( 6 ) Abdelmelik Ben Cotan ( 784 ) . 

(7) No debió ser tan feliz paralas armas sarracenas el resultado de esta expedición , cuando fué de- 
puesto su caudillo , y el califa preguntaba la causa de malograrse todas las invasiones en los montes de 
Afranc. 

Lafuente, hist. de Esp., parte 2 \ lib. 1.°, cap. 3.°; y Foz , Hist. de Aragón, pág. 98 y siguientes. 

(8) Por .orden del califa, su cabeza fué llevada á Damasco (716) . Una muerte oscura y una vida 
acibarada por la desgracia , fué también la recompensa que , tanto & Muza como á Tarik , dio la ingrati- 
tud de su señor en premio de sus conquistas. 

(9) Estos sucesos ocurrieron dieciocho años después de la muerte de Abdelaziz. 



J 



DB LAS COSAS DE ARAGÓN. 27 

Ya antes de estos acontecimientos , un hombre llamado Juan , de santas é 
irreprensibles -costumbres , hacia vida de anacoreta en la misma cueva del 
monte Oruel. En ella habia dedicado y construido á San Juan Bautista una 
pobre y pequeña capilla, que pequeña y pobre debia ser por la escasez de sus 
recursos , y allí piadosa y religiosamente se deslizaban sus años con aquel 
método de vida, teniendo por mejor habitar entre las fieras con la más estre- 
cha pobreza, que con los hombres en tiempos tan revueltos , entre tantas mu- 
' danzas y trastornos. Este cenobita por el pueblo en que nació , llamábase Juan 
de Atares. Inmediatamente después de su muerte , comenzaron los nuestros á 
venerarle y á tenerle en gran devoción , creyéndole colocado en el número de 
los habitantes del cielo. Dos hermanos- zaragozanos , llamados Otón ó Voto y 
Félix, se propusieron (1), siguiendo las huellas de tan eminente santo, imitar 
el mismo tenor de vida y el ejemplo de sus virtudes, también en la misma 
cueva. Bien pronto se les unieron otros dos, Benito y Marcelo, cuando aque- 
llos habian hecho algunos progresos en el ejercicio de la virtud. Ligados los 
cuatro con los amorosos* lazos de la fraternidad religiosa, se ocupaban asidua- 
mente en el servicio del omnipotente Dios, con ayunos, oraciones y otras obras 
piadosas. Los nuestros visitaban con frecuencia ese lugar , que de dia en dia 
se hacia más famoso con tantos prodigios de santidad , y no salían de él poco 
confortados para tomar Indefensa de la fe católica , y resignados á tolerar las 
adversidades. 

Reunidos allí en cierta ocasión (2), por disposición divina, gran número 
de cristianos de diversas partes que, lanzados de su patria, vivían cual hués- 
pedes ó extranjeros, si ya no como salteadores, en las vastas soledades de 
los montes, mansión destinada á las fieras por la naturaleza, mientras ufanos 
con tantas victorias los mahometanos profanaban los lugares consagrados á 
la religión; disipó la infinita bondad de Dios las mortales angustias y el más 
profundo abatimiento de aquellos españoles , haciéndoles concebir fundadas 
esperanzas de alcanzar la ya no esperada salvación de la patria. Llegaba hasta 
ellos cada dia con más frecuencia la fama del valor y proezas del infante Pe- 
layo y de los suyos en Asturias, contra los enemigos de la fe; y llegaban 
también los ecos de las numerosas maravillas acaecidas en sus combates. Mo- 
vidos, es de creer, igualmente los nuestros por inspiración divina, para llevar 
á cabo no menores hazañas, juzgaron que el remedio único contra tamaños 
males, era someterse á una disciplina militar, y ponerse todos para destruir 
á los moros, bajo las órdenes de uno sólo. Tal fué el principio del Reino de 
Sobrarbe. 

(1) Bu 'Ufó TOO. 

(2) El MS. : «Para los funerales de Atares.» 



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LOS SIETE REYES DE SOBRARBE 



GARCÍA JIMÉNEZ 

Rey i.° de Sobrarbe. 



p 



reparados todos en aquella sagrada capilla con vigilias y ayunos , y diri- 
giendo muchas súplicas y plegarias para aplacar la cólera del omnipotente 
Dios , y celebrado al fin un dia el santísimo Sacrificio de la misa, fué elegido 

ynombrado rey el primer jefe y capitán principal de 
las* tropas, un soldado emprendedor y valiente de la 
real sangre de los godos 6, según otros, de la antigua 
raza española , llamado García Jiménez ( 1 ) , por el voto 
de todos y por unánime aclamación. Este se babia apo- 
derado de las Amezcoas y de Abárzuza en la Cantabria, 
antes de la batalla del Guadalete. Ocupada después esa 
región por los moros , se habla refugiado á las alturas 
de nuestros montes. Y como estuviera presente en aquel 
congreso , fué saludado con el titulo de rey. Discrepan 
mucho los autores sobre el año de este acontecimiento. 
Numerosas y varias son las opiniones. En esto segui- 
remos nosotros principalmente la antigua historia pinatense , por ser en nues- 
tro concepto el documento más verídico y más ilustre de nuestras cosas , y de 
la cual no se aparta mucho el valenciano Beuter. Según estos autores, parece 
haberse verificado la elección (2) por los años 724. La opinión antigua y cons- 
tante es^ que se condecoró á García con el titulo de rey, nó con el de capitán, 
y que en esto obraron cuerdamente nuestros mayores, ya para que él se em- 
peñase más y más en defender por si mismo su nueva dignidad , ya para que 
el nombre de la majestad real fuese más terrible á los sarracenos. De modo 

( 1 ) ó Garci-Jimenez. 

(2) Algo antes debió ser la elección , puesto que el ruido de la sorpresa de Ainsa, abultado por la 
fama , infundió aliento & los cristianos de la tierra llana , para levantarse (TOS) contra sus dominadores* 
Esta rebelión fué pronto reprimida y fuertemente castigada. 




COMENTARIOS DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 29 

que los principios de nuestro Reino ( 1 ) , casi pueden con razón equipararse á 
los principios del Reino de Pelayo. Tomando, pues, sobre sus hombros el peso 
de su Reino nuevo, el nuevo rey hizo jurar á todos que ejecutarían cuanto les 
fuese ordenado. 

Al prestar el juramento los nuestros, más fuertes por su ánimo levantado 
que por el número , cual si augurasen los prósperos sucesos del porvenir , sal- 
taron de gozo y se enardecieron de nuevo furor bélico. Hallábanse no lejos de 
la ciudad de Jaca. No se creían , sin embargo , con poder y fuerzas bastantes 
para rendirla, por estar guarnecida con buen golpe de gente mora. Pero sa- 
biendo que no era empresa tan difícil el apoderarse de Ainsa , próxima al país 
de Ribagorza, en el silencio de la noche, pasando junto á Jaca por veredas 
extraviadas , á fin de evitar el encuentro de los moros que podrían estorbar su 
intento , cayeron de improviso sobre aquella plaza. Y sucedió como lo espera- 
ban. Los nuestros se apoderaron de Ainsa (2); y reuniendo en ella con celeri- 
dad todas las fuerzas cristianas , la fortificaron con torres y castillos para resis- 
tir el ataque de los enemigos que creían inmediato. En efecto; numerosa mo- 
risma marchó contra ellos resuelta á pasarlos todos á cuchillo , contando por 
segura la victoria, confiada en su misma muchedumbre. Creyéndose á su vez 
el rey García fuerte y poderoso para resistir á los moros dentro de los muros, y 
fcun para salirles al encuentro , se precipitó fuera de la población , presentán- 
doles la batalla. Mas así que divisó aquel enjambre de moros , se creyó en el 
último apuro , y que sólo del cielo podía esperar su salvación. Dábanlo ya todo 
por perdido, y se imaginaban marchar á la muerte cuando , según cuentan, 
apareció en los aires una cruz roja sobre verde encina en campo de oro. Te- 
niendo esta visión por seguro presagio de la futura victoria, marcharon con 
nuevos bríos á la pelea. É implorando la ayuda de Dios y el auxilio de San 
Juan Bautista , puesto que peleaban por la verdad de la fe , se lanzaron á la 
carrera sobre los moros ; y luchando con el mayor denuedo , los derrotaron por 
completo, aclamando de nuevo con el mayor aplauso, y felicitando con espan- 
sion militar al mismo García, como rey glorioso é invicto , por haber triunfado 
de los moros con tanta gloria. De este suceso se llamó aquel país Reino de So- 
brarbe; y la cruz celeste sobre el árbol, fué en lo sucesivo el escudo de armas 
del mismo Reino de Sobrarbe , del rey y sus descendientes , brillando como 
florón resplandeciente de la dignidad real. Y que éste no tuvo otro origen, lo 
pregona la fama ; lo celebra una antigua , constante é ilustre tradición ; y lo 
repiten los historiadores. Convertida Ain3a en castillo principal, fué la capital 
del antiguo Reino de Sobrarbe , á cuya gloria contribuyeron las poblaciones 
que poco á poco se iban conquistando. 

Agradecido el rey García al singular beneficio recibido del cielo , enrique- 
ció y exornó con abundantes dádivas la capilla de San Juan Bautista en el 

( 1 ) El MS. , folio 82, dice : «De modo que también los principios de nuestro Reino pueden con razón, 
etcétera.» Esta opinión no es únicamente la del príncipe Carlos, sino también la del antiguo historiador 
de nuestras cosas , y de otros muchos autores , cuyo testimonio no debe rehusarse , por estar fundado en 
nuestros documentos más antiguos y en la tradición común. 

(2) El MS. : « A la primera embestida. > 



80 COMENTARIOS 

monte Oruel , la que tiempos adelante sirvió de panteón para él y sus suceso- 
res ( 1 ). De la enorme roca en que estaba practicada la cueva , se llamó San 
Juan de la Peña. 

Muchas victorias alcanzaron después los nuestros ; varias poblaciones de 
Cantabria arrancaron del poder mahometano ; y con estas conquistas, que supo 
conservar, ensanchó el rey Garcia los dominips del Reino de Sobrarbe. Cu- 
bierto de gloria, murió, según Beuter, en 758 (2). 

Por muerte de éste rey , pasó el cetro , con general y unánime consen- 
timiento, á manos de su hijo Garcia, llamado liüguez , del nombre de su madre 
Iñiga ó Enenga. Del mismo rey debió ser también hija, si nos fijamos en la 
cronología, aquella Momerana ó Munina, que Alfonso el Sabio, rey de Cas- 
tilla , y Rodrigo , arzobispo de Toledo , dicen haber casado con Fruela , rey de 
León (755). Pues si bien la creen otros nieta de Andeca é hija de Eudon, tronco, 
como demostraremos luego, de nuestros condes aragoneses , los dos escritores 
mencionados hacen, sin embargo, á esa Munina, descendiente de los reyes 
de Navarra : de modo, que con el grave testimonio de estos autores , se prueb* 
además haber sido rey este Garcia , no habiendo quien ignore que ningún otro, 
por esa época, fué rey hacia esta parte de los Pirineos. En el capítulo que 
destinamos á refutar las varias opiniones de algunos autores sobre los princi- 
pios del Reino de Sobrarbe, probaremos que Garcia era rey de Sobrarbe, no de 
Navarra; y expondremos la opinión de aquellos escritores. Gauberto Fabricio 
y algunos historiadores nuestros dicen , que en esta primera elección del rey 
Garcia Jiménez , se instituyó el antiguo fuero de Sobrarbe , y se creó el ma- 
gistrado Justicia de Aragón. Nosotros, siguiendo á otros autores, creemos ha- 
berse verificado esto durante el primer interregno , de que luego trataremos; si 
bien no tenemos dificultad en admitir que tuvo su origen por este tiempo (3). 



GARCÍA IÑIGUEZ I, 

Rey 2.° de Sobrarbe. 



1 an pronto como Garcia (4) subió al trono por muerte de su padre (758), 
abrasado en deseos de engrandecer su Reino, hostigó vivamente y sin descanso 
á los moros, tomándoles algunas poblaciones. Pamplona, capital de los Tascos, 
fué una de ellas , cuya conquista ilustró más y más la gloria de su nombre. Iru- 



( 1 ) Mario sin sucesión , y siguió un interregno de algunos anos. Fox. 

(2) Hacia el 726. MS , fól. 84. Siguiendo al príncipe Carlos. 

(8) MS , fól. 84. c Siguiendo al príncipe Carlos No sin fundamento se puede conjeturar que tu- 
vieron algún principio por este tiempo.» 

(4) MS. , fól. 84 , vuelto. « García Ifiiguez tomó el nombre de su padre García, y de su madre Iniga 
el sobrenombre. Por esto , a an posible , debería llamarse matronímico, no patronímico. • 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. ftí 

nía se llamó esa ciudad en la lengua del pais. Pretende el principe Garlos, que 
le dio su nombre el rey Wamba, y que debe llamarse Bambalona no Pompelona, 
ni Pompeyópolis como muchos pretenden, 6 sea ciudad de Pompeyo el Grande. 

De tan glorioso triunfo, que libertó de la torpe servidumbre mahome- 
tana una ciudad tan célebre , dio cuenta el rey García al papa León III , en- 
viándole por medio de sus embajadores un estandarte, tomado á los moros al 
apoderarse de la ciudad , en señal y como trofeo de la victoria, fin adelante 
usó García el título de rey de Pamplona ó de los pamploneses. Pero no fué du- 
radera esta conquista, volviendo poco después á caer la ciudad bajo el domi- 
nio de los moros (1). Sabido es que ella, y aun toda la Navarra, corrió la 
suerte de las variaciones y trastornos propios de aquellos aciagos tiempos. 
Oprimida las más de las veces bajo el yugo de los árabes, ocupada otras por 
los reyes de Asturias, ó por los nuestros de Sobrarbe, estuvo también bajo el 
dominio de los galos, cuando, cruzando los Pirineos, la arrancó Cario Magno 
al poder sarraceno, dejándola por completo desmantelada. Así no es de admi- 
rar que, agitada por tantas tempestades, haya tenido asimismo tantos liber- 
tadores. Uno de éstos fué el rey García, si bien fué breve su dominación. 

Después de haber llenado gloriosamente sus deberes , murió este rey ( 802 ) 
dejando un hijo, por nombre Fortun, llamftdo infante de Sobrarbe, que le he- 
redó inmediatamente. Fué sepultado en San Juan de la Peña. 

Nada sabemos con certeza respecto al nombre de su madre. De antiguos 
documentos , que tenemos á la vista , pertenecientes á la iglesia de San Juan 
de la Pe&a, se colige, sin embargo , haberse llamado doña Toda. 

En tiempo de este García , segundo rey de Sobrarbe , el esclarecido y vale- 
roso Aznar filé el primero que tuvo el nombre y dignidad ilustre de conde 
de Aragón. 



PRINCIPIO DEL CONDADO DE ARAGÓN. 



IV^KVWWWVWVWVA^V^ 



JL/itrantb las guerras de Pamplona que hemos mencionado bajo el rey García 
Iñiguez , según cuentan , un valiente soldado llamado Aznar , nieto de Eudoü 
duque de Aquitania , llegó de Cantabria á estos lugares del Pirineo , ávido de 
guerrear á las órdenes de aquel monarca. Acometiendo á Jaca, y habiéndose 
apoderado de ella , y de algunos otros lugares en los contornos , con su intre- 
pidez y con el valor de los suyos , logró que el rey le hiciera donación de ella, 
y le nombrara conde de aquella comarca , que apenas se extendía á dieciseis 
mil pasos de superficie. Esta recibió su nombre de los dos ríos Aragonés que 

( 1 ) MS. , fól. 85. «La pérdida de Pamplona acaeció después de la muerte de García Iftiguei. » 



l 



82 COMENTARIOS 

la circundan casi toda, y de ella se formó el condado aragonés. Áznar fué el 
tronco de los condes aragoneses. De la unión del condado aragonés y del 
Reino de Sobrarbe nació más adelante , como luego veremos , el esclarecido 
Reino de Aragcfn , que por sus victorias se hizo tan célebre en tojla la redon- 
dez de la tierra. Pero ya se nos presentará mejor ocasión para tratar de esos 
condes : volvamos á los reyes de Sobrarbe. 



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FORTÜN I, 

Rey 3.° de Sobrarbe. 



F, 



ortun I, hijo de Garcia Iñiguez y nieto de García Jiménez, llamado in- 
fante de Sobrarbe — título que designaba al futuro heredero del Reino — suce- 
dió ( 1 ) en éste con general aprobación á su difunto padre. En sentir de algu- 
nos, Fortun es sinónimo de Ordofío. Apenas reinó trece años. Pero en éstos 
ejecutó brillantes proezas. 

En el sétimo de su reinado ( 809 ) , consta haberse trabado , á las faldas 
del Pirineo, aquella gran batalla de Roncesvalles , en la que, valiéndonos de 
las palabras del francés Emilio, sufrieron una derrota (2) cual ni más com- 
pleto desastre ni más pregonada mortandad tuvieron jamás las huestes de los 
francos. Allí perecieron los capitanes más esclarecidos, los principales hé- 
roes de la Francia, vencidos por el valor y singular denuedo de Bernardo 
del Carpió (3), auxiliado por Marsilio, régulo moro de Zaragoza. Parécele 
á Garibay probable que asistió á ella en persona el rey Fortun (4) , peleando 
briosamente contra los francos. Nosotros lo tenemos por incierto ; al menos 
en ningún otro autor lo encontramos atestiguado. Además, según nuestra 
opinión , no estaba por entonces la Navarra bajo el cetro de Fortun ; pertene- 
cía al Reino de León y á su rey Alfonso. Este fué quien alcanzó de los francos 
tan señalada victoria, aunque demasiado sabemos que no agrada esta opinión 
al gravísimo historiador Ambrosio de Morales. 

Refiere el mismo Garibay, y está bastante comprobado, que habiendo al- 
gunos moros penetrado en son de guerra por los dominios de Fortun , éste les 
salió al encuentro, y avistándolos junto á Oleas , donde largo rato se peleó 
con ardor por ambas partes , al fin alcanzó de ellos un glorioso triunfo , con- 
cediéndoles por lo mucho que á él contribuyeron , el insigne privilegio de no- 

( 1 ) «La costumbre había ya hecho hereditaria la monarquía. » MS. , fól. 86. 

(2) Lupo , hermano del rey Alarico, y Escara capitaneaban , según Traggia , el ejército gascón, 
que destrozó la retaguardia de Cario Magno. 

(8) Héroe fabuloso. 

(4) «Fortun Qarcós, rey de Sobrarbe, asistió con su gente á la batalla de Roncesvalles. » MS., 
folio 86 vuelto. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 33 

bleza, que hasta el día de hoy vienen gozando los roncaleses. Asegura el 
mencionado autor haber leido ese privilegio , y que en él se hacen grandes 
elogios del rey Fortun y de su hijo y sucesor inmediato Sancho; de modo que 
ya no es posible dudar haber sido reyes los primeros principes que rigieron 
los destinos de nuestro país. Pero es una cuestión muy controvertida entre los 
historiadores , y de ella trataremos nosotros con abundantes datos , si estos 
reyes lo fueron de Sobrarbe, 6 de Pamplona y Navarra. 

Aventados, por último, los moros, y gozando su estado de alguna paz, 
murió Fortun (815) y fué sepultado en San Juan de la Peña. Bajo su reinado 
fué Galindo el segundo conde de Aragón. 



SANCHO GARCÉS, 

Rey 4. de Sobrarbe. 



p 



ob muerte de Fortun heredó el Reino Sancho Garcés , rey cuarto de Sobrar- 
be. Había prevalecido ya la costumbre de ceñirse los hijos la corona de sus 
padres. Sábese que usaron el patronímico Garcés, así este rey , como su padre 
y abuelo, en memoria del primero de los reyes de Sobrarbe García Jiménez. 
Sabido es también y de todos atestiguado, que la provincia de Navarra estu- 
vo casi entera bajo el cetro del rey Sancho á los principios de su reinado, bien 
se hubiera revelado contra los reyes de León , bien la hubiesen arrebatado á 
éstos las armas musulmanas , y libertádola de . nuevo los nuestros por este 
tiempo. No dicen de qué manera aconteciera esto. 

Pasa por muy cierto , que este rey, saliendo con grande ejército al encuen- 
tro de los moros , que habían hecho una irrupción por sus tierras el año die- 
cisiete de su reinado (832), rodeado por numerosos enemigos, fué muerto 
acompañado de García, el quinto de los condes aragoneses. Tres condes hubo 
en tiempo de este rey : dos con el nombre de Jiménez , que son el tercero y 
cuarto, y el quinto este García de quien hablamos. Y á la verdad, que fué 
compañero en la dignidad y en el infortunio , pues vencido con su rey, supo 
morir á su lado. Hemos averiguado que iba al frente del ejército moro Muza 
Abenheazín, régulo tercero de Zaragoza. 

Hijo este Muza de padres cristianos , abrazó el mahometismo , renegando 
de su fe. Y haciendo luego traición al califa cordobés, se apoderó á viva fuer- 
za de Toledo, Valencia, Zaragoza, Tudela, Huesca, y de una buena parte de 
España. Engreído con la grandeza de su poder y de sus hazañas , usurpó el 
soberbio renombre de Miralmuminin ( 1 ) , que entre los árabes denota la ma- 
jestad suprema. Traspuso después los Pirineos invadiendo la galia gótica, 
pero volvió atrás colmado de dádivas y regalos por Carlos el Calvo, rey de los 

( 1 ) Emir Almumenin , príncipe de los creyentes. 

5 



$4 COMENTARIOS 

francos , que había temblado al divisar aquella tormenta. A su regreso aco- 
metió con grande ímpetu á nuestro rey , poniendo fin á la vida y reinado de 
éste , atacó á Pamplona , se apoderó de esta ciudad y de la mayor parte de 
Navarra , y tomó otras poblaciones al lado de acá de ese Reino con suma rapi- 
dez. Esto dio origen á nuevos y grandes trastornos. El cadáver del rey Sancho 
fué llevado á la iglesia de San Juan de la Peña , que él mismo había engran- 
decido. Era, pues, necesario comenzar de nuevo la restauración de Sobrarbe 
y de Pamplona , que se hallaban á dos dedos del abismo , por haber muerto 
sin descendencia el último de sus reyes. Pero esa misma desgracia fué, mer- 
ced á la bondad de Dios, el origen de las libertades aragonesas. 



PRIMER INTERREGNO. 



** **.y* «A^/V*A^A/*^ *^. 



1 ras el descalabro sufrido por los cristianos, en que también quedó vencido 
y muerto el quinto conde de Aragón, García, diéronse á huir cuantos escapa- 
ron con vida. Acogiéronse los navarros á los lugares más próximos de su 
Reino, obligados á abandonar á Pamplona; y se refugiaron los nuestros, hasta 
el número de 600, en la cueva de San Juan de la Peña. Esta en aquellas cir- 
cunstancias servíales á la vez de templo, de alcázar fuerte y seguro, y de úl- 
timo baluarte en sus pérdidas y quebrantos. Cobijados, pues, en ella los 
nuestros con sus mujeres é hijos, tan descorazonados como al principio de la 
reconquista , dedicáronse todos á preparar grandes obras de defensa para re- 
sistir las embestidas de los enemigos. Unidos las más veces á los navarros, 
con quienes antes habían estado ligados por comunes intereses , entraban en 
las tierras de los moros , devastando muchos lugares y talando las campiñas, 
de cuyas excursiones regresaban cargados de despojos. Como de ordinario acon- 
tece en el repartimiento del pillaje, aun entre los más allegados, nacían fre- 
cuentes , casi cotidianas disensiones, que más de una vez ocasionaron disgustos 
civiles. De este pretexto se sirvieron los navarros para separarse de los nues- 
tros. Al tomar semejante resolución, y es opinión que tenemos desde poco acá, 
creyeron serles propicia la ocasión para elegirse un rey propio. De aquí, sólo 
de aquí , creemos proviene toda la diferencia que ha existido siempre entre 
sus fueros y nuestros fueros. Por nuestros entendemos á los aragoneses y so- 
brarbienses Pues si bien aquella diminuta república de los aragoneses se li- 
mitaba al territorio de los condes del mismo nombre , y éstos fueron siempre 
subditos de nuestros reyes , creíase que aquella y Sobrarbe formaban un mismo 
y sólo Reino. Por eso vemos que de común acuerdo deliberaban todos sobre su 
mejor afianzamiento. 

Al separarse los navarros de la alianza con los nuestros, alianza que databa 
de los tiempos más remotos , confirieron á un tal Jimeno , al menos á Iñigo 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 35 

Arista , el poder supremo para hacer la guerra y restaurar el Reino de Pam- 
plona. Este Jimeno es el padre del rey Arista. El primer historiador que vis- 
lumbró esta verdad, fué Garibay. Terminada esta narración, para no ofuscarla 
con disputas, nosotros procuraremos probarla, demostrando además que Ji- 
meno fué rey, lo que ese autor no pudo conseguir. De Jimeno sólo podemos 
asegurar que fué rey, al menos por el lado de acá de los Pirineos, durante al- 
gunos dias según nuestras conjeturas. Acaso fuera también rey de Aquitania. 

Infiérese de los anales francos , que esa parte de la Galia solía tener de vez 
en cuando reyes propios con el nombre de Reino de Aquitania. Quizá por esta 
circunstancia, es muy posible, usara el título de rey. Colígese de la historia 
pinatense, cuyos principales capítulos citaremos luego, que éste tuvo un hijo 
llamado García , tal vez hermano mayor de Iñigo Arista. Sospechamos que de- 
bió morir antes que su padre, pues no sabemos que reinara en ninguna parte. 
Dice únicamente aquella crónica, que el rey Jimeno y su hijo García murieron 
sin sucesión. En esto al menos padece equivocación, pues como sólidamente 
probaremos después, Arista fué hijo del rey Jimeno. Indúcenos á conjeturar 
que serían oriundos de Aquitania , el ver que todos los escritores antiguos y 
modernos sin excepción, convienen en que el rey Arista, hijo de Jimeno sin 
duda alguna, pasó á gobernar el Reino de Pamplona desde el Condado de Bi- 
gorra que le atribuyen como patrimonio. Los pueblos cunvenos ó cucnenos, 
llamados después Bigorra y Bearne, están próximos á la provincia de Aquita- 
nia, según ClaudioTolomeo , en las faldas del Pirineo. Convenos y bigorren- 
ses los llama Plinio. Dominando en Aquitania el hijo, al padre podía muy bien 
dársele el título de Aquitánico. Pero creemos que no se le debe incluir en 
el catálogo de nuestros reyes por no haber estado los nuestros bajo su 
cetro. 

Hemos dicho que, al separarse de los nuestros, los navarros hacia el 842 
confirieron el título y dignidad real, si no á Jimeno, al menos á su hijo Iñi- 
go, conocido después con el sobrenombre de Arista. No nos ha sido posible 
precisar más la época de ese acontecimiento. Tan pronto como Arista subió al 
trono, acometió nuevamente á Pamplona, de la que se habían posesionado los 
árabes á la muerte de Sancho , el cuarto de nuestros reyes. En esta ciudad 
volvió á fijar la corte del Reino pamplonés después de haber vencido y arroja- 
do de ella á los árabes , con quienes no cesó de guerrear un sólo momento du- 
rante su vida. 

Andaban entretanto los nuestros ocupados en los asuntos religiosos de San 
Juan de la Pena, engrandeciendo la iglesia considerablemente, y erigiendo 
nuevos altares. Viva estaba en la memoria de todos la gloriosa fama del pri- 
mer anacoreta Juan y de los hermanos zaragozanos Voto y Félix , por la san- 
tidad de vida y por la mucha parte que tuvieron en la restauración del Reino 
de Sobrarbe. Sus cuerpos fueron trasladados á sepulcros más suntuosos, co- 
locando en cada uno sü lápida de mármol. Nosotros creemos renovado tan 
sólo el siguiente epitafio ( 1 ) , que un escritor muy antiguo dice haberse coló- 

( 1 ) El autor usa la palabra latina simutaeris , que literalmente significa estatua ó busto. 



36 



COMENTARIOS DE LAS COSAS DB ARAGÓN. 



cado por este tiempo en el túmulo del anacoreta Juan . « Yo Juan en este lugar 
primer ermitaño , que despreciando por amor de Dios el siglo presente , como 
pude, esta Iglesia fabriqué en honra de San Juan Bautista, aquí descanso. 
Amen» ( 1 ). No nos ha sido posible averiguar el nombre de este autor. Pero en 
los fragmentos que nos quedan de sus escritos , se lamenta de que pasase en 
silencio estos hechos Macario, otro más antiguo biógrafo del ermitaño Juan. 

En la misma iglesia de la Peña establecieron una congregación de clérigos 
seculares , nombrando abad á Transiniro ó Transirico , tenor de vida , bastante 
generalizado en España por aquel tiempo , casi equivalente al monacato. Era 
ya la segunda esta fundación , según los anales pinatenses, y cuya solemne 
consagración hizo el obispo de Aragón Iñigo el dia ( 2 ) de Santa Águeda. Otros 
la ponen en el dia (3) de Santa Ana, madre de la Madre de Dios (842). Con 
innumerable concurso se celebró tan notable festividad. 

Mas no por eso cesaban entretanto de velar y de promover el bien general 
con todas sus fuerzas, pesando con sumo cuidado y diligencia los proyectos 
más propios para el mejor régimen del estado. Siendo encontrados los parece- 
res , como de ordinario acontece , y para que la cosa pública no sufriese algún 
quebranto durante estas deliberaciones, eligieron doce de los principales mag- 
nates , según lo acreditan documentos antiguos , á cuyas expertas manos con- 
fiaron durante el interregno la dirección de los negocios públicos. Por estar 
entrados en años se llamaron «séniores» más ancianos , y de ellos , en nuestra 
opinión , descienden los que más tarde entre nosotros se llamaron Ricoshom- 
bres de natura. Largo tiempo duró esta forma de gobierno contra lo que se 
podia esperar, siendo tan frecuentes como poderosas las irrupciones de los 
árabes. Embriagados, sin embargo, con las dulzuras de la libertad, hacíales 
temblar el pensamiento de someterse al mando de uno sólo : esto era á su pa- 
recer forjar las cadenas de su propia esclavitud. Después de maduro examen, 
pesadas todas las dificultades , excitados al fin , según cuentan , por los esfuer- 
zos de Fortun, hijo y sucesor del difunto conde de Aragón, acordaron: 

Consultar por medio ele embajadores al pontífice Adriano II , llamado en 
nuestros documentos antiguos Apostólico Aldebrando, lo mismo que á los 
lombardos, sobre la mejor manera de establecer un gobierno duradero. 

De los cuales dicen haber obtenido la respuesta siguiente : 

Que , después de tomar las precauciones convenientes y de establecer las 
leyes oportunas, previo juramento, pasasen á la elección de rey, rechazando 
toda dominación extranjera, y cuidando de que no perteneciera el elegido á 
la clase más elevada, ni á la más humilde ; porque si fuera superior, oprimiría 
á los inferiores; y si inferior, sería la irrisión de los magnates. 

Contentos y satisfechos los nuestros con tal respuesta, instituyeron sin 
pérdida de tiempo el antiguo fuero de Sobrarbe. 

( 1 ) La inscripción que contenía la piedra triangular sobre que estaba reclinada la cabexa del ermi- 
taño Juan , y que leyó San Voto , es como sigue : « Yo Juan , fundador y primer habitante de esta emita, 
que despreciando por amor de Dios este presente siglo, como p**de, esta pequeña iglesia fabriqué, y á San Juan 
Bautista consagré, en la cual y viví largo tiempo ermitaño, y ahora muerto en el Señor descanso. Amen. » 

(2) 5 de Febrero. 

(3) 26 de Julio. 



LEYES ANTIGUAS 

LLAMADAS 

FUERO DE SOBRARBE. 



/tf WW>/vy WVW<> ^VtJV^^^w ^-^^wi 



IHSTmiGIOÜ DEL MAGISTRADO JUSTICIA DE ARAGÓN. 



1 odos , pues , de acuerdo con la respuesta recibida , convinieron en la nece- 
sidad de alzar por rey á uno , distinguido ya por su valor. Pero queriendo 
evitar que el capricho de los monarcas se tradujese también entre nosotros por 
ley , como en otras provincias , establecieron de antemano algunas leyes que 
obviasen tamaño inconveniente. Estas leyes son las conocidas después con el 
nombre de Fuero de Sobrarle. Muy gustosos las insertaríamos aqui integras y 
textualmente, con el propio lenguaje antiguo en que fueron escritas, porque 
asi tendrían mayor gracia y hermosura. Pero la injuria de los tiempos las há 
sepultado en el más completo olvido , robándonos su conocimiento , así como 
el de otras muchas antigüedades , que bien merecían ser de todos conocidas. 
Algunos fragmentos , conservados por el príncipe Carlos y por algunos otros 
escritores, es lo único que poseemos en esa materia, de la que ahora vamos á 
ocuparnos con brevedad. Ellos son casi los principales elementos de nuestra 
república, y contienen larvada en su seno la institución del Justiciazgo de 
Aragón, objeto primordial de nuestro trabajo. 

Al frente de ese fuero va colocada la precaución siguiente : 
El futuro rey , supuesto que se le confiere libre y espontáneamente el ce- 
tro de un Reino ya conquistado de los moros y que vá prosperando , quedará 
obligado á la observancia de las leyes , y á la defensa de la libertad del 
Reino, ora por la religión del juramento, ora también por la fuerza y potes- 
tad de las mismas leyes. 
Estas son las siguientes : 

1. a EN PAZ Y JUSTICIA REGIRÁS EL REINO, Y NOS DARÁS 
FUEROS MEJORES. 

2. a CUANTO Á LOS MOROS SE CONQUISTARE , DIVÍDASE NO 
SÓLO ENTRE LOS RICOSHOMBRES, SI TAMBIÉN ENTRE LOS CABA- 
LLEROS É INFANZONES; PERO NADA PERCIBA EL EXTRANJERO. 

. 3. a NO SERÁ LÍCITO AL REY LEGISLAR SIN OÍR EL DICTAMEN 
DE LOS SUBDITOS. 



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88 COMENTARIOS 

4.* DE COMENZAR GUERRA, DE HACER PAZ, DE AJUSTAR TRE- 
GUA, Ó DE TRATAR OTRA COSA DE GRANDE INTERÉS TE GUARDA- 
RÁS, O REY, SIN ANUENCIA DEL CONSEJO DE LOS SÉNIORES. (1). 

5.' Y PARA QUE NO SUFRAN DAÑO Ó MENOSCABO NUESTRAS 
LEYES Ó LIBERTADES, VELARÁ UN JUEZ MEDIO, AL CUAL SEA 
LÍCITO Y PERMITIDO APELAR DEL REY, SI DAÑASE Á ALGUIEN, Y 
RECHAZAR LAS INJURIAS SI TAL VEZ LAS INFIRIESE Á LA RE- 
PÚBLICA. 

• 

Sobre tales leyes y estatutos afianzaron nuestros mayores el edificio del 
Reino que iban restaurando. El principal apoyo de la libertad lo cifraron en 
la prefectura del Juez medio. Confiase el poder al rey, y al Juez medio la 
moderación de ese poder, resultando así nuestro gobierno templado y armó- 
nico. Por eso , desde la aurora hasta el ocaso del Reino , merced á la auto- 
ridad de este magistrado y á la bondad y clemencia de nuestros serenísimos 
reyes , se han conservado incólumes entre nosotros la antigua libertad y los 
derechos primitivos, así como nunca se han escatimado á la majestad real, ni 
la fidelidad, ni la reverencia que ella se merece. Ni fué únicamente el Reino 
quien se amparó de ese magistrado contra las demasías de los reyes ; sino los 
reyes quienes imploraron con más frecuencia su tutela contra el mismo Reino. 
Por esta via sanáronse sin extorsión alguna males interiores que, de no ha- 
berse acudido á tiempo , aplicándoles el antídoto de la ley , hubieran corrom- 
pido todo el cuerpo social : de suerte que con razón podemos asegurar ser este 
el único lazo que mantiene civilmente unidos á los reyes con el Reino. Jus- 
ticia mayor (2) se llamó primero este magistrado: luego, tomando el título 
del Reino, se apellidó Justicia de Aragón. 

Con más holgura podremos tratar este asunto , una vez que hayamos ter- 
minado la comenzada narración de los progresos del Reino , aunque no deja- 
mos de conocer , que pide un volumen aparte el asunto de que ahora vamos á 
ocuparnos. Con todo, nos hemos propuesto recorrer antes la galería de nues- 
tros reyes : así será más fácil conocer el incremento que tuviera este magis- 
trado bajo cada uno de ellos. 



( 1 ) MS. t De los doce séniores. > 

D. Braulio Foz en su Historia de Aragón, tomo 5.°, pág. 46, traduce estos fueros de la manera si- 
guiente. 

<1.° Rige el reino en paz y justicia , y establécenos fueros mejores. 

2.° Divídanse los despojos de los moros, no sólo entre los ricoshombre* , sino también entre los ca- 
balleros y guerreros j pero el extranjero nada lleve. 

3.° No pueda el rey Hacer leyes sin el concurso de sus subditos. 

4.° Guárdese el rey de emprender guerra , firmar paz , hacer treguas, 6 tratar asunto grave sin el 
consentimiento de los séniores. 

5.° Y para que nuestras leyes 6 libertades ningún daño 6 menoscabo padezcan , haya constituido un 
Juez medio, al cual sea lícito apelar del rey en el caso que éste ofendiere á cualquiera, y evitar las in- 
jurias si alguna se hiciere á la república. » 

(2) Y según algunos autores , Justicia de las montañas. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 99 

A pesar de estar promulgadas y ser conocidas desde tiempo atrás las ante- 
riores leyes, todavía quisieron los nuestros tomar una nueva garantía, cual 
es la siguiente : 

Que el aspirante a empuñar el cetro de Sobrarbe , debía ajustar su con- 
ducta á lo prescrito por esas leyes. Y caso de negarse á empeñar de antemano 
y con juramento su palabra de observarlas extrictamente , se tuviesen todos 
sus esfuerzos por contrarios al logro de sus aspiraciones. 

Sentadas ya las bases de las libertades patrias , se comenzó á pensar en la 
persona que debería ser elegida. No era esta obra de menor trabajo. Mas no 
por eso dejaban enmohecer sus armas. Antes bien, empuñándolas con fre- 
cuencia , defendían sus tierras , expulsando de ellas á los moros que las in- 
vadían con furor , creyendo hacer bastante , y aun sobrado , con tenerlas se- 
guras contra las algaradas enemigas , en medio de aquellas fragosidades , á 
través de tan críticas circunstancias y de tiempos tan calamitosos. 

Largos años anduvieron los nuestros dudosos y perplejos aun después de 
establecidas las anteriores leyes , como lo expresan las siguientes palabras del 
principe Carlos: «E después que hovieron deliberado de levantar rey , passaron 
assaz tiempos, que non lo fizieron por algunas dissensiones que entre ellos 
encorrian. » Estas palabras se refieren á los navarros lo mismo que á los 
nuestros. 

Reuniéronse por fin en Arahuest, para llevar á cabo la elección , no lejos 
de aquel tan antiguo como religioso monasterio Asaniense , obra del rey godo 
Gesalico, primero bajo la advocación de San Martin- de Sarasa, dedicado á San 
Victorian después. Al mismo lugar, saltando de gozo, acuden pronto los ára- 
bes que, sacando al campo sus tropas de los castillos fronterizos, se disponen 
al exterminio de los cristianos. Cércanlos de improviso, comienzan á derribar 
los muros de Arahuest con máquinas que hacen venir de todas partes, atá- 
canlos con la gritería y rabia acostumbradas, los asaltan con el mayor desor- 
den ; cuando Iñigo Arista , ya rey de Pamplona , sabedor de lo que acontecía, 
ordena un ejército , vuela en su socorro , presenta á los árabes la batalla, vence, 
derrota , acuchilla á los bárbaros enemigos que amenazan verter á torrentes 
la sangre cristiana, y, lo que es más, decide á los nuestros libres del asedio á 
salir desús dudas y perplejidades, para fijarse en la persona que debía em- 
puñar el cetro, inclinando á su favor todas las voluntades. Apreciando los 
nuestros en todo lo que valía este socorro , determinaron alzar por rey al rey 
de Pamplona, con general y unánime asentimiento de todos, aun del mismo 
Fortun , conde de Aragón , y según cuentan , por las excitaciones del mismo 
conde. 

Llamado Iñigo á su presencia, y leídas las bases antes convenidas, cuén- 
tase haberle parecido excesivamente dura la precaución del Juez raedip. Pero 
meditado atentamente el asunto , y considerando que se le ofrecía espontá- 
neamente un Reino ya conquistado de los enemigos , no sólo, añaden , aceptó 
estas leyes, sino que les otorgó otra nueva, otro privilegio nuevo, y es el 
siguiente: Que 



i 



40 COMENTARIOS 

« SI CONTRA LOS FUEROS Ó LIBERTADES LLEGARA ÉL EN LO 
SUCESIVO Á TIRANIZAR EL REINO, QUEDASE ÉSTE EN LIBERTAD 
PARA ELEGIR OTRO REY, SIQUIERA FUESE PAGANO» (1). 

En ninguna manera quisieron admitir los nuestros , por parecerles torpe é 
indecorosa , la concesión respecto del rey pagano. Prestado el juramento en el 
mismo Arahuest , el rey de Pamplona fué aclamado también rey de Sobrarbe, 
según se puede calcular hacia el año 868. En la controversia que sobre es- 
tas cosas entablaremos más adelante, probaremos la "exactitud de nuestros 
cálculos ( 2 ) . 

Habiendo insinuado antes , que Adriano inspiró á los nuestros , como la 
mejor esta forma de gobierno , creemos hacer un obsequio á nuestros lectores, 
insertando las palabras de Onofre Panvinio ( 3 ) , acerca de la piedad y virtudes 
del mismo pontífice. Así, al contemplar este nuestro Reino de Aragón desde 
tan pequeños y débiles principios ensalzado á la más alta cumbre de la gloria 
y de la grandeza , sobre la que vivirá prolongados siglos , si damos crédito á 
nuestras esperanzas , lo atribuiremos todo , al menos una buena parte^ á los 
saludables consejos de tan santo vicario de Jesucristo. Dice, pues, Onofre en 
su Epitome de los Romanos Pontífices : 

« Adriano II , italiano de nación , nacido en Roma, filé nombrado cardenal 
» de la iglesia romana por el papa Sergio, siendo emperador Cesáreo Ludovico 
»el jov. Aug. Ocupó la silla de San Pedro, cuatro años, diez meses y doce 
»dias , habiendo sido elegido el 20 de Noviembre de 867. Este pontífice, siendo 
» presbítero , fué el más íntimo familiar del papa Sergio. Recibió de él en cierta 
» ocasión un regalo de cuarenta denarios , y llegado á su casa , mandó al des- 
» pensero que los distribuyese á los peregrinos y pobres que estaban esperando 
» en el vestíbulo de la misma. Viendo él , al cumplir este mandato , que tan sólo 
» podía socorrer á unos pocos con esa tan insignificante cantidad , vuelve atrás 



( 1 ) Véase Fox en su Hist. de Ar. , tomo 5.°, p. 6*. 

(2) El MS. , fól. 44 , añade: € Entonces, en la elección de Arista, podemos con razón asegurar 
que tuvo principio aquella antigua y memorable fórmula , tan usada por nuestros abuelos , y tan cele- 
brada por Francisco Hotman , gravísimo escritor francés de nuestros dias. Fórmula que , si bien no la 
tenemos , que sepamos nosotros , autorizada por escrituras solemnes , no se funda en meras conjeturas 6 
adivinaciones , sino en la tradición universal y constante derivada de esos primeros siglos. Fórmula lo 
mismo por nosotros que por nuestros mayores celebrada en las reuniones cotidianas , y tanto que á nadie 
le es lícito poner en duda su certidumbre y autenticidad. Vamos , pues , A trascribirla textualmente y en 
bu mismo lenguaje antiguo, y tal como ordinariamente solemos expresarla en nuestras conversaciones 
para conservar á la frase todo su vigor y fuerza , que vertida al latín perdería sin duda alguna. Se tiene 
entre nosotros por tradición antigua y derivada de los primitivos tiempos, que nuestros magnates, con 
el fin de rebajar la majestad del rey por ellos elegido, y de que éste no se manifestase á los suyos en- 
greído en demasía, acostumbraban apostrofarle en los siguientes términos: < NOS TAN BUENOS COMO 
VOS, É QÜB PODEMOS MÁS QUE VOS, TOMAMOS Á VOS POR RBY : CON QUE HAYA SIBNPRE 
ENTRE VOS, Y NOS UN QUE MANDE MÁS QUE VOS.. 

Con justicia, pues, el mencionado autor, en sus investigaciones sobre la antigua forma de gobierno 
en las Dalias , después de enumerar , ora las que idearon los primeros filósofos , ora los posteriores á 
ellos ; las inventadas ya por Esparta , ya por Roma ; bien por los germanos , ingleses y franceses , bien 
por otra nación cualquiera; concluye que, en su opinión, aventajó la nuestra y no poco á. todas las del 
mundo. 

(8) Fecundo escritor del siglo xvi. 



DB LAS COSAS DE ARAGÓN. 41 

»y lo hace presente á Adriano. Este toma el dinero, llama á los pobres, re- 
» parte tres denarios á cada uno, y resérvase otros tres para sus necesidades 
» domésticas. Y como quedase atónito el limosnero viendo el milagro, le dijo 
» Adriano: ¿No ves cuan benigno y dadivoso es el Señor, especialmente para 
»los que son espléndidos y liberales con los pobres? Murió este bienaventurado 
»papa el 1.° de Octubre, año de la natividad del Señor, 872. » 

A las leyes de que venimos hablando , creemos debe referirse lo que lee- 
mos en el proemio de nuestros fueros : entre nosotros hubo leyes antes que 
reyes. 

Hasta aquí el primer interregno (1). Continuemos ahora la serie de los 
reyes deSobrarbe, y terminada ésta, discutiremos todas las cuestiones que 
sobre ella se presentan. 



M/>»^w/i>/'yAw«wíuvwwvMíi 



IÑIGO ARISTA, 

Rey 5.° de Sobrarbe. 



i 



ñigo, hijo del rey Jimeno, era ya antes de la conquista de Pamplona rey 
de los navarros , y por su grandeza de ánimo , experimentada en la batalla de 
Arahuest , fué aclamado y elegido también rey de Sobrarbe en el mismo lugar 

del combate (868). Convienen casi todos los autores en 
que el conde de Aragón, Fortun, favoreció no poco con 
sus buenos servicios personales y con el voto de los su- 
yos la elección de Arista su real consuegro. Bien suce- 
diese esto en Arahuest como quieren unos , bien según 
pretenden otros en San Victorian , es lo cierto que fue- 
ron los de Sobrarbe , no los navarros, quienes la efec- 
tuaron en esta ocasión, siendo ambas poblaciones per- 
tenecientes á nuestro país. Por tanto, Arista se ciñó 
allí la corona de Sobrarbe (2), aunque para poco 
tiempo. 

Cuéntase que al comenzar la batalla contra los 
moros, viniendo en auxilio délos nuestros, se le apareció en el aire una vi- 
sión celestial, ó sea una cruz de plata en campo azul celeste. Tal fué el origen 
del escudo de armas (3) colocado arriba, y adoptado poco después como em- 
blema militar del Reino y de los reyes de Aragón . 

(1) El MS.: «Que duró 80 años,» pég. 45. El MS. expone á continuación las varias opiniones sobre 
el primer interregno y sobre la elección do Arista. 

(2) « Sin darse un momento de reposo,» dice el MS., « Provocó á los enemigos de su fe con guerras 
continuas para mas asegurarla sobre sus sienes.» 

(8) Este sustituyó al de García Jiménez. 

(3 




42 COMBNTARI09 

Las insignias atribuidas á este rey formadas de un haz de aristas, acaso se- 
rían suyas personales , no símbolo de su dignidad real , ni usadas por él des- 
pués de subir al trono. Era tan ardiente el fuego de su corazón , era tan enér- 
gico, que, como las aristas de las espigas al contacto de la llama, súbitamente 
se encendía todo él en indecibles deseos de combatir á vista del enemigo. Por 
eso le apellidaron Arista. 

Casó con Teuda; Higa llaman otros á su esposa. El primero, creemos nos- 
otros , sería su nombre propio , y el segundo , Enenga á veces , le tomaría de 
su esposo por la costumbre , frecuente entonces , de aplicar á las señoras el 
nombre de su consorte. 

Al fin, lleno de gloria y de reputación por no haber soltado de las manos 
su victoriosa espada, murió (870) casi al pisar los umbrales del Reino de So- 
brarbe. Fué sepultado en San Salvador de Leire, monasterio de Navarra, de- 
jando á su hijo García heredero de Pamplona y de Sobrarbe. Obligados nos 
vemos á seguir la cronología ( 1 ) de los que ponen su muerte sobre el año 
veintiocho de su reinado en Pamplona, y el segundo ó tercero en Sobrarbe. 



INWWVMAIVWWVWUVWWIAM 



garcía iñigüez n, 

Rey 6.° de Sobrarbe. 



G, 



"abcía., hijo de Iñigo Arista , y por eso llamado García Iñiguez , alguna vez 
Enecones , rey también de Pamplona como su padre , imitó á éste en la gran- 
deza de ánimo , y dilató su Reino recobrando algunas poblaciones. Casó con 
Urraca , Enenga según otros , hija del arriba mencionado Fortun sexto y úl- 
timo de los condes aragoneses. Este, no dejando á su muerte sucesión varonil, 
nombró en el testamento heredera á su hija Urraca. Unidos asi el Condado de 
Aragón y el Reino de Sobrarbe , creóse un estado nuevo, principio del futuro 
Reino de Aragón. En otro lugar trataremos con más extensión de semejante 
acontecimiento. 

García tuvo de su esposa Urraca dos hijos , Fortun y Sancho , y Aína hija 
llamada Santina ó Sancha , que casó con Ordoño II de León. 

Prueba Garibay con abundante copia de datos , que Fortun el primogénito 
sucedió en el Reino á su padre. También de esto no i ocuparemos más adelante. 
El hijo menor, Sancho, extraído del útero de ¿u difunta madre y educado 

(1 ) Algo oscuro nos parece el pensamiento, acaso por estar viciado el texto. En el MS. se lee de la 
manera siguiente : « Aunque tal opinión (la muerte de Arista en ese tiempo) no es del agrado de Garibay. 
Nosotros, sin embargo , nos vemos obligados á seguir la contraria á este escritor, poniéndola sobre el 
año 28 de su reinado en Navarra, y el segundo 6 tercero en Sobrarbe.» 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 43 

secretamente por un caballero ( 1 ) , fué reconocido más adelante por sucesor 
de su hermano , siendo el primero que se intituló rey de Aragón , después de 
justificado con pruebas inequívocas su nacimiento en la ciudad de Jaca (2). 
Llámasele vulgarmente Sancho Abarca. Para comprobante del reinado de 
García, citaremos el códice, por nosotros hallado en el real archivo de Barce- 
lona , cuyo título es « Registro de las gracias del rey Alfonso , » antiguo privi- 
legio otorgado por este rey á San Salvador de Leire , en el cual dice con toda 
claridad, que reinaba él en compañía de Fortun, su hijo, el 20 de Noviembre 
del 880 , que corresponde á la era 918, fecha del privilegio. 

Pasamos por alto , que en el mismo privilegio se declara , sin lugar á duda, 
ser García hijo del rey Iñigo Arista, y nieto del rey Jimeno : cual si á este do- 
cumento estuviera reservado el disipar las tinieblas , que después oscurecieron 
esta verdad por espacio de tantos siglos. Bástenos por ahora haber fijado con 
¿1 la cronología de la vida y reinado de este principe : integro lo copiaremos 
en la futura discusión. 

Respecto de su muerte , sólo sabemos , y concuerdan en ello todos los his- 
toriadores , que al dirigirse á Larumbe , pueblo de Navarra , en compañía de 
su esposa Urraca , fueron sorprendidos por los moros ; que tras un sangriento 
combate (3), murieron ambos; y que abriendo el vientre de la reina, extra- 
jeron al ya mencionado niño, llamado Abarca, según Garibay en 885. Este 
autor pone su sepulcro en el monasterio de Leire , otros en San Juan de la 
Peña. Quizá se podría afirmar, que los reyes fueron muertos por las tropas de 
Mahomet-Aben-Lupo, y de Mahomet-Atanaél , porque es sabido, que se apo- 
deraron hacia esa época , éste de Huesca , y aquel del valle de Tena , infes- 
tando vigorosamente las tierras de los nuestros (4) . Sospechamos también que 
volvieron entonces á ocupar los árabes la ciudad de Pamplona , tiranizándola 
hasta que por nuestro Sancho Abarca fué arrancada de sus garras. En esta 
ocasión, como nadie ignora, aconteció nuestro segundo interregno. Antes, 
sin embargo, hablaremos del rey Fortun, hijo de los difuntos reyes. 

(1) « De la familia de Guevara ó de Abarca.» MS., fól. 55 , vuelto. 

(2) « Capital del Reino. » MS. fól. 55, vuelto. 
(8) Batalla de Aibar 6 de Liédena. 

(4) Véase Marton , cent. 8 , cap. 4.° 



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44 COMENTARIOS 



FORTÜN II, EL MONJE, 

Rey 7. de Sobrarbe. 



a 



"ustosos seguimos á Garibay que, apoyado en numerosos testimonios, 
prueba haber heredado Fortun el Reino á la muerte de sus padres ( 885 ) . Asi 
el nombre de este monarca, como la circunstancia de ser hijo del último rey 
García, se infieren llanamente del privilegio que dijimos haber hallado nos- 
otros en el archivo de Barcelona. En él se lee: « García Bey confirma y sella.» 
« Fortun , prole del Bey, confirma y sella.» Más de una vez hemos observado 
en los antiguos privilegios , que la palabra «prole» significa no sólo los hijos, 
si también los primogénitos de los reyes , y alguna vez aun los nietos llama* 
dos á sucederles. 

Hallábase Fortun en la ciudad de Córdoba al ocurrir la desastrosa muerte 
de los reyes García y Urraca. Llamado por los suyos como heredero al trono 
de sus padres, fué el sétimo y último de los monarcas de Sobrarbe. Por este 
tiempo , según afirma Garibay con los documentos del monasterio de Leire, 
observábase la tregua acordada entre Córdoba y Pamplona. De esto podemos 
inferir con el mismo autor, que no fueron los ejércitos cordobeses, á la sazón 
en paz con los nuestros, sino otros diferentes y acaso enemigos, los autores 
del anterior desastre. Envueltos andaban los moros de aquel tiempo en plena 
guerra civil. 

Acaso este rey es aquel Fortun, el magnate principal, que al decir de Al- 
fonso , rey de Castilla, y de nuestro Zurita en sus índices (868) , tomándolo 
de una historia árabe, fué hecho prisionero por Mahomet, hijo de Abderra- 
man , al apoderarse de un castillo en su devastadora irrupción á tierras de 
Pamplona. Llevado á Córdoba, recibió del califa la libertad con ricos presen- 
tes á los veinte años de cautiverio, llegando á la prodigiosa edad de más de 
ciento veinte anos ( 1 ) . No es de maravillar que en tales circunstancias , y 
menos en tan larga vida , quien al principio fué prisionero y esclavo , emanci- 
pado luego fuese enviado con abundantes regalos á empuñar el cetro de los 
Reinos que por herencia le pertenecían ; ni que después al fausto real prefirie- 
se el tosco sayal del monje en el monasterio de Leire, prolongándose su vida 
bastantes años más después de completar un siglo. 

Bien se echa de ver que, al tomar Fortun, vuelto de Córdoba, la direc- 
ción y gobierno del Reino, se hallaba éste muy cercenado y reducido, si se 
había perdido la ciudad de Pamplona : gobierno que espontáneamente renun- 
ció, siendo ya muy anciano, el año dieciseis de su reinado ó no mucho después 

( 1 ) « Ciento veintiséis aáos. * MS. fói. 56 vuelto. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 45 

(901 ) y consagrando el resto de sus dias á las prácticas monacales , deseoso de 
alcanzar una vejez tranquila y apacible. Se ignora el dia de su fallecimiento. 
Ni es extraño , pues antes de Garibay , que le ha dado vida en la historia , eran 
absolutamente desconocidos su reinado , su nombre y su existencia misma. 
Hoy ya se halla aclarado todo esto merced á gravísimos documentos. Y por 
más que ningún otro escritor haga de él mención , por más que se tengan , y 
con razón , como quiere nuestro amigo , por cosa cierta y constante la suce- 
sión de los reyes , su vida y su muerte ; son , sin embargo , los privilegios pre- 
sentados por Garibay , como comprobantes de este reinado, de tanto peso é im- 
portancia , es tal su armonía, que parece disipan todo asomo de duda : de modo 
que en adelante debemos desechar cuanto se pretenda decir en contrario. 

Una vez desembarazado de los cuidados del gobierno , sólo pensó Fortun en 
el culto divino y en el exacto cumplimiento de sus deberes religiosos. Y el 
ser dudoso ó por ventura ignorado entonces el nacimiento de su hermano San- 
cho el Ceson , fué causa de nuestro segundo interregno ( 1 ) . 

Pero antes de penetrar en él , volvamos la vista á los condes aragoneses. 
De propósito los hemos diferido para este lugar, ya para no cortar con su in- 
terposición el hilo de nuestra historia , ya principalmente porque al extin- 
guirse la linea de éstos , Sancho Abarca , elegido rey por los nuestros en este 
regundo interregno , bajo su cetro reunió el Condado de Aragón y el Reino 
de Sobrarbe , añadiendo un nuevo florón á su corona , y fué el primero de los 
seyes aragoneses. Demos, pues, principio á la serie de los condes. 

(t) MS. fól. 57. « Garibay no admite ni este ni el anterior interregno.» 



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LOS SEIS CONDES DE ARAGÓN. 



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JNo tenemos, ni mucho menos, todas las noticias ni toda la exactitud que 
fueran apetecibles en este asunto. Es tan dificultoso, como conveniente sería, 
el fijar la cronología de cada uno por la pasmosa divergencia que hay entre 
unos y otros historiadores , ya sobre la sucesión , ya sobre los nombres de di- 
chos condes. Garibay contribuyó como el que más á despejar tanta cerrazón. 
Por eso le seguiremos con preferencia á los demás , pero sin perder de vista 
las huellas de Vincencio, de Blondo , de Sabélico , y demás antiguos cronis- 
tas. Hartas confusiones introduce ordinariamente Garibay al separarse de los 
otros , por cuyo motivo alguna vez nos veremos también nosotros precisados 
á prescindir de sus opiniones. Ué aquí cómo este autor dá principio á au 
narración. 

Uno de los principales caudillos muertos en aquella batalla , tan fatal al 
último rey de los godos , que puso sobre la cerviz de España el yugo de los 
sarracenos , fué el esclarecido Andeca, hijo de los ilustres duques de Canta* 
bria. Duques en tiempo de los godos se llamaban los gobernadores de provin- 
cia , y eran magistrados civiles á la vez que militares , como también los con- 
des, siendo á ellos inferiores los tiufados y los gardingos ( 1) . Entre nosotros 
llegaron después á más alto grado de honor y dignidad, y en él se hallan to- 
davía los duques y los condes. Al morir á manos de los sarracenos 9 peleando 
con bizarría en defensa de su patria y de su fe el valeroso Andeca , dejó un 
hijo llamado Eudon, y una hija por nombre Velinda, ambos de corta edad. 
Estos buscaron un refugio en las Galias huyendo el furor de los mahometa- 
nos. Llegado á la edad nubil, tomó Eudon por esposa una señora nobilísima, 
heredera del ducado de Aquitania, y en ella tuvo tres 1 djos varones, Hunul- 
do, Vifario y Aznar, y dos hijas, Menina, Momerana ó Munina, ala que su- 
ponen algunos casada con Fruela , rey de León. La otra , cuyo nombre igno- 
ramos , fué esposa de un valiente caballero godo llamado Muñoz , que llegó á 
enseñorearse de la Cerdaña. Nosotros , por parecemos más acorde con la cro- 
nología, la creemos con Alfonso, rey de Castilla, y con el arzobispo de Tole- 

( 1 ) Los tíufadoB tenían la superior jurisdicción tras los condes y duques. En tiempo de guerra man- 
daban mil hombres según unos , y según otros mil quinientos. Los gardingos eran altos funcionarios del 
palacio real , y reemplazaban & los duques en sus' ausencias y enfermedades. Ninguno de éstos se consi- 
deraba como título de nobleza. Los que sustituían á los condes en sus funciones se llamaban vicarios* 



COMENTARIOS DE LAS COSAS DB ARAGÓN. 



41 



do, hija de García, el primero de los reyes de Sobrarbe; á no ser, hipótesis 
no imposible, dos y del mismo nombre las esposas del rey Fruela. 

Muerto Eudon (733) durante la menor edad de sus hijos, se apoderó de 
toda la Aquitania el rey franco Carlos Martel, dejando por gobernador á Hot- 
gerio Cathazlot (1). De éste se cuenta haber invadido (738) el país (2) que 
de su nombre se llamó Catalonia ó Cataluña ( 3 ) . Descendientes suyos son los 
famosos condes de Barcelona. 

No es inverosímil que pudiera apoderarse más adelante, y aun llevar el 
titulo de rey de la misma Aquitania , Jimeno , el padre de Arista , siendo éste 
bastante posterior á los acontecimientos de que tratamos. 

Ni se sabe , ni es de nuestra incumbencia el averiguar lo que fué de Hu- 
nuldo y de Vifario llegados á mayor edad. El menor de ellos , Aznar, viéndose 
como sus hermanos despojado del señorío paterno, se volvió á España, fijando 
sus esperanzas en Cantabria, asiento un dia del gobierno de sus abuelos. 
Tuvo al fin dos hijos de legitimo matrimonio , Eudon y Aznar. Eudon adqui- 
rió la Vizcaya, Aznar ganó el Aragón. Este, Condado al principio, uniéndose 
después al Reino de Sobrarbe, alcanzó el titulo de Reino de Aragón. Trate- 
mos ahora de los condes. 

(1) MS. : «Othgerio. • 

{%) Marea hispana. 

(8) Máa probable parece la opinión, que deriva esa palabra de la expresión te atónica Gotaland, 
tierra de godos , que latinizada se convertiría quizá en Gothlandia ó Ootholandia , en Gothalandia ó Ca- 
talonia después, y, por último, en Catalana. Lafuente. 



■W<WAA»A^M<l»W<V>»W«/Wm<«A/V>, 



48 COMENTARIOS 



AZNAR, 

Conde i.° de Aragón. 



A ; 




znab , hijo de Aznar, nieto de Eudon y biznieto de Andeca , con un puñado 
de amigos suyos , pasó de Cantabria á nuestras montanas pirenaicas en auxilio 
del segundo rey de Sobrarbe , García , cuando éste se dirigía en son de guerra 

contra Pamplona. Llegado Aznar á las inmediaciones de 
Jaca, en ocasión la más oportuna por haber volado en 
socorro de Pamplona , muy apretada por García , la guar- 
nición sarracena destinada á la defensa de aquella plaza, 
la embistió y rindió apoderándose antes de su castillo 
llamado entonces Aprizia (1). Tomando en seguida al- 
gunas otras fortalezas inmediatas á esa ciudad , se abrió 
camino para una nueva dignidad y gloria. Supo por car- 
tas el rey García este acontecimiento , poco después de 
terminada la conquista de Pamplona. Henchido de gozo 
al ver coronadas de tan feliz éxito las dos empresas , y 
en testimonio de su benevolencia y entusiasmo , concedió á Aznar la ciudad de 
Jaca y demás conquistas suyas con título de conde. Este territorio , cuya su- 
perficie apenas media dieciseis mil pasos , por estar bañado casi todo él por 
el rio Aragón, ó por mejor decir, enclavado entre los dos Aragonés, recibió 
el nombre de Aragón , siendo Aznar el primero de sus condes. Este supo cor- 
responder con su adhesión á García , durante todo el tiempo de su vida , lo 
mismo que á los reyes de Sobrarbe los condes sus descendientes. 

En opinión de algunos , dióse este nombre á los condes , cual si fuesen sus 
compañeros de armas , sus camaradas en la milicia , porque iban al combate 
en compañía de los reyes , y teníanse por socios y casi iguales á éstos en los 
asuntos de gobierno ; de aquí se derivó el nombre y la dignidad de conde (2). 
No ignoramos , por cierto , que entre los romanos fueron varios y múltiples 
los cargos y funciones de los condes , y mucho más en el bajo imperio. Había 
condes de las sagradas dadivas (3) , encargados de pagar el prest á los solda- 

(1) ÓAprií. 

(2) Conde, en latin Comes que significa también compañero. 

(8) Comes sacrarum largUionwn. Limosnero mayor. Otras veces secretario de Justicia, así como el 
de Hacienda era comea thesaurorum , el de guerra comes eaercittu , etc. El conde del patrimonio comes 
patrimonii tenia la procuración del erario real, siendo ademas incumbencia suya la disposición y pro- 
visión de todo lo concerniente a la mesa del rey. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 40 

dos. Condes de las dádivas ( 1 ) particulares , que estaban al frente de los cama- 
reros del principe: incumbencia suya era además la vigilancia de los sepulcros, 
cuidando de que no se anulase cosa alguna, consagrada que fuera á los difuntos. 
Teníase su violación por detestable maldad. Condes de las solemnidades, poco 
diferentes de los que llamamos hoy maestros de ceremonias. Condes racionales, 
tesoreros ó mayordomos, á cuyo cargo estaba el tesoro de los emperadores. 
Condes del comercio , presidentes de las transacciones , que dictaban leyes co- 
merciales á los mercaderes en sus contratos. Condes de la milicia, que á las 
órdenes de los duques trasmitían los preceptos de éstos. Condes de los domés- 
ticos ó primiceros, condecorados ya antes, según Casiodoro, por los mismos 
emperadores con titulo de ilustres , que era el más honorífico , siendo los otros, 
y no todos, únicamente exspectabiles . Estos solían ser los jefes de la guardia 
imperial. Condes de los trabajos, que presidían á los alarifes 6 maestros de 
obras en el palacio de los emperadores. Y otros muchos que sería prolijo enu- 
merar, cuyos cargos fueron tan diversos entre los romanos como diferentes, 
eran sus nombres. 

Entre los godos sucedió lo mismo. Pues hallamos condes de las ciuda- 
des (2) que sentenciaban los pleitos en cada una de ellas. Superiores diji- 
mos eran éstos á los tiufados, á los gardingos, y á varios otros magistrados, 
asi como ellos eran inferiores á los duques ó rectores de las provincias , exac- 
tamente lo mismo que entre los romanos , con la sola diferencia de que los 
condes godos entendían en los asuntos civiles y militares. Había también con- 
des del patrimonio , á quienes estaba confiada la administración del tesoro de 
sus reyes. Condes de palacio ó palatinos, cuya incumbencia era presidir á los 
domésticos de los monarcas. Por encargo de éstos, desempeñaban los condes 
de vez en cuando otras varias funciones , y de ellas recibían su nombre par- 
ticular. 

Parecida á ésta era la organización de los galos. Para cada cien pagos ó 
aldeas había un conde, y por cada cinco condes un duque. Cada aldea tenia 
su juez, llamado centenario ó centúnvir. 

Entre nosotros nunca se consideraron como funcionarios públicos. Porque 
ora recibiesen su nombre por ir en compañía de los reyes , ora por compartir 
con éstos las fatigas de la guerra, jamás desempeñaron los cargos del magis- 
trado ; sino que entraban en posesión de sus estados los condes de Aragón , de 
la misma manera que los reyes en el suyo, á título de patrimonio. Así se formó 
entonces , para que esta digresión no nos aparte más de nuestro intento , bajo 
Aznar este Condado que , unido después al Reino de Sobrarbe , adquirió el 
majestuoso titulo de Reino de Aragón. No están acordes los escritores en el 
año de tal acontecimiento. Garibay lo refiere al 780 , y al de 795 la muerte 
de nuestro conde. Otros lo colocan en el 758, con cuya opinión está de 
acuerdo la historia de la Peña. Unos y otros sabrán el fundamento de su 
aserción. 

( 1 ) También limosnero . 

(2) Los condes solían tener el gobierno de una sola ciudad , y los duques el de una provincia entera. 
Aquellos estaban subordinados & éstos. 

1 



50 COMENTARIOS 

Dos hijos tuvo Aznar: Galindo y Jimeno, que uno tras otro le sucedieron 
en el Condado. Ignórase el nombre de la madre. Únicamente dicen los docu- 
mentos del ya mencionado Excmo. Sr. Arzobispo D. Fernando, que fué una 
noble señora de Sobrarbe. Pero volvamos al asunto. 



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GALINDO AZNAREZ, 

Conde 2. de Aragón. 



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l conde Aznar sucedió Galindo, que recibió el patronímico Aznarez. si- 
guiendo la costumbre anticua. Rl levantó entre otros el castillo de Afcaré.s, 
para asegurar más y más contra las irrupciones de los árabes las tierras ga- 
nadas después de la muerte d<» su padre en las «Mimbres de los Pirineos. Kn 
Acomuer fundó el monasterio de San Martiu de Gercito . asignándole algunas 
posesiones , que en otro tiempo pertenecieran á la antigua iglesia de San Pe- 
dro de Siresa. 

Contribuyó no poco á la celebridad de este conde el fuero que dio á la ciu- 
dad de Jaca , y el nombramiento de un magistrado , llamado merino , que en- 
tendiese en el conocimiento ordinario de las causas. Todavía se conserva entre 
los jaqueses , pero su dignidad , si la tuvo , se halla en gran manera cercenada. 
Dio asimismo otras excelentes leyes , que se extendieron con el título de Fuero 
de Jaca, para perpetua y grata memoria de toda la posteridad. De ellas habla 
nuestro rey Alfonso II muchos anos después , en un privilegio original , lla- 
mándolas antiguas costumbres de Jaca y fueros de todo aquel país que está 
allende la sierra, hacia la montaría de Jaca, diciendo que deseaba roborarlas 
con todo el peso de su autoridad por consejo de muchos buenos, y entre ellos 
de Ricardo, venerable obispo de Huesca, y de Sancho de Orta, Mayor en su 
casa, y de Fortun de Bergua, "y de Marcos Ferriz. Yo sé, dice, que de Gas- 
tilla, de Navarra, y de oirás partes suelen venir á Jaca para aprender sus bue- 
nas costumbres y fueros, y plantearlos en su país. Los principales capítulos 
que hemos .entresacado nosotros del mencionado privilegio , y de otros docu- 
mentos antiguos , son los siguientes : 

« Primeramente , qp.e los hombres de Jaca, de los bienes que Dios les diere, 
» tengan ó nó hijo, puedan ordenar de sus biene3 y heredades, como á ellos 
» pluguiere , sin contradicción de nadie. Pero si no les dieren destino; quede la 
» hacienda de ellos para los más cercanos parientes que á ellos debían suceder. 
» Y si no tienen parientes ; las cosas de ellos dense á los pobres. Mas si fuere 
» extranjero , el que muere en Jaca ó en aquella tierra allende la sierra ; si hu- 
» biere hecho disposición, hágase como él haya determinado. Pero si no hu- 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 51 

» biere hecho disposición ; la hacienda de él, ó de ellos, guárdese por treinta 
» dias. Y si vinieren pariente ó parientes de él, de quienes no se dude; dén- 
» seles dos partes de todo su dinero , y la tercera dése para su alma , á consejo 
» de hombres buenos y del obispo ó del cabildo de Jaca. Pero si ninguno de 
y> los deudos viniere; todo el dinero dése para su alma, á consejo de los mis- 
» mos. Además, los hombres de Jaca, guárdense con más cautela del tráfico 
» de toda aquella tierra : y si comprasen algo , ó salieren fiadores ó manuleva- 
» tores; paguen en el dia del compromiso á los mercaderes extranjeros. Y si no 
» lo hicieren ; peñérense las heredades de ellos , ó véndanse , ó los cuerpos de 
» ellos entregúense á los mercaderes. Y por eso ninguno sea fianza ó manule- 
» vator en más de aquello que puede. Mas sobre los ladrones establecemos lo 
» que sigue: En cada villa, tres 6 cuatro de los mejores juren, que no encu- 
ja brirán los hurtos , sino que los manifestarán á nuestro merino : y el merino 
y> no ose descubrir á aquel que delata al ladrón : y el ladrón póngase en poder 
» nuestro. Y si alguno fuere á contradecir al merino para que no prenda al la- 
y> dron; digalo ó avíselo el merino á nos, y nos de toda la villa haremos jus- 
» ticia : y de éstos que defendieren al ladrón , haremos como del mismo ladrón 
» debemos hacer. Mas si alguno robare ó hurtare ovejas ó cabras; por cada una 
» peche nueve. Nadie , sin embargo , se atreva á pignorar buey, oveja ó cabra, 
» si tiene otra cosa en que pueda pignorar : y si no tiene en que pueda pig- 
» norar; á consejo del merino pignore ovejas ó bueyes. Si alguno pignorare 
» buey, oveja ú otra bestia, y muriere la prenda ó lo empeñado antes de los 
» nueve dias; nadie sea osado á volver la piel de otra bestia que no haya 
» muerto empeñada, sino vuélvala piel de aquella bestia que ha muerto, y no 
» otra. Al que asi no lo hiciere, juzgúesele como ladrón.» 

Sobre los apellidos así estatuimos : 

« Cuando los hombres de las villas , ó los que estén en las montañas con 
» sus ganados, oyeren apellido; todos tomen las armas, y dejados los ganados 
» y todas sus demás haciendas sigan el apellido. Y si aquellos que estuvieren 
» más remotos encontraren en villa más próxima al apellido ; todos los que aún 
» no hubieren salido entonces de aquella villa que más tarde siguió el ape- 
» llido, pechen una vaca: y cada hombre de aquellos que más tarde siguió el 
» apellido, y á quien los más remotos precedieron; pague tres sueldos, que 
» como nos plazca á nos, serán repartidos. Sin embargo , en Jaca, y en otras 
» villas haya algunos nombrados y ciertos, á quienes eligieren los cónsules, 
» los cuales quedarán para custodiar y defender las villas.» 

» Inplacitis; después que se hubiere juzgado y del todo defendido; las car- 
» tas ( 1 ) se pongan en manos del alcalde , y él mismo rasgue las cartas. Si al- 
» guno sustrajere ó hurtare la carta; el cuerpo de él sea juzgado, y cuanto 
» tenga, sea y quede en nuestra mano. 

» Cuando los ganados bajaren ; nadie se atreva á robarlos , hurtarlos ó 
» pignorarlos por alguna ocasión : y no descansen en los vedados de los caba- 

( 1 ) escritura auténtica. 



52 COMENTARIOS 

» Ueros sino por una noche. En las acequias haya determinados lugares en 
» que beban los ganados , para que no se rompan las acequias. 

» Si alguno fuere convicto , ó se le probare que á sabiendas hizo falso tes- 
timonio, y haber jurado en falso para desheredar á otro; de su cuerpo se 
» haga justicia, y toda la heredad de él venga á mano nuestra y de nuestros 
» sucesores. 

» A los mercaderes de Jaca, 6 á otros hombres extranjeros, nadie ose es- 
» torbar 6 pignorar , si no es fianza , manulevator ó acreedor. Si alguno en 
» adelante esto hiciere, peche á nos mil sueldos. 

» Si alguno hace comandas en Jaca ; sea aquella comanda salva y segura: 
» y ninguno , ni aun el merino ú otro , ose tomarla , quitarla 6 forzarla , si 
» aquel, cuya es la comanda, quiere hacer derecho en la curia, si alguno de 
» él se queja. Mas si fuere ladrón 6 robador, que no pueda hacer justicia 6 
» estar 4 derecho 6 razón ; si alguno de él se queja, empare el merino aquella 
» comanda. 

» Tened feria ó mercado todos los años en la fiesta de Santa Cruz de Mayo 
» durante quince dias ; esto es , ocho dias después de la fiesta de Santa Cruz, 
» y otros ocho dias antes de aquella fiesta. A todos los que vinieren á estos 
» mercados , bajo nuestro amparo y protección los tomamos también , quienes- 
» quiera y de donde quiera que sean. » 

Ya sabemos que se halla en castellano este fuero y con mayor extensión; 
mas también, lo dejamos advertido, son los anteriores sus más notables artícu- 
los. Ellos, en nuestra opinión, constituían toda la legislación de Jaca; pero 
la hicieron más voluminosa las leyes, que poco á poco se le fueron agregando 
luego. No dudamos que conservarían los jaqueses en las causas y pleitos ese 
mismo método durante aquel estado de cosas , y hasta que se extinguiera la 
linea de sus condes. Ninguna dificultad tenemos en admitir que aún florece- 
ría entre ellos muchos siglos después , quedando como ley municipal de aque- 
lla ciudad en armonía con el antiguo fuero de Sobrarbe y con las otras leyes, 
al menos en los negocios más arduos é importantes. Pero tiempo há que sus 
habitantes han quedado sujetos á nuestras leyes. 

En el curso de nuestra historia, iremos intercalando otras curiosidades que 
hemos visto en algunos documentos antiguos , porque estas pinceladas forman 
el verdadero retrato de toda nuestra antigüedad. 

Estas y otras leyes semejantes contribuyeron poderosamente á hacer fa- 
moso el nombre del conde Galindo , ó Galindon como se lee en algunos docu- 
mentos , que , en opinión de todos , fué por su bondad y bizarría príncipe per- 
fecto para aquellos y para los presentes siglos. Sobreviviéronle sus dos hijos 
Jimeno Aznarez ( 1 ) y Endregoto Galindez , y una hija, Teuda 6 Toda, que 
casó con Bernardo , primer conde de Ribagorza. Nos ha sido imposible averi- 
guar el nombre de su madre y fijar con seguridad los años de su Condado. 
Tampoco lo expresa Garibay. Parece haber tenido otra hija casada con San- 
cho IV de Sobrarbe , si damos crédito á ciertos escritos de la iglesia de Huesca, 

( 1 ) Jimeno era hermano suyo 1 



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1 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 53 

que sin declarar el nombre de esta hija, llaman de un* modo explícito á ese 
rey, yerno del conde Galindo. Pero hay en dicho archivo muchas cosas que 
nos hacen dudar de su autenticidad. 

Más crédito merecen otros papeles antiguos de San Juan de la Peña , que 
hacen á este conde contemporáneo de García Iñiguez , segundo rey de Sobrar- 
be. Estos dicen que el conde Galindo de Aragón y el rey García Iñiguez hi- 
cieron juntos muchas donaciones al citado monasterio. También Jerónimo 
Zurita trae en sus índices con igual motivo , que en tiempo de este rey hizo 
aquel conde otros regalos al monasterio cercitense (1). Nosotros creemos 
equivocada la fecha, al menos no bien entendida. 

Esto debió acontecer muy á los principios del siglo ix ó al terminar el vni; 
si bien llegó á edad tan avanzada este conde , que alcanzó el reinado de For- 
tun III de Sobrarbe. Entre los papeles del Excmo. Sr. Arzobispo tantas 
veces citado, hay uno escrito de su puño y letra, por el que se vé haber 
leído dicho señor en los antiguos monumentos del monasterio de la Peña , que 
Galindo y hijo de Aznar, era conde de Aragón, en tiempo del rey Fortun (2). 
Tales son sus palabras. Y como sabemos que Fortun reinó desde el 809 al 815, 
la vida de este conde debió prolongarse por tanto hasta esa época. No hemos 
podido precisar más ni el principio ni el fin de su Condado. 



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JIMENO AZNAREZ, 

Conde 3.° de Aragón. 



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imeno sucedió en el Condado á su padre Galindo, tomando el patronímico 
Aznarez de su abuelo Aznar. Bella costumbre generalizada luego , como ve- 
remos en su lugar, con el objeto de hacer menos sensible la pérdida de algún 
individuo de la familia , y de refrescar la memoria de sus hazañas , conser- 
vando su mismo nombre. No son muchas, en verdad, las que registra la his- 
toria de este conde. Murió junto á Oleas, batallando con los moros. Pero no 
puede en modo alguno convenir á esta batalla el año (802) á que la refiere 
Garibay, de ser cierto que en ella murió éste conde; pues según acabamos de 
ver, en ese año, y aun algunos después, aún vivía su padre. Por esto sospe- 

(1 ) Sobre esto dice el MS.. fól 62: «Si merece crédito la escritura que Zurita trae en sus índices, esos 
regalos fueron hechos á la iglesia de Siresa, en el año 867 , era 905.— Pero como añade á continuación, 
que por entonces reinaba en Pamplona García Iñigo, y éste había muerto muchos años antea , nos deja en 
duda sobre la verdadera fecha del suceso por no estar acorde consigo misma la escritura. » 

(2) MS. fól. 62, vuelto. «Esta opinión es más conforme á la cronología y á la verdad histórica,» 



. 64 COMENTARIOS 

chamos que Jimeno f la batalla de Oleas ( 1 ) , lo mismo que los dos condes 
siguientes, corresponden á los tiempos del cuarto rey de Sobrarbe. No siempre 
Oleas fué fatal á la causa de los cristianos. Allí , ya lo bemos dicho , destrozó 
á los sarracenos tiempos atrás Fortun, el tercero de nuestros reyes. De esa 
época data aquel célebre privilegio de nobleza, honorífico distintivo que con- 
servan los habitantes del valle de Roncal , bien merecido por aquella insigne 
victoria (2). 

Muerto Jimeno sin hijos, dicen haberle sucedido su tio, pero sin manifes- 
tarnos por qué causa hicieron caso omiso de su hermano Endregoto (3). Luego 
veremos lo que trae Zurita sobre la hija de éste. 



JIMENO GARCÉS, 

Conde 4. de Aragón. 



JíTll anterior no sucedió el hermano sino el tio Jimeno Garcés , hijo segundo 
de Áznar, el primero de los condes. No hemos conseguido averiguar, ni de 
dónde tomó el patronímico Garcés , ni por qué le prefirieron á su sobrino , ni el 
tiempo de su Condado. Nosotros, ya lo hemos indicado, le creemos contempo- 
ráneo del rey Sancho. En opinión de Zurita, la hija de Endregoto, heredera 
del Condado aragonés, casó con García, hijo del rey Arista. Poco probable nos 
parece, siendo la unánime de todos los escritores, que la esposa del hijo de 
Arista fué hija de Fortuh el último de los condes aragoneses. La causa del 
error , á nuestro parecer , no es otra que el haber existido , casi siglo y medio 
después en el reinado de Abarca el Ceson otro Endregoto , cuya hija sabemos 
haber contraído matrimonio con el hijo del mismo Abarca, llamado también 
Qarcia. Nosotros no dudamos , que este Endregoto era descendiente del pri- 
mero, pero ninguno de los dos llevó en sus sienes la corona de los condes. 

Por eso, siguiendo á Garibay, damos el cuarto lugar á Jimeno. De éste 
cuentan únicamente , haber sido muerto por los moros muy al principio de su 
Condado, dejando un solo hijo que le heredó al punto. 

( 1 ) Olas , Olaat , Olgasti , hoy Oliati. 

(2) Por los victorias de Oliati y Ocharen. 

(3) No fué mujer Endregoto ? 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. K 



GARCÍA aznarez, 

Conde 5.° de Aragón. 



L ambien éste se apellidó Aznarez en memoria del primero de los condes. De 
él cuenta la historia que murió (832) en compañía de Sancho, rey cuarto de 
Sobrarbe , luchando contra los moros en aquella batalla que dijimos haber 
ocasionado nuestro primer interregno , al ser asaltados por Muza , régulo de 
Zaragoza. El Condado de Aragón pasó á su hijo Fortun, no teniendo en ver- 
dad los aragoneses interregno alguno, porque no faltó la línea de sus condes. 
v[h.s formando éste y Sobrarbe un mismo y solo R.**ino, por haber sido siempre 
aquellos condes subditos <le estos reyes, cuanto influía notablemente en los 
intereses de Sobrarbe, afectaba también á los aragoneses. Por esta causa deli- 
beraron todos de común acuerdo sobre el afianzamiento déla cosa pública. 



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FORTUN JIMÉNEZ 

Conde 6.° de Aragón. 



F, 



obtün , que ciñó la corona á la muerte de su padre García tomando el pa- 
tronímico Jiménez, fué el que dirigió y llevó, á feliz término aquel primer in- 
terregno. Tuvo una sola hija, Urraca ó Enenga, heredera del Condado, la que 
se unió en matrimonio con García, hijo de Arista. Estas nupcias fueron fe- 
cundo manantial de gozo , de paz y de concordia. Y no sólo se unieron am- 
bos esposos por la dignidad del Sacramento ; se unieron también los dos 
estados, heredando ambos consortes los títulos de sus padres: el Reino de So- 
brarbe, García; Urraca, el Condado de Aragón. Reina tal divergencia entre 
los escritores , que nos es imposible señalar con exactitud el año de tan fausto 
acontecimiento. 

Sabido es de todos , que Fortun poseyó el Condado más de treinta y seis 
años, trascurridos desde que murieron (832) el conde (Jarcia y el rey Sancho, 
dando origen al interregno y principio al Condado de Fortun , hasta que los 
nuestros ofrecieron (868) por consejo de éste la corona de Sobrarbe al rey 
Arista, con quien estaba aquel unido por estrechos vínculos de amistad, inte- 



5¿ COMENTARIOS DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 

res y parentesco. Ya se hallaba entonces desposada su hija con el hijo de Aris- 
ta, porque Fortun , fruto de este matrimonio , como se colige del privilegio que 
prometimos insertar más adelante, había salido de la puericia el 880. Tal vez 
le moviera este resorte para aconsejar á los nuesros la elección de su consue- 
gro , pues afirman todos los autores , en armonía con el códice de la Peña, 
haberse efectuado la elección, siendo Fortun el alma del congreso, el primero 
que emitió su voto , y quien imprimió aquella dirección á la cosa pública. 

Por más que no nos haya legado la historia ninguna de sus empresas mi- 
litares, no dudamos que estaba dotado de mucha pericia en los asuntos de la 
guerra. Pero basta para gloria suya el haber sido inventor y autor de la Cons- 
titución aragonesa: acción brillante que bien pudiera anteponerse á los más 
esclarecidos triunfos de muchos otros. Obra suya fué la consulta dirigida por 
nuestros mayores al papa Adriano II y á los lombardos sobre las leyes fun- 
damentales del Reino , y ese el principio del antiguo fuero de Sobrarbe , ese el 
origen del Justiciazgo, esa la fuente y manantial de nuestras libertades. Por 
tanto, difícilmente nos persuadiremos que pecamos de excesivamente pródigos 
en sus alabanzas. 

Ignórase por completo el ano de su muerte. Sospechamos, sin embargo, 
que fué anterior á la de Arista, por cuanto afirman casi todos los escritores 
haber poseído su yerno García, como herencia de su esposa, el Condado de 
Aragón desde el principio de su reinado. A éste se le debiera contar por el sé- 
timo de los condes aragoneses; y por octavo y último, á su hijo mayor For- 
tun II el Monje, el que despojándose de las insignias reales se retiró á la vida 
solitaria del claustro (901): abdicación que fué la causa del segundo inter- 
regno , cuya narración hemos suspendido para intercalar en ella á los condes 
aragoneses. 

Como arriba queda consignado cuanto podíamos referir de estos dos últi- 
mos, á quienes podríamos llamar sétimo y octavo, considerándolos como reyes 
de Sobrarbe, creemos qife no debemos repetirlo en este lugar. Y con esto he- 
mos dado fin á lo que nos habíamos propuesto decir respecto de los condes. 

Ya que durante el segundo interregno ,. fusionándose Sobrarbe y Aragón, 
se dio principio á la nueva empresa de erigir un Reino nuevo por la elección, 
verificada en Jaca , de Sancho Abarca el Ceson , nieto de este conde y hermano 
de Fortun el rey Monje, cuando con tan buena estrella se inauguraron la dig- 
nidad real y el afortunado y venturoso Reino aragonés ; deberíamos continuar 
la narración de este segundo interregno , siguiendo el orden de cosas comen- 
zado. Obligados nos vemos, sin embargo, á entablar la discusión, diferida 
para este lugar, sobre los orígenes de nuestro Reino. Dilucidado este punto, 
reanudaremos el hilo del discurso . 



VARIEDAD DE OPINIONES 

SOBRE EL ORÍGEN DEL REINO DE SOBRARBE. 



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E 



ixtrañeza y asombro causa el ver la divergencia grande que reina entre los 
escritores al hablar de nuestras cosas , y mayor aún al desenvolver los oríge- 
nes de nuestro Reino. Omiten unos á los cuatro predecesores de Arista, cali- 
ficándolos de duques 6 capitanes de tropas , nunca de reyes. Reyes los apelli- 
dan otros , mas de Navarra ó de Pamplona , no de Sobrarbe : para ellos este 
último Reino es pura invención moderna. En opinión de muchos, de casi to- 
dos , Arista fué alzado rey por navarros y sobrarbienses á un mismo tiempo, 
en una misma asamblea. Aunque solo , hace esfuerzos Garibay por borrar el 
primer interregno, suponiendo abuelo de Arista á Sancho IV, rey de Sobrarbe, 
y eslabonar asi una sucesión no interrumpida desde el primero de los reyes 
García Jiménez hasta Iñigo Arista. Esto nos ha puesto en el deber de suspen- 
der nuestra marcha y dirigir una ojeada á todos estos puntos , y manifestar 
los fundamentos de la opinión, á que sobre ellos hemos dado la preferencia en 
nuestra historia. 

Antes de todo , y para que no haya lugar á duda acerca del nombre, vida 
y reinado de Jimeno , padre de Arista , copiamos á continuación el antiguo 
privilegio, que arriba dijimos haber descubierto nosotros en el archivo de 
Barcelona, del cual se deducen además otras varias cosas. Dice así: 

«En el nombre del Señor Jesucristo: Yo García rey, hijo de Iñigo rey: 
» Pensando en mis innumerables pecados que , trastornándome el enemigo del 
» humano linaje , con demasiada temeridad perpetré , y temiendo ser contado 
» entre los cabritos á la siniestra, como recompensa de mis actos, en el dia del 
» juicio tremendo, por consejo de mi hijo Fortun llego al monasterio de San 
» Salvador de Leire. Y allí presente D. Jimeno obispo, me asocio en oraciones, 
» y ayunos, y limosnas y buenas obras ; creyendo que , por el sufragio del 
» Santo Salvador , y por las súplicas de los santos mártires ( 1 ) , y por las ora- 
» ciones de los hermanos que allí sirven solícitos , se puede cualquiera' librar 
» de las adversidades en este siglo, y de la condenación perpetua del futuro. 

( 1 ) Quizá santas mártires. 

8 



58 COMENTARIOS 

» Pues para que esto á mí me suceda según mi deseo , y según mi esperanza, 
» presente mi hijo Fortun, y el obispo D. Jimeno, y otros principales mios, 
» doy al Santo Salvador y á los santos mártires las dos villas de Lerda y An- 
» juesen con sus adherencias; esto es, términos, por mi y por mi hijo y por 
» muchos señalados. Y Lerda tenga los términos desde Santa Cruz, que está 
» en la cumbre del monte , cómo corre el agua , hasta el valle mayor de On- 
» dosa; y desde el valle mayor hasta Bocartal; y desde Bocartal hasta Salsas; 
» y desde Salsas hasta Samario ; y desde allí hasta Villosa ; y desde Villosa 
» Suso hasta Casallo y la iglesia de San Félix, como corre el agua hasta las 
» Vinyuelas antiguas; y desde allí en Suso hasta la fuente de Camplion. Y 
» desde aquella fuente hasta Vayll susos , y desde Vayll susos hasta la men- 
» cionada iglesia de Santa Cruz. Y Anjuesen tenga los términos desde Peña 
» vulturina hasta la fuente que se llama Axavo ; y desde aquella fuente hasta 
» el pontarron ( 1 ) , como corre el agua hasta el rio Aragón ; y desde la cumbre 
» del monte Agara con los canales, junto con la canal de Averanosa, que está 
» junto á Malio, y desde Malio hasta Aguilar; y desde Aguilar á la fuente de 
» Mopoyo , y como corre aquella fuente hasta Vayll liscosa ; y desde la misma 
» valle hasta; el rio Aragón.- Y las mismas villas con los términos sobredichos 
» así determinados en compañía de mi hijo, doy ingenuas y libres al Santo 
» Salvador; de modo que ninguno allí tenga alguna manda (2), sino el 
» abad de San Salvador y los monjes de él. Y las doy á ellos así determi- 
» nadas, porque grande contienda solían tener los hombres de Villafilaria con 
» los hombres de Lerda y de Anjuesen, así que matarse querían. Y para que 
» no tengan entre sí más contienda, determiné aquellos, para que desde este 
» dia los hombres de Lerda y de Anjuesen no tengan contienda, ni juicio con 
» los hombres de Villafilaria ni de otras villas. Y presentes fueron á esta deter- 
» minacion García Semenones é Iñigo Blascon de Dasse bozo , y tio , y Auriolo 
» Presbítero , y su Neto García de Arbi , y García Necones, y Eldebon de San- 
» sicu, é Iñigo Blascon, y García Fortuñon de Guardóse, y Sancho Vita, y 
» Blasco Necones de Frelisana , y Galindo Benayon , y Man tio Blascon , y Ga- 
» lindo Garcés de Filiaría ; y su Netu Galbassu , y Fortun Mantiones de Gor- 
» dun, marido de doña Sancha, que fué hermana de aviatu de Falcos, y Se- 
» nior García Enecones , juez de Ondosse. Y yo Jimeuo obispo persuadiéndome, 
» y rogándome mi señor el sobredicho rey García, para que de un modo seme- 
» jante haga algún don á mi señor San Salvador , y á las santas mártires, para 
» dar á los demás ejemplo, sabiendo que por esto, el premio de la vida eterna 
» se adquiere en lo futuro ; doy y concedo las iglesias de estas villas al Santo 
» Salvador y á las santas mártires , al abad Sancho Gentulis , por derecho he- 
» reditario, para poseerlas perpetuamente del mismo modo también. Y yo el 
» rey García doy un campo entre Naverdun y Sancico, del mismo modo ingé- 
» nuo. Pero cualquiera que á esta donación nuestra, que por la remisión de to- 
» dos los pecados nuestros, y principalmente por la remisión de mi padre Iñigo, 



( 1 ) Pequeño puente V 

(2) Dominio. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 59 

» y de mi abuelo Jitneno rey, y también de los sucesores mios, esto es, de los 
» reyes , principes y condes , quisiere contradecir ; ó en cualquier tiempo la 
» heredad ó término de estas villas , ó las villas mismas , ó las mismas iglesias 
»por D. Jimeno obispo ofrecidas, sustraer ó enajenar quisiere de San Salva- 
» dor; sustráigale á él Dios del santo paraiso , y enajénele del consorcio de los 
» bienaventurados. Y de parte de Dios Omnipotente, sea maldito y excomul- 
»gado y anatematizado con el anatema de Maran Ata, y del gremio de la 
» cristiana Iglesia segregado, y la frente privada de las dos lumbreras. Al fin 
» por repentina muerte sorprendido , y á los demonios entregado con Satanás 
» y con Judas el traidor, que al Señor Salvador entregó; en el infierno infe- 
» rior tenga porción para ver y llorar con el diablo y con todos los ángeles de 
» éste en los siglos sempiternos sin fin. Y en este caso, que no quiera Dios, 
» persuadiendo el diablo con la concupiscencia del siglo , si aconteciere ; de 
» parte de Dios y de Santa María, madre de él, y de las muy bienaventuradas 
» mártires Nunilon y Alodia , y de todos los santos , al rey , al príncipe 6 al 
» conde que en aquel tiempo reinare, conjuro y ruego; que la oblación que 
» D. Jimeno obispo ofrece á ruego mió , y por su propia voluntad , y la obla- 
» cion que yo por los pecados mios á Dios ofrezco, él mismo por fuerza ó por 
» voluntad, ni por juicio no deje quitar ó partir. Y si lo permitiere , todos los 
» pecados nuestros y de nuestros padres, y de todos nuestros sucesores reyes 
»y obispos, por quienes esto ofrecemos, sobre las cenizas de él caigan; y en 
» el dia del juicio reconozca la culpa suya, y tenga condenación de su alma, 
» y esta oblación permanezca vigente en los siglos de los siglos. Amen. Hecha 
» esta carta (1) de donación ó confirmación el veinte de Noviembre era 918. 
» Nosotros también , los predichos García rey y mi hijo Fortun , que esta carta 
» hacer mandamos y la oímos releer, y nuestros propios signos ponemos, y á 
» los confirmadores 6 testigos para confirmar manifestamos , confirmamos y 
» roboramos. =García rey , confirma y signa.=Fortun prole del rey , confirma 
» y signa. =Obispo Jimeno de Pamplona, confirma y de propia mano signa. = 
» García obispo de Albelda, confirma. =Obispo Mancio en Aragón, confirma. =2 
» Abad Sancho Gentulis , confirma.=Abad Fortun de San Millan , confírma.=* 
» Abad D. Salud de San Prudencio, confirma. =Senior Iñigo Sanz en Nájera, 
» confirma.=Senior Blasco Boardell de Biozar, confirma. = Sénior Mancio 
» Sánchez de Elessa , confirma. = Sénior Aznar Sánchez de Filiaría, con- 
» firma.» 

Evidente y manifiesto será ya para todos que el padre del rey Arista fué el 
rey Jimeno. La gloria de este descubrimiento no nos pertenece : no hemos 
sido nosotros los inventores; hemos comprobado sí, esta verdad histórica. Ga- 
ribay, siguiendo como él mismo confiesa la historia de San Juan de la Peña, 
fué entre todos el primero que sacó del polvo el nombre del rey Jimeno, si 
bien no pudo probar su reinado. En ninguna página de su historia se echa de 
ver que fuese rey, sí sólo padre de Arista; motivo por el cual dijimos arriba 
que Garibay había flaqueado en las pruebas. Mas en el anterior privilegio, de 

( 1 ) Escritura. 



60 COMENTARIOS 

una manera clara y evidente , se demuestra que fué padre de Arista y también 
rey: porque García, que otorgó ese privilegio en 880 — año que corresponde 
a la era en él citada — se llama sin ambages hijo de Iñigo Arista, 6 de Ene- 
con, como decían los antiguos, y nieto del rey Jimeno, a quien él llama 
abuelo suyo. Colígese igualmente del mismo privilegio el nombre de Fortun, 
biznieto de Jimeno, nieto de Arista, é hijo del rey García, que otorgaba el 
privilegio, á quien nosotros hemos llamado último rey de Sobrarbe, inmedia- 
to sucesor de los condes aragoneses. Confesamos que no prueba este privile- 
gio nuestra opinión sobre el reinado de Fortun el Monje; que sólo nos dice su 
nombre; que fué hijo del rey García, y por consiguiente, nieto de Arista. In- 
siste, no obstante, Garibay en que se ciñó Fortun la corona, abdicándola 
después al ligarse con los votos monacales en el monasterio de Leire, con 
pruebas sacadas de la misma antigüedad y tan fuertes que, como se dijo en 
la vida de este rey, debían desecharse ya todas las objeciones en contrario. 

Otro de los puntos más importantes que se deducen también perfectamente 
de ese privilegio es, que Urraca la hija del conde, ya estaba unida en matri- 
monio con el hijo de Arista al tiempo de ser éste elegido por los nuestros (868). 
Circunstancia que dá margen á la sospecha no infundada , de que el mismo 
conde tomara más á pechos el inclinar todas las voluntades para elevar al trono 
á su consuegro. Y se patentiza más, cuanto más se fija la época de estos acon- 
tecimientos. Porque si el nieto del mismo conde el Monje Fortun, hijo del rey 
García y de Urraca — no consta tuviera otra esposa, — es consultado por su 
padre sobre ese privilegio al tiempo (880) de concederle, palabras textuales; 
y él confirma y sanciona además ese mismo privilegio ; se hace indispensable 
concluir , que Fortun si no pasaba , frisaba al menos entonces en los catorce 
años , pues siendo de menor edad mal pudiera dar el consejo que se le pedia. 
Ahora bien : desde el ( 868 ) año de la elección de Arista al de la concesión 
del privilegio (880) trascurrieron tan sólo doce años. Por tanto, cuando eli- 
gieron los nuestros al rey Arista, ya tenía al menos dos años su nieto Fortun, 
el mismo que , como repetidas veces hemos dicho , se retiró al claustro. Y lo 
que hace también á nuestro intento , influyó el conde con los nuestros en la 
elección de Arista , á pesar de la respuesta dada , porque á la sazón le ligaban 
á .él lazos de afinidad por haber enlazado á su hija con el hijo de aquel , y ya 
tenía un nieto de este matrimonio. 

Contestado habían en efecto á la consulta de los nuestros el papa Adriano, 
y I03 lombardos , que no ofreciesen la corona á ninguno de los más poderosos 
para que no vejase á los débiles. Esto lo tendrían ello3 tan presente , que no 
es creíble se desviaran tanto y tan pronto de ese consejo sin algún motivo po- 
deroso para elegir á Arista : el cual , ya que de mucho tiempo atrás no reinase 
en Pamplona, según hoy opinamos nosotros, como hijo del rey Jimeno les 
aventajaba á todos en poder y dignidad. Pero se hace verosímil el que por su- 
gestiones de algún magnate , del conde por ejemplo , consintiesen los nuestros 
en separarse algo del camino trazado , y más interponiéndose la magistratura 
del Juez medio , instituido precisamente para moderar el poder real con el con- 
trapeso de las leyes antes convenidas. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 61 

No afirmaremos en absoluto que fuese Arista extranjero, otro de los im- 
pedimentos que contenía la respuesta ; antes pensamos que , si bien era oriundo 
de la Aquitania, se le consideraría cual ciudadano, ya por ser hijo del rey Ji- 
meno , ya como antiguo rey de Navarra. En esto no creemos que se apartaron 
gran cosa del plan bosquejado por los consultores. Con suma dificultad opi- 
namos, que hubieran accedido los nuestros á introducir alteración en la pri- 
mera parte , á no ser con la modificación del poder verificada por la erección 
del Juez medio. Esto es cuanto nos ha ofrecido por ahora observar relativo al 
texto de ese privilegio. 

Hay otras cosas que , si no revisten mayor certeza , pues las anteriores son 
indudables, llaman, sin embargo, nuestra atención para servirnos de ellas 
como de punto de partida en la presente controversia. Tal es la grave autori- 
dad y firme testimonio del rey D. Jaime I en aquel pasaje de sus Comentarios, 
escritos por el mismo rey en lengua lemosina há más de tres siglos , cuando 
dirigiéndose á los oscenses dice de una manera explícita , que era el décimo- 
cuarto de los reyes de Aragón, en los siguientes términos : « Varons, be creem, 
que saben , ¿ deveu saber, que nos som vostre senyor natural; é de lloneh ternps, 
que XIIIl Reys ab nos ha hagut en Avagó. » 

Sentados, pue3, estos fundamentos, dilucidemos primero el punto que 
oscurece á los demás. Los que borran del catálogo de los reyes á los primeros 
haciéndolos capitanes , guianse principalmente por la respetable autoridad del 
arzobispo de Toledo D. Rodrigo , que los pasa en silencio, y dá principio á su 
narración por el rey Arista. Esta opinión se robustece , á su parecer , con las 
palabras citadas del rey D. Jaime. Así se ven obligados á desaparecer de la 
galería de nuestros reyes , además de los cuatro predecesores de Arista, su 
padre Jimeno y su nieto Fortun , como también otros dos en ella recientemen- 
te colocados por Garibay, García y Sancho, que deben intercalarse entre 
Abarca el Ceson y el rey Trémulo, cual si éstos fueran fingidos y fabulosos, 
aquellos capitanes no reyes. Y aun juzgando que es un crimen el dia de hoy 
el suscitar nuevos reyes , de ningún modo , dicen ellos , pudo llegar á ser tan 
completo el olvido de la historia, y menos tratándose de. reyes, que ni siquie- 
ra fuesen estos conocidos por sus nombres. Y como asegura de sí mismo el 
rey D. Jaime, que és el decimocuarto de los reyes, paréceles ineludible la ne- 
cesidad de buscar en Arista el origen del Reino y el tronco de los reyes , y de 
borrar del catálogo de éstos á sus antecesores, y á los que le sucedieron de 
arrancarlos aun del número de los vivos. Tanta es la suavidad con que tratan 
el asunto. 

De gran peso y veracidad son sin duda para nosotros las palabras de 
D. Jaime; pero séano3 permitida la creencia de que no han sido bien inter- 
pretadas. Todos los historiadores antiguos y modernos que han hablado de 
nuestras cosas, consignan, con raras excepciones, la existencia de nuestros 
reyes , y sobre todos Garibay , que asegura terminantemente hallarse fundada 
esa verdad en muchos monumentos antiguos, algunos leídos por él mismo. 
Hé aquí varios de esos autores ; el rey de Castilla Alfonso el Sabio ; Rodrigo, 
arzobispo de Toledp ; la historia de San Juan de la Peña , y el excelentísimo 



i 



62 COMENTARIOS 

señor D. Fernando, arzobispo de Zaragoza. Este comienza, como nosotros, su 
historia manuscrita por los cuatro reyes de Sobrarbe. Alfonso de Castilla y el 
arzobispo Rodrigo suponen haber existido en Navarra reyes anteriores á Iñigo 
Arista, pues el uno y el otro ^755} hacen descendiente de la familia real de 
Navarra á Munina ó Momerana, esposa de Fruela, rey de Asturias ó de León. 
El reinado de Fruela, y por consiguiente, su matrimonio, según éstos y otros 
historiadores , es anterior en mucho al rey Arista. Por donde se vé , que los 
predecesores de éste son reyes, no capitaues, si damos crédito á los historia- 
dores Alfonso y Rodrigo. El autor de la crónica pinatense, que se cree ser el 
monje Pedro Marfilo, contemporáneo, ya que no anterior, al arzobispo de To- 
ledo, los llama también reyes. Además, Jerónimo Zurita, aunque para él 
Arista e3 el primero de los reyes, dice, que la tierra de Sobrarbe en época 
anterior. (8 14), según su misma opinión, al reinado de Arista y al de su pa- 
dre, llevaba ya el nombre de Reino. Existía, pues, en verdad el Reino de So- 
brarbe , si bien cree este autor se llamara así por la milagrosa aparición de la 
cruz , no sobre un árbol , sino sobre el monte Arbe ( 1 ) . Mas , ora se aparecie- 
ra la cruz sobre el monte, ora sobre el árbol, si en ese ano el Sobrarbe for- 
maba Reino , este Reino debía estar gobernado por reyes. Y , por entonces, 
con escasa diferencia , fueron como es sabido los reinados de Fortun , de San- 
cho III y de Sancho IV, á quienes hemos llamado reyes, mucho antes de la 
época de Arista y de Jimeno. Reyes, por consiguiente, fueron los antecesores 
de éstos. Y si reyes , seguramente de Sobrarbe , para que su título correspon- 
diese al nombre del Reino que gobernaban. ¿Qué más? Aun el mismo Zurita 
afirma en sus Anales que existe un privilegio otorgado á la iglesia de San 
Pedro siresiense , en el cual se hace mención del rey Sancho Garcés y de un 
conde de Aragón , cuyo nombre precede al del monarca. Todavía más. Cuén- 
tase que en los privilegios concedidos á los habitantes del valle de Roncal , de 
los que hace mención el príncipe Carlos , y cuya copia tiene Garibay en su 
poder, se habla del rey García y de su hijo Fortun, titulado infante de So- 
brarbe. De modo que nadie puede ya dudar con fundado motivo, estando 
probado con testimonios tan autorizados; que los cuatro primeros no son ca- 
pitanes, sino reyes. 

No nos parece suficiente motivo para seguir la, opinión contraria el si- 
lencio del arzobispo de Toledo, porque este autor se proponía escribir en 
aquel capítulo sobre el origen y genealogía de los reyes navarros, como 
lo indica su encabezamiento , y muy bien pudo pasar en silencio á cuan- 
tos no podía contar en el número de aquellos. ¿Podía, por ventura, conside- 
rarse como tronco de los reyes de Navarra ó Pamplona este García Jiménez, 
no habiendo sido elegido por gente de Navarra, ni en tierras de Navarra, ni 
gobernado la Navarra , ni sido sepultado en suelo de Navarra? Y el mismo 
Rodrigo en otra parte siente, al parecer, de diferente manera, diciendo, como 
dejamos advertido, que Fruela, rey de Asturias ó de León, tomó por esposa 
á Momerana, de la real prosapia navarra, á la que el rey Alfonso llama Mu- 

( 1 ) Hoy monte de San Benito. 



DE LAS CQ8AS DE ARAGÓN. 63 

nina (era 793, año 755), y el rey Arista, según el mismo arzobispo, comenzó 
á reinar mucho después en Navarra. Esto mismo nos hace sospechar que los 
anteriores reyes, según ese pasaje, por la circunstancia de pasarlos en silen- 
cio el arzobispo que era navarro, lo fueron de Sobrarbe, no de Navarra; si 
bien comprendemos que sus palabras pretenden hacer navarros á todos esos 
reyes. Es muy propio de la gente de ese país creerse ellos origen de toda an- 
tigua nobleza. Con esto queda probado , que ni el arzobispo está acorde con- 
sigo mismo ni con el asunto que se había propuesto ; antes bien flaquea cier- 
tamente en la mayor parte de su obra. 

Era su propósito tratar del principio y genealogía de los reyes de Navarra; 
y comienza en Arista, cual si hubiera sido el primero de esos reyes, siendo 
asi que el mismo habla de la estirpe real navarra en época muy anterior á la 
de ese soberano. Además no dice ni una sola palabra, ni del rey Jimeno padre 
de Arista , ni de su nieto Fortun , reyes ambos : aquel , si lo fué , es de Na- 
varra únicamente ; éste de Navarra y de Sobrarbe á la vez , según queda de- 
mostrado. Demás de ésto, se vé también en el mismo Rodrigo, y en el rey de 
Castilla, que, al darse principio á la restauración, á raíz de aquel lastimoso 
desastre de España entera, Fruela y algunos otros reyes de Asturias ó de León, 
dominaron antes y después que él la Navarra , viéndose obligados más de una 
vez á emplear sus armas contra ella por haberles negado la obediencia. Pres- 
táronla otros muchos navarros á los reyes de Sobrarbe antes de la elección de 
Arista, según el valenciano Beuter, autor para nosotros de mucho crédito. Y 
como éste y el príncipe Carlos atestiguan , que Arista fué el primer rey de Na- 
varra, podemos colegir perfectamente, que los cuatro reyes anteriores á Arista, 
de ninguna manera deben contarse entre los reyes de Navarra, aunque así los 
haya apellidado por falta de reflexión el vulgo de los escritores. Pronto vol- 
veremos á insistir con más extensión sobre el mismo asunto. 

Confirmase con autoridades de otros escritores , además de las fórmulas 
usadas en los reales privilegios, que no es de invención moderna, sino antiguo 
y muy antiguo el nombre de Sobrarbe. En la mayor parte de los documentos 
que tenemos de Sancho el Mayor , y de algunos otros reyes antes y después de 
él , observamos que todos acostumbraban á emplear la misma fórmula , intitu- 
lándose primero reyes de Aragón y de Pamplona , no de Navarra , — este título 
no recordamos haberlo visto en ninguno de los privilegios antiguos — al final 
y tras la fecha del privilegio con las palabras : Hecha, la escritura en la era, 
etcétera; los demás países que estaban bajo su cetro solían expresarlos á conti- 
nuación, diciendo: Reinando yo Sancho rey en Pamplona, en Aragón, en So- 
brarbe y en Ríbagorza. Alguna vez por Suprarbi Sobrarbe, se lee Superarbi 
Superarte, ó Sobrearbe. Es, pues, cosa evidente que esos territorios habían 
sido otros tantos Reinos. Y con tal modo de hablar se demuestra, que éstos, 
aunque separados un tiempo, se hallaban entonces reunidos bajo un solo rey, 
que dice reinaba en ellos. 

Si el Sobrarbe fué Reino alguna vez , debió serlo indudablemente antes de 
Abarca el Ceson. Después de este rey cayó en desuso el nombre de Sobrarbe, 
sustituyéndole las palabras Reino de Aragón , siendo Abarca el primero que 






64 COMBNTABIOS 

las usó. En adelante sólo se halla aquel mencionado al fin de los privilegios 
en la forma dicha. Así se fué anticuando poco á poco la expresión «Reino de 
Sobrar be.» 

Infiérese también de aquí , que se debe dar otra interpretación á la citada 
cláusula de D. Jaime. Signifícase ciertamente con ella no el tronco de los re- 
yes , sino el principio del Reino y del Reino de Aragón , prescindiendo el con- 
quistador, al intitularse rey decimocuarto, de los reyes anteriores al Ceson. 
Porque si él se hubiera propuesto denotar el tronco de la real estirpe , habríase 
remontado hasta el rey Jimeno, hubiese incluido al rey Fortun el Monje, her- 
mano de Abarca el Ceson — ya que no á los otros dos reyes , que deben interca- 
larse, como dijimos, entre el Ceson y el Tembloso — y, en esta hipótesis, no 
seria el decimocuarto de los reyes , sino el decimosexto. A contarse estos dos, 
como contarse deben por haber sido verdaderos reyes , sería D. Jaime á no 
dudarlo el decimoctavo. Y si éste se hubiera propuesto hacer referencia no 
al principio de Aragón , sino al de otro Reino diferente , no estaría acorde con- 
sigo mismo, pues sería igual si no mayor la diferencia. Debería tomarse en 
este supuesto el principio algo más arriba en aquel García I que dijimos po- 
dría llamarse padre de todos los reyes , incluyendo en el número á cuantos 
reinaron desde la invasión sarracena. En tal caso sería el vigésimosegundo. 

Y no por considerar como padre de todos los reyes á García I, somos de la 
' opinión de Garibay, que se esfuerza por suprimir el primer interregno, ha- 
ciendo abuelo de Arista á Sancho , rey cuarto de Sobrarbe , y continuando sin 
interrupción la serie de reyes desde el mismo García Jiménez ; al contrario, 
demostraremos que es errónea esta opinión de Garibay. Habiendo sido el pri- 
mero de los príncipes de nuestra república el rey García^ que abrió con gloria 
la puerta á los demás para el afianzamiento del estado , debiera el rey D. Jaime 
haber contado á éste y á los demás que le sucedieron, siendo tan reyes como 
él, si se hubiera propuesto únicamente indicar el principio del Reino. Enton- 
ces el número que resultara , aún sería mas elevado. 

Manifestemos , pues , cuál es el sentido de esas palabras , no denotando ellas 
ni el tronco de los reyes , ni el principio del Reino ; y siendo imposible buscar 
otro diferente del genuino explícitamente por ellas indicado. D. Jaime no se 
limitó á decir que era el rey decimocuarto , sino que añadió de los que rei- 
naron en Aragón. Claro está, pues, que no debemos interpretar su pen- 
samiento de una manera contraria á sus palabras. Según éstas, se propuso 
indicar el principio del Reino de Aragón , y que entre sus reyes, él era el de- 
cimocuarto : claras y terminantes son sus expresiones. Si repitiéramos lo dicho 
para ver quiénes fueron los verdaderos reyes de Aragón , y los que llevaron 
ese título, hasta ahora no encontraríamos á ninguno. El primero en usarlo 
fué Abarca, príncipe de quien trataremos terminada esta discusión. Ya queda 
probado que , desde el segundo rey de Sobrarbe hasta el reinado de Arista, 
hubo tan sólo condes de Aragón. El hijo del rey Arista y yerno del conde ara- 
gonés. García, que ciQó la corona condal aragonesa por los derechos de su es- 
posa, fué el primero que pudiera con verdad apellidarse rey de Aragón. Mas 
el privilegio arriba insertado no nos manifiesta que adoptara semejante titulo. 



