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Full text of "Conflicto y armonías de las razas en América"

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Conflicto y armonías de las razas en América 



DOMINGO F. SARMIENTO 

Nació en San Juan el 15 de Febrero de 1811. Aprendió prime- 
ras letras en la "Escuela de la patria"; en 1821 no consiguió una 
beca para el seminario de Loreto, de Córdoba; circunstancias 
adversas impidiéronle continuar sus estudios en el Colegio de 
Ciencias Morales, de Buenos Aires. En 1826 se dedicó a enseñar 
los primeros rudimentos del saber a los mocetones de San Fran- 
cisco, en San Luis. Vuelto a San Juan (1827) vióse obligado a 
ganarse el sustento trabajando como dependiente en un alma- 
cén: en sus momentos libres leyó las cartillas de ciencias y 
artes que estaban allí de venta. Desde esa fecha hasta su muerte 
vivió estudiando y enseñando. 

Añliado al unitarismo, desde 1829, tocóle emigrar a Chile. Allí 
fué maestro de escuela municipal en una aldea, abrió un despa- 
cho de bebidas, fué dependiente de comercio, trabajó en una 
mina, hasta regresar a San Juan (1837). Tuvo entonces ocasión 
de ensanchar sus conocimientos; y dos años más tarde organizó 
un colegio y fundó un periódico, "El Zonda", cuya publicación 
le costó la cárcel. Emigró a Chile en 1840. En Valparaiso fué 
redactor de "El Mercurio" y en Santiago fundó "El Nacional". 
En 1842 organizó la Escuela Normal de Preceptores, de que fué 
director, sin apartarse del periodismo de combate. De 1845 a 
1848 viajó por Europa y Estados Unidos, continuando a su re- 
greso las tareas educacionales y periodísticas. En 1S52 se incor- 
poró al ejército de Urquiza, apartándose de éste poco después 
de caer Rozas. Emigró nuevamente y en Chile rompió su amis- 
tad con Alberdi, para siempre. Con varia fortuna política fué 
muchas veces diputado, senador, ministro, gobernador de San 
Juan (1862-1864) y Presidente de la República (1868-1874). Fué 
repetidamente Director y Superintendente de Escuelas, provin- 
cial y nacional, tocándole sostener luchas memorables con los 
partidos reaccionarios, en defensa de la escuela laica. 

Su enorme labor escrita (Obras Completas, LII volúmenes) 
es, en grandísima parte, periodística y de oportunidad. Sus 
obras principales son: "Facundo" (1845), "De la educación po- 
pular" (1848), "Argirópolls" (1850), "Recuerdos de Provincia" 
(1860), "Comentarios de la Constitución" (1853), "Conllicto y 
Armonías de las razas en América" (1883), etc. 

Su carácter Isflica fué la lucha por la educación pública. Por 
•1 número y la variedad de bus iniciativas, no tiene parangón 
con ningún otro americano; bu eficacia como agitador de espí- 
ritu* fué absoluta, ejercitando para ello sus dos vocaciones 
fundamentales: el magisterio y el periodismo. En ambos conoció 
toda la gerarqufa: desde la insignificancia hasta la preeminen- 
cia absoluta. Otntaplb nido su vida en un perenne afán de 
aprender y ensenar, dejó rastro firme en cuantas cosas posó 
«n mano. 

ii 1 1 •)• ['Hombre de 1888, falleció en el Paraguay, donde 
fuera en busca de remedio a sus achaques. La posteridad, uná- 
iiIiim. le ha sefialado como el más eminente de los argentinos. 



LA CULTURA ARGENTINA 



DOMINGO F. SARMIENTO 



Conflicto y armonías 
de las razas 



EN AMÉRICA 



V, 



Con una exposición de tu* idea* sociológicas 
pon 

JOSÉ INGENIEROS 





S. 



BUENOS AIRES 

«La Cultura Argentina» — Avenida de Mayo 646 
1915 






Las ideas sociológicas de Sarmiento 



SUMARIO — I. Las orientaciones sociológicas de "Facundo". — 
II. El conflicto de las razas en la América colonial. 
— III. Influencia de las razas en la constitución po- 
lítica de ambas Amérlcas. — IV. La regeneración de 
las razas y el porvenir de nuestra América. 



I — LAS ORIENTACIONES SOCIOLÓGICAS DE " FACUNDO " 

"Facundo es el clamor de la cultura moderna con- 
tra el crepúsculo feudal. Crear una doctrina justa va- 
le ganar una batalla para la verdad; más cuesta pre- 
sentir un ritmo de civilización que acometer una con- 
quista. Un libro es más que una intención: es un ges- 
to. Todo ideal puede servirse con el verbo profetice 
La palabra de Sarmiento parece bajar de un Sinaí. El 
hombre extraordinario encuadra, por entonces, su es- 
píritu en el doble marco de la cordillera muda y del 
mar clamoroso. En alas del austro llegan hasta él ge- 
midos de pueblas que llenan de angustia su corazón y 
parecen ensombrecer el cielo taciturno de su frente in- 
quietado por un relampaguear de profecías. La pasión 
enciende las dantescas hornallas en que forja sus pá- 
ginas y ellas retumban con sonoridad plutoniana en to- 
dos los ámbitos de su patria. Para medirse busca al 
más grande enemigo, Rozas, que era también genial en 
su medio y en su tiempo : por eso hay ritmos apocalíp- 
ticos en los apostrofes de "Facundo", asombroso en- 
quiridión que parece un reto de águila a águila, lanza- 
do por sobre las cumbres más conspicuas del planeta. 



8 LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SAEMIEXTO 

Su verbo es anatema : tan fuerte es el grito que, por 
momentos, la prosa se enronquece. La vehemencia crea 
su estilo, tan suyo que siendo castizo no parece españoL 
Sacude a todo un continente con la sola fuerza de su plu- 
ma, adiamantada por ¡la santificación del peligro y del 
destierro. Cuando un ideal se plasma en un alto espíritu 
bastan gotas de tinta para fijarlo en páginas decisivas ; 
y ellas, como si en cada línea llevasen una chispa de in- 
cendio desvastador, llegan ai corazón de miles de hom- 
bres, desorbitan sus rutinas, encienden sus pasiones, po- 
larizan su actitud hacia el ensueño naciente. La prosa 
del visionario vive: palpita, agrede, conmueve, derrum- 
ba, aniquila. En sus frases diríase que se vuelca el alma 
de la nación entera, como un alud. Un libro, fruto de im- 
perceptibles vibraciones cerebrales del genio, tórnase tan 
decisivo para la civilización de una raza como la irrup- 
ción tumultuosa de infinitos ejércitos. Y su verbo es sen- 
tencia: queda mortalmente herida una era de barbarie, 
simbolizada en un nombre propio. El genio se encum- 
bra así para hablar, intérprete de la historia. Sus pa- 
labras no admiten rectificación y escapan a la crítica. 
Los poetas debieran pedir sus ritmos a las mareas del 
Océano para loar líricamente la perennidad del gesto 
magnífico". 

No puedo reproducir aquí las otras páginas caluro- 
sas en que expresé mi admiración por Sarmiento, con 
motivo de su Centenario (1). Más concreta es la ta- 
rea y, acaso, aunque árida, menos inútil para los lectores 
de Conflicto }/ armonías de las Bazas en América, esbo- 
zo inorgánico <li> una obra profunda y si nt ótica. 

Por intuición, 7uás que por sistema., Sarmiento fué 
un verdadero filósofo de la historia, desde Facundo 
hasta Conflicto y armonías; esas obras, de indudable 
interés sociológico, le señallan como un precursor ge- 
nial, entre nosotros, de esa disciplina (pie, en avanzada 



mi "Loa forjador*» de Idéalos", cm> X .!•■ -Kl Hombro Mo- 
dlocro". 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 9 

hora de su vida, alcanzó a barruntar. Cuando aún no 
había amanecido el espíritu moderno en nuestras cien- 
cias sociales — que sólo dos grandes mentes habían 
cultivado sin desacierto: Echeverría y Alberdi — in- 
tentó Sarmiento volcar ea los odres nuevos de la socio- 
logía el añejo vino de la historia. Tal fué ' ' el plan de 
Conflicto que no hace historia, sino que pretende expli- 
car la historia " (1). 

Facundo era la descripción del conflicto entre ei 
pasado, colonial y bárbaro, y el porvenir, argentino y 
civilizado. Conflicto es la explicación <le aquellas co- 
sas admirablemente descriptas. En el primer caso, el 
filósofo de la historia lo «te sin saberlo ; en el segundo, 
aspira a serlo conscientemente. 

" El autor de Conflicto y Armonías de las razas en 
América — escribe él mismo — lia querido dar a la rea- 
lidad histórica su verdadero valor para explicarse los 
extraños aspectos que presentan en su aplicación (a 
Sud América), las instituciones libres hechas para pue- 
blos civilizados, dirán unos, — cristianos, les apellida- 
rán otros, — pero en todo oaso europeos, blancos, here- 
deros de las adquisiciones de los siglos " (2). 

En otro artículo (3), conteniendo una carta a lira. 
Mann, hace el siguiente comentario previo de su prime- 
ra parte, próxima a publicarse: " El prospecto del li- 
brero M. S. Ostwald no le dará idea de la obra, que 
en verdad no tiene antecedentes en nuestra literatura, 
y creo que contiene observaciones nuevas sobre ciertos 
hechos de la historia de la colonización inglesa en 
América. Para Vd., que está tan versada en nuestra 
historia, le diré que tiene la pretensión este libro de 
ser el Facundo llegado a la vejez... Es o será, si 



(1) Sarmiento: "Obras completas", vol. XXXVIII, pág. 3. 

(2) "Las elecciones aztecas y las quichuas", artículo publi- 
cado en "El Nacional", Enero de 1883. ("Obras", vol. XXXVII,. 
pág. 347). 

(?■) "Una carta a Mrs. Mann", idem, Diciembre 19 de 1SS2,. 
("Obras", vol XXXVII, pág. 31S y sig.). 



10 LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 

acierta a expresar mi idea, ei mismo libro, científico, 
apoyado en las ciencias sociológicas y etnológicas mo- 
dernas, y rico de citas, revistiendo mi pensamiento, pa- 
ra hacerlo aceptable, con la. autoridad de una gran ma- 
sa de escritores antiguos sobre las colonias españolas, y 
modernos sobre la historia contemporánea". 

" He querido dar cuerpo a ideas que vengo dejando 
desparramadas en ei camino de mi vida pública y lite- 
raria, a medida que el espectáculo del lugar y de la oca- 
sión las provocó, y que pasaron desapercibidas para mu- 
chos, arrastrándolas tras sí el torbellino de ios aoonte- 
eimientos, sin que a alguno, por no prestarles atención 
al paso, ya descoloridas o ajadas, le viniese la idea de 
que aquellas hojas sueltas pertenecen todas a una vie- 
ja encina, dilacerados sus torcidos ramos por la acción 
del tiempo, y desprendidas del árbol y arrastra/das sus 
hojas por vientos que tras el otoño de la vida anuncian 
la proximidad de ios hielos del invierno ". 

¿Puede contar Sarmiento entre los verdaderos soció- 
logos, siquiera en el sentido relativo de la ciencia social 
aplicada al conocimiento de la evolución sociológica ar- 
gentina ? 

Con relación a la sociología general, es evidente que 
no ha creado una teoría o una doctrina que le perte- 
nezca de manera exclusiva ; podría agregarse que no al- 
canzó a modelar bien su pensamiento sobre las grandes 
líneas de Spenoer, como intentó hacerlo en sus últimos 
trabajos: " Bien rastrea usted las ideas evolucionistas 

<!■• Sprllrrr, <|l|<- lie |) Vi H'la.ltiado ¡I 1 >ii'ft;l .1111*11 te (MI lll.'llt'- 

ria sncial Con Spenoer me entiendo, porque an- 
damos el misino camino" (1). 

l'n estudio de sociología argentina puede ser general 
o particular. Si «s general, cabe exigirle una interpre- 
tación .vint.'-t m-;i cli-1 origen, evolución pasada y teiiden- 
0ÍM KfoOutivas venideras de la sociedad argentina; de- 



(1) "Obrai", XXXVTI, I 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 11 

be abarcar las diversas instituciones sociales e indagar 
cuáles son los factores predominantes en ese devenir. 
Con ese criterio escribió Sarmiento su " Conflicto y 
armonías de las razas en América", feliz tanteo del 
método sociológico contemporáneo. 

Si es particular, se reducirá a estudiar la evolución 
de una de las instituciones aisladamente, a través de 
toda nuestra historia o de alguno de sus períodos; o 
bien tomará un "momento histórico" para indagar sus 
causas determinantes, sus manifestaciones y sus conse- 
cuencias. En este orden será siempre un ejemplo óp- 
timo el "Facundo". 

Ambos tipos de estudios sociológicos — general y par- 
ticular — pueden estar tarados por el error, la parcia- 
lidad o ser unilaterales; lo indispensable es que posean 
un criterio de interpretación, una visión sintética. Un 
estudio de sociología puede no ser exacto ; pero una cró- 
nica desarrollada a través de impresiones subjetivas no 
puede ser, de ninguna manera, un libro de sociología. 

Las dos obras cardinales de Sarmiento tienen unidad 
de orientación y dejan una enseñanza precisa. Son, 
efeetivaimente, dos loables ensayos de filosofía de la 
historia; la segunda, "Conflicto y armonías", tiene, en 
rigor, pretensiones más propiamente sociológicas. 

Su pensamiento muestra dos etapas; en cada una de 
ellas acentuó el relieve de uno de los dos grandes fac- 
tores de nuestra evolución sociológica. 

La formación de la nacionalidad argentina — y de 
todos los países americanos, iprimitivaimente poblados 
por una raza inferior — es, en su origen, un simple 
episodio de la lucha de razas y de la adaptación de és- 
tas a las condiciones geográficas de la naturaleza física. 
En la historia de la humanidad podría figurar en él ca- 
pítulo que estudiara la expansión de la raza blanca y 
la progresiva preponderancia de su civilización. 

El "medio" y la "raza": como los concibió Sarmien- 



12 LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 

to en "Facundo" y en "Conflicto y armonías". El 
primer factor se traduce por la influencia de las con- 
diciones geográficas, determinando diferencias entre los 
diversos grupos étnicos; el segundo por 3a continuidad 
de las variaciones adquiridas bajo la acción del medio, 
trasmitiéndose de generación en generación. Cuando* 
varias razas se encuentran en un mismo medio, luchan 
por la vida, y sobreviven las que se adaptan mejor a, 
las condiciones de existencia propias del ambiente. Sar- 
miento, que tuvo la visión del genio, pero careció de co- 
nocimientos ignorados en su primera época, fué un (pre- 
cursor empírico de la sociología argentina; tras la in- 
certidumbre de su lenguaje, fácil es adivinar la preci- 
sión de sus videncias. 

La importancia del "medio" en (la formación de los. 
pueblos fué ya reconocida en la antigüedad ; Montes- 
quieu y Herder la definieron netamente; Humboldt la 
estudió; Ritter fué un antecesor de Demoulins; Buckle 
estableció la necesidad de . considerar el suelo, el clima, 
los alimentos y el aspecto general de la naturaleza ; Tai- 
no dio a esta doctrina la forma y difusión que son no- 
torias, admitiendo a la vez la importancia de la "ra- 
za", ya afirmada desde Thvrry. Las discusiones co- 
rrientes sobre la (preeminencia de uno u otro factor son 
ilegítimas. Mientras un grupo de una raza vive en un 
medio, sus variaciones dependen de las variaciones de 
éste; cuando varios grupos de una misma raza emigran 
a medios diferentes, varían pasa adaptarse a ellos; 
cuando grupos de varias razas se encuentran en un mis 
mo medio, luchan por la vida y sobreviven por selec- 
ción natural los más .adaptados a sus condiciones. Es- 
l..s p re fl Bp fa l de sociología explican, mediante 'leyes 
muy simples, ciertos problemas que suelen parecer obs- 
curos por lo mal planteados. 

Kn "Facundo" predomina t J l estudio del medio físi- 
co y social. Sarmiento concibe la historia argentina, y 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SABMIENTO 13 

en general la hispanoamericana, como el resultado del 
•conflicto entre dos etapas distintas de la evolución so- 
cial ; la una representada por las ciudades civilizadas 
y la otra por las campañas bárbaras. Una y otra de- 
penden de condiciones geográficas y sociales distintas; 
las ciudades se " europeizan " mientras las campañas 
se conservan "coloniales'', es decir, hispano-indígenas. 
Es, en suma, "una lucha ingenua, franca y primitiva 
entre los últimos progresos del espíritu humano y los 
rudimentos de la vildia salvaje, entre las ciudades popu- 
losas y los bosques sombríos". Su criterio de interpre- 
tación es claro. Un sociólogo — dice — que hubiese 
llegado a penetrar en el interior de nuestra vida polí- 
tica, premunido del conocimiento de las teorías socia- 
les, "hubi érase explicado el misterio de la lucha obs- 
tinada que despedaza a la república; habría clasificado 
los elementos contrarios, invencibles, que se chocan; 
liubiera asignado su parte a la configuración del terre- 
no y a los hábitos que ella engendra ; su parte a las tra- 
diciones españolas y a la conciencia nacional íntima, 
plebeya, que ha dejado la Inquisición y el absolutismo 
hispano; su parte a la influencia de las ideas opuestas 
que han trastornado el mundo político; su parte a la 
barbarie indígena ; su parte a la civilización europea ; 
su parte, en fin, a la democracia consagrada por la re- 
volución de 1810, a la igualdad, cuyo dogma ha pene- 
trado hasta las capas inferiores de la sociedad" (1). Y 
después de este plan soberbio nos ofrece el estudio de 
la anarquía argentina y del caudillismo, en su ambien- 
te cósmico y social, comenzando por estudiar el aspec- 
to físico de la República Argentina — los caracteres, 
los hábitos e ideas que engendra — los rasgos origina- 
les del alma gaucha: el rastreador, el baqueano, el gau- 
cho malo, el cantor — la difusión de la población ru- 
ral — el predominio de los pueblos pastores sobre los 



<1) "Facundo". ("Introducción"). 



14 LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 

agricultores y sobre la fracción comercial — el indivi- 
dualismo nómada del gaucho y su asociación transito- 
ria en la pulpería — los orígenes de la revolución ar- 
gentina, hasta llegar a la instauración de la anarquía 
y el caudillismo. Sobre esa pauta, después de agotar ge- 
nialmente el estudio del escenario, examinó al protago- 
nista, a Juan Facundo Quiroga, siempre "en función 
del medio". 

Concebía a los hombres representativos como produc- 
tos del medio y exponentes de una civilización determi- 
nada; la pasión política no le hizo 'olvidar esta idea 
fundamental. "En Facundo no veo un caudillo simple- 
mente, sino una manifestación de la vida argentina, tal 
como la han hecho la colonización y las peculiaridades 
del terreno, a lo cual creo necesario consagrar una se- 
ria atención" (1). 

Son bien conocidas las páginas, rebosantes de colori- 
do, que dedicó a ello ; no lo es menos que la inspiración 
de tal estudio le vino de Montesquieu, leído a la par de 
los enciclopedistas en los primeros años de la emanci- 
pación americana, y acaso, más tarde, por lecturas de 
Tocqueville y otros autores que menciona reiterada- 
mente. 

El ambiente social le mereció igual interés: "Un cau- 
dillo que encabeza un gran movimiento social, no es 
mas que el espejo en que se reflejan, en dimensiones co- 
losales, las creencias, las necesidades, preocupaciones y 
hábitos de una nación en una época dada de su histo- 
ria" (2). Pero el medio social es una consecuencia del 
medio geográfico, <|u<', a igualdad do condiciones étni- 
cas, contribuyo a explicar las diferencias de evolución 
L.-IM.I. Sarmiento salir que el mar, la llanura y lia inon 
t;m;i Concurren a determinar costumbres y sentimien- 
tos distintos en las poblaciones. El mar es humano : los 
puertos libren las rúe-iones al mundo, facilitan el inler- 



(I) "Facundo". 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 15 

cambio de ideas y de intereses, estimulan el progreso y 
la emulación universal de ¡los países civilizados. La lla- 
nura es social : la fácil comunicación concurre a solida- 
rizar los sentimientos de regiones contiguas, engendra 
la asociación y la simpatía, es eminentemente nacional. 
La montaña es localista: el arraigo al terruño es más 
firme, todo lo que no entra en el exiguo horizonte que 
abarca ila vista parece extraño, ¡la falta de solidaridad 
nacional lleva a la anarquía, cimentada por ciegos lo- 
calismos. 

La doctrina, feliz en sus aplicaciones políticas, ha 
tenido continuadores entre nosotros. Reaparece en 
magníficas páginas de José M. Ramos Mejía, donde el 
mar y ¡la montaña caracterizan los aspectos esenciales 
de las memorables luchas de la edad media argentina. 

Asoma ya en "Facundo", bien definido, el conflicto 
de razas que más tarde solicitó especialmente la aten- 
ción de Sarmiento. La lucha entre las ciudades y las 
campañas tenía una significación étnica precisa. En las 
ciudades predominaba el elemento europeizado, los des- 
cendientes de españoles que al tiempo de la revolución 
se embebían de ideas e ideales europeos; en las campa- 
ñas primaba el elemento indígena, cuya proporción en 
el mestizaje era considerablemente mayor. El conflic- 
to de las razas en América se manifiesta por el distin- 
to grade de civilización alcanzado por esas dos socieda- 
des que coexistían: la una de tipo europeo predominan- 
te y la otra de tipo acentuadamente indígena. 

Tales son las primeras orientaciones sociológicas de 
Sarmiento; a ellas vuelve cuarenta años más tarde, en 
Co-nflicto, con un programa vasto y sintético que, por 
desgracia, no pudo llenar totalmente. 



16 LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 



II — EL CONFLICTO DE LAS RAZAS EN LA AMERICA COLONIAL 

El descubrimiento de América puso en contacto dos 
razas, o grupos de razas, que representaban etapas dis- 
tintas de ila evolución humana; la .caucásica, que había 
alcanzado ya un desarrollo cultural, político y económico 
superior, frente a la indígena, que sólo en algunos nú- 
cleos estaba condensada en imperios relativamente civili- 
zados. Los blancos pobladores de la Europa feudal, en la 
hora de transformarse por la Reforma y el Renacimiento, 
pisaron como conquistadores el continente poblado por 
tribus salvajes; y por sociedades primitivas. 

La civilización blanca venció y se impuso a las razas 
americanas. Dominó con suma facilidad a las tribus sal- 
vajes que aun no formaban Estados y con alguna dificul- 
tad a los pueblos que vivían en las formas superiores de 
la barbarie, casi en el dintel de la civilización. A mayor 
diferencia entre los índices de desenvolvimiento corres- 
pondió una menor resistencia a la conquista, y viceversa. 

En menos de cuatro siglos han desaparecido del conti- 
nente americano gran parte de los pueblos aborígenes 
que no pudieron adaptarse a la nueva modalidad de exis- 
tencia introducida por los conquistadores. 

Este contacto de razas desigualmente evolucionadas 
produjo en la América del Sud el primer conflicto, re- 
presentado por el sometimiento y por la ulterior asimila- 
ción, en un larjíu mestizaje en que fueron predominando 
socialmente los exiguos elementos étnicos superiores. Bl 
triunfo de éstos fué laborioso» y durante el coloniaje se 
limitó a una .sumisión de las razas autóctonas, ya que la 
miscuax'ión de los indígenas nunca fué total, ni tuvo 
caracteres realmente niveladores. Kl predominio étnico 
de l.i raza conquistadora sólo fué efectivo por obra de sus 
descendientes mestizados, que a! comenzar el rigió XIX 
•tituían los más de, los centros urbanos, concibiendo 
y realizando l.i revolución de la independencia. 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 17 

Este problema étnico dio tema a Sarmiento para su 
Conflicto y armonías de las razas en América, comple- 
mentando la doctrina del medio geográfico desarrollada 
en Facundo y generalizando sus estudios a toda la Amé- 
rica española: "en Civilización y Barbarie limitaba mis 
observaciones a mi propio país; pero la persistencia con 
que reaparecen los males que creímos conjurados al adop- 
tar la Constitución Federal, y la generalidad y semejan- 
za de los hechos que' ocurren en toda la América espa- 
ñola, me hizo sospechar que la raíz del mal estaba a 
mayor profundidad que lo que accidentes exteriores 
del suelo dejaban creer ". Los males de estos países no 
eran puramente errores políticos, ni dependían en exclu- 
sivo de las condiciones de su naturaleza: radicaban más 
hondamente, en la mestización "gaucha" de indígenas y 
españoles. 

Sarmiento c'omienza por preguntarse ¿qué es la Amé- 
rica? y ¿qué somos I03 americanos? Para ello, circunscri- 
biéndose a la nación argentina, procura "reunir los datos 
de que podemos disponer para fijar el origen de la actual 
población de las diversas Provincias en que está dividido 
el territorio argentino, en cuanto baste para darnos una 
idea de su carácter y estado social, al tiempo de la con- 
quista, y de los efectos que ha debido producir la mezcla 
ele la raza cobriza como base, con la blanca y negra como 
accidentes, según el número de sus individuos " (Cap. I). 
Conforme a ese plan examina la difusión, adelanto, psico- 
logía y mestización de las razas quichua, guaraní y 
arauco-pampeana, de acuerdo con las ideas corrientes 
hace más de treinta años acerca de la etnografía argen- 
tina. Como factor accesorio estudia la importación a Amé- 
rica de la raza negra, cuya influencia fué más acentuada 
en Brasil y Cuba, culminando en Norte América. 

Los cuatro capítulos siguientes de la obra están con- 
traídos a estudiar la colonización española: los cabildos, 
el derecho y la administración coloniales (Cap. II) ; las 



18 LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SABMIENTO 

ideas retrógradas hispano-eoloniales y la inquisición como 
institución civil, el bagaje intelectual de los colonizado- 
res (Cap. III) ; la situación de España y la psicología de 
los españoles al emprender la conquista, la degeneración 
política y moral de la metrópoli por obra de sus gober- 
nantes teocráticos, los resultados de su fanatismo reli- 
gioso, su política colonial (Cap. IV) ; el virreinato de 
Buenos Aires y los gérmenes de su disolución (Cap. V). 
El estudio de la colonización española en Sud América 
adquiere mayor significación al mostrar su contraste con 
la colonización inglesa en Norte América. " Hemos ana- 
lizado el cuerpo social que la colonización española dejó 
formado de la mezcla de dos razas de color con su propia 
estirpe, en esta parte- del continente únicamente descu- 
bierto. — Sin embargo, esta parte no es toda América... 
Antes de entrar, pues, al examen de los cambios políticos 
y civiles producidos por la independencia y la creación 
de autonomías y nacionalidades sudamericanas, necesita- 
mos traer a la vista ded lector el cuadro general del mo- 
vimiento y marcha de las ideas en el otro extremo de esta 
América, a fin de que se vean venir, dirémoslo así, las 
nuevas corrientes que como los grandes ríos que fluyen 
de fuentes lejanas, y de opuestos rumbos, llegan al fin a 
incorporar sus caudales formando en adelante el estua- 
rio que recibe nombre nuevo, desaguando majestuosa- 
mente en el Océano. — Tal como el río Uruguay se con- 
funde a cierta altura con el Paraná, para formar el Plata, 
así ambas Américas, moviéndose con movimiento diverso, 
pobladas por nacionalidades distintas, acaban por ser una 
América ". Examina, en consecuencia, las costumbres, 
las ideas y la moral de los puritanos, los quákeros, los 
caballeros, los padres peregrinos, todos los acarreadores 
de civiliziM-irii que se establecen en Norte América, para 
fijar en esos elementos el punto de arranque «lo su futura 
i iiución política y social. Sarmiento comparte la opi- 
nión dr fjuií " im hombro no es el autor del fíiro (pie to- 
món sus ideas; éstas le vienen de la sociedad; cuando 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SABMIENTO 19 

más, el autor logra darles forma sensible, y anunciarlas ' \ 
Por eso no atribuye la Constitución norteamericana a 
Washington ni a Hamilton, sino a caracteres de raza 
propios de les puritanos y los quáketros. 

El resultado básico de este parangón entre las dos co- 
lonizaciones fué, para Sarmiento, la evidente inferioridad 
de la raza española, causante de todos los males sudame- 
ricanos, ya fuese por sus propias ineptitudes, ya por su 
incapacidad de elevar el nivel social de los indígenas y 
los mestizos. Es indudable que en su extraordinaria sim- 
patía por las costumbres y las instituciones norteameri- 
canas tuvo grande influencia Tooqueville ; no fué menor 
la de Buekle sobre su juicio acerca de la absoluta infe- 
rioridad de todo lo español, que fué una de sus ideas más 
firmes, rara vez mitigada por tibios elogios de mera cor- 
tesía o conveniencia accidental. 

La conclusión puede sintetizarse en breves postulados. 

Dominadas las razas indígenas, los europeos se repar- 
tieron el territorio de América. Por razones geográficas, 
la América del Norte — menos Méjico — cayó bajo el domi- 
nio de Inglaterra, y la del Sur en manos de España; 
esto en líneas generales, prescindiendo de las pequeñas 
colonizaciones francesa y holandesa, y considerando a la 
portuguesa como semejante a la española. 

Esta diferencia en el origen de la colonización, ha de- 
terminado la modalidad con que se desenvolvieron los 
países del norte y los del sur, pues contribuyó a que se 
formaran dos ambientes sociales esencialmente diversos 
por sus costumbres, su moralidad, sus sistemas de pro- 
ducción, sus ideales políticos, etc. En el Norte los colo- 
nizadores acudieron a constituir una nueva nación, con 
elementos étnicos superiores; en el Sur, los conquistado- 
íes sólo tuvieron en mira la explotación de las riquezas 
naturales y del trabajo de las razas sometidas. 

La diferencia étnica corresponde, en suma, a una dife- 
rencia de civilizaciones y, más especialmente, a una des- 



20 IAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 

igual evolución económica de las metrópolis, continuada 
y reproducida en sus colonias de América. 

Las razas son factores concretos en la determinación 
de la estructura social. Cada raza, en función de su me- 
dio, se traduce por costumbres e instituciones determi- 
nadas, cuyo exponente más inequívoco es una Organiza- 
ción del trabajo humano, reflejada en sus condiciones 
económicas. 

Inglaterra, económicamente, marchaba a la cabeza de 
Europa, alcanzando antes que cualquier otro país del 
mundo las formas superiores de producción y de cambio 
que preludiaron al sistema capitalista; su raza, al con- 
quistar la América del Norte, trasplantó allí — no por 
abstractos sentimientos altruistas, mas por la clara vi- 
dencia de sil propia utilidad económica — todos los ele- 
mentos y los factores de su adelanto, sus métodos produc- 
tivos ; inoculó virus de fuerza y superioridad, sembrando 
gérmenes que se traducen ahora por la supremacía econó- 
mica de ese país sobre el continente aimericano, de la 
misma manera que Inglaterra la tuvo entonces sobre el 
continente europeo. 

lis paña poco pudo dar a su América. Durante el pe- 
ríodo colonial no civilizó su América, ni siquiera acertó 
a administrar mediocremente la mina que explotaba, 
limitándose a perfeccionar sobre el papel la legislación 
colonial, siempre cuidada en la forma y nunca practicada 
en lo sustancial; por otra parte, su brusca decadencia 
económica durante estos siglos, le impidió introducir en 
bus dominios de ultramar los adelantos técnicos que las 
demás naciones europeos aplicaban ya a la producción. 

Inglaterra sometió el Norte a un sistema de explota- 
ción inteligente y progresiva; Bfpsfia explotó el Sur con 
mJ mu NtrógrtdOf y primitivos. Dadas las condiciones 
«•cr.rióinicaa de ambas metrópolis no podía suceder otra 
cosa. 

Bll suma, los d<*< corricntjes de raza blanca (pie eonquis- 



LAS IDEA8 SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 21 

taron y colonizaron el continente americano se encontra- 
ban en diversas etapas de evolución, contribuyendo a la 
formación de ambientes sociológicos heterogéneos. 

Este aspecto del problema, que Sarmiento señala sin 
detenerse, había sido ya estudiado por otros calificados 
precursores de la sociología argentina. Echeverría (1), 
entre otras recomendables intuiciones que merecen des- 
glosarse de su obra semiculta y¡ confusa, expresó clara- 
mente que para el conocimiento de la formación histó- 
rica de la nacionalidad argentina es indispensable estu- 
diar las etapas iniciales de su vida económica, clave fun- 
damental para comprender el mecanismo evolutivo de su 
régimen político y de sus instituciones. Alberdi (2) tuvo 
también claras visiones al respecto. Ambos son los pre- 
cursores de esta manera de tratar los orígenes económi- 
cos de la nacionalidad argentina. Ese buen sendero com- 
plementa la gran ruta señalada por Sarmiento. 

La diversa finalidad moral y económica de ambas colo- 
nizaciones, engendró el problema grave de la mestización 
hispano-indígena en Sud América, desconocido, o poco 
menos, en la del Norte, que soportó la coexistencia de la 
raza negra importada, sin mezclarse con ella. Mientras 
en el Norte una raza europea y modernizante engendra 
una sociedad europeizada, en el Sur una raza medioeval 
y reaccionaria se mezcla a la indígena para constituir un 
conglomerado anárquico en que se suman las taras de 
ambas. La colonización española, dice Sarmiento en sus 
conclusiones, se distingue " en que la hizo un monopolio 
de su propia raza, que no salía de la edad media al tras- 
ladarse a América y que absorbió en su sangre una raza 
prehistórica servil " (tomo II, pág. 415). En su carta a 
Mr. Noa (tomo I, pág. 333 y siguientes), pone de relieve 



(1) "Dogma Socialista"; "Segunda lectura" ("Plan económi- 
co"), etc. 

(2) "Bases"; "Estudios Económicos" y "América", en "Obras 
postumas", etc. 



22 LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 

la influencia que tuvo la incorporación de los indígenas 
a la vida nacional. Y en toda la obra esas ideas encuen- 
tran desarrollo profundo, dándoseles cardinal impor- 
tancia. 

Bunge, en Nuestra América, sigue rumbos semejantes 
.y precisa mejor el concepto. En nuestra población hispa- 
no-americana reconoce la resultante de tres grupos étni- 
cos, confundidos en estrecha amalgama, aportando cada 
uno las características psicológicas que le son propias; 
pone en segundo término los otros factores étnicos que 
accidentalmente convergieron a su constitución. Mientras 
los ingleses tuvieron en Norte América hembras anglo- 
sajonas, conservando pura su psicología al conservar la 
pureza de su sangre, los españoles se cruzaron con muje- 
res indígenas, combinando sus taras psicológicas con las 
de la raza inferior conquistada : en la colonización de am- 
bas Américas esa sería la diferencia fundamental. Los 
yanquis son europeos puros ; los hispano-americanos están 
mestizados con indígenas y africanos, guardando la apa- 
riencia de europeos por simple preponderancia de la raza 
más fuerte. En nuestra resultante psicológica colectiva, 
en nuestro carácter nacional, Bunge rastrea los carac- 
teres propios de las razas componentes: la psicología del 
pueblo español en el tiempo de la conquista, la del indí- 
gena americano y la del esclavo africano. Concuerda ple- 
namente con las ideas de Sarmiento, compartidas también 
por otros escritores. 

La formación de la soejedad colonial resultaría, por 
consiguiente, incomprensible sin el conocimiento previo 
• Id medio físico y de las razas que en él se refundieron: 
estudio que Sarmiento planteó en sus grandes líneas, 
aunque no pudo realizarlo cu forma completa. Aparecen 
ya, en aquella época, ciertos sentimientos característicos 
de Ul mentalidad gandía, (pie fueron sedimentándose 
basta descollar en la psicología ,],. | ;l sociedad hispano- 

iadfgft&ft. 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 23 

El culto del coraje individual y el sentimiento de la 
grandeza del paÍ3 no pudieron escapar a Sarmiento: 
" Este hábito de triunfar de las resistencias, de demos- 
trarse siempre superior a la naturaleza, da desafiarla y 
vencerla, desenvuelve prodigiosamente el sentimiento de 
la importancia personal y de la superioridad. Los argen- 
tinos, de cualquier clase que sean, civilizados o ignoran- 
tes, tienen una alta conciencia de su valer como nación; 
todos las demás pueblos americanos le echan en cara esta 
vanidad y se muestran ofendidos de su presunción y arro- 
gancia ", Esta observación, hecha ya en "Facundo" y 
desenvuelta en escritos posteriores, fué ulteriormente 
confirmada por Juan A. García, en "La Ciudad /n- 
diana". 

La pereza fué señalada por Sarmiento como otra dá 
las características psicológicas del criollo hispano-indí- 
gena; encuentra sus raíces en la indolencia castellana y 
en el hidalgo desprecio por el trabajo, en cualquiera de 
sus formas productivas. Alberdi la analiza con igual cri- 
terio en los primeros capítulos de sus Estudios econó- 
micos; García intenta explicarla en La Ciudad Indiana 
y Bunge considera en Nuestra América que ella es la 
base de la trinidad psicológica de los hispanos-ameri- 
canos . 

La sociedad colonial se compone de dos clases sociales: 
los poseedores de la tierra y los indigentes, aparte del 
mezquino comercio que está en manos de los primeros. 
Para el uno el trabajo es vil ; para el otro es improduc- 
tivo. El terrateniente es rentista por carácter; el indi- 
gente sabe que nunca conseguirá por su trabajo adquirir 
la propiedad de la tierra, fruto del privilegio. Ese di- 
vorcio de la propiedad y el trabajo en nuestro régimen 
colonial, netamente demostrado por García, inspiró a 
Rivadavia sus leyes agrarias y fué descrito por Alberdi 
y Estrada. Allí está el germen de la pereza argentina: 
los unos consideran denigrante el trabajo y los otros 



24 I'AS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 

creen inútil trabajar sin la esperanza de adquirir la tie- 
rra monopolizada por pocos privilegiados. 

Ese hecho tiene por consecuencia el hábito colectivo 
de la pereza, cuando ciertas condiciones del medio con- 
tribuyen a hacerla posible: la excesiva producción natu- 
ral. Nuestros campos llenos de ganado que se carneaba 
para vender el cuero por un precio irrisorio, excluían la 
necesidad de trabajar para comer; esa abundante gana- 
dería sin dueño, señalada por todos los cronistas del co- 
loniaje, permitió que la pereza arraigara hondamente en 
hombres cuyo único instrumento de trabajo fué el cu- 
chillo para carnear en cualquier sitio y momento. 

Pero otro factor psicológico determina la desigualdad 
de ambas colonizaciones: el religioso. Sarmiento le asig- 
na una importancia cardinalísima en Conflicto y Armo- 
nías, lo que no es de sorprender si se tiene presente la 
época de ruda batalla contra la reacción clerical en que 
la obra fué escrita. 

Para Sarmiento había dos Europas: la una medioeval 
y la otra moderna. La primera, con España a la cabeza, 
había resistido a la Reforma y al Renacimiento; la otra, 
con los pueblos anglosajones en primera fila, había escu- 
chado a Lutero, a Galileo, a Bacon, a Descartes, según 
los países. En la una todo le parecía teocracia, inquisi- 
ción y feudalismo; en la otra todo le sonaba a progreso, 
libre examen y democracia. La civilización yanqui fué 
tbra del arado y de la cartilla; la sudamericana la traba- 
ron la cruz y la espada. Allá se aprendió a trabajar y a 
leer; aquí, a holgar y a recar. 

Del contraste surgen naturalmente dos conclusiones: 
U desigual influencia de l;us razas conquistadoras en am- 
bas Américas y el desigual resultado de sm actitud frente 
a las razas indígenas. 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SABMIKNTO 25 

III — INFLUENCIA DE LAS RAZAS EN LA CONSTITUCIÓN 
POLÍTICA* DE AMBAS AMERICAS 

Los antecedentes étnicos explican, según Sarmiento, 
la desigual aptitud de ambas Américas para el uso de 
la libertad política, la práctica de la democracia y el 
desenvolvimiento de las instituciones libres. 

Para estudiar la "Insurrección Americana", de 1810 
(Cap. VIII), cree necesario comparar previamente el 
grado de cultura política, es decir, de conciencia nacio- 
nal, alcanzado \por ¡los pobladores de las colonias ingle- 
sas y españolas. 

El levantamiento de las primeras, que se resolvió muy 
luego en su emancipación, fué la defensa de un dere- 
cho político, bien comprendido y habitualmente prac- 
ticado por los colonos: Inglaterra quiso imponer contri- 
buciones sin el consentimiento de las Asambleas cons- 
tituidas por los que debíajn pagarlas. Se discutió, pues, 
nn punto de derecho constitucional: "sostenían los in- 
gleses americanos que el derecho inherente a la raza, 
inalienable como la sangre del inglés, es no pagar im- 
puestos que no hayan sido saaicionados por la Asamblea 
que los representa en virtud de nombramiento y elec- 
ción del diputado, como habían sido electos y nombra- 
dos por cada burgo elector de Inglaterra los miembros 
de la Cámara; y que los ingleses nacidos en este lado 
de América no halbían delegado ni enviado representan- 
tes pera decretar un impuesto. Este era, en efecto, el 
principio inglés; lo es de todos los países, y forma par- 
te de las instituciones o de la conciencia pública. El 
parlamento se obstinó, el rey y la corte se indignaron, 
los políticos sostenedores del gobierno (los tories) hi- 
cieron suya la demanda, y estando la Asamblea de las 
trece colonias resuelta a resistir, y habiendo decretado 
un Congreso reunido al efecto, estalló la guerra, si- 



26 LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 

guió con regularidad y vicisitudes varias, hasta que ven- 
cidos los ingleses, y aún capitulados sus ejércitos, fuer- 
za fué firmar la paz y reconocer la independencia de 
los Estados Unidos". 

Esto sucedió en 1783; habríase retardado la época 
de la emancipación norteamericana con sólo no imponer 
pechos indebidos el Parlamento. Las colonias, al ha- 
cerse independientes, eran ya capaces de gobernarse por 
sí mismas; habiendo practicado durante dos siglos el 
régimen representativo, estaban maduras para des- 
envolver la democracia, mediante instituciones libres. 

La emancipación sudamericana, favorecida por el 
general descontento de los criollos ante el desgobierno 
español y por alguna infiltración de las doctrinas de la 
Enciclopedia y la Revolución Francesa, tuvo caracteres 
de improvisación y de sorpresa. Sólo era indudable ed 
deseo de aprovechar una ocasión propicia para substi- 
tuir la administración española por una administración 
criolla. La caída de Fernando VII despertó iniciati- 
vas similares en varios puntos de la América española, 
sin que obraran de concierto los colonos de las diversas 
regiones. "Casualidad era sin duda que llegase a Bue- 
nos Aires tan retardada la noticia, al mismo tiempo que 
llegaba igualmente retardada a Cartagena de Indias; 
pero el intento de aprovechar de la coyuntura, como la 
forma de hacerlo, sin estar los americanos de distintos 
puntos entendidos entre sí, es el indicio de que el movi- 
miento era producido por ideas generales, independien- 
tes de circunstancias locales, y sólo explicable por el su- 
,ii desarrollo de ideas que parten de orígenes comu- 
nes, históricos, lejanos. . . " 

"('.nía SdOOftóll amerieana de las que quedaron divi- 
didas en Estados después de destruida la dominación 
española, en América, se forjó, desdo luego, para darse 
lini de nación, una leyenda popular (pie hace (pie sus 
abuelos, ocaso sus deudos, preparasen la revolución y 
aún r. m< rtasen la manera de llevarla a cabo. 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SABMIENTO 2? 

"Con las tentativas frustradas en Charcas, Méjico y 
otros puntos, la simultaneidad del movimiento en luga- 
res tan distantes como Buenos Aires y Cartagena, cier- 
tos como estamos ahora de que no hubo concierto, tene- 
mos que aceptar una causa más general, mas indepen- 
diente de la voluntad de cada uno; y debe añadirse que 
esa causa obraba sin consideración a las ideas prevalen- 
tes en los mismos pueblos que ejecutaban los hechos". 
La independencia estaba en la atmósfera, como resul- 
tado de la incapacidad política y administrativa ded go- 
bierno español; venía señalada en la cronología de los 
tiempos, porque ya se había emancipado la del Norte; 
la estimulaban o la apetecían las minorías cultas de na- 
tivos que se consideraban capaces de substituir con ven- 
taja a los funcionarios españoles en el manejo de los 
nacientes intereses de la población. 

Pero, en verdad, nadie sabía con certeza cómo y cuán- 
do convendría organizar nuevas nacionalidades con la 
inorgánica población de las colonias españolas. "Si la 
idea, pues, de la Independencia venía por inducción y 
como corolario de los Estados Unidos, los medios de ob- 
tenerla, la forma de gobierno que habría de suceder al 
de España, preocupaba poco los ánimos de los que en 
cada gobernación se preocupaban de estas cosas que 
debían venir necesariamente, porque el éxito feliz de la 
emancipación de la parte norte de la América, y la fá- 
cil expulsión de los ingleses de Buenos Aires, con sólo 
intentarlo, no obstante sus once mil hombres, daban 
por sentado que hacerse independientes era serlo, con 
sólo quererlo. 

"De ahí provenía que nadie, o pocos, se apasionasen 
por la forma de gobierno; no se profesaban doctrinas 
muy claras sobre la división de poderes ni la represen- 
tación del pueblo, porque el Cabildo abierto sólo ad- 
mite los notables de la ciudad, apartando al pueblo del 
lugar de la reunión, como lo repiten las actas de la 



28 LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE 8ABMDENTO 

época. En eü pueblo vendrían indios, negros, mestizos 
y mulatos, y no querían abandonar a números tan he- 
terogéneos la elección de los magistrados, si estos habían 
de ser blancos, de la clase burguesa y municipal". 

Los elementos menos quietos, movidos por un ardo- 
roso espíritu innovador, chocaron desde el primer mo- 
mento con las personas de juicio maduro y sentimien- 
tos conservadores. En todas partes un núcleo de jóve- 
nes europeizantes quiso repetir la Revolución France- 
sa, mientras una sólida masa de hombres prudentes se 
limitaba a aprovechar el movimiento como un simple 
cambio de autoridades administrativas y municipales, 
jurando siempre su devoción al cautivo Fernando VII. 

Tal es el cuadro de la revolución en ambas Américas. 
Allá un selecto núcleo de raza blanca lucha en defensa 
de un derecho; acá la raza mestizada se agita en un le- 
vantamiento de fuerzas desordenadas, sin concepto fir- 
me de sus aspiraciones. Mientras en el Norte los hom- 
bres se inspiran en las "producciones sobrias y raciona- 
les" de Thomas Payne, el Sentido Común y Los Dere- 
chos del Hombre, en el Sud, el secretario de una junta, 
"joven doctor de veintidós años", emprendió la tra- 
ducción del Contrato Social de Rousseau, que, al decir 
de un enviado norteamericano, "es difícil saber si fué 
más benéfica que perjudicial; estaba destinada a crear 
politices visionarios y erados, no teniendo por base la 
experiencia, con lo que cada hombre tendría su plan 
propio de gobierno, mientras que su intolerancia por 
la opinión de su vecino probaba que todavía algunas de 
las cardas de) despotismo estallan adheridas a él". 

M entras en el Norte una gran nación surgía como 
MMMQencia natural «le sus antecedentes étnicos y poli- 
tices, en el Sud se preparaban la anarquía y el caos, 
Hados de otros antecedentes no menos naturales. 

VA feudalismo <-s pañol N continúa m el caudillismo 
americano; las masa*-! indígenas y mestizas constituyen 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO ■> \i 

la materia política que manejan los caudillos. Los nú- 
cleos de población blanca y europeizante descienden a 
usarlas como instrumento de predominio, o son aplas- 
tados y proscritos cuando no se resignan a hacerlo. 

El conflicto de las razas en Sud América depende de 
la participación dada a -los indígenas en la vida políti- 
ca de las nacientes nacionalidades; ellos son la "barba- 
rie" gaucha contra la "civilización" urbana, represen- 
tada por las minorías de raza blanca, europea. En es- 
te concepto fundamental Sarmiento coincidió con los 
otros procursores de la sociología argentina, Echeverría 
y Alberdi. 

La falta de cohesión moral y política en las poblacio- 
nes sudamericanas, durante el coloniaje, tuvo, en su- 
ma, causas geográficas y catLsas étnicas, reflejándose 
naturalmente en la ausencia de intereses económicos co- 
munes, organizados. La anarquía política coexiste con 
la anarquía económica. Ya, en Facundo, lo había en- 
trevisto Sarmiento : ' ' En las llanuras argentinas no 
existe la tribu nómada ; el pastor posee el suelo con tí- 
tulos de propiedad, está fijo en el punto que le pertene- 
ce; mas para ocuparlo ha sido necesario disolver la aso- 
ciación y derramar las familias sobre una inmensa su- 
perficie. Imaginaos una extensión de dos mil leguas 
cuadradas, cubierta toda de población, pero colocadas 
las habitaciones a cuatro leguas de distancia unas de 
otras, a ocho a veces, a dos las más cercanas ... La so- 
ciedad ha desaparecido completamente; queda solo la 
familia feudal, aislada, reconcentrada; y no habiendo 
sociedad reunida, toda clase de gobierno se hace impo- 
sible; la municipalidad no existe, la policía no puede 
ejercerse y la justicia civil no tiene medios de alcanzar 
a los delincuentes... fáltale la ciudad, el municipio, la 
asociación íntima, y, por tanto, fáltale la base de todo 
desarrollo social; no estando reunidos los estancieros 
no tienen necesidades públicas que establecer, en una 



30 I-AS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SABMIENTO 

palabra, no hay república" (págs. 29 a 31). He ahí, en 
pocas líneas de Sarmiento, la clave de la anarquía: los 
habitantes viven desunidos y no tienen necesidades pú- 
blicas que satisfacer. Ese es el engranaje económico 
de toda la época : no hay comunidad de intereses. En esas 
condiciones de ambiente el hombre sólo está vinculado 
por sus sentimientos de simpatía, sólo obedece a la su- 
gestión del coterráneo más prestigioso por sus cualida- 
des personales; una razón única asocia esas fuerzas dis- 
persas: el vago sentimiento defensivo contra un enemi- 
go común, verdadero o imaginario. 

La raza colonizadora de Norte América había "or- 
ganizado" la vida económica, que siguió prosperando 
después de la Independencia; la raza que se mezcló con 
las indígenas del Sur se limitó a "explotar" las rique- 
zas naturales de estas regiones, sembrando costumbres 
negativas que persistieron después de la Revolución. 
Allá la raza conquistadora introduce la virtud del tra- 
bajo; aquí se limita a vegetar en la burocracia y el pa- 
rasitismo. 

Durante el período del caudillismo anárquico, la prin- 
cipal fuente de recursos económicos consiste en la li- 
bre reproducción de las haciendas o en un pastoreo pri- 
mitivo, a cuyo lado la agricultura es una ocupación po- 
co extendida y el comercio o las industrias se conservan 
rudimentarias. El pastoreo está lejos de ser una indus- 
tria pecuaria; es, apenas, una forma natural de aprove- 
char la riqueza de los pastos que nadie siembra: "la 
cría de ganado no es la ocupación de los habitantes, 
riño su medio de subsistencia", (Facundo, pág. 29). El 
i/aihlio, en efecto, no trabaja; la familia rural prepa- 
ra al hombre para la montonera; en ese ambiente, con 
tal ii¡itnr;ili/.a rica, criados sobre el cabalilo, sin obliga- 
ciones de trabajo, no es posible ninguna organización 
• ol.Ttiva de la vi. la económica y política, (.'liando un 
hÓBÜNM más prestigioso que otros enarbola su pendón 






LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 31 

de aventura y de pelea, y le rodean sus amigos y loe 
amigos de éstos: he ahí la montanera. El mismo en- 
granaje asocia a los pequeños caudillos montoneros en 
torno de otro caudillo a su vez más prestigioso. Así 
tenemos de nuevo planteada la fórmula: donde faltan 
ideas políticas e intereses económicos definidos, los 
hombres se agrupan por razones de influencia y de pres- 
tigio personal. Sobre esa base se yergue todo el siste- 
ma caudillista. Hay cierta concordancia entre ese estado 
social y el feudalismo: el caudillo montonero es un se- 
ñorzuedo sin títulos, con un rancho o una estancia por 
castillo, que va rodeado por sus vasallos a defender las 
armas de su rey: Artigas, Facundo, Ramírez. En cier- 
to momento la mano superior de un Rosas empuña to- 
das las riendas, unce los bárbaros a su carro escarlata 
y llena un largo ciclo de nuestra historia. 

Este concepto de la organización de la "barbarie" 
hispano-indígena contra la "civilización" europeizante, 
reaparece muchas veces, incidentaJmente, en Conflicto 
y armonías. En el primer volumen, único publicado 
por Sarmiento en la forma que conocemos, el problema 
queda planteado, sin resolver. 

El último capítulo (IX), "Los indígenas a caballo", 
examina la formación social de los caudillos y de las 
montoneras; el caballo adquiere una significación emi- 
nente en la historia política de estos países. La raza 
indígena aprende a montar, el indio se hace jinete, la 
indiada se reúne en montoneras para seguir a los cau- 
dillos, y toma así parte en las desventuras políticas 
americanas. Los indígenas a caballo conviértense en 
los enemigos de la civilización europea; de esa manera, 
en ciertos momentos del conflicto de las razas, la "bar- 
barie" aparece predominando sobre la "civilización", 
pers ; guiéndola, proscribiéndola. La herencia española 
triunfa con los caud : illos que encabezan "ejércitos de 
indios y mestizos"; en la vida política se ve "la coo- 



32 IAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 

peración de la raza blanca suprimida"; y — como en 
Francia, según Taine, — afirma Sarmiento que la Re- 
volución "cayó en manos de una conspiración de ban- 
didos". 

Ese pensamiento ha sido especialmente desenvuelto 
por Agustín Alvarez, al estudiar el origen étnico de la 
incapacidad política de los pueblos hispano-america- 
nos. 



IV — LA REGENERACIÓN DE LAS RAZAS Y EL PORVENIR 
DE NUESTRA AMERICA 

¿ Qué desarrollo pensó dar Sarmiento a sus ideas en la 
"segunda parte" de "Conflicto y Armonías"? No es im- 
posible reconstruir sus grandes líneas con relativa fide- 
lidad, aunque sólo tengamos de ella fragmentos y apun- 
tes incoordinados (1) ; el tiempo le faltó para la empresa 
tardíamente acometida y no pudo responder asu " bue- 
na fama de no haber dejado cosa alguna comenzada ". 

Sarmiento sostiene la universalidad de la forma repu- 
blicana en los tiempos modernos, considera que la Cons- 
titución norteamericana señala su advenimiento histórico 
y afirma que '* el gobierno de los Estados Unidos es la 
resultante del trabajo humano durante los trascurridos 
siglos de civilización " (pág. 8). 

Pone el más firme empeño en inculcar a los argentinos 
ciertas ideas, que " fortifican la confianza en el presente 
y en el porvenir próximo". 

" Cuando se contempla el asombroso espectáculo de la 
libertad representativa, republicana, federal en los Esta- 
dos Unidos, fundada en verdades eternas, comunes a la 
especie, viene necesariamente la idea de que la América 
latina no está destinada a ser la negación práctica de 
eaai mismu* wnlailea eterna», aquí • o allá proclama 



(1) Publicados en i-I \.| XXXIX do .muh "Obran' 



I,A8 IDEAS BOCIOLÓOICAS DE 8ABMIKNTO 33 

das, por allá practicadas, aquí mal comprendidas 'o peor 
aplicadas. 

" Para los sud-amerieanos es todavía de mayor precio 
la adopción de aquel padrón constitucional y es que no 
tienen otro, no suministrándoles su tradición ninguno 
para guiarse ; y contrayéndonos tan solo a nuestro ensayo 
de gobierno, recordaremos que ninguna nación de Euro- 
pa ni de América, si hemos de llamar naciones nuestras 
agrupaciones, ha recibido yi aprendido más lecciones 
norte-americanas que la República Argentina. 

" Es la que más se ha forzado en propagar la instruc- 
ción y hacérsela común, en lo que es única en la América 
del Sud. La inmigración europea ha respondido al lla- 
mado que sus leyes y estímulos le han hecho, y en esto 
es única en tan gran escala en la América del Sud. " (II, 
Introducción) . 

Insiste en que la desigualdad de los resultados obteni- 
dos en ambas colonizaciones es un resultado natural de 
la distinta psicología de las razas colonizadoras, coinci- 
diendo en ello con el libro publicado contemporáneamen- 
te por Seott. 

" Los Estados Unidos son el producto legítimo y di- 
recto de aquel gran movimiento intelectual que a falta 
de mejores nombres los hombres dieron en llamar la Re- 
forma; que la libre investigación despertada con ella pasó 
de los asuntos religiosos a los políticos y nos dio al fin, 
como había dado antes a la Inglaterra, un gobierno real- 
mente constitucional establecido sobre la libertad de con- 
ciencia y sobre la libertad del ciudadano. . . Esta obra, 
concluye Mr. Scott, no es el resultado de un esfuerzo 
para extraer la verdad de nuestra primitiva historia, sino 
una contemplación de lo que es conocido como historia. 
Como tal no pretendo descubrir hechos nuevos, y dejando 
abierto el campo de la investigación al lector me limito 
estrictamente a la obra de deducir de allí el plan histó- 
rico del desarrollo. " 



34 LAS IDEA8 SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 

Este mismo es e-1 plan de Conflicto que no hace histo- 
ria, sino que pretende explicar la historia. 

" La colonización norte-americana, dícese en Conflicto, 
se hace bajo la excitación cerebral más aguda por que 
haya pasado jamás una parte de la especie humana. Es 
la realización de la idea griega, Minerva que sale del cere- 
bro de Júpiter, ardiendo aquellas cabezas en el volcán de 
ideas que remueven Moisés y les profetas antiguos, Lu- 
tero y Calvino, con sus discusiones teológicas, los Stuar- 
dos con sus tentativas de arranear al pueblo inglés sus 
libertades, con Rogerio Williams, que proclama la liber- 
tad de conciencia." 

Esta superioridad moral del mundo 1 protestante sobre 
el mundo católico, que importa en favor del primero el 
hábito del libre examen y el mayor cultivo de la dignidad 
personal, crea los resortes necesarios para la práctica de 
las instituciones libres, alienta la noción del derecho y 
enseña a respetar el derecho de los demás como funda- 
mento cardinal del propio. Determina, en una palabra, 
la capacidad para el régimen representativo y la demo- 
cracia. 

La realización de todo superior ideal político exige 
cierta elevación intelectual y moral del pueblo a que debe 
eer aplicado. Mientras existan masas indígenas incultas 
o mestizos semicultos, la democracia y la libertad 1 serán 
una ficción, aunque se las proclame en el papel, por la in- 
capacidad de ejercitarlas efectivamente. 

" Kl argumento sin réplica, al parecer, es el que su- 
ministra la sociología moderna, con H. Spencer al frente, 
cuyas afirmaciones constituyen una teoría de gobierno, 
dr.spoti no libertad, según el grado de desenvolvimien- 
to intelectual del pueblo, aplicando a la política la ley 
i,niv< r.:il <l<: la evolución: el dicho vulgar, " cada pueblo 
tiene ol gobierno que menee ", convertido en graduación 
de la cantidad de libertad de que es susceptible; y nos- 
aeeptjiMKi.s sin vacilar esta doctrina 



I.AS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO , : J5 

4 ' Vamos a su aplicación . El pueblo argentino se com- 
pone de elementos distinto». Hay una mayoría que tiene 
por antecesores no muy remotos, turbas de salvajes redu- 
cidos a la vida social en lo que va del siglo presente y del 
pasado, sin derechos políticos que no reclaman. Hay la 
minoría ilustrada, poseedora de la proipiedad, descen- 
diente de europeos y de indígenas ya enteramente con- 
quistados a la civilización y que se viene dando institu- 
ciones cada vez más ajustadas al derecho y que las recla- 
ma como garantía de sus intereses, de su pensamiento y 
de su vida. 

1 ' Hay una tercera entidad cada vez más poderosa, por 
su número y fortuna, cuyos miembros venidos de todas 
las naciones civilizadas, traen consigo, aunque sea incons- 
cientemente, la tradición o la intuición de las institucio- 
nes de sus países respectivos y necesitan aquí garantías 
para ellos y sus hijos en el uso de sus derechos. 

*' Debemos prevenir que el gobierno bueno o malo, li- 
beral o arbitrario y despótico, está en manos de la segun- 
da clase de habitantes; que la primera suministra ele- 
mentos pasivos de fuerza ; y la tercera se mantiene fuera 
de la asociación directa, como una ventaja. 

" ¿Cuál de aquellas clases merece el gobierno que tie- 
ne? como se dice para cohonestar los excesos. 

" Si la primera no está aún en aptitud de gozar sus 
derechos, la segunda, la de los criollos blancos que tanto 
han luchado un siglo por darse instituciones, ¿tendrán 
que aceptar el gobierno sin garantía que los otros acep- 
tan? 

*' Los que se tienen a parte a fuer de extranjeros ¿de- 
ben también seguir la suerte de los segundos, dominados 
por los primeros? 

" Tal es la inconsistencia de estos principios cuando 
quieren aplicarse a nuestra situación política. Ya se ha 
aplicado el " gobierno según lo merecen ", dos veces por 
lo menos en América con resultados idénticos por lo mons- 
truosos. El doctor Francia ensayó un gobierno indio- 



36 LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DK SAEMIENTO 

jesuítico, que lo llevó de deducción en deducción, a se- 
cuestrar el país de todo contacto con el resto de la espe- 
cie humana y suprimir el comercio. Rosas intentó otro 
gobierno popular, con exclusión de una categoría que 
llamó salvajes unitarios, por no saber qué nombre dar a 
los que propendían a tener instituciones regulares, como 
el mundo civilizado. No contamos entre estos ensayos, lc^ 
de Santa Cruz en Bolivia, Santos en el Uruguay, por na 
ser tan mareados los síntomas populares, aunque uno y 
otro tenían por sanción un crecido número de batallones 
de indígenas acuartelados en la ciudad capital en que 
está de ordinario reconcentrado todo el poder intelectual 
de la nación 

" Lo ¡más notable es que los que sostienen gobiernos 
'* como es posible tenerlos ", en países atrasados, gobier- 
nos al gusto de las muchedumbres atrasadas o S3rviles, 
viven perfectamente bien y pertenecen a la clase ilustra- 
da que propenden a avasallar, como los que gobiernan. 

" Lejos, pues, de aceptar este abajamiento de los qui- 
lates del gobierno, el objeto de este trabajo es como puede 
colegirse, tomar balance, por decirlo así, de nuestra apti- 
tud para el gobierno en su forma única reconocida y que 
es 'la que tenemos y necesitamos hacer efectiva y conser- 
var. Aún con las imperfecciones de una práctica irregu- 
lar, hemos llegado a un grado de cultura, de riqueza, de 
población que nos coloca en la categoría de los pueblos 
más ¡tilelantados de América. Con nuestros enormes < i ni 
préstitos, como los Estados Unidos con la guerra de sece- 
sión, el mundo empieza a fijarse que hay un rincón del 
mapa mundi en que está escrita la palabra República 
Argentina y que esa palabra representa grandes inte- 
reses. 

" Nuestros antecedentes históricos justificarán al estu- 
diarlos y ponerlos a la vista, la pretcnsión de contar en- 
tre los pueblos (pie adelantan, siguiendo buenos princi- 
pios y apartando de su camino Obstáculos que la natura 
leza o una mala colonización traía preparados. 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS ÜE SARMIENTO ;t7 

" lie emitido juicios sobre incidentes históricos de 
estos países que parecerán aventurados cuando se apar- 
ten de la versión recibida. A riesgo de repetirlos, em- 
prendo en este segundo volumen so-meterlos a prueba, 
presentando el origen de donde emanaron, el esipirítu que 
les daba vida, acaso el viento del desierto, el pampero que 
imprimió dirección contraria a la nave que llevaba los 
destinos del Virreinato. " (II, Introducción) . 

De los apuntes para ese Vol. II, los más tienen un sim- 
ple valor documentario o se contraen a estudiar períodos 
y sucesos especiales (1). Su orientación general es, sin 
embargo, fácil de inferir, por cuanto üiparece y se repite 
ea todas las páginas, desenvolviendo conceptos que le son 
habituales. 

Dos ideas básicas obsesionan a Sarmiento como expli- 
cación de todos los males que han pesado sobre la Amé- 
rica del Sud : 

I o . la herencia española; 
2 o . la mestización indígena. 

Esas circunstancias étnicas se sumaron para engendrar 
la raza gaucha, los " indígenas a caballo ", cuyo símbolo 
es "Facundo", elemento esencial de toda la anarquía 
política y almacigo perenne del caudillismo. La lucha de 
medio siglo para organizar las nacionalidades nuevas, la 
resume en esta frase, pintoresca como suya: " hasta aho- 
ra sólo se ha desponchado la América ". 

Durante [medio siglo pregonó el único remedio para 
obviar a los males de las naciones sudamericanas: asimi- 
lar la cultura y el trabajo de las naciones europeas más 
civilizadas, regenerando la primitiva sangre hispano-in- 
dígena con una abundante transfusión de sangre nueva, 
de raza blanca: tal como la habían anhelado Rivadavia, 
Echeverría y Alberdi. 



(1) Al final del "Apéndice" de la presente edición se agrega 
un resumen informativo sobre las materias tratadas en los 
apuntes para el II volumen, que Sarmiento no alcanzó a coor- 
diñar y sólo tienen interés para los bibliógrafos. 



38 LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DK SABMIKNTO 

Los remedios sociales parecíanle dos: 
I o . la educación pública; 
2 o . la inmigración europea. 

Por medio de la primera debía renovarse la cultura 
de la población nacional, sembrando orientaciones mora- 
les y disciplinando el carácter para la acción; para ello 
urgía difundir el moderno espíritu científico en reem- 
plazo de las supersticiones medioevales que fueron el 
eje de la cultura colonial. Ningún americano batalló más 
que él por su leona: " educar al Soberano "; tradujo y 
escribió manuales pedagógicos, sembró escuelas, difundió 
bibliotecas y trabajó para que afluyeran al país educa- 
cionistas norteamericanos y europeos, poniendo los ci- 
mientos de nuevas generaciones, cuyo primer fruto fué 
la del 80, con Ameghino, Ramos Mejía, Alvarez y otros 
muchos. 

En este concepto, hizo tanto como predicó: legislador 
y ejecutor de una nueva cultura. 

La regeneración de la raza argentina, por ia sustitu- 
ción progresiva de nuevos elementos étnicos europeos 
al mestizaje hispano-indígena, enardecía su entusiasta 
optimismo. Ya en "Facundo" había escrito: "el ele- 
mento principal de orden y moralización que la Repú- 
blica Argentina cuenta hoy, es la inmigración euro- 
pea. ... y si hubiera un gobierno capaz de dirigir su 
movimiento, bastaría por sí sola a sanar, en diez años 
nomás, las heridas que han hecho a la patria los bandi- 
dos", (pág. 317). Y cuarenta años después, en "Con- 
flicto y armonías", el mismo pensamiento lo persigue: 
"i Qué le queda a esta América para seguir los desti- 
nos libres y prósperos de la otra? Nivelarse; y ya lo 
hace con las otras razas europeas, corrigiendo la sangre 
indígena con las ideas modernas, acabando con la edad 
media" (II, 414). Su ferviente anhelo implicaba una 
fácil profecía. En los países y regiones más civilizados 
Sud Ani.'-ri'-a la "eiiropeizaeinn " es ya un hecho 



LAS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIKNTO 39 

realizado, sobreponiéndose la cultura y la economía 
modernas a la herencia medioeval que nos legara el co- 
loniaje. Y el fenómeno se irá acentuando, inevitable- 
mente; la más simple observación sociológica permite 
afirmar esa futura regeneración de la América latina. 

Sarmiento, hablando de España, dijo que el proble- 
ma de la antigua metrópoli era el mismo que el de sus 
ex colonias, sin más diferencia, en contra de aquélla, 
que sus poderosas amarras absolutistas y clericales. Mu- 
chos años más tarde, un ilustre pensador español, inter- 
pretando el sentir de una entera generación, Joaquín 
Costa, planteó para España las mismas cuestiones que 
Sarmiento había planteado para la América española; 
sus ideas fueron oídas pero no practicadas, los tradicio- 
nalistas resistieron la "europeización" de la penín- 
sula. 

Lo que en España es todavía un deseo de pocos pen- 
sadores, resistido por la inmensa mayoría de los polí- 
ticos, en Sud América es un hecho en vías de realiza- 
ción; brazos y cerebros vienen de Europa a redimirnos 
de la pobreza y la incultura, y con Europa procuramos 
nivelar nuestras industrias y nuestras artes, nuestras 
ciencias y nuestras letras. La hora se anuncia en que 
podamos poner un sello propio, nacional, a esta civili- 
zación que se va formando. 

Sarmiento señaló una ruta: constituir con todas las 
pobres y débiles naciones de Sud América una grande 
y fuerte nación moderna, sobre el tipo de la del Norte, 
su constante modelo. 

"Los políticos que quieren llegar a ser en América 
los representantes de la raza latina, pretenderían divi- 
dir el mundo en dos mitades, y, ya que el istmo de 
Panamá va a ser camino público, decirse: que a este la- 
do está el atraso, el despotismo de régulos ignorantes, 
cortados a la medida de los que ha producido aquí y 
allí la raza latina, sin mirar al soldado que la vigila y 



40 I-AS IDEAS SOCIOLÓGICAS DE SARMIENTO 

gobierna, que es cobrizo y tostado: llamando latino al 
araucano, al azteca, al quichua, al guaraní, al charrúa, 
amos de la raza de los amos que los oprimen". Esa es la 
torcida rebelión del sentimiento gaucho al advenimien- 
to necesario de una era nueva. "Lleguemos a endere- 
zar las vías tortuosas en que la civilización europea vino 
a extraviarse en las soledades de esta América. Reco- 
nozcamos el árbol por sus frutos: son malos, amargos a 
veces, escasos siempre. 

"La América del Sur se queda atrás y perderá su 
misión providencial de sucursal de la civilización mo- 
derna. No detengamos a los Estados Unidos en su mar- 
cha; es lo que en definitiva proponen algunos. Alcan- 
cemos a los Estados Unidos. Seamos la América, como 
el mar es el Océano. Seamos Estados Unidos". (II, 
421). 

Sí. Seamos como ellos, una raza nueva desprendida 
del tronco caucásico, plasmada en una naturaleza fe- 
cunda y generosa, capaz de alentar grandes ideales de 
porvenir y de marcar una etapa en la historia futura de 
La civilización humana. 

José INGENIEROS. 



CONFLICTO Y ARMONÍAS 



LAS RAZAS EN AMÉRICA 



M Quien ordenó el trabajo como condición 
" de la vida, ordenó el bueno y e' mal éxito. 
"Para éste el puesto primero; para el otro 
" la lucha con la muchedumbre. A cada uno 
"algún trabajo sobre la tierra que pisa; 
" hasta que lo pisen debajo de ella. Nues- 
" tros cambios mentales son como nuestras 
" canas y arrugas, apenas el cumplimiento 
" del plan de nuestro crecimiento o deeaden- 
"cia; feliz el que puede llevar su carga ge- 
" nerosamente y entregar su rota espada al 
" Destino vencedor con varonil serenidad". 

(Cabltle). 



PRÓLOGO - DEDICATORIA 

A Mrs. Hürace Mann : 

Good Christmass Day and Happy New Year 1883 

Sea de buen augurio para usted y para mí llegar al 
umbral del año nuevo con el perfecto uso de nuestras fa- 
cultades mentales, como de usted me lo escribe su esti- 
mable hijo, aunque los años vayan arrastrando a su paso 
las hojas que cada invierno arranca a las añosas encinas. 
Acompaño a ésta que le dirijo impresa, cuatrocientas 
páginas consagradas al examen de una fisonomía de 
nuestros pueblos sud-americanos. Encontrará usted ya 
presunciones vagas en "Civilización y Barbarie", que 
estimó flor de la época juvenil y llamó "Life in the 
Argentine Republic", traducida al inglés, y recomendada 
por el nombre ilustre que guarda usted en memoria de su 
ilustre esposo. 

Muéveme a dedicárselo, honrarme con el nombre de 
Horacio Mann, cuyos consejos me guiaron en la juven- 
tud para traer a esta América la educación común que 
él había difundido con tan buen éxito en aquélla. La 
"Vida de Lincoln", las "Escuelas de los Estados» Uni- 
dos", escritos en aquel país para trasmitir a éste las 
lecciones que contienen, son libros que respiran la vida 
de la Nueva Inglaterra o de Washington donde fueron 
escritos. Este mi último trabajo, para mostrar porqué 
tío presento, después de cuarenta años, cosecha tan abun- 



44 D. W. SARMIENTO 

dante como la que Mann, Emerson (de Boston), Barnard, 
Wickersham, obtuvieron, abraza en un mismo cuadro los 
efectos de la colonización de la América, según los ele- 
mentos que a ella concurrieron, de donde le viene el 
título de " Conflicto y armonías de las razas en América '\ 
no en esta América sólo, sino en una y otra América, 
según el plan y la idea que los guió; y cuento con su 
indulgencia si abro juicio sobre la suprema influencia de 
los Puritanos, Quákeros y Caballeros de Virginia para 
echar los cimientos de la obra imperecedera que Washing- 
ton debía presentar concluida a la admiración del mundo, 
ya que al leer mi introducción a la "Vida de Lincoln" 
usted me reconoció cierto "insight", o penetración en 
los móviles y causas de la secesión insensata. 

En "Civilización y Barbarie" limitaba mis observacio- 
nes a mi propio país; pero la persistencia con que re- 
aparecen los males que creímos conjurados al adoptar la 
Constitución federal, y la generalidad y semejanza de los 
hechos que ocurren en toda la América española, me hizo 
sospechar que la raíz del mal estaba a mayor profundi- 
dad que lo que accidentes exteriores del suelo lo dejaban 
creer. Usted conoce lo que pasa en el Pacífico desde 
Chile hasta el Ecuador, penetrando hasta Bolivia, y 
tiene más cerca el espectáculo que presentan Méjico y 
Venezuela, en cuanto a realidad de sus proclamadas ins- 
tituciones, y necesito darle una ligera idea, por estar 
más distante de lo que pasa por acá y motiva estos 
estudios. 

La experiencia y la fatalidad han segregado felizmen- 
te a nuestros hombres públicos y a los partidos venci- 
da do aquella eBctféli que «■! Ilustre orador Webster 
llamó, contra la tentativa de insurrección de Rhode 
Island: "libertad xoiith-amcrieana! libertad tumultuaria, 
"tempestuosa! libertad sin pudor, salvo en sus arreba- 
''t<>«: libertad en las borrascas, sostenida hoy por las 
rías, abatida mañana a sablazos!. . . " 
k que n!rros6 de ese país, hem'os hecho bastante 



PEÓLOGO-DEIUOATOBIA 45 

camino, dejando por lo menos de estar inmóviles como 
muohas otras secciones americanas, sin retroceder como 
algunas a los tiempos coloniales. Nuestros progresos, 
sin embargo, carecen de unidad y de consistencia. Te- 
nemos productos agrícolas y campiñas revestidas de 
mieses doradas cubriendo provincias enteras: nuevas 
industrias so han aclimatado, y ferrocarriles, vapores y 
telégrafos llevan la vida a las entrañas del país o la 
exhalan fuera de sus límites. El Gobierno, que es el 
constructor de estas vías, las empuja hasta donde el 
presente no las reclama, anticipándose al porvenir. El 
crédito es el mayor de esta América, puesto que ningu- 
na sección lo tiene enpeñado en cifras tan respetables; 
pero cuan abundantes sean las cosechas, la proporción 
de aumento de un año a otro no es geométrica siquiera. 
Tenemos este año la renta de 1873. La educación común 
ha decrecido; y la inmigración es hoy de la mitad de la 
cifra que alcanzó entonces. El ejército ha doblado, y 
tenemos una escuadra que hacen necesaria quizás los 
armamentos chilenos y la armada brasilera. Para nues- 
tro común atraso sud-americano avanzamos ciertamente; 
pero para el mundo civilizado que marcha, nos quedamos 
atrás. 

Nada hay de intolerable, y, sin embargo, nada se sien- 
te estable y seguro. Hánse acumulado riquezas en pro- 
porción a dos millones de habitantes; lo que hace la 
ciudad de Nueva York diluida en cien mil millas de 
territorio, tocándole un habitante por cada dos kilóme- 
tros; y como la emigración viene del Oriente en busca 
de terreno, no está en proporción el que ofrecen me- 
dido los Estados Unidos, y el que damos sin tasa ni 
medida nosotros. ¿Per qué van al Norte un millón y se 
dirijen al Sur solo ocho, veinte, cuarenta mil cuando 
más, después que alcanzaron a setenta mil hace diez 
años? 

Esta es nuestra situación material que no es mala. Es 
la situación política lo que da que pensar. Parece que 



46 D. F. SABMIENTO 

volvemos atrás, como si la generación presente, creada 
en seguridad perfecta, perdiera el camino. El Ejecutivo 
manda de su propio "motu" construir palacios, los ter- 
mina y pide después los fondos al Congreso, dándole 
cuenta del hecho, y pidiendo autorización "pro forma". 
La tempestad religiosa vino de la construcción de San 
Pedro en Roma: la que barrió la Francia salió de los 
"feéricos" jardines construidos en Versailles. Hoy hay 
un partido en Francia que tiene por su Redentor a la 
Dinamita que suprime palacios. Hemos educado cuatro 
mil doctores en leyes desde 1853, en que se reorganizaron 
las Universidades. En 1845 tenían ustedes estudiando 
en "Law Schools", menos de quinientos alumnos, para 
veinte y tantos millones. Nosotros educamos uno para 
cada quinientos, y, sin embargo, en las Cámaras y Con- 
gresos, en los consejos y ministerios cada vez ignórase 
más el derecho. Legisladores y ejecutivos violan a más 
y mejor, los preceptos que eran sacramentales ahora 
treinta años. Los misioneros ingleses educan en la India 
a los hijos de rajaes, bramines e hindúes, en todas las ideas 
europeas, inclusas las doctrinas teológicas de las sectas. 
Interrogado en los exámenes un hindú, responde como un 
teólogo sobre puntos de creencia. Si se le pregunta en 
seguida: ¿Es usted cristiano? — No. — ¿Quisiera serlo T — 
No. Todos contestan lo mismo. 

Este es el estado de nuestras gentes, duchos en la dis- 
cusión, rebeldes en la práctica. Y ¡vive Dios! que en 
toda la América española y en gran parte de Europa, 
mi se ha hecho para rescatar a un pueblo de su pasada 
servidumbre, con mayor prodigalidad, gasto más grande 
de abnegación, de virtudes, de talentos, de saber pro- 
fundo, de conocimientos prácticos y teóricos. Escuelas, 
1 I 'Diversidades, Códigos, letras, legislación, 

ferrocarriles, telégrafos, libre pensar, prensa en activi- 
dad, diarios más que en Norte América, nombres ilus- 
tres. . . todo en treinta añas, y todo fructífero en riqueza, 
población, prodigios do trUUfOTOULCáón a punto de ii" 



PEÓLOGO-DEDICATOBIA 47 

saberse en Buenos Aires si estaraos en Europa o en Amé- 
rica. No exagero cosas pequeñas, con la hipérbole de 
nuestra raza. Uno de nuestros Códigos se traduce en 
Francia por orden del gobierno, como materia digna de 
estudio, por ser el último y más completo de su género 
y obra de un jurisconsulto célebre nuestro. El tratado 
de Derecho de Gentes, es el más citado, o tan citado 
como el que más, pertenece a nuestros antecedentes. 
Baste esto para asegurar que no luchamos treinta años 
en vano contra un tirano hasta hundirlo bajo la masa de 
materiales que el estudio, los viajes, el valor, la ciencia, 
la literatura acumulaban en torno suyo, como se amon- 
tona paja para hacer humo al lado de las vizcacheras y 
hacer salir el animal dañino, si no se le puede ahogar en 
su guarida. 

El resultado de este largo trabajo léalo usted veinte 
años después, en un trocito que en letra bastardilla pone 
un diario, saludando al joven General Presidente que 
visita una ciudad del Interior. Llámase "El Oasis" el 
diario que nos sorprende con que "el Presidente tiene 
lo que muy pocos, o mejor dicho, lo que a él solo, a 
fuerza de virtudes, le ha» sido dado alcanzar: Un altar 
en cada corazón". 

Lo que es la virtud anda a caballo en nuestros países ,- 
y sin duda de verla en ferrocarril se han admirado en 
San Luis, donde de paso diré a usted que está destacado 
un hermano del Presidente virtuoso, con un batallón de 
línea, para mantener el entusiasmo. En cuanto a alta- 
res, en San Luis se hace uso escaso de mármol ni aun 
de ladrillo quemado, siendo las construcciones de adobe, 
que es barro. 

"La Opinión Nacional", de Caracas, otro Oasis de Ve- 
nezuela, la patria de Bolívar, de Páez, de Andrés Bello, 
el publicista miembro de la Academia de la lengua, ce- 
lebraba el 12 de Abril del pasado año, el duodécimo Con- 
sulado, la duodécima Questura y el decimoquinto Tribu- 
nado del Presidente actual y pasado de Venezuela, ap^ 



48 D. P. SABMIENTO 

llidado "el ilustre Americano ' ', y a quien acaba de de- 
cretar el Senado una nueva estatua ecuestre a más de 
las varias que infestan todas las plazas. 

El 12 de Abril hizo su más fácil fechoría y que es la 
más celebrada. "El Oasis" de ese día trae en editoria- 
les: "¡Guzmán Blanco y su tiempo! — El Caudillo de 
"Abril — Guzmán Blanco, orador y literato — Guarnan 
' ' Blanco, administrador, guerrero y estadista — Carácter 
"frenológico de Guzmán Blanco". 

En honor a una condecoración por él creada, "El Re- 
trato del Libertador", el diario encomiástico añade un 
comentario benévolo, y es que el "número de los conde- 
corados ese día anduvo frisando con el de los generales, 
que pasan de doscientos. Pobres de ustedes que no tie- 
nen veinte para cincuenta millones de habitantes, «on 
mil leguas de frontera. En cambio en Venezuela no 
hubo jamás frontera ni indios que perseguir, sino en 
las Universidades, en el foro, en la tribuna, en la 
prensa. 

Veintimilla, del Ecuador, acaba de dar azotes a un 
escritor, Valverde, que ha querido suicidarse por tal afren- 
ta: ¿sabe usted quién es Veintimilla? 

L/uego, me he dicho, no es en la República Argentina 
ni en los Oasis de San Luis donde debemos buscar la 
fuente diría, si no fuese mejor decir el hormiguero, que 
destruye así la labor de los siglos. 

Remontando nuestra historia, llego hasta sus comien- 
zos y leo la proclamación que en 1819 dirigía O'Higgins 
desde Chile a los peruanos en quichua, aimará y caste- 
llano, anunciándoles la buena nueva de su próximo lla- 
mamiento a la vida por la libertad y el trabajo. 

. . . "Buenos Aires y Chile, decía, considerados por las 
"naciones del Universo, recibirán el producto de su in- 
dustria, sus luces, sus armas, aun sus brazos, dando 
"valor a nuestros frutos, desarrollando nuestros talen- 
tos!" 

Para explicar la narración gcnesiaca, suponen ciertos 



PRÓLOGO-DEDICATORIA 49 

teólogos racionalistas, o racionales, que el Creador dejó 
ver a Moisés, por "visiones", a guisa de kaleidoseopio, 
seis vistas de seis épocas distintas de la Creación, sin las 
intermediarias transformaciones, lo que reconcilia el 
Génesis según ellos con los vestigios geológicos. — 
O'Higgins, iluminado por un rayo de luz que se escapa 
del porvenir, pinta a los quichuas peruanos con colores 
vivos, en cuadro que hace de tiempo presente, la realidad 
por primera vez en toda su plenitud, realizada en esta 
América en el año de gracia de 1873, cuando la Aduana 
argentina cobró veinte y tres millones de duros sobre la 
enorme masa de "los productos de la industria del uni- 
verso", En las alturas de la Nueva Córdoba, el "Ob- 
servarlo astronómico" hacía descender sobre nuestras 
cabezas "la luz de la ciencia"; naves, remingtons y 
cañones Amstrong y Krupp, en proporciones modestas, 
llenaban por la primera vez de armas de 'precisión nues- 
tros arsenales ; y " aun los brazos ' ' de Europa en número 
de setenta mil hombres, vinieron a dar valor a nuestros 
frutos, amén de vías férreas, telégrafos y vapores que no 
vio O'Higgins o viéndolos no pudo enumerarlos, por no 
comprender lo que veía, o no tener aún la lengua nombre 
para; llamarlos, como "a las bestias y plantas según su 
género ' '. 

Esto, sin embargo, lo hemos obtenido después de sesen- 
ta años de vagar en el Desierto, y sólo por cuanto ase- 
gura el pan y los progresos materiales que nos invaden a 
nuestro pesar, como al Japón, como a la India, como al 
África, donde están colocando los rieles de un ferrocarril 
que parte del caudaloso Xiger, y se interna a través de 
las selvas de cocoteros. 

Estos mismos progresos realizados en la embocadura 
del Río de la Plata, iniciándose en vías férreas y colo- 
nias de emigración en Méjico este año, después de setenta 
de estar resistiendo al progreso que lo invade, ocurren, 
mientras el Perú, Bolivia, el Paraguay, el Ecuador retro- 
ceden o se esconden en la penumbra que señala el límite 



50 D. F. SARMIENTO 

de la luz y de la sombra, lo que muestra que una causa 
subsiste y opone resistencia en todas partes. 

Vea usted la serie de datos y estudios que lo prueban. 
Ha oído al General O'Higgins, Presidente de Chile en 
1839. Oiga usted ahora a Mr. Mac Gregor, funcionario 
en el gobierno de Inglaterra y que emite su juicio sobre 
las impresiones que deja la América del Sur, después 
de treinta años de emancipada. Yo encontré en los Es- 
tados Unidos, en Francia, en Inglaterra, hasta 1868 (que 
frecuenté a los sabios, a algunos hombres de estado, por 
fortuna noipocos), en todas partes arraigado este juicio,, 
que aun en el grado de simple preocupación hace un 
mal inmenso. Lo reproduzco aquí temeroso dé que us- 
ted no lo conozca, o los lectores sudamericanos, en la 
soberbia de sus afectadas nacionalidades, hayan dejada 
pasarlo inapercibido. 

"Cuando los virreinatos de España en América se su- 
blevaron contra la corona, los hombres justos y virtuosos 
j. las almias inteligentes de Europa y de Norte América 
abrazaron su causa del mismo modo que la de todos los 
pueblos que luchan por su libertad, contando desde lue- 
go con las más ardientes esperanzas y las más generosas 
simpatías. Veían a los colonos españoles determinados a 
rivalizar con los anglo-americanos en su osada y afortu- 
nada resistencia a la dominación extraña, la cual, aunque 
severa e injusta muchas veces, era paternal, si se la com- 
paraba a la absolutista y jerárquica cadena de la corona 
y de la Iglesia española que coartaba la libertad civil y 
religiosa. 

"El mundo no conocía, sin embargo, la educación po- 
lítica, social y moral del pueblo que habitaba las colonias 
españolas. La Europa, y principalmente la Inglaterra, la 
Francia, la Holanda, miraban los progresos de la revo- 
lución de la América del Sud, en Méjico y en la América 
Central, como gloriosos esfuerzos que iban a librarlos de 
la tiranía de los reyes españoles y de la Iglesia, y que 
se alzarían naciones rejuvenecidas, fuertes e indepen- 



PRÓLOGO-DEDICATORIA 51 

dientes. Esperaban que una vez libres de la dominación 
de Fernando VII, sus nuevos gobiernos fuesen recono- 
cidos por la Inglaterra, Francia, Holanda y Estados 
Unidos. Las Repúblicas hispano-americanas, animadas 
por los progresos e instruidas por el ejemplo de la gran 
República anglo-sajona, habrían avanzado sin tropiezo 
en la marcha de la civilización, en la libertad política y 
religiosa, en la útil educación del pueblo, en explotar pro- 
vechosamente los grandes recursos que sus vastos y fér- 
tiles territorios encierran para la agricultura, la minería, 
la construcción y el comercio. 

"Pero los habitantes de los países libres no habían es- 
tudiado, y en verdad que no habían podido hacerlo, las 
condiciones físicas y morales de la raza española en las 
colonias. De aquí nace el dessemcanto que sobre el pro- 
greso de Sud América y Méjico ha sobrevenido; y s'i 
hubiese vivido, ningún hombre habría sido más terrible- 
mente mortificado, al ver la presente condición y deplo- 
rable perspectiva de aquellos Estados, que Jorge Can- 
ning, el ministro inglés que fué el primero en anunciar 
que la Inglaterra había reconocido y añadido más na- 
cionas libres e independientes a los Estados constituidos 
del mundo. 

"En nuestro examen de los progresos de la revolución 
en la América española, noj hemos descubierto formida- 
bles obstáculos opuestos al final triunfo de aquellas su- 
blevaciones contra la corona y dominación de España. 
Pero es un hecho extraordinario en la historia de un 
pueblo en otro tiempo tan formidable, que en el momen- 
to presente (1846), en parte alguna del mundo donde se 
hable la lengua española, haya libertad civil y religiosa, 
en donde no exista el espíritu de anarquía, y donde haya 
confianza o seguridad en el Gobierno. 

1 ' Chile forma en algunos respectos una excepción ; pero 
los disturbios en Sud América! han sido tan frecuentes, 
que el mundo no tiene confianza ni aun en este Estado. 
Venezuela se ha hallado por algún tiempo en comparati- 



52 D- F. SARMIENTO 

va tranquilidad, pero, el orden y la paz han sido tantas 
veces interrumpidos para que consideremos aquel Estado 
como una seguridad para lo futuro. Todos los Estados 
argentinos lian permanecido por largo tiempo entregados 
a la guerra o a la anarquía ; los anales de Centro- América 
sólo recapitulan guerra y matanzas, y por algunos años 
un hombre sin educación y de raza indígena llamado He- 
rrera, ha dominado a Guatemala. La condición de Mé- 
jico es sin esperanzas según aparecerá detallado en el 
cuarto volumen de esta obra. La ignorancia, el fanatis- 
mo del sacerdocio, la tenacidad con que la raza que habla 
el idioma español adhiere a todos los vicios y olvida las 
virtudes de sus antepasados, el mantenimiento demasia- 
do general en la práctica, de la viciosa legislación comer- 
cial y fiscal de la antigua España, la absoluta disminu- 
ción, en unas partes, o el poco sensible aumento de la 
población en otras, la falta de 'espíritu de empresa, la 
prevalente indolencia, la agricultura rutinera, la falta 
de hábitos comerciales, son más que suficientes causas 
para explicar la impotente y nula condición de las re- 
públicas hispano-americanas. Es un hecho deplorable 
que aquellas repúblicas estén en condición menos prós- 
pera que las colonias que tienen esclavos como Cuba y 
Puerto Rico; sin que consideremos que la paz en Cuba 
sea un hecho permanente, pues que estamos persuadidos 
que si el tráfico de esclavos no es definitivamente abolido, 
aquella isla está expuesta a experimentar la suerte de 
Haití, cuya condición actual hemos descrito en esta obra. 
" BI extraordinario poder, riqueza y prosperidad de los 
angio-americanos, son debidos a causas enteramente dife- 
rentes^ — a una población que ha crecido en número con 
una prosperidad sin ejemplo, poseyendo abundante em- 
pleo e incansable energía, industria y confianza en sí mis- 
ma, animada en todo tiempo por un infatigable espíritu 
comercial y marítimo, con extraordinaria inteligencia en 
todas las ma |iie tienen relación con los negocios 

•iet i vos del globo, y una indomable persevera ne i ;■ "i bu 



PRÓLOGO-DEDICATORIA 53 

de aventuras, animadas del espíritu de adquirir; todo 
esto mantenido por el sentimiento de la independencia 
de acción que la libertad civil y religiosa inspiran. Por 
muchas que sean las imperfecciones de la naturaleza 
humana y especialmente las de la esclavitud en los Esta- 
dos del Sud, que no puede aprobarse en los anglo-ameri- 
canos, el destino de sus progresos en el mundo occidental, 
aunque en lo sucesivo puedan dividirse en gobiernos se- 
parados, será fatalmente creciente". 

Esto lo decía Mas Gregor en 1843: ¿conoce usted a 
Mr. Bishop, autor de un viaje en Méjico, el año pasado? 
Es un caballero de Boston que salido del colegio Harvard, 
de 19 años de edad, se concertó marinero para viajar 
ganando un pobre salario, antes que gastar su dinerillo. 
Llegado a Buenos Aires se asoció con una tropa de carre- 
tas para atravesar la Pampa, cazando de día y acogién- 
dose de noche al fuego de los carreteros santiagueños. 
Llegado a San Juan, M. Guillermo Bonaparte, a quien 
encontré "robinsoneando" en la isla más afuera de Juan 
Fernández, lo llevó a casa, donde le dieron un ejemplar 
del Facimdo, de cuya historia se apasionó, tocándole al 
historiador una buena parte de su interés y simpatía. 
Escribióme desde Cantón en la China, donde aprendía 
chino para servir de intérprete, cómo había sido mari- 
nero para hacer un viaje, y me mandó un mapa chino de 
Cantón con sus raros y nacionales signos y letras. A los 
años me escribió desde los Estados Unidos, y cuando yo 
había regresado a este mi país y él vuelto al suyo. Ahora, 
encuentro su nombre en el "Harper's Magazine" al pie 
de una narración de viaje interesantísima. Estaba, pues, 
de Dios que había de ayudarme Mr. Bishop, con algunas 
pinceladas a la segunda edición de su favorito libro de 
" Civilizacióri y Barbarie" corroborando los datos que 
sirven de base a este trabajo. 

Tomo de dicho viaje, lo que conviene a mi propósito. 

^ Están cansados los mejicanos de pelear. Es un di- 



54 D- F. SARMIENTO 

cho muy en boga que "un mal gobierno, es mejor que 
una buena revolución". 

"Empieza a crecer también el temor de lo que las na- 
ciones extranjeras puedan estar dispuestas a hacer en el 
caso de tomar las cosas en sus manos, si el país hubiese 
de caer de nuevo en poder "de expoliadores". 

"Hay grandes abusos administrativos. 

"El servicio civil es notoriamente corrupto. 

1 ' No es el patriotismo el que obtiene las concesiones de 
ferrocarriles". 

"Ocurren casos de espantosa opresión de parte de los 
"gobiernos de estado y nacional" y lo que establece fuen- 
te más ominosa y segura de peligro es la imposibilidad 
de obtener remedio por las elecciones. 

"Preséntase aquí la anomalía de una que se llama 
República, donde no hay censo, o registro de votos. El 
escrutinio es "hecho por un partido, el que ya está en 
el poder. . . " 

"El gobierno — el nacional influyendo sobre los Esta- 
dos — y el de éstos sobre la comunidad — sostienen y cuen- 
tan en ellos, "cuantos candidatos les place". 

"Cuando se tiene conocimiento de todo esto se explica 
uno todo lo que ha sucedido antes. 

"No hay imás remedio para un, gobierno "opresivo", 
que la rebelión. Con la más quieta disposición y la 
mayor paciencia, han de llegar momentos en que lo que 
ha sucedido ya, ha de volver a suceder! 

"Si alguna noción de gobierno queda en Méjico, dará 
nacimiento a algún campeón qu€ acometa la empresa 
de instruir las masas en sus derechos políticas, enume- 
rarlas y asegurarles ©1 más simple fundamento libre — 
un sufragio honrado". 

Aun ení la observación que hace en otra parte de que 
la edición a mil ejemplares (le un libro popular es de- 
masiado para un país de doce iu ilíones de habitantes, 
nos constituye mejicanos. Seis ferrocarriles se dirigen 
hoy de todos los extremos a la ciudad capital; movimien- 



PKÓLOGO-DEDICATOBIA 55 

to reciente posterior al de Chile y al nuestro de treinta 
años; no teniendo antes ni caminos, ni ríos navegables 
y casi ni puertos. 

Cada Estado cobra derechos en sus fronteras como 
Santa Fe y Córdoba cobraron hasta 1853. Hace dos años 
se han fundado dos colonias italianas, primer ensayo de 
inmigración europea. Con diez millones de habitantes 
solo consume y produce 406 millones de francos, a 40 
por persona, mientras que el Río de la Plata, con millón 
ochocientos mil habitantes, consume y produce 502.815.000 
francos, a 177 % por persona. 

Tantas analogías y tan grandes disparidades, pues por 
todo hemos pasado nosotros y de todo lo que allá pasa 
también estamos amenazados, me han hecho de tiempo 
atrás sospechar que hay otra cosa que meros errores de 
los gobernantes, y ambioiones desenfrenadas, sino como 
una tendencia general de los hechos a tomar una misma 
dirección en ¡la española América, a causa de la con- 
ciencia política de los habitantes, como a causa de una 
inclinación Sud-este del vasto territorio que forma la 
Pampa, corren todos los ríos argentinos en esa direc- 
ción. 

• ¿ Comprende usted ahora el objeto de mi libro sobre el 
conflicto de las razas en América? 

El conflicto de la^ razas en Méjico, le hizo perder a 
California, Tejas, Nuevo Méjico, Los Pueblos, Arisona, 
Nevada, Colorado, Idaho, que son ahora Estados flore- 
cientes de los Estados Unidos, y la Francia, con su go- 
bierno de militares alzados como el descreído de Luis 
Napoleón, perdió la Alsacia y laj Lorena, en castigo de 
su despotismo. 

Nosotros hemos perdido ya como Méjico, por conflic- 
to de raza, la Banda Oriental y el Paraguay por alza- 
mientos guaraníes, el Alto Perú por 1 la servidumbre de 
los quichuas, y perderemos todavía nuestra Alsacia y 
nuestra Lorena condiciadas de extraños por las demasías 
del poder como la Francia. 



56 D- F. SARMIENTO 

Lea usted "Vida del Chacho" que corre impresa en la 
edición ' ' Apretón ' ' de Nueva York al fin de "Civiliza- 
ción y Barbarie", y encontrará usted los primeros ba- 
rruntos de la idea que he desenvuelto en este libro, ge- 
neralizando a toda la América lo que aquí trascribo: 

"Las lagunas de Huanacache están escasamente po- 
bladas por los descendientes de la antigua tribu indíge- 
na de los huarpes. Los apellidos Chiñinca, Juaquinehai, 
Chapanai, están acusando el origen de la lengua primi- 
tiva de los habitantes. El pescado, que allí es abundan- 
te, debió ofrecer seguridades de existencia a las tribus 
errantes. En los Berros, Acequión y otros grupos de 
población en las más bajas ramificaciones de la Cordi- 
llera, están los restos de la encomienda del Capitán Guar- 
dia que recibió de la corona aquellas escasas tierras. 
En Angaco descubre el viento que hace cambiar de lu- 
gar los médanos, restos de rancherías de indios» de que 
fué cacique el padre de la esposa de Mallea, uno de los 
conquistadores. Entre Jachal y Valle-Fértil hay tam- 
bién restos de los indios de Mogna, cuyo último cacique 
vivía ahora cuarenta años. 

¿Cómo explicaría, sin estos antecedentes, la especial y 
espontánea parte que en el levantamiento del Chacho 
tomaron no sólo los Llanos y los Pueblos de la Rio ja, 
sino los laguneros de Huanacache y Valle-Fértil y todos 
los habitantes de San Juan diseminados? 

Eran éstas, demasiado parecidas semblanzas, para no 
sospechar que nos ligase a .Méjico algún vínculo que DO 
es sin duda el istmo de Panamá. 

Es no poca ventaja para un sud-aimericano haber, 
como yo, cambiado de lugar tantas veces, a fin de poder 
contemplar su propio país bajo diversos punios de vista. 
Sorprendiólo a usted al leer mi "Introducción a la vida 
de Lincoln" el encontrarme apenas llegado a los Ksta- 
do.s l T nidos, con suficiente "insight", como usted me 
decía, en la vida íntima de su país. Tocí|iicvi'11e y llolst, 
Pacientemente han mostrado que es fácil al observador 



PRÓLOGO-DEDICATORIA 57 

extranjero penetrar en la vida del país que representa 
la última faz de la humanidad. Le recomiendo preste 
atención a mi juicio del papel que han desempeñado los 
puritanos en el desarrollo de las instituciones republica- 
nas-, aunque usted' no me perdonase la buena broma de 
atribuir a la rigidez y austeridad del puritanismo el uso 
y abuso del whisky en los Estados Unidos, para pro- 
porcionarse en imaginación, irritando el cerebro, los go- 
ces de que se priva en la práctica el puritano, a quien 
le está vedado, dicen, besar castamente a su mujer en 
día sábado. Pero es mayor ventaja todavía perder 
el hábito de pensar de cierto modo impuesto por la tra- 
dición patria, lo que llamaré el sentido común, y que 
es sólo el modo general de sentir del país en donde se 
vive. Fuá recibida en Buenos Aires con gran disfavor 
la idea de cercar las estancias, que son una extensión de 
dos leguas cuadradas, a veces diez, que posee un solo 
criador en la Pampa, que es una extensión de diez 
mil leguas cuadradas, planas y lisas como la palma de la 
mano. 

El sentido común local rechazaba en abstracto la idea 
de la división, aun con alambrados; mientras que el que 
lo proponía obedecía acaso a las sugestiones del sentido 
común del agricultor, que no concibe propiedad sin cer- 
cado. 

Puedo, pues, decir que tengo todos los sentidos comu- 
nes de los países, bajo cuyas instituciones he vivido, 
sin excluir los Estados Unidos, de cuya naturaleza par- 
ticipo. 

Pero fué en San Juan, como lo anuncia la "Vida del 
Chacho", donde empecé a fijarme en la influencia de las 
razas en la América del Sur, y en el espíritu distante* 
que las caracteriza; y tomando cada día más cuerpo e 
intensidad esta preocupación, me ocurrió que debía re- 
leer la historia, y aún la redacción verbal de los sucesos, 
para ver las substituciones y cambios, esclarecimientos, 



"58 D. F. SARMIENTO 

y reflejos que ofrecería, mirándola a la luz de esta nueva 
antorcha. 

Desde entonces pudiera decir que se venía redactando 
en mi espíritu el esbozo que presento de una nueva His- 
toria de la América del Sur como la que ha escrito WiLson 
de Méjico, llamándola después de la tan grave, de Pres- 
cott, "Nueva Historia de Méjico". Es digno de notar 
que, citando tantos autores antiguos sobre tiempos colo- 
niales como cito, no haya buscado ni solicitado, sino ra- 
rísimos libros al poner por escrito el que le envío. 

Desde los Estados Unidos recogí gran parte que abun- 
dan en las buquinerías de viejo, y a medida que en ade- 
lante he encontrado un autor que corroborase mi juicio 
o me suministrase nuevos datos, lo agregaba a mi colec- 
ción, sabiendo porqué me interesaba su posesión, y se- 
ñalando la página aeaso única que servía a mi pro- 
pósito. 

Y sea ésta la ocasión de decir algo del sistema segui- 
do. Si no es cuando de prinicipios constitucionales se 
trata, que los tengoj por históricos como ustedes los in- 
gleses, y no sólo deducidos lógicamente, pocas veces se 
me ocurre citar autoridades. Buckle, en su admirable 
"Historia de la Civilización", y del estado de la inteli- 
gencia; en ciertas naciones, emite su pensamiento en tono 
afirmativo, poniendo al pie el autor que sigue en sus 
asertos, repitiendo aun sus propias palabras. Yo he se- 
guido un sistema más necesario en esta América toda- 
vía, com'o lo fué antes en la otra. Vituperan hoy con 
razón los Americanos a un inglés haber preguntado: 
"¿quién ha leído un libro norte-americano?" A nues- 
I sud-americams les pnsn 1<> mismo con los que sus 
compatriotas escriben, podiendo cualquiera estndianti- 
lio dt Dlteer afiOj preguntar 1<> mismo n uno de segundo: 
quien lee a uno que no sea de Francia, porque de Kspnña 
Ampielan a persuadirse que han salido parecidos a nos- 

''n.-in.h. emito, pues, un pensainienln sobre apreeiacio- 



PBÓLOGO-DEDICATORIA 59 

lies abstractas, me pongo detrás de algún nombre de au- 
tor acatado que da autoridad a la idea, revestida con 
sus propias palabras, y si de hechos se trata, copio la 
narración original que le da el carácter de verdad. Mía 
es solo la idea que campea en este primer volumen, y 
cuyas consecuencias serán la materia del segundo. 

Ya en el contexto de este primero, verá usted como se 
confunden en un solo cuerpo ambas Américas política- 
mente, porque la forma política de una época no está 
vinculada ni a una lengua, ni a la historia del país en 
que se formó. Corintias o dóricas son de ordinario las 
columnas que adornan monumentos y templos, no impor- 
ta el país culto donde se erijan, porque esas son las for- 
mas consagradas por el arte. Pero la América tiene 
otros vínculos que la llevan a un común destino, acele- 
rando su paso los retardatarios a fin de que la América 
de uno y otro lado del suprimido istmo sea una facción 
nueva de la humanidad. 

La historia empieza a ser revisada, no para corregir 
sus errores, sino para restablecer los hechos al color de 
la realidad que no admite aliño. Mr. Wilsbn, que ha re- 
hecho la historia de Prescott, me ha servido en lo que 
hace a civilización de indios, como Taine al juzgar de 
los jacobinos que realizaron en la práctica los principios 
conquistados por la razón. El Dr. Berra, D. Andrés 
Lamas, me han suministrado aquí excelentes datos y 
sugestiones sobre los comienzos de la Revolución, y 
cuando necesito del auxilio de las ciencias naturales, 
acudo a mi médico y primo el doctor Lloverás, que si 
no .puede curarme de la enfermedad crónica de que ven- 
go sufriendo hace setenta y dos años y se agrava cada 
día, me sirve con sus conocimientos teóricos y autores 
modernos. 

Es cuanto puedo decirle, que no se le alcance leyendo 
las) páginas que siguen, y concluiré lamentando que no 
pueda usted, por sus achaques, leerlas, si algunas de ellas 
se aproximasen a las que leía usted en "Recuerdos de 



60 D. F. SABMIEXTO 

Provincia" a un círculo de Profesores de Harvard Co- 
llége, en circunstancias que yo entraba, y me hicieron 
parte de sus observaciones. Uno de ellos, moralizando 
sobre el caso, decía: "Mr. Sarmiento debió estorbar que 
cortasen la higuera, a sugestión de sus hermanas". 

Pero nos faltan Longfellow el gran poeta, que me en- 
viaba con Mrs. Gould sus últimas poesías ; Mr. Emerson, 
el filósofo norteamericano qu© me decía en su casa de- 
lante de usted en Concord: "La nieve contiene mucha 
enseñanza"; doctor Hill, el impresor, llegado después 
a Rector de la Universidad de Cambridge, que desde 
Montevideo, acompañando a Agassiz, me escribía deplo- 
rando no poder atravesar el Río, para verme de paso 
Presidente, y llegar a Córdoba y abrazar a Gould, y vol- 
ver a hacer los sondajes del fondo del Océano. 

De todos estos contertulios quedamos usted, Miss Pea- 
body con su kindergarten, Gould con su telescopio, y yo, 
que todavía ofrezco mis humildes servicios de historió- 
grafo. 

Al cerrar esta carta me llega la noticia de la muerte 
de Mr. Quincey, padre de nuestra excelente amiga la se- 
ñora de Gould, de quien hago honrosa mención en el 
libro. 

Con felicitaciones por el año nuevo, quedo su afectí- 
simo amigo. 

Buenos Aires, Diciembre 24 de 1882. 



PROLEGÓM ENOS 



PROLEGÓMENOS 



¿Que es la America? — ¿Que somos nosotros? — Nosce 
te ipsuM' — La Atlantida — Pobladores primitivas — 
Civilización del maíz. 

Es acaso ésta la vez primera que vamos a preguntarnos 
quiénes éramos cuando nos llamaron americanos, y quié- 
nes somos cuando argentinos nos llamamos. 

¿Somos europeos?! — ¡Tantas caras cobrizas nos des- 
mienten ! 

¿Somos indígenas? — Sonrisas de desdén de nuestras 
blondas damas nos dan acaso la única respuesta. 

¿Mixtos? — Nadie quiere serlo, y hay millares que ni 
americanos ni argentinos querrían ser llamados. 

¿Somos Nación? — Nación sini amalgama de materiales 
acumulados, sin ajuste ni cimiento? 

j Argentinos? — Hasta dónde y desde cuándo, bueno es 
darse cuenta de ello. 

Ejerce tan poderosa influencia el medio en que vivimos 
los seres animados, que a la aptitud misma para sopor- 
tarlo se atribuyen las variaciones de razas, de especies 
y aun de género. 

Es nuestro ánimo descender a las profundidades de la 
composición social de nuestras poblaciones; y si por me- 
dio del examen hallásemos que procedemos de distintos 
orígenes, apenas confundidos en una masa común, subi- 
ríamos hacia las alturas lejanas de donde estas corrientes 
bajaron, para estimar su fuerza de impulsión, o la salu- 



64 D. F. SARMIENTO 

bridad de las aguas que las forman, o los sedimentos que 
arrastran consigo. 

Nuestro país ocupa el extremo Sur del doble continen- 
te que bañan por el otro extremo los mares árticos. Va- 
rias razas lo habitaron de antiguo; otras razas lo han in- 
vadido va para cuatro siglos, y han de ser sus destinos, 
no obstante variantes accidentales, como el paso en las 
marchas forzadas, que es más lento de parte de los débi- 
les, .pero que alcanzarán la cabeza de la columna al fin, 
si no están destinados a perecer en el tránsito. Seremos 
la América. 

Prinicipiemos por el nosce te ipsum del sabio. Conoz- 
cámonos; y para ello reunamos tras poéticas tradiciones 
de la antigüedad, las nociones de la ciencia contempo- 
ránea. 

