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Full text of "Elektrische Maschinen der Kraftbetriebe; Wirkungsweise und Verhalten beim Anlassen Regeln und Bremsen. Mit Anwendungsbeispielen"

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5 iOOM*».6*i'A6' 



llarbarb CoUege Itiirarp 




FBOMTHB 

BRICHT LEGACY 

One half the income from thi« Legacy, which was re- 
ceived in 1880 ander the will of 

JONATHAN BROWN BRICHT 
of Waltham, Massachiuetta, is to be expended for books 
for the College Library. The other half of the income 
i* devoted to scholanhips in Harvard Universitjr for the 
benefit of detcendants of 

HENRY BRICHT, JR., 
who died at Watertown, Massachusetts, in 1686. In the 
absence of such descendants, other persons are eligible 
to the scholarships. The will requires that this announce- 
ment shall be made in every book added to the Library 
ander its proFisions. 




cosAS i5e los estados unidos. 



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ESTADOS UNIDOS, 



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NAZABENa 




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J. DURAND, Editor, 

24 Y 26i BROADWAY, NUBVA YORK. 






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NUEVA YORK: 
IMPUENTA de «'EL PORVENIR," 

109 Pbakii Stkcit. 
1804. 



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COIECCION 

DK 

AßTICÜLOS DK COSTÜMBRES. 



U CAPITAL DE LGS E8T1D08 ITNIDOS- 



Cambiftr de Urea es el reraedio supremo de la 
Cnando cl galeno ha agoUdo toda la farmacopea j 
tJDÜa teuaz, un camblo de aires es eu preHcripcion 
oonocicndo la iinpotencia del saber humano fia la 
la vi» medicairix naturce y el 'eulermo aale de viaje, 
miao de la eteroidad tal vez. 

No sali yo por 61 Brno por el de Camden y Amboy en Boli- 
citud de la fuerza regeneradora del esplritu. Ver otra excena, 
otro cielo, otras gentea con otraa meiitiraa y olras pesadum- 
bres y otraB miseriae, era uua necesidail del alma el dia IB. 
Satisiacerla era nna neceuidad maa apremiante y ] como & la 
vez era tan iäcil ! 

" Dode tu trlat« mfajniiH del Cbdum, 
CdMctui fll clflio dB npinadu nabeB, 
De nlere el Jti«la ; de peur el elmi, " 

motline en an csrro del ferrocarril en la cindad de Jersey 
y echamoB & andar cuando maa arreciaba la tormenta, — ; Dön- 
de iba y & qa&? Cueationes eran eaas demaaiado secuudarias 
para quien vlaja por cambtar de aires. 

El liecho es que el tren rodaba estrepitosamente baciendo 
el mido estridente que produceu las ruedas sobn» los rieles, 
nüdo monötono, punzante, ingrato como el de los dolores 
morales sobre el corazon, y echando bocanadae de humo ea- 



peso como la respiracion fatigosa de tin monstruo fle la fabu* 
la. Devoraba el espacio y tras 61 desaparecian las fajas oscaras 
de los montes, salpicadas de los pontos blancos & que la velo- 
cidad reduce las casas. 

— Noventa millas! giit6 el Conducton La ciudad de Fila* 
delfia. 

La mäquina se detuvo. La mitad de los pasajeros sali6 pa- 
ra ser reemplazada por igual nümero de caras impasibles, de 
bocas mudas, de ojos incesantemente fijos en un peri6dico 6 
un libro, de seres completamente abstraidos de cuanto les ro- 
dea, de individuos incomunicativos, de viajeros americanos, 
en fin; que no se conocen unos & otros, qne no se hablan, que 
no se miran, y que forman la sociedad viandante de nuestros^ 
caminos. 

El tren sigui6 su'marcha y la misma escena se despleg6 en 
las 100 millas que separan & Filadelfia de Baltimore, escena 
de mudos y de egoista aislamiento en el interior, de tnsteza 
y desolada desnudez en el campo que Ibamos cruzando, envuol- 
to en SU mortaja de nieve. 

— ^Veinte minutos para comer, gritö el conductor. Aquella 
voz y la idea de comer recordaban la existencia. Desde las 
ocliO de la manana venfamos encerrados en un cajon sin vida, 
en un ataud. 

— ^En marchal volvi6 k decir la voz y cada cual ocup6 su 
asiento y el tren arrancö con nuevo Impe^u para devorar las 
40 millas que distaba de Washington. £1 sol poniente se abria 
paso por eiitre las nubes de un cielo mas meridionai que el 
que nos habia angustiado todo el dia. Parecia alegrai*se de 
decirnos adios. La campana de la locomotora anunciando su 
paso por la calle del suburbio que atravesaba, era un doble 
de agonia. De repente el doble ces6 : el sol se habia hundido 
detras de los montecillos que cercaban el horizonte. El tren 
se detuvo. No se podia pasar porque dos treues cerraban cl 
Camino; habiantropezadoyun peon caminero avanzado sobro 
el lugar de la cat&strofe anunciaba con una luz de color que el 
tren nuestro nodebia seguir. Poco tard6 en cambiar el color de 
la luz : & la claridad azulada del fai A sucediö una roja que luego 
fu6 sustituida por otra blanca. Dos carros deshechos atestigua- 
banel "accidente" sobreambas orilL.j del Camino. Losdemäs 
carros estaban en un codo esperando que pasase nuestro tren, 
que era el del espreso. El maquinista duplic6 la fuerza de la loco- 
motora para ganar el tiempo i)erdido y volabamosi En la oscuri- 



dad de 1a noclie brillaban las chispas que arrojaba 1a chimenes 
de la homaUa y dv. todas^ las colinas reciblamos repetido el cco 
de nuestro paso. £1 agudisimo silbato de la maquitia anunciaba 
& int^rvalos nuestra aproximacion & las poblaoiones inmedia- 
tas. 

— Washington! 40milla8! 

— ^No contiüüa el tren ? preguntö al conductor. 

— ^Por ahora no. 

Qued^me por eso en el paradero de Washington. Una tra- 
hilla de cocheros dando voces con que anunciaban el nombre 
de los hoteles, que tambien Uevaban escritos en los sombreros, 
se disputaba & los reoien venidos. 

— ^Por aqui, senor, al hotel NacianaL 

— ^El mejor hotel es el Brown. 

— ^Vengan Vds. al Willard. 

— Quiere V. un carruaje ? 

— Tomai*6 el equipaje de V. 

Los perros de una jaurfa cuando han alcanzado la res, 6 la 
tienen acogotada en el suelo, no son mas pertinaces ni mues- 
trän mas ahinco porque no se les escape, que los aurigas emi- 
sarios de los grandes hoteles en los Estados Unidos. Teme 
nno que lo despedacen para alojar los cuartos consiguientes & 
la division en los de las posadas cujas rentas fomentan. En 
aquella Babilonia lo mejor es someterse & su destino, sobre to- 
do cuando no se tiene uno determinado : dos de aquellos men- 
sajeros se apoderaron de mi cuerpo y h6me aquf instalado en 
un cuarto de pocos pi6s cübicos, cuarto celestial si va & juzgar- 
se por la elevacion, pero donde no hay nada que recuerde 
los goces de la otra vida, sino es la estrechez de una oama que 
por mas que no sea de ^' cuatro mal lisas tablas sobre dos no 
muy iguales bancos, " tiene mucho del tacto de guijarro que 
tanto magttllaba las cames en la venta de la moza asturiana. 
Debajo de una oolcha que parecia colchon me encontr6 el m- 
bio Febo cuando asom6 la cara por entre la neblina que en- 
volvia & la capital federaL 

II. 

LA ATENIDA DK PENNSYLVANIA. 

*^ La capital del mundo es Francia, la capital de Francia es Pa- 
ris. Cuando PaHs se mueve el mundo se mueve. Muchas ve* 
068 he oido y leido, de boca de fmnceses, y en libros franco« 



6 

ses, ese qne ellos crecn axioma. La capital de los Estadoa 
ITnidos es Washington : la capital de Washington es la Ave» 
nida de Penni^ylvania, 6 sea en castcllano Pensilvania. Cuan- 
do la Avenida se mueve, se inueve Washington, pero no se 
mueven los Estados Unidos. Y h6 ahi la gran diferencia en- 
tve la cabcza de la gran monarquia, imperio 6 i*ep(iblica ( se- 
gun la 6poca ) de Francia y la cabeza del gobiemo federal. 
Los ecos de Washington lleg<an generalmente tan desvanecidos 
& las demäs ciudades de la Union, qne las mas de las veces uo 
se les escucha, y caando se les escucha, no se les oye. 

Lo mas notable en la Avenida de Pensilvania, lo mismo qne 
en todas las calles de Washington, es su anchura descomunal. 
Un rejiraiento podria maniobrar holgadamente en ella y for- 
mal* cuadro sin embarazar el tränsito. He oido decir 6, nna se- 
nora rica y vieja que jam&s habia ido sino en coche ä visitar & 
ßu '/ecina de la acei*a de enfrente I En la Avenida de Pensil 
vania no aparecerdn nanca los hombres como una avellana 
y la tierra como un grano de mostaza, por mucha malicia que en 
verlos se emplee. A^ 

Y en esa anchura todo tiene un car&cter especial, una fiso- 
nomia enteramente distinta del car&cter y fisonomia de las ciu- 
dades del Norte. La capa es el traje comun de inviemo ; la 
poblacion negra es mayor ; forma la avanzada del Sur . alli se 
empiezan & confundir los tintes y el hombre que no nacio blan- 
co, naci6 hombre siquiera. En el Norte no es hombre : es cual- 
quiera cosa menos hombre. La tirantez del puritanismo cede 
y se ablanda asimismo en los demas usos sociales y es licito & 
un estran jero dirigir la palabra & quien no conoce sin recibir 
un " no b6 " por respuesta de un caballero, 6 la mirada altiva 
y sorprendida de una dama que se ve inteiTOgada. 

Pero en Washington hay todavia algo mas especial, mas dis- 
tintivo. Todes los hombres tienen un aspecto de empleados, una 
cara de cortesanos, que pudiera Ilamarse oficial. A la legua se 
puede traslucir en las faccionesal oficinista,al hombre de plu- 
ma, al curial en lin, si es Hcito dar tal estension ä la palabra. 
El traje, el porte, la espresion, todo revela una ciudad en que 
la politica y los empleados püblicos ocupan casi esclusivamen- 
te & sus habitantcs, y si hay escepciones, ellas foiman otra ra- 
ma de la misma ßirviilia — ^los aspirantes. Cierto anhelo, cierto 
aire de perro perdiguero ( perdone la humana altaneria, ) cier- 
ta impaciencia no satisfecha, cierto deseo mal sei-vido se pin- 
tan en im entreceja medio fnmcido, en los ojos &vidos de mi- 



radas, en la boca semi-risnena j semi-contraida, que delatan 
la lucha interior del presente con el pasado, de la realidad con 
la espci'anza, de la pobreza con el empleo en ciernes. 

En la Avenida de Pensilvania se figurarla uno estar dentro 
de ona gran oficina si otros objetos bien diferentes no desvir* 
tnasen esa idea. Del uno al otro estremo se eneuentra en la 
a,cerä /ashionable al coronelH^ al capüan F, al gobemadorM^ 
al ffeneral Q. Todos tienen nn titulo civil 6 militar, militar 80- 
bre todo, pues ei se qiiisiera formar uii ejcrcito mayor que el 
de los aliados en la Crimea, sobrado seria el cuadro de oücia- 
les que pudiera tomarse en Washington. Ni fialtarian cabos 
y saijentos con qüe Uenar las clases. Una senora que viajaba por 
gusto, preguntaba siempre al encontrar una persona : 

— Y qu6 capitan es ese ? 

Tan babituados estaban ya los oidos & no percibir el nom* 
bre de un sujeto sin sn correspondiente tftulo por dclante. Es- 
ta cirounstancia contribuye sobremanera ä dar ä Washington 
el aspecto oficial con que & primera vista sorprende al estran- 
}ero. 

Mas en esa misma Avenida se pasean en calmosa y nunca 
perturbada paz las vacas de leche de todo el.veciudario; en- 
gordan los cerdos con las sobras de la mesa del rico y los po- 
tros no babituados aun & la silla ni al tiro, gozan de su raoce* 
dad recorriendo k su albedrio, 6 divirti6ndose en alogre reto- 
zo por todas las calles donde sns projenitores, los caballos for» 
mados, arrastran magnlficos carruajes decorados con libreas 
dignas de la corte de Luis XIV. 

Entre el espl6ndido Capitolio y la Casa Bianca estä el mer- 
cado enmedio de una plaza mal erapedrada y llena de lodoy 
donde se estiende en confusa amalgama cuanto pudiera hacer 
la dieha de un gaströnorao : cames, aves^ legumbres, conser- 
vas, &c. &c. ; pero nifrutas ni flores. Todo ello tendido en 
mesas poit&tiles que desaparecen con la ultima venta, y cubier* 
to por toldos que prestan al mercado toda la apariencia de 
una ieria 6 de un campamento &rabe. A esta ultima seraejanza 
le da mas visos de verdad el nümero considerable de cerdos 
sueltos que se cruzan por entre las piemas de los transeuntes 
y la inn(imera tribu de perros con que se tropieza & cada ins- 
tante. Si no hay tantos perros en Washington como en Cons- 
tantinopla, tampoco hay menos. 

Muy caracterlstico es tambien el espect&culo que ofrecen 
^as bellas compradoras qüe concun*en al mercado vestidas, de 



8 

sctla conio pani un briilc y sogm^las «It* itua como eriada de co- 
lor i|uo lluva cl cesto de las provisioncs. Para i\\\ ajo cspcrlo 
aqucl |»ar fonnado |M»r la iiif^a dt? mini das curutsas y Ja «ü-iaiia 
de aparient-ia mas t\ne «Mnnunicali\a, /»trayciite 6 inr-itadora, 
olrece algo de cqulvoco y mistorioso cuyo enii^ma no a todos 
es dado descifrar. Pregüntase el nbscrvador, sin tsaber por 
que, si aquella ci-iada va al raercado a comprar 6 a vciider. 

Por lo demäs el mercado no tiene absolutaraente nn estcrior 
agradable; su dudosa limpieza interior esta dignamente cu- 
bierta por un esterior de cuartel de tropas, & estilo de los de 
la Amßrica del Sur,y ante sufrente fomian un contraste cliillon 
y dcplack las galas de las damas y damiselas que lo frecuentan 
y el esplendor de los carruajes y libreas que lo orillan. 

Los carruajes son comparativamente mas numerosos en Was- 
hington que en las ciudadeiS vecinas : al menos asl lo imajina 
sl que los ve cruzando incesantemente en la Avenida de Pen- 
silvania, sin recordar que en esta Avenida estän todos los de 
la ciudad. El lujo es teuer un grau cochero negro con cabos blan- 
cos. ^ Cabos es la palabra ? La elegancia requiere un podenco 
corriendo entre los descomunales normandos que arrastran un 
vehlculo diminuto. 

Las hermosas por escelencia, y probablemente las que no 
tienen carruaje, pasean su juventud y sus gracias en el lado 
fashionaUe de la Avenida. Por la acera opuesta van los ple^ 
beyos. Tanta seda, tanta gasa, tanta gentileza deslumbra. Qu4 
ojos, oh Dios I qu6 bocas ! qu6 eolores ! El sueno de las huriea 
realizado ! Pero ^ qu6 late debajo de aquella blonda de Alen- 
zon ? TJn enamorado decia por halagar k su adorado tormen- 
to (que era un tormento amerieano) : " Mira, Elisa : te hizo 
Dios tan bella que no creyö necesario darte corazon. " 

Mi amabilisima dcerona me tirö del brazo fuertemente, con- 
vidandome k ir al Congreso. 

— ^Al Capitolio, Patricio ! Y el coche sali6 de escapada en di- 
reccibn opuesta i, la Casa Bianca. 



nL 

LAS CAMAXAS« 

La primer idea que se le ocurre k un viajero que entra en 
el Capitolio es pregimtar por los gansos que lo salvarian eu 
otra irrupcion k lo Breno. 



9 

— Coli tarn« »s umR coii Jlucio Scuvola que coii los gansosiine 
obse n'6 mi coinpafifrn. 

Paso la alusioD liislorica dosapercibida, porque la cou- 
currencia nos empujaba Lacia dentro. Iba ä hablar Mr. 
Douglas, el campeon infatigable que per conseguir popula- 
ridad sufriria los trabajos de Hercules. Mr. Douglas, que es 
orador, escritor, lejislador, jefe de partido, politician por 
dentro y por fuera, sin haber estudiado nunca las artes 
oratorias, las leyes, ni las trapalas de los partidos; gladiador 
novel que lucfaa contra todos y por su propia cuenta, porque 
tiene la confianza de su fuerza, la Inspiration de su conciencia, 
el presentimiento del porvenir. Podra caer, mas si no estuvie- 
re herido de muerte, se levantarä mas terrible, con el puiio al- 
zado y amenazante, sin imajinarse siquiera que puede ser im- 
poterile. 

A ese bombre, & ese orador sin escuela, sin ley, sin freno iban 
6 oir las jövenes capitolinas con el mismo entusiasmo con que 
las romanas acudian al circo y las damas de la edad media al 
palenque cuando en la arena del tomeo anunciaban los beraldos 
& un campeon sin lema ni divisa, que se habia inscrito en el li- 
bro de las justas bajo el modesto rubro de JEJl Desdichado. 

Un silencio profundo reina en la Camara y dan una alta idea 
del consejo de los ancianos la compostura y el decoro que en 
SU continente se observan. Son la salvaguardia nacional, los 
curules modemos en quienes estriba el porvenir. Mr. Douglas 
tenia la palabra, discutiendo con el calor que le es propio los 
argumentos de un su competidor sobre la cuestion de Kansas. 

•Nada nuevo en sus observaciones ; en Kansas iio liay cues- 
tion de discursos sino de hechos. Los discursos sobre Kansas 
producen el mismo efecto que una regadera de jardin sobre 
im incendio. Por eso no conmueven, no escitan, no convenceu. 
Se ve en ellos al orador mas que al asunto ; tanto niujor para 
Ml*. Douglas si nadador intr^pido logra hacerse ver en niedio 
de lasondas embravecidas. Pero quidinde? El Hcrtdd dt^cia 
al dia siguiente que Mr. Douglas habia pronimciado un dis- 
curso de palabreria y el Herald tenia razqn, auiique no fuese 
culpa de Mr. Douglas no poder mostrar su habiüdad en un 
cuadro tenninado. 

Sin embargo se le oia y so le oia con no interrimjpida aten- 
ciou como se oyc & l>rignoUi, el tenor de la öpera, no ya por- 
que canta bicii, smo porque canta Brignotli. A la salida nos 
deciamos todos que liabianios oi<lo n Douglas. Nadie sc acor- 



10 

d6 de haber oido su discurso, ni habia motivo. Seßoras mo 
mostraron que tomaron asiento en la galeria & las diez de la 
manana. dos horas ante» de abrirse la sesion. 

La Camara de Representantes es distinta por esencia de la 
del Scnado. La sesion vcrsaba sobre asuntos sin inter6s, 7 asl 
no debia buscarse este sino en la escena que representaban 
sns miembros. Supöngase iina reunion de doscientos y tantos 
hombres ocupando los radio's de un clrculo en cuyo centro es» 
tä el Speaker (presidente). Delante de cada hombre bay nna 
mesa y sobre cada mesa recado de escribir. Cada hombre es. 
cribe cartas para sn faniilia, para sus amigos, para sus amantes. 
Concluida la cai*ta todos lo sabcn, porque un golpe seco dado 
con ella sobre la mesa lo animcia 4 una nube de muchachos 
que andan aMba y abajo, cruzdndose en todas dirccciones pa« 
ra servir &, los representantes. El constante golpear so%re la 
mesa aturde. Aturde la voz fuertemente acentuada y varonil 
del presidente Mr. Banks, que habla como redobla un tarn* 
bor. JVIaroa el ir y venir de tantos chicos que se mueven co» 
mo las abejas en una colmena. Es increible el ruido que de 
todos* los bancos honorables salo para intcrrumpir al que 
habla. 

— Speaker/ Speaker/ diccn cinco, ocho, diez voces & an 
tiempo. 

— ^Pido la palabra I 

— ^Llamo al 6rden ! 

— ^Me opongo & la medida ! 

— ^TJn muohacho aqui para llovar esta carta. 

— ^Los hechos no son esos. 

Jesus, Jesus, y que confusion, y que manga de vicnto, y qu5 
rcmolino I Solo guardan silencio los que no pueden usar del 
örgano oral por tenerlo ocupado con alguna manzana cuyas 
cortezas ruedan por el suelo 6 alternan en la escupidera con 
la rumiada masoadura, Los que comen estän callados mien- 
tras comen y hablan despues para que otros coman. 

El alma se contrista ante la imäjen de la democracia, ante- 
la democracia y el sistcma representativo en accion ; las repü- 
blicas platonianas se desvanecen viendo aquella marea por en- 
tre la V que forman cruzados sobre una mesa-escritorio los 
dos pies de im representante de la nacion. Discursos de " Bun- 
comb" profusamente prodigados 6, un auditorio desatento 
y tumultuoso, interrupciones f Vecuentes, i fuß eso lo que son6 
Piaton como el Bummmn de la perfeccion lejislativa ? 



11 

» 

EI qne dcsce ana descripcion del Capitolio consulte la Guia 
de Forasteix)8. Por mi parte no me qiiedö vagar para hacer 
apuntaciones. Patricio, mi cochero, se habia marchado & llevar 
quizas 4 otra persona, aprovecbando nuestra estancia en las 
Camaras y fu6.prcciso buscarlo y perder tiempo. Mi cicerona 
me propuso tomar mi Omnibus y se lo agradezco, porque si no, 
me faltai*fa mia observacion curiosa. En el interior del carraa- 
je commi se lee en letras doradas un anatema que dice : '^ En 
cste camiaje no se admite & los borrachos. " No me atrevi & 
pregimtar 4 mi amiga si eratan corriente uso emborracharse 
en la ciudad federal que fuese necesario escribir aqucl preccp- 
to. Call^ por cortedad, prefiriendo mas bien tirar 4 otro rumbo« 

— Qu6 es un discurso ** Buncomb ?' ' le preguntÄ. 

— ^Ah I No lo sabria V. si no se lo esplicase. Observabasele 
& un representante que su discurso no era atendido y se le 
aconsejaba que callase. ^' No por cierto, contestö 61 ; yo no cs- 
toy hablando para que me oigan los representantes, sino para 
que me lean mis constituyentes de Buncomb." 

— Oh! gracias! Es muy curiosa la esplicacion. 

— Y esta noche que se har4 V. ? Quicre V. ii* al teatro comnigo? 

— Senorita, me honraria tanto ! Pero. . . 

— ^Pero qu6 ? 

— ^Hoy es ju^ves de Pasion. 

— ^Pero sin embargo el teatro e8t4 abiorto« 

— ^No para mi. 

Ella calI6 satisfecha, pero no convencida. Dcspucs vi lagen* 
to que iba efectivamente al teatro. 

IV. 

iQXm HACEN LOS HONORABLES EX WASHINGTON? 

XTna ilusion menos en el hotel para persuadinniO mas de qtiQ 
no es el Camino del cielo : cuando fuf 4 la mesa encontrö solo 
hombi*es que comian de prisa y todo en un plato. 

— ^Y aqui no viven senoras ? pregunt6 4 mi vecino. 

— Si, pero comen en mesa separada. Si V. , nümero singi^ 
lar^ quiere comer con ellas, pida permiso al dueno ^el hotcl 
y le paga un extra. 

— Conque el posadero exhibe 4 las senoras por paga ? 

— ^Todo es negocio : y i por qu6 no babria' V. de pagar por 
un rato de/lirtation (coqueteo) ? 



12 

La conversacion iba k profundizarse y abrf el pcri6dico de 
la tarde para evitarla. El Star trae esta " Iiiteresante Reini« 
niscencia, " escrita por un vakt de chambre. Paciencia si es 
muy larga. 

" Comida del cuerpo (colojiado) el sdbado en la noche. Pre- 
sente un gran nümero de los miembros de la Lejislatura. Canti- 
dad escesiva de champana : k todos les gusta. Brfndis perso- 
nales k la nacion entera de los Estados Unidos. ^' AI sonor 
Prcsidente " bebian todos los que podian mantener el equil» 
brio del cuerpo sobre los pi^s. Encuentros navales de ideas 
que navegaban por el salon sin brüjiila ni gobemalle 7 tenian 
escaramuzas parciales en egcuadrillas separadas. Fragmentos 
interesantes de Speeches agradablemente variados cou mist^- 
riosas desapariciones debajo de la mesa. Ordenes para llamar 
k los miembros muy temprano ä fin de alcanzar el vapor. Ban- 
quete concluido ä eso de las dos de la madrugada. Todos los 
Bombreros y sobretodos cambiados, sin duda por haber toma- 
do champana. Cambio de escena k las siete de la maiiana. Lla. 
mados varios caballeros manifestaron soiiolientos un vivo de- 
seo dcf saber en qu6 estado se encontraban. Pensaban allä en 
sus adentros que estaban en uno mallsimo. Una puerta ceirada 
cuidadosamente se encontrö abierta. Una corbata muy bieu 
doblada sobre la mesa y un enorme par de botas asomadas 
por el estremo inferior de las s4banas. Tirando las botas re- 
sulta que tienen dueno. El dueno esclama " Sr. Presidente " 
y pide informes sobre un punto de örden. Pens6 que el hono- 
rable miembro estaba fuera de örden, pero que -sus miras res. 
pecto k las " mejoras intemas " eran muy racionales. El hono- 
rable se imajina que es secretario de la camara y empieza k 
pasar lista. Pasando lista pasa del medio k la orilla de la ca- 
ma y all! como no tiene quien le inten*umpa, ocnpa la tribuna 
por media hora larga. Constitüyese luego en comision de uno 
y se retira k consultar. Suena la campana del almuerzo y vuel- 
ve k SU cuarto con dos " rabos de gallo " para abrir la sesion, 
asegurando k uno, que habia visto al pasar por freute k un es- 
pejo k cierto sujeto muy pärecido k 61 que tenia cara de. . .de. . . 
bbrracho, y que mejor era tomar el vapor inmediatamentej 
El hombre que se vio en el espejo brinda por su propia salud 
y se marcha en busca del vapor. Cambio de decoraöiones. " 

Leer en la mesa parecerä pecado mortal en otras part(is, 
donde no se acostumbre, pero entre nosotros no lo es, y menos 
aun si la lectura es un artlculo del diario semi-oficial del gabin ete 



13 

— Gusta y. de sopa amostazada ? me preguntö el oriado. 
Acept6 pensando que el pfcaro habia estado leyendo & mis ß^ 
paldas la ^ Interesante Reminiscencia. " En los postres la con- 
versacion con mi vecino habia Uegado & la atenta familiari" 
dad que da el champana 6, gentes que no representan. Eramos 
bastante amigos para confiamos un secreto. Le alargu^ el 
Star. 

— ^Lo he leido, me dijo. j Y no ha leido Y. el Herald quo 
acaba de llegar? 

— No. 

— ^Pues anade que ^ desde el Capitolio hasta la Casa Bianca 
86 juega, 7 fuerte, en ambas aceras de la Avenida de Penfiil- 
vanla. " 

— YV.locree? 

— ^Yo, senor. . . Mire V. , mire V. aquella senora con panta- 
lones. 

— -Si; es una blumerista. Pero i y lo del Herald f 

—Mure V. ; ese traje renne & las estrecheces incömodas dol 
pantalon las incömodas holguras de las enaguas. 

AI dia siguiente el Star public6 tres noticias muy mteresan- 
tes. I'rhnera : Relacion de la funcion de teatro el jueves San- 
to: representaoion de la oomedia TheExtremeB, Segunda: Un 
consejo & los vecinos de Washington para que siembren hor- 
taliza en sus patios : " el freute de cada casa producirä ab(mo 
bastante para sesenta pi6s cuadrados de sembradura« " Tcr- 
cera: El tren espreso sale para Nueva York & las ouatro de 
la tarde. 

Aprovechando tan feliz coynntura vu^lvome & mis lärcs. 
Qu£ me valieron los aires ? Hay enfermedades que no se curan. 

WAsniNaTON, marzo 21 de 185G* 



14 



LAS BALLENAS DE LA CBIKOLINA. 

AimCÜLO HBDIO PLAGIADO T MBDIO TRADUCIDO DEL IKGLiES. 

Intr'oduccion. 

Lector, permlteme que te presente & dofia Gertrödis Espoxi* 
j[osa, mi mas Intima amiga. 



La estuve esperando en la sala tanto tiempo qne temf me 
saliesen cacas antes que llegaraä presentarse. El carruaje es- 
taba en la puerta j el cochero se paseaba arriba y abajo, dändo- 
' Ee golpes en los brazos para calentarse las manos. Me mir6 al 
espejo, me arregl6 el pelo y el cuello de la camisa, revolvl su 
aparador de m^sica para divertirme y estudiö minuciosamente 
todos los cuadros de la sala para ocuparme. Hice parar & Me^ 
doro sobre sus patas traseras una, dos, tres, tantas veces que el 
pobre lanudo principiaba ä convencerse de que aquella era su 
posici:>n natural. Trat6 de tocar la cancion del Amor en vela 
con i mano derecha y el piano se resistiö ä que profanase la 
müsica. Abandon^ las dulces melodias por los dulces pensa- 
mientos: las botas me apretaban horriblemente. Por olvidarlas 
me volvi & arreglar el pelo y el cuello de la camisa, visto lo 
cual Medoro es escap6 apresuradamente. Sudando de angustia 
por fin siento el crujido de la seda en el pasadizo y el ruido de 
los tacones en el suelo, abrirse una. puerta, una risita musical, 
de garganta, un trinado en si bemol y. . . heia aqui abotondn- 
dose todavia un guante, & Tula, la divina Tula. Con seräfica 
sonrisa y voz de allä muy arriba, del cielo — 

— ^Le he hecho esperar mucho tiempo, mi buen Arturo, me 
dijo. i Se ha &stidiado mucho? 

— No existe esa palabra en el diccionario de la lengua de mi 
Tula, contest^ como Napoleon el Grande en el asunto del Sim- 
V on. Nombre mas oportuno ! Habia estado estudiando la res- 
puesta media hora. Asi son todas las agudezas y los ccUemboura» 

Y al contestarle mis ojos se fijaron en el traje de Tula. " Guar 
renta siglos os contemplan *' habria podido decirme Tula si 
cuarenta siglos hubieran vivido sus diez y seis primaveras, co- 
mo era cierto que me comtemplaba de lo alto de una piräraide. 
La arenga del I^etü Caporal tenia base. j Y que base I Laspi- 



15 

r&mides de Egipto no ticnen absolutnmente nada que avcntaje 
& Tula: sa cabeza el y6rtice, su raedo el pi6. Abi*i dos veces 
los ojos para abarcar la circunfeiencia. £1 T>rol>lema de la ciur 
dratora del circulo esta resuelto. Y i cabm per la puei'ta de la 
calle ? Cupo ; pero i cabrä por la portczuela del coche ? 

— ^No cree V. , Tulita, que sera mejor que me siente al lado 
del cochero? 

— l Cömo, querido Arturo ? y con esta noche I Levante V. lo« 
pi6s, asl, sobre el asiento de enf/ente. Ahora yo no me siento. 

EncantadoraTula! pens6 yo. ;Cumo te sacrificas portuamante! 

Tula como una ninfa del Hip6dromo en su carricoche roma- 
HO hizo el viaje entero de pi6 y con grau denuedo hasta llegar 
& la casa del baile. 

n. 

La casa estaba llena. ; C6mo se alegrai'ia una prima dwvna 
de ver asl el teatro el dia de sa beneficio cuando la cntrada es 
k duro por cabeza ! Bemontando por entre una corriente de se- 
res humanos navegu^ 4 barlovento con el remolque die mi Tu. 
la. Cerraba los ojos por no ver destrozada aquella obra maes« 
tra de madame Ciseaux, pero aunque abollada y apla.«tada, la 
elasticidad hubo de sacarla incolurae. De vez en cuand^; algu- 
no .al pasar descuidado se Uevaba la orla del vestido dej&ndo- 
me ver aquellos piececitos (Tula no es americana), aquelloa 
piececitos de &njel, y entonces su rostro se sonrojaba como si 
la oleadä fuese ä abrir mitad por mitad aquel caaco de fragata 
Pero la oleada pasaba y la piramide era pii*4mide. 

— Bailaremos un vals, amor mio? 

— Oh ! no : yo jani&s valso. 

Malditas ballenas I pensc yo. Pero tratamos de pasear un li- 
godon con mucho buidado, mucho. La figura queda completa 
con dos pasos, mas el torpe de su vis-ä-vis^iC uno en fiilso y para 
consei-varse en equilibrio asento el otro pie cuando Tula hacia 
la reverence^ y traje y ballenas quedaron bajolaplnnta del titan 
que con Tula prisionera hacia la figura de san Miguel etc. Cum. 
plimientos, escusas y retirada al aposento. Declarosc majistral. 
mente que no habia remedio para el descosido y fuo prcciso 
mandar por el coche. En lugar de tener una soiree csplundida 
Tula y yo volvimos a casa, ella sentada ya y yo a su lado : le 
tom6 la linda mano cubierta con cabvitilla Jouvin, color de per- 
la, y trat6 de dar consuelo a su aflijido corazon. Llegamos & 
sn casa como & las once. Qu6 horrorl 



m. 

Dcntro de pocos dias ncscasaremosTulayyo. Vivan lasba- 
Ilenas ! El anillo de boda ( quisiei*a que tuviese otra forma : 
me reciierda las ballenas) aM est& sobre la mesa, y & juzgar por 
el carro de ballenas que iba el otro dia para su casa ( le pre-« 
gunt^ si tenia iäbrica de paragiias ) sospecho que estän hechos 
los trajes a lapyramide d^JEgipte. 

Bautista me ha dicho que cnando Tula le pide agua con*e 
]>rimero en busca de una tijereta de estira y encoje para servir- 
la ä (Ustancia respetable. 

86 tambien que Tula no va k misa hace tres meses porque el 
asiento de la iglesia es tan estreeho I y que no se ha confesado 
en la euaresma porque nohubomodode "atracar" alconfesio- 
nario. Cuaudo su mam& la ayudaba, la ballena cedia, pero no 
bien la dejaba sola, cuando la ballena se ensanchaba como el 
rabo de un pavo, haciendo salir su contenido del cajon del re« 
clinatoiio. Vivan las ballenas ! 



IV. 

Y si6utome en mi butaca a pensar c6mo son esas coFas y tu 
»011 asi, como pueden ser buenas. Y acabo por persuadiime de 
quo l:is cosas son como son. 

Kl dia de la boda. '^ Ahora es ella, hijo mio, me dije en un 
niudo soliloquio. Por esta no se pasa sino una vez en la vida, 
:iun<(ue muchos la hacen basta tres y cuatro ; pero eso es raro. 
Chico abrc la ventana y mira si hay algo raro en el cielo, en 
lii tierra, eu la acora opuesta, en el techo del vecino. Nada ! 
Pues la natumlcza me traiciona, p^i-iida ! Hoy ha de haber al« 
go ; no queda duda ! " • 

Palabras profcticas! Debiamos casamos en la iglesia, en 
grande temte^ a las diez. Llega la hora y con ella los coches. 
los amigos Saa. &c. Liegamos k la puerta de la iglesia» baja* 
mos, vamos a la puerta de la sacristia. E^trecha ! La novia nc 
podia entrar. El ruedo muy ancbo, la puerta muy angosta« Me 
di6 una ira que la sangre me reventaba por los ojos. 

— ^Meterla ä empujones ! grit4 desesperado, confuso y brutal. 

— Caballero ! dijo Tula, tales espresiones y en tal sitio ? 

Volvimos ä tomar los coches, lo mismo hicieron los amigos 
y derecho & la casa de la novia. Y all! Aituro de Santist^ban, 
Caballero de no se cuantas ördenes^ sin cruz^ recibiö un pasa* 



17 f 

porte en toda regia para tomar soleta hacia donde ma8 le oon- 
viniese. Tcngo la altbrja a1 hombro, nuulemoiscUe^ pero Y. se 
qneda... cou ßus ballcuas. 

Hurra porlas batlenas! 

Qtic »on 'Je moda 
Y not» ^.icAii de pcnas 

£r. tina bodn. 
Paci* rompicndd cadcuas 

Dan libertad : 
niirrä por lai> ballenaa! 

Hurrat Hiirrä! 



NusvA York, abril de 185G. 



EL A510 BISIESTO. 

COSTUMBBBS DE LOS ESTADOS UNIDOS. 

Se ha de mndar de blaiesto 
El aflo cinciieuta y aeia; 
Laa mnjerea haran de taombre 
Y loa hombres de mujer. 

ALMAII AqtrS FBOFBTIOO. 

Otra vez el afXo bisiesto ! Vuelve la antigua costumbre de 
conceder ä las dainas el privilojio de " hacer la declaratoria. " 
Los solterones verdi-neffros c iiiveterados andan como el ca- 
zador de vedado, orillando k toda muchacha bonita que en- 
cuentran en la calle, no sea que les espete una deelaratona, 
y bendiciendo de todo corazon k la modista que invent6 los 
aiinadores de ballena, porque hacen gnardar la distancia 6 im- 
piden que se les agarre vi et- armis. Dulefsimas, modestisimas 
criaturas por quienes en vano suspiraron rendidos aniadorcs, 
sacan fuerzas de flaqueza j entre una y otra indirectilla picaro 
na que nadie caliücaria de no senoril, lanzan el flechazo con 
una punterfa k lo Guillermo Teil y liemblan los tiranos del 
bello sexo al sentirse heridos. Vaya V. k decir no k una doce- 
na y media de ailos eon un par de ojos mas grandes que la 
mano ! Puf I Seria torpeza imperdonable! 

Las estrat6gicas mam&s dan gracias al cielo de todo corazon 

porque nos manda un ano bisiesto cada cuatro anos. Las 

2 



18 

iiiamas no saben jota de lo qiie se llauia caleudario grcgoriaüo. 
Pero tambien sieiiten en lo mas profuudo del corazon que el 
afio bisiesto no pasö revista cada 365 dias y echan el ojo & la 
coscüha de caballcros iinpliirncs y timidos y se apresuran k 
preseiitar siis pimpoUos en sociedad para que " gocen del sol 
mientras dura. ** 

Los mismos papas reganones sc frotan las manos con jdbilo 
por el priviicgio del ano bisiesto, que puede acrecer en gran 
mancra su balance en caja, bien pesado por supuesto lo que 
vctle luia hija y cälculado el ciento por ciento que se gaua con 
teuer un yerno. Bienaventurado ano bisiesto ' Proj)icio aüo 
de 366 dias I 

AI inventor de tan oportuna costumbre ba debido origirscle 
doble estatua por niedio de una contribueion universal de las 
cnaguas. Y si fue inventora (pues cabe mucha duda en si 
tiene nuestro sexo sagacidad bastante para tan esplendido 
coiip de main ) debiera consagrarsele una fiesta floral como la 
de los antiguos ä Ceres. 

Sienipre me ba parecido una ci*ueldad para con nuestro 
sexo feo obligar al liombre ä que " pique los puntos " de la 
gran cucstion. De Enrique IV se cuenta qu-j cuando asaltö k 
Cahore teuia tal sobresalto, como que era su primer bazana, 
que dcj6 el hacha enclavada en la maciza puerta. Pero con so- 
bresalto y todo el rey era valiente, y baciendo un esfuerzo 
volvi6 ä tomar el haclia y gritando " Gabors " ä los suyos, di6 
ä la j)uerta golpes redoblados hasta rendirla. Mas de un cuita- 
do se ba estremecido al liacer sti declaratoria en regia. Cuänto 
temblor de piernas, cuanto castaneteo de dientes, y palpitacio- 
nes de comzon, y tumulto de voces, y aire en la garganta, 
y cu&nto no saber que hacer atacan al maß valeroso y decidido 
cuando tiene que " picar puntos " k una miss anjelical que tal 
vez ( obs^rvese que va subrayado ! ) tcd vez no tiene m^nos 
temor que el mismo. Solamente gritan4ose uno k sl propio : 
*' Ea, muchacho, aüpa ! arriba I " como el gran h6roe gritaba 
** Gabors " solo cerrando los ojos como el toro que embiste k 
nn espada, solo asf puede darse el salto k riesgo de la vida. 
ßenditos sean por eso mas que todas las bumanas grandezas, 
benditos sean los 2^ic-nics (paseos de campo), los soliloquios k 
la luz, de la luna y especialmente los paseos en trineo cuando 
cl term6metro se ba olvidado de los hombres, y la capa de 
pieles y las mantas de pieles y la dulce intimidad y estrccbez 



19 

de un Ute-d-tete hacen que la declaratoria revicnte como el 
corcho de una botella de champaiia mal asegumdo. 

Y sin eniLargo j caprujhos dcl corazon ! puede comerse 
jamon fiambre y ternera' fianihre y aun pudiu liambre ; raas 
para liacer- la declaratoria se iieeesita coniida mas caliente. 
Nadie la espeta & sangre fria ni con prop6sito deliberado. 
Verdad es que la cosa es una monstruosidad. Por eso las niu- 
jercs, que ticnen dos veces mas tacto que nosotros, estan 11a- 
madas a sacarnos del apuro, y lo harän este ano bisicsto, si ya 
no lo hubieren hccho en el ordiuario 6 comun. Si yo fuese sol- 
tero, como se me haria agua la boca Ad^ndome senlado en 
nieda de muchachas bonitas que estarian todas deshechas por 
" picanne pimtos I " Ha Ucgado el bucn tiempo para los sol- 
teros. 

Vamos, ninas • fuera gazmonerfas, por el que azot6 k Cristo ! 
El raatrimonio es el mejor cstado pai*a nosotros los tontos, lo 
misnio que para vosotras las agudisimas, y hareis un verdade- 
ro servicio a la humanidad echando el guantc k todo verbo 
>olrero y someti^ndolo & la lern coyunda del matrimonio. Oo 
ah ad! Un deslenguado dijo no s^ cu&ndo, que el matrimonio 
es como una de esas ratoneras de alambre cuya aucha entrada 
en forma de cono deja ver un pedazo de queso fiito que con- 
vida ä entrar con su olor, color y sabor ; pero cuaudo se trata, 
comido el queso, de salir de la ratonera, los pmitiagudos alam- 
bres del cuello estrechisimo diceu con dolorosas pimzadas 
lo que Elvira en Macvoß elEnamorado : " Es ti rdo ! Imposi- 
ble ! " — Senoritas, senoritas, este es un libelo infamatorio conti-a 
el matrimonio, que no es trampa de ratones como no sois vos- 
otras queso frito. 

El bombre que no sabe que el matrimonio le conviene, est& 
mas que loco de atar y tanto mejor para el cuanto mas pronto 
le pongan la paletilla en su lugar. Teueis, mueliacbas, un deber 
imprescriptible de civilizar ä la gente brusoa. Bicn se lo sabia 
Franklin cuando dijo que el honibrey la mujer ( qu6posposiciou 
tan poco galante I ) no son sino dos medias tijeras que de 
nada sirven estando separadas. Los ninos nunca saben lo que 
Ics conviene y los hombres no son mas quo niiios grandes. 

Vaya pues ! Corazon de palo y orcjas de mercader i 

Aprovechar el ano bisiesto y liacer con loshombrcH una sar- 
raoina como la de la patrona en dia de pascuas con las galli- 
nas del corral. El destino del ganso es ser comido, y el del 



20 . 

9 

hombre 6er casado. Pues con ellos ! de frente ! bayon«ta cala- 
da, al trote I marchen ! Pin-pan I Pin-pan, 

Tradiiddo re-dueUamente del inglespor 



LA INAÜGÜRACION DE ÜN PRESIDENTE EN LOS 

ESTADOS VNIDOS. 



Mi querido.— Por fin llegu4. Demos juntos gsacias al cielo, 
tu porque tienes todavia ün amigo, yo porque me siento en mi 
propia came despues de haber pasado por todo lo que precede 
a este valle de Josafat. A mi salida te ofreci escribir mis Im- 
presiones de Viaje, pues no se necesita ser Dumas para ser 
Alejandro, sentir impresiones, viajar j escribir lo que se siente. 
Abi va. 

Apenas nos separamos en el embarcadero de Jersey City 
anteayer manana, cuando en eXferry me encontrÖ k la senora 
W. . • I Dieboso eneuentro que me salvö de un suicidio ä la in- 
glesa I La senora, tan amable como siempre, tan cortesana y 
franea, era la mejor companera de viaje que mi buena estrella 
me habria podido deparar. Iba sola : las americanas yiajan 
solas para honra de la civilizacion de su pais. En todas partes 
no encuentran sino proteccion. La mujer es la huri del profe- 
ta, que si inspira amor, impone un respeto religioso. 

Te confesar^ mi flaqueza ? Apenas vi ä la senora W. • . 
cuando empec6 k pensar en la pequena cesta de provisiones 
que tu buena hermana me regal6 al salir. Habiala puesto bajo 
mi butaca en elferry y la se|ttia como una serpiente enrosca- 
da en mis pies que me daba mordeduras implacablemente. 
^ No se reiria la senora de mi, de un tuiista que presenjciö la 
oaida de Santa Anna, la toma de Sebastopol, la coronacion del 
Czar, el bautismo del principe de Argelia, y que de Nueva 
York k Washington llevaba una carga de comestibles como 
cn los desiertos de las Pampas ? No babiia podido tolerar la 
pregunta, acompanada de una sonrisa, que veia salir ;por mo- 



21 

tncntos de la boca de Mrs. W. . . sobre el contenido de la cesta' 
Cuando salimos de\/em/ para tomar los caiTos dej^ olvidada 
äqaella sei-piente. Para ruborizarme mas im imprudente me 
llamö la atencion sobre el olvido. No s^ como no le mat6 con 
pii cuchillo de monte que Uevaba sobre el maletin. No estra- 
iies esto del cuchillo. Tengo entendido qne aqiii todos usan 
revolver en los bolsillos y me pareci6 mas espedito y mas leal 
Uevar mi aima defensiva ä la vista de todos. 

En el paradero del ferrocarril encontramos & Mr. C. . • y t^ 
Mr. Van. . . que iban para Washington, comisionados por los ^ 
dem6cratas de Nueva York para ^^ inquirir de Mr. Buchanan \ 
si pensaba dejar en su destino ä los actuales empleados. " La 
franqueza de la embajada me pet6 completamente. Debo ana- 
dir que el administrador de una oficina de primera importan- 
lia formaba parte de la comision. ^ 

Cuando arrancö el tren conte 22 canx)8, fuera de las maqui- 
nas y del de los equipajes. Donde quiera qne par&semos, ^ra- 
mos bastantes para fundar una colonia. Instintivamente pens6 
en los paises de la America del $ur, y en una breve pero ar- 
diente oracion mental pedi al cielo que el ferrocaiTil estendie- 
äe sus rieles hasta el Cabo de Homos. 

Por desgi-acia no Uegaban sino Lasta Filadelfia y alll nos 
cmbarcamos en otro /erry que nos llev6 itraves.del Delaware 
hasta la ciudad capital de Pensilvania. No es novedad que hu- 
biese mas pasajeros de los que humanamente cabian en los 
coches que debian conducimos al ferrocarril de Baltimore. £n- 
tramos en ellos velis nolis y nos aoomodamos, 6 nos acomod6 
1:1 presion, como higos de Esmima 6 arenques en barriL Lle- 
gamoB al paradero. El tren de Baltimore habia partido algunoa 
rninutos antes I ^ Que hacer ? ^ Por qu6 esta detencion invo- 
luntaria, que no estaba en el prograina ? 

La senora W. . tuvo la bondad de esplicftmosla. 

Es que las compaiiias de ferrocarriles tienen acciones en los 
hoteles y la demora de im tren equivale al progreso de im 
hoteL Los 1500 pasajeros qye habiamos salido de Nuera York 
haciendoestacion en Filadelfia dejariämos 3 6 4,000 duros, eal- 
eulando prudentemente, y un yankee es una mäquina demasia- 
do exacta en sus c&lculos para dejar de aprovechar tan buena 
coyuntura «olo por no finjir im desacuerdo de tiempo. La tem- 
pestad del s&bado era ademas una esplicacion muy honrada 
de la tardanza. La estraordinaria acumulacion de pasajeros 
contfibiUA por su parte 4 disculpär la aalida prematura de uo 



w-» 



22 

tien. Sin ombargo la compiiiiia, bien persuadida de sns debe- 
res para con el püblico, nos dijo el «mpleado del paradero, te- 
nia Uli tren estraordmario que debia salir dentro de cinco mi- 
nntos. 

Cinco minatos I Para ir al hotel mas inmediato se necesita- 
ban diez : no habiamos comido desde las siete de la manana : 
el hambre nos afligia. Mi cesta I Mi cesta ! Pero quedarnos en 
Filadelfia equivalia & no ver sino parte de la inauguracion. 
Salgamos en el tren estraordinario. Corrimos häcia el. Estaba 
Ueno! Ni un asiento' vaeio ! Pero perder parte de la inaugu- 
racion ! En un breve consejo de guerrra resolvimos seguir 
viajando. Nos metimos en el carro. Un caballero di6 su asien- 
to ä la senora W. . . Nosotros continuamos en pi6, como 
muchos otros. Las sacudidas del can*o nos mecian & manera de 
un campo de espigas movidas por el viento. Ya era un marti- 
rio casi la posicion, porque teniamos que balancear el movi- 
miento de los carros con los resortes de nuestras rodillas. La 
noche iba cerrando, y la luz de las lämparas, interceptada por 
un muro animado, aumentaba la oscuiidad x;on las sombras 
movedizas que se dibujaban en las paredes. Y el hambre ? Ah! 
Mi cesta ! 

De repente una sacudida tan violenta como la de un terre- 
moto hizo banbolear ä cuantos Ibamos de pi6. No caimos por 
falta de espacio. Saltaron los carros como un potro nö acos- 
tumbi*ado & la silla. El ruido del vapor, que se escapaba con 
estruendo, ensordecia los oidos como la trompeta del juicio 
final. Los ojos perdieron la vista y latiö el corazon como en el 
momento de las grandes catastrofes. Aquel era nuestro ultimo 
instante. 

Ccs6 el ruido, ccs6 el movimiento del tren : no se oia sino 
el latido de los corazones. — Una voz entr6 por la puerta del 
carro : " üh acddente, " Las cames se estremecieron. La ima- 
ginacion se figuraba ya montones de ruinas, cadavei-es sepulta- 
dos, una escena de horror demasiado frecuente por desgracia 
en los caminos de los Estados Unidos. Todos salimos de los 
carros k ver el estrago. 

Fortuna fu6 que no hubiese desgracias. Solo la m&quina 
yaoia rota sobre el suelo, como el toro rendido en una gran 
lucha, jadeando todavia y ianzando vapor por sus narices espu« 
mosas. 

— ^El maquinista ? Los fogoneros ? preguntö el conductor. 

— Somos salvos ! coutestarou muchas voces. 



23 

TJna respii'acion fnerte, corao si luibiese estado retenida 
largo ticmpo, acompaiiö la vespnesta. Esas pobres victimas del 
progreso desmesurado del go-ahead habian cscapado una vez 
mas en el juego peligroso k que esponen sin cesar la vida. Los 
pasajeros todos debian estar salvos cuando los cmpleados esta- 
ban vivos. 

Una procesion de hombres y mujeres cual la que acompa- 
na ä un entierro, fu6 con lämparas hacia la cabeza del tren 
para averiguar la causa del accidente. En ambos lados del Ca- 
mino habia pilas de lena acomodada como las fagiuas de una 
fortificacion de campana. La tempestad del dia 2 habia hecho 
perder el equilibiio a la mnralla sin trabas, y ella se habia ido 
derribando pausadamentc hasta ocupar los neles. La mäquina ^ 
se estrello contra aquel obstdculo, no previsto ni observado. 
En la lucha por vencerlo sacudio con violencia su rabo de 
carros como una serpiente herida en la cabeza, y al fin cay6 
rendida. 

Toda esa poesia que ahora esparce la pluma estaba entönces 
representada por una rcalidad mas quo prosäica. En medio de 
una verdadera sabana sembrada de pinos flacuchos y desho- 
jados por las räfagas del Norte, sin mas amparo que los carros 
y & distanciade 17 millas deHavre de Grace, primera poblacion, 
si tal'puede Ilamarse, donde pudiesen prestarnos ausilio, alll 
estäbamos 1,500 6 1,600 personas en medio de la noche osciura, 
frias y llenas de hambre, ham»,re que no podia caber ya en un 
estömago acostumbrado ä las friandises del Palais Royal y del 
Saint Nicholas, y que se iba estrechando k proporcion que 
se vaciaba por la simple operacion de ese laboratorio quimico 
que conducimos ä todas partes. 

Los americanos llevaron co/no aiempre la catastrofe en pa-^ 
eiencia. Contra el hambre hallaron remedio en la ma^aidwa: \ 
un rio de ta>»aco triturado y humedecido corria por los carros. | 
Contra el fastidio se parapetaron en sus propios pensaniieiitos. 1 
Los pensamientoo de un americano lo absorben siempre por la j 
concentracion que requiercn todos los cdlculos num6ricos. 

Contra el frio se inventö un espediento sencillo, aunquo cu- 
rioso. Ignoro qiiicu lue cl Colon de aquel nuevo mundo k quieii 
ocurrio la idea de parar un huevo de punLa trayendo de la pila 
de leiia im trozo que encendio con föstoros en niitad del ptacar 
mas limpio de la sabana. A Colon siguio un Ameritx) Vespu- 
ci, y otro y otro, cada cual con su contribucion de leiia, v se 
forniö una iioguera tan aita que al ün costaba trabajo aumen- 



24 

tnr el nfimero de maderos puestos a saco de los foiidos de la 
coinpanla del ferrocarril. Ea torao de la hoguera nos agnipa- 
nios k usanza salvaje viendo la proyeccion indefinida de nues- 
tras sombras en el raso de la pampa. Un frances propu-so baiL'ir 
k estilo de caribe en tomo de la hoguera y & an sur-aineiicano 
se le ocum6 asar camarones. Pero d<Snde encoiitrarlos ? La 
8enoi*a W. . . empszö k quejaree de hambre ; apn^vechando la 
llaneza de la situacion le confesS mi üaqaeza de la canasla, que 
tanto habria podido contribuir k alhdar la del est6mago. Ref- 
monos del asunto« La novedad del espectäcalo saco k los anie- 
ricanos de sn sequedad insociable y tx)dos los pasajevos goza- 
ban en la privacioxi de goces, cnando empez6 una finlshua Uuvia 
de nieve k hacernos recojer al cuartel general de los carros. 

Uno pregunlö cudndb saldHamos de aqnella trampa. 

— ^Al ainanecer, cuando yenga el tren de Filadelfia, contestö 
otro. 

— ^Y ese tren no tropezarfi, con nosotros ? 

Una alarma general signiö k la pregunta. Morir aplastados 
despues de haber salido tan bien libradosl 

El eonductor esplicö para calmar los dnimos que habia des- 
pachado dos hcmbres en opnestas dii*ecciones, k iin de avisar 
k los dos trenes li posicion topogr&fica en que estabrnios los 
näufragos y evitar asl ellos nn escollo y nosotros un cogotazo 
mas fuerte de lo que quisieramos. 

Por fin Uegaron los trenes esperados, aproximändose con H 
cautela que era del caso, y no s6 por medio de que combina- 
cion mjeniosa tra^bordando sns respectivos pasajeros emj)eza- 
ron k desandar el camino que traian. El sueno uos habia vendi- 
do : dormlmos casi todos, aun(j[ue de pie, como el Uanero de 
Venezuela duernie al galope de su caballo. La voz de — Wash- 
ington I nos desperto. Habiamos llegado k la ciudad capi*^! 
despues de 24 horas de viaje, 6 de permanencia en el camino, 
como mas te guste. 



a 

Despert6nie&mf unamanoinsegura queme rozaba el cuello. 
Teml que me agarrotasm y volvl siibitamente el rostro. El 
Sr. ***, ministro plenipotenciario de la reptiblica de. . . , queria 
que dejase rai ünica posicion de descanso. Morfeo huyo ante 
el que yo calumniaba de agarrotador y que eu realidad es 



25 

a'jarrota4<K ^No lo son, y eii garrote vil, las maß de las rep6- 
bllcas de Sur Amciica ? 

Abri los ojos y vi a mi amlgo plenipot^nciario cuando ana 
uo tcnia todavia la plenipotencia de mis sentidos. 

— ^Usted viene & la inauguracion ? 

— Y iisted ? 

— Como no habi'ia de estar representando mi pais en tan 
gran suceso ? Y ^ ä dönde va V. a llegar? 

— No lo 8^. A un hotel. 

— ^Ilotel ! Cree V. que hay tfil cosa para lo3 que llegan hoy l 
Mire V. el gentio. 

Efectivamente, el desembarcadero del feiTocarril de Wa8h-'**\ 
• ington era, poco mas, un hoi*miguero, 6 mejor una colmena, 
donde zumbaban y se movian innumerables abejas y un buen 
nümero de zanganos. El valle de Josafat en miniatm'a I Todas 
las lenguas de la torre de Babel por completo, todas las fiso- 
nomias, todas las clases, todos los trajes, desde el paiisiense 
liasta el chino, desde el administrador de aduana hasta el por- 
tero. En medio de aquella batahola corrian desatentados los 
padres buscando & sus hijas, estas a aquellos, maridos sin espo- 
sas, esposas que no sabian de sus maridos ( el caso no es raro, ) 
niiios que clamaban por sus familias. . . Babel, pero Babel con 
frio, con nieve y con lodo. Babel con hambre. Mi cesta I 

— Y usted döude ha llegado? 

— Yo, contestö el ministro, me uni con mis colegas de las A 
demas repüblicas hispano-americanas y bemos formado alianza \ 
en un . hoarding-house, ) 

— Asl la fornuiran sus gobiemos! Pero y ^cabria mio mas 
en su casa de hu6spedes ? 

— Lo dudo. 

Un americauo habria contestado: — Probemos. 

Abandone al ministro y en pocos minutos recorrl los hote- 
les. Washington es la Avenida de Pensilvania, y lo que no 
hay en ella uo debe buscarse fuera, desde el Presidente abajo. 
Düje de buscar hotel y me entregaba ä la buena Ventura, es« 
jiürando que la casualidad i&e deparase alojamiento, cuando 
en la puerta del Nacional, donde el gentio era mayor, son6 la 
voz de " I El Presidente! " Una diputacion iba k buscar a S. E 
para la procesion inaugural. 

No hay quien no conozca k Mr. Buchanan : todo el mundd* 
ha visto ä Mr. Buchanan: el retrato de Mr. Buchanan ha esta- 
Ju eil las esquiiias de todos los pueblos de la Union durante 



26 

machos meses. ^^ero Mr. Buchanan una hora antes de ser 
Presidente no era Mr. Buchanan, sino el leon del dia. Todos 
queriamos verlo : la» senoras de pie sobre las sillas para go- 
zar de la iiltima vista del hombre, los hombres empinados so- 
bre las pontas de los pi6s, los muchachos en las yentanas, en 
los ärboles, en los farol^ todos ansiaban yerlo & il. 

El se present6 al fin y el tumulto le abriö paso. Mr. Bucha- 
nan me pareciö mas alto de lo que solia estar, j aunque muj 
conservado, algo viejo: 65 navidades son un algo. Para disi- 
mular la pequena inclinacion ö desplomo de su cuello tiene 
una lozania de montanes, j un aire de sinceridad y pureza 
campesina que no es de esperar en un diplomatico tan habil. 
Su traje, un tanto cuäquero, y su sombrero de anchas alas con- 
tribuycn mucho ä la Uaneza ciudadana del Presidente. 

Leeräs en los peri6dicos descripciones pomposas, floridas, 
estraordinarias de la inauguracion. La Union la compara con 
la coronacion del Czar ! El amor propio de los hombres es es- 
tupendo, y los pueblos son colecciones mas 6 menos grandes 
de hombres. Cree esas descripciones si te parece. Lo que yo 
vi, tenia de todo, menos de grande y soi*prendente. 

Habräs leido en los diarios de hoy que habia un carro en 
que iba la Libertad. La ladi/ que personiiicaba elpaso era de 
un color tan sospechoso, que lejos de simbolizar 4 la diosa de 
la Libertad, en un esta^Q nias häcia el Sur correria peligro de 
perder la suya. Como el movimiento del carro era proporcio- 
nal k las desigualdades del empedrado de la Avenida, que 
nada por cierto tiene de democrätico, la lad^ para atender & 
Bu seguridad personal iba asida del asta de bandera con la 
fuerza de un ahogado, y te digo que 4 estar en cualquiera de 
esas repüblicas que brillan como fosforos en el continente me- 
ridional, se habria podido decir que llevaban 4 la Libertad 
atada 4 un poste para azotarla. 

AI pi6 de aquella asustada senora iba una nina quo si no 
tenia personificatßion teolögioa que representar podia pasar 
por la imajen del Espanto. Tanto era el que tenia de rodar 
del carro al suelo I La ohica seriä como de diez aiios, 6 ignoro 
lo que hacia en el carro. Como la Libertad no es casada, 4 lo 
que entiendo, no me atrevo 4 suponer que la nina fuera hija 
suya. 

Como otros te hablai'4n de la grandeza del acto, para com- 
plotar tus ideas te remito estas mis Impr&siones de la fiesta. 
Pesabame tanto mas de tener que observar tales fultas de 



27 

gnsto ouanto qne en aquel momento me octurian ideas conso- 
ladoras para la humanidad y el progreso. Yeia & un hombre 
que subia al mando por el querer de todos sin pensar en cons- 
pii*acionea futuras, en usurpacion de poder ui en uinguna de 
las calamidades que aquejan al que gobiema en otras partes. 
Pensaba. . . Pero no intento darte un curso de poUtica cons- 
titucionaL 

La apariencia general de Washington es concebible. La con- < 
currencia superabundante que atestaba las calles no daba gran- 
des muestras de su quietud natural. Los bar-^oomsj repletos 
de todo gönero de personas podian esplicar en parte una ani- 
maeion en que entraba por mucho el entusiasmo. Justicia es 
tambien no olvidar aqui ä los empleomaniacos, de los cuales no 
Itabiapocos miliares de mUlares. El püblico amerieano, siguien- 
do sus costumbres tradicionales, se complacia en disparar tiros 
como haeen los sur-americanos en sus iiestas de iglesia, 7 habia 
concierto 6 deseoncierto de cohetes, fusilazos, pistoletazos y tri- 
quitraques. Algunas muestras de intemperancia por las calles 
probaban que por Washington no se conoce la ley de Maine, 
yademas que los efectos son hijos de las causas aqui y en 
Fländes. Permfteme disfrazar asi las rinas y cachetes, que no 
faltaron. Las delicias del bar-room se veian por las calles con 
harta frecuencia. 

Ap6nas instalado Mr. Buchanan en su empleo, cuando pue- 
de decirse que no le habia encontrado la comodidad al asiento 
que le dejara Mr. Pierce, le fu£ anunciada unacomision de los 
demöcratas de Nueva York con Cisco, Van Buren y el admi- 
nistrador de la aduana & la cabeza. Su mision era preguntar al 
Presidente (creo que te lo he dicho) si pensaba conservar los 
empleados 6 mudar camisa limpia. S. E. contestö qne estaba 
por la " rotacion," es decir, que queria la altemabilidad. Van 
Buren hizo presente que se contentaria en su calidad de jefe 
de los demöcratas con que Cisco, el administrador de la adua- 
na de Nueva Tork, y no s6 cual otro empleado de alta catego« 
rfa eonservasen sus destinos. Buchanan se reservö el derecho 
de pensarlo. De esto se habia en Washington con franqueza 
como de un uso reoibido, como quien trata de un prop6sito 
justificado« Confieso que tanta claridad me dej6 satisfecho. 
{Cuanto mejor es eso que las intrigas de antecämara, los embro- 
llos,la8 trampas, empenos y camiuos torcidos de otras paites! 
Un hombre pide un empleo como quien lo merece. 

No puedo darte cuenta dcl bnile do la Inauguracion: me . 



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28 

qnoclo oon la entrada on el bolsillo .... por falta de ropa. IMi 
hjiiil 110 liabia llogailo y cuaudo pienso que llegue yo, mc im- 
porta poco lo deina.s. Eii im diario he leido que el baile fue un 
eoiiipletc cliasco para los emprcsarios, que perdieron 3,000 pe- 
ßos en la especulacion. Calcularon vender 10,000 tickets a 82 
y solo vendieron 4,000. Las demas diversiones que te he rete- 
rido Ilamaban mas la atenciou del pueblo en aquellos ino- 
mentos. 

Volviendo k mi pobre humanidad y como muestra dt la vi- 
da de Washington durante la InUuguracion, te dir^ que ä fuer- 
za de dinero logr6 una cama en un hotel muy de segundo Or- 
den. Pagu6 por ella i 10, 6 algo mas de dos libras esterlinas. 
Por supuesto no tenia ni colchpn de plumas, ni colgaduras de 
damasco : mas bien se parecia ä la de la venta en que mantear 
ron ä Sancho. Pero despues de tantas aventuras y desventuras 
que habia tenido en mi viaje, me pareci6 una cama de nubes 
como la de los dieses del Olimpo. La dificultad consistia en 
que se hallaba tabla en medio con el bar-room^ donde se fu- 
maba mas tabaco que el de la cosecha entera de Virginia, se 
bebia mas brandy que agua tiene la fuente Helicona y se ha- 
blaba, se disputaba y se juraba que era un contento. Otro item 
era que mi cama no estaba sola. Cuatro mas habia en el cuar- 
to y lo ocupaban de tal modo que podia decirse formaban un 
piso intermedio entre el suelo y el entresuelo. 

Empezaba ä rendinue el cansancio. Los tiros de la calle me 
parecian entre sueuos las descargas de una accion naval. La 
misma confusion de voces del vecindaiio formaba un ruido 
imisono como el de un torrente, y la imaginacion principiaba & 
crear las sombras del sueiio cuando senti pasos en la puerta, 
que esta se abria y que entraban tres hombres. Mi mano se 
dirigio instintivamente al cuchillo del maletin. La idea del 
Dr. Burdell me ocurrio sin quererlo. Pero fingl que doimia. 

— 01a ! dijo uno. Aqui hay mas camas que esta maiiana. 

— Si, respondio otro : el dueno del hotel me lo dijo. Es un 
viajero de Nueva York. 

— De Nueva York! Pues digo i y estaremos seguros con ^1 
aqul? Esa cronte de Kueva York...me entiendes? 

En mis t den ros me gozaba con la fama bien 6 mal adquiri- 
da que me iiacia pasar de temeroso ä temido, dandome por 
aiiadidura una nacionalidad prestada. 

— Oye, dijo el que primero hablo; ten cuidado. Yo soy de sueno 
lijeroy no se moverd sin que lo sienta. Ahora esta muy dormido. 



20 

— Dejalo donnir y vamos ä otm cosa. <jQu6 te ha dicho el 
gerieral ? 

• — El geiieral lia hecho lo que todos : antos de empunar el 
lätigo nmcho eiUu.si. Bin >, mm ho afai, muchas promesas: des- 
pues (|ue agarran el empleo, lu miämo que lo» deinas : son esen- 
cialiiieiite couservadores. Ya podemos [icnsar en otra cosa. Ese 
}>elucon cucaruado no consentira eii empresas como la nuestra. 
" La lüghiterra sc qite jaria, y debemos conservar nucstras bue- 
nas relaciones eon la gran nacion." Eso me dijo. 
— Y quieii lo oyera eii el Senado! 

— Sf, hijo mio; pero otra cosa es obrer« 
— Y el empleo? Tu crees que lo dara? 

— Nt por esas 

Cuando volvl & Nueva York tuve un viajc felio^slmo sin 
mas accidente que el ocurrido & Mr. Butter worth, siiperiiiten- 
dente de la casa de Moneda. AI quitar de un asiento en los 
carros un sobretodo que lo cubria, se oy6 una detonacion. Un 
revolver que el dueno del sobretodo llevaba en uno de sus bol- 
sillos, se disparö al tocarlo, y la bala le airaves'6 la piema al 
empleado en rentas. Algunas ha de gastar Mr. Butterworth 
en memoria de la costumbre general de su pais, tan grande 
oomo raro, tan adelantado como . . . — Te quiere muoho 

NAZABSKOb 



M MATRIMONIO EN LOS ESTAD08 ÜNIDOS. 

Gastando bu dlnero locamente 
£n divertir la gente. 

Abolap. 

Descuella sobre mi ' scr'torio en medio de los diarios de la 
mafiana, los apuntes de a lavandera, el &lbimfi de mis8 Fanny, 
las poesias de Heredia y lis cuentas del sastre, nna targeta 
muy sencilla, pero muy leg mte, en qne se me participa que 
"Mrs. David Van Praag estirä en su casa el ju^ves 16 del 
Gorriente desde la ima h; ta ^as tres de la tarde." No tiene 
address, es decir, no esplic d6 ide vive Mrs. Van Puaag. Pero 
jquien no sabe dönde ella rive ? Trazas de muy poco elegante 



80 

tendria qnicn no lo snpiera. Mrs. Van Praag perlenece & la 
aristocracia de Nueva York, al mejor clrcnlo de la Quinta 
Avenida. Todo el mundo sabe d6nde vive Mrs. Van Praag, 
como sabe dönde vive Eugenia, dönde vive Isabel 11 y dön- 
de vive la esposa de Nicolas. La direccion de la casa es inü- 
til : no es de buen tono. 

Junto k la tatgeta de tan alta senora se hallan dos unidas 
con una sola cinta, como dos bueyes & una misma coyunda, si 
los poetas me perdonan el slmil prosäico y vaquero. La cinta 
es blanca y el lazo ostenta los primores de una mano ejercita- 
da en el arte de los encajes y las sedas. Las targetas uncidas 
quieren significar la union de dos novios. La de la Sra. Van 
Praag prueba que soy yo uno de los escogidos para prcsenciar 
tan feliz acontecimiento. 

— Bautista, Bautista, corre y llama al peluquero. Ve al al- 
macen de Jouvin por guantes gris^e-perU, Preparame el f rac, 
Acepilla el bo nbrero y sacude el polvo & las botas. Oye, Bau- 
tista ... AI lochero que mande un coche de galai ^entiendes? 
A la una y tres cuartos iba yo de camino para el coche, ves- 
tido, perfumado, rizado, enguantado y brillante como un onza 
de oro de Carlos HE, salida de las manos de un joyero para re- 
galo de bautizo. 
— ^ A donde vamos, seiior, si V. gusta? preguntö el cochero. 
— A la casa de Mrs. Van Praag. 
— ^Al matrimonio, senor? 
— SI, al matrimonio. 

Patricio se di6 por satisfecho con la esplicacion y yo con la 
perspicacia de Patriqio, quien enderez6 sus caballos h&cia la 
Quinta Avenida. Pasada la casa de ToAvnsend, el fabricante 
de la c61ebre zarzaparrilla, y la de Mr. Smith, el revendedor 
de clavos de la calle de Water, y la de Madame Denneville, 
la ex-modista, yla de muchos otros nobles porel estilo, lleg&- 
mos ä casa de Mrs. Van Praag. La ingenita penetracion de 
Patricio no habia menester de aguzarse demasiado para desctu 
brirla. Cosa de trescientos carruajes de plaza-podian bien guiar 
SU rumbo al nümero 301, ä donde iba arrastrada mi acicalada 
humanidad. Lo diffcil era penetrar ; pero penetramos, Patricio 
con sus caballos y yo hasta el verdadero vestlbulo del santua- 
rio en que reverencia k sus abuelos la ultima descendiente de 
los Van Praag que vinieron ä America con el capitan Hudson. 
Un negro, no de la familia (en Nueva York hay negros aso- 
ciados en companias anönimas para seiTir en cste gcncro de 



81 

festividades) di^me acccso por la angosta pncrta de estilo cn 
todos los palacios de la Quinta Avenida, y ona müsica alqiiilo* 
na saludo mis oidos con las melodias de una polka-mazurca* 
Mi Sombrero Genin, reciente importacion de Paris, desapare- 
CiO con mi cana de las Indias, regalo de un teniente que fiic 
& la espedicion anglo-amerieana del Japon, ambas cosas entre 
las manos de un sabeo de los de las companfas anönimas. 

Pobre de ml, ne6fito no iniciado en los usos y costumbres 
de la sociedad de havJt ton^ habriame quedado inamovible en 
la puerta de los salones de la senora Van Pi*aag si un cabälle- 
ro de corbata blanca no se me bubiese espontaneado para intro- 
daciime en la sala de recibo. Permitaseme aqul una digresion 
arqnitectonica. 

Las casas de Nueva York son todas, 6 casi todas, de 25 
pies de freute por 100. de fondo, medida tradicional que cons- 
tituye un lot En esas ocho varas y pico han de caber un za- 
guan y un salon, que tienen este seis varas y aquel cinco pi^s 
de freute sobre la calle. La estension interior, el fondo entero 
va dividido todo 61 entre zaguan y salon en las proporciones in- 
dicadas, formando dos localidades muy semejantcs 4 las de las 
cajas de cigarros de 25 Q millar comux. En el paralel6gramo 
del salon hay sofas, sillas, ktageres^ piano, mesas y toda la 
multitud de muebles inütiles que amontona el lujo adinerado. 

Y en el mismo paralel6gramo, redueido por los adomos, 
habia toda la generacion semoviente de los 300 vehlculos que 
cerraban el paso en la calle apinada como sardinas en conser- 
va 6 higos de Esmima, La crinolina dejaba exhalar suspiros 
sordos y ahogados por la presion de diez atmösferas en que se 
la tenia aplastada. En una testera del salon estaban en pi6 los 
novios, ya casados. Junto k Arturo los padrinos introducien- 
do las visitas de felicitacion, junto k Guillermina las madrinas 
cdlcidafi^o sobre la felicidad de haber encontrado marido, Un 
matrimonio de la Quinta Avenida tiene de ordinario la gala 
de ^eis padrinos y s^i^ ^ladrinas. El salon, 6 para que no se 
enoje conmigo l^f Sra: Van Pr£^g, ioa salones estaban herm^ti* 
camente cerrados 6 ilüminados d '(fiomo k fin de que resplan- 
deciefee nias el brillo de las prendas naturales y ficticias de las 
beilas, Hacia calor bastante para poner en movimiento los pis- 
tonen ^e la gigantfesca locqmotora del Adriatic. 

Mi amable introductor de embajadores, que hacia de padri- 
no en la fiesta, me present6 k la hasta entönces seSorita Van 
Praag, hoy simplemente Mrs. Mac Gregor; y despues de fe 



I 



l 



33 

fräse obligada : — " Doy & Vds. la enhorabuena,'* y de la cor 
tesia forzada entre aqael agrapamiento d^ sedas y pre idldoSi 
tocados y abuchados y crinolinas y fai*fal&es, escurrime solo, 
como quien se escapa de un bailo de yapor, & correr fortona 
por mi cuenta en los salones. 

Deparöme la suerte una mas que cumplida en la senora de 
Guti^rrez, hispano-americana de aquellas ä quienes la carrera 
mercantil de sus esposos 6 los desdenes de la conti^aria suerU 
han confinado & vivir bajo el cielo que da nostalgia. La tabla 
que ansioso agarra & dos manos el n&ufrago en la agonla. 
Bolo puede ser mas preoiosa que lo fu6 para mf la aparicion 
consoladora de una amiga. 

Tras los cumplidos de cajon y un di&logo indispensable so- 
bre el tiempo, dialogo enteramente americano, rcc^yu natu 
ralmente la conversacion sobre el^coQtecimiento del dia. 

— Qu6 hermosa esta la novia I No le parece a V ? dijo la 
senora de Guti6rrez, 

— ^Muy hermosa, seüora, mejorando lo presente, como dioe 
el proverbio 

— Empalagosol Pero gha observado V, qu6 vestido tiene ? 
Oh! qu6 ficol Fu6 encargado a Paris con todo el trouaaeau 
de Guillermina. Me alegraria de que V. viese el traussequ. 

— 06mo, seiiora, yo en esos misterios ? . • • 

— Qu6 misterios ni qu6 calabazas, Kazareno ! Como que no 
conoce V. & las americanas I El trousseau de Guillermina lia 
estado en pos'cio i en la tienda de la modista. 