DE LAS COSAS DB ARAGÓN. 65 

De él se deduce , por el contrario, haber conservado el título de conde , pues 
á los condes cuenta más de una vez en el número de los sucesores. Y éstos. 
deben ser sin duda los llamados 4 heredarle en Aragón , no sabiéndose que 
poseyera otro Condado al que pudieran convenir aquellas expresiones. Antes 
parece indicar la misma repetición de palabras ser su intento y voluntad , que 
sin alteración alguna pasase á sus descendientes el título de conde , no cre- 
yendo posible la alteración llevada á cabo tan pronto por su hijo Abarca. Y 
conjeturamos que , cual el padre , lo conservó también su hijo Fortun el Mon- 
je. Por esto, aunque senor.es del Condado García y Fortun , el hijo y el nieto 
de Arista, no puede decirse de ellos con propiedad que reinaron en Aragón. 
Pero sí de Abarca el Ceson , el cual , como vemos en todos sus privilegios, 
llamábase rey de los aragoneses 6 de Aragón , siendo el primero que propia- 
mente reinó en él , el primero que adoptó ese ilustre título , el primero que 
elevó el nombre de Aragón á la más encumbrada dignidad, á la dignidad 
real , trasmitiéndola después á su descendencia. Intercalando tras de Abarca 
el Ceson dos reyes , el abuelo y el padre de García el Trémulo , García y San- 
cho por Garibay suscitados poco há , resultan y no de otra manera los trece 
reyes de Aragón, predecesores de D. Jaime I. 

Con esto se convence también de falsedad la opinión, que hace primer 
rey á D. Ramiro , con más frecuencia Ranimiro , siendo únicamente siete los 
reyes entre éste y D. Jaime. Más adelante volveremos á tratar este punto. 

Garibay, apoyándose , como él dice , en la fe y autoridad de la historia pi- 
natense, cree que se debe eliminar el primer interregno , y para esto hace hijo 
de Sancho IV de Sobrarbe, á Jimeno, padre de Arista. A nosotros nos es im- 
posible conformarnos con su dictamen , porque no se infiere tal cosa de la his- 
toria á que él hace referencia. Estas son sus palabras ( 1 ) : 

« Después de la muerte del rey Fortun Garcés , rey tercero de Sobrarbe, reinó 
» en Pamplona el rey Sancho Garcés, IV de Sobrarbe.» Luego continúa: «Y 
» reinaba en Asturias el rey Ordofío , que entonces fué vencido por el rey de 
» Córdoba Abderramen , año del Señor 820. Y entonces la gente sarracena, por 
» la victoria alcanzada sobre el dicho rey Ordoño , con mayor audacia traspuso 
» los montes Pirineos, y llevó sus conquistas hasta la ciudad de Tolosa , de 
» manera que por el terror de los moros , ninguno podía hacerles resistencia. 
» Antes bien los cristianos , huyendo y abandonando los lugares que habitaban 
» á causa del miedo y terror de los moros , recogíanse en la cueva de San Juan 
» de la Peña como á singular refugio. Eran en verdad estos cristianos unos 
» seiscientos. Los cuales con sus esposas é hijos , y con todos sus bienes cobi- 
járonse en dicha cueva, en donde estaba edificada la iglesia de San Juan 
» Bautista , la que en honor de Dios y de San Juan ampliaron y adornaron 
» de muchas maneras. Y seguidamente, con gran devoción y contrición de sus 
» pecados , previa una fiel confesión , y con grandes himnos y cánticos , hu- 
» mude y devotamente trasladaron el cuerpo de San Juan , Atares el anacoreta, 



(1) Véase la Crónica de San Juan de la Peña , pág. 23 y siguientes en la Biblioteca de Escritores 
Aragoneses, tomo i.° Algunas ligeras variantes se observan entre uno y otro texto. 

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66 COMENTARIOS 

» y lo sepultaron en una hermosa tumba, sobre la que estaba el nombre y vida 
» del mismo santo en letras maravillosamente esculpidas. Esta tumba fué colo- 
» cada entre los tres altares dedicados á San Juan Bautista , á San Julián , y á 
» Santa Basilisa, allí mismo antes edificados. Seguidamente los dichos cris- 
» tianos, movidos de mayor devoción , edificaron del mismo modo dos altares; 
» el uno en honor de San Miguel y bajo su advocación , el otro de San Cle- 
» mente. Y establecieron allí un monasterio , y pusieron un abad , por nombre 
» Transirico , y clérigos que por su propia voluntad , en honor y reverencia de 
» Dios y de los santos allí sepultados , renunciaron á los deseos carnales y 
» mundanos. Y esto hicieron para que Dios y los santos los preservasen de las 
» persecuciones que los moros intentaban mover contrasellos. Y cada uno de 
» los mismos cristianos edificó alli su mansión propia , y en el mismo sitio 
» dentro de breve tiempo hubo la conveniente población. Y procuraron que el 
» mismo monasterio fuese consagrado por el obispo de Aragón, llamado Iñigo, 
» el dia de Santa Águeda. Y reinó el dicho Sancho García rey de Pamplona 
» veinte años. Y muerto el dicho rey, reinó Jimeno Garcés con su hijo García, 
» de los cuales no se tiene otra noticia , pues murieron sin dejar gobernador 6 
j> sucesor alguno que les sobreviviese.» 

Ni una palabra más sobre los reyes Sancho y Jimeno, ni de su hijo García, 
dice la historia pinatense que tenemos á la vista , y es la misma que Garibay 
leyó, cuando estaba en poder de Zurita. Si no nos equivocamos, no es posible 
deducir del párrafo trascrito que el rey Sancho IV fuese padre de Jimeno. Este 
Jimeno y aquel García, son el Jimeno y García á quienes hemos llamado nos- 
otros padre, y hermano (1) de Arista. En esto únicamente parece haberse equi- 
vocado el autor de la mencionada historia, pues ya hemos probado nosotros con 
el gravísimo testimonio del privilegio antes insertado , que Arista fué hijo vy 
sucesor del rey Jimeno ; y él afirma que Jimeno y su hijo murieron sin suce- 
sión. Por el hecho mismo de darse en esa historia á Jimeno el patronímico Gar- 
cés , diríamos nosotros , que el nombre de su padre debió ser García no Sancho, 
• en cuyo caso le apellidara Sánchez , acomodándose á la costumbre antigua. 
Nosotros estamos persuadidos de que el tal García no fué rey; sino, siquiera 
heroico, un personaje particular. 

Todo lo que cuenta de los nuestros en la cueva de la Peña , debe referirse, 
como lo hemos hecho nosotros , á este primer interregno , puesto que se men- 
ciona al abad Transiniro ó Transirico , y se habla de la consagración de la 
misma iglesia. Estos sucesos, así lo indican todos los monumentos de esa an- 
tigüedad , son posteriores á la muerte de Sancho , y ocurridos durante el in- 
terregno que á ella se siguiera. Ni por más que excediera de los veinte años, 
como dice quien quiera que sea el autor de esa historia, el reinado de San- 
cho IV, pudo éste prolongar tanto su vida, que se realizaran en su tiempo 
tales acontecimientos. Como él subió al trono en 815, y en 842 se consagró la 
iglesia, resultaría un reinado de veintisiete años. Se vé, pues, que asi en los 
hechos como en la cronología, debe seguirse el mismo camino que nosotros, 

( 1 ) Creemos que debiera decir hijo. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 6*7 

no muy diferente del trazado por aquella historia. Si se escudriñaran con al- 
guna reflexión las palabras del privilegio arriba insertado , podría inferirse y 
con verdad, según lo hemos insinuado, que no fué rey el padre de Jimeno. 
Porque García, su nieto, que otorgó aquel privilegio, á dos de sus mayores 
llama únicamente reyes; á su padre Arista y á su abuelo Jimeno. Cuya dona- 
cioTiy son sus palabras, hacemos por la remisión de todos nuestros pecados , y en 
particular por la remisión de mi padre Iñigo y de mi abuelo Jimeno rey, y tam- 
bién por la de mis sucesores, esto es, reyes, principes y condes. 

Si García hubiese tenido entre sus progenitores otros reyes, no se hubiera 
olvidado de ellos , como no se olvidó de los sucesores. En esta súplica de per- 
don , no se acuerda de otros ascendientes suyos , que de su padre y abuelo, al 
paso que tiene presentes á todos los que habían de sucederle. Y no alcanza- 
mos por qué motivo mencionara á todos los sucesores y se olvidara de sus an- 
tepasados , si otro fuera su propósito que el de enumerar tan sólo á sus ascen- 
dientes que fueron reyes. Y como entre éstos únicamente se hallaban su padre 
y abuelo, no le era posible hablar de otros para hacer ostentación de su glo- 
ria, porque su familia no tenia, en efecto, títulos más antiguos que los del 
. Reino. Por tanto, debemos seguir la opinión de la historia pinatense y de to- 
dos los demás escritores, que tras la muerte de Sancho, cuarto rey de Sobrar- 
be, colocan nuestro primer interregno , y desechar, por consiguiente, la de 
Garibay , en contradicción con hechos evidentes ; aunque por otra parte no 
podamos menos de alabar en gran manera su diligencia en descubrir los nue- 
vos reyes y su exactitud en la cronología. 

Aclarado esto, pasemos á ilustrar la parte que nos resta de la presente 
cuestión , á saber : que no fué una misma la elección hecha por los nuestros 
y la que verificaron los pamploneses ó navarros. Aunque nuevo el asunto, 
confiamos probarlo á satisfacción de todos. 

El príncipe Carlos , con la generalidad de los escritores , cuenta que , ha- 
llándose sin rey , preguntaron los nuestros al papa Adriano II y á los lombar- 
dos, y á los francos añaden otros, sobre la mejor forma de establecer la cosa 
pública , obteniendo de ellos la contestación siguiente : 

Que, acordadas de antemano las leyes convenientes, alzasen á uno por rey. 

Que , establecido el fuero de Sobrarbe en conformidad de esto , pasaron los 
nuestros á la elección de Arista, y que éste no sólo sancionó dichas leyes, 
sino que otorgó aquel privilegio de nombrar otro rey , si él ó los suyos llega- 
sen á violar el derecho público. 

Claro está, pues, que Arista no pudo ser rey de los nuestros antes del 
pontificado de Adriano. Este ocupó la silla pontificia — desde el 20 de Diciem- 
• bre de 867 hasta 1.° de Octubre de 872, — menos de cinco años, como se in- 
fiere del mencionado Onofre. Así, pues , la elección de Arista por los nuestros 
debió llevarse á cabo en alguno de esos años. Si acaso aparece él reinando án : 
tes de ese tiempo, sería en Navarra, no en Sobrarbe. De varios documentos, 
algunos insertados por Garibay en su historia y dignos de entero crédito , se 
colige , que Arista era rey y que como tal otorgaba privilegios en 842. Jeró- 
nimo Zurita , que no discrepa gran cosa de la opinión de Garibay , pone en sus 



i 



68 COMENTARIOS 

índices el principio del reinado de Arista hacia el 845. Si Arista en 842 era ya 
rey; 6 lo sería de los nuestros, 6 de los navarros , 6 de unos y otros á la vez. 
No de los nuestros , porque la consulta dirigida al pontífice sobre el estable- 
cimiento de nuestro Reino acaeció veinticinco años después, y necesariamente 
debió preceder á la elección de Arista. Éralo , pues , de los navarros. Si de los 
navarros , la elección de Arista por los nuestros fué diferente de la que hicie- 
ron ellos, á quienes tiempo hacía gobernaba como rey, cuando fué elevado al 
trono de Sobrarbe. No estriba, pues, en una simple conjetura la opinión emi- 
tida en otra parte , que Jimeno no fué rey de Aragón , aunque tal vez pudiera 
serlo de Navarra. • 

Este parecer sobre la consulta dirigida á Adriano II y á los lombardos, del 
que podría colegirse haber sido contemporáneos aquel y éstos , parece hacerlo 
todo sospechoso , no existiendo ya en los tiempos de ese pontífice la nación 
lombarda. Confesamos que , durante largo tiempo , nos desagradó á nosotros 
mismos esa opinión , teniéndola por incierta y problemática. 

Cario Magno, dice con los escritores francos nuestro amigo y gravísimo 
escritor Carlos Sigonio, llamado el año quinto de su reinado (773) por Adria- 
no I contra el último rey lombardo Desiderio , tirano cruel de Roma , venció á 
éste obligándole por fin á entregarse tras un prolongado sitio , y le envió á 
Francia con su esposa é hijos, después de haberle despojado de todos sus do- 
minios , destruyendo así el Reino de los lombardos. De este modo pasaron á 
manos de los francos todas las conquistas de los lombardos en Italia , excepto 
el Exarcado , Ravena , la Romanía y parte de Toscana , cedidos por el mismo 
Carlos al beatísimo padre Adriano I y á la sede apostólica, territorios que 
aquellos habían arrebatado á los emperadores de Oriente y Occidente. De esta 
suerte el valor de Cario Magno barrió de Italia el Reino de los lombardos casi 
un siglo antes del pontificado de Adriano II. Es, pues, un anacronismo el su- 
poner á los lombardos aconsejando á los nuestros junto con Adriano II, al 
menos estando en pié el trono de su nación. Mayor aún sería el anacronismo, 
si dijéramos que, engañados todos los escritores por la semejanza de nombres, 
habían tomado al segundo por el primero de los Adrianos; pues no tuvieron 
los nuestros necesidad de consejo sobre el mejor afianzamiento de la cosa pú- 
blica , por no haber acaecido interregno alguno , en los tiempos del pontífice 
Adriano I y del emperador Cario Magno. Finalmente, en esta duda, siendo 
la opinión y el sentir unánime de todos haber respondido á la consulta de los 
nuestros Adriano II, sin acordarse nadie del primero, debemos decir que los 
lombardos , aunque privados de sus reyes desde que cayeron en Italia bajo el 
yugo extranjero, esto es, de la Iglesia y de los francos, eran poderosos toda- 
vía en el pontificado de Adriano II y tenidos generalmente por prudentes y • 
sagaces en las buenas formas de gobierno. 

El suyo propio , cruel y despótico al principio , fuese trocando en templado 
y suave desde que abrazaron el cristianismo , mereciendo que Paulo Diácono 
le apellidase justo. Es testigo muy abonado y de la mayor excepción, dice el 
eruditísimo Sigonio , la rectitud de sus leyes que castigaban con mucha seve- 
ridad todo género de hurtos, los asesinatos, los adulterios, y que supieron con- 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 69 

servar incólumes la libertad y la propiedad con la mayor moderación y celo 
hasta la caída de su Reino. En esto mismo estriba también toda la base, toda 
la templanza de nuestras leyes. Así no es imposible que fueran los nuestros á 
pedirle consejo sobre la mejor manera de asentar su gobierno , aunque estu- 
viese privado de sus reyes aquel pueblo , cuyos mayores con leyes-nruy sabias 
hablan fijado el asiento de su Reino en Italia, la más opulenta de las provin- 
cias todas ( 1 ). Tal fuera entonces su crédito que, aun después de quebrantado 
y debilitado enteramente su poder, está vivo todavía el recuerdo de aquella na- 
ción. De ella tomó su nombre, y le conserva hoy, la provincia de Lombardía. 

Y á ser verdad que el apellido de Adriano II , como hemos oido y no á los 
ignorantes , fué Iltiprando, y estando contestes todas las copias que nos res- 
tan del fuero de Sobrarbe en apellidar Aldébrando ó Abreviano al pontífice, 
al Apostólico en lenguaje de nuestros antiguos, á quien fué dirigida la con- 
sulta, perfectamente se ajustaría esto á lo que llevamos dicho, por no ser el 
uno sino una pequeña variante del otro , y por designarse con ambos el papa 
Adriano II , como si llamásemos nosotros Boncompafío al papa de feliz recor- 
dación Gregorio XIII. Sergio II , que dio el capelo á Adriano II , y cuyo ape- 
llido , antes de subir al solio pontificio , era Osporci , dicen haber sido el pri- 
mero que mudó su nombre al ceñirse la tiara. 

A imitación suya le cambiaron también los que le sucedieron en la cáte- 
dra de San Pedro , no siendo increíble , que hiciera lo mismo Adriano II , por 
seguir su ejemplo. Tal principio tuvo la práctica de .elegir otro nombre los 
romanos pontífices : práctica que conservó la costumbre , y que con la fre- 
cuencia del uso se convirtió en sistema, casi en una necesidad. 

Pudiera ser tambífen que se llamase indistintamente Iltiprando ó Adriano, 
siendo el Apostólico Aldébrando, que leemos en el prólogo á los ejemplares 
manuscritos del fuero de Sobrarbe, el mismo Adriano II. De consiguiente, el 
Adriano II consultado por los nuestros , según le llaman los historiadores , se- 
ría el mismo á quien el fuero de Sobrarbe apellida Apostólico Aldébrando. 

Es, pues, evidente nuestra opinión: Arista no fué elegido rey por los 
nuestros y por los navarros reunidos en un mismo congreso, sino en muy dis- 
tintas ocasiones. 

La mejor y más concluyente prueba de esta verdad es, en concepto nues- 
tro, el argumento fundado en la diferencia de las leyes. En efecto, ni tienen, 
ni tuvieron jamás nada de común nuestras instituciones con las instituciones 
de Navarra : siempre nuestro derecho fué completamente diverso de su dere- 
cho, tanto en los asuntos públicos como en los negocios particulares. ¿Podría 
darse mayor absurdo que la creencia ú opinión de que tamañas diferencias no 
don hijas de causas diferentes ? De esto y no de otra cosa pudo nacer la cos- 
tumbre inviolablemente seguida desde la infancia de ambos Reinos , siempre 

(1) El M3. aftade : « Además , esa tan notable disparidad y desemejanza en los gobiernos de Navar- 
ra y de Sobrarbe , en sus códigos , en sus libertades , en la institución y poder y nombres de sus magis- 
trados , en la potestad y atribuciones de la dignidad real , con toda claridad parecen indicarnos , que de 
ninguna manera fueron en un mismo y solo tiempo , ni en un solo lugar, ni por unos mismos electores, 
alzados los reyes de Pamplona y de Sobrarbe, etc., > folios 52 y 58. 



70 COMENTARIOS 

que regidos por un mismo cetro corrieron una misma suerte , y fué , que las 
conquistas hechas por esos reyes en la Navarra, se incorporaban á la corona, 
y quedaban sujetas á las leyes vigentes desde el principio en el Reino de 
Pamplona ; á la corona de Aragón se anexionaban , los fueros de Aragón se- 
guían los pueblos de nuestro territorio, siquiera fuesen conquistados por 
aquellos mismos reyes. Sobre esto jamás hubo cuestión alguna: húbola sí á 
veces , pero sólo de fronteras. Hé aqui cómo en cierta ocasión terminó una de 
éstas el rey D. Sancho Ramírez. Insertamos integro el documento para que, 
además de esto , se comprenda qué clase de amistad y de unión habla , aun 
en aquellos remotos tiempos , entre esos pueblos de organización tan diferen- 
te, aunque formaban un solo Reino. 

« En el nombre de la santa é individua Trinidad reinante en los siglos. 
» Amen. Esta es la carta de los juicios y del juramento, y el precepto de do- 
» nación y confirmación que hago yo Sancho, del rey Ramiro hijo, por la gra- 
» cía de Dios rey de los aragoneses y de los pamploneses , ( 1 ) ó de Montison, 
» junto con mi hijo Pedro, á todos los aragoneses y pamploneses y sobrar- 
» bienses que están presentes y lo estarán en todo mi Reino, y al abad Ayme- 
» ric, y á sus sucesores. Porque se mezclaba toda la tierra mía por juicios 
» malos sobre tierras , y viñas , y villas , y casales : por esto me plugo á mí el 
» sobredicho rey , y vine á San Juan , año tercero del pontificado del Señor 
» Urbano II papa , con los senyores y príncipes de mi tierra ; y con alabanza 
» y autorización de los mismos , mandó esta carta escribir el año octavo des- 
» pues que fué tomado el castillo , que se llama de Monion. Yo pues Sancho, 
» por la gracia de Dios rey, doy y confirmo al abad Aymeric y á sus suceso- 
» res tales preceptos , y privilegios, y decretos, ó libertadas, cuales tiene el mo- 
» nasterio de Cluni ; para que así como los cluniacenses están libres de todo 
» yugo de humana servidumbre , así éstos también lo estén , guardando tan 
» sólo reverencia á la sede apostólica. Confirmo también las donaciones de los 
» reyes , los privilegios de los obispos , las autoridades de los Romanos Pontí- 
» fices , las cartillas, ó investiduras de los caballeros , ó de hombres, y mujeres, 
» que presentaron sus ofrendas á Dios, y á San Juan. Confirmo también los 
» monasterios, y las iglesias parroquiales, y además las villas y selvas, y to- 
» das las corrientes de aguas, y todos los molinos, para que los tenga San 
» Juan libres, como yo los mios: y todos los alodios grandes, 6 pequeños, y 
» todas las décimas de tierras , villas, y escalios , y de todos los alodios suyos, 
» cual y cuanto San Juan y sus monjes adquirieron en todo mi Reino por do- 
» nación de los reyes antiguos ó modernos, ó de los obispos , ó de caballeros, 
» ó de rústicos , ó de cualesquiera personas, ó por compra, ó por cambio: ex> 
» cepto aquello que los abades y monjes del mismo lugar justa y legítima- 
» mente dejaren ó cambiaren por orden del rey: para que San Juan posea li- 
» bre y franco lo que adquirió de cualquier modo hasta aquel dia en que Dios 
t> me dio el fuerte que se llama de Moñón, y el otro que se dice Arguedas. Y 
» después que Dios me dio el sobredicho fuerte de Arguedas , vine yo Sancho, 

( 1 ) En loa privilegios antiguos la ó es á veces sinónima de la y. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 71 

» por la gracia de Dios rey, á Pamplona , á la villa que se dice Huarte , con 
» mis buenos hombres de Aragón y de Pamplona el dia veinte y dos de Abril. 
» Y acudieron á mí en la misma villa de Huarte todos los principales pamplo- 
» neses, hombres, pobres y mujeres sobre los malos juicios, y sobre los malos 
» pleitos que tenían. Y me agradó á mí y á todos los aragoneses, y pamplone- 
» ses, y sobrarbienses , que hiciéramos testamento, y juramento firme , y jura- 
»do, y terminásemos todas las querellas diversas, y todos los clamores por 
» usos malos, que había entre ellos por aquel tiempo: y fijásemos mojón de- 
» terminado á los aragoneses, y sobrarbienses, el castillo que se llama de Mo- 
» non, para que lo tuvieran y poseyeran por siempre, el que tenían y ocupaban 
» entonces de cualquier modo que fuese. Y del mismo modo que los aragone- 
» ses y pamploneses tuviesen y ocupasen por siempre las tierras, y viñas, y 
» villas, y heredades con los montes , balsas, escalios, aguas y herbajes , que 
» tenían y poseían de cualquier modo que fuese. Y rogaron los plamploneses 
» principales, que los aragoneses me trajeran la carta y testamento, que había 
» hecho con ellos en San Juan, para que fuese firmada y roborada en mi pre- 
» sencia, y en la de Pedro mi hijo, y delante de todos los aragoneses, y pam- 
ploneses y sobrarbienses, para que en adelante más no se inquietasen y 
» perturbasen con las anteriores querellas, sino que tuviesen, y poseyesen cada 
» uno firme y salvo cuanto tenían, y poseían en el dia de la toma de los dos 
» sobredichos castillos, esto es, Arguedas y Moñón (1). Así, pues, yo San- 
» cho, no por mi mérito sino por don de Dios rey, este mi precepto y vuestro 
» testamento con mi autoridad, y la vuestra, corroboro y confirmo; de manera 
» que este mi precepto sea tan firme, que ninguna potestad real, ó episcopal, 
» 6 militar en estas cosas, que antes hemos dicho , ose inquietar 6 perturbar 
» á algunos en todo mi Reino. Y si alguno lo hiciere ; aquellas cosas que pide 
» no consiga : y además, pague mil sueldos de mi moneda á aquellos, á quienes 
» inquietar presumiere. Mas para que este mi privilegio firme permanezca por 
» los siglos todos, con mano propia firmé, y á mi hijo Pedro roborar mandé: 

» Signo de Sancho rey. 

» Y yo Pedro, hijo de Sancho rey, este real precepto de mi padre alabo, 
» y con propia mano suscribo . 

» Signo del rey Pedro. 

» Hecha esta carta (2) en la era 1.128 reinando Nuestro Señor Jesucristo; 
» y hajo el imperio de éste , yo Sancho rey , reinante en Aragón y en Pam- 
» piona: y mi hijo Pedro en Sobrarbe, y en Ribagorza, y en Montson: Pedro 
» obispo en Jaca : otro Pedro obispo en Pamplona : Raimundo Dalmaz en Roda 
» obispo : Aymeric abad en San Juan : Raimundo abad en Leire : Sénior Galin 
» Sanz en Sos , y Arguedas : Sénior Iñigo Sanz en Monclus : Sénior Ximen 
» Garcés en Buil : Sénior Lope Arcez en Uncastillo , y en Arrosta ( 3 ) : Sénior 
» Fortun Sanz en Baylo y en Gliso. 

(1) Mamones ó Muflones en Ribagorza. 

(2) Escritura. 
(8) Ruesta. 



i 



72 COMENTARIOS 

» Yo García escribiente ( 1 ) , por mandato de mi Señor Bey esta carta 
» escribí , y de mi mano este signo hice. 

» Yo Alfonso, por la gracia de Dios, rey de los aragoneses y pamplo- 
neses, los decretos de mi padre, y hermano alabo, y con mi mano signo. 
»Era 1.158.» 

Harto se trasparenta la intención del rey al otorgar este privilegio que he- 
mos copiado del archivo pinatense. Esta no era componej las diferencias entre 
él y sus vasallos , sino apaciguar los disturbios que mediaban entre aragone- 
ses, pamploneses y sobrarbienses , sobre las fronteras respectivas. No estando 
bien marcados estos lindes, como se vé en el documento trascrito , por los jui- 
cios y usos malos, el rey creyó conveniente retrotraer la cuestión á la época 
en que todavía no se habían tomado los mencionados castillos , disponiendo 
que volvieran los litigantes á sus antiguos aledaños , y declarando irrito, nulo 
y de ningún valor todo lo hecho después en contrario. 

Vemos también que llama estado suyo á esos tres países , aunque distintos 
y separados por demarcaciones particulares, mas no porque formasen ellos un 
Reino sólo, sino porque estaban regidos bajo un solo y único cetro. Esto al 
parecer quiso manifestar separando á los unos de los otros ; separación que 
nos indica la diferente manera de ser en cada uno de ellos , como diferentes 
eran sus límites. En este asunto, si bien usa el rey de terribles execraciones, 
se manifiesta , no cual severo juez , sino cual arbitro para fijar los respectivos 
linderos. La mutua separación de esos tres países reconoce, pues, diferentes 
causas ; causas que sólo pudieron provenir de su diverso origen , y que cuanto 
éste fué más diferente , mayor disparidad produjeron en el derecho. 

Algo más conformes en los principios y con más armonía en las delibera- 
ciones Aragón y Sobrarbe , fué también más acompasada su marcha desde los 
primeros pasos , siquiera de vez en cuando, se notase alguna disonancia sobre 
cuestiones de fronteras. Por eso fué igualmente próspero el resultado, y una 
misma la fortuna. 

Esta misma semejanza, esta misma igualdad se observaría hoy entre nos- 
otros y los navarros , de haber tenido un solo y mismo principio su Reino y 
nuestro Reino , á ser las mismas sus leyes y nuestras leyes , como dicen casi 
unánimes los escritores: daríase al menos alguna razón para explicar tan 
enorme disparidad. Nadie nos dá esa razón: ninguno señala la causa. Por ne- 
cesidad hay, pues, que atribuir ala diferencia de origen, la divergencia en la 
carrera , y el éxito contrario que hemos obtenido : debe por necesidad separar 
los principios la misma distancia que hoy separa los fines : de otro modo , no es 
posible relacionar los últimos con los primeros acontecimientos. 

Admitida, empero, la distinción de ambas elecciones, que no repugna á la 
cronología , ya se enlazan todos los sucesos de cada país , formando una cadena 
perfectamente eslabonada y continuada en toda su longitud , ya tiene cada uno 
su carácter propio y peculiar en armonía con sus principios , sin quebrantar 
los derechos del otro. 

• 

( 1 ) Escribano. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. *73 

Ni se empece nuestra opinión por el título de reyes de Pamplona dado á 
nuestros reyes primitivos en la historia pinatense y en muchos otros monu- 
mentos, despojándoles con el silencio de la corona de Sobrarbe. Séanos lícito 
conjeturar, y no sin fundamento, que los reyes de aquellos tiempos apartados, 
teniendo bajo su cetro á los pamploneses , á veces lanzados de la ciudad ya que 
no de su Reino, prefirieron por ostentación titularse reyes de Pamplona, si 
bien no todos dominaron en ella , pareciéndoles como pomposo este timbre pre- 
ferible al modesto de Sobrarbe ; aunque es muy cierto que ellos lo fueron de 
Sobrarbe, y que Sobrarbe fué siempre parte integrante de sus dominios. Siendo 
este país menos apto para el fausto de los reyes como menos rico , y sembrado 
de pequeñas poblaciones , omitiéronle quizá ellos en sus conversaciones par- 
ticulares , haciendo después lo mismo algunos escritores. A pesar de todo , ya 
hemos demostrado que ellos lo eran de Sobrarbe ; que Sobrarbe formaba Reino; 
que se constituyó de bien diversa manera que el de Pamplona; y aunque á 
veces se unieron ambos bajo un solo cetro , conservó cada uno la fisonomía 
particular que les imprimiera su carácter primitivo, gobernados como estaban 
por distintas y diversas leyes. 

Estos son los puntos que nos habíamos propuesto dilucidar. Creeremos ha- 
ber hecho lo bastante , si , aunque no hayamos encontrado en ambos extremos 
toda la verdad , nos hemos á ella aproximado lo más posible. 

Réstanos ahora volver al punto de partida, y desarrollar los sucesos del 
segundo interregno á cuya época llegaba nuestra interrumpida narración. Tal 
vez juzgarán algunos muy fuera de propósito , éstas, aunque breves observa- 
ciones de nuestras antigüedades , por creerlas poco ó nada conducentes á expli- 
car la dignidad del Justiciado aragonés. Lo hemos hecho, sin embargo, con 
plena deliberación. Estando intimamente relacionada la institución de -este ma- 
gistrado con los principios del Reino , según acabamos de ver , y acreciéndose 
el poder y dignidad del magistrado al compás del acrecentamiento del Reino, 
éranos forzoso conocer los progresos de éste , para comprender con más clari- 
dad el poder y la dignidad de aquel. Por esta causa hemos recorrido hasta aquí 
la serie de los reyes de Sobrarbe y de los condes de Aragón. 

Ahora, ya que por Ja elección, que luego explicaremos, de Abarca el Ce- 
son , hecha en la ciudad de Jaca durante el segundo interregno , tuvo ilustre 
principio el título de Reino de Aragón , y ya que el Juez medio , después Jus- 
ticia mayor ( 1 ) , tomó de ese acontecimiento el glorioso y esclarecido nombre 
de Justicia de Aragón, no se tendría por ajeno á nuestro asunto el abarcar, 
con la brevedad posible , los principales sucesos de nuestra historia en estos 
Comentarios. Y para dar más luz á los hechos de este segundo interregno que 
vamos á narrar , será conveniente que reanudemos el hilo de nuestra historia. 

(1) Justicia de las montañas. 



10 



L 



SEGUNDO INTERREGNO. 



OA^MAMM^MMMMM 



H 



a sido verdad constante para todos los escritores , que el sexto rey de So- 
brarte, García, hijo de Arista, al dirigirse con su esposa Urraca ó Enenga, 
hija y heredera del último conde aragonés, á Larumbe, pueblo de Navarra, 
yendo, según otra versión, al real monasterio de San Juan de la Peña en cum- 
plimiento de un voto, asaltados por innumerable morisma ( 1 ) , ambos que- 
daron exánimes en el campo. Ora fuese la batalla junto al mencionado pue- 
blo, ora en el valle de Aibar, ó en la Puebla, según refiere Tomich, es lo 
cierto que , al recorrer los nuestros poco después el sitio de la refriega , en- 
contraron en él desnudos los cadáveres de los reyes. (Jomo Urraca se hallaba 
en cinta y en vísperas de ser madre al tiempo de su muerte , veíase sacar su 
manecita (2), por la herida de la reina, á un infante, cual si pugnase por salir 
del seno. Advertido y observado este fenómeno por un magnate de la servi- 
dumbre real , cuando se hallaban ya distantes los moros , atónito con esta ma- 
ravilla, fué dilatando poco á poco la herida de Urraca, y sacó vivo á luz un 
niño , que al punto hizo bautizar en presencia de padrinos con el nombre de 
Sancho. Llevóle después secretamente consigo á los lugares de Cantabria para 
que no le matasen tal vez los moros , y le educó como hijo adoptivo por no 
tenerlos propios. No están contestes los escritores en el nombre de ese mag- 
nate. Unos le llaman Sancho Guevara, y por eso, dicen, puso al príncipe el 
nombre de Sancho; Vidal Vela otros; quien Velez Guevara, conocido después 
por tan señalado hurto con el renombre de Ladrón ; quien refiere haber sido 
un aragonés llamado Vidal , el que por haber conquistado un castillo de ese 
nombre en las inmediaciones de Jaca, ganó el sobrenombre de Abarca, titulo 
que de él heredó Sancho el Ceson. Con tanta variedad le designan los escri- 
tores. Como ya queda anotada arriba la época de este suceso, proseguiremos 
nuestra narración. 

Ha sido antigua , constante y general la opinión de haber vivido sin rey 
ni gobernador durante dieciseis 6 dieciocho años Sobrarbe , Navarra y Aragón 
tras la muerte de los reyes, bajo cuyo único cetro se hallaban entonces los tres 
estados. Pero si intercalamos el reinado de Fortun el Monje, hermanó mayor 



( 1 ) En 1a batalla de Aibar 6 Liédena. 

(3) Bate episodio hoy es generalmente calificado de verdadera fábula. 



COMENTARIOS DE LAS COSAS DE ARAGÓN. *75 

del Ceson , suscitado en nuestros días por Garibay, no hubo al menos por en- 
tonces interregno alguno, porque viniendo de Córdoba heredó aquel los esta- 
dos d^ su padre , y los poseyó quizá más de dieciseis años. En este largo tiem- 
po — y sirva esto de principio y fundamento á la cuestión presente ligada con 
la anterior — fué desconocido, no hay que extrañarlo, el alumbramiento del 
Ceson. Pudo al pronto haberse levantado algún vago rumor por lo extraordi- 
nario del suceso ; mas como de ordinario acontece , i ríase tal vez acallando 
poco á poco ese eco popular hasta enmudecer del todo , por creérsele desti- 
tuido de fundamento, y más no siendo necesario averiguar la verdad de lo 
ocurrido, teniendo en Fortun, hijo de los difuntos reyes, un heredero legíti- 
mo que, según dijimos, les sucedió inmediatamente. 

Pero al ligarse después con los votos monacales , abdicando éste la corona, 
es muy verosímil, según lo refiere una tradición constante, que su ayo pro- 
pusiese á los nuestroa, reunidos en Jaca para la elección, recayera ésta en el 
Ceson , ya adolescente , y qu& así se verificase después de comprobado su na- 
cimiento con el testimonio de los padrinos. 

Es, pues, claro y manifiesto, que precedió efectivamente á la elección de 
Abarca un interregno motivado , no por la muerte de García y Urraca , según 
afirman todos los escritores , sino por la renuncia de su primogénito , como 
opinamos nosotros , al cambiar este la corona por la cogulla en San Salvador 
de Leire. 

No ignoramos que Garibay rechaza, así como el primero, este segundo in- 
terregno. Pero como sus argumentos, que debieran ser muy fuertes, estriban 
tan sólo en leves conjeturas, no llevará él á mal, sin duda, que nosotros le 
refutemos victoriosamente con la autoridad de todos los escritores , y con el 
respetable testimonio que tomaremos luego de la historia pinatense. 

Reunidos se hallaban los nuestros en Jaca , tratando de la persona que de- 
bía sentarse en el vacante trono. Á lo que podemos conjeturar, érales desco- 
nocido, ó más bien dudoso, el nacimiento del niño Ceson. Jaca, desde la unión 
del Condado de Aragón al Reino de Sobrarbe , era la ciudad más importante 
de ambos estados. Antigua capital de la provincia y pueblos lacetanos, ó de la 
provincia yacetania y pueblos yacetanos , como quieren otros , corrigiendo á 
Tito Livio , y derivando esas palabras del nombre Jaca ( 1 ) . 

Reunidas , pues , en ella las Cortes , trataban de la persona en quien debiera 
recaer aquella elección. Noticioso el ayo de lo ocurrido, toma al niño con si- 
gilo , vístele un traje tosco , llévale cautelosamente en su compañía desde Can- 
tabria por sendas extraviadas , y acomoda á sus pies un calzado de cuero crudo 
muy á propósito para marchar sobre la nieve , en aquellos y aun en nuestros 
tiempos bastante usado , hecho de piel de cabra 6 de toro , especie de borceguí 
abierto por la parte superior, propio para recorrer lugares ásperos y escabro- 
sos, y muy generalizado entre los pastores y campesinos de nuestras monta- 
ñas, llamado vulgarmente abarcas. En esta guisa fué presentado á las Cortes. 
Oida por éstas la declaración de los padrinos y testigos, sabedores del suceso, 

( 1 ) De Jaca, provincia jaques* , pueblos jaqueses , etc. 



TÍ6 COMENTARIOS 

que atestiguaron ser en verdad aquel joven hijo de los últimos reyes y her- 
mano de Fortun el Monje; en aquellos mismos comicios, con general é indes- 
criptible entusiasmo (905), según el antiquísimo códice de San Millau de la 
Cogulla , citado en los índices de Zurita , fué saludado y aclamado rey por 
unanimidad. 

Al decir de Garibay , que fija en (901) el primer año del siglo x la abdi- 
cación de Fortun el Monje, debió durar el interregno de tres á cuatro años. 
Pero si pesamos atentamente las palabras del privilegio citado por ese autor 
para manifestar el fin del reinado de Fortun , veremos que en ese mismo año 
( 901 ) , fecha del privilegio , se presentó este monarca en Leire á recibir la her- 
mandad 6 fraternidad , como él viera haberlo hecho su mismo padre. En este 
sentido se expresa; ni una sola palabra que denote abdicación de presente. 
Por esto fundadamente podemos conj eturar , que después de recibir la frater- 
nidad, conáervó algún tiempo el título de rey. De consiguiente, no tardaron 
los nuestros tantos años en cerciorarse del verdadero nacimiento del Ceson. El 
principio de este reinado podemos , pues , con el mencionado códice de San Mi- 
li an, fijarlo en 905. 

Antes de pasar adelante, copiaremos las palabras de la historia pina- 
tense ( 1 ) , como comprobante del segundo interregno. De este modo empieza la 
narración : 

« Después de algunos años las gentes de la tierra se procuraban Señor, 
» murmurando y llorando y no sin causa, porque no había quedado heredero: 
» nada sabían del infante predicho. » Abarca el Ceson. «Y cierto dia convocá- 
is» dos juntamente los nobles, los caballeros, y la gente popular de aquella 
» tierra para elegir rey á algún noble barón , y queriendo celebrar sobre esto 
» un coloquio general ; el dicho noble barón que había preservado de la muerte 
» al dicho infante , según queda manifestado,» — llámale barón de las montañas 
aragonesas , sin expresar su nombre, — «sabiendo esto, hizo vestir al dicho in- 
» fante á modo de pastor y calzarle abarcas. Y congregados sus parientes (2) 
» y amigos y vasallos , llegó bien y honoríficamente preparado al dicho colo- 
» quio, el dia á éste prefijado. Y entrando por el palacio en donde dicho colo- 
» quio se celebraba, fué con honra recibido por todos los que presentes estaban 
» en el dicho coloquio. Y tuvo entre las piernas al dicho infante, diciendo en 
» alta voz : Barones: tomad á este infante, y despojadle de las vestiduras que 
» lleva, y al mismo elegid por rey. Pues por cierto éste es vuestro Señor. Por- 
» que notorio á vosotros sea, que cuando la reina su madre murió por desgra- 
» cia tan casual, la misma estaba en cinta, y yo soy aquel , que al pasar por 
» el valle en donde la misma quedó muerta, vi un niño que sacaba la mano 
» por la herida hecha en el vientre de la madre. Y sea bendito Dios , porque 
» sin peligro saqué al mismo párvulo vivo del mismo vientre , siendo testigos 
» estos primos y vasallos mios , que entonces allí presentes se hallaron y esto 
» vieron. Y si alguno lo contrario asegura; que salga al campo, y entraré so- 



( 1 ) Véase la mencionada Crónica de San Juan de la Pella, páginas 32 y sigaiented. 
(3) El texto dice: primos. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. T7 

» bre esto con él en batalla. Y esto dicho, levantáronse todos gritando: Viva, 
» Viva, porque éste y no otro es el Señor nuestro. Y al punto le despojaron 
» del traje con que iba cubierto , y le vistieron las reales insignias : y con gran 
» regocijo aquel dia celebraron en honor de él una fiesta solemne. Y porque 
» vino vestido y calzado, cual si fuera pastor, le llamaron Sancho Abarca.» 
Afianzado y fijado sólidamente este segundo interregno con el testimonio 
de todos los escritores , y con la autoridad de esta historia , ya no puede haber 
lugar á duda en suceso tan manifiesto. Pasemos, pues, al examen de la cues-' 
tion, que dijimos estar enlazada con la anterior, ó sea, cuándo tuvo principio 
el título de Reino de Aragón. 



PRINCIPIO DEL REINO DE ARAGÓN. 



«/«A^/^/tfk/VV t/VW s/vww WV^ 



s, 



'abemos ya por lo que antecede , cuan singular fué la elección de Sancho 
Abarca ; pero ignoramos todavía el nombre de su estado , y por más que sea 
cosa digna de celebrarse y conforme á razón , no se ha ocupado de ella pluma 
alguna hasta el presente. Con todo, aunque nueva, manifestaremos sin recelo 
nuestra opinión sobre este punto , pues abrigamos la convicción de que todos 
desecharán el común sentir, por arraigadas que tenga sus raíces, hallándose 
en pugna con la verdad. Consignamos desde luego que ya convienen todos los 
escritores en la sucesión de nuestros reyes desde Abarca el Ceson , dándole 
por hijo y sucesor á García el Tembloso, colocando tras éste al rey Sancho el 
Mayor, llamado Emperador, siguiéndole su hijo Ramiro, considerado como el 
primero de los reyes aragoneses. Este fué el motivo principal que movió á 
nuestro Zurita, apoyándose en las palabras arriba citadas del rey D. Jaime, á 
poner en Arista el tronco de los reyes y el principio del Reino , y á rechazar 
toda opinión nueva de nuevos monarcas , creyendo que no se podía ésta com- 
paginar con el número de los catorce. Y para ajustar con ella la cronología, 
vése obligado en sus índices á dar sesenta y ocho años de reinado á Sancho el 
Emperador, hijo del rey Trémulo, sin advertir que esto repugna á otro testi- 
monio inequívoco del mismo Jaime I. Este rey en sus Comentarios, monu- 
mento el más insigne y luminoso de nuestras cosas, como reconoce también 
Zurita , dice , para ponerlo en conocimiento de la posteridad , que se hallaba á 
la sazón en el año sesenta y tres de su gobierno. Cosa, añade, hasta hoy no 
vista ni oída de rey alguno, desde los tiempos de David y de Salomón. Saltaría 
desde luego á los ojos la falsedad de las palabras del Conquistador, si fuera 



TO COMENTARIOS 

verdadera la opinión de Zurita, porque, según este escritor , el emperador San- 
cho habría reinado más tiempo. Ni es verosímil que, siendo esto verdad, se 
hubiera dado al olvido én el siglo y medio apenas trascurrido entre los dos 
monarcas. Vemos , pues , cuan graves inconvenientes se siguen de la exclusión 
de los nuevos reyes , según el mismo testimonio de D. Jaime. Aún están más 
en contradicción con él los que hacen á Ramiro, hijo de Sancho el Emperador, 
el primero de los reyes aragoneses. 

Emitida en otro lugar nuestra opinión sobre los antecesores de Arista, tra- 
taremos ahora de los reyes que le sucedieron , comenzando por refutar una 
opinión, tan generalizada como falsa, referente al primero de los Ramiros. 
Es cierto que, en aquella famosa partición de estados hecha entre sus hijos 
por Sancho el Emperador , cupo á Ramiro , de un imperio tan vasto , única- 
mente el territorio entonces conocido con el nombre de Aragón , heredando 
García el Reino de Navarra, Fernando la Castilla, y Gonzalo el país de So- 
brarbe y Ribagorza. Mas no se crea por esto que Ramiro debe ir el primero 
en el catálogo de nuestros monarcas ; pues ya hemos visto que , anteriores á él, 
hubo muchos otros reyes en Aragón, y que usaron del mismo título. Así como 
nada hay que nos autorice para llamar á su hermano García de Navarra , el 
primero de los reyes navarros , siendo tan claro como la luz , que ella tuvo 
igualmente otros muchos reyes anteriores á García. No negaremos nosotros, 
por cierto , que llegó á Ramiro el Aragón más mermado , y reducido á límites 
más angostos , que á ninguno de sus monarcas , porque , arrancados todos los 
florones de su corona , quedóle únicamente el antiguo Colidado con el título 

de Reino. 

Concederemos sin dificultad , que pudo acaso contribuir á llamarle primer 
rey de Aragón el haber sido él quien comenzara á llevar este título por ape- 
llido, trasmitiéndole á su posteridad. Sabido es, que algunos de sus anteceso- 
res adoptaron el sobrenombre Abarca , por cuyo motivo hubo varios Sanchos 
Abarcas y Garcías Abarcas. En este sentido debe explicarse la opinión común; 
de lo contrario resultaría un tejido de falsedades. 

El orden de los sucesores del Ceson , nuestro principal intento en este lu- 
gar, debe rectificarse de la manera siguiente: 

García el Tembloso, reputado hasta hoy por hijo, es biznieto de Abarca 
el Ceson. El hijo y sucesor de éste, fué el rey García, padre de Sancho , que 
lo fué de García el Trémulo. Esta identidad de nombres desconcertó á nuestros 
escritores de modo que, suprimidos el padre y el abuelo del Tembloso, hicie- 
ron á éste, hijo y sucesor inmediato del Ceson. Y contribuyó no poco á este 
error el sobrenombre Abarca , que observamos haber usado los dos reyes que 
ahora se intercalan, y á veces aun el mismo Temblón , no siendo raro en ellos 
el empleo de ese nombre como apellido de familia. 

Pero que éstos se deben interponer , y que fueron diferentes , y que tuvie- 
ron diversos hijos, hermanos, abuelos y esposas, lo demuestra el mismo Ga- 
ribay en su Compendio histórico con razones muy poderosas y convincentes. 
Interpolados ellos , la época de la muerte de cada uno , y los años de su rei- 
nado, lleno todo hasta hoy de dudas y confusiones, se aclaran, se distinguen 



DE LAS COSAS DB ARAGÓN. 79 

y se ajustan perfectamente al testimonio del rey D. Jaime. Así, sólo así, es 
este el decimocuarto, y el Ceson el primero de nuestros monarcas. 

Otra razón hay, todavía más poderosa , para colocarlos entre el Ceson y el 
Tembloso. En los dos privilegios que copiaremos al ocuparnos de Sancho IV, 
se verá con toda claridad haber sido el Ceson el quinto abuelo de este último. 
Y designándose con la expresión , abuelo quinto , al que es el cuarto desde el 
abuelo , es forzosa la inclusión de aquellos dos príncipes , porque si los exclui- 
mos, no resulta en ese grado su parentesco. Lejos de desbaratar, aclara esta 
interposición el sentido de las palabras de D. Jaime , porque aquella cifra, 
además del número, hace también relación á la calidad de reyes de Aragón. 

Desde Abarca el Ceson hasta D. Jaime I hubo catorce reyes , incluidos es- 
toa dos , y todos ellos reinaron en el territorio aragonés , verdadera y propia, 
no fingida ni falsamente. Concluyamos, pues, de aquí, que el Ceson fué el pri- 
mero de los reyes aragoneses. 

Creemos que la opinión contraria quedará victoriosamente refutada, si de- 
mostramos con algunos privilegios, que el Ceson acostumbró en efecto ape- 
llidarse rey de Aragón ó de los aragoneses. Entre muchos que pudiéramos 
hacinar, copiaremos á continuación tan sólo dos , cuyos originales certificamos 
haber visto y leido nosotros mismos. El primero es como sigue : 

«En el nombre de la Santa Trinidad, Padre é Hijo y Espíritu Santo. Amen. 
» Esta es la carta ( 1 ) de donación que hago yo Sancho Abarca, por la gracia 
» de Dios rey de los aragoneses, ó de los pamploneses, junto con mi esposa 
» Urraca reina, á Dios y á San Juan de la Pena. Como en las sagradas escri- 
turas hallarnos, la cabeza y fundamento de nuestra salud (2) en el Sacra- 
» mentó de la Santa Iglesia consisten : de modo que ninguno puede ser salvo 
» sin ayuda de ella. Porque asi como la madre nutre á los hijos , también la 
» misma Santa Madre Iglesia á todos los fieles nutre en Cristo , y guia á los 
» goces del Paraíso. Amen. Por tanto, yo Sancho rey Abarca, y Urraca reina, 
» queremos que todos los fieles sepan, tanto los presentes como los venideros, 
y> de qué modo nosotros por la salvación nuestra, y remedio de las almas nues- 
» tras , y por la salvación de todos los cristianos , al monasterio del santísimo 
» Bautista de Cristo , Juan de la Pena , damos las villas nuestras que se dicen 
»Miramont, Míanos, Martes, Bahues, Ortolo, Trasberal, Salinas, Villaluen- 
»ga, Fafíanás, Ferrera, Lucientes, Sangorrin, Gavás, Areniella, Mulier- 
» morta (3), Bayetola, Nuevefuentes y Montauano, con hombres, mujeres, 
» con aguas, montes, yerbas, prados, lagunas (4), pastos; y con todos los de- 
» rechos, calonias, homicidios , con las corrientes y descensos de aguas, y con 
» todo lo demás al derecho real pertenecientes, ó que pertenecer debieren, 
» para que íntegra y legítimamente , con sus iglesias, con sus diezmos , primi- 
» cias y oblaciones , libremente las posean con sus términos, yermos , y pobla- 
» dos, con las salidas y entradas. De tal manera, que el monasterio de San 

( 1 ) Escritura. 

( 2 ) Salvación. 

(8) Mujermuerta. 

(4) Balsas. 



80 COMENTARIOS 

» Juan de la Peña , tenga y posea para siempre en remisión de todos los pe- 
» cados nuestros, y por la salvación de todos los fieles difuntos nuestros. Amen . 
» Fué hecha esta donación en la era 921. Testigos, Fortuno Jimenon, conde 
» de Atares : Basilio ohispo de Pamplona , Oriol obispo de Aragón ; Sénior For- 
»tun Sanchiz mayor que es en Tabuello: Sénior Lope Gonzalvo en Nájera. 

» Signo de Sancho rey. 

» Yo García, hijo de Sancho rey, alabo y confirmo: y de mi mano este 
» signo hago. 

» Ubiverto escritor ( 1 ) por orden de mi Señor rey Sancho esta carta es- 
» cribí y con mi mano signé. » 

Nuestro sentir acerca de la fecha de este privilegio lo emitiremos después 
de haber insertado el segundo , cuyo tenor es el siguiente : 

« En el nombre de Dios y de la indivisible Trinidad , á saber Padre , é 
» Hijo y Espíritu Santo. Amen. Yo Sancho Abarca, rey de los Aragoneses, 
» hago esta carta de donación y confirmación á vosotros los pobladores de 
» Uncastillo, que ahora estáis, 6 que en adelante el mismo lugar viniereis á 
» poblar, de todos los términos vuestros desde Coliel, de Vera, al Saso, y por 
» aquella orillada (2) desde aquel Saso, ero ero (3) como aquella agua vuelve 
» & Arriquiel (4) hasta aquella cabeza ( 5) de Aquisilio el viejo ; y desde aque- 
» Ha cabeza de Aquisilio hasta aquella june aróla (6) ; y desde aquella junca- 
» rola hasta aquel Frásino de Rigo de Agoña ; y desde Agoña hasta Faratos 
» de Osos (7) ; y desde Faratos de Osos hasta la Val de caballos , como el agua 
» corre á la Val de Liena (8) ; y desde la Val de caballos á aquella focillola 
» de patrevita ; y desde patrevita hasta aquella cabeza ( 9 ) de atahut ; y desde 
» aquella cabeza del atahut ero ero ( 10 ) como el agua corre ¿ la Val de Ma- 
» homat ; y desde la Val de Mahomat, ero ero ( 11 ) como el agua ( 12 ) corre á 
» la Val de Liena, y á la cabeza ( 13) de la Val de las grallas ( 14) ; y desde la 
» cabeza de la Val de grallas á la cabeza ( 15 ) de Vallestans , ero ero como el 
» agua cae á aquella Arva ( 16 ) ; y desde aquella Arva á Vallatar de la Sierra; 
» y desde aquel Vallatar á Fozterreros ; y desde Fozterreros ero ero ( 17 ) como 

(1) Escribano. 

(2) Orilla. 

(8) Recto recto? 

(4) Riguel? 

(5) Cabezo. 

( 6 ) Lugar de juncos ? 

(7) Pasos de Osos? 

(8) Luna? 

(9) La colina. 

(10) Derecho derecho. 

(11) Seguido seguido. 

(12) Siguiendo la vertiente de las aguas. 
(18) Cumbre. 

(14) Grajos. 

(15) Cima. 

(16) Campo. 
(H) Línea recta. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 



81 



» el agua corre hasta la cabeza de Achecho ( 1 ) ; y desde la cabeza de Achecho 
» ero ero á la Cort de Galin Abrahin ; y desde la Cort de Galin Abrahin á cabo 
» de busset; y desde cabo de busset hasta aquellas capezolas (2) de moncal- 
» vo (3); y desde moncalvo, ero ero por la sierra como el agua baja hasta el 
» cuerno de la sierra; y desde aquel cuerno, ero ero como el agua corre hasta 
» aquella cabeza (4) de Saban; y desde aquella cabeza, hasta aquel mercatiello, 
» hasta el Torrillon ( 5 ) de Abahil ( 6 ) , y desde el Torrillon hasta el puey de la 
» lezina; y del puey de la lezina hasta el pueyo de Verdiahe, y del pueyo de 
» Verdiahe al pueyo de la Cimarra, y del pueyo de la Cimarra al fondón (7) 
» de Capanna alzada y desde Capanna al portiel (8) malvar ; y del portiel mal- 
» var al puey pinoso; y del puey pinoso (9) á foz piniellos (10) y de foz pi- 
» niellos al cuerno de la nansa; y del cuerno de la nansa al foz .alfeyt; y de 
» foz alfeyt ero ero por la sierra , como el agua cae á Arriquiel hasta colliel 
» de la heru. Estos susodichos términos doy y confirmo á vosotros los #obla- 
» dores de Uncastillo , que ahora estáis , 6 en adelante el mismo lugar vinié- 
» reis ¿ poblar, para que los tengáis francos y libres en heredad propia vues- 
» tra, y para hacer vuestra propia voluntad vosotros y los hijos vuestros, y 
» toda la posteridad vuestra , salva mi fidelidad y la de toda mi posteridad por 
» los siglos todos. Amen. Y quien esta donación quisiere romper, sea anate- 
» matizado y sepultado en el infierno. Amen. 

» Signo del rey Sancho. 

» Hecha la carta de donación 6 confirmación en la era 971 mes de Agosto: 
» Presentes el obispo D. Essescuto de León : y Exemen (11) Borrazmio Alcayt: 
» y Alin Gualit : y Galindez Lobar : y Sancho Manchón : y Martin Galindez : y 
» Patrevita : y Gaiet Lobar : y García Neriz : y Pedro Ioans : y Galin Ene- 
» eos ( 12) : y Aznar López : y Ferriz Maza. 

» Yo Maza de Lisavi escribí esta cartilla ( 13) por mandado de mi Señor 
» rey, y con mi mano este signo hice. » 

Dos cosas hemos querido probar con estos privilegios ( 14 ) : Primera , que 
el rey Ceson acostumbraba apellidarse Abarca en los documentos escritos (15); 



(i 

(8 
(4 
(5 
(6 

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(8 

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pinoso 
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(12 
(18 

(W 
(15 



MS. Acheco. 
Cabezos pequeños. 
Montecalvo. 
Eminencia, loma. 
Torre derruida. 
MS. Ahahil. 
Hoya. 
Portillo. 

El MS. añade: < Al pueyo de la messada; y del pueyo de la messada al puey pinoso , y del puey 
á foz. » 
Pinos pequeños. 
Jimeno. 
Iñiguez. 
Escritura. 

El MS. : « Principalmente. » 
En los reales decretos , como diríamos hoy. 

11 



82 COMENTARIOS 

pero de un modo bien distinto en verdad, que dos antiguos emperadores se lla- 
maron por sucesos análogos Calí gula ( 1) el uno y Car acalla (2) el otro. 

Monumentos de otra índole acreditan haber usado este mismo rey en las 
banderas, y aun en su manto de guerra, la divisa de las abarcas. No tuvo 
por indecoroso este principe ilustre el convertir en símbolo de ostentación y 
de gloria una de las prendas que vestía al tiempo de su elección, adoptándola 
por nombre y por distintivo particular (3) . 

Es la segunda , y para nuestro intento la principal , que el Ceson se ape- 
llidó rey de los aragonés ó de los aragoneses. Argumento poderoso y conclu- 
y ente contra la opinión común. Porque si Sancho Abarca el Ceson se intitula- 
ba rey de Aragón , y contamos desde él los monarcas aragoneses , incluyendo 
al abuelo y al padre del Trémulo ; al rey D. Jaime , en conformidad con sus 
palabras , le corresponde el número catorce. Fué , pues , ineludiblemente San- 
cho Abarca el Ceson el primero de los reyes aragoneses. Y si éste el primero, 
enlazando ésta con la cuestión anterior, no podemos, teniendo presente la 
numeración de D. Jaime, incluir á sus antecesores entre los de Aragón, sino 
entre los reyes de Sobrarbe. De haberlos tenido el Conquistador como reyes 
de Aragón , por tales los designara , aplicándose á sí mismo otro número más 
elevado. 

Se vé , pues , que estando en perfecta armonía , así los hechos como la se- 
rie de los reyes, tal cual los presentamos nosotros, con verdad pudimos ase- 
gurar haber tenido comienzo en este rey la corona aragonesa. Y pasando 
de los argumentos á las conjeturas, que no pocas veces suelen abrillantar la 
verdad , séanos lícito sospechar que al tiempo de su elección en la ciudad de 
Jaca , antigua capital del Condado de Aragón , quiso dar á éste un nuevo bri- 
llo, ensalzándole con el título de Reino, título que vinculó á su descendencia. 

Esto parecerá más verosímil si nos fijamos atentamente en la fama que 
por aquellos tiempos gozaba el nombre de Aragón. Además de las brillantes 
hazañas de sus condes , habíanle ennoblecido muchos obispos que tomaron el 
mismo título. Estos lo eran de Huesca en realidad; pero en vez de apellidarse 
obispos de esa sede , adoptaron desde los principios del Condado el nombre de 
obispos de Aragón, título que en vano buscaríamos en época anterior á la re- 
conquista. 

Perdida Huesca y uncida al yugo de los árabes , los santos prelados de la 
misma , ora residieron en San Pedro de Siresa , ora en San Juan de la Peña, 
fijando su estancia ya en ésta, ya en aquella iglesia, pertenecientes ambas á 
su diócesis y no lejos de la ciudad de Jaca. Por esta circunstancia se apellida- 
ron obispos de Aragón. Después del concilio provincial celebrado en tiempo 
de D. Ramiro , del que trataremos luego , erigida en catedral su iglesia, de- 
jaron aquella denominación y se llamaron obispos de la ciudad de Jaca. Pero 

(1) Oaligula. «Pequeña bota, calzado 6 caliga del soldado romano. Caligula. = Se llamó asi Cayo 
César de un calzado que solía usar , llamada Caliga. 

(%) (Jaracalla , casaca 6 capote que dio renombre de Caracalla al emperador Valerio Antonio Basiano 
por haber repartido muchos entre la plebe. 

(8) MS. , pag, <H , nota marginal. «Pero el Reino siguió usando la cruz de Arista.» 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 88 

se acordó asimismo por el concilio, que al recobrarse de los moros la de Hues- 
ca , metrópoli de toda la diócesis , se restaurase en ella la antigua sede episco- 
pal, siéndole sufragánea la de Jaca, y que, como hija á su madre, reveren- 
ciase ésta á la primera. Así son , en verdad , obispos de Huesca los prelados 
que encontramos en los documentos antiguos con los títulos de Aragón 

y Jaca. 

Lo mismo , y por circunstancias idénticas , aconteció á la iglesia de Lérida. 
Sus obispos , al ser aherrojada por los árabes esta ciudad , retiráronse al fuerte 
lugar de Roda, que á su diócesis pertenecía; y de Roda se llamaron también 
obispos. Presa luego de los infieles esta población, huyeron áRibagorza y vi- 
vieron algún tiempo en el valle de Gistau (1) , apellidándose obispos de Gistau 
y de Ribagorza. Ganada tiempo adelante la ciudad de Barbastro que les dieron 
nuestros reyes, intituláronse obispos de Barbastro. Libertada al fin la de Lé- 
rida , á ella se trasladó la antigua sede con el nombre antiguo , agregándosele 
algunas de las mencionadas poblaciones que antes pertenecieran á la diócesis 
de Urgel. Tantos títulos se dieron á esas dos iglesias episcopales, vejadas y 
oprimidas por los árabes , al perderse España. 

Ilustrado había la mitra el nombre de Aragón; habíale ilustrado tam- 
bién , antes que ella , la corona condal ; brillante aureola de gloria le circun- 
daba en tiempo del Ceson Abarca. ¿Y causará extrañeza que ese rey enla- 
zase con tan hermosa guirnalda su nueva dignidad, intitulándose rey de 
Aragón? Ni pugna esto con aquellas palabras de Belascon en el antiquísimo 
Códice de San Millan de la Cogulla, copiadas en los índices de Zurita. 
Sobre sesenta años después de estos sucesos, escribe Belascon: «El rey San- 
oho (2) , hijo de García, obtuvo el Reino de Pamplona (era 943, año 905J. ¡So- 
metió esta ciudad á su jurisdicción, y obtuvo el dominio de todo el territorio 
aragonés.» En ellas vemos, que al señorío de Pamplona se le dá explícita- 
mente el nombre de Reino que en aquel tiempo era conocido y vulgar ; pero 
al aragonés le designa con el nombre genérico territorio. Como el Condado ya 
no existía, y el nuevo título de Reino era quizá desconocido á los extranjeros, 
sin duda el autor , para no exponerse á equivocar su verdadero nombre , le 
llama territorio , porque ora conservase el antiguo , ora le hubiese alterado , le 
convenía aquella denominación. Si subsistiera todavía el primitivo , parece que 
Belascon se le hubiera conservado. La circunstancia de no hacer mención al- 
guna del Reino de Sobrarbe , nos autoriza para conjeturar haberlo incluido ese 
autor en sus palabras, todo el territorio de Aragón, cual si quisiera abarcar 
con ellas el Condado aragonés y el Reino de Sobrarbe. 

(1) Gistau, Gistao 6 Gistain , lugar y Valle de este Hombre en la provincia de Huesca entre las as- 
perezas y fragosidades del Pirineo. 

(2) Se levantó en Pamplona, dice Vigila, monje de Albelda , Sancho Garcós, insigne y perpetuo 
venerador de la fe de Cristo ; pío con todos los fieles y misericordioso con todos los católicos oprimidos; 
constante y buenisimo en todas sus obras , guerreador contra las gentes de los ismaelitas y ejecutor de 
muchos estragos contra los sarracenos. Él ganó la Cantabria desde Nájera á Tudela con todas sus pla- 
zas ; poseyó la tierra de Deyo con todos sus pueblos ; sujetó la ciudad de Pamplona , y tomó todo el ter- 
ritorio de Aragón con sus castillos. Después expelió todos los Biotenatos , 6 moros andaluces , dilatándo- 
se bus victorias hasta el año vigésimo de su reinado. Marton , Sant. de S. Engr. , p. 875. 



84 COMENTARIOS 

La frase de Belascon « Sancho obtuvo el Reino de Pamplona » no puede en 
manera alguna significar , como muchos pretenden , que en esta ciudad se ce- 
lebraron las Cortes que eligieron á Sancho. Esta interpretación es contraria á 
la verdad de los hechos y al dictamen mismo de Belascon. Gemia á la sazón 
dicha ciudad bajo el yugo de los sarracenos, á los cuales, dice el autor, la 
arrancó después el mismo Sancho con no poca gloria de su nombre. Á este pa- 
recer se arriman los demás escritores. Obtuvo el Reino de Pamplona, según 
esto , equivale á obtuvo el país navarro, el Reino pamplonés , acomodando su 
lenguaje á la costumbre antigua. Pudiera ser que á sus órdenes se encontraran 
los pamploneses , y que por este motivo se considerase más ó menos tiempo 
como su rey, aunque bajo su cetro no se hallase la capital. 

Infiérese además , que no habiendo al tiempo de la elección otra ciudad en 
mejores condiciones que Jaca para convertirla en corte de sus estados , de ella, 
la primera y principal del señorío aragonés , quisiese tomar el titulo famoso 
para su nuevo Reino. Inaugurado éste con tan felices auspicios en dicha ciu- 
dad ( 1 ) , con razón nos será lícito considerarla como tronco de ese nuevo vas. 
tago , del que brotó el floreciente nombre aragonés, y contar también al Ceson 
el primero en el catálogo de sus reyes. 

De tal modo puso fin el desenlace del segundo interregno al Condado de 
Aragón. En adelante ya no se halla éste mencionado: y si en documentos an- 
tiguos se encuentra acaso algún personaje de época posterior como revestido 
de semejante dignidad , sospechamos que debe entenderse de los condes de 
Atares , porque éstos se intitularían de Aragón , á causa de la proximidad de 
ambos lugares , ó más bien por haberse corrompido en Atares la palabra Ara* 
gonés. En algunas copias que hemos visto del primer privilegio, se lee: For- 
tun Jiménez conde aragonés , por conde de Atares, que dice el original. 

Respecto de la fecha de ambos privilegios , creemos , en virtud de la dura- 
ción dada por Garibay (2) al reinado del Ceson, que en el primero se toma la 
era por el año del Señor , resultando así el de 921 . Advertido queda en el pre- 
facio que no es rara esta ambigüedad en los antiguos privilegios. No sucede lo 
mismo en el segundo, cuya fecha, siendo la era 971 , corresponde al año de 
Cristo 933. 

Sábese por Garibay que García hijo del Ceson reinaba en 920. Pero esto no 
quiere decir que hubiera terminado el reinado de su padre. Dando, como se 
merecen, entero crédito á estos privilegios originales, nosotros somos de opi- 
nión , no lo aseguramos, que el 921 , y tal vez terminado éste , cedió aquel á su 
hijo los Reinos de Pamplona y Nájera; empuñando, no obstante, por si mismo, 
el cetro de Aragón , al menos hasta el año 933. La circunstancia de intitularse 
rey de Aragón y de Pamplona en el primer privilegio ( 921 ) , y en el segundo 
( 933 ) tan sólo de Aragón , debe tenerse muy en cuenta al tratar el reinado de 
éste príncipe. Conste, que esto lo damos únicamente como probable: lo demás 

( 1 ) MS. , fól. 81 , vuelto : « Por la parte acá de Navarra no poseían nuestros reyes ninguna otra ciu- 
dad para fijar en ella su corte. * 

(2) « Cuya autoridad es de mucho peso , principalmente en los siglos de que tratamos. » MS. , folio 
&1 1 vuelto. 




DE LAS COSAS DB ARAGÓN. . 85 

por muy cierto después de maduro examen. Y lo mismo cuanto llevamos dicho 
relativo al origen del Reino de Sobrarbe, á la etimología de esta palabra, á 
ans insignias y á su incorporación al Condado aragonés. 

Compruébase todo ello con otro nuevo y firmísimo argumento. Nuestro 
Felipe Puyvicino, de quien con gusto hacemos mención por merecerlo su 
aventajado ingenio , su vasta erudición y sus profundos conocimientos asi en 
el derecho público como en nuestras anti- 
güedades, nos remitió tiempo ha varias 
monedas de cobre , en cuyo anverso se vé 
un busto real llevando circunscrito el nom- 
bre del rey aragonés, y cuyo reverso os- 
tenta el emblema de una cruz sobre el ár- 
bol con la palabra Aragón, dividida en dos partes por el árbol y el asta de la 
cruz. Tan compacto enlace demuestra la verdad de lo dicho arriba por nos- 
otros y la' antigüedad del Reino de Sobrarbe. 

Por lo demás, quedando ya demostrado de dónde derivó su nombre el Reino 
de Aragón, y que le fué dado por el rey Abarca el Ceson, creemos no será 
despreciable nuestro trabajo, si del mejor modo y forma posibles, para que 
nuestra narración no quede truncada ó incompleta, continuamos los hechos 
del Ceson y de todos los esclarecidos reyes aragoneses hasta la época presente, 
indicando los progresos de nuestras cosas. Hemos resuelto no obstante hacerlo 
con brevedad y sencillez , sin detenernos mas de lo absolutamente necesario. 
Todos nuestros esfuerzos irán, pues, dirigidos á no omitir nada conducente á 
nuestro principal intento. 



REYES DE ARAGÓN 



VWWIAA/IAAnAMAAAAA^AMAAAAA« 



H< 



ora es ya que volvamos á tomar el hilo de nuestra historia, después de 
haber recorrido ese diñcil y enmarañado laberinto, llegando á la elección de 
Abarca el Ceson en Jaca , donde fué saludado por rey primero de Aragón , y 
donde éste se encumbró á la dignidad de Reino. Ese título lo heredaron y 
conservaron todos los reyes sus descendientes : ese título se extendió además 
á nuestro magistrado. Con el fin de conocerlo todo más fácilmente , recorra- 
mos la magnifica galería de nuestros reyes. 



SANCHO I ABARCA, EL CESON, 

Rey i.° de Aragón. 



E 



t primer rey aragonés fué Sancho I el Ceson , conocido por el sobrenombre 
de Abarca. Este rey hizo más ilustre el famoso nombre de Aragón, que dio 
por titulo á su Reino al ocupar, con tan buena estrella, el vacante trono. Sá- 
bese de él haber llevado , siguiendo la costumbre an- 
tigua, el patronímico Garcés ó Garceano de su padre 
García, hijo de Arista y sexto de los reyes de Sobrarbe. 
El de Galindez ó Galindon que le dá Zurita , no le llevó 
este rey, sino, como en su lugar veremos, su nieto 
Sancho II. 

Plenamente hemos probado , contra lo que creyera 
también Zurita , de dónde le vino el sobrenombre Abar- 
ca usado por él en los privilegios. Copiaremos aquí 
uno de éstos para depurar más la verdad , pues no siem- 
pre le usó del mismo modo, sino de tres maneras dife- 
rentes. Ora se titula Sancho rey Abarca, ora Sancho 
Abarca rey, y otras veces Sancho rey, por sobrenombre Abarca. Pequeña como 
se vé es la diferencia ; pero ella acredita , que si le daban otros ese título , él le 
usaba también á menudo en los documentos públicos , indicando así la manera 
próspera y feliz de su elevación al trono. Las dos primeras variantes ya las 




COMENTARIOS DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 87 

hemos visto en los privilegios antes citados al tratar el difícil punto del titulo 
de Aragón : comprobaremos la última con otro privilegio del archivo pinaten- 
se , que insertamos con gusto , porque nos serviremos luego de él para prueba 
de otras cosas. 

« Como de las sagradas doctrinas de las Escrituras hemos aprendido, sa- 
» bemos que el origen y fundamento de la humana salvación generalmente 
» consiste en el sacramento de la Santa Madre Iglesia , y que de ningún modo 
» puede alguno ser salvo sino con el apoyo y auxilio de la misma. De donde 
» ella es designada también con el nombre de madre ; porque como madre á 
» hijos, así ella misma lleva á todos los ortodoxos, alimentándolos con la le- 
» che de sus sacramentos , y culto de los ministros , y observancia de sus ce- 
» remonias á los gozos de la perpetua salvación. En la misma y principalmente 
» se apoya la salud de todos : porque en ella gira y se funda el orden de toda 
» la cristiandad. Esta es, pues, aquella Jerusalen celestial de la que se dice: 
« Vi la ciudad santa , la Jerusalen nueva , descendiendo del Cielo , tan engala- 
» nada, como novia destinada para su esposo. Esta es , desde la que vio Jacob 
» ángeles descendiendo y ascendiendo por una escala derecha, y dijo : «Ter- 
» rible es este lugar : ésta casa de Dios es , y puerta del Cielo , y se llamará pa- . 
» lacio de Dios.» Porque nadie puede agradar á Dios , que esposo de ella es , si 
» á la esposa de Dios, la Iglesia, no honra con digna reverencia. Por consi- 
» guíente , operándose la salvación de todos por la Santa Iglesia de Dios , digna 
» cosa es que todos con el mayor cuidado la honremos , con dádivas enriquez- 
» camos , con donación de tierras amplifiquemos , con dignidades de todo gé- • 
» ñero engalanemos , á fin de que poseamos nosotros la herencia en aquella 
» celestial por la práctica de este servicio. Por tanto yo Sancho, rey por la 
» gracia de Dios , de sobrenombre Abarca , y Urraca reina , deseamos que se 
» haga notorio á todos nuestros fieles y á todos los ortodoxos y católicos va- 
» roñes , á saber presentes y venideros , de qué modo nosotros por la salud y 
» remedio de nuestras almas, y por la salvación de todos los cristianos , al mo- 
t> nasterio del santísimo mártir de Cristo Juan , para todos los que allí sirven 
» á Dios damos la villa de Alastuey , con los lezdos ( 1 ) , con calonias , con las 
» corrientes de las aguas y con todos los derechos á la jurisdicción real per- 
» fenecientes , 6 que pertenecer debieren, y con todos los términos. De cuyos 
» términos, para corroborar por siempre el privilegio y la donación, hemos 
» mandado que se haga mención , á saber : desde la cueva de Gallons ( 2 ) como 
» va sierra sierra (3) , y sale á Casteylon de lo borbuylo (4) ; y desde Castey- 
» Ion de lo borbuylo sale hasta el collado de San Torcuato ; y desde el collado 
» de San Torcuato hasta el puyazuelo de hadilons (5 ) ; y del poyo de los ha- 
» dilons marcha derecho á la raylla ( 6 ) que es cabeza del campo de Piñal vo y 

• 

(1) Y más comunmente lezdas ó derechos de importación y exportación. 

(2) Gal ion. 

(3) En dirección de la sierra. 

(4) Pequeño castillo de Borbuil. 

(5) Montecillo de, etc. 

(6 ) Ralla , raya ó límite. 



98 COMENTARIOS 

» va sierra sierra hasta la cabeza del mon de poyo ( 1 ) ; y desde la cabeza del 
» monte de poyo sierra sierra sale á vallataruebo ; y desde vallataruebo (2) 
» hasta la cabeza del monte de Paternué , como el agua vuelve , y sale derecho 
» al frontón del salto ; y del frontón del salto al Serraton ( 3 ) de barmilera ; y 
» de barmilera como vá al poyo del cabo del monte de arbués ; y del cabo del 
» monte de arbués á la fuente de los bayos ; y de la fuente de los bayos hasta el 
» serraton valliellas; y del serraton valHellas sale sierra sierra (4) hasta Santa 
» Eulalia de Esporret ; y de Santa Eulalia á la peña rotonda y sale derecho 
» hasta el collado de abetito ; y del collado de abetito sierra sierra hasta el 
» campo del solano y vá sierra sierra como el agua cae á la Cueva que se llama 
» Gallons. De tal manera lo determinamos que, si alguno de los hijos 6 suce- 
» sores. nuestros en el susodicho monasterio aumentar pudiese, valga. Amen. 
» Pero si , lo que no creemos se haga , fuere tanta su presunción que alguna 
» violencia ó contradicción quisiere inferir ; en la ira de Dios Omnipotente y de 
» San Juan y de todos los Santos de Dios incurra , y maldición perpetua tenga, 
» y hágase de él como dice el Salmista: «A los que poseen en herencia el San- 
tuario de Dios, Dios mió, pónlos como rueda y como paja ante la faz del 
» viento.» 

» Yo Sancho rey que esta carta de donación y confirmación hacer man- 
» dé, con mi mano roboré, de la misma manera la hice confirmar á mi hijo 
» García. 

» Signo de Sancho rey. 

» Yo García, de Sancho rey hijo, alabo y confirmo, y con propia mano 
» este signo hago. 

» Hecha la carta en la era TXXV. Reinando yo el rey Sancho en Navarra, 
» y en Aragón y en Nájera y hasta los montes D'Ocha (5) . Y son testigos: 
» Basilio, obispo de Pamplona, testigo y confirmante. = Oriol, obispo de 
» Aragón, testigo y confirmante =y Abad Transyniro, testigo y confirmante. 
» = Sénior Sancho, conde en Atares , testigo y confirmante.^ Sénior Fortun 
» Sanz, testigo y confirmante.— Sénior Semeno Enecons (6), testigo y con- 
» firmante. = Sénior Iñigo Gonzalvez, testigo y confirmante. = Sénior Lope 
» Jimenons (7), testigo y confirmante. 

» Yo Uviberto escritor (8) por mandato de mi Señor rey, esta carta escri- 
» bí , y de mi mano este signo hice. » 

Acertados anduvimos , como se vé , dando á este rey el sobrenombre de 
Abarca, siendo ya evidente haberlo adquirido y usado él mismo, como poco 
antes dijimos , cual título de gloria. 

( 1 ) Cumbre del monte. 

(2) Valle de arruebo. 
(8) Sierra pequeña. 

( 4 ) Sierra adelante. 

(5) Montea de Oca. 

(6) Jimeno Ifiiguez. 
(1) Jiménez. 

( 8 ) Secretario , escribano , notario . 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 89 

Pero lo que debe advertirse con más atención en este privilegio es la T, 
primer signo numérico de la fecha que , á veces , como en el anterior privile- 
gio, equivale á 900, si bien significa el millar ordinariamente ( 1 ) . Y que es 
900 su valor en la fecha anterior, que necesariamente debe serlo, se infiere 
con toda claridad de este argumento . 

En el primer privilegio, del que nos hemos servido para probar que Abar- 
ca el Ceson acostumbraba llamarse rey de los aragoneses , y que por tanto de- 
bía ocupar el primer lugar entre los reyes de Aragón , se hace especialísima 
mención de Basilio obispo de Pamplona, de Oriol obispo de Aragón, y de 
Uviberto, secretario 6 escribano del mismo rey, cual si todos ellos se hallasen 
presentes á su erogación, 6 al menos como si viviesen en aquel tiempo. La 
fecha no está en cifras numéricas , ni en abreviatura , sino que con todas las 
letras y con toda claridad dice : «Era nuevecientas veintiuna. » 

Hallándose también presentes á la concesión del último privilegio, en ca- 
lidad de testigos confirmadores , los mismos Basilio, Oriol y Uviberto, cada 
uno con la misma dignidad que en el primer privilegio , y estando en aquel 
expresada la fecha con la T , al primero por necesidad hay que recurrir para 
descifrar el valor de ese signo, que será el de nuevecientos , porque no se sabe 
que hayan existido otros Basilios obispos de Pamplona , otros Orioles obispos 
de Aragón y otros secretarios Uvibertos. En la hipótesis de haber existido, no 
fuera creíble que, después de tan largos años, vivieran en una misma época 
y se hallaran revestidos de la misma dignidad ; ni siendo los mismos , pudo 
prolongarse tanto su vida que presenciaran la concesión de ambos privilegios 
por dos Sanchos diferentes. Aun en este caso estará en pié la duda, y forzo- 
samente habríamos de decir, que eran distintos los testigos confirmadores, 
aunque llevasen el mismo nombre. Por tanto , será preciso concluir que la t 
en este lugar equivale á 900, y tomando la era por el ano, que fué otorgado 
éste privilegio en el 925 de Cristo. Esto es lo que hemos creido conveniente 
advertir acerca del valor de la T y del sobrenombre Abarca. 

Un solo par de éstas , dicen, haber sido las armas de D. Sancho, como tam- 
bién de la familia que , descendiendo de éste rey , lleva entre nosotros ese mis- 
mo apellido. Pero éstas, como dijimos de las insignias de Arista, fueron in- 
dudablemente suyas personales ; nunca del trono, ni del Reino. Convienen 
todos los escritores en que la cruz de Arista , desde su aparición hasta la toma 
de Huesca por D. Pedro I fué constantemente el escudo del Reino ; si bien al- 
gunos de los reyes , y acaso éste mismo , como se vé en las monedas , usaron 
de la cruz sobre la encina con la palabra ARAGÓN entrecortada por el tronco 
del árbol, para conservar un recuerdo del antiguo Reino de Sobrarbe. 

Reunió, pues, D. Sancho bajo su cetro, que empuñó en 905, los estados de 
Aragón , de Pamplona y de Sobrarbe , dilatándolos con las poblaciones gana- 
das á los moros, siendo la más considerable de sus conquistas la ciudad de 
Pamplona, que se perdiera á la muerte de su padre. Con tan felices auspicios 
recobró su libertad ahora ; que ya no volvieron á oscurecer su horizonte las 

(1) Bata nota 6 figura no está lo mismo en el original manuscrito que en el impreso. 

12 



90 COMENTARIOS 

tinieblas del mahometismo. Esto redundó también en mayor gloria y alabanza 
de nuestro rey. 

Casó con Teuda ó Toda ; pero como á ésta le dá el privilegio preinsertado 
el nombre de Urraca , hay que decir, ó que casó dos veces , ó que , y nos pa- 
rece mejor, su única esposa se llamaba Toda Urraca, dándosele ora aquel, 
ora este nombre : caso no raro ni singular entre las damas de nuestra prime- 
ra nobleza. 

De ella tuvo un hijo, García, que le sucedió, y cuatro hijas llamadas Ji- 
mena , María , Teresa y Velasquita. Florentina llaman también á Teresa Sam- 
piro y otros historiadores castellanos. Tres hijos más le atribuyen otros , Ra- 
miro, Gonzalo y Fernando. Pero esto, como puede verse en Garibay. es error 
manifiesto: error á que dio margen la identidad de nombres, pues son hijos 
de su nieto Sancho. 

Ni sabemos el tiempo exacto de su reinado, ni el año en que le sorprendió 
la muerte. El historiador antes citado, Belascon , dice , que lanzados todos los 
Biotenatos ( 1 ) , quizá los habitantes del valle de Broto , murió en el 20 dg su 
reinado ( 926 ) . Esto se halla en perfecta armonía con la significación que poco 
antes hemos dado á la T , pero está en disonancia con el otro de los privilegios 
arriba insertados que lleva la fecha de 933. En este caso preferimos nosotros 
al de Belascon el testimonio del privilegio, y creemos que fué más largo su 
reinado, cuando menos desde el 905 al 933, dado que ocurriera su muerte en 
este último año. 



WAAMAVMmMIWIMAMWWA 



GARCÍA i, abarca, 

Rey 2.° de Aragón. 



F 



ué García I, hijo del Ceson, el segundo rey aragonés, llamado también 
García Sánchez y Abarca, y á la muerte de su padre tomó posesión del Reino. 
Hasta Garibay que le suscitó, pasaba por el segundo de nuestros reyes García 
el Temblón. Dicho historiador, con numerosos y convincentes testimonios, 
prueba que aquel fué abuelo de éste, y que su esposa se llamó Teresa. Cinco 
fueron los hijos de este matrimonio: dos varones, Sancho y Ramiro, mencio- 
nados por Belascon, y tres hembras, Urraca, Hermigilda y Simena ó Jime- 
na. La historia pasa en silencio el matrimonio de éstas, y no es maravilla, no 
habiéndonos conservado noticia alguna de sus padres. 



( 1 ) Unos creen que esta expresión significa bandas de gente desalmada , coluvie de moros y cristianos 
atajo de bandidos; otros, moros andaluces. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 91 

Hija de aquel Endregoto Galindez arriba mencionado, fué la reina Teresa: 
por eso creemos se llamara Teresa Galindez. En el siguiente reinado expon- 
dremos los fundamentos de nuestra opinión y cuál es nuestro sentir acerca de 
Endregoto. 

Sábese que García murió por los años 969 después de un reinado de 36 
próximamente ( 1 ) . En su tiempo acaeció por tanto la memorable derrota de 
Val-de-junquera , origen del célebre martirio de Pelayo. Entregado en rehenes 
este niño por su tio Hermoigio (2), obispo de Tuy, que cayó en ella prisionero, 
selló con su sangre la fe católica que confesara en la ciudad de Córdoba. El 
piadoso y elegante Ambrosio de Morales, citando á Raquel y á Sampiro, obis- 
po de Astorga , dice haber quedado vencido en esa batalla el rey García de 
Pamplona , y alcanzado Pelayo en Córdoba cuatro años después ( era 964) la 
palma del martirio. El mismo historiador refiere al año anterior (era 963) este 
acontecimiento, corrigiendo á Sampiro, porque la letra dominical, dice, con- 
viene áésta, y no á la era siguiente. Nosotros, sin embargo, creemos más 
probable que aquí se toma la era por el año. Según esto, el martirio debió 
acontecer en 964, al cual, como bisiesto, le conviene la letra dominical de 
Sampiro, haciéndose innecesaria la corrección. Porque, si ponemos el marti- 
rio de Pelayo (3) en dicha era (año 926) y cuatro antes (922) la batalla de 
Val-de-Junquera , no encontraremos ningún García á quien podamos referir 
semejante descalabro. 



WVMVWWWI/VWWWVyWWVAAAA 



SANCHO II, ABARCA Y GALINDEZ, 

Rey 3.° de Aragón. 



Pancho II, hijo de García I , nieto del Ceson, y tercero de los reyes arago- 
neses, tomó las riendas del gobierno á la muerte de su padre. Llamóse San- 
cho Garcés, á veces Garceano por ser hijo de García, Sancho Galindon y Ga- 
lindez , así como en memoria del Ceson llevó también el sobrenombre Abarca. 
No es poca la confusión introducida con tanta variedad de nombres. 

Tomó por esposa á una señora noble llamada Urraca Fernandez (4). En 
ésta tuvo á García, Ramiro y Gonzalo : los tres , al decir de Garibay, se en- 
cuentran con título de reyes en documentos antiguos. No hay que extrañarlo 
del primero que le sucedió y fué conocido después con el nombre de García el 

( 1 ) MS. fól. 90 : « Casi 40 años. > 

(2 ) Hermogio. 

(3) El Sr. Lafuente pone la batalla en 921 , y en 925 el martirio de Pelayo. 

(4) MS. fól. 91 : c Tenida hasta hoy por esposa de Abarca, (Sancho I.)» 



d2 COMENTARIOS 

Tembloso. No consta en parte alguna que lo fueran Ramiro ni Gonzalo. Qui- 
zás también los varones, á la manera que, en sentir del arzobispo de Toledo, 
las hijas se llamaban reinas aunque no estuvieran enlazadas con reyes, lle- 
varon el mismo título. 

Hasta Garibay fué desconocido en la historia Sancho II. Confundíanle con 
Sancho Abarca el Ceson los unos ; los otros con el emperador Sancho el Ma- 
yor, engañados por la semejanza del nombre. Coligese haber sido distinto de 
ambos; ya de Garibay, ya también, omitiendo otras pruebas, de un privilegio 
del archivo pinatense que insertamos aquí con gusto , por ser el fundamento 
que tuvimos para creer á Sancho II nieto de Endregoto Galindez por la rei- 
na Teresa, y á éste distinto del primer Endregoto arriba mencionado. Helo 
aquí: 

« EN EL NOMBRE DEL SEÑOR nuestro Jesucristo y la paz de todos los 
» Santos, en donde están muy guardadas las virtudes para este lugar que se 11a- 
» ma Siresa ; á fin de que por la intercesión del muy glorioso y bienaventurado 
» Pedro , Apóstol del Señor , y de su hermano el Bienaventurado Andrés Após- 
» tol, y del Señor Esteban Levita, y del Señor Miguel Arcángel, y del Santo 
» Salvador , ó de otros muchísimos Santos , cuyas Reliquias se conservan allí, 
» Nuestro Señor Jesucristo se digne darnos auxilio , y agrademos nosotros al 
» Cristo. Amen. Yo Endregoto ( 1 ) Galindez , y la prole Sancho Garóes Rey, y 
» la esposa de él Urraca Fernandez. En virtud de la gracia de Dios, con agrá- 
» decido corazón y de propia voluntad : nos conviene á nosotros por la reden- 
» cion de nuestra alma , y por eso en el lugar de los Santos ofrecemos la Villa 
» que se llama Exavierre martes ( 2 ) después de nuestra muerte , con todas las 
» casas enteramente , huertos , viñas , ó toda herencia , molinos , prados , ó to- 
» das las cosas, que á nosotros pertenecen en aquel lugar con sus términos de 
» Aragón assuso (3) y de Vallearians adentro, hasta el rigo de bissun, como 
» el agua corre á la. sierra de San Adrián. Y por otra parte desde el poyo bo- 
» sacuso, hasta las viñas de Santa María; y desde las cabezas (4) de aquel 
» monte como el agua corre (5) hasta el Aragón (6) y desde el molino de 
» Santa Columba á yuso; y las frontaciones desde la Vallella (7) sobre Botia, 
» tengan libre y completa potestad. Plugo á nosotros y convino sin que nadie 
» nos uniera, ni aconsejara sus artículos, sino fué nuestra libre y propia vo- 
» 1 untad , para que se haga seguridad de esta causa , como los Señores y padres 
» nuestros , 6 de otros buenos hombres dieron y confirmaron para que perma- 
» nezcan con más seguridad en paz. Y si alguno de nuestros parientes ó de 
» otros hombres nuestra obra quisiere deshacer, no tenga comunicación con 
» Cristo, sino con Judas el traidor, con los malvados y pecadores. 



(1) Es reina'/ 

(2) Jav ierre martes. 
(8) Arriba. 

(4) Cumbres. 

(5) Siguiendo la corriente de las aguas. 

(6) Rio. 

(7) Pequeño valle. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 98 

» Hecha la carta de confirmación el día tercero de las Kalendas de Ju- 
» lio ( 1 ) de la era 1.009. Reinando Sancho Garcés y Urraca Reina en Aragón y 
y> Pamplona : y Degio obispo en Aragón : Blasco Obispo en Pamplona : y Ber- 
» nardo obispo en Nájera. 

» Yo Sancho Garceano (2) que esta Carta hacer mandé, con mi mano ro- 
» boré y signo. 

» Yo Endregoto Galindez con mi mano roboré. 

» Yo Urraca Fernaldez con mi mano roboré.» 

Ninguna duda puede caber respecto de la existencia de éste rey , que lo fué 
de Aragón y de Pamplona. Su patronímico Garceano nos dice que fué hijo 
de García. Llámase prole de Endregoto Galindez , sin duda para manifestar- 
nos que su madre era hija de éste, y por eso le dá como abuelo la preferen- 
cia en los documentos escritos , siendo cosa sabida que con la voz prole se 
expresa tan sólo el hijo 6 nieto; esto es, el heredero ó sucesor futuro. Sólo 
añadiremos que, siendo este Endregoto en tantos años posterior al primero, 
hijo del segundo conde de Aragón , con sobrada razón hemos distinguido al 
uno del otro. Repetiremos si, como cosa cierta, que por sus venas corría la 
sangre de los condes aragoneses ; pero ignoramos , si debe ó nó contarse aquel 
personaje entre los ascendientes del segundo. Creemos que éste no fué conde, 
pues no lo acredita documento alguno, — y de haberlo sido no pasaran en si- 
lencio esta circunstancia — si bien sospechamos que debía ser un magnate de 
nuestras montañas , cuyo patrimonio , pingüe para aquellos siglos , llevaría en 
arras su hija Teresa , madre de éste rey , al desposarse con D. García. No es, 
pues, no puede ser, como imaginó Zurita, Abarca el Ceson , sino su nieto San- 
cho II el rey á quien los antiguos monumentos dan el nombre de Galindez ó 
Galindon , cuyo patronímico podía usar éste y no aquel , que ni tuvo ni pudo 
tener relación de parentesco con ninguno de los Endregotos. En nuestro dic- 
tamen no es posible compaginar de otro modo cosas de tanta monta ; al paso 
que se armoniza todo , desaparecen todas las dificultades que se han presen- 
tado hasta aquí , para ordenar los hechos de Sancho I y de Sancho III el Mayor 
ó emperador, con sólo interponer entre ellos ¿ éste rey, que alguna vez usó 
también del sobrenombre Abarca. 

De este es aquel privilegio concedido (971) á San Pedro de Siresa, tráelo 
Zurita en sus Anales , en el cual dice que con su esposa Urraca reinaba en 
Aragón y en Pamplona. Esto confirma admirablemente nuestra opinión antes 
emitida. Si reinaba en Aragón , Aragón en aquellos tiempos gozaba ya el tí- 
tulo de Reino, y éste no pudo en manera alguna tener principio en D. Ramiro. 

Es igualmente obra del mismo rey t aquel grave testimonio del códice de 
donaciones reales y asignación de campos á San Pedro de Taberna, tam- 
bién lo trae Zurita en sus índices y su fecha 1.° de Enero del año 987, en el 
cual se hace mención del rey Sancho, de la reina Urraca , y de sus tres hijos 
García, Ramiro y Gonzalo. Pretende Zurita atribuirlo á Sancho el Mayor, to- 

(1) 20 de Junio? 

(2) Garcée. 



94 COMENTARIOS 

mando la era por el año; pero ni aun asi le es posible armonizar los hechos. Con 
la interposición de este rey, es como únicamente se logra que no pugnen en- 
tre sí ni la cronología ni los acontecimientos. Hay además otro privilegio, fe- 
chado en 989, del que habla así mismo Zurita en sus Anales, por el cual un 
rey Sancho hace á San Juan de la Peña donación de los lugares de Martes, 
Bahués y Huértolo. Tampoco puede atribuirse, como él cree, al Ceson, el pri- 
mero de los Sanchos, sino al segundo su nieto. 

Por la historia de Garibay y por los datos anteriores , podemos calcular 
que éste reinó desde 969 á 990 con corta diferencia : veinte años próximamen- 
te. Quizá este rey murió el dia en que señala Zurita el fallecimiento del Ce- 
son : 25 de Enero de este último año. 



A./* * *^ AA>»^ */W^\ 'VS^/\J\A/^'*SW**<*r\'* 



GARCÍA II ABARCA, EL TRÉMULO 

Rey 4. de Aragón. 



A 



García II , el Trémulo, hijo de Sancho II, nieto de García I, biznieto del 
Ceson , que sucedió en el Reino á la muerte de su padre , le apellidan ora 
García Abarca, ora García Sánchez los documentos antiguos. Diósele el re- 
nombre de Trémulo por el excesivo temblor , que dicen agitaba todo su cuer- 
po al principio de las batallas, en las que peleaba luego con denuedo y 
bizarría. De ese valor dio muchas y brillantes pruebas en numerosos y reñi- 
dos combates, y señaladamente — á ser cierto que se halló en persona como se 
infiere de algunos documentos que hemos encontrado nosotros , porque se ha 
escrito haberla ganado sus tropas en ausencia del rey — en aquella campal ba- 
talla en que venció al cordobés Almanzor cerca de Usama (1). Con frecuen- 
cia se le veía temblar de pies á cabeza al romper la batalla ; pero nunca le 
faltó el ánimo , jamás tembló su corazón. 

Muy desavenidos andan los escritores en el nombre de su esposa. Llaman- 
la Constancia unos, otros Epifanía, Elvira algunos, y Garibay, á cuya opi- 
nión nos inclinamos nosotros, Jimena. De ella tuvo un solo hijo, Sancho el 
Mayor. Es un error, en nuestra opinión , creer hijas de este rey á Teresa y á 
Sancha, esposa esta última del nunca bastante alabado conde de Castilla Fer- 
nán González, por ser cierto que muchos años antes (912) fundaíon los men- 
cionados condes el famoso monasterio de San Pedro de Arlanza. Hay que de- 
cir, pues, ó que no fué hija de nuestros reyes, ó que lo fué de Abarca el Ceson: 
y aun esto no lo tenemos hasta hoy por bastante comprobado. 

(1) Osma. Esta batalla, llamada de Calatafiazor ó cuesta de las águilas, se dio en tiempo de su 
hijo. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 95 

Murió el ano 1 .000 como se vé por los antiguos documentos que cita Ga- 
ribay y por el testimonio de Belascon en los índices de Zurita , habiendo rei- 
nado apenas diez años. 

La inscripción del ara de Atares , que pretende Zurita en sus Anales atri- 
buir á este rey, se ha de referir en realidad al reinado de su abuelo García, 
porque dice que aquel castillo fué construido por García Fortuñon , era 969, 
reinando García Sánchez, época que no corresponde al Tembloso, sino á su 
abuelo. Tómese 6 no, la palabra era en su genuina significación, no puede en 
modo alguno convenir al cuarto de los reyes aragoneses. 



SANCHO III EL MAYOR, 

EL EMPERADOR, 

Rey 5.° de Aragón. 



a 



►ancho III el Mayor, hijo del Trémulo, nieto de Sancho II, biznieto de Gar- 
cía I, tercer nieto del Ceson , subió al trono de Aragón , Sobrarbe y Pamplo- 
na, vacante por la muerte de su padre. Agregando después á estos Reinos el 
Condado de Castilla, apoyado en los derechos de su esposa, heredera legítima 
como, hija de D. Sancho y hermana del infante García, villanamente asesi- 
nado en León , tomó el pomposo título de Emperador de España. Con suma 
variedad apellidan á esa reina los historiadores. Unos la nombran doña Nu- 
nia ó Munia dona, que parece lo mismo: otros Elvira, Geloyrda ó Geloida. 
Ll&manla algunos doña Mayor : así se firma ella en los documentos imitando 
tal vez á su esposo, quien por haber poseído dominios más dilatados que sus 
antecesores, sospechamos tomara el título de Sancho el Mayor. 

García , Fernando y Gonzalo fueron los hijos de este matrimonio. A Ramiro 
le tuvo D. Sancho en doña Caya ó Gaya, ilustre dama, que fué Señora de Aibar. 

Semillero de luchas intestinas fué la partición de Reinos entre sus hijos 
hecha por el Mayor. A García el primogénito ( 1 ) por haber acusado falsamente 
de adulterio á la reina su madre, privándole de la Castilla, herencia de sus 
abuelos, le asignó el Reino de Pamplona; el Condado de Castilla con título 
de Reino, al segundo de ellos, Fernando, que fué el primero de sus reyes; á 
Gonzalo el Menor', le señaló el país de Sobrarbe y de Ribagorza; á Ramiro, 
sólo el Aragón; y ésto, dicen, por condescendencia de dona Mayor, de cuya 
continencia contra sus propios hijos se había presentado mantenedor. 

(1) Ramiro fué legitimo y primogénito de D. Sancho , según algunos historiadores. 



d6 COMENTARIOS 

Cuatro coronas brotaron de esa división de Reinos, que produjo también 
guerras interminables entre los hermanos : guerras que continuaron sus des- 
cendientes. De ellas, siguiendo nuestro propósito, haremos caso omiso y pro- 
seguiremos la historia de los reyes aragoneses. . 

Los mismos limites (1) que el antiguo Condado de su nombre , tenia la he- 
rencia que á Ramiro le dejó su padre ; si bien por muerte de Gonzalo se acre- 
centó muy pronto con las tierras de Sobrarbe y de Ribagorza (2). 

A ésta última , y aprovechamos no involuntariamente la ocasión para decir 
cuatro palabras, la encontramos en 813 formando ya Condado regido por Ber- 
nardo, yerno de uno de los condes aragoneses. Le sucedió su hermano A ton, 
en cuyas sienes estaban enlazadas la mitra y la corona. Esta pisó después á su 
sobrino Ramón, hijo de Bernardo el primero de los condes. Ramón la dejó á 
su hijo Vifredo, que murió sin descendencia, heredando el Condado su her- 
mano Isarno I. Tras éste le poseyó Isarno II, su hijo , pero no de legítimo ma- 
trimonio , que la trasmitió al suyo Guillermo. Estos eran vasallos de los fran- 
cos unas veces; otras veces sujetos á nuestros reyes. A Guillermo, último de 
los condes , le arrebató la corona Sancho el Mayor, legándola junto con la de 
Sobrarbe á su hijo Gonzalo, que se intituló rey de Sobrarbe y de Ribagorza. 

Por vez primera , desde los tiempos de Arista , separóse á la muerte de 
Sancho el Mayor el Reino de Pamplona de los Reinos de Aragón y de Sobrar- 
be. En adelante volvieron á estar ya unidos , ya separados , como veremos en 
el curso de nuestra historia. 

Este rey (3) á quien se llama emperador , llegó á tal grado de poder y de 
grandeza, cual no se habla visto mayor ni igual en España desde la destrucción 
del imperio gótico. Bajo su cetro se hallaban ( 1.023) los Reinos mencionados 
en un privilegio , que atestigua haber visto el ilustrado intérprete de nuestros 
fueros Pertusa, y cuya última parte dice : « Hernando yo en Pamplona, en Ara- 
gón, en Sobrarbe, en Ribagorza, en toda la Gascuña, y en Álava, y en toda 
Castilla, en Asturias, en León, ó en As torga. Era 1.061.» Preciso es respecto 
de la Gascuña advertir , que le habla tocado en herencia aquella parte de la 
Aquitania, un dia patrimonio de Arista. Por eso pudo decir sin duda que rei- 
naba en toda Gascuña , pues no se cuenta de éste rey que llevase sus armas al 
otro lado de los Pirineos. 

De aquí puede inferirse , que serían vasallos de nuestro Alfonso todos los 
bearneses , que en auxilio de los nuestros acudieron más adelante al sitio de 
Zaragoza, acaso por haberla heredado también éste monarca. Pero la Aquita- 
nia desde mucho atrás se halla separada de la obediencia de los nuestros. 

• ( l ) Desde Matidero , lugar sito cerca del nacimiento del rio Alcanadre , como tres leguas de la Tilla 
de Ainsa , en Sobrarbe , y hacia el Septentrión de ésta , hasta Vadoluengo , que es un paso del rio Ara- 
gón entre las villas de Sangüesa y Caseda. Moret, Invest. , pág. 608. Bste autor pretende que el valle de 
Roncal se dio á D. García. 

(2) Según la etimología que le dá Beuter*, Ribagorza significa país situado á orillas del rio Corcia 
6 Curcia, nombre antiguo del Noguera. En este Condado se conservaron por mucho tiempo algunos se- 
ñoríos particulares llamados carlanías, que no gozaban de los fueros aragoneses. El señor se llamaba 
también corlan 6 gobernador feudal de los castillos. Algunos creen que carian es sinónimo de castellan 
6 alcaide. 

(3) Por su valor y ardimiento le dieron el nombre de Cuatromanos, 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 91 

Por la misma razón no es de maravillar ver con frecuencia obispos aquitanos 
entre los testigos confirmadores de antiguos privilegios , porque á fuer de sub- 
ditos seguían la corte aragonesa. Y no es una simple conjetura, sino cierto 
y muy cierto, pues, como dice Zurita, á imitación de sus mayores, el vizconde 
Gastón prestó juramento de fidelidad á nuestro rey Alfonso II por el Bearnés 
y la Gascuña. • 

Murió por fin Sancho ( 18 de Octubre 1.034) á los 33 añ03 de su reinado, 
aunque no falta quien prolonga hasta el siguiente la vida de éste monarca. 
Su cuerpo, sepultado primero en la iglesia oniense ( 1 ) ó en San Salvador de 
Oviedo , fué después trasladado por su hijo Fernando a San Isidoro de León: 
su esposa la emperatriz ó augusta yace en San Juan de la Peña. Cuentan ha- 
berlo ordenado ella misma , deseando confiar el sepulcro de su cuerpo al Reino 
del que había sido principal defensor y protector de su fama y honra, para 
manifestar con esto cuan grande era su gratitud hacia su hijastro Ramiro (2). 



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RAMIRO I EL CRISTIANÍSIMO, 



Rey 6.° de Aragón. 



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.amibo I, hijo de Sancho el Mayor, nieto del Tembloso, biznieto de San- 
cho II , tercer nieto de García I y cuarto del Ceson , fué el sexto de los reyes 
aragoneses. Ya hemos demostrado contra la opinión común que no fué éste el 
primer rey de Aragón. Sabemos que lo habían sido ya muchos de sus antece- 
sores , siquiera fuese Ramiro el primero que, con título de Reino , dominara el 
mismo y solo territorio del Condado antiguo. Quizás por esta circunstanciase 
le coloca el primero; pero ni aun así le colocaremos nosotros. 

Sienten algunos doctos , y les parece más probable , que si bien hubo re- 
yes anteriores á Ramiro , se llamó éste el primero , porque á partir de él lle- 
varon los monarcas como apellido de familia el ínclito nombre de Aragón. El 
desús antecesores desde el Ceson, dicen, era Abarca, nombre que encontra- 

( 1 ) Fué enterrado en San Salvador de Oviedo , y de allí trasladado á San Salvador de Oña. Gari- 
bay , tomo 4.°, pág. 8. 

(2) He aquí el epitafio que se puso á esta reina : Hic requiescit fámula Dei Domna Major Regina, 
%ucor Sanctii imperatoria. 

Aquí descánsala sierva de Dios Doña Mayor, Reina , esposa del emperador Sancho. 

Bl de Sancho el Mayor en la capilla de los Reyes de Sin Isidoro de León , es como sigue : 

Hic situé ett Sonctiue Rea Pyreneorum montium, et Toloece, vir per omnia Oaíholicue, et pro Eccleeia. 
Tranelatue eet hic & filio ett o Rege Magno Ferdinando. Obiit Era MLXI11. 

Aquí está colocado D. Sancho Rey de los Montes Pirineos , y de Tolosa , Varón en todo Católico , y 
por la Iglesia. Trasladóle aquí su Hijo el Rey D. Fernando el Magno. Murió en la Era 1.063. Moret, 
Investigaciones, pág. 641. 

13 



98 COMENTARIOS 

mos con tanta frecuencia usado en los documentos de aquellos tiempos por los 
Sanchos y los Garcías. Así como entre los godos hubo muchos príncipes lla- 
mados Flavios, en memoria de un esclarecido y poderoso Flavio , hubo tam- 
bién en recuerdo del Ceson muchos reyes que se titularon Abarca , de quienes 
derivan su alcurnia antiguas é ilustres familias que todavía se distinguen con 
él entre nosotros. Y esa semejanza de nombres en los reyes, prosiguen ellos, 
fué la causa de que tan lastimosamente se confundiesen todos los aconte- 
cimientos y toda la cronología. Pero éste rey, continúan, dejando el de Abarca, 
se apellidó D. Ramiro de Aragón; apellido que hasta D. Fernando el Católico 
conservaron todos nuestros soberanos. En este sentido, concluyen teniéndolo 
por muy verosímil , pudieron los escritores considerarle como* el primero de 
nuestros reyes. Permítasenos, sin embargo, rechazar semejante opinión por 
fútil é imaginaria. 

Asesinado Gonzalo por el gascón Ramonet de Tomanera , Gafeveñan según 
otros , en el puente de Monclus ( 1 ) , sus vasallos eligieron á Ramiro , que de 
este modo incorporó á su Reino los estados de Sobrarbe y Ribagorza. 

Se unió en matrimonio con Gisberga ó Gilbiga, hija de los condes (2) Ber- 
nardo Roger y Brisinda ó Garsinda. Era notable la hermosura de esta reina 
como lo testifica el mismo D. Ramiro en escritura auténtica (3), cuyo prin- 
cipio es: «Año de la encamación 1.036 a 22 de Agosto, luna 25: Yo Ramiro, 
prole de Sancho rey, recibo por esposa a Gisberga, hija del conde Bernardo Ro- 
ger, y de la condesa madre de ella Garsinda; la que me dieron a mi Ricardo 
obispo de la ciudad de Bigorra , y los procónsules cavitanenses , Garda Forto, 
y Qelme Forto, hermanos uterinos. Y di a ella esponsales por dote, y arra f y 
por el honor, amor y hermosura suya , algo de la herencia, que a mi me dio mi 
padre en territorio aragonés.» 

Algunos sólo dan á ésta reina el nombre de Hermesenda ; pero en otros do- 
cumentos pertenecientes á San Juan de la Peña le dá su mismo esposo los de 
Gisberga y Ermisenda. Así se expresa Ramiro en uno de aquellos: «Sea no- 
» torio que el jueves (4) a mitad de la cuaresma, en el mes de Marzo, cuando 
» enfermé en San Juan, y encomendé a Dios mi hijo Sancho hijo de Ermisen- 
» da , cayo nombre bautismal es Gisberga. » Lo demás no hace & nuestro pro- 
pósito. 

Dos hijos tuvo en ella: Sancho IV que heredó sus Reinos, y García obispo 
de Aragón, que después se intituló alguna vez de Jaca, al erigirse en cate- 
dral la iglesia de esta ciudad; y dos hijas que se unieron en matrimonio con 
los condes de Pro venza y de Tolosa. En documentos posteriores á la muerte 
de su padre , se llama á la segunda condesa de Atares á veces , á veces condesa 
Sancha. Hijos suyos fueron también Urraca y Sancho Ramírez , al que dio el 
señorío materno de Aybar (5) , y el de Ribagorza con el antiguo nombre de 

(1) Mediano. 

(2) De Bigorra. 

(3) Ó teatameuW. 

( 1 ) Que divide *n dos iguales partes. 

(5) El Sr. Lafuente añade Javierre y Latre. 



r 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 99 

Condado. Pero habiendo muerto sin hijos, como quieren algunos, volvió á in- 
corporarse á la corona ese Condado , y á ella quedó unido por largos años. 

Hizo tributarios á los régulos de Zaragoza y Lérida, y alcanzó sobre el 8e 
Huesca dos victorias importantes. Agregó después á su Reino el Condado de 
Pallas (1) dilatando de esta suerte poco á poco los limites de sus estados. Con 
estas y otras brillantes hazañas se coronó de gloria , y más aún con su celo en 
restablecer el culto y ceremonias de la sagrada religión cristiana , que bien lo 
necesitaban por aquellos tiempos. 

Habiendo convocado en Jaca un concilio con numerosa concurrencia de 
prelados, asistiendo en persona el'mismo rey, su solicitud se extendió á todo; 
todo se reíbrmS á tenor de los cánones de la Santa Iglesia Católica Romana; y 
erigióse en catedral la iglesia de Jaca , ocupando esta silla Sancho, obispo de 
Aragón. Desde luego comenzó éste á llamarse obispo de aquella ciudad. En 
manera alguna creemos fuera de nuestro propósito insertar aquí un fragmen- 
to de este concilio (2), escrito en caracteres antiguos, que nosotros hemos 
hallado en un vetustísimo códice de San Juan de la Peña. Dice así : 

« Del concilio que hizo Ramiro rey con los obispos y abades suyos en el mo- 
to nasterio de San Juan. 

» Estando sentado el glorioso príncipe Ramiro junto con los venerables 
» obispos : á saber Sancho, y García y Gomesano ; y con los abades del mo- 
» nasterio de San Juan : esto es Belasio y Paterno el menor : estando también 
» sentados todos los hermanos y clérigos de su Reino en la sala capitular del 
» antes nombrado monasterio, Sancho obispo de Aragón comenzó á hablar de 
» la manera siguiente: «Por la disciplina y orden eclesiástico, con diligente 
» cuidado y providencia , tratemos , si place á nuestro señor Ramiro rey y á 
» los obispos y abades presentes, y también á los monjes y á todos los cléri- 
» gos, las cosas que al tenor de la ordenación pertenecen según los preceptos 
» de la divina ley , y decretos de los nicenos cánones ; y con la ayuda de Dios 
>> consolidemos para todos los siglos , como está predestinado y dispuesto por 
» el ínclito rey Sancho señor de toda España. En presencia de los obispos que 
» suscriben : á saber de Sancho obispo de Aragón , y de Sancho de Pamplona, 
» y de García de Navarra, y de Arnulfo de Ribagorza; y de Julián Castelien- 
» se , y de Poncio de Oviedo y de otros muchos obispos cuyos nombres sería 
» largo enumerar (3). Y este es el decreto de nuestra institución: Que los 
» obispos aragoneses sean elegidos y nombrados de entre los monjes del suso- 
» dicho monasterio.» Ramiro rey puesto en pié en medio* del concilio dijo: 
« Yo alabo y corroboro los decretos de mi padre Sancho, y á esta vuestra defi- 
» nicion suscribo. » Todos los obispos y abades junto con los clérigos dijeron: 
« Alabamos y á esta suscricion nosotros suscribimos , « aquí a nuestro juicio 
» faltan no pocas cosas.» A cualesquiera de los futuros reyes, sucesores nues- 
» tros , que traspasando* y desviándose de este decreto á un tiempo real y pon- 

( 1 ) Con las armas. 

(2) Véase Florez, Esp. Sagr. tomo 8.°; Lafuente, Hist. de Esp., part. 2, libr. 2.°, cap. 24. y Tejada, 
Colección de Cánones y Concilios , tomo 8. a , págs. 115 y siguientes. 

(8) Asistieron nueve obispos. 



100 COMENTARIOS 

» tífícal intentaren romper esta escritora ; en el siglo presente el omnipotente 
» Dios, que e3 jaez justo, y rey de reyes disuelva y divida el honor real y el 
» poder del Reino de ellos , y lo dé á los que le amen . y le teman , y nuestros 
» decretos guarden : y en el futuro, separados del consorcio de los cristianos, 
» y acusándoles San Juan Bautista con todos los santos, sean participantes de 
h la sociedad con Datan , y Abiron , y con Judas el traidor en el infierno infe- 
» rior, pagando las penas del incendio perpetuo sin fin por los eternos siglos. 
* Amen. Se dio la sentencia 25 de Junio era 1.062. >> 

Claro es que en esa fecha se ha tomado la era por el ano, pues es cosa sa- 
bida haberse celebrado el anterior concilio provincial en el auo. 1.062. 

En el siguiente, 8 de Mayo, murió Ramiro junto á Graus peleando contra 
su sobrino Sancho de Castilla , hijo de Fernando, siendo sepultado con su es- 
posa en San Juan de la Peña. 

El título de rey cristianísimo que le concediera el papa Gregorio VII fué 
justa y merecida recompensa de tanta piedad y heroísmo. 



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SANCHO IV, 

Rey 7. de Aragón 



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ancho, el cuarto de este nombre, hijo de Ramiro I, nieto de Sancho el Ma- 
yor, biznieto del Tembloso, tercer nieto de Sancho II, cuarto de García I, y 
quinto del Ceson, sétimo rey aragonés, joven de 18 añ03 al sentarse en el 
trono, dilató no poco sus estados. Ni adelantó menos en la carrera del heroís- 
mo por las sendas de la piedad y de la religión, que por el camino de la gloria 
y del honor. 

Porque revolviendo al punto sus armas hacia las fértiles y abundantes ve- 
gas de que disfrutaban los moros en la tierra llana , arrancó de entre sus gar- 
ras la antigua Burtina , hoy Barbastro ; á Bolea antes Belia ; el Grado ( 1 ) ; á 
Loarre, la Calagurris Julia Nassica de los romanos; á Marcuello, Alquezar, 
Luna, Monzón? y varios otros pueblos y castillos. Levantó algunos de nuevo, 
é hizo fundaciones piadosas en gran número. 

Luna se llamó Montemayor y antes Gallicolis , voz arábiga que creemos 
sinónima de la anterior. Acaso por eso mismo se le dio el nombre de Luna, 
según la observación de Pedro Juan Nuñez (2) , eruditísimo hijo de la ciudad 



(1) Graus? 

(2) Véase la Biogr. Beles. , tomo 15, pág. 577. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 101 

de Valencia, instruido en todos los ramos del saber, y singularmente versado 
en el estudio de las humanidades y bellas letras. 

Montes de la luna , son sus palabras , llamaron los geógrafos antiguos á 
los más elevados montes , como si quisiesen denotar ser tanta su altura que 
casi tocan la luna. Monte de la luna apellidaron por eso en África al monte 
Bet, donde tiene su origen el rio Nilo. Acaso por su semejanza f los árabes 
que de allá venidos se posesionaron de nuestra patria, dieran el mismo nom- 
bre á esa montañosa región, siquiera no sea tan considerable la elevación de 
sus colinas. 

Gustosos á fuer de agradecidos , aprovechamos la oportunidad de consa- 
grar este recuerdo á un sabio tan distinguido de la noble y populosa ciudad 
de Valencia, en la que resplandecían numerosos y brillantes astros. En sus 
florecientes aulas libamos durante nuestra niñez la literatura griega y latina: 
á sus enseñanzas somos deudores de lo poco ó mucho que sabemos : y si al- 
gún progreso hemos hecho en el estudio de las bellas artes y en las más ele- 
vadas ciencias, él puede con razón exigirnos todo el fruto de estos adelantos. 
Abundantísimos le recogimos , dias atrás , de su alto aprecio y estimación no 
vulgar, por estas nuestras vigilias. Pero volvamos al asunto. 