Platón, que soñó la República ideal, nos ha transmitido 
la substancia de una conferencia de Solón con los sacer- 
dotes egipcios. 

— "Un día que este grande hombre conferenciaba con 
los sacerdotes de Sais sobre la historia de otros tiempos, 
uno de ellos dijo: Solón! Solón! \ Todavía sois vosotros 
unos niños, vosotros los griegos. Salo hay uno entre 
vosotros que no sea novicio en las cosas de la antigüe- 
dad. Vosotros ignoráis lo que fué la generación de los 
héroes, cuya debilitada posteridad formáis. Escuchad- 
me, quiero instruiros sobre las hazañas de vuestros ante- 
pasados; y lo hago en honor de la diosa, que como a 
nosotros, nos ha formado de tierra y fuego. Todo lo 
que ha ocurrido en la monarquía egipciaca, de ocho mil 
años a etta parte, está inscripto en nuestros libros sagra- 
dos. . . Pero lo que voy a contaros de vuestras leyes 
primitivas, dej vuestros reyes, de vuestras costumbres y 
de las revoluciones de vuestros padres, remonta a 9.000 
afioi. 

" . . . Nuestros fastos rdicren cómo resistió ruostra IJ • 
pública a l«>s refuerzos <le u 11:1 gran potencia salida del 
mar Atlántico <|iie bahía invadido la Europa y el Asia; 



PROLEGÓMENOS 6í> 

porque entonces ese mar era transitable. Sobre las ori- 
llas! había una grande isla, enfrente de lo que vosotros 
llamáis las "columnas de Hércules (Gibraltar hoy). 
''Esta isla era más extensa que la Libia (África) y el 
"Asia juntas. Desde allí,) los viajeros podían pasar a 
' ' otras islas, desde donde les era fácil volver al conti- 
nente.. . " 

Y Snider se apoya en el sentir de Platón, Aristóteles, 
Strabon, Eudosio, Diodoro, Amiano y hasta Plinio, que 
creyeron en la existencia de la Atlántida. 

¿ Qué habrá de cierto en todo este como proscenio de la 
futura América, cuyo descubrimiento estaba anunciado 
en los tan repetidos versos de Séneca? 

Veniens annis sáculo, seris 
Quibus oceanis vincula orbes 
Thetisque non deteges orbes 
Nec sit térra ultima Thule. 

¿Serán aquellas tradiciones como reminiscencias con- 
fusas que nos vienen en la vejez de voces, de rumores, 
o de narraciones que creemos haber oído, cuando apenas 
conocíamos los rudimentos del lenguaje que hablaban los 
adultos ? 

¿ Será aquella la oleada que levanta, en los mares de 
Australia, un volcán submarino al estallar, y viaja y 
viaja hasta llegar a las costas del Perú, y avanza sobre 
tierra, y sepulta ciudades, como desborda el agua con- 
tenida! en una ancha taza cuando ha perdido el equili- 
brio? 

I Sería la larga guerra entre Minerva y Neptuno por 
la posesión del A 'tica, un simple recuerdo de las antiguas 
emersiones e inmersiones de la costa, como vemos en 
Puzzoles anegadas hasta el zócalo las columnas del Sera- 
peum, cuyos capiteles retienen aun pegados caracoles, lo 
que muestra que el frontis del templo viene saliendo de 
fina pasada inmersión? 



66 D- F. SABMEENTO 

Las Quimeras, la serpiente Pithon o de Lerna, la Es- 
fin je, los Grifos extirpados por los héroes, ¿no serán los 
últimos iguanodones, peterodáctilos y demás monstruos 
primitivos que se habrían extinguido ya cuando el hom- 
bre apareció? ¿No será la Hidra de siete cabezas, algún 
animal difícil de extirpar a causa de su prodigioso nú- 
mero, como los) tigres de la India que devoran millares 
de hombres al año? 

El león ñemeo, ¿no será el carnicero fósil de Grecia 
con| cuchillas en la boca para hacer tasajo de la presa, 
cuyos huesos han roto robustos colmillos y dientes? 

El Dios Baco, venido a la Grecia de la India, ¿no será 
©1 recuerdo que quedaba a los pueblos arios del común 
origen de sus dioses, pues que Júpiter es Dju padre, el 
deus, dians? Aurora es el brillo del oro y Prometeo es 
en sánscrito el palo con que se saca fuego hasta hoy por 
f riecáón ? ' 

¿ Sería así la Atlántida, como lo pretende Snider, esta 
misma América desprendida de Europa y África, por el 
desgarramiento y separación, en dos partes, de un viejo 
continente común, puesto que aproximando en espíritu 
aquellas dos hojas se haría fácilmente convenir la parte 
convexa del África con la cóncava de la América? 

" Basta observar, dice, él vientre o hinchazón enorme 
' ' de África desde el Cabo Verde hasta el Sur de Libe- 
"ria: esta hinchazón entraría perfectamente en el mar 
"de las Antillas y el golfo de Méjico, que han quedado 
' ' enfrente en América, sin más que esta iparte del con- 
" tinento americano ha perdido fragmentos que son las 
"islas del Cabo Verde, las Azores, las Antillas, que han 
"sido muchas veces levantadas y hundidas" (1). 

\'<> [ludiendo entrar los orígenes de la tierra en los li- 
nt ites de la ciencia positiva que nuestro Burmeister, para 
nuestra ¡nteli<reneia, nos ha dado en la Historia de la 
Creación, gustamos introducir aquí la idea que se lia 



( i i l. n < r/atlon et sea myatére» dovollós— sur 1'orlKlne da 
J'AmérKquo — par Snider, pftRlna 322. 



PROLEGÓMENOS 67 

formado nuestro joven amigo Francisco Moreno de la 
fisonomía de la tierra al aparecer el hombre sociable, y 
lo que nos ha comunicado recientemente en un discurso 
ante la Sociedad Científica. 

"La América del Norte y la del Sur, dijo, tenían un 
relieve bastante distinto del de hoy. El Brasil era una 
isla. Venezuela otra, los Andes no tenían sus majestuo- 
sas proporciones; la República Argentina era compuesta 
de islotes, lo mismo que una región pequeña de la Tierra 
del Fuego y Patagonia. I Con pocas excepciones, todo lo 
demás era mar. . . 

"Una de las grandes contracciones del planeta que se 
enfriaba, produjo, al final de esa época, nuevos levanta- 
mientos de unas tierras y hundimientos de otras, sobre- 
viniendo en todo el globo grandes erupciones volcánicas. 
Las lavas basálticas def Patagonia y del Rhin, me pare- 
cen contemporáneas. La Europa cambió de fisonomía y 
se convirtió en isla, el hielo la cubrió en gran parte y los 
animales del Norte emigraron al Sur. Así nos explica- 
mos cómo los! que se consideran terciarios para esas tie- 
rras, sean reputados cuaternarios en estas regiones ame- 
ricanas, y que el elefante haya llegado entonces a nues- 
tras pampas. Eso sucedía probablemente cuando el hom- 
bre, aunque ya dueño del lenguaje, vivía en el hemisfe- 
rio del Norte, en peores condiciones que el Patagón o el 
Esquimal del día (en nuestro hemisferio donde la vida 
era probablemente más cómoda), pero ya formaba tri- 
bus, impelido ( por la lucha por la vida; hasta entonces 
había tenido el mismo género de sociabilidad que los ani- 
males inferiores a él. En el hemisferio Sur, un movi- 
miento de báscula hizo surgir tierras en pleno Océano 
Pacífico; al Este de Nueva Zelandia aparecieron nuevas 
regiones que han desaparecido más tarde y cuyas rocas 
se transportaban, auní por los témpanos, durante el pe- 
ríodo actual, hasta esa gran isla que continúa su movi- 
miento de emersión; la isla de Pascuas es quizá el resto 
de esas tierras. La Patagonia se elevó sobre las aguas 



68 D. F. SARMIENTO 

y la América del Sud adquirió otros contornos; los An- 
des tenían indudablemente al Oeste más tierras que en 
el día. Las contracciones desiguales de la costra terres- 
tre, manifestaciones 1 externas del trabajo interno, conti- 
núan obrando desde entonces, en movimientos rápidos 
locales, b imperceptibles en grandes extensiones, pero 
cada vez menos sensibles. 

"Siguiendo cierto grado de desarrollo lento en la in- 
fancia de la humanidad, lo mismo que en la de los seres 
inferiores, sea en sus condiciones físicas como en las mo- 
rales, esa época fué larga, dando tiempo a que algunas 
razas emigrasen, buscando los medios más aparentes para 
su desarrollo, según el carácter de cada una de ellas. El 
hombre primitivo ha sido nómada por excelencia, y el 
ejemplo aún lo tenemos en nuestro país ; el Patagón hace 
con frecuencia viajes de 500 leguas, sin que la necesidad 

10 fuerce a hacer grandes emigraciones; es, sin duda, un 
ejemplo de atavismo. 

"Como medios de verificación de ciertos hechos! etno- 
gráficos, dos museos posee la provincia de Buenos Ai- 
res; el Museo Público, fundado por Rivadavia, y el Mu- 
seo Antropológico y Arqueológico, de reciente formación. 
En ambos, las ipiedras, las plantas, los animales embal- 
samados,, los huesos y los utensilios del hombre, objetos 
sin vista agradable muchas veces, cuentan a quien lo de- 
sea, lo que fué o lo que es la vida de los mares, los ríos, 
las selvas, las llanuras y las montañas argentinas. El 
primero ha sido dado a conocer en estos tiempos, por los 
importantes trabajos de su Director el Dr. Burmeister, 
y a nosotros nos toca, como Director del segundo, hacer 
que nuestro público sepa lo que guarda en sus armarios 

1 1 salón alto del edificio anexo al teatro Colón". 

En el Musen Antropológico poseemos la más completa 
colección de cráneos americanos, los que parecen abra- 
zar la historia entera del hombre, desde su primitiva apa- 
rición en tan vasto continente; i>ero no entrando en 
objeto sino l;i última forma, sogúu la (Mwoiitra- 



PBOLEGÓMENOS 69 

ron los españoles, a la época que principia a llamarse 
colombiana, seguiremos la apreciación de Ameghino, uno 
de nuestros jóvenes estudiosos, en cuanto a sus armas y 
estado de civilización. 

"Al trazaros, dice, este rápido bosquejo de los resul- 
tados obtenidos sobre la antigüedad del hombre, no quie- 
ro que creáis que os hablo en calidad de aficionado por 
lo que he leído y oído. 

"Yo mismo he encontrado los vestigios de todas esas 
épocas, y aunque joven aún, he tenido \a\ buena suerte 
de tomar una parte activa en uno y otro continente, en 
los trabajos tendientes a probar la' antigüedad del hom- 
bre en nuestro planeta. Mis investigaciones, o quizá la 
casualidad, han puesto en mis manos los materiales con 
que he probado que el hombre vivió en los terrenos de 
nuestra pampa que pertenecen al terciario superior, con- 
juntamente con el megaterio, el mastodonte, el toxodonte 
y otros colosos de la misma época. Y en Europa, des- 
pués de un año de continuas investigaciones en un anti- 
guo yacimiento) de las orillas del Marna, en Chelles, en 
el que hice colecciones numerosas, he tenido la satisfac- 
ció de ver (aceptada mi demostración de que el hombre 
fué contemporáneo, y en épocas distintas, del elefante 
anticus, y del rinoceronte de Merck, animales caracte- 
rísticos de los terrenos de transición entre el terciario 
superior y el cuaternario inferior. 

"El hombre, más o menos distinto del actual, y su 
precursor directo, remonta a una época tan alejada de 
nosotros, que aún no había aparecido ninguno de los ma- 
míferos actuales, y loa continentes y los mares no eran 
entonces lo que son en el día" (1). 

No hace mucho más de diez años que ha descendido a 
noción vulgar la idea de que el mundo ha estado en tiem- 
pos muy anteriores a la historia, habitado por razas de 
hombres salvajes, y que han dejado cubierta la superfi- 



(1) Discurso pronunciado por el Sr Ameghino, en el "Ins- 
tituto Geográfico". 



70 D. F. SAE3XIEATO 

cié de la tierra, hasta cierta profundidad, con las armas, 
los instrumentos de silex o pedernal de que se sirvieron 
por siglos antes de descubrir los metales duros, tales 
como el cobre, el bronce, y muy tarde el hierro. 

El mismo Ameghino lo establece así: 

"Esas puntas de flechas, esos cuchillos y esas hachas 
de piedra que aún usan, con exclusión de cualquier otro 
instrumento de metal muchos pueblos salvajes de la ac- 
tualidad, son completamente iguales a los que veréis en 
mis colecciones, recogidos unos en los alrededores de 
Buenos Aires y Montevideo, y otros en las cercanías o 
en el recinto mismo del soberbio París, el centro actual- 
mente más ilustrado del mundo civilizado, el cerebro del 
mundo, como lo llaman con orgullo los franceses. Igua- 
les ob jeitos se encuentran en la misma ciudad de Londres, 
o debajo de los muros 1 treinta veces seculares de Roma, 
de Atenas, de Siracusa o en Turquía, — en todas partes 
de Europa. 

"¿Qué deducir de esto sino que estos centros pasados 
y presentes de la civilización estuvieron, en un princi- 
pio, ocupados por pueblos salvajes tan solo comparables 
a los pueblos más salvajes que actualmente habitan la su- 
perficie de la tierra? Y la deducción es lógica, es positi- 
va, es cierta, e innegable, ponqué no tan sólo están ahí 
los instrumentos de piedra que se encuentran en la su- 
perficie del territorio de todas las naciones europeas que 
lo prueban, pero está ahí también el testimonio de los 
primeros escritores griegos y latinos que lo afirman de 
un modo positivo. 

"Toda la superficie del vasto imperio chino, que se 
vanagloria de no haber conocido eü famoso diluvio uni- 
versal, está sombrada de objetos de piedra; y libros chi- 
DOI fine datan <lr B600 I 8000 años, dicen que esas pie- 
dras eran las 1 armas y los instrumentos de los antiguos 
hombres que los precedieron en la ocupación del país. 

"I'.n el Asia Menor, en Siria, en Palestina, en las cer- 
canías <le b» que fué Troya, y de Nínive y babilonia, M 



PROLEGÓMENOS 71 

encuentran depósitos enormes de piedra engastados en 
capas de calcáreo ¡más duro que el mármol y que los mis- 
mos instrumentos, y entre ellos no se encuentra el más 
pequeño fragmento de metal. 

"En Egipto, la tierra de los Faraones, en donde hace 
6000 años brillaba su singular civilización en todo su es- 
plendor, en donde hace 5000 se construían las famosas 
pirámides, en las capas de terreno sobre que se han ele- 
vado esos gigantescos monumentos, se encuentran ins- 
trumentos iguales. 

''De un extremo a otro de Asia, de un extremo a otro 
de África, en América y Europa, en todas partes del 
mundo, se encuentran los mismos vestigios de una época 
de piedra. Esta ha sido general por toda la superficie 
del globo. Ese ha sido el principio de la industria hu- 
mana, bien humilde, por cierto, en su aurora, pero que 
desarrollándose y perfeccionándose gradualmente, ha 
llegado a lo que es en el día. Veremos entonces esos pri- 
meros ensayos en la senda del progreso y de la civiliza- 
ción, porque sin ellos la industria no hubiera nacido". 

¿Han estado los habitantes de América en comunica- 
ción con el resto del mundo antes de cortarse toda cone- 
xión territorial entre los continentes primitivos? 

El Director de nuestro Museo Antropológico, para 
contestarnos, toma de entre los objetos exhumados al 
lado de una calavera, como los escarabajos y estatuetas 
que acompañaban a las momias egipciacas, un objeto 
brillante, que enseña levantándola entre el pulgar y el 
índice. ¿Es un carbunclo, un rubí enorme? No, es obra 
humana; un esmalte de vidrio de cuatro colores fundi- 
dos, una cuenta, en fin, que no es a fe mostacilla de la 
fábrica de Murano, en Venecia, sino de la fabricación 
egipciaca del segundo imperio faraónico, allá por las 
dinastías XVIII o XIX. 

Encontróse esta cuenta egipciaca enf las Conchitas, al 
Sur de la ciudad de Buenos Aires, estancia del señor 
Pereira a dos pies de profundidad de la superficie actual. 



72 D. F. SAKMIENTO 

Moreno encontró en Patagonia fragmentos de otras cuen- 
tas que conserva el Museo. Llevadas a» Europa, fueron 
confrontadas y resultaron idénticas a das que poseen varios 
Museos en Francia, Inglaterra, Estados Unidos ; y se 
sabe que se han encontrado basta en el Oriente de Asia, 
en Norte América y en el Perú. 

Hubo un tiempo, pues, según las cuentas lo demues- 
tran, en que el comercio de los egipcios; alcanzó al Ja- 
pón, a la Europa, a las Pampas y a la Patagonia. 

Dé las pruebas comerciales que denuncian la existen- 
cia de la Atlántida, Snider da un hecho característico 
que indica que los americanos primitivos eran los mis- 
mos a su origenj que los pueblos africanos y asiáticos,. 
que poseían precisamente los mismos gustos y los mismos 
deseos. 

"Los que han viajado por el interior de África saben 
que el lujo de las mujeres les hace solicitar los adornos 
de cuentas de vidrio que reemplazaron los antiguos co- 
llares y cinturas de conchas, dientes y piedrecillas. Cuan- 
do los españoles penetraron en la América, notaron que 
las mujeres llevaban adornos de la misma forma, hechos 
de conchillas. Las cuentas y chaquiras de vidrio de Ve- 
necia encontraron desde entonces la misma demanda en 
América que en África ; y en los tres países se cambiaron 
las cuentas a peso de oro" (1). 

La hidrografía de nuestro globo ha debido alterarse 
profundamente después de habitado por los hombres, 
como era otra la fisonomía en los tiempos anteriores en 
que la Patagonia era una isla, el Amazonas un canal, se- 
gún lo cree Agassiz, yi no existía el istmo de Panamá 
uniendo las islas del Norte con las del Sur, que fueron 
<•! núcleo de estas Amé" ricas. 

Entre las tinajas de arcilla, de que se encuentran tan 
repetidos ejemplares en el Museo Antropológico, se en- 
í-iM-niran varias, recogidas en Oatomaroa, <|uc han ser 



(1) AtULntlda — Snider, pág. 115. 



PROLEGÓMENOS 73 

vido de urnas funerarias, distinguiéndose éstas por los 
perfiles incorrec¡tos de un rostro humano labrado en el 
cuello, y a veces con unas manecillas al lado de la boca, 
en imitación de la momia interna sedente. En una están 
señaladas de relieve lágrimas, y puede decirse que es 
éste el embrión del, genio alado, o de la plañidera que 
decora nuestros sepulcros griegos, llorando eternamente 
al deudo cuyas cenizas encierra la urna. 

Entre los monumentos y vasos de arcilla extraídos por 
Schlieman de las ruinas superpuestas de ciudades pre- 
históricas, una de las cuales cree ser Troya, se encuen- 
tran y vienen diseñadas en sus colecciones fotográficas, 
estas mismas urnas cinerarias encontradas en varios 
puntos de la América, con el mismo emblema de un ros- 
tro figurado en el cuello de un cántaro, en la misma si- 
tuación, para mostrar que pertenecen a un mismo culto 
de los muertos. 

Un dinamarqués que reunía los cantos populares en 
América por hallarlos (los tristes) idénticos a los escan- 
dinavos, sostenía que no era casual la terminación en 
marca de lasi palabras que indican país, como Catamar- 
ca, Dinamarca, Cundimarca y las marcas de Ancona que 
deslindaron los Longobardos daneses en aquellas comar- 
cas italianas. 

En 1866 se descubrió en Francia en un conglomerado, 
un esqueleto enterrado en la postura sedente de la mo- 
mia de la Pampa y del Perú. 

Los aztecas que civilizaron a Méjico, están representa- 
dos aquí no sólo por sus cráneos, sino por su alfarería, 
sus urnas cinerarias, sus símbolos religiosos, el lagarto y 
la culebra de dos cabezas. 

Excusado es decir que por todo el territorio se encuen- 
tran los rastros recientes de la conquista Inca, y están 
vivos y se ven en líneas blancas, hasta perderse de vista 
por el horizonte, los caminos por donde transitaban los 
ejércitos y las pascanas a distancias reglamentarias don- 
de pasaban la noche. 



74 D. F. SABMIENTO 

Viven todavía en Patagonia los gigantes con cuyas exa- 
geradas noticias está lleno el mundo; pero en el Museo 
están muchos cráneos para no dejar embustera a la fa- 
ma. Al otro lado del Estrecho se ha refugiado el fue- 
guino que vaga por los bosques en busca de raíces, o por 
las orillas del mar tras de ballenas podridas que entierra 
para los días de absoluta carestía después de haberse co- 
mido en los días de hambrunas, según Darwin, madre y 
abuelas. 

No siente el indio fueguino fácilmente la relación que 
hay entre el estampido del arma de fuego, y la bala que 
penetra en el tronco de un árbol. Son dos hechos para 
su razón inconexos. 

Más atrás del fueguino está el cráneo del hombre de 
Neanderthal, que es la forma más animal encontrada en 
los terrenos cuaternarios de Europa. Hay de éstos, tan 
raros allá, varios ejemplares aquí; y conservan aún la 
ganga de piedra, los cráneos petrificados, arrancados a 
las rocas que los envolvieron cuando la roca era de barro, 
y llanura la montaña donde quedaron depositados en el 
fango los animales muertos. 

Pero lo que por demasiado sencillo y por ser de ordi- 
nario los observadores europeos que vienen de paso, no 
han proclamado todavía, es el grande hecho que los ac- 
tuales habitantes de la América, que hallaron salvajes o 
semisalvajes los contemporáneos de Colón, son el mismo 
hombre prehistórico de que se ocupa la ciencia en Eu- 
ropa, estando allí extinguido y aquí presente y vivo, ha- 
biendo allá dejado desparramadas sus armas de silex, 
mientras aquí las conservaba en uso exclusivo, con su 
arte de labrarlas, y con todas las aplicaciones que de ta- 
les instrumentos de piedra hacían. La manera de los 
indios de sacar astillas de obsidiana en Méjico actual- 
mente, sirvió a ttir .John Lubbock para explicarse la ma- 
nera como habían procedido los antiguos hombres prc- 
hi.stfataM de Knropa, para elaborar el silex, de quo se 
encuentran fábricas por todas partea. 



PROLEGÓMENOS 75 

Al hablar, pues, de los indios, por miserable* que sea 
su existencia y limitado su poder intelectual, no olvide- 
mos que estamos en presencia de nuestros padres prehis- 
tóricos, a quienes hemos detenido en sus peregrinaciones 
e interrumpido en su marcha casi sin accidente pertur- 
bador a través de los siglos. 

¿Desde cuándo pueblan estas tribus prehistóricas, los 
países que hoy forman la América? 

En las costas del Atlántico vénse con frecuencia, dice 
Lyell, desechos de paraderos indios, donde, de genera- 
ción en generación, han pasado el verano pescando, y de- 
jado montones de huesos, conchas y carbones, como su 
único epitafio. ¡ Cuánto tiempo habrá necesitado una 
tribu de doscientas personas para acumular montes de 
ocho a diez pies de alto, y cien yardas de espesor de es- 
tos desechos, como es muy común, pues Lyell ha señala- 
do uno que cubre diez acres de terreno ! 

¿Para qué, pues, preguntar cuándo y por quién fué 
poblada la América? Cuando el Capitán Cook recorrió 
la Oceanía, descubriéndola, halló que toda la isla habi- 
table estaba habitada. Así encontraron Colón, Cortés y 
Pizarro, y todos los conquistadores, la América. 

Los depósitos de desechos encontrados en Alaska, a 
orillas del Pacífico, se componen de conchas de molus- 
cos, de conchas y espinas de pescado más arriba, y de estos 
residuos y huesos de cuadrúpedos y aves en la última 
capa, lo que hace la historia de los progresos de la ali- 
mentación del hombre primitivo, no sabiendo ni pescar 
primero, y adquiriendo mucho más tarde los medios de 
dar caza a los animales terrestres y a las aves. 

Pero los indios de casi toda la extensión de ambas 
Américas, habían llegado a asegurar fácilmente la sub- 
sistencia por el cultivo del maíz como base de alimenta- 
ción, pues reproduciéndose treinta veces más que el tri- 
go, y reclamando ligeros trabajos de agricultura, era 
adaptable a todos los climas hasta el grado 40° de lati- 



76 D. F. SARMIENTO 

tud, proveyendo a gran número de necesidades, incluso 
de bebidas espirituosas. 

Ahora, sobre la antigüedad del uso del maíz, como ba- 
se de la alimentación india, puede tenerse presente que 
los botánicos declaran que se requiere un larguísimo cur- 
so de cultura para que se altere de tal manera la forma 
de una planta, que no pueda identificársela con las es- 
pecies silvestres; y más prolongada debe ser su propa- 
gación artificial para que llegue a perder su facultad de 
vida independiente, y descansar solo en el hombre para 
preservarla de extinción. Ahora, ésta es exactamente la 
condición del tabaco, del maíz, del algodón, de la quina, 
de la mandioca y del palmito, todas las cuales han sido 
cultivadas de tiempo inmemorial por las tribus america- 
nas, y con excepción del algodón, por ninguna otra raza. 

La adquisición del maíz la hicieron los indios antes de 
que sus progenitores se desparramaran por todo el Con- 
tinente, pues en todas partes se le encuentra cultivado 
aún, en las islas dónde la raza existe. Puede llamársele 
la civilización del maíz, a la que ha alcanzado la raza 
india; como es el arroz la base de la alimentación de la 
civilización chinesca, y el trigo de pan la de la Europa, 
encontrándose con las momias egipciacas de las primeras 
dinastías, granos intactos de este cereal. Con las momias 
-••-lentes (|iie forman la pirámide que a los alrededores de 
Lima mide once mil varas cuadradas de base, super- 
puestas en capas hasta la cúspide, se encuentran envuel- 
tas en los sudarios de tejidos de algodón como en los ca- 
nopos egipcios, espigas de un maíz de granos pequeños 
acabados en espina, de donde salió el cabellasb. Creemos 
quei se llama capí, pues reaparece de cuando en cuando 
en las sementeras de maíz actuales, por degeneración 
quizá, o por atavismo, volviendo a su primitivo ser. 

Atribuyese a la misma' época inicial el llevar las mu- 

jen-H indias en toda América el cabello sobre la angosta 

i te cortado a guiaa de cerquillo a loj Tito y que es 

iiukIh hoy venida de Kuropa. Kl uso peñera! del color 



PROLEGÓMENOS 77 

colorado con que se pintan los rostros y el cuerpo, re- 
vela un origen común, lo que no puede demostrarse con 
las armas que son diversas, y afectan formas y son de 
materias distintas en varios puntos. 

Les es común igualmente a todos, los indios marchar 
en hilera unos tras otros, lo que aquí y en el Paraguay 
se llama paso de indio. El último viajero que ha pene- 
trado en la Tierra del Fuego halló este hábito invaria- 
ble en todas las circunstancias; como en Norte América 
se llama paso de guerra cuando marchando unos tras 
otros, el segundo pone el pie sobre la pisada del que le 
precede, a fin de que el enemigo no pueda inferir el nú- 
nieor de guerreros de que se compone la banda. 

La seriedad de la posición en reposo de los músculos 
de la cara, y la gravedad del porte, son generales a todas 
las tribus indígenas, como expresión de dignidad perso- 
nal en los varones, y de impasibilidad, que en realidad 
toca en el estoicismo cuando hacen frente al dolor, al 
miedo, a la alegría, loj mismo que al martirio. Los ne- 
gros son, por el contrario, la raza más demostrativa y 
bulliciosa ipara la expresión de los afectos, la pena, la 
alegría y aún sorpresa. Reyes de África no se contienen 
en soltar el llanto al romperles algún juguete o vaso re- 
galado por un europeo aun en presencia de ellos. Uno 
lo hacía por un polichinela, cuyos hilos rompió por falta 
de destreza al hacerle hacer cabriola. Un indio las 
presencia en silencio sin mostrar grandes síntomas de 
interés. 



PRIMERA PARTE 



Etnología Americana 



CAPÍTULO I 

Etnología americana — Las bazas indígenas y la 
raza negra 



Origen de la población de las Provincias Argentinas — Prescott 
y Wilson — Clarácter y disposiciones morales de los indios. 

RAZA QUICHUA — La conquista favorece las generaciones mix- 
tas — Ordenanzas sobre indios — La caza de naturales. 

RAZA GUARANÍ — Los indios misioneros — Sumisión y barbarie 
— Los Jesuítas — Ensayo comunista — Poblaciones atrofiadas 
por utópicas organizaciones — Piadosas trazas — El espiona- 
je — Crasa ignorancia. . . 

RAZA ARAUCO-PAMPEANA — Los araucanos menos aptos para 
la civilización — Influencia del poema de Ercilla — Los arau- 
canos héroes del poema épico, sin saberlo — Los verdaderos 
araucanos — Su capacidad social — En la Pampa más bárba- 
ros. . . 

AMALGAMA DE RAZAS DE COLOR DIVERSO — Aligación del 
metal de que había de formarse el pueblo americano — In- 
ventario de las razas — Opinión de Agassiz — Carácter debi- 
litado de la población... 

RAZA NEGRA — Segunda raza servil — La independencia de la 
raza blanca elimina la raza negra en la América española 
— Los negros figuran en la política de la América del Norte, 
como los indios en la del Sud — Los negros en la Colonia — 
Sus oficios — Rol de los negros en la Independencia — Los 
candombes durante la tiranía de Rosas — Porvenir de la 
raza negra — "Los primeros serán los últimos y los últimos 
los primeros". 



Vamos a reunir los datos de que podemos disponer 
para fijar el origen de la actual población de las diver- 
sas Provincias en que está dividido el territorio argenti- 
no, en cuanto baste para darnos una idea de su carácter 
y estado social, al tiempo de la conquista, y de los efec- 
tos que ha debido producir la mezcla de la raza cobriza 
como base, con la blanca y la negra como accidentes, se- 
gún el número de sus individuos. 

La raza cobriza se gubdivide en nuestro territorio en 
tres ramos principales: la quichua o peruana, la guara- 



82 D. F. SARMIENTO 

eí o misionera, la pampa o araucana, entrando como ac- 
cidentes, aunque en pequeña escala, los Huarpes de San 
Juan, que ocuparon las lagunas de Guana cache, los valles 
de Zonda, C&tingasta y Jachal, y que no debían ser qui- 
chuas, pues que el abate Morales escribió una gramática 
de su lengua, que se ha perdido, y debieron permanecer 
insumisos largo tiempo, puesto que de San Juan hacia el 
Norte hay restos de fortalezas que justifican el nombre 
de San Juan de la Frontera, pues al Sur está Mendo- 
za (1). 

El historiador Prescott, para escribir las historias del 
Perú y de Méjico, ha tenido en sus manos todos los libros,, 
crónicas y apuntes de los contemporáneos de la conquista 
en uno y en otro país ; y como éstos emanan de poblado- 
res exclusivos del Perú los unos, y de pobladores exclusi- 
vos de Méjico los otros, sólo Prescott revela la noción que 
le ha dejado el conocimiento de ambas conquistas, lo que 
da mucho peso a su palabra. Auméntalo, si cabe, su cre- 
dulidad, prescindiendo de someter a una sana crítica los 
datos que le trasmiten aquellos autores, como testigos pre- 
senciales, ya sobre la verosimilitud de los hechos que 
relata, ya sobre la magnitud de los ejércitos que comba- 
ten. 

Otro historiador norteamericano m^s reciente, Wilson^ 
en su "Nueva Historia de Méjico", demostrando la impo- 
sibilidad material de gran número de hechos relatados, 
dice: 

"Me he tomado la libertad de dudar de que el agua co- 
rriese montañasí arriba; que canales de navegación fue- 
sen alimentados por aguas mal bajas; que pirámides,. 
'//, podlC MU di' cansar sobre < ¡erra suelta ; que un ca- 
nal de doce pies de ancho y doce pies de hondo, en su 
mayor parte bajo el nivel del agua, trabieaen podido ex- 

rio ! ,; s indios con sus rudos instrumentos; que jamás 
hayan flotado jardines aobre barro, b que navegasen ber- 



(1) VCbko ParmUiito, vl<!¡i <!<•] r'hnrho. 



ETNOLOGÍA AMEBICANA 83 

gantines en un lago de salmuera; ni que en una ciudad 
construida de tierra entrasen por un camino estrecho por 
la mañana 100.000 hombres, y que después de pelear todo 
el día, volviesen por el mismo camino a la noche; b que 
ejército sitiador de 150.000 hambres pudiese ser sosteni- 
do desde un lago barroso rodeado de montanos" (1). 

Ondegardo, citado por Prescott, dice que solo el trabajo 
de las personas era el tributo que se daba, porque los in- 
dios no poseían otra cosa. 

"En el Perú como en Méjico se mostraba la misma in- 
capacidad de difundir los escasos conocimientos que real- 
mente poseían. Había la misma escasez de algo que se 
pareciese a espíritu democrático; había el mismo poder 
despótico de las clases altas, y la misma despreciable ba- 
jeza de las clases ínfimas". 

"Aunque haya puntos menores de diferencia entre el 
Perú y Méjico, ambos imperios se parecían en que no 
había sino dos clases: la alta clase, que eran los tiranos, 
y la baja, que eran sus esclavos. 

"Bajo esta extraordinaria política, continúa Prescott, 
un pueblo, avanzado en muchos refinamientos sociales, 
muy versado en artefactos y agricultura, no conocía la 
moneda. — (Robertson niega tales progresos, y tal estado 
de civilización). — No tenían nada que merezca el nombre 
de propiedad. No podían seguir oficio alguno, ni em- 
prender un trabajo o entregarse a una diversión que no 
estuviese especificada por ley. No podían cambiar de re- 
sidencia, o de vestido, sin licencia del Gobierno. Ni si- 
quiera podían ejercer la libertad que a los más abyectos 
les está concedida en otros países : la de escoger una mu- 
jer. 

"Los mejicanos, dice Pritchard, eran más crueles que 
los peruanos, sin que nos sea dado distinguir si esto ve- 
nía de causas naturales o sociales". 

En cuanto al carácter y disposiciones naturales de los 



(1) New History of the Conquest of México — Wilson. 



84 D. F. SARMIENTO 

indios en los tiempos que precedieron a la Independencia 
de este Continente, don Juan de Ulloa, que recorrió gran 
parte de la América estudiando la situación de las colo- 
nias, hace las siguientes apreciaciones: 

"La propensión al ocio y a la desidia es la misma en 
los indios de la buisiana y del Canadá, quej en los del 
Perú y partes meridionales de la América, ya sean civili- 
zados o gentiles; y los únicos ejercicios en que se ocupan 
los que subsisten en libertad, son la caza y la pesca, lo 
cual sucede asimismo en las naciones que están vecinas 
de Buenos Aires. En la pampa de la provincia de este 
nombre, las mujeres son las que tienen el cuidado de ha- 
cer unos cortos sembrados de maíz y de algunas calabazas 
(zapallos), las que muelen el maíz para prepararlo de la 
manera que lo usan, y las que disponen las bebidas que 
acostumbran, cuidando además de los hijos, porque en 
esto no se embarazan los padres". 

Como en corroboración de estas apreciaciones en otros 
puntos de América y en época más reciente, el agente 
francés en Caracas, M. F. Depons, que publicó un viaje 
a la parte oriental de Tierra Firme en Sud América, li- 
mitado a la descripción del territorio de la Capitanía de 
Caracas, por los años 1800 a 1801, fija en los siguientes 
términos los rasgos característicos de las indiadas ya so- 
metidas de aquel país. 

"El indio se distingue, dice, de la manera más singu- 
lar, por una naturaleza apática e indiferente que no se 
encuentra en ningún otro. Su corazón no late ni ante el 
placer ni ante la esperanza; sólo es accesible al miedo. En 
contrario de la humana osadía, su carácter se distingue 
por la más abyecta timidez. Su alma no tiene resorte, ni 
mi espíritu vivacidad. Tan incapaz de concebir como de 
raciocinar, pasa «u vida en un estado de estúpida insen- 
sibilidad que demuetiía que es ignorante de í mismo y de 



ETNOLOGÍA AMERICANA 85 



cuanto lo rodea. Su ambición y sus deseos no se extien- 
den jamás más allá de sus necesidades inmediatas (1). 



"Todos los esfuerzos del legislador para inspirarles (a 
los indios) el deseo de mejorar sus facultades nativas 
han abortado. Ni el buen tratamiento que han recibido 
de ser admitidos en la sociedad, ni los privilegios impor- 
tantes con que han sido favorecidos, han sido suficientes 
para arrancarles la afición a la vida salvaje que, sin em- 
bargo, no conocen hoy día sino por tradición. Son po- 
quísimos los indios civilizados que no suspiren por la 
soledad de los bosques y que no aprovechen la primer 
oportunidad para volver a ella. 

"Esto no proviene de un amor a la libertad, sino de 
hallar la umbría habitación de los bosques más conforme 
a su melancolía, su superstición y su absoluto desprecio 
de las leyes más sagradas de la naturaleza. 

"Los indios estaban acostumbrados a mentir, y tan 
poco sensibles son a la sagrada obligación de decir ver- 
dad, que los españoles han creído necesario, a fin de pre- 
venir las desgracias que su falso testimonio puede ocasio- 
nar a inocentes, dictar una ley que establece que no me- 
nos de seis indios pueden ser admitidos como testigos 
en una causa, y el testimonio de estos seis seres equivale 
al testimonio juramentado de un solo blanco". 

Territorio argentino. — Raza quichua 

El primer establecimiento del país entre Jujuy y el 
Río de la Plata, fué hecho por los conquistadores del 
Perú cerca del año 1540, y la plaza en que se fiQaron 
primero fué Santiago del Estero, fundándose en seguida 
Tucumán, Córdoba, Salta y Jujuy. Los indios de esta 



(1) Vóyages — F. Depons, lib. l.o, páginas 238 y 229. 



86 D. F. SARMIENTO 

parte habían estado sujetos parcialmente a los Incas, y 
fué fácil, por tanto, inducirlos a someterse. 

No fué, pues, neeesarioj hacer guerra para avanzar la 
conquista desde Lima hasta Córdoba. Los indios necesi- 
taban someterse para vivir y sa sometieron sin dificul- 
tad. En Santiago conservan la lengua quichua o pe- 
ruana, y tres siglos han obedecido al primero que se pro- 
puso mandarlos. 

De las narraciones de los conquistadores y de los do- 
cumentos administrativos, parece resultar averiguado 
que en la provincia del Tucumán, en 1558, ochenta mil 
indios pagaban tributo al rey. 

Más adelante veremos porqué esta población indíge- 
na queda fuera de las ciudades, y la parte que toma en 
la nueva organización social que se proponen darse con 
la Independencia los españoles criollos más tarde. 

"Los vecindarios de los pueblos del Perú, dice don 
Juan de ülloa, se componían en gran parte de mestizos, 
que son dimanados de la generación de blancos e indios, 
cuyas razas van después haciendo otras distintas. En 
la parte baja (costa del Pacífico), hay igualmente la de 
zambos, que procede de la mezcla de indios con negros. 
En el alto Perú (Rolivia) son pocos los de esa especie, 
por no ser muchos los negros que van allí. 

"Las de mestizos provienen en general de la procrea- 
ción de blancos e indias fuera de matrimonio, siendo ra- 
ros los que se ven de indios con gente blanca. Los hijos 
de blancos con indias están fuera de la obligación de 
pagar tributo, no sucediendo lo mismo con hijos de in- 
dios y blancas, quienes siguen la condición de los padres. 

ka excepción favoreee las generaciones mixtas, dima- 
nando de ello ana de las cansas (le aumentarse las razas 
tic mixtos y disminuirse la de indios puros... 

''Es cosa constante irse disminuyendo por todas par- 
tts loa indios puros, bien .si a. por los estragos formida- 
bles qué hacen las viruelas, bien por el uso de bebidas 
¡; us de Cuba, Santo Domingo y Jamai- 



ETNOLOGÍA. AAIEBICANA 87 

ca sucede en este particular lo mismo que con el oro y 
la iplata, que puede dudarse si los ha habido antes de 
la conquista. En Puna, Panamá, Guayaquil y cabece- 
ras de la tierra baja del Perú los vestigios de los muchos 
que habían en los tiempos de la gentilidad, indican lo 
muy poblado de indios que estaban, pues cada cuarto 
de legua y media legua se encuentra uno con sus casas 
y calles, dispuestas en toda forma, sin faltarles más que 
las techumbres, y que al presente están despobladas . . . 

"Tienen los indios el pellejo grueso, la carnadura re- 
cia y menos sensible que los de las otras partes del mun- 
do. Reconocidos los cráneos que se sacan de las sepul- 
turas antiguas, se ve tener más grosor que lo regular, 
siendo de 6 a 7 líneas. De eso se infiere ser en ellos la 
organización más tosca y de mayor resistencia, por lo 
cual es menos sensible . . . 

"En las razas indias, continúa don Juan de Ulloa, se 
distinguen menos las diferencias que en las otras. En 
los indios se percibe poco la diferencia del color, y aun- 
que en las facciones varían bastante, las que son pro- 
pias de la raza son poco sensibles en todo. Visto un in- 
dio de cualquier región, puede decirse que se han visto 
todos en cuanto a contextura, variando de corpulencia 
según los parajes. 

"Poco menos que con el color sucede en cuanto a usos 
y costumbres, el carácter, genio, inclinaciones y propie- 
dades, reparándose en algunas cosas tanta igualdad, que 
parecen como si los territorios más distantes fuesen uno 
mismo. Todos han gustado de pintarse de colorado para 
la guerra con tierra, cinabrio y con bermellón". El doc- 
tor Le Bon abunda en este sentido también. 

Las diferencias de volumen del cerebro que existen 
entre los individuos de una misma raza, son tanto más 
grandes cuanto más elevadas están en la escala de la ci- 
vilización. Bajo el punto de vista intelectual, los salva- 
jes son más o menos estúpidos, mientras que los civili- 
zados se componen de estólidos semejantes a los salva- 



88 D- F. SARMIENTO 

jes, de gentes de espíritu mediocre, de hombres inteli- 
gentes y de hombres superiores. 

Se comprende que las razas superiores sean más di- 
ferenciadas que las inferiores, dando por sentado que 
el mínimum es común en todas las razas, y que el máxi- 
mum, que es muy débil para los salvajes, es, al contra- 
rio, muy elevado para los civilizados (1). 

No está demás aquí la observación de Mantegazza. 

' ' En la raza que gobierna y dirige la política humana 
en nuestro tiempo, la fisonomía es la más móvil y al mis- 
mo tiempo la más elevada, sin caer, ni», en la telegrafía 
espasmódica del negro, ni en la impasibilidad desolante 
del pampa". 

De la posición social que los indios quichuas ocupa- 
ban en el territorio de la provincia de Córdoba del Tu- 
cumán, hasta épocas próximas a la Independencia, pue- 
de formarse juicio por la simple lectura, ya de ordenan- 
zas de los Gobernadores, ya de peticiones del Cabildo 
de Córdoba que extractamos de las actas del Ayunta- 
miento de aquella ciudad, en lo que a los indios res- 
pecta. 

"Juan Ramírez de Velasc'o, Gobernador Capitán Ge- 
neral é Justicia mayor en esta! provincia del Tucuman, 
Juries é Diaguitas y Comechingones y todo lo á ellas in- 
cluso desde la Cordillera d<^ Chile para acá, por S. M. 
etc. — Por cuanto, por experiencia me consta y es noto- 
rio el .daño remarcable que ha venido á esta Goberna- 
ción é disminución de ella, c haberse sacado indios é in- 



(1) A medida <i"c una raza hp transforma y avanza, so di- 
ferencian mas entre sí unos individuos de otros. 

Broca tuvo ocasión de comparar 115 cráneos auténticos de 
parisienses del siglo XII, con otra serie de cráneos del si- 
glo XIX 

I.a capae|.la,| rn-.lii ele los <|.] ligio XII. «pie por su colora 
clon denotaban ser de personas notables, oran d«t 1420,08 cen- 
tímetros cúbicos. 

Loa del siglo XIX dieron 1461,53 centímetros cúbicos en tér- 
mino medio. 

Y Cbarlton Hastian, de quien tómanos estos datos, agrega 
que es averiguad'. el curso de siete siglos de civil 

don progresiva, la medida .1.1 cráneo del parlv.ien.se> lia auinon- 
' olo • . n ll.l. in.-nle ( \„|„ ,1,1 niilnr). 



ETNOLOGÍA AMERICANA 89 

dias de su natural para llevarlos á las Provincias del 
Perú, Paraguay, Chile y otras partes, en lo cual ha ha- 
bido tanto desorden, que de algunos años á esta parte 
se han sacado mas de cuatro mil iridios, que ni han que- 
dado otros tantos y para que de aquí adelante haya orden- 
en sacallos y llevallos de la presente: 

ORDENANZA QUE MANDO SE CUMPLA Y SE GUARDE POR EL 
ALCALDE DE ELLA 

"Primeramente: tendréis mas cuenta y cuidado de 
que ninguna persona de cualquier calidad, estado ó con- 
dición que sean, ansi vecinos conío mercaderes, pasa- 
jeros é viandantes que salieren fuera de esta Goberna- 
ción á los reinos del Perú y Valle de Salta, saquen ni 
lleven, directamente, por sí ni por interpósita persona, 
indio ni india de ninguna edad, sin expresa licencia 
mía, aunque sean naturales de la Provincia del Perú, 
sd pena de cien pesos de oro aplicados por tercias par- 
tes á la Cámara de S. M., Juez y denunciador, y á los 
demás vecinos, demás de la dicha pena incurran en 
perdimientos de los dichos indios que se hallaren llevar 
ó enviar sin la dicha J mi licencia, aplicada para el pre- 
sidio de Salta, á la persona que fuere mi voluntad. 

"ítem: que cualquiera de las personas su soreferidas, 
que con licencia mía sacare algunos indios, esté obliga- 
do á aparecer ante vos á los registrar ó registre los cua- 
les, en el Libro que para ello habéis de tener encuader- 
nado y con mucha custodia haréis asentar y se asienten 
los nombres, edad y señales que tienen y de donde son 
naturales y quienesj son sus encomenderos, para que 
cuando se obieren de volver por la orden de suyo irá 
declarado no haya fraude ni engaño, so la dicha pena 
demás de que se quitaran los indios que llevase y no se 
volverán. 

"ítem: que las tales personas después de haber re- 
gistrado los indios que \por licencia mía hubieren de 



90 D. F. SAEMIEMO 

llevar, den y estén obligados á dar fianzas abonadas de 
que dentro de un año del día que salieron de esta Go- 
bernación los volverán á ella, y los traerán ante vos, 
para que se sepa y entienda si son los propios que llevó, 
y de los muertos dé testimonio del Sacerdote que los 
enterró, y no lo cumpliendo incurran en pena de cien 
pesos de la dicha plata ensayada, aplicados en la for- 
ma susodicha por cada un indio de los que dejare de 
traer y hacer la dicha diligencia. 

"ítem: que las tales personas que ¡hubiesen de llevar 
los dichos indios cargando ó en otra cualquier manera, 
pague á cada uno cinco pesos corrientes por cada cin- 
cuenta leguas de ida y¡ vuelta, que- se entienden la ciu- 
dad de Santiago del Estero á esta cinco pesos, al valle 
de Salta hasta Lima, que es el primer pueblo del Perú, 
otros cinco pesos; de manera que desde la ciudad de 
Santiago del Estero se les ha de pagar á 20 $ cada in- 
dio, y de comer, y otros tantos de vuelta, la cual paga 
se les ha de hacer en vuestra presencia á los propios in- 
dios é no á otra persona, aunque ellos lo pidan, lo cum- 
plan so la dicha pena aplicada en la forma dicha. 

"ítem: que si algún encomendero saliere de esta Go- 
bernación pueda llevar y lleve los indios de que tuviere 
necesidad y no mas para su aviamento y para mozo de 
espuela uno ó dos indios mas y dos muchachos para pa- 
jes, los cuales estén obligados á los registrar é manifes- 
tar ante vos, para que se sepan si los vuelven ó no; los 
cuales como dicho es los han de hacer presente ante vos, 
para que se vea y entienda si son los propios que llevó, 
so pena de cien pesos de dicha plata aplicados en la di- 
cha forma. 

"Y porque en el Reino del Perú hay araehoe indios é 
indias que se lian sacado y llevado á él naturales de cs- 
tM Provincial y algtUlOf de ellos se vienen ellos propios 
é 06 venirán á su natural, teneréis advertencia y cuida- 
do BU (JIM M !i-.n";i!i «'■ paiescan ante vos y sabréis en la 
ii y el tiempo y día que salieron de esta 



ETNOLOGÍA AMERICANA 91 

Gobernación y por qué orden y por quienes son enco- 
menderos, y con relación de todo los enviareis personal- 
mente ante mí, para que yo provea lo que convenga. 

''ítem-, que cualquiera persona, vecino ó mercader 
que sacare algún corambre, cordobanes, suelas y baque- 
tas, lo manifiesten y registren ante vos, para que siendo 
la cantidad conforme á la licencia que ya le diere, lo 
cual ante todas cosas ha de preceder, se lo dejéis llevar 
y ecediendo de ella, la retengáis y se la toméis por per- 
dida aplicado por tercias partes á Cámara de S. M., Juez 
y denunciador y ni mas ni menos lo será; pues en esta 
tierra se coge por la falta que suele haber en ella para 
celebrar el culto Divino. 

"Y asimismo tenereis gran cuidado, en que, sin licen- 
cia mía no se saque de esa gobernación caballos de ca- 
balleriza, ni de carga, ni de regocijo, y el que lo hiciere, 
pierda el tal caballo ó caballos y mas incurra en pena 
de cien pesos aplicados en la diehaj forma, si no fuere 
uno para su caballería y otro para su cama y otro para 
la comida é matalotaje y otro para que lleve comida para 
los caballos, atento á que por la mucha desorden que ha 
habido en llevallos al Perú, ha habido tanta falta en 
estas Provincias, que si para una necesidad que se ofres- 
ca se buscasen noi se hallarían, y conviene que los veci- 
nos los tengan por ser la tierra nueva y que cada día 
se van conquistando el cual dicho» Estanco: se entiende 
asimismo en el ganado vacuno, cabruno y ovejuno. 

El Cabildo de Córdoba pkle y se le concede, "que los 
naturales de ella estando muy derramados y apartadas 
las casas las unas de las otras manteniéndose los indios 
en quebradas! de dos en dos é de uno en uno en las sie- 
rras y en montañas de suerte y manera que aunque 
quieran doctrinarlos é industriarlos en las cosas de 
Nuestra Santa Fe Católica, no se puede hacer por estar 
tan divididos y demás de eso, como no se pueden reco- 
ger no hacen chácaras y se sustentan con raíces a cuya 



92 D- F. SABMIEXTO 

causa mueren muchos de ellos, é podía todo esto cesar 
con reducirlos — V. S. pido y suplico, me mande dar su 
mandamiento para que los encomenderos los puedan re- 
coger é reducir é hacer un pueblo de ellos en! la parte 
mas cómoda que les pareciere, para que sean doctrina- 
dos é industriados en las cosas de Nuestra Santa Fe Ca- 
tólica é se cumpla lo que S. M. tiene mandado y pro- 
veído á cerca de esto y en lo ansí V. S. mandar hará jus- 
ticia la cual pido etc. ' ' 

''A V. S. suplico mande proveer que si algún manda- 
miento ganare algún vecino para tener otra vecindad 
mas que la suya que no se cumplan, ni caigan, ni incu- 
rran en las penas que V. S. les pusiere, pues es justo 
que cada feudatario sirva su encomienda y no la agena 
é que él conquiste aquella tierra y pacifique, sobre que 
pido en todo en nombre de la dicha ciudad entero cum- 
plimiento de justicia — Luis de Abreu de Albornoz — 
Otro sí digo: que V. S. tiene proveído é despachado un 
mandamiento para que los feudatarios que tienen enco- 
miendas de indios, la justicia mayor de aquella ciudad 
ponga vecindades á aquellas personas que no las tienen 
para que la tierra se pueda conquistar é algunos vecinos 
da los que al presente estén en la dicha ciudad tienen 
de á dos é tres vecindades é podría ser que con alguna 
relación ganasen algún mandamiento ó mandamientos 
que les sierviesen como hasta aquí les han servido. 

Primeramente: Pida a B. S. Idel señor Gobernador en 
nombre de esta ciudad, mande se apregone el auto de 
los términos de esta ciudad y la vuelva originalmente 
con el auto de pregón. 

"Ihm: Que pida á S. S. del señor Gobernador man- 
de volver loe indios é piezas que llevó) Juan Rodríguez 
.luarez de los términos de esta ciudad; y así mesm'o hago 
ralKJOB á S. S. de como despoblaron cinco pueblos 
y los enmárcanos sr lian convenido ú quejarse de ellos 



ETNOLOGÍA AMERICANA 93 

que no osan vivir en sus pueblos de temor que no vuel- 
van á llevarlos. 

"ítem: Pida á S. S. en nombre de esta ciudad que las 
cédulas de encomienda se moderen en la paga de ellas, 
que. . . (está roto) . . . lleva el Secretario ante quien pa- 
san conformándose con la pobreza de esta tierra y que 
los indios no dan ' tributo ninguno para suplir tanta 
paga. 



"Juan Ramírez de Velazco, Gobernador Capitán Ge- 
neral de esta Gobernación de Tucuman y sus provincia-, 
por su magestad, por cuanto Luis de Abreu Procurador 
de la ciudad de Córdoba en nombre de ella me hizo re- 
lación diciendo que los vecinos de la dicha ciudad que 
por\ orden suya estaban en costumbre de salir á correr 
la comarca de su ciudad é ir á la guerra y conquistar 
de los naturales de ella para los allanar, lo cual hacían 
á su costa y en ellos tenían muchos gastos de armas y 
do caballos y de las piezas que tomaban en la guerra, 
que las repartía el capitán, se servían en sus casas, cha 
caras, estancias de ganados é otras cosas como de su ser- 
vicio ó yanaconas, y cuando un vecino encomendero de 
indios moría en que vacasen las dos vidas los goberna- 
dores mis antecesores daban por vacos sus repartimien- 
tos de indios, y las personas á quienes de nuevo las en- 
comendaban les tomaban el tal servicio é los demás sus 
hijos y parientes que les sucedían ó herencia no tenían 
ningún yanacona ni servicio, con que se poder sustentar 
y servir á su magestad de que habían recibido é recebían 
notorio daño y agravio, y para remediar dello me pidió 
mi mandamiento y yo di el presente por el cual en 
nombre de su magestad hago merced á los vecinos y 
moradores de dicha ciudad para que se sirvan de los 
indios que por repartimiento les cupieren de los que 
trajeren de la guerra como yanaconas, y ninguna jus- 
ticia mayor é ordinaria de dicha ciudad les pueda des- 



94 D. F. SAKMIENTO 

pojar de ellos, á título de la vacante de repartimiento de 
indios de cualquier vecino de la dicha ciudad que vacare 
lo cual mando á los capitanes y justicia mayor de la dicha 
ciudad, lo guarden; y las penas de quinientos pesos en 
multa. Enero de 178S". 

Lo que se decora aquí con el nombre de guerra, es 
simplemente la caza de; naturales como se hacía de ca- 
ballos y de ganado cimarrón o alzado, para proveer a 
cada vecino, por su cuenta de sirvientes, peones. 

Los esclavos en África se hacen del mismo modo, sa- 
liendo a caza de negros para venderlos. 

RAZA GUARANÍ 

Con motivo de repoblarse las Misiones antiguas de los 
Jesuítas, tendremos estos días descripciones interesantí- 
simas de las pintorescas ruinas de templos, cuyos alta- 
res del gusto rococó de la arquitectura jesuítica, se le- 
vantan como en la India entre las ramas de árboles fron- 
dosos que los cubren, mechadas las hendiduras con ve- 
getaciones tropicales, de parásitas y lianas. 

En cuanto a los antiguos indios -misioneros se les en- 
cuentra representados por sus hijos en Corrientes, Entre 
Ríos, Uruguay y Brasil, comunicando al conjunto de la 
población su tipo específico de sumisión o de barbarie, 
aunque la raza guaraní, sin ser feroz, no tenía la abso- 
luta mansedumbre y anonadamiento de voluntad de los 
indio, quichuas, quebrantados por siglos de reducción 
pacífifca en el Perú, Bolivia, Ecuador, y el país conquis- 
tado por los iridies, hacía poco, hasta Córdoba de este 
lado de los Andes, y hasta el Maipó o acaso hasta el Bio 
Bio del otro lado hasta encontrarse con la raza guerrera 
araucana que los detuvo, como detuvo a los españoles y 
n los chilenos mis sucesores. 

Kran cneonienderOi, y li (alta de pescado, ea/,¡i o fru- 
tas naturales, pues las naraujjtl K>0 europeas, hacían in- 
disp<ieal>lc este régimen patronal, que es como la ser- 



ETNOLOGÍA AMERICANA !)."> 

vidumbre rusa, hasta ahora poco. Así se había efectua- 
do la conquista de los Incas, así la suplantaron los espa- 
ñoles. El régimen se extendió hasta el Paraguay, en 
cuya historia se habla de que por el año de 1557, "cua- 
renta mil indios fueron reducidos en la Provincia de la 
Guayra cerca del Paraná, y después de varias tentativas 
de rebeliones, fueron definitivamente incorporados y 
amalgamados con los conquistadores, aunque formando 
una clase inferior y la parte más baja de la composición, 
pues ya había con la mezcla de los españoles mejorado 
de condición" (1). 

Por este tiempo se presente en la escena de la con- 
quista y amalgama de pueblos salvajes, el más extraño 
elemento que haya figurado en la historia de las conquis- 
tas. 

Una asociación religiosa, animada de un espíritu asom- 
broso de acción, bajo una disciplina severa y con solo las 
armas de la persuación y la superioridad intelectual de 
la raza blanca, acomete la empresa de organizar socieda- 
des con base salvaje, sobre un principio religioso, con 
un gobierno teocrático de tutela espiritual absoluta. Ta- 
les son las misiones famosas del Paraguay, que llenaron 
por dos siglos el mundo con su gloria, que produjeron, 
en efecto, excelentes historiadores y panegiristas de la 
Orden, hasta que, despertando los celos del gobierno ci- 
vil de la España, fueron secuestrados y trasportados a 
Europa los padres jesuitas, sin que las autoridades que 
se dieron a las veinte y una misiones, con sesenta mil ha- 
bitantes que regenteaban, fuesen parte a retenerlos en 
sus pintorescas! villas al lado de los altares donde acos- 
tumbraban a elevar preces y cánticos a la Virgen San- 
tísima más que a Dios. ¿Quiénes eran los jesuitas? An- 
tes de entrar en estas apreciaciones, traigamos a cuenta 
el juicio de un imparcial observador: 

"Los jesuitas, al menos durante los cincuenta años 



(1) Blackenridge, secretario de la misión Norte-Americana 
de la "aongress". Voyage to south America, vol. II. 



D6 D. F. SARMIENTO 

primeros de su institución, ( rindieron inmensos servicios 
a la civilización, ya sea atemperando con elementos se- 
culares las vistas mucho más supersticiosas de sus gran- 
des predecesores los dominicos y los franciscanos, ya sea 
por el sistema organizado de educación, no visto hasta 
entonces en Europa. En ninguna Universidad podía 
encontrarse sistema de instrucción más comprensivo 1 que 
«1 de olios ; y es fuera de duda que en ninguna otra se 
mostró tanta habilidad en el gobierno de la juventud, o 
tal penetración en las operaciones generales del alma 
humana. Debe añadirse en justicia a esta ilustre Socie- 
dad, no obstante su temprana y poco escrupulosa ambi- 
ción, que durante un considerable período, fué un firme 
sustentáculo del saber, como de la literatura ; y que per- 
mitió a sus miembros más libertad y osadía de especu- 
lación, tal/ como no se había antes tolerado en ninguna 
orden monástica. 

"Sin embargo, a medida que avanzaba la civilización, 
los jesuítas, como todas las otras jerarquías espirituales 
que el mundo ha presenciado, empezaron a perder te- 
rreno; no tanto a causa de su propia decadencia, como 
por efecto de un cambio en el espíritu de los que los ro- 
deaban. Unaf institución admirable para un cierto esta- 
do de sociedad en su infancia, era poco adecuada para 
esa sociedad en un estado más maduro. En el siglo XVI 
Lof jesuítas estaban más adelante de su época. En el si- 
glo XVIII se habían quedado atrás. En el siglo XVI 
fueron los grandes misioneros del saber, porque creían 
qofl con su ayuda ipodían subyugar la conciencia de loe 
hombres; pero en el siglo XVIII sus materiales eran 
n.'is refractarios, teniendo que luchar con una genera* 
< ii perversa y orgullosa. 

"Vieron declinan. lo ráp idamente ni linios los países 

la autoridad religiosa, y se apercibieron claramente de 
que mi Anisa probabilidad de mantener su antiguo do« 
minio, era detener los progresos de aquellos eonocimieii- 



ETNOLOGÍA AMERICANA 97 

tos que ellos mismos habían propendido tanto a acele- 
rar" (1). 

El príncipe de Montbarrey, que fué educado por los 
jesuítas en 1750, dice sin espíritu de reproche, "que en 
sus colegios se prodigaba la mayor atención a los pupi- 
los destinados para la iglesia ; mientras que se descuida- 
ban los talentos de los que se consagraban a las profe- 
siones seculares". 

Común flaqueza a todos los partidarios, que hemos 
visto repetirse en exámenes y distribución de premios, 
noí ac'ordados al mérito de la composición, sino por tra- 
tar en sentido religioso, >pero ignorante y bárbaro, el 
tema que otro estudiante ilustraba con consideraciones 
correctas, llenas de buen sentido y apoyadas en aprecia- 
ciones históricas. 

Pero las tentativas de los jesuítas en las misiones, aun 
despojándolos del plan de predominio futuro que se les 
atribuía, entrañaban una revolución práctica, más eficaz 
que la que con la sola exposición de sus doctrinas, han 
propuesto Rousseau, Fourier, Saint Simón y otros re- 
formadores. El ensayo social se hacía en medio de la 
naturaleza más risueña, bajo el clima más plácido, sobre 
un terreno feraz, accidentado y regado, como debió es- 
tarlo el Paraíso. Nadie les interrumpía su obra, aunque 
tuviesen malos vecinos, como los paulistas portugueses 
que les arrebataron millares de neófitos. La sapiente, mo- 
ral y religiosa obra se desarrolló, a medida del deseo de 
sus autores, pero al florecer aqueflla planta artificial, se 
marchitó y desapareció del haz de la tierra, como tron- 
chada por el vendabal. 

Diráse que habría subsistido por sí sola un día, si no 
le hubiesen a deshora quitado el tutor, en que la planta 
tierna se apoyaba. 

No hay población civil en América, por malas que ha- 
yan sido sus condiciones de fundación, que no subsista 



(1) Buckle — "History of Civilization in Europe". 



98 D- F. SARMIENTO 

pobre y miserable hasta hoy, por la propia vitalidad de 
la naturaleza humana, cuando no es atrofiada por con- 
cepciones teóricas, por utopías, por el intento de realizar 
Paraísos terrenales y falansterios armónicos. 

"Es bien sabido, dice Dixon en su "Nueva América", 
que todos los ensayos comunistas (y las misiones lo eran), 
que se han hecho en Alemania, Inglaterra o América, 
lian tenido desastroso fin. Hombres con cerebro, mujeres, 
con corazón se han alejado de lo que creían los males de 
la competencia, para probar lo que creían ser los salva- 
dores principios de la asociación; pero ninguno de tales 
reformadores ha sido nunca capaz de llevar adelante 
una asociación en $ue hubiese comunidad de bienes. 
Cada desastre tiene su propia historia, su propia expli- 
cación, mostrando como estuvo a la víspera de triunfar. 
El hecho es que el mal éxito no puede ocultarse. 

"Ved a lo que habéis llegado, dice) sonriéndose el sa- 
duceo, feliz en medio de sus dilatadas tierras, sus man- 
siones, sus jardines, sus viñas, cuando perturbáis el or- 
den del tiempo, de la naturaleza, de la Providencia ! 
Arribáis a la despoblación, a la mendicidad, a la muerte ! 
La competencia! Viva la competencia, que es el alma 
del comercio, y Dios sea loado que combate del lado del 
gran capitalista!" Si la teoría de la ayuda mutua es 
cierta contra el "ayúdate a tí mismo que Dios te ayuda- 
rá", ¿por qué han fracasado todas las tentativas de rea- 
lizarla? 

Los jesuítas legaron al doctor Francia su funesta uto- 
pía! 

Acaso en San Pablo, en Fenelon, en los primitivos 
cristianos haciendo vida común, despreciando las rique- 
zas como después Rousseau, encontrarían los filósofos 
jesuítas gérmenes de aquella poética sociedad de sanios 
sin pecado, o castigados por los que cometían y de que 
hacían confesión y penitencia pública, los indios misio- 
neros. Lo más Mi-'iil,'!- . ; iiiir l;il es el poder <le lil 
voluntad humana, guiada por una idea, fanatizada por 



ETNOLOGÍA AMEBICAXA 99 

el entusiasmo, que en los Estados Unidos hay reunidos, 
y ¡han prosperado asombrosamente, ciento y tantos mil 
mormones, formando sociedad aparte, practicando la po- 
ligamia, pero honrando el trabajo, y estimulando la pro- 
piedad que es base de la sociedad. 

Los Kukers o temblones han constituido una sociedad 
contra todo instinto de naturaleza, reunidos los dos se- 
xos y sin permitirse contacto sexual, lo que hace que no 
obstante prosperar por el trabajo, no se aumenta la so- 
ciedad sino por contingentes nuevos. 

Los jesuítas emprendieron mantener indivisa la pro- 
piedad y hacer común el trabajo, debe decirse en pro- 
vecho propio, pues] si en dos siglos hubiesen dado a los 
copartícipes indios, cada diez años, su parte de utilida- 
des, habrían aumentado por millones su propia riqueza 
y la pública. Al fin de cuenta la comunidad de bienes 
pretendida, era ¿orno la de todas las manos muertas y 
temporalidades de los conventos y monasterios, en bene- 
ficio de la comunidad original. Los indios eran trabaja- 
dores sin salario a quienes se alimentaba, vestía de alma- 
cenes comunes, bautizaba, curaba y enterraba, como lo 
hace todo amo con sus siervos, dándoles el honor de lla- 
mar Juez de Paz, o Regidor, o Mayor, a los sobrestantes 
de los trabajos, bajo la tutela siempre de un Padre Je- 
suíta, y bajo la contaduría administrativa de otro, vigi- 
lándose recíprocamente, espiándose, como es de estatuto 
de la Orden. 

En California, los padres franciscanos conservaron 
el mismo sistema de haciendas con los indios siervos has- 
ta la revolución de la Independencia; y los norteameri- 
canos no encontraron sino la pobreza secular de las co- 
lonias españolas, en medio de sus riquezas. 

"No debo disimular, dice Muratori, que las más to- 
cantes exhortaciones no habrían bastado quizá para 
traer estos pueblos al conocimiento del 1 verdadero Dios, 
si al principio no se hubiesen empleado medios puramen- 
te humanos. Se reconoció luego que el más eficaz, era 



100 D. F. SABMIENTO 

darles víveres en abundancia, porque cuando se trató 
dej formar las primeras poblaciones los indios decían a 
los Misioneros: "Si queréis que permanezcamos con vos- 
otros, dadnos bien de comer; somos como los animales 
que comen a toda hora, y no como vosotros que coméis 
poco y a sus horas". 

"Los Misioneros pusieron todo en obra a fin de pro- 
curar a estos indios con qué contentar su insaciable ape- 
tito, con lo que .ganaron su confianza y adquirieron, en 
cierto modo, el derecho de darle al espíritu de estos sal- 
vajes la dirección que quisiesen. Les inspiraron el amor 
del trabajo de las tierras y a él deben toda su fertilidad. 
Estos caritativos Misioneros tenían además la atención 
de suministrarles gratis anzuelos, cuchillos, hachas, tije- 
ras, agujas de coser y cosas de esta especie. Les admi- 
nistraban, también, remedios liberalmente, cuando los 
necesitaban. 

"Así su caridad se mostraba en todo. Era por medio 
de¡ estas piadosas trazas (adresses), que se hacían due- 
ños de todos los corazones para sujetarlos a J. C." 

Pero no tcdo es bienandanza en este mundo. 

"Como la Guaira no estaba lejos de San Pablo, los 
mamelucos les cayeron encima en número de 800, segui- 
dos de tres mil indios. 

"Todo lo que intentó resistir fué pasado a filo de es- 
pada: lo demás esclavizado. Más de 85.000 perdieron 
en pocos años la vida y la libertad. Los mamelucos des- 
truyeron! doce o trece de las más florecientes Reduccio- 
nes. . . 

"Los misioneros resolvieron trasplantar los neófitol 

que les quedaban a más de \'M) leguas ;i orillas del Pa- 
raná. La trasmigración se hizo con trabajos Increíble*, 

I.' haber .sufrido mucho los indios en el cami- 
no, no obstante los en id ad os de sus pastures, llegaron al 
hijear -que les estaba designado, en número de doce mil, 
donde formaron sus líediieeiones de San Ignacio y de 



ETNOLOGÍA AMERICANA 101 

Nuestra Señora de Loreto. Otras se establecieron des- 
pués entre los ríos Uruguay y Paraná. 

".... Se contaban, en 1717, en la sola provincia de 
Guaira, entre Paraná y Uruguay, 32 Reducciones muy 
numerosas y 171.168 indios, todas bautizados por los 
PP. de la Compañía de Jesús". 

No hay ahora ni una sola Reducción, ni un solo habi- 
tante en ellas, lo que con otros hechos históricos más te- 
rribles que la muerte de cien mil indios a manos de los 
mamelucos, y la esclavitud y trasplantes, se dice en el 
viaje de que tomamos estas notas, un capítulo así expli- 
cado : "capitulo vil Fervor admirable de los Cristianos 
del Paraguay. Su asiduidad en las Iglesias. Ejercicio* 
de piedad que se practican en ellas". 

Efeta fruta de las misiones no tardó en madurar. Pro- 
dujo el espantoso despotismo del doctor Francia, repre- 
sentante laico del sistema indio-jesuítico. 

Murieron hace diez años a manos de otros mamelucos, 
uno» cien mil neófitos, en la terrible guerra que dio fin 
al reinado de López. 

Una de tantas candideces, que más tarde quisieran re- 
cogerse, completan la explicación del sistema de las pia- 
dosas trazas, con que se ganan las almas. "Los misio- 
neros no se contentan, añade eil piadoso autor citado, con 
vigilar durante el día, sea por sí mismos, sea por otros, 
las costuanbres de los neófitos. 

"Tienen durante la noche emisarios secretos, que les 
advierten cuidadosamente de todo lo que pudiera recla- 
mar pronto remedio. La noche está dividida en tres ve- 
ladas. A cada velada se cambia esta especie de centine- 
las, que parece como que se ocupan de la seguridad del 
país, y no están destinados sino a prevenir toda sorpresa 
de parte de los salvajes o de los mamelucos". 

El infame espionaje reducido a institución: el pecado 
sometido a la policía. 

Xo nos dejaron Reducciones, pero los indios que se 



102 D. F. SARMIENTO 

dispersaron, son parte hoy de los ciudadanos argenti- 
nos. 

"Pero lo que más contribuye, continúa el Padre, más 
que el espionaje secreto, a alejar a los indios del vicio, 
es el feliz hábito que han contraído, de no perder jamás 
de vista, por decirlo así, la presencia de Dios. Su me- 
moria está llena de piadosos cánticos que han aprendido 
desde la infancia, los repiten con frecuencia en sus ca- 
sas, hacen resonar los aires en el campo y los bosques, 
cuando trabajan..." 

Lo que sigue es la descripción de la Arcadia, donde 
reina una primavera eterna, y se ara, siembra, y cose- 
cha al son del tamboril, bailando y cantando a la vez 
aquellos infelices neófitos, que encuentran el cielo y la 
gloria prometida en este mundo, sin necesidad de lavarse 
la cara ni tenerla muy limpia. 

El Obispo de Buenos Aires, en carta al Conde de 
Aranda, en 1768, dando cuenta de los buenos efectos 
causados por la expulsión de los Jesuítas, le dice: "esté 
cierto V. E. que con la conquista de aquellos pueblos 
(las Misiones), se han ganado a Dios más de cien mil al- 
mas que vivían sepultadas en las tinieblas de la más cra- 
sa ignorancia, según se ha descubierto" (1). 

Y en esa crasa ignorancia han permanecido hasta aho- 
ra poco, Corrientes, Entre Ríos, el Paraguay. 

liAZA ARAUCO-PAMPEANA 

Las rcí'initrs investigaciones de la filología establecen 
que el territorio de Buenos Aires lo formaban Iros como 
grandes provincias, Chivilcoy, Tuyú y Chascomús, co- 
mí pción de palabras gráficas araucanas (2). Los 
nombres geográficos! determinan la etnología. Los arau- 



« i i liravo — Documentos relativos a la txpulflta do los Je- 
suítas. Páff. I 

(2) "Viaje al pala de los Araucanos", por E. Zeballos, p.'iKt- 
na 89, tomo I. 



ETNOLOGÍA AMERICANA 103 

canos viven al otro lado de los Andes, como nación inde- 
pendiente, y no acudiremos a 1 la Araucana de Ercilla 
para buscar las cualidades morales que este gran proge- 
nitor nuestro ha debido transmitir con la sangre a nues- 
tros paisanos. 

Mucha sorpresa causó a los conquistadores encontrar 
determinada resistencia en los indios de Arauco, después 
de haber tomado /posesión, tras de algunas escaramuzas, 
de) todo Chile, sin resistencia. Por el país superior del 
Valle de Calingasta de San Juan, yendo por el paso de 
los Patos, creemos que al Norte también de Uspallata, 
se atraviesa el camino del Inca, cuyo terraplén blanque- 
cino esterilizado después de cinco siglos, muestra por 
dónde invadieron los quichuas, pues Uspallata es pala- 
bra quichua; y hasta dónde alcanzó la conquista, las tri- 
bus se amansaban, como se aquietan las olas cuando se 
derrama aceite sobre ellas. Los rotos de Santiago son 
una tribu, que allí encontraron y sometieron a servi- 
dumbre los españoles, siendo efecto de la independencia 
que la ley municipal prohibiese a los caballeros darles 
de puntapiés o de mojicones, provocando los libertos a 
administrárselos, a fin de arrancarles la multa de com- 
pensación. Los chilenos no han concedido a los rotos el 
derecho de ciudadanía, con el cual habrían sido ya 
aherrojados los caballeros, por algún caudillo popular. 

Los araucanos eran más indómitos, lo que quiere de- 
cir, animales más rehacios, menos aptos para la civiliza- 
ción y asimilación europeas. Desgraciadamente, los li- 
teratos de entonces, y aun los generales, eran más poé- 
ticos que los de ahora, y a trueque dé hacer un poema 
épico, Ercilla hizo del cacique Caupoliean un Agamem- 
non, de Lautaro un Ayax, de Rengo un Aquiles. Qué 
oradores tan elocuentes los de parlamentos, que dejaban 
a Cicerón pequeño, y topo a Aníbal, los generales en 
sus estratagemas! El arte del ataque y de la defensa de 
las ciudades estaba en toda su científica práctica antes 
de Vauban por los cobrizos héroes de Arauco, contando 



104 D. F. SABMIENTO 

el poeta hacer subir de quilates la gloria del vencimien- 
to. Desgraciadamente, tan verosímil era el cuento, que 
a los españoles que leían la Araucana en las ciudades, 
les puso miedo el relato, como a los niños los cuentos de 
brujas, y los reyes de España mandaron cesar el fuego 
y reconocer a los heroicos araucanos su gloriosa indepen- 
dencia, que conservan hasta hoy, en un Estado enclava- 
do dentro de los límites de Chile. Una mala poesía,, 
pues, ha bastado para detener la conquista hacia aquel 
lado. 

Harto conocidos a Calfucurá, a Catriel, a Manuel 
Grande y tantos otros jefes araucanos, el terror de nues- 
tras fronteras, hasta que una vez por todas se resolvie- 
ron nuestros generales y gobernantes a destruirlos. Cal- 
fucurá no levantó cabeza después del golpe que le dio 
Rivas en La Laguna- Verde, y* lo habría exterminado si 
cumpliendo las órdenes e instrucciones que tenía recibi- 
das en previsión, hubiese destacado una división sobre 
los Toldos en Salinas Grandes, a donde llegaron los dis- 
persos montados de a cinco como los hermanos Amyon 
de las Cruzadas. 

El Presidente castigó a Manuel* Grande, cuan grande 
araucano era, mandándolo preso con ocho de sus moce- 
tones y capitanejos a Martín García, en medio, del pa- 
vor del salvaje de la Pampa, al no divisar tierra de nin- 
gún lado, en el buque que lo transportaba, y exclamando 
adonde llevando, cristiano ! . . . . 

Muy terribles debieron ser los combates con los arau- 
canos en Chile ; pero no creemos que se hayan encontra- 
do sus tropas en circunstancias más estrechas que el co- 
ronel Levalle en Carhué, asediado meses por los arauca- 
nos, y escaseándole los víveres a ¡sesenta leguas de país 

poblado. 

El general Mitre, cuando tuvo, por falta de los va- 

'lui-anos, ( |iir ah;iii(|n[i.ir la bien concebida sOnpreM a 
Catriel, quien contaba con ochocientas latnzas, y apoya- 
do por ('alfuciirá con dos mil, recuerda la presencia en 



ETNOLOGÍA AMERICANA 105 

una de un soberbio adalid araucano, al parecer recien- 
temente trasmontado del) (paterno Arauco, que avanzaba 
sobre las líneas de los indios blandiendo la lanza de ta- 
cuarilla chilena de cinco varas de largo, con tres plume- 
ros a guisa de tiaras, pintado él rostro de colorado y 
suelto el cabello} que caía sobre las espaldas y sujetaba 
la huincha. Cuando sentía por el silbido la proximidad 
de las balas que le dirigían, se tendía sobre el caballo 
cuan largo era, para mostrar su desprecio, o la inefica- 
cia del tiro, todo lo cual no pasó de un vano alarde. 

El abate Molina, dice de los araucanos: "Son intré- 
pidos, animosos, atrevidos, constantes en las fatigas de 
la guerra, pródigos de^ sus vidas cuando del peligro de 
la patria se trata, amantes excesivamente de la libertad, 
que estiman como un consecutivo social de ellos ¡ celosos 
del propio honor, cuerdos, hospitalarios, fíleles en los tra- 
tos, reconocidos a los beneficios, generosos y humanos 
con los vencidos". 

(Calle Roma ! calle Esparta ! ) ¡ Qué les queda a los 
cristianos con los efectos de la Revolución? Verdad es 
que tan bellas cualidades las ofuscan vicios que las nie- 
gan: la pereza, la embriaguez, la ignorancia del salvaje 
y la altanería del animal de presa. 

Esto se escribía en el gabinete del sabio italiano en 
1776, a causa de que, como lo dice en su prólogo, "la 
Europa vuelve al presente toda su atención a la Améri- 
ca", y va a satisfacer, por; lo que a Ohile respecta, su 
erudita curiosidad. 

Pero ya desde los tiempos de la conquista, Ercilla 
había dejado el padrón estereotipado: 

"Cosa es digna de ser considerada, 
Y no pasar por ella fácilmente, 
De que gente tan ignota y desviada 
De la frecuencia y trato de la g-ínte, 
De inavegables golfos rodeada, 
Alcance lo que asi difícilmente 
Alcanzaron por curso de la guerra 
Los más famosos hombres de la tierra. 
Dejen de encarecer los escritores 
A los que el arte militar hallaron, 
Ni mas celebren ya los inventores, 



106 D. F. SABMIENTO 

Que el duro acero y el metal forjaron. 
Pues los últimos indios moradores 
Del araucano estado, así alcanzaron 
El orden de la guerra y disciplina. 
Que podemos de ello tomar doctrina, 
¿Quién les mostró á formar los escuadrones, 
Representar en orden de batalla. 
Levantar caballeros y bastiones, 
Hacer defensas, fosos y murallas, 
Trincheras, nuevos reparos, invenciones, 
Y cuanto en uso militar se halla, 
Que todo es un bastante y claro indicio 
Del valor de esta gente y ejercicio?" 

No conocían todavía el hierro ni los metales duros. 

No es que dudemos del valor y obstinación de los arau- 
canos,' pero a ser ciertas estas pinturas, completamente 
europeas, del arte de la guerra, resultaría que los pode- 
rosos imperios de Méjico y el Perú, eran los salvajes en 
América y los araucanos el pueblo más adelantado. Los 
indios de Norte-América tampoco han sido subordina- 
dos, y se recuerda el mal éxito del Adelantado Soto, en 
Florida, donde encontró la más cruda y obstinada resis- 
tencia de parte de los indios Comanches y otros, hoy so- 
metidos, dispersados o extinguidos. 

Nuestro temor es, que no habiendo encontrado los es- 
pañoles nunca resistencia seria en América, como lo 
pruebam sus vencimientos siemJpre en Méjico y el Perú 
de cientos de miles con menos de mil hombres, pre- 
ocupó mucho los ánimos encontrarla tenaz del otro lado 
del Biobio, que no traspasaron los ejércitos de los Incas, 
como lo asegura el mismo Molina. "El Inca ímpanquí, 
dice, resolvió tentar la conquista de Chile' y confió la 
empresa a Sinquiruca, príncipe de la sangre real. Es1e 
general, precedido, según la plausible castumbre de los 
peruanos, de varios embajadores y seguido de un grae- 
so cuerpo de tropa, subyugó, más con la portación que 
con la fuerza a los Copiapinos, Coquimbanos, Quillota- 
nos y Mapochinos. Después de pasado el río Rapel, fue- 
ron a atacar a los Promaucaes que no habían querido 
rendirle a l;i; insinuaciones de los embajadores*' (1). 



(1> "Hlüfnrln civil do Ch1J«'\ tomo II 



ETNOLOGÍA AMERICANA 107 

Ahí principian las resistencias. Sin embargo, todo 
esto es conjetural. El camino del Inca que hemos atra- 
vesado en la Cordillera, desciende de este lado de Acon- 
cagua, dejando atrás y cortados a Quillota, Coquimbo y 
Copiapó; pero hacemos la misma observación con res- 
pecto a la mansedumbre de aquellos salvajes que se so- 
meten por vía de persuación. Eso probaría que ya eran 
peruanos, quichuas, aimaraes, mansos como llamas, que 
es el distintivo de la civilización peruana, de manera 
que lo que se dá por causa es el simple efecto de la con- 
quista. 

Los araucanos eran y son valientes, sin duda por ser 
más bravios que los peruanos, que no eran salvajes de 
selva, sino sedentarios; pero los araucanos están ahí y 
los peruanos y los bolivianos ahí también para juzgar 
por lo que son hoy de lo que fueron antes. 

Un día se ha de escribir la historia comparativa de 
todas las conquistas, para hacer la crítica de la litera- 
tura de cada una de ellas, y se disipará tanta conseja in- 
ventada por los conquistadores mismos, para disimular 
sus derrotas, engrandeciendo al enemigo, para engran- 
decer sus victorias, elevando a centenares de miles los 
vencidos, y para ver lo que no comprenden en institu- 
ciones lo mismo que habían dejado en Europa, en dinas- 
tías, noblezas, jerarquías, pontífices, etc., etc. 

La historia de Chile asta calcada sobre la " Arauca- 
na", y los chilenos, que debían reputarse vencidos con 
los españoles, se revisten de las glorias de los araucanos 
a fuer de chilenos éstos, y dan a sus valientes tercios el 
nombre de Carampangui y a sus naves el de Lautaro, Co- 
locólo, Tucapel, etc. Y creemos que estas adopciones han 
sido benéficas para formar el carácter guerrero de los 
chilenos, como se ha visto en la guerra reciente con el 
Perú, pues que: 

"Hubo allí escaramuzas sanguinosas, 
Ordinarios rebatos y emboscadas, 
Encuentros y refriegas peligrosas, 
Asaltos y batallas aplazadas, 



108 D. F. SARMIENTO 

Raras extratagemas engañosas. 
Astucias y cautelas nunca usadas, 
Que aunque fueron en parte de provecho, 
Algunas nos pusieron en estrecho" (1). 

Mas no son las cualidades pugnativas de nuestros pa- 
dres de extirpe araucana y nuestros conciudadanos chi- 
vilcoyanos, guaminíes, tuyuteses, lo que nos interesa, 
sino su capacidad social; y a este respecto tenemos que 
ir a buscar entre los esquimales, o entre los indígenas 
de Australia, razas más atrasadas en la organización de 
la sociedad. 

Los indios dé la Pampa no tienen organización de paz 
de ningún género. Para salir a dar malones, hay un 
cacique general hereditario a quien todos obedecen, como 
es de suponerlo, en Las grandes retiradas. Para los ma- 
lones de empresa particular, hay un capitanejo traba- 
jador, es decir, muy valiente y afortunado ladrón de 
vacas, a quien sigue la mesnada de voluntarios que re- 
conocen su autoridad, y con quienes comparte el botín. 

La Pampa era poco socorrida para la vida salvaje, y 
por necesidad de las tribus debían conservarse a pie, 
errantes, antes de la reaparición del caballo y la intro- 
ducción del ganado. Las bolas son arma india, exclu- 
siva de la Pampa, para persecución, a pie, de guanacos, 
avestruces y gamas, haciendo la tribu entera una an- 
churosa manga que se viene estrechando poco a poco so- 
bre la caza, reunida al fin en estrecho corral de boleado- 
res que los atacan, cuando busca salvación por entre los 
claros que quedan, como entre los dedos de la mano, en- 
tre boleados y boleadores que lanzan sus certeros y aco- 
llarados misiles. 

Las mulitas, matacos, peludos, representantes de los 
antiguos cliptodones, liebres y zorras, con algunos alga- 
rrobales, he aquí todo el escaso almacén de víveres del 
sah aje. 

Fuera de las cacerías y la guerra, no hay autoridad 



(1) Brclllft, "Araucnna". Canto XXXIV. 



ETNOLOGÍA AMERICANA 109 

alguna que evite las querellas! y los robos entre unos y 
otros. Cada familia arma su toldo a una legua o más de 
distancia de la de su vecino, lo que pasa por precaución 
de guerra para no ser sorprendidos; pero es además me- 
dida de buena vecindad, a fin de apartar las ocasiones 
de reyertas y de robos, de venganzas y rencores. Una 
toldería ocupa, pues, uno y dos días de camino en todas 
direcciones, abonando el terreno en contorno del toldo 
el desaseo, que tienen que removerlo transcurrido cier- 
to tiempo. Este modo de hacer la policía debe ser co- 
mún a muchas tribus, pues en los Estados Unidos se ha 
explicado con esto la misteriosa existencia de huertos 
naturales en los bosques, de toda clase de árboles fru- 
tales encontrados por aquí y por allá. Son, se ha com- 
probado ahora, asientos antiguos de tolderías, a cuyo al- 
rededor arrojan los restos y basuras que fecundaban el 
terreno y hacían prosperar las semillas de las frutas que 
comían sacándolas de los bosques. 

El Coronel Mansilla, en su aventurosa expedición a 
los Ranqueles, habla de un indio mal entrazado que se 
le apegaba demasiado, lo que daba ocasión de prevenir- 
le ansiosamente los otros más bien intencionados que no 
se fiase de aquel indio, que era alevoso y podía matarlo 
de una puñalada a traición. No hay Juez de Paz insti- 
tuido • no hay Comandante del campo, ni guardia de 
policía. Todo está abandonado al sentimiento de la pro- 
pia conservación y a la práctica de algunas nociones de 
moral tradicional de la tribu. El padre no pretende au- 
toridad sobre sus hijos; se venga cuando castiga; y la 
madre tiene tantos deberes, que poco después de termi- 
nada la lactancia, deja crecer los chicuelos a su albedrío, 
donde no hay aseo, y los juguetes: bolear, enlazar, pe- 
lear, serán las ocupaciones de la vida. 

Acaso en la Pampa se ha barbarizado más que en su 
tierra natal el araucano, pues allá, por necesidad, son 
agricultores, no habiendo mulitas, ni guanacos, ni lie- 
bres que cazar, y teniendo, por no ser nómadas, ranchos 



110 D. F. SARMIENTO 

fijos las familias. Las mujeres son aseadas, y cuando 
un cristiano llega se le hace a-guardar afuera sin darle 
entrada, hasta que la dueña de casa haya acabado de 
barrer, en su honor, la pieza de recibo. 

"Los indios de Manuel Grande y Tripilao, dice Zeba- 
llos en el viaje citado, recibieron elementos para cons- 
truir habitaciones, y aun a muchos se les dieron ranchos 
o cabanas pajizas; pero ellos los destruyeron, y prefirie- 
ron hacer con sus maderos los toldos de cuero opuestos 
al viento y al sol en los cuales viven. 

"Admiten de cuando en cuando las misiones de los 
sacerdotes cristianos y bautizan a sus hijos, y reciben 
la bendición nupcial ;> pero no por esto renuncian a su 
vida bruta, en que el sensualismo y el alcohol les ab- 
sorben todo el tiempo y la actividad. Las borracheras 
duran, según la fiesta que celebran, de uno hasta ocho 
días. 

"Cada uno de ellos vive con cuantas mujeres puede 
mantener, y por cierto no hay criatura mas humillada 
y deprimida que la mujer de estos bárbaros. Ellas sos- 
tienen sus vicios con el fruto del más duro trabajo, sea 
sembrando, cuidando los ganados o tejiendo las telas, 
muy estimadas en el país; al mismo tiempo que le dan 
de comer hacen y reparan el toldo, traen el agua, reúnen 
la leña, cuidan de la limpieza, amamantan a sus hijos 
y sufren los excesos de la mala vida" (1). 

¡ Cuánto han ganado las mujeres indias con su arrima 
y aun servidumbre de la raza europea! 

Los indios también lian mejorado muellísimo en sus cos- 
tumbres, pues ajquello que parece depravación acciden- 
tal al Sur, es el estado normal de todas las tribus in- 
dias. Burlado el Padre Tula por un Presidente, a estu- 
diar la cuestión indios por su lado} moral, y lo que po- 
dría obtenerse cstableeiendo misiones en los toldos, a 
m n"r<-o informó de palabra, no admitiendo mayor 



(1) Zeballo*. páK. 94. 



ECOLOGÍA AMEBICANA 111 

formalidad la insinuación a fin de que no se la tomase 
por consejo, que tan sin cura era la enfermedad, que 
sería buena obra extirparlos. 

De una parte amansada de aquellas tribus se compo- 
nen las poblaciones de nuestras campañas, aunque los 
paisanos traídos en regimientos de milicias de Chivil- 
coy a la ciudad por el coronel Arias, mostró en el pai- 
sanaje el tipo árabe más bien que el indio, pues eran 
generalmente pálidos, de ojos y pelo negros, con barba 
cerrada y rostro ovalado. Acaso los andaluces que pre- 
dominaron en laj población de estas colonias, y sustitu- 
yeron la casa de azotea gaditana o malagueña a la viz- 
caína de tejas, han vuelto por atavismo al tipo árabe, 
(pie fué antes el fondo de la población. 

AMALGAMA DE RAZAS DE COLOR DIVERSO 

Todavía era éste uno de los rasgos característicos de 
la colonización española, que sigutó a este respecto línea 
de conducta distinta de la que se siguió en el Norte por 
los colonizadores anglo-sa jones, de que hablaremos en 
otro lugar. 

La filantropía exagerada del Obispo de Ohiapa, exci- 
tada por las crueldades ejercidas por los conquistadores 
españoles con indios del carácter y en el estado intelec- 
tual que hemos descripto, trajeron por su mal consejo 
la idea de introducir negros esclavos de África, para 
reemplazar a los indios en el trabajo forzado de las mi- 
nas y otras faenas americanas. El' historiador de Méji- 
co, Wilson, pone en duda las cifras abultadas de vícti- 
mas que el Padre Las Casas atribuye a la crueldad de 
sus compatriotas con los indios, mientras que los histo- 
riadores ingleses, desde que su gobierno se puso, como 
antes el Obispo de Chiapa, en favor de los indios, al 
frente de la moderna, cruzada de libertad para la raza 
negra, hacen subir a veinte millones los negros trans- 
portados de África a América, sin contar los que se ti- 



112 I>. F. SARMIENTO 

ran al mar por millares al año, pereciendo de nostalgia, 
de hambre y de enfermedades en la travesía. 

"La vida del bosque, la atmósfera de las selvas era 
necesaria a los indios, como el género de alimentación 
que el campo les había suministrado, por generaciones 
sin cuento. El venado y el ciervo no están por la des- 
trucción de nuestros bosques, más ciertamente condena- 
dos a desaparecer que lo estaban y están las razas de 
hombres que en la primitiva división de la raza humana 
fueron designados como sus dueños. Como enjaulados 
leones, unos pocos dieron progenie, y un puñado sobre- 
vivió a la revolución en su modo de vivir — lo bastante 
para poner de manifiesto que una vez existieron — lo bas- 
tante también para probar que una raza de diferente 
organización que la nuestra había habitado primitiva- 
mente el país. El crimen de los españoles y la crueldad 
española los han destruido por millares, pero la des- 
trucción de los bosques de las llanuras, por decenas de 
millares. 

"Las Casas no comprendió el principio constitutivo 
de la familia humana. Sus hermanos, los frailes misio- 
neros, más tarde encontraron empíricamente la causa y 
el remedio. El indio reducido fué obligado al trabajo. 
Si sobrevivía a las fatigas de esta nueva condición era 
el progenitor de una familia de agricultores, de pueblis- 
tas y pueblanos (en Méjico, la Rioja), que es la raza 
que está repoblando ahora la América española" (1). 

Debe tenerse en cuenta esta gran distinción entre los 
indolentes y groseros aborígenes, y sus descendientes ac- 
tualmente degenerada, pie han sufrido la scrvulumbiv 
por siglos. 

Sea de ello lo que fuere, la raza negra entró como ele- 
mento de aligación del metal de que habría de formarse 
el pueblo americano, cuando rotas las barreras que los 
rlían en cas-las <•< nm en la India y el Egipto, acaso 



(1) Wllion. "A new hlatory of México", 35. 



ETNOLOGÍA AMEU1CANA 113 

como en los Imperios de Méjico y Perú, según lo quieren 
sus historiadores y lo acepta Bukle en su "Historia de 
la Civilización", fuese llamado en virtud del número a 
expresar la voluntad común, por el voto, o de otra ma- 
nera. Es todavía un hecho que notaremos de paso, que 
habrá de tenerj sus consecuencias siglos después, que la 
nación española, que dejaba en España ardiendo las ho- 
gueras de la Inquisición para sustraer la inteligencia de 
sus moradores a todo contacto de ideas nuevas como las 
que traía consigo el Renacimiento, y aun el ensanche de 
la geografía y de la astronomía, prohibió durante tres 
siglos que entrase en la vasta extensión de sus dominios 
americanos un solo extranjero u hombre de otra raza, o 
ideas, o creencias que las de los españoles de aquellos 
tiempos, después de haber sometido a los moros en Gra- 
nada, a los italianos en Ñapóles, a los belgas en Ambe- 
res, saqueado seis días de las riquezas acumuladas de la 
India. 

Iba a verse lo que produciría una mezcla de españoles 
puros, por elemento europeo, con una fuerte aspersión 
de raza negra, diluido el todo en una enorme masa de 
indígenas, hombres prehistóricos, de corta inteligencia, 
y casi los tres elementos sin práctica de las liberta- 
des políticas que constituyen el gobierno moderno. 

Estas razas distintas de color no forman, sin embargo, 
un todo homogéneo, como formaron entre sí galos y ro- 
manos, sajones y normandos, germanos y longo-bardos, 
godos, etc., y aun árabes y sarracenos, que al fin todos 
son variedades de una sola y misma raza, la caucásica. 
Agassiz no admite que la progenie de negro y blanco, de 
blanco e indio, de indio y negro, que produce mulatos, 
mestizos! y mamelucos, pueda subsistir san volver a uno 
de sus tipos originales; pero el lenguaje común se ha 
anticipado & la ciencia distinguiendo estos diversos orí- 
genes) y las medias castas intermediarias, muy sensibles 
aún en el Perú y en Bólivia, aunque no sean felizmente 
muy visibles en nuestra propia sociedad argentina. 



114 D. F. SARMIENTO 

Mr. Blackenridge, secretario de la misión norte-ameri- 
cana en los años de 1817 y 1818, que nos ha dejado la 
más extensa colección de notas sobre los sucesos de en- 
tonces y aspecto que presentaba la sociedad, nos da una 
curiosa apreciación de la distribución numérica de las 
razas y medias razas, sobre la población de las provin- 
cias del Alto Perú. 

"Después de deducir, dice, del número, un quinto por 
las órdenes monásticas, y los antiguos españoles penin- 
sulares, con sus adherentes entre la nobleza, quedarán 
entre tres a cuatrocientos mil que sostendrán la causa 
de la Independencia, excepto los indios, cuya extrema 
ignorancia y el estado de esclavitud en que han sido 
mantenidos, los hace contar por poco, comparados con 
su número" (1). 

Por vía de memorándum, en otra parte dice, y cuadra 
a nuestro propósito ¡ "La gran porción de indios en estos 
países tiende mucho a favorecer a los españoles, y les 
dá ventajas sobre los patriotas. Los indios son conti- 
nuamente reclutados para los ejércitos españoles, y acos- 
tumbrados como lo han estado por siglos a la más abyec- 
ta esclavitud y obediencia, no sólo se someten dócilmente 
a su suerte, sino que son excelentes soldados". 

Volviendo a la proporción de las razas, añade Blac- 
kenridge: "Del cálculo anterior resulta que la propor- 
ción de blancos con los aborígenes, es de! uno a cinco 
(cien mil) ; pero aun entre aquellos, considerados como 
blancos o españoles, la proporción de razas mezcladas 
debe ser muy grande, circunstancia que tiende a borrar 
la línea de distinción entre criollos e indígenas, y acer- 
cerlos más y más en punto a sentimientos. 

"La clase (¡06 Be sigue en punto a números, es la. de 

mestizos y cholos. Los primeros vienen de la mezcla del 

indio, hasta ser colocado entre los blancos, aunque en su 

'id<-, manirás y lenguaje poca diferencia M note (et 



(1) Illnr k< riM.lKí», pá*. Rl. 



ETNOLOGÍA AMERICANA 115 

antiguo compadrito). Prefieren ocuparse en negocios 
de detalle; saben leer y escribir generalmente; son ma- 
yordomos y capataces de las estancias de los ricos; pero 
rara vez poseen más que un pasar en materia de fortu- 
na. En gran parte son calificados como criollos, o espa- 
ñoles americanos". 

"Los cholos (Perú y Bolivia) vienen de la mezcla de 
mestizos y de indias. Se dice que sobrepujan a las otras 
clases en fuerza física, actividad y genio nativo. Reci- 
ben poca educación, y en general hablan español y la 
lengua de la tierra. 

"Es casi imposible determinar la proporción en que 
estas clases están con las otras. El caballero de quien 
recibí estos datos me asegura que los habitantes de pura 
sangre no eran más que) de uno a quince, pues muchos 
de los que se cuentan por españoles, llevan una porción 
más o menos pronunciada de sangre india en sus venas. 

"Los criollos constituyen la, tercera clase en cuanto a 
número. Son ellos los que ocupan el primer lugar en la 
sociedad; especialmente porque ellos heredan las gran- 
des fortunas de sus antepasados los conquistadores y los 
primitivos aventureros. 

"Los primogénitos que heredan aquellas estancias son 
por lo general poco educados ; y por falta de objetos ade- 
cuados para ocupar su espíritu, pasan su tiempo en la 
ociosidad y en la disipación. El número de los nobles 
en el Virreinato de Buenos Aires, es, sin embargo, in- 
eonsiderable cuando se compara con el Bajo Perú. Los 
más jóvenes, si se sienten dispuestos al estudio, son cu- 
ras, abogados, mineros, y se hacen propietarios de ha- 
ciendas o plantaciones. 

"Hay un número de familias de indios, cuyos deberes 
son parecidos a las de los de Chile: los jóvenes indios 
son sirvientes domésticos. El alto clero, como también 
los monjes y frailes, en cuyas manos se han acumulado 
inmensas riquezas, son en general europeos; pero el ele- 



116 D. F. SARMIENTO 

ro secular lo componen americanos, y se distinguen por 
su elocuencia y su saber. 

"La profesión de abogados forma un numeroso cuer- 
po en estos países, y como los procedimientos legales se 
llevan por escrito, su elocuencia escrita excede a su ora- 
toria en las asambleas públicas" (1). 

Nos hemos extendido en este curioso inventario de las 
razas, aun apuntando su capacidad moral y sus ocupa- 
ciones, porque han de ir formando la conciencia del lec- 
tor sobre los elementos que componen nuestra sociedad, 
y la influencia que hayan de ejercer estas castas y aque- 
llas ocupaciones en la nueva sociedad que va a formarse, 
cuando los españoles peninsulares pierdan a su turno el 
lugas* que en los imperios quichua y azteca ocupaba la 
clase de los tiranos. 

Esta pintura de la sociedad es de principios de este 
siglo, y si bien las proporciones entre las razas no tienen 
una exactitud matemática, tenían el asentimiento de en- 
tonces, y no hay tiempo en dos generaciones transcurri- 
das, para que se hayan alterado notablemente. 

Ahora oigamos al sabio Agassiz sobre el carácter mo- 
ral de esas razas. 

"Si alguno duda del mal de esta mezcla de razas, que 
venga al Brasil, donde el deterioro consecuente a la 
amalgamación, más esparcida aquí que en ninguna otra 
parte del mundo, va borrando las mejores cuali- 
dades del hombre Idanco, dejando un tipo bastardo sin 
fisonomía, deficiente de energía Física y elemental". I Agas- 
siz, pág. 293). 

"El híbrido entre hlaiin» e indio, coiilinúa Aga.ssi/,. 
llamado mameluco en el Brasil, es pálido, afeminado, 
débil, [»i'ivznxn y terco, pareciendo como si la influencia 
india M hubiera desenvuelto hasta borrar los más pro- 
mi nenies rasgos ea rae! erizados del blanco, sin comuni- 
carb m energía a su progenie. H.s muy notable que en 



( l » niackrnrldffe. "Voyagro of thr> ConKrons" 



ETNOLOGÍA AMEBICANA 117 

sus combinaciones, ya sea con los negros o con los blan- 
cos, el indio imprime su marca más profundamente so- 
bre su progenie que las otras razas, y cuan rápidamente 
también en los posteriores cruzamientos, los signos ca- 
racterísticos del indio puro se restablecen expulsando los 
otros. He visto progenie de una híbrida entre indio y 
blanco, que resume casi completamente los caracteres del 
indio puro" (Apéndice V). 

"Otra facción que deja una penosa impresión sobre el 
extranjero, es el carácter debilitado de la población. He 
hablado de esto antes. No es sólo la variedad de niños de 
todos colores. Con la mezcla de tres razas, parece como 
si toda claridad de tipos hubiese desaparecido, y el re- 
sultado es un compuesto indefinido sin carácter ni ex- 
presión. 

"Esta clase híbrida más marcada al Norte, por cuanto 
se le añade el elemento indio, es muy numerosa en las 
grandes ciudades, y en las grandes poblaciones". 

RAZA NEGRA 

La América española fué, puede asegurarse, la que 
requirió una segunda raza servil, para salvar de la des^ 
trucción a los indígenas, y es cosa de hacer meditar mu- 
cho en losl extraños resultados que dan las combinacio- 
nes humanas, el que la independencia de la raza blanca 
eliminó la raza negra en toda la extensión del continen- 
te, mientras solo queda libre en los Estados Unidos, en 
número de cinco millones, después de una guerra social ; 
en la Habana queda esclava, después de un suprema y 
malogrado esfuerzo de la raza blanca criolla para eman- 
ciparse, y esclavos quedan en el Brasil los negros que 
hoy existen, sin transmisión de la servidumbre a sus 
hijos. 

La guerra de secesión de los Estados Unidos procedió 
de un error de juicio. Creíase firmemente que los frutos 
tropicales no podían ser obtenidos a precios convenien- 



118 D. F. SABMIENTO 

tes sino por el trabajo de la raza cuyo cutis parece car- 
bonizado por los rayos del sol. Concluida esa guerra 
púnica, sometidos los rebeldes, libertos los negros, fué 
necesario, para vivir, volver al cultivo del algodón, como 
se pudiese, con trabajo de brazos libres, con máquinas 
para ahorrar salario, y diez años después, los subyuga- 
dos plantadores produjeron doble y triple cantidad de 
balas de algodón que antes de la guerra, y a precios 
acaso más remunerativos. Se habían perdido diez mil 
millones de duros y un millón de vidas humanas, por 
ignorar que la esclavitud hasta como explotación es hoy 
inútil. Los negros figuran ya en la política americana 
como los indios en América; y acaso los blancos allá, en 
el Sur al menos, en sus hijos, tendrán que expiar el error 
de sus antecesores de haber sacado del África y de su 
modo de ser, razas que Dios reserva para mundos futu- 
ros, acaso para el que preparan Livingstbne, Stanley y 
Brazza, en el río Congo, el Zambesi y sus tributarios. 

Y sin embargo, la naturaleza misma, la acción secreta 
y latente de las afinidades y de las repulsiones, viene 
obrando en silencio, sin plan y como por instinto, hasta 
que un día echáis la vista en torno vuestro y no veis 
hijos de los conquistadores, ni negros esclavos; los unos 
en camino de desaparecer, los otros extinguidos en me- 
nos de medio siglo en toda la América española, pues en 
Chile no hay uno, en Lima poquísimos, y de Méjico, 
Wilson hablando de negros, dice que habla de oídas, por- 
que no ha visto ninguno. De Buenos Aires, en veinte 
años más, será preciso ir al Brasil para verlos en toda la 
pureza de su raza. 

Mientras tanto, en 1770, Buenos Aires contaba 16.000 
habitantes, de los cuales eran españoles venidos de Eu- 
ropa mil; tres o cuatro mil oran nacidos en el país de 
padres españoles, a quienes se llamó criollos. Todos los 
oíros habitantes (once mil), son mulatos, mestizos y ne- 
gros. 

"Los negros forman el mayor número (1729), la Amé- 



ETIOLOGÍA AMERICANA 119 

rica está llena de ellos, no porque hagan una nación 
aparte, sino porque los traen de África, en donde los 
compran a sus padres. Esto es lo que llaman asientos de 
los negros o la Trata de Negros. Los ingleses los condu- 
cen en sus buques, y los venden a cien y doscientos pesos 
por cabeza. En todas las ciudades que están comprendi- 
das bajo el nombre genérico del Paraguay, no se sirven 
en las habitaciones sino de negros, porque no hay espa- 
ñol, por pobre que sea, que quiera tomar servicio. En 
cuanto a los indios, se ven pocos en las ciudades españo- 
las ; y los que se ven son los que vienen y van libremente. 
Es muy raro que se pongan al servicio de los españoles ; 
y no se atreven éstos, como antes, a atentar contra su 
libertad. Los españoles han tenido más de una ocasión 
de arrepentirse de sus antiguas violencias" (1). 

Un servicio debe la ciudad de Buenos Aires a los ne- 
gros, que contribuyeron a su embellecimiento. "Bue- 
nos Aires, dice el mismo viajero jesuíta, tiene, sin disputa, 
el primer lugar entre todas las ciudades que los españo- 
les han construido desde las Cordilleras hasta el Océa- 
no, sin exceptuar la Asunción que cuenta diez mil habi- 
tantes. 

"En cuanto a Buenos Aires, aunque se vean como en 
las otras ciudades, las casas desparramadas sin orden 
por aquí y por allá, y rodeadas de árboles, forman ca- 
lles bastante rectas y aseadas. Es verdad que las más 
antiguas de estas casas son de barro y no tienen sino un 
solo piso; porque no hace mucho que uno de nuestros 
hermanos, que se había hecho venir de Europa para edi- 
ficar nuestra iglesia, encontró el medio de hacer cocer 
ladrillos en este país, que cuenta hoy día más de sesenta 
hornos. Ya se ven ahora algunas casas de dos pisos. . . 
Otro considerable servicio que han hecho a los españo- 
les, ha sido hacer un gran número de albañiles de los 
negros de que se servían, a los cuales basta ahora mos- 



(1) Lettre Seconde, du Pere Gaetan Muratori, du Paraguay. 



120 D. F. SAEMIENTO 

trarles un diseño para que ellos lo ejecuten perfecta- 
mente. Así se embellece Buenos Aires de día en día, y 
bien pronto tendrá con qué agradar a los ojos europeos" 
(1726). 

Para dar más actualidad a este antiguo testimonio, 
recordaremos haber conocido en San Juan al maestro 
Antonio, albañil, esclavo de la easa de don Pedro Váz- 
quez del Carril, y sujeto muy respetable y respetado de 
todos, como el maestro Alejos, célebre herrero, gran per- 
sonaje político y uno de los más adelantados artífices en 
su profesión. 

En 1810 empieza a moverse este mundo americano, y 
a desprenderse en fragmentos, lo que pudo compararse 
al deshielo en un gran río cuyas aguas estuviesen largo 
tiempo detenidas, de las razas y elementos sociales 
que se tenían consolidadas entre sí por falta de calor su- 
ficiente. 

La guerra de la independencia requería pechos fuer- 
tes ; y ya se ha visto que los indios estaban más de parte 
de los conquistadores, o eran indiferentes. Belgrano, 
después de la batalla de Salta, capituló 3.000, dándoles 
libertad, bajo palabra de honor, y Volvieron a tomar las 
armas, porque no sabían lo que es honor y porque los 
españoles los requerían de nuevo. 

El negro, aunque esclavo, era el amigo del joven crio- 
llo su amo, con quien acaso se había criado en la fami- 
lia, y de cuyos juegos y gustos había participado. Es 
fiel y entusiasta de raza, y sirviendo voluntariamente 
como asistente acompañaría a la guerra al "amo". 