— Lo dice V. de veras ? 

— Como ? Pues no sabe V. lo que pasa en Nueva York. Yo 
lo he examinado todo. Los trajes han costado mil pesos cada 
uno. Tlene un ehal de la India, lejftimo, que importö 1500 ; 
medias de . . . 

— Senora, senora I 

— ^Vaya V. a pasear, Nazareno I Si estarä V. como las ame- 
sBaas, que no nombran las medias, pero sf las enseuan 
äl&as y mejor en los dias de lluvia y de nieve. 

— ^No, seuora, no ; pero la exhibicion en la tienda de ma- 
dame Koaliere ... 

— ^Tu-tu-tu I Y mas que eso, Kazareno : desde las mante- 
letas hasta los zapatos. Y ^no ha visto V. los regalos? Ya V, 
sabe que todolä los amigos y amigas de la casa tienen que ha- 
cer un regalo ä la novia, no en proporcion ä los medios del 
que regala, sino & la categoria de la familia ä quien se regala. 



^ 



'[ 



83 



Guillermina, por ejemplo, tiene un soberbio servicio de oro 
para el te, un juego cornpleto de diamantes, un traje de pun* 
to de Alenson, un juego de China encargado espresamente 
con 8u cifra, media docena de paüuelos que hau costado de 
100 ä 250 pesos cada uno. . . 

— Y ^hay quien se case en esta tierra, senora? 
-Ahf ver& V. Por esohay tan tos jövenes que prefieren t\ 
fastidio del club y los placeres del biliar 6 el bar-roorn & los 
goees de la sociedad. Los inatrimonios que se verifican & gus- 
to de los padres son matiimonios de conveniencia, verdaderos 
contratos en que se rennen, no dos corazones, sino dos fortunas 
6 una fortuna ganada en el comercio de revendedores, con un 
iftulo que casi siempre viene de contrabando 6 Nueva York. 

— Senora, estä V. en todos los misterios. 

— (jPues de qu^ me valdrian, si no, los veinte aiios que 
hace estoy suspirando por mi Peru, por mi dulce Peru? Quio- 
re V. saber mas ? 

— Senora, V. conoce que soy natnralmente curioso. 
^ — ^Pues oiga : un matrimonio en Nueva York es un negocio 
como cualquier otro. Yale el tanto por ciento: se pesa el lujo 
que puede sufragar el novio, el set 6 ciroulo k que pertenece 
la novia, las erentualidades de adquirir fortuna. Ve V. aque - 
IIa missy la del collar azul ? Esa pregunta siempre cudrUo vah 
el j6ven que le ^s presentado, porque en su juego de novios 
js preciso que todos vcdgan, 

- Permltame V. anadir que eso 8er& lo de Fray Gerurdio, 

— Qu6 es eso de Fray Gerundio ? 

— CarmenciUi la coqneta 
Juji^aba con cada amaate 
» Como nifto con Tolante, 

Oomo vicnto con veleta. 
SeiB traia ^n deiredor, 
A amante por cada dia, 
T el domlngo rennia 
Todo Ba estado major. 

— Cabal. No se puede piiitar con mas ecsactitud el amor do 
una anglo-americana rica. 

— ^Pero Fray Gterundio escribiö para Espana. 

— ^Eso querr& decir que la cosa es universal. Aqul es una 
epidemia. i No le parece k V. que la libertad absoluta, sin 11- 
mites, que tienen las niSas^ contribuye mucho&este resultado? 

— Si ; pero hay escepciones honrosas, matrimonios por amor,* 
sin duda algima. 

3 



34 

— ^Por snpuesto que sf, los matniuocios de rwv-away, Coan- 
do tienen su nombre, conocidos hau de sei*. 

— Oomprendo. 

-~Se quiere casar ana machacha con aquel & qnien ama de 
Veras : papä se opone, porqtie el pap& tiene un socio, nn ami- 
go rico, un medio millonario cualquiera que le conviene. Co- 
mo no puede meter & la nina cn an*eonvento k estilo del siglo 
XYIII, la Uama una mafiana äntes de irse al almacen j en la 
mesa entre imo y otro sorbo de tc, sin mas oonscjos, ni mas 
rodeos, ni mas artes de las que inspira el carino, le dice : '^ Ju- 
lia, quiero que te cases con Fulano : si persistes en querer & 
Mengano^ te desheredo. " Solemne argumento de que Julia 
se rie cuando ama, casandose un dia al salir de paseo por 
Broadway. 

— Habla V. en serio ? 

— ^Tu, tu, tu I Nazareno, V. no sabe lo que es un matrimo- 
nio de run-away ? 

— Y cree V. tambien que se hagan los matrimonios por 
anuncio ? 

— ^Cuando se gasta el dinero en los anuncios algun proveqho 
debe resultar. 

— ^La observacion es lögica. He oido contar de muchos ma^ 
trimonios hechos por medio del Herald^ aunque no entre la 
aristocracia. Es un m^todo muy estimable pof lo espedito. Las 
demas naciones del mundo estdn muy atrasadas bajo este res- 
pecto. Y si el matrimonio es solo una locura, ^ no cree V. que 
*' el mal Camino andarlo pronto ? " 

— Locura I El loco es V. ^ Y los divorcios ? 

— Los divorcios. . . los divorcios. . . casi no son necesarios 
senora. Pero ^ qu6 va & buscar tanta jente a ese cuarto inme- 
diato ? 

— ^A refrescar. Quiere V. acompanarme ? 

— Con mucho gusto. Hace tanto calor en estos salones ! 

En una pieza ocupada casi esclusivamente por una mesa es- 
plendida, lucian las producciones mas preciadas de todos los 
paises. 

AI lado de la pina cubana y de la naranja tropical presentaba 
la fresa de los invemaderos su color.de rosa y su gusto esqui- 
sito; las pasas de M&laga, las-aceitunas de Estremadura, las 

uvas de Italia, los vinos del Rin los suenos de las Mü y 

Una Nbches. ^Qu6 no puede realizar el dinero? Sobre la mesa 
habia en enormes ramilletes de rosas un tulipan y una pasiflo- 



ra rodeades de camelias. Aqaella maravilla en la 6poca ade- 
lantada del fiio valia im capital. Las flores exöticas nacen j 
crecen regadas con oro. La senora Guti^rrez, usando del privile* 
gio imprescriptible de las damas, se abriö paso por entre la 
multitud gastronömioa qae deroraba tantos primores, asi6 
llena de gozo aquellas dos flores hijas del sol 7 me present6 la 
pasiflora. 

Para mf no hubo desde eiit6nces sino la contemplacion agra- 
dable 7 triste de aqaella flor de mi pais, modesta 7 hecbicera 
como las Tlrgenes de Ossian, como las sacerdotizas del Cuzco, 
conio las jövenes qae alegran el hogar dom^stico en las faldas 
del Avila, & las orillas del Ananco. Salfme de la casa, donde 
tanto habia costado el azafran de la primera antorcha de Hi- 
meneo, repitiendo con el poeta mejicano: 

ünida & nn nnevo amor, de esta moradft 

Tu eeposo te desTia, 
Traslado de tu padrd, idolatrada 

Prenda del alma mia I 
Ko ya ta madre al escnchar ta Hanto 

SobreRaltada vela, 
Kl te arrnlla en la noche con in canto^ 

Paloma peqnefinela ! 
Pero te miro J6ven florecicnte 

£u retirada estancia 
Como ignorada rosa qae el ambienta 

Inonda de fragancia. 
Hodesta y pnra, sin hacer alarde 

De tns hechlzos, bella 
Eres como on las sombras de la tardt 

La Bolitarla estrella. 

El rado contacto del africano de la paerta me Bac6 de las 
esferas de la imaginaciou para himdirme en las realidades de 
mi Sombrero. Digo hondirme, porqae efectivamente mi cabeza 
dcsapareci6 en la ancba cavidad de an chambergo que no era 
el mio, ik m^nos qae babiese disminaido nd öccipat en faerza 
de las meditaciones & qae habia dado orlgen an matrimonio 
en Naev^ York. 

Cuando Patricio me volvi6 & mis lares el primer objeto 
con qae tropec6 faeron las obras de Washington frving 7 en 
ellas marcada (casaalidad seria) la pägina en qae recomienda 
al editor del Knickerhocker qae aeonseje & las se&oras pon« 
gan en sas esqaelas de convites: — ^^Mcchanging hcUs and 
shawla positively prohihitedt^'* (Se prohibe espresamente el 
cambio de chales 7 sombreros.) Las reflecsiones sobre el ma- 
trimonio se habian desvanecido. — Nazarkno. 

XuBYA YoBK, diciembre de 1856. 



36 



COIVCIERTOS DE MUSARD. 

QuUn €3 Miisard y dönde ae le encuentra. — Supongo qne el 
parisiense ha doimido hasta las doce de la manana 7 despues 
de bien almorzado alquila un carninje para ir k gozar de la 
vida al bosque de Boulogne. Alli irremediablemente encuen- 
tra a un amigo, ä una demoiselle^ L . . una griseta, si Y. quic- 
re, y la primera pregunta despues del saludo es : 
— l Ad6nde vä V. esta noche? 
— Hombre ! No s6 : anoche estuve en la Opera. 
— ^Pues vamos chez Musard. 
— Convenido. 

Chez Musard es el sitio mas c6modo para una cita. La en* 
trada cuesta un franco y en el edificio se encuentra reunido 
cuanto puede apetecer un oeioso. En el centro del jardin esta 
la orquesta : y qu6 orquesta mayüsbula I Hay ademäs de la 
müsica mesas servidas k la carta por garzones listos, y que 
contestan sin cesar: Oui monaieur, y «' ü vous plait. La con- 
cuiTencia es numerosisima y variada hasta donde cabe en la 
capital del mundo. . . frances. El panorama no puede ser mas 
hello. Pero sobre 61 descuella la figura de un hombre alto, 
seco, enjuto de cames, de ojos demasiado vivos para sus anos 
que no son pocos, y cuya mano mueve incesantemente una va- 
rilla negra como la baqueta de un tambor, y poderosa conio 
la de un mago de las historias de encantamientos. Aquella va- 
rita apunta sin cesar k todaa partes y donde quiera que apun- 
ta hace brotar un sonido musical. Aquel hombre semi-huma- 
no, semi-brujo, es el director de la orquesta. 
^s Musard. 

Dotado de un instinto müsico esmeradamente cultivado, 
6 teniendo, como decia Gall, muy protuberante el 6rgano de 
la filo-armonia, Musard inventö un jenero de especulacion en 
la cual no ha tenido hasta ahora sino imitadores, no rivales* 
Fu^ralo, 4 no ser hiio de la fabula, 

Aquel Apolo fkmoso 
Qne al son de bü dnlce lira 
Las Piedras sobre las piedras 
Fonnar morallas hacia. 

Strauss con su orquesta ambulante de violines irait6 k Mu- 
sard, y dicen que curaba a los loeos, y k los sanos los volvia 
locos de alegria ^ JuUicn imitö ä Musard trayendo d los Esta- 



dos Unidos una 6rqnesta de solistcts en la cnal descollaban el 

contrabajo de Bottesini, ona trompa sobrenatural y una üauta 

que envidiaria el rubio Apolo. Jullion era de la escuela de 

Bamum y con ona prosopopeya |)etulante y im tono de maes- 

tro sorprendente Ueno el teatro de Castle Garden en los rigo- 

res de uno de nuestros veranos mas abrasadores. ün hüngaro 

Ilamado Koeller vino despnes de Jnllien con cierta compaiiia 

de cantantes alemanes que daban conciertos de perros, cbivos 

y ^atos, con tanta gracia, seriedad y semejanza como los da- <| 

rian aquellos inocentes animalitos si les ensefiasen el secreto 

de las armonias. Despues ha venido. . . 

"iVt/öÄ^ro" Muaard, — ^Musard, el padre, el fundador de los 
conciertos, el director de los bailes de mascara," el autor de 
todas las coadrillas, galopas, polkas y valses que enloquecen 
k los estudiantes de Paris, el que ha sido cargado en hombros 
de la multitud fren6tica de tities, postillones, pilluelos, pierrots 
y debardeurs^ y paseado en triunfo por todo el salon al com- 
pas de los gritos de un enjambre de espectadores 6brios de 
gozo. . . y de champana, ese Musard tiene un hijo, y supongo 
que una mujer, de caya mujer le naciö el hijo, por supuesto, 
y de cuyo hijo ha procurado el famoso pap& hacer una segun- 
da edicion de sl mismo en tipo, contenido, encuadernacion 
y recortes dorados. Mr. Ullman, el gran empresario america^ 
no ( Mr. Ullman es aleman, 6 hüngaro, 6 cosaco, no importa ) : 
el gran empresario americano, conociendo su jente prometi6 
traemos & Musard, y nos ha traido & Musard, y nos lo ha trai- 
do de Veras, & Musard, hijo, que como Alejandro Dumas, hijo, 
ha heredado al padre cuerpo y talento. Musard, hijo, es pues 
"nuestro" Musard. 

Su hiografia, — ^Los cronistas mas consumados en los estu- 
dios genealögioos de Musard 2.^ dicen por unanimidad que 

M el prlmo de sn prlmA, 
7 el hijo de su mami. 

^ue tuvo padre y madre— & lo menos se sospecha que los tuvo- 
y que se educ6 en los conciertos de Musard l.**, donde apren- 
di6 & darlos. 

Cöriw es y qui Äoce,— Musard 2.® es un hombre, & juzgar 
por el vestido y las barbas callficativas del sexo, que Ueva & la 
ingUsa. Estudia mucho ; lo 86 porque le oigo sobre el piano 
todas las mananas durante el tiempo que paso en el hotel con 
mi amigo Marquez, su vecino de puerta en medio. Es muy se- 



38 

rio, no nsa gnantes ( al revßs de todos los empresarios y direo- 
töres de orquesta, ) y recibe los aplausos del piiblico como 
quien los merece, esto es, sin hacer cortesia. Cuando se le 
pide repeticion contempla al püblico un instante como para 
preguntar y descubrir si ha oido bien, y luego une la punta de 
la barba con el primer boton de la camisa, cual si dijese AU 
righty y da con la vara la senal de atencion. Otro movimiento: 
apunten. Otro: fuego! 

Xa orquesta. — ^Y rompe 6, tocar una coleccion de doscientos 
müsicos qne est&n sobre el escenario de la Academia de Mlsi- 
ca formando una especie de monteoillo cuyos drboles son los 
mangos de los bajos y contrabajos. Las irntas serän las cabe- 
zas de los ejecutantes. El escenario se estremece con la vibra- 
cion de doce trombones, tres cajas de guerra, dos timbales, 
doce trompas y lo demas en proporcion. La orquesta es de 
americanos, aunque no lo diga el cartel-programa, escepto el 
cometin de Legendre y uno que otro frances mas. Obedece 
& la batuta de aquel jöven, dando sonidos donde ella apunta, 
como da chispas la maquina electrica donde la toca el electrö- 
foro. Es ima maquina bien construida y aceitada que trabaja 
sin esfuerzo, al parecer, sobre un juego de ruedas pulidas 
y montadas sobre aoero templado. 

Müsica. — ^La orquesta ejecuta los valses de Masard, las 
polkas de Musard, los rigodones de Musard. Hablo de Mu- 
sard, padre. Ejecuta la Galopa del Tren Mcpreso. Hable aho- 
el programa. "La Galopa del Tren Expreso forma un gran 
cuadro musical de räpidas y poderosas impresiones como la 
de xm viaje en ferrocarril. Deacribe: 1.® La reunion de los pa- 
sajeros en la estacion, sus apuros y carreras. — 2.® El pito del 
conductor y la campana de la locomotora. — 3.** El arranque 
del tren : la locomotora anda con mucho cuidado al salir de 
" 9- la poblacion. . . tan. . . tan. . . tan. . . tan. . . Anda mas pronto en 
» el campo. . . tan. . . tan. . . Y sigue veloz. . . tan. . . tan. . . tan. . . 
furiosa, tan — ^tan — tan — ^tan, ganando fuerza con la velocidad, 
y devorando el espacio, y ensordeciendo los aires. ( Los trom- 
bones, trompas, cometas, cajas y tambores desempenan la ul- 
tima parte 6, las mil maravillas.) Bang! pas6 una encruci- 
jada. " 

— ^Bravo! bravo I.gritan los espectadores. 

— ^Hurrah ! Cuarenta millas por hora I 

—-Hurrah por Musard ! 

**ißang! (contin&a diciendo el programa.) La loeomotora 



%# 



89 

va mas despacio : el ruido se va apagando. , . Pasa por un tu- 
nel j es preciso ir poco k poco, con prudencia. ( Ojala fuese 
asl & lo vivo!) Vuelve al campo. Va desalada. Bang! Juui! 
Juuf!.. Elpito! Se acerca & la poblacion; entra despiacio, 
lentamente, y la mimedi piano pianidifu) va desvaneciondose. 
Repentmamente un contrabajo y un fagot dan el do grave 
y prolongado. £s el ultimo resoplido de la locomotora al* 
pararse. " 

La mägruina invisible — Supongo que ya alguna de mis leo- 
toras ha mandado tomar pasaje en el vapor Isabel para estu- 
diar en el transito por tierra hasta Nueva York los efectos 
musicales de una locomotora, y verlos aplicados despues en 
la orquesta de Masard, el hijo de Musard. Hägalo, que ser& 
bien servida, porque 'Ma melodia apirUosa de esta galopa, 
dice Mr. Ullman en su programa, se recomienda por sf misma 
& todos los oyentes, que se dejaran llevar & donde quiso el 
compositor. Pero oid ! Hay muohos puntos k que es preciso 
llamarles la atencion. Tales son los varios m6todos caraeterfs 
ticos de imitar los percances de un viaje en ferrocarril, como 
el puff de la locomotora, el silbo del pito, el roce de los car- 
ros sobre los rleles etc, por medio de una injeniosa distribu- 
cion de sonidos instrumentales ayudados, ayudados, ayudados, 
pues. . . ayudados por cierta mdquina que Monsieur Musard 
trajo de Paris ! Pero como hay una diferencia importante en 
tre una locomotora francesa y una americana, Mr. Musard 
consultando ^^ la verdad local " ha tenido que hacer fabricar 
espresamente una nueva mäquina para su uso en la famosa &- 
brica de Novelty Works, cuya mäquina se usar4 en la Galo- 
pa del Tren Expreso. " 

— Pero dönde estä la mäquina? me preguntaba Sofia eh 
medio del estruendoso estrepito de la galopa y de los gritos 
^ de los americanos. i Donde esta la m&quina ? 
)l — ^Hurrah I hurrah I Cuarenta millas por hora I gritaba e - 
• p6blico. 

— Nazareno, V. esta sordo ? 

— ^Hurrah ! hurrah ! Tan — tan — ^tan — tan — ^tan. 

— Y la mäquina ? 

— ^Tan — tan — tan — ^tan — tan. N"o la oye V. ? 

— ^Pero dönde esta? Donde estä? 

— ^Tan tan tan tan tan. 

— Yo la oigo muy bien, Sofia. 

— Pciro yo no la veo, Nazareno. V. la vef 



40 

— Dönde ? 
— ^En el progi'ama. 
— ^Hurrah! hurralil J3rayo! bravo! 
— ^Bang I J a u u u ] ! 

Llegamos a la estacion. Sofia ( nina irascible ! ) se incomodS 
con Mr. Ullman por la falta de la mäquina, sin recordar qae 
el empresario ofreci6 el jMff do la mäquina, y quo puff es 
piff ( Vlde dicionario. ) 

Lacayos^ criadosy donceUas^ alumhrado. — ^Yo reconozco que 
el veterano de los teatros de la Habana, el amigo Marti, sabo 
hacor sus negocios. Maretzeck asi lo asegura ; pero k fe de Na- 
zareno le aseguro yo que le convendria un nuevo bano de ein- 
presas americanas para reformar el Gran Teatro, de raanera 
que el mismo don Despechado Tagliäfico no le encontrase 
pero, ni mas que ponerle deäde eXfoyer & la reja de la entrada. 
Cuando se llega & la de la Academia se encuentran en la 
puei-ta lacayos negros de pantalon corto, casaca & lo Luis XIV, 
cordones, corbata blanca y peluea. . . au naturd. Los lacayos 
hacen reverencias a las senoras y les ruegan cortesmente ten- 
gan la bondad de aceptar un abauico que nada les cuesta, si- 
no el lionor que en recibirlo hacen al mensajero del palacio 
niusical y d su seüor el empresario. 

Este empresario de abanicos no es Napoleon B ( amum ) 
Ullman, sino el tendero Mo'iisieur Genin, que ha mandado ha- 
cer algunos miliares de anuncios irapresos en un carton re- 
dondo, sujeto ä un mango y bautizado todo ä la gruesa con el 
norabro de abanico. En 61 Consta cuanto el tendero tiene en 
SU almacen, sito al lado del Museo de Bamum. La empresa 
de Opera, Conciertos de Musard (Musard, el hijo, se entien- 
de ) y Baues de Mascaras han proporcionado al franco-yankee 
un.'i buena coyuntura para anunciar sus " novedades de la es- 
lacion, " y dar un ausilio indirecto de galantem al ämable 
W»*. Ullman. 

Despues de los criados vienen los muchachos de^unifonne 
quo venden el Libro de los Conciertos: con tiene las polkas^ 
valscs, rigodönes y galopas, inclusa la del Exj^reso con su nia- 
quina y todo. 

Las dohcellas son treinta jovenes solteras ( sine q^ia non ) 
de preposaesing appearance^ ojos negros y modales atrayentes, 
que despachan los sorbetes, el chocolate y demas refi^eshnientB 
de la soirce, y atienden k las senoras en sus uecesidades me- 



6 *. f^ 



4] 

nores, como la falta de nna alfiler qne sc cay6, la de iina cinta 
que sostenia un. . . no hay para quo nombrarlo, etc. 

El edificio estd iluminado con espleiididez : en su parte es- 
terior hay im reflectador poderoso de luz electrica que ilurai- 
na & tres cuadras de distancia con tal fuerza que puedc leerse 
uua carta al estremo de ellas. Faro 2)iado60 qne esta Rciialan' 
do al navcgante en proceloso mar el sitio donde irä k stozo- 
brar su dinero si se deja guiar por aquella luz azulada, incita- 
dora y rara. 

En resümen, los conciertos de JVIusard, " el miestro, " son 
un corgunto agradable de buena xnüsica, elegantes esteriori- 
dades aristocmticas y humbug^ humbug inocente, sin mas 
supercberia qne la de la inäquina de la funcion, no de la 
galopa. 

Baues de mdscaras. — Cnando Napoleon eonquist6 la Fran- 
cia. . . Pero entendämonos : si estan« Yds. cansados lo dejo 
y pongo aqui punto. Pönganlo Vds., si quieren : soy buen 
muchacho yo para enojarme por esas fmnquezaS'de ami- 
go. Decia, pucs, que cuando Napoleon conquistö la Fran- 
cia, el mundo fue poco 6, su ambicion y qniso conquistar el 
mimdo. Ullman, que conquistö & Musard y sus conciertos, 
quiso conquistar sus bailes de mäscaras y los ha s^unciado ä 
tambor batiente y bandera desplegada. Pero oid y estreme- 
c£os, potencias de la tieiTa ! 

Tribunal de Policia del Peimicr Distrito. ) 
NuKVA York, abril 12 de 1858. f 

Se5?or Bbrnardo TJllman. — Estoy en cuenta de que trata 
V. de dar en la Academia de Müsica una sörie de bailes de mäs- 
caras, a los que ha convidado V. al publice, mediante la com- 
petente contribucion de dinero. Es por consiojuiente deber 
mio como majistrado y juez de paz de esta ciudad, informar 
a V. de que tales reuniones son ilegales, pues tienden a tur- 
bar el Orden pübÜco, y estan sujetas k ser impedidas por las 
autoridades. Envio ä V. esta noticia, porque en su calidad de 
estranjero podria ignorarlo. Tambien creo de mi deber pi'eve- 
nir 4 V. que el acta por la cual se han decLarado ilegales los 
bailes de mäscai'as, ha merecido siempi'C la aprobacion de to- 
dos los mierabros de la comunidad que se mteresau por la 
moralidad y el bienestar de la metropoli. 

" Como ha diclio V. en sus anuncios que le ha ido bien 
bajo el amparo de la ley, debo presumiwe naturalmente que no- 
pretendcra iufringirla ])ara aumentar sus ganancias pecimia- 
rias. Por esperiencia se sabe que en las grandes ciudades con- 
cmTcn principalnicn^e & los bailes de muöcaras las personafi 



42 



mas viciosas y depravadas de ambos 8cxos, y por cro es que 
los vecinos de Nueva York, por maß liberales que seaD en ma- 
teria de diversiones püblicas, se han conforniado de boen gra- 
do con la snpresion de los bailes citados. La vista del rostro 
de una i>ersona es hasta cierto punto uiia garantia de su com- 
poitaniiento, y una prctecion contra sus malos propösitos, 
mientras que hoy se siente muy de veras la necesidad de no 
brindar disfraces al vicio, ni nuevas facilidades pai*a que se 
cometa impunemente el crimen. 

"Conforme k estas mäximas creo de mi deber comouno do 
los majistrados de esta ciudad darle k conocer la ley, y poner 
& y. de maniHesto los sentimientos morales de la comunidad 
en materia de baile^ de mascaras püblicos. Anadir^ eu con- 
clusion que para apoyar los esfuerzos de la majistratura en la 
supresion de las reuniones bajas y peligrosas que no podrian 
dejar de resultar de la tolerancia de los bailes de mascaras 
considero como de la mayor importancia que no se les resuci- 
te ni sostenga en un establecimiento respetable como la Aca- 
demia de Müsica. 

'^ Hallam cl acta que prohibe los bailes de m^caras en la 
coleccion de Davis, leyes de Niieva York, päjina 696. 

"Soy etc, — James 11. Welsh, tTuez de Paz. 

CoNCLüSiON. — Ante la autoridad de un juez de paz rae re- 
tiro con los bailes de mascaras, y Musard y Ullman, y su s6- 
quito. Per^ antes veamos el desenlace de la farsa. Cuando 
lloräbamoB la perdida de Ulises, cuando no habia esperanza 
de bailes de mascaras, se nos presenta el Herald, organo ofi- 
cial del gabinete Ullman, alargäudonos el panuelo para enju- 
garaos las lagrimas. El animcio de los bailes de mascaras fue 
solo un ardid de guen'a para pone/en campana & los criticas- 
tros, y ver que opinion forraulaban. Efectivamente todos se 
han disparado contra el directof, dcsde el caüon de & 64 
de Wall Street ( Journal of Commerce ) hasta el pedrerito de 
la calle de Franklin ( Courrier des JEtata- UnU.) La moral de 
la ciudad ha servido de taco para los disparos contra el hom- 
bre perverso que ha querido couvertimos en Sodoma y Gomor- 
ra con sus malditos bailes. Mire V. que malo ! 

Pero los denodados crlticos coii el juez de paz al frente han 
atacado los molinos de viento de D. Quijote. Respiremos. 
Aleluya ! Mr. Ullman no va a dar bailes do mascaras sino 
balspar^y costumes et mUitairea, Sea en hora buena, para que 
Vds. vengan sin temor 4 la furia de la policia. 

Con lo cual, y saludos & mama y los de casa, queda muy 
ßuyo Q. B. S. M. — Nazaeeno. 

Nueva Yoek, abril 17 de 1858. 



49 
80T COßRESPONSAL. 

AncfC k> ionno pietore. 

Y yo tambien. De mi pliima Bale todos los dias una malti- 
tnd de noticias que mi orgullo me finge como interesantes j ar- 
dientemente deseadas de im püblico numeroso. i Qu6 seria del 
mmido sin los periödicos ? Que de los periödicos sin corres- 
ponsales ? £1 tel%rafo es tan necesario & la publicidad como 
el corresponsal, especie de dimara al vacio donde se concen- 
tran todos las noticias en des6rden para salir depuradas, en 
sustancia, paladeables ; daguerreotipo que refleja tod^ imdgen 
que ante ^1 se presenta, pero en proporciones mas reducidas 
j aparentes para el cuadr» de nn periödico ; embudo que es- 
trecha la desbordada corriente y la dirije en im hilo &cil de 
seguir. 

Pero el alambre del tel6grafo no sabe las noticias que tras- 
mite, la maquina neum4tica, la c4mara oscura y el embudo no 
conservan la impresion del efecto que producen. Son instru- 
mentos inertes que el hombre usa para su propio beneficio 
y que arroja 6 abandona sin volver ä recordarlos, basta que la 
necesidad de una nueva obra los hace indispensables. Asl 
tambien con el corresponsal. 

Leidas las noticias, ellas, y no quien las manda, agitan la 
mente del lector y monopolizan sus ideas. El alambre queda 
colgado ä la intemperie, mientras que elcomerciante corre 
& comprar az4cares, porque H le dijo que habia subido los pre- 
cios en el mercado estrangero. 

Nadie es corresponsal por eleccion. ^Porquö lo seria? 

Es verdad que hay corresponsales que son omnipresentes. 
^Ha visto alguien una revista de las noticias de Europa sin 
leer que "el corresponsal del THmea en Paris" dice etc? Es 
verdad que el amor propio de otros repetidores de noticias, de 
rumores, df ceses y demas del vocabulario noticioso-chismogra- 
fico, ( sin olvidar el nunca bien estimado parece^) se siente aL 
gunas veces halagado por un " nuestro activo corresponsal '* 
6 "nuestro infatigablo corresponsal," 6 "nuestro entendido" 
( donosa calificacion !) 6 " nuestro ilnstrado coiTcsponsal." En 
cambio de esas lisonjas que animan en la mitad de un Camino 
de espinas desgarradoras, llega basta el rincon del reloj de 
repeticion un murmull© sordo y como amenazante, prodncido 
por el disgusto que causan las noticias a quienes desearian que 



9 

AI 

se las hubiesen inventado & su sabor. D« Pmdencio Marave- 
dis, el comerciante que tiene almacenada toda una cosecha de 
cafö, abre la correBpondencia y empieza & leerla por la parte en 
que se avisa que el fruto ha bajado. 

— Maldito corresponsall esclama tirando el papel como si 
le ofendiera la vista. 

Y D. Gerundio Politicon, el que en la ociosidad de xm cor» 
rillo de esquina hace bailar al mundo como maese Pedro los 
munecos de sn retablo, el que aspira & ser liberal sin com* 
prender ni el sentido de la palabra, el que deseara falansterios 
por sociedades j licencia por libertad, el que y6 al mundo por 
el agujero de un lente que no tiene vidrios, cuando llega el 
correo \ re jjunta si la repüblica universal no estd ya estableci" 
da desde Pekin hasta el Cabo de 3uena Esperanza. 

— No lo he leido en la ultima correspodencia, le dice D. Ig- 
nacio de la Cortapisa. 

— l Y quien cree en badulaques de corresponsales ? esclama 
Gerundio con la arrogancia de Josu6 deteniendo el sol. 

Pero D. Ignacio de la Cortapisa, que es antlpoda del otro 
chisgaravis, despues que sabe que la inquisicion no ha sido res- 
tablecida ni esta el knout iraperando dentro y fuera de todas 
las Rusias, mira con desprecio la correspondencia que **se 
ocupa de asuntos tan insustanciales." 

Mercedita no lee el periödico desde que el corresponsal re- 
produjo una chuscada sobre el colorete y los moiios postizos, 
y Dona Amalia, su mama, quisiera ver ahorcado al correspon- 
sal que encomiö la escelencia y supremacia del tontillo de 
resorte. 

Todo lo paga el corresponsal. Odioso corrresponsal, picaro 
corresponsal, demonio de corresponsal que no tiene, como 
el convoy de mesa, vinagre para los sanguineos, aceite para 
los movedizos, sal para la moUera de los necios y pimienta para 
hacer estomudar & los que padecen de catarros de imagina- 
cionl Bribon de corresponsal que no tiene tantas opiniones 
como lectores 6 que se permite teuer algunal Odioso corres- 
ponsal que dice la verdad! Calumniador de corresponsal que 
no pinta al cielo cerca de la tierra y tocable con la mano! 
Aborrecible corresponsal que no ha visto & Lucifer de i'efe de 
la tierra! 

La desventaja mayor del que para el estranjero escribe, 
consiste en que las impresiones ulti'amarinas, adquiridas en 
el rincon de una alcoba, son casi sierapre distintas, geueraimen- 



45 

te opnestas & las que se fonnan con el tr&fico de vts^i et tacto 
de la cosa misma. Desde los palcos se ve nn cuadro esplen- 
dente, donde los &rboles se mcnean al contacto de la brisa y el 
fio corre espumoso por sobre las peiias cubiertas de musgo, 
Entre bastidores los ärboles son de papel pintado y se mneven 
por medio de una cuerda atada a un brazo, y el rio es un tra- 
po medio sucio, y el musgo / las piedras eartones embarrados 
de ocre y almagra. No lo digais sin erabargo, vosotrot» los 
que quereis conservar la paz del alma. No digais & nadie que 
ama las rosas que estas tienen espinas, ni k ningun enamora* 
do, aunque sea el mismo D. Quijote, que su Dulcinea es una 
aldeana con ciei*to olor hombruno. 

El deseo en el hombre es casi siempre superior & la convic- 
cion. La carencia de un goce lo hace ver como inefable y el 
herido sediento muere siempre k la m&rgen de un arroyo. 
Pero jamas se lo digais. Os tratarä de cruel I Las impresiones 
propias tienen el sellb de la personalidad, el esclusivismo del 
yo, ese potente dcspota que no divide su reinado ni aun & 
precio de su vida. 

Pero dejemos las filosofias y las aleluyas de lo abstracto 
para los que se crean säbios consumados; yo, consumidor do 
sabios, no reiiirö con nadie porque arroje la hoja en que repe- 
Xi lo que otros dijeron 6 en que dej6 correr las impresiones del 
momento, la reflecsion daguerreotipica que no me fue dado 
preparar como golpe de teatro, sino repetir como eco inerte 
y sin albedrio. Dejemos qu^ cada cual piense a su guisa aun- 
que piense desaguisados y veamos cuales son las petitea miseres 
de la vida de un corresponsaL Para no alambicar hablemos 
de yo, el autocrata de enantes, porque gusta uno hablar de 
yo y decir lo que yo hace y lo que yo piensa y lo que yo tiene 
por regia invariable (del momento) ylo que yo en fin 

Yo na salteado la tierra, tijera en mano y recogido en un 
alfiler todos los recortes de una semana clasificändolos por Or- 
den de materias y estudiando cnäl caerd bien despues de cual 
otro y cuales se unirän con buena ilacion para camsar lo me- 
nos posible al dif%cil *ector. Y h^teme aqui en un pantanol 
Rodeado de un mundo enteramente estrano, con ideas ente. 
ramente diversas y costumbres que pudieran Ilamarse opuestas 
k las costumbres e ideas del mundo para el cual me toc6 en 
lote escribir, ^qu61e dir6 k los que ''llaman el pan pan y el 
vino vino," sin llevarme de eucueutro la verdad ni herir preo- 



46 

۟pacionc9, 6 si se quiere, pensamientos profundamQnte orrai* 
gados en un carril tan distinto? 

£n la medida de mis lectores todas las cosas de por ac6 vie- 
nen anchas como necesana 6 imperiosamente habr4 de snceder, 
atendidoB los diversos origenes de dos nacionalidades qae no 
fueron creadas para andar juntas sin que el roce destioiya & 
la nna 6 & la otra. 

Allä es pecado, g qn£ digo ? dclito lo que en nnestras cinda- 
des se ve repetido diariamente sin hacer novedad. Llevando 
el an&lisis al campo de la mujer, objeto principal, diosa & 
qmen mi pluma ha sacrificado sic^pre en holocansto sus ino- 
centes habladurfas, jcual de mis lectoras tomaria el tren del 
Camino de hierro y ^^acompanada solo por su belleza," como 
la Hija del Desterrado, ina & dar nn vistazo & la Isla? Ni cuäl 
mas pusildnime aceptaria por compagnon de voyage k un ga- 
lante Caballero, amigo particular de la senonta y de cnyos ante- 
cedentes no saben pap& y mam& otra cosa smo que es sin es- 
cepcion el bienvenido en los cfrcnlos de la alta sociedarl, en 
el Club de la banca y en los hoteles de Saratoga y de New- 
port? ^Cuäl cubana, hija de familia, ofrecer& su taijeta al 
dandy mas fashionable (hasta las palabras son estranas) para 
que vaya 4 visitarla, la acompane sola al paseo yle ofrezca nn 
asiento en la Opera y un sorbete en la Dominica y un brazo 
cort^s y respetuoso para despues de la hora en que Pedro 
neg6 k su Maestro, volver & casa, no como el hijo prödigo ni 
como Magdalena, sino como Juana de Arco despues que ven- 
ci6 al ingl^s en batalla singular? 

El "escandalo" de semejante conducta haria poner los gri- 
tos en el cielo a la sociedad indignada contra la que osö ultra- 
jar sus convenciones erijidas en leyes, Tanto valiera k la hija 
del profeta levantarse el velo en presencia de un estrangero, 
El moro usaria inmediatamente de su alfange para cercenar 
del tronco una cabeza impura con la profanacion. La sociedad 
latina usaria su alfange, dir6, su pufial de anateraa y despre- 
cio que no mata del golpe, mas deja que la herida se desan- 
gre y se gangrene lentamente hasta dar la muerte. 

Y cuando yo, pecador de hombre que no supe lo que ofre- 
cia cuando ofreci escribir en este suelo para esa tierra, cuan- 
do yo diga lo que veo y cuente lo que pasa, ir6 por necesidad 
k tooar la trompeta del juicio en up clrculo dönde mi palabra^ 
si es creida, serä Instrumente de escandalo ; de calumnia si no 
es creida, como de esas veces puede acontecer. 



47 

— Qu£ horror! esclama doSa Julia PrimaTera al oir qne 
Miss Julia Spring va de sola & solo 6 la Opera con su amante. 

— Eso no puede ser! Esa es una calumnia inventada para 
desaereditar el pais, esclaman otros que interrogados en el 
mismo momento häcia dönde queda el pais calumniado, no 
sabrian estender la mano en la direccion verdadera. 

Ni horror ni calumnia hay, sin embargo, en la narracion de 
lo ocurrido ayer, de lo que ocurre hoy, de lo que manana ocur- 
rirä bajo un cödigo de leyes que h&dicho & la muger: " Eres 
libre, gobi^mate. Eres bella, cautiva. Te hago poderosa por- 
que te doy constantemente la razon, deii6ndete." No horror, 
porque la armonia social, el bien püblico, la felicidad dom^sd- 
ca, el fervor conyugal no se han debilitado con esas preemi- 
nencias que allende son demaslas. Ko calumnia, porque es un 
hecho. Cruzad el mar j donde piseis tierra all! lo vereis al 
saltar al muelle. 

Por los mismos tramites podrän citarse ejemplos de otro li- 
naje en el örden social, en el municipal, en el polltico, en 
todos los 6rdenes, que discrepan absolntamente de los ejem- 
plos que en los paises k donde van mis crönicas hebdomeda- 
rias vemos repetidos y sanciorados como piineipios funda- 
mentales de la familia, base de la sociedad. Qu6 mas? La re- * 
peticion sencilla de lo que se escribe aquende, pareceria allen- 
de un cümulo de invenciones, una pepitoria fraguada k capri- 
cho por la mala voluntad del compilador con fines tortlceros 
y condenables. 

Desde que se echa en olvido que los teatros son distintos 
y que los actores obran no en el prosc^nio propio sino en el 
ajeno; desde que pretendemos asimilamos una sociedad que no 
es la nuestra, unas costtunbres con las cuales no congeniamos, 
una civilizacion que no viene de nuestra misma fuente, niva don. 
de va la nuestra, ni marcha por nuestros carriles, la imagina- 
cion se ofusca, pierde su aplomo, y el ratftocinio cimentado en 
falsas premisas arranca (no deduce) conclusiones falsas, aun- 
que sinceras, contra hechos y hombres que no deben ser juzga- 
dos ni comprendidos en llmites y cotos para ellos no calculados, 

La filosofia de este claro 6 inconcuso razonamiento es que 
antes de decidir magistralmente, prorumpiendo en pestes 
contra la obra y el autor, debes, mi querida lectorcita, no 
meter tu hoz en mies ajena y dejar que marchen los hombres 
cada cual por su Camino, sin embarazarse ni impedirse ni in- 
yadirse mütuamente sus veredas en el mundo. 



48 

Pero yo que te conozco, b6 que tu te lies de mis argnmen- 
tos y que te estäs en tus trece, eiTe que en*e. Ese, Luisa, ese, 
Ana, ese, Mercedes, ese, Dolores, ese es, el mayor trojiezon, el 
incoveniente insuperable de una cronica para vosotras. Voso- 
tras . . . dii'elo eon mi sonrisa mas tiema, en la posicion mas in- 
sinuunte .... vosotras procedeis con una conviccion formada 
d partiapria^ y no hay peor sordo 

Pero oigo la campana del vapor. El vapor es tan tirano 

como el tiempo : no espera k nadie. Cicrro mi caita y la 

mando ? He perdido muchas y en la oficina de Correos se 
me ha dicho que aM no se han visto. La voy a llevar yo 
mismo en pei*sona, como lo merecen las beldades d quienes va 
dirigida. i Cüando mensajero fu6 mas honrado ? La carta la 
llevo yo mismo, digo. En la calle 50 ö 60 donde fue escrita hay 
un Omnibus, guagua montada sobre lieles que va con la veloci- 
dad del relämpago, de un estreibo de la ciudad hasta el otro, 
soltando hombres, mugeres y niilos por todas partes, como el 
caballo de Troya. En la guagita hay un asiento para todo cl 
que posea seis centavos y tenga una epidermis ecsenta de 
tintes. 

Alll vamos sentados la carta y yo. Mi lapiz pasa revista de 
comisaiio ä las palabras que os envlo, aiiadiendo y quitando 
sin piedad todo lo que falta y sobra en ellas. De repente 
suena la campana, se detiene la guagua y entra älguien que 
no puedo ver, pero que al contacto de ima rubicundez estraor- 
dinaria adivino es una mujer. Una lady quise decir. Levdnto- 
me como impulsado por un resorte para dejar, en acatamien- 
to ä la costumbre, mi asiento tan cömodo ä la lady recienllega- 
da y continüo mi correccion de pi6 y balanceando con las 
piernas el movimiento del vehiculo. De contrafuerte me sir- 
ven unos arcos que se intei'ponen entre mis estremos inferiores 
y el asiento que fu^ mio. No hay remedio : es ima lady la que 
me suplantö. Sigo leyendo. 

Llegamos I Cierro mi carta y al levantar los ojos me en- 
cuentro los de Brigida, mi cocinera, la misma lady que nie 
habia desposeido. Bendiciendo la democracia, salto de la 
guagua y en medio de una lluvia de primavera corro por la 
calle abajo en direccion al muelle donde se encuentra el va- 
por Cahawha dando resoplidos furiosos como un caballo de 
carrera puesto en la raya del estddio, Corro mas y la lluvia 
empieza ä penetrar mis vestidos. Aqui levanto una catarata de 
fango con la suela de la bota, alli entro en un lago improvisa- 



*9 

do, mas all& me pringa de pi6s & cabeza iin caballo agüijonea- 
do por el lätigo de un irlandes que tiene empeno en llegai k 
tieinpo aun poi sobre los pedestres que atravesamos la caXe. 

Pero ya estoy ßn el muelle. Los aproches de una batcna 
con sacos de tierra, faginas, parapetos, losos, faertes, estaca- 
das, escarpas, contraescaipas, el imposible en fin, de los labe- 
rintos es el muelle donde cargan y descargan & un tienopo 
mismo seis u ocho barcos. Otra vez el ruido del vapor! Gorro 
con mas ansia, saltando aqul, cayendo ali&, salvando en otra \ 

parte un barnl, abalanzäudome aculli sobre una barricada, pi- 
rueteando sobre pacas de algodon y haciendo & la onlla del 
agua y con ries^o de la vida una multitud de ejercicios gim- 
nästicos y acrobäticos que en otra ocasion me darian horror. 
El agua se ha apoderado de mi ropa y de mi cuerpo como de 
tierra conqubtada y me trata como & tal. 

En medio de mi atan por Hegar a tiempo y cuando voy so- 
bre una carreta yarada entre dos coches con pasagerog, mo 
asalta media docena de mugeres mas viejas y feas que el pe- « 
cadOj vendi6ndome naranjas de la Habana : * * 

— Oranges^ atoeet oranges from Havdna. Three for a 
Shilling, 

— Libros I grita un muchacho, y me mete por los ojos unos 
cuademos impresos, 

— ^PeriodicosI Herald^ Tribüne^ T^mes and WeeMj/ papefs. 
un nüniero del ßärper^s 'Journal of Givilizacion me cierra * 

el paso con la fealdad de un retrato de alguna celebficlsed con- 
temporanea; Frank LeaHe^ame aterra con un cua#r.o de vacas 
enfermas que dan leche ä los niSos de pecho, y la Gaceta de 
JPolioia me atraviesa con el punal (pintado, gracias k Dio^) del 
IfOteat Murder. Ni la cara del horrible senador, ni el espectro 
de los ninos, ni el punal, ni nadle es eapaz de detener mi paso 
de locomotora, 6 mejor dir6 de cazadör zuavo, hasta que asal* 
to el castillo del vapor. 

4111 me abro paso con los codos por entre una multitud quo 
habla espanol. '^Me hago el ingles'' y entro^en la camara del 
contador. Estoy en terreno neutral, en tierra amiga. Una 
oara familiär para mf, un apreton de manos y uti vaso de ... • 
de . . • buen brandy (con agua) me dicen que estoy en puerto 
de salvacion. 

Entrego mi carta para las beilas de Cuba, el contador ecsa- 

miua por escrüpulos de conciencia si va franqueada y la reci« 

be con una mirada de inteligencia que quiere decir: Comvu, 

4 



* 



i. 



50 

Despues de mil llantos y abrazos y de mil "memorias & fu- 
lana," " no dejes de escribir," " rec6jeme mis papeles que se 
me quedaron olvidados" y mil otras despedidas por el estilo, 
tomo mi Camino & buen paso, Uego & mi gutigua^ entro en mi 
casa y saludando & Sofia, que me recomienda me cambie in- 
mediatamente de ropa, digo mir&ndome al espejo : Soy cor- 
responaaL 



D. FERNANDO FEMANDEZ DE LA FEMANDINA. 

-A LIRA.- 

La canfcula se accrca y si no lo supiSsemos por el alma- 
naque nos lo haria patente el gran nümero de viajeros que 
ilegaii del Sur. Ellos forman la rica inmigraeion anual que 
viene & avisamos que en Nueva Orleans suele haber fiebre 
amarilla, y que en la Habana suele tambien aparecer el v6- 
raito, hermano gemelo de aquella. Ellos nos traen k todas las 
bellas meridionales que van al Niagara, & Saratoga y & Ne\r- 
Port con mia inundacion de dinero, limo fecundante que vi- 
vifica como ^el del Nilo los terrenos est^riles de posaderos, 

lioteleros, cuarteros, rancheros y aun ^ lo dire ? sl lo 

dir6 , . . tahures y caballeros de industria. 

'No lo es sino muy leal, muy puro y muy acuartelado Don 
Fernando Femandez de la Fernundina. Dudo si no tiene tra- 
tamiento ; pero eso no hace al caso, porque el caso es solo 
que mi amigo, ä quien Uamare Don Fernando para evitar 
apodos y demaslas de nombres, vino & ml recomendado por 
otro mi gran amigo del Yumuri para que " Ic tratase como 
& SU propia persona (decia la carta,) con la seguridad de que 
los servicios que (yo) le prestase al Don Fernando serian 
mercedes que (mi amigo) daria por recibidas, y por las cuales 
(me) anticipaba las gracias con el afecto de un verdadero ser- 
vidor Q. B. S. M." 

Tantas temezas conmovieron mi corazon, siempre en el dis- 
paradero de la cuerda sensible, y por corresponderlas debida- 
mente'ofrecf & Don Fernando la ^'inutilidad de mis servicioa 



51 

en lo que gnstase mandarme.'- Cumplimiento bicn poco sin- 
cero si quiere uno servir de veras, 6 muy tonto si de veras 
ofrece uno su inutiliaad. Filosofias aparte, dl k mi nuevo 
amigo mi taijeta con el nümero de la casa, para que no lo 
olvidase, y le convid^ k comer en familia en uu restaurant 
veemo por salvarle de las arteras economias de una casa de 
hu^spedes como la en que tiene Sofia el gusto de alojarme, 
7 SU parsimoniosa mam& el logro de girar letras diarias y & la 
vista contra las cavidades de mi estömago siempre en crfsis 
de escaseces. Prometi6me que seria ecsacto a la cita y en- 
tramos en conversacion general sobre c6mb le habia ido de 
viaje, qu6 tal le parecia la ciudad, y otras materias tan Etiles 
como divertidas para quien tiene que escribir sendas cuar- 
tillas la vi spera de la salida del Empire City para la Habana. 

Mi hombre se mostraba mas que reservado en algunas con- 
testaciones. Un hient un asL o^ an regulär me dejaban 
comprender que alguna nube eclipsaba el sol de su contento, 
y que su cortesia y el temoi de herir mi susceptibilidad de 
vecino antiguo de la metröpoli le hacian quedar corto en sus 
respnestas. 

— ^Hace todavia algun fWo, le dije por no obligarle d dcs- 
pepitar contra su gusto. 

— ^Efectivamente, me contestö, y yo lo sicnto tanto mas 
cuanto que he perdido mi capa. 

— l C6mo asl ? ^ Ha sido V. robado ? 

— No lo s6 ; pero al saltar en tierra nos atac6 k todos los 
pasajeros del vapor un a jaurla de cocheros que con el encar» 
nizamiento de peiTos trataban de metemos en los coches, 
T como yo no me dejase meter en nmguno perdi la capa, 
que se llev6 en prenda de mi persona alguno de aquellos 
faetones enfurecidos por hacemos andar en sus carruajes. 

Relame yo k carcajadas y Don Fernando me mii-aba ale- 
lado. 

— l Pero de qu6 se rie V? ^ 

— De nada, amigo: saque V. su cartera de bolsillo y apunte 
como primera prevencion k lo» viajeros recien llegados que 
no hau de hacer caso k los cocheros de los hoteles, y que 
deben estar prevenidos para no dejarse arrastrar de viva 
fuerza por ellos. La capa de V. aparecerä, porque en honor 
de la comimidad de los aurigas es necesario proclamar que 
no roban. 

— j Que no roban I esclamö Don Fernando. Eramos cuatro 



•'< 



»'■ • 



** 



52 

pasajeros amigos 7 el que nos ha conduciilo liasla e* liotol 
nos ecsiji6 dos })esos por pei'sona ! 

— Don Fernando, segunda prevencion pai-a los vinjoros: 
pedir al oodiero su nümero y su tarifa de precios. 

— Pero si no s6 hablar inglcs. 

— Bueuo seria que lo supiese, y aun liaccr de osa uiia ut- 
cera prevencion. £1 inglcs debe considcrarso eoino el latiu 
del siglp XIX y ensenarse en las cscuelas parrocjiiiales. l^ero 
ya que V. no lo sabe, puede V. leer los nCinicros de la tarifa 
y ensefiarlos con el dedo. 

— No habia caido. Y. no sabe, Sr, D. Nazareno . . . 

— Suprima V. el seüoTy si gusta. 

— V. no sabe, Don Nazareno • 
— Y el Doriy si le parcce. 

— ^V. no sabe, Nazareno ( ya quo V. lo qnicrc asl, ) V. no 
sabe cuäntos percances henios sufrido A las veinte y cuatro 
horas que Uevamos de ciudad. 

— ^Pues dlgalos Y«, que niales comunicados remedio suelei? 
tener. 

— ^En primer lugar nos di6 el conlador, 6 lo que sea del 
hotel, nn cuarto con el nümero l,02d quo estaba bien pai-a 
babitacion de poeta 6 de enaniorado, pues se elevaba basta 
el ö.® cielo. 

— ^Por qu6 no pidi6 Y. otro ? Y de paso anote . que los 
boteleros dan cuaitos muy elcvados a personas que creen poeo 
versadas en la construecion y nianejo de los palacios Uamados 
hoteles. 

— ^Me pregunta Y. por que no pedi otro. A las pocas horas 
lo hice, desde que mis pienias sc rcsislieron & subir tanto que 
nu cabeza se desvanecia ä tamaila altura. 

— ^Yerdad es : todo el que subc so desxanecc. 

— ^Ademas me sucedia que para ir a la callc ]>erdia luncho 
tiempo buscando la salida cu «aquel labc>rjiito de cornMhirej» 
todos iguales. Si me sucediö una vez ir a parar a la eo'cina 1 

— ^Yoto al chapiro, amigo don Fernando ; pero ya eso es 
demasiado« , 

— ^Mas lo fu6 el precio que hoy hau pagado niis coninanuros 
por elaposento que nos dieron despues. Es una co.<a exor- 
bitante. 

—Pero, don Fernando, Y. no saLc q e el precio subc coiifor- 
mc baja el cuarto ? apAntolo Y. eu su '*j,rtera. 

— Nunca crti que pidie^vU tar.to> 



53 

— Don Fernando, & todo el que no quiere vivir por las nn- 
bes, le- piden por las nubes en un hotel. Escrfbalo Y. oomo co* 
rolario de la prevencion anterior. Para deleite de V. le dir4 
. qne hay en ciertos hoteles an cuarto en qne generaJmente nar 
die pasa mas de nna noche. •• 

— ^Hay brujas en &. ? 

— ^No, senor • hay flores, j perfames, y cortiniges, y espejos, 
y aranas de veinte luces, y hay cnanto pndiera ser neoesario 
para hacer de las cuatro paredes ona grata de enc^mtamiento* 
Pero los qne aUi duermen, pagan ciento cincuenta pesos por 
la noche ünica qne pasan sin irse & otra parte. 

— ^Hottbre! Esposible! Giento cincuenta pesos I Tc6mose 
llama Cr^e cuarto ? 

— ^El Cuarto de los Nbmos, 

Don Fernando hizo un jesto como si serelamiese los labios, 
el cual ing6nuamente me pareci6 espresaba su adnuracion por 
lo subido delprecio, y continuö eont&ndome sus aventuras. 
Habia estado en el Museo, porque le llam6 la atencion el enor- 
me coadro pintorreado <fae (Barnum antes) hoy su sucesor 
desplega en el frontispicio. 

— ^Todos los recien venidos van al Museo, le dije. 

— ^Pero no & todos les sucede lo que k ml, que dej6 caer eil 
nquel establecimiento mi bolsa de dinero. 

— La dejö V. caer ? No seria que otro la trasladö del bolsi- 
Uo de V. al propio ? Don Fernando, en el Museo, en los par»- 
deros de los ferrocarriles y en donde quiera que hay reimioH 
numerosa de persona», hay tambien letreros en tipo gordo que 
dicen : Beware qf pickpockets, 

— ^Y eso qu6 significa ? 

— " Cuidado con loa ladrones I ^ Apfintelo V, en su memo- 
r&ndum. 

— l Pues no lo he de apuntar ? Por Santa Maria ! Si en el 
hotel fu6 abierto mi baul, y de 61 desapareciö tambien una pe- 
quena suma que traia para comprar encargos. 

— Don Fernando, V que no sabe ingl^s, no ha podido leer 
nn rötulo escrito en grandes targetas detr&s de la puerta de su 
cuarto. El rötulo dice, y apüntelo V. tambien, que el dueSo 
de la casa no es responsable, segun la ley, sino de los valorcs 
que se le entreguen para ponerlos en el seguro de su caja fuer- 
te. A bieu que si Y. lo hace, jamas perdera ni un centavo. 

— Y en materia de centavos diga V^ Nazareno, i cu4ntos 
ßuele teuer por aca una peseta ? 



54 

— Veinte j cinco. 

— Lo decia, porque en estas guaguas de aqul Uamadas Om- 
nibus me las han recibido & 24. 

— Porque V. es extrangero y no reclamö el cambio jnsto. 
Apunte V. que debe reclamarse siempre. 

— Lo apuntar^, pues en otms partes me han dado el cam« 
bio completo ; por ejemplo, donde compr6 este lapicero. Mire 
Y. qu6 hermosa pieza es! Y no adivinaria Y, lo que me costö. 

— Supongo que un par de pesos. 

— Unpar de pesos! Pues si he dado diez en una venduta j 
me pareci6 regalado, lo misrao que este reloj, que compr6 en 
20. j C6mo ha de valer tan poco el oro, aunque tengan Yds; 
dos Californias ! 

— Don Fernando, eso no es oro. Apunte Y. que un esti'an- 
gcro no debe entrar en yendutas, porque las.hay para enganai 
y se Uaman Mock Attction. 

— Buen soplamocos le diera yo al mocoso del vendutero, 
que Dios confunda. Pero por toda la corte celestial 6 yo soy 
un gaznapiro, un guajiro de lo mas crudo, 6 entre qu6 gentes 
estamos ? 

— No es Y. gaznapiro, ni estamos en tierra de moros, Don 
Fernando. A Y. le ha sucedido una parte de los muchos 
chascos que & otros les pasaUj'con la imicsL diferencia de que Y. 
los refiere, y de que en un dia se le han amontonado cinco 6 
seis, AI mas avisado le pegarian un petardö gentes que tieneu 
por oficio esplotar la ignorancia peraonal, 6 la local del lugar 
en que se esta. No vaya Y. por eso & foimar una opinion 
ecsagerada de la ciudad ni & creer^ una segunda cueva de 
Montesinos. En Nueva York, como en todas las grandes ciu- 
dades, la poblacion f otante es yictima de mil aranas astutas 
que tienden la red para atrapar moscas incautas. Eso sucede 
en Paris, en Löndres, en San Petersburgo, en Yiena, y si Y. 
quiere, y me lo permite, hasta en la Habana. Ninguna auto-, 
ridad puede bastar con su vigilancia, aun siendo de Ai-gos,' 
para evitar & los limpios de corazon, ä los i*ecien llegados,&los 
no precavidos en general, lances en que la malicia no comete 
delitos al alcance de la ley, sino tmmpas legales, snperchei-ias 
que se castigan solameijte con la retribucion de lo escatimado. 
Por otra parte la sociedad nuestra se apersona en muy pocos 
asuntos. Respetando la libertad y la independencia pei*sonal 
deja k cada uno el derecho de defenderse por si de la lAanera 
que mas le cuadre. Asi el robo no es delito püblicoj ni se cas- 



5S 

tiga por antoridad del pucblo, sino porqueja personal del agta- 
viado. Herir sin matar es otro delito privado. £1 fiscal publi- 
ce tiene muy reducidos liinites de intervencion 7 su dcnuncia 
desaparece siempre 6 casi siempre con la queja del ofendido. 
Este es nuestro sistema que tiene sus defectos, y graves, porque 
& la hamanidad no le tocö en herencia, hi paterna ni matenia, 
la perfectibilidad, ya que empezamos con qüe la mujer ilaqueö 
por orgullo de ser sabidilla y el marido se dej6 inducir por 
goloso y condescendiente. Pecado eterno de maridos ! 

To no trato de escribir un ourso de legislacion ui de econo* 
mfa politica, ni de ciencia de buen gobiemo, ni de nada que 
a los dos nos aburnu Si no, mi amigo D. Fernando, le daria 
& y. una lectura, como se dice por acä, sobre el m6rito com- 
parativo de los dos sistemas y le juro & V. que no s6 cu&l 
quedaria mejor parado. La came es d6bil y en punto & debili- 
dad de cames la humanidad corre parejas en todas partes. 

Ignoro hasta dönde convenceiia mi dial6ctica a mi nuevo 
amigo D. Fernando Femandez de la Fernandina ; pero es lo 
eierto que ^1 se retirö asaz complacido de mi consejo de Uevar 
apuntaciones ßobre cuanto le habia sucedido, y le siguiese su- , 
cediendo, con el fin de escribir folletines para el Diario de la 
Marina cuando volviesä & la Habana. Prometiöme ademas 
que andaria sobre aviso, sin dejarse enganar por nada, ni por 
nadie, lo cual le dese6 de todo corazon, no solo porque es pr6- 
jimo, sino porque me pareci6 un hombre muy comme ilfaut^ 
8eguu la espresion de Sofia & quien creo que le han interesado 
un tanto cuanto los ojos negrosy elbigote ä la Victor Manuel» 
prendido con goma. 

Mi intereRanto amiga mo na asegurado que D. Fernando 
Femandez de la Fernandina es cuanto cabe para escribir un 
libro sobre los Estados Unidos ; pero tambien me ha asegu- 
rado que no pondra en 61 ni una palabra de lo que me sub- 
ray6 en el siguiente suelto de un periödico de ayer tarde : 

*^La policia hizo devolver ayer a un caballero espailol .... 

— ^ Sera D. Fernando 1* 

— Este es 61. 

''A un cs^ballero espanol, cuyo nombre se nos ha siiplicado 
ßupnmamos, diez pesos cn que le vendieron una boleta falsa 
para ir al Ni&gara. Es increible el escdndalo con que estos es- 
peculadores de mala Icy etc." 

— Luego creo V. que ese pobro es D. Fernando? 

— Indudablcmcnte. Ayer se despidio para el Niag;!ra y 



lioy le he visto en Broadway. Por cierto que iba con una j6veii 
rubia, de ojos azules, que se reia mucbo. ^Sabe V., Nazareno, 
si D. Fernando habla ingl4s? 

— Ni una palabra. 

— Entonces no s6 quS podia oonyersar con aquella mnjcr 
tan relamida y tan 

— Sofia, tiene V. celos? 

— Nazareno, V. nose corregirS. nonca, porqne es un tonto 
mny impertinente. 

AI quedarme ä solas empec6 a devanarme los sesos sobre 
quien seria la muchacha rubia, de ojos azales,'qne acompanaba 
k D. Fernando. Perdime en un laberinto de conjeturas sin 
acertar con ninguna satisfactoria, coando en el diario de esta 
mananaleono sin asombro: 

"El sargento Wells se ha convertido en angel tutelar del 
Caballero espanol ä qmen dijimos ayer que habian enganado 
con una boleta falsa para ir al Niagara. Efectivamente ayer 
mismo condujo ante el juez de policfa ä una sirena rnbia, de 
ojos azules, que habia logrado con sus encantos hacer pasar de 
•la mano de D. . . . & la suya una sortija de brillantes suma- 
mente valiosa. Volvemos a suprimir el nombre del caballei-o 
por süplica suya." 

Tampoco pondra este nuevo lance en sus foUetines el amigo 
D. Fernando, que ciertamente no se diferencia mucho de la 
generalidad de los viajeros que nos visitan, en esto de lances 
y percances propios para foUetines del Diario de la Marina* 

NüEVA York, junio 3 de 1858, 



57 



DE FDERTAS ADENTRO. 

BBCSKA £N LA CAliTABA DE BBPBBSBNTANTBS. 

Y todoB i ana empezaron k discalparao. 
El primero dijo : — He coinprado ua peda- 
zo de terreno y tengo que ir & verlo, por 
lo que te ruego mc edca^es . 

y el otro dijo :— He comprado ciuco 
yrnitas de baeyee y voy k probarloB : ea- 
ct ame. 

Y el otro dijo :— He acalx) de casar y por 
eso no puedo ir. 

El Evanoslio seoun San Lucas. 

Vamos nosotros, querida lectora, vamos al Capitolio. Te 
prometo que no se hablar& de polltica, ni de ELansas, ni de 
los mormones, ni de los cruceros ingleses, ni del presupuesto, 
ni de nada que te fastidie. Yen, que si no te ries, no serä por 
calpa mia, piies & fe de inocent« . que has de ver cosas que no 
estan escritas. Te lo prometo, porque estoy en el secreto 
y ademas te conozco. AI atravesar la Avenida de Pensilvania 
todos te admiraran, como a la bella del Sur, la estrella mendio- 
nal, la perla de la perla de las Antillas, la huH del Golfo. ^ 
Ven, leetora mia tan querida, y gozaremos de puertas aden* 
tro una de las escenas mas prodijiosamente picantes de la 
vida parlamentaria. 

Ya que me has hecho la merced de enganoharte & mi brazo, 
para mejor entendemos te dir6 que el Gongreso suprimiö las 
dietas como medida de policia para evitar que los honorables 
miembros prolongasen las sesiones por aumentar la prebenda 
diaria. Pagados todos por ano, dijeron, no habrä. motivo que 
induzca ä nadie ä etemizar las sesiones. Por el contrario todos 
se apresurai*än & lejislar en pocos dias y se marchar4n ä sus 
casas, y k sus negocios, dejando & la patria satisfecha si no har- 
ta con un mes de Congreso. SeSal6se pues la suma de $ 3,000 
k cada honorable, aun cuando la sesion no fuese sino de tres 
semanas, y el cacümen de los inventores de tan astuto ardid 
quedö tan descansado como el del profesor Morse despues 
que descubriö el m^todo de hablar por medio del alambre 
electrizado. El " problema " estaba resuelto. 

Pero la hiunanidad es como el agua estancada que cuando 
se le cierra una grieta, busca otra por donde emprender su 
paralizado curso. £1 mötodo de los $ 3,000 no ha prolongado 
la sesion, pero la ha destruido. Hoy vienies segundo de mayo, 
eu el ano de gracia de 1858, no hay cien diputados que pro* 



ß8 

nuncien discursos sin fin para aumento de dietas ; pero haj 
174 que no han concurrido & la Camara. 

Ahora que estamoB de puertas adentro puedes Ter, mi dulce 
companera, que el semicirculo de los delegados del pueblo se 
encuentra como el teätro de la Academia en dia de concierto 
4 beneficio de algun solista distinguido. Entra y toma tu asien- 
to en las galerias. El Speaker va a hablar ; Speaker quiere 
decir hablador; Manda S. S. al ujier que eierre las puertas 
y vaya & caza de miembros ausentes y los couduzca ä la Ca- 
mara. 

El secretario pasa lista para conocer & los ausentes y las ro- 
zoues de su ausencia. Las razones ocuparän veinte y dos eo« 
lumnas del Globe I Oyelas : 

—Mr. Montg6mery, dice el secretario. 

—Mr. Montgömery, contesta su amigo Mr. Taylor, debe 
ser disculpado presuponiendo que uo esta bien : al menos asi 
CS de presumir, porque en toda la sesiön apenas ha concurrido 
& la Camara. (Risas.) 

— Pues ä mi me Consta de ciencia cierta, dice Mr. Clements, 
que Mr. Montgömery anda por su distrito en intrigas eleccio« 
narias para ser reelecto. 

— ^Propongo que no se le escuse. 

La Camara no lo disculpa y le impone una multa por ha- 
berse ausentado sin permiso. Ya no lo harä jamas por te- 
mor de la multa, que es de. . * dos pesos. . . que no se pagan 
Qunca. ( Opinion particular del Express, ) 

— ^Mr. Shorter, continüa el secretario. 

Mr. Moore. — Ese caballero estuvo en su puasto hasta muy 
tarde y me dijo que £e hallaba indispuesto. 

Mr. Leiter. — ^Yo lo he visto en la comision de Negocios 
Indios y estaba rozagante. 

Mr. Shorter es multado en dos pesos. 

— ^Pido, dijo entonces Mr. Florence, pido permiso & la Ca- 
mara para ausentarme por tres horas mas ö menos. Tengo 
im asunto muy urjente. 

Mr. Harris. — Qu6 asunto es ese ? 

Mr. Fostbr.— <i Cumplir con las obras de misericordia res- 
pecto ä los miembros que estän ausentes, por enfermos? 
(Risas.) 

Mr. Florence. — ^Dir6 candidamente que no es eso. 

Mr. Morgan. — ^Entonces el caballero quiere ausentarse poi 
el resto de la sesion. 



50 

Mb. Flobbitcs. — 'So senor, por tres horas no was. 

Kegado. Mb. Gbow dice que si hubiese pedido M. Floren- 
ce el permiso antes de la votacion de Kansas, se le habria con« 
cedido sin limitacion. 

— Oh I sefior, es una desgracia que nb se me entienda, vnel" 
ve & deck Mr. Flobengb. Quiero estar ausente tres horas so- 
lamente. 

Mb. Gbow.— Nnestro o61ega es tan baen companero que 
no debemos privamos de su agradable sociedad. 

Mb. Fosteb« — ^A menos que diga & d6nde va. 

Mb. Flobencb. — Cuando vuelva dir£ de dönde vengo 7 es 
lo lüismo. 

— ^No senor, no. — ^Negado. 

Continüa en la lista Mr. Cobb. 

Mb. Moobb. — ^Mr. Cobb est& en la puerta, pero como se 
halla cerrada no puede entrar. 

Mb. Cobb ( desde faera.) — ^Nadie abra, que no quiero en- 
trar. (Risas.) 

El Sfbakeb. — ^Portero, haga V. guardar 6rden. (Mas risas.) 

Pres^ntase entonces el ujier con varios miembros que trae 
& la barra de la Cämara para que le den satisfaccion por su 
ausencia. 

— Aqui est&n, dice, los 

8efk>rea que desean escuaarsepor 

MoBBis. Algo que hacen 

CBAGiif» Fu6 & comer. 

Wilson". Escribia una cai*ta. 

Stewabt. Fu6 k ver & un amigo. 

Pbubiance. Fu6 k un entierro. 

Kunkel. Creia levantada la sesiou« 

Gbangeb. Fu6 & tomar t6. 

Beadt. Ten*a sed. 

Wade. Tenia hambre. 

Palmeb. Tenia sed y hambre. 

Case. Tenia hambre solainente« 

Shaw. Tenia las dos cosas. 

Atkiks. Est6migo racio. 

BoTCE. Idem idem. 
Hughes. . • • 

El Speakeb. — ^Mr. Hughes, ^por qu6 se march6 S. S. de la 
Cämara ? 



60 

Mr. Hughes. — ^Pues, senor Speaker, yo dir6 qne supe qne 
el ujier andaba buscandome y yo en el momento me pase 
4 buscarlo a 61, y lo encontr^ antes que 61 me encontrase 4 ml, 
y aqui lo traigo, por lo eual 61 tiene que pagarme 4 ml la mul- 
ta. ( Risas« ) 
Mr. Wilson. — ^Merece que se le perdone la multa. 
Ferdonada, y sigue la lista. 

Abbott. Estaba muerto de hambre. 

PoTTRB. Tenia dolor de cabeza. 

Kellogg. Se sentia muy pesado. 

WOODSOX. 

— Yo, dijo, esplicar6 la cosa: ayer me dejö mi mujer { Ri- 
gas ) — ^para volverse 4 casa } hoy me sentia algo flojillo para 
leji^lar. (Tremenda risa.) Para hacerlo mal, mejor es no ha- 
(fei'lo. Discülpeseme. — ^Disculpado. 

— ^Mr. Anderson, por qu6 se march6 S. S. ? 

— Yo no me march6 : quien se marchö fu6 mi mujer (Risas) 
y en calidad de marido amoroso crei de mi deber acompanar- 
la hasta el paradero. Sabe Dios lo que despues har4 el ferro- 
carril con ella. ( Risas. ) 

Mr. Taylor ( de Luisiana. ) — ^El caballero es'^^aba cumplien- 
do con un deber sagrado. Propongo que se le perdone, con 
las costas en consideraeion 4 lo agradable del deber. 

Mr. Taylor ( de N. York. ) — ^Dice mi honorable amigo 
que se carguen las costas 4 Mr. Anderson por lo grato del 
deber que desempeiiaba. ^ C6mo ? <j Es acaso grato separarse 
de SU mujer ? El caballero de Missouri desempeiiaba un de- 
ber y ßutVia horriblemente con la separacion de su esposa« 
Nada de costas. 

Mr. Taylor. — ^En contestacion digo, que no concibo un pla- 
cer mayor que el de un esposo que paga el debido tributo de 
afecto 4 su mujer. ( Tremendas carcajadas.) Corao el diputa- 
do abandon6 sas deberes püblicos por el gusto de cumplir con 
imo privado, sostengo que debe pagar su contribucion. 

La C4mara absolviö al buen marido. — ^El amor 4 las muje- 
rea se hizo contagioso en el salon de sesiones como lo es en 
todas partes para honra y gloria del sexo. Asi es que cuando 
el Speaker reconvino 4 Mr. Cox por su ausencia, dijo : 

Mr. Cox. — ^Yo estaba en mi pueblo, doiide se han desenca- 
denado todas las pestes, y principalmente el Knownothingis- 
mo y la viruela, Por eso estaba yo tomando pildoras de de- 
mocracia y lancetazos de pus vacuno. Mi mujer ( como enan- 



61 

tes, oomo siempre ) se sentia indispnesta j temo qae loa doa 
traemos la viruela. Ruego a la Camara me permita retirarme. 
( Unanime y apresuradamente eoncedido. ) 
Pues no es nada. { La viruela I 

Trippe. . Estaba aeatarrado* 

Clat. Tenia nna Um funeral. 

Wilson. Tenia una dama en las galeriasi. 

Mr. John Cochrane. — Sietnpre fui tan fiel & la C4mara 
oomo mis honorables c6legas 4 sus esposas. (Risas.) He cum- 
plido con mis deberes de dipatado, porque siempre di mi voto 
& favor del gobiemo, y por cuanto este propuso. Tuve por 
guia k un valiente campeon, el honorable Mr. Marshall, y le 
segni las aguas tan de cerca, qae caando el se march6 cref yo 
qne no debia quedarme. Para mi se habia coneluido la sesion 
desde que mi campeon se aiisent6 : los miembros qiie ami se 
reunian en el Capitolio me parecian vfrjenes locas que busca- 
ban aceite en las lämparas agotadas. Yolvüne pues a mi casa 
con mi aquel hasta que vino 4 arrestarme inopinadamente la 
dura mano de vuestro leal ujier. Rudo fu6 el choque, porque 
el hombre es tremendo de alma y de cuerpo. Toda mi consti* 
tucion federal tembl6 y ' a su contacto 

** Natnre throagh all her works 
Gare Bing of woe that all was lost.** 

(Naturale^ en todo sn clmlento 
Triatea sefiales diö de abatimiento.) 

Cr^l entonces, senor, y aun me siento con ganas de crecr 
ahora, que la Camara es responsable por esta falta de miramien- 
to conmigo. i Qu6, qu6 es esto, senor presidente ? Un hom- 
bre que se sienta cinco horas de seguido, un caballero, un re- 
presentante, un patriota, (Risas,) un ministerial, un patricio 
que rechaza las gangas, y las desprecia, yivota con el gobier- 
no & tuertas y erradas, y vota por disolver la Camara en union 
con ese juego de patriotas de mi calibre, en cuyo niimero ten- 
go la honra de contarme, i c6mo, digo, & un hombre de esta 
categoria se le despoja de sus derechos y prerogativas ? i C6- 
mo, senor, estando en compania con un venerable senador de 
Nueva York, cuya sacrosanta figura recuerda las prominentes 
de los benem6ritos que he descrito, c6mo, insultando la digni- 
dad senatorial, al representante de un gran estado se le arres- 
ta en tal ocasion, y en medio de las calles de Washington ? 
Si la Gamara estaba disuelta por el voto de los ministeriales, 
yo tenia el derecho de ausentarme. 



62 

Ä propuesta de Mr. Taylor fu6 esonfiado (con el pago de 
oostas ) el patriota espartano. 

Bbown. Se moria de hambre. 

Hatch. Se cansö y se fa£. 

Gbobbbeck. Kecesitaba tomar el fresoo. 
Fabnswobth. Estaba convidado & comer. 

^ Fbnton. Tenia dolor de muelas. 

MooBE. Andaba de tiendas. 

Glakcy Jones. Fu£ & tomar nn piei^so. 

Mb. Howabd. — ^En consideraoion & la anterior buena con' 
dacta del presidente de mi oomision, Mr. Jones, proj^o.igo 
qne se le absuelva sin oostas. 

Mb. JoiTES. — ^Acepto si se dice que es por mi bnena con- 
ducta, y no por mi anteriar buena conducta. Dej^monos de 
equfvocos. 

Mb, Hughes. — ^Antes de obtener absolncion el caballero 
que est4 en la barra, es necesario que nos diga qu6 especie de 
pienso fu6 6, tomar. (.Risas.) 

El Speakeb. — Creo que eso no estä en el örden. 