Incorporando Sancho á sus estados el de Pamplona , cuyo cetro se le vino 
á las manos , se intituló rey de Aragón , de Pamplona , de Sobrarbe y de Ri- 
bagorza. Porque asesinado junto á Roda (1) por su hermano Ramón el rey de 
Pamplona Sancho, hijo de García, y no llevando á bien los pamploneses que 
ciñese la corona un fratricida, expulsaron á Ramón del Reino, para colocarla 
sobre las sienes de nuestro Sancho IV. Asi quedaron estos Reinos unidos otra 
vez, pero por poco tiempo. 

No lejos de Zaragoza y á orillas del Ebro, levantó este rey la inexpugna- 
ble fortaleza del Castellar , abrigo pronto y seguro de los nuestros , que in- 
festaban en sus correrías la campiña de esa capital. Era la conquista de esta 
ciudad el blanco de sus ilusiones , el objeto de sus esperanzas , que no pudo 
ver realizadas por haberlas atajado la muerte. 

Apretado tenía ya el cerco de Huesca, ciudad de la Vescitania, cuando, 
cabalgando un dia para inspeccionar las fortificaciones de la plaza, rindió la 
villa llena de laureles y victorias á una flecha que, disparada desde el adarve, 
le penetró por debajo del brazo el dia 4 de Junio (1.094) . 

No quiso, al decir del historiador pinatense y de casi todos los nuestros, 
cual otro Epaminondas , que le arrancasen el dardo mortífero hasta que , con- 
vocados sus guerreros , hizo jurar públicamente á su hijo y sucesor D. Pedro 
y á todos los ricoshombres , que apretarían más y más el cerco, por lo mismo 
que á él le costaba la vida, hasta posesionarse de la ciudad. La alegría de su 
semblante en medio de las congojas de la muerte , era indicio del gozo de su 
alma , que iba á salir gloriosa por la exaltación de la fe católica. Hasta des- 
pués de ganada Huesca por el rey D. Pedro, quedó depositado su cadáver en 
el monasterio de Monte-Aragón , fundado por el mismo Sancho. Más tarde su 
hijo le dio sepultura en el panteón real de San Juan de la Peña. 

( 1 ) Pefialen. 



102 COMENTARIOS 

De la reina Felicia , hija de los condes de Urgel Armengol y Clementina, 
dejó tres hijos : Pedro, Alfonso y Ramiro, que ocuparon el trono sucesiva- 
mente. Con ésta parece haberse desposado en segundas nupcias, y en prime- 
ras con una ilustre señora llamada Beatriz , de la que no le había quedado 
descendencia alguna. Otro hijo, no legitimo, llamado Fernando, le dan va- 
rios documentos antiguos. De éste y de la reina Felicia dicen los Comentarios 
pinatenses: «Era 1.124, mes de Noviembre, en el castillo de Sos, D. Pedro 
» Sanchiz , hijo de Sancho Ramiro, hizo escritura de convenio con su hermano 
>> Fernando por orden del rey D. Sancho, padre de ellos, cambiando la Riba- 
» gorza, que fué dada en dote á doña Felicia, reina, y le dio Vielt y Obanos, 
>> con sus términos , como los habia marcado el rey cuando comenzó ¿ fun- 
x> darle. » 

Habiendo dicho antes de ahora que Sancho IV era quinto nieto de Sancho 
el Ceson, esto es, hijo de su cuarto nieto, no será, pues, fuera de propósito 
dar aquí las pruebas de nuestra opinión, como desde entonces lo tenemos 
prometido. Nada más fácil. Todavía existen en el archivo de San Juan de la 
Peña los privilegios originales , en los cuales este rey llama terminantemente 
á Sancho Abarca el Ceson tritavo suyo. El primero es como sigue: 

« En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Esta es la car- 
j> ta ( 1) ) que hago yo Sancho , rey de los aragoneses y de los pamploneses á 
» Dios y al bienaventurado San Juan Bautista, de aquel monasterio que se 
» llama Santiago de Aybar que dio mi tritavo (2) Sancho rey, y por sobre- 
» nombre Abarca, con todos sus términos, selvas, aguas, lagunas (3) y pas- 
» tos, molinos con salida y vuelta era f XXÍIII (4). Presidiendo en San Juan 
» Transiniro abad y en Aragón Oriol obispo. Después la casa, y la iglesia por 
» ser muy viejas, habían venido al suelo ; y los hombres de aquella patria (5) 
» ya por fuerza habían quitado los términos. Pero Sancho rey, abuelo mió, 
» cuando introdujo en San Juan la orden y la regla de San Benito; devolvió 
» libremente todo lo sobredicho á Dios, y al bienaventurado Juan, y á D. Pa- 
» terno abad. Y ahora yo Sancho , hijo del rey Ramiro , doy y confirmo á vos- 
» otros aquel térmiuo del monte de Aybar, como lo dieron mi tritavo, y mi 
» abuelo , y mi padre Ramiro por aquella población de Santiago : y como Ji- 
» meno Fortuñones sénior y Lignar Enecones sénior, y Sancho Enecones, mi 
» merino, de orden mia lo hicieron. Y además añado á vosotros aquel solano 
» que está sobre vuestro monasterio de Santiago hasta Osqueta, para que vues- 
» tros pobladores edifiquen allí sus casas , y salgan del claustro del monasterio 
» en donde ahora habitan. Y no sólo os doy y confirmo á vosotros todas esas 
» cosas sobredichas; sino también, queriendo Dios, tanto cuanto puedan ex- 
» tenderse vuestros pobladores, tanto término tengan en aquel monte de Aybar. 
» Y si, lo que en ninguna manera creo suceda, algún hombre después de mi 

( 1 ) Escritura. 

(2) Quinto abuelo, 
(8) Balsas. 

(4) 924? 

(5) País. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN". 108 

» muerte, algún entuerto quisiere hacer á los monjes de San Juan sobre todas 
» las sobredichas cosas; sea privado de la comunión de la Santa Iglesia, y con 
» Datan, Coré y Abiron, y con Judas el traidor quede sujeto á perpetua con- 
» denacion. Hecha la carta era 1.118 (l) = Fs Oursus lili tiempo de cua- 
» resma en el monasterio de San Juan Bautista, presidiendo en el mismo Sau- 
» cho electo por abad. 

» Y yo el sobredicho Sancho , por la misericordia de Dios rey , que esta 
» carta hacer mandé, con propia mano roborar procuré. 

» Yo Pedro, del mismo rey hijo, en esta donación consiento y confirman- 
» do suscribo. » 

El segundo privilegio concedido diez años después por el rey Sancho IV 
al monasterio de San Juan (era 1.028) es del tenor siguiente: 

« Por honor del Padre , y del Hijo, y del Espíritu Santo. Este es el privi- 
» legio, que yo Sancho, hijo del rey Ramiro, no por mis méritos sino por la 
» misericordia de Dios, rey de los aragoneses y de los pamploneses 6 de Mon- 
» tison (2), en compañía de mi hijo Pedro, hago al monasterio de San Juan 
» Bautista , que se llama de la Peña , al abad Aymeric , y á sus sucesores , y á 
» todos los monjes presentes y futuros que en el mismo lugar á Dios sirvieren 
» para siempre. Mi abuelo de digna recordación Sancho rey, favoreciéndole la 
» clemencia de nuestro Redentor , vencidos y expulsados los ismaelitas de los 
» confínes de su Reino , inflamado en celo del mismo Redentor con cuyo auxi- 
» lio triunfando de los enemigos había salido vencedor , determinó purificar 
» completamente su Reino de las inmundicias y profanaciones de la sobredi- 
» cha nación , y renovar las iglesias y monasterios , por ellos en otro tiempo 
» destruidos, y ordenar la grey de los siervos de Cristo, y dar á los inonaste- 
» rios la regla de San Benito. Y entre otras obras de su buena voluntad, puso 
» en el monasterio de San Juan Bautista de la Peña, en donde están enterra- 
» dos los cuerpos de sus abuelos y progenitores y de los mios , y además los 
» de mi padre y madre , una congregación, de monjes. Y para que ellos pudie- 
» sen más libremente servir á Dios, les dio privilegios de libertad. Pues á los 
» mismos, y á los sucesores de ellos, y al lugar con todos los monasterios, y 
» villas , y alodios á su derecho pertenecientes , mediante privilegio , conforme 
» á los privilegios del monasterio cluniacense, los hizo libres de todo yugo, 6 
» censo de potestad real , ó episcopal , ó de otra cualquiera eclesiástica ó se- 
» glar , con el favor de la autoridad real , y con anuencia de Mancio obispo de 
» Aragón, y también de Sancho obispo de Pamplona: y nombró abad de este 
» lugar á Paterno, varón venerable y le mandó servir á solo Dios. Además las 
» donaciones de los reyes precedentes, á saber: de Sancho, abuelo suyo, y de 
» la reina Urraca, y de su padre García, y de doña Jimena su madre, y cuanto 
* el mismo lugar por donación, compra ó cambio tenía, 6 tener parecía, 
» lo confirmó con autoridad real á 21 de Abril en el monasterio de Leire 
aera 1.063. Cuyo privilegio el mismo venerable rey Sancho confirmó de su 



(i) Afio 1.080. 
(2) Monzón, 



i 



104 COMENTARIOS 

* 

» propia mano , y á mi padre , de venerable memoria Ramiro rey , para robo- 
» rar entregó, é hizo que lo corroboraran los demás hijos suyos, hermanos de 
» mi padre, á saber: Fredelando, y García y Gonzalo en presencia de Sancho 
» hijo de Guillermo conde de Gascuña , y también deBerenguer:::::::::: conde 
» de Barcelona. Demás de esto, enriqueció honoríficamente el susodicho lugar 
» con sus propios bienes durante su vida. Después de la muerte de él , mi pa- 
» dre Ramiro no sólo guardó inviolablemente los decretos de su padre el rey 
» Sancho ; sino que acrecentó este lugar con dádivas , y á mí me recomendó 
» que corroborase lo hecho por mis padres para proteger y ennoblecer el mismo 
» monasterio , y me mandó que le hiciese los donativos que pudiera. Y yo no 
» echando en olvidólos preceptos de él, auxiliándome Dios, con todas mis 
» fuerzas he procurado cumplir esos preceptos , y además los hice corroborar 
» por la Sede apostólica. Pues envié á Aquilino, venerable abad del mismo lu- 
» gar, al papa Alejandro II en Roma , rogándole , que no se desdeñara asegu- 
» rar el citado monasterio con su patrocinio apostólico. Después de muerto éste 
» abad, viendo yo que mi hermano, el venerable obispo García, vejaba en al- 
» gunos asuntos á éste monasterio , y que deseaba corromper los privilegios 
» del mismo; para confirmar lo que antes se hallaba bien establecido, envié á 
» Roma de nuevo á Sancho abad del mismo monasterio , rogando al papa Gre- 
» gorio VII que se dignase, indulgente, como lo había verificado su antecesor, 
» proteger el mencionado lugar con la autoridad apostólica y con la suya pro- 
» pia. Lo cual ellos hicieron muy gustosos, según yo lo había pedido. Muerto 
» también el abad Sancho y habiéndole sustituido el señor abad Aymeric, de- 
» seando yo amparar y proteger por completo éste monasterio con la autoridad 
» apostólica y á la vez con el poder real ; envié á Roma al señor abad Ayme- 
» ric , suplicando con instancia al beatísimo papa Urbano II para que su pa- 
» ternidad tomase el lugar predicho bajo su amparo y bajo el patrocinio de los 
» bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo , y tuviese á bien conferir al mismo 
» lugar un privilegio tal , que pudiera defenderle y ampararle de la rapacidad 
» de hombres malos, de las invasiones de obispos, y de la preocupación de 
» cardenales y arzobispos, y del mal gobierno de los reyes sucesores: y que el 
» abad del mismo lugar y sus religiosos puedan libremente acudir á la Sede 
» romana en todas las causas y juicios, eclesiásticos ó seculares, y aun en las 
» elecciones de abad. El beatísimo padre papa Urbano, oida la petición de mi 
» humildad , movido , creo , no por mis méritos , sino por la gracia de San Juan, 
» tomó éste lugar bajo la protección apostólica y, concedido el privilegio de li- 
abertad, le fortaleció con el patrocinio de los apóstoles. Ahora, pues, yo 
» Sancho , el más humilde siervo de los siervos de Dios , rey , no por mérito 
» mió, sino por don de Dios, corroboro con esta mi presente autoridad el mo- 
» nasterio de San Juan Bautista de la Peña, robustecido con tan grandes au- 
» toridades, y decorado con privilegios reales y apostólicos. Doy, concedo y 
» confirmo al abad Aymeric, y á sus monjes, y á sus sucesores que á Dios 
» militaren, tales preceptos, y privilegios, y decretos , y libertades, cuales los. 
» tiene el monasterio cluniacense , de cuya fuente santísima manó primero en 
» éste lugar la orden de San Benito. Les doy, concedo, y confirmo también los 



DE LAS COSAS DE ARAQON. 105 

» monasterios, é iglesias parroquiales, y aun las villas, y celdas (1), y molinos, 
»y selvas (2), y todos los alodios, grandes 6 pequeños, cuantos ó cuales ad- 
» quirió San Juan ó sus monjes, y que parece ó pareció recibir de los reyes, 
» antiguos 6 modernos, 6 de obispos , 6 de caballeros, ó de rústicos , 6 de cua- 
lesquiera personas, por regalo, compra, 6 cambio, excepto aquello que los 
» abades ó monjes del mismo lugar justa 6 legítimamente dejaron ó cambiaron 
» por orden real: para que, asi como los cluniacenses están libres de todo yugo 
» de humana servidumbre, lo estén éstos también; guardando tan sólo la de- 
» bida reverencia á la Sede apostólica : á fin de que , libres y desembarazados, 
» puedan implorar la misericordia de Dios en favor de la estabilidad de la 
» Santa Iglesia de Dios , y por la quietud de su Reino , y asimismo por sus 
» pecados y por los de todo el pueblo. Para cortar toda contienda sobre la li- 
» bertad ( 3 ) del citado lugar , y los monasterios , que el mismo lugar adquirió 
» en tiempos pasados, expresados nominalmente en este privilegio de mi auto- 
» ridad , temiendo no se pierdan por incuria de los abades ó por negligencia de 
» los monjes con los privilegios ó pequeñas escrituras concedidas al mismo por 
» los fieles ; he recapitulado aquí sus nombres. Primeramente el monasterio de 
» Santa Cecilia, y el monasterio de San Torcuato, y el monasterio de Sari Se- 
» bastían , y el monasterio de San Pedro de Fonás , y el monasterio de Zera- 
»puz: además las iglesias y villas siguientes: Lechinta, y Giso, y Alastuey, 
» y Martes , y Ena , y Segaral , y Ventayolo , y Legiso , y San Pedro de Ostias, 
»y San Pedro de Medianeto, y Acenarbo, y Bortata, Berbués. Todas estas 
» iglesias , monasterios y villas dio el rey Sancho por sobrenombre Abarca, 
» irítavo mió (4) con todos los diezmos y primicias , y oblaciones suyas , y con 
» todos los términos^ bosques , aguas , balsas , y pastos suyos , y molinos , con 
» salida y entrada. Se hizo esto en la era 927. Presidiendo en San Juan el abad 
»Trans¡niro, y en Aragón Oriol obispo. Doy también, concedo y confirmo, 
» Esu, y el monasterio de Navasal, con sus villas; á saber Larrota, Aranella; 
» y con todos los alodios, y montes, y pardinas, é iglesias, con sus diezmos y 
» primicias, y oblaciones, y con todas sus cosas completamente que tendrá ó 
» tener parecerá ; y Santa María de Botia con la villa entera , y el monasterio 
» de San Martin de Pacopadina ; y el monasterio de San Clemente ; y el mo- 
» nasterio de San Salvador de Puyo ; y las villas é iglesias , esto es , de Latre- 
» sas y de Biasvasso ; y de San Fructuoso de Senes , y de San Julián de Behos 
» con toda la villa , y el monasterio de San Urbicio (5) de Galleco ; y la villa 
»deSotué, y Votué, y Especiello, Casanova, y Sacramiana con sus iglesias. 
» Todas estas iglesias y monasterios, y villas dieron el rey Sancho mi abuelo, 
» y la reina doña Mayor con sus diezmos, y primicias , y oblaciones , y lo con- 
» firmaron era ( 6 ) ÍLXIII. Presidiendo en San Juan Paterno el primer abad 



( 1 ) Pardinas , casas de campo. 

(2) Bosques. 

(3) Exención. 

(4) Quinto abuelo. 

(5) Urbez. 

(6) 1063— ano 1025.— 

14 






100 COMENTARIOS 

» del orden regular que vivió en el mismo lugar. Doy también, concedo y con- 
» firmo el monasterio , de San Martin de Cercito , que había dado el rey San- 
» cho:::: buelo mió. Doy también , concedo, y confirmo el predicho monaste- 
»rio con sus iglesias y villas, y con los diezmos, y primicias, y oblaciones, 
» esto es, Ácomuer, la mitad de la villa de Essun, y la mitad de la villa de 
» Orcentué , y el monasterio de San Cristóbal de Aurin con toda la villa , y el 
» palacio de Lares con toda su heredad , y la pardina aquella de Siricata , y el 
» monasterio de San Justo del Valle, y el monasterio de San Pedro de Yosa, y 
» la iglesia de San Lorenzo de Comas , y el monasterio de San Martin de Ce- 
» lias , con todas sus villas y diezmos , y la iglesia de San Felipe de Larbessa 
» junto al monasterio Faulo, y el monasterio de Santa Eufemia de Beral, y el 
» monasterio de San Julián que se dice Aspiella , con todas sus pertenencias, 
» y el monasterio del Santo Ángel de Jamé, y el monasterio de San Salvador 
» de Serué para limosna, con las tierras y vinas, con lo cultivado é inculto, y 
» el molino con las aguas , salida y entrada hasta la fuente del agua , y San 
» Salvador de Sorripas , con toda su heredad , y Vescos de Gorga , y Larué co'n 
» la iglesia de Santa Eulalia de Pequera con todas sus pertenencias , y Santa 
» María de Esporreto con toda la villa , y la iglesia de San Pedro de Azaon 
» con toda la villa, y la iglesia de Montañano con toda la villa, y la iglesia 
» de Verallanilla con toda la villa , y la iglesia de Ortolo con toda la villa , y 
» la iglesia de Ardans , y la iglesia de Noné , y la iglesia de Santa María de Ba- 
» Uatan. Todas estas iglesias , y monasterios y villas con todas sus iglesias doy, 
» y concedo, y también aseguro con todos sus diezmos y primicias y oblacio- 
» nes. Y yo el mencionado Sancho rey, con estas autoridades de mi padre el 
» rey Ramiro , y de mi madre doña Ermisenda , de parte mia añado , doy , y 
. » concedo la villa de Larosa y el palacio de Ayerbo , con sus diezmos y primi- 
» cias. Doy, y concedo y confirmo el monasterio de Borda con toda su here- 
» dad. Doy , y concedo y también confirmo las donaciones de los reyes, los pri- 
» vilegios de los obispos, las autoridades de los romanos pontífices, las carti- 
» Has é investiduras de los caballeros , ó de hombres y mujeres que presenta - 
» ron sus ofrendas & Dios y á San Juan : cuales son: Santa Tecla de Banaston 
» y la iglesia parroquial de Banaston , y la iglesia de Napal ( 1 ) , y el monas- 
» terio de Santa María de Ballarun, con la aldea que se dice de San Julián, 
» y San Pelayo de Gavin , y la iglesia de Orant , y la iglesia parroquial de Santa 
» Cruz , y San Martin de Batayola , y San Bartolomé de Beral con sus here- 
» dades , y San Pedro de Vagilo con toda la parroquia y con toda su heredad; 
» y Santa María de Viseara , y la iglesia de Mortanya ; y la iglesia de Suasillo 
» con toda la villa, y la iglesia de San Bartolomé en el mismo lugar. Todas 
» estas iglesias y monasterios doy , y concedo , y también confirmo á Dios y al 
» bienaventurado Juan Bautista, con todos sus diezmos y primicias, y oblacio- 
» nes , y con todos los términos , bosques , aguaj, balsas, pastos, molinos con 
» entrada y salida. Y todos los alodios cualesquiera que tuvo San Juan, ó sus 
» monasterios, y los que en el presente dia parece tener; ó los que en mi tiempo 

(1) Naval? 



DE LAS COSAS DE ARAOON. 101 

» injustamente perdió , justamente los recobre , y en adelante sin violencia ni 
» perturbación alguna para siempre posea. Encargo también á mis hijos, nie- 
» tos , y parientes , y á todos los reyes fieles que me sucedieren , que procuren 
» guardar sin alteración estos nuestros decretos , y conservar con sus propios 
» bienes este venerando lugar , y que no dilaten el sustentar & los siervos de 
» Dios, que á Dios sirven allí, á fin de que por la conservación de nuestros de- 
» cretos , y por la erogación de sus bienes , intercediendo el bienaventurado 
» Juan Bautista , con todos los santos , pueda impetrar del eterno remunerador 
» Jesús Nazareno el perdón de mis pecados. Pero si alguno de ellos hinchado 
» por el maligno espíritu de soberbia , con atrevimiento temerario , quisiere 
» romper estos privilegios apostólicos, y reales decretos, y presumiere inquie- 
» tar el predicho lugar , y á los monjes que en él sirven á Dios ; Dios juez justo, 
» que ama eternamente la justicia, juzgue á los usurpadores atrevidos: mas 
» para los guardadores sea la paz , y la bendición de Dios Padre , y de su Hijo 
» Jesucristo Nazareno, y del Espíritu Santo. Y para que este privilegio en 
» todos los siglos tengan por firme , lo firmé con mi mano propia , y entre- 
» gué para roborar á mi hijo Pedro. 

» Signo de Sancho rey. 

t> Yo Pedro, hijo del predicho rey Sancho, este real precepto de mi padre 
» y señor alabo y confirmo, y de nuestra parte con mano propia escribo. 

» Hecha la carta (1) en la era TCXXVHI (2) á 8 de Mayo en San Juan, 
» año tercero del pontificado del señor Urbano II papa, año de la Encarnación 
»del Señor 1.090, indicción 13. a , reinando el rey Alfonso en Toledo, y en 
» Castilla y en Galicia. Y yo el rey Sancho reinando en Aragón, y en Pam- 
» piona, y mi hijo Pedro en Sobrarbe , y en Ribagorza , y en Monzón. Pedro 
» obispo en Jaca=otro Pedro obispo en Pamplona= Ramón Dalmaz obispo 
» en Roda y en Monzón = Y después de la conquista de la iglesia de Toledo, 
» Bernardo, arzobispo l.°=sAymeric, abad en San Juan=Ramon, abad en 
»el monasterio de Leire = Sénior Lope Garcés en Uncastillo y en Ruesta=* 
» Sénior Pedro Sanchiz en Boltaña y en Mar cuello = Sénior Sancho Fre- 
»delandez (3) en Atares = Sénior Galin Sanz en Sos y en Arguedas= Sénior 
» Iñigo Sanz en Monclus = Sénior Jimen Garcés en Buil = Sénior Fortun 
» Sanz en Bailo y en Liso = Sénior Velasco en Argüís = Sénior Galindate en 
» Escoron. 

» Yo García, escribano de mi señor el rey Sancho, por mandato del mismo 
j> esta carta (4) escribí y con propia mano esta señal hice. » 

Ya no es posible dudar en vista de estos dos privilegios , que la serie de 
los sucesores del rey Ceson es tal como arriba la hemos presentado nosotros. 
Efectivamente : es necesario de toda necesidad colocar esos reyes , como nos- 
otros lo hemos hecho, antes de Sancho in el Mayor, á quien el concilio pro- 

(1) Escritura. 

(2) 1.138. 

(8) Fernandez. 
(4) Escritora. 



108 COMENTARIOS 

vincial antes mencionado llama señor de toda España. El rey Sancho IV ape- 
llida, y no una vez sola, tritavo suyo, su quinto abuelo, á Sancho Abarca. Y 
que el tritavo, ó cuatro veces abuelo, es el cuarto á contar desde el abuelo, 
se vé en el Persa de Plauto por las palabras del parásito Saturion , cuando 
pondera la voracidad de los suyos. «Jamás , dice, hubo alguno entre mis ante- 
pasados que a fuer de parásito, no pasara la vida de mesa en mesa : padre, 
abuelo, disabuelo, tercer abuelo, cuarto abuelo, quinto abuelo (1), viviendo de lo 
ajeno á manera de ratones. » No sería, pues, en modo alguno Abarca el Ceson 
quinto abuelo de Sancho IV, sino hubieran antecedido á éste los reyes inter- 
calados. 

Todavía nos lo dice con más claridad el segundo privilegio, porque no 
sólo llamó Saného IV con sus propios nombres á los reyes sus antecesores 
desde Abarca el Ceson, sino que usó las mismas palabras de Plauto, alteran- 
do apenas su valor. Esto se verá patente, siguiendo el orden inverso hasta el 
Ceson Abarca, 

Sancho IV, el rey que concedió esos privilegios , se llama repetidas veces 
hijo de Ramiro, así como á éste le dá el nombre de padre. 

Dice también, que su abuelo fué el rey Sancho, ó sea Sancho III el 
Mayor, el mismo que dividió el Reino entre sus hijos Fernando, García y 
Gonzalo. 

Al padre de Sancho III le apellida García , el Trémulo, esposo de la reina 
Jimena. 

De Sancho II, al que nosotros hemos apellidado Abarca y Galindo, dice 
haber sido esposo de Urraca Fernandez y abuelo de su abuelo , ó su tercer 
abuelo (2) , así como el Tembloso es su bisabuelo (3) . 

No abrigamos la menor duda de que, al mencionar por segunda vez en el 
'mismo privilegio á su tercer abuelo, usa de la misma palabra abavo, tercer 
abuelo, pero no puede leerse íntegra en el original que hemos visto ; por eso 
hemos sustituido con puntos las letras borradas, en esta forma ::::::::: buelo. 
¿Pues á qué otro Sancho distinto de su quinto abuelo (4) pudiera Sancho IV 
denominar abuelo de su abuelo, sino al segundo de los Sanchos, el que tiene 
por sobrenombre Abarca y Galindo? 

El mismo rey Sancho IV, y en este mismo privilegio, denota muy á las 
claras haber existido antes de él tres reyes Sanchos, que son el primero, el 
tercero y el quinto de sus abuelos. No es un obstáculo el haber pasado en si- 
lencio este privilegio á García I , saltando del tercero al quinto abuelo, pues 
pudo ser la causa de semejante omisión si no haber hecho á San Juan ese rey 
donación alguna. Fué sin duda su propósito en este privilegio el refrescar 
únicamente la memoria de los reyes beneméritos del monasterio de la Peña. 
De todo lo dicho resulta que el abolengo de Sancho IV, el que otorgó estos 
privilegios , es como sigue : 

(1) Tritavo. 

(2) Abavo, y él , respecto de Sancho II , tercer nieto, hijo del bisnieto, rebisnieto , 6 tataranieto. 

(3) Próavo. 

(4) Tritavo. 



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DE LAS COSAS DB ARAGÓN. 100 

Quinto abuelo (1) Sancho I el Ceson y primer Abarca, el cual casó con 
Toda Urraca. 

Cuarto abuelo (2) García I Abarca, hijo del mismo Ceson, esposo de Te- 
resa Galindez. 

Tercer abuelo (3) Sancho II Abarca y Galindez , enlazado con Urraca Fer- 
nandez ; á éste le llamó abuelo de su abuelo. 

Bisabuelo (4) García II Abarca, por sobrenombre el Tembloso. Apellídale 
Sancho IV padre de su abuelo. Contrajo matrimonio con la reina Jimena, de 
la que también hace mención. 

Abuelo ( 5 ) Sancho III el Mayor, llamado el Emperador. 

Padre, finalmente, el rey Ramiro. 

Así vemos' que se halla todo en perfecta consonancia con lo que llevamos 
escrito. 

Era 1.024 y era 1.027 (TXXHII y TXXVII) son las fechas en que apare- 
cen, á primera vista, estar fijadas respectivamente por los dos privilegios las 
donaciones del Ceson Abarca ; pero esto se halla en abierta contradicción con 
el tiempo en que colocamos nosotros su reinado. Por tanto, el valor de la T no 
debe ser en ellos mil sino nuevecientos, y en ambos debe tomarse la era por 
el año, porque ni Oriol obispo, ni el abad Transiniro 6 Transimiro, que se ci¿ 
tan juntos en los privilegios, son de principios del siglo xi ó de fines del x, 
sino un siglo anteriores, como consta de otros documentos originales. Que al- 
guna vez conviene á la T el número nuevecientos y no siempre el millar, ya 
queda demostrado con varios argumentos que nos han suministrado antiguas 
y auténticas escrituras. 

Hay en muchas de éstas, cifras exóticas cuyo valor es difícil precisar; há- 
llanse caracteres tomados del alfabeto latino, del gótico y hasta del árabe: de 
aquí el ser tanta la confusión de nuestras cosas en. los siglos primitivos. Por 
eso, la cronología , que debiera iluminarlo todo con sus resplandores , eclip- 
sada por esas figuras caprichosas y multiformes, sólo difunde tinieblas y os- 
curidad. No , no son todas claras , ni inteligibles , ni uniformes , esas notas 
aritméticas; al contrario, se vén algunas tan raras, tan incomprensibles, que 
cada escritor las calcula & su manera. Exige, por tanto, su interpretación el 
atender á mil cosas, que únicamente se pueden inferir del contexto : hasta se 
necesita á veces estar uno con ellas familiarizado por la mucha y varia lectu- 
ra, si no se trata de envolver en un sudario de tinieblas impenetrables toda 
nuestra antigüedad. Pero volvamos á nuestros reyes, no se crea que hemos 
olvidado nuestro intento. 

(1) Trítavo. 

(2) Atavo. 

( 3) Abavo, padre del bisabuelo, rebisabuelo 6 tatarabuelo. 

(4) Próavo. 

(5) Avus. 



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PEDRO I, 

Rey 8.° de Aragón. 



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£bdro I, hijo de Sancho IV, y octavo de los reyes de Aragón, sucedió á su 
padre en el campamento mismo sobre Huesca. No fué inferior á la de otros la 
gloria de sus empresas militares. Sabido es , que ya en vida de su padre go- 
bernara largo tiempo, como rey, en Monzón, Sobrarbe 
y Ribagoraa. Muerto su padre D. Sancho junto & Hues- 
ca de la manera que dijimos, continuó el hijo (1) con 
mayor empeño , estrechándolo más y más el cerco de 
la ciudad. Desalentados los moros con tan prolongado 
sitio, y considerándose impotentes para hacer cejar á 
los nuestros, imploran con insistencia el auxilio de 
amigos y correligionarios. Júntase con este objeto en 
Zaragoza un ejército formidable de musulmanes, qne 
se pone en marcha, mandado por Almozaben (2), ré- 
gulo de Zaragoza. Pero lejos de arredrarse con mu- 
chedumbre tan innumerable el ánimo levantado de don 
Pedro, no vacila en. avanzar el encuentro del enemigo hasta los campos de 
Alcoraz , poco distante de la ciudad de Huesca. Trábase en ellos un duro y 
sangriento combate , en que unos y otros lucharon con bizarría , sucumbiendo 
al fia 40.000 infieles (3) con escasa pérdida de los nuestros (18 Noviem- 
bre 1 .096 ) , glorioso triunfo y casi divino , atribuido por la tradición general 
y constante al auxilio del cielo, ó sea al patrocinio de San Jorge, como lo 
atestiguan varios historiadores. Fruto de esta victoria, la más famosa de Es- 
paña hasta aquellos tiempos, fué el escudo de armas de nuestro Reino. Porque 
además del rico botín que recogió el ejército, se hallaron sobre el campo de 
batalla cuatro reyes árabe3 , separada del tronco su negra cabeza y lujosa- 
mente ataviada con muchas piedras preciosas. Estas cuatro cabezas se coloca- 
ron en los cuadros , y en el centro la roja cruz de San Jorge sobre campo de 
plata , como se vén pintadas al principio de este capítulo: armas de que nsó en 
adelante D. Pedro ; armas que adoptaron todos los reyes que le siguieron ; ar- 



(1) Acompañó ol cadilyer de bu padre i San Juan de la Peta, prosiguiendo el sitio Alfonso in 
hermano. 

(2) Almottaín. 

(9) Bl ejército que juntaron loa moroa en Zarafjoia llenaba, al decir de nn historiador, loa eopacioa 
entre el Bbro y (Kllego desde Altabas i Zuera. Bl aviso secreto que diú el conde de Cabra al rey D. Pe- 
dro , decfa que olios eran veinte para cada uno de los nuestros. Expresiones hiperbólicas qno nos indican 
la i m i u me rublo morisma qne concurrió i la batalla de Alearas , j hacen creíble la cifra de sus muertos. 



f 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 111 

mas que ornaron los escudos reales de la corona aragonesa. Esta no las había 
tenido propias hasta entonces. Hubo reyes que usaron la cruz de plata de Aris- 
ta ; mas no eran ellas las del Reino, porque no existía éste como tal en la época 
de aquella aparición celeste. Empero, las cuatro cabezas de reyes negros que 
comenzó á usar su rey cuando el Reino formaba ya un estado floreciente, 
fueron siempre , siempre se consideraron como el estandarte propio , como el 
trofeo del Reino de Aragón. Hasta el sello de nuestros diputados, en me- 
moria de la visible protección del cielo en esta jornada , representa la efigie de 
San Jorge , desde entonces elegido patrón del Reino y de todos los aragone- 
ses : señal inequívoca de haberse atribuido á su presencia tan importante vic- 
toria. Y que fueron éstas siempre las verdaderas , las armas propias del Reino 
de Aragón , dícelo aquel que , entre nuestros esclarecidos reyes , es conocido 
con los epítetos de sabio y de magnánimo , Alfonso V. Este , en un privilegio 
especial , expedido en favor de los hermanos Claveros , Valentín su vicecan- 
ciller y Jerónimo , otorga á éstos una merced notable extensiva á su descen- 
dencia. « Concedemos , son sus palabras , que aquellas cuatro cabezas de moros 
negros con cruz encarnada, que Nos tenemos en campo de plata, vos sea igual- 
mente licito a vosotros, y podáis llevarlas vosotros y vuestros descendientes, 
junto con vuestras armas ¿insignias, también en campo de plata.» 

Bien se echa de ver cuan perfectamente se ajusta esto á nuestro parecer 
antes emitido sobre el origen del nombre de nuestro Reino aragonés. 

Después de la victoria volvió el ejército al campamento sobre Huesca, que 
no tardó muchos dias ( 1 ) en rendirse , entrando en ella triunfante D. Pedro 
el 27 de Noviembre (1.096 ) • 

Purificada de sus abominaciones , en conformidad con la costumbre anti- 
gua, la iglesia principal que los árabes llamaban Mysleyda (2) hizo de ella 
donación para restaurar la antigua Sede á Pedro, obispo de Jaca, que en ade- 
lante se intituló obispo de Huesca. Él y muchos de los sucesores se llamaron 
obispos de Huesca y Jaca ; pero es verdad , que antes de la catástrofe de Es- 
paña existia sola la catedral de Huesca. Desde el concilio provincial , de que 
dimos cuenta, celebrado en Jaca bajo el rey Ramiro, había caído en desuso el 
título de obispo de Aragón. 

Dicen algunos , que á la entrada de los nuestros , había en Huesca cristia- 
nos muzárabes , los cuales , pagando un tributo á los sarracenos , vivían cir- 
cunscritos á la parroquia de San Pedro el Viejo. De esta iglesia hizo después 
donación el mismo rey al célebre monasterio de San Pedro de Torneras en la 
Galia, donde Ramiro, su hermano, se había consagrado á Dios ya en vida de 
D. Sancho. 

Además , la plaza de Barbastro , que entre el estruendo de tantas guerras 
había sacudido el dominio de los cristianos , volvió á caer en manos de don 
Pedro, quien dio su iglesia á Poncio, obispo de Roda, en adelante de Roda y 
de Barbastro, por hallarse todavía bajo el yugo mahometano Lérida, iglesia 
matriz de aquella diócesis. 

(1) Ocho. 

(2) Mosquita. 



112 COMENTARIOS 

Con estas y otras importantes adquisiciones , al compás que se ensanchaba 
el Reino, Aragón iba cobrando reputación y fama en el extranjero. 

Con justicia, pues, ganó el rey Pedro los honoríficos títulos de Feliz, Pío, 
Vencedor, y Máximo Príncipe. 

Dos esposas le dan los escritores : Inés y Berta , de la que no logró descen- 
dencia ( 1 ) . En la primera tuvo un hijo y una hija. El hijo, llamado Pedro, 
dicen haber casado con doña Sol , hija del Cid : casi niña murió la hija , cuyo 
nombre era Isabel. Algunos le dan otro hijo, por nombre Sancho, al que 
hacen yerno del Cid. Es lo cierto, que los hijos descendieron al sepulcro antes 
que su padre, por cuya causa heredó el Reino su hermano Alfonso. 

Falleció D. Pedro el 28 de Setiembre de 1.101: yace en San Juan de la 
Peña. 



ALFONSO I EL EMPERADOR, 

EL BATALLADOR, 

Rey 9. de Aragón. 



A, 



lfonso I, hijo de Sancho IV (2), hermano de Pedro I , y á él semejante, 
alguna vez llamado con el patronímico Sánchez , el noveno de nuestros reyes 
desde Abarca el Ceson , ni en un solo ápice degeneró del constante y jamás des- 
mentido valor de su familia. Al contrario, dejó muy atrás al de sus antepasa- 
dos su heroísmo guerrero, que le conquistara el dictado ilustre de Batallador. 
Por muerte de su hermano empuñó el cetro de los estados de Aragón , Pam- 
plona, Sobrarbe y Ribagorza; y al dar la mano á su esposa, recibió el de 
Castilla y León, quedando así supremo emperador de la España entera (3). 

Sucumbieron en muchas ciudades los muslimes bajo el peso de sus armas, 
que casi marcaron con la victoria los actuales límites del Reino aragonés. 
Conquistas fueron suyas, incorporadas al Reino de Aragón, Ejea (4), la no- 
ble Tauste, Tarazona, Calatayud (5), Daroca, Rueda, la antigua Segoncia; 
Nertobriga , hoy Riela ; Gelsa ó Julia Celsa , Sariñena , Almudebar ; Zuera, 
antes Zufaria, y otras muchas antes arrancadas á los sarracenos. 



(1) Lafuente hace á su hijo Pedro hijo de Berta. 

(2) El Batallador nació en San Pedro de Siresa , junto á la villa de Hecho. 

(3) Cristiana. 

(4) Véase Marton, Sant. de S. Engr. , cent. 12, paga. 897 y 398. Se ganó el 24 de Junio de 1.1 10. 
Apellidase de ios Caballeros, según unos, por los muchos nobles que la conquistaron; según otros , por 
la nobleza de sus pobladores. 

(5) Rota'lYeud. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 119 

La más importante , la más gloriosa de sus adquisiciones , fué nuestra Za- 
ragoza, metrópoli de la Sedetania; magnífica y floreciente ciudad que á por- 
fía ennoblecieron la naturaleza, la posición y la hermosura de sus edificios. 
Con la conquista de esa ciudad , convertida al punto en capital del Reino, 
voló en alas de la fama la gloria del nombre aragonés. Cerca de cuatro si- 
glos (1) habia gemido la ciudad de Augusto bajo la tiranía de los árabes. 

No se sabe con bastante certeza cuál fuera su condición , cuál su fisono- 
mía, ni cuál la suerte de los cristianos muzárabes, en ese período de tiem- 
po (2). El hecho de haber residido en ella varios santos prelados, rodeados de 
los enemigos de la fe , nos permite conjeturar que no sería excesivamente ri- 
gurosa su servidumbre. 

Nos parece que no se halla por completo fuera de la órbita de nuestro tra- 
bajo la idea de enlazar aquí con algún esmero á lo dicho arriba, cuanto nos 
ha sido posible averiguar acerca de este punto , por nadie que sepamos tratado 
hasta el presente, y tal vez de muy pocos conocido. Aunque creemos que tam- 
poco atañe mucho á nuestro intento , esperamos sin embargo , será grato á 
nuestros lectores , y nunca un obstáculo al fin principal , el conocimiento de 
cualquiera de nuestras antigüedades. 

Dieciseis, según nuestras observaciones, fueron los régulos moros; sobre 
cuyos nombres y hechos creemos oportuno trazar cuatro pinceladas , con el fin 
de bosquejar el retrato de Zaragoza bajo el yugo mahometano. Algo nos di- 
vertimos de la narración, pero es necesario repetir lo arriba dicho al perderse 
nuestra ciudad. Siquiera no haya sido insignificante el trabajo que nos hemos 
tomado en pergeñar esta materia , no lo daríamos por infructuoso , si viéramos 
realizadas todas nuestras aspiraciones. Yace hasta ahora, por no sé qué fatal 
desgracia, en tan completo abandono, entre tinieblas tan densas, que por poca 
que sea la luz que se haga en esta materia , debe estimarse en mucho . 

( 1 ) Algo más de cuatro siglos. 

(2) Los fíeles poseyeron siempre las iglesias del Pilar y de las Santas Masas ; el templo del Salva- 
dor, convertido desde luego por los árabes en mezquita , se abrasó al promediar el undécimo siglo. No 
fué tan dura como en otras partes la coyunda que oprimía la cerviz de nuestros cristianos. « El deseo de 
ilustrar las antigüedades de Zaragoza , dice un escritor del último siglo, y especialmente las que tocan a los 
tiempos que se hallan más obscurecidos, me puso en otro empeño más difícil y penoso que el antecedente, y 
fué el de escribir un Tratado, donde se hallasen recogidas las memorias que pertenecen al estado civil y ecle- 
siástico de la misma ciudad en los quatro siglos que duró su miserable cautiverio bajo la dominación de los 
sarracenos. Este es un asunto, que hasta ahora no ha sido tratado de propósito por algún escritor, á causa de 
la gran dificultad que todos percibieron en poder aclararle con noticias firmes y constantes. Sólo Gerónimo 
Blancas pretendió adornar sus Comentarios con este género de trabajo, afirmando, que la materia no se había 
escrito por otro que él hubiese visto; y que por ventura era entendida de muy pocos. Efectivamente , puso una 
serie que consta de diez y seis Reyes Árabes, expresando sus nombres y refiriendo algunos de sus hechos; de 
cuya noticia esperaba podría colegirse lo relativo á los muzárabes y á la ciudad. Pero quedó tan poco satisfe- 
cho de su trabajo, que sólo pudo comunicarle algún aliento la confianza de que cualquiera luz , por corta que 
fuese, debía ser estimada en un asunto el más enredoso y obscuro. Y á la verdad, las noticias que nos dio en 
su eserüo son tan diminutas y tan poco puntuales en parte , así por lo respectivo á los reyes que establece, 
como á las narraciones que de ellos hace, que sin embargo de que tengo á Blancas por digno de singular re- 
comendación, por haber sido el primero que acometió esta empresa, puedo asegurar haber quedado esta mate- 
ria casi enteramente desconocida y envuelta en la obscuridad antigua, por la escasez de monumentos que pa- 
deció este noble Aragonés. » P. Risco, Prólogo al tomo 31 de la España sagrada. Véanse los apéndices. 

15 






RÉGULOS MOROS DE ZARAGOZA, 



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D 



'e jamos consignado, siguiendo al árabe Rasis, para tomar desde el princi- 
pio el hilo de nuestro discurso , que dos años después del desastre de Rodrigo 
(716) cayó en poder de los moros la ciudad de Zaragoza. Dijimos también, 
que se quedaron en gran número los cristianos, con el nombre de muzárabes, 
tributarios de los moros; y además, que con el fin de apoderarse de Zaragoza, 
se habían juntado los dos principales caudillos árabes Muza Abenzuir y Tarik 
Ábenzarca. Estos, atravesando el estrecho por orden del califa Ulith y desem- 
barcando en España, á fuerza de armas 6 valiéndose de la astucia, se apode- 
raron de casi toda la península. Llamado Tarik volvió al África después de 
terminar la conquista , quedando Muza por orden de Ulith hasta el fin de sus 
dias por gobernador de España. 

Muerto éste, le sucedió en el gobierno , también por orden del califa, su 
hijo Abdulaziz ( 1 ) que tomó por esposa á la viuda del rey Rodrigo, Egilona, 
fijando su cuartel general en la ciudad de Sevilla. Éste es aquel Áddulaziz que 
envió (719) al caudillo Abdelmelik Abencatan contra los nuestros, refugiados 
en la célebre cueva del monte Oruel , á las inmediaciones de Jaca. Abdelmelik 
consiguió su intento ; perp tomando parte en las luchas intestinas que siguie- 
ron á la prematura muerte de Abdulaziz, dejó un momento de respiro á los 
cristianos ; propicia ocasión de que supieron aprovecharse los antiguos sobrar- 
bienses para constituir poco á poco su Reino , del que en otro lugar hemos 
dicho lo bastante. 

Tras la muerte de Abdulaziz , fraccionáronse y fueron negando lentamente 
la obediencia á los califas , de quienes dependieron unos sesenta años , los con. 
quistadores de España. La entrada de Cario Magno, rey de los francos, cuyo 
valor había pregonado la fama por casi todo el mundo , hizo temblar á los 
árabes que, aterrados con su venida, eligieron para rechazar á los francos un 
califa independiente ( 2 ) , al decir de algunos en la noble é ilustre ciudad de 
Córdoba. De entonces data el ser esta ciudad la corte de los muslimes espa- 

(1) Abdelasis. 

(2) La proclamación de Abderraman fué anterior á la venida de Cario Magno. Lafuente , tomo 2.*, 
pagina 74 y siguientes. Segunda venida de Cario Magno. Lafuente, tomo 2.°, pag. 95. 



COMENTARIOS DB LAS COSAS DE ARAGÓN. 



115 



Boles. Retoñando no obstante con más fuerza y arreciando las disensiones ci- 
viles , alzáronse en diferentes puntos régulos moros que convirtieron en Reino 
independiente el país , de que eran meros gobernadores , por insignificante que 
éste pareciese. Muchas ciudades siguieron el ejemplo , pero nosotros única- 
mente trataremos de los reyes de Zaragoza. 

IBNABALA, 

Régulo i.° 



XJjl primer régulo que encontramos en Zaragoza, es 
uü tal Ibnabala, Ibnalarabí ( 1 ) , según otros. Cuentan 
^ * que con el auxilio de Cario Magno , cuya protección 
habla implorado , volvió ( 778) á recuperar el trono del 

que le lanzaran sus mismos subditos. «Zaragoza, dice 
Emilio , capituló después de un breve sitio sometiéndose 
alas dos condiciones siguientes: Que acudiesen los uno* 
ros á las pláticas de los discípulos de Cristo, y que 
volviesen A admitir por rey á Ibnabala. Abutauro y De- 
ví/ero, régulos vecinos y autores de la expulsión de aquel,, 
tuvieron que presentarse cargados de regalos en el cam- 
pamento de los francos, haciéndose tributarios.» De 
aqui puede colegirse que no seria el reinado de Ibna- 
bala muy -odioso á los muzárabes zaragozanos ; antes 
por el contrario , su benevolencia hacia ellos le creó entre los suyos enemigos 
que le arrebataron el cetro. 




MARSILIO, 

Régulo 2.° 



iV Ibnabala siguió Marsilio ó Marsillo. Éste, prestando su ayuda (809 ) á los 
castellanos , asistió personalmente á la famosa batalla de Roncesvalles , > en 
donde fueron vencidos y muertos , á manos de Bernardo del Carpió y de los 
suyos , aquellos renombrados héroes francos de quienes se ha propalado un 
sinnúmero de fábulas. Las tan sabidas como antiguas leyendas, en que se ce- 

( 1 ) Suleiman ben Alarabí. 



t 



116 COMENTARIOS 

lebra esta insigne derrota , hacen mención del rey Marsilio que allí inmorta- 
lizó su nombre. 

Suyas dicen ser las casas que hoy vemos arruinadas , pertenecientes á los 
señores de Alfocea, junto á la calle de los Malvados ( 1) . 



w^v w ^ w ^wwwvwwwwwww^* 



MUZA -ABEN- HE AZIN, 

Régulo 3.° 



M. 



.uza-Aben-Heazin 6 Aben Cazin (830), de quien ya hemos hablado, aparece 
como sucesor de Marsilio en el Reino. Hácenle hijo de padres cristianos. Des- 
pués , abjurando la verdadera religión católica , se hizo musulmán ; y sin dejar 
un momento de reposo á los nuestros en sus montañas , puso fin á la vida y 
reinado de Sancho IV de Sobrarbe. Acontecimiento que fué el principio de 
nuestro primer interregno y el origen de nuestras libertades. De él nos ocu- 
pamos en otra parte. 

Además del Reino zaragozano , se apoderó de varias ciudades importantes. 
A su hijo Aben Lupo puso por gobernador en Toledo , cuya ciudad al negar la 
obediencia al califa cordobés , se habia afiliado á sus banderas. Tanto supo en- 
sanchar sus dominios, que tomó éste usurpado el titulo arrogante entre los 
árabes de Miralmuminin (2) de España. 

Por esta época ( 839 ) , se hallaba Sénior de obispo en Zaragoza , como lo 
acredita San Eulogio, que fué cariñosamente recibido por aquel prelado, y 
permaneció algún tiempo en su compañía. 

Más adelante (842) volvemos á encontrar noticias de Muza, cuyo poder 
había menguado de un modo considerable. 



*SVAAAA/S/sn/VAA/\AAAAASW\A/*AA/\S« 



ABEN ALFAJE, 

Régulo 4. 



D, 



'espues de Muza-Aben-Heazin encontramos ( 864 ) en el trono de Zaragoza 
al régulo Aben Alfaje. Acaso es el mismo Aben Lupo á quien acabamos de 
ver nombrado por su padre gobernador de Toledo. Sin embargo, no lo damos 
como cosa cierta, porque no tenemos para ello más prueba que la semejanza 
de los nombres. 

Durante este reinado encontramos repetidas veces mencionado á Heleca, 
obispo de Zaragoza , pero no sabemos si residía ó no dentro de la ciudad. 

(1) Calle de la Traición? 

(2) Miramamolin , ó Emir Almumenin. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 111 

Obra de este régulo, cuyo nombre llevan , son en opinión del arzobispo don 
Fernando la villa y castillo de Alfajarin ( 1 ) , lo mismo que el palacio real en 
las afueras de la ciudad , ocupado hoy por el santo oficio de la Inquisición. El 
mismo Excmo. señor nos dice en sus apuntaciones particulares , que su verda- 
dero nombre es Alfajería, no Aljafería como se llama ordinariamente; porque 
aquel y no éste le dan los escritores antiguos , aunque alguna vez se encuen- 
tra en ellos intitulado Alfaxería. Al tiempo de estos régulos pertenece induda- 
blemente la fábrica de esa mansión regia de placeres y delicias , situada en 
medio de una deliciosa campiña, entre los huertos de la ciudad, y no lejos de 
sus murallas. Desde ese sitio real podían pasar sus moradores á practicar los 
nefandos ritos en la mezquita mayor , hoy templo de La Seo , por un larguí- 
simo camino subterráneo , abierto á fuerza de oro y de constancia. No nos ha- 
ríamos nosotros eco de la constante y antigua tradición del vulgo , á no exis- 
tir en la ciudad innumerables vestigios que acreditan la existencia de esa vía 
subterránea. 

Otro palacio poseían además estos régulos dentro de la ciudad , orillas del 
Ebro, con el nombre árabe de la Azuda, que nuestros reyes tiempo adelante 
dieron á los caballeros de San Juan, y que existe todavía, ordinariamente 
llamado San Juan de los Pañetes. 

Atribuyese, pues , la construcción de la Alfaxería á este régulo , . que en 
nuestro concepto es el mismo á quien denomina el arzobispo de Toledo Abo- 
haget, y Abenalfaget otros historiadores. 

ABEN HAYA, 
Régulo 5.° 



D, 



'espues de Aben Alfage , dicen haber empuñado el cetro de Zaragoza Aben 
Haya , Hieyam por otro nombre , y más conocido con el de Benayre 6 Abén- 
ayre (2). Al año 904 se remonta la memoria más antigua que tenemos de este 
régulo, á quien hizo tributario (912) Ramiro de León. No pudiendo tolerar 
esa defección el califa Abderraman , Almanzor según otros , salió de Córdoba 
con ejército numeroso contra Aben Haya , entró en Zaragoza , obligóle á pres- 
tar homenaje, y juntando ambos sus ejércitos, invadieron las tierras del leo- 
nés. Salió Ramiro á su encuentro, y después de un reñido combate consiguió 
de ellos (938) la importante victoria de Simancas, salvándose con la fuga el 
cordobés y quedando Aben Haya prisionero de Ramiro. No tenemos más no- 
ticias de e3te régulo. 

(1) Distanto tres leguas de Zaragoza. Tiene 120 vecinos. Su castillo , llamado Alfaj 6 Alfat, arrui- 
nado al presente , se tenía por inexpugnable en los antiguos tiempos. 

(2) Este nombre lleva todavía una calle de Zaragoza. 



118 COMENTARIOS 



MUD YR, 
Régulo 6.° 



A, 



lgunas noticias particulares hacen á Mudyr sucesor de Aben Haya su pa- 
dre. Pero ignoramos si en vida 6 después de la muerte de éste , asi como el 
año de su elevación al trono. Hijo suyo creen algunos á Ira Almundafar (1), 
el mismo que tras los dos reinados siguientes ocupó el trono zaragozano. 

Abrasábase la ciudad hacia esos tiempos en discordias y luchas intestinas 
que pululaban entre los árabes, y cuyos efectos experimentó Ira, viéndose 
alejado del Reino por ser, dicen, de pocos años al ocurrir la muerte de su pa- 
dre. Acaso hubiera pasado en la oscuridad los restantes de su vida , si el rey 
de Castilla y Rodrigo de Vivar , apellidado el* Cid , como luego veremos , no 
hubieran asegurado en su cabeza la corona de Zaragoza. Pero ésta brilló an- 
tes sobre las sienes de dos régulos. Del primero que sucedió á Mudyr, nada 
sabemos hasta el año 1.003. Al contrario, parece haberle precedido una larga 
vacante.- 

IMUNDAR, 
Régulo 7. 

JL/ükante dicho año (1.003) hallamos que se hace mención de Imundar, ré- 
gulo de Zaragoza. Cuéntase que con su auxilio usurpó Abderraman Álmortad, 
aunque por poco tiempo , el califato cordobés (2). 

ALMUGDABYR, 
Régulo 8.° 



E, 



íl sucesor de Imundar fué un tal Almugdabyr , ó Almugtadyr. Que éste 
reinaba en Zaragoza (1.036) es evidente por un pergamino (3) , que hemos 
leído], otorgado por cierto Aton Garceano (4) Sénior y por su esposa doña 

( 1 ) Ó Almudaffar. 

(2) No está claro el pensamiento del autor. 
(8) Escritura. 

(4) Garcés. 



DE LAS COSAS DB ARAGÓN. 119 

Blasquita de esta ciudad, en la Era 1.074. Hernando en Zaragoza Almugda- 
byr. También en 1.045 se hallan claras noticias de este principe. La más no- 
table de todas ellas es el haber sido el primero de los régulos zaragozanos 
que pagó tributo á nuestros reyes de Aragón , haciéndose vasallo de D. Ra- 
miro I , ó mezquino según el lenguaje de aquellos tiempos. 

Por esta circunstancia pudo, sin duda , residir tranquilamente en Zaragoza 
su obispo Paterno , y con asentimiento de su clero , ceder la iglesia de las 
Santas Masas, hoy Santa Engracia , á la nueva catedral de Jaca. Conociendo 
dicho prelado la voluntad de sus clérigos , quiso en el concilio provincial ce- 
lebrado (1.062) por el rey Ramiro en la ciudad de Jaca, que se anexionase 
aquella iglesia á la diócesis de ésta, que entonces se erigía. Esta cesión fué 
poco después confirmada por un diploma del pontífice Gregorio VII en los si- 
guientes términos : « Sobre todas estas cosas añadimos el monasterio de las San- 
tas Masas, con sus rentas, el que sabemos haber dado i la iglesia de Jaca, 
Paterno obispo de Zaragoza, con anuencia de su clero.» Es, pues, verosímil 
que al convocarse el mencionado concilio , siendo este régulo vasallo de nues- 
tro rey , pudiera Paterno vivir tranquilo en Zaragoza , y también el clero ú 
orden eclesiástico de la misma dar en ese negocio su libre consentimiento. 

Hacia este tiempo el rey de Castilla, Sancho , hijo de Fernando y sobrino 
de nuestro Ramiro, dirigió sus armas contra Zaragoza y la hizo tributaria. No 
sobrevivió mucho nuestro rey á este acontecimiento. Porque declarando en su 
virtud cruda guerra al castellano, y acometido de improviso por éste , que de- 
cía obrar así únicamente por haber sido provocado, fué muerto junto al cas- 
tillo de Graus en el año 1.063. 

Bastante más debió prolongarse la vida de Almugdabyr, porque en 1 .073, 
al decir de los antiguos Comentarios pinatenses , se confederó contra nuestro 
Sancho IV hijo de Ramiro I, con Sancho de Pamplona, hijo de aquel García 
que murió en Atapuerca. Hé aquí los pactos de esa alianza : 

« En la era 1.111 d 24 de Junio Sancho rey de Pamplona y Almugtadyr 
» vile (1) con tal epíteto le designa, el mismo dia en que se hizo el cambio de los 

* castillos de Oaparroso y::::::::::::::::: Juraron concordia firmísima. Pues Al- 
» mugtadyr convino en dar al rey Sancho 1.200 manemos (2) en oro opiata : de 
» modo que si quiere plata , reciba siete sueldos de moneda zaragozana por man- 
% cuso. Y el rey Sancho promete enviar una carta á Sancho Ranimiriz ( 3 ) , para 
» que se aparte de él, y haga a todos los suyos apartar de tierra de Huesca, y 
% volver á su tierra, y para que no haga darlo en las partes de Zaragoza. Y si 
y> no quisiere Sancho Ranimiriz levantarse de tierra de Almugtadyr ; al punto 

* cabalgue Sancho rey con lodo su poder contra Sancho Ranimiriz para hacer 
» daño en su tierra : y entre ambos den a él alfechna; como en los ligamentos (4) 
» primeros esta escrito. ítem si Almugtadyr tuviese necesidad de ayuda , y re- 
» quiriese d su amigo el rey Sancho; él mismo en persona con sus barones le 

(1 ) El vil, el mezquino. 

(2) ó mancuaa, moneda equivalente á un marco de plata. 

(8) Sancho Ramírez. 

(4) Liga, pactos? 






130 COMENTARIOS 

» ayude. Y si únicamente quisiere barones ; le dé cuantos Almugtadyr pidiere, 
» y mientras estén al servicio y en cabalgada de Almugtadyr; por cada día dé, 
» como se suele dar d los barones de Castilla ó de Barcelona. E inmediatamente 
» que hubiere vuelto de cabalgada, y viniere a Tudela; al punto recibidos del rey 
r> Sancho los Hostáticos (1) que quisiere, vaya con él a una sobre los castillos 
» que se han de tomar, y que tiene Sancho Ramírez , tomados por fuerza , al rey 
» Sancho García: y hagan los devuelva; y siempre mutuamente se ayuden, lo 
» mismo contra cristianos que contra muslimes. Juro yo Almugtadyr Vile por 
» el Dios, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos 
» hay, y por la ley , que tienen los muslimes, y por todas las juras, que todas 
» las gentes de Dios juran; que yo no he mentido en cosa alguna de esta pres- 
» crita alianza. Y si yo hubiere mentido en algo : pierda el sentido , y el enten- 
» dimiento de mi mente, y privado de la ley de mi nación con la ira de Dios allí- 
» simo vaya a la Meca: y de allí no vuelva. Iñigo escribano del rey notó (2).» 
En ninguna otra parte, que sepamos, se habla del anterior convenio. Ni 
nosotros hemos visto el original , sino su copia en algunos escritos particula- 
res que tiempo atrás encontramos. Por tanto, podrá cada uno darle el valor 
que le pareciere. Nosotros tan sólo lo hemos insertado para comprobar la vida 
y reinado de este régulo, de quien nada tenemos que añadir, sino es que hubo 
solución de continuidad en sus largos años de gobierno. 



IRA ALMUNDAFAR, 

Régulo 9. 



A 



l espirar el año 1.063 encontramos en Zaragoza con titulo de rey al hijo 
de Mudyr, Ira Álmundafar, el mismo á quien vimos alejado del trono por las 
discordias civiles que tenian en combustión la ciudad entera. Es muy posible 
que recobrara el perdido Reino con la. punta de las lanzas castellanas, pues 
hacia esa época invadió Sancho é hizo tributaria la mencionada ciudad. Pron- 
to se le escapó el cetro de las manos. Apenas evacuada Zaragoza por las tro- 
pas de Sancho, tuvo que abandonarla también Álmundafar, destronado por 
Almugtadyr, que volvió á reinar al menos hasta el 1.073, en que ajustó la 
indicada alianza con Sancho de Pamplona contra Sancho Ramírez. 

Ira subió nuevamente las gradas del trono á la muerte de su rival acaeci- 
da, creemos, en ese mismo año, y ya no las bajó sino para descender á la 
tumba. 



( 1 ) Ú hostaje , {relíenos J. 

(2) Escribió. 



ir 

í 






DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 121 

Hallábase en pacífica posesión de su corte al hospedar dentro de sus mu- 
ros (1.076) al desterrado hijo de García de Navarra. Ramón (1), cuyas ma- 
nos goteaban aún la sangre de su hermano, arrastró una existencia tan des- 
graciada, como la muerte que le sorprendió en esa misma ciudad. Dejó una 
nieta, por nombre Marquesa, que casó con el magnate Aznar López. Llama- 
do entonces nuestro Sancho IV por los pamploneses , añadió á sus estados el 
Reino de Navarra. 

Cuéntase haber estrechado otra vez la amistad este régulo con el Cid Ro- 
drigo de Vivar. Sospechamos que esto coincidió con la anterior venida del rey 
castellano á Zaragoza, porque nuestras historias antiguas nos presentan al 
Cid en compañía de su rey como consejero é instigador de la mencionada ex- 
pedición, y durante el reinado de Almundafar le hacen venir repetidas veces 
á Zaragoza. 

Todavía dio el Cid otra prueba del grande afecto que á este régulo profe- 
saba. Al morir Almundafar, había dividido los Reinos entre sus hijos Zulema 
y Aben Alfaje, dejando á éste el de Denia, y el de Zaragoza al primogénito. 
Fué esta partición origen de disensiones y guerras, que comenzaron tan 
pronto como aquel espiró , y que sólo se apaciguaron por los buenos oficios 
del Cid, sometiéndose ambos á lo dispuesto por su padre. Así quedaron tran- 
quilos Zulema en Zaragoza y en Denia Aben Alfaje. 



«VWlft/VWVWWW 



ZULEMA, 
Régulo io.° 



C 



onsta que Zulema reinaba en Zaragoza por los anos 1.081 , y que siguien- 
do el ejemplo de su padre, hospedó al Cid repetidas veces en su corte. 



JUi/tfWV^WVV\AA/WV\A 



HAMEN ABEN HTJTH, 

Régulo ii.° 



A 



Zulema sucedió su hijo Hamen Aben Huth (1.083) . Este tomó por espo- 
sa una hija de Abubacar (2), gobernador de Valencia. Fué muy breve su 
reinado . 



(1) Era bastardo. 
(3) Bucar. 

16 



132 COMBNTABIOS 



JUCEPH ABEN HUTH, 

Régulo 12. ° 



E 



n 1.088 ya vemos en el trono á su hijo Juceph Aben Huth, de quien se 
cuenta haber acompañado al Cid á la ciudad de Valencia ( 1 .092 ) y fallecido 
á poco de su regreso. 

ALMOZABEN, 
Régulo 1 3.° 



M, 



uerto Juceph Aben Huth , subió al trono de Zaragoza su hijo Almozaben. 
Almizahen 6 Almescahen según otros , es en nuestro sentir el mismo régulo 
á quien algunos apellidan Hamet Almuzazim por esta época. Tiénese por 
cierto que era muy niño á la muerte de su padre. Temeroso de los suyos 
abandonó la ciudad, pero volvió á ella en compañía del Cid, que no habla ol- 
vidado la amistad de sus mayores , quedando en tranquila y pacifica pose- 
sión del Reino. No se mostró ingrato á tan señalado beneficio. Porque cuando 
el Cid se disponía á tomar venganza de la cruel muerte dada á su amigo Hia- 
ya, régulo de Valencia, no se hizo esperar, y le sirvió de no poco en la con- 
quista de la misma. 

Por último, para obligar á que nuestro rey D. Pedro se apartase del cerco 
de Huesca, reunió un fuerte ejército de moros en Zaragoza, y marchó contra 
los nuestros ; pero fué destrozado en Alcoraz , y sólo debió á la fuga su salva- 
ción (1.095) . No hemos hallado otras noticias de este régulo, sino que, en 
opinión de Alfonso de Castilla, fue él quien tomó por esposa á la hija de 
Abubacar Ábualhazis. 

ABDELMECH, 
Régulo 1 4. 



x\.boblmbch quieren algunos que sucediera á su padre Almozaben en el 
Reino zaragozano. Pero debió pasar por él á manera de relámpago. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 129 



HAMAT ALMUZACAYTH, 

Régulo 1 5.° 



XIamat Almuzacayth lleva en 1.098 el título de régulo de Zaragoza. Algu- 
nos le suponen hijo del anterior, y añaden que le arrebataron el cetro los ára- 
bes almorávides. Por entonces hicieron éstos, en efecto, una fuerte irrupción, 
ensañándose con los almohades, á quienes, después de muy recios disturbios, 
dominaron por algún tiempo ; y ganando á Zaragoza , destronaron al régulo 
Almuzacayth , adicto al bando de los almohades , poniendo en ella capitanes 
6 gobernadores, que la poseyeron un corto número de años, pero sin título 
de reyes. 

ABUHAZALEN, 
Régulo 1 6.° 



E 



stb fué el último de los árabes que ocuparon el solio zaragozano. Muerto 
(1.110) en Valtierra por nuestro Alfonso I, dejó á éste expedito el camino 
para la conquista de Zaragoza. A veces solía llamarse Almustaén. Este nom- 
bre le dá y señala el dia de su muerte un privilegio, cuyo original hemos 
visto, de la reina Urraca r esposa de Alfonso, concedido á la iglesia de Monte- 
aragon: «Hecha la carta, son sus palabras, era 1.148, afío en que murió Al- 
» mustaSn sobre Valtierra; y le dieron muerte soldados de Aragón y de P ampio- 
»na, el sabido dia 24 de Marzo, reinando mies tro Señor Jesucristo, y bajo su 
agracia Anfuso, por la gracia de Dios emperador de León, y rey de toda Es- 
»pafta, esposo mió. » Con frecuencia se halla Anfuso por Alfonso ó Alonso. 

Hacia estos tiempos , algunos documentos particulares nos dan á conocer 
los nombres de tres obispos zaragozanos : Vicente III , Pedro y Bernardo. Pero 
si es verdad , tan breve debió ser su pontificado, que apenas cada uno podría 
completar el año. 

Tiénese por cosa cierta la constante tradición de haber florecido en Zara- 
goza bajo estos régulos la cofradía , ya antes mencionada , de Santa María la 
Mayor 6 del Pilar, establecida por los muzárabes ; aunque otros hacen remon- 
tar su institución á siglos más remotos. 

Tales son los régulos moros de Zaragoza que en diferentes lugares men- 
cionan los escritores. Hemos insertado aquí estas breves reseñas con el fin de 
manifestar, si no de una manera clara, para que se vislumbre siquiera, cuál 



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fué el estado de la ciudad durante el período en que gimió bajo el torpe yugo 
sarraceno. Si no hemos logrado dilucidarlo completamente, lo hemos intenta- 
do al menos ; y la luz que hayamos hecho en tan confusa materia , algo enal- 
tecerá el mérito de nuestros Comentarios. 



CONQUISTA DE ZARAGOZA. 



WVWv/WWtf\/WVW^ «*.'*'•» 



S, 



>obre cuatrocientos anos estuvo envuelta esta ciudad en las tinieblas del Co- 
ran. Libertada, tras largo asedio, de su esclavitud por un singular beneficio 
de Dios , y brillando en su horizonte los resplandores de la verdadera y cató- 
lica fe cristiana , su libertador , el intrépido y belicoso rey Alfonso , acosó y 
quebrantó completamente las fuerzas musulmanas. Quedaron, sin embargo, 
en un barrio de la ciudad algunos moros, pagando tributo á los nuestros, con 
el nombre entonces de mudejares. Expulsados de ella los demás, diseminá- 
ronse por los pueblos españoles de sus creencias. 

El primer cuidado de Alfonso al entrar en la ciudad fué, siguiendo la cos- 
tumbre primitiva, erigir en catedral la mezquita mayor, después de haberla 
purificado de sus nefandos cultos. El pontífice Gelasio II había ya consagrado 
en Roma por obispo de esta ciudad á Pedro de Librana. Dio Alfonso el palacio 
real de la Aljafería, ó Alfaxería, en las afueras de la ciudad, á Berenguer 
Crasense , quizá Cistersiense , abad , y á los monjes para construir en él una 
iglesia. Luego distribuyó la ciudad , como de antiguo se acostumbraba , entre 
los ricoshombres y los demás que habían concurrido al sitio. 

Señaló al vizconde de Bearne, Gastón de Fox, el barrio de los cristianos 
muzárabes , ó sea la parroquia de Nuestra Señora del Pilar , en cuyo templo 
se vé todavía su sepulcro. 

A Rotron , conde de Alperche , y á otros caballeros principales , diferentes 
barrios, en los cuales solían llamarse séniores. 

A otros asignó la cuarta parte de la ciudad, y por eso vemos en algunos 
documentos que se intitularon Séniores en Quarton, de Zaragoza. 

Más adelante explicaremos la significación de la palabra sénior, y también 
cuál era el poder y la dignidad de los ricoshombres. 

No nos parece fuera del caso el referir una circunstancia que de memoria 
solía contar el ya citado Excmo. Sr. Arzobispo D. Fernando, y aseguraba ha- 
berla leído en monumentos antiguos. Hela aquí. Al hacerse la partición de la 
ciudad, pidieron también al rey Alfonso los muzárabes zaragozanos la recom- 
pensa que les perteneciera, por haber cooperado en lo posible á la conquista 






DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 125 

de la misma , aunque se hallaban sitiados y recluidos. Discutida ampliamente 
su pretensión , después de muchos y largos debates, dieseles la villa de 
Mallen ( 1 ). 

Arreglado esto , pasó el rey Alfonso á la creación de autoridades civiles, 
porque no sólo era prudente defenderla con las armas , si también con el con- 
sejo y dignidad de la magistratura. Así , pues , para entender en las causas 
ordinarias , nombró un magistrado , que conservó el nombre árabe de Zalme- 
dina. Estableció además procuradores de la ciudad y de los comestibles , lla- 
mados después Jurados. Fijó, por último , en ella la corte de todos sus domi- 
nios , y una audiencia territorial , porque la aglomeración de pobladores , que 
á millares acudían de todas partes , ocasionando frecuentemente pleitos civiles 
y causas criminales, hacia necesaria la intervención pacífica del foro. Enton- 
ces comenzaron á funcionar los tribunales tranquila y reposadamente , deci- 
diéndose todo por la autoridad de las leyes , cosa apenas posible hasta entonces 
porque sabido de todos es, que enmudecen las leyes ante el estruendo de las 
armas. 

Por esta circunstancia, ni en las modernas ni en las antiguas historias se 
hallan sin duda , desde su institución , noticias anteriores á ese tiempo relati- 
vas al Justicia de Aragón, ni siquiera el nombre de ninguno de esos magis- 
trados, según lo dejamos advertido en el índice de nuestros Fastos. No es po- 
sible dudar , que los hubo desde la creación de esa magistratura , verificada 
muy á los principios del Reino ; pero hasta que se vieron dueños de Zaragoza, 
viviendo los nuestros en una campaña continua , debía decidirse todo por el 
fuero militar y por el buen criterio , no por el derecho ordinario , ni por la su- 
tileza de las leyes. 

El duro y terrible juicio que mucho "tiempo antes, y con razón, quedara 
abolido entre nosotros , llamado del hierro candente , usábase en aquellos pri- 
meros siglos para casi todas las cuestiones judiciales, siendo el lugar para esa 
prueba señalado exclusivamente, la iglesia de Santa Cristina , situada en la 
cumbre del puerto (2) : así se terminaban con suma brevedad todas las causas 

y litigios. 

No era , pues , en aquellas circunstancias absolutamente necesario el ro- 
busto brazo del Juez medio : y si éste le tendió alguna vez en defensa del opri- 
mido, es cosa que, como otras muchas, ignoramos nosotros; al menos hasta 
hoy se ha ocultado á nuestras investigaciones. Otra razón hay muy poderosa 
para que no cause maravilla la inacción tan prolongada de ese magistrado : y 

(1) MS. « Y Gallur. Mallen cuenta 390 vecinos, y está situada a diez leguas de su capital. Gallur, 
que perteneció un tiempo á los Templarios, dista ocho leguas y tiene 210 vecinos. Ambas pertenecen á 
la provincia de Zaragoza. » 

(2) Este antiquísimo santuario estaba en la cumbre de los Pirineos , y raya de Francia, una legua 
más arriba de Canfranc. Era de canónigos regulares , que atendían á la hospitalidad , unum de tribus 
mundi, como dicen sus privilegios. Estos canónigos tenían en Jaca la iglesia de Santa Cristina, con hos- 
picio, donde hoy está la ciudadela. Después (hacia 1.600) á instancia del rey y por bula del papa, el 
santuario, jocalíaa y rentas del Puerto, se dieron á los dominicos; los canónigos se trasladaron á Mon- 
tearagon , y el priorato á la metropolitana de Zaragoza. En el mismo santuario se verificaban los juicios 
vulgares del Hierro candente , que fueron abolidos , lo mismo que los del Agua hirviendo , 'por Jaime I 
( 1,247) en las Cortes de Huesca. 



I 



12* COMENTARIOS 

es , que la autoridad de los ricoshombres para todos los asuntos , en paz y en 
guerra , era á la sazón, y por necesidad debía ser decisiva. Siendo el alma de 
todo esta dignidad suprema , no pudo la del Justicia tener uso alguno durante 
muchos años. Estaban demasiado cerca del rey, como asesores domésticos los 
ricoshombres , para que éste pudiera violar nuestras libertades. Pero al de- 
clinar después la potestad de esos magnates , al rasgarse aquellos dos memo- 
rables privilegios de la Union , y al irse complicando los negocios , muchas de 
las atribuciones de aquellos se refundieron en este magistrado , y fuéronsele 
agregando paulatinamente varias otras que, atendidos los tiempos y las cir- 
cunstancias del Reino , se creyó fuesen más útiles y oportunas para conservar 
la tranquilidad. De esta suerte fué paso á paso alcanzando la dignidad y gran- 
deza á que se ha elevado entre nosotros aquella magistratura. En documentos 
poco posteriores á los sucesos que vamos historiando , se le llama con frecuen- 
cia ( 1) Justicia en Zaragoza, ya por hallarse esta ciudad destinada á su tri- 
bunal , ya por ser ella su ordinaria residencia. En lo sucesivo anotaremos los 
Justicias de cada reinado , aunque nos proponemos tratar de ellos separada- 
mente al fin de nuestra obra. 

De los tiempos en que se decidían militarmente todas las contiendas, cree- 
mos datan aquellos dos tan sabidos principios , base y fundamento de nuestra 
legislación. 

1.° En Aragón, todos atestiguamos según el fuero militar, y como en el 
campo de batalla, sin las formalidades reclamadas por el derecho civil. 

2.° En todo se debe estar á la carta (2) si no contiene algo imposible ó 
contrario á las leyes de la naturaleza. 

Aun el derecho común ó civil se halla con harta frecuencia derogado por 
nuestros Fueros. 

Al prólogo de éstos se le ha dado malamente el nombre de « Observancia 
primera sobre el caballo herido.» A fin de aclarar con un ejemplo, que no ad- 
miten nuestras leyes, la interpretación extensiva, sino que se debe estar ¿ la 
carta, según acabamos de decir, se pone la comparación de un caballo herido, 
y dice, que no debe enmendarse, según nuestros Fueros, porque éstos sólo 
exigen la enmienda en caso de muerte. De este símil, que forma parte del 
prólogo, como se vé en los Códices manuscritos, se ha formado erróneamente 
la Observancia primera. 

Por estos tiempos tuvieron vigor entre nosotros algunas leyes góticas, 
como lo prueba en nuestro concepto , un pequeño pergamino antiguo , perte- 
neciente al archivo del Pilar y concebido en estos términos : 

« El Hacedor de todas las cosas, Nuestro Señor Jesucristo, como en elprin- 
» tipio del mundo lodo lo hubiese criado de la nada; formó a la mujer de un 
» hueso del hombre, mientras éste dormía. Haciendo de uno dos, enseñó que de- 
» Man ser los dos uno: confirmándolo el mismo, cuando dice: dejará el hombre 
»ásu padre y madre , y se adherirá á su esposa , y serán dos en una misma 



(1) M 9. = « Alguna vez. > 

(2) Escritura pública. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 127 

» carne. Por lo cual, en el nombre de Dios, yo Arnaldo de Via, deseoso de tener 
» hijos , elijo por esposa una doncella honesta, por nombre Ermisenda, y para 
» dote le hago donación de la décima parte de todas mis cosas , asi muebles como 
» inmuebles, que al presente poseo ó que en adelante, con el favor de Dios, adqvÁ- 
y> rir pudiere: porque se dice en las leyes góticas : sin dote no se haga matrimo- 
y> nio. Si alguno presumiere violar esta dote ó donación; de ningún modo pueda: 
» sino que por sola su presunción pague una libra de oro puro , y ademas esta 
» dote ó donación persevere firme y estable en todo tiempo. 

» Esto se hizo el 3 de Setiembre, año de Cristo 1.198. 

» Signo de Arnaldo de Via, que esta dote hago, y firmo. 

» Signo de Bernardo de Forrad. 

» Signo de Pedro Jozbert. 

» Signo de Berenguer de Rig milans. 

» Arnaldo sacerdote: que escribió, con letras sobrepuestas en la tercera linea 
y> día y año como arriba.» 

Hay dos famosas y severas leyes góticas ( 1 ) sobre disposiciones nupciales: 
leyes que insertamos con gusto en prueba de nuestro aserto. La que prohibía 
el matrimonio sin dote , esTtá concebida en los siguientes términos : 

« FLAVIO RECAREDO REY. 

» Que sin dote no se contraiga matrimonio ; y ella sea válida cualesquiera 
» que fueren las cosas que la constituyan. 

» Se echará de ver la nobleza y dignidad de las bodas , si estas van precedí- 
» das, como presente , de la escritura de dote. 

» Porque, cuando ni la dote se ha dado, ni pactado por escrito , ¿mal podrá 
% ser el testimonio de la futura dignidad en esta unión? ¿ Cuando ni el celebrado 
»■ matrimonio está basado en la dignidad pública , ni á él acompaña la honestidad 
» de los contratos nupciales? Por tanto, cuando pide alguno la cópula de unión, 
» ó para sí, ó para su hijo, ó también para su prójimo; pueda determinar la 
» dote de cosas propias , ó debidas á la munificencia de los principes, ó de cua- 
» lesquiera otras bien adquiridas, á tenor de la ley. Todo lo aiignado, pues, 
» legítimamente para dote tendrá plena fuerza de todos modos.» 

Y la otra que , como indica la precedente , determinó la manera de escri- 
turar la dote , es como sigue : 

« FLAVIO CHINDASVINTO REY. 

» De la cantidad de cosas necesarias para dote. 

» Abrigando * siempre los que se desposan voluntad diferente acerca de la 
» dote; para la mayor parte será útil una ley tan clara, que sobre esto no deje 
» lugar á duda. Decretamos , pues, y observada en todos casos la sanción de esta 
» ley , disponemos : Que si algunos de los Primados ó Séniores de nuestro Pala- 
j> do pidiere para si ó para su hijo , á fin de unirse á ella en matrimonio, una 
» hija del linaje de los godos, ó la mujer abandonada por cualquiera otro, ó si 

(1) Libro 3.°, título 1.° Estas leyes no se hallan en el MS. 



123 COMENTARIOS DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 

» alguien de las clases mencionadas eligiere ó pidiere urna esposa; no dé ó asigne 
»por escrito en nombre de la doncella ó mujer, i titulo de dote, más de la decir- 
» ma parte de su hacienda. Y si aconteciere, que algún padre por su hijo debiera 
» asignar la dote en nombre de su nuera; así mismo , de la parte que después de 
» la muerte de sus padres corresponde al hijo , le asigne la décima por via de 
» dote, que se dé a la mujer ó doncella, que con éste se ha de unir en matripwnio. 
» Y además se le concede libertad de asignarla y darla diez niños y diez ninas, 
» y treinta caballos, 6 para sus adornos en valor de 1.000 sueldos. De modo que 
» de todo cuanto recibe la mujer en sus bodas; sepa que tiene licencia libre para 
» hacer lo que guste si no dejare hijos : y si muriere sin testar ; vuelva la misma 
» donación al marido , ó á los herederos cercanos del marido. Y no será licito en 
» adelante á los padres de la doncella, ni á la misma doncella ó mujer , pedir al 
» esposo, ó á los padres de éste, ninguna otra cosa, ni desear que se inscriba en 
» su nombre, sino lo que ahora contiene la institución de esta ley. Y si acaso, en 
» conformidad con las leyes romanas , quisiere dar la doncella ó mujer de sus 
» haciendas al esposo; pueda tanto, cuanto ella pidiere para si. Y si tal vez el 
» esposo, ligado con el vínculo de alguna escritura ó juramento, prometiese al 
» tiempo de las bodas dar á la esposa más de lo que se permite por esta ley; séale 
» permitido después anularlo y hacerlo de su dominio. Pero , si temeroso por la 
» reverencia del juramento , ó, como suele, por negligencia, no quisiere, ó nopu- 
» diere, revocar ó anular el exceso de lo que había dado á la esposa; no será con- 
y> veniente dar pábulo en lo sucesivo al daño de muchos por la tibieza de uno solo. 
» Por tanto , los padres ó parientes del esposo, al conocer tal hecho, harán suyo 
» sin perjuicio de otros, todo lo que haya dado el esposo sobre lo tasado arriba. 
» Con todo, si el marido teniendo ya esposa , esto es , pasado un año, por amor ó 
»por obsequio conyugal, le hiciere alguna donación; al punto tendrá licencia. 
» Pues de ningún modo, dentro del primer año, ni la mujer al marido, ni el ma- 
» rido á la mujer, exceptuando la dote, como se ha dicho, podrán asignarse otra 
» donación, a no hallarse enfermos y en próximo peligro de muerte. Respecto de 
» los demás que tuvieren voluntad de casarse, hemos procurado proveer y decretar 
»con saludable propósito , que quien públicamente posee por valor de 10.000 
» sueldos; asigne por escrito en nombre de su esposa hasta 1.000 sueldos, des- 
»pues de hacer la justificación de todos sus bienes. El que tiene 1.000 sueldos: 
» ha de asignar en dote, con tal motivo, 100 sueldos. Y asi, esta constitución 
» de titulo do tal llegue desde la última hasta la más encumbrada, paralizada 
» toda controversia. Dada y confirmada esta ley á 12 de Enero del tercer año 
» feliz de nuestro reinado. En el nombre de Dios : Toledo. » 

Pero dejemos esto. Después de casi cinco siglos, ya será justo resucitemos 
ahora las antiguas glorias de nuestra nación , al redimir su patria de la servi- 
dumbre. 



AÑO EN QUE SE ARRANCO A LOS MOROS 

LA CIUDAD DE ZARAGOZA. 



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MUERTE DEL REY ALFONSO, 

Sü LIBERTADOR. 



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ausa también extrañeza el caos de opiniones que reina en las obras de 
los historiadores antiguos y aun en los mismos privilegios y originales, 
cuando debía ser indudable y de todos conocida la época de un acontecimien- 
to tan extraordinario. Con razón, pues, se lamenta Zurita en sus Anales, 
como ahora nos lamentamos nosotros de semejante incertidumbre. En dic- 
tamen de ese autor, reúnen más probabilidad algunos que le retardan hasta 
el 1.118. Anhelando nosotros fijar el año de una manera inconcusa en este 
lugar, alcanzamos del Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza una orden , indis- 
pensable requisito, para que se nos franquease el archivo de la ciudad , con 
objeto de investigar la verdad del hecho. En su virtud, el dia 13 de Abril 
de 1.580, acompañados de los Sres. Vicente Agustín, Andrés Aniñon y San- 
tiago Mortan, principales jurados de la misma ciudad, estando presentes el 
señor D. Juan Sora , Regente de la Audiencia , y Miguel Almazan , ciudadanos 
de Zaragoza , y Miguel y Martin Español , secretarios ; en el mismo archivo 
encontramos , vimos y leímos el privilegio original , escrito en pergamino con 
caracteres góticos , que á esta ciudad concedió el mismo Alfonso á la raíz de 
su conquista. Es el primero de los que trae nuestro Molino en su repertorio, 
bajo la palabra privilegio, y cuya copia, tomada del original, creemos con- 
veniente insertar á continuación , porque indica clara y terminantemente en 
qué año fué libertada Zaragoza. 

« En él nombre de Dios, y por la Divina clemencia, del Padre , del Hijo, y 
» del Espíritu Santo. Amen. Yo Alfonso por la gracia de Dios rey , hago esta 
» Carta de Donación a vosotros los pobladores todos de Zaragoza , que en ella es- 
» tais , ó en adelante viniereis á poblarla. Os doy Fueros buenos , cuales vosotros 
» me los habéis pedido , como buenos los tienen los Infanzones de Aragón; para 
» que la pobléis bien, y finquéis en ella. Y tienen por Fuero los Infanzones de 
» Aragón, que no poseen Honor de Señor: el ir á lid campal, y a sitio de cas- 



130 COMENTARIOS 

» tillo con pan de tres dios. Y ningún Infanzón, que allí no quisiere ir, no tiene 
» sobre ello alguna calonia, sino que prohiba el Rey de la tierra sus mercados, 
vpara que allí no compre, ni venda; y a sus Alcaldes, que no le juzguen. Y los 
» Infanzones que tuvieron, y poseyeron Honor de Señor, si fuesen retados; no 
» hagan derecho, sino estando en aquel Honor. Estos Fueros os doy , y confirmo, 
»para que los tengáis, y poseáis salvos, y libres, vosotros, y vuestros hijos, y 
» toda vuestra generación, por todos los siglos: Salva mi fidelidad, y la de toda 
» mi posteridad, por los siglos de los siglos. Amen. 

» Son testigos visores y oidores de este Donativo* sobrescrito el Vizconde Gas- 
» ton : y el conde de Bigorra : y el conde de Cominges : y el Vizconde de Gabar- 
» reí; y el obispo de Lascarre: y Agustín de Miramon: y Amal de Labedan: y 
» Diego López: y Ladrón: y Jimeno Forlungones (1 ) de Lefet: y Jimeno For- 
» tungon de Punicastro : y Pedro Momez: y Almujabut: y Lop Jiménez de Tur- 
» r ilgas: y Lop Sanz de Ogabre: y Chaxal: y Lop Lopiz de Calahorra: y Lop 
» Garcés de Estella: y Senyor Aznar Azenarze: y Senyor Iñigo Calme: y Lop 
» Garcés Pelegrin : y Pedro Jiménez Justicia : y Galin Sanz de Belgit : y Sago 
» Fortugon Zalmedina: y Castange: y Pere Petit: y Frtugo Lopiz de Ayerbe: 
» y Sancho Juan de Huesca : y Ato Garzez de Peñafeliz : y Ferriz de Santa Fu- . 
» lalia: y Juan Galez de Andilgon: y Lop Forlungones de Albero: y Jimeno 
» Garcés de Rodellar : Senyor Jime?wn : Garcez Lovielgo : y Tizón : y Fortungo 
» Juan: y conde Bernardo Ramón: y Belenguer Gombal: y Pere Gazbert: y 
» Pere Mirón de Entenza : y Ramón Pere de Herille : y Ramón Amat. Y si alr- 
» guno quisiere romper estos susodichos Fueros; rompedle vosotros á él, ó toda 
» su causa, dentro en Zaragoza, ó fuera, donde quiera que le encontrareis , y 
» además pagúeme 1.000 maravedís. 

» Signo del rey Alfonso. 

» Hecha la Carta de Donación de estos Fueros sobrescritos en la Zuda de la 
» ciudad de Zaragoza, mes de Fuero, en el mismo año en que se tomó la dicha 
» ciudad de Zaragoza, Reinando yo, por la gracia de Dios, rey en Aragón, en 
» Sobrarbe, ó en Ribagorza, y en Pamplona, ó en Castilla. = QJrispo Pedro elec- 
» to en Zaragoza. = Obispo Esteban en Huesca. = Obispo Ramón en Roda. 

» Yo Sancho de Buepor mandato del Rey mi Seíior esta Carta escribí, y de 
» mi puño hice esta señal. 

» Signo de Ramón conde. 

» Signo del Rey Alfonso, hijo del Conde de los Barceloneses, alabo y confir- 
» mo lo susodicho.» 

Estas dos últimas firmas del conde Ramón, y de su hijo Alfonso, en el 
original se hallan tras la del rey Alfonso , y antes que la cláusula Hecha la 
carta, etc., como si á la vez hubieran concedido y firmado los tres juntos el 
privilegio. Esto no fué posible. Era costumbre, que venía de muy antiguo , el 
confirmar nuestros reyes los privilegios concedidos por sus antecesores , po- • 

( 1 ) Fortunes ú Ordoftes. 



DB LAS COSAS DE ARAGÓN. 131 

niendo, á fin de no multiplicar las copias, en el mismo original , que alaba- 
ban su sello de confirmación, unas veces detrás del concedente, como en el 
caso anterior; otras, eran las más, á continuación del signo* del escribano. 
Poco conocedor de tal práctica, alguno quizá pudiera imaginarse que simul- 
táneamente reinaron los tres monarcas. Nosotros , pues, para evitar toda equi- 
vocación, hemos colocado debajo de la firma del secretaria la del conde y la 
de su hijo , que pertenecen á tiempos posteriores. Esa simple suscricion pare- 
cíales á nuestros antepasados muy suficiente para confirmar los privilegios. 

Es, pues, evidente que recobró Alfonso la ciudad de Zaragoza en el 
a5o 1.115, que corresponde á la fecha del anterior privilegio, 1.153 de la era 
hispánica. 

Debemos también advertir , que por aquellos siglos se contaba la era cris- 
tiana desde la encarnación , no desde el nacimiento de Cristo , y que en este 
sentido deben entenderse las palabras de Alfonso, «mes de Enero, en el mismo 
año en que se lomó la cmdad'de Zaragoza.» Claro es que comenzando entonces 
el año por el mes de Marzo , á uno mismo pertenecían el Diciembre , en que se 
tomó la ciudad, y el siguiente Enero del privilegio. 

Confirmase su autenticidad con el gran testimonio de Pedro III. Dicho rey 
al enumerar, para ratificarlos , todos los privilegios por sus antepasados con- 
cedidos á Zaragoza, durante las Cortes de 1.283 celebradas en esta ciudad, 
cuando se otorgó el privilegio general , recuerda éste de que venimos tratan- 
do, y lo refiere á la era 1.153. Como apenas habían trascurrido 170 ailos entre 
los reyes Alfonso I y Pedro III, no parece creible que el segundo equivocara 
la fecha del privilegio, dado por el primero, separándolos tan corto espacio 
de tiempo. 

Y aunque otros privilegios quizá refieran á distinta época la libertad de 
Zaragoza , no puede disminuirse en un solo ápice el crédito del que antes he- 
mos trasladado, concedido por el rey que la conquistara, y desde aquel tiem- 
po hasta el dia de hoy custodiado con todo esmero y diligencia en el archivo 
público de la ciudad. La misma opinión seguimos en los Fastos, señalando 
en 1.115 el principio del primer Justicia de Aragón, Pedro Jiménez, expulsa- 
dos los moros de Zaragoza. Ese privilegio nos dá también la primera noticia 
que de él tenemos, contándole entre los testigos confirmadores. Hasta aquí, 
del año en que sacudió Zaragoza la coyunda del sarraceno. 

Respecto del dia, riada podemos asegurar con entera certidumbre. Zurita 
entre otros, asegura haber sido éste un Miércoles 18 de Diciembre. Sin em- 
bargo , nosotros opinamos que ese fué el dia de la capitulación , y que el rey 
Alfonso difirió la entrada de sus huestes hasta el Enero próximo en la festivi- 
dad de la Epifanía , según cree la tradición , contando por ventura desde él la 
aurora de su libertad ( 1 ) . 

Permítasenos insertar ahora un vetusto documento que hemos hallado poco 
há en el archivo del palacio arzobispal. Es un pergamino escrito en caracteres 

(1) ¿Estará por eso consagrado al misterio de la adoración de los Santos Reyes el altar mayor de 
La Seo? 



I 



182 COMENTARIOS 

góticos legibles todavía , aunque carcomidos por el polvo y por los años, que 
servirá de testimonio ilustre agregado á los innumerables ya existentes , dé la 
veneración que en lo antiguo se tenía al devotísimo y celebérrimo templo de 
Nuestra Señora del Pilar. Fué tanta, tanta es hoy la devoción que inspira, 
que , cuando á él dirigimos nuestros pasos , no nos parece vamos á visitar la 
capilla de la Virgen , sino á la Virgen misma. 

Con objeto de restaurar esa iglesia, que amenazaba ruina, el obispo Pedro 
de Librana excitó á todos los fieles del orbe cristiano con las siguientes pa- 
labras : 

« A todos los fieles de la iglesia del mundo, arzobispos, obispos, abades, 
» presbíteros , y á todos los amantes de la fe católica, Pedro, aunque indigno, 
» obispo de Zaragoza, salud y obediencia. Ya sabéis que por la divina clemencia 
» y por vuestras oraciones, y por la intrepidez de valientes soldados, está enpo- 
» der de cristianos la ciudad de Zaragoza, y la iglesia de la bienaventurada y 
» gloriosa Virgen Maria, la que por tanto tiempo '¡oh dolor! ha estado sujeta al 
» dominio de los pérfidos sarracenos. Aquella iglesia tenida en tanto aprecio, 
» como no ignoráis , por sus gloriosos y antiguos títulos de santidad y de gran- 
» deza, cubierta todavía de tristeza por su reciente cautiverio, sabed que se halla 
» necesitada de casi todo lo indispensable, ya por carecer de recursos para re- 
» parar sus ornamentos y arruinadas paredes , ya también por faltar los medios 
» de subsistencia á los clérigos, dia y noche consagrados a cantar en él las di- 
» vinas alabanzas. Exhortamos, por tanto, vuestra clemencia a que, si no podéis 
» visitarla en persona , la visite al menos vuestra generosidad con la oblación de 
» vuestras limosnas, recordando las palabras del Salmista: Bienaventurado el 
» que mira por el pobre y necesitado , porque en el dia malo le librará el Señor. 
» A cuantos, movidos de compasión, escuchando los lamentos de tan pobre y des- 
» consolada iglesia , falta aún de lo mis necesario, enriaren algún dinero, ó se- 
»gun sus facultades, para restaurarla; Nos confiados en la divina clemencia, 
» en la autoridad del papa Qelasio — cuyas letras, que selladas guardamos en 
» nuestra iglesia, encontrareis al dorso de las presentes — y de D. Bernardo ar* 
» zobispo de Toledo , y de todos los obispos de España, les concedemos á ellos: :::::: 
» dios de indulgencia. Mas otros, atendida la cantidad de sus beneficios y el mé- 
» rito de sus obras, consigan la remisión de sus pecados. Aquellos, que recibie- 
» ren benignamente á nuestro arcediano, por nombre Horrando, y á sus compa- 
» ñeros portadores de las presentes letras, ó miraren por ellos, consigan del 
» Señor la vida eterna. Pasadlo bien. 

» Qelasio ( 1 ) obispo; siervo de los siervos de Dios. Al ejército cristiano, si- 
» tiador de la ciudad de Zaragoza , y a todos los amantes de la fe católica, Salud 
» y bendición Apostólica. Hemos leído con atención vuestras devotas letras y aco- 
» gido con gusto la petición que habéis dirigido a la Sede Apostólica por el electo 
» de Zaragoza. Remitiéndoos, pues, el mismo obispo electo, ya cotí el favor de 
» Dios consagrado por nuestras manos , como por las del bienaventurado Pedro, 
» os damos la bendición de la visita Apostólica, implorando la justa misericor- 

(1) Gelasiolí. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 188 

» dia del Omnipotente Dios, a fin de que por los megos y méritos de los santos 
» os haga obrar su obra, para honra suya y acrecentamiento de su iglesia. Y 
»por cuanto habéis resuelto colocar en el último trance vuestras vidas y haden- 
» das ; si alguno de vosotros, recibida la penitencia de sus pecados, muriese en 
» esta expedición : Nos, por los méritos de los santos, y por las oraciones de toda 
» la Iglesia Católica, le absolvemos a él de los ví?iculos de sus pecados. Además 
» los que por el mismo servicio del Señor, ó trabajan, ó trabajaren, y los que 
» alguna cosa dan, ó dieren, a la iglesia de la mencionada Ciudad, arruinada 
?>por los Sarracenos y Moabitas , para su reparación, y a los Clérigos, que en 
» ella sirven a Dios, para su mantenimiento; según la cantidad de sus trabajos, 
» y de los beneficios hechos a la iglesia, y a voluntad de los obispos, en cuyas 
aparroquias vivan; consigan remisión é indulgencia de sus penitencias. Dadas 
» en Atesto a 10 de Diciembre. 

» Yo Bernardo arzobispo de la Sede toledana, esta absolución doy y confirmo. 

» Yo Subosquitano obispo ésta solución doy y confirmo. 

» Yo Sancho obispo de Calahorra esta absolución doy y confirmo. 

» Yo Guido obispo de Lascoarre esta absolución doy y confirmo. 
* » Yo Boso, cardenal de la Santa Iglesia Romana, esta absolución doy y 
» confirmo.» 

El rey Alfonso , reanudando el hilo de nuestra narración , contribuyó más 
que todos sus predecesores, con la conquista de tan famosa ciudad, á la gloria 
del nombre y Reino aragonés. Terminada con tanta felicidad esta sagrada 
guerra, como dice perfectamente Zurita en sus índices, quedó abatida la ar- 
rogancia de los reyes moros , tanto de los vecinos , como de los más distantes, 
contra los cuales no cesó este príncipe de guerrear hasta su último aliento. 

Ni fueron ellos los únicos que absorbieron su atención y sintieron el peso 
de sus armas : más de una vez le distrajeron de su empeño los parciales de su 
esposa, como también los extranjeros. Él, además de haber apaciguado con 
no poca gloria suya varias asonadas y movimientos, suscitados en León y 
Castilla por sus conatos en reprimir las incontinencias de su esposa Urraca, 
trasponiendo con numerosa hueste los Pirineos , marchó sobre Bayona , que 
sospechamos se le había rebelado. En el cerco de esta ciudad (1130) cuentan 
m haber hecho su testamento , legando la herencia de todos sus estados — por 
carecer de sucesión y por haber profesado vida monástica su hermano Ramiro, 
ordenado In sacris, — á las órdenes militares del Sepulcro, del Hospital y del 
Temple, tan famosas en aquellos siglos. Causa fué esto, tiempo adelante, de 
grandes y ruidosos disturbios en Aragón. Vuelto de Bayona, sin haber logra- 
do (1) su pretensión, no dejó un momento de reposo á los enemigos de sus 
creencias. 

Por fin , el que por espacio de cuarenta años no había soltado la espada de 
las manos, el que había reñido treinta batallas campales, el que había mere- 
cido el título de príncipe belicoso y batallador; junto á Fraga, la antigua Gá- 

(1) En 1.181 tomó nuestro D. Alonso de los ingleses á Bayona , en cuya expedición le fueron sir- 
viendo , 6 más de machos señores aragoneses y navarros , los condes de Bearne , Bigorra, y Tolosa sus 
vasallos. Foz, Hist. de Arag., tomo 1.°, pág. 261. 



*«-;..*• 



i 



184 COMENTARIOS DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 

lica Filavia, al pié de los muros de Sariñena, según otra versión, el día 7 de 
Setiembre de 1.133, 6 del siguiente como quieren algunos , fué á morir en una 
escaramuza. En el 1.134 creemos nosotros que le asaltó la muerte, porque á 
ese año corresponde la era señalada en un documento, que vimos poco há en 
el archivo de la iglesia de Zaragoza. Es un privilegio de Alfonso, el hijo de 
Urraca , esposa de este rey , en cuya última parte se leen estas palabras: « He- 
cha la carta en la era 1.162 año en que murió Alfonso Rey de Aragón.» 

Desde luego comenzó nuestro tercer interregno , menos largo que agitado 
y turbulento. Como se empeñasen á la muerte de Alfonso en tomar posesión 
del Reino los herederos nombrados por su testamento , se hizo necesaria contra 
ellos la resistencia, y arrancar del claustro á Ramiro, hermano del difunto 
monarca, obligándole no obstante sus votos á recoger el cetro. Sostenían los 
nuestros, que no podía el rey Alfonso de manera alguna perjudicar en un solo 
ápice los derechos de su Reino. De aquí resultó, según decía con su acostum- 
brado acierto el Excmo. Sr. D. Fernando, que no pareciendo en ninguna parte 
Alfonso, ni vivo, ni muerto, se inventaron mil anécdotas y patrañas. De in- 
tento, añadía, ocultaron los nuestros su cadáver, para ganar tiempo, mien- 
tras se descubría la verdad del hecho, y supuesta la nulidad del testamento, 
hallar una coyuntura favorable para afianzar el Reino. Hasta aquí de la muerte 
de Alfonso. 

Fueron Justicias de Aragón durante su reinado, Sancho Fortun, Sancho 
Gralindez , Lope Sanz y Fortun Aznar , los primeros que hemos anotado en 
nuestros Fastos. Damos ahora únicamente sus nombres como recuerdo, aunque 
de éstos y de todos los demás trataremos luego por separado. 



1 



MARAVILLOSO PRODIGIO 

DE NUESTRA SEÑORA. DEL PORTILLO 

EN LA CIUDAD DE ZARAGOZA. 



H 



.Acia estos tiempos, siquiera no podamos precisar el año, dispensó el cielo 
á la ciudad de Zaragoza un señalado favor , considerado siempre fuera de toda 
duda , no sólo por estar basado en una tradición general , si también en la 
construcción de varios templos , y señaladamente en la devota basílica consa- 
grada á su memoria. Bien merece, pues, le dediquemos algunas lineas en 
nuestra historia, para que el recuerdo de tan singular beneficio y de la pro- 
tección del cielo, ni se borre nunca con el olvido, ni se debilite por la vejez 
en el trascurso de las edades. Este es el milagro que en favor de los zarago- 
zanos obrara la Reina de los ángeles sobre el sitio mismo donde hoy se le- 
vanta la sacratísima iglesia, que del portento tomó el nombre y se llama 
Nuestra Señora del Portillo. Continuemos la narración con las palabras del 
papa Adriano , para que sea conocido el hecho , cual lo refiere aquel pastor 
santísimo; no sea que languidezca contado por mi pobre y pecadora lengua. 
En upas letras de indulgencia, que concedió á la misma iglesia, refiere tan 
célebre maravilla dicho pontífice en los siguientes términos : 

« Oteando los fieles de Cristo expugnaban la ciudad de Zaragoza, ocupada a 
» la sazón por los infieles moros enemigos de la fe católica; se apareció milagro- 
» sámente una imagen de la Bienaventurada Marta , donde hoy se halla en la 
» iglesia de la misma Beatísima María del Portillo, a los zaragozanos fieles a 
j> Cristo, mientras peleaban contra los mismos infieles. Con el favor y auxilio 
» de esta visión, los mencionados fieles alcanzaron la victoria sobre los infieles. 
» Y desde entonces el Omnipotente Dios, por los méritos é intercesión de la mis- 
» ma Virgen María , cada dia se ha dignado obrar frecuentes milagros en la 
t> misma iglesia. » 

No ignoramos que el suceso se cuenta de diferente modo en los archivos 
de aquella iglesia. Dicen, que habiendo puesto los moros todo su empeño, 
protegidos por las tinieblas y silencio de la noche , en recobrar la ciudad de 
Zaragoza, que se hallaba en poder de los nuestros , cuando estaba aportillado 
y en parte derruido el muro, la Santísima Madre de Dios, María, capitanean- 
do un escuadrón de la milicia angélica, frustró los esfuerzos de los infieles. 



1W COMENTARIOS DE LAS COBAS DE ARAGÓN. 

constituyéndose ella misma, para que no se apoderasen de su amada ciudad, 
en muro y protectora. Esta confianza hizo que los nuestros descuidasen la re- 
construcción de sus fortificaciones ( 1 ) , creyendo bastante segura y fuerte la 
ciudad, escudada por el patrocinio de la Virgen. Sobre el sitio mismo del des- 
trozado muro erigióse, como recuerdo de* un hecho tan maravilloso, el sagra- 
do templo, tan célebre y venerado en nuestros días, bajo la advocación de 
Nuestra Señora del Portillo. Erigiéronse ademas , á lo largo de las murallas, 
varias capillas consagradas a la Santísima Virgen para que rodeada , casi cir- 
cunscrita por los' templos de María , fuese sin duda vivo y perenne testimonio 
de aquel milagro la ciudad entera. Ora sucediese la aparición como la cuenta 
Adriano, ora según la refieren los documentos de la misma iglesia, es lo 
cierto que Zaragoza debió su libertad á la protección de la Virgen. Debemos, 
pues, nosotros los zaragozanos, aventajar a todos los pueblos en el culto y 
devoción á la Reina de los ángeles , ya que en la infancia de la Iglesia y de 
la fe católica se dignó nuestra Patrona enriquecer & Zaragoza, convertida en 
patria de santos , con el templo que bajo 
el título del Pilar , fué el primero á su 
santísimo nombre consagrado en toda la 
redondez de la tierra, ya que conservó 
luego é hizo fructificar en la misma ciu- 
dad, aunque dominada por los árabes, 
la semilla evangélica; ya también por- 
que, para quebrantar y refrenar el ím- 
petu de los infieles , la misma Santísima 
Virgen se presentó después como muro 
y baluarte de nuestra patria. 

De este acontecimiento, a no equivo- 
carnos , tomó Zaragoza su primitivo bla- 
són que, sobre un sello de cera, hemos 
visto en un documento antiguo perteneciente al archivo del Pilar. Dicho do- 
cumento dice terminantemente que ese es el sello mayor de la ciudad de Za- 
ragoza. Baste lo dicho y pasemos al interregno tercero. 

(1) Véase Lafuente sobra desmantelarla. En algún historiador humos leído que, cuando el Batalla- 
dor se apoderó de Zaragoza, mandó arrasar las fortificación en moriscas, diciendo, que (o capital dtt Rei- 
no no debí" tenar mat defetan <¡«* ti valor de sus hnbiíamei : eipresion sublime que , á ser cierta , nacería 
mis de arranque genial que de previsión de aquel monarca, y & la cual, sin embargo, han venido a. dar 
valor profético en tiempos posteriores las conocidas haia&as de aquel pueblo de héroes. Laf., Hiat. de 
Bspaha, parí. 2.', lib. !," cap. 6.' 




TERCER INTERREGNO. " 



•WWVl'WWVWS/VWWWX^WWV 



R 



epbtimos, volviendo al punto en que suspendimos la narración, que, á la 
muerte del rey Alfonso, acaecida junto á Fraga, tuvo principio nuestro ter- 
cer interregno. No dejando hijos que le sucedieran, siguiéronse muchas dispu- 
tas sobre la herencia de sus estados. Las órdenes militares, á quienes Al- 
fonso los había legado en testamento, aseguraban que a ellas les pertenecía el 
Reino por derecho hereditario. Iguales eran las pretensiones del hijo de Urra- 
ca , llamado también Alfonso y emperador, rey de Castilla , como biznieto de 
Sancho el Mayor. Deliberaban juntos , entretanto, los nuestros y los navarros 
sobre el sucesor que debían elegir, sosteniendo ser exclusivamente incumben- 
cia suya, sin que pudiera derogarla el testamento de Alfonso, ni quitarles un 
solo ápice de su valor. En su virtud resolvieron, pues, que ni debían some- 
terse al castellano, ni á las órdenes militares. Antes al contrario, para activar 
la elección, mandaron reunir las Cortes en la antigua Belsino, hoy la ciudad 
de Borja. 

Era por entonces señor de ésta un procer, Pedro Atares , reputado como el 
más digno, ya por ser entre todos el más poderoso, ya por su regia alcurnia. 
Hijo del infante García y de Teresa Caxal, era, en opinión de algunos, nieto 
del conde de Ribagorza Sancho Ramírez y biznieto del rey Ramiro. Había to- 
mado su apellido del señorío de Atares, que también le pertenecía, y que en 
otros tiempos había sido Condado. Nosotros hemos leido, sin embargo, que 
murió sin hijos Sancho Ramírez de Ribagorza. Pero descendiese ó no de este 
conde , pasa por cierto entre los escritores , que Pedro Atares era del linaje de 
nuestros reyes. 

Reunidos, pues, en Cortes (2) los nuestros y los navarros, Atares salió 
elegido rey por unanimidad. Nombraron además á Pedro Tizón de Cadreyt y 

(1) MS., fól. 117 vuelto. « Sin rebozo confesamos que hasta aquí hemos sido mas prolijos de lo que 
entraba en nuestro querer y pensamiento. Recelando que la brevedad diera imperfecto el conocimiento 
de nuestro principal asunto, hemos ido, por ventura, mas allá de lo que habíamos prometido. Y no es, 
que quisiéramos abarcar los hechos de nuestros reyes. De temeridad debiera calificarse la presunción de 
anotar en este desaliñado estilo una materia con tanta elegancia tratada por Zurita. Pero sí nos pareció 
muy útil el componer un epítome de nuestra historia , para que mas fácilmente se comprenda , qué fué 
en los primitivos siglos , qué en los siguientes , y qué és en nuestra época el Magistrado Justicia de 
Aragón. De esta suerte , ya que no aparezca claro todo lo que queremos , conocida la marcha de nuestras 
cosas, al menos se habrán desvanecido algún tanto las tinieblas. » 

(2) A estas Cortes asistió por primera vez el Brazo de las Universidades,* ó sea los procuradores dé 
las ciudades y villas. 

18 



. 188 COMENTARIOS 

á Pelegrin Castellezuelo para llevar á D. Pedro el grato mensaje de su elec- 
ción y ofrecerle á nombre de las Cortes la corona y título real. Es opinión ge- 
neralmente admitida que éste se presentó á los comisionados tan arrogante, 
que concitó el odio de todos contra su persona y que perdió el Reino antes de 
poseerle. Porque llenos los nuestros de justa indignación , al verse tratados 
con altivez tan intempestiva , apartan las miradas que en él hablan fijado to- 
dos, y mudando de parecer, trasladan á Monzón las Cortes. 

Los navarros, pensando de diferente modo que los nuestros, desde Borja 
dirígense á Pamplona sin pérdida de tiempo. Celebran en esta ciudad un con- 
greso, y si bien se proponen varias resoluciones al principio, al fin alzan rey 
por aclamación á García Ramírez , dándole secretamente aviso de su elección. 
Era este García nieto de Sancho de Navarra, el asesinado junto á Roda por 
su hermano Ramón. Fué su padre un hijo de Sancho y yerno del Cid, llama- 
do Ramiro, por lo que generalmente es designado con el nombre de García 
Ramírez. Nuestro emperador Alfonso, el libertador de Zaragoza, le hizo do- 
nación de la villa de Monzón , y le dio por esposa á Mergelina , hija y here- 
dera de Rotron, conde de Alperche. Ramírez asistía á las Cortes de Monzón 
en calidad de ricohombre aragonés, para emitir su voto en la elección de so- 
berano. Pero apenas tuvo noticia de su nombramiento hecho por los navarros, 
saliendo furtivamente de Monzón y dirigiéndose á Pamplona, al instante fué 
proclamado en ella rey de Navarra. Así quedó ese Reino desmembrado de la 
corona aragonesa. Y esta vez fué más prolongada que nunca la separación. 

Cerciorados los nuestros de la verdad del caso, temiendo los peligros que 
les amenazaban, y decididos á obrar con rapidez para no someterse al yugo 
de los extranjeros, el sufragio unánime de las Cortes puso el cetro en manos 
de Ramiro, hermano de Alfonso, aunque monje, sacerdote y obispo. Los pro- 
curadores de Jaca, dice este mismo rey, fueron entre todos los primeros en 
manifestarse adictos á su causa y en vencer la repugnancia de los demás. 
Tanta prisa se dieron en este asunto, que no duró más de un mes el interreg- 
no. Porque en el Octubre próximo, á la muerte de Alfonso, dicen , y en pri- 
mer lugar Zurita, que los documentos públicos ya presentan á Ramiro como 
rey y sacerdote , y ejerciendo la autoridad en el Reino de sus mayores. Con 
esta elección caducaron y se desvanecieron al fin los pretendidos derechos del 
rey de Castilla y de las órdenes militares. Tal fué para nosotros el notable 
término y remate del tercer interregno. 



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DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 180 



RAMIRO II, EL MONJE, 

Rey io.° de Aragón. 



H 




a bien do tenido tal desenlace el interregno tercero, subió al trono D. Ra- 
miro II. Desde su silla episcopal de Roda pasó á Huesca, en cuya ciudad se 
ciñó la diadema á la edad de 50 años. Poco tardó en manifestar su agradeci- 
miento á la ciudad de Jaca, procurando , mediante una 
ley, por haber merecido bien de su persona como vimos 
antes, colmarla cuanto pudo de honores y beneficios. 
Mas el rey castellano, hijastro del difunto monarca 
aragonés , Alfonso como él , y como él también empe- 
rador, sosteniendo que le pertenecía la corona de Ara- 
gón por sucesión de sus mayores , esto es , por derecho 
de Sancho el Mayor, al ver frustradas las esperanzas 
que había alimentado dentro de su pecho de ser elegi- 
do rey por los nuestros , invadió y ocupó con rapidez 
en el siguiente Diciembre (1.134) á Daroca, Calatayud, 
Zaragoza y otras ciudades de esta parte del Ebro. Ra- 
miro no sólo creyó serle imposible el defenderlas, sino que se persuadió hacer 
lo suficiente, y aun sobrado, si lograba salvar su persona de un enemigo tan 
poderoso en el castillo de Monclus y en las montanas del antiguo Reino de 
Sobrarbe, á donde se había refugiado. Ambicionaba el castellano todos los es- 
tados de Aragón , pero sólo penetró en las ciudades mencionadas , ni sabemos 
que pasara el Ebro, dominando algunos dias la capital y el país de este lado 
del rio, apellidándole Reino de Zaragoza. Durante su permanencia en la ciu- 
dad concedió á ésta el privilegio que trae Miguel del Molino en su repertorio 
artículo Privilegio, cuyo principio es: « En el nombre de Dios. Esta es la caria 
de Fueros y usos, etc., » aunque el citado autor, engañado por la igualdad de 
nombres , se imagina haberle concedido nuestro emperador Alfonso . Mas no 
fué suyo dicho documento, es de su entenado Alfonso de Castilla. 

Cuéntase de este emperador, que entonces señaló también por escudo de 
armas el león , que hoy tiene Zaragoza , para honrar á esta ciudad con el mis- 
mo blasón y emblema de su Reino leonés. Por esto presumimos que en su 
parte inferior ostenta un pequeño león el sello mayor que antes hemos pre- 
sentado. Mas no se crea que desde luego comenzara á usarle solo, sino junto 
á las antiguas y primitivas armas que se vén en la parte superior del mencio- 
nado sello. Suprimiendo tiempo adelante estas primeras, quedáronle única- 
mente las segundas que hoy conserva, campando sólo en el escudo su león 
rampante. 