¿Por qué no organizar batallones, dándoles libertad o 
donándolos a la patria los amos como contribución de 
sangre f Eran compuestos de negros los números 7 y 8, 
eélebres en ll guerra do Chile y IVní ; el y el 10, que 
formaron parle <I<1 ejórritoi del Desaguadero; el 2, que 
volvió del Brasil, y una compañía, de estos valientes ve 
teranos con la cara negra y la cabeza blanca, que murió 



ETNOLOOÍA AMERICANA 121 

en las lagunas de Huanaeache en 1831, con el comandan- 
te Castro, sorprendido por| las fuerzas de Quiroga. 

La guerra del Brasil vino a renovar, con las numero- 
sas presas de negros de África, en 1826, el stock de la 
raza ya disminuido en Buenos Aires por tantas sangrías. 
Las tentativas de aclimatarlos en las estancias, no tuvie- 
ron buen éxito a causa del frío; por lo que abundaron 
enormemente en la ciudad. 

Cada pueblo africano, los de Guinea, los mandingas, 
los congos, establecieron sus municipalidades llamadas 
Candombes a causa» del tambor que sirve para acompa- 
ñar el baile, que es la expresión de la vida y de la feli- 
cidad del africano. Nómbrase unj rey y una reina que 
presiden la fiesta, guardan el orden y recogen las con- 
tribuciones y limosnas para enterrar a los muertos de 
su feligresía y socorrer a los enfermos. 

Los candombes fueron el terror de Buenos Aires du- 
rante la tiranía de Rosas, que hizo de Manuelita la pa- 
trona de la institución. Un día se pasearon por las ca- 
lles de Buenos Aires, ebrios de entusiasmo, precedidos 
por sus candombes y marimbas, aquellos africanos reuni- 
dos en clubs patrióticos, tras de banderas rojas, como 
hoy las sociedades francesas, españolas e¡ italianas, ban- 
da de música al frente. Día de pavor para los blancos, 
para los hijos de los españoles, que prepararon, ejecuta- 
ron y llevaron a término la Independencia, proscriptos 
ahora, y entregados a los dioses infernales, a los gritos 
de : ¡ mueran los salvajes unitarios ! ¡ Viva el ilustre Res- 
taurador! que lanzaban por mil bocas de semblantes ne- 
gros y brillantes. 

También daba su contribución de sangre la raza negra 
en la guerra de exterminio. 

En Montevideo se levantaron cuatro batallones de jó- 
venes negros encerrados en la ciudad sitiada, mientras 
que Rosas mandó para estrechar el cerco un regimiento 
de negros, que el autor del Ejército Grande encontró en 
1851 reducido a treinta soldados mandados por un sar- 



122 D. F. SABMIESTO 

gentío negro, únicos sobrevivientes en aquel sitio tro- 
yano. 

El vencedor de Caseros recogió en Buenos Aires cuan- 
tos hombres de color pudo, y¡ los remitió a Cala, en el 
Entre Ríos, para servir de plantel a la infantería con 
que se proponía fortificar sus escuadrones de lanceros, y 
pocos de ellos volvieron a sus hogares. 

Era práctica antigua que los pardos formasen tercios 
de milicia urbana, al lado de los patricios, y hubo des- 
pués de la separación del 11 de Septiembre de 1852 dos 
gruesos batallones, con 1800 plazas, que mandaron jefes 
de color como el coronel Sosa y más tarde el coronel Mo- 
rales, porque en todos tiempos habían unido a la más 
alta y a la más baja graduación de las razas, vínculos de 
simpatía recíproca. 

En las Cámaras estaba igualmente representada la úl- 
tima por Sosa y Mendizábal y los más entendidos de su 
extirpe. Acudieron a Cepeda, halláronse en Pavón, y 
aun en los Corrales estuvieron dolorbsamente represen- 
tados. 

Quedan pocos jóvenes de color, los cuales ocupan el 
servicio como cocheros de tono, como porteros de las ofi- 
cinas públicas y otros empleos lucrativos; pero como 
raza, como elemento social, no son ya sino un accidente 
pasajero, habiendo desaparecido del todo en las provin- 
cias, y no habiendo podido establecerse fuera de la ciu- 
dad. 

Como industriales no han creado fortunas, fenómeno 
que se nota en los listados Unidos, aunque ya se cuenten 
por millones las economías que depositan en los Bancos. 

Terminaremos esta triste página de la traslación for- 
zada de las razas humanas, con esta profecía que el co- 
D dictó, y está ya realizando la historia. 

"Si el África debe producir en algún tiempo una raza 
culta y civilizada, la época vendrá en que el África ocu- 
pará su puesto en esta marcha incesante del progreso 
humano; la vida se despertará allí con una magnificen- 



ETNOLOGÍA AMERICANA |£8 

cia y un esplendor desconocidos en nuestros fríos climas 
del Oeste. 

"Sí; en aquella tierra mística del oro, de las perlas, 
de los diamantes, de las ardientes especias, de los ondu- 
losos palmeros, de flores maravillosas y de una fertilidad 
sin límites, el arte producirá formas nuevas y la magni- 
ficencia se revestirá de un nuevo brillo. La raza negra, 
que ya no será hollada como hasta aquí, producirá sin 
duda la más soberbia manifestación de la vida humana. 
Los negros realizarán, en su forma más elevada, la ver- 
dadera vida cristiana merced a su dulzura, a la humilde 
docilidad de su corazón, a su aptitud para confiarse a 
uní espíritu superior, y a esperar del poder de lo alto; 
a la infantil simplicidad de su afección y a su olvido de 
las injurias recibidas. Dios castiga a los que ama. El 
ha escogido a la pobre África, en aquella hornalla de 
aflicción, para elevarla al primer rango, cuando todo 
otro reino habrá sido juzgado... y destruido; porque 
los primeros serán los últimos y los últimos serán los 
primeros ..." ( 1 ) . 

Y esta profecía, inspirada por los presentimientos del 
amor maternal de la mujer, está en vía de realizarse ya, 
con un esplendor y una comunidad de trabajo e impul- 
so que deja atrás al siglo XVI, en que solo reyes se mo- 
vieron a la conquista de América, y que le dá el carácter 
de un hecho; providencial. Como detrás de la estela de 
las carabelas de Colón se lanzaron las naves de todas las 
naciones en busca de su parte de botín, así tras el lento 
pero seguro paso del sacerdote cristianó Livfingstone, 
este Pablo Apóstol de la raza negra, ostentando las vir- 
tudes cristianas como única seducción para el negro, se 
han seguido todos los heroísmos y grandezas del pensa- 
miento moderno, Stanley, el heroico repórter del Herald, 
diario por excelencia de Norte-América, los representan- 
tes de la Italia, de la Prusia en otras direcciones, la 



(1) "La cabana del Tío Tom": por Mrs. Beecher Stowe. li- 
bro traducido a todas las lenguas cultas modernas. 



124 D. F. SARMIENTO 

Francia prolongándose al Sur desde sus posesiones de 
Afriea proyectando ferrocarriles, y aún la Inglaterra en 
el África blanca, o felata, o árabe, del Mediterráneo, 
como en el extremo Sur, con Setiwayo, y las costas orien- 
tales del Zambeci, y las minas de Diamantes, el mundo 
solo está lleno de los rumores de África, de los descubri- 
mientos, grandezas, esplendores del Afriea, porque todos 
sienten que le ha llegado su hora de justicia, dignidad y 
reparación. 



SEGUNDA PARTE 



Las razas en Sud - América 



CAPITULO II 

LOS CABILDOS — (EL GOBIERNO COLONIAL) 



Fundación de las ciudades — Córdoba — Las franquicias munici- 
pales traídas por los conquistadores — Ceremonia de la plan, 
tación de una nueva ciudad — Acta de la fundación de Cór- 
doba — Acta de las franquicias acordadas a la ciudad de 
Córdoba. 

Los Cabildos — El Rey no gobernaba a los habitantes de Amé- 
rica en sus actos diarios — Los Cabildos conservan en Amé- 
rica las formas civilizadas — La raza blanca habita exclu- 
sivamente las ciudades. 

Fueros de Vizcaya — Ley y práctica municipal en las provincias 
vascongadas sin gobierno político. 

Organización primitiva del Cabildo de Córdoba — Libertades y 
franquicias propias de las ciudades — Derecho innato de go- 
bernarse a sí mismas las ciudades — Hoy se crean pueblos 
sin derechos — Provisiones de las constituciones modernas 
— La consagración de las prácticas de que estaban impreg- 
nadas nuestras antiguas instituciones — Reclamaciones he- 
chas por los Cabildos en defensa de sus prerrogativas — Me- 
nos republicanos los de 1882 que los de 1588. 

Petición de derechos — El Cabildo de Córdoba a la altura del 
Parlamento inglés — Libertad de las ciudades — Importancia 
de las funciones municipales — Hombres notables — Cabildo 
de San Juan de la Frontera. 

Gobierno de las ciudades — Tucumán — Bando de buen gobierno 
— Disposiciones legales sobre la seguridad pública e Infrac- 
ciones sujetas a multa y prisión. 



FUNDACIÓN DE LAS CIUDADES 

CÓRDOBA 

Ab uno disce omnes. 

Mucho debemos a la feliz inspiración de la Municipa- 
lidad de la ciudad de Córdoba, de hacer imprimir gra- 
dualmente el archivo municipal. I 

Firman el acta en 10 de Agosto de 1880, Nicolás Rero- 
haran, como Presidente, sin duda, y Remigio López, 
como secretario. 



128 ü- F. SAE1IIENT0 

Grande servicio ha prestado a la República con la 
oportuna publicación de sus anales, pues si bien el doc- 
tor don Santiago Cáceres halló en ellos pruebas y docu- 
mentos en que apoyar las pretensiones a límites de la 
Provincia de Córdoba hacia el Este, para el resto de la 
Nación, para el Congreso, para ed Presidente de la Re- 
pública, que están como Gobernadores poblando terri- 
torios y fundando poblaciones por simples decretos, sin 
las formas que la ley y la tradición traían de antiguo 
establecidas, la publicación de las actas de fundación 
de ciudad, tan ilustre después, viene a ser como una 
protesta contra la barbarie e informalidad de los tiem- 
pos presentes, con olvido y abandono de las tradiciones 
humanas y civilizadas que traían nuestros padres de Eu- 
ropa, pues todo lo que hoy dios don Gerónimo Luis de 
Cabrera, como representante de los Reyes Católicos al 
fundar a Córdoba, lo han dicho todos los conquistadores 
con las mismas palabras, fórmulas y ceremonias, en cada 
uno de los vastos territorios americanos, al fundar cada 
una de las ciudades que hoy son capitales de grandes 
Estados; como Colón mism'o, al pisar en tierra descu- 
bierta, tama posesión de ella practicando ciertos ritos 
que constituyen el derecho de posesión, bastando mos- 
trar el aota por donde consta que se llenaron las formas 
prescriptas de la posesión. Otro tanto sucede con las 
ciudades, cuyos títulos, franquicias y derechos constan 
del acta de fundación e instalación de las autorhi 
propias, (I ■ manera que lo que posean y adquieran no les 
pueda ser quitado por los gobiernos. 

La ciudad de Londres se eompane dfl muchos antiguos 
municipios, pues que con el aumento de habitantes se 
han venido tocando las casas de los unos con las de los 
otros. El Parlamento ha podido regularizar sus estatu- 
para mejor conformarlo.; con las intoivxes modélVOt 
y la nueva situación. 

Hay uno, sin embargo, el más vetusto, el más desor- 
denado BU sus derechos v prácticas, porque pSF006 uu" 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 129 

como viejo pergamino* el tiempo lo hubiese destruido en 
parte, y hecho ilegibles sus estatutos. Es la Municipali- 
dad de la City de Londres, que pretende que Guillermo 
el Conquistador le confirmó sus fueros, pero lo histórico 
es que Juan sin Tierra, en la Magna Carta, declara que 
no restringirá nunca los privilegios de la Corporación 
da Londres. 

Despojada la España de Cortes, con la pérdida de sus 
libertades políticas poco antes de emprender el descu- 
brimiento de América, traían' los conquistadores consigo 
las franquicias municipales que cuidaron de sembrar 
cual semilla fecunda en cada nuevo establecimiento, don- 
de debieran fijarse y criar a sus hijos en la práctica de 
aquellas salvadoras instituciones. 

¡ Con cuánta regularidad se establece, por una serie de 
actos y de actas de que se trae y deposita copia en Cór- 
doba, el origen y transmisión del poder civil a su Virrey 
en el Cuzco primero, a sus lugartenientes en la provin- 
eia de Tucumán, Juries y Diaguitas, hasta llegar al de- 
legado de la corona que va a plantar el rollo, so pena de 
la vida al que lo quitase, en la que va a ser plaza de 
Córdoba de la Nueva Andalucía, por ser andaluz el de- 
legado, y querer amar la nueva patria tanto como la que 
dejó a orillas del Guadalquivir! 

No se necesita pedir a la imaginación su pincel para 
trazar la escena, conmovedora por su simplicidad, ma- 
jestuosa por el objeto que en un pequeño espacio de las 
playas del río Suquía reúne caballeros españoles, solda- 
dos y gran número de indios atraídos por la novedad del 
caso, de la toldería que está sobre la barranca, y que es 
hoy el pueblo de indios. 

Más de ciento de su raza, porque los de Quisquizacate 
y los recién llegados hablan quichua, han venido de ♦San- 
tiago, cargando a hombros víveres y equipajes, cuan re- 
ducidos fueran éstos, de gente que viene decidida a es- 
tablecerse en la nueva ciudad. 

El estandarte con las armas de Castilla y Aragón está 



130 D- F. SABMIENTO 

en las manos del que hace las veces de Alférez Real. Un 
indio cristiano sostiene de pie la gran cruz de madera 
que va a colocarse en el sitio que habrá de entregarse al 
señor Cura Herrera, terminada la ceremonia. Este debe 
revestir sobrepelliz, como es costumbre del clero cató- 
lico cuando oficia en actos públicos, don Gerónimo Luis 
de Cabrera reviste su coraza, y está armado de punta 
en blanco, como muchos otros capitanes y soldados, por- 
que allí está el pequeño ejército expedicionario, y su pre- 
sencia en formación imprime carácter a la escena, por 
cuanto representa las armas de España. El escribano 
Torres está al lado del Gobernador, y los varios ciudada- 
nos y testigos dan frente hacia el rollo que ha sido pre- 
parado y clavado de antemano enfrente del terreno que 
será iglesia matriz, para señalar el medio de la plaza. 
Algún toque de corneta llama la atención de los circuns- 
tantes, repitiendo los ecos de las vecinas quebradas, y 
en medio del silencio producido, con las cabezas descu- 
biertas, pues van a invocar a la corte celestial, el escri- 
bano lee la fórmula: 

' ' En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo 
y Espíritu Santo, un solo Dios verdadero, y de la Glo- 
riosa Virgen su madre Nuestra Señora, á quien toma 
por abogada, y al bienaventurado Apóstol Santiago, pa- 
trón de las Españas. Estando en el asiento que en la 
lengua de estos indios se llama Quisíquizacate, en seis 
<lí;i.s del mes, de Julio, año del nacimiento de nuestro 
Salvador Jesu-Cristo de mil y quinientos y setenta y 
tres años, día de la Octava del Señor San Pedro, Prín- 
cipe <!<• la Iglesia Romana. — El muy ilustre Señor Don 
í: rónimo Luis de Cabrera, Gobernador y Capitán Ge- 
neral y Justicia .Mayor de estas Provincias de Tucuman, 
.lurirs y 1) ¡agilitas y de lo demás de esta parte de la 
cordillera por su Magostad. Kn presencia de mí, Fran- 
'•¡■••o de Tntal, *• criliaiio de su MagMtad y Mayor de 
« t.i Qobentaeian, • n Secretario y testigos aipií conteni- 
dos, dijo: <| lauto las cosas ftM tienen principio 



LAS BAZAS EX STO-AMEBICA 131 

y fundamento] en Dios Nuestro Señor, permanecen y se 
aumentan, é las que no son principiadas en su Santo 
nombre se acaban y deshacen, le encomienda la funda- 
ción de esta nueva ciudad é la pacificación de los natu- 
rales de estas Provincias para que su Divina Magestad 
los traiga á verdadero conocimiento de nuestra Santa Fe 
Católica y en, ellas se les predique el Sagrado Evange- 
lio; y que en nombre de su Magestad por virtud de sus 
reales provisiones y poderes que para ello tiene, que 
manda se pongan en estos autos por cabeza del libro de 
Cabildo de esta nueva ciudad que puebla y funda en 
este dicho asiento cerca del río que los indios llaman de 
"Suquia" y el dicho Señor Gobernador le ha nombrado 
de San Juan por llegar á él en su día y por ser el sitio 
mas conveniente que ha hallado para ello, y en mejor co- 
marca de los naturales y en tierras baldías donde ellos 
no tienen ni han tenido aprovechamiento por no tener 
sacadas acequias en ella, por tener muchas abundanas y 
mejores tierras é haber en el dicho asiento las cosas ne- 
cesarias y bastantes é suficientes que han de tener las 
ciudades que en nombre de su Magestad se fundan como 
son dos ríos caudales que tiene en término de tres leguas 
de muy escogidas aguas con mucho pescado y que el 
uno alcanza á entrar en el Río de la Plata donde ha de 
tener punto esta ciudad para contratos, dicho señor Go- 
bernador mandó y selló; el cual puso mano á la espada 
que tenía en la cinta y desnuda, cortó ramas de un Sauce 
é las mudó de una parte á otra en señal de la posesión 
que tomaba y tomó en n'ombre de la Magestad Real de 
la dicha ciudad y Provincia de la Nueva Andalucía y 
de como la ha tomado en el dicho Real nombre sin nin- 
guna contradicción, diciendo si hay alguna ó algunas 
personas de los que están presentes que contradigan lo 
susodicho; los cuales dijeron que no. Lo pidió por tes- 
timonio y lo firmó de su nombre, siendo testigos el muy 
Magnífico muy Rdo. señor Francisco Pérez de Herrera, 
Cura y Vicario de todos los españoles y naturales que 



132 D- í- SARMIENTO 

están en el ejército de su Magestad, y el Capitán don 
Lorenzo Xuarez de Figueroa Alférez General del dicho 
Real ejército, y el Capitán Juan Pérez Moreno, Sargen- 
to Mayor del dicho Real ejército y Hernán Mexia Mira- 
bál y Alonso de Contreras y Rodrigo Fernandez y Juan 
Rodríguez Xuarez y Blas de Rosales y Diego Chaves y 
Antón Berrú y Juan de Chaves y Ñuflo de Aguilar y 
Juan de Villegas residentes en el dicho Real ejército. — 
Dn. Gerónimo Luis de Cabrera. — Ante mí, Francisco 
de Torres, Escribano de su Magestad. 



"E luego el dicho Señor Gobernador dijo que en nom- 
bre de su Magestad daba é dio á esta ciudad jurisdicción 
privativa de todas las otras ciudades Villas é lugares de 
su Magestad que hay en estas provincias é Reinos é de- 
mas Reynos de su Magestad con mero misto imperio é 
a?isi mismo en el dicho Real nombre dijo que daba é dio 
á esta dicha ciudad todas las franquezas, mercedes y li<- 
''bertades que tienen las ciudades de Córdoba en España 
y las que tienen las ciudades de los Reyes y del Cuzco 
en el Reino del Perú, para que goze de todas ellas con 
los demás que en adelante su Magestad le hiciere mer- 
ced ó el dicho Señor Gobernador en su Real nombre, 
siendo testigos los dichos D. Gerónimo Luis de Cabrera 
— ante mí, Francisco Torres. 

"E luego incontinenti en este dicho día, mes y año, el 
dicho Señor Gobernador, dijo: que en el dicho Real nom- 
bre creaba y creó, elejía y rujió por Alcaldes ordinarios 
de «u Magestad de este presente año de mil ó quinientos 
é setenta é tres años á Blas <lr licúales y á Hernán .Mexia 
Mi rabal; para que administren la Real Justicia en la 
dicha ciudad é sus términos y jurisdicción conforme á 
mútica y ordenanzas fócalos de su Magestad, 6 por 
Rejidores á Rodrigo Fernandez y á Juan Rodrigue! 
Suarez y á Román de Chaves y a Antón Berrú y á Die- 

!'•' Hernández y ;'i .luán de Molina Navarrete, y Inicien- 



LAS BAZAS EX SUD-AMEBICA 133 

do ante su Señoría en un libro de I03 Sagrados Evange- 
lios el juramento y solemnidad que en tal caso se requie- 
re así los dichos Alcaldes como los dichos Rejidores, é 
lo firmó de su nombre siendo testigos los dichos. E man- 
da en nombre de su Magostad los tengan por tales Al- 
caldes de Su Magestad é Rejidores, todos los caballeros, 
escuderos, vecinos y moradores y oficiales y homes bue- 
nos de la dicha ciudad y su jurisdicción; é vengan á 
sus llamamientos é les acaten é obedezcan é guarden sus 
prerrogativas é preminencias so las penas que les pusie- 
ren, las cuales doy por puestas é doy peder y comisión 
á los dichos Alcaldes en nombre de Su Magostad". 

"ítem: dijo que mandaba y mandó, ordenaba y or- 
denó que de aquíj en adelante para siempre jamas, ha- 
gan sus Cabildos é ayuntamientos en las casas que tiene 
señaladas é son propias del Cabildo de esta ciudad é allí 
se junten los capitulares de dicho Cabildo é no en otra 
parte, so pena de cien pesos de plata corriente para la 
Cámara de Su Magestad en que le daba é dio por conde- 
nados al que lo contrario hiciere y en el entretanto que 
se edificase aposento su frente en dichas casas". 

LOS CABILDOS 

La administración política y militar de la América 
española, cuan extensos eran los reinos que la compo- 
nían, subía por medio de la jerarquía y contabilidad, 
hasta una oficina que en lugar de estar en América es- 
taba en España, a donde se mandaba una copia de cada 
expediente, pues se sacan tres de cada uno (Archivo de 
Simancas) a fin de que el Rey, como Presidente del Con- 
sejo de Indias, proveyese lo que aconsejasen las circuns- 
tancias. 

Pero el Rey no gobernaba a los habitantes de la Amé- 
rica en sus actos diarios y civiles, sino) que se goberna- 
ban éstos a sí mismos en las ciudades, por medio de sus 



134 D. F. SARMIENTO 

Cabildos o Ayuntamientos, instalados con la ciudad mis- 
ma que iban a habitar, bajo ciertas formas y con ciertas 
atribuciones ; una de ellas la de renovar su personal pe- 
riódicamente y nombrar sus funcionarios. 

Pudiera decirse que los españoles no traían a América 
más institución que esta de la Municipalidad, que es tan 
antigua, está tan arraigada en el corazón de los pueblos, 
que cuando la España se vio privada de su rey en 1809, 
se organizó en Juntas, por millares, y se dio tantos go- 
biernos' como aldeas y villorrios contaba. La ley de las 
Legislaturas norteamericanas reconoce un grupo o uni- 
dad que no es la familia como entre nosotros boy, sino 
"the common, tihe township", la Municipalidad, la cual 
se impondrá su cuota parte de las contribuciones, como 
pedían al rey que designase la suma, y las legislaturas 
la impondrían a sus poderdantes; pero no el Parla- 
mento. 

Al rescate de las comunas en Francia se debe la civili- 
zación moderna; a los Cabildos la conservación en Amé- 
rica de las formas civilizadas que traían nuestros padres, 
y perdieran en el contacto con la barbarie sin la existen- 
cia de los Cabildos. Un año después del temblor que 
arrasó a Mendoza, visitamos las importantes! ruinas en- 
tre cuyos fragmentos y paños dislocados de murallas de 
templos, estaba incrustada de costado una campana, 
arrojada como una bala por la violencia del sacudimien- 
to. Mendoza era, antes de la catástrofe, ciudad tan culta 
y más elegante que Córdoba o Tucumán. La mayor par- 
1" de la población antigua pereció en la ciudad. Los que 
Muraran en las quintas, por fortuna a principio de la 
v. odl .nía, no llevaban corbata, andaban por gala y per 
moda con estrilas doblados de palo. Un poncho tosco, 
por prurito y ostentación de escasez, encabriar apenas los 
que andaban en mangas de camisa. Parecían pehuen- 
ehes; y a muchos,! los Villanueva, los Videla, se les ha- 
bía visto en Chile llevar <-<in elegancia el frac. Todo cmii- 
bi6 así qiir se rehizo l;i ciudad. 



LAS BAZAS EX SUD-AMEBICA 135 

Las ciudades eran La residencia exclusiva de La raza 
blanca española. No se olvide esta circunstancia, porque 
ella va a darnos la explicación del trastorno sobrevenido 
después. No se olvide que el jesuíta Gaetamo observa en 
1727 que no se ven indios domiciliados en la ciudad de 
Buenos Aires, porque no inspiran confianza, o porque 
no se prestan al servicio, que lo desempeñan negros, dice, 
en todas las ciudades del país que se llama el Paraguay. 

Hasta 1850, acaso más visible hasta 1820 ó 1810, nin- 
guna persona de antigua, familia, de viso o propietario 
acaudalado y culto, ha residido fuera del recinto, enton- 
ces limitado, de la ciudad de Buenos Aires, adentro de 
la calle de Buen Orden por donde mira al Oeste, donde 
estaban los Corrales de abasto, más acá de la plaza Once 
de Septiembre, como la plaza de toros estaba en el Re- 
tiro, dos establecimientos, como se sabe, que están en las 
afueras de las ciudades españolas. En los campos, pues, 
estaban las indiadas mansas formando reducciones que 
hoy son villas y pueblos, donde, con la seguridad y el 
tiempo, se han ido fijando gentes blancas y formando el 
vecindario actual. 

Tenemos, pues, que contraernos a los españoles, o me- 
jor diremos, a los blancos, en la época de la colonización. 

Los vascos, que han concurrido en gran número a la 
población de estos países, según se vé por el número de 
apellidos vizcaínos que tanto abundan, en Buenos Aires 
sobre todo, debieron a nuestro juicio adherirse más que 
los otros 'españoles a la instalación y conservación del 
gobierno municipal que constituye hasta hoy los famosos 
Fueros de Vizcaya, por los cuales han peleado con todos 
los conquistadores de la Llanura, sublevándose contra la 
España y con don¡ Carlos, y antes estado con todos los 
pretendientes para no ser españoles, gobernados políti- 
camente. Es imposible que estos mismos vizcaínos ave- 
cindados de más de un siglo no trasmitiesen a sus hijos 
criollos el sentimiento de desapego a La corona de Es- 
paña, y a sus instituciones de gobierno político, contra 



136 D. F. SABMIEJiTO 

el cual mostraba en 1795 tanta saña la juventud de Bue- 
nos Aires, según lo notó un fraile dominico irlandés, in- 
troducido clandestinamente para observar el espíritu de 
las gentes y de paso el número de cañones de la forta- 
leza de Montevideo. Larramendi, amigo de Sarratea, y 
muy partidario de la revolución, era vasco. ¿ Cómo no 
habían de amar al Cabildo y la Junta como Gobierno, 
los vascos en 1810 y a Buenos Aires en odio al virrey, 
cuando en 1876 un autor vizcaíno hace el paralelo entre 
el Gobierno español y el vascongado, arribando a probar 
lo que de suyo salta a la vista, que la organización mu- 
nicipal de las tres provincias vascongadas, es la misma 
de las municipalidades norteamericanas? 

"Cada colonia de la Nueva Inglaterra en América, di- 
ce Hildreth, se arrogó desde luego la autoridad munici- 
pal, que ha constituido siempre el carácter distintivo de 
la Nueva Inglaterra Reunido el pueblo en el Ayunta- 
miento votaba los impuestos para las necesidades loca- 
les, y elegía tres, cinco, siete de los principales habitan- 
tes, conocidos con diversos nombres al principio, pero 
luego con el de selectmen o prohombres, a cuyo cargo 
estaba la dirección económica y gubernativa del pueblo. 
También tardaron poco en nombrar un tesorero y un se- 
cretario, añadiendo luego un condestable o alguacil para 
los procesos civiles y criminales, de manera que cada ciu- 
dad formaba realmente una pequeña república casi cim- 
pleta en sí misma". 

"Pero esta institución nos venía a nosotros de Roma. 
En todas las provincias se reflejaba la vida social do 
ésta. El municipio, que fué la forma de la sociedad con 
que nació la República, se vigorizó y creció, y ni las re- 
voluciones interiores, ni la tiranía de los Césares, y has- 
ta la invasión de los bárbaros no pudieron destruir, se 
reproducía en todas partes a donde llegó el dominio ro- 
mano" (1). 

(1) Oulzot, "Hlatolre Genérale de la clvillaatlon en Europe". 



LAS BAZAS EX 8UD-AMEKICA 137 

FUEROS DE VIZCAYA 

LEY Y PRACTICA MUNICIPAL O INMEMORIAL EN LAS 
PROVINCIAS VASCONGADAS SIN GOBIERNO POLÍTICO 

Daremos un breve extracto de la organización y fa- 
cultades de los Ayunítaanientos vizcaínos que dá el au- 
tor vasco que hemos citado, poniendo en paralelo las 
f unciones y manera de proceder de las Municipalidades 
y de los Gobiernos políticos en Europa con los cuales se 
pretende suplantarlos. 

Alcaldes y regidores son vecinos del municipio, nom- 
brados por el municipio, responsables ante el municipio. 

La misión de estas autoridades es vigilar para que los 
Ayuntamientos no abusen de sus facultades, no pudien- 
do en ningún caso usurpar sus derechos, ni privarles de 
ninguna de sus) atribuciones. 

El Alcalde es independiente en el círculo de sus atri- 
buciones, interviniendo en cuestiones municipales la Di- 
putación foral. 

La Diputación general impone a los Alcaldes y Ayun- 
tamientos las correcciones necesarias. 

Cada Ayuntamiento nombra libremente su Secretario. 

La fianza de Tesorero se constituye a satisfacción del 
Ayuntamiento. 

Las cuentas del cajero municipal se examinan y aprue- 
ban por el Ayuntamiento, resolviendo las cuestiones co- 
munales, en segunda instancia, la Diputación general, 
como superior jerárquico. 

Cada Ayuntamiento discute y aprueba libremente la 
inversión de fondos comunales, con arreglo al presupues- 
to municipal. 

Las cuentas municipales se aprueban, en pueblos pe- 
queños, por todos los vecinos del municipio ; por el Ayun- 
tamiento entrante en las poblaciones grandes. 



138 D. F. SABMJENTO 

Cada Ayuntamiento aprueba sus ordenanzas, intervi- 
niendo en caso necesario la Diputación general. 

Cada Ayuntamiento hace libremente las mejoras que 
le convienen. 

La Diputación foral de cada provincia, oyendo a los 
interesados, resuelve en estos asuntos lo más conve- 
niente. 

La Asamblea provincial y Diputación general, encar- 
gadas respectivamente del Poder Legislativo y Ejecuti- 
vo, constituyen el Gobierno del país, ejerciendo sobre los 
Ayuntamientos la inspección y atribuciones que por tal 
concepto les corresponden. 

Los Ayuntamientos compran, venden, cambian, liti- 
gan, transigen, aceptan donaciones y contratan emprés- 
titos, sin intervención del Estado. 

Cada Ayuntamiento acuerda! y resuelve lo que le con- 
viene en el círculo de sus atribuciones, interviniendo, en 
caso necesario, la Diputación foral. 

Los Ayuntamientos son libres en el círculo de sus atri- 
buciones: todos sus acuerdos son válidos y ejecutivos, 
aunque reformables por la Diputación, en virtud de que- 
jas y reclamaciones. 



PROVINCIAS VASCONGADAS, GUIPÚZCOA, ÁLAVA 

Cada provincia nombra Diputados generales, suplen- 
tes y Secretario de Diputación. Cada provincia; arregla 
la división lí-rrilorial, íijifndo el número de procurado- 
res provinciales y la duración del cargo. 

III Ooogreso proviiM-ial aprueba o dewcha los poderes 
de los procuradores. 

Ln.s vwjinti's (1 ■ priNMiradores M provivn si.-mpiv por 
los respectivos pueblos. 

Cada provincia organiza sus dependencias en la firma 
que le conviene. 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 139 

Cada provincia nombra y retribuye sus empleados y 
dependientes. 

Ningún; vascongado puede ser juzgado civil ni crimi- 
nalmente en primera instancia, sino por jueces del país 
nombrados y retribuidos por los mismos vascongados. 

Cada provincia atiende a su seguridad! interior, nom- 
brando y retribuyendo la fuerza foral que juzga conve- 
niente. 

Cada provincia ejerce la beneficencia y cuida de los 
campos y montes, guardería rural y otros ramos; hace 
los repartos por Ayuntamientos, quedando éstos respon- 
sables de la recaudación, que entrega en las arcas pro- 
vinciales, sin intervención del Gobierno. 

Cada provincia es soberana en el orden económico y 
rentístico, disfrutando completa autonomía en la impo- 
sición, recaudación o inversión de contribuciones provin- 
ciales. 

Cada provincia formula, discute y aprueba su propio 
presupuesto. 

Tales son los rasgos principales del Gobierno vascon- 
gado, según más latamente lo expone el vasco Julián 
Arrese en su "Descentralización Universal o el Fuero 
" Vascongado, aplicado a todas las provincias, con un 
"examen comparativo de las instituciones vascongadas, 
"suizas y americanas". 

Siendo monótono en demasía el testimonio de cada 
acta para el formulario de todas las de su género, nos 
limitaremos a registrar la substancia de aquéllas cuando 
no sea la declaración u otorgamiento de derechos, — al 
fundarse la ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía 
en) América. 

"Así, acto continuo, el Gobernador que tomando una 
cruz entrega al cura de los españoles dos solares donde 
se fundará la iglesia Mayor (hoy catedral) en que cada 
año se celebre fiesta de nuestra señora de la Peña de 
Francia, el día -de nuestra señora de la Concepción, y 
ese día se corran toros en la plaza principal. 



140 »• F. SABMIEIsTO 

"Ansí niesmo luego incontinenti en el dicho día, mes 
y año dichos, el dicho señor Gobernador dijo: que por 
cuanto en esta dicha ciudad conviene instituir y decla- 
rar la orden que han de tener el Cabildo de ella en el 
votar y hacer elección en el dicho Cabildo en principio 
de cada año, de alcaldes y regidores desde el primero día 
de Enero venidero, primero principio del año de mil é 
quinientos é setenta y cuatro años, en el entranto que 
su Magestad otra cosa provea y mande ó el dicho señor 
Gobernador en su real nombre é que mandaba y mandó 
se tenga, guarde y cumpla la orden siguiente. 

"Primeramente: que el dicho día de año nuevo, por 
la mañana, juntos en las casas del Cabildo desta ciudad, 
sean obligados á oir Misa del Espíritu Santo. 

"ítem: que haya dos Alcaldes y seis Regidores cada- 
ñeros en el entretanto que Su Señoría provea y nombre 
Rejidores perpetuos (é no mas número) de Rejidores 
esceto los oficiales reales de Su Magestad que Su Seño- 
ría ha de nombrar con voz y voto en Cabildo y el Algua- 
cil Mayor de dicha ciudad puesto por la orden y nombra- 
mientos que dicho señor Gobernador mandare en nombre 
de Su Magestad. 

"ítem: dijo que mandaba é mandó que los dichos Al- 
caldes y Rejidores, habiendo oído una misa del Espíritu 
Santo para que los alumbre, estando todos juntos en su 
Cabildo y Ayuntamiento, voten por dos Alcaldes y seis 
Rejidores, é regulados los votos entregue la Justicia Ma- 
yor que se faltare con ellos en el dicho Cabildo las 
ÓUM de Alcaldes de Su Magestad de aquel año á los que 
tuviere» mas votos, salgan por Rejklores de aquel año ; 
y si acaso obieren votos conformes entro los Alcaldes é 
Rejidores por quien votaren aquel año teniendo votos pa- 
rejos tanto uno como otro eleven la dicha elección al Se- 
ñor Gobernador y en su ausencia al Teniente de Gober- 
nador que residiere en la dicha ciudad y sus términos 
para que él señale los que obieren de ser Alcaldes ó Re- 
jidores". 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 141 

"Nombróse Procurador de dicha ciudad á Alonso Gar- 
cía de Salas y por Mayordomo á Miguel de Moxica, Es- 
cribano de Cabildo á Francisco de Torres, Alguacil Mayor 
de la ciudad nombróse á Damián Olovio, quien sería 
recibido y reconocido por el Cabildo, previo juramento, 
fianza y demás solemnidades requeridas. Nombróse igual- 
mente pregan y verdugo. 

"Los inombrados señores Alcaldes dijeron que están 
prestos á hacer el dicho juramento, de los cuales é de 
cada uno de ellos el dicho señor Gobernador recibió ju- 
ramento por Dios nuestro Señor é por Santa María é 
por los Santos Evangelios, é por la señal de la Cruz en 
que pusieron sus manos, so caigo del cual prometió cada 
uno de hacer bien y fielmente sus oficios de Alcaldes y 
Rejidores de la dicha ciudad sin hacer eoepcion de per- 
sonas que harán cumplimiento de justicia; y los dichos 
Alcaldes guardarán el derecho á las partes y que cum- 
plirán las cartas é provisiones de sus Magestades y no 
consentirán llevar derechos demasiados, ó que si hicieren 
injusticia, ó agravios, ó cosas indebidas las pagarán y 
estarán á derecho con las partes que algo les quisieran 
pedir al tiempo de su residencia, é que los dichos Alcal- 
des y Rejidores defenderán la jurisdicción de esta ciu- 
dad y sus términos é mirarán por la República é servirán 
á Su Magostad con sus persooasj y haciendas todas las 
veces que se ofreciere contra todos aquellos que se apar- 
taren del servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Ma- 
gostad é guardarán el secreto de lo que trataren y acor- 
daren en sus Cabildos y harán todo aquello que son obli- 
gados á sus oficios, los cuales dijeron cada uno, — si juro 
y amen. E yo, el dicho Escribano, les dije que si ansí lo 
hiciesen Dios les ayudase y si no que se lo demandase 
como á malos cristianos, los cuales dijeron amen y lo fir- 
maron de sus nombres, siendo testigos los dichos — Blas 
Rosales — Hernán Mexia Miraba! — Rodrigo Fernandez — 
Juan Rodríguez Juárez — Román de Chaves — Antón Be- 
rrú — Diego Hernández — Juan de Molina Navarrete — 



142 D. F. SARMIENTO 

Ante mí — Francisco de Torres, Escribano de su Mages- 
tad. 

"ítem: dijo que ordenaba y ordenó mandaba y mandó 
que ninguno de los Alcaldes y Rejidores del Cabildo que 
su Señoría en nombre de su Magestad hizo y nombró 
para lo que quedaba de este año de mil é quinientos é se- 
tenta é tres los eligió como primero fundador é poblador 
de esta dicha ciudad no puedan quedar por Alcaldes ni 
Rejidores para el año siguiente de mil quinientos é se- 
tenta y cuatro ni ninguno de ellos sino que voten en per- 
sonas vecinos moradores de esta dicha ciudad de los que 
están fuera del dicho Cabildo : de suerte que ninguno de 
los dichos Alcaldes ni Rejidores ni de los que adelante se 
eligieren en cada un año no ha de ser Alcalde ni Rejidor 
sin que pase año en medio del que lo\ fué é del que lo» 
pudiere tornar á ser si por él votaren y aun que sea Al- 
calde no ha de quedar por Rejidor ni el Rejidor por Al- 
calde el año siguiente que lo fuere, y esta orden dijo que 
mandaba é mandó se tenga é guarde agora é para siem- 
pre jamás en este año y en los de adelante venideros 
hasta que su Magestad sobre ello otra cosa provea é 
mande. 

"ítem: dijo que ordenaba y ordenó, mandaba é man- 
dó que de hoy en adelante para siempre jamás sean obli- 
gados á juntarse dos veces en dos dias de cada semana, 
qne el un día sea Martes y otro el Viernes: é el Alcalde 
ó Rejidor que faltare alguno de estos dos días no tenien- 
do legítimo impedianeinto para ello incurra en pena de 
dos pesos de plata corriente por cada vez aplicados para 
pro] ■: :a ciudad, en la cual pena dijo que 

Jos dahii c dio por condenados al que lo contrario hi- 
ciere. 

"ítem: que ordenaba y ordeno, mandaba é mandó de 
I adelante pan siempre jamás, no entren ni puedan 

<n/nir con armas los capitulares del Cabildo de esta di- 

< luí <iii<la<l á liar, ,■ Cabildo •■ <t¡>(o las personas que lu- 
ii-.is de la Real .fuslicin so pena de pérdida 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 143 

de las dichas armas, las cuales dichas armas aplicaba y 
aplicó para la Justicia de su Magestad de la dicha ciu- 
dad que las quitare al Rejidor ó Rejidores ú otras per- 
sonas que las ¡metieren en la Sala del dicho Ayuntamien- 
to. Y así lo proveyó, ordenó y mandó para que se cum- 
pla y guarde lo susodicho y lo firmó — Don Gerónimo 
Luis de Cabrera — Francisco de Torres, Escribano de su 
Magestad. 

"ítem: dijo que mandaba y mandó el dicho señor Go- 
bernador que el Cabildo nuevoi que entrare en cada un 
año nombre Alférez Real de la ciudad votándolos por 
sus votos procuradores y mayordomo y tenedores de bie- 
nes de difuntos ¡para el propio año conforme á las orde- 
nanzas de su Magestad". 

Tales son las aofeaan kla dea y declaraciones principa- 
les con que se instalaba el Cabildo o Gobierno propio de 
cada ciudad española en América, y tales se conservaron 
sus libertades y prerrogativas hasta los primeros años 
de la independencia. 

Ten someramente están indicadas las facultades y atri- 
buciones municipales, en actos necesariamente restringi- 
dos a la creación del euerpo mismo, que sólo nos deten- 
dremos en los puntos principales. Entre los deberes que 
juran Regidores y Alcaldes al recibir sus varas, está "el 
de defender la jurisdicción de esta ciudad y términos ' ' : 
y en el acta de fundación de; la ciudad, queda consig- 
nado que el Gobernador en nombre de Su Majestad daba 
y dio a esta ciudad,! jurisdicción privativa de todas las 
ciudades, y dijo que daba a esta ciudad todas las fran- 
quezas, mercedes, y libertades que tienen la ciudad de 
Córdoba, en España, y las ciudades de los Reyes (Lima) 
y del Cuzco, por entonces dos grandes capitales, la an- 
tigua de los Incas y la moderna de los Virreyes, con lo 
que parece ser la ¡mente indicar que la nueva de Córdo- 
ba es como un trasplante en América de la Córdoba de 
España, ciudad tan principal, pues fué también metro- 



144 D- F. SARMIENTO 

poli de un reino, y trasunto de las dos grandes capitales 
americanas: la autóctona y la gubernativa. 

La frase, todas las franquezas, mercedes y libertades 
que tiene la ciudad de Córdoba, en Europa, indica 
que reinal -la idea de que esas franquicias y libertades, 
con algunas ¡mercedes que hubiesen añadido los reyes, 
eran tenidas por libertades y franquicias propias de las 
ciudades, pues en caso contrario habría bastado decir 
mercedes; y es en efecto aquel el sentido genuino de las 
palabras, y el derecho municipal, tal como lo instituye- 
ron los romanos cuando lo acordaban a sus colonias, bajo 
el regimiento de los Diumviros, que corresponden a nues- 
tros dos Alcaldes de 1.° y 2.° voto. 

En la famosa sesión del Senado Romano en que se dis- 
cutió la suerte de los cómplices de Catilina, Julio César 
propuso fuesen internados y mantenidos prisioneros en 
los Municipios. Cicerón el Cónsul y Catón, contestán- 
dole, dijeron que no era posible obligar a los Municipios 
de Italia a que guardaran prisioneros. 

La razón dada demuestra el grado de libertad muni- 
cipal. 

Hay una declaración solemne, como lo es el contenido 
de la Magna Carta inglesa, de donde emanan las poste- 
riores declaraciones de los Derechos del Hombre en so- 
ciedad, que consagran nuestras Constituciones con el 
nombre de Derechos, garantías. El art. 13, de Juan Sin 
Tierra, dice: 

"La ciudad de Londres tendrá sus antiguas libertades 
"y libres usos tanto por tierra como por agua: además 
"nosotros (pirremos y concedemos que todas las otras 
"ciudades y villas, aldeas y puertos, teñirán todas sus 

"libertades, y libres usos!" El articulo trece de la Mag* 
('arta dada por .litan lícy de Inglaterra y ratificada 
por sus sucesores ¡Icnriqui IV y Eduardo I, en el capí- 
lula IV, qué corresponde al 13 de la Magna Carla. 

I' . a ni) dudarlo, el mismo lenguaje del Ifcey de íngla- 
Ierra el (pie dice en América que a nombre del Roy ca- 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 145 

tólico da a la nueva ciudad de Córdoba, lasl mismas li- 
bertades que tiene la antigua, como el otro asegura al 
reconocer los derechos del hombre en sociedad, que el 
poder del Soberano no alcanza hasta destruir o restrin- 
gir las libertades municipales de Londres, que son el de- 
recho de los vecinos de gobernar sus cosas por medio de 
sus propios magistrados. 

La constitución del gobierno que la nación argentina 
se daba etn 1853, adoptando para ella la forma republi- 
cana, representativa, federal, hace la misma distinción, 
negándose a sí misuna la nación el derecho de¡ crear si- 
quiera el poder municipal, y haciendo de su restableci- 
miento, condición para conceder a Las provincias el goce 
y ejercicio de las instituciones como tales, pues no es 
otro el sentido del art. 5, da las declaraciones, derechos 
y garantías que limitan la autoridad delegada al Con- 
greso o al Presidente. 

"Cada provincia dictará para sí una Constitución 
"concordante con la nacional, que asegure su adminis- 
"tración de justicia, mí rígimm municipal y la educa- 
ción primaria". 

Esta última puede darla la provincia o la Municipali- 
dad, pero la provincia asegura instituciones que de suyo 
existen: la Municipalidad, la administración de justicia. 
La provincia no se asegura de sí misma, sino que ase- 
gura a los vecinos de cada pueblo, aüdea o ciudad en el 
derecho innato de gobernarse y administrarse a sí mis- 
mos los vecinos de cada villa, ciudad y pueblo, que los 
Reyes de Inglaterra aseguran también a las poblaciones, 
y a nombre del Rey de España dieron a todas las ciu- 
dades americanas desde el, momento de su fundación y 
como inherente a su existencia material, el derecho ipso 
facto de gobernarse a sí mismas. 

Calcúlese el estrago que está haciendo la práctica in- 
cipiente de crear pueblos sin derechos, ni más ni menos 
como se fundan estancias, mandando un capataz y algu- 
nas familias para faenas. Expliqúese el que pueda, có- 



146 D. F. SARMIENTO 

mo el Gobierno nacional político y el de la provincia han 
asumido el poder municipal de la ciudad de Buenos Ai- 
res y de las otras poblaciones, nombrando y removiendo 
regidores y alcaldes., 

Están visibles las responsabilidades del ejercicio de 
todo poder, aun en las antiguas monarquías absolutas, 
pues "si los cabildantes hicieren cosas indebidas, las pa. 
garán y estarán a derechas con las partes que algo le» 
hicieren pedir al tiempo de su residencia". La Residen- 
cia es, como se sabe, el juicio de impeachment en que, re- 
sidiendo los virreyes un¡ año después de su término, es- 
peraban si alguien lo reclamare. 

La forzosa renovación anual de los Regidores, el anual 
nombramiento de Alférez Real, que mantiene cuatro 
sirvientes armados, el no poder entrar con armas en el 
recinto de la sala capitular, que se permitió en Roma 
contra la ley Claudio, el enemigo de Cicerón, con sus 
bandas, y Nerón el día que hacía condenar a Trascas por 
odio a su virtud, como la absoluta prohibición de que 
sea electo un Regidor, sin que pase año en medio del que 
lo fué hasta el que lo pudiere tornar a ser si por él vo- 
taren, todo está mostrando que la mayor parte de las 
provisiones de nuestras constituciones modernas son 
simplemente la consignación do principios, prácticas y 
prescripciones antiguas y de que estaban impregnadas 
nuestras instituciones civiles, municipales y administra- 
tivas. 

La obligación de asistir dos veces en la semana al sa- 
lón capitular y no en) otra parte, son nuestras sesiones 
ordinarias de Im Legislaturas, con más la multa a los 
lícgidom y Alcaldes inasistentes, para que no se pro- 
dujera el escándalo de nuestros tiempos, en que la mi- 
noría, no asistiendo, suspendo la legislación. 

Sin añadir comentario alguno, agregamos a lo ya ex- 
puesto, .i, vía de probanza de las Facultades y autori- 
dad de los Cabildos, lo más notable entre mndhaa otras 

MOlamaeinnc. y p'didos hechos por apoderados y expen 



LAS BAZAS EN 8UD-AMEEICA 147 

sados de su propio seno que acreditaban cerca de los 
Gobernadores de la provincia de Tucumán, la audiencia 
de Charcasi o el Virrey mismo, contra actos de funciona- 
rios públicos que consideraban atentatorios a sus esfuer- 
zos o dañosos al buen servicio, ski exceptuar una acusa- 
ción de residenciaj que hacen a un gobernador anterior 
a quien culpan de homicidio. 

"ítem — Se ha de pedir otra provisión para que Juan 
de Garay ni otro capitán alguno no inquieten los indios 
repartidos y encomendados en esta jurisdicción por el 
dicho señor Gobernador D. Gerónimo Luis de Cabrera 
é por los demás Gobernadores pasados que han residido 
en nombre de su Magostad en esta Provincia y Gober- 
nación. 

"Este pueblo está en gran confusión, porque dicen 
todos los que de allá vienen que V. Señoría reparte los 
indios que están encomendados en esta ciudad y muy 
cercanos de ella y lejos de esa; y dan por testigos los 
indios mas instruidos que se han venido á quejar que 
les lleven sus hijos y mujeres á servir á esa ciudad (San- 
tiago) y si así ha de ser, lo mejor es que V. Señoría los 
reparta á todos allá en esa ciudad á los vecinos de ella, 
é iremos nosotros á sustentárselos allá, y pues están de 
allá cuarenta á cincuenta leguas y de 1 aquí veinte á lo 
mas lejos, justo es sirvan acá, pues están repartidos á 
esta ciudad y no á esa, pues no estaban allá repartidos 
ni encomendados antes de ahora y porque en todo en- 
tendemos el favor de V. Señoría no 1 nos faltará en esta 
ni en lo demás nuestro en esta. 

"ítem: Pedir á S. S. que confirme los términos de 
esta ciudad dados por D. Gerónimo Luis de Cabrera, Go- 
bernador que fué, amparando á esta ciudad en ellos, no 
dando lugar á que ninguna persona de ninguna calidad 
que sea, entre de mano armada, ni con mandamientos de 
ningunas justicias so graves penas que para ello Su Se- 
ñoría ponga. 



148 D. F. SABMBENTO 

"liem : Ha de pedir el Procurador de esta ciudad á 
Su Señoría revoque un capítulo de la ordenanza fecha- 
da por D. Gonzalo de Abreu de que ningún indio ó india 
se pueda casar fuera de su pueblo en sus ritos ó cere- 
monias y no nías guardando lo mandado en las demás 
ordenanzas que están fechas y así fijadas en el Libro del 
Cabildo, y en esta el primer casamiento y no en mas. 

"Primeramente — Contradigan la entrada del Gober- 
nador Licenciado Hernandoi de Lerma á esta tierra por 
los agravios y vejaciones que esta República y vecinos 
de ella recibirían con su entrada. 

"ítem: pedir y ponerle demanda de muchos agravios 
que esta ciudad ha recibido de él en sacar los vecinos de 
esta ciudad para llevarlos á Salta, tres veces, que son 
mas de doscientas leguas de esta ciudad, quedando la 
ciudad con muy poca gente y en mucho riesgo. 

"ítem: que yendo/ un Procurador vecino de esta ciu- 
dad en pedille y suplicalle por parte de esta ciudad y 
con poder del Cabildo de ella mirase la gran necesidad 
y riesgo é que quedaba la ciudad, sacando los vecinos de 
ella, no tan solamente no lo remedió, mas llevó al dicho 
Procurador á Salta contra su voluntad con los demás 
haciéndole muchas amenazas. 

"ítem: que yendo un vecino á la ciudad y del Cabil- 
do con cartas del Cabildo, suplicando al Gobernador re- 
mediase muchos agrario! ó vejaciones que su Lugar Te- 
niente Juan Muñoz hacía en esta ciudad, no tan sola- 
mente no lo remedió pero le hizo echar de la sala con 
palabras feas é injuriosas. 

"Hcm mas: por pie un vecino de esta ciudad y del 

Cabildo porque uo¡ votó en que se recibiere un Alguacil 

por causas que él dio en el Libro del Cabildo, 

po«r mándalo del dicho Gobernador ]<• enviaron preso á 

Nadad de Santiago del Uslero y le tuvo preso el dicho 

Gobernador Iras la Cárcel muchos días. 

"Jtafl hkis; .siendo su luu/ar Teniente .Juan Muñoz 
■ ri . I;i ciudad, decía públicamente haberle mandado el 



LAS RAZAS EN SUD-AMEBICA 149 

dicho Gobernador que cuando obiese menester algo en- 
viase un Alguacil á tomarlo donde lo hallare. 

"ítem mas: que habiendo una provisión real de la 
Real Audiencia de Charcas, para prender á Manuel Ro- 
dríguez Guerrero, su Secretario, le dio de mano y le en- 
vió á la ciudad; de Córdoba para que se fuese á Chile 
con voz de Capitán de campo, de donde ee fué y llevó 
mucha gente así de su repartimiento como de otros, y se 
murieron en el camino muchos de ellos y se quedaron 
allá por orden del dicho Manuel Rodríguez Guerrero. 
Y primeramente pedir á su señoría el patronazgo real 
autorizado para que se sepa por él lo que se debe hacer 
con los curas é vicarios que se proveyeron para esta ciu- 
dad y traído se ponga en este libro de Cabildo. — 

"Pedir á su señoría del governador que reboque un 
mandamyento que dio el capitán antonyo fernandez de 
velasco tenyente de governador sobre que nyngun vezino 
ny morador desta ciudad pudiese despachar carretas al 
puerto de buenos ayres ny a otra parte sin licencia es- 
presa de suj señoría de que esta ciudad rrecibe agravio 
á causa de que se ofrecen para alquilar algunas carretas 
y otros tienen necesidad de despachar por sus haciendas 
al dicho puerto de buenos ayres y otras partes e lugares 
y no pueden acudir á su señoría por la distancia del 
camyno y que su señoría sea servido de hacer merzed á 
esta ciudad de dar su mandamyento para que libremente 
puedan los vecinos e moradores despachar sus carretas 
á las partes e lugares para donde los alquilaren o tuvie- 
ren necesidad de despacharlos haziendo rregistro de loa 
yndios conforme á las hordenanzas pues desto se sus- 
tenta esta ciudad. — 

" — 7 pedir á su señoría rreponga un mandamyento 
que tiene dado para que los mercaderes no puedan ven- 
der en esta ciudad sus mercaderías y dar su manda- 
myento para que libremente puedan vender sus merca- 
derías en esta ciudad — 



150 D- F. SABMIENTO 

" — y pedir un traslado de las libertades y esenciones 
que se an de guardar á los tesoreros de las bulas — 

"y pedir á su señoría mande librar; su manda'myento 
que su lugar tenyente ques o fuere no pueda executar 
sentencia de muerte ny mutilación de miembro ny afren- 
ta en nyngun vezino sin que se le otorgue la apelación 
con graves penas que para ello les ponga su señoría." — 

El Cabildo de Córdoba, en varias circunstancias, de- 
fiende sus prerrogativas y facultades propias contra el 
Capitán General de la Provincia de Tucumán, de que 
depende civilmente Córdoba, en virtud de haber aquel 
gobernante de una sección del virreinato del Perú en- 
tonces, pretendido entrometerse en sus procedimientos. 

Habiendo dicho aquel funcionario, que había sido in- 
formado sobre las parcialidades y desórdenes que se han 
tenido! en las capitulares de dicho Cabildo, en las elec- 
ciones de regidores, nombrando y eligiendo hombres 
mozos, procurando excusar en los dichos oficios y cargos 
los hombres viejos principales y de calidad, casados y 
de buen ejemplo y costumbres, y de quien los mancebos 
y la República han de ser bien gobernados... mando 
dar el presente por el cual os mando que reunidos al 
efecto... "nombrareis cuatro regidores, que sean per- 
"sonas cuales os parezcan convienen de treinta y cinco 
"años para arriba y hombres casados, y asentados de 
' ' buena vida y costumbres, y hecho la tal elección, me 
'la enviaseis cerrada y sellada para que yo la vea y 
' ' confirme en nombre de Su Magestad como tal su Go- 
"bornador y Justicia Mayor. . .so pena de privación de 
' ' vuestros oficios, á mas de doscientos pesos de oro cada 
"uno". 

"Reunido el Cabildo, se convino en contostarle reca- 
pitabfltdo las libertades concedidas á la ciudad y Cabil- 
do al tiempo di; su fundación, el cual uso había sido con- 
firmado y aprobado por lodos los (¡obc madores que son 
muchos, y en conformidad han dejtfdo libremente los 
Cabildos de elegir, y como lo mandado sería ir contra 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 151 

los estatutos desta ciudad, y para que su señoría sea in- 
formado de la verdad y conozca lo que aquí se tiene re 
ferido, conviene se le envíe aviso y testimonio de todo, 
de suerte que su señoría revoque su mandamiento. 

"En su consecuencia el Cabildo dio poder á D. Pedro 
Luis de Cabrera y Gerónimo Bustamante para que pa- 
rezcan ante su señaría del Gobernador Juan Ramírez 
acerca de las ordenanzas y constituciones que esta ciu- 
dad tiene uso y costumbre de hacer las elecciones fe- 
chas ... y que su señoría reponga el mandamiento dado 
en contrario del dicho uso y costumbre, y sobre esto ha- 
gan las diligencias que convinieren. 

"Al efecto les daban poder para pedir que reboque el 
mandamiento que tiene dado contra los fueros y orde- 
nanzas de esta ciudad, y presentan para ello, la funda- 
ción de esta ciudad é libertades é ordenanzas que hizo el 
fundado. . . haciendo pedimentos, requerimientos y pro- 
testaciones; y de no tener efecto puedan apelar de au- 
tos y mandamientos que se dieren en perjuicio, y sacar 
testimonios, y con ellos puedan parecer ante el Rey nues- 
tro señor, y señores de su Real, Audiencia de la Plata, 
y ante el señor Visorey del Perú y ante otras cualesquier 
Justicias y Jueces de Su Magestad, eclesiásticos é segla- 
res, de cualquiera fuero ó jurisdicción que sean". 

Esto es lo que se llama correr cielos y tierra, y no de- 
jar piedra por remover para defender aquellas liberta- 
des, que viniendo desde ab initio aseguradas a las ciuda- 
des no han de dejarse a merced de un gobernante audaz. 
I Seremos menos republicanos, pues República llaman a 
Córdoba, en 1882, que lo que se muestran nuestros pa- 
dres en 1588? 

La Independencia no es la libertad, por lo visto. 



152 D- F. SABMIENTO 



PETICIÓN DE DERECHOS 



El Cabildo de Córdoba en 1792 hace, en las instruc- 
ciones dadas a sus apoderados para representarlo ante 
el Gobierno y Capitán General de Tucumán, Diaguitas 
y Comechingones, la misma petición de derechos que el 
pueblo inglés hizo y arrancó al descreído y falso Rey 
Carlos I. 

La brevedad de las actas municipales, la pequenez del 
teatro y obscuridad de los actores, quita a los ojos del 
vulgo con la redacción curial de estas piezas, la majestad 
y grandeza del acto. 

El Cabildo de Córdoba se mostró durante muchos años 
a la altura del Parlamento inglés, y asombra como pue- 
blo tan levantado, que lucha dos siglos sin cesar por sus 
libertades, ha venido a ser el pueblo que consintió a Bus- 
tos, que obedeció a los Reynafós y los Quebrachos, y no 
ha podido hasta hoy restablecer su antigua jerarquía. 

Son dignas de eterna recordación las siguientes: 

"Instrucciones que dan los señores Cabildo, Justicia 
y Regimiento de esta ciudad para que parezcan ante los 
señores Presidente é Oydores de la Real Audiencia. 

"Primeramente. Pedir á su Alteza provisión real para 
que los gobernadores de estas provincias, no saquen á 
los vecinos feudatarios de sus casas é vecindarios, para 
ninguna población nueva, ni conquista, ni le tomen las 
armas que tienen ipara el sustento de esta ciudad, ni ca- 
ballos, é confirmen el estado de esta tierra. 

"ítem — Que los Gobernadores no envíen Jueces en 
comisión á presidir dos Cabildos y llevarles costas, ni in- 
ferirles otras vejaciones — porque ha sucedido prender 
al Cabildo, Justicia 6 Regimiento de esta ciudad — por 
volver por su República. 

"ítem— Que los Gobernadores é sus lugares Tenien- 
te . y ;ilc;il(lrs ordinario- '.i cíikImkI no cxmífcn sus 
nuerte, ni mutilación de miembro, ni 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 155 

afrenta á ningún vecino ni morador de esta ciudad, sino 
que les otorguen las apelaciones para ante su Alteza (la 
Real Audiencia) ni les vendan sus haciendas hasta que 
su Alteza vea la causa y se defina en sus estrados, ó sien- 
do recusados los dichos jueces en cualquier manera se 
acompañen conforme ai derecho. 

"ítem — Pedir á su Alteza que confirme las constitu- 
ciones é ordenanzas, términos y posesión de esta ciudad; 
y que no entre ninguna persona en los términos de esta 
ciudad ni hagan vejaciones á los naturales de estas pro- 
vincias, é que puedan con libertad, en su Cabildo y 
Ayuntamiento determinar los capitularas lo que viesen 
que conviene al bien, pro y utilidad de su República. 

"ítem — Que los Gobernadores de estas provincias de- 
jen libremente á los procuradores que vuelvan por su 
ciudad) y República, y no los puedan prender ni hacer 
vejaciones, ni impedirles los caminos, sino que libremen- 
te los dejen pasar en su viaje. 

"ítem — Que los Gobernadores no puedan llevar desta 
ciudad á ningún vecino por ningún delito que haya po- 
dido cometer, para conocer de su causa, si no fuere que 
las justicias de esta ciudad conozcan en su fuero, é ju- 
risdicción, porque ha acaecido mandar jueces de comi- 
sión por cosas muy fáciles de salario, y los han llevado, 
así á los vecinos como á los capitulares, de que reciben 
grandes agravios por ser la tierra pobre". 

Mil otras muestras daríamos de la libertad de que go- 
zaban las ciudades, y de la autoridad de que están re- 
vestidas las Municipalidades por derecho propio, como 
la acordaba la Magna Carta en Inglaterra y el formula- 
rio de erección de ciudades en América, que viene acaso 
de los romanos al tomar posesión de territorios o fundar 
ciudades, concediéndoles el derecho latino, y entonces 
gobernaban duumviros o alcaldes, ó bien las colonias mi- 
litares de ciudadanos italiotes con que aseguraban la 
quieta posesión de una comarca. 

Con toda indulgencia del lector, Ja mayor parte encou- 



154 D. F. SABMIENTO 

trarán que estamos gobernados por el sargento del Poli- 
cía, institución patria, es decir, arbitraria. 

Práctica colonial necesita título como petición de Dios. 

Cuanto venimos enumerando es la forma del sistema 
teórico, diremos así, de la colonización española, fajando 
por las Leyes de Indias las relaciones con los aborígenes, 
por las Reales Ordenanzas de cobro y administración de 
los caudales públicos y por la instalación de los Cabil- 
dos, coetánea y consustancial de la fundación de las ciu- 
dades de blancos, continuando la tradición histórica de 
los pueblos cultos en su manera de gobernarse, como un 
derecho propio al hombre y de que no puede ser des- 
pojado por transportar su domicilio de un continente a 
otro. 

¿ Qué habría de verdad en la práctica no obstante todo 
aquel conjunto de prescripciones legales? Nuestras prác- 
ticas actuales, tanto administrativas coimo municipales, 
nos harían suponer que no debieron ser mejores duran- 
te las colonias, pues que si peores fueran, habría ocasión 
de compadecerlas. Muchos abusos debieron perpetrarse, 
principalmente en lo que hace al tratamiento de los in- 
dios por la victoria y la conquista primero, por el repar- 
timiento y la mita después. Mayor debió ser el despil- 
farro de la tierra, pues siendo distribuida a españoles, y 
la cría del ganado requiriéndola sin límites e inculta, no 
debieron tener tasa las concesiones hasta forzar a la co- 
rona a entrar en moderada composición con los detenta- 
dores de extensas comarcas adquiridas de algún modo 
por los más diligentes. VA señor TreMes publicó en su 
preciosa colección die documentos los registros de conce- 
siones <Je tierras hechas en Buenos Aires por los años 
1634 a 1735, en que se nota la falta de toda, formalidad, 

•isura df limitación, precio y cantidad en las conce- 
siones de tierras, pidiéndolas por merced, en algunos ca- 
sos, y concediéndolas por hal>er hedió patrulla una no- 
che en la lindad el solicitante. Sobre estas leyes y sus 
nwni'-nf.--. hallará el curioso mucha doctrina en 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 155 

una memoria al Instituto Histórico de Francia por el 
autor. 

En cuantió a la realidad de la autoridad e independen- 
cia de los Cabildos, se encuentran por fortuna en el ar- 
chivo) de cada ciudad sus actas, y las notas recibidas y 
cambiadas, de manera que cada uno podrá juzgar de la 
importancia de sus funciones. 

Las actas del Cabildo de Córdoba, que hemos recorri- 
do con interés, cuan monótona sea la redacción de estos 
documentos, nos han suministrado los preciosos datos 
que hemos puesto a la vista del lector. 

Quédanos ensayar una manera de demostrar la impor- 
tancia de las funciones, por la categoría y viso de las 
personas que las desempeñaban. Tenemos a la vista las 
actas capitulares y correspondencia del Cabildo de San 
Juan, desde 1801 hasta 1814, y probaremos a poner de 
pie la administración pública de esos tiempos, seguros 
de dejar sorprendido al lector por los nombres y posi- 
ción de los empleados, pues si bien pertenecen a una ciu- 
dad del interior, de la encumbrada situación de los pa- 
dres se juzgará por la que tienen aún sus hijos y nietos, 
muchos de los cuales han ocupado puestos elevados de 
la Nación. 

En 1814, el Cabildo, Justicia, Regimiento y Gobernador 

político y militar en San Juan y demás empleados. 

Alcalde de primer voto. D. Pedro Vázquez del Carril 
— padre del Presidente de la Corte Suprema don Salva- 
dor María del Carril. 

Don Hilarión Furque, rico propietario, padre de 
don Rafael Furque, Administrador de Aduana en Con- 
cordia. 

Administrador de Correos, Vicente Sánchez Carril, 
fuélo treinta años y murió en su empleo. 

Cura Vicario, Presbítero Castro Barros, Diputado al 
Congreso de Tucumán. 

Comandante General de Armas, don Mateo Cano, de 



156 !>• F. SABMEENTO 

la familia de los Cano de Buenos Aires, sucede a don 
Juan Jofré. 

Fr. Bonifacio Vera, Prior del Convento de San Agus- 
tín, Diputado del Congreso de 1826. 

Don Isidro Mariano de Zavala, Interventor de Hacien- 
da, tres de sus nietos establecidos en Buenos Aires. 

Escribano, don Juan Gómez Garfias, mandado poner 
por el Cabildo en reemplazo de don! Pedro de los Ríos 
(español, sus descendientes en Tucumán). Abuelo del 
Senador Gómez por San Juan. 

Maestro de Escuela, Presbítero don Manuel Torres, de 
la acaudalada familia de este apellido. Su hermano dejó 
sus bienes para escuelas de mujeres de San Juan. 

Don Pedro Doncel, Escribano, abuelo del médico Don- 
cel y de un Gobernador de San Juan. 

Juan Crisóst'omo Quiroga, Comandante de milicia, 
conduce una recluta a Buenos Aires, padre del Diputa- 
do Quiroga, al Congreso. 

Don Agustín Tello, abuelo del profesor de mineralo- 
gía y Rector del Colegio Nacional en San Juan. 

Don Posidio Moyano, abuelo del Mayor Moyano. 
Don Ignacio de la Rosa, Gobernador con San Martín. 
Don José Navarro, Gobernador con San Martín. 
Presbítero Pedro Rufino, tio abuelo de los Rufino de 

Buenos Aires y familia muy principal. 

Fr. Justo Santa M. die Oró, obispo de Cuyo, Diputado 
al Congreso. 

Narciso Laprida, Presidente del Congreso de Tucu- 
mán. 

Domingo Albarracín, abuelo del Diputado al Congre- 
go Albarracín. 

Estos personajes y otros que por evitar prolijidad no 
H nombran, forman la administración desde 1812 a 1814, 
siendo Ioh inis&now u ol'ros igualmente notables los que 
|0BJ pB • <-<|.-!i ( n !<>-• anos anteriores, c'omo liemos visto a 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 157 

don Javier Joíré, Comandante General de Armas, des- 
cendiente del fundador de San Juan. 

No alcanzó a llagar a San Juan el cambio de política 
colonial, introducido por Godoy en España. "A fin de 
confiar ien cuanto posible fuere a españoléis todas los fun- 
ciones públicas proveyó los empleos inferiores y aun a 
los empleos más ínfimos, lo que antes no se había hecho 
por los virreyes y por los Cabildos, y ¿quiénes eran esos 
españoles? No se sino que entonces llegaban a América, 
bajo apariencias y en número que más que nunca exci- 
taban lal indignación general, los aventureros hambrien- 
tos, que acostumbraban a abusar de sus funciones para 
enriquecerse de una manera ignominiosa. Hombres es- 
cogidos por el favor, si no por el dinero que habían dado, 
y accesibles a toda corrupción, penetraron entonces has- 
ta la Corte Suprema" (1). 

GOBIERNO DE LAS CIUDADES 
TUCUMAN 

Concluiremos con la inserción de uno de los bandos 
llamados de buen gobierno que a guisa de programa pu- 
blicaban los Alcaldes a su advenimiento, y contienen ge- 
neralmente las disposiciones legales sobre la seguridad 
pública y las infracciones sujetas a multa o prisión. 

Por ignorarlas o por haber caído en desuso vuelven a 
dictarse leyes y decretos sobre puntos de antiguo regi- 
dos por disposiciones y reglamentos vigentes. 

Son además interesantes hoy por la pintura de la so- 
ciedad colonial, y sus elementos. 

Ab uno disce óranos. 

Don Cayetano Rodríguez, Alcalde Ordinario de primer 
voto, y don Pedro\ Antonio Araoz, Eejidor fiel ejeeu- 



(1) Gervinius, "Histoire du Dix-Neuviéme siécle, depuis les 
traites de Vienne". Causes de la "Revolution d'Amérique", to- 
mo 12, pág. 58. 



158 D. F. SABMIENTO 

tor propietario, Alcalde ordinario de segundo voto en 
turno por su Magestad que Dios guarde, etc. 

Por cuanto en acuerdo del día dos de este presente 
Enero, que celebró este I. C. en el cual determinó para 
el buen régimen y gobierno se publiquen y expresen los 
puntos que han de observar, guardar y cumplir todos los 
moradores de esta ciudad, para cuyo efecto tiene comi- 
sionado dicho Cabildo á los dos Juzgados ordinarios, 
siendo de sus cuidados el publicar y celar lo mandado, 
en cuya virtud pasamos á formalizar en la forma y ma- 
nera siguiente: 

1.° — Que Dios Nuestro Señor sea loado y reverenciado, 
y que nadie sea osado de blasfemar ni decir mal de Dios 
ni de su bendita madre ni de sus santos, so las penas de 
las leyes de estos reinos. 

2.° — Que todas las personas de uno y otro sexo, de 
cualquier condición y calidad que sean, al toque de la 
campana con que se hace seña al tiempo que alzan á 
Dios Nuestro Señor Sacramentado en la Iglesia de la 
Matriz, se postren, y arrodillen y veneren con toda com- 
postura y devoción; y que así postrados se mantengan 
durante el toque de las campanas, so las penas impuesta* 
por derecho según en los casos que en él se concurren. 

3.° — Que en cumplimiento de la ley 36, título y libro 
1.° de las Recopiladas de estos Reinos todos los cristianos 
de cualquiera dignidad, grado, estado y condición, cuan- 
do viesen pasar por la calle el Santísimo Sacramento, se 
arrodillen á hacerle) reverencia y estar asi hasta que el 
SiicrnloU' haya pasado y acompañándolo hasta la iirlosi-i 
de donde salió, y no se escusen por Iodo, polvo ni otra 
causa ,:' •i;-:.i \ .-I que ii<> lo hiciere será condonado en 
■efeeieiito.H maruvedí.s. 

4.* Ítem: Que todas las, personas que tienen esclavos 
los envíen á la Ijrh-.-a Mayor a la hora que señala el pre- 
ludio, y allí lea sea enseñada la doctrina cristiana de for- 
ma que instrni<lo> en nuestra sania IV católica romana 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 159 

vivan en servicio de Dios Nuestro Señor según se orde- 
na por la ley 72, tít. y lib. 1.° de las de este Reino (1). 
Así mismo se guarde, cumipla y ejecute la ley del mismo 
tít. y lib. que indios, mestizos, libres, de uno y otro sexo 
concurran á la Iglesia á aprender la doctrina so pena de 
incurrir en la multa de cuatro ipesos, imitad para la cá- 
mara de S. M. y obra de la. cárcel lo que imipone la mis- 
ma ley, y para que estos no se distraigan de tan preciosa 
obligación, que se les impone, con juegos, bebidas y otras 
diversiones, todos los pulperos cerrarán sus puertas, y 
los otros harán cesar los juegos, bajo multa dej dos pe- 
sos aplicados en la forma arriba dicha, entendiéndose la 
misma prohibición por la mañana del día de fiesta hasta 
que se concluya la misa mayor. 

ítem: Que todos los mercaderes en los días de fiesta 
cierren las puertas de sus tiendas y el que contraviniere 
incurra en la penaj de dos pesos ¡ a.sí mismo mandamos 
en cumplimiento de la ley 17 tít. y lib. 1.° que las indios, 
negros y mulatos, guarden las fiestas y no trabajen, bajo 
la pena que pareciese á la justicia, lo cual se ha de en- 
tender, y entienda en las fiestas que según nuestra San- 
ta Madre Iglesia, concilios provinciales, ó sinodales es- 
tuvieren señaladas por de precepto, para los dichos in- 
dios, negros y mulatos. 

Ítem: Que ningún pulpero en días de fiesta permitía 
junta de gente, venda bebida alguna, hasta después de 
la misa mayor, y porque se ha experimentado que los 
habituados en este vicio no tienen por menos empeñar da 
ropa de vestir para hacer estas compras con perjuicio de 
la sociedad, mandamos prohibir y prohibimos esta espe- 
cie de ventas, siempre que se dirija por la bebida ó juego. 



(1) Esta usanza colonial de mandar los esclavos a la iglesia 
a ser adoctrinados por el cura quiso servirse no ha mucho en 
la ciudad de Buenos Aires, donde nunca se practicó, con los ni- 
ños de las escuelas públicas, en la misma forma que los niños 
de las misiones guaraníes eran llevados a las iglesias diaria- 
mente por los reglamentos de los padres misioneros, aunque 
hizo alguna sensación aquella extraña innovación, el Consejo 
de Educación prohibió que tal abuso se introdujere en país 
constituido. — (N«.ci del autor). 



160 D- F. SABMIKNTO 

bajo la multa por uno y otro defecto de dos pesos, apli- 
cados en la forma dicha. 

ítem: Que ninguna persona de cualquier clase ó con- 
dición que sean corra y galope por las calles bajo la mul- 
ta! de dos pesos al español, y al indio, negro ó mulato de 
25 azotes, cuyo 'particular cuidado será del teniente al- 
guacil don Agustín Fareiro. 

ítem: Que ninguna persona del toque de ánimas en 
adelante ande por las calles á caballo bajo la misma 
pena. 

ítem: Que del toque de la queda adelante, ninguna 
persona ande por las calles, como son indio, negro y mu- 
lato y toda gente sospechosa, so pena de un día de cárcel, 
si no tiene calidad este delito. 

ítem : Que ninguna persona compre ni mate reses des- 
de la oración hasta el amanecer, y para verificarlo en el 
resto del día, dé cuenta á los señores alcaldes ordinarios, 
ó jueces de barrio hasta tanto se forma reglamento pe- 
culiar, bajo la multa de dos pesos. 

ítem : Que ninguno traiga espada, daga, puñal, cuchi- 
llo ú otra arma desenvainada, sino fuere conforme á la 
pragmática de S. M. y ley de Castilla, so pena de incu- 
rrir en lo que está dispuesto. 

ítem: Que ninguna persona de cualquier condición y 
calidad que sea no ande disfrazada ni en avío que no 
le convenga, eo pena de lo diapuesto por la ley de Cas- 
tilla. 

ítem: Que todos los vagabundos y personas que no vi- 
ví n de su trabajo, ni tienen oficio, ni señoras, dentro del 
teroer día se conchaben bajo la pena de un mes de cár- 
cel conforme á lad leyes 67 y tít. y lib. 8 de las Reco- 
piladas. 

ítem: Que ninguno sea osado de jugar dados ni nai- 
p.-s ni otn*¡ juegos vedados so pena de lo dispuesto por 

las leyes 3.» y 5.* tít. 7 y lib. 8 d<> las livro piladas. 
ítem: Que todos y cualesquiera personas que tienen 
DdaS abiertas de niere;iderías y pulperías y olidos too- 



LAS BAZAS EX SUD-AMEBICA 161 

cánicos, en las noches que saui sin luna, pongan farol y 
al toque de la guardia la cierren so pena de multa de un 
peso. 

ítem: Que en las pulperías, y otros parajes no se con- 
sientan hijos de familia, y esclavos en conversación, es- 
pectacion y en el mismo juego, bajo la multa de dos pe- 
sos al dueño de las dichas casas. 

ítem: Que ninguno tenga tratos con hijos de familia 
y esclavos si no tienen licencia de sus padres y señores 
so pena de ¡lo que haya lugar según el caso. 

ítem: Que ningún pulpero consienta sobre su mostra- 
dor aunque sea con pretesto de gasto, juegos de naipes 
ni en el interior; de la pulpería, so pena de un peso de 
multa por primera vez y en caso de reincidencia se re- 
agravará al arbitrio de las señores jueces. 

ítem: Que en ningún caso se juegue el pato á caballo 
so pena de que se procederá contra el causante y los 
cómplices por todo rigor de derecho. 

ítem : Que ninguno se pare embozado de noche, ni 
arrebozado, en las íesquinas, puertas y otros lugares sos- 
pechosos. 

ítem : Que toda gente pobre, y libre de uno y otro sexo 
que no tienen arbitrio, para mantenerse por sí, se con- 
chaben dentro del tercero día, y no podrán mudar de 
señores mientras estos no los despidan ó experimenten 
codicia ó mal trato, que en tal caso sería con licencia de 
la justicia, bajo la pena que haya lugar, entendiéndose 
la precisión de servir por un año. 

ítem: Que todos los que tuviesen pozo de balde sin 
brocal cuando monos de palizada, lo pongan en un mes 
so pena que de oficio se mandarán cegar los dichos y les 
parará este perjuicio. 

ítem : Que ninguno ponga ni mantenga en la calle pú- 
blica trozos de teña, ni otros palos so pena de que los 
perderá. 

ítem: Que ninguno pueda abrir cimientas, ni levantar 



162 D. F. SARMIENTO 

paredes sobre la calle sin la precisa asistencia del Pro- 
curador General de la Ciudad, para que este vea tanto 
la derechura; de ella, como el ancho que le corresponde 
so pena que se les removerán y voltearán. 

ítem: Que todo tropero de carretas, al tiempo de salir 
de esta ciudad para las demás adonde giran, haya preci- 
samente de presentar su gente, con lista individual de 
sus nombres y apellidos para que de este modo evitar la 
salida de los indios tributarios, y al que no lo verificase 
se le aplicará la pena de seis pesos en la forma arriba re- 
lacionada/ 

ítem: Que ninguna persona mantenga por las calles 
públicas, marranos, y el que los tuviese los mantenga 
dentro de sus casas, sq pena de perderlos y se aplicarán 
para los presos. 

ítem: Que ningún tendero, pulpero ni otra persona 
alguna compre) ni tome prendas á hijos de familias, es- 
clavos ni otras personas sospechosas, bajo la multa si 
fuere español de dos pesos y si plebeyo de cincuenta azo- 
tes, y si incurrieren en ello por segunda vez se les apli- 
cará al español la pena de cuatro pesos y ocho días de 
cárcel, y al plebeyo de cincuenta azotes, y un mes de 
cárcel, y si dichas prendas las tomasen con ganancia, se 
les condenarán en el perdimiento de ellas, además de las 
penas dichas. 

ítem: Que ninguna persona, de cualquier clase ó con- 
dición que sea, que tuviere ejercicio de matanza para 
abasto del pueblo, ó para el gasto de su casa, pueda in- 
troduc.ir en esta ciudad reses sin traer* pa]>el del comi- 

uado de aquel partido de donde la comprare, en que 
I, ,i;r;i roncar ser estas vendidas |>or sus legítimos dueño*, 
con los nombres, y marcas de ellos, so pena de que neo 
do español se le aplu-ará la multa de euatro posos y si 
pMiqjro la de cincuenta «¡zotes, por l ;l primera, é incu- 
rriendo por segunda vez, la de perder tedas las (pie, tra- 
P reviniendo que en dicho papel, se ha de ma tufes- 



LAS KAZAS EN SUD-AMEBICA 163 

tar á los señores alcaldes ordinarios primeros que em- 
piecen á hacer sus matanzas, no entendiéndose esta dis- 
posición con los vecinos de acreditada conducta que tie- 
nen sus rodeos sacándolas de ellos, pero si las compraren 
deberán observar lo aquí determinado. 

ítem : Que siempre que en la ciudad ó sus inmediacio- 
nes hubiere algún incendio, concurran todos á él, en es- 
pecial los carpinteros, con herramientas para cortar el 
fuego, abrir puertas, desclavar cajas, tablados, armazo- 
nes y lo mas que se ofreciere, bajo la pena que haya lu- 
gar según lo dispusto por las leyes; y porque en estas 
ocasiones se experimentan varios robos, por el concurso 
de diversas gentes, para precaverlas, formará cada al- 
calde de barrio una) patrulla de gente, y con ella irá á 
estar á la espectativa en el lugar ó casa en donde se oca- 
sionase el fuego hasta qud enteramente se extinga, cui- 
dando así mismo los dichos que los concurrentes al caso 
alivien con esfuerzo ad dueño que padece el incendio. 

ítem: Que para que tenga efecto lo prevenido en el 
artículo 25, y conste á las justicias el cumplimiento de 
lo ordenado en él, hayan de tener todos papel de sus 
amos en que se designe el día y tiempo por qué los tie- 
nen conchabados, bajo la anisma pena, de 25 azotes al 
indio, mestizo, negro ó mulato que! se encuentre sin di- 
cho papel ú ociosos en los días de trabajo. 

ítem : Que lo prevenido en el artículo 28, se entenderá 
con las mujeres á quienes se les prohibe enteramente ejer- 
citarse en dicho juego de pato á pie, como acostumbran, 
por las respectivas desgracias y muertes que han pade- 
cido sofocadas de dicho juego. 

ítem: Que en dos cuadras en contorno de la plaza, y 
lo mismo en ella ningún vecino; ni otra persona arroje 
basura á las calles con ningún motivo ni pretexto, sino 
que precisamente la manden sacar á los extramuros, bajo 
la pena de ocho reales aplicados para la obra de la cár- 
cel, por cada vez que contraviniesen. 



164 D- F- SABMIENTO 

Ítem: Que todos los que tuvieren ó pretendan extraer 
de esta jurisdicción ganados cuadrúpedos ocurran al 
juez real mas inmediato para el reconocimiento de las 
marcas y saquen de él licencia autorizada con certifica- 
ción de constarle de ellas, poniendo al margen de las ¡li- 
cencias las marcas de que estuviesen errados los anima- 
les, y su número so pena de pararles el perjuicio a que 
diese lugar su malicioso proceder. Y para que este auto 
tenga su debido cumplimiento y que llegue a noticia de 
todos y ninguno alegue ignorancia, mandamos se publi- 
que á son de caja de guerra, en día festivo en los para- 
ges de estilo. Que es hecho en San Miguel de Tucuman, 
á los trece días del mes de Enero de mil setecientos no- 
venta y ocho años, con testigos á falta de Escribano. 

Cayetano Rodríguez — Pedro Antonio 
Araoz — i Testigo — Gaspar Salinas 
— Testigo — Juan López Cooo. 



CAPITULO III 

La inquisición como institución civil 



Súplica del Santo Oflcio del auxilio del brazo secular para 

traer preso al Gobernador de Tucumán. 

LOS TIRANOS QUE SOJUZGARON LA AMERICA— El Torque- 
mada de Víctor Hugo — Su concepción de la InquisicUSn — 
Otra pintura más verdadera de la Inquisición por Víctor 
Hugo — Su Torquemada es una vieja supersticiosa y fanáti- 
ca — La hoguera escoje sus victimas por el ángulo facial 
más abierto y por el cráneo más voluminoso — La Inquisf- 
ción no es docente, es un cartabón para medir las' inteli- 
gencias — La Inquisición como institución política e intelec- 
tual — La inteligencia del pueblo español fué atrofiada, mu- 
tilada, con cauterio a fuego — La aptitud para el gobierno 
libre — Orígenes del gobierno — Nuestra base de criterio — El 
Ejecutivo, el Senado — Tresi Senados han gobernado o civi- 
lizado al mundo — La democracia pura de Atenas — Ligas 
Etolia y Aquea — Raza latina, repúblicas italianas — Estado 
del saber humano a la víspera del Renacimiento — Las cru- 
zadas, el Renacimiento, la pólvora, la imprenta, instrucción 
laica — Copérnico, CJolón, Vasco de Gama — La crítica histó- 
rica — Reacción ! política — Reacción religiosa- — Jesuitismo — 
Bacon — Toda esta herencia de la especie, arruinada en Es- 
paña por la Inquisición — Nuestras Constituciones modernas 
proclaman en sus derechos y garantías lo que la Inquisi- 
ción negó y persiguió durante tres siglos — Ha destruido la 
noción del derecho — Los delitos del pensamiento — 200.000 
individuos molestados por la Inquisición — Paralización del 
cerebro de una raza — Inventario de la nación española an- 
tes de ser sofocada por la Inquisición. 

PROCESO DEL POETA VILLEGAS — Villegas era poeta y humo- 
rista, pero no teólogo — Los puntos de la acusación — Son 
fragmentos de conversaciones familiares — El sistema de 
defensa — Logroño 

LA INQUISICIÓN EN LAS COLONIAS... 

El bagaje intelectual de los colonizadores — La educación en 
América para enseñar a ignorar científicamente la verdad 
— Tramitación en la Universidad de) Bogotá de una causa 
sobre el sistema copernicano — La teoría del movimiento de 
la tierra condenada en 1796 — La razón de los colonos fal- 
seada — Su mezcla con razas prehistóricas — Tendencia al ar- 
bitrario — Enseñanza en la Nueva Granada — Declaración del 
Canónigo Castro Barros, que las ciencias eran prohibidas 
para nosotros — La declaración de Independencia. 

Como si se hubiera querido hacer más solemne para 
nosotros, cuatro siglos después, el acto de fundación de 
una ciudad, en el primer documento de los que serán 



166 D. F. SARMIENTO 

por siempre la fe de bautismo y la genealogía de la ciu- 
dad de Córdoba que va a surgir del haz de la tierra, por 
la .magna evocación del Jefe "Don Francisco de Toledo, 
"mayordomo de Su Magostad, su Viso Rey y Capitán 
" General de estos Reinos y Provincias del Perú, Presi- 
' ' dente de la Audiencia Real que reside en la ciudad de 
"los Reyes (Lima) nos informa que por cuanto habien- 
" do su Magostad proveído á Francisco de Aguirre por 
" Gobernador por las Provincias de Tucumán, Xuries y 
" Diaguitas por tiempo de cuatro años, dentro de los 
"cuales á petición del Santo Oficio de la Inquisición 
' ' de estos Reinos, me fué pedido mandase dar auxilio 
' ' del brazo secular para traer preso al dicho Francisco 
"de Aguirre, como se ha traído. . . " (1). 

He aquí un hecho, que está solo por incidente recor- 
dado para explicar porqué ha demorado el nombramien- 
to de Gobernador de Tucumán. ¡ He ahí también los ti- 
ranos que sojuzgaron la América! Ellos tenían sobre 
sí otro tirano más terrible, más implacable que les in- 
fundiese el terror sagrado que a los antiguos romanos 
inspiraban sus dioses el Pavor, la Palidez. El Santo Ofi- 
cio mandaría una orden, una humilde súplica de pres- 
tarle el brazo secular, para tomar preso a su Excelencia 
el Gobernador de Tucumán, Xuries y Diaguitas, a la 
cabeza de los reducidos pero valientes tercios que han 
tomado posesión de sus vastas comarcas en nombre: del 
Rey, sin que pueda invocar ni la investidura dada por 
el poderoso Viso-Rey del Perú que tiene su solio en la 
ciudad de los Reyes, pero aun sin que le valga el nom- 
bramiento que hizo en su persona el Rey misnno y firmó 
■ mi su real sello. Rey, Viso-Rey, ejército, todos son im- 
potcntia inte aquel humilde ruego <i» v probar el braso 



(1) Comienzo de la nota del Virrey del Perú, nombrando, en 
nombro de Su Majestad, a D. Gerónimo Luis de Cabrera por Go- 
bernador, Capitán <;< n<i ;il, .Justicia Mayor de las Provincias del 
•Tucum.'m. TCurleí y Magüitas y de las ciudades, villas y lupra- 
*■•■ que se poblaren por término de cuatro años. — Archivo Mu- 

pll i I • : 1 1 <l<- ' Wdoli.'i, tomo I. | . .'i í -. i n : i ?,. 



LAS BAZAS EX 8UD-AMERICA 167 

secular, porque la Iglesia no sabría cómo tomar con sus 
manos la víctima destinada a las llamas. 
La Inquisición es un poder público. 
Anda en manos de todos el, Torquemada de Víctor 
Hugo, drama en cinco actos precedido de un In pace. 
¿Quién se atreverá a criticar al inspirado vate del siglo? 
Torquemada es la figura o la síntesis más terrible de 
una aberración del espíritu humano. Los griegos han de- 
rramado sus ideas sobre medio mundo europeo y asiáti- 
co: los romanos apurado las formas legales y el derecho. 
Con Torquemada es el sentido moral el que aconseja 
quemar a los hombres, si pensaron, si se sospecha que 
piensan, porque el que cree no piensa sobre lo que cree. 
Nerón hizo candelabros de cristianos para alumbrar con 
su grasa ardiendo la entrada de un teatro. Torquemada 
hizo teoría y legislación sobre este dato, yi quemó todo 
lo que encontró con forma inteligente, lo cual reconoce 
de lejos el fanatismo como el Detective reconoce al ban- 
dido, y durante tres siglos, sobre cuarenta mil leguas 
cuadradas de país, en España, en Flandes, en' Ñapóles, 
en Lima, en México, chirrió la carne humana desperdi- 
ciándola, pues los Maoríes matan al enemigo para co- 
merlo, lo que es disculpable. Pero Torquemada es una 
fisonomía del pensamiento. El asegurar la salvación del 
alma quemando el cuerpo es una pobre idea de vieja sol- 
terona, cuyo sentimiento de la maternidad tomaría la 
forma del amor celeste. Torquemada es como los Papas 
que le preceden, es un hombre de Estado. Es la socie- 
dad la que salvan del contagio de las ideas, por el exter- 
minio, como en la Santa Bartolomé, por el destierro con 
los judíos y hugonotes. 

Y bien ! yo me atrevería a criticar a Víctor Hugo ! 
No es que esté ya viejo, sino que no es español como 
nosotros para sentir) a Torquemada agitarse en su pro- 
pia sangre, y mostrar su capucha de Carlos V, del fraile 
dominico que tenemos todo el díai a la vista en un cua- 



168 D - *• SARMIENTO 

dro del interrogatorio de Galileo, ante la Inquisición, y 
en presencia de un emisario de Urbano VIII, verdadero 
autor de la persecución, por creer que le había dicho ne- 
cio, personificándolo en Simplicio. Y bien, si yo hubiera 
sido el Viso-Rey D. Francisco de Toledo, que recibe el 
piadoso exhorto de hacer traer preso a Lima desde Tu- 
cumán, seiscientas leguas de distancia, al Gobernador 
Aguirre, y el poeta Víctor Hugo me preguntase al ver- 
me agitado, paseándome desasosegado, pálido y recon- 
centradOj quién es el Santo Oficio, dónde está, por qué 
no lo mandó a un calabozo o bajo partida de registro a 
España; yo, don Francisco de Toledo, lo tomaría por 
unj brazo para llevarlo a un ipunto del salón donde no 
haya puertas, y después de haber escuchado si hay ru- 
mores aún ¡lejanos, mirado con terror y suspicacia una 
puerta después de otra, ¿sabéis lo que es la Inquisición, 
le habría dicho con voz lúgubre? 

"Preciso es deciros antes, que los espías de la Inquisi- 
ción se hallan con respecto a nosotros los Virreyes en 
una singular posición. La Inquisición les prohibe con 
riesgo de su cabeza, escribirnos, hablarnos y tener con 
nosotros relación de ningún género, hasta el día en que 
tengan que arrestarnos ! ! . . . 

"Escuchad, Hugo. Sí: sí, vos lo habéis dicho, sí, todo 
lo puedo aquí; soy Señor, déspota y soberano de esta 
ciudad; soy el Virrey que España pone sobre 1 el Perú; 
la garra del tigre sobre la oveja. Sí, todopoderoso. Pero 
tan absoluto como soy, arriba <le mí, hay una cosa gran- 
de y terrible, y llena de tinieblas, ¡ hay la España ! Y 
sabéis lo que es la España? La España, voy a^ decíroslo, 
• •s la Inr|ui.si<'ión. ¡Oh! ¡la Inquisición! habíanos de olla 
en voz baja; porque acaso esté, ahí en alguna parte, es- 
cuchándonos. Hombres 'i'"' ninguno de nosotros conoce 
y que nos conocen a todos ; hombres que no son visibles 
«ii ninguna oeiviiioiii.i, y <|ue solo son vi-ibles en todas 
Ja.s hogueras; hombres que lidien cu mis manos tenias las 



LAS BAZAS EN SUD-AMERICA 169 

cabezas, la vuestra, la mía, la del príncipe, y que rio tie- 
nen ni vara ni estola, nada que, los distinga a la vista, 
nada que os haga decir: "Este es uno de ellos!" Un 
signo misterioso debajo de sus vestidos, a lo sumo ; agen- 
tes por todas partes, esbirros por todas partes, verdugos 
por todas partes ; hombres que jamás muestran ai pue- 
blo de Lima otras caras que aquellas tristes bocas de 
bronce, que el pueblo cree mudas, y que hablan, sin em- 
bargo, muy alto y de una manera muy terrible, porque 
dicen a todo transeúnte : ' ' ¡ Denunciad ! . . . " 

"Sí: es así. Virrey de Lima, esclavo de España. Soy 
muy vigilado, creédmelo. ¡Oh! la Inquisición! Ence- 
rrad a un obrero en un sótano y que haga una cerradu- 
ra; antes que la cerradura esté concluida la Inquisición 
tendrá la llave en sus bolsillos. El paje que me sirve 
me espía, el confesor que me confiesa me espía, la ¡mujer 
que me dice : ' ' Te amo ' ' me espía ! ' ' 

Lenguaje como el que precede sería digno de ser in- 
ventado por Víctor Hugo; pero su Torquemada es una 
vieja supersticiosa y fanática; es un delator y no un 
hombre de Estado, que ha emprendido ayudar a Dios en 
el gobierno del munido, agregando a la peste y a la gue- 
rra, la hoguera que no ciega cómo aqu ellas Euménides, 
sino que escoge las víctimas por el ángulo facial más 
abierto, por el cráneo más voluminoso. ¡ Oh ! Newton, 
Hum'bdldt, Cuvier, Darwin, ¿por qué no nacisteis en la 
España del siglo XV? Torquemada os hubiera descu- 
bierto en la cuna. Qué mirada de reprobos habría dicho 
al ver vuestros ojos por donde asomaban ya el alma cu- 
riosa e inquisitiva, como trata desde el balcón la dama 
de comprender el tumulto y la causa del rumor de la 
calle! (1). 



(1) En "El Nacional" 10 de Mayo de 1883, se halla esta nota: 
PLAGIO O IRONÍA? i 

El autor del libro "Qonflicto y Armonías de las razas", envía 
al "Interior" de Córdoba, sobre "plagios" denunciados, o aco- 
gidos, las siguientes cortísimas observaciones: 

"La ironía es una figura de retórica con la cual exponemos 



]70 D - F - SARMIENTO 

Retardar el advenimiento de la ciencia cuatro siglos, 
¿os parece, nada? Torquemada mandaba la retaguardia 
de la Edad Media. Gracias a la ciencia y táctica de la 
orden de los jesuítas, se retiró combatiendo siempre. 

Como se vé, la Inquisición es uno de los poderosos cons- 
tituyentes de la colonización española, como podía ser 
la Quarantina en el gobierno del Dnx de Venecia. Aún 
no se ha conquistado el país, y ya se la ve funcionando, 
inquiriendo, suprimiendo. De repente su mano oculta 
se extiende y toma un Capitán General en su campamen- 
to, y lo hace desaparecer de la escena. 

No trataremos de averiguar en qué extensión y hasta 
qué grado de intensidad hizo pesar su omnímodo poder, 
planteando su tribunal en América. Fuera de una vein- 
tena de ejecuciones en Lima, su acción fué templada. No 
había nada que alarmase aquí. Los indios han tenido 
una superstición que hace creer que los lobos se convier- 
ten en hombres, y que hay mujeres que poseen este don. 
Esto es ser lupiango, como si dijéramos judaizante, de 
judío. Por lo demás, no entendían el cristianismo en sus 
dogmas: decían a luu sea Dios, ail llamar a la puerta. 
Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento, se les 
contestaba; y con las oraciones de memoria, era un per- 
fecto cristiano el neófito. 

Tenemos a la vista las deposiciones hechas por los pa- 
dres jesuítas mismos y no vale la pena de trasmitirlas al 
lector. 



" la» falta» o errores de otros, fingiendo aprobarlos, o adoptar- 
" Ion, o defenderlos; o bien aparentando asentir a una proposl- 
" clon fln>l:i i un un tono tal, o en tales circunstancias, que se 
"sobreentiendan sentimientos opuestos u opiniones OOntrarlas", 

(Webster). 
I^a Ironía mas Irrmlca esta en adoptnr las Ideas brillantemen- 
te expr. • ií!:ii -ti 11 ii ilnmm <!■> Víctor Hugo, para afearle la ri- 
dicula Idea de otro drama qn% hace de Torquemada un santo 
asesino, por amor de sus victimas. Basta para ello adoptar co- 
mo propio, el sentir d«] primor Víctor Hugo para confundir al 
segundo. 

la Ironía rcqulen. <pi>' <•! terOtro sobre cuyo Animo ha 
MI •! • "t&tt < ti autos", y icpa :il oír el lenguaje 

irónico, que asi pensó y MeriblA antes, aquel a quien se le In- 
crepan sus propias palabras. 



LAS BAZAS EN SUD- AMERICA 171 

La Inquisición es otra cosa. La Inquisición no es do- 
cente; es un cartabón ipara medir la altura de la inteli- 
gencia; es una cuba para echar en ella una creencia; es 
una romana cuyo pilón está fijo, y se escurre si el alma 
pesa menos de la que indica la línea. La ignorancia es 
el error; el error es el crimen intelectual, y con aplicar- 
le, una vez puesto en evidencia, elj padrón secular, otro 
sistema de medidas determina su gravedad, así es que 
había palabras mal sonantes, leve, grave, herejía, rein- 
cidencias, contumacia, para determinar los quilates del 
pensamiento. 

No miramos la Inquisición sino como una institución 
política e intelectual, y bajo estas dos formas mató a la 
España y sus colonias, y según teme Buckle, quedó muer- 
ta allá para siempre. De su resurrección en América 
trata este libro. 

En cuanto a -inteligencia, la del pueblo español fué 
atrofiada por una) especie de mutilación, con cauterio a 
fuego ; y como lo ha establecido ya fuera de duda el es- 
tudio de la anatomía comparada, un músculo no usado 
por siglos, como el que permite a los animales mover la 
piel, y que existe) en el hombre pero sin acción, queda 
atrofiado por falta prolongada de uso. Así a los anima- 
les domésticos, al perro, al gato, al conejo, se les han 
caído las orejas a fuerza de no tenerlas atentas a los rui- 
dos, a causa de que nada temen al lado del hombre. 

Una inteligencia que se ejercita agranda el órgano de 
que se sirve, como se robustece el buey a fuerza de tirar 
el arado. Hemos visto que el parisiense de hoy tiene el 
cerebro más grande que el del siglo XII. Es de creer 
que el del español no haya crecido más que en el si- 
glo XIV, antes que comenzase a obrar la Inquisición. 
Es de temer que el pueblo criollo americano en general 
lo tenga >más( reducido que los españoles peninsulares a 
causa de la mezcla con razas que lo tienen conocidamente 
más pequeño que las razas europeas. Lord Wellington 



172 D. F. SAEMIEXTO 

señalaba esta diferencia de aptitud mediana entre el pai- 
sanaje con que estuvo en contacto en la guerra de la Pe- 
nínsula y los ingleses. 

La masa de los pueblos europeos era entonces enorme- 
mente ignorante ; y no obstante que la Reforma abrió 
escuelas para hacer leer, se ha conservado enl el mismo 
estado hasta ahora poco en algunos puntos. En América 
se conservan Perú, Bolivia, Ecuador, Méjico en peor 
atraso, a causa de la gran masa de indígenas tan igno- 
rantes como la Europa de entonces. 

Los indios no piensan porque no están preparados pa- 
ra ello, y los blancos españoles habían perdido el hábito 
de ejercitar el cerebro domo órgano, salvo en el clero 
secular y regular que era numeroso; y en la clase de 
abogados, única profesión laica, y único saber, el dere- 
cho. 

Peor sucedía en lo que respecta al gobierno. 

Se llega hoy hasta atribuir a la raza sajona una apti- 
tud especial para el gobierno libre, que se complacen en 
negarle a la latina. A más de tener su cuna en Atenas la 
libertad democrática y la patricia en Roma, con Vene- 
cia, y después en las brillantes, tumultuarias, comercia- 
les e industriosas repúblicas italianas, va mostrándose 
practicable en Francia a fuerza de caídas y de golpes. 

Es claro que siete siglos de libertad garantida a la In- 
glaterra por sus Cartas y dos o tres siglos de luchas y 
de victorias para conservarlas, han debido hacer here- 
ditaria en aquella raza, como el tipo de la letra inglesa, 
la aptitud para ed gobierno libre, e^ self governmcnt. 
Pero la libertad moderna es un mecanismo de institu- 
ciones, un airte; y ese arte se aprende y lo están apren- 
diendo todos ¡los pueblos modernos, la Italia, la España, 
el Austria, la I triaca, etc. 

Léase en los tratados de geografía descriptiva que hay 
de par le monde tres formaq de gobierno, monárquico, 
ariítocrático y republicano, con sus variantes y cruzas, 



LAS BAZAS EN SUD-AMERICA 173 

como hay tres razas principales, la blanca, la cobriza y 
la negra, y tres zonas, una caliente, otra templada y otra 
fría, aunque estasi últimas estén divididas. 

Bien se están estas clasificaciones en los tratados de 
geografía. Podíamos añadirle otra trilogía de estados 
sociales, tales como el salvaje, contando el hombre para 
vivir con los productos espontáneos de la naturaleza, el 
pastoreo, y en seguida la agricultura que hace nacer las 
artes y el comercio. 

Estas definiciones, como las adaptaciones sociológicas 
del gobierno a los pueblos, según su grado de desenvol- 
vimiento o condiciones de existencia, hari de tenerse en 
cuenta para ir a los orígenes del gobierno, y seguir sus 
progresos, en el seno dé las naciones, o al través de los 
siglos. Ahora, nosotros tenemos otras bases de criterio, 
y son : que estamos a fines del siglo XIV, y en un extre- 
mo de la América; que los que gobernamos procedemos 
de una raza europea, cristiana, civilizada; que hemos 
acumulado riquezas los unos, ciencia los otros, y tene- 
mos desenvuelto por el ejercicio el sentimiento de la dig- 
nidad y de la libertad personal, como la aspiración al en- 
grandecimiento, gloria y riqueza de la sociedad de que 
formamos parte. Estas condiciones especiales en que se 
halla afortunadamente la parte más influyente de la so- 
ciedad, no pueden ser| modificadas por la incorporación 
en ella de razas inferiores, en cualquier extensión que 
sea, o de extranjeros que no se asocian al todo, para dar- 
nos un gobierno mixto entre blanco, negro e indio, mes- 
tizo, zambo o mulato, según resulte de la amalgama so- 
cial de abyectos, de exaltados o indiferentes, de bárba- 
ros, de ignorantes y de ilustrados, de libres, de libertos 
y esclavos al fin, porque de eso tratan las formas de go- 
bierno. 

De ahí era que Tarquino deseaba cortar las cabezas 
de las amapolas que sobresalían en el prado, porque, en 
efecto, el gobierno se constituye no sobre la base, como 



174 D. F. SARMIENTO 

quería Robespierre, el .pueblo, sino sobre las eminencias, 
como lo requiere la índole de la sociedad que no es de 
hoy, sino de ayer y boy, para proveer por la tradición, 
la ciencia y el poder de la sociedad de mañana. Luego 
hay un gobierno de nuestro siglo, de nuestra América, 
y de nuestra república que habremos de dejar en claro 
en estas páginas, si han de ser de alguna utilidad. 

Somos animales gregarios, y el hombre no puede ser 
considerado como un ser individual, sino colectivamente 
con sus padres que lo ligan a lo pasado, con sus hijos 
que lo obligan a proveer el porvenir. Ni aún la unidad 
por familias le conviene, porque nunca vive fuera de la 
tribu donde están sus parientes, o del municipio cuan- 
do vive en ciudades. El municipio es, pues, la unidad 
social. 

El Oriente no ha dejado formas de gobierno a la imi- 
tación de la posteridad, pereciendo los imperios acumu- 
lados por la guerra, precisamente porque no tenían ins- 
tituciones para la paz. Cuando la Europa se reconoció 
a sí misma, se encontró que todo ed Mediodía, la Grecia, 
la Italia, la Francia, la Suiza, la Bélgica estaba poblado 
por centenares de pequeños Estados independientes, casi 
todos con un mismo gobierno, el de un Senado, es decir, 
los ancianos reunidos para deliberar sobre la causa co- 
mún. 

VA Ejecutivo es necesario para la guerra; pero en la 
paz no era tan esencial. Un Senado conquistó el mundo 
conocido, y creó el imperio romano. Un Senado ha sal- 
vado las instituciones, las artes antiguas y la continui- 
dad humana (luíante catorce siglos que se mantuvo por 
ll encriría de <-ste resorte «I • '_rol>ierno en Venecia. Siete 
siglos ha gnbsistido <•' Ken;td<r de Inglaterra, hasta hoy, 
(|iif aún no pierde un ápice de su fuerza orgánica; de 
manera que tres Senados han gobernado el mundo civi- 
lizado, o han civilizado el inundo durante dos mil qui- 
nientos años sin interrupción, cualesquiera que hayan 

éáo las vicisitudes «le los pueblos. 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 175 

El Senado de las ciudades acaba por ser institución 
de gobierno, con un cierto número de familias, que ama- 
yorazgan la riqueza acumulada, y legan a sus hijos con 
la dignidad senatorial la riqueza, para perpetuar el sa- 
ber ya hereditario por la experiencia. Entra los roma- 
nos la ciencia del derecho y la de los augurios se trans- 
mitía en las familias patricias. 

Aristóteles habla de ciento cuarenta constituciones de 
Estados griegos contemporáneos. Basta echar la vista 
sobre el mapa de la Grecia para juzgar de la verdad del 
hecho. Campóneülos islas, promontorios, penínsulas y 
tierra firme, gubdividida por montañas. Atenas se jactó 
de tener mil ciudades 'aliadas o sometidas, a las que no 
daba su gobierno; y la Grecia pereció por no poder re- 
unir sus mil municipios-naciones, en un cuerpo de Es- 
tado. Las ligas Etolia y Aquea lo ensayaron con buen 
éxito, pero demasiado tarde, para resistir a los romanos, 
aquellos implacables amalgamadores de naciones. 

Pero como no es nuestra función en América ni con- 
quistar nil amalgamar pueblos, no nos detendremos más 
en el examen de la institución senatorial para señalar 
como un meteoro brillante, como una hoja de acero bru- 
ñido que vemos iluminarse a lo lejos con luz eléctrica, 
deslumhrarnos y desaparecer, la Democracia de Atenas! 

El pueblo, gobernado en Cabildo abierto de Enero a 
Enero, dirigido por sus oradores, y adoptadas las pro- 
posiciones a mayoría de votos, sobre seis a ocho mil miem- 
bros que hacían quorum sobre un Congreso de veinte mil 
ciudadanos ! 