Mb. Hughes. — Por supuesto. ^ Qu6 es eso de ir un hombre 
& tomar un pienso ? Es necesario que el bonorable diga quo 
fu6 lo que comiö. 

Mb. Moobe. — ^Llamo al 6rden & S. S. 

El Speakeb. — EstS. en örden. 

Mb. Hughes. — Oiga bien la Cämara : por primera vez es- 
toy en 6rden. (Hisas. ) 

Mb. Gbeenwood. — ^Pero estS, molestando & sus amigos. 

Mb. Hughes.— P^same, seiior, de molestar & mis amigos ; 

pero ese es un sacrificio que la patria exije. Mas volviendo al 

punto en que fui interrumpido por la voz de Orden. . . Pues no 

es cosa esa de llamarlo 4 uno al örden desde su asiento, tan 

I , ' 

sin ceremonia, en lugar de ponerse en pie y con una cortesia 
decir que se propone una cuestion de örden. 

Mb. Howabd. — {JSn pii y con una cortesia.) Propongo 
una cuestion de örden : si el caballero esta en örden, es fuera 
de örden que discurra sobre si est& en örden. 

El Speakeb. — ^La mesa decide que toda cuestion de örden 
no esta en örden. ( Risas.) 

Mb. Hughes. — ^Y ^ estaria en örden tomar acta de que el 
caballero de Michigan ( Mr. Howard ) ha propuesto por pri- 
mera vez en su vida una cosa buena ? ( Risas. ) Pero como 
iba diciendo cuando fui interrumpido, antes de votar por la 



63 

escusa del caballero que fue & comer (ya la Camara sä- 
he que fu6 & comer) ^ preciso que nos diga que i\\6 a comer. 
Yo puedo perdonarle el que haya tomado un pienso ; pero 
hay piensos que pienso no son muy favorables. Los franceses 
comen ranas, y yo jamas le perdonaria k un miembro de la C&- 
mara que fuese & hartarse con los cuartos traseros de ese ani- 
malejo, porque me parecen comida de T)ärbai*os. « 

Mr. John Cohranb. — ^Antes que la disousion pase de este 
punto delioado, snplico al caballero de Pensilrania diga si ai- 
guna vez ha comido piemas de rana. 

Uko. — ^Por Dios, sefior Speaker I 

El Speaker. — ^Al orden I 

Mr. Hughes. — "No se debe hablar desde la barrä 

El Speaker. — ^No estA en la barra. 

Mr. Hughes. — ^Pero desbarra. 

El Speaker. — ^Dejarle hablar; quiero ver & dönde va & 
parar. ( Risas. ) 

Mr. Hughes. — ^Pues que diga d6nde comi6. 

Mr. Glancy Jones. — Comf hace. dos 6 tres dias con el 
Presidente y creo que otros diputados fueron cönvidados 
tambien« 

Varios Republicanos. — ^No de estos bancos. 

Mr. Olancy Jones fuS absuelto con las costas y sigui6 en 
tumo 

Mr. Güillis. — Senor Speaker, dijo, yo soy el humilde re- 
presentante del distrito del Gato Mont^s de Pensilvania (Ri- 
sas) y no es de esperar que los representados ni los repre- 
sentantes de dicho distrito est^n muy al cabo de las reglas de 
conducta de esta Camara, 6 de cualquier otra asamblea desor- 
denada. (Carcajadas.) Tampoco puede pedfrsenos que tenga- 
mos en la uüa las reglas de la etiqueta ^n esta '^ ciudad de 
las magnfficas delicias." Hoy me honr6 el presidente con 
tma esquela de convite para comer con 61, y como 61 es quien 
manda, me figurö que no debia nadie desobedecerle, y mucho 
luenos un representante. (Grandes risas.) Com! pues con 
S. E. y goc6 de todo en regia. Estoy dispuesto ahora & pagar 
la multa. ( Risas. ) Una palabra mas : supe que el ujier me 
andaba buscando con mucha gana, y yo, que por buirle el 
cuerpo me habria agarrado k los cuernos de la luna, como no 
tenia luna me agarrö & los cuernos de Old Bucky ( 1 ) y allf 

(1) 014 Bück (vcnado rlejo)— sobrenombre de! presidente Bachanan. 



me estuve liasta que pas6 el enemigo. Ähora vengo & echar* 

lue 4 los pios de la Cämara. ( Estrepitosas risas.*) 

Fuc absuelto sin costas y siguiö Mr. Whiteley, de Dela- 
ware. 

— Qu^» escusa tiene el honorable de Delaware ? pregunto 
el Speaker. 

Mu. Whiteley. — ^1%, senor, eonfieso que no tengo raas es- 
ciisa sino esta: como estoy solo y no hay quien atienda en el 
gobiemo federal & los asuntos de mi estado, me veo en la for- 
zosa de asistir en persona & los diferentes departamentos del 
gobierno. Esta manana me puse & pensar que el 4nico bill en 
favor de mi estado habia sido rechazado en la Cdmara, y que 
si yo no conscguia algo del gobiemo, nos queddbamos sin böla, 
Pues si la Camara no da nada, mas deja estar en el gobiemo, 
y me ful al gobiemo & representar k mi estado. 

— Que se le absuelva con las costas. 

Aprobado. 

Y sigui6.. . ^Pero hasta cuändo? El Globe de Washington, 
diario ofieial de las sesiones, empleö veinte y dos columnas 
en publicar las eseusas. Yo no tengo a mi disposicion sino de 
media ä una y media. Lectora, baste la muestra para saber lo 
que pasa de puertas adentro. 



EL NIAGARA. 



Niagara, julio 8. 

Ciiando o(a hablar del Niagara y de la catarata, me daban 
ganas de tomar un treu, el primero que Baliese, para ir (aho- 
ra dire vcnir) k verlo. Me sucedia lo que ä las colegialas, que 
siempre tienen deseos de saber mas de lo que dice el catecis- 
mo de moral. Tenia curiosidad como verdadero hijo de mujer, 

Estando en el Niagara podia saber lo que no dice el cate- 
cismo, y tenia miedo, miedo de lo que tanto babia deseado. 



65 >• 

Autcs de vcnir ol siempre hablar de los encantos del Ni&gant, 
de loa placeres del Niagara, de la sociedad de! Niagara. El 
Niagara me zumbaba en los oidos como lo que no dice el ca. 
tecismo. Ya estoy en el Niagara. 

Ciertö in<jle8 llegö al cuarto en que precisamente me eneuen- 
tro ..... JLa camarera mayor del hotel me lo ha referido esta 
maiiana, y la camarera cuenta como Alejandro Dumas, p:i- 
dre, sin auda porque cocin6 antes que 61 j nicjor que 61 .... - 
Ilabia oido el mgles muchas histonas respecto al Niagara — 
quo hacia la catarata an ruido sorao y tcmeroso q\ie se per 
cibe & seis mill^. El ingl6s que veia la catarata por todas 
partes desde que saliera de Inglaterra con el objeto de visitar- 
la, luego que llegö al cuarto mio crey6 oir la catarata. Mat6 
la luz para que nadie pudiese verle, abrio la ventana y oyo el 
ruido. Aquel ruido por d6bil no podia oirse ni & una miUa. 
— Me hau enganado! esclamö Ueno de vergüenza. Yaya 
Y. & dar iS & relaciones de yiajeros ! 

Y sin esperar ä comprobar el hecho por sl mismo se marcbö 
4 la maiiana siguiente por el tren en que habia llegado. 

Otro tanto babria hccbo yo sin la relaeion de la camarera- 
Yentaja de conversar con camareras. 

Aguardö pacientemente & que mi companero estuviese listo 
para emprender la peregrinacion k la catarata, y para agaar- 
dar con mas calma encendi mi Cabanas prensado. Un bon:* 
brc bien portado me pregunto si alguna vez habia vi^to el 
Niagara. 
— No, le contestfi con candor. 
— ^Pucs necesita Y. im guia. 
— ^Un guia ! Es este acaso un desierto ? 
— ^Y. ganar& con el guia tiempo y dinero; vera mas, ver& 
mejor y mas pronto. 

• — Qniero un guia, dije en el refectorio del hotel. 
— H " el bien conocido guia patentado " lo condn- 

' * ' TT 

cira a V. 

El bien conocido guia patentado sali6 como por arte de en- 
canto en el instante mismo. Flicimos ajuste, acordamos c1 
plan, fijamos la hora y presentandose mi compafiero fuimos & 
almorzar ... sin guia^ porque el Camino del plato & la boca me 
es bien conocido. 

Habia en la mesa un reducido nümero de personas, y estas 
modesta, por no decir malamente vestidas. Las cr6nicas del 
Niag:ira hablan de tocados y trajes, y diamantes, y beauoSj 



^ 



96 

y bcUas, y ßirtation^ de nna corte en fin, y yo volvia Iob ojos 
4 todas partes y me preguntaba k ml misino : 

lQn6 Be hlzo el rey D. Juan? 
Los Infantes de Aragon 
i Qu^ 86 hicieron t 

— ^En la comida lo vereknos todo, me decia mi amigo. Las 
ladies no gustan de madrugar : es de mal tono. 

Almorzamos sin decir palabra y partimos. 

— Van Vds. ä pi6 ? nos preguntö el guia. 

— ^Lo sabra V. mejor, contestö mi amigo. 

— No eu lujos ; pero hace calor y polvo. • 

— ^Tomaremos un carruaje. 

Un carruaje vino al instante. Su dueno era un bombre for- 
malote que no tenia mas que un precio: 20 pesos. Resistimos, 
baj6 ä diez; objetamos pasö & ocbo, y de rebaja en rebaja 
llegö al precio de tarifa: cinco duroa por dia. 

Observe el lector las bastardillas de mi narracion : valen dir 
nero y si otra ventaja no hallase en leerlas, algunas äguilas 
mas en su bolsillo merecerian para un viaje al Niagara haber 
leido una relacion ä vuelo de päjaro. 

El cochero alabö su propia honradez, la bondad del coebe 
y el juicio de sus caballos, que estaban tan acostumbrados 
& los lugares por donde irfamos, que no necesitaban casi de 
guia, para todo lo oual nos ofreci6 como garantia y fiador al 
dueno del hotel. , 

El dueno nos inform6 que todo era como el bombre forma- 
lote y de un solo precio nos decia. Pisro nos anadiö que Ue* 
vando cocJie no necesitäbamos de guia^ porque el cocbero de- 
sempena la doble funcion de conducir los caballos ^ instruir & 
los viajeros. Nuestro contrato estaba re^lizado con el guia 
y un contrato es un contrato. 

Salimos del hotel y nos dirigimos k la raya inglesa, marcadSi 
por un puente magnffico de alambres cujra descripcion podria 
copiar en cualquiera de los innumerables directorios del Nia- 
gara. Reserve al lector el derecho de leerlos cuando ie los 
venda d honradote cochero por ijm precio triple del que vctlen^ 
6 la sorpresa de contemplar de improviso una obra que verda- 
deramente no parece material. En el puente se ve la catarata 
y se paga el derecho de peaje, ambas cosas cada vez que por 
all! se pasa. 
Tengo una razon para no hablar de la catarata. 
Seguinios, y pagando Qtro peaje por el camino & orillas del 



6» 

Ifiigara ftdmos 4 dar derechamente & una de tantas oasas por 
all! esparcidas, y en euya puerta nos recibiö una muchacha 
linda como perla oriental, convidandonos & suLlr & su mira- 
dor para contemplar desde cerca la caida de las agoas. Nues- 
tro guia supemuinerario se apresur6 & decimos que nada se 
pagaba por subir al.mirador: asf oonstaba ademäs ^n im car- 
ton puesto al intento sobre la puerta. 

Hallabase el mirador bien surtido de espectadores, entre 
ellos un viajero que con cartera abierta y l&piz en mano se es- 
taba inspirando para escribir alguna oda fant&stica. Nuestro 
^uia nos esplic6 yiuy menudamente todas las especialidades de 
la catarata,.sus medidas 

— ^Los ingleses tienen mas agua« nos decia ; pero ia nuestra 
cae de una altura cuatro pi^s mayor. Es una oompensacion« 

— ^Ha bajado Y. al pi6 de la catarata ? 

— ^Magnifica es l 

— 'No tenia V. una idea de que fuese tan grande ? 

*— Son Vds. espanoles ? 

— ^Es la primera vez que la han visto? 

Cafan de todas las bocas mas preguntas que agua de la ca- 
tarata. Gada cual daba su opinion y deseaba generalizarla. 
Todos habian olvidado la etiqueta inglesa : la sociedad charla- 
ba. En cuanto 4 mf observaba la mania de los viajeros que 
nada han yisto y siu emoargo nu quieren dar 4 conocerlo con 
8US acciones. Me sucedia io que al porti^^s 4 quien le mos* 
traban el Escorial y decia muy sereno ; ^ En Lisboa tenemos 
otro.** 

Cuando bajamos del observatorio nos recibiö en la esoalera la 
misma sirena encantadora que nos habia introducido en su casa. 

— l Quieren Yds. ver los trab^os de los indios ? nos dijo. 

— ^No se paga nada por verlos, observö el guia rellenando 
0a pipa con tabaco de Natcbitoches. 

Yimos los trabajos primorosos que se atribuyen 4 los indfge« 
nas, y que los fabricantes de Brus^las y de Paris podrian re- 
clamar como salidos de sus manos : tan delicados son t 

Por complacer a la senorita que con tanta amabilidad nos 
habia obsequiado, tratamos de comprarle algunas curiosidades. 
£8tjbs eran tan lindas y ella las vendia con tal gracia que nues» 
tras compras alcanzaron hasta donde los dineros que llerdba« 
mos encima. Satisfecbos en estremo de la jomada y de las 
compras volvimos riendas, porque la sirena nos habia entrete- 
xiido latgas horas. 



t V 



03 

El honradote cochero nos advirtiö por nue&tro propio inte- 
r^s quo no pasaramos el puente exhibiendo la mercancia si no 
queriamos pagar derechos ad valorem en la frontera. 

Mientras 61 se hacia cargo de ocultar el contrabando bajo 
los asientos del coche, nosotros miräbamos una casa que Don 
Quijote habria llamado castillo, y con razon. Tal es ella de 
grande y anchurosa. 

— i Que casa es esta, cochero ? 

— Clifton House. 

— ^El hotel I Pero si ningun cochero la conocia anoche l 

— ^Porque hay cocheros que no sahen su obiigacion. To 
' puedo asegurar que ahi estän el baron de F***, el conde H .• . 
y el general S. > y Mme. Gazzaniga. 

— ^Mme Gazzaniga! 

~L2L prima donna de la Academia de Müsica que tanto 
les gustö & Yds. los cubanos. 

Sin atender & nuestra nueya nacionalidad entramos & v^r i 
Marietta, la simpätica cantatriz que como Colon conquistö en 
Nueya York un nombre que todos tenian empeno en negarle. 
La Gazzaniga ama & la Habana slnceramente, aun cuando 
tristisimos recuerdos van para ella unidos & ese nombre. Con 
efusion me decia la recordase k los habaneros cuando escribie- 
se. Cumplo su deseo de la manera mas completa que ella pa- 
diera apetecer. 

Despues del puente suspendido se ve la vordgine, donde nn 
nuevo guia ensena ä los viajeros el Camino, sin ecsigir mas re- 
muneracion que la que senale su generosidad. El hombre es 
manco y pide por Dios, por lo que segun el reftan pide per 
dos. En la voragine del Niagara hay un libro en que estan 
inscritos los nombres de los que la yisitan. 

Hay un Thomas Smith que aprovech6 este nueyo 6rgano 
de publicidad para anunciarse como droguista-farmac^uti- 
co-boticario con residencia en • • » • ^ Por qu6 habria yo de pu- 
blicar gratis su anuncio? 

Gr&tis es un sonido que no se conoce en el Niagara, donde 
todo es catarata. Catarata de agua, catarata de dinero, cata- 
rata de . • . otras muchas cosas, en todas las cuales ha de caer 
el inesperto estrangero. Asi nos lo pr obaba otro cochero no 
tan honradote como el nuestro, si mas ladino, que arreando 
8US caballos junto ä los nuestros : 

-^Han visto Vds. pl elefante ? nos preguntaba. 
— j Qu4 elefante ? dijo mi amigo. 



.*_i 



60 

— Qinere Kibcr A nos han engaflaclo. 

— No ; no liemos \isto el oloraute. 

— IjO dudo. Vd8. ban coiii[>rado cnriosidades en la parte 
iugk'sa. 

— Y qu6 ? 

— Allf Jiay nifiaß bonitas y «o se regatea por cl pvecio y en 
el precio liay elefaute : es precio de catarata. Ninguno qus 
aUl comjjre cleja de ver al elefante. Y Vds. tieqen guia y tie- 
nen cochei-o, qiie son dos elefantes, Y Vds. tienen libros del 
Niagara coinprados al cochero y los libros son otro elefante ; 
y Vds. pagaron en la voragine por ver el elefante, y . . . • 

Nuestro cochero apretö el paso y nosotros le ordenamos 
que sc detuviese. 

— No, Caballero, contestö ; ese hombre esta bebido y va 4 
decir ä Vds. que yo gano un tanto por ciento sobre las com- 
pras que Vds. han hecho, y qae se nos paga porque no diga^ 
mos a los recien Uegados donde esta Clifton House . . . . y yo 
no qi)iero qne Vds. sepan nada de eso. Es tarde, es tarde : 
liora de comer ! 

A carcajadas nos reiamos 4^ la »franqueza desvergonzada 
del faeton cuando cntramos en el hotel. Un sabeo con cara 
y talla de tanibor mayor (mi amigo decia que era un esclavo 
suyo qnese le habia fugado aiios aträs) nos conduj^ & un par 
de tantos asientos como por todas las mesas habia desocupa» 
dos. Vino la lista de viandas y empezamos k pedir. 

— £sto se ha concluido. Esotro se acabö. Lo de mas abajo 
acaba de scr servido & un caballero que Uegö un instante antes 
que nosotros. 

— Pues traiga V« lo que no se ha cocluido, ni acabado, ni 
ßcr\'ido. 

Roastbeef y papas bastan para llenar el vicntre mas vacio 
y de anibas cosas nos sirvieron (justicia es decirlo) con abun- 
dancia. Lo dem&s no lo catamos, aunque en la lista estaba, 
ßin duda para ser visto & vuelo de p&jaro. Bien dice el Herald 
que ä ciertos lugares se va en verano para teuer mal cuarto, 
(lormir mal, comer peor y pagar contribuciones subsidiarias & 
los criados. 

— Peix) ^y la gente^ la multitud, las bellezas del Niagara? 

iQn^ to hiso qI rey Don Joaaf 
Lc« infantes de Aragon 
iQuöee hlcicronf 

— liÄ crisi» pQr una parte ha hecho entrar en juicio a los 



10 

locos qne tiraban el dinero como 8i lo ganasen en Wall street 
jugando ä la bolsa, decia un caballero del antiguo cufio que 
junto ä 11080 tro8 quedaba. 

— Las faciiidaded de los ferrocan-ilcs, qae se estienden cada 
vez uuiSy anadia otro ( un agente quiz& de las compaiilas de 
feri'Oüarriles,) hacen que el püblico bnsqne las novedades qae 
se van descubriendo en otras direcciones. 

— Pci*o el caso es, rcplic6 el hombre raaduro, que en los pe- 
riüdicos sc dice que los hoteles estän repletos de gente. 

— ^Toma ! salt6 el agente : ya lo creo : si fion anuncios inte- 
resados de los posaderos de otros Jagares para que la gente 
no venga al Niagara por temor de no encontrar cuarto y se 
dirija & Mna hoteles. Eso es lo que se llama matar haciendo 
carinos. 

Embebeeido escuehabr« yo la discusion, admirando las ar« 
gucias que inventa el inter6s individual, cuando me sobresal- 
t6 un golpe de müsica con el cual no contaban mis nervios. 
Una banda completa nos daba alimento al oido en cambio del 
que & la boca no se nos habia ofrecido. Algo era, algo en el 
sistema de las compensaciones : si de aqul no salimos Eliogaba- 
los saldremos Orfeos. Mi amigo mo recordö muy oportunamen- 
te que en los restaurante de Paris se sirve al faambriento hp^s- 
ped un par de sardinas que no le satisfacen la necesidad, pero 
le encantan la vista porque van adomadas con una rosa au 
naturel. 

La misma müsica toc6 despues en ßl salon con el prop6sito 
de que bailasen ; pero faltaban parejas. La» pooas personas 
que habiamos reunidas nos niii*abamos mütuamente la cara, 
que no era por cieito ocupacion muy divertida, porque las ha- 
bia de no verse, 6 cuchicheäbamos en grupos aislados sin mas 
enlace que el de estar todos bajo un mismo techo. La etique- 
ta no permite la mancomunidad y cange de ideas. 

Cuando nos retiramos & descrnsar mi amigo y yo anota- 
mos en la cartera de viaje : 

1. — No se necesita guia. 

2. — No se debe comprar en todas partes. 

8. — Los cocheros ganan un tanto por cientOw 

4.— rLos ajustes han de ser claros. 

5. — La estacion es pobre en el Niagara. 

6. — ^Tengase cuidado de no ver al elefante. 

7. — ^Reparese en qu6 se gasta el dinero antes de gnstarlo. 

La ultima observacion conviene perfectamente con la quo 



n 

hacia un franc^s qae visitaba la eatarata y scntia quo los fran< 
oos 6e le auseiitaban con mucha tVanqueza. 

— Cochero, decia, sepa V. que tengo raucbos deseos de ver 
la luna ; mas para procedcr con juicio quiero saber cuouto se 
paga por ver la \uDa del Niagara. 

— Nada, Monsieur^ contesto el cochero- 

— Entönces la veo, afiadiö el frances Icvantaudo los ojos, 
que basta entönces tuviera tijos en el suelo. 

— ^Perdone V., volvi6 ä decir el cochero: fuma V. im cigar- 
ro tan bueno qne me alegraria de poder fiimar uno igual. 

— Le voiciy dijo el frances, alargändole el cigarro. Cuesta 
un cigarro ver la luna del Niagara« 



IL 



" Nadie viaja por viajar sino por baber viajado, ^ dice Al- 
fonso Karr en uo s£ cual de sus muchos libros impresos. £sta 
verdad, que yalo era aun antes de que el literato jardinero 
la bubiese formulado tan sencillamente, se ve por obra en to- 
dos 7 cada uno de los rostros que andan sobre fonnas huma- 
Das en los hoteles. Todos ellos dicen sin hablar : '' obs^rveme 
y. bien : quiero que se sepa que be estado en el Niagara. " 
Tal es el deseo universal que se trasluce tambien en aquellos 
individuos que estan haciendo apuntaciones en sus cartei*as, 
apontaeiones que lueg^ apareceran en todos los idiomas del 
mundo bajo el disfraz de correspondencias, folietos j libros 
de todo g^nero. Natural es que el que goza busqne con quien 
dividir sus delicias : todo el que lee algo iuteresante 6 cnrioso 
mira en derredor por si encucntra & qui6n comunicar su lec- 
iura. El Qaijote ha hcdio mas amigos en el mundo que todos 
los tratados de las nacioues reunidos. 

Asi espliciiba yo la fratcniidad con que nos trataban al 
borde de la eatarata inglesa todas Las persona» que s« halla- 
bau agrupadas contonpUuidola. Un desconocido me llamö la 
atencion hacia un Ilbro quo se (K^nserva en uiia de las casas ve- 
cinas. 

— ^Esta en espaiiol, me dijo. 

— ^En espaiioll 

— Lea V. 

Efcctivamcnte, me mostraba una pajina en quo aparecian 
los nouibres de Dolores, Jaciiita, Concha y oti'os al pie de las 



12 

diversas impresiones que la catarata habia producido en aque- 
Ilas senoritas. Copiare algunos couceptos de los muchoB qne 
allf lef. 

"El NiÄgara es muy hello." 

" El Niagara es muy hermoso. '* 

" Qu6 lindo es el Niagara ! " 

" Me gustas, Niagara. " 

" He llegado enfermo y la vista del Ni&gara me ha resta- 
hlecido. De aquf en adelante me reir6 de las descripciones 
pomposas que hagan los viajeros." 

Hay adem&s, como es de suponer, muchas mas " impresio- 
nes " del Niagara, en inglSs, franc^s, aleman y todos los idio- 
mas antiguos y modemos, notandose entre ellas la variedad 
y contradiccion que se ohservan entre las diversas razas 6 in-« 
dividuos en el mundo. Asl por ejemplo dice uno : 

"Oh Niagara, obra etema de Dios!" Y otro aüade al pi6: 

"Mi opinion es que la catarata caer& y serä destruida." 

Un hien humorado positivista escribiö con el desenfado de 
Pirron : — " ^ Para qu6 sir va la catarata ? " 

Otro, desocupado y hombre del siglo XIX indudablemente, 
Gontestö : — "Para hacer ruido y mover los molinos." 

Los cubanos en general se han abstenido de dar salida 6 
6U8 "impresiones" por nna razon qne parece universal entre 
cUos y concluyente para sn inteligencia. Don F. H. de 0. la 
ka compendiado asi : « 

"^ Qui^n osara despues de Heredia, el sublime cantor del 
Niagara, decir lo que piensa despues que ha visto la catara- 
ta?" 

Perifraseado de mil modos se encuentra este pensaniiento 
cn muchas pdgina» del libro. Preguntamos por la composicion 
de Heredia que ha cerrado la boca &«tantos vates, y elduefio 
del libro nos informo que el volümen en que se encoutraba se 
habia quemado en un inceudio. 

— Hay incendios por aca ? preguntamos al ingl^s. 

— l Pues no estamos en la raya de los Estados Unidos ? con- 
testo como quien desata el nudo gordiano. 

Si la oda de Herediat que afoitunadamente uo se ha qnem»- 
mo en todos los libros, ni puede quemarse en la memoria do 
los qne la sabemos relatar sin necesidad del libro, basta pa- 
ra no dejar que los poetastros cjügamos en la tentacion, otro 
rubro de aquel libro del Niagara impedira siempre ä los pro- 
sistas dejarse an-asti-ar por la gana de describir "la caida de 



M 



las aguas/' como ia llama sinple y aoertadamcnte im poeta 
ingl^s. 

^' De aqn( en adclante nie reir^ de las descripciones poiupo- 
sas que hagan los viigeros." 

El snpradiüho anatema no ha badtado para contener & las 
ninas de ^'£1 Ni&gara es may bonito,*' ni & los nifios del *^0h 
tu, sublime Heredia?" Pero ha erizado el cabello & un cjera- 
plar coinun de la edicion de brocha gorda de la hnmanidad. 
El hijo de mi madre no ha escrito *'impre8iones" en el libro 
verde, y se contenta con reproducir las agenas. La ultima, 
que con fecha 9 de julio de 1858 se lee, es esta : 

*^0h Ni&gara, especulacion universal, pmito en que se ren- 
nen los americanos y los ingleses, lugar 6. donde vienen los 
estrangeros para sei: esplotados y escribir necedades !'' 

CenrS la hoja como si me hubiese picado la taräntula y rom- 
pf. la punta del l&piz sin abrir la cartera. 



Los hombres han visto la catarata como vi6 Dios al mundo. 
JEi vidit quod esset bonum, Han tratado de verla mcjor y han 
inventado muchos m6todos para lograrlo. En un vapor se ba- 
ja hasta el mismo pi6 de ambas catamtas, y se navcga por en- 
tre la niebla que forman las aguas al tocar el fondo del rio. 
Para entrar en el vapor se paga, del mismo modo qne se sufre 
para entrar en el cielo. El vapor se llama La DcnceUa de la 
Nid>la {Maid of the Mist;) mas para visitar & su hcrmosura 
no se Uevan tules ni alas de Cupido, sino unos sacos de hule 
amarillo que mas bien se parecen & lös qfle vistx^n los henxia- 
nos agonizante«, 6 al que Ueva el mismo reo cuando marcha al 
paübulo« 

La impresion que se siente bajo el rocio dela catarnta, oyen- 
do SU mido y viendo el volftmen de agua que se dosprende 
»obre JLa Dancellaj es horriblemente hermosa. Figfirnscme 
qne es la qne debe seutir el hombre cuando ve la cuclulla 
de la guillotina sobre su cabeza. De cnalquier modo que sea, 
y tal vez & causa de la similitnd de los nombres, & bordo del 
vapor se piensa mas en Carlota Corday marchando al suplicio 
que en la sublimidad del esi)ect&cuIo, y el corazon se cnsancha 
cuando La Donoelia gira pi'ecipitadamente y se aleja de la 
catarata & impulso de la corriente de las agiias, ctial si hasta el 
mismo bnque se espantaso de la osadia de ir a recibir el golpo 
del torrente. 



Para llegar al vapor se baja en ferrocarrQ por an piano in« 
clinado cuyo declive da vertigos. Las senoritas ameiicanas ei 
atäres tieuen gran placer en insoiibir sttB nombres en el regis- 
tro de Za Doncella^ j en bajar por la pendiente donde pere 
cerian iri'emediablemente ei se rompiera el cable que sostiene 
los carros sobre el abismo. Un cl6rigo protestante baj6 con 
nosotros j aprovechö la oportunidad para decir k xina hija su- 
ya bien plantada de traje y mejor dispaesta de cara y cuerpo: 

— ^Yes, hija mia! Eiste es el eamino del mundo : hondo preci- 
picio le circuuda: por todas partes est& el peligro. Este cable 
es la virtud : si una vez se rompe no hay salvacion. 

— l Son Vda. espaüoles ? nos preguntö la miss. Yo gosto 
macbo de los espanoles. No son como los americanos. 

Habiamos Uegado & la plataforma def Camino : estdbamos 
en el cielo de aquel mundo, y la muchacba saltö ligera y atre- 
vidamente, oual habna volado un ängel, y tomando del brazo 
& SU padre se march6 sin miramos siquiera. 

Despues la encontramos en la torre que domina las catara- 
tas, edifleio tan fragil como atrevido puesto en mitad de las 
aguas despenadas, y que parece desafiar su poder. Este ano 
las aguas han aumentado considerablemente y el puente que cor.« 
duce ä la torre se estremece al paso de los que van 4 visitarla, 
La senorita estaba labrando su nombre con un cortaplumas 
en la escalera de la torre, que apenas tiene espacio para reci? 
bir un nombre mas. Por fortuna el de ella es oorto : se llama 
Bella y nunca hubo nombre mas bien aplicado. 

AI Niagara solo Ye falta pai*a ser encantador el ausilio de U 
tradicion, esa obra de los siglos que no puede existir en us 
mundo nuevo. Apenas se conserva la historia de un hombre 
que cay6 en las rapidas y estuvo veinte boras luchando con las 
corrientes asido a un tronco que se enclav6 en las peiias parä 
salvarlo al parecer. Las orillas se Uenaron de espectadores 
6 hizo cuantopudo la cienela humana para arrojar al desdi- 
chado un cable que le sirviese de asidero y sosten para an- 
dar entre las aguas despenadas. Todo iu6 ia&til : el cansancio 
rindiö los brazos que asian el tronco con desesperaeion : la 
fuerza de Hercules cedi6 y el cuerpo sin vida desde que 
losbrazos se ailojaron, cay6 por la catarata para no volver 
& aparecer. 

Esto aconieci6 durante el ultimo verano j desde Nneva 
York preseaciamos toda aquella larga y terrible agonia, por» 



15 

qae el tel4grafo daba cnentn, hora por hora, de todo lo que 
estaba pasando en la m&rgen del precipicio. 

Befi6rese tambieii otra historia lamentable qne presenciaron 
pocos 7 aun fa6 mas desgarradora. Paseaba un caballero 
(desgraciadamente he olvidado sn nombre) con su senora 
y una hija suja por la isla de la Luna, que divide en dos par- 
tes designales la oatarata americana. Un amigo de la familia 
les acompanaba y por ^' dar miedo " & la j6ven, que tenia 
solo quince anos, la tom6 en los brazos y amenaz6 arrojarla 
al agua. Desprendiösele al decirlo y la pobrecilla cay6 en 
las rapidas, tendiendo los brazos & su familia oomo si im- 
plorase su amparo, 6 se despidiese de ella« 

— ^Te salvarS) Fanny, te salvar^I grit6 el caballero que 
la habia lanzado : y se metiö resueltamente en el agua, alar- 
gändole la ,mano. Sublime arranque, pero inütil I Anibos ro- 
daron impelidos por las aguas y la catarata apago el ultimo 
grito que dieron al caer. £n la orilla estaban contemplando la 
escena dos personajes petrificados, dos estatuas. Los viajeros 
que vinieron despues cargaron 4 cuestad al padre y ä la 
madre de Fanny, y pasaron muchos dias sin que se interrum- 
piese el silencio de su dolor para referir lo que habia pasado 
en la orilla del precipicio. 

Serian las ocho de la noche cuando Albftez se sentö al 
piano y empez6 & preludiar una melodia de Don JPasquale* 
Brignoli la cantö con su voz tan dulce, y como en un salon no 
86 necesita ser actor ademäs de cantante, el primer tenor de 
la Academia de Müsica y del Gran Teatro de Tacon arrancö 
aplausos k su auditorio. Pero esos aplausos no ensordecian el 
estruendo de la catarata y en el terrado en que nos encon« 
trabamos apenas se oian como el ruido de un teatro muy 
lejano. Thalberg estaba k ml lado y met decia en escelento 
espanol: 
— Qu6 l&stima i 

Sobre el entarimado en que resonaba el piano subi6 des- 
pues Marietta Gazzaniga. Su traje negro indicaba duelo, y de 
BUS ojos no salia el fnlgor ni de sus labios la rabia concentrada 
con que yo la he oido decir tantas veces : Don Alfonao^ mio 
quario maritol Sus ojos estaban estintos como los de Violeta 
moribunda, y su voz resonaba mas bien como la expresion de 
nn deber que como el canto de la que arrabat6 Coronas y re- 
cibiö copas de oro en la Habana. 
--Qu£^ lastima t repitiö Thalberg ; y encendi6 un cigan*illo 



»6 

de Susini, qnitapesares eficaclsimo que cnra las enfermeäades 
del espiritu ^Quiere V. fumar? 

Snsini ardi6 en espiras vagarosas que se pcrdicron en la 
atin6sfera humedecida del cielo del Niagara al mismo tiempo 
que se perdian en el salon los Ultimos ecos de Marietta. 

Pronto vino ella ä aumentar nuestro clrculo en el teiTado,y 
sentändose junto & la hija de Lablache exclamö dändönos la 
mano : ' 

— ^Horror! Cantar en un salon vacio. Ni voz ni inspiracion. 
El amabillsimo j caballeroso dueuo de Clißon House 
habia entrado con un batallon de sus criados 7 mandö arrinco- 
nar los bancos que habian oido el concierto. — ^La müsica to- 
c6 una polka y empez6 el baile. 

Una linda senorita como de 12 anos se presentö en el terra, 
do 7 dirigi^ndose k la Gazzamga : 

— ^Madama, le dijo, mi bermana y yo bemos reunido nues- 
.ros ramilletes para present&rselos 4 Y. Le ruego que los acep- 
te. 

Gazzaniga la besö en la freute 7 Uena de emocion le con- 
test6 : 

— ^Estoy pagada por el concierto. i Donde est& su bermana 
de V. 
— ^Alld en el salon. Mirela V. 

Oon Albltez bailaba una jöven & quien los moros llamarian 
hurl. Los romanos Uamaban vestales k bellezas como la de la 
senorita que bailaba. Albitezbabia olvidado elßasco del con- 
cierto v daba vueltas al rededor de labelladel Niagara como 
al rededor de una rosa da vuelta un abejon. ^ No es verdad, 
maestrOi que sufrias el suplicio de T&ntalo t 



m 

Lago Ovtabio, juHo 11« 

Censirase generalmcnte & los americanos el andar en sus 
ferrocarriles con el mayor descuido y dar motivo con su cd- 
rele887iess & las catdstrofes que ellos llaman accidentes por es- 
presar quizä el poco miedo y ningun escarmiento de que les 
fiirven. Pero quien quiera que de la villa del Niägai^a salga 
por el tren del Camino de hierro en busca del lago Ontario, se 
admirara de vor el especiallsimo euidado y el cümulo de pre- 



77 

caiiciones con que viajan los americanos. La locomotora va 
& paso corto y regulär, los cari'os tienen todos un guardian, 
los frenos van ajustados, las curvas son simetricas y contor- 
neadas como xui trazado matematico. Es porque al pie del Ca- 
mino, y ä una altura espantosa, se encuentra el barranco lim* 
pio y peinado & la Ponii)adour, y el barranco es deleznablo 
conio todos los terrenos de acumiilacion, y al pi6 del barranco 
esta el Niagara con sus aguas tan profundas como la mar, y 
tan azules como un cielo sin fondo. Un descuido, el menor 
dcsliz, precipitaria al tren con todos sus pasajeros en un 
precipicio sin esperanza. El cl6rigo protestante habria encon« 
trado en este Camino un slmil mas exacto del de nuestra vida, 
con la diferencia de que aquel cable que 61 llam6 virtud estä 
representado por la vigilancia del maquinista y el cariil de 
Lierro, mas allä del cual esta el infiemo. • • . del Dante. 

El vapor Nefio York^ que nos esperaba mas abajo, ofrecia 
compensacion 4 las angustias que se esperimentan al pasar 
por lugares en que se puede decir con el poeta ministro (el 
del Estatuto:) 

Temed antes, temblad 1 Una es la BendAt 
Los preciplciofl mil I 

Todas las condiciones del vapor New York^ uno de los de 
la Hnea americana, est&n concertadas para ofrecer al viajero 
grato solaz y el verdadero cwnfort^ tan de desear despues do 
haber pasado tres dias de hotel fasionable. 

Una cosa nos llamö la atencion ä bordo. En diferentes In- 
gares observamos colgado un cuadro con las Regidations 6 
Reglas que deben observarse por los pasajeros que trasporta 
la Companla. Entre otras son notables las siguientes : 

'' A ningun gentleman se le permite acostarso en 

el camarote con las botas puestas." 

^' A ningun gentleman le es permitido sqntarse & 

la mesa de comer antes que estcn sentadas las senoras." 

Un americano muy instruijlo que iba en el vapor le reco. 
mendo al capitan que pusiera en vez de aquellas JRegvlationa 
un simple Gatecismo de Buenos Modales y surtiria mejor 
efecto, 

Ko habia catecismo de ningun gönero en el vapor ; pero sf 
habia Biblias de las sociedadespropagandistas, eningles, fran 
cos y espanol. El americano para vaiiar de tema ech6 mane 



78 

& la edicion qtte estaba en nuestro idioma y abri^ndola por 
las profecfas de Ezequiel trat6 de probamos que el predestina- 
do habia augurado desde los siglos remotos la aparicion del 
ferrocarril en el mundo. Lefa su Biblia j nos hacia las obser- 
vaciones que coloco entre par^ntesis, por si alguien con la Bi- 
blia en la mano desea convencerse. 

"Capitulo 1.® — ^Y mire, j **6 aqul qne venia de! Aqniion un 
torbellino, y ona grande nube, y iin fuego envnelto en ella ro- 
deado de mucho resplandor, y de en medio de 61 la aparien- 
cia de &mbar, esto es, de en medio del fuego. (El tren.) 

Y en medio de 61 habia semejanza de cuatro animales, y el 
aspecto de ellos era este : en ellos habia semejanza de hom- 
bre. (Maquinista, fogoneros Ao,) 

Ouatro caras tenia cada uno, y cuatro alas cada uno. (Los 
carros & larga distancia.) 

Y sus alas se juntaban del uno al otro. No se volyian cuan- 
do andaban, sino que cada uno andaba con la cara adelante« 

Y cada uno de ellos andaba con la cara adelante : donde 
era el Impetu del espfritu alla iban, y no se volyian cuando 
andaban. 

Y la semejanza de los animales, el aspecto de ellos era co- 
mo de carbones de fuego y de antorchas encendidas. Y asf 
discurrian en medio de los animales, y el resplandor era bri- 
llante, y salian rel&mpagos del fuego. (Las chispas que se des- 
prenden de la locomotora.) 

Y los animales iban y volvian & manera de reUmpago. (EI 
esprieso.) 

Y cuando yo miraba & los animales apareciö una rueda so- 
bre la tierra junto & ellos, la cual tenia cuatro caras. (Las cua- 
tro medas del carro siempre k distancia.) 

Asimismo las ruedas tenian un aspecto espantoso, y todo el 
cuerpo Ueno de ojos. (Las ventanillas del carro.) 

Y cuando andaban los anunales andaban juntamente las 
ruedas junto & ellos. 

A cualquiera parte que el esplritu iba, yendo all& el espfri- 
tu las ruedas tambien iban sigui6ndole. Porqu^ habia en las 
ruedas espfritu de vida. 

Iban,la8 ruedas andando ellos, y se paraban parados ellos, 
y alzandose ellos de la tierra se alzaban juntamente las rue- 
das, sigui6ndolos : porque habia en las ruedas espfritu de vida. 
(Aauf se preveen los accidentes, cat4strofes &o,) 



f 

i 



70 

Y oia 70 ei sonido Ifelas olas (carros) oomo sonido de mii- 
chas aguas, como sonido del alto Dios: caando andaban el 
sonido era como de maclxedumbre, como sonido de campa- 
mento. 

Porqne cnando se formaba voz en einrmamentOi qne estaba 
sobre la cabeza de ellos, se paraban 7 abatian sus alas. (El 
silbido de la locomotora al tenerse el tren.) 

Y & lo lejos, en el firmamento, habia una semejanza de 
trono con aspecto de piedra de zafiro. (£1 paradero 6 de* 
p6sito.) 

Como el aspecto del arco qne formaba la nnbe en nn dia 
de lluvia era el resplandor en aqnel oficio. Esta fa6 la vision 
de la gloria de Dios. Y vi, 7 cai sobre mi rostxo, 7 of la voz 
de unos qne hablaba." 

El pito de la mäquina ael vapor si no fn6 annnciado por 
Ezeqniel no necesit6 de precursor para annnciarse por si miih 
mo, dando an sonido agiido 7 prolongado. 

— Qu6 sucede ? preguntö al amerioano. 

— Yamos & llegar & Toronto; contestö nno de lOS criados, 
que se habia embelesado con la aplicacion de la profecia. 

Toronto, la actual capital del Canadä, con gran sentimiento 
7 enojo de sa hermana 7 rival Quebec, estä sentada sobre la 
orilla del lago Ontario, contemplando k los Estados de la Union 
como .contemplaria & las Galias la Roma de Yespasiano. Yo 
no he visto & Toronto, porque el sol empezaba & ponerse 7 el 
lago reverberaba con los ra70S horizontales, que le daban co- 
lor 7 animacion. Yo no he visto k Toronto, porqne el piano 
del vapor New York empezö & preludiar una müsica dolce 
7 cadenciosa como las armonias que en las tierras del Snr se 
Uaman damaa 6 inspiran amor voluptuoso. Ki la escena del 
lago ni la müsica del vapor me permitian desembarcar para 
saludar 6, la capital del imperio ingl^s en Am6rica : pareciame 
que aquellas dos cosas reun'.das no las veria 70 mas en mi 
vida, mientras que Toronto, la canadense,' alli se estaba 7 po- 
dia aguardar & un viajero desconocido como tantos otros que 
visitan sus calles terminadas por el lago. Por eso 

AI pasar le d!Je : " Crece, 
Qne 0i mi Bien te merece, 
Hat aneloBO yolverö." 

Nuestros pasajeros se habian aumentado 7 todos estaban 
en el salon al rededor del pismo 7ankee<en que mi queri^c 



80 

Mi'rquez tocaba datttas eubanas, Yo no Iie visto jamas & 
Cuba, pero me ha tocada en lote consagrarle todos mis pen- 
samientos ; adoro aus cigarros, bub mugeres y bos danzas — 
l No estä eso en Orden ? 

£1 cldrigo protestante qne con nosotros viajaba en com- 
paiiia de su hija, nos decia quo aquella müsica estaba hecha 
para pecar. Yo creo que sa hija habria caido en la tentacion 
si el viento que empezaba & refrescar, no hubiese dado al 
vapor un balance algo mas tempestuoso que el del cancan, 
£ incompatible por consiguiente con la voluptuosa y agitada 
Berenidad del baile que alaiinaba los escrüpulos del marqu^s 
traductor de la Jeruaalen del Tasso. 

Poco ä poco fu6 arreciando el viento y hubo de ceder el 
ruido armonioso del piano al descompasado del Norte, que 
pasaba por enti*e el castillejo de la m&quina silbando desagra- 
dablemente. La campana del mayordomo uni6 su ruido & 
las demas ; pero este ultimo, k estilo de la trompeta del jui- 
cio final, vino ä convocar ä los vivos y ä los mueitos (marea- 
dos) para dar cuenta de varios pescados y diversas cames 
que con el coi:Tespondiente sdquito de legumbres y ^rutas 
, convidaban & una cena digna de Lüculo. 

Debo decir en conciencia que toda nuestra reunion de 
hombres cumpliö al pie de la leti*a, no las Reg^dation» del 
vapor, sino los dictados de una educacion facil y esquisita.. 
Si para el diputado de Soria no se hizo el reglamento de de- 
bates para nuestros gentlemen tampoco se hicieron los Itegth 
lationa. Todas las senoras estaban sentadas antes que loa 
hombres, y estos no pensaron (ö pensamos, 8^ü voua pktit) 
sino en obsequiarlas. 



Despues del lago Ontario sigue el rio San Lorenzo, ni mas 
ni menos que despues del ouerpo sigue el brazo del hombre, 
pues no es otra cosa sino un brazo del lago el Uamado rio. 
En 61 encontramos k una pareja de recien casados (habian 
hecho el disparate aquella misma manana) que se nos agreg6 
en uno de los desembarqaderos del tränsito. Desearia ser 
Janin para pintar elrio San Lorenzo sin temor al libro verde 
del Ni&gara. 

Desearia ser el abate Perrault 6 mas bien Paul de Kock 
para hablar de la novia. Pero no siendo sino Nazaieno limito 



i 



81 

mis aspiraciones po6ticas, recomendando & mis amigas Ico- 
toras que cuando vayan al Niagara sigan el camino de loa 
lagos para asaltar ä Saratoga por Montreal y el coqueto lago 
Ghamplain. En caanto ä la novia, no pudiendo haceiie versos, 
le repeti los del padre Zomoza : 

Belante del seflor cnitt 
Biete la mano y el sf : 
L&stlma tengo de tl, 
, Inocexxte criatural 

Con otros mas qne las lectoras sabrän 6 no sabrän de me- 
moria, pero que indudablemente desean saber. 

En el vapor Nefvo York venian mi cura protestante y su 
familia. Me parece que lo he dicho. Tambien me parece que 
he dicho algo de una nina de la familia del cura. Pero no he 
dicho que la niiia tenia una cartera, y que en la cartera es- 
cribia. En una de las r&pidas de San Lorenzo, cuando li^ 
coniente parece que va ä estrellar al vapor contra los penas- 
cos, el mayordomo que es un amabilisimo sujeto, Uamö ä los 
pasajeros para que fu^semos k ver la maravilla. Las senoras 
fueron las primeras en correr & proa. Los hombres ^ramos 
menos curiosos, 6 nos dej&bamos ganar el cuarto de hora de 
yentaja que siempre nos Uevan las mujeres. Mi adldtere en 
la mesa del salon, la senorita hija del cura, que fue de las 
primeras en partir, dej6 su cartera sobre la mesa, y la dej6 
(ex-profeso ?) & tiro de mis ojos, echändome al salir unos que 
decian : Ahf est6. Puede suceder que todas estas fuesen ima- 
ginaciones, y que la misa no pensase siquiera en mlj pero 
ello es que yo de buena fe lo comprendl de aquella manera 
y esclamando con toda compuncion : " En la ai;'ca abierta el 
justo peca " lei lo que en la cartera habia escrito. Versos su- 
pongo por el tamano igual de las llneas, que decian : 

Of belng Blngle I am tired 
And I want a partner Indeed. 
Go to the priest, pay a qnartcr 
And 

• 

El mayordomo volviö & urgir por que iußsemos k ver la 

räpida y no s6 lo demas que decia la cartera de la canadense, 

Mas lo que vi (perdon si soy indiscreto) basta & mi pro- 

pösito : 

6 



82 

De MT BoU ettoy caasadAS 
Kecesito compaAero: 
Yete al cim, dale monii 
Y 

Y lo dicho : las que no saben de memoria los versos de 
Zomoza desean saberlos. 

nr. 

Sabatooa, julio 18.« 

Entre el Morro y el castillo del Principe no se habla tanto 
espanol como entre las cuatro paredes qne cierran los case- 
rones inmensos llamados hot^es en Saratoga. El ajdl 6 anjdl 
de las cubanas resuena por todas partes y renmicia uno auf, 
en el lugar mas fasionable de los Estados-Unidos, & Qonti- 
nuar estropeando el idioma de la reina Victoria. Toda Sara- 
toga es hoy cubana. 

Pero no creas, salerosa lectora, que voy 6 decirte lo que 
es Saratoga, ä tl, que la conoces tanto, y que si no la 
conoces debes bacer un viajecito para conocerla. Si te dir^ 
de paso que alli en Saratoga se encuentran abora el rey D. 
Juan y los infantes de Aragon con todos sus paramentos 
y bordaduras. Dir^te igualmente que un amigo mlo, gran 
conocedor del lugar, me decia en las fuentes minerales, y re- 
firi^ndome sus " impresiones," que no olvidase nunca el cön- 
sejo del vaudeviUe frances si queria permanecer en Srratoga. 
£1 consejo sabido es 

Ayez tonjonn da papier dans tos poches: 
L^on ne aalt paa ce qnl peut arrlver. 

No seguf el consejo, pues no podia permanecer en Sara- 
toga teniendo contraido, lectora querida y nunca vista el 
compromiso de escribirte una carta fecbada en Nucva York 
& 14 de julio por el yapor Isabd^ que es tan exacto en su 
dia de salida. luompf ion los placeres, y con el rey D. Juan 
y SU Corte, tom6 el ierrocarril, el yapor, la guagiui^ la pluma 
y • • • • • abl van mis Jpipresiones de viuffc. 



88 



COSiS DE TEATRO. 

« 

La eara hambina ha llegado! Es nn hecho que debe 
ooDstar en los anales de la historia musical de Nueva York, si 
los anales estan consagrados a recordar los grandes hechos 
dignos de trasmitirse & la posteridad. Llegö ayer 14 de octn- 
bre de 1858, cuya fecha se haanotado (estoy seguro, aonque 
no lo pnedo jurar) en todos los älboms, memorandums 7 otros 
duma de la Quinta Avenida 7 dem&s altezas. La' carissima 
bamhina llegö en el vapor North Star^ 6 inmediatamente si- 
guio para sn hotel en la parte aUa de la ciudad. Desearia qne 
fuese de dia, amable In^s, ff Gerönima, 6 Tomasa, quien 
quiera que me leas, para repetir lo que nuestra prensa inde- 
pen^iente 7 republicana habr& dicho de la sirena encantadora, 
de la silfide del canto, etc., etc. Pero, hija mia, no puede mi 
esfuerzo adelantar la marcha del Febo dormilon de otono 
7 tendräs que contp^ntarte con lo qae dijo la prensa al retirarse 
el sol de a7er. Ove : 

^ Los pasageros 7 onciales del yapor hablan de ella en los 
t^rminos mas entusiastas : dicen que es interesante, jöven 
7 bella, 7 que 16jos de darse humos de prinoena, sa condescen* 
dencia es notable. Durante el viaje divirtiö & los pasageros 
cantando piezas favoritas todas las noches en el salon, porque 
el tiempo era mu7 malo parä cantar sobre cubierta 7 tanta 
fue SU bondad que i siiplica su7a hasta & los marineros se les 
permitiö la entrada para que o7esen sus maravülosos gor- 
geos. ." 

Ya ves, Geronima mia, quo la prensa se escede k sl misma, 
para hacer justicia k la cara hambina^ 7 & su canto, aun antes 
de saber, por ojos vista, ni c6mo tiene la cara ni c6mo es su 
canto. Desde antes de su llegada se calculaba por momentos 
la tardanza äel vapor en que se embarcö, 7 se median los pa- 
ralelos que habria recorrido. La hambina servia de tema d« 
discusion k los apreciadores 7 conocedores de su talento, 
7 k los admiradores futuros de su voz. 

Cömo no ha de cantar bien I dccia «na tia metienao basa en 
la conversacion. Va7a ! Si uno de sus ascendientes por Hnea 
trasversal fuö cardenall 

La licencia genealögico-poetica de la senora solterona ha- 
Uarä escusa en tu bondad, pues que no son voto las solteras 



84 

en materia de genealogfa y progenie ; ö & lo menos no deben 
ßerlo. 

El püblico se parece en esto & las solteronas y no repara de 
d6nde viene la hamhina con tal que previamente se le espli« 
que en un programa de invierno todo lo que quiere el empre- 
Bario que se le crea. Mr. Ullman lo sabe perfectamente : estä 
habituado k tratar con püblicos, y nos ha espetado un progra- 
ma que parece discurso, 6 promesas de ministeno nuevo, en el 
cual, dando ä conocer k la hamhina — cuyo conocimiento me 
parece que estas impaciente por tener tu tambien — echa la ca- 
pa sobre el brazo k estilo de orador ateniense y nos pone la 
cartilla en la mano, mandandonos " abrir la boca y cerrar los 
ojos," como en aquel tiempo en que nos presentö k Musard con 
SU varilla de 6bano, y sus cuadrillas de vacas y becerros, y sus 
polkas de ferrocarril. 

Despues de dar una räpida pincelada sobre lo pasado toca 
esperanzado el presente y pinta con nieve y grana el objeto 
de SU amor (rentlstico,) el porvenir. " La cabalidad de la troupe 
de Mr. Ullman satisfara *y atontarä al püblico (asegura el 
Times de buena fe). Es un conjunto, una grau combinacion, 
y diseminada no pierde inter^s ninguna de sus partes. Hace 
pocos anos que una artista como la Piccolömini " 

Conoces ya k la cara hamhina? i Est4 tu curiosidad satisfe- 
cba ? Pues sigamos eon el programa de capa en brazo, estrao- 
tado por el lYmes. 

Decia que " un artista cual la Piccolömini se babria consi- 
derado coms suficiente atractivo. Pero bemos progresadc 
tanto mas allä de ese punto que Mr. Ullman ha creido necesa- 
rio contratar cuatro primas donnas, nada menos, todas de alte 
predicamento en el mundo artistico europeo. {Puff!) Poi 
ahora la Piccolömini es el furor. (Todavla no habia Uegado 
jpuffl puff!) Su triunfo bajo el punto de vista directorial est£ 
fuera de todo riesgo. Despues del/wrore que est& destinada 
{juanifiestamente) a crear, y que indubitablemente durarä tantc 
cuanto dure su pennanencia ante el püblico, (P^ff!p^ff!^ 
seria claramente imposible promover una nueva agitacion sir 
mi cambio completo en el genero de las representaciones, y er 
la clase de artistas que tomen parte en ellas." (Pi-puff! pi 
p ff!) Para eso estan MUe. Poiasoff (biografia de Madomoi 
belle), Mme. Laborde (idem), MUe. Johanna Wagner (idem^' 
y Mlle. Schioni, mezzo-soprano del Teatro de Su Majestad. 

^ l7i the moUe department^ 6 en el departamento de los ma 



85 

chos, encontramos los nomDre« de los scnorcs Tamaro> Lorini 
y Beiart, tenores ; Florenza y Aldighieri, barltonos, y Carl 
Formes, bajo. En el baileto la senorita Soto sera la principal 
bailarina, ausiliada por veinte cori-feas. (En la ultima parte 
de las veinte creo que estamos de acuerdo). La orquesta 
y los coros (no feos) variaran segun las oportunidades a la 
obva ejecutada. En los casos comunes sesenta de los pri- 
ineros y ochenta de los segundos. Conductores Mr. Anschutz 
y el signor Muzio (no Sc6vola)." 

La palabra humhug con ser lo que es, no basta para cali- 
ficar el proclama-piiff-rec^ame-biombo-brochazo con que nos 
van k dejar atontados. La prensa se hace compliee de los 
empresarios y el püblico aparece como victima de la burleta, 
porque no contesta ä la risa con que el orador ateniense echä 
la capa al brazo y nos suelta la ensarta. 

Cuando Barnum presentö ä Jenny Lind en J< ueva YorK 
rematö los asientos del teatro en publica subasta y un soni- 
brerero Iraners, avezado ä inedir cabezas agenas, perdio la 
pTopia y diö centenares de dollars por el primer asiento. Su 
genio müsico fall6 despues contra su entusiasmo en la ven- 
duta, porque la voz poderosa de Jenny le atormentaba de 
cerca tanto 6 mas que un sombrero mal hecho. El sombrerero 
conociö que tenia mas tacto para medir las cabezas agenas 
que la propia y no volvi6 & rematar asientos en su vida. 

El hecho es histörico ; pero no ha convencido k los suce- 
sores de Barnum de que la grita anticipada es tan injüsta en 
favor como en contra de una prima donna que no se ha estre- 
nado, y es, otro si, un casi-insulto al püblico que sabe hacer 
de las suyas, como no hace un siglo se la hizo al mi^mo ora- 
dor ateniense con sus conciertos de Musard. Guardeme el 
buen gusto de que mis observaciones volanderas se Inter- 
preten por una repulsion anticipada k la cara hamhina ; 
espero oirla con sumo gusto ; mas desearla que no me for- 
masen ese gusto los oradores atenienses que tiendeu la capa 
en la puerta de la Academia para recoger pesos fuerlos, 
y ä sus solas piensan con sonrisa hebraica que todo se dobe 
a SU charlatanerfa de programa, con la cual, aunque duela 
decirlo, esta siempre en connivencia ^1 periodismo raas libre 
fle la tierra, y el mas esclavo, no del arte, siiio de los emj^re- 
Birios. 

TArminado mi sermon melodranidtico, desearla saber qii/ß 
bascan en el teatro de la öpera de Boston el Corregidor 



y los aldennanes de la ciodad, qae no faltan ni nna sola 
noche de las en qae el cartel anuDcia La Hija del ^Regimiento^ 

6 El Trcv€u7o\ Si es gusto por la müsica 6 amor por el arte 
l qae mas les da & sos senorias coalqoiera de esas dos 6peras 
qae otra de las qae abaadan ea el repertorio de los senores 
empresarios? £1 TranKript nos dioe qae ^1 no paede creer 
ni por an momento el romor qae circala de qae el Corregidor 
j los aldennanes llevan por objeto al teatro lirico resolver si 
Tale mas abandonar el proyectado anifonne de la policla 
j adoptar el qae asan los soldados de aqaellas dos operas ! 
Lo creo, senoritas ; lo creo. Pero despaes afiade qae los oni- 
formes de ambas 6peras foeron presentados para sa inspeccion 
el säbado por la tarde, babi^ndose cantado en beneficio de 
los mamcipales ivi acto de cada öpera, los en qae habia sol- 
dados. Dice mas : ^^ Bajo algonos respectos la casaca colorada 

7 el Sombrero apantado son macbo mejores, por lo may ador- 
nados qae estan y lo militares qae parecieran en caso de al- 
gona parada como las qae se estilan en Naeva York, siendo 
en ella ana notabilidad caracterfstica ; pero en coanto ä per- 
segair pülastres, y en los dias de tiempo Uuvioso, ya qae no 
se ase otro mas adomado, los aniformes del Trovador serian 
preferibles con mucbo. El almete de cobre (con la visera de 
gozne para bajarla & volontad) servirla tambien eficazmente 
para proteger la cabeza, circanstancia no desatendible por 
cierto. ^'De caalquier modo qae sea, suponemos (los £E. del 
Transcripf) que no se adoptara ninguno mientras qae todo 
aqufil qae tenga inter^s en la caestion no haya dado su voto 
despaes de an ex&men concienzudo en la oficina del gefe de 
la policia en el City Hall. Deseamos que si bubiere la mas 
fnlnima duda acerca de caal de los tres deba Uevar la palma 
dure la exbibicion basta tanto que los interesados formen an 
juicio cabal en la materia." 

Ignoro si Lola Montes estaba en la cabalidad del suyo 
euando ofi-eciö al Reverendo Ralph Hoyt dar una lectura ä 
beneficio de su iglesia ; pero completa 6 deseabalada, ello es 
que la dio el tn&rtes, ape»ar de los clerigos episcopales que se 
oponian a que Lola, pecadora no an*epentida, fuese & perorar 
en bien de la construecion de an templo. Esos benditos se- 
floreSy como no sabea, hablando generalmente, el cspanol, 
ignoraban que " el diablo peca todo el ano y al fin se mete L 
hermitaiio." Pero dije quo Lola di6 su lectura, y que estuvo 
bicn concurrida si se aticndc ä quo llovla & la Lora seüa 



87 

lada, como si el tiempo Be hubiese coligado con los epis« 
copales para opooerse & la transformacion qaincuag68iina 
de la bailarina de no s^ quo coite de Alemania. La en- 
tonces predicadora tom6 per testo la iglesia de Roma 7 se 
declarö antipapista, de lo cual no »6 si habria .de alegrarse 
Roma si lo supiese. Alegröse la concurrencia, porque Lola 
bablaba en su idioma, y creo que algun diablejo, si por allf 
andaba k la sazon, reconocßria & la que & 61 desde tan tem- 
prano se babia dado. 

La pr^dica de Lola Montes para nn objeto piadoso ha 
recordado a cierto travieso periodista el cuento del cm'a 
soizo que ofreciö su alma & Lucifer con tal que le cons- 
truyese una capilla en cuya fabrica babia el p&rroco ago- 
tado inütilmente todos sus esfuerzos. Satan&s convino en el 
pacto, especificando que despues de muerto el cura 61 ven« 
dria al mundo por su alma, ora se enterrase el sacerdote 
dentro de la capilla, 6 bien fuera de ella. Ei cura estaba 
persuadido de que el diablo no sabe tanto por diablo como 
por viejo, j camo 61 mismo era muj anciano tir6 sus planes 
y dispuso que lo enterrasen en una pared de la capilla. 
Cuando Satan&s vino por 61 no pudo Uevarsfelo porque el 
buen cura se hallaba fuera de los t6raiinos del contrata. 

Lola, dice el periodista, est& baciendo la del cura, porque 

sabe que si no quedarä, por mas que se ingenie, denti'o 

6 fuera de la capilla, y por consiguiente & disposicion de 

No digo de qui6n para que no quede ese nombre azufrado 
imnediatamente antes del de 

NAZARSNa 



PICCOLOMIIHL 

NurvA York, octuVre IS. 

Sf, sefioritas, sf; Piccol6miui (con acenlo en la scgtm- 
da 6 : ruego & Yds. que fijeu su atencion en esta circuns- 
tancia esencial : cada cual quiere ser llamado por su nom- 
bre) Picco]6miiii es ima mucbacliilla graciosa, viva, picante, 
ligei*a. No es bonita, no es hennosa, no es fea ; no tieue la 



88 

finura de facciones ni el lipo perfecto de ana bonita ; no tiene 
las proporciones agradables y desaiTolladas de una hennosn- 
ra tampoco; gi se exanrinan una por una sub facciones no se le 
podr& poner tilde & ninguna especiabnente; no es fea por con« 
sigoiente. Es graciosa ; entra en escena dando saltitos ligeros 
como un pajarito que anda y vnela al mismo tiempo ; se mue- 
ve, acciona j gesticula como una nina munada ; rompe una 
flor con dos dedos regordetes, hermanos de otros que forman 
hoyuelos en las coyunturas y estan sin cesar en movimiento; 
mira con el rabo del ojo & su amante, mientras su boca hace 
una mueca provocadora que pide besos, y besos sobre unos la- 
bios hecbos para besar, sobre unos dientes como los que el 
poeta llamarfa perlas. Levanta los hombros con un desden ca- 
rinoso que debe poner en tortura & los tenores. Piccolömini, 
senoritas, no es una coqueta como Yds. se la hau figurado ya. 
Tambien lo creia yo asi ^n el primer momento ; despues me 
he desenganado. Tampoco es una coquetuela, como se imagu 
Dan- Yds. ahorä que hau sido vencidas en la primera paralela 
del coquetismo. No, senoritas ; no es una coqueta, no es una 
coquetuela: no; Piccol6mini (es esdrüjulo, a'il vausplaü) es 
una coqnetona, una coquetoncita. 

Vbild : ese es el nombre que se inventö para ella. Una co- 
quetoncita llena de gracia, de talento y de mala crianza, que 
se rie del que la enamora y lo enloquece con sus mii*adas, con 
sus gestos, con sus provocaciones, y cuando lo ha traido al 
punto en que el hombre espera haberla dominado, le tira el 
rabo al gato que tiene sobre su regazo para que haga miau/ 
en el instante supremo, y ella se escapa corriendo como una 
^ loquilla, y dejando tras sl el pafluelo, una flor 6 la embelesado- 
ra Vision de un talle delgado y.cimbrador que mia mauo ati'e- 
vida y exasperada (una sola mano) pens6 abarcar con cstasis. 
Piccolömini hace al püblico su coniidente y pono eu jiiego 
las gesticulaciones mas mimosas y coquetonas para decirl^in 
hablar que su amante la estä requebrando. Ella me ha hecho 
pensar por primera vez en lo pcsimanaente que hemos proce- 
€lido los que hablamos espaSol en dar & la voz coqueta una 
siignificarion que rio tiene, cambiando en desprecio el atractivo 
supremo de la regalona beldad que sabe echaruna miradapor 
entro el varillaje del abaiiico, y ver por debrijo de imas pcsta- 
iias sedosas que velan & mcdias la inoceiite snpercberia de lo^ 
adormecidüs y embriagadores que dicen si cuando la boca 
dice no. 



89 

Desearia que Vds. estiiviesen conmigo en esta butaca estrC' 
cha 6 incömoda, entre una mujer grave y ßemi-literata y otra 
con espejuelos de oro, ridfoulo de terciopelo negro y libretto 
en mano, para que oomprendiesen la gracia cod que la sabrosa 
y Goquetoncita Piccolömini (no digan Vds. Piccolomlni) le 
dice ä Alfredo que vivir es gozar, dändole una mano que seria 
xdtrajada por los guantes, una mano que Alfredo besä, no por 
el conyencionalismo de latrama dramatica, sino porque es dulce 
besar todo lo que fue hecho para ser besado, dentro y fuera de 
las tablas. 

Por supuesto que el p4blico americano ha reeibido 6, Picco- 
16mini con frenesi. Digan Vdsl Un püblico inilamable de su« 
yo al lado de una gracia tan fosforeconte, y en medio de 1^ 
daque mas espantosa que jamas reuniö empresario de teatrol 
Gada vez que la jöven levanta la mano 4 la altura del hombro 
y amenaza solamente al embobado* de su querido con un pa- 
pirote, el publice se electriza con mas ganas que el cable atlan- 
tico, y grita bravos ! Ueno de envidia por no ser 61 amante, 
aun a precio de ser amante embobado (que entre parentesis no 
es la mejor especie de amantes, aunque sea la mas comun.) 

Espero, lectorcillas mias, que me hareis la justicia de creer 
que pinto & Manetta Piccol6mini tan bien como acierto ä es- 
oribir. Si fuese dibujante no tendria mas sino echar cuatro 
pinceladas y decir: "Aqui estd." Pero creanme Vds., ni pin- 
tada ni descrita se ptiede dar cabal idea de una cara mas mo- 
vible quo el Cr6dito irances (el de tanto por ciento) y de un 
cuerpo cuyo atractivo me parece que no puede concebir cun- 
plidamente sino el brazo que tiene la dicha de ceiiirlo. 

Ademas del tenordicen que aspira ä esa dicha un noble lord* 
que abandonö su casa solariega y sus caballos, y sus grootns^ 
y su steeple chase^ y sus roaslbeefs por seguir k la donna en el 
viaje trasatl&ntico. El noble defensor del castillo de Windsor 
ee ha bastardeado hasta democratlzarse entre nosotros por ad- 
mirar a la plcara Piccolömini. Es un nuevo D. Quijote, escla- 
marän Vds. con el buen sentido espanol. No, ni por esas. JETe^m- 
hug^ les digo yo con el conocimiento yankee. Siguiendo a Ma- 
rio vino tambien una inglesa millonaria que el empresario do- 
t6 con un amor descomnnal por el marido de Julia Grisi. Pues 
siguiendo ä la traviesa Piccolömini ha venido el lord nobilisi- 
mo. Es un personaje que no merece privilegio de invencion, 
pero que mete ruido en los clrculos denovedades y novelerlas 
como lo hizo el cometa ültimamente, aun cuando no era la 



00 

primera vez que Be presentaba ante el püblico bonachon de 
este planeta. 

El nuevo planeta del teatro de la 6pera, la estrella Picco 
16mini, viene de lo alto, como todas las estrellas : udo de siis 
tios fue cardenal j otro lo es ; ya se concibe qae la raza de ua 
cardencU habria de ser por fuerza cantadora, &no haber dege- 
nerado. Mas la habilidad para modular los sonidos en Jia gar- 
ganta no es precisaiuente la circunstancia que se tiene en mira 
al recordar la alta prosapia de esta pajarita : se trata de em- 
parentarla con altos pajarracos para que las pajaiTacas de la 
Quinta Avenida j las pajaritas de Gramercy Park se encnen- 
tren mas & gusto en presencia de la cardenctla Ilumhug nüme- 
ro segundo, que ayuda al nümero 1" del lord, cuyo lord, si 
Vds. me lo permiten, cambiarä en loro para que pueda acom- 
panar mejor & la avecilla canora. 

Pero se me dira que soy por Ventura tan hvnibug como los 
empresarios, puesto que al escribir sobre el debut de una pri- 
ma-donna nada he dicho de su voz. Pues tienen razon las qne 
me lo digan. Rossini asegura que para hacer un cantor se nc- 
ccsitan tres cosas: la primera, voz ; la segunda voz; y la ter- 
cera, voz. Yeamos si la senorita posee las tres cualidades quo 
deseaba el maestro. 

"La voz de la senorita Piccolömini, dice un gran conoce- 
dor en la materia (el foUetinista del Courrier,) es un mezzo 
sopi-ano que no sobresale particularmente ni por su esten- 
sion ni por su volümen. Deja que desear en las notas ba- 
jas, que hace perfectamente, merced k la habilidad con que 
el senpr Muzio dirije la orquesta y modera su fuerza. En cam- 
bio el registro alto descubre, como de ordinario sucede, cuali- 
dades notablemente simpäticas cuando la estructura de la fi'asc 
se aviene al manejo de la voz, cuyos secretos posee lo bastan- 
te para disiroular su pobreza real eo cierto sentido. La gran 
eualidad de la senorita Piccolömini consiste en producir efec- 
to con una voz poco voluminosa, sin forzarla sin embargo en 
notas chillonas. Sus mas esforzados arranques nuüca ofenden 
el oido por la calidad de la entonacion. En una palabra, si se 
desea encontrar el secreto de los triimfos de la senorita Picco- 
lömini, no se debe busoarlo en su voz." 

Ese era el gran secreto que no queria yo revelar, y que '*loa 
deberes de la alta mision de escritores püblieos que desempe 
fiamos,"*me han hecho poner de manifiesto. La cardenala tie 
no poca» voz ! Como si a una pajarita se le pudiese oxigir mor 






Ol 

« 

chavoz! Como üi una coqnetonGilla qne vire de risa yjuego 
le fuese dado prodacir uno de esos contrastes energicos, de 
esas esplosiones de pasion qae han granjead6 & Marietta Gaz- 
zanigala admiracion de loa dilettanti! Ella trina, gorjea, for- 
ma gorgoritos, retoza con las aotas naturales, salta de una en 
otra como de rama en ramay se sacude en una rabieta de mala 
crianza como una cardenaia que es. Lo demas es exigir de. 
masiado j Piccolömini no est& acostumbrada & exigencias sino 
& mimos. Un trompetazo en la orquesta, tales como los qne 
prodiga Meyerbeer, asustaria tanto & Piccolömini que le haria 
oerrar el pico y morir de tristeza en un rincon bien solitario 
y bien silencioso. El loro que la sigue se suicidaria despechado. 

Era un dia de niebla, niebla espesa y triste como las que 
hay en Löndres y ohligan & los ingleses & suicidarse por fas- 
tidio. El mio no era poco, aunque no soy ni quiero ser ingles: 
tenia mis razones y'basta que las tuviesc. 

Con los pi^s «obre el esciitorio, & estilo de representante cn 
las Cämaras, y fumando un cigaiTo de Susini, dejaba de pen- 
sar por teuer el gusto de estar triste, bien triste, cuaiido sin 
anunciarse entrö alguien en mi cuai'to y poniundome las ma« 
nos sobre los hombros : 

— ^Un favorl me dijo una vozcarinosa que me hizo estreme» 
cer. 

^No puedo, contestö sin cambiar de posicion« 

— Yo lo deseo. 

— No quiero. 

— Yo lo pido. 

— No quiero. 

— Yo lo exijo, 

— ^No quiero. 

— Yo lo mando. 

— Digo que no quiero. 

— ^Pues yo lo com pro v lo pasro, dijo elln : v me di6 un bcso 
en la freute que se desnublö como por encanto« 

— ^ual favor, Sofia ? 

— Escriba V. sobre la opera, 

—He prometido no hacerlo. 

— Quebrante V. la promesa. 

—Por qu6 ? Por quien r 

— -Porque sl. Por ml, por Piccol6mini. 

Las dos manos de Sofia se habian apo^crado de las mias. 



92 

mis pi6s habian caido sobre la alfombra y mi cigarro estaba 
incendiando la casa. Mis ojos se encontraron con los suyos 
llenos de tiema süplica. 

— Piccolomini merece un Totilimundi. Yo la quiero mnclio: 
quebrante Y. su promesa. 

— Usted I 

— Quebranta tu prömesa, repiti6 ella. 

— ^Por quebrantada, le dije. No serd la primera que por tf 
quebranto, puesto que no soy ya soltero. 

— Escribiras ? 

— Escribir^. 

Y una mirä.da mas dulce que la primera manzana con que 
8e atragantö el padre Adan me devolviö mi buen humor habi* 
tual, me puso la pluma en la mano y me dictö el Totilimundi 
que acabo de borrajear. 

Consecuencia : ni dejes, lectora, de oir, si puedes, & Ma* 
rietta Piccolomini, ni ofrezcas nunca casarte (} qu6 disparate t 
cuando tienes 6 un ingenio en la costa ii otro en la cabeza, 
6 un milloncejo en futura herencia,) ni prometas nada irrevo- 
cablemente despues que hayas entregado la llave de tu corazon. 

JP. S. — ^Antes de escribir recogi el cigarro, que humeaba en 
el suelo como un incendio estinguido, 6 como un corazon ena- 
genado. 



TOTILIMUNDI. 

KuEYA York, agosto 12 de 1859 

• 

El calorcs abuelo de la ociosidad por cuanto es padre legi* 
timo de la pereza.— Juando el termometi'o sube, el cuerpo 
se afloja, se pone lacio y mörbido ; el entendimiento funciona 

con dificultad y Pero heteme aqul esplicando & las cu- 

banas los efectos del calor, como el gallego que queria ense- 
liar & un milord el mejor modo de beber cerveza. Bien sabe 
Di^s quo lo saben ellas, y yo bien que me s6 cuän grato es, & 



93 

la sombra de los &rboles, y con el cuerpo casi horizontal en 
nna hamaca, ver como corren las aguas, y oir c6mo cantan los 
päjaros, dejando que los demas hagan de su capa un sayo. 

De la mia hiciera yo uno, con tal de qne fnese raido, para 
dejar colar el aire & estilo acrinolinado, y asi esperaria a quo 
el calor nos dejara en paz y calma bastantes para continuar 
mis habladarias semanales. Eso me propose, eso jar6 por la 
Estigia, eso estaba resuelto & hacer, porque intentaba qnedar- 
me de ocioso de la manera maa agradable del mundo. 

Pero la cabra siempre tira al monte, y elphtmista al papel« 
Los editores de peri6dicos se marchan todos al campo en la 
estacion actual animados del mismo espiritu queyo: no qnie- 
ren hacer nada, ni yer editoriales, ni pruebas, ni tocar tinta 
por un mes ; y sin embargo se encargan de las corresponden« 
cias de los sitios de banos, y los mas resueltos & no pecar 
escriben tres päginas sobre la felicidad de no hacer nada. 