140 COMENTARIOS 

Hacia esta época , según acreditan documentos antigaos , ocupó como en 
rehenes y á nombre del emperador leonés nuestra ciudad García de Navarra, 
llamado el Petit, pequeño, no por la estrechez desús dominios, como preten- 
den algunos, sino, como pensamos nosotros, por su pequeña estatura. A tal 
grado de postración y abatimiento habia llegado la majestad del nombre ara- 
gonés , que pudo un rey de Castilla no sólo posesionarse de Zaragoza , si tam- 
bién otorgarle privilegios y condecorarla con su mismo escudo de armas. 
Todavía, dicen, haber empeorado la suerte del Reino, viéndose Ramiro, en 
opinión de algunos, obligado á considerarse feudatario del de Castilla. 

Temiendo los nuestros aún mayores desventuras si á Ramiro faltase la su- 
cesión, pusieron todo su empeño en impetrar del pontífice Anacleto II, de 
Inocencio III dicen otros, dispensa para que á su rey, relajados los votos, le 
fuera lícito el matrimonio. Casi niño, viviendo todavía su. padre, habia profe- 
sado la regla de San Benito en el monasterio de Saint Pons de Thomieres. 
Recibidas después las sagradas órdenes , pasó desde la ilustre abadía de Sa- 
hagun, que le había conferido su hermano Alfonso, primero á la silla de 
Burgos , á la de Pamplona luego, y, por último, á la de Roda y Barbastro. 

Obtenida al fin de la Santa Sede la dispensa canónica , tomó Ramiro por 
esposa (1.135) á Inés, llamada por unos Matilde, Urraca por otros, hermana 
ó hija, según algunos, de los duques de Aquitaoia y condes de Poitiers. 

Petronila, hija única de este matrimonio, desposada bien pronto con Ra- 
món, conde de Barcelona, asegurando la sucesión, alejó del Reino aragonés 
los inminentes peligros que se temían de caer bajo el yugo de los extranjeros. 
Unido así el Principado de Cataluña á la corona de Aragón , se abrió un in- 
menso campo á los reyes siguientes para expediciones marítimas y conquistas 
de países apartados. Sobre esto ya nos extenderemos en otra parte. 

Cuéntanse varias anécdotas de Ramiro muy á los principios de su reinado. 
Hallamos atestiguado en documentos particulares , aunque antiguos , que en 
una conferencia habida • entre Ramiro y García , como aquel se querellase 
amargamente de que le hubiera usurpado éste la Navarra , acordaron ambos 
que en ella reinase Ramiro sobre el pueblo y García sobre todos los caballe- 
ros. Por esto quizá se llamó el navarro vasallo de nuestro rey. Lo cierto es, 
que García tuvo un tiempo el Reino de Pamplona á nombre , y según los do- 
cumentos antiguos , en feudo de nuestro rey Ramiro. Entre ellos sólo citare- 
mos un privilegio original copiado del archivo de Sijena : 

« Bajo el nombre de Cristo, y su divina clemencia , esto es , del Padre y del 
» Hijo y del Espirito Santo. Amen. To en verdad Ramiro, por la gracia 'de 
» Dios rey, hago esta carta de donación a vos D. Pere Ramón de Estada. Me 
y> plugo de buen grado, con el mejor afecto de corazón, y espontánea voluntad, y 
» por los servicios que hicisteis en todo tiempo a mis hermanos los reyes D. Pe- 
» dro y Alfonso que, descanso hayan , y los que a mi ahora hacéis ó en adelante 
» hiciereis. Os doy y concedo el castillo y villa, que se llama Secastilla, todo 
» entero con sus términos y directaticos , yermos, y poblados, y montes, y aguas 
» y pantanos , y con todos los censos que a mi me pertenecen en ella ó que deben 
» pertenecer á mi real roz y persona. Y para que tengáis y poseáis todo este mi 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 141 

» donativo sobrescrito, que le tengáis y poseáis libre, y noble, y franco, y guie- 
» to y seguro, vos y vuestros hijos, y toda generación y posteridad vuestra por 
» los siglos, salva mi fidelidad, y la de ¿oda mi descendencia por los siglos lo- 
» dos. Amen. Y este sobrescrito donativo os lo doy a vos por heredad, y a vues- 
» tros hijos, y a tod% vuestra generación, para hacer de él toda vuestra volun- 
to tad, como de vuestra propia heredad, con todo su término, como nunca mejor 
» alguno tuvo el sobredicho pueblo de Secas tilla. 

» Signo del rey Ramiro. 

• » _ • 

» Hecha esta carta de donación era TGLXXIII ( 1 . 173 ) el primer dia de 
» Febrero en Monte- Aragón. Reinando yo por la gracia de Dios en Aragón, y 
» en Sobrarbe, y en Ribagorza.= García Ramírez bajo mi mano rey en Pam- 
»plona.= Obispo D..Dodo en Huesca y en Jaca.=Obispo García en Zaragoza. 
» =* Obispo Miguel en Tarazona.= Conde Arnal Mirón Palg árense, en Buil y 
» en Fue rite tova (\).=Frtgon Qalindez, en Huesca y en Alquezar.—Frgon- 
» dat, en Barbas tro y en Piedra Selez (2).=Frgon Oalindez , en Calasanz.— 
» Iñigo López, en Naval y en el Castro dicho.— Pere Ramón, en Fslada.= 
» Alamanzon, en Monclus.= Miguel de Rada en Penarroya, y en Tronceto. 
»=Per Gozpet, en San Esteban de aquel malio (3).= Pere Mur, en Be- 
» nabarre. 

» Yo Ramón escribiente por mandato del rey mi Señor , esta carta escribí y 
» de mi mano este signo hice. » 

Como arriba pudo observarse en varios puntos , equivale al millar la T de 
este privilegio. La era de su fecha (1.173) (4) corresponde por tanto al año 
de 1.135, el mismo en que pusimos el matrimonio de Ramiro. 

Muy poco duró, al parecer, la concordia entre los reyes; antes se acentúa- 
ron más sus enemistades. 

Risueña se manifestó á García la fortuna. Él, en medio de estas revueltas, 
pudo desmembrar de los estados de Aragón el Reino de Navarra , conservarle 
integro durante su vida y hasta trasmitirle seguro y firme á sus descendien- 
tes. Tan aventajadas fueron la actividad y fortaleza de ese príncipe ; tanta por 
el contrario la timidez y flojedad de nuestro Ramiro en el gobierno , que era 
el juguete y la irrisión general, llevando en paciencia que esquilmasen los 
proceres el Reino de la manera más escandalosa. Cuentan, sin embargo, ha- 
ber descargado sobre ellos todo el rigor de su saña , mandando decapitar en 
Huesca (5) á quince de los principales, y que lo hizo por consejo de Frocal- 
do," abad de Thomieres, renovando el sabido ejemplo, según Aristóteles, pro- 
puesto á Trasíbulo por Per i andró. Con este castigo, aunque horrible en de- 
masía, reprimió la insolencia de los suyos. 



( 1 ) Pan tova. 

(2) Sai*. 

(3) Litera. Malio ¿es Litera? 

(4) El texto dice: 1.108. 

(5) Este episodio, conocido con el famoso nombre de Campan t de tíuesra, se tiene por verdadera 
ffcbuU. 



1 



149 COMENTARIOS 

También se dice que se avistó con el castellano en Alavona , hoy Alagon, 
el dia de San Bartolomé ( 1 . 136 ) , donde pactaron ambos el enlace de Petroni- 
la, que apenas contaba un año, con el hijo del rey Alfonso de Castilla, que 
tenía algo mayor edad, quedando Ramiro durante su vida en posesión del 
Reino de Zaragoza. Como prenda de seguridad en lo pactado, añaden haber 
recibido á doña Petronila el rey suegro, y Uevádola á Castilla, cambiándole 
su nombre por el de Urraca. Los nuestros, á quienes en gran manera había des- 
agradado esta concordia, poniendo todo su empeño en sacarla de aquel Reino, 
fingieron que se debilitaba la salud de la princesa por hallarse fuera de su 
país nativo, para traerla á su patria con este falso y fingido pretexto y despo- 
sarla, como pretendían , con el conde de Barcelona, luciéronlo como lo ha- 
bían pensado. Pretextando, pues, la enfermedad de la niña, cuidó Ramiro de 
que fuese conducida al Reino, y la desposó con el conde de Barcelona Ramón 
Berenguer, príncipe magnánimo y esforzado, dándole en arras el cetro de 
Aragón. Las leyes y condiciones del convenio fueron, que Ramón gobernaría 
el estado hasta el fin de los dias de Ramiro, á nombre y autoridad de éste; 
que no tomaría nunca el título de rey, si sólo el de príncipe de Aragón; y que 
doña Pedronila sería la verdadera reina. Escrupulosamente, cuentan, guardó 
dicho asiento el conde D. Ramón. Entretanto, por estas nupcias, según se 
había pactado y convenido, las armas de los condes barceloneses, ó sean las 
cuatro barras rojas en campo de oro, precediendo á las del Reino y reyes de 
Aragón, fueron en adelante el escudo de los reyes y del Reino. Al instante, 
por abdicación de su suegro, tomó Ramón las riendas del gobierno , al decir 
de nuestros historiadores; y en Octubre (1.137), siendo recibido con real 
pompa por los habitantes, hizo su entrada triunfal en Zaragoza. Nosotros re- 
tardaríamos algo más estos sucesos , refiriéndolos al siguiente año, porque al 
fin de un privilegio original se leen estas palabras: «Hecha la carta en la 
era 1.176 a 12 de Junio, el mismo ano en que se restituyó Zaragoza al conde 
barcelonés. » A no ser que deba entenderse de la entrega hecl^ por el caste- 
llano. Este, dicen, á instancias de su esposa Berenguela, hermana de Ramón, 
desistió fácilmente de sus propósitos y ratificó gustoso todo lo pactado entre 
Ramiro y el conde. 

Berenguer, antes que comenzase á regir la nave del Estado, á petición del 
rey y por instancia de los Brazos del Reino, después de haber prometido ate- 
nerse á los pactos matrimoniales, se obligó con solemne juramento de fideli- 
dad A guardar siempre intactos los antiguos Fueros y las libertades aragonesas. 

Causa admiración , como en los índices escribe perfectamente nuestro Zu- 
rita , el ver variaciones de tanta monta en tan corto espacio de tiempo , pues 
todas ellas se realizaron en menos de tres años. 

Vuelto Ramiro al sagrado ministerio , y libre ya del peso de los negocios, 
al que ni por afición ni por costumbre pudo habituarse , en San Pedro el Vie- 
jo de la ciudad de Huesca pasó con tranquilidad é independencia los restantes 
años de su vida. No se sabe lo que había sido de su esposa. Los más creen 
que había fallecido. Otros la suponen solo separada del tálamo real, dicien- 
do que Ramiro impetró del pontífice la dispensa de sus votos, á condición de 



DB LAB COSAS DB ARAGÓN. US 

volver á su antiguo tenor de vida religiosa tan pronto como tuviera sucesión. 
También afiaden que llevó siempre bajo el manto real sus hábitos de monje. 
Murió por fin el 15 de Setiembre de 1.147, y fué sepultado en la misma iglesia. 

Extinguida en él la linea masculina de nuestros reyes , pasó el cetro de 
Aragón á manos de una mujer, su bija Petronila, casada con el conde de Bar- 
celona . 

Dos Justicias hallamos en el reinado de Ramiro. Juan Pelayo y Aton Sauz. 
De ellos hablaremos en otra parte, 

El narrar en estos Comentarios el origen y progreso de los condes barce- 
loneses, nos ha parecido tarea m^nos difícil que á nuestro intento inútil é in- 
fructuosa, y más dando Zurita tantas noticias en sus historias latina y caste- 
llana. .De propósito, pues, lo pasaremos en silencio por no aumentar el 
volumen de la nuestra. 



PETRONILA 

Reina ir." de Aragón, 

Y RAMÓN BERENGUER, SU ESPOSO, 

COHDB DE BARCELONA. 



f&í¿ 



X_jL conde de Barcelona Ramón Berenguer, futuro esposo de la reina Petro- 
nila , por voluntad, de su suegro y por la de todo el Reino , designado príncipe 
de Aragón , ya en vida del rey Ramiro tomó á su cargo el dirigir los destinos 

de nuestra cosa pública. Fué 

tanta en esto su lealtad , tan- 
to su valor , tal su prudencia, 

que bien puede contársele en 

el número de los príncipes más 

aventajados. 

Casi á los tres años (1.150) 

del fallecimiento de Ramiro, 

celebró las pactadas bodas con 

su esposa Petronila , ya nubil, 

en la ciudad de Lérida, que 

sus armas habían conquista- 
do. No mucho después (1.152) la reina dio á luz un niño, al que en vida de su 
padre llamó Ramón, nombre que muerto éste mandó ella misma sustituir por 
el de Alfonso. Fruto de este matrimonio fueron los hijos Pedro y Sancho, y 
las hijas Dulce ó Aldonza y Leonor. Esta casó con Armengol conde de Urgel; 
aquella con Sancho rey de Portugal. Atribuyese también & éste príncipe otro 





U( COMENTARIOS 

hijo no legítimo llamado Berenguer , abad de Montearagon primero, y luego 
obispo de Tarazona , que murió por fin nombrado obispo de Lérida. 

Otras muchas poblaciones, además de esta última ciudad, recobró la acti- 
vidad de éste principe valeroso. No podemos dispensarnos de mencionar al 
menos la conquista de Tortosa, ya que tuvo en ella principio el ilustre mar- 
quesado de esta ciudad , titulo que tomó éste príncipe , y conservaron los reyes 
sus descendientes. Finalmente , yendo á Turin , con objeto de vengar la muer- 
te de su hermano Berenguer, conde de Narbona 6 de la Galia Bracata, asesi- 
nado por sus vasallos , acometido de una aguda enfermedad , murió el conde 
Ramón (1) en el Borgo San Dalmazzo (6 de Agosto de 1.162) . Su cuerpo fué 
llevado á Cataluña y enterrado en el monasterio de Ripoll , túmulo de sus ma - 
yores. Todavía no estaba terminado el de Poblet, que comenzara éste mismo 
conde , y que fué más tarde celebérrimo. 

Cuentan, que creyendo en sus últimos momentos no quedarle tiempo sufi- 
ciente para hacer testamento por escrito, de palabra manifestó en presencia 
de muchos testigos su voluntad sobre la sucesión del Reino. Convocando luego 
en Huesca Cortes generales la reina Petronila, se adveró y ratificó solemne- 
mente este testamento verbal , mediante público y solemne juramento de los 
testigos. En su virtud, y con anuencia y consentimiento de la reina madre, 
el primogénito Alfonso dejando, como se dijo, el nombre de Ramón, fué de- 
clarado heredero de todos sus dominios. 

Decretaron también las Cortes que , durante la minoría del hijo, gobernase 
la madre el timón de la monarquía aragonesa. Y lo dirigió á completa satis- 
facción de todos. Era la reina mujer de mucha prudencia. Al punto que frisó 
Alfonso en los doce años (2), empuñó (1.163) el cetro por voluntad de su 
misma madre. Esta vivió consagrada á los ejercicios de piedad el resto de sus 
dias. Acaeció su muerte el 13 de Octubre de 1.173. Yace en Barcelona. Fue- 
ron en su reinado Justicias de Aragón, A ton Sanz, Juan Diez, Pedro Moni o, 
el hijo de Juan Diez ; Pedro Medalla, Galindo Garóes, Sancho Garcés de Santa 
Olalla y Pedro Fernandez de Castro. 



^y^/^/v»^«/^^/v«*^/^>^A^A^« »• *»/>./• »» < 



ALFONSO II, EL CASTO, 

Rey 1 2.° de Aragón. 



.Alfonso n , lujo de la reina Petronila y del conde Ramón, rey duodécimo 
de Aragón , tanto hizo resplandecer en el trono de sus mayores su integridad 
y modestia , que mereció con justicia el sobrenombre de Casto. No porque es- 
quivara el matrimonio, pues tomó (1.174) por esposa á Sancha, hija de Al- 
fonso rey de Castilla, el emperador, y de su segunda esposa Rica Augusta, 

(1 ) Crónica de San Juan de la Peña , págs. 126 y 126 , hay mucha diferencia. 

(2) Otros en loe catorce. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 145 

• 

sino por haber guardado siempre inviolable la fidelidad conyugal , y amado 
de corazón la honestidad y la pureza. Nacieron de este enlace , Pedro que he- 
redó sus Reinos; Alfonso, Sancho, Fernando, y otras cuatro hijas: Constanza, 
casada primero con Emeric rey de Hungría, y, muerto éste, con Fadrique em- 
perador de romanos , Leonor y Sancha que se unieron con dos condes de To- 
losa , y Dulce que profesó vida religiosa en el famoso monasterio de Sijena, 
fundado por estos reyes. En ¿1, después de la muerte de su esposo, pasó tam- 
bién el resto de su vida la reina doña Sancha. 

Hizo este rey algunas conquistas, siendo las más importantes Fabara, 
Maella y Teruel , á cuya ciudad concedió el Fuero ( 1 ) de Sepúlveda. 

Murió por fin en Perpiñan (25 de Abril de 1.196) , después de haber agre- 
gado á sus dominios el Condado de Rosellon y el Marquesado de Provenza. 
Fué enterrado en Poblet , monasterio por él concluido y comenzado en el an- 
terior reinado. 

Consta haber desempeüado el Justiciazgo en su tiempo Sancho Tovía, Es- 
teban::::::::::::::: cuyo apellido se ignora, y Pedro Sesé. 

Este monarca hizo trasladar á Zaragoza , su antigua Sede , la cabeza de 
San Valero. 



lAAAWMMMMAAMWMMAANMIM 



PEDRO II, EL CATÓLICO, 

Rey 1 3.° de Aragón. 



p, 



bdro II , hijo del segundo Alfonso, inmediatamente después de la muerte 
de su padre, i quien habia sucedido, convocando Cortes en Daroca, sé ciñó 
la diadema real contra la costumbre de sus antepasados , que jamás acostum- 
braron usarla hasta el dia de sus bodas , ó de ser armados caballeros. En las 
mismas Cortes quitó á los ricoshombres todos sus Honores, pero cuidó de res- 
tituírselos al punto. Agriamente se quejaron ellos , porque según los antiguos 
Fueros y costumbres , por necesidad debían repartirse entre ellos, alternativa- 
mente , los mencionados feudos de la corona. En esta ocasión comenzó á ex- 
tenderse poco i poco la dignidad del Justicia de Aragón , porque consternados 
con esta novedad los ricoshombres , vieron sin disgusto que les arrebataran 
muchas de sus antiguas y elevadas prerogativas , si lograban en cambio vincu- 
lar para siempre en su familia los Honores, que temporalmente hablan antes 
disfrutado. Y se acrecentaban la autoridad y jurisdicción del Justiciado al 
compás que iba menguando la dignidad de los ricoshombres. En otro lugar 
explanaremos este asunto : volvamos ahora á nuestra historia. 

(1) Véanse éste y otros Fueroe en Lafuente, Hiat. de Esp. , part. 2. a , lib. 1.°, cap. 26. 

19 



146 COMENTARIOS 

En una prima hermana del conde Folcalquer tuvo este rey un hijo llamado 
Ramón Berenguer, que murió en la infancia. Siguiéndole al sepulcro de allí á 
poco su madre , celebró el rey segundas nupcias con María , heredera del Con- 
dado de Montpeller. Pero haciendo luego esfuerzos para lograr el divorcio so- 
color de afinidad y de parentesco, y puesta en tela de juicio la legitimidad del 
matrimonio, hubo de marchar á Roma. Fué agasajado en ella con esplendidez 
por el papa Inocencio III , y Goronado en la iglesia de San Pancracio con una 
diadema de pan ácimo. 

Léese en los escritos del Excmo. Sr. Arzobispo ya mencionado, que mandó 
el monarca hacer de pan su corona, por haber llegado á sus oidos , que solían 
los romanos pontífices coronar con los pies á los reyes ; esperando que él por 
reverencia al pan, con la mano, no con el pié, sería coronado. Hizose, después 
de la coronación, á sí mismo y aun á su Reino, feudatario de la Santa Sede, 
valiéndole este acto el ilustre sobrenombre de Católico. 

Para ocurrir á los inmensos gastos del viaje, impuso el antiguo tributo 
llamado monetaje, del cual se eximían únicamente los caballeros. Viendo los 
nuestros con disgusto sumo que de tantos modos se atentaba contra sus anti- 
guas libertades, compradas á precio de sangre, suscitaron el nombre y ban- 
dera de Union, á fin de rechazar con la fuerza más fácilmente tamañas inju- 
rias , estando todos unánimes y compactos. Ignoramos las resoluciones enton- 
ces adoptadas. Tiénese no obstante como cierto, que aquí tuvieron origen 
aquellos dos famosos privilegios de la Union, poco después concedidos por 
Alfonso III , siendo por ellos permitido al Reino coligarse con entera libertad 
en semejantes casos. 

Rasgados por Pedro IV , como veremos , tales privilegios , la mayor parte 
de sus prerogativas se refundieron en el Justiciado. 

Por más que hubiera alcanzado doña María se declarase en Roma no pro- 
ceder con arreglo á los cánones el divorcio pedido por el rey , en manera al- 
guna pudo ganar el corazón de su real consorte. Como , lejos de esto , de nin- 
gún modo se apaciguasen las discordias surgidas entre ambos , y como el rey 
entregado al amor libidinoso de las concubinas , tuviese completa aversión sil 
tálamo de su esposa , cierta vez cuentan que en él descansó el monarca , en- 
gañado acerca de la persona que le acompañaba. Supónese haber sido inven- 
ción de la reina auxiliada por Guillen de Alcalá, por Pedro Fluviá, camarero 
del rey, según otra versión, fingiéndose aquella otra dama, que pudorosa 
apetecía el retiro y las tinieblas . 

Con este artificio no tuvo el equivocado monarca inconveniente alguno en 
tener comercio con su esposa. Ésta , al amanecer del dia siguiente , cuidó de 
que se desvaneciese tal superchería , manifestando que era ella misma y no 
otra persona , con testigos fidedignos , á fin de que no pudiera dudarse de la 
nobleza y calidad de la prole , si ella llegaba por ventura á quedar en cinta, 
como presentía su corazón. Así se dice haber sido concebido Jaime I, cuya 
bizarría fué tal , y tal el temple de su alma , que parece venido al mundo por 
especial disposición del cielo. El rey, tras este lance, se mostró menos esqui- 
vo con su esposa. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. \tf 

Pedro , cuyos socorros habla implorado el de Castilla contra los enemigos 
de la fe , asistió personalmente á la memorable batalla de Ubeda ( 1 ) en donde 
alcanzaron los nuestros una señalada victoria. 

Vuelto de allí , pasó á Montpeller , y en el sitio de Muret (13 de Setiembre 
de 1.213) , halló el término de su vida éste monarca , que fué el decimotercero 
de Aragón. Yace en el monasterio de Sijena. 

El tan repetidas veces nombrado Excmo. Sr. Arzobispo D. Fernando, nos 
dejó escrito, que al visitar (1.555) por sí mismo este sepulcro, halló á excep- 
ción del extremo de la nariz , incorrupto su cuerpo entero , de tan gigantesca y 
fornida talla, que cuantos atentamente le miraban, veían retratada en él la 
majestad de la gloria. 

Tuvo una hija no legítima por nombre Constanza , que casó con Guillen 
Ramón de Moneada. 

La reina , que había marchado á Roma en vida de su esposo , no sobrevivió 
mucho á tan infausta nueva, dejando á su hijo y Reinos bajo la salvaguardia 
y amparo del pontífice Honorio y de la Iglesia romana. Diósele honrosa sepul- 
tura en la capilla de Santa Petronila, perteneciente á la basílica de San Pedro. 
Indicio del aprecio en que á esta reina tenían , fué la pesadumbre que en sus 
magnificas y lastimosas exequias manifestaron el senado y pueblo de la ciu- 
dad eterna. A su muerte quedó el Condado de Montpeller incorporado á la 
corona aragonesa. 

En este reinado continuó siendo Justicia de Aragón , el antes citado Pedro 
Sesé, á quien sucedió Pedro Pérez Tarazona. Éste lo fué también largos años 
en tiempo del rey D. Jaime. Tarazona es el primero de los Justicias mencio- 
nados en la carta de Juan Jiménez Cerdan. 



</V\A^WW\AAA/\/»>\/«/vA*V»\^/«./v«V»/\A 



JAIME I, EL CONQUISTADOR, 

Rey 14. ° de Aragón. 



s 



1 echamos una mirada retrospectiva, veremos que , á no equivocarnos, lle- 
vamos bien hasta el presente la serie de los monarcas de Aragón , puesto que 
Jaime I, cuyas empresas maravillosas son objeto del presente capítulo, resulta 
en conformidad con sus palabras, ser el decimocuarto de nuestros reyes. 
Igualmente puede observarse en lo que dejamos escrito , haber sido catorce los 
soberanos que reinaron en Aragón desde el Ceson Sancho Abarca hasta el pri- 
mero de los Jaimes. De manera que con mucha razón podemos apropiarnos los 
nuevos reyes suscitados por Garibay , y contados éstos y tomando en Abarca 

(1) Navas de Tol osa* 



148 COMENTARIOS 

el Ceson , no el tronco de los reyes , sino el principio del Reino de Angón, 
deducir la sucesión constante y cierta de los reyes , de los sucesos y de los 
tiempos. Pero ya que de esto hemos dicho lo bastante y aun sobrado, réstanos 
ahora continuar laá biografías de nuestros monarcas. Terminadas éstas, pasa- 
remos ¿ tratar la dignidad del magistrado Justicia de Aragón , aunque de ves 
en cuando intercalaremos entre ellas algunas breves advertencias , que acaso 
nos saldrán al encuentro en el camino. 

Muerto Pedro II delante de Muret, recayó la herencia del Reino en su 
único hijo Jaime, niño de siete anos. Este á la sazón se hallaba en Carcasona 
educándose bajo la dirección de Simón de Monfort, á quien lo había confiado 
el papa con anuencia de su madre. La noticia del fallecimiento de D. Pedro 
fué la señal de las grandes agitaciones y trastornos que en Aragón movieron 
los tíos del niño rey, Sancho, conde de Rosellon , y Fernando, que descarada- 
mente ambicionaban la púrpura real. Inmediatamente enviaron los nuestros 
un apremiante mensaje al conde Simón , intimándole la entrega del real alum- 
no, y que si á ello se negara, que le declarasen cruda guerra y aun le retasen 
á singular combate. Menospreciando Monfort las amenazas , rehusó entregar 
el niño á los embajadores, instigado, como se cree, por los tíos del rey, muy 
empeñados en usurparle la corona. Grandes preparativos se hacían ya contra 
el conde, cuando al fin éste, por mandato del pontífice Inocencio III, puso el 
niño en manos del legado de la Santa Sede, Pedro, cardenal de Benevento, 
que le condujo sano y salvo á la ciudad de Lérida. 

Para ésta , que aún era territorio aragonés , con objeto de recibir al joven 
monarca, se convocaron Cortes generales de todo el Reino. Presentado á ellas 
el niño Jaime por el cardenal de Benevento y tomado en brasos por Aspargo, 
arzobispo de Tarragona , fué aclamado rey con indecibles trasportes de ale- 
gría y entusiasmo. Y por lo mismo que en aquellas azarosas circunstancias se 
hacia más necesario el cuidado y solicitud de todos para su protección y am- 
paro, con voluntad libre y espontánea prometieron todos defender á todo 
trance la persona y los derechos del soberano , mediante juramento : nueva é 
inusitada muestra de lealtad dada entonces por primera vez á los monarcas 
aragoneses. De aquí tuvo principio la costumbre, hasta hoy vigente en Ara- 
gón , de prestar juramento de fidelidad á los reyes al principio de cada reina* 
do, á condición de jurar ellos también guardar las leyes, las libertades y las 
costumbres patrias. La corta edad de D. Jaime, cuentan, hizo que tomasen 
los nuestros aquella determinación para enfrenar, con esta prueba de simpatía 
á la persona del rey, las pasiones soliviantadas de algunos , especialmente la 
ambición .de sus turbulentos tíos. 

En su virtud , y por acuerdo de todos los Brazos del Reino , se confió la 
educación y tutela del niño á Guillen de Monredon, gran maestre de loa 
templarios en estos Reinos, el cual, tomándole bajo su custodia, al punto le 
llevó al castillo de Monzón , bien asegurado al efecto contra un golpe de mano. 

Eligióse además para cada provincia , un gobernador que dirigiese la cosa 
pública durante la minoría de D. Jaime. El gobierno del estado aragonés se 
puso en manos del prepotente ricohombre Pedro Abones , hermano de Sancho 



DE LAS COSAS DB ARAGÓN. 140 

Aliones, obispo de Zaragoza. Confióse á otros el de las otras provincias. El tio 
del rey, Sancho, conde de Rosellon, tomó á su cargo la gobernación general 
de todos los Reinos. Adoptaron , al decir de algunos , esta medida , por la ha- 
bilidad y manejos del cardenal legado, para que, lisonjeado con tan encum- 
brada dignidad el conde, viéndose , si no rey, virey al menos, cejase en los 
propósitos .de usurpar el trono. Como no hubieran trascurrido muchos dias, 
cuando éste ya disponía con su hermano Fernando nuevas tramas , y como en 
su afán de empufiar el cetro , empresa fácil á su parecer al través de los dis- 
turbios y sin ellos imposible , fomentaran en secreto, lejos de procurar el ex- 
terminio de las bandas de sediciosos que pululaban por todo el Reino , algu- 
nos poderosos magnates, con la idea de conjurar tan inminente calamidad y 
para freno de la maldad y descaro, formaron una liga, á manera de Union, 
mediante escritura publica y solemne , refrendada con su firma y sello , dán- 
dose además según costumbre para mayor seguridad, mutuos rehenes de per- 
sonas y castillos. Y para que fuese de todos conocido este único é intachable 
pensamiento, y granjearse á la vez las voluntades y cooperación de los au- 
sentes, hicieron circular numerosas copias por todos los estados de la monar- 
quía. El epígrafe de las que han llegado hasta nosotros es : LIGA DE LOS 
MAGNATES PARA CONSERVAR LA PAZ DEL REINO. Pero no bastando 
ella sola en manera alguna á limpiar el Reino de malhechores, cuya increíble 
y creciente osadía lo infestaba casi todo, muchísimas ciudades y otras pobla- 
ciones formaron otra liga con el antiguo nombre de Union. Tantas calamida- 
des pesaban sobre nuestra desventurada patria al comenzar el reinado de don 



Pero él dio luego tales pruebas de valor nada propio de su edad , y siempre 
se manifestó desde su infancia príncipe tan magnánimo , que frisando apenas 
en los diez años de edad , sale de Monzón , marcha á Zaragoza, dirige un lla- 
mamiento á esta ciudad , á la de Huesca y á varias otras , y no titubea en em- 
pujar el cetro y regir sus estados , y gobernarlos por si mismo , y caso de ne- 
cesidad, defenderlos con las armas en la mano. Con esto, atónitos y aterrados 
los tíos, presintiendo el futuro valor de su sobrino, fueron poco á poco cejando 
en sus vanas pretensiones. Asi devolvió no mucho después el joven soberano 
la paz y tranquilidad al Reino. 

Casó á los trece años (1.221 ) con Leonor, hija de Alfonso de Castilla, de 
la que sólo tuvo un hijo Alfonso , que no murió ( 1 ) , según cuentan , en la 
niñez; fué nombrado éste príncipe, en vida de su padre, sucesor del Reino, 
y se unió en matrimonio á Constanza, hija de Gastón, vizconde de Bear- 
ne. Mas como Jaime y Leonor hubieran contraído el matrimonio sin dispen. 
s* pontificia, aunque de buena fe á pesar del parentesco que les unía (2), fué 
anulado por disposición de la Santa Sede. En su consecuencia , la reina Leo- 
nor, señora de gran santidad, se retiró al célebre monasterio de las Huel- 
gas en Burgos, obra suya, donde, oculta á los ojos del mundo, pasó lo res- 
tante de su vida en el ejercicio de la virtud y de la religión. 

(1) «Mario sin hijos y yace en Veruela.» =* MS., fól. 184. 

(2) .Legitimando al hijo Alfonso. >«MS., fól. 184. Bran prímoi segundos. Fo*, pág. 70, tomo %.* 



XSÚ COMBHTAKIOS 

D. Jaime celebró ( 1 .235 ) en Barcelona el pactado enlace con Violante , 6 
Jolante, llamada por algunos Hioleaia, y Andrés* por otros, hija del rey de 
Hungría. Ella le dio numerosa descendencia. Cuatro fueron los hijos: Pedro 
heredero de los Reinos ; Jaime el primer soberano de las Baleares conquista- 
das por su padre ; Fernando conde de Rosellon , y Sancho arzobispo de Toledo, 
que murió de una estocada ( 1 ) guerreando con los moros. Seis las hijas : Jo- 
lante Ó Violante que casó con Alfonso de Castilla, electo emperador de roma- 
nos; Constanza esposa de Manuel rey de Portugal; María y" Leonor qne mu- 
rieron solteras; Isabel consorte de Felipe rey de Francia, y Sancha que ep 
traje de peregrino visitó los Santos lugares , obrando en ellos muchas mara- 
villas con los pobres de Cristo. Pero mayores las obró todavía el Omnipotente 
por intercesión suya después de su glorioso tránsito. 

Este monarca tuvo también dos hijos, Jaime y Pedro, de la noble dama 
Teresa Gil de Vidaura. Esta se empeaó después en probar su matrimonio con 
el rey. Mas debatida luego la demanda y llevada á la Curia Romana, se de- 
cretó no haber existido matrimonio, aunque se declararon legítimos los hijos. 
Dióles en seguida D. Jaime pingües señoríos: al primero el de Ejerica, el de 
Ayerbe al segundo. De ellos descienden las muy nobles y reales familias de 
estos apellidos. Teresa se retiró al monasterio de la Zaydia, por ella fundado 
en las afueras de Valencia , y en él pasó lo restante de su vida. 

Tuvo además otros dos hijos , Pedro y Fernando : á Pedro eu doña Beren- 
guela Fernandez, por esto apellidado Pedro Fernandez, al que dio D. Jaime 
la villa de Bijar , y de quien desciende la M. I. familia que aún existe de los 
condes de Belchite, á Fernán (2) en una hija de Sancho Antillon, del cual 
trae su origen otra nobilísima familia, existente también, la de los Castres, 
así llamada de la baronía de Castro, que le asignó su padre. Hé aquí los escu- 
dos de estas cuatro familias. 




Con doña Berenguela, hija de Alfonso, infante de Molina, vivió algunos 
años , según confiesa en sub Comentarios, éste rey, cual si fuera esposa legiti- 
ma. Fué; pues, éste monarca en cierta época de su vida menos continente de 
lo que exigía la decencia. Por lo demás , en la paz y en la guerra un príncipe 
esclarecido. Nosotros pasaremos en silencio sus ilustres y gloriosas proezas, 



(1) Vísselfoi, tomoS.-, pfig. Ifl8. 
(3) Id., id., pig. Iffi. 



DE LAS- COSAS DE ARAGÓN. 151 

porque han sido ya con bastante extensión historiadas por los nuestros , así en 
latín como en castellano, y únicamente procuraremos tocar sus empresas más 
gloriosas y que se hallan más en contacto con nuestro objeto. 

Á fuerza de armas ganó las Islas Baleares y el Reino de Murcia , así como 
la ciudad y Reino de Valencia, la más rica y famosa de sus conquistas. Anti- 
guos documentos acreditan , y lo recuerda en su repertorio Miguel del Molino, 
que para esta empresa contribuyeron los aragoneses con el quinto de todas sus 
haciendas, por cuyo motivo se acordó que se anexionara al Reino de Aragón, 
y^quedase sometido á las leyes y Fueros aragoneses. Y como se diesen después 
de esto nuevas leyes municipales á los valencianos , algunos de nuestros ri- 
coshombres, allí presentes, se quejaron fuertemente al rey, diciendo que no 
sólo para los pleitos debían regir en Valencia los Fueros de Aragón , sino que 
la misma ciudad y el Reino entero , conforme á lo acostumbrado entre nos- 
otros, debía distribuirse en títulos de Honor, ya que todo se había conquistado 
con los recursos de Aragón . Dicen que , para aquietarlos , concedió el rey se 
gobernasen siempre por los Fueros de Aragón , como se ha observado Hasta 
el dia presente , las ciudades que á éstos habían correspondido en el Reino de 
Valencia. Dio después á los valencianos leyes municipales ; aunque sabido es 
que al principio rigieron las nuestras , y que estuvo en vigor una magistratura 
muy semejante al Justiciado. 

Cuenta la tradición , que un murciélago ó ratón alado ( 1 ) , fabricó su nido 
en la cúspide de la tienda de D. Jaime durante el sitio de Valencia. Quisieron 
alejarle los criados , pero el rey lo prohibió de una manera terminante. Tenía 
éste por feliz augurio , y no por mera casualidad , el haber construido su nido 
y criado sus polluelos entre el estruendo de las armas , y en lugar tan público 
y luminoso un ave que huye la luz y la presencia del hombre, y que gusta 
salir únicamente en las tinieblas de la noche. Por esto mandó después de to- 
mada la ciudad que , sobre el escudo de las armas reales , se colocase un mur- 
ciélago , y que éstas fuesen el blasón del Reino valenciano , como lo han sido 
hasta la época presente con el nombre de Ratpennat en las enseSas militares. 
Nos maravilla el ver que en los Anales de Zurita y en otros escritos , que dia- 
riamente se publican sobre nuestras cosas , se cuenten dichas armas entre las 
del Reino de Aragón , habiendo sido ellas del rey D. Jaime, quien las usó pri- 
mero como suyas personales , y luego las concedió á la ciudad y Reino de Va- 
lencia, mas nunca del Reino ni de otro monarca aragonés. Hagamos punto y 
volvamos á nuestra narración. 

Cuatro dilatados Reinos, los dos de las Baleares, el de Murcia y el de Va- 
lencia, fueron el fruto de las victorias del rey conquistador. Hasta dos mil 
templos se cuenta haber dedicado en ellos á la Virgen Madre de^Dios , y fun- 
dado bajo la advocación de la misma Virgen, á la que tantas veces se consa- 
grara él mismo, la sagrada orden de Redención de los cautivos. Edificó (1.239) 
en Alcolea el antiguo monasterio de Fon-clara , trasladado tiempo adelante á 
las cercanías de Zaragoza por Miguel Zapata, caballero principal , quien cons- 

(1) Xatpennaf, 



i 



152 COMENTARIOS 

truyó á orillas de la Huerva la suntuosa fábrica, que subsiste todavía con el 
nombre de Santa F¿> y enriqueció con su pingüe patrimonio. 

Fundó también dentro de la ciudad los hoy florecientes y grandiosos con- 
ventos de Santo Domingo, de San Francisco y de Santa Catalina. El segundo 
sobre el solar que actualmente ocupa el de Agustinos; los otros dos donde se 
hallan en nuestros dias ( 1 ) . Atribuyese en escrituras antiguas la fundación 
del convento de Santa Catalina , intitulado por ellas de San Damián , á doña 
Ermisenda de las Celias. En nuestra opinión , aunque afirméh lo contrario al- 
gunos escritores , no serian todos obra de este monarca ; excitarla si el celo de 
otras personas piadosas , ó se levantarían en su tiempo , ó quizá les asignara 
rentas, porque se distinguió mucho en piedad y religión nuestro rey don 
Jaime (2). 

Al hacerse pública la repartición que del estado hacia entre sus hijos en el 
testamento, se promovieron gravísimos disturbios. Trina era aquella partición 
en la manera y forma siguientes: á su hijo Jaime asignó las Baleares y el 
Reino de Valencia; á Pedro la Cataluña, y al primogénito Alfonso solo el 
Reino de Aragón, que abarcaba desde tiempo atrás los países de Sobrarbe y 
Ribagorza. Y como Pedro era su hijo predilecto, á fin de ensanchar sus esta- 
dos, extendiéndolos á Monzón y Ribagorza, fijó en el Cinca los limites de 
Cataluña, que terminaban antes en el rio Segre. En esto han fundado los ca- 
talanes sus reiteradas pretensiones de incluir á Monzón dentro de Cataluña, 
aunque gobernado siempre por las leyes y Fueros aragoneses. 

No vela con buenos ojos Alfonso el primogénito que se le despojase de 
países tan dilatados , y amenazaba hacer ilusoria tras la muerte de su padre 
aquella división de Reinos. De aqui la desunión, la antipatía, las luchas en- 
tre los hermanos que , llamando en torno suyo y acariciando las pasiones de 
los revoltosos , pusieron otra vez en combustión la monarquía. Y llegó á tanto, 
que apenas podían los pacíficos ciudadanos estar tranquilos en ninguna parte, 
ni habla nada seguro aun dentro del hogar doméstico. Y como no fuesen bas- 
tantes á reprimir la inmoderada licencia de la gente perdida, ni la coalición 
de los proceres , ni la liga de las ciudades y villas, hubo necesidad de distri- 
buir todo el Aragón, como al decir de algunos se habla proyectado antes en 
cinco distritos, llamados Juntas, demarcando sus limites respectivos, y ase- 
gurándoles con fuertes presidios, pactos y condiciones. Eligieron asimismo 
cinco caballeros principales con el nombre de SobrcjurUeros , y antiguamente 
paciarios. Porque los tributos anuales impuestos á los pueblos para los gastos 
de aquellos presidentes, y cuyo objeto era afianzar la paz del Reino, se lla- 
maban Pacerías 9 ó derechos de la paz , y aquellos , hombres de paz y también 
Paceros. • 

De esto tratan largamente Zurita, los Fueros promulgados en este rei- 
nado, cuyo titulo es Confirmación de la paz, y sobre todo Vidal. Manifesta- 

( 1 ) También fué obra suya el convento , hoy casi del todo arruinado , de San Lázaro , y á él per- 
tenecía un manuscrito sobre procesos de la canonización de D. Jaime: hoy se halla en una de las Biblio- 
tecas de nuestra ciudad. 

(2) Foz, tomo 9.°, pág. 154. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 158 

remos la opinión de este autor al tratar, como tenemos intención , de algunos 
de nuestros antiguos magistrados. 

Prevaleció más adelante el nombre de Sobrejuntero, que significa sobre la 
Junta 6 presidente de la Junta. Era su principal incumbencia castigar con se- 
veridad y perseguir sin descanso á los sediciosos y turbulentos para que, lan- 
zados del Reino, fuera dado pasar en él una vida tranquila y sosegada. 

Ni Calatayud, ni Daroca, ni Teruel, ni sus comarcas, hoy comunidades, 
y mucho menos la Ribagorza , entraron en esta distribución de Juntas. Péne- 
se por causa de esta exención el haber sido mucho menor el número de mal- 
hechores que vagaban en aquellas , y su castigo estaba á cargo de los capita- 
nes ó jefes de las guarniciones allí acantonadas para rechazar las agresiones 
de su limítrofe Castilla; y Ribagorza, por exigencia del rey, se había incor- 
porado al fin á Cataluña. Una ley poco posterior la restituyó, sin embargo, al 
Reino de Aragón, quedando agregada á la Junta de Sobrarbe y de los Valles. 
Vicario, como en Cataluña, se llamó desde su unión al Principado el pacero 
de Ribagorza, hasta que, aboliendo una ley semejante título, se llamó en 
adelante Sobrejuntero. Tenemos acerca de esto un Fuero especial, promulga- 
do cuarenta años más tarde , cuyo título es : Que la Ribagorza y la Litera 
sean del Reino de Aragón , donde se dan otras muchas noticias. 

Distribuido el Reino en las cinco juntas, y publicados los Fueros sobre 
Confirmación de la paz, comenzaron á renacer la calma y tranquilidad señala- 
damente tras el fallecimiento , ocurrido por esa época y sin dejar sucesión, del 
primogénito Alfonso. Yace, no en Barcelona como muchos creen, sino en 
el famoso monasterio de Veruela. Esta muerte ocasionó un cambio radical 
en la distribución de Reinos: Pedro, el hijo predilecto de D. Jaime, fué por 
éste declarado al punto heredero de toda la monarquía, y Jaime nombrado 
rey de las Baleares, pero feudatario de su hermano. De aquí surgieron muy 
graves acontecimientos. Mas de ningún modo se derogó el cargo de Sobrejun- 
tero, por ser de reconocida utilidad. Todavía subsiste, aunque su dignidad ha 
perdido algo de importancia. 

Varias Cortes se celebraron en tiempo de éste rey; pero referiremos única- 
mente las citadas en el libro de nuestros Fueros. 

Las de Almudevar (1.227) promulgaron el Fuero primero sobre confirma- 
ción de la paz. 

En las de Zaragoza (1.235) se publicó el segundo del mismo título. 

El Fuero primero sobre confirmación de la moneda se hizo en Mon- 
zón (1.236) y no en Huesca, ni en 1.247, como se lee en todos estos Fueros. 

Si les damos el crédito que á nuestro juicio merecen alguno* escritores 
en Lérida y bajo este mismo reinado , se había arreglado años antes ( 1.218), 
la cuestión monetaria. Venía de muy atrás la costumbre seguida por nuestros 
reyes de acuñar, al ceñirse la corona, moneda nueva con su busto, alterando 
con frecuencia la ley y el peso de la misma. A^ lo había hecho D. Jaime en 
las mencionadas Cortes. Como á los nuestros les pareciese dicha costumbre un 
inconveniente grave, y les agradase no poco la forma dada por éste, el rey y 
las Cortes decretaron de común acuerdo, que aquella quedase fija y constante 

90 



154 COMENTARIOS 

para lo sucesivo. Cuadra, por tanto, perfectamente á dicho Fuero, el titulo 
Confirmación de la moneda , porque no trata de crearla nueva sino de ratificarla, 
á fin de que ya no se la pudiera aumentar, disminuir, ni modificar en ade- 
lante, permaneciendo siempre con la ley, peso y figura que tenía la acunada 
antes en Lérida por el rey D. Jaime. Mandó después que se llamara Jaquesa 
el Fuero sobre Circulación de la moneda. A lo que se puede conjeturar, diósele 
aquel nombre en memoria de la esclarecida ciudad de Jaca, en la que había 
tenido principio el glorioso título de Aragón , propagado por tantos siglos tan 
fausta y prósperamente. Acerca del arreglo monetario , dice una glosa antigua 
sobre Confirmación de la moneda : 

« Adviértase que antes de acuñarse la Jaquesa en tiempo de este rey (D. Jai- 
me) , tenia nuestra moneda otra ley, otra figura y otro peso. Habla en ella más 
plata, y era menos su ¿amafio. Ostentaba una sola cruz idéntica a la que el rey 
de Aragón lleva como tal en azulado campo. En la moneda sin embargo tenia 
pié ( 1 ) como aquí, y en ella se veia el busto del soberano. Verdad es que éstos al 
intitularse reyes de Sobrarbe, de Ribagorza y de Aragón, acuñaron moneda con 
abundante plata. El anverso llevaba el busto del rey con larga cabellera y sin 
corona. El reverso una cruz apoyada, al parecer, sobre ramas de árbol, é ins- 
crita al nombre de Aragón. Pero, dejada ésta, adoptó D. Jaime para el denario 
jaqués otra cruz en esta forma. » 

Esta nota se lee , como dijimos en algunas antiguas copias manuscritas de 
nuestros Fueros , aunque sin dar razón alguna de tal mudanza. Sabemos por 
nuestros anticuarios, que esta cruz doble ó patriarcal fué adoptada por don 
Jaime como recuerdo de las dos cruces aparecidas á García Jiménez , sobre el 
árbol la primera, la segunda en el cielo á Iñigo Arista, y que por la misma 
causa llevaba también cruz patriarcal en la parte superior el antiguo sello 
mayor de la ciudad de Zaragoza. No nos parece infundada tal opinión , que se 
halla en perfecta armonía con lo arriba dicho por nosotros. 

Fijaron, pues, aquellas Cortes la ley, el peso y el cuño, para que jamás 
sufriese alteraciones la moneda. Sancionaron además en favor del rey y de to- 
dos sus descendientes un tributo nuevo llamado de los maravedís. 

En Huesca (1.247) se celebraron otras Cortes, cuyos trabajos han inmorta- 
lizado su memoria. En ellas, con asenso unánime del rey y del Reino, se co- 
leccionaron todos nuestros Fueros, que.andaban esparcidos y dispersos en leyes 
sueltas y diseminadas , y se clasificaron en varios títulos , merced al trabajo y 
diligencia de Vidal de Can ellas, obispo de la misma ciudad , decretando además 
que se ajustasen todas las sentencias al mencionado Código. Estas leyes pasan 
entre nosotros por las más antiguas ( 2 ) . Pero así en ellas como en las obser- 
vancias ,no las damos al olvido , hay no pocas cosas tomadas á la letra de las 
que hoy subsisten, vulgarmente llamadas Fuero de Sobrarbe. Y con este mismo 
nombre las han conservado también hasta el presente , casi todas y en todo su 
vigor, muchas poblaciones de otros Reinos, como se echa de ver en algunas 
copias particulares. Ellas son asimismo sus primitivas leyes. 

(1) Base. 

(2) MS., fól. 141 , línea última. 



DB LAS COSAS DE ARAGÓN. 155 

Por aquí se entenderá que no es de invención moderna, según pretende 
Garibay, la palabra Sobrarle, sino antigua y muy antigua. Y bien pudiéra- 
mos asegurar que de su antiguo Fuero brotaron todas nuestras leyes y todas 
las navarras , á pesar de las variaciones ocasionadas después por las vicisitu- 
des políticas y por el trascurso del tiempo, á la manera que vimos retoñar el 
Reino de Aragón y el Reino de Pamplona del primitivo tronco de Sobrarbe. 
Por eso á nosotros no puede aplicársenos lo que en otro tiempo se dijo de sola 
Esparta : « Es un pueblo donde para siempre hicieron alto las leyes y se esta- 
cionaron las costumbres. » 

Sépase , pues , que no se publicó ni una sola ley nueva en las Cortes de 
Huesca : recopiláronse únicamente las antiguas , que estaban en uso ; y se ha 
escrito, sin embargo, que los nuestros, no habiendo tenido nunca hasta dicha 
época idea alguna de la justicia, confundieron sobradas veces el derecho con 
la licencia. Mientras ese autor nos hace más incultos que la naturaleza mis- 
ma , en el prefacio de aquellas leyes declara el rey haberlas entresacado de las 
publicadas por varios de sus predecesores. En el proemio de las Cortes de Ejea 
convocadas después (1.265) por el mismo monarca, se lee haber establecida 
D. Jaime, y más abajo haber hecho Fueros nuevos en Ejea: cual si dijera que 
eran nuevos , publicados entonces por vez primera , estos últimos ; antiguos y 
conocidos los primeros. 

En esta compilación de nuestros Fueros desplegó una actividad sin igual 
aquel Vidal de Canellas, reverendísimo obispo de Huesca, hombre de mucha 
erudición y muy versado en los antiguos regniscitos ú ordenamientos del Rei- 
no. Además de esta obra , fruto del ingenio y del trabajo, tan útil como nece- 
saria á la república , escribió otra , interpretando y explicando varias de nues- 
tras antigüedades. Son las primeras palabras de este libro Li excelsis Dei TAe- 
sauris ( 1 ) , y por eso se llamó vulgarmente Liber in excelsis, del que hace 
mención la primera observancia al título De venatoribus (2) . 

Es, no obstante, muy doloroso, que en todos ellos no aparezca vestigio 
alguno de la institución del magistrado Justicia de Aragón. Pero al hablar de 
él lo hacen como de cosa notoria , probada , manifiesta y sabida de todos , á la 
manera que hablan del Reino mismo. Lo propio se observa en todos nuestros 
Fueros que tratan de este magistrado, asi antiguos como modernos,, y más 
particularmente en los de Ejea (1.265) título estableció el rey Jaime 4 hizo 
nuevos Fueros en Ejea. Las Cortes que publicaron aquellos Fueros son las úl- 
timas , según llevamos manifestado , de las celebradas por D. Jaime , que se 
insertan en el libro de nuestros Fueros. Por esas Cortes se estableció que per- 
teneciera precisamente al Brazo de los Caballeros el Justicia de Aragón , y que 
ninguno del orden esclarecido de los nobles , ni de la ínfima plebe , fuese lla- 
mado á desempeñar aquella magistratura. Fueron excluidos los ricoshombres, 
porque prohibían nuestras leyes , en consideración á su alta dignidad , fueran 
castigados con penas corporales, aunque en ellas incurriesen. Y caso de vio- 



( 1 ) En los encambrados tesoros de Dios. 

( 2 ) De los cazadores. 



156 



COMENTARIOS 



lar las leyes, debía este magistrado quedar sujeto á cualquiera pena por grave 
y dura que fuese. De esto ya nos ocuparemos con más extensión en otra parte. 

Estas Cortes interpretaron además el antiguo Fuero de Sobrarbe. Como 
una de las leyes que copiamos arriba permitía apelar al Juez medio contra las 
ofensas y demasías del rey, á fin de que nadie creyese que el conocimiento de 
ellas era exclusiva competencia del Justicia de Aragón , y que por tanto se le 
había concedido demasiada preponderancia , se declaró por un decreto, que si 
bien pertenecía al Justicia pronunciar el fallo, debía, no obstante , consultar 
al Consejo de los ricosbombres y caballeros que no fueran parte en la causa, 
ó como dice el texto, con tal que no sean departida ( 1 ) . Aunque son las pri- 
meras leyes públicas que sancionan la autoridad dé este magistrado , no ha- 
llamos en ellas una sola palabra acerca de su institución , así como nada se 
dice del origen del mismo Reino. Y como si hubiera sido uno mismo y solo el 
principio de ambos , así para uno y otro se emplea idéntico lenguaje. 

Finalmente, D. Jaime, terminando este capítulo, en cuya narración nos 
hemos extendido bastante por el número y variedad de sus acontecimientos, 
después de un reinado glorioso, murió en Valencia el 27 de Julio de 1.276, a 
los 72 años de edad y sesenta y tres de reinado, cosa no vista, como él mismo 
afirma, desde los tiempos de David y Salomón. Fué Sepultado en Poblet. 

Dos insignes monasterios de monjas sabemos de cierto haber existido ha- 
cia esa época cerca de Zaragoza. El uno de la orden del Cister , entre Luceni 
y Alcalá, casi equidistante de ambos á orillas del Ebro, bajo la advocación de 
Santa María la Real , del que nombrada abadesa una noble señora , por nom- 
bre Sancha Iñiguez, fué bendecida ( 1.273) por Pedro García del Januas, ar- 
zobispo de Zaragoza. Después fué trasladado, y existe hoy, al pueblo de Tra- 
sobares. 

En Peraman, sobre el rio Jalón y no lejos de Alagon, se hallaba el otro. 
Bajo su jurisdicción estaba El Pozuelo, lugar situado en las faldas de los 
montes Garrapatillos. Al presente ni siquiera quedan vestigios de sus ruinas. 

No sucede lo mismo que con otros con los Justicias de este reinado. Tanto 
sus nombres como sus hechos son más conocidos y están mejor enlazados que 
los hechos y nombres de los Justicias anteriores. Fueron los siguientes: Pedro 
Pérez Tarazona, de quien hemos hablado arriba; Juan Pérez Tarazona, hijo 
del anterior; Martin Pérez Artasona, Pedro Martínez Ártasona 1.°, Pedro 
Sánchez, Rodrigo Castellezuelo y Fortun Ahe. No nos atrevemos á sentar por 
cosa cierta, si Martin Segarra pertenece al actual ó al reinado siguiente, pues 
ni á fuer de diligencia ni de trabajo nos ha sido posible disipar las dudas. 
Sólo sabemos que obtuvo el Justiciado por esos años. De todos tratamos en 

otra parte. 

Supuesto que en el reinado de Jaime y en el año abajo indicado , el bien- 
aventurado niño de Zaragoza San Dohiinguito , alcanzó en ella la palma del 
martirio , no creemos fuera de propósito referir su gloriosa muerte antes de 
tocar los hechos de D. Pedro, para que jamás se dé al olvido tan grande acon- 



(1) Fueros 1.° y %.° Sobre el oficio del Justicia de Aragón , promulgados en las mismas Cortes. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 157 

tecimiento , y principalmente para que trabajemos con más ahinco en imitar á 
los santos cuyos gloriosos triunfos tenemos á la vista en la misma ciudad que 
nosotros habitamos. Hé aquí cómo cuenta el de éste mártir una memoria con- 
servada en el archivo de La Seo: 

« Comienza la pasión del bienaventurado Dominguito , inocente mártir za- 
» ragozano. 

» Para honra de Nuestro Señor Jesucristo Salvador y Redentor nuestro, 
» que es la salud y la vida de todos, á quien se dobla toda rodilla en el cielo y 
»en la tierra y en los infiernos , y también en honor de su inocente mártir, por 
» nombre Dominguito. El cual nació en la ciudad de Zaragoza con señales ina- 
» ravillosas, esto es; con corona en la cabeza y una cruz en el brazo derecho, y 
» cuyos padres fueron Sancho de Val, notario público, é Isabel su esposa. Y 
» cuando tenia Dominguito siete anos de edad, y estaba dedicado á las letras; 
» en la misma ciudad habla tomado un acuerdo enorme y execrable la enemiga é 
» impía raza de los judíos acostumbrada á iniquidades. Éste fué que quien hur- 
» tase ó arrebatase un niño cristiano y le pusiese en sus manos para entregarle 
» á la muerte , quedaría exento de todo pecho , tributo é impuesto de los que deben 
apagar ellos. Al punto el hebreo Mossen Albayhuzet , cruelísimo imitador del 
» traidor Judas , sabiendo esto , por sujestion diabólica robó oculta y pronta- 
» mente á Dominguito , y atado con una cuerda le entregó á la aljama de los ju- 
» dios. Los cuales con suma crueldad, renovando la sangre de Cristo, fijaron al 
» niño con clavos en la pared, y taladraron gravemente su costado con una lan- 
» za. En seguida, puesto todo su empeño en que no se descubriese esta maldad 
» tan detestable y eligiendo ocasión oportuna, ocultaron el cuerpo del mártir en 
» las orillas del rio Ebro. Pero el que escudriña los corazones y conoce los se- 
to cretos, Cristo, por quien había padecido Santo Dominguito, quiso se revelase 
» luego su cuerpo. Asi sucedió que, estando en vela solícitos los que guardaban 
» los barcos próximos a la puerta de la mencionada ciudad, vieron durante al- 
to gunas noches luces celestiales muy brillantes sobre el lugar de la ribera en que 
» se había ocultado el sagrado cuerpo, como arriba se dijo. Atónitos por lo que 
» esto podía ser, y habiéndolo contado ellos en la ciudad, algunos ciudadanos, 
» aproximándose á la mencionada ribera , encontraron atado con cordeles el cuer- 
»po del mártir sin cabeza y sin manos. Sabedores de esto el clero y el pueblo, le 
» condujeron a la sobredicha ciudad y le depositaron en la iglesia de San Gil. 
» A Igunos dios después , al sacar de ella el cuerpo , éste sin duda alguna se ma- 
to nifiesta milagrosamente de rodillas al pueblo que asistía ante la puerta de la 
» misma iglesia. Y oido el pregón general hecho por la ciudad, y yendo el obispo 
» y el clero á dicha iglesia , con gran solemnidad y célebre devoción del pueblo se 
» reunieron todos santamente, obrándose allí resplandecientes milagros. T orde- 
» nada unánimemente una procesión solemne por los sacerdotes que cantaban 
» himnos y salmos á Dios, alabando todos los otros al Señor en su santo con 
» mucha devoción, y saliendo al encuentro de tan insigne espectáculo dudada- 
» nos, caballeros, nobles, hombres y mujeres de toda condición :::::::::::: y lie- 
» vando blancos cirios en las manos , donde no faltó dulcísima melodía de todos 
» los instrumentos músicos ni la sonora armonía de las trompetas , llegando pri* 



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158 



COMENTARIOS 



» mero a la iglesia de San Oil y recibidos debidamente en la misma , llevaron 
» gozosos el santo cuerpo por todas las iglesias, y al fin saliendo por la puerta 
» de Cinegio, le trasladaron solemnemente á la Santa Sede de la ciudad. Por 
» último, herido de dolor y contrito de corazón Mossen Abayhu, y abandonando 
» el camino de la iniquidad, de la impiedad y del dolo de los judíos , recibió el 
» sacramento del bautismo. Contemplemos, pues, hermanos carísimos, lapa-* 
» ciencia, la pasión, y la inocencia del bienaventurado Dominguito, visitando 
» asiduamente su sagrado túmulo. Este es el compañero de los inocentes y délos 
» mártires que tiene las insignias de Cristo; éste a quien cercados de enfermedad 
» y de otras necesidades debemos invocar confiadamente para experimentar su 
» ayuda: con cuyos méritos y súplicas nos hagamos participantes del Reino de 
» Dios. Padeció, pues, el bienaventurado Dominguito en Agosto, año de la En- 
» carnación 1.250, Reinando Nuestro ScKor Jesucristo, que con el Padre y Es- 
»piritu Santo vive y reina por infinitos siglos de siglos'. Amen.» 

Era á la sazón obispo de Zaragoza Arnaldo Peralta, varón de mucha san- 
tidad y doctrina. Pertenecía á la nobilísima familia de su apellido. Fué el se- 
gundo obispo de Valencia después de su conquista por el rey Jaime. Trasladado 
de aquella ciudad á la nuestra, se halló presente á este suceso maravilloso. 
Este motivo nos ha parecido más que suficiente para mencionarle en nuestra 
historia. 

Tantos títulos ilustraron el reinado de D. Jaime. Y más que todos aún el 
inefable y divino misterio del sacratísimo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo 
que hoy es la gloria de Daroca. Pero veamos ya los hechos del rey D. Pedro III. 



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PEDRO III, EL GRANDE, 

Rey 1 5.° de Aragón. 



Ior muerte de D. Jaime heredó los reinos de Aragón y Valencia , y el Prin- 
cipado de Cataluña, su hijo Pedro, tercero de este nombre y el quince de los 
reyes aragoneses , príncipe de levantado y jamás vencido corazón. Bien mere- 
cido tiene el epíteto de Grande. Porque empeñados un tiempo en destronarle, 
como á común adversario de todos, y á enemigo declarado de la Iglesia, los 
romanos pontífices y casi todos los príncipes cristianos, cuando estaban lejos 
de su obediencia hasta sus propios subditos atentos á conservar las antiguas 
libertades , viendo llenos de dolor quebrantar no pocas veces por su monarca 
las leyes y los patrios Fueros , él arrostró con sola su grandeza de ánimo todas 
estas por sí mismas no leves ni pequeñas dificultades , sin perder una sola 
pulgada de tierra , acrecentando por el contrario sus estados considerable- 
mente. Diríase 9 sin duda, haberse levantado. contra él tan deshechas tempes- 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 159 

tades , sólo para poner á prueba la robustez de su valor y el buen temple de 
su alma. 

Había tomado por esposa, ya en vida de su padre, á Constanza, hija y 
heredera de Man f red o, rey de Sicilia , la que se coronó también por disposi- 
ción del rey, al ceñirse éste la diadema con inusitada solemnidad y pompa. 
Indicio de la moderación y prudencia de D. Pedro fué el haber rehusado el 
titulo de rey aun después de muerto su padre , aunque éste en su última en- 
fermedad y próximo al sepulcro le había dejado todos sus Reinos, contento 
con el titulo de infante primogénito, hasta tanto que , según costumbre , le 
fuese aquel conferido por las Cortes. Convocadas al efecto (Noviembre del 
año 1.276) en Zaragoza Cortes generales, fueron recibidos D. Pedro y su es- 
posa Constanza con la debida magnificencia en el templo de La Seo, donde 
fueron consagrados y ungidos con el sagrado óleo, por Bernardo Olivella , ar- 
zobispo de Tarragona. Cuéntase haber hecho antes de la ceremonia , expresa 
y formal declaración , que si bien en la forma dicha recibía las insignias rea- 
les, de ningún modo cedía por ello el menor de sus derechos, ni jamás se 
creyese que las recibía de la Iglesia romana, ni por ella, ni contra ella. La 
misma declaración hicieron después otros monarcas aragoneses en idénticas 
circunstancias. 

La conquista de Sicilia, emprendida de allí ¿ poco, alteró la perfecta tran- 
quilidad de que D. Pedro gozaba en sus estados. Habiendo caído tras la muer- 
te de Manfredo, padre de nuestra reina, bajo el yugo del rey Carlos, y como 
los sicilianos ya no pudiesen soportar más tiempo su tiránico gobierno, ni lle- 
var en paciencia los enormes y vergonzosos ultrajes que diariamente recibían 
de los franceses , por un movimiento libre y espontáneo se levantó contra ellos 
la población en masa , y lanzándose á toda rienda su furor, dio principio á la 
famosa matanza , conocida con el nombre de Vísperas sicilianas, que cada 
uno hizo luego extensiva á sus propios huéspedes. Terminadas éstas , arrojá- 
ronse sin perder tiempo aquellos isleños á los pies de nuestro rey por medio 
de sus representantes , é imploraron su protección y amparo brindándole con 
el cetro de toda la Isla como esposo de Constanza, hija de Manfredo ( 1 ) , que 
fué, como dijimos, rey de Sicilia, y ofreciéndole todos sus bienes y sus fortu- 
nas y sus mismas vidas. Teniendo D. Pedro por cosa indigna el dejar des- 
amparado un país cuyos embajadores le suplicaban auxilio postrados en tier- 
ra , y vertiendo un torrente de lágrimas , y viendo además que le presentaba 
espontáneamente la corona un Reino, cuya tiránica opresión por el rey Carlos 
tantas veces él mismo había deplorado, resuelto, escuchando la voz de su co- 
razón magnánimo y generoso, á protegerlos con todas las fuerzas de su poder, 
les prometió que pronto estaría en medio de ellos para gobernarlos en el pe- 
ligro y en el campo de batalla sin cejar en su empeño hasta verle coronado 
con la muerte ó con la victoria. 

En su virtud, haciéndose á la vela con una poderosa escuadra qu§ es- 
taba lista de antemano , arribó á Sicilia , siendo el primero de nuestros re- 

( 1 ) MS. , fól. 149 : « Y heredera legítima. » 



160 COMENTARIOS 

yes que guerreó al otro lado de los mares. Nombró heredero antes de em- 
barcarse á su primogénito Alfonso, que como tal había sido ya jurado, según 
costumbre , por todos los Brazos del Reino en las anteriores Cortes de Zara- 
goza, dejándole los Reinos de Aragón, Valencia y Cataluña, cual si presin- 
tiese los males que tan de cerca le amenazaban. Nadie, seguramente, podía 
creerlos inciertos ni dudosos. Tal era el estado de las cosas, que á sabiendas 
quedaba expuesto á los mayores peligros, cualquiera que bajo su protección 
tomase la causa de los sicilianos , concitando por necesidad en contra suya no 
tan sólo la cólera del burlado rey, sino todo el poder reunido del pontífice ro- 
mano, del rey de Francia y de casi toda la Italia, que sostenían al intruso 
Carlos. Pedro III, sin embargo, decidió afrontar todos los azares de la suerte, 
a trueque de llevar el socorro pedido á los abatidos sicilianos. Llegó por fin 
la armada después de próspera navegación con buen golpe de caballería é in- 
fantería á las costas sicilianas, donde fué recibido con vivo entusiasmo, y por 
las Cortes generales (Setiembre de 1.282) proclamado rey de toda la Isla. 
Para más empeñarle en la defensa del Reino, á pesar de todas las contrarie- 
dades, se comprometieron con juramento público y solemne sus nuevos sub- 
ditos , sin distinción de clases ni categorías , á defender hasta donde llegasen 
sus fuerzas la vida y los intereses del rey y arrostrar cualesquiera peligros 
antes de quebrantar la fidelidad y adhesión á su monarca. Este á su vez, 
cuentan, prometió también que jamás abandonaría un pueblo en cuya defen- 
sa se había comprometido. Tal fué el principio de las terribles y horrorosas 
guerras, que por largo tiempo pusieron en combustión á la Italia y á casi 
toda la cristiandad. En todas ellas lució nnestro rey sus dotes de consumado 
general y aun la bizarría de capitán aventurero. Porque desafiado á un com- 
bate desigual por su competidor Carlos, que pasaba por príncipe valeroso, 
no le esquivó cobarde ; y acudiendo contra todas las esperanzas al sitio seña- 
lado y en el momento oportuno, no sin grave riesgo de la vida, consiguió un 
ruidoso triunfo de su ausente enemigo, que á fuer de provocador, debiera ha- 
ber comparecido el primero en la palestra. 

Al rey de Francia Felipe, hermano de Carlos, que con innumerable en- 
jambre de los suyos y de aliadas tropas invadió la Cataluña, resistió arrojado 
D. Pedro con un puñado de gente , obligándole á tomar la vuelta de su patria, 
tocado de la peste, sin vida y sin honor. 

Aun prescindiendo de su propia magnanimidad , conducía á feliz éxito to- 
das sus empresas la Providencia misma. Quiso , sin embargo, ser él tan cons- 
tante en la adversidad , qufc por su carácter inflexible no sufrió menos el Reino 
con las desavenencias domésticas, que con las extranjeras complicaciones. 
Pues como no pocas veces prescindiese de las leyes y costumbres patrias, y 
cerrase los oidos á las diarias reclamaciones de sus vasallos , éstos , á imitación 
de sus mayores , formaron una estrechísima unión general compuesta de ciu- 
dades y de proceres para vengar las ultrajadas libertades, abrazándola todos 
con tanta resolución y entereza de ánimo, que nadie abandonó sus banderas 
ni por fuerza, ni por miedo, ni por halagos. Ni siquiera tantos y tan horribles 
estruendos de invasiones extranjeras fueron capaces de quebrantar su propósito 



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i 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 161 

* 

de mirar con preferencia la común y pública causa de la libertad. Necesarias 
fueron situaciones tan críticas para poner á prueba la voluntad de hierro del 
monarca. Viéronse por fin cumplidos los deseos de la Union. Pues en las Cor- 
tes de Zaragoza (3 de Octubre 1.283), Pedro otorgó al Reino el privilegio ge- 
neral que vino á calmar por algún tiempo las luchas intestinas. 

Pero el rey , cuyo carácter enérgico y arrogante sólo había cedido á la 
fuerza de la necesidad , sintiendo en el alma que se hubiera llevado á cabo 
la Union , quitó el Justiciazgo á Pedro Martínez Ártasona. Aunque decía ha- 
berlo hecho por serle sospechoso el Justicia, esta causa era fingida y simula- 
da. La verdad fué , que por haber trabajado como el que más en el arreglo de 
la Union , estalló contra Ártasona toda la cólera que el soberano tenía recon- 
centrada en el fondo de su corazón, privándole de la magistratura, y confi- 
riéndola inmediatamente á Juan Gil Tarín , noble zaragozano. Esto avivó el 
fuego de la discordia , que todos creían extinguido , porque los nuestros re- 
novaron la Union, juzgándolo cuestión de vida ó muerte para la libertad. Con 
objeto de granjearse la benevolencia de los suyos , por los graves rumores es- 
parcidos acerca de la llegada del ejército francés, D. Pedro (1.285) trasladó 
por último , después de varios sucesos , á la villa de Zuera , poco distante de 
Zaragoza, las Cortes reunidas en la ciudad de Huesca (1). Aunque por ellas 
no quedaba todavía resuelta la principal contienda , si el rey podía ó no ab- 
rogar á su voluntad el Justiciazgo, — hoy se lo prohiben las leyes como en su 
lugar veremos, — todos creyeron que se debía sobreseer en el asunto. 

Como resonaba ya por casi todo el Reino el sonido estrepitoso de las trom- 
petas de Francia, parecióles bien cualquiera que fuese el arreglo hecho en los 
asuntos domésticos , á fin de levantar á costa de gente y dinero el ánimo del 
afligido rey, aterrado con la presencia de tan poderoso ejército enemigo. Pero 
tal era la astucia y la sagacidad de éste príncipe , que unas veces aparentaba 
lenidad y mansedumbre , autoridad y dureza otras , aprovechando siempre las 
circunstancias. Así fué que, deponiendo los nuestros sus antiguas querellas, 
volaron á la defensa de la patria , la que por la voluntad de Dios , y por el va- 
lor del rey y de los suyos , se libró del inminente peligro de los franceses . 
Pero oigamos sobre esto á nuestro rey Martin, quien con motivo de una do- 
nación que hizo á la iglesia de Gerona, según el registro de las gracias (1 .399), 
se expresa en estos términos: « Porque se halla inflamado nuestro corazón mé- 
» nos por el fervor de la devoción innata que profesamos ; y no sin razón , á 

(1) El MS. añade : « Como el rey no se hallara en las Cortes el dia señalado, los cuatro Brazos pi- 
dieron al Justicia, que decretase continuaran éstas celebrando las sesiones, sin esperar la llegada del 
soberano. Así lo hizo el Justicia Juan Gil Tarín , como su legítimo y solo juez , de acuerdo con la Asam- 
blea. Los comicios procedieron en su virtud á tomar algunos acuerdos, sin aguardar la presencia de don 
Pedro. Y por más que éste se esforzó después en que se declarase la nulidad de tales actos , pretendiendo 
que nada podía hacerse durante su ausencia, el Justicia ios ratificó a pesar de todo, y declaró su validez. 
Tuvo, pues , el monarca que pasar por las palabras y sentencia del Justicia. 

Ninguna ley ó Fuero, como decimos nosotros , promulgaron aquellas Cortes. Únicamente se zanjaron, 
por decisión del Justicia, algunas cuestiones que mediaban entre el rey y los ricoshombres. 

Por las mismas Cortes se decretó también que se creara en el Reino de Valencia una magistratura 
análoga al Justiciado aragonés. Y para ella fué entonces nombrado un caballero, cuyo nombre era Al- 
fonso Martínez. > Folios 152 y 153. 

21 



16S 



COMKNTARIOS 



» la iglesia de San Félix en la ciudad de Gerona, — cuya obra no está todavía 
» tan perfeccionada como debiera por los relevantes méritos del bienaventura- 
» do Narciso y de muchísimos otros mártires cuyos cuerpos en ella descansan, 
» — cuanto por inspiración del serenísimo señor rey nuestro padre de impere- 
» cederá memoria. El cual , sabemos , no fué ingrato á la multitud de benefi- 
» cios antiguamente dispensados á la misma ciudad por la misericordia del 
» Altísimo, merced á la intercesión de dichos mártires, señaladamente con 
» motivo de la ruidosa guerra con la Francia. A cuyo rey y ejército, por los 
» ruegos de aquellos mártires , según leemos , envió milagrosamente el in- 
» menso Hacedor del mundo tan gran pestilencia de moscas , cuyos fétidos 
» aguijones les hicieron abandonar esa ciudad, guerreada con numerosas 
» fuerzas , en la que había perecido ya la mayor parte de los suyos. Así quedó 
» la misma ciudad libertada de franceses. » 

Volvió, pues, á Francia sin vida (1.285 ) su rey Felipe ( 1 ), y en el mismo 
año para que no gozase largo tiempo de tan gran victoria , en Villafranca del 
Panadés, antigua población cartaginesa, villa hoy insigne de Cataluña, salió 
D. Pedro de esta vida (10 de Noviembre). Este príncipe, cubierto de gloria 
por sus colosales empresas , está sepultado en el monasterio de Santas Creus 
de Barcelona. 

De su esposa Constanza además de Alfonso heredero , como antes hemos 
dicho, de sus estados, dejó también á Jaime, Fadrique y Pedro. Jaime, rey 
de Sicilia primero , después por muerte de su hermano Alfonso sin hijos , fué 
rey de Aragón , pasando Fadrique á ocupar el vacante trono de Sicilia. La 
corona de ésta Isla, arrancada de las sienes de Carlos, supo Fadrique asegu- 
rarla sobre su cabeza, y trasmitirla á su posteridad. El menor de los hijos de 
Pedro III, casó con Guillermina Moneada, dama muy opulenta y de la primera 
nobleza, que poseía en feudo de Honor la parroquia de Nuestra Señora del 
Pilar de Zaragoza, con las mismas condiciones que dijimos haberse dado por 
vez primera al vizconde Gastón de Bearne, ascendiente de Guillermina. Ésta, 
no habiendo tenido hijos, ordenó en su testamento que se incorporase aquel 
señorío á la corona. 

Tuvo también dos hijas , Isabel y Constanza, á la que algunos llaman Vio- 
lante. Esta casó con Roberto rey de Ñapóles. Esposa de Dionisio rey de Por- 
tugal la primera, después de haber brillado con innumerables portentos de 
santidad heroica, fué inscrita en el catálogo de los santos. Los portugueses 
celebran su fiesta el dia 4 de Julio. 

Tuvo además otros hijos naturales. Tres en una señora llamada María Ni- 
colau: Jaime, Juan y Beatriz. Eri otra, Inés Zapata, cuatro : Pedro, Fernando, 
Sancha y Teresa, de quienes nació numerosa prole. 

En este reinado (1.278) sabemos que, con anuencia de Estiban obispo de 
Huesca, fundó en Casbas (2) doña Oria, condesa de Pallas , el ilustre convento 
que subsiste todavía bajo la advocación de Nuestra Señora. Poco después, fué 



( 1 ) El Atrevido. 

(2) Villa de cuarenta vecinos, a cuatro leguas de Huesca. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 163 

arrasado por completo otro construido (1.146) en Bayo, cerca de Sádaba ( 1 ), 
bajo Ramón Berenguer conde de Barcelona. Dase por causa de tal destrucción, 
el haber sido el prior y sus monjes convictos de traición á la patria. Consér- 
vanse hoy algunos vestigios de sus ruinas. 

Tan sólo hallamos en este reinado los dos Justicias apuntados arriba , Pe- 
dro Martínez Artasona y Juan Gil Tarin , que lo fué también algunos anos en 
el siguiente. 



*^^/WWWWW\#NY\^V V v ^«SV^W W ts» 



ALFONSO III, EL LIBERAL, 

Rey .i6.° de Aragón. 



E, 



il tercer Alfonso heredó la gloria y el cetro del difunto Pedro IIT. Si bien 
por la brevedad de su reinado no pudo el hijo igualar al padre en lo gigan- 
tesco de las empresas, le aventajó y mucho en liberalidad y mansedumbre, 
mereciendo por ello los dictados de liberal y franco. Pasó á la Isla mayor de 
las Baleares, donde conquistó el titulo de rey de Mallorca, destronando á su 
tío por haber cooperado á la invasión francesa. Allí le tomó la fatal noticia del 
fallecimiento de su padre. Y sobre él escribió á los nuestros inmediatamente*. 
Mas como en su carta se intitulase rey de Aragón , co3a que les pareció harto 
grave, en su consecuencia acordaron éstos enviarle un mensaje, ya para ex- 
presarle el hondo sentimiento del Reino por la muerte de su padre , ya para 
rogarle se abstuviera de usar el título de rey hasta haberse coronado según 
costumbre. A lo cual dicen haber contestado Alfonso con dulzura , que de nin- 
gún modo lo había hecho en menosprecio de los antiguos usos patrios ; sí sólo 
porque llamándose rey de Mallorca , terminada ya su conquista , le parecía 
poco decoroso anteponer aquel al título real de infante de Aragón. Éste, sien- 
do cabeza de todos sus estados , en su dictamen no debía posponerse á ninguno 
de los demás. Añadió que pronto volvería á Zaragoza para cumplir allí, según 
las antiguas prácticas, con su deber á satisfacción de todos. Así lo hizo efecti- 
vamente. Entró, pues, en ella el dia de Jueves Santo (1.286) , y ungido con 
el sagrado óleo en La Seo el dia de Pascua de Resurrección , tomó el nombre 
y las insignias reales (2) , confirmó al punto los antiguos privilegios y regnis- 
citos, y celebró á los nuestros Cortes generales. Pero no se sancionó ninguna 
ley. Sólo se expidieron algunos decretos tocantes al orden y arreglo del real 
palacio (3). 



( 1 ) Entre Sádaba y Ejea , y á orillas del riguel , rigo, ó rio de su nombre. 

(2) Protestando que ni tomaba la corona por la Iglesia , ni contra la Iglesia. 

(3) Véase Foz, tomo 2.°, págs. 288 y siguientes. 



164 



COMENTARIOS 



Frecuentes habían sido desde tiempo atrás las quejas de los nuestros sobre 
este particular, para que se moderasen cual convenía los dispendios y excesi- 
vos gastos, á fin de evitar la bancarota del ya distribuido y disipado patrimo- 
nio real. Pretendían además los nuestros ser incumbencia suya exclusiva el 
nombramiento de los consejeros de la corona. Protestando fuertemente el rey 
que tal demanda ni estaba fundada en ley escrita alguna , ni admitida por el 
uso , se salió de las Cortes y marchó precipitadamente á Huesca. Esto empeoró 
la situación. Pues los nuestros, por el contrario, afirmaban que se hallaba en 
el privilegio general, y que así se había otras veces practicado. Decían que de 
ningún modo era permitido al rey el ausentarse intempestivamente de las Cor- 
tes, y que no se podía llevar en paciencia semejante desacato contra las le- 
yes. Apoyados en estas razones, alzaron al punto el nombre y fuerzas de la 
Union ( 1 ) , porque era lícito defender de palabra la causa común de la liber- 

( 1 ) MS. , folio 158, línea 5. a : « Dias atrás nos obsequió nuestro amigo Zurita con una copia da esos 
documentos que hoy escasean tanto. En nuestra opinión y en la de otros muchos , tienen muy bien me- 
recidos los honores de la publicidad. Así como entre las épocas de la vida tiene mucho crédito la vejez— 
sigúese una docena de líneas barreadas , — así también en los acontecimientos remotos , el conocimiento 
de los antiguos privilegios : de aquellos en especial que fueron sepultados en el olvido, no por ser obra 
de apartados siglos , sino que raspados de nuestros monumentos en virtud de una ley, quedaron borra- 
dos por completo en la memoria de los nuestros. Hé aquí á la letra el texto de tan famosos privilegios : 

c Sepan todos. Que nos don Alfonso , por la gracia de Dios , Itey de Aragd , de Mayorchas , de Va- 
lencia, Compte de Barcelona por nos e por nuestros successores, que por tiempo regnaran en Aragd 
Damos, et otorgamos á vos nobles Don Fortunio por aquella misma gracia Vis pe de £aragoca, D. P. 
seynnor de Ayerbe tio nuestro, Don Exemen de Urreya, D. Blasco de Alagó, Don P. Jurdan de penna 
seynnor de Arenoso., Don Amor Dionis, Don G. de Alcalá de Quinto, Don P. Ladrón de Bidaure, Don P. 
Ferriz de Sessó, Fortun de Vergua, seynnor de penna, Don Gil de Bidaure, DonCorbaran de Daunes, 
Don Gabriel Dionys , Don Pero Fernandez de Vergua seynnor de pueyo, Don Xemen perez de pina, 
Don Martin royz de foces , Fortun de Vergua de ossera , et á los otros Mesnaderos , Caballeros , Infan- 
zones de los Regnos de AragÓ, é de Valencia, é de Ribagorca agora ajustados en la ciudad de £arago~ 
ca, é ¿ los procuradores é á toda la universidad de la dita ciudad de Caragoca assí á los clérigos como 
á los legos presentes y advenideros, Que nos ni los nuestros successores, qui en el dito Regno de Ara- 
gón por tiempo regnaran, ni otri por mandamiento nuestro matemos, ni estemos (l), ni matar, ni este- 
mar mandemos , ni fagamos , ni preso ó presos sobre fianza de dreyto detengamos , ni detener fagamos 
agora, ni en algún tiempo alguno ó algunos de vos sobredi tos Ricos omens, Mesnaderos, caballeros, In- 
fanzones, procuradores , é universidad de la dita ciudad de Caragoca, assí clérigos, como legos presen- 
tes é advenideros, ni encara alguno, ó algunos de los otros Ricos-Ornes, Mesnaderos, Caballeros, Infan- 
zones, procuradores, é universidad de la dita ciudad de £aragoca assí clérigos como legos presentes, ó 
advenideros , ni encara alguno, ó algunos de los Ricos-Ornes , Mesnaderos , Caballeros , Infanzones del 
Regno de Aragón , del Regno de Valencia , é de Ribagorca , ni de sus successores , sines de sentencia 
dada por la Justicia de Aragón dentro en la ciudad de Caragoca con conseyllo é atorgamiento de la cort 
de Aragón ó de la mayor partida clamada é ajustada en la dita ciudad de £aragoca. ítem damos é otor- 
gamos á los Ornes de las otras ciutades , villas , é villeros , é logares de los ditos regnos de Aragón é de 
Ribagorca é á sus succesores que no sian muertos , ni estemados (2) , ni detenidos sobre fianza de drey- 
to sines sentencia dada por los justicias de aquellos logares por qui devan seyer jutgados según fuero 
Si Doñeas no será ladrón ó ropador manifiesto. E si por aventura algún Justicia o oficial contra aques- 
to fará, sia del feyta Justcia corporal. Et á observar, tener, complir ó seguir el present privilegio, é 
todos los sobreditos capítoles ó articlos y cada uno dellos é todas las cosas y cada una en ellos , et en 
cada uno dellos contenidas et non contravenir por nos, ni por otri por nuestro mandamiento en todo ó en 
partida agora ni algún tiempo obligamos. Et ponemos en tenencia et en rehenes á vos et á los vuestros 
successores aquestos castiellos que se siguen. Es ássaber el castiello de Moncluso. ítem el castiello de 

( 1 ) Por estememos. 

(2) Estenuados , dice una nota marginal del autor , pero está bien el texto. Estemar era sinónimo de 
privar , y estema equivalía á hornecino ó amputación de miembros. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 



165 



tad, y también con las armas en la mano. Deseando Alfonso conjurar la tem- 
pestad que se formaba y que se cernía sobre su cabeza , por consejo de algunos 
proceres que le eran adictos , expidió desde Huesca, donde permanecía , un de- 
creto con el que creyó disipar todo el nublado, haciendo las concesiones si- 
guientes : 

I. Que en lo sucesivo tendría el rey todos los lunes audiencia pública , y 
oiría las demandas de los suyos. 

De aquí el actual Fuero publicado ( 1.300) en el reinado de su hermano 
Jaime II , cuyo título es : Que el señor rey los viernes ó sábados oiga en audien- 
cia i los querellantes. 

» Boleya. ítem el castiello dito de Uncastiello. ítem el castiellodfó Sos. ítem el castiello de Malón. ítem el 

> castiello de Fariza. ítem el castiello de Vardeyon. ítem el castiello de Somet. ítem el castiello de Bor- 
» ja. ítem el castiello de Rueda. ítem el castiello de Daroca. ítem el castiello de Huesa. ítem el castiello 
» de Moriello. ítem el castiello de Uxon. ítem el castiello de Exativa. ítem el castiello de Biar. Justa 
» condición : Que si nos ó los nuestros successores , qui por tiempo regnaran en Aragón faremos 6 venrre- 

• moa (1 ) en todo 6 en partida contra el dito privilegio, ó contra los sobreditos capitoles , ó airtíclos ó las 
» cosas en ellos ó en cada uno dellos contenidas : que de aquella hora adelant nos ó los nuestros hayamos 
» perdido para todos tiempos todos los ditos Castiellos. De los cuales Castiellos vos é los vuestros podades 

> fazer ó fagades á todas vuestras propias voluntades , assí como de vuestra propia cosa : et dar et librar 
» aquellos Castiellos, si quer redes , ¿ otro Rey et seynnor por esto. Porque si lo que dieus (2) non quiera 

• nos , ó los nuestros successores contraviniessemos á las cosas sobreditos en todo ó en partida : queremos 
» é otorgamos , et expressament de corta sciencia assí la hora como agora consentimos , que de aquella 

> hora á nos ni á los successores en el dito Regno de Aragón non tengades ni hayades por Reyes , nin por 

> seynnores en algún tiempo. Ante sines algún blasmo de fe é de ley al tad podades fazer, et fagades otro 
» rey et seynnor qual queredes é d'on queredes , et dar e liurarle los ditos Castiellos j et á vos mismos en 

> vasallos suyos. Bt nos ni los nuestros successores nunca en algún tiempo á vos ni á los successores 
» demanda ni question alguna vos en fagan , ni fazer fagamos , ni ende podamos forzar. Ante luego de 
» present por nos et por nuestros successores soldamos difñnidament et quita á vos , et á vuestros succe.s- 

> sores de fe , de jura , de naturaleza , de fíeldat , de seynnorío, de vasallicio, et de todo otro cualquiera 

> deudo que vassayllo ó natural deve y es tenido á seynnor en cualquiere manera ó razón. Et todos los 

> sobreditos articlos ó capitoles é cada uno de ellos é todas las cosas é cada una en ellos et en el dito 

> privilegio contenidos attender et cumplir et seguir et observar á todos tiempos et en alguna no contra - 

> venir por nos et los nuestros successores. Juramos á vos por dios é la cruz é los santos Evangelios de- 
» lante nos puestos et corporalmente tocados. Actum est Ccesaraugustos quinto Calendas Januarii. Anno Do- 
» mini MCCLXXX séptimo. 

» Signum Alfonsi Deigratia Regis Aragonum , Maioricarum , et Valentías ac Comitis Barchinonce. 

» Testes sunt Ar. JRogerii Comes Pallyariensis. P. ferdinandi dominus de locar patruus prcedicti domlni 

• Regis. O. de Anglana. Br. de podio viridi. Petrus Sessé. 

• Signum Jacobi de Cabanas scriptoris dicti domini Regis. Qui de mandato ipsius hoc sóribi fecit, et ehtu* 

• sit loco, die et anno prw/txis. 

» Roe, quod superius annotavimus , voeatum est, Primum privilegium Unionis. Secundum vero tale fuit. 

• Se hizo en Zaragoza á 28 de Diciembre de 1.287. 

» Signo de Alfonse por la gracia de Dios rey de Aragón, de Mallorca, y de Valencia, y Conde de 

> Barcelona. * 

» Teetigosson : Ar. Roger, conde de Pallas. ^P. Fernandez, señor de Hijar, tio del dicho rey.=¿ 
» O. de Anglana.» Br. de pueyo verde. =* Pedro Seso. 

> Signo de Jaime de Cabanas , escribano del dicho señor rey. Que por mandato del mismo esto hizo 

> escribir, y cerró en el lugar, dia y año citados arriba. » 

El anterior es el primer privilegio de la Union. El segundo es como sigue : 

« Sepan todos. Que nos don Alfonso por la gracia de Dios rey de Aragón , de May orcos , de Valencia, 

> ó compte de Barcelona , por nos é por nuestros successores que por tiempo regnaran en Aragón Damos, 
» queremos , et otorgamos & vos nobles Don Fortuyño por aquella misma gracia Vispe de £aragoca, 

> Don P. Seynnor de Ayerbe tio nuestro, Don Eximen de Urreya, Don Blasco de Alagon, Don P. Jurdan 

(1)* Vendremos. 
(2) Dios. 



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II. Que los ministros de la corona se reunirían diariamente, asistiendo el 
rey los martes y viérne3 á dicho Consejo, antes del mediodía, para tratar y re- 
solver en su presencia los negocios públicos y los asuntos particulares de su 
real casa. 

III. Que los jueces de corte actuarían todos los dias en el palacio 
real. 

IV. Que los tesoreros reales y cobradores de pechos darían cuenta del 
cargo y data á tres personas nombradas por el rey. Y que á esta rendición de 
cuentas serían llamados el rey y sus consejeros. 

V. Que el mayordomo de la real casa diariamente exigiría cuenta del 

de Peña seynnor de Arenoso, Don Amo#Dionis, Don G. Alcalá de Quinto, Don Pedro Ladrón de Vidau- 
re, Don P. Ferriz de Sesé, Don Qil de Vidaure, Fortuny de Vergua seynnor de Peñya, Don Corbaran 
dauhnes, Don Gabriel Dionys , P. Ferrandez de Vergua señor de pueyo, Don Xemen perez de Pina, 
Don Martin ruiz de foces, Fertun de Vergua de Ossera , et & los otros Mesnaderos , Caballeros , Infan- 
zones de los de Aragón , de Valencia, de Ribagorca, agora ajustados en la ciudad de £aragoca, et á los 
procuradores, et á toda la universidad de la dita ciudad de £aragoca, assi á los clérigos como á los legos 
presentes é avenideros. Qui de aquí adelant nos é los successores nuestros á todos tiempos clamemos é 
fagamos a justar en la dita ciudad de £aragoca una vegada en cada un ano en la fiesta de todos Santos 
del mes de Noviembre Cort gene ral de Aragoneses. E aquellos que á la dita Cort se ajustaran hayan po- 
der de esleyr ( 1 ) , dar, et assignar, et eslían , den et assignen conseylleros á nos et á los nuestros suc- 
cessores. Et nos et los nuestros successores hayamos et recibamos por conseylleros aquellos que la dita 
Cort ó la par de ella concordant á aquesto con los Jurados ó procuradores de la dita ciudad esleirán, 
darán , et assignaran á nos et á los nuestros successores. Con cuyo conseyllo nos é los nuestros aucceso- 
res governemo8 , et aministremos los regnos de Aragón , de Valencia , et de Ribagorca. Los ditos Con* 
seylleros empero Juren en la entrada de su officio, conseyllen bien é lialment á nos et á los nuestros , et 
usar de su officio, et que no prengan (2) ningún servicio, ni dono. Los quales Conseylleros sian camiados 
todos ó partida de ellos quando á la Cort visto será 6 ¿ aquella part de la Cort, con la qual acordaran los 
procuradores ó los jurados de (aragoca. ítem damos, queremos, et otorgamos á vos, que nos, ni los nues- 
tros successores , ni otri por nuestro mandamiento non detengamos presos , embargados , ni emparados 
sobre fianza de dreyto heredamientos , ni qualesquiere otros bienes de vos sobreditos Nobles , Ricos- 
Ornes , Mesnaderos , Caballeros , Infanzones , Ciutadanos de la dita ciudad de £aragoca , ni encara de 
algún otro Rico-Orne, 6 Ricos-Ornes, Mesnaderos, Caballeros, Infanzones del dit Regno de Aragón, 
del Regno de Valencia , et de Ribagorca, sines de sentencia dada por la IVSTICIA DE ARAGÓN den- 
tro en la ciudad de £aragoca con conseyllo expreso, 6 atorgamiento de la Cort de Aragón clamada é 
ajustada en la dita ciudat de £aragoca Nin encara de algún otro ó otros Ciudadano 6 Ciudadanos, 
Ornes de Villas ó de Villeros de la JURA DE LA UNIDAT DE ARAGÓN. Sines de sentencia dada 
por los Justicias de aquellas Ciudades, Villas, Villeros, ó logares por qui devran ser jutgados. Et si 
alguno por nos viniesse contra las cosas susoditas , et nos requirido non lo fíziessemos seguir et obser- 
var, como de suso hi es ordenado que seamos en la pena diuso 8 cripta. Et a observar, tener, complir, 
seguir et fer observar, tener, complir, seguir, el dito privillegio et todos los sobreditos capítoles ó arti- 
dos et cada uno dellos , et todas las cosas , et cada en ellos , et en cada uno de ellos, et non contrave- 
nir por nos ni por otri en todo ó en partida agora, ni en algún tiempo. Obligamos et metemos en te- 
nienca, et en Rehenes á vos, et á los vuestros successores aquestos Castiellos que se siguen. Es aasaber 
el Castiello de Moncluso. ítem el castiello de Boleya. ítem el castiello dito de Uncastieyllo. I^em el cas- 
tiello de Sos. ítem el castiello de Malón. ítem el castiello de Fariza. ítem el castiello de Berdeyo. ítem 
el castiello de Somet. ítem el castiello de Boria (3). ítem el castiello de Rueda. ítem el castiello de 
Darocha. ítem el castiello de Huesa. ítem el castiello de Morieylla. ítem el castiello de Uzon. ítem el 
castiello de Ezativa. ítem el castiello de Biar. Jus tal condición , que si nos ó los nuestros successores 
faremos ó venrremos en todo , ó en partida contra el dito privilegio 6 contra los capítoles ó articlos 
sobreditos et las cosas en ellos ó en alguno de ellos contenidas : Que de aquella hora adelante nos 
et los nuestros successores hayamos perdido por á todos tiempos los ditos castiellos en semble (4) é 

(1) Elegir. 

(2) Admitan t tomen. 
(8) Borja. 
(4) Junto*. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 167 

gasto á los despenseros en presencia del escribano de raciones , tomando éste 
nota y trasladando á los libros el asiento. 

Hizo además otras concesiones á este tenor. Y si bien las recibieron con 
placer los nuestros , disgustáronse de que se hubieran dado sólo por decreto 
real y no por ley de las Cortes. Siempre creyeron ellos que la forma afec- 
taba no poco á la esencia de las cosas. Asi fué que no pensaron en romper la 
Union. 

Tras varios sucesos, cuya reseSa no hace á nuestro intento , el rey Alfonso 
concedió por fin ( 1.287 )á los unidos aquellos dos famosos privilegios que 

» cada uno por sí. De los cuales castielloa vos et los vuestros podades fazer é fagades á todas vuestras pro- 

> pias voluntades assi como de vuestra propia cosa : et dar, liurar aquellos si queredes á otro Rey ó Sey- 

> nnor sines de ningún blasmo de fe , de homenage , de jura , de fieldat , do naturaleza. De las quales 
» cosas assi la hora como agora á vos et á los vuestros et a los Alcaydes , qui los ditos castielloa por nos 
» et por vos en la forma sobredita tenran diffinidament , et quita por nos é los nuestros soltamos. Assi 
» que nunca en algún tiempo nos ni los nuestros demanda, ni qiostion alguna á vos ni a los vuestros, 
» ni á los ditos Alcaydes, ni á sus successores ende (l) agamos, ni fazer ende podamos. Et á mayor se- 
» gurdat vuestra ó de los vuestros, Juramos por Dios, é la cruz, é los Santos Evangelios delante nos 

> puestos é corporalment tocados observar, tener, complir, et seguir el dito privilegio et todos los sobre- 
» ditos articlos et espitóles et cada uno de ellos et todas las cosas , et cada una en ellas , et en cada uno 
» de ellos , contenidas en todo y por todo según que de susodito y es et scripto et non contravenir por nos 

> ni por otri en ninguna manera. 

> Actum est Ccesarauguskc quinto Calendas Januarii Anno Domini MCCLXXXVIL 

* Signum Alfonsi Dei gratia Regís Aragonum, Mayoricarum , et Valentía, ac Comitis Barchinoncc. 

» Testes sunt Ar. Rogerii Comes Pallyariensi*.*=P. ferdinandi dns. de Ixar patruus prcedicti domini Re- 

> gís.= G. de Anglana.= Br. de podio viridi.=* P. Sesse. 

• Signum Jaeobi de Cabangas scriptoris dicti domini Regís. Qui de mandato ipsius hoe seribi fecit, el 
» etausit loco et anno pra/lañs. 

> Se hizo en Zaragoza á 2* de Diciembre de 1.287. 

> Signo de Alfonso, por la gracia de Dios , rey de Aragón , de Mallorca y Valencia , y Conde de Bar- 

> celona. 

> Testigos son : Ar. Roger, conde de Pallas. =» P. Fernandez, señor de Hijar, tio del dicho señor rey.» 
» G. de Anglana.= Br. de pueyo verde (2) .= P. Sesé. 

> Signo de Jai rao de Cabanas, escribano del dicho señor rey. Quien, por mandato del mismo, esto hizo 
» escribir y cerró lugar y año arriba citados. » 

Los dos privilegios tienen la misma fecha , los mismos testigos , y estén autorizados por el mismo 
notario. 

Estos son , pues , aquellos dos antiguos privilegios , añade á continuación el manuscrito , que un 
tiempo metieron tanto ruido entre nosotros. A cada paso los vemos celebrados en los escritos de nuestros 
antepasados ; pero difícilmente se encuentra un solo ejemplar. Porque al ser abolidos mediante una ley 
de Pedro IV, con asentimiento unánime del Reino, perecieron no sólo los originales, sino cuantas copias 
pudieron haberse á las manos , junto con casi todos los documentos de nuestra antigüedad. De aquí , en 
su mayor parte , provino la confusión y oscuridad en ella introducidas. 

El principal resorte que nos ha movido a darles cabida en nuestra obra , ha sido el ver en ellos bos- 
quejado el* Fuero de Sobrarbe , que ya dejamos insertado. 

Aunque no había llegado aún á su apogeo la autoridad do nuestro Justicia , porque estando en su vi- 
gor la suprema potestad de los Ricoshombres , creyeron que la Union era el medio mejor para conservar 
la libertad , podemos , sin embargo, ver en ellos claramente la primitiva dignidad de aquel magistrado, 
puesto que otra vez sancionan la potestad suprema del veto, establecida por el Fuero de Sobrarbe. Dice, 
pues, expresamente, que el rey na puede castigar contra el yarisfirma 6 veredicto del Justicia do Ara- 
gón , y en esto estriba la suma de nuestras libertades. Ciertamente , no alcanzamos el por qué se les dio 
el nombre do Privilegios de la Union, siendo así que hay poco concerniente & ella, y mucho, casi todo, al 
antiguo Fuoro de Sobrarbe. » . 

(1) Poi-ello. 

(2) Monte Verde ó Monterdel 



168 COMENTARIOS 

tiempo adelante se empaparon en sangre tan ilustre , y , como veremos más 
adelante en su lugar, fueron rasgados por Pedro IV ( 1 ). 

Entre los papeles del tantas veces citado arzobispo de Zaragoza, hemos en- 
contrado una copia de esos documentos , hoy sumamente raros , que gustosos 
insertaríamos en este lugar por contener el ya trasladado Fuero de Sobrarbe , 
y no poco sobre la potestad del Justicia de Aragón. 

Disponíase en ellos de una manera terminante : Que al rey no le era lícito 
castigar á nadie contra el veredicto, Juris-Jírma, del Justicia de Araron. De 
lo contrario, se daba á los nuestros el derecho de elegir libremente otro rey, 
como lo concedía el Fuero de Sobrarbe. 

Pero sometiéndonos con más gusto á la ley que lo prohibe , nos abstendre- 
mos de copiarlos ; no se crea que nos proponemos resucitar ahora cosas cuyo 
recuerdo trataron nuestros mayores de sepultar en el olvido, borrándolas con 
la mayor cordura de las costumbres, del Código de nuestras leyes, y aun de 
los documentos particulares, mediante tina 1¿ en armonía con la opinión de 
todos. 

Con estos privilegios encadenó el rey fuertemente los corazones de los 
aragoneses. Desterradas, pues, todas las discordias, depuestas las armas, y 
siendo su único pensamiento el afianzar la tranquilidad pública , de una ma- 
nera extraordinaria se concilio el amor y la veneración de sus vasallos. Y no 
sin fundamento. Pues además de merecerlo por esta prenda singular, fué Al- 
fonso muy espléndido en sus dádivas y muy moderado en sus exigencias. 

Deseó vivamente el enlace con Leonor, hija de Eduardo de Inglaterra. Mas 
cuando estaba ya pactado este matrimonio, y para su cSlebracion se disponía 
todo con mayor magnificencia y suntuosidad que nunca, herido por la pes- 
te (1.291), murió prematuramente Alfonso (18 de Junio) á los 27 años de 
edad. Yace en compañía de su madre en el convento de los frailes menores de 
Barcelona, produciendo en todos hondo sentimiento la pérdida de tanta libe- 
ralidad y mansedumbre. 

Muerto Alfonso sin hijos, pasó Jaime á ocupar el trono de Aragón , dejan- 
do vacante el de Sicilia , que poseyó desdé la muerte de su padre , y á éste fué 
elevado el otro hermano Fadrique. 

• El año anterior al fallecimiento de Alfonso (1.290), Hugo de Mataplana, 
sucesor de Fortun Bergua en el obispado de Zaragoza , concedió permiso á los 
religiosos del Carmen ( 17 Junio) para edificar en esta ciudad una casa de su 
orden. Se construyó sobre el lugar que antes ocupaba una capilla de ermita- 
ños de Santa Elena (2) , y es el mismo célebre convento que hoy llamamos de 
Carmelitas. Dióse principio á la obra en el reinado de Alfonso. 

Durante él, sólo queda memoria de dos Justicias: Juan Gil Tarín, que co- 
menzó en el precedente, y Juan Zapata de Cadret, digno de eterna gloria, 
que en el siguiente de Jaime II desempeñó también esa magistratura. 

(1) MS. < Con tanto gusto y empeño. » 

( 2 ) ¿ Hospital de peregrinos ? 



^WV/VWMnAV/MVIAMUI/lAK «V» 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 169 



JAIME II, EL JUSTO, 

Rey 17. de Aragón. 



•V 



J_jlamado del Reino siciliano que gobernaba, para heredar el de su herma- 
no Alfonso, muerto sin hijos, y coronado según costumbre en Zaragoza, ape- 
nas tomara Jaime II las riendas del gobierno, cuando algunos magnates pro- 
movieron una fuerte excisión hasta el punto de pretender serles lícito el des- 
aforarse del rey y prestar obediencia á cualquier monarca extranjero por los 
muchos agravios y no leves ultrajes que á voz en cuello publicaban haber 
antes recibido. A fin de atraerlos, imploró D. Jaime el favor del Justicia (en- 
tonces lo era Juan Zapata), pidiéndole que obligase á los magnates á manifes- 
tar las causas de aquella separación, y qucyiese si en justicia procedía ó no 
tal desaforamiento. Examinado atentamente y conocido el asunto, como el caso 
lo requería , reconcilió con el soberano aquellos proceres , los principales de 
todo el Reino, usando Zapata de la admirable suavidad y dulzura caracterís- 
ticas del Justiciado, disponiendo que se reparasen las injusticias imputadas al 
soberano y que los magnates desistiesen de su proyectada separación. A cuya 
decisión inmediatamente se sometieron todos, y en seguida, indulgente y ge- 
neroso, los admitió el rey á su obediencia. Era D. Jaime celoso amante de la 
equidad, y enemigo acérrimo de la injusticia. Y por ello tuvo bien merecido 
el noble é ilustre dictado que le dieron todos de príncipe justiciero. 

Tomó por esposa (1.295) ¿ Blanca, hija de Carlos, rey de Ñapóles, por 
no haberse podido efectuar el enlace proyectado con Isabel, María según 
otros, hija del rey de Castilla, á causa de la negativa del papa Celestino V á 
dispensarles el parentesco. Era Blanca señora de aventajada santidad y muy 
semejante en piedad y religión á su hermano Luis, obispo de Tolosa. 

De ella tuvo cinco hijos: Jaime, Alfonso, Juan, Pedro y Ramón Beren- 
guer. Cinco fueron también sus hijas: María, Constanza, Isabel, Blanca y 
Violante. Jaime el primogénito, digamos algo de todos, fué en vida de su pa- 
dre nombrado heredero de todo el Reino ; pero renunció ¿ la herencia y á la 
mano de Leonor, hija de Fernando, rey de Castilla, después de haberse des- 
posado con ella y oido la misa nupcial, con no poca admiración de todos y con 
desabrimiento y enojo de su padre, que vivamente había anhelado el legarle 
la corona. Tan inconsiderada conducta pareció ser hija de su inconstancia y li- 
gereza. Porque dejando el príncipe á su esposa antes de consumar el matrimo- 
nio é ingresando en la religión de San Juan de Jerusalen primero, después en 
la Orden militar de Montesa, de reciente fundación, no se distinguió cierta- 
mente por su continencia y templanza, y sí por su veleidad y poca modera- 
ción. Al fin abdicó voluntariamente con escritura formal sus derechos á la 

22 



110 COMENTARIOS 

corona de su padre. Ellos recayeron naturalmente en su hermano Alfonso, 
príncipe no indigno de sus mayores. Luego tendremos ocasión de conocerle. 

Juan , el hijo tercero de Jaime, primero abad de Monte Aragón, arzobispo 
de Toledo después; por último, patriarca de Alejandría y administrador de la 
mitra de Tarragona , se distinguió por su admirable santidad y doctrina. 

También fué notable en piedad y religión su hermano Pedro, conde de Ri- 
bagorza. Habiendo recibido de su padre éste señorío, que desde muy atrás se 
hallaba incorporado á la corona , le distribuyó con todos sus bienes entre los 
hijos habidos de su difunta esposa Juana, hermana del conde de Foix; y pre- 
firiendo la mendicidad á las riquezas , tomó en Valencia el hábito de San Fran- 
cisco, con el que vivió y murió, dejándonos admirables ejemplos de sufri- 
miento y de pobreza. Alfonso su primogénito , según habremos de ver , fué á 
la muerte del rey Martin uno de los aspirantes á la corona. 

A Ramón Berenguer le tocó el Condado de Prades. Hasta aquí de los hijos 
varones. 

María, la mayor entre las hijas, casó con Pedro, infante de Castilla; 
Constanza con un nieto del rey de Portugal ; Isabel con Federico duque de 
Austria , electo emperador de romanos ; Blanca fué insigne priora del monas- 
terio de Sijena, y Violante esposa de Felipe, déspota de la Romanía (1) pri- 
mero, y muerto éste, dio su mano al señor de Segorbe D. Lope de Luna, uno 
de los primeros grandes de Aragón , el cual se intituló después conde de Luna. 
Tanta y tan ilustre fué la prole de este matrimonio. La vida de doña Blanca 
estuvo toda consagrada á religiosas ocupaciones. A esta reina se debe (1.300) 
el convento de monjas dominicas que subsiste todavía en Zaragoza con el 
nombre de Santa Inés . 

A expensas y por empeño del rey , se fundó el mismo año ( 1 .300 ) la uni- 
versidad de Lérida. 

Una década después (1.310) sabemos llegaron á Zaragoza los frailes agus- 
tinos, y se establecieron acaso en el sitio mismo que hoy ocupa el convento 
de San Agustín. 

Más tarde (1.318), la nobilísima Marquesa, hija del rey Teobaldo de 
Navarra, esposa de Pedro Fernandez de Hijar, hizo construir para religiosas 
el convento del Santo Sepulcro. 

Memorable ha sido siempre entre nosotros ese último año (1.318) para los 
pasados y para los presentes siglos , no sólo por el fallecimiento de la reina 
María, segunda esposa del rey Jaime, y hermana de Enrique rey de Chipre, 
sino por haber sido elevada al rango de Metropolitana, por especial favor y 
gracia de Juan XXII , la Sede de Zaragoza. De éste pontífice se cuenta haber 
sido aficionadísimo á nuestra Iglesia. 

Celebró (1.322) el rey Jaime nuevas nupcias con una hija del noble Pedro 
Moneada y de Berga Pinos, llamada Elisenda. Mas no alcanzó sucesión alguna 
ni de ésta ni de la reina María. Tuvo un hijo ilegitimo, llamado Jaime, al que 
heredó largamente en la Isla de Cerdeña. 

(1) Bl MS. dice : € Romanice, > el impreso Romance, 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. MI 

Habla conseguido del papa Bonifacio VIII el rey Jaime la solemne inves- 
tidura de aquella y de la Isla de Córcega ; pero tanto éste como los siguientes 
reyes de Aragón se vieron empeñados , para conquistarlas , en largas y fre- 
cuentes guerras: de modo que no fueron en realidad cedidas aquellas Islas, 
sino compradas á precio de sudor y sangre por nuestros abuelos. 

Justo es que digamos cuatro palabras de los muchos y grandes aconteci- 
mientos de Sicilia. D. Jaime , que sentado en aquel trono le había defendido 
con ánimo y valor constante , vióse como rey de Aragón obligado á seguir una 
política contraria , revolviendo súbitamente contra ellos la misma espada tan- 
tas veces esgrimida en su defensa. Hondamente afligidos estos Reinos , que por 
la misericordia de Dios profesaron siempre la más respetuosa veneración hacia 
la Santa Sede , al ver que la causa de los sicilianos de dia en dia agravaba 
contra ellos la indignación de la Sede Apostólica, y que durante tanto tiempo 
pesaba ya sobre sus Iglesias el entredicho eclesiástico ; pidieron á D. Jaime, 
apenas tomadas las riendas. del gobierno, que por todos los medios posibles 
libertase al Reino de tantas calamidades. Pero esto no lo pudo el monarca re- 
cabar del Sumo Pontífice , sino á condición de hacer la guerra , á sus expensas 
y en persona, contra los mismos sicilianos. Habla resuelto la corte romana ha- 
cer de aquella causa la causa de la Iglesia. Fuéle, pues, necesario al rey em- 
prender la guerra contra los mismos á quienes él habla defendido antes para 
aplacar el irritado enojo de la Santa Sede, que no era posible calmar sino á 
costa de los sicilianos. Nada más doloroso al corazón del monarca que el verse 
forzado á tentar la suerte de las armas con sus antiguos subditos. Y más do- 
loroso todavía el hacer la guerra para destronar á su hermano Fadrique, colo- 
cado por él mismo sobre el trono de Sicilia. Sin embargo , los sicilianos, que 
tal vez hubiesen sido menos fuertes en. un trance dudo.so, cobraron invencible 
aliento con la desesperación , mostrando mayor adhesión que antes á su rey 
Fadrique. Y éste, cuya grandeza de alma no pudo doblegar jamás ningún 

contratiempo, triunfó con solo su valor y fuerzas , de 
las fuerzas y valor de todos los empeñados en su rui- 
na. Se quedó por fin señoreando la Sicilia, cuya co- 
rona logró hacer hereditaria en su familia. Aunque 
supo dejar á ésta otra herencia de más valía que el 
mismo Reino : la gloria de sus hazañas y de su nom- 
bre. Ellas ya en vida, al decir de algunos, le valie- 
ron el glorioso título, que con general aplauso le 
dieron todos, de Fadrique el Grande. Prolijo sería el 
enumerarlas, principalmente habiendo otras que re- 
claman nuestra atención. Pero no dejaremos de ad- 
vertir que las armas adoptadas por Fadrique para su 
Reino de Sicilia, fueron el escudo de los reyes aragoneses, unido á las insig- 
nias de los emperadores romanos , de quienes él descendía por su madre , la 
hija del rey Manfredo. 

Nuestro roy, volviendo á sus hechos, objeto del presente capítulo, aban- 
donando la empresa de Sicilia , no sin fuertes quejas del romano pontífice y 




172 COMENTARIOS 

de todos los franceses, que se hablan propuesto aniquilar el Reino siciliano, 
retirándose á sus estados, empleó todas sus fuerzas en reformar los abusos 
introducidos en los sagrados ritos con los tumultos de tan continuas guerras, 
y en establecer en su Reino el imperio de la más severa justicia. Tan magní- 
ficos fueron los resultados , que en un instante pasó el Reino de los mayores 
trabajos y miserias á la paz y tranquilidad más perfecta, aunque ligeramente 
alterada con los disturbios, terrible azote de aquel siglo, movidos por algu- 
nos de nuestros prohombres. 

So pretesto de que el rey los despojaba sin causa de sus caballerías , no 
titubearon en formar una liga, semejante á la Union, asegurándola con re- 
henes y juramento. Ellos afirmaban que les concedían ese derecho los anti- 
guos usos y costumbres, lo mismo que las leyes y privilegios del Reino. 

Pretendía por el contrario el rey , que él ni había procedido en cosa al- 
guna, ni procedería jamás con dañada intención contra ninguno de ellos; 
que aquellas infundadas quejas eran invención de algunos, hechos á vivir de 
crímenes y maldades, por cuyo motivo les era odioso hasta el nombre de jus- 
ticia ; y por último , que deseaba se decidiese esta contienda en el tribunal del 
Justicia de Aragón con arreglo á las leyes fundamentales del Reino. Convocá- 
ronse, pues, las Cortes en Zaragoza, y se nombró juez de esta controversia 
al Justicia de Aragón, que á la sazón lo era, por muerte de Juan Zapata, el in- 
mortal Jimeno Pérez de Salanova, merecedor de todas las alabanzas. Este in- 
vestigador diligentísimo, como el romano Marco Varron, de las antigüedades 
patrias , ilustró con su lengua y con su pluma la ciencia del derecho que hasta 
entonces sólo podían enseñar la tradición y la práctica. Dicha colección lleva 
el nombre de Observancias de Salanova. 

Púsose el asunto en tela de juicio. Y aunque los abogados intentaron in- 
hibir al Justicia y llevar á otro tribunal aquella causa, que en su sentir era 
puramente eclesiástica , por tratarse en ella de violar ó de guardar el sagrado 
juramento, en lo que no podía conocer ni sentenciar el Justicia cuya jurisdic- 
ción era secular tan sólo, sin embargo, éste , según costumbre , decidió y falló 
sin excepción alguna : 

Que se debían romper totalmente aquellas coaliciones como contrarias á 
las leyes; 

Que no podían ser válidos los juramentos hechos acerca de un asunto que 
no estaba en la mejor armonía con la justicia; 

Que los autores y jefes de la liga se pusiesen á disposición del rey para 
castigarlos según su voluntad , exceptuando la pena capital , la confiscación de 
todos sus bienes, la cárcel y destierro perpetuo. 