Sin embargo, Mr. Freeman, que ha estudiado mucho 
las instituciones griegas para ilustrar los orígenes del 
gobierno federal, nos asegura que el pueblo ateniense 
en masa, estaba más ejercitado en la política de su país 
y de¡ su tiempo que ¡los Diputados que por lo general 
mandan los electores ingleses a las Cámaras de los Co- 
munes, donde permanecen siete años, tiempo demasiado 



176 !>• *• SARMIENTO 

corto, según Lord Grey, muy versado en el juego de la 
constitución inglesa. Es de presiumir que los ciudadanos 
de una pequeña ciudad como Atenas, reunidos durante 
medio siglo de vida cada uno, les trescientos días del 
año, oyendo, hablar sucesivamente a Arístides, Milciades, 
Sócrates, Platón, Cenón, Alcibiades, Pericles, Demóste- 
nes, aprendiesen de ellos a gobernar el país o conociesen 
sus intereses. El hecho es que Atenas llegó al pináculo 
de la grandeza humana en gloria, en bellas artes, en co- 
mercio y en esplendor; todo en poco más de tres siglos, 
el tiempo que va desde la conquista española en América 
de que quedan familias todavía. 

Tal fué el resultado de la Democracia pura de Atenas. 
Ha dejado el Partenón, y la batalla de Maratón, las be- 
lias artes que hacen hasta hoy la gloria, la aspiración y 
la desespérale ion de nuestro siglo ; pero que pereció víc- 
tima de sus excesos de voluntad por agotamiento de 
fuerzas. No admitía extranjeros en su asociación y el 
pueblo legislador era tribunal para administrar justi- 
cia, y era el ejército que hacía la guerra declarada en el 
Agora o el Pnix por aclamación. 

En la guerra del Peloponeso, provocada por celos y 
rivalidad de Esparta, la suerte de las armas no les Cae 
favorable a los atenienses; mandaron nuevos ejércitos, 
fueron derrotados; hasta que como Napoleón en Water- 
Ico qaie perdido el juicio mandó quinientos hombres de 
escolta, como último contingente, en auxilio de los ochen- 
ta mil que se había tragado el abismo, así Atenas mandó 
sus (ultimes ■•i'idadanos, quedando sólo una república: de 
niños y nonyeres, de que dio cuenta Sylla antes que aca- 
baran de crecer. 

Aquellos modelos no fueron del todo perdido! para 

los pueblos de raza latina. "Cuando se echa una. mira- 
retrospectiva sobré 1¡» '- r ! Moca di' las repúbli- 

ca* italianas de Florencia, I 'isa, (íénova, Venecia, la 

rinación se pierde en el a.s >;nbro < j u«- excita •■! poder 



LAS RAZAS EN SUÜ-AMEEICA 177 

ejercido por aquellas pequeñas repúblicas: de su inten- 
so amor a la libertad, cuando el resto de la humanidad 
estaba sumida en comparativa esclavitud, yi de sus glo- 
riosos monumentos en literatura y en artes, en un pe- 
ríodo cuando el resto de la Europa estaba sumido en la 
barbarie de la Edad Media. Pero un enemigo existía en 
su seno, y el misma principia que había labrado la des- 
trucción de las repúblicas griegas trajo su destrucción. 
La unión no existía y se destruyeron unas a otras". 

El país que fué Grecia, hasta las ligas Etotlia y 
Aquea (1) esclavo de los romanos par agotamiento, edu- 
ca a sus amos y nos lega can ellas las bellas artes, ed ideal 
de la grandeza humana, y la libertad del pensamiento, 
inculcando suj filosofía estoica a Marco Aurelio, que vio 
nacer el cristianismo con doctrina más perfecta. Ha 
puesto desde entonces quince siglos en amansar bárba- 
ros, hasta el Renacimiento en que termina lo religioso 
de su reinado exclusivo. 

Desde 1400 principia el mundo ooeidental europeo a 
recuperar loa elementes griegos, olvidados a causa de la 
separación de las iglesias ortodoxa y católica, con los li- 
bros de los antiguos que habían salvada los modernos 
griegos, y las bellas artes que empezaron a cultivarse en 
Italia pasando del modelo bizantino de San Marcos, al 
greco-romano de San Pedro. 

Veamos ahora el estado del saber humano a la víspe- 
ra del Renacimiento. 

La enseñanza es teocrática, para sacerdotes, solo dada 
en la Catedral por el Canónigo Maestro Escuela, por los 
Maestros coristas en los conventos, y de palabra para los 
catecúmenos en el Presbiterio. 

No hay clase media, no hay burgueses, sino reyes, no- 
bles, obispos y frailes, con plebes, siervos y esclavos, a 
guisa de ganado. 



(1) Las paginas que siguen fueron intercaladas por el autor 
en el Discurso sobre Darwin para explicar el alcance científico 
de su doctrina. Pertenece a este capítulo. 



178 D- *"• SARMIENTO 

Para hacer las Cruzadas, la Iglesia vende entradas al 
cielo, los Reyes otorgan Cartas a las ciudades, y los Ba- 
rones a las autoridades municipales, a las villas y aldeas 
al pie de su castillq feudal. Así comienza, a causa del 
desastre de las Cruzadas, la época moderna y se recupera 
la libertad humana. 

He ahí un cuadro a grandes rasgos, indicando la su- 
cesión de las ideas por la feeha de los acontecimientos. 

Año 1330 — Las Cruzadas — Fin de la época religiosa — 
Un descendiente de los Cruzados canta la I liada del 
cristianismo, sublime poema épico de las alucinaciones 
y de Üas pesadillas del creyente, Dante Alighieri, autor 
de "La Divina Comedia". Ahí acaba el mundo antiguo. 

1400 — El Renacimiento — La Pólvora — En la batalla 
de Crécy habían ya hecho estragos en hombres y caballos 
las primeras bombardas que con grande estremeckniento 
arrojaban con fuego balas de hierro. Castillos y corazas 
dejan de proteger a Barones y Caballeros. La guerra 
será plebeya y la inteligencia dará la victoria. 

Destrucción de las noblezas, por inútiles, y aparición 
de la democracia por el trabajo libre. 

1400 — La Imprenta — Inventa Gutenberg los tipos y se 
reproducen por millares loa libros. No puede haber in- 
terpretación aceptada umversalmente, desde que cada 
uno leyendo y confrontando los textos, es su propio in- 
térprete. , 

Emancipación del pensamiento. 

Educación común universal para que todos puedan 
leer lo escrito. 

Cesa el Prctbitero de ensenar en las escuelas de las 

Cattdralcs. La instrucción se hace laica. 

1403 — Capérnico — Perturba y disloca la astronomía 
trad icio-nal, adaptada cau'/nieamente. l'one la tierra en- 
tre Jos planetas, y desciende la luna a satélite como uno 
di tantos <iuc giran en rededor de los siete restantes. 

La mano <!«• Dioa y Loa firmamentos cst.-'m demás |>ara 



LAS BAZAS EN SUD-AM.>IUCA 179 

sostener cada sol y cada planeta. Entran en funciones 
las matemáticas y la atracción universal. 

Las ciencias y los maestros dejan ole ser religiosos. 

1494 — Vasco de Gama, Colón, Magallanes — Comple- 
tan la Geografía, verificando la ya sospechada redondez 
del globo. 

El teatro de la historia humana sale del Mediterráneo 
al Atlántico, cuya navegación, costas, archipiélagos y ra- 
zas nuevas, abren infinitos horizontes. 

El sacerdote pierde de su preeminencia, baja a ser 
capellán de buque de ejército, predicador del Evan- 
gelio a los salvajes, pero no director de la nueva socie- 
dad que es esencialmente laica en descubridores y pobla- 
dores. 

Conocido el mundo, el bramanismo, el judaismo y la 
idolatría, entran en el número de las religiones. Hay 
Antípodas, no hay cielo religioso. 

1493 — Alejandro VI — Un papa Borgia, sobrino de 
otro ¡papa Borgia, padre de César y de Lucrecia Borgia 
con quien vive en concubinato en el Vaticano, son los 
monstruos casi apocalípticcs de depravación, la más ho- 
rrible que haya avergonzado la especie. 

El espíritu moral del cristianismo, dejando de dar 
impulso y fines a la sociedad, empieza a descomponerse, 
entregándose reyes, príncipes y papas, a los más espan- 
tosos desórdenes. Se reprodujeron en Roma las Mesali- 
nas del antiguo imperio y eai Italia las envenenadoras de 
profesión. Ese mismo papa descreído, favorece en esta- 
tuas, templos y pinturas la resurrección del arte griego, 
que Rafael y Miguel Ángel reviven en adelante. 

Un siglo hacía, Dante, el inspirado bardo de la, epo- 
peya cristiana, había profetizado como Isaías, que Dios 
abandonaría a su pueblo, por los pecados de sus Pasto- 
res: 

"E giunta la spada 
"Col pastorale; e l'una e l'altra insieme 
"Per viva forza mal convien che vada 
"TM ogrgimai che la chiesa di Roma 
"Per confundere 1 due reggimenti, 
"Cade nel fango 



180 D. F. SARMIENTO 

1483 — Martín Lutero — Escandalizado por los horrores 
de la Prostituta, como le llamarán en adelante a la Roma 
de los Rorgias, y haciéndose eco de los pueblos estruja- 
dos y esquilmados con un sistema de ventas de perdones 
de todos los crímenes en indulgencias, que dieron los 200 
millones de fuertes que costó San Pedro, abre la época 
del examen de los antecedentes y títulos de esas creen- 
cias que permiten tanto desorden. Sin Alejandro no hay 
Lutero. 

La reforma solo pide más cristianismo, más moraU, 
más pureza, menos misterios, menos autoridad y jerar- 
quía religiosa. 

Nace la critica histórica. v 

1560 — Reacción política — Maquiavelo — Con el rescate 
de las comunas, con las sociedades de fabricantes de pa- 
ños de Florencia, con el comercio de los venecianos, con 
la libertad política merced a la imprenta y las contro- 
versias, muchas Repúblicas han saboreado la libertad. 
Maquiavelo, uin profundo sabio, inspirándose en la in- 
moralidad reinante de su época, escribe, al uso de prín- 
cipes y aventureros, el arte de^ usurpar la autoridad y 
aherrojar a los pueblos. Maquiavelo ha dejado un sus- 
tantivo : Maquiavelismo, y muchas pueblos son libres sin 
embargo. 

1565 — Reacción religiosa — El cisma que las predica- 
ciones de Lutero producía en lai iglesia y la seculariza- 
ción que con la imprenta y ilos nuevos rumbos abiertos a 
la vida venía operándose, sugirió a un capitán de mili- 
cia, herido en un sitio y retirado, organizar un ejército 
de sabios y políticos sagaces, bajo una disciplina per 

U ac cadáver; con cu\<> auxilio, dice Eanilio Souwx- 
tre, el capitán Loyola, "se propuso cerrarle el paso a la 
"humanidad en marcha, a Ja razón que empezaba a 
"afirman»* la ciega obediencia a las ideas de :li- 

" hre examen, <le discusión y de gobierno libto bajo el 



LAS BAZAS EN SUD-AMERICA 181 

' ' imperio de las leyes, opuso la monarquía absoluta y el 
"derecho divino". 

"En la obra que proyectaba, introdujo( sus ideas de 
"solidado; y la Orden cuyas bases echó, fué por él con- 
siderada siempre como su ejército, el ejército de Cris- 
' ' to. De allí proviene aquel precepto de obediencia ab- 
" soluta y ciega, que es el principal fundamento del je- 
"suitismo". 

El jesuitismo como táctica moral, proclamó por medio 
de sus teólogos casuistas este principio: El fin justifica 
los medios. I 

Ensayó la colonización en el Paraguay, bajo el gobier- 
no teocrático de la Edad Media, que se propuso restau- 
rar. 

Edificaba sobre arena. He visto unos naranjales don- 
de fueron las Misiones. Ha dejado una palabra en las 
lenguas. — Jesuitismo. 

Dejó también una obra monumental en la Literatura 
moderna: Las Cartas Provinciales de Pascal, que son el 
origen de la "Revista crítica literaria moderna". 

Todavía luchan los jesuítas por restaurar el mundo 
anterior a Copérnico y Colón, que ensancharon los lími- 
tes idel cielo, de la tierra y de> la inteligencia. Darwin, 
Agassiz, Gould, Burmeister, siguen, a nuestra vista, en- 
sanchando más y más aquellos límites' hacia las profun- 
didades de la tierra con la geología, y de la historia con 
la del hombre primitivo. 

1561 — 'Lord Bacon introduce en la filosofía el sistema 
deductivo experimental, como base y método del razona- 
miento, abandonando la metafísica, que quería deducir 
la verdad de los textos o axiomas por medio del silogis- 
mo. Estte método lo llamó con el presentimiento del ge- 
nio, el órgano nuevo, trazando casi todo el cuadro que 
han recorrido las ciencias .modernas. 

La teología desapareció de las aulas con el sutil Juan 
Scott y el dominico Aquino, y el peripa/to de Aristóteles. 



182 D - F - SARMIENTO 

1561 — Galileo-Galilei mide las oscilaciones del péndulo 
y aplica al cielo el telescopio. 

Acusado de heregía científica, pidió a los buenos pa- 
dres que le indicasen la mentira más del superior agrado 
del Papa Urbano VIII y lo dejasen de fastidiar, siguien- 
do sus experimentos a setenta años de su| edad. 

Su prisión, su persecución y su retractación solemne, 
han enriquecido a la historia humana con una de esas 
protestas vengadoras que han salvado al mundo: 

e pur 8% muove! 

Y continúa moviéndose hasta ahora, como no se paró 
el sol para ver pelear a unos beidiuinos pillarás, por ha- 
ber demostrado el sabio hebraísta Obispo de Colenzo que 
es un simple error de traducción el que tomamdo la luna 
en conjunción que continuaba alumbrando por el sol 
mismo, dio lugar a suponer que Dios, a merced de cuan- 
to aventurero, acaudilla descamisados, como eran los que 
mandaba Josué históricamente hablando. 

1560 — Palissy el Alfarero. Si fuese posible ver cómo 
en un cerebro humano se están deponiendo, sin que el 
paciente lo sospeche, las ideas que notan informes en la 
atmósfera como el polvo y los átomos que vemos relucir 
en un rayo del sol, y se encuentran más tarde deposita- 
dos en cornisas y alcobas, habríase visto en el alma de 
un alfarero, pinito, vidriero, mensurero y después fa- 
bricante de poní -lana, estatuario yj naturalista, el prin- 
cipio de la edad moderna «iendo un paisano él primen) 
en seguir el camino Brisado por Baoon, para Hogar a la 
ifia, con observarlo todo, recoger todo, ensayar todo 
(cuatrocientas substancias para barnizar la loza hasta 
qtté halló al plomo), y ser el primero en ■ospeohar que 

i-ii toda la naturaleza hahía un cierto orden y dnpenden- 
eia. Contra todos los sabios a quienes m ostra ha huesos 
fósiles, él solo mnteslaha (pie eran reales y verdaderos 



LAS RAZAS EN* SUD-AMERICA 1S3 

huesos ¡de animales no conocidos, gigantescos, pero que 
habían existido en las mamas debajo de París. 

Palissy reunió el primer museo de todas las cosas ra- 
ras, minerales, plantas, substancias, sales, curiosidades; 
y fué el primero que dio Conferencias públicas, con la 
particularidad que él reunía a los sabios para que le en- 
señasen a él, u. oírlos decir disparates autorizados por 
la alquimia, la astrología y la teología, que aún subsiste. 

Época científica y artística, con el cuadro sinóptico 
del siglo XV, la humanidad, sini su gobierno y civiliza- 
ción religiosa como antes, vuelve poco a poco a recupe- 
rar el elemento legal romano, en sus Códigos razonados 
y armónicos de leyes: can las Constituciones, el sistema 
representativo de los anglo-sajones ; y con el cultivo de 
las bellas artes, la literatura, la pintura, la estatuaria y 
la arquitectura griega. 

Toda esta herencia de la especie, la arruinó en España 
la Inquisición. Ya era mucho recibir en su seno a los 
árabes desprovistos de toda noción de gobierno, pues con 
los judíos por odio teológico procedió como la raza blan- 
ca ha procedido en esta América con la negra, por incom- 
patibilidad de humor. ¿Qué es al fin lo que los ingleses 
aseguraron en la Magna Carta? Fuera de la representa- 
ción en Parlamento, todo lo demás lo tenían establecido 
los romanos: las garantías de! juicio, la presentación de 
testigos, la defensa. Cicerón es todo el sistema político 
y civil, en su oración contra Verres, en sus arengas del 
foro en defensa de sus clientes. 

¿ Qué es lo que nuestras constituciones declaran en su 
foja de derechos y garantías? ¿Sabéis lo que aseguran? 

Lo que la Inquisición negó durante tres siglas de ho- 
rrible, implacable práctica, el derecho del acusado de co- 
nocer la acusación, y testigos para recusar los inhábiles 
y parciales; el derecho de defensa pública, con recusa- 
ción de juez, sin comisiones especiales como aquella de 
verdugos que se llamaba Inquisición. Beccaria había 
logrado humanizar los castigos, añedirlos al tamaño del 



184 D. F. SARMIENTO 

delito, y toda la Europa abolió el tormento y los supli- 
cios crueles. La Inquisición legalizó, cristianizó, hizo ca- 
tólica la práctica de los antiguos pueblos, olvidada haca 
tres mil años de sacrificar hombres a sus dioses; to- 
mando de los antropófagos el asarlos y presentar la co- 
cina en horrible festín al pueblo devoto. 

Este él gran crimen de la Inquisición y del siglo que 
la favoreció e inspiró, pues que Torquemada se llama 
también Inocencio, Benedicto. . . ! El crimen está en ha- 
ber destruido en la práctica diaria, y en el sentimiento 
íntimo, la noción del derecho , la seguridad de la vida 
ante las leyes, la conciencia de la justicia, los límites del 
poder público. El español, y con más razón el america- 
no del Sud, nacen enervados por este atronamiento de 
las facultades del gobierno ya adquiridas por la raza hu- 
mana. No estando determinado por una ley o un Có- 
digo los delitos del pensamiento, que no tienen forma 
como las acciones, el español y el americano vivían bajo 
la aprensión de exponerse a delinquir pensando. Des- 
cartes, por la misma aprensión, quemó uno de sus libros 
inéditos, cuando supo la condenación de Galileo. 

Felizmente que cuando nosotros nacíamos en América 
en el siglo XVII, aspirando el humo de la hoguera man- 
tenida sin apagarla, como los volcanes que no están en 
actividad perol aún no extintos, unos colonos que llega- 
ban a este continente por el 'otro extremo, traían como 
bandera la Declaración de los Derechos del hombre y el 
Habeos corpus que cuestiona la facultad de apoderarse 
dt las peleonas; y con el tiempo, ¡ay! con los siglos, ha- 
1 ¡a de llegarnos el correctivo, y el movimiento de los ór- 
e.ams del pensamiento para! iza. Ir < y debilitados. 

digno de examen el modo de obro? de aquel narcó- 
tico y la cantidad en que lo fueron administrando el or- 
gullo, la igm rancia y la estupidez que suceden siempre 
al fanatismo y ¡\ ¡as. 

Vives en una canta a Erasmo. datada de 1534, de- 
: "Vivimos en ttanpOf muy costal en <pie ni hablar 



LAS RAZAS EX SLU-AMKHICA 185 

ni callar es posible sin peligro". En los cuarenta y tres 
años de las administraciones de los cuatro primeros in- 
quisidores generales que terminan e<n 1524, entregaron 
a las llamas diez y ocho mil seres humanos, e impusieron 
castigos menores a doscientas mil personas más con di- 
versos grados de severidad. 

Cinco mil personas por año, en tiempos en que el sa- 
ber leer era tan escaso, han debido comprender la ma- 
yor parte de la gente instruida y principalmente ios ju- 
díos. 

Las riquezas que habían acumulado por el comercio y 
la usura los judíos en España, tentaron la codicia de los 
reyes, (privando a la nación; con la expulsión en masa y 
los suplicios, del nervio y la inteligencia del comercio, 
como si de Buenos Aires se expulsaran ahora( a los co- 
merciantes y banqueros de raza inglesa. Pero doscientos 
mil individuos molestados por la Inquisición, y citados 
ante su tribunal para responder a cargos de delitos del 
pensamiento, bajo procedimientos terroríficos y sin los 
medios ni el derecho de defensa, han herido en una sola 
generación, que abraza 33 años, el ¡pensamiento y el al- 
ma de doscientos mil individuos, tiempo suficiente y nú- 
mero bastante considerable para dejar paralizada en una 
nación entera, como función orgánica la acción del ce- 
rebro. Nadie volvió a pensar más en España hasta hace 
menos de un siglo. 

"La experiencia enseña", había dicho el Cardenal Be- 
larmino, "que no hay otro remedio para el mal, que dar 
muerte a los| herejes, porque la Iglesia había procedido 
gradualmente y ensayado todo remedio. Al principio se 
había contentado simplemente con excomulgarlos; des- 
pués añadió una multa, en seguida los desterró, y final- 
mente se vio forzada a matarlos". (Bellarmini de Lacis, 
libro III, l. 21). 

Existe el inventario de la nación que con este último 
remedio sofocaron cuando era grande y próspera e iba 
recién a recibir su herencia en la América. 



186 D- F. SARMIENTO 

"En la época que aparecía la Reforma en el resto de 
Europa, la España era la primera entre las naciones j y 
solo comparando su pasado con su presente estado, des- 
cubrimos cuánto ha perdido; y esta pérdida es debida, 
si no enteraanente al menos en parte, a los medios de im- 
poner su fe religiosa. Jamás hubo nación alguna tan 
completamente bajo el poder de la influencia de la In- 
quisición comoi España. Presentaba un cuadro brillante 
en el siglo XIV porque la conquista de América la ha- 
bía llevado aí pináculo de la riqueza y la prosperidad. 
Mientras la nobleza se entregalba a la profesión de las 
armas, las otras clases enriquecían su país con el trabajo 
asiduo. Por todas partes la irrigación, los canales y los 
estanques, distribuían el agua sobre las más remotas y 
más desiertas tierras. La agricultura era especialmente 
honrada, la industria y el comercio aumentaban la pros- 
peridad generad. Bl desarrollo del comercio era igual 
al de la industria. Un ministro de Felipe II aseguró, 
en una asamblea de las Cortes, que en la feria de Medi- 
na del Campo, en 1563, se habían hecho negocios por la 
suma de ciento treinta y dos millones quinientos mil 
fuertes. Una multitud de buques de comercio se hacían 
a la vela todos los años de varios puertos, llevando a Ita- 
lia, Asia! Menor, África y las Indias .Orientales, el pro- 
ducto de la industria nacional. La escultura, la arqui- 
tectura, la pintura y la música brillaban como en su cie- 
nto. El drama, la poesía lírica y épica y la historia 
hallaron dignos intérpretes en nombres que vivirán por 
siempre. Los palacios de los embajadores de Bepaüa en 
país.-s extranjeros eran el centro de la más elegante so- 
ciedad, la moda venía de España y la lengua española 
ora la lengua de la diplomacia. Francia. Italia, ín¡ la 
Ierra y Alemania, enviaban mi juventud a Madrid, a 
adquirir modules castellanos y política". 
"llac¡;i el Un d,-i siglo XV, la España, victoriosa 10- 
■:. fué <il descubridor» y el dueño del nuevo 
mundo, |Qué mu kntk más magnífico! ¡Qué FUTUBO 



LAS RAZAS ex sud-amek: 187 

más glorioso! Todos los pueblos la miraban como la pri- 
mera entre las naciones, los soberanos temblaban ante su 
poder" (1). 

PROCESO DEL POETA VILLEGAS 

¿ Cómo lia podido producirse tan terrible decadencia, 
si no es poniendo cortapisas al ejercicio de la inteligen- 
cia de una nación, mientras que las otras, con el renací- 
miento, abrían una nueva era a las ciencias? 

Tenemos un juicio do la Inquisición de Logroño, se- 
guido a un literato humanista, Villegas, que nos da un 
modelo de la manera de proceder para producir, sin pro. 
ponérselo, aquel triste resultado. La lucha de las ideas 
tiene un cierto carácter de grandeza, por la grandeza del 
asunto. Fijar si el sol da vueltas en torno de la tierra, 
inmóvil, o si ésta da vueltas en tomo del sol, puede 
acarrear sin duda terribles controversias, entre los que 
siguen la tradición o las revelaciones de la ciencia. Pero 
cuando en una nación como España nadie aventura una 
proposición mal sonante; cuando todos están convenci- 
dos de ciertas verdades religiosas, y ninguno acepta que- 
rer ponerlas en duda, es horrible la acción del Santo Ofi- 
cio, amenazando con sus suplicios de aterrante prestigio, 
por meras opiniones de detalle, en la conservación, sin 
escribir ni predicar, por denuncia de los propios amigos 
y deudos, y para expresar la inocencia o futilidad del 
cargo, declararlo de lev i al acusado y¡ el levi negado, 
comporta, sin embargo, tres sentencias de tribunales, 
más rigurosa la última que las primeras, sobre puntos 
que hoy católico ninguno sostiene, ni la Iglesia pretende 
ser materia de fe, pero que muestran cómo no se podía 
entonces pensar, ni hablar sobre nada, que diera lugar 
a emitir opinión, como lo verá el lector en el 



(1) "A voice to America or the model republie ist glory, of 
its fall, with a review of the decline and faiture, of the Repu- 
hlics of México and the Oíd Y.'orld", pág. 150. 



183 D- F. SARMIENTO 

Extracto del proceso inquisitorial formado al poeta es- 
pañol don Esteban M. de Villegas. 

El manuscrito encontrado en Simancas por A. Cáno- 
vas del Castillo, que estudia actualmente estos procesos, 
tiene por título: "Consejo Supremo de la Inquisición", 
lib. núm. 561, y folios desde el 283 al 320 — Relación de 
los /méritos de la causa de don Esteban Manuel de Ville- 
gas, vecino de la ciudad de Nájera y natural de la villa 
de Matute. 

Villegas no| ha dejado un renglón escrito sobre teolo- 
gía, filosofía o ninguna otra cosa que no sean versos y 
traducciones del latín en que era muy versado. Los nom- 
bres de sus obras, según el autor 1 que seguimos en este 
relato, son: La\ Delicia, las Poesías Eróticas, y una tra- 
ducción de la Consolación de Boecio. Tiene, además, unas 
Disertaciones latinas. Túvosele, pues, por gran huma- 
nista y gran poeta, n'o dando muestras de más conoci- 
mientos que el de la gramática latina, y de algún teólogo 
como Scott, a quien se compara, y estima en menos. Sos- 
pechaban algunos que sabía algo de griego por haber in- 
troducido las anacreónticas, pero sinj otras muestras de 
poseerlo. Nacido en 1589 y muerto en 1669 era de sa- 
berse si conocía lenguas vivas que poco se usaban, en los 
escritos teológicos sobre todo, y si llegaba a su residencia 
el rumor siquiera de la controversia y guerras suscitadas 
en el resto de la Europa por la Reforma. 

Desde niño se¡ había mostrado buen poeta y extrema- 
do humanista, como docto crítico y hasta jurídico des- 
pnés, pero nada de cotas que <i religión o a infierno olie- 
sen. 

Los méritos do l;i causa s<»n nada, menos que veinte y 
dos, especificados cu «tros tantos capítulos distintos; 
amén de otros que se agregaron en la segunda instancia. 
Tratanmoi de los dos primeros por separado. — "1.° lla- 
l>or dicho (en conversación en cualquier tiempo y oca- 
ie el libre nlliedrío no lo había dado Dios al hom- 



LAS BAZAS EX SUD-AMEBICA 189 

bre, para obrar mal, sino para obrar bien. 2.° De haber 
dicho igualmente,' que el hombre ponía el libre albedrío 
paralo malo y no para lo bueno." Esta formidable cues- 
tión ha hecho devanarse los sesos a San Agustín, que re- 
conociendo que Dios .por su presencia conoce de ante- 
mano nuestras vidas, sostuvo la idea de la predestina- 
ción con que nacemos para el cielo o para el infierno, lla- 
mando gracia a este perdón de faltas que no hemos co- 
metido todavía, pues obra antes de nacer. San Pablo ne- 
gaba la eficacia de las obras para la salvación, contra I03 
de Jerusailem (San Pedro y Santiago), que sostenían que 
con el cristianismo continuaban la circuncisión y las 
obras del culto. 

La causa le fué promovida al fin de sus días, a Ville- 
gas a los 66 años, como a los 76 era molestado Galileo a 
causa de demostraciones matemáticas. La acusación, pro- 
ceso y sentencia de Villegas son más instructivos que los 
de un heresiarca, o los de una bruja. Versan sobre cosas 
que ha dicho en disputas, o le han oído diez y ocho testi- 
gos varones; y cierto quq en tan larga vida, hablador, 
vano y petulante como lo describen, mucho había de de- 
cir, y él no niega, de las muchas vulgaridades y concep- 
tos que le acriminan. Don Vicente de los Ríos, que enca- 
bezaba los escritos de Villegas con una biografía, no es- 
tando en este antecedente de la Inquisición, pues que el 
manuscrito de la causa se ha encontrado después "ni 
en sus odas ni en sus cantinelas, ni en sus monostrophes, 
ni en sus elegías por más que busca sus libertades juve- 
niles, o galanterías del arte, ni en sus traducciones mis- 
mas, como tenerlas muy arriesgadas, no había apercibido 
nunca señal alguna de que fuese Villegas hombre para 
dar cuidado a los censores del Santo Ofijcio". 

La presión que ejerce la atmósfera intelectual de una 
época, determina las predisposiciones que reglan al fin 
los detalles de la creencia general. La cuestión de libre 
arbitrio venía mal planteada desde el principio. Es una 



190 D. F. SARMIENTO 

cuestión de libertad y de conciencia, en que Dios no en- 
tra por nada. 

"Locke ha dicbb, que no debíamos preguntar si nues- 
tra voluntad es libre, sino si somos nosotros libres; por- 
que nuestra concepción de la libertad es el poder de obrar 
conforme a nuestra voluntad, o en otras palabras, con- 
vencidos cuando seguimos un cierto modo de acción que 
nosotros! podríamos, si hubiésemos querido, haber segui- 
de otro totalmente diferente. Sin embargo, si llevando 
nuestros análisis más adelante, preguntamos qué es lo 
que determina nuestra volición, concibo que el más alto 
principio de libertad a que podemos alcanzar puede ha- 
llarse en dos hechos, a saber: que nuestra voluntad es 
una facultad distinta de nuestros deseos, y que no es una 
cosa meramente pasiva, cuya dirección e intensidad son 
necesariamente determinadas por la atracción o repul- 
sión del placer o de la pena (1). 

Mirado así el libre arbitrio es una cuestión de libertad 
y de conciencia propia, y que sin la forma que traía des- 
de los tiempos primitivos, exagerada por los sectarios de 
Calvino, era indigno motivo el derramamiento de sangre 
que causó en el resto de Europa, o las persecuciones de la 
Inquisición. 

VA Santo Oficio no acierta mejor que Calvino a definir 
aquel indefinible enigma con decir, que "el poder de pe- 
car no pertenece al libre albedrío en general ' ' ; pero que 
era "cosa muy diversa del libre albedrío en general, o 
el libre albedrío contraído al hombre". Sobre la segun- 
da proposición de Villegas, relativa a que "el libiu albe- 
drío lo dio Dios para el bien y no para el mal, era buena 
j católica; pero que juntamente con aquello se debía reco- 
nocer que Dios dio el ubre albedrío capaz a un tiempo de 
poder pecar y de obrar bien". Y por no haber acertado 
.1 añadir estas menud. neias, fueron de todos modos de 
parecer, <¡ue "ni el reo ni sus patrones (reí en 



(i) "Locko Ratlonallnm In Europo" 



LAS BAZAS EN SUD-AMEKICA 191 

cargados de la defensa del reo), habían satisfecho bien 
ni a esto ni a lo demás, de que 'estaba testificado, por lo 
cual mantuvieron la censura, sostenida por los censores 
de Logroño, desde que comenzó el proceso". 

Téngase presente que Villegas no ha escrito un trata- 
do de teología, ni dictado un curso en una cátedra. Son 
fragmentos de conversaciones familiares, en que habría 
dicho lo pertinente al caso, sin que se le haga cargo por- 
que no dijo lo demás, puesto que San Anselmo, Santo 
Tomás y otros frailes teólogos, están de acuerdo cu ge- 
neral con él. 

Téngase presente, además, que la sentencia es de /- vi, 
es decir, de pecado venial, de nada, no habiendo mea I 
jo en la tarifa sino palabras ' ' mal sonantes ' ', y mas arri- 
ba "de grave", antes de tocar en la heregía; y sin em- 
bargo, le cuesta cuatro años de destierro, a los setenta 
de su edad, y quedar bajo la vigilancia de la policía in- 
quisitorial, que era lo que más hacía sufrir a Galileo en 
Toscana en una finca de Fiésole, donde tenía que recibir 
a los primeros sabios del mundo que buscaban su socie- 
dad o venían a admirar su ciencia, todo esto en presen- 
cia de un espión o de un sacristán, atisbando lo qué di- 
rán sobre los satélites de Júpiter recientemente descu- 
biertos, o de la oscilación del péndulo, etc., etc. 

La censura le cae a Villegas, como acaba de verse, en 
apelación, sobre todas las veinte y dos proposiciones, y 
para no fastidiar al lecto-r, escogeremos las más compro- 
metedoras. 

"10 — De que decía que Cristo Nuestro Señor no fué 
más hermoso que los demás hombres, y que antes le im- 
portó más no ser hermoso, para atraer más con su santi- 
dad que con su hermosura a que le siguiesen". 

Desde luego, Villegas no creía mucho en los irresisti- 
bles encantos de la hermosura apolina sin otras dotes. 
¡Grande tacha por cierto para el pintor de cuadros! 

Y sin embargo, en eso la erró Villegas, porque nos- 
otros hemos visto la verdadera imagen de Jesús y es un 



192 O. F. SARMIENTO 

buen mozo. Vímosla expuesta el jueves santo en San Pe- 
dro de Boma, desde una tribuna en la toea de la Veróni- 
ca, cuando ¡por limpiarle el sudor del rostro se sacó la 
verdadera imagen, que eso quiere decir Verónica, co- 
rrupción de Vera Ioinie, verdadera imagen. 

"7 — De que pretendía que las palabras "confitémini 
alteruter peccata vestra", no querían decir que el con- 
fesar fuese al sacerdote, sino unos a otros". 

"9 — De que decía que Cristo Nuestro Señor, no pa- 
deció los cinco mil y más azotes, que dicen personas san- 
tas y pías) le dieron; y advirtiéndole una persona, que 
se halló presente, que sobre ello había revelación, no la 
estimó, ni hizo caso de ella". 

A da edad de trece años nos explicaba el caso el ex- 
capellán de los Ejércitos de la Independencia, el presbí- 
tero don José de Oro, hermano del docto Obispo Santa 
-María, diciendo que siendo en el Pretorio de Pilatos 
donde recibió los azotes, no podrían pasar de cuarenta 
y nueve según la ley romana; y que los cinco mil eran 
místicos, teológicos, dos mil por ser Dios, qué menos! 
mil por ser hijo de David, quinientos por su perfección 
humana, etc. 

"12 — De que según él decía: Los Apóstoles no tuvie- 
ron ciencia suficiente". 

Ei la pura verdad, sin embargo. San Pablo, que es 
realmente una lumbrera de) su siglo, no "es de los que 
los conocieron" como él mismo lo dice por "'los de Jera- 
saiem", a quienes culpa de medianamente ignorantes en 
su terrible controversia, nial disimulada, en los hechos 
de loi A i estoles. San Juan se muesitra un teólogo y es- 
piritualista griego, alejandrino, platónico consumado "in 
prinetpiUB) erat VcHniin el Wrbum, etc." San .Mateo es 
DB buen lioiiilnv, pero no es Apóstol, y San Lucas es es- 
critor (!<• s'-Miriila mano, pues ha compilado los otros dos 
erangaUoi sinópticos. 

"4 — De que estando un «leudo en peligro do muerte 
había ludio testament >. y dejado muchas^ ?nisas por su 



LAS BAZAS EX SUD-AMEBICA 193 

alma, dijo que para qué era bueno dejan tantas misas, 
y que, o el ungüento era bueno o malo, 'porque siendo 
bueno no se había de aplicar sino poco". 

Este argumento no le ocurrió al autor de las recientes 
cien paginas en apoyo de las leyes de las colonias, de 
los Congresos y de las Legislaturas, imponiendo contri- 
buciones sobre las mandas pías. I Salvo un abogado que 
sostuvo lo contrario, pues la Corte falló sobre la cons- 
tituciona/lidad del acto, todos los jueces, el erudito Sar- 
miento, el jurisconsulto Vélez, Nuestro Señor Jesucristo 
y el profeta Isaías, según Renán, llevaban lal contraria 
de la que sostiene contra Villegas la Inquisición de Lo- 
groño. 

"11 — De que sustentaba que el que hurta y no restitu- 
ye no tiene fe." 

Error garrafal, pues nada tiene que ver la fe con los 
robos. Se puede ser muy buen cristiano y quedarse con 
lo ajeno. Así lo sostienen los teólogos casuistas en los 
tratados citados por el piadoso Pascal en las Provincia- 
les. ' No obstante tan probable doctrina, en las partidas 
de tesorería de los Estados Unidos se registra anualmen- 
te una partida de cientos de miles, bajo el epígrafe con- 
cience moneys, producto de devoluciones de derechos de 
aduana trampeados, o de contrabandos. 

"18 — De que entendía, y decía, que en aquellas pala- 
bras del Pater noster, e<t me nos inducas in tentationem, 
no está el verbo induco bien romanceado, porque no 
quiere decir caer sino entrar". 

Al corrector de latines del Senado. 

"21 — De quej enseñaba que la parte de la ciencia en 
la teología era ilimitada y corta respecto de las letras 
humanas". 

Y eso que todavía no había química, ni geología, ni 
sistema glaciario, mastodontes, ni megateriums ! 

Los demás méritos de la acusación, y son dos tercios 



194 D. F. SABMIENTO 

más, son tan; necios, que queremos ahorrar al lector e' 
fastidio de leerlos. 

"8 — De que pretendía también que el que obra laí 
virtudes con mayor vencimiento propio, y resistiéndos* 
más, no tendrá más premio en el eielo, que el que obró 
con menos repugnancia". 

Más tarde le testificaron de haber compuesto un volu 
men que tenía manuscrito, con muchas sátiras, repartí 
das en cinco libros, y dedicadas al Rey Felipe IV. 

Una pequeña muestra daremos del sistema de defensa 
contra tales enormidades. 

"Comienzan los patronos (dos frailes) su alegato poi 
afirmar que no había incurrido su defendido en pena al 
guna, a causa de no haber estudiado teología (válgale 1? 
ignorancia!) ni cánones, aun en el caso negado que er 
alguna de sus proposiciones hubiera error contra la San- 
ta Fe Católica. 

"Por ser la heregía error voluntario del entendimien- 
to y sostenido con pertinacia, la cual no se podía soste- 
ner sino de dos modos: o cuando avisado y corregido e¿ 
reo por persona de tal autoridad a que debiera ceder, nc 
se retrajo de su error, o cuando, conociendo él mismo di 
un modo suficiente la verdad, por la autoridad de la igle- 
sia, voluntariamente no la admitiera, rebelándose contra 
su propio desengaño. . . porque los autores que máa apre- 
ciaban el punto de la pertinacia, decían que es pertinaz 
el que no corrige su error avisado por el Inquisidor de 
la Fe, o por un Obispo, habiendo de ser en suma el aviso 
de tal autoridad, que esté obligado, debajo de pecado 
mortal a obedecerle y corregirse". 

Mucho han avanzado los estudios en cuanto a esta vo- 
¡untad del entendimiento que permitía en aquellos tiem- 
\« s .-i-rar voluntariamente. Abura no sucedo i\<\ ; y nues- 
tra experiencia de la vida parlamentaria nos lia mostra- 
do, en el ;u por loj menos, que después del más 
elocuente discurso, o la más palmaria demostración, al 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 195 

votar se ve que pocos, no obstante los más laudables es- 
fuerzos, han podido cambiar de opinión. Notábalo H. 
Thiers de un Diputado a la Asamblea nacional que lo 
contradecía en materia de finanzas. "Lo he tenido en 
mis faldas cuando chico, decía, y ya pensalba en econo- 
mía política como piensa ahora". 

Las ciencias naturales han arrojado alguna luz sobre 
esta pertinacia; y pueden explicar la uniformidad de las 
opiniones católicas en España en aquella época. 

Estas ciencias han arribado a estos resultados: 

"Que todos los seres sufren de una manera implaca- 
ble las consecuencias del medio en que viven". 

Vése por la acusación, los delitos imputados, los ale- 
gatos y las dos sentencias que todos, testigos, defensores 
y jueces tenían el juicio cortado por una misma tijera. 

El desenvolvimiento de la razón sigue las mismas re- 
glas. Los salvajes tienen todos el cráneo del mismo ta- 
maño, y piensan todos lo mismo; es decir, no piensan,, 
sino que sienten. En el estado de barbarie ya se dife- 
rencian los cráneos; y empiezan a haber opiniones, es 
decir, unos pocos que empiezan a dudar de algo. Andan- 
do el tiempo, se presentan seres originales, Newton, Des- 
cartes, que decreten la verdad, como decían de Carnot que 
decretaba la victoria. Descartes puso por fundamento 
de la filosofía, no dando por probada la existencia de 
nada: "Pienso; luego existo". 

Un español o un americano del siglo XVI debió decir 
con más verdad: Existo; luego no pienso! pues que no 
existiera si) hubiera tenido la desgracia de pensar como 
Villegas, "que si dos personas se iban al cielo, una que 
tiene hechas muchas obras buenas y otra no tantas, 1 no 
tiene más mérito la una que la otra, como entre ambos 
hayan guardado los mandamientos". ¡Qué asuntos para 
tratarlos en una Conferencia moderna! 

Las opiniones siguen la misma regla. En Buenos Ai- 
res votaron 26.000 personas contra uno de diferencia. En 



196 ' D. F. SARMIENTO 

la España de la Inquisición no había una opinión más 
libre que otra; y por eso era preciso inventar procesos 
con causales como el de Villegas, para entretenerse en 
algo. 

En un memorial que el mismo poeta dirige a sus jue- 
ces, dice: 

"Que está cumpliendo el destierro de cuatro años a 
que fué condenado por los Inquisidores Apostólicos del 
Reino de Navarra, desde el mes de Octubre del año pa- 
sado, en el Lugar de Santa María, donde pasa gran ne- 
cesidad y descomodidades por hallarse con más de se- 
tenta años, padeciendo muchos achaques y falta de salud, 
en tierra sumamente fría, y sin el albergue, compañía y 
asistencia de hijos; en cuya consideración pide y supli- 
ca a V. S. lima., que atendiendo a la calidad de su per- 
sona, desconsuelo y descrédito de sus deudos, y a que 
en su causa fué tan confidente, y sujeto siempre a la co- 
rrección; de la Santa Madre Iglesia, le haga merced de 
permitir se vuelva a su casa, levantándole el destierro en 
lo que a él le falta de cumplir". 

Nájera, donde residía el poeta y humanista Villegas, es 
hoy una aldea I de tres mil almas, triste, pobre y sucia, 
a cosa de diez leguas de Logroño, sede de uno de los más 
terribles tribunales de la Inquisición, pues fué éste el 
que hizo una carnicería, diríamos si no fuese que mu- 
rieron quemadas más de doscientas viejas llamadas bru- 
jas, las cuales declararon tener pacto con el diablo, asis- 
tir al Sabat, y lo que es más concluyente, consta de acta 
ante el escribano público, autoridades y testigos presen- 
ciales del hecho, que vieron subir por la perpendicular a 
una bruja sobre la muralla lisa, caminando como arana, 
bacia -arriba. De ese tribunal; se destacó un fiscal para 
pasar a Nájera, residencia de un poeta latinista, que ex- 
citaría los celos y envidia de lns aldeanos, por divertir 
a los aficionados y suministi-.n- pábulo i las conversacio- 
nes y a la ihi etnografía, excitada por la Bula que se leía 



LAS BAZAS EN SUD-AMF.RICA 197 

año por año en el (pulpito, excitando a las esposas, a los 
hijos, criados, dependiente? y tuti quanti a denunciar 
las conversaciones tenidas o acaso provocadas, pues las 
veinte y dos proposiciones de Villegas son otros tantos 
chismes traídos por personas que él creyó amigos, y que 
lo serían, a quienes dijo lo que le cuesta cuatro años de 
privaciones a más de las zozobras de juicio tan largo, que 
creen que ha durado otros cuatro años. 



LA INQUISICIÓN EN LAS COLONIAS 

Con este bagaje de ideas y preocupaciones han emi- 
grado a América nuestros padres, durante dos siglos 
consecutivos, no debiendo olvidarse que no entraban a 
estas colonias extranjeros de otras nacionalidades, que 
por la raza como los sajones, o 'por el sentimiento ya ad- 
quirido del derecho, de la libertad personal, o por las 
idead difundidas en el resto de la Europa, con las con- 
troversias religiosas, o los descubrimientos de las cien- 
cias, introdujesen alguna modificación científica, filosó- 
fica o política. 

Toda la raza española ignoraba entonces el inglés, por 
odios religiosos, como no habían sino tres españoles en 
1849 que supiesen, por las mismas causas, hebreo o ára- 
be. Feijóo es el primer español que empieza, en su Tea- 
tro Crítico, a difundir ideas nuevas sobre asuntos que 
no sean los que agitaba Villegas, & saber : si era buen 
mozo Jesucristo, y las veinte fruslerías de que es acu- 
sado. 

La educación dada en América se resintió de la misma 
insulsez e ignorancia, porque tal es el objeto de ella, en- 
señar a ignorar científicamente la verdad verdadera de 
las cosas, y rio la verdad deducida de textos y tradicio- 
nes. 

Entre los agravios que motivaron las Declaraciones de 
Independencia, figura en primera lvnea la mezquindad de 



198 U. F. SARMIENTO 

la instrucción dada en América, cual si fuera designio 
calculado) de la política colonial; y los documentos que 
lo prueban abundan por toda América. Unos cuantos 
citaremos, para deducir en adelante sus consecuencias. 
En la Universidad de Bogotá se tramitó este asunto. 

Santa Fe. Abril 9 de 1796. 

Vista del Fiscal Director de Estudios. 

"Excelentísimo señor: El Fiscal de su Magestad, Di- 
rector de Estudios, dice: que en la Junta de 13 de Oc- 
tubre de 1779 se trató el punto que parece causa la 
disputa ahora del Rector del Colegio del Rosario y su 
catedrático Vázquez, eso es, si los catedráticos de filoso- 
fía á quienes, para que la enseñasen, se les señaló y de- 
terminó el curso ú obra que de ella escribió el padre 
Gaudin del orden de Predicadores, pueden separarse en 
algo de las opiniones de este autor; porque impugnando 
dioho escritor el sistema copernicano, ó el movimiento 
de la tierra, ha! querido defenderlo en unas sabatinas el 
referido Vázquez, siendo, dice el Rector del Rosario, 
aquel sistema contrario abiertamente á varios expresí- 
simos textos de la Sagrada Escritura, y fue, prosigue el 
Héctor del Rosario, en su opinión, condenado por la Sa- 
grada Congregación sub Paxdo quinto y Urbano octavo, 
contra Galileo que la asentaba. En la Junta de Julio 
de 1791, también se trató el mismo punto. . . 

"Del contexto de estos documentos se deduce: 

"1." Que el texto de Filosofía hasta 1796 era el del 
padre Gaudin, del orden de Predicadores; 2.° Que este 
texto era contrario al sistema de Copérnico; 3.° Que con- 
mi i I » á él enseñó el doctor Vázquez aquel siste- 
ma; 4." Que se le reprendió por esa contravención y se 
le previno ajustase sus enseñanzas al texto adaptado, 

:ando por tal manera disputas y disensiones con el 
Superior y cabeza principa] de] Colegio, i quien debía 

; ■■ rielar ; :")." (>uc dicho lu'dor consideraba el sistema de 



LAS RAZAS EN SUD-AMEBICA 199 

Copérnico abiertamente opuesto á la Sagrada Escritura 
y condenado por la Sagrada Congregación; y 6.° Que 
para mayor abundamiento se previno á los Rectores y 
Catedráticos, que antes de defender conclusiones en cual- 
quiera facultad, se sometieran los tratados de ellos á la 
Dirección de Estudios " (1). 

La sentencia (pronunciada en un caso anterior al de 
Galileo por la Inquisición de Roma, traía ya formulada 
la doctrina que debía contradecir Vázquez, en términos 
que no dejan lugar a tergiversación hoy que desde el 
Patpa abajo toda la jerarquía eclesiástica, si no son los 
motilones a fuer de ignorantes, están convencidos que 
la verdad es lo contrario de esta decisión : 

11 Sostener que el sol está colocado inmóvil en el cen- 
' tro del mundo es una opinión absurda, en filosofía, y 
4 formalmente herética porque es expresamente contra- 
' ria a las escrituras, como sostener que la tierra está 
' colocada en el centro del mundo, que no está inmó- 
' vil, y que aún no tiene un movimiento de rotación, es 
' una proposición absurda, falsa en filosofía y no me- 
4 nos errónea en la fe. " 

Ya en 1716 la Congregación del Index se había expre- 
sado en estos términos, que son aún más explícitos que 
los que se usaron con Galileo': 

44 Quia ad notitiam Sanctse Congregationis pervenit 
" illam falsam doetrinam pitagoricam divina? que 
44 scriptura? omnin.0 ad adversatem, de mobilitate ter- 
44 ra et inmobilitate selis, quam Nicholaus copernicus 
14 Revolutionibus orbium coelestium, et Didacus Astunia 
14 in Job etiam docent. jam divulgari et multis recipi, 
44 sicuti videre est ex quandam epistola impressa coju- 
44 sdaan P.. Carmelita? cujus titulus Lettera del R. P. 
" Maestro Forcarini sopra V opinione di Pytagorki e 
44 del Copérnico, in qua -dictus Pater ostendere conatur 
44 prefatam doetrinam de inmobilitate solis in centro 



(1) "Anales de la Instrucción Pública en Colombia". 



200 D. *". SARMIENTO 

" mundi et mobilitate terne consonom esss veritatis, et 
" non adversan sacra? scriptura?; ideo ne ulterius hu- 
" jus m'odi, opinio in pernicie católico? veritatis serpar, 
" censui dictos hic Copernieus de Revolutionibus or- 
" bium, et Didacum. Asturiana in Job, suspendendos 
" esse doñee corrigantur. Lebrum vero P. Paulli Fosca- 
" rini Carmelite omnino prohibendum atque omnios 
" alies libros paráter idem docentes prohibendos. Tro- 
" mundus ante Aristarcuos sive orbis terne inmobilis. 
" In que decretum S. Congregationis S. R. E. Cardinal 
" adversus Pythagorico — Copernico editiun defendi- 
" tur ". 

Este fallo, dado dos veces por la Inquisición, ha sal- 
vado a las ciencias de toda traba, por cuanto la verdad 
no es herética. Desde que es hoy evidente como la luz, 
que la tierra es uno de doscientos y más planetas que gi- 
ran en torno del sol, siendo el tercero en orden de aleja- 
miento, queda demostrada la falta de autoridad científi- 
ca, histórica o geográfica de la aserción contraria. La 
geología, la antropología, la astronomía, la química, la 
historia no tienen nada que hacer con lo que un pueblo 
tan antiguo y tan atrasado como los hebreos sabía o cre- 
yó saber sobre cuestiones puramente humanas, experi- 
mentales o demostrables por la ciencia ; pues fué común 
a todos los pueblos antiguos creer lo que sus o jes ven, 
que el sol se mueve aparentemente. 

Pero la prevalencia y firmeza de la tradición contra 
las (I mostraciones de las ciencias, ha. contribuido a Pal- 
sear la razón de los españoles en ambos continentes, 

arfados por triluinalo.-; excepcionales de pensar, de in- 
ligar, de proseguir en busca de la verdad. jQué hu- 
biera eido de Edison, de Morse, si descubren en aquella 
atmósfera de ideas las aplicaciones do aquello que lla- 
mamos electricidad por no saber como llamarle, pues no 
i sino por sus efectos, el rayo, 1 1 telégrafo y 
i ! teléfono! 



LAS RAZAS EN SUD-AMERICA 201 

Este mismo efecto ha debido obrarse en lo moral como 
también en lo político. Hombres educados a dejarse 
prender sin actos criminosos que lo provoquen, sin saber 
quién los acusa ; y una vez acusados sin saber como defen- 
derse, sin cometer por ignorancia el mismo delito que 
se les acusa no estando definido el delito, han debido 
perder, de padres a hijos, toda noción de derecho, de jus- 
ticia, de proporcionalidad por la crueldad del castigo 
entre el delito y la pena, de humanidad, etc. ; y si a las 
preocupaciones de espíritu que trae de Europa, se le 
agrega la sangre de una raza salvaje prehistórica, que 
no tiene práctica de gobierno, sino instintos de propia 
conservación y de crueldad con los enemigos, si alguna 
vez se ve libre de obrar por sí, es de temer, si otras ideas 
nuevas no han modificado su conciencia política, que 
tienda a ser arbitrario en el ejercicio del poder, y em- 
plee los mismos medios que vio practicados aún por sa- 
cerdotes en nombre de Dios que es la expresión aparen- 
te de la moral, solicitado a ello por el pueblo, o el instin- 
to salvaje que tiene en la sangre! 

El eminente escritor colombiano García del Río, que 
fué Secretario de Bolívar y uno de los primeros litera- 
tos americanos, hizo una larga exposición de la enseñan- 
za dada en Universidades y colegios de Nueva Granada ; 
y ccmo es la misma que se ciaba en todas partes, toma- 
mos de ella algunos fragmentos reproducidos reciente- 
mente en Colombia. 

" Por esto la educación, fundamento el más sólido de 
la pública felicidad, estaba en la situación más lamen- 
table. En nuestros campos apenas había quien conocie- 
se el alfabeto ; en los pueblos y hasta en las ciudades 
principales, las pocas escuelas que se contaban de prime- 
ras letras ni tenían reglas formales, ni estaban bajo la 
inspección de las autoridades: hallábanse entregadas a 
la ignorancia misma. A personas de la más baja esfera, 
de ninguna instrucción, y que las más veces abrazaban 



202 D. F. SARMIENTO 

esta profesión (la más importante de todas) para pro- 
curarse una subsistencia escasa, estaban confiadas a los 
hijos del habitante de la América en aquella tierna edad 
en que es susceptible el hombre de toda clase de impre- 
siones, que tanto cuesta borrar o modificar después. De 
allí pasaban a los estudios, en conventos y demás esta- 
blecimientos de enseñanza, o a los colegios o universida- 
des, en las pocas ciudades donde los había. 

" Eran, empero, semejantes establecimientos unes mo- 
numentos de imbecilidad: en todos ellos se nes ponían 
en las manos libros pésimos, llenos en su mayor parte de 
errores y patrañas; en todos se vendían palabras por co- 
nocimientos y falsas doctrinas por dogmas. Los colegios 
no eran en rigor otra cosa que seminarios eclesiásticos, 
donde los jóvenes educandos perdían su tiempo para to- 
do lo útil, y estaban sujetos a groseras prácticas religio- 
sas. Como por esta época las ciencias sagradas eran las 
únicas que se hallaban en honor, porque el estado ecle- 
siástico era la profesión que daba más crédito y utilidad, 
nacía de aquí que el principal instituto de los colegios, 
por no decir el único, era proveer a los pueblos de bue- 
nos ministros; así, una distancia inmensa separaba a sus 
constituciones de lo que debían ser para contribuir a la 
grande obra de la perfección del hombre intelectual y 
moral. 

" Las universidades, que, según el profundo Condi- 
llac, tanto han retardado los progresos de las ciencias, 
sólo servían en América para enseñar quimeras despre- 
ciables. Conferida la educación a los jesuítas primero, 
después a otros eclanástioos, en su mayor parte orgullo- 
sos y fanáticos, cuyo saber se componía de las pueriles 
nociones adquiridas en la escuela, y cuya moral antiso- 

I estaba \ las formas más extravagantes, no 

resonaba en las aulas más que una ciencia presuntuosa 
<• inútil, formada de ideas abstractas y de vanas sutile- 
zas, explicada en estilo bárbaro y grosero. Allí, bajo la 



LAS BAZAS EX SUD-AMERICA 203 

férula de un preceptor adusto, sólo apto para hacer del 
discípulo un hipócrita y un embustero, y bajo castigos 
corporales, bastantes para quitar a la juventud toda 
idea de sonrojo y dignidad, junto con la sensibilidad del 
dolor físico, consumía ella la más preciosa parte de su 
tiempo fugaz, en aprender una multitud de cosas inúti- 
les o cuestiones frivolas. 

" Formaba la lengua latina la base de nuestros estu- 
dios, por la necesidad que de ella había para el estado 
eclesiástico, para la jurisprudencia civil y canónica y pa- 
ra la práctica de la medicina; únicas puertas que esta- 
ban abiertas al americano para obtener una mediana 
subsistencia, o merecer en la sociedad alguna considera- 
ción. De aquí resultaba que se llenaban nuestras cabe- 
zas de frases y versos escritos en una lengua muerta, y 
rara vez suficientemente entendidos para apreciar su mé- 
rito, con mengua del cultivo y posesión de nuestro pro- 
pio idioma, de esta lengua tan rica, elegante y majestuo- 
sa, que se cuenta en el número de las cosas buenas que 
debemos a los españoles. Tal era una de las causas prin- 
cipales de nuestro atraso en literatura y ciencias, como 
lo ha sido siempre en toda edad y en todo país donde 
no se han enseñado en idioma vulgar. 

"Al método de enseñanza que acabamos de trazar, 
monumento el más vergonzoso de la ignorancia, corres- 
pondía la educación del bello sexo en América. 

"Viciada así la fuente que debiera dar ciudadanos 
útiles a la patria, no se encontraba por todas partes en 
América más que disipación, falta de costumbres, inac- 
ción perezosa, galantería; y el extranjero instruido y 
sensible, al mismo tiempo que hacía justicia al talento 
natural y al carácter ameno, franco y hospitalario del 
hombre americano, se afligía al ver su mísera condición 
social; efecto todo de los principios de política que des- 
de el siglo XVI han gobernado aquellas regiones. 

"El desorden de la política no pudo, sin embargo, 



204 D- F. SAKMIEXTO 

triunfar completamente del orden de la naturaleza ; y por 
más que el despotismo quiso mantener a la América en 
la más crasa ignorancia, hubo de ceder algo al espirita del 
tiempo en obsequio de la ilustración del Nuevo Mundo, 
desde fines del siglo XVIII. Los destellos de luz que en 
tanta copia despidieron por aquellla época los Estados 
Unidos de América y la Francia, dieron una dirección 
más feliz a las ideas. A pesar de la vigilancia de la In- 
quisición, penetraron en las posesiones españolas las pro- 
ducciones inmortales de algunos filósofos; buscábanse 
con tanto más ardor cuanto más perseguidas eran ; es- 
tudiábanse en la soledad; y comenzaren a germinar en 
varias cabezas los principios luminosos de los varones 
ilustres que tanto honor hicieron a su especie y tanto 
bien...". 

El primer Congreso reunido en las Provincias Unidas 
del Río de la Plata, en sesión del 16 de Julio de 1813, de- 
claró abolido el tormento paira el esclarecimiento de la 
verdad y averiguación de los crímenes, mandando se in- 
utilicen en la Plaza Mayor, por mano del verdugo, los 
instrumentos destinados a ese objeto. 

El ejército, al mando del General San Martín, solem- 
nizó la toma de posesión de la ciudad de Lima con un 
auto de fe celebrado con los instrumentos de tortura de 
la Inquisición, en la Plaza misma de las ejecuciones a 
fuego. 

En fin, para cetrnar esta exposición de los estragos que 
en el carácter americano debieron producir estos ante- 
eed oitei nacionales, debemos airn-irar la declaración lin- 
cha a nombre del Congreso de Tucumán por <1 canónigo 
Castro Barros, aunque la Calta de filosofía, histórica, y 
la necesidad de atribuir el hecho a designios de la polí- 
tica le ocultase el origen. 

" l.,i Bnseñai)/:i, dice, de las ciencias era prohibitiva 
para nosotros, y sólo se nos concedieron la gramática la- 
tina, la filosofía antigua (anticuada), la teología y la 



LAS BAZAS EX SUD'AMEKICA 205 

jurisprudencia civil y económica ". (Manifiesto que ha- 
ce el Congreso General a las naciones; motivando la de- 
claración de la Independencia.) 

Como es el juicio inquisitorial el que quitaba esas ga- 
rantías, y suprimía los Derechos que nuestras constitu- 
ciones garantizan hoy: 

" El Congreso no ha omitido, dice el Deán Funes, ex- 
poniendo la Constitución de 1826, la Declaración de 
vuestros derechos esenciales, que había adulterado la 
corrupción. Fué preciso a vuestros tiranos que cerrasen 
les archivos de la naturaleza para que no pudiesen en- 
contrar los justos títulos de vuestra libertad, igualdad y 
prosperidad ". 



CAPITULO IV 

LA RAZA BLANCA — ¿QUIENES FUERON LOS CONQUISTADORES? 



Aislamiento geográfico de la España — El aspecto político y re- 
ligioso de la España moderna es como el aspecto físico do 
la Australia con sus restos de fauna antidiluviana — Maho- 
ma y Torquemada — Los moros eran españoles — Arquitec- 
tura de los árabes — Su agricultura — Las ciencias — Las in- 
dustrias — Absolutismo mahometano. 

ESPAÑA IMPERIAL. 

El mundo físico de hoy es el mismo de los tiempos prehistóri- 
cos — La historia sigue el mismo sistema — Carlos V repre- 
sentante del Sacro Imperio Romano — Sus tradiciones i su 
poder absoluto — Revolución hecha en el gobierno de la Es- 
paña por Carlos V, consolidada por Felipe II — El gobierno 
para el pueblo, pero no por el pueblo — La tradición romana 
— Supresión de las Cortes de Aragón, el embrión del Par- 
lamento — Supresión de las libertades municipales — Opinión 
de Macaulay. 

LOS JUDÍOS ESPAÑOLES. 

Confesión del Jesuíta Mariana sobre el régimen inquisitorial 
impuesto a los .ludios — "Los apóstatas y herejes son infa- 
mes por derecho" — Los difuntos fallecidos on heregía se les 
manda desenterrar y procesar] para confiscar sus bienes a 
los herederos — Situación de los judíos en España en la épo- 
ca del descubrimiento de América — Los judíos, la parte in- 
teligente e industriosa de la nación — Institución de los Ban- 
cos — Envidia y perversidad de chusmas abyectas y sed de 
rapiña que hicieron expulsar a los judíos — Influencia de los 
judíos en las letras españolas — La decadencia moral, polí- 
tica, científica e intelectual de la España — Macaulay, Gal- 
ton, Buckle, Sueño de muerte. 

NOSOTROS, LA ESPAÑA. 

La Independencia de los Indios — Expresión de agravios "pro 
forma" — Nuestro derecho a separarnos de España — Civili- 
zación de España y civilización de Inglaterra — El progreso 
pende de la capacidad accidental de los jefes, y no de las 
fuezas permanentes de la nación — Administración de las 
Colonias: procede de las Provincias del Imperio Romano — 
Consejo de Indias — Leyes de Indias — Juicio de Residencia 
— Archivo de Simancas — Recaudación de rentas — La Améri- 
ca ha sido administrada honradamente y exenta de guerras 
y exacciones — Prevenciones del Rey a sus funcionarios — 
Situación de la Francia al tiempo de la dominación espa- 
ñola en América — El hambre no es indígena de América. 

ADMINISTRACIÓN DE LA AMERICA POR AMERICANOS. 

Comparación entre la administración colonial y la actual — Los 
empleados ricos homes y magnates de lo principal — San 
Juan del Pico, algunos de sus administradores — Predominio 
de la raza blanca. 



208 D- F. SARMIENTO 

La España es una península que se aparta en cuanto 
puede de la Europa a que pertenece por su geografía, 
aunque por su geología sea africana o atlántica. Sepáran- 
la del continente los Pirineos, que habitan aún los vas- 
cos, de estirpe tan primitiva que las lenguas arias que 
han alcanzado de uno y otro lado hasta sus faldas, no 
pudieron penetrar en sus valles ni escalar sus elevadas 
crestas. Por estas barreras continentales ha debido la 
España quedar sustraída a los movimientos de ideas, 
salvo cuando civilizaciones exóticas hacían agujero y 
traspasaban la línea vasca. 

Así, para los fenicios, Gades fué el extremo occiden- 
te de los bordes del Mediterráneo y su puerto de salida 
al Océano. Cartagena está diciendo dónde establecieron 
sus factorías sus hijos más tarde, para la exportación de 
la plata en barras, que producían las minas de la Hespé- 
rida. Para los Godos de Scandinavia, Burgos fué su Fi- 
nisterre del lado del sur, y para los Árabes, Djebel-el 
tarik (Gibraltar) la puerta de entrada a la Europa. 

Los romanos civilizaron la Bética, con "Itálica la 
Bella", a punto de no distinguirse un romano de un his- 
pano celtíbero, ni en el traje, ni en el garbo para llevar 
la toga, ni en ila lengua, ni en las dotes políticas e inte- 
lectuales; y dando historiadores, sabios, (ministros y em- 
peradores al imperio romano, se han quedado los espa- 
ñoles romanos del imperio o del papado. 

El aspecto político y religioso que asume la ^España 
en los tiempos modernos tiene el mismo carácter que en 
la geología y aun en la fauna tiene la Australia. Es un 
Én&g-mcnto de los continentes antiguos, escapado a las 
transformaciones posteriores de la superficie del globo. 
I' mamíferos han sido creados todavía, y esos pocos 

son marsupiales, Kangurus y otros, (pie son anteriores 
a los placentarios. Encuéntrase un pájaro todavía con 
col.i >\r pefCadO, n v. lando la procedencia ya comproba- 
da de las ave; y hay un mamífero con pico de ganso, 



I. AS LAZAS E.V SLÜ-AMEUICA 209 

ornitorincus. El último gigantesco avestruz, cuyos hue- 
vos miden casi una tercia en el diámetro mas largo de 
la elipse, y se encuentran originales o imitados en todos 
los museos, es de la Nueva Zelanda, y los Mahorís sus 
h&bitantef son los hombres de prehistórica descendencia 
<iue mas ingenuamente hayan practicado el canibalismo. 
Necesitaba el hombre alimentarse de carne ; y habiéndo- 
se extinguido el último pájaro del tamaño de un ternero, 
fué preciso comerse unos a otros, y luchar así por la 
existencia. 

La España presenta en sus tradiciones vivas de tiem- 
pos pasados el mismo aspecto. La muía enjaezada con 
hrillantes borlas de lanas de colores, y con penachos en 
la frente, se la encuentra con los mismos arreos en Ufl 
pinturas de las ruinas de Babilonia y de Nínive. Estos 
arreos son heredados. 

La graciosa bailarina que en el bolero toma posiciones 
académicas y agita las castañetas, tiene su modelo en 
las danzat rices de Pompeya o en los vasos griegos que 
conservan recuerdo de las bacanales. 

Las más bellas catedrales de España, como la de Bur- 
gas, son del más puro gótico, y el nombre Burgos, burg, 
•está diciendo quiénes la fundaron. 

El Alcázar de Sevilla, la Alhambra de Granada y la 
Mezquita de Córdoba sostienen todavía en sus bellísimos 
arabescos, que no hay ni hubo en España otro Dios que 
Dios misino y MaÜfaoma su enviado, lo cual traducido al 
•castellano de Felipe II, de D. Juan de Austria y de Tor- 
quemada, dice que no hay otro Dios que el que se im- 
ponga so pena de la vida por la autoridad civil y ecle- 
siástica a la vez. 

Setecientos años combatieron, dicen los historiadores, 
los españoles con los moros. Hay un simple error de pun- 
to de vista. La España, que era goda con los Reyes go- 
dos, y era la Esq>aña imperial de los romanos, combatió 
-con la España sojuzgada por los árabes, que a su vez era 



210 U. V. SAHM1EXTO 

Bética por la cultura de la vid y del olivo, y por esto la 
España municipal, comercial y culta de las orillas del 
Mediterráneo. La lucha con los moros que pasaron de 
África duró un siglo, tres generaciones, hasta que mu- 
riendo los conquistadores, naciesen sus hijos españoles. 

Siete siglos después, cuando la parte goda y celtíbera 
de la España, dominó a la parte sarracena y latina, hay 
tanta falsedad en hablar, de los "moros en España" co- 
mo si nosotros después de haber vencido a los españoles 
en América, y expulsado a los peninsulares, virreyes y 
generales escribiésemos una historia titulada "líos es- 
pañoles en América" y contásemos la lucha de los indios- 
con sus vencedores en todas partes, excepto en Arauco r 
al Sud de Buenos Aires y en la Florida donde fué derro- 
tado el Adelantado Soto. Nosotros somos la España en 
América como los de Andalucía, Granada, Córdoba, eran 
la España más genuina de España, puesto que eran sus- 
tnás instruidos y civilizados habitantes, herederos de to- 
das las tradiciones históricas de Roma y de Fenicia, i 
más del acarreo de civilizaciones que los árabes hacían 
del Asia y de los restos del imperio romano. Si llegaran 
a Sevilla los españoles Catón y Salustio, creerían reco- 
nocer sus casas de Roma en los tres patios sucesivos, que 
aún se desentierran en Pompeya con el tricliniuin, el 
impluviuin y el gineceo. 

Si un califa se asomase a nuestras iglesias el domingo, 
vería aún en América las mujeres sentadas de la nume 
ra Oriental del diván; costumbre y postura que sólo Laa 
mujeres españolas practican, por ser heredada de sus 

abuela*. La agricultura era intensa, eientifiea y estaba 

circunscrita a la región dominada por los reyes moros, 
corno lo prueban las palabras arábigas, naranja alhelí, 
alcaucil, alcaparras, albahaca, alfalfa, aza- 
frán, alhucema, de. que se extrae el agua de lavanda, al 
mendra, abedul (Olivo silvestre), alcornoque, algarrobo, 
.mil. aljófar, azufre, alambique, ala.inbre. ;ilmidóii, etc.. 



I.AH RAZAS K.\ SLU-AMEKICA 211 

están diciendo a dónde se aclimataron con el uso de las 
palabras; aun los objetos de comodidad que revelan el 
bienestar, tienen el sello de los que los introdu joros en 
el uso y en la lengua española, tales como zaquizamí, al- 
fombra, alquitrán, alféizar, ámbar, adoquines, pues el 
empedrado es invención española en Córdoba ; alcayata, 
alacena, a/otea, alcarranas, aleii/.a, a/afate, alfanje, etfl 
Toda una civilización hasta la almohada y la alcolwi. y 
tantas otras palabras que sería prolijo enumerar. I, as 
ciencias de la edad media, la medicina, el álgebra, son 
pañollas, y los desrendientes de granadinos, a fuer de 
cristianas, han ívnunciado al honor ¡de haber salvado la 
civilización antigua en España, mediante la conquista 
árabe. 

De que la irrigación es árabe, si las palabras acequia, 
azada, alcántara no lo probaran, la Huerta de Valencia 
está ahí fecunda y risueña hoy, como en tiempo de los 
Ominadas, regida la distribución de sus aguas por el ju- 
rado de los Muslimes, cuyos descendientes llevan toda- 
vía con garbo al hombro la manta morisca. 

" Seiscientas villas florecientes en Jaén convertían la 
seda en damascos y terciopelos, de que se conservan 
muestras inimitables en Granada, la seda que aun se co- 
secha en Andalucía y sólo sirve para hacer hilo de coser 
y sargas, que no requieren igualdad en el estambre. Pa- 
ra la elaboración del azúcar inventaron todas las pala- 
bras que señalan sus diversos estados y manipulaciones: 
arrope, jarabe, almíbar, alcorza, alfeñique, alfajor; y 
sus descendientes no volvieron a cultivar la caña sino 
cuando los esclavos de los plantadores franceses de Hai- 
tí expulsaron a sus amos, y éstos, asilados en la Habana, 
introdujeron sus industrias, el cultivo del café y el in- 
genio de azúcar. El papel de algodón se encuentra ya en 
1009, en manuscritos del Escorial en España. La cur- 
tiembre en cordovanes, tafiletes, marroquines que aún 
llevan nombres árabes, como el hierro damasquinada 



210 »• 9. SABMIENTO 

que servía al armero de Toledo, son de los árabes, quie- 
nes trajeron el invento con el tejido de seda, y el albari- 
coque, cultivado en Damasco, la ciudad de San Pablo. 
El primer cañonazo lo han disparado los árabes contra 
los cristianos en España, como fueron sus antecesores 
los importadores de la India del mixto que se llamó fue- 
go griego. Los árabes en España continúan el mundo an- 
tiguo, hasta el Renacimiento que puso en fermentación 
al resto de la Europa. La civilización áraibe, después dé 
tomada Granada, salió otra vez por la puerta de Gibral- 
tar mientras que por la del campamento de los Reyes 
sitiadores la España quedó a oscuras cuatro siglos, y no 
entró nada para reemplazarla hasta nosotros. 

Con los Reyes de Castilla y de Aragón triunfaron los 
bárbaros, pues que comparados con los reyes de Grana- 
da y Córdoba, eran tales los pueblos y reyes del interior 
de España; pero no triunfaron de la opinión pública 
mahometana oriental, formada durante siete siglos por 
la parto más culta de la nación. Hasta hoy está grabado 
a fuego, como una marca indeleble en nuestros cerebros, 
Beamof de Cartagena de España o de Indias, de la Cór- 
doba andaluza, o de la americana Córdoba, el alma ma- 
hometana, y el axioma que hace el credo de dos frases, 
para el español de hoy en España o en América. "No 
hay otro Dios sino Dios y ol Rey o el Papa es su Profe- 
ta." Se borró la palabra Malioma, y cada uno le sustitu- 
ye la que debe llenarla: Federación o muerte, religión 
o muerte, libertad o muerte . . . 

Kl mahometano todavía cuatro siglos después, venía 
propagando su fe, a la punta de la espada en América, 
ya <|iie no continuó cu Kuropa después de tomarse ;i 
Const.ant inopia, como se detuvo en la India cuando fun- 
dó • •] famoso imperio del Mogol. KVlipe II ei la , COBCen- 
:ión del principio mahomietano español de la mudad 
«de creencia. BU, y no el Tapa, funda la hi(|nisici('n, él y 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 213 

no el Papa emprende la persecución de 'las nuevas ideas 
de sus compatriotas los flamencos. 

Los gérmenes de la persecución religiosa estaban en 
toda la Europa cristiana; dentro del catolicismo mismo, 
en las leyes, y en la tradición del imperio romano; pero 
en todas las otras naciones le faltó el enjebe mahometa- 
no, aquel mordente que se aplica primero a la fibra pa- 
ra que la tintura agarre. Sin Mahoana no hay Inquisición 
en España. La Francia tuvo la Saint Bartheleany, un cri- 
men, la revocación del edicto de Namtes, un error econó- 
mico. Los defensores de Flandes resistieron con la cuer- 
da al cuello, para someterse a la horca si vencidos; Ña- 
póles sacrificó a Pedro Arbues ; el Papa conservó sin fue- 
go la inquisición. Pero sólo en España, y con ex-maho- 
metanos, pueblos iluminados desde la Alhambra por la 
filosofía árabe de los Califas, podían levantarse altares 
al canibalismo, a la aversión a la vieja (la bruja) que 
han conservado los salvajes. El hombre ama el dolor. Los 
indios de Norte- América, al pie del rollo en que son tos- 
tados, quemados a fuego lento, tildados de cobardes por 
las mujeres que les meten puntas entre uña y carne o 
descarnan un nervio para irritarlo, insultan sin embar- 
go, a la tribu, a los jefes manchando con calumnias odio- 
sas su historia y su orgullo, para forzarlos a apurar y 
aguzar más y más los suplicios. El tatuaje costaba do- 
lores, y se han afilado los dientes, arrancádose algunos, 
perforádose los labios como ornato, o encerrado los pies 
en moldes de hierro que les impiden crecer. El pueblo ro- 
mano en España gozó el último de estos amargos y ás- 
peros placeres, hacer sufrir, oir gemidos, y todo con pa- 
sión, con convicción, por la fe, como los romanos en el 
circo, por amor a la guerra, a la gloria y las artes, veían 
morir a los gladiadores y caer en posturas académicas 

Así se conservan en España los toros, que dan las 
mismas fruiciones y crispaturas de nervios, y exaltacio- 
nes de la sangre todavía romana. 



¿14 ». F. SAKMIKNTO 



ESPAÑA IMPERIAL 



Un accidente dinástico vino a poner el sello oficial a 
estas propensiones mahometanas de exclusiva y persegui- 
dora fe de los españoles, después de puestos todos por 
Isabel y Fernando, con la toma de Granada, bajo la fé- 
rula de los reyes bárbaros. Tocóle la España como he- 
rencia de familia a don Carlos, quinto emperador del 
Sacro Imperio Romano, y primer Rey de este nombre 
en España. 

Bravard nos dice que ed terreno pampeano que cubre 
la superficie de esta singular llanura en que hemos na- 
cido, y cuyos movimientos humanos describimos, está 
formada hasta dooe metros de profundidad con el pol- 
vo que viene depositando el pampero desde siglos sin 
fin. Todos los geólogos modernos que han abandonado la 
teoría de los cataclismos, sostienen que el mundo físico 
•de hoy es el mismo mundo físico de los tiempos prehis- 
tóricos, con la variación que el acarreo que las aguas 
vienen haciendo y deponen en el delta de los ríos, de la 
paulatina descomposición de las rocas por la acción del 
frío y del calor, del oxígeno y de los temblores y hura 
canes. 

La historia sigue el mismo sistema, y ya se busca has- 
ta la fisonomía de las antiguas razas en las provine i M 
de cada nación, porque ahí están presentes en sus hijos 
los que las poblaron. Así en las instituciones y en las 
ideas. 

I 'a rece nada, ('arlos V es un grande Emperador aus- 
tríaco, representante del Sacro imperio Romano; y éste 
lia durado con sus tradiciones, su gobierno, su poder ab- 
lohlto más menos modificado, hasta la batalla de Sa- 
dowa en (pie perdió la Hegemonía de la Alemania. Na- 
poleón n<» se con.sid.n'i emperador, ni creyó fundar di- 
nastía imperial, sino empaivnlándos.- 000 el Emperador 
Romano, llamando n su primogénito KVv de liorna. El 



las i:.v/as kn sri)-.\MKi:iCA 215 

Emperador alemán estuvo a la cabeza de la coalición de 
ios Reyes teutones (los antiguos bárbaros), para derro- 
ca)- al formidable sublevado de la raza latina que quería 
volver a su seno la sede del imperio, con Rama, y el pa- 
pado concordato, y París por capital. No son simples 
rapprochements históricos los que hacemos al asociar 
ideas y tradiciones al parecer tan heterogéneas. 

El Imperio austríaco fué hasta, la víspera de su caída 
-el augusto representante del absolutismo imperial de los 
romanos, el emperador católico de la edad media des- 
pués de la Reforma. Luis Bonaparte llamó la idea napo- 
leónica a este alarde de la forma absoluta, despótica, 
dada al gobierno imperial, porque ser Emperador trae 
én efecto desde los romanos y al través del imperio ger- 
mánico, la idea del sagrado y divino despotismo del im- 
perio, aunque sea electo el Emperador. Era "el gobier- 
no del pueblo para el pueblo, pero no por el pueblo" de- 
vía el Príncipe de Metternich, cuyas Memoria* se están 
publicando actualmente (1) y exponen de la manera 
más franca la doctrina del romano imperio de que fué 
Canciller, y nos sirve hoy para explicar la revolución he- 
cha en el gobierno por Carlos V, continuada, consolida- 
da por su sucesor Felipe II, su derivado. Metternich 
profesaba que el pueblo no era apto para gobernarse a 
sí mistmo, y por su propio bien debía ser dirigido y do- 
minado por la autoridad civil, militar y esclesiástica. 
Para la masa, la plebe, debía proporcionarse alimento y 
trabajo que absorbiese su tiempo, y diversiones para ale- 
jar los espíritus de toda especulación sobre formas de 
gobierno; darle aquella clase de instrucción religiosa que 
conspire a mantener la supremacía del sacerdocio. Me- 
tternich puso su larga vida de ochenta y siete años a ta- 
par las grietas y hendiduras que la revolución francesa 
había hecho a la idea imperial romana, por medio de una 



(1) "Memoirea ol l'rincc Metternich". Edited by Prince Ri- 
chard Metternich. 



216 D. T. SARMIENTO 

policía protectora y astuta, para estorbar la propagan- 
da revolucionaria en Europa, y fuera de ella la consa- 
gración de principios que no fuesen romanos y católicos. 
La Santa Alianza fué un pacto promovido por él entre 
las grandes potencias, para mantener aherrojados a los 
pueblos; y es fortuna que por la presencia de la Amé- 
rica y a causa de la América, la Inglaterra con Canning 
rompiese el maquiavélico pacto y proclamase con Mon- 
roe, "la América para los americanos", principio que 
salvará al mundo de los romanos imperios, latinos o teu- 
tones. Todavía es más singular y concluyente condena- 
ción de ila imperial doctrina, el hecho de que Mettemi-eh, 
después de aplicarla cuarenta años a la Alemania, tuvo, 
en 1848, que escapar al triunfo "de las ideas liberales " T 
por él tan perseguidas, y asilarse a la sombra de la In- 
glaterra, donde el gobierno está fundado sobre la liber- 
tad individual y el self government, o la aptitud del 
pueblo, y por tanto el derecho de gobernar al gobierno,, 
aunque aquel conserve una Reina por respeto a la tra- 
dición y a su derecho propio. 

Estas fueron siempre las funciones y las ideas del Em- 
perador, aún cuando el imperio estuviese gobernado por 
un santo, como Marco Aurelio que tenía por principio 
mantener las antiguas máximas romanas en su inteijri 
dad. 

" La tradición romana, dice Renán, es un dogma para 
Marco Aurelio que se excita a ser virtuoso, "como hom 
bre, y como romano"... Marco Aurelio no caminó na- 
da B las BntigtUM reglas contra los cristianos. 

"Las persecuciones eran las consecuencias de los prin 
ripios fundamentales del imperio, cu materia il<' asocia 
ción. y una (]<> las glorias do su reinado fué la extensión 
que dio a los derechos do los colegios; pero no fué hasta 
la raíz y no abolió los collrrjia illirila, de lo que resul- 
taron en las provincias aplicaciones en extremo seo 
> i Mes. 



LAS BAZAS EN SUD-AMERICA 217 

"La Ley era perseguidora, pero el pueblo lo era mu- 
cho más. Aun gentes ilustradas como Celso y Apuleyo 
creen que la debilidad política de aquella época viene de 
la incredulidad en la religión nacional Los más triste* 
episodios de la persecución bajo Marco Aurelio vienen 
del odio del pueblo. A cada hambruna, a cada inunda- 
ción, a cada epidemia se oye como ana sombría amenaza 
el grito de "los cristianos al león". Marco Aurelio era 
Romano: cuando perseguía obraba como un Romano. La 
entera paz de conciencia de los grandes emperadores 
Traja-no, Antonino, Marco Aurelio, no debe pues sor- 
prendernos; y es sin duda con toda serenidad de alma 
que Marco dedicó en el Capitolio un templo a su^diosa 
favorita: la Bondad " (1). 

El Austria para no desaparecer como nación abjuró 
públicamente al poder absoluto, y convocó Cortes tras 
la instructiva derrota de Sadowa. 

Con las ideas de un Emperador Romano, de cuyas in- 
signias se halla revestido Carlos V, apenas se sentó en 
el trono de España, se ocupó de poner orden en la más 
brillante joya de su patrimonio que era la España ; y 
se apresuró a suprimir las Cortes de Aragón, que eran 
el embrión feudal del sistema representativo, del Parla- 
mentos de los lores ingleses y las libertades municipales 
que persistían, ya de los vascos como la organización 
primitiva humana, ya de los romanos en los municipios. 

11 En España, dice el historiador Maeaulay, donde 
las instituciones libres fueron tan vigorosas como en 
cualquier otra parte de Europa, habían dejado -de exis- 
tir por no haberse buscado nuevas salvaguardias de la 
libertad, después de la creación de ejércitos permanen- 
tes. Los españoles lucharon como por la vida; pero lu- 
charon tarde. 

"Los artesanos de Toledo y Valladolid en vano de- 



(1) Marc Aurele — "La fin da mondo r.ntiquo". Renán (ex- 
tractos). 



218 I>. V. SABMIKXTO 

fendieron los privilegios de las Cortes castellanas con- 
tra los batallones veteranos de Carlos V, como sucedió 
en la siguiente generación cuando los ciudadanos de Za- 
ragoza se opusieron en vano en armas contra Felipe 
II, por defender las viejas instituciones de Aragón. 

"Grandes ajsambleas nacionlaües del continente, noi 
menos soberbias y poderosas en otro tiempo que lo que 
-es hoy el Parlamento que se sienta en Westminster, caye- 
ron una tras otras en la más completa, insignificancia. 
"Si ellos se reunían después, es como nuestras convoca- 
ciones para llenar alguna venerable forma" (1). 



LOS .TUDIOS ESPAÑOLES 

El jesuíta Juan de Mariana, en su Historia de Es- 
paña, hablando de la Inquisición y sin disimular la. com- 
plicidad de la aprobación íntima, aduce con artería las 
objeciones y la llatma "traza, muy saludable, maguer 
que al principio pareció muy pesada a los naturales. Lo 
que sobre todo extrañaban es que los hijos pagasen los 
delitos de los padres. Que no se supiese ni manifestase 
al que acusaba, ni les confrontasen con el reo, ni oviese 
publicación de testigos todo contrario a lo que d< anti- 
güe se acostumbraba en, los otros tribunales. Demás de 
esto les parecía cosa nueva que semejantes pecados se 
castigasen con pena de muerte, y lo más grave que por 
aquellas pesquisas secretas (espionaje) les quitaban la 
libertad de decir y hablar entre sí, por tener en las ciu- 
dades, pueblos y aldeas personas a propósito para dar 

.■■viso de lo (pie pasaba, cosa (pie algunos tenían en figll 
ra de una servidumbre gravísima a par de muerte". 

A la época más o menos que Re suprimían en Bspaña 
los flflTS eh oi de la defeSM y garantías contra procedí 

mientos arbitrarios, se obtenía m [Inglaterra defl Rey 



mi "HIstory >>f Kngland btfort ti"' restauratlon", Etfacaulay, 



LAS BAZAS K\ SI U-AMKKK \ LÜ«* 

Carlos II, católico como los católicos Reyes de España, 
el escrito de Ilabcas Corpus, por el cual nadie puede ser 
retenido en prisión sin orden del Juez competente. Tres 
siglos y medio debían transcurrir para que, en nuestro 
país, por declaraciones parciales del derecho, y mas tar- 
de- por las Declaraciones y Garantíais que proceden y li- 
mitan nuestras constituciones, se restableciesen aquellos 
derechos naturales al hombre, asegurados al pueblo por 
el derecho romano y a los españoles por las Partidas de 
don Alfonso el Sabio, y de que fueron despojados pol- 
la perversidad de un Cardenal de España autor de la 
Inquisición, y confesor de una mujer sin discernimien- 
to que gobernaba la monarquía, exaltada por los más 
pasmosos triunfos, teles como la toma de Granada que 
reunía en sus manos toda la España, y la feliz empresa 
de Colón que dotaba de un mundo entero a las coronas 
de Castilla y de Aragón. Fué el fraile dominico Torque- 
mada el codificador bajo el nombre de Instrucciones de 
aquella vuelta legal a la vida salvaje de los caníbales, 
y a la olvidada tradición cartaginesa, cuya deidad prin- 
cipal, Moloc, era un toro de bronce que se calentaba a 
fuego para asar en sus huecas cu t rañas víctimas huma- 
nas. Uno de los artículos de la nueva ley, que substituía 
a la del Sinaí. donde dice, no adoraréis otro Dios que el 
Dios de Israel y de Jacob, decía: "Que por cuanto los 
herejes y apóstatas' son infames por derecho, aunque so 
conviertan, se les ponga de penitencia la de no servir 
oficio público, no usar vestidos de oro, plata, seda, ni 
lana fina, corales, perlas, diamantes ni otras piedras 
preciosas, ni montar en caballo, ni llevar armas; todo 
bajo la pena de que si quebrantaren esta penitencia, s;- 
rán tenidos por relapsos en la heregía (lo que traía pe- 
na de muerte a fuego!)" 

Debemos tener ánimo bastante, a fin de evitar las re- 
caídas, para descubrir las hediondas llagas de nuestra 
historia, y las infecciones de que no estamos del todo 



220 D. F. SARMIENTO 

curados todavía, como existe latente la sífilis en la san- 
gre, aunque sus estragos no sean ostensibles. El artícu- 
lo veinte dice: "Que si la Inquisición hubiese procesos, 
de los cuales resulte haber sido hereje algún difunto y 
fallecido en heregía, aun cuando hayan corrido treinta o 
cuarenta años después de la muerte, se mande al fiscal 
promover causa, por la cual se cite a los hijos, nietos, 
descendientes y herederos del difunto, y se proseguirá 
hasta la sentencia definitiva; y si resultare bien proba- 
da la acusación se declara tal; mandando desenterrar el 
cadáver, destinándolo a lugar profano, y declarando 
pertenecer al fisco real todos los bienes que quedaron 
del muerto, con los finitos y rentas posteriores, en cuya 
restitución serán condenados los herederos" (1). 

Es en virtud de esta ley que Obispos y curas niegan 
todavía sepultura en los cementerios a quienes declaran 
fuera del seno de la Iglesia, sin juicio y por oídas y de- 
laciones. 

Catorce mil cadáveres de judíos fueron sucesivamen- 
te desenterrados de Sevilla, de españoles de origen he- 
breo, tan españoles sus hijos, expulses después de saquea- 
dos, que en las costas norte del Mediterráneo se habló 
largo tiempo español, y que los apellidos de Gómez, Al- 
varez, y otros muchos son conocidos hoy mismo, en las 
finanzas y en las letras de otras naciones (2). Los más 



ti» "I.oh Judíos do España" (por Ríos), pág 26. 
(2) Nombres de los judíos que tras la expulsión constituían 
el Sanedrín de Amsterdam, como Londrea hoy, centro del co- 
rlo en la Holanda Ubre del poder de Felipe II, son A. "Kn- 
rfQUes de Granada, David "Abendafla", Oroblo de "Castro", J. 
neo de "Silva", Isaac "Prado", Aaron "Capadoso", Erpias 
i : n t Irjuc/.", todos npollldos hoy españolizados de cristianos nue- 
vos. Una Acnil. -ini.-i teológica la componen Abrahan da "Vega", 
l "Telles" Isaac Ergan — J. Israel de Faro, J. Bueno da 
iqnidfl ". Daniel "Lobo", Isaac "Belmonte", Abrahan de "Cha- 
ves", Abrahan "Ñoñez", y otros no menos ilustres por su saber 
y tabulo, Ldpeí de Olivera, "LODOl" de Pina y JftOObo "Mendes" 
fueron Insignes grabadores en madera, para Ilustrar con viñe- 
tas los libros que daban a la estampa. 

En Smlrna hablan todavía los judíos un castellano muy co- 
rrompido en que so encuentran, dice un viajero, no pocos giros 
y frases del tiempo de la expulsión. 

aU bis siglos XVI y XVII se distinguieron en Amster- 
dam las Imprentas de Moaes "Díaz' David "Castro" Tastaz, 



JAS HAZAS EN SUU-AMEKKA 221 

execrables antropófagos no han llegado a este grado de 
ferocidad. El cadáver aleja las profanaciones. 

¿Cuál era la situación de los judíos en España, a la 
época del descubrimiento de América? La misma que 
tienen conquistada, hoy en Londres, los Rothschild, los 
("alien y tantos otros en el resto de la Europa como 
D'Israeli, Créniieux; en las letras y ciencias el poeta 
lleine, Borne, y en las bellas artes Meyerbeer, Halévy. 
Mrntlclsohn, Offenbacii, la Kachel, la Sarán Bernhardt, 
etc., que hacen que los judíos sean tenidos por los etnó- 
logos como realmente un pueblo escogido. "El puebl<> 
de don Pelayo, dice don José Amador de loe Ríos, ha- 
bía menester, de la ayuda del pueblo hebreo, porque no 
se bastaba a sí mismo. La guerra era su ocupación más 
noble, su necesidad suprema. Todas las artes que no te- 
nían relación con la guerra, eran vistas por ellos con en- 
tero desprecio y consideradas como indignas de su valor. 
El pechero cultivaba acaso la tierra ; el hidalgo sólo sa- 
bía esgrimir la espada o blandir la lanza. Los elementos 
de cultura que estaban en manos de los judíos, llega- 
ron a ser indispensables a los cristianos" (1). 

"La situación de los judíos entre los cristianos fué 
por siglos la que han tenido los extranjeros entre nos- 
otros, antes que la instrucción se generalizase o aumen- 
tase en gran número la inmigración. Eran los médicos, 
los cajeros para llevar los libros y cuentas de las casas 
de los nooles; los jardineros y los consultores de una no- 
bleza ignorante. El Rey D. Alfonso X prohibe que se 
tomen medicinas de su mano, fuera de las recetas que 
hiciesen los sabidores aparejadas por los cristianos. ' ' 

Ileering para rehacer una factura de artefactos y 



Baltasar "Vivien", Tomás Geel, Jacobo "Alvarez Zoto", Atlas. 
Brandon, Sálenlo, Leda, Younpr — siendo de notarse el número 
de edieionea castellanas que salieron de estas oficinas, obras es- 
critas las mas por sabios judíos, en' Suecia, Francia e Italia, 
y fueron nombrados muchos de ellos consejeros de los reyes, por 
ia fama de su saber. 

(1) Estudios sobre los Judíos de España, por don José Ama- 
dor de los Ríos. i . ¡ 



22¿ D- l'. SARMIENTO 

mercaderías fenicias no lia necesitado más que leer a los 
profetas Ezequiel, Isaías y otros, declamando contra el 
lujo de las mujeres hebreas. Bástanos a nosotros leer 
una bula de un papa del siglo XV, para saber cuál era 
la posición social de los judíos de España. "Que nin- 
gún judío pueda ser médico, cirujano, tendero, drogue- 
ro (boticario), proveedor (pulpero), casamentero (es- 
cribano) ni tener otro oficio público por el cual haya 
de entender en los negocies de los cristianos; ni las ju- 
días ser parteras, ni tener amas de criar cristianas, ni 
los judíos servirse de cristianos ni vender a éstos, ni 
comprar de ellos algunas viandas, ni concurrir con ellos 
a ningún banquete, ni bañarse en el mismo baño, ni te- 
ner mayordomos, ni agentes de los cristianos, ni apren- 
der en las escuelas de éstos alguna ciencia y oficio". 

Todas las funciones sociales de la vida están compren- 
didas en esta obra de la envidia de curanderos y de me- 
nestrales bárbaros, contra la raza que los sirve y educa. 
Excluyanse estas profesiones monopolizadas por los ju- 
díos, al principiar la colonización de la América, sin ju- 
díos (1519 fecha de la bula) y se conjeturará d estado 
de civilización y cultura de los compañeros de Pizarro, 
Cortés y las ideas del Padre Valverde al ver las andas 
de oro del Inca y leerle la Biblia. 

Mas otra prohibición papal viene de molde a nuestro 
propósito. "Que ningún judío pueda comerciar ni hacer 
contrato alguno con los cristianos, para evitar de est k 
modo, los fraudes que a éstos hacen y anual QHfl les lle- 
van." 

A esta disposición de la iglesia te debe la institución 
de los Bancos y la creación de las letras de crédito, parí 
Mear de Kspaiia los tesoros va acumulados por un prós- 
pero comercio, y los que por toneladas de oro y de pía 
ta habían de ir llegando de las minas del IVn'i y de Me 

jico que bajaron >-\ valor de los metales precioso! ha- 
ciendo raler las cosas. 



LAS RAZAS K.V SI D-AMKKKA 22 ; í 

La expulsión de los judíos, al mismo tiempo que la 
España conquistaba la América, lia impedido que Cá- 
diz, la antigua y soberbia Gades de los fenicios y carta- 
gineses, no hubiese sido el Londres de nuestra época, 
por la acumulación de los caudales de las Indias orien- 
tales y occidentales, como sucede hoy con la Inglaterra 
que es la caja de depósito y de ahorros de todos los acau- 
dalados del mundo, buscando allí cobrar la menor usura 
posible, el uno por ciento anual a veces, como lo quería 
el Papa ignorante, y obtenía por resultado de las trabas 
puestas al sistema bancario de los Rothschild de enton- 
ces, que el interés del dinero subiera al dos y al seis por 
ciento mensual y al ciento por ciento al año ; pues lo que 
baja la usura es la abundancia de la oferta, y la garan- 
tía y seguridad al |>iv.stam¡.->ta. 

Tales son los hechos, las instituciones, las creencias 
con que fué envenenada la España, y muerta en menos 
de medio siglo de administrarle estos breva jes, que es- 
timulaba la envidia y perversidad de chusmas ignoran- 
tes y abyectas, a quienes estaban abiertas las puertas 
de los conventos, para hacerse camino con adular y fo- 
mentar todos los instintos populares de odio, y la sed 
de rapiña de una nobleza igualmente ignorante. Lláme- 
se uno de estos advenedizos cardenal Jiménez, llegue a 
ser prior de un convento Tomás de Torquemada, apo- 
dérese un astuto hipócrita del oído de una reina ner- 
viosa, y enloquecida con tan extraños acontecimientos, 
y vendremos cuatro siglos después a sentir todavía las 
consecuencias en América de la supresión de todos los 
derechos del hombre por la Inquisición, de la destruc- 
ción de todas las industrias griegas, romanas, asiáticas, 
africanas que se habían venido acumulando en España 
y desenvolviéndose por los moros y los hebreos, pueblos 
ambos viajeros, cosmopolitas, excelentes conductores de- 
civilizaciones, en los siglos de la mayor ignorancia de 
Europa y cuando en ella sólo sabían leer los Obispos y 



2'2 í U. V. SAüMlK.MU 

los Abades, eran doctos los árabes, así de Oriente como 
en África y en España. "El rey D. Alfonso ordenó que 
se estableciesen en Sevilla estudios generales de latín y 
de arábigo; y mandó traducir preciosas obras arábigas 
por la mayor parte astronómicas y de algunas de medi- 
cina y de química" (1). 

Pero lo que Conde no indica y es capital, es la in- 
fluencia que en las letras españolas ejercieron los judíos, 
siendo suyos los primeros libros escritos en 'Castellano, 
y los creadores de la ortografía. 

"Desde los autores de la antigüedad más remota, di- 
ce D. José Amador de los Ríos, conservados por loe ilus- 
trados árabes, hasta los escritores más recientes del úl- 
timo pueblo, habían sido consultados por los rabinos y 
conversos. Crecido número de obras de todas las cien- 
cias, ya arábigas, ya hebreas, habían sido traducidas «1 
castellano, y las más veces al latín, lengua usada cons- 
tantemente por los escritores doctos" (2). 

¿. Qué quedó a la España y nos trasmitió a nosotros, 
(seremos indias esta vez. para dar mayor fuerza al car- 
go), de las fábricas de tejidos, papel, curtiembre, vidrios, 
y tanta otras que florecieron en las ciudades áraibea? 
/, Qué de las ciencias médicas y de la alquímica que abre 
las puertas del templo de las ciencias modernas? ¿Qué 
ludio, en fin, de los seiscientos sesenta y un millones de 
pesos de plata producidos por las minas de Potosí sola- 
mente, que pagaron ciento cincuenta millones de Dere- 
chos por quintos Reales desde 1556 hasta 1800 inclusive? 

Pasaron los luyes Católicos Fernando e Isabel, au- 
tores de cosas tan grandes, pasó el Emperador ('.irlos V, 

que hizo saquear a Roma) pasó Felipe 11, el monstruo 

de la reacción de la edad media española y del islamit- 
imo. y apenas le sucedía el segundo de los Carlos cuando 



ii i "Historia a. la Aominaoldn <>■• loi Arabea en Enpafia", 
• i, Joi I Ai! tonta < !ondt¡ ¡m roduootan. 

ÍL'l "BltUdlOi ti • O'.ilri.M .'¡uliic Iun Juilíii- ili- I :.|i.i i.i", por .1. 
Nli'.el'.l ili loM ¡{(OH. 



LAS BAZAS EX SUD-AMEBICA 

el historiador Macaulay ya señala los síntomas de muer- 
te de aquella nación preclara. 

"La España era ya, dice Macaulay, en tiempo de Car- 
los II lo que ha continuado siendo hasta nuestros pro- 
pios tiempos. De la España que había ejercido su supre- 
macía por mar y tierra, en el viejo y en el nuevo mundo ; 
de la España que en el corto espacio de doce años llevó 
cautivos un Papa y un rey de Francia, un soberano de 
Méjico y un soberano del Perú; de la España que ha- 
bía mandado un ejército a las murallas de París y equi- 
pado una formidable escuadra para invadir a la Ingla- 
terra, nada quedaba sino una arrogancia que había exci- 
tado antes el odio y el terror; pero que ahora sólo pro- 
vocaba a risa. Verdad es que en extensión los dominios 
del Rey católico excedían a los de Roma, cuando Roma 
había alcanzado el zenit de su poder. Pero aquella enor- 
me mole yacía entorpecida y sin aliento, y podía ser 
insultada y despojada con impunidad. Toda la adminis- 
tini-ión, fuese naval, militar, financiera, colonial yacía 
desorganizada. Carlos era el trasunto de su monarquía, 
impotente, física, intelectual, moralmente, hundido en la 
ignorancia, abandono y superstición, y mientras tanto 
inflado con el sentimiento de su dignidad y predispues- 
to a imaginarse agravios y a resentirse" (1). 

Por lo que ¡respecta a la decadencia moral, política, 
científica e intelectual en que caímos, cualquiera que 
sea el país en los vastos dominios españoles donde no al- 
canzaba a entrarse el sol, según el boato de sus tiempos 
de poderío, concluiremos con ©1 extracto que la Rcvue 
des Beux Mandes hace de la obra reciente de Galton so- 
bre el Hereditary Geniíts y que confirma las que nos- 
otros dimos del hereditario atraso en el Cap. III de esta 
obra, 

"Por el efecto de los suplicios y envenenamientos, di- 



(1) Macaulay, tomo III, pág. 568, "Historia de William and 
Mary". 



226 D- F. SABMIENTO 

ce Galtón en su Hereditary genius, la nación española 
ha sido privada de sus libres pensadores, y como expri- 
mida a razón de mil personas por año durante los tres 
siglos de 1471 a 1781, porque cien personas en término 
medio han sido ejecutadas y novecientas perseguidas al 
año. Durante aquellos tres siglos han habido 32.000 per- 
sonas quemadas vivas, 17.000 en efigie (muertas en pri- 
sión o escapadas al extranjero), y 290.000 personas que 
han sido condenadas a prisión u otras penas. Es imposi- 
ble que una nación resista a una política semejante, sin 
que produzca una grande deterioración de la raza. Qui- 
tándole a una nación sus más inteligentes hombres y los 
más osados, ha traído por resultado notable la raza su- 
persticiosa de la España contemporánea" (1). También 
ha llamado muchas veces lia atención Mr. Galtón, al 
efecto desastroso del régimen militar de nuestra época, 
que arrebata a la familia y al trabajo la parte más vá- 
lida de la juventud, no dejando en los hogares sino los 
hombres enfermos o raquíticos, producto de una selec- 
ción al revés en la nación. Cuando la guerra viene a aña- 
dirse al armamento universal, ciega la mejor parte de 
un pueblo, y bastardea las generaciones que quedan. 

Últimamente, para mostrar cuál es hoy el juicio irre- 
vocable y consciente de todos los grandes pensadores 
del siglo, concluiremos con el fallo de Buckle al descri- 
bir el estado de desarrollo intelectual que ha alcanzado 
cada pueblo de Europa. 

"Una desgraciada combinación de sucesos, dice Bu- 
ckle, obrando sin interrupción desde el siglo XV, había 
impreso al carácter nacional de la España una dirección 
particular, y ni hombres de listado, royes ni legkdado- 



(I» "RevucN «I'--' M'ip Munilrs", 1 f. (!«■ Septiembre 1SS2. 

Esta observación rio Oalton llegó a Buenos Aires en foeha fl« 
mes posterior n ln publleuelón <|uo ne hizo en la "Revista de 
noi Aires" de) Cap, "La Inquisición", de esta obra, *n - I 

■ |i,. •... apunliiliuii < ' ••■.• '. «late:; cu m I ti.-rn 1 es al mismo 

r- • ulta.lo. 



LAS BAZAS EN SUD-AMERICA 227 

res podían nada contra él. En el siglo XVII tocó a su 
máximum. 

"En aquella edad cayó la nación española en un sue- 
ño, del cual no ha vuelto a despertar como nación desde 
entonces. Fué un sueño no de reposo, sino de muerte. 
Fué un sueño en que las facultades, en lugar de descan- 
sar, quedaron paralizadas, y en el cual un frío y univer- 
sal sopor sucedió a aquella universal actividad, aunque 
parecía que mientras hacía el nombre español terrible en 
el mundo, había asegurado el respeto aún de sus más 
acerbos enemigos. 

11 En ese siglo XV, en ese estado de espíritu, empren- 
dió la conquista de medio mundo y le trasfirió el mismo 
quietismo de ideas, la misma petrificación de las recibi- 
das, y la misma prohibición de pensar en las cosas abs- 
tractas". 

NOSOTROS, LA ESPAÑA 

Hemos sido durante la lucha de la independencia, los 
indios, sublevados decíamos contra la tiranía de sus 
opresores, los españoles, a punto de que los chilenos ven- 
cidos y derrotados por los araucanos durante la conquis- 
ta y reconociendo su independencia después, por no ha- 
ber podido penetrar en el territorio de aquellos, han lla- 
mado a sus hijos propios Caupolicanes, y a sus buques 
de guerra Lautaros, como llamaron Huáscar, que era un 
indio quiteño, a su heroico encorazado, los peruanos. 
Belgrano trabajó en el Congreso de Tucumán con los Di- 
putados del Alto Perú y los de Córdoba, que lo apoya- 
ban, para levantar el trono de los Incas en el Cuzco, lla- 
mando al último dinasta de su estirpe, que después de 
Tupac Aimarú, acertaba a ser un buen hombre apellidán- 
dose Canquí. ¡ Singular gohierno en manos de un óscu- 
lo advenedizo, colocado en el más central e inabordable 
punto de la América española a cientos de leguas de 
las costas! 



228 !>• F. SARMIENTO 

El Manifiesto que acompaña la Declaración de Inde- 
pendencia, contiene una expresión de agravios, en imita- 
ción de una pieza igual que de trámite precede a la de 
los Estados Unidos, y por regla general a toda declara- 
ción un poco decente de Independencia. Los norte-ame- 
ricanos, sin embargo, reclamaban de agresiones a dere- 
chos y libertades inglesas reconocidas por el Rey en la 
Magna Carta y repetidos instrumentos, como del Parla- 
mento mismo, que no podía dictar leyes sino para los 
que estaban representados en él. Pero el Rey de España 
no había reconocido otros derechos a los españoles que 
vinieron a América que los que acordaba a sus subditos 
en España, gobernados hasta entonces despóticamente y 
sin reclamación, como la habían elevado los ingleses mu- 
chas veces a sus Reyes, en diversas épocas, arrancándo- 
les Declaraciones de principios, y aún llevándolos al ca- 
dalso por abrogarse facultades y poderes a que habían 
por escrito renunciado en diversas ocasiones. 

Nuestro Manifiesto, expresión de agravios, es un es- 
crito de bien probado, en que se aducen razones que no 
son estrictamente de derecho, y argumento ad captan- 
dum, para obrar sobre el ánimo de los oyentes; pues que 
el Juez Supremo de las naciones ante quien ponían la 
demanda, sabía a que atenerse. 

"Desde que los españoles se apoderaron de estos países, 
prefirieron el sistema de asegurar su dominación, exter- 
minando, destruyendo, degradando a los indios". Este 
es uno de los tremendos cargos. 

I '.ast.i ría recordar nuestra reciente irrupción al terri- 
torio indio, hasta el Río Negro y las Cordilleras, para 
hacer a lo vivo el cuadro de lo que pudieron haber hedió 
los españolee, en mayor escala aunque con menos estra- 
go. Mirado el caso del punto de vista de los indígenas, 
la verdad histórica es que ruteo nosotros y por nosotros, 
todo fuá llevado a sangre y fuego: arrastrando millares 
de familias, de mii.p r.s, de niños y repartiéndolos como 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 229 

siervos en las casas de particulares. Estos eran los an- 
tiguos repartimientos. 

Si se dijera que la Constitución como la humanidad 
prohiben esta conquista, aquel no dejar refugio a una 
raza para vivir, derecho que le viene al hombre de Dios, 
y conservaban hace cuatro siglos aquellas apartadas tri- 
bus, tendríamos menos disculpa que los españoles que 
habían descubierto un continente, del que la humanidad 
cristiana, civilizada, necesitaba entrar en posesión para 
dilatarse. 

Los demás cargos del Manifiesto son o sin fundamen- 
to serio, o simplemente dirigidos a los errores económi- 
cos, sociales o religiosos prevalentes en aquella época en 
el mundo, o especiales a la España, que se había queda- 
do entonces atrás de todas las otras naciones en el des- 
envolvimiento de las ideas y en la marcha de las cien- 
cias. 

El comercio con las colonias fué concedido en mono- 
polio a compañías, en todas partes, dando la Holanda 
el modelo, que siguió la Inglaterra en la famosa Compa- 
ñía de las Indias, conquistadora de un Imperio, y la Es- 
paña en la pobre Compañía de Contratación de Cá- 
diz, que sólo servía de intermediaria, no teniendo manu- 
facturas la España, entre los galeones de plata que lle- 
gaban de América y los países fabricantes, como la In- 
glaterra y la Holanda, para comprar angaripolas, ele- 
fantes, baquetas, bayetas, espejos, cuentas y chaquiras 
de Venecia, y quincallería y cuchillos belduques de Ho- 
landa. 