Asi conmigo. ^C6mo saldria un vapor sin Totüimundi es- 
tando Nazareno por estos trigos ? Digo que el yapor encalla- 
ria en las Bahamas si tal sucedlese. T luego, morenfsima 
amor mio, el carino que nos profesamos se entibiaria, cuando 
deseo que de puro ardiente se encandezca al grado de la tem- 
peratura. 

No perdamos tiempo en queremos, que este es pais del go 
ahead, EL 30 de julio, nada menos, llegaron & la cubierta del 
vapor Mariner^ que navegaba periödicamente por el rio Ohio 
an par de mozos que eran, para hacer par, mozo y moza. Am- 
bos parecian tan bellos y tan felices que desdo su entrada 11a- 
maron la atencion. Ech6 ä andar el vapor y la pareja de los 
reden Uegados empez6 & escandalizar & los presentes; porque 

Con gftrbo mas qne gentU 
Se eetrcchaban en los bnuofli 
T eiftre besitos j abnuos 
8e daban miles de mil. 

Los oyentes y espectadores, que no tomaban parte en aque- 
Ua celebrajion de la paz de Yillafranca, empezaron por mur- 
murar, y acabaron por requerir al capitan del vapor para que 
impusiese örden, pues si no (decia una senora de esperiencia) 
qui6n sabe & d6nde iria a parar eso. 

El capitan afe6 su descompostura al j6ven por no dirigirse 
tambien k la nina ; pero nuestro don Juan era un Juan sin don, 
y le soctuvo al capitan que estaba en su derecho ; que aque- 
11a era su novia, y que bien podia, como el ärabe, recoger las 



04 

rosas que sas miradas sembraban en las mejUlas de en tor- 
mento, asf coino cf labrador recoge las mieees de sa pro- 
pio sembrad'^. 

— ^Pues si es sn novia, c&sese V,, y entonces 

— Pero si no hemos encontrado qui^n nos case en el Cairo. 

El Cabo esunaciudadde Ohio, yno lapoligama de Egipto. 

— j Y mucho desean Yds. casarse? preguntö cl capitan* 

— ^Mucho, dijo el mozo. 

— ^Peinasiado, rompi6 diciendo la mosa. 

Risa general en el vapor j gritos de 

— ; Que se casen ! ; Que se casen ! 

En el acto * empezöse & bascar un sacerdote para consnmar 
lo que la moza deseaba demasiado. Dos padres habia : uno 
blanco y otro negro. El blanco no quiso ayudar 6 los novios 
para que hiciesen el disparate, porque no tenian licencia de 
la autoridad, que en el estado se necesita. El negro. ... los 
novios mas qnisieron no casarse que verse atados por nna 
mano como la snya. Tal es la idea del pais. 

— I Qu6 lästima t dijo suspirando la novia. { Yo qae tenia tan- 
tas ganas de casarme ! 

Un periodista propnso que el matrimonio se vexificase por 
medio de un compromiso escrito, cuya proposicion fu& acep- 
tada con general aplauso. 

En contiecuencia se firm6 un contrato matrimonial por el 
que se prometian los desposados m4tuo amor, apoyo y tole- 
rancia, ante los pasageros del vapor Mariner^ a reserva de lo 
que sucediese & espaldas de^ ellos. 

; Qu6 gozo & bordo I ; Qu6 alegrla la de los novios ! Ya es* 
taban satisfechos los deseos demasiades de la zagala. El capi« 
tan les regal6 champana y el uso de su propio camarote para 
continuar el viaje. 

Pero i aqui fu6 ella! Ala vista del camarote entrö en juicio 
el novio, como entra en cnentas el reo & la vista del patibulo, 
y asi como el ultimo dama arrepentido por un confesor, el 
otro clamö contrito por un abogado. 

— l Qu6 se ofrece ? dijo uno que estaba & mano, porque la 
yerba mala siempre abunda. 

— Se ofrece que antes de aceptar la oferta del capitan, 
dijo el novio, mostrando con la mano el camarote, necesito 
gaber si este matrimonio dar& derecho a mis hijos para here- 
darme. 

— ^Anda V. muy & prisa, contestö cl letrado, y si V. no 



05 

qaiere dar un paso faldO, revaCde su matrimonio cuando lle- 
gae & tierra. 

— ^Es decir que William no es mi marido? preguntö la 
nina. 

— ^Todavia, senorita. 

— ^Pues ya lo sabes, William, todaviOy repiti6 ella, dando 
mi stuspiro que encerrdba an miliar de esperanzas. 

El capitan cerrö el camarote con llave j el vapor continuö 
sa viaje en busca de la tierra prometida. 

^*Es in4til qne el hombre intente anticipar los su^esos,?' 
dice el Koran en el capltulo no s6 cuantos sobre el matrimo- 
nio j BUS efectos y defectos ; y luego despues anade el sabio 
libraco de Mahoma : ^* Nada sucede antes de tiempo : ni el 
hombre se muere la vlspera, ni la mujer amnenta su proge- 
me an dia antes de los escritos." 

No 66 si la cita es ecsacta, ni si est& escrita en &rabe, por- 
qne la he leido en frances iuiicamente, y no en traduccion 
oensurada por ninguna autoridad que lo sea en el idioma del 
santnrron oriental. Pero si s^ que de esas veoes la cosa es 
como la dijo el Profeta, y que asi lo creia el que dijo que ^^el 
matrimonio y la mortaja del techo baja." Discusiones aparte, 
. en el poblado de Kankakee, que es un /'pueblo de muchas 
KK en Indiana, acaba de casarse Mr. Wm. Haskins con la se- 
fLora Ana Mead. El novio tiene setenta y la novia sus sesenta 
nada cortos. Que se oasen dos Matusalenes poeo tiene de es- 
trano, ni que contar : oon los anos se pierde el juicio. Pero en 
este matrimonio hay mas : los esposos lo habian sido yeinte 
« y siete anos antes, y' habian probado que merecian serlo 
dando al mundo en Kankakee (iqu6 nombre!) cinco mucha- 
chos que aun viven. La ley los autorizaba & separarse, y se 
separaron por algun quftame allä esas pajas que no refiere la 
historia, cas&ndose otra vez cada uno por su cuenta. Estaba 
escrito que se reimirian de nuevo, y los dos enviudaron para 

casarse en terceras-segundas, porque si el periödico de 

Kankakee ({vuelta con las KK!) no mata & los segundos 
c6nyages no hay matrimonio, ni cnento para divertir & las 
lectoras ociosas y bien humoradas. 

No hay opera, no hay gente en Nueva York. La gente que 
ha quedado no es gente, por lo menos de rango. La 6pera 
est& diseminada en fragmentos cantantes. Por Newport an- 
dan, ö son arrastrados en un coche soberbio la Gazzaniga, 
Brignoli y Amodio : la Frezzolini da conciertos en el lugar 



00 

mas & la moda : qniere decir Newport tambien. Cora de 
Wilhor8t no canta en Newport ; pero Uora j lleva su racion 
de pescozadas maritales. La Cortessi se rie como una loca 
viendo hacer gestos a los Raveles. Ullman con la cara que 
Dios le dio, anda buscando \o que Dios no le di6, allä. por 
la Academia de Müsica, que no es Aeademia, ni tiene ahora 
müsica. En tal desolacion los cuentos vienen ä pelo, y se casa 
la gente como en el pueblo de las KK. 

Pero en materia de cuentos, no dejemos pasar & los artistas 
sin que pagnen su contribucion al folletin. 

Brignoli canta mejor de lo que habla, si se trata de hablar 
ingl^s. Su amor por los Estados Unidos, j especial y senala- 
damente por los alrededores de la Plaza de la Union, no ha 
bastado para que el primo tenore someta la lengua a los apu- 
ros del dialecto de los pueblos libres. Con tal antecedente, 
desgraciado para 61, se presenta en un almacen de müsica 
j pide unas docenas de los duos que 61 cantababa con la Pio- 
colömini. 

— Listos, dice el vendedor. Valen tanto. 

— ^Aqui estä el dinero, contestö Brignoli en ingMs; pero 
tenga V. el cuidado de empaquetar y encajonar la müsica 
como para mandarla 6 Em*opa. 

— AU rights dice el otro. 

— ^Insisto, volviö & decir Brignoli, en que todo quede bien. 
Guide V. de eso. Pöngase V. en la caja. {JPut yoursel/in the 
box) 

— ^No, senor, no lo har6, contestö el del almacen. 

— ^Pues no tomar6 yo la müsica si V. no se pone en la 
caja. 

— ^Pues no la tome V. 

Brignoli se retiraba furioso con el abnacenista cuando en 
la puerta cay6 de su asno. 

— Qu6 le dije yo ä V ? preguntö con mas calma. 

— Que rae ponga yo en pprsona dentro de la caja, y eso no 
me cuadra, ni es posible. 

— ^Perdone V. : quise decir que V. mismo ponga la müsica 
dentro de la caja, no sea que 

— ^Comprendo, senor, eso es otra cosa, porque lo demas era 
un horror. 

— ^Un error, si V. gusta, dijo Brignoli : y se retir6 can- 
tando 8oUo voce el famoso Oh beW cUma innamorata de la 
Ijucicu 



97 

En esta 6pera (y para seguir con los cuentos de los artis- 
tas) se estrenö Madama Cora de Vilhorst 6, quien mis lecto- 
ras tienen el honor de conocer, si no el gusto de haberla 
oido. Digo el honor, porque la sefiora es condesa, en virtud 
de Uli matrimonio heclio y perfeccionado, aamentado y cor- 
regido por un conde. Entre otras varias correcciones el conde 
le ha hecho la de arrimarle la mano un poeo mas duramente de 
loque la 6rden de caballeria permite. Asf constaba de antailo, 
y casi se habia olvidado en el püblico cuando, poco h&, la 
pobre senora saliö una manana de su hotel en Newport con la 
melena desgrenada, vestida en puro deshabiUi y dando voces 
en demanda de ausilio. No par6 ni los pasos ni la voz hasta 
llegar k la casa del juez de paz reclamando su proteccion. 

S. S. mand6 buscar al conde, y confesando el muy . . • . 
lC6mo se llama un hombre que le pega & una mujeV? .... 
En fin, como quiera que se llame, confesando que habia levan- 
tado, y, lo que es peor, descargado la mano sobre su esposa, 
86 le ecsigiö una fianza de 100 pesos para responder de la de- 
manda. Albltes, que tal supo, empinö el cuerpo sobre los ta- 
cones de las botas y se creyö en la ira mas fuerte que Enc^la- 
do. i Un escandalo entre amigos suyos I Corriö, intervino con 
mas buena voluntad que la Inglaterra despues de la batalla 
de Solferino, y logrö que la condesa olvidara el solfeo que el 
conae le habia dado. Sobre lo cual escribiö el Romancero 
del siglo de D. Quijote: 

Conde, mano me pnelste, 
E flciato, conde, mal, 
Donde mas labio paeicra 
Cnalqnler eilveetre Jayan. 
Mapüer sois vos caballero, 
Lo probal«, conde, muy mal. 
Pero yo aoy la condesa 
E tcngo Bangre de tal, 
E condcea Anco en aer 
Ca OB paeda bien perdonar. 
Conde, venid fi mis brazoe, 
Quo ya espcrSndoos estän, 
E cnenta qne dentro el pecho 
Bencor no snpe guardar. 

El juez cobr6 sus costas y se di6 por muy bien servido de 
que no continuase el pleito. El orlgen de la bofetada fu6 una 
galleta que la condesa queria dar, y el marido no queria que 
diese, 4 la condesita heredera del tftulo. 

Por lo tanto en Newpoii; } en las demas cofradias de la 
elegancia no hay nada de nuevo sino el sentimiento de que 

7 



98 



se haya concluidolaguerra europea percisamente cnando em- 
pezaba & producir aus frutos. \ Humana naturaleza y sus mis- 
terios ! Una muchacha que no seria capaz de matar iin mo&- 
quito ßiente de veras que haya cesado lÄ caraiceria de 20,000 
hombres por dia ! 

Por otra parte Pero veo que el Totilimundi se alar- 

ga, y "de lo bendito poquito.'' 



EL PAR^VE CENTRAL, ftc. 

NuEYA York, agosto llT de 1859. 

Si no va V. k los banos i qu6 se harä- V. en Nueva York, sir 
opera, sin paseos, sin exhibicion dominical en la Quinta Ave- 
nida, sin mas solaz que las romerias al (que ba de ser) Parque 
vCentral, 6 & Jones' Wood ? Estps dos paseos constituyen el 
iinico goce de las clases trabajadoras, con las que, general« 
mente hablando, bien poco tiene que hacer la ociosidad pica- 
resca del foUetin. La clase media, donde el Totilimundi exhi- 
be sus amores ; la alta sociedad, cuyos salones son el teatro 
predilecto de la crönica chismografica ; la banca, la alta ban- 
ca, que sube y baja como la marea, y como ella arrastra en 
8u descenso k tantas faroilias que vivian con casa y coche al 
amor de un sol rentlstico, facilmente cubierto de nubarro- 
nes ; todo eso ha desaparecido de Nueva York por el Camino 
que Satanas abri6 para Saratoga y Newport. El observador 
sedentario que prefiere las comodidades de su casa k la estre- 
chez de un cuarto de quinto piso, la sazonada sopa y el pi> 
chero k las desconocidas composiciones culinarias de un holel 
6 caravanserrallo donde es preciso comer k prisa muchos yer- 
bajos y pocas viandas sustanciosas, el fil6sofo que se queda 
en casa por estudio y el narrador bastante pobre para no cor- 
rer aventuras viven con el dia, sin novedad, pero sin noveda- 
des, y escribe el que escribe sin novedad, para descontenta- 
miento de lectoras dvidas de esa quisicosa que k ellas se les 
presenta sin cesar bajo la forma de lo desconocido. 



/ 



99 

Vamos & Jones' Wood 6 al Parque Central, pnes otro re- 

medio no nos queda. Los carros de las Avenidas condncen 

hasta alli & todo el qne tiene cinco centavos disponibles. LO0 

carros est&n llenos : la raza c61tica domina en la concurrencia: 

la sajona puede competir con la c61tica ; pero la anglo-ame- 

rieana apenas aparece de trecho en trecho como para no re- 

nunciar 4 su derecho de soberanfa en el pais. Los concurrentes 

k los carros son en su mayor. parte criados que estän de 

asueto y van & gozar. Es curioso observar que los anglo- 
americanos no gustan de ser criados, 7 por eso todo el der- 

vicio dom6stico se compone de irlandeses y alemanes. Ambaa 
nacionalidades hablan un idioma ininteligible, sobre todo los 
irlandeses : es mas &cil, aun sin saber aleman, entender a los 
alemanes. El viaje por consigniente se hace en silencio, 
& menos qne lleve uno expresamente algun amigo 6 amiga 
con quien matar el tiempo, y con quien dividir el estropeo 
de tanto apreton como se da y recibe en aquellos hacina- 
mientos ambulantes de gente. Mucho mejor es ir en coche : 
yo siempre he sido y ser6 defensor del coche y de su arrastre, 
Llegados al Parque Central la escena sorprende ä los que 
no estän acostumbrados 4 nuestros uäos. Aqui un grupo bebe 
cerveza, ünica bebida quer no es pecaminosa en domingo, 
y bebe hasta mas no poder, porque est& probado que la cer- 
veza no embriaga. Ali! otro grupo no bebe, aunque parezca 
ebrio, y tan ebrio que no repara en que hay ojos que le est&n 
mirando. Tiene la embriaguez del amor. Juana y Juan no se 
ven en toda la semana ; ella lo pasa cosiendo en la casa de 
nna alta y encopetada lady y 61 en la fabrica dändole al mar- 
tillo, 6 mezclando colores para un tintorero. Llega el do- 
mingo y Juana y Juan se encuentran hasta sin necesidad de 
buscarse, como dos hojas arrastradas de distintos puntos pOr 
una misma corriente. En Jones' Wood est& el remanso, y alli 
se embriagan de amor bastante para una semana. Tanto se 
cuidan ellos de los que pasamos como supongo que se cuida- 
rian Adan y Eva de los animales que los rodeaban, cuando 
el primer hombre 

Cifiöla alborozado en su embeleso 
Con brazo enamorado y reverento ; 

los que pasamos junto & Juan y Juana nos chupamos los de- 
dos si Juana es como la del soneto enjuanado, 6 nod reimos 
si Juana es una Juana como hay tantas. Pero dej6monos de 
andar con asuntos delicados. 



100 

Mas allä hay otro gmpo de doncellas de labor que contem- 
plan con los brazos cnizudos y la boca abierta el ir y venir 
de los paseantes. AUl faltan Juane». Eii otro grupo se eharla: 
todos estan en el suelo y Kon franceses. T7n pillastron de ma- 
chacho les vende "jarabe de grosellas," que los tVanceses 
despachan con gran placer, cantando como Orsini (el de la 
Z/ucreeia) Viva ü Madera l Un agente de policia huele la 
pista del "Madera ".que el chico llama jarabe de grosellas, 
y sospecha que en la botella hay gato encerrado. Cuando uno 
de los Mvsiüs levanta el vaso el policia atraviesa su clava. 

— Un trago para mi, si V. gusta. 

—Con muchisimo placer. 

— ^Burdeos I exclama el policia, saboreändose el bigote ! 

— (Test drölel contesta muniiL ;,Y V. no lo sabia? Cree 
V. que yo soy rana para beber agua ? 

— Pero en domingo no se compra licor. La ley lo pro- 
hibe. 

— ^La ley ! La ley prohibe vender licor : pero* no comprar. 
^Quiere V. otro trago? 

El policia saborea un segundo trago castaneteando con los 
labios de puro gusto, y alzando despues la clava pregunta 
por el vendedor de licores.* 

El vendedor ha desaparecido sübitalnente, y el policia lo 
siente tanto que echa un tercer trago para consolarse de 
aquella fuga. 

De esas y otras escenas se ven muchas, y k ellas estä redn- 
cida la diversion del domingo— dia pesado como ninguno en 
la ciudad imperial.* £1 puritanismo se ha levantado, hipo- 
criton astuto ! para impedir que persona alguna haga en el 
dia de descanso lo que los piiritanos no hacen, a lo menos 
donde se les vea. Poco k poco se habia ido relajando la 
autoridad injusta ; inas hoy vuelve el fanatismo con mas 
Veras ä imponer sus preceptos esclusivistas, y por ende 
odiosos. Un sacerdote protestniit« quiere que su doctrina 
impcre y mande, como el Cesar de Roma, sobre todas las 
demas doctrinas; y ya que no puede conseguir que todo 
el mundo descargue su conciencia contra la pared, pretende 
que todo el mundo se vuelva beato; 6 finja serlo. en do- 
mingo. He ahf la gran cuestion que llena k la prensa de 
articulos pro bono picblico^ convenientemente acompanados 
de letras k la vista contra algun banco de puntanos, 6 hc- 
reges, 6 judfos : no impoita el nombre si la 1eti*a es bucna. 



101 

Tienen nizon los peri6dicos: es conveniente que las letras 
de comercio protcjan el comercio de las letras. 

Hace ona semana, 6 poco mas, que cierto club de ricaehot 
de Nueva York senalö el domingo para un viaje en yates. 
JjOS bancos se bicieron & la vela en domingo! y 4 los purita- 
nos por poco les da im sofocon. Uno de sus diarios dijo que 
seniejante kreverencia no pararia en bien, j que la escua- 
drillamu7 4sa oosta sabria pronto lo . que es qnebrantar el 
domingo. Si despues no lo supiere, hasta abora va yiento en 
popa, & las mil maravillas, recorriendo al son de excelente 
^l6sica todo el estrecbo entre Long Island y el continente. 
Sos marinos ban gozado de los placeres de tierra. En New- 
port tuvieron bailes y fiestas de primer örden y ban dejado 
asentados su prodigalidad y buen gusto. (Es preciso alabar 
& los ricos en este plcaro mundo.) 

Uno de los marinos, hoy bien parado de reputacion y de 
bolsillo, no siempre lo estuvo tan completamente que los 
libros de los boteles y almacenes no recuerden sn nombre 

ad perpetiuitn memoriam. El cajcro del House regis- 

trando los nombres de los recien Uegados encontrö*el de Mr. 
H., de quien vengo hablando, con un saldo en su contra por 
no corta suma de gastos en anos ipasados. Llamando aparte 
& su individuo le comunicö Ueno de pesar que babia un pico 
pendiente. 

— ^Pico, Caballero. Yo con picos I Jam&s ! 

— ^V. se llama Mr. H. y estuvo aqul en el verano de 185 ? 

— Sf. 

— ^Pues en dicbo afio vino cou V. una miss Octavia cuyo 
apellido se parecia al de V. y cuyos gastos pidiö ella que se 
le agregaran 4 V. en cu*?nta : y 

— ^Por Dios! dijo Mr. H. interrumpiendo : ^sabe V. simi 
xnujer est4 al cabo de esa cucnta ? 

— ^Al principio quiso el dueno de la casa imponcrla; 
pero 

— ^Aqui est4 mi Orden contra el banco, se apresurö 4 decir 
Mr. H., cöbrela V. y que no se hable mas del asunto. 

Nadie sino el que debe sabe lo que es teuer un " inglfis.'* 
El solo nombre del individuo basta para estremecer las car- 
nes : es la sombra del Comendador persiguiendo 4 D. Juan 
Tenorio ; es la personificacion del remordimiento, el gusano 
roedor que no se separa del individuo basta que no muere la 
deuda. Bien lo supo bacer el que inventö en Nueva York la. 



102 

Agencia de Cobroe dificüea que existe para espanto de ks 
hijos de familia y de los jövenes que esperan letras por cada 
vapor. Un agente de aquella casa le averigoa al deudor todos 
BUS pasos : sabe dönde vive, donde come, & qui^n visita, qnS 
teatros frecuenta, j caando lo re mas & gusto se le aproxima 
con paso de lobo y le recuerda "aquel piquito,"*"labaga- 
tela de sa cuenteoita." Es inötil que est6 el que espera letras 
por el pr6ximo vapor oyendo un duo de la Traviata^ 6 im 
onarteto del Moisea.^ £1 fantasma no respeta ni el derecho de 
las mnsas, ni la compaiiia de que se halla rodeado el indi- 
viduo. Delante de su futura, delante de aquella misma mujer 
& quien tantas veces ha hablado de su ingenio, y de sus eajas 
de azücar, y de sus esclavos y sus caballos, le recuerda aqucl 
piquito. 

Y no es eso lo peor, sino que sus amigos copcluyen por 
evitcr su proximidad, porque el agente de cobros diiiciles es 
muy conucido por todas partes, y al aceroarse & un grupo 
nadie sabe cu&l es el que espera letras por el pröximo vapor 
y todos los concurrentes cargan con la responsabilidad de 
uno solo, el cual por su parte tambien se alegra de que no lo 
distingan entre el grupo. 

Si al mlsero deudor le^queda un resto siquiera de vcr- 
güenza hace lo que el herrero que se mandö poner euatro 
velas en tomo de la cama para euando viniera el acreedor. 

— ^Su marido de V. estä en casa? preguntö el incansable 
perseguidor dol herrero. 

— Si, senor, contest6 la mujer ; poro, ah scnor I Pobre de 
xnl, porque ha mueito ! 

— l Ha muerto ? ^ Y de quo ? 

— ^De de dolor de muelas. 

— ^Vaya! i De dolor de muelas? Nadio se muere do dolor 
de muelas. 

— ^Pues mi marido se muriö. Mfrelo V. tendido allä dentro« 
lluerto, seilor, muerto ! 

— Bien puede ser ; pcro no de dolor de muolaa. 

— ^Pnes de eso mismo. 

— Senora, V. se equivoca. 

^Ojal&, pero no es asl. 

— ^Por todos los santos y santas ! No es poßible» 

^Pues, senor, mire V. 

— No lo creo : morir nadie de dolor de muelas ! 

•^Caramba ! gritö el marido, levantändose de su lecho do 



103 

muerte : qnS hombre tan porfiado es Y! Crea V. lo quo le 
dicen. Gada cual se mnere de lo qne le da la gana. 

El herrero no es ni con mucho comparabie al dendor« 
modelo de Cincinnati. Como la mayor parte de los deii- 
dores, el pobrecito es muy pobre y nopaga — porque no 
puede. Bn renfaneracion del diiiero que no da ä sus aoreo- 
dores, usa con ellos de tan buenos modales y les liace tau- 
tas promesas qae todos lo c onsideran como nn deudor in 
comparabie. Acaba de mudarse & una oficina en la paite 
mercantil de la ciudad, y para evitar toda equivocacion 
Y trabajo inütil & sus '^ ingleses/' les ha enviado la sigoiente 
cir^ular : 

"CmoxirNATi agosto 10 de 1869. 

** Muy senor mio : — ^En esta semana me he miidado & la 

calle . . . 4 . N® Cuando me vnelva Y. k mandar su cuenta 

digale al cobrador que venga & dicho nümero. Estoy en la 
oficina de las 9 ä las 5. — Soy, etc. 

Posäata. — Si por casualidad no estoy en casa diga Y. 
al cobrador que me espere, y entonccs le dir4 cuando ha 
de volver." 

Casi innecesario es anadir que la circular habr& produ- 
<»do an efecto maravilloso en los bondadosos acreedores, 
que para tranquilidad de sus dependientes habrän cargadc 
la deuda & Ganancias y P^rcüdas. 

Terminemos, lectora complac iente, si hasta aqul me har 
0Cguido, con la histuria de un deudor, que ayer mismo m^ 
refiriö mi provecdor de carruajes. Como echase de nienos 
& Bautista, . mi cochero de siempre, hübe de proguntarle 
por 61. Dljome que lo habia despedido por motivos quo 
Yoy k repetir. Bautista se encerrö el s&bado en un cuarto 
contiguo k la pieza dcl amo para echar su cuenta de la 
semana y ver la que habria de rendir k su principal. Conto 
el dinero, le pareeiö que habia mucho, y empezo a hacei*8e 
k sl mismo reflexiones que el amo escuchaba, porque el 
cochero las decia en yoz alta y los dos se encontraban 
tabique por medio. 

— Como I exclamaba : 29 pesos por una semr.na I Por su- 
puesto que es mucho. Ningun cochero entrega mas de 20 
por semana. No hay reraedio : me guardarö 4 pesos. Aqui 
estan, en mi bolsillo. Pero qu6 ! Si cuatro pesos son na da : 
no hay moneda de a 4 pesos. Tomai*^ 5 y me guardare 



• 104 

una &giiila. Pero no: lo mejor 8er& r^^har el peso t cruz 

6 cara. Ca^ra para el amo. Tiro Cara salio, por vida 

de Pero no me importa : con cara 7 todo me echo al 

bolsillo este otro peso. Son 5, y el amo que se contente con 
24, pues todavia me parecen macho. 

£1 amo no dijo palabra. Cuando Bautista fu6 6, entregar 
8a cuenta le cont6 el dinero j le dijo que se marchase. 

— 'Pero, Benor, ^ y por qu6 ? 

— Porque quiero. 

— ^Pero V. me armina, y asl sin razon. 

— Sin razon ? Quiere V. razon ? Pues oiga V. Casi con- 
vengo en que m© haya V. robado 4 pesos 

— Yo 4 pesos? 

— ^Todo lo he oido y repito que pasaria por dejarme robar 
4 pesos, ya que V. lo decidi6 ; pero que me robe V. el peso 
que la suerte decidi6 en mi favor, eso no puedo perdonarlo, 
y por eso lo despido. & V. 

Es preciso, pues, hasta para robar saber echar la cuenta. 
Desearia que mi amiga lectora echase esta en mi nombre ; 
Miss Fanny Brown tiene 15 anos y quiere casarse : Mr. Smith, 
SU novio, tiene 45 ; ^ decir, tres vece§ la edad de miss Fanny, 
y dice que dentro de 15 anos tnas, ella tendr& 30 y el 60 ; es 
decir dos veces su edad, no mas. Teme que ä ese paso ella 
6er& mucho mas vieja que 61, y por eso prefiere no casarse. 



EL FERROCARRIL. 

NuxvA YoBK, setiembre 26 de 1869. 

Brlgida la cocinera de Mr. Brown, se presenta un dia & es- 
te con cara de süplica y le dice : — Seiior Brown, ruego & V. 
que me lea esta carta que acabo de recibir. Es de mi querido 
Patricio." Pero antes permftame V. que le tape los oidos con 
algodones, porque no quiero que oiga V. ni una palabra de lo 
que Patricio me dice ! 

Suplico & todos los Browns de Cuba que se tapen los oidos 



105 • 

eon doble taco de algodon, porque no qaiero qne ningan bi- 
gote se divicrta con mis folietines, escritos espresamente y 
respetuosamente dodioados a los pi&s de Joana, la bija de al- 
gan amo de eafetal, ingenio, abnacen, tienda, bodega, pnlpe- 
ria ü otro ramo adinerado ; pero la hija^ no el hijo. No 
qaiero intunidades sino con muchacbas, y con muchacbas 
bnenas mozas que tengan 15 6 16 aiios ; porque en eso de 
edad soy de la misma opinion de cierto desterrado, que oyen- 
do brindar en un convite dado en Jersey por las mucbacbas 
de 76 esclamö con la copa en la mano: — "Ob I no, por las 
mucbacbas de 15 ! " 

Esto dicbo cöjanme todos la palabra y no me lean, porque 
de leido me paso, pues estoy reiiido con los calzones. • . • 
y no me Ueyo mal con las damas. 

Pero hago escepciones : no con damas que nsan sombreros 
•'Canrobeit," 6 "mosquetero," el redondo aquel de velillo cai- 
do y cuentas y abalonos, que parece tejado con telarafias, 6 
torta de casabe, 6 kiosko cbino ; sombrero espresamente m- 
ventado para ocultar los ojos k guisa de careta, dejando ver 
la boca que parece muerta sin la espresiva mirada de las "ven- 
tanas del corazon.** Sombrero tormento que no cmidi6 en 
Francia entre la gente del havt ton y emigrö k las Am^ricas 

para vender gato por liebre. Sombrero No digo lo 

demas, porque la mejor palabra es la que no se dice, y ge- 
neralmente la lengua es castigo del cuerpo. 

To que vengo de viajar en ferrocarril traigo el sombrero 
en la cabeza, es decir, dentro de la cabeza, es decir que me 
bace dano, y ni el tel^grafo, ni el vapor, ni cosa alguna ha po- 
dido borrar la impresion del Canrobert con telarafias. Pero.... 

El tel^grafo, el vapor, el magnetismo y los ferrocarriles son 
elem^ntos de progreso que el mundo codicia. Estoy por ellos. 
j Viva el telegrafo I \ Viva el vapor I Viva el ferrocarril I 

Las ciudades de los Estados Unidos son las hijas mas boni- 
tas del ferrocarril. Este sefior pap& cuenta con una larga fa- 
milia & quien mantiene con mucha decencia y comodidad, & 
veces con lujo: la rama trasversal de los directores por ejem- 
plo, la de los jugadores de bolsa en tiempo de fortuna, ver- 
bigracia. Pero repito que de toda la familia del ferrocarril las 
mas bonitas bijas son las ciudades, las aldeas engrandecidas, 
las poblaciones ayer enanas que hoy aspiran al titulo de ca- 
pitales y se enojan de que se las Harne villas. ] Como si se 



• 106 

enojan I Desafios ha habido por eso solo, y la ocasion se me 
presentar& de referirlos algun dia. 

|C6ino nacen, como pululan, c6mo aparecen ciial hongos 
en nna Roche de verano ! La constraccion de villas al vapor 
es ana obra enteramente nueva en la historia de la arquiteo- 
tnra, 7 ni los Ptolomeos con saber hacer pii-amides j esfinges 
pudieran blasonar de vencer al ferrocarril, si no tavieron ellos 
ferrocarril, lo caal no me parece muy dadoso. 

Pues, como iba diciendo, ä la orilla del ferrocarril nace un 
desembarcadero para los vecinos del campo comarcano. Na- 
ce, porque cr obra de tma semana. AI lado del desembarca- 
dero, 6 depösito, se establece el correo, junto al correo el 
hen'ero, al lado de este el mercero con media docenas de ta- 
blas, no cubiertas por entcro, de raercancias secas. La pobla- 
cion se da por nacida y se cristlaniza con un nombre cual- 
quiera, un nombre que generalmente se toma prestado del 
catalogo de otro estado : despues se espera k que crezca. Van 
y vienen treues, y los pasajeros, que ven la menudencia de 
poblacion planteada alll, se preguntan qu6 se hace en tan 
gran soledad, y por qu6 no se mete toda entera en los can-os 
y se marcha con el treu. 

A poco se presentan casas y casas que son casi epidemia, y 
se montan por aqui y por alla y se apoderan del terreno de 
tal manera que es preciso demarcar las calles y dejar espacio 
para una plaza pübl'oi ; se nombra un justicia y un medico, 
este entre los diez 6 doce que hau sentado sus reales en el 
nuevo emporio futuro, y se elige un predicador, 

j Bueh principio l Es verdad que no es mas que principio. 
Pero principio quieren las cosas. — ^Un pedagogo, corto de 
fondos, se aparece cierto dia como llovido en un tren de gana- 
do y carga, y se resuelve 4 permanecer en el pueblo, porque 
SU posicion es bellisima. Todos sahen al momento que ha Ue- 
gado, y si se presentö & las tres, de seguro que a las cuatro y 
media nadie ignora qui^n es ni de donde viene, ni si su mama 
tenia ojos azules 6 negros. El justicia lo visita, el modico lo 
acompana a dar un paseo por la poblacion, y le habla, y le 
manotea para ensenarle el prado donde pastan las vacas con 
los caballos, y el pueblo, donde viven los hombres de nego- 
cios, y le cuenta cuales son los recursos y le alaba su empresa; 
y el pedagogo, convencido por su propia necesidad, y por los 
argimientos del mßdico, toma un tercer piso y planta una 



lOY- 

muestra de ^'I^cuela Elxmeni^al, dirigida segun loa princt" 
pios cienMficos mos rooderaoaP 

«La eosa marcha. Cualquier Juan Lanas que dice tiene cn 
SU casa mas alojamiento del que necesita llama al pintor bro- 
chista— entidad establecida cn el pueblp antes que el maestro 
de escuela — ^y le encarga un rotulazo que dice "Hotel," dondc 
äe reunen por la uoche el abogado y el tendero para disertar 
sobre la cuadraturadel cfi'culo, el destino del mundo en gene- 
ral y el de la villa en particular. — Ya es villa. 

Falta el periodico. No tarda un ex-poeta en saber que en 
el paeblo vecino se vende una prensa vieja^ y la compra a 
plazo. El abogado ofrece los editoriales, el mödico su contii- 
bucion de necrologia y el herrero sus anuncios. El maestro 
de escuela escribe las charadas y las poesias, si en ingles cabe 
hacer eso. Se presenta el papel y se llama el Herald^ 6 el Ti- 
mes, como en Nueva York : es una hoja "pequena ; pero con 
la villa crece. 

Los treues apenas hacian mas que sonar el pito al pasar. 
Ahora se detienen a la ida y ä la vuelta. 

El tabemero compra un raapa ä un buhonero n6made y 
Iranseunte que se quedö en la casa un dia de lluvia y descu- 
bre que la villa de Tampiton estä en el mapa. Agitacion ge- 
neral. Es preciso hacer & Tampiton cabeza de partido; no 
hay remcdio. Se trabaja en elecciones para conseguirlo : so 
intriga y sc consigue. 

El deposito se convirtiö en villa "de por ley," la villa creco 
oomo cl arroz, como la barca de Simon : 

"Tavo Simon una barca 
Taif solo de pescador ; 
T tan solo como barca 
A sas hiJoB la dejö. 
Has «rtoB pescaron tanto 
E hJ.cieron tanto doblon 
Qne ya tavieron por menoi 
Andaren bnqne menor." 

Los vooinos de Tampiton se enojan cuando se les pregun- 
ta 4|uu iiay en su ptteltloj y serian capaces de asesinar al que 
les pregiuitase si en sn aldea hay vacas. 

— ^En la villa quiere V. decir, esolama el tampitonense. 

— Purdoiio V. ; f^staba pensandu en otra cosa. 

La villa dura poco y pasa & ciudad. 

"De barca pasö k Jabeque, 
De este k Aragata pasö. 
De alli k navio de gaerra 
Qne asnstö cou su cailon.** 



108 

La herreiia se convierte en fabrica de vapor : el m^dico no 
consulta sino en su casa : liay muchos jövenes principiantes 
de matasanos. El correo se muda al centro de la poblacion; el 
correo primitivo es una sucursal. Todo ha crecido como bola 
de jabon soplada por chico de escuela. La aldea es ciadad 
con poblacion respetable. * 

Y todo es obra del ferrocarril, padre y creador del pro- 
greso, que si no tiene lira de Orfeo para montaf piedras 
sobre piedras, tiene im encanto m&gico superior que crea 
ciudades como la imaginacion paede crearlas, y nn poderio 
eual nonca lo poseyö el hombre antes que cambiase su caba- 
llo de came^ y su silla de cuero adobado, por el caballo de 
hierro, que come lena y fucgo, para producir maravillas en la 
transformacion de un pais. Sin ferrocarril no hay naciou d- 
vilizada en este siglo. 

Bamum, el del Museo y el de la exbibicion de los ninos 
y de las mujeres buenas mozas, se llama a si mismo por tal 
razon el " hombre ferrocarril, " porque esta a la cabeza del 
progreso, segun 61. Ultimamente, cuando todas sus empresas 
fracasaron por causa de otros, propuso al famoso Mr. Pün- 
shon, el sabio ingl6s, que viniese & los Estados Unidos & dar 
lecturas bajo su direccion, pagändole £2,000 al afio. Solo 
& Bamum se le habna ocurrido tal desvergüenza, y solo un 
hombre de talento superior no se habria irritado por tal pro- 
posicion. Mr. Pünshon le mandö por toda respuesta, una, to- 
mada de los Hechos de los Apostoles (cap. XIII, vers. 10) : 
^ Oh tu, Ueno de sutileza y maldad, hijo del diablo, tu, eno* 
migo de todo lo justo, ^no dejaräs nunca de pervertir los 
medios rectos del Senor ? " 

Entre las criaturas que parecen adrede hechas por los 
Bamums de los Estados Unidos se cuenta la encantadora 
*^ Little Ella," cuya estraordinaria habilidad para leer prosa 
y verso, aun cuando tiene solamente seis anos^ le ha gran- 
geado fama universal. ^^Ella" se presenta en los teatros 
y atrae una nimierosa concurrencia que se estasia py6ndola. 
El prodigio es esplotado por una mujer llamada Bums, 
& quien la entregö su padre para que le sirviese de criadoj 
mediante escritura ptiblica. Ahora ^^ Ella " gana mucho di- 
nero leyendo, y su padre la reclama en virtud del amor que 
le profesa. La Bums se opone con la contrata, y el juez antes 
de failar ha mandado depositar & la nina mientras est6 enfer- 
ma, que lo est4, en cas^ del caballero agente de policia Mr« 



109 

Bcrtholf, que tambien fu6 depositario de aqnella Mariana, 
ahora esposa del cochero John Dean, cuya historia ociipö a] 
Totüimundi en tiempo y sazon. Mrs. Büms asegura qne 
^^Ella" es SU hija; el padre la reclama; sera preciso un Salo- 
nion para sentenciar el pleito. 

El mismo juez podria tambien dirimir las diferencias entre 
Mrs. Cunningham, la del Dr. Burdell, y el editor del Evening 
Post. XJsö y abusö el periodista del nombre de la viuda^ 
y sin descanso evoc6 todos los espectros conocidos y por co- 
nocer para atomentarla & mas y mejor. Sucede que el editor 
es amigo de darse gusto, y tiene casa de m&rmol con todas 
las comodidades apetecibles, y las mejoras mas modernas, 
como dicen los que alquilan vivienda. La viuda del Dr. 
asesinado, ora por intencion deeidida, 6 por casualidad, al- 
quil6 la casa inmediata & la del editor y vive con ^1 pared por 
mcdio. j Pero qu6 pared I una lijera concha como la formada 
por la espuma del mar, una pared tan fragil como la concieu- 
cia de un usurero. £1 aquf y ella del otro lado : 61 que ha 

escrito tanto contra ella, y ella que Dios la perdone. El 

editor se pasa las noches en claro, y no se atreve a escribir, 
temeroso de quedar clavado en el escritorio cual el rey de 
Francia. Las aguas le sahen a ars6nic(4 cuando solo tiencn 
" un sabor como k pescado." El humo de la cocina le parecc 
incendio, y los pasos de la casa inmediata le remedan el 
andar de las fantasmas. La redaccion del periödico se re- 
siente de la'agitacion nerviosa en que vive el pobre hom- 
bre, y la vida se le va mas aprisa quo debiera en circunstan. 
cias noi*males. 

No salgamos de los tribunales en este Totilimundij aunque 
vayamos alaNueva Inglaterra, y aun cuando varie la natura- 
leza de la demaAda. Mrs. Newton, de Midlesex, se quej6 de 
que un tal Mr. Saverland se h^bia propuesto abrazarla, a lo 
cual ella se opuso. La negativa ecsasperö al hombre y se em- 
peiio mas " por lo mismo," que es una de las peores razones. 
Mrs. Newton le arranc6 la nariz de un mordizcon. Hubo con- 
trademanda por la reparacion de la nariz. El honorable tri. 
bunal deoidi6 que toda mujer que sea abrazada sin previo 
permiso, otorgado . sin miedo ni coercion, tiene derecho 
& quitarle las narices al osado, si le viniere en voluntad el ha- 
cerlo asf . 

Yo no conozco & la senora que defendiö con tal heroismo su 
propia persona ; pero digo que vale una Corona el ejemplo 



110 

dado & las demas matronas que conservan el honor nacional 
en BUS manos j en sus labios. 

Por esta razon un afligido viudo que hacia enormes gastos 
para el entierro de su consorte, como fuese reconvenido de 
tal derroche por un amigo, le conteatö llorando : — " No, no: 
dejame hacer lo que ella habria hecho por mi con mucho 
gusto." 



EL MATRIMOIVIO DE DIAMANTE. 

Despues de las bodas de Camacho, el Rico, las de Roth 
Schild ; despues de las de Rothschild las de D. Est^ban Santa 
Crux de Oviedo; despues de las de Oviedo ninguna. 

"Marayilla 807 del campo, 
Harayilla de cindad : 
ll^ravilla como yo 
No 86 ha Tisto ni Ter& I ** 

Hace semanas i qu6 digo semanas ? meses que la sociedad 
de haut ton et comme il favJt no habla sino del matrimonio 
del rico cubano con la bella neoyorkina. Desde que el capi- 
tan Hudson asentö sus reales en la isla de Manhattan nada 
habia ocurrido en ella, ni aun la aurora boreal, que fuese 
por todos sabido, y por todos comentado, como lo fue en 
escala de tres millas al grado el matrimonio futuro del senor 
Oviedo con la senorita dofia Francisca Amelia Bartlett. 
Todos los periödicos de ayer tarde y todos los de hoy traen. 
el que menos, tres columnas para celebrar 

** De la dama gentil el dnlce garbo, 
La riqnesa fastnosa del galan/* 

En conciencia me dije : i Yo, bobalicon de corresponsal, 
podrß enviar & la Habana en letra de carta lo que las cien 
mil columnas de la prensa nacional publican por el mundo 
y otros lugares en letras de molde ? i Perderö mi tiempo si 
lo escribo? 

— ^No! me grit6 Sofia con el ansia de leer en castellano 



111 

las descripciones anglo-americanas. No ! Que seria hacer in- 
justicia ä la fama, ü obligar & las cnbanas & aprender inglds 
para saber c6mo fu6. El Diario no rechazara por escrüpulos 
de persoDalidad lo que ha dado afan d 20,000 cajistas, lo qae 
ha consumido j consumirä en America y Europa miliares de 
toneladas de tinta, lo que da ocasion de gritar & los newS" 
^^y*» y lo q^6 ^^ servido de sobremesa k todos los habitantes 
de la imperial eiudad por cuarenta dias cousecutivos. 

Cort^ la pluma, enderec6 el papel, j sin escrüpulos de que 
se me crejese novelero, ni arrastcado por el esplendor de las 
amarillas — ^porque D. Est^ban estara ahora entregado & ocu- 
paciones mas serias que las de entenderse con corresponsales 
pseudo-nombrados — ^puse por delante mis periödicos de ayer 
7 ^^7) 7 empec6 k contar lo que ni aun la llegada del GrrecU 
JSastem^ ni el restablecimiento del tel^grafo tras-atläntico, ni 
la bendicion de la nueva catedral, ni el viaje de la reina 
Victoria al Capada, ni la caida de una estrella, podrä nnnca 
borrar de los anales de la eiudad. 

El matrimonio fu6 una boda de diamante y de diaman- 
tes : todo en el fu^ magnifico, en grande escala, y llevado 
k cabo de una manera digna de Creso y de Rothschild. 

De antemano se decia que el novio le habia hecho k su 
futura regalos sin cuento, infinidad de aderezos de diaman- 
tes, un guardaropa con 75 trajes y otras cosas que seria 
largo contar, y que importan sobre ochenta mil pesos. Una 
sola sortija habia costado cinco mil. Los corresponsales de 
los periodicos del campo aumentaban esos nümeros en la 
proporcion de las riquezas del novio, k quien suponen po- 
seedor de varios ingeniös en Cuba, 4 6 5,000 (cinco mil) 
esclavos, y varias casas distintas de las que estos ocupan. 

Distribuy^ronse como 2,000 tarjetas de convite, papel vi- 
tela, plancha de acero, y con esta inscripcion, que el Express 
tuYO la galanteria de publicar en castellano, y que yo pongo 
en ambos idiomas : 

MR. k MRS. BARTLETT 

Seqnest fhe pleasnre of yonr Company at the mairlage 
ceremony of their danghter 

Fbanobs AiffTJA, with Don Ebteban Santa Cruz ds Otxsdo» 

Oft Thwnday, the IZth of Odober. 

Tradttcdon, — ^llr. y Mrs. Bartlett solicitan de Usted el placer de bq 
oompafiia en la ceremonia matrimonial de sn hlja Francisca Amelia con 
D. Est^ban Santa Gros de Oyiedo el jn^ves 18 de octubre. 






112 

Para entrar en la Catedral habia otra tarjeta qae decia : 

ST. PATRICK'S CATHEDRAL 

Thübsdat, OoTomR 13, ät Twelve o'Clocx. 

This Card to be presented at the main door, Mott Street 

Seat» re&erved until 11^ o'doek. 

Traduedon. — Catedral de San Patricio, jn^ves 13 de octnbre, & loa 
doce. Esta tarjeta debe ser presentada k la puerta principal, calle da 
Mott. — Se reseryan los asientos hasta las 11^. • 



La invitacion para la casa decia : 

MR. <k MRS. BARTLETT 

AT HOME 

Thurtday, Odober 13, frwn on$ unHl Oiree <^dock, 
N» 89, West 14th Street 

Traduceion, — Mr. y Mrs. Bartlett reciben el ju^ves 18 de octubre, desdo 
la nna hasta las tres. Galle d^cixna cuarta dcl Geste, N<* 89. 



Para evkar un agolpamiento estraordinario de gente laT 
policia diö una ** Orden general " senalando ä dos conipanias 
el liigar y modo de recibir y despedir k los amigos de los des- 
posados. Solicitäbanse las papeletas de entrada con tal ahinco 
que era un fastidio deshacerse de los pretendientes, y Mon- 
senor el Arzobispo tuvo que negarse en casa para que no le 
distrajesen los importunos. Cierta dama reoien convertida al 
catolicismo solicitaba de S. Illma. una entrada ä pretesto de 
que nunca habia visto un matrimonio catölico, y esto la forti- 
ficaria mas en su resolucion. 

La agitacion 'entre las senoras era algo asl como furiosa, 
y no se hablaba, ni se hacia nada que no fuese relativo ä la 
boda. Las modistas ganaron mas en las dos ültimas semanas 
que en todo el resto del ano, y en las cocheras un par de ca- 
ballos y una guagua cualquiera eran contrabando. Las calles 
inmediatas k la Catedral estaban materialmente atestadas de 
gente, desde el chico que no sabe abrocharse las bragas y el 
pilluelo que sabe desabrochar los bolsillos al mas despierto, 
hasta el barbudo animal ocioso que la policia no sabe c6mo 
ni de qu6 vive. Las escaleras, balcones y ventanas eran un 
conjunto apinado de cuei'pos y rostros humanos, y hasta sobre 
las azoteas habian trepado las mas audaces crinolinas. Si Mr. 
Lamountain no hubiese perdido su globo ^<fe^^^^e, habria en- 
contrado quien se lo alquilara para ver desde 61 a los novios. 



113 

Mnchos violarou la con^igna de la policia saltando la reja d« 
hierro que circuye k la iglesia, y un vejete en osta operacion 
fiiiiämbula qnedö colgado, como D. Quijote, 6 Quevedo, de 
Tina sortija que llevaba en el annlar, peiinaneciendo en tan 
dcsagradable posicion hasta que la sortija se paitiö, llev^- 
dose de Camino la coyuntura central del dedo, y con ella 
loda SU parte superior. Sin embargo, — joh rara humanidad ! 
— el viejo antes de buscar la punta de su dedo trasteö con 
la mano sana por entre la yerba para encontrar la sortija 
— testigo de un amor que ya no podia existir sino en re» 
cuerdo. , 

Trabajosamente daban abasto los policias & poner 6rden en 
el sinnümero de carruajes que conducian & los convidados 
por ontre una masa semoviente de ociosos y mirones que em- 
barazaban el centro y las aceras del gran ^'euadrilatero'' en 
que esta la iglesia. Las imprecaciones de los cocheros no se 
oian por sobre el murmullo sordamente griton de dos mil, de 
diez mil conversaciones que tenian un solo objeto— la novia 
j^el novio— Nueva York y Cuba. Un politicastro habria dicho 
que all! se estaba celebrando la anecsian por derecho de con- 
gutsta, 

Kunca sufrieron tontillos y crinolinas tan descomunal ata- 
que, pues unas salian oblongas, otras eUpticas, otras triangu- 
läres, desde que abandonaban el refugio del coche para cor- 
rer fortuna 6 infortunio entre el gentio. Ciertos toques disi- 
znulados de la mano izquierda, como para espantar una mosca 
osada que se hubiese prendido & la falda, probaban que las 
bellas portadoras de aquellos armatrostes sabian el estado 
compunjido y desgarrado en que su redondez se encon- 
traba. 

Los Intimos entraban por una puerta y los convidados por 
otra. Mme. Dudevant decia que en sus salones habia amigos, 
müsicos y parejas para bailar. Brown, el celeb6n-imo Bro\m, 
el sacristan de la iglesia de la Gracia, el sine qua non de todo 
noiatrimonio & la moda, recibia & los hu^spedes del nabab cu- 
bano con toda la maestria que su larga esperiencia en el arte 
le ha alcanzado. Sorpresa habria sido dejar & Brown en el 
tiutero. {De cuänto consuelo fue para Mrs.H., Mrs. F., Mrs^ 6., 
y otras 24 — ^para ahorrar citas — encontrar en la puerta k su 
antiguo conocidol Ellas acomodaba &todas,ypara todas 
tenia un puesto espresamente reservado. 

A las doce no habia an solo asiento vacio, ni baranda, pilar 

8 



114 

6 taiima, sQla 6 alzapi^, qne no tuviefle sa ocnpante como las 
pe&is del mar cuando bajan las gaviotas en setiembre. 

Faltaban los novios solamente, y & las doce en panto ae 
presentaron en bnen 6rden : primero las madrinas y padrinos, 
qne oonforme iban saliendo del camiaje recibian del püblioo 
nnhorrah! & quema^ropa, en sefial de aprobacion y admira^ 
cion, despuea la seiiora madl*e con el novio, y por fin el padre 
con SU hija, la novia, & quien iba & entregar en el altar. 

Recibi61os & todos el seiior arzobispo, acompa&ado de dos 
preladots y entrando en la catedral levantöse nn gran mnr- 
mullo de aprobacion. 

Vestia el novio de negro con corbatay dialeco blanoo% y 
esqaisitamente bordados. 

La novia Uevaba traje blanco de seda con dos grandes yo- 
lantes de pnnto de Bmselaa, velo del mismo pnnto hasta loa 
pi£s y una corona de asahan AI rededor de la garganta tenia 
eoatro sarlas de perlaa orientales pon bro<dies de diamante: 
poraretes nsaba dos perlas inmensas y de braasaletes öpuLse- 
ras, peilas tambien con engarces de diamantes. ^ 

Las madruiasvestian de tarlatana blanoa, doble tfimoo^con 
cuatpo embuchados en el de abajo y seis en el de arriba, al- 
temanda los de tnl blanco con los rosados^ berta apropiada 
y ramilletes blancos. 

Las madrinas eran todas americanas, menos la cnbana se- 
fiorita üquierdo : los padrinos todos cubanos. La anecsion 
era completa. 

Monsenor Haghes, revestido de pontifical celebrö la cere- 
monia cotiforme & los ritos del catolicismo, hablando al novio 
en e^aüol, y despues de conoluida les dirigiö la palabra en 
t6rmmos qae han Uamado sobremanera la atencion. Habl6 
S. nima. de la santidad del matrimonio y aprobö con verda- 
dero 6nfasis laoonducta de la Iglesia en los casos de Enrique 
Vin y Napoleon I, haciendo citas dignas de tan estudioso 
prelado. Luego volviö la vista & lo presente y censur^ la Ur 
bertad, la licencia con que se obtiene el divorcio, negando la 
posibilidad de nn doble matrimonio en la iglesia cat61ica y 
en la protestante. Por fin, dirigiöndose al padre le habL6 de 
la separacion de sa hija, de aqnella nina que desde la cuna 
habia desarrugado su fronte con una sonrisa y borrado todos 
lospesares con un beso. 

El capitan Bartlett empez6 por oirle atentamente y conclu- 
yö por sacar su pafiLuelo para enjngarse las l&grimas. La igle- 



115 

fiia parecia, solitaria, perqoe en los momeiitOB ea qae S. Illnuk 
sospendia su disourso para tomar alieBto, no se oia sino kl 
xespiracion de los pres«%nte8. 

Aqnel silencio profiindo se troe6 en bollicioso alboroto 
onando empez6 & salir la concun*eQcia y en estrepitosos hns^ 
rahs I cnando Uegaron los novios & la calle, j la multitud los 
8alud6. Entonces fu^mas-qoe nnnca necesaria la intervencion 
de la polieia, 7 de todo pnnto indispensable los buenos oft» 
cios de Brown, el sacristan, para hacer Uegar los oarrnajes 
paripassu con la salida de sus duefiofl. Por fin salieron todos, 
7 tras largo espaoio de tiempo la calle qued6 en silencio. * 

La algazara jabilosa de la boda habia cambiado de Ingar 
estaba en la calle de la novia, desde Broadway hasta la Octftv 
Ta Avenida, que ser&n 1500 varas, todas Uenas de carruajes 7 
de gente & pi6 qne agaardaba ansiosa el paso de los novios« 
La polieia estaba de faccion 7 cnmpUendo la ^vden general 
del dia. Entrar en la casa era empresa, que annqne ancha 
nias que la generalidad de las de Nueva York^ no estaba cal- 
cidada para el matrimonio del sefior Oviedo. 

La recien seSora de Oviedo hacia los honores con senoilla 
cordialidad 7 nna sonrisa modesta 7 despejada en medio de 
la agmpada concnrrencia, que se iba renovando sin ces^r, 
porque si bien se repartieren taijetas para entrar en la casa 
se hizo con muoha profusion, 6 el portero atolondrado se ol* 
Tidaba de pedirlas. El novio daba las graeias en inglSs & loa 
que le dabau & 61 enhorabuenas ; pero luego hablaba en espa« 
fiol, 7 le alabo el buen gusto. Alibeau no oomprendia eömo 
se puede ser amable hablando ingl6s. 

Despues de los novios lo que mas llamaba la atencion era 
la exbibicion de los regalos, puestos en una mesa & estilo del 
pals, para admiracion de los concurrentes. 

IJn adomo completo de perlas 7 diamantes de lo mas ea- 
cogido 7 sim^trico que renne el esqmsito gusto dö Tififan7 
7 C/; aretes, solitarios, perlas engarzadasj la caja en fin 
que descubriö Monte Cristo en la isla italiana, 7 que el carde- 
nal Spada.7 suA antepasados habian estado relienando siglos 
de siglos cuando Yenecia na estaba empedrada de guijarros 
sino de rubfes 7 esmeraldas. 

Haughwout 7 C>, Ball Black 7 €.• Tifian7 7 C», Genia 
7 Mr. Bennet hicieron regalos, aquellos de prendas de sus 
almacenes^ el liltimo de flores cogidas por su mano en su 
vüla dei Hudson. Gada cual diö de lo sayo. Pero aquella oasa 



116 

era la casa de an M6dicis 6 de iin Ben-HametrHarraay de 
los qne han regalado sillas de oro & la reina Victoria. Dos 
policias disfrazados en traje de paisano tcndian aua inirada 
carinosa y vigilante & los tesoros de aquel Setnime, Eran ade- 
mas Je policias buenos mozos y vestiaii con elegancia guante 
Jonvin color de lila. 

Toti li tnundi en la casa hablaba de los novios y los regalos 
7 cada nno tenia sn palabra nneva y sn dato particular para 
apreciarlos. 

— lOhl decia nna senora de Gramercy Park: me Consta 
de ciencia cierta qne el senor de Oviedo'tiene 16 millones, 
porque sns padres hicieron nn capital tremendo en el negocio 
de fabiicar azücar. 

— ^Pero si los azücares no son sino nna parte, contestaba su 
compaüera, nna rubia de la 5^ Avenida; lo mejor qne tiene 
el Sr. Oviedo es ser noble por los cnatro costados, nn brazo 
de rey. 

— Cäspita I Si le regal6 casa & la suegra como un peqnefLo 
recnerdo. 

— ^Bah ! bah! bah ! Si le comprö k la novia 75 trajes y nnos 
qnince mil pesos en ropa. 

— ^Dios mio I lo sabe V. de cierto? 

— ^Por supnesto, como que me lo dijo la senorita M.....^ 
qne conoce & nn amigo cnyo primo estä mny al corriente de 
todo, y dice qne la canastilla vale mas qne la de la princesa 
Clotilde. El pnnto es depiqiti de CharUilly y todo lo demas 
magnifico! 

— ^Pues noi Si las mantillas le han costado de 450 ä 1,250 
pesos, y tiene cinco. T los pannelos bordados, y los cnellos, 
y los pufios de encaje, todo riquisimo. i Conoces tii & algnu 
cnbano como el Sr. Oviedo? 

— ^Por qn6? Tu eres casada ? 

— ^Pero mi hermana Lnisa estä soltera. 

— ^Ay ! Qn6 pnnos de gnantes, & 15 pesos yaral Crespon de 
China, chales de la India. 

^l Sabes cn&nto se le ha pagado k Genin 6nicamente ? 

— ^Un horror snpongo. Pobre Lnisa qne estÄ soltera ! . 

— Y k Haughonwt ? ^ Y & Ball Black, y k Tiffany ? Los 
almacenes han hecho su agosto. 

El novio y la novia se marcharon ayer para Boston en d 
magnifico vapor MetröpdiSj y despnes ir&n k Cuba y despncs 



117 

& Europa. El Sr. Oviedo no lo sabe todavia ; pero los peri6di 
cos lo saben y el Sr. Oviedo no pretender& saber mas que lo6 
periödicos de los Estados XJuidos. 

KuBVA York, 14 ootubre 1869, 



LAS TISPERA8 8ICILIANA8. 

Estoy oon el &nimo bien. dispueeto j fumando un cigarro. 
Pero yeamos primero quo cigarro. 

Sali6 de Cuba para Francia un fumador rico & qnien ator* 
mentaba el deseo de conocer de visu la corte francesa. 

"Pnee qne doblon'6 eencUlo 
Hace todo caanto qaiero 

Poderofo cabaUeio 
Es Don I>inero/* 

Asf se decia el fiimador, tentando stempre fortnna, y en- 
oontrando & todas manos cerradas las paertas del Palacio de 
las Tallerias, y buscando qui^n lo pr^sentase. Tenia pocos 
conocidos en Paris, y de ahf las dificultades. Hall&base como 
el amante qae no ha podido besar una mano codiciada por lar- 
go tiempo. Mi ^imador estaba & lo sumo impaciente, y aun 
cnando procoraba ocultar sa impaciencia, mas de nna vez se 
retrataba esta en su semblante. Ibase al bosque de Boulognc 
y prendiendo el cigarro empezaba & echar bocanadas de hu- 
mo por aquellos paseos, pensando constantemente en su des- 
ventura. Hay hombres que se crean k sf mismos desgracias 
cuando no tienen ninguna. Continuemos. 

En uno de tantos paseos estramuros se cruz6 su carmaje 
con el del emperador Napoleon : la vista del senor de las 
Tullerias hizo subir de punto su impaciencia, y solto una bo- 
canada de humo, que envolvi6 al Emperador de los franceses 
en una nube de la Vuelta-Abajo. El vencedor de Solferino, 
acostumbrado k los canones, sintio que la nube no fuese israe- 
litica para que le siguiese en toda su peregiinacion. Tal era 
el tabaco de donde procediai 






/ 



IIS 

üna Bomfiiift «lespnes <A riii^iiio encncntro, 1a nihina bocana- 
da, ei tiHsmo seiihtnitsfitu jmperial )>or su desafmricion. El 
monar(;a volvio 1a Oiira y c«^i6 wm miraila ni Aucjfio de aque- 
Ua CäeueiA zuara^illtiJiA. iü iiiDiador se cstremeciö como el 
inincro queal introdncjirla H«»nda cree haber dado en la veta. 

ün nuevo paseo por el bosqne atrajo au uuevo encuentro, 
y nna imeva boeanada ana mirada de Napoleon, quien sin 
querer se llevö la mano & las narices como para conscrvar la 
impreBion concentrada. 

AI ouarto paseo no fa6 el fumador quien busc6 al Empera- 
dor, sino el Emperador al fumador. Tres dias despues hubo 
baile en las Tullerias^ y mi amigo, el de los cigarros, se halla- 
ba, al lado del Embajador espaSlol, jnnto al asiento de la be- 
llisima Eugema. 

Parecia cosa de ensalmo ; pero era verdad. XJn eigarro bi- 
so la conquista que no habian podido los mülones. 

Cuando Napoleon hablö de Cuba con el recien presentado 
en la corte, naturalmente habl6 del tabaco, y pör consigiiien- 
te de los tabacos del bpsque de Boulogne. Cajas nftidamente 
doradas introdujeron despues en las Tullerias algunos milia- 
res de Cazadores con coroüa ducal y una cifra que decia en 
letras mayüsculas " B. F. CARDIN.** La paz con Francia 
estaba asegurada, y cuenta que 

"Ia paz de Fnmeia 
IL& ]a pas de 1a .tlen».** 

Lo ha dicho Ventura de la Vega, que es buen deeidor. 

Pues un eigarro de esos estaba yo fumando con el änimo 
bien dispuesto, y aun me dura, cuando principie la presente 
tirada de Totilimundi, que continüo. 

Digo, pues, que soy tan dueno de mi eigarro como Mr. 
Ulhnan lo es de laöpera: nobablo del edificio, que pertene- 
cc ä los accionistas, sino de la diversion aristoerätica que ^1 
nianeja a su guisa. Leo el cartel y encuentro que Mr. Ullman, 
ilias "Napoleon el Pequeno," como gusta de oirse nombrar, 
ofrece la representacion de Iazs Vlsperas Sicüianas con un 
gaste de i\ $15,00011 con jj 500 vestidos nuevosü con un apa- 
rato nunca visto en esta tierra de las "plataformas,^ con una 
orquesta como la del Conservatorio, con nuevas artistas — ^ 
articulo necesitaba renovarse de tiempo atras, porque las vie- 
Jas ademas de serlo eran feas de encargo.) Decia aslmismo el 
caitel que los coros se compondrian de tanta gente como lle- 



119 

vaba Jerjes en su ej^rcito. Dccia. . . . Poro con loa cartelea 
»no «ocede, soVire todo enaiulo los publica an emprefsario d« 
Opera, lo qae con el predicador de marras : — Haga usted Ic» 
qne yo digo, y no lo qtie yo hago. Los carteles dicen lo que 
no hacen, ni la mitad. Cuentan de un antor de carteles — tan 
autor en los Estadoe^Unidos como Lamartine en Francia — que 
alentregärsu öbra maestra al empresario no le seuala precio 
liasta que el Mister la ha leido toda. 

— ^Hombre ! dioe per faerza el empresario: esto es mucho 
-eosagerar. 

El autor cobra mucho por el carteL 

Si el empresario cree que se dice poco, el antor de carteles 
cobra poco« De donde se infiere que estd en su interes ecsage- 
rar muQho. El publice lo traga sin chistar, porque las traga* 
deras del publice estan en proporcion de su tamano, y el pu- 
blice es eL • . . mas grande personaje de la creacion sociaL 

Con las Vhperaa Sicilianas estaba yo en yisperas, por no 
decir maitines. Siir6 6 no ir6: nadie gusta de ser asesinado 
ni de ver asesinar. La empresa de la 6pera nos habia de ante« 
mano asesinado k causa de ciertas esperanzas que ni con ser 
italianas, en este mes, en que la Italia esta a la 6rden del dia, 
habian podidopasarporlas consabidas tragaderas enel örden 
de la noche. Lo pasado no aseguraba lo porvenir; las yispe- 
ras habian sido malas, y si eran, como se ofrecia sicilianas, y 
loon 500 vestidos nuevos, podianconvertirse en lo que se con- 
vierten las crinolinas & pesar de lo que prometen, y de lo que 
ifiguran. . . . . En-fin iqu^ diablos! üna noche se pasa donde 
quiera, dljo el rondador que encontrö el balcon cerrado en 
nna noche de lluvia. 

Fui & la 6pera, comprando en la puerta "mi derecho.'' To- 
m^ asiento : la Academia estaba eonio la francesa en las no ' 
ches en que hablaba Mr. Thiers. (^Es acadumico Mr. Thiers?) 
La mÜHica ecselente. Me habia dado chasco, porque no tenia 
d6nde hincar el diente. Alzase el telon : en lugar de Mlle. Spe- 
ranza aparece Mme. Colson: otro chasco, porque Mnie. Golson 
no tfene de anti-euf(&iico sino su nombre, el cual tampoco es el 
suyo sino el de su marido : es muy bonita (con perdon de ^1,) 
muy bien formada, muy poco pretenciosa, y canta muy bien 
— cuatro mui8 que la haran lucir aqül y en la Habana. i 

La infisica de Las Vis^yeras es adenias tan nueva cuanto 
sorprendente iiara los adeptos y adniiradorcs* de Verdi y sa 



120 

müsica dram&tica, intcnsa, declainatoria, a vcccs turbuleuta y 
biüliciosa, pero Riempre espresiva y parlante. Ks cierto qiic en 
Xa$ Visperae no se encnentran el arrebato y la declamacion 
del " Miserere," ni la pasion del "Gran Dio," que estremecen 
en el IVovatore y en la TravicUa ; ni aus melodias son, con 
dos 6 tres escepciones, tan cantahilea como los morceattx que 
han hecho esencialmente populäres aquellas dos 6peras ; pero 
en cambio se encuentra el oido con una novedad de composi- 
cion que no esperaba, con habillsiina maestiia en la instra- 
mentacion y con arranques raros y que no parecen de lacuer- 
da de Verdi. 

Tengo k la vist'a el juicio crltico del Times y el del Mu^ 
caUEocaminer^ periödicos ambos de L6ndres, copiados en for- 
ma de foUeto por los empresarios de la Academia para el 
uso de los que deseen formarse opinion de maestros sobre los 
m^ritos y defeetos de la 6pera ; mas contentome con lo es- 
puesto, que por cierto no est& en el foUeto publicado, para 
volver k la Academia. 

Brignoli hizo de Arrigo y accionö. Mire V, si la empresa 
esta de fortuna. Que Brignoli tiene voz dulce, modulada y 
fresca, lo saben los que han ido k Europa en busca de uno me- 
jor para reemplazarle, y no lo han encontrado. Brignoli accio- 
nando es por consiguiente muy bueno, y lo fu6 en Jm 
Vtsperas. 

FeiTi, que representaba k MonfoH^ completaba el conjunto, 
porque el dia en que las cubanas oigan k Ferri gustaran mu- 
cho de 61, 6 por lo menos de su voz. 

Quiere decir que en Las Visperas Sicüianaa no hubo mas 
asesinato que el de la escena final, y como k Mr. Scribe se le 
antoj6 poner las muertes k telon caido, se queda uno sin sa- 
ber SU nümero, y no le aflige la vista de la agonia, por lo 
cual se retira del teatro el espeotador altamente complacido. 

Esto nos sucediö al publice y a ml, el primero representado 
por una Mirta bella k quien su adorador (perdone si le calum- 
nicj^ le preguntaba meloso : 

— l Le ha gustado a V ? 

— ^Mucho : las decoraciones «on magnlficas. 

Vaya en gracia I pens6 al oirla ; cierto que los nuevas de- 
coraciones son bellas y que en eso gan6 poco el " autor '* del 
cartel. 

Gambia de opinion con respecto & la öpera que en la actnal 
temporada nie habia quitado las ganas de cscribir, y dije con 



121 

el Dr. Ma^8h^—" Corriente! en madar de dict&men se diferen- 
cia el hombre del asno, porqne el orejudo cuadrüpedo i o 
puede hacer otro tanto.'' 

Y prendi mi segundo cigarro Cardin. 

Mr. Foster, el director de la compaßia dram&tica. de Bu* 
cyros en Ohio, es el ünico empresario que ha tenido tin pü- 
blico ignal al que acaba de escribir el juicio crftico de la 
6pera — püblico singular. Dice el Democrat que Mr. Foster se 
hallaba & solas en el salon del hotel, fumando un cigarro (que' 
& buen seguro no seria como el mio,) cuando entrö un desco- 
nocido pregunt4ndole si £1 era el director ^de la companla. 

— Servidor de V. 

— ^Por cu&nto la haria V. representar ahota mismo? Tengo 
que marcharme en el Iren de las seis y no puedo por lo tanto 
concurrir & la funcion de esta noche. 

Mr. Foster lo ech6 ä broma. 

— ^Por cuänto? preguntö. 

— ^Por cu&nto, sf ; por cu&nto me da V, el Ricardo Tercero 
ahora mismo ? 

— ^Por veinte y cinco pesos. 

— ^T ElDiamante en JBnUo f 

— ^Por diez pesos mas. 

Pues aquf estan mis treinta y cinco pesos, y manos & la 
obra. 

Sonaron los monises^ que dice el Tio Caniyitas : el yankee 
los guard6, y burla burlando el empresario y el püblico se 
marcharon al teatro donde se estaba ensayando otro drama« 

Hable ahora el Democrat: 

^^ Dieron las dos y se reuni6 el solitario auditotio. Esco- 
giendo una posicion c6moda, y encaramando los pi6s sobre el 
espaldar de la silla del freute, el püblico aguardö con pacien- 
cia que empezase la funcion. Son6 la campana, descorriöse el 
telon y saliö el rey Ricardo, y tras 61 los demas pereonajes de 
SU Corte. Jamas hubo actores que lo hiciesen mejor : todos se 
escedieron & si mismos para dar al singular auditorio algo 
digno de su dinero ; y en verdad que lo consiguieron. El p(i- 
blico aplaudiö yarios pasajes con perfecta unanimidad, y al 
final de la pieza llam6 & Mr. Fannin, que hizo el rcy, para 
aplaudirle estrepitosamente. Mr. Fannin le di6 las gracias en 
un corto Speech. Hubo intermedio de baile y canto, y luego 
siguiö ElDianiante en Bmto. El auditorio se refa ä carjadas, 
palmeotaba y daba hurras, y despues de la funcion llamö 



^ 



4 todos los actores al proseenio y los oelebr6 con triple 
«alva.** 

Cambiemos cantidades (nn antor y mncho püblico) y ten* 
dremos lo que me temo se llame la gran farsa del gran globo 
City of New York^ representada actualmente en el Bolar que 
ocap6 el Palacio de Gristal (qcte gloria liaya.) Con «emanas 
de anticipacion «e annneiö que el profesor Low irä & empren- 
der en 41 an viaje en Europa. £1 Diario de la Civüizaciarij 
nada menos, diö la descripcion del globo con laminas alnsi- 
vas, y bablÖ muy seriamente de todos los preparatiyos para 
atravesar el mar^por los aires. Viendo el asunto en manos 
tan respetables, yo, menguado de ml I 

Cai en la testaden, eomf del trigo, 

y escribi un TotUimundi entero sin eneomendarlo & Santa 
Kita, abogada de imposibles. 

Pero (lo dir6 al traves del humo del cigarro, ehvuelto en 
8U nube eomo en nn velo de vergfl^Tza) haee diez dias que el 
globo estä infländose, y que no hay medio de que se infle. El 
segundo dia no pudo ' tomar el gas por no dejar 1» eindad 
& oscuras ; el tercero el viento alto {porque bajo no habia) tL 
raba al Norte como la brüjula ; el cuarto se vitci6 el globo 
por un descuido tle los operarios ; el quinto resolviö el prt)fe* 
sor hacer esperimentos con el timon; el sesto. . . el sdtimo. . • 
^1 d^cimo dia estamos en que«l ilostado püblico ba entrado 
en el cuadril&tero que encierra el globo como 4*aton en rato- 
nera ; esto es, no gr&tis, ni k cuenta de cabos de vela, sino 
median te 25 centavos por persona, ö sean $1,000 diarios por 
toflo el püblico, que ba sido Singular^ como en el teatro de 
Mr. Foreter. En diez dias saque otro la cuenta de lo que han 
Importado los vientos ältos del profesor Lowe : no bajan, se- 
gun mi aritm^ica, de diez sendos miles de pesos. 

Ahora bien : la lämina del carte! representa un böte vapor 
de ruedaa, y el que se exhibe no tiene ruedas ni vapor. La 
barquilla en el grabado es una casita con sus ventanas j aeo- 
modo para diez personas : el profesor presenta de bulto un 
canasto de ropa sucia, algo crecido, pero no Ji)astante para 
cont/oner dos mortales reunidos, por poco robusto que - se su- 
ponga al companero que Ueve el profesor. El globo en lugar 
de inflarse jev.entö ayer por la manana, y esta abierlo en dos 
como rueda de pesoado frito. 



123 

Sin embargo el profesor se hallä cömodamente sentado en 
tierra firme, j gozando de las regalias que le ha proporcio« 
nado la entrada diaria. £1 püblico sigue fabricando castillos 
ea el aire, y oyendo por 25 centavos tma müsica con que en 
la noche lo regala el profesor, müsica no celestial, porque en 
materia de armonia 61. no ha escrito aun ningunas V^peras 
Sicilianas. 

Item mos. — ^Nadie & la fecha ha tenido el gusto de ver al 
;profesor, que siempre est& ausente : como navegante a6reo no 
:hace pi6 en el ouadril&tero, ni es por estas tierras que se le 
rdebe buscar« En definitiva» ora vuele el profesor, era no 
Tuele (y 4 mi se me bammta que yolar4 el dia menos pen- 
sado,) Dada importa para {Nrobar que cd hemos aido hasta 
at|ui bastante guanajos como para creer esas brujerias de yia- 
jar al antojo pero el aire, :el hombre tampoco deja de aar 
buen p&jaro en resumidas cuentas. 



LA POLITICA DEL DIA. 

Permiteme decir ante todo que haoe frio, y frio del bueno ; 
es decir, frio seco en dia sereno, frio cortador de orejas k es- 
tilo de mandarin chino, frio que transforma en tomate las 
narices, y los pi6s en maquinas ambulantes; frio de capa 
gruesa y de sobretodo de arroba. 

La noticia le es & Cüba indiferenle ; j>ero no lo es para ml, 
que tengo que atravesar las xjlalles intermedias entre la mia 
y la del vapor Cahawha ; y como yo soy quien esoribe, doy 
4 la correspondencia el eolor de mis impresiones, como hace 
todo corresponsal que se estima. La de hoy es, pues, color 
de frio. 