Sancionó además esta ley : 

« No puede apelarse de la sentencia dada en Cortes por el Justicia de 
Aragón.» 

Con gusto y regocijo se conformó el soberano. Muchas veces había litiga- 
do sin repugnancia con sus propios subditos en el tribunal del Justicia , ya 
para manifestarse con ellos justo y equitativo, ya para que cayera más fácil- 
mente sobre los malos todo el peso de las leyes. De él se refiere que solía con 



i 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 178 

frecuencia decir no haberse desviado una sola vez en su vida de la recta con- 
ciencia al fomentar la justicia, ni separádose á sabiendas un solo ápice en la 
observancia de las leyes. 

En esas mismas Cortes de Zaragoza (1.300) hizo el rey que se reformasen 
las antiguas leyes y se ordenasen bajo otra forma mejor. El libro que de ellas 
se formó entonces, según la costumbre antes establecida, se llamó Libro 9.° 
de los Fueros de Araron. En éste se incluyeron además otras leyes promulga- 
das por las Cortes (1.301) de la misma ciudad, por las de Alagon (1.307), y 
por las de Daroca ( 1.311 ) , celebradas todas en el reinado de este monarca. En 
la redacción de éstos Fueros nos dejó Salanova muchas pruebas de su cuida- 
do, erudición y celo. Las últimas Cortes de este reinado (Zaragoza 1.326) hi- 
cieron aquella notable declaración del privilegio general , que aún conserva 
todo su vigor, para obviar muchas cuestiones y dudas, y para asignar al 
Reino algunas libertades que acaso no constaban anteriormente por ninguna 
ley escrita, aunque andaban en boca del vulgo y, como en el prólogo dijimos, 
tenían por asiento la cabeza ó memoria de los jurisconsultos. 

Finalmente, con estas y otras cosas, puso Jaime de relieve su benevo- 
lencia para con los nuestros. Ya no le restaba larga vida. Esta le abando- 
nó (1.327) el 2 de Noviembre en Barcelona á la edad de 66 anos. Allí fué in- 
humado en el monasterio de Santas Creus, durando largo tiempo sus exequias, 
y más todavía las justas lágrimas con que le honraron sus vasallos. Fué aman- 
tisimo de la justicia y de la verdad sincera : en la guerra y en la paz famoso 
y esclarecido principe. A éste le sucedió su hijo Alfonso. A Salanova, Sancho 
Jiménez Ayerbe, que desempeñó el Justiciado muchos años bajo el rey Alfon- 
so, de quien vamos á tratar al punto. 



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ALFONSO IV 



EL BENIGNO Y PIADOSO, 

Rey i8.° de Aragón. 



L 



a pasmosa volubilidad é inconstancia de su hermano mayor colocaron 
sobre las sienes de Alfonso la corona de su padre. Habia casado ( 1.314) con la 
muy noble y opulenta señora Teresa Entenza, hija de Gombal Entenza y de 
doña Constanza Antillon , heredera del Condado de Urgel y de muchos otros 
señoríos. Arrebatada por la muerte junto con su hijo Sancho, al tiempo de 
darle á lu? , habia fallecido en Zaragoza cuatro dias antes que el rey Jaime, 
su suegro, siendo sepultada en el grandioso convento de San Francisco. Por 
ese cruel incidente no se la puede colocar en el catálogo de las reinas arago- 



174 COMENTARIOS 

nesas. Sus hijos fueron: Alfonso, que no pasó de la niñez; Pedro, nacido á 
los siete meses, que sucedió á su padre en el Reino; Jaime, conde de Urgel, 
cuyo nieto fué después uno de los aspirantes al trono, como luego diremos; 
Fadrique, muerto en la infancia; y Sancho que, como acabamos de ver, des- 
de el umbral de la vida pasó al sepulcro en compañía de su madre. Hijas su- 
yas fueron: Constanza, casada con Jaime, rey de Mallorca, é Isabel, que bajó 
á la tumba en el mismo año que su madre. Ocupado estaba Alfonso en las 
exequias de la madre y del hijo al recibir la nueva fatal de la muerte de su 
padre. Noticia que redobló con nuevas lágrimas y llanto el luto del hogar do- 
méstico. 

Tributados al autor de sus dias los últimos honores con la debida solemni- 
dad y magnificencia, hizo los preparativos para coronarse con mayor lu- 
cimiento y pompa de la que hasta entonces se había visto. Reunidas, pues, 
las Cortes en Zaragoza , después de ungido con el sagrado óleo el domingo de 
Pascua de Resurrección (3 de Abril 1.328), fué Alfonso coronado en el tem- 
plo de La Seo por Pedro Lope de Luna , primer arzobispo de esta ciudad au- 
gusta. Paseó luego en un brioso corcel las calles de la ciudad; dio mucha va- 
riedad de juegos y lució infinitos trajes cuajados de plata y oro, ostentando la 
grandeza de su poder y la brillantez de su corte ante la numerosa concurren- 
cia. Era ésta tan grande , que Ramón Muntaner, respetable historiador de 
aquella época y testigo presencial, hace subir á más de 30.000 el número de 
los caballeros. 

Terminadas las fiestas , volvió su atención á los negocios del Reino, y por 
decreto fechado en Daroca ( Setiembre 1 .328 ) , mandó que nadie , ni aun el 
mismo monarca, pudiese en cualquier forma enajenar ó desmembrar en los 
diez años siguientes el patrimonio real ni las rentas públicas. De aquí surgie- 
ron entre los hermanos diferencias no pequeñas que , convertidas después en 
graves enemistades, trabajaron por más tiempo la cosa pública. En efecto, á 
los dos años de haber perdido á su primera esposa , contrajo (1.329) segundas 
nupcias con Leonor, infanta de Castilla, la repudiada, según hemos dicho, 
por su hermano Jaime; y á los hijos Fernando y Juan, habidos en ella, se- 
ñaló pingües patrimonios contra el edicto promulgado antes por él mismo. 

Pedro, heredero futuro de los Reinos, que tenía mucha perspicacia , indig- 
nándose al verse de ellos despojado, no cesó en toda la vida de perseguir con 
odio mortal á su madrastra y á sus hermanos Juan y Fernando. Odio que 
guardó largo tiempo reconcentrado en el fondo de su corazón ; pero que á la 
muerte de su padre estalló tan fuertemente contra sus haciendas y contra su 
vida , que ni con ruegos , ni aun con el trascurso de los años , pudo templar- 
se nunca. 

Bien distinta por cierto había sido la índole de su padre. Por maravi- 
lla tuvieron los pasados siglos, y tienen los presentes, que de un padre tan 
piadoso y benigno 'hubiera nacido un hijo de tan opuestas inclinaciones. 
Porque si mucha fué la diferencia de sus prendas corporales , fué mayor toda- 
vía la variedad en las dotes de su espíritu. En todas las acciones de Alfonso res- 
plandecieron juntas la clemencia , la mansedumbre , la piedad y la dulzura; 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 175 

ora entre el horror de los combates, como joven general enviado por su padre 
á la conquista de Cerdeña, ora después de la muerte de éste , rigiendo los des- 
tinos públicos del Reino. De manera que, bien le consideremos en la aurora, 
bien en el ocaso de su vida , le veremos siempre digno de las alabanzas que 
todos le tributaron , como si en él estuvieran personificadas la bondad y la 
mansedumbre. Así mereció los títulos de piadoso y de benigno. 

Acometido , por fin , de la última enfermedad , salió de esta vida en Barce- 
lona el 24 de Enero (1.336). Su cuerpo, según había mandado él mismo, fué 
conducido á Lérida y colocado en el convento de frailes menores de San 
Francisco. 

Aunque en su reinado no se promulgó ninguna nueva ley , hay sin em- 
bargo cosas que merecen mencionarse por ser concernientes al engrandeci- 
miento delJusticiado. Dícese que Sancho Jiménez Ayerbe, sucesor de Sala- 
nova, decretó (1.332) : Que la villa de Horta se hallaba dentro de los términos 
de Aragón , contra los catalanes que pretendían estar dentro de los límites de 
su Condado. Desde aquella fecha quedó anexionada á nuestro Reino aquella 
población ; si bien algunos años adelante , quizá por pacto ó convenio , volvió 
á incorporarse con Cataluña. 

El sucesor de Ayerbe fué Esteban Gil Tarin , en cuyo tiempo concedió éste 
rey al Justiciado el derecho perpetuo de tener y llevar en su corte notarios 
públicos, lo que hasta entonces fuera exclusivo privilegio de la corona. De esa 
época data la unión de las Escribanías á dicha magistratura. Cosa que con- 
tribuyó no poco al enaltecimiento del Justiciado. 

Un crimen, siquiera parezca digresión, sería en nosotros el omitir la opi- 
nión altísima y notable que de nuestras leyes y libertades tenía formada el rey 
.Alfonso: ella es la medida del subido aprecio con que los distinguían nuestros 
monarcas; y ella hará lícitos nuestros arranques de entusiasmo. 

Dejamos apuntado , que el empeño del rey en señalar dilatados hereda- 
mientos á sus hijos Fernando y Juan, provocó en Aragón muy graves sedicio- 
nes fomentadas por el infante D. Pedro. Pero mucho más graves eran las de 
Valencia. A esta ciudad marchó el rey, acompañado de la reina Leonor y de los 
hijos, con objeto de reprimir la excesiva licencia y de ganarse la voluntad de 
los valencianos. Apenas se comenzó allí á tratar del asunto con el rey y en 
presencia de su esposa, por cuyos manejos así se había dispuesto, pronunciá- 
ronse algunas frases algo más fuertes y duras de lo que podían sufrir los oidos 
de doña Leonor. Oyólas, sin embargo, el monarca y guardó silencio. Silencio, 
que la reina , dotada de corazón fogoso y altanero , en presencia de todos los 
circunstantes, echó en cara á su consorte, apostrofándole de esta manera: «Es. 
» irafto ciertamente 9 oh rey Alfonso , cómo has podido escuchar en calma , lo que 
» acaban de decirte. Si á mi hermano, el rey de Castilla , se le hubiesen dirigido 
» palabras semejantes a las que tú acabas de oír, no, no las hubiera sufrido 
» con esa indiferencia. Ya estarían rodando por el suelo las cabezas de los aire- 
» vidas que han hablado con tal descaro. — Es propia , querida esposa , le con- 
y> testó el rey , es innata a nuestro pueblo la libertad. Libertad que Nos no po- 
» demos infringir. No es el suyo como el carácter de otras naciones, para sufrir 



H6 COMENTARIOS 

» la servidumbre. Míos nos reverencian # Nos como a Señor ; Nos a ellos los es- 
» timamos como a fieles subditos y compañeros.* 

Basta ya de Alfonso, y pasemos á su hijo y sucesor D. Pedro. Sin darnos 
cuenta de ello, nos hemos alargado con exceso en estos últimos reyes. Hora 
es ya de que nos aproximemos á la terminación de la obra , aunque no cree- 
mos fuera del caso lo que dejamos dicho. Porque estando tan íntimamente 
ligada toda nuestra obra, ésta se vendría al suelo, si no uniéramos la segunda 
con la primera parte. 



*WWW»/WWWWW\/VWV\/S/N/WWW 



PEDRO IV, EL CEREMONIOSO, 

Rey ig.° de Aragón. 



A, 



.guijonríbalk tanto al hijo de Alfonso la ambición de mando , que no pudo 
refrenar sus deseos de alzarse con el Reino, contra toda justicia, en vida y casi 
á la vista de su mismo padre. Fué el cuarto de los Pedros, y entre los reyes 
de Aragón el decimonono. Por su exactitud y prolijidad en prescribir las ce- 
remonias debidas á la majestad real, le apellidaron el Ceremonioso. A no ha- 
berse manchado con la sangre de un hermano , á no haber sido el agente prin- 
cipal de tantas disensiones domésticas, de tantas guerras civiles, podría sin 
desventaja entrar en parangón con los mejores príncipes. Era ingenioso para 
excogitar recursos, sagaz en sus proyectos, incansable y resuelto en su eje- 
cución, consumado general, de mucha prudencia, de gran corazón, práctico 
como el que más en las cosas de la guerra, y el más diestro en valerse de los 
hombres de su época. Pero tan duro, suspicaz y turbulento, tan singularmen- 
te despiadado, tan encarnizado perseguidor de su propia sangre, que aquella 
superior perspicacia, aquella fogosidad de carácter, parecieron haber produ- 
cido, á manera de hierbas engañosas, inesperados frutos. 

Muy al principio de este reinado se originó una gran disputa entre catala- 
nes y aragoneses. Pretendían aquellos con sumo empeño que el rey debía con- 
firmar antes que las nuestras sus leyes y costumbres patrias. Los nuestros 
replicaban por el contrario, que no sólo no debían los catalanes aventajar á 
los aragoneses en los honores y dignidades , mas ni siquiera igualarles en 
cosa alguna, pues Aragón había sido considerado siempre como el estado 
principal de toda la monarquía. Y que ni al mismo rey le había sido lícito ja- 
más obrar como tal, ni aun usar de ese titulo, hasta después de haber sido 
coronado y de haber j urado los Fueros y libertades á los aragoneses , y de 
habérsele nombrado rey en la ciudad de Zaragoza , capital de todos los Rei- 
nos. Esto no admitía réplica ; y, sin embargo, opinó el rey que se debía poner 
á discusión, Tan alta rayaba su afición á las novedades y contiendas: diríase 



DE LAS COSAS DB ARAGÓN. 177 

* 

que tenía puesta toda su atención y todos sus sentidos en ir & caza de ellas. 
Al cabo resolvió que debía coronarse primero en Zaragoza. 

Convocadas en ella Cortes para el domingo siguiente á la próxima Pascua 
de Resurrección ( 1.336} , luciendo un precioso manto y corona de oro, cuaja- 
dos de brillante pedrería, confirmó el rey con juramento nuestras leyes patrias 
y las costumbres de los mayores. 

Celebrando después en Lérida Cortes á los catalanes , se obligó también 
con juramento á guardarles siempre sus ordenanzas y sus leyes. 

Desembarazado de este cuidado, el odio que, antes lo hemos dicho, había 
concebido contra su madrastra y hermano, odio que jamás pudo calmarse sino 
con la infeliz y hasta el extremo agitada suerte de la madre y de los hijos, 
rompiendo los diques y desbordándose con furor, procesó á Jaime , rey de las 
Baleares, esposo de su hermana Constanza, y ligado á él con muchos otros 
vínculos de afinidad y parentesco , acusándole ya de haber acuñado moneda, 
ya de haberle faltado á la obediencia, y aun del crimen de traición. 

El Reino de Mallorca había sido desde su principio feudo de la corona 
aragonesa. Y Pedro, saliéndose del artificio y disimulo con que solía obrar 
en todo, para hacer de todos aborrecidos los crímenes y fraudes imputados 
al mallorquín, se propuso residenciarle primero, y después litigar con el de- 
recho de la fuerza y por la via de las armas. La terminación de este negocio 
puso en evidencia toda la fiereza y crueldad del monarca aragonés. Porque 
ni las súplicas del mismo infortunado rey de Mallorca, que se había echado 
á sus pies ; ni las copiosas lágrimas de su hermana Constanza , ni los ruegos 
de los intercesores, que eran muchos, pudieron impedir el total despojo de 
los estados de D. Jaime. Incorporando luego las Baleares á la corona de Ara- 
gón, arrebató á su infeliz cuñado todas las esperanzas. Una larga vida hizo 
más acerba tan desgraciada suerte. Porque vivió sendos años lanzado del 
trono y lejos de su patria. Con todo, para ser menos conocido, tomó en ade- 
lante el exótico nombre de Clarencio. 

No contento con la destrucción del Reino de las Baleares , al momento co- 
menzó el rey Pedro á imaginar otra novedad , que puso nuestros Fueros y li- 
bertades casi en el último peligro y á disposición de la fortuna. Como tomara 
por esposa (1.338) á María, hija de los reyes de Navarra, Felipe y Juana, y 
de ella solo hubiera tenido tres hijas, Constanza, Juana y María, el rey dis- 
puso se fallara antes de su muerte , que en el caso de fallecer sin sucesión va- 
ronil, recayese en su hija mayor Constanza la corona de todos sus Reinos, 
haciendo caso omiso de su hermano Jaime , á quien en tal caso aquella perte- 
necía por derecho legítimo y hereditario. Pretensión fué ésta que á todos pa- 
reció exagerada por su magnitud ; y por la novedad del caso, seguramente la 
primera. Todos creían sin asomo de duda, que el infante D. Jaime, á quien 
antes el rey su hermano llamaba en público y con frecuencia su heredero , le 
sucedería efectivamente, si el rey no tenía hijos varones, con exclusión com- 
pleta de las hembras : y desde tiempo atrás venía D. Jaime desempeñando la 
gobernación general del Reino, dignidad distintiva de los primogénitos , ó de 
los herederos inmediatos á la corona. 

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178 COMENTARIOS 

En medio de tantas calamidades como por este motivo amenazaban de cerca 
á todo el Reino, amaneció impensadamente, llenándole de regocijo, el dia en 
que la reina (1.347) dio á luz en Valencia un hijo, que se llamó Pedro. Con 
este alumbramiento se dirimían todas las controversias sobre la futura suce- 
sión al trono. Pero este dia no tardó en tornarse infausto , robando las alegrías 
y los espectáculos, y cubriéndolo todo de lágrimas y consternación. El niño 
Pedro pasó á mejor vida, apenas regenerado por el bautismo, y su madre le 
siguió al sepulcro á los cinco dias. Cuantos conocían por experiencia la desa- 
brida índole del monarca, pronto aseguraron que este infortunio, grande en 
verdad , era para la patria el principio de mayores desventuras. 

En efecto, dejándose arrebatar de su furor D. Pedro, que no había olvida- 
do sus proyectos , despojó á su hermano Jaime de la gobernación general del 
Reino, apeando á la vez á todos los que en nombre de éste ejercían un cargo 
cualquiera. Desheredando además al infante por un edicto público , confió la 
gobernación general á su hija Constanza como á verdadera, legítima y única 
heredera futura de la corona. Tampoco en esta ocasión abandonó al taimado 
y malicioso monarca la habitual astucia para tomar sus precauciones. Buen 
cuidado había tenido de ganarse á varios de nuestros jurisconsultos y magna- 
tes , con cuya autoridad y dictamen cubría con cierta tintura de legalidad la 
infamia de su designio. Jamás pudo recabar, empero, la aprobación de los 
otros, que tenían por crimen el arrebatar, si moría el rey sin hijos, á su 
hermano Jaime un cetro que á todas luces le pertenecía por derecho inme- 
morial. De aquí nuestras numerosas discordias; de aquí las crueles y ca- 
lamitosas guerras civiles, que tan hondamente afligieron á la patria, me- 
nos por su larga duración , que por los incendios , por las rapiñas , y por 
el innumerable enjambre de plagas, ordinario cortejo de las guerras más 
atroces. 

Los amantes de las libertades patrias, que eran los más y los mejores, re- 
solvieron no tolerar el grande ultraje hecho á Jaime , ó más bien al Reino en 
general. Juzgando que de nada les servirían ni las palabras , en son de queja, 
ni las lágrimas, porque les era conocida la inexorable voluntad del rey, acor- 
daron resistirle con las armas y con la fuerza , para que su violento y desen- 
frenado furor no pasase más adelante en el camino emprendido de causar ma- 
yores quebrantos á la patria. Por tanto , siguiendo para defender la libertad, 
los ejemplos tan sabidos de sus antepasados, robustecidos recientemente por 
los dos privilegios de que antes hicimos mención, con singular contentamiento 
de todos los buenos resucitaron la antigua Union , el último recurso de la mo- 
ribunda república , pero grave y autorizado , y evidente denuncia de las dema- 
sías de los reyes. Aunque ella en otras ocasiones había servido de cortapisa á 
los abusos de la autoridad real , en ésta se tenia por harto peligrosa. Porque 
anticipándose el insidioso y astuto monarca, se había granjeado la voluntad 
de nuestros primeros y más poderosos magnates. Pero á tan crítica y apurada 
situación se había llegado , era igualmente tanta la magnitud de otras inju- 
rias , que para rechazarlas , ya no restaba otro medio que enarbolar el estan- 
darte de los unidos . 



DB LAS COSAS DE ARAGÓN. ns 

Hasta entonces no se había conferido al Justicia , que lo era en aquellas 
circunstancias el ilustre, famoso y esclarecido García Fernandez de Castro, la 
potestad bastante á contener loa abusos de esta índole. Y nuestros mayores 
dieron á la Union en los primeros tiempos mas autoridad y fuerza de lo que 
fuera conveniente. Con todo , es muy extraño que en ninguna de las cuestio- 
nes, que por entonces se agitaron, interviniese la vara del Justiciado. Hay 
quien dice haberlo esquivado loa nuestros por instigación de los hermanos del 
rey , Jaime , Fernando y Juan , y que éstos dos en particular avivaron no poco 
el ya violento fuego de la discordia. Acaso el mismo D. Pedro con su nunca 
desmentida astucia y sagacidad , procuró por ese medio deshonrar á los nues- 
tros , y tener así un pretexto , ya que no fundado motivo , para los rehatos que 
maquinaba en contra de la patria. Sea de ello lo que se quiera , es lo cierto 
que los nuestros, siguiendo el ejemplo y las leyes de sus abuelos, acudieron, 
como de ordinario a la Union , pidiendo lo mismo todos , siendo uno mismo el 
parecer de todos , una misma la aspiración de todos : la conservación de la li- 
bertad. Fué su primer cuidado la reunión en Zaragoza de todos los coligados. 
Verificada ésta al punto con numerosa concurrencia , se nombraron jefes y pre- 
sidentes , ó como se llamaban entonces , conservadores de la Union. Pensando 
ellos, y lo pensaron bien, que se necesitaba un brazo robusto para tener á 
raya la brava condición de Pedro IV, y á fin de inclinar mas fácilmente á su 
partido las voluntades de los demás, excitaron á defender la patria con abun- 
dantes ejemplos y exhortaciones á los presentes, á los ausentes por medio de 
cartas y de mensajeros , cuidadosamente instruidos al efecto. 

Y para que en ninguna parte pudiera esto imputarse & culpa, ni pareciera 
que acaso se enderezaba contra la majestad real, encaminándose únicamen- 
te á la conservación de la libertad , hi- 
cieron un sello de grandes dimensiones 
para estamparlo en todos los documen- 
tos de la Union. Con objeto de que fuese 
claro y público testimonio de la pureza 
de sus intenciones y de su innata fideli- 
dad , patentizando á los siglos los más 
recónditos pliegues de su corazón puro y 
sin mancilla , mandaron representar en él 
al soberano con las insignias reales, sen- 
tado en el trono como juez en su tribu- 
nal , y en torno suyo al pueblo armado, 
prosternado á sus pies , é implorando su- 
miso la clemencia del monarca ( 1 ). Em- 
blema verdaderamente magnífico de la lealtad y unión de la multitud conjurada 
y también de su fortaleza, que manifiesta á la yez la insolencia del monarca y el 
dolor de los nuestros en el semblante y gesto , cual si se vieran contra su vo- 
luntad obligados á tomar las armas en defensa de la patria. No es como al- 
lí) Ln inscripción que ae leu en o! eiergo , dice : . SELLO DE LA UNION ARAGONESA. > 




180 COMENTARIOS 

gunos creyeron ( 1 ) , el símbolo de la osadía y de la presunción , sino de la 
más perfecta adhesión al principe , ya que entre el estrépito de las armas, aun 
cuando reprochaban al rey sus demasías , suplicábanle , sin embargo , sumisos 
y reverentes , recordándole su palabra , para que se mostrase más bondadoso y 
benévolo con la patria. El mismo escudo se veía también dibujado en las ban- 
deras y en los trajes de campaña, á fin de acreditar en todas partes , con estos 
testigos mudos é inanimados , su veneración y respeto hacia la dignidad y per- 
sona del monarca. Y en ello obraron ciertamente con más cordura que los va- 
lencianos. Levantaron también éstos los pendones de la Union , por la causa 
de la libertad , lo mismo que los nuestros; pero se permitieron con la majestad 
real mayores libertades de lo que fuera conveniente. 

Amedrentado el rey con tan imponente movimiento de los suyos , expidió 
convocatoria de Cortes para Zaragoza ( 18 de Agosto de 1.347) . Tan pronto 
como en ellas comenzó á tratarse de la causa común , se creyó conveniente 
nombrar nuevos consejeros y ministros de la corona , á cuyos malos consejos 
se atribuían los trastornos producidos por los errores del monarca. No des- 
cuidaron el que D. Pedro, si bien lo resistió cuanto pudo, confirmase de nue- 
vo los dos privilegios de la Union , concedidos por el tercer Alfonso, estando 
todos empeñados en arrancarle esa aprobación que sancionaba sus claros pro- 
pósitos de conducir el asunto al terreno de la fuerza , y el crédito y legalidad 
de la Union. Procuraron además se restituyese á D. Jaime la procuración ge- 
neral del Reino, punto capital de la contienda. Lo súbito de la muerte del in- 
fante hizo concebir á muchos vehementes sospechas de haber intervenido en 
ella el veneno del rey. Ciertamente que éste , al cerrar las Cortes y en la mis- 
ma iglesia de La Seo, dirigió desde el trono, dejándose llevar de su indigna- 
ción y bolera, contra algunos de los nuestros, ataques personales demasiado 
bruscos é intolerables. Ellos, respondiendo osados á la provocación, exaspe- 
raron en tan alto grado la ferocidad del rey, que bien pronto se vieron turbu- 
lencias y trastornos de más bulto que los anteriores. 

Saliendo el soberano aceleradamente de la ciudad , tuvo maña para sepa- 
rar de la Union, y atraer á su bando, algunos magnates de los más podero- 
sos , por cuyo dictamen , y más con su refuerzo , dióse prisa en acudir á las 
armas , ávido de castigar la insolencia de aquellos sediciosos , como él decía, 
no con la justicia y equidad , sino con despiadado hierro y con la sangrienta 
espada. Los hermanos del rey, Juan y Fernando (éste era el alma de la Union), 
que también habían asistido á las Cortes , al punto hicieron un llamamiento á 
todo el Reino para tomar las armas. Y sacando luego del palacio de la Dipu- 
tación la enseña de los unidos , pusiéronla de manifiesto en un lugar públi- 
co (2) , como anuncio inequívoco y patente de guerra común en defensa de la 
patria. Así prepararon la desolación á sangre y fuego de este Reino infortu- 
nado. Él, conducido por la bondad de Dios desde tantos siglos atrás hasta la 
cumbre de la gloria , é inmortalizado por el valor de subditos y de reyes , en 

(1) MS. «Como un tiempo pretendió Zurita.» 

( 2 ) Bn el templo del Pilar. 



DE LAS COSAS DB ARAGÓN. . _ 181 

un momento fué precipitado á un abismo de inevitables desventuras por el 
ardiente y violento furor de Pedro IV, y más aún por el odio á sus hermanos. 
Pero tan pronto como desecharon los nuestros las condiciones de paz propues- 
tas por el Justicia García Fernandez de Castro, creyeron los más sensatos que 
impulsaba á los unidos la venganza de antiguas enemistades entre el rey y 
sus hermanos , y no la defensa de la libertad . 

Encontráronse, por fin , frente á frente las tropas de uno y otro bando en 
los campos de Épila , no lejos de Zaragoza. Allí , después de una larga y tan 
reñida batalla , como si unos y otros pelearan por la religión y por la patria, 
quedó la Union vencida (21 de Julio 1.348) y á disposición del soberano. 

Pero nada acaeció jamás tan al revés de las esperanzas , como los sucesos 
que siguieron á la victoria. Tras tan funesto accidente temíase por la suerte 
de nuestros Fueros y libertades, amagados de calamidades sin cuento, como 
los mismos edificios, que se hallaban y permanecieron desiertos. Mas el vic- 
torioso Pedro IV dulcificó su carácter con una extremada bondad , con una 
clemencia inesperada. Si bien es verdad que impuso algunos castigos horri- 
bles , perdonó de buen grado á todos los demás , porque no ignoraba haberse 
ellos colocado en tan gran conflicto , engañados por los artificios de sus her- 
manos. En vista de esto, es cosa clara que de ninguna manera habría vencido 
el rey D. Pedro las innumerables dificultades que á cada paso se le presenta- 
ron en la carrera de su vida , á no cimentarse en algunas buenas cualidades 
su duro é impetuoso carácter. 

Con. objeto de alentarlos abatidos corazones, haciendo renacer en todos la 
esperanza de que se conservarla la libertad , convocó en seguida Cortes gene- 
rales para Zaragoza. En ellas , á propuesta de (¿alacian de Tarba , sucesor en 
el Justiciado de (jarcia Fernandez de Castro, y con asentimiento del rey y de 
todo el Reino, se decretó desde luego, que se arrancasen hasta las raices de la 
Union. Entonces fué cuando se promulgó el Fuero especial que tenemos hoy, 
cuyo titulo es: «Prohibición de la Union, casación y anulación de la misma y 
de las cosas de ella dependientes: y que en adelante nunca se hagan, ni se pue- 
dan hacer» (1) . Tal es á la letra la rúbrica ó título de ese Fuero. Imposible le 
parecía sin duda al monarca el manifestar con bastante claridad la muerte de 
la Union, si en su epígrafe no amontonaba tanto fárrago de palabras. 

También llama mucho la atención el no hallarse en ese Fuero una sola 
palabra sobre el lugar, ni sobre la fecha de los privilegios otorgados por Al- 
fonso III , aunque habla de ellos explícitamente y prescribe su extinción com- 
pleta. Intencionada fué esta omisión , como ya lo observa una antigua glosa 
de este Fuero. Porque de mencionarlas, dice, siquiera fuese para su más per- 
fecta anulación , acaso se creyera haber él aprobado tácitamente la cosa más 
pequeña de tales privilegios ; y á D. Pedro parecíale harto poco desgajar las 
ramas y tronchar el árbol de la Union , si no extirpaba hasta los filamentos 
más diminutos de sus raíces. 

(1 ) Seguimos en esto el texto del MS. El impreso dice : < Sobre la prohibida casación de la Ünion, 
y anulación de la misma, y de la* cosa* dependiente* de ella: y que en adelante nunca se hagan, ni hacerse 
puedan. » Hemos dado la preferencia al MS. porque concuerda con el libro de los Fueros. 



182 < ♦ COMENTARIOS 

Cuentan además, que tomando el rey en sus manos los privilegios origi- 
nales para hacerlos trizas, y queriendo con sobrada precipitación rasgarlos 
con el puñal que siempre traía, se hirió ligeramente un dedo. Al verlos teñi- 
dos en su propia sangre , exclamó Pedro IV : « Privilegios tan empapados en 
sangre noble, con sangre real pueden borrarse sólo.» 

Y para que no se salvara , ni en los archivos , ni en los gabinetes particu- 
lares , ni una sola copia que andando el tiempo pudiera recordar al Reino la 
primitiva Union, trabajó con ardoroso afán en aniquilar, ora fuesen públicos, 
ora particulares, se rozasen 6 no con ella, todos los documentos. En este di- 
luvio se anegaron numerosos monumentos de nuestra más remota antigüedad: 
pérdida que ya lamentamos en el prólogo de esta obra , por la densa oscuridad 
y tinieblas con ella esparcidas en los tiempos primitivos de la monarquía; 
pérdida que fué la causa de la variedad de opiniones que hoy observamos en 
los escritores. Empresa digna de aquella época calamitosa era el dar una 
muerte tan cruel á nuestra desgraciada antigüedad. 

También los nuestros , queriendo evitar á sus hijos el peligro de imitar ese 
ejemplo, con risueño semblante y corazón alegre, tuvieron por conveniente, 
que la Union misma , y su poder y su memoria, quedasen sepultados en el si- 
lencio de los siglos y en el eterno olvido , porque ella no sería en verdad , otra 
cosa que germen fecundo en guerras intestinas , y dilatado campo de sedicio- 
nes civiles. Mas siendo desde los primeros siglos la principal columna de 
nuestras leyes y libertades aquella turbulenta institución , y no pudiendo ésta 
derribarse sin que bambaleasen aquellas ; el rey y el Reino , de común acuer- 
do, colocaron en el Justiciado toda la fuerza de la Union, estableciendo, que 
en lo sucesivo se deslindasen siempre los derechos del pueblo y del soberano, 
no por la fuerza ni por el hierro , sino por los fallos de ese magistrado. Con 
tan excelente medida, hija de la discreción y de la prudencia, se apaciguaron 
como por encanto todas las sediciones populares , y se reprimieron las violen- 
cias y rebatos de los injustos reyes y de los ministros. Convertido el Justiciado 
en el único puerto de salvación para todos en general , se miró entonces con 
tanta circunspección y cautela por la paz y concordia del Reino, que esta tan 
admirable disposición ha llegado robusta y lozana hasta nosotros para eterno 
loor de nuestros serenísimos reyes , para gloria y prez de la nación aragonesa. 

El triunfo del monarca sobre sus vasallos , al que pareció debería seguir la 
más deplorable ruina del estado entero , consolidó por ese medio la calma , la 
paz y la tranquilidad del Reino. Él colocó sobre la cumbre de su dignidad, en 
la que hoy veneramos al Justicia. Verdad es que esta institución, ya lo hemos 
dicho antes , tenia desde los principios de nuestra monarquía por principal 
objeto el servir de dique al desbordamiento del poder real. Pero arrogándose 
con suma frecuencia las funciones del magistrado , solía la falseada práctica 
de la Union atajar con las armas los abusos de la corona; de modo, que para 
ese mismo fin encaminaron nuestros abuelos , sin anular ninguna , ambas ins- 
tituciones. Mas como repugnase las más veces al candor y pureza de muchos 
corazones el tomar las armas contra el rey , siquiera fuese en defensa de la li- 
bertad , y lo permitieran las leyes, las costumbres y el ejemplo de los antepa- 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. • 183 

sados ; para remover ese ligero obstáculo , se acordó que en adelante se 
dirimiesen las contiendas con el monarca, no por la fuerza, sino por las vías 
legales y de justicia. Y para que el Justicia cómodamente pudiera desempeñar 
tan importante cargo, confiriéronle toda la dignidad y fuerzas necesarias. Por 
tanto , fuéronse acumulando poco á poco sobre este magistrado varias funcio- 
nes , ya relativas á la guerra, ya á los tiempos de paz , propias ora de la au- 
toridad antigua de los ricoshombres , ora de la autoridad y bríos de la Union 
misma. De esto trataremos en otra parte. 

Estas Cortes, que fueron muy concurridas, se cerraron poco después (Oc- 
tubre de 1.349) por orden de Pedro IV, á causa de una terrible peste que in- 
vadió á Zaragoza. 

El rey partió apresuradamente para Valencia , durante cuyo viaje perdió 
en Ejérica á doña Leonor, que le acompañaba, sin quedarle descendencia. Era 
hija de los reyes de Portugal, Alfonso y Beatriz, y se unió en matrimonio con 
Pedro IV á la muerte de María, su primera esposa. Siguiendo el rey su mar- 
cha, destrozó y subyugó por completo la mortalmente aborrecida Union de los 
valencianos . 

Al año siguiente (1.349), casó con Leonor, hermana del rey Luis de Si- 
cilia. De ella tuvo á Juan , Martin , Alfonso y á doña Leonor, que , unida des- 
pués en matrimonio con Juan, rey de Castilla, fué madre de Fernando, el rey 
elegido por los nuestros en el cuarto interregno , á cuyo acontecimiento vuela 
nuestra pluma. El nacimiento de estos infantes disipó las esperanzas y aspira- 
ciones á la corona, que alimentaban 1). Fernando y D. Juan con igual dere- 
cho que á ella tuviera D. Jaime , pero con mayor empeño y resolución por te- 
ner un decidido protector en D. Pedro el Cruel de Castilla , enemigo acérrimo 
de nuestro Pedro IV. 

De esto se originaron sangrientas é interminables guerras , en la tierra y 
en los mares, entre estos dos reyes, casi tan parecidos en sus costumbres como 
lo eran en el nombre. Entrando el castellano por tierras de Aragón, cuando el 
nuestro se hallaba desprevenido, ocupó varias poblaciones, cercó á Valencia, 
infundió por fin no poco terror á Barcelona , dejándose ver en sus mismas 
aguas con una escuadra formidable , aunque en esta ocasión no faltó aquella 
ciudad al cumplimiento de su deber. Provocado el nuestro con tamaños ultra- 
jes , no creyó haber hecho lo bastante con librar de situación tan crítica sus 
estados , como lo hizo al punto , si no tomaba una venganza ruidosa de su ad- 
versario , arrancándole el cetro juntamente con la vida. A porfía le presenta- 
ron los medios de realizar su proyecto el consejo y la fortuna. La ferocidad, la 
crueldad salvaje del castellano , eran siempre un motivo dispuesto para per- 
derle. Tarea difícil es el manifestar cuánto le aborrecían por esta causa sus 
mismos subditos, que sólo recordaban de él una sola virtud, un solo beneficio: 
el debértela vida, porque les dejaba vivir. 

Al fin creyó conveniente nuestro rey apoyar eficazmente las pretensiones, 
en más de una ocasión fracasadas , de un hermano del de Castilla , Enrique, 
conde de Trastamara, que se presentó como libertador del Reino. Declarán- 
dose por él Pedro IV, no sólo como favorecedor , sino como principal agente 



184 COMENTARIOS 

en poner fin á las tiranías de su rival , D. Enrique pudo escalar el trono. Por- 
que acometiendo denodado la empresa con los poderosos auxilios proporcio- 
nados por nuestro rey, después de varias alternativas, dio muerte á su her- 
mano Pedro en un combate , ciñéndose la corona de Castilla. De este modo 
vengó el Ceremonioso las injurias de su contrario. 

Sobradamente alcanzó también el castigo á D. Fernando , que había sido 
la tea de estos incendios. Desterrado muchas veces del Reino, y otras tantas 
llamado por su hermano, perdió después la vida sorprendido en delito fragan- 
te de conspiración contra el monarca , según éste decía , aunque otros lo creen 
todo pura invención del mismo soberano. Mas como quiera que sea, no pode- 
mos menos de admirar la sagacidad de Pedro IV , quien de tal manera supo 
dirigir sus proyectos desde el principio, que siempre vio realizados los fines 
que se proponía. Si éstos hubieran sido buenos, si no hubiera derramado tan- 
ta sangre de los suyos , ninguno de todos nuestros reyes sería más digno de 
gloria y alabanza. Sin embargo, aquella ferocidad y aquella obstinación, que 
parecían hervirle prodigiosamente dentro del pecho al tiempo de sus enemis- 
tades ; aquel carácter enérgico y emprendedor, que se disparaba á las empre- 
sas más arriesgadas , y no siempre justas , fuéronse amansando con el uso y 
manejo de los negocios, sosegáronse con el tiempo, y se dulcificaron con las 
canas. Ya no parece D. Pedro, como antes, una calamidad; ya no anda des- 
carriado en sus proyectos ; ya no está fuera de sentido ; es otro hombre que 
cumple con su deber, que ama la justicia, que solícito y apasionado imita á 
su padre en la bondad y beneficencia. Omitiendo innumerables y brillantes 
pruebas del cambio radical en las costumbres de este monarca, citaremos 
únicamente su conducta , cuando quiso desposeer á su primogénito Juan de 
la gobernación general del Reino, que, desde tiempo atrás, venía desem- 
peñando. 

Este había sido un tiempo el hijo predilecto de Pedro IV, y de él, como 
singular prenda de amor, recibió el ducado de Gerona, título ilustre que des- 
pués llevaron en Aragón los primogénitos de los reyes. Por muerte de doña 
Leonor, madre de D. Juan y tercera esposa de Pedro IV, éste celebró nuevas 
nupcias con Sibila Sforcia, hija de Bernardo Sforcia, caballero catalán, y 
viuda de un ricohombre aragonés llamado Artal de Foces. Fué tan grande el 
odio que contra su primogénito , por intrigas de la madrastra , concibió don 
Pedro, que le exoneró de la gobernación general , mandando por real decreto 
le negasen todos la obediencia. Sosteniendo el hijo que era un despojo contra 
Fuero, porque á él , como á primogénito y heredero futuro nombrado por el 
rey y por el Reino, le pertenecía en derecho cierto y legitimo la gobernación 
general ; por último, se amparó del Justicia de Aragón contra el desafuero de 
su padre. Éralo entonces Domingo Cerdán , padre del arriba mencionado Juan 
Jiménez Cerdán, varón enérgico, elocuente, y sobre todo, capaz de oponerla 
más firme resistencia. A éste presentó Juan, como primogénito, contra el rey 
su padre la querella j udicial , que nosotros llamamos firma de Fuero, porque 
delante del Justicia protestamos de un modo formal y solemne someternos y 
estar á Fuero. Tiene tal fuerza en Aragón la jwris-firma ó firma de derecho, 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. * 185 

que, una vez puesta eu manos del Justicia, queda el firmante á cubierto de 
toda coacción y violencia. Recibiendo, pues, este documento el Justicia Do- 
mingo Cerdán, declaró ser contra Fuero lo dispuesto por el rey. Y vedando á 
éste toda violencia , en virtud de su autoridad mandó que restituyese la go- 
bernación general, de la que le había removido, no por Fuero, sino contra 
Fuero, á su hijo Juan, quien, como primogénito, tenía á ella ui> derecho 
cierto y determinado, al revés de lo que había opinado el monarca. Y si por 
este edicto creía que habían de lastimarse sus derechos, los ventilase con su 
hijo en la corte del mismo Justicia, que prometía ser igualmente justo con 
ambas partes. De este comedimiento suele siempre hacer uso en su primera 
providencia sobre la firma de derecho ; sin duda porque pareció conveniente 
reverenciar, aun en tales casos , á la majestad real con el honor y respeto que 
se merece. El rey no sólo obedeció de hecho , como estaba obligado por las 
leyes y por la autoridad de este magistrado, mas también sometió su corazón 
y su espíritu, cosa nueva en Pedro IV, de la manera más noble, al veredicto 
del Justicia. Ya no transigía con las leyes á la fuerza , y repugnándolo su vo- 
luntad como antes, sometíase á ellas persuadido de cuan ventajosa era esta 
obediencia al afianzamiento de la monarquía. 

Arruinada, por último, su salud , y agobiado por los anos ( 1 ) , perdió la 
vida de una manera bien extraordinaria. Cuentan haberle aplazado para den- 
tro de dos meses, Santa Tecla, tutelar de Tarragona, por haber puesto el rey 
violentamente sus manos en el patrimonio de aquella iglesia , y que murió en 
efecto á los sesenta dias. Monarca infortunado, cuyo espíritu no pudo gozar 
un solo instante de tranquilidad ni de reposo hasta el postrer aliento de su 
existencia. 

En los antiquísimos Códices manuscritos de La Seo y del Pilar en Zara- 
goza, que nos recuerdan la muerte de los canónigos y de otras personas 
notables, se leen acerca de su fallecimiento estas palabras: «Murió el Sere- 
nísimo y magnifico Príncipe y señor Don Pedro rey de Aragón en el año de 
Cristo 1.388, dia 6 de Enero.» Si bien otros (2) lo ponen el 5 de Enero del 
ano anterior, tienen para nosotros mayor autoridad estos necrologios , porque 
los dos dicen lo mismo y sus caracteres son de época muy remota. A no ser 
que pudiéramos referir la segunda fecha á la Encarnación , y á la Natividad 
del Sefior la primera, caso frecuente en la cronología. Su cuerpo fué trasla- 
dado de Barcelona al monasterio de Poblet. Mucho pudieron sus exequias en- 
vidiar la suntuosidad de otros funerales regios. Debióse esto sin duda á la 
enfermedad que por entonces aquejaba al infante D. Juan, y á la viva perse- 
cución que , éste , siguiendo el ejemplo del diñinto, había movido á su ma- 
drastra. 

En este largo reinado hubo muchos Justicias, de los cuales ya conocemos 
algunos, no todos. Fuéronlo por el siguiente orden: Esteban Gil Tarin, que 
en vida del rey Alfonso sucedió á Sancho Jiménez de Ayerbe. El sucesor de 



( 1 ) MS. : « A los 72 años de edad y sobre cincuenta de reinado. » 

(2) MS. : « Zurita y otros. » 

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aquel fué Pelegrin Anzano. A éste siguieron Pelegrin Oblitas, García Fer- 
nandez de Castro, Galacian Tarba, Juan Lope Sfcsé , Blasco Fernandez de He- 
redia y Domingo Cerdán, que continuó en el reinado siguiente. 

Antes de pasar á él debemos advertir haber mandado, y con razón, éste 
rey, que en adelante ya no se contasen los años por la era hispánica , como 
hasta entonces se venía practicando, sino desde el dia de la Natividad de 
Nuestro Señor Jesucristo ( 1 ) . 

Obra de este rey es igualmente la universidad de Huesca. De intento las 
hemos dejado para este lugar, aunque ambas cosas pertenecen á fechas muy 
anteriores , con la idea de que resaltase más este notable desenlace en un rei- 
nado de tantas vicisitudes y azares como el de Pedro IV. 

Publicó también multitud de leyes y celebró diferentes Cortes, de las que 
no pensamos decir una sola palabra para no hacer más largo este capítulo. 
Sin embargo, nos permitiremos advertir que esas leyes le llaman segundo en 
vez de Pedro IV (2). 

De la reina Sibila tuvo una hija, por nombre Isabel, cuyo esposo, Jaime, 
conde de Urgel , tuvo que devorar tantas amarguras , fruto de sus pretensio- 
nes á la corona aragonesa. 



»/»»\«.«r»<»/ , \^««^<*«y».^^/»ywHM%/>^vr f 



JUAN I, 

Rey 20.° de Aragón 



j 



uan I (3), hijo de Pedro IV, ocupó por derecho hereditario y legítimo el 
lugar de su difunto padre. Aunque iguales ambos en dignidad, fué bien dife- 
rente el carácter de uno y otro monarca. No , no dio el hijo pruebas de haber 
heredado á su padre aquella impetuosidad y energía de espíritu , aquella abra- 
sadora afición á la guerra, aquella sed insaciable de innovarlo todo. Las dio 
de una índole tan blanda, tan afeminada, con tanto horror al ejercicio de las 
armas, con tal aversión al manejo de los negocios, que los juegos y diversio- 
nes eran su ocupación exclusiva y favorita. Por tanto , su palacio era un con- 
tinuo festín espléndido y suntuoso ; á todas horas resonaban en él los cantores 
al compás de laúdes y de flautas ; había costosos trenes de cetrería y de mon- 
tería; henchíanle los histriones y los danzantes con un ejército de trovadores 
y de juglares. Tales eran las ocupaciones de D. Juan, cual si hubiera nacido, 
no para marchar por la senda de la gloria , sino para correr tras los placeres y 
deleites. 

( 1 ) Era cristiana . 

(2) El MS. dice : « Que por ser el segando de los Pedros legisladores , se lo llama así en el libro de 
nuestros Fueros. » 

(8) El Cazador , El Amador de la gentileza. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 18*7 

Viviendo todavía su padre, había tomado por esposa á Mata 6 Matea ( 1 ), 
hermana de Juan, conde de Armañac. De ella tuvo una sola hija, por nombre 
Juana, casada con Mateo, conde de Foix. Muerta la reina Mata, se unió en 
matrimonio con Violante, hija de Roberto, conde de Bari, y nieta de Juan, 
rey de Francia, contra la voluntad del rey su padre , que tenía vivos deseos de 
enlazarle con María, reina de Sicilia. 

Apenas se sentó D. Juan en el trono , descargó en su esposa Violante los 
cuidados del gobierno , para poder entregarse con más holgura á las delicias 
del cuerpo. Esto se tuvo por la mayor de las vejaciones. Verdad es, que sólo 
á fuer de molestias se conseguía tratar un negocio con el rey á causa de su 
apoltronamiento ; pero más molesto era todavía tratarlo con la reina , entre- 
gada como estaba á una de sus damas , Carroza de Vilaragut. A la debilidad 
de dos mujeres estaban confiados los destinos de la monarquía aragonesa. 

Tenía D. Juan , en medio de todo , tal fondo de bondad y moderación, que 
si de vez en cuando oía por ventura alguna queja sobre los desmanes de sus 
ministros, ó sobre su conducta propia, no muy armonizada con el espíritu de 
las leyes , toleraba sin repugnancia las amonestaciones , y que se le llamase á 
la razón y á la justicia. Jamás encontró molestia ni dificultad en abandonar 
súbitamente un proyecto, á cuya ejecución se hubiera lanzado quizá con so- 
brada ligereza, á trueque de entregarse al ocio su predilecta ocupación. 

Añadiremos gustosos á lo que llevamos dicho, para comprobante y como 
por vía de ejemplo, aquel hecho tan festivo y gracioso entre éste rey y Juan 
Jiménez Cerdán , que había ya sucedido á su padre en el Justiciado. Picante 
fué la respuesta del Justicia, pero no se dio por ofendido el monarca. Vamos 
á referirlo tal cual lo hace el mismo Cerdán , aunque en latin perderá todo el 
donaire que aquella broma tiene en nuestra lengua vulgar ; ya por ser de suyo 
delicada , ya por estar salpicado de gracias el modo con que su autor lo cuen- 
ta. Era Juan Jiménez Cerdán no sólo sabio, elocuente y lleno de vasta erudi- 
ción , sino que de sus labios brotaban los chistes y las sales : era como hoy de- 
cimos grados o.. Dice, pues, que ensañándose D. Juan en cierta ocasión con 
algunos zaragozanos, mandó se les encarcelara sin guardar las formas legales. 
Ellos, temiendo ser condenados á muerte, aunque se creían del todo inocen- 
tes; á fin de evitar la cólera del rey , se acogieron al sagrado del Justicia , pi- 
diéndole la Manifestación, el mayor y más firme de los auxilios. 

Para que llegue á conocimiento de todos, y todos puedan comprender el 
significado de esa palabra, llámase manifestar en Aragón, el avocarse al ins- 
tante por el Justicia el conocimiento de una causa , arrebatando al reo de las 
manos del rey, á fin de que no sea víctima de algún desafuero. No es que por 
esto se libre entonces el reo del proceso ; al revés , elévase á plenario su causa. 
Es , que desde el momento se le cierra en la cárcel pública , manifiesta , como 
si antes hubiera estado en prisión secreta y oculta , y por lo tanto se le juzga, 
no bajo la presión del rebato y de la ira, sino con calma y con arreglo á los 
Fueros del Reino. Y como el juicio ya debe ser á todos patente y manifiesto, 

( 1 ) Marta. 



i 



188 COMENTARIOS 

por haberse conocido en la causa públicamente , ha tomado el nombre de Ma- 
nifestación. 

Esto fué lo que pidieron á Cerdán aquellos zaragozanos , y ésto lo que en 
seguida concedió á sus conciudadanos Cerdán , como Justicia de Aragón , para 
libertarles del peligro. Ni pudiera negarse Cerdán sin incurrir en un severo 
castigo. Sumamente disgustado el rey por esto, so pretexto de serle en la tal 
causa sospechosa la persona del Justicia , y por instigación de algunos corte- 
sanos, mandó se le diese por juez adjunto (1) á Raimundo Francia, gran le- 
trado , y á la sazón vicecanciller del monarca. De aquí se originó una grave 
competencia judicial, en la que ya no se discutía la causa de los zaragozanos, 
sino el derecho público del Reino , á saber : si en la hipótesis de tener al Jus- 
ticia como sospechoso, podía ó no darle el rey un juez adjunto en una causa 
común de la libertad. La negativa sostenían los zaragozanos; el rey estaba 
empeñado en la contraria. Éste , además , había mandado privadamente á Cer- 
dán , que no entendiese en el asunto hasta tanto que se le prescribiese la con- 
ducta que debería seguir por el real Consejo, al que por orden del monarca 
había sido convocado también el Justicia. Pero en esta ocasión mostró igual 
entereza que su padre Domingo, en análogas circunstancias. En efecto: antes 
de acudir al llamamiento del rey , sin dilación de ninguna especie , no fuera 
que la tardanza ó demora acarrease algún peligro , declaró ser tan evidente 
como la luz del dia , que el fallo de dicha causa era de su exclusiva pertenen- 
cia sin adjunto alguno. Hecho esto , y cumplimentando. la orden que se le había 
dado , se dirigió al palacio déla Alfaxería, residencia del monarca. Allí se 
hallaban en presencia del soberano reunidos para el Consejo muchos notables, 
siendo el vicecanciller quien inició el debate, diciendo al Justicia, que se le 
había llamado para que allí diese cuenta á todos los presentes de la causa de 
I03 ciudadanos , antes de sentenciarla. Como el Justicia respondiese que había 
dado ya la sentencia, desechando en absoluto la intrusión del juez adjunto, 
comenzó el vicecanciller á increparle por su precipitación con voces descom- 
pasadas , y más que todo , por haber obrado contra la voluntad del monarca, 
anteriormente manifestada por medio de sus alguaciles. Respondió el Justicia 
haberle parecido trillado y vulgar aquel negocio, y que no era conveniente 
diferir ni retardar una medida que la justicia pedía se adoptase al punto. Que- 
jándose el rey más fuertemente , preguntóle entonces con qué derecho y jus- 
ticia había procedido en la materia. Éste , esquivando la contestación categó- 
rica, dióle ingenioso y circunspecto esta respuesta justa y cortés: «Quefaulan- 
do con reverencia del dito señor Rey , non lo podia fazer. Car de los feitos del 
officiOy si era afrontado, devia dar razón, en Cort general, é non en otro lugar.» 
Nadie podía, en efecto, obligarle á responder de sus acciones, sino las Cor- 
tes generales , porque no se había promulgado aún el Fuero , que hoy tene- 
mos, titulado: «¡Sobre inquisición del oficio del Justicia de Aragón ,» por el 
que después quedó sometido este magistrado al supremo juicio y potestad de 
los Diecisiete. 

( 1 ) Compañero. 



J 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 189 

Hemos citado, lo mismo haremos otras veses, textualmente sus palabras, 
por parecemos que nuestra lengua vulgar con su donaire , representa con ma- 
yor gracia y exactitud que la latina, el retrato de nuestra antigüedad. 

Siendo, pues, imposible , para no extendernos más de lo necesario en este 
hecho, obligarte á que desistiese el Justicia de sus proyectos y designios ; vi- 
vamente enojado contra Cerdán el monarca, instigado por el vicecanciller y por 
algún otro , partióse al dia siguiente muy temprano con pretexto de una cace- 
ría para Zuera, no lejos de Zaragoza, y mandó que en esa villa se le juntasen 
cuanto antes el Justicia y otros dos varones principales , Miguel Capiella y 
Vicente Yecara , íntimos amigos y parientes próximos de aquel , tenidos por 
consejeros y participantes de este hecho. Persuadiéronse que por esta vía los 
llevarían ( 1 ) con más facilidad á lo que deseaba el rey en la causa de los ciu- 
dadanos. Los tres, á pesar de que trataron algunos de amedrentarlos, á pesar 
de las amonestaciones de los diputados , para que no se avistaran con el mo- 
narca, dispusieron pronto su marcha, acudiendo adonde los llamaba el rey, 
como quienes habían acostumbrado llevar siempre su obediencia hasta los lí- 
mites de lo ju9to. Tenían , y con razón , por cosa fea , esquivar la presencia de 
su rey, que los llamaba bondadoso, aunque el Justicia, como confiesa él mismo, 
se había propuesto sufrir constante todos los tormentos antes que faltar á su 
palabra ó al cumplimiento de su deber. En esta ocasión fué cuando dijo aque- 
llas palabras llenas de gracia y agudeza. Pues con motivo de la invitación que 
les hiciera á la fingida cacería, como si fueran los deseos del soberano que le 
acompañasen algunos días en Zuera , abandonada totalmente la mencionada 
causa ; Cerdán , cuya conversación era muy agradable y salpicada de chistes 
delicados, dijo: «Que men de maravillava muyto, que el Señor Rey nos man- 
daste y es sernos al dito lugar de Cuera á la dita caga. Car non creya, que tan 
malos tres caladores kaviesse en el Regno como nosotros.» 

Tomaron, por fin, el camino de Zuera. D. Juan los agasajó á su llegada, 
y delante del canciller y de algunos otros, habló en estos términos : « Justicia, 
yo he embiado por vos ; por la razón que vos dirá el vicecanciller.» Éste, repi- 
tiendo lo mismo que le había dicho en Zaragoza , le habló largamente contra 
la sentencia por él dada en la causa de los ciudadanos, y censuró con calor la 
ligereza del Justicia. Interrumpiendo el rey este discurso , dirigió» á Cerdán 
estas palabras: «Justicia hoc (esto) en buenx manera os lo digo.» Palabras que 
el rey repitió tres ó cuatro veces , como para darle á entender que lo tuviera 
todo por aviso, no por reprensión: quizá fuera su intento congraciarse con el 
Justicia, por haber llevado con tanta mansedumbre la injuria qne á su pare- 
cer le había hecho este magistrado. Él, á su vez, mostrándose cual convenía, 
humilde y cortés, para captarse la benevolencia del rey, besábale las manos 
siempre que se las dirigía , añadiendo : « Yo vos lo tengo Señor en gracia é 
mercó: que mis son estas par aulas de padre que non de Señor.» Por lo demás, 
y es lo que principalmente hace á nuestro intento , no cedió un solo ápice de 
su derecho, ni faltó á su deber : de modo, que con justicia hemos podido pro- 

(1) El MS. añade: «Por separado.» 






190 COMENTARIOS 

poner aquí como digna de imitación esta hazaña ilustre, ejecutada, no por des- 
pecho , no por petulancia, sino con prudencia, con gravedad, con decoro, de- 
coro hermoseado con una constancia admirable y con una generosa fortaleza 
de alma. Salió , pues , Cerdán de aquella conferencia sin haber perdido la gra- 
cia de su rey. La ciudad entera, casi todo el Reino, se apresuraba ya saliendo 
á recibirle, ganoso de abrazar á su salvador. Cuéntase, además, que instado 
por los suyos el monarca para que reprendiese con mayor dureza y acrimonia 
al Justicia, respondió : « Que por poder que ellos haviessen, non lo farian ba- 
rallar con el Justicia de Aragón » ( 1 ) . Esto fué hacerles saber á todos ellos, 
que se hallaba muy lejos de altercar con un magistrado, de quien él se había 
amparado , defendiendo sus títulos á la gobernación general del Reino contra 
su mismo padre. 

Nuestro designio, en la anterior digresión , ha sido el patentizar la indul- 
gencia y mansedumbre de éste rey; y más aún, citando algún ejemplo, el 
poder y la dignidad del Justiciado, primordial objeto de nuestra obra. Después 
de vistos y conocidos estos sucesos , será más fácil comprender la grandeza de 
aquella magistratura : no es menos útil á las veces el indagar los hechos, que 
el escudrinar sus causas. 

(1) Hó aquí la narración del caso hecha por el mismo Cerdán : 

« E apres á poco tiempo que fué yo Justicia , vino el dito Rey don Joan á Zaragoza : é puso la mayor 
partida de los Ciudadanos de Zaragoza presos : los quales firmaron de dreyto devant mi : é por cuentra 
Fuero se mandaron manifestar: é el dito Rey dio me adjunto á Micer Ramón de Francia, qui era Vice- 
canceller, é por los ditos presos fué alegada la dita adjunction no proceder de Fuero : porque era feyto 
de contra Fuero : é que el Rey ó senyor no deve alegar razones de sospechas cuentra su official é vas- 
sallo. Estando el dito fecho en deliberación , yatsía que el dito senyor Rey me embiase á mandar con 
su Aguacil, que no pronunciase en aquel fecho, entro á que fuese discutido en su Consello lo que se 
devía facer: y viendo que avía gran peligro en la tarda de las personas de los ditos presos, é que si 
recibian mal , yo merecía la pena que ellos haviesen sostenido, antes que ysse á el , yo pronuncié la 
dita adjunction no proceder de Fuero, antes yo deber proceder en la dita causa sin el dito adjunto. E 
congozado diversas vegadas por Alguazires suyos que yesse á el , yo havie de yr á el aquella tarde : é 
posado en muyt grant Consello, do era el Arcebispo de Zaragoza don García , é otros muy tos solennes 
hombres , así Letrados como legos : por su Vicecanceller fué propuesto que el dito senyor Rey havía 
embiado por mi : por tal que antes que pronunciasse en la dita causa se fesse relación de aquel proceso 
en su presencia , é se determinase en su Consello lo que yo devia hazer : al qual yo respondió , que no 
era ya en mi mano : que ya havia pronunciado la dita adjunction no proceder de Fuero. E aquesto 
oydo, el dito Vicecanceller se congoxó enta mi , reputando me que no lo devia facer, pues que el dito 
senyor Rey me havía mandado que no lo fíziesse entro que el haviese fablado con mi : é yo respondie 
(según de' suso he dito) que habia peligro en la tarde : se n y al adamen t, que noy havia dia de tener Cort 
antes de fiestas de Nadal , sino aquel. E viendo que la dita pronunciación era ya feyta : el me mandó 
que se disputase allí, si era bien feyta 6 no: é yo respondie , que fablando con reverencia del dito se- 
nyor, que no lo podia fazer: car de los feytos del oficio si era afrontado, debia dar razón en Cort gene- 
ral , é no en otro lugar. Fue me replicado, que cuando dos Reyes havían debat , ó question , amigable- 
ment el uno al otro dava razón de sus feytos : muyto mas lo devia yo fazer , que era su oficial é subdito. 
Yo respondie , que yo fablava segund ley é Fuero de la tierra , é que no devía seyer reptado : é que si 
fazía, todo el Regno me reptaría, é se encargaría sobre mi. A la fin era gran noche: é apres de mu- 
chas nuevas yo me parti efe allí no contento el dito Vicecanceller , y algunos de su Consello , de lo que 
yo havía feyto é dito : conselláronle que yese á caza á Zuera, é que me mandase ir alia : é que me me- 
nazase é reptase fuertment de lo que havia feyto é dito , por tai que en aquel feyto é en otros tocantes 
6 el fuese en favor suya mas que del Regno : é de feyto el fue & la dita caza , é lexó en la Ciudad á Mo- 
sen Ramón Alaman y de Cervellon , qui era cabeza de su Consello : el qual de part del dito senyor Rey 
embió por mi , é por don Miguel de C api ella: el Consello del qual yo ere ya: como aquel qui lo entendía 
tan bien como otri qui fues en el Regno: é por don Vicent de Yequara, qui eran deudosos mios: que 
yesemoe 6 la Aljafana, que el señor Rey le avía mandado, que fablase con nosotros de part suya: los 



DE LAS COBAS DE ARAGÓN. 



191 



Este rey, volviendo á la narración, tuvo dos hijos de la reina Violante, 
Jaime y Fernando, que murieron en la infancia; y una hija, por nombre Vio- 
lante, casada (Mayo 25 de 1.392) con Luis, duque de Anjou. De este matri- 
monio nació Luis , duque de Calabria, uno de los pretendientes á la corona de 
Aragón en el cuarto interregno que , como veremos pronto , siguió á la muerte 
del rey Martin. 

En este reinado obró Dios , para engrandecerle , un portento ; y fué , la in- 
vención de Santa Engracia y companeros mártires (2 de Marzo de 1.389) en 
las afueras de la ciudad , á orillas del Huerva, donde hoy reverenciamos aque- 
llas reliquias, hasta entonces ocultas en el mismo sitio tan cuidadosamente, 
que fueron inútiles todas las pesquisas anteriores. Ahora se encontraron al 
cavarse la tierra por casualidad, mejor diríamos por disposición del cielo; 
tal es el origen de la festividad que , con el nombre de Invención de Santa, 
Jjfrgracia, se celebra en Aragón todos los años. 

Y para que D. Juan no acabara de enervarse y de languidecer en la ocio- 
sidad, vióse obligado á tomar las armas contra los franceses que habían pene- 
trado por tierras de Cataluña, y más para concluir con algunos malvados (1), 

> quales de feyto fuemos allá , é el nos manda de part del dito señor Rey , que yesemos al dito lugar de 
» Zuera á la dita caza. E por mi le fué respondido , ^ue mende maravellava muyto , que no creya que tan 
» malos tres cazadores haviese en el Regno como nosotros : pero que acordaríamos , é ferlíamos respuesta. 

> E sabido aquesto por los Diputados del Regno , luego vinieron á mí , ó me rogaron , ó requirieron con 
» carta publica , que por cosa del mundo no fuese allá : car atendido que el dito senyor Rey era sanyoso 
» contra mi , é algunos de su Consello y ha vían mala entencion , que se dubdava que no me matase , 6 me 
» fese renunciar el oficio : é que el Regno sería privado del oficio , é de sus libertades , como aquella hora 
» no fuese feyto el Fuero : que vacant el oficio , regiesen aquel los Lugarestenientes del Justicia , segund 

* es de present: é por aquesta razón después sonde ha feyto Fuero. Así mateix el dito mi padre, yatsia 

> que fues muy esforzado , me dijo lo que los ditos Diputados me havian dito : é de feito yo fiz respuesta, 

> que yo haría el mandamiento del senyor Rey : que facía conta , que si por defender la libertad del Regno 

> moría , como morió sant Thomas de Contuberni por defender los dreytos de la Iglesia , que drechament 

> me yria a paridiso, ó sería en gloria con I03 santos. La cual respuesta fué desplazient a los sobreditos, 

* é á los ditos dos prohombres que havian de yr con mi , que se havrian flexado volenter de mi parentesco 
» é companya. E metiendo la yda en execucion , fuemos al dito lugar de Zuera de camino a la posada del 
» dito senyor Rey. E sabido que eramos allí , fizónos puyar ala cambra do el era: ó recibiónos con buena 
» cara , é dijo tales é semblantes palabras. Justicia , yo he enviado por vos , por la razón que vos dirá el 

> Vicecanciller, qui era allí present con otros del Consello suyo : el qual me dijo en efecto lo que me ha- 

> vía dito en Zaragoza, present el dito senyor Rey, é su gran Consello: reptándome de lo que havia feyto 
» é dito : é el dito senyor no acabado encara lo que el dito Vicecanceller havía comenzado á dir , dijo tres 
» ó cuatro vegadas. Justicia en buena manera vos lo digo : é cada vegada que me lo decía, le besava la 
» mano é le decía: yo vos lo tengo en gracia é mercé , que mas son palabras de padre , que no de senyor: 
» é el tornaba hoc en buena manera : é yo replicábale lo que es de suso : é lo que le havía dito en Zara- 
goza: ó pasado aqueste feyto en aquesta manera, ó prendiendo comiat del: me dijo, que dijese ala 
» Reyna que era en Zaragoza, que el día siguiente, que era viespra de Cabodanyo seria á cena con ella. 
» E partidos en aquesta manera del , hovo pro que facer , que los ditos mis companyeros se aturasen alli 

> con mi á yantar : yatsia que fuese bien aparellado : diciendo , que pues que Dios nos havia feyto gracia 
» que partíamos con bien : que aturando allí , le podrían los del Consello fer mudar su buena intención: 
» é segund yo supe por algunos , no fincó por la mayor partida de ellos : mas el les respuso , Que por po- 
» der que ellos haviesen , no lo farian barallar con el Justicia de Aragón : creo que le membrava , como se 
» havía ayudado del oficio , quando havía firmado de dreyto sobre la primogenitura , segund de suso es 

> dito : é yo ó los sobreditos viniemos con gran placer á la Ciudad , é fuemos recollidos aiegrament por 
» los Diputados, é muy tos otros: car todo hombre se tenia por dito, que non de escaparía ninguno en 
» aquesta manera.» 

(1) El MS. dice: «Proceres.» 



i 



192 COMBNTARIOS 

que habían urdido una conspiración en Cerdeña , si bien fueron éstos vencidos 
y subyugados por su sobrino Martin en el reinado siguiente. Lo insalubre del 
clima ocasionó al pacificador de aquella Isla una prematura muerte, causa del 
cuarto interregno. 

Entregado D. Juan más de lo que fuera justo á los placeres de la caza, en 
la caza halló el término de su existencia. Con este objeto hallábase ojeando en 
el bosque de Fossano , próximo á Urriols , en donde cayó de su caballo , y los 
suyos le hallaron sin vida (1): (Mayo 19 de 1.395, según otros 96). Su cuer- 
po fué llevado al monasterio de Poblet , por orden de Martin , su hermano y 
sucesor. 

Muchas sinagogas de la pérfida raza judaica fueron destruidas en este rei- 
nado por los amotinados pueblos , cansados ya de sufrir su perversidad y sus 
abominables crímenes. 

Juan Jiménez Cerdán pasó mucho más allá en la carrera de su vida. Largo 
tiempo siguió aún desempeñando el Justiciado con la mayor lealtad y pruden- 
cia. El talento de este Justicia campea en algunos Fueros , que todavía se con- 
servan entre nosotros, sancionados por este rey (1.390) en las Cortes de 
Monzón. 

Pedro de Luna, hijo de Juan Martínez de Luna y de doña María Gotor, 
cardenal diácono de Santa María en Cosmedia, fué nombrado Papa (4 de Oc- 
tubre 1.394) en Aviñon, por los cardenales adictos á Clemente VII, y recono- 
cido por los pueblos de su obediencia con el nombre de Benedicto XIII, con- 
tinuando así el cisma que afligió á la Iglesia de Jesucristo por tantos años. 
Era tanta la nobleza de su sangre, tanta su grandeza de alma, tanta su doc- 
trina, que á ser canónica su elevación al solio pontificio, y en dias menos cala- 
mitosos, ciertamente habría merecido los mayores elogios y alabanzas. Injusto 
hubiera sido aquí nuestro silencio respecto de Luna, ya por ser compatriota 
nuestro de la muy ilustre y esclarecida sangre de los Lunas, excepción hecha 
de la familia real , no inferior en nobleza á ninguna de las españolas , ya por 
haber colocado un dia al Justicia en el lugar más honorífico y distinguido, 
como veremos en su lugar. Ahora tratemos del rey Martin. 



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MARTIN , 

Rey 2i.° de Aragón. 



R 



etbocedamos, siquiera por un momento, pues así lo exige la materia, á 
los tiempos de Pedro IV. Este rey, por el. mucho cariño que tenía á su hijo 
Martin , le dio el señorío de Ejérica , agregándole el titulo de Condado, y le 

( 1 ) Fué muerto por un jabalí. 



DE LA'S COSAS DE ARAGÓN. 198 

nombró además gran condestable de Aragón. Senescal se llamó antiguamente 
al que tenia esa dignidad en Cataluña : entre nosotros mayordomo , no del 
rey ( 1 ) , como algunos pretenden , sino del Reino de Aragón , ó simplemente 
de Aragón, cuyas funciones fueron bien diversas. Estos honores con que á 
Martin distinguiera su padre Pedro IV, se acrecentaron con el concedido por 
Juan su hermano desde el principio de su reinado. 

Al subir al trono D. Martin (2) era, pues, gran condestable de Aragón, 
conde de Ejérica y duque de Montblanc. Títulos ilustres y legítimos, debidos 
á la munificencia de su padre y de su hermano. Por parte de su esposa, des- 
cendiente de una de las primeras familias del Reino, poseía iguales, si no 
mayores dominios, cuales eran los Condados de Luna y de Segorbe. Llamá- 
base doña María de Luna , hija y heredera de D. Lope de Luna , conde de 
Luna. Pingue y muy vasto era su patrimonio. Porque además de dicho Con- 
dado, cuyo título tomara aquella distinguida familia por apellido, y que abar- 
caba muchas é importantes poblaciones de Aragón , en Valencia poseía la an- 
tigua y noble ciudad de Segorbe con todo su distrito. 

Fué D. Lope ( no creemos fuera de propósito el decir cuatro palabras acer- 
ca de este conde), un ilustre y eminente personaje, el más noble y esclarecido 
de todos los ricoshombres españoles , rico y poderoso, de la egregia prosapia 
de los Lunas (3) . Había tomado por esposa, ya lo hemos dicho, á Violante, 
hija de nuestro Jaime II. Muerta ésta sin hijos, celebró segundas nupcias con 
Brianda Agaouth, hija del conde Beltran, próximo pariente de Clemente V. 
Esta dio á D. Lope dos hijas, María y Brianda. María, la primogénita , quedó 
nombrada heredera en el testamento -de su padre , á condición de no unirse 
en matrimonio sin conocimiento y aprobación del muy esclarecido y nunca 
bastante alabado Gil Carrillo de Albornoz, arzobispo de Toledo, cardenal con 
título de Santa Sabina en la Santa Iglesia Romana , y varias veces embajador 
en Italia. Él, como hijo de García Alvarez de Albornoz y de doña Teresa 
Luna, tenía con el conde Luna vínculos de parentesco. Por esta causa le nom- 
bró tutor en la orfandad de sus hijas, autorizándolo para desheredar á María 
si contrajera matrimonio á disgusto del cardenal. Pedro IV, que se captara 
las simpatías de este purpurado , eligió á María para nuera suya, desposándo- 
la (1.372) con el infante D. Martin. El cual, uniendo por este medio al suyo 
propio el patrimonio del conde de Luna , había llegado á ser el más rico y 
poderoso. 

Los hijos de este matrimonio fueron Jaime , Juan , Martin y Margarita. Los 
dos primeros y ésta última murieron en la niñez. Martin, añadiendo á sus pa- 
dres nuevos títulos de honor y dignidad , unióse en matrimonio (1.390) con la 
hija única y heredera de Fadrique y Constanza, reyes de Sicilia, María, lla- 
mada reina de Trinacria y duquesa de Atenas y de Neopatria. Las Islas adya- 
centes á Sicilia, que se hallaban entonces bajo el cetro de María, llamábanse 

( 1 ) MS. Zurita en los Anales : « En los siglos anteriores , y también en los presentes , el mayordomo 
del rey es el primero de los empleados del palacio real. » 

(2) El Humano. 

(3) MS. : « Tronco de esta familia. > 

25 



> 

l 



194 COMENTARIOS 

Reino de Trinacria, desde el convenio verificado entre su padre Fadrique y 
Juana , reina de Ñapóles , sobre la secular contienda con que se disputó la po- 
sesión del Reino siciliano. Muerto Fadrique, algunos traidores subditos fra- 
guaron una conspiración, trastornando la tranquilidad pública; intentaron con 
el mayor descaro arrebatar la herencia paterna á la joven reina María; tuvié- 
ronla por mucho tiempo oprimida, casi aprisionada-; hasta tanto que otros 
vasallos la pusieron bajo la protección de nuestro rey Martin , duque entonces 
de Montblanc, para que la desposara con Martin, su hijo, después de haberla 
libertado de aquella servidumbre á fuerza de lealtad , de constancia y de he- 
roísmo. En el reconocido valor del padre y en el carácter admirable del hijo, 
habían ellos cifrado sus mayores esperanzas , y tenían casi completa seguri- 
dad de que sabrían defender el Reino, elevándole á su antiguo rango. El re- 
sultado sobrepujó los deseos y aspiraciones de todos. Porque apenas se cele- 
braron los desposorios, alistó ( 1.392) gran número de soldados, aparejó mu- 
chas naves , y se embarcó el mismo duque de Montblanc , llevando consigo ¿ 
Martin , su hijo , y á su nuera la reina de Trinacria. Su arribo á Sicilia, y mis 
aún su valor y grandeza de alma , pusieron en la mayor consternación á los 
sediciosos , cuya desvergonzada petulancia rayara á tanta altura y fuera tanta 
su duración , únicamente por la impunidad de sus maldades. 

Cuando el rey D. Juan perdió la vida tan desgraciadamente como hemos 
visto , hallábase en Sicilia Martin , su hermano , ocupado en estos asuntos, 
molestos y trabajosos si, pero también dignos, y muy dignos de un príncipe 
magnánimo. Nos hemos extendido aquí en su narración, con la idea de no 
dejar rezagada cosa alguna digna de saberse hasta la época á que llegamos en 
nuestra historia. 

Muerto, pues, D. Juan sin hijos varones, su hermano Martin, general- 
mente tenido por venturoso en la desgracia y en la prosperidad, y cuyas 
empresas se habían visto siempre coronadas de un éxito brillante en todas 
las épocas de su vida, ciñóse la corona de Aragón, tanto por el derecho de 
sus abuelos , como por el de su hermano , que le nombrara heredero en su 
testamento , siguiendo también en esto una conducta contraria á la de su 
padre. 

Efectivamente : Pedro IV había dispuesto que , si muriese D. Juan sin des- 
cendencia masculina , le sucediera la mayor de las hijas de éste , no su her- 
mano Martin— cosa bien extraña, sabiendo el grande amor que como padre 
le tenia, — intentando retoñara con esto aquella antigua raíz que tan amargos 
frutos había dado al Reino, cuando ambicionó el mismo monarca legar el ce- 
tro á su hija doña Constanza. Con el mismo derecho en que se apoyara esta 
señora para tomar entonces las riendas del gobierno , se esforzaba también 
ahora doña Juana, condesa de Foix, en recoger la herencia de su padre. Y 
no le bastaba á su esposo pretenderla por la fuerza del derecho, si además no 
recurría al derecho por la via de la fuerza ; ni consentiría , según su expre- 
sión, en ser vencido por la justicia ó las leyes, sino sólo con el hierro y con 
las armas. Por esto invadió la Cataluña repentinamente ; por esto, penetrando 
luego en Aragón, ocasionó prontas y profundas alteraciones. Como esta con- 



DE LAS COSAS DÉ ARAGÓN. 195 

tienda tenía su origen en las disposiciones testamentarias de D. Pedro IV, pa- 
recía haberle sobrevivido, para producir nuevas alteraciones desde el sepul- 
cro, aquella dureza de carácter, que durante su vida lo había trastornado 
todo. Además, para aumentar la duda y la incertidumbre en esta sucesión, la 
reina Violante, viuda de D. Juan , aseguraba con toda certeza que se hallaba 
en cinta. El mayor de todos los inconvenientes era la ausencia del príncipe, 
embarazado, como arriba dijimos, con los negocios de Sicilia. Tan revueltos 
fueron los tiempos , tan grandes los trastornos al comenzar el reinado de don 
Martin. 

Pero creyeron los nuestros que no cumplirían como buenos con su deber 
ni con su causa, defendiendo con la acostumbrada fidelidad los derechos cier- 
tos y legítimos del monarca, si además no los conservaban hasta su regreso 
salvos é intactos con mayor solicitud é interés , por lo mismo que su ausentis- 
mo le impedía al pronto empuñar el cetro ; y más aún por cuanto tenían todos 
la causa del de Foix como vana , frivola y destituida de fundamento en el de- 
recho y en la justicia. En virtud de esto, el año mismo de la muerte de don 
Juan (Julio 1.395) todos los Brazos del Reino, desaprobando y condenando 
de un modo terminante las pretensiones del conde de Foix, proclamaron rey 
por unanimidad á D. Martin entre los mayores trasportes de alegría. Enviá- 
ronle después un mensaje suplicándole que á la brevedad posible tomase la 
vuelta de su patria, navegando á vela y remo, y otro al conde, con el fin de 
persuadirle que reconociese por rey á D. Martin de su buen grado, antes que 
se viese obligado á ello contra su voluntad ( 1 ) . Que no tuviera por absurda, 
ni por temeraria , ni quimérica , la concordia de todos los estamentos del Rei- 
no, sino como hija de la reflexión y del afecto, y destinada á defender los de- 
rechos del ausente monarca. Cerrando los oídos á tan prudentes consejos, 
llegó, sin embargo, la locura del conde al extremo de mandar, con tanta ne- 
cedad como arrogancia , que los suyos le diesetí el título de rey. Alistando 
además algunos aventureros franceses , y talándolo todo , cual si fuera país 
enemigo, sorprendió varias poblaciones en Cataluña , y por fin acampó en el 
mes de Noviembre al pié de los muros de la insigne ciudad de Barbastro, cuya 
ocupación, por su proximidad á las estribaciones del Pirineo, juzgaba le sería 
muy ventajosa para traer socorros de la Francia. 

Persuadidos los nuestros de lo mucho que convenía el sofocar las inten- 
tonas del de Foix , cumpliendo así en la guerra como en la paz con la debida 
lealtad y diligencia, inmediatamente levantaron un ejército numeroso. Nom- 
braron general con beneplácito de todos , al muy noble y esclarecido D. Pedro, 
conde de Urgel , deudo próximo del rey Martin. Corría por sus venas la real 
sangre aragonesa, como hijo que era de Jaime, aquel infante cuya muerte 
dijimos haberla ocasionado el tósigo de su hermano D. Pedro IV. Por esta 
causa se creyó que tendría , no sólo autoridad legítima , mas también dominio 
y ascendente sobre las tropas. Fué, pues, D. Pedro á buscar al de Foix en 
cumplimiento de la resolución tomada por los nuestros. Dirigió su primer cui- 

(1) El MS. dice : « Con la fuerza y con las armas. » 



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dado á cerrarle la entrada de los franceses auxiliares. Bien se comprendía que 
esta medida pondría pronto y feliz término á la campaña , no quedándole al 
pretendiente otro recurso que la fuga. A ésta, en efecto, apeló el conde gus- 
toso y sin detenerse tan pronto como llegó á sus oídos este plan de los nues- 
tros, revelado, no por la noticia de alguna batalla, sino por el reiterado ru- 
mor de los suyos, lleno de temores y de peligros. Trasponiendo, pues, los 
Pirineos por Navarra , llegó á su patria perdidas sus ilusiones. Con la valero- 
sa y constante resistencia que durante el sitio opusieron los barbastrenses á 
los mayores peligros , quedaron desvanecidas las necias pretensiones de aquel 
rey de comedia. 

Respecto al interesante estado de la reina Violante , se obró también con 
la mayor cordura. A fin de evitar cualquiera superchería de un fingido alum- 
bramiento, señaláronle cuatro damas de la primera nobleza , que , siendo sus 
perennes compañeras inseparables , sirvieran de testigos fieles en la verdad 
de su embarazo. No tardó, sin embargo, muchos días la reina Violante en di- 
sipar las esperanzas, que ella misma hiciera concebir, de que llevaba en su 
seno una prenda del difunto rey, pues declaró públicamente que no se halla- 
ba en cinta. 

Tiempo hacía ya que la prudente y activa esposa de Martin , doña María 
de Luna ( 27 Mayo de 1 .395 ) , tomara , apenas sabida en Barcelona , donde se 
encontraba, la muerte de D. Juan, el titulo real á nombre de su ausente es- 
poso , cual si entonces burlase ya todos los intentos del de Foix , y le parecie- 
se cuento y fábula el embarazo de la reina Violante. 

Aun después de sabida en Sicilia la muerte del rey su hermano , por más 
que le apretaban las cartas del Reino, y sobre todo la viva inquietud de loa 
enviados á regresar pronto á su patria , difirió, no obstante , Martin su salida 
de aquella Isla hasta haber dado á su empresa el glorioso término que espe- 
raba. Respondía con agrado á todos , que se embarcaría tan pronto como se lo 
permitiese el estado de los negocios tomados bajo su protección , y que sabría 
corresponder á su cuidadoso y solicito amor con amor también reconocido y 
benévolo. Con él confiaba D. Martin dejar á todos satisfechos. No tardó largo 
tiempo en conseguir la pacificación de todo el país, y poner en manos de los 
reyes sus hijos aquel cetro, merced á su grandeza de alma, con todo el brillo 
y robustez que tuviera en tiempos de los pasados reyes. 

Entonces fué cuando volvió á la patria , siendo recibido por los catalanes 
con trasportes de entusiasmo y regocijo, paseando las calles de su ciudad con- 
dal en ovación y casi en triunfo (Mayo 26 de 1.397), ya por haber dado la 
paz á Sicilia con sus grandes prendas militares , ya por entrar en posesión de 
la real herencia de su hermano , tan importante como gloriosa. 

Los nuestros le felicitaron al momento y de la manera más solemne, asi 
por haber dado cima con tanta suerte á las cosas de Sicilia, como por su an- 
helado, próspero y venturoso arribo. A la vez le rogaron encarecidamente 
que no tomara las riendas del gobierno antes de coronarse en Zaragoza y de 
afianzar, según costumbre, las leyes y libertades patrias. El velar siempre 
por la conservación del decoro importaba sobremanera, en opinión de núes- 



D8 LAS COSAS DE ARAGÓN. 197 

tros mayores, tanto á ellos cuanto á los mismos reyes. Á esto respondió con 
afabilidad el rey Martin , que se pondría en camino para Zaragoza asi que en 
Barcelona se hubiera repuesto algún tanto de las incomodidades de su nave- 
gación. Hizo por fin en ella su entrada un domingo (7 de Octubre de 1.397) 
en medio de una concurrencia que salió ¿ saludarle enajenada de gozo, y tan 
numerosa, que inundaba toda la ciudad. Aquel mismo dia, con la fórmula de 
costumbre, juró en manos del Justicia, que lo era todavía el mismo Juan Ji- 
ménez Cerdán , guardar con la mayor exactitud todos nuestros derechos y li- 
bertades. 

Convocadas Cortes para Zaragoza el año siguiente ( 29 Abril 1 . 398 ) y 
sentado el rey sobre su trono en el templo de La Seo , frente al altar mayor, 
pronunció aquel tan célebre discurso , matizado con tantas flores antiguas, 
enalteciendo la inviolable lealtad de los aragoneses, en acción de gracias por 
haberle conservado íntegros durante su ausencia los derechos á la corona. 
Habló largamente , y probó con gran copia de datos , recorriendo nuestra his- 
toria y citando muchos ejemplos, que aquella virtud era innata ¿ los natura- 
les de este suelo y no aprendida de naciones extranjeras. Reseñó después va- 
rios sucesos nuevos y antiguos , en que los nuestros habían llevado muchas 
ventajas á otros pueblos en ardor bélico y en táctica militar. Dijo , por últi- 
mo, que, en su reciente expedición para derrocar la tiranía siciliana, con un 
puñado de soldados nuestros, apenas 500, había destrozado un ejército isleño 
de más de 4.000 caballos. En apoyo de su aserción adujo multitud de ejem- 
plos recordando el triunfo de Jaca y de Sobrarbe , fuente y origen de toda la 
majestad aragonesa. Y esto se halla en perfecta armonía con lo arriba dicho 
,por nosotros. Después de haber tratado este asunto con elegancia y extensión 
y exigido á los nuestros el consabido juramento de fidelidad, terminó su dis- 
curso pidiendo por via de epilogo que jurasen por heredero, para después de 
sus largos dias , á su hijo Martin , rey de Sicilia. Inusitada y nueva era la 
proposición por la ausencia del príncipe. Mas, á pesar de todo, la otorgaron 
los nuestros con gusto, si bien cautos y previsores, añadieron, que siendo 
este un acto espontáneo , jamás pudiera citarse como ejemplo en análogas cir- 
cunstancias. Arreglado asi esto, y sancionadas algunas leyes, disolviéronse 
las Cortes con gran contentamiento del Reino y del monarca. Como creemos 
que se comprenderá mejor en castellano que en latín , en otro lugar copiare- 
mos á la letra su discurso. 

Fuera de esto, habiendo diferido por ciertas causas su coronación, al cabo 
señaló D. Martin el dia para esta ceremonia en Zaragoza , é invitó á ella aun 
á los magnates extranjeros. Coronóse, pues (13 Abril 1.399), en La Seo, un- 
giéndole con el sagrado óleo D. García Fernandez de Heredia , arzobispo de 
Zaragoza, y algunos dias después se coronó también doña María de Luna. 
Con gran aparato celebró D. Martin estas solemnidades, lo mismo que los 
festejos públicos, según escribe nuestro Zurita al referir en sus Anales, con 
su acostumbrada elegancia y extensión , los hechos que nosotros vamos his- 
toriando. Concurrieron á estas fiestas tantos proceres, tantos caballeros, tan- 
ta plebe, que jamás para ningunas Cortes había visto Zaragoza tan innume- 



198 COMENTARIOS 

rabie concurrencia de toda clase de gentes. Pero, faltó muy poco para que 
terminaran de una manera lastimosa. 

La villa de Chelva, perteneciente al señorío de D. Pedro Ladrón, vizconde 
de Villanova , reglase por los Fueros de Aragón , aunque se halla dentro de 
los. límites de Valencia. Los magistrados de esta ciudad habían trastornado 
tiempo atrás, y en vida de D. Juan, toda la tramitación judicial para esa y 
algunas otras poblaciones establecida desde la conquista de aquel Reino. De 
tal desafuero se quejó el vizconde por los danos que á él y á sus vasallos se 
originaban , puesto que , según la ley establecida y la antigua costumbre, de- 
bían en los pleitos de sus vasallos y en los suyos propios seguirse las fórmu- 
las de los Fueros aragoneses. Repetidas veces había implorado el patrocinio 
de los reyes Juan y Martin , con tono humilde y suplicante , para que no se 
violaran sus derechos en cosa de tanta monta. Viendo que de nada le servían 
sus diarias quejas , acudió por fin á Juan Jiménez Cerdán , para que pusiera 
coto con su poder y autoridad á la peregrina insolencia de los valencianos, 
porque sabía que, como Justicia de Aragón, debía y podía proteger á él y á 
los suyos en aquel asunto. Creyendo procedente la petición, había concedido 
el Justicia el acostumbrado veredicto, y mandado comparecer en día fijo á los 
magistrados valencianos, que se decían culpables, para responder ante su 
corte del cumplimiento de sus deberes. Éstos, ni aun citados, habían compa- 
recido en juicio. Al contrario, hizoles tan poca mella, que todavía se em- 
peñaron en mayores abusos y vejámenes. £1 Justicia, con una de aquellas 
agudezas hijas de su buen humor, difirió el tomar satisfacción de semejante 
desacato para otra ocasión más oportuna y provechosa al Reino, no queriendo 
exponerse , cauto y previsor, á producir algún conflicto en Valencia , y acaso 
también en Aragón. Tanto fué lo que contemporizaba, que todos creyeron, no 
ya entregado aquel su vigor de espíritu á un letargo profundo, sino sumido 
en el eterno sueño de la muerte. Vinieron en esto las fiestas para la corona- 
ción del rey, y á ellas los comisionados de Valencia vinieron , y vinieron tam- 
bién los momentos críticos que , tanto tiempo había, espiaba Cerdán, quien al 
punto, con la autoridad de su magistratura, embargó todo el equipaje de los 
valencianos para prenda de las injurias inferidas. Esta medida causó una alar- 
ma estrepitosa. En el ánimo del rey produjo tan hondo disgusto que, olvi- 
dando D. Martin su apacible carácter nativo, parecía otro hombre fogoso y 
vehemente , no el mismo de antes , lleno de calma y de mansedumbre. En es- 
tas circunstancias, dice el mismo Cerdán haber oido á los médicos del rey 
una ocurrencia feliz , que nosotros vamos á trasladar, porque será bien atem- 
perar de vez en cuando los asuntos serios con las antiguas y delicadas sales 
de los nuestros : «Por esto el señor rey Don Martin fué muy sañoso é congoxa- 
do contra mi. Eme dixeron los Medges suyos, que era el millor Medge de la 
tierra. Que avia/eylo tornar el dito señor Rey dej/lemático en colérico.» Con 
todo, fué necesario cumplir la orden del Justicia, y que, merced á este apoyo, 
volvieran á su antiguo estado las cosas del vizconde y de los suyos. De esta 
suerte, acechando una coyuntura favorable, la prudencia del Justicia con- 
quistó todo el terreno que habían perdido nuestros Fueros. Las Cortes, arre- 






DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 199 

glado ese negocio que tanto soliviantara los ánimos , terminaron sus tareas 
con calma y con sosiego. Todo rebosaba paz y tranquilidad en Aragón. 

Pero no tardó mucho en acibararse el placer que todos saboreaban con 
tanto gusto. Tristes nuevas en un solo y mismo dia.trajo de Sicilia un mismo 
y solo correo, anunciando la doble pérdida de doña María y de su hijo Pedro, 
que , como nieto de nuestro rey, parecía destinado 4 unir sobre sus sienes la 
corona aragonesa y la corona de su patria. Nacido en Sicilia (Noviembre 17 
de 1.398), murió á los tres anos (1.401), siguiéndole de cerca su madre, des- 
pués de haber nombrado á D. Martin, su esposo, heredero de aquel Reino. 

Desde entonces se vio con toda claridad que el cuarto interregno se nos 
venía encima. Aunque el rey de Sicilia tomó (1.402) por segunda esposa á 
Blanca, hija del rey Carlos de Navarra, el fruto de este matrimonio, llamado 
también Martin, cambió la cuna por el sepulcro (Agosto de 1.407). Ese mis- 
mo año falleció en Villareal del Reino de Valencia la reina de Aragón , doña 
María de Luna. 

De un solo golpe segó la muerte poco después los juveniles años, el alien- 
to y los laureles de Martin el de Sicilia. Había partido á Cerdeña con objeto 
de sofocar la rebelión de algunos perversos conspiradores, y conseguido al 
fin sobre ellos una importante victoria , cuando pereció en Caller, ciudad de 
pestilente suelo, de insalubre clima (25 Agosto 1.409), menos á los rigores 
de la enfermedad , ocasionada por las fatigas de la guerra , que á la violencia 
de un funesto contagio, exhalando su último aliento entre las aclamaciones 
del triunfo, sin haber vivido lo bastante, ni para la naturaleza, ni para la 
gloria. Esta pérdida llenó el Reino de consternación , ya porque él no dejaba 
jiingun hijo legítimo, ya porque no cabía esperanza fundada de que los tu- 
viera su padre á causa de su excesiva obesidad. Esta circunstancia acrecentó 
el dolor por la muerte del rey de Sicilia , haciendo irreparable la desgracia. 
Tan poco seguros son los cálculos de los hombres. Pensabanque la herencia 
del padre recayera en el hijo, y el hijo legó expresamente al padre en el tes- 
tamento la rica herencia de Sicilia. El rey de Aragón fué desde entonces rey 
también de Sicilia y duque de Atenas y de Neopatria. Contra la creencia ge- 
neral, no por su fallecimiento, sino por la muerte del hijo, se incorporó el 
siciliano con el Reino aragonés. 

El rey de Sicilia dejó un hijo y una hija. Esta, llamada Violante , habida 
en una dama siciliana, por nombre Agatusa, andando el tiempo casó con el 
conde de Niebla. El hijo, por nombre Fadrique, cuya madre, Teresa, era 
también siciliana, nombrado por el testamento del rey heredero del Condado 
de Luna, fué, como pronto veremos, uno de los pretendientes á la corona 
aragonesa tras la muerte de Martin , su abuelo. 

Además no deja de ser altamente sensible en tan inmenso cuanto impen- 
sado infortunio, que al difunto Martin, siendo tan dilatado su patrimonio de 
Reinos , no le quedase abierto un solo camino para ir á descansar en el pan- 
teón de sus mayores. Yace en Caller. 

Su padre , Martin , con quien la fortuna se había mostrado primero tan ri- 
sueña , poniendo en sus manos el cetro de tantos Reinos , y tan ceñuda des- 



200 COMENTARIOS 

pues , arrebatándole ante sus ojos todos los pimpollos de su posteridad , con 
la idea de que ésta no se extinguiera por completo , aunque agobiado menos 
por los años que por la debilidad del cuerpo, pasó á nuevas nupcias ( 17 Se- 
tiembre de 1.409) con Margarita de Prades (1), descendiente de la real fa- 
milia aragonesa. Mas no teniendo en ella sucesión , ni abrigando siquiera la 
más remota esperanza de conseguirla, tuvo á bien que, aun antes de su 
muerte , se discutieran civilmente los derechos de la futura sucesión al 
trono. 

Velase en él una marcada predilección hacia su nieto Fadrique , conde de 
Luna, siquiera respecto de la Sicilia, para que en ésta al menos se perpetua- 
se su descendencia , ya que prematuramente privara la muerte á su hijo Mar- 
tin de la real herencia. Pero Jaime, conde de Urgel, que directamente y por 
línea masculina descendía de los reyes de Aragón , no sufría ninguna compe- 
tencia respecto de sus derechos. Imaginándose, por el contrario, que él, sin 
género de duda , debería heredar el cetro, pidió resueltamente la gobernación 
general del Reino, propia, desde tiempo inmemorial, como llevamos dicho, 
del inmediato sucesor al trono. Concediósela el monarca, como también el vi- 
reinato de Aragón, con objeto de alejar de su presencia á un hombre furioso, 
cuya importunidad le era tan molesta , y no llevado del deseo de acceder á su 
demanda , porque desde mucho atrás le venía aborreciendo con todo su cora- 
zón. Mas el conde , que deseaba comenzar desde luego á subir las gradas del 
trono, hizo los mayores esfuerzos para que el Justicia le recibiese el juramen- 
to de costumbre , sin cuyo requisito no podía desempeñar las funciones de su 
cargo. Pero el Justicia Juan Jiménez Cerdán tuvo la suficiente habilidad para 
tergiversar el asunto. Excusábase legítimamente diciendo que se lo impedían 
los diputados del Reino por ser su nombramiento contrario á los Fueros ara- 
goneses. El conde guardaba silencio acerca de las objeciones de Cerdán, y 
Cerdán iba dando largas á pesar de las vivísimas instancias del conde. Antes 
que aquel decidiera la cuestión , llegó la infausta noticia de que el rey Martin 
había bajado al sepulcro en la ciudad de Barcelona (31 Mayo 1.410). Inmen- 
sa y fatal desgracia que arrastró la monarquía al cuarto de sus interregnos, 
en el cual , decidiendo nuestros mayores por la fuerza del derecho, y no por el 
derecho de la fuerza , las pretensiones del conde y de los demás aspirantes al 
trono, se cubrieron de grande é imperecedera gloria. Habíase negado el difun- 
to monarca á todas las excitaciones que se le hicieron para que nombrase he- 
redero de la corona. Fué sepultado (2) en Poblet, acabando en él aquella bri- 
llante y generosa línea varonil de reyes aragoneses , que llevaba inoculada 
una savia maravillosa, extraordinaria, y en cierto modo divina. No la vere- 
mos degenerar por cierto en la serie de monarcas que vamos á recorrer. Con 
razón, pues, podremos asegurar que, no sólo aquel tronco, mas también las 

(1) Se verificó este enlace en el sitio real de Bellesguart , bella- vista , asistiendo á la augusta ce- 
remonia varios personajes, entre ellos San Vicente Ferrer, dando la bendición nupcial Pedro de Luna, 
el cual dispensó en el acto el parentesco que mediaba entre los contrayentes. Janer. 

(2) Primero en Barcelona, según su epitafio , y medio siglo después trasladado á Poblet, panteón 
de sus mayores. 



[ 



DE LAS COBAS DE ARAGÓN. 201 

ramas y aun sus hojas, produjeron escogidos y abundantes frutos de gloria y 
de inmortalidad. 

Muchas hemos visto ya , mas no todas las magníficas pruebas que de ca- 
pacidad y destreza nos dejó el Justicia Juan Jiménez Cerdán, que pareció 
como bajado del cielo para dirigir y dar cima en tan críticas circunstancias á 
la dificultosa obra , que iban á comenzar los nuestros , siendo él ahora lo mis- 
mo que tantos siglos antes fuera el último de nuestros condes al sentarse la 
primera piedra de la monarquía aragonesa. Pero pasemos al asunto. 



INTERREGNO CUARTO. 



x/WIMfWWWWUWW 



/Arrebatados por la muerte sin dejar en pos de sí descendencia legítima los 
dos reyes Martin, el padre y el hijo, lumbreras del imperio aragonés, el Rei- 
no entero se agitaba en todas direcciones , como nave en alta mar convertida 
en juguete de las tempestades. Cinco acérrimos competidores se presentaron 
alegando cada uno su particular derecho á la corona. 

I. 

Fué el primero de los pretendientes , si en el orden damos la preferencia á 
los que tenían real abolengo por línea recta masculina, D. Jaime de Aragón, 
conde de Urgel, el cual, antes lo hemos visto, en vida del rey Martin, ambi- 
cionaba la general gobernación del Reino. Ahora con más ardor y con mayor 
seguridad suspiraba por el vacante trono. Era por línea varonil descendien- 
te de nuestros reyes , como biznieto de Alfonso IV , nieto del tercer hijo de 
éste, Jaime, el que poco después de haber sido preferido para la sucesión 
«á Constanza, primogénita de Pedro IV, murió con marcados síntomas de ve- 
neno. De su esposa Cecilia , hija del conde de Cominges, Jaime había dejado 
un hijo, llamado Pedro, el que rechazó y aventó al conde de Foix, cuando 
éste, muerto el rey D. Juan, pretendió alzarse con el Reino. Todo esto queda 
explanado en sus lugares respectivos. Pedro tuvo de Margarita, hija del mar- 
qués de Monferrato, tres hijos: Pedro y Juan, que murieron sin tener su- 
cesión, y Jaime, nombrado por su padre heredero del Condado. 

Arrebatado Jaime de una loca y desmesurada ambición de mando , á es- 
condidas y muy en secreto — un tiempo corrió por muy válido este rumor (1) — 

( 1 ) Hoy no se tiene por muy fundado. 

26 



202 COMENTARIOS 

dio la muerte 4 uno de sus hermanos mayores. Después casó con Isabel , me- 
dio hermana de los reyes Juan y Martin , como hija de Pedro IV y de la reina 
Sibila. Por estos títulos, sus derechos en la cuestión presente se creían mejo- 
res que los de todos sus competidores. 

El más decidido partidario de esta causa era entre nosotros D. Antonio 
Luna ( 1 ) , nobilísimo ricohombre aragonés , el cual poseía un patrimonio tan 
dilatado en este Reino, que casi podía pasar de Castilla á Francia tocando sólo 
posesiones de su señorío. Pero lanzándose temerario á patrocinar derechos 
ajenos, y queriendo aparecer fautor demasiado solícito y cuidadoso de los es- 
tados de otro, sin aprovecharle á éste en cosa alguna, dilapidó por completo, 
á la vez que los de sus amigos, los suyos propios desde luego, y para después 
se preparó una muerte desastrosa. Al desplomarse la causa del de Urgél, la 
más sólida en opinión de todos , arrastró en su caida y dejó envuelto entre 
sus ruinas todo el poderío del de Luna. 

II. 

Era el segundo D. Alfonso de Aragón , duque de Gandía y conde de Ri- 
bagorza, nieto de Jaime II por el cuarto de sus hijos, Pedro, aquel que vis- 
tiendo el sayal de franciscano, abandonó e&te mundo en olor de santidad desde 
la ciudad de Valencia. Había dejado de sonreír á D. Alfonso la fortuna desde 
el momento en que se vio desposeído del marquesado de Villena y la condes- 
tablía castellana, honores que poco antes le diera D. Enrique de Trastamara. 

La conducta de Violante de Árenos, que no era modelo de castidad ni de 
recato, contribuyó bien poco para afianzar y añadir nuevos blasones á la au- 
toridad de su ilustre esposo. Este hallábase además tan entrado en años, que 
no se creía estuvieran en el mejor estado sus facultades intelectuales. Por esto 
parecía haberle abandonado la suerte y aun todas las esperanzas. Confió, sin 
embargo, su causa á la fidelidad de todos por su inmediato y directo deudo 
con la dinastía. 

III. 

El tercero que brotó también de la rama principal de aquel árbol , fué don 
Fadrique de Aragón, conde de Luna, hijo del rey Martin, muerto en Caller, 
y de Tarsia. A instancias de su abuelo Martin fué legitimado por Benedic- 
to XIII para que pudiera subir al trono de su padre. Esta dispensa únicamen- 
te se había impetrado respecto de la Sicilia , cuyo Reino no podían heredar 
los bastardos; pero los tutores del huérfano Fadrique, entonces de corta edad, 
querían hacerla extensiva al Reino aragonés. Patrocinaban también esta causa 

( 1 ) La casa de Luna era la más poderosa de Aragón , habiendo sido la primera entre las de los ri- 
coshombres , que fué honrada con uno de aquellos títulos que sólo se habían dado hasta entonces á los 
hijos y descendientes de nuestros reyes , y siendo en D. Lope de Luna, conde de Luna , el premio que 
mereció al rey D. Pedro por haber vendido á la Union , declarándose por el rey en el punto y caso que 
más daño podía causar á los unidos por la confianza que de él habían hecho. Foz, Hist. de Ar., t. 3, p. 176. 



Dfi LAS COSAS DE ARAGÓN. 208 

todos los domésticos y familiares de palacio. Disputándole por otra parte hasta 
la posesión de su patrimonio los más próximos parientes, quienes sostenían 
que como ilegitimo no podía heredar ni el Condado , ni el señorío de Luna, 
levantáronse tantas borrascas y tempestades contra aquel infeliz y desgraciado 
niño, que su causa en tan agitada contienda parecía la más perdida de todas. 

IV. 

Era el cuarto de los aspirantes á la real herencia D. Fernando, hijo de los 
reyes de Castilla , principe bastante conocido por sus hazañas , aun prescin- 
diendo de los títulos de su linaje. Ya entonces pregonaba su valor la fama 
por haber reparado muchas poblaciones , arruinadas por los moros y casi de- 
siertas. De Antequera , famosa ciudad que á la sazón él tenia sitiada , diósele 
el nombre de infante de Antequera. Mayor gloria se conquistara todavía ase- 
gurando la corona de Castilla , con que le habían brindado espontáneamente, 
sobre las sienes de su sobrino. Ejemplo ilustre de probidad y de moderación. 
Grande cosa es el conseguir de otros la victoria , pero es más grande el alcan- 
zarla sobre sí mismo. 

Apoyaba principalmente sus derechos al trono aragonés el infante D. Fer- 
nando en su deudo con los últimos reyes Juan y Martin , más próximo que él 
de todos sus antagonistas. Él era nieto de Pedro IV por su madre Leonor, 
hermana de los reyes Juan y Martin, casada, según dijimos, con el rey de 
Castilla, Juan, hijo del conde de Tras támara. Por esta circunstancia, dicen, 
que el rey Martin , cuando dispuso se ventilase la causa de la sucesión durante 
su vida, se mostró más favorable al partido de D. Fernando. Lo cual contri- 
buyó poderosamente á que los nuestros acariciasen esta opinión, agrupándose 
en torno suyo muchos proceres , que desde aquel instante se pronunciaron en 
su favor. Fueren los más notables D. Pedro Jiménez de Urrea y D. Juan Mar- 
tínez de Luna , pertenecientes ambos á las más nobles y distinguidas familias 
de nuestro Reino. Jefe era el uno del esclarecido linaje de los Urreas, vizconde 
de Rueda y barón de Alcalá ; el otro , señor de Illueca , y aunque cuñado del 
antes mencionado D. Antonio de Luna, estaba con él en esta causa desaveni- 
do, no tanto por carácter ni por interés de familia, cuanto por voluntad y 
afecto. Habíase declarado por el infante Fernando á instancias de su tío don 
Pedro de Luna, apellidado por I03 de su obediencia Benedicto XIII, que se 
constituyera en el principal agente de esta candidatura. Su elevado rango y 
autoridad suprema enaltecieron la causa de D. Fernando. 

V. 

Por fin , el quinto y último , que muchas veces decía ser en esta causa real 
muy superior á todos los demás, y que ninguno le igualaba ni podía entrar 
con él en parangón , era Luis , duque de Calabria y conde de Guisa , nieto del 
difunto rey D. Juan, por su hija Violante, unida en matrimonio con Luis, 
duque de Anjou, un tiempo llamado rey de Sicilia. 



i 



204 COMENTARIOS 

La hija de doña Matha , primera esposa del rey Juan , llamada Juana, que 
casó con el conde de Foix , y que muy á los principios del reinado de Martin 
había causado tantos disturbios en el Reino , hacía mucho tiempo que falle- 
ciera sin sucesión. 

En su segunda esposa había tenido D. Juan ¿ Violante, madre de este Luis, 
que ahora pretendía la púrpura real con tanta seguridad, como si no hubiera 
competidor alguno. Todas sus esperanzas, y medios, y designios, se cifraban 
tan sólo en la protección y amparo que le prometiera el rey Carlos de Francia. 
Y el francés había tomado á pechos el defender la causa de Luis , porque am- 
bos estaban unidos con estrechos vínculos de sangre. 

Á su partido se mostraba muy adicto el tan floreciente linaje de los Here- 
dias. De éste descendía D. García Fernandez de Heredia, en aquellas circuns- 
tancias arzobispo de Zaragoza. Este prelado , además de tan, encumbrada dig- 
nidad , resplandecía tanto por el brillo de su nombre , por la claridad de su 
talento, y por todas sus bellas cualidades, que bastaba él solo á sostener esta 
causa sobre sus hombros. Mas al declararse acérrimo enemigo del de Urgel en 
su corazón y con las armas , excitó contra su persona el odio encarnizado del 
conde y de sus parciales ; odio que estalló después ocasionando la cruel y las- 
timosa muerte del arzobispo. 

Todos estos se disputaban entre si el derecho á la sucesión real , como ri- 
vales y enemigos declarados. Ninguno concedía que fuera mejor que el suyo 
ni el derecho ni la justicia de los otros. Al contrario, todos juzgaban que va- 
lia más ser abrumados por la fuerza, que ceder un ápice de su derecho. Pronto 
se echó de ver , que amenazaba á nuestra patria el mayor de los peligros , y 
que ella debía pasar por la más ruda de las pruebas. Ya no trabajaban el es- 
tado las discordias civiles , ya no se disputaba sólo sobre la observancia de las 
leyes y libertades ; debatíase acaloradamente sobre la posesión de toda la mo- 
narquía. Situación terrible en si misma, y en sus dudosas peripecias, y en su 
imprevisto desenlace ; pero temíase más cualquiera intempestiva mudanza que 
diese al traste con nuestras prácticas forenses y con la antigua libertad , base 
de la constitución aragonesa; porque todas las cosas humanas, aun los mis- 
mos Reinos y Principados, dependen á veces del más ligero movimiento de la 
fortuna y de la más pequeña revolución del tiempo. Tanto más, cuanto eran 
más varios y diversos los bandos de nuestra nobleza, dividida entre los dife- 
rentes competidores. Y no hay edificio tan sólido , ni tan fuerte ciudad , que, 
sin venirse al suelo , resistan siempre el embate de los odios y de las discor- 
dias civiles. Ya no parecía posible la esperanza de que pudieran avenirse ja- 
más voluntades tan encontradas. Ni era ya tiempo de tomar ninguna precau- 
ción, caso que la hubiera, contra tales inconvenientes. 

El conde de Urgel , que se hallaba en La Almunia , villa poco distante de 
Zaragoza, apenas supo la muerte del rey Martin, se había alzado con la go- 
bernación general del Reino. De cuyo cargo, afirmaba, no toleraría en modo 
alguno que se le despojara, ni que se examinara su causa con la de sus com- 
petidores , por ser más claros que la luz del sol sus derechos á la corona. Y 
los peligros se venían encima y arreciaban más , al paso que estaba también 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 305 

más cércala hora de la controversia. Dícese, que de propósito difirió para otra 
ocasión tomar el titulo de rey , á fin de lisonjear con esta prueba de modera* 
cion á los aragoneses , que jamás habian consentido en que lo tomase ninguno 
antes de prestar el acostumbrado juramento de guardar los Fueros. Hasta en- 
cubría con el manto del más acendrado patriotismo su prontitud en hacerse 
cargo dé la gobernación general ; cual si tratara de realzar entre los nuestros 
la heroicidad de su comportamiento , acudiendo á salvar el Reino que bambo- 
leaba, indignamente oprimido bajo el peso de los otros competidores, y sacu- 
dido por facciones violentas , tomando al fin la investidura de aquella digni- 
dad , ya que no bastaban á conseguir ese objeto , ni su poder ni todo el de los 
suyos. Pero conocido el artificio, redundó en mayor odio contra su persona. 
Porque no estaba en mucha consonancia con sus costumbres corrompidas ese 
lenguaje de humildad y de mansedumbre ; al contrario , hablase engreído ex- 
traordinariamente su carácter arrogante y altanero con la novedad de un poder 
tan encumbrado. Pero cuanto habla degenerado más en esto de su linaje, tanto 
más vivo retrato parecía de su apuesta constitución física y de su gallarda 
presencia. Su aspecto era distinguido ; su aire respiraba nobleza ; su talla cual 
convenía á la majestad; su fisonomía presentaba rasgos de extraordinaria be- 
lleza; y su cuerpo entero, elegantes y acabados contornos. Había tanta finura 
eu sus maneras y movimientos, que si bien naturales, parecían hijos de la 
afectación y del estudio. Esmaltadas estas bellas prendas con la nobleza de su 
real alcurnia, resaltaban con tan brillantes resplandores, que deslumhraron á 
muchos , y más entre los catalanes , quienes creían ver personificado en el 
conde á cualquiera de nuestros difuntos reyes , modelo de fortaleza , tipo de 
constancia , fiel y exacta copia de las cualidades de un buen monarca. 

Con todo, hubo la suficiente previsión y tacto en alguno de los nuestros, 
que se mantuvieron neutrales , que velaron por las libertades públicas , que 
adoptaron las medidas oportunas para libertarlas de un naufragio. Distin- 
guiéronse entre éstos por la suma destreza en dirigir su rumbo entre tan en- 
crespadas olas y furiosos vientos dos hábiles pilotos : Gil Ruiz de Lihorri el 
uno, que á la sazón regla la general gobernación del Reino, de carácter pun- 
donoroso y perseverante, y de las ideas más sanas acerca de la república; el 
otro era el Justicia tantas veces nombrado, Juan Jiménez Cerdán, solícito y 
celoso como el que más por la conservación del Reino, al que en diferentes 
ocasiones hemos visto prestar señalados servicios á la patria. Ambos por su 
respectiva (Jignidad tenían mayores medios y mejores coyunturas para salvar 
los intereses generales del Estado : la pena , el temor y el riesgo eran comu- 
nes á todos. En torno de estos dos se fueron agrupando cuantos sostenían eti 
toda su pureza los Fueros de la libertad. Y reuniéndose pronto en Zaragoza 
comenzaron á ocuparse del asunto con madurez y prudencia. 

Ocupaba entre ellos el primer lugar , por su experiencia y práctica en los 
negocios, Berenguer de Bardaxí, varón doctísimo en el derecho público y 
particular, hijo de la ilustre y antigua familia de su nombre. Gozaba tanta 
reputación de sabio para las defensas, para las acusaciones, para las garan- 
tías ; tenía tal autoridad , no sólo en sus dictámenes , si aun en sus meras in- 



206 COMENTARIOS 

sinuaciones , que su casa era ciertamente el oráculo del Reino, si bien la sos- 
pecha de una notable ficción aminoraba con algunos su mucha autoridad y 
crédito. 

Con objeto de tomar parte en estas conferencias vino luego á Zaragoza 
Benedicto XIII (6 Diciembre 1.410). Su presencia calmó la grande ansiedad 
con que miraban muchos el porvenir de la cosa pública, á cuya salvación 
iban siempre encaminados sus consejos, reuniendo y reparando los restos de 
aquel naufragio : aún no se había declarado públicamente por ninguno de los 
dos partidos. En la unión y concordia de los allí presentes estaba cifrado el 
bienestar del Reino. Entre ellos había muchos, cuyos personales deseos y 
simpatías se diferenciaban grandemente ; pero los pensamientos , en armonía 
con el lenguaje de todos, conspiraban al interés general, acallando la voz de 
sus antiguas enemistades para hacer frente á los peligros comunes y presen- 
tes circunstancias, porque, cual varones fuertes, creyeron debían sacrificar 
en aras de la pública utilidad , y convertir en vínculos de amistad los resentí- 
mientos particulares. Rasgo heroico que salvó á la patria y cubrió de gloria á 
sus autores. Ni hubiera sido ciertamente cordura, cuando más fuertes sopla- 
ban los vientos , cuando arreciaban las tempestades , cuando ya estaba hecha 
pedazos la nave y se habían dispersado sus restos , el pensar ni procurar otra 
cosa que la salvación del Reino, siendo imposible , si éste se venía á pique y 
se hundía en los abismos , que nadie pudiera creerse libre ó seguro en aquel 
horroroso temporal que á la sazón se había desencadenado.* 

Reunidos ellos , por creerse que los competidores no aceptarían condición 
alguna, dieron principio á las conferencias públicas sobre la causa pendiente 
de la sucesión , recordando la conversación tenida con el último de nuestros 
reyes el dia mismo de su muerte. Preguntado D. Martin quién era en su opi- 
nión la persona que debería sucederle , contestó ( 1 ) desde los umbrales de la 
eternidad: «Aquel á quien, por derecho y por las leyes corresponda.» Esto fué 
decirles lacónicamente , que todas sus acciones , que todos sus pensamientos 
en esta materia, no debían tener otro norte que la equidad y la justicia. 