Nuestro derecho a separarnos de la España, venía de 
los Derechos del hombre a darse el gobierno que más 
cuadre con su índole y sus necesidades ; y si un conti- 
nente puede dejar de ser colonia de una isla o de una 
península, pegada a otro continente lejano, no han de 
aducirse sino por la forma las treinta y dos razones que 
a más de tener pólvora y cañones, prueban que la Amé- 



230 D. F. SABMIENTO 

rica debía ser independiente de todo poder extraño. 
¡Ojalá que un pueblo pudiese ser libre, por el mismo gé- 
nero de argumentos ad hominem con que llegan siempre 
a ser independientes! El medio de ser libres es estudiar 
las causas que impiden asegurar la libertad y obrar so- 
bre ellas, apartándolas si son obstáculos, desvaneciéndo- 
las si son preocupaciones, introduciendo o afirmando su 
práctica, 1 si son principios olvidados o no bien discerni- 
dos, para ponerlos al frente de nuestros almacenes y 
tiendas, como se pone el nombre propio y la profesión 
del individuo en una plancha de bronce a la puerta pa- 
ra conocimiento de todos. 

¿Somos indios o somos españoles? ¿Hemos dejado de 
serlo por llamamos americanos? La España, nuestra pa- 
tria común, padece del mismo mal nuestro; pero no 
atreviéndonos a darle su diagnóstico desde aquí, toma- 
remos el de un gran conocedor en achaque de males he- 
reditarios de raza. Buckle, hablando del estado intelec- 
tual de los españoles, o de la forma especial que su in- 
teligencia lia tomado, "tenemos, dice, en la España un 
gran pueblo, lleno del ardor patriótico, religioso y mili- 
tar, cuyo furioso celo fué exaltado más bien que atem- 
perado por una respetuosa obediencia a su clero, y por 
un caballeresco amor a sus reyes. Animada y dirigida de 
este modo la energía de la España se hizo tan recia co- 
mo pronta. Pero el lado flaco de esta clase de progreso, 
es que depende por mucho de los individuos, y por tan- 
to, no puede ser permanente. Un movimiento ascenden- 
te no puede durar, sino mientras es encabezado por 
)n nibres hábiles. Cuando a jefes competentes se suceden 
hombres inhábiles el sistema cae inmediatamente, por- 
que i-l pueblo ha sido acostumbrado a suplir a cada em- 
presa el necesario celo, pero no ha sido acostumbrado a 
proveer del saber que fruía a aquella buena voluntad. Un 

país, cu cslr . .!a.!-« ha de decaer se^u ra me nt e, si está 

gobernado por príncipes hereditarios, siendo inevitable 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 231 

en el curso ordinario de los negocios humanos que so- 
brevengan jefes incapaces de vez en cuando. Desde que 
esto sucede, la decadencia principia, pues que estando el 
pueblo habituado a la ciega lealtad, irá a donde lo lle- 
ven, prestando a consejos indiscretos la misma obedien- 
cia que antes había ofrecido a los más prudentes. 

"Esto nos lleva a percibir la diferencia esencial en- 
tre la civilización de España, y la civilización de Ingla- 
terra. Nosotros los ingleses somos un pueblo desafecto, 
criticón y caprichoso, constantemente quejándonos de 
nuestros gobernantes, sospechando de sus designios, dis- 
cutiendo sus medidas con un espíritu hostil, concedien- 
do el menor poder posible a la Iglesia o a la Corona, ma- 
nejando nuestros propios negocios a nuestro gusto, y 
prontos a renunciar, por la más ligera provocación, a 
aquella lealtad convencional de labios afuera, la cual no 
habiendo nunca tocado en realidad nuestros corazones, 
es un vestido que cubre la superficie, pero no una pa- 
sión arraigada en el alma. La lealtad de los ingleses no 
es parte a inducirlos a sacrificar su libertad por compla- 
cer al príncipe, ni enceguecerlos nunca a punto de no 
tener una idea clara de su propio interés. La consecuen- 
cia de esto es que para nuestro progreso lo mismo dá 
que el Rey sea bueno o sea malo. Bajo el uno o el otro, 
el movimiento hacia adelante no se interrumpe. A nues- 
tros soberanos les ha cabido su buena parte de imbecili- 
dad y de crimen ; y sin embargo, ni hombres como Hen- 
rique III, ni Carlos II fueron capaces de hacernos daño. 
Lo mismo sucedió en los últimos tiemjpos en que tan 
conspicuos fueron nuestros progresos, y tan incompe- 
tentes nuestros reyes. Ana y los dos primeros Jorges 
eran a cual más ignorante ; a más de haber sido perver- 
samente educados, la naturaleza los había hecho débi- 
les, testarudos. . . Sus reinados duraron en todo sesenta 
años; y tras de estos primeros, por otros sesenta años 
fuimos gobernados por otros reyes cuya limitada inteli- 



232 D- F- SARMIENTO 

gencia, ni su desarreglado temperamento, ni la misera- 
ble superstición del uno, como la increíble bajeza del in- 
noble y crapuloso príncipe que le sucedió en el trono, 
detuvieron un momento la civilización inglesa, o desvia- 
ron la corriente de la prosperidad de la Inglaterra. Nos- 
otros seguimos nuestro camino, sin preocupairnos de es- 
tas cosas. No habíamos de ser descarriados por la imper- 
tinencia de nuestros mandones, pues que teniendo nues- 
tro propio destino en nuestras manes, el pueblo inglés 
lleva en sí aquellos recursos y aquella fertilidad de ex- 
pedientes, sin los cuales les hombres no pueden ser gran- 
des, felices y sabios. 

"En España, sin embargo, desde que el gobierno aflo- 
jo la rienda, la nación se disolvió en pedazos. Durante su 
próspera carrera, el trono de España fué ocupado por 
príncipes hábiles e inteligentes. Fernando e Isabel, Car- 
los V y Felipe II forman una cadena de príncipes que 
por período igual, ninguna nación tiene mejores. Por 
ellos fueron ejecutadas las grandes cosas, y por sus cui- 
dados la España floreció en la apariencia. Pero lo que 
siguió después de que ellos se hubieron retirado de la 
escena, mostró cuan artificial era todo aquello, y cuan 
podrido y hasta el corazón, está aquel gobierno que ne- 
cesita ser/ recalentado antes que pueda marchar, y que 
estando basado sobre la lealtad y reverencia del pueblo, 
depende para obtener el buen éxito, no de la capacidad 
de la nación, sino del sabor de aquellos a quienes se han 
abandonado sus intereses" (1). 

Uno de los más poderosos cargos quie como publicis- 
tas americanos, hemos hecho siempre a la España, ha 
sulo habernos hecho tan parecidos a ella misma. 

Esto no quita que la hagamos justicia dándole a«pie- 
ll<» que le pertenece, que en verdad era mucho para nos- 
otros entonces, pues no daba de lo poco que tenía, no te- 
nw-ndo ,para ella, ni para remedio, un poco de libertad. 



(1) C. Buckle — "Spanlsh lntellect". . . 



LAS BAZAS EN SUD -AMERICA 233 

No ¡pidamos, pues, peras al 'olmo, como no debemos espe- 
rar que supiese para gobernarnos a nosotros lo que igno- 
raba para .gobernarse a sí misma. 

Pero así como así, debemos concederle que en materia 
de administración, procedió la Corona del modo mejor 
pasible para garantir sus propios intereses; y los inte- 
reses del soberano distante, suelen asegurarse tomando 
medidas para que el Sátrapa o el Bajá no se quede con 
la mejor parte de los impuestos y gabelas que cobra. 

Los reyes de España procedieron a este respecto co- 
mo los Emperadores romanos con las provincias lejanas, 
fuera de Italia. 

Durante la República, el cónsul saliente recibía el 
mando de una provincia para rehacer la fortuna que ha- 
bía disipado en dar juegos escénicos y fiestas de gladia- 
dores iail pueblo. La oración de Cicerón contra Verres, 
da idea del tamaño del mal. Eran las provincias repu- 
blicanas saqueadas en nombre del pueblo rey ; pero cuan- 
do los emperadores hubieron de crearse rentas para vi- 
vir, pues los ciudadanos romanos no eran imponibles, 
establecieron pechos regulares, cobrados metódicamen- 
te por sus propios libertos, de manera de no matar la 
gallina que ponía los huevos de oro. Las investigaciones 
últimas del historiador Mommsen, han demostrado que 
el imperio romano, fuera de Roma e Italia, en medio de 
los actos más horribles de la demencia imperial en Ro- 
ma, ha vivido feliz, tranquilo y próspero cinco siglos 
como no los gozó jamás la pobre humanidad, con sólo 
cortarle la cabeza a las estatuas de algún Tiberio para 
ponerle la de su sucesor y saludarlo Imperator. Nues- 
tro régimen administrativo viene de allí. Los Códigos de 
lss leyes romanas, coordinados por los jurisconsultos más 
sabios, fueron redactados para que rigiesen en las pro- 
vincias, y con las leyes de las siete Partidas, que son ca- 
si una traducción, han llegado hasta que el jurisconsul- 



234 D. F. SABMIENTO 

to Vélez, el Ulpiano nuestro, volvió a codificar la legis- 
lación moderna. 

Lo mismo que habían hecho los emperadores roma- 
nos intentaron hacer los reyes españoles para el gobier- 
no de estas posesiones de ultramar. Hubo en España 
un Consejo de Indias para aconsejar al Rey, como los 
que aconsejaban a los emperadores romanos, y las prag- 
máticas, cédulas reales y ordenanzas vienen precedidas 
de una exposición de doctrinas, "oído mi "Consejo de In- 
dias", de manera que había un sistema de legislación 
que garantía de pasión y error. Un Código especial, lla- 
mado las Leyes de Indias, contiene la legislación que 
regía las relaciones de los indios con los españoles, la 
distribución de las tierras, etc., consultando el interés 
bien o mal entendido de la corona o de los subditos ; pe- 
ro todo sujeto a reglas fijas para evitar el arbitrario de 
los gobernantes. 

Los Virreyes y todos los altos funcionarios de la coro- 
na, estaban sujetos a residencia después de dejar el man- 
do, quedando embargadas sus personas durante un año, 
para responder a los cargos a que hubieren dado lugar en 
la gestión de los negocios públicos, a pesar de que sus fa- 
cultades debían ser amplias para gobernar países nue- 
vos en vía de población y organización, y colocados co- 
mo estaban a tanta distancia ; y ademas porque cada tres 
años, solamente, salía buque de registro de Buenos Aires 
para España hasta 1730. 

De todo lo obrado se mandaba un duplicado a Espa- 
ña para compulsar las cuentas, tenor noticia do las ex- 
pediciones, conquistas die indios y fundación de pueblos 
nuevos, de manera que aún hoy ocurren los gobiernos 
americanos, los historiadores y diplomáticos ail famoso 
Archivo de Simancas, en Kspnfía, donde están todos los 
documentos i América, a los límites de las Au- 

diencias, Vinvii>;ilos, Capitanías, Obispados, Provin- 
cias, etc., con las decisiones del Consejo de ludias o de 



LAS BAZAS EX 6UD-AMEBICA 235 

otras autoridades regulares en los casos controvertidos. 

Pero el punto en que se muestra el buen espíritu de 
la administración, y que es al mismo tiempo el que in- 
teresa de cerca a los gobernados, es la recaudación de las 
rentas. La América ha sido administrada honradamente, 
pagando derechos fijos y claros como pertenecientes al 
rey, tales como la alcabala, o los quintos reales, sobre 
metales preciosos, etc. No hablamos aquí de sistemas ren- 
tísticos, como no se hablaba entonces en Europa, cuyos 
reinos eran saqueados, excepto en Inglaterra, por sus re- 
yes, hasta dejarlos en la mendicidad, o incendiadas las 
ciudades, taladas las campiñas en las guerras de con- 
quista, de sucesión, y las más crueles de todas, las re- 
ligiosas, que asolaban casi periódicamente a las nacio- 
nes. La América estuvo exenta de guerras, de saqueos, 
de exacciones, si no eran los tributos, los diezmos, y los 
demás derechos establecidos y consentidos. 

Bastará citar unas cuantas prevenciones que el Rey 
hace a los funcionarios públicos para la Administración 
y cobro de las Rentas, para darse idea de la rectitud, 
orden e inteligencia que las dicta y desea hacer efecti- 
vas en estas sus Indias. 

"Si algún ramo o derecho de mi Real Erario estuvie- 
re arrendado en todo, o en parte, cuidarán los Intenden- 
tes de evitar las demasías y violencias con que los Asen- 
tistas suelen aniquilar los pueblos, precisándolos a ex- 
cesivos pagos, que arreglan a medida de su ambición y 
no de la posibilidad de los contribuyentes, a quienes 
aflijón en las cobranzas con apremios y gastos que no 
pueden soportar. Y supuesto que el medio más eficaz de 
precaver estos daños, será siempre el de preferir, como lo 
tengo mandado en la Renta de Alcabalas y otras, la Ad- 
ministración bien arreglada, y los equitativos ajustes o 
encabezamientos donde no pueda establecerse, ordeno 
que los Jueces Subalternos y Exactores, de Tributos y 
demás derechos reales que me pagan aquellos vasallos, 



236 D. F. SARMIENTO 

los cobren en los tiempos oportunos, a fin de esciisarles 
el gravamen de costas, y les atrasos de un año para otro, 
que regularmente proceden de emisión de los Adminis- 
tradores o negligencia de las mismas Justicias. 

"Mediante que todos los que se sintiesen agraviados 
en estos repartimentos de los pueblos encabezados po- 
drán acudir a los Intendentes, deben éstos tomar cono- 
cimiento de sus quejas, y dar las órdenes convenientes 
a las Justicias respectivas para que se deshaga el per- 
juicio ; y cuando ellas no cumplan lo mandado, o expon- 
gan circunstancias de hecho que necesiten de examen o 
justificaciones cometerán las instancias a sus Tenientes 
o Subdelegados del distrito, con facultad de nombrar 
personas prácticas que revean los repartimentos para que 
verificado el agravio, lo reparen; pero si estos expedien- 
tes se retardaren por maliciosa detención de las Justi- 
cias, las apremiarán con multas, haciendo que a su cos- 
ta se ejecute todo, o se indemnice el daño de las partes. 

"Y para que todo lo prevenido en esta instrucción 
tenga su puntual y debido efecto, ordeno y mando a mi 
Supremo Consejo y Cámaras de Indias, Reales Audien- 
cias y Tribunales de la Contratación y del nuevo Vi- 
rreinato de Buenos Aires, a su Virrey, Capitanas Gene- 
rales, Comandantes en Jefe, Oficiales y Cabos Militares, 
Ministros, Jueces y demás personas a quienes tocare y 
perteneciere, en todo o en parte, se arreglen precisamen- 
te a esta Instrucción y Ordenanza, ejecutándola y ob- 
servándola con la mayor exactitud en lo que correspon- 
da a cada uno, y es-pee i alíñente a los referidos Intenden- 
tes de Ejército y Provincia, teniendo todo lo contenido 
en ella por ley y Estatuto firme y perpetuo, y guardán- 
> y haciéndolo observar inviolablemente, sin embargo 
otras cualesquiera Leyes, Ordenanzas. establecimien- 
tos, costumbres o prácticas que hubiere en contrario, 
pues en cuanto lo fueren, las revoco expresamente, y 
quiero no tengan oferto alguno; prohibiendo, como pro- 



LAS KAZAS EX SUD-AMEBICA 237 

hibo, el que se interprete o glose en ningún modo, por- 
que íes mi voluntad se esté precisamente a su letra y ex- 
preso sentido, y que sólo se pueda suspender la prácti- 
ca de lo que dispone cuando no hay razón de dudar del 
perjuicio que de ella resulta/ría" (1). 

Basten los documentos transcritos para formar idea 
cabal del espíritu de justicia y orden que transpiran las 
ordenanzas de Intendentes, las cuales constituyen un 
Código administrativo colonial, no en instrucciones se- 
cretas, o dadas por comunicaciones oficiales a los Co- 
lectores y empleados de la Real Hacienda, a medida que 
el caso lo requiere, sino en un libro en cuarto mayor, lu- 
josamente impreso en caracteres grandes y con renglo- 
nes esparcidos, a fin de hacer fácil su lectura, y difun- 
didos en el Virreinato por centenares y miles de ejem- 
plares, para que estén al alcance de los contribuyentes 
mismos, y se aperciban de los abusos y los denuncien. 

¿Cuál era la situación de la Francia mientras tanto, 
durante la colonización española en América? "En las 
comarcas más fértiles, dice un autor, en Limagne, por 
ejemplo, habitaciones y habitantes, todo anuncia la mi- 
seria y el trabajo. La mayor parte de los habitantes son 
débiles, extenuados y de estatura pequeña. Casi todos 
cosechan en sus terrenos trigo y vino, pero están forza- 
dos a venderlos para pagar las rentas y los impuestos ; no 
comen sino de un pan negro hecho de centeno, y no tie- 
nen más bebida que el agua arrojada sobre residuos de 
la fermentación del vino. Un inglés que no hubiera sa- 
lido de su país, no pudiera figurarse la apariencia de 
la mayor parte de las paisanas en Francia. Arthur 
Young, que habló con una de ellas en Champagne, dice, 
que "aun mirándola de cerca, se le darían sesenta años 
de edad ; tan encorvada era, y tan arrugada y endureci- 



(1) Real Ordenanza para el Establecimiento e Instrucción 
de Intendentes de Ejército y Provincias en el Virreinato de 
Buenos Aires, año de 1782. De Orden de Su Majestad. — Madrid. 
— En la Imprenta Real. 



238 "• F. SABMIENTO 

da estaba por el trabajo; me dijo que ¡no tenía sino vein- 
te y ocho años". Esa mujer, su marido y su menaje, son 
una muestra bastante exacta de la condición del peque- 
ño cultivador propietario. Toda su fortuna consiste en 
un rincón de terreno, una vaca y un pobre caballo; sus 
siete hijos consumen toda la leche de la vaca. Deben a 
un señor 42 libras de trigo y tres pollos, a otro 126 li- 
bras, un pollo y un centavo, a lo que debe agregarse la 
décima y otros impuestos". 

"¿Qué será de ellos, en las comarcas donde la tierra 
es mala? 

"Desde Ormes hasta Poitiers, escribe una contempo- 
ránea, hay mucho terreno que no da nada, y desde Poi- 
tiers hasta mi propiedad, hay veinte y cinco mil árpente 
de terreno donde no hay sino paja brava y juncos ma- 
rinos. Allí los paisanos viven con harina de la que no se 
separa el afrecho y que hace un pan negro y pesado co- 
mo plomo. El país no está poblado, porque casi todos 
los niños mueren. Como las madres no tienen leche, los 
niños de un año comen de ese pan negro y niños de cua- 
tro años tienen el vientre grueso como de una mujer en 
cinta..." (1). 

Labruyere escribía en 1689: "Vénse ciertos anima- 
les feroces, machos y hembras, esparcidos en la campa- 
ña, negros, lívidos, tostados por eü. sol, adheridos a la 
tierra y que remueven con una tenacidad invencible. Tie- 
nen una como voz articulada, y cuando se enderezan so- 
bre sus piernas muestran una faz humana; y en efecto 
son hombres. Retíranse a sus guaridas, donde se alimen- 
tan de pan negro, agua y raíces. Ahorran a los otros 
hombres el trabajo de sembrar, de labrar y de cosechar, 
y merecen por tanto del pan que han sembrado". 

Massillón, Obispo de Clermont Forran*!, escribe en 
1740: "VA pueblo de nuestra campiña vive en una mi- 
seria espantosa, sin lecho, sin muebles: y la mayor par- 



( i i Taino, Origine*, etc. Oap. V. 



LAS BAZAS EN SUD-AMEEICA 239 

te carece la mitad del año de; pan de cebada y de cen- 
teno, que es su único alimento, y que tienen que arran- 
carse de la boca para pagar los impuestos. 

"Uno de mis curas me íescribe que siendo el mas viejo 
de la Turena, no se acuerda de haber visto miseria ma- 
yor que la presente, ni aún en 1709. Señores de la Tu- 
rena me han dicho: que queriendo dar trabajo por jor- 
nales a los habitantes de la campaña, se encuentran tan 
débiles y en número tan pequeño, que no pueden traba- 
jar con sus brazos. En Rouen, en Normandía, los que me- 
jor se encuentran hallan dificultad de proveerse de pan ; 
y el pueblo bajo carece de él absolutamente". 

"Un viajero que hubiese recorrido la Francia, dice 
M. Quinet, dos años antes del 89, habría visto al salir 
de París, grandes rutas reales, las más bellas de Euro- 
pa, magníficos puentes; pero en medio de estos esplen- 
dores, ni viajeros, ni transeúntes; ninguna circulación; 
la soledad a cien pasos de la capital. Donde quiera que 
se levanta un castillo, las tierras permanecen incultas, 
cubiertas por lo general de yerbas silvestres, con raras 
chozas, y en los lugares públicos donde los hombres se 
reúnen, prevalece un silencio taimado, obstinado. Nada 
de expansión, nada de alegría; pero ni quejas siquiera, 
como si los habitantes de las provincias no tuvieran na- 
da que decir, o como si temiesen reventar si comenzaban 
a hablar. Signo de resignación, de desesperación, o qui- 
zás de tempestades" (1). 

Nos detenemos, aunque Taine consagra un capítulo 
entero a los extractos de documentos que abrazan más 
de un siglo de horrores, y otro capítulo a probar que son 
los impuestos la causa del mal. "El tallable, dice, paga 
por su talla real, personal e industrial 35 libras 17 suel- 
dos; por los accesorios de la talla, 17 libras 17 sueldos: 
por su capitación, 21 libras 4 sueldos, en todo 99 libras 3 



(1) "La Revolución", Edgard Quinet, 55. 



240 D. F. SABMIENTO 

sueldos, con más 5 libras 4 sueldos por el reemplazo de 
la tarea, sobre un bien que arienda por 240 libras". 

No necesitamos ir tan lejos, pues la Irlanda lia visto 
descender de dos y medio millones su población, muer- 
tos de hambre la mitad de sus habitantes en medio del 
siglo XIX en Europa, en menos de veinte años. 

Otra fué la suerte de los americanos indios y europeos 
durante la colonización. 

El P. Gaetano, para continuar su viaje al Paraguay 
desde Buenos Aire?, compró en 1729 en el Río de las 
Vacas 70 novillos de alta talla, a seis paulos la pieza (un 
paulo, dice, son cinco sueldos franceses). Así, cada bal- 
sa tuvo cuatro o cinco reses por su parte : "pero lo que n'o 
podréis creer, dice el Padre a su corresponsal en Italia, 
es que esta provisión apenas alcanzaba para ocho o diez 
días de camino, que nos faltaban para llegar a la Re- 
ducción de Santo Domingo. Los indios son de una gloto- 
nería insaciable. He visto a los de una de las balsas co- 
merse un novillo entero en un solo día". 

El hambre, pues, no es indígena de América. 

Hasta 1855, que se introdujeron en las estancias pro- 
cederes industriales, y el uso de la galleta, pues el pan 
era desconocido, fué práctica colgar una res entera en 
el galpón a merced de los peones y renovarla cada tres 
días para anticiparse a la descomposición. 



ADMINISTRACIÓN DE LA AMERICA POR AMERICANOS 

4 Correspondía la práctica y administración de Amo- 
rica por úñenosnos a estas sabias instrucciones? 

i juzgar prudentemente de lo p : ¡,|,. debemos 
tender l;i vista ;i lo que nos y ver por la imposi- 

ción <!■• la <*oiit riliuc&ón directa y en recaudación, pol- 
los contratos y adjudicaciones hedías a proveedores y 
contratistas, si la fortuna privada y el patrio tesoro es- 



LAS BAZAS EX SUD-AMERICA 241 

tan mejor resguardados de exacciones y de malversacio- 
nes que las reales rentas. 

Hemos presenciado repartimientos de indios por 
millares, venta y adjudicación de tierras públicas por 
miles de leguas, creación de pueblos nuevos, y otros mu- 
chos actos importantísimos que refluyen sobre toda la 
sociedad, las instituciones y la administración de las 
rentas; y lo que es más, están todos aquellos actos regi- 
dos por las leyes de Indias y las ordenanzas de Inten- 
dentes, y no sabemos que se haya guardado ninguna de 
las prescripciones legales, presidiendo el arbitrario en 
todo, dando con la supresión de las formas lugar al frau- 
de, al cohecho, la explotación y el favor. 

Pudiéramos aplicar a la América la observación de 
madame de Stael, en presencia de las violencias de la 
República francesa: "La libertad en el mundo es apiti- 
gua, el despotismo solo es de ayer". 

Pero podemos por las reglas de una sana crítica y 
las lecciones de la historia, llegar a aproximarnos a la 
verdad, en cuanto a la eficacia de las garantías que la 
administración colonial daba a sus administrados de ra- 
za blanca, porque dada la depresión moral e intelectual 
de las razas cobrizas rescatadas de la vida salvaje, las 
instituciones civilizadas no podían extenderse hasta 
ellas sino bajo la protección de sus patrones, como do- 
mésticos, mitayos o inquilisos, labradores de tierra pa- 
ra procurarse el común alimento. 

"Es una necesidad de los gobiernos absolutos, ob- 
serva Duruy en su Historia del Imperio Romano, ser- 
virse de gentes de poco valer. Nuestros reyes de Fran- 
cia no acordaban los empleos civiles sino a gentes nue- 
vas; y Luis XIV exoluía sistemáticamente a la alta no- 
bleza. Los emperadores romanos procedieron lo mis- 
mo, cuando la verdad disimulada por Augusto, que era 
el Imperio solo en el nombre una República, fué puesta 



2i2 D. F. SARMIENTO 

de manifiesto por sus sucesores, y que el Estado vino a 
ser la casa particular del Príncipe. 

"El único ministro que tuvo Tiberio, era un simple 
caballero; y con Claudio reinaron cuatro de sus sirvien- 
tes libertos" (1). 

De Felipe II, dice un contemporáneo. 

"No se sirve S. M. de los Grandes, de que vive re- 
' 'celoso ni quiere acrecentarlos en autoridad". Con 
efecto, por lo regular, los primeros oficios se confiaban. 
a criaturas de oscuro linaje, que elevaba el Rey hasta 
la altura que le convenía: si los Grandes servían, des- 
tinábaseles a puntos distantes de la Península". 

Este sistema de proveer a lo Príncipe de la Paz los 
empleos públicos, lo hemos experimentado nosotros mis- 
mos tantas veces, que no requiere demostración; y si 
no se diera por atenuación que los empleos son el botín 
y la recompensa que aguardan los colabora dores de los 
elegidos magistrados superiores, se diría que la oscuri- 
dad es un título y no pocas veces la mala reputación 
moral es de suyo recomendación para optar a los pues- 
tos lucrativos. 

No era este el espíritu que presidía en los tiempos 
últimos de las colonias, y nos es fácil demostrarlo con 
el simple recuerdo de nombres propios esclarecidos, no 
olvidados todavía por la generación presente. 

Es admisible suponer que los empleados die la per- 
cepción de las Rentas Reales fuesen necesariamente es- 
pañoles peninsulaires, u hombres de poco viso. Sucedía, 
sin embargo, lo contrario en la ciudad de San Juan, 
cuyos archivos hemos podido consultar, mediante la 
prolijidad del doctor Larrain en tomar las carpetas de 
los y notas cambiadas cotí el Ilustre Cabil- 

do de San Juan dte la Frontera, desde 1801, que existen 
iii .1 Archivo. Casi todos los personajes nombrados en 



(1) Duruy, "Hlatolro dos Romalns". 



LAS BAZAS EX SUD-AMEBICA 243 

aquellos documentos vivían hasta la época en que pu- 
diera recordarlos quien llegase a la edad viril en 1820, 
y de aquellos documentos resulta que aun los subdele- 
gados de la Renta en ciudad como San Juan, que era 
por entonces de tan poca consideración, son ricos-homes 
y magnates de lo principal como lo demostraremos con 
algunos nombres propios. 

1806. "So comunica en 1806 la orden del Rey a 
consulta del Consejo de Indias, la Instrucción de 20 de 
Marzo de 1780 (anterior a las ordenanzas de Intenden- 
tes sobre modo de otorgar la fianza de los empleados 
de la Renta de Tabacos)". ¿Luego se otorgaba fianza 
para administrar Rentas? 

Ahora somos más honrados y menos escrupulosos. 

Diciembre 20. "Se comunica a esta subdelegación 
de Rentas la circular del Virrey avisando que el Tribu- 
nal de Cuentas sigue sus funciones interrumpidas por 
la conquista de los ingleses". 

1807. "Al subdelegado de la Real Hacienda — el 
Gobernador de Córdoba, acusa recibo de la foja de ser- 
vicios del señor Administrador de Tabacos, Don Juan 
Manuel de Castro". 

"Al mismo — El Gobernador de Córdoba acusa re- 
cibo del estado semestral del presente año de la opera- 
ción de arcas (arqueo), y estado de que tratan los ar- 
tículos 106 y 107 de la Real Ordenanza". 

"El Cabildo comunica, Noviembre 3, que en acta ce- 
lebrada en unión con el subdelegado de la Real Hacien- 
da y el pueblo, ha resuelto la suspensión interina del 
Teniente Ministro de la Real Hacienda y Tabacos, Don 
Manuel Castro y Carroño". Se queja en otra) note de 
que el Comandante de armas, en lugar de cumplir con 
su orden de mandarle tropa, para guardar el orden y 
retener en arresto al Teniente Ministro, se presenta co- 
mo mediador. 

"Comunica que en unión del vecindario ha resuelto» 



244 D- F- SARMIENTO 

depositar interinamente el manejo de las rentas reales, 
en don Pedro Vázquez del Carril". 

El Cabildo contesta nota de éste en que se niega a 
aceptar el empleo, por obstáculos que el Cabildo ofrece 
allanar al día siguiente. No hacemos la 'historia ad- 
ministrativa de las rentas públicas, bastando para nues- 
tro proposito los tres nombres propios que ocurren. Don 
Manuel Castro Carreño era persona tan notable, que de 
su casa se decía "casa de cadena", esto es, solariega no- 
biliaria por usaa* postes encadenados, como aun se usa 
en Italia. 

Estuvo en ella hasta 1864 la Escuela de la Patria, por 
lo vasto de sus antiguos salones. El general D. Nicolás 
Vega fué casado sucesivamente con dos sobrinas de 
aquel gran potentado, a que sucedieron los Furques, de 
los cuales hay en la Aduana de Entre Ríos el último 
representante, Don Rafael. 

El sucesor que se intentó dar al señor Castro, D. Pe- 
dro Vázquez del Carril, es el padre del doctor D. Salva- 
dor M. del Carril, uno de nuestros más altos personajes 
políticos e históricos. En la testamentaría de don Pe- 
dro entraban sesenta cuadras cuadradas de viñas, ade- 
más de molinos, esclavos, casas y otros enseres. 

Sus descendientes que llevan aún su apellido, y los 
Cortinez, Rufinos y Lloverás, que pertenecen a la mis- 
ma descendencia, han trasladado domicilio a Buenos Ai- 
m. 

Don Francisco de Oscari, llamado después el doctor 
Oscairi, siendo acaso el único que tuviese ose título es 
aquellos ticmipos, en San Juan, era persona de mucha 
posición, vivió hasta 1829, y no dejó sucasión. 

Ckmo se lia visto por las órdenes recibidas, las orde- 
nanzas de Intendentes y otras particulares se hacen 
•cumplir, y loi ndamóf de no llenarse bis fórmulas son 
jit-miiiirs y ttwnitadot, 

Siif.-I , .n l^l'J .'ti la administración dr las Ivcntas, 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 245 

don J. Antonio de Oro, padre de D. Domingo de Oro, 
tan conocido por la elegancia eminentemente aristocrá- 
tica de ¡su figura y modales, y como tipo de raza sólo 
comparable al doctor Carril. 

Era su padre hermano del obispo Santa María de 
Oro, con lo que esitá dicho todo, y diputado al Congre- 
so de Tucumán. 

Queda representada esta familia descendiente de 
los conquistadores en un joven Oro, regente de una su- 
cursail de Banco, en San Pedro, y en una de las fami- 
lias Sarmiento, a que pertenece por parte de madre el 
doctor don Tomás, todos residentes en Buenos Aires. 

Baste lo dicho para mostrar cuan libres de exaccio- 
nes se encontraban los colonos no sólo por la legislación 
administrativa, sino por la responsabilidad y dignidad 
personal de los empleados a quienes se encargaban tales 
funciones, siendo criollos los administradores y gentes 
de pro. 

En lo militar, como que más poder personal se con- 
fiere estándoles subordinados todos los que llevan ar- 
mas, los encargados del mando de la milicia en aquellos 
tiempos, en que el teanor primero, y en segundo lugar 
la presencia de los ingleses en el Río de ia Plata, reque^ 
ría aprestarse a la guerra, se ve el mismo hecho de ser 
los jefes y aun los capitanes, personas notables de las 
primeras familias, los cuales continúan sirviendo en las 
guerras de la independencia. Tomamos de aquel ar- 
chivo. 

En lo militar los siguientes nombres: Marzo I o . — 
Al efectivo Comandante de armas D. Javier Jofré pa- 
ra que haga la clausura de los ingleses. Otra para que 
allane el fuero a los sargentos, Justo Duran, Pedro Ve- 
terino, para declarar en una causa. Al mismo, Marzo 
13. Pidiendo mayor vigilancia sobre los prisioneros in- 
gleses (201), por haber sido tomado Montevideo por es- 
ta nación; que aquellos sean recogidos a sus cuarteles, 



246 D. F. SARMIENTO 

excepto los que hubieran jurado domicilio (1). Octu- 
bre 5, se pide informe sobre el hecho denunciado por el 
capitán Mateo Cano, de prisión indebida por queja ele- 
vada por éste al señor don Santiago Liniers. Aquel co- 
mandante de armas don Javier Jofré, es el último re- 
presentante varón, por la línea masculina, del capitán 
don Juan Jofré, fundador de la ciudad de San Juan; 
en las mujeres, su último vastago fué el valiente gene- 
ral Cesáreo Domínguez, que murió en la guerra del Pa- 
raguay. La casa del primero ocupaba el costado del 
Este de la plaza de armas al lado del Cabildo, como era 
la práctica de los conquistadores; la de la familia del 
general Domínguez, ocupaba el costado del Sur, sus hi- 
jos Rodolfo, capitán e ingeniero, residen en Buenos Ai- 
res, y aquel Mayor don Cesáreo, excelente oficial de 
artillería, murió hace un año, por acudir donde incen- 
diábase un proyectil que ensayaba. No sabemos de otra 
familia de conquistador que esté tan dignamente re- 
presentada hoy, como da del capitán Juan Jofré, que 
pasó la Cordillera nevada con 60 lanzas y fundó San 
Juan. El capitán don Mateo Cano, fué comandante 
largos años de la milicia después de un Grimau, al pa- 
recer oficial francés, que hubiese sido mandado de Bue- 
nos Aires para disciplinarla. Las diversas ramas de 
la familia de los Cano, dejaron fincas valiosas, planta- 
das de largas hileras de cipreses que embellecían el pai- 
saje. Solo los Cano tenían cipreses. Están en Buenos 
Aires establecidos sus descendientes, que han sido con 
don Juan Cano hacendados muy poderosos y personas 
muy distinguidas. Los Zaballas pertenecen a esta fa- 

)nili;i. 

En lo eclesiástico, San Juan pertenecía a la diócesis 
de Santiago de Chile, cuino en lo civil dependía de la 
provincia de Córdoba, donde residía 4 (¡nbemador que 



Kl prisionero de guerra quo so domicilia salo do la ¡\Xi 
rlsdlcclon militar y pasa a la civil, como vecino. 



LAS BAZAS EN SUD-AMEBICA 247 

impartía órdenes a los jefes milicianos, y a los subdele- 
gados de las reales rentas. Aun en lo eclesiástico po- 
demos citar un reclamo de indebida tramitación. 

1808, Septiembre 22. — Al subdelegado de Real Ha- 
cienda: El diputado de la Real Caja de consolidación 
de Santiago de Chile, con fecha 13 del corriente, co- 
munica la queja elevada por don Francisco de Oscari, 
de haberse remitido a la Real Caja de Mendoza las 
cantidades ingresadas por redención de obras pías, y sin 
llenar los trámites debidos. 

Un documento antiguo explica aquel predominio de 
la raza blanca en San Juan, y deja entrever la existen- 
cia de aquellos rieos-homes, hidalgos que figuran más en 
el Cabildo y Rentas Reales, milicias, etc. En 1748 el 
gobierno de Chile a que pertenecía Cuyo, manda levan- 
tar el censo de las poblaciones al Norte de la ciudad de 
San Juan, que dá en Jachal, entre españoles e indios, 
doscientos sesenta y una personas de toda edad y sexo, 
en Valle Fértil doscientos dos, en Pismanta ciento cua- 
renta y siete y ciento quince en Calingasta, Magna y 
Ampacama, lo que en todo no da quinientos indios, en 
poblaciones rurales, donde debieron estar sus antepasa- 
dos, pues hemos visto en Calingasta la Reducción, 'con- 
servándose la iglesia y una muralla de circunvalación. 
Hoy hay escuelas en todos estos puntos, los maestros 
muestran grande adelanto, según las muestras que man- 
daron a la última Exposición continental y que les me- 
recieron una medalla de oro. 



CAPITULO V 

Virreinato de Buenos Aires. — Gérmenes de disolución 

El contrabando — Necesidad de crear una plaza fuerte en el At- 
lántico — El Virreinato de Buenos Aires — Síntomas de des- 
membramiento — Rivalidades preexistentes — Charcas — Cór- 
doba — El Paraguay — La Provincia de Cuyo no fué separa- 
tista — La Banda Oriental — La reconquista de Buenos Ai- 
res — Repercusión en toda la América española — Habían sido 
vencidas en las calles de Buenos Aires la España y la In- 
glaterra a un mismo tiempo — La nueva capital conquistó la 
hegemonía — Los cambios de gobierno se hacen tumultuaria- 
mente en el Cabildo de Buenos Aires con prescindencia de 
los demás — Las distancias entre las ciudades, otra causa de 
desasociación — La "tonada" explicada — Defecto de consis- 
tencia nacional en la falta de un nombre apropiado para 
la nueva nación — El Alto Perú queda apartado — El Para- 
guay — Los indios educados en el odio y desprecio de la raza 
blanca — El misionero no enseñaba a amar la patria — El 
abismo que separaba a los blancos de los neófitos de los 
jesuítas — Las ideas del mundo exterior se detenían en Bue- 
nos Aires sin penetrar en el interior — Efectos del odio in- 
culcado a los indios contra la raza blanca — "Fusile usted 
dos españoles por semana"-— Simplicidad y pureza primitiva 
de la vida salvaje, según Rousseau — Las Cartas Edifican- 
tes. Puritanos anacreónticos — Gobierno paternal. 

Tiempo es ya, y sobrado, de que concretemos espe- 
cialmente el estudio a nuestra sociedad, formada con 
los restos que quedaron unidos, después de la general 
emancipación de las colonias españolas, y su separación 
en Estados, ya siguiendo las demarcaciones administra- 
tivas de la España, ya como lo dispusieron fatalidades 
históricas. 

El contrabando, aquel enemigo malo, armado como 
Satanás de todas las astucias del ingenio, para corregir 
y castigar los abusos y errores económicos de los go- 
biernos, iba a medias con la Compañía de Contratación 
de Cádiz, en proveer de mercaderías a las colonias, pa- 
ra repartirse los provechos; y como fuesen aniquilados. 



250 D. í". SARMIENTO 

los filibusteros con Morgan, en las Antillas, el contra- 
bando hurtó la vuelta a los guarda ■costas de Panamá y 
enderezó las proas de sus veleras naves hacia los mares 
del Sur. Tenían la isla de San Javier a siete leguas 
de distancia de Buenos Aires "dicen las crónicas" ocu- 
pada por los portugueses, muy provista de géneros, pa- 
ra introducir por tierra, hasta llegar a Lima, corte de 
los Virreyes, y depósito de pastas de plata del mineral 
de Pasco, como en el camino encontrarían las del Cerro 
de Potosí. 

Este cambio de rutas del comercio aconsejaba a la 
Corona de España dar frente oficial a sus colonias, ha- 
cia el Atlántico, creando una fuerte administración con 
naves y ejército apercibido, para oponerlo a la hosti- 
lidad de los portugueses. 

El temor de que los ingleses, que acababan de per- 
der sus posesiones en la América del Norte, intentasen 
apoderarse de las de España en esta parte del Sud, in- 
fluían no poco sobre aquella determinación. 

"Convenía organizar un gobierno capaz de contener 
a los portugueses, dice el erudito historiador del Virrei- 
nato, don V. Quesada, obrar con celeridad por autori- 
dad propia e independiente del Virrey de Lima, impo- 
sibilitado por la distancia para atender con eficacia las 
fronteras de la Banda Oriental, que era el punto más 
vulnerable, por ser el más codiciado de los lusita- 
nos" (1). 

En 1776, se creó por tanto el Virreinato de Buenos 
Aires, sulxu-dinando a la autoridad del nuevo Virrey 
las demarcaciones territoriales siguientes: 

Provincia de Cuyo, a la falda de los Andes. 

La antigua! provincia de Oórdt»l>a <lcl Tucumán. 

La Audiencia de Charcas, o el Alto Perú. 



(t) Vlrrelnntn .]. i i:to de la Plata— 1776-1812— por Vicente 
O. Quetada — 1881. 



LAS BAZAS EX SUD-AMEBICA 251 

La Capitanía General del Paraguay, incluyendo las 
misiones jesuíticas. 

La Capitanía General de Buenos Aires, que compren- 
día Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y la Banda Orien- 
tal. 

Las tierras desiertas de El Chaco del Norte, la Pata- 
gonia, Tierra del Fuego e islas del Sur, incluyendo las 
Malvinas que los ingleses leían Falckland, donde los 
franceses habían puesto lias Malvinas. 

Nada más sencillo al parecer, que hacer un Reino en 
lo administrativo, de un vasto territorio que la natura- 
leza misma ha limitado al Oeste por la grande Cordi- 
llera de los Andes, cuya arista central cubren ni 
eternas, visibles desde el Pacífico de un lado, desde la 
Pampa del otro. No se borrará así nomás el CatM) de 
Hornos, ni se cegará el Estrecho de Magallanes hacia el 
Sur. Los tributarios del majestuoso Río de la Plata 
hasta tocar con las posesiones portuguesas al Este, y 
más allá del Desaguadero al Norte, límites de fácil de- 
terminación. 

Comprende este paño de tierra todcs los climas, con 
ancha exposición al Atlántico para la exportación de 
los productos de todos los países, cuyos grandes ríos 
desembocan en el estuario del Plata. 

Les habitantes de las diversas regiones ya pobladas 
parecían ser los mismos españoles blancos y los indios 
de la raza cobriza que, como dice don Juan de Ulloa, 
"ver a uno es haberlos visto a todos, desde el Canadá 
hasta las Pampas". 

Sin embargo, de no haber encontrado obstáculo al- 
guno interno para constituirse y funcionar, la creación 
del Virreinato parece la señal dada no sólo para la dis- 
locación de sus propios elementos componentes, sino pa- 
ra la destrucción de la autoridad española en sus anti- 
guas colonias. 

Trasportándonos a cuarenta años atrás, mostrare- 



252 D. F. SARMIENTO 

mos en acción aquellos enormes témpanos del deshielo 
de tan vasto sistema de colonización, entrechocándose 
los colosales fragmentos que arrastra tras sí la corrien- 
te de los sucesos. 

Desde el Alto Perú se extendía la raza quichua, indí- 
gena, prehistórica, hasta la ciudad de Córdoba, sobre cu- 
yas alturas estuvo el más avanzado Piteará, o fortaleza, 
de la conquista Inca, y a cuyos hijos acostumbraban los 
vecinos de la ciudad, como lo acreditan las Actas Ca- 
pitulares de Córdoba, cazar para proveerse de gente de 
trabajo y yanaconas, o sirvientes. 

Charcas era una grande ciudad poblada desde el Pe- 
rú, con sus ínfulas de Corte, su Universidad de materia 
legal, su Audiencia y su foro; pero más que todo, con 
las ricas minas de Potosí, cuyos tesoros se difundían por 
todo el mundo, en pesos fuertes acuñados, proporcio- 
nando rentas al Virreinato para sostenerse, pues la Ca- 
pitanía de Buenos Aires era muy pobre de artículos de 
exportación hasta entonces, según se ve por cuadros de 
Aduana de aquella época. Sus hombres de acción, co- 
mo los doctores de sus universidades, ejercieron grande 
influencia en el Virreinato, tales como el Jefe de los Pa- 
tricios en la Reconquista de Buenos Aires en 1807, como 
el autor de la primer memoria sobre el Congreso libre y 
muilios otros de igual influencia y figuración. 

El nombre de Virreinato de Buenos Aires, sin em- 
bargo, no respondía a sentimiento posible alguno de 
unión, ni más tarde del patriotismo, tanto en las masas 
quichuas, que conservan hasta ahora bu lengua, como 
entre los mismos españoles y criollos que formaban la 
buena sociedad. 

ría riesgo el Ailto Perú, de desprenderse al menor 
lÉOUd i miento, s ¡ 1 1 1 1 > 1 < • 1 1 1 . • 1 1 1 - ■ por falta de adhesión y co- 
hesión orgánica por aquellas causas. 
Para Córdoba el cambio debió dejarle impresiones 



LAS BAZAS EX SUD-AMEEICA 253 

desagradables. Pequeña ciudad, pues en 1816 cuenta 
eólo seis mil habitantes, era cabecera de la provincia de 
Córdoba del Tucumán, que contaba muchos pueblos im- 
portantes. 

La ciudad de Córdoba era, además, el centro religio- 
so de esta parte de la colonización. Su Universidad fué 
erigida y regida por los Jesuítas; y las numerosas to- 
rres elevadas por el fervor religioso y que embellecen 
el paisaje todavía, no estaban en proporción en 1819 
con el número de sus habitantes. Tocábales una iglesia 
a cada seiscientos. 

Era sede epicospal, tenía Universidad, Seminario 
Conciliar y Colegio de Monserrat, con muchos conven- 
tos y monasterios en cuyos servicios se enrolaban las pri- 
meras familias, abriendo los conventos camino a las me- 
dianías para elevarse 'en la consideración por el sacer- 
docio. 

Era, además, por lo mediterráneo, relativamente a 
Buenos Aires, mal conductor para las ideas nuevas, 
siendo observación y pesar de don Juan de Ulloa, al vi- 
sitar las colonias españolas, "que la parte blanca de la 
sociedad no tome oficio ni ejerza el comercio". 

Buenos Aires sin Universidad, hasta después de la Re- 
volución, sin un Colegio hasta poco antes, librados sus 
habitantes al comercio, debía ser tenido en menos, y 
mirado como poca cosa en la jerarquía colonial, según 
la opinión de aquellos tiempos, porque era de reciente 
data que empezaba a haeerse notable esta ciudad en 
América, por cierto desermbarazo y como degeneración 
<le las ideas coloniales a causa de sus tratos con extran- 
jeros, atraídos a la colonia por el comercio de contra- 
bando ; y entre el contrabando, deslizándose las nuevas 
ideas propaladas en el siglo XVIII. 

No obstante les cordones sanitarios establecidos para 
que no penetrasen por esta finestra falsa los libros 
puestos al índice, porque desmoralizaban el pueblo, en- 



254 D- F. SARMIENTO 

contróse en Mendoza la ilustrada de Robertson, que tan 
mal trataba a los reyes y frailes españoles, traducida al 
castellano, hecho ignorado por la Aduana. Examinado 
el caso, se encontró, que los Curas en toda la extensión 
.de la América eran los ocultadores del contrabando in- 
glés, por el permiso que conservan aún de introducir 
ornamentos y vasos sagrados sin pagar derechos, y por 
tanto sin abrirse sus cajones sino en la sacristía; y co- 
mo los Curas tenían Sotacuras, y sobrinos, el Enemigo 
Malo hallaba un virgíneo para introducir las obras de 
Voltaire, Rousseau, y hasta la Enciclopedia de que es- 
taba plagada toda la América y hemos encontrado ejem- 
plares desde la infancia. 

Del Paraguay nada diremos. Hasta entonces había 
dado nombre a estos países, pues Buenos Aires mismo 
está incluido en el mapa con el nombre de Paraguay. 
En 1839 tiene la Asunción diez mil habitantes, conser- 
vando sus humos de capital. Nunca había obedecido a 
exf ranos, ni admitídolos. 

En el acto de aflojarse el vínculo colonial, se apartó 
el Paraguay para no volver a formar parte de las Pro- 
vincias Unidas del Río de la Plata. 

Las Misiones del Paraguay, inspiradas por el senti- 
miento religioso de los jesuítas, mantenidas aparte del 
resto de la colonización española, y educadas como en 
invernáculo por un sistema de experimentación social y 
comunista, se marchitaron y secaron cuando los vidrios 
se rompieron, y quedaron expuestas esas plantas a la 
atmósfera de este mundo sublunar. 

La provincia de Cuyo, aunque de origen chileno, no 
mostró nunca tendencias separatistas, acaso porque la 
contemplación diaria do la estupenda barrera que la 
Mpmba de Chile, obraba sobre el ánimo de sus habi- 
tante, como el más incuestionable argumento en favor 
de la unión con los 'tros pueblos de la misma llanura al 
Orii'iit'*. , : ; 



LAS BAZAS EN SUD-A1IEEICA 255- 

No sucedió así con la Banda Oriental del Río de la 
Plata, poblada desde Buenos Aires, de manera que gran 
parte de escrituras de sus campiñas se conservan en los 
archivos de esta, por haber sido hechas las concesiones 
desde este lado. Plaza fortificada, y residencia de es- 
pañoles peninsulares de nota en la administración, y 
apostadero de los buques de guerra españoles, Montevi- 
deo conservó siempre ese carácter de estación marítima, 
viéndose por sus calles con más frecuencia que en Bue- 
nos Aires oficiales de marina, que por lo general per- 
tenecen a buenas familias y tienen mayor apariencia de 
cultura que los de tierra. La sociedad culta se conser- 
vó por tanto más española, y la campiña asumió bien 
pronto su carácter indígena. 

Cuando la princesa Carlota ofreció la compostura en- 
tre la Independencia y la dinastía española, que ofre- 
ció Felipe Igualdad entre la República Francesa y los 
Boi'bones, Montevideo prestó oídos a la insinuación y 
pasó a ser portuguesa. 

En 1807, la población del Virreinato de Buenos Ai- 
res tuvo ocasión de probar por la primera vez su fla- 
mante (patriotismo. Los vecinos de la ciudad de Buenos 
Aires, bajo el mando del Capitán de marina, Liniers, 
francés de origen, vencieron a once mil ingleses de tro- 
pas de línea, después de reñido combate, tomando man- 
zana por manzana de la ciudad, reconquistándolas con los 
patricios, los arribeños y los españoles peninsulares or- 
ganizados en batallones y tercios de milicias urbanas. 
Las tropas que guarnecían a Montevideo, las autorida- 
des y el vecindario de la ciudad tuvieron buena parte, 
contribuyendo con sus fuerzas a producir este grande 
acontecimiento, pues allí se organizó la Reconquista. 

Todavía no se atenúa en América, ni se olvida en In- 
glaterra, el asombro que causó hecho tan preclaro. El 
sabio y literato Andrés Bello, de Colombia, residente en 
Londres por largos años, y en contacto con lo más dis- 



256 D. F. SARMIENTO 

tinguido del partido liberal español, decía más tarde er 
América, que el Foreing Office tenía desde entonces poi 
regla habitual usar de deferencia y buena voluntad pa- 
ra con las autoridades argentinas, como un tributo d€ 
respeto al denuedo de sus habitantes en la reconquista de 
Buenos Aires. 

La Revolución de la Independencia de la América 
del Sud quedaba resuelta y consumada en todas las co- 
lonias, con la noticia de tan grande hecho, magnificán- 
dolo el general inglés Whitelock mismo, para su defen- 
sa en la causa que se le siguió y corre impresa, con el 
ánimo de disimular así y cohonestar la vergüenza de h 
derrota, como es práctica siempre de los grandes venci- 
dos, hacer más grande todavía al vencedor. 

Todo corazón americano respondió con la exclama- 
ción del Correggio: ¡anche io!, no sintiéndose cada 
uno menos que nadie, con tanta más razón que en Bue- 
nos Aires había huido el Virrey Marqués de Sobre Mon- 
te; y bastaba eso para creer que los españoles penin- 
sulares nada o poco habían hecho de su parte. Habían 
sido vencidas, pues, <en las calles de Buenos Aires, la 
España y la Inglaterra a un tiempo. La idea de la 
emancipación empezó a fermentar en todas las cabezas, 
y en tres años, lo que va de 1807 a 1810, estuvo incu- 
bada casi sin concierto; y sin casi, pues las comunica- 
ciones entre Méjico y Buenos Aires, no habiendo perió- 
dicos ni correos, eran punto menos que imposibles. 

Esta aseveración no procede de simples deducciones 
de la lógica, sino de las declaraciones obtenidas de boca 
de ancianos do Chile, del Perú, de Venezuela y Nueva 
Granada, quienes la manifestaron al autor durante sus 
viajes en América. 

Otra revolución, empero, so operó en los ánimos, o 
• una «erie de revoluciones y de reacciones, den- 
tro del Virreinato mismo de Buenos Aires. La nueva 
capital en d nombre conquistó esta vez la hegemonía 



LAS BAZAS EX SUD-AMERICA 257 

que Córdoba y la Asunción se disputaban, pues que por 
tales y tan buenas capitales se tenían. El pueblo de 
Buenos Aires a su vez, como su fama crecía en el con- 
cepto de propios y extraños, se ensorberbecía en dema- 
sía, como aquellos que se enriquecen de golpe, y empe- 
zó a prescindir de todos los otros pueblos y Cabildos, 
aun de los de su propia jurisdicción, como Santa Fe, 
Corrientes y Entre Ríes, que eran los últimos en saber 
lo que se tramaba revolucionariamente en Buenos Ai- 
rea. 

Como no había sistema electoral, los cambios de go- 
biernos tenían que efectuarse tumultuariamente en Ca- 
bildo abierto de notables, o bien como los romanos de 
los últimos tiempos de la República, en que los Italiotes, 
teniendo derecho de ciudadanía romana no podían vo- 
lar sino en Roma. 

El triunfo, sin embargo, había sido no sólo de porte- 
ños, sino de españoles peninsulares, de orientales y de 
arribeños, llamados así los habitantes de las otras pro- 
vincias del Virreinato, pues sólo de Montevideo habían 
venido mil doscientos combatientes. 

El Cabildo, en cuya corporación debían predominar 
naturalmente los peninsulares, pero simplemente por 
conmemoración del hecho, mandó poner por nombres a 
las calles los de los Jefes que más se habían distingui- 
do, resultando, como era natural también, la mayor par- 
te españoles. La exaltación revolucionaria los hizo bo- 
rrar más tarde, dejando a la posteridad la duda de si 
los americanos resistieron con más encono la domina- 
ción inglesa, que no lo intentaron los españoles mis- 
mos. 

Otra causa de desasociación que podía señalarse des- 
de los comienzos en la organización del Virreinato, pro- 
venía de las distancias entre las ciudades de entonces, 
sin campiñas pobladas, ni aldeas, ni villas intermedia- 
rias, no habiendo más vehículo que las muías, pues las 



258 D. F. SABM1EXT0 

carretas ni las carabelas volaban entonces por la Pam- 
pa o por los ríos tranquilos y de lento curso. De ahí lia 
provenido que se conserven tonadas distintas en cada 
provincia, por el aislamiento secular en que han vivido, 
como han conservado los norteamericanos la entonación 
gangosa de los predicadores puritanos. 

El golpeado de algunas de ellas haciendo vocales gra- 
ves de que carece la lengua, y ante-esdrújulos como en 
el inglés, parece provenir de la marcha de la cabalga- 
dura, haciendo acentuar la palabra al asentar el caba- 
llo la pata. No la hay de este género en San Juan y 
Mendoza, por andar a pie en calles las gentes de cam- 
po. 

" Fuimos destinados, dice en 1727 el jesuíta Gaetano, 
en número de doce, a pasar a las Reducciones del Pa- 
raná y Uruguay. Aguardamos todavía algunos días, 
a que los indios que debían conducirnos llegasen e 
hicieran las provisiones necesarias para viaje tan lar- 
go; porque si exceptuáis dos o tres habitaciones que 
no están muy lejos de Buenos Aires, y una Reducción 
de indios bajo la conducta de los Padres Francisca- 
nos, no se encuentra en todo el camino, que es mal 
de doscientas leguas, una sola casa donde poder aco- 
gerse en caso de necesidad ". 
Un extraño motivo de desasociaci'ón sobrevino con la 
Independencia. Llamábase el país, bajo el dominio es- 
pañol, el Virreinato de Buenos Aires. ¿Cómo llamar- 
le los del Alto Perú, los del Paraguay, etc., después de 
dejar de ser Virreánaito, República de Buenos Aires? 
De Maistre notaba este defecto de consistencia nacional 
en la palabra Estados Unidos. Desde luego, antes de 
llamáis • Virreinato, estos países Hablábanse Provincias 
del Río de la Plata. Cuando pretendieron ser Estado, 
'mii el calificativo Huidas, como las Provincias 
s de Flandes, tan notablemente conocidas en la 
historia. 



LAS BAZAS EX SUD-AMEBICA 259 

El Alto Perú, no obstante la presencia de sus repre- 
sentantes en el Congreso de Tucumán, quedó como que- 
da en los campos un girón del vestido desgarrado du- 
rante la lucha. . 

El Paraguay no tuvo ocasión de oír la palabra Inde- 
pendencia, siquiera, ni la gloria de conquistarla. Con- 
quistó gloriosamente, sin embargo, medio siglo después, 
su muerte, pereciendo todos sus varones por sostener 
la más extraña, la más salvaje tiranía que haya produ- 
cido la extravagancia neurótica de un abogado, apode- 
rándose del gobierno de la raza india, que los jesuítas 
habían preparado para todas las obediencias y sumisio- 
nes, bajo la tutela de todos los directores espirituales, 
morales y políticos, a la vez. 

Tomamos de un escritor de la Orden, el siguiente da- 
to histórico: 

" Fué en particular, a fin de prevenir el pernicioso 
" efecto del mal ejemplo, que los reyes católicos, a rue- 
' ' go de los misioneros, han prohibido a los españoles y 
" a todos los demás europeos ir a las Reducciones, a 
11 menos que en sus viajes la necesidad no les fuerce a 
** ello, no siéndoles ni aun entonces permitido permane- 
*' cer más de tres días. . . Desde que se veía llegar un 
11 europeo, algún indio discreto y prudente se le ponía 
** al lado, a pretexto de acompañarle y haicerle los ho- 
11 ñores, pero en realidad era para observarlo y para ve- 
" lar de más cerca sobre su conducta" (1). 

Son verdaderamente edificantes estas revelaciones au- 
ténticas, hechas con alarde por aquellos inocentes va- 
rones, que encontraban en efecto, "que las Reducciones 
más apartadas de la vista y del comercio de los europeos, 
son aquellas en que se nota más fervor y más inocencia 
en los neófitos indios". Ya habían los mismos indios 
notado su superioridad moral sobre los europeos. "¿Có- 
mo es que nos habéis enseñado, decían ciertos indios de 



(1) Muratori ib id 115. 



260 D. F. SABMIENTO 

las misiones mandados a Buenos Aires a trabajar en 
obras públicas, que tal o cual acción es pecado contra 
la honradez, cuando nosotros sabemos, a no dudarlo, que 
los españoles los cometen?" 

Algunos años más tarde, aquellos neófitos de cristia- 
nos, de siervos de los jesuítas, que eran en realidad, van 
a pasar a ser ciudadanos de una República, iguales en 
derechos con los hijos de esos españoles, con quienes no 
estuvieron en contacto y a quienes se reputaban supe- 
riores en moralidad. 

Un lago de sangre será necesario llenar para acercar 
bajo un pie de igualdad estas dos razas; y muchas víc- 
timas ilustres de la raza blanca caerán antes bajo el 
cuchillo de la vendetta de razas, al grito de mueran los 
asquerosos, inmundos blancos! "Hijos míos, les había 
contestado el reverendo padre Miñones a los neófitos, 
otra cosa no puedo deciros sino que nosotros predicamos 
a los españoles la misma doctrina que a vosotros. Si 
los españoles no la observan, ellos darán cuenta al Su- 
premo Juez que les hará pagar bien caro su negligen- 
cia. En cuanto a vosotros, mostraos fieles en ponerla 
en práctica, y Dios recompensará vuestra fidelidad, con 
lo que haréis ver que tenéis más juicio que los cs-paño- 
les" (1). 

Los salvajes, con más juicio que los europeos civiliza- 
dos; el indio mejor que el blanco, "porque están sepa- 
rados a semejanza de los habitantes de las campiñas eu- 
ropeas, de los malos cristianos que viven en las ciuda- 
des". 

Ahora que ha trascurrido apenas un siglo desde que 
se ol)«ervaban tales practicáis en las misiones, y que 
aquellas ejemplares poblaciones se han desparpajado 
como si el viento hubiese soplado sobre montoncillo de 
paja, f|iicda por averiguar cuáles han debido ser las con- 
secuencias de este sistema de colonización, bajo otros 



(1 i Miuatorl 114. 



LAS RAZAS EN SUD-AMEBICA 261 

móviles y con otros fines que los que las sociedades hu- 
manas reconocen. 

Debe desde luego, observarse que, a la tribu errante le 
falta un sentimiento y un vínculo que es la patria, .pues 
apenas estorba que otra tribu se introduzca en los cam- 
pos donde ella caza. La sepultura de los padres fijó 
un día en torno de ella a los hijos, para cuidar sus res- 
tos, y de este simple hecho iparte la sociedad, según 
Fustel de Coulanges, y la creación de la familia, las le- 
yes, la religión y la patria, la cité o ciudad. Pero la 
patria no es sólo una extensión de tierra que hemos he- 
cho el patrimonio exclusivo de una familia, tribu, o 
pueblo, es un sentimiento común a la presente genera- 
ción, para trasmitirlo a las futuras con el recuerdo, el 
amor y el vínculo que nos une a lo pasado. 

Ya traía el salvaje a la Reducción el desapego a la 
tierra que agravaron aquellas manumisiones, trasplan- 
tes y emigraciones de que dieron ejemplo y modelo los 
misioneros, y que servirán más tarde para disolver las 
Reducciones mismas por medio de nuevas traslaciones, 
y aun haciendo botín de los habitantes en la guerra, co- 
mo las hormigas asaltan otros hormigueros para apode- 
rarse de las larvas, y hacerse de trabajadoras. 

A este despego a un suelo que no es la patria, sino 
la misión, se añade, como lo hemos visto, el desafecto 
natural del conquistado a su dominador, de la raza in- 
ferior a la superior, pero reagravado por la educación, 
obteniendo los misioneros que los indios apenas domes- 
ticados se críen y mantengan lejos y separados de los 
blancos, llamados españoles, con lo que se forma una 
nación, no ya en la nación, sino fuera de la nación ; pe- 
ro es el colmo de la imprevisión, del orgullo y del espí- 
ritu de cuerpo, inculcarle la idea a la raza inferior con- 
quistada, que es mejor y más aceptable a Dios que la de 
sus amos, y aun constituirlos clandestinamente en es- 
pías y centinelas de vista de la perversidad innata del 



262 D. F. SABMIENTO 

hombre civilizado; a fin de que no escandalice al ino- 
cente salvaje, que Rousseau había hecho por naturaleza 
bueno, y que los viajeros halaron[ en todas partes inco- 
rregiblemente perverso. 

¿Era este espíritu de despego a la España, es decir, 
a su nación, efecto del plan que se atribuye a los jesui- 
tas, de preparar pueblos, odios y ejércitos para la sobe- 
ranía y dominio de las Indias Occidentales? Ni nos sor- 
prendiera este designio en sociedad tan poderosa y dis- 
ciplinada, con cinco mil miembros reclutados en las fa- 
milias criollas más ricas e influyentes, desde que hemos 
visto a la siguiente generación de esos criollos emanci- 
parse sin una organización tan vasta tendida como una 
red sobre toda la América. Los magos de la Persia, con 
Zcroastro, los faraones egipcios de raza sacerdotal, la 
supremacía y soberanía laica secular del pasado están 
diciendo que tales hechos son casi inevitables en la su- 
cesión de los tiempos. 

Consideramos suspicaz el extracto de los reglamentos 
dados por diversos jefes de misiones organizando mili- 
cia, haciendo obligatorios los ejercicios militares, reco- 
giendo las armas, creando intendencias, arsenales, y 
mandando fabricar pólvora. La proximidad de los por- 
tugueses mamelucos justificaba en demasía estas medi- 
das. Un proceso natural del espíritu había de produ- 
cir en el jefe soberano absoluto de grandes (poblaciones 
de indios un poco de despego a la jerarquía de otro so- 
berano lejano, cuya autoridad delega en subalternos. 

Todos estos son accidentes. El misionero no enseña- 
ba a amar la patria, porque él no la tiene. El jesuíta 
tiene un soberano, la orden a que pertenece; un rey ab- 
soluto en el que está «n la Casa Grande de Roma, su- 
perior al Roy, el igual al Papa o el órganoi jerárquico 
para recibir sus órdenes. La patria del sacerdote cris- 
tiano está flD <•! «-¡''lo. Los jesuítas, los misioneros que 
dirigen las misiones no son precisamente, españoles, ni 



LAS BAZAS EX SUD-AMEBICA 263 

americanos, son jesuítas, de todas las naciones, manda- 
dos desde Roma a catequizar neófitos. 

p]l Padre Gaetano, italiano, vino a Buenos Aires en- 
viado a las misiones por sus superiores, y de él tenemos 
en tres de sus cartas a sus hermanos que publica el tra- 
ductor de Muratori, las curiosas revelaciones que prece- 
den. 

He aquí, pues, uno de los fenómenos sociales más ex- 
traños que haya presentado el mundo moderno. Una 
nación sin patria. La Compañía de Jesús ejerció la 
mayor influencia sobre el espíritu de dos hispano-ame- 
licanos, pero sobre los indios de las Misiones, Paraguay, 
Corrientes y Banda Oriental fué suprema. 

De ahí vienen las desmembraciones, la federación, la 
montonera, los 1 caudillos de jinetes, la destrucción de 
las misiones mismas, hechos buena presa los habitantes 
en las guerras, robados, arreados, trasportados de un 
punto a otro, del país español al país portugués como 
ganado, como mercadería, propiedad, o cosa. ''Los in- 
dios a su turno, libres al fin de sus superiores, libres de 
ser buenos o de parecerlo, bajo el ojo del vigilante tea- 
tino, libres de mentir a toda hora de ser inocentes, libres 
ahora de dejar salir de su boca juramentos e impreca- 
ciones y palabras injuriosas e indecentes, como los euro- 
peos y sus hijcs, "que no se contienen mucho en este 
" punto, como en muchos otros, en presencia de los in- 
*' dios los cuales saben, al decir del padre Gaetano, pre- 
" servarse con el auxilio de la gracia divina, del conta- 
*' gio del mal ejemplo." 

Razón tenía, pues, Gervinius el historiador del siglo 
XIX, de señalar " el vasto abismo que separaba en esta 
** América a los campeones de la libertad, generalmen- 
" te hombres instruidos, de la masa de los indios y aún 
<£ de la gran multitud de los criollos (mestizos y cam- 
" pesinos que estaba encadenada por el temor que le 
<l inspiraban el Rey y la Iglesia. Una grande excisión 



264 O. F- SARMIENTO 

" desunió a toda la sociedad, a la cual vino a agregarse 
" el odio que separaba a las castas y las razas, a las tri- 
" bus y las clases, y además aquellos celos envidiosos 
" de las diferentes localidades (engendrados por la 
" distancia), que fermentaban con más violencia que 
" las que hemos notado en España misma " (1). 

Causas semejantes de desorganización encerraba el 
Virreinato. Las ideas nuevas que agitaban al mundo, 
con escasa y limitada difusión en sus lenguas originales 
llegaban y se detenían en Buenos Aires, la ciudad hija 
del comercio y del movimiento externo. Anteriores capi- 
tales se disputaban la supremacía que dá él tiempo y las 
ideas dominantes, de hidalguía hereditaria, de saber uni- 
versitario, de jerarquía religiosa. Las indiadas están 
tranquilas como los mares antes de la tempestad, el es- 
píritu de las Misiones sopla sobre una grande extensión 
del territorio guaraní y pondrá en movimiento por 
emanciparse a las razas indígenas, cuando los blancos 
traten de hacerse independientes de la corona de Espa- 
ña para formar naciones nuevas; y la historia no sabrá 
clasificar fácilmente hechos que todos tienen una misma 
forma exterior: la guerra. Pero ¿qué es en realidad la 
guerra contra la guerra o la guerra en la guerra ? 

Los documentos públicos, las solicitudes de la misma 
Compañía al Rey no dejan lugar a discusión, ni a dene- 
gaciones. 

" Pero lo que merace todavía más la atención de Su 
Majestad, dice el Padre Aguilar en un Memorial di- 
rigido al Rey Felipe V, es que si permitiese a los es- 
pañolea tratar inmediatamente con los indios, éstos 

i ■ . - i 1 » i i - í ; 1 1 1 un daño irreparahle con el mal ejemplo dio 
aquellos, ejemplos absolutamente contrarios a las bue- 
nas costumbres y a. las santas leyes del cristianísimo. 
A más de que loa españoles de que hablo no dejarían 
de se.mbrar en la.s R-educciones (máxima; pernÍCÍOSCUI 



(1) Oorvlnlue, Hlstoire du XIX Slecle T. IV. 



LAS RAZAS EX SUD-AMEKICA 265 

14 contra los Ministros de la Religión, a fuerza de vejar 

44 y engañar a los indios los harían perversos y falaces. 

44 No hay nada que no hagan por atraerlos a las ciuda- 

íl des españolas (las ciudades de europeos). Alientan a 

44 los maridos a abandonar a sus mujeres, a los hijos a 

14 separarse de sus padres; los roban cuando pueden, 

" y se llevan consigo personas de toda edad y de todo 

44 sexo ". 

44 Ojalá, exclama el Santo Varón, que Dios no nos 
44 hubiese mostrado de cuanto son capaces los españo- 
44 les "; es decir los cristianos, los blancos, los civili- 
zados, ya que son capaces de inducir a indios jóvenes a 
seguirlos (mediante salario a las poblaciones cristianas, 
tengan padres o no, pues los europeos, y aún los jesuí- 
tas dejaron también sus padres en Europa para venir 
a Amérioa a cultivar la viña del Señor! 

14 Fué para prevenir estos abusos que se prohibió a 
44 los españoles (los blancos)... cuando pasan por al- 
11 guna Reducción de morar en ella por largo tiempo " 

El Padre Aguilar, dice Muratori que cita largamente 
aquel documento, añade lo que tantas veces hemos di- 
cho antes, y lo que se encuentra confirmado por las afir- 
maciones más auténticas de Obispos y Gobernadores, 
impresas en Madrid, a saber: M que la comunicación 
con los españoles (blancos) es una peste contagiosa. Si 
alguna nación infiel frecuenta a los españoles, (la raza 
blanca), es casi imposible convertirlos, como se ha ex- 
perimentado en todas las provincias. Lisonjearse de ha- 
cer abrazar la verdadera religión a los Pa yaguas, en el 
Paraguay, a los Charrúas, a los Calchaquíes, a los Abi- 
pones, del lado de Corrientes, y de Santa Fe, a los Pam- 
pas, a los Minuanos del lado de Buenos Airee (Banda 
Oriental), a otros Pampas establecidos en los alrededo- 
res de Córdoba, es como prometerse la conversión de los 
judíos ". 

Cuando aquellos mismos indios minuanos y charrúas 



266 D. F. SABMIENTO 

fueron armados en las campañas de Montevideo para 
hacer cruda guerra y emanciparse de esos españoles 
contra quienes había inculcado tanto desprecio una raza 
clase-neaVra, como las hormigas trabajadoras, el Macabeo 
de la insurrección daba esta orden a un jefe minuano 
encargado del gobierno de una ciudad de españoles: 

" Fusile usted dos españoles por semana; sino hubie- 
se españoles europeos, fusile dos porteños (los blancos), 
y si no hubiera, cualesquiera otros en su lugar a fin de 
conservar la moral ... M (de los indígenas misioneros 
en armas!) 

Oh! De esas aguas vinieron estos lodos! 

Bastaba el instinto de raza, la protesta del sometido, 
el odio del salvaje contra el hombre civilizado, sin ne- 
cesidad de azuzar por la educación estas malas pasiones, 
sin elevarlas par la predicación, el ejemplo y las leyes 
a virtudes cristianas y principios sociales, como lo hi- 
cieron los jesuítas socialistas, pues sbci alistas eran por 
espíritu de propaganda religiosa, y por orgullo y alu- 
cinación de innovadores. Español, repetido cien veces 
en el sentido odioso de impío, inmoral, raptor, embauca- 
dor, es sinónimo de civilización, de la tradición europea, 
traída por ellos a estos países, basta que ellos mismos 
y por su propia ignorancia, llaman en su auxilio a con- 
vertir a los indios una compañía de todas naciones, sin 
patria ni sumisión política a nadie, a hacer ensayo in 
anima vili de nuevos sistemas sociales, que tienen por 
l^ase el confesonario, la delación, el espionaje, y la tu- 
tela ejercida sobre pueblos, en los misinos términos (pie 

sus hijos menores. El indio era 
un menor, cualquiera que fuese su edad, " porque la 
siva simplicidad de los indios no permite, habla el 
['adre Aguilar, dejarles li;ie,-r ningún céntralo, sin la 
participación del I* roe unidor de los misioneros, pues 
(|uo ruando han sido abandonados a sí mismos, han si 
do cien y eicu veces engañados por los españoles (los 



LAS BAZAS Eíí 8XJD-AMEBICA 267 

blancos, los americanos), que teniendo que habérselas 
con gentes pobres, y poco instruidas del valor de cada 
cosa, les daban un peso y aún menos por lo que vale diez 
c doce. Los españoles se holgarían mucho de ir a las re- 
ducciones ". Sigue la exposición de los males del comer- 
cio directo, y añade el Padre Aguilar, " es comercio 
inicuo y peligroso el que los jesuitas han querido prohi- 
bir como padres y como tutores de los pueblos que han 
sido confiados a su guarda ". 

" Creen que tales son las intenciones de Vuestra Ma- 
jestad. Los que piden el comercio son los indios (de las 
reducciones que ocupaban lo que hoy son tres Repúbli- 
cas), son hombres que abusarían sin escrúpulo de la 
simplicidad de los indios "... 

El doctor Francia cortó el mal por la raíz, cerrando 
las puertas del Paraguay bajo la pena de la vida o pri- 
sión (perpetua ia'l descendiente de español y porteño que 
intentase penetrar, (el odio era común a los blancos), 
y monopolizando el Estado la exportación de la yerba 
mate, casi el único producto del Paraguay, y que com- 
praba a precios oficiales a los habitan I 

Ni paran aquí estas extrañas innovaciones. 

Tuvieron en Europa misma sus sostenedores, y los 
que no querrán confesar que el doctor Francia, colono 
español, había empaipádose en las doctrinias sociales je- 
suíticas, se sorprenderán más todavía al saber que en 
Francia en el siglo XVIII, tuvieron en Juan Jacobo 
Rousseau su más ardiente apóstol, en la famosa Memo- 
ria que presentó a la Academia de Dijon, abogando con- 
tra la civilización y aconsejando volver a la simplicidad 
y pureza primitiva de los pueblos salvajes. 

Circulaban por entonces en Europa las famosas Car- 
tas Edificantes, aquel reclamo de colonizadores, para 
embellecer y magnificar su obra, con descripciones de 
la vida pastoril, que se encuentran en Teócrito y en los 
poetas arcádicos, y que Cervantes había ya descrito en 



268 U. *• SARMIENTO 

su inmortal plática con los cabreros sobre la edad de 
Oro, donde no se conocía la palabra tuyo ni mío; y no 
se olvide que los jesuítas son españoles de origen, de 
ideas, y en colonización quijotescos como su maestro. 
Aquellos puritanos anacreónticos, eran un miraje se- 
ductor que alucinaba espíritus febriles como el de 
Rousseau. El Memorial del Padre Guevara había sido 
publicado en español y traducido a todas las lenguas. 
Los informes de Gobernadores y Obispos que confirma- 
ban sus asertos habían sido impresos en Madrid, y la 
obra de Muratori, del célebre Muratori, fué escri- 
ta en iitaliano, traducida al fraincés, y publicada en 
MDCCLVII, en la librería de la viuda Bordelet, calle de 
San Jaeques, "vis a vis du Collége des Jésuites a París". 
No es aventurado inferir que los jesuítas de París te- 
nían vis a vis de su colegio, su imprenta de propaganda 
fidc y que Rousseau haya leído las Cartas Edificantes. 
El Memorial del Padre Guevara, cuyas conclusiones 
adoptó Felipe V, las atestaciones de Gobernadores y 
Obispos, y la obra de Muratori "Relatiori des Missions 
du Paraguay, traduite de VItalien de M. Muratori ", 
"habiendo Muratori, lejos de trabajar sobre las Memorias 
de los jesuítas, como podría objetársele, recibido sus da- 
tos del Príncipe de San Bueno, que había sido Virrey 
del Perú, y por tanto sabedor de lo que pasaba en las 
colonias españolas, y se hizo un placer en comunicar a 
Muratori las luces que necesitaba para componer esta 
obra ", ai decir del traductor al francés que no se nom- 
bra, y que por su oportuna modestia, sospechamos que 
ea un padre de la oaisa frente a frente de la librería 
editora, de la viuda, pues trae al fin las cartas del mi- 
sionero Gactano. 

ES] Contrato social ostií fundado en la teoría de la 
Ih rubid innata del hombre y de la corruptora influen- 
cia de la civilización. 

" El hombro nace libre, dice, y por todas partes se 



LAS BAZAS EN SUD-AMEEICA 269 

le encuentra aherrojado ". La idea de igualdad, de su 
teoría parte del mismo principio, y la preponderancia 
y autoridad tutelar, protectora y directiva que da al 
Estado, es la traducción apenas modificada del gobier- 
no paternal de los célebres misioneros jesuítas, a quienes 
combatía Voltaire, su discípulo. 

Muchas traducciones ha tenido aquella teoría popu- 
lar desechada con horror de las Memorias de Dijon en 
1770, adoptada en la segunda parte de la Revolución 
francesa con Saint Just, Robespierre y la guillotina; y 
corregida y aumentada en el Paraguay por el doctor 
Francia en cuanto a comercio, cerrándolo absolutamen- 
te para que no se corrompa y pervierta la simplicidad 
de sus siervos. 

En la América del Sur, y sobre todo en el terreno mis- 
mo de la colonización de los jesuítas, han debido igual- 
mente sentirse los efectos sociales de las doctrinas que 
sirvieron de base a las misiones, a saber — tutela guber- 
nativa — trabajo común — odio a los blancos — incomuni- 
cación comercial — aislamiento por razas — sumisión y 
obediencia de menores. Los tiempos es acercan y luego 
habremos de mostrar los resultados en la historia y en 
la fusión de las razas, quizá en las instituciones que se da- 
rán definitivamente a los pueblos sud-americanes. De 
ahí ipartió la disolución del Virreinato, al refundirse las 
misiones en la masa española, que quería hacer una na- 
ción constituida de lo que fué Virreinato de Buenos 
Aires. 



TERCERA PARÍ E 



Las razas en Norte América 



CAPITULO VI 



■MIGRACIONES SINTÉTICAS HACIA NORTE AMERICA 



LOS PUEBLOS ACARREADORES DE CIVILIZACIONES. — L* 
roza del movimiento intelectual sin límites — Las migra 
ciones de la raza primitiva aria — Creencias religiosas 
ligadas con la geografía — El fatalismo — Progresos de la 
idea religiosa — La reforma del siglo XVI y progreso de 
la razón humana con el Renacimiento — El examen de la 
Biblia — Las discusiones teológicas toman en Inglaterra 
forma social — Moisés y los Puritanos — Antagonismo do 
hebreos y eg:pclos — La concepción del Dios de los egip- 
cios — La moral de los egipcios — "Yo hice que la viuda 
amase a la mujer con marido". 

LOS PURITANOS. — Resurrecciones y reacciones en la mente 
humana. Reaparición es Inglaterra de Moisés. Fascinación 
mental — Retrato del puritano — Las ideas republicanas 
de la Biblia — El pacto de los puritanos considerado come 
el principio fundamental de las libertades modernas — Los 
intransigentes — Resistencias del Parlamento puritano, 
Petición de derechos — Reacción, Persecución a los pu- 
ritanos. 

LOS QUAKEROS. — Caracteres — Nivelan la sociedad — Gui- 
llermo Penn — El territorio concedido para el nuevo asilo 

— Dos siglos después, Segundo centenario del desembarco 
de Penn — "La peinilla de una nación" — La carta real, El 
sistema de colonización — "Seréis gobernados enteramente 
por leyes de vuestra propia hechura" — El santo experimento. 

LOS CABALLEROS. — La nobleza inglesa coloniza la Virginia — 
Corrupción al principio — Siguen las transformaciones del 
espíritu de libertad triunfante en Inglaterra — Los caba- 
lleros virginianos y los nobles españoles — Aptitud de la 
nobleza para el gobierno — Modales aristocráticos. En Vir- 
ginia. En Sud América — Hegemonía de la Virginia — Lo» 
Presidentes de los Estados Unidos. 

LOS PADRES PEREGRINOS. — La nueva tierra de promisión — 
Excitación cerebral producida por la exaltación religiosa — 
Rigorismo de creencias los salva de mezclarse con razas 
inferiores — Moisés prohibe hacer alianza con el cananeo, 
Moisés *iene razón — Los indios arrollados — Su extinción 

— Las tradiciones políticas — La nueva Inglaterra más libre 
que la vieja — Se honra el trabajo y se idean máquinas para 
facilitarlo — Diez mil patentes de invención en un año — 
El aniversario de la llegada de la May Flower — Un Interior 
puritano. 

LA CONSTITUCIÓN DE 1681. — Declaración de los derechos de 

los nuevos habitantes de la Nueva Inglaterra — Nace la tole- 
rancia religiosa — La libertad de conciencia — La c'udad 

de Providencia, refugio de los proscriptos y desamparados 
— Ana Hutchinson — El Génesis del Nuevo Mundo es una 

resurrección de la historia humana entera — Elaboración 

de la Constitución — Documentación. 



274 ». r. SARMIENTO 

Hemos analizado el cuerpo social que la colonización 
española dejó formado de la mezcla de dos razas de color 
con su propia estirpe, en esta parte del continente úni- 
camente descubierto. 

Sin embargo, esta parte no es toda la América. 

Sus conquistadores, por ser los primeros en abordar a 
sus playas, no eran "en espíritu y en verdad" la van- 
guardia del género humano con las múltiples conquistas 
de la civilización que la España no podía acarrear, como 
lo habían hecho los fenicios en el antiguo, los árabes más 
tarde, los holandeses un siglo, sucediéndoles los que ha- 
blan hoy el lenguaje de las naves del Océano y de las 
islas (1). 

Al desequilibrio de la columna de aire que envuelve 
nuestro planeta se deben los vientos Alisos que nos dan 
en la cara a ambos lados del Ecuador, porque vamos ca- 
minando hacia el Oriente pegados a la tierra mientras 
que el aire se derrumba por la cúspide de la atmósfera, 
y se derrama a los lados por no poder seguir el movi- 
miento. 

La civilización ha seguido a su vez al Monzón de los 
mares de la India. 

Habíanse quedado, empero, atrás las páginas del de- 
rrotero seguido, liasta que no hace más de medio siglo 
M han encontrado en el sánscrito, que es la lengua que 
jiablamn Jos Dioses de la India, rastros de las primeras 
migraciones humanas, que han venido dejando etapas, 
ií fines o derivadas de un tronco común, como naciones, 
de un pueblo que desde un punto central ha lanzado 
enjambres humanos, todos dirigiéndose hacia el occiden- 
te, todos obedeciendo a un mismo procedimiento gra- 
matical para coordinar sus ideas, todos sirviéndose de 
un corlo número de raíces comunes para variar al infi- 
nito la palabra. Cuarenta leguas han quedado así for 



(1) La estadística marítima universal da a la TnRlntorra la 
rnltad do loa buques quo tienen en <-i unir todo» los pueblos ac- 
tuales y la posesión de dloz mil Islas. 



LAS BAZAS EN NOBTK AMEIUCA ¿7.") 

madas, y siglos han debido mediar, entre las primeras y 
últimas migraciones, de manera que griegos y romanos, 
teutones y españoles ignorasen al fin que están hablan- 
do la misma lengua, pues que todos llaman mater, ma- 
tron, mother, madre a la mujer que les dio el ser. 

Esta raza amovible sobre el globo, es también la raza 
del movimiento intelectual sin límites, sin ipretender fi- 
jarse como la raza amarilla que se ha colocado en el me- 
dio del mundo, y trazádose una muralla en torno, para 
que nadie se le acerque, o como el Egipto que pretendió 
endurecer en pirámides eternas su historia, prolongar 
la vida de las generaciones en sus momias. 

Los pueblos de la raza aria vienen de camino hacia el 
porvenir, por la conocida ruta de occidente, que le tie- 
nen trazada los Monzones y los Alisos, dejando al pa- 
sar del Asia a la Europa, Grecia y Roma al salir del 
Mediterráneo, la Inglaterra con sus costas y colonias. 
Al salir del Mediterráneo la Inglaterra atraviesa el 
Atlántico como vanguardia de aquel movimiento hu- 
mano que lia principiado en la Bactriana, dicen ; y fun- 
da colonias en estos mundos nuevos, para volver acaso 
a recalentar los antiguos, como lo hace el Gulf Stream 
que saliendo del Golfo de Méjico, se divide en ramos y 
brazos animados para llevar a los polos el calor que les 
escasea, y acariciando al paso los continentes e islas de 
su tránsito. 

¿Habrá habido en la historia de estos movimientos 
humanos alguna otra corriente como la del Gulf Stream, 
que vuelva hacia Oriente a recalentarse en las fuentes 
de la vida, al calor del espíritu de los pueblos en marcha 
y cuya acción sobre las instituciones y las creencias sea 
tan visible y demostrable como aquella que el sol excita 
en el Golfo de Méjico calentando una grande y delgada 
superficie del agua? 

Este es el hecho más culminante que descuella sobre 
la historia del hombre. La raza que piensa, que discurre, 



276 D. F. SAESIIENTO 

que cambia, que medita y analiza ha recibido tres veces 
el impulso del espíritu; la raza semítica, que le fija por 
siglos sus creencias religiosas, que le enciende el cora- 
zón en santo entusiasmo, y alumbra el espíritu con res- 
plandores que producen el iluminismo, y dan valor para 
el martirio, que gana todas las batallas del pensamiento. 
De aquellas migraciones arias nada sabemos sino que 
han ocurrido, como por las chorreras de lava que cubren 
un valle sabemos que una de las vecinas montañas fué 
volcán en actividad en algún tiempo. 

Los pueblos griegos, Atenas, Esparta, Tebas, cuando 
en aquellas ciudades naciones rebalsaba la vida, expul- 
saban el pueblo en ebullición y enviaban colonos al Asia 
Menor, la Italia y el mundo del mediterráneo, donde 
han quedado más estatuas de mármol, columnas dóricas 
y corintias en esos fragmentos, que habitantes tienen 
hoy día. Atenas coligó y mandó mil ciudades griegas 
una vez. Alejandro el Grande es el último colonizador 
de este sistema ; y sin su temprana muerte, la Gran Gre- 
cia estaría hoy en Oriente. 

Nada sabemos del mecanismo y sistema de cwloniza- 
ción antigua de los arias primitivos, pero se conserva 
el itinerario de una grande migración que parte de ía 
l»ase de las Pirámides de Egipto, se detiene un año en 
el Sinaí para darse un Programa, se establece tras el 
desierto intermediario en tierra de filisteos, donde co- 
mo los árabes en España, permanece mil años, confec- 
cionando nuevos desenvolvimientos a la idea primitiva, 
hasta que vuelve, esta vez sólo en el espíritu a emigrar 
con el Evangelio, irradia su doctrina por toda la tierra, 
y acaba <n Aun' pica con fijar las relaciones sociales que 
se avienen mejor con el conocimiento de las cosas divi- 
nas, y la plena libertad de la conciencia y de la volun- 
tad, para liaei-r pasible la existencia a todos los hombres, 
¡i Indas las razas, sin exponerse al predominio de los 
fuertes, porque M les ha dado Indebidamente, o la abycc- 



LAS RAZAS EN NOBTE AMEBICA 277 

ción de los débiles porque se les ha mezquinado lo ne- 
cesario. 

Para estudiar el cuadro que presenta la América hoy, 
el que presentó desde 1810 en esta parte, en 1776 en 
aquella, el que presentará toda junta bien pronto; por- 
que los canales que suceden a los istmos, rotos, perfo- 
rados, abiertos, unen los continentes que estos separa- 
ban, como el de Suez ha hecho un mundo y continen- 
te sólo de la Europa, el África y el Asia. Para poder 
contemplar las maravillas que están para mostrarse en 
esta América, necesitamos también retemplar nuestro 
espíritu en aquella corriente de agua cálida, que encen- 
dió el ánimo de los Puritanos en el seno del cristianis- 
mo inspirándose en Moisés, en el Éxodo y el libro de 
los Jueces, para emprender por tercera vez la marcha 
de las Pirámides al Sinaí, de Jerusalem a Roma, de las 
playas de Inglaterra la vieja a la nueva del Norte de 
América, hasta envolvernos a nosotros en toda la exten- 
sión de la América por la comunión de las ideas, a que 
sirvió de solemne y gloriosa puerta la independencia 
conquistada en cien batallas dadas por nuestros padres 
hasta obtenerla y asegurarla. 

Antes de entrar, pues, al examen de los cambios polí- 
ticos y civiles producidos por la independencia y la 
creación de autonomías y nacionalidades sud-am enca- 
nas, necesitamos traer a la vista del lector el cuadro ge- 
neral del movimiento y marcha de las ideas en el otro 
extremo de esta América, a fin de que se vean venir, di- 
vémoslo así, las nuevas corrientes que como los grandes 
líos que fluyen de fuentes lejanas, y de opuestos rum- 
bos, llegan al fin a incorporar sus caudales formando en 
adelante el estuario que recibe nombre nuevo, desaguan- 
do majestuosamente en el Océano. 

Tal como el río Uruguay se confunde a cierta altura 
con el Paraná, para formar el Plata, así ambas Améri- 



¿7>n Ü- F. SAKKIENXO 

cas moviéndose con movimiento diverso, pobladas por 
nacionalidades distintas, acaban por ser una América. 

Había bastado el descubrimiento de un continente 
para poner en tela de juicio los accesorios de la creencia 
religiosa que a las ideas abstractas y metafísicas sobre 
el destino del alma, hubiese asociado afirmaciones sobre 
geografía, astronomía, etc. Por eso San Agustín hallaba 
herética la admisión de los antípodas, y que algunos 
frailes dominicos jurasen que el planeta Tierra es el 
centro del sistema solar, siendo que se compone de otras 
doscientas tierras más. 

La Reforma religiosa del siglo quince en Alemania 
provenía de un cambio en la manera de discurrir en ge- 
neral que se había venido operando en los espíritus, con 
la admisión de más elementos para formar el raciocinio. 
El fatalismo es una manera de razonar como cuadquiera 
otra, aunque muy elemental. Quod scriptum scriptum. 
Estaba escrito! Así lo había dispuesto Dios db initio. 

Rarey se ocupó mucho de estudiar la manera de razo- 
nar del caballo. Cuando se le castiga por detrás el caba- 
llo avanza, si se castiga por las manos retrocede. El cha- 
lán se coloca en el centro de la arena, con su largo chi- 
cote, que hace dar chasquidos para llamar la atención 
del corcel que gira en torno de la barra, galopa hacia 
adelante, corre si los chasquitos se repiten. De repente 
e) caballo se detiene, y marcha hacia atrás retrocedien- 
do. ¿Qué ha sucedido? que el chalán ha cambiado de di- 
rección a los latigazos que da al aire, pues en lugar de 
•'os de derecha a izquierda, los ha invertido de iz- 
quierda a derecha; y el caballo que corre a diez varal 
no sabe medir la distancia, y cree que el látigo amena- 
za a ama patas traseras si se agita de derecha a izquierda. 
Bl razonamiento del niño de seis meses que tiende las 
manecillas desde la cuna hacia la vela, para agarrar la 
lili quo lo fascina, esté en el mismo grado que la inteli- 
gencia del caballo adulto 



LAS HAZAS BU NOBTO AAIEKICA 279 

Fáltanles así a muchos pueblos ciertas nociones para 
aceptar y conservar una creencia religiosa; sóbranles a 
otros con el andar del tiempo y los progresos impiden con- 
servar intacta la que tenían. El cristianismo está desti- 
nado, sin duda, a dominar la tierra e incorporar en su 
seno a todas las razas ; porque es seguro e infalible el pro- 
greso de la inteligencia en todas ellas, aun las más re- 
tardatarias, acabarán por adquirir las nociones acceso- 
rias, secundarias, anteriores que hacen nacer la idea die 
un Dios creador, moral y necesario. La mayor parte de 
las lenguas de los pueblos salvajes no tienen la palabra 
Dios, porque no tienen la idea; y los jesuítas mismos 
usan del nombre del cielo en chino Tien, para adoptarlo 
como el nombre del Dios abstracto, que figuradamente 
está en el cielo; y chino quiere decir seiscientos millones 
de seres que se han mostrado refractarios al cristianis- 
mo durante diez y ocho siglos. Los pueblos del Asia Me- 
nor, la raza semítica que poblaba las costas del Medite- 
rráneo, la Arabia, la Asiría hasta el Eufrates, acepta- 
ron el cristianismo mientras les parecía variante del mo- 
noteísmo antiguo, pero desde que pasó a misterios y a 
dogmas lo abandonaron, restableciendo con Mahoma la 
idea pura, bárbara, irracional, pero tranquilizadora, del 
fatalismo, que sale como corolario de esa afirmación : No 
hay otro Dios, sano Dios. Los bárbaros del Norte que se 
habían incorporado al imperio romano, adhirieron al 
arrianismo que presentaba más sencilla la creencia re- 
ligiosa, como se separaron los griegos cuando el espíritu 
práctico, administrativo, oficial del imperio romano 
ocupó la sede de San Pedro. 

La iglesia griega, que liabía dado las más grandes 
lumbreras del cristianismo en los Santos Padres, du- 
rante los tres primeros siglos, se separó de la sede roma- 
na, para hacer una iglesia así como era un imperio de 
Oriente. 

Los indios de la América del Sur, como los Canacas 



280 D. V. SARMIENTO 

de las islas de la Polinesia, no comprenden el cristianis- 
mo, dándoles los jesuítas en el Paraguay prácticas su- 
persticiosas, carne y música, mientras que los protestantes 
buscan artículos de exportación para el comercio, y los 
habitúan a la familia y al vestir europeo. 

La Reforma religiosa del siglo XV tiene por funda- 
mento, a más de la manera de razonar del sajón, más 
llana que la más completa y ornamentada del latino, un 
progreso general de la razón humana con el Renacimien- 
to, que se componía de las cruzadas, los autores griegos 
descubiertos, la imprenta, el telescopio, la gravitación 
como ley, y la redondez de la tierra verificada Lo que 
no estaba consumado estaba germinando en las cabe- 
zas, como el descubrimiento de América que provocaron 
el viaje de Marco Polo y los Reyes portugueses con dar 
vuelta al África. 

Estaba, pues, desquiciado el antiguo programa me- 
diterráneo y asiático de las ideas antiguas. 

La religión debía experimentar una revisión de afir- 
maciones; pues la razón que leía era otra que la que 
había escrito. 

El primer paso, después de protestar contra abusos 
que clamaban al cielo, como la venta de la entrada a la 
gloria de Dios, con los pasaportes llamados Indulgen- 
cia, fué volver a leer la Biblia que contenía los docu- 
mentos originales, y siete años consagraron cuatro pro- 
fundos hebraístas a confrontar, depurar, castigar y lim- 
piar los textos arameno, copto o griego, de las excrecen- 
cias que los siglos hubiesen depuesto, o la usura del tiem- 
po destruido. 

I*a primera ediei.'n impresa, de la Biblia, hecha como 
resultado de aquella verificación de eu texto, cambió 
jara rfernpiv la faz d<l mundo; pues sería intérprete el 
que hubiese a las manos un ejemplar. 

ITe aquí el origen del movimiento más asombroso, más 
fecundo, más irresistible dado n la inteligencia humana 



LAS BAZAS EN NORTE AMÉRICA 281 

acabando por las ciencias experimentales, las matemá- 
ticas y la química cuando de hechos naturales se trata; 
en las constituciones políticas que aseguran la libertad 
humana, en cuanto al gobierno de las sociedades; en la 
aplicación de las fuerzas, el calor y sus grados, el mag- 
netismo y la electricidad al movimiento; y la doctrina 
del progreso a la marcha general, con la lucha por la 
existencia como estímulo. 

Pero el hecho material de leer la Biblia trajo otras dos 
revoluciones que han influido más que sus textos mismos, 
en acelerar el movimiento y difundirlo. A fin de que 
todo buen cristiano leyese la Biblia, se procuró enseñar 
ft leer a todo hombre y mujer, de donde debía nacer la 
igualdad ante la razón, o la democracia científica de 
nuestros tiempos. La otra se obró en los ánimos de los 
primeros lectores de las Santas Escrituras. 

A fuerza de ver pasar en rápida sucesión los siglos, 
en sus páginas, las razas, los imperios, los patriarcas, y 
descubrir los orígenes, acabaron por sentirse inspirados 
del mismo espíritu profetice, oriental, semítico que dic- 
tó aquellas sublimes páginas, en que después de la ca- 
tástrofe del Diluvio vése la zarza ardiendo que habla con 
Moisés. 

La nube que se asienta sobre el Sinaí y despide rayos 
3- truenos, la Cruz elevada sobre el Gólgota, la Reden- 
ción del hombre por el espíritu. 

Apenas ha bastado el laipso de cuatro siglos para cal- 
mar la tempestad que sublevaron las discusiones teoló- 
gicas de los sabios de entonces, sobre las graves cuestio- 
res que perturbaban la conciencia humana, a saber: la 
acción de la gracia, la predestinación, la comunión, la 
presencia real, el libre albedrío, la tradición, el papado, 
el sacerdocio, etc., etc. 

En Inglaterra, sobre todo, estas cuestiones tomaron 
formas sociales y cambiaron la faz de la nación, prepa- 
rada a ello por una especie de desintegración social que 



383 D- F - SABMIENTO 

se venía operando durante un siglo, hasta que rotos los 
valladares con que la represión la contenía, la "voluntad 
del pueblo se abrió camino y tomó forma definitiva, y 
golpe tras golpe hizo caer toda la vieja estructura, dis- 
persando sus restos para fundar un nuevo orden de co- 
sas. " Este es el origen de la revolución inglesa contra 
los Estuardos, que si bien fué detenida en su marcha 
por una restauración de la monarquía y nobleza, los 
grandes principios proclamados buscaron con sus adep- 
tos terreno virgen y desembarazado de obstáculos para 
que ensayaran y practicaran francamente, y el conti- 
nente recientemente descubierto al Occidente fué desig- 
nado para tan "santo experimento", como lo llamó Gui- 
llermo Penn, la mística Sión, o la nueva tierra de Promi- 
sión como la ansiaron los peregrinos, imitando el lengua- 
je de los hebreos. 

En la asombrosa revisión de las creencias religiosas 
a que se lanzó el espíritu humano como resultado y com- 
plemento del Renacimiento, todos los libres pensadores 
sinceros debieron apelar a la revisión y examen de los 
textos sagrados en que las doctrinas prevalentes debían 
apoyarse, pues ellos contenían la palabra de Dios, supe- 
rior a toda palabra y sentencia humana. De ahí resul- 
tó el prolijo estudio con el auxilio de las lenguas orien- 
tales y clásicas de cada libro del nuevo y del antiguo 
testamento; y s>in entrar a especificar ni los nombres 
siquiera de las diversas sectas en que se dividieron los 
contendientes, nos limitaremos a dos que van a ejercer 
la más profunda influencia sobre los destinos humanos, 
pues que de su acción y aún de sus errores dogmáticos, 
de que no nos ocupamos por sernos indiferentes, proce- 
<!■ n las instituciones republicanas y libres que tienden 
a establecerse como forma de gobierno universal de las 
sociedades civilizadas y cristianas. 

natural que entre cristianos, en un debate sobre 
dogmas, jerarquía, y doctrinas cristianas, los teólogos 



LAS BAZAS K.N XOBTE AMICBICA 283 

acudiesen a los Evangelios para retemplar su espíritu, 
y buscasen allí guía y autoridad para apoyar su disen- 
timiento de las prácticas y doctrinas oficiales que com- 
batían. Pero una vez exaltado el sentimiento religioso 
eu aquellos espíritus ya calcinados por la controversia, 
para muchos el nuevo testamento no bastó ya, ni de- 
tuvo el vuelo de la imaginación que habían puesto en ac- 
tividad las vigilias del erudito, las luchas de la arena 
política, la predicación del fanático, y remontando la 
corriente de los siglos subieron algunos hasta la fuente 
del cristianismo, hasta Moisés, el grande legislador de 
todos los sigilos. Estos fueron los puritanos, creyentes, 
como la palabra lo dice, que hoy llamaríamos ultras, 
rojos, intransigentes ; por cuanto estableciendo y sos- 
teniendo principios abstractos, intentan arreglar sus 
actos on la práctica austera a la severidad de aquellos, 
sin desviarse por el respeto humano, ni a la izquierda, 
ni a la derecha. 

Habían provocado la tormenta intelectual de la re- 
forma las demasías de los Papas como Hildebrando y 
Borgia, elevando el uno el poder sacerdotal sobre el ci- 
\il, prescindiendo de la moral el otro para dar a la reli- 
gión formas plásticas como las que muestra San Pedro 
en liorna, el Partenón de Pericles de la Roma gentílica 
e imperial. Los puritanos se declararon iconoclastas, 
aquella heregía que anata las bellas artes, que es esen- 
cialmente cristiana, pero que tiene por patriarca al que 
huyó de la servidumbre de Egipto, antes de doblar la 
rodilla ante los ídolos y animales sagrados del Egipto, 
ya que el pueblo que rescató había sido agobiado por los 
trabajos para construir templos y palacios. " No harás 
" para tí, había dicho Dios a su pueblo, imagen de es- 
'• cultura ni figura alguna de las cosas que hay arriba 
" en el cielo, ni abajo en la tierra. No te inclinarás a 
" ellas ni las adorarás (1). Yo soy el Señor tu Dios, el 



(1) Tablaa de la ley pro muí gradas en el monte Sinaí. Éxodo. 



284 D. F. SABMIEJNIO 

'* Fuerte, el Celoso, que castiga la maldad de los pa- 
" dres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, 
" de aquellos que me aborrecen; y que usa de miseri- 
" cordia hasta millares de generaciones con los que me 
" aman y guardan mis mandamientos. No tomarás en 
" vano el nombre del Señor tu Dios, porque no dejará 
<¿ el Señor sin castigo ai que tomase en vano el nombre 
" del Señor Dios tuyo. " 

Coloquémonos bajo el punto de vista político para 
contemplar aquella raza de proscriptos conducida por su 
jefe al lugar determinado para la grande escena de la 
iniciación que debe hacer de ellos un verdadero pueblo 
dándole una destinación religiosa; toda aquella multitud 
arrodillada al pie de las formidables cimas del Sinaí, y 
creyendo ver entre los relámpagos y truenos de la tem- 
pestad, que sin cesar ruge, la cara terrible de Jehovah; 
el profeta, elevándose sólo sobre aquellas cimas entre 
el cielo y la tierra, y permaneciendo allí cuarenta días 
en conversación con Dios, conversación verdadera, aun- 
que no en la forma que la muchedumbre se imaginaba; 
aquellas tablas de la ley grabadas en medio de los ra- 
yos y, según la creencia recibida, bajo -etl dictado del 
Todopoderoso, toda esta historia, verosímilmente exacta 
en el fondo, no obstante las exageraciones necesarias de 
la leyenda, están representadas a lo vivo, bajo la forma 
concisa de un admirable drama, el extraño alumbra- 
miento de donde salieron las sociedades primitivas (1). 

El antagonismo de hebreos y egipcios que no pueden 
al fin habitar juntos proviene sin duda de que éstos se 
han inventado un panteón de figuras de animales divi- 
nizados. Esto es lo que excita la cólera de Moisés; pue3 
antee los egipcios, acaso todavía en tiempo de José, eran 
monoteístas como los hebreos, y lo prueba la inscripción 
reciontoim-nt'' descubierta y leída por M. MflflpeTQ, el 



U) Plcrre Loroux, "ICnciclopedie Nouvello". 



LAS RAZAS EN NORTE AMERICA 285 

bibliotecario del museo de momias, papiros y piedras 
inscriptas. 

La traducción de M. Maspero es la siguiente ■ ' ' Esta 
augusta deidad, jefe de todos los dioses, amen ra — Se- 
ñor de Karnack, grande espíritu que ha sido desde el 
principio, Dios subsistiendo por la verdad. El primero 
en existir, y el Padre de todo lo que vive, de manera 
que todo Dios está en él. El único ser: Creador de to- 
das las cosas; cuyo principio fué el principio del mun- 
do, cuyos nacimientos son misteriosos, y sus formas mu- 
chas y varias, etc., etc. '' (1). 

Ni David en sus celebrados Salmos dos mil años más 
tarde, ni el evangelista alejandrino San Juan, tres mil 
años después de escrito este epitafio, han añadido gran 
cosa a la idea egipciaca de Dios. 

Lal moral egipciaca está conforme también con nueve 
de los preceptos del Decálogo. 

" Yo honré a mi Príncipe. Fui conduciendo el metal 
s ' (bronce) a la ciudad de Coptos, con el noble, señor 
" Gobernador, Monarca Osertosen, el Justo. Fui con 800 
4 ' hombres a mis órdenes, todos de Speos Artemidos. Yo 
: conduje mis tropas en paz ciertamente. Yo hice tcdo 
" lo que me fué mandado. Yo fui una excelente perso- 
' na, muy querida, un Régulo muy amado en el diR- 
" ' trito. Yo pasé el fin de mi vida como Régulo de Speos 
" Artemidos. Todas las obras del lugar fueron hechas 
*' por mí. Fui hecho Superintendente de los acarrea- 
"' dores de agua de los estanques de Speos Artemidos, 
" con tres mil cabezas de ganado y terneros, y yo pro- 
" veí de leche al palacio. 

" Yo llevé todo el producto al palacio. Nada fué dis- 
*' traído por mí de sus altares. Yo edifiqué el Speos 
** Artemidos, con numerosos trabajadores. No injurié 
** a párvulo alguno. No oprimí a ninguna viuda. No de- 



(1) Publicación acompasada del texto en caracteres hicrá- 
ticos. 



286 D- V. SABMIEM'O 

tuve para la obra a ningún pescador. No separé a 
ningún pastor de su rebaño. No le arrebaté a ningún 
mayordomo sus obreros. No hubo mendigos en mi 
tiempo. Nadie tuvo hambre en mi tiempo. Cuando 
venían años de carestía, yo araba todas las tierras 
diel Speos Artemidos, hasta sus límites al Sur y al 
Norte, alimentado a sus habitantes y haciéndoles de 
comer; ninguno padeció hambre. Yo dije que la viu- 
da amase a la mujer con marido. No preferí al mayor 
sobre el menor en todo lo que hice. El Nilo hizo una 
grande inundación produciendo toda clase de cosas. 
Yo no distraje aguas de las canales ". 
Ni las tablas de la ley, ni el evangelio han avanzado 
mucho sobre moral y sobre caridad. 



LOS PURITANOS 

Entonces ocurrió en Inglaterra un fenómeno igual 
al que presentó la revolución francesa en uno de sus más 
nobles períodos de efervescencia, y que explican las re- 
surrecciones y reacciones a que está sujeta la mente hu- 
mana, por la energía de las ideas, que provocan las imá- 
genes y evitan la imitación. Careciendo de modelos la Re- 
pública francesa, sus apóstoles trataron de imbuirse en 
«?] espíritu de las Repúblicas antiguas de Grecia y de 
Roma, adoptando de sus prohombres el lenguaje, los 
nombres propios, los sosi>echados usos, y aun los trajes. 
Tuvimos Arístides, Fociones, Marco Tulios y Catón. & 
Ikjs juegos olímpicos y los coros de la tragedia griega 
suministraban modelos para las fiestas y solemnidades 
li República, el Partenón arquitectura para su pan- 
teón de los granara hombres, por los antiguos héroes Te- 
seo, Jasó 1 1 y Il.'reulra. Ttos muebles eNUD sillas enrules, 
y aun la esposa del Director Tallien llevaba la 1 única 
ga sin peplum, ;i fin de mostrar desnudo el seno con 
la afretada simplicidad antigua. 



LAS U.VZAS EN NOKTE AMEBICA gfft 

Faltároules, empero, las virtudes de romanos y grie- 
gos, que sobraron a los puritanos, obedeciendo a otra 
resurrección histórica a efecto de las controversias reli- 
giosas, y de vivir por años en contacto diario con Moisés 
y los libros del Pentateuco, con su espíritu de exterminio 
y guerra contra el moabita, el filisteo, y el amorreo en 
que se transforman, al fin, los anglicanos, los prelatis- 
tas, los monarquistas y todos los hijos y adoradores de 
Baal, sin excluir la bestia apocalíptica que reside en 
Babilonia, profetizada en Roma. 

Por este iluminismo o fascinación mental, Moisés re- 
apareció en Inglaterra con sus orientales teorías icono- 
clastas, con su fanatismo intransigente, y el mundo mo- 
derno se transformó a los ojos de los iluminados en una 
parte del Asia y del África. 

Los puritanos, dice lord Macaulay, bautizaban a 
sus hijos con nombres de guerreros y héroes hebreos. La 
fiesta del Domingo la convirtieron en el Sabbath. Bus- 
caron los principios de su jurisprudencia en la ley mo- 
saica, y los precedientes para guiar su conducta ordina- 
ria en los libros de los Jueces y de los Reyes. El saber 
y la elocuencia que había distinguido a los más famosos 
predicadores de la Reforma les inspiraba sospechas, lle- 
gando algunos a dudar de la utilidad de aprender grie- 
go por cuanto los nombres de Baco, Apolo, Marte ocu- 
rrían en él. 

Las bellas artes fueron del todo proscriptas, declaran- 
do idólatras la mitad de las pinturas de Inglaterra e in- 
decente la otra mitad. El puritano radical se distinguía 
de los otros hombres por la dura solemnidad de su fiso- 
nomía, sus vestidos oscuros, sus cabellos largos hasta los 
hombres, el levantar los ojos al cielo, y el acento nasal 
con que hablaba, y sobre todo por su especial dialecto. 
Empleaba en toda ocasión las imágenes y el estilo de la 
Escritura. 

Con esta disposición de ánimo, con la solemnidad de 



D. F. SARMIENTO 



su talante tétrico y sañudo, el pueblo inglés llevó a los 
bancos del parlamento varios puritanos, distinguidos por 
la severidad de sus costumbres, la rigidez de sus princi- 
pios y su elocuencia enérgica y figurada como la de un 
profeta, con la ciencia que ya se conociera en aquellos 
tiempos, y por cierto no muy remotos, pues Newton y 
Bacon son contemporáneos, como Milton era uno de 
ellos. 

El nuevo testamento es punto menos que indiferente 
a las formas de gobierno, aconsejando dar al César lo 
que es del César, y éralo entonces Tiberio. El antiguo 
testamento no es favorable a la monarquía, que algunas 
veces tolera. Los Faraones son hasta hoy el emblema 
del despotismo. Los hebreos son gobernados por Jueces, 
y para castigo de Samuel al pueblo el Rey que en mala 
hora le piden. Muchas indicaciones hay en la Biblia en 
favor de la República y bastaba esto a los puritanos pa- 
ra tenérselas firmes a los Stuardos, que intentaban cer- 
cenar las libertades del pueblo inglés y acrecentar la 
prerrogativa real más allá de lo que pretendieron) con- 
servarla varios monarcas que de tieraipo en tiempo otor- 
garon cartas asegurando y garantiendo las libertades 
políticas, civiles y municipales de los ingleses. 

" Los puritanos imprimieron a sai época un carácter 
especial. Eran no sólo hombres que pensaban, sino que 
sentían con toda la intensidad del pensamiento. Los ac- 
tos de opresión de la Cámara estrellada no eran para ta- 
les hombres secretos agravios, sino calamidades públi- 
cas intolerables, de cuyo contacto debían huir, porque 
sus conciencias como sus cuerpos podían ser infestados. 
Loe de la May Flower antes de desembarcar en Améri- 
ca, se libaron con un pacto en que estipularon solemne- 
mente entre sí formar un cuerpo político civil para su 
mejor protección y arreglo, y constituir árdOPO t, leyes, 
ordena rizas, constituciones y empleos que de tiempo en 
ti' tupo juzgasen necesarios para ol bien general de la co- 



LAS BAZAS EN MOSTO AMKRICA 2M 1 .» 

íonia; y este extraordinario documento, lia 6Ído mirado 
siempre, como el principio fundamental de las liberta- 
des modernas " (1). 

La persecución de una Iglesia a otras dio su fruto, 
que siempre hace entrar más hondamente en el corazón 
el dardo que el espíritu había aguzado. Los más ardien- 
tes partidarios de las nuevas ideas se habían refugiado, 
huyendo de las crueldades de la reina María, en Suiza y 
Alemania, y oído ahí la predicación de los grandes doc- 
tores de Strasburgo, ZurioJí y Ginebra, y sido recibidos 
en palmas de mano por sus hermanos en la fe. 

Volvieron durante el reinado de Isabel de Inglaterra, 
desechando toda tradición e interpretación recibida, y 
el espíritu de examen pasó, luego de desconocer la au- 
toridad de la Bestia y del Antecristo del hombre del 
pecado, al exaanen de los quilates del oro de la corona, 
y hallaron que la estatua de oro tenía pies de arena; y 
el sarcasmo amargo, acerado del puritano, contra el 
Obispo, pudo desde entonces penetrar y agarrarse como 
un dardo en las carnes vivas de la monarquía; y sus 
doctrinas se difundían en todas las clases, adoptólas la 
gentry de las campiñas, que era entonces ed nervio de 
la vieja y taimada Albión, y con los comerciantes de la 
city se avenía grandemente. A las próximas elecciones 
una minoría, en seguida una mayoría de puritanos se 
sentó en la Cámara de los Comunes. Trájose al debate 
una cuestión de monopolios, y la Cámara de los Comu- 
nes so puso de pie, delante de la poderosa y temida reina 
Elisabet, y a su lenguaje altivo y amenazador respon- 
dió el eco de toda la nación. Cuando Jacobo II subió al 
trono ya el espíritu republicano había tomado creces; y 
como la pasión política era una forma de la pasión re- 
ligiosa; y como el Evangelio que manda dar al César 
lo que es del César y es poco dado a la política, los pu- 
ritanos buscaron en el antiguo testamento, textos, ar- 

(1) Bucklp. 



290 O. F. SABMIENTO 

mas y aun ejemplos terribles para justificar todo acto 
en contra de los servidores de Belial; y las Escrituras 
fueron su dogma, su credo, su apóstol, interpretadas es 
verdad con su propio espíritu. 

Les puritanos forman en el parlamento lo que hoy se 
llamaría la extrema izquierda, el grupo de los intransi- 
gentes. Lo que eran en verdad, eran los rojos, los mon- 
tañeses, pues éstos se inspiraron en el espíritu de aquéllos. 

Una guerra exterior estalló, y era necesario que el 
rey levantase un fuerte ejército. Los prelatistas de hoy, 
los clericales, estaban por la más lata prerrogativa real, 
el arbitrario, mientras que los puritanos, en mayoría en 
la Cámara de los Comunes, estaban resueltos a conservar 
incólumes las facultades del parlamento, siendo priva- 
tivo de los Comunes conceder o no subsidios a la corona. 

" No pudiendo legalmente el rey imponer contribu- 
ciones sin el asentimiento del parlamento, seguíase de 
aquí que era inevitable obrar en el sentido del parla- 
mento mismo o lanzarse a tal violación de las leyes fun- 
damentales, cual no se había visto de siglos atrás. Pare- 
cía, pues, llegada la hora de ver si el parlamento inglés 
participaba de la suerte de las Cortes del continente, o 
tomaba su suprema ascendencia en el Estado ". Una 
triste reputación de mala fe ha manchado la memoria de 
aquel rey Carlos I, de quien dice Mackaulay que en este 
caso fué impelido por una fatal propensión a preferir 
los caminos oscuros y torcidos. Carlos I, como es sabido, 
disolvió parlamento tras parlamento, hasta que viendo 
que la resistencia era invencible y más fuerte que nun- 
ca, cambió de táctica; y en lugar de oponer una seria 
resistencia a las demandas de los Comunes, entró, des- 
pués de muchos altercados y otras tantas evasivas, en 
un rninpmniso, qne si lo hubiera cumplido, habría abo 
irado al país muchas calamidades. 

VA pariaiMOtO le concedió cuantiosos fondos; y el rey 
ratificó de la man «ira más solemne la petición de dere- 



LAS BAZAS EN NOBTE AMEBICA 291 

chos, que es la segunda gran carta tle las libertades in- 
glesas. 

La suerte de aquel rey y la revolución que se siguió, 
no entran en nuestro propósito, aunque los puritanos 
fuesen los sostenedores de Cromwell, y algunos tachados 
de regicidas; pero los puritanos, no nos arredremos do 
decirlo, con la fanática intolerancia bebida en las pági- 
nas de los antiguos libros, con las imágenes de aquella 
poesía que hace de los Profetas los inspirados fiscales do 
pueblos y de soberanos, llevaron al patíbulo a un rey, 
que hacía como para provocar aquellas pasiones ardien- 
tes, uso de una duplicidad de carácter indigna de un 
caballero, y de una licencia de costumbres que había de 
desaparecer de los fastos humanos y de las cortes todas 
cristianas, así que la lección puritana fuese recibiendo 
en Francia y en España las aplicaciones dolorosas, pero 
necesai"as y merecidas, y que experimentaron los que 
no conocían freno en la tierra, ni siquiera el desprecio de 
la opinión pública. 

Luego de la restauración de los Stuardos, los purita- 
nos, lo que debemos llamar para nuestro objeto los repu- 
blicanos de Inglaterra, pasaron a ser el objeto del odw 
público, y luego de la persecución de los reaccionario! 
teniendo que emigrar a Holanda con sus familias lot, 
más conspicuos, los más santos, como ellos se reputaban, 
los más inflexibles en sus doctrinas, como lo mostraban 
sus escritos, sus sermones y sus arengas en el parlamento. 

Una tierra de promisión era necesaria para completar 
el drama, y la Tierra Sí ata empezaba ya a señalarse, 
siempre al Occidente. 

LOS QUAKEBOS 

Antes de hablar de los padres peregiinos, necesita- 
mos sacar de su gloriosa y bondadosa oscuridad a otros 
fanáticos que han echado con su arrogante humildad los 



292 D - *'• SAKMIEXTO 

cimientos de la igualdad y de la benevolencia práctica 
entre los hombres, que el cristianismo enseña. Si los pu- 
ritanos debían hacer de los Faraones víctimas espiato- 
rias, los quákeros estaban preparados mansamente para 
el martirio, sin provocarlo. Eran, bajo la inspiración de 
Fox, una sociedad de hermanos, que se debían protección 
y ayuda efectiva; que trataban de tú a sus hermanos 
ios reyes, y no se quitaban el sombrero ante ellos, aun 
que inclinasen dulcemente la cabeza para no ver tanta 
majestad. No matarían a un semejante suyo, y las leyes 
de todos los países han tenido que doblegarse ante el 
quákero que no jura, pero que cumple siempre lo que 
promete y no ha mentido jamás; y no disparará un fu- 
sil en la guerra, ¡no porque se dispare en presencia del 
enemigo, sino porque no reconociendo enemigos entre 
sus semejantes no va jamás a la guerra. 

Como se ve, estos innovadores no salieron, como los 
puritanos, del terreno del Evangelio, y se propusieran 
por modelo la blandura y mansedumbre de Jesús, en lo 
que dice: "amaos los unos a los otros" en mi nombre. 
Pero con esta pacífica predisposición de ánimo iban más 
adelante todavía que los puritanos, negando títulos y 
funciones a todo clero intermediario entre la criatura y 
el Creador, y nivelando 3a sociedad en una hermandad 
universal. No había para guiarse el hombre de apelar B 
otra autoridad que la suya propia, preparándose para 
recibir la. palabra de Dios que escucharía dentro de sí, 
y que se llamó ¡a luz interna. Para prepararse debía re- 
nunciar a los placeres do esta vida, que tendiesen a ale- 
jarlo de la otra. Debía alimentarse con 'los manjares más 
simples y vestir el traje más sencillo. El aseo personal 3 
la castidad debían guardar, porque se decían, "si el 
hombre exterior está inmundo, /.cómo no lo estará el 
hombre interno?" Do Ior templos decían: "Esos lioan- 
bní edifi.-an casas a «pie llaman casas de Dios, mientras 

que ellos ton deroiwdos por el orgullo mundano al eontem- 



LAS RAZAS EN NOBTE AUEBICA 293 

piar su belleza y el dinero y trabajo empleados en cons- 
truirlas, apartando con esto sus corazones del cielo por 
tenerlos apegados a la tierra. " Los quákeros se reúnen 
a orar en las casas particulares, y si alguno se siente 
inspirado, si oye la voz interna, se levanta, mujer u hom- 
bre, y habla, y generalmente lo hace con belleza y buena 
doctrina, porque sólo sabe de Dios que es bueno, carita- 
tivo e inteligente con nuestras faltas. 

Eemontémonos dos siglos siguiendo la historia aguas 
arriba, y Guillermo Penn, noble, joven, hermoso, hijo 
de un almirante y amigo de un rey, se presenta a nues- 
tra imaginación como los peregrinos y el pueblo hebreo 
continuando el movimiento haeia Occidente tres mil años 
después: Penn, como un Josué pacífico, enmendando 
con la doctrina del amor predicada por Jesús, las terri- 
bles cóleras atribuidas por Moisés a Jehova. Los salva- 
jes de América eran los hermanos, y desde entonces los 
quákeros tienen el honroso privilegio de ser los mensa- 
jeros de paz que los presidentes envían a los indios. 

Penn no era fundador de secta, era adepto sincero. 
Seducíale el erguimiento moral del individuo sin suble- 
varse, y no obstante la humildad cristiana de que su 
maestro Fox hacía alarde en la simplicidad de su vida, 
vélasele entrar a los templos a implorar a los pastores, 
fuesen presbiterianos o episcopalistas, diciéndoles : " la 
palabra de Dios es el sumo bien: pero si un hombre 
cobra un estipendio por predicar la palabra de Dios, 
la rebaja, y su corazón se inclina más hacia el propio 
beneficio que a la exaltación de la religión ". 

Guillermo Penn, el cortesano del rey Jacobo I, se pro- 
puso dar asilo y morada a esta nueva secta, pobre y so- 
berbia do su verdadera humildad. Es célebre el dicho de 
Jacobo II al presentársele el joven Penn con su sombre- 
ro puesto. Como el rey al verlo se quitase el suyo, Penn 
le preguntó : por qué le quitas el sombrero ? — Porque en 



294 O- ¿'- SABMIENTO 

mi presencia sólo uno puede estar cubierto, contestóle 
el rey, sin ofenderse. 

Ese uno no fué nunca un quákero. 

Cuando las colonias holandesas de América fueron 
conquistadas por la corona de la Inglaterra, el rey ha- 
bía hecho merced a su hermano el Duque de York de 
aquel pedazo de tierra que se extiende desde el Atlánti- 
co, tierra adentro, hasta la Mar Pacífica, según el acta, 
(aunque nadie supiese a qué distancia estaría aquel mar 
de la ciudad holandesa, a que dio su nombre). En aquel 
girón de tierra están hoy los más poderosos estados de 
la Unión; New- York, Ohio, hasta California. 

El Duque de York, sabiendo que había paño en que 
cortar, hizo gracia de un sobrante, que ahora es el Es- 
tado de New Jersey, a sus humildes siervos Lord Ber- 
keley y Carteret. 

Había ya en Elizabethown, capital del Estado, nada 
menos que cuatro casas; pero toda la parte del Occiden- 
te entre el río Delaware y la Bahía, estaba intacta, ex- 
cepto algunos plantadores suecos y finlandeses aquí y 
allí esparcidos. Disputas sobrevenidas entre los propie- 
tarios de Jersey, necesitaron un juez arbitro, y Penn 
aparece como tal, arreglando pacíficamente el asunto, 
y volviendo con este motivo sus miradas al nuevo mun- 
do y fué llamado por algunos correligionarios que va- 
gaban en América por todas partes mal vistos y peor re- 
cibidos, ya fuesen prelatistas, puritanos, episcopalistas 
o católicos los ya establecidos colonos. 

Tomamos de un diario norte-americano, que nos lle- 
ga, la descripción de la siguiente escena que ha presen- 
ciado Fil.-'Mfia. 



LAS KAZAS EN NORTE AMEBICA 295 

DOS SIGLOS DESPUÉS 

DÍA DEL DESEMBARCO DE GUILLERMO PENN 

Segundo centenario 

(Filadelfla, Octubre 23 de 1882). 

" La ciudad de Filadelfia, en los Estados Unidos, ha 
estado este día entregada al más intenso entusiasmo. La 
antigua solidez y estiramiento quákeros han cedido su 
lugar a toda la pompa y aparato de una gloriosa mani- 
festación popular. Ancianos y jóvenes, ricos y pobres 
se han identificado con el espíritu de la cosa, dejando 
satisfechos a los que inspiraban la fiesta; y la represen- 
tación del desembarco de Guillermo Penn, imitado dos 
siglos después, para conmemorarlo, fué dignamente des 
empeñada. 

" La ciudad de Filadelfia fundada a orillas del De- 
laware por el quákero Guillermo Penn, para refugio de 
los quákeros que de Europa desterraban y en América 
querían ahorcarlos, cuenta hoy más de un millón de ha- 
bitantes, tan sabios y más ricos que los neo-ingleses de 
Massachusets, centro, como Filadelfia lo es de la indus- 
tria, de las ciencias, y de las bellas artes. Un actor, co- 
mo en los entierros de los partidos romanos, del tiempo 
de la República, debía representar a Penn desembarcan- 
do en el muelle en el lugar mismo que la tradición se- 
ñala que fué el de desembarco del Patriarca de los quá- 
keros. 

" Cuando el representante de Penn bajó a tierra, 
después de haber sido saludado por una división de la 
escuadra nacional y los fuertes de la ciudad, los buques 
todos de la rada tocaron a rebatos con sus campanas, los 
vapores del río y las máquinas de tierra hicieron reso- 
nar sus pitos, los cañones hacían fuego graneado, y la 



2iM> D. F. SABilIENTO 

muchedumbre (un millón) acompañaba con sus hurras 
a los recién llegados en la Weleome imitada. En ei lu- 
gar del desembarco estaban reunidas como cincuenta u 
ochenta personas, vestidas de manera de representar a 
los suecos, holandeses, indios y otros que allí se reunie- 
ron para celebrar la llegada de Guillermo Penn, ahora 
dos siglos. 

"La procesión que recorrió las calles para dar la bien- 
venida al recién llegado se componía: 

"De un cuerpo de tropas de los Estados Unidos con la 
bandera nacional, marineros, oficiales de marina de los 
Estados Unidos. Cuadros representando los equipajes 
del arsenal en 1776. — Uniformes, tambores, banderas, 
tiendas en 1552 — Un wagón que hizo durante la guerra 
18.000 millas en servicio del Estado — Huérfanos del 
Asilo Militar de Pensylvamia — Cadetes sirviendo de es- 
colta a los indios de la Escuela Normal de Indios — Ban- 
da de música india, etc., etc., y en seguida, en ocho di- 
visiones, todas las corporaciones civiles, militares, polí- 
ticas, científicas, industriales, universitarias y de co- 
mercio, manufactoras en industrias que florecen pasmo- 
samente en la ciudad en que desde el principio de la 
fundación el martillo del obrero suplió con ventaja la 
campana de loa repiques". 

El padre de Guillermo Penn, que había servido largos 
años en la marina real y ganado batallas a la corona, 
recibió del rey a cuenta de honorarios atrasados territo- 
rio de que al obtenerlo decía su hijo en una carta a sus 
asociados: "ya sabréis que después de mucho aguardar, 
velar, solicitar, de muchos altercados en el Conejo, esir 
lía d(í hoy mi tierra me ha sido concedida, bajo el gran 
sollo de Inglaterra con el nombre de Pensylvania, con 
honores y privilegio*», bajo el nombre de Pensylvania; 
nombiv (fM 6Í r>'.Y lia qm-rido darle en honor a mi ]>a 
dre. . . I i clara y justa esta, y Dios que me la ha 

«lado al través (k muchas dificultades, la bendecirá, así 



LAS BAZAS EX .\U1UK AMKK1CA 207 

lo espero, y hará de ella la semilla de una nación. " 
Debió ser, dice un escritor, un espectáculo nuevo en 
Whitehall, ver en medio de una corte alegre, brillante 
y fútil sólo dos hombres con el sombrero puesto. El uno 
era un rey, el otro un quákero, que pedía no se diese su 
nombre a una provincia llamada a ser una República. 

Con la carta real dada, y por esto entramos en tan 
interesantes detalles sobre el sistema de colonización 
del Norte de la América, que tan pasmosos resultados 
ha dado en menos de tres siglos, otorgada en 1662, ase- 
guraba a Penn la propiedad del territorio recibido en 
pago de una deuda, enumera facultades que le daban 
casi los derechos de un príncipe independiente, se le fa- 
culta a dictar leyes, levantar impuestos y contribucio- 
nes, sujeto sólo a la conformación de la Asamblea de los 
Representantes del pueblo. Fué autorizado a nombrar 
magistrados y jueces, y poseía toda la autoridad de un 
Capitán General para reunir, revistar y disciplinar to- 
da clase de hombres y hacer guerra por mar y tierra a 
piratas, ladronas y naciones harteras; a más de otros 
privilegios de un carácter extremadamente ejecutivo. 

En carta anunciando a los que ya levantaban sus cho- 
zas en el nuevo territorio les decía: "anuncióos la bue- 
na nueva; seréis gobernados enteramente por leyes de 
vuestra propia hechura y viviréis libres, y si lo queréis 
seréis un pueblo sobrio e industrioso. " 

Poco se ha cambiado hasta ahora en la Constitución 
de Pensylvania de la que se dieron en rasgos generales 
los primitivos pobladores, ni la Constitución Federal 
ha añadido ningún principio esencial a los que ya ence- 
rraba aquel ,primer borrador. 

El segundo trabajo de Hércules, porque los tuvo mu- 
chos hasta su muerte y emprendió muy rudos este mata- 
dor del león del despotismo y de la Hidra de las discor- 
dias entre los hombres entre sí, fué llamar de todas par- 
tes a los hombres de buena voluntad; ofreciendo las ven- 



298 O. F. SARMIENTO 

tajas de poseer urna morada en país libre de toda tiranía 
civil o religiosa; pero sin disimularles las contrariedades 
y fatigas que cuesta abrir el primer surco en la tierra 
virgen del Desierto. " Conozco, decía el prospecto, mu- 
chas personas dispuestas a imaginarse las cosas más allá 
de lo que van, y como la imaginación es un adulador de 
la mente de los hombres, temeroso de que algunos se 
alucinen esperando obtener provechos inmediatamente 
desde que con la ayuda de Dios hayan llegado a Pen- 
sylvania, debo hacerles .comprender ** que deben con- 
tar con un invierno en sus negocios, antes que les lle- 
gue el verano, y que pasarán tres antes de encontrar 
las conveniencias que dejaren en sus negocios, antes 
que llegue el verano, y que pasarán tres antes de en- 
contrar las conveniencias que dejaren en su antigua 
casa ". Y sin embargo, lleno de la visión él mismo de 
la grandeza de sus nobles designios les añadía: " En 
cuanto a la tierra, tenía en vista mi Señor el adquirir- 
la, y espero que no sea yo indigno de su amor, sino que 
haga lo que esté de acuerdo con su benévola Providen- 
cia — y servir a su verdad y a su pueblo — y que en ella 
un ejemplo sea dado a las naciones. 
Hay terreno allí, si aquí falta. 
Para hacer un santo experimento como aquel. 
Son hoy los Estados Unidos, mañana serán la Amé- 
rica, más tarde los pueblos, como Pensylvania desde 
1669 serán gobernados todo? por las leyes de su propia 
hechura. 

LOS CABALLEROS 

La Virginia, y parte de las Carolinas, fueron al prin- 
cipio colonizadas por vastagos o deudos de la nobleza in- 
glesa, recibiendo después una población más decidida- 
mente aristocrática, si cabe, por el grnn número de hi- 
dalgos y caballeros que alluyeron sobre toda Virginia 
durante la guerra civil de Inglaterra. 



LAS BAZAS EN NORTE AMERICA -2M 

Por muchos años el gobierno de la Virginia se pare- 
ció mucho al de la madre patria en cuanto a negligen- 
cia, corrupción y rapacidad de las autoridades; y en 
cuanto a las ideas que prevalecían en el espíritu de los 
hombres de aquella clase y de aquellos tiempos, recuér- 
dase un concepto de uno de los magistrados, que merece 
un lugar en la historia de los progresos hechos en la ca- 
rrera de la civilización. 

" Doy gracias a Dios, decía uno de los Gobernadores 
de la Virginia, de que no exista aquí escuela gratuita, 
ni imprenta alguna, ni espero que la haya ni en un si- 
glo; pues la instrucción ha producido la desobediencia, 
la heregía y las distintas sectas que conmueven al mun- 
do, mientras que la imprenta la ha divulgado arrojando 
libelos contra el mejor de los gobiernos. " 

Hay una ordenanza de Felipe II, desaprobando y 
prohibiendo que se aumenten las escuelas para el común 
de los niños, a fin de no distraer sus ánimos ni sacarlos 
de la condición en que han nacido. 

Las violencias a que se entregaban las autoridades co- 
rrespondía al atraso que tales ideas revelan, llegando 
hasta ejercer actos de crueldad; pero estas mismas vio- 
lencias hicieron que los hidalgos se fuesen poniendo del 
lado de las ideas liberales, hasta que Jacobo II mandó 
disolver la Asamblea por rebelde, nombrando otra más 
sumisa. Sin embargo, el espíritu público, que en Ingla- 
terra ponía tan fuertes barreras al arbitrario del últi- 
mo de los Stuardos, se había comunicado en Virginia no 
solamente al pueblo, sino también a la Asamblea mis- 
ma, que tuvo que disolver por segunda vez el Gober- 
nador. 

La Virginia, no obstante su origen hidalgo, sigue las 
trasformaciones que el espíritu de libertad triunfante 
en Inglaterra debía producir en colonias que tenían por 
blanco el goce de las instituciones libres, y de la liber- 
tad religiosa, que les negaba la madre patria a la época 



300 !>• F. SARMIENTO 

de la emigración de los individuos que venían aestable- 
cerse en América. 

Virginia y varios Estados del Sud, en condiciones 
iguales, se consagraron ai cultivo del tabaco, y con el del 
algodón más tarde admitieron el concurso del trabajo 
servil. 

Andando el tiempo y prosperando el cultivo de aque- 
llos productos tropicales, con la ignorancia y pobreza 
en que quedaban ciertas familias blancas formóse una 
plebe llamada trash, de las gentes de estirpe europea no 
poseedoras de tierras o de capital, caída por estas cau- 
sas en la más completa ignorancia. 

Si substituímos al trabajo esclavo la cría del ganado 
a campo abierto, sobre ilimitado terreno, como medio de 
vivir, o la situación de la clase superior de los habitan- 
tes de Estados con esclavos del Sud allá, como la Virgi- 
nia, se parecería mucho a las clases superiores de la 
América española, sobre todo de esta parte de América, 
por la distancia que las separaba de las otras clases so- 
ciales en que entraban indios, mestizo® y negros. 

La distinción de razas estaba en las leyes, pues los ca- 
balleros, y lo son los blancos de origen que llevan o ad- 
quieren el don en llegando a América, están exentos del 
castigo de azotes, aplicados a las gentes de color, y sub- 
sisten así hasta nuestros tiempos. Esta misma distinción 
la había en favor de los ciudadanos romanos, para dis- 
tinguirlos de los provincianos y de los esclavos a los 
cuales se podía aplicar el tormento. 

La Virginia aventajaba por esta causa a las demás 
colonias fundadas por entusiastas, reunidos por una co- 
munidad de creencias y formando una sola clase. 

Los habitantes de la Virginia, no ol>stante la homo 
geneidad de instituciones libres que les eran comunes al 
ña e<xn todas las colonias, n <list intuían por la cultura 
d« los modales y cierta elevación aristocrática de que 
sus damas ouUWtHUI trazas y que había «lijado la época 



301 EAS BAZAS EX NORTE AMERICA 

en que llegó a ser Richmond como una corte, así como 
lo fué Lima en el Perú, centro entonces de la nobleza, 
lo que hizo que gran número de jóvenes virginianos se 
consagrasen en todos tiempos a la carrera de las armas. 

En el monumento de bronce elevado a Washington en 
la plaza de Richmond, capital de la Virginia, están sobre 
la plataforma las estatuas de Jefferson, Jay, Madison, 
Marsella!, como las grandes figuras históricas de la Vir- 
ginia a más de Washington, cuya estatua descuella so- 
bre todas. Tres de aquellos fueron Presidentes o miem- 
bros de la Corte Suprema. La Virginia al prepararse la-; 
trece colonias para entrar en lucha con la Inglaterra, 
proveyó de hombres capaces de ponerse al frente de los 
ejércitos, como Washington, o hacerse oir en las Asam- 
bleas y redactar la declaración de Independencia como 
Jefferson, o comentar y aplicar las leyes y la nueva Con- 
tituciún como Jay y Marscha!, y presidir la ya consti- 
tuida República como Madison, Jefferson y el mismo 
Washington. 

Ocurrió lo mismo en las colonias españolas en el mo- 
mento de intentar emanciparse. La revolución de la In- 
dependencia fué preparada y ejecutada por los hijos de 
los hidalgos españoles; encontrándose, en los Consejos y 
en los ejércitos, los apellidos más antiguos en generales, 
presidentes, jurisconsultos y tribunos; dirigiendo los 
primeros pasos de los pueblos con aquella secreta apti- 
tud para el gobierno trasmitida por la sangre, como el 
valor en las razas nobiliarias, el honor en los fidalgos, 
y que obró prodigios durante siglos ení los patricios de 
Roma, de Venecia y de Inglaterra, asegurando y per- 
petuando el poder de aquellos países. 

Washington es desde joven tan grave personaje que 
se pretende que nadie le vio reir mientras que la distin- 
ción de sus modales le aseguraba el predominio sobre 
todos, aun antes de estar revestido de autoridad, que en- 



¿0-J D. í". SABMIENTO 

tonces no (perdonó nunca a su edecán y ministro llaniil 
ton haberle hecho aguardar. 

A los doce años se tenía trazado un ceremonial, pres- 
cribiéndose las formas que han de guardarse en socie- 
dad, el homenaje debido a sus superiores y la cortesía 
para sus iguales. Consérvase este precioso reglamento 
del gentleman que aprendía la aritmética y la esgrima 
en su casa. 

Por un sistema igual se conservaban en el interior de 
la América española las costumbres de los colonizadores 
hidalgos, en ciudades tan remotas de las costas como no 
las hay en ningún otro continente; pues salvo el África 
y la Asia central, donde, por ser inaccesibles al comer- 
cio, se conservan los orígenes de la vida salvaje en los 
negros y los patriarcas pastores, de donde salió Tamer- 
lan, en la segunda. Las madres de familia trasmitían de 
generación en generación a sus hijas, por lecciones prác- 
ticas y en los buenos usos, el garbo y gracia infinita que 
conservaron hasta nuestros tiempos las damas criollas 
de la alta sociedad y que se echa de menos en las ciuda- 
des norte-americanas del Oeste recientemente pobladas 
y cuyas clases acomodadas, ricas e instruidas carecen 
por lo de reciente data, de la distinción y elegancia es- 
quisita de formas que es de raza en las grandes fami- 
lias sud-americanas. 

La hermana del doctor del Carril, se lamentaba en sus 
últimos años de la guasería, (shoddy en Norte Améri- 
ca), de la generación presente, sin aquella compostura y 
gracia del talante que obstentaban en el minué, y es no- 
table en una lámina que representa a Washington en 
actitud de romper el baile; y no obstante sus sesenta y 
ofaeo nños y su cabeza blanca como el campo de la nie- 
ve, salíase la señora fuera del salón para figurar que 
• n traba de visita, y recogiéndose las faldas lo bastante 
ptT tic jar ver el tobillo, hada la rnt r.i.l.i triunfal de una 
real moza, mostrando el pió cambado y un poco de sos- 



LAS BAZAS EN* NOBTE AMEBICA 303 

layo, y diciendo : "así se entraba a una visita en mi tiem- 
po, y así nos lo enseñaban nuestras madres." 

A estos uso y modales pertenecieron los prohombres 
de la Independencia, siendo generalmente los protecto- 
res, generales, presidentes y tribunos de la mas pura 
raza española, con sus rostros blancos y rosados como 
Pueyrredón, Lavalle, Necochea, Alvear, Blanco Encala- 
da, O 'Higgins, etc. ; y si eran de color tostado eran hi- 
jos de Gobernadores de Misiones como San Martín, o 
descendientes del General Sársfield, irlandés, o algún 
otro. 

La administración de Rivadavia hasta 1826, asistía de 
corbata blanca a las oficinas, y el Presidente recorría 
todas las mañanas los salones con sombrero apuntado. 

En la historia de la Constitución de los Estados Uni- 
dos, como los convencionales que la formaron votasen 
por Estados, recuerda Ticknor Curtís con frecuencia las 
veces que se abandona un artículo propuesto a moción 
hecha y sostenida por varios Estados ante la sacramen- 
tal objeción: la Virginia se opone: la Virginia ha pro- 
puesto lo contrario, y todo debate termina ahí. La cues- 
tión de la esclavitud se transó bajo el dictado de la Vir- 
ginia; y esta verdadera hegemonía de la Virginia, está 
tutela, digámoslo así, ejercida por la Virginia, dura has- 
ta nuestros tiempos, hasta que aquella cuestión de la 
raza negra se hubo hecho de derecho humano, desde que 
la Inglaterra se había declarado el campeón de la raza 
esclava. 

El hecho, por contradicterio que parezca, es que el 
gobierno aristocrático por excelencia acaba al fin con la 
esclavitud del hombre, como fueron los barones y lores 
ingleses los que en la Magna Carta aseguraron las liber- 
tades del pueblo. 

Con la misma verdad la aptitud de las antiguas fami- 
lias para gobernar, se pone en evidencia no sólo en la 
manifestación y organización de los Estados Unidos, que 



301 D. 1\ SAKMIKNTO 

los descendientes de los antiguos hidalgos idirigen, sino 
en la sucesión de los Presidentes que casi todos son de 
Virginia hasta Lincoln, cuyos padres procedían de aquei 
Estado. " Cada nación, cada hombre público que la 
representa, dice Evert Duyckinck, autor de la "Vida y 
Retratos de los Presidentas de los Estados Unidos", tie- 
ne su historia ; que no en balde coloca Dios al frente de 
los unos lo que para su felicidad han de hacer los otros ' ' 
y no aprovecharíamos de las lecciones que encierra su 
precioso e instructivo libro, si no señalásemos los prece- 
dentes de aquellos célebres gobernantes. 

Mr. Irving hace remontar a los primeros días de los 
Plantagenets, a los de "Wessyngtons quienes prestaban 
al obispo militar de Doumon servicio señorial en la gue- 
rra y en la caza. 

La residencia de la familia se hallaba a orillas del 
arroyo de Bridges, cerca de las márgenes del Río Po- 
tomac, donde nació Jorge Washington. 

La familia de los Adams se halla citada en los anales 
de la colonia primitiva de Massachusets, estableciéndo- 
se el progenitor de los Adams en 1640 en Braintree, don- 
de nació el primer Presidente de este nombre. 

Jefferson dice que los Ramdolfos, de los cuales des 
cendía por parte de madre, hacen ascender su árbol ge- 
nealógico a una época tan remota en la historia de In- 
glaterra y de Escocia, que cada cual puede concederle 
la fe y el mérito que mejor le parezca. Era hijo de ha- 
cendados de la Virginia. 

Santiago Madison, cuarto Presidente de los Estados 
Unidos, descendía de una antigua familia de hacenda- 
dos dr Virginia, que halla mencionada en las célebres 
Memorias del capitán -luán Smith, como una de las pri- 
meras que se establecieron en la colonia. 

Santiago Motnroe, nace en el condado de Westmoiv- 
lami, en Virginia, a las orillas del Potomac. Dedícase 
I li guerra, «pie BU par entonces la ocupación favorita 



LAS BAZAS EX NORTE AMKUICA 305 

de todos los virginianos, como Washington y Marschal 
mismo, virginiano también, que fué soldado antes de ser 
jurisconsulto. 

Monroe tiene para nosotros toda su historia en estas 
palabras: "La América para los americanos". 

Quincy Adams, es de la familia de Samuel Adams, de 
que ya hemos hablado antes. El joven Adams fué un sa- 
bio escritor, y desde la más tierna juventud, diplomá- 
tico en varias cortes de Europa, y después Presiden- 
te, y después diez y seis años diputado al Congreso, 
donde fué el que asistió más puntualmente a la asam- 
blea, siempre alerta, frío, resuelto y hasta belicoso, pues 
apenas hubo una sola cuestión de moral que se refiriese 
al honor de la nación, al cultivo de la literatura, en que 
no se deje oir su voz. Fué el principa! promotor de un 
Observatorio en el Instituto Smithsoniano. 

La simple enumeración de sus escritos y discursos so- 
bre puntos legales, gubernativos, biográficos, científicos, 
morales y sociales y nacionales, pronunciados ante los 
senadores y ante los niños, llenarían grandes páginas. 

La familia de los Adams es hasta hoy una familia de 
sabios : fué hasta su muerte Rector de la Universidad de 
Cambridge Josias Quincy Adams, de quien es hija la se- 
ñora del doctor Gould, asociada a sus trabajos en el Ob- 
servatorio astronómico de Córdoba. 

Harrison, familia virginiana establecida a orillas del 
tío James, uno de los héroes de la Independencia, que al 
tiempo de firmar el Acta que la declaraba tomó la plu- 
ma, y encarándose con Jears, su adversario político, que 
era do baja estatura y muy delicado, le habló así : ''Cuan- 
do nos ahorquen a todos te llevaré gran ventaja, porque 
yo quedaré muerto en el acto mientras que tú estarás 
bregando media hora cuando yo me halle ya en el otro 
mundo. ' ' 

Un consejo dado a su sucesor al morir podía repetir- 
se a los nuestros: "deseo que comprenda usted los ver- 



306 P; F« SABMIEXTO 

daderos principios del gobierno, y que los ponga en 
práctica. Nada más pido". 

La familia de Juan Tylor descendía directamente de 
Inglaterra, y fué a establecerse en Virginia durante los 
primeros días de la colonización, 

Zacarías Tylor, nacido en el condado de Oronga, Vir- 
ginia, figura con sencillez, distinción y pureza en su 
alto puesto entre los héroes modernos de la. América. 
Fué el General que dirigió la guerra de Méjico; y el 
senador Benton dijo que en su breve carrera adminis- 
trativa (murió en la Casa Blanca), no se notó la falta 
de sabiduría política, que era de suponerse en un hom- 
bre puramente militar. 

Excepto Tylor, que es uno de los grandes Generales y 
Presidentes norte-americanos, los demás no son virginia- 
nos ni descendientes de los peregrinos, y por lo gene- 
ral son insignificantes. 



LOS PADRES PEREGRINOS 

Perseguidos en su país los puritanos, inflexibles como 
su modelo el pueblo, cuyo lenguaje imitan, cuyas re- 
miniscencias históricas evocan a cada emoción, a cada 
escándalo, como si no mediaran tres mil años entre los 
profetas, el cautiverio de Babilonia y nuestros tiempos^ 
los puritanos desesperando en Europa de convertir a 
aquella Jerusalem a su Dios, emprenden un nuevo Exo- 
dus de la servidumbre de Egipto, hacia otra tierra de 
1» úntanos que ya se ve diseñar entre los celajes del cre- 
púsculo de la tarde, como aquellos paisajes encalillados 
y valles «pie nubes orladas de fuego forman hacia el Occi- 
dente (]<■ las in.ires para que descienda ;i ellos dignamen- 
te cd glorioso sol de una tarde de los trópicos. 

Un número de puritanos se embarcó en la May Flo- 
wer, que con ni. i que la barca de Argos, repleta 

de! lo* héroes que il*an a la de§cubi-ertn de la (YúVhida, 



LAS BAZAS EN NOBTE AMEBICA 307 

debía estar entre las constelaciones del cielo. Estálo, em- 
pero, en la historia de los progresos y los triunfos, el 
cristianismo de un lado, la República del otro. Era 
como el Arca que transporta a la América nuevos levi- 
tas, bajo la inspiración siempre de Moisés, cuyas leyes 
se proclaman en este nuevo desierto, y rigen al pueblo 
de la Nueva Inglaterra algún tiempo hasta que la ex- 
periencia va mostrando que no se pueden descartar 
treinta siglos al desenvolvimiento humano. 

Pero tengo para mí que aquella exaltación religiosa de 
los peregrinos, aquellos recuerdos, imágenes, arcaísmos, 
e ideas elevadas sobre Dios, han producido el estado de 
excitación cerebral que despierta el don profético, o el 
iluminismo, que es el entusiasmo cambiado en estado 
normal, de modo accidental del alma que es, y produci- 
do por trasmisión aquel sistema de instituciones, nuevo 
en el mundo hasta ahora poco, como las definía Abra- 
ham Lincoln, diciendo: ** que eran calculadas para 
" mantener en el mundo aquella forma de gobierno, 
11 cuyo objeto capital es elevar la condición del hombre, 
14 quitar de sus hombros cargas abrumantes y artificia- 
" les, abrir a todos el camino de las aspiraciones no- 
" bles, suministrar a todos un arranque libre y la pro- 
" habilidad de aventajarse en el camino de la vida, ce- 
' ' diendo de cuando en cuando a las dificultades parcia- 
" les y temporales que nos rodean ". 

"He aquí el gobierno por que combatimos", concluía 
'Lincoln, he aquí el Gobierno que vamos a fundar en el 
Desierto de América, dijeron los puritanos. 

Al embarcarse en la May Flower y pasar reseña de los 
peregrinos encuéntranse dos domésticos que traen para 
su servicio algunos, como es práctica usual y necesaria 
de la sociedad que dejan ; pero la comunidad se opone a 
darles pasaje, fundándose en la divina maldición en 
que incurrió el hombre por el pecado. 

11 Mediante el sudor de tu rostro comerás el pan has- 



308 ü- F. SARMIENTO 

" ta que vuelvas a confundirte con la tierra de que 
'* fuiste formado; puesto que polvo eres, y a ser polvo 
" tornarás ", (Génesis); y este recuerdo del origen 
humilde está en contradicción con la idea de amos y de 
servidores, siendo todos iguales ante el mismo Dios; y 
los dos sirvientes fueron vueltos a tierra, para no llevar 
esta contaminación a la nueva Sión del pueblo escogido. 

Cuando se conocieron los efectos anastésicos del éter 
sulfúrico, que tantos sufrimientos debían ahorrar al 
hombre, uno de los practicantes del nuevo invento pon- 
deraba sus ventajas y auxilio en las amputaciones y 
otros dolores acerbos. 

Escuchábalo un anciano de raza inglesa con visible 
sorpresa, hasta que preguntó al cirujano, ¿y lo aplica- 
ría usted a los partos? — Se aplica con el mayor éxito, le 
contestó, entrando en pormenores de los casos ocurridos, 
mientras que su interlocutor meneaba lentamente la ca- 
beza. Preguntóle en seguida, ¿y aplicaría usted el éter 
sulfúrico a su mujer? — i Por qué no? A ella más que a 
nadie. — Pues lo que es yo no lo consentiría con la mía ; 
porque el Señor dijo a la mujer ¡ ' ' Multiplicaré tus tra- 
bajos y miserias en tus preñeces: con dolor parirás tus 
hijos;" y es contrariar abiertamente los designios de la 
Providencia suprimir el dolor que ella creó, para cas- 
tigo. Es esta la versión puritana. ¿Valiera mejor que hu- 
bieran sido menos severos al trasladarse a la nueva pa- 
tria? Habría sido de desearlo sin duela; pero esa rígi- 
da de interpretación del texto mosaico, reputado sa- 
grado, y hecho propio, impidió cuando llegaron a tierra 
que se unieran con las hijas de los cananeos que allí en- 
contraron, también por prohibición expresa de Moisés. 
" Pondré en tus manos a los moradores del país, y los 
.•irrojaré de tu presencia. No trabarás con ellos alianza, 
ni con sus dioses. No li.-ibiton en tu tierra, no sea te ha- 
gan pecar eontn mi y $tan tu ruina (1) ". 



(1 > Oénesl», v. 32, Cap. XX i V. 



I AS RAZAS EN NORTE AMERICA 309 

El sistema de colonización venía pues marcado por la 
ley mosaica; no hacer alianzas con el cana/neo que mora 
en la tierra, no habitar con él sino arrojarlos del terri- 
torio. Los españoles no siguieron la ley de Moisés : coha- 
bitaron con las hijas de Moab; y los jesuítas, en lugar 
de temer que los ismaelitas y amorreos charrúas hicie- 
sen pecar a sus compatriotas cristianos, pretendieron 
que el contacto con los españoles sería ocasión de pecado 
para los salvajes. De una y otra trasgresión vino la 
anunciada ruina de las colonias españolas, de las misio- 
nes jesuíticas y de la España misma, para que la mano 
del Señor se hiciese sentir sobre la tercera y la cuarta 
generación. 

Las ciencias modernas, la sicología, la sociología, la 
anatomía, la etnología se han encargado de probar que 
Moisés tenía razón. 

lí Las ventajas que provienen de trasplantar la raza 
" humana como las plantas son manifiestamente gran- 
" des; pero el trasplante no ha de confundirse con la 
" mezcla de tribus, ya sean de la raza humana, o de 
" las inferiores especies de animales o de plantas. Aun- 
'' que Chanaan abundó en fragmentos de nacionalida- 
14 des, se jacta de que su sangre no se ha mezclado con 
" ninguna de ellas. Preguntado un labrador holandés, 
" por la gran superioridad de sus cosechas de trigo so- 
" bre las de sus vecinos, su respuesta fué que siempre 
44 traía sus semillas de una distancia, las cambiaba con 
'' frecuencia y no las dejaba mezclarse con el trigo de 
44 aquella región. En la cadena de las familias, con más 
" verdad, los pecados de los padres son castigados has- 
' ' ta la tercera y cuarta generación, mientras que oque- 
" líos que cumplen con las leyes del Señor: "no sem- 
44 orarás tu campo de diversas semillas," los premia en 
11 mil generaciones según el artículo 2.° del Decálogo. " 
(New History of the Conquest of México. Wilson). 

A los indios les han dado terrenos que se llaman re- 



310 D- F. SABMEENTO 

servas, cuando no los han arrollado delante de sí a me- 
dida que se va agrandando el campo de la civilización y 
obrando sobre 'el contacto de esa civilización misma, que 
es fatal para los salvajes; la embriaguez que es congé- 
nita de la vida salvaje, como lo muestran los nuestros 
aquí, y lo denuncian los viajeros en toda la extensión de 
la América, y sobre todo, abatiendo los bosques por las 
necesidades de la agricultura, y cambiándose la contex- 
tura del aire por la falta de emanaciones, los indios de- 
caen visiblemente, destinados por la Providencia a des- 
aparecer en la lucha por la existencia, en presencia de 
las razas superiores, como 'la nobleza de Honolulú en 
Sandwich, civilizada y conservada en la posesión de sus 
derechos y jerarquías, de diez y nueve familias sólo dos 
tienen hijos, porque el Kanaka es un animal silvestre 
que perece de inanición cuando se le reduce a las for- 
mas civilizadas. 

El norte-americano es, pues, el anglo-sajón, exento de 
toda mezcla con razas inferiores en energía, conservadas 
sus tradiciones políticas, sin que se degraden con la 
adopción de las ineptitudes de raza para el gobierno, que 
son orgánicas del hombre prehistórico, bravo como un 
oso gris, su compañero de vida en los bosques de los Es- 
tados Unidos, amansado como una llama en la vasta ex- 
tensión del Perú, perezoso, sucio, ladrón como en las 
Pampas y ebrio y cruel en todo el mundo, incluso en las 
antiguas Misiones, sino era hipócrita consumado, no obs- 
tante los idilios y consejas que esparcía por el mundo una 
sociedad de sabios, la cual daba la tónica de los cantos 
que debía entonar la Orden en todas las lenguas para 
glorificación de Dios y su propio engrandecimiento. 

La vieja Inglaterra era la única nación libre cuando 
loa peregrino» «mprandieran su marcha, la marcha eter- 
na del espíritu humano hacia el Occidente; y la Nueva 
lnvlat.-rra M más lil.iv todavía que la tierra que dejó 
con sus reyes, nobleza y tradiciones seculares. Honraba 



LAS RAZAS EIÍ NOBTE AMEBICA 311 

el trabajo la Inglaterra y fué de las primeras en idear 
maqumismos para facilitarlo y aumentar el rinde del 
sudor, siendo la primera entre las naciones fabricantes. 
La Nueva Inglaterra, pues que los Estados Unidos son 
el hijo primogénito de la vieja Albión, concedía este 
año sólo diez mil patentes de nuevos inventos, lo que da- 
ría, atribuyendo sólo mil por año en un siglo trascurri- 
do de constituida nación, que el hombre está allí do- 
tado con cien mil instrumentos auxiliares del traJbajo 
que es la reconocida piedra angular del Estado donde 
no hay nobleza ni mayorazgos, que se escusa de derra- 
mar un poco de sudor, poniendo en lugar de fuerzas 
brutas las fuerzas mecánicas e impulsivas que Dios ha 
creado en la electricidad, el calor, el magnetismo y la 
gravedad. Y puesto que de instituciones vamos a ha- 
blar, los puritanos no podían admitir en la nueva Sión 
al salvaje que no podría firmar, ni comprender, ni prac- 
ticar el pacto que celebraron entre sí los peregrinos de 
la May Flower la noche antes de descender a tierra en 
la Bahía Massachussets en el lugar llamado hoy Plimo- 
uth. 

Caían en tierra delgada y poco fructífera las prime- 
ras semillas sembradas por los peregrinos en Massa- 
chussets donde las encinas y maiples se quedan enanos. 
Todavía se ven los troncos blanquizcos de los árboles 
que cortaron los padres con sus hachas. La May Flo- 
wer volvió a Europa a refrescar los víveres de la colo- 
nia, que no aguardarían la nueva cosecha, y demoran- 
do su vuelta más del tiempo admisible de espera, las fa- 
milias hambrientas se reunieron en la Bahía, a orar y 
esperar, mirando hacia el rumbo por donde había de 
aparecer la Providencia que velaba por sus hijos. Una 
voz gritó al fin, vela! como tierra había anunciado el 
capitán de la Pinta, y la May Flower, entró en el puer- 
to, recibida como la nubécula que Isaías vio en el Mon- 
te Carmelo, poniendo fin al hambre que había diezmado 



312 V. T. SARMIENTO 

al pueblo de Israel después de una larga seca. Cada año en 
los Estados Unidos, se sacrifica un pavo el día de Thanks 
giving, que llaman al que conmemora la vuelta oportu- 
na de la May Flower, como los hebreos el cordero pas- 
cual para celebrar su rescate y salvación de la servi- 
dumbre. 

Mucho han; cambiado en dos siglos las costumbres de 
la nueva Inglaterra; pero todavía se ven restos del pu- 
ritanismo antiguo. 

Todos los que han viajado en la nueva Inglaterra, re- 
cuerdan haber observado en las frescas aldeas una vasta 
granja con su patio de musgo siempre recortado, som- 
breada por el espeso y pesado follaje del maple de azú- 
car. Recuerdan el orden, la tranquilidad y el inaltera- 
ble reposo de todas las cosas. Nada perdido, todo en su 
lugar, ni siquiera un palo mal puesto en el cerco, ni 
una paja sobre el tapiz verde del patio: los matorrales 
de lilas suben bajo las ventanas. En el interior las pie- 
zas son anchas y aseadas; no hay nada que hacer, nada 
que componer, todo está exactamente en su lugar y para 
siempre, todo marcha con la misma regularidad puntual 
que el viejo reloj colocado en uno de los rincones del sa- 
lón. En la pieza en que se reúne la familia, se muestra 
la vieja y respetable biblioteca con sus puertas de vi- 
drios. La historia de Rollin, el Paraíso perdido de Mil- 
ton, el Viaje del peregrino por Bunyam están colocados 
«n hileras en un orden majestuoso, con una multitud 
de otros libros igualmente solemnes y respetables. No 
hay en la casa otro sirviente que la dueña de casa con 
loca blanca, los anteojos en la punta de las narices, 
(¡Be cada tarde se sienta y cose rodeada de sus hijas. El 
trabajo se concluye tan temprano por la mañana, que no 
M PeOUcrda exactamente la hora en que se hito; pero a 
cualquiera hora quo vayas todo está ya hecho. 

Sobre el sudo batido de la cocina, ni una mancha ni 
un linceo: las sillas, los utensilios del menaje paree,- que 



LAS BAZAS EN JiOUTE A1IKBICA ;J13 

nunca hubieran sido removidos, no obstante que se lla- 
gan allí tres o cuatro comidas por día, no obstante que 
allí se lava y se plancha toda la ropa de la familia, bien 
que allí se elabora la manteca y el queso. 

A este cuadro, trazado por la mano de Miss Beecher 
Stowe, autora del "Tío Tom" y hermana del célebre 
orador Henry Beecher, que con otros hermanos forma- 
ban una familia de levitas puritanos, podemos añadir 
nosotros que esa cocinera que pela papas, enseña griego 
y latín a los jóvenes que se preparan para entrar a la 
Universidad. 

LA CONSTITUCIÓN EN 1681 

Nos hemos limitado a los tres tipos religiasos y políti- 
cos que más contribuyeron a formar «1 carácter ameri- 
cano. Todas las sectas religiosas tienen sus representan- 
tes en aquella emigración, hasta los hugonotes de Fran- 
cia. Siguen alK la controversia y la persecución religio- 
sa de unos contra otros colonos, mientras que todos dan 
las batallas do la Inglaterra en favor de la libertad con- 
tra la casa de los Stuardos, cuya caída hasta los caba- 
lleros vir<rinianos celebran porque ya son republicanos. 

En 1681 ya formulaban los habitantes de la Nueva 
Inglaterra sus ideas de gobierno, en una declaración que 
redactaron y publicaron, definiendo sus derechos, repu- 
tando tales: 

" La facultad de elegir a su propio Gobernador, al 
Teniente Gobernador, a los Magistrados y a los Repre- 
sentantes ; 

" La de prescribir las condiciones para la admisión 
del mayor número de hombres libres (ciudadanía) ; 

" La de nombrar empleados de todas clases, superio- 
res e inferiores, con las atribuciones y deberes que ellos 
les señalasen; 

" La de ejercer, mediante los magistrados elegidos 



314 O- F. SABMIENTO 

anualmente, y de sus tenientes o delegados, toda clase 
de autoridad, legislativa, ejecutiva y judicial; 

" La de defenderse ellos mismos a mano armada, 
contra toda clase de agresión; 

" Y la de rechazar toda especie de intervención que 
pudiera ser perjudicial a la colonia ". 

Sólo a esta última prerrogativa renunciaron en la 
Constitución que se dieron un siglo después en 1776, 
cuando se constituyeron las colonias en nación. 

Así se establecían desde el comienzo los grandes prin- 
cipios en que reposa hoy el derecho público de las na- 
ciones. 

La controversia religiosa misma creó nuevos princi- 
pios, tal es el de la tolerancia religiosa, que es conquista 
americana, proclamada por Lord Baltimore, un católico, 
el primero, sostenida en ocho años de lucha por el céle- 
bre Roger Williams, que proclamó la libertad de con- 
ciencia, significando con tal expresión, "el más comple- 
to derecho del hombre a gozar de libertad) de opiniones 
en materia de religión", y reputada entonces monstruo- 
sa heregía por el Consejo de Boston, refugiándose Wi- 
lliams entre los salvajes hasta que, haciéndole los indios 
donación de un territorio considerable en la comarca de 
Narragansett, fundó la ciudad de Providencia, para sig- 
nificar que había de servir de refugio a los que se vie- 
ran proscriptos y desamparados. Muchos de sus secua- 
ces de Salem partieron inmediatamente a reunirse con 
él, y les distribuyó generosamente sus tierras. Este pe- 
queño país es hoy el Estado de Rhode-Island, el más ri- 
co del mundo, tomado habitante por habitante; y que 
(•liando lo visitamos <ii 1K(>(>, con nuestro honorable ami- 
go Hopkins parando en la casa del Gobernador Arnold, 
con ol objeto de pronunciar un discurso en la Sociedad 
Histórica de Rhodc.-Island, a que pertcnc-ee-nios, visita 
moa sus escuelas públicas, dándonos examen las de las 



LAS BAZAS EN NORTE AMERICA 315 

niñas de escuelas públicas de Xenofonte em griego, y de 
versificación latina en Horacio. 

El hecho, sin embargo, que queremos hacer notar pa- 
ra distinguir nuestra colonización autoritaria, militar, 
semibárbara y salvaje, de aquella otra, libre, espontánea 
y bajo Cartas que fijan claros principios de gobierno, es 
el que muestra toda la colonización norte-americana, y de 
que no podría darse al lector sino una ligera idea con de- 
cirle que se hace bajo la excitación cerebral más aguda 
por que haya pasado jamás una porción de la especie hu- 
mana. Es la realización con verdaderas lavas de la idea 
griega de Minerva que sale del cerebro de Júpiter, ar- 
diendo aquellas cabezas del volcán de ideas que remue- 
ven Moisés y los Profetas antiguos, Calvino, Lutero y 
Zwingli con su Reforma y discusiones teológicas; los 
Stuardos con sus tentativas de arrancar al pueblo inglés 
sus libertades; con Rogerio Williams que niega la lega- 
lidad del juramento, combate la ordenanza que compelía 
a asistir al culto público, al mismo tiempo que proclama 
la libertad de conciencia. 

Secundábalo Mistres Ana Hutchinson, predicadora in- 
signe que reúno las mujeres en grandes meetings. Para 
contrarrestarla, se celebraron varias coníenenjeias ; se- 
ñaláronse días de ayuno y humillación ; se convocó un Sí- 
nodo general, y tras violentas discusiones que amenaza- 
ron poner término a la existencia de la Colonia, fueron 
condenadas por erróneas las opiniones de la innovadora, 
a la cual se impuso la pena de destierro. 

Es, pues, el Génesis del Nuevo Mundo una resurrección 
momentánea de la historia humana entera, en el cerebro 
de aquella parte más escogida de la especie, los grandes 
pensadores, los hidalgos y caballeras, los republicanos, 
puritanos y quákeros, dejando en menos de dos siglos 
de elaboración, propuesta, discutida, generalizada y acep- 
tada la Constitución que van a darse en 1776, pues que 
es el resultado de la conciencia ya formada de aquellos 



316 D. F. SARMIENTO 

pueblos y ■colonias, tan desemejantes entre sí al princi- 
pio, tan homogéneas al fin, para conquistar su Indepen- 
dencia y constituirse en gobierno. 



DOCUMENTACIÓN 

A riesgo de exigir demasiado de la indulgencia del 
lector, insertamos a continuación documentos coetáneos 
a la fundación de las colonias inglesáis, precediendo a su 
población, y las cartas reales que espontáneamente otor- 
gan los mismos derechos que los pobladores se atribuyen 
o reclaman. Son unas cuantas fojas que el lector puede 
saltear;» pero que están ahí en su lugar antes de pasar a 
la revolución de las colonias de la América española, y 
los gobiernos que se propusieron establecer. 

La antigüedad de estas piezas, y su confrontación con 
las constituciones modernas, contribuirá no poco con su 
lectura a corregir uno de los más deplorables extravíos 
del juicio adquirido de la desastrosa revolución francesa 
en que cada uno es osado de ofrecer planes de institu- 
ciones humanas, crear derechos a los individuos que no 
tienen antecedentes en la historia de los progresos de la 
sociedad, y sirven sólo como un obstáculo echado en me- 
dio del camino para hacer fracasar las instituciones 
fundadas en derecho. La prolijidad misma de la redac- 
ción de estas piezas es una fuente de instrucción. Mu- 
(Iims de las disposiciones constitucionales de nuestros 
tiempos, como fgoe tienen por antecedentes las declaracio- 
nes anteriores de derechas, o concesiones de Cartas, o 
I» lácticas de antiguo establecidas, son abreviaciones de 
fórmulas ya aceptadas y cuya concesión embaraza o 
confunde a los que no e-;lán en antecedentes. Ivsla proliji- 
dad sirve para dar el sentido recto, lo que sin ella que- 
daría dudoso. 



CAPITULO VII 

DOCUMENTOS — LA SOCIEDAD POLÍTICA NORTEAMERICANA 



ORDENES FUNDAMENTALES DE CONNECTICUTT 

1638 a 1639 

CARTA DE RIIODE DE ISLAND Y PLANTACIONES 
DE PROVIDENCIA 

(1663) 

Por cuanto ha sido la voluntad del Todo-Poderoso, 
mediante la sabia disposición de su Divina Providencia, 
ordenar y disponer las cosas de manera que nosotros los 
habitantes y residentes de Windsor, Harford y Wether- 
field, estemos cohabitando y morando a lo largo del río 
Connecticutt y tierras adyacentes, y conociendo bien 
que donde un pueblo está reunido, la palabra de Dios 
requiere, para mantener la paz y unión de tal pueblo, 
haya establecido un gobierno ordenado y decente, en con- 
formidad con Dios, para ordenar y disponer los negocios 
del pueblo, en todas las estaciones, según que el caso lo 
requiera. 

Nosotros, por tanto, nos asociamos y convenimos para 
hacer como República o Estado público. 

Y para nosotros y nuestros sucesores y aquellos que 
en adelante puedan ramírsenos. entramos en combina- 



318 D. F. SARMIENTO 

ción y confederación, para mantener y preservar la li- 
bertad y la pureza del Evangelio de Nuestro Señor Je- 
sús, la cual profesamos, como también las disciplinas de 
la iglesia, que conforme a la verdad del dicho Evangelio 
son ahora practicadas entre nosotros. 

Como también negocios para ser guiados y gobernados 
conforme a tales leyes, reglas, órdenes y decretos, serán 
hechos, ordenados y decretados como sigue: 

1.° Se ordena, sentencia y decreta, que habrá anual- 
mente dos asambleas o cortes, la una el segundo martes 
de Abril, y la otra el segundo martes de Septiembre si- 
guiente; la primera será llamada Corte de Elección, en 
la que se elegirán anualmente, de tiempo en tiempo, tan- 
tos magistrados y otros oficiales públicos cuantos se con- 
sideren necesarios : De los cuales, uno será elegido Gober- 
nador para el año siguiente, y hasta que otro sea elegido, 
y ningún otro magistrado será elegido por más de un 
año, con tal que siempre haya seis elegidos a más del 
Gobernador; los cuales siendo elegidos y juramentados 
conforme a un juramento registrado para aquel objeto, 
tendrán poder para administrar justicia según las leyes 
aquí establecidas, y a falta de ellas, conforme a la regla 
de la palabra de Dios ; cuya elección será hecha por todos 
los que son admitidos hombres libres y han prestado ju- 
ramento de fidelidad, y cohabitan dentro de esta juris- 
dicción, (habiendo sido admitidos habitantes por el Ma- 
yor del Municipio en que viven o de aquel en que se ha- 
lle entonces presente). 

2.° Queda ordenado, sentenciado y decretado, que la 
elección de los sobredichos magistrados será hecha de 
cata manera: Toda persona presente y calificada para 
elegir, traerá (a la persona encargada para recibirlo) 
una sola papeleta con el nombre escrito de aquel a quien 
demj tener por Goltcrmidor, y el que tenga ej] número 
mayor de papeletas será nombrado por aquel año. Y el 
Nrto de I oh magistrados n oficiales públicos, deberá ser 
ekgido de «sl;i manera: Kl Secretario en ejercicio por 



LAS BAZAS EN NOBTE AMEBICA 31<> 

aquel tiempo, leerá primero los nombres de todos los 
que van a ponerse a elección, y en seguida los nombrará 
a cada uno separadamente, y todo aquel que quiera que 
se nombre la persona que va a elegirse, lo traerá escrito 
sobre una sola papeleta, y el que no quiera que sea elegi- 
do lo traerá en blanco ; y todo aquel que tuviese pape- 
letas escritas más que blancas será magistrado por aquel 
año: los cuales papeles serán recibidos y leídos por al- 
guno o más por los que hayan sido entonces por la Cor- 
te, y juramentados al fiel diesempeño, pero en el caso que 
no hayan sido seis a más del Gobernador, de aquellos 
que fueron nombrados, entonces aquellos que hayan te- 
nido más papeletas escritas serán los magistrados por el 
siguiente año, que deben completar el antedicho número. 

3.° Que el Secretario no nombrará persona alguna ni 
se elegirá nuevamente persona alguna en la magistra- 
tura que no haya sido propuesta en alguna Corte Gene- 
ral antes para ser nombrado en la siguiente elección; y 
para aquel fin será lícito a cada uno de los municipios 
sobredichos, por medio de sus diputados, nombrar dos 
que consideren aptos para; ser puestos a elección ; y la 
Corte puede añadir tantos cuantos juzgue necesarios. 

4.° Que ninguna persona será elegida Gobernador sino 
cada dos años, y el Gobernador será siempre un miembro 
de alguna Congregación aprobada, antes de la magistra- 
tura, dentro de esta jurisdicción; y todos los magistra- 
dos, hombres libres de esta República : y que ningún ma- 
gistrado u otro oficial público ejecute una parte de su 
oficio antes de haber prestado juramento cada uno de 
ellos, lo cual se hará ante la Corte, si se estuviere pre- 
sente, y en caso contrario por apoderado para aquel ob- 
jeto. 

5.° Que los varios municipios enviarán sus diputados 
a la sobredicha Corte de Elección, y cuando las eleccio- 
nes hayan concluido, procederán en cualquier servicio 
público como en las otras Cortes. También la otra Corte 



320 D. F. SARMIENTO 

General en Septiembre será para hacer leyes y cuotas pú- 
blicas y en ocasiones lo que concierna al bien de la Re- 
pública. 

6.° Que el Gobernador por sí, o por su territorio, en- 
viará órdenes a los condestables de cada municipio, para 
que convoquen estas dos Cortes permanentes, una vez al 
menos antes de sus épocas determinadas: Y también si 
el Gobernador y la mayor parte de los magistrados vie- 
sen que había causa en especial ocasión para convocar 
una Corte General, pueden dar orden al Secretario para 
hacerlo así dentro de los quince días del aviso ; y si una 
urgente necesidad así lo requiriese, aviso más rápido, 
•dando suficiente motivo para ello a los diputados cuan- 
do se reúnan, o sea interogado por ellos por lo mismo; y 
si el Gobernador y la mayor 'parte de los magistrados 
descuidan o rehusan convocar las dos Cortes Generales 
permanentes, o uno u otro de ellos, como también en las 
otras ocasiones, cuando las 5 necesidades de la. República 
lo requieran, los hombres libres de ella o la mayor parte 
-de ellos pedirán que así lo hayan; si en seguida fuese 
negado o descuidado hacerlo, los dichos hombres o la 
mayor paite de ellos, tendrán poder para dar orden a 
los condestables de los varios municipios que lo hagan, y 
así puede reunirse y elegirse un Moderador, y pueden 
proceder a ejercer todo acto de poder que toda otra Cor- 
te General pueda. 

7.° Que después que se hayan dado decretos por algu- 
nas de las dichas Cortes Generales, el Condestable de 
cada municipio dar;! de «'lio noticia distintamente a los 
habitantes de] mismo, en alguna asamblea pública, oyen 
do o en • a osea para, que en un Lugar y 

tiempo (pie él limite y señale se reúnan para oh^gir los 
determinados diputados que se eneucnlrcn en la siguien- 

• < ••■• (¡eiieral, para agitar Loa negocioa de la Repti 

l>liea; cuyos dichos diputados serán elegidos por todos 
loa que sean admitido! habitante! en ios varios munici< 



LAS BAZAS EN NOBTE AMEBICA 32 L 

pios, y han prestado juramento de fidelidad; con tal que 
no vaya elegido diputado para una Corte General el 
que no sea hombre libre de esta República. 

Los sobredichos diputados serán elegidos de la manera 
siguiente: Toda persona que esté presente y calificada 
como antes se ha expresado, presentará tantos nombres, 
escritos en diversas boletas, cuantos desee que sean ele- 
gidos para aquel empleo y estos tres o cuatro, más o me- 
nos, siendo el número convenido para ser elegido por 
aquel tiempo, los que tengan el mayor número de pape- 
letas escritas por ellos serán diputados para aquella Cor- 
te ; cuyos nombres serán puestos al respaldo del Decreto 
y vueltos a la Corte, con las firmas de los Condestables ai 
pie. 

8.° Que Windsor, Hartford y Westherfield tendrán 
poder, cada municipio, para enviar cuatro de sus hom- 
bres libres como diputados a cada Corte General ; y siem- 
pre que otros municipios se agreguen en adelante a esta 
jurisdicción, enviarán tantos diputados como la Corte 
juzgue corresponder en una racional proporción al nú- 
mero de hombres libres que haya en los municipios a 
quienes haya de proveerse; cuyos diputados tendrán el 
poder de todo el municipio para dar sus votos y decretar 
gastos, para todas las dichas leyes y órdenes que se repu- 
ten de interés público y que deban obligar a dichos mu- 
nicipios. 

9.° Que los diputados de este modo elegidos, tienen fa- 
cultad para señalar el tiempo y lugar de reunirse antes 
de una Corte General, para consultarse y aconsejarse so- 
bre todas las cosas concernientes al bien público, como 
también a examinar sus propias elecciones, para ver si 
están conformes a la orden, y si ellos o la mayor parte de 
ellos hallasen que una elección es ilegal, pueden separar 
el electo por el presente de su reunión, y dar cuenta de 
ello con sus razones a la Corte; y si resultase ser cierto, 
la Corte puede multar a la parte o partes intrusas, y ai 
municipio si halla para ello causa, y expedirá un decreto 



322 D. F. SABMIENTO 

para proceder a nuevas elecciones en la forma legal, ya 
en parte ya en el todo. También los dichos diputados ten- 
drán poder para multar a los que se conduzcan desorde- 
nadamente en sus reuniones, o bien por no asistir en de- 
bido tiempo al lugar que fuere designado ; y ellos pueden 
devolver las dichas multas a la Corte, si se rehusasen a 
pagarlas, debiendo el Tesorero tomar nota de ellas y exi- 
gir y cobrar las mismas como lo hacen las otras. 

10.° Que toda Corte General, excepto aquellas que por 
negligencia del Gobernador o de los magistrados, los hom- 
bres libres convocaren, consistirá del Gobernador, algunos 
nombrados para moderar la Corte, y otros cuatro magis- 
trados por lo menos, con la mayor parte de los diputados 
de los varios municipios, legalmente elegidos ; y en el caso 
de que los hombres libres o la mayor parte de ellos, por 
causa del descuido o negativa del Gobernador y la mayor 
parte de los hombres libres que están presentes, o de sus 
diputados, con un Moderador elegido por ellos, en cuya 
sobredicha Corte-General estará el supremo poder de la 
República, y ellos solamente tendrán poder para hacer 
leyes y revocarlas, imponer contribuciones, admitir hom- 
bres libres, disponer de las tierras baldías, en favor de 
varios municipios o personas, y tendrá poder también de 
convocar Corte o magistrado o cualquiera otra persona en 
cuestión por algún delito, y puede por justas causas sus- 
penderla o proceder de cualquier otro modo, conforme a 
la naturaleza de la ofensa, y también pueden proceder de 
cualquier otra materia que concierna al bien de esta Re- 
pública, excepto elección de 'magistrados, la cual será he- 
cha ipor todo el cuerpo de los hombres libres. 

En cuya Corte el Gobernador o Moderador tendrá po- 
der para ordenar a la- Corte dar libertad de la palabra e 
imponer silencio por discursos desordenados y fuera del 
«uso, poner todas las cosas a votación, y en el caso que el 
voto sea igual tener un voto decisivo. Pero ninguna de 
Uto* Corles 5 si-rá prorrogada o dixuolta sin el consenti- 
miento de la mayor parte de sus miembros. 



LAS BAZAS EN XOBTE AMEBICA 323 

11.° Que cuando una Corte General en las ocasiones en 
que la República haya convenido la suma o sumas de di- 
neros que deban imponerse a los varios municipios dentro 
de esta jurisdicción, que se nombre una comisión para esta- 
blecer o designar cuál será la proporción que cada muni- 
cipio debe ipagar de dicho impuesto, con tal que la comi- 
sión sea compuesta de un número igual de cada muni- 
cipio. 

El 14 de Enero de 1638, las once órdenes sobredichas 
son votadas. 

(Constltutions, Colonial Charts, and other Organic Laws of 
the United States — Government Printing Office — 1877.) 

CARTA DE RIIODE ISLAND Y PLANTACIONES DE PROVIDENCIA 

1663 

Carlos Segundo, por la gracia de Dios, etc., etc 



venimos por la; presente a publicar, otorgar, ordenar y 
declarar, que nuestra real voluntad es que persona algu- 
na dentro de la dicha colonia sea en adelante molestada, 
inquietada, castigada o demandada, por ninguna diver- 
gencia en materia de opiniones religiosas, que no pertur- 
be la paz civil de dicha colonia nuestra ; y que toda per- 
sona, en todo tiempo, gozará libre y enteramente de sus 
propias opiniones y juicios en materia religiosa, siempre 
que se mantenga en paz y tranquilidad, y que no usare 
de esta libertad para la licencia y la profanación, ni en 
perjuicio civil ni disturbio de otras; quedando derogadas 
teda ley, estatuto o cláusula, uso o costumbre que sean 
contrarias a lo que en la presente se ordena 

Y formarán ahora y por siempre en adelante una per- 
sona en corporación y cuerpo político, en hecho y en 
nombre, bajo el nombre de: El Gobernador y compañía 
de la Colonia Inglesa de Rhode Island y Plantaciones de 
Providencia en la Nueva Inglaterra en América; y que 



324 D- í". SAEMIKNTO 

bajo el mismo nombre ellos y sus sucesores puedan tener 
herencia perpetua, y serán dentro de la ley personas 
aptas para demandar y ser demandadas, para abogar, 
defender y sers defendidas en todas las materias ci- 
viles, etc 

Y ademas, ordenamos que para el mejor orden y arre- 
glo de los asuntos de dicha compañía y sus sucesores, ha- 
brá un Gobernador, un Teniente Gobernador y diez Ase- 
sores, que deben ser electos y escogidos de tiempo en 
tiempo entre los hombres libres de dicha Compañía y por 
el tiempo presente, en la manera y forma que más ade- 
lante se expresan; los dichos funcionarios se aplicarán 
al cuidado de la mejor disposición y orden de los asuntos 
y negocios generales de la misma, concernientes a tierras 
y heredamientos arriba mencionados que deben garantir, 
así como del gobierno del pueblo en la misma. 

Ordenamos que el Gobernador de dicha Compañía, o 
en su ausencia, por enfermedad u otro motivo, el Tenien- 
te Gobernador por licencia y permiso de aquel, de tiempo 
en tiempo y para todas ocasiones, dará órdenes para la 
reunión de dicha Compañía para consultar y proveer so- 
bre los negocios de dicha Compañía. 

Y que en adelante, dos veces al año, es decir, en cada 
primer miércoles del mes de Mayo, y en el último miér- 
coles de Octubre, o mayor número de veces, si el caso 
llegare a ser necesario, los Asesores juntos con aquellos 
hombres libres de la Compañía, que no excedan de seis 
personas por Newport, cuatro por cada una de las ciuda- 
des de Providencia, Portsmouth y Warwick, y dos perso- 
nas por cada uno de los otros lugares, villorrios o ciudades, 
los cuales serán elegidos y diputados de tiempo en tiem- 
po, por la mayor parte de los hombres libres de los res- 
pectivos lugares, villorrios o ciudades, y los así elegidos y 
diputados tendrán una reunión general o Asamblea para 
consultar, proveer y determinar sobre los negocios de 
dicha Compañía y Plantaciones Ordenamos y Otor- 
gamos. . . . í|uc dicha Asamblea general o la mayor parte 



LAS BAZAS EN NOBTE AMEBICA 325 

de sus miembros, estando presentes el Gobernador o Te- 
niente Gobenador, y por lo menos seis de los Asesores, 
tendrán completo poder y autoridad para nombrar, de 
tiempo en tiempo, alterar o cambiar los días y épocas de 
reunión de dicha Asamblea General, como ellos juzgaren 
convenir y de escoger y nombrar y designar aquellas y 
cuantas personas juzgaren a bien y que quieran aceptar- 
lo, para ser hombres libres de la dicha Compañía y cuer- 
po políticos; y de elegir y determinar tales funciones, y 
de constituir tales comisiones necesarias cuantas juzgaren 
convenientes y necesarias, para el orden y administración 
de los negocios de dicha Compañía ; y de tiempo en tiem- 
po, de confeccionar, ordenar, establecer, o abrogar tales 
leyes, estatutos, órdenes y ordenanzas, formas y ceremo- 
nias del gobierno o magistratura, como a ellos pareciere 
convenir para el buen funcionamiento y prosperidad de 
dicha Compañía, y para garantir las tierras y heredades 
arriba mencionadas, y el gobierno del pueblo que habita 
o en adelante viniere a habitar en los mencionados terri- 
torios ; que tales leyes, brdenanzas y constituciones de esa 
manera confeccionadas, no sean contrarias y repugnan- 
tes, sino en cuanto sea posible concordantes con las leyes 
de nuestro reino de Inglaterra, considerando la natura- 
leza y constitución del lugar y del pueblo en el mismo; 
y también nombrar, ordenar, erigir tales lugares y Corte 
de todas las acciones, casas, materiales y cosas, ocurren- 
tes dentro de dicha colonia y plantación y que se hallen 
en litigios y disputas; y también distinguir y establecer 
los distintos nombres y títulos, deberes, poderes y límites 
de cada Corte, función o funcionario superior o inferior ; 
y también determinar y combinar tales formas de jura- 
mentos y testimonios, concordantes, como está dicho arri- 
ba, con las de nuestro reino, como juzguen conveniente 
y necesario para la debida administración de la justicia 
y la debida ejecución y cumplimiento de todas las fun- 
ciones por las personas a quienes concierna; y también 
ordenar y arreglar las vías y medios de elección para 



32fi D. F. SARMIENTO 

todas las funciones de confianza, y prescribir, limitar y 
distinguir dos límites de cada lugar, villorrio o ciudad den- 
tro de los límites y números mencionados, y los que no 
estén particularmente designados en el presente, que tie- 
nen y tengan en adelante poder de elegir y diputar hom- 
bres libres a la Asamblea General ; y también de ordenar 
y autorizar la imposición de razonables y legales multas 
y prisiones, y ejecutar otros castigos pecuniarios o corpo- 
rales sobre ofensores o delincuentes, de acuerdo con las 
demás corporaciones de nuestro reino de Inglaterra; y 
asimismo de alterar, revocar o perdonar, bajo su sello 
común, o de otro modo, tales multas, prisiones,' senten- 
cias, juicios y condenas, como juzgaren convenir 

queriendo, ordenando y requiriendo, que todas aquellas 
leyes, estatutos, órdenes y 'ordenanzas, instrucciones, im- 
posiciones, que sean así hechas por el Gobernador, Te- 
niente Gobernador, Asesores y hombres libres, como está 
estatuido, y publicadas bajo su sello común, sean debida 
y cuidadosamente observadas, conservadas y puestas en 
ejecución, de acuerdo con la verdadera intención y sen- 
tido de las mismas 

sirviendo las presentes Cartas de patentes de debido 

descargo para los que ejecutaren las mismas 



(Charts and Constitutions of the United States . — T. 2. — 
ed. de 1877.) 



CUARTA PARTE 



La independencia sudamericana 



CAPITULO VIH 
1810 — Insurrección sud-americana 



El levantamiento de las colonias inglesas producido por litigio de 
derecho constitucional — Se hicieron independientes cuando 
se sintieron maduros para serlo — Lo que eran las colonias 
de Norte- América, treinta años antes de la revolución fran- 
cesa — Franklin — El procedimiento yankee del espíritu 
de invención — La difusión del saber — Las nociones de 
gobierno — El parlamentarismo — Situación de la Europa 

— Asamblea de utopistas — El 22 de Mayo de 1810 en Mé- 
jico y en Buenos Aires — El movimiento producido por 
ideas generales — La independencia estaba en la atmósfera 

— Influencia de la emancipación de la América del Norte — 
Sus grandes hombres — Su gloria — Las ideas de reforma 

del siglo XVIII — El estado de los espíritus en Buenos 
Aires — La invasión inglesa — La Reconquista — Su 
influencia sobre la independencia — Las formas de go- 
bierno no eran muy claras para los emancipados — Peli- 
gros de la Revolución — Aislamiento de los cabildantes — 
El crimen para salvarse — La Junta localizada — Se pierde 
todo rastro de instituciones regulares — El doctor Moreno 

— El contrato social — Se sacrifica la práctica de los prin- 
cipios a la necesidad de triunfar. 

LOS TRES VIRREINATOS DEL SUR — Méjico y Centro Amé- 
rica — Las riquezas de América — Las Juntas revoluciona- 
rias gobernando en nombre de Don Fernando VII — Com- 
posición de la población de Lima — La nobleza — Costum- 
bres — La tapada — Caballeros en plaza — Los toros — La 
galantería — Las procesiones — Es heregía ser portugués. 

LA INQUISICIÓN EN LIMA. — La procesión del "auto de fe" — 
Espectáculo religioso — No hubo simpatías por la Indepen- 
dencia — La procesión de San José — Clhorrillos patriarcal 

— Chorrillos hoy — Lima, ciudad sin industria, patria de 
santos — La revolución en las ideas — El padre Vigil. 

COLOMBIA. — Nueva Granada el centro de la Revolución en el 
otro extremo de la América del Sur — Cien Constituciones 

— El 22 de Mayo de 1810 — Historia de las Constituciones 

— Tendencias federales — Progreso de las ideas constitu- 
tivas — Cultura avanzada — Cornetas y campanas — 
Carta de M. Ancizar — Gólgotas y estomagogos — Colombia 
mucho más adelantada que nosotros — Opinión del doctor 
Cañé — Panamá el centro del mundo — Porvenir de Co- 
lombia. 

El levantamiento de las trece colonias inglesas, que 
emancipándose tomaron en el comité de las naciones el 
nombre de los Estados Unidos de América, es un aconte- 



330 D- F- SARMIENTO 

cimiento, cuan grandes hayan sido sus consecuencias, que 
el mundo vio venir preparándose por las causas aparentes 
que producen todos los litigios. El Parlamento inglés de- 
liberadamente o no, quiso imponer contribuciones a los 
habitantes de las colonias, con un sello en el papel oficial, 
y sobre el té después. La manera de obtener fondos de 
las colonias era hasta entonces dar al rey sumas pedi- 
das para los gastos de guerra ; las Asambleas procedían 
a obtenerlas de los habitantes. 

La innovación del parlamento parecía indiferente a 
muchos; el rey, la Corte, y la mayoría del parlamento 
tenían por indiscutible la constitucionalidad del acto. 
Burke el grande 'orador de la Cámara, comparado solo a 
Cicerón, el acusador del Warren Hasting en el juicio de 
impeachment por sus extorsiones en la India Oriental, 
opinaba sin embargo como Franklin, como Adams, como 
Jefferson, como Hancock de Virginia y la pléyade de ca- 
balleros virginiarios de que formaba parte el joven 
Washington electo por varias colonias reunidas para 
mandar en jefe las milicias en defensa de la frontera' 
amenazada por la liga de las seis naciones. 

Era, pues, un punto de derecho constitucional que se 
discutía en las Asambleas, y que dividía las opiniones de 
los leales y de los entendidos, pues del lado de América 
no hubo arriére pensée, en el conflicto suscitado. Soste- 
nían los ingleses americanos que el derecho inherente a 
la raza, inalienable, como la sangre del inglés, es no pagar 
impuestos que no hayan sido sancionados por la Asamblea 
que los representa en virtud de nombramiento y elección 
del diputado, como habían sido electas y nombrados por 
cada burgo elector de Inglaterra los miembros de la Cá- 
mara ; y que dios los ingleses nacidos de este lado en Amé- 
rica no habían delegado ni enviado R. R. para decretar 
un impuesto. Este era en efecto el principio inglés; lo es 
<!<' todos los países, y forma parle de Jas instituciones, o 
de la conciencia pública. El] parlamento se obstinó, el rey 
y, la Corte se indignaron, los políticos sostenedores del 



LA INDEPENDENCIA SUDAMEBICANA 331 

Gobierno, los tories hicieron suya la demanda, y estando 
la Asamblea de las trece colonias resuelta a resistir, y 
habiendo decretado un Congreso reunido al efecto, estalló 
la guerra, siguió con regularidad y vicisitudes varias, 
hasta que vencidos los ingleses y aún capitulados sus ejér- 
citos, fuerza fué firmar la paz y reconocer la indepen- 
dencia de los Estados Unidos. 

Esto sucedía en 1783, habiendo desde que las colonias 
se hubieron declarado independientes, sido reconocidos 
como una nación por la Francia y la España, las dos 
naciones' reputadas más poderosas de la cristiandad, 
auxiliándolos en la guerra, no obstante tener ambas te- 
chos de paja. 

Habríase retardado la época de la emancipación de 
las colonias inglesas con solo no imponerles pechos el 
Parlamento; pues es un hecho demostrado que los colo- 
nos más influyentes no querían al principio separarse de 
la madre patria por la que conservaban un culto filial 
tiernísimo, y que Franklin sólo aceptó el hecho consu- 
mado, no habiendo podido evitarlo. 

De nación alguna en la tierra entonces ni en Europa 
ni en América habríase pensado, sin embargo, con más 
acierto, al decir que se hi¿o independiente cuando se sin- 
tió madura para serlo. Estábalo en efecto, y este es otro 
hecho todavía más sorprendente que su voluntaria obe- 
diencia a la corona, aún que resistían pagar pechos im- 
puestos por el parlamento, ofreciendo al rey amplios sub- 
sidios votados e impuestos por sus propias asambleas. 

Tantos progresos han hecho hacer a las diversas nacio- 
nes modernas las instituciones libres, tantas constitucio- 
nes se han dictado, que al fin hemos concluido por creer 
que el saber político, como dicen del esprit francés, anda 
a rodos. Pero es necesario transportarse a fines del siglo 
XVIII, a las colonias inglesas de América para ver lo 
que se hace, e inferir lo que pensaban las trece colonias 
sobre instituciones políticas, treinta años antes que se 
reunieran los primeros Estados generales de Francia en 



332 P- F. SABMIENTO 

1789, época que nos hemos acostumbrado según el calen- 
dario francés a mirar como el principio de la Egira de la 
Libertad política. 

Había ya Franklin conquistado el título de sabio, 
arrancado a la nube la chispa eléctrica, inventado el pa- 
rarrayo, por métodos e inducciones que pertenecen al 
genio yankee, y son de la familia de la aplicación del 
vapor a la navegación, el telégrafo de Morse, la anestesia, 
la máquina de coser. Todos tienen el cachet del primer 
invento cuyas consecuencias están transformando con 
Edison todas las nociones recibidas. Consiste la cosa en 
atar una llave en el hilo que sostiene una pandorga, y 
tratar de hacer que la pandorga se toque con la nube; 
pero era preciso ser Franklin, ser un self made man, un 
hijo de sus obras, para haber adquirido la manera de 
proceder del espíritu que lleva a esa forma de descubri- 
mientos. Daguerre y Niepce que le comunicó sus prime- 
ros ensayos de fotografía, pertenecen a esa familia, el 
demi-savant que no duda de nada, un punto más arriba 
del charlatán. Diez y siete mil inventos han pedido pa- 
tente el pasado año hasta Junio en los Estados Unidos; 
y aunque no se haya concedido la mitad, y la mitad me- 
nos se vengan concediendo en un siglo, con eso solo tene- 
mos un pueblo armado de cien mil instrumentos de labor, 
distanciando de tal manera a todos los pueblos contem- 
poráneos, que puede decirse que es un desarrollo del ce- 
rebro humano, preparado ya normalmente para inventar 
m&quinas, como puede decirse que la veneración según el 
Nftoma de Gall ha modificado la forma, del eráneo yan- 
kee predisponiéndolo al espiritismo, el mormonismo, el 
adamismo, y otras degeneraciones del sentimiento reli- 
gioso. 

KVanklin era el buen hombre Richard, o como diríamos 
nosotros, el Tío Ricardo, el pueblo de entonces, apren- 
diendo invLMihirniriite I 'ribiondo si es necesario, 
dclVii | ¡<th!o sus pleitos cada uno sin abogados, según lo 
deiBOttrti como .-:-. nt • de Massachusets-Hny en la Oomi- 



LA INDEPENDENCIA 6UDAMEBICANA 333 

sión de la Cámara de los Comunes, pero demostrando 
también con el testimonio de los libreros de Londres, que 
la mitad de las ediciones de las obras de derecho y de ley 
publicadas en Inglaterra se consumían en las colonias. 

Contemporáneos de Franklin eran muchos hombres de 
saber profundo en política, historia y derecho, los cuales 
sostuvieron la Revolución, expusieron los "Derechos del 
Hombre", discutieron la Constitución en el Federalista, 
y la ejecutaron sin trepidación en la presidencia. 

Hoy es fama que el mundo no tuvo ni antes ni enton- 
ces hombres más sabios, más prácticos ni más acertados 
que los que constituyeron aquella nación. Mr. Freeman, 
en un estudio de setecientas páginas sobre la Historia del 
Gobierno Federal, empezando por las ligas Etolia y 
Aquea, concluye pon asegurar que sólo la Unión ameri- 
cana ha acertado a garantir esta forma la más perfecta 
de gobierno de que estalle como todas las que la prece- 
dieron, por carta de más o carta de menos, y un siglo de 
prosperidad asombrosa, sin que aquel complicado instru- 
mento dé señales de usura, están demostrando su bondad 
y 'solidez, sin que la casualidad haya puesto nada para 
sugerir su mecanismo o dirigir sus movimientos. Los es- 
critos) contemporáneos de la Constitución acreditan que 
sabían lo que hacían los que la inventaron, y los docu- 
mentos que hemos publicado muestran que era una es- 
tructura de gobierno, que deducida de los elementos sajo- 
nes la habían cristalizado los peregrinos de la Nueva In- 
glaterra desde 1674. 

Podrá decirse que los escritos del siglo XVIII en Fran- 
cia, debieron excitar los pueblos a emanciparse, y el Con- 
trato social, Montesquieu y la escuela filosófica suminis- 
trarles nociones de libertad. Debe tenerse presente que 
la Revolución de las colonias inglesas es encabezada y 
dirigida por la Virginia, que era la mías británica, la 
parte más anglo-sajona de la nación, como que fué po- 
blada por los Caballeros y aristócratas, y que ni aún hoy 



334 U- F. SARMIENTO 

es popular ni la lengua ni la manera de pensar del fran- 
cés en materia política y religiosa. 

Los americanos habían durante dos siglos practicado 
tanto el sistema representativo, que el primer reglamento 
de la discusión que se tradujo al francés y al español, y 
de donde tomamos los nuestros, es el Manual de Jeffer- 
son, el que firmó, que confeccionó y redactó el acta de la 
Independencia, fué Ministro de Washington y su sucesor 
en la Presidencia. 

¿Qué sucedía en Europa mientras tanto? 

Que la ignorancia y abyección del pueblo llegaba a tal 
grado que el eminente Buckle se asombra solo de que el 
pueblo francés hubiese podido tolerar hasta la revolu- 
ción de 1789 el infame, monstruoso gobierno que lo ha- 
bía reducido a la condición de ¡bestia de sembrar trigo; 
y que Taine revela que los nueve décimos de los munici- 
pales de Francia entonces no sabían leer, porqué pocos 
poseían tanto saber. Los oráculos de la opinión eran Vol- 
taire, demoliéndolo todo con el arma francesa, el ridícu- 
lo; Rousseau enseñando los añedios y método de parar 
de punta una pirámide, y toda la nobleza, sin excluir al 
rey, conspirando en socavar las bases del edificio social. 
Llega el momento de obrar la deseada reforma ; los Esta- 
dos Generales se reúnen y se encuentra) que las Asam- 
bleas que los precedieron no fueron deliberantes; se 
desecha con patriótica y unánime indignación la moción 
de Mirabeau para que se adopte el reglamento que rige 
el debate en el parlamento} inglés, y se abren en efecto 
las sesiones de una Asamblea de utopistas, de espoliados, 
de curas de campaña, de demagogos y de nobles orgullo- 
sos, sin reglamento para tomar y dirigir la palabra. Tres 
días se discute apasionadamente nada, porque de nada 
se trataba, no habiendo orden del día, y siendo enorme el 
salón y poco acústico, se discute .a gritos, se exaltan los 
ánimos y se acaba por ;m ■ ,n- en sangre la Francia. Una 
Asamblea cuyos oradores hablan a grito herido para ha- 
cerse oir, y «musirán tras sí al pueblo de fel tribunas 



LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 335 

que representaron al fin Marat, Camille Desmoulins, 
Saint Just y otros carniceros. 

Todo por gritar demasiado ; y porque de las prof undi- 
des de la liistoria con la Saint Barthelemy resucitaba en 
el corazón de masas, incapaces de gobernar, el pensa- 
miento que inspiró a Mahonia, a Felipe II, el plan de 
cortar todas las cabezas que disienten primero, para aca- 
bar con todas las que piensan después. 

" La consecuencia de todo esto ha sido, dice Mr. Buc- 
kle, aunque para nosotros es la causa, que el pueblo fran- 
cés, un grande y espléndido pueblo, abundando en saber 
y acaso menos supersticioso que cualquiera otro en Eu- 
ropa, se ha mostrado casi siempre poco apto para ejercer 
el poder político. Aun cuando han llegado a poseerlo se 
han mostrado inhábiles para combinar la permanencia 
con la duración. Siempre les ha escaseado uno de estos 
elementos. Han tenido gobiernos libres que no han sido 
estables, y gobiernos estables que no han sido libres. A 
causa de su temperamento audaz se han rebelado, y 
continuarán sin duda rebelándose contra tan perversa 
condición. 

" Pero no se¡ necesita la lengua de un profeta para 
decir que al menos durante algunas generaciones, tales 
esfuerzos deben ser sin resultado; porque los hombres 
no pueden ser libres a menos que sean educados para la 
libertad. Y no es en las escuelas donde ha de encontrarse 
esta educación, ni ser adquirida en los libros, sino que es 
aquella que consiste en la propia disciplina, en contar 
consigo mismo, en el propio gobierno.] Estas en Ingla- 
terra son materias de descendencia hereditaria, hábitos 
tradicionales que nosotros bebimos en la niñez y que re- 
glan nuestra conducta en la vida" (1). 

Cuarenta años después de emancipadas las colonias in- 
glesas, veinte años después de haber fracasado en el im- 
perio militar la libertad en Francia, el 22 de Mayo de 



(1) Buckle, "Civilización en Inglaterra", 43. 



336 1». E. SABKHHXO 

1810 se reunía el Cabildo de Cartagena de Indias en el 
Golfo de Méjico y creaba una Junta Provisoria para go- 
bernar en nombre de Don Fernando VII, cautivo de Na- 
poleón, mientras que el 22 de Mayo de 1810 se reunía en 
Buenos Aires el Cabildo y creaba una Junta Provisoria 
que gobernaría el Virreinato a nombre de Don Fernan- 
do VII, ahora cautivo de Napoleón. ¿ Obraron de concier- 
to los colonos de un extremo a otro de la América? 

Hoy un cable submarino liga a Cartagena con Buenos 
Aires y España ; y el diario trae en nave que impulsa el 
vapor a veinte nudos por hora, la noticia a cada punto 
del globo de lo que pasaba a la salida de estos pregoneros 
en toda la redondez de la tierra. Entonces por el contra- 
rio, entre unas comarcas y otras de la América del Sur 
no habían otras comunicaciones instantáneas que las de 
los temblores producidos por la acción volcánica y cuyos 
estremecimientos alcandaban a trescientas leguas al re- 
dedor. 

A Buenos Aires llegó el 14 de Mayo de aquel año un 
buque de España, de donde no se recibían noticias ni de 
Europa un año había, esparciendo de palabra, la noticia, 
porque el hecho era ya historia antigua, que el rey Don 
Fernando VII, apellidado el Deseado, había sido vícti- 
ma hacía un año, de las arterías de Napoleón, quien lo 
guardaba prisionero en Bayona, frontera de Francia. 

Casualidad era sin duda que llegase a Buenos Aires 
tan retardada la noticia al mismo tiempo que llegaba 
igualmente retardada a Cartagena de Indias; pero el in- 
tento de aprovechar de la coyuntura, como la forma de 
hacerlo, sin estar los americanos de distintos puntos en- 
tendidos entre sí, es el| primer indicio de que el movi- 
miento en producido por ideas generales, independientes 
de <• i PC i instancias locales, y solo explicable por el suce- 
sivo desarrollo de ideas que parten de orígenes comunes, 
históricos, lejanos. 

( 'liando en Roma fueron depuestos con Tarquino ol 

berbio 1<»h reyes, la hi también ese año 



LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 387 

la caída de los Pisistrétidas en Atenas, por causas loca- 
les, y el comienzo de la democracia. La lingüística y 
la etnología revelan ahora que romanos y griegos te- 
nían afinidades de lengua, de raza y de procedencia til- 
les, que no es de admirarse llegaran a un tiempo en una 
y otra nación a producirse progresos en la organiza- 
ción social, tomando poder los patricios pana corregir 
las demasías del rey y suprimir la monarquía. 

Cada sección americana de las que quedaron dividi- 
das en Estados después de destruida la dominación es- 
pañola en América, se forjó, desde luego, para darse 
aires de nación, una leyenda popular que hace que sus 
abuelos, acaso sus deudos, preparasen la revolución y 
aun concertasen la manera de llevarla a cabo. Con las 
tentativas frustradas en Charcas, Méjico y otros pun- 
tos, la simultaneidad del movimiento en lugares tan 
distantes como Buenos Aires y Cartagena, ciertos como 
estamos ahora de que no hubo concierto, tenemos q 
aceptar una causa más general, más independiente de 
la voluntad de cada uno; y debe añadirse que esa causa 
obraba, sil) consideración a las ideas preval* ntes en los 
mismos pueblos que ejecutaban los hechos. Qué diría- 
mos del denuedo con que se defendió Buenos Aires con- 
tra los ingleses, sino que no conocían las instituciones 
inglesas ni tenían idea de la libertad, pues aseguraban 
el dominio de la España, reconquistando la ciudad con 
sus propios esfuerzos, para continuarle el dominio a la 
corona. Del triunfo salió con efecto la esperaaiza y el 
intento de hacerse independientes; pero la idea existía 
en todos los ánimos, en toda la América en estado la- 
tente, y tomó forana con el sentimiento de la fuerza que 
se trasmitió al resto de la América. 

Pero la independencia estaba en la atmósfera, se la 
veía venir como la venida del día se presiente, por dé- 
biles iluminaciones hacia el Oriente, que no son la auro- 
ra todavía pero que marean el punto del cielo por don- 
de vendrá. 



333 D. F. SARMIENTO 

Habíanse emancipado unas colonias, llenando la his- 
toria con el brillo de sus victorias, añadido una nación 
más a las civilizadas, y diado el espectáculo de las gran- 
des virtudes, sin sombra alguna de crímenes ni violen- 
cias, aun en el ejercicio de la guerra. Sus héroes sobre- 
pasaban en gloria a todos los que registra la historia an- 
tigua y la moderna, ipues "Washington queda sin rival 
en la historia, y Franklin, con su gloria civil, su ense- 
ñanza democrática, sus escritos y descubrimientos, figu- 
ró como el Tínico grande hombre de la época en la Cor- 
te fastuosa de Luis XV, en cuyos salones dorados hacía 
resonar los clavos de sus zapatos de labriego, llevados 
con estudiada aunque muy bien entendida simplicidad; 
y tales hombres en una nación nueva son carteles pues- 
tos a las cuatro esquinas del mundo para que la época 
contemporánea habla de elos por diez añas conse- 
cutivos. Lafayette hacía francés casi el movimiento de 
emancipación de las colonias, y llevaba a la patria el 
relato y los detalles de aquella grande epopeya. 

La emancipación de la América del Sud venía por 
■ b • solo señalada en la cronología de los tiempos, sim- 
plemente porque se ¡había emancipado la del Norte y 
ocupado tan ancho espacio en la historia del pasado si- 
glo; 'no siendo para ello indiferente que hubiesen toma 
do parte en la querella la Francia y la España, pues 
para dar publicidad y oportunidad al hecho entrabes! 
< uatro naciones las más poderosas y civilizadas del mun- 
do de entonces, a saber los Estados Unidos, la Ingla- 
terra, la Francia, la España y sus colonias Occidenta- 
les, pues las filipinas son demasiado Occidentales para 
Mitrar n estos movimientos. 

La regularidad por cierto asombrosa de la emancipa 
'•ion <|e la.s colonias inglesas, la facilidad con que se 
constituyen, haciendo efectivas todas las (prescripción^ 
legalice, teniendo en Washington, Jofferson, Madison,. 
Adams una «crie de 1'rWn lentas que abraza una gen**. 



LA INDEPENDENCIA SUDAMEBICANA 339 

ración entera, tan constitucionales, tan honrados, que to- 
do el mundo cree, la Europa como la América, que esa 
rectitud de funcionarios, esa regularidad acompasada 
de los movimientos es lo natural, debiendo asombrarse 
sólo de que no hubiese sido así, pues se habían dado una 
constitución escrita que es ciertamente un hecho consi- 
derable y aun capital en la historia y desarrollo de las 
instituciones. Venía este grande hecho a corroborar las 
ideas de reforma del siglo XVIII, propagadas por todos 
los pensadores de Francia, codificadas en Enciclope- 
dias y ejemplificadas en Contratos Sociales, en Emilios 
o modos de educar al ciudadano que viene para íla li- 
bertad y la igualdad, bien entendido que el Estado ha de 
ser el encargado de distribuir con equidad este pan 
bendito y el maná que va a caer, tan luego como la fi- 
losofía reine en el mundo, y tan convencidos llegan a 
estar todos de que esto es la cosa más natural y senci- 
lla del mundo, que el rey, los cortesanos, los príncipes, 
los nobles, los obispos, los abades y los frailes, tenedores 
todos ellos de los privilegios y de la mayor parte del te- 
rritorio, son los primeros filósofos, los primeros revolu- 
cionarios, los primeros propagadores de las doctrinas 
más subversivas y desquiciadoras, de tal manera que hoy 
se han acumulado los desencantos de un siglo, y pocos 
hallan sorprendentes las profecías de Cagliostro y otros 
iluminados, que anunciaron la triste suerte que les 
aguardaba, aplastados por las ruedas del mismo carro 
que con tan poca destreza echaban a rodar. 

Desde antes de la convocación de los Estados Gene- 
rales en 1789, en Francia se agitaba la idea de eman- 
cipar las colonias españolas, aunque la iniciativa no vie- 
ne de ninguna parte. Un sujeto de la Nueva España, 
hoy Estados Unidos de Colombia, intrigó desde 1785 
en las cortes de Europa por excitar los celos de Ingla- 
terra contra la España, a fin de que invadiese las co- 
lonias ofreciendo la cooperación de sus habitantes. De 



340 D. r. SAKMIENTO 

Francia se reunieron algunos fondos, y se emprendió 
una campaña a órdenes del General Miranda, que así 
se llamaba aquel aventurero. Tuvo éste desastroso fin; 
y durante la Revolución francesa, se le ve figurar co- 
mo representamte de la América reclamando subsidios 
para libertarla. 

La Inglaterra, que parecía ser poco sensible a estas 
inducciones, había mandado, sin embargo, a Buenos Ai- 
res desde 1795 un agente secreto, real o supuesto fraile 
dominico, y que estuvo algunos años alojado en el con- 
vento, sin duda para estudiar las localidades, pero cier- 
tamente para examinar, y si pudiese, sacar planos de la 
fortaleza de Montevideo, pues él mismo lo dice en un 
panfleto publicado a su regreso en Londres en 1805, 
donde da detalles de las fortalezas; y como la expedi- 
ción inglesa al Río de la Plata se aprestó en el Cabo de 
Buena Esperanza al año siguiente, es de suponer que 
sus datos sirvieron para ilustrar el juicio del gobierno 
inglés sobre las probabilidades de triunfo, y en efecto 
casi no encontraron obstáculo para apoderarse de esta 
ciudad. 

ii\ Padre dominico dice que notó en la juventud mu- 
cha exaltación y odio contra la dominación española, no 
garantiéndoles la vida a los partidarios del rey y prome- 
tiendo colgar al último de ellos con las tripas del último 
fraile, como era la frase aceptada del republicanismo 
francés. Observa que uno encontró que supiese inglés, 
lo que aleja la idea de que le fuesen familiares ni si- 
quiera conocidas las ideas e instituciones de gobierno de 
los Estados Unidos; y que no tenían idea alguna de la 
liberalidad de las ingles,-^, anzuqtie tnonárqtdoaa, sé in- 
fiere del ardor patriótico que pusieron todos a una en 
expulsar a los ingleses, no obstante que no se había he- 
cho sentir su administración; y trece números de un dia- 
rio <|iic publicaron en inglés en Montevideo, excelente 
por las ideas, de mucho auxilio por los avisas, y lo abun- 
<ii noticias, dejan sospcHur ¡pie se habrían sntioi- 



I.A INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 341 

pado bajo el dominio británico, de cincuenta años los 
beneficios de la civilización inglesa, las ventajas del co- 
mercio, y de seguro el ' privilegio de tener Asambleas 
efectivas, revestidas con las facultades de ponerse sus 
contribuciones y todas las demás franquicias de un pue- 
blo libre; pues no es fácil explicar porqué no nos bafbría 
concedido lo que tienen de suyo el dominio del Canadá, 
el Cabo, y los prósperos Estados de Australia, cuyos 
Parlamentos son reales y verdaderos. Habríase supri- 
mido una buena porción de nuestra historia, y entre sus 
páginas inútiles, la salvaje y ensangrentada que se su- 
cede a la disolución del Congreso en 1826 hasta el 3 de 
Febrero de 1852, en que tuvo término aquella pesadilla 
sangrienta de la tiranía de Rosas, que ensayó candida- 
mente un plan del gobierno y constitución que se tenía 
él meditado, y que tememos sea un padrón heredado de 
nuestra ipropia historia, que principia verdaderamente 
en Felipe II como teoría de gobierno y acaba para nos- 
otros, con intermediarios no siempre en antagonismo con 
los fundadores y confesores del sistema perfeccionado 
por la enseñanza de los jesuítas en las misiones de indios, 
que no teniendo imágenes que adorar, adoraron al gran 
cacique que les ofrecía ponerlos encima de los blancos. 
¿Qué importaba hacer entrar en la ciudad de Buenos 
Aires a Rosas, al recibirse del gobierno, veinte mil pai- 
sanos, todos coronados de plumas de avestruz, en caba- 
llos enjaezados con pretales de cascabeles a usanza 
india? 

Si la idea, pues, de la Independencia, venía por in- 
ducción y como corolario de los Estados Unidos, los me- 
dios de obtenerla, la forma de gobierno que habría de 
suceder al de España preocupaba poco los ánimos de los 
que en cada gobernación se preocupaban de estas cosas 
que debían venir necesariamente, porque el éxito feliz 
de la emancipación de la parte norte de la América, y 
la fácil expulsión de los ingleses de Buenos Aires, con 
solo intentarlo, no obstante sus once mil hombres, daban 



$42 D - F- SARMIENTO 

por sentado que hacerse independientes era serlo, con 
solo quererlo. 

De allí provenía que nadie o pocos se apasionasen por 
la forma de gobierno, no estando esto en la raza ni en 
los estudios clásicos muy limitados entonces, sin el grie- 
go y del latín poquísimos clásicos, pues se estudiaba para 
leer el breviario; o traducir a Antonio López. 

La República que apasionó a los franceses desde 1793, 
muerto el rey, y acató en el Consulado, estaba desacre- 
ditada en 1810 hasta 1811, ya porque los republicanos 
de Europa tenían encima la sangre y los crímenes de la 
guillotina, ya porque los escritores y las victorias del 
emperador Napoleón cuidarían de desacreditarla. En 
1813 la parte oriental de las Provincias Unidas se ad- 
hiere a la reina Carlota. La Santa Alianza no se hacía 
sentir todavía en 1816, y ya hombres sinceros como Ri- 
vadavia, Belgrano, San Martín, Sarratea y tantos otros 
no repugnaban la (monarquía, y aún la solicitaron, cuan- 
do se temió que no se reconociese en otra forma la Inde- 
pendencia. 

No profesaban doctrinas muy claras sobre la división 
de poderes ni la representación del pueblo, pues que el 
Cabildo abierto solo admite los notables de la ciudad 
apartando al pueblo del lugar de la reunión, como lo re- 
piten las actas) de la época. En el pueblo vendrían in- 
dios, negros, (mestizos y mulatos, y no querían abando- 
nar a números tan heterogéneos la elección de los ma- 
gistrados, si éstos habían de ser blancos, de la clase bur- 
guesa y municipal. 

Caracteriza un escritor colombiano de mal engendro 
las Juntas Gubernativas provisorias creadas en Carta- 
gena imitando las de España que no eran ni el Directo- 
rio francés de cinco miembros, ni el Congreso norte- 
americano de cincuenta. "Esta Junta Suprema, dice, 
que fué en los primeros días el cerebro de la nación, no 
definió ni principio un verdadero .sistema político. Cons- 
tituido por aclamación popular era la democracia gra- 



LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 343 

niulimí : obediente al rey cautivo era la monarquía es- 
pañola, recibiendo las inmediatas inspiraciones de la 
multitud que a manera de un comicio romano dictaba la 
ley, era la democracia pura" (1). 

Las consecuencias de esta falta de carácter en la Jun- 
ta, que no sabe si es legislativa o ejecutiva, municipal 
o política, se dejaron sentir en Buenos Aires al dar el 
primer paso. 

El Cabildo, compelido ai ello, hizo traspaso de su au- 
toridad a la Junta gubernativa que debía gobernar en 
nombre del rey, pero los Cabildos de la Asunción y de 
Montevideo, a ello inducido el uno por un ambicioso, por 
un jefe español el otro, negaron tales facultades a la 
Junta, y la revolución nació ya lisiada en dos de sus 
más próximos miembros. En cuanto a los Cabildos de 
Charcas, Potosí, Chuquisaca, etc., era necesario para 
verlos mandar un ejército, y éste no, halló expedito el 
largo camino. 

Encerrada así en su cuna al nacer, desconocida en 
Montevideo, desoída en el Paraguay, la Junta, veía al ex- 
virrey Liniers en Córdoba, en la misma situación que 
cuando acometió desde Montevideo la empresa de recon- 
quistar a Buenos Aires, y en torno suyo la muchedum- 
bre que le tendía en muestra de gratitud los ponchos, 
para que no tocase tierra al entrar al Fuerte. Si Liniers 
volvía sobre Buenos Aires era de temer que, como Ney, 
los jefes y soldados le presentasen las armas. 

La Junta no trepidó y mandó un representante del 
pueblo, con la terrible orden de ejecutar a Liniers, te- 
merosa de que el francés cumpliese con su deber de sub- 
dito leal al rey. 

La revolución quiso salvarse con un crimen aconseja- 
do por la necesidad. Sacrificio enorme, que ha costado 
diez mil cabezas después, para subsanar el agravio hecho 
a la Justicia y la moral. Los hermanos Carreras, Dorre- 



(1) Memoria Histórica sobre el desarrollo del derecho cons- 
titucional en Oolombia, por A. León. 



344 °- *"• SARMIENTO 

go, los jefes y oficiales de la Independencia sacrificados 
en la Ciudadela de Tucumán, en San Nicolás de Buenos 
Aires, Florencio y Rufino Várela, y la guerra de exter- 
minio! ¿Quién inspiró el primer sacrificio? ¿Danton 
aconsejando audacia, más audacia y siempre audacia, o 
Felipe II persiguiendo al Taciturno, mandándolo asesi- 
nar durante diez años, hasta que lo consiguió? 

La Junta Gubernativa se vio acosada tp'or las dificulta- 
dea y se localizó pronto, ya -que no podía llenar cumpli- 
damente su deber de convocar a todos los Cabildos se- 
gún lo reza el acta del Cabildo abierto del 25 de Mayo, 
a la brevedad posible, para formar el Congreso que dic- 
taría la forma de gobierno que habían de tomar en ade- 
lante las Provincias Unidas. 

Cuando se reunieron unos cuantos Representantes, los 
miembros de la Junta, que preferían la acción al dere- 
cho, estaban por la no incorporación de tales Represen- 
tantes de un Congreso tranco. 

El Presidente que lo había sido no de un Congreso, si- 
no de un Directorio ejecutivo, estuvo con la mayoría por 
la incorporación de los Representantes en la Junta gu- 
bernativa, con lo que se complicó más la dirección de los 
negocios, y se perdió todo rastro de instituciones, en un 
cuerpo que era Consejo, Legislatura^ Poder Ejecutivo, 
representante del rey, gobernando a su nombre, y ema- 
nado del Cabildo de una ciudad. 

Al día siguiente de la formación de la Junta Guberna- 
tiva, su Secretario, joven doctor de veinte y seis años, 
creó la Gaceta Mercantil como su Monitor para poner en 
circulación los principios <> ideas revolucionarias y hacer 
conocer los actos del nuevo gobierno; y poco después em- 
prendió la traducción del Contrato Social que era toda- 
vía en Francia el director 'de las conciencias políticas y 
revolucionarias. Como hemos visto antee, Rousseau era, 
i ti cuanto a las funciones del Estado, un poco misionero 
.¡(•suita, y su concepción) de] (gobierno <I<>l>ió halllar fácil 
acogida en el país del "coMuini.sta cxiperinuato". 



LA INDEPENDENCIA SUDAMEKICANA 34Q 

El Secretario de la Legación norte-americana Mr. Rod- 
ney, enviado en la fragata "Congress" a examinar el 
estado de las cosas en esta parte de América en 1816, 
consigna algunas observaciones sobre las opiniones que 
se formaban en estos países. " Entre las producciones de 
la prensa durante el primer año de la Revolución, dice, 
observé una traducción hecha por el Dr. Moreno del Con- 
trmtoi social de Rousseau. La traducción es bien hecha, 
y parece haber sido muy gustada de la clase media. Pe- 
ro es difícil asegurar si fué más benéfica que perjudi- 
cial. Estaba destinada a crear políticos visionarios y 
crudos, no teniendo por base la experiencia, con la que 
cada hombre, como en la revolución francesa, había de te- 
ner su plan propio de gobierno, mientras que su intole- 
rancia por la opinión de su vecino probaba que todavía 
algunas de las cardas del despotismo estaban adheridas 
a él " (1). 

Dando cuenta de alguna institución Mr. Blackenridge 
dice: 

' ' La defensa de la Constitución americana de Adams, 
que por este tiempo (1817) era muy leída y estudiada, 
les subministró ideas de los contrapesos y limitaciones 
en el gobierno que trae el sistema representativo, y la 
manera de proveer a la alteración de la Constitución 
cuando un cambio en las costumbres hubiere de requerir- 
lo. Citaba un diario un largo artículo de Marshal en la 
vida de Washington, enumerando las dificultades con que 
hubimos de luchar al establecimiento de la Constitución 
(pág. 197). 

** Un joven comerciante dijo al mismo Secretario 
de la Legación norte-aanericana en Montevideo, que ha- 
bía leído la historia de los Estados Unidos, las constitu- 
ciones y la despedida de Washington. Dijo que miraba el 
Contrato social de Rousseau, como obra de un visionario, 



(1) Voyage to South América, performed by order of the 
American Government — in the year 1S16 to 1818 — pág. 133. 



346 D. 1'. SAEIIIENTO 

hallando el Sentido común y Los derechos del hombre de 
Thomas Payne, producciones sobrias y raciónalos. 

"La Asamblea provisional de las Provincias Unidas 
del Kío de la Plata, debía componerse, según el regla- 
mento, de veinte y un artículos, de los miembros de la 
corporación o Cabildo de la capital, de los diputados o 
apoderados por las diferentes ciudades de las Provincias 
Unidas y de cien ciudadanos que debían elegirse de la 
manera allí prescripta. Estos ciudadanos debían elegirse 
de los ciudadanos de la capital, o de entre los ciudadanos 
de las provincias que pudieran encontrarse allí, aun de 
tránsito simplemente ". El Secretario de la Legación 
norte-americana de quien traducimos este extracto, ob- 
serva muy benévolamente : ' ' este modo de proceder, has- 
ta cierto punto ridículo, poco se aviene con la práctica 
de las naciones habituadas al sistema electoral". 

| Ojalá que sólo ridículo fuese ! 

Con caudal tan desmedrado de nociones de gobierno, 
pero con una fe incontrastable y robusta, se lanzaron es- 
tos pueblos en la revolución, mientras que conquistaban 
su independencia, sacrificando la práctica de los princi- 
pios a la necesidad de triunfar y dejando con visos de 
patriotismo a las ambiciones probarlo todo, a las tradi- 
ciones volver a tomar su predominio, ensancharse al de- 
sierto, y a la barbarie oponer su resistencia destructora. 

Pero la fe salva; y la independencia se obtuvo a mu- 
cha costa y con mucha gloria. 



LOS TRES VIRREINATOS DEL SUR 

Casi no podemos hacer entraren nuestro cuadro efl Vi- 
rreinato de Méjico, con sus seis millones de habitantes 
en 1810. les nueve décimos acaso indios aztecas primiti 
una «lase social on extremo aristocrática. La re- 
volución la «Miipi 'iidicron bw curas, encabezando a los 
gees <!'• sus (>;!iTn«|uias. <'<>mo Ni ordos en ISO!). La 



LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 347 

América central, dividida hoy en cinco republiquetas, a 
causa del clima mortífero o peligroso para la raza blan- 
ca, salió del conflicto así en algunas partes, de color en 
otras, como con el general Cabrera que se cansó de ma- 
tar blancos, porque no gustaban de tener por Presidente 
a un negro que dejaba ver la panza tostada entre la ca- 
saca de general y los calzones, por no llevar camisa, se- 
gún lo refería el malogrado Casafous, emigrado argenti- 
no que fué a tirar la rienda por esos mundos y lo tra- 
taba con familiaridad. 

Nos limitaremos a los tres grandes Virreinatos de Sur 
América que ocuparon la parte española desde el Istmo 
de Panamá hasta el estrecho de Magallanes, límite del 
país habitable y poseído por la Corona de España. 

Aquella segregación de los países españoles allende el 
Istmo, no quita que formen un todo con los de éste, de 
que nos ocuparemos de preferencia, y como se ha visto 
en los capítulos que preceden, sin desligarlos de la parte 
inglesa de la colonización americana, por ser nuestra re- 
volución el complemento, aunque retardado treinta años, 
del gran experimento y práctica feliz allá, dudosa aquí 
de los grandes principios trasportados de las viejas civi- 
lizaciones para fundar la nueva. 

Presentada así la cuestión, cuan grande es el país que 
lian solevantado las Cordilleras de los Andes, que corren 
desde el Cabo de Hornos a la Tierra del Labrador, para 
constituir el territorio en que va a regenerarse la Huma- 
nidad por la confusión de las lenguas! Con aquella base 
de granitos eternos, dennos caudillos como Washington, 
capitanes como Bolívar y San Martín, ríos como el Missi- 
sipí, el Amazonas y el Plata; montañas de oro y plata, 
cobre, hierro, y todo a lo largo de la gran barrera, un 
subsuelo de carbón de piedra, debajo de las selvas primi- 
tivas, de quinientas mil millas cuadradas, en ambas Amé- 
ricas, con todo el poder de las ciencias aplicadas a la in- 
dustria, con el vapor y la electricidad por motores, ha- 
gamos qne el pensamiento sin trabas, sin fronteras, vaya 



348 D. F. SARMIENTO 

y vuelva, se agite y revele los mundos .que se están por 
ver! 

Hemos visto que en 1810 la América española se agita 
toda a un tiempo bajo la presión de una idea única que 
se presenta a todos y en todas partes bajo la misma for- 
ma para asumir el gobierno cada uno donde se halla cada 
ciudad, más bien la clase burguesa, y los que verdadera- 
mente podían llamarse hijosdalgo, porque eran hijos de 
españoles, personal administrativo de las colonias, y aún 
de los Cabildos, constituirse en Junta Suprema de Go- 
bierne, a las barbas de Virreyes y reales Audiencias, bien 
entendido que a fuer de subditos leales gobernarán en 
nombre de nuestro rey Don Fernando VII. 

Mucho mal debió hacer al carácter americano esta fic- 
ción que disimulaba la verdad ; pero es tan espontánea, 
tan universal la forma, que puede llamarse sacramental, 
como impuesta por la dura necesidad de las tiempos. 

Hacia el centro del continente del Sur tiene sólido tro- 
no el Virrey del Perú, en la ciudad de los Reyes, que ba- 
jo el clima más soporífero tenía cuarenta y nueve mil 
habitantes en 1810. De ellos ocho mil esclavos negros 
que guardar, doce mil entre libertos de color e indios, 
fiéis mil mulatos y zambos, y apenas doce mil blancos, de 
los cuales la mitad peninsulares, pues que era fastuosa 
corte de funcionarios públicos, cesantes y especiantes. 

Todavía podía subdivirse la población blanca criolla 
en nuevas categorías pnra buscar donde pudieran asirse 
la I nuevas ideas del siglo dies y nueve, que era de temer 
no hubiesen penetrado todavía en el Perú, pues que el 
sol mismo lo alumbra cuatro horas después (pie a la Eu- 
ropa. 

Habían contado en el pasado siglo mil quinientos frai- 
lof y coristas los numerosos conventos del l'erú, y Lima 
era l.i residencia de ciento cuarenta nobles americanos, 
con títulos de marqueses, condes y e.ib.illi ros. /, Cuántas 
iKírsonas retenían estos titulares, sacerdotes y 
nobks i] lado del trono ríe los Reyes Católicos? 



LA INDEPENDENCIA SÜDAMEBICANA 3itf 

Las costumbres de aquella ciudad cortesana, Capua y 
Sevilla americana, han ya perdido su carácter especial ¡ 
pero aun vive en la tradición y la recuerdan los diseños 
que tomaron los viajeros, la tapada de Lima, aquel do- 
minó de Venecia que permitía esquivar el rostro bajo él 
manto, descubrir sólo un ojo, resto modificado de la usan- 
za árabe, haciéndose un velo espeso con el más seductor 
de los prendidos, una blanca mano reteniendo el manto 
negro, y en ella un grueso brillante o esmeralda para dar 
vista «al velado rostro. 

Todavía en 1864, en que estuvo en Lima reunido el 
Congreso Americano, Caballeros en plaza, de alta posi- 
ción en la Sociedad, capeaban el toro a caballo sin el dar- 
do, y sólo con prodigios de equitación andaluza, que sal- 
vaban el anca del caballo girando sobre las manos para 
evitar el asta del toro, la cual encontraba en cambio los 
pliegues del poncho que lo envolvía, enceguecía y con- 
fundía, poniéndolo en ridículo para ante el numeroso 
público, y arrancando aplausos del uno y ladridos de 
contento al perrito de los toros, que desde quince años 
antes, porque su enbonpoint indicaba su mayor edad, 
aguardaba tranquilo sobre el balaustre del primer palco 
de la derecha que el matador hubiese hecho su oficio y 
entrado la cuadriga de enjaezadas muías para seguir de- 
trás del muerto toro arrastrado, ladrándole e insultando 
su cadáver. 

Las picanterías no traían ya a las damas de noche en 
el Pasaje de Escribanos u otros lugares célebres antes 
en los fastos de la galantería limeña; y aunque las pro- 
cesiones conservaban todavía sus nazarenos por cente- 
nares de cofrades vestidos con túnicas moradas y acom- 
pañando con cirio encendido las andas del santo o santa 
que se festeja, y cuya larga procesión va precedida por 
Tarascas y gigantes que hacen reverencias, o afectan mi- 
rar a las gentes en el segundo piso en las celosías sevilla- 
nas que abundan en la ciudad ; las precesiones, decíamos, 
ocupación y gala de Lima, después de los toros, su tea- 



350 D. F. SARMIENTO 

tro, su vía triunfal, bu orquesta, han perdido de su anti- 
guo esplendor, y tenemos que apelar a la descripción 
que nos ha dejado un viajero de 1725, de la que acom- 
pañaba una hornada de herejes conducidos por la Inqui- 
sición a la Plaza Mayor, donde eran abandonados al bra- 
zo secular. Los herejes quemados en Lima fueron siem- 
pre portugueses, que ser portugués, es un género especial 
de herejía que no estaba en el índice en Europa. 



LA INQUISICIÓN EN LIMA 

' ' Un mes antes de la ejecución general de los reos, los 
ministros de la Inquisición, precedidos de su bandera, 
hacen una cabalgata desde el Palacio del Santo Oficio 
a la Plaza de Armas, y allá, en presencia de las muche- 
dumbres que acuden de todas partes, publican a son de 
trompetas y timbales, que a un mes de la fecha contado 
desde aquel día habrá un Auto de fe. 

" Un mes después de esta publicación comienza la ce- 
remonia por una procesión que parte de la Iglesia en 
este orden : Cien hombres armados de picas y mosquetes 
marchan a la cabeza, vienen en seguida los PP. Domini- 
cos precedidos de una cruz blanca, y de la Bandera del 
Santo Oficio que es un estandarte de damasco rojo, en 
que está de un lado representada una espada desnuda 
en una corona de laureles, con esta inscripción latina: 
Justitia et misericordia, y sobre el otro se ven las anuas 
de España. Viene en seguida una cruz verde envuelta 
en un crespón negro, tras de la cual marchan muchos 
Grandes y otras personas de calidad, familiares de la 
Inquisición, cubiertos con capas ornadas de cruces Man- 
ean y negras, y orladas con hilos de oro. Los alabarde- 
ros, que hacen la guardia de la Inquisición, les liguen 
vmtidns de blanco y negro. Otros hombres que llevan 
• !■ enrlón «le tamaño natural les siguen. Una de 
etrtas imágenes representa a los que lian muerto en pri- 



LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 3'»1 

sión, y cuyos huesos vienen en el cortejo encerrados en 
cofres, en cuyos costados se ven pintadas llamas, y las 
otras figuras representan a los que se han escapado de 
nMÉM de la Inquisición y son condenados por contuma- 
cia. En seguida vienen otros criminales, mujeres y hom- 
bres con la cuerda al cuello, con una vela en la mano, y 
una coroza en la cabeza de tres pies* de alto, en la que 
están escritos sus crímenes, o representados de diversas 
maneras. Tras de éstos vienen muchos otros con una 
antorcha en la mano, y cubiertos de Sambenito, que es 
un saco sin mangas de color amarillo, con una cruz de 
San Andrés, roja por delante y por detrás. Estos son 
los que han sido tomados por primera vez; y se les con- 
dena de ordinario a algunos años de prisión o a llevar 
el Sambenito. Cada culpable de estas dos clases va con- 
ducido por dos familiares de la Inquisición, y por un 
patrón que le eligen. Estos padrinos están encargados 
de las personas que acompañan, y deben responder de 
ellas y presentarlos cuando la fiesta se ha concluido. En 
seguida vienen los relapsos, esto es, los que han caído 
por la tercera vez, y que tanto los hombres como las mu- 
jeres están condenados a ser arrojados al fuego sin mi- 
sericordia. 

M Los que han dado muestra de arrepentimiento son 
ahorcados a garrote antes de ser echados a las llamas. 
Los que permanecen obstinados en su error, deben ser 
quemados vivos, y llevan Sambenitos de tela pintada 
que representan diablos y llamaradas. Sus corozas es- 
tán pintadas de la misma manera. Los que son conde- 
nados al último suplicio, a más de la escolta de dos fa- 
miliares, vienen acompañados por cuatro o cinco religio- 
sos de diversas órdenes, quienes les exhortan durante la 
travesía. Los Inquisidores en estas ocasiones vienen 
también acompañados de Magistrados, oficiales de Jus- 
ticia, los del Rey, del Gobernador, de la Nobleza, del 
Obispo, de todo el clero secular y regular. 

" Toda esta precesión en el orden que va descrita, se 



352 D. F. SARMIENTO 

dirige a la iglesia que se ha elegido y preparado para la 
celebración del auto de fe. El altar mayor está colgado 
de negro, y hay una cruz y seis candeleros de plata con 
seis cirios blancos encendidos a ambos lados del altar. 
Se levantan en la iglesia dos especies de tronos: el de 
la derecha para la Inquisición y los consejeros, el de la 
izquierda para el Virrey y toda la nobleza. A alguna 
distancia al frente del altar se ha practicado una gale- 
ría ancha de tres pies, con una balaustrada de ambos 
lados, y dé un lado y otro se colocan bancos en que- se 
sientan los criminales y sus padrinos, y van ocupando a 
medida que entran en la iglesia. 

11 Cuando aquellos infelices, con el fúnebre equipo 
descrito han ocupado susf puestos, el Inquisidor con sus 
oficiales va a ocupar él lugar que le está reservado. En- 
tonoes un padre dominico sube al pulpito y prenuncia un 
sermón lleno de alabanzas a la Inquisición, y de invec- 
tivas contra la heregía. Así que concluye su discurso se 
da lectura de las sentencias de los que son condenados, lo 
que dura un tiempo bastante considerable, después dé lo 
cual se acaba la misa; y el grande Inquisidor, revestido 
de sus vestiduras pontificales, dá la absolución general 
y solemne a los que se arrepienten, después de lo cual 
los criminales condenados al fuego son entregados al bra- 
zo secular ... ". 

¡Qué impresiones han debido dejar en el alma del es- 
pectador, para desdoro de nuestra pobre humanidad, 
complacido, ávido de ver sufrir en grande escala, como iA 
pueblo romano el día en que algún triunfador arrastraba 
tras sí los reye* asiáticos, vencidos y encadenados a su 
carro, con sus mujeres e hijos que sabían iban es segui- 
da a ser decapitados sin misericordia en li prisión nía 
iip iliua, que aún se ve al pie o debajo del Capitolio! 

de la Inquisición participaban CQffiÓ 

Be Ve, del i-a r id <-r de JM ndc I fiestas y solemnidades reli- 

■s. con todo '-I :m'.ii;i!o de la justicia y DOD la preseri- 

ill'..s funcionónos, lo que les dalia ale- 



LA INDEPENDENCIA SUDAMEBICANA 353 

rrante majestad. Haber presenciado un auto de fe que 
se les economizaba para darse tiemp'o a reunir gran nú- 
mero de reos y de todas las categorías, debía ser un acon- 
tecimiento notable en la vida, y proveer de pábulo a las 
hablillas populares por años, hasta que un nuevo espec- 
táculo se ofreciese al público, a la nobleza, a la monoto- 
nía de la vida, a redoble de timbales y alaridos de las 
trompetas sagradas. 

Escusamos la descripción de los horrores del fuego, 
pues que no entran en nuestro propósito. 

Bástannos estos horrores consentidos, aplaudidos, fes- 
tejados por el pueblo, para hacer sentir los defectos de 
la vida pública, política, de aquellos tiempos, en que a 
título de religión, o de hacerle justicia a Dios o a Je- 
sucristo, a sus santos, a la iglesia, en fin, se despojó al 
hombre real, en servicio de abstracciones, de los dere- 
chos que había en otros casos adquirido y entregaba así 
voluntariamente. A este respecto, como en tantos otros, 
no hubo en realidad revolución en el Perú, siendo indi- 
ferentes a toda mejora moral, intelectual o religiosa las 
razas aimará y quichua, que hacen todavía el fondo de 
su población, indiferentes los mestizos, cuarterones y ne- 
gros de Lima, las clases medias de los criollos, provee- 
dores de coristas y clérigos y de dotes para monjas los rí- 
eos, hostiles a la revolución la grandeza y la nobleza ti- 
tular de Lima, especie de Versailles colonial, centro de 
la Corte de los Virreyes, residencia de empleados cesan- 
tes, u hospedería de aventureros recomendados y aspi- 
rantes llegados de España, en aquella ciudad erizada de 
cúpulas, pináculos y torres flexibles, como elevados ci- 
preses y pinos de parasol, a fin de luchar con los temblo- 
res. Hubo imprenta en Lima apenas se hubo propagado 
en Europa, y sus prensas gemían dando a luz sermones, 
novenas, vidas de santos, carteles de toros y décimas y 
endechas para perpetuar las hazañas de los salteadores cé- 
lebres que ganaron el cielo mediante un escapulario, y 



354- D. F. SAEMIENTO 

que ejercían entre el Callao y Lima, que han hecho por 
aquel campo hasta ahora poco hazaña de pelo en pecho, 
cruzar a caballo no obstante no mediar tres leguas de 
distancia. Hasta hoy las gentes del pueblo en Lima, sin 
excluir las negras del mercado, hablan el castellano más 
correcto que se habla en América, como se conservó puro 
o se formó el italiano en Florencia que era la Corte de 
los Mediéis. 

Y tanto ha debido adherir el pueblo de Lima a sus an- 
tiguas fiestas como que era la vida pública de la colonia 
que hasta 1864 en que estuvo reunido en Congreso ame- 
ricano en Chorrillos, de trágico recuerdo hoy, se conser- 
vaba la fiesta de San José, el santo patrón de aquella vi- 
lla de indígenas, término de un lucrativo ferrocarril, a 
causa de los celebrados baños de mar que han provocado 
la creación de una ciudad de magníficos ranchos. 

Celebran los indios con grande devoción la fuga a 
Egipto del santo patrón, y para solemnizarla, el santo, 
en lugar de andas llavadas a hombros, ocupa el centro de 
la procesión caballero en un borrico y llevando a María 
Santísima a las ancas, figurada por una linda paisani- 
11a que cuidará sin duda con disimulo que se tenga dere- 
cho sobre sus estribos el santo de palo, para no arrastrar- 
la en su inútil caída. La madre lleva el niño, también 
obra, no de San José .corno se sabe, sóno de algún buen san- 
tero italiano. Precede a la procesión un crucifijo enorme 
de madera en la cruz, llevada por un indio solo, enar- 
bolada a la altura del pecho, haciendo, como es natural, 
supremos esfuerzos para mantener en equilibrio mole tan 
desequilibrada. Sólo se presentan a tentar la gloriosa jor- 
nada jóvenes atletas, que quieren en estos juegos olím- 
picos ganar fama imperecedera. La lucha terrible del 
porta-cruz hace el interés y el drama de aquella jornada. 
Los ojos están fijos en el semblante encendido de] indio, 
midiendo cada uno por el grado de inyección de las ve- 
nas del cuello, por la hinchazón de los músculos de bra- 
zos y piernas, cuál es el grado de fuerza. ¡ Cuánta aflie- 



LA INDEPENDENCIA SUDAMEBICANA 355 

ción revelan aquellos ojos brillantes y hundidos, cuánta 
energía aquella boca contraída y espumosa ! ¡ Qué gloria 
si llega a la meta, sin necesidad de cambiarlo, cuando se 
le ve extenuado; qué lástima si revienta una arteria y 
cae fulminado ! 

El borrico es objeto de verdadero culto, como el buey 
Apis en Egipto, o el elefante blanco de Siam. Vive del 
tesoro de la parroquia durante el año, y entra al merca- 
do de legumbres, busca con la mirada las yerbas que 
más le placen; y la india vendedora se considerará di- 
chosa y predestinada a la gloria si prefiere sus zapallos, 
sus choclos o sus lechugas para desayunarse. 

Estas sencillas y patriarcales prácticas religiosas sub- 
sistían hasta 1864, en que las hemos presenciado. En 1879 
la historia ha registrado otra clase de fiesta en Chorri- 
llos; la destrucción de la nacionalidad peruana, la de- 
rrota de sus ejercites, la desmembración de su territorio, 
porque el día de la prueba el vínculo nacional se en- 
contró demasiado flojo, la mano que dirigía el timón del 
Estado vacilante e inexperta, el tesoro exhausto, sus 
Asambleas como las vírgenes imprudentes que cedieron 
al sueño y habían dejado extinguirse sus lámparas cuan- 
do el esposo llegó. 

Porque no se encuentran hoy sino ruinas y destrucción 
en los lugares en que se representaron aquellos idilios de 
la leyenda de la conquista, mediante procesiones y cánti- 
cos religiosos de San Javier y San Francisco a orillas del 
Uruguay, y Chorrillos en Lima en el Valle del Apu- 
rimac. 

Porque la nación no se alimenta ni de oraciones ni de 
cánticos elevados a Dios. L.bertad y trabajo; he ahí la 
vida pública. 

El cielo siempre nublado sobre Lima, cubierto con una 
gasa luminosa que no es nube ni se condensa en agua, 
ofrecía palio permanente, eterno, para las pompas triun- 
fales de sacramentos, santos y de autos de fe. Ciudad 
antes sin industria, posada de empleados, seda arzobis- 



356 D. F. SABMIEXTO 

pal y patria de santos, como Santo Toribio, Santo Tomé, 
y Santa Rosa, la abogada de América, no tenía que ha- 
cer con la Independencia, porque nadie tenía para qué 
ser independiente, y sí mucho que perder en serlo. 

Un sacristán había ganado veinte y cinco mil fuertes 
colectando veinte años los recortes de brocado de oro de 
que se hacen casullas y ornamentos de Iglesia, y quema- 
dos dieron una barra de plata y de oro de ese valor. 

La revolución penetró en las ideas, sin embargo, pro- 
duciendo por donde pecaba la colonia un heresiarca, el 
Padre Vigil, de dulce memoria, Bibliotecario de la gran 
Biglioteca de Lima, humanista y teólogo de la altura die 
los que ya no tiene la Iglesia Católica, que ha fijado to- 
dos los puntos y no necesita estudiar nada; el Presbítero 
Vigil, era sólo comparable en la profundidad de sus es- 
tudios al alemán Bunsen padre, que reconoció un ma- 
nuscrito de San Hilario, sin comienzo, en la Biblioteca 
Real de París, por sólo la doctrina, y al hijo de Bunsen, 
autor de los Apócrifos, en la vasta erudición. 

Escribió muchos volúmenes sobre puntos teológicos 
que a nadie apasionan, porque a nada conducen hoy, y 
un libro en que había reunido todos los testimonios ca- 
tólicos de la Iglesia Católica, encíclicas y declaraciones 
de los Papas, aplazamientos de la proposición de Conci- 
lios, doctrinas de los más grandes luminares de la Iglesia, 
contra la afirmación que los jesuítas habían introducido 
furtivamente en el bendito... " y la Purísima Concep- 
ción sin pecado originad, amén ". No tenía, sin embargo, 
como el común de los teólogos modernos, incluso Lamen- 
, Renán, el Padre Jacinto y otros, el talento de la 
oportunidad. Cuando publicó el trabajo de su vida, pre- 
cisamente por creerlo de la época, se reunió el último 
Concilio Lateranenae que reconoció los títulos de María 
a la divinidad, al mi a tai Papas la infali- 

bilidad, con lo que se declaraba divino un oaerpe da mu- 
jer, y divina una ¡ni áa de hombre, y a) vtndíoto 



LA INDEPENDENCIA SUDAMEBICANA 357 

teólogo limeño, tan sabio y tan manso, sólo tuvo los ho- 
nores de ser declarado heresiarca del postumo dogma, y 
su libro pasar al Index. 

Necesitó el resto de la América, y los otros Virreinatos 
ya libertados, cristalizarse en héroes, como San Martín 
y Bolívar, para arrastrar tras sí a los habitantes del otro 
lado del Ecuador con Bolívar, de la Línea con Santa 
Cruz, y de la zona templada del Sur de este lado con San 
Martín y O'Higgins para dar libertad a la que se mecía 
en hamacas, muelle y somnolienta tapada que no ve el 
sol sino a través de la niebla encendida por sus rayos. 

COLOMBIA 

En dos centros de acción, fuera del Perú, se reconcen- 
tra el movimiento de emancipación, que a medida que 
se desarrollaban los sucesos iba quitándose todo em- 
bozo llamándose por su nombre y despojando a los pe- 
ninsulares de toda situación y poder de obrar. Buenos 
Aires fué uno de estos centros adonde convergió luego 
Chile por comunidad de intereses y facilidades de co- 
municación. San Martín preparó de este lado de los 
Andes un fuerte ejército, escaló los Andes, y en dos me- 
morables batallas dejó asegurada por ese lado la inde- 
pendencia de los dos países. 

Al norte del Perú, y dando frente al espacioso Golfo 
de Méjico, se extendía a lo largo de la costa el Virreina- 
to de Nueva Granada y la Capitanía General de Vene- 
zuela que, como Chile, se agrupó con el Virreinato du- 
rante el conflicto, entrando luego Venezuela a formar un 
Estado con Nueva Granada, trayendo como contingente 
al célebre caudillo que había de dar cima en el Perú a 
la gloriosa empresa. Las hazañas de Bolívar están es- 
critas al calor de su genio en el duro bronce de la his- 
toria; pero no entra Bolívar en los límites de este traba- 
jo después de cortadas las amarras, si no es como ré- 



35S D- *"• SARMIENTO 

mora o como obstáculo. Lo que diremos de Nueva Gra- 
nada, lo diremos también de Venezuela, aunque allí se 
estiendan llanuras inmensas, haya o hubiese entonces 
famosos llaneros a caballo, que con Páez hicieron prodi- 
gios; pero con cuyos jefes de montonera necesitara Bo- 
lívar armarse de valor para darles la mano, según Ger- 
vinus. 

Nueva Granada, pues, b los Estados de Colombia hoy, 
fué el centro civil de la revolución de la Independencia 
de aquel extremo, como Buenos Aires lo fué de este; y 
siendo comunes las aspiraciones, debemos presentar pri- 
mero el trabajo que allá se hace y los resultados que se 
obtienen, para hacer a nuestro turno el inventario de 
lo que aquí hicimos y cuanto alcanzamos en la misma 
empresa. i 

Los neo-granadinos quieren emanciparse de la España 
desde comienzos de 1810 para ser libres, y al revés de 
nosotros, principian por ser libres primero. El hecho 
es de tal manera justificado y claro que deja espantado 
al que oye el relato de tan extraño acontecimiento hu- 
mano. Aristóteles habla de ciento cuarenta constitucio- 
nes que había en su tiempo en la Grecia, formada de 
islas, archipiélagos, penínsulas y pequeños continentes, 
poblada por pelasgos, dorios, ilotas, tracios; gobernada 
por reyes, democracias, aristocracias, y aún plutocracias 
oligárquicas. En Nueva Granada se han dado cien cons- 
tituciones (vamos a contarlas) en sesenta años, que han 
regido un tiempo mayor o menor en uno o en dos De- 
partamentos, o un año o diez sobre todo Estado; han 
sido derogadas por una facción opuesta o reclamadas 
por el progreso de las ideas. Los neo-granadinos han 
peleado a punta de constituí 

u La historia de nuestro derecho constitucional, dice 
el autor de do trabajo histórico sobre Nueva Granada, 
es en compendio la historia de nuestras revolución! tt; 
porque no ha existido ninguna) de nuestras con tit licio- 
nes, ya nacionales, ya de 1 ; s que componen la 



LA INDEPENDENCIA SUDAMEBICANA 359 

unión colombiana, que no haya sido el inmediato fruto 
de una revolución o insurrección triunfante, o que al 
ser pacíficamente discutida y expedida, no haya servido 
de pretexto para una posterior insurrección". 

Con motivo de mandar el Consejo de la Regencia de 
España a América unos comisarios para comunicar, ex- 
plicar y hacer aprobar sus actos, se trató de convocar 
un Cabildo abierto en Cartagena (puerto) ; y "reunida 
aquella Asamblea, acordó su acta de 22 de Mayo de 1810 
por la cual se dispuso, en sustancia, crear un gobierno 
provisional, arreglado a las leyes especiales de Indias y 
encomendado al Gobernador de la provincia en unión 
del Cabildo (1) como el 22 de Mayo de 1810, reunidos 
en el Cabildo de Buenos Aires, los curas, prelados, alcal- 
des de sección, el obispo, y Oidores en su capacidad in- 
dividual y muchos ciudadanos, se acordó en Cabildo 
abierto, como fué publicado al día siguiente por bando, 
firmado por los miembros del Cabildo, que esta corpo- 
ración quedaba investida del poder supremo, por el pre- 
sente y hasta la formación de una Junta Gubernativa, 
dependiente, sin embargo, de la que legítimamente go- 
bernare en el nombre de Fernando VII". 

De lo que estamos seguros es que el 22 de Mayo se 
hizo lo mismo en Cartagena de Indias, a la llegada de 
los agentes de la Regencia. 

Esto era solo» para abrirles el apetito a las otras ciu- 
dades. Ya se sabe lo que sucedió aquí. El Cabildo del 
Paraguay no se pronunció ni en pro ni en contra; Mon- 
tevideo adhirió a la gobernación de Cádiz; Córdoba y 
las otras ciudades del interior no se sintieron con espon- 
taneidad bastante para obrar separadamente. 

Por allá procedíamos de otro modo. El 4 de Julio la 
ciudad de Pamplona depuso todas las autoridades del 
Virrey, y constituyó su Junta Gubernativa. La ciudad 



(1) Memoria histórica sobre el desarrollo del derecho cons- 
titucional en Colombia a contar desde el 20 de Julio de 1810 
hasta la fecha, por Aquilino Samper. León, 1882. 



360 D- I*. SABMIENTO 

del Socorro hizo lo mismo. Su Cabildo abierto, numero- 
so y compuesto de diputados de varios pueblos, se cons- 
tituyó en Junta Política, enumeró en su acta todos los 
abusos que motivaban el alzamiento, y proclamó el de- 
recho popular e invitó a las demás provincias del Virrei- 
nato a constituir inmediatamente una general. 

El 5 de Agosto llegó la oleada a la ciudad de Moupar, 
que formaba parte de la provincia de Cartagena, El 
día 6 el pueblo y el Ayuntamiento, reunidos en la sala 
capitular, proclamaron la independencia absoluta con 
respecto a la España, y de cualquiera otra nación ex- 
tranjera. 

Todo lo demás no vale nada a ese paso, aunque no se 
hubiese inventado el vapor todavía. Ya creada una Jun- 
ta Suprema de gobierno nacional, había ésta convocado 
a los! pueblos a elegir sus diputados, y el 30 de Marzo 
de 1811 expidió el Serenísimo Colegio Constituyente, su 
laboriosa Constitución de Cundinamarca, constando de 
catorce títulos, divididos en trescientos cuarenta y siete 
artícidos, y el acto fué inmediatamente sancionado por 
el Poder Ejecutivo, quien la presentó a los pueblos por 
medio de una proclama fechada en Santa Fe de Bogotá. 

La Constitución, para no anticipar los oficios, se daba 
en nombre de Fernando VII, y era monárquica. 

Esto era en Marzo. En Noviembre del mismo año, la 
provincia de Cartagena de Indias se declaró sin más acá 
ni más allá, de hecho y de derecho, Estado libre, sobera- 
no c independiente. 

En 27 del mismo mes, los diputados de las provincias 
de Antioquía, Cartagena, Nelva, Pamplona, Junja, fir- 
maban una acta de Confederación de Las Provincias 
Unidas de la Nueva Granada, fuera de la Constitución 
de Cundinamarca, a la que habían adherido Mariquita 
y Socorro. 

Cundinamar onarquizó su (\msl ¡Ilición en 1812; 

Antioquía 80 dio una Constitución provincial. El 1815 



LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 361 

reformó la Constitución Cundinamarca, para corregir 
antagonismos con el Congreso Federal. 

Nótase, según el concienzudo autor del derecho cons- 
titucional granadino, una extraña uniformidad en el 
método de exposición y los principios adoptados en esos 
instrumentos que ipor lo general son federales. Los de- 
rechos individuales, especificados con toda claridad y con 
minucioso detalle, están en primera línea, y ensanchan 
lo más posible la autonomía de las provincias, restrin- 
giendo la autoridad del gobierno federal, que es la ten- 
dencia general. 

También en esto hay una notable coincidencia con el 
espíritu federal de los primitivos tiempos entre nosotros. 
Blackenridge recuerda que el secretario de Artigas le 
enseñó los nueve artículos de la Confederación norte- 
americana. 

El capitán Page los encuentra en una biblioteca del 
Paraguay, y el Congreso de Tucumán los sanciona pro- 
visoriamente, según él para regir las relaciones de unas 
provincias con otras mientras se constituye la nación. 

En estos últimos tiempos también Rosas, desde Sou- 
thampton, hablaba de la Federación como forma de go- 
bierno, y entiende por ella la Confederación de los nue- 
ve artículos. Así la inteligencia de los ignorantes sirve 
muchas veces para explicar los hechos históricos. Vése, 
pues, que esa tendencia a la desagregación que se nota- 
ba en Nueva Granada, era la que reinaba en la nueva 
Andalucía de Córdoba, con Bustos, que solo reclamaba 
el derecho de* no dejar el mando nunca, y fuera de eso 
que arreglasen la Constitución como quisieran. Más ya 
en 1819 se siente el progreso de las ideas en Colombia, 
suprimiendo de las anteriores constituciones lo que es 
de derecho administrativo, y una multitud de disposi- 
ciones secundarias que les daban aspecto de Códigos ci- 
viles. Veíase que entraban ideas constitucionales de 
Francia, Estados Unidos y España. 

Desde 1816 a 1819 en Nueva Granada se fueron acu- 



362 T>. V. SABMEENTO 

mulando los materiales explosivos, que estallaron en gue- 
rra civil y matanzas a efecto del furor de los partidos y 
del triunfo de los llamados pacificadores. 

Bolívar, que había retrotraído del Perú la provincia 
de Quito, construyó el Estado de Colombia con este 
nuevo aditamento al territorio de Nueva Granada y Ve- 
nezuela. 

El Congreso de Colombia en 1819 declaró desde ese 
día reunidas aquellas grandes secciones bajo la denomi- 
nación de Colombia. 

La Constitución de una República popular represen- 
tativa fué el término de la grande obra. No tardó, em- 
pero, la ocasión de reformar dicha Constitución, convo- 
cando Bolívar una convención para revisarla, Bolívar 
que era el alma de la provocada reforma. Los diputados 
nombrados traían sin duda el pensamiento de suprimir 
un artículo que estaba de más en la Constitución, el ar- 
tículo 1.°: — Simón Bolívar; como Buenos Aires, después 
de -constituida federativamente la naeión argentina, pi- 
dió y obtuvo para incorporarse que se suprimiese y se 
suprimió un artículo semejante. Esta moción obligó a 
una minoría a separarse escandalosamente del Congreso, 
cuyo acto probaba cuánta razón tenía la mayoría. Una 
Municipalidad de Bogotá, y a su ejemplo otros pueblos, 
dieron a Bolívar la dictadura, dictando él para ejercer- 
la un decreto orgánico que sustituyó al la Constitución. 
Luego se alzaron los departamentos venezolanos, enca- 
bezados por el General Páez. Venezuela se separó de 
Colombia, cuyo Congreso fulminaba un decreto de pros- 
cripción contra el Gran Libertador, que abrumado por 
bu gloria, su ambición y sus desengaños, moría casi soli- 
tario en las cercanías de Santa Marta. 

En cambio, la opinión pública había hecho grandes 
progresos en Lai ídeae constitutiva*, aproximándote cada 
día <más y más al padrón general del gobierno represen- 
tativo, OOH división de poderes y enumeración de dere- 
cho§ y garantías. En el primer período había el instin 



LA INDEPENDENCIA SUDAMEBICANA 363 

to y el deseo de seguir las inspiraciones de un ardiente 
tribuno que, como Rousseau, creía constituir el gobierno 
con sólo asegurar la declaración de los derechos del hom- 
bre, hecha en la manera declamatoria de la fórmula 
francesa, única pieza salvada de aquel cráter revolucio- 
nario. La Constitución del Estado de Nueva Granada 
de 1832, según la cual el gobierno debía ser "republi- 
cano o popular, representativo, electivo, alternativo y 
responsable". 

En 1842 fué reformada esta Constitución, tendiendo 
a dar mayor poder al Ejecutivo y restringiendo ciertos 
derechos individuales, o limitando las atribuciones de 
las Municipalidades. 

En 1853 fué nuevamente reformada, dando satisfac- 
ción a las ideas federalistas que venían ganando terre- 
no, y se adoptó más tarde, a manera de transacción, un 
sistema parcial de creación de Estados federales, que dio 
por resultado una Confederación. Esta Constitución res- 
tableció el poder municipal en toda su plenitud, e hizo 
elegibles por sufragio universal y decreto los magistra- 
dos de la Corte Suprema y Procurador General y Go- 
bernadores de las provincias. Declaró incompatibles 
muchos empleos a fin de asegurar la independencia de 
las Cámaras. En 1854 se constituyó abiertamente el go- 
bierno federal. En 1857 se reconocieron seis Estados fe- 
derales, formados de las antiguas provincias. 

Consultados los pueblos sobre si deseaban constituirse 
bajo el régimen federativo, contestaron afirmativamen- 
te, catorce Estados con Panamá. Cuatro se pronuncia- 
ron en contra, y cinco no emitieron opinión alguna. Se 
declaró federalizado el Estado. Autorizadas las provin- 
cias nuevas a constituirse, en Panamá prevaleció un li- 
beralismo ultra. En cuatro Estados, gobiernos conserva- 
dores; en uno, el conservatismo atemperado, y en dos el 
radicalismo más extremado. 

Mientras la Constitución se perfecciona, y probable- 
mente a causa de acercarse a la perfección, la guerra ci- 



364 D- F. SABMIENTO 

vil recorría todas las provincias, agrupándolas según sus 
simpatías de causa, ¡hasta que la insurrección de Bogotá 
puso término al gobierno de la Confederación, y a me- 
dida que fué alcanzando triunfos, el Supremo Director 
instituido fué reemplazando con su autoridad la del go- 
bierno de la Confederación. 

Con este triunfo, el llamado ya Presidente de los Es- 
tados Unidos de Colombia, creó por decreto un Distrito 
federal, que lo era también de Cundinamarca, dándole 
al efecto un gobierno particular. 

Como es nuestro objeto seguir en el pueblo granadino 
el desenvolvimiento de las ideas de gobierno, tan limi- 
tadas y confusas en la raza española, y más oscurecidas 
en América, las pocas nociones que aquellos trajeron de 
Europa por la incorporación en la cuy de los indígenas, 
aprovecharemos de la enumeración que Samper hace de 
las Constituciones parciales de los Estados desde 1856 
a la fecha, hechas a influjo de cada partido o círculo 
político que ha verificado un alzamiento con éxito favo- 
rable, a fin de justificarlo o de caracterizarlo. 

Antioquía — la primitiva Constitución de 1856 a vir- 
tud de la ley que organizó el Estado — la de 1863 — la de 
Mayo del mismo año — la de 1864 — el acto legislativo re- 
formatorio de 1867 — la Constitución de 1877 y la de 
1878 — siete Constituciones. Contemos en les dedos: An- 
tioquía, siete; Bolívar, tres; Boooyá, cuatro; Cauca, 
tres; Cundinamarca, seis; Maydalen, cuatro; Panamá, 
; Santander, tres ; Toluma, cuatro. 

Constituciones provinciales, cuarenta y una. 

rita Nueva Granada con dos millones y medio de 

habitantes, y de aquel prurito de cambiar los sistemas, 

de mejorarlos y de asociar el triunfo de un partido a 

'nrma en las instituciones, ha debido producirse 

l<> que ya se ha notado en los veinte años que lleva de 

tica la última Constitución y tiempo trascurrido 

desde 1810, y es el grande interés del pueblo por dtnN 

unciones libres, y los progresos que ha venido ha- 



LA. INDEPENDENCIA 8UDAMEBICANA 365 

ciendo el conocimiento general de las doctrinas de la 
ciencia constitucional. La opinión ha podido formarse en 
virtud de serias y detenidas discusiones, apoyadas y ge- 
neralizadas por una prensa ya muy ilustrada y una cul- 
tura avanzadísima, como nos lo demuestra la profundidad 
de los estudios que se hacen sobre el derecho constitucio- 
nal mismo, y los progresos de la literatura neogranadi- 
na, que es de las más avanzadas en América, tenidos sus 
escritores como los más castizos hablistas, habiendo da- 
do de ellos varios miembros a la Academia de la lengua 
castellana tales como Bello, Baral, etc. Hase dado 
Colombia códigos, ha separado la iglesia del Estado, 
y aunque asta medida le crea a cada momento embara- 
zos, los hombres de Estado — y los tiene notables, — 
responden a cada una de ellas con una nueva libertad 
acordada. Fué en Colombia donde se formuló la política 
contra "cornetas y campanas", que una vez nombrada 
entre nosotros trajo graves acontecimientos. 

Creemos muy del caso insertar aquí una carta de uno 
de los más distinguidos hombres de Estado de Colombia 
por los detalles e ideas que contiene. 

Lima, Febrero 3 de 1854. 

Al señor Domingo F. Sarmiento. 
Mi amigo bien apreciado: 

Con el interés que me inspiran todos los escritos de 
usted, lie leído sus "Comentarios a la Constitución Ar- 
gentina", obra que generalizará entre nosotros las sanas 
ideas de libertad y republicanismo genuino tan encarna- 
das en el pueblo yankee, nuestro maestro y nuestro faro 
en el camino de nuestra democracia. 

¡Ojalá que los pueblos argentinos confeccionen y obe- 
dezcan por fin una Constitución federal idéntica a la 
de nuestra hermana mayor! 



366 D. F. SABMIEÍÍTO 

Los ejemplares que destinó usted al General López y 
al Presidente Obando, fueron remitidos, llamándoles la 
atención sobre la epístola de S. Hilaire y la Memoria del 
Abate Auger, para que reproduzcan allá esos preciosos 
documentos. Espero que lo harán, pues nos vienen de 
molde. 

Mi país camina bien hasta ahora. El Congreso se ha- 
brá reunido el 1.° de éste, hallándose representadas en 
su seno todas las opiniones en la proporción de 64 miem- 
bros liberales y gólgotas, y 33 conservadores y estoma- 
gogos. No se ría de nuestros apodos políticos: valen tan- 
to como cualquiera otros, y tienen el mérito de significar 
algo de verdadero. — Las sesiones del Congreso serán ar- 
dientes y cargadas de electricidad, signo de vida, debien- 
do nacer de ellas los actos finales de nuestra revolución 
social iniciada en 18Í9. — Los hombres tímidos, los esto- 
magogos, se asustarán creyendo que la nación se desplo- 
ma destrozada por los demagogos. Dejarlos con su miedo 
y su egoísmo. Tengamos fe en la democracia y adelante, 
muchachos! 

Salud y prosperidad. Expresiones al señor Belin (pa- 
dre) y reciba bien este recuerdo de su afectísimo amigo, 

M. Ancizar. 

Este mismo señor Ancizar forma hoy parte del go- 
bierno gólgota, como se honran en llamarse los liberales. 

Este partido con tales ideas, con Obando, López y sus 
ndes proceres, ha podido decir con orgullo que desde 
la época gloriosa de la Independencia ha existido en la 
Nueva Granada un partido político fuerte, inteligente y 
.'.ltivo, que lia figurado en todos los acontecimientos más 
notables de aquella República, que ha luchado con po- 
;sos adversarios, que ha detenido el paso de los tira- 
nos, que ha pasado por el fragor de los contrastes con 
resignación y firmeza, como todos los partidos que tie- 
nen fe en el porvenir, que ha tomado sus inspiraciones y 



LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 367 

sus doctrinas de republicanos ilustres, y que después de 
vicisitudes dolorosas y sangrientas se ha restablecido en 
la dirección de los negocios, con el gobierno que concluye 
el término en los límites fijados por la Constitución. (To- 
mado de un discurso político). 

No hay encomio bastante a realzar el mérito de las 
publicaciones oficiales de los Estados Unidos de Colom- 
bia, tales como los Anales de la Instrucción Pública, en 
que se contiene estudios originales sobre el Derecho ci- 
vil nacional, el de Gentes,, historia natural, que agotan 
la materia, todo concebido en las más acreditadas formas 
y expresado en el más correcto lenguaje. Un Congreso 
nacional sobre temas científicos, artísticos y literarios, 
tenido en 1881, contiene varias Memorias sobre el des- 
arrollo del derecho constitucional en Colombia a contar 
desde el 20 de Julio de 1810 hasta la fecha, trabajos im- 
portantísimos y completes, que arrojan una grande luz 
sobre los primeros movimientos de la América y el esta- 
do embrionario de las ideas. Con estos escritos a la vista, 
podemos decir que los Estados Unidos de Colombia es- 
tán mucho más adelantados en nociones y prácticas del 
gobierno republicano que nosotros, ya que en educación 
común hemos retrogradado veinte años. 

Nuestro joven Encargado de Negocios cerca de los Es- 
tados Unidos de Colombia, don Miguel Cañé, tomado de 
sorpresa sin duda por aquella completa realización de 
los propósitos de la Revolución de la Independencia, da 
cuenta de sus impresiones en estos calurosos términos. 

" Ningún pueblo de la tierra, dice, puede enorgulle- 
cerse de tener instituciones más liberales que las que go- 
za actualmente Colombia. Los derechos individuales son 
absolutos y ningún poder tiene el derecho ni el medio de 
limitarlos en ninguna de sus legítimas manifestaciones. 
La libertad de cultos es igualmente absoluta. 

" El Estado no protege ni interviene en ninguno. La 
prensa, la palabra, son completamente libres, lo mismo 



368 D- F. SABMIENTO 

que el derecho de reunión. Basta manifestar la voluntad 
para ser recibido con los brazos abiertos por la Consti- 
tución de Colombia, como ciudadano de la Unión. 

" La instrucción pública se ha desarrollado grande- 
mente en los últimos años, como también varias institu- 
ciones científicas llamadas a un gran porvenir. 

" En este país, la libertad está muy lejos de ser una 
palabra vana. Los dos últimos presidentes, — el doctor 
Núñez, eminente hombre de Estado y uno de los poeta» 
más distinguidos de la América, y el doctor Zaldúa, an- 
ciano a cuya vida no hay nada que reprochar, inteligen- 
cia clara, rectitud moral notable, — a quienes Colombia 
confirió consecutivamente la más elevada magistratura 
nacional, prueban que ha pasado para siempre el predo- 
minio militar y que el porvenir pertenece al impeni» ex- 
clusivo de la ley. 

" Que los beneficios de la paz no abandonan jamás 
esa tierra simpática : que el aliento vivificante de la Eu- 
ropa llegue a aquellos campos y a aquellas montañas, 
cortando con estas vías férreas aquellas planicies y aque- 
llos valles fecundos donde la actividad humana encon- 
trará un día uno de les más vastos campos para maravi- 
lla de sus múltiples expansiones " (1). 

Terminaríamos aquí la reseña histórica de aquella ra- 
ma de la corriente revolucionaria, que conmovió toda la 
América española, y que no por todas partes encuentra 
expedito canal, a fin de que no se estanquen sus aguas, 
si no debiéramos señalarles feliz término a su laboriosa 
obra liberal en la ya emprendida apertura del canal de 
Panamá, que quedará dentro de seis años, pues Lessops 
un uncía terminarlo para 1888, convertida la Nueva Gra- 
i en el centro del mundo moderno que ha dejado de 
dividirse 80 occidental y oriental, y Panamá en el em- 
porio del Universo, con todas las acumulaciones de po- 



(1) Onrffi do] Fncnrgndo do Negocios de la República, doc- 
tor don Miguel Cañé. 



LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 369 

Ilación y de riqueza que se reúnen en puntos tales, y que 
se han llamado antes Venecia, Amberes o Londres, se- 
gún se cambia el lugar de las permutas mercantiles. 

La emigración atraída a Buenos Aires, que está fuera 
de las rutas comerciales del mundo, ha progresado lo 
bastante en estos veinte años para darse cuenta de las 
transformaciones que experimentará rápidamente aque- 
lla parte de América, y aquel Estado que viene a quedar 
también colocado al lado de las nuevas vías del movi- 
miento interoceánico. El porvenir, pues, de Nueva Gra- 
nada, libre del poder dictatorial que ha anulado a la 
patria de Bolívar, donde ni las letras cuentan con favor, 
está asegurado. 

Nueva Granada de un lado, la América central del 
otro, y Méjico en contacto de asimilación con los Estados 
Unidos, acelerarán la marcha que tan lenta se mostraba, 
no sin dar traspiés a cada momento. 



CAPITULO IX 



LOS INDÍGENAS a caballo 



"El caballo — Su Influencia sobre el espíritu del salvaje — La edad 
del caballo — Los países que no poseen el caballo — La 
Pampa, asilo Inviolable — Banda Oriental — Montevideo — 
Vacas y yeguas precedieron al hombre — Banquete de la 
naturaleza — Bandoleros — Comercio del cuero — Pobla- 
ciones movedizas — Fundación de Montevideo — Los blan- 
dengues — Dos generaciones median entre la fundación de 
Montevideo y la Revolución. 

EL CUERO — Casas de cuero — A pata la llana — El proteo 
de la industria colonial — La vida errante en la Banda 
Oriental — El escollo de la Revolución — El germen del 
desquicio general — La revuelta de las razas indígenas 
contra la Revolución hecha por la raza blanca — Esa re- 
vuelta inutiliza las instituciones — Influencia de los espa- 
ñoles en Montevideo — La cooperación de la raza blanca 
suprimida — Los portugueses — Programa ideal de revolu- 
ciones — Los revolucionarios abandonan el sitio de Monte- 
video — La caballería orden de emigrar — Artigas — Emi- 
graciones — Las misiones y reducciones transportadas — 
El campamento — Separación de las tropas regulares — El 
ejército y jefes de Artigas de indios y mestizos — Los es- 
pañoles ensillados — "Fué purificado" — "Para mantener 
la moral". 

INDIADA DE RIVERA — Las fuerzas de Rivera — Benemérito 
de la patria — Rivalidades entre charrúas y guaraníes — 
Revolución de Lavalleja — Macuabé — Soler — Quiénes 
dieron su poder a Artigas — Quiénes le obedecían — El 
más salvaje — El protector de los pueblos libres — Alza- 
miento de razas conquistadas — Incoherencia del lenguaje 

— Cuál fué el pensamiento de Artigas — Es un caudillo 
salteador ajeno a toda tradición humana de gobierno — 
Una vida de crímenes — Gauna — La línea de salteadores 

— La Junta provisoria disuelta por Artigas — Se levanta 
el sitio de Montevideo — No traidor, sino una bestia — Los 
caudillos y los diputados — La idea de la delegación — 
Vivir como moros sin Señor — Triunfa Artigas! — La revo- 
lución francesa cayó en manos de una conspiración de ban- 
didos — La Independencia y los indios. 

¡Feliz el día en que desembarcó el primer caballo en 
América! De su propagación dependía la elevación mo- 
ral de las razas indígenas prehistóricas que sometían su 
empuje mismo después de vagar a pie siglos sin cuento! 



372 D- F. SABMIENTO 

El cristianismo obra muy lentamente sobre el espíritu 
del salvaje; y la esclavitud o servidumbre que le im- 
ponían necesariamente los blancos o europeos para do- 
mesticarlo, contribuía a degradar el carácter, castigan- 
do en ellos toda manifestación de independencia. Era, 
pues, necesario un cambio en la manera de ser, en las 
dependencias y vínculos de la sociedad, para levantar el 
espíritu del indio, y abrirle camino a una condición más 
personal. 

La mita, la hacienda, el Pueblo, la Reducción, fijan a 
cada habitante su lugar y su dependencia. 

El caballo rompe todas estas amarras, y el jinete a 
campo raso, donde no hay cercos que lo dividan, ni mon- 
tañas que lo estrechen, cuando aquel campo es la Pampa 
o los llanos sin límites, se siente libre en sus acciones ; y 
daría rienda suelta a su pensamiento como a su caballo 
si alguien, u otros en iguales condiciones, igualmente a 
caballo, tratasen de sustraerse a las penosas sujeciones 
del patrón, de la mita, de la encomienda o repartimiento. 

Se ha creado una edad de piedra y una edad de bron- 
ce que marcaría el paso de la vida salvaje a la bárbara, 
debiéndose al hierro el comienzo de la civilización. Ha 
debido haber una edad del caballo, que permite al hom- 
bre desligarse del suelo, aspirar otra capa de aire más 
pura, mirar a los demás hombres hacia abajo, someter a 
los animales y sentir su superioridad por su dilatación 
del horizonte, por la ubicuidad de morada, por la impu- 
nidad obtenida sustrayéndose a la pena. En América 
nares de tal manera una época la introducción del ca- 
ballo, que puede decirse que suprime dos siglos de servi- 
dumbre para el indígena, lo eleva sobre la raza conquis- 
tadora, aun en las ciudades, hasta que el ferrocarril y el 
telégrafo devuelvan a la civilización del hierro su pre- 
ponderancia. 

La influencia del ral ¡a lio lia sido tal, que en los países 
que no lo poseen en abundancia, como en Bolivia y en el 



LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 373 

Ecuador, las indiadas conservan su carácter secular y su 
secular fisionomía; y aun en los Estados Unidos, donde 
el bosque los proteje y la adopción del rifle los defiende 
contra la raza blanca, no han cambiado de modo de ser 
en contacto con los blancos, con excepción de los sioux y 
romanches que viven en llanos, por los que vagan a ca- 
ballo. Por el contrario, en Venezuela y la República Ar- 
gentina los llaneros y la montonera han ejercido supre- 
ma influencia en las guerras civiles, habilitando a las 
antiguas razas a mezclarse y refundirse, ejerciendo como 
masas populares de a caballo, la más violenta acción con- 
tra la civilización colonial y las instituciones de origen 
europeo, poniendo barreras a la introducción de las for 
mas en que reposa hoy el gobierno de los pueblos cultos. 
Los coriolanos de las ciudades españolas, los hijos su- 
blevados, los escapados de la justicia hallarían siempre 
en la Pampa sin límites algo más que un asilo inviola- 
ble, elementos de guerra con poblaciones prontas a la 
obediencia, con recursos inagotables de los dos indispen- 
sables elementos, caballos y ganados. Los Spartacos, los 
Gengiskanes, serán seguidos y aclamados por las turbas 
de jinetes de las campiñas, al grito de italiam, italiam, 
las ciudades de los civiles. 

Veamos de trazar con estos elementos, el cuadro en 
breves rasgos, y caracterizar si es posible, los actores del 
terrible drama doméstico que ha desgarrado el país du- 
rante medio siglo, al desprenderse de la España. 

Al Oriente del Río de la Plata y al Sur del Uruguay 
se extiende entre los grados 30 y 40 de latitud Sur una 
comarca que mide como doscientos mil kilómetros de su- 
perficie. Dividen el territorio unas colinas que por su 
prolongación llaman cuchillas, y sirve su cumbre de ca- 
minos a guisa de calzadas romanas. De su base afluyen a 
amibos lados frecuentes manantiales, arroyos de agua 
cristalina que mantienen lozana vegetación en sus orillas 



374 »• F. SABMIENTO 

y reuniéndose en mayores caudales van a desaguar en 
uno y otro de aquellos nobles y navegables ríos (1). 

No es, pues, la Pampa sin accidentes y sin vegetación 
mayor lo que se extiende a lo largo de las cuchillas de la 
Banda Oriental. Es el país accidentado de la Francia, 
tan regado como aquel fértil territorio, cubierto además 
en toda su extensión de pastos apetecibles para los ru- 
miantes y los herbívoros. El clima suavizado por las 
brisas del mar salado, y aquellos mares dulces que le 
sirven de marco, no es el que encontraríamos en Argel 
o Trípoli, sino el del mediodía de Europa. 

Tiene hoy una ciudad en una península, sobre un li- 
gero basamento piramidal, encerrando la boca del exce- 
lente puerto que) guarda al lado opuesto de su estrecha 
entrada una Bastilla que la naturaleza colocó allí, y que 
el primer navegante señaló: Montevideo. 

En 1804 todavía no había un solo rancho, en el lugar 
donde hoy extiende la ciudad coqueta sus formas artís- 
ticas al lado de la bahía. 

En 1860 se registraban en la Banda Oriental, que así 
se llamaba este afortunado país, como seis millones de 
cabezas de ganado y setecientos a ochocientos mil caba- 
llos. 

Sin necesidad de que fuesen en tan grande número, 
sus ascendentes de vacas y yeguas habían precedido al 
hombre civilizado en la posesión de aquel banquete de 



(1) "El 20 de Octubre de 1708 echamos el ancla en un lugar 
Humado Montevideo. Hay una colina en la cual han plantado 
una cruz muy alta para que Ion cazadores que se alejan puedan 
encontrar su camino para volver a los buques. Todo el país es 
una llanura do muchos centenares de leguas, pero desierta e 
lnlrit.lt rula, entrecortada por otra parte de arroyos. El 25 la 
mitad de nuestro equipaje descendió a tierra, donde se levan- 
taron tiendas para el capitán y oficiales. Se hizo Inmediata- 
te construir dos hornos para hacer bizcocho a cuyo objeto 
traíamos de Buenos Aires harina, habiendo mandado marineros 
en busca de lena que hallaron en un lugar llamado Santa Lucía. 
Los Arboles eran acacias, algarrobos, mas gomeros que los de 
Francia. 

"Toda la camplfia esta llena de vacas, y se les ve correr en 
reharto. Nuestros cazadores las mataban y los voluntarlos iban 
a recogerlas." 

Voyages aux Indes Occidentales, 1704. 



LA INDEPENDENCIA SXJDAMEBICANA 375 

un siglo permanente de verdura tendido a guisa de cés- 
ped para la felicidad de los animales. 

Quizá sea ésta la única extensión conocida de la tie- 
rra en que el país se haya infestado en un siglo o mas 
de ganado y caballos, vueltos a la vida salvaje, y de tan 
extraño hecho debían resultar extrañas consecuencias, y 
no fueron, en efecto, oscuras ni pequeñas. 

Los viajeros que han penetrado en el interior del 
África central, nos instruyen de la existencia de una 
comarca de más de doscientas leguas cuadradas en que 
crecen y maduran espontáneamente sandías exquisitas 
y refrigerantes. En la estación en que ofrece sus millo- 
nes de frutos acuden los negros, los elefantes y los cier- 
vos, toda clase de animales, sin excluir los terribles leones 
de melena, tomando todos parte en el festín y deponien- 
do ante la golosina de la abundante fruta sus instintos 
feroces los unos, sus timideces y desconfianzas instinti- 
vas los otros. Las campiñas risueñas de la Banda Orien- 
tal debieron ofrecer el mismo pasto a los blancos, a in- 
dios, a pumas y a salteadores. 

Al país llamado Las Manzanas acuden también los 
indios de diversas tribus en la época de la madurez de la 
fruta. 

La Banda Oriental del Río de la Plata se pobló de 
cristianos más tarde que de ganados, para apropiarse de 
los cueros y las grasas de los ganados, que sin permiso 
de la autoridad que aún no existía se habían apoderado 
del país. Habíanse mezclado los caballos con la pobla- 
ción cornuda ; y como no sobreabundaban los lobos ni los 
tigres para contener el crecimiento superabundante, 
como lo hace la naturaleza cuando el hombre no se mete 
de por medio, habíanse trepado sobre los caballos, bí- 
pedos que ejercían la noble profesión de bandoleros, 
para proveer de cueros a los blancos de las costas y 
transportar el valioso contrabando de mercaderías euro- 
peas, que el comercio de pieles alimentaba, y mantenían 



376 D- *"• SABMDENTO 

los portugueses con las naves inglesas, francesas y ho- 
landesas que frecuentaban el puerto de la Colonia. 

"Los tres buques de que acabo de hablar, están ac- 
tualmente ocupados de cargar cueros de toros para lle- 
var a Franeia. Se venden hasta siete y ocho escudos y 
se compranj aquí por treinta sueldos la pieza. Son tan 
comunes que no se va a la caza sino para obtenerlos, en- 
contrándose por millares los rebaños de vacas y de pe- 
rros salvajes". 

Podemos hacernos una idea de lo que» fueron aquellas 
poblaciones movedizas, por la pintura que hace un mi- 
sionero jesuíta de los mamelucos portugueses: — "San 
' Paulo, dice, no tenía más de 400 habitantes al princi- 
'pio; pero hoy (1720) cuenta muchos miles. Se admi- 
' te allí la escoria de todas las naciones. Es el asilo de 
' todos los malvados portugueses, españoles, ingleses, 
'holandeses que han escapado de Europa de los supli- 
' cios que merecían por! sus crímenes, o que aspiran a 
' llevar una vida licenciosa impunemente. Los negros 
' escapados a sus amos, están seguros de ser allí bien 
'recibidos" (1). 

MONTEVIDEO 



El bandalaje adquirió tales proporciones en la Banda 
Oriental, donde los indios Charrúas, Gatos y Bahones 
infestaban los caminos con atroces insultos, que el Co- 
ronel D. Baltasar García en 1713 pasó a someterlos e 
imponerles la paz. Su sucesor, D. Bruno Zavala, fundó 
a Montevideo en- 1726 y puso su mayor celo en perse- 
guir el contrabando y los bandoleros, instituyendo un 
cuerpo de blandengues o carabineros para perseguirlos 
sin descanso, y cuyo personal debía parecerse en su com- 
posición a los que habitaban el país, siendo sus hábitos 
los mismos, de jinetes habituados a correr enormes dis- 
tancias, vivir de privaciones y fatigas y practicar las 



(1) (Muratori — Du Paraguay, pag. 74.) 



LA INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 377 

mismas atrocidades a que se abandonaban aquellas po- 
blaciones salvajes o depravadas. 

Desde 1726, en que se funda Montevideo con cuarenta 
familias canarias, hasta contener doce mil habitantes en 
1770, han mediado poco más de dos generaciones, pues 
los que figuraron a principios de este siglo debían haber 
alcanzado a la edad viril en el otro. 

EL CUERO 

Un viajero jesuíta, que vio en construcción la ciudad 
de Montevideo en 1727, nota sólo dos casas de material 
y cuarenta de cuero, aunque las familias que las habitan 
son canarias. El cuero fué, diremos así, la materia pri- 
ma producida por la colonización española. No eran 
muchos los curtidos que proveían de suelas y baquetas. 
Los indígenas resistieron hasta el pasado sigla a llevar 
calzados, caminando a pata la llana y poniéndose los za- 
patos solo al «entrar a la iglesia o para estar ante la au- 
toridad; pero el cuero crudo fué el proteo de la indus- 
tria colonial. Se construían casas con ellos cuando eran 
tan abundantes como al fundarse Montevideo. Super- 
puestos, constituyen abrigadas techumbres, como en el 
toldo del indio. Siendo escasos los clavos, inaudito el 
alambre, no sospechada la soga de cáñamo o la cuerda 
de lino, el cuero, humedecido proporciona toda clase de 
cordaje y crudo, amarraduras que ni el tiempo aflojará, 
para suplir escopleaduras, ensambles y remaches. Las 
puertas y las camas de cuero extendido en un bastidor 
se dejan ver todavía en las campiñas. Las puertas de 
las casas, los cofres, los canastos, los sacos, las cestas, son 
hechas de cuero crudo con pelo, y aun los cercos de los 
jardines y los techos están cubiertos de cueros, los odres 
para el transporte de los líquidos, los yoles, las árganas 
para el de las substancias, la tipa, el noque para guar- 
darlas y moverlas, las petacas para asientos y cofres, 
los arreos del caballo, los arneses para el tiro, el lazo, las 



378 D. F. SAEMIENTO 

riendas tejidas, para todo el cuero de vaca ha sustituido 
en América donde abundan los ganados, a la madera, al 
hierro, a la ¡mimbrería, y aún a los materiales de las te- 
chumbres, y c'omo bastaba para manejarlo en sus múl- 
tiples aplicaciones el uso del cuchillo, puede decirse que 
arruinó todas las artes a que suplía, como se ve en la 
confección de las monturas, en que se perdió hasta la 
forma de la silla española o árabe que traían los con- 
quistadores. 

No transportándose a Europa la carne de las vacas, 
ni la lana de las ovejas, la cría del ganado daba sólo cue- 
ros para el comercio europeo y sacos como los que toda- 
vía sirven para envasar la yerba mate, y estuvieron has- 
ta ahora poco en uso en el interior. La carne era un 
sobrante, un desperdicio inútil, como son todavía en los 
campos las piernas de carne, los pescuezos y los intesti- 
nos. En Buenos Aires las caseras compraban carne para 
que picasen los pollos. ¿Qué hacer en los campos con la 
carne de las reses utilizables solo para obtener millares 
de cueros y a veces una escasa porción de gordura? 

Pasaron de Buenos Aires a la Banda Oriental empre- 
sarios para cuerear los ganados silvestres, y así se fue- 
ron fundando núcleos de población en Montevideo y 
otros en la embocadura de la Plata. 

Fuera de las Reducciones de indios de que hicimos 
mención, vagaban aún en las campañas orientales varias 
tribus de indígenas, Mes como los minuanos, los cha- 
rrúas y algunas otras, añadiéndose a esta población am- 
bulante la numerosa de contrabandistas, bandidos, sal- 
teadores, esclavos y criminales escapados de las poblacio- 
nes, huyendo de la justicia. Esa abundancia de ganados 
alzados y la facultad do procurarse caballos debía crear 
una existencia fácil y exenta de privaciones, pues el co- 
mercio de cueros proporcionaba los otros artículos de 
consumo que el país no producía con este modo de ser 
especial. 

Cuando sobrevino el movimiento de emancipación de 



LA. INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 379 

las colonias que como una inmensa marea venía avan- 
zando desde el Norte de América y bañaba las costas de 
la del Sud por ambos mares, la Banda Oriental del Río 
de la Plata fué un atolladero en que se estrelló el primer 
impulso, saliendo de ahí los obstáculos que hicieron es- 
tériles la mitad de los esfuerzos hechos para terminar la 
guerra de la indepedencia en el resto de la América. En 
lo que hace al Virreinato de Buenos Aires, no sólo trajo 
su disolución, sino que le introdujo un virus deletéreo 
que ha consumido sus fuerzas durante cuarenta años de 
guerras iciviles, hasta acabar por quedar reducido en 
extensión el territorio a lo que buenamente le dejaron 
las vicisitudes de la guerra civil y las desmembraciones 
sucesivas, recibiendo instituciones impuestas por la fa- 
talidad de los sucesos, o por la voluntad de los régulos 
de jinetes, que triunfaron al fin, suprimiéndose unos a 
otros, hasta dar un cierto orden constitucional al go 
bierno de un país ya pequeño. 

De la Banda Oriental salió el germen del desquicio 
general, y como lo atribuímos a los defectos orgánicos 
de la colonización, hemos creído que debemos detenernos 
en el estudio de este gran trastorno a fin de aclarar las 
oscuridades y desvanecer las incertidumbres sobre las 
causas que han obrado y los efectos que aún se sienten 
por toda esta española América. 

Sin las precauciones oratorias con que Darwin anun- 
cia el resultado de sus largos estudios, tan poco halagüeño 
para el orgullo humano, sosteniendo que el hombre des- 
ciende de un animal arbóreo, parecido a un simio, me 
permitiré resumir en dos frases el objeto y el resultado 
de esta investigación, y es que desde el instante en que 
la clase española de las ciudades americanas, cediendo a 
un impulso histórico externo, se dispuso a hacerse inde- 
pendiente de la España, del mismo impulso se produjo 
un movimiento interno de dislocación de la antigua compo- 
sición de las colonias en el Río de la Plata, principiando 
una revuelta paralela a la revolución de la Independen- 



380 D- F. SABMIENTO 

cia, de las razas indígenas, suscitada por los Coriolanos 
perversos que se separaron de los propósitos e instintos 
civiles de su raza, para encabezar en provecho propio las 
resistencias, los rencores y las ineptitudes civiles de loa 
indígenas, no preparados para la vida civil ni para las 
instituciones libres, a que aspiraban los blancos entendi- 
dos y en contacto con el mundo exterior. 

Esta revuelta no ha creado las instituciones que po- 
seemos, hijas del espíritu liberal de la raza blanca, pero 
está inutilizándolas en la práctica todavía, después de 
setenta años, por la misma incapacidad de tomar parte 
regular y racional de la organización y funcionamiento 
del gobierno civil, ponderado y responsable. 

Sin más preparación, entraremos al examen de los sin- 
gulares, extraños, asombrosos acontecimientos en que se 
estrella la Revolución de 1810, al trasmitirse a Monte- 
video la noticia oficial de la instalación de la Junta Gu- 
bernativa Provisoria el 25 de Mayo 1810. 

Debía ser reducido el número de jóvenes patricios 
susceptibles de apasionarse con el propósito de la Inde- 
pendencia en ciudad como Montevideo, que tenía sólo 
ochenta años de existencia, para poder tener muchos 
blancos criollos, y que no se extendía más allá de la mu- 
ralla que ocupaba el centro de la que hoy es Plaza de 
la Independencia. 

Figuran desde entonces nombres como los de Herrera, 
Vedia, Gómez, Vázquez. Pero Montevideo contenía una 
fortaleza española y su Bahía tan espaciosa ofrecía abri- 
go a las naves de guerra de España y a las mercantes 
europeas, que ya frecuentaban estas aguas por el ali- 
ciente de los cueros y las importaciones para Chile y 
Perú. Esta circunstancia debía dar mayor influencia 
moral a los oficiales de la marina española que suelen 
ser de familias cultas, como a la autoridad real que tenía 
a su respaldo una fortaleza. 

El primer impulso de la juventud americana, sin em- 



LA. INDEPENDENCIA SUDAMEBICANA 381 

bargo, fué responder con un Cabildo abierto de adhesión 
de la ciudad de Montevideo, al Cabildo abierto de la ciu- 
dad metropolitana. Pero el comandante de la fortaleza 
pensaba de otro modo; y exigió que la Junta de Buenos 
Aires se reconociese dependiente de la Junta de Regen- 
cia de Cádiz. Alzóse con la autoridad civil, puesto que 
tenía la militar, apartó del ejército a los oficiales ameri- 
canos de voluntarios, prendió los sospechosos y ocupó 
militarmente las plazas de Maldonado y la Colonia que 
se habían adherido ya al movimiento. Era suprimir pa- 
ra la causa de la Independencia, la cooperación de la 
raza blanca en la costa oriental del Río de la Plata. 

No estaba todo perdido, sin embargo. No tardaron en 
pronunciarse los pueblecillos de Belén, Soriano, Merce- 
des y otros, apoyados por Soler con los pardos y more- 
nos de Buenos Aires situados en la costa del Uruguay. 
El espíritu de revuelta fué cundiendo por las vecinas 
campañas, las tribus indígenas sintieron como que les lle- 
gaba su hora, los bandoleros de a caballo que abundaban 
en país tan socorrido, tuvieron como los palícaros de 
Crecía el presentimiento de su rehabilitación social en 
una patria futura, y prestaron el oído a los ecos de los 
llamamientos a la acción. 

Si los habitantes criollos de esa parte del Virreinato 
eran más españoles, diremos así, que los de esta banda, 
eso no quitaba que fueran más accesibles al extranjero. 
Los portugueses no sólo eran limítrofes por el lado del 
oriente, sino que habían avanzado una factoría en la Co- 
lonia del Sacramento a orillas del Plata, para aprovechar 
de las ventajas del contrabando de ingleses y holandeses, 
entonces los más osados marinos y comerciantes. Con la 
destrucción de los bucaneros y los filibusteros en las An- 
tillas y sometimiento de Morgan, los contrabandistas 
abandonaron la ruta de Panamá y se abrieron una por 
este lado para proveer de mercaderías baratas al Alto 
y Bajo Perú, Chile y las otras provincias del Río de la 



382 D- F. SAEMIENTO 

Plata. El Virreinato mismo fué creado para regularizar 
y vigilar este comercio. 

La Colonia fué tomada a los portugueses, perdida, ce- 
dida, recuperada, con lo que loa habitantes estaban en 
continuo contacto con los brasileros, y no obstante los 
odios entre fronterizos, como entre escoceses e ingleses, 
el hábito de pasar de una dominación a otra prepara las 
posibles anexiones, no sabiendo siempre o todos, si mi- 
rar al Este o al Oeste en busca de apoyo y protección. 
Artigas, Rivera, y con ellos sus jefes y bandas han servi- 
do sucesivamente a españoles, argentinos, portugueses, 
brasileros, volviendo a ser agentinos para acabar de ser 
orientales, en la imposibilidad de llegar nunca con él 
Brasil a término final. 

Antes de entrar en la narración de los sucesos que van 
a seguirse, permítasenos transcribir los rasgos principa- 
les del programa ideal de todas las revoluciones que la 
filosofía de Rousseau produjo, tal cual los diseña Taine 
en sus Orígenes de la Francia contemporánea. En Amé- 
rica iba a aplicarse la misma depuración del hombre 
real. Estamos ante los pueblos de 1810. 

" Considerad, dice Taine, estudiando esta brusca me- 
" tamórfosis en Francia, la sociedad futura tal como 
" aparece en ese instante a nuestros legisladores de ga- 
" bínete, y pensad que aparecerá muy luego la misma 
11 a los legisladores de Asambleas. A sus ojos, ha llega - 
" do el momento decisivo. Para en adelante habrá dos 
'* ¡historias: la del pasado y la del porvenir, antes, la 
" historia del hombre desprovista de su razón, y ahora, 
" la historia del hombre razonable. — De todo cuanto el 
" j «asado ha fundado o trasmitido, nada es legítimo. 
" Por arriba del hombre natural, ha creado un hombre 
" artificial: eclesiástico o lego, noble o villano, rey o 
" su joto, propietario o proletario, ignorante o letrado, 
" paisano o ciudadano, esclavo o amo, todo ello forma- 
" ba cualidades ficticias que no deben tenerse en cuen- 
" ta, porque su origen es tachado do dolo o violencia. — 



LA INDEPENDENCIA SUDAMEBICANA 383. 

Despojemos esos vestidos sobrepuestos, tomemos al 
hombre en sí, el mismo en todas las condiciones y si- 
tuaciones, en todos los países, en todos los siglos y 
busquemos el género de asociación que le conviene. . . 
— Se suponen hombres nacidos a los veinte y un años, 
sin parientes, sin pasado, sin tradiciones, sin obliga- 
ciones, sin patria, y que congregados por la primera 
vez, por la primera vez van a hacer trato entre ellos. 
De ese estado, y en el momento de hacer el contrato, 
todos son iguales; porque mediante una definición, 
hemos apartado esas calificaciones postizas que son 
las únicas que hacen que difieran entre sí. — Todos 
son libres; porque mediante una definición, hemos 
suprimido las sujeciones injustas que la fuerza bruta 
y las hereditarias preocupaciones les imponían. — 
Pero, siendo todos iguales, no hay razón alguna para 
conceder por contrato, particulares ventajas al uno 
antes que al otro. — Así, todos serán iguales ante la 
ley; ninguna persona, familia o clase tendrá privile- 
gios; nadie podrá reclamar un derecho de que otro 
esté privado; nadie soportará una carga de que otro 
esté exento. Por otra parte, siendo todos libres, cada 
uno entra con su voluntad propia en la haz de volun- 
tades que constituye la sociedad nueva ; es preciso que 
en las resoluciones comunes, cada uno intervenga por 
la parte suya. No se ha comprometido sino bajo esa 
condición; no está obligado a respetar las leyes, sino 
en cuanto ha contribuido a hacerlas, ni obedecer a los 
magistrados, sino en cuanto ha contribuido a elegir- 
los. — En el fondo de toda autoridad legítima, debe 
encontrar cada uno su consentimiento o su voto, y en 
el más humilde ciudadano los más altos poderes están 
obligados a reconocer uno de los miembros de su sobe- 
rano. Ninguno puede enajenar ni perder esa parte de 
soberanía; ella es inseparable de su persona, y cuando 
delega el uso de la misma, guarda para sí su propi?- 



384 D. F. SABMIENTO 

" dad. Libertad, igualdad, soberanía del pueblo, son los 
44 primeros artículos del contrato social ". 

Iniciada la revolución de la Independencia por esta 
parte del Virreinato de Buenos Aires, los representan- 
tes de la corona portuguesa acudieron con fuerzas en 
auxilio de los españoles sitiados en Montevideo, ya que 
con la prisión del rey en Bayona podía pasar a la coro- 
na portuguesa este rico florón. 

Los revolucionarios, sitiadores de una plaza bien arti- 
llada como estaba Montevideo, sintieron que podían ser 
estrujados contra los muros por la presión de los portu- 
gueses, y como las armas revolucionarias habían sido 
desgraciadas en el Alto Perú, los patriotas ofrecieron 
levantar el sitio si el Virrey Elio obtenía el retiro de las 
fuerzas portuguesas que avanzaban en su auxilio. 

Embarcóse entonces: la infantería para pasar a este 
lado y la caballería recibió orden de buscar paso al río 
Uruguay y establecerse en la margen opuesta. 

El jefe de estas fuerzas ordenó que todos los habitan- 
tes de la campaña de la Banda Oriental, hombres, an- 
cianos, mujeres, niños, emigrasen con el ejército, y la 
operación se llevó a cabo con vigor, desbandándose para 
conseguirlo aquel ejército de jinetes, compuesto de los 
hijos y esp'osos de las familias que debían transportarse. 
La operación retardó la desocupación del territorio, como 
estaba estipulado, dando lugar a varios combates con los 
portugueses, que tomaron de aquí pretexto para no des- 
ocupar a su turno el territorio, por falta de cumplimien- 
to a los tratados. 

El nombre de Artigas aparece al frente de aquellas 
bandas de jinetes y de aquellas muchedumbres arreadas 
como relian' iendo la retirada de las fuerzas. 

El espíritu heroico de los tiempos atribuyó fácilmente 

este movimiento, a la protesta del pueblo contra sus do- 

mlliadfota como el incendio de Moscow al mal éxito de 

la guerra. "Las familias sufrían el hambre y los rigo- 

'" la intemperie; muchas iban a ocultar su des- 



].A INDEPENDENCIA si ■uamkkica.xa 385 

"nudez cu Los montes, o a guarecerse contra la opresión 
"de la soldadesca; otras .muchas veían desaparecer sus 
"miembros por la. acción de la miseria y de los instin- 
" tos feroces de los que tenían en sus manos la faena 
"Aquel campamento confuso, de hombres, mujeres y 
" niños de todas clases, era un foco de corrupción y un 
"manantial inmenso de lágrimas" (1). 

Bate hecho, al parecer extraordinario, es el qué dá él 
¡arácter de insurrección de indígenas a la que inicia Ar- 
tigas. Sólo con poblaciones indígenas, aunque ya seden- 
tarias, pueden nacerse estas emigraciones, como si la» 
tribus recordasen sus pasados hábitos vagabundos. El 
hecho no era nuevo, sin embargo, y son rasgos caracte- 
rísticos d¡' la población oriental estas emigraciones. 

Cuando destruyeron los paulistas doce Reducciones, 
matando o llevándose cautivos los habitantes de la Guai- 
ra, con pérdida de ochenta mil indígenas, "entonces se 
' vio, dice un historiador, miembro de la Orden de los 
" Jesuítas, (¡:i¡- era imposible en estos lugares, tan ex- 
puestos al furor de los mamelucos, por su vecindad a 
San Paulo, salvar los débiles restos de las poblacio- 
nes indias. Se apercibieron también los jesuítas de 
' que la desgracia que había sobrevenido a estas pobla- 
' ciónos, había hecho más difícil la conversión de las 
'' otros indios. Los misionera tomaron el partido de 
' trasportar Jo que les quedaba de neófitos a más de 
;> ciento treinta leguas sobre las riberas del Paraná. 

" La trasmisión se hizo con trabajos increíbles; y los 

' indios, después de haber sufrido mucho en el camino, 

■* a pesar de la.s atenciones y de los cuidados de sus i 

'■ toree, llegaron al fin al lugar que les estaba destin.i- 

' do, en número de cerca doce mil. de los que se forma- 

•' ron las Reducciones de San Ignacio y de Nuestra Sc- 

" ñora de Loreto. Muchas otras Reducciones se estable 

" cieron después en el Paraná y J T ruguay, Entre Ríos y 



Bosquejo histórico da la República del Uruguay, i»«>i- *¡i 
loetor Kr. A. Berra, p4ff. M 



b,N») D. f. SAU.MIKNTO 

" Corrientes. Están de tal manera dispuestas que pue- 
" den socorrerse mutuamente cuando sea necesario, y 
" coano los neófitos se han aguerrido después, lian en- 
" trado en posesión de los países que han abandonad»). 
" Han construido nuevas Reducciones y se han puesto 
" en estado de no temer a los mamelucos, a quienes han 
" heoho arrepentí r más de una vez de su violencia y 
" crueldad. Contábanse treinta y dos Reducciones a 
" principios del pasado siglo, entre el Paraná y Uro 
" guay, de indios bautizados y se habían fundado rnur 
" chas otras Reducciones entre el río Uruguay y el 
" mar ■•', lo que hoy llamamos la Banda Oriental. 

El sistema, pues, de los éxodos, para escapar a las vio- 
lencias de mamelucos (el enemigo) y de españoles, tenía 
modelos en la tradición religiosa y jesuítica. 

La condición de las tribus salvajes sujetas como reba- 
ños a las especulaciones de los conquistadores o de fas 
jesuíta, se presta mucho a esos éxodos de pueblos en bus- 
ca de tierras de promisión como los hebreos escapados d> 
Egipto, o como los judíos llevados en cautiverio a Babi- 
lonia. 

I. os jesuítas, por hábito de espíritu, debían mostrarse 
predispuestos a estas trasmigraciones que alejaban la 
idea de patria en los neófitos, idea de que carece el sal- 
veje errante en los bosques, y que sólo defiende contra 
otras tribus a causa de la caza y finitas que halla en la 
extensión que habita. Pero los jesuítas hicieron más, y fué 
■ * ¡mular por motivos religiosos* el odio natural del sal- 
vaje al hombre civilizado, del indio al blanco, del venci- 
do al vencedor: " A fin de prevenir los malos efectos 
" del mal ejemplo, fué que los reyes catolices, a soliei 

lud dr los jesuítas, lian prohibido a los españoles ir 
" a las Seducciones a manos que en sus viajes no Loa 
" obligue a >lio la oeoesidad ". (Muratori, Missions <f« 
Paraguay, página 111). 

uno explicarse este aparte de las (ropas regulares.. 



LA EKDEPBNDEXCLA SUDAMERICANA (J87 

ordenada por jefe culto, de las turbas de jinetes, siu que- 
brar como el jefe de bandidos, y aquel seguirlo espontá- 
neamente? Los orientales de Montevideo, si no es porque 
esa noche se apartaron las dos razas, los blancos hijos de 
hidalgos, de españoles cultos, obedeciendo a sentimien- 
tos nobles, y las razas indígenas, los minuanos, guara- 
níes armados y entregados en aquel inmenso lupanar a 
la licencia que Artigas toleraba, por no tener la concien- 
cia siquiera del bien. Al día siguiente principiaba el te- 
rrible drama que no acató todavía en Caseros en 1852. 

Artigas repite el movimiento retrógrado de las misio- 
nes entre el Uruguay y el mar hacia las treinta y dos 
misiones establecidas entre el Paraná y el Uruguay. 

Artigas 86 había puesto, sin órdenes de sus jefes, en <•<>- 
munieación insurreccional con cabecillas y capitanejos de 
aquellas Reducciones de Corrientes y Entre Ríos; y tan 
caracterizado debió ser ya en el campamento babilónico 
de Ayú el levantamiento indígena encabezado por Arti- 
gas, que al llegar el Presidente Sarratea de Buenos Ai- 
res y presenciar tam repugnante espectáculo de barbarie, 
mandó separar del campamento de Artigas las tropas 
regulares que mandaban French, Soler, Rondeau y Te- 
irada, mientras que de su propio motu, y sin orden ge- 
neral, le siguieron las fuerzas orientales mismas manda- 
das por jefes blancos, tales como D. Ventura Vázquez, 
D. Baltasar Vargas, al mando de blandengues y drago- 
nes y el comandante Viera con setecientos infantes, arma 
que debía suprimirse en adelante en todos los alzamien- 
tos indígenas, por cuanto embaraza la rápida marcha 
do los jinetes, o requiere más inteligencia que para el 
uso de la chuza. 

Todos los autores, testigos y contemporáneos de Ar- 
tigas, motivando la siniestra fama que le ha sobrevivido, 
están de acuerdo en llamarle un monstruo. El Dr. Ra- 
mírez, que cuarenta años después emprende, por refutar 
c! Bosquejo Histórico del Dr. Berra, pasa la esponja so- 



;>v 1). F. SARMIENTO 

bre aquella figura abominable, y ie hace tan suavemente 
que la deja como cataba. 

■' Recordando, dice, la educación y la vida de Arti- 
" gas, la composición de las fuerzas que obraban a sus 
*' órdenes, la oscura estirpe de casi todos sus tenientes, 
"" el acosamiento incesante en que lo tuvieron sus múl- 
"" tiples contienda.?, y el peligroso ejemplo que le dio 
41 la revolución con las inmolaciones de Qópfloba en 1830 
"" y Buenos Aires en 1812, no es difícil comprender que 
"'' debe haber un gran fondo de verdad en todo lo que 
" se ha dicho sobre los desórdenes y crueldades de Las 
" huestes de Artigas. El Dr. Berra las pinta, llevando 
" por séquito inseparable, el saqueo, la violación y el 
" degüello, lo mismo en la Banda (Mental que en Río 
" Grande, en Misiones, en Entre Ríos, en Corrientes y 
" Santa Pe. La devastación y la muerte eran sus únicos 
*' impulsos, búa únicos propósitos, si nos atenemos a los 
" espantables relatos del Bosque jo. ¿Es tan perversa la 
" naturaleza humana? ¿Tanta fué la barbarie de aque- 
" lia revolución que al fin quedó triunfante sobre la socia- 
*' billdad argentina? ". 

.Vosotros contestamos: Sí, y castas páginas lo prueban. 

Bn cuanto a la elasticidad de la naturaleza como de la 
conci.ii ia humana, sin buscar tipos históricos como en 
los Borgias, o en mil bárbaros atroces que practicaron el 
mal por el mal, recomendaríamos a Gauna, que probable 
mente m daba de yapa el pico de treinta y das sobre 
cien hombres muertos por su mano. 

No nos interesa esta atenuación, sino por el reconocí 
miento del rasgo característico que hace que confirme 
nuestras vistas. I.o calidad de sus jefes, indios, mulatos, 

l-andidos. cada uno de ellos. Sus soldados son de la misma 

• •atadura; son los charrúas, los guaraníes, los minuanos. 
Amlnvsilo SS indio minuano. Lleva e.l apelillo de Artigas, 

• mimo usan los indios de la Pampa adoptar el de un mni 

o protector. Mariano Etosas, Baigorríta que era hijo 
divo del coronel Bsigorria. En las Misiones, en Co- 



JLA [KDEPKNDBNCIA 81 ii \MI.KK \N.v 3S9 

rrientes y Entre Ríos quedó por largo tiempo el recuer- 
do de los horrores de las hordas salvajes acaudilladas por 
aquel indio llamado general. Los jefes de esta división 
cían indios minuanos. El indio Ticurey, el indio Loren- 
zo Artigas, por adopción como Andresito, el indio Ma- 
líes Abacú, el indio Juan de Dios, etc. 

De Ramírez el gobernador del Entre Ríos, dice el ir- 
landés Yates que era feo de aspecto y color muy oscuro, 
lo que queda entre zambo o indio. 

encarnación, el más horrible de aquellos bandidos, es 
un atleta de ceño y hechos tan feroces que traían aterra- 
dos a sus mismos compañeros. Sus crueldades y totoi de 
bandalaje lo señalaron como un flagelo por el pail que 
a ambas márgenes del Uruguay recorría. Otorgues era 
blanco, y como Artigas, rubio: gobernó un tiempo la 
ciudad de Montevideo; y el historiador Mitre ha consig- 
nado, en su Vida de Belgrano, la observación obscena de 
Otorgues a una señora que había sido asaltada a medio 
día en al calle por un indio soldado. Un día domingo se 
colocó a un higo franciscano con las nalgas descubiertas 
a la puerta de la iglesia del convento, y se obligaba a be- 
sárselas a las personas tenidas por godas o aporteñadas 
que salían de misa. El hecho es notorio. 

Encarnación fué nombrado gobernador de la Colonia, 
donde se ensillaban españoles y aporteñados para hacer- 
los do freno, espoleándolos hasta domarlos y quebran- 
1 arlos. 

Fundóse un pueblo llamado Purificación, de donde el 
verbo purificar ''fué purificado", dicen las crónicas ofi- 
ciales, anunciando la ejecución a degüello de uno o o 
individuos. 

Bis a Encarnación que se encargaba por escrito, ejecu- 
tar (degollar) ''dos godos por semana, a falta de godos 
dos porteños, y si no los hubiere, dos aporteñados para 
mantener la moral"... la moral indígena del ejército; 
y la frase queda completa pasando de ridicula a simple- 
mente atroz. 



390 »• *"• SABMIK.NTO 

La palabra atenúa el horror de aquella aberración de 
los sentimientos, que no se explica sino por el odio de las 
razas o venganzas hasta entonces comprimidas. 



INDIADAS DE HIVERA 

Tenemos necesidad de anticipamos al curso natural 
de les sucesos, para definir las razas indígenas siguién- 
dolas hasta su desaparición y fusión finaJ. 

Siguiendo otra rama de las fuerzas de Artigas, los in- 
dómitos charrúas eran, entre los indígenas de la Banda 
Oriental, los más refractarios a la fusión iniciada por la 
conquista, que se precipitaba y consolidaba por la misma 
incorporación de los indígenas a las tropas y a las mon- 
toneras de¡ los caudillos revolucionarios, de manera que 
los guaraníes, los chañas y los minuanos mismos se fue- 
ron confundiendo y desapareciendo entre ellos. 

Dos únicos que se conservaron en tribus errantes y ais- 
ladas aunque poco numerosas, fueron los charrúas. 

El cuerpo de dragones, de que Rivera era jefe, se com- 
ponía, en buena parte, de indígenas y de mestizos. 

Con ellos estuvo al servicio de los brasileros, y con 

• líos peleó contra los brasileros en el Rincón y en Sa 
randí. 

Desavenido con el general Lavalleja, malquistado con 
el general Alvear, acusado de inteligencias con los bra 
fileros, Rivera tuvo que venir a Buenos Aires, donde ae 
ordenó su prisión, (fago de aquí y se asiló en Santa Pe, 
bajo la protección de don Estanislao López en la época 

• •o (pie tuvo lugar la batalla de Ituzaingó. 

Después de la caída de Rivadavia, liivera hubo de lia 
-•ei- parte de la expedición en que don Estanislao López 
debía operar en las Misiones, ocupadas por l<w brasile- 
pert) encontrándose con dificultades, y temiendo 

quedar anulado a la oelebraoióo de la p&s, de que ya ae 
hablaba, ae aventuro* a pasar al Uruguay con algunos 



I. A INDKI'K.XnKNí IA. Hl'UAMKBICANA 891 

hombres, contando con su prestigio y bajo el pretexto 
de reconciliarse con Lava-lleja, para que le diera alguna 
I .arle en las operaciones de la guerra. Allí se le mandó 
perseguir; y perseguido por la división del coronel Ori- 
be, a la 1 que debía incorporarse otra de Corrientes eoo 
•el mismo objeto, se arrojó al lbicuy con poco más de 
cien hombres, que atravesaron a nado more tnajorum, 
aquel caudaloso río, que a la sazón se encontraba cr 
do, realizando, en esa forma, con tan escaso número de 
hombres, la invasión de las Misiones brasileras, (pie lo- 
gró conquistar, supliendo su falta de elementos de fuer- 
za, material eon un cúmulo de estratagemas y de men- 
tiras prodigiosas, a las que simpatías di' raza daban tí 
cil crédito. 

Cuando él pasaba el río, acampaban en las alturas in- 
mediatas las tropas brasileras, a las órdenes del eoronel 
Alencastro, y se aproximaban al lbicuy las faenas de 
Oribe, y la división correntina que se le incorporó. 

Rivera con los suyos, montado en los caballos en pelo, 
con que acababan de pasar el río. se dirigía audazmente 
al campo de Alencastro, haciéndole saber, por medio de 
un parlamentario, (pie era la vanguardia del ejército de 
la República, (pie se acercaba a efectuar el pasaje del 
río; mostrándole las fuerzas de Oribe (que ya estaban 
a la vista) e intimándole que depusiera las armas, en el 
•concepto de que sería pasado a cuchillo si disparaba un 
solo tiro. 

Alencastro, dominado por el prestigio que tenía Ri- 
vera entre los ríograndenses, y creyéndolo, en efecto, la 
vanguardia del ejército que se avistaba, depuso las ar- 
mas, apoderándose Rivera de ellas y de los guaraníes 
que las llevaban ¡ y que muy contentos de libertarse de 
los portugueses, se le incorporaron con el mayor gusto. 

Apoderados de los soldados y de la chusma que acom- 
pañaba a los guaraníes, los organizó sobre las cuchillas 
más altas, mientras que Oribe y los correntinos se apres- 
taban al difícil pasaje del río. 



3ftá v. v. sai;mii;xt'> 

Apenas pasaron los correntines, que fueron los pri- 
meros, Rivera solicitó y obtuvo, por medio de un parla- 
mentario, que el jefe eorrentino se prestase a una con- 
ferencia; y en ella, después de mostrarle las numerosa^ 
fuerzas de que disponía, y el escándalo y la desgracia 
de que las republicanos peleasen y se destruyesen delan- 
te de los portugueses, debiendo combatir juntos, le su- 
plicó que le acompañase o que lo dejase ir solo a pelea i 
con los enemigos. 

El jefe eorrentino se enterneció y se decidió a no pe- 
lear con Rivera para que éste pelease con los portugue- 
ses, y volviendo al campo de Oribe le declaró que no lo 
acompañaba a perseguir a Rivera. Oribe, por más que 
se empeñó, no pudo cambiar la resolución del jefe eo- 
rrentino, y no encontrándose él solo con fuerza suficien- 
te, desistió de la persecución. Así se levantó el ' Tarde 
jen" Rivera, el patriarca oriental. 

Rivera, entonces, se internó en las Misiones, y min- 
tiendo a destajo, consumó su conquista. 

Realizada la paz, Rivera se trasladó al Cuareim, tra 
yendo con el nombre de los ejércitos del norte, varios 
regimientos de guaraníes acompañados de sus familias, 
que eran bastantes para formar un verdadero pueblo ; 
y desde allí se sometió a la obediencia de la Asamblea 
Constituyente de su país, la cuat lo declaró benemérito 
y rccoríoeiendo y recibiendo el tercer éxodo como fuer/a 
nacional las tropas guaraníes y un pueblo que se llamó 
"I. a Bella Unión". 

I ¿i vado de la mancha de traidor, declarado benemérito 
de la patria y Jefe de la fuerza guaraní, personalmenl e 
■oya, Kivera, apoyado en ella, obtuvo primero la Co- 
mandanoia General de campaña, y con esta Comandan- 
cia, podo después, la primera Presidencia Constitucional 
de [a República. 

ición, encabezada por- Lavalleja, principió a 

mover el pala; y entro los elementos revolucionarios 

eontra Rivem podían contarse los charrúas, disgustados 



J.A INüKl'KNDKXí IA 8UDAXKBXCAXA 

con el Presidente guaraní desde que lo veían apoyado en 
los guaraníes, y los mismos guaraníes? que habían que- 
dado en "La Helia Unión", de los que Rivera se había 
cuidado poco y que estaban en una situación de miseria 
y de desamparo absoluto. 

Los charrúas venían frecuentemente a las manos con 
la policía de campaña, y al fin se pusieron en hostilidad 
abielda, llegando, el 11 de Abril de 1831, a derrotar una 
fuerza de Rivera haciéndole muchos muertos, entre loa 
que se contó el oficial don Máximo Obes, hijo del doctor 
don Lucas Obes, uno de los hombres más eminentes del 
círculo de Rivera. 

Exasperado éste por tan sangriento suceso, resolvió 
el exterminio de los charrúas; y en pocos meses fueron 
batidos éstos en todas partes, salvándose sólo un puñado 
de hombres que se refugiaron en los terrencxs fron! 
eos, poniéndose allí en contacto con las guaraníes, d» 
Dorados por la miseria en Bella Unión y dispuestos a 
dar, como dieron, fácil oído a la seducción de los opo- 
sitores de Rivera, que lograron sublevarlos en Junio de 
1832, capitaneados por el indio Taeuabé y por el indio 
Lorenzo, que era un vaqueano muy renombrado, al que 
luego se incorporó Andrés Oheveste, el célebre vaque; 
de los 33. 

El coronel don Bernabé Rivera, que batía aquellos 
campos en persecución del resto de los charrúas, se en- 
contró entre éstos y los sublevados que encabezaba^ Ta- 
euabé, pereciendo aquél a manos de Taeuabé pocas se- 
manas antes de la revolución de-1 General Lavalleja. 

Esta revolución fué vencida, y Taeuabé, refugiado en 
Kntre Ríos, se contó desde entonces, como los pocos cha- 
rrúas y guaraníes sublevados que quedaron dispon 
entre los enemigos de Rivera. 

Taeuabé vino con Urquiza a India Muerta, donde fué 
derrotado Rivera en 1845, y exterminados a tilo di- 
ñada el vencedor y los guaraníes que servían de nú • 
a la montonera de Rivera, ••omo habían al priu- 



;.l¡ D. F. SARMIENTO 

=cipio los charrúas para formar Loa dragones, y los gua- 
raníes más tarde para extirpar a los charrúas. 

Tacuabé «¡tuvo en el ejército de Urquiza en Monte 
-Caseros, y en Buenos Aires apareció dirigiendo un nú- 
mero de votantes en las elecciones de 1852. 

Presentándose con su grupo en la parroquia de la 
Concepción, allí fué rechazado, y extrañándolo, dijo que 
no sabía porqué se le hacía tal objeción y no se le re- 
cibían los votos de su gente, porque venían de la parro- 
quia del San Nicolás, donde acababan de recibírsele sus 
votos sin dificultad alguna. 

Tacuabé continuó sirviendo a las órdenes del General 
T7rquiza, y terminó su parrara como ebrio consuetudi- 
nario. 

HISTORIA 

Andando los sucesos, las tropas de la Junta Provisoria 
<iuhemativa del todavía Virreinato de Buenos Aires, 
pusieron cerco a la ciudad de Montevideo, donde tras 
sus fuertes trincheras se mantenía basta mediados át 
1811 la autoridad española; pero el mal éxito de las ex- 
pediciones sucesivas al Paraguay primero, al Alto Perú 
después, donde sufrieron derrotas sus ejércitos, induje- 
ron a la Junta revolucionaria do la capital a reconcen 
trar sus fuerzas, pactando con el jefe español de Mon- 
tevideo levantar el sitio, y alejando por el río sus fuer- 
zas do infantería, luciéndose el jefe español responsable 
de hacer retroceder las fuerzas portuguesas (pie ya ha 
bían penetrado en A territorio de la Panda Oriental. 

Como la revolución había, prendido en l;is campañas, 
todos sus hombrea de a cal. alio habían acudido al cerco 

Montevideo, y su jefe, según lo estipulado, de!. ¡a re 

tirarse al otro lado del l'ruguny con su numerosa caba- 
llería 

''Mando Soler ocupaba La margen occidental del Uru- 
presentósele mi jet',- pasado de los españoles, a 



I A INl)Kf'KNI)K\( 1A SriMMKÜlCANA 

•cuyo servicio estaba de años atrás y a quien precedía la 
fama má.s extraña y singular. Había sido hasta enton- 
ces jefe del Resguardo de la eampaña oriental para la 
persecución de contrabandistas, cuatreros, salteadores y 
i «andidos, y en aquellas funciones no había, por cierto, 
desmerecido la fama de cruel, de bárbaro y sanguinario 
•que se había conquistado en la profesión de contraban- 
dista, cuatrero y salteador que había ejercido desde la 
adolescencia basta la edad provecta, pues contaba ya 
cincuenta y un años cuando se pasó a los patriotas, a 
causa de no entenderse con el jefe español que lo trajo 
a la Colonia. 

Verdad es que sus padres no habían podido entender- 
■hg con él desde la edad de doce años (pie se escapó del 
tecuo paterno, concluyendo por internarse de un punto 
a otro, abandonando una partida de cuatreros para Mi- 
trar a formar parte de otra de salteadores, hasta que la 
capacidad singular para dominar tales caracteres, su 
desprecio de la vida ajena, su valor, su vigilancia, sus 
crueldades, lo pusieron en su lugar, a saber, a la cabeza 
y al frente de toda la banda de jinetes. En el sitio de 
.Montevideo era ya eli jefe de la caballería, y desde que 
Las tropas regulares de Buenos Aires se retiraron, don 
-lasé de Artigas se sintió ser el jefe de las orientales, 
palabra nueva, si se aplicaba a una demarcación polí- 
tica. 

¿ Quién era Artigas, se han preguntado los contempo- 
ráneos asombrados de su poder, sin preguntarse quiénes 
lo dieron ese poder? 

Artigas, como se ha visto, era un salteador, nada más, 
nada menos. Treinta años de práctica asesinando o ro- 
bando de cuenta propia, asesinando y quitando contra- 
bandos de cuenta del gobierno español, dan títulos in- 
discutibles para el ejercicio del mando sobre el paisanaje 
de indiadas alborotadas por una revolución política, y 
•entre las cuales viene incrustado el nombre aterrante de 
Artfigas como jefe de. bandoleros, de Artigas oomo en- 



396 D. F. SARMIENTO 

cargado de exterminarlos, de Artigas como caudillo de 
lodo un país en anuas. 

¿Quiénes le obedecían? 

Todas las tribus indígenas que no habían todavía to- 
do asiento definitivo. Los mócetenos de aquellas Re- 
ducciones que habían fundado de este lado los jesuítas. 
las doce que poblaron escalonadas entre el Paraná y el 
Uruguay los indios misioneros y guaraníes que ocupa- 
ban parte de Corrientes. 

Hasta allí se extendió desde el primer día el poder 
incontrastable de Artigas, siendo el mismo en Corrien- 
tes, Entre Ríos, Banda Oriental y aun Santa Fe, por- 
que basta allí se extienden las razas de indios, o redu- 
cidos, o salvajes que acaudilla por el derecho del más 
salvaje, del más cruel, del más enemigo de los blancos. 

Llameábanle el jefe de los orientales, por no saber al 
fin como llamarle, pues él se llamaba, el Protector de los 
]>:'• blos libres, y bajo ese título extendió su autoridad 
hasta Córdoba, donde fué proclamado en 1816. 

Cuando se ha querido escribir la historia de aquel des- 
quicio, de aquellas violencias, traiciones, alzamientos y 
aradas de jinetes, se lian buscado palabras en el dic- 
cionario, ideas en los pueblos, causas en los celos loca- 
les, para darles alguna forma aceptable. Todo se ex- 
plica, sin embargo, dejando a todos satisfechos igual- 
mente contristados, restableciendo la verdad histórica, 
palpable, brutal, un alzamiento de razas conquistadas. 

La nación de Artigas no *'ra la Banda Orienta] dej 
Río de la Chita, como lo pretenden los disgregados orien 
talt -, ao obstante que al sublevarse, extrañando él mis- 
rae al frente de todos los indígenas, escribiese al 
gobierno <l • Bueno "Los orientales tienen loa 

i en la protección do V. E. No son ya unos Irom- 

"ins loa que la Imploran ¡ nto 

i'i-r\ iMBRis comprometidos por la necesidad-; 

; }ot di la >''' i'"rin". 
ie al oír eal ncoberente escuchar a ano 



LA ODKl'KNUKNCIA SUDAMUtICANA ;.'7 

de los oráculos de la antigüedad, o al demonio que se 
ha apoderado de un poseído y dice lo que el poseído ig- 
nora. 