Asi nos hemos quedado todös por estas älturas desde que 
la gente de sesq nos amenaza con que nos ramos ä desunir. 
jA desunimos! Pör todos los que murieron en cub^o po* 
tros, indufio aquel famoso Salcedo k quien tm reyfVances 
mandö poner en tan horrendo ouadril&tero! ]A desunimos 1 



124 

^ Con qne ha de andar yo sin Sofia, j cada marido va a ver^e 
desmiijerado ? Habrä los qne por dichosos se dicraii con el 
rompimiento ; pero no yo, pecador qne tengo on sus ojos las 
ninas de los mios« 

2 £so no pnede ser ! Digo que es an disparate, y quo nadie 
se ha de meter en las casas agenas & separar a los qne Dies 
juntö. Tan mal oiicio corresponde solo & la muerte, y nadie 
querria representar el papel de esqueleto. 

l Cömo nos hemos de desunir entonces? Si ser& qne cada 
pierna y cada brazo eche & andar por su eaenta, y en el 
rumbo de los cuatro vientos, de tal caletre qne cuando mi 
derecha Uegiie ä la China mi izquierda cst^ navegando para 
las islas del buen rey Kamehameha (qne bien piidiera S. M. 
cambiarse el nombre)? — Vanios: este es otro dinparate! 
lQ,n& fuerza de repulsion ni qn6 ojeriza liabian de tener mis 
manos ahora entre sl, cuando hace tan tos anos, que nna lava 
& la otra, y las dos lavan la cara, ä estilo de gente de niinis- 
terio ? 

Luego i cuäl es la division qne nos amenaza como acome- 
tida de cölera, 6 bala de cafion rayado ? Entiendo que los 
albaceas se dividan la herencia, que los vencedores se divl- 
dan el botin, que los " eleccionantes " que triunfan se dividan 
los empleos ; entiendo que el repartidor en semejantes divi- 
siones sepa con los ojos cerrados cu&l yaca es la mas gorda, 
porque de antaüo esta escHto que 

"El qne parte y bien reparte, 
T en el partir tiene tino 
Siempre dci)a de conüno ** 

lo demas que la perspicaz lectora ha aüadido sin qne yo lö 
escriba. 

Todo eso lo entiendo, y hasta entiendo que haya albaceas 
que partan sin partir, y no les dejen & los herederos ni el 
polvo de las sandalias. Pero esta division de ahora ^qu6 
significa ? 

Mil y mas preguntas de igual gönero me hacia cierta ve- 
cina & quien han tenido sin pestaiiear en las dos ültimas se* 
manas las noticias que dan los periödicos sobre que es inmi* 
nente la division ; qne el espiritu de seccionalismo, separa- 
cion y todas las palabras que signifiquen hacer dos pedazos 
de uno, esta en su apogeo. Queria la pobre dueiia que se le 
explicase el hecho de nna manera que & ella le quedasen las 
menos dudas posibles de que su casa no iba & pcrtenecerle 



125 

pronto de por mitad, de qae bus joyas y pesetas no se traslada* 
rian por obra divisionaria de su gaveta & la mia (lo que entre 
par^ntesis seria una loteria tal cual.) 

To le contest^ con toda la enciclopedia de autores mo- 
dernos connotados y por anotar que 

Pero I voto & cribas I lectora, que habia olvidado lo mas 
esencial. Te estoy embiichando de polftica como se embneha 
de vinagre al pavo gordo en visperas de gran dia, sin recor. . 
dar que & ti te gusta la polftica lo misino, ni mas ni menos, 
que el vinagre al pavo. Demos lo dicbo por no dicho j pase- 
mos & algun otro asunto, aunque sea de modas y crinolina. 

Pero antes, por el amor que me profesas (yo s^ bien por 
qu6,) deseo decirte que no te alarmes con la division, pues 
tengo averiguado secretamente que no habr& tal, y que en 
repartiendose ciertos empleos no se volver& & hablar de la 
materia, quedando todo tan unido como el agua en que za- 
bulle un tiburon despues de haber hecho presa. Yamos ahora 
& la crinolina. 

Pero antes de abandonar la poHtica, y esta 8er& la ultima 
vez que te hable de ella, bajo palabra de moro, quiero con- 
tarte que el oficio de pegador de carteles en las esquinas, 
y en otr^ partes, da de qu4 vivir & muchos y muchas en esta 
ciudad, donde la yida es algo dispendiosa. £1 pegador de 
carteles pertenece principalisimamente al cuerpo polltico, 
porque es una de las ruedas de la m&quina, que no andaria 
sin plataformas, como no andaria sin carteleros. En esta se« 
mana misma he visto & una cartelera, por cierto no muy 
aseada, meterse debajo del brazo k Fernando Wood y & Ha- 
veraeyer, & George Opdyke y & Salomon L. Hüll. El candi- 
dato demöcrata, el republicano, el abolicionista y el Salomon 
iban todos por un camino en apretado consorcio, sin pensar, 
ni aun el ultimo con ser tan sabio, que podian vivir en con- 
tacto tan inmediato. 

La cartelera lleg6 & un entablado donde habia otros car- 
teles, y sin hacer ascos ni reverencias al derecho de primer 
ocupante, sacö la brocha y empez6 & embadumar & los can- 
didatos que llevaba, y & pegarlos en la pared. 

Sus letreros y los que ya habia en ella quedaron nnos sobre 
otros, aunque no se cubrian del todo, diciendo & los que 
leian: 



126 
WILLIAM P. HAVEMETKR 

COBBEGIDOR 

serd vendido en aubcteta 
el mi^rcoleä 7 de diciembre i las 12. 

Y como el candidato no fii6 elegido restdtö vendido por no 
8^ qni^n y la superposicion de los carteles equivaü6 & tma 
verdadcra profecia. 

Otra superposicion restütö con el candidato anti-esclavista 
7 nna foncion de teatro: 

TB O VA DGB BS VBGBOa. 

Para Corregidor 
GEORGE OPDYKB. 

A Mr. Wood le sali6 esta : 

Scdtoö Mbrtaks, 

FERNANDO WOOD, Corregidor. 

Finalmente, al candidato republicano, cuyo cartel emp^ 
saba con iina pregunta^ se le adhiri6 nna respuesta pica- 
rona, titulo por cierto de un cuento dramfctico mny & la 
moda: 

^QUEEN ES SALOMON L. HÜLL? * 
JEl Secreto de la JElsposa. 

La oartclera repas6 sns carteles, observö qne los candidato« 
qneda tanbien ^nbadumados y pegados, y se retirö sali»* 
fecha de sn obra. Cinco minutos deE^nes habia nn circolo 
de ociosos al rededor de los carteles, y & la hora estaibaa 
impresos en an pmödioo todos los despropöatos, pnes 
para despropösitos nn periödico. Yo los oonserv6 y me 
prometi qne t& tambien los leerias. Yamos & lo de la oti- 
nolina. 

Pero nn momento mas, y conclnyo de nna vez con la poli- 
tica. La signiente correspondencia cay6 en manos del iState^' 
man de Albany : l£e1a. 

^^ Octubre 15w — Mi estimado Juez: Soy candidato para el 
Senado ; si V. viene & este distrito y pronuncia dos 6 tres 
discurcillos har& mucho bien & la catiaa de su afmo. — 

" Octubre 17. — ^Mi coronel: Ir6 con gusto con tal que "V* 
me prometa ser medio honrado siquiera. — Suyo. — 



** Odubne 20. — ^Tengo qne ir al Senado 9in eampromisoB 
de nmgun ginero. — ^De V.'. ." 

£1 juez ech6 los tres discursos 7 el coronel fa£ elejido 
para el Senado siu conipromisos. Vamos k la crinolina. 

Pero miray Iecti>ra : m\ compromisos te digo qne es tarde, 
y que biciste mal en leer esta carta si no te habia de gustar. 
Otro dia sera, oomo dice ci pobre & quien no le dan limosna. 

TuyO- — N AZAKJKNOi 

Posdaia. — ^Pam la del pnScsimo vapor busear^ k un amigo 
que nie la escriba en franc6» u iiigIeS| y te la enyiar£ traduci- 
da como onghial. — ^N. 



EL AMOR. 

KcBTA York, 18 de enera 

El francä» Michelet escrxbiö tin libro titulado ^ Amor^ 
libro piecioso qne toda mujer deberia estndiar para edificar 
& los maridos si son camdas, para preoenir k los novios si 
0on solteras^ para eni^enar & los bermanoa si los tienen, para 
esplicaT) en fin^ k pap6 ese sinn^mero de rarezas que el Yolgo 
Uama *' caprichos " por darle nombre, pero qne en 9I libro 
de Michelet tiene sa nombre y sa porqii6 tan esplioito que se 
piieden clasifiear en el ntoiero de las oosaa qne se Yen, se 
palpan y & las qne se les tiene lifltima. 

La senora .se levanta tarde y enonantra el almnerso frio^ el 
oliocolate sin. aroma, la oame frita agarrotada« 

-— Ifo tengo apetito, eselamta. 

— Si te levantas tan tardei se atreve & decir el maridoy. 
eonsnltando la impresion. de sns palabxaa en- aqnel ogro. 

— ^Tarde ! Son las once. 

— Y qu6? 

— ^Por DiosI no me irrites. Estoy tan nerviosa/ 

El marido se escapa sin aüadir palabra, como si araenazara 
tormenta, y al salir por la puerta dioe : 

— ^Mi mujer esta hoy de vena : tiene caprichos. 

Pobre hombrel Si hubiese eonaultado laobrade Miclielct 



128 

habria prestado.mas atencion & las calendas del mes, y la 
conjuncion de Marte y V^nus le habria dado la clave de los 
caprichos nerviosos de su mujer. 

Consultemos nosotros & otro antor en la materia m6dico- 
psicolögica. Alejaudro Dumas, hijo, que ha hecho dar an 
pontapie a Margarita por el mismo .Padre Prödigo que la 
debiö engendrar en su cerebro de filösofo, jamas quiso espli- 
car porqu6 la Dama de las Canielias usaba constantemente 
im ramillete blanco, menos las veces que lo llevaba del color 

"Emnlo de la lUioii 
Qae nace con vi dln/* 

Alejandro II, rey de la novela y digno principe de la 
casa de los Dumas, prefiri6 dejar el misterio sin descifrar, 
porque ^1, como todos los de su dinastia, sabe que el pueblo 
ama el misterio^ y ama todavia mas ser U quien levante el 
velo para descubrir 

"la gracia, los cncantot 
A loB ciegos profiinos elcondidos.** 

Michelet ha seguido el mismo prineipio ; pero ha diafani' 
zado el velo. La estatua del pudor no ha cerrado los ojos, ni 
incitarä el fuego del cielo para devorar al nuevo Prometeo. 
Sobre el cendal de tules se trasluce una flor que la mano no 

puede alcanzar sino levantando el cendal, y entöuces la 

culpa es de la mano osada, no del artista modesto que escri- 
bio como el sargento sobre el barril : ^ Pölvora : cuidado con 
el fuego 1" 

Yo gusto del libro de Michelet como de la epopeya anat6- 
mica del amor, y recomiendo su lectura, porque tiene un fin 
humanitario y positive. ] Dichosa la sociedad que sancionase 
las teorias del grave escritor franc^s ! 

Llena la mente con la lectura de tan beilas teorias recorro 
alarmado la crönica semanal, porque de lo vivo & lo pintado 
encuentro un foso mas ancho que los del Peih6. 

La senora Gumey, en Inglaterra, abandon6 el nido man- 
tal, SU home y medio millon de libra^ esterlinas, por seguir 
& un nuevo amor. 

**Qii6 caprichol Oht Qa6 capricho 

Paes, aefior, 
Calderon lo tiene dicho: 
*No hay biirlan con el amor.*^ 

Cnando cn Inglaterra suben los valores Nueva York le 



129 

hace eco j los fondos crecen como la espnma : ide6se la cons- 
truccion de un Oreat Eastem y en " America " se construy6 
el TFyman, vapor pez con figura-de cigarro que se fumaria 
cualqiiier indiano, y que atravesard el mar de Atlante en 
cuatro dias. EI globo City of New York dejö atras cuanto 
la Inglaterra pudiera Inventar. En resümen la balanza del 
poder se conserva inalterable. 

Mrs. Gumey, la inglesa, no podia qnedar sin rival, y la ha 
tenido cumplida. La " ciudad de las iglesias," vulgarmente 
llamada Brooklyn, tiene sus millonarios como sos pobres, sus 
dandys y leonas como su gente modesta y recogida. Mis- 
tress es la esposa de \m rico- mercader que tiene ex\ fok 
miembro de la Legislatura, es hoy respetado y querido, pa^ 
ga pantualmente, gira por grandes sumas, es feliz. Tiene cin- 
co hijos interesantfsimos, entre ellos una niüa de quince 
anos. La familia concurre & los clrculos mas elegantes. No 
.lo se, pero apostar^ que rueda coche. 

Yolviendo ä Mistress ; sif dinero hace ruido, pues tiene di- 
nero, " del suyo propio;" posee un par de palacios en Broad* 
"w^ay y algunos miliares en bonos del tesoro püblico. Es 
bella y no ha Uegado & los cuarenta, aunque ha pasado la 
edad en que la mujer se fija en treinta irremisiblemente. 

Un dia de la semana amaneciö nublado el cielo,- y mas nn- 
Uado el horizonte del ex-diputado .4 la Legislatura. 

— "Calle VI La pobrecital 

— « Qu6 ! ^ Se halla eniferma ? 

— ^^Ojala! Se enamorö horriblemente.«,.« 

— "Qu6 dice V? 

— " Sf , sefior. 

— ^" Acaso de algan autor ? 

— '^Qaial No« seSor, de un teniei^. 

— **Dellocode O ? 

— "De aquel. 

— " Yo me opuse j laouitada' 

*— "Se suicid6 despeefaada? 
— "Qui&l No; se ftig6 con 61." 

Se fug6 con un jovencito de diez y ooho afios. El O ... de 
la historia es un humilde dependiente de botica en la oallo 
de Hudson cuyas precoces disposiciones se han desarroUado 
«in Umites. Filadelfia aloja en su seno k los fugitivos. En 
BröoMyn hay entäblada una demanda de divorcio y una j6 

9 



ISO 

von de qaince anos que llora Hin remedio un porvenir que 
ella no ha perdido. 

Aqni de Michelet, aqtd de Dnmas, hijo. i Mistress es eOOf 
6 es Margarita con su ramiUete de camelias blancas ? 

Doblemos la hoja sobre la miseria humana, que llora des- 
de el Paraiso, que el Salvador depar^> en Magdalena, que 
la civilacion aumenta, y que la eociedad no perdona, per« 
que la sociedad no tiene corazon siiio cabeza, La moral dice 
que hace bien. Doblemos la hoja para segiiir al Doelor S . • • 
que corre desatentado por la calle. 

El Doctor no encontx6 4 la esposa de Putifar en la de nn 
enfermo ä quien daba pfldoras. La familia ereyö que ademas 
de dar pildoras al esposo el Dr. tributaba, 6 queria tributar 
homenajes & la esposa. Contraste. La esposa lo crey6 tarn- 
bien: es bonita. 

El Dr. entr6 en la casa como todos los dias el mürtes — dia 
de mal agüero. La madre j una hermana, la esposa j una 
criada salieron a recibirle en la sala despnes que otra criada 
cerro con llave la puerta de la calle. El Dr. se sorprende. 
Una Uuvia de harina salede tres distintas manos y cae sobre 
la persona del doctor. Ojos, nariz, boca, fraO| todo se empol- 
va, y las ofendidas senoras se proponen limpiar al mMico. 
Pif'! paf I pif ! paf ! cien azotes caen sobre el empolvado esca- 
lapio, que corre k la puerta de la calle. { Cerradal Corre ä la 
puerta de la cocina. { Cerrada ! Corre 4 las ventanas. { Ceira- 
das! Y pif! paf! pif! El 14tigo continüa su buena obra. 

Cuando el frac estuvo desharinado y el polvo sacudido, se 
abriö una de las puertas y el m6dico sali6 pomo venado que 
escapa al diente de los pcrros. 

Propongo el caso a la consideracion de Michelet para que 
cuando revise la quinta edicion de sn Amor esplique esta ner- 
viosidad. Por mi parte compadezco al hombre que cae bajo 
el latigo de una mujer; ante todo porque es regia de ganade- 
ros que la vaca embiste con los ojos abiertos, mientras que el 
toro los cierra, y despues de todo porque <j qu6 defensa, ni 
qu6 remedio le queda 4 un hombre ^n tan desigual combate? 
Lola Montes sabe por esperieneia que .tal combate es un jue- 
go de gana-pierde, y que su fuerte consiste en la debilidad. 
Cuando la mujer toma la iniciativa . . « . . 

l Sabe mi lectora — y por vida de • . « . . que yo desearia co- 
nocer ä tan pacienzuda douna-Hsabe que cste es el ano de 
tomai* la iniciativa? 1860 es un pajarraco de raras preeminen* 



131 

das para el Becso d^bil que sacudiö el polvo al doctor: como 
bisiesto da & la crinolina el derecho sapremo del pantalon en 
otros anos, derecho de "proponer," escojer, dar calabazas 
y volver oompletamente la tortilla al reves. ^ Qu6 tia se ha 
^e qnedar en sns 366 dias para hacer almfbares y vestir nifios 
de cera? No hay remedio: ni uno se escaparä, y todo solte- 
ro debe empezar & rezar lo que sepa desde qne vea & una mBr 
yor de edad acerc&rsele & quema-ropa, porque le ira al abor- 
daje. Si yo fhese soltero, me colgaria tina higa por qne no me 
hiciese mal de ojos ninguna muchacha rica 6 buena moza. AI 
considerarlas yentajas escepcionales del afio, mas de nna ten^ 
tacion me ha venido de proponer & Sofia tregaa y Suspension 
para ver qn6 se pesca en el rio reynelto de 1860 : pero con- 
templando algnnos partidos que son capaces de abordar aun 
conociendo & Sofia, alabo la infinita misericodia que me hizo 
no nacer en Utah, 6 en Turquia. 

No d6s que deeir de tu persona, bella Gervacia, opulenta 
Coromoto ; no atropelles &,lo8 viandantes en este valle de 1&- 
grimas, ni abuses de tu fuerza de afio largo. Oye, antes bien, 
el consejo qne la seSora Croly, redactora del Niews de Rock- 
ford, da 6, sus lectoras con motivo del bisiesto : 

**Tacto, muchachas; tacto y prudencia para no espantar 
& las pobres vfctimas, y la zorra caer& en el lazo cuando 
menos lo penseis, solteras mias!" 

Os lo desa tanto como vosotras lAismas, que supongo es el 
colmo del deseo— Nazasbno. 



DE TODO. 

^ Ndeta You^ febrero 8 de 1860. 

Las crönicas de Washington se quejan del malestar que 
produce la fisilta de reunion del Congreso. 

Pues, hombre de Dios, si el Congreso esta reunido f 
— ^Precisamente es una equivocacion : los individuos del 
Congreso estan juntos, pero no unidos, y menos reunidos 
qne es algo mas fiierte; y en cuanto al Congreso, acaba 



de declarar el Senado que no es Congreso por ahora sino 
Cämara, y }o8 diputados no son mas que disputado», 6 dis- 
putadores. 
..Una de las calamidades de la. situacion consiste en que 
no habiendo Congreso no hay sueldo, porqne no hay pre- 
sidente que firme las ördenes contra el tesoro ; y asf sct- 
cede que las senorias estan como estudiante qne agnarda 
la llegada del pr6ximo correo. 

£1 Honorable C. entra en xm restanrsuat en Washington 
y dice al criado: 

^-Traigame Y. sopa de tortnga, un lomo mechado, per- 
dices con arbejas y vino de San Julian de primera» 

El criado. ^- Con pei*don del caballero : <j tiene V. S. la 
bondad de decirme si se ba elegido presidente para la 
Cimaiu de Representantes ? 

El Honorable. — ^Y qu6 blenes le vienen & V. cgn eso? 

El criado. — Con; perdon de V. S., tengo la örden de no 
fiar mientras no se verifiqae la eleeoion. 

El Honorable, que es demöcrata conservador pnro y sim- 
ple, hombre ademas de coneiencia, dice al criado sin eno* 
jarse : 

— ^D^jese V. de mercedes y senorias, que yo antes que 
Fepresentante soy honrado y comerciante. Quiero comer 
k tltulo de tal, y no de miembro del Congreso. 

Patrick se oonvenoe y Id comida bumeante representa 
el voto de confianza que da al que renuncia & ser Hon. 
para poder comer. Patrick toma el sobretodo del caballero 
y lo lleva & la percba con el respeto que ii^pira un jnueble 
que suele disparar. 

Mr. Harris, cönsul de loa. Estados Unidos en el Japon, 
ha invitado al Embajador de S. M. Japonesa para que se 
embarque lo mas pronto. posible & fin de que llegue 
& Washington con todo su s^quito durante las sesiones del 
Congreso. El libro de impresiones de viaje que Fan Choo 
escriba para sus conciudadanos debe contener cosas dignas 
de ser leidas.. Se desea. saber sobre tpdo si aconsejar& al 
soberano aßi&tico la adppcion. del parlamentarismo en aas 
dominios, 

Sabldo es que el. emperador japon^s se enamorö del te- 
l^grafo y lo mand6 establecer sin retardo en todas partes, 
porque (dijo) es un hablador incansable, aunque mndo. 

Otra de las peculiaridades que anotara. el Embajador ha 



133 

de ser pfor fiierza la» de las demandanteß por marido y res- 
titncion de honra, que se compensa o<m denaros. En la 
6Hima demanda de este g^nero q»e ha Uegado & noticia 
de los reporters, la praeba mas fuerte que ofiredö la don* 
oella menesterosa fa6 que el solicitaxite le habia regalado 
ima naranjal Si hnbiera dicho tina manzana, al fin es fruta 
ßimbölioa desde que hubo en el mundo serpientes y Evas ; 
pero iina naranja! y una naranja entera especialmente, 
qne no son las dos medias naranjas que dice el proverbio 
andan rodando por el mundo hasta juntarse« 

Si el japon6s ha leido el Quijote (lo cual no es dudoso) 
echar& mucho de menos 4 «n Sancho Panza para juez de 
demandas en que se träte de desfaoer esta dase de agra- 
vios. El lector sabe por qu^. Entre tanto que los jueces no 
isean como el de Barataria, no olvideis, amigos, los de la 
tierra dQ los azahares, que si & Adan se le atravesö una 
nianzana, & uno de sus tatsuranietos se le agriö la naranja, 
fruta de Cuba en nuestro mercado. 

En despique sirva de consuelo saber que durante todo 
el presente ano bisiesto no pueden las doncellas meneste- 
rosas intentar pleito contra los plcaros de los hombres, 
porque & ellas les toca la iniciativa; y naturalmente si al 
caho del'ano hubiere alguien enganado, no ser& el que 
tienc la parte pasiva en la dUputa de tfmon Por el con- 
trario los hombres de 1860 tendran el placer ünico de de- 
iiiandar & las mujeres por fiilsia y rompimiento de palabra, 
y les reclamaran danos y peiguicios y las oHigaran & 
esisarse con ell<>8, so pena de ir & la o&rcel hasta qm 
xjumplan su promesa. {El siglo de oro de los hombres! 
jCömo sc qtiejarau las mujeres de que las oUiguenJ 

La legl^lalura de Alabama est& disoatiendo un proyecto 
de ley para proteger ^ las mujeres contra todo insulto on las 
reunioues püblicas. La proposicion es inaudita en el pais de 
la galanteria muda y paoiente del hombre, y del gobiemo 
impQi*faite de la mnjer. 

Excepcion. Ya desapareciendo la costumbre de ced^ 
& las £äldas el asiento en los carrusges püblicos de la ciudad. 
Hace un ano que yo me reia entre dientes al ver & comer« 
«iantes respetables levantarse intnediatamente que entraba 
«n los oarros de la Avenida Brigida mi coctnera, y ofrecerle 
mi asiento qne ella tomaba sin hacerse de rogar. Otras que 
no eran Brigid;i haclan lo mismo que ella, deapojando al 



134 

pröjimo como por derecho de conquista, sin darle las graciaiE 
ni volver siquiera la cara* Mcia 41 para oorresponder & su ob- 
sequio (pnes tal era) con tma sonrisa de agradecimiento. Kl 
pr6jimo se ha ido poco & poco persnadiendo de que todae 
8US galanterias no se apreciaban mas que las cortesias de im 
tacayo, j se ha hecho el ciego cuando entran mujeres y 61 
est& sentado. £1 periödico, 6 iina conversacion empefiadn 
con el vecino del lado, le distraen hasta el estremo de no 
▼er & misa Smith, la cnal suele dar sns paseos de punta a 
punta del Camino de hierro haciendo resortes de las panto- 
rillas para compensar el bamboleo del carro. 

Y qu6 bamboleo ! T qu6 carro I Si no fnese porque el 
yapor de hoy es madmgador, te pintaria, cnbana perezosa, 
lo que es hoy mi carro de cnalqoiera Avenida, & fin de que 
saboreases mejor el c6modo asiento de ta volante. Pero serä , 
asxmto para otro TotilimmidL 



TIP08 6R0TESC0S. 

An& va, hnndido en su saco de goma el&stica, anmiciando 
en silencio su miseria y las mercancias de un ricacho que por 
bacer dinero sacrifica el pudor de la humanidad. El pobre ir- 
land^s se pasea por las calles y gana un peso diario llevando 
& cuestas la librea de su desgracia y la prneba inequlvoca de 
los buenos sentimientos de quien lo emplea. El Hombre Avi- 
so estä siempre freute al IVIuseo, 6 en la esquina de Canal, es- 
torbando el- paso & todo el mundo para llamar la atencion h&- 
cia el aviso que lleva escrito en las espaldas. 

No hace mucho que una miseria espantosa, miseria de ham- 
bre, se present6 en figura de jomalero & un rico dem6crata 
j le pidi6 trabajo, lo que pedia la revolucion de Europa en 
1848. 

— ^Trabajo 1 — le contestö el rico. — ^No tengoningnno desde 
que el partido republicano destruyö la rep&blica. Todos mis 
obreres se hicieron republicanos y abandonaron mis ffibricas 
para concurrir & las procesiones de los Wule-Awcike^ 



135 

— ^Ah ! scflor ! Yo üimbion fiil de cso nfniuiro, dijo el obre- 
ro siispiraiulo. 

— ^Ah! ^Con quo es ustcd ^Vide Atoake? 

— Sf, seilor. 

— l y couserva V. 8ii capa do cautchft y 8U sonibrero de la 
«6rdcn?" 

— Si, seiior, y la linterna. 

— ^T la lintenia, eh ! Pues bien, vuelva V. & ponerse el uni- 
forme de la "Orden'* con este cartelon en las espaldas : — "jE? 
i&Uimo de los Wide Auxikea^^ y le pagar£ & V. un peso diario 
mientras se pasee Y. por las calles. 

— Con toda mi alma 1 — dijo el republicano Ueno de jübilo. 
Y vistio el uniforme, y anda por las calles con la librea de 
eu partido. — Ks un epitafio ambulante. 

Los jefes de ese paitido estan en Springfield al lado de la 
morada del Presidente futnro disput&ndose en vida la heren- 
cia de la Repiiblica, atacada de mueile en la Carolina del Sur- 

Mientras los buitres se preparan & devorar su presa otros 
de la familia Uoran al despedirse de la Union. No hay corres- 
pondencia, aviso ni telegrama en que no se cuente que los 
virtuoses patriotas al retirarse de los puestos que les confio 
la nacion pära tomar bandera con las facciones, derraman un 
raudal de l&grimas por la necesidad en que se encuentran de 

ser separatistas. La linea divisoria de la Confedera- 

cion del Norte con la del Sur puede formarse con un lago. 
El hombre sensato teme boy que sea de sangre ; pero los cro* 
nistas dicen que es de lägrimas. 

Los criera de L6ndres, que se alquilan para llorar en los en- 
tierros, y las mulatas de Gurazao que siguen el feretro lloran- 
do & mi shouy han encontrado rivales en los patriotas de la re- 
publica. Pero las lägrimas de estos Ultimos son caras, porque 
el tel6grafo las cobra & diez centavos por termino medio. — 
La Legislatura nacional debeiia promulgar una ley prohibien- 
do el patriotismo y la importacion de cebollas. 

El inarredrable empresario del Museo podria exhibirlos 
como una curiosidad digna de altemar con los aztecas y el 
caballo cerdoso, la sirena y el cocodrilo de Matanzas. Nom- 
bro el cocodrilo sin alusion k las l&grimas. Barnum, que ha 
arado el mundo en bnsca de curiosidadcs, no desdeiiaria los 
hundmga de casa por estar en rebelion. Barnum dicen que loa 
pesca en el aire, y el pfiblico lo sabe bien 4 costa pro])ia. 

Pero sucede que & nadie le falta qiüen le ponga la ceniza en 



136 

la frente, y dpadre del hnmhzig acaba de ser cortado por sus 
mismos filos. Barnum entra en el taller de su barbero ; hable- 
mos con mas respeto, en el eetudio del barbero, porque un 
hombre que hace lo blanco negro debe tener honores de abo- 
gado. El artista se halla ocupado: un irland^s con mas bar- 
bas que Sanson, y mas greiias que un zarzal, tiene prelacion 
en 6rden de tumo. — ^Dejeme V. el puesto, le dice Barnum al 
irlandes, y pagar^ por V. al seiior barbero. 

— Con mil amores, contesto el irlandes, palp&ndose los bd- 
fiillos. 

Barnum se afeita por mano de Figaro y le da palabra dö 
abonar la cuenta del paisauo. 

El paisano empezo por rasurarge ; despues se cortö el pelo, 
despues se hizo enjabonar la cabeza, luego se ban6, y en fin 
ße hizo rizar el cabello y teiiir los bigotes de manera que no 
lo conoceria ni el mismo sembrado de patatas que le vi6 na- 
cer. Salio de la tienda como nuevo y a Barnum se le pasö la 
cuenta, La pelada una peseta, y la barba otra, y otra lo del 
•jabon, y el baiio dos, los rizos dos y la tenidura cuatro. Once 
pesetas! esclamö Barnum. Y jur6 ä la diosa que coi'ona la c6- 
pula del Ayuntamiento — diosa ciega como el topo — que al 
primer irlandes que pesque lo pondra en sn coleccion de liii- 
ces y zorras del Museo. 

La diosa oyö el juramento y diz que se sonriö, levantando 
im poco el tapaojos para ver, como Sancho sobre el ClavÜQ- 
fiio, lo que pasaba all4 abajo. 

Los salones de sesion estaban solitarios y tristes como el al- 
bergue de la inocencia. — ^Dönde esta el gobierno de la ciudad 
metropolitana ? — Nadie contesto. . 

— l Donde ? volviö ä preguntar la diosa. 

El editor del Times^ que vive en freute y es antiguo cono- 
cido de la seiiora, como que por mas senas ha ßido vice-gober- 
Bador del estadd, saliö presuroso al oir los gritos de la Justi- 
cia. 

— ^ Dönde estan los Tegidores ? preguntö ella por tercera 
vez. 

— l Con que no lo sabeis ? esclamö el ex-vioe. Pues voto al 
chäpiro— y no lo digo por echar temos — que no habeis leido 
mi nümero de esta maiiana. Quien no leyere el Times no pro- 
gresarä nunca, nunca. Mirad, seiiora Justicia : allä va un n4- 
mero de muestra con el cual podeis salir de la curiosidad. 

— ^Pero si no puedo leer con esta venda plcara que el Ayun- 



137 

tamiento me lia paesto sobre los ojos para que no vea lo qne 
esos senores regidores hacen en mi presencia. 

— No OB hagais la nena conmigo, dijo el del TVmeSy que ya 
sabeis que nos conocemos de antiguo. 

£1 pilluelo que lleva la8 pruebas i los autores subiö las es- 
caleras hasta dar con la Justicia, la cual alarg6 la mano con 
mana para que no la viesen los paseantes de la plaza, y bajan- 
do un poco la venda .coloc6 el Times sobre un platillo de la 
balanza que por eierto casi se huudiö, y leyö ona eseena gro- 
tesca. 

El teatro es Harlem ; el escenario un circo 6 redondel, ro« 
deado de bancos en anfiteatro. La eseena es la arena del Cir- 
co. El ano el de gracia 1861. Entra por la izqnierda un pei^ 
sonaje c61ebre en los fastos del spart Para aborrar descrip- 
ciones su nombre es John Momssey, JEsquire (caballero,) el 
pugilista de fama. Trae un gallo en la mano. Por la derecha 
se presenta Henry W. Genet, Esquire (caballero,) presidente 
de la Junta de Aldemianes de la ciudad impeiial, con otro ga- 
llo en la mano. 

El juez de la gallera marca el'sol y mide la arena. Se ca- 
san las apuestas y empieza el primer careo. 

Era el gallo de Morrissey un talisayo, espuelinegro, con 
cr^sta romana y pico aguileiio y corcovado como nariz de be- 
breo, alicorto y bailarin^ que k los primeros fondazos probo 
ser animal de gurbia y guapo para entrar. 

El gallo del presidente del Ayuntamiento era liviano y al- 
go gacho, pico de ave de rapina y aleteador : peleaba de car- 
rerita sobre el lomo del contrario y le metia todo el pescuezo 
debajo del ala para picar por encima. EI presidente del Ayun- 
tamiento prob6 la espuela del talisayo de Morrissey y el pi»- 
gilista se lambiö la espuela del avechucho del presidente que 
olyidaba decir era negro y se llamaba "Palmito." Empez6 la 
pelea con mucha igualdad por ambas partes, sacando el mu- 
nicipal la cabeza con toda maSa y tratando de meter las uila$, 
mientras que el otro lo buscaba como & bolsillo de regidor, 
basta que 'Talmito" ajN-ovechando el cansancio de su contra 
rio, le dej6 adelantar un poco y al volver caras le meti6 una 
puiialada de vaca que lo hizo aletear en el momento. 

— ^Bravo presidente Genet ! esclamaron los colegas que ocn- 
paban el anfiteatro. Es mucho gallo ese "Palmito/* gallo en 
fin de regidor que donde agarra no afloja ni con m&quina de 
90 caballos. 



138 

La Josticia mene6 la cabeza como si asintiese & lo que el 
Tiviea escribia. 

Once peleas se echaron con divcrso marte, cambiando de 
dnefio y de bolsillo unos treiota mil pesos. La policia fruströ 
la. diversion tres veces, 6 lo que es lo niismo, no la finströ 
ninguna, y & las cinco y media de la manana termin6 la fiesta, 
porque en gracia de la novedad se hizo por la noehe, y a la 
luz del gas. 

La Justicia se cubriö los ojos, no s£ si de ira 6 de ver- 
güenza, y el editor del Timea^ d&ndole lasbuenastardes des- 
de sa balcon, se Ai6 k sn bufete & escribir otro artfculo. 

Cualquiera que por encima del hombro hubiera cstado al 
aoecho de lo qne el periodista escribia, habria podido leer otra 
escena grotesca del panorama bnrocr&tico nacional. 

Es un restauranty que en lenguaje liso podiia llaraarse ta- 
bema, donde se reune la flor ynata de la andante politiqueria 
con los lUeratti de todo pelaje, edad y condicion, para charlar 
7 andar alegres. (Suplico que no se trastrueque el sentido de 
las palabras.) 

El capitan Rynders, el raarshall, 6 representante federal de 
los Estados Unidos en la ciudad metropolitana, empleado 
prominente & quien malas lenguas han dado en la fior de ca- 
Inmniar, entra en escena y empieza an didlogo sobre el tiem- 
po y las cosas del tiempo, hasta que se habla de la Carolina 
y de pelear. 

— Pelear! esclama Rynders. Qui^n demonios habla de pe- 
lear. Canario ! (*) Escucho k varios charlando de pleito y de 
guerra ; pero canario I no s^ qui^n esponga el pellejo. 

Mr. JTall (inspector de calles, sin sueldo) — ^Vamos, ßefior 
marshall : aquf no qneremos pelear, annque se cree por todos 
que y. es hombre para eso y tres tantos mas. i Quo hay de 
eso? Eh! 

Mynders (el marshall.) — ^Al demonio conellos y con los que 
lo dicen ! i Qui^n es el püblico ? Ni qu6 cuemos me iraporta k 
mf ese senor ! Ya me las s^ yo freir, canario ! Y s6 lo que es 
la opinion publica tan bien como el primero en esta ciudad. 
Pero mis principios ante todo. Yo conozco, canario ! hombres 
de mucho copete, y muy apreciados por la opinion publica, 
que no son sino una ensarta de tunantes. A este nümero per- 
tenecen todos los malandrines de la prensa. Pues digo, caua- 

(*) Tradaccion Ubro. 



139 

rio! que hay aqtd mucha libertad de imprenta, j mucha liber« 
tadde todo. 

JBiall. — ^Vamos, oapitan ! T j qu6 nos dice V. de Beecher, 
el abolicioniBta ? 

Mynders, — Es tin hip6erita que nos yende per palabra dö 
Dios la revolacion. Un hip6crita de los mas redomados, 
canario I La Carolina tiene dereoho de separarse, canario I 
jVLO creo que haya guerra; pero si la hay, con ella es« 
toy, con razon 6 sin ella, canario ! 

Sau, — I Ojal& que entre ella 7 nosotros hubiese nn mnro 
de separacion tan alto como el trono de Dios I 

Myndera, — ^Blasfemia, blasfemia, canario ! Yo s^ lo que s6, 
7 puedo afirmar que Wendell Phillips es un hipöcrita, cana- 
rio ! ]^o, no : no es hip6crita ; es loco. 

SaU. — Capitanl Y eso de Eerrigan ^qu6es? V. cree que 
tiene guardia ? 

Mynders. — (Con el sombrero de medio ganchete y cerran- 
do casi los ojos) — Canario ! Yo no lo conozco & V. ; pero 
aqui estan diez pesos (sac&ndolos) & que no le hace Y. esa 
pregimta al mismo Kerrigan. 

ffaU. — ^Bah l A que sl. 

Mynders, — (Guardandose las monedas.) — ^Mas vale que no, 
porque canario I soy amigo de Kerrigan y lo mismo es insul- 
tarlo & 61 que k mt Si V. quiere probar, estoy dispuesto mo- 
ral y f Isicamente. Empiece Y. 

HaU. — ^Capitan, jes Y. separatista? 

J?yndfer«,— Si, senor ; i y qu6 ? 

HaU, — ^Que le haga buen provecho ! 

RynderB. — (A la reunion.) — Canario! Seüores, este hombre 
es muy superficial y me recuerda un cuento. . . pero prefiero 
no repetirlo. . . Yo no creo en calabazas de separacion. Ese 
hombre es muy insulso, canario 1 y yo soy amigo de Kerri- 
gan. El dia de los acomodamientos ha pasadb. La cuestion 
no tiene arreglo. ^ Qui^n es Greely, el editor del Tribüne f 
\ L16velo el diablo I Phillips ya dije que es un loco, y no un 
orador. Yancey es mas vivo que muchos de ellos* 

Vha voz. — ^Todo lo contrario, oapitan« 
Itynders, — Quß edad tiene Y ? 

Uha voz, — Unos veinte afios. 

Mynäera, — ^Pues, amiguito, espere Y. & que la edad le Ue- 
no la cabeza y le saque de ella tanta cucaracha, canario I 

Otra vojs.— Y los gallos ? Qu6 hay de la pelea, capitan ? 



140 

-Canario ! Si no me avisaron I Yo qne me mue- 
illos I Es im jiiego de priinera. Pero lo que es 

7 & mi oficiAa, porqae, canario ! cuenta con quien 

me toque al gobiemo, {Vide el New-YbrJe J%mea^ enero 25 
de 1861.) 

Leia 70 la anterior escena ein eonmoverme, y pensando en 
la Buerte del gobiemo federal, representado por el capitan 
Bynders, ouando pasaba por Broadway un entierro tan po- 
bre, tan silencioso, tan triste, que apenas llamaba la atencion. 
El ataud iba como de costombre en an carrmaje ; pero detras 
de ese carruaje no segaian como de costumbre otros carroajes. 
El ataud llevaba una chapa sencilla con el nombre de Eu« 
ZA Gilbert. ^ D6nde estaban los hombres de estado qüe han 
puesto el llanto & la moda, para acompanar & la que en otros 
dias alcanz6 honores de reina ? 

Porque en aquel f^retro iba Lola Montbb, la famosa, la 
que hizo decir mas de sf que ninguna de sus contemporaneas, 
la que ^ fatig6 & la fama con el nümero de sus glorias multi- 
formes. " Lola Montes muri6 de dolor. \ Tenia corazon ! La 
ingratitud de su hija adoptiva, & quien ella educö, & quien 
ella cas6, y k quien ella hizo rica y senora, para ser despues 
rechazada por 'esa misma senora, mat6 k Lola, la bailarina, la 
actriz, la condesa, la lectora, la que fumaba cigarrillos en los 
carruajes püblicos y daba latigazos k los escritores püblicos. 
Kara suerte de tan privilejiada mujer I 

— Quien es ella ? preguntö k Lola su edncanda cuando le 
clavö en el corazon el punal de su desprecio. Qui4n es ella ? 
pregimta ahora la repiiblica, herida tambien ; porque, ya lo 
dijo Breton, en todo est& ella como ajente y causa principal 
de todo lo que suoede en el mundo. Eva, Elena, Cleopatra. • • 
eUa es la misma ; esta por todas partes. 

Ah ! Bobalicones que pensais que nuestros males püblicos 
se originan en la cuestion de esclavitud y les buscais reme« 
dio en el compromiso de Missouri y en los planes de Crftten* 
den ! — Oid la historia verdadera y sabed la causa ünica de 
nuestros males. La cuenta el Gommerdal de Cincinnati. 

Todo el mundo sabe que Mr. Buchanan no tiene mujer ; 
pero tiene äobrina para hacer los honores de la Casa Bianca. 
Miss Lane aprendi6 al lado de su tio en Inglaterra eso que 
toda mujer que vale sabe sin ir 4 la corte : a ser aristocr&ti- 
ca. Yino, abri6 los salones de la Casa Bianca y se considerö 
la primera estrella de la Union, ante la cual todas las demaa 



141 

debian estär en mesurado acatamiento. La senora Doiiglass, 
esposa del senador, es mas bella quc miss Lane, es mas j6- 
ven que miss Lane, es mas rica que miss Lane. Ambas es- 
taban en mi baile de los que daba la senadora con tanto gus» 
to como buen 6xito. Un caballero hizo & la castellana. cxim- 
plidos que ofendieron & la belleza de la Casa Bianca. La so- 
brina conto & su tio el disgusto con que trataria en lo futuro 
&la rival victoriosa. El tio se dej6 arrastrar por la sangre; 
la senorita no visitö mas & la senöra ; el Presidente no tratö 
mas al senadon Ellas se enemistaron ; ellos rineron. De ahi 
el cisma del partido demöcrata : del cisma su destrucoion : 
de SU destruccion la victoria de los republicanos, la separa- 
de la Carolina, el bamboleo del templo y — ^por hoj^ — el fin 
de estos cuadros. 

KusYA YosK, febrero 7 de 1860. 



TO Fvno, 

Tu fumas, Sl Aima, y eUa tambien; nosotros fumamos, 
Tosotros fumais, ellos fuman, y eUaa tambien. 

No hay.verbo mas regulär que cste verbo, porque todos 
ecbamos humo cuando menos lo esperamos, y como es cosa 
que no cuesta, nos damos muchos humos cuando menos mo- 
tivos tenemos para hacerlo. Dicen que el humo ensucia; 
pero no es verdad, porque de serlo, pocos andarian limpio» 
de tejas abajo, como que son tambien pocos los que no se 
dan bumos. 

Pero volviendo al verbo fumar y & su regularidad uniforme, 
digo que no hay ninguno como 61, pues aunque la gram&tica 
ensena que amar es el tipo de la regularidad, con perdon 
del maestro Araujo, nada mas que eso me parece sujeto & 
irregularidades en este vida, y tanto que se me figura que 
por tales engaiiifas de la gramätica con el verbo amar, han 
dado en tildarla con el nombre de parda, nombre azaroso en 
todps* tiempos y mas en estos en que por materia de colores 



142 



'•>. 



».. 



. s pronunciados auda la raza anglo-sajona por 
-. 'A l*ompiendose la crisma y desfigurandose el 



Amar es regulär ! Bicn paede que asf sea ; pero venga 
Dios 7 diga^ si es regulär qae estos yankees, 6 coino se Ha- 
men, se est^n amando como lo estan haciendo, y venga y 
diga el mismo Divino Maestro si este es el modo que el nos 
ensenö de conjugar el verbo amar. Pues si no puede ser re- 
gulär, ni coFE que se le parezca, renunciemos 4 todos los 
Araujos conoc do ; y por conocer, y renunciemos ä todas las 
regularidades de amar, basta que por medio de prensa cen- 
sura se las haga entrar en molde. 

Yo estoy por fumar, y por esto fumo, sobre todo cuando 
tengo qu6, el oual qn« para mi gusto debe ser 6 un cigarriUo 
de Susini 6 un puro de la Honradez : me parece que es mas 
&cil siempre fumar con bonradez que amar con ella. Fumo 
y bendigo al veguero que sembrö la boja, tanto como al em- 
presario que me la enria envoelta en una forma que alegra 
la vista y deleita el paladar. Fumo, poxo lo que se llama 
fomar. 

No en pipa, porque la detesto : la pipa se bizo p«ra el 
Jerez, y para estömago de los bajos profundos. Los zuavoo 
usan cachimba, y aqui tenemos unas cuantas companias de 
anglo-americanos azuavados que ban entrado por aquella 
moda. Solo les falta para ser perfectos zuavos el franc^s, que 
se encuentra de balde en el diccionario, y el gato sobre la 
mochila, que no lo llevan por no buscarle los tres pi4s. Pero 
la pipa es su companera inseparable. To no quiero la pipa, 
porque soy adorador de las formas, y las de tal engorro no 
tienen ni pizca de tentacion. Ademas fumar en pipa requiere 
indispensablemente gorro como el de los alemanes, ü oda- 
lisca como la de los turcos, y ya que no siempre se puede 
tener lo ultimo, es preferible no dejarse poner lo otro sin 
motivo justificado. 

El cigarriUo es mono, an abalorio necesario del estudiant« 
de buena ley y de ningunas leyes,' un entretenimiento bo- 
nesto de las mejicanas que lo usan envuelto en capa (de 
maiz) como si fuese nifio recien nacido, y una diversion ino- 
cente de las loretas y grisetas de Paris y de otras partes. 

A mi, cubana lectora, me ban solido de decir lenguas ba- 
bladoras que 6, tf tambien, bija de Eva, te suele distraer el 
ci^^ar illo en las boras de siesta, 6 de dolce far nierUe. Pero 



14S 

per mi nombre te jnro qne siempre he asegnrado que no lo 
he yisto, tan positivamente como que jamas en mi vida he 
visto tampoco & Cuba. No la he hecho por creer que tenga 
algo de malo (hablo de cigarrillo) sino porque hay cosas que 
son para vistas, 7 no encuentro la necesidad de asegurar lo 
que no s4 en asuntos de todos los dias. 

Yo fumo cigarrillos y declaro que un SusinLme entretiene 
tan deliciosamente como una cantarina alemana cantando en 
aleman, idioma qne no entiendo ni por asomos. £1 cigarrillo 
es una necesidad para ml como para todo el que fuma 7 ha 
fumado, y S07 tan regulär en eso que si la Vuelta Abajo de- 
jase de producir picadura, no lo sentirian las cubanas 7 cu- 
banos mas que 70. 

Pero al fin 7 al cabo ^por qu6 fumo? To no fumaba 
cuando nacf, por mas que mi a7a me asegure que desde en- 
tonces S07 chico que me chupo el dedo. i Por qu6 fumo, por * 
qu6 chupo ? Registrando los archivos de la memoria no he 
encontrado la fecha exactii del advenimiento del cigarrillo 
ä mi boca para desalojar al dedo que la afeaba. Creo que 
muchos empezaron & fumar mucho antes que 70, 7 que el 
desalojado no fu6 ningun pulgar, sino otra cosa de menos 
hueso. Pero, en fin, repito, por qu6 fumamos ^ 

He hecho la pregunta & mas* de mil (nümero de cu7a exac- 
titud no respondo) 7 todös me han dado una razon, escusa 
6 pretesto diferente de los pretestos, escusas 7 razones de los 
demas. 
— ^Mi mam& me enseü6 & fumar por el ahogo. 
— A mf se me picaban los dientes. 
— Yo tenia escorbuto. 

— Yo para echarla de hombre, me contestö un muchaoho 
decidor de verdades. 

— ^A ml porque me gust6, dijo otro oon ^nfasis. Como si 
todos no supi^semos que el principio del aprendizaje es duro, 
terrible, con sus ansias 7 mareos. 

Nadie me ha dicho aun que fuma por imitacion, como si 
el mundo temiese confundirse 7 transfonnarse en.un pais de 
monos. Como si ^ese necesaria la transfiguracion I YsLjSkf 
Y2LJ2L ! i No ha7 espejos en el mundo ? 

No recuerdo, 7a dije, la fecha precisa desde la cual fumo ; 
pero jamas olvidar6 que me ensenö & fumar una vieja de las 
que Uevan el fuego por dentro. Aludo al fuego del cigarro, 
porque sobre el otro 7a dije que era vieja. Me ensenö & fu- 



144 

mar "por cariüo,*' y cada vez que & manos le venia me in* 
troducia' el cafion por la boea, diciendome "fuma^pobre- 
cito !" j cuando el entönces para mi nauseabundo sabor pro- 
duoia SU efecto, la buena vieja me consolaba asegurändome 
que despiies aprSnderia. Y aprendl, pero tan bien que puedo 
poner cätedra. 

He fumado como un portero, diria un frances ; pero oomo 
yo no tengo ese ap6ndice, dir^S que he fumado como yo mis- 
mo. Las tres cuartas partes de mi fortuna las hemos conver- 
do en humo mis amigos y yo. Verdad es que esos seiiores no 
hau dejado tampoco de emplear diversos prooedimientos qui- 
micos para evaporar la otra cuarta. Fumo con desesperacion, 
6, mas bien, con resignacion cristiana, diciendo en mi inte- 
rior fama ftimus^ 6 "recuerda, hombre, que eres polvo," y 
entonces precisamente cae la ceniza de nd Susini sobre la me- 
sa en que estoy escribiendo, 6 sobre algun papelon que tengo 
entre manos. Digo, pues, que fumo mucho y bien, sin que me 
pare en consideraciones de las varias que son familiäres & 
los que se dan a este placer, que los no fhmadores han caliü* 
cado de vicio. 

Si yo fuese cubano ^maria por patriotismo, como lo&ingle- 
ses beben p6rter y los franceses se matan con oanones &la 
Paixhans. Todo estudiante fuma por distraerse, y esta pro- 
bado que fuma mas en la ultima parte del mes, cuando se le 
ha acabado la pension. De donde infiero 16gicamente que el 
fumar distrae la pobreza, aunque otros digan que la causa. 
Si yo fuese sultan, zar, ü otro soberano asi, de esos que no 
se han convencido todavia de que los hombres necesitan cons- 
titucion (como si no les bastase & los muy zopencos la que 
Dios les di6 ;) si fuese, digo, un mandon de los que sahen y 
pueden hacerlo, ordenaria en mi pueblo que todos fumasen 
ynadieseria desgraciado. Conozooporel contrario una re- 
püblica, con su constitncion y todo, donde no se ve por todas 
partes mas ley esorita ä la vista general del pueblo sino la de 
Ifo Smoking aUowed^ lo cual dice en romance : "No se pennite 
fumar," como si el humo de un habano produjese cölera, 4 
otra enfermedad contagiosa. 

En cambio los ciudadanos del susodichö pais mascan. Qu4 
horror I Ko solamente mascan el agua los viejos, y las mucha- 
chas el palillode dientes, sino que los hombres ipas formale» 
y mejor puestos mascan tabaco 1 Tabaco de Virginia, tabaoo 
de un lugar que aunque tenga nombre muy duloe y casi t^i- 



145 

tador, prodnoe iina hoja de sabor muy acre y nada halagüeno; 
Masoan tabaco de Maryland, otro pueblo con nombre engor 
fioso, pues dice "tierra de Maria" y es tierra hoy de revolii- 
cionavios y de cierto tabaco que no lo oliera ninguna donce- 
Ua por fregona y de labor que se la suponga, sin renegaf de 
la tieri*a bu tocaya. Y sin embargo, de esos tabacofl mascan 
como si fuese meloocha senores de frac y guante, con trata- 
miento y tltulo de gentlemeriy 6 gentiles hombres, que se decia 
antea, como ahora caballeros. 

La polea anda rodando por todos los senos de esas bocas 
qne no s^ c6mo hay quien las bese, ni ann con todo el amor 
matrimonial 6 filial. Y si quedase el asunto en casa, ya se po* 
diia tolerar, porque de puertas adentro no tiene vara la jus- 
ticia de la critica ; pero todos los vecinos sufrimos por igual, 
«in que nadie se libre de ver la polea proyectada en uno y otro 
de los carrilios como si la lengua hubiese errado el ordinario 
Camino y qnisiese salir por vias no naturales ; 6 bien sufnmos 
la Uovizna de una incesante escupitina que si no hace mal al 
estdmago del actor, mortifica al de los espectadores ; y sufri- 
mos en nuestros yestidos sobre todo cuando son faldas, y mas 
coando las faldas son de las Uamadas ^'sobretodos," que sobre 
todo pasan como escoba de criada nueva, 6 de contratista de 
limpieza el dia que presenta su cuenta para el cobro. 

Mascar I i Quiön masca cuando se puede fumar, y f\imar de 
lo bueno, de lo m^or, de la misma Honradez, cnya valia na- 
die ha puesto en duda ? 

Mi aya sostiene hoy que mejor qne todo eso es sorber. Pero 

yo tengo mis dudas, porque de sorber nadie sali6 librado sino 

Jonas, ä quien una ballena tuYO la galanteria de desorber. 

Recuerdo haber leido en las obras de lord Stanhope ciertoa 

calculos que afligirian & un hombre menos desocupado, y aun 

menos denpreocupado qile yo. Dice el noble lord qne todo 

sorbedor de profesion se echa en las ventanas cuando menos 

nn polvazo cada diezminutos. Cadapolyazo con.la agradable 

ceremonia de sonarse las narices y sus etc^teras lleva minuto 

y medio. Minuto y medio en cada diez minntos, contando diez 

y seis horas por dia natural del sorbedor, hacen dos horas y 

veinte y cnatro minutos por dia, 6 nn dia en cada diez. Un 

dia en cada diez asciende al fin del aüo & treinta y seis dias 

y medio. Eche V. la cuenta en cuare«rta aSos, t^rmino medio 

de la vida de un sorbedor, y hallar& que ha pasado dos anos 

enteros rellen&ndose las narices y otros dos mas desrellen&n^ 

10 



146 

dosel8.s. Lo dice lord Stanhope, que era nn iugles muy sabio 
y debe ser verdad. Dos anos de marea alta y otros dos de 
marea baja aüigen al mas yaliente. 

A esto se agrega el suicidio de la nariz y que bay narices 
de narices, narices que exigirian para ser teiTaplenadas com- 
pletamente mas hombres de los que Uevö Jerjes ä la golleria 
de las Term6pilas ; narices que si do fuesen mias se las desea- 
ria al peor de mis enemigos para regalo de pascuas. Esta vis- 
to que no sorbo, y que no sorber^ en mi vida mientras no 
cambien los detalles de la operacion y los entorpecimientos 
adicionales que interpuso la naturaleza entre los respectivos 
picos de mi nariz y la botella. Hay ademas razones de decen- 
cia y de aseo que deben quedar en el tintero, no sea que le 
den al lector en las narices, por mas que no sea sorbedor. 

Digo pues que no sorbo, que no masco, que aborrezco am- 
bas cosas tanto como gusto de fumar, y que, por mas, que el 
mundo censure, la cosa es buena cuando tiene tantos adora- 
dores. Quemen otros incienso al poderoso : yo quemar6 siem- 
pre habanos que tienen su propio incienso, y que son tan fie- 
les y agradecidos como para consumirse en el vivo fuego de 
quien bien los quiere, y perecer por servir & su senor. Los ci- 
garros y los budas pertenecen k la inmortalidad por la abne- 
gacion con que se sacrifican. 

Dicen que un gabacho Uamado Nicot introdujo el tabaco 
en Europa, donde no era conocido hasta el ano de mil y tan- 
tos. La fecha no hace al caso ; pero sl conviene reibrmar el 
error histörico, porque muchos anos antes de e'sa fecha ba- 
bian ido ä Espana un tal Colon que si no era gabacho, valia 
por media docena de ellos, y imos cuantos indios de la Espa» 
nola que "llevaban hojas fragantes que usaban quemändolas 
y poni^ndoselas en la boca." Nicot lo que hizo fue imponer 
al mundo de las flaquezas del tabaco, descubriendo que en su 
seno encierra cierto veneno Uamado en honor de su inhuma- 
nidad nicotina^ el cual, si se halla en la hoja peffumada, no es 
sino cuando degenera y se bastardea, porque en la legitimi- 
dad de su orfgen no cabe nicotina, ni cupiera el mismo Nicot, 
si SU mal corazon y sus calumnias lo dejasen volver ä juntar- 
ge con la victima inocente de cuya simplicidad abus6. 

El tabaco es ver * Si que lo es y mortal, en los estancos, 
en las vegas de Ä**. »a*. y en los aguazales de Virginia, 
donde no es tabaco, creacion de Dios, planta pura sin mala 
intencion ni resentimientos, sino un desterrado de por vida k 



-_ . ««■_ 



147 

qnien la injnsticia agriö el car&cter, viciöla naturaleza, hlzo 
rebosar la c61era y convirtiö en rencgado misantropo que vi- 
ve de odiar & la humanidad por los atropellos que con 61 ha 
cometido. Buscad ' el tabaco en la Yuelta-Abajo, cn la vega 
nativa, donde crece al amor de una atmösfera tibia y euibal- 
samada con las flores de los naranjos y la miel de las colmenas 
ziimbadoras. Buscad el tabaco en la cueva del Gn&charo, 
all& en Venezuela, & la sombra de una b6veda de estalactitas 
de cristal, en nn cielo puro como el amor de la inocencia, qne- 
rido y cultivado por los pajaros del mismo cielo, que Uevan 
allf la semilla recogida en lejanas y desconocidas regiones. 
Buscad all! el tabaco, y merecereis la marca del hierro can- 
dente si os atreveis, profanes, & Uamarle veneno. 

Yeneno es el tabaco de Alemania, que jamas produjo esa 
hoja bienhechora, sino que le robö el apellido, porque la im- 
porta de America desde hace siglos, y la beneficia 6 maleficia, 
entre el humo letal de sus tabemas de largerhier. 

Veneno es el tabaco que se educa oyendo hablar ingl^s, y 
adquiere toda la aspereza y el mal paladar del idioma con 
que el raonarca sin sombra de sol queria que se hablase 4 los 
perros. 

Veneno es el tabaco desterrado que destila bilis por todos 
sus porös, y de c61era hace espuma la boca. • 

Veneno es todo lo que no se toma en sazon y tiempo opor- 
tuno, como es veneno la manzana no madura, y como lo fu6 
aunque se desgajaba de puro hecha, la que fu6ra de tiempo 
8irvi6 de' hartazgo 6 Indigestion k los vecinos del paraiso ter- 
renal. 

Pero d&eme el tabaco que elogio, y si no muero de otra 
muerte que la de su veneno, prometo solemn^nente que ser6 
un segundo Elias, aunque no sea profeta. 

Digo- 

" To aqnel quo ho vlato tcnto 
Qno solo el recordarlo causa eBpanto,** 

digo que en toda la redondez de la tiisrra, sobre la cual se 
achataron mis plantas, observ6 siempre el mismo amor y la 
misma veneracion por el tabaco ; de donde he venido en con- 
secuencia k deducir que el tabaco ^.p'*f}nio el aire, una nece- 
sidad atmosferica. Fume en l^^^ jra puros inmaculados 
el magnate & quien el dinero se los proporciona en todas las 
tierras. No ser4 causa para que el gfbaro de Puerto Rico no 



1^8 

tenga bu jumazo^ el chino bu calilla, el turco su pipa de cn* 
lebra y el indio su ealumet. 

A orillas del Apare, en una manana hümeda, cnando el 
0ol tropioal estä provisionalmente yeneido por un pronun- 
eiamiento de la neblina eepesa de la noche, se suele ver 
ik dos hombres en cuclillas que parecen, uno freute al otro, 
dos momias egipcias, olvidadas en el camino por donde no 
Yolver&n 6 pasar sns autores» ^Est&n conyersando aqnellos 
hombres ? No ; est&n fomando k dao : el uno tiene el cigarro 
en la boea y al eohar la fiunarada la dirige 4 la boca dcl 
ol^o, que la absorbe y paladea en el acto, y asi fuman dos de 
un solo cigarro. £1 m^odo es econömico ;, pero aun pasa 
ignorado por los estudiantes de filosofia. £1 dia que lo oo* 
nozcan, di8minuiF& la mitad el oonsumo del tabaco. 

Cuba posee el privilegio esdusivo (aans garahtie du gou^ 
vemement) de producir el mejor tabaco del mundo, y sus fa- 
bricantes el de encontrarle los nombres mas singulares des* 
pues que lo han torcido. Becuerdo los Trabucos, Bayonetas, 
Canones, Panetelas, etc., que alaimarian a la Sociedad de la 
Paz. He ftunado Conchas, que no s^ c6mo arden, Imperiales 
que no itienen corona, Löndres que fueron devorados por el 
fuego & pesar del Tämesis y de todas sus compafiias de bom« 
beros, Prensados de mala figura y buenas obras, etc. etc. 

Pero en ninguna paite habia fumado Primores sino en 
est;a baruUöpolis de Nueva York. Los Primores son cigarros 
con capa de papel remedando tan al natural la del tabaco 
mismo que no las distinguiria el ojo mas esperto. He fumado 
cigarrillos hechos en Brooklyn con picadura de Virginia, pu- 
Tos de la Yuelta-Abajo de Marilandia y cigarroH importados 
de Kentucky. £1 tabaco aleman compite en el mercado con 
cualquiera por el rötulo de las cajas y la desvergüenza de 
sus espendedores. £n Nueva York hay 20,000 casas que im« 
portan tabaco de la JETavana and Principe y se ocupan en 
la importacion como 16,000 muchachas torcedoras, de la 
hoja y de la verdad. Hay ademas mäquinas de hacer cigar- 
rillos importados y tabacos "recibidos por el ultimo vapor.'* 

Por eso no los fumo, y me atengo & los que importo yo 
mismo, los cuales suelen importarme k mf. . . no sd qu6 su- 
nias. Fumo con toda conciencia y buena fe, sin temor & ye- 
nenos ni otras supercherias, y gozo con satisfkccion, porque 
me oomplace la idea de que en la boca no me ha entrado hari- 
na de otro costal, porque ha habido Honradez en la transacion. 



149 

Ei eigarro de la Habana no tiene para mi sino un defecto, 
vno y ünißo, y es. . . que se aoaba. 

** Dicen que todo cdfin se deavanece^ " y el tabaco lo mismo 
que todo. Desearia al terminar esta prueba de ociosidad mal 
farfullada indicar el remedio para ese mal i pero lo dejare- 
mos para caando lo encaentre. 

l^UfiYA TosK, mayo 5 de 18G0. 



E^ ALBUM DE MI IHÜJEK. 

Ulr&os en ese espejob 

£l filbnm es una creacion singular. Dice el acad6mico Ba* 
ralt que como el c61era y otras calamidades del «liverso 
no tiene plural por divina dispensacion. Porque ^quien 
agoantaria muchos c61eras ni muchos &lbums? No habia, en 
tiempo de los j6venes de mi ^poca, mayor calamidad que la 
entrada de un libro que necesitaba lacayo para su conduccion 
y talento para su relleno, pena de desaguisados de mal gusto. 
Todavia me tiemblan las cames al recordar cada vez que una 
Dolores me pedia ^^ algnna cosita " para su &lbum. Todavia 
recuerdo con grima que los mayores disparates de mi vida 
estan oonsagrados en esos libros que la musa maldijo y que 
la ciTÜizacion ha condenado al olvido. 

] Qn6 de horrores, padre Apolo, causö el älbum & tu fa- 

milia! Dicen que el romanticismo te mat6 con su punal; 

pero no ; no es asi : la historia probar& que fu6 el älbum con 

^sus sandeces« Que no descanse en paz! Que su memoria sea 

ecsecrada por generaciones de generaciones I 

A aquel centon de delitos contra la poesia, y de contribi^ 
eiones forzosas exigidas bajo el pretesto del carino, ha suce* 
dido otro depösito de mementos que solo cuesta dinero. Es 
mas facil teuer dinero que teuer talento, y por eso es mas 
tolerable que el libro de antes el libro de ahora. 

Consta este de una coleccion de los retratos de nuestros 



150 

amigos 7 amigas. La inveiicioii es francesa, como lo es tarn« 
bien la del daguerreotipo, cuja ascendencia en linea recta 
reconoce, y estä aclimatada en todas las tierras civilizadas 
del orbe eristiano. EI oi-igen del älbum de retratos se ])icrdo 
en la oscoridad de tantos otros iuventos que salen al publico 
franc^s, "con privilegio escliLsivo y sin garautia dul go- 
biemo ;" pero debio ser hijo de algun fotografo pobre a quioii 
la uecesidadf poniendole en tomiento las entendederas, liizo 
€Oncebir y ejecutar el medio de dar trabajo a su tallcr. 

£1 &lbnm es nn libro de hermosa cubierta y cantDS dorados 
con tantas hojas como amigos calcula Y. que poscc, dejrin l<i 
nn poco mas 6 menos prudencial para el caso de cveiitiiali- 
dudes futuras. Gada hoja tiene tantas abeitui*as 6 rccortcs 
como caben en sa fr6ntis, y abierta ofrece el aspccto de ven- 
tanas de carcel con sns respectivos presos asomados en cllas. 
Cuando Y. compra su &lbum estä väcio, por siipuesto, y las 
ventanas sin inquilinos. Parece entonces nna casa en piernas, 
6 una armadura desocupada. 

Cuesta segun el tamano, y el tamaiio est& en razon del nü- 
mero de amigos con que Y. cuente. Inütil e§ decir que nii^n- 
tras ma» rico sea Y., mayor debe ser su &lbum, en la propor- 
<Äon que he indicado. Fredericks, nuestra famoso retratista 
en c&mara oscura, me senalö hace poco uno hecho esprcsa- 
mente para nn caballero de esta ciudad : sus dimensiones 
eran comparativamente las del Grreat Emtem* Como Frede- 
ricks es tan prudente, no quiso decirme el nombre de aquel 
afortunado que cuenta, ö se propone contar los ami^ros por 
mayor, & la gruesa, por toneladas. 

Los filösofos de la antigüedad llamaban dichoso al bombre 
que podia contar con un amigo verdadero. Los modenios 
han innovado la maxima, 6 el corazon del hombre, despucs 
de tantas guerras y peripecias como ban ocun*ido desde Selon 
y Blas hasta Scbamyl y Garibaldi, ha variado completamcnte 
para bien de la humanidad. Oontamos hoy los amigos por 
docenas, puesto que la coleccion menor de los retratos encna- 
deiiiados contiene 25« Muchas veces me he detenido k peiisar 
en esto cuando veo sobre la mesa el älbum de nii mujcr, que 
es uno de lo» de menor expresion, y cuando est& abierto la 
casualidad me presenta rostros que me hacen dudar de si 
Bias estaba equivocado mil y mas anos hace. Si el libro es 
uo grueso calibre como el ejemplar del Koran que se con- 
ccrva en la Meca, ö siquiera como la Biblia de familia en una 



151 

casa de nuestras pnritanas, me quedo en ayunas sobre la msh 
nera de llenarlo con amigos. 

El albom de Nina contiene un solo retrato, y ese ni aun 
eabe en la estrechez de la radxima antigna, porque el retrato 
qne ella guarda es el de un oficial que estä en la guerra, j e»- 
pera k qne sus hombros est6n mas adoimados para pobrar 
a Nina sa amor. XJna bala 6 un moniento de inconstancia do- 
jarän desierto el älbum de Nina. 

Mi mejor amigo no ha querido darme su retrato para f olo- 
oarlo en el album por causa de eierta eonveraacion que oy6 
en casa. Nuestro vecina del lado participaba 4 Sofia que ya 
tenia " uno mas." 
— ^Uno mas ! i Qu6 es eso f 

— ^Uno mas para mi album, dijo la vecina : y dcsde entönt- 
ces mi amigo no quier^ ser el segundo mas. 

Efectivamente si el mercader que espende el libro es div 
bitro de aumentar el nümero de sus hojas, lo es tambieii p \ra 
aumentar el de los amigos dcl comprador« A su merced estä 
hacer que uno tengo amigos. 

Por otra parte en esta vida todo es proporcionado, porque 
las cosas deformes perecen de suyo.: la luz del sol es superior 
& todas las demas luces, y el poder del elefante estä en razon 
de SU tamano. Asimismo el hombre que vive en grande 
y tiene casa fastuosa^ debe ser dueüo de un älbum mas grande 
que el älbum del pobre. ; Cuäntos desheredados hay por el 
mundo que no tienen sino el de la esperanza,*esa amiga ünica 
de cuya fidelidad nadie ha dudado jamäs ! 

He visto el dlbum del rico, y en sus ventanas asomaban 
rostros de hombres que no podian ser amigos suyos, hombres 
de intriga, hombres de la politica, hombres que se arruinan 
y arruinan k otros en la banca, hombres que envidian el fausto 
del album, hombres necesitados que cortejan la fortuna, aun- 
que no simpatizan con el hombre. He visto la coleccion de 
las diversas miserias de la vida representadas en caras risue- 
. nas para la oportunidad, 6 sonreidas en lugar de Uorosas, 
6 mas bien encrespadas por la desesperacion. Estos son los 
amigos del rico I Los conozco. Ninguno de ellos lo saludaria 
manana si el huracan que va arrasando fortunas en esta crisis, 
destruyera — Dios la preserve incölume ! — ^la del nabab que 
da convites y bailes, y arrastra coche de librea en esta re* 
publica. 

Contempl6 con tristeza el libro de los amigos dcl dinero 



162 

7 lo cerrö para no yer las tnmbas por dentro. Sus reiieves 
dorados deslumbraban mis ojos; pero mi corazon estaba 
opnmido. Cuando la senora de la casa me hizo el cnmplido 
de pedirme mi retrato, no supe qa6 contestar, y al fin reventfi 
con la sandez de que jamas me habia retratado por temor de 
verme 4 mi mismo. Ella ha insistido, y al fin tendri que po- 
ner ^mio mas" en el n&mero de los habitantes de aqnellas 
ventanas. No s^ si mi retrato podra vivir entre cojines de 
brocado j espejos venecianos, al son del piano de Ehrard, 
7 db las lisoDJas que mis companeros de ilbiun prodigan in- 
cansablemente al talento del senor 7 & la beldad de la sefiora: 
no s6 si despues ira oomo el retrato de Mesonero 4 servir de 
tipa & \m frasco de pomada. No s6 cuantas evoluoiones su- 
frir& 7 cuäntos pasos avante 7 atr&s dara en aquel panteon de 
caras que avanzan 7 retroceden segun los grados de aprocsi- 
macion 4 la familia en que snelen estar ^^sus amigos." » 

Dfgolo porqne he visto 4 Emma 7 4 su hermana Lnisa arre- 
glando el 41bum de la casa. 

— ^Pero, hija, decia la una, si el 4Ibnm e8t4 arreglado ! 

— Qoita all4 1 oontestö la otra. ^ Arreglado 7 res 4 Falano 
PH tprcer lugar antes que este otro amigo intimo 4 quien pre- 
fiero? 

— ^Loisa, la semana pasada no demas otro tanto. 

— Si ; pero he oambiado de opinion 7 es prectso adelantar 
el retrato. Ser4 la mejor prueba qne pnede £1 tener de que 
sa rival ha caido. 

Y el retrato avanz^ im paso, 8alt6 nna hoja, gan6 la par- 
tida. Robertson debi6 qnedar satisfecho la pr6csima vez quo 
Ti6 el 4lbiim. Robertson no sabia que 4 la espalda de su re- 
trato estaba pegado con goma el anuncio de que su tio el 
millonario habia muerto en Boston uno de los dias de la ul- 
tima semana. Visits ayer el estudio de mi abogado, 7 habla- 
mos de Robertson. Mi abogado me asegur6 que habia visto 
el testamento del millonario, 7 que Robertson no es su here- 
fVo^o. ;, Qu6 nümero ir4 4 ocupar su retrato en el 4Ibum de 
Luisa? 

Las nltas 7 bajas que la seüorita hace sufrir 4 sus amigos 
son de divertir 4 un misantropo : unas veces se entretiene en 
elasificarlos por secciones de feos 7 hermosos ; otras pone en 
oompania retratos cn70S originales jamas andan apareados 
por el mundo 4 causa de la fnerza de repulsion, del magne- 



153 

tismo negative,' de los elementos contradictorios iqae la natn- 
raleza 6 las cirennstancias han puesto en sn Camino. Como 
haya dos qne est^n refiidos, los verä Y. seguramente juntos 
en el älbiim de Luisa. A ocasiones aparea a solteros qne qui- 
siera ella Ter casados, y el retrato de nna amiga suya que 
ella sabe est& deshecha por Uegar k otro estado, lo tiene ro- 
deado de solterones mayores de edad desde la caida de Ci.r« 
los li.. Gada vez qne yo quiero averignar el aspecto de revo- 
Incion en qne se encnentra la sooiedad de Luisa, acndo & sn 
&lbnm y por las aprocsimaciones y alejamientos conozco el 
movimiento de la cbismeria social. Nunca snpe tanto la ver- 
dad horrible de los movimientos estrat^gicos en aquel teatro 
mndo como el dia en que vi el retrato de nn j6ven interi^ues- 
to entre los de nn Mister y nna Mistress que Uevaban el mis- 
jno apellido. La cr6nica de los tribnnales me esplicö despues 
4a malicia de Luisa, y ä poco vi que de sn &lbum habian des- 
q)arecido tres im&genes. El &lbnm era nn bar6metro de tem- 
pestades : en sns hojas no estaba escrita la palabra ^'sangre :" 
la civilizacion opta siempre por la de '*divorcio." \ Qu6 &1- 
bnm era el &lbnm de Luisa I Tiempo ha qne no lo veo, porqife 
bay verdades qne es mejor ignorarlas. 

£1 &lbnm de mi mujer es inocente como ella y como ella 
estä Ueno de sonrisas pläcidas y tan sinceras y gratas qne 
cuando quiero desnnblar la £rente voy & ver sns hojas. En &l 
estan mis amigos, porque yo soy mas feliz que Bias y los ten* 
go en plnral ; pocos son, pero inapreciables. En 61 estan mis 
protectores, los qne en la borrasca mas deshecha de mi vida — 
Dios los colme de bienes! — ^lanzaron sn böte & la mar y me 
dieron auxilio ann & sn costa. En £1 est& mi fumilia, mi cora- 
zon, mi tranquilidad, el premio de lo qne he snfrido, de lo 
que sufro, la reparacion de las injusticias, el cielo que Dios 
ha prometido & los qne obedecen sns mandamientos y se re- 
signan con su herencia de penas. ^ Quo le falta a mi älbum 
sino el retrato de mi madre ? Poro ella est& tan löjos, tan le- 
jos La dicha no puede ser completa. 

Miss Smith tiene nn &lbum y lo quiere tanto como yo el mio; 
lo llama "su pretesto," y el nombre me escitaba & tal grado 
la curiosidad que me atrevi & preguntarle la razon de aquel 
bautizo en uno de esos momentos en que las mnjeres lo dicen 
todo : todo lo que dicen. 

— Conoce V. & Edgard ? me pregunt6. 

— Si. 



m 

— Est& enamorado ? 

— No. 

— Le creo & V., porque s6 hasta dönde lo quiere V. 

— ^Pues'qu6? 

— Piies quo? me contestö la cuitada. Este es ßu retrato, y 
coino yo no j3odiia conservarlo decentemente sin mostrar una 
pi'cdilcceion no pennitida y desgraciada, he comprado un dl- 
biim i)ara colocarlo entre muchos. 

— Comprendo : esos muchos justifican la posesion de uno. 

-^Cabal. 