Conformándose con este deseo del monarca , que para ellos tenía fuerza de 
precepto, cuantos asistieron al Congreso de Zaragoza, dicen, tomaron al 
punto las siguientes providencias : 

Que las fuerzas reunidas de todos cayesen sobre quien apoyase sus preten- 
siones á esta sucesión real con la violencia ó con las armas, y no las fundase 
en el derecho ó en las leyes. 

Que los competidores , por más desavenidos que estuvieran entre si , debe- 
rían residir en el punto que les fuera señalado , absteniéndose todos de consi- 
derar lo dudoso como cosa reconocida y cierta. 



( 1 ) Cuantas veces instaron á D. Martin para que designase sucesor á la corona , respondió : « Que 
heredase el Reino el que tuviese mejor derecho; que fuete rey el que le tócate de Justicia.» 

Dos veces en los últimos dias y postreros momentos, fué requerido por las Cortes de Barcelona, que 
declarase , si era su voluntad y le placía , que la sucesión de sus Reinos viniese a aquel a quien por justi- 
cia debiese, y las dos veces respondió que sí, y espiró casi con estas palabras en los labios. «Foz, His- 
toria de Ar., t. S.°, págs. 167 y 168. 



J 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 207 

Que debían , por el contrario , ver sin repugnancia la declaración del inter- 
regno , para que examinado escrupulosamente , y estimado en todo su valor el 
derecho de cada uno, las leyes, no la espada , pudieran ser jueces en la con- 
tienda; mucho más siendo ésta de tal naturaleza, que pedía largo tiempo, 
mucho y maduro examen. 

Finalmente , que se persuadieran todos , seria declarado traidor á la patria 
el que tratase de embarazar este proceso. 

Se comprendió igualmente la urgente necesidad de que abdicase Jaime de 
Urgel la gobernación general, usurpada por el engreído y confiado conde , y 
si preciso fuera, de que el Justicia se la arrancase por la fuerza, haciéndole 
sentir todo'el peso de su magistratura. Ponderábase además la conveniencia 
de celebrar Cortes generales , convocando á ellas á todos los Brazos del Reino, 
porque sus decisiones saldrían más autorizadas , si contaban con el apoyo total 
del mismo. Pues aunque sólo el soberano podía intimarlas según los antiguos 
Fueros , siendo en aquellas circunstancias tan grande su necesidad, sostenían 
que les era lícita la reunión del Reino en una especie de Cortes , como se hi- 
ciera en anterieres tiempos , debiéndose tomar siempre aquellas medidas que 
exigen las necesidades y circunstancias. Convínose además en que se hiciera 
la convocatoria á nombre de los dos principales magistrados allí presentes, 
Gil ( 1 ) de Lihorri , regente el oficio de la gobernación general , vulgarmente 
llamado gobernador, — gobernador le apellidaremos también nosotros en lo 
sucesivo, — y Juan Jiménez Cerdán, Justicia de Aragón, en representación 
del monarca el primero, y el segundo, por su magistratura propia. Y todo 
cuanto debía hacerse, se hizo, y quedó terminado al punto. 

El gobernador y el Justicia, en virtud de su común autoridad, notificaron 
este acuerdo á todo el Reino , y según costumbre , mandaron que todos sus 
Brazos se hallasen en la noble y populosa ciudad de Calatayud el 8 de Febre- 
ro del año próximo (1.411), para tratar la causa de la patria. Juan Jiménez 
Cerdán, apelando al conocido recurso de \*firm% de atrecho, intimó al de Ur- 
gel se abstuviese en adelante de ejercer la gobernación general , que contra 
las leyes desempeñaba, sin dar lugar con su negativa á que emplease otros 
medios más fuertes. Algo pareció haber mejorado con esto la situación. El 
Reino comenzó á respirar con la esperanza de que se conservaría la libertad. 
Y el de Urgel se sometió inmediatamente al veto del Justicia. 

Además, habiendo acudido á Calatayud en el dia señalado un concurso 
numeroso, aprobando con su presencia el edicto de convocatoria firmado por 
el gobernador y por el Justicia , siendo ambos, y con razón , sus presidentes, 
como centinelas y paladines de la libertad , en presencia de todos dieron cuen- 
ta de lo acaecido desde la muerte de D. Martin , y que era cosa suya la reunión 
de las actuales Cortes. Que estuvieran persuadidos todos ser el fallo de aque- 
lla causa cuestión de vida ó muerte para el porvenir de la república. Porque 
si se encomendaba su decisión á las espadas , y no á las leyes , no sabían qué 
clase de derechos tendrían los vencedores ; los vencidos seguramente ninguna, 

(1) E1MS. dice: «Raíz.» 



L 



209 COMENTARIOS 

Ni debía ser tan claro su derecho propio como se imaginaban los competido- 
res , cuando era para los demás dudoso y cuestionable lo mismo que parecía 
cierto á cada uno de ellos. Y para no extendernos más de lo necesario, aun- 
que de propósito nos dirigíamos á este punto, en el final de su largo, grave y 
sentencioso discurso, excitáronles á que permaneciesen en la más estrecha 
unión, para que, pensando y queriendo todos lo mismo, combatiesen juntos 
al que buscara el fallo de aquella causa real por otras vias que las pacificas y 
legales. Con este objeto prometieron ellos por su parte velar en cuanto alcan- 
zasen las fuerzas de su espíritu , yendo más allá todavía en el trabajo del 
cuerpo para salvar la patria. 

Calurosos aplausos arrancó este discurso á la mayor parte de Iob oyentes, 
que con ellos manifestaron su aprobación. Pero hubo algunos de pareceres 
enteramente contrarios , y cuyas inclinaciones , ocultas antes dentro de su pe- 
cho, ahora pugnaban con osadía por hacerse públicas. De ninguna manera 
podían éstos disimular el profundo disgusto que les causara la proposición de 
los presidentes. Midiendo los tales dicha causa por sus aficiones y particula- 
res intereses , y como si hubieran de sentenciarla aquellas Cortes , á las cla- 
ras , en nombre de todos , y sin otro examen , pretendían que se diera el título 
y la dignidad real al competidor que defendía cada uno ; y á este fin , no ya 
con ambages , sino citándole por su propio nombre , le ofrecían su autoridad, 
sus servicios, su gente, su dinero , con todos sus amigos y vasallos. 

D. Antonio de Luna, aquel esclarecido y poderoso magnate ya menciona- 
do , rechazaba así la dilación propuesta , como la reunión de las Cortes con 
más audacia que todos. Nada había, dijo, que hiciera dudar á nadie en tal 
asunto; nada que impidiera llamar sin dilación á Jaime, conde de Urgel, que 
estaba cerca, muy cerca, casi presente, y darle por unanimidad el titulo de 
rey , conociendo todos desde mucho atrás , la justicia y legitimidad de sus pre- 
tensiones al trono, así por el derecho de su esposa como por el suyo propio. 
Calificaba de torpeza insigne el que se hubieran atrevido á dudar, los que allí 
pasaban plaza de sabios , respecto de un asunto que no ponía en duda ni la 
gente rústica. Tenía por la mayor de las injusticias el tratar , con maliciosas 
tergiversaciones , de arrebatarle anticipadamente una corona que con tanta 
claridad y largueza le presentaba la fortuna , casi en el momento mismo de 
colocarla sobre sus sienes. Dirigía fuertes acusaciones contra el gobernador y 
Justicia por haber convocado las Cortes , incumbencia y obligación en la va- 
cante del trono propia de los diputados , á cuyo número él entonces pertene- 
cía. Consideraba, por tanto , nulo y de ningún valor cuanto allí se hiciera, si 
por ventura no se proponía como fin la proclamación de D. Jaime. Esto, cual- 
quiera que fuese la forma en que se hiciera , siempre estaría perfectamente. Y 
de no hacerse pronto , proferia mil amenazas ; anunciábales sucesos pavorosos; 
difundía entre ellos el espanto , cual si creyese sacar más partido con el miedo 
y violencias, que con ruegos y persuasiones. 

Este tan impetuoso y acalorado discurso de D. Antonio , la distinguida no- 
bleza de su apellido , la autoridad que tenía como funcionario público , sin 
duda hubieran arrastrado tras si la opinión de muchos , á no haberlo estorbado 






DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 209 

oportunamente con su autoridad, no inferior por cierto , aquel D. García Fer- 
nandez de Heredia, arzobispo de Zaragoza, que había acudido á las Cortes 
con numeroso séquito, y que asistía con frecuencia á las sesiones, y cuyas 
alabanzas corrían diariamente de boca en boca por todo el Reino. Dicho pre- 
lado, con palabras y frases llenas de mesura y gravedad, refutó cuanto había 
dicho D. Antonio con tanta falta de cordura , como con exceso de dureza. Y 
como el arzobispo dirigiese contra el de Luna fuertes invectivas por semejante 
proceder , ya pudo desde entonces adivinarse que había concebido el corazón 
del conde , en un arranque de despecho , la detestable maldad que sus manos 
hicieron pública algo más adelante. Y subió de punto la popularidad del ar- 
zobispo , cuando se declaró ante las Cortes celoso partidario de la reina Vio- 
lante y de su hijo Luis, cuya causa, según su opinión, llevaba sin disputa 
gran ventaja en derecho y justicia á todas las demás, y sin embargo, soste- 
nía la necesidad de obrar con circunspección y detenimiento para fallar con 
acierto en un asunto de tanta trascendencia. 

Exactamente lo mismo sentían los numerosos favorecedores allí presentes, 
en su mayoría, de las otras parcialidades. Mas no por eso dejaba <5ada uno de 
apoyar su partido con variedad de razones y argumentos, rebatiendo los ar- 
gumentos y razones de los contrarios , y teniendo por seguro que su afición y 
voto le harían medrar en la privanza del futuro monarca. Esto fué un mar, un 
caos de confusiones. Presto se levantaron facciones nuevas que, á manera de 
gruesas y encrespadas olas empujadas por la violencia de los vientos , á cada 
momento parecían abalanzarse sobre las otras, y desviarse de ellas al instan- 
te. D. Antonio de Luna, que deseaba con ardor se aclamase rey al conde de 
Urgel, irritábase sobremanera al ver cuánto desmerecía y empeoraba su cau- 
sa. Atribuía esta mudanza al odio mortal y á la malicia del arzobispo, cuyos 
manejos tan arteros como inmotivados, concitando, decía, el odio de las Cor- 
tes, habían contribuido más que todos los otros partidarios juntos, para ar- 
rancar al conde la corona. Abrasado estaba de cólera; pero, á fuer de hombre 
encanecido en el disimulo y en la malicia , supo ocultar el fuego dentro de su 
corazón, hasta que, en tiempo y lugar oportunos, tomó la más infame y hor- 
rible de las venganzas. Por más que multiplicó sus esfuerzos á fin de arreba- 
tar la suprema dirección de esta causa al gobernador y Justicia de Aragón, 
fueron inútiles para ello todas las industrias de su ya quebrantado furor. La 
venerable ancianidad de esos magistrados y su integridad intachable en los 
negocios públicos, se habían conquistado tanta y tan general estimación, que 
los miraban con respeto sumo así las diferentes parcialidades como los mismos 
competidores. Ellos por su parte regían con el mayor acierto los intereses co- 
munes, en virtud de sus recíprocos deberes; y cuando asistían casi forzados 
los demás, sólo los dos llevaban sobre sus hombros el peso de aquellas Cortes. 

A ellas llegaron por fin comisionados de Cataluña y de Valencia, solem- 
nemente autorizados para pedir á los nuestros la traslación de las mismas á 
otro punto menos distante de sus países respectivos. Así prometieron los ara- 
goneses verificarlo luego. Para formar y comunicarse mutuamente los planes 
más ventajosos al bienestar de todos , aseguraban los comisionados valencia- 

27 



210 COMENTARIOS 

nos y catalanes ser muy conveniente , no sólo seguir con ánimo atento la mar* 
cha de las negociaciones , sino residir también corporalmente en lugares pró- 
ximos los unos y los otros , á fin de terminar un asunto de tal importancia, 
tanto más pronto, cuanto mayor fuese la brevedad con que pudieran , en caso 
necesario, reunirse todos en el mismo sitio. Y que siendo aquella causa co- 
mún , en común debía también deliberarse , pero reflexionándola todos muy 
detenidamente antes de adoptar una resolución cualquiera , ya que se pensaba 
dar entonces , siguiendo casi las huellas antiguas , una nueva forma á toda la 
monarquía ( 1 ) . 

Al tratarse de esta cuestión entre los nuestros , hubo , como suele aconte- 
cer, mucha variedad de pareceres. Al fin se eligieron algunas personas idó- 
neas para que se entendiesen con los valencianos y catalanes acerca de la 
proyectada reunión de los tres Reinos. Permítasenos dar ese título á Catalu- 
ña, pues aunque ésta sólo tiene el de Principado (2), con razón, puesto que 
lo merece , alguna vez puede apellidarse Reino. Después de varias conferen- 
cias, decidieron los comisionados : 

Que, en lugares oportunos, los nuestros, los catalanes y los valencianos, 
convocasen al instante sus Cortes , las cuales , en representación de todos los 
estados, reasumieran la autoridad entera de la república. 

Que se disolvieran las Cortes de Calatayud y se convocaran otras para Al- 
cañiz , la antigua Ergávica , ó Ergánica según otros , por ser limítrofe de Va- 
lencia y Cataluña, intimándolas, ésta para Tortosa, aquella para Trahiguera, 
lugares poco distantes entre sí, y sitos en los confines de cada Reino. 

Contra el dictamen del obispo de Tarazona , uno de los elegidos , que de- 
cía no habérseles dado poderes para este objeto, cerráronse las Cortes de Cala- 
tayud ( 30 de Mayo 1 .41 1 ) , y se expidió el decreto de convocatoria para la 
ciudad de Alcañiz, dejando á los elegidos facultad de señalar el dia de su 
apertura. 

Dos dias después ( 1.° de Junio) salió de Calatayud en dirección á Zarago- 
za el arzobispo D. García, el que dijimos haberse opuesto á los consejos y 
dictamen del de Luna, y al llegar á la villa de La Almunia (3), poco distante 
de aquellas ciudades , recibió un billete que le dirigía D. Antonio, significán- 
dole en términos cariñosos , y aun festivos , su deseo de conferenciar á solas 
con el prelado, á fin de concertarse ambos sobre los medios más eficaces para 
devolver al Reino la paz y asegurar la calma del porvenir. Que á este objeto 
le esperaba solo en el campo , al pié de los muros de esa villa , junto á la car- 
retera de Zaragoza, pues convenía fuese secreta su amistosa y benévola con- 
versación. Pero esto era un lazo que le tendía. Desde mucho atrás atentaba 
contra su vida , y en su corazón había resuelto poner fin á la existencia del 
prelado, persuadido de que esto sería el úuico remedio de la trabajada, pero 
no desahuciada causa del conde D. Jaime , de la que antes se había manifes- 

(1) El autor desarrolla sin duda este pensamiento en el MS. ; pero las dieciocho líneas que le si- 
guen , se hallan todas tan bien barreadas , que apenas puede leerse una sola palabra. 

(2) Al principio Condado, y Principado desde los tiempos de doña Petronila y D. Ramón Berenguer. 

(3) De Doña Godina, en la provincia de Zaragoza , á nueve leguas de ésta. Cuenta 750 vecinos. 



i 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 211 

tado celosísimo patrono y adalid bizarro. Nada receló el arzobispo, que salió 
de La Almunia con escasa comitiva y marchó directamente adonde le espera- 
ba D. Antonio. El rango elevado de este magnate no permitía, en efecto, que 
se dudara de la sinceridad de sus palabras. Habíase desviado un corto trecho 
á la izquierda del camino, en dirección de Almonacid ( 1) , lugar entonces de 
su señorío. Cuando marchaba al sitio señalado el Arzobispo, á poca distancia 
le salió al encuentro D. Antonio con su escolta de gente armada. Saludáronse 
al encontrarse, como es costumbre, cortés y afectuosamente, y comenzaron 
solos á tratar de los negocios y de la cosa pública. El conde , no queriendo 
perder la ocasión que se le había venido á las manos , hizo recaer la conver- 
sación sobre las causas de los competidores , y bien seguro de que no tardaría 
mucho el arzobispo en manifestar su opinión , le preguntó , con intención si- 
niestra, su parecer acerca de cada uno de los pretendientes, y si pensaba que 
llegara á ser rey de Aragón el conde de Urgel (2). — No lo será, contestó poco 
cauto el arzobispo, mientras yo vida. — Pues lo ha de ser, vivo ó muerto el arzo- 
bispo, replicó ciego de cólera D. Antonio, que respirando sólo venganza hor- 
rible, y desenvainando al punto la espada, le descargó un fuerte golpe en la 
cabeza. Entonces se dio á huir el infeliz y desgraciado arzobispo. Pero alcan- 
zado en seguida por los criados y la gente del conde, que no lejos había que- 
dado emboscada, le rodearon , le derribaron de su muía, y acabáronle de ase- 
sinar de un modo bárbaro y salvaje. De los pocos que le habían acompañado, 
desprevenidos y desarmados todos , unos , heridos de gravedad , refugiáronse 
en Almonacid; otros fueron cruelmente asesinados; los demás, dando en ma- 
nos de la tropa que dejara el conde apostada, cayeron prisioneros, y con- 
ducidos á Almonacid , permanecieron largo tiempo en aquellas prisiones 
particulares. Uno de éstos fué el hijo del Justicia Jaime Cerdán, que por ca- 
sualidad marchaba aquel dia entre la comitiva del arzobispo. 

El necrologio de la iglesia de Zaragoza cuenta la muerte de su prelado en . 
los siguientes términos : «El dia de las calendas de Junio (3) murió Don Gar- 
cía Fernandez de Heredia; el cual, por la defensa y por mantener la justicia 
del Reino , arrostró la muerte el dia primero de Junio , ario de la natividad 
del Señor 1.411.» 

Con esta atrocidad comenzaron de nuevo las alteraciones , y parecía que 
brotaban nuevos motivos de trastornos. Pero como suele de ordinario aconte- 
cer, siempre que se apela á medios ruines y reprobados, fué la perdición para 
la causa del conde de Urgel aquello mismo que el de Luna creyera había de 
ser su más eficaz remedio. Porque no hubo uno sólo de los nuestros que no 
se decidiera á vengar con ardor tan enorme ultraje, teniendo todos por des- 
gracia común el haber arrebatado al Reino en aquellas circunstancias un varón 

( 1 ) De la Sierra , á dos leguas de La Almunia. Es villa de 300 vecinos. 

(2) En voz alta y con tono fuerte preguntó el conde al arzobispo : — * Con que arzobispo, i ha de ser 
rey el conde de Urgel? — Xo mientras yo viva, contestó D. García on la misma voz y con el mismo tono. 
— Pues sera rey el conde, replicó D. Antonio, y preso ó muerto el arzobispo.— Muerto bien podrá ser, pero 
preso no , dijo éste , y picó su muía. » Mas no fué tan ligero que no le alcanzase D. Antonio, primero con 
un bofetón . luego con la espada en la cabeza , etc. Foz , t. 3.°, p. 186. 

( 3 ) Lunes. 



212 COMENÍ ARIOS 

de tan eminentes prendas. Además, todo el nobilísimo linaje délos Heredías, 
partidario hasta entonces de Luis, conde de Ánjou , separóse al punto de él y 
se adhirió á la causa del infante D. Fernando, con cuyo pronto auxilio contaba 
para enfrenar el furor de los condes de Luna y Urgel , y vengar la sangre 
derramada de su familia. Todos los enemigos personales del de Urgel , que 
eran muchísimos , para provocar contra él la animadversión del Reino entero, 
ponderando á voz en cuello lo atroz de aquel horrible asesinato , en público y 
delante de todos iban gritando que era necesario huir de él , como se huye de 
un salvaje ó de un loco frenético. Aseguraban, que si llegaba él á subir al 
trono, sería sin asomo de duda, el azote de su Reino, la desolación de su pa- 
tria , la calamidad de sus estados , siendo imposible la conservación de las le- 
yes, y la observancia de los Fueros. 

Al de Luna imputábanle todos los oprobios, todas las infamias, ya no los 
enemigos del de Urgel, sino todos sin distinción de categorías, de edad y sexo; 
la clase noble, la media y la ínfima; los extranjeros y los ciudadanos, los 
hombres y las mujeres todas , hasta los niños mismos , por haber dado muerte 
sacrilega y alevosa , al amigo, al inocente, al prelado, á su pastor, llamado 
por él con amistad fingida, y so pretexto de la paz del Reino. Y para coronar 
su hazaña , había llevado como en triunfo y en señal de su victoria á los cria- 
dos y personas de la corte del arzobispo , que habían escapado con vida , te- 
niéndolos aherrojados en estrechas prisiones, cual si fueran infieles. Por ello, 
en fin, eran objeto de la execración pública la memoria, las costumbres y el 
nombre mismo de D. Antonio, siempre que se le oía, por haber mancillado 
con tan inaudita crueldad el honor de la nación entera, de la común patria, 
que aun con sus propios enemigos solía siempre usar de la mayor indulgen- 
cia, y por haber empañado el esplendoroso brillo de su linaje con una traición 
tan abominable ; borrón que con dificultad podrían lavar todos los siglos ve- 
nideros. De aquí nació el adagio antiguo « Con don Antón te topes, » especie de 
maldición , con que deseamos le sobrevenga á otra persona un mal cual- 
quiera, como si fuera símbolo de infortunios y desgracias el encuentro con 
ese personaje. 

Tamañas calamidades afligían hondamente al gobernador, al Justicia, y en 
general á todos los buenos. Nada por entonces convenía menos al Reino que 
nuevos disturbios, y nuevas banderías, y pendencias nuevas. Viendo ellos, sin 
embargo, que por necesidad debían arrostrar el ceño de la fortuna, resol- 
vieron afrontarlo con más valor y constancia , y dirigir con mayor prudencia 
y cordura sus caprichosos movimientos , oponiéndose á su empuje, no con pe- 
cho dócil y sumiso, sino fuerte y tenaz, como una roca, para .quebrantar sus 
iras. Mas aunque tuvieron por digna de un pronto y ejemplar castigo aquella 
atrocidad tan criminal como bochornosa, con todo, juzgaron que convenía 
transigir tal vez con las circunstancias. Tan poderosos eran los culpables, y 
la situación tan débil , que no se creía ésta con fuerzas bastantes para des- 
truirlos , hasta que la infortunada patria , asaltada por tantos peligros, entrase 
en el suspirado puerto de salvación. A él esperaban con la bondad divina ar- 
ribar dentro de poco , si lograba reunirse en las poblaciones indicadas , ó en 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 213 

otras contiguas, el Parlamento de cada Reino; En tal caso, contábase ya como 
segura la elección de soberano. Y éste, una vez empuñado el cetro, descarga- 
ría sobre los culpables todo el peso de las leyes, compensando entonces con el 
rigor la tardanza del castigo. 

Entretanto , á fin de cortar el vuelo á la osadía de los malos , levantaron 
grandes cuerpos de infantería y caballería, que acantonados en diferentes 
puntos del Reino , estuviesen siempre en disposición de acudir á los peligros 
comunes y á la persecución de los sediciosos , pasando de una á otra parte en 
que se creyese más útil su presencia. Con tantos apoyos fué preciso acudir al 
sostenimiento de la cosa pública, que ya comenzaba á desmoronarse. 

Algo mejoró con ellos la situación. Los matadores del arzobispo fueron 
ahuyentados y echados fuera del Reino , sin que de algún modo se hiciera po- 
sible el estorbar su fuga. Igualmente fueron algún tanto reprimidos los Here- 
días y sus adictos , que se habían alzado en armas para vengar aquella muerte 
sacrilega , y que al frente de muchas compañías recorrían el Reino con gene- 
ral aplauso. Largos días y penosas fatigas costó á los nuestros el llegar á ta- 
les resultados. 

En su consecuencia , hubo necesidad de aplazar la reunión convenida de 
los Reinos. Mas apenas quedaron vencidos esos grandes obstáculos, dedicá- 
ronse á terminar los comenzados trabajos concernientes á los Parlamentos. 

Con objeto de fijar el dia para la reunión de éstos, se avistaron en Épila 
(23 Julio 1.411), con varias de las personas destinadas al efecto, el goberna- 
dor, el Justicia, y Berenguer de Bardaxí. Estos tres conservaban la dignidad 
del asendereado Reino, no sólo con su prudencia, mas también con su pre- 
sencia y semblante exterior. Si hubiera sido menos acendrado su patriotismo, 
de seguro que se hubiera quebrantado la constancia de las demás , cayendo su 
corazón en el más profundo abatimiento. El resultado de las conferencias de 
Épila fué que, variando de opinión, convinieron en volverse á juntar el 8 de 
Agosto en Zaragoza, por ser esta ciudad punto mas á propósito para la indi- 
cada determinación. Pero se decidieron á obrar con más actividad, en virtud 
de una comunicación que de palabra y por escrito les dirigieran los catalanes, 
notificándoles que , según lo acordado , se hallaban ya reunidos ellos en Tor- 
tosa. No podemos pasar por alto lo mucho que se distinguieron los catalanes 
durante la apurada situación del Reino ; pues aunque se hallaron en idénticas 
circunstancias que los nuestros , y corrieron la misma suerte , si bien es cierto 
que les fueron á veces inferiores por la gravedad de nuestros acontecimientos, 
les aventajaron mucho en constancia y armonía. Y nada les concedemos nos- 
otros que ellos no tengan sobradamente merecido. Los primeros siempre en 
excogitar los medios ; en su planteamiento nunca fueron ellos los últimos; más 
acordes, más unidos entre sí, con semblante y corazón alegres, sacrificaron, 
en aras de la común y pública causa, sus graves y antiguas enemistades. Fi- 
nalmente, aunque taciturnos, como nosotros, por carácter, y aunque abun- 
dan más en obras que en palabras , hacia esa época tan abundantes fueron sus 
obras y sus palabras, que se dejaron atrás á si mismos y excedieron á su misma 
naturaleza. 



214 COMENTARIOS 

Señalaron al cabo los nuestros en Zaragoza el dia 2 de Setiembre para el 
congreso de Alcaniz , á cuya ciudad se dirigieron al punto los estamentos del 
Reino. Llegados allí , comenzaron ¿tratar desde luego con los catalanes de 
Tortosa. En Valencia había serias disensiones políticas que retardaron algo 
más su buena inteligencia con Aragón y Cataluña. Lejos de llegar á un acuer- 
do por entonces , fraccionáronse en dos bandos , yendo el uno á Vinalaroz , y 
á Trahiguera el otro , atribuyéndose cada uno la autoridad cierta y verda- 
dera, como legítimo representante del Reino valenciano, acusando al otro 
de impostura y falsedad, y que por tanto era indigno de toda conside- 
ración. 

Esto mismo, necia y descabelladamente, quiso parodiar entre nosotros don 
Antonio de Luna, reuniéndose en Mequinenza (1) con otros varios: ya no le 
faltaba al Reino sino añadir á las anteriores esta nueva calamidad. Pero poco 
á poco se fueron desvaneciendo todas estas intentonas , quedando una sola 
Asamblea en cada uno de los estados. Y dieseles en adelante el nombre de 
Parlamentos : aun en esto quisieron guardar el respeto debido ¿ la corona , la 
única [que, según antigua costumbre, podía celebrar justas y verdaderas 
Cortes. 

Habían llegado entretanto algunos comisionados de las Baleares y de Si- 
cilia, prometiendo adherirse sin reservas ¿ la resolución adoptada por los 
nuestros en esta causa real : mensaje que produjo gran contentamiento y sa- 
tisfacción en todos. Mayor fué todavía la satisfacción* al comprenderse, desde 
las primeras pláticas de los tres Parlamentos , que todas iban encaminadas al 
bienestar general del Reino. No faltaban , por cierto , en uno y otro lado hom- 
bres de perniciosas y bastardas miras, prevaricadores de la causa común, que 
no la miraban por el lado de la utilidad pública, sino bajo el prisma de sus 
intereses y lucro particular ; pero guardábanse bien de manifestar sus mez- 
quinos pensamientos, sepultándolos en sus almas ruines, temerosos de la jus- 
ta reprensión de todos sus compañeros. Veíanse rodeados del sumo prestigio 
de los Parlamentos , que no les permitía poner en olvido la gloria doméstica. 
De aquí resultaba que , enfrenados éstos por la vergüenza, y aguijoneados los 
demás por la exactitud en el cumplimiento de sus deberes, las palabras y los 

(1) Los que se juntaron allí en forma de Parlamento, fueron: D. Antonio de Luna, el Castellan de 
Amposta, D. Artal de Alagon , D. Guillen Ramón de Moneada, señor de Mequinenza y Vallobar; don 
Francisco y D. Pedro de Alagon , D. Jaime López de Luna, D. Artal de Alagon, menor, todos ricoahom- 
bres , y diputados del Reino los dos primeros; por el estado de caballeros, Juan Jiménez Salanova, Mar- 
tin López de Lanuza, Fadrique de Urríes , Garcilopez de Seso , García de Sesé, su hijo, Pedro de Pomar, 
Fortun Diaz de Escdron , Sancho de Antillon , Francisco de Urríes , Ferrer de Sanjus , Sancho Pérez de 
Ayerbe ; la mayor parte mesnaderos y do las familias más ilustres y antiguas de Aragón , después de 
los ricoshombres. 

Los que se hallaban en Vinalaroz, eran: D. Ramón de Vilaragut, lugarteniente del gobernador, y en 
bu ausencia presidente de la congregación; D. Gilabert de Centellas, Galban de Villena, Berenguer y 
Juan de Vilaragut, Felipe de Boil, D. Pedro de Vilaragut, D. Pedro Sánchez da Calatayud y Manuel 
Diaz; barones todos, y con ellos algunos comendadores de Montosa: de los caballeros eran los principa- 
les Juan Martínez de Eslava, Martin IFíiguez de Eslava, Bernardo Juan, señor de Tous y de Canet, 
Francisco Juan Vives, Pelegrin do Monteagudo, Hernando Muñoz y Pedro Zapata. De las villas y ciu- 
dades , los reconocían Valencia, Alcira, Orihuela, Alicante, Guardamar, Castellón, Villares!, Liria, 
Bjérica, Cullera y Biar, y algunas aldeas de Morella.— Foz. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 215 

pensamientos de todos , fueron de una manera prodigiosa convergentes á un 
solo punto , la salvación de la monarquía. 

Se convino primero en la necesidad de cerrar con numerosas tropas, hasta 
la terminación de la causa , todas las fronteras de estos Reinos por mar y por 
tierra; de guarnecer todos los fuertes y castillos con buen golpe de gente, re- 
doblándose en ellos la vigilancia ; y para seguridad de los Parlamentos, de que 
se cubriera también aquel distrito de columnas volantes : todo con el fin de 
poner el pais á cubierto de cualquiera invasión extranjera y de una guerra ci- 
vil. Inmediata y puntualmente se ejecutaron tales disposiciones. 

Además, respecto de la elección, decretaron, que se debía pronunciar el 
fallo , no con ligereza, ni por el entusiasmo ciego y popular , sino con la pru- 
dencia más exquisita y á manera de una elección altamente circunspecta. Que 
no sería fuera del caso el nombramiento de personas doctas 6 de mucha prác- 
tica, á cuya rectitud, criterio y potestad, se confiase el conocimiento y deci- 
sión de la causa. Es propio , decían, de pueblos libres y más aún del aragonés, 
el dar y quitar el cetro con sus votos á quien mejor les plazca. Tenían todos 
muy presente , que nuestros padres de los pasados siglos sentaron las bases 
para conservar la libertad en circunstancias análogas , cuando eligieron du- 
rante el primer interregno á Iñigo Arista, al Ceson Abarca en el segundo, y 
en el tercero á Ramiro el Monje. Más aún : la elección de aquel primer rey de 
Sobrarbe, García Jiménez , aseguraban , y con verdad , qué había sido libre y 
espontánea. Así, pues, en la cuestión que se controvertía entonces acerca de 
la sucesión real , nada tan propio de los competidores como el acatar la volun- 
tad de la nación, que siempre se había reservado sus naturales y propios de- 
rechos para disponer de la corona. Como esta debía colocarse sobre las sienes 
de uno sólo , ningún motivo tendrían los que fueran desairados para tachar de 
injustos á los jueces; porque si es condición esencial á la libertad el hacer cada 
uno lo que quiere, nuestro pueblo tenía derecho para nombrar un rey á su 
gusto, siendo esencialmente libre. 

Además, para que no se hiciese injuria alguna á los competidores, dado 
que la hubiese en esto, habían decretado todos los Brazos del Reino que sólo 
fuese proclamado rey aquel á quien perteneciese la dignidad real por las le- 
yes y por derecho. En ninguna manera pensaban fiar á las masas el conoci- 
miento de un asunto tan arduo y dificultoso, reinando siempre tanta diversi- 
dad de pareceres en las deliberaciones de muchos , y no conociéndose nada 
más incierto que la opinión de la muchedumbre. Pensábase en elegir de los 
tres estados un corto número de personas de talento, de integridad y de pru- 
dencia , que iluminasen y guiasen á todos los demás con el esplendor de sus 
consejos y doctrina. Ellos, y sólo ellos, apreciando primero hasta el último 
quilate en el peso de sus conciencias, como la más fiel de las balanzas, y no 
en un juicio popular, los derechos de cada uno de los competidores, debían 
fallar después á cuál de éstos habrían de tener por rey en adelante todos los 
estamentos y todos los países de cada Reino. Admirable fué la uniformidad de 
los Parlamentos en estas deliberaciones, el asentimiento de todos los buenos, 
y de la nación entera, increíble por lo singular y completo. 



216 COMENTARIOS 

Estos proyectos traían al de Urgel grandemente disgustado. Porque, como 
él decía, no sin recelo de sus enemigos pondría su causa en manos de las per- 
sonas que resultaran elegidas. Mas para que no creyeran que tal vez abriga- 
ba la menor desconfianza respecto de su derecho, tomó la resolución de some- 
terse á la voluntad de los Parlamentos , pues al fin veía ser ésta ya la última 
palabra irrevocable y aceptada por todos para buscar la solución del proble- 
ma. Pronto la. aceptaron también los otros competidores, pues presumía cada 
uno de ellos que, cotejada una causa con otra causa, no sólo por jueces im- 
parciales , mas también por gente bárbara , á la suya se daría la preferencia. 
Hasta ese punto rayaba la seguridad fundada en la bondad y justicia de sus 
derechos. 

Como mereciera la aprobación general el sesgo que se había dado á este 
asunto, ya no ofrecía las mayores dificultades , ni la elección de las personas 
que debían juzgar causa tan importante, ni el lugar en que éstas habían de 
reunirse. Desde luego se convino en que los jueces ó electores fuesen nueve, 
tres por cada Reino. El rey nombrado por la totalidad, 6 por las dos terceras 
partes de votos , con tal que hubiera al menos uno de cada Reino , seria al 
punto como tal reconocido por todos quieta y pacíficamente , sin tumultos y 
sin estrépito de armas , en virtud del común acuerdo de los Parlamentos , y 
por la pública autoridad de los tres estados. Este juicio debía verificarse en 
dos meses. Pero se dejó á los jueces la libertad de tomarse otros dos de pró- 
roga. Y si alguno de los elegidos cómodamente no pudiera, ó no quisiera 
quizá, admitir su cargo, autorizados estaban los restantes para nombrar otro 
capaz de llenar satisfactoriamente su cometido. 

Puesto que siempre , y para toda preeminencia , se había reconocido por 
los demás estados la supremacía de Aragón , se decretó igualmente que una 
de las poblaciones de este Reino fuese el lugar designado á tan ilustre proce- 
so. En su virtud señalaron de común acuerdo los Parlamentos á los futuros 
jueces como punto de residencia la famosa villa de Caspe (1). Prescribióseles 
también como norma en el examen y conocimiento de las causas , que las vie- 
sen por el mismo orden con que se fueran presentando los competidores. Y en 
el caso de hacerlo varios al mismo tiempo , podían según su arbitrio dar á 
cualquiera la preferencia. A ninguno se le permitió que defendiese personal- 
mente sus derechos, sino por medio de procurador, ni llegarse á un punto 
que del lugar del proceso distase menos de 12.000 pasos , ni llevar más de 20 
caballos en su escolta. A sus agentes y procuradores se les intimó que no se 
presentasen delante de los jueces á pedir audiencia llevando más de 40 caba- 
llos y 50 infantes, desarmados todos. 

Y para hacer imposible en un asunto de tanta trascendencia todo engaño, 
todo fraude, toda superchería, se prescribió álos futuros jueces que, después 
de recibido el Santísimo Sacramento de la Eucaristía , empeñasen todos su pa- 
labra, con juramento solemne, de dar su voto en favor de aquel á quien cre- 



( 1 ) Hoy ciudad. Pertenecía ¿ la orden de San Juan , y fue habilitada por un acto de corte y con dis- 
pensa de la Santa Sede. 



i 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 217 

yeran con más derecho á la corona. Que ni por súplicas, ni por dádivas, ni 
por antipatía, ni por benevolencia, se desviaran del recto camino de la justi- 
cia, sino que la razón y la verdad guiaran siempre sus pasos. Que cada uno 
guardara también en secreto su voto propio y el de todos sus compañeros, 
hasta que llegase el momento oportuno de darles entera publicidad. Se guar- 
neció además convenientemente la villa de Caspe para mayor seguridad y 
tranquilidad de los futuros jueces. 

Por último , decretaron todos los Brazos de los tres estados , que podían 
trasladarse á otros lugares más cómodos , pero sin disolverse aquellos Parla- 
mentos , continuando las sesiones públicas cual representantes de la monar- 
quia , y siendo sus centinelas colocados en las atalayas , para que libres de todo 
cuidado pudiesen los jueces electores llenar más cumplidamente sus debe- 
res. De palabra y por escrito procuraron á una los Parlamentos informar de 
esto á cada uno de los competidores , desarrollándoles el plan que se habían 
propuesto seguir en aquella causa. Hiciéronles saber que á ninguno le sería 
lícito separarse de él una sola línea, si querían captarse el aura popular , y lo 
que valía más para un reinado pacífico, la benevolencia de sus vasallos. Que 
para el fallo de este litigio , tan oscuro como trascendental , se nombrarían 
jueces de ciencia, prudencia y conciencia; tales en fin, cuales los reclamaban 
la esperanza pública y la índole misma de la causa. Aconsejábanles, que no 
los recusaran, y que enviaran cuanto antes sus embajadores con las instruc- 
ciones convenientes , pues ya era tiempo de que se decidiera aquella cuestión 
hereditaria. Los catalanes recomendaron en particular á sus enviados , que 
trataran en su nombre de inclinar á la concordia el ánimo de los pretensores. 
Ellos creían posible entre éstos un acomodamiento , si se garantizaban unos á 
otros, y pactaban con toda solemnidad que , en cuanto fuera dado, dulcificaría 
el vencedor á sus antagonistas las amarguras de la derrota. Era su intento 
que los tuviese á raya este fuerte requerimiento de los Parlamentos , si eran de 
parecer contrario ; y si acaso vacilaban , que la suavidad de sus palabras les 
decidiera á una común avenencia. Hasta ese punto llegó la solicitud de los ca- 
talanes en procurar con los más prudentes consejos la clemencia hacia los 
competidores , y en mirar con su habitual cordura por la salvación de la cosa 
pública. 

Arreglado esto , únicamente restaba ya la elección de los jueces que habían 
de dirimir esta real contienda. En ello, al fin, consistía toda la importancia 
de esa empresa erizada de dificultades. Los nuestros, en verdad, delegaron 
desde luego al gobernador y al Justicia para que hiciesen á su gusto el nom- 
bramiento. Y lo hicieron ellos, no ya sólo respecto de Aragón, para lo que úni- 
camente estaban autorizados, mas también de Cataluña y de Valencia, nom- 
brando las nueve personas, y tales, que inmediatamente fué su elección 
aprobada por los Parlamentos (1) con gusto particular y aplausos increibles. 
Resultaron, pues, elegidos jueces los siguientes: 

( 1 ) Queriendo los catalanes tomar parte en la elección , el Parlamento de Tortosa dio poderes a la 
comisión de los veinticuatro individuos de su seno, para que nombrara los nueve jueces, como lo hizo en 
efecto , resultando designados los mismos que fueron antes elegidos por el gobernador y el Justicia de 

28 



«18 COMENTARIOS 



POR ARAGÓN. 



-•*•■ 



I. 



D. Domingo Ram ( 1) , obispo entonces de Huesca, varón eminente en san- 
tidad y doctrina , nombrado obispo de Lérida luego, después trasladado al ar- 
zobispado de Tarragona ; por último , promovido por el pontífice Martin V, 
que le creó presbítero cardenal de la Santa Iglesia Romana , primero , con el 
título de San Sixto , de San Juan y San Pablo más adelante ; al fin murió sien- 
do obispo de Ostia. Nació en Alcañiz, cuna de su antiguo linaje, de cuya ciu- 
dad eran también ciudadanos sus padres, Blas Ram y doña Dulce Lanaja. Al- 
gunos autores , como se vé en Onofre Pan vino , equivocadamente le llamaron 
Domingo Raimundez; otros le dieron el nombre de Domingo Ruiz. Pero es 
Ram su verdadero apellido y el de todo su linaje. Este prelado fué elegido en 
primer término por Aragón. 

Seguíale 

II. 

Francisco, y vulgarmente D. Franca Aranda, hijo de una familia noble 
de caballeros de Teruel, hombre justo en toda la extensión de la palabra, y 
desnudo de pasiones, amante de la verdad, y muy amado de todos. Había sido 
consejero íntimo de los reyes Juan y Martin, y su fiel y benévolo confidente. 
Pero menospreciándolo todo , desde tiempo atrás se había retirado al silencio 
de la soledad, consagrándose en la célebre Cartuja de Portaceli, como Donado, 
á la práctica de las virtudes monásticas. Vestía el hábito peculiar de su insti- 
tuto , y habíase dejado crecer la barba y el cabello. De ese asilo le sacó , para 
que diese su voto en la causa real, el llamamiento de todo el Reino. 

Y en último lugar 



Aragón. Los embajadores valencianos aprobaron también el nombramiento. Únicamente pretendieron 
que sustituyera á Bonifacio Ferrer un caballero principal , hombre muy docto y de grande reputación, 
llamado Arnaldo de Conques , ex pándese bien al Parlamento de Aragón : y como á éste no le pareciera 
bien la sustitución , se ratificó el nombramiento del prior general de la Cartuja. 

El Parlamento de Alcañiz nombró igualmente los tres alcaides que habían de mandar la fuerza des- 
tinada á defender el castillo y la villa de Caspe. Era zaragozano el primero, barcelonés el segundo, y 
el tercero valenciano. 

( 1 ) Doctor en cánones. En una biografía de este prelado se leen , acerca de su elección para compro- 
misario, las siguientes palabras, que np están en la mejor armonía con la verdad := «Muerto D. Martin, 

> rey de Aragón , su hermano Juan I se hizo proclamar rey de Aragón , con perjuicio de sus sobrinos de 
» mejor derecho , por lo cual se turbó la tranquilidad del Reino , en cuya crisis se presentaron á dispu- 
» tar su derecho varios pretendientes á la corona. Reunidos los estados en Alcañiz , se nombraron nueve 
«jueces arbitros para que decidiesen esta contienda , declarando el mejor derecho al que le tuviera, en- 

> tre los que fué uno de los principales elegidos , Ram , como obispo de Huesca. » 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 219 



III. 



Berenguer de Bardaxí , letrado, versadísimo en el derecho civil y en todas 
nuestras cosas antiguas, presidente que habla sido muchos años del real Con- 
sejo, el autor de este proyecto, y el que se distinguió sobre todos los otros en 
la ejecución de tan importante obra. Tenían todos aquellos representantes de 
los tres estados tal seguridad de conseguir el arreglo de la monarquía , con- 
tando con la pericia y talentos de este letrado, que no sólo confiaban llegar á 
¿1 , sino que ya consideraban como un hecho real , antes de pronunciarse el 
fallo, la terminación de una causa que sin él pareciera perdida y abandonada. 

Volveremos ¿ ocuparnos de este personaje más por extenso, cuando trate- 
mos de los Justicias de Aragón , en cuya magistratura sucedió á Juan Jimé- 
nez Cerdán, que la desempeñaba por este tiempo. Estos fueron los tres ara- 
goneses nombrados para apreciar el derecho de los pretendientes y dirimir 
jurídicamente la cuestión real. 

Ocupaba el primer término en la terna de Cataluña 

I. 

D. Pedro Zagarriga (1), antes obispo de Lérida, y á la sazón arzobispo 
de Tarragona, virtuoso prelado, que era la bondad misma, de puras é inta- 
chables costumbres. 

Seguíale 

II. 

Guillen de Valseca (2) , muy conocedor de las leyes y costumbres patrias, 
cuya sabiduría , para interpretar las leyes y explicarlas con rectitud , pasaba 
entre sus contemporáneos como un portento. 

Ocupaba el postrer lugar 

III. 

Bernardo de Gualbes (3), que se distinguía también por sus muchos co- 
nocimientos en el derecho civil y en todos los ramos del saber. 
Componían la valenciana 

i. 

* 

D. Bonifacio Ferrer (4), en primer término, Prior general de la Cartuja 
de Portaceli, varón justo en verdad, de buena Índole, prudente, digno de 

(1) Licenciado en cánones. 

(2) Doctor en leyes. 

* (3) Doctor en ambos derechos. 
(4) Doctor en cañonea. 



i 



220 COMENTARIOS 

todo elogio, que se distinguiera tanto en el civil como en el derecho canóni- 
co. Diéronle por compañero á su hermano 

II- 

Vicente Ferrer, eminente y laureado teólogo del orden de predicadores, 
de costumbres las más puras, de integérrima conciencia, perfecto y acabado 
modelo de moderación y dulzura en todas las épocas de su vida , lleno de mo- 
destia, de benevolencia y de caridad. La fama de su prodigiosa religión y 
santidad se había extendido hasta los últimos confines del orbe católico, sien- 
do por ellas conocido y celebrado su nombre en las regiones más apartadas. 
En Valencia , su patria , brillaban sus virtudes á manera de luceros , siendo 
notable entre todas las demás su rara y ejemplar pureza, que á los ojos de 
sus contemporáneos le presentaba como un ángel bajado del empíreo. Y ha- 
biendo conservado hasta su último aliento esa singular inocencia de vida , y 
confirmádola con grandes milagros y portentos , después de un escrupuloso 
examen de la verdad , fué colocado por Calixto III en el catálogo de los san- 
tos. Apenas recayera en él la elección de los valencianos para decidir esta 
cuestión , sintiéronse embargados de gozo todos los corazones ; garantizábales 
su presencia de que nada se haría fuera de las más severas prescripciones de 
la razón y de la justicia; nada que al Reino no fuese útil y provechoso. 

A éstos se agregó : 

ni. 

Ginés (1) Rabassa, del Brazo de los caballeros, hábil y grave juriscon- 
sulto. Mas como diese, cuando ya se hallaba en Caspe, indicios de haberse 
extraviado su razón , ya porque en realidad la hubiera perdido, ya porque se 
fingiera demente á fin de no tomar parte en aquella decisión , como se creyó 
vulgarmente y no sin fundamento por aquellos tiempos, le reemplazó Pedro 
Beltran, célebre doctor en jurisprudencia y muy bien quisto de todos por sus 
muchas y relevantes prendas. 

Estos fueros los nueve gravísimos jueces nombrados por los tres Parla- 
mentos para electores compromisarios. En el acuerdo entre ellos estaba cifra- 
da la única esperanza del común y público bienestar , y de que en todo se 
procedería con arreglo á las leyes del decoro. Teníase por magnífico princi- 
pio , debido á la felicidad del Reino , la rápida elección de tales jueces para tal 
causa: de la consumada prudencia y probidad de los mismos jueces se espe- 
raba un venturoso y fausto desenlace. Y cuanto más cerca estaba el momento 
en que se debía examinar judicialmente la cuestión , tanto mayor era el gene- 
ral regocijo, cual si tras una difícil y peligrosa navegación divisaran la tierra 
y estuvieran anclando en el deseado puerto. 

( 1 ) ó GKner, doctor en leyes. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 221 

El decrépito y achacoso Alfonso, duque de Gandía , uno de los competido- 
res, no tuvo, sin embargo, el gusto de ver arribar á él sana y salva la nave 
del Estado: tan frágiles, inciertas y caducas son las cosas de los hombres. 
Cuando él se disponía á subir las gradas del trono , le sorprendió la muerte, 
hundiéndole en los abismos de la eternidad ( 15 Marzo 1.412) y dejando in- 
tacta su pretensión á su primogénito Alfonso, conde de .Denia y de Ribagor- 
za. Pero el conde de Prades, Juan, hermano menor del difunto duque , alegó 
también sus derechos en contra de su sobrino y de los otros competidores. 
Apoyándose en las mismas razones que su difunto hermano, creía mejor su 
causa que la de éstos ; y mejor que la de su sobrino, por hallarse en más pró- 
ximo grado de parentesco. Pero bien pronto se disiparon aquellas quiméricas 
ilusiones , pues los derechos que á la corona pudiera tener el duque Alfonso, 
pasaban al hijo, no al hermano; porque debiéndose retrotraer la? cosas al es- 
tado en que se hallaban á la muerte del rey Martin , aquel , que se hallaba 
con mejor derecho entonces, ahora, con sus descendientes , debía ser también 
preferido á todos los demás. Así lo decretaron al momento los nueve compro- 
misarios. Sin pérdida de tiempo llegaron éstos á Caspe, lugar designado para 
esa especie de cónclave , y, haciendo caso omiso del conde de Prades , llama- 
ron (29 de Marzo de 1.412) á los competidores con estos títulos y por el orden 
siguiente : 

Luis , primogénito del ilustrísimo rey de Ñapóles ; 
Fernando , famoso infante de Castilla ; 
Alfonso , ínclito y nuevo duque de Gandía; 
Fadrique , noble conde de Luna ; 
Jaime , egregio conde de Urgel ( 1 ) . 

En esto parece que se propusieron guardar el decoro debido á la categoría 
respectiva , anteponiendo los que se hallaban constituidos en más alta dig- 
nidad, como rey, infante, duque. Convocaron asimismo á la madre del pri- 
mogénito Luis, la reina Violante, hija del rey D. Juan; y á Isabel, hermana 
también de los reyes Juan y Martin , y esposa de Jaime , conde de Urgel , para 
que jamás pudieran quejarse de los nuestros, ni formular cargo alguno con- 
tra los areopagitas, por no haber examinado igualmente los derechos que esas 
infantas alegaban por su parte á la real herencia. 

Era de ver la multitud de gentes que venían de todas partes obstruyendo 
los caminos. Aun causaba más viva satisfacción el considerar la uniformidad, 
la admirable complacencia entre los partidos, que desde la elección de jueces 
parecía reinar en aquella contienda política. 

Sólo la reina Violante y su hijo Luis decían serles sospechosas y contra- 
rias las personas elegidas (2), alegando sus agentes, en presencia de éstos, 
los varios motivos de su desconfianza, á fin de inhibirles en el conocimiento de 

(t) Y el conde de Foix, marido de dona Juana. La fuente. 

Véase la memoria sobre el « Compromiso de Caspe, » por D. Florencio Janer, pág. 56. 
(2) Bonifacio Ferrer y los tres aragoneses , cuyo nombramiento pretendieron anular los enviados 
del rey de Francia. 



222 COMENTARIOS 

la causa. Mas el jurado decretó inmediatamente que era imposible anular su 
autoridad. 

Desde entonces redoblaron sus esfuerzos los embajadores que tenían en 
Caspe los pretendientes , dando principio á una serie de acalorados debates 
acerca de las leyes civiles. Ponían todo su empeño en sacar triunfante la cau- 
sa por cuyos derechos abogaba cada uno. 

El niño Fadrique , conde de Luna , que á la sazón no habla llegado á la 
pubertad , no sólo carecía de padres , mas también de hábiles defensores. Los 
de este huérfano, ni en la investigación de sus derechos , ni en patrocinarlos 
delante de los jueces, daban pruebas de la actividad y elocuencia que suelen 
distinguir por lo general á los mercenarios ; eran únicamente meros suplican- 
tes que hacían públicas sus miserias particulares , de modo que más de una 
vez echó de menos á su padre y abuelo el mismo areópago! Pareciéndoles 
que por falta de protección imploraba esa causa el amparo de todo el Reino, 
como de su tutor legitimo, pronto resolvieron los jueces ponerla bajo la tute- 
la pública de los tres estados. En su virtud asignáronle los Parlamentos , á 
nombre de la nación entera , muy distinguidos patronos ( 1 ) y defensores acér- 
rimos , nombrando al efecto tres caballeros , seis jurisconsultos y tres procu- 
radores causídicos , para que ni aun en esto se creyera que faltaban un solo 
ápice al cumplimiento más escrupuloso de sus deberes. Con gusto particular 
recibieron los abogados la causa del conde Fadrique , que se les confiaba, y 
por ella trabajaron con el más exquisito celo y diligencia. 

Invertidos los treinta primeros dias en oir las razones de hecho y de dere- 
cho alegadas en favor de cada pretendiente , consagraron los jueces el tiempo 
restante al examen más imparcial del derecho de cada uno. No se les habían 
prescrito , en verdad , como única y exclusiva norma para dar su folio, las re- 
glas más recónditas de la lucrativa jurisprudencia; autorizóseles para consul- 
tar á veces la recta sindéresis y el sentido común, mucho más, cuando tan 
grandes y tan notables eran las diferencias en las opiniones de los hombres 
más eminentes. Orillando, pues, las autoridades, iban en busca de la verdad 
guiados por la cosa misma 7 por la luz de la razón. 

Causaba maravilla la incertidumbre y ansiedad que revelaban todos los 
semblantes, esperando el dudoso y oscuro resultado, y no sólo de los que se 
hallaban más interesados , sino de todos en general , por hallarse á la sazón 
en tela de juicio una causa de tal importancia, cual nunca se había sometido 
á la decisión de nuestras leyes. Esto ninguno lo ignoraba; para nadie era 
un misterio; ocupaba la atención de los pueblos y naciones. 

Además de los comisionados de cada competidor , se hallaban en Caspe los 
diputados que enviaron los Parlamentos , para asistir al acto de publicarse la 



(1) Los procuradores y letrados nombrados para que asistiesen & la defensa de Fadrique, fueron: 
por Aragón, un caballero llamado Gonzalo Forcén de ¿órnales; por letrados, Bernardo de Urgel, Mi- 
guel Martínez de la Cueva , Antonio de Vistabella y Juan Gilbert ; y procurador Fernán Jiménez, alcaide 
de Segorbe. Por Cataluña, D. Pedro de Cerbellon, y los letrados Bonamat Pere , Pedro Basset y Francés 
Ame tía; y por procurador Roxneu Palau. Por Valencia, D. Pedro Pardo de la Casta; por letrados, Ar- 
naldo de Conques, Juan Mercader y Guillen Estader; y por procurador Juan de Aguilar. Foz. 254. 



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DE LAS COSAS OB ARAGÓN. 283 

sentencia. Embargados de solícita inquietud se hallaban todos éstos en espec- 
tativa, no ignorando que de aquella dependía la salvación de los estados. Ya 
antes de ahora se había publicado de común acuerdo la ordenación siguiente: 

«El rey, nombrado por los jueces, deberá seguir en todos los casos la dul- 
ce y suave forma de gobierno , desde antiguo establecida en cada Reino ; mo- 
derar con el freno de las leyes y del derecho patrio las pasiones de los suyos 
y su propia cólera; y no mudar una sola tilde en las fórmulas y trámites ju- 
diciales , ni en los ordenamientos y libertades de los pueblos. » 

Á garantir este derecho se habían encaminado todos los trabajos y el ju- 
ramento de los jueces compromisarios , constituidos casi arbitros y vicarios de 
ese derecho público. 

Agregáronse á los jueces seis notarios públicos, dos por cada Reino , dies- 
tros , graves y prudentes para dar el más fiel testimonio de esa promesa pú- 
blica y de cuanto ejecutara el tribunal. Aunque se habían tomado todas las 
medidas y precauciones, aconsejadas por la prudencia, para la conservación 
y defensa de la patria libertad, y por lo. tanto, parecía no haber lugar á recelo 
alguno, temían, sin embargo, los nuestros, y aun todos, la solución que pu- 
diera darse al negocio , porque tras el cambio de señor, suele venir la mudan- 
za de costumbres. 

Quedó por fin terminada y resuelta la cuestión. Un viernes, dia de la fes- 
tividad de San Juan Bautista (24 Junio 1.412 ), se declaró por uno de los com- 
petidores la suficiente mayoría de jueces. Al dia siguiente (sábado 25) , en 
virtud del mutuo convenio de hacerlo todos en favor de aquel que obtuviese 
la mejor y mayor parte , votaron los nueve jueces; en presencia de los testigos 
cada cual cerró y selló su voto ; y se levantó acta por los seis notarios de los 
tres estados , todo con las formalidades de costumbre ( 1 ) . Acordaron además, 

(1) Véase Lafuente, Hist. de Esp. , p. 2.', 1. 8.°, c. 26. 

Grande y de larga duración fué la controversia , suscitada desde luego entre los jueces , y diri- 
mida al fin por estas palabras de Fray Vicente: « La justicia da el derecho al infante D. Fernando de Cas- 
tilla. Beto y no otra cosa se hará, porque de lo alto procede y no de la tierra.» Ellas puede decirse que 
decidieron la cuestión , y que á ellas se ajustó luego la sentencia. En efecto : San Vicente fué el primero 
que tomó la palabra en aquel momento supremo , y emitió su voto en los siguientes términos : 

« Yo fray Vicente Ferrer, de la orden de Predicadores, maestro en sagrada Teología, y uno de los Nueve 
» jueces diputados ; digo , según mi entender y poder, que al ínclito y magnifico D. Fernando, infante de 
» Castilla y nieto del rey de Aragón D. Pedro, de feliz recordación y excelsa memoria, padre del último rey 
» difunto D. Martin, como ¿más próximo deudo varón, nacido de legitimo matrimonio, y a entrambos alie- 
» gado en grado de consanguinidad del dicho rey D. Martin , están obligados y deben prestar la debida 

* fidelidad, y tenerle por cierto y verdadero rey y señor, en justicia , según IHos y mi conciencia, los Parla- 
» mentas, los subditos y vasallos de la corona de Aragón. Y en testimonio de lo que precede, esto de propio 

* puño escribo , y roboro con mi propio sello. > 

A este voto se adhirieron por completo D. Domingo Ram, Bonifacio Ferrer, Bernardo de Gualbes, 
Berenguer de Bardají y Francés Aranda. 

El arzobispo de Tarragona , aunque bajo muchos conceptos creía según su entender y poder, más útil 
para el régimen de este Reino al infante D. Fernando que á cualquiera otro competidor; « sin embargo, 
añadió, con justicia, según Dios y en buena conciencia, creo que los señores duque de Gandía y Jaime conde 
de Urgel, como varones legítimos y descendientes por linea masculina de la prosapia de los reyes de Aragón, 
son mejores en derecho , y que al uno de ellos pertenece la sucesión de la corona del Reino;* y que por tanto 
podía y debía darse la preferencia al que fuese más idóneo y más útil á la república. Protestó , no obs- 



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224 COMENTARIOS 

guardar secreto sobre ello , hasta que llegase la ocasión de manifestarlo todos 
juntos, y en la forma que se tuviera por conveniente. También convinieron 
en señalar el dia para esa solemnidad. A fray Vicente Ferrer se comisionó para 
que publicase la sentencia en un sermón ante todo el pueblo. El dia para esto 
señalado, fué el siguiente martes (23 del mismo Junio). 

Eligióse felizmente, junto á la puerta de la iglesia, un sitio á propósito, 
público , abierto y despejado por todas partes, en el que se levantó un cadal- 
so ( 1 ) para esa ceremonia. Colocóse un altar y un pulpito cubierto de tapices, 
para celebrar con la mayor pompa el santo sacrificio de la misa , y pronunciar 
el celebérrimo discurso. Serían como las nueve de la mañana, cuando ante 
una inmensa multitud de gente que para oir la sentencia había venido de to- 
das partes, de las quintas , de las aldeas , de todas las casas , tomaron asiento 
los jueces en el más elevado escaño. El primero de éstos, D. Domingo Ram, 
obispo de Huesca, rodeado de todos los embajadores y comisionados, delante 
de un pueblo innumerable, prestando todos la mayor atención, dio principio 
al solemne sacrificio , implorando la gracia del Espíritu Santo según los ritos 
de la Iglesia. Terminado esto , ocupó la cátedra San Vicente Ferrer , en medio 
del más profundo y general silencio. No hubo necesidad de prohibir los gri- 
tos , ni las disputas , ni las conversaciones , ni los ruidos con los pies , ni otra 
cosa cualquiera que pudiese interrumpir al orador sagrado. Aquella casi infi- 
nita muchedumbre, aunque como las inmensas olas de un mar hirviente agi- 
tado por varios vendavales, se movía, se precipitaba de una parte á otra; ató- 
nita, poseída de un sentimiento religioso, cual si no hubiera un solo hombre, 
fijas las miradas en el santo, parecía toda ella estar pendiente de sus labios. 
Comenzó al fin su discurso, como solía, con la mayor dulzura. Sus primeras 
frases (2) fueron dirigidas á enaltecer nuestra sacrosanta religión. Explicó á 

tante, que por ello no entendía hacer perjuicio alguno al derecho que D. Fadrique de Aragón, conde de 
Luna , tenía en el Reino de Trinacria 6 en Sicilia. 

Guillen de Valseca, dijo, que sentía lo mismo que el arzobispo , añadiendo : < Que en igualdad de cir- 
cunstancias, á mtjuiciOi el conde debe ser preferido al duque, y esto á primera vista, » no habiendo podido 
deliberar tanto como exigía la cualidad del negocio , por haberle aquejado gravemente sus dolencias , y 
en especial la gota. 

Pedro Bertrán manifestó que , siendo excesiva la multitud de alegaciones , tratados y escrituras , ni 
tuvo espacio , ni tiempo suficiente, para leerlas y meditarlas, como lo requería la materia, ni para dis- 
cernir la justicia y soltar los lazos y dificultades.» 

(1) «H izóse un cadahalso muy grande , de madera , bien alto , cerca de la iglesia que está en lagar 
eminente junto al castillo , adonde se sube por muchas gradas, y estaba adornado de paños de oro y seda: 
y había otros tablados muy ricamente aderezados adonde estuviesen los embajadores de los competido- 
res, y mucho número de caballeros.» Zurita. 

« A las puertas de la iglesia estaba adornado un altar maravillosamente , y cerca de él se puso un es- 
caño en el más alto y mejor lugar; y en él se sentaron los nueve, el arzobispo de Tarragona en medio, 
y á su mano derecha se sentó Bonifacio Ferrer , y el segundó Guillen de Valseca , y el tercero Francés 
de Aranda. Sentóse á la mano izquierda del arzobispo, el primero Berenguer de Bardají, el segundo 
Fray Vicente Ferrer, y después Bernardo de Gualbes y Pedro Beltran.» Zurita. 

No se sabe en dónde tuvo su asiento el papa Luna, ni siquiera si asistió al acto , aunque es cierto que 
se hallaba á la sazón en Caspe. 

(2) Tomó por tema aquellas palabras del Apocalipsis « Ganrlemnus et exultetnus , et demus glorianx 
ci: quia venerunt nupticc Agni.* 

«Alegrémonos y regocijémonos, y demos gloria á él {Dios): porque vinieron las bodas del Gordo - 
ro. » Apocalipsis , cap. 10, v. 7. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 225 

continuación el método que él y sus colegas habian observado para oir las 
causas de los competidores. Luego refirió las controversias de éstoá, y cuál 
era el derecho de cada uno. Manifestó después , cuál había sido su parecer y 
el de sus compañeros en ese asunto. Por último , dijo, que se hallaba en aquel 
sitio para hacer pública dicha sentencia en su nombre , y en nombre de los 
otros jueces. Y como ya se la pedía el silencio de todos los espectadores , in- 
vocando al Omnipotente Dios, á la bienaventurada Virgen María, y á todos 
los santos , pidiéndoles su auxilio , que rogaba fuese bueno , fausto , feliz y 
afortunado, con fuerte y sonora voz, haciéndose oir de todo el concurso, acla- 
mó Feliz, Pió, Vencedor, Augusto, Máximo, rey de la monarquía aragonesa, 
al muy Glorioso, Invicto y Poderoso Príncipe Fernando, infante de Castilla; 
y declaró , que como á tal debían prestar la obediencia de costumbre todos los 
vasallos y subditos de sus estados. 

Inmediatamente resonaron por todas partes las alegres aclamaciones de los 
oyentes y las voces de numerosas trompetas , bocinas , pífanos , y de todo gé- 
nero de instrumentos músicos. Al punto se vieron salir también los mensaje- 
ros del proclamado rey Fernando, volando en alas de su alegría y entusiasmo 
á llevarle tan fausta nueva. Asimismo la comunicaron sin dilación los emba- 
jadores allí presentes á cada uno de los Parlamentos , y, para que no hubiera 
lugar á duda, enviaron las actas firmadas por los notarios. Estos las habían 
levantado solemnemente el mismo sábado en que se verificara la elección por 
orden de los jueces , tomándose las necesarias precauciones para que no se di- 
vulgara la sentencia antes del dia señalado. Al exigir de los notarios que die- 
sen ese testimonio público de aquel importantísimo acto , se propusieron los 
electores poner de relieve el hecho ante los ojos de sus contemporáneos , y le- 
vantar un monumento imperecedero ( 1 ) para las futuras generaciones. Vamos 
á insertar dicho documento para salvar su memoria, que ya se iba borrando, 
del silencio y olvido de los hombres. 

« 

« En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Sea á lodos manifiesto: Que un 
y> dia de sábado, que se contaba 25 del mes de Junio, año de la natividad del Se- 
j> ñor 1.412, a la hora de tercia próximamente : Hallándose los Reverendísimos 
» y honorables Señores, las Nueve personas infrascritas diputadas y elegidas 
»para investigar, instruir, informar, conocer y publicar lo que abajo se contie- 
» ne, personalmente congregados en una sala del castillo de la villa de Casp en 
» Aragón, cerca de las orillas del Ebro: En presencia % de nosotros los suscritos 
» Notarios, los cuales de autoridad ', facultad y potestad de dichos señores Di- 
»putados, y de otros puestos y expresados por orden, como estamos nombrados 
» mas abajo, testificamos (2), auténtica y verídicamente, y en presencia tam- 
» bien de los honorables señores testigos infrascritos, los susodichos señores 
» mandaron al suscrito Reverendo Maestro Vicente Ferrer, que en su nombre le- 

(1 ) También trae esta declaración ó sentencia D. Florencio Janer en ru Memoria sobre el « Compro- 
miso de Caspe , ». págs. 1*73 y siguientes , obra premiada por la Real Academia de la Historia. Hay mu- 
chas variantes entre una y otra, aunque de poca monta. 

(2) Testificaremos , «egun la Memoria citada. 

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326 COMENTARIOS 

» y ese y publicase cierta escritura. La cual al punió, de parte de los dichos se- 
to ñores , el Reverendo padre en Cristo y señor infrascrito Don Domingo Jlam 9 
» Obispo de Huesca , dio y entregó al mismo Maestro Vicente Ferrer, y nos re- 
to quirieron á los infrascritos Notarios : Que de todas y cada una de dichas co- 
to sos hiciéramos uno y muchos , público y públicos Instrumentos. El cual Re- 
» verendo señor Maestro Vicente Ferrer tomó efectivamente dicha escritura, y 
y> delante de todos la leyó y publicó: cuyo tenor es déla manera siguiente: Nos- 
» otros y Pedro de Zagarriga, arzobispo de Tarragona; Domingo Ram, obispo 
» de Huesca; Bonifacio Ferrer, Señor de la Cartuja; Guillen de Vallseca, Doc- 
to tor en leyes; Fray Vicente Ferrer, del orden de Predicadores, Maestro en sa- 
ngrada Teología; Berenguer de Bardaxi, Señor de Zaydi (1); Francisco de 
» Aranda, Donado del monasterio de Portaceli, de la Orden de la Cartuja, 
» oriundo de la ciudad de Teruel ; Bernardo de Gfualbes, Doctor en ambos dere- 
to chos; y Pedro Beltran, Doctor en derecho canónico; esto es, los nueve diputa- 
» dos ó elegidos por los Parlamentos generales : como de nuestra elección , y en 
» cuanto a mi, Pedro Beltran, de la sustitución, consta por Instrumentos pu- 
to blicos hechos en Alcañiz el dia 14 de Marzo año de la natividad del Se- 
to ñor 1.412, y en Tortosa el dia 13 de los dichos mes y año, y en el castillo de 
» Casp , el dia 16 de Mayo del mismo año, con plena y plenísima, general y ge- 
» neralisima autoridad, facultad y potestad de investigar, instruir, informar, 
» conocer, reconocer y publicar, a quién los predictos Parlamentos , y los subdi- 
to tos y Vasallos de la corona de Aragón deben y están obligados i prestar la do- 
to bida fidelidad , y tener por su verdadero Rey y Señor en justicia, según Dios 
» y mies tras conciencias. De tal modo que aquello , que nosotros Nueve en con- 
» cordia , ó seis de nosotros , si en este número hubiere uno de cada tema, publi- 
» bliciremos, ó de otra suerte en cumplimiento dt los Capítulos acordados entre 
to dichos Parlamentos , hiciéremos de cualquier modo; se tuviese por hecho, justo, 
» constante, válido y firme. Como de los susodichos potestad y capítulos consta 
»por los públicos instrumentos recibidos en Alcañiz por Bartolomé Vincencio, 
» Pablo Nicolai y Ramón Bayuli (2) notarios, á 15 de Febrero del susodicho 
» año. Considerando, que entre otras cosas solemne y ¡bíblicamente cada uno de 
» nosotros hizo voto y juró que en compañía de los otros, según la potestad con- 
» cedida, lo más pronto que razonablemente posible fuera, procedería en el ne- 
to gocio (3) y publicaría al verdadero Rey y Señor: como más extensamente se 
» contiene en los dichos voto y juramento, de los que consta por los públicos ins- 
to trumentos recibidos en la villa de Casp por los señores Pablo Nicolai , Ramón 
» Bayuli y Jaime Monforte, notarios, en los dios 17 y 22 de Abril y 18 de 
to Mayo del año predicho. Vistos el tenor y forma de la dicha elección que se hizo 
» de nosotros, y potestad que se nos dió f y del juramenta y voto que precedieron, 
» y hecha antes la investigación, instrucción, información, conocimiento y re- 
to conocimiento que por nosotros debía hacerse, y dichas y dadas, y comunica- 

(1) ¿Zaydin? 

(2) ¿Baile? 

(3) En la Memoria de D. Florencio Janer faltan las palabras « ac verum Rqfm, et Dominum publica- 
re t : prout in dictis coto. » 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 2*7 

* das ( 1 ) par justicia, según Dios y nuestras conciencias , nuestras ( 2 ) opinio- 
» nes, palabras y votos, y ellas y otras cosas de antemano hechas, reconocidas 
» y consideradas; á solo Dios teniendo delante de los ojos, conforme al tenor de 
» la potestad y juramento y voto predichos; decimos y publicamos : Que los Par- 
» lamentos mencionados , y los subditos y Vasallos de la Corona de Aragón de- 
» ben prestar la debida fidelidad, y están obligados y deben tener por verdadero 
» Rey y Señor al llustrisimo , y Excelentísimo, y Potentísimo Principe y Señor 
» nuestro, Fernando, infante de Castilla, y al mismo D. Fernando están obli- 
» gados y deben tener por su verdadero Rey y Señor. De todo lo cual, para per- 
»pélua memoria del caso pedimos y requerimos que se haga uno y muchos, pú- 
» blico ó públicos Instrumentos por vosotros los Notarios infrascritos. De todas 
» y cada una de las cosas sobredichas , los dichos nombrados Reverendísimos y 
» honorables señores, los Nueve Diputados, de palabra también nos requirieron, 
» que por nosotros los Notarios suscrito*, se hiciera uno y muchos, público ó 
» públicos Instrumentos. Lo cual fué hecho en el dia, año y lugar ya expresa- 
» dos: hallándose presentes los honorable? señores Francisco de Pau f caballero; 
» Domingo Ram, Licenciado en leyes (3) , Prior de la Iglesia de Alcañiz; Mel- 
»chor de Oualbis, caballero; Domingo de Lanaja; Guillen Zaera (4); y Ra- 
» mon FinaUer (5 ) , castellanos y guardas del dicho castillo de Casp, al efecto 
» llamados especialmente y tomados por testigos. 

» Signo de mi Bartolomé Vincencio , Notario público de la Ciudad de Zara- 
>goza, y con autoridad del Señor Rey de Aragón por toda su tierra y dominio. 
» Quien á lo susodicho , junto con los Notarios infrascritos presente fui y cerré. 

» Signo de mi Pablo Nicolai (6) antes Escribano del llustrisimo Señor Rey 
» de Aragón, y con autoridad del mismo Notario publico por toda la monar- 
» quía. Quien á lo dicho presente fui y cerré. 

» Signo de mi Francisco Fonolleda , Escribano del llustrisimo Señor Rey 
» de Aragón, y con autoridad Real Notario público por toda su tierra y domi- 
» nio. Quien, requerido para la predicha pronunciación junto con los arriba 
» nombrados y suscritos Conotarios mios, presente fui, y lo recibí y por otro 
» escrito lo cerré. 

» Signo de mi Ramón Bayul f con autoridad del llustrisimo Señor Rey de 
» Aragón Notario público por toda su tierra y dominio. Quien á todo lo dicho, 
» junto con mis Conotarios, aquí contenidos, presente fui y lo escribí y cerré. 

% Signo de mi Jaime de Plano, con autoridad Real Notario público por toda 
» la tierra y dominio del Serenísimo Señor Rey de Aragón. Quien á todas y 

( 1 ) Nombrada* se lee en la Memoria. 

(9) La* necesaria* dice el texto de la Memoria. 

(8) Las palabras *Priore EccUbúz Alcagnitii; Melchiw* d* Qualbis . faltan también en la Memoria. 

(4) Zaera otros y también Saera. 

(5) Fivaller. 

(6) En la Memoria están los Notarios por el orden siguiente: 

l.° Bartolomé Vincencio. « 2.° Jaime de Plano. 
8.° Raimundo Bayulí. «* 4.° Jaime de Monforte. 
5.° Pablo Nícolay. = 6.° Francisco Fonolleda. 



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228 COMENTARIOS 

» cada una de las cosas precedentes, junto con otros Conotarios suyos, pre- 
» senté fué. 

» Signo de mi Jaime de Mon/orte, con autoridad Real Notario público por 
» toda la tierra y doyiinio del Ilustrisimo Señor Rey de Aragón. Quien d todas 
» y cada una de las cosas precedentes , junto con otros Conotarios nuestros aqui 
» contenidos, presente fui y lo cerré. » 

De manera tan notable terminó ese interregno cuarto. Borrascoso fué, en 
verdad, violento y difícil; trabajado más por la variedad de los azares, que 
por su mucha duración: de modo que el remedio aún lo hiciera más breve, y 
la prontitud atenuara su gravedad. En poco más de dos años quedó terminado 
todo. Advertimos , que en su narración hemos traspasado los limites de la bre- 
vedad que habíamos indicado. Pero no negaremos haberlo hecho de propósito. 
Sí debimos extendernos en un principio , al tratar de los orígenes del Reino, 
para dar á conocer por qué medios llegó la libertad á ser la base de nuestras 
instituciones, y su conocimiento á nadie, en nuestro entender, produjo la sa- 
ciedad ni el fastidio; no convenia, á nuestro entender, el laconismo, cuando 
pareciera inevitable y completa su perdición. Conquistaron entonces nuestros 
mayores esa libertad á precio de sudor y sangre ; igual valor y prudencia ne- 
cesitaban ahora para salvarla sus descendientes. Mas no se hubiera llegado á 
un resultado tan magnifico, sin los poderosos auxilios del Justicia de Aragón, 
que , inhibiendo al conde de Urgel el oficio de la gobernación general del 
Reino, allanó la mayor de las dificultades. Aunque hemos de subir más alto, 
tenemos que llegar á Dios para encontrar la segura, la fija y verdadera causa 
de esto ; pues apenas parece haberse dado á la humana sabiduría la realización 
de cosas tan grandes como se vieron entre nosotros. Cuantas precauciones 
pudieron tomarse para que en todo se procediera con la posible rectitud , se 
adoptaron por los funcionarios públicos con el más exquisito cuidado, lealtad 
y diligencia , sin omitir ninguna que pudiera ser útil al presente estado de 
cosas. 

Se distinguieron señaladamente sobre los demás por su destreza, laborio- 
sidad y talento , Juan Jiménez Cerdán y Berenguer de Bardají , inseparables 
compañeros en los viajes, en los peligros, en las resoluciones y en todas las 
fatigas de tan gloriosa empresa. Ambos dirigieron el rumbo de nuestra nave 
al través de tantas olas y tempestades ; ambos la conservaron incólume hasta 
haber echado las áncoras en el puerto. Muchas veces lo hemos dicho; pero 
hay que repetirlo otras ciento. Porque apoyada, como en sus polos, en estos 
dos magistrados , pudo esa causa regia entre tantos truenos y rayos ser juz- 
gada y sentenciada con arreglo á la ley ; cosa nunca vista entre nosotros, y 
quizá en ninguna nación del mundo. Y todos los representantes de los Reinos, 
y los mallorquines, y los sicilianos, saludaron sin titubear al rey electo con 
alegres aclamaciones. Y de las mismas demostraciones de júbilo fueron obje- 
to los nueve areopagitas cuando volvían á sus hogares. Y cada uno de los es- 
tados acordó enviarle una solemne embajada, digna del monarca electo, para 
felicitarle ; para hacerle presentes el amor, adhesión y lealtad de todos ; para 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 229 

rogarle que no retardase mucho su venida , á fin de satisfacer la avidez que 
tenia el Reino de conocerle y de saludarle pronto. 

No se creerá , pues , que sin motivo nos hemos extendido quizá demasiado 
en tan notable acontecimiento, sobre todo después de habernos arrebatado la 
muerte ¡oh dolor! á nuestro íntimo amigo, al eruditísimo historiador Zurita, 
precisamente cuando se disponía á ilustrar esta misma época con su circuns- 
pecta y elegante pluma. Él , como cronista del Reino , hubiera historiado en 
lengua latina estos mismos sucesos, á no haberlo estorbado sus diferentes 
ocupaciones primero, y después su prematura muerte. Con el deseo y con la 
voluntad podemos únicamente llenar nosotros los deberes de ese cargo, ya que 
de ningún modo iguala al suyo nuestro limitado ingenio. . 

Continuemos ya , volviendo á nuestro asunto , las biografías de nuestros 
reyes; y procuraremos hacerlo con toda la brevedad posible, á fin de no cau- 
sar fastidio á nuestros lectores , mientras nos esforzamos igualmente por evi- 
tar la nota de censurables omisiones. 



»ww«/www*<w»*wwvw^vrfv 



FERNANDO I, EL HONESTO, 

Rey 22. de Aragón. 



A erminado el cuarto interregno con la elección de nuevo monarca , cuando 
la cosa pública ya debía levantar la cabeza y respirar no sólo con la esperan- 
za, sino por haber escapado ya de tantas borrascas civiles, otra vez se vio casi 
sumergida en las nuevas olas de inminente servidumbre , otra vez comenzó á 
zozobrar la común libertad de todos. Altamente enojado el conde de Urgel 
D. Jaime , uno de los desairados competidores , de que le hubiera sido arreba- 
tada por odio á su persona, y como él decía, por un tribunal corrompido y 
contaminado, la púrpura real, á que le destinaba su cuna; no ya con astucias, 
sino por la fuerza , á guisa de enemigo, comenzó á saquear diferentes pobla- 
ciones; y respirando atroz venganza y saña, é inflamado por el crimen , veja- 
ba á los infelices pueblos de una manera indigna de su noble alcurnia , y pro- 
pia sólo de foragidos. 

Entonces conocieron todos haberse librado de un señor salvaje y violento, 
y de vivir en un continuo sobresalto. Porque debía imputarse á los jueces, 
que no hicieron caso de sus derechos , la culpa que hubiera en ello , y no á 
los pueblos, cuyo cetro aquellos le habían arrebatado. Y no sólo le impulsaba 
á tales violencias su carácter, aunque arrogante, furioso y altanero; aguijo- 
neábanle sin cesar sus domésticos , y más que todo, los reproches y las invec- 
tivas que dia y noche le dirigían su esposa y su madre misma , apellidándole 



**> COMENTARIOS 

en alta voz hombre abyecto, vil y cobarde , si por miedo á un peligro cual- 
quiera , á cualquier infortunio , se dejara arrebatar la gloria y los honores 
reales que se le debían , aun cuando él y los suyos hubieran de encontrar el 
fin más desastroso ep esa grave contienda. Asegurábanle que no podría cier- 
tamente igualarse á su rival con apocado corazón; pero que le aventajarla, y 
mucho, si le conservaba entero, animoso y varonil ; siendo imposible que la 
suerte pusiera en segundo lugar al que ocupaba , como ellas decían , el pri- 
mero por su nacimiento. Ni aun entonces temían las veleidades de la fortuna. 
Al contrario, la condesa madre, que debiera haber enfrenado las aviesas in- 
clinaciones del hijo, si conservara algún resto de cordura, cual mujer sobra-* 
do imprudente y temeraria, le acaloraba con frecuencia, repitiéndole cada 
instante estas palabras catalanas: «FUI, ó Rey, ó no res» (1}, cual si creyera 
á todo preferible uno de estos extremos : ó ceñirse la corona ; 6 , de no conse- 
guirlo por algún ciego capricho de fortuna , no ser nada. Con tales excitado* 
nes, y por consejo del mayor de sus amigos, D. Antonio de Luna, consintió 
á sabiendas , pero con poca prudencia , el infeliz Jaime en exponerse , según 
el pronóstico de su loca madre , á perderlo todo. Tan completa fué su ruina, 
que, caido de su elevado rango, pocos dias después no habla en el Reino ma- 
yor miseria que la de este conde. 

Hallábase en la ciudad de Cuenca , al ser elegido y proclamado rey de Ara- 
gón por los compromisarios , el infante de Castilla D. Fernando. Con marcada 
satisfacción oyó de boca de los suyos el titulo de rey apenas recibida tan fausta 
nueva. De allí á poco se dirigieron á dicha ciudad los comisionados para darle 
la más cumplida enhorabuena de parte de los tres Reinos y para manifestarle 
que la obra de los jueces había sido ratificada por los Parlamentos. Que á los 
intereses públicos, y más todavía á los del monarca, importaba mucho su 
pronta venida , á fin de atender al bienestar de todos en general , arreglando 
con preferencia y en primer lugar las cosas del gobierno, por redundar la uti- 
lidad común en beneficio de la corona, asi como la de ésta en beneficio de 
todo el Reino. Ordenáronles de una manera terminante á los embajadores que 
regresasen á la patria tan pronto como hubieran cumplido su misión, y que 
ninguno permaneciera más de diez dias en la residencia del monarca. Se les 
prohibió también aceptar obsequios ó dádivas de cualquiera especie. Enviaron 
además, aconsejándoles que siempre permaneciesen al lado del rey, al gober- 
nador y al Justicia de Aragón , con cuyos dignos consejos comenzase aquel á* 
reinar perfectamente instruido en el derecho patrio. Tan grandes precauciones 
tomaron los nuestros en lo que pudiera ser útil ó nocivo á la conservación de 
la libertad. 

Lleno de gozo y entusiasmo entró al fin en Zaragoza ( l.° Agosto 1.412) 
D. Fernando, rodeado de innumerables turbas. Ávidas de conocerle, salieron 
á su encuentro en los limites del Reino, y rebosando alegría y victoreándole 
constantemente, le fueron acompañando hasta la ciudad. Venia en compañía 
del rey su primogénito Alfonso con los demás hijos habidos en doña Leo- 

(1) Hijo, 6 rey, 6 nacbu 



DE LAS COSAS DB ARAGÓN. «81 

sor ( 1 ) , la que , según dicen algunos , antes se llamaba Urraca. Era la reina 
hija de Sancho, conde de Alburquerque , hermano de Enrique , rey de Casti- 
lla , en cuyo Reino poseía pingües estados que heredara de su padre. 

El primer cuidado de Fernando en Zaragoza fué la convocación de Cortes 
para esta misma ciudad , fijándose á su reunión el di a 25 de Agosto. Nume- 
rosos representantes de todos los Brazos del Reino acudieron á esas Cortes, 
cuyo juez, según se acostumbraba, fué el Justicia de Aragón Juan Jiménez 
Cerdán. Aunque omitamos otros muchos pormenores de estas Cortes, no se- 
ria justo pasar en silencio la circunstancia de haber asistido ¿ ellas perso- 
nalmente Alfonso, duque de Gandí*, uno de los competidores en la causa 
dinástica, que al decir de muchos tenía tan buenos derechos, si no mejores 
que Fernando, y, no obstante , prestó como todos homenaje y juramento de 
fidelidad á su afortunado vencedor. Lo mismo cuentan haber hecho los tuto* 
res de Fadrique, conde de Luna, y lo que es más, los representantes de la 
condesa de Urgel , que por tantos medios retraía á su hijo de este reconoci- 
miento, y aun los del mismo conde D. Jaime. Pero éste, Fadrique de Luna y 
muchos otros , faltando luego á sus promesas , perdieron la ventura y felici- 
dad que les hubiera proporcionado el cumplimiento de su palabra , y se pre- 
cipitaron á su ruina y perdición , cubriéndose de oprobio y de vergüenza. 

Siguiendo el ejemplo de sus antepasados, quedó al fin constituido rey en 
Zaragoza, un sábado (3 de Setiembre), con mucha solemnidad y con gran con* 
tentamiento de todos, exigiendo á los nuestros el esperado homenaje, des- 
pués de haber jurado el rey (2) que guardaría las costumbres patrias, los 
regniscitos y todas las leyes y libertades. Recibió de los nuestros seguida- 
mente los mismos respetos que sus antecesores y el juramento (3) de que 
nunca le faltaría la más útil fidelidad de todos , poniendo por juez y testigo 
al Todopoderoso. Y para darle un testimonio inequívoco de la sinceridad de 
sus promesas , tres días después declararon las Cortes heredero futuro, tras el 
largo reinado de su padre , al primogénito Alfonso, concediéndole la goberna* 
cion general del Reino. Las mismas Cortes tomaron algunas medidas necesa- 
rias á la paz y tranquilidad pública , ya para disipar el temor á los sediciosos, 

( t ) La rica—hembra de Castilla. 

(2) 8 de Setiembre del alio 1.412 en poder del obispo de Huesca , hallándose presente el Justicia Ji- 
ménez Cerdán. Después los Brazos le juraron por su rey y señor natural. Este rey fué el primero á quien 
los nuestros prestaron Pleito Homenaje. 

(8) Fernando, antes de recibir de los aragoneses el juramento, dijo que no era necesario recibir ju- 
ramento de fidelidad á un pueblo que con tanto valor había sabido defenderla. Hé aquí sus palabras, se- 
gún el mismo Blancas en el libro de las Juras : 

« Fieles vasallos , mostrado avez vuestra fieldat , ó gran lealtat , después que morió el Rey Don Mar- 
» tin mi tío, el qnal aya buen poso. Car fincando el Reyno en grave turbación , vosotros teñísteis por la 
• justicia de vuestro verdadero Rey, et Señor, non guardando muchos daños ó afanes con gran escam- 
» pament de sangre, et treballo de personas, et turbación de vuestras faziendas, que sofriesteys entro á 
> que haviesteys nos seyer vuestro Rey, é Senyor declarado por justicia et assin tanta y es estada la fide- 
» lidat, et lealtat vuestra, según esperíenoia ha mostrado , que non sería, nin es necesario demandar, 
» nin recibir vos otra jura de fieldat , mas por quanto rué , é es cosa acostumbrada por los antecesores 
» nuestros, et vuestros, vos havemos clamado á esta present Córt , porque vosotros nos prestados , é nos 
» de vos ayamos el Sagrament de fidelidat, como de buenos , é leales vasallos , é esta es la razón porque 
» vos avernos clamado. » Pag. 248. 



282 COMENTARIOS 

ya para que renaciese el imperio de la justicia y brillase en nuestro horizonte 
la libertad con sus antiguos esplendores. 

Era Fernando el rey que pedían las actuales circunstancias. Porque si ape- 
nas pudo dudarse de sus eminentes cualidades , cuando eran sólo conocidas 
por la fama , ahora que se veían de cerca , que estaban probadas , que eran de 
todos conocidas , hallábanse á cubierto de toda murmuración y envidia. Así 
es , que no se cansaban las lenguas de bendecir al Omnipotente Dios por ha- 
ber inspirado á los nuestros el deseo de experimentar las suaves y risueñas 
virtudes del nuevo rey , y más aún , cuando saborearon la dulzura del trato y 
finos modales de Alfonso y de todos sus hermanos. Ya en su niñez daban es- 
tos tales indicios de su bella índole , que no sólo el rey , á fuer de indulgente 
padre , sino el Reino entero , por las excelentes prendas de los infantes , los 
amaba como á las niñas de sus ojos. 

Es verdad , que en el castigo de los condes de Urgel y Luna , y de otros 
muchos reos de lesa majestad , vieron algunos más rigor del que convenía á 
la mansedumbre y lenidad del monarca y de su familia ; mas fué consecuencia 
de la guerra y de la victoria, y no cabía otra conducta en aquel estado de co- 
sas. El buen gobierno de una nación, como el régimen de una casa cualquie- 
ra , lo mismo necesita recompensar los brillantes hechos , que imponer graves 
penas á las acciones villanas. Además, ellos perdieron los bienes y la vida por 
su propia obstinación. Con ella hicieron imposibles hasta las súplicas y ad- 
moniciones de los suyos. Porque el de Urgel no vaciló en resistir al rey con 
tanta confianza, como si tuviera segura la victoria. Y como Fadrique de Luna, 
su compañero de honor y de infortunio, vióse, no obstante, obligado á perder 
todos sus prósperos estados, y á permanecer en la desgracia sin alivio ni re- 
medio alguno. Llevado por último al castillo de Játiva, la Sétabis antigua de 
la Oontestania en la Tarraconense , según Tolomeo , murió en él después de 
una larga prisión (1). Jamas experimentó D. Jaime ningún revés de fortuna 
que no afligiese hondamente, y llenase de amargura todos los corazones. Era 
directo y legítimo descendiente de nuestros reyes por línea masculina, y es- 
taba unido en matrimonio á una hija de Pedro IV. Por tales motivos, no po- 
cas personas de ciencia y de peso mostraron mucha más afición á la vencida 
que á la causa vencedora, como de Catón al perderse la república romana 
cantó un poeta (2) latino. 

Menos la adversidad que los malos designios , precipitaron á Fabrique de- 
Luna en el abismo de su desgracia. Apartándose de la obediencia de su rey, 
huyó á Castilla, en donde esperaba encontrar el puerto de salvación. Pero allí 
le sorprendió la tempestad; y hecho juguete de los vientos, por querer evitar 
los escollos dentro de su patria, se estrelló contra los de fuera , siendo para los 
unos objeto de irrisión , y para los otros de lástima. Porque entrando en sos- 
pechas el rey de Castilla de que Fadrique trataba de usurparle el cetro, quedó 
tan pronto abolida la memoria de éste conde , que pareció quedar sepultada 

( 1 ) Estuvo en diversos punios , y duró veinte años su reclusión . 

(2) El español Lucano en la Farsalia, hablando de la muerte de Catón el de Utica , dice : « Victrix 
tausa diis placuit , sed vicia Gatoni.» El partido vencedor agradó á los dioses , a Catón el vencido. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 238 

en la misma tumba que su cuerpo. Apenas se sabe nada de él con certeza, ni 
siquiera cuál haya sido el fin de su existencia. Dicen que, condenado por trai- 
dor , murió en el insigne castillo de Brazuelas , cerca de Olmedo. Este rumor 
al menos ha corrido poco há entre nosotros. 

También D. Antonio de Luna, tea funesta de todos estos incendios, tuvo 
que expatriarse para que no se oyesen más entre nosotros , ni sus hechos, ni 
su nombre. Vuelto á ella más adelante, pasó largo tiempo oculto y cerrado en 
Mequinenza, donde sin bienes y sin dignidades, encontró la muerte. Así pere- 
cieron todos éstos, abrasados en el mismo fuego. Si no hubieran acariciado 
tan locos y descabellados planes , sin ninguna dificultad hubieran puesto en 
orden sus propios intereses. Porque el carácter del rey Fernando inclinábase 
más á la blandura que á la severidad. Muchas veces solía decir éste monarca 
con verdadera satisfacción : «Es mis útil para la defensa y conservación, de un 
Reino el amor, que el temor de los vasallos a los reyes,» 

Pero la muerte cortó las alas á su espíritu antes que pudiera espaciarse, y 
dar á conocer sus encumbradas prendas. Grave, mortalmente herido de una 
enfermedad con la que luchó largo tiempo , cayó á los 37 años de edad y cua- 
tro de reinado , hallándose en la mitad de su cartera , y en lo más lozano de 
su vida , recogiendo su último suspiro Igualada , ciudad de Cataluña , para 
algunos la antigua Ervagia, un jueves 2 de Abril ( 1.416), y su cuerpo el real 
panteón del monasterio de Poblet. 

Además de Alfonso , que le sucedió como primogénito , tuvo á Juan , En- 
rique, Sancho y Pedro, y á María y Leonor, que casaron con Juan II de Cas- 
tilla la primera, y la segunda con Eduardo ( 1 ) de Portugal. Juan (2) fué rey 
de Navarra, y por muerte, sin hijos legítimos, de su hermano Alfonso, se 
ciñó después la corona aragonesa. De él trataremos más adelante. 

Enrique , maestre de la esclarecida orden militar de Santiago , tuvo el se- 
ñorío de la ciudad y territorio de Segorbe-, y fué (3) tronco de una nobilísima 
familia aragonesa, los excelsos duques de Segorbe. Su escudo de armas os- 
tenta los blasones de Aragón , de Castilla , de León y 
de Sicilia. Sancho , llamado por otros Fernando , que 
consiguió el maestrazgo de Alcántara (4), murió sin 
hijos, como Pedro (5) que falleció en Ñapóles víctima 
de una desgracia. 

Tales fueron los hijos que tuvo Fernando en su es- 
posa Leonor , vulgarmente conocidos con el nombre 4e 
Los infantes de Aragón. A cada paso hacen mención de 
ellos nuestros antiguos : todos los dias , pública y pri- 
vadamente es celebrada su memoria ilustre. De tal manera florecieron todos 
en todo género de gloria, que ennoblecieron juntamente á cada uno las bri- 

(1) D. Duarte. 

(%) Señor de Lara, duque de Peñafiel y de Montblanch, y gobernador de Sicilia. 

(8) Conde de Alburquerque. 

(4) Y Calatrava. 

( 5 ) Duque de Notho . 

80 







284 COMENTARIOS 

liantes hazañas de los otros ; asi como recibieron las de todos nuevo realce 
con los famosos hechos de cada uno , no siendo aun en esto inferiores & su 
mismo padre. 

Si éste gozara de más robusta salud , si fuera más larga su permanencia 
en el trono, quizá mereciese mayor elogio su memoria. Lo que hizo más dis- 
tinguidas su vida y muerte fué, el no haber perdido jamás de vista la hones- 
tidad, ni el decoro, siendo siempre modelo de pudor y de recato. Con justicia 
mereció, pues, el renombre de Honesto Principe, titulo honorífico para un 
particular cualquiera, y más todavia para un soberano. 

En las conferencias de Perpiñan , celebradas con Benedicto XIII y con el 
emperador Segismundo para terminar el prolongado y violentísimo cisma que 
afligía á la Iglesia católica, se cubrió ajuicio de todos , de inmarcesibles lau- 
ros. Porque al ver Fernando que nada se adelantaba con aquellas pláticas, 
por negarse Benedicto á renunciar la tiara, se apartó de su obediencia, no sin 
graves y amargas quejas del de Luna, que decia sin ambages serle éste rey 
deudor de su corona. Y en verdad que no fué insignificante ni de poca monta, 
sino de mucha consideración y en alto grado provechosa al infante de Castilla 
la parte activa que tomara Benedicto en aquel asunto. 

Ninguna nueva ley promulgó éste soberano ( 1 ) . Parecíale haber hecho lo 
bastante con defender el Reino que se le adjudicara contra las intentonas de 
sus antiguos competidores. 

Muy poca cosa digna de enaltecer la dignidad del Justiciado, objeto de 
nuestra obra , y que en éste y á principios del siguiente reinado desempeñaba 
Juan Jiménez Cerdán , añaden las memorias escritas á lo ya dicho por nosotros 
en el último interregno. Pasemos, pues, al rey Alfonso, para llegar cuanto 
antes al argumento que constituye el tema principal de este nuestro trabajo. 



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ALFONSO V 



EL SABIO Y MAGNÁNIMO, 

■ 

Rey 23.° de Aragón. 



T 



an sólo desfloramos nosotros las proezas de éste rey (2) , porgue de ellas, 
asi en latín como en castellano, se han ocupado muchas y elegantes plumas. 
En las letras se distinguió tanto Alfonso , como en la carrera de las armas. 

( 1 ) Mudó el gobierno municipal de Zaragoza , cuya forma casi era perfectamente republicana. 

(2) A petición de su padre fué jurado Alfonso (7 de Setiembre 1.412) , por primogénito sucesor en 

los Reinos de esta corona. Sería entonces de dieciocho años de edad Dos años adelante, cuando se 

coronó ( 1.414 ) el rey su padre y en la fiesta de su coronación , que fué la última, dio á éste su hijo el 
manto, y chapeo, y vara de oro, con título de Príncipe de Gerona Aunque le sucedió el rey D. Alonso, 
no he hallado hasta ahora que volviese en el ingreso de su reinado á jurar , ni á ser jurado rey , aunque 
sí juró en diversas Cortes, etc. Blancas. Jaras de los Reyes y Príncipes, c. 15, pag. 244. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 285 

Diéronle aquellas el titulo de Sabio ; éstas le conquistaron el renombre de 
Magnánimo. Dulcificaba su bizarria con tan grande afabilidad, que así era te- 
mido de sus enemigos en el campo de batalla , como amado después de la vic- 
toria. Hallábase ya entrado en años al comenzar la carrera del saber y de las 
bellas letras. Y ni las victorias , que á otros sirven de pretexto para el saqueo; 
ni las riquezas , que estimulan á los placeres ; ni los lugares apacibles , que 
convidan á los deleites , 6 al menos á descansar de las fatigas de la guerra, no 
fueron suficientes, después de conquistar el delicioso y opulento Reino de Ña- 
póles, á resfriar su ardiente pasión á los estudios ; antes la avivaron inflamán- 
dole en deseos de perfeccionar su espíritu con el cultivo de las ciencias , que 
por aquel siglo florecían en Italia. Por fin sobresalió tanto en valor y en ins- 
trucción, que, aventajando, y mucho, á otros en ambas cosas, se dudaba 
cuál era superior á la otra en el rey Alfonso. 

Casó con María, hermana del rey de Castilla D. Juan II. Habiéndole con- 
fiado su ausente esposo, durante sus campañas de Italia , la regencia de estos 
Reinos , dio esta señora muchas y relevantes pruebas de grandes talentos y de 
ánimo varonil. Celebró con frecuencia Cortes, en las que se expidieron mu- 
chas leyes cuyo encabezamiento es: «Bajo la regencia de la reina María.» La 
más notable de todas es la que (1.442) comienza: «Como segunt la ment de 
los Fueros 9 » con el título « Sobre el oficio del Justicia de Aragón, » y que re- 
suelve con mucho tino la duda sobre la abrogación de esta dignidad. 

A la corona perteneciera siempre el nombramiento de los Justicias, que 
era vitalicio ; pero se había controvertido muchas veces si el rey podía por sí 
solo apear á ese magistrado. Y vino dicho Fuero á disipar todas las dificulta- 
des, resolviendo que no puede el soberano destituirle á su antojo, aun cuan- 
do ligado por algún compromiso anterior, según dice la misma ley, consienta 
en ello el Justicia mismo. Ya en cierta ocasión, bajo Pedro el Grande, el em- 
peño de este monarca en despojar del Justiciazgo á Pedro Martínez de Arta- 
sona, como vimos en su lugar, produjo una excisión, y estuvo á pique de 
ocasionar un conflicto por todo el Reino. Prohibía la misma ley que fuera en 
adelante encarcelado ó preso por causas civiles el Justicia de Aragón , á no 
ser de orden del rey y Reino en Cortes reunidos. 

Mucho se encumbró con esta medida la dignidad del magistrado aragonés , 
y no poco la gloria de la reina, que acrecentaba los honores de una institu- 
ción, bajo cuya égida creía, y creía muy bien, que así estaría la suerte de su 
esposo y ^e los suyos mejor asegurada. Efectivamente; cuanto más robusto 
sea aquel poder, no siendo con exceso, tanto más sólidos y firmes son los fun- 
damentos del Estado y tanto mejor afianzado el trono de los reyes. 

En María, su esposa, no tuvo el rey Alfonso descendencia. Naciéronle de 
las concubinas, Fernando, María y Leonor. En su testamento nombró á Fer- 
nando sucesor del conquistado Reino de Ñapóles , porque la corona de su pa- 
dre pertenecía de derecho á su hermano Juan , entonces rey de Navarra. Des- 
posó con el marqués de Ferrara á su hija María, y á Leonor con el príncipe 
de Rosano. Habiéndoles asignado en dote una enorme suma de dinero, para 
reuniría vióse en la necesidad de imponer crecidos tributos á sus vasallos, 



286 COMENTARIOS 

como si aquellas fueran hijas de legítimo matrimonio. Considerándose aqui 
tales exacciones como una violación insigne de los Fueros , amparáronse los 
nuestros de su Justicia. Éralo á la sazón el gran Ferrer Lanuza I , tan leal 
amigo y fiel servidor del mismo rey , como patrono y conservador celoso de 
las libertades patrias, siendo proverbial su extraordinaria entereza en los 
asuntos civiles y militares. Expedida por él , como Justicia, la firma de dere- 
cho, último recurso donde se atrincheraban siempre nuestras libertades, no 
les fué difícil parar el golpe que amagaba á todo el Reino. Por su parte con- 
sintió el galante monarca en conservar intactos los Fueros de la libertad ara- 
gonesa. Persuadido estaba, á fuer de rey sabio y prudente, de que tanto me- 
jor conservarla la suya propia, cuanto él apareciera más condescendiente con 
la autoridad del magistrado. Murió ( 1 ) , finalmente , en Ñapóles á la edad de 
65 años (1.458) , pero su memoria no perecerá jamás. 

Los Justicias de su tiempo, son : Juan Jiménez Cerdán ; Berenguer de Bar- 
dají, ilustre jurisconsulto mencionado en el pasado interregno, al que suce- 
dió Francisco Sarzuela(2); á Sarzuela, Martin Diez (3) de Aux; y á éste, 
Ferrer Lanuza I, que lo fué también muchos anos en el reinado de Juan II, 
adonde rápidamente nos dirigimos siguiendo el plan que nos hemos trazado. 

Imposible cosa es , que al tratar del rey Alfonso , no se vengan espontá- 
neamente á la memoria las magníficas obras que todavía conserva nuestra 
ciudad, ejecutadas en vida de este monarca (1.437) ; el Puente de piedra (4) y 
el soberbio y vasto palacio de la Diputación , hasta hoy destinado desde en- 
tonces para Audiencia de todo el Reino. 

Una (5) tercera obra, edificada también en Zaragoza diez años antes, eter- 
nizó la fama de este rey , quien la destinara para hospital de los enfermos 
pobres de Cristo, y con tanta abundancia provista más adelante de útiles 
aparatos, que, según la opinión general, aventaja á muchos en magnificen- 
cia, y en piedad á todos los asilos del mundo. Y nos admira más esa grandeza, 
no contando para el sostenimiento ningún patrimonio asignado , ni más ren- 
tas, ni otros bienes, que las eventuales limosnas de los caritativos fieles. 
Cuentan las memorias de la ciudad , que el celebérrimo rey Alfonso destinó 
para tan piadoso objeto una casa por él comprada á Simón Hueso en 500 flo- 
rines de oro, sita sobre el solar que hoy ocupa el hospital, no lejos del con- 
vento (6) de San Francisco, y nombró cuatro directores (7), dos concejales de 
la ciudad , D. Ramón Casaldáguila y D. Nicolás Viota ; Juan Toneda y Juan 
Cineta, teólogos y eclesiásticos. El D. Nicolás legó posteriormente para 



(1) Et 28 de Junio. 

(2) Ó Zarzuela. 

(3) Ó Diaz. 

(4) Sobre el Ebro. 

(5) Lo que sigue no se halla en el MS. 

(6) Hoy palacio de la Diputación , plaza de la Constitución , vulgarmente de San Francisco, y calle 
6 salón de la Independencia. El hospital , antes ttrbis et orbis , ahora provincial , se halla en otra parte 
de la ciudad : el antiguo quedó arruinado en el sitio de 1.809. Sobre el sitio de la antigua Diputación se 
levanta al presente el Seminario Conciliar. 

( 7 ) Junta administrativa y directiva. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 887 

este fin toda su fortuna. Hizole donación de un lugar llamado Álbalatíllo (1), 
con lo que se aumentaron de una manera considerable las proporciones del 
edificio. 

Un fraile francisco , llamado Felipe Berbegal , en un piadoso y memorable 
discurso, manifestó ante las Cortes de Zaragoza (31 de Marzo 1.425), los de- 
signios del monarca sobre este particular. Acogida con júbilo la idea , dióse 
por orden de la autoridad civil principio á la obra , que á reyes y vasallos en- 
tusiasmó después, para ejercer tantos y tan grandes, tan penosos y tan mag- 
níficos actos de religión y de cristiana piedad con los pobres de Jesucristo. 

Respecto de la construcción del puente debemos advertir , que en el mismo 
sitio donde se halla hoy el actual de piedra , levantado por esos años , habla 
otro de tablas apoyadas sobre vigas, á veces sobre pequeñas barcas. Los en- 
cargados de su conservación eran dos en algunas ocasiones , y llamábanse 
vulgarmente Comendadores del Puent, ó Comendadores de la Alcántara. Esta 
palabra es de origen árabe, y significa puente. 

Todo contribuyó, pues, y más particularmente sus gloriosísimos hechos, 
á inmortalizar la fama del rey Alfonso. 



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JUAN II, EL GRANDE, 

Rey 24. ° de Aragón. 



N. 



i le fué en zaga la gloria militar del rey D. Juan (2) , quien á no haberse 
enredado totalmente con negocios domésticos que le obligaron á chocar con 
sus vasallos, más veces (3) que alguno combatiera con los enemigos de su pa- 
tria; igualaría, ya que no fuese superior ásu hermano mismo. Aquella gran- 
deza de alma , aquella singular bizarría , aquella conversación afable , aquella 
constancia , aquella intrepidez , aquella consumada táctica militar , que tanto 
resaltaban en el rey Alfonso, brillaron igualmente en D. Juan con extraordi- 
narios resplandores , y por cierto no adventicios ni pasajeros. Tan lejos estuvo 
éste monarca de suspirar por la quietud y por el descanso, precursores y com- 
pañeros casi inseparables de la vejez, que no se podía resignar á verse un 
momento libre de guerra, ó de preparativos para otra próxima. Aún más : al 

rogarle los suyos desistiera de las nuevas campañas , que proyectaba en su 

# 

(1) De 88 vecinos en la provincia de Huesca. 

(2) El día de Santiago (25 de Julio) sin aguardar Cortes , prestó en la iglesia mayor en manos de 
Ferrer de Lanuza, Justiciado Aragón, el juramento acostumbrado, asistiendo los diputados y otros 
muchos del Reino , y no se hace particular memoria que asistiesen los Jurados de Zaragoza. Blancas, 
Juras, c. 16, p. 245. 

A éste monarca se le ha dado el nombre de El Hércules de Aragón. 

(3) El autor perdió aquí de vista la verdad , deslumhrado por la hipérbole de Cicerón. 



298 COMENTARIOS 

avanzada y casi decrépita edad , porque se requería para ellas mucha robustez 
de fuerzas , cuentan, respondía, no haberse notado nunca en la ancianidad 
menos vigoroso que en la juventud para el manejo de las armas. La vida del 
campamento, añadía, es menos fatigosa que la de familia; y eso que jamás se 
eximió de molestia alguna, como si fuera el último soldado. 

Fué también político consumado. Todos le han reconocido una capacidad 
poco común para los negocios civiles y domésticos , unida á la bizarría mili- 
tar. Así es que con justicia merece el título de Grande. 

En cierta ocasión, como á su tiempo veremos, con palabras terminantes, 
sin dudas , ni rodeos, manifestó su sentir sobre la institución, potestad y fuerza 
del Justiciado aragonés. Si en cualquier asunto es de gran peso su testimonio, 
lo tiene mucho mayor respecto de esa magistratura, cuya institución y poder 
es el dique levantado contra las demasías de los reyes. Muy alta importancia 
tiene á nuestra vista el ver esa verdad comprobada por el testimonio de tan 
gran monarca. Pero de ello trataremos en otra parte. 

Había casado D. Juan, viviendo todavía su hermano Alfonso (1.419 ), con 
la reina Blanca de Navarra, hija y heredera de Carlos, y viuda del D. Martin 
que, ya lo vimos, murió en Caller siendo rey de Sicilia, hijo de Martin, rey 
de Aragón. Los hijos de este matrimonio fueron, Carlos, Blanca y Leonor. 
Éste es aquel Carlos ( 1 ) cuyos Comentarios acerca de nuestros reyes hemos 
citado tantas veces, siguiendo por regla general, no siempre, sus opiniones. 

Su hermana Blanca , que casó con Enrique IV de Castilla , vióse después 
obligada á divorciarse por disposición de la Santa Sede. Leonor , unida eR 
matrimonio á Gastón , conde de Foix , tuvo una nieta llamada Catalina , es- 
posa que fué de Juan de Labrit, último rey de Navarra. 

Las ruidosas discordias domésticas entre Carlos y su padre , vinieron como 
un huracán ó súbita tempestad á trastornar el Reino, que gozaba de perfecta 
calma. Muerta la madre de Carlos y de sus hermanas, y casado D. Juan en 
segundas nupcias con Juana, hija de Fadrique, el almirante de Castilla, se 
esforzaba el hijo por arrancar el cetro á su padre, diciendo habérselo dejado 
en herencia su madre la reina Blanca de Navarra. Sostenía el padre, por el 
contrario , que á él sólo durante su vida correspondía el gobierno de Navarra, 
porque así lo había estipulado con el rey su suegro. Las pretensiones de ambos 
á la corona fueron , pues , la causa del rompimiento entre el rey y el prín- 
cipe. Carlos pereció al fin en la demanda (Setiembre 23 de 1.461) muriendo 
en Barcelona á los 40 años de edad. 

Por esa época tuvo principio en aquel Reino la todavía famosa rivalidad 
entre beaumonteses y agramonteses , siguiendo ésta facción las banderas de 
D. Juan, aquella las del príncipe Carlos de Vi ana. 



( 1 ) El MS. continúa hablando de éste príncipe , y le hace autor de las palabras , que el impreso 
atribuye al padre, relativas al Justiciado. Dice así: < Y en esta (la obra de los Comentarios) trata con 

más extensión que la generalidad de los escritores, la institución de nuestro magistrado aragonés 

Y si en cualquier asunto es respetable la autoridad de un escritor, tan docto en nuestras antigüedades y 
tan conocedor de los autores de otros tiempos , lo es mucho más tratándose de la institución de esa ma- 
gistratura, creada para contener el desbordamiento del poder real como un dique contra las olas, etc » 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 289 

Cataluña , principal apoyo del principe, pensando en esta ocasión sacudir 
el pretendido yugo del padre , no sólo se arruinó á sí misma , sino que , aun 
dada la posibilidad, hizo inútil toda defensa para excusar su conducta. Por- 
que á la muerte del príncipe apeló á recursos poco en armonía con la rectitud 
y con la debida lealtad al trono , de cuyas virtudes había sido , y es , aquella 
nación, un constante modelo. 

Dos hijos, Felipe y Juan, dejó Carlos, habidos en la siciliana Cappa. El 
primero murió en el asalto de Baeza , siendo maestre de los caballeros de Mon- 
tesa; el segundo, fué obispo de Huesca. De otra dama tuvo también una hija, 
por nombre Ana, que casó con Luis, duque de Medinaceli. 

Dióle al rey D. Juan su segunda esposa un hijo llamado Fernando, que 
heredó los estados de su padre , y fué la gloria y el esplendor del nombre cris- 
tiano. Le dio además tres hijas: Juana, que se enlazó con Fernando , hijo de 
Alfonso, rey de Ñapóles; Marina ó María, y Leonor, que murieron célibes. 
Fuera de matrimonio tuvo á Juan, hijo de una noble señora llamada Ave- 
llaneda, el cual fué arzobispo de Zaragoza; y al maestre 
de Calatrava Alfonso, cuya madre fué Leonor de Escobar. 
Hijo de éste último y de María Junquesia fué Juan de 
Aragón , duque de Luna y conde de Ribagorza , tronco 
del nobilísimo linaje que conserva todavía el apellido 
Aragón, el ducado de Villahermosa, y el Condado de Ri- 
bagorza con este escudo de armas. 

Hijos de éste rey también y de una dama navarra 
perteneciente á la familia de los Ánsares , fueron Fer- 
nando , María y Leonor. Ésta fué esposa de Luis de Beaumont , condestable de 
Navarra; los otros dos murieron en la infancia. 

Conservó por fin D. Juan la regencia del Reino navarro contra la volun- 
tad de su hijo Carlos , y además tuvo algunos años la del aragonés por nom- 
bramiento, y durante la ausencia de su hermano Alfonso. Muchas leyes y 
muy gratas á los nuestros se promulgaron (1.436) en ese período de tiempo, 
las que con diferentes títulos se hallan esparcidas en el libro de nuestros Fue- 
ros , y comienzan : « Juan , rey de Navarra , Lugarteniente, etc.» Todas ellas 
se acordaron en las concurridas y notables Cortes que celebró en Alcañiz á 
nombre de su hermano. 

Más notables y concurridas fueron todavía las de Calatayud celebradas 
(1.461 ) , cuando ya era rey de Aragón , en su propio nombre ( 1 ). Éstas, por 
su mucho crédito y grande utilidad, aventajaron no poco á todas las anterio- 
res. Parecidas, y casi á ellas iguales, según nuestro entender, fueron las de 
Zaragoza (1.467), tenidas á nombre de éste rey por su esposa Juana. Entre 
otras muchas cosas que se trataron en ellas, merecen por su importancia una 
especial mención las leyes relativas á la Inquisición del Oficio del Justicia de 
Aragón. 

(1) Contaba ya 61 años de edad cuando subió al trono aragonés. No consta que él fuese jurado por 
el Reino, ni tampoco el príncipe de Víana, ni que éste usase de la jurisdicción de gobernador general. 
Blancas. Joras, c. 16, p. 245. 




240 COMENTARIOS 

Así, pues, entre las mayores glorias de éste monarca, deben contarse su 
invencible y reconocida fortaleza para afrontar las adversidades de la suerte, 
y su experimentada y no menor destreza en aprovecharse de los favores de la 
fortuna, ya que siempre trató de afianzar el Reino con nuevos decretos y con 
leyes oportunas , y de templar la autoridad del Justicia con el mencionado 
Fuero de la Inquisición , evitando asi que abusara de su excesivo poder. Y en 
ello estriba la perfecta conservación del Reino. Pero de ese punto nos ocupa- 
remos más adelante. 

Cuentan de éste rey , haber hecho á Santa Engracia voto de engrandecer 
su templo , cuando al tocar el clavo de la Santa y por intercesión de la misma 
quedó sano de la ceguera. 

Sorprendido por la muerte en medio de su proyecto, dejó á su hijo Fer- 
nando el cumplimiento de la promesa. No mucho después partió efectivamente 
de esta vida (19 Enero 1.479), hallándose en Barcelona, y en edad muy 
avanzada. 

En este reinado fué Justicia de Aragón Ferrer Lanuza I, cuyo hijo y su- 
cesor Juan Lanuza I alcanzó también los tiempos de D. Fernando. 

Con gusto vamos á trasladar una importante carta, que dias atrás vino á 
nuestras manos , al revolver los papeles del secretario Coloma. Son las pala- 
bras dirigidas por D. Juan á su hijo Fernando , con entrecortado y moribundo 
acento . Ella nos prueba la mentira de las vanidades mundanas , que con la 
prontitud de una flor se marchitan, y que sola la virtud tiene raíces profundí- 
simas. En el sobre, que á no equivocarnos, es de puño y letra del mismo se- 
cretario , se leen estas palabras : « Traslado de la carta que el Rey mi señor 
escribió al señor Rey de Castilla.» Hé aquí una copia literal : 

CARTA DE JUAN II Á FERNANDO EL CATÓLICO. 

« Serenissimo Rey , nuestro muy claro , y amado Jijo: 

» Pues a la divina Mag estad es plazienle, qne en nuestros dias mas non vos 
» veamos , que era lo que después de nuestra salvación desseavamos : por aquesta 
» carta, que será como postrer despedimiento , ¿cornial, entendemos fazer el oflí- 
» ció de padre, a quien nuestro Sefíor por su infinida bondat ha dado fijo tan 
» obediente, y de tanta virtud, y excellencia. Recibido habernos por especial dono, 
» de quien tiene el poder, los Sanctos Sacramentos de la Iglesia, y fecho todas 
» las obras de Christiano, non con aquélla contrición y arrepentimiento, que 
» deviamos, por ser tan grandes las offensas, que fecho le havemos, ¿ tan poco 
» el reconocimiento de tantas, y tan señaladas gracias, como de su omnipotencia 
» havemos recibido ; mas segunt que ha podido alcanzar la fragilidad nuestra. 
» Oonjlando empero en la summa clemencia suya, que por aquel derramamiento 
» de sangre, que por nosotros peccadores fizo en el árbol de la Vera Cruz, havrá 
» misericordia des te su siervo,' que es tierra efectiva de sus manos : y creemos, 
» non querrá con nosotros entrar enjuyzioipm es cosa cierta, que ante tal juez 
» alguno justificar non se puede. Fijo, yapodeys considerar el punto, en que es- 
» tamos: que ni Rey nos, ni subditos, ni potencias algunas humanas, por gran- 



DE LAS COSAS DH ARAGÓN. 241 

» des que sean, ayudar, nin valer nos pueden: salvo aquel Criador y Redemptor 
» del mundo, en cuyas manos estamos. Fes este paso tal, que querríamos haver 
» sido uno de los ínfimos hombres de nuestros Rey nos, y señoríos. Recordad vos 
»pues, quequando a el será placiente, fiaveys de venir á esto mismo : et que vos 
» dolerá, lo que en ofensa suya fecho havreys, de dolor tal, que en sanidad co- 
to gitar non se dexa; é ansimesmo del bien, que havreys podido fazer, é non lo 
» havreys fecho. Véngaos en la mente, de quanta grandeza son los Reynos y Se- 
to ñorios, en que soy s, y haveys de ser immediado Lugarteniente suyo: é que 
» quanto son mayores; mayor, é mas estrecha será la cuenta, que dellos le ha- 
to vreys de dar. Non vos engañe el mundo, como faze á los mas: que en qual~ 
» quiere edad que sean, siempre piensan haver tiempo de enmendar sus faltas. 
» Llevad siempre ante los ojos el temor de Dios: y passen vos alguna vez en el dia 
topar la memoria los tan grandes donos, ¿gracias, que fecho vos ha: para que 
» conoscvendo, le soys grato, vos faga fazer su sánela voluntad. La Justicia so- 
to bre todas las cosas sea el espejo de vuestro corazón , faziendola sin excepción 
» de personas. La defensión de la Fe Católica, y de la Iglesia sancta de contino 
y> se vos represente. Los Reynos, y subditos conservad en paz, y en justicia sin 
» injuria del próximo , evitando, quanto al mundo podays, todas guerras, y 
» disensiones. E non vos olvidéis de la humildad, que es cosa acceptissima a 
» nuestro Señor , y que por sola aquella la gloriosissima Virgen María mereció 
» ser madre suya. E por non divertirnos mas en las cosas del mundo, con la 
» presente vos damos nuestra paternal Bendición: Suplicando a la inmensa po- 
to tencia, que de su mano sanctissima os bendiga : é la Bendición suya, é núes- 
» Ira sea siempre con vos : para que como buen Rey é Católico Príncipe rijays, 
» y governeys los Reynos , y tierras á vos encomendadas : de manera que le tin- 
to days buena razón de los talentos, que vos ha dado: é vuestros dios sean fechos 
» luengos sobre la faz de la tierra á su sánelo servicio: é veays fijos de vuestros 
to fijos fasta la tercera, é quarta generación: y en viniendo al término por él es- 
to tatuydo, vos colloque en su sánelo Rey no. Al qual plega llevarnos por su 
» sancta misericordia. A nuestro Secretario havemos mandado vos diga cierta 
to cosa. Enfee, de su oficio, épor la crianza que del havemos fecho, séale dada en- 
to terafee. E guárdeos Dios nuestro Señor, como tiene el poder. Dat. en Barce- 
to lona á 19 de Enero, Año de 1.479. 

» Rex Joannes. 

» Coloma Secretarius . » 
• 

En el siguiente dia puso fin á la vida del rey Juan la violencia de la en- 
fermedad : de modo que la carta anterior puede considerarse como los últimos 
acentos de ese cristianísimo príncipe , parecidos al canto de un cisne , siguién- 
doles una muerte tan gloriosa, que su hijo con toda su alma dejaba para él 
mismo otra semejante. 

Pero pasemos á los reinados de este príncipe, de Carlos el Emperador y de 
nuestro rey Felipe , recorriéndolos á la ligera , y ocupémonos luego de nuestro 
asunto, el Justiciado aragonés. 

31 



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FERNANDO II , EL CATÓLICO 

Rey 25.° de Aragón. 



M. 



ubbto el rey Juan, subió felizmente al trono su hijo D. Fernando. Este 
ya eü vida de su padre (1.469 ) había tomado por esposa á Isabel, hermana y 
heredera de Enrique IV de Castilla. Afortunado enlace , que embriagó de ale- 
gría á los amigos y parciales, y sobrecogió á sus contrarios de terror y es- 
panto, al considerar unos y otros tan acrecentado con esa asociación de inte- 
reses , con esa alianza de estados , con esa unión de corazones , el poder común 
de ambos esposos, cual jamás se había visto en España desde la destrucción 
del imperio gótico ; y más aún desde que sacudiendo el yugo sarraceno , de- 
volvieron su antigua libertad y el saludable culto de nuestra religión verda- 
dera al tan floreciente Reino de Granada. Conquistado éste y el navarro, abar- 
caba ese poder la España entera, excepto una parte de la Lusitania, que se 
extiende á lo largo del Atlántico , y que del puerto de Calé tomó el nombre de 
Portugal . La anexión de ese Reino á lo restante de la Península , negada á 
éstos monarcas, hoy ha sido ya concedida á su biznieto, nuestro poderosísimo 
rey D. Felipe, cuya gloria no cabe en límites más estrechos que toda la re- 
dondez de la tierra. 

También el Reino de Ñapóles , que se hallaba despedazado con luchas in- 
testinas y domésticas, quedó, desalojado el enemigo antiguo, bajo el cetro de 
Fernando y de Isabel. 

Confiando al inmortal Colon el descubrimiento del Nuevo Mundo, cúpoles 
por la bondad de Dios la singularísima dicha de que en su reinado , y lo que 
más es , por su cooperación y á expensas suyas ( 1 ) , quedase abierto á nues- 
tras carabelas el anchuroso mar Atlántico, hasta entonces cerrado á todas las 

(1) «Los reyes Fernando é Isabel conceden primeramente á Colon para los gastos de su expedición 
ciento setenta y seis mil reales de plata, cuya suma, no despreciable para aquella época, entregó el en- 
tonces real tesorero de Aragón Gabriel Sánchez á Luis de Santangel , escribano de raciones reales del 
mismo Reino, prestándola á los reyes, según lo indican sin ambages algunos escritores de Castilla, 
contra la omisión , mejor diríamos, contra el estudiado descuido de otros historiadores castellanos. » Mar- 
qués del Risco. 

Bl mismo año de 1.492, que se ganó Granada, descubrió álos fines de él Cristóbal Colon las Indias 
Occidentales , en cuya conquista declaró el rey D. Felipe I de Aragón , en las Cortes de Monzón de 1.58o, 
que « concurrieron los aragoneses, y debían gozar de todos los Puestos Eclesiásticos y Seculares que se pro- 
veen en ellas. Y es de notar, que el primer dinero que se libró á Colon para tan gloriosa empresa, se sacó 
de la Thesorería de Aragón. Y así dispuso también el rey que el primero Oro que se traxo de las Indias, 
se diesse una parte á este Reino, con lo qual se doraron en Zaragoza los Techos y Artesones de la Sala 
mayor de el real Palacio de la Aljafería. > Dormer. 

En vista de esto, no es de extrañar el siguiente acuerdo tomado ( 1.564) en las Cortes de Monzón. 

Supuesto que tras la guerra de Granada y en tiempo del rey Católico se hizo el descubrimiento y la 
conquista del Nuevo Mundo con el concurso de los aragoneses , permítese á los naturales de este Reino 
pasar á Indias y gozar en ellas los mismos oficios , beneficios , prelaturas y preeminencias que gozan los 
castellanos. 



J 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 243 

escuadras y aun al pensamiento mismo; é iluminase el esplendente sol del 
Evangelio en aquellos últimos confines de la tierra, que nadie hasta entonces 
había recorrido, á infinitas tribus bárbaras, feroces y antropofagias. Tanto ce- 
lebró la fama por todas partes los numerosos , ilustres y brillantes hechos de 
tan virtuosos reyes, que no conocieron esos siglos ni otro hombre ni otra mu- 
jer más dignos de ocupar un trono. Asi fué, que de todos recibían el uno y el 
otro las mismas alabanzas. 

El mayor testimonio de su consumada prudencia , de su piedad acendrada, 
de su escrupulosa religiosidad, es , en opinión de muchos, el haber implanta- 
do de una manera estable y fija en las ciudades más populosas de España el 
tribunal del Santo Oficio, nombrando varios inquisidores para tener á raya y 
humillar la audacia de los apóstatas y herejes , disipar los grandes errores de 
que estaban llenas sus conciencias y corregir la pravedad de costumbres. Las 
ventajas de tan acertada medida saltaron luego á los ojos con gran contenta- 
miento de España y de todo el mundo cristiano ; mucho más en nuestro infor - 
tunado siglo, cuando el pérfido pueblo se deja arrastrar por el vertiginoso tor- 
rente de todos los excesos. 

Después de haber dado estos virtuosos monarcas los más relevantes testi- 
monios de su amor y veneración á la religión católica , recibieron del romano 
Pontífice, con aplauso de toda la cristiandad, la única recompensa, el más 
esclarecido triunfo que podían obtener sobre la tierra, y que dejaron en he- 
rencia á su posteridad : el título de Reyes Católicos. 

Por entonces ocurrió en Zaragoza un acontecimiento que calificaron de 
atroz y de horroroso todos los testigos; al héroe, que por amor de Dios lo su- 
fría con valor y constancia, le pareció la mayor ventura. Plácenos darle un 
lugar en nuestra obra , porque creemos derraman mucha luz sobre la historia 
éste y otros hechos semejantes. Haremos, pues, una breve reseña, tomando 
las cosas desde el principio. 

Los inquisidores nombrados para nuestra provincia al establecerse en to- 
das ellas el Santo Oficio, destinado á velar por el depósito de la fe contra la 
raza infiel y castigar á los violadores , fueron : el dominico fray Gaspar Inglar 
y Pedro Arbués (alias Épila) , vulgarmente llamado con poca propiedad Mas- 
tre Epila. Nacido en la villa de este nombre , siendo sus padres Antonio Ar- 
bués, de familia ilustre, y Sancha Ruiz, era Pedro de una virtud ejemplar, 
tan bondadoso como modesto, y sobre todo versado en las sagradas letras y 
ciencias eclesiásticas. Hallábase á la sazón de canónigo en Zaragoza. Por cri- 
men tendríamos nosotros que se entorpeciese nuestra lengua en la narración 
del hecho, no habiéndose paralizado para cometerle las impías y sacrilegas 
manos de los asesinos. El celo que, en cumplimiento de sus deberes, desple- 
gaba Pedro Arbués contra la causa de los judíos, se atrajo el odio mortal de 
toda esa nación infame que, aguijoneada por el recuerdo de sus delitos, tem- 
blaba de miedo, no sabiendo adonde irían encaminadas las pesquisas del ca- 
nónigo. Es tal el remordimiento de la conciencia, que nunca permite al delin- 
cuente perder de vista su castigo. De aquí la encarnizada enemiga que contra 
Arbués manifestaban sus conciliábulos. 



244 COMENTARIOS 

Y no era corto el número de los conjurados pertenecientes i las principa- 
les familias de los judíos ; número que, engrosado con el tiempo, y creciendo 
también su encono , á medida que hacía entre los imprudentes nuevos prosé- 
litos , hízose público de hecho, y vomitó el virus de su cólera ( 1 ) . Víctimas 
dia y noche del mayor abatimiento y de terribles congojas con que les ator- 
mentaba la divina justicia , anhelando verse libres de esa continua pesadilla, 
reunidos los afiliados cierto dia en un mismo lugar, convinieron todos en la 
necesidad de. quitar pronto la vida al santo inquisidor. Una y otra vez, sin 
embargo, discurrían ellos y conferenciaban entre si sobre la manera de poder 
cumplir sus amenazas. Sedientos estaban de aquella sangre, pero calculaban 
el cómo, después de saciados , evitarían el castigo. Mas no encontraba su au- 
dacia medio alguno de calmar las inquietudes. Deseaban , sí , de todo corazón, 
dar la muerte con sus propias manos al inquisidor , aunque ni ellos se sentían 
con valor para tanto, ni creían posible que lo ejecutara otro sin inminente 
riesgo de la vida ; tan tímidos y cobardes se mostraban para realizar las aspi- 
raciones de todo su corazón. 

Asi , pues , dieron el encargo de comprar asesinos á un tal Juan Labadia. 
Y éste encontró al fin quienes acometieran una empresa que llenaba de es- 
panto á los mismos judíos, á pesar de toda su ferocidad y arrojo. Eran dos 
foragidos y desalmados , á quienes no apellidamos hombres , porque desdice 
de la especie humana y le repugna el satisfacer la crueldad ajena á costa de 
la- propia desventura, y más teniendo aquellos desgraciados unas creencias y 
practicando un culto diferentes del culto y creencias de los judíos. Ambos, 
dicen, eran hijos de padres cristianos; acaso pertenecían al crecido número 
de aquellos cuyos padres , perteneciendo á la hez del populacho , é ignorando 
su raza y parentela, se tienen por cristianos. Estos dos , llamados Vidal Uran- 
so el uno, y Juan Sperandreu el otro, prometieron asesinar al santo inquisi- 
dor, después de haber ajustado con los judíos un execrable convenio y puesto 
precio á su cabeza. Ya se acechaba el oportuno momento. 

Hallábase por entonces instalado el tribunal del Santo Oficio en el edificio, 
hoy propiedad de los herederos de Antonio Barrachina , sito entre el palacio 
arzobispal y la iglesia de La Seo, inmediato al uno y á la otra. Allí, el gran- 
de y esclarecido Arbués pasaba horas y horas conociendo las causas , en cuyo 
examen se revelaban su atención , su exactitud y prudencia. El tiempo que le 
restaba de este ministerio público, invertíalo gozoso, á fuer de piadoso y san- 
to, en celebrar los sagrados misterios , su ordinario alimento', y las delicias 
de su alma. Tenía su morada, como los demás canónigos, en el templo de La 
Seo. Era tan puntual en asistir al coro, que apenas ni los temores , ni las altas 
horas de la noche , le impedían dejar el lecho, acudir á la iglesia y cantar con 
las horas canónicas las divinas alabanzas. Al coro se dirigió, pues , como de 
costumbre, á media noche, envuelto en su sagrado ropaje el santo, el ino- 
cente que iba á ceñir sus sienes con la corona del martirio. Momentos antes 

habíanse puesto en acecho, ocultos dentro de la misma iglesia, Vidal y Spe- 

» 

(1 ) « Inoculando á otros el virus , etc. > HS. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 245 

randreu, rodeados de varios amigos suyos , y hostigados todos á consumar el 
crimen por aquellos infames conjurados, especie de furias infernales. 

Cúlpase á los judíos de haber tendido un lazo tan insidioso al santo inqui- 
sidor, porque su vida torpe y disoluta, infundía vehementes y generales sospe- 
chas de haber abrazado tiempo atrás el cristianismo con simulación y engaño; 
sospechas que, agravándose primero con las numerosas acusaciones hechas por 
ellos mismos y examinadas con madurez , luego se convirtieron en certeza, 
mediante horribles declaraciones y descubrimientos de crímenes detestables. 
Habíanse persuadido de que , asesinado el inquisidor, nadie tendría valor para 
sucederle en el cargo, y así en adelante tendrían ellos libertad completa de 
cometer, sin temor al castigo, toda clase de infamias. 

Apenas los arriesgados sicarios le vieron de rodillas ante el altar mayor y 
en actitud de orar, respirando ferocidad tan sólo, arrojáronse sobre él, espada 
en mano, y le asestaron repetidas cuchilladas de suma gravedad. Al ver teñi- 
dos en sangre sus aceros , y aun el mismo sagrado templo , diéronse á huir 
precipitadamente , sobrecogidos de un súbito terror pánico que los derribó por 
tierra. Tanto les desvanecía su remordimiento , su alevosía les atormentaba 
tanto, que difícilmente acertaran con las puertas de la iglesia, á no haberlos 
levantado y sacado fuera sus compañeros. Con vida dejaron al inquisidor , á 
pesar de sus ofrecimientos : ellos se habían obligado efectivamente á cortarle 
la cabeza. Y ésta tan sólo se puso á precio en el convenio. En tanto grado 
creían aquellos pérfidos perniciosa á sus intereses la vida del santo inqui- 
sidor. 

Cuando entre los ecos de los salmos llegó á los oidos del sagrado coro el 
horroroso estrépito de las armas y los ayes lastimeros de la víctima , salieron 
apresurados todos , y hallando mortalmente herido al santo inquisidor , nadie 
dudó un momento que aquel atroz y enorme crimen era obra de los judíos. 
Susurrábase en la ciudad algún tiempo hacía, que el objeto de todas sus con- 
versaciones era la muerte de Arbués, y que en ellos no era cosa nueva el 
atentar contra la vida del canónigo. Comenzaron, pues, llenos de turbación 
y de tristeza á examinar en torno las calles y las plazas , y, poniendo á Dios 
y á los hombres por testigos , publicaban á voz en grito la sacrilega muerte 
del inquisidor, para que, sacudiendo el sueño, se arrojase fuera de sus casas 
el pueblo zaragozano á descubrir y vengar esa latente conspiración . 

Así como iba cundiendo la noticia d$ aquella detestable impiedad , acudía 
alarmada al templo una increíble multitud de gente, sin distinción de sexo, 
edad y categoría, para escudar la causa común con el alma y con el cuerpo. 
A voz en cuello gritaban todos que se veían menospreciados en aquel ultraje, 
y vilipendiada y pisoteada grandemente la dignidad del Santo Oficio. Para 
nadie era un misterio que contra esa institución habían urdido los judíos tan 
inicua trama. Y tanto más se acentuaba contra ellos la opinión pública, por 
cuanto ni un solo judio se descubría en aquella multitud de buenos. Apelli- 
dábanles sacrilegos , públicos enemigos de la religión y de la fe ; sicarios y 
verdugos los más crueles ; y añadían que , sin perder un instante solo, debían 
ser abrasados vivos en sus propias casas. Y por obra lo hubieran puesto en 



246 COMENTARIOS 

seguida si no lo estorbaran las autoridades allí presentes en bastante número . 
Con todo, no bastaron á impedir que se tumultuase al punto la población en- 
tera cual si fuera la ciudad entrada por los enemigos. Ni uno solo hubo en Za- 
ragoza tan avanzado en años , ni de fuerzas tan débiles , que , saltando aprisa 
de su lecho, y empuñando las primeras armas que le venían á las manos , no 
volase á la venganza de semejante sacrilegio. 

« Yo, decía por su parte el virtuoso y esforzado campeón de la fe cuando 
le asesinaban , yo os estoy muy agradecido, y os doy millares de gracias, ó mi 
buen Jesús, pues os habéis dignado que reciba yo por defender la fe de vuestra 
religión santísima la pena de muerte debida a la naturaleza. » Por lo demás, 
aunque gravemente herido, y más todavía el alma de amor divino, que su 
cuerpo con el hierro, no cesaba de aplacar con humildes súplicas la cólera di- 
vina por aquellos perversos ultrajada. Nunca conoció el odio contra sus bár- 
baros asesinos; jamás se alteró su calma; al contrario, grande y levantado 
siempre, siempre se mostró dispuesto á sufrir más y más por la fe de Cristo; 
y la frente serena, apacible el semblante , con alma candorosa y reposado co- 
razón , no cesó un punto , rebosando contento y gozo , de alabar á Dios y á la 
Santísima Virgen María. Ni su lengua pronunció en adelante una sola pala- 
bra que no revelara los mismos sentimientos. 

Corto era ya el espacio de vida que le quedaba , pero aguardábale una car- 
rera de gloria que será eterna. A ella, por fin , voló dos dias después ( 17 Se- 
tiembre ) su alma , rompiendo las ataduras de la catne. Y salió de esta vida 
dándose el parabién de haberla perdido por amor de Cristo. Fué su santo cuer-. 
po engalanado ( 1 ) con muchas imágenes , y después de celebradas magníficas 
exequias , sepultado con solemne pompa dentro de La Seo , donde se halla to- 
davía, en un sitio muy honorífico y frecuentado , haciendo su elogio todo el 
pueblo de Zaragoza. Sobre ese mismo sepulcro , erigiéronle nuestros mayores 
una imperecedera estatua de alabastro (2), cuyo mérito admiramos hoy y ad- 
mirarán los siglos venideros , devolviéndole por la vida mortal, y para eterni- 
zar su memoria, aquella efigie de mármol. 

Acaso extrañen algunos, que nosotros hayamos fijado la muerte en el 
dia 17, y en el 15 el atentado contra la vida de Arbués, diciendo Zurita, que 
falleció el 14, y celebrando anualmente el 15 su martirio la iglesia de La Seo; 
pero lo hemos hecho apoyándonos en documentos públicos , y no sabemos que 
existan otros más autorizados. Son estos dos escrituras auténticas , relativas al 
hecho mismo, otorgadas por el notario Pedro Lalueza, y que textualmente 
copiamos á continuación. La primera, de su puño y letra, es del tenor si- 
guiente : 

« En el nombre de Dios. Amen. Sepan todos que el año de la nalividad del 
» Señor 1.485 , y dia que se contaba 17 de Setiembre en la ciudad de Zaragoza. 
» En la Sede de la misma ciudad Zaragozana, entre \ el altar y el coro de la dicha 
» Sede, donde el reverendo maestro Pedro Arbués, (a) Epila, profesor que fué 

( 1 ) Sato no lo entendemos. 

(2) Costeada por los Beyes Católicos. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 



247 



» de sagrada teología, inquisidor en otro tiempo de la santa fe por la Santa Sede 

t> apostólica especialmente delegado , había sido herido cayendo en tierra de los 

» golpes y heridas, por él recibidos el día quime de los susodichos mes y año, á 

» la hora de may tifies. De cuyas heridas el dia presente diecisiete salió de esta 

» vida y durmió en el Señor. En cuyo lugar había vertido sangre del cuerpo por 

» dichas heridas. Por la cual causa estaba la iglesia profanada, de modo que 

» no podían celebrar en ella los oficios divinos. A fin de restablecerla según el 

y> orden de la santa madre iglesia, la dicha iglesia ficé reconciliada con las ce- 

» remontas eclesiásticas. Y después, tanto el dicho dia quince, como el dieciseis 

j> y el presente dia de los predichos mes y afío, el dicho lugar en donde se había 

» derramado la sangre fué por muchísimas y diversas personas eclesiásticas y 

» legas visto con atención, examinado muy bien, y reconocido de manera que 

» apenas pudiera conocerse había señal de sangre: y si algo se veía de la dicha 

» sangre era casi nada, y perdido casi del todo el color de dicha sangre, y esto- 

» ba tan seco que era imposible con algún papel ó lienzo, ni con paño ds lana, 

» ni con otra cosa cualquiera recogerse algo de dicha sangre. Y así muchos y 

y> diversos de los predichos fieles de Cristo lo referían y lo testificaron pública- 

» mente. Y porque entonces el dicho dia diecisiete, disponiéndolo el altísimo se- 

» ñor Dios , para que fuera mayor el recuerdo del dicho reverendo padre señor 

» maestro Pedro de Arbués (a) Épila, inquisidor de la santa fe (el cual por la 

» exaltación de la santa fe y por la extirpación de la herética pravedad , dicién- 

» dolo la fama pública por toda la ciudad, padeció dicha muerte) la dicha san- 

» gre, en el dicho lugar, delante del coro de la predicha Sede, en donde había sido 

» derramada,, manaba del pavimento, que se revenia, como si acabara de ser 

» con ella rociado, a donde el pueblo entero acudía volando, para recoger de la 

» dicha sangre; unos con papel, otros con lienzo ó con objetos diferentes; y era 

» tan grande la priesa y la aglomeración de gentes, para llevar las cosas predi- 

» chas, y recoger algo de la dicha sangre, que apenas podía uno abrirse paso 

» entre la gente y llegar a dicho lugar, y ala dicha sangre: de modo que por 

» todo el pueblo comunmente se reputaba por milagro evidentísimo. Por tanto 

» como las cosas predichos evidentemente pareciesen ser para exaltación de la 

» santa fe cristiana y para honra y gloria de los fieles cristianos, defensa de la 

»fe cristiana y confusión de sus perseguidores, y de otros malos; y por cuanto 

» la memoria es frágil; para que de las cosas predichos en lo futuro se tenga 

» perpetua memoria de tan grande y grandísimo hecho : el reverendo Maestro, 

» Martin Oarcés, profesor de sagrada Teología, canónigo de la dicha Sede zara- 

xgozana, como procurador del muy venerable cabildo de los canónigos de la di- 

» cha Sede, me requirió A mi el notario y a los testigos infrascritos para hacer 

» inspección ocular, y reconocer dicha sangre, y de las cosas predichos hacer 

» instrumento público. Y yo Pedro Lalueza, notario, entonces tomé un popel 

» blanco en la mano, el cual, y en presencia de los infrascritos testigos, y de 

» muy grande muchedumbre de pueblo, que allí mismo reunido estaba con la ma- 

» yor ansiedad, junto al mismo sitio , para ver la dicha sangre y recoger algo 

» de ella, públicamente enseñé el mismo papel blanco, y después lo puse, y ::::::::: : 

» con él toqué en aquel lugar , donde estaba dicha sangre; y con él incontinenti 



248 - COMENTARIOS 

» cogí de dicha sangre, y de ella el dicho papel quedó empapado, y lo enseñé 
» públicamente a los testigos infrascritos, y a todos los allí asistentes al rede- 
» dor. En, presencia de todos los cuales se hicieron las cosas predichas: y clara- 
» mente las cosas predichas fueron vistas. Y antes de la confección de este ms- 
» trumenlo, un grandísimo número de gente de la dicha ciudad había tomado de 
» la dicha sangre, y públicamente por toda la ciudad la habían enseñado ypubli- 
» cado. De todas y de cada una de estas cosas, yo instado y requerido por el 
» nombrado reverendo maestro Martin Oarcés, procurador, hice y testifiqué este 
» publico instrumento , en testimonio y memoria de todas y cada una de las cosas 
» susodichas. Las cuales se hicieron en el lugar, dia, mes y ano arriba citados 
» al principio. Estando presentes los testigos llamados al efecto, los magníficos 
» y venerables señores Juan Lope de Albervela; Martin de Turrellas; Bartolo- 
» mé del Molino , jurista, ciudadanos; García Bailo, racionero de la Sede zara- 
»gozana; Domingo Catalán; Jaime Qarnoy , y Martin Pérez, notarios habi- 
to ¿antes de la mencionada ciudad de Zaragoza* 

» Signo de mi Pedro Lalueza, notario público de la ciudad de Zaragoza, y 
»por autoridad real en los reinos de Aragón y Valencia, quien á las cosas pre- 
» dichas me hallé presente : y que en parte escribí y en parte hice escribir: y un 
» instrumento público por mandado del reverendo padre señor maestro Fray 
» Juan Talavera de la orden de Predicadores é inquisidor de la santa fe, á ins- 
to tanda del venerable Pedro de Fuentes, procurador general de la santa Tnqui- 
» s icio n de la fe católica a mi hecho el dia dos de Octubre del año predicho, con- 
» todo desde la Natividad del Señor 1.485, mediante instrumento público y 
» recibido por el discreto Jaime Francés, notario público de Zaragoza, reduje a 
» esta forma pública , y entregué, y en testimonio de las cosas susodichas con mi 
» acostumbrado sello signé y cerré. » 

El segundo documento es del tenor siguiente : 

« En el nombre de Dios. Amen. Sepan todos: que en el año de la natividad 
» del Señor 1 .485, i saber, el dia que se contaba veintinueve del mes de Setiem- 
» bre: en la ciudad de Zaragoza, y entre el altar y el coro de la dicha Sede , en 
» donde el dia quince de los dichos mes y año, el reverendo maestro Pedro Ar- 
to bués (a) Épila, profesor de sagrada teología , é inquisidor de la santa fe, ha- 
to bía sido herido y había caido en tierra; y había derramado sangre de su cuerpo 
» a causa de los golpes y heridas recibidas , de las cuales el dia diecisiete del 
» mismo mes y año había muerto a la hora de Maitines , casi d la misma en que 
» le habían herido; el cual, al decir de la faina pública , por la exaltación de la 
» santa fe cristiana y extirpación de la herética pravedad padeció la dicha muer- 
» te. Cantadas las vísperas en voz baja, y á puerta cerrada, a causa de la 
» muerte del reverendo padre inquisidor, ocasionada por las dichas heridas, como 
» entonces por tan pésimo delito en la misma iglesia solía celebrarse el oficio di- 
» vino, y dicho ya el salmo « Deus laudem meam ne tacueris , etc. ,» ( 1 ) y las 
» otras oraciones que aquel dia en la misma iglesia se dicen y cantan por los re- 

(1) i Oh Dios ! No calles mi alabanza. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 249 

» verendos y venerables canónigos de la misma iglesia, velada la cruz y también 
» los infantes velado el rostro con ciertas ceremonias : estando yo Pedro Lalueza, 
» el notario infrascrito, y muchos y diversos fieles de Cristo en la dicha Sede, 
» algunos de los allí existentes guiados por la devoción , deseando ver la dicha 
» sangre derramada del dicho reverendo padre inquisidor , a causa de los golpes 
» y heridas por los que había dormido en el Señor; se llegaron alpredicho lugar 
» en que se había derramado la sangre. Cuyo lugar, para que no se tratase con 
y> irreverencia , estaba cubierto con cierto parlo de lana, vulgarmente llamado 
» Repostero 6 Razel , y tomaron dicho paño y descubrieron y dejaron manifiesto 
» y patente el lugar en donde la dicha sangre se había derramado. A este lugar 
t> (considerando que el reverendo maestro Pedro Arbués (a) Épila, el predicho 
» inquisidor, fué y es muerto, y dio y puso su vida, según fama pública, en de- 
»fensa de la santa fe y para extirpación de la herética pravedad) muchos y la 
» mayor parte de los allí presentes , al punto apresurados con grande afecto y 
» devoción, corrieron con objeto de ver la dicha sanare. Entre los que, yo el no- 
» tario infrascrito me aproximé y me llegué al mismo lugar: y tanto el pavimento, 
» como la sangre , yo, el notario, y los testigos infrascritos, con otros muchos y 
» diversos circunstantes, bien, atenta y cuidadosamente reconocimos y examina- 
» mos. Y vimos extendida allí mismo la señal de dicha sangre en muy grande 
y> cantidad, y en mucha extensión, y como d un ángulo de uno de los lados, en 
» donde la dicha sangre estaba, clara y manifiestamente vimos la dicha sangre 
» más roja y colorada que las otras partes. En tanto grado, que en aquella par- 
» te se veia y manifestaba cual si hubiera sido derramada recientemente y de 
» nuevo marcada: de manera que entre los circunstantes (considerando que ha- 
y> Man ya trascurrido quince dios completos, desde que la dicha sangre se había 
» derramado, y que parecía del todo seca en los dios anteriores ) por evidente 
» milagro se reputaba y fué reputado. Y entonces para mayor prueba, yo, el no- 
» tario infrascrito, en presencia de los testigos infrascritos y de otros allí cir- 
» cunstanles , con un lienzo públicamente toqué en el dicho lugar , en donde la 
» dicha sangre parecía más colorada, y más roja, y casi reciente, y el dicho 
» lienzo quedó teñido de la dicha sangre. Y esto mismo hice segunda vez, incon- 
» tinenti, con un papel blanco, el cual al tocar el sobredicho lugar quedó también 
» tinto en la dicha sangre, y esto de un modo publico y patente en presencia de 
» más de veinte personas \ Y al separarme yo de dicho lugar enseñando pública- 
y> mente á todos allí en la dicha iglesia la sangre por mi recibida, el magnífico 
» García Montañés, domicello, habitante de la misma ciudad de Zaragoza, dijo: 
» Que consideradas atentamente las predichas señales, y otras muchísimas de la 
» misma sangre, vistas en estos dios pasados, apareciendo evidentísimamenle 
» que las mencionadas fuesen , y redundasen, y manifiestamente demostrasen 
»que:::::::::::::::::::::::: el dicho reverendo maestro Pedro Arbués (a) Épila, 
» inquisidor predicho, había padecido la muerte en defensa de la santa fe y ex- 
» lirpaáon de la herética pravedad. Por tanto me requirió, que de lo predicho, 
7>por la exaltación de la santa fe cristiana y para memoria de los venideros , se 
» hiciera por mí el notario infrascrito un instrumento y más , tantos cuantos 
» fueron necesarios y oportunos, en testimonio de lo que antecede. Las cuales 

33 



250 COMENTARIOS 

» cosas se hicieran en el lugar y dia , mes y año, que al principio quedan anota- 
» dos. Presentes á las cosas predichas los honorables testigos: Juan Montañés, 
». escudero, habitante de la villa de Belchite; Cristóbal de Quirós y Martin Sanz 
» de Ledonia , domésticos del ilustre y reverendísimo señor arzobispo de Za- 
» ragoza. » 

Menos cuidó Pedro Lalueza de adornar con las galas del lenguaje un 
acontecimiento tan notable que de hacer á su manera una exposición sencilla 
de la verdad. Al expresarse en lengua latina, nuestros escritores antiguosdes- 
denaban tanto la elegancia , que les parecía cosa ridicula buscar la belleza, el 
método y el ornato ; y tenían por más fabulosas las narraciones , cuanto más 
se apartaban del lenguaje vulgar. Hoy ha mejorado el gusto. 

Es cierto que el 15 (1) de Setiembre consagra solemnes cultos á su me- 
moria la iglesia de La Seo, y es el argumento más fuerte que milita contra 
nuestra opinión; pero apoyados nosotros en los anteriores documentos, cree- 
mos que se refieren al dia de la agresión, no al de la muerte de nuestro santo. 
Y no hemos tenido inconveniente alguno en darle tantas veces este título, 
porque si bien no ha sido hasta hoy colocado en los altares por el Romano 
Pontífice con las solemnidades de costumbre (2), el cielo ha justificado su 
santidad con esta y otras numerosas maravillas, y como tal le ha venerado 
siempre y reverenciado muy solícita nuestra patria. Por cuyo motivo nos he- 
mos alargado tanto en la narración de este acontecimiento. 

Sorprendidos los matadores en fragante delito, al punto confesaron haber • 
se confabulado con los judíos para asesinar al santo. Además de haber caído 
sobre los unos y los otros todo el peso de las leyes, infamada quedó para 
siempre su memoria. Fijáronse sobre las columnas del mismo templo las se- 
ñales que vemos hoy marcadas con el estigma de su villanía como eterno pa- 
drón de afrenta y de ignominia. Al fin se consiguió por ese medio extirpar la 
perversa conspiración de los judíos, sin que volviera jamás á retoñar; aunque 
sospechamos que algunos en el fondo de su pecho conservan todavía el odio 
al nombre de la santa Inquisición. 

Cuanto pudo á fuerza de habilidad ejecutarse , cuantas precauciones fué 
dado á la industria y á la prudencia humana tomar en todos estos ramos, lo 
ejecutaron, las tomaron con la mayor solicitud y empeño nuestros Reyes Ca- 
tólicos. No recibieron, sin embargo, durante su vida todas las alabanzas que 
por ello merecieran. Ni las han recibido todavía. Porque así en el presente, 
como en todos los siglos venideros, se presentaran cubiertos de gloria los dos 
monarcas, no siendo posible que exista jamás una pluma tan estéril, ni tan 
desmemoriada posteridad, que no procure eternizar la memoria de ese bri- 
llante acontecimiento. 

Esclarecida fué también su descendencia. De ella hubiera podido cantar 
mejor el poeta ( 3 ) : 

(1) Ahora el 11. 

(2) Fué beatificado en 11 de Abril de 1.664 por el pontífice Alejandro VII y canonizado por Pió IX 
en 1.861. 

(8) Virgilio. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 251 

Brote de aquí el linaje sin segundo : 

Y á su gloria y poder, siempre gigantes, 

Angosto sea el ámbito del mundo. 

Él, casi en vida y á la vista de sus padres, ocupó efectivamente casi todos 
los tronos de la tierra. 

Tuvieron les Reyes Católicos un hijo llamado Juan y cuatro hijas, Isabel, 
Juana, María y Catalina. Jurado ( 1 ) aquel por los nuestros en las Cortes de 
Calatayud, heredero de estos Reinos, tomó por esposa á Margarita, hija del 
emperador Maximiliano , y murió sin hijo3 aquel mismo año en la ciudad de 
Salamanca. En consecuencia de esto, pasó á Castilla , llamada por sus padres, 
Isabel, la hija mayor que había casado con el rey Manuel, de Portugal, y 
junto con su esposo fué declarada en Toledo, con mucha solemnidad y pompa, 
heredera de su madre. Tomando inmediatamente la vuelta de éste Reino, pi- 
dieron sus padres que se hiciera en Aragón lo mismo que en Castilla. Mas los 
nuestros fueron dando largas , y difiriéndolo de dia en dia , porque se propo- 
nían tomar antes ciertas precauciones exigidas por aquel estado de cosas. Mu- 
chas y largas deliberaciones hubo acerca de este particular. Mediaron ciertas 
contestaciones, que no fueron muy lisonjeras á los reyes (2). A la sazón se 
hallaba en cinta, y en vísperas de ser madre, la reina de Portugal, que por 
fin dio á luz en Zaragoza , donde se habían reunido las Cortes ( Agosto 25 
de 1.498), un hijo á quien se puso por nombre Miguel, y cuyo nacimiento 
allanó todas las dificultades. 

A éste príncipe j uraron los nuestros, declarándole heredero de la corona 
de su abuelo Fernando, después de haber nombrado á éste (3) tutor del prín- 
cipe. Era necesario que á la jura de los nuestros (4) precediese también por 
parte del heredero el juramento de guardar las acostumbradas condiciones y 
pactos, entre los reyes y el Reino convenidos. Decían los nuestros que ni ha- 
bían jurado nunca, ni jurarían jamás á ningún rey , sin haber precedido como 
indispensable requisito la misma garantía. Señalado , pues , como tutor el rey 
Católico por el Justicia de Aragón, Juan Lanuza II, juró á nombre del prín- 
cipe todos nuestros Fueros y libertades. Exigiéronle además los nuestros, que 
nada hiciese como tal hasta que su nieto hubiera cumplido los 14 años, porque 

(1) A 30 de Mayo del 1.481. Tenía tres afloa de edad el príncipe. Blancas. Juras, c. 18, p. 247. 

(2) A la reina Isabel. 

(8) ■ Creáronse tutores suyos los mismos abuelos, por ante Mossen Juan de la Nuza Justicia de 
Aragón, á tres de Setiembre del mismo año mil quatrocientos noventa, y ocho.» Blancas, Juras, cap. 19. 
Según dice poco antes , en el mismo capítulo, el príncipe D. Miguel había nacido el 29 de Agosto. 

(4) « Comenzaron los nuestros á poner alguna dificultad en ello, entre otras cosas por ser la reina 
de Portugal muger. Y entonces fue quando la Reina Cathólica , como era muger de bravos pensamien- 
tos , refieren que mostrando estar muy enfadada de los Aragoneses , un dia en pláticas dixo palabras de 
mucho disguato contra ellos por esta dilación , que ponían. Y que Antonio de Fonseca criado suyo , va- 
ron muy sabio , y prudente , que allí se halló , dixo , que no tenía razón de enfadarse por ello su Alteza, 
porque era muy ordinario en los que no pensaban cumplir lo que ofrecían, reparar poco primero en lo 
que jura van , y que los Aragoneses , como gente que entendían cumplir, y guardar lo que jurasen , ha- 
llan muy bien, y como discretos , en considerar, y mirar mucho primero lo que ofrecían.» Blancas, Ju- 
ras , cap. 18, pág. 248. 



252 COMENTARIOS 

así, decían, estaba prevenido en nuestros Fueros. Aunque no habla sido al 
principio muy á gusto de los reyes la presente circunspección de los nuestros, 
no pudieron menos de aprobar aquella conducta luego que examinaron ellos 
el asunto con menos pasión y con mayor cuidado. 

Isabel , la reina de Portugal , se hallaba enferma de gravedad durante el 
curso de estas negociaciones. Poco robusta era antes su complexión, pero con 
el parto quedó su salud más quebrantada. En tal estado fué acometida de una 
dolencia que , llevándola al sepulcro , le arrebató las esperanzas de heredar la 
corona de sus padres , sin haber vivido lo bastante ni para ella ni para los su- 
yos. También su hijo Miguel murió dos años después en Granada. 

De este modo pasó la herencia á doña Juana, la hija segunda de los Reyes 
Católicos. A ésta princesa pudieran aplicarse mejor, como decíamos, los an- 
teriores versos de un poeta latino. Casada con el archiduque de Austria, Fe- 
lipe, hijo primogénito del emperador Maximiliano, entre otros hijos, dio el ser 
al máximo , al invictísimo emperador Carlos V , esclarecido padre de nuestro 
muy poderoso monarca Felipe, y cuyas gloriosas hazañas, dignas de la ma- 
yor alabanza, son conocidas hasta en los últimos confínes de nuestro globo. 

María, la tercera entre las hijas de Fernando é Isabel, casó con el rey Ma- 
nuel, de Portugal, esposo que fuera antes de Isabel, su hermana. De este 
matrimonio nació Isabel , que tiempo adelante se desposó con el emperador 
Carlos V. 

Catalina, la menor de todas , casó con Arturo , hijo del rey de Inglaterra. 
Muerto éste , celebró segundas nupcias con su hermano Enrique VIII, de quien 
tuvo á María , que heredó- aquella corona , y fué la segunda esposa de nuestro 
rey Felipe. El presente y fatal infortunio del Reino anglicano , forma el pane- 
gírico de la admirable constancia de esa reina en la fe católica. Esa misma 
calamidad , y otras á ella semejantes, de tantas provincias y de tantos Reinos, 
inmortalizaron la memoria de nuestros Reyes Católicos , cuya previsión suma, 
cuyo admirable y casi divino presentimiento , á nosotros y á nuestra patria 
nos puso á cubierto aun del temor de tales desgracias con el establecimiento 
del Santo Oficio. Mas haremos punto por no parecer impertinentes ni exage- 
rados en cosa tan notoria y tan sabida de todos. 

Falleció (26 Noviembre 1.504) á los 55 años de edad la reina Isabel, de- 
jando por heredera á su hija doña Juana. Yace en Granacla. En el mismo año 
«e dio principio en Zaragoza á los trabajos de su altísima torre, vulgarmente 
llamada la Torre Nueva. 

El deseo de nueva sucesión obligó al rey Fernando , muerta Isabel, á con- 
traer segundo matrimonio ( 1.506) con doña Germana de Foix, á la que estaba 
unido con muy estrecho parentesco. Era hija de Juan, de Navarra, y de Ma- 
ría , hermana de Luis , de Francia. Los padres de Juan fueron Gastón de Foix 
y Leonor, hija de Juan II, de Aragón, y por tanto, hermana no uterina del 
mismo rey Católico. Un solo hijo, Juan, nacido en Valladolid (1.509) y que 
murió pronto, tuvo tan sólo D. Fernando en su esposa Germana. 

A éste monarca, cuando mozo, le había dado Aldonza Iborra y Alemán, 
noble catalana, un hijo llamado Alfonso, que obtuvo la mitra de Zaragoza y 



t)E LAS COSAS DE ARAGÓN. 258 

otras muy altas dignidades eclesiásticas. Este fué padre del tantas veces cita- 
do arzobispo D. Fernando. La misma dama le dio también una hija, por nom- 
bre Juana, que casó con D. Bernardino Velasco, condestable de Castilla. Tuvo 
además otras dos hijas, ambas Marías, que murieron en el claustro; en Toda, 
señora vizcaína, la una, y la otra en la portuguesa Pereira. 

Acometido este rey , tan famoso por su nombre y por sus títulos , de una 
grave, de la última enfermedad, halló en Madridalejo (Enero 23 de 1.516), á 
los 64 años de edad la muerte ( 1 ) , término glorioso de su gloriosa vida. Fué 
sepultado en Granada con Isabel, su esposa, siendo por su autoridad y pru- 
dencia muy sentida de todos I03 suyos , esa pérdida irreparable. Trataron los 
nuestros por su parte de mitigar sus penas con un nuevo é inusitado género 
de luto. Cien veces hemos oído hablar de él en los corrillos de nuestros ancia- 
nos , quienes con su sabida locuacidad cuentan haberlo visto , cuando niños, 
de la manera siguiente : 

Además de golpearse los pechos, los muslos y la cabeza, y de herirse las 
mejillas, como entre las mujeres ha sido costumbre en otras exequias reales, 
recorrieron en gran número todas las plazas y calles de la ciudad hombres 
vestidos de negro, embrazando largos paveses. Siempre que se encontraban 
unos á otros , preguntábanse , alternativamente , con voz lastimosa y lúgubre 
gemido: «¿ Quién es el rey muerto? y respondían los demás nuestro católico rey 
Fernando.» Al oir este nombre se postraban y tendían todos en tierra. Y lo mis- 
mo repetían cuantas veces pronunciaban el nombre del monarca , que era con 
muchísima frecuencia. Toda la ciudad resonaba con tales lamentos y gritos de 
dolor. Y no sólo las personas, sino también las mismas paredes, lamentaban 
al parecer, la sensible muerte de su prenda más querida. Y con razón. Él era, 
como sabéis, modelo de prudencia y de fortaleza; vivía con mucha modestia 
en el interior de su palacio; en público dejábase ver rodeado de grandeza; 
todo él era gracia y benevolencia. Gustaba , en gran manera , de las agudezas 
de nuestros labradores y campesinos , entre los cuales , no era por aquellos 
tiempos muy rara la sagacidad. Con ellos, y con todos en general, se mos- 
traba tan bondadoso , que tal vez parecía , no el rey , sino el padre de cada ciu- 
dadano. Desde su muerte se vá enervando nuestra juventud, abandonándose 
más de lo justo á los placeres del cuerpo : ya no le sirven de estímulo, tanto 
como debieran , ni el hambre de fama , ni la sed de gloria. Él sabía educarla 
en el arte de la guerra con victorias , no con derrotas , y menos con el estipen- 
dio que con los triunfos. Para ellos, servíales de mucho su valor; de más to- 
davía la disciplina. ¿Qué más? Nada hay en la práctica del buen gobierno que 
se ocultase á la penetración de tan gran monarca. Él construyó , con la mag- 
nificencia que nosotros admiramos hoy , el suntuoso monasterio de Santa En- 
gracia. Dióselo á la orden de San Jerónimo , en cumplimiento del voto hecho 
por su padre á la misma santa. Finalmente, éste fué el rey en quien parece se 
hallaron reunidas todas las bellas prendas de los otros reyes. Por eso vemos 



(1 ) Después de un reinado de treintaisiete años en Aragón , en Castilla trointa , y de once que go- 
bernaba este último Reino. 



854 COMENTARIOS 

que nuestros magnates estiman en tanto las estatuas y los retratos de este 
soberano: por eso también nosotros, al contemplarlos, ciertamente nos ale- 
gramos sobremanera. Era su cuerpo de una belleza extraordinaria. Pero en 
mayor aprecio debían tener el cuadro, por él dejado á la posteridad, de sus 
virtudes y pensamientos, á los cuales somos deudores de la profunda y pro- 
longada paz , en que hasta el presente hemos vivido nosotros y la España 
entera. 

Esto , entre otras muchas cosas , y ninguna inverosímil , nos cuentan todos 
los dias nuestros abuelos acerca del rey Católico. El cariño que le termos 
quizá nos haya vuelto tan habladores como los ancianos. Ni sabemos el cómo 
nos hemos distraído con esas conversaciones de viejos, si bien confesamos no 
haberlo hecho con repugnancia. Sentíamos , en verdad , que no quedaran sa- 
tisfechos los mas ávidos con la concisa brevedad de la narración ; pero tam- 
poco quisiéramos que á nadie hubiera causado fastidio la extensión de nues- 
tro discurso. 



VAÍÍV/VAAA/WAA 



CARLOS V, 

MÁXIMO EMPERADOR DE ROMANOS, 
Rey 26. ° de Aragón. 



D, 



ibz años antes que cerrara los ojos el rey Fernando, había muerto en Cas- 
tilla su yerno Felipe , esposo de la reina Juana. En manos de éstos pusieron 
los castellanos, por un decreto del Reino, las riendas del gobierno, viviendo 
todavía el rey Católico. Así, pues, sucedió en Castilla D. Felipe (1) á la 
muerte de Isabel. Apenas reinó dos años (2) . Mas no en el Reino de Aragón. 
Por eso no le incluimos en el catálogo de nuestros reyes. 

Hijos de este matrimonig fueron Carlos y Fernando, Leonor, Isabel, María 
y Catalina. Estas dejaron recuerdos muy gratos que, ni darán al olvido los 
presentes, ni los siglos venideros. No es menor, ni menos grata, la fama de 
Fernando, sobre cuyas sienes colocó la diadema imperial al abdicarla su her- 
mano Carlos. Este, á quien los demás no consideraron sólo como al mayor de 
los hermanos, sino que le veneraron como á padre, quedó nombrado herede- 
ro en el testamento de su abuelo D. Fernando. Como á la sazón se hallaba en 
Flandes este príncipe, y su madre Juana no tenía en el mejor estado las fa- 
cultades intelectuales, por el hondo sentimiento que le causara la muerte de 
su esposo; Alfonso, el hijo de Aldonza, consiguió de su padre la gobernación 



( 1 ) El Hermoso. 

(2) Murió á loa cinco meses de haber empuñado el cetro de Castilla. 



•r - 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 255 

general de los estados aragoneses ( 1 ) , á nombre de doña Juana y durante la 
ausencia de D. Carlos. Sin embargo, esta provisión no podía tener ningún 
efecto basta ser aprobada por una comisión de diputados del Reino y por los 
jurados de Zaragoza. Como al efecto ya hubiese comenzado Alfonso á solici- 
tar y á ganarse la voluntad de unos y otros; Juan Lanuza III , que como Jus- 
ticia de Aragón debía ser el .presidente de aquel Consejo, desvaneció sus es- 
peranzas y le arrancó casi de las manos la regencia, fallando, que debía, 
según las leyes del Reino, reservarse íntegra aquella causa al mismo príncipe. 

Muy grata fué después á D. Carlos la conducta del Justicia. Y aún Alfon- 
so, lejos de creerla violenta y enojosa, hubo un tiempo en que la consideró 
cual servicio hecho á su persona , porque ella había restablecido la calma en 
su espíritu, que ya comenzaba á fluctuar y agitarse profundamente, sólo con 
declinar esa dignidad, con tanta oportunidad y ventaja, sin ningún tumulto, 
volviéndole al único, al verdadero y recto camino del deber y de la justicia. 

Carlos entró al fin á poseer la real herencia de su abuelo, y admitido por 
los nuestros en su nombre y en el de su madre , fué el vigésimosexto de los re- 
yes aragoneses. Muy bien podríamos aplicar lo que cuenta Tulio haber dicho 
Quinto Máximo en alabanza de Publio el Africano (2) : «Haber sido necesario, 
que alli donde él residiera, se hallara la metrópoli de iodo el mundo. » Porque 
él hereda la España; es elegido emperador de Alemania; enfrena al turco; 
aprisiona al francés, se apodera de la Sajonia; subyuga la Italia; vence al 
África; confunde á la herejía; castiga á los ganteses; subyuga las Indias; y, 
al fin , abdicando todos los Reinos , se retira para ocultar tanta magnificencia 
al monasterio de San Yuste, de la orden de San Jerónimo, en donde termina 
(Setiembre 21 de 1.558) la gloriosa carrera de su vida con una muerte toda- 
vía más gloriosa, después de haber volado más allá del NON PLUS ULTRA, 
límite de las hazañas y expediciones del famoso Hércules, la fama y gloria de 
su nombre. 

(1) Menos el de Ñapóles , cuyo gobierno quedó á cargo de D. Ramón Cardona. 

No se debían limitar á esto, ni á una simple regencia , las pretensiones de Alfonso, á juzgar por estas 
notables cláusulas que leemos en el MS. : « Alfónsns autem, filxus ex Alduncia fut diximusj Iborrapro- 
erealus, secreto lege agere inpaternam regiam hcereditatem tentavit. A Magistratu namque Justitia Arago- 
num postulavit , quatenus adhibito ad eam rem eolito Jurisfirmce remedio Carolo, ne se pro )uerede gererel, 
interdiceret: quod Rege sine filiis masculís legitimis decedente , nequáquam deceret, eum filium exhceredem 
este, qui ex soluto et soluta genitus fuisset. Magistratus vero peiitianem minime aptam esse decemens f Mam 
sólita sui muneris declinatione statim effugit. » 

(2) Publio Cornelio Escipion , el Africano. 



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256 COMENTARIOS 



FELIPE, HIJO DE CARLOS V, 

Rey 27. ° de Aragón. 



INi elevó menos el vuelo la fama de su esclarecido hijo y sucesor, nuestro 
invicto y poderoso rey D. Felipe. Su brillante esplendor y la grandeza colosal 
de la casa de Austria , ya no se ciñeron al Atlántico ; extendiéronse al mar de 
la China y al mar del Sur ; llenaron todo el Antiguo y el Nuevo Mundo ; él 
dejó el NON PLUS ULTRA aún más atrás que su padre , con su poder, con 
su felicidad y gloria, de tal suerte, que en justicia puede pasar á los ojos de 
todos como rey triunfador y pacífico del imperio más vasto del orbe entero y 
de las edades todas. Ni con los brillantes resplandores de su nombre se ofus- 
ca la vivaz pupila de su espíritu , ni la misma elevación de tanta felicidad y 
gloria impide que su inteligencia , ocupada en negocios de la mayor impor- 
tancia , á la vez se dedique diariamente y con esmero á los más insignifican- 
tes pormenores. Y en esto señaladamente aventaja al Ciro de Jenofonte, obra 
escrita para modelo de un buen gobierno, y no según los datos de la historia; 
pero las biografías de nuestro Felipe hasta hoy publicadas y las que se publi- 
carán en adelante , pueden considerarse como tipo del mayor y más prudente 
de los principes , sin faltar la verdad ni la fidelidad histórica. Probado por la 
fortuna en muchas y variadas situaciones, dejó estampados en todas ellas de 
su extraordinaria grandeza de alma, y de su consumada prudencia, manifies- 
tos y abundantes vestigios que cada día resaltarán más y más , cubriéndole de 
gloria con el trascurso de los siglos. 

Parece maravilloso, y en realidad lo es, que llevando él solo sobre sus 
hombros casi toda la redondez de la tierra, como PARA QUE REPOSE AT- 
LANTE ( 1 ) , y rigiendo á la vez con suma habilidad los destinos de tantos 
Reinos y de tan diversas formas de gobierno , consolide siempre con tanta 
equidad la majestad de su dilatísima monarquía : que abarcando de una mira- 
da todos los estados, dirija su atención de un modo tan especial á cada uno: 
que fijándose aun en los más pequeños detalles , no sólo de cada provincia ó 
Reino , sino de cada ciudad y aldea , se desviva por los intereses particulares, 
como si no estuviera solícito y cuidadoso por todos ; y que vele por todos en 
general, como si especialmente no le ocupara el bienestar de cada uno. Su 
vida, pues, debe ser con razón preferida por todos á la propia vida : pues aun- 
que llegue á los cien años — y Dios le haga — pensando quizá* él mismo vivir 
asi lo suficiente para la naturaleza ó para la gloria , será bastante , si se quie- 
re, para la naturaleza, y sobrado , decimos , para la gloria : mas para nosotros 

(1) Tal es el exergo de una gran medalla, acuñada entonces , en la que se vé la efigie de Felipe II, 
sosteniendo sobre sus hombros toda la redondez de la tierra. 



DE LAS COSAS DE -ARAGÓN. 257 

y para sus estados , que es lo primero , sería harto poco , diciendo en coro to- 
das las provincias á él sujetas, los pueblos libres, las naciones extranjeras, 
no haber conocido , ni esperado , ni deseado , ni imaginado rey alguno más 
sabio, más moderado, más equitativo. 

Petulancia fuera el querer encerrar nosotros ahora sus muchas y grandí- 
simas hazañas dentro de los estrechos límites que nos hemos trazado , con 
nuestro pobre y desaliñado estilo, no teniendo nadie tanta riqueza de ingenio, 
ni elocuencia, ni fecundidad tan grande, que les pueda tributar las debidas 
alab^pzas. Gustosos elevaremos, sin embargo, al Dios Omnipotente nuestras 
humildes súplicas, aunque no abrigamos la pretensión de ser oidos, rogán- 
dole que nos conserve el mayor tiempo posible sano y salvo á nuestro invic- 
tísimo rey Felipe , colmándole Él mismo de recompensas, ya que no alcanza- 
mos nosotros á galardonarle como campeón de la fe y de la cristiandad entera. 

Pero ya es tiempo , en verdad, de poner fin á la historia de nuestros reyes. 
Confesamos haber ido en ella más allá de lo que exigían nuestros planes; pero 
no tanto como si nos hubiéramos propuesto tratar de cada uno por separado. 
Engañados por 1& apariencia de la brevedad , hemos sido difusos , pensando 
ser concisos. Ni hemos creído inútil anteponer á las causas , como si fuera su 
origen, ese conjunto, toda esa materia de nuestra historia, aunque desorde- 
nada y confusa , ni recorrer la serie de los acontecimientos desde el origen del 
Reino hasta nuestros dias , con objeto de que fuera mucho más fácil su inteli- 
gencia , una vez conocidos los principios. Y al mismo fin se dirige el haber 
tomado desde tan atrás y el ser tan largo el hilo de nuestro discurso , cuyos 
principales capítulos vamos á presentar aquí reunidos , para volver , por últi- 
mo, al tema del que hasta el presente parecía haberse alejado nuestra pluma. 

LOS SIETE REYES DE SOBRABBE. ' 



tSW^^V 'VW^^WWWWV^ 



1.° García Jiménez. 

2.° García Iñiguez I, hijo de García Jiménez, en cuyo tiempo tuvo prin- 
cipio el Condado de Aragón . 

3.° Fortun I, hijo de García Iñiguez. 

4.° Sancho Garcés, hijo de Fortun, cuya muerte fué la causa de nuestro 

PRIMER INTERREGNO. 

Establécese en esta época el antiguo Fuero de Sobrarbe , y créase el ma- 
gistrado medio entre el rey y el Reino, llamado después Justicia de Aragón. 
Terminado el interregno, dominaron en Sobrarbe: 

5.° Iñigo Arista, hijo del rey Jimeno. 

6.° GaVcía Iñiguez II, hijo de Arista. 

7.° Fortun II, el Monje, conocido desde poco há, que debe ser tenido 
por el sétimo y último dfc los reyes de Sobrarbe. 

33 



258 COMENTARIOS 



LOS SEIS CONDES DE ARAGÓN, 



1.° Áznar. 

2.° Galihdo Aznarez. 

3.° Jimeno Aznarez. 

4.° Jimeno Garcés. 

5.° (Jarcia Aznarez. 

6.° Fortun Jiménez, último conde de Aragón. Incorporándose á su muer- 
te , el Condado de Aragón con el Reino de Sobrarbe , comenzó á llamarse 
Reino de Aragón. La muerte del último rey de Sobrarbe, Fortun II, el Monje, 
nos trajo el 

SEGUNDO INTERREGNO. 

Proclamado durante él en la ciudad de Jaca, Abarca el Ceson, en cuyas 
sienes se reunieron la corona condal de Aragón y la real de Sobrarbe , tuvo 
principio el titulo de Reino de Aragón, y por eso los soberanos se llamaron 
también Reyes de Aragón. Tales fueron los veintisiete siguientes: 



REYES DE ARAGÓN. 



n/VtftfWW«MliMV» 



1.° Sancho I Abarca, el Ceson. 

2.° García I Abarca, hijo del Ceson. 

3.° Sancho II Abarca y Galibdo, hijo de García I y nieto del Ceson. 

4.° García II Abarca y el Temblón, hijo de Sancho II, nieto de García I, 
biznieto del Ceson. 

5.° Sancho III , el Mayor y el Emperador , hijo del Temblón , nieto de Ga- 
lindo (1), biznieto de García I, rebiznieto del Ceson. 

6.° Ramiro I el Cristianísimo, hijo del Emperador, nieto del Temblón, 
biznieto de Galindo, rebiznieto de García I, y cuarto nieto del Ceson. 

7.° Sancho IV, hijo de Ramiro, nieto del Emperador, biznieto del Tem- 
blón , rebiznieto de Galindo, cuarto nieto de García, y quinto del Ceson. 

8.° Pedro I, hijo de Sancho IV. 

9.° Alfonso I el Batallador y el Emperador, hijo de Sancho, y hermano 
de Pedro I; conquistó á Zaragoza, y fijó en ella el tribunal del Justiciado ara- 

(1) Sancho II Abarca. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 259 

gonés. Desde esta época, no antes , son conocidos los nombres de los Justicias. 
A la muerte de éste rey ocurrió el 

TERCER INTERREGNO. 

Y fué elegido sucesor de Alfonso, su hermano, 

10.° Ramiro II el Monje , hijo también de Sancho IV, dejó el Reino á su 
única hija, que se llamó 

11.° Petronila, casada con Ramón Berenguer, conde de Barcelona. Les 
sucedió* su hijo 

12.° Alfonso II el Casto. 

13.° Pedro II el Católico, hijo de Alfonso H. 

14.° Jaime I el Conquistador, hijo de Pedro II. 

15.° Pedro III el Grande, hijo de Jaime I. 

16.° Alfonso III el Liberal , hijo de Pedro III. 

17.° Jaime II el Justiciero, hijo de Pedro III y hermano de Alfonso III. 

18.° Alfonso IV el Benigno y Piadoso, hijo de Jaime II. 

19.° Pedro IV el Ceremonioso, hijo de Alfonso IV. 

20.° Juan I, hijo de Pedro IV. 

21.° Martin, hijo de Pedro IV, hermano de Juan I, muerto sin hijos. 

De aquí el 

CUARTO INTERREGNO. 

Es declarado en Caspe, por los nueve compromisarios de los tres estados, 
rey de Aragón 

•22.° Fernando I el Honesto, nieto de Pedro IV por Leonor hija de éste, y 
hermana de los reyes Juan y Martin. A éste sucedió 

23.° Alfonso V el Sabio y el Magnánimo. Y á éste, que al morir no dejó 
hijos legítimos , sucedióle su hermano 

24.° Juan II el Grande. Tras éste, su hijo 

25.° Femando II el Católico. Después subió al trono su nieto, el hijo de 
doña Juana 

26.° Carlos V el Emperador de Alemania, y le siguió su hijo 

27.° Felipe, nuestro invictísimo y potentísimo rey, el Triunfador y el 
Pacífico, que por derecho heredó la gloria de tantos y tan famosos reyes. 

Este es , por fin , el catálogo de los monarcas que hasta hoy hemos tenido 
en Aragón , y tales las vicisitudes que llevamos indicadas de nuestras cosas. 
Si examinamos aquel y éstas con atención y cuidado, muy bien podremos glo- 
riarnos de no haber existido entre nuestros reyes ni uno sólo con sobre- 
nombre afrentoso ; sino que le tomaron todos , ya de sus brillantes y memora- 
bles hazaiüas, ya de sus eminentes prendas personales. Tan rara vez sucede 
esto en otros países , que se tiene por maravilla y portento el hallar un re- 
nombre glorioso adquirido por sus monarcas. 



260 COMENTARIOS 

L03 sucesores de Juan Lanuza I en el Justiciado durante los reinados del 
rey Católico , de Carlos V y de nuestro Felipe , son : Juan Lanuza II , Juan 
Lanuza III, Lorenzo Fernandez de Heredia, Ferrer Lanuza II y Juan Lanu- 
za IV. Luego hablaremos en particular, así de éstos como de sus antecesores, 
después que hayamos tratado de la dignidad y autoridad de esa magistratura, 
y de la grande y antigua potestad de los ricoshombres y mesnaderos. Tiempo 
há que reclama nuestra atención aquel asunto, aunque no tenemos por inútil 
esa larga digresión ; no parezca quizá habernos sucedido á nosotros lo mismo 

m 

que , según Marco Tulio, solía acontecer á cierto orador , el que proponiéndo- 
se hablar de tres cosas , añadía una cuarta , el completo olvido de la tercera. 
La índole del asunto nos obliga á retroceder hasta los primeros siglos para 
investigar más fácilmente los principios de nuestra antigüedad. Y antes que 
todo, presentaremos, como tenemos prometido, la galería de los prelados de 
Zaragoza, desde la irrupción sarracena hasta nuestros dias. Bencio (1), de 
quien ya hicimos mención en aquella catástrofe: Sénior, Heleca, Paterno, Vi- 
cente III , Pedro I , Bernardo I. De éstos seis obispos encontramos únicamente 
noticia durante la dominación de los árabes en Zaragoza. Conquistada esta 
ciudad, lo fueron: Pedro Librana, Esteban I, García Guerra de Mayonez, 



( 1 ) Hé aquí la serie de los prelados , según el P. Muríllo en las Excelencias de Zaragoza , durante 
el período árabe : 

I. Sénior. V. Vicente. 

II. Heleca. VI. Pedro II. 

III. Paterno. VII. Bernardo. 

IV. Juliano. 



POSTERIORES 

OBISPOS. 

1 . Pedro de Librana. 

2. Esteban I. 

3. García Guerra de Mayonez. 

4. Guillermo. 

0. Bernardo II. 

6. Pedro TarrojalII. 

1. D. Raimundo de Castellezuelo. 

8. D. Rodrigo de Rocaberti. 

9. D. Ramón de Castrocol. 

10. D. Sancho Anones. 

11. D. Bernardo de Montagudo. 

12. Vicente IV. 

13. D. Rodrigo Anones II. 

14. D. Arnaldo de Peralta. 

15. D. Sancho de Peralta. 

16. D. Pedro Garcés de Yanues. 

17. D. Fortunio de Verga (2). 

18. D. Hugo de Mataplana. 

19. D. Jimeno de Luna ( 8 ) . 



A LA CONQUISTA. 

ARZOBISPOS. 

1. D. Pedro López de Luna (1.817) . 

2. D. Pedro Aznarez de Rada. 

3. D. Guillermo, cardenal (4). 

4. D. Lope Fernandez de Luna. 

5. D. García Fernandez de Heredia. 

6. D. Francisco Climent Pérez (5) . 

7. D. Fray Alonso de Arguello. 

8. D. Dalmau de Mur y Cerbellon. 

9. D. Juan de Aragón I. 

10. D. Alonso de Aragón. 

11. D. Juan de Aragón II. 

12. D. Fadrique de Portugal. 

13. D. Fernando de Aragón. 

14. D. Fray Bernardo Albarado de Fresneda. 

15. D. Andrés Santos. 

16. D. Andrés de Bobadilla y Cabrera. 

17. D. Alonso Gregorio. 

18. D. Tomas de Borja. 

19. D. Pedro Manrique. 

20. D. Fray Pedro González de Mendoza, electo. 



(2) Sobre la elección de este prelado véanse las Ezc. , págs. 236 y siguientes. 

( 3 ) Fué el primero que asistió ¿ las Cortes (1.801 ) , y desde entonces comenzó & intervenir en ellas 
el Brazo Eclesiástico. 

(4) Primero con el título de Santa María Trant Tibsritn y después de Santa Sabina. 

(5) Confirmado por el papa Luna y removido por Martino V. 



r 



DÉ LAS COSAS DE ARAGOtf. 26l 

Guillen I, Bernardo II, Pedro de Villabeltran , Pedro Tarroja, Bernardo III, 
Pedro Jiménez, Esteban II, Pedro de Torreroja (1), D. Ramón de Castelle- 
zuelo , D. Rodrigo Rocaberti, D. Ramón de Castrocol, D. García II, don 
Sancho de Ahones, D. Bernardo de Montagudo, Vicente IV, D. Rodrigo de 
Ahones, D. Arnaldo de Peralta, D. Sancho de Peralta, D. Pedro Garcés de 
Januas (2), D. Fortun de Vergua, D. Hugo de Mataplana, D. Jimeno Martí- 
nez de Luna. 

En cuyo tiempo, de sufragánea de Tarragona, fué erigida en metropolita- 
na por Juan XXII la iglesia de Zaragoza. Sus arzobispos fueron los si- 
guientes : 

D. Pedro López de Luna, D. Pedro Aznarez de Rada; D. Guillermo, que 
fué -cardenal de la santa Iglesia romana; D. Lope Fernandez de Luna, don 
García Fernandez de Heredia, D. Francisco Climent Pérez , D. Alfonso de Ar- 
huello, D. Dalmaz Mur y Cervellon, D. Juan de Aragón I, D. Alfonso de 
Aragón, D. Juan de Aragón II, D. Fadrique de Portugal, D. Fernando de 
Aragón, D. Andrés Santos, D. Andrés de Bobadilla y Cabrera. 

Ahora , pues , al asunto. 

(1) Turrubia? 

(2) Jaunas le llaman otros. 



DIGNIDAD 

DEL MAGISTRADO JUSTICIA DE ARAGÓN. 



•\/W*S»»^*WW»/V«/WVA* 



L 



ía España entera, dividida por los romanos en citerior y ulterior , hallábase 
al desplomarse el poderosísimo imperio gótico bajo el cetro de un solo mo- 
narca. Y como toda estaba entonces ¿ las órdenes de un mismo rey, unas 
mismas eran también sus leyes. Pero una vez sometida al yugo de los árabes, 
dieron principio en distintos lugares á la fundación de Reinos diferentes los 
cristianos que no quedaron anegados entre las olas de aquella infame esclavi- 
tud. Como esos Reinos no tuvieron todos un mismo origen , tampoco fué una 
misma la constitución , ni unos mismos los progresos , ni el estado uno mismo, 
ni siempre unos mismos los resultados. Por eso , aunque hoy se hallan aso- 
ciados todos , y todos están regidos por la voluntad de solo nuestro invictísimo 
rey Felipe ; conserva , sin embargo , cada uno su antiguo derecho , adquirido 
desde los primeros siglos , el cual nada tiene de común con los derechos de 
los otros. Tal fué, en nuestra opinión , el origen de esa profusión, de esa mul- 
titud de títulos, que ostentan los reales decretos de nuestros soberanos, asi en 
los pasados como en los presentes siglos, no para ostentación y vanagloria, 
como parece á primera vista, sino para dar á entender con toda claridad que 
no se debe pensar lo mismo de todos ellos. Ganados estos uno á uno y en lar- 
go espacio de tiempo, perdiérase poco á poco la memoria de su conquista, á 
no señalarlos y distinguirlos muy cuerdamente por ese medio. Ni fuera deco- 
roso el ocultar la dignidad de cada uno bajo el velo de las palabras , presen- 
tándola como disfrazada , ni el darla los anteriores nombres , por más que se 
haya eclipsado , y ya no se distinga la de algunos estados de bastante menos 
importancia. 

Dos la tuvieron muy principal entre ellos , y fueron como las raices de don- 
de han brotado todos los demás. En la España ulterior el uno , llamado Reino 
de Oviedo ó de León (1), maravillosamente fundado por el infante D. Pelayo, 
quien, reuniendo los restos del espantoso desastre del Guadalete, en cuyas 
aguas se hundió Rodrigo , el último de los reyes godos , arrastrando en su 
caida toda su grandeza y la del Reino entero , no tanto parece haber fundado 
otro nuevo, como restaurado el antiguo imperio. 

(1) De Asturias. 



COMENTARIOS DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 208 

El otro , en la citerior , con los nombres de Navarra , 6 Pamplona y de So- 
brarbe. De éste brotaron, aunque diferentes entre sí, dos nobilísimos Reinos: 
los que si bien reconocen un origen idéntico , y se formaron casi al mismo 
tiempo , no alcanzaron después ni igual forma, ni derechos iguales. Comunes 
al uno y al otro los principios, en ningún modo fueron comunes los resultados. 
Aquel es el de Navarra , llamado antes de Pamplona , que se extendió muy 
poco ; éste , el aragonés , derivado del sobrarbiense , que rebasando el antiguo 
país de Sobrarbe , dilató prodigiosamente por mar y tierra los límites de su 
imperio. Sus hechos, en fin, han sido el asunto de la precedente historia. De 
esa diversidad , de esa diferencia en la suerte de ambos , fué causa la desgra- 
ciada muerte de Sancho Garcés, cuarto rey de Sobrarbe. Porque en el primer 
interregno, común á Sobrarbe y á Navarra, que á ella se siguió por no haber 
quedado descendencia de ese monarca, hubo gran divergencia de pareceres, 
no sólo en las Asambleas generales, sino también entre sobrarbienses y na- 
varros. Estos — según nuestra opinión reciente, pero constante y firme, como 
dijimos arriba — sin contar con aquellos, eligieron al instante, ó no mucho 
después , por rey de Pamplona á Jimeno de Aquitania ; al menos , y lo creemos 
más probable, a su hijo Arista, conde de Bigorra. Y dado que en esta elección 
ellos procedieron con entera libertad é independencia , obraron por lo menos 
con poca cordura, poniendo en maqos del monarca sus vidas y sus haciendas. 
Aquel estado se llamó Reino de Pamplona, y reyes de Pamplona también sus 
reyes, por ser esta ciudad capital de la Navarra. Ésta, y no otra, es la causa 
de que permanezcan en el estado mismo que tenían entonces los navarros. Si 
ellos hubieran conservado la primitiva asociación con los nuestros , hoy no 
tendrían motivo alguno para mirar con tan malos ojos nuestra suerte (1). 

La mejor prueba de tal separación es el actual estado de los unos y de los 
otros. Ni pudo ser otra la causa de tanta divergencia, siendo preciso que fue- 
sen tan diversos los principios , como diferentes han sido después los fines. Y 
tanto más, cuanto menos iguales, menos semejantes han sido ambos Reinos en 
sus garantías, á pesar de haber estado en adelante más de una vez, y por lar- 
go tiempo, bajo un mismo cetro, ni jamás ha existido la menor paridad en el 
derecho y legislación de uno y otro pueblo, por más que en algunas ocasiones 
juntos saboreasen las dulzuras de la paz común, y corriesen j untos los azares 
de la misma guerra. La separación que vemos hoy entre navarros y sobrar- 
bienses, de quienes nosotros descendemos , no fué, pues, obra de la diversidad 
del poder que era igual en ambos países , sino de la discordia doméstica y civil 
ocurrida en el primer interregno. Mas á pesar de todo, siempre conservaron 
la amistad antigua. Los nuestros , desaprobando altamente el partido adoptado 
por los navarros , negáronse por de pronto á reconocer la inconsiderada elec- 
ción del rey Jimeno ó de su hijo Arista, temerosos de los peligros experi- 
mentados en reinados anteriores. Y todavía acordaron que se debía proceder 
con más lentitud, resolviendo antes otros proyectos diferentes. Y su opinión 
acerca de ésto era, que los navarros siempre tendrían el deseo de conservar la 

( 1 ) El MS. dice : « Ni para compadecernos nosotros de la suya, > 



264 COMENTARIOS 

libertad , pero que no estarían siempre en disposición de recobrarla. Diriase 
que ya entonces presintieron los nuestros lo que había de suceder en los si- 
glos venideros. 

Separados, por fin , de los navarros, propusiéronse obrar con más cordura, 
y no adoptar con ligereza , una resolución de la que no pudieran acaso sepa- 
rarse, después de conocidos los inconvenientes. Pues juzgaban, y con grande 
acierto en verdad , que no debían por entonces restaurar una forma de gobier- 
no , á cuya modificación no les fuera posible, andando el tiempo, proceder 
ellos mismos con entera independencia. También veían que no podía prolon- 
garse mucho la presente interinidad. Hallábanse, pues, apesadumbrados, no 
sabiendo que partido tomar en tales circunstancias. A la vez, ardían en deseos 
de crear un estado de cosas lo más duradero posible. Hacíales temblar de es- 
panto la monarquía , porque no es cosa rara el verse uno ofendido por guardar 
fidelidad á quien antes se confiara ; aunque entre ellos contara con sobrados 
títulos alguno , en cuyas manos pudieran , al parecer , ponerse y entregarse 
confiados todos. Persuadíanse, sin embargo, que no había de ser menos abor- 
recida de ellos por molesta , que de los antiguos romanos, la persona del mo- 
narca y aun la monarquía misma. Acordábanse de aquel Alejandro tan afable, 
tan apacible antes , tan altanero , tan cruel , tan destemplado desde su eleva- 
ción al trono , como si el orgullo y la arrogancia fuesen hijos de la dignidad 
real. Y aun cuando no cause un rey molestia alguna, es cosa bien triste que 
pueda, si así le place, oprimir á sus vasallos. Tenían asimismo por necedad 
el no fiarse á ninguno ; pues todo lo que no tiene su razón de ser , sólo á 
medias tiene la existencia. 

Igualmente rechazaban la poliarquía. Porque si les parecía esclavitud el 
servir á uno sólo , el entregarse á la obediencia de muchos teníanlo por mul- 
tiplicada servidumbre , siendo tantos los señores , cuantos fueran los gober- 
nantes. Y si éstos pertenecieran á las clases más democráticas, deploraban la 
suerte del estado, no siendo posible que sus mezquinos y bajos pensamientos 
sustentaran dignamente la grandeza del gobierno. Ni sería razonable hacer de 
peor condición á los que por su cun»a pertenecen á más alta jerarquía. Si fuera 
aristocrática , temíase que los nobles abusaran en demasía del poder que se 
les hubiera confiado , y que la soberanía misma hiciera más insolente y jac- 
tancioso su corazón. Por tanto, asi ésta como aquella forma, se consideraba 
como verdadera calamidad. 

Ya se arrepentían algunos de no haber seguido la conducta de los navar- 
ros , y afirmaban que no podían ellos solos igualar á los sarracenos. A otros 
les traía demasiado solícitos y cuidadosos el pensamiento del ministerio pú- 
blico, y aún más la consideración de los peligros. Estos casi se consideraban 
libertados de las olas de un rio , con la abolición de la monarquía. Por eso ob- 
servaban, por eso reflexionaban con la mayor cordura, á fin de no caer se- 
gunda vez en la misma servidumbre. Y ésta les sería tanto más intolerable 
después de haber sacudido el yugo , y gozado las dulzuras de verse libres, 
cuanto es más penoso el sentimiento de haber perdido , que el de no haber al- 
canzado la libertad. Todo, en fin , les parecía á los nuestros arriesgado y digno 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 265 

de meditación para afianzar bien y del todo la cosa pública. Y debían , por 
cierto , temer , que no pudiera moderarse el futuro monarca , y que engreído 
de tanto honor no tuvieran ningún freno sus tiranías. Ni se les ocurría por 
entonces un gobierno que mantuviera en el deber á nobles y plebeyos con las 
mismas leyes. 

Temerosos , sin embargo , de que acabaran con ellos las cimitarras de los 
infieles, si retardaban su constitución definitiva, fijaron de nuevo su atención 
en el arreglo del estado , poniendo las riendas del gobierno en manos de doce 
personas elegidas entre los grandes. Éstos , por hallarse muy entrados en edad 
y ser ya viejos, se llamaron Séniores, ó los más ancianos. De ellos, en nuestra 
opinión , descienden los Ricoshombres de nacimiento, quienes , menos por los 
años, que por la dignidad, conservaron después el título de Séniores. Ni era 
del agrado de los nuestros esa forma de gobierno , ni debía durar sino un bre- 
ve y reducido espacio de tiempo. Con frecuencia volvían á deliberar sobre el 
mismo asunto ; pero tan encontradas eran siempre las opiniones , que apenas 
les quedaba esperanza alguna de conservar su independencia y libertad. Por 
último , después de haber consumido muchos y largos años — más de treinta — 
en este examen , en esta peligrosa competencia ; merced, según cuentan , á los 
esfuerzos de Fortun Jiménez , el postrero de los condes aragoneses , acordóse 
al fin, por unanimidad, someter esa dudosa cuestión al fallo del Romano Pon- 
tífice y de los lombardos , y además al de los francos, según otra versión , y 
aceptar todos, sin contradicción, la forma de gobierno que ellos les propusie- 
ran. Deseaban sin duda los nuestros, consultar y saber la opinión de las per- 
sonas que mayor confianza les merecían. Tal era, en primer lugar, el Papa; 
quien, como el mejor y más santo de los padres, no dudaban que miraría por 
el bienestar de sus fieles hijos. I^os lombardos después, á quienes por haberse 
distinguido tanto sus antepasados en el régimen y gobierno del estado, supo- 
nían mayores conocimientos y más práctica en el asunto , que á todas las de- 
más naciones. Al uno y á los otros enviaron, pues , embajadores que expusie- 
ran esa consulta del Reino . 

Ellos no desdeñaron por su parte dar á los nuestros el dictamen que se les 
pedía acerca de la libertad. En esa ocasión, fué cuando dieron aquella res- 
puesta tan famosa , de todos tan sabida , y tan generalmente alabada de palabra 
y por escrito , á saber : Que 

« Si deseaban poner remedio á las desgracias de los ciudadanos todos, 
» precaver los peligros de la patria , mirar con acierto por la paz , y propor- 
» cionarse un porvenir tranquilo, eligiesen un monarca, no sin haber asegu- 
» rado primero fuertemente la libertad del Reino contra los insufribles abusos 
» del poder real , que temían , con las leyes y condiciones más convenientes. Y 
» para debilitar ese poder, que empeñase fuertísiraamente el soberano mismo 
» su palabra de no quebrantar jamás la más pequeña de todas ellas. Nada hay, 
» decían , tan suelto , nada tan libre , que no se pueda encadenar con nuevos 
» pactos y formas nuevas. Por tanto, que no buscasen el remedio fuera , sino 
» que se hallara en la naturaleza misma de las leyes.» 

84 



266 COMENTARIOS 

Pronto se conformaron todos los nuestros con el anterior dictamen. Y en 
su virtud , resolvieron elegir un rey , después que se hubieran acordado las 
leyes. 

Hacia esa época se publicaron las del antiguo Fuero de Sobrarbe , cuyos 
puntos principales , como se han conservado por los escritores , ligeramente 
hemos tocado arriba, al tratar de nuestro primer interregno. No estará de mis 
el referirnos ahora á lo que entonces dijimos, sobre los fundamentos del Reino 
y del Justiciado. Con todas aquellas leyes se debia ligar quienquiera que as- 
pirase á colocar sobre sus sienes la corona aragonesa. Ellas son breves por su 
concisión, pero entrañan profundos pensamientos, y "las señales inequívocas 
de nuestra éonstante libertad. Muchas y excelentes medidas hay en ellas, de 
antemano dispuestas para la tranquilidad y solidez del estado ; ellas señalada 
y principalmente son el compendio de todas nuestras leyes y libertades ; por 
ellas entre el rey y el pueblo , dos poderes que de suyo suelen ser tan contra- 
rios y enemigos el uno del otro , se establece un juez medio como lazo de 
unión entre los dos extremos. Efectivamente; para rechazar el rebato de los 
reyes por una parte, y hacer imposibles por otra las sediciones y motines po- 
pulares , objeto que por su importancia reclamaba toda la atención y los ma- 
yores esfuerzos , si á ninguna de ellas debia faltar tan vigoroso como leal apo- 
yo , se previene que 

« Se creara la forense y gravísima magistratura del juez medio, cuya dul- 
» zura suavizase la aspereza de los reyes , y levantase con su autoridad i loe 
» abatidos pueblos. » 

Ella es , pues , la mejor organización del estado , porque' conserva á todas 
sus clases en la más perfecta armonía. De este modo , aquellas partes tan con- 
trarias , aquellos dos extremos estaban equilibrados , apoyándose siempre en 
ella como en su punto medio. Con él parece haberse propuesto pacificar los 
nuestros toaos los trastornos ; y por él consiguieron dar tanta duración, como 
deseaban, á su forma de gobierno. 

Si alguno deseara saber lo que tenemos entendido nosotros acerca de éste 
código , que se encuentra manuscrito en diferentes archivos con el título Fuero 
de Sobrarbe; únicamente podemos asegurarle de nuestra opinión, de nuestro 
dictamen particular. Según nuestras vehementes sospechas , sólo contiene va- 
rios fragmentos de las leyes á los nuestros enviadas por los lombardos hacia la 
época de que tratamos. Esas leyes debieron caer no mucho antes de nuestro 
siglo ó del tiempo de nuestros abuelos , en manos de alguno , que deseando 
aclararlas , pero siendo él completamente extraño á la historia de nuestros pri- 
mitivos siglos, las dejó en tinieblas oscureciéndolas por completo . 

Publicadas esas leyes , para no hacer más larga la digresión , ordenaron 
además los nuestros terminantemente , Que 

« Debia estar bien persuadido todo aspirante al trono, que jamás se le con- 
» sentiría empuñar el cetro , antes de haber él admitido y ratificado las indi- 
» cadas condiciones. » 

Bien conocieron los nuestros cuan dificultoso es encontrar un soberano de 
tanta moderación, que, una vez admitido, lleve después en paciencia se le 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. " 96*7 

temple y cercene su poderío . # Además, Iñigo Arista, aüos atrás, elegido rey 
por los navarros , según dijimos , contaba con parciales , y no pocos , entre los 
nuestros. Excitaban éstos á los demás para colocar también sobre sus sienes la 
corona de Aragón . Él , á la verdad , sobresalía entre todos sus contemporáneos 
por sus dotes bélicas , que los nuestros poco antes habían tenido ocasión de 
apreciar en los más críticos momentos. Efectivamente : hallándose en Ara- 
huest, no lejos del monasterio de San Victorian, tratando ellos de ultimar 
todo lo concerniente á su forma de gobierno , y cercados allí por un ejército 
de musulmanes , reúne Arista espontáneamente sus tropas , contiene al punto 
el ímpetu de los enemigos, y liberta á los nuestros de los peligros del cepco. 
Semejante hazaña hizo que se fijaran en él con mayor júbilo las miradas de 
los aragoneses , quienes comprendieron bien á las claras , que el esfuerzo y 
socorros del navarro , habían contribuido más que nada á salvar el Reino de 
una ruina casi segura. Por eso pusieron en conocimiento suyo lo que habían 
hecho, y los proyectos y el código que habían formulado, preguntándole su 
parecer acerca de todo esto. 

Admirable , cuentan , que le pareció desde luego, excepto la creación del 
magistrado medio. Algo fuerte, dicen, creyó semejante cláusula, que le obli- 
gaba á colocarse enteramente bajo la voluntad ajena y ajustar á ella su linea 
de conducta , cuando todos debían estar dispuestos á secundar los caprichos 
del monarca. Pero como luego lo meditase más despacio una y otra vez , y 
comprendiese que el juez medio estaba destinado á mantener la igualdad dé 
la justicia, siendo cosa muy razonable y equitativa que la fidelidad de los re- 
yes con sus vasallos fuera semejante y proporcionada á la lealtad de los vasa- 
llos con sus reyes ; como al echar de ver que el pensamiento de los nuestros 
en su constitución había sido igualar á los soberanos con los pueblos en la ob- 
servancia de las leyes convenidas , tuviese por lícito y conveniente el princi- 
pal propósito de un pueblo libre , cual era tener una legítima y equitativa 
libertad acordada desde el principio , no conociéndose para eternizar una mo- 
narquía nada tan útil como un poder civil intermedio que , cual los diques el 
desbordamiento de un rio, reprima los arranques del monarca contrarios á las 
leyes ; creándose por este medio un gobierno que parecía poder resistir á las 
violencias del tiempo, á las demasías de los soberanos y á los fieros del al- 
borotado pueblo, puesto que tal magistrado había de ser el regulador de to- 
dos los sacudimientos y vaivenes; y debiendo estar él, por tanto, persuadido, 
sin ninguna duda, que no puede ser muy amado quien ejerce la autoridad su- 
prema tan sólo por ejercerla; examinadas, pues, atentamente todas estas co- 
sas , y en ello se hallan contestes todos los historiadores , Iñigo Arista no pudo 
menos de aprobar en todas sus partes esa sencilla y clara , excelente y sin 
igual garantía , tan á propósito para vivir en paz , ideada por los nuestros con 
el fin de obviar aquel cúmulo de inconvenientes. Y no sólo les dio su aproba- 
ción, sino que concedió de su propia voluntad otra ley nueva del tenor si- 
guiente : 

«Si aconteciere, que él ó cualquiera de los reyes futuros violaran en algu- 
na ocasión la palabra empeñada , quedasen desde luego los nuestros en per- 



268 COMENTARIOS 

fecta y entera libertad para negarle la obediencia y elegirse otro rey , aunque 
éste fuera pagano. » 

Creía él , sin duda , que sólo las públicas y patrias libertades ligarían las 
voluntades de los nuestros, conviniéndole menos á un monarca defender su 
trono con el rigor de las leyes , que con la mansedumbre , con el amor y be- 
nevolencia de los suyos. 

Tomadas estas providencias y precauciones, convenido y determinado el 
severo tribunal del juez medio, el mismo lugar en que se hallaban entonces, 
vio con los más felices auspicios cómo aquellos nuestros antiguos sobrarbien- 
ses fizaron también por rey de Sobrarbe al rey de Pamplona Iñigo Arista, 
despojándole de su libre albedrío, y encadenando su voluntad con la pactada 
alianza , con la execración pública, y con la solemne y sacrosanta fe del pres- 
tado juramento. Pero en otra parte hemos tratado ya más largamente de todo 
esto. Tal fué el principio del reinado de Arista entre nosotros, y tal el semi- 
llero de nuestras libertades. Porque de ese juez medio se derivó el Justiciado 
aragonés ; ó hablando con más propiedad , este magistrado es el mismo juez 
intermedio, establecido en su primitivo Fuero por aquellos antiguos sobrar- 
bienses , el mismo que tiempos adelante se llamó Justicia mayor , Justicia del 
Seüor Rey, ó por mano del Señor Rey algunas veces , porque es propio del 
monarca su nombramiento; también Justicia en Zaragoza, por haber fijado 
en ella su corte ; y, por último , apropiándole el nombre del Reino , el mismo 
que se intituló Justicia de Aragón. 

Poco á poco, y al mismo compás del Reino, fué creciendo esta institución, 
sacando su jugo de la robustez de los nuestros, cual para sus frutos y lozanía 
saca el árbol la savia de los filamentos de sus raices. Su nombre, sin embar- 
go, así el nuevo como el antiguo, siempre parece que lleva consigo , no sólo 
alguna idea de la equidad ó del derecho , sino los elementos primeros de la 
justicia y de la templanza. Hasta tal punto quisieron nuestros antepasados 
venerar y reverenciar siempre la majestad real , que entre ellos y el monarca 
debían colocar, no el poder de algún tribuno , sino la equidad y la justicia 
misma, dulcificando lo desabrido del cargo, si desabrido lo juzgaba tal vez 
alguno , con lo delicado del nombre que se le daba. 

Hay, además de lo que refieren los historiadores acerca de su institución, 
algunas cosas que no merecen las demos al olvido. Y nos hemos propuesto in- 
sertarlas á continuación , para no quitar á este asunto ni un ápice de su im- 
portancia. No iremos á buscarlas todas en cierta clase de documentos ocultos; 
algunas las hallamos en libros y tratados que andan en manos de todos nues- 
tros compatriotas. Creemos , sin embargo , que no debemos nosotros omitirlas 
para ponerlas en conocimiento de los extranjeros, siquiera se desdeñen algu- 
nos de su lectura. Y comenzando por los más modernos, sea el primero Juau 
Jiménez Cerdán, Justicia de Aragón, en cuya carta, inserta en el libro de los 
Fueros, se leen las siguientes palabras acerca de la institución del Justiciazgo: 

« El Offkio del Justiciado de Aragón (según la opinión de todos los anti- 
»guos) fue ¿rodado en aquesta manera. Que como ciertas gentes Aoniessen con- 
» quistado cierta partida del Regno de los Infieles, en las muñíanos de Sobrar- 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 269 

» be; éfuessen comunas, non havientes Gobernador, ni Regidor, é hoviessen entre 
» si muy tas questiones, é debates *: fue movido por algunos dellos; Que por evitar 
» lo sobredito, é porque biviesen en paz, que esliessen Rey , que los regís é gover- 
» nAs. Otros dixoron ( 1), que non lo debían fazer: que contescer les hia como i 
» los Jodios, qui havian esleydo Rey contra voluntad de su Propheta Samuel: 
» Elqual esleydo, se les prendía las mulleres, é las filias, é los bienes: é que- 
» rían se ne penedir (2) , é non fueron á tiempo. E o y do aquesto , dixoron, los 
» que demamdavan Rey ; qué f aremos si non havemos Rey , é qui nos govierne, 
» todo el dia unos a otros nos mataremos, é robaremos? Porque havida grand 
» altercación , é deliberación entre ellos , movidos por gracia de nuestro Spftor 
» Dios , ¿por exemplo de Valerio Máximo en el titol de moderación : Que un rey 
» clamado Teopompo, Rex Spartanorum, tanto quería fazer tus ticia, que enten- 
» dia, que por si mateix (3) , no hi era bastant. E yatsia que hoviesse su Regno 
» libero, é absoluto : eslió dos prohombres con consello de los quales él, é sus suc- 
» cesares hoviessen de facer la ios ticia é non sin ellos. E sabido aquesto por su 
» muller, e su filio : vinioron muy ay rodos a él, e reptáronlo muy fuertment, de 
» lo que havia feyto. A los quales respuso: que yatsia que de alli avant él y ni 
» los suyos, non haviessen el Regno tan libre, et absoluto, como havian de pri- 
» mero : pero que lo havrian mas durable, é mas perpetuo. Que aquel Regno era 
» de mayor dura, é mas firme: que por mayor iusticia , é razón se regía. Car los 
» que se rigen contra razón, é violentment, no son durables : quia nullum vio- 
» lentum perpetuum. E por aquella razón los sobreditos Conquistadores del Reg- 
» no de Aragón acordoron de esleír Rey : pero que huviessen un Iudge (4) entre 
» él y ellos, que hoviesse nombre de Justicia de Aragón. Es opinión de algunos, 
» que antes esleyoron al Justicia, que non al Rey : é que de aquella condición lo 
» esleyoron. De alli avant toda vegada ha havido Justicia de Aragón en el Regno: 
» é conosce, de todos losfeytos tocantes al Sefíor Rey, assi en demandando, como 
» en defendiendo.» 

Todo lo demás de esta carta , tan sabida de todos , se dirige á manifestar 
los nombres y los hechos de algunos de los Justicias. Y por cierto, es el tra- 
bajo más luminoso que poseemos sobre este punto. Si bien padece el autor 
alguna equivocación, en general son verdaderas sus noticias. Con todo, pare- 
ce referir la institución de este magistrado á los principios del Reino de So- 
brarbe, asunto del que hemos tratado por separado, como si lo hubieran veri- 
ficado, ya que no antes, en la elección de García Jiménez, el primero de los 
reyes sobrarbienses , y poco después de la desgraciada catástrofe de España. 

Causa no poca extrafíeza el ver cuánta variedad de opiniones , sobre todo 
en este punto , hubo entre ^uestros escritores antiguos , y no sólo entre los 
historiadores , sino también entre los legistas y glosadores de nuestros Fue- 
ros. Al procurar ellos hacer algunas observaciones prácticas, é ilustrar, aun- 
que harto pobremente, el tan importante como difuso texto de las leyes, son 

( 1 ) Dijeron. 

(2) Arrepentirse de ello 

(3) Mismo. 

(4) Juez. 



310 COMENTARIOS 

más parcos de lo que fuera justo , tanto respecto de éstas , como sobre los prin- 
cipios del Reino y del Justiciado. Enteramente suyas son aquellas palabras 
que Molino trae en su Repertorio cuando dice : « En los antiguos escritos de las 
Aragoneses se encuentra el Capítulo siguiente.» Este autor, para decirnos que 
se desprende del contexto cuál fué el origen de las Libertades Aragonesas, es- 
cribe lo que vamos á copiar, pero no como suyo propio, sino como tomado de 
Salanova, de Segarra, ó de algún otro autQr antiguo, más versado en los 
Fueros que en nuestra historia, cuyos trabajos se hallan recopilados en aque- 
lla obra. Estas son las palabras : 

« En la primera conquista, según los antiguos cuentan, eligieron por Rey 
» los Aragoneses de entre sus iguales y compañeros de armas i Migo Arista, 
» que según la Crónica de Aragón se llamaba don Garci- Jiménez y era del, lina- 
»je de los Godos. Y en la misma elección, ó en el mismo dia, eligieron a uno 
» de entre ellos para Justicia de Aragón, el cual fuese Juez entre el Bey y los 
» subditos suyos en todo lo que el Rey hiciese ó pudiese contra ellos, ó al contra- 
» rio. F pusieron esta condición a la potestad Real-. Que si el Rey ó sus suce- 
» sores no gobernaran según los Fueros dados, y que en adelante se dieran; pu- 
» diesen ellos elegirse un rey aun pagano. Y sobre esto concedió d los Aragoneses 
» un Privilegio, al que en tiempo de la última Union renunciaron ellos, y el 
» que fué cancelado después de un convenio: de otro modo no querían renunciar 
» d él los Aragoneses. También que a querella depafte que dice estar desafora- 
» da, pudiera dicho Justicia en todo caso Civil y Criminal — principalmente 
afirmando de derecho delante de él contra el desaforante, y taparte contraria — 
» inhibir no ya a los inferiores jueces ú oficiales, si también al señor Rey, al 
» Gobernador ó Primogénito, para que no procediesen en el proceso ó en ejecución 
» alguna real ó personal contra él querellante , que dice estar desaforado : y de 
» tal manera impedir el proceso, que si fuera necesario, prendiese al Alguacil ó á 
» cualesquiera ejecutores, hasta que el Justicia de Aragón hubiese declarado po- 
» der proceder se, ó deber sobreseerse, y haber de ser así el proceso de fuero ó de- 
» safuero. Además que él pudiera juzgar y castigar sin apelación á los oficiales 
» y jueces trasgresores de los fueros del libro 10. Como en el fuero 3.° titulo Que 
» en las dudas no crasas fol. 58 , libro 10, y en el fuero 1.° officio del Jus- 
»ticia de Aragón fíl. 81, libro 11.° Y esto, quitada al señor Rey la potes- 
> tad de no procediendo. Y esto se hizo, para que los Aragoneses estuvieran se- 
» guros de que se conservarían los Fueros, y las Libertades, y las buenas cos- 
» tnmbres del Reino, que se juran y deben jurarse por el Señor Rey, y por otros 
» que en Aragón tienen jurisdicción de oficios públicos: por eso renunciaban a 
» tan gra)i Privilegio. En cuyo lugar sucedieron los predichos Fueros. Y así 
» ordenó el Señor Rey la rúbrica. De las cosas qufel Señor Rey. etc. , y del Ju- 
» r amento que debe prestar Fuero \.°fól. 57. Hada el medio donde se lee: sino en 
» el caso, que sobre él antes , etc. Y así se practica: que el Justicia de Aragón, no 
% procediendo conocimiento, y declaración alguna, aunque no se hubiera suplí- 
» codo al Señor Rey ó al Primogénito sobre revocación del desafuero, porque el 
» mismo Justicia de Aragón , suplicado por vía de apellido firma, hace provi- 
» sion, y al punto inhibe el procedimiento. Y si se ha procedido ya, impide la 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 271 

» ejecución, y recibe en, sus manos los bienes que son objeto de la ejecución, y la 
apersona, si acaso se halla detenida en la cárcel, ó es conducida al suplicio; y 
y> de este modo pone la cosa en seguridad : y después conoce si el proceso es con- 
iforme ó contrario á Fuero. Testa es una de las mayores libertades, que tie- 
» nen los Aragoneses, dando fianza de derecho : y que regularmente no tienen lu- 
»gar en Aragón las pesquisas , ni el tormento. » 

El Justicia Martin Segarra , de quien tenemos hecha mención en los Fas- 
tos f tratando de la institución de esa magistratura , según lo hemos leido en 
los antiguos fragmentos de sus manuscritos , la refiere , lo mismo que nos- 
otros , á los tiempos del rey Arista con estas palabras : 

« Hicieron para su patria esta adquisición los habitantes del Reino en la 
y> elección de Migo, vulgarmente llamado Arista, rey de Sobrarbe, de Ribagorza 
»y de Pamplona y a quien los Aragoneses juraron , y nombraron á condición de 
» Que él y los suyos estarían obligados a ncnibrar, como lo hizo inmediatamente, 
» á uno de ellos por Juez que juzgase, y fuera juez entre el mismo Rey y sus Va- 
» salios: y que conociese y juzgase de cualesquiera causas y cuestiones, que hu- 
» Mere entre ellos y él Rey, ora acusando, ora defendiendo. Y que el mismo Rey, 
j> asi como los sucesores suyos guardasen constantemente los Fueros dados, y si 
» no los guardase, que pudiesen privarle del Reino, y elegirse otro Rey, aun 
» pagano.» 

También trata del mismo asunto el inmortal obispo de Huesca , Vidal de 
Canellas, de quien tuvimos ocasión de hablar en el reinado de Jaime I, aun- 
que pasa en silencio la época dé su institución. Sus palabras nos dan á cono- 
cer la grande autoridad del Justicia en los tiempos de este prelado. Pero desde 
entonces acá , han variado no poco las opiniones y las cosas. 

« Como la diadema en la cabeza de Aaron, y el esplendor en medio del firma- 
» mentó iluminando toda la máquina mundanal, asi brilla la jurisdicción en la 
» Majestad Real. En la cual esta totalmente colocada de tal manera, que es con- 
» veniente se deriven de ésta á todos los demás, como del manantial á los rios, la 
» jurisdicción misma y el ejercicio de ella. Y quien de él tío recibe jurisdicción, 
» es ajeno a la jurisdicción y a su ejercicio, al modo de un arroyo que por nece- 
» sidad se queda agotado y seco, cuando no se alimenta de la fuente. Porque de 
» tal manera florece la jurisdicción en la plenitud de su potestad; que el nom- 
» bramiento y la destitución de todos los que la ejercen , depende siempre de su 
» voluntad, excepto de aquellos i quienes él mismo ó sus predecesores han conce- 
» dido alguna jurisdicción , por especial privilegio siempre duradero, y permi- 
» Udola según pacto ó convenio, por él ó por sus antecesores otorgado. Al Afonar- 
y>ca, pues, le pertenece crear los Jueces y Justicias, y revocarlos cuando le 
» pluguiere, y ponerlos vitalicios, ó por tiempo determinado. Entre estos Jueces, 
y> siempre hay uno principal en Aragón, llamado Justicia: el que una vez nom- 
» brado por el señor Rey suele ser inamovible, a no mediar justa causa y culpa 
» justiciable. Es deber suyo seguir la Corle del Monarca, mientras éste se halle 
» dentro del Reino , viviendo a expensas de la misma Corte. Y en ella delante del 
» señor Rey, ó por orden de éste en ausencia suya, debe investigar y examinar 
» las causas. Y mantas veces se haya de pronunciar una sentencia inlerlocutoria 



2*72 COMENTARIOS 

» ó definitiva; el señor Rey y los Barones , esto es , los Obispos y Capitanes de 
» soldados ó Ricos hombres , que ¿ la sazón se hallaren presentes en, la Corte, de- 
» liberen juntos sobre ella. Fia decisión que el señor Rey y la mayor parte de 
» los Barones 9 ó, sino quisiere el señor Rey asistir al consejo, la mayoría de 
» los Barones comunicare al Justicia, será pronunciado en forma de sentencia, 
» y declarado por éste sin temor a ninguna, pena por semejante fallo. Porque no 
» es él, sino los mismos a quienes en esto debe necesariamente obedecer, los que 
» pronuncian la sentencia.» 

Tan árido y estéril se manifiesta al explicar las honoríficas funciones del 
gran magistrado aragonés aquel escritor sumamente rico y fecundo cuando 
trata de nuestras leyes y costumbres. 

Por las mismas huellas vemos que caminaron todos los observadores de 
nuestros Fueros, tratando este argumento con sobrada concisión y laconismo. 
Y no fué más copiosa y abundante su pluma , ni en los reyes primitivos ni en 
los orígenes del Reino ; como si esos conocimientos de nada sirvieran para la 
perfecta inteligencia de las leyes y del derecho mismo. Esa incuria en puntos 
tan importantes y luminosos , es digna de censura , tanto más severa , cuanto 
más poderosamente ha contribuido á que juzguen algunos por incierto lo que 
nunca fué dudoso, y á que duden otros de lcf que siempre se tuvo por verdadero 
y evidente. Pero de ella ya nos hemos lamentado lo bastante en el prefacio de 
la presente obra. Por eso habíamos formado propósito de no renovar con su 
memoria nuestros dolores. Su cruel recuerdo otra vez nos arranca , sin em- 
bargo, y á pesar nuestro , las mismas quejas. Pues precisados á buscar en ve- 
tustos' anales las noticias de nuestra antigüedad , y hallándose ésta completa- 
mente envuelta en tinieblas, nos vemos en la necesidad de ser bastante parcos; 
ni podemos sobre este particular , puesto que así se quiere , extendernos á me- 
dida de nuestros deseos. Pero en realidad de verdad, dánle mayor crédito, au- 
toridad y firmeza, y son en nuestro dictamen , entre las muchas y diferentes 
cosas que se hallan en nuestras leyes, la más sólida confirmación de la potes- 
tad inherente á esa magistratura , estas brevísimas palabras de D. Juan II. 
Habíanle pedido los nuestros que aprobara el ya mencionado Fuero de la In- 
quisición, hecho en las Cortes de Zaragoza ( 1.467) bajo la presidencia de la 
reina Juana, su esposa, para moderar el poder del Justiciado. Éste quedaba 
en efecto sometido por dicho Fuero, como lo está al presente, al censorio y 
supremo Consejo , llamado de los Diecisiete, por componerse de igual número 
de personas , cuatro de cada Brazo , y sin intervención alguna del monarca. 
Pareciéndole al soberano que no se le guardaba en esto el mayor miramiento, 
dio la siguiente respuesta , que nosotros hemos leido en las actas públicas de 
su corte: 

«Al Fuero del oficio del Justicia de Aragón dize el dito señor Rey: Que un 
» officio assi grande, en el cual se tratan las libertades del dito Regno, é otras 
» cosas muy arduas ; ser sugeto, iutgado é punido á é por via de facas ( 1 ) , no 

(1) Habas, 6 bolas blancas y negras usadas en las votaciones secretas. Las blancas indican la apro- 
bación , el «í, y las negras lo contrario. Si las bola* contenían cédulas para lo* sorteos, se llamaban re- 
dolinos. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 273 

» parece ser cosa condecente, ni razonable. Empero en caso que la dita Cor t per ~ 
» sista en la dita forma de iutgar el dito ofjicio; dize el señor Rey : Que su Ma- 
» gestad sera contenta condescender d la voluntad de la dita Oort en iutgar el dito 
» ofjicio por las ditas favos: Con, que la porción, según los Fueros del dito Reg- 
» no, usos, ¿practicas de aquel, pertenescienl al dito señor en elprocesso, iudi- 
» catura , punición , éexecucion de aquel; no le sia tirada, ni en alguna cosa 
» periudicada. Car no está en razón: Que el ofjicio del Justicia de Aragón, que 
» principalmenl fué creado para iudgar entre el Sefíor Rey, é los subditos suyos, 
» sea iudgado é punido por los subditos tan solamnt. Car as si como iudga entra 
» mas (1) las partes; deve ser iudgado por aquellas. E si el dito ofjicio se iud- 
»gava, épuniapor la una part; la otra quedaría muy debilitada en su ius~ 
» ¿ida. » 

Ese Fuero conservó, á pesar de esto, todo su vigor , aunque sólo una vez 
al año está hoy sujeto el Justicia al examen y censura de los Diecisiete. 

Tal es el testimonio más sólido que hemos visto hasta ahora respecto de la 
erección del Justiciado. Él atestigua y consigna, á no engañarnos nosotros, 
toda la antigüedad de esta magistratura , con públicos y magníficos monu- 
mentos y con la misma autoridad real. Porque si fué creado é instituido, como 
testifica aquel monarca , para colocarse entre los vasallos y el trono, no debe- 
mos, no podemos buscar el origen.. de esa garantía, de esa precaución, sino 
en los principios del mismo Reino, donde nacieron y tuvieron su cuna nues- 
tras libertades todas. No se introdujo, pues, por un ciego capricho de la for- 
tuna, ni merced á la suerte, ni gracias á la ignorancia ó flojedad de los so- 
beranos ; quedó fundado ó instituido por pactos y convenios , tras un maduro 
y detenido examen , después de haberlo considerado y pesado el rey y el Reino 
mucho y largo tiempo : aunque yazga oculto todavía , ni siquiera exista quizá 
el acta original, que sin duda alguna se levantaría entonces , consagrando el 
hecho con escrituras y testimonios públicos para memoria de las generaciones 
venideras. No se hubiera aclimatado ciertamente en nuestro foro, ni viviera 
tan largos años, ni se desarrollara con tanta pompa y lozanía, hallándose tan 
floreciente la cosa pública, si no tuviera echadas esa institución altísimas raí- 
ces en las leyes fundamentales de nuestro Reino. 

La mayor prueba de la completa certeza de nuestro aserto , es el consen- 
timiento unánime de tantos siglos, que parece ser la expresión misma de la 
verdad, y también el no poder señalarse otra ocasión, ni lugar, ni tiempo, 
que verosímilmente pueda armonizarse con el origen del Justiciado. Él ha 
convertido, sin duda, en realidad, lo que tenían por paradoja los filósofos an- 
tiguos , y es : que á la sombra de esta institución , no obstante su heterogenei- 
dad, hayamos vivido y vivamos nosotros en paz constante y fuera de peligros. 
A esto hacía alusión por ventura nuestro D. Jaime I, cuando halagando á los 
navarros les excitaba al cumplimiento de su palabra. Habiéndose adoptado 
mutuamente éste rey y Teobaldo de Navarra, con asentimiento de aquellos, 
conviniendo en que ocupara el trono del difunto el que de ellos sobreviviera, 

( 1 ) Por entramas , entrambas . 

35 



*74 COMENTARIOS 

y tratando de faltar al compromiso , como al cabo faltaron los navarros , ex- 
hortábales el rey Jaime á cumplir fielmente lo pactado, con estas palabras, 
fragmento de una carta del Conquistador, las que recordamos haber visto en- 
tre los apuntes de Jerónimo Zurita : « Debéis preferir quedaros bajo la franca y 
» amistosa libertad de nuestra dominación , antes que someteros a otros reyes, 
» cuya tiranía , cuyos injustos y pesados gravámenes , si bien lo consideráis, po- 
» deis y debéis temer con mucho fundamento .» Como asi lo sentía en su corazón 
éste monarca, pronto se le vino á la lengua y á la pluma, queriendo indicar 
con ello que no mediaba ningún punto de contacto, sino la mayor distancia, 
entre los reyes de Aragón y los tiranos. 

Por lo demás, no ha llegado hasta nosotros el nombre del primer Justicia. 
Es no obstante verosímil , que fuera alguno de los grandes , ó de aquellos mis* 
mos séniores. Pero no era muy necesario, que por entonces el poder y la no- 
bleza de éstos dieran nuevo brillo á esa magistratura. Porque si bien estable- 
cieron nuestros antepasados la prefectura del j uez medio , según vemos en las 
leyes del antiguo Fuero de Sobrarbe ; sin embargo , quisieron conservar siem- 
pre en sus manos todo principio y proceso acerca de la dignidad. En efecto: al ' 
señalarse por aquel Fuero los derechos de cada uno , vemos fijadas desde luego 
las funciones del rey y las del Reino , en la forma siguiente : Que 

« Las conquistas hechas á los moros se dividieran por clases entre los ricos- 
» hombres, caballeros é infanzones.» 

Porque ellos eran quienes llevaban todo el peso de la guerra. 

« Ni expedir órdenes á los pueblos , ni hacer, ni sancionar leyes , fuese lí- 
» cito al rey, por sola su autoridad, sino para conveniencia y con el dictamen 
» de todo el Reino » ( 1 ) . 

Este es el mayor vínculo y el fundamento más sólido de las libertades 

patrias. 

« El monarca solo, ni tendrá derecho para ajustar la paz, ni para declarar 
» la guerra, ni para acometer ninguna empresa ardua ó importante, sin con- 
» sultar , antes de tomar una decisión en todos estos casos , á los doce séniores 
» señalados como consejeros y ministros de la corona.» 

Este Fuero no atañe sólo á las cosas de la guerra , sino también á las ci- 
viles y domésticas. 

Seguía inmediatamente la forense magistratura media. 

\£as ella no era bastante , en sentir de nuestros mayores , á debilitar y que- 
brantar por sí sola la fuerza del poder real , si no se la reforzaba con algunas 
selectas personas , que por necesidad intervinieran en todos los negocios pú- 
blicos. Esto motivó el nombramiento de los doce séniores» reemplazados más 
tarde por los ricoshombres de nacimiento, á quienes, eu verdad, creemos 
oriundos de los primeros. 

Además, para seguridad y complemento de las anteriores disposiciones, se 
estableció la confederación y concordia entre los grandes. En virtud de éste 
acuerdo, era lícita y justa la agrupación de todos ellos en torno de una misma 

( 1 ) Reunido en Cortes . 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 875 

bandera, para oponer resistencia al monarca con la fuerza y con las armas, 
cuantas veces conviniera rechazar con ellas alguna medida violenta , adoptada 
por el monarca, 6 por los suyos, en contra de los Fueros. A esta liga, cuyo 
objeto era defender la causa común de la libertad , se le dio el nombre de 
Union. Y ésta no se creyó antiguamente menos necesaria para la conservación 
de todas las libertades , que los nervios y los huesos para la vida del cuerpo 
humano. 

Verdad es que no se halla explícitamente escrita en el Fuero de Sobrarbe, 
pero siempre estuvieron persuadidos los nuestros de que su origen era tan an- 
tiguo como el Reino mismo ; todos la tenían implantada y arraigada profun- 
damente en el corazón ; creíanla consagrada por nuestro código como otra ley 
de la naturaleza ; y su esencia era sobradamente sabida y conocida por la ra- 
zón y por la práctica. De poco , decían ellos, podía servir el tener escritas las 
leyes más convenientes, ni aun la misma institución forense del juez medio; 
si en caso de necesidad no les fuera licito empuñar las armas para defenderlas, 
cuando no bastaba reñir batallas con la lengua. Y esto no del todo parecía 
fuera de propósito. Porque si así no fuera, quedara todo sujeto al capricho de 
los mismos reyes. Por eso no miraban los nuestros como una gracia ó benefi- 
cio nuevo, sino como cosa que en justicia se les debía, los dos arriba men- 
cionados privilegios, de la Union , otorgados por el tercer Alfonso. La sola 
gracia , la sola concesión real que en ellos había , era el haber así sancionado 
la primitiva libertad , cuyo precio , decían ellos , haberse solventado á los an- 
tiguos reyes con los rios de sangre derramada por sus abuelos. Lo único que 
decían públicamente debiera considerarse cual señalado beneficio , era* que, 
estando ya recopilados por escrito en los tales privilegios los principales Fue- 
ros y libertades , hallaríanse en adelante constreñidos con más apretados lazos 
los futuros monarcas , quienes de dia en dia ponían á sus vasallos en mayores 
y más largos conflictos. Y en dichos privilegios, ya que no claramente expre- 
sas, hallábanse bosquejadas al menos de un modo suficiente, las leyes del an- 
tiguo Fuero de Sobrarbe. 