En los pocos meses que van transcurridos de 1811, 
aquellos bandos no son ya los mismos, sino oíros hom- 
bres, hijos de la victoria. La frase no tiene sentido; 
pero debe leerse entre líneas la revuelta, la separación 
de razas, de propósitos. Está contra los españoles, con- 
tra los portugueses, y por .poco (pie le nieguen los auxi 
lios para hacer de su cuenta la guerra, estará contra los 
patriotas también. ¿Vióse jamás un viejo salteador en 
posesión más espléndida con un ejército de una raza su- 
blevada, contra qui que ce soit, con caballos y ganados 
a discreción, las dos riberas de un grande río, donde 
cuarenta Reducciones de indios lo proclamarían su liber- 
tador? 

| Cuál fue .-I pensainiento ( de Artigas?, se preguntan 
hoy los que ocupan un paraje cualquiera del territorio 
qtte desmembró. Valiera tanto preguntar, |qné mano 
desprendió los aludes que deslizándose desde la cumbre 
de la montaña sepultaron la desapercibida lides sita de 
-siglos a su base? Artigas, El Protector de los pueblos li- 
bres, como él se llamaba, el jefe de los orientales, como 
tuvo que reconocerlo el gobierno de Buenos Aires, el 
monstruo, como lo apellidaron sus víctimas, es un can 
dido salteador, nacido en una estancia, criado como Ró- 
mulo entre bandidos, bandido él mismo durante los dos 
primeros tercios de la vida, perseguidor atroz de tales 
alimañas durante diez años más, endurecido animal de 
rapiña, y extraño a todo sentimiento de patriotismo en- 
tre dos razas y dos naciones distintas, incivil, pues no 
frecuentó ciudades nunca, ajeno a toda tradición hu- 
mana de gobierno libre, aunque blanco, mandando indí- 
genas menos preparados todavía que él para las institu- 
ciones resillares, Artigas subleva a sus antiguos compa- 
ñeros salteadores, a los caciques de indios, a las razas 
apenas iniciadas por el caballo en la vida pública; y 



;V.H I). V. SARMIENTO 

despertando los antiguos vínculos de adhesión de las Re- 
ducciones orientales, uruguayas, guaraníes, brasileras, 
levanta, una entidad política que va a obrar sobre esa 
parte del' Virreinato y ambas márgenes de los ríos Pa- 
raguay, Paraná y Uruguay. ¿Para qué darle más a Ar- 
tigas sin exponerse a deshonrarse? 

La tradición de salteadores, tan antigua como la abun- 
dancia de ganados alzados, le servía de base de opera- 
ciones; pero sus más honorables practicantes desapare- 
cieron con Berdún, Andresito, Blasito y tantos otros. 

Durante una de las últimas tentativas de Jordán, de- 
la estirpe de Ramírez, en el Entre Ríos, para restable- 
cer el levantamiento indígena en 1872, un Gauna orien- 
tal cayó en manos de sus enemigos en la Banda Oriental, 
y fué instantáneamente degollado en expiación de tan- 
tos otros que él había sacrificado. Era un arrogante jo- 
ven, atlético, rosado, al parecer de estirpe irlandesa, que 
había pasado a esta banda con el Generad Flores, anti- 
guo oficial de Artigas, aunque hombre muy honorable, 
coo otros jefes orientales, Fausto Sandes. No querían, 
a lo que parece, tenerlo a su lado, y el coronel Rivas, 
oriental, se lo llevó consigo. Tenía una historia sinies- 
tra. Parece que habiéndole muerto su padre a la edad 
de 14 años un brasilero fronterizo, pasó la frontera, 
y sorprendiéndolo en su casa, lo mató, con su mujer y 
-lis dos hijos. 

Esta fué su entrada en la vida de aventuras, muertes, 
salteos y combates con la partida ¡primero, y con los par- 
tidos, después que se hubo afiliado en el de Rivera. 

El coronel Rivas, que conocía, a su protegido, hacien- 
do de ojos a un compañero de armas, decía a Gauna: va- 
mos, Gauna, cuéntanos tu vida. — Oh, señor, replicaba 
aquél, mi vida, es muy fiera, no se puede contar. I loiti 
bre, veamos cuántos hombres lias muerto con tus manos 
en tanta refriega como has tenido. Di la verdad. Por 
mi cuenta, llevo ciento treinta y dos. 



LA IXDKI'KNDEXCIA Sl'DAMKKK ANA 399 

Si era exagerada! la cifra, la depravación del sentido» 
moral para atribuírsela a sí mismo, debía ser mayor. 

Pero como hemos dieho, su fama era espanto-a 

Preguntábale el Coronel Rivas: Veamos, Gauna, (cuál 
es el militar más valiente que has conocido? Para mí ea 
el General Paz.— {Quite allá con su General Paz! Cual- 
quiera es más valiente que ése. El hombre más valienr 
que yo he conocido, es el Sargento Pérez. Eso llamo 
líente yo: ha corrido más de treinta partidas en loa 
campos, a veces solo o con cuatro compañeros. Bso 
no daba cuartel a nadie. Se infiere que Gauna era de la 
lianda. 

Este Sargento Pérez es el Coronel Pérez que se al/... 
hace meses en la campaña occidental, y fué derrotad* 
muerto. La línea, pues, de las salteadores tamos, 
la de los pelikaros albaneses, alcanza hasta nosotros 

Artigas, (firmando en nombre de gobiernos federales o 
en nombre de la federación, deja sospechar que él no- 
li ía nunca lo que Matroso y otros le imputaban. Su plan 
de gobierno es el del paradero de indios, pues que si de 
soldadas fuera, tendrían por constitución las ordenanza^ 
militares. Sus gobernadores, dice el doctor Berra, Oí 
gucs, Ramírez, Encarnación, eran nombrados por Arti- 
gas con .prescindencia del voto de las localidades; ellos 
lío tenían atribuciones propias, eran meramente sus agen- 
tes. 

Considerando los antecedentes y los actos de Artigas, 
.sentimos una especie de sublevación de la razón, de 
instintos de hombre de raza blanca, al querer darle un 
pensamiento político y un sentimiento humano. Otorgues 
gobierna a Montevideo, o más bien administra los vejá- 
menes a la población, las crueldades y torpezas con 1 i 
españoles, la licencia desenfrenada de los indígenas sol- 
dados y ex bandoleros de la campaña, el derroche de las 
contribuciones impuestas y arraneadas por el terror y 
loa tormentos. Llóganle al fin no ya las quejas que tal es- 
tado suscitaba, sino las cuentas que mostraban los sa- 



400 '»• V. BABKZEBTO 

<iueos y malversaciones de Otorgues. El jefe de aquellas 
bandas se contenta con decir: " Hoy mismo salen para 
Otorgues los documentos justificativos del pasado disgre- 
ño t para que convencido, se reconozca su error **. 

¡ El error así justificado consiste simplemente en sa- 
quear los pueblos y tirar la plata ! ( 1 ) . 

Veintitrés pueblecillos de campaña de la Banda 
Oriental en los que prevalece la raza blanca, convocado* 
<;omo electores do diputados al Congreso. 

Con algunos emigrados por la capital, y dos por el 
ejército se reunieron en número de veinticuatro en 
una casa de Miguelete. Artigas les ordena que se presen 
ten los electores en su domicilio. La Junta procedió a ins- 
talarse, y para resolver dificultades pide la comparecen- 
cia de Artigas, quien se niega, dándose por ofendido de 
que la Junta no vaya a su campamenito. Artigas hace la 
<Ieclaraeión siguiente: " Que siendo la voluntad de los 
pueblos que sus diputados asistiesen previamente a su 
< ampamento, para saber lo que él tuviese que propo- 
ner. . . anulaba todo lo obrado, etc. ". 

La Junta procedió, no obstante, a establecer una forma 
•de gobierno, y nombrar tres diputados al Congreso, por 
;iyo motivo, al aclarar el día siguiente 21 de Enero de 
1814, apareció desierta y abandonada el ala izquierda dé 
la línea que ocupaban las tropas al mando de artigas, 
frente de Montevideo. El general en jet'.- Uondean 
mandó retroceder al resto de las t'ueiv.as sitiadoras a una 

legua de distancia, temeroso de una salida de las tropos 
tañólas veteranas, que en mayor número que los sitia- 
dores habían llegado de] Perú. Be levanté el sitio, y A-- 
i/ras la emprendió, no con los españolea, sino con las p i 



1 1 1 i labfaaa perpetrado un Müteo Se oaminoa ■ mano arma 
tiempo 'lo ]>¡\y, arrebatándole! sus mer 
a doa franoeves, y el Gobierno dé Sen Juan pedfa ii 
■ in fusilóla de loa orlmlnalea. FBI Chacho, contentaba 
■ • loa reoa "Permítame Reflor Gobernador 

que y abrigue la convicción que ;■! • ildado valiente j 

la, ee mi i pi identi de • ncam Ina rio t\nn 
1 1«, El i (hacho 



LX INDEPENDENCIA SUDAMERICANA 401 

'elaciones do Corrientes y Entre Ríos, donde tenía gen- 
tes de su ela.se que lo ayudaban a desquiciarlo todo. 

Traidor lo declaró el gobierno de Buenos Aires. ¿Trai- 
dor a quién? ¡La bestia!, diríamos nosotros, para explicar 
la conducta de un animal feroz, si no hubiera en este ne- 
felio tan monstruoso, al parecer, la explicación de lo que 
•continúa hasta hoy como un rasgo característico y en 
nuestra creencia de sentimiento político. Artigas se fun- 
da en que la voluntad de los pueblos era que sus dipu- 
tados asistiesen previamente a su alojamiento, para im- 
ponerse de lo que él tuviese que proponer, y como no es- 
taba escrita esta condición en parte alguna, pues no era 
miya la convocatoria, ni es de presumir que quisiera en- 
cañarlos asegurando un hecho contra la evidencia, - i 
claro que él lo sentía cusí, como interpretación natural 
«del sentimiento popular. Cítase irónicamente sin razón 
•el dicho de Luis XIV, l'état c'est moi. El defecto no 
de lógica sino de oportunidad. Un siglo antes era cier- 
to ; éralo, toda vez que pasaba como una herencia, o como 
dote, un territorio de una soberanía a otra. Era cierto en 
España en tiempo de ('arlos 111, (pie se quejaba indigna- 
do de <pie sus subditos den en la flor de ocuparse de los 
negocios públicos, y criticar y aun condenar la conducta 
de su rey. 

Éralo para Fructuoso Rivera, que lo repetía en Río Ja- 
neiro candorosamente en uu banquete diplomático, ne- 
gando que las autoridades de Montevideo hubiesen cele- 
brado un tratado de que él no tenía conocimiento. ''Mon- 
tevideo soy yo, dijo, hablemos claro." 

Todavía es cierto en nuestros países que la voluntad 
de los pueblos es que los diputados al Congreso pasen 
primero por el alojamiento del caudillo, régulo, gober- 
nador, Presidente, para imponerse de sus votos y deseos. 
Si el diputado no va, el caudillito lo hará llamar; le man- 
dará un mensaje, le escribirá una esquelita, acaso lo vi- 
sitará para arrancarle una promesa, un compromiso. So 



402 D. 1\ SABAIIK.VIO 

}>ena de escarmentarlo si no lo llenase. Será traidor, el 
diputado. 

Esta es, pues, la lucha en que tantas veces ha sucum- 
bido la parte educada de la América, y en la que conti- 
nuará hasta que la voluntad de los puebles no vea que 
pasen los diputados por el alojamiento del régulo. Aquí 
viene la ocasión de preguntar: ¿de dónde podía venirle 
a Artigas entonces la noción, hoy ya difundida, de que 
los diputados electos por las poblaciones de las villas y 
aldeas, y reunidos en Convención o «Tunta, para nombrar 
representantes al Congreso general de la nación, y dars. 
un gobierno propio, quedaban por el hecho de la convo- 
cación e instalación de la Asamblea, constituidos en la 
autoridad soberana, a quien debía obediencia el General 
en Jefe del ejército y todas las personas constituidas en 
autoridad? Artigas era entonces a la edad de cincuenta 
y dos años, el mismo Artigas que había arrastrado l;¡s 
poblaciones del tránsito ¡hasta bnnvrlns, que mandaba 
todos los varones hábiles en campaña, no concibiendo 
que los pocos que quedaban en sus casas por inhábiles, 
tuviesen tal representación y poder. La idea de la dele- 
gación pasa ya entre nosotros como verdad política in- 
concusa; pero aun ahora mismo y entre la mayor parte 
de los hombres la transustanciación de hombre en re- 
presentante del pueblo se hace con dificultad o no se 
hace del todo. En los pueblos inglesas se haee completa- 
mente, razón por la cual la ley parlamentaria impone 
el deber de conocer al diputado, para no tomarlo por in- 
dividuo simplemente. 

¡ai los <h> u montos que llevan la firma de Artigas hay 
dos autores. Cuando lo que dice es absurdo, cínico, In- 
congruente, <> bárbaro, ea Artigas quien habla. Cuando 

aféela formas regulares con pretensión de expresar ideas 
de gobierno, principios de libertad, es su secretario Ala 
OSO, mn fraile apóstala que deísmos suponer un re- 
gido o un paria de la soeiedad que había abandona- 
do, bebía tener rudimentoa «le instrucción y, cosa ejfctra- 



LA INDKPENDENCIA SUDAMKR1CANA 40$ 

ña entonces y más en un fraile, el saber inglés, pues le 
hal)16 a Mr. Blanekenridge de poseer un ejemplar de los 
artículos de Confederación de los Estados Unidos, y de- 
bamos suponer de la Constitución también, pues allí sa- 
caba la palabra federación ya lanzada a la circulación 
por el doctor Francia, pero en todos casos significando 
"vivir como moros sin señor". 

El irlandés Yates, dice que Carreras se separó al fin 
de Ramírez después de disolver el Congreso en 1819 en 
frótenos Aires, porque tenía a su lado al fraile Mataroso, 
que le había enviado Artigas de secretario, continuando 
adieto n Artigas y contrariando la influencia sobre Ra- 
mírez, de Carreras, que la habría deseado exclusiva. No 
nos ocuparemos de éstos.' 

Como un monumento de estolidez brutal debe conser- 
varse el compte rendu de la situación de los negocios pú- 
blicos que da Artigas a un Barraros, su agente diplomá- 
tico. "Tiene usted, le dice, que Chile fué tomado por los 
limeños (por los españoles). 

"' Pezuela le ha derrotado en Tupiza la vanguardia a 
Rondeau (por el ejército patrio). Los caciquee Gaicu- 
ruees (por los salvajes) que vinieron a presentar tema 
y a quien di mis instrucciones les hacen nuevamente la 
guerra (a los blancos) sobre Santa Fe. El Paraguay, 
por el terrible monstruo (doctor Francia), se ha decidido 
a nuestro favor. 

" Ya ha tomado a Misiones. Entretanto, el comandan- 
te de fronteras (Entre Ríos) seguía sus marchas según 
las insinuaciones de mi primer oficio, a fin de obrar de 
acuerdo con nuestras tropas sobre Corrientes ". 

Resumen: Los españoles triunfantes en Chile y Alto 
Perú, Tucumán amenazado. ¡ Triunfa Artigas ! 

Las tribus salvajes atacando según sus instrucciones 
por Santa Fe, a los pueblos cristianos, mientras sus orien- 
tales invaden a Corrientes que no es oriental. ¡ Triunfa 
Artigas! 



4C4 O. F. SAli.UiK.NTO 

El Dr. Francia separado definitivamente del Virrey- 
nato de Artigas. ; Triunfa Artigas ! 

¡Qué va a suceder, tras estas tempranas manifestacio- 
nes de la más profunda descomposición social! 

La Europa se lia quedado sorprendida al leer en M, 
Taine que la Francia cayó en manos de una conspiración 
de bandidos, fanáticos, neuróticos y semisalvajes que se 
llaman los jacobinos, autores o inspiradores de todos los 
crímenes que mancharon la revolución, consagrando uu 
libro entero a ostentar las pruebas de tan extraño aserto. 

Había venido insinuándosenos tímidamente la misma 
idea desde hace años al examinar los comienzos de las 
luchas civiles de nuestro país; pero sin ir al origen del 
movimiento. 

Ni el general Bustos, ni Dorrego, ni los generales y 
hombres de estado que en 1820 aparecen proclamándose 
federales, ni aun los López, Aldaos, Ibarras, que recha- 
zan la Constitución de 1826, presentan ya la fisonomía de 
bandidos. Son desertores unos, díscolos otros, torpes cau- 
dillejos plebeyos otros, que denuncian la anarquía o la 
ignorancia y atraso. Sólo profundizando la historia se 
encuentra la sagacidad de Taine, para rastrear lo qae 
todo el movimiento anárquico disolvente, brutal, sangui- 
nario que descarrió o detuvo la Revolución de la Inde- 
pendencia, procedió del alzamiento de los indígenas de 
¡ianda Oriental, y los indios misioneros, que los jesuí- 
tas educaron en el odio de los españoles, los blancos, y B 
la obediencia pasiva. De éstos segregó el Dr. Francia en 
1811 una parte en el Paraguay para mostrar al mu ni > 
Jo que puede hacerse con el precepto per inde ac cadmn t 
jilicado a los salvajes domesticados, y sin las libértales 
asi humanal admitidas como móviles de lai se* 

:<«. Los otros los tomó Artigas cu i-hit re Ríos, Mis-io 
nes, Corrientes, que I/>poz, llaniíroz, Carro ras extendie 

ron hasta Córdoba y Bao Joan, sublevando dos ejóiv; 

citos do Los que (sabían 11 ovar a dolante la obra <lc asegu 

iar la independencia oomún. (Qué opondríamos nosotros 

ila palmaria i'xplicaoiÓB * 



APÉNDICE 



ALGUNOS DOCUMENTOS REFERENTES A BSTE VOIIMEN 



I— CARTA A FRANCISCO P. MORENO 

Buenos Aires, Abril 9 de 1383. 

Üeñor don Francisco P. Moreno. 

Mí estimado amigo: 

Publicada la primera división de su extensa carta, re- 
oorria la segunda parte para darla a la estampa, cuando 
me he encontrado con una apología, más bien que un 
juicio de "Conflicto >j arinoním". llubiéralo de buena 
gana suprimido, si no temiera que usted se equivocase 
sobre el motivo, más que todo porque viene de tal ma- 
nera enlazada con su inútil reivindicación contra el 
Standard, que me he resuelto a darlo al público; y allá 
le irá. 

Aprovecharé tan buena ocasión, sin embargo, de ha- 
blar del libro, dando algunas explicaciones y comple- 
mentos. Bien rastrea usted las ideas evolucionistas de 
Spencer, que he proclamado abiertamente en materia 
social, dejando a usted y a Ameghino las darwinistas, si 
de ello los convence el andar tras de su ilustre huella. 

Y > no 0engO ni la pretensión ni el derecho de serlo. 
Con Spenoer me entiendo, porque andamos el mismo ca- 
mino. 

:Ie reído grandemente esta noche de saber que en Cor- 
<loba están muy indignados, creyendo que he dicho que 
por allá descienden de monos. 

Como éste es el cargo que se hace a Darvvin (haberlo 
dicho, no de los cordobeses, sino de nuestra especie), al- 



408 D- *■ SARMIKXTO 

gún malicioso habrá dicho: mire usted, Sarmiento dice* 
que somos hijos de monos; y el oyente habrá creído que- 
de él y no de nosotros todos lo dice, no obstante que de- 
nadie digo yo nada. 

Otro contaba que en la sala de Salta un diputado, Or- 
tíz, abominó media hora el insulto hecho por Sarmiento- 
8 ios gobernadores, llamándolos "mulatos''. 

Esta especie salió de un hecho local, o vino por inci- 
dente de un editorial de La Patria Argentina. Tal frase 
pudo ser la flecha del parto lanzada sobre el enemigo, ai 
emprender la retirada. Pueden vanagloriarse que esta 
vez hicieron el daño que intentaron. ¡Dios se los pague T 
Yo no dije tal. 

Pero volvamos a nuestro libro. En alguna parte he- 
reproducido la idea, de Lecker (de la Escuela), de que* 
un hombre no es el autor del giro que toman sus ideas.. 
Estas le vienen de la sociedad ; V cuando más el autor 
logra darles forma sensible, y anunciarlas. Realízase 
con "Conflicto y armonías" esta verdad de una manera- 
extraña. No esperamos nada de Europa, que nada tiene 
que ver con nuestras razas. Algo puede venirnos de los 
listados Unidos, de donde nos vinieron nuestras institu- 
ciones. 

N T o bien terminaba mi trabajo, cuando leía en ana 
revista norteamericana el anuncio de una nueva "His- 
toria de los Estados Unidos'', en que el autor, abando- 
nando el camino trillado, atribuye la Constitución ñor 
teamericana (la nuestra) no a Washington ni a llamii 
ton, sino ¡a los puritanos y a los quákeros! 

Si llegan a leer Conflicto y dar algún valor a mis 
ideas, encontrarás eon sorpresa, acaso con edificación, 
los críticos norteamericana, que ;i aquellos dos elemen- 
tos antiguos, añado un demento nuevo, el que menos se 

imaginan los políticos norteamericanos, a saber: La dase 

• rátiea encargada d.'l poder, con la larga serie de 

Irginianoa, hidalgos y caballeros, 

'•r' ESn esté último correo \ iene indicado 



APÉNDICE 40& 

el primer candidato para la próxima presidencia. ¿Quién 
se imagina usted? El hijo del presidente Ilarrison, que, 
si no era virginiano, pertenecía a las familias fundado- 
ras de las colonias. He pedido el libro y lo espero por 
lioras. Mucho de Id que leo en el compie rendu, lo he 
escrito yo. 

Bu este último .correo anuncian la aparición de un li- 
bro nuevo, que tiene por título: Errores populares sobre 
los indios americanos. Sería imposible darle un resumen 
de otro resumen; pero le copiaré unas cuantas frases. 
"Se signe de aquí, que en muchos respectos, los anales 
de la historia de los indígenas son inexactos, a punto de 
ser inútiles. Es erróneo todo lo que se nos ha dicho del 
rey Powhatam, del emperador Moctezuma, de estados 
formados por confederaciones de tribus, de despotismos 
militares, de la casa del las monjas y de los palacios de 
Palenque y Copan, pues no hubd tales emperadores, ni 
reyes, ni estados, ni despotismos, ni monjas, ni palacios,, 
ni cosa que lo valga". 

Puede usted cotejar este aserto con los míos. 

En cuanto a ideas, oiga usted algo más al caso, ya que 
yo no creía en los encantamientos que creyó Prescott, ni 
en los versos de Ercilla. Mientras en Conflicto denun- 
ciaba, como una vieja alucinación de los chilenos, la can- 
tada bravura de los araucanos, un destacamento ha to- 
mado posesión tranquila de la Imperial, perdida dos si- 
glos ha. Esta confirmación viene como la candidatura 
de Ilarrison. 

Oiga algo más al caso: "Nadie ha pretendido demos- 
trar, dice el nuevo historiógrafo, que la raza americana- 
tenga defectos orgánicos que la hagan incapaz de des- 
arrollo. . . Al mismo tiempo es imposible inocular a una 
nación con la civilización. Esta es la desenvuelta (evol- 
ved) ; y la evolución es un proceso de crecimiento, de- 
terminado por los accidentes que lo rodean. El progre- 
so puede ser prevenido, retardado, acelerado, según las- 
circunstancias Pero aunque nuestros indios han me- 



110 D- !'• SARMIENTO 

jorado mucho, no hay un camino real por el cual los 
hombres puedan pasar de un estado inferior a otro más 
elevado. Los ipasos hacia aquel fin pueden ser facilita- 
dos; pero deben darse todos, y esto requiere mucho tiem- 
po. Un salvaje no puede ser reconstruido por ningún 
procedimiento conocido. Ni el ejemplo, ni la instruc- 
ción, ni el cuidado, cambiarán de golpe un cerebro rela- 
tivamente simple, en otro relativamente complejo, o 
deshacerse de los defectos de influencia encefálica". 

" Dondequiera y por siempre el hombre civilizado ha 
nacido; no es hecho". 

Me apresuro a consignar estas citas de un libro que 
no ha llegado a mis manos, que aún no he tenido ocasión 
de pedir; pero que una vez puesto en circulación, haría 
-que Conflicto de razas pasase plaza de remedo, si no de 
plagio. 

Estos libros muestran por su coetánea aparición en 
una y otra América la verdad de que una. idea nueva 
•es el reflejo condensado de muchos rayos de luz, venidos 
de otros cuerpos luminosos. No estoy solo, por lo visto, 
en el nuevo sendero que trazo a los pasados acontecimien- 
tos, ni ha de ser extraviado el que me siga por este nue- 
vo camino. 

¡Si alguna, duda, le quedare, le comunicare que al mis- 
mo tiempo lia aparecido una Historia de la rata negra 
en América, a que yo lie consagrado un capítulo, como 
uno de nuestros elementos sociales, aunque ya. absorbido 
en su mayor parte. Aquella historia es escrita por un 
negro, pastor y erudito, preocupándose del porvenir de 
su ran cu Norte America. " Si bien el autor, Mr. Wi 
lliams, no es un historiador de gran fuerza, ha sabido 
•lar. sin. emhargo, a su raza, una nueva aptitud para i ;l 

eivili/.ación, y niilS elevado puesto en el concepto de los 

hombres. Hasta ahora había sido pasiva su existencia, 

•como pueblo aio historia y sin un propósito deii¿niii\ 

"Deja desde ahora de Mr un incidente. para pasar A 

activo eh-menio de civilización. ES] negro no sólo tie* 



AnUfDKS tu 

iic una historia, BÍUO tmt historia llena de estímulos, y 
una historia en que m apercibe un cierto desarrollo, aun- 
que penosamente lento". 

Los negros han derramado su sangre eon tanta profu- 
sión allá como aquí, en fundar la independencia de 1<>* 
blancos. 

Terminada la guerra de secesión, los negros Fueron 
emancipados, "y en luya:- de mandarlos a La escuela, 
añade el buen negro historiador, los mandaron al Con- 
greso''. 

No los cree en estado de gobernar, y aun no hallaría a 
mal una especie de tutela, hasta que M fortalezcan loa 
•los auxilios a su postración: la educación y la indus- 
tria. 

Excuso Comunicarle mas de las ideas que contienen 
los tres libros citados, por cuanto las apuntadas bastan 
para mostrar que las mismas cuestiones se presentan a 
los espíritus, aunque para nosotros encierren problemas 
más fundamentales. 

Las apraciaeione.- d. Standard en estas materias tie- 
nen para mí el raro mérito de no haberlas leído, ni con- 
tádome nadie lo que contenían:, sino es 1> que de usted y 
de Ameghino ensartaba. Verdad es «pie alguno, refirién- 
dome las críticas que Be lucen a la sordina, me asegura- 
ba que el Standard habla suministrado argumento al vul- 
go, que quisiera maldecir, y no se atreve, como aquello 
de (¡u.' son hijos de monos los de allá, y mulatos los de 
todas partes. /. Por qué no se deduciría esto y aquello 
del asunto de mi libro? Acaso lo escribo para probar 
ambas cosas. 

Espero que haga un poco de frío para ir a ocupar mí 
estrecha banca de escuela, como quien escribe sobr 
rodilla, (mientras los rayos tibios del sol me tienen con- 
fortado y dispuesto. 

Puesto que cstamois hablando de Conflicto y usted los 
halla n su paladar, lea lo que, al recibirlos, me escribe el 
viejo senador Laboulaye, autor de París en Américñ 



412 ü- F. SARMIENTO 

como yo aquí, él en Francia, americanizante, como él lo 
caracteriza, .pues que ambos liemos trabajado en la mis- 
ma viña, sin fruto. Da pena oírlo. 

'París, 10 de Marzo de 1S83. 

''CoJlcge de Franco, ruc des Ecohs. 
Yum eher monsieur : 

Recibo casi al mismo tiempo, su amable carta y su 
nuevo libro. Apenas he tenido tiempo de leer su prefa- 
cio, que me hace recordar viejos amigos. Longfellow \ 
la buena Mrs. Peabody (hermana de Mrs. Marín), de 
quien he tenido carta estos días. Bajo tales auspicios, su 
libro de Vd. no puede menos que ser bienvenido. Vd. 
está acostumbrado al buen éxito. Leeré, pues, este nuo- 
vo trabajo con grande interés, y lo pondré al lado de las 
Escuelas Americanas y la Vida de Lincoln. 

¿Podré decir algo de él? Lo espero, sin estar seguro. 
De dos años a esta parte mi salud se ha deteriorado mu- 
cho (tengo setenta y das años), y se me hace difícil todo 
trabajo prolongado, y a veces imposible. 

.Vuestra República, en Lugar de asnericanitarsé, rué] 
re i la eentrolijoación y a La administración monárquica. 
Yo no soy sino Voz clamans im deserto, por no decir 
mi profeta ridículo, nn importuno, a quien do se quiere 
escuchar. 

Los licchos se encargan de darme razón, .sin embargo. 
Lfl il-v ii'i;ni/,n está 60 todOfl lofl unimos, y nyer liemos 
tenido ya el comionjm en París, del nueve régimen de I;i 

prin nada. (Ea La que deaeribe ayer El Vaoional 

bajo el rubro: Los anarquistas.) 

ivs |K>e;i <!<tsa, prtd prueba que rolramfoa al empleo de 
La faena, tan del guato de laa rana latinas, si tenemos 
al ejército, eatamoa perdidos. 
V:i re Vd.. mi querido señor, que estoy perfectamente 



Ai'KNDlC'K -413 

de acuerdo con Vd. ; (pero no seremos los dos ios últimos 

AMERICANOS? 

Le ruego crea en todo mi respeto y amistad. 
Su adicto servidor, 

Ed. Láboulaye". 

Ya tendrá Vd.¡ razón de haber vislumbrado el objeto 
del trabajo de toda mi vida. Conflicto de las razas era 
el último llamamiento a la razón, a los) principios, a la 
tradición de Mayo, que era sólo la ola que venía desde 
1776 hinchando los nutres, de Norte a Sur, y no de Bate 
a Oeste, para iniciarnos y conducirnos en el nuevo ca- 
mino que se abría la humanidad por bus institneionea 
americanas. 

No he caído en la lucha todavía, como el senador La- 
boolaye; pues que aún tengo un pedazo de espada en la 
mano, pero me está medido el tiempo,» como a los ora- 
dores del Congreso norteamericano. 

Como ya he recibido los libros, y en el Río [V encon- 
trará mis cartas de introducción, espero que alean. 
( 'alingasta y se haga mostrar y abra Vd. ocho, al menos, 
sepulcros, bóvedas que le mostrará un señor Villarino b 
Caioedo, u otro de los habitantes del lugar. 

Tengo, esperando sus noticias, el placer de suscribir* 
me su afectísimo. 



II— INSii>; 

("El Nacional", Agosto 10 de 1S83). 

No voy a hacer ni la exposición ni U defensa de un 
libro. Contra la práctica en estos casos, el autor ha guar- 
dado silencio seis masas, desde que La prensa nada o poco 
opina. 

La Unión, redactada por jóvenes que se precian de 



414 D- F. SARMIENTO 

entendidos, denuncia el hecho de que el libro había he- 
cho fiasco. 

La Unión habla todos los días de religión y de moral 
cristiana, y estas cualidades deben brillar en sus escritos 
como su ciencia. 

La Unión, enmudeció, cuando apareció el libro, acaso 
por no favorecerlo, ni aun con su vituperio. Ahora que 
está en discusión sobre materias que él cree religiosas, 
con el autor, escribe ipara hacerle mal, y deshonrarlo co» 
mo escritor. 

Este acto no se aviene con la moral cristiana. Es de 
un bribón sin religión y sin delicadeza. Y si el hecho 
fuese falso, ¡ sería de un picaro desvergonzado ! 

En cnanto a la moralidad del acto, la moral y la ley 
protectora de la propiedad es la misma en Buenos Aire» 
que en Inglaterra. 

Dos casos de crítica de obras, hecha con intención da- 
ñina, han sido condenados a pagar daños y ¡perjuicios 
por los tribunales de justicia inglesa en estos seis me- 
ses pasados. 

Un autor escribe un libro con el sudor de su' frente 
consagrando años y vigilias a prepararlo. Lo imprime, 
lo da a luz, y un mal intencionado, por celos u otra pa- 
sión, publica una diatriba asegurando que es una ridi- 
cula producción de la ignorancia, y como el público no 
ha leído todavía el libro, no lo compra, bajo la fe del bri- 
bón. En un caso fué condenado a pagar ciento treinta 
y cinco mil francos de daños y perjuicios al autor. 

Sea dr quien quiera el escrito de La Unión sobre Con- 
flicto, ya verá qim se halla bu el caso acusado y castigado 
en Irivlal'-rra. \'o se halda hablado de tai' libro; nadie 
lo iiain'u sitado; pero M' le ttoi a enlacian, sin pretexto 

y tolo pOf dai'inr la reputación del autor. 

¡Qué fu ' aserto de La Unión fuese falso! ¡Si 

fuera mentira el hecho de haber lieeho flotCO la venta y 
difn : 'i le Conflicto! Claro es que no es /,</ Unión 

quien caiuri'uia a Sarmiento, pus b de nombrarlo, 



APÉNDICE 4I;"j 

ni que mentiría <m servicio de la santa cansa que defen- 
dió Veuillot. 

El librero señor Fernández, calle Victoria núm. ... ha 
contestado lo siguiente a mi pregunta sobre la edición 
de cuya venta estuvo encargado. 

¿Es esta venta un fiasco? No lia debido creerlo así el 
editor ni el autor, puesto que por cuentas recibidas d« 
las provincias, hay colocados: 

En Tucumán, parte empastados, 56 ; Jujuy, todos em- 
pastados, 36; Salta (sin dar cuenta), 40; Santiago del 
Estero, 56; Córdoba (hay otra partida), 10; Corrientes, 
2; San Luis 41; San Juan, 25; Mendosa (sin dar cuen- 
ta), 25; Rioja, con igual pedido, 12; Cata ma iva. no se 
ha mandado; Santa Pe, no se ha mandado; Montevideo, 
50; Chile, 8. 

No doy cuenta a acreedores, ni explico las razones; 
ahí están los hechos. La edición fué de mil ejemplares. 
¿Qué llaman fiasco los inmorales calumniadores de esa 
necia producción? La Unión ha dicho que el insigne 
Veuillot "hacía pedazos al que 'hablaba mal de ('visto"; 
y parece que imitan a su modelo los bribonzuelos o bribo- 
nadas que se pasan la pluma cargada de hiél y de vina- 
gre para herir y hacer daño. He ahí, pues, toda la his- 
toria. Me consta que hay! muchas personas que esperan 
el segando volumen, creyendo, como debía esperarlo,. 
I>ronto a ver la luz. Desgraciadamente, ni el interés pe- 
cuniario puede allanar dificultades que vienen surgien- 
do. Conflicto y armonías es una obra de conciencia y 
de actualidad palpitante. 

No es de Draper la idea, pues tal autor no se ha ocu- 
pado de ello. Si no fuera más que por dañar que aquel 
envidioso supone una idea ajena, habría citado al inglés 
Dixon, que ha llamado la atención sobre la invasión de- 
la raza amarilla, donde la colorada se extingue y la ne- 
gra se emancipaba de la blanca. 

Tomo del corresponsal del Herald de hace cuatro días 
la noticia siguiente: 



416 Di *'• SABMIE.NTO 

" Se nota, dice, un poco de agitación aquí (Estados 
Unidos) entre la raza africana. Sus morenos hijos se 
andan reuniendo en convenciones en todos los extremos 
del país, reclamando sus incuestionables derechos socia- 
les, políticos y oficiales. Socialmente reclaman absoluta 
igualdad en todos respectos con la raza blanca. Política- 
mente pretender ser oídos en la asamblea política, con 
abundante compensación por la misma, y el privilegio 
de llevar sus hermanas de color, a la urna electoral en 
los días de elección, "con una asignación". Oficialmen- 
te piden perentoriamente una porción de empleos de go- 
bierno, y una grande proporción en diputados al Con- 
greso de los Estados Unidos, y si aún quedaren caballe- 
ros modernos sin empleos, éstos deberán ocupar los de 
menor cuantía. Saben que una grande elección se apro- 
xima y que sus votos han de ser solicitados de una y oirá 
parte". 

Ya pueden ver las vinchucas de La Unión dónde está 
el plagio. Hay conflicto de razas en esta América y ar- 
monías que sólo los que tienen ojos ven. Los que gobier- 
nan y el pueblo mismo no lo ven, sino tarde. Era el ob- 
jeto de este libro demostrarlo. ¿Lo conseguirá? j Lo 
intentará siquiera? 

Nana, que ha reimpreso ciento y una veces en un ano ¡ 
una novelita americana, lleva quince ediciones en estos 
tres meses; pero Conflicto demanda otra clase de traba- 
jo y de lectores y cae en terreno mal preparado. Cual- 
quier estanciero, comerciante, agiotista en tierras, acu- 
mula millones, sin duda, I con su grande inteligencia; 
pero nadie le disputa ni aun el valor de las expoliacio- 
nes que se deslizas entre el grano bueno. Es tristísima 
la situación del que piensa, del que escribo, desvelándo- 
le, privándose de todo goce, para, recibir en cambio de 
vida tan miserable, Las injurias y el desprecio y pa, tr 
apenas la impresión del trabajo mental. 

j Todavía son los de L>i Unión, viene el trabajo de 



APÉNDICE 417 

.zapa, para deshonrarlo y empequeñecerlo, sin¡ saber qué 
mal les ha hecho ! 

Esta ha sido la vida que ha lievado| el autor sesenta 
años, padeciendo, sufriendo, aun en las situaciones más 
altas, para que otros gocen, para que el país prospere, 
para que disminuya la ignorancia de las muchedumbres, 
etcétera. AM están por sacarse los ojos, discutiendo so- 
bre educación, los que han embarazado sus progresos, 
quitando de su puesto al que había sacrificado todo a 
mejorarla, sin el remordimiento de quitarle a uno el fin 
de una vida entera, que sólo para esto no lo hallan viejo. 

Pero no ha de ser por las punzadas de La Unión que 
abandone mi puesto, persistiendo como aquel centinela 
que olvidaron en la guerra del Paraguay y encontraron 
al otro día paseándose en presencia de las avanzadas 
enemigas. ¡ Ahí me han de hallar cuando me venga el re- 
levo ! 

Para dar satisfacciones a mis lectores, diré que, así 
como hay conflicto de raza blanca y negra en los Esta- 
dos Unidos, así hay también autores que allá, están es- 
cribiendo sobre lo mismo que escribo yo aquí. El doctor 
Cil llevó encargo de pedir y mandar un libro de Histo- 
ria que se acaba de publicar en los Estados Unidos, y 
que está basado en los mismos principios que el mío de 
Conflicto; y como no pongo vanidad de autor, espero 
leer aquél para instruirme y completar o corregir mi 
juicio, o acaso saber que no tienen mucho que darme para 
mi propósito. 

En la cuestión que agita al Congreso no dirán que yo 
le he metido fuego. Yo fui encargado de presentar un 
proyecto de ley de educación; y los señores Guido, de 
la Barra, Broches, Navarro Viola, pretendieron! que de- 
bía obtener la aprobación de ellos o incorporar los ar- 
tículos que ellos sugieran a pluralidad de votos. Me 
echaron. Di algunos antecedentes para una ley en el 
informe impreso que presenté al Congreso, como Super- 
intendente. No se hablaba allí sobre religión. 



418 D. F. SARMIENTO 

Yo no asistí al Congreso pedagógico, ni promoví cues- 
tiones, como debían necesariamente surgir en aquel pan- 
demónium inútil, costoso, y sugerido por la ignorancia 
de un petulante. Fuimos citados a casa de un ministro, 
a deliberar, nada más que para hacerme morder el ajo, 
de ver que era dependencia Superintendente y Consejo, 
del Ministro que esta vez presidía. Eran todos tan poco 
habituados al respeto humano, que al negarme a tomar 
parte en aquella farsa, y hacer nombrar presidente al 
otro día, no comprendieron que me iba a mi casa al día 
siguiente, sin necesidad de que ajasen mis canas toda 
aquella turba de malsanos, conjurados, como consta de 
la sublevación de las Carpas y del escrito de Navarro 
Viola, único que publicó el ministro Wilde en su Memo- 
ria para dejar un documento eterno de las villanías que 
se cometieron conmigo. En ese documento, que nada tie- 
ne que hacer en la Memoria del Ministro de Instrucción 
Pública, pues no comprueba nada, el hoy presidente de 
la Cámara declara que el reglamento lo han hecho con- 
forme a las instrucciones que les dio el Ministro mismo, 
a cuya aprobación debieran presentarlo. ¡No sé cómo 
vive este país con tales prácticas, y tal moral guberna- 
tiva! 

En cuanto a las cuestiones religiosas que yo no he 
suscitado, S. S. lima., el Dr. Aneiros, si no lo ciega la 
pasión, si no adopta la doctrina de Veuillot que le pre- 
dican los que lo rodean, dará testimonio de que en mi 
tiempo no hubo cuestiones de este género, que yo las 
aparté prudentemente, que le di satisfacciones por me- 
dio de mi amigo don Félix Frías, que aprobó y aplaudió 
mi conducta; y después puse a su disposición cuanto de- 
seaba y podía poner a sus órdenes. Si no lo hace entre 
ios que lo rodean, estrecha cuenta ha de rendir de las 
calumnias que »e hacen correr contra mí, siendo yo el 
único en América que introd aquí y en Chile, las 

prácticas rol idiosas en lai M61Ml<as, a veces contra la vo 
l'irtbid de curas y obispos. 



APÉNDICE 419 

Pero cuando vienen el mismo Navarro y el mismo 
Achával a poner en la ley un precepto que destruye las 
garantías de la Constitución, "Alto ahí, les digo, y vamos 
a ver con qué cartas nos ganan. ¿Con la guerra civil, 
como contra Rivadavia?" Como yo sé hacer la guerra ci- 
vil con los sublevados, tan bien como enseñar a leer a 
los niños, es chico punto para mí amenazarnos con ella. 

Lo que me hace reír debajo del poncho al ver a jesuí- 
tas, judíos, nuncios y gazmoños, echando los cimientos 
de la división y la discordia en lugar de dar educación 
a los niños, es que por meterse en lo que no entienden, 
como el que mandó levantar censos cada dos años, idea 
que no le había ocurrido al diablo todavía (se levanta 
cada diez años), van en efecto buscando la guerra. Por 
lo demás, ésta es la ley del mundo. Es locura querer 
decir a las necesidades de una época: "Haced, Señor, 
que esta copa pase de mis labios". 

Necesitamos apurarla hasta las heces, y contener la 
audacia de los explotadores. 



III.— CAUTA A MR. NOA 

Señor F. M. Noa. — 33 Studio Building. — Boston; Mass., 
U. 8. A. 

Buenos Aires, Septiembre 1.° de 1884. 

Llenando el pedido de su estimable carta, de 30 de 
Julio del presente, tengo el placer de acompañarle los 
textos originales en inglés de los autores por mí citados 
en Conflicto y armonías de las razas en América. 

Aprovecharé esta ocasión para hacer algunas obser- 
vaciones sobre el contenido y propósito de aquel libro, 
las que pueden contribuir al buen éxito de una edición 
en inglés. 



420 D. F- SARMIENTO 

La resolución del Congreso de los Estados Unidos au- 
torizando al Ejecutivo a enviar comisiones a los Esta- 
dos hispanoamericanos para estrechar sus relaciones, 
muestra que empieza a sentirse con mas fuerza que an- 
tes la solidaridad de destinos de toda la América y la 
oportunidad de estrechar sus relaciones. 

Tenérnosla ya en la forma de su gobierno republicano 
representativo, y en algunos Estados, como Méjico, Co- 
lombia, Venezuela y República Argentina, Estados fede- 
rales con más o menos aproximación del sistema federal 
de los Estados Unidos. 

La tradición republicana de la América del Sud le 
vino trasmitida por movimientos revolucionarios de la 
Francia, y no poco han contribuido les extravíos, erro- 
res y ensayos de aquella nación a producir los desórde- 
nes que han caracterizado la marcha de estas repúblicas. 
Pero a las falsas nociones de gobierno trasmitidas, se 
añadía la existencia en mayoría de una raza indígena, 
salida apenas de !La vida salvaje, que vino a ser, con los 
derechos de ciudadanía acordados, el pueblo, según el 
sentido francés de las épocas revolucionarias. Conflicto 
y armonía» denuncia la presencia de este elemento, no 
admitido en las colonias inglesas (el piel roja), con lo 
que la raza sajona ha conservadoi su brío y la tradición 
sajona del gobierno. 

Quedaba tan sólo desligar nuestra república de las 
tradiciones republicanas de la Francia y buscar el rastro 
casi perdido de la marcha de la tradición sajona, y para 
nosotros, norteamericana, de todos los principios consti- 
tutivos del gobierno libre, ponderado, electivo, republi- 
cano, que consagran nuestras instituciones. 

Cuando terminaba mi libro, llegóme por intermedio 
<^-l The Anirricnn, periódico muy sensato y de una doc- 
trina elevada, do Filadolfia, conocimiento del libro de 
Mr. Eben Greenlough Scott, titulado The dcvclopment 
<>f constitutional Hhcrhf itt thc cnqlish colonics of Ame- 
rica; The American, al dar cuenta del libio, Lo presenta 



APÉNDICE 421 

como una revolución en las ideas, haciendo surgir la 
Constitución norteamericana, no del trabajo mental de 
algunos hombros .público® de la independencia, sino que 
Eben Scott las hace venir desde los primeros tiempos de 
la colonización, formuladas por Guillermo Penn y adop- 
tadas como •Constitución del gobierno de Pensilvania, ci- 
tando sus palabras: "no man, ñor any number of men 
has power over conscience. No person shall at any time, 
in any way, or on any pretence be called in questi&n, 
or in the least punished or hurt for opinión in religión". 
En seguida vienen las cláusulas relativas a la Legisla- 
tura, la franquicia electoral y las ramas ejecutiva y ju- 
dicial del Gobierno. La Asamblea general debía ser ele- 
gida, no por la voz confusa de gritos y voces, sino depo- 
niendo su voto en una urna, siendo todo hombre capaz 
de elegir y ser elegido. 

Los electores debían dar instrucciones a los diputados, 
y éstos, a su turno, obligarse por escrito a obedecerlas . . . 

En cuanto al P. E. quedaba en diez comisionados nom- 
brados por la Legislatura; el Poder Judicial tenía el 
mismo origen, teniendo los jueces su oficio por el térmi- 
no de diez años solamente, para asistir al. jurado, que, 
como en Inglaterra, se componía de doce miembros. 

Por rudimentaria que esta exposición sea, contiene en 
sí todos los gérmenes de las instituciones libres moder- 
nas. Cuando hube de examinar el origen de nuestras 
instituciones, creí hallarlo, como Scott, en las primitivas 
declaraciones y ensayos de los colonos ingleses al esta- 
blecerse en América. Hallábalas yo en el Covenant de 
los Padres Puritanos, ai desembarcar de la "May Flo- 
wer", y principalmente en las declaraciones de los que 
se separaron! y poblaron Connecticutt, que he transcrito 
íntegras; y aunque sea más acertada la derivación que 
les da Scott, siempre será un hecho importante, que dos 
escritores, uno al Norte y otro al Sur de la América, al 
mismo tiempo, y en el mismo año, saliéndose de los ca- 
minos trillados y de la rutina, más que eni 'la voluntad 



422 D - F- SARMIENTO 

y el genio de los hombres, hayan encontrado en la tra- 
dición histórica y el desenvolvimiento de las ideas, la 
libertad moderna y las formas de gobierno que la garan- 
tizan. 

Pero yo introducía otro elemento en el gobierno norte- 
americano, de que los mismos norteamericanos no se 
aperciben, por parecerles un incidente personal, y es la 
presencia, casi constante al principio en el Poder Eje- 
cutivo de los Estados Unidos, de virginianos, raza emi- 
nentemente gubernativa, noble, guerrera y aristocráti- 
ca. Sus proceres ejercían laj profesión de las armas en 
las otras colonias. Cuando aparecieron los primeros sín- 
tomas de la revolución, mandaba por esa causa un vir- 
giniano, el coronel "Washington, las tropas aliadas de di- 
versas colonias. A Washington suceden en el gobierno 
una larga serie de caballeros, que de todo tenían menos 
de demócratas. La persistencia de este hecho ha impreso 
al gobierno de los Estados Unidos el carácter de autori- 
dad que revistió en todo tiempo y que rara vez sale de 
convenciones puramente voluntarias. Esa es la autori- 
dad. Respetamos de ordinario, aun a nuestro pesar, lo 
que la tradición trae como respetable, la nobleza de raza, 
por ejemplo. 

Usted podrá comparar los puntos en que se aproxima- 
ban los Conflicto y armonías, con la obra de Scbtt, y las 
divergencias necesarias impuestas por los antecedentes 
de cada uno de los pueblos a quie pertenecemos. Mi ob- 
jeto era producir esa aproximación a la homogeneidad 
que traerán, más tarde o más temprano, la comunidad 
de instituciones, que en la República Argentina es más 
estrecha coni los Estados Unidos que en cualquiera otra 
de las Repúblicas. 

Nm'stra Constitución federal está calcada sobre la de 
los Estados Unidos, y¡ declarado en su preámbulo y re- 
formas que es ése su origen. El Congreso ha resuelto 
ya varias dificultóles de Reglamento, por las* decisiones 
de Cushing en su obra Ley y Práctica de las Asambleas 



APÉNDICE 423 

deliberantes y el Digesto de Wilson ha sido traducido 
por orden del Senado. Se han traducido igualmente al 
castellano Tiffany, IAeber, El Federalista, Grimke, 
Story, siendo notable el hecho de que en ninguna de las 
otras Repúblicas sudamericanas se hayan hecho traduc- 
ciones iguales. La Corte Suprema, en los casos de deci- 
siones federales, cita como antecedentes suyos los fallos 
de la Corte Suprema de los Estados Unidos, y los attor- 
neys generales siguen el mismo camino. La educación pri- 
maria ha sido reglada por las ideas de Horacio Mann, 
•cuyos escritos están en castellano, y hasta vidas de Lin- 
coln y de Franklin forman parte de nuestra literatura. 
La emigración europea salta, desde Nueva York a Bue- 
nos Aires sin intermediarios en los demás países, acaso 
por! la semejanza de climas y de alimentación, pero se- 
guramente por el esfuerzo deliberado de atraer una co- 
rriente de emigración para poblar el país, escaso de ha- 
bitantes. 

La raza caucásica, que forma el fondo dé la emigra- 
ción, aumenta el número de individuos blancos, y con las 
tradiciones de gobiernos europeos, elemento que servirá 
para realzar el carácter moral y político de las razas in- 
dígenas, prehistóricas, que debilitan entre nosotros la 
energía de la tradición civilizada y libre. Desgraciada- 
mente, los emigrantes, afanosos por mejorar de condición 
y enriquecerse, mal preparados como vienen para la vida 
pública, por no haberla ejercitado en sus respectivos 
paisas, agravan el mal, al parecer, lejos de remediarlo. 

Esto es lo que he hecho llamando conflicto y armonías 
de las razas en América, por la influencia que cada una 
de ellas ejerce en la práctica de instituciones que ase- 
guran la libertad política, aunque sus efectos no se sien- 
tan tan inmediatamente, si no es en el desarrollo de la 
riqueza por la libertad de acción y la libre concurrencia. 

Frescas estaban aún las páginas de este libro cuando 
apareció la cuestión llamada religiosa, en que vuelven a 
ponerse en duda las principios establecidos por Penn : 



424 D. F. SABMIE^TO 

ningún hombre, ni ninguna clase de hombres, tiene po- 
der sobre la conciencia. 

Por las razones indicadas, creo que este libro llega a 
tiempo a los Estados Unidos, paira servir de guía de fo- 
rasteros a la comisión que viene a visitar estos países,, 
con los ¡fines indicados en la ley del Congreso. 

Sería conveniente que sel publicasen ahora en los Es- 
tados Unidos los informes que llevó el Comodoro Rodney 
de la fragata "Congress" enviad-a igualmente en 1817,, 
a reconocer estos países, estudiar sus instituciones y el 
espíritu que animaba a los hombres públicos y pueblos 
de entonces. Mucha luz arrojará y sobre todo muchas 
simpatías despertará el recuerdo de aquellas épocas, los 
ensayos de libertad practicados, los escollos en que tro- 
pezaron y los resultados obtenidos. 

Temiendo haber abusado de su tiempo, tengo el honor 
de suscribirme su aífmo. 



IV.— COINCIDENCIA DE DOS AUTORES 

("Revista CJentlflca y Literaria") 

Un largo lapso de tiempo ha transcurrido después de 
la publicación del primer tomo de la obra que lleva el 
nombre que encabeza 'estas palabras, y el autor cree de- 
l>er una explicación a los que le favorecieron con el apo- 
yo de sus simpatías. 

No ocurre con frecuencia que un autor se sienta obli- 
gado a suspender un trabajo literario, o acaso a dar, por 
causas supervivientes, nuevo rumbo a sus ideas. 

Ni lo uno ni lo otro ha ocurrido, sin embargo, por for- 

tuna, al autor de la obra comenzada, sino que por el con 

rio, ha/nle llegado nuevos materiales y d rancurso de 

p rotadores que llaman la atención en el otro extremo de 

la América, sobre \m misimis cuestiones <le razas y de 



APÉNDICE 42i> 

influencias religiosas que han entrado en la formación 
de la sociedad americana y dictado sus instituciones po- 
líticas. 

Talles son los nuevos elementos que entran a figurar 
en el estudio de la historia con los nuevos trabajos de 
este género en los Estados Unidos, y tal es la necesidad 
que ha reconocido el autor de Conflicto de detenerse un 
poco de tiempo en su Obra, hasta oír el nuevo testimonio 
de los inopinados colaboradores que vienen en su apoyo, 
en mayor contacto, digámoslo así, con los hechos ameri- 
canos. 

Decía en Conflicto, por ejemplo, que había mucho que 
quitar a las historias que sobre la civilización de los in- 
dios del Perú, Méjico y Chile nos han dejado los histo- 
riadores y cronistas contemporáneos a la conquista, y 
leemos en el The American de estos meses hasta Junio r 
escritos con este título: Errores populares con respecto 
a los Indios de América: "Sin excepción, dice, aquellas- 
autoridades describían como existentes en América go- 
biernos imperiales y reales; y como tailes instituciones 
debían tener corrientes formas sociales, como propiedad, 
nobleza, lo que vieron era muy diferente de lo que ellos 
suponían haber visto, según los sistemas políticos que 
prevalecían en Europa". 

íSin entrar en más detallas, bástanos notar esta coinci- 
dencia de nuestra poca fe en los documentos históricos, 
con aquella reciente proclamación de 1 su falta de autori- 
dad para mostrar que nuestra observación no era repro- 
ducción de aquélla, sino prueba del coetáneo movimiento 
de las ideas en uno y otro extremo de América. 

Era nuevo y sin antecedente conocido, hacer venir de 
afuera los principios constitucionales modernos, aún los 
nuestros, por medió de la exaltación religiosa producida 
por las sectas, y representada principalmente por los pu- 
ritanos que colonizaron la nueva Inglaterra y los quá- 
keros establecidos en Pensylvania. "Antes de hablar dé- 
los Padres Peregrinos, dice Conflicto y armonías, necesi- 



42tí D « F« SARMIENTO 

tamos sacar de su gloriosa obscuridad a otros fanáticos 
que lian echado con su arrogante humildad los cimientos 
de la igualdad y benevolencia práctica entre los hom- 
bres". Penn decía en una carta a los colonos, desde In- 
glaterra: seréis gobernados enteramente por leyes de 
vuestra propia hechura, y seréis libres. Poco se ha cam- 
biado hasta ahora la Constitución de Pensylvania, ni la 
Constitución federal ha añadido ningún principio esen- 
cial a los que ya encerraba aquel primer borrador. 

No bien salía a luz impreso lo que a este respecto ha- 
bíamos escrito en borradores meses antes, cuando leímos 
en una revista, de un libro reciente publicado a la mis- 
ma fecha en Nueva York, el siguiente concepto: "Todos 
los historiógrafos de la Constitución han evitado acudir 
a las fuentes en busca de sus orígenes ' '. 

Esta es la tarea que ha acometido bravamente Mr. 
Scott, quien nos ha suministrado una adición valiosa a 
nuestro escaso tesoro de la filosofía de la historia. Atri- 
buye Mr. Scott la libertad americana al establecimiento 
de un gobierno en Pensylvania, con absoluta prescinden- 
cia de toda idea o iglesia religiosa, lo cual no podía de- 
jar de hacer su impresión en las otras colonias, y atraer 
-a Pensylvania los emigrantes de todas las naciones y de 
todos los cultos, alemanes, irlandeses, escoceses, suecos y 
aun franceses. Mr. Scott encuentra los actos más pro- 
minentes en las plantaciones distantes, y las sigue hasta 
dar con su origen allende los mares, de los que vinieron 
a América en busca de la libertad, como ellos la enten- 
dían". 

El lector formará idea de la novedad de las ideas da 
Mr. Scott por la sorpresa agradable con que han sido 
r la pn-nsa nortea/merioana ; pero no las en- 
contrará tan nuevas, si ha leído en Conflicto el capítu- 
lo VF, 1:1 que están desenvueltas, aunque con las va- 
stos inevitables cuando se exponen teorías y doctri- 
nas análogas. Acaso Mr. Scott *».!><' medir mejor la par- 
te que a Bfiriía uno <!<• aquellos elementos cupo en la I'or- 



APÉNDICE 437 

mación del gobierno libre; acaso tenga sobrada razón el 
autor sudamericano de atribuir en la práctica de las ins- 
tituciones democráticas, su parte a la influencia de los 
caballeros virginianos, que con el aristócrata Washing- 
ton y aun el noble Jefferson morigeran y dirigen la de- 
mocracia norteamericana, notable por su ciego respeto 
a la ley y sus hábitos de orden en medio de la libertad ; 
mas el lector convendrá en que ambos libros son de la 
misma familia, y que el mismo espíritu ha guiado a sus 
autores, separadamente. Mas el libro análogo al nuestro, 
no ha llegado aún a nuestras manos, razón por la que 
hemos debido suspender la organización de los materia- 
les acumulados para el segundo volumen, hasta leer lo 
que de nuevo pudiera suministrar el estudio más cerca- 
no de Mr. Scott, ya sea para aprovechar sus indicacio- 
nes, ya para confirmar nuestras nociones sobre la ma- 
teria. 

Esperamos que los que favorecieron ©1 primer tomo, 
tengan la deferencia de aguardar um poco de tiempo la 
publicación del segundo tomo de Conflicto, ya que las 
premisas anuncian que no iba errado el que se ofrecía 
de guía en el nuevo sendero abierto, y que el libro de 
Mr. Scott, justifica, y confirma la idea fundamental del 
autor, de la unidad de destinos de ambas Américas, por 
la unidad de instituciones necesariamente libres y repu- 
blicanas en> ambos continentes, como ya están realizadas 
en la forma. A mayor abundamiento, se trascribe íntegro 
el artículo del American, sobre "Libertad Constitucio- 
nal en las Colonias inglesas", por Scott: 

"La cuestión de la historia constitucional, dice, ha sa- 
lido ya de los límites del texto, tal como dejaba satisfe- 
chos a los que se ocupaban en el desarrollo legal de nues- 
tro país. El éxito de la obra de Ven Holts, no obstante 
sus defectos (acaso a efecto de la desventaja de tener 
que habérselas un extranjero con una lengua extraña, y 
una región! de historia más extraña todavía), es una 
prueba más del ardiente celo de nuestros contemporn- 



428 D. F. SARMIENTO 

neos estudiosos en investigar los principios sobre los cua- 
les reposa la fundación del gobierno de los Estados Uni- 
dos. 

"Los textos de la. ley constitucional, desde Story a 
Sterne, son una larga y árida serie de pesados tratados 
de 'ley, en que parece que se evitara cuidadosamente en- 
trar en discusión general alguna, de la filosofía que pre- 
side a la constitución y su desarrollo; y de las pocas 
obras que comprenden algo más que la crítica de las pa- 
labras, casi todas se apoyan grandemente en Tocqueville, 
el cual, con todos sus méritos, se ocupa más bien de cues- 
tiones de ética que de las legales, consagrado más a es- 
tudiar las influencias sociales sobre nuestra condición 
política que; de proseguir investigación seria alguna so- 
bre el origen y desarrollo de la Constitución. Esta es la 
tarea que ¡ha acometido bravamente Mr. Scott en su 
libro. 

"No es de poco crédito para un abogado cuya mejor 
obra conocida a los de la profesión era un Manual de 
Leyes sobre ab-intestato, como se ve, de un carácter pu- 
ramente técnico, el dejar a un lado las tradiciones de 
los escritores sobre ley constitucional e irse derecho a 
la raíz de la materia y seguir nuestra Constitución hasta 
sus primeros comienzos. Mr. Scott no se ha espantado 
de irse lejos en busca de la fuente y origen de la ley 
fundamental, y osadamente se hunde en los obscuros re- 
mos <!<• los bosques germánicos, pan d;ir 000 fofl !\-idivs. 
Teutónicos, cuya obra sigue a través de la historia in- 
glesa hasta la nuestra. 

"Con alguna mayor riqueza de retórica que la que se 
requiere para el regular desenvolvimiento de su tesis, 
deja atrás a Mr. Freeman con dar a las instituciones 
americanas una fecha de| origen mucho más remoto, en 
los primitivos años del primer establecimiento del go- 
bierno entre ios pueblos del Norte de Europa. Debilita 
la fuerza de su argumento, y confundí- los rsdlarecimieai- 
loR de su asunto, con una elocuencia ornamentada que 



APÉNDICE 429 

amengua el real mérito de su obra; pero fuera de esto, 
merecej el más alto elogio por señalar un adelanto real 
en el estudio de las verdades sobre las cuales reposa la 
Revolución americana, que fué sobre la expresión de los 
principios desarrollados en la historia del pueblo, que 
existía mucho antes de que hubiese adquirido indepen- 
dencia y nacionalidad. 

"Mr. Scott da mucha importancia) a la influencia de 
las varias formas y grados de tolerancia religiosa en las 
Colonias, y atribuye al poder del misticismo en la forma 
de quakerismo en Pensylvania, y del racionalismo en 
Rhode Island, aquella unión de libertad de conciencia y 
gobierno, distinto de la Iglesia dominante, que es lo que 
más efectivamente caracteriza el final crecimiento en 
todo el país de una forma y Constitución enteramente 
libre de rastro alguno de Iglesia en el] Estado. Su or- 
denado establecimiento en Pensylvania, con su absoluta 
libertad de conciencia, no podía dejar de| hacer su im- 
presión en las otras colonias, con sus sucesivas luchas, 
entre las iglesias dominantes y los impacientes inmigran- 
tes. El crecimiento de Filadlelfia, con sus acomodados 
pobladores y su fácil armonía entre todos los elementos 
de religión y nacionalidad, reunidos en sus prósperas 
calles, fué de suyo un argumento en favor de la comple- 
ta tolerancia. Los alemanes, irlandeses, escoceses, los 
suecos y neo-ingleses se establecieron armónicamente en 
diversas secciones del Estado, y todos ellos estaban re- 
presentados en la ciudad, en la que una grande infusión 
de franceses añadía todavía otra nueva, a las diversas 
creencias y tribus que se unían para formar un próspero 
pueblo. La abundante y cuidadosa provisión hecha para 
su colonia por Penn, contrastaba ventajosa y favorable- 
mente con la falta de previsión) en los primitivos esta- 
blecimientos de los Estados Unidos de la nueva Inglate- 
rra, que dejaron sus rastros por años y años. 

"Natural era esperar que en la. liturgia de los santos 
americanos de Mr. Scott tenga el primer lugar Rogerio 



430 D. F. SAKMIENTO 

"Williams por declarar .principio constitucional la liber- 
tad de conciencia. Muchacho de escuela de caridad, es- 
tudiante del colegio de Pembrocke (Cambridge), un fa- 
vorito de sir Eduardo Cocke, un puritano y un reforma- 
dor, Rogerio fué el primero en ponerse de frente contra 
la absoluta sumisión reclamada por la iglesia, y que efec- 
tuó su divorcio en la colonia naciente. Lo que Williams 
hizo como una protesta, Calvert lo hizo en Maryland en 
protección de sus propios correligionarios católicos ; pero 
todo esto y mucho más lo había hecho Penn libremente^ 
de una manera completa y deliberada, y para todos los 
tiempos. Establecióse en Filadelfia una imprenta tres 
años después de fundada la ciudad, mientras que en la 
colonia que daba el tono en la Nueva Inglaterra, todavía 
veinte años después de la declaración de la Independen- 
cia, subsistían restricciones legales sobre la imprenta. 
Tales son los efectos de los diversos sistemas que Mr. 
Scott compara en las fuentes de donde emanó finalmente 
la Constitución. Encuentra los actos más prominentes 
en las plantaciones distantes, y las sigue hasta dar con 
bu origen en la primitiva historia allende los mares, de 
los que vinieron aquí en busca de la libertad, como ellos 
la entendían, y en seguida muestra de nuevo su influen- 
cia sobre la nueva residencia, en la cual bajo la presión 
del distante gobierno, cada sección siguió su indepen- 
diente desarrollo, hasta que todos se fundieron en ana 
grande y creciente nación. 

"Pero Mr. Scott no se para en las causas morales que 
estaban en operación, sino que muestra la influencia de 
las leyes marítimas de Inglaterra sobre la revolución; y 
que estas y otrasj leyes de comercio prepararon rápida- 
mente el camino hacia la independencia comercial. Es- 
tos capítulos son lo mejor de la obra, pues que pasando 
más adelante de la ética, discusión que naturalmente tien- 
ta a ocharse en la retórica, él se conserva en el terreno 
firme de los estatutos y de los debates dentro y fuera del 
Parlamento, sobre los grandes problemas económicos 



APZXDICE 431 

cuya solución no logramos todavía obtener. La economía 
política pre-revolucionaria de los principales escritores 
ingleses de la época, desde 1677 a 1777, la práctica des- 
tructiva del comercio) es analizada en detalle y descrita 
e ilustrada por la clase de legislación que estorbaba a 
las colonias embarcar de una a otra, y toda clase de em- 
presas industriales desde 1672 hasta 1775, la destrucción 
real del comercio y manufacturas americanas, debía sólo 
estorbarse por un reconocimiento sin condiciones del de- 
recho. Esto lleva a Mr. Scott al gran período del dis- 
curso de Otis contra los escritos de asistencia, el cual es 
dado principalmente para probar la aserción de Adams 
que fué esto lo que sopló en la nación un aliento de vida. 
La acta declaratoria de 1766, con sus reservas de impo- 
ner pedios después de la derogación de la ley de B "líos, 
fué la inmediata causa, de la revolución, y de su buen 
éxito, porque esto fué lo que unió a todas las colonias y 
Las robusteció en sus reclamos de derechos legales a la 
independencia industrial. A haber pasado el acta que 
propuso Chatam, habría, para usar de sus propias pa- 
labras, por medio de una sincera reconciliación, desviado 
las calamidades que amenazaban. Puede muy bien creer- 
se esto, pero cuesta adherir a la opinión de lord Mahon,. 
que se habría prevenido la revolución, tranquilizando 
lo.s temores de los americanos. Aun el discurso de Burke, 
en sostén de este plan de conciliación, justificaba la re- 
volución; y las fuerzas de mar y tierra que acudieron, 
sólo sirvieron para acelerarla. Ricardo Penn fué el úl- 
timo mensajero de paz del Congreso de 1775, conducien- 
do lo que fué lamentablemente llamado por Franklin la 
última petición; pero el rey rehusó recibirla, las colo- 
nias fueron declaradas rebeldes, y Parlamento y pueblo 
apoyaron al ministerio en sus medidas de acción. Aun 
entonces, las colonias del medio, siguiendo el ejemplo» 
de Pensylvania, ganadas por Dickinson, estaban todavía 
empeñándose en estorbar la independencia y augurarse 
la reconciliación. El Sentido Común de Tonub Pavn^ 



432 D. F. SARMIENTO 

con su osada proposición de un hecho, positivo y central, 
fijó la noción de independencia en el espíritu público, y 
encendió la llama de la revolución. Desde entonces 1 se 
convierte en una historia de resultados más bien que de 
causas, y Mr. Scott abandona a los analistas y cronistas 
él empeño de contarla, mientras que él reúne los hilos 
de su progreso mental. Libertad de conciencia, desarro- 
lld de instituciones de sociedad, soberanía popular, son, 
a su modo de ver, los tres sucesivos grados de desenvol- 
vimiento que finalmente produjeron la revolución ameri- 
cana. 

Su obra tiene muchos defectos y diversos quilates de 
excelencia; pero su rango más característico es la origi- 
nalidad de su propósito,; y si bien el designio es mejor 
que la ejecución, ella viene a aumentar nuestros medios 
de estudiar Las causas y fuentes reales de nuestro creci- 
miento. 

' ' Hay ciertas faltas de precisión enj el lenguaje y en 
las épocas de los sucesos, y de detalle en las autoridades 
que, hasta cierto punto, dañan a su utilidad y debilitan 
sus ventajas, como libro de fácil referencia y como ma- 
nual de instrucción. Hay, sin embargo, alguriosr nuevos 
modos de investigación, sobre todo, aquellos que se re- 
fieren a la legislación industrial de la madre patria ha- 
cia sus nacientes colonias, que pueden muy bien ser re- 
comendados a los que estudian historia y economía. Mr. 
Scott nos ha suministrado una adición valiosa a nuestro 
escaso tesoro de filosofía de la historia, y necesita sólo 
podarlo para hacerlo servir como un manual de frecuen- 
te referencia" (1). 

Como lo notará el lector, salvo la acción atribuida a 

las leyes <•( iiirivialrs, éstas son las ¡mismas ideas en que 
reposa Conflicto y Armonías de las liazas. 



(1) "Th« development of conatltutlonal llberty in tho enprll»!» 
emita Of \ni'Tli-!i". by Eben Greenouhg Scott. New York, 
l'iiinom und Son», 1882. 



APÉNDICE 433. 

V.— CARTA A ARISTÓBULO DEL VALLE 

Buenos Aires, Septiembre G de 1883. 

Mi estimado señor y amigo: 

El teléfono deja sin rastros ciertos hechos, y me inte- 
resa que no se olvide el aviso trasmitido por él, ayer, de 
que usted poseía um ejemplar de la reciente obra de Scott, 
que ponía a mi disposición. 

Me interesa que conste, precisamente porque hace tres 
días me lamentaba de no haber llegado todavía el ejem- 
plar que pedía, así que tuve noticia de la publicación de 
la obra de Mr. Scott, sobre la libertad constitucional de 
las colonias inglesas. 

Como leyó usted en la Revista Científica y Literaria, 
la aparición del libro haj sido recibida en los Estados 
Unidos como una revolución en la manera de tratar las 
cuestiones constitucionales, " yéndose derecho a la raíz 
de la materia y seguir nuestra Constitución hasta sus 
primeros comienzos". 

De las poquísimas apreciaciones sobre el plan y pro- 
pósitos de Conflicto y armonías, hay alguna frase de La 
Nación, que parece indicar hubiera novedad en la idea, 
esperando verla desarrollarse en el segundo) tomo, para 
reconocer la posibilidad de cambiar el sistema general- 
mente seguido ¡para explicar nuestras instituciones. 

De la identidad de ideas bastará confrontar dos frag- 
mentos en uno y otro libro, para asegurar al que lleva mi 
nombre la originalidad que le corresponde. Mr. Seott 
dice en su prólogo para explicar el objeto de su libro: 
"Se demuestra que estos Estados Unidos son el hijo di- 
' ' recto y natural de aquel grande movimiento intelec- 
"tual, que a falta de mejores términos llamamos la Be- 
" forma, y que la libre investigación por ella desenvuel- 
ta pasó de los asuntos religiosos a los políticos, y noi 



434 D. F. SARMIENTO 

"dio un gobierno constitucional establecido sobre iá 
' ' libertad de la conciencia y la libertad del ciudadano ' '. 
Abreviando la exposición mía, más comprensiva, digo ; 
El hecho que queremos hacer notar es el que muestra 
toda la colonización norteamericana y de la que no po- 
dría dársele al lector sino una ligera idea con decirle que 
se hace bajo la excitación cerebral más aguda por que 
haya pasado jamás la especie humana. Moisés y los pro- 
fetas antiguos, Calvino, Lutero, Zwinglio, con su Reforma 
y discusiones teológicas, remueven aquellas cabezas; pá- 
gina 279. En la pág. 63, Mr. Seott pone por epígrafe de 
un párrafo Quaqucriam. Conflicto abre otra discusión 
con la misma frase: Los quákerm, pág. 219. 

Es excusadd entrar en mayores detalles, pues es esta 
uniformidad y novedad lo que constituye el derecho que 
reclamo a la original idea, cuando aparece otro libro, al 
mismo tiempo, y que por el prestigió que le da a Mr. 
Scott el país en que escribe, acabaría sin esta confronta- 
ción de mi parte, para hacerla suya exclusiva; podiendo 
aplicarse al autor sudamericano una frase o verso ab- 
surdo que nunca he podido comprender, y se atribuye a 
Quevedo, quien habría dicho: "Si, señor, y son de co- 
bre; y como las vierte un pobre nadie se baja a 

cogerlas ' '. 

Habrá usted visto un caso igual en algunos documen- 
tal publicados en La Libertad. Puede señalarse en la 
historia de los progresos humanos el día que asoma una 
idea, casi siempre rechazada por el buen sentido. 

Hace diez y seis años que habiendo sido Ministro Ple- 
nipotenciario en Chile, durante la tentativa de reivindi- 
cación de Chinchas, en el Perú, en la época del Congre- 
go americano, y en listados Unidos, durante la guerra de 
Méjico, pude ver la situación de los beligerantes, de 
donde nació la idea de buscar garantías en tratados per- 
manentes de arbitraje, no obstante rechazar este medio 
la Inglaterra; y en la nota on que solicitaba autoriza- 



APÉNDICE 435 

ción para proceder, señalaba ya a la Suiza, y a la Dina- 
marca como los Estados en Europa que se hallaban, 
en la misma situación que la generalidad de las Repú- 
blicas sudamericanas. 

¿No es notable que la Suiza busque ahora el mismo 
remedio que yo indicaba diez y seis años antes? ¿Es- 
casual que la " Sociedad de la Paz" discuta hoy la con- 
veniencia de neutralizar la Dinamarca, que, con la Suiza,, 
no pudo resistir a la voluntad de la Prusia? 

Sólo los que ejercitamos, como una herramienta, las. 
facultades de observación, estudiando la marcha de los 
sucesos o de las ideas, sabemos cuánto material se pier- 
de en estas adivinaciones, anticipaciones o coincidencia 
de estudio y de! trabajo, sobre tierra poco agradecida, 
por falta de previo cultivo. 

He querido, pues, hacer constar que debo a la oficiosa 
atención de usted tener en mi poder hoy la obra de Mr. 
Scott, que hace tres días, decía, para justificar un retar- 
do involuntario, que aún no había recibido. Como el ca- 
pítulo IV, sobre Bifurcación del cristianismo hacia una 
y otra América, se publicaba dos días antes, veráse que 
no separo las ideas religiosas de las políticas en esta 
América, y se comprenderá por qué la colonización je- 
suítica aparece haciendo contraste con la colonización 
quákera, que ha dado sus instituciones a la constitución 
de la República Argentina de 1853, que, como la norte- 
americana, constituye un gobierno fuera de la Iglesia 
dominante. 

Quedo con este motivo, S. S. S. 



SINOPSIS Y CONCLUSIONES 

DE LA "SEGUNDA PARTE* ' (INCONCLUSA) DE ESTA OBRA 



I— SINOPSIS 

A pesar de su interés desigual, en la presente edi-ciún 
se ha respetado el texto íntegro de la Primera Parte de 
"Conflicto y Armonías de las razas de América" (1), 
publicada por Sarmiento, en 1883, y en esa forma de- 
dicada a la viuda de Horacio Mann. 

Con el título de Segunda Parte (2), el editor de sus 
Obras Completas, D. Augusto Belín Sarmiento, ha re- 
unido algunos de los materiales y fragmentos que el au- 
tor destinaba a su compilación; por su heterogeneidad 
y desharmbnía, no constituyen propiamente una obra 
orgánica. 

Una breve información acerca de esos fragmentos pue- 
de ser útil, para inferir el plan de la obra, así como la 
reproducción del último, que parece contener sus con- 
clusiones. 

El editor, en la advertencia que precede al volumen, 
ha expresado en las breves líneas siguientes el pensamiento 
cardinal del autor: "Todos los hechos acumulados vie- 
nen demostrando la incapacidad inmanente de las razas 
indígenas para realizar una especie de gobierno que, 
como el representativo, está basado esencialmente sobre 
la voluntad de la mayoría, y a la vez, el vicio original 
que desvirtúa nuestras instituciones, que sólo por una 
íüeción legal pueden ser consideradas como republicanas, 



(1) Vol. XXXVII, Obras Completas. 

(2) Vol. XXXVIII, Obras Completas. 



440 D. F. SARMIENTO 

desde qué son reducidas minorías las que tienen volun- 
tad y acción en el gobierno, que para ser ponderado y 
equilibrado debería ser la expresión de grandes ma- 
sas" (1). 

En la Introducción Sarmiento examina, comparativa- 
mente, el régimen político en ambas Américas: repre- 
sentativo en el Norte, caudillista en el Sur. 

El primer grupo de fragmentos (Organización del Vi- 
rrey nato) critica el espíritu retrógrado y clerical de la 
administración española, mostrando los errores de su 
política económica y examinando sus efectivos militares 
(rentas y\ ejércitos). 

El segundo (La unción soberana — La victoria) se ocu- 
pa de Buenos Aires a principios del siglo XIX y de las 
invasiones inglesas (Los ingleses en Buenos Aires), para 
subrayar el cambio de espíritus operado en los criollos 
por la defensa y la reconquista, en 1806 y 1807. Se ha 
intercalado! una leyenda histórica acerca de Liniers (El 
bastón del Virrey — La virgen mulata) y un comentario 
sobre los resultados morales y políticos de 'las invasiones 
inglesas (La España estaba perdida). En este último 
fragmento pueden leerse algunas observaciones sobre "el 
gaucho" (pág. 96 y sig.). 

El tercer grupo (El Virrcynato: su disolución) trata 
de las causas geográficas y administrativas que se opo- 
nían a su unidad y fueron base del espíritu localista 
(País quichua. — Charcas. — Potosí. — Santa Fe. — Entre 
Ríos. — Cuyo. — Las Misiones). 

El cuarto grupo (Los caudillos) examina los orígenes 
del caudillismo y la participación de los indígenas en las 
montoneras. Reaparece en estos fragmentos la idea cen- 
tral de "los indígenas a (Caballo". (Bustos. — Carreras. — 
La mujer, las chinas, las chusmas). 

En un fragmento suelto (La población dé !<t capital 



< i > Augusto Beltn Sarmiento. "Advertencia del editor", 
XXXVIII, p&ff. v. 



SINOPSIS X CONCLUSIONES 4AI 

del virrey nato) están contenidos varios dato.s sobre el 
crecimiento demográfico de la ciudad de Buenos Aires. 

El quinto grupo de fragmentas (Orígenes de ¡a civi- 
lización argentina) constituye una sinopsis sobre la evo- 
lución de la instrucción pública (Universidad. — La edu- 
cación pública en Buenos Aires. — Educar al Soberano). 

El fragmento siguiente (El Constitucionalismo en la 
América del Sur) estudia la manera de darse una cons- 
titución y de practicarla, comparando lo ocurrido en la 
historia norteamericana con las interpretaciones sud- 
americanas de 1810 a 1852. Tiene un fragmento anexo 
(Correctivos del voto) sobre los fundamentos cívicos que 
debe tener la Constitución. 

Fragmento (Estatuto Provisional) criticando el de 
1815: " apenas se puede en menor espacio reconcentrar 
mayor número de errores, de maldades, y de violaciones 
de todas las reglas conocidas" (pág. 291). 

El penúltimo grupo de fragmentos (Bifurcación del 
cristianismo hacia las dos Amcricas) compara la cultura 
y la moral de la Reforma, con las del Catolicismo, intro- 
ducidas en las dos Américas. A ese factor atribuye im- 
portancia decisiva en la determinación de la civilización 
yanqui y de la barbarie hispano-indígena. 

Un grupo final (La América Filipina y Quichua) con- 
tiene apuntes sobre Rosas y 6U tiempo. 



II--CONCLUSIONES (1) 

j Cuál ha de ser, nos hemos preguntado más de una 
vez, el sello especial de la literatura y de las institucio- 
nes de los pueblos que habitan la América del Sud, dado 



(1) Este capitulo tiene evidentemente la forma de un prefa- 
cio; pero contiene las únicas conclusiones que haya formulado 
de su trabajo el autor, y hemos creído que debfa ocupar este 
lugar. — (N. del editor de sus "Obras Completas", D. Augusto 
Belín Sarmiento, al fin del vol. XXXVIII). 



442 O. F. SABMIEXTO 

el hecho de que la nación de que se desprendieron sus 
padres no les ha legadoi ni instituciones ni letras vivas? 

Los norteamericanos continuaron el gobierno repre- 
sentativo de la Inglaterra, y sus literatos, poetas, pensa- 
dores, son comunes a ambas naciones. Un francés lo es 
por sus portavoces, sus dramatistas y poetas, sus Rabe- 
lais, Lafontaine, Moliere, Corneille, Dumas o Víctor 
Hugo; ipero nosotros no somos españoles en esto; y no 
consideramos ni a Dickens, Goethe, Max Muller o Thiers, 
extraños a nuestro ser, pues ellos indiferentemente for- 
man nuestra razón, nuestro espíritu y nuestro gusto. 

No es la procedencia la que nos interesa, sino el cau- 
dal o la pureza de las aguas que tales raudales arrastran, 
y vienen a formar el grande estuario del pensamiento 
humano que en el siglo XX tomará forma en América, 
más pronto al Norte que al Sur, aunque el movimiento 
intelectual sea por a.hora menos cosmopolita allá. 

Eli espíritu con esta preparación conserva las dotes 
naturales sin adquirir las curvaturas que le imprimen 
les peculiaridades locales y adquiriendo, por el contrario, 
el tono del pensamiento universal da su época, que no 
es francés, ni inglés, ni americano del Sur o del Norte, 
sino humano. Así es un instrumento apto para examinar 
toda clase de hechos, y encontrar la relación de causa a 
efecto, importa poco que se produzcan de este o del otro 
lado de los Andes, a las márgenes del Sena, del Plata 
o del Iludson. 

Acaso esta ubicuidad de teatro, porque el drama de 
la vida eftuvo en todas partes, sucesivamente enrique- 
ce el estilo de imágenei que no suministra la escena en 
cada una de ellas, según que haya llanuras, montañas, 
t añadas, ríos, nieves, o fábricas y ciencia. 

Todavía una herencia, puede decirse «le sangre, que 
apenas pudiera nombrarse en época <l" la menos pura 
• Icn VA autor fué educado, como sucedía antes 

en entre los de su familia, entre cuyos 



SINOPSIS Y CONCLUSIONES -143 

deudos contemporáneos sel contaron dos Obispos, un di- 
putado al Congreso de Tucumán que declaró la Indepen- 
dencia y un Capellán del N.° 11 de los Andes, con quien 
vivió años, recibiendo diariamente en interminables mo- 
nólogos, como si una alma se vaciara en otra, como un 
líquido generoso, en vasija nueva, todas las ideas domi- 
nantes hasta 1826, de independencia, de constitución 
federal o unitaria, de religión, con la historia accidental 
de las guerras, de los hombres, de los partidos, etc. 

Sólo los herederos del título de Lord inglés, que de- 
ben sentarse a la muerte del actual en el Parlamento, 
son preparados para la vida pública con educación oral 
dada y recibida con¡ amor cuatro años, se preparan nw« 
jor a la vida pública. Por simpatías era o debí ser fe»- 
deral, pues federales eran mis maestros. 

Un incidente de la historia interna de nuestros países, 
acaso la primer chispa incendiaria de la guerra civil, 
lanzó al adolescente en la vida pública. 

Facundo Quiroga invadió a San Juan con sus hordas 
de llanistas y desertores del sublevado N.° 1 de los An- 
des. En 1864, el Gobernador de Saní Juan, habiendo 
sometido los llanos y aniquilado los últimos restos de 
esas mismas hordas al mando del Chacho, hizo tomar la 
fotografía de cien prisioneros, para conservar a la his- 
toria la fisonomía, los harapos de aquellas bandas des- 
cendidas, por la ignorancia, la ociosidad y la guerra, al 
último escalón a que pueden bajar los descendientes de 
españoles en América, porque la generalidad tienen bar- 
ba, lo que constituye a mestizos o blancos. Con esas hor- 
das, con ese traje y aquellas figuras de presidiarios, se 
presentaba a la vista del que había de escribir más tar 
de Civilización y Barbarie, respirando sangre y es- 
parciendo el terror en torno suyo. Y el espectador de 
diez y siete años, preparado por simpatías a ser federal, 
a la vista de aquellos seres, viendo ai héroe de la Fede- 
ración de entonces, se recogió en sí mismo, y sin ser in- 



444 »• F. SARMIENTO 

fluido por nadie, apenas vio levantarse, para ocurrir a 
la Tablada, tropas que se opusieran al triunfo de aque- 
lla causa, ciñó una espada que no abandonó sino después 
de acabar por siempre con la montonera y los caudillos, 
en los Llanos, Santiago y Entre Ríos, sus últimas! gua- 
ridas, i 

No siendo, pues, unitario, al tomar parte en la lucha 
de los partidos, viola /por el lado de la civilización y de 
la cultura, formulando su idea quince años después de 
andar en la refriega y de sacar inspiración y aliento de 
la práctica diaria. 

Pocos libros han logrado en el mundo arrastrar tras 
sí los sucesos. Civilización y Barbarie lo logró, dando 
otro título a la lucha y quitándole su carácter acerbo. 

Hallaron las nuevas generaciones motivo de orgullo 
pelear ipor la civilización amenazada, mientras que los 
que persistieron en el bando federal, después de la se- 
paración de Viamont y los suyos, no querían aparecer 
como bárbaros, pues que bárbaros eran los caudillos, 
bárbaros sus colores, bárbaros sus suplicios, bárbara su 
guerra. 

Andando el tiempo, abriéndose paso nuevas ideas, en 
aquel terreno neutro pudieron acercarse los partidos y 
a falta de gobierno constituido, Argiropolis, otra ema- 
nación del mismo espíritu sirvió de heraldo para la con- 
vocación del Congreso, aceptando la forma federal que 
había sido el pretexto y rótulo de la lucha. 

El libro que reasume mi pensamiento de hoy es la con- 
secuencia del pensamiento de otro libro anterior, que 
figura en la literatura americana hoy como contenido de 
algunas bellezas literarias; pero que en su época fué un 
acontecimiento político, Civilización y Barbarie, que pre- 
tendió, en medio de la más encarnizada lucha entre uni- 
tarios y federales argentinos, que no se querell:ib;in por 
f«»rmas de gobierno, sino entre la parte civilizada de las 
ladea y la parte bárbara de las campañas. La lucha 
parecía política y era social. 



8IN0P3I8 Y CONCLUSIONES 445 

La teoría podía ser controvertible; pero como con los 
caudillos militaba la ignorancia y el arbitrario, todos los 
hombres cultos y honrados en los propósitos de la lucha, 
quisieron estar con el partido civilizado, con las formas 
de gobierno representativo. Aquel libro tuvo grande in- 
fluencia en fijar la opinión de la Europa sobre el carác- 
ter de la terrible, obstinada y sangrienta lucha argenti- 
na, y entres los combatientes reunir en un bando a los 
que no toman por blanco exclusivo el interés personal de 
un tirano, causa de la lucha, o fomentado por las nece- 
sidades de la lucha misma. 

No habiendo autoridad nacional que convocase al Con- 
greso, caído en desuso como los Estados Generales en 
Francia, Argiropolis, a guisa de heraldo, llamó a la na- 
ción a reunirse en Congreso Constituyente con la misma 
autoridad que en 1848 se convocó el congreso de Franc- 
fort, precursor de la organización constituida de la Ale- 
mania. 

La caída de Rosas en 1852, la larga gestación de la 
Constitución federal de la República Argentina hasta 
1861, dejaron al parecer allanadas las dificultades que 
desde 1816, época de la reunión del Congreso de Tucu- 
mán que debió constituir el gobierno, hasta 1826 que se 
dictó una Constitución que rechazaron los que bajo nin- 
guna forma querían ser constituidos gobiernos regula- 
res, representativos, responsables. 

La constitución dada, en 1853, reformada en parte y 
en general aceptada en 1861, está funcionando veinte 
años ha, sin que sea permitido asegurar que nuestro país 
es una República, representativa, federal, y que las cons- 
tituciones que nos rigen pasen, no ya del papel a los he- 
chos, sino que los hechos que se desenvuelven se sujeten 
a los cálculos que la Constitución les traza. 

Menos podríamos abonar la aptitud del pueblo para 
gobernarse a sí mismo, sin hacer servir el voto de las 
muchedumbres ignorantes de cadena para aherrojar a 



446 u. r- SAUMIENTO 

las clases de ciudadanos que debieran ser dirigentes, y 
que bajo la capa de una igualdad en las inferioridades, 
quedarse relegada al tercer plano, como ha sucedido en 
épocas anormales en Europa, sino perseguida y exter- 
minada como durante el terror de 1793, excluida, como 
durante el imperio de Napoleón III, cuyos enormes sala- 
rios y favores sin tasa a sus cómplices, no lograron en 
veinte años seducir ni vencer la taimada resistencia, con 
el culto "mil gracias", con que la sociedad ilustrada de 
Francia desechó su gobierno de advenedizos. 

La votación! en los comicios de nuestro país da idén- 
ticos resultados, en la Capital como en las Provincias, 
una unanimidad en el voto, que fuera heroico, si no fuese 
mecánico, porque el hombre es ser racional y desde que 
razona puede jurarse que no opinarán, si opinión tie- 
nen, o les dan derecho de manifestarla, mil personas de 
un modo, sini que haya quienes por ignorancia o error 
opinen según la medida de sus luces. 

Danme derecho a no aceptar tales ocurrencias com'o 
naturales; cierta aptitud relativa para inquirir sus cau- 
sas y peculiaridades y el estar cierto de que no son co- 
munes y pudieran, si a algo bueno condujeran, reputarse 
felices. 

Los hombres públicos pertenecen en sus ideas, al país, 
a las instituciones y a la época en que vivieron. Es raro 
que haya un hombre público vivido de la vida de tres 
naciones a un tiempo; que haya residido en diversos paí- 

. viajado por todos los que imponen su sello a las 
ideas;; y estado siempre en el suyo propio, combatiendo 
las tramas, propendiendo a crear las instituciones libres 
i- impulsando el progreso. Los demás pueden engañarse 
a sí mismos, por falta de/ términos do comparación ¡ 
aquól tendrá una medida media, un criterio aplicable a 
todos los países, uti sentido común que no será el de una 
región, sino el que se forma. e<m el hábito de los hedías 
(pie (MMirren eo grandes extensiones, <>jeeu!ad<xs por gran- 



SINOPSIS T CONCLUSIONES 447 

des hombres, experimentados por más grandes aglome- 
raciones 'de hombres. 

Con esta preparación de espíritu, podemos leer en los 
hechos que se desarrollan. 

Las páginas que siguen son acaso la cuarta visión que 
ha pasado delante del espíritu del autor, del espectáculo 
que esta parte de la América del Sur ofrece, y pudiera 
ser la última ilusión, si el saber y la experiencia acumu- 
ladas en los sesenta años transcurridos, sobre la cabeza 
de quien nació en medio de las esperanzas y creció entre 
las glorias de la Independencia americana, no ha traído 
al fin su antorcha tranquila para ver en su verdadera 
luz los hechos y penetrar bajo la corteza que las envuel- 
ve, hasta sus causas remotas y recónditas. 

En el Conflicto de las razas, quiero volver a reprodu- 
cir, corregida y mejorada, la teoría de Civilización y 
Barbarie, que con la ostensible biografía de un caudillo 
para ligar los hechos, parecióme explicar la sangrienta 
lucha de treinta años que terminó en Caseros y en la 
que, cual conscripto llegado a la edad legal, me alisté 
en 1828, en la división que tenía a mi frente, contra los 
Aldaos y Quiroga, como otros se batían a centenares de 
leguas contra López, Ibarra, López, Rosas y Oribe, pues 
que la guerra civil ataca todo el organismo, derramando 
la sangre por todas las venas a un tiempo, a fin de herir 
más pronto en el alma que persigue y que no halla, por- 
que está, cuando de ideas se trata, fuera del individuo 
que es perecedero, y las ideas no mueren. 

Esta inspiración juvenil valía un credo para princi- 
piar la predicación de un evangelio; pero el autor no 
tenía credo político definido, y fué a buscarlo en los 
campos de batalla de la guerra civil , que enseñan, en 
esta América, sobre todo, más que los libros de historia 
y política europea. 

El libro Civilización y Barbarie fué en su día una 
grande y noble batalla; y como sus doctrinas inocula- 



448 D. F. SABMIENTO 

das en la sangre dé los febricientes partidos calmó los 
espíritus a guisa de un bálsamo, bueno es referir al lec- 
tor de otra campaña que el mismo espíritu emprende en 
la vejez, contra aquella de la juventud, en que se vino 
preparando la que por entonces terminó en Civilización 
y Barbarie. 

Treinta años duró la lucha de unitarios yj federales: 
y sin seguir las tablas de sangre de Rivera Indarte, 
veinte mil hombres murieron peleando o muertos a veces 
por cientos y por millares después del combate. ¿Sabían 
todos, o alguien, por qué pelearon los de Buenos' Aires 
con las Provincias, entre Montevideo y Buenos Aires? 
¿Quiénes eran unitarios y quiénes federales? Y cuando 
llegan a saberlo algunos, pocos, poquísimos, ¿era esa va- 
riante en la forma de gobierno, bastante incentivo para 
tener sobre las armas medio millón de habitantes, de- 
rramar la sangre a torrentes y sacrificar la propiedad 
adquirida y estorbar por años el desarrollo de la na- 
ciente ? 

Y bien ; el autor de Civilización y Barbarie no era uni- 
tario, ni sabía siquiera cuáles eran los orígenes de la lu- 
cha, cuando abandonó los senderos de la vida ordinaria 
a lanzarse en los torbellinos de la pública, en> que aca- 
bará sus días, cerrando el período de la gestión de su 
pensamiento definitivo con el Conflicto de las Razas, que 
sólo entrevio en Civilización y Barbarie entre aquella, 
al parecer inmotivada lucha, de las campañas contra las 
ciudades. 

Podría un sudamericano presentar como una capaci- 
dad propia para investigar la verdad, las variadas y ex- 
trañas vicisitudes de una larga vida, suiva.la su frente 
por los rayos del sol esplendente de la época de la lucha 
por la Independencia o las sangrientas de la guerra ci- 
vil ; viviendo tanto en las capitales d<> Sin! América, co- 
mo al lado de la cúpula del Capitolio de Washington; 
y en la vida ' • los campos, como viajero y soldado; 



SINOPSIS Y CONCLUSIONES 449 

y en los refinamientos de la 1 vida social más avanzada ¡ 
con los grandes caudillos y con los grandes escritores y 
hombres de Estado; y lo que es más, nacido en Provin- 
cia y viviendo en las cortes, sin perder, como se dice, el 
pelo de la dehesa, como se preciaba. 

Poner ante los ojos del lector americano los elementos 
que constituyen nuestra sociedad; explicar el mal éxito 
parcial de las instituciones republicanas en tan grande 
extensión y en tan distintos ensayos por la resistencia de 
inercia, que al fin desenvuelve calor en lo moral como en 
lo físico, señalar las deficiencias y apuntar los comple- 
mentos, sin salir del euadro que trazan a la América sus 
propios destinas, tal es el objeto de Conflicto de las Ba- 
zas en América que presento al público y que reclamo 
sea leído. 

iSin ir más lejos, i en qué se distingue la colonización 
del Norte de América? En que los anglo-sajones no ad- 
mitieron a las razas indígenas, ni como socios, ni corno 
siervos en su constitución social. 

¿En qué se distingue la colonización española? En 
que la hizo un monopolio de su propia raza, que no salía 
de la edad media al trasladarse a América y que absorbió 
en su sangre una raza prehistórica servil. 

¿ Qué le queda a esta América para seguir los destinos 
prósperos y libres de la otra? 

Nivelarse; y ya lo hace con las otras razas 1 europeas, 
corrigiendo la sangre indígena con las ideas modernas, 
acabando con la edad media. Nivelarse por la nivela- 
ción del nivel intelectual y mientras tanto no admitir en 
el cuerpo electoral sino a los que se suponen capaces de 
desempeñar sus funciones. 

Si se retarda desde Méjico hasta Valdivia y Magalla- 
nes el desarrollo de cuanto elemento, ya moral, ya cien- 
tífico, ya industrial abraza la civilización moderna, ¿que- 
dará probado que la raza latina está condenada a ir a 
la zaga de la raza sajona, puesto que al otro extremo 



450 J>. F. SABMIENTO 

norte <le la América se acelera, en lugar de retardarse, 
el progreso de la especie humana? 

Mirado bajo este punto de vista general, y no del pun- 
to de vista parcial de cada fracción; con relación al 
mundo, y no con relación a la localidad, al derecho que 
llamaríamos araucano y que otros querrían ennoblecer 
y generalizar un poco más llamándole el dereeho latino 
en oposición al derecho anglo-sajón, la cuestión toma 
grandiosas proporciones; y resolver, y cuando más no 
fuese que ilustrar los puntos que abraza, sería rendir un 
señalado servicio a la humanidad entera, y dar a la Amé- 
rica, en iguales proporciones de uno o del otro lado del 
istmo de Panamá, el mismo rol a desempeñar en la eco- 
nomía del mundo moderno. 

Él hecho se está produciendo en proporciones tales, 
que es acto de estolidez o de demencia cerrar los ojos pa- 
ra no verlo. Bordeando anda por un millón anual de 
hombres los que llegan de todo el mundo a enrolarse como 
nacionales en las filas de los ejércitos y en las listas elec- 
torales de los Estados Unidos de Norte América; mien- 
tras que a territorio tres veces mayor, a quince compar- 
timientos que debieran como Estados aumentar la atrac- 
ción, no se dirigen menos de cien mil, pero sin adhesión, 
sin cohesión orgánica; o lo que es más significativo, sólo 
en un punto, cual si fuera el único accesible, se hace 
sentir una débil corriente de emigración que vacila en 
su marcha sin embargo, que disminuye o aumenta sin 
sistema, como el crecimiento de las plantas, y como si 
encontrara obstáculos invisibles, acaso falta de desnivel 
para que se precipite en la corriente, habiendo acaso 
bancos y arrecifes que la detienen en su curso. 

¿Por qué no es el mismo el movimiento? ¿También es 
jKH'uliaridad de la raza latina no atraer nuevos mi igra li- 
tes de toda la Kuropa y marchar a paso do plomo, cuan- 
do corren los compatriotas de Pulton, Morse y Edison? 

Sin preocuparnos de la generalidad de estos hechos, y 
tomando por punto do partida lo ipio ya ocurre <mi esta 



SINOPSIS Y CONCLUSIONES l.'.l 

parte de América quei tiene por expresión geográfica el 
estuario del Río de la Plata, he creído que así como la 
emigración se ha dirigido hacia sus costas, con cierta in- 
tensidad, lo que mostraría que entramos a participar del 
privilegio anglo-sajón, puesto que anglo-sajona sería la 
jvtraeción y la corriente de adhesiones que a su modo de 
ser le llegan con un millón de nuevos colonizadores, así 
debemos hallarnos en mejor aptitud que otras porciones 
de la América del Sud para juzgar sobre las causas que 
aceleran o retardan el progreso, o la organización de go- 
biernos regulares, libres y representativos en esta parte 
de América. 

Deber nuestro es ilustrar estas cuestiones, señalando 
las remoras o las desviaciones. 

La reproducción de la especie obedece en cada país a 
circunstancias peculiares, de clima, alimentación y poder 
físico ; pero en la América del Norte, sobre todo, ha to- 
mado! tal fijeza y se aumenta el número de habitantes 
con tal rapidez, que la fábula de Deucalión parece reali- 
zarse en los tiempos históricos. La emigración sola bas- 
tarla de hoy en adelante para crear una nación en una 
generación, igual a cualquiera de las que más poder os- 
tentan hoy en la Europa occidental. Este hecho, que es 
nueVo en la historia humana, si no apelamos a las emi- 
graciones arias y pelásgicas de que no tenemos idea, debe 
determinar una política americana, que generalice el he- 
cho, como las aguas fecundan por la irrigación ciertas 
comarcas, sin ponerse de por medio a detener o contra- 
riar el hecho donde ya se produce espontáneamente y en 
aquella enorme escala. 

Obrar de otro modo sería tan insensato como querer 
detener un río, cerrándole con una barrera el paso. El 
mundo, y principalmente la Europa, vaciarán constante- 
mente el exceso de la población sobre los territorios vacíos 
de la América, faltándole territorio para todos sus habi- 
tante-;. Es la colonización en permanencia ; pero ya ha 



452 B. F. SAEMEENTO 

transcurrido un ¡siglo de ensayo para mostrar que aún la 
dirección que toma ese traspaso y traslación de habitan- 
tes de un continente a otro, obedece a reglas. 

Desde luego es el emigrante el que resuelve allá en su 
país a dónde habrá de dirigirse. Los Estados Unidos no 
han fomentado la inmigración directamente. A veces la 
han puesto trabas, como Nueva York, exigiendo que el 
inmigrante contase al desembarcar $ 200 ante un em- 
pleado, para responder de su manutención mientras ha- 
llaba trabajo. La Inglaterra fomenta la emigración a 
sus colonias, pero se ve que doce mil de esos emigrantes 
pasan el San Lorenzo para engrosar la población norte- 
americana. 

Si no se sabe porqué naciones como la Francia necesi- 
tan] casi dos siglos para duplicarse, diremos lo mismo- 
que no puede saberse porqué los hombres se dirigen a 
los Estados Unidos y no a otros territorios baldíos. 

¿Llamaremos nosotros' a son de pregón, carteles y al- 
manaques noticiosos, la emigración a nuestras playas qne 
apellidamos afortunadas? Algo .podrá obtenerse con 
grandes sacrificios y ei desenvolvimiento de otra clase 
de males. 

¿Sintiéndose varias naciones preocupadas de la nece- 
sidad de expansión, no les ocurrirá la idea de recoloni- 
zar esta retardataria América en su provecho, aunque la 
humanidad de allá y ios americanos de aquí duden un 
poco de la eficacia del remedio 1 ¡Qué! ¿es colonizadora 
la dación que quiere tener colonia-; extender sus domi- 
nios? No lia mostrado eaa aptitud la Francia en Améri 
ca, perdiendo sus colonias, aunque más aleccionada lmy, 
dirija mi Acción sobre <-l África y el Asia; y como la Es- 
pafia so i ha engrandecido, puta mas bien k ha desasí' 
do en la noble tentativa de poblar un mundo, no d 
derla la palma en esta ciase dn negocios de 
ido. 

I Oh, gloria d ti humanal No colonias td Pun 

di naciones -ino "I pm-lilo que posee mi mi san -re. en 



SINOPSIS T CONCLUSIONES 468 

sus instituciones, en su industria, en su ciencia, en sus 
costumbres y cultura todos los elementos sociales de la 
vida moderna. No coloniza la Turquía, sino que arruina 
cuanto toca. Colonizan el mundo deshabitado por las 
razas privilegiadas los que poseen todas aquellas dotes. 
La Francia ni la España tenían instituciones de gobier- 
no que llevar a sus colonias, y han perecido los gajos de 
sí mismas que implantaron momentáneamente. La Aus- 
tralia prueba en veinte años lo que el traspaso de una 
mano a otra probó con Californiaí y Tejas, lo que pro- 
baron las trece colonias inglesas al mismo rey y Parla- 
mento inglés que se olvidaron un, día que el pueblo se 
impone a sí mismo las contribuciones por medio de sus 
representantes en Parlamento. 

¿ Qué deberíamos hacer los americanos del Sur, para no 
ser distanciados de tal manera que no .se haga cuenta de 
nosotros en treinta años más, o tener que resistir a las 
tentativas de recolonización de los que pretendan que 
está mal ocupada esta parte del continente subsidiario 
del europeo? 

Preparar la respuesta 1 a esta pregunta es el objeto de 
este libro, creyéndose el autor preparado para acumular 
los datos, acaso para dar la solución final, con sólo seguir 
el camino que le viene trazado por los antecedentes his- 
tóricos de su propio país, el conocimiento del de los otros 
y como una iniciativa personal que le ha cabido en va- 
rios ramos accesorios de aquel conjunto de adquisiciones 
que constituyen la civilización de nuestro siglo. 

No es indiferente al acierto de tal empresa que el au- 
tor haya participado medio siglo del movimiento político, 
intelectual y de transformación y desarrollo de su pro- 
pio país. , 

Los largos viajes no dañan a los lores ingleses para co- 
nocer el continente: sus costumbres e instituciones, ya 
■que naciendo legisladores de una isla, se expondrían sin 
«so a ensimismarse y separarse del resto de la humani- 



454 !>• F- SARMIENTO 

dad. La residencia en países distintos, sin dejar de vivir 
de la vida del suyo propio, haría de un hombre de Es- 
tado otros tantos hombres, como creía Rousseau del que 
conoce varios idiomas. 

¿Qué falta a esta parte de América, para recibir y 
aclimatar todas las fuerzas activas y los progresos inte- 
lectuales que andan como flotantes en la atmósfera y 
sólo piden un pico de montaña que los detenga, acumule,, 
condense y convierta en nube y lluvia fecundante? 

Una mala constitución geográfica daba una sola entra- 
da en un puerto único al ambiente exterior y trabajó por 
abrir los ríos a la libre navegación. Están mezcladas a 
nuestro ser como nación, razas indígenas, primitivas, 
prehistóricas, destituidas de todo rudimento de civiliza- 
ción y gobierno ; y sólo la escuela puede llevar al alma 
el germen que en la edad adulta desenvolverá la vida 
social; y a introducir esta vacunación, para extirpar la 
muerte que nos dará la^ barbarie insumida en nuestras 
venas, consagró el que esto escribe su vida entera, aun- 
que no fuese siemipre comprendido el objeto político de 
su empeño. 

Pero como ©1 primer censo, mandado levantar por sus 
previsiones, ha mostrado que ocupamos dos kilómetros 
de tierra por habitante, lo que nos hace el pueblo más 
diluido, un desierto poseído, un soupQon de nación, pu- 
simos desde hace cuarenta años la mano en la Llaga, has- 
ta hacer de la inmigración parte constituyente del Esta- 
do. Los que se persuaden, al ver realizados ciertos resul- 
tados: la pampa taraceada por líneas de eucaliptus o de 
alambres, escuelas en rincones cuyo nombre ignora el 
geógrafo, las poblaciones del mundo desembarcando en 
los puertos, como en el Tamesis el ganado vivo de Amé- 
rica, se imaginan que estas cosas vienen de sí mismas y 
por sus pasos contados. 

VA año pasado, sin embargo, se luí instalado una pri- 
nmra colonia italiana en Méjico, a donde poeos extra n- 



SINOPSIS Y CONCLUSIONES 455 

jeros penetran, y la Inglaterra acaba en este año de res- 
tablecer ¿sus relaciones diplomáticas interrumpidas desde 
la muerte del emperador Maximiliano. El resto de la 
América está cerrado a toda influencia exterior, salvo 
débiles ensayos en imitación nuestra, mientras que la 
educación primaria encontraría resistencias invencibles 
de la apatía y egoísmo de la raza blanca, mientras no re- 
conozca el principio etnológico que la masa indígena ab- 
sorbe al fin al conquistador y le comunica sus cualidades 
e ineptitudes, si aquél no cuida de trasmitirle, como los 
romanos a gal os. y españoles, a anas de su lengua, sus le- 
yes, sus códigos, sus costumbres y hasta las preocupacio- 
nes de raza, o las creencias religiosas prevalentes. 

Los políticos que quieran llegar a ser en América los 
representantes de la raza latina, quisieran pararse en 
medio de la calle donde transitan carros, animales, pasa- 
jeros y todo el ajuar del comercio de todos los pueblos 
del mundo. Pretenderían dividir el mundo en dos mita- 
des y ya que el istmo de Panamá va a ser camino públi- 
co, decirse que a este lado está el atraso, el despotismo 
de régulos ignorantes, cortados a la medida de los que 
ha dejado producirse aquí y allí la raza latina, sin mi- 
rar el rostro del soldado que la vigila y gobierna, que es 
cobrizo y tostado, llamando latino al araucano, ai azteca, 
quichua, al guaraní, al charrúa, amos de la raza de los 
amos que los oprimen. 

La obra de Dios es más grande, y es a la inteligencia 
de sus obras que para comprenderlas nos ha dado, a 
quien toca, como a Juan el Precursor, allanarle los ca- 
minos. 

Lleguemos a enderezar las vías tortuosas en que la ci- 
vilización europea vino a extraviarse en las soledades 
de esta América. Reconozcamos el árbol por sus frutos: 
son malos, amargos a veces, escasos siempre. 

La América del Sur se queda atrás y perderá su mi- 



456 D. F. SARMIENTO 

8ión providencial de sucursal de la civilización moderna. 
No detengamos a los Estados Unidos en su marcha ; es lo 
que en definitiva proponen algunos. Alcancemos a los 
Estados Unidos. Seamos la América, como el mar es el 
Océano. Seamos Estados Unidos. 



ÍNDICE 



Págs. 

Domingo F. Sarmiento 4 

Las ideas sociológicas de Sarmiento 7 

Prólo&o-Dedicatoria 43 

Prolegómenos 63 

Primera parte: Etnología americana 
T. — Las razas Indígenas y la rasa negra ... v I 

Segunda parte: Las razas en Sud América 

ii.- Los cabildos. — (El gobierno colonial) . . 127 
Cap. 111. — La inquisición como institución civil. . 168 
iv. -La raza blanca. — ¿Quiénes fueron los con- 
quistadores? 

Cap. V.- Virreinato de Buenos Aires. — Gérmenes 

<le disolución 249 

Tercera parte: Las razas en Norte América 

VI — Migraciones sintéticas hacia Norte América 27:; 
Documentos. — La sociedad política norte- 
americana 817 



75500,, 

458 índice 

Págs. 

Cuarta parte: La independencia sudamericana 

Cap. VIII. — 1810 — Insurrección sudamericana. . . . 32!) 
Cap. IX. — Los indígenas a caballo 371 

Apéndice 

I: Carta a Francisco P. Moreno — II: Insidias. — 
III: Carta a Mr. Noa. — IV: Coincidencia de 
dos autores. — V: Carta a Aristóbulo del Valle. 407 

Sinopsis y Conclusiones de la "Segunda parte" 
I: Sinopsis. — II: Conclusiones 439 



E 19 .S24 SMC 

Sarmiento, Domingo Faustino, 
Conflicto y armonias de las 
razas en America