— Pcro liablo V. de una predilecoion desgraciada. 

— Si, mucho. 

— Por que ? 

— l No mc lia dicho V. quo Edgard no esta enamorado ? 

Y la i)obre nifia mc miro tristemente como la paloma heii- 
da que no sabc jwdir rcinedio. • 

El album de miss Smith contienc mi retrato: ßoy "unomas" 
que sirvc de j>retosto. Vnya con Dios, que nunca resulto en 
mal Im cor ob ras »Ic nii>K?ncordia. Sobre todo me consuela 
ver qiic en aquel dor.ulo libro soy cl ünico que no esta en po- 
sicion. ]Mi retrato es mio, au naturell sin buscar tonos, ni re- 
prcsentar lo que no soy, ancho, comodo, sin därseme nada de 
como iKirece. 

Mis conipaiieros de pre teste se han colocado en aquella 
postura que mas favor imaghiaron les haria : el uno recto co- 
mo asta de bandera no atacada por las revoluciones : el otro 
mirando ä un lado como i)erro que va a ahullar ; quien medi- 
tabiindo y con la mano en la mejilla ; quien leyendo un pe- 
riüdico como si le iinportasen mi ardite los que le miran, aun 
liasta lamisma sefiora ä quien i)or complacer regalo la estan- 
tigua. Todos cstiidian y se plautan; todos menosyo; j^orraa- 
iicia <|ue el ospectador tiene que i)oner en prensa la memoria 
antes de acertar con el original de aquella copia ecsagerada. 

— Este es Fulano ! Si, pero con una espresion artistica que 
jamas tuvo. Si i)arece comico I 

Uu anciano visita amiss Smith y jamas le ha prometido su re- 
trato ; tiene la mania de que morirä tan pronto como deje im- 
presa su üsonomia en el paj^el de Bristol engomado. 

Otros tienen distinta mania : la de hacerse celebres resa- 
lando SU caricatura, hecha espresamente por artistas que tie- 
nen esa esi3ecialidad. Brown, que toca el violin regularmente 
mal, se ha puesto bajo la barba un rasca-sonidos como Paga- 



155 

nini, mncho major qne el tamano del cnerpo que sostiene 
aqaella caraza. Falon regala sa retrato en la actitnd de jugar 
al biliar: stis piemas son dos tacos. El pintor *** saca la ca- 
beza por entre el caballete : parece ahorcado. Un autor de las 
comedias de Scribe en ingl6s se ha retratado con dos plmnas 
detras de las orejas : 4 veces se me fignra qne vnela como el 
dios 3fercuri0j j otras creo qne no vnela sino que es escriba* 
no püblico, de los de papel sin recortar y pote de arenilla. 

La senora L.... embajadora de nna potencia de Sur Ameri- 
ca, me ensenö en Washington dos magnificos libros que le re- 
gal6 el Principe de Joinville : contienen la eoleccion mas com- 
pleta que yo haya visto nunca de todas las celebridades contem- 
poräneas en literatura, artes, cieneias, dignidades etc. En 
aquellos libros he visto ä todos los que contribuyen, 6 han con- 
tribuido en este siglo con su respectivo soplido ä hacer reso- 
Üar la .trompeta de la fama. Tras tener im m6rito intrfnseco 
tan relevante, ser regalo de un pi-incipe, y principe cßlebre y 
desgraciado, y estar en manos de la mas amable, digna y be- 
Ua de mis amigas de la capital, los libros me parecieron impa- 
gables tanto como las horad que pase el inviemo ultimo en los 
salones de aquella joya del pais de las esmeraldas y de los 
rubles. 

El album tiene su misioii hoy tan segura y positiva, tan ineo- 
sorable como las revolncioncs y las tempestades. Los aman- 
ten en los idilios y en las cglogas se daban prucbas de afecto 
con bcsos y apretones de mano k furto de los pastores mas 
viejos. La civilizacion introdnjo despues la mecha de pelo y 
el retrato como signos de amor. El refinamiento modemo los 
ha ido matando todos uno ä uno, cual zorro viejo entre el pa- 
lomar. Dar la mano ä las seiioras y senoritas es prueba de 
buena educacion. Adioslos apretones furtivos! Los parientes, 
los afines, los amigos so besan hoy sin ocultarlo, y es adelanto 
de paises civilizados, sin duda porque en cierta isla no distan- 
te de Costa Firme se asegura con fuerza de refran que "un 
gunche es un vento," 6 en espanol que "besar es tomar aire.'* 
Adios el beso I 

Quedaba el retrato, y el &lbnm y la prodigiosa multiplica- 
cion de imägenes que produce la fotografia han venido para 
dar en tieiTa con el penültimo encanto del amor. ^ Qu6 poeta 
escribirä mas A su retrato si el retrato se encuentra por doce- 
nas en todas partes ? 

,La trova andaluza dice: 



156 

Dtme de tu cabesa 
Siqniera an pelo 
Para atarme nna herldA 
Qne amor me ha hecho, 

Pero es locnra. 

Pnea mas ha de Inflamaw 

Oon la atadnra. 



Otra endeclia popalar decia : 

Atame ccm an cabeUo 

A la reja de ta caea, 

Qne aonqne el cahello se rompA 

Begnro esUL <iae me vaya. 

Tal era de poderosa la mecha trenzada de los cabellos de 
Filis, pero 

— ^Dejemos al amor xm re^gio, me grita Sofia, arrebat&n* 
dome el älbum de mi mnjer. 

KuBYA YoBK, 24 de majo de 1861« 



EL TAMBOB DE HIS HIJOS. 

Lorsqae Je demandaie aa petlt ce qa*ll 
pr^f§rait d^on chinoie oa d*an toro, 
le petit r^pondait : Je pr6före an 
petit cheval de bois avec an sifflet 
dant le derridre.— Hsmu Hkoo. 

El pAblico, digo mi publice, no sabr&, por ilustrado que 
sea, 7 desde luego lo considero como tal, que jo tengo hijos. 
Para mi tambien fuS novedad el dia que vinieron ä casa, 
y me qued^ en una pieza pensando cu&n racional j picaron 
fu6 el que dijo : No la hagas y no la temas. Pero, en fin, ya 
que estoy reducido ä temerla, no hay mag remedio : es prueba 
concluyente de que la bice : y no se entienda que me pesa, 
pues con eso y con todo no podria pronietor con ninguno acto 
de contricion apartarme de todas las ocasiones, porque no 
prometo lo que no pienso cumplir. Que yo tengo hijos es cir- 



157 

cnnstancia que 6, primera vista parecer& iudiferente. Hay tan- 
tos otros que la han hecho mas que yo, j sin embargo loa 
unos no lo dicen y los otros no lo confiesan. A mi, si k ellos, no 
puedc senile indifei'entc, que antes al contrario son la obra de 
que mas nie enorguliezco. Pero lo que sorprendera sin duda 
alguna ä mi püblico es saber que mis rotonos no son poca 
parte para hacerme sostener estas largas relaciones que man- 
tenemos 61 y yo ; porque si no tuviese hijos, no andaria espri- 
miendome la mollera cada ocho dias para complacer, 6 tratar 
de hacerlo, ä los que acaso me lean. Los hijos me obligan 
& ser escritor püblicQ tanto y tan seguramente como me han 
hecho papä. Lo uno es consecuencia de lo otro por cierta ra- 
zon tan iK)bre que nadie dejaria de tenerme lastima. 

Esto dicho, y probado que est& bien, han dado mis dos 
pimpollos en meterse 4 politicos, y aunque el uno solo tiene 
cuatro primaveras y el otro no ha visto aun mas que dos oto- 
fios, y ambos pudieran cubrirse con una mediana canasta, el 
uno se ha pronunciado por el Norte, y se llama General 
Scott, y el otro aboga en su media lengua por el Sur, y quiere 
que le llaraemos Beauregard. Los que tengan hijos corapren- 
dei'an la parte que yo tomo en esta guerra civil en miniatura, 
y c6mo me deleito en ver la defensa que cada cual hace de 
BUS derechos. Yo soy su püblico y su pueblo, y los aplaudo 
6 censm-o segun sus m^ritos, teniendo por de contado que in- 
tervenir muchas veces como Napoleon en los asuntos de Ita- 
lia, para que no haya una tiifulca. 

Mi general Scott como es mayor, pretende teuer derecho 
a mas que mi general Beauregard ; de manera que si este su- 
piese mas ' de lo que sabe, diiüa con el ex-gobernador Wise, 
que el otro de cuenta de hermano mayor, quiere convertirse 
para el en una espöcie de Providencia chiquita. Para soste- 
ner la guen-a se ueceäitan armas aqul y en Richmond, y para 
las armas dinero. Sofia provee la ultima mercancia como 
otra madre Colombia para lo« dos bandos, y mis dos genera- 
les se despachan a su gmto el armamento. Hay en la casa de 
0IJ toda seiiora americana una pieza que se llama Nursery^ 
6 cuarto de los ninos, donde los futuros herederos del nom- 
bre de faniilia se las entienden unos con otros, y con sus ayas, 
como mejor les parece, sin que el papa y la mam& sepan lo 
que sucede por China. Vaya aqui un par^ntesis : cuentan quo 
un americano viendo en la sala k un chiquillo en brazos de la 
ninera, preguntö cuyo era el nino« 



158 

— \ C6mo I le contestö la mamä, casi enojada. Tuyo ; iy de 
qui^n habia de ser ? 

— "No lo decia por enojo, contestö el marido ; bastaba que 
bubieses dicho tuyo para 70 comprenderlo. 

— Oh I ßf, mucho, replicö otra vez la seiiora. Como t& te 
marchas & las siete y media para la oficina cuando los ninos 
estan durmiendo, y vuelves & las seis y media & comer, cuan- 
do los nüios estan comiendo en su cuarto, y luego te vas 
al Club sin verlos, no es estrano que no los conozcas ! 

— Mujer ! dijo el marido : entenddmonos, mi pregunta no 
tenia segundo alcance. Pregunta de quien era el niüo ; mo 
dijiste tuyOj y me di por convencido. 

Mis generalitos no estan en esa categoria, porque el Nur» 
8ery de Sofia se comunica con las piezas en quje ella cose, 
y basta con que cosa para saber que el arreglo de la casa no 
es de eso que se usa. Scott y Beauregard estan con nosotros 
todo el dia, y damos gracias & Dios de que se apeguen mas 
ik nosotros que k su aya. 

Pero todo en esta vida tiene sus tropiezos 6 inconvenien- 
tes. Ya . dije que le han dado por ser generales, y el cuarto 
en que vivimos reunidos no es cuarto sino cuartel. Fusiles, 
rifles, canones, cartucheras, tambores, cajas, caballos y cuan- 
tos elementos de destruccion el genio crea y el arte ejecuta, 
se encuentran alli reunidos. Aquel cuarto no es sino la repü- 
blica. Scott y Beauregard tienen sus instrumentos de faego, 
y estan aprendiendo el arte dificil de la guerra antes que 
& leer y rezar. Lo digo como pasa, sin hacer comentarios, ni 
deducir consecuencias que afligen. Mi plan hoy no ^ mörali- 
zar, sino contär.* Aquel cuarto-cuartel, 6 cuartel-repÄblica, 
tiene embebibos ä mis dos muchachos, que ya conocen para 
qu6 sirve un soldado mucho mas que el sbldado mismo que 
sirve, y saben montar y apuntar un caflon, y armar la bayo- 
neta, y terciar el fusil, y marchar. Progresan. 

Pero nada saben como tocar el tambor y batir marcha« 
Ren-ten-ten-re-ten-re-ten I suena desde por la manana hasta 
la noche, y no hay descanso para el oido, de tal manera que 
un sordo se consolaria de vivir en casa, porque al fin oiria el 
redoble y se convenceria de que habia sanado. 

La mejor prueba que tengo de ser justo consiste en mi ma- 
nera de dormir. 

No me pertnrba el enefio 
51 gata relamida de teJadOp 



169 

Si cafion disparado, 

Ki el encanto fbgaz de diilo6 dnofio. 

Snefio Bin coyantora 

Dnermojo, sindaryndük 

Toda la Boche oBcara, 

Un snefio qne se dice k piema Buslta. 

T ein embargo no es Febo con sus dorados caballos el que 
me Uama apenas se abren las puertas de la aurora, sino 
Beauregard y Scott, los de dorados cabellos, que entran eu 
mi ciiarto & tambor batiente como en fortaleza conquistada. 
Ren-ten-tenl Ren-ten-tenl y no hay consnelo, sino despe- 
dirse tiemamente de la almohada, y poner de punta los hue- 
sos, porque el redoble no cesa hasta que salto de la oama pa* 
ra dar los buenos dias & mis dos g^neralitos. 

— ^Toque d^ dianal esclamo. Buenos dias, Scott: buenos 
dias, Beauregard I 

— Buenos dias, contestan, y ren-ten-ten ! ren-ten-tenl 

El tambor es parte integrante de la vida de los mucba- 
chos y de los hombres grandes que en esta tierra vivimos 
para matamos. Sin el tambor no hay nada en la 6poca actual. 
Tambor de dia, de noche, & todas horas. 

Supongo que se acerca la hora de oorreo y que estoy ab- 
sorto en el estudio de una combinacion militar, siguiendo el 
hilo estrat%ico para hacer entender & los demas lo que yo 
mismo no entiendo, y tengro qice esplicar, aunque reviente ; 
6 bien leo el ultimo articulo del Times de L6ndres para sa- 
ber por el precio del algodon y las concesiones & los corsa- 
rios si lord John Russell estd hoy del mismo humor de ayer, 
y si el Derecho de Gentes ha variado en las ültimas cuaren- 
ta y oclio horas ; 6 tengo entre manos un articulo de J, S, 
(Jos6 Seigas Carrasco) en que con menos palabras que las 
necesarias dice lo que otro no diria en mas de las que se ne- 
cesitan, ni mas ecsactas, ni mas sabrosas, ni maa satisfacto- 
rias ; 6 no pienso en nada, ni hago nada, porque para ser fe- 
liz en aquel instante no quiero pensar ni hacer,-^cuando de 
repente suena el tambor en la calle, no ya en casa, y escla^ 
man los generalitos : Tropa, tropa I 

— Tropa del Norte I dice Scott. 

— Tropa del Sur! replica Beauregard. 

Y corren todos d la ventana llamdndome al par de su ma- 
tu& para que vea ä los soldados. Quedarlame como estaba; 
pero Scott me agarra por una mano y Beauregard se me cuel- 
ga de la levita. A la ventana, pues, & ver los soldados. 



0i 



r 



160 • » 

Los soldados se reduccn & tmo que no lo es : ei chico de 
mi vecino, que eu gracia de las costumbres del pais no s6 c6- 
mo se llama, aunque gracias & la cinta rayada de sa ojal 86 
que es unionista, se divierte redoblando un tambor con tan- 
tos brios como un veterano de cien campanas y alborota el 
vecindario. Mi vecino esta en sn balcon aliviando las penas 
de este mundo con el regocijo de ver & su primogonito ba- 
tiendo marcha que se las pela« 

— Huri*4 1 Hurra ! esclaman Scott y Beauregard, olyidan 
do este sus prinoipios poUticos, 

— Bonito tambor I dice su mam& ; y mira que lo toca muy 
bien. 

Gada cuarto de hora hay en la casa un excitement con el 
ruido de cajas y tambores de la calle, como si no bastase el 
de casa ; porque esta ä la moda la guerra, y toda la Quin- 
ta Avenida viste ä sus chicos de euavos, que parecen unos ti- 
tfes, de zouzous con sus pantalones Colorados y el gorro caido 
sobre la espalda. Hay compafiias que la senora H. y la seno- 
ra R. y todas las senoras de la aristocracia acarician, y mi* 
man, y aplauden, como se aplaudia en mi tiempo ä los pre- 
miados en las clases de lectm*a y palotes de Palomares. 

El que quiera teuer talento, el que desee aparecer como el 
fcnix de los injenios en nuestras tertulias, debe, como Va- 
riante ä las conversaciones sobre polltica, hablar y parlotear 
mucho de las gracias de los ninos vestidos de zuavos y mar- 
chando con sus banderas k estilo de soldados. i Ha habido 
alguna vez hombre bien educado que no sepa hablat de ope- 
ra ? Nadie se atreveria en este siglo ä no saber decir que 
Rossini es una antigualla, que Bellini es dulce, pero que el 
talento de la müsica se encamö en Verdi ; que Tamberlik> 
y Mario, y la Frezzolini, y el libretto, y la partitura^ y los co- 
ristas, y el director, y la claque, , . Eh! Ya Vds. me entien- 
den. Pues bien, ahora no se habia de mas 6pera que de la que 
va acompanada de canones de tres bemoles y fusiles con sos- 
tenidos. Los hombres hablan de Hai-per's Ferry, y de Ma- 
nassas Gap, de la campana de Norfolk y de la persecucion 
del gobemador tal por el general cual. He aqul un ejemplo : 

— ^Mi opinion es que la guenra debe seguirse con vigor, 
dice Mr. Johnson : el general Scott es un perro viejo que no 
ladra, sino muerde ; pero es preciso convencerse, senores, de 
que tomando el ej^rcito del Oeste el Camino del Norte,y ba« 



161 

ando por el Potomac hacia arriba, cuando el ejercito del 
J^orte se encamine häciä el Oeste, y rinda & los amotinados 
y rebeldes de Oriente, atacando el fianco izquierdo de 
Wasliington y salvando tres jornadas, caeran todos por el 
Puente Largo, y ahorcando a los que queden, esta salvada la 
rep(iblica. (Bien, bien.) 

Las senoras, que no entienden esa estrategia snbliraada, 
se entretienen en hablar de sus Scotticos y Beauregardillos, 
& quienes visten de arlequines por diversion. Los ninos gus- 
tan del disfraz, y la moda cunde. Naturalmente en las ter- 
tulias, no pudiendo hablarse de güerra ni de estrategia, se 
habla de los zouzous pequeiiitos que andan por Jas calles for- 
mados en eompanias, y con planes de organizar regimientos 
para hacer nn simulacro de batalla el 4 de Julio en honor de 
nuestros progenitores en ^1 campo de la gloria. Por supues- 
to que en la batalla, sitnp mando yo ä mi Beauregardillo, la 
victoria*ser&del Norte. Mi Scott pide incesantemente que se 
le vista de zuavo"como los demas," y que se le compre una 
espada nueva, y im eaballo que tenga pito en el rabo, pa- 
ra asistir con lujo a la parada. Los vecinos le han dicho que 
pasarä en ella revista JBob^ el hijo menor de Mr. Lincoln, el 
misrao que le sustituyo en el viaje de Baltimore & Washington 
cuando su p^pa tomo el gorro escos^s y la capa de dragon 
con hebillas de Diego, 6 de otro cualquiera. Mi Scott sostie- 
ne que ^1 sabe decir ; marchen ! y j 4 la bayoneta ! y que para 
ser buen militar no le falta nada sino teuer titulo de abo- 
gado. 

En fin de todo, veo ä Nueva York, y, ad €xem2?lum regis^ 
todas las ciudades del Norte convertidas en escuelas milita* 
res para ninos de corta edad, como si la generacion presente 
se hubiese convencido de que el militarismo harä fortuna en 
el pais, ö de que la presente guerra durar4 lo bastante hasta 
esperar k los p&rvulos ; y pienso con dolor que las primeras 
ideas so incrustan en la inteligencia, y echan en ella raices 
que no mueren sino con ella. ' Inyoluntariamente se me ocuiTe 
que el Congreso de la Paz tiene razon en sancionar como 
base constitutiva de su establecimiento y objeto importante 
de sus trabajos el ordenamiento capital de que & los ninos no 
se les permita diversion con armas verdaderas ni jßngidas, 
para que no se les incline la mente k ideas de guerra. Sofia, 
tan Candida como bondadosa, tan tiema y buena con sus hi- 
jos, tan a^ombradiza con todo lo qae parece siquiera guerra, 

11 



162 

desea, sin embargo, complacer a mi Scottillo compräadole ima 
espada y nn caballo que tenga pito en el rabo. 

Asf se pervierten las ideas, asl empiezan los pueblos 
ä cambiar la base salvadora de su felicidad : asL...... 

Ren-ten-ten ! Ren-ten-tenl 

£1 tambor de Scott en manps de Beauregard hace nnmido 
espantoso, 7 no puedo concluir esta disertacion. Oh ! Qu6 
tambor es el tambor de mis hijosi 



HI CRIiDA BRIGIDi. 

Cualquiera qne haya leido mi anterior Totilimraidi — El 
tambor de mis hijos — se habrä quedado pcnsando sobre cö- 
mo han aprendido esos angelitos en edad tan tiema & saber 
lo que es politica, y c6mo la polftica produce guerra, y c6mo 
se llaman politicos los que tan mal hacen. Un papä entusias- 
ta y nervioso contestaria esplicando que los piqmninis son un 
prodigio ; su aya asegura que los muchachos de este tiempo 
nacen aprendidos ; la mam4 nunca ha dudado de que siis 
roproducciones estan en camino de dar que hacer en el mun- 
do. Solo yo que no soy entusiasta, que no tengo nervios, ni 
creo en eiencia infusa, ni en misiones estraordinarias, he 
acertado, i fuerza de estudio, con la cienoia prematura de 
mi Scott y las salidas inesperadas de mi Beauregard. 

Las han aprendido en la cocina. 

La cocina aqu{ como en todas partes es el salon de los 
criados, el congreso de sus discusiones, el areöpago de sus 
leyes, la primer escuela de los ninos ; y nadie erea que en 
medio del olor & pescado frito y & carne del Norte, al com- 
pas del chirrido de los huevos en la sarten y del chocochoco 
del molinilllo, entre uno y otro chorizo, y dos 6 tres papas, 4 
patatas, hervidas sin sal ni gracia. Brfgida discurra con me» 
DOS acierto que las gentes de tono, ni ella y sus companeras 
no pronuncien discursos .de parada, ni dispongan del mundo 
con mas acierto que los honorables diputados que de los 



163 

seis meses de congreso pasan en Washington tres eligiendo 
presidente y otros tres ponicndose malos nombres. Jamas ol- 
, vidar6 el dia en que desde mi balcon sobre el jardin ol decir 
ä 6i*fgida con mucho 6nfasis : 

— Napoleon ! Luis Napoleon ! (Zape, gato ; no te Ueves la 
came.) Paes Napoleon es amigo del Papa, (Ayl que se me 
tnesta la tortilla) y Victor Manuel (Maldito gato tan la- 
dron !) prefiere la Italia unida (Jesus ! con el animal que se 
ha llevado el jamon) y la L-landa (Estas patatas est&n duras) 
independiente (De buenas comidas sabe mucho Mr. Nazar 
reno.) 

Los par6ntesis de Brigida me parecieron estremadamente 
maliciosos, y solt^ndo el peri6dico que trala el primer parte, 
es decir, la paite mas mendaz, de una batalla, apliqu6 el oido 
& las diseitaciones polltico-fregonas de mi cocinera. 

— Muy cierto, decia Brfgida ä la criada de mano de Sofia, 
y a la niirse 6 aya de loü« chicos, que estaban en el jardin 
oyendolo y aprendiendolo todo. Luis Napoleon (Este parece 
gallo y no poUo por la espuela) va & mandar un ej^rcito en 
favor del gobiemo (Que 2>astel tan desabrido !) y los irlan- 
deses todos ( i No falta brandy k los bollos ? ) se uniran con 
los americanos (Julia, aceite y vinagre) y ya veremos si el 
Sur (Esta masa como que no cuaja) resiste & todo el mundo 
reunido (Quo de moscas hay ahora !) 

Julia, la criada de mano, se contentaba con oir ; pero el 
ama de los ninos rogaba ä san Patricio que Brfgida fuese 
atacada de un estomudo para'meter ella baza. El mayorcito 
se enti-etenia & la sazon en hacer con el Herald un cucurucho 
en que vaciaba la harina del pastel. 

— Oh ! esclamö por fin el ama, que ya se ahogaba con el 
borboton de palabras r^primidas, mientras que la cocinera 
» atendia ä una oUa que se estaba den-aniaiido como bolsillo 
de gobiemo en manos de miiristro populär. Oh I Ya me s6 
yo que los irlandeses son los primeros (Berengenas fritas, im- 
terrumpi6 Brigida) que van & la guerra, porque son los cria- 
dos de los americanos. 

— ^Porque no tienen que comer, dijo Julia apretando la 
plancha con que alisaba un trajc. 

— ^Porque son muy. . . y no digo lo demas, observö casi 
fnriosa el ama. Si fuese yo hombre« . • 

— T yo, dijo Brigida. 

— Y yo, dijo Julia. 



164 

(Y yo, habria afiadido toda mujer que hubiese estado pre 
Bente.) 

— Qu6 harian Vds ? pregxinto el araa. 

— ^Yo, contestö la cocinera, si fuese hombre ( ; Qu6 calie» 
te esta la cacerola I ) no iiia a la guerra. 

— Y yo, anadiö Julia, no dejaria que nadie fiiese ni por el 
general Scott (Esta tohalla esta muy gastada.) ni por el ge- 
neral Davis. . . (Este euello esta muy engomado.) 

La oonversacion continuö por el estilo, y siempre eatd pe- 
renne hasta las tantas de la noche, en que el cansancio de las 
lenguas, y no el agotamiento del asunto, deja mudos ä los 
ecos. Aquel guirigay de polftica y guisados, que recuerda el 
gabinete del general Pierce, — el famoso "gabinete de co- 
cina " que tanto diö que hacer en su tiempo, — äquel guiri- 
gay de generales y patatas, de medidas de gobiemo y paste- 
les es el libro de doctrina en que han aprendido mis dos ge- 
nemlitos los rudimentos de Norte y Sur que tienen en la ca- 
beza, y que repiten con tanta seriedad como si fuese de Ve- 
ras y lo entendiesen ellos perfectämente. 

La cociria dije que es la primei'a escuela de los ninos, y las 
criadas sus primeras maestras. Por eso queria una senora 
amiga mia, que me vino recomendada de Gttines, buscar una 
criada buena moza que le cuidase su chica, porque todo se 
aprende en la edad temprana y mi güinera deseaba que su 
nina fuese un primor de belleza aprendida. 

Para darle gusto hice cuanto pude por conseguir la Venus- 
Ganimedes que deseaba. Si oye V. & un estranjero de esos 
que vienen & veranear en los Estados XJnidos, y para los 
cuales Broadway es N*ueva York, y Nueva York la repübli- 
ca, nada mas facil de conseguir que una sirvienta en esta 
eiudad de los peri6dicos y las Agencias de Criadas, y las 
Oficincts de Intdigenciay y ahora de la guerra y de la falta 
de ocupacion y de recursos. \ Una criada ! j Si se encuentran 
por docenas, por centenares, por miliares I 

En los peri6dicos se anuncian todos los dias (con gran pl&- 
ceme del editor) cien mozas de & peseta que no parece sino 
que estan locas por servir k alguna persona que tenga la 
bondad de recojerlas, segun lo meloso del anuncio en que 
ofrecen sus servicios. 

" Una respetable j6ven (todas son respetables,) buena la- 
Tandera y planchadora de caräcter complaciente, desea sen 



165 

vir & nna familia eorta. No mira tanto la paga como encon- 
trar una buena casa. " 

Tina j6ven, digo yo, respetable ! No dice respetuosa. Esa 
mujer conjuga por activa. " Buena lavandera y planchadora 
de caracter, '* * Planchadora de caraotci I Para el diablo 
que te tome. T va tina. 

" Una respetable j6ven protestante. . . *' 

Conque protesta, ^ eh ? Pues mi güinera no la qniere sino 
para ensenar k su hija & buena moza. Y van dos. 

^^ Dos hermanas honradas desean colocacion en una familia 
6 la moda. . • " 01a, ola ! Qu6 entenderan las dos h^rmanas 
pormoda? Pero sigamos: "Viven en la calle de(yhurch.'* 
Church quiere decir iglesia ; pero de rivir en esa calle no se 
deduee precisamente que las doa hermanasä la moda sean 
rezadoras. Hay calles que tienen liombres antit^tioos. Y van 
cuatro. 

Y van cinco, y diez, y las doscientas del poriödieo, 
porque las mas no quieren ir al campo y estamos en vera« 
no; las otras viven en otras calles de peor significacion 
que Church ; estas quieren un buen salaiio, lo cual es ade- 
lantar una estorsion ; aquellas no sirven sino de cocineras 
etc. etc* 

Por fin, hay una que cuidaria de los ninos de una fami- 
lia "de primer örden." En este tengo el conoepto de mi 
güinera, y me pongo ä busear la doncella que sabe y quie- 
re cuidar ninos ajenos. Tomo el coche de los pobres, des- 
pues de aoicalarme lo mejor que puedo, porque soy hom- 
bre de esperiencia, y me dirijo al nüraero 972 del Bowery. 
La calle no es de primer 6rden ; pero ^ quiSn sabe ? Algu- 
na desgracia no merecida, alguna pobreza vergonzante, y so- 
bre todo la casa no hace la mujer, principalmente cuando 
& la mujer se la va & sacar de la casa. Otra duda me aque- 
iaba, y no era la menor ; mi güinera qneria doncella bue- 
na moza, y aunque yo solia preciarme de voto en la ma- 
teria con borla en ambos derechos, ^mi gusto seria el su- 
yo? Numero 972 del Bowery. Tiro la correa, se detiene el 
conductor, me apeo, y Hämo ä la casa. 

— ^Vive aqui una mujer que ha puesto anunciof 

— ^La senorita querrd V. decir. 

— ^Una senorita, repito porque soy condescendlente, una 
senorita que se anuncia para cuidar niüos? 
, — Aqui vive, en el quinto piso. 



166 

— ^Podria V. hacer que oajase? jEs tan altof 

— ^Paes ella no baja. Ya se han ido dos sin hablarle por 
no Sahir. 

— ^No sea yo nnnca tercero, dije, y menos coando se tra- 
ta del si^cso dSbil, y se procura al bello secso. Una des- 
gracia como la que esto aparenta, merecer& siempre toda 
mi consideracion. 

Quinto piso, cuarto 22. Llega6. 

— ^£s y. la persona q«e se ofrece & cnidarninos? 

La seflorita (sentada.) — ^£s Y. qai6n me va & emplear ? 

Yo (de piü.) — ^No precisamente, sino nna amiga mia. • • 

— Cuäntos ninos tiene la amiga de Y ? 

— ^Una sola. 

— ^Y es rica ? 

— Asi asf . 

— ^Y dönde vive ? 

— ^£n el hotcl de la Quinta Avenida. 

— ^Y cndntos aiios tiene ? 

La paciencia nie iba faltando ; pero qa6 saerificios no eesi- 
ge la amistad ! 

— ^Poeo mas 6 menos los de Y«, le dije« 

— ^Y es casada ? 

— ^He dicho & Y. qne tiene nna nina. 

— Y sn marido vive con eUa ? 

— ^Y & Y. qu6 le importa ? observ6 medio sofocado. 

— Sf me importa, porque al fin va nna 6 vivir en famüia» 

— ^Pues no vive con ella, 

— ^Esta divorciada? 

— ^o ; pero 61 est& en Ouba, en sn hacicnda, y ella esta 
aqui de verano. 

— ^Y la sefiora tiene coche ? 

Y me atnrdiö k preguntas mas qne si fuese confesor.6 jnez 
qne toma la primera declaracion, hasta que al fin, para no 
romper con su belleza, ni dejar & mi amiga sin una cara que 
nnnca la produjo mas fresca Erin la Yerde, puse tregua 
& BUS interrogaciones y le dl el nümero y nombre de mi 
güinera, dici^ndole que si queria fuese k verla, y & mf me 
dejase el älma en paz, que tengo ya hartos anos-para esas 
fiestas. 

La "seiiorita" no concurriö k la cita, y mi amiga nr- 
gia por una doncella buena moza que le ensenase esa habi- 
lidad k su chiquilla. Fuimos ä una agencia de criados, 6 sea 



161 

Oficina de IrUdigencia. Bien poca & la verdad parecia en- 
contrarse en aquel saloncito colocado debajo de la calle, 
y qae contenia en su seno dos 6 tres docenas de Maritor- 
lies sentadas en un banco al rededor de la pared, con bo- 
cas inquietas, manos estacionarias y ojos escudrinadores, 
que ee nos dispararon como canones de baterias que de- 
fienden un puente en el momento en que asomamos & la 
puertä. 

Una Oficina de Inteligencia no prueba otra cosa sino que 
el director la tiene, y que las dirigidas no la han conocido 
nunca, ni la han menester. Para entrar en el' saloncito ' 
como candidata & empleo se paga lo que en las cärceles 
se llama el barato, y en las capitales un considerandum 
para allanar dificultades. En las tres partes se consigue el 
empleo con dinero. T i dönde no sucede lo mismo ? La 
futura criada de Y. satisface su cuota de inscripcion con 
el ultimo peso que le qued6 de su anterior empleo, y co- 
mo son mucbas las cesantes, muohos tambien son los pesos. 
Gada v^z que la criada se contrata, estÄ cumplida la ^^in- 
teligencia," y si vuelve es menester renovarla. De los re- 
nuevos vive el &rbol. El que ajusta criada tambien satisfa- 
ce a la Oficina un peso 6 mas, por el servicio, con dere- 
cho k bnscar alll criadas por seis meses : si la escogida es 
buena, dura mas de seis meses; si no, le dan ä Y. otra 
y otra y otras que le convierten aquel peso en otro no pe- 
queno para el alma. Los Ilaneros tienen de reserva un to- 
ro que & fuerza de estar coleado no se deja tumbar, y lö 
llaman por antonomasia ^' el coleado." Los agentes de cria- 
das tienen algunas tan coleadas que no las aguantaria na- 
dle una semana. Hai*to Y. de ellas y de los yiajes ä la 
Oficina promete al director una gavela, un considerandum 
por una criada que no le haga volver, y entonces, y no an- 
tes, lleva Y. una que no estä coleada. 

Para mi güinera fue intolerable el nfimero de preguntas 
que le liizo cierta irlandesa, algo zagala ella y bien parecida, 
que se le entro por los ojos al mismo llegar. "Que mujer tan 
preguntona ! me decia : si hubiese de vi vir con ella me que- 
maria la sangre. No la quiero ni de balde." Por fin, no en- 
contr6 Ganimedes aparente y saliendo de la Oficina con en- 
£ido: 

— l Quo tierra es esta, Nazareno, me preguntö, donde no se 
puede conseguir una criada ? 



168 

— Oh ! Eso no, que se puede, pero es preciso tener pacien- 
cia hasta encontrarla. Debe Y. saber que desde el tiempo ea 
qae los Knownothings con sos amenazas arredraron, y ei go- 
bierno ingl^s con sus peritisimas medidas oontuvo la emigra- 
cion de irlandeses a los Estados Unidos, empezo la escasez 
de la Diercancia ä encarecer el artfcalo, 7 las criadas, que se 
contaron, y vieron tan reducido su nümero, empezaron ä to- 
mar unos aires y & darse tonos de necesarias, con grave detri* 
mento de las casas. La -emigracion de alemanas en algo san6 
el mal ; pero de Alemania, senora, vienen aqoi tales seres 7 
hablän tal idioma que no s6 c6mo se puedan abrigar bajo mi 
techo ä la americana. Los alemanes son el azote de las de- 
pendencias, 6 de los dependientes, porque tienen talento, vir- 
tudes, conocimientos, laboriosidad sobrada y trabajan baratf- 
simo para impedir la competencia. Pero las alemanas, mi 
amiga, las alemanas, 4 lo menos las que vienen con mision de 
criadas, son verdaderas alimaiias. Las suizas y las francesas 
se dan ä modas, 6 & perros y calles estraviadas. 

— Y las americanas ? 

— ^Las americanas no sirven de criadas sino en rarlsimos 
casos. Observard V. que no se anuneian, y que si se consigue 
alguna, se haoe pagar y tratar muy bien. 

— ^Entonces se queda Julita sin criada bnena moza? 

— "No en mis dias : Julita tendrä su criada, muy buena mo« 
za. 

Y nos encaminamos & im plantel de santas mujeres que han 
oonsagrado su vida & hacer bien, y asl cuidan & los enfermos 
como ensenan a los niiios, piden limosna para repartirla & los 
pobres y recogen de entre el tumulto de las grandes poblacio- 
nes aquellas palomas sin nido que serian arrastradas por la 
necesidad y la tentacion, si continuasen solitarias su yuelo en 
este oc^ano de movimiento, de revolucion, de falta de fc, de 
lujo, de placeres, de impiedad, de infiemo. All! las cuidan, las 
educan, las ensenan & trabajar y las entregan k familias cono- 
cidas que por sus servicios les den salario y buen ejemplo. 

Mi güinera llev6 una Margarita que lo era por su aspecto 
y sus modales, su modestia y su aseo. Julita tenia desde aquel 
momento criada joven, buena moza y americana. Mis esfuer- 
zos me costö, pero salv6 la reputacion de la servidumbre na»» 
cional por sobre todos los contratiempos imaginables de la 
necesidad de tener criadas buenas. 

La senora estaba tan satisifecha, tan feliz con su Margaritat 



169 

No tcnia palabras con qiie elogiarla, ni bnenos moclos bastan- 
tes para atraerla. La muchaoha era iina joya, se contentaba 
con todo, siempre de buen bumor, siempre reservada j fina 
como las hermanas que la educaron. 

fTero el diablo, qne en sab« 
Tiene pocos enperlores, 
La tent6 per los amores 
Y todo lo echö ä r erder." 

Hace dos dias qne encontre despues de algon tiempo & mi 
güüiera y le pregunt^ por su chiqailla. 

— ^Qu6! Muy mal, me dijo, porque la monja se me perdiö« 

— Se fug6 de la casa ? 

— ^No, senor, la miiy zangana. No se c6mo no la mat& 

— Seiiora, i el marido de V. ba venido de Cuba ? 

— ^Me cree V. celosa ? No faltaria mas. Peor qu^ eso. 
ero en fin ? 

— ^En fin la monjita, la santurronai se enamorö de mi pri« 
mo. . . . 

— T se fug6 con 61 ? 

— No, senor; seha presentado contra 61: la malvada dice 
que le di6 palabra de matrimonio. • • • • • 

— ^Y SU primo de V. i qu6 dice ? 

— Qu6 ba de decir? Que es una calumniadora ; pero ella 
insiste y. . . • . 

— Seiiora, senora, por Dios, no me baga V. confidente do 
un capitulo de amores estraviados, barto frecuente por des- 
gracia en esta ciudad de estrangeros, no aleccionados en las 
costuinbres nacionales. 

— Pero cree V. que tenia amores ? 

— ^Yo no creo nada. Veo a su prirao de V. y & V. misma 
en una posicion falsa, 61 porque con solo el juramento de Mar- 
garita estä en la rocaTarpeya, yV. porque aparecerd sunom- 
bre en asuntos desagradables. 

— ^Conque ä V. le parece. . • ? 

— A ml me parece que deben Vds. entrar en arreglos con 
Margarita. 

— l Con esa canalla ? 

— Como V. lo oye, y asl se aborrard mucbos disgustos. 

Convenci6se en breve mi güinera de que quien con el cora^ 

zon en la mano le bablaba no dejaba de teuer razon. En efeo« 

to el affidamt 6 demanda de Margarita no se bizo esperar • 

el defensor do esta diö ä entendcr que con un poco de buena 



♦ 



170 

Toluntad del primo y de la prima todo podria redncirse &tma 
cnestion de dinero, j como en resiimidas cuentaa mejor era 
floltar algunas palidas qae esponerse & nn bochomo en im tri« 
bmial de justicia, mi amiga j sn primo se avinieron & cubrir 
de ese modo el honor no ultrajado de la santioa. 

Las costombres de Nueva York distan mües de legnas de 
las de Hispano-Am^rioa: es menester estudiarlas j compren- 
derlas para evitar chascos como el que-acabo de referir. Mo« 
renitas tropicales, dificilmente pueden verse satisfechos vnes- 
tros deseos y necesidades con el servicio de las papivoras de- 
Totas de San Patricio. 

En cuanto & los lectores no olviden jamas en esta tierra la 
m&osima del eseudo ingMs : ^^Hony soü qui mal ypense^^ so 
pena de encontrar & Margarita en algona oriada Brlgida» 

"EivwfJi YoBK, jonio 24 de 1861« 



A8VKT0S DE TERANO. 

Pas6 la estacion de los gnsanos..... Pero si Yds. no la cono- 
cen !.... No importa : la conoceran y tanto vale. £n este pais 
de las nieblas y de los grandes calores, de las mujeres bonitas 
y de los hombres sin entusiasmo, del metalismo y de la nove- 
leria, nacen jantos por el mes de jmiio las fresas color de pür- 
ptira y los gusanos mas feos que las calebras y el mismo mal 
bmnor. Las fresas desaparecen, como la beldad, ä boca de los 
golosos. Los gusanos se pierden para el vulgo con gran rego- 
cijo suyo, porqae no son nada agradables y arrastran sn de- 
forme y fria piel sobre el cuello de los que pasean por noes- 
tros parques y por nuestras calles arboladas. \ OhI los gusanos 
son el tormento de la estacion. Ya uno en ascuas pensando 
cuändo le caen encima desde la copa de los &lamos, col- 
gados con una larga hebra de seda que les sirve de esca« 
lera, como & la araiia, y en que enredan los cabellos de Fsmny 



171 

7 los bigoteg de Mr. Thompson ooando ellos van mas enreda« 
dos en woißirtacion. 

— Gonque por fin, le dioe el caballero, podr£ esperar, miss 
Fanny, que.».. . 

— Qu6 horror ! grita Fanny. 

— ^Horror de nii ? pregunta Mr. Thompson, enseri&ndose, y 
oomo si le diesen con la pnerta en los bigotes. 

— ^Horror! Horror! chilla la donceUa. Ap&rtese V. de mf 
pronto, pronto, que me desmayo I 

— Pero, miss Fanny, yo crefa....« 

—Horror! y se acerca V. mas ? Quito V. all& ! Al^jese V. 
Horror, horror ! 

Y ^ hombre sin saber dönde pisa, no se atreve & oontinuar 
pldiendo esplioaciones, porque la gente eomienza & agolparse« 
y se ve claramente qne miss Fanny ha tratado de ponerlo en 
escena, coando üo en ridicalo.- Aprieta el paso, y dobla por 
la primera esqoina con mas .velocidad que perro con ye- 
gigas, y ciego de cölera y de vergüenza se promete una ven- 
ganza muy sonada. £n esto trop'e^a con su amigo Brown. 

— ^Brown, mi amigo, apärtate : tengo hidrofobia ! 

^Cuidado con eso, Thompson, que estamos en verano, y 
la policia ataca con estricnina el mal de rabia. 

— l Conqne tu tambien te burlas de mi desgracia ? 

— Pero, chico, si me anuncias que tienes la rabia, y esta es 
tan peligrosa ! 

— ^Basta de bromas, Brown. Te digo que estoy furioso« 

— ^ Conmigo ? 

— No ; con miss Fanny, i No sabes lo que me pasa ? 

— No. 

— Ni lo imaginarias tampoco. Suponte qne apenas empecS 
hoy & hacerle mi declaracion cuando la muy coqueta y escan- 
dalosa me grita : Horror t en la mitad del parque, Ueno de 
gente. Quiero explicarme, y me grita con tono mas alto : 
I Aträs, atr&s! como si fuese yo el mismo Lucifer. 

— ^Todavia no : no estas casado. 

— Gracias & Dios, y no me oasarö : el desengauo no ha sido 
malo Estoy que trino ! 

— ^Mira, Thompson ; yo tambien gorgear6 contigo si antes 
me dices si has comprendido bien & Fmmy. £s mi prima; 
pero por lo mismo conozco que es melindrosa y alharaqiiera. 
jQui^n sabe qu6 espresion de cara pusiste, qu6 palabra mal 
escogida, qu&...f 



172 

— ^Brown I Si eres mi amigo no la discnlpes, 6 rompcmos 
tambien nosotros. 

— Chico, por mi parte soy comerciante y nadle sabe lo que 
ha de suceder ; pero pien veces preferiria no pelear contigo* 
Volviendo al asunto, apucsto diez pesos & que Fanny...... 

— ^Fanny es una tonta, una alboratadora, nna 

Mr. Thompson no pado seguir calificando & Fanny, porque 
la palabra se le ahog6 en la boca, mediante la intercesion de 
nn mönstnio de iigura desagradable que le salia de las barbas 
& la inglesa para introducirsele en los labios. El animal dej6 
mudo y estupefacto a Mr. Thompson, qnien imaginö sin duda 
que la ira le habia trocado las barbas en cabezas de serpien- 
tes. Brown, no menos cortado con la mudez de su companero, 
aplico el rostro para suplir al miopismo de sus ojos, y casi 
tcco al que £1 se figurö culebron en aquel momento. 

— ^Aparta, Thompson, esclamo Brown ; apar^a, vade retrOj 
que estas vomitando sei*pientes. Fanny tenia razon. 

Mr. Thompson se pas6 instintivamente la mano por la boca 
con mas presteza de la que el desciibir esta escena permite, 
y atrap6 al espanto de Brown, al enemigo de su amor & 
Fanny, un gusano homble que habia constemado ä la pobre 
nifia, y cuya procsimidad tratö ella de evitar alejando al por- 
tador de la sucia alimana, como hacen las municipalidades 
en la cuarcntena, que alejan el buquc para alejar la peste. 

Sobre el amarillo guante de Mr. Thompson parecia el gu- 
sano erabravecido jurar venganza de que el cab^llero le hu- 
biese separado del arbol en que naci6, y Mr. Thompson por 
.Sil parte no mostraba menos rencor al inmundo bicho, causa 
directa de un rompimient«^, quiza foimal, con la ünica hija 
del banquero que mas quiebras lleva & esta fecha, es decir, 

uno de los capitalistas mas saneados de la bolsa de 

Ri6 Brown & todo reir por el chasco de Mr. Thompson 
y ofreciöle su ayuda para rcanndar el hilo de una declaracion 
tan inopinadamente interrumpida por el gusano. Supongo 
que se entendieron Fanny y Mr. Thompson, porque despues 
los he visto juntos atravesando el parque por una de las 
calles arenadas mas desprovistas de arboles. £ra de nocne, 
y sin embargo Fanny llevaba abierta su sombriila por t«mor 
& lluvias malMcas que interrumpiesen la conversacion de 
Mr. Thompson. Apostaria & que iban diciöndose poco mas 
ö menos * 
— ^Aquf fu5, Mr. Thompson, donde V. ech6 4 correr. 



173 

— ^Aqul fue, raiss Fanny, doude V. me corriä, 

— ^Yo no : V. se corriö ä sl mismo. 

— Es verdad, miss Fanny. 

— Es verdad, Mr. Thompson. 

— ^ Y V. se acuerda, miss Fanny? 

— ^De qu6, Mr. Thompson? 

— ^De lo qua estabamoa entonces dioiendo, miss Fanny« 

^To no decia nada, Mr. Thompson. 

— ^Pero yo decia, miss Fanny. 

— ^Verdad que V. deoia, Mr. Thompson. 

— Yo decia, miss Fanny ^ Quiere V. que le diga lo 

que yo decia? 

— ^Pues, ya V. ve yo no s6 .... V. sabra mejor, 

si porque me parece, si no me equivoco, que Y. tal vez 

ya puede ser, porque Mr. Thompson 

— ^Miss Fanny, por piedad, miss Fanny, V. sabe que 

yo la amo & V., y es imposible que deje de decirselo, V. vale 
mucho. 

— Ya s6 que vale, dijo k la sazon Brown, interrurapiendo 
por la espalda el coloquio en el momento preoiso. Ya s^ que 
vale mi prima dos Per(is. Pero, en fin, Thompson, acabö Y. 
SU declaracion ? 

— ^^Qu6 declaracion? 

— La del gusauo 

— No, porque los aniraaies malditos se han propuesto in- 
terrumpirme en todas ocasiones. 

— Otra vez iremos por donde no haya gusanos, dijo 

Fanny. Son muy importunos. 

Ignoro si Mr. Thompson ha terminado & estas horas su de- 
claracion ä la hija del s^ptimo millonario ;.pero es evidente 
que sin los gusanos ya el hombre estaria quiza, y sin quizä, 
casado. La inüuencia de un gusano es infinita': por eso el 
hombre cree tan grande su poder. 

Pero dije al principio que habia pasado la 6poca de los 
gusanos y de las fresas, y que estabamos en pleno julio. Ann 
cuando el calendario no lo dijese, nada dificil me habria sido 
adivinarlo antes de ayer desde mi propia oama y cuando tenia 
los ojos todavia cerrados con los restos de un sueno mayor 
de edad; porque el alba fu6 saludada y mis oidos atormen 
tados con una descarga & fuego graneado de cuantas arma» 
hay en mi vecindario en estos tiempos de guerra. 

Pun — ^pun — pun 1 



174 

—Sofia, hija, mi8 generalHos se lian mctido & artilleroB? 

— Qa4 artüleros de mis pecadoB ! T(i no sabes qne haj es 
el glorioso 4 ? 

— ^Acab&ramos 1 Soy tan poco eronol6gico qne habia olvi- 
dado la fecha. 

— ^Tan poco patriota querr&s decir. 

— ^No reüiremos por la palabra. Pero dime, Sofia : ^ se va 
& celebrar hoy el 4 ? 

— l C6mo no ? Los resnltados de aqnel gran dia . ... 

— Si, hija, pero dime, ^Beauregard est& en Manassas, 
y JefTerson Davis en Kichmond, y el general Paterson al 
otro lado del Potomac? 

— l Por quÄ lo preguntas ? 

— Porque da tristeza pensar en lo qne ha venido & parar 
la revolucion mas brillante del siglo. i Qui6n creyera qne 
6, tal fin hnbiese de llegar y que ..... 

Intermmpi6se repentinamente ini filos6fica disertacion 
porqne nn pistoletazo resonö con tanto estr^pito en el p6r- 
tico de la casa qne los sordos lö habrian oido. Desde aqnel 
momento, qne serian las cuatro y media de la manana, em- 
pez6 la fiesta del 4 dejnlio, y pnnpnn-pnn, sin pnntos ni 
comas, hasta la noche. Principiando por el " garbanzo " 6 
etardo enano qne Scott y Beauregard me disparaban encima 
de la ropa, y acabando por el canon rayado, no qned6 arnia 
chica 6 grande, ni proyectil flaco 6 gordo, qne no llenase los 
ccos con sn mido particnlar y sn desagrado general. La 
atmösfera se convirti6 en hnmo candente 6 irrespirable de 
p61vora y aznfre, y los ecos cansados dejaron de repetir tanto 
estruendo. El resnltado de la fiesta se compendia en la si* 
gniente ennmeracion, res^men de nn diario vespertino : 

FAR4DA MILFTAB POR LA MAfi^ANA! 

CXSOSTKO EN LAS PLAZAS PUBIJOASi 

BBFIQFE DE CAMPAKAS ! 

BANDEKAS EN LAS OF^CINAS PUBLICAS Y EN LOS BT7QITES!I 

LA BANDBRA ESTRELLADA EN TODAS PARTES ! 

KSPLENDIDA ORACION DE HR. EYERETT SOBRE LA GRAN 

CUESTION DEL DIA 1 1 
ORACIONES EN TAMMANT HALL Y EN EL INSTTTUW) 

DE COOPBr! 
BRILLANT^ DESPLIBGUE DE PUEGOS ARTIPIGTALES POR 

LA TARDE I ! ! ! 



I J I J BfAGNTFICO ESPKCTACTJLO ! ! ! ! 

LA ISLA DE »[ANHATTAX, BBOOKLTK, JEBSET CITY, HOBOKEN 

Y STATEN ISLAND EN UNA LLAMA DB 6L0BIA 11 

IJIXCIDENTES Y ACCIDENTSSlI 

TBEINTA INCENDIOSÜ! 

Sea en hora byena; sea: el pi'ograma del aiio ultimo era 
el mismo de este ano, y serd el del que viene, si Dios, el co- 
mcta y el Snr lo permiten. La hnmanidad no ha avanzado en 
365 dias ni nno solo en la llnea de progreßo ; ha estado como 
el gcneral Scott (no el mio sino el del gobierno) prepar&n- 
doRO, 6 como el general Beauregard (el de Manassas) aguar* 
dnndo. El aniversario no varia. Pero tambien pregunta JRt- 
gctro^ l qn6 significa un aniversario? El mundo tiene an .afio 
nias; pero si hay gente que no envejece I Pedir novedades 
al mundo es inAtil porfia. Nada nuevo de tejas abajo, ni aun 
cn Barullopolis. 

Pero Barullopolis tiene sin embargo sus novedades de te- 
jas abajo y de tejas arriba, aun en los dias que no son el glo- 
rioso 4. En el cielo tenemos un cometa mas grande que to- 
dos los cometas conocidos, y tan plcaro y amigo de chasoos 
quo sc nos ha prsentado de höspite insalviato para darnos 
una sorpresa como amante que da serenata, 6 marido que de- 
sea estar al tanto de la vida Intima de su mujer. Los aströlo- 
gos se devanan los scsos preguntando qui^n es, y ponen la 
cara del ccntincla que deja pasar al enemigo sin darle el 
quien vive. Nuestro amigo celestial se reir4 k boca llena al 
contcmplar la sorpresa de los sublunares que en este siglo de 
las luces se han quedado a oscuraö sobre esa otra luz inespe- 
rada y que cstiende su rabo con tanta gana como pavo-real 
qtic hace la rueda. ^ Qu6 diran las naciones estranjeras ? pre- 
guntan los periodistas de la repüblica de . . . San Marino el 
dia que se elije alcalde. ^ Qu6 diran los gusanitos de bajo la 
linea? ^ Se prescntara el senor cometa guinando el ojo & gui- 
sa de concejal encargado de los fondos pfiblicos para cele- 
brar el 4 de Julio ? El cometa constituye una gran novedad 
con que no rivalizaria ni el mejor pre^igitador del mundo ; 
ni Barnum mismo. Vamos k la de la tierra. 

Quien quiera que recorre k Broadway, inmensa artdria 
de las maravillas ambulantes y estacionarias, y de los pa* 
panatas y estranjeros de todos los paises, ve tm tablado 
mas alto que la bateria flotante que destruy6 al fuerte 



176 

Sumter y zalium6 a sus valientes defensores. Hay moros 
en la costa? <jHay scparatistas frente al hotel Metropoli- 
tano ? se preguntan los neofitos. Los profesores & iniciados 
se miran y sonrien con cierta soma. Pues ^qu^ sucede? 
El gran tablado, mudo como el destino, pensarä sin duda 
lo que tal vez pensö el caballo de Troya cuando lo ado- 
raban de marallas afuera los sitiados de la ciudad precita. 
ITna tarde cae como por encanto el tablado, y se deseubre 
al püblico embobado mi palacio de hadas que tiene la mara- 
Villosa propiedad de reproducir todas las fisonomias con sor- 
prendente ecsactitud. Supon6os mia cueva de encantadora 
cuyas paredes esten cubiertas de cristales azogados, y esa 
cueva iluminada con luz meridiana, luz de cometa 6 de gas. 
Supon^os que al rededor de vuestros rostros aparece sobre 
fondo azul 6 de rosa una aureöla dorada como la de nues- 
tra Madona. Yed la cueva al son de una müsica lejana que 
convida al deleite, en medio de beldades tentadoras, al 
lado de Mme. Lagrange, de la iambina Piccolomini, de 
Julia Grisi, de la Son tag y. otros gilgueros: junto ä Mus- 

siani, Brignoli, Tiberini iba ya ä decir Amodlo, el 

gordo dulciöimo, victima de la fiebre amarilla. Supon^os 
que al son de la müsica resuena un 4 de Julio de tapones 
de Champana y el sedoso ruido que hace la cuehara de 
plata al cortar las pilas de h^lado sorbete. Supon^os ca- 
ras de anfitriones amables que os atienden y cortejan, y os 
regalan retratos de todas las celebridades contemporäneas, 
y el vuestro mismo, con solo tocar en la pared con mano ma- 
gica — ^y tal fu6 la fiesta de inauguracion con que Fredricks 
celebr6 su progreso en el mundo de las artes, abriendo la 
mas espl6ndida galeria que el cometa puede ver desde su 
perihelio. La maravilla es completa, y solo pu^de comparar- 
se con el pasmo que causa k los espectadores profusion tan 
oriental de lujo, sostenida en el solo principio del comercio 
libre y de los derechos baratos, que han descubierto los ec6- 
nomopoliticos. Pedid al pueblo un 6bolo y amontonareis 
millones si el 6bolo es ofrecido por la popularidad. En Ro- 
ma se ban acumulado bajo ese principio tcsoros cuantiosos. 
Fredricks es por eso el rey de los fot6grafos. 

Quisiera ahora rivalizarlo aqul dando el retrato en papel 
satinadb de los Ultimos personajes de la guerra, sus batallas, 
BUS campaiias 6 incidentes, pero el termömetro estä & 91 
grados, no he fumado despues del abnuerzo, y Mr. Thompson 



111 

acaha de anunciarse para que le t)*adazca una carta que ba 
dirigido ä Fanny un acendado de la costa arriba. Suspendo 
el Totilimundi como los folletines de novela con un Cow- 
tinitard. 

NüBVA York, julio 6 de 1861. 



LA GÜERRA. 

La gueiTa I En otros tiempos era la 6pera objeto del Toti- 
limundi. Gazzaniga y Piccolöraini se disputaban mis habla- 
durias, Amodio me llamaba mio (Uiro y Scola me suplicaba 
que no lo raentase en mis crönicas semanales. 

Hoy no queremos 6peim porque el caiion da el do de pecho 
mejor que Musiani, y el general Mo Clellan disputa k la fama 
todas 8U8 trompetas. Estamos en guerra abierta con nosotros 
mismos, guerra de familia, en la que dos puntos cardinales se 
combaten por la supreraacia y forman una especie de hura- 
can de las Antillas. Los elementos que no son destructores 
ßon destruidos. Por eso todos quieren ser destructores, por- 
que " mejor es ser gato que raton. " El instinto ha inspirado 
esa verdad k los unionistas del dia despues, que ayer eran 
dem6cratas puros y hacian la guerra k los republicanos en 
nombre del principio conservador ; hoy son partidarios del 
** gobiemo con razon 6 sin ella," y no transigen con nadle 
que no est6 por la guerra a todo trance. " Ser 6. no ser," es 
SU lema. Pero como los tales recuerdan que su improvisada 
politica tiene antecedentes muy distintos, quiza contrarios 
k la actualidad, suplen con el esceso de celo cuanto los demas 
pudieran tacharles en la vida pasada. No hay peor moro que 
un cristiano renegado, ni raas terribles lincolnistas que los 
amigos que combatieron al " rey de los rajatablas." (*) 

m 

(*) Bali Splitter— Tiombre dadu & Mr. Lincoln, porqae antes de ser Fresidente te. 
nia nn mqlino de aserrar tablas. 

12 



178 

— Vecino, malas noticias, me dice el cahalloro qne tiene rni 
oficina en frente de la mia. 

— ^Pero, cuales, vecino ? 

— En Washington no se bace nada desde la bataüa «i« 
Bull Ran, y ese es uno de los peores signos. 

— Pero i V. no ve que es preciso organizar ? 

— I Organizar ! Bueno s'eria que se empezasc por los mi- 
nisterios. i No le parece a V ? 

— ^A ml ? Pues. . . ä ml no me parece nada. To soy estran- 
gero j neutral. 

— ^Vecino ! En esta cuestion.no cabe neutralidad ; 6 & una 
banda 6 6 la otra. La neutralidad es traicion, y la traicion se 
castiga sin largas tramitaciones. Todavia hay cspacio en cl 
fuerte Lafayette. 

— ^Dios lo consorve, le contesto yo, sintiendo en el fondo 
de mi alma que hubiese empezado la conversacion sobre po- 
litica. 

— ^La neutralidad ! continüa mi vecino, la neutralidad es 
imposible. Ya V. sabe que yo soy demöcrata puro, lo he sido 
toda mi vida ; pero en este lance debemos jugar el todo por 
el todo ; me he puesto al lado del gobierno y no tolero a loa 
neutrales, porque 6 son traidores, € son espias, 6 son sospe- 
chosos. 

Mi vecino es un hombre escelente ; buen padre de familia, 
comerciante honrado, intachable en su conducta. Ahora le 
ha dado por la polltica y padece fiebre, k veces intermitente, 
4 veces remitente. La soga es la mejor medicina que en sa 
concepto puede aplicarse & los traidores y a los sospechosos. 
El, que no mataria un pollo sin estremecerse & la vista de la 
sangre, la derramaria sin tasa para conservar la Union. No 
le daria, sin embargo, de porrazos a su mujer el dia en que 
ä ella le picase la tai*antula del divorcio. Antes la dejaria ir 
en paz y con todos sus joyeles. 

Pues asi como rai vecino hay«en la "Union muchos cohver- 
tidos cuyo esceso de amor al gobierno trasciende en todo lo 
que hacen y dicen. Hombres peligrosos por su fanatismo, ca- 
paces de hacer daiio por salvar el prestigio del pais y cuyos 
consejos dan & la autoridad una tirantez nerviosa que por to- 
do atropella, pensando que la apoya el pueblo hasta en sus 
medidas mas estremas. ;, Ignora por Ventura este morboso 
estado el corresponsal que se lanza & dar opiniones a destajo 
sobre los hombres y las cosas del dia ? El del Times de Lon- 



179 

dres, que es letrado con tltulo de universidad, ha soltado la 
p^nola sin embarazo para avisar & la Inglaterra que en Bull 
Hun no hubo cargas de infanteria, ni combate al anna blan- 
ca, ni ningun hecho de valor en que se empeuara la gallar- 
dia de ambos combatientes. El doctor Russell se ha per- 
initido decir en sus cartas quo, hubo una corrida desespe- 
rada despues de la batalla del Gran Ejercito y que ^1 mis- 
mo yi6 por sus propios ojos el dehacle 6 deshielo de ese 
inisnio Gran Ej6rcito. Que contara el trapalon sus mentiras 
de alla de Crimea 6 de la India, donde nadle lo podia con- 
tradecir, pase; pero aqul en frente de la prensa libre de 
Nueva York no pueden pasar, y las iniciales que usa Mn 
Russell al pie de su firma — ^L. L. D. (Doctor en Leyes) deben 
leerse JLiar^ Darrm Liar^ (Erabustero, Condenado Embuste- 
ro.) A tan poderoso argumento del Herald^ su editor anade 
que el suelo de los Estados Unidos estä ya un poco mas ca- 
liente de lo necesario para que el Doctor en Leyes pucda 
vivir en 61. 

Dificil posicion para el corresponsal I Peligrosa mas que 
dificil en estos tiempos en que el fuerte Lafayette tiene, co- 
mo dice mi vecino, sobra de acomodo para mayor nüraero 
de hu6spedes, y tanto que los diarios alemanes lo llaman el 
** Hotel de Lincoln " para darle la preferencia y priraacia so- 
bre todos los hoteles conocidos en la ciudad. El " Hotel do 
Lincoln " ocupa una posicion escepcional y privativa, sobre 
todo en la actual estacion de calor, porque esta situado en 
un islote en medio de la bahia y muy inmediato k Staten 
Island, cuya salubridad es tan proverbial que por ello colo- 
c6 all! nuestro municipio su cuarentena. La inmediacion 
& la Isla del Estado ha hecho decir al publice que La prision 
del castillo es una prision de estado ; pero no hay tal, pues 
simple y verdaderamente es una prision militar'en la que 
se atiende con tanto esmero k la salud de los hu^spedes co* 
mo pudiera en la misma cuarentena, y mas aun, pues no se 
les permite leer los peri6dicas " por temor de que se calien. 
ten la cabeza." Admirable galanteria del oficial de guardia I 

Poco cuesta conseguir alojaipiento en el " Hotel de Lin- 
coln,'' y nada la subsistencia una vez que se admite en 61 & al- 
guno de los huöspedes del Presidente. Sup6ngase que mi 
vecino amanece un dia peor humprado que de costumbre y so 
fignra que yo soy separatista porque leo el Journal of Comr 
tnerce. - Una conversacion sobre este asunto con el attcrney 



180 

del distrito 6 con alguno de tantos agentcs que tiene el go 
bicmo en acecho, hace llegar mi nombre a la Secretaria de 
Estado y de alli sale el rayo que me seiiala como " ßospecho- 
ßo " j me manda & tomar aires al " Hotel Lincoln." El habeas 
corpus esta en latin y aqul se habla ingles, y en cuanto al 
pueblo poca confianza me inspira, pnes en sabiendo que Boy 
Nazareno, volvera & gritar " crucif icale.** 

Sofia que tiene un temor panico ä las traslaciones de domi- 
cilio desde qne sabe con el refran que dos mudadas equiva- 
len 4 un incendio, me aconsejaba poco ha con toda buena fe 
que use enaguas basta que concluya la guerra : pero sobre 
ßer incierto el plazo y teuer el fustan sus inconvenientes mas- 
culinos, me aqueja el temor de que teniendo tan poco garbo, 
Be me habria de descubrir el amaiio cori facilidad. Luego 
han venido los tiempos ä destiniir la inviolabilidad de las fal- 
das. En Washington han sido arrestadas las seuoras Green- 
Gugh, Green y otras por las tropas del gobiemo en sus mis- 
mas casas, sin que el sargeAto que hizo el reconociraiento se 
inmutase lo mas mfnimo al poner la mano sobre mujeres, ni 

AI Ter tantas crinolinag, 
Tanto ftzstan ahaecado, 
Tanto color y Ulnares, ^ 

Tanto diente cierto 6 fals». 

Es cierio que las dumas conspirabau ; tan- cierto que en el 
baul de una de ellas se encontr6 debajo de rarias camisas, 
cuya virginal blancura les habiia hecho pasar por emblema 
de la inocencia, un mapa 6 carta militar que el gobierno man- 
d6 levantar para su propio nso, y que probablemente iba des- 
tinado ä otra parte que el sargen to no pudo descubrir. Tam- 
poco es para todos eso de registrar enaguas sin que tiemble 
ia mano, salte el corazon y sq perturbe la vista: El sargento 
confeso despues que menos agitado se sintio el dia en que ä la 
cabeza de media compania fue en Bull Run & tomar una de 
las baterias cubiertas cuya ecsistencia pone en duda el cor- 
responsal del Times de Londres, — ^Imaginese un sargento de 
zuavos escudriiiando pliegues cubiertos de encajes 6 los do- 
bleces de un oorsÄ como quien reconoce los antepechos de un 
* baluaii}e ! 

l Que hara el gobierno con las danias ? ^ Las mandarfi, al 
Hotel, las conservara en Washington, 6 las pondra k bordo 
de las fragatas de la Independencia, que como los militares 
de aquella epoca no sirven ä fuerza de haber servido ? El ge 



ISl 

noml Riitlor, cx-coinaiulaiite del castillo Monroe, ha dicho 
HO liaco niiu'ho, cn.indo le pregUMtaroii en quo sc ociipa- 
ba : — " Yo U'iii^o u?i b**ov(liari Iioitse (6 casa de hu^s- 
pcdo?) dcl gobicnio de lo^ Estados Unidos. " Un hoarding 
houae CS meiios ]>üblico y biillicioso qiie un hotel, y alli 
j)odrinn ir las sciioras conspiradoras ; pero los huespedes del 
gonera! Butler son " contrabandos " 6 en castellano esclavos 
profiigos y. . . En esta " Guerra de las mujeres," tenemos viz- 
condesas de Cambes, priucesas de Cond6, tal vea alguna Ka- 
non de Lartigues ; pero Mr. Seward no es el duque de Larro- 
chetbucault, ni hay ningun Pedro Lain6 en todo Washington, 
I)or mas quo W. Scott pudiera ser un mariscal de la Maiye- 
niillo. La " Guerra de las Mujeres," conio ya lo han conocido 
lod:is Ulis lectoras, es un libro de Alejandro Dumas, el hote- 
^cro de Kapoles, que bicu pudiera scrlo del fuerte Lafayette; 
l»cro ademas es uua guerra peligrosa en todos los palses, oo- 
nio lo habria cscrilo Dumas sieu aquella cpoca hubiese tcnido 
liotcl, aun sin el nonibre de su paisano el general consabido. 
Yo imigino que siendo una d«) las prisioneras de Staten (no 
digo de Kolado) la seHorita Widle, escritora y novelista, em- 
plearn s\is ocios de cärccl como Cervantes Saavedra, y nos 
dara, si no el segundo tomo de la obra de Dumas, alguno pa- 
rcfido sobre el quijotismo yankee, por la similitud en que es- 
cribini como escribio el otro su hidalgo manchego. Y ^ qui^n 
sabc si las mismas causas produciran los mismos efectos ? 

La scfiora de Lincoln se pasea entre tanto (entre tanto 
que aparece el nuevo Alonso Quijano, el Bueno) por las 
agiias de Long Brauch, no como el Esplritu del Senor, sino 
como la suntuo.sa castellana de la Casa Bianca. Tal paseo 
y en tal epoea como la que atravesaraos de trasformacion po- 
litioa, Ueno ti Long Brauch de lo mas selecto de los y las tu- 
ristas de verano, La Presidenta guardö completo mcögnito 
dcsde que liizo su visita ä la Princesa Matilde en esta ciudad, 

hasta que llego al hotel de Long Brauch. No salio de 

t?u cuaito, como si la idea de clausura anduvfese ahora 
anecsa a la de hotel, y solo por la fuerza y como por razon 
de e^*tallo aceplo un baile con que la obscquio la sociodad . 
bafiera, a un doUar por cabeza, mucho menos que el quantuni 
sobre la reuta [xir.-^onal. Apiaudo por mi parte cordiahneiito 
la conducta de la scuora Prer^identa, la cual prueba su buena 
alma y sentimientos elcvados, pue» 

nonle a qnf pcut chaiitcr pendant quo Komc brnlo 



182 

CoTQo compensacion de este scsndo apartamicnto, Robert 
Lincoln, primog^nito del Presidente, fä6 el lüm de las agnas 
en la apartada mansion. Mr. Lincoln, junior, estaba all! cum- 
pliendo con el mas placentero de los debei-es filiales. El es 
un joven reposado y modesto y compreude las exigencias de 
la posicion. Pero cuentan los cronistas de los banos que el 
Santo Roberto, el mismo que fh6 canonizado por su inmaeu- 
lada conducta, no habria podido resistir ä las tentaciones 
que hacian temblar al sargento de zuavos en el registro de 
Washington cuando se descubriö el mapa. Roberto llamaba 
la atencion en el baile, todas las missea querian bailar con 41, 
y le enviaban su tarjeta con yeinte y cuatro hbras de antici- 
pacion para unos lanceros, ahora que la lanza estä en listre. 
Roberto llamaba la atencion en el paseö, tenia dos 6 tres 
carruajes con lacayos y librea, 

Fam pasear i solas 
Con Fanny dulce j beUSy 
AI claro de la ectrella, 
AI nüdo de las olas. 

Roberto llamaba la atencion en el baiio, y no con mas 
gracias se presentö Gabriela ä los ojos del Rey Enrique de 
Francia, que el " Prfncipe de Casa-Blanca " & los de las 
Emmas y Serenas que hacian de sirenas en aquellas playas 
Bolitarias. Hercules blandiendo la clava en los Juegos Olim- 
picos, medio envuelto en la piel del leon de Numea, arran- 
caba aplansos ä las doncellas de la Grecia de antano. Ro- 
berto en Long Branch es el Hercules de ogafio. 

Que se le hiciesen mimos & Tommy, principe indio que el 
Japon nos enri6 con su embajada, y que el oficial de marina 
encargado de su tutoria devolviese k los padres " caHas que 
amontonadas, dice el severo marino, se alzaban mas aHas 
que un paimo de buena medida."' sea, ya qiie el rapaz indie- 
zuclo era, 6 fu6 hecho Principe. Y va uno. 

Que al iiijo de la reina Victoria le siguiesen beldades que 
eual misa Patterson aspirasen ä conquistar al Aituro Rey, 
ahora que • no existe Napoleon I para declarar sonsacado al 
galan, y que en la estancia suntuosa del de Gales se encon- 
trasen billetes perfumados que se escurrian por debajo de la 
puerta^ 6 aparecian entre la» almohadas para rabia del duque 
de Newcastle, pase porquo al fin Alberto puede ser dueiio 
de la India y senor del mar. Y van dos. 



183 



Pero que k este Roberto, que no es Alberto, ni Tonnny, iii 
hija de VlctorLii ni cunosidad del Japon, 

**Ni es an C^sar, nl es nn Cid, 
Ni nn Hercules, ni an Sanaen, 
I^i an sabio cnal Salomon, 
Ni an santo como David.** 

le hiciesen cucamonas las ninas de las aguas ; ^e» cosa, se« 
£k)res, escribe Jenkius el corresponsal, es cosa que no tiene 
atadero, k no ser que la ingenita perspicaeia femenina haya 
descttbierto que al paso que vamos, la trasformacion Uegue 
k ser tan cumplida como para que de nn hijo de raU Splitter 
se haga . algo asf tan elevado que Alteza le Hamen sus va- 
saUos. Pero no toda madera sirve para trompos. Sea lo que 
fuere — y el DioB de las Miseiicordias tienda benigna mirada 
häcia esta tierra de Franklin y de Patrick Henry — ello es 
que Roberto Lincoln bien puede recordar con delicia la hora 
predestinada en que k la senora mamä se le ocurriö pere- 
grinar en este verano, pues ya puede decir, como el perso . 
naje inas arriba aludido : 

Ptincesaa coldaban de Q^ 
• Doncellas de sa rocino. 

La sefiora Lincoln estuvo en Nueva York, donde al estilo 
americano pas6 su tiempo Shopping, 6 andando de tiendas, 
como decimos en espailoL La senora esuna escelente madre 
de familia, y el otono se acerca con la necesidad imprescin- 
dible de cambiar de traje. Mistress Lincoln debe ademaa 
preparar los suyos pai*a sus paseos acuatieos, pues es bueno 
saber que el Presidente ha hecho oonstruir en el astillero 
nacional dos gondolas veneciana« para recorrer al Potomao 
en las'noches de luna y en.las tarde» tibias, cuando las hojas 
amarillas empiezan 4 abandonar las ramas que no las sus- 
tentan ya. 

Mourlr va de ^i meff*Sf 
y*«n ayOMpohU »ouei, 
hien vivre est leproblCim 
Qü'U/aiU rewudre ici. 

Las giSndola« del Presidente k lo Dnx serdn grato sola* y 
agradable compensacion por las horas de fastidio que S. E. 
pasa luchando con el red tape. Pennitorae la introduccion de 
este personaje en la amistad de mi cfrculo, poi'que sus hechosr 
ocupan en gran manera ä los empleados pfiblicos y tienen mu- 



184 

cha influencia en la snerte de 1a nacion. El red tape es el seUo 
Colorado de los oficios 6 cartas oficiales Un oficio sin sello 
no est& mas segoro que tina niiia sin duena. Cuando im ne- 
gocio se atrasa 6 sufre mas demora de la que debia, siempre 
es responsable por el atraso el red tape^ la tramitacion ofici« 
nista que va despacio como las cosas de palacio. El general 
Butler que se ha propMesto hacerse notable en la gran revolu- 
cion que nos va atravesando, no puede tolerar el red tape. 
Para el hombre que inventö el "contrabando" animal y des- 
cubriö que el fuerte Monroe no es sino un boarding house del 
gobieiDO, la tramitacion es la nmerte. Sus tropas estaban sin 
pagar y sus buespedes de "contrabando" sin comer, porque el 
sello coU'rado no babia Uenado todas las förmulas. El aban- 
derado no habia recibido un plicgo que se necesitaba para 
abrir el saco de dinero que babia llcgado de Washington. El 
general Butler mandö por* el portador y por el saco que esta- 
ba lacrado con un gran sello colorado. 

— Caballero, dijo al oficial conduotor, necesito ese dinero. 

— General, contestö el oficial, yo no puedo abrir el saco, 
porque me falta un pliego. 

— Tiene V. razon y tendr6 presente el nombre do V. para 
todo asimto que requiera fidelidad ; pcro yo abrire el saco. 

— ^Pero, mi general, el sello colorado. • • 

— El sello colorado, seilor oficial, lo corto yo. Ojala pudic- 
ra cortarlo tan facilmente en todas partes. 