Nuestros mayores en aquellos primitivos tiempos de que tratamos , circun- 
valaron , pues , la libertad de la patria con tres fuertísimas murallas ; la pre- 
fectura del juez medio , el inmenso poder de los ricoshombres , y la enérgica 
fuerza de la Union. La primera se consideraba como civil y forense; como do- 
méstica y muy importante la segunda; y la última, como guerrera y popular. 
Ni hubiera sido muy prudente protegerla con menos fuertes trincheras, si ha- 
bía de henchirnos de gozo , viéndola llegar sana y sin menoscabo hasta nos- 
otros. Sobre la doméstica y la popular, acumularon los principales y primi- 
tivos autores, y cuantos de cerca á ellos sucedieron, casi todas sus fuerzas y 
recursos , con preferencia á la magistratura forense. Querían , según lo tene- 
mos manifestado , conservar siempre en solas sus manos las riendas de regir 
y gobernar la dignidad real, para poderlas refrenar ó aflojar según lo exigían 
las circunstancias. Con igual objeto dieron á la corona por consejeros los doce 
séniores , elegidos entre la grandeza del Reino , cuyo dictamen debía trazar la 
órbita del poder real. Este ministerio fué desempeñado más tarde por los ri-» 



2T6 COMENTABIOS 

coshombres , los primeros entre los grandes de Aragón . Y éranlo tanto anti- 
guamente , en sentir de los reyes, que casi pasaban por iguales y compañeros 
suyos. Ellos apellidaban públicamente la Union para proteger la libertad; en- 
tre ellos eran escogidos siempre los principales jefes , llamados conservadores 
de la Union; sobre ellos descansaban todos los cargos públicos de la paz y de 
la guerra; ellos eran tenidos, si no por iguales en poder, al menos como poco 
inferiores á los mismos reyes. En otra parte veremos luágo la naturaleza y vi- 
cisitudes de semejante potestad. 

Que fué mayor en lo antiguo la dignidad de los ricoshombres , parece ha- 
berlo insinuado D. Pedro de Luna, llamado Benedicto XIII, según el testimo- 
nio de Juan Cerdin y de Miguel del Molino , cuando en un banquete público 
hizo sentar al Justicia de Aragón detrás de los condes y vizcondes. Y cierta- 
mente parece que éstos exhalan algún perfume de aquella dignidad, que antes 
tenian nuestros ricoshombres. No había, pues, mucha necesidad de ilustrar en 
aquella época con la potestad personal del Justicia la potestad del Justiciado, 
revistiéndole de postizos adornos. Mientras estuvo en auge escudándose con la 
Union , constantemente se hallaba frente al trono , en ademan amenazador, 
nuestra ricohombría ; y estrechándole con todas sus fuerzas , siempre que se 
extralimitaba el soberano , le obligaba á retroceder y marchar por la senda del 
deber y de la justicia. Esa censoria y doméstica autoridad, tenia bastante peso 
é importancia con nuestros morigerados reyes antiguos. Pero si no podían 
acaso los ricoshombres enfrenar con sus leales y secretas amonestaciones los 
impetuosos arranques de cólera del monarca, rechazábanlos constantemente 
hasta librarse de ellos , apelando á las fuerzas de la Union . El soberano , por 
su parte, no queriendo traspasar los límites de lo justo, examinaba con la ma- 
yor atención todos los artículos de las leyes y libertades, para saber qué es- 
taba dentro y qué fuera del círculo de sus atribuciones. Y él tanto mejor lo 
veía todo, cuanto estaba menos distante de los principios. Largo tiempo se 
practicó el mismo método para conservar la libertad. 

A tal causa atribuimos nosotros el eclipse de aquella magistratura, si por 
ventura tuvo algún brillo en época anterior á la conquista de Zaragoza ; ó me- 
jor á debilidad de sus resplandores, exceptuando sólo el nacimiento: de modo 
que podemos decir con entera verdad , haber estado durante todo ese período 
de tiempo aquella institución escondida en las leyes del Fuero de Sobrarbe, 
como una espada dentro de su vaina. Y no debe parecer extraño. Eran duros 
y difíciles aquellos siglos ; excesivamente lleno de turbulencias y desórdenes 
todo ; por doquiera y sin cesar ardía el fuego de la guerra; á nadie le quedaba 
un solo momento libre de los peligros más apurados ó de un continuo sobre- 
salto. Y en tiempo de guerra enmudecen todas las garantías civiles según el 
derecho de gentes. 

Si después de ganada Zaragoza despidió algunos resplandores el Justicia- 
do , al menos mientras conservó su lozanía el poder de la Union y de los ri- 
coshombres, no fueron muchos ni muy brillantes. Enumer&dos quedan ya, 
cuantos hasta ahora hemos podido ver nosotros , en la biografía de cada mo- 
narca. Pero una vez aniquilados los ejércitos de la Union, y borradas, hasta 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN 2T7 

de los pergaminos, las huellas del poder de los ricoshombre*, y extirpadas sus 
raices, aun del corazón y de la memoria de los nuestros , por el rey Pedro IV, 
con asentimiento del Reino entero, comenzó , como saliendo de la vaina nues- 
tro magistrado , á resplandecer y á tomar mayores proporciones : de suerte, 
que aquella colosal contienda entre unidos y realistas , más parece dirigida al 
engrandecimiento que á la destrucción de la libertad. 

Fuertes , muy fuertes eran aquellas dos defensas; pero destruida de un solo 
golpe la fortaleza de ambas , fueron reemplazadas por la tercera , que de la 
una y de la otra se fué apropiando cuanto necesitaba para defender por sí sola 
el derecho público , y conservar una lícita y moderada libertad. Desde enton- 
ces , por unánime consentimiento de los reyes y del Reino , esquivando todas 
nuestras libertades la peligrosa amistad de sus dos primitivos defensores , vi- 
nieron volando á buscar la compañía de este enérgico magistrado , y á él se 
adhirieron como á un peñasco de granito. 

Por tales motivos, según nuestras conjeturas, ni se han conservado los 
nombres , ni se cuenta nada memorable de los Justicias anteriores á la recon- 
quista de Zaragoza. Libertada esta ciudad , ya pudieron en ella celebrarse los 
juicios con paz y con tranquilidad, y residir de asiento todos los tribunales y 
la corte del Justiciado. A esta circunstancia es debido el nombre, con que se 
encuentran algunos, de Justicias en Zaragoza. 

Reservando para otra ocasión el indicar el rumbo que en adelante siguie- 
ron el magistrado y las libertades aragonesas , pasemos desde luego á decir 
algo sobre la elevadísima dignidad de los ricoshombres. No nos prometemos, 
por cierto, que este asunto, hasta el presente sepultado en tan larga oscuri- 
dad , aparezca en lo sucesivo claro y casi de relieve á todas las miradas. Ni 
nos fuera enojoso un trabajo semejante. Decimos desde luego haber aspirado 
á desenmarañar un punto tan difícil y penoso ; pero confesamos estar muy le- 
jos de haberlo conseguido. Ya que debe versar todo nuestro trabajo sobre una 
materia forense y popular, popular también habrá de ser con frecuencia nues- 
tro lenguaje, dando á no pocos objetos el nombre mismo que les daba el vulgo 
en tiempo de nuestros abuelos. Tampoco seria fácil á escritor alguno expresar 
en latin con elegancia muchos de los conceptos que se presentaran á cada paso . 
Ni nos hemos impuesto una ley tan rígida , que pospongamos un pensamiento 
claro, pero sin adornos, al oscuro revestido de todas las elegancias. Lejos es- 
tamos de temer la censura de una crítica imparcial , por haber usado algunas 
expresiones bárbaras 6 triviales. Semejante conducta vemos que ha merecido 
la aprobación de muchos doctos , y en especial del portugués , tan sabio como 
elocuente, Jerónimo Osorio, en cuyos labios parece haberse posado las abejas, 
según se cuenta de Platón , entre I03 arrullos de la cuna. Con esta confianza 
ensayaremos , pues , las fuerzas de nuestro ingenio , manifestando en primer 
término las causas del por qué , al decir de algunos , se les dieron aquellos 
nombres. 



DE LOS RICOSHOMBRES Y MESNADEROS. 



+ m* AAAfAAAAAMAAMA ^^ * i\AAA' 



L 



lamáronse ricoshombres, en opinión de algunos y no despreciables escri- 
tores que siguen al valenciano Beuter, los descendientes de los reyes godos, 
como si hubieran tenido predilección por las silabas finales de los nombres más 
usados entre ellos. Porque según la docta y juiciosa observación v hecha por 
Ambrosio de Morales , los suevos , cuyos reyes en su mayor parte se llamaron 
Teodomiros , Ariamiros , Ranimiros, ó cosa parecida , usaron también la termi- 
nación Miro , como nombre propio de algunos reyes , y á veces también cual 
apellido de sus familias. La misma costumbre, dicen, se sigue hoy en el Ja- 
pon, cuyos prohombres suelen distinguirse con la palabra Dono, porque sus 
reyes llevan los nombres de Arimandono , Murandono , Ubarandono , y otros 
por el estilo. 

Otro tanto, cuentan, se ha observado entre las familias españolas de los 
godos. Los monarcas de esta raza se intitulaban Amalaricos, Euricos, Teodo- 
ricos , etc.; y las familias que se gloriaban de tener á uno de ellos por ascen- 
diente, se apropiaron las dos últimas silabas como distintivo, denominándose 
Hombresricos ó Ricoshombres. Semejante uso, característico en un principio 
de los descendientes de reyes , fué pasando poco á poco á otros grandes , que 
siguieron militando con bizarría á las órdenes del soberano , terminado ya el 
tiempo del servicio , ó desempeñaron las más altas dignidades civiles , siquiera 
no circulara por sus venas la sangre de algún monarca. De manera que co- 
menzando esa costumbre por ser real y de familia , se convirtió después en 
doméstica y militar. Asi, pues , cuantos merecían bien de la patria en la guer- 
ra ó en la paz , eran condecorados en el imperio gótico con el ilustre titulo de 
ricos. La misma práctica , añaden, se introdujo ( 1 ) en España, pasado el tiem- 
po de los monarcas godos , y fué por todos aprobada desde la más remota an- 
tigüedad , llamándose ricoshombres los jefes ó gobernadores de los Reinos, 
que sobresalían entre los demás por su dignidad y por su sangre. Tal es, se- 
gún ellos, el origen de los ricoshombres. 

La palabra ricoshombres , en sentir de otros , no necesita explicación : ella 
basta y sobra para dar á conocer por si misma y con suma facilidad su propio 
significado. Quieren éstos, pues, que se llamaran ricoshombres los que for- 
maban en las ciudades la aristocracia del dinero , cuantos tenían en mayor 



( 1 ) Continuó en los estados cristianos de España. 



COMENTARIOS DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 219 

abundancia que los demás riquezas y tesoros; como si en los presentes , y tam- 
bién en los pasados siglos , se hubiera eclipsado con el oro toda distinción de 
personas , toda diferencia de clases , y fuera él bastante á equilibrar por si solo 
todas las categorías sociales. 

En cuanto á nosotros , plácenos más la etimología de los primeros. De nin- 
gún modo podemos avenirnos con la idea de que hubieran vinculado en la or- 
gullosa opulencia ese título tan honorífico , únicamente debido al esplendor de 
la virtud y de la sangre aquellos antepasados nuestros , aquellos hombres tan 
sabios y tan sesudos. Y por cierto que aquel rey de Castilla, yerno de nuestro 
Jaime I, Alfonso llamado el Sabio, indica bien á las claras que no se habían 
rebajado en lo más mínimo con esa palabra, ni la virtud , ni la nobleza ; antes 
se hace con ella el elogio de la una y de la otra. Hé aquí sus palabras ( 1 ): 
« Los Nobles son llamados en dos maneras; ó por linage, ó por bondad. E 
» como quier que el linage es noble cosa; la bondad passa, é vence. Ma? quien 
» las ka ambas; este puede ser dicho en verdad, Rico Orne: pues que es rico por 
» Unage, ¿ Orne cumplido por bondad. E ellos han aconsejar al Rey en los gran- 
» des fechos: é son puestos para fermosear su Corte , é su Rey no. » En vista de 
esto , creemos , que debieron á la nobleza , no al dinero , el título de ricoshom- 
bres : por el contrario , es una usurpación el tomarlo vulgarmente , para hala- 
gar su propia vanidad los que carecen de nobleza , por más que naden en la 
abundancia. Y si fácilmente consintieron los demás en tal usurpación , no les 
permitían, sin embargo , que se elevasen más alto con sus doradas alas. Las 
virtudes, pues, y no los tesoros, abrían antiguamente, como luego veremos, 
el camino de todas las dignidades. Pero en nuestro siglo , la corrompida cos- 
tumbre ha desterrado del trato ordinario esa manera justa de apreciar las co- 
sas. Mas como quiera que sea, es lo cierto que se llamaban en otros tiempos 
ricoshombres, los que tenían entre los grandes un lugar distinguido por su 
alcurnia y nobleza, y ocupaban además los primeros puestos y las dignidades 
primeras del Estado. Señalándose por su gallarda intrepidez en los combates, 
eran recompensados largamente, á usanza de aquellos tiempos , con el señorío 
de las poblaciones conquistadas á los moros. 

Las reuniones, en una sola persona, de varios estados, tomaron el nom- 
bre de Baronías. Por eso aquellos grandes se llamaron también Barones. En 
los Fueros antiguos se usa este título con más frecuencia que el de Ricos- 
hombres. Ambos, sin embargo, son sinónimos, como lo acredita el mismo 
rey de Castilla Alfonso el Sabio, diciendo (2) : «Ricos-Ornes segund costumbre 
de España son llamados, los que en las otras tierras dizen Condes, ó Barones.» 
De la misma opinión , viniendo á los nuestros , es Miguel del Molino, en cayo 
Repertorio, bajo el artículo Ricohombre, leemos lo siguiente: «Rico-hombre. 
» según los fueros de Aragón, se llama aquel que es señor de alguna Baronía. » 
» Y más abajo: «No entiendas, sin embargo, que se llama Ricohombre, según 
y> los Fueros, aquel que tiene mucho dinero, sino como arriba se dijo.» , 



( 1 ) Ley 6. a , título 9 , partida 2/ 

(2) Ley 10 , tít. 25 , partida 4. 



380 COMENTARIOS 

Y añade: « Que iodos los Magnates, esto es, Condes, Duques, Marqueses y 
» Vizcondes, se llaman Ricos hombres , según los Fueristas , porque estos tienen 
» comunmente muchas Baronías, y son mas que Barones.» 

Siempre que citamos esa obra , en confirmación de algo , no atendemos 
tanto á la autoridad del autor, que es mucha y mayor en lo relativo al foro, 
cuanto á que ella es el más vivo retrato de la antigüedad. Dispersos y espar- 
cidos andaban antes muchos de los trabajos de nuestros fueristas, los que 
hoy se hallan por ese autor coleccionados bajo un plan y método , y casi pue- 
den abarcarse con una sola mirada. Nosotros no podemos menos de tributarle 
por su trabajo y por su pensamiento las mayores alabanzas. Pero se nos figu- 
ra que ha padecido un error en la explicación anterior, al insinuar que todos 
los magnates 6 barones fueron ricoshombres. No es cierto. Ni todos los baro- 
nes fueron ricoshombres , ni todos los ricoshombres tuvieron siempre baro- 
nías. Por tanto, acudiremos sólo á los intérpretes antiguos de nuestras leyes, 
en cuyas fuentes beberemos , cuando así lo crean conveniente nuestra volun- 
tad y nuestro gusto. 

Estamos muy lejos de pensar que se expresaron con toda claridad sobre el 
asunto de que tratamos en los fragmentos que nos restan de sus obras. Y los 
modernos no se han cuidado de llenar los vacíos que dejaron los antiguos. 
Así es , que nos veremos precisados á explanar, de vez en cuando, con inter- 
pretaciones ó conjeturas , los pasajes demasiado breves y concisos. A ello nos 
obliga la natur aleza misma del asunto , por todas partes rodeado de tinieblas 
densas. 

Veamos en primer lugar lo que escribe sobre la dignidad de los ricoshom- 
bres el obispo Vidal , antes citado, que sirvió de modelo á nuestros escritores, 
ya respecto de las cosas antiguas , ya de las leyes públicas. Hé aquí cómo 
trata la cuestión : 

« La condición de los Aragoneses es tal y tal fué desde lo antiguo, que es ne. 
» cesario hacer distinción entre la de cada uno y la condición de todos. Unos son 
» Infanzones: otros hombres de servicio ó de sigtw. Entre los Infanzones, unos se 
» llaman Ermunios ; otros vulgarmente Francos de Carta. De los Infanzones 
» Ermunios, éstos son Barones ó Ricoshombres; aquellos Mesnaderos: los unos 
» simples Caballeros; los otros se llaman simplemente Infanzones. Los hombres 
» de servicio ó de signo se llaman , unos Ciudadanos ó Burgenses , otros Villanos 
» ó Aldeanos, algunos Villanos de Parada, según la costumbre del Foro. Los 
» Infanzones Ermunios, ó inmunes de toda carga ó servicio, de modo que nopue- 
y> den ser obligados a prestarlos a nadie por necesidad ó servidumbre ( 1 ) , están 
»por tal titulo redimidos, los cuales tienen libertad y honra de condición adqui- 
» vidas desde tiempo inmemorial, ó innatas, hablando de una manera mis pro- 
»pia y natural. Cuyo origen se declara arriba con más claridad al tratar sobre 
» la condición del Inf amonado. » 

Antes había hablado de ellos , y quizá nosotros también lo copiaremos más 
adelante. 

(1) El MS. dice :« Serviré. » 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 281 

« Es Infanzón de Carta, el que consiguió mediante auténtico Instrumento, 
» concedido por aquel i cuyo servicio estaña obligado, la inmunidad que le negó 
» su nacimiento ó la naturaleza. El nombre de éstos es hipócrita, porque signi- 
ihficando otra cosa de lo que parece i primera vista, se modifica por la expresión 
» siguiente: de Carta ( 1 ) . Estos, aunque por tal donación consigan la inmuni- 
» dad de pagos ó servidumbre, no gozan, sin embargo, de los otros privilegios 
» que tienen los Infanzones, según se ka visto arriba sobre el Derecho de las do- 
» tes. En donde, acerca de sus dotes, las mujeres francas de Carta no consiguen 
» el Privilegio de las Infanzonas. Mas esta otorgada inmunidad, aun la conce- 
» didapor el Rey con Instrumento público ó auténtico, sólo en cuanto al otorgante 
»y á su prosapia ó descendientes exime del servicio al honrado con tal Privi- 
y> legio. Pues aquel á quien el señor Rey ó cualquier otro señor concedió inmuni- 
» dad, ni estará obligado d servir al que la diera, ni d los sucesores de éste. Pero 
» á otros, él y su linage servirán, como si no tuvieran privilegio de inmunidad. 
» La palabra Barones , compuesta de Bab, bueno, dichoso, y de Ones, sincopa 
» de homines, hombres, ó suprimida la silaba mi, según la propiedad del idio- 
» ma, significa buenos hombres. Estos se llaman también Ricoshombres , ú hom- 
» bresricos. » 

Aquí adopta el autor la interpretación vulgar de la palabra rico , 6 adi- 
nerado. 

« La condición (2) de éstos es tal, que tan pronto como algún Mesnadero 
» consigue del Señor Rey Honor para sustentar un número de Caballeros, es en 
» adelante Ricohombre ó Barón. Pero si el Señor Rey le concediera una, dos 
» y aun tres Caballerías , de ningún modo tendría por ellas el nombre de Rico- 
y> hombre ó de Barón. Para esto debe ser condecorado con pluralidad de Vasa- 
» líos Caballeros. El señor Rey debe crear estos Ricoshombres, ó tomarlos de 
» sus Mesnaderos naturales de Aragón. A los hombres que vienen de otra parte, 
»sino son habitantes de Aragón y heredados en él y oriundos del Reino por 
y> parte de padre y madre, al menos por uno de ellos; á no ser con grande y evi- 
» dente causa, pocas veces, ó nunca, el señor Rey acostumbrará tomarlos para 
» Barones, ni convertirlos en Barones: pero no de modo que asigne á tales ex- 
» tranjeros, lo que debe asignarse á los Ricoshombres. Mas aun que señalase á 
» los extranjeros puestos á su servicio , para mantener cierto número de Caballe- 
» ros, una suma anual en metálico, ó una parte de las rentas Reales, que ni de- 
» ben asignarse , ni fué costumbre asignar en estipendio á los Ricoshombres , no 
j> haría injuria ni agravio á los Ricoshombres ni á los Mesnaderos. Lejos de 
» eso, aun cuando el señor Rey cuenta á los tales extranjeros entre los Ricos- 
» hombres, y les da el honor debido á los Ricoshombres ; no les hace injuria al- 
» guna. Importa tanto al Rey como á los Ricoshombres , y á todos los aragone- 
» ses, que el Rey tenga muchos Ricoshombres y Barones: con tal que no de- 
» fraude á los naturales de Aragón de sus debidos estipendios. Conviene, pues, 
» que declaremos , cuáles son los estipendios debidos á los tales. Todas las ciu- 

( 1 ) Infanzón de .carta 6 por'privilegio * 

( 2 ) Clase , categoría. 

86 



202 COMENTARIOS 

» dades y villas del señor Rey, tanto mayores como menores deben asignarse 
»para sos estipendios a los Ricoshombres. Y los mismos Ricoshombres deben 
»po?ter también Zalmedinas en las ciudades que tienen asignadas, y en las vi- 
to lias Bailes, de su agrado unos y otros. Estos Zalmedinas y Bailes tendrán y 
to regirán las Curias de las mismas ciudades por los mencionados Ricoshombres* 
toy les responderán de las colonias, ó penas pecuniarias, y de los demás dere- 
to chos que suelen recibir de los mismos lugares. Habido es, que las penas pecur- 
» niarias hasta la media mortificatura y fracción del cuchillo inclusive, y otras 
» semejantes ó menores, pertenecen, sin ninguna duda, al mismo Ricohombre 
toó á su Ouria. De modo que ni el señor Rey ni su Mayordomo deben tomar par- 
to te alguna de ellas , sino cuando el señor Rey se halle personalmente presente 
» en el lugar, donde se ha de exigir la tal pena. En este caso (porque estando él 
» presente callan todos los oficios menores , y todo debe tratarse á nombre de su 
to Excelencia) , las penas exigidas por compulsión del señor Rey ceden para los 
» usos del mismo Rey : Salvas , sin embargo , sus partes á los querellantes y 
» particulares : como si á causa de su debilidad, se viera obligada mía Curia 
to menor á pedir la intervención del Baile para exigir alguna pena. Porque siem- 
»pre que el Rey, á instancia de la Curia menor, creyere deber exigir por si 
» mismo, ó por cartas, ó por nuncio, ó por otra persona especialmnte comisio- 
» nada al efecto, cualquiera pena , la concederá para los usos de aquella. Bebe, 
» sin embargo, mirar benignamente á la misma Curia, á Jln de no hacer parte 
» alguna para si, sino en sus ciudades y villas. Porque en las villas de los In- 
to f amones , ó de la Iglesia, si por debilidad de la Curia se invoca el brazo del 
» señor R&y > de su Mayordomo , ó de cualquiera otro Oficial para exigir las ta- 
to les penas; aquel, que ha sido invocado, está obligado aprestar ausilio y ayn- 
» da. Ni debe tomar cosa alguna de la misma pena , si aquel á quien pertenece, 
» no quisiere darle espontáneamente, cuanto le pareciere. Aun en ausencia del 
» señor Rey, donde quiera que se hallare su Mayordomo, del mismo modoguar- 
» den silencio los Oficiales menores. Y como respecto del Rey dijimos, el May or- 
to domo aplicará para sus usos las penas exigidas , ora en su presencia , ora en su 
» ausencia, con ausilio suyo. Mas la pena de homicidio, de crímenes iguales ó 
» mayores , ni las emparticiones ( 1 ) que vulgarmente se llaman intercesiones ó 
to incurrimentos , y otras semejantes, en cualquiera parle, ó de cualquier modo, 
» ya en presencia , ya en ausencia del señor Rey, se sabe que en todo tiempo son 
» del mismo Rey : salvas las partes de los Infanzones y de las Iglesias, según lo 
» que declaramos abajo sobre el homicidio, Pero los donas derechos, y todas las 
» rentas y productos, exceptuadas las dicJias penas ó Colonias ', son por completo 
» siempre del Rey, menos las Precarias de las villas del señor Rey, que están de 
to la misma manera asignadas para los estipendios de los Ricoshombres. Estas 
» Precarias se exigen de unos lugares en grano, y de otros en dinero, del modo 
» que el señor Rey dispone. Y aun el señor Rey, según las mejoras ó deterioros 
to del lugar, aumenta ó disminuye la cantidad. Mas donde están los novena- 
» rios, no se exige la Precaria. Pero el Ricohombre percibe la novenaria (2). 

(1) MS.: «Imparaciones. » 

(2) El noveno. 



> 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 288 

» También, percibe el Ricohombre la Debería, esto es, ciertos tributos per- 
» sánales , como es el pan y el pollo y y algunas otfas cosas que, según las cos- 
to tumbres diversas, se pagan anualmente a cada señor. Estas Deberías son 
» restos de aquella pestilente y miserable condición de los Villanos de Pa- 
to rada, que ya está abolida por desuso. La condición del Rey para con 
» los Ricoshombres se sabe ser tal, que puede aquel destituirlos de la ma- 
to ñera que quiera , y cuantas veces quiera. Esta destitución se hace inmediata- 
» mente que el mismo Rey pide , de palabra ó por escrito, se le restituya el Ho- 
to ñor que por él tiene el Ricohombre. Hecha esta destitución, el Ricohombre, 
»por acaudalado, por Noble que sea, aunque lleve en su compañía muchos Ca- 
to bolleros, se cuenta entre los Mesnaderos. Y el Ricohombre esta obligado a 
to distribuir el honor a él dado, entre los Caballeros y Vasallos, según su libre 
» voluntad, con tal que por cada 500 sueldos de renta anual, tenga al servicio 
» del señor Rey un Caballero, convenientemente preparado, para cuando el Rey 
» exigiere de él este servicio, según Fuero. Porque puede el señor Rey, una vez al 
}> año llamar, para que le sirva, al Ricohombre con el número de Caballeros 
» correspondiente a su estipendio. Y el Ricohombre llamado debe acudir al 
to punto con sus Caballeros al sitio Jijado por el Rey, y servir allí dos meses , á 
» expensas propias. Trascurridos los dos meses, puede abandonar el servicio, 
» si no le proveyere el Rey competentemente de vituallas a él y a sus Ca- 
to bolleros. Pero proveyéndole el Rey, esta obligado a continuar en el ser- 
to vicio por el tiempo que al Rey pluguiere; aunque quiera retenerle por un año 
to entero. También está obligado el Ricohombre a defender la tierra del señor 
to Rey , y especialmente los lugares que tiene asignados por estipendio, y las 
to Iglesias y las Religiones, y otras cualesquiera personas que moran dentro de 
>y su Honor, y todos los bienes de los mismos. Está también obligado á ir , si 
» fuese llamado a la Corte del Rey, siempre que éste le llamare, y darle consejo, 
» según lo que Dios le diere a entender, cuantas veces por él fuere preguntado. Y 
» mientras permaneciere en la Corte; debe asistir siempre d los juicios de los ne- 
to g ocios arduos. El JUSTICIA del Rey nunca debe juzgar algún negocio arduo 
» sin el consejo de los Barones, que d la sazón se hallaren presentes en la Corte. 
» Y si para conferenciar con otro Rey ó Príncipe, ó por algún asunto arduo, 
» los Barones son llamados d la Corte, y por la excelencia y necesidad de los 
» negocios , son molestados los Barones con el gravamen de los gastos ; debe el 
to señor Rey socorrer su angustia con su liberalidad y con la clemencia de su 
to munificencia. Conviene, pues, d la República y d la Regia Majestad, que los 
» Barones, obligados por la pobreza, no se vean constreñidos d servir en cosas 
to algo inferiores, y d faltar en el servicio del señor Rey. El hijo del rey, jamás 
» debe retener para sí nada de lo que debe asignarse en estipendio á los Ricos- 
to hombres. Y esto por tres causas. Primera, porque podría dañar demasiado d 
to los mismos Ricoshombres , si el Rey por amor a su hijo ó a su hermano, les 
to concediera frecuentemente, sin modo ni medida, los estipendios de los Ricos- 
to hombres. Segunda, porque se teme con razón, que el tal se levantará con la 
to tierra, como ha sucedido ya. Tercera, porque es mas justo que él hijo del Rey 
to viva de las cosas señaladas , según costumbre , para la vida del Rey, que de las 



284 COMENTARIOS 

» asignadas a los Barones y Caballeros para defender la tierra. Puede, pues, y 
» debe el Rey dar de sus rentoy a sus hijos y hermanos lo necesario, para fue el 
» honor de la prole y la sangre Real no se envilezcan. Es Mesnadero, quien al 
» menos por linea paterna desciende de Ricoshombres y de cuyos abuelos, por 
»parte de padre, no hay memoria que hayan sido Vasallos de alguien, sino del 
» Rey, del hijo del Rey, de Conde de linage Real, de Obispo ó de otro Prelado, á 
» quienes debe reverenciarse por Dios, cuyo lugar especialmente ocupan. El que 
» no cuenta entre sus ascendientes paternos otras personas que las nombradas, 
» es Caballero nato. Estos pertenecen a la clase de los Mesnaderos, aunque no se 
» hallen personalmente en la Mesnada ó en la familia del señor Rey. Porque el 
» señor Rey no debe negarles, sino por causa probable, la Milicia, cuando de él 
» quisieran recibirla, ni que sean de su familia , siempre que lo pidieren. Bien 
» pueden estos Mesnaderos habitar con los Ricoshombres ó con otros , y recibir 
» de ellos expensas y dones, no como Vasallos, sino como amigos, y esto sin nota 
» alguna. = Simple Caballero, vulgarmente llamado de su escudo ó de un escudo, 
toes el vasallo de alguien, excepto del Rey, del hijo del Rey , de Conde descan- 
to diente de sangre Real, ó de Prelado Eclesiástico, 6 el que fué armado Caballé- 
» ropor otra persona diferente de las nombradas. Y todos los descendientes de 
to éste por linea masculina, se reputan por simples Caballeros. = Simple Infan- 
to ton, es el que, no siendo Caballero, tiene, sin embargo, derecho para recibir el 
» cingulo militar, cuando haya posibilidad y oportunidad y tenga voluntad. = 
)¡> Son Ciudadanos todos aquellos que viven en las ciudades, ó en villas equiva- 
» lentes a ciudad. Entre los Ciudadanos se llaman Burgenses , los que teniendo 
» dependientes y ojltiales, no trabajan en los oficios con sus propias manos. Hay, 
» sin embargo, algunos oficios que, aun ejercidos con las propias manos, no ha- 
to cen descender de la clase de los Burgenses, como son la venta de paños precio- 
» sos, y el Cambio; también la Abogada, la Medicina y Cirugía, los iguales á 
» éstos ó mayores. =Llamanse Villanos los habitantes de las villas : y también 
to Rústicos por el cultivo de fincas rústicas; y Aldeanos ó Pagenses de las Aldeas 
toó de los pagos que es taféente, porque las villas ó pagos están por lo común 
» situados junto a las fuentes. Ya hemos dicho arriba quiénes son los Villanos 
to de Parada (1). 

Dice allí el mismo autor. 

« Hubo también d veces Villanos llamados Colaterios. Estos estaban sujetos 
% i tan cruel servidumbre, que aun con la espada creían podérselos dividir los 
» hijos de sus señores. Los cuales, forzados en cierta ocasión por la pestilente 
» condición de aquellas circunstancias, se levantaron contra sus señores, y al 
tofin vinieron con ellos a un arreglo , aceptando voluntaria y libremente ciertos 
to tributos y condiciones sobre sí mismos y sobre sus hijos. Después de este arre- 
toglo pactaron con sus señores los tales Villanos de Parada, entre otras cosas, 
to lo siguiente: Que cuantas veces sus señores necesiten una fianza por el estilo, 
to estén obligados i satisfacer; y si él señor por quien fué fiador, no quisiere 

( 1 ) De /!d*ijus$oribus, 



t)E LAS COSAS DB ARAGÓN. 285 

* proveer á su indemnización, jamás en adelante estén obligados en caso alguno 
» á otra fianza por el mismo señor.» 

Jimen Pérez de Salanova, Justicia de Aragón, que floreció, como vimos, en 
el reinado de Jaime II, unos sesenta años después que Vidal , señaló con estas 
palabras el curso de las mismas cosas , y la consecuencia de los sucesos, aun- 
que repite acaso muchas de las anteriores. Desde el principio de la cuestión, 
parece que todo lo tiene por incierto y dudoso , como si toda la antigüedad 
hubiera caducado ya en su tiempo por desuso, por la mucha vejez , ó en vir- 
tud de las leyes. Prometiendo hablar Sobre los Privilegios de los Barones y de 
los Ricoshombres de Aragón, comienza de la manera siguiente : «Muchos con- 
» tradicen a lo que sigue, y asi muchas cosas aquí contenidas no se guardan. 
» Se ha de advertir que en Aragón, todo hijo de Caballero por linea recta, sea 
» hombre ó mujer, legitimo ó ilegítimo, es Infanzón. Pero aunque descienda de 
» Caballeros por línea materna, no será Infanzón el hijo, si no lo es también el 
» padre ( 1 ). Y esto se observa. Dicen los Fueros : Todo Infanzón puede en Ara- 
»gon ser Caballero, y no los demás. Si algún Ricohombre hace Caballero a 
» uno que no es Infanzón, pierde el Honor que tenía, y si no tenía Honor no debe 
» tenerlo nv/nca. Y el promovido se queda Villano siempre (2) perdiendo las ar- 
omas y el caballo. Habiendo en Aragón muchas especies de Infanzones, debe 
» saberse, que unos son Ricos hombres , y no Caballeros; otros Ricoshombres y 
» Caballeros ; éstos Mesnaderos Caballeros; aquellos no Caballeros; algunos 
» simples Caballeros; varios, sólo hijos ó descendientes de Caballeros. El Rico- 
» hombre Caballero tiene todos los Privilegios del Infanzón, y todos los del Ca~ 
» bollero, y algunos más ; porque el señor Rey no debe dar tierras en Honor, 
» sino al que es por nacimiento Ricohombre y Aragonés. Por esto hay quien 
» dice, que no debe darse tierra en Honor al hijo del Ricohombre : sino sólo al 
» que sea sucesor suyo en la Baronía. Según el Fuero de Ejea t á cuyas prescri- 
» dones se arregla la práctica de esto, puede tener tierras en Honor, aunque tío 
» suceda en la Baronía. Porque sólo requiere dicho Fuero , que sea Ricohombre 
» de nacimiento. Por tanto aunque le falte la Baronía, no le falta la naturaleza: 
» y con más razón, diciendo 'el Fuero nuevo, que los Ricoshombres deben asig- 
» nar á los Caballeros los derechos, honores, y las tierras á ellos concedidas: de 
» lo contrario el Rey , por autoridad propia los puede emparar y asignar a otro 
» Ricohombre, ó á hijo de Ricohombre, que deba tener tierra en Aragón, y 
» que haga servicio , como el Fuero nuevo ( 3 ) . 

»Es claro según este Fuero, que puede darse al hijo del Ricohombre, aun 
» antes de ser Ricohombre; aunque se ignore, y no se sepa, si será Rico- 
» hombre. 

» Tienen también contra dicho Fuero otro Privilegio, á saber: Que el Rico^ 
» hombre que tiene Cuarenta Caballerías, puede retenerse cuatro; tres el que 
» tiene treinta; y el que veinte dos; y una no más el que tiene de diez á vein- 

( 1) Deproelam. in tervit. Lib. 6.°, cap. Videlieét. 

(2) Zfe r« militari. C. fin. In lib. Bocea. 

(8) Como en el fuero nuevo: Que los barones de Aragón. Cap. 1/ 



886 COMENTARIOS » 

» te ( 1). Pero no creemos en los Caballeros no Barones la necesidad:::::::::: (2) 
» de que no pueden retener las décimas partes de la asignación. 

» Gozan además de otro Privilegio ( 3 ) ; y es : Que a los hijos del Rey y de 
» la Reina no puede asignárseles tierra por Honor. 

» Asi mismo, con justa causa, conocida y determinada por el Justicia de 
» Aragón en Cortes generales , y por consejo de los Ricoshombres , y de los otros 
» honorables Caballeros, Infanzones, Ciudadanos , y hombres de las Villa* de 
» Aragón, no se les debe quitar, ó emparar la tierra a ellos asignada por Honor. 
» Lo mismo se estableció en las Mesnaderias a ellos asignadas ( 4 ) . 

» Por crimen ó delito, ó por falta de obediencia, no deben ser privados de lo 
»predicho, sin previo conocimiento de causa, los Ricoshombres y Mesnaderos. 
» Pero si ellos faltaren en el servicio, ó por otra cama estuvieran acaso obliga- 
» dos al Rey , podría éste emparar, y de hecho empara, lo que deben ellos per- 
» der por el servicio a que faltaron. Y también el Maestro racional ( 5 ) puede en 
» el cómputo deducir y deduce, lo que deben aquellos , ó lo que recibieron de 
» aquellas cosas, que los mismos deben recibir a cuenta de sus empleos.— El Ri- 
to cohombre que se marcha antes de haber recibido toda la paga de aquel año 
»por sus Caballerias, la pierde, y no es sólo de usanza, toda excepto la parte 
» antes recibida; cobrando sin embargo lo que se le adeuda por años anteriores . 
» =Segun usanza también, el Ricohombre ó Caballero, que falta en el servicio 
» a que está obligado, el último dia del año , pierde toda la soldada de aquel 
» año. Observas? esto mismo, aun cuando )w hubiera sido requerido para el ser- 
» vicio, ó ¿l se hubiere puesto en el caso de no poder servir al Rey contra todos, 
» haciéndose Vasallo de otro, por ejemplo. Y en estos casos procede el Rey sin 
» juicio de otra persona. 

» Los casos de pérdida de Honores y de Caballerías son estos: el primero ya 
» se puso arriba en el privilegio. Si no presta al Señor Rey ó a sus delegados el 
» honor y reverencia que le debe, como d señor natural: y si no guarda y obser- 
» va, y hace observar como buen Vasallo y hombre fiel los buenos Fueros y cos- 
to tumbres de todo el Reino (6) . 

» Si en el caso susodicho no asignare tierra a los Caballeros. También, en 
» nuestra opinión, si hiciere falsa Jura sobre Infanzonía: pues entonces debe 
» quedar pechero. Igualmente en otros excesos ó crímenes de los que juzga con las 
» Cortes el Justicia de Aragón, como arriba dijimos. 

» Hemos sentado antes que un Ricohombre si se marcha antes de terminar el 
» año, no debe recibir nada por las Caballerías ; pero esto se ha de entender, si 
» aun no le hubieren pagado . Y en el caso de haber cobrado antes por entero, se 
» quedará, con la paga d prorata del tiempo, mas no con lo restante. » 

Otro de sus privilegios es el siguiente : 



(1) Fuero novísimo. Cortes de Zaragoza. » Título de loa barones. — Cap. 1/ 

(2) Creemos que sobran los puntos suspensivos. 
(8) Fuero de Bjea. 

(4) Privilegio general del rey D. Pedro. 

(5) Tesorero real , equivalente á Ministro de Hacienda. 

(6) Carta de la paz. ítem asignamos. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 287 

« Si el Rey perdonare á los habitantes de los lugares , asignados para (Jaba- 
to Herías, el primer pecho, subsidio ú otras cualesquiera exacciones que el Rey 
» exige primero de los habitantes de aquel lugar; debe satisfacer al Ricohombre 
» que tiene el Honor, antes de que se pague a nadie otra cosa cualquiera (1). 

» Débese advertir, sin embargo, que no imponiendo los sobredichos subsidios 
» ó exacciones, no está obligado el señor Rey á pagarles nada, ni a tenerlo en 
» cuenta, por razón de no haberlo podido recaudar a causa de la gracia hecha 
»por el señor Rey a los habitantes sobredichos ; a no ser que el Ricohombre hu- 
» hiera hecho servicio por todas las Caballerías que tenga asignadas. Porque en 
» este caso está obligado el señor Rey á recibirlas en cuenta , y mandar que se le 
apague de lopredicho. 

» Los hijos del Ricohombre tienen en vida de su padre los mismos Privile- 
» gios que éste, exceptuando los propios de los Caballeros. 

» Cuando residen en la Corte , tienen gratis en ella los Ricoshombres Car- 
» tas Reales de justicia para sus negocios particulares. Mas no en favor de sus 
» hombres, ni para las causas que tocan á ellos, ó á sus hombres atañen. 

» Es de usanza, que todo Ricohombre debe servir cada año por una mesa- 
» da á sus expensas, la que se cuenta desde el día de su partida, para reunirse 
» con el Rey, hasta su vuelta ( 2 ) . 

» Los Honores que estaban asignados para Caballerías al tiempo de la muer- 
» te del Rey Jaime, al mismo objeto deben destinarse siempre; y los pagamentos, 
» colonias y acémilas deben hacerse como en tiempo del Rey don Jaime (3) . 

» Jtem : Por tierra n Honor no están obligados á servir al Rey fuera de sus 
» dominios, ni á pasar los mares (4) . Apoyados en este Privilegio dicen algu- 
» nos que no están obligados á servir fuera de Aragón. Pero se equivocan, pues 
» están obligadas á servirle en todas partes , salvo en los mares que están fuera 
» de sus dominios. De lo contrario no se hablaría de mares, porque no los hay 
» en Aragón , pero sí en los estados del monarca. » 

Teniendo además, según Salanova, el ricohombre-caballero los privile- 
gios de los caballeros y de los infanzones, nos ha parecido conveniente añadir 
á continuación algunos de ellos , tomándolos del autor citado , y más siendo 
sus obras tan poco conocidas por la generalidad de los nuestros. Verdad es 
que parecen tomadas casi á la letra de las observancias al titulo Condición del 
Infanzonado; pero hay algunas variantes. Para que puedan ambos textos co- 
tejarse, y nada quede fuera del alcance de los extranjeros, vamos á trascri- 
birlas. Dice, pues, Sobre los Privilegios de los Caballeros, y sobre los hijos y 
nietos de los Caballeros, según el mismo los intitula: 

« Además de los Privilegios, á ellos y á los Infanzones comunes , los Caba- 
» lleros tienen los siguientes. Los Caballeros, ni sus hijos, ni sus nietos , no es- 
» tan, pues, obligados á hacer salva (5) . 

(1) Fuero nuevo. Que loa barones de Aragón. C. l.° 

(2) Privilegio general del rey Pedro. 

(3) En el mismo privilegio. 

(4) El mismo privilegio. 

(5) Poner sustituto ? 



288 COMENTARIOS 

» Nadie puede hacer salva ( 1 ) por el Infanzón, sino dos Caballeros. 

» No se péñora el Caballo destinado al uso del Caballero (2) . 

» Algunos extienden esto mismo a todos los Infanzones; nosotros seguimos la 
» opinión contraria. Porque en otro caso hubiera empleado el Fuero la palabra 
» Infanzón , no la de Caballero. 

» Ningún hijo de Caballero, se sienta en Aragón a la mesa con su padre 
» hasta ser armado Caballero, » 

Con tan notable sistema de conducta y enseñanza educaban á sus hijos 
nuestros abuelos , después de haberles dado la instrucción y doctrina de la 
edad primera, hasta que por algún tiempo se habían acostumbrado en su 
compañía á las fatigas militares. En esto parece que imitaron la elegante y 
delicada costumbre de los romanos, á cuyo ejemplo, ni el hijo durante la pu- 
bertad entraba en el baño con su padre , ni el yerno con el suegro. Lo mismo 
cuenta Paulo Diácono de los antiguos godos y lombardos, quienes prohibían, 
aun á los hijos legítimos de sus monarcas, el comer con sus padres pública ó 
privadamente, hasta que un rey extranjero les juzgaba aptos para manejar 
las armas. 

« ítem. Si alguno detuviere a un Caballero, tomando por las riendas su ca- 
» bailo, pagará de calonia quinientos Sueldos.» 

Demasiado dura y fuerte pareciera esa pena á nuestro siglo ; pero todavía 
nuestra antigüedad la hizo más rigurosa. 

« ítem, ni al Caballero, ni a oír o de su familia, le obliga el hacer por las 
» décimas que tiene , mesada a su propia costa. Pero está obligado el Bey ápro- 
» veherle, según el número de bestias que llevare. Únicamente por las Colonias, 
» que se les han concedido, están los Ricoshombres obligados a la mesada. Y 
» ellas no entran en el cómputo de las Caballerías . Entiéndase, sin embargo, de 
» las menores de sesenta sueldos; las mayores son para el Rey. » 

Hasta aquí de los caballeros. Sobre los privilegios, que á los infanzones en 
general conceden los Fueros y observancias, se expresa el mismo Salanova 
en los siguientes términos : 

« Nada es más propio de los Infanzones del Reino que el recibir y no dar por 
» alguna Villanía, esto es, por alguna servidumbre. Ni contribuyen con los pe- 
» cheros en las exacciones Reales, ni en las vecinales, sino en tiempo de guerra. 
» Están, sin embargo, obligados á la construcción, reconstrucción, conservación 
» y reparación de las puertas, Fortificaciones ó Baluartes y Muros de la Villa. 
» Porque cualquiera Infanzón que tiene casa dentro de una villa fortificada ó 
» murada, asi como los demás vecinos, se halla obligado á la construcción, con- 
» servacion y reparación de las puertas, muros y cosas por el estilo, según ob- 
» servancia, como Acequias, Fuentes y otras semejantes. 

» Se hallan, no obstante, libres de ¡^restar al Rey servicio de Hueste ó Ca- 
» balgada, á no ser que por ventura vaya el Rey á Campal batalla, ó á sitiar 
» dentro de su tierra Castillo suyo, ocupado por otro contra la voluntad del So- 
» berano. En este caso, deben por tres dios seguir al Rey á sus propias expensas. 

(1) Sustituir? 

(2) Detatis: Cap. I. - 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 280 

» T pasado este tiempo vuélvense, ó se quedan, según les place ( 1 ) . En sentir 
» de algunos, por usanza, comienzan á contarse los tres dios, desde que salen de 
» su casa. Pero lo contrario es lo verdadero. Antes bien se cuentan, desde que se 
» unieron al Rey \ Y asi fueron todos a Tarazona (2). De otra suerte, poco ó 
» nada aprovecharía al señor Rey aquel Fuero. 

» También pueden, en virtud de otro Privilegio, comprar a pecheros y villa- 
» nos, sin quedar obligados á pechar, si también compraron el caput man- 
yo sum (3) . Dicho Fuero, aunque habla sólo de la compra , se observa también en 
» lo adquirido bajo otro titulo malquiera. Por esto la mujer Villana, casada con 
» Infanzón, debe, mientras viva, pechar por sus bienes como Villana, pero 
» muerta ella, ya no pecharán los hijos que son Infanzones, aunque es contra 
» Fuero (4) . La casa del Infanzón , prestada al Villano, no se signa por delito 
» de éste. Otra cosa seria si la tuviese obligada ó alquilada. 

» Aunque se pueden tomar (5) por deudas las heredades del infanzón, y dar- 
» se licencia para la posesión, según Fuero (6), mas no venderse hasta cierto 
y> punto, a no estar obligadas de una manera especial. 

» Si un pechero del Rey viviese en casa de un Infanzón, no pechará por la 
»casa, sino por el mobiliario en, ella existente, ni hará Hueste ó Cabalgada; 
» pero pechará por las heredades de Ja bandera Real. 

» Si algún pechero fuere Exarico, colono ó trabajador de los campos del In- 
»fanzon, pechará como los demás, y por todos sus bienes. Mas si estuviera en 
» casa prestada por Infanzón, se observa lo de arriba, como dicen algunos. Pero 
» es la verdad y la práctica, que si un pechero del Rey quiere vivir en casa de 
» Infanzón, como Exarico, ó de otro modo cualquiera, pechará al Rey por todos 
» sus bienes ya muebles, ya inmuebles y semovientes , mas no por las propieda- 
» des del Infanzón. Hará Hueste y cabalgada, si posee heredades de bandera 
» real. Pero si ¡apersona del Exarico pertenece al Infanzón y no al Rey, se 
» observa lo arriba dicho. 

» Hay otros que se llaman Villanos de Parada ó de convenio, cuyos bienes 
» son propios del Infanzón, y habitan en las casas de éstos, con pacto deperma- 
y> necer en ellas para siempre. Estos en nada pechan con los hombres de la han- 
» dera Real, ni por los ganados, ni por las aguas, como algunos dijeron. 

» Nadie debe violar las casas de los Infanzones, ni extraer de ellas á ningu- 
» no que no sea ladrón manifestó, raptor , ó traidor, y para el contraventor hay 
» de pena sesenta sueldos en la tierra nueva, y allende: :::::::: veinticinco . En- 
» tiéndese y se observa esto , si el allanamiento no se hace en injuria y daño del 
» Infanzón. En cuyo caso, la pena de la Carta sobre la paz.» 

De propósito omitimos aquí muchas cosas que no hacen á nuestro intento. 
Más adelante prosigue : 

(1) Condic. de los infanzones. C. 1-°, Lib. 6. v 

(2) Literalmente en Tarazona. 

(3) En el Fuero de Ejea. 

(4) Fuero de Ejea. 

(5) Embargar. 

(6) Fuero comp. C. 1.° 

31 



290 COMENTARIOS 

« Otro Privilegio de los Infanzones es, que no pueden, según usanza del 
» Reino, ser castigados en lo criminal, sino por el Rey ó por los oficiales reales. 
» El señor de la Villa no tiene , pues , jurisdicción sobre el Infanzón en las cau- 
to sos criminales, aunque por otra parte tenga jurisdicción y mero imperio. 

» Para adverar y autorizar (1) la Infanzonía, sólo están sometidos al se- 
to ñor Rey. 

» Solo el Justicia de Aragón es juez en todas las causas que tenga el Rey 
» contra ellos, y ellos contra el Rey (2). Pero de la sentencia del Justicia, poe- 
to de, de usanza , apelarse al Rey , por parte del Rey ó por parte de los Infan- 
to zones , y aquel nombraré el juez. 

» Nunca dan , por privilegio (3), Boalage ó Herbaje. 

» No pagan a la corte del Rey por la carta de la salva común, sino treinta 
» Sueldos, segti/n Fuero. Cuya salva deben ellos hacerla hoy según el Fuero 
» nuevo de Zaragoza. 

» El Justicia de Aragón debe conocer en todas las causas que hay entre los 
» Ricoshombres , Caballeros ¿Infanzones (4), Pero sólo cuando el Infanzón, ó 
» el Caballero no es subdito del señor de la villa , ó del juez local ( 5 ) . En 
» otro caso estaría obligado i responder delante del señor de la villa, del Justi- 
>>cia, ó del juez local. De conformidad con lo dicho, nosotros entendemos esto en 
to lo civil, no en lo criminal. 

» El Justicia de Aragón debe ser siempre Caballero (6). 

» Pueden escaliar únicamente siendo vecinos y no en otro caso , aunque les es 
to licito comprar en las villas Reales ( 7 ). 

» Enséñanos ese Fuero , que puede el Infanzón despedirse del señor Rey, ha- 
to ciendo dimisión de los beneficios que de ¿l tiene, y encomendando a la lealtad 
» del mismo Rey, su esposa, sus hijos, y sus bienes. Cuya despedida y comanda 
to debe recibir y guardar fielmente el Rey, como señor natural. Hecha esta des- 
to pedida, puede con otro ó con otros hacer al Rey la guerra, mas no poner fue- 
»go a la tierra de este: y si viniere con otros a batalla Campal contra el Rey, 
» debe pasar en ayuda del Rey con armas y caballo ( 8 ) . 

x> Está obligado el Rey, por el Fuero nuevo, a recibir en comanda, no solo 
to los bienes del que se despidió; sino también los bienes de la esposa, de los hijos 
» y vasallos que vayan con él: y aunque se hubieren despedido, no debe ser para 
» atacar apara arrebatar al Rey algún Castillo. Si obraren en contra de estas 
to tres cosas, por las tales finquen, cuales deben ser, según costumbre de España, 
to Y no les vale el seguro (9). Los cuales deben ser tenidos, según costumbre de 
to España , por traidores. Y lo mismo parece decir la Carta de paz. Y si tales 

( 1 ) De la probanza. Cap. todo hombre. 

( 2 ) Fueros antiguos y Fuero de Ejea. 
(8) Fuero de Ejea. 

(4) Fuero de Ejea. 

(5) Fuero comp. C. 1. a y C. cualquiera hombre. 

(6) Fuero de Ejea. 

(1) Fuero : también el infanzón. 

(8) El mismo Fuero. 

(9) Fuero nuevo de los barones y mesnaderos. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 291 

» cosas se hicieran sin despedirse , sería la pena de traición . Lo mismo debe de- 
» cirse en el caso presente, no pudiendo caber en él ni desafuero, ni despedida. 

» Conviene saber también, que el despedido no puede, por usanza, quedar en 
» el Reino, ni en el Señorío del Rey. Y cualquiera que sea la época del año en 
» que se despida, pierde el beneficio del Rey por todo aquel año y siguientes. 

» Debe también saberse : Que si mueve un Infanzón ( 1 ) a otro cuestión sobre 
» heredad, debe darse al Infanzón un fianza que tenga casa -propia en la Villa 
» donde radica la heredad. Y no se practican otras cosas del mismo Fuero. Por- 
to que basta dar por fiador un Vecino idóneo, heredado en dicha villa. O si no 
» pudiese hallar, para fiador , un vecino de dicha Villa, jurando que no le puede 
» hallar , lo dará de la primera Cruz , de la segunda en defecto de la primera, y 
» asi sucesivamente.» Ó sea del lugar inmediato. 

En el caso de no poder presentar por fiador un vecino de la misma pobla- 
ción, debia presentarlo de las dos más próximas. Y si esto no le era posible, 
debía él mismo darse en rehenes á su acreedor. A esta fianza llamaban los 
antiguos de la primera , segunda y tercera cruz (2) , por las cruces de piedra, 
ó de madera, que suelen colocarse en la unión de caminos, ó á las puertas de 
los lugares. 

« Otro tanto debe decirse sobre fianza de Riedra entre los infanzones. Es la 
» práctica para inteligencia del anterior privilegio , que el fiaddr presentado de 
» la primera, segunda ó tercera Cruz, tenga heredad suficiente en la Villa, don- 
» de se pide y se halla la heredad de que se trata. 

» El Infanzón no está obligado la primera vez á jurar personalmente por 
j> cantidad menor de cien Sueldos; sino que llevará otro que preste el juramento 
y> porque no debe jurar el Infanzón. Se estará no llegando á diez Sueldos la can- 
to tidad, á la palabra y buena fe del Infanzón. 

» El Infanzón, si después de muerta su primera esposa Infanzona y viviendo 
» aun los hijos , contrae segundo matrimonio; puede, no teniendo otra heredad, 
x> asignar en dote á la nueva consorte sólo una , la mejor de las tres, m que á la pri- 
» mera señalara. Y aquella Heredad pertenecer á á los hijos de este matrimonio. Si 
» pasare á terceras nupcias , puede hacer lo mismo con la última heredad (3) . 

» Los infanzones tienen por mitad la colonia del homicidio, si un hombre del 
» Infanzón fuere muerto por otro del Rey, ó vice versa (4) . 

» Si alguno hiere á un Infanzón Ermunio hasta él derramamiento de sangre, 
toóle derribare al suelo sin derramamiento de sangre, pagará de calonia Dos- 
» cientos Sueldos. Y si un Ciudadano ó Villano no sólo hiriere á un Infanzón, 
» sino que le matare; no hay Calonia (5) . Pero el agresor guárdese de los ami- 
to gos y parientes del asesinado. Mas entiéndase que, cuando se hizo de intento, 
» sin preceder desafio y no siendo enemigo suyo ( 6 ) , habrá pena corporal, con- 



( 1 ) Fuero de satis dando. 

(2) Fuero corregido. 

(9) Fuero sobre derecho de las dotes. Cap." hijos. Lib. 6/ 

(4) Fuero de homicidio. Cap. Si aliguis. 

( 5 ) De las injurias. Cap. 1.° 

(6 ) Tít. de los traidores. Cap.° único. Lib. 8.° 



202 COMENTARIOS 

» forme á la (tarta, de paz. El guardarse de los amigos y parientes del difunto, 
» sólo debe entenderse cuando el homicidio es manifiesto. Porque si lo niega antes 
» de presentarse las pruebas, debe ser asegurado por los parientes y amigos del 
» asesinado. Tal es la práctica que se apoya en el argumento de dicho Fuero sobre 
» injurias y en el Fuero sobre el homicidio. Este dice : Si un Infanzón matare a 
» un hombre de bandera de Rey, pague la calonia , y defiéndase de los parientes 
» de la victima. Y otro Fuero: Todo homicida debe tomar la fuga por año y dia: 
» en cuyo tiempo los parientes del difunto no están obligados contra su voluntad 
» á recibir derecho de él, aun cuando prestara panzas de derecho. Tras el año y 
» dia, obligados se hallan á estar con él á derecho, porque tal es dar la jura (l)ó 
» el homicidio . 

» Aunque con arreglo á la Carta de paz nadie debe hacer daño á otro, sin de- 
» safio, no está , sin embargo, obligado el Villano á desafiar al Infanzón, ni al 
» contrario, si uno de ellos hubiere asesinado á un pariente del otro. Porque di- 
» chos Fueros parecen tenerle por desafiado, con tal que sea homicidio manifiesto. 
» Por el contrario si fuera dudoso, serian necesarios los desafíos. Si el uno ofre- 
» cíese estar a derecho, seria recibida su, firma; y aun estando pendiente la duda 
» debería ser asegurado según usanza del Reino. Mas si en los dichos casos, el 
» Infanzón matara al Villano, ó vice versa, sin desafío) no sería castigado con 
» la pena de la Carta sobre la paz, si pudiera probarse dicho homicidio. Los In- 
»fanzones siempre están obligados á desafiarse u/no á otro, á no ser por muerte 
» del padre ó por desheredamiento: y estopor observancia. 

» El hombre de Rey que habita en el Palacio del Infanzón se excusa de la 
» Sueste y de la Cabalgada. Pero no de prestar los demás servicios al señor Rey, 
» si tiene heredad del Rey : menos en el caso de que habla el capítulo último del 
» reconocimiento de las dádivas : esto es , si el Rey le hubiere concedido franqui- 
» cia por aquella heredad. 

» Gozan además los Infanzones otro Privilegio y es : Que los Ricoshombres 
» no pueden quitar el honor ó la tierra concedida á los Caballeros, á no cometer 
» algún delito, por el que debieran perderlo, y aun en tal caso precediendo cono- 
» cimiento de causa por los vasallos del mismo Ricohombre. 

» Tales hemos visto que, por los Fueros nuevos y antiguos y por las usanzas 
» del Reino, son los privilegios de los Infanzones , aunque no tengan otra jerar- 
» quía ó dignidad, y sean meros Infanzones. 

y> Los Infanzones, que no tienen jueces .locales , hemos dicho que en general 
» están sujetos al Justicia de Aragón en las causas civiles y criminales, pero si 
» en el Infanzón no pudiera hacerse justicia corporal por ser Noble , Ricohombre 
» ó Caballero, como dicen algunos, debe si conocer en la causa el Justicia de Ara- 
» gon, mas no condenarle. Porque el Rey es quien debe mandar prenderle , y de- 
» tenerle prisionero, según su voluntad (2). 

» Si un Caballero ó Infanzón matare á otro, no Infanzón ni Caballero , sin 
» pacto ni desafío, tío debe ser juzgado por traidor, en opinión de algunos, según 

(1) Sobre el homicidio. Iteyv omnis. 

(2) Carta de la paz. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 299 

» la Carta de la paz. Pero si un Villano ó Ciudadano matare á un Caballero ó 
» Infanzón, ó un Villano a otro Villano ó Ciudadano, sin desafío, ni de común 
» acuerdo; según la Carta de la paz seria traidor en opinión de algunos. Asi pa- 
to rece insinuarlo una ley (l) que dice : Si uno, cualquiera que sea su condición, 
» mata á otro, no enemigo suyo, concordemente — procurándolo, según entende- 
» mos nosotros esta palabra , — es traidor, por más que el texto no lo diga ex- 
to presamente. Pero si bien dicho Fuero esta colocado en el capitulo de las traído- 
» nes; no se halla en él señalada la pena de la traición. Y los Ututos del Fuero 
» no forman jurisprudencia , como es de ver en los presentes capítulos. 

» ítem, si un Infanzón toma por esposa a una Villana; ésta tendrá los ho- 
to ñores de Infanzón^, durante la vida de su consorte y mientras guardare la 
» viudedad, pechando no obstante por sus bienes particulares .» 

Escribe también Salanova respecto de los mesnaderos , lo siguiente : 
« Si bien hemos hablada antes de un modo general, son propiamente Mcsna- 
» deros,por antigua observancia, los hijos, nietos y descendientes por línea rec- 
to ta, de los nobles. A ellos deben darse las Afesnaderías : alguna vez se dan á 
to otro las décimas, pero es por servicio y no por Mes nadería. Porque únicamente 
to debe tener honor , en rigor de verdad, el hijo que sucede en la Baronía al Ri- 
to cohombre; los demos Mesnadería. Además, el tal Mesnadero no puede ser Va- 
» sallo de nadie, sino del Bey.» 

Esto es cuanto acerca de los ricoshombres , caballeros é infanzones encon- 
tramos en las obras inéditas, vulgarmente llamadas observancias, de Sa- 
lanova. 

Muy en armonía con esto se halla lo que escribe el esclarecido fuerista 
Jaime del Hospital , en sus Comentarios á nuestras leyes, publicados unos se- 
senta años después de Salanova , en tiempos del Justicia de Aragón , Juan 
López Sesé, de quien, en opinión de algunos, aquel fué lugarteniente. A és- 
tos siguió Bagés ( 2 ) , contemporáneo de nuestros abuelos , que trató la misma 
cuestión y en los mismos términos. 

A una misma fuente acudieron todos : al obispo Vidal , de cuyos escritos 
tomaron ellos cuanto tuvieron por conveniente. Y en idéntica necesidad nos 
vemos también nosotros ; pero escudriñaremos además otros documentos nue- 
vos , procurando hoy reproducir en nuestra explicación , si no con más gala- 
nura, con mayor abundancia y claridad al menos, las breves y concisas ense- 
ñanzas , trasmitidas por los escritores sobre este asunto , y los sucintos datos 
que nos suministran los Anales en sus lacónicas cláusulas y pensamientos. 

Para que se comprenda , pues , la antigua dignidad de los ricoshombres 
por la magnificencia de su título , sépase que hubo un tiempo — ya lo dejamos 
consignado — en que éstos se llamaron también Barones, porque entre ellos 
eran distribuidos los lugares arrancados por la fuerza á los musulmanes. Y se 
daba el nombre de Baronía, no á una población única, sino al conjunto de 
varias reunidas en manos de uno solo de nuestros ricoshombres. También á 

« 

éste se le daba entonces el titulo de barón , hombre dichoso, según el dicta-* 

( 1 ) Cap. De proditionibvt. Lib. 5.° 

(2) Antieb. 



294 COMENTARIOS 

men de Vidal. Era necesario , asi lo disponían las antiguas leyes del Fuero 
sobrarbiense, que se repartieran entre los ricoshombres , caballeros é infanzo- 
nes las poblaciones conquistadas á los árabes. Mas no era tan completo el se- 
ñorío que se daba en ellos á los ricoshombres , como si nada absolutamente 
quedase para los reyes. Fuera un absurdo semejante proceder. Verdad es que 
parecen indicar lo contrario las siguientes palabras de Vidal: « Todas las ciu- 
dades y tillas, así mayores como menores, deben asignarse para sus estipendios 
a los ricoshombres.» Ellas significan, á nuestro modo de entender, que todas 
las villas y ciudades debían pagar impuestos fijos en cantidad y en determi- 
nados objetos, con que pudieran los ricoshombres sustentar á sus guerreros. 
Y los reyes , á pesar de ésto , exigían en los mismos lugares otros muchos tri- 
butos , con cuyas rentas atendían á las necesidades de sus caballeros domésti- 
cos. Pero todavía se ignora qué clase de contribución era la del rey, y cuál la 
propiedad de los ricoshombres. 

Opinan algunos, que á éstos solía dárseles la tercera parte de los lugares. 
Según puede colegirse de la varia lectura de documentos antiguos , á unos 
parece se les concedían en la forma que indica Vidal ; en diferente á otros ; y 
no siempre de una manera constante á una misma persona. Hasta sabemos 
que más de una vez se confirieron á los ricoshombres poblaciones enteras, 
reservándoselas también íntegras de vez en cuando los mismos reyes. Nosotros 
estamos persuadidos de que cupo á cada uno la parte que le correspondiera, 
y de que se ajustara la distribución á leyes de antemano convenidas. Ni si- 
quiera ponemos en duda, que si alguna vez hicieron nuestros reyes con mano 
pródiga, donación de lugares á los extranjeros, seria de la parte que como á 
reyes les pertenecía; de lo contrario hubieran defraudado grandemente á 
nuestros hombres. Acaso procedieron más de una vez en esta materia con algo 
de confusión. 

Los nombres que con mayor frecuencia llevaban los impuestos , son : pe- 
chas, questias , pedidos , exército, cabalgada, monedaje f zo/ras y cahnias, acé- 
milas y/onsaderas. La libertad, ó exención, que de ellas se conseguía, toma- 
ba el nombre de redención de las gabelas dichas. Y lo que es más todavía, lo 
mismo que á los reyes pagaban á los ricoshombres algunas poblaciones , aun 
lo. que se llamaba cenas. 

Pero cualesquiera que ellas fuesen, según se asignaban á los ricoshombres, 
se daban como un feudo ilustre. Tributábanse como un honor, y por esto se 
llamaron después Honores. En diferentes ocasiones las hemos llamado dere- 
chos honorarios; pero sin pretender significar por eso, que fueran edictos ó 
leyes pretoríanas , ni cosa parecida. Dispensábanse esos honores á los ricos- 
hombres , mas no como dádivas, no como gracias, sino como el pago de una 
deuda de justicia fundada en el derecho patrio. 

Sépase , para evitar toda anfibología , que nosotros damos el nombre de 
villas ( 1 ) á las poblaciones más ricas y magníficas , así como el de caballeros 
á los nobles del orden ecuestre , y el de infanzones á los hijosdalgo. 

( 1 ) La palabra latina villa significa quinta , granja. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 295 

Como era para los ricoshombres de mucha importancia la cuestión de ta- 
les alcabalas , ellos, á fin de facilitar su cobro, administraban justicia en esas 
poblaciones; y con este objeto nombraban zalmedinas en las ciudades, y en 
las demás poblaciones bailes, con jurisdicción ordinaria los unos y los otros 
en el régimen de la población, á manera de alcaldes ó gobernadores. Esto es 
lo que indican las palabras de Vidal regir y presidir los concejos de los pueblos 
como delegados de los ricoshombres. A éstos los encontramos en no pocos de 
los antiguos privilegios, apellidados, por ejemplo, Senyor en, Zaragoza, Se- 
nyor en, Alagon, Senyor en Tarazona, Senyor en Barbastrq y 6 con otros títulos 
análogos , los cuales manifiestan que ejercían esa jurisdicción en dichas po- 
blaciones. Sobre esto citaremos otros ejemplos , en que se verán de relieve las 
nobles huellas de la dignidad primitiva de los ricoshombres. Tales son la par- 
te final de los documentos que solía redactarse entonces de la manera si- 
guiente : « Reinando el Conde Ramón en la Ciudad de Zaragoza, y mandando 
en la misma Ciudad por manos de ¿l Senyor Lopiz. » De este senyor Lopiz sa- 
bemos que fué muy estimado por el conde de Barcelona, Ramón Berenguer, 
esposo de la reina Petronila, y antes por el rey Ramiro. 

Del mismo magnate se lee en otra escritura : 

« Don Ramiro reinaba en Aragón, y bajo su imperio mandaba en esta ciu- 
» dad Lop Senyor. » 

Otra dice de un tal Palazih : 

« Reinando el Conde de Barcelona en Aragón, y en Zaragoza por mano de él 
» Palazin Principe. » 

Por donde se vé , que los ricoshombres también estaban condecorados con 
el título de príncipes. 

Del mismo Palazin se hace también la mención siguiente : 

« Palazin Sénior domimba, en Zaragoza a las órdenes del Conde. » 

Más de una vez se llaman también séniores , á semejanza de Jos ricoshom- 
bres, aun los mismos reyes. Hé aquí la prueba: 

« El Emperador Sénior de Zaragoza; y Pedro Atares por él. » 

Y en otra parte : 

« Por este tiempo el rey de León Sénior en Zaragoza , y Lop Lopiz por su 

» mano. » 

Después de la muerte del emperador Alfonso , el conquistador de Zarago- 
za, fué ésta ocupada , como hemos visto, por el rey de León , llamado también 
Alfonso. 

Con más claridad se deduce todavía de las siguientes palabras : 
« Reinando en esta ciudad el rey Alfonso ; Ramiro en Aragón y en Sobrar be; 
» Lop López Sénior en Zaragoza por mano del rey de Castilla. » 

Obsérvese de paso, que no es nuevo ni reciente , sino antiguo y célebre , el 
nombre de Sobrarte. 

s Hasta hubo costumbre de dar en una misma población honores diferentes 
á diferentes ricoshombres, quienes solían distinguirse con su título particu- 
lar. Asi lo hemos leído poco há en un vetusto privilegio que dice: « El vizconde 



296 COMENTARIOS 

y> Gastan ( 1 ) Sénior en Zaragoza; y Rotron Sénior en aquella parte que se lla- 
» maba de San Salvador; y Lop Sénior en el Cuartón de Zaragoza. » 

Los antiguos monumentos nos han conservado éstos y otros títulos por el 
estilo, juntos en un solo lugar y al mismo tiempo. Esa era la fórmula de que 
hemos hablado en el prefacio, usada en los privilegios de aquellos siglos , al 
hacer mención de los testigos confirmadores. 

Por el vocablo Oudrton creemos designada la cuarta parte de la ciudad , i 
no ser que queramos referirlo á Cu arte , lugar asi llamado por distar de la 
ciudad cuatro millas. 

Cobrábanse los tributos , en metálico los unos, los otros en frutos, ó según 
la expresión de Vidal, en grano. Estos se consideraban como mejores y más 
excelentes por cuanto podían dar mayores rendimientos á los señores, uti- 
lidad que no proporcionaban los primeros. Concedíase con más frecuencia el 
gobierno de las poblaciones á ios que cobraban en grano, á fin de que no les 
faltara en la exacción la conveniente autoridad ; y cuanto eran menos fijos los 
tributos por consistir en una parte de los frutos , más pronto y expedito re- 
curso de justicia necesitaban los señores para que no se levantasen las cose- 
chas furtivamente. 

Asi , pues , la voz Sénior, que propiamente significa anciano , hombre de 
avanzada edad, pasó á denotar después la potestad de los ricoshombres en 
esas poblaciones: de modo que, el intitularse séniores de 6 en algún lugar, 
equivale á decir que tenían en ellos alguna jurisdicción. 

Esa expresión séniores (2) fué también un tiempo sinónima de jueces, se* 
gun se vé claramente por el epígrafe de un Fuero que hoy tenemos en latín y 
dice De la jurisdicción (3) de todos los jueces, y los manuscritos en lengua 
vulgar del mismo Fuero llevan por titulo De la Senioria de los Séniores. Pu- 
blicáronse primeramente en romance las antiguas leyes aragonesas, y des- 
pués , con asentimiento del rey y del Reino , fueron vertidas por Salanova 
al idioma latino. 

Con esos tributos , fueran de la una ó de la otra clase , asignados á los ri- 
coshombres, debían ellos satisfacer el sueldo fijo de los caballeros. Fijado es- 
taba también el número de éstos , que debía mantener cada uno con arreglo á 
las rentas que anualmente percibía , esto es , á razón de un caballero por cada 
500 sueldos , ó sean 25 escudos . Y no era cosa rara señalarles el prest en cam- 
pos , casas y posesiones incultas , de las mismas donaciones hechas por los re- 
yes á los ricoshombres. Para mayor firmeza y estabilidad, y para poder tam- 
bién trasmitir á sus descendientes la posesión de las tales fincas , mediaban á 
veces solemnes estipulaciones de contratos é instrumentos , de los que hoy se 
conservan algunos ejemplares. El archivo del Pilar conserva uno de éstos, por 
el cual hace donación de ciertas casas y campos que hablan sido propiedad de 



(1) El MS. pone al margen: « Orti Ortiz sénior en la parte que está hacia San Miguel de los na- 
varros. » ' 

(2) Séniores, plural de tenior , so aplicó también á los senadores , padres , etc. Sénior en todos estos 
casos es ni mas ni menos que señor, palabra derivada de la primera. 

(8) De juriedictione omniwn judicum. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 991 

un árabe distinguido llamado Álchayde Aben Alimen , el vizconde de Gastón, 
Sénior en Zaragoza , á uno de sus caballeros , que había hecho prodigios de 
valor en la conquista de aquella ciudad. En la última parte del documento se 
lee la cláusula siguiente : « Te doy los sobredichos bienes ¿ salva mi fidelidad y 
» la de mi Señor Alfonso Rey que nos los dio á nosotros. » 

Quedan además otras análogas escrituras de donaciones, hechas á caballe- 
ros que fueron á buscar la muerte en medio de las filas enemigas por salvar 
el ejército. Todas ellas guardan una misma forma en las estipulaciones, y pa- 
rece que proclaman la antigua lealtad de los ricoshombres para con los reyes, 
y la fidelidad de los caballeros hacia los ricoshombres ; como si no fuera bas- 
tante , en su dictamen , que brillara la adhesión más completa y constante en 
todas las ocasiones, si no resplandecía también en los mismos pergaminos. 

Los caballeros debían acudir al llamamiento del ricohombre (1), bajo 
cuyas órdenes militaban. Si faltaban á su obediencia, desde luego podían ser 
condenados á perder todos sus estipendios. Por eso se llamaban ellos caballe- 
ros vasallos de los ricoshombres, y Caballerías de Honor cada una de las do- 
taciones señaladas para pago de sus servicios. 

Aun los mismos reyes estaban obligados á sustentar igualmente algunos 
caballeros en proporción á las rentas de su real patrimonio. Como éstos eran 
de la casa ó palacio real , mesnada según los antiguos , se llamaron mesnade- 
ros. Diversidad de nombres que anunciaba también estado diverso entre los 
mismos caballeros. Aunque todos eran iguales en la profesión , diferenciában- 
se mucho, sin embargo, su clase y categoría. La orden militar de los caballe- 
ros mesnaderos se aproximaba más á la dignidad de los ricoshombres. Los es- 
tipendios que éstos recibían de los reyes , aun en el nombre se diferencian de 
los primeros, llamándose ó mesnaderias ó caballerías de mesnada. 

Tapta majestad rodeaba á los ricoshombres cuando iban escoltados de sus 
caballeros, que casi eclipsaba la de los mismos reyes. Como éstos, llevaban 
delante su alférez con pendones ó señeras que ostentaban los magníficos escu- 
dos de armas, propios de su dignidad y de su grandeza. De aquí el nombre 
que les daba con frecuencia la antigüedad de Ricoshombres de señera (2). Asis- 
tían de ordinario á los Consejos de los reyes. Y á los acuerdos por ellos con- 
venidos debía ajustarse la dirección de los negocios públicos. 

Ya hemos visto que tuvieron alguna vez el título de príncipes. Por esto, 
sin duda, se llamaron infantes sus hijos , como los hijos de los reyes. Y de 
aquí se derivó en nuestro sentir el nombre de Infanzones. Y á la manera que 
se formó de hombre (3) hombrecillo, ú hombre pequeño, también se formó de 
iufante infanzón , ó infante inferior, título dado á los hijos de los caballeros. 

Caballeros son . ora pertenezcan á la clase de vasallos de los ricoshombres, 
ora á la de mesnaderos, según la expresión común, los que actualmente son 
armados caballeros. En e3to se funda lo que ha escrito Molino en su Reperto- 
rio, artículo infanzón: «Los Infanzones nacen entre nosotros; mas los Caballé- 
* 

(1) « Y no de otro alguno , » añade el MS. 

(2) MS. : « Ricos ornes. > 

(3) Las palabras latinas homuncio é infancio usados por el autor son diminutivos. 

"38 



298 COMENTARIOS 

» ros se hacen, ó se crean ( 1 ) . Porque sin creación actual, ó sin promoción a la 
» milicia, ninguno puede ser Caballero. » 

Por tanto, sospechamos que el origen de la palabra infanzón es el señala- 
do arriba por nosotros. No nos place la etimología que trae Molino sobre el 
nombre y origen de los mismos. 

« Descienden los Infanzones , dice , de hijos de Reyes , los cuales mientras 
» están en la infancia, no suelen en España llamarse Reyes, sino infantes. A 
» los descendientes inmediatos de estos Infantes, la costumbre de España dio por 
» corruptela el título de Infanzones. » 

En el mismo error que Molino había incurrido el obispo Vidal. Hé aquí lo 
que escribe Sobre la condición del infanzonado este autor , de cuyo dictamen 
prometimos dar cuenta á nuestros lectores : 

« Los hijos de los Reyes mientras se hallan en la infancia ó en la niñez, no 
» solían llamarse, y principalmente en España, Reyes, sitio Infantes. De aquí 
» provino que si un hijo de Rey no puede llegar efectivamente a tal estado ¡,or 
» faltarle el Reino, permanece todo el tiempo de su vida con el mismo titulo que 
» se le dio en la cuna. Resulta igualmente que cuantos merecen un trono por su 
» nacimiento, y, sin embargo, no pueden subir a él, se apellidan Infantes hasta 
»ser coronados como Reyes. Y después, á los que poco a poco fueron de ellos 
» descendiendo y se les dio en España por costumbre el nombre de Infanzones, como 
» si dijera, hijos de los infantes. Los cuales llamáronse Er muñios , por corrup- 
» don del vocablo inmunes, ó exentos de todo género de servidumbre. » 

No nos parecen bastante probables las razones anteriores para ceñir á un 
círculo tan estrecho como es el de los hijos y nietos de los reyes, la clase in- 
fanzona, tan prodigiosamente propagada por todo el Reino aragonés. No es 
posible fuera tan fecunda la semilla real q»ue de ella hubieran brotado todos 
los infanzones. Ni había por entonces en España tal número de testas corona- 
das , que pudieran ser ellas solas las cabezas de tan numerosas y dilatadas fa- 
milias, á no decirse que en cada ciudad, en cada pueblo, en cada casa, hubiera 
un rey destinado a propagar y multiplicar la raza de los infanzones. Aun pres- 
cindiendo de la observación hecha por nosotros en antiguos documentos , se 
acredita la costumbre de haber llevado en épocas anteriores título de infantes 
los hijos de los ricoshombres con el ilustre testimonio de Pedro, conde de 
Portugal , conservado en sus índices por Zurita. 

Además de esto, por costumbre y derecho inmemorial tenían los ricos- 
hombres el privilegio de soltar, cuando quisieran , esa especie de nudo que los 
ligaba A la potestad y obediencia de sus reyes ; y no polo despedirse de su 
servicio, si también hacerles la guerra, después de haber dimitido el Honor 
que por ellos poseyeran , con tal que ni peleasen contra la persona del rey, ni 
le pusiesen á riesgo de perder la vida, ni prendiesen fuego, ni demoliesen sus 
castillos. Antes debían rechazar con todas sus fuerzas á cuantos invadiesen, 
para ese género de guerra , el suelo de la patria. A su vez estaba obligado el 
soberano á tomar bajo su protección la esposa, los hijos, la familia, los bie- 

(1) Fuero de la creación de caballeros. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 299 

nes y la fortuna del ricohombre que de tal modo se hubiera despedido. Y muy 
lejos de hacerle daño alguno en sus intereses, debía, por el contrario, lo que 
es más todavía, empeñar su palabra de admitirlo nuevamente á su servicio. 

Podían también los ricoshombres , si el rey no necesitaba de su apoyo, 
prestarlo á cualquier otro rey extranjero, yendo acompañado de todos sus ca- 
balleros; y no se lo podía impedir, ni siquiera suscitarle obstáculos, el 
monarca. 

Eximían á sus colonos, llamados Iuveros, del servicio de hueste y cabalga- 
da, dos especies de llamamiento hecho á todo el Reino, que imponía la obli- 
gación de tomar al punto las armas y de ir en seguimiento del soberano. Por 
la segunda hacíase un solo dia de servicio y dentro de la comarca en que se 
hallara el rey ; á más largo tiempo obligaba la primera , y aun fuera de aque- 
llos límites. 

Tales procedimientos se ordenaron por creerse los mejores para presentar 
inmediatamente en campaña nuestra infantería y caballería, y hacer frente á 
las impetuosas é impensadas algaras del enemigo. Siendo muy contadas las 
personas que estaban libres y exentas de tomar las armas , estimaban en mu- 
cho los ricoshombres la inmunidad de sus colonos , porque abandonando éstos 
sus faenas , no podrían recaudar los tributos de costumbre. Ni ellos mismos 
estaban obligados á militar si no hacía la guerra el rey en persona. Él solo 
debía capitanearlos. 

Fué , finalmente , tan grande la potestad de los ricoshombres , que no pa- 
recían subditos , sino iguales y compañeros de los reyes. Perfectamente nofr lo 
manifiestan, y pintan la fisonomía del Reino por aquellos tiempos, las breves 
pero sentidas quejas de Alfonso III sobre la retirada y precipitado alejamiento 
de algunos ricoshombres, cuando envió al prior de los dominicos fray Valero, 
encargándole que por todos los medios posibles tratara de conciliarios con su 
persona. Condolíase el monarca de que se hubieran dejado arrastrar por la 
perfidia de unos pocos. Hé aquí sus palabras, según Zurita: 

« Que lo habían desamparado los Ricoshombres, que con él es lavan \ creyen- 
» do volver a lo antiguo, guando havia en el Regno tantos Reyes , como Ricos- 
» hombres. » Tan grande era la reputación de los ricoshombres , tal el brillo, 
tanta la dignidad y grandeza ( 1 ) , que los consideraban como reyes los mis- 
mos reyes. 

Había en el Reino dos clases de ricoshombres. Llamábanse de nacimiento 
los unos; los otros de mesnada. Pertenecían los primeros á señaladas y deter- 
minadas familias; mayor y menos fijo era el número de los segundos. Hacia 
los últimos tiempos no parecía grande la distancia que separaba los unos de 
los otros; pero se estaba lejos de juzgar que fuesen iguales en los principios. 
Siempre se consideraron aquellos como más antiguos. Nosotros los tenemos, 
y de ello estamos convencidos, por descendientes de aquellos doce senyores, 
que, durante el primer interregno, fueron los directores de nuestra cosa pú- 
blica, y no de otras razas 6 de otros pueblos extranjeros; si bien sabemos hay 

( 1 ) MS. : « De su majestad en público. » 



800 COMENTARIOS 

en su posteridad algunos individuos que , siglos más tarde, principalmente se 
glorian de haber tenido á un extraño, á un advenedizo, por tronco de su no- 
bleza, no siendo posible, por prohibirlo terminantemente el ja citado Fuero 
de Sobrarbe , que formaran los tales ascendientes , viniendo de fuera , esos ri- 
quísimos patrimonios de que ellos disfrutan al presente. Ni hay á nuestro 
modo de ver motivo alguno para que pretendan añadir nuevo lustre con fá- 
bulas y portentos á la antigüedad de su familia, ni menos para dar la prefe- 
rencia á la extraña sobre la nobleza de su propia casa. 

Muy justo nos parece, pues, antes que dejemos este asunto, el enumerar 
las familias de los ricoshombres de ambas clases , y presentar los escudos de 
las armas que hemos podido hallar hasta el presente. Nuestro objeto es, que 
inflame á los nietos la pasión por la gloria que supieron conquistarse sus 
abuelos ; y que den pruebas tanto más brillantes de la limpieza de su sangre, 
de su grande alma , cuanto se contemplan sus descendientes más encumbra- 
dos sobre las demás familias. 

Los datos relativos á la nobleza de cada una deberían tomarse de los más 
antiguos Anales, y no buscarlos en los escritos de los modernos. Para que no 
se crea, sin embargo, que los forjamos á nuestro capricho, seguiremos los 
índices de Zurita, quien aseguraba haberlos encontrado entre los manuscri- 
tos, sobre la misma materia, de Martin Alpartil, anticuario ilustre. Con ellos 
están en armonía otros manuscritos que se hallan en poder de nuestro D. Ro- 
drigo Zapata , tan versado en las bellas letras , como infatigable investigador 
demuestra antigüedad, y cuyo antiquísimo autor fué el arriba mencionado 
D. Pedro Garcés de Cariñena. Aunque éste pasa por autor de aquel trabajo, y 
lo es sin duda , creemos , no obstante , que contribuyeron con su óbolo el papa 
Benedicto y el rey Martin, porque sabido es que conferenciaron ambos sobre 
este asunto. 

Hallándose juntos en Aviñon éstos dos personajes, y recayendo un día 
(año 1.397), la conversación de sobremesa acerca de nuestras antiguas fami- 
lias, por las preguntas que, entre otros, hizo D. Hugo de Anglesola, se 
cuenta , que pidieron la obra de aquel autor , y que aprobaron su contenido 
después que la hubieron ojeado toda. Y en aquella ocasión sospechamos que 
se pondrían , para ilustrar la verdad , las breves anotaciones que hay en ella, 
pues ambos eran versadísimos en la materia, y aventajaban á todos en conoci- 
mientos acerca del particular, por lo mismo qu& era tan antiguo, cuanto se 
hallaban más entrados en años. No sabemos á punto fijo en qué época floreció 
Cariñena , pero es muy anterior al rey Martin , y , como se colige de sus es- 
critos, contemporáneo del rey de Castilla Alfonso el Sabio. No necesita, pues, 
testimonio de más peso, hallándose este punto garantido por la autoridad de 
tantos y los más respetables personajes. Fácilmente creemos que dicho autor 
es ascendiente del otro Cariñena, camarero de Benedicto XIII. Para ello no 
tenemos más fundamento que la identidad del apellido. 

Los ricoshombres de nacimiento , que dijimos pertenecían á señaladas y 
determinadas familias , fueron como los primeros magnates de los linajes más 
distinguidos. Tales son, según los mencionados escritores: 



DR LAS COSAS DE ARAGÓN- 



RICOSHOMBRES DE NACIMIENTO. 



C0B1IL. 



lili. 



tüIA. 





A2A6BA. 



DRBEA 





ALAGOI. 



nomo. 




COMENTARIOS 



mu. 



1MTINZA. 



LIZAHA. 




Hemos tenido ocasión de observar que hubo en lo antiguo tres nobilísimas 
familias , pertenecientes á la clase primera de la ricohombría , con el mismo 
apellido Luna , pero coa diferente escudo de armas y con distinto patroními- 
co. Llamábase la primera Martínez de Luna; Fernandez, ó Ferrench de Luna, 
la segunda , y la tercera López de Luna. Estamos , sin embargo , persuadidos 
de que son ramas de un mismo y solo tronco. 

Sería un crimen pasar en silencio la singular modestia que resaltaba en 
los títulos de los Azagras. Pertenecía á sus estados la esclarecida y noble ciu- 
dad de Santa María de Albarracin ; y ellos , alterando piadosamente la coloca- 
ción de las palabras, y manifestando también la humildad necesaria en medio 
de la grandeza , intitulábanse vasallos de Sania María y señores de Al- 
barracin. 

Lo mismo que en los Lunas , observamos en el iluBtriaimo linaje de los 
Urreas. Aunque contaba mas de una familia, ninguna estaba excluida de la 
categoría de los ricoshombres por naturaleza. Siendo dos y las dos muy dis- 
tinguidas desde tiempo inmemorial, y cada una con sus estados particulares, 
ésta en la parte de acá , y aquella al otro lado del Ebro , ambas comprendidas 
hoy con el titulo y famoso Condado de Aranda , se consideraron como diversa 
la una de la otra, en la clase misma de ricoshombres por origen: de modo, 
que es tan cierto fueron dos antiguamente las familias de los Urreas, como 
que hubo tres en el linaje de los Lunas. No las separamos nosotros, porque 
no hemos encontrado entre ellas diferencia alguna, ni en el escudo de armas, 
ni en el patronímico Jiménez , tan frecuente en el linaje de los Urreas. 

Hecha esta distinción, resulta que son doce las familias de los ricoshom- 
bres, número igual al de los séniores. Esto hace más probable nuestra opinión 
antes emitida , de que descienden aquellas de los encargados en el primer in- 
terregno de regir la cosa pública , puesto que hasta el fin se conservó igual 
número de familias. Bien podemos, pues, afirmar que no es debido al azar 
ese número, ni la dignidad de los ricoshombres, sino fijado por aquel grande 
acontecimiento desde la infancia de nuestro Reino. 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 808 

Casi iguales á éstos en poder y nobleza fueron otros magnates ; á quienes 
llamaríamos nosotros de segundo orden para distinguirlos de los primeros, 
apellidados por los escritores ricosAombres de mesnada. Y son los siguientes: 



RIC0SH0MBRES DE MESNADA. 



VERGDA. 



MAZA. 



TRAMACET. 




AIR08ILL0. ANTIL101. 



DRTIZ. 




AT0M1UA. ATABES. 




COHBHT ASIOS 



TIZOH. CAXAl. SAIIACEUÍ. 






PARDO. CliTSLIfflM. HD1RTA¡ 






PilYO. rilALTA. VIDAUHA. 






FIIIA. mí. AH0I1S. 






DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 




Mayor, pero menos fijo que los primeros, fuera el número de los ricos- 
hombrea de mesnada. Mencionadas hemos visto también otras muchas, anti- 
guas é ilustres familias de ricoshombres meanaderos. Ni nos atreviéramos á 
colocar, por solo nuestro dictamen, entre la ricohombría todas las anteriores, 
á no hallarnos apoyados en la autoridad de los autores ya citados. Sólo el 

(1) Sua armas eras loa símbolos dala fidelidad y ligereza, et perro o can y el ala; el nombre San- 
cho 6 Sane. De donde Can , ala , Sana , y por sincopa Calaaanz. 
(a) Artoíillo,* AtroaiHo. 



806 COMENTARIOS 

crédito de éstos nos ha decidido á seguir esta opinión , pues como al principio 
dijimos, su testimonio , y no nuestro criterio particular, nos sirve de regla 
para medir la elevación de cada familia. Pero no entra en nuestros planes el 
discutir ahora sobre el origen de todas ellas. Esto nos parece que debiera bus- 
carse en los Anales del Reino y en los Comentarios de nuestros reyes. 

La idea de completar y de realzar nuestra obra ha sido el único móvil 
para que nos tomáramos gustosos este trabajo, enumerando tan sólo las anti- 
guas familias de los ricoshombres , y presentando los escudos de su nobleza 
que hasta ahora conocemos ; pero no hemos pensado en hacer una disertación 
sobre la antigüedad de todas. Esto seria engolfarnos en las inmensidades de 
un océano, siendo la ruta más desconocida de lo que parece. Salgamos , pues, 
á imitación de los demás que se desvian de ese piélago, sembrado todo de es- 
collos y de peligros. 

Señalábanse á los ricoshombres , con arreglo á Fuero, para el sostenimien- 
to de sus caballeros, crecidos tributos en todas las ciudades y lugares del 
Reino. Y como ellos — ya lo hemos dicho repetidas veces, — se encaminaban 
al acrecentamiento de su honor, llamábanse también Honores. Siempre que 
algún ricohombre abdicaba algún Honor, á otro debia adjudicarse inmediata- 
mente. Además ninguno podía, con carácter de perpetuidad, ser removido de 
ese círculo sólo por el capricho del monarca , aunque al parecer esta sea la 
opinión de Vidal. Lo contrario se deduce de las leyes promulgadas en tiempo 
de ese autor, que niegan tal derecho á la corona. Podía ella desposeer á un 
ricohombre , pero sólo en alguno de los siete casos que hallamos en diferentes 
Fueros y que ponemos reunidos á continuación : 

1.° Si alguno armaba caballero al que no fuera infanzón ó ciudadano de 
ciudad inmune. 

En este caso se le consideraba para siempre excluido de los derechos y ho- 
nores destinados á las personas de su rango ( 1 ) . 

2.° El que deterioraba el Honor que le estaba encomendado ó imponía á 
los pueblos mayores tributos que los de costumbre , quedaba por completo á 
disposición del rey, y en adelante nunca era admitido , sin anuencia de éste, 
para alternar con los ricoshombres , si después de requerido difería la repara- 
ción de los daños irrogados (2). 

3.° Si no tenía en los pueblos de sus estados el correspondiente número 
de caballeros, ó les disminuía las asignaciones, era para siempre despojado 
de aquella dignidad suprema. 

Sin duda iba este Fuero encaminado á desvanecer toda esperanza de frau- 
de para que se hallara completo el número de los guerreros, que eran en su 
dictamen el nervio de la república ( 3 ) . 

4.° El que desempeñaba las órdenes del rey , convirtiéndolas maliciosa- 
mente en beneficio y lucro personal , 6 se manifestaba remiso en su cumpli- 
miento, era tenido por infame y perdía el Honor, si versaban aquellas sobre 

( 1) Fuero 1.° y 2.° de la creación de los caballeros. 

(2) Fuero único de los estipendios y estipendiarios. 

(3) Fuero bajo el tít. Que los barones de Aragón están obligados. 



DB LAS COSAS DE ARAGÓN. 3(T7 

asuntos de interés y de importancia suma. Pero si faltaba de uno á cinco dias 
al servicio del rey, era condenado á la pérdida de sus rentas por un año (1). 

5.° El que se confederaba con otro príncipe, era privado del Honor, si 
antes no hubiera pedido el permiso de su rey. 

Era en este caso indispensable requisito que se alcanzara el beneplácito 
del monarca, quedando, como se dijo, todos sus bienes bajo la protección del 
mismo (2). 

6.° El que no guardaba, 6 no procuraba que guardaran todos, á la per- 
sona del rey y á los ministros reales , la reverencia que se debe á quien esta- 
mos sometidos por la ley natural, era condenado en juicio á la pérdida del 
Honor. 

Hasta ese punto creyeron necesaria nuestros mayores la sumisión á los re- 
yes. Así cuidaron ellos de perpetuar, de reverenciar y respetar la potestad 
real , suavizando únicamente sus asperezas ( 3 ) . 

7.° El que hubiera testificado con juramento falso que alguno era infan- 
zón , no sólo perdía el Honor, sino que era condenado á ser pechero para 
siempre. 

Por tales causas , según los antiguos Fueros , podían los ricoshombres ser 
desposeídos de sus Honores. Pero no era bastante para ello la autoridad sola 
del monarca. Requeríase además el decreto del Senado entero y del Consejo 
público, como expresamente lo dice Salanova. Despojado por este medio del 
Honor, descendía el ricohombre á la clase de los mesna¿eros , á no haber sido 
condenado por el feísimo crimen de perjurio. En este caso, se le rebajaba para 
siempre hasta la más humilde condición de los plebeyos ( 4 ) . 

Podía el rey por sí solo, según Fuero, mudar y alternar los Honores entre 
los ricoshombres , porque no estaban ellos para siempre vinculados en cada 
una de las familias. A esta variación de Honores entre los ricoshombres deben 
referirse las siguientes palabras de Vidal : « La condición del rey acerca de los 
ricoshombres é se conoce ser tal, que cuantas veces quiere, y del modo que le plu- 
guiere, los destituye. Cuya destitución se hace tan pronto como el rey, sólo de 
palabra ó por sus cartas, pide se le restituya el Honor, que por él tiene el ri- 
cohombre. » 

Ellas , en efecto, parece dan á entender, que- el rey cambia libremente los 
Honores entre los ricoshombres, no para dejarles sin Honor, sino para confe- 
rirles otro nuevo. Sería una iniquidad, sería un absurdo,. el que uno pudiera 
ser apeado sin causa después de haberse elevado á una clase tan distinguida. 

A la verdadera deposición deben referirse estas otras que pone á renglón 
seguido el mismo Vidal : « Hecha esta destitución; el Ricohombre, por rico y 
noble que sea, aunque traiga consigo muchos Caballeros, se cuenta entre los Mes- 
naderos.» Esto es; contábase entre los mesnaderos el destituido de la rico- 
hombría para que no perdiera toda su fortuna, castigo reservado á los perju- 

( 1 ) Observancias 5 , 6 y 1 sobre la condición del infanzonado. 

(2) Observancia 8.* del mismo título. 
(8) Observancia 9. a del mismo título. 

(4) Observancia 10. a del mismo título. 



808 COMENTARIOS 

ros. De otra manera estaría Vidal en contradicción consigo mismo, pues dice 
en otra parte , que el soberano no puede quitar sus derechos á los ricoshom- 
bres, ni aun para darlos 4 los hijos 6 hermanos de los reyes. 

De tal suerte estaban distribuidos los cargos de cada clase , que ninguna 
de ellas podía extralimitarse , ni de una á otra trasladarse nada. Hasta se ha- 
bía establecido, que de ningún modo se acumulasen los Honores más de lo 
justo en una sola persona, para evitar que los demás, en otro tiempo felices, 
se vieran luego reducidos á una indigna necesidad en medio de sus amigos. 
Así se conseguía que estos Honores siempre fuesen circulando entre los ricos- 
hombres. 

Era lícito á los acreedores, según Fuero, embargar sus rentas por deudas 
pecuniarias. Podíalo también el rey. Nada hay, en efecto, más útil á la fe pú- 
blica, como el satisfacer cuanto antes y por completo lo que debe cada uno. 
Para este efecto era enviado el merino del rey á todas las poblaciones tributa- 
rias , y mandaba que nadie pagase al ricohombre sus derechos hasta que él 
hubiera llenado también sus compromisos. Una vez cubiertas sus deudas , exi- 
gía las rentas acostumbradas. 

Por causa criminal no podía el rey impedir el cobro de éstas últimas. A 
causa de un crimen , decían los nuestros , no era lícito secuestrar los Honores, 
sino por sentencia del Consejo público, como interpreta Salanova. Dicho au- 
tor se propuso ajustar esta cuestión al sentido común y ponerla al alcance del 
pueblo ; si bien faltan en sus escritos muchas cosas que deben buscarse en la 
atenta observación de los monumentos. 

La elevadísima dignidad de los ricoshombres , conocida con el nombre de 
ricohombría, trasmitíase por herencia á uno de los hijos elegido por el padre. 
Libre era éste en el nombramiento, con sola la condición de llamar á uno solo 
para suceder al otro, porque no se podía instituir heredero á más de uno. 
Tampoco era lícito el nombramiento del hijo ilegítimo. No quisieron nuestros 
mayores que recayese tan elevada dignidad sino en hijos de bepdicion. Los 
demás pertenecían todos á la clase de mesnaderos. Estos se llamaron alguna 
vez, según creemos, Mesnaderos nobles. De ellos se habla en la declaración 
del privilegio general con estas palabras: «Ítem que á los Mesnaderos nobles , 
no sea emparada (l) la Mesnada:» como si fuese posible distinguirlos por ese 
medio de los otros mesnaderos. Nobles se llamaron después los descendientes 
de los ricoshombres. Hoy, sin embargo, se ha generalizado más el título de 
nobles. 

Si á su muerte no dejaba hijos el ricohombre, heredaba la ricohombría el 
más próximo de sus deudos , ó el pariente por él nombrado heredero de aque- 
lla dignidad (2) . Si alguno, además de la ricohombría poseyera alguna baro- 
nía, podía dejar á uno ésta, y aquella á otro. Por esto dijimos, que Molino 
había incurrido en error al asegurar que fueron ricoshombres todos los baro- 
nes. Diversa era la categoría de éstos ; pero no sabemos en qué consistía esa 



( 1 ) Embargada. 

(2) Así se colige de la observación al título « Condición del infanzonado. > 



DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 809 

« 

diversidad. Es más fácil conocer la falsedad de una cosa que encontrar la 
verdadera. 

Observando que Vidal y Salanova, y aun algunas de nuestras leyes, llaman 
muchas veces barones á los ricoshombres , como si no mediara diferencia algu- 
na entre unos y otros, y viendo por lo que antecede y por otras cosas, que la 
diferencia existe, somos de parecer que, esos títulos, ni bien fueron diversos 
del todo, ni del todo equivalentes. También se toma hoy más latamente el 
nombre de barón, dándose por título á muchos que, ni son patricios, ni des- 
cendientes de los patricios. Mejor suena á nuestros oidos la voz ricohombre 
que la de barón ; y nos figuramos , que si son los barones obra de los reyes, 
de la naturaleza lo fueron antes los ricoshombres. Estos, sin asomo de duda, 
son tan antiguos como el Reino y como los reyes. Aún más: ellos, y princi- 
palmente los de nacimiento ó sus ascendientes, fundaron en lo antiguo el 
Reino y la monarquía. Y no se apoya en una simple conjetura nuestra opi- 
nión de que son obra de la naturaleza los ricoshombres. Ya hicimos observar 
aquella antigua y tan usada restricción hecha para distinguir la clase y esta- 
do de los ricoshombres que desde algún tiempo pululaban en nuestro Reino, 
llamando nuestras gentes, en su ordinario é inculto lenguaje, á las magnates 
de las familias más ilustres Ricoshombres de Natura; porque á la naturaleza, 
no á la munificencia de los reyes, debían tan grande honor. Fijas y determi- 
nadas eran , y debian serlo, esas familias poco há señaladas y descritas por 
nosotros : sólo á ellas y no á otra alguna debian asignarse por Fuero todos los 
Honores ; pero los reyes fueron poco á poco agregando al mismo rango otras 
nuevas de cortesanos y mesnaderos que , ingertas en el tronco de la ricohom- 
bría , chuparon la sáviay usurparon el nobilísimo título de su Honor, llamán- 
dose ricoshombres, y siendo con frecuencia objeto de la liberalidad del sobe- 
rano. Mas para distinguirlos de los primeros y recordar su origen , se les llamó 
Ricoshombres de Mesnada. 

Sostenían los primeros, que no pudieron los reyes colocar entre ellos á los 
segundos, ni hacera éstos participantes de sus timbres. A nadie, añadían 
ellos, le era licito decretar cosa alguna fuera de su Consejo. Tal fué la causa 
de que se publicara aquella antigua ley honoraria que prohibía á los reyes 
semejantes nombramientos, en la forma siguiente: «En primer lugar: Que él, 
ó los sucesores del mismo en adelante, no den tierra ú Honor á hombre alguno, 
sino á aqiiel tan sólo, que por naturaleza debe ser Ricohombre , y que no sea de 
otro Reino » ( 1 ) . 

Muchas y ruidosas contiendas sobre el mismo asunto se siguieron á la 
conquista del Reino de Valencia entre el rey y nuestros ricoshombres, que 
defendían sus derechos. Insistían y estrechaban ellos al rey, demandando que, 
según el honorario derecho de costumbre , debía distribuirse todo aquel Rei- 
no, por haberse conquistado con sus auxilios. El rey se empeñaba , por el 
contrario, en que debía hacerse la partición de un modo enteramente distinto. 
Cortóse al fin la disputa señalando el monarca á los que discutían con más 

( 1 ) Título De Caballtriu. 



810 COMENTARIOS 

calor algunas opulentas poblaciones de Valencia, y estableciendo en ella, si- 
guiendo el modelo de Aragón , varias rentas para el sostenimiento de caba- 
lleros. Mas no se llamaron de Honor, sino Caballerías de Conquista. Larga- 
mente hemos hablado de ellas en el reinado del Conquistador. 

De esta nueva especie de ricoshombres que solían crear los reyes , deben 
entenderse las siguientes palabras de Vidal : « Y en verdad, aunque el señar 
Rey cuente d los tales extranjeros entre los Ricoshombres , y les dé el Honor d 
éstos debido, ninguna injuria les hace. » Y que éstas se refieren á la dignidad, 
no á la utilidad, se vé claro por lo que dice á continuación el mismo autor: 
«Interesa, pues, tanto al Rey como á los Ricoshombres, y aun á todos los Ara- 
goneses, que el Rey tenga muchos Ricoshombres ó Barones: con tal que los na- 
turales de Aragón no queden defraudados en sus debidos estipendios. » Como si 
los jefes de las más ilustres familias, los ricoshombres por nacimiento, lleva- 
sen en paciencia la introducción de otras personas en su categoría, con la sola 
condición y pacto de no arrebatarles los emolumentos de costumbre , á pesar 
de compartir con ellas sus títulos y dignidades. 

Originándose luego cuestiones aún más agrias por el nombramiento de ri- 
coshombres, que recaía en clase todavía inferior, se decretó: que pudieran 
elegirse tan sólo de entre los mesnaderos y no de otra clase cualquiera. Muy 
claro lo explica Vidal, cuando dice : «El Rey debe crear ó tomar estos Ricos- 
hombres de los Mesnaderos naturales de Aragón. » De aquí nació aquella dis- 
tinción entre los ricoshombres de nacimiento y los ricoshombres de mesnada, 
que fué haciéndose cada dia más frecuente en las tertulias , á fin de manifes- 
tar con toda claridad, aun en el trato ordinario, la antigüedad que contaba el 
linaje de cada uno. A menudo trastornaban los reyes, sin embargo, todos es- 
tos derechos , confiriendo aquellos Honores , no sólo á hombres nuevos , si 
también á los extraños. ' 

Tales Honores redundaban en utilidad común de los caballeros , pues á 
cada una de estas agrupaciones estipendiarías dábaseles el nombre de Caba- 
llerías ( 1 ) . Habíalas en lo antiguo de cuatro clases. Unas se llamaban Coba. 
Herías de Honor; Caballerías de Mesnada otras; algunas Caballerías acostum- 
bradas dar como de Honor; y acostumbradas dar como de Mesnada las últimas 
caballerías. Como se vé, una misma cosa se dá á clases diferentes bajo dife- 
rentes nombres. 

La índole misma del asunto que tratamos , nos precisa á emplear los tér- 
minos vulgares. Traducidas esas expresiones á la lengua latina, olerían bas- 
tante á la aldea y á los campos , y perderían ese clásico sabor á la antigüedad 
que procuramos conservarles. 

Llamábanse Caballerías de Honor, los estipendios que señalaban los ricos* 

hombres á sus caballeros y á los hijos de caballeros, llamados infanzones. 

Sólo á ellos podían y debían darlos , y los daban efectivamente , en dinero ó 

en frutos, ó en tierras eriales, según á cada ricohombre le parecía. Dióseles 

t el nombre de caballerías de Honor, porque Honores se llamaban los tributos 

( 1 ) Fuero A la multiplicación, Título de Caballerías. 



I DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 811 

i de los ricoshombres ; Honores las cantidades destinadas al sostenimiento de 

los caballeros ; Honores los estipendios de los infanzones ; y aquellas y éstos 
se hallaban determinados en los Honores de los ricoshombres. Eran de dos 
clases: antiguas las unas; las otras más modernas. Con estos nombres desig- 
naban los reyes á cada clase su género de servicio. Por tres meses al año de- 
bían tomar las armas los poseedores de las modernas ; los que disfrutaban de 
las antiguas por espacio de uno solo. A esto llamaban nuestros mayores me- 
sada, y hacer mesada á la obligación de aquel servicio mensual. Á él deben 
aplicarse estas palabras del privilegio general. Col. 1.*: «ítem: que (1) los Ricos- 
hombres de la Mesada — asi , y no mensada, ni mesnada , se lee en los Códices 
manuscritos, — que han á servir al Señor Rey, sian contados e?i aquel mes los 
dios de la y da, ó de la lomada: daqui aqui sian tomados en lures (2) casas. Y 
aquello mismo sia de los Caballeros que teman Honores de los Ricoshombres.» 
En los impresos se lee de la Mesnada, pero es un error de imprenta. Por solo 
el contexto se vé que" debiera decir de la Mesada, pues para que haya conexión 
en el todo, es necesario que puedan compaginarse las palabras últimas con las 
primeras. Diciendo el privilegio que han á servir al Señor Rey, y poco después 
que sian contados en aquel mes , claramente se colige , que antes se habia he- 
cho mención de mes, no de mesnada: de modo, que aun cuando los Códices 
manuscritos no nos advirtiesen la errata , nos la daría á conocer el sentido en 
medio de la aridez y aspereza de la frase. 

Con tales denominaciones , que eran como la pauta ó norma del derecho, 
distinguían nuestros mayores , de un modo claro y terminante , las particula- 
ridades de todos los servicios. De tal manera estaban marcadas en cantidad y 
número estas asignaciones , que sabían todos perfectamente cuáles eran las 
obligaciones de cada ricohombre con el rey y cuáles las del caballero y las del 
infanzón hacia los ricoshombres. Justo era, pues, que se diesen á nuestros 
guerreros é infanzones ; justa la antigua y primitiva ley sobrarbiense al pro- 
hibir que recayeran esos honores en extranjeros. 

No podían los ricoshombres degradar á sus infanzones y caballeros , ex- 
cepto en caso de rebeldía. Ni les era lícito asignar á su arbitrio, sino simple- 
mente, como dicen los antiguos, y por entero, el sueldo militar; porque los 
caballeros é infanzones gozaban , respecto de los ricoshombres , de los mismos 
derechos que los ricoshombres respecto de los monarcas. Esta sola diferencia 
había entre las caballerías de Honor y las de Mesnada , siendo además aque- 
llas superiores á éstas en dignidad y jerarquía. 

Llamábanse caballerías de Mesnada , todas y cada una de las lotes estipen- 
diarías que de sus rentas reales señalaban los soberanos á los militares de su 
palacio, ya fuesen nobles, caballeros ó infanzones. Tres eran, por tanto, las 
clases de mes nade ros. Para ninguna de ellas había número fijo, ni familias 
determinadas. Con absoluta libertad podían, pues, los reyes elegir para mes- 
naderos á las personas de su agrado, con tal que perteneciesen á una de las 

( 1 ) Que á los , etc. 

(2) A sus casas. 



812 



COMENTARIOS 



tres mencionadas clases. Hubo , sin embargo , mesnaderos que aventaj 
ron tanto á los demás de su categoría en dignidad, cuanto les aventajaban 
por su linaje. Tales son , según Zurita , Alpartil y otros anticuarios , los si- 
guientes : 



FANTOVA. 



PINA. 





ALBERO, 



GUDAL. 



POMAR. 






LIRIO. 



VALIMA1A. 





DE LAS COSAS DE ARAGÓN. 



BUHHKA. 



VALTOHRES 



ABARCA. 






8HB0H. 



12L0B. 



TOVlA. 






bhída. 



URROZ. 



FOSES. 




LIID1HI. 





COMENTARIOS 



L1IÜZA. 





Bien poco nos satisface, á decir verdad, ese orden observado al enumerar 
las familias de nuestros mesnaderos. Échanse de meaos algunas , y están pos- 
puestas otras que nosotros colocaríamos con gusto delante de las primeras. 
Sabemos también que Jerónimo Zurita dejó consignada en sus apuntes par- 
ticulares la identidad entre los Valtorres y los Zapatas. Observando que , entre 
éstos, los hay de Thous, de Calahorra, de Alfaro, de Valtorres, de Ciutrue- 
ningo, de Alcolea, y aun de Cadret; diriamos que, dividido en muchas fami- 
lias el linaje de los Zapatas , añadieron éstas á su apellido el nombre de aque- 
llas poblaciones para distinguirse unas de otras. Por manera que los 'señores, 
y lo fueron por mucho tiempo, de Valtorres , pueblo poco distante de Calata- 
yud, se llamaron Zapatas de Valtorres, y simplemente Valtorres, á semejanza 
délos Zapatas de Valencia, que, siendo del mismo tronco, suprimieron el 
apellido y se llamaron Pérez de Calatayud. Creemos que no todos los Zapatas 
usarían el mismo escudo ; antes , variando la clase ó el número de sus cuarte- 
les, querrían presentar en las armas la misma diferencia que en los nombres. 
Algunos sepulcros antiguos dan á los Valtorres el mismo escudo de armas que 
nosotros les atribuimos. Al hablar del Justicia de Aragón Juan Zapata, dire- 
mos cuáles fueron , en nuestra opinión , las insignias de los Zapatas de Cadret. 
No hay duda que pertenecía este Justicia al linaje de los Zapatas, aunque en 
estas cosas, más de una vez encontramos diferentes modificaciones. Ya deja- 
mos advertido, que seguimos en este asunto á Zurita , Alpartil y al anticuario 
Garcfa. Aunque nosotros no sabemos qué motivo tendrían para ello, compren- 
demos que no les faltarían razones poderosas para dejarlo en esa forma. Ta- 
les son, en fin, las más ilustres familias de los antiguos mesnaderos, mencio- 
nados por dichos escritores. 

Los tributos que les asignaban los reyes se llamaban caballerías de Mes- 
nada , y los mesnaderos estaban sometidos por completo á la voluntad del so- 
berano. La gran diferencia que, como dijimos, mediaba entre las caballerías 
de Honor y las de Mesnada, era, que éstas podían darse libremente, pero no 
aquellas. A pesar de esto, con frecuencia solía verse después todo lo contrario. 
En efecto, mientras se daban como de Honor, ó sea inamovibles y perpetuas, 
laa caballerías de Mesnada , conferíanse las de Honor como nutuales , cual si 



DE LAS COSAS BE ARAGÓN. 315 

fueran de Mesnada. Y en verdad que todo ese fárrago de palabras , acostum- 
bradas dar como de Honor, ó acostumbradas dar como de Mesnada, sólo deno- 
taba si eran ó no temporales , ó si se daban ó no según su clase las caballe- 
rías : para esto se empleaba tanta redundancia. 

Sabemos que en nuestros dias hay algunos nobles cuyos pergaminos pre- 
sentan el primero de esos antiguos títulos , quienes , por no conocer aquella 
diferencia, se consideran como caballeros de Honor con sus pingües patrimo-" 
nios , perteneciendo á la clase mesn adera, cual si quisieran manifestar por ese 
medio que no los poseían ni ellos ni sus antepasados como mesnaderos á vo- 
luntad del rey, sino que los tenían asignados en Honor, al modo de los ricos- 
hombres. Se procuró, pues, que hubiera en el nombre la misma diferencia 
que se encontraba en la esencia de la cosa. Mas no por eso eran los nudos tan 
estrechos que no pudieran los reyes desatarlos casi siempre que querían. Y 
hallándose, merced á esto, ambas clases de muchos modos confundidas, se 
mandó después por ley pública que separadamente se colocara cada uno den- 
tro de su propia esfera ( 1 ) . 

Siendo muy frecuentes las exenciones de esa contribución de guerra , con- 
cedida por los reyes á los pueblos pecheros , y no pudiendo esperarse de se- 
mejante proceder otra cosa que la debilidad y el desfallecimiento ( 2 ) del 
Estado , por habérsele cortado los nervios , se publicó una ley para que ni se 
pudieran atenuar, ni disminuir las caballerías. A veces era necesario apoyar en 
la ley civil las cosas de la milicia. De aquí provino que , hallándose convenci- 
. dos nuestros guerreros de la seguridad de los premios propuestos , no titubea- 
ron en afrontar por la patria cualesquiera peligros, llevando grabado en el 
corazón el lema ó vencer ó morir. Teníase por mayor felicidad y ventura el 
quedar uno tendido en el' campo de batalla, que permanecer en el regazo 
de la familia hasta la edad más avanzada en medio de la opulencia. Ni era li- 
cito dar sepultura á los generales, ni á los jefes, ni á los castellanos, ni á los 
almirantes, ni á los capitanes de navio, hasta después de haber manifestado 
el monarca que el difunto había cumplido satisfactoriamente con todas las 
obligaciones de sus cargos y dignidades , y de habérsele declarado , mediante 
un decreto solemne, libre de la promesa y juramento de fidelidad; para negar 
sin duda, al que hubiera cometido un crimen ó infamia cualquiera, los hono- 
res del sepulcro. En tantas práctica