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COMPENDIO
DE LA HISTORIA
DE ESPAÑA,
ESCRITO EN FRANCÉS
POR EL R. P. DUCHESNE,
Maestro de sus Altezas Reales los
Señores Infantes de España.
TRADUCIDO AL CASTELLANO
Por el R. P. Josef Francisco de Isla^
con algunas Notas Críticas , que pueden
servir de suplemento , por el mismo
TraduElor.
CORREGIDO , Y ENMENDADO
DE ORDEN DEL CONSEJO.
TOMO SEGUNDO
^UE CONTIENE LAS DOS ULTIMAS PARTES.
MADRID. M.DCC.LXXV.
Por D. Joachin Ibarra , Impresor
de Cámara de S. M.
. _ . i — *
Con las licencias necesarias.
^ADAMS}?4 ÍÁ
I
/'
(I)
TABLA CRONOLÓGICA
DE LOS RETES FRANCESES
DE LAS CASAS DE BIGORRE,
T DE BO RGOÑsí.
Nombres de los
Reyes.
Principio
de su
Reynado.
Duración
de su
Reynado.
Siglo XI.
Fernando I , y Do-
ña Sancha
Sancho II.
Alfonso VI en Cas-
i°37-
1067.
3 o -
5-yr.
tilla
Siglo XII.
Alfonso VII , y Ur-
i°73-
36. m.
raca
Sancho III en Cast.
y Fernando II en
León
Alfonso VIII en
1 109.
1157.
1157.
48.
1.
Castilla
y Alfonso IX. en
León
1158.
1188.
56.
Siglo XIII.
Henrique I en Cas-
tilla
1214.
2. y i.mes.
a 2
Nom-
2 Tabla Cronológica.
Nombres de los
Principio
Duración
Reyes.
de su
Revnado.
de su
Reynado»
Fernando III , Rey-
Castilla , y
de
León
1217.
35-
Alfonso X.
1252.
3 2 -
Sancho IV.
1284.
11-
Fernando IV»
1295.
17-
Siglo XIV
.
Alfonso XI.
1312.
3»-
Pedro el CrueL
I3$0-
19.
Henrique II.
1369.
10.
Juan I.
1379-
11.
Henrique III.
1390.
17-
Siglo XV.
Juan II.
1404.
43-
Henrique IV.
1450.
24*
Fernando V el
Ga~
t ético , y D
oña
Isabel.
*474«
COM-
(3)
C O M PENDIÓ
DE LA HISTORIA
DE ESPAÑA.
JQUARTA PARTE.
Reyno de los Príncipes Francés
ses de las Casas de Bigorre,
y de Borgoña;
Y continuación del Siglo undécimo.,
Fernando I , y Doña Nuña.
V
*Eremundo Segundo , sin Tercero^
Fue de los Reyes Godos el postrero:
T Fernando Primero de Navarra
Heredó de León la Real garra.
Con gloria , y con trabajo
Dilató sus Conquistas hasta el Tajo:
De Uceda , de Madrid , de Tala-*
manca
Las medias Lunas victorioso arranca:
a 3 r
4 COMP. DE LA HlST.
f el Rey ño de Toledo á su cor age %
Atónito su Rey , prestó omenage.
Trozos son de los padres , ó pedazos
Los hijos ( guando no son embarazos)
T á su Reyno Fernando con destro-
v zos.
Por tres pedazos suyos le hizo trozos.
A.deC. Tf^Xtinguida la linea masculina de
10 27- JLjj los Reyes Godos por la muerte
de Veremundo , pasó la Corona de
León á las sienes de su hermana Do-
ña Sancha, madre del Infante de Na-
varra D. Fernando, que habiendo ya
heredado esta Corona por su muger
Doña Nuña, heredo ahora la de Cas-
tilla por su madre Doña Sancha (*), y
re-
(*) En el original están equivocados los
nombres de est^s dos Princesas , llamán-
dose Doña Nuív á la muger de D.Fer-
nando , que no fue sino Doña Sancha , y
dando el nombre de Doña Sancha á la ma-
dre , que se Hamo Doña Nuña. En la tra-
ducción se deshizo esta equivocación , y
no se corrigió con nota á parte , por no
parecer estudiada , ni de conseqüencia.
de España. IV. Part. 5
representó en el teatro de la Chris- A.deC.
tiandad Española uno de los mas glo- I0 37*
riosos Rey nados , que hasta allí se
habían visto. Todo era grande en es-
te Príncipe : lo christiano , lo Rey,
y lo Capitán ; pero lo que mas en él
sobresalía , era un zelo ardiente de
sacudir de la cerviz Española el yugo
Sarraceno , restableciendo el Evan-
gelio en todos los dominios , que lo
habia tyranizado el Alcorán. Para
mayor justificación de la guerra, que
hizo á los Infieles , logró el consue-
lo de que ellos fuesen los agresores;
porque pareciéndoles , que al prin-
cipio de un reynado habria oportu-
nidad para intentar una invasión en
Galicia , entraron en ella con un po-
deroso exército. •
Casi al mismo tiempo que ellos
entró Fernando en aquel Reyno; y
aunque no le fue posible , por mas
que lo pretendió ^ empeñarlos en
una función general , y decisiva;
deshizo tantas partidas , les derrotó
tantos destacamentos , y los rompió
a 4 en
6 COMP. DE LA HlST.
A. deC. en tantos reencuentros , que equiva-
^037. lieron las ventajas á las de una com-
pleta vi&oria. Arrojólos de todos
sus Estados , desbaratóles el exér-
cito , y siguió el alcance de sus re-
liquias hasta echarlos de la otra
parte del rio Guadiana. Entró por
la Estremadura , y abandonóla al
pillage de sus tropas : revolvió
después sobre el Tajo , y se apo-
deró de quantas plazas ocupaban
los Infieles entre este rio , y el Due-
ro , á excepción únicamente de Lis-
boa. En los sitios de las fortalezas
de Cea, Govea , Viseo, Lamego , y
Coimbra , fue vigorosa , y obstinada
la defensa de los sitiados ; mas por
eso mismo fue mas glorioso el triun-
fo del sitiador. Er famoso Rodrigo
Diaz de Vivar , llamado el Cid, que
en lengua arábiga quiere decir Se-
ñor, tuvo los primeros rudimentos
de la milicia en el sitio de Coim-
bra, y allí dio ilustres señas de aquel
valor , que le eternizó después en los
ecos de la fama. Era natural de Bur-
gos,
de España. IV. Part. 7
gos , y descendía por linea reda de A. de C
Lain Calvo , Juez Supremo de Cas- io 37^
tilla , antes que la gobernasen los
Condes con dominio independente.
Asustados los Moros de Córdoba
con la rapidez de las conquistas , que
hacían los Castellanos , instaron
apretadamente al Rey de Toledo
para que entrase con sus tropas en
Castilla ; pero Fernando dio tan
oportunas , y tan prontas providen-
cias para recibirlos , que fueron des-
hechos , y repelidos , antes que él
mismo pudiese en persona visitar-
los. A la otra extremidad de sus Es-
tados se encendió una nueva guerra,
que eslabonó también nueva cade-
na de conquistas. S. Esteban de Gor-
máz , Talamanca , Uceda, Guada-
laxara, Alcalá de Henares, y Madrid
entraron en su poder. La misma
suerte iba á experimentar Toledo , sí
el Rey Moro , conociendo la flaque-
za de sus fuerzas para defenderla,
110 hubiera conjurado con tiempo la
tempestad que le amenazaban Pidió
con
8 COMP. DE LA HlST.
A.deC. cotl mucho rendimiento la paz al
I0 45* vencedor ^ofreciendo tener el Rey-
no en feudo tributario de la Corona
de Castilla. Admitió Fernando la
proposición ; pero presto tuvo mo-
tivo para arrepentirse de su nimia
confianza. Aun no habia experimen-
tado la genial perfidia de los Moros,
que solo eran fieles mientras no po-
dían dexar de serlo ; y solo eran pa-
cíficos , quando no tenian fuerzas
para hacer la guerra.
Yá el Rey de Castilla habia pues-
to al rio Tajo entre él , y los Sarra-
cenos 7 y se estaba disponiendo para
retirar las conquistas hasta mas allá
del rio Guadiana , quando se atrave-
saron diversos incidentes, que rom-
pieron estas medidas* Tuvo noticia
de que su hermano mayor el Rey
de Navarra se hallaba enfermo de
algún cuidado ; y al punto pasó en
posta á visitarle , sin mas escolta que
la necesaria para su decencia. Una
demostración tan cariñosa , tan á
tiempo , y tan estimable por todas
sus
de España. IV. Part. 9
sus circunstancias, debiera cautivar A.deC.
el corazón de D. García , si no se I0 45»
hallara anteriormente preocupado
por los zelos , y la envidia con que
miraba la prosperidad continua de
su hermano. Luego que le vio en
su poder, resolvió apoderarse de su
persona , obligándole por fuerza á
un nuevo Tratado de división , y
repartimiento de Estados ; pero lle-
gando á noticia de Fernando este
secreto , tuvo tiempo , y comodidad
para escaparse del peligro. Avergon-
zado D. García de haber errado el
tiro , y pesaroso de haber desconfia-
do á su hermano inútilmente , no
perdonó medio alguno para calmar
su justo resentimiento. Después de
mil escusas , y protestas de su afec^
tada inocencia , tomó la estraña re-
solución de pasar personalmente á
la Corte de Castilla para justificarse,
con la esperanza de que esta de-
mostración de confianza aseguraría
enteramente el corazón de D. Fer-
nando. Pero habiendo éste penetra-
do
I O CoMP. DE LA lílST.
A. deC. do las alevosas ideas que ocultaban
io 45» aquellas exterioridades , hizo arres-
tar á D. García , que duró poco en
la prisión , porque supo abrirse la
puerta con llave de oro , sobornan-
do la fidelidad de la guardia. En-
tregado su corazón á las mayores
violencias , que dieta el furor á im*
pulsos de la cólera , del odio , y de
la venganza , resolvió lavar la que
reputaba mancha de su honor en la
sangre de su hermano. Con este in-
tento juntó todas las fuerzas de su
Reyno , y penetrando con ellas por
los Estados de Castilla, fue á acampar
á media jornada del exército Cas-
tellano , que le esperaba en un valle
al pie de los Montes de Oca , entre
Burgos , y las corrientes del Ebro.
En esta inmediación se hallaba
uno , y otro exército , quando un
santo Abad , que edificaba con su
exemplo los Pueblos de la comarca,
concibió el piadoso intento de con-
ciliar á los dos hermanos. Poco tu-
vo que hacer en reducir á D. Fer-
nán-
de España. IV. P.art. i i 1
nando , porque la genial piedad de A., de C.
su corazón generoso se rindió á las I0 45-
primeras palabras , ofreciéndose á
dar él mismo los primeros pasos
hacia la reconciliación , y aun á pa-
sar en persona al campo de su her-
mano á conferenciar , y concluir el
Tratado de la Paz. Pero el fogoso
Navarro no se mostró tan dócil á
las representaciones del zeloso Abad.
Negando los oídos á todas las razo-
nes de la sangre , del interés, y de
la Religión , solo escuchó las suges-
tiones de la venganza , y del cora-
ge , sin acordarse que él habia sido
el primer agresor contra la libertad
de su hermano. Levantó , pues , el
campo enfurecido , marchó contra
el exército Castellano , avistóle,
dio la señal de acometer , atacóle,
atropello , derrotó , hizo pedazos
quanto se le ponia delante á la dies-
tra , y á la siniestra : penetró las li-
neas , atravesó el centro , descubrió
á su hermano , fuese derecho á él,
como un león desatado , y 7a casi
iba
I 2 COMP. DE LA HlST.
A. deC. iba á tocar con la mano el funesto
l0 45- placer de la venganza , quando un
Caballero Navarro le pasó de parte
á parte con un bote de lanza , arro-
jándole cadáver en la tierra , envuel-
to en su misma sangre- Era un Se-
ñor vasallo suyo , que habia veni-
do al campo á pedir justicia al Rey
contra el Rev mismo , de la afrenta
que le habia hecho , manchándole
el tálamo , y el honor en la perso-
na de su muger , á quien habia víd-
lentado. Y como no hubiesen logra-
do otra satisfacción sus justas que-
xas , que la de sacar ajada su esti-
mación con nuevos ultrages ; acon^
sejado de su dolor , se pasó al cam-
po Castellano, y fue siguiendo los
pasos á D. García en el ardor de la
batalla con tanto acierto , que lo-
gró el golpe , y el intento en la
ocasión mas oportuna. Está escrito,
que el que busca la venganza la
hallará , porque esta sale al encuen-
tro de quien la busca : verdad , que
con funesto exemplo quedó nueva-
men-
de España. IV. Part. i f
mente acreditada en la desgracia de A. de C.
D. García. 1055,
Perdió el exército Navarro la
vi&oria , habiendo perdido á su
Rey ; y todo el Reyno de Navarra
quedó abandonado al arbitrio dei
Vencedor. El piadoso Rey de Casti-
lla D. Fernando bañó con lágrimas
unos laureles , cuyas verdes hojas
vermejeaban á trechos con la sangre
de su hermano , y fue tan dueño de
sí en aquella ocasión , que no que-
riendo envolver á un hijo inocente
en la ruina de un padre culpado, él
mismo por su mano puso en las sie-
nes del hijo la Corona de su padre.
¡Bello exemplo de moderación cris-
tiana , que antes tuvo pocos origi-
nales , y después no ha tenido mu-
chas copias!
A favor de estas domésticas in-
quietudes , los Sarracenos habían
sacudido el yugo de los Príncipes
Christianos. El Rey Moro de Tole-
do , negándose tributario , se de-
claró independente , y se previno á
la
I 4 COMP. DE LA HlST.
A. de C. la defensa. Oprimido Fernando con
J°55- el peso de los años , y de las cam-
pañas , hizo poco sentimiento de
esta novedad , rezelando por otra
parte ser gravoso á sus vasallos , y
temiendo meterlos en las contribu-
ciones , y en los empeños de una
nueva guerra. Pero su muger la
Reyna Doña Sancha , Heroína no
menos esforzada , que zelosa por la
reducción de las tierras que ocu-
paban los Infieles , alentó el valor
del Rey, vendió sus joyas , deshizo-
se de sus pedrerías , empeñó las ren-
tas que la tocaban en propiedad , y
de su dinero levantó un exército
florido , y numeroso , que conduci-
do por Fernando , bastó para volver
á poner en razón á los vasallos Sar-
racenos, y para dilatar sus Estados,
estendiendo las conquistas entre el
Tajo , y el Guadiana.
Victorioso ya de todos sus ene-
migos , dedicó enteramente el últi-
mo tercio de su vida á mostrar su
reconocimiento al Dios de las. Bata-
llas,
de España. IV. Part. i 51
Has, restableciendo su culto en los a. de C.
Países conquistados , y edificándole 105$.
Altares , y Templos , donde habia
falta de ellos. Ocupado en estos
piadosos exercicios le halló el avi-
so , que le dio S. Isidoro , d,e que
restándole ya muy pocos dias de vi-
da, era menester prevenirse para
una dichosa muerte. Oyó esta noti-
cia el religioso Monarca como Hé-
roe , y se aprovechó de ella como
Santo. Fuera de los tres hijos San-
cho, Alfonso , y Garcia , tenia otras
dos hijas , Urraca , y Elvira. Con-
juráronle sus Ministros , esforzando
la representación con razones po-
derosas , para que no desmembrase
sus Estados ; pero era Rey , y era
padre ; y pudieron mas los dictáme-
nes de la naturaleza que las razo-
nes de estado , sin que nadie le pu-
diese persuadir á que no era injusti-
cia privar á los hijos menores de te-
ner parte en la herencia de su pa-
dre , solo porque no nacieron antes.
Inmoble en este didamen , dispuso,
Tom.Il b y
I 6 COMP. DE LA HlST.
A. de C. y publicó su testamento , declaran-
1055. do en él á Sancho , su primogénito,
Rey de Castilla: á Alfonso , Rey de
León ; y á García , Rey de Galicia,
dexando á Urraca por Señora sobe-
rana de Zamora , y concediendo
á Elvira el Señorío de Toro , con
la misma soberanía : división , que,
como todas las demás , produxo por
efe&o una guerra muy sangrienta.
Arreglados así los negocios tem-
porales , no permitió el piadoso
Rey que le hablasen en otro asun-
to que en el perteneciente á su
eterna salvación. Llegó la víspera
de Navidad del siguiente año , y
reconociendo por la debilidad , y
decadencia sensible de las fuerzas,
que se iba acercando á toda prisa
la hora postrera , se mandó llevar
á la Iglesia , donde pasó la noche
en oración : asistió á Mavtines r y
recibió la Comunión en forma de
Viático con tantas demostraciones
de piedad , que derritió en lágri-
mas ios corazones de todos los
cir-
de España. IV. Part. i 7
circunstantes. El dia siguiente se A. de C»
adornó con las insignias reales, 1055.
manto , cetro , y corona en la ca-r
beza ; y haciéndose llevar segunda
vez á la Iglesia , postrado ante las
reliquias de S. Isidoro , que habia
obtenido del Rey Moro de Sevilla,
pronunció en alta , y esforzada voz
estas palabras : * Vos , Señor , sois
?>el único á quien pertenece el po-
?>der ; y Vos solo sois á quien to-
*>ca reynar eternamente : Vos sois
>>el Rey de los Reyes , y todo está
^sujeto á vuestro imperio : Aquí os
^restituyo , Señor , el Reyno que
»me habéis encomendado : no quie-
bro otro premio que implorar vues^
"tra clemencia , para que me ad-
mirarais en vuestra gracia."
Concluida esta devota oración,
se despojó de las insignias reales,
vistióse de un silicio , y vuelto á su
Palacio , mandó que le echasen en
una humilde cama , cubierta de ce-
niza , donde habiendo recibido la
Extrema-Unción , espiró dulcemen-
¿2 te
I 8 CoMP* BE LA HlST.
A. de C. te en manos de muchos Prelados,
1067. q U e le estaban asistiendo , coronan-
do de esta manera los laureles mili-
tares con la palma celestial. Los
Obispos que le asistian prorum-
pieron en exclamaciones de admi-
ración sobre su dicaosa muerte , y
todos los que fueron testigos de ella
la envidiaron. Pero en el curso re-
gular de la Divina Providencia,
para morir bien es menester vivir
bien ; porque la muerte de los hom-
bres es eco fiel de su vida : de aquí
nace aquella sentencia tan sabida:
Como es el principio es el fin. Fer-
nando I. mereció al Estado el re-
nombre de Grande ; y el de Santo
á la Iglesia de León, que anualmente
celebra su memoria con festiva so^
lemnidad , y culto publico.
NOTA DEL TRADUCTOR.
* c En esta última noticia padece
«equivocación nuestro Autor. Ni la
«Iglesia de León , ni otra alguna
^Iglesia de España venera púbiica-
»men-
de España. IV.Part. i $
♦>mente como Santo á otro Fernán- A. ¿t€<
»>do que al que fue Tercero de Io6 7*
"este nombre, Rey de Castilla, y
»de León , y tiene colocado en los
"Altares toda la Iglesia Universal,
"Reconoce, sí, la Catedral de León
"al Rey D. Fernando el Primero
"como á su insigne bienhechor,
"por las preciosas alhajas con que
"la enriqueció , y por las muchas
^posesiones con que la dotó. Entre
"Otras , es digna de especial me-
"moria una fundación de este pia-
"doso Monarca. Un dia, que asistía
"el Rey á los Oficios Divinos , y
"estaba oyendo Misa en la Cate-
"dral , observó que estaban des-
calzos los que servian al Altar ; y
"habiéndose informado de que era
"necesidad la que parecía devo-
"cion , fundó renta para zapatos
"de Acólitos , y Ministros inferio-
„res. Por este , y otros monumen-
tos de su religiosa liberalidad , la
"Iglesia de León hace aniversaria
^conmemoración de este gran Prín-
&3 "ci-
2 O CoMP. DE LÁ HlST.
A. de C* »cipe , por vía de sufragio , rilas
1067. 5 , no de veneración * ó de culto*
» También merece eternizarse otra
^acción de igual garvo que pie-
vdad , que executó en el Monas-
terio Benedi&ino de Sahagutié So-
"lía retirarse á él algunas veces,
»y gustaba de comer en el refec-
torio, sin mas aparato , y la mis-
j>raa ración que un Monge par-
ticular. En una de estas ocasiones
"quebró el Rey un vaso de vidrio»
"que le habia servido el Abad pa-
jara beber ; y al punto mandó tra-
wher otro de oro , esmaltado de pre-
ciosas piedras , que entregó al
"Abad , en satisfacción del que ha-
»bia hecho pedazos : ; generosa re-
compensa de un Monarca , que
"quiere reparar como Príncipe los
"daños que ocasionó como hom-
»bre ! Por ló demás , aunque sus
«religiosas virtudes le colocaron ea
"la linea de uno de los Reyes mas
"exemplares que ha venerado la
"Monarquía , ninguno de nuestros
"Au-
de España. IV. Part. 21
" Autores las representa con aquel A. de c -
agrado de heroycidad , que por I0Ó 7-
^consentimiento , ó por precepto
»se levanta con la pública adora-
ción ; y mas quando algunas ope-
raciones de este Príncipe fueron
vdudosas en la justicia , disputadas
"en la modestia , y notadas , no
"sin alguna razón , de poco con-
formes á la clemencia. También
»se hace reparable que el R. P. Du-
,,chesne hubiese omitido entera-
emente la noticia del título de Em-
»perador , con que aclamaron sus
^vasallos a este Príncipe : las que-
„xas del Emperador de Alemania,
aporque le hubiese admitido ; y la
^pretensión de que fuese feudatario
"suyo , coadyuvado uno , y otro
"por un Breve del Papa Vidor II,
»que , como Alemán , se puso de
"parte del Emperador Henrique.
vPero Fernando , aconsejado del va-
leroso Rodrigo Diaz de Vivar,
"respondió á una , y otra injusta
"demanda , con un exército de diez
b 4 mil
2 2 COMP. DE LA HlST.
A.deC.„rnil combatientes , que penetró
Io6 7* „hasta Tolosa de Francia , donde
"le alcanzó , y le hizo detener el
"Cardenal Legado del Papa , y los
"Embaxadores del Emperador : los
"quales , examinada jurídicamente
„la causa , dieron la sentencia en
«favor de España , declarándose
"que esta Monarquía jamas había
"pagado tributo á ningún Príncipe
"^estrangero. Sucesos de tanto bul-
"to ocupan mucho lugar en la
"Historia , para no quexarse con
"razón de que no se les haga algu-
"no en el Compendio."
SANCHO II , Y ALFONSO VI
Emperador.
Don Sancho le sucede en la Corona,
Tá sus mismos hermanos no perdona:
La muerte á sus intentos puso cabo^
Por dar lugar á D.Alfonso el Bravo.
Este ganó d Toledo,
Ayudándole el Cid ; y con denuedo
Corriendo Marte , ó rayo la frontera,
Rin-
de España. IV. Part. 2 $
Rindió á Mora , Escalona ,y Ta- A. de C.
Javera. Io6 7-
Al Conde de Tolosa agradecido,
T al Borgoñán también reconocido,
De amigos , hizo yernos,
Dando en sus años tiernos
A Elvira al de Tolosa,
T al Borgoñán á Urraca por esposa,
Llevándole por dote {y con justicia)
Tributario el Condado de Galicia.
A Henrique de Capelo le interesa
La mano que le dio Doña Teresa,
¥ juntamente con su blanca mano,
Feudatario el Condado Lusitano.
No siempre los hijos heredan las
virtudes de los padres; pero la falta
de esta herencia no mortificaba
mucho al Rey D. Sancho. Mas co-
dicioso de los Estados que de los
exemplos de Fernando , no podia
digerir el repartimiento de los pri-
meros , y queria ser dueño de todos.
Mientras se estaba previniendo pa-
ra envestir la herencia de sus .her-
manos , se coligaron contra él los
Re-
24 Comp. delaHist.
A. dé C. Reyes de Navarra , y de Aragón,
1067. pretendiendo el primero que le
restituyese las tierras que el Rey
su padre había desmembrado de su
Corona-, para incorporarlas con la
de Castilla. Quien solo pensaba en
conquistar , no estaría de humor
para ceder. Cometióse la decisión
ú las Armas. Ramiro , Rey de Ara-
gón „ perdió la batalla, y la vida.
Sancho fue vencido en el segundo
combate ; pero en el tercero consi-
guió una completa victoria , en la
qual le sirvió bien el Cid , que ya
se hallaba General de sus Exérci-
tos. Fue la paz fruto de esta guerra;
y fue fruto de la paz la quieta , y
segura posesión de los Estados que
le disputaban.
No teniendo ya que temer por
el lado de Navarra , y de Aragón,
conduxo el Rey de Castilla su Exér-
cito victorioso á los Estados de
León , y despojó de ellos á su her-
mano Alfonso , que se refugió á los
Moros de Toledo. De León pasó á
Ga-
de España. IV. Part. 2 ?
Galicia, y con igual facilidad echó A. de Castilla con religiosa fidelidad."
URRACA , Y ALFONSO VIL
Pero esta triste suerte
En dicha se trocó ; pues con su
muerte,
Urraca , á quien Ray mundo
Dexó viuda ,y al tálamo segundo
De Alfonso de Aragón rindió su
mano,
Unió al Aragonés , y al Castellano,
Juntando en unas sienes los bla-
sones
De Barras , de Castillos , y Leones:
T Alfonso de Aragón esclarecido,
Su segundo marido,
De dos grandes batallas victorioso,
T (lo que es mas ) glorioso,
J/enciéndose á sí mismo heroica-
mente,
Con tres Coronas adornó la frente
De Alfonso Emperador ( en edad
flaca)*
Hijo de D. Roy mundo , y Doña Ur-
raca.
Ha-
de España. IV. Part. 5 1
Hallóse heredera de todos los A. de C.
Estados de su padre la Condesa Do- II0 9«
ña Urraca , hija primogénita de
D. Alfonso el Bravo. Habia casa-
do en primeras nupcias con el Con-
de Raymundo; de cuyo matrimo-
nio tuvo un hijo , á quien dio el
nombre de Alfonso : y estaba ca-
sada en segundas nupcias con Al-
fonso I , Rey de Aragón , y de Na-
varra , quando heredó las dos Coro-
nas de Castilla , y de Aragón. Este
belicoso Príncipe despojó á los Mo-
ros del Reyno de Zaragoza , y de
todo quanto poseían en Navarra,
y Aragón : estableció Silla Episco-
pal en Zaragoza : regló el Fuero de
Sobrarbe , y los derechos de los
Ricos homes. El matrimonio con la
Reyna Doña Urraca , feliz por este
título , le hacia dueño de los Esta-
dos de Castilla <, y de León. Hízose
llamar Emperador : estableció una
Regencia en Castilla : apoderóse de
las plazas fuertes , y las aseguró con
guarnición Aragonesa. Por lo de-
d% nías
y 2 CoMP. DE LA HlST.
A. de C. mas tenia justos motivos para cs-
1109. tar p 0C0 satisfecho de la conduda
de la Reyna : Princesa tan desvia-
da de la modestia de su sexo , y de
la circunspección correspondiente á
su soberanía , que ni la bastaba un
marido , ni se contentaba con un so-
lo cortejante : tan poco recatada en
su desenvoltura , que ofendido el
Rey, la mandó encerrar en una torre.
Luego que el Infante D.Alfon-
so , hijo de Urraca , tuvo años para
poder gobernar , tomaron las armas
en su favor los Castellanos , y le
aclamaron por Rey. Dos veces pe-
learon con los Aragoneses , y dos
veces fueron vencidos por ellos;
pero conociendo el Rey de Aragón,
que nunca bastaría la fuerza á ha-
cerlos rendir la cerviz al yugo de
sus leyes , tomó la generosa reso-
lución de poner él mismo las Co-
ronas de Castilla , y de León sobre
las sienes de su legítimo heredero.
Tuvo forma la Reyna Doña Urra-
ca de evadirse de la prisión ; y pa-
san-
de España. IV. Part. 5 3
sando á León, pretendió mandar A. de C.
como Reyna; pero su hijo, á quien II0 9»
el Reyno habia yá jurado , y reco-
nocido , la sitió en la misma Corte,
y la obligó á renunciar sus preten-
siones , y derechos á la Corona,
Los Príncipes Christianos,
Mal empleadas contra sí las manos,
En guerra se hacen menos,
Y deshacen en paz los Sarracenos',
Mientras Alfonso en Portugal va-
líente
Se vio Rey de repente".
Por el Pueblo aclamado,
Y de Francia ayudado,
Venciendo cinco Reyes, que no huían^
Mostró merecer ser lo que le hacían*
Tres Alfonsos se dexaban ver á un
mismo tiempo, haciendo todos tres
un gran papel en el teatro de Es-
paña. Alfonso , Rey de Aragón , y
de Navarra , famoso ya por sus vic-
torias de Zaragoza , y de Darc-ca,
y por sus conquistas sobre los Sarra-
d 4 ce-
J 4 COMP. DE LA HlST.
A. dé C. ceños: Alfonso, Rey de Castilla,
1XI 4- y de León ; y Alfonso á la sazón
Gonde , y poco después Rey de
Portugal.
Manteníanse todavía en Castilla
las guarniciones Aragonesas , di-
latando el Rey de Aragón el reti-
rarlas con diferentes pretextos; lo
que dio ocasión á una guerra con-
tinuada por muchos años con varie-
dad de sucesos ; cayendo todo el
peso , y toda la calamidad sobre los
infelices Pueblos , víftimas comu-
nes que suele sacrificar Ja ambi-
ción, ó las quexas de los Soberanos.
Conociendo los dos Príncipes que
el fruto de su obstinada división
era la recíproca ruina de sus Esta-
dos , uno , y otro se resolvieron á
hacerse mutua justicia ; y para evi-
tar las perezosas , y por la mayor
parte inútiles dilaciones , que trahen
consigo los congresos , ó las con-
ferencias, convinieron los dos en
avocarse , como lo hicieron efec-
tivamente , compitiéndose uno, y
otro
de España. IV. Part. 5 5:
otro en las demostraciones de amis- A. de C;
tad, y confianza ; y la resulta de este s * H*
avocamiento fue que el Aragonés
retiraría sin dilación las guarnicio-
nes, y el Castellano cedería al Ara-
gonés la Rioja, y la Vizcaya (*) ; se-
llando el tratado la boda del joven
Rey de Castilla con Berenguela, 112a
hija de Ray mundo Amoldo, Conde
de Barcelona , Princesa la mas ca-
bal que reconoció aquel siglo.
Disipadas así las nubes, que obs-
curecían la concordia , mejoraron
los Príncipes Christianos el uso de
sus armas , convirtiéndolas contra
los Infieles , y haciendo cada uno
por su parte felices , y rápidos pro-
gresos. Penetró el Aragonés hasta
lo interior de los Reynos de Mur-
cia , y de Valencia : triunfó en la
fa-
(*) Por nombre de Vizcaya se debe en-
tender aquella parte de Alaba , que po-
seía el Navarro en tiempo de D. Sancho
el Mayor , y se la habia quitado D. Alon-
so , ó D. Fernando ; pero no al Señorío,
Jii á la Provincia de Guipúzcoa.
y 6 Comp. DE LA HlST.
A. de C. famosa batalla de Arenzol de todas
* 122, Jas fuerzas unidas de los Sarrace-
nos : tomó tantas ciudades , y tan-
tas fortalezas , que faltándole gen-
te para guarnecerlas , hizo cauti-
vos á los moradores por aprovechar-
se de su rescate : demolió las forti-
ficaciones , y se declararon tributa-
rios suyos los Reynos , y las Pro-
vincias. Desde Murcia se echó so-
bre la Andalucía , donde consiguió
una de las mas memorables viéiorias,
que celebran los anales , venciendo
en batalla campal á once Reyes
Moros coligados , asolando después
todos sus Estados. Cargado de tan-
tos , y tan ricos despojos , que no
bastaba ni todo el exército , ni todo
su bagage para conducirlos , se res-
tituyó cubierto de gloria «, y de lau-
reles á la Corte de Pamplona , don-
de premió con real magnificencia
ú los Franceses 'que le habian ser-
vido con valor, y con fidelidad en
aquella guerra.
Mientras tanto Alfonso Rey de
Cas-
de España. IV. Part. y 7
Castilla , corría con igual rapidez, A - de c -
y con no inferior fortuna todas las I122 '
Provincias situadas entre el Tajo, y
el Guadiana ; y dexando á las es-
paldas este rio , penetró , y taló sin
oposición una gran parte de los
Reynos de Córdoba , y de Sevilla,
apoderándose de todas sus rique-
zas. Interrumpió por algún tiempo
esta guerra , llamándole la atención
algunas disensiones domésticas , y
el socorro de su tia Doña Teresa,
Condesa de Portugal , cuya pú-
blica desenvoltura puso á su hijo
D. Alfonso en la dolorosa precisión 1127.
de encerrarla en una torre. Al prin-
cipio fueron los Castellanos derro-
tados por los Portugueses ; pero mu-
dando la fortuna de semblante , y
despicadas bien las tropas Castella-
nas , se compusieron las diferencias
amigablemente : con que volviendo
Alfonso con mayor vigor á la guer-
ra contra los Infieles , adelantó sus
conquistas hasta Sierra Morena,
apoderándose del importante Cas-
ti-
f 8 COMP. DE LA HlST.
A. de C. tillo deCalatrava, después de un
ZI2 7- sitio sangriento, y obstinado. Iba
Alfonso avanzando á la Capital de
Córdoba , quando recibió en el ca-
mino la triste noticia de la funesta
muerte del Rey de Aragón. Después
que este heroico Príncipe habia to-
mado á Mequinenza , tenia sitiada
á Fraga , única plaza , que junta-
mente con Lérida había quedado en
poder de los Sarracenos ; y como
hubiese ido á sus Estados á reclutar
nuevas tropas para apretar mas el
sitio, volvía con ellas sobre la pla-
za , siguiéndolas en alguna distan-
cia , sin mas escolta que la de tres-
cientos caballos : quando cavó en
una emboscada , donde su valor fue
atropellado por la muchedumbre.
XI 34- Vendió muy cara su vida , pero al
fin la perdió ; y abierto su testamen-
to , se halló que dexaba en él por
sus herederos universales á los Ca-
balleros Templarios.
Declaróse el Rey de Castilla pre-
tendiente á los Reynos de Navarra,
y
de España. IV. Part. 5 9
y Aragón , fundando su derecho en A. de C.
ser descendiente por linea reéta de IX 34-
D. Sancho el Grande ; pero cada una
de las dos Coronas eligió su Rey,
sin hacer caso del testamento , ni
escuchar las razones de los Candi-
datos. Navarra colocó en el Trono
á D. Garcia , Príncipe de la Sangre
Real de sus Monarcas ; y Aragón,
á falta de otro mejor , escogió á Ra-
miro , hermano de sus dos últimos
Reyes. Era Monge profeso en el
Monasterio de S. Pons en Francia,-
Abad del de Sahagun en Castilla,
Obispo de Burgos , de Pamplona,
y de Balbastro , por* lo que se man-
dó llamar el Rey Presbítero ; pero
aunque Monge, Sacerdote , y Obis-
po , se dice que los Señores de Ara-
gón le obligaron á casarse , obteni-
da para ello dispensación del Papa
Inocencio II.
No contentos con una corona
cada uno de los nuevos Reyes , se
disputaron con las armas la posesión
de las dos , que cada qual quería
unir
r 6 O COMP. DE LA HlST.
A.dcC. U nir en su cabeza , y esta disensión
i 1 34- del Navarro, y del Aragonés hizo
el juego al Castellano; porque apro-
vechándose del embarazo en que
estaban , penetró con un exército
numeroso hasta las fronteras de Na-
varra , donde ninguno se atrevió á
disputarle su derecho , como le vie-
ron con fuerza tan superior ; pero
usó con tanta moderación de su
fortuna, que contentándose en Na-
varra con todo lo que baña el Ebro
hacia Castilla en la parte occiden-
tal , y en Aragón quedándose con
Zaragoza , y su comarca , dexó á
los dos Príncipes en quieta posesión
1135. de 1° demás. Después de esta con-
quista tomó el título de Emperador
de España , y se hizo coronar tres
veces , ó oara autorizar, ó para jus-
tificar mas la posesión de la nueva
dignidad.
Poco tiempo tardó Ramiro en
experimentar que una corona pesa-
ba mas que una mitra , y que para
sostenerla era menester una cabeza
mas
de España. IV. Part. r 6 t
mas fuerte que la suya. Puso los A. de C.
ojos para exonerarse de este peso ll 2S*
en Raymundo Berenguel , IV de es-
te nombre , Conde de Barcelona,
que á excepción de Lérida , y de
Tortosa , era dueño de toda Catalu-
ña , y en Francia poseía los Con-
dados de Provenza , y de Montpe-
Iler. Casóle con su única hija la
Infanta Doña Petronila , y le encar-
gó la Regencia del Reyno , hasta
que este matrimonio produxese un
Rey capaz de gobernarle. Hecho
esto , por acallar del todo su con-
ciencia , descendió voluntariamen-
te del Trono ; y volviéndose á en-
cerrar en un Monasterio , buscó en
el claustro la tranquilidad de áni-
mo , que no pudo encontrar en el
Palacio , y halló en la Cogulla el
sosiego que le perturbó la Mitra,
y le alteró la Diadema. Raymun-
do V , que fue fruto del matrimo-
nio de Raymundo Berenguel con
Ja Infanta Doña Petronila , unió á
la Corona de Aragón el Condado
de
6 % GOMP. DE LA HíST.
A. deC.de Barcelona, que habiendo sido
XI 35- fundado por la Francia , no so-
lo se había sabido defender contra
el poder de los Sarracenos , sino
que estendiendo sus orillas , se ha-
bía dilatado á una grandeza respe-
table , en la que lo poseía Raymun-
do , quando fue llamado á la Re-
gencia del Reyno de Aragón. Era
el Conde Raymundo de corazón
valeroso , de ánimo franco , y de
intención derecha. Apenas puso en
orden las cosas de Aragón , quan-
do resolvió ir á visitar al Empera^
dor D. Alfonso , que prendado de
su candor , de su franqueza , de sil
generosidad , y de sus nobles moda-
les , voluntariamente le restituyó á
Zaragoza con todas sus dependen-
cias hacia el oriente del Ebro ; á las
quales , poco tiemoo después aña-
dió el mismo Conde á Fraga , Lé-
rida , y Tortosa ; de suerte que des-
pojó enteramente á los Infieles de
todo quanto poseían entre el Ebro,
y losPyrineos. .
Pe-
de España. IV. Part. 6 X
Pero el Emperador D. Alfonso A. de &
los humilló mucho mas en la terce- II 3S*
ra guerra que les declaró. No solo
Venció la barrera de las márgenes
de Guadalquivir , que ninguno de
sus Predecesores habia jamas forza-
do , sino que adelantó sus conquis-
tas hasta la costa del mar de Gra-
nada ; y después de una completa
victoria, que consiguió délos Mo-
ros en Baeza , se apoderó de Cór-
doba , cuyo gobierno , con política
inconsiderada , confió á un Moro,
que le fue traydor. Sitió , y tomó
las importantes plazas de Jaén , de
Guadix , y de Baeza, como también
la de Almería , que era el baluarte,
y como el almacén general de los
Infieles. Está situada Almería en la
costa del mar Mediterráneo á la
parte oriental delReyno de Grana-
da: la qual por su buen puerto , y por
el castillo que la defendía , servia
de abrigo á los Piratas Africanos.
Mientras Jos Genoveses bloqueaban 1147
por mar el Puerto, los Castellanos
Tcm. IL e apre-
6/\ COMP. DE LA HlST.
A. de C. apretaron tanto por tierra á la Ciu-
iH7* dad, y al Castillo, que los obligaron
á rendirse á discreción ; y entrando
la plaza á saco , hallaron en ella
riquezas inestimables. Hubiera po-
dido Alfonso desterrar de toda Es-
paña á los Sarracenos , á no haber
interrumpido tantas veces el curso
de sus conquistas , para evacuar con
las armas las diferencias particu-
lares entre las Coronas de Aragón,
y de Navarra : diferencias que po-
dían ajustarse fácilmente por el ca-
mino de la negociación. Con todo
eso , no se puede disputar á este
Príncipe la gloria de haber sido
justo , y piadoso , poseyendo en
grado eminente los talentos de In-
signe Capitán. Cesó de vivir á los
lI H' quarenta años de su glorioso rey-
nado , comenzando á contar des-
de la muerte de su abuelo Alfon-
so VI.
Mientras los Castellanos, y Ara-
goneses apretaban á los Sarracenos,
ó recíprocamente se hadan entre
sí
de España. IV. Part. 6 5
sí la guerra, Alfonso , hijo de En- A. deC,
rique I, Conde de Portugal , daba I]t 57
mucho que hacer á los Moros sus
vecinos , cogiendo á manos llenas
palmas , y laureles. Convidó á los
Franceses sus paisanos , y también
á los Ingleses á que viniesen á par-
tir con él la gloria de tantos triun-
fos : y habiendo concurrido gran
número de valerosos soldados de las
dos émulas naciones , aumentadas
sus fuerzas con este importante so-
corro , pasó el Tajo con ánimo de
abrir la campaña por alguna em-
presa de ruido. Los cinco Reyes
Moros , que poseían la parte Meri-
dional de Lusitania , unieron todas
sus fuerzas para disipar la tempes-
tad que los amenazaba ; pero Al-
fonso no esperó á que le buscasen.
Casi estaban á la vista uno de otro
los dos exércitos el dia del Apóstol
Santiago , quando en todos los quar-
teles del exército Christiano comen-
zaron á resonar estas unánimes vo-
ces á modo de aclamaciones: Viva
ei Al-
6 6 COMP. DE LA HlST.
A. & €>. Alfonso Rey de Portugal: viva el
11 $1- Rey : título que tomó Alfonso des-
de entonces , dexando heredados en
él á todos sus Succesores. Animado
con el nuevo honor , que le dispen-
saba la aclamación de la tropa , y
deseoso de acreditar que merecía
ser lo que le hacian , antes que se
entibiase el ardimiento que mani-
festaba el soldado , movió el cam-
po contra el enemigo. Recibieron
los cinco Reyes el primer choque
con valor, y sin desordenarse ; pero
1158- no pudiendo resistir el ímpetu del
segundo , prosiguió confusión , es-
trago, y carnicería lo que comenzó
batalla. Fueron cogidos los cinco
Estandartes Reales de los cinco Re-
yes , de donde tuvieron origen las
armas de Portugal , que son en cam-
po de plata cinco escudos de azul
en forma de cruz , cargados cada
uno de cinco róeles de plata en for-
ma de aspa con puntos negros. San-
cho II , viznieto de Alfonso I, aña-
dió otra orla roja cargada de siete
cas-
de España. IV. Part. 6j
castillos de oro, cada castillo conA-^C.
tres torres , y cada torre con tres ll 5%<
almenas de oro , cerradas de azul en
bandas negras , tres derechos , dos
en flanco , y otros dos en punta.
Las conseqüencias que se siguie-
ron á esta visoria , acreditaron su
importancia ; porque el vencedor
se apoderó de Santarén , Sintra,
Lisboa ( la mayor , la mas rica , y
la mas bella población de Portugal),
Elvas , Ebora , Muraserpa ; y en fin
de todas las plazas fuertes. Poco
después ganó otra batalla cerca
de Santarén , que acabó de ponerle
en posesión de todo el Reyno ; y su
hijo Sancho I añadió á estas con-
quistas la mayor parte del Reyno
de los Algarves el año de mil cien-
to noventa y ocho.
NOTA DEL TRADUCTOR.
"Sirven de exemplo mas glo-
rioso á los Príncipes las hazañas de
»la piedad , que las del valor ; y ha-
biéndose empeñado mas el R. Pa-
e 3 »dre
6 8 COMP. DE LA HlST.
A.deC.jídre Duchesne , como lo protesta
11 58* ,?en su Prólogo , en formar unos
^Príncipes Christianos , que en sa-
near unos discípulos eruditos , pa re-
viéndole ser esta la primera obli-
gación de su empleó , por la cir-
cunstancia de su profesión; es de
"estrañar , que habiendo sido tan
^fecundo en exemplos de piedad el
"reynado de D. Alfonso el VIII,
»apenas toque alguno nuestro Au-
"tor. Este Príncipe fue el que con-
^siguió de su tio el Papa Calixto II
"el título de Arzobispal para la San-
ana Iglesia de Santiago , señalándola
"doce Obispos Sufragáneos. El fue
"quien obtuvo el derecho , y los
"honores de Legado Apostólico en
"las Provincias de Braga , y Méri-
"da para D. Diego Gelmirez , pri-
"mer Arzobispo Compostelano. El
"cultivó estrecha correspondencia
"con S. Bernardo, Abad de Clara-
"val, consultándole como á Orácu-
"lo , respetándole como á padre , y
„rindiéndose á él como á Maestro.
"El
de España. IV. Part. 69
«El fundó casi todos los Monaste- A. de C,
«rios Cistercienses , que hoy flore- ll $°'
«cen en observancia , y grandeza
«en los distritos de Castilla. El en-
«riqueció fuera de eso todos los
« Templos , y Monasterios que es-
ataban fundados en tiempo de su
v padre en toda la vasta extensión
«de sus dominios ; siendo mas fácil
«contar los que dexaron de recibir
„algun beneficio de su mano , que
«los que experimentaron los efedos
„de su piadosa liberalidad. Tantos,
«y tan religiosos exemplos no eran
«para omitidos en un Compendio
«Historial , que tiene por su princi-
«pal objeto el formar unos Prínci-
«pes Christianos. ,>
SANCHO III, Y FERNANDO II.
Sancho , y Fernando á Alfonso suc-
cedieron,
T en sus dos Reynos levantar se
vieron
Las Militares Ordenes gloriosas,
e4 Al
7 O COMP. DE LA HlST.
A. de C.Al bárbaro Africano pavorosas.
**&$' Calatrava logró ser ¡a primera:
Siguióse de Santiago la Venera;
T Alcántara al instante
Nació á turbar las glorias del Tur'
bante.
El Navarro vencido^
En rubor , y en venganza enardecido,
Al Castellano haciéndose implacable,
Le hizo ser á los Moros formidable.
Antes de morir el Emperador
D. Alonso habia dividido los Rey-
nos en sus dos hijos , dexando á San-
cho su primogénito el de Castilla,
con los Estados dependientes de
él 5 y á Fernando los Reynos de
León, y de Galicia. Este reparti-
miento produxo les mismos malos
efectos que todos los antecedentes:
discordias entre los dos hermanos,
y guerras civiles entre sus vasallos.
Con la muerte de Alfonso se eclip-
só el Reyno de la gloria , y de las
conquistas , y en su lugar volvió á
descubrirse el de la desunión entre
los
de España. IV. Part. 7 v-
los Príncipes Christianos. Hacién- A. deC,
dose estos mas enemigos entre sí, XI 5 8 .-
que de los mismos Infieles , compra-
ron de ellos , á mucha costa suya,
el tiempo , y la oportunidad de des-
truirse unos á otros , no dándoseles
nada de abandonar á los Moros una
parte de sus Estados , como les que-
dase otra con que hacerse recípro-
camente la mas sangrienta guerra.
Parecióle á Sancho , Rey de
Navarra , que la muerte del Empe-
rador le proporcionaba buena oca-
sión para tomar venganza de los
desaires , que á su modo de enten-
der habia recibido de Castilla : y
así avanzóse hasta Burgos con exér-
cito numeroso , y taló los campos
de Castilla con tanta barbaridad,
como lo pudieran hacer los Sarra-
cenos. No se descuidaron los Re-
yes de Castilla , y de León en to^
mar satisfacción de este insulto,
entrando también por tierras del
Navarro; y habiéndole ganado dos
batallas , destruyeron el país , que
aban-
7 2 COMP. DE LA HlST.
A. de C. abandonaron al furor , y á la codi-
ll $ü- cia militar , dexándole , si no arre-
pentido, á lo menos por algún tiem-
po desarmado.
El mismo año de 1 158 se pre-
sentaron al Rey de Castillados Mon-
ges Cistercienses , Ravmundo, Abad
de Fitero, y Diego Veiazquez , que
habiendo sido en el siglo soldado
muy valeroso, conservaba en el claus-
tro el valor que habia mostrado en
la campaña , y abrigaba entre la
cogulla el fuego que le calentó la
cota. Ofreciéronse á tomar de su
cargo la defensa de Calatrava con-
tra el empeño de los Sarracenos ; y
aceptada por el Rey la proposición,
los hizo dueños de aquella plaza
para obligarlos mas con este bene-
ficio al desempeño de su promesa.
Concurrió gran número de Caba-
lleros á militar debaxo de su vande-
ra , v todos tomaron un habito par-
ticular , así para distinguirse , como
para animarse mas al cumplimiento
de su obligación. Levantaron á su
eos-
de España. IV. Part. 7 3
costa como hasta veinte mil hom-A.deC.
bres , con los quales guarnecieron :I 5 8 -
á Calatrava , y á otras plazas veci-
nas , que ganaron á los Moros ; y
en el año de n 64 obtuvieron de
Alexandro Til una Bula en confir-
mación de su Regla, y Militar Ins-
tituto : Orden que con el tiempo
llegó á ser muy poderosa , é hizo
importantísimos servicios á los Prín-
cipes Christianos en las guerras
contra Moros.
De su exoerimentada utilidad
tomaron cxemplo los Canónigos de
S. Eloy ; vecinos á Compostela , pa-
ra fundar otro Instituto , que prote-
giese la seguridad de los Fieles,
que de todas las Provincias de Eu-
ropa concurrían en peregrinación
á visitar el Sepulcro del Apóstol
Santiago ; de cuyo nombre se ape-
llidó el nuevo Orden , dándose pia-
dosa prisa á abrazarle una gran
parte de la Nobleza Española , y
Francesa. Fundáronse de distancia
en distancia , desde los Pyrineos
has-
74 COMP. BE LA HlST.
A. de C. hasta la misma Ciudad de Com-
IJ 5°* postela, muchos Hospitales para re-
coger los peregrinos ; y el año de
1175 fue aprobado este Instituto
por la Silla ¿apostólica , baxo la Re-
gla de S. Agustín,
Siguióse poco después el Orden
de Alcántara , que en sus principios
no fue mas que una como Colonia
del de Calatrava ; porque habiendo
ganado el Rey de León aquella Vi-
lla á los Infieles en el año de 12 13,
encargó su custodia á un destaca-
mento de estos Caballeros , los qua-
les en tiempo de Julio I , y con su
autoridad fueron esentos de la ju-
risdicción de su Orden particular de
Caballería , y quedaron sujetos á la
Monacal del Cister.
Cargó casi todo el peso de la
guerra contra los Infieles sobre
los hombros de los Caballeros de
Calatrava , mientras los Príncipes
Christianos se despedazaban unos
á otros. En un ario solo que duró
la Corona en las sienes de D. San-
cho
de España. IV. Part. 7 ^
cho de Castilla, hizo tributario á A. de C»
su hermano el Rey de León ; y ha- l *5&
biendo él mismo pagado el indis-
pensable tributo de la muerte al
primer año de su reynado, dexó
dos Principes niños, y tan tiernos,
que el mayor , por nombre Alfon-
so , contaba solos quatro años. Con
los Estados , y derechos de su pa-
dre , heredó los motivos de resenti-
miento , que concibió contra él su
tío el Rey de León , como también
el Navarro.
Nunca se vio mas funestamen-
te turbado el semblante de Casti-
lla. Armáronse todos los Grandes
para disputarse unos á otros la Re-
gencia. Encendióse en el corazón
del Estado una sangrienta guerra:
no se reconocía otra ley que la del
que podia mas : las Ciudades , y las
Provincias eran del primero que las
ocupaba; y entre las diferentes
parcialidades , ó facciones , que des-
pedazaban el Reyno , ninguna seña-
laba otro sueldo á la tropa , que el
de
JÓ COMP. DE LA HlST.
A. de C, de la rapiña , y el pillage. El Rey de
11 58. León con pretexto de que le tocaba
la Regencia , como á tio del R^y
niño , en tono de quien defendía sus
derechos , le iba usurpando los Es-
tados. El Navarro no se descuida-
ba, y también los invadía por su
parte , pretextando indemnizaciones
de daños pasados, y otras pretensio-
nes. Siete años duró la confusión,
el desorden , y la porfía , sin querer
ceder ninguno de los partidos, has-
ta que los Castellanos bien inten-
cionados se unieron entre sí , y tra-
tando de aplicar remedio á tantos
males , no hallaron otro que el de
1166 declarar a ^ ^ e y mayor de edad , sin
embargo de no pasar de los once
años.
NOTA DEL TRADUCTOR.
"Nos sirve de embarazo, y de
«molestia la precisión de interrum-
»pir la narración con tantas Notas;
«pero la excesiva brevedad de nues-
tro Autor nos pone en esta nece-
«si-
de España. IV. Part. 7 7
«sidad poco gustosa. Conténtase A - de C.
«con decir , que los Reyes de Cas- Il66#
„tilla, y de León en tiempo del Rey
«D. Sancho ganaron dos batallas
«al Navarro ; y omite la notable
«circunstancia de que en la prime-
ara que se dio en la Vega de Val-
«piedra , territorio de la Rioja, con-
aduciendo las tropas de Castilla el
»Conde D.Poncio de Minerva, que-
«do prisionero el Rey de Navarra.
«Parécenos que una particularidad
«de tanto vulto , y de tanta gloria
«de las armas Castellanas , no era
«para callada; y que no se darían
«por ofendidas las leyes del Com-
«pendió , de que se hiciese lugar en
«él á una noticia que se echaría me-
«nos en un índice; pero pudo tener
«la disculpa de que muchos de nues-
«tros Historiadores no hacen me-
„moria de esta prisión , que refieren
«el P. M. Alfonso de Vargas , y
«D. Diego de Saavedra. La que se
«pudo omitir en el Compendio , sin
^que éste se quexase , es aquella en
que
7 8 COMP. DE LA HlST.
A. ¿e C. „que se dice , que el Rey D. Sancho
6- vhizo tributario á su hermano el
>Rey de León. No sabemos de den-
ude pudo tomar el R. P. Duchesne
>esta noticia , quando nuestros His-
toriadores convienen en que estu-
co tan distante de hacerle tributa-
rio , que antes bien , ofreciéndose
>el mismo Rey de León voluntaria-
mente á hacerle algún reconocí-
^miento , le respondió D. Sancho
,con generosidad poco imitada,
>que no había de consentir que un
ibijo del Emperador hiciese omenage
á ningún Príncipe , ni Monarca"
ALFONSO VIII.
En Alarcós Alfonso derrotado,
Vidiorioso en Tolos a •> y coronado,
"Recobrada su honra,
A su vida dio fin ,y á su deshonra,
Declarado Alfonso mayor de
edad , pero sin serlo , tomó las rien-
das del gobierno para mandar un
Reyno cadáver , y ese desmembra-
do.
de España. IV. Part. 79
do. Asomábanse ya en aquella tierna A. deC
edad las flores de muchas heroicas XI 6ó.
virtudes. Tenia en su Corte muchos
Oficiales antiguos , que habían ser-
vido en tiempo de su abuelo : hom-
bres capaces , fieles , y bien inten-
cionados. Tratábalos con estima-
ción : oíalos con deseo de acertar;
y en esta escuela aprendió á discer-
nir el consejo sano del achacoso,
haciendo diferencia entre lo que pa-
rece dirección, y es lazo disimula-
do : ciencia tan necesaria á los que
viven en la Corte , y mucho mas
á los que la mandan. A consulta de
su Consejo , y movido también de
la necesidad de recobrar sus Esta-
dos , resolvió visitarlos , poniéndose
á la frente de un campo volante.
Era afab'e , popular , agraciado , y
liberal : con que solo con dexarse
ver , se dexaba adorar de sus va-
sallos. Los que no lograban verle
con los ojos , le miraban retratado
con los vivos colores de la fama.
Las plazas usurpadas por sus veci-
Tom. II. f nos
8 o COMP. DE LA HlST.
A. de C. nos sacudieron el yugo estrangero,
ii yo. y ¿ competencia se apresuraron por
volver quanto antes á la obedien-
cia de un dueño tan benigno : tan-
to importa á los Príncipes hacerse
u ¿y. amables* Hizo el Rey de León los
mayores esfuerzos para recobrar las
plazas que le negaron la obedien-
cia ; pero su sobrino le buscó , le
batió . y le obligó á retirarse de
Castilla*
Poco tiempo después se halló
empeñado el Rey D. Fernando de
León en otra nueva guerra. Habia
fortificado á Ciudad- Rodrigo para
contener á los Portugueses por aque-
lla parte. Alfonso de Portugal na
gustaba de barreras , y sitió la pla-
za ; pero acudiendo Fernando á so-
correrla , deshizo al Portugués , y le
obligó á levantar él sitio. No pudo
digerir Alfonso este desaire de su
reputación , siendo uno de los ma-
yores Capitanes de sü siglo , famoso
por sus visorias , y por sus conquis-
tas. Juntó luego otro exército lu-
cí*
de España. IV. Part. 8 i
cido , y numeroso , con el qual pe- A. de C.
netró por Galicia , apoderándose de ll ll-
muchas plazas importantes ; y en la
campaña siguiente se dexó caer so-
bre Badajoz , plaza de grande con-
seqüencia , que aunque sujeta á los
Moros , estaba debaxo de la pro-
tección de los Reyes de León. Mar-
chó al socorro Fernando : salióle
Alfonso al encuentro : dióse la ba-
talla : peleóse gallardamente por
uno , y por otro campo ; pero fue-
ron los Portugueses derrotados, su IX 79*
Rey peligrosamente herido , y al
fin quedó prisionero. Recibióle Fer-
nando con todos los honores debi-
dos á un gran Monarca : tratóle co-
mo á padre ; y después que conva-
leció de las heridas , le restituyó la
libertad , volviéndole á sus Estados,
sin exigir cosa alguna á título de
rescate. Agradecido Alfonso á un
rasgo de generosidad tan pocas ve-
ces praélicada , se ofreció á reco-
nocerse feudatario de la Corona .de
León ; pero Femando le respondió
fi que
8 2 CoMP. DE LA HlST.
A. de C. que no quería aprovecharse de la
11 79- desgracia de su enemigo ; y que
se contentaba con que le restituye-
se Jas plazas , que le habia ocupa-
do en Galicia. Descúbrese en este
proceder una superior grandeza de
alma. La moderación en la viéto-
ria hace mas honor al vencedor
que la vi&oria misma. No conten-
to el Rey de León con esta demos-
tración , añadió otra , que confir-
mó su heroísmo. Tuvo noticia de
que Alfonso estaba sitiado por
los Moros en Santarén , plaza
abierta , y que le estrechaban tan-
to , que no era posible escapar la
n8i libertad , ó la vida : y volando á su
socorro , derrotó á los Infieles ; y
se puede decir que secunda vez hizo
Rey á su enemigo. Con su muerte»
que sucedió el año de 1 188 , pasó la
Corona á su hijo Alfonso IX.
Mientras los Reyes de León, y de
Portugal peleaban un^s veces entre
sí , v otras con los Moros , el Rey
de Castilla lograba ventajosos pro-
gre-
de España. IV. Part. 8 3
gresos con sus armas viétoriosas so- A. de C.
bre los Reyes de Aragón , y de Na- llóí *
varra. El orden que tan felizmente
habia puesto en las cosas de su Rey-
no : la abundancia que reynaba en
sus Estados : el poder de sus armas,
y el valor , y la prudencia de su
persona , llenaron primero de envi-
dia , y después de zelos á otros Prín-
cipes Christianos. No le creían
esento de ambición , y temia cada
uno ser víéHma de esta pasión or-
gulloso , si esperaban á ser atacados
separadamente. Con este rezelo se
previnieron los Reyes de León , de Il g Im
Portugal , de Aragón , y de Navar-
ra , haciendo entre sí una liga ofen-
siva , y defensiva contra todos , y
contra qualquiera que pretendiese
inquietarlos ; y no contentos con
esto , para tener al Rey de Castilla
divertido , por debaxo de cuerda le
suscitaron diestramente ocupación,
y diferencias con los Sarracenos.
Pero el hábil Castellano no per-
donó á medio , ni á diligencia para
fl des-
8 4 COMP. DE LA HlST.
A. de C. desbaratar esta liga. Destacó de ella
ÍJ9 1 - á los Reyes de León , y de Navar-
ra por medio de un tratado de paz,
que ajustó con estos dos Monarcas;
bien , que advirtiendo poco des-
pués que esta paz tenia mas de di-
simulada , que de verdadera , se fió
Ge ella con tiento , y vivió muy so-
breaviso. Sü desgracia fue que se
olvidó de contar á sus pasiones
en eL número de sus enemigos, y
una sola le hizo mas daño que toda
la liga , y todos los Infieles. Vio por
accidente á una bella Judía de pe-
regrina hermosura , y no tuvo va-
lor para apagar el incendio que es-
ta vista levantó en su corazón. Que-
dó hechizado , y no hizo mysterio
de publicar sus amores. Represen-
táronle algunos hombres de juicio,
y de prudencia , que con esta diver-
sión degradaba su autoridad , daba
mal exemplo al Reyno , y provo-
caba contra sí la cólera del Cielo;
pero su corazón estaba preocupado,
y no daba quartel á otras adverten-
cias
de España. IV. Part. 8 j
cias que á los gritos déla hermo-A. deC
sura, cuyos atractivos le habían cau- 1 1 94*
tivado el alma por los ojos.
Mientras tanto , ofendidos los
Moros de los grandes daños que les
había causado el Arzobispo de To-
ledo , entrando en sus tierras por
orden del Rey , unieron sus fuer-
zas, y juntando un formidable exér-
cito de todas sus tropas , atravesaron
por Sierra-Morena , y encontraron
cerca de Alarcós al Rey de Casti-
lla , que noticioso de sus preparati-
vos , y de su marcha , se había pre-
venido con la mayor diligencia.
Superior en tropas, en prudencia,
en experiencia , y en valor , atacó
á los Infieles , y fue derrotado de
ellos , quedando el Reyno de Tole-
ledo por presa de los vencedores. 1196.
Corriéronle todo , pillando , que-
mando , talando , arruinando , ma-
tando , y cautivando : de manera,
que del floridísimo Reyno de Tole-
do solo quedó el nombre , la tierra,
las ruinas, y las cenizas.
/4 Co-
8 6 COMP. DE LA HlST.
A. de C. Como amaban tanto los Caste-
12 9 6 - llanos á su Rey , los afligió excesi-
vamente el golpe de su desgracia.
Atribuyéronla al brazo vengador de
la Divina Justicia , que castigaba los
adúlteros amores del Monarca; y
como no pudiesen desprenderle de
ellos , quitaron la vida á la Judía,
causa única de todas las desgracias.
Son las grandes pasiones enferme-
dades grandes, que tienen difícil cu-
ra : por eso la del Rey sobrevivió
al objeto amado , mostrando su des-
medido dolor, que vivia con mucho
aliento en el alma la que yacía
despojo del zelo en el sepulcro.
Dobló sus golpes la piadosa cólera
del Cielo , y conduxo los Moros á
Castilla , donde hicieron las mis-
mas hostilidades , que en el Reyno
1 197- de Toledo. A los horrores de la
guerra succedieron los estragos de
1 198. de la hambre : á la hambre se si-
guió la peste ; y para que el casti-
go fuese dos veces coronado, los
Reyes de León , y de Navarra en-
tra-
de España. IV. Part. 8 f
traron por tierras de Castilla , y las A. de C,
trataron con menos piedad que los u 99*
mismos Sarracenos. Abrió los ojos
el Rey á golpes tan repetidos , y
reconoció en fin la mano que los
descargaba. Humillóse ante el aca-
tamiento del Todopoderoso, y mu-
dóse luego el corazón de sus ene-
migos.
Contentos estos con ver al Rey
de Castilla abatido , y fuera de esta-
do de imponerles la ley , le dieron
tiempo para respirar , y para gozar
de la tregua que habia obtenido de
los Moros. Apenas espiró ésta, quan-
do todos los Príncipes Christianos
se coligaron con el Castellano con-
tra los mismos Infieles. Alentólos á
esta liga un gran número de Cruza-
dos , que concurrieron de Francia,
y de otras partes. Las arruinadas
tierras de Castilla , ya que no po-
dían producir frutos , parece que
producían soldados. Fecundada la
miseria por la esperanza del botín,
brotaban tropas los campos. Seña-
ló* '
8 8 CoMP. DE LA HlST.
A.deC. }¿ se á Toledo por plaza de Armas
2I 99* general, donde debían juntarse to-
dos los confederados* Las Navas de
Tolosa , cerca de Ubeda, entre Sier-
ra-Morena , y Guadalquivir , fue-
ron el campo de batalla. No ha-
bían visto jamas las dilatadas cam-
piñas Españolas exércitos tan nu-
merosos por una , y por otra parte.
Mandaba Alfonso de Castilla el
exército Christiano , y se acreditó
Héroe de los Héroes en aquella jor*
nada. Nunca se dieron órdenes con
mayor prudencia , ni se executaron
con mayor fidelidad. Habiendo
aquel gran Monarca estudiado la
lección de la piedad en la escuela
del escarmiento , procuró ante to-
das cosas tener de su parte al Dios
de los Exércitos. Mandó que todos
los Oficiales , y soldados se previ-
niesen con la confesión , y comu-
nión para entrar en la batalla , en-
seña ndoles él mismo esta christiana
disposición con el exemplo. Luego
que el exército se puso á vista del
ene-
de España. IV. Part. S 9
enemigo , ordenó que hincados to- A. de C.
dos cte rodillas , implorasen la asis- IX 99-
tercia, y el favor del Supremo Arbi-
tro ae las viétories. Concluida la
oración , dio la señal de acometer,
y vio , con singular gozo suyo , que
los esquadrones , y los batallones
iban al enemigo en ordenanza de
soldados , y con encendido corage
de leones. No pudieron los Infieles
sostener el choque. Abriéronse los 1212.
esquadrones : desordenáronse las
lineas , y todos se embarazaron en
su misma confusión. Volvió la bri-
da la Caballería Sarracena ; y sal*
vándose apresuradamente en la fu-
ga , abandonó la Infantería al furor
de los aceros christianos. Quedaron
cien mil Moros tendidos en el cam-
po de batalla , y se hicieron sesenta
mil prisioneros , ó cautivos en Ube-
da , adonde se habian refugiado.
La pérdida de los Christianos se
reduxo á treinta hombres muertos.
Fueron inmensos los despojos ,„y se
distribuyeron con tanta justifica-
ción,
9 O COMP. DE LA HlST.
A. de C. cion , que todos quedaron ricos , y
1214. con tentos. Aumentó Alfonso sus
Estados con el país , que se dilata
entre el Guadiana , y el Guadalqui-
vir , terminando con tan gloriosa
ví&oria , y con tan importante con-
quista un Reyno de cincuenta y seis
años mezclado de grandes felicida-
des , y de grandes desgracias ; pero
igualmente ruidoso en los dos ex-
tremos.
Habia casado con Leonor , hija
de Henrique II , Rey de Inglaterra,
Princesa recomendable por su pa-
ciencia, por su dulzura , y por el
constante amor que conservó al Rey
su marido , aun en medio de sus in-
decentes diversiones con la bella Ju-
día ; pero mucho mas plausible por
la aplicación con que ella misma
se dedicó á instruir en la piedad
christiana á los once hijos que tu-
vo. Henrique , el menor de los In-
fantes , fue el único , que sobrevi-
vió á su padre, y le succedió en el
Reyno. Éntrelas Infantas , Beren-
ga-
de España. IV. Part. 9 11
guela , y Blanca inmortalizaron su A. deC,
nombre: aquella, casada con D. Al- 1224.
fonso , Rey de León ; y esta , muger
de Luis VIII, Rey de Francia: la pri-
mera madre de S. Fernando; y la se-
gunda de S. Luis : ambas de espíritu
muy superior á su sexo : ambas Go-
bernadoras del Reyno en Ja menor
edad de sus hijos : ambas dedicadas
á educarlos en la mas severa virtud,
á exemplo de su madre la Reyna
Doña Leonor ; y ambas tuvieron la
dicha de dar al Estado un Héroe,
y á la Iglesia un Santo. Refiere la
Historia de Francia que la Reyna
Doña Blanca solía repetir á su hijo
S. Luis estas palabras : Hijo mió,
ni yo puedo disimular , ni tú puedes
dexar de conocer lo mucho que te
amo ; pero el pecado mortal es mal
tan grande , que antes te quisiera
ver sin cabeza á mis pies , que con
uno solo en el alma : lección tan efi-
cazmente impresa en el corazón de
aquel Príncipe, que se tiene por cier-
to no cometió jamas culpa grave.
NO-
J 2 COMP. DE LA HlST.
A .'^ C ' NOTA DEL TRADUCTOR.
pero los mas de ellos se retira-
ron antes de la batalla , quedando
^poquísimos en ella que no fuesen
"Españoles. No lo disimuló el Pa-
"dre josef deOrleans , aunque Fran-
jees , que en el lib. 2. de las Revo*
nluaiones de España, pág. 415, dice
"así " : Si todos los estrangeros que
pasaron por los Pyrineos , hubieran
tenido la constancia que los naturales
del país , hubiera pasado el exército
Christiano de doscientos mil com-
batientes ; pero muchos no pudie-
ron tolerar los excesivos calores del
clima , la falta de víveres ,y la in-
temperie del ayre. Por eso la mayor
parte de aquellas tropas , tumultúa*
riamente recogidas , mal disciplina-
das , y sin obediencia , no pasaron
de
de España. IV. Part. 9 3
de Toledo , y desde allí volvieron á A. de C.
tomar el camino de los montes. cc ¿Por * 2 1 4*
«qué no apuntará algo de esto el
«P. Duchesne ? No lo tendría por
«conveniente ; pero nosotros lo te-
«nemos por muy necesario y y por
«mucho mas la nota que se sigue.
«Así es que Berenguela casó con
«el Rey de León , y Blanca con el
«de Francia ; pero téngase entendí*
«do que Berenguela fue la herma-
«na mayor , y Blanca la menor,
«como el mismo Duchesne lo con-
«fiesa adelante. Mas habíalo nega-
«do Mariana , haciendo mayor á
«Blanca , y menor á Berenguela
«contra el testimonio del Arzobis-
«po D. Rodrigo , que las conoció; y
«contra el át D. Lucas de Tuy , que
«fue Canciller de esta última. Con
«mucha razón censura este descui-
do de Mariana el Excelentísimo
«Mondejar , llamándole un feo bor-
ron de su Historia ; pues dá con tan
torpe error suficiente materia á los
Franceses para defender tocan a sus
Re-
g 4 Comp. DE LA HlST.
A. de C. Reyes entrambas Coronas , como
^214. quien conserva la linea primogénita
de los nuestros. * Garibay habia
"precedido á Mariana en esta aser-
ción , dando á los Franceses mate-
aría , no solo para sus conseqüen-
"rias , sino también muy formados
»los discursos que han trasladado, y
^alegan hoy. Mariana retra&ó su
^sentencia en las impresiones poste-
priores que hizo en vida de su His-
toria Castellana: y sise conserva
"todavía este error en la que se hi-
"zo en Madrid el año de mil seis-
"cientos treinta y cinco , muchos
"después de su muerte , culpa fue
"de la impericia de los que asistie-
ron á la impresión , y no del Au-
"tor : cuya retratación se sabe con
"la mavor certidumbre. Conviene
"tener esto presente , para lo que se
"dirá en los Reynados que se si-
"guen."
Sr-
>
de España. IV. Part. p 5
A.deC,
Siglo decimotercio. i 1214.
H ENRIQUE I.
Henrique , de este nombre Rey Pri-
mero,
Logró un Rey no fugaz , y pasagero,
Ten su tiempo de Alcázar la vic-
toria
Aun Rey de Portugal colmo de gloria.
Quando ciñó la Corona de Cas-
tilla Henrique I , hacia los princi-
pios del decimotercio siglo , ocupa-
ba el Trono de Portugal Alfonso II,
el de León Alfonso IX , Sancho Vil
el de Navarra, y Jayme.I , llamado
el ¡Vencedor , habia succedido á Pe-
dro II, el Católico * en el Reyno.de
Aragón. Este Príncipe , por razo-
nes de estado , y de interés , se ha*
bia declarado Prote&or de los He-
reges Albigenses , llamados así de
Alby , Ciudad perteneciente al Con-
dado de Tolosa , donde en la opi-
nión común habia tenido cuna aque-
lla execrable seéta. Contaba esta en
Tom. IL g el
9 6 CoMP. DE LA HlST.
A. de C. el número de sus protectores á los
1214. Condes de Fox , de Besiers , de Co~
minges , de Toíosa* y á Pedro Rey
de Aragón. Despreciando los repe-
tidos rayos de excomunión r que ha-
bía fulminado el Vaticano contra
los errores , y contra los se&arios
de una heregía tan impía , habian
levantado aquellos Príncipes en fa-
vor suyo un exército de cien mil
combatientes „ y tenían sitiada á
Muret. Mandaba el exército Cató-
lico el Conde Simón de Monfort,
y estaba en su campo el Patriarca
Santo Domingo , que hacía quantos
esfuerzos cabían en su actividad , y
en su fervoroso zelo para destacar
al Rey de Aragón del mal partido
que seguía ; pero haciéndose sordo
este Príncipe á las exhortaciones del
Santo Patriarca , fue atacado por el
exército Católico ; y aunque tan
desigual en fuerzas , que apenas lle-
gaba á dos mil hombres , fue der-
rotado , y quedó muerto en el mis-
mo campo de batalla el año de 1 2 1 3.
Tié-
de España. IV. Part. p 7
Tiénese por cierto que el Rey A. de C.
D. Pedro de tal manera protegió á I2I 4-
los Albigenses , que nunca adoptó
sus errores , pero siempre dexó bien
manchado con aquella indecente
protección el renombre de Católi-
co, que al principio le concedió la
razón , y en cuya posesión le man-
tuvo después injustamente la lisonja»
Quando murió el Rey de Casti-
lla D. Alfonso había dexado á su
hijo Henrique en edad de solos on-
ce años. Doña Berenguela , herma-
na del niño Henrique , á quien el
Rey de León había repudiado, ale-
gando que eran parientes en grado
prohibido , y dirimente , se encar-
gó de la regencia del Reyno , y
de la educación del Rey niño , her-
mano suyo. Desempeñaba con emi-
nencia una , y otra atención , quan-
do la ambición desmedida de los
Condes de Lara , casa entonces la
mas poderosa de Castilla , inquietó
su gobierno , poniéndole en disputa
la Regencia. Doña Berenguela , por
g 2 evi-
9 8 COMP. DE LA HlST.
A. de C. evitar guerras civiles , la cedió á los
1 2 14. j- res hermanos Laras , y todo el go-
bierno de estos Señores se reduxo á
turbar el Estado , desangrar á los
Pueblos , y enriquecer su casa con
]os despojos de la Corona , y de la
Iglesia. Puso fin á una desgracia
otra mayor : la muerte del Rey á la
tyranía de los Condes.
Divertíase el Rey niño con al-
gunos señoritos de su edad , á tiem-
po que , desprendiéndose una teja
del tejado , le dio en la cabeza con
golpe tan fatal , que á los once dias
J2I - murió de la herida. Subió al Tro-
no sin saber lo que adquiría , y des-
cendió de él sin conocer lo que
dexaba. Su extraordinaria piedad,
y el candor de sus costumbres ha-
cen presumir piadosamente que fue
del número de aquellos escogidos,
á quienes saca el Señor de esta vida
con muerte anticipada , para pre-
servarlos de la corrupción del siglo.
El mismo ano en que murió
Henrique , desembarcó en Portugal
un
de España. IV. Part. £p
un poderoso exército de Ingleses , y A. de C,
Franceses , que unido á las tropas I2I 7*
Lusitanas , puso sitio á Alcázar de
Sal , una de las plazas mas fuertes,
que ocupaban todavía los Sarracenos
hacia la parte meridional de Portu-
gal : los quales por esta considera-
ción juntaron todas sus fuerzas pa-
ra defenderla. El dia 25 de Septiem-
bre les dieron la batalla los Chris-
tianos ; y habiendo muerto sesenta
mil Infieles, se apoderaron de la
plaza : vi&oria que dexó eterni-
zado en la posteridad el nombre de
Alfonso el Craso , que murió cinco
años después.
NOTA DEL TRADUCTOR.
*'En el reynado de D. Henri-
»que í trahe el original al margen
"la nota siguiente : Habiéndose de-
clarado nulo el matrimonio de la In-
fanta Doña Berenguela con el Rey
de León , la Corona de Castilla , por
muerte • de Berenguela , recayó tn
Blanca, y en sus herederos. S. Luif,
g 3 *''-
I O O COMP. DE LA HíST.
A. de C. hijo de Blanca , renunció este dere-
121 7- cho en favor de su hija Blanca de
Francia , casada con D. Fernando^
hijo de Alfonso Décimo de Castilla.
»Esta noticia tiene mas alma,
»ó mas intención de la que á pri-
stiera vista parece. Descúbrela del
"todo nuestro Autor en el rey nado
„siguiente del Santo Rey D. Fernan-
do , en que abiertamente afirma
"que S. Fernando estaba destituido
»de todo derecho á la succesion de
„la Corona de León ( y por la mis-
wma razón también de la de Casti-
lla ) por haber nacido del matri-
"moniode Alfonso con Berenguela,
"que fue declarado por nulo, y con-
siguientemente por ilegítimo el
"hijo que nació de él. Este grande
"argumento del P. Duchesne,y de
"los demás Escritores Franceses,
"reducido á forma sylogística , para
"mayor claridad se propone de es-
"ta manera : Ningún hijo ilegítimo
"tiene derecho á Ja succesion de su
»padre*ni de su madre , especial-
"men-
de España. IV. Part. ior
»mente quando estos tienen hijos, A. ¿e C.
"ó herederos legítimos , nacidos de l21 7>
ilegítimo matrimonio : es así que
"S. Fernando fue hijo ilegítimo de
"Alfonso, y de Berenguela, porque
"nació de un matrimonio que fue
"declarado por nulo , por haberse
"contrahido sin dispensación en grá-
fido prohibido; y también es así
"que estos dos Príncipes tenían le-
"gítimos herederos : luego S. Fer-
nando no tuvo ningún derecho , ni
"á la Corona de León , que perte-
necía á su padre, ni á la de Casti-
lla , que era de su madre ; y por su
"muerte debió recaer en Blanca su
"hermana menor , pero legítima.
"El aféelo nacional deslumhra
"aquí al P. Duchesne , despojándole
"de aquel peso , y gravedad que
«lleva su pluma en casi todo lo de-
"mas. Dexando á los Jurisconsul-
tos que disputen la no menos fa-
mosa que batallada qíiestion de*
"si los hijos que nacen de matrimo-
nio ilegítimo ycontrahído con bue-
£4 "na
10 2 CoMP. D£ LA HlST.
A. de C. »m fe , son herederos legítimos de
1217. ^,sus padres , y si quedan hábiles
»para todos los demás efe&os fe*
?>vorables , que les concede el dere-
»cho; no negará nuestro Autor, que
*>en lapráclica de aquellos tiempos
^antiguos nada valía esta razón. Si
atuviera el peso que hoy tiene, era
^menester dar por intrusos á mu-
?>chos Reyes de Francia. Carlos
»Magno repudió á su legítima mu-
»ger , sin otro motivo que el de su
^ambición , y la de su madre Ber-
^trada , por casarse con Hildegar-
?>dis , hija del Rey de los Lombar-
?>dos , para abrirse por este camino
»algun derecho á la Corona de Lom-
aba rdía. Opúsose el Papa Este-
»ban IV con todas sus fuerzas á este
^segundo matrimonio, pero inútil-
emente ; y los hijos que nacieron
*/de él, Carlos , Pipino, y Luis , he*
?> redaron los Estados de su padre,
„con la circunstancia de que el mis»
»mo Papa ungió á Pipino por Rey
»>de Lombardía , y á Luis por Rey
»de
de España. IV. Part. 103
«de Aquitania. Y es bien de notar, < A - ¿ e C.
«que teniendo Carlos Magno otro I2I 7"
«hijo, llamado también Pipino, de
«la primera muger , cuyo legítimo
«matrimonio ninguno le ha dispu-
tado , éste quedó excluido de la
«succesion , y entraron en ella los
«del segundo matrimonio , notoria-
«mentenulo, de los quales descien-
«den los Reyes de Francia de la pri-
«mera raza.
«La razón de esto es , la que
^>con su acostumbrado juicio apun-
ta el Padre Gabriel Daniel en su
«Compendio de la Historia general
«de Francia , tom. I al año 770;
«porque el desordenado exemplar
«de este género de divorcios se
«freqüentaba con demasiado exce-
lso en aquellos tiempos ; y los Con-
cilios Provinciales estaban tan le-
«xos de reprimirlos , que antes da-
«ban ocasión para que se repitiesen
«con algunos Cánones ; y cita en
«prueba de esto los del Concilio de
» Vorberia, Casa Real cerca de Com-
«pieg-
104 COMP. DE LA HlST.
A. deC, ?>piegne , que son bien extraordina-
1 21 7. „ r i os ^ como se pueden ver en la His-
toria de los Concilios por M. Her-
«mano , tom. 8 , siglo VIH.
«De este mismo desorden , no
»menos freqüente en España , que
«en Francia , nacia que Jos matri-
«monios contrahidos en grado pro-
«lubido , sin dispensación Pontifi-
«cia , aunque después se anulasen,
«no por eso ilegitimaban los hijos.
«Con efecto el mismo D. Alonso,
«oadre de S. Fernando habia naci-
«do de padres consanguineos en
«tercer grado , y por eso divorcia-
«dos después ; y sin embargo fue
«antepuesto á los hijos posteriores,
«que nacieron de legítimo matri-
«monio , sin que en este caso , y en
«los hijos de Carlos Magno se halle
«otra diferencia que la accidental
«del orden inverso de los matrimo-
«nios: en Carlos Magno, legítimo
«el primero , y nulo el segundo : en
«D. Alonso, legítimo el segundo , y
«nulo el primero ; pero en uno , y
«en
de España. IV. Part. i o j
«en otro antepuestos los hijos del A. de C.
^matrimonio nulo á los del legítimo I2I 7*
^matrimonio. En Carlos Magno , el
«mismo Papa que anuló el matri-
«monio , legitimó después los hijos,
«ungiéndolos Reyes por su mano: y
«en D. Alonso el mismo Inocen-
«cio III , que declaró por nulo su
«matrimonio con Berenguela , dio
«después por legitimo á Fernando,
«quando confirmó el tratado que el
«mismo D. Alonso habia hecho con
«el Rey de Castilla , en que recono-
«cia á aquel Príncipe por su legíti-
«mo hijo. El mismo reconocimien-
«to hizo después el Papa Honorio III,
«confirmando el tratado de D. Alon-
«so por su Bula de i o de Julio de
«1218 , y aun mas expresamente en
«la que expidió en 19 del mismo
«mes, poniendo á Fernando, y á
„su Rey no baxo la protección es-
«pecial de la Santa Sede, y exco-
«mulgando á los que se armasen
«contra él , y rehusasen reconocerle
«por Rey.
«Lo
106 COMP. DE LA HlST.
i- áe C. „Lo mejor del caso es , que has*
121 7* »ta el mismo P. Duchesne tácita-
«mente reconoce que en aquellos si-
«glos Ja nulidad de los matrimonios
wno embarazaba la legitimidad de
«los hijos ; porque en el reynado
^siguiente , hablando de Doña Be^
«rengúela , madre de S. Fernando,
«dice , que encontró el secreto de
quitar á las dos Infantas la Corona.
* c Eran estas hijas de Doña Teresa,
«Infanta de Portugal , con quien
«había casado Alonso en primeras
«nupcias : pero también este matri-
«monio se habia dado por nulo , no
«menos que el que se siguió des-
«pues con Doña Berenguela , como
«contrahido con una prima herma-
«na suya. Sin embargo , supone
«nuestro Autor , que á estas Infan-
«tas pertenecía la Corona de León,
«quando dice que Berenguela en-
^contra el secreto de quitársela. Pues
«adonde está ahora el grande argu-
«mento de la ilegitimidad? ¿Es po-
sible que esta ha de perjudicar
«á
de España. IV. Pary. í o 7
«á Fernando , y no ba de perjudi- A. de C.
«car á las Infantas ? ¿T411 presto se I2I 7-
«olvidó el P. Duchesne de la nuli-
«dad de los matrimonios , que es su
«único asidero? No hay que estra-
«trañarlo ; porque quando se escri-
«be con inclinación , ó con empeño,
«así como flaquea el juicio de ma-
«yor peso , así la mejor memoria
«suele ser olvidadiza."
FERNANDO III,
llamado el SANTO.
De la muerte de Henrique enjugó el
llanto
Su succesor Fernando el Grande , el
Santo:
El que ( mientras el nombre
De Jayme de Aragón r y su re-
nombre,
Su valor , su prudencia,
Se eterniza en Mallorca ,y en Va-
lencia )
A Baeza quitó d los Africanos,
A Córdoba , y á Murcia con sus
llanos*,
r
I O 8 COMP. DE LA HlST.
A. de C. T Sevilla tomada,
121 7- Vasallo hizo al Rey Moro de Gra-
nada.
Muerto Henrique I , pertenecía
el Trono de Castilla á la Infanta
Doña Berenguela , su hermana ma-
yor. Esta Princesa tuvo arte para
sacar del poder del Rey de León á
su hijo D. Femando ; y cediéndole
todo el derecho que tenia á la Co-
rona , le hizo aclamar Rey de Cas-
tilla. Tomaron las armas el Rey de
León , y los Señores de Lara para
oponerse á esta aclamación ; pero
Berenguela se defendió con tanta
gallardía , que obligó al primero á
retirarse á sus Estados , y humilló
tanto el orgullo de los segundos,
que los reduxo á términos , en que
no podía temerlos. Restituida al
Reyno la tranquilidad, aplicó toda
su atención la piadosa Reyna Ma-
dre á casar quanto antes á su hijo,
prudentemente rezelosa de que el
fuego de la edad , y las diversiones
de
de España. IV. Part. 109
de la Corte no estragasen la pureza A. deC.
de aquel tierno corazón. Ajustó la I22 °*
boda con Beatriz , hija de Felipe,
Emperador de Alemania ; y temien-
do después que la virtud del joven
Rey , todavía no fortalecida con los
años ¿ hiciese naufragio en el otro
escollo de la ociosidad , diestramen-
te le fue encendiendo toda la incli-
nación á la guerra contra los Sarra-
cenos, igualmente gloriosa á la Re-
ligión , que provechosa at Estado.
Al mismo tiempo trató, y concluyó
el matrimonio de su hermana con
Jayme , Rey de Aragón , para unir
contra los Infieles la sangre , y el
poder de aquellos dos Monarcas,
que ambos eran de una misma edad,
con poca diferencia. Acababa el
Rey Jayme de salir de una menor
edad muy turbulenta , habiéndole
costado no pequeño triunfa abrir-
se camino al trono de sus mayores*
por medio de las guerras civiles
en que ardían sus Estados : bien qui-
siera Berenguela que el Rey de Na^
var-
1 I O CoMP. DE LA HlSTV
A. de C. varra entrase también en esta pía-
i22o« josa ijg a • p er o Sancho el Fuerte ya
no conservaba de este nombre mas
que la gloria de haberle merecido;
porque postradas las fuerzas con el
peso de continuas enfermedades»
habia llamado á su Corte para go-
bernar el Reyno á Teobaldo, Conde
de Champaña , sobrino suyo , y he-
redero de la Corona.
En todas partes se hacían dis-
posiciones para la guerra contra los
Infieles. Alfonso, Rey de León, obra-
ba con exército separado, y por sí
solo; y consiguió una completa vic-
toria de los Mahometanos , siendo
fruto de ella la conquista de Bada-
joz , Mérida , y toda la Estremadu-
ra , desde las márgenes de Guadia^
na hasta la Andalucía.
Los Revés de Castilla , y de Ara-
gón movían sus armas de concierto,
y coligados : y para cerrar la puer-
ta á los desabrimientos que suele
producir la emulación , y los zelos,
habian convenido en las Provin-
cias
de España. IV. Part. i i i
cias que cada uno habia de con- A. de d
quistar , uniéndolas á sus Estados. I220,
Éstos dos Monarcas jóvenes , pru-
dentes , bravos , poderosos , y ani-
mados de igual zelo por el culto
divino , y por la Religión Católi-
ca , encendieron el valor , y alenta-
ron las esperanzas de la Christian-
dad Española. Creyóse que habia
llegado ya el dichoso término de la 1224.
total expulsión de los Sarracenos.
Enteradas las Provincias de la in-
tención de Fernando , se armaron
de su propio movimiento , y los
Maestres de las Ordenes Militares
conduxeron á sus Estandartes casi
toda la nobleza del Reyno. Penetró
por Andalucía , y se le rindió con
todos sus Estados el Rey Moro de
Baeza. Tomóse por asalto la fuerte
plaza de Quesada , y se pasó á cu-
chillo á toda la guarnición , para
que este exemplar sirviese de ter-
ror , y de escarmiento. El Rey de
Cuenca , Ciudad situada hacia. el
nacimiento de Jucar , reconoció
Tonu II. b va-
112 CoMP. DE LA HlST.
A.de C. vasallage al Joven Conquistador*
I22 5- Andujar , Marios , y Jodar fue-
6 ron sitiadas , y le abrieron las puer-
122 * tas con poca resistencia. Priego, y
Loja fueron tomadas con espada en
mano. Los Moros abandonaron á
la Alahambra , cerca de Granada*
Llenóse de terror esta Ciudad , y
su Rey compró la paz á precio de
£ dinero , y con la libertad que con-
cedió ámil y trescientos Christia^
nos , que gemían en duro cautive-
rio. Dióse glorioso fin á la campa-*
ña con la toma de Montejo , que fue
arrasada , y con la de Capilla en la
Estremadura. Los soldados que que-
daron de guarnición en esta última
plaza , mal hallados con los quarte-
les de Invierno , salieron al pillage¿
y derrotaron el exército del Rey de
Sevilla , matándole veinte mil hom?
bres , con muy poca pérdida de su
parte.
Interrumpió por algún tiempo
los rápidos progresos de estas con-
quistas el valor , y las numerosas
tro-
de España, IV. Part. 113
tropas de un Rey Moro , nuevamen- A- de C.
te abortado de la África , á quien I2 ? 6 «
se rindió casi toda la Morisma Es-
pañola. Pero contribuyó mas que
todo la. necesidad en que se halló
constituido Fernando de ir á tomar
posesión del Reyno de León, á cuya
succesion le abrió camino la muer-
te del Rey su padre Alfonso IX, des-
pués de quarenta y dos años de 1230.
Reynado. Habia dexado Alfonso de
las primeras nupcias dos Infantas
herederas de la Corona ; y habien-
do nacido Fernando del segundo
tnatrimonio , que fue reconocido , y
declarado por nulo , estaba desti^-
tüído de todo derecho á la succesion
en aquellos Estados ; pero . la pru-¿
dencia , y la habilidad de la Reyná
Doña Berenguela su madre , supo
manejar este negocio con tanta des*
treza , que ganó á los principales
Señores , v encontró el secreto de
quitar á las dos Infantas la Corona^
dexándolas contentas. Por este me-
dio unió para siempre á la Corona
bi de
114 COMP. DE LA HlST.
A. de C. de Castilla la de León , la mas an-
1230. tigua que se habia formado en Es-
paña desde la irrupción de los Afri-
canos.
Hallándose Fernando con du-
plicadas fuerzas por el beneficio de
esta unión , después de arreglados
los negocios interiores de los nue-
Í232. vos Reynos, aplicó toda su atención
á la guerra contra los Infieles. Des-
pués que tomó á Ubeda , uno de los
principales baluartes del Reyno de
Córdoba , fue el objeto de toda su
aplicación la capital del mismo
Reyno. Desde luego hizo ánimo á
que le costaría un sitio largo , y pe-
noso ; pero debió á cierto inciden-
te , así la brevedad , como la faci-
lidad de la conquista. Habíanse he-
cho prisioneros algunos soldados
Moros veteranos al tiempo de ocu-
parse las cercanías de aquella plaza:
estos descubrieron el lado por don-
de flaqueaba , ofreciéndose á intro-
ducir de noche á los Christianos en
el arrabal de Ajarquia. Cumplieron
su
de España. IV.Part. 115
su palabra ; y los Castellanos , sin A - ¿ e C.
pararse á tomar aliento, escalaron II0 9*
la muralla , y se atrincheraron en
ella ; pero como no eran en número
bastante para resistir á toda la guar-
nición , se Contentaron con apode-
rarse de una puerta, y de las tor- 1235,
res que la guarnecían. Advertido
el Rey de Castilla de suceso can
favorable , se avanzó en diligencia
con todo el exército , y entrando
por la puerta que habian ocupado
los suyos , se internaron las tropas
en el cuerpo de la plaza , estendién-
dose por toda ella , y comenzaron á
pelear en las calles. Puesta en ar-
mas la numerosa guarnición que la
defendia , opone trinchera sobre
trinchera , siendo un sitio la toma
de cada calle. Pero habiendo sido
retirados los Moros espada en ma-
no al último atrincheramiento , des-
esperados de defenderse^ pidieron
capitulación , y concediéndoseles la
vida , y la libertad , evaquaron la
plaza. Rindió Fernando á Dios *fc-
£3 ve-
I I 6 "CoMP. DE LA HlST.
A. de G. verentes gracias : volvió á poblar
l2 3 6 - la Villa: arregió la policía , y aña^
dio á los títulos de Rey de Castilla,
y de León , los de Rey de Córdoba,
y de Baeza.
Acometió al Rey una enferme?
, ; dad, durante la qual encargó el man-
do de sus tropas al Infante D. Al-*
fonso , su hijo primogénito , coa
orden de reducir las demás plazas
que restaban en los Estados de Cór-
doba. El Rey de Murcia le despa*-
chó una embaxada >, ofreciéndole su
Reyno \ sin reservarse mas que el
títuio de Rey , la mitad de las ren-
tas , y la protección de Castilla con-
tra el Rey Moro de Granada. Ha-
bía sojos diez años que se habia eri-
gido: esta última Monarquía; pero
tan poderosa , y dominante * que el
Rey de Granada tenia llenos de tur-
bación , y de miedo á los demás
Reyezuelos Africanos. Acetó la
oferta el Infante D. Alfonso ¡ y fue
á tomar posesión de las Ciudades,
y fortalezas del Reyno de Murcia-,
Lor-
de España. IV.Part. 117
Lorca , Muía , y Cartagena se resis- A. de C.
tieron á abrirle las puertas ; pero I2 3 6 *
fueron sitiadas, y tomadas por fuer-
za el año de mil doscientos quaren-
ta y dos.
Mientras se aseguraba el hijo
en los Estados de Murcia , restable-
cido ya el padre de su grave enfer-
medad , pasó á reconocer á Grana-
da. Voló al socorro el exército Aga*
reno ; pero fue derrotado en una
batalla que le dio debaxo de los
muros de la misma plaza. Mas co-
mo el Rey no tenia bastantes fuer-
zas para apoderarse de ella , retro-
cedió con sus tropas , y se echó so-
bre Jaén , la plaza mas fuerte que
tenían los Infieles. Contra toda es-
peranza se le rindió en pocos dias,
no obstante hallarse con la guarni-
ción entera. La caída de Jaén es-
tremeció á Granada , la qual , aco-
bardada con el numeroso exército
de los Christianos , de que se vio
embestida , capituló , y se hizo tri-
butaria, Desde entonces convirtió
b 4 Fer-
r I 8 Comp. DÉ LA Hisf .
A. de C. Fernando todos sus pensamien-
*H l - tos al sitio de Sevilla , cuya pose-
sión aseguraba sus conquistas , sir-
viéndolas de barrera el rio Guadal-
quivir.
Sevilla , Capital del Reyno de
Andalucía , era en aquel tiempo una
parte del Imperio de Marruecos,
cuyos Emperadores mantenian en
c ia un Rey feudatario > á quien so-
corrían con todas sus fuerzas contra
el poder de los Christianos. Presi-
diábanla con una fuerte guarnición,
y tenían siempre en mar una pode-
rosa armada para asegurarla los so-
corros que hubiese menester. Con
la toma de Carmona dexó el Rey
bloqueada la plaza por tierra , y
mandó á su esquadra que la embis-
tiese por mar , después de haber
combatido , y derrotado la del Em-
perador de Marruecos : apoderóse
de la embocadura de Guadalquivir,
con cuya diligencia quedó puesto
en toda forma aquel sitio , tan fa-
moso por su duración , por su im-
por-
de España. IWPart. i i 9
portancia , y por el valor de los ata- A. de C.
ques, y de la defensa. Al cabo de I2 * 8 -
diez y seis meses se entregó la Ciu-
dad por capitulación el dia 22 de
Diciembre. Los principales artícu-
los fueron , el primero que pudiesen
los Moros salir libremente , llevan-
do consigo todos sus efe&os ; y el
segundo que todas las Ciudades del
Reyno seguirían el exempló de la
Capital , excepto dos que se cedie-
ron á Jafón , Rey de los Algarves:
Con todo eso Xeréz , Arcos , Me-
dinasidonia, Lebrixa > San Lucar de
Barrameda , Begél , Alpechín , Cá-
diz , y otras muchas plazas no se
quisieron rendir hasta que se les puso
sitio. Con su, conquista acabó Fer-
nando de reducir todas las Provin-
cias de los Moros , que debian in-
corporarse á la Corona de Castilla,
en virtud de la convención hecha
con el Rey Jayme de Aragón.
Mereció este por su parte el glo-
rioso renombre de Conquistador , así
por las innumerables victorias que
con-
iftp Comp. delaHist.
A. de C. consiguió , como por el gran nú-
1248. mero d e sitios que puso, y que man-
dó con tanto valor como pruden-
cia. Sería prolixidad, agena de nues-
tro instituto , el individualizar to-
das sus empresas militares : baste
saber que el año de 1234 acabó la
conquista de las Islas de Mallorca,
Menorca , é Ibiza: en el de 1238
jdió fin á la del Reyno de Valencia,
y no dexó á los Infieles ni un pal-
mo de terreno de todos los paises
que se le habían cedido por el tra-
tado hecho con el Rey D. Fernan-
do ; de suerte que estos dos gran-
des Monarcas lograron ver conse-
guido todo su proye&o ; y hubie-
ran puesto fin á la guerra contra
los Moros , si pudiera haber fé en
vasallos infieles. Uno , y otro Prín-
cipe aplicaron la parte principal de
su cuidado á restablecer la Religión
Christiana en las Provincias conquis-
tadas , erigiendo Obispados en las
Ciudades principales , y mostrando
su reconocimiento al Dios de los
Exér-
de España. IV. Part. i 2 1
Exércrtos en los magníficos monu^- A - de C.
mentos que dexó fundados su pie- I2 4 8 -
dad.
Pero aún no se dio por satisfe-
cho el fervoroso zelo de Fernando*
Habiendo sabido que S. Luis , Rey
de Francia , su primohermano , ha-
bía pasado á Egypto para hacer
guerra á los Infieles , determinó ha-
cer él mismo un desembarco en el
Reyno de Marruecos , conquistar
todo aquel formidable Imperio, y
por este medio quitar á los Moros
de España toda esperanza de volver
á> levantar cabeza. Pero contentóse
Dios con la piedad de estos inten-
tos, y le llamó para sí el dia 30 de
Mayo , después de 35 años de rey-
nado en Castilla , y 22 en León pa-
r a coronar en mejor Imperio sus
heroycas virtudes.
Como es la vida es la muerte.
La de este grande Héroe de Casti-
lla no fue menos piadosa que su
vida. Siempre ocupado en guerras
santas , y en eL gobierno de sus Es-
ta-
I 2 2 COMP. DE XA HlST.
A. de C. tados , había pasado sus dias en la
I2 5 2 - mayor inocencia de costumbres. En
campaña , y en Palacio igualmente
fiel á los exercicios de la devoción
christiana. Quando sintió que se
iba acercando al fin de la vida , se
vistió de un áspero cilicio : hizo cu-
brir la cama de ceniza , y se echó
una soga al cuello. En este trage
penitente lavó en el sacramento de
la Penitencia aquellos defe&os de
que no están esentas las almas jus-
tas , regándolos con abundantes lá-
grimas , y recibió la Extrema-Un-
ción : y poniendo después sus pal-
mas , y sus Coronas á los pies del
Cordero inmaculado , para rendirle
este último tributo , durmió en el
Señor con aquella tranquilidad , y
con aquella confianza con que mue-
ren los Santos.
El Cielo , que había echado la
bendición á todos sus consejos, y
á todas sus empresas , la echó tam-
bién á toda su numerosa , y bien
reglada familia. Dexó asegurada
su
de España. IV. Part. 123
su posteridad en diez hijos , seis A. de C.
del primero, y quatro del segundo I2 5 2 -
matrimonio. Del primero fueron
Alfonso X, que le succedió en la
Corona , y los Infantes D. Henrique,
D. Felipe , D. Manuel , D. Sancho,
y la Infanta Doña Berenguela : y
del segundo con Juana de Pontieu
tuvo á D. Fernando , D. Luis , Do-
ña Juana , y Doña Leonor. Tan pa-
dre de sus vasallos como de sus
hijos , á todos los amaba tiernamen-
te : parecía que solo era Rey , y pa-
dre , para hacer bien á los unos , y
á los otros. Los que en los prime-
ros años de su edad habían sido
enemigos suyos , se convirtieron
despyes en los mas finos amigos,
habiéndolos ganado á fuerza de
bondad , de disimulo , y de benefi-
cios. Todos sus vasallos le amaron,
y le lloraron largo tiempo , excepto
los Hereges , de quienes fue enemi-
go irreconciliable, haciendo el ma-
yor empeño de limpiar de esta peste
sus Estados.
No
12 4 "CoMP. DE LA HlST.
A. deC. No sería fácil acertar con el re*
1252. nombre que correspondía á este
gran Rey , si el de Santo, que hace
ventajas á todos los demás , no hu-
biera prevalecido. Fernando el Pru-
dente , el Bravo , el Victorioso \ el
Conquistador r el Grande : todos es-
tos renombres venían bien á su mé^
rito ; pero prevaleció el de el Santo,
y fue dichoso por haberle mereció
do. Es muy digno de notarse , que
los dos mayores Tronos de la Euro-
pa estaban ocupados á un mismo
tiempo por dos Santos primos , hijos
de dos hermanas , ambos animados
con el mismo zelo de sacudir el yu^
go de los Infieles de la cerviz de
los Christianos , ambos grandes Ca^
pitanes , ambos santificados entre el
ruido de las armas ; pero conducid
dos ambos á la santidad por camp
nos muy diferentes. Los de Fernan-
do sembrados de rosas, y de laure-i
les : los de S. Luis , Rey de Francia;
de espinas , y de cruces. El prime-
ro , en medio de una brillante, con*
ti-
de España. IV. Part. i 1 y
tinuada cadena de vi&orias , dé A. de C,
triunfos * y de conquistas , bendecía I2 5 2 -
al Señor Dios dé los Exércitos , que
le coronaba de gloria. El segundo»
en medio de una no interrumpida
serie de desgracias , mortificacio-
nes , y desayres , besaba humilde-
mente la mano que le afligía. El
Castellano, humilde, moderado, ca-
ritativo , quando tocaba al ápice ele
las grandezas humanas : el Fran-
cés, nunca mas animoso , nunca mas
grande , nunca mas superior á todos
los caprichos de la fortuna , que en
el cautiverio , y entre las prisiones.
Ambos fieles á Dios , uno en la pros-
peridad , y otro en la desgracia, se
miraban en calidad de Soberanos;
como los primeros siervos de Jesu-
Christo: en calidad de Christianos*
como los primeros hijos de la Igle-
sia : en calidad de cabezas de sus
vasallos , como los primeros Minis-
tros de la Providencia. Penetrados
de estas máximas, dieron todo el
lleno á las obligaciones de Chris-
tía-
I 2 6 COMP. DE LA HlST.
A. deC. tianos, de Protectores de la Iglesia,
12J52. y de padres de sus Pueblos. ¿ Pero
á quál de los dos le fue mas fácil ei
santificarse? : es un problema que no
es fácil decidir. Lo cierto es , que
las adversidades han producido en
la Iglesia mayor número de Santos
que la prosperidad.
NOTA DEL TRADUCTOR.
tf En el elogio de un Rey, que
«mereció ,