Y con el primer instrumento de filo que hubo & mano des- 
hizo el red tape. El general. Butler no manda ya en el fuerte 
Monroe y ha salido con una espedicion por mar & cortar algun 
nudo gordiano en las costas de los Estados del Sur. Har&to« 
do lo posible por cortarlo, porque 61 aspira & ocupar un asien- 
to en el templo de la inmortalidad. 

El regimiento 1^ d^Nueva York, el "bravo" s6ptinio recla- 
raa otros dos asientos, uno para el mayor Winthrop y otro 
para el coronel Famham. Ambos "representantes" del 1^ han 
muerto en los combates de la Patria. Asientos I dijo el 1° y 
se armö polvareda en toda la metröpoli. Si el 7* quiere asien- ' 
tos en el templo, que los conquiste, que • vaya & pelearlos. — 
Instabilidad de las cosas humanas ! No hace un si^rlo todavia 
que el 7° saliö de Nueva York y hubo tal alboroto, que sus 
proezas para reenclavar los rieles del Camino de Annapol! j^ 
se elevaron hasta las nubes: 



185 

"SoOor de Iob Sefiaren, 
Qnc cn cielo y tierra imperas, 
Protege las banderas 
Que el pueblo va & empaffar.** 



Mas hoy despiies del prestado servicio, cuando los volunta« 
rios no se reenganchan, ciiatido se ofrecen dos pesos por cada 
hombre al que consiga alistarlos; hoy. , que conocido el peli- 
gro, el entnsiasmo por la guerra ha pasado de cero en esta 
cindad ardorona, 

*'£1 arpa stApendida 
De sance babilonlo, 
Ki al be«o del faronio 
Bus cuerdas agitö." 

• 

La gratitud de !a repfiblica es como la d3 los conventos; 
despnes de refectono se levantan los nianteles. 

Y ya que en conventos hemos caido, viene ä ciiento recor- 
dar que en el ejercito confederado sirve de general el obispo 
Polk, de la Luisiana, y qne en el federal hay varios clerigos 
que al revös de C&rlos Quinto han colgado el h&bito para ee- 
iiir kl espada. Monsenor Polk es el segundo general en su 
Confederacion, y como los sacerdotes de la Edad Media nion- 
ta 4 caballo y manda una carga de caballeria con la misma 
facilidad que echa bendiciones & las huestes que siguen su 
bandera. Monseüor pertcnece por fortuna k la iglesia episco- 
pal y de buena nos ha librado su fe 6 su falta de f6, porque si 
fnera papista como otra cosa es, nos habria lanzado la pren- 
fla SU ^xcomunion mayor.« 

Vcrdad que la prensa no estd para excomuniones, pues an- 
da & la sazon tan mal parada con motivo del Hotel Lincoln 
y las asonadas populäres, que parece monja de puro medrosa« 
No hay editor de periodico que no examine su conciencia 
antes de acostarse y al poner el cora7X)n con Dios deje de 
pensar si amanecerä en su cama 6 recibiendo la graciosa hos- 
pitalidad del Presidente de la Repüblica (cuya importante vi- 
da guarde Dios Nuestro Senor.) Si sale el periodico, lo reco- 
ge el administrador de correos; si va por el espreso, lo reco- 
ge la policia ; si se envia por pasajoro, 61 y los papeles van ä 
tomar los aires de la Isla del Estado. ; Dulce libertad es esta 
que gozamos los animales de pluma! El ganso va al puchero 
y el esöritor a la sombra, y ni le vale al misero que sus escri- 
tos sean para ultramar y no para este rebano, porque al re- 
gresar impresos, la censura de los republicanos del dia des- 
pueA, los toma de su cuenta y declara que el suelo est& do» 



186 

masiado caliente para qne viva en 61 ningana ave de las qae 
se remontan k las alturas. 

De intento he pnesto este recuerdo & manera de conclusion 
para qne si algo salvo de capitanes de biiqnes, contndores, 
corsarios, editores, censores y p(iblico, entre todos me eruarden 
elsecretoynodigan que este Totilimundi es de — Nazabeno. 

NüBVA YoBK, !29 de agosto de 1861, 



A «FELICIA,'» 

r 

POLLETINISTA DOMINICAL DEL "dIARIO DE LA MARINA.'* 

No .:e, amiga mia, cuäl es el santo de hoy. 
Pero, ^imite qae te esplique esta amintad, tratändote de 
tu / lo i]1timo, porque dijo Breton: 

**|Y qnS llanezade {^entesl 
TodoB se hablaban de iü.^ 

Lo de "amiga mia," porque si tu y yo no somos amigos, & 
f(S de Nazareno, ignoro quienes podrian serlo mejores. Somo 
aves de la misma pluma, vivimos como los canarios, de can 
iar : Lacemos ei mismo papel, y damo3 al mmido cuanta espü 
Htualidad el mmido nos ecsige, por espiritu de complacencia 
y otras razones que son mas para contadas, aui»que gastadas 
jah! mastarde, que para dichas al piibllco, el cnal se imagi- 
na que lo hacemos por dar de nos, como la Italia che fa da 
86, Si aun no estuvieres convencida de que somos amigos, 
dependerä solamente de que ä las veces posee uno cosas que 
ignora. El patan de Moliere ignoraba que hablaba en prosa, 
y un genio espanol pregimtaba siempre si ^1 tendria talentck 
^Cuando pudo figurarse el actual Presidente de nuestra "re- 
püblica" que el tenia el don de mando, ni sn buen hijo Ro- 
berto que tenia preparado alojamiento en la Casa Bianca?— 
Ea, pues, somos amigos y esta justificado el vocativo con que 



187 

cmpicKo esta carta, quo itiici6 invocando el santo dcl dia, 
quienquiera que faese y no conozco, porquo en esta tierra se 
halla en desaso el Ano Cristiaiio. 

Hacia la piadosa invocacion, porqne sicmpre es algo pa- 
ra empczar cualquiera obra, y hoy me he propuesto la buena 
de cscribirte cartas, hoy precisamente en qne la policia ha 
dado en la mania de perseguii-las ; qne no hay cosa que tiente 

Mm qne la finita del cercsdo ageno ; 

y annque yo soy hombre que s^ cumplir todas mis obligacio- 
ues, inclusa la de tener patriotismo cuanto es necesario y 

"Bormir rono Dlog lo manda 
Entre sabanas de holanda 
Bin temer al Sor ni al Norte,** 

desde que me prohiben algo, ya no qncpo en mf y me doy & 
perros por conseguirlo. 

Eso y la natural simpatia que precisamente nos debe ligar, 
me inclinaron & escribirte para contarte cosas de por aca, qne 
ei no gnstan, no lia de ser por culpa mia, ni por falta de bue- 
na Yoluntad de mi parte, que la tengo tau grande como la 
de Beauregard para sustituir & Roberto Lincoln en sus apo- 
sentos nunca sonados. 

Aprovecho la oportunidad con tanta mas gana, cuanto que 
Roberto y sa seuor padre son hoy los ünicos habitantes de 
la Casa Bianca : el ministro de Estado se encuentra en Albany 
discurriendo sobre planes electoralcs con el gobcrnador del 
estado, y sobre si sera preciso y convcniente aplicar la quinta 
& los voluntarios para que se apresuren & probar su patrioti^ 
mo bati6ndose por la reunion de la Union. 

El ministro de Marina anda por su pueblo cansado de tau 
to pretendiente que aspira & ser ministro y lo molesta diaria- 
meate con noticias de corsarios y pcrdidas de buques dcl 
Norte ; sobre que se le quema la sangre con los regalos que 
le ofreco al comodoro Vanderbilt, de vapores nacionales grä- 
tis et amorey cuando el estd comprando buques de vela de to- 
dan las banderas conocidas, que le cuestan (al tesoro) enormes 
miilones. Solo en esta tierra se viera que lo molestasen ä uno 
coü la importunidad de regalos, y regalos de vapores magnf- 
llcos. ; Si se ßgurarä cl comodoro que estamos tan pobres ! 

El ministro de la GueiTa se ha ido k veranear, como mi 
nbuela que se acostaba ä dormir y al hacerlo me decia: — "Ili- 
jlto mio, si alguien mo uecesitare, avlsame.** 



188 

El ministro de Correos ha salido tambicii d recorrer la posta 
I»ara tomar aires, no porque, segun se dice, los de Washington 
sean asfixiantes & causa de la pölvora j de la malaria de tan- 
to8 voluntarios reunidos. Gierte que laa obligaciones del cor- 
reo han disminuido un buen tanto por ciento desde la Bepa- 
racion, como en caso igual disminuyen indispensablemente 
los deberes del matrimonio, sobre que ol ministro, como ma- 
rido celoso, ha mandado suspender toda correspondencia sos- 
pechosa para evitar peligros y * tentaciones ; j cuando se le 
reclama por la libertad de imprenta y lo sagrada de la neina, 
contesta que todo eso es pamema y que lo primero es lo pri- 
mero : — salvar al gobierao, que en parte es el, y reconstruir 
la Union, que en parte se consigue cortando relaciones asi es- 
critas como impresas, pues para hacer union no hay nada tan 
eücaz como el cortar relaciones. 

El ministro de lasEsteriores, qne por ac&va incrustado enel 
Estado como ostion en su concha, no se abre tampoco, porque 
al misrao empezar su carrera, declarö que las demas naciones 
debian persuadirse de que lo que es aqul no hay mas que un 
gobierno ; y como sin duda por lo de Riclimond no estan ellas 
convencidas, las trata como rebeldes y recalcitrantes. El mi- 
nistro del ramo, por otra parte, goza de la misma opinion que 
el de Correos, y dice que en boca callada no entran moscas, 
mäcsima doctisima en tiempo de verano que las cria con abun- 
dancia, y en tiempos de bloqueo, en que las moscas traen y 
llevan & las escuadras de observacion mas noticias de las que 
cpnviene & un niinistro que ya se amosca el mismo con tanto 
moscardon como pretende intervenir en nuestras cuestioncs 
interiores. El ministro. . . • 

Para que mas no te aburras, te dirÄ que en "Washington no 
hay mas ministros que los de policia, y que si se ofreciese en 
cöte momento discutir la muerte de Jefferson Davis, 6 la en- 
trega amistosa de Manasas, tendria que reunirse el consejo 
con el general Scott, niinistro (sin cartera) de.... de.... Tdcti- 
ca militar y Ordenanza, y los subsecretarios de mesa ; que es 
como si dijesemos que entre tu, el localista y yo redactase- 
el DiaHo de la Marina^ escribiendo por de contado largoa 
artfculos sobre economla polltica yo que no la tengo ni impo- 
Iftica; sobre el cültivo de la cana, tu que no la conoces sino 
por haberla chupado y usar su producto, y 61 sobre pozos ar- 
tesianos, que no los ha catado mas que cualquiera otra col 
mena. 



189 

Mira, pues, si podr6 daite noticias con libertad ahora que 
no tenenios ministros que me inquieten y cuando los de arte 
mcnor se hallan ocupados en prender y confiscar ä nombre 
del Santo derecho de propiedad, los barcos y los mouises de 
cuantos no reconocen la aiitoridad de Washington, eso para 
mayor gloria de las instituciones populäres y a nombre de la 
Constituoion, que prohibia terminantemente, segun contaban 
los Tiejos, las confiscaciones de los ciudadanos libres. 

Debo incluir en estas la de Flora Temple, la cual no te ima- 
gines que es ninguna amiga de la senora Greenough ni otra 
de las prisibneras de Estado que custodian los zuavos en la 
cipital, sino una hemiosa yegua de carrera, para quien adre- 
de escribiö Pablo C6spedcs aquellos versos : 

m 

'*Qiie parezca en el alre y movlmiont 
La generoea raza dö ha venido ; 
Balga con altfvez y «trevimiento, 
Vivo en la vieta, en la cerviz ergnldo; 
Estribe flrme el hrazo en diiro aslento 
Con el pi^ reeonante y atrevido, 
AnimoBO, insolente, libre, nfano, 
Sin temer el horror de eBtrnendo vano.** 

Flora gan6 mas caiTeras en Centreville (*) que victorias 
cualquier general modemo, incluso McDowel, y aunque di- 
flcil, no seria iraposible que las hubiese gauado tarabien en 
la retirada del otro Centreville, junto & Manasas, donde pro- 
baron ligeressa de cascos un sesudo redactor del Times de 
Nueva York, un cuiTesponsal del Tocayo de L6ndres y el 
Gran Ej6rcito de la goahead Union. Flora Temple tiene 
ya SU nombre bien sentado en mat-erias de unas, tanto que 
es digna de la silla de un ministro — 6 de otro cualquier per- 
sonaje que guste de bestias — de^ primer örden. Por Flora ha 
rehusado su dueiio $20,000, que no son poca fortuna en 6poca 
de papel moneda y de contribucion directa. Flora es mas co- 
nocida en la Union que la Union misma, porquo son ahora 
mas los que corren que los que se unen. Flora en fin es Flora 
como el JTerald es un "diario concienzudo y perseverante en 
BUS opiniones." Los encargados de prenderla, primero la de- 
jaron ganar ima apuesta en Centreville y luego con todos sus 
laureles le pusieron mano en nombre de la Constitucion y de 
la felicidad de la patria. Si hubiese manera de reunir el gabi- 
note, ya se habria discutido con asistencia del Dr. General 
Butler lo que deberia hacerse con el "contrabando" cuadrü 

(*) Sitio en qne se celcbran en Naeva York. 



100 

pedo ; pero la opinioii 8e gciicraliÄi sobre que 1q mejor qua 
puede haceree es enviarla do regalo al gencral McCIcllan pa 
ra qiie d6, montado en ella, sii pröcsima batalla. — ^El prcsente 
Beria digno del personaje. Abd-el-Kader escribiö que para im 
combate mejor es el caballo que la yegua, porqiie al reves del 
piimero esta flaquca en cuanto se siente herida ; pero cl caso 
es de mayor escepcion, pues no hay bala de carabina MidIS 
que pueda alcanzar ä Flora, ya sea de Temple 6 de McClellan. 
En esta captura gan6 el gobiemo estraordinariamente, por 
ser ünica en su especie, si bien por respeto al secso, la Socie- 
dad Sabatina se ha quejado de que no se hubiesen enviado 
mujeres para efectuarla cön todos los miramientos que corres- 
pondian 4 una Flora cuya reputacion esta bien sentada 6 bien 
corrida. 

No vayas & imaginär que esta Sociedad est& compuesta de 
brujas que se rennen los sabados en sanhedrines para ir & 
chupar la sangre k los ninos y hacer mal de ojos k las mu- 
chachas que han conseguido novio. La Sociedad en ultimo 
caso se compondrä, de brujos, que bien pueden serlo si la 
brujeria consiste en espantar a la gente y no vivir como los 
deraas. Tienen por objeto los brujos impedir entre otras co- 
sas que los demas se diviertan en domingo 6 " sabath," de 
donde les viene el nombre ] y como la guerra es diversion, 
segun los voluntarios franceses que ültimamente salieron 
k hacerla, los sabatinos se oponen k que el general Scott 
disponga, desde su sillon en ei cuatel general de la Casa 
3^lanca,.ningun ataque que no sea contra elroastbeef, ni lo re- 
ciba tampoco ; por Ihanera que si JefFerson Davis se presenta- 
se maiiana domingo en el Puente Largo, el general en jefe 
le pasaria atento recado de que esperase hasta el lunes si 
quena darse el gusto de pelear con 61. .Los brujos han rega- 
fiado al gobierno por lo de Bull Run, que si bien se mira, fuÄ 
cuando no anti-dominical, una gran dommguejada de los que 
corrierouj y otra no menos grande de los que se quedaron pa- 
rados y no corrieron detras. Flora Temple habria podido 
darles una leccion, y aun sc la daria ahora, si no fuese por las 
opiniones que profesa de algun tiempo a esta parte. 

N"o puedo decirte en vcrdad si ha muerto JefTerson DaviSf 
por^ie las noticias sobre tan i!nj>oi*tantc suceso son contra- 
dictorfeis. " Bien sabido es qne babia de morir, " dice en le- 
tras de molde uuo de los dircctorcs de la opinion publica. 
Murio, i^egiui los 2)artes, el luncs, cspidi6 una proclania el 



t 



101 

raartes, fu6 enterrado el mi^rcoles, reuni6 el Congi'eso el 
jiieves y se le escribieron las necrologias en viemes. Ma- 
lum Signum es el de las necrologias, tan malo que, mira tu, 
& mf nadie me las ha escrito sino an fulano ooheredero mio 
de cierta fortuna que se evapor6, no en mis manos. Pero 
las necrologias del Presidente de la Confederacion del Sur 
pnede ser que no lo hayan podido Uevar al sepulcro. El 
tel6grafo no lo asegura dos rainutos de seguida, y ya tu sabes 
que sus noticias son oficiales, porque no pasan sin pei-miso 
del gobieiTio que domina, como Jupiter, la electricidad en 
el cielo y ej rayo 6 raya de los caiiones en la ticrra. 

g Coino habria podido tarapoco Jefferson Davis morirso 
sin perniiso de la policia, que no perniite k nadie ausen- 
tarse del pais sin pasaporte visi por el secretario de Esta- 
do? Tal rez tuviese el gencral tanto apuro que se mar« 
chara, como la mayoria de los viajeros, sin el refrendo, que 
importa tres 6 mas dias de espera. Mas en todo caso la poli- 
cia lo sabria, porque no se mueve la hoja del äi'bol sin que 
ella lo sepa. 

Te contar6 : llega el vapor Arago^ que tiene nombre sos- 
pechoBO por lo afrancesado, y los agentes abren tamanos 
ojos para descubrir a los portadores de pliegos para la Con- 
federacion. Un frances mal enoarado se olvida del lugar 
eo donde esta y deja ver cierto paquete abultado en los bol- 
sillo« del pantalon. Echanse los guardas miradas mütuas 
y ojo al pantalon del franc6s. Serd? No sera? 

— Mmiü^ esas cartas T 

Pero las manos del policia habian entrado en el bolsillo 
traidor antes que las manos del frances. 

OartasI y una de ellas decia Beaubegard! No babia 
diKla: aqiicl London seria el nombre del fabricante univer- 
sal para la Junta de Castel-o-Branco ; pero este Beaube. 
6ABD no podia ser otro que el general rebelde, 

— ^Preso! Musiü francös. 

• 

— Preso I Por qu6 ? 

Los demas pasajeros rodean al portador de pliegos , los 
agentes se le acercan & tiro de clava. 

— ^Por qu6 ?— dice el mas avisado, y le enseiia la palabra 
traidora: Beauregard. , 

El frances recobrö el aliento« 

— Sabe V. leer ? pregunt6. 

— En ingl^s. 



!• 



102 

^Piies lea V. 
El policia lejo : 

Monsienr Bondbrot, 

rfie Beaubegabd, nümero O, 

PARIS. 

— T Wen f 

— Moiinieur Eee es V JSondj bono, acciones, dinero« 

Hot, podrido, como todo el dinero del Sur. Hue — este rue no 
lo comprendo, pero debe decir para, Beaubegabd, y{t Y. lo 
conoce. Paris, de Paris, porque el rebelde es un hijo de 
fraDces j 

El policia anadiö algo que no te puedo repetir. 

Los pasajeros con la traduccion reventaron de r^pi^or no 
poderla contener j el policia se volvi6 & todos lados con 
cada ojo como an punto de interrogacion. Diflcil fue espli- 
carle que en Paris ecsiste una calle traidora y que aquel era 
un sobrescrito dirigido & dicha calle. Pero al fin, despues de 
largas discusiones, el vecino del barrio de San Dionisio 
quedö libre diciendo : — Sapristi/ quel dröle depayat 

A las senoras las registran agerUm nombradas al efecto 
por la Aduana, que se recela de que los malakofTs 6 ciino- 
linas introduzcan algun '^ contrabando separatista." Confese- 
mos que en ambas cosas la hau acertado, porque si no es 
trabando y si no separa .... A ti te nombro juez en propia 
causa, y si fallo, falla contra mf, aunque sea tu colega. 

La guerra ha introducido novedades de esta especie. La 
senora Barnes pide divorcio de su marido porque es sepam- 
tista y teme que le aplique sus teorias de gobiemo k ella, que 
es en todos conceptos unionista. Huyendo del toro, le cayo 
en los cuernos. 

Ahi mismo han caido todos los habitantes de La Crosse, 
en cuyo vecindario*ha aparecido el uniconiio del circo de 
Dan Rice. Este unicornio naufragö como el corsario Jefferson 
Davis, y nado hasta la playa, acogi^ndose & uno de los pii- 
meros pantanos que encontrö. Pero como Dan Rice no es 
separatista, los vecinos de La Crosse, que pertenecen 4 la 
escuela de los guai^as del Arago, han tomado al animal dd 
cuemo por agente de Satanas 6 del gobiemo de Washington, 
y han salido a perseguirlo. En todas partes lo encuentran, 
pero en ningima lo ven ; hacen fuego y " calculan que han 



103 

« 

'caiiaado grande • estmgo al enemigo;" mas el rinooeroute 
reaparecc cn todas partes como el guemllero Ben McCulloch, 
y los labriegos han pedi Jo ausilio ä Richmond para deshacer- 
8e del ünico yiviente qiie cn el mundo tiene un solo cuemo. 

l Qu6 mas te dir6 de nuevo ? j Ah ! Se ha desciibierto el 
tcniplo de Salomon en Büflhlo (animal de dos astas), y se 
exhibe ä medio duro la entrada. El templo tiene cinco pipos 
y veiute torres. En sus gradas se ve al propio rey sabio, ro- 
deado de los empleados de la Corona, aqiiel con charreteras 
y los Ultimos en traje de znavo de Ellsworth, amique otrce 
dicen qpe de bombero. En el interior del templo corre mia 
locomotora. El portero, con los pi6s sobre la mesa, masca 
tabaco, y en la parte esterior hay un tiro al blanco con rifle 
y ima venta de Agua de Soda. Los perseguidcyes del rino- 
oeronte aseguran que la siynilitnd es perfecta y que solo falta 
al edificio . una bandera estrellada y mi empleado que tome 
juramento de fidelidad 6, los cortesanos del rey, para admitir 
& este en la plataforma como candidato para las proximal 
elecciones. Bien necesitamos & un 8alomon, sabio, pero sobr^ 
todo rico. 

Muchas mas noticiäs pudiera enviarte, si iio temiese la in« 
discrccion de los tiempos. Prometo, sin embargo, que en la 
pröxima ocasion serS mas largo que el plazo de la guerra, 
y te mandar6 mas apuntes que los de una mesa de juego, 
para que escribas tu folletin dominical. Si no me los agra- 
deces, serä lastima que asi quieras paganne & la repulilicana 
el trvLto de tantos desvelos. 

Posdata. — Se me olvidaba decirte que la Sociedad Saba- 
tina te tiene entre ojos, porque profanas el domingo con 
tus habladurias. Ya ä despachar & la Habana por el pr6ximo 
vapor directo un comisionado que te tome juramento de fide- 
lidad, que es el octavo sacramento, sin el cual no puedes ser 
cristiana entera. 

Tambien te aconsejar^ que no escribas mucho : el general 
Spinner, tesorero de los Estados Unidos, est& en cama, con 
la mano hinchada y el bra^o paralltico & fuerza de echar 
firmas en los billetes de la nueva emision. (*) Es verdad que 
no son pocos y que hacer tanto dinero algo debe oostar a1 
que ejecuta el milagro.— Adios otra vez. — ^N". 

Nueva Tobk, 7 de ßctierabri} de 18öl. 

(*) mstörieo. 

13 






:i04 



ms DIENTES. 

A MI YA MUKKTO AMIGO B.PKliKO TOLEDl», (IIRUJAN'O DENTISTA« 

Nunca jamas habria podido imaginär qne los paclficos ha- 
oitantes de mi boca pudieran ser objeto de una Nazarenada ; 
por mas qae mil j nna barrabanadas se jitai hecho y se esten 
naciendo con ellos, de cuenta, como dice el pneblo, qne no se 
Babrian de quejar ni irian con el pleito & Espana. Pero ha lle- 
gado cl momento en que la injusticia rebosa, y ya que no me 
es dado ecbar por esta boca mas dientes, echar6 mas verda- 
des que santos un calendario — ^lo cual no ser4 diflcil. 

Supongo (yie mi lectora tiene dientes y que su amante le ha 
repetido mas de ima vez qne son como perlas orientales, 6 que 
parecen 6palos incnistados en engastes de coral. Supongo que 
jamas barbero 6 dentista nlgnno le ha metido el gato en la 
&oca, ni le hapnesto las raices al sol, aplicändole nngüento de 
hierro. Sapongo en fin que el enamorado mancebo tiene ra^ 
zon de sobra, y que no se atreveria & meterle el dedo en la 
ooca, por mas que su arrobamiento le diese tentaciones de hsr 
cerlo. 

Esto snpuesto y considerada la valia en que estimarä esas 
perlas orientales, sobre todo cuanto tenga que batirse con una 
Buculenta piema de pavo, 6 con un sabroso turron de Alican- 
tc, sepa la herroosa de los dientes de perlas que & los mios se 
les paede ya escribir una necrologia y dedicar un soneto y 
hasta dos, de los que firraan algunos autores 6 autoras "A la 

sentida muerte de" En lenguaje Uatfo puedo decir 

quefueron como Troya, y que aun cuando no tenian muralla 
que los protegiese contra los Aquiles y demas heroes de la 
modema dentuza, ellos se sabian defender con tanto brio que 
desgraciado de\ atrevido que osase pon^rseles & tiro, y tanto 
peor para ^1 mientras mas apretados los pusiese. 

No lo digo porque ya no existan y porque de los muertos 
no se recuerdan sino las virtudes, sino por aquella su firmeza 
incontrastable, por su temple de alma, por su incansalbe tena- 
cidad perruna despues que hacian presa ; todo lo cual Consta 
de autos y sahen bicn ä su costa miliares de gallinas que mu- 
rieron antes que ellos, y de pollos y pollonas, vacas, terneros, 
gansos, conejos y, con perdon de Vds., mawanos, destroza- 
dos en la empenada lid que mis companeros sostuvieron mien- 



105 • 

firas asktieron al refeciorio en este valle de I&grimas. De las 
frutas no har6 mencion, porque en mi tiorra existen ärboles 
qne no me dejaran mentir, los cuales creo que se abstuvieron 
de producirlas por temor & los ataques de mis dos hileras de 
frutivoros. Si los maertos hablasen, cuäntos levantarian el 
grito para apellidarasesinos 4 los que yacen hoy en el '^sepul- 
cro helado" sin esperanza de resurreccion ! 

En fin, para ahorrar palabras dir^ qne nadie como yo podia 
aconsejar al vecino que entre dos muelas cordales no metiuse 
los pulgares y que cual hombre prudente no se dejase hincar 
el diente. Si hasta recuerdo que viendo un brazo regordete y 
con hoyuelo blanco, terso y unido & un cuerpo de zandunga 
que tuviese pegada una cara de bnena moza, lo primero que 
me ocuiTiaera la tentacion de morderlo. Miren Yds. si tendria 
dientes. Ay ! que si los tenia 1 Nadie sabe lo que tiene sino 
despues que lo ha perdido. 

En fin, volviendo & mis dientes, 6 & la historia de mis dien- 
tes, que es mas exacto, di6me luengos anos hace, la mania de 
escribir y las horas del dia eran pocas para satisfacer ose ape- 
tito desordenado, que lo es. Para alargar las de trabajo has- 
ta 20, no hasta 14 como el cicatero de Alejandro Dumas, e»- 
cribia & la luz, y es probado que nada hay tan fatal para los 
dientes como la luz. Ilay personas que jamas usan cepillo por 
no esponer sus dientes, y la raza africana los tiene tan buenos, 
porque los conserva en la oscuridad. 

De mi s£ decir que si el calor del sol deshizo mitol6giea- 
mcnte hablando las alas ä Icaro, la luz del gas me deshizo & 
ml sin ningun mito, sino muy logicamente, todos los elemen- 
tos queahora'sin consuelo cstoy llorando. Primero una pica- 
dura que se Ueno con oro ; despues otra qne sirviö de deposi- 
to & un nuevo lingote de 24 quilates ; mas tarde otra idem 
idem. El resultado fu6 que se me volviö la boca una mina tan 
rica y bien repleta como las de California, y. a solas para mi 
consuelo calculaba en mi oculto placer como en otra Monte- 
cristo, para el dia en que llegase la razon de ser corresponsal 
& tomarse tan apremiante que me hiciese acudir a empr^sti- 
tos extraordinarios sin curso en la bolsa : echaria mano a mis 
dientes y les haria devolver todo el oro que se habian tra- 
gado. 

Todo no, porque recuerdo que jamas fui ä casa de mi den- 
tista, el cual sea dicho en justicia, es horabre de mncha oon- 
ciencia, sin que volviese k casa con una pieza de 5 pesos me* 



100 

nos, y calcnlo que por rica que estiiviese ini boca, iio hnbria 
podiilo soportar el pcjso de an CDJirto do agtiilu cii c:ul.i pica- 
dui'a, aun cnando lo« dientes raios cstuviesen convcitidDS cn 
^-ntil encttje por el estilo de las rcdeeillas de oro y perlas quo 
haec Newcorab parti la Scnoi-a de ß y otras milloiiarias. 

Pues, conio iba diciendo, de picadiira en picadura llcga- 
mt^A ä qn« liabia por aqnellos ccitos mas ctavcrnas qiic ticrra 
firm** y que todos se iban desmoronando coino bizcocho cn 
que eutran honnigas. 

La apariencia irxny lucjida corao la raanznna de Ines, queri- 
da de Gil, pero el pnmer poUo a quien sele antojaba ai»ei'so- 
narne de hproe para vengar d sus innnmcrablcs' coni})aneros 
n>6a"tirc3 que Ic habiau prccedido, con solo haeei*sc nn iiistiin- 
to algo duro de pienias, me habiia un portillo como el quo 
quo abricrou los indios del Cuzco para huir de Francisco Pi- 
zarro. A tin de cerciorarme de la averia mandaba d la longua 
quo fnose d esplorarla y me parecia por sus infomics quo d 
traves de la tronera cabria desahocrado el Great Easlern. 
Es verdad quo no hay cosa como la lengua para exagcrar y 
abrir una brecha, ni los cafiones rayados quo invento Napo- 
leon m. 

E*»ie jlur^tre soberano & quien venero por sus talentos y ad- 
niiro (*) |K»r lo bien que sabe tratardlos ingleses, aun cuando 
eni«»s SP le presentan armados hasta los dientes, dia que para 

• tratar a los suyos (& sus dientes) ha escogido doctores ameri- 
cauos. Debo advertir, primero, que en "los Estados TJnidos 
Imy doctores dentistas 6 en dientes, en cambio de que no hay 
doctores cn leyes ; y segimdo, que si al que sabe öc le llama 
doctor, como cuando so dice de alguno que es muy doctor y 
de alguna qnc es muy doctora, abundan razones para llahiar 
doctores d los dentistas americanos, porque sahen de dientes 
a j^oilir deboca, y tienen el colmillo ahumado en eso de saber- 
los arreglar y saoar. Son los primeros dentistas del mundo, 
j Onando Napoleon se pone en sus manos! , 

Viendo, pues, 6 mejor dire, sintiendo que ni el oro de Cali- 
fornia me salvaba y quu cmpezaban los dolores de muelas y los 
de dientes, resolvf s6nament« deshacerme de huespcdcs mo- 
lestos, y una noche que habia pasado en vela, oyendo d los ga- 
tas lamentarse y casi hablar, aguijoneados por el m£tl que a 

. mf mo atormentaba, dispuse que como tres y do3 son cinco, a 
la manana siguiente, sin aguardar mas tiempo, mo pondria en 

(*) fiscrito antcs de la gnerra de H^Jico, inmediatamcnte deipacs de la de Italic 






' 197 

• 

manos de los dentistas imperiales para hacer lo qne me ima- 
gino que Napoleon, hombre que habla muy claro,*no ha he- 
cho todawa ; porque el qae no tieue diente» masea el agua y 
pierde el modo de hablar. 

Entonces comprendl la mucha razon con que pag6 el hora- 
bre. de bien af barbero los veinte doblones. El barbero le • 

decia : 

— ^Pero, senor, si no le conozco ä Y., y mi conciencia..... '' 

— Si, seiior, decia el hombre de bien; pero yo so« los 
debo. 

— Oomo ? espUquese V. 

— Cuänto pide V. por arrancar im diente ? 

— ^Dos doblones. 

— Y por curar \m dolor de muelas? • 

—Uno. 

— ^Pues yo, senor barbero, he venido veinte veces con el 
dolor dö mnelas y resuelto & que V, «me las arrancase ; pero 
al mismo llegar ä la puerta de V. me curaba. Quiere decir 
qne me cur6 V. veinte veces sin saberlo ; pero me cur6,' y mi 
concigncia. . . • 

— Ah ! si es caso de conciencia. • . dijo el barbero y se 
guardö los doblones. 

Yo habria podido pagar por lo menos diez doblones hasta 
cl dia en cfue mo resigne como santa Irene, y el artista impe- 
rial me puso los dientes al aire. Terrible dia, mas afortunada- 
mente dia ünico ! 

El doctor me propuso cloroformizarme. No estoy por per- 
der el juicio mas veces de las que naturalmente nos ocurren 
& los hol. br;s todos los dias, incluso y principalmente el de 
la boda. Despues me ofreciö, para animarme Sin dudiT, que 
ine los sacaria sin dolor. Le crei, inentecato de mi, porque ^ 
una de las flaquezas humanas consiste en creer, y & veces se 
creen hasta las prouiesas de los dentistas y otras. Lo crei 
y ractio el alicate. 

Oh! que talento tuvo el que escribiö aquel chispazo: 

" Joan Tachaelas, eangrador 
Eb nn habil »acamnelaSf 
Pnes las saca sin dolor. . . 

Sin dolor de Juan TachaelasJ^ 

* 

* Vi estrellas & mediodia sin necesidad de que estuviese por 
fdli la bandera nacional, hi de que hubiese eclipse, & metos 
que por tal fenömeno se ^ntendiese la ausencia de los plane- 



198 

tis qiic regian el cicio de in! 1>oca, los cualci* se ccHpsaron 
<1es(1e entoncc8 iiiiiy ile veras, totalnicnte y no s6 para cudntas 
semanas a|>oculfptica8. 

l CoiDO Iiay gciito qne so dcja sacar las muehis con una es- 
pada, BCguii \i} practican los charlatanes de aldea ? ; Cnan 
ciorto CS aquello de quo una mujer quiere ä su rival como nn 
dolor de muclas ! Y ^ aquello otro quo suele decirse, de qae 
UQ hombre avaro tiene entraiias de barbero ? 

El sentimiento qoe nos produce el bienhechor es de grati- 
tud coando nos liberta de un mal ; pero el sentimiento que 
nos arranqa el ^entista con W muela picada, es el de la ira. 
T despues tener alma de cobrarle & uno por el desarmc gene- 
ral en que lo deja ! Fäcilmente se concibe el homicidio que 
cometiö el provindal ä quien le sac6 el barbero la ij^ucla in- 
mediata & la enferma. 

— Conio I esclam6 el m&rtir, si le dije & Y. la penültima 
y me ha estraido Y. la ^tima I 

— ^Perdone Y^ ahora le sacar6 & Y. la penültima. 

Por obra del barbero faltaba nna y la enferma no era ya 
penültima ; pero el operario obedeciö esta vez y sac6 la pe- 
nültima que estaba tambien sana. 

El paciente se enfureci6 y con uno de los instrumentos del 
BUplicio desbarrig6 al barbero« Un jurado compuesto de do- 
CO vednos honrados deolarö un&niment^ que la muerte era 
necesaria y qne todos en su lugar habrian hecho lo mismo» 
absolviendo en seguida al desmolado. 

^Qu6 habria dedarado si, como ya, hubiera sido desdenta- 
do ? Mi imperial doctor tuvo sin embargo sofismas & mano 
bastantes para conrencerme de que todo Labia salido per- 
fectamente. Por si^uesto que babia salido, bien lö sentia yo. 

El desguarnecedor de mis mandibulas anadia que todo asf- 
nüsmo habia quedado perfectamente. Embustero, cuando no 
qnedaba nada, ni la esperanza, porque los dientes son co- 
mo el humo, despues que se ha llegado & cierta edad. 

He quedado bien. Ganas me daban de cf>meter un dis- 
parate con solo pensar que los muchachos de mi pneblo 
aludirian & mi cuando gritascn por las callcs : " pan caliente 
para los viejos que no tienen dientes," y que yo cada vez 
que leyese versos de enamorados con perlas cngastadas en 
coral, me sonrojaria ni mas ni mcnoa que una doncella de las 
que no se han educado en colcgio. 

Por ultimo hicimos las paccs como GorstchakofT despues 



109 

que Pelisier le 8ac6 los colmillos & 1a torre de Malakoff, 
j convinimos en que sobre el monton de ruinas sangrienta» 
de mi un tiempo fonnidable Sebastopol se construiria, no lo 
que antes habia hccho j pudiera hacer otra vez la guerra k to- 
dos los aliados 6 alados del univereo, sino lo que el bien pare- 
oer y la dignidad de una boca decente requiriesen. 

He estudiado media hora la anterior met&fora para no meiu 
tir ni declarar tampoco la verdad. Pei*o i a qu6 fin ? Las leo- 
toras saben ya que convinimos en que 61 me pondria dientes 
pQsüzos, y en que yo volveria 4 teuer MalakofTC*) en labooa, 
asl como sus beldades lo llevan en otra parte que Dios les 
guarde, para que los mozos les puedan deAr que ticnen talle 
esbelto y cintura de mimbre. 

Hecho el convenio, lo demas estä dicho : el doctor me hizo 
una mampara, una especie de telon de teatro, muy bien he« 
cho, eso sl ; cualquiera, menos yo, diria que 

** Es tanU la Terdad de mi mentira 
Quo en vano fi competir con ella aspira 
Belleza igaal en dientes verdaderos." 

Mas, ab ! que para el desgraciado todo es cnita, y tras el 
primer mal paso vicnen otros que lo hunden en el abismo. 
La virtud es una isla sin orillas,. y una boca sin dientes no 
tiene por d6nde agarrar. 

Los primeros dias me sentia precisamente como potro oon 
freno en el picadero. Los tooaba y retocaba, los masoaba (con 
las encias,) los tasoaba y en poco estuvo qüe no los escupiese 
en un estomudo. AI fin me habitu6 como la mujer & los pa- 
los del marido, y bacia uso de la herramienta con notable 
maestria. La vista de un brazo regordete volvi6 & producir 
SU efecto acostumbrado de encolerizarme 4 punto de querer 
morderlo. 

Pero ahora son mis temores : & mucbos les. ha sucedido 
tragarse los dientes cuando no son como Dios los manda, si- 
no contra la ley de Dios. Yo mismo conoci en Washington 
& todo un ministro plenipotenciario que muri6, no de hambre 
y por falta de dientes, sino por sobra de dientes que se le 
anexaron mas adentro de la Ifnea divisoria entre la boca y el 
gaznate. El hecho es histörico. Antes de irme & la cama to- 
das las. noches me examino la conciencia y la boca, no porque 
sea diplomatico ni cosa que se le parezca, sino porque temo 

(*) La crinolina en Cuba se llama Malakoff. ] 

l 



200 

qne me d6 & souar quo lo soy y aua no tciiiendo inmnnidad 
me trague los dientcs. * 

XJn amigo mio para consolarme, y como dice 61, para sa* 
carme esas ideas de la cabcza, cual si no fuese mejor sacarme 
los dientes de la boc% me ha contado un lance, pero qa6 lan- 
ce I el cual me viene de melde para concluir bien. £1 caso 
es. . . Pero 61 me lo conto en verso y en verso lo he de repe- 
tu*. Dice, pues. . . y luego que lo lean, senoritas, derechito 
& la cama, sin reirse ni murmurar de mi amigo. Dice, pn««. •• 
y tengan presente que el cuento no es mio. Dice ; 

, Yo dentadnra postüsk I 
Ko fi fö, qne ha an afto cnmplido 
Vi tragarse en an descoido 
Lob dientes 6 dofla Laisa. 

Lnego la haI16 en an ealon 
T alahando los saplentes, 
rie (l!Jo : i May bellos dicntef^ 
Verdad ? paes agwUoe son» 

Yo apretß los dientes por no reirme y luego me qnedä en 
ima pieza pensando que si dona Luisa era buena pieza, sa 
plancha de dientes aqueUos no era ya mala pieza« 



EL TAPOR DE LA HABAIVA. 



A la Habana me voj 
Te lo vengo ft decir, 
Qae me han hecho sai;gcnfeo 
De la gaardia civil. 

An^Nixa 



En el ano de gracia de 1868, siendo Mr. James Buehanau, 
Presidente de los Estados entonces Unidos, y desempefiaudo 
la cartera de Estado el general Cass, antes que tan ilustre 
pcrsonaje^ hubiese Uorado ä l&grima viva el rompimiento 
de la Union, que ha resultado insoldable como otros niuchos 
^usdem generU, se me antojö ci^to dia escribir uu aitf- 



• 



201 

culo sobre nif misnio, porqae bajo la capa coniim dcl cielo 
adolezco de la ilaqucza de \oa ministros, de los gencralcs 
y de los papas de la )»atria tjue uo quiercii dcjareo olvi- 
dar, y erapatando algiina iVase mia con otros pcusamientos 
agenos, 8olt6 un "Soy CojntKsroNSAB,*' tan bucno y tan 
int«resante que, menos yo, creo que todos los dcnias lo 
han olvidado. Esto sentido, m» Icctora sin diida rccucrda 
que en el tcrminaba al cansaao soliloquio con mi llegada 
al vapor dö la Uabana, y la cntrcga de la corresi>oiulcn- 
eia al contador del correo I>lack Warrior^ 6 Gnerrero 
Negro, que, como la Union, di6 bastant^ quo haccr & sus 
vcciuos, y lucgo se disolvi6 on tantas tablas conio estidos 
cuenta la entidad histöriea citäda. Propüseme dcsde entonces 
escribir otro articulo sobre la salida del vapor de Ja Ilabana; 
imagidaba que aquella escena prestaria argnr.ujnto para 
decir muchas cosas, aunque no fuesen muy bu^ras, con tal 
que hubiese su po^o de buena voluntad, y qne fl estro no an- 
duviese flojo. Aguarde, sin enibargo, muclios finales df? mes, 
que es cuando, dcvorada la pcnsiou, regulanncnte me sicnto 
mas inclinado & escribir, asi cual se elüva el globo con mas 
facilidad , cuando tiene menos lastvo. Deje pasar meses 
y meses, y aun cuando en todos ellos rao cncontrö sin lastro, 
mi pensaraiento no se elevö ä ningiina altura que yo supiese, 
ni aun siquiera & la que alcanzau el geueral McClellan y el 
conde, quiero decbr el capitan Paris, cuando tjl profesor 
Lowe los mete en su barquilla para llevarlos por esos aires 
& examinar el campamento de los ej6rcitos confederados. No 
digo que hoy est6 tan vano oomo para elevarme ä altas re- 
giones, sino que voy k escribir sobre la salida del vapor de la 
Habana, para lo cual no se necesita subir ä ninguna region 
sino bajar al muelle del rio del Norte donde estä atracado 
el vapor. 

Doy por pasadas las incertidumbres de la salida. Muchos 
cartelones dicen donde quiera que hay pila de ladrillos 6 
ccrca de tabias, que el Marion saldra para la Habana el 15 
del corriente ä las doce del dia "sin falta." Y el " sin falta" 
va en tipo tan gordo como la scguridad que se quiere dar al 
pasajero y al corresponsal de que no perderan aquel su viaje 
ni esto su carta. 

— l Sabe V. si se va el Marion f me prcgnntan todos mis 
'Unumcrables amigos y conocidos. 
— £sta aniuiciado. ^ 



202 ' . 

— Pero eso no qirierc decir que se va. 
— Entonces . . . preguntar en la oiicina. 
En la oficina dice el primer dependiente titulado que es 
tan fija la salida del vapor, como que ya e8t4 cargando 
y tiene dada la fianzi que Mr. Seward exige en los pasaportes 
de que el individuo no ha de entrar en ninguno de los puer- 
tos rebelados. 

— ^Pues al avio, dice el pasajero, y apresta el pasaporte, lo 
eual es asunto de cinco dias largos entre el cönsul y el mi- 
nistro de Estado ; hace la maleta, se despide de sus amigos, 
que le Uenan de encargos, saca su retrato de carte dt visite 
en el palacio de Fredricks, compra muchos remedios para 
el mareo, de los cuales ninguno le produce despues el efecto 
apetecido, hace juramcntos de eterna fidelidad a su ultimo 

amor de la calle de y avisa en el hotel 6 en el hoarding 

hoicse que se marcha el dia 15 & las doce en punto, conforme 
k los cartelones de la empresa. 

Pero estamos en guerra. El dia 14 antes de las doce en 
punto avisa la empresa en otros cartelones tan gordos que 
devolvera los pasajes y entregara las mercaocias a sus duenos, 
porque el gobierno ha tomado el vapor para su uso. En la 
oficina de pasajes le confirman k V. la noticia, anadiendö que 
lo sienten mucho, que ellos no tienen la culpa, que el vapor 
estaba listo ; pero qne se necesita uno mas para la famoda 
armada desünada al Sur. La parte ultima es un secreto que 
recomendo especialmente el general McClellan, pero que lo 
pregonan en las callea los chicos de los periddicos, por lo 
cual no hay qne teuer remordimientes de* conciencia al divul- 
garlo privadamente. Y aqui una de Jeremias. 

— Que chasco ! No sale el vapor ! Y yo que tengo que 
estar en la Habana el 30. — Y yo que me he quedado sin fon- 
dos contando con que hoy saldriamos ! — Y yo que levante la 
casa y entregu^ las llaves esta maiiana, en la seguridad de 
que no la necesitaba mas. — ^Y k ml que se me cumple un plazo 
el 24 y no pensaba mas en 61, puesto que partiamo^ hoy. — 
Y yo que me creia k estas horas libre de miss O'Brien. — Y yo 
que ofreci llevar esta noche a las Smith al teatro, contando 
con la salida del vapor mal dito. — Pero canario ! eso es en- 
ganar al püblico y burlarse de todo el mundo. 

Media hora en la oficina de pasajes el dia de contra6rden 
es uno de los estudios mas human os 6 inhumanos, como V. 
quiera, que se f resentan ä un obServador curioso. El arran- 



203 

que del car&cter espaSol se pone en contraposicion palpitante 
con la flema del armador yankee que & todos eontesta con 
wi solo estribillo impreso : 

B^^De ObDEN BEL <xOBIEBNO 

' ha sido tomado d " ColumhiaP 

m 

EI oficinista ha tenido cuidado de poner la üfe^^apantando 
h&cia el fuerte La&yette, del cual no dista muchas inillas, 
fiobre todo considerada la yelocidad del vapor. 

Yo lei no s6 d6nde que en Paris hay un canon en el Jardin 
de Plantas, 6 en cualquiera otra parte, pues no tengo el 
gnsto de haberlo visto, el cual dispara & las doce un canonazo 
tan seguramente como recomienda el sigilo nuestro constitu- 
cional gobiemo cada vez que tiene expedicion en ciemes y 
quiere que se sepa. Es el caso que el tal canon tiene tantos 
dares y tomares con el sol, que si disparase al amanecer, la 
Aurora se encelaria con el fiel maestro de ceremonias que le 
hace competencia ä las doce. üuentan que algunos chicos se 
escurrieron un jdia por entre las verjas, y por medio de una 
invencion de Lucifer dieron fuego al canon antes de las doce. 
Sonar el estampido y darse cada cual por equivocado todo 
fu6 uno. El mismo Sol encontr6 & su cortesano de siempre 
inudo y tieso por la primera yez de su vida. El maestro de 
piano, el amante, todo el que tenia cita para las doce, echaba 
pestes de su propio reloj y cfontra el ladron del relojero que 
lo habia compuesto, y corrian esos seiiores por Paris como 
en hora de revolucidn. Paris era aquel dia un campo de 
Agramante, 6 mas bien de Bull Run. 

Pues el adelanto de aquellos muchachos produjo el mismo 
efecto que el atraso de la empresa de vapores, atraso por otra 
parte que no debe cargärseles en cuenta. La verdad es que 
por la noche vi & don Pepito de las Conquistas con las seno- 
ritas Smith en el teatro de Wallack y al dia siguiente se lu- 
cia eh Broadway don Paco Gustohondo con la bella mas & la 
jnoda que hay en ciertos clrculos. De los demas no s4 sino 
que no fueron & Cuba y eso por la razon muy sencilla de que 
no hubo vapor. 

Pero llegö por fin el suspirado instante en que la empresa 
pudo cumplir con sus compromisos, porque eso no se lo es- 
torbö nadie* ni habia sigilo recomendado 6, los periödicos, 
y & las onoe y me^a, acabando de traducir el parte de la fd- 



204 

tima batalla qne, entre parcntesis, es el mismo que el de to- 
das las demas, menos U7ia^ del mundo conocido, tomo el rom- 
brero y bajo k la roarina por la calle que condiice al .embai*^ 
cadero. AI verla tan estrecha pudiera cualquier cnbano ima« 
ginarse que se encuentra en la calle del Obispo y que por en- 
cantamcnto hizo el viaje en algun artefacto de los del /Vo/b- 
8or Lowe. Los que cto vamos & la calle del Obispo nos admi- 
ramos de ver tanto espanol que sigue el mismo mmbo. La 
poblacion hispana se ha dado cita para la calle de Moor, co- 
mo se la dio no ha mucho para poner & los moros en la calle. 
Lo digo porque un amigo mio de Guamutas al ver el nombre 
de la calle me preguntö si aqui tambien habia morisma. 

Llego al vapor saltando por sobre baules, fardos, cajas 
y todo gönero de flete y haciendo mas equilibrios que Blon- 
din en el Niagara. ^ Q}i^ transformacion ha ocurrido en 
aquel casco anglo-americano ? Un tumulto de los mayores se 
ha apoderado de 41 y si no fuese por el policia con estrella 
que esta en la plancha, podria creerme trasportado k la Isla. 
Los Caballeros que asi la llaman por escelencia, hablan todos 
un idioma y si no lo hablasen, si estuviesen mudos (lo cual en 
aquel momento de agitacion no seria iäcil) me reconoceria en 
mi ten*eno con solo teuer ojos. * Aquellas fisonomias son las 
que llaman 8weet (dulce) las muchachas americanas.* Sweet 
por los ojos negros, por el pelo ensortijado, obra tal vez del 
peluqucro, por los modales escesivamente polfticos, como di- 
ce el New York Times^ y por la atraccion en fin que tiene pa- 
ra toda mujer el estrangero en todos los paises y que Dios 
ha permitido para la mejora de las raaas con el cruzamiento. 
Asi aparecian tambien sweet los forasteros & las rusas del 
tiempo de Pedro el Grande, quienes los obsequiaban y con- 
servaban tanto tiempo como podian para lo que dice la histo- 
ria y no repetirö yo. Los espaüoles son tambien sweet para 
las americanas por otra razon que me ha dado una de ellas 
y que desafio & que salga uno a negarmela. 

— Cual es ? cual es ? me preguntan ya todos. 

— ^Porque tienen azucar. . . que es el mejor endulzador cono- 
cido. 

Dicho se esta, pues, que el puente y la cubierta del vapor, 
la cämara, el salon y el buque entero de proa 4 popa, es una 
isla flotante que perteneee ä otra nacion que no la del tern- 
torio, y que sus habitantes entran, salen, suben, bajan, char- 
lan, fuman, rien y hacen, ni mas ni menos que en el paseo de 



Z' 



205 

Isabel II, 6 en la Dominica. Ea Cuba es donde hay mas cn- 
banos que yo sepa ; pero despues de Cuba en ninguna parte 
hay nias cubanos que en el muelle del Columbia 6 del Mo 
rion el dia de marcha. Parece que Nueva York es un barrio 
de hl Ilnbana, 6 una continuaeion de Regia, deeia imo de 
tan tos, y a ml no me pareciö corta la idea. 

Me retiro 4 un rincon despues de arreglar mis asuntos con 
el contador y empiezo ä observar. Quemareo! — La hilera 
de coches se prolonga hasta Broadway por espacio de algu. 
nas calles y se confunde y dispnta el paso con las carretas de 
equipajes y los carros con carga que va desocupando la ma- 
china. Por entre carros y caballos baja la procesion de pe- 
destres armados de envoltorios y paquetes que van de encar- 
go para probar la formalidad de los pasajeros. Estos, los 
amigos que los acompanan, las nina& que desean despedirse 
de sus amigos del dia 6 de la noche anterior, las revendedo- 
ras de fruta, los vendedores de periödicos, los carreteros, los 
que vienen ä pescar a rio revuelto, los mozos cargadores, los 
que atienden a la carga 6 descarga de otros buques atraca- 
dos a aquel muelle, y, por ultimo, los ociosos y mirones que 
van a ver, forman un panorama tan animado y vivo, tan ba- 
belesco, tan curioso y digno de estudio como pudiera haber- 
lo deseado Mesonero 6 todo foUetinista semanal el dia en 
que se le agota la vena por falta de asunto. 

En la entrada del muelle los cocheros se disputan la prefe- 
reucia, aunque en honor suyo debe decirse que si hablasen 
en otro idioma, lo haria(^ con mas veras. Por la portezuela 
de un carruaje asoma un rostro meridional, en el que est& 
pintada la impaciencia revuelta con el temor de no Uegar 
k tiempo. Tres 6 cuatro mozos traen asidos los baules por 
las asas y trotan al compas de los caballos por teuer el placer 
de trasladar los baules ä bordo. Retiembla el muelle con el 
trote de bipedos y cuadrüpedos y salen del coche junto & la 
phmclia cuatro pasajeros y 20 baules, maletas, sacos, sombre- 
reras, paraguas, lios, paquetes y diabluras. Un americano 
viaja por todos los estados en que no se lo impide el pasapor- 
te, con un saco pequeno en la mano derecha y una manzana 
y un periodico en la izquierda. Los viajeros para Cuba Uevan 
mas equipaje que el ejercito ingl6s. Y ^ que dir6, si van seno- 
ras, del baul Saratoga y de las sombrereras para tejas en for- 
ma de Sombreros y...y...y...? 

IJn cuerpo suelto como compankt de tii*adores francos pasa 



2oe 

revista en la esoala & todo el que Uega j bub obBervaciones 
8on otros tantos disparos con bala rasa de chisteB y eplgrar 
mag. La caridad cristiana es desconocida en aquel coDJunto 
de ingeniös desocupados. 

— ^PapelesI £1 tal y el cnal! Batalla sangrienta en el 
Missouri ! Captnra de Nueva Orleans ! Hnndimiento de la es- 
coadra ballenera I — ^gritan los muchachos. 

— Manzanas I manzanas dulces & tres centavos nna ! Na- 
ranjas como azücar ! gritan las revendedoras meti^ndole al 
▼iandante la mercancia por los ojos. 

Pero trabajo perdido. Don Gerönipio va absorto con una 
yankeecita de ojos azules qne le dice con temura : — i Cuän- 
do te volver6 & ver ? 

— Pues, chica, le contesta el galan, el ano que viene, en 
Saratoga. 

— Ymeescribiräs? 

— ^I*or todos los correos. 

— ^To me qaedarS muy triste, muy desgraciada. Un afio 
ßin verte ! 

— ^Pero, chica, la zafra ; ya ves que es preciso; 

— Ah I la zafra ! i Cu&ntas cajas de az^car cosechar&s este 
afio? 

— Segiin y como • . . T& me escribir&s ? no es asf, chiqui- 
ta? 

— ^Y tu k ml cnando la zafra te lo permita. 

— ^Ya te he dicho, hijita, que en cadä vapor. 

Dcj^moslos para seguir & otro grupo desprendido del con- 

junto buUente y cambiante que s« agtta por todas partes. 

— Chico, un favor : se me qued6 este paquete olvidado pa- 
ra mi prima y tu se lo llevas. No es cosa. 

— ^Pero hombre I si mi baul esta en la bodega. 

— Qu6 importa ! te lo pones en el camarote y en Uegando 
& la Isla lo metes en la maleta. Tu eres buen muchacho. 

— Pero, digo, y qu6 contiene el paquete ? 

— Hombre, poca cosa, unas crinolinas. 

— Santa Barbara I Y las llevarö en el camarote I Y qu6 di- 
ran los companeros ? 

Las crinolinas fueron al camarote con un paquete de cigar- 
ros, un frasco que me imagino de pölvora por la figura, los 
chanclos de goma y el sobretodo que hizo la campana del i^- 
timo inviemo. Nunca he sabido si Uegaron las cidnoHnas 
& la hermana del recomcndado, 6 si se quedaron cn oti*a pai*- 



207 

te. £1 encargo es una mania como la de morderse las onas 
6 otra tan estravagante como esta. Conozco personas qae 
en sabiendo que alguien sale & viajar, registran todos los rin- 
cones de la memoria para averiguar qa6 pediran, aunque 
no lo necesiten, y por eso haj yiajeros qne se despiden por 
medio de los periödicos en aviso publicado un dia despues 
de puesto mar de por medio. 

El viceversa de esta mania son las ofertas. Todos mis re- 
oomendados, por ejemplo, nie prometen escribir apenas lle* 
gaen allä j cigarrillos de Susini, porque todos saben la ido- 
latria que profeso & esta maroa. Ah ! de pinas j platanos 
podria poner almacen si me Uegase una solitaria decima par- 
te de los prometidos. El cat&logo de las ofertas formaria an 
vol&men del tamano del Diocionario de la Academia. AI 
principio aguard6; pero cuando tuve mas esperiencia, me 
persuadi de que mis amigos en paHance tenian por objeto 
fitdaizarme haci^ndome esperar en cada cual de ellos un Me- 
sias. Rebelaronse todas mis creencias de cristiano viejo y ya 
oigo jiromesas como quien oye juramentos de amor en gcne- 
ral y de fidelidad en particular al gobiemo republicano, que 
quiere decir, como quien oye Uover. 

Pero suena el tantan chinesco y ol mayordomo de] vapor 
gi-ita ä buen gritar : — " A tierra, caballeros, que el vapor se 
marcha!" Una doble corriente como la del MediterrÄneo se 
establece en la plancha que sirve de puente para entrar en el 
vapor : unos se dirigen k tierra y otros al mar y ambos cor- 
dones se empujan y atropellan en la via que es tan esu'ccha 
como la senda del cielo. Una crinolina, no de las que estnu 
hace minutos en el camarote, sino de las que el derecho 
llama semovientes, cierra el paso con mas eficacia que Beuii* 
regard el camino del Sur : un pasajero escesivamence poUtioo 
va con la crinolina de vuelta encontrada y ahi los apuros del 
mancebo para no estropear ä la dama ni irse kl mismo al 
agua. En tales dudas carga por re^aguardia un mozo de cor- 
del con im baul al honibro dando mas prisa de la qne per- 
mite el estorboso malakötl, y cuando el caballcro corics 
menos lo piensa, se encnentra sin sombi'ero, porqxie la puuta 
del baul ambulante sc lo ha echado al agtia. Kisa de los 
espectadores, ira del contra su volunlad descubierto viajero, 
a4»uro creciente de la senora que prevee qne serft pröcbiifta- 
nicnte ntncnda por el mozo del bauL 
— Nnranjaa? «üices naranjas ! 



208 

— ^PapelesI Labatalla de Missonri! esplendiilo triunfo! 

— ^Adios, chico, hasta el verano que viene. Esciibe. 

— Si, te escribir^. Dile & niiss Julia que no la olvido. 

— Oye ; en el tocador dejo olvidadas las llaves : recojelaa 
y nnas cartas que no qniero que lea mi patrona. 

— ^Ya^ como que son de 

— Calla la boca, impnidente I 

— Adios, Juan ; dichoso tu que vas & la Isla. 

— ^Y tu que iras esta tarde al Parque Central.^ Pero ten 
cuidado que no te agarre, entiendes ? 

— Ay I que se me quedaron las cartas de Pepita l Y tanto 
como me las recomendö I 

— ^Me alegro para que aprendas que el correo se hizo para 
las cartas y no las cartas para los pasajeros. 

— Juancho, dile a papa que no olvide mandarme dinero. 

— ^Apara, apara. Esos zapatos son para Femandez. Por 
poco se quedan. 

— No olvides los cigarrillos. Mira que aqui son infernales. 

Los personajes que sostienen este dialogo se hallan unos 
en el muelle y otros en la cubierta y sobre la borda del v»- 
por y avivan la conversacion hasta el <iltirao instante & gri- 
tos disparados de una y otra parte. Baja entretanto la por- 
cion lacrimosa de la partida : madres y padres, parientes 
y amigos de los que se marchan a la Isla cuando empieza la 
estacion del invierno tan temible para las afecciones pulmo- 
nares. No hacen ruido y sus lägrimas corren en silencio, 
cual si la voz se negase & formular un pensamiento terrible : 
— Volveran f 

A ultima hora llegan los atrasados, los que no tienen reloj 
6 no saben cumplir una cita. — Corre, pära, saca el equipaje 
— en el equipaje va una jaula con päjaros — embarca pronto 1 

— ^Alto, dice el cochero. Caballero, V. no me ha pagado. 

— Cierto. ^Cuänto es? 

— Cuatro pesos. 

— l Cuatro pesos por quince minutos ? 
— ^Ni un centavo menos. 

El hombre va d replicar cuando suena el pito del vapor 
y aparece el capitan sobre la rueda. Un adios ! mas afto 
y prolongado que los demas resuena entre la multitud del 
muelle y las paletas baten el agua que se levanta espumos^ 
Del bolsillo del atrasado sale con mas rabia que voluntad un 
doblon de & cuatro que debia haberse gastado en el muelle 



209 

de allende el mar. La palabra ladrones! retumba mas alto 
que el ruido de la maqiiina y el pasajero salta en cubierta 
cnando ya va & caer la plancha. 

El capitan tira de la campana de ördenes en el momento 
en que llega otro coche cuyos caballos dan claros indicios 
de haber corrido como en hora de derrota. La plancha ha 
caido de la parte del vapor, el contramaestrc ata la cuerda 
que la sostiene y fiobre aquel piecipieio pasa el ultimo de los 
pasnjcros del Columbia. Giran las ruedas ^ el agua se re- 
mueve en espumoso remolino y el vapor arranca cpn la 
gracia de un cisne que salta del c^sped al agua. 

— ^Adios, Juan I 

— ^Adios, chico I Memorias & todos por alla I (C6moda re- 
comendacion.) 

— Que te vaya bien. 

— Buen viaje. 

— ^No olvides rais encargos ! 

Y otras espresiones semejantes se cambian entre los que 
van y los que se quedan. El Columbia dispara un cano- 
nazo y k todas las senoras se les ocurre desmayarse. Otro 
caüonazo, la bandera espanola sube al tope de la mesanä y — 
hasta la vuelta I 

En aquel momento aparece k la cabeza del muelle otro 
coche & galope, que llega bastante k tiempo para ver salir 
el vapor. ' • 

La reunion se dirige en procesion h&cia la calle que mi 
aroigo de Guamutas llatna de Moros, pensando cada cual en 
el ausente de hace un segundo ; la madre levanta los ojos al 
cielo implorando misericordia para el hijo de su corazon ; la 
hermana suspira por el hermano ido y la yankeecita de ojos 
azules, la de D. Ger6nimo, aquclla de la zafra, se vuelve k 
casa 6 k Broadway con su primo, capitan de reemplazo, que 
montar& la guardia durante la ausencia del propietario. La 
miro y repito maquinalmente los vei-sos de G6ogora: 

** Pensar qae nno solo es daefio 
De pnerta de muchas llaves 
T entender que penas jn'aves 
Las paga an mirar risnefio, 
T pensar qae no son suefio 
Las promesas de Harflra: 
Mentira." 

T poco k poc« me encamino al restaurant de Delm6nico 
para tomar mi lunch hasta el otro vapor de la Habana. 

14 



r 



210 
LOS JD6DETES DE MIS HIJOS. 

AGUINALDO« 

V&lame Dios, lectora amable, si qtiier bondadosa ! y qn6 
disertacion podia yo copiarte aquf acerca de los regalos de 
Pascuas desde su primitivo orlgen hasta la fecha, citando al 
autor egipcio, 6 caldeb, que los inventö, y acabando con la 
filtima pesetafqne sali6 de mi bolsillo en prueba y fe de que 
la invencion ha durado ! Corao podria pedantear y decir co- 
sas que ä tl te dejarian tan satisfecha de leerlas como a mf de 
haberlas escrito I C6mo me luciria I Cömo te figurarias tu que 
yo 8oy sabiol Dirfate que Moises y Herodoto, y CJonfucio y 
Quinto Cureio, y Demöstenes y Tarquino, y el rey Herodes 
y la Bula de Meca y el Gargantüa d^cen algo muy instructi- 
vo sobre el aguinaldo ; pues parece que en todos tiempos ha 
existido esa contribucion directa contra el tesoro individual. 

Pero no es mi 4nimo aparecer hecho todo un sabio 
a espensas de los difuntoa, ni convertir este mi regalo de 
Pascuas en Indice de biblioteca. Quiero contarte solamente 
cörao han pasado las Pascuas por aca, para que tu compares 
datos y sepas mejor c6mo han pasado por alla. 

Es el caso que llegö aqul la Noche-Buena en la raisma fe- 
cha que en todo el resto del mundo, si esceptuamos la Rusia, 
donde parece que el calendario ari^a mas atrasado que en 
ninguna otra parte. Con la Noche-Buetia debia llegar Santa 
Claus, segun la tradicion inglesa. Santa Claus es santo y no 
Santa, pues donde quiera que lo pinta la histöria, le regala 
Ullas barbas mas completas que las del mejor lechuguino. 
Pero Santo 6 santa (que no hemos de renir por diferencia de 
mas 6 de menos) quiere la tradicion que se cuele por la chi- 
menea y ponga k las doce en punto de la noche del 24 del frio 
mes de diciembre cnantos dulces y juguetes desea eNquerubin 
de la casa, 6 apetecen los querubines, 6 quenibinas con que 
alguna otra santa se haya dignado favorecer 4 la familia — 
cuyos muiiequitos seguramente se introdujeron en la misma 
forma y por el mismo viaducto que los de la noche del 24. 
Si santa Claus dejase de venir, j qu6 chasco para toda la pro- 
genie ! Si viene, qu6 gozo para todos los pedazos de corazon 
que visten, oomen y rompen como corazones enteros, cuando 
vean la chimenea rellena de titeres mas que un retablo. La 
que para la de un criado alla en tu tierra, cara lectora ; por- 



211 

iölicidiid de los piqninines bien vale tina visita de Banta Claus 
Aan cuando se opongan & sn aparicion subrepticia todas las 
pr&cticas reconocidas del nuevo derecho de gentes. ; Venga 
Santa Claus, cueste lo que costare ! esclaman todos los pap&s 
j mamds : sometämonos ä esa humillacion en cambio de sofo- 
car la giieiTa intestina, que cuando la rebelion de nuestros 
chicos estö cohcluida, ya tendreraos tiempo de vernos las ca- 
ras con la intrusa que se vale de la ocasion. (*) 

Y sale uno a comprar juguetes, no precisamente para los 
rebeldes de casa, sino para los del vecino, pues en naciones 
civilizadas se debe practicar siempre el cange de prisioneros. 
Ahora bien ; comprar un muiieco es asunto mas grave de lo 
que al principio se imagina el comprador. Un muneco tiene 
Ru significacion tan perfecta como un horabre, j asl como hay 
hombres inadmisibles, asf hay munecos irregalables. Suponga 
usted que compra un horabrecito vestido de embajador y que 
sc lo envia al hijo del vecino, el cual, por espiritu de patrio- 
tismo exaltado, Aa en la vena de creer el regalo una alusion 
|>ei'sonal ä los individuos (Mason y Slidell) que el alcaide del 
fucrte Warren ha puesto k disposicion del gobierno ingloa. 
Ya tiene usted un enefnigo • donde procuraba hacerse un 
amigo. Si compra usted un titere vestido con fraque y corbata 
blanca, puede creerse que alude a algun ministro, y aunque no 
penso usted en hacer ä ninguno muneco, corre el peligro de ir 
ä ocupar uno de los puestos declarados vacantes en el foerte 
arriba dicho. Si el muneco es zuavo, como los hay en tan 
crecido nümero ; si imita ä un militar de los que pasean por 
Broadway ä todas horas, asoleando el uniforme ; si lleva ban- 
dera y al fabricante del artiiicio se le olvidö poner el nümero 
ecsaeto de estrellas, 6 si algunas de estas se han separado 
6 despegado de la constelacion ; si al hijo de un regidor^le 
fegala V. la est&tua de Mercurio 6 un torete k la nina de un 
empleado supernumerario ; si una dama k la moda recibe 
para su pimpoUo una muneca de cera con colorete ; si ä un 
constitucional en mantillas se le hace el presente de algun 
libro con cuentos de brujas ; si en la cubierta de otro libro * 
para la seilora de un contratista se escapa el aviso de las ta- 
blas de sustraccion, 6 alguna an6cdota sobre el manejo de 
cubiletes ; si. .. . . Me parece bastante la espliqacion para pro- 
bar que en la compra de un muneco se necesita mas tacto 

(*) Raxonca dadss para la eoltan de los dd TrmL 



212 

qnc, al fin, si el criarlo es, como yo los he visto anocciados, 
" ncgro de nacion, calcsero de pareja, regulär codnero y za* 
patero de mtijer*' y «i es " joven con principios de coeina 
y propio para lo qiie qnieran apiicarlo, en precio cömodo,** no 
hay mas que dccir sino aprontar los dineros y quedarse con 
el zapatcro de mujcr y el j6ven con principios (de cocina) 
y aplicarlo " en precio cömodo" 6, lo que sc qniera. El precio 
lo hace todo. El trato es feraenino. 

La humanidad desvencijada 6 ilustrada conviene tambien 
en que si el hombre no es negro ni tiene principios (de coci- 
na ni otros) todo lo que sc necesita para comprarlo es tacto, 
un tacto mas 6 menos expresivo y continuado, segun lo "" ca- 
lesero de pareja" que el sea. ToiU komme a son prix^ decia 
Napoleon ä su caballo cuando corria & revientacinchas de 
Waterloo para Paris, en roiUe para Santa Helena. 

Pero vaya V. k buscar Blüchers entre inunecos ! Aqui a lo 
menos no se hau presentado en mostrador, por mas que el 
acopio de este aiio era abundante y habia de yenta, como he 
indicado amba, toda clase de ministros con cartera y con 
vaso de punch ; oficiales a carretadas ; soldados que daba hor- 
ror, caballos que no comian y un pueblo entre el cual se po- 
dia escoger sin temor de pecar, porque desde el estüpido asno 
hasta el man so cai*nero, de todo habia en las tieiidas de ju- 
guetes la vlspera de Pascuas. 

Pero escojer los propios, esa era la cuestion. La tienda de 
Mr. Smith es un modelo de tiendas. { Qu4 abundancia, quo 
profusion y que gusto, que riqueza de munecos. Mr. Smith 
tiene neues de carton y cera que sahen decir papd y mamd 
por unas boquitas con dientes como perlas, y que ademas 
cierran los ojos cuando los acuestan y los abren cuando es* 
tan en llnea perpendicular, ni menos ni mas que un homb^ 
hecho y derecho. Mr. Smith tiene soldados con unifonne, 
fusiles con bayoneta, canones con balas de mader a, como si 
se dijera balas de confederados que no matan. (Vease cual- 
qnier parte oficial.) Mr. Smith vende nianiqufcs <pie parecen 
gente, tan perfectos que no se les cncucntra pero. Tiene i'e- 
tablos que »epresentan la toma de Nueva Orleans y la rendi- 
cion de Manassas, tan & lo vivo como lo estarau el dia en que 
csto suceda, y Deo vöUnie^ sucedera. En una palabra, IVir. 
Smith gobierna dentro de su casa mas tropas que McClellan, 
mas caballos que un Murechcd de Washington, mas cas< 



213 

tillos qiie el Secretario de EstaJo, y nias oal^ozas vac.i:« que 
ima directora de colegio en la Quinta Avenida. 

Pues a Mr. Smith' y \os suyos ! 

Tent6me el bolsillo, pues pava caer cn esa dase de tenta- 
cioncH es necesario llevarlo bien provisto, y ontix^. en la YQytd- 
blica federal 6 confederada de Mr. Siuith. Auikjuo el local 
estaba nias Ueno que la ^ntci^ala de un niinistro en vfs]M^ras 
de repartir empleos, hubo i^in erriViargo nn dependiente «"lue 
me atendiese sin demora. Mr. Smith no e^s centuieLa que se 
deje sorprender donnido frente al eneraigo. Micara retostida 
y la cadena de oro que asomaba por debajo dcl cbaiew», ino 
delataban como indiaiw, 

— Caballero, buenofc^ dias. Haoe mnoho frio. ^Eu qnS 
pnedo servir d V ? 

No hay persona mas amable que un dependiente de Mr. 
Smith cuando olfatea onzas de oro. 

— Deseo comprar un muneco. 

— Estoy ä la disposicion de V. 

— ^Pero no lo comprar^ ä V. 

— Perdoue V.; decia que estoy & la disposicion de V. para 
venderle el que V. elija. ^Cu&l quiere V? 

— ^Pues pars mf este es un apuro. 

— ^Diga V., i CS para niiio 6 nina ? 

— ^P.ira nlfia. 

— Oll ! para nii)a una caja de polvos, un salon de baile, ef*- 
tc carruaje de librea, este capitan de aitilleria 6 mas bien 
aquel Cupido que menea las alas. Oh! uo, este grupo de Pk« 
blo y Vii'ginia. 

Todo aquello uo me parecia miiy [»»opio para la educaiida 
mi amignita; pero el dependiente nie aseguraba que 61 cra 
hombre que lo entendia y que u las nifias no se 1^8 rcgalan ya 
munecos,por contener alusiones ofohsivas en nuis Ad \\\\ of ii tido. 

Despues de nmcho ' titubcar nos ßjaitu/t« <'n quo el rei^aio 
mas adccnado bcria una l\i2jeterlc ftmicesa, natural de Mas- 
sachuHsots Fogun todas las traz;\s, llo.nn de ni<.*tes «.-röticos y 
]»M].ol d<3 oriUas de color y oscudO|*« dein Uiiifm enn las ootfc- 
llas,coi>;pletas5. Ahora >»e tioijc mnoho .-•nKla'lo en no disnij- 
jiii'i ol nümoro, |>or no dar quo h?»cer & !a po'iic« i Una carte- 
ra con avi«»s dcj estribir y su correspondiente rötui'j en fran- 
i».c.s piir«;orä rcj^alo fuera de b.ij»Hr para una cdd:anda i pero 
yo nie atuve a lo uuedeoLi cl d-::pcndiehtc tU^. Mr Snnih, que 
!u hi^brä csliidiado v'iw d ;<!:i 



214 

Pasamos & otro regalo : el de George Washington Brown- 
Bon, hermano menor de la consabida. 

— Otra cartera I dijo el dependiente. 

— ^Hombre, no, y me hace V. fonnar bien pobre idea de su 
penetracion. Una cartera para tui hombrecito que ann est& en 
bragas no es regalo ; menos lo serä para un nino dp escnela. 

— Sea como V. quiera ; pero las ideas son correlativas : si 
eUa tiene. . . . Pero vea V. un naapa de los Estados Unidos 
en pedazos, el cnal se paede ensamblar & volnntad del qne lo 

maneje. 
— ^Precioso regalo para Mr. Lincoln! Vayaquesi. Yelma- 

pa en retazos i cuanto cuesta ? 

— ^Un duro si est& todo unido. 

— ^Y separado ? 

— ^Tres dnros. 

— Pero, seiior mio, pide V. mag» por las partes, qne por el 
todo. 

— Sf, senor, porque se calciüa el trabajo de unirlo, que no 
deja de costar. Observe V. : este rio es el Potomac ; para 
reunir la Virginia que est& aqui, con la orilla de Marilandia 
que esta allä, se necesitan todos estos canpnes. Marilandia no 
se mantiene tampoco donde estä sino bajo la presion de todo 
este campamento, que encierra como 30,000 soldados. Ya ve 
y. el motivo de la difereneia de precios ; los empates son los 
oostosos; porque eatan hechos con canones, soldados yotros 
adminiculos nada baratos. 

A mi no me pareci6 mal el juguete qiie se uniay destmia 
como matrimonio de Indiana : pero temi que & mi amiguito 
se le calentase mucho la cabeza uniendo y dcsuniendo aquel 
tejemaneje y pedi otra cosa. Ofreciöseme un caballo con su 
anadidura de sinfonia para remedar los relinchos, y como me 
parecio mas facil relinchar que empatarla Union, vot6jpor el 
caballo. El dependiente me asegurö que uno igual kabia com- 
prado el comandante de cierto escuadron de lanceros y eso 
me satisßzo. El comandante era de mi opinion, lo cual no de- 
jaba de ser raro en un hombre de tajo y cereen. 

Ahora el regalo para la mama de los dos angelitos. EL de- 
pendiente me pregunt6 d6nde vivia, si era casada 6 viuda, 
cu4ntos anos tenia y cu&l era su opinion politica. Todo ello 
me dejaba pasma^o ; pero aquel hombre parecia im lince por 
SU penetracion y agudeza. Gada una de sus preguntas tenia 
un porqu^. . 



215 

La Quinta esti antes de la Sesta y por consigniente bajo 
ese respecto el n(imero de la Avenida aumenta el precio del 
regalo. Si la senora fuese casada, no se le podrian regalar los 
dijes de qne necesita uq:v viuda. La edad era esencial ; pero 
& otro que le hiclera la pregunta. La opinion politica era 
ann mas esencial para no regalarle la Esclava Griega de Power, 
caso de ser nnionista, no fuera ä tomarla por la estätua de 
Colombia, sicut est'; j siera separatista, lo cnal esgala entre 
las senoras mas aristocraticas, para no presentarle la eügie 
de JeÖerson Davis atada por el cuello, como de esas veces se 
Buele ehcoiitrar. Hechos todos los calculos y atendidas todas 
las consideraciones, se resolviö en c4maras reunidas regalar & 
la senora viuda un marido representado bastante bien por la 
estatuita äe un guerrero antiguo, j6ven al parecer, de gallar- 
da presencia y con las rosas de Jeiicö en la mano. Aquel mi- 
litar serviria 4 mi amiga para adomo de bu sala como otros 
muchos que no dejah de verse. 

£1 dependiente de Mr. Smith arregl6 el presente en una ca- 
ja tan Uena de adomos y recamos, que la viuda no pudo de- 
jar de esclamar cuando la vi6 : 

« ** l Qn£ es esto qne mlxo 

Con tanto colgajo, 
Con cintas arriba 
Con cinta abajo 
T dcntro nna cosa 
Qne le ha de gustarf ** 

Sali por fin de mis encargos, aunque no sin haber compra- 
do antes un bustö de la Libertad, porqne me suplic6 mi mu- 
jer se lo regalasc al agente de policia secreta de nuestro bar- 
rio, que estä desecho por teuer uno para pisapapeles de la 
mesa en que escribe sus partes ; y no tampoco sin que hubie- 
se empleado en las compras dos terceras partes mas de mi 
primitivo presupuesto, como sucede 4 los ministros que hacen 
la guerra en todas las naciones y no cuentan con la huespeda. 
Mi huespeda tom6 la forma de un dependiente que sabia mas 
de lo que le habian en^enado y tenia encanto para sacar pe- 
808 del bolsillo, & titulo de mi dignidad personal y de lo que 
convenia a la alcnniia de mis obseqiuados. Otra huespeda me 
aguardaba en la cuenta de Sofia, que hizo sus regalos aparte, 
cual conviene a una mujer en tierra donde hay "derechos" 
como los de la Reverenda Antonieta Brc^wn, y conspiradoras 
como la seiiora de Greenho w, que conserva su guardia de se- 
guridad a la otra puerta del ministro de Italia en Washingtoa 



216 

Pag!i£, 7 me fui & oasa para gozar de la noche por escelen- 
eia Baena. 

Ell el 6mnibus-^]o dir6 no de paso «ino de visje — ^me atro- 
pellaron, primero o^a seilora qne llevaba crinolina, pieles, 
8(Hnbrero de teja y an paquete de mofiecos como el mio. En lo 
filtimo estabamos en paz*j en el resto me hacia ona goerra de 
fiofocacion ; segundo, an n&ozo de carnicero, qae Uevaba & sa- 
patrona predilecta, en descargo qniza de las ämm de todo el 
aüo, an pavo cebado y media docena de botellas que decian, 
(no juro si contenian) Bardeos de Primera ; tercero, una da- 
misela con oara de pecado mortal, de no malosbigotes ypi^ 
magneticos, qae no se estaban tranqailos ni nn'momento con 
el iman de otros pi6s pegados & las botazas de an sargento de 
zoavos imperiales, coya pechuga estaba mas amarilla que la 
del pavo cebon y cayo rostro de puro Colorado parecia de dia 
de batalla ; caarto media docena 6 mas de lectores del Herald^ 
qae lo Uevaban abierto para ganar tiempo y saber antes de 
Uegaa ä casa si Slidell y Mason serian entrcgados & la bände- 
ra del Ileino Unido 6 & lo que mand6 el Congreso de la 
Union. Item : iban varios muchachos provistos de patines y 
an viejo que tosia sin intermitenoia por causa del aire que la 
damisela de las tentaciones dejaba colar por sa ventana abier- 
ta. Lainfeliz! {temeria sofocarse! 

Entre tanto yo seguia con mi paquete mas ufano y cuida- 
doso que el capitan del San Jacintp cuando traia en remojo 
& los magos del Sur. 

Llegue como conquistador romano de vuelta de Africa y 
me rodearon todos los generalitos para tomar informcs sobre 
Santa Claus. 

— l La viste ? i Dönde ? i Como ? i Cuando ? i Qü6 te dijd? 
l Qu^ recados te di6 ? i Vendra esta noche ? ^ Qu6 nos traerä? 

Diles razon de todo y como habia visto & la santa con sos 
barbas llenas de nieve y un saco al hombro buscando mune- 
cos por todas partes, como el alguacil que cita para concurso 
general de acreedores, 6 como contratista de empröstito vo- 
luntario el dia de la entrega ; asegurcles que sin falta acudii-ia 
&la oita noturna y que dejaria en la chimenea muchosjugue- 
tes para todos los ninos que habian sido buenos con su mamft. 
Los generales se retiraron temprano k sus cuarteles de invier- 
no, vulgo cama, y yo no supe mas de Noclie Buena por entre- 
garme ä las noticias que si eran de noche no puedo asegurar 
qae fuesen buenas. 



«w 



• 



La escararauza en Newport News gI dia 22 (leia yo) fa4 
un baen empeiio si se considera que el regimiento 20^ de Nue- 
va York, por uuestra parte, no tenia sino dos companias en 
campana j fuc rodeado repentinamente por 700 rebeldes de 
oaballeria & in&nteria, j sin embargo logro abrirse paso sin 
perder ni an solo hombre." * 

— Abi estan ! me dijo Sofia en aquel momento. 

—l Quienes ? Los 700 ? 

— ^Qae ! Mas. Y todos con sn fusil j su bayoneta« 

— No, Sofia, no tienen fnsil ni bayoneta. Si la tuviesen, no 
habrian pasado las dos companias. 

— g Como dos companias ? Si son mas de tres regimientos« 

— Te enganas : el parte no dice sino dos companias. 

— O tu 6 yo estamos locos* 

— ^Lo estaremos los dos; pero el parte es parte y hubo dos 
companias. 

— ^Pues, mlralo tu mismo y te convenceraa. 

Me deje conducir instintivamente y cai de mi asno cuando 
Sofia me moströ yarios regimientos foimados con sii fusil 
y bayoneta calada, no en Newport News, sino al pic de la 
chimenea del Nitraery 6 cnarto de los niuos. Un ejercito 
completo y tan nameroso como el que Consta de la Memoria 
del Secretario de la Guerra, se desplegaba en el lado Norte 
de la chimenea con sus tiendas, banderas, canoneft, caballos, 
hospitales d^ sangre, parques, etc. etc. La tienda del gene- 
ral en jcfe descollaba sobre las demas por su posicion y sen- 
cillcz. En el lado Sur habia otro ejercito cuyo nümero no se 
distinguia, porque se hallaba la tropa acampada en un bosqua 
sobre las vertientes de algunas colinas que se cubrian 
unas a otms. 

— 2 Bravo! esclam^ con la propension a entusiasmarme que 
me inspiran los militares. Pero ^ y ese 'Canoso viejo, Sofia, es 
la Santa Claus ? 

— j Oh ! no ; es S. M. Algodon I, Hey del Sur y de Li- 
glaterra, y de Francia, y de todas las tierras del mar 
Oceano donde se usan camisas de listado, y calcetas, 
y abucbados, y rcllenos^.... de chaleco. Observa con cui- 
dado, al lado del Key estan los '' contrabandos," que le 
sirven ademas de gradas k su trono, y la aristocracia de 
SU Corte 

— ^Pero este es an plagio de lo que estä. pasando 

Como .es un plagio toda la comedia de la vida. ^No 



218 

faß Chateaubriand qnieu dijo qr.e los hombres Bon ninos 
grandes ? Mira de este otro lado : el ejcrcito Ya & atacar, 
seguro de vencer, aunque Dios sabc lo qoe sncedera. Des- 
pae8 qne se batan, (eso eera per la manana cnando los 
ninos despierten) los pedazos qne qneden, dada ya la ba- 
talla, se reoniran y p^arän con goma, ik otro adhesiYO, 
y se formara en los campos nno solo que Ilamaremos el cam- 
po de. . . de lo qne faere entonces ; porqne ahora no sabemos 
lo que " Beaurcgard '^ y " Scott " dejaran a poeo de andar 
cbn BUS ejßrcitos entre manos. Pero ehico 6 grande, te asego- 
ro que sera campo de la Union. (Sofia es yankee.) 

Ko 86 lo que contestß a Sofi i, porque con nuestro ruido 
empez6 & despertar ** Beauregard, ^ y como es nino tan ter- 
rible cuando se le molesta, nos salimos de puntillaa para no 
presenciar a desboras un Bull Run. 

Padres y madres que teneis Scotts y Beanregards, vosotros 
soIos comprendcis el entusiasmo con que & los primeros albo« 
res de la manana, que en esta ßpoca del ano es perezosa tam- 
bien para levantarse, abandonß yo las säbanas calentitas co- 
mo bizcocho reden salido del homo, y encomendändome al 
Nino de Belen, me vestf & toda prisa para gozar del especta- 
culo que nos darian nuestros queniblnes al despertar. Sofia 
no se hizo de rogar en aquella manana fria de diciembre, 
y dandonos el Merry Chritsmas con la misma cordialidad que 
lo babriamoB becbo seis anos ha, cnando el pobre proscrito 
yagaba por la tierra como el Judio Errante, y ella no babia 
conocido sino los besos y las sonrisas de su madre, nos senta- 
mos al rededor de los ejercitos de Santa Claus para aguardar 
la venida de los protegidos de aquella geuerosa vision poeti- 
ca que no envejece ni con los siglos. 

Vinieron. \ Que gozo I Si los hübieseis visto con los ojos 
radiantes de felicidad y las manos galvanizadas sin saber 
& cual de los munecos echar mano primero ; si hübieseis oi- 
do sus Yoces llenas de jübilo ensalzando k la buena Santa ; 
si los hubi6seis Yisto saltar en un solo punto como temerosos 
de que el Rey Algodon se les escapase al Yolver la cara ; si 
hübieseis contemplado aquella escena, qae no se repite dos 
Yoces al ano ; si hübieseis sentido unos brazos que apenas al- 
canzan para abarcar nuestro cuello y unas manecitas que 
borran de la frente todas las arrugas ; si os hübieseis hallado 
junto k nosotros en aquel momento, estoy seguro de que ha- 
briais gozado como no se goza en ninguna otra parte, sia 



219 

pensar, como no pensaba 70, sino en lo bien qiie me pagan 
los juguetes de mis hijos. 

Recucrdo qu« antes de ir al vapor qne Balia^aqnella maiia' 
na para Matanzas, abrl los brazos 7 me encontr6 en ellos el 
colmo de la dicha : mi esposa y mis hijos. La casita del pros- 
crito se convirtiö en un nido de fclicidad. Olvidö quö habia 
gastado la vida trabajando afanosamente todo el ano, y al 
sepultar los restos del de 1861 me sentl con nuevos brios 
para combatir contra las tomientas de la vida, y para hacer 
frente & las injnsticias de los hombres. Benditos sean los ju- 
guetes de mis hijos. 

NuBYA YoBK, diciembre de 1861, 



DON FERMIN EL GVIA. 

— Pues cr6ame V., Senor Kazareno, por la f6'de cristiano, 
mas quisiera ser fregon de la cocina de algun rico, 6 albacea 
de quien no tnviese por heredero mas que sobrinos, 6 eseri- 
bano del tiempo viejo, 6 cobrador de rentas 

— ^Tan cansado esta V. de su oficio ? 

— ^Como cansado, si estoy que quisiera ahorcaime? Y si 
pronto no me retiro de la profesion, me " parece que acabaro 
en una casa de orates. 

— l Conque tan mal le sabe & V. el ser guia ? 

— ; Que si me sabe ! Me sabe ä retama, y & hiel y & cuanto 
aniargo se conoce en el mundo ! Yo guui ! ; Yo cicerone ! Yo 
conductor de tontos y director de ignorantes, yo que tengo 
la desgracia de verlo todo por el lado flaco y no encontro 
enla vida quien me quisiera, ni madre, porque la mia se murio 
por no verme crecer ; yo que apenas vi mujer que me agra- 
dase, la cual no tuviese mas peros que la mata mas cargada 
del mejor huerto 1 

— ^En resümen, D. Fermin, & V. le sncede lo que dijo Que^ 
vedo. 



220 

— l PueB qn6 dijo, Sr. Nazareno ? Ya Y. nota que no se ina# 
espauol que el que hablan en ini pueblo» 
— Quevedo dijo : 

No bay Bedo qne no me hablOi 
Ni vieja qne no me qniera, 
Nt pobre qne no me pida, 
Ki rico qae no me ofenda. 
No hay camlno qae no yerre, 
NI Juego donde no plerda, 
Ni am ige qae no me engafie* 
Ni enemlgo qae no tenga.** 

— ^Pero, digame Y., seuor, j eso lo escribiö el Sr. de Queve- 
do para algun guia ? 

— No, seiior, sino para tl mismo. 

— ^Pues el hof libre era goia indudablemente, porque todo oso 
me ha acontecido a mf. f 

— ^Yeamos cömo, D. Fermin. 

— ^Pues oiga Y. mis oiiitas y digame en concicncia si no boq 
hartas, aunque lo que Boy yo, coii ellas no podria mantener- 
me. Yo vine & esta tieri*a de la jerigonza, fresquecito de mi 
pueblo, donde era, como alla se dice, gran cacao, 6 para qae 
Y« me entienda, secretario del alcalde, sacristan del cura, ter- 
taliano del ministro, capitan de milicianoB, int^rprete de la 
aduana y ayudante de correos cuando los habia. Yo mismo 
me tenia respeto, se lo aseguro & Y^ y me consideraba como 
una especie de entidad que habia equivocado el lugar de su 
nacimiento. Aocasionosme preguntaba qu6haciayoen aquel 
lugar miserable donde & lo sumo llegaria ä ser miuistro, suce- 
diendo a otros tantos como yo, incluso el enterrador, qne des- 
cubriö un tesoro ahondando la tierra para acomodar a un ca- 
lenturiento & quien ae habia depositado antes de morir poj 
precaucion sanitaria. Si me quedo, solia decirme, nunca ser4 
mas que el D. Fermin de siempre, & quien conocen hasta los 
cerdos de esta ciudad. (Asf se Uamaba el pueblo.) Y si me 
voy, har6 fortima, porque en yendo k tierra donde no se ha- 
* ble espafLol, ser6 un portento. Gierto dia se presentö en la ra- 
da un plcaro buque ingl6s, & cuyo capitan habia interpretado 

yo en la aduana porque sepa Y., senor Nazareno, que 

yo aprendi el ingl^s en la casa del representante de aquella 
nacion donde se me queria desde que casualmente estomudö 
al preguntarme S. K c6mo se decia reloj en su idloma .* • • • 
Pues como iba diciendo : en un pais en que no se hablase es- 
panol, seiia yo un portento, por ser ünico. Un buque en puer- 



221 

to, el capitan amigo, el pasaje gratis. . . . A las dos semanas 
de feliz traveöia me encontraba ya en Nuieva York, quiero de- 
cir en un muelle «de Noeva York. 

— Y le gtrstö & V. el pais ? 

— ^Vaya, seiior, si me gnstö I i C6mo le perdonaria yo & la 
metröpoli que nadie hubiese salido & recibimcie al muelle ? Yo 
qae me habia imaginado que en el mismo mitelle se darian 
de pescozones por agan-ar & rai hombre que hablaba espaSol, 
ingl^s y sabia decir : TTi^ nrnsiü t Yo que en mi pneblo ha- 
bria eausado un terremoto con mi entrada del es^rangero, y 
todos, incluso el cura y el alcalde, habrian salido & recibir 
& don Fermin y i C6mo est& V. don Fermin ? y \ Bien venido, 
don Fermin! y | Cliico, has vuefto mas gordo ! ^te conoeie- 
roii en Francia al llegar? y ^Qu^dicen en In^c^h^xrra de nues- 
tro pueblo y del ultimo discurso del rneniatTO ? 

En fin, me resign^ & mi suerte y empec6 & dudar de si 
& Kueva York babria llegado la fama de don Fei*min. Paso 
por alto los contratieropos de la ll^gada : el cochero me ecsi- 
gi4 cuatro dnros por llevarme al hotel, y eomo me parecio 
caTO, tratö de cottveneerme como lo hace con sus caballos; 
Uamaron 4 comer, dej6 abierta la ptferta, y por ella me saca- 
ron el reloj, que era de lo mejor qne habia en mi pneblo, 
y las onzas de oro que tenia en mi banl, advirtiendo k V. 
que el baul no lo dej6 abieito ; sopl^ el gas al echar mi sies- 
ta, como sölia soplar una vela de sebo en lar easa donde naci, 
y fue menestef forzar la puerta para sacarme medio asficsia- 
do. Todo eso no vale nada comparado con la inaudita des- 
gracia que me sucediö despu^s : no sabiendo el Camino de mi 
cuarto por entre tantas escaleras, pasadizos y callejones como 
habia antes de llegar ä 61, me dio rergüenza preguntar & los 
eriados. Considere V- un hombre que sabia habiar ingl6s 
y no sabia ir ä su cuarto ! Me sent6 confnndido y casi rabioso 
en el locutorio del hotel y aqul fu6 mi desgracia : en la cara 
de uno de los dcpendientcs reconocf no s6 qu6 trazas de espa« 
fiolismo, y para salir de dudad, eehö un temo y lo dije re- 
dondo. 

— Caballero, me dijo en el acto el dependiente, advierto 
& Y. que en ese salon inmediato hay scnoras que hablan ec^ 
panol. 

— Toma! le contest^, si V. lo habl» tambien« 

-^Soy de Sevilla. 

— Ylas senoras, son tambien sevillanas? 



222 

— No, senor, de Gaba. 

-— ^ Coiique hay aqid gente qne habla espanol ? 
— T mucha. Suponga V. que estamos en verano y qne loa 
banos de Cuba quedan en Saratoga, donde no hay rio. 

Gonque mnchos espafioleä ! esclam^ sintiendo que sobre el 
corazon me caia an peso de qmntal y medio. i Qa6 sera de 
ml, triflte ez-secretario, ex^fiacristan y ex-tertniiano de minis- 
tro ? me pregnnt^ en mi interior sin saber ni donde estaba 
parado;yen un arrebato de desesperacion, ecbando de menos 
mas qne nunca mi pueblo, y & falta de mi pncblo, las onzas 
que se me habian escapado del banl por el ojo de la cerradu- 
ra como para qne no pndiese volver & incorporarrae con mi 
compania de milicias, pedi al dependiente que me diese las 
Beüai de mi cuarto a ver si lo encontraba, para irme a dor- 
mir, porqne el sueno es un gran remedio« * i 

— Escelente, don Fermin. 

— ^El dependiente, senor Nazareno, se sonri6 y mando a un 
criado que me condnjese al sesto piso. Dorm!, me refresqu^, 
pens4 con calma en mi sitqacion y de las mismas desgracias 
me ocurri6 sacar partido. Puesto que hay tantos cubanos en 
esta tieiTa y tantos qne habian espanol, me dije, voy a conti- 
nuar mi vida pasada y & convertinne en director como lo ha- 
cia en otro tiempo con el alcalde y la compania de miliciasi 
Pcnsar, decir y hacer, todo fu6 uno : compr^ un derrotero de 
la ciudad, me lo aprendi de memoria y me ammci6. dos dias 
despues en los peri6dicos como guia, cicerone, int^rprete, la- 
zarillo, conductor, director, ensenador y cuanto se me ocurri6 
en aquel momento. Gast4 en la publicacion del aviso mis dos 
ültimas pesetas y me sente ä esperar. Un aviso produce siem- 
pre SU efecto, es la palanca de los negocios • • . 
— ^Y el refugio de los necesitados. 

— Gabal, senor Nazareno. Mi anuncio me trajo un dien- 
te el mismo dia. Erase un honrado vizcaino que acababa de 
desembarcar y estaba poco mas 6 menos como yo. El menos 
era el ingl6s que 61 no sabia y el mas el dinero que yo no te- 
nia. A ml me sobraba ademas una cosa, y era atrevimiento. 

La " Guia de Nueva York " me ensenö todos los puntos 
notables de la gran ciudad, las vias de comimicacion, el pre- 
cio de pasajes etc. Aprendi el mapa de memoria y bien 
6 mal sali de mi primera empresa, sin que el de Vizcaya 
echase de ver que 6ramos un ciego guiando 4 otro ciego, por- 
que con mi chächara no le daba tiempo a reflecsionar, Pag6- 



223 

me generosamente, y al despedirse me rccomendo ä sus ami- 
gos. Dios se lo pague al buieu genor, quo su intencion fu6 
buena. 

Pero de ahi el orlgen de esta vida arrastrada qua llevo. 
Soy guia, senor Nazareno, y ya Nueva York, Saratoga y el 
Niagara con todas sus entradas y salidas, usos, costumbres 
y servidumbres, segun diria mi alc^-lde, se me hau fotografia* 
do en la cabeza, de manera que pudiera repasarlos a tientas. 

— ^Tanto mejor, don Feniiin. 

— O tanto peor, senor Nazareno. V. no sabe lo que es visi- 
tir por obligacion los sitios de placer. Y ademas, V. no sabe 
lo que es ser guia. Supongo que vamos de tiendas mi condu- 
eido y yo y que nos deteneraos ä comprar ntedias. 

— Ilombre ! dice 61 a gritos, g y cuanto quitan en esta tier» 
ra por l^s bolsas de pie ? 

Moderadamente me le acerco y le hago observar que aqul 
es muy notable la gente que habla ä gritos. 

— ^Pero, hombre, me replica alzando mas la voz ; pues en 
esta tierra no dicen que liay libertad ? 

— Si senor, pero no se acostumbra & dar voces sino en ca- 
sos du incendio, 

— Pues hombre I (y vuelve & las andadas) yo en mi tierra 
grito hasta que me pongo ronco y nadie me dice esta boca es 
mia. Ya V. ve, senor Nazareno, ese es im laiu^e apretado, 
porque los dependientes de la tienda y todas las personas que 
entran en ella, se detienen para gozar de la comedia que esta- 
mos representando gratis mi conducido y yo. Pero, finalmen- 
te, Yolvemos a las medias. 

— ^Las medias valen tres reales el par. 

— ^Tres reales ! pues digo !' y esta gente no se confiesa ? 
Judiazos, ladrones, en mi tierra se venden ä dos, y eso que 
allä no las hacen« 

— ^Ni aqui tampoco, senor don Liborio, estas son medias 
inglesas. 

— Pues esta esta mejor I ^ Y aqui qu6 son, don Fermin, si- 
no ingleses ? V. como que no sabe nada de guia ! 
. Yo me muerdo los labios para no contestar un desatino 
y vuelvo k las medias. 

— ^Le gustan ä V., don Liborio ? 

— ^A mi si ; pero no el precio. Dfgale que si quiere dos 
reales. 

* 

"T-No es posible, senor, es precio fljo. 



224 

— ^Hombre ! V. como que esta de acnerdo con el tendero. 
Pues bien : dfgale V. que ßus medias son muy caras, y que 
no sea tan ladron. 

— Como? c6mo? 

— ^Que no sea tan ladron. 

— 'No, senor, yo no dir4 tal, no quiero llevar un mal golpe 
ni que el tendeiro me persiga por insultos. 

— ^Pero si V. no es quien se lo diee, que soy yot 

— En eso est& V. equivocado, porque cmtorea et factores 
eamdem pencmi fereniury le contesto acordandome de mi al- 
caldia. 

— ^Pues 81 me viene V. con latines, la obligacion de V. es 
interpretarme y V. no me interpreta, vaya V. con Dios ! Yo 
no lo neeesito mas, que' para mal acompaüado mejor es.ir so- 
lo, y el buey suelto bien se lame, y ä solas me eoman mos- 
cas. 

El hombre me solt6 una ensarta de refranes y los pocos 
pesoB que me di6 en cambio de insultos, no vinieron k mis 
manos sino por conducto del amo del hotel, que me pa^o el 
piscolabis regulär sin consnltar & don Libono. Ah ! mi vizcai- 
no ! esclam6 yo, echando de menos al que me lanz6 al mun- 
do de los guias desorientados. 

En otra ocasion me toc6 un caballero que hablaba quedo 
f preguntaba mucho. Vimos toda la ciudad y quiso saber de 
qu6 eran los edificios, cu&nto habian costado, qni^n los hizo, 
en qu6 afio y qu6 s6 yo cu&ntas cosas mas que seria cansado 
repetir. Llegamos k Blackwell's Island, donde est& el San 
Hipölito- del Ayuntamiento, como V. sabe. 

El primer paciente era una loca que no hablaba. ' Don 
Franciseo se le acerc6, la loca lo niir6 y sonri^ndose le alargö 
la mano en silencio« 

— ^Don Fermin. 

—Don Francisco. 

— ^Esta es loca ? 

— ^Asl parece, puesto que est& aquL 

— y^ desde cuändo ? 

El portero nos di6 el informe : oinco auos« 

— ^Y por que no habla ? 

— ^Yo no s6. 

— ^Pues, don Fermin, preg(intemele V. por qu^ no habla. 

— Pero, don Francisco, si en eso c^nsiste su locura. 

—Pues por lo mismo, h&gale V. la pregunta. 



225 

Me revisto de paciencia y le hago k pregunta : 
— Senora loca, este caballero desea saber por (j[ii6 nö La- 
bia V. 
La loca se sonri6. 

— No ha oido, dijo don Francisco. 

— Si ha oido, mi sefior ; pero ella no ha hablado en cinco 
afios ij quiere V. que hable ahora por amor kY? 

— Don Fermin, repitale la pregunta, y & que contesta . ., . 

Repito y repito hasta que la loca se cansa de importunida- 
des y me hace enfurecida una mueca. To que no soy ningun 
Fierabras, me cubro con.el cuerpo del portero, dändome por 
bien librado de que la infeliz no me hubiese aranado la 
cara. 

Don Francisco sigue iraperturbable haciendo preguntas 
y yo con una paciencia de canonizado. Vamos por la calle 
y pasa un coche con lacayo de librea. 

— Don Fermin, ique marquesa va en aquel ooche? 

— ^Aqui no hay marquesas. 

— ^Pues, y la librea? 

— ^La librea quiere decir que el pais es libre y que cada 
cual puede vestir ä siis criados como se le antoje. 

— "No me satisface ; diga V., ^ esta es repüblica? 

— Si^ senor. 
^ — ^Demöcrata ? 

— Asi dicen. 

— ^Pues la librea es un contrasentido. 

— ^Lo sera, don Francisco ; yo nunca me meto en asnn- 
to8 agenos. 

— ^Y esa mujer que se sonrio con V. al pasar, i qui6n es, 
don Fermin, si se puede saber ? 

— ^Esa mujer, pues . . . esa mujer . . . pero le advierto & V. 
que no se rio conmigo, sino con V; 

— Conmigo, esa senorita ? Yo no la conozeou 

— ^Pero ella le conoce ä V. 

— Como que me conoce ? 

— ^Ella sabe que V. es rico, estrangero y soltero, 6 por lo 
menos que su senora no le acompana. 

—Pero ( 6mo se averigua • • • ? 

— La practica, doiji Francisco. 

Y de pregunta en pregunta el bueno de don Paco se des- 

liza & laberintos en que, para que no se pierda, tengo que 

acompanarle, como le acompanaria & una emboseada 6 mu- 

15 



22« • 

cho peor, si estavi^mos en campana. El mal paso andar- 
lo pronto, me digo. To 807 gaia. Guia, aenor KaraienOy 
qmere decir miichas cosas. 

— Yalo veo, sefior don Fermin. 

— Toe6me otro, sefior Nazareno • • • pero no permita V. 
qae yo le qaite sn tiempo • . . 

— Oh ! no. Continüe V^ que B07 taqnfgrafo j me diTicrto 
en ejercer el arte con las palabras de Y. 

— ^Paes con permiso de Y. : me toc6 otro qae se bebia €L 
80I0 los vientos 7 tenia mas diligencias qae rnia casa de 
postas. £1 comerciante, el banquero, el corredor, el demo- 
mo ! Y qa6 genio de hombre ! £ra preciso, indispensaUe^ 
prender & nno que se habia fagado de no 86 dönde por no s£ 
qa6, 7 eso en el acto. 

— ^Yamos al comerciante, me dijo k las räete 7 media de la 
manana. 

— ^Es inütil, senor : el comerciante no baja & sn oiScina baa- 
ta las naeve. 

Con dificnltad le hice agaardar, no sin qae babiese visto 
antes su reloj cincaenta veccs 7 prorumpido en impreca- 
ciones contra la costumbre de ir tan tarde al escritorio. 
l A qu6 horas irian en la tierra de mi Telemaco ? Por fin vi- 
mos al comerciante, se presentaron las cartas de introdnccion, 
qae fueron atendidas con ona de es^ formalas vanas : ^^ £sto7 
k la disposicion de Y." " Yea Y. en qa6 nos manda,'' 7 otraft 
por el estilo. 

— l Como es eso de "En qa6 paede serme ütil?" me decia 
mi hombre. Digale Y. qae inmediatamente me basque & ese 
bribon del cajero, 7 me lo mande poner en la c&rcel, 7 por el 
primer vapor lo remita para ser»castigado. 

En vano le espliqu6 que el comerciante no podia hacer nada 
de eso, que eran los abogados 7 la policia quienes podian en- 
cargarse de la comision, que los negociantes estaban ä su ne- 
gocio, 7 otras cosas que k mi me parecian mu7 radonales, 
7 a el mu7 irritantes. Insisti6, 7 hübe de traducir lo que queria 
para oir por supuesto las mismas observaciones que 70 le ha- 
bia anticipado. 

— Y. traduce k su favor, me contestaba el litigante, 7 des- 
confiando sin dtida de mi veracidad, le decia en espafiol al co- 
merciante una multitud de espresiones que el comerciante oi» 
abriendo desmesuradamente los ojos, pero quedandose en 379 
nas sobre su contenido. 



227 

— Apuesto &.qn6 ahora le haee, me decna el extranjerö. 
— Qu6 me esta diciendo ? preguntaba el eomerciaate. 

Y jo en medio de \o» dos, eenor Nazareno, oomo supongc 
qae estar& un buque entre dos olas embravecidas. 

AI cabo de mucho tiempo, y de muchas idas y venidc^, re 
6ult6 que entre abogados y cuiiales consumieron & mi reoo; 
mendado media talega, y qae su hombre fu£ preso, pero no 
podo ser sacado del pais 4 consecuencia de no estar o(»npren- 
dido en la ley de estraduccion. 

— ^Estradicion quiere V. decir, D. Fennin. 

— AA es en efecto, seüor Nazareno, dispense V. que con- 
fonda la tradicion con la traduccion, que es mi mayor cöcora, 
y no se oomo me ha dejado el juicio sano. 

Y no es lo peor, continuö D. Fermin, sino que la mayoria 
de los paseantes en oorte que emplean el guia, vienen con el 
änimo hecho de que en esta bendita tierra todo esta por el 
suelo, quiero decir, regalado, 6 6 precio de bienes mal habidos, 
que todos sc»nos unos brib<Hies que poeo mas, poco menos, 
tratamos de chupar la sangre & cuantos tienen la desgracia de 
caer en nuestras manoa, y que adcmas pueden haoer cuanto 
se les antoje. AM de los apuros del que sirve de eslabon entre 
la sociedad de allä y la de adu £1 choque de las ideas viejas 
y de las ideas nuevas lo sufre sin remedio el eslabon como una 
descarga electrica que le saeude hasta la m^dula de los huesos* 
£s el guia, senor Nazareno, el editor responsable de todo 
aquello ä que el forastero no est& habituado, y en el guia f o 
personifica al pais nuevo para hacerie sentir toda la estraneza 
que produce un 6rden de ideas que difieren mudio de las que 
para el recienllegado vienen sucedi^ndose desde la cuna. 

— Filosofa V., D. Fermin. , 

— Que filosofo ! Buenas solfas me ha costado esa filosofa 
y no creo que el picador haya llevado mas ooces y mordisco- 
nes del potro antes de aleccionarlo al freno y & la silla, que es- 
tropeos ha llevado el guia, con la diferencia de que el picador 
puede sacar un caballo maestro, al paso que el guia no alec- 
ciona & nadio^ porque trabajando qontra sus intereses, mientras 
mas pronto ensena, mas pronto es abandonado por inneoesario. 
Por eso echa mano de tretas y subWfugios, aguijoneado por 
la necesidad de vivir de su o£cio & fin de que le dure. A nadle 
puede exigirsele que voluntariamente se condene k morir de 
hambre. Luego, ha de saber V. que todos nacen ya aprendl 



228 

dos j bien pocos son los qne requieren guia ; la inayor parte 
puede poner catedra. 

- Keferirö & V. una historieta de cuya veracidad respondo. 
TJn =»abihondo de alguna de las repüblicas de Centro Ame- 
rica desembarcö en Nueva York con toda las Infiüas del D. 
Fermin aquel que V. conoce, ex-secretario, ex-capitan, etc. El 
hombre se lo sabia todo, 7 cuando en el hotel me ofrecicron de 
guia, se sonriö con el majror y mas soberano* desprecio. No pa- 
saron muchos dias sin que en mis escursiones ciceroninas me 
lo encontrase disputando en una finiteria con el vendedor de 
peras, duraznos y yqtmes de Baracoa. El frutero y el Doctor 
en ciencias mayores estaban para aranar^e, segun las voces que^ 
se cambiaban. El cerco de gente en la puerta parecia el de una 
Talla de gallos. 

— ^Paisano! me grit6 el forastero desde que me vi6. 
l Quiere V. decir k este caco que es un ladron ? 

— No, senor, digaselo V. mismo. , 

— Si se lo he dicho y no me quiere entender. Suponga Y. que 
este tunante. . : . Mal rayo lo parta ! . . . pretende quitarme una 
peseta por dos platanos con cinco mil de k caballa !....• 

— ^Doctor, le dije : calmese V. para que esta gente se retire, 
6 habrä escaudalo. 

A la sazon, el vendedor, que sin duda adivin6 que yo le 
comprenderia mejor, vino & contarme lo ocurrido. Le rogu6 
que se aguardase hasta que el publice dcspejara y entonces 
entendi lo que habia pasado. El Doctor vi6 los platanos 
y como gato & raton les puso ojos y manos, preguntando por 
Eenas cuanto valian. 

— ^XJn real, contesto el vendedor. 

El Doctor, que venia de Costa-Kica, donde se venden trcs 
t> cuatro racimos por esa suma, pensö que el precio era subidoj 
pero se conformö, considerada la distancia, con pagar tres ve- ^ 
ces mas y empez6 a comer del que crey6 su racimo. Segura- 
mente que al segundo platano no pudo mas y trat6 de pagar 
en proporcion k lo consumido. 

— ^Dos reales, dijo el frutero con la boca y con los dedos. 

— ^Dos reales ! contest6 el Doctor. Eso serä por el racimo; 
pero yo no lo quiero todo. (Y pagaba im real pensando que 
aquello seria el colmo de la generosidad ccntro-americana.) 

— No, argüla el frutero, dos reales. 

— ^Pero, hombre de Barrabas, decia el Doctor, i quiere V- 
que me salga yo por la calle con un racimo de platanos que 



229 

no vale sino dos reales? Guärdeselo V., yo no lo quiero, 

y tome la mitad del precio total. 

— Oh ! Sir', dos reales, volvia & decir el frutero, 

— No bay Sir que valga, ni me engatuzara V. con trata- 

miento de Majestad : aqui tiene V. im real y guardese Y. el 

racimo, que yo no lo cargar6 en Broadway por nada del 

• mundo. Si V. no lo quiere, tfrelo V.^d^selo ä un pobre, arr6- 
jeselo V. ä los puercos ; pero lo que soy yo, no lo llevar^, aun- 
que V. se empeiie. 

— Oh ! Sir, dos reales. 

— j Vuelta oon el Sir y con el empeno I i Pues no entiende 
^. que no quiero todo el racimo ni lo queri'ia, aunque V. me 
lo regalase, con mil diablos ? 

— Xada de diablos, replicaba el frutero, sino de monis : dos 
reales, dos. (T levantaba el indice y el mayor para ayudar 
& esplicarse por senas,) 

En aquel momento entr^ yo y el Doctor se qued6 como pi- 
cado de raya cuando le espliqu6 que no estabßjnos en Sonso- 
nate sino en Nueva York, y que si allä valia el racimo algunos 
Centavos, aqui cada plätano importaba un real fuerte. Creo 
que los plätanos le dieron cölico de indigestion, segun el 
acce^o de bilis que le acometiö. Aprestando de mala gana 
los dineros, sac6 el Memorandum y apuntö en mi presencia 
**Avisar al ministro que los plätanos (son en Nueva York 
mejor artlculo de comercio que el cacao, pues este nadie lo 
usa y aquellos se venden & real cada uno. — Refonna en los 
Aranoeles. — ^Revolucion rentistica. — Cambio de cultivo." 

^Y qu6 dir6 a V., senor Nazareno, de los trances del 
guia cuando el recomendado es recomendada ? Mas le valiera 
no haber nacido ! — ^Imagine V. & un pobre diablo de solteron 
como yo, algo avanzado en anos, freute por freute con una 

* tendeiita buena moza y rozagante de maltcia, cuando la enco- 
mienda le dice & Don Permin que pregunte el precio de las 
crinolinas. La tendera se sonrie por debajo de cuerda y saca 
un paquete Ueno de misterios, mirando al Don Fermin con 
cierto airecillo socarronazo que lo pone carmesl subido y ä me» 
dio pie mas arriba del suelo. ^Ylasligas? ^ y los fustanes ? 

y y y no s^ c6mo le diga ä V. lo demas. Para 

tales escursiones va sola la mamä; las ninas se quedan en el 
hotel y el pobre Don Fermin pasa mas trasudores de los que 
son de imaginär, no solamente, senor Nazareno, por la c^mpra 
on si misma y su resbaladiza calidad, sino por lo dificil de la 



230 

interpretacion en ciencia no sabida de quien no viviö jamas 
con mujer ni sabe de sus artes j argucias mas que lo que 
dicen escasamente los libros. La correspondencia de las pala- 
bras mngenles es un potro de tormento para nn neöfito. 

— Pregunte, D. Fermin, si tiene Malakoff, me ordena la 
senora. 

— l Tiene V. Malakoff? pregunto yo, sin saber qu6 qaen6 
Iiacer la buena cubana con la den*uida fortaleza. 

— Malakoff! contesta la tendera. Vaya V. a SebastopoL 

Los polvos dice la picaresca vendedora estan en el fusil, por- 
que la palabra inglesa correspondiente 4 eascarilla, Y. sabe que 
significa p61vora. En cuanto & las ligas, recuerdo la 6rden de 
la Jan*etera y digo que es lo que usa pai*a poner en las pier- 
nas 4 los milores la reina Victoria, y me dan una verdadera 
jarretera que usan aqof los lacayos de algunos neos. Pido 
ahuecadores y me traen un tontillo, equivocando el Ingar en 
que han de aplicarse. No digo nada del tünico que para al- 
gunas senor^ es vestido esterior, eomo en Lima, y para otras 
es interior ; y el camison que en Venezuela no es una eamisa 
grande sino el tünico del Peru. ^ Qu6 es manteleta ? Pregfin- 
teselo V. & tres senoras y tendrH tres definiciones. ^ Y la ba- 
tata, y el buniato, y el guanajo, y el papelon, y el choclo, y el 
jojoto ? Y las flores que en cada seccion de la Am6rica espa- 
iiola tienen nombres distintös ? { Cuantas yeces me he eneon- 
trado con que no hay diccionario posible, mucho menos inter- 
pretacion, para algunas cosas que mis encomiendas necesita- 
ban ! Pero en resümen, sefior Nazareno, prefier(f interpretar 
& las damas, porque si bien es mas diffcil, y costoso & veoes 
para el varonil pudor, siempre quedan mas complacidas 
y proceden con mas generosidad. Sobre que todas no son 
mamäs ni tias, y las que lo son, tienen sus competentes hijas 
y sobrinas que, ya V. ve, aunque los anos äumenten, jamas se 
pierde el buen gusto y la aficion. 

Pero los hombres I Con decirle 4 V. que be tenido 

presuntuosos gazn4piros que han ido al teatro ingl^s para que 
*yo les interpretase la comedia, est4 dicho cuanto puede decirso 
de las calamidades de un guia. Uno recuerdo que me llev6 
4 la 6pera y se empeiiö en que yo habia de explicarle porqu6 
.ElbinOy 6 c6mo se Uame, deseaba acostar 4 Amina un solc 
momento, en aquella aria : 

• 

Acostarla, 
AcQstarla un »ol momentow 



231 

— ^Mire V., le dije, yo no 86 italiano, pero me parece.qne 
ese acostar quiere decir " estar & su lado," porque el enamo- 
rado de la Opera es hombre muy fino y muy respetuoso con la 
dama para pretender otra cosa. 

— ^Esas son suposiciones de V., me replic6; yo conozoo 
& Tiberini y se que no es tanto coma V. dice. Lo que hay es 
qne V. interpreta maL 

El amor propio se me pic6 y algo colerico le contest6 : 

— ^Pues mire V., si V. conoce k Tiberini, yo conozco & ma- 
dama Gazzaniga y ni V., ni nadie 

La orquesta, que tocaba un tutti förtissimo^ apagö mi voz 
eompletamente y me alegr6, porque la mejor palabra es la 
que no se dice 

Senor Nazareno, no quiero aburrir & V. con mas cuitas; 
pero tenga V. entendido que el capltulo es inagotable y que 
cuando se sienta V. cansado de la vida, en lugar de suicidarse 
en un dia de spieen k la inglesa, se meta & guia, bien persua- 
dido de que si Dios no lo remedia, se ir4 Camino derecho del 
cielo, porque ha hecho su purgatorio ac& en Ik tierra. 

Don Fermin se despidi6 de mi y yo me qued6 con las 
ganas de aconsejarle que si aueria mejorar de suerte, se me- 
tiese & oorresponsaL 



LOS TEATßOS DE NVETA TORK. 



El vnigo es neclo, y pnes lo paga es Jnito 
- Hablarle en necio para darle guato. 

LoPB DE Veoa. 



T ea lo de moralidad, dijo Sancho, euui 
ton temeridades. 

€XBTAKT«S. >: 



El hombre de bien imita a las gallinas en lo de ir ' la cama 
y levantarse temprano. Dios hizo la noche para doraiir, y si 
«e obedeciese el mas comodo de sus preceptos, ganarian menos 
los medicos y las companias de gas. Nuestros padres del siglo 



232 

Xym en toda la America espanola, 7 permitase & un hombre 
siii patiia el recuerdo de la que tuvo, gozaban en general de 
mejor salud que nosotros. A nuestras abuelas rara yez les 
pasö por las mientes desmayarse, j ni los unos ni las otras co- 
nocieroD enfermcdad de nervios, que, como la dipteria, la dis- 
pepsia y el clorofoimo, son calamidades tan modemas como 
las garantias constitucionales 7 la libertad de imprenta en 
tiempo de conmocion. EUo es verdad que los buenos senores 
y las inmejorables seiioras de aquellos tiempos, no obstante 
que cenaban y que no tomaban t6 sino por remedio, siempre 
cstaban frescachones y coloradotes, y se morian cuando Dios 
queria, despues de haber gozado largos anos de los placeres de 
la yida y de las delicias de la cama, estas ültimas un cincuenta 
por ciento mas que toda su progenie. Una buena cama y upa 
conciencia tranquila, despues de haber besado la mano de ro- 
dillas a SU merced el padre, y 4 su merced mamita, daban & 
los hijos de nuestros tatarabuelos aquella salud robusta con 
que asl descogotaban ä un toro como hacian entrar en razon 
al animal mas irracional del mundo, cuando lo es, al caballo 
criado en las soledades de los campos. Eutonoes aun podia 
recordarse la 6poca hazaiiosa en que Garcigonzalez vencia 
& un cacique, su contrario, apretandolo contra el pecho & ejem- 
plo de los gladiadores romanos, y Francisco Escobedo, el sala. 
manquino, hacia gemir & su tordillo de Andalucia con la sola 
presion de sus piemas, y Juan Rodriguez, el de la capa de 
grana que servia de pasaporte entre los indios, se batia solo 
durante cuatro dias seguidos, resguardändose las espaldas con 
un penon, contra todos los tarmas y cumanagotos mandados 
por el mismo cacique Terepaima. 

" En dönde estä el fotsudo 
Brazo de VUIandrando? 
I>e Argüello y de Paredes los tobostos 
.HombroB? EI pesado 
Morrion, la penachnda 
T alta cfmera aCaso se foijaron 
Para crAneos raqaiticos ? Qul6n pnedt 
Sobre la cuera y enmallada cota 
Veatir ya el duro y centellante peto? 
Qai^n enrletrar la ponderosa lanzat** 

l Y todas esas sansonadas no las hacian esos seiSores porqne 
guardaban los preceptos de la iglesia y dormian & piema ten- 
dida toda la noche ? Contemplemos el rostro de una abuela 
y. de una mama en estos dias, y observareraos que el de la 
segunda Ueva apariencias mas senaladas de Tejez que el de la 



233 

primera. La mam& tiene la cara trasnochada, es ima rosa qne 
ha estado «demasiado espuesta & la llama. La cara de la 
abuelita es rechoncha, y ä despecho de las arrugas de la edad, 
rozägante como flor que no ha disfnitado de mas luz que la . 
del sol. i No es cierto que todas las plantas que florecen de 
noche son p&lidas ? ^ No lo es que todos los animales noctur- 
nos son feos, y todos los ruidos temerosos, y todos los cantos 
desapacibles 6 inc6modos despues de oculto el sol ? La luna, 
luminar de la noche, 

Como l&mpara colgada 
En recöadita capilla." 

Y todos bien sabemos que no es mala l&mpara la duena en- ' 
cubridora de amorios desordenados y de robos con escala- 
mientos. ^ Quien no sabe, ademas, que el brillo de la luna es 
prestado como el blanco y cannin de D.* Elvira, es decir, la 
cascarilla y el arrebol de Pepita ? Ajustemos cuentas, y al ca- 
bo encontraremos que la mayor paHe de las cosas que se ha- 
cen de noche no son buenas, porque contrarian 4 la naturar 
leza. La noche se hizo para dormir ünicamente. Son escepcion 
de esta regia los que la emplean ademas en roncar, que como 
cualidad inofensiva se permite con privilegio esclusivo a los 
gordos y a los cerdos. 

Con tales ideas en la cabeza, y la cabeza embutida en almo- 
hadas de pluma, que por ser de ganso mspiran 6, los escritores, 
h^teme que una de estas noches paladas me encuentro des- 
pierto % alborotado por mi amigo Ruiz para que visitasemos & 
Broadway por la noche. Mi amigo Ruiz es un hombre de los 
mas exigentes, porque lo hace todo con tanta voluntad, y pide 
oon tanto modo y tanto aquel, que no es posible decirle que 
no. Esa mismlsima razou me da para quererlo una muchacha 
que se muere por 61. 

— Pero, hombre, y qu6 va V. k buscar & Broadway por la 
noche ? Alguna de las tentaciones «que con cara de fiambr,e y 
obras de sei^iente recorren esa Babilonia, como zorras que sa- 
Icn despues de oscurecer a caza de los . pollos del vecindario? 

— ^Dios me libre I contestö Ruiz ; para eso me quedaria en 
mi casa, 6 en la de Mercedes. 

— Pues h&game la de deciime si va k comprar en las tiendas 
& la hora que todos los gatos son pardos? 

— Qu6 comprar, si nada necesito ? 

— ^Pues entondbs? 



234 

— ^Entonces, si V. no lo Ucva i mal, quicro qae me enseiie 
y. algunofl teatros. Digo, bI Y. no tiene en qae matar la no 
che. 

— ^En qu^ matarla ? Paes no se me aeosari nimca de im no- 
chicidio. Yo la gozo 7 deseo qne se oonseire. 

— ^Y no quiere gozarla fb^ra de techo ? 

— A V. no sabe nno decirle iVb. Vamos alla y sea esta nna 
escepciou sin ejemplo, que se esplicar& por la natural coriosi 
dad de Y., como viajero, de conocer el pais en todas sus ßices. 

Nos dimos el brazo 7 entramos, principiando por lo alto, en 
la Academia de Müsica. 

— ^Altisonante nombre ! dijo Ruiz, altisonante para nn teatro 
de 6pera. .... 

— Cuando la hay, aiiadf 70, 7 mas altisonante^ porqne no 
fiiempre es de 6pera sola. Ahora mismo se estan dando foncio- 
nes de prestidigitacion. 

— ^Hermann ! Es nn acadcmico perfecto en sn gdnero* 

— Sacedi6 & im chapuceib en el locaL 

— Pero Hermann, como Napoleon, ni tiene padres ni tiene 
hijos. 

— ^A qn6 Napoleon alnde Y? Porqne ha de saber Y., qne el 
chiquirritin del empresario qne ha alqnilado el loeal, se llama 
Napoleon. 

— UUman, qnerr& V. deoir. 

•^Asi se llamaba sn padre ; pero €1 ha sido rebantizado. 

— Si me dicen que es nebreo I 

—Los periödioos de Nuera York lo convirtieron en Napo- 
leon el Chico desde que ech6 del teatro & un periodista. 

— Yseconvirtiö? 

— XTsted lo juzgar& mejor entrando. 

La taijeta de entrada decia qne los directores, accionistas, 
artistas italianos 7 empleados de la Academia daban a Mr. 
UUman dos beneficios con objeto de habilitarle para sn viaje a 
Europa en busca de una compania de cantantes. 

Los directores 7 accionistas de la Academia son ricachos 
bien conoddos 7 asl se cnran ellos de ella como del gran turco. 
La prhnera noticia que tuvieron de su generosidad fiie'el reci 
bo inesperado de veinte entradas cada uno, que Ullman les 
enviaba para hacerles sabedores del beneficio 7 para dbtribuir- 
las entre sus amigos, mediante un subsidio racional. 

— Quiere decir, interrumpio Ruiz, que XJUman hace saber & 
los directores 7 accionistas que ellos le dan 4 3 un beneficio de 



235 

6pera, precisamente cuando no ha habido teinporada 7 oi si 
quiera les pasaba por la imaginacion que pudiese Laberia. 
— ^Precisamente. UUman conoce k su püblico y sabe qu« 

con buenos modos 

— Ya. 

— ^En cuanto k los artistas italianos de la Academia que di 
oe la papeleta, no los eonoce nadie, pnes la Academia ni man- 
tiene acad6micos ni tiene aitistas. Bon un mito y nada mas. 
Brignoli se ha ciudadanizado en Nueva York hasta el pmito 
de correr a caballo por el Parque Central, comer ostras y be- 
ber largerhier. La Hinckley y la Kellogg estan hablando in- 
gl68 con solo'deeir SU nombre; son tan ciudadanas como el 
aleman que representa k los Estados Unidos en Madrid. Man- 
ousi es barftono ademas de italiano ; pero no conoce la Acade- 
mia, puesto que lo anuncian como novedad. Quedan los coris- 
tas, gente del pueblo que no ha aspirado nunca k ser italiana 
ni acadcmica. 

— ^Pero hombre, y asf se micnte ? 

— Bamum ha dicho : mientras mas imposible parece la men- 
tira) mas concun'encia atrae. Y Bamum es uno de los siete sa- 
bios de esta Grecia. 

Subio el telon y aparecieron los artistas italianos "de la Aca- 
demia" dandonos Un JSaUo in Mascheray 6pera que toma su 
nombre del acto final .como los castores que se caliücan por la 
forma del rabo. Paso en silencio las opiniones de Ruiz sobre 
la arquitectuYÄ y omamentacion del teatro, sobre los italiancs 
y SU canto y sobre la concurrencia que era numerosfsima, se- 
gun eonviene k un beneficiado populär y que Hera nombre tan 
alto. Las opiniones dichas al oido son sagradas. Pero no pue- 
do callar que en las paredes del teatro habia un cartel anun- 
ciando que por muchos empenos se habia decidido el beneficia- 
do k la repeticion de la misma 6pera, es decir, k aceptar otro 
beneficio. 
— ^Estar& oonvertido? le preguntß k Ruiz. 
En cuanto k la ejecueion de Ü?i Ballo in Masc/iera asegu- 
ran los periodicos que estuvo mucho mejor que la primera vez 
que se di6 esta 6pera un ano hace, por la superioridad de to- 
dos los cantantes del actual cartelo^ a saber: Tenor: entonces 
lo era Brignoli y ahora lo es Brignoli. Prima donna : Madame 
Colson canto admirablemente y ahora canta Miss Kellogg que 
"es principiante y no debe esponer su voz k los embates de la 
müsica de Yerdi.'' Otra prima donna : Miss Hinckley que can- 



230 

m 

t6 la primera vez, canta ahora la segunda ; pero esta actriz es 
mejor que aquella y. . . digo que es mejor, porque lo dice el 
peiiödico. El mumo periodico recuerdad Fem con dolor y cree 
que Mancusi promete, lo cual hace el que no da. Los demas 
cantantes, coros etc. son los de siempre. Recapitulemos : todas 
las partes de la oompaiiia son las mismas, menos Miss Kellogg 
que se confiesa inferior 4 Mme. Colson ; luego, la compailia es 
mt«ysuperior, segun dice el periodico y el publice lo cree. 

Ullman se frotaba las manos al conteraplar la concurtencia 
y se reia con media cara y cierto sonido parecido 4 las articu- 
laciones del hebreo, que dice Hayne remedan el tic-tac de un 
rel6 en la mesa de un prestamista sobre prenUis. AI verle la 
cara en aquel momento supremo, Ruiz se convenci6 de que el 
Mesias habia llegado para 61 aquella nocbe de beneücio gratoi- 
to. El anuncio de que se repetia la i^ncion llevö al colmo la 
admiracion de Ruiz. — ^^ Y lLabr4 en el mundo qui6n no tenga 
por credulos 4 los americanos ? me decia. 

— ^Eso no, le oonteste, la conourrencia no es toda de ameri- 
canos ; hay en ella muchos ciertamente ; pero la gran mayoiia 
la que decidiria en un dia de voto universal, se compone de 
estrangeros; mucho franc^s, mucbo espanol, mucho italiano, mu- 
mucho aleraan ; pero sobre todo, mucho franc6s y mucho espaiiol. 

AI salir del teatro nos dirijimos Ruiz y yo 4 la Maiso7i J)(h 
r&e^ restaurant que Monsieur Martin, de California, ha bautir 
zado en galiparla, al mismo tiempo que 41 se haee llamar Mar- 
tinez, para rendir homenaje 4 la mayoria de la poblacion flo- 
tante que frecuenta la öpera y los restaurants. El seflor Mar* 
tinez ha establecido la Maison Doree junto 4 la Academia. 
Esta escita el apetito y aquella lo satisface ; la buena müsica, 
aun escamoteada, la buena mesa, aun sin dorar, han sido siem- 
pre socias comanditarias para los oidos y los estomagos.bien 
nacidos. La observacion es de Ruiz que me prob6 ser tan buen 
discipulo de Apolo como de Ganimedes y de aquel Anfitrion 
4 quien Jupiter hizo la mala obra que todos conocen. Nues* 
tros coraentarios de aquella noche* cmitaöile fueron honrosa. 
mente sepultados con acompanamiento de faisanes y salvas de 
champaila. Eso y la buena compaiiia de mi amigo no impidie- 
ron que al reoogerme entre sabanas dejase de pensar que ha- 
bia perdido tres horas de sueiio y tres dias por lo menos de los 
que me restarian sin la ,trasnochada, los cuales senti con tanta 
fuerza como el emperador romano que no habia hecho antes 
de acostarse ningun beneficio (sin alusion al impteaano.) 



( 

j 



237 

A la noche siguiente Ruiz en casa. No abra V. nunca la 
puerta a un abuso, porque por un portillo sale todo el ganado. 
Volvimos ä Broadway en busca de teatros. Mi araigo se era- 
peno ea coiiooer todos los de Nueva York, acaso para juzgar de 
la literatura y del gusto dramätioodeesta ciudad que hapues- 
to raostrador en Wall street y Corona un dia al Rey Algodon 
para destronarlo al siguiente y pasar el cetro al Rey Cereal. 

Wallack tiene & poea distancia de la Academia el teatro que 
lleva SU norabre. No es Academia ni esouela, sino mondo y li- 
rondo el Teatro de Wallack, como la iglesia de la calle 10* en 
la Quinta Avpnida es la iglesia del Doctor Smith y la de la ca- 
lle 15* en la pl^a de la Union es la iglesia del Doctor Che- 
ever, tal vez porque estos Doctores tratan en susiglesias mas 
de sus opiniones que de Dios. Pero Wallack no trata de si 
mismo en su lindisimo teatro, sino de agradar y complacer a 
eu publice, que es un püblico especiaL Para entrar en aquel lo- 
cal se necesita tomar billete con una semana de anticipacion 6 
pertenecer k la comunidad periodistica 6 teuer amigos Intimos 
detras de bastidores. La segunda de estas circunstancias nos 
proporciono asientos y estuvimos todo un acto oyendo las pa- 
labras de una comedia francesä, puesta en ingl^s por el autor 
del drama. Un acto bastaba ä Ruiz para juzgar la representa- 
cion, ver lo Ueno del local y apuntar en su cartera : "Wallack 
tiene un bonito teatro donde se dan comedias francesas en in- . 
gles por actores que desempeüan bien sus papeles ; bien, en el 
sentido ingl6s, algo estirado y doctrinario. Pero " 

Lo demas no pude leerlo^ porque un caballero que pasaba 
juato ä mi, acertö ä ponerme el' pi6 sobre un callo y me hizo 
Ter chispas en lugar de lo que Ruiz escribia. Aguardo la pu- 
blicacion de sus apuntes de viaje para continuar la fräse. 

El ruido de catarata con que ä todas horas ensordece Broad- 
way ä los que transitan por el, no me dejö tampoco pregun- 
tarle nada. 

Detüveme fi-ente & un s6tano. 

— <j Va V. a enterrarse.? me pregunt6 Ruiz. 

— i No quiere V. ir a teatros ? Pues aqui hay uno. 

— i Aqui, en un sötano ? 
^- Como V. lo oye, 

Bajamos no sin que nuestras cabezas hubiesen de pedir per- 

miso al umbral de la puerta y' nos encontramos ( n una atmos- 

fera de humo de mal tabaco. Soy fumador de lo bueno ; pero 

reo que el humo cigarresco se hizo para la atmosfera del cie« 



238 

lo qne lo disoelve, despnct^ qae las fosas nasales y todo el apa- 
rato respiratorio lo hau eaborado. Aqnella atmösfera subterrir 
nea era como me saelen pintar la de Löndres en inTiema 
Despues de aeostumbrados los ojos se veian luoes y mas tarde 
hombres sentados jnnto & mesitas en las que babia c^taros 
de oerveza, pipas j puntas de tabaco. AI lado d« los hombres 
estaban en pie 6 sentadas nnas que tal vez fheroo mnjeres ; 
& la sazon mas parecian colebras qne cambian de piel, res- 
to8 de meretrices, escoria de algo qne en sn tiempo debi6 ser 
malo y qne ya pasa de lo insoportable. Sns prendxdos y ioca- 
dos querian ser nna intentona contra la Injuria; pcro imposi- 
ble! aquellos carapaebos abandonados hasta pdtlos buitres, 
mas que de formas hnmanas tenian la apariencia de los espeo- 
tros que los poetas alemanes idearon despues de nn proftmdo 
estudio de la anatomia. Los hombres qne jnnto a aquellos ani- 
males estaban, eran alemanes los mas ; tal vez estndiaban. Ea 
nna especie de proscenio habia un piano chillon, tocado por 
uno tambien aleman, tan serio como si no tuviese ojos, y en el 
proscenio un negro, vivo y efectivo 6 remedado, que tocaba 
los kuesos^ castaneta absurda que finje el souido de las coynn* 
turas de un esqueleto. Aquel repique con el del piano disoor- 
daba mas qne una charanga chinesca. Pero todo se corres- 
pondia. 

Sent&monos jnnto & nna mesa, y nna de las sirvientas se nos 
acerc6, püsose de codos sobre la mesa (sus brazos eran dos rar 
mas de la higuera maldita, k trav6s de los cuales se veia el de- 
|f erto) y nos preguntö qu6 queriamos. Nadie contestö & su son- 
risa de calavera ni ä su pregunta repugnante. Ruiz le alargö 
nna peseta y ambos nos levantamos ä un tiempo sin decir pa- 
labra. A la entrada de aquel infiemo habia un hombre tan serio 
como el pianista, que detras del mostrador despachaba lieores. 

— ^Y esto qu6 es? — ^mepregunt6 Ruiz cuando el aire libre le 
hizo recuperar la respiracion. 

— ^Un caf6 cantante k estilo de Paris. Hay de estos mas de 
20 en Broadway y un sinnümero en el Bowery y en Chattam 
y en la calle de Grand y en todas las calles. La policia cuida 
de que no haya des6rdenes en ellos. 

— Y no son ellos un desörden en sl ? 

— Oiga V., amigo Ruiz. La generacion actnal va de tr&nsi- 
to; el pueblo de hoy no ha pensado sino en acumular dinero, de- 
jando k las futuras generaciones el cuidado de fundar algo mas 
sölido. Observe Y. sus edificios, sus casas, sus templos, sus 



J 



2C9 

pnentes y caininos : lo oeoesario para el dia. Las ciudades Baoen 
eomo por eneanto; el ferrocarril las va haciendo como el tubo 
del cristalero que sopla y va poniendo a sus costados botella traB 
botella ; son lindas, pero fragiles. lofittnados por o^a parte oon 
la absoluta libertad individual respetan el abuso por no lastimar 
esa libertad qne hau hincbado como vejiga ftcS de reventar; 
no es mala pmeba de mi tiSsis el ftierte Lafayette,porejemplo. 
Los antecesores de esta generacioa que formaron una sociedad 
contando solo con ellos y para ellos solos, le di^ron todas las 
formas y hasta las apariencias de una independencia personal 
absc^uta: el matrimonio se disuelve con la misma presteza que 
cualquiera oontrato mercantil, y la mujer reina y gobiema en 
t'odos tiempos, edades y condidones. Vinieron luego los emi- 
grados, trajeron de ultramar sus costumbres y sus vicios, lo 
mismo que sus virtudes. Estas se han encerrado con las virtu- 
des nacionales en el hogar dom^stico, santuario que Y. ha vi- 
sitado y admirado. Qui^n no lo admiraria ? Los vicios han sa- 
lido & la calle y Y. se escahdaliza.al verlos en toda su fea des- 
nudez, semi-ocultos en los sötanos que respiran esos miasmas de 
que estan saturadas las aceras. 

—Pero Y. disculpa 

— No disculpo; esplico. Para que el asombro de Y. llegue 
mas alto, le dir6 que el recarder Hoffinan, juez del Tribunal de 
Sesiones Generales, acaba decidir — ^y aquf las decisiones ante- 
riores hacen ley, se juzga por fazanas-— que una disorderly 
Tiouae 6 sea una casa de des6rden, como la que hemos visto y to- 
das las demas que Y. imagine, no es una ofensa piiblica digna 
de castigo por autoridad de la justicia (1). 

— ^Que horrorl • 

— ^Preguntaba Y. hace nada los orfgenes de esta tremenda re- 
volucion que atravesamos. Piense Y. un poco en la degenera- 
cion social y anada las consideraciones faciles de compreoder 
que de ella se desprenden & las causas pollticas que han venido 
desarrolländose de veinte 6 treinta afios adi, y le serä preciso 
ooncluir que la revoluclon ha sido tan necesaria como la esplo- 
sion de una caldera gastada en algunos de sus fondos, al impul- 
80 de la gran presion del vapor. La revolucion, si no se prolon- 
ga demasiado, regenerard la sociedad; si se prolonga, Dios nos 
considere con ojos de misericordia« 

(1) Causa de El ptbllco contra Cliristlaii Bosenzweig por tener casa de desörden 
Oct.92del861. 
R]i-NoTA.~La legislatnra prohiblö los cafte cantantes por inmoralea. 
Tm-NoTA.—Lo8 cafi^B ae qnltaroa el nontbre ; pero Tivea 1 



240 

Ruiz me hizo mnchas reflexiones mas sabias y mas profan- 
das .que las mias 7 dichas con el descüido razonado, propio de' 
Bu modestia, hasta que Uegamos al Teatro de Biyant. Alll 
trabaja una compania de " artistas " minatrels 6 ministriles, 
5uyo objeto es imitar las costurabres, los modales y el idioma 
de los africanos libertos del Sur. El teatro esta mas atestado 
de gente que la Academia y que el de Wallack. Prueba de 
que el gönero gusta al püblico, y si no basta, ahi estan seis 
ii ocho salones'con bastidores, llamados teatros, en los que se 
repiten las mismas escenas. Todos ellos estan llenos. 

— Si el teatro es la escuela de las eostumbres, me dijo Ruiz, 
estos mamarrachos debian desaparecer. 

— Gada dia aumentan, cada dia apareoen como los bongos 
despues de una Uuvia, nueva^ companias de ministriles cuyas 
fiestas son mas concurridas, repito, que la 6pera, que el drama 
de Wallack y que euantos mas se presenten ä disputar ä esta 
*.* institucion nacional " el favor del püblico. Lo sublime del 
grotesco y de la ohöcarreria que dan los ministriles, agrada 
mas que cuantas escenas han inventado la imaginacion y el 
arte. La opera se ha constituido en divergion casual ; pero los 
ministriles son nacionales, verdadevamente nacionales como 
Yankee Doodle y sus macarrones. 

Ruik; m encogio de hombros y nos ßalimos poique Bryant 
no le hizo gracia. 

Laura Keene da Loa Siete Hermanos despues de haber 
dado durante un auo Loa Siete Jlermana^. Lue^ nos dari 
^os Siete Hijos 6 Loa Siete Padrea^ ü otros siete parientes 
en mayor 6 menor grado de consanguinidad y en los cuales 
habrä. mas concurrencia de la metropoli que en los siete peca- 
dos mortales, ä pesar de las siete tentaciones que cada uno de 
estos encierra. No he encontrado nunca yo pecador las de los 
dialogos incoherentes de Laura Keene, en que se piincipia en 
el infiemo y se acaba en un lagq como el jardin de las Hespe- 
rides despues de haber pasado por todas las calles de Nueva 
York, por todos los cataclismos y peripecias mas descabella- 
das, y oido k los personajes del dia en la gran escena del 
mundo, lord Palmerston, Napoleon, el general Scott, el gone- 
ral McClellan, Mr. Lincoln, un negro de Luisiana (personaje 
obligado) y cuanto el delirio de un febricitante pudiera haber 
aglomerado en sucesion confusa y disparatada, sin traba ni ar- 
gumento de ninguna especie, para entretener al respetable 
püblico y & lor) hijo9 de tan buen sen(»* que tienen dos peseta« 



241 

en el bolsillo y no saben c6mo matar el tiempo, acaso porque 
no'tienen una cama sibarltica como la mia. Laura Keene (Ja 
todas kis noches un conjunto de despropositos reunidos, rema- 
tado con un final de fuegos de Bengala y de maquinaria con 
bastidores de encantamentos en escena que el publice hace re- 
petir. Asistir & semejante farandula toda una noche es imposi- 
ble para quien no quiera aborrecer la escena dramätica toda 
8U vida. ^ 

— Y como hay genta que lo aguante ? pregunto Ruiz. 

— ^Porque todos quieren " ver* la escena final que es tan 
linda," es la disculpa general. Y Laura Keene que lo sabe, 
atropella por todo liasta la consabida escena de las hadas. 

— Pues, senor, ä otro teatro. 

— Winter Garden ! 

— El Jardin de Inviemo ! Pero si estamos en otono y hace 
calor ! 

— Precisamente. El nombre atrae al püblico. En ese teatro 
nos di6 Rachel v einte soir^^es draraäticas, las ültimas, las mejo- 
res, como que con ellas rindiö su diviua joniada ; fueron el 
canto del cisne moribundo. 

— Pobre Rachel ! La ol en* Paris y la vi en la Habana. 

— Despues conipr6 Burton el teatro y lo consagrö & Momo, 
& las comedias que 61 representaba. Es cierto que todas ellas 
participaban un poco del gusta especial de D. Ramon de la 
Cruz ; pero en boca de Burton sabian ä las de Breton y Ven- 
tura de la Vega en boca y brazos de Guzman. Rachel no nece- 
sitaba sino de actores secundarios que repitiesen su papel ä fin 
de continuar ella el suyo inimitable. (No conozco ä la Ristori.) 
Burton era lo misrao ; 61 solo Uenaba el teatro y en su Toodlea 
no habia sino Burton, y en sus Cien Coatureraa solo Burton. 
Muriö y con 61 su teatro, donde se representa hoy una Cinder- 
reUa 6 Cenicienta que es otro imposible dramatico. "La belll- 
sima y brillante'^ Senora Wood, como la denomina el cartel, 
es una actriz de conciencia que representa bien, canta muy mal 
y baila peor ; k su edad ya no se baila sino en salones que esten 
bajo el nivel de la calle. Y ella canta sin voz y baila sin arte 
sobre dos piernazas que el publice aplaude tal vez por amor al 
arte. . . . del estatuario. Los demas actores nunca habian can- 
tado hasta que a la Empresa se le ocurriö probar si el pü- 
blico tendria oidos y prob6 todo lo que quiso, menos lo del 
oido. 

— ^En rosÄmen, una CindereUa de trointa y pico que baÜA 

13 



9i2 

en los treinte y canta en el pico, cantores quo no tiencn fe- 
cha eh? 

— Y decoraciones doradas y fuegos de Bengala. 

— ^Pues & casa 6 ä La Maison Dor6e que esta mejor surtida , 
que las decoraciones, segun Y. se esplica. 

— ^Podria Uevarlo 4 V. al Bowery y & otras partes donde se 
exhiben animales sabios, pero no s£ si alll se exhiben los maes- 
tros ö los discfpulos, porque ninguno de ellos (hablo de los dos) 
pertenece & la escuela de DonettL • 

— Doy la merced por recibida. 
• — ^Tambien, si V. quiere, iremos & los Tableaux Tivants; 

pero le advieii;o que se paga 25 centavos de entrada y tres pe- 
sos detras de bastidores. No hay nada alli que compita con 
Keller, & quien, dir^ 4e {)aso, acribill6 la prensa de esta cindad 
por SU adinirable imitacion del Descendimiento de Rafael. 

— Pues & la Maison Dorße. 

T oenamos ostras al rescoldo con aceitunas castellanas y vi- 
wo de Valdepefias. 

— Y ä d6nde yamos abora ? me pregunt6 Ruiz con malicia. 
^ — Yo & la cama, que si la sigo descuidando por los teatros 

de Nueva York, van & endurecßrseme los colchones. 

— Cuando no se resfrien, anadio el picaron encendiendo un 
puro. 

— Volveremos manana, amigo Ruiz? 

— No & los teatros de Nueva York. 

Aquella noche son6 que estaban asesinando entre muchos a 
un hombre coronado de laureles. ^ Si ser& algun rebelde cogido 
en el Potomac? me pregunt6. 

— T^Iuera Shakespeare I gritaba la turba. 

ÜUman mö eusenaba los dientes y me miraba con los ojos 
bizooB. 



l 



843 



EL AMOR DE EST08 DIAS. 

" SsaB flores te remito 
Qne al acaso recogf 
JErUre loa ßoret ma* raroM 
Que 66 dan en mi Jardln.** . 
MsBT— £< Bouquet, 

La menuda lluvia qne est& cajendo sobre la tierra, como 
las lagrimas del cielo, jiresicnte la desolacion con qne dl in- 
Tietno la amenaza. Las hojas de los &rboles no han caido 
todas ; aim quedan algunas apegadas 6 las ramas como los 
viejos & la vida y que antes de desprenderse y convertirse en 
polvo kaoen los esfuerzos de la desesperaoion. El viento va 
cambiando al Norte y sacude los drboles* con fnria. Ya viene 
el inviemo— el espanto del pobre que no tiene trabajo, que 
carece de abrigo, k quien falta el pan y sobran los hijos, si los 
bijos pueden sobrar & ninguii corazon paternal. El allirife se 
apresura & poner' los Ultimos coronamientos al palacio de los 
principes del comercio, porqne entrado el frio le sera impo- 
sible continnar la obra. En la arquitectura y en el amor el 
frio impide igualmente la cohesion y la amalgama. Ya viene 
el uiviemo. ^Qu6 har& el pobre artesano, que el jomalero, la 
costurera, tantos necesitados ' que yiven con el dia, cuando el 
dia est^ helado y por entre el rasgado colchon de paja se 
cuele el cierzo que mata los pulmones y produce muerte de 
lenta agonia? — Gracias, Dios mio, porque mi bodega esti 
Ilena y en mi s6tano bay pilas de'carbon que templaran el 
aire de las nieves cuando mis hijos abran la boca para son- 
reirme I Pero el pobre, el menesteroso de todo, el deshere- 
dado ? 

Los cristales da la yentana sudaban lagrimas por causa de 
la temperatura superior de la antesala, y el viento sacudia con 
mas fuerza las ventanas, haciendo al mismo tiempo silbar los 
alambres del tel^grafo que pasan por la acera, Serpientes que 
amenazan con esos silbos de guerra, conductores del rayo que 
estalla en Leesburg hoy, manana un poco mas lejos, despues 
aqui, entre nosotros. Mi gato negro se enarcö chispeando por 
cada uno de sus erizados pelos; sus ojos amarillos brillaron 
mas que de costumbre. El animal se sacudia agitado por una 
sensacion penosa. La electricidad impregnaba la atmosfera ; 
yo habria podido encender el gas con la punta de los dedos, 
El cielo era de plomo y su media oscuridad agradable & loa 



244 

pupilas cansadas. La luz las haria dolcr. Otra r&faga mas 
liierte hizo cinibrar el asta de bandera con que mivecino 
pnicba SU patriotismo en los grandcs dias. La bandera se hizo 
girones y senti el calofrio de los malos augarios 

Una mano regordeta, enana, j suave oomo bola de algodon, 
pos&ndose sobre mi espalda, me arranc6 de la c<»itemplacion 
de la toimenta. 

— Susini 86 ha casadol— dijo nna voz que conoce muy biea 
el Qamino de mi corazon. 

— I Susini! — repeti maquinalmcnte — el artista? 

•— «I. 

— Quiero decir, oontinn^ mas en ml, el afamado artlfice de 
ia Habana & quien dcben los estudiantes de todo el mundo 
7 los fumadores profcsionales mas-finiiciones que las que son 
de contar. 

— Siempre con el cigarro I me replic6 Sofia contemplan- 
dome con la lastima que da todo el que tiene una idea fija 
6 con la complacencia que inspira ä una alma bien puesta ver 
gozar & los demas. Siempre con el buen cigarro y con Su- 
sini 

— Ideas inseparables. Pero de qu6 Susini me hablas en- 
tonces ? 

— Del artista de la Academia. 

— Como no sabia que la Academia tuviese mas artistas que 
Ullman, el artista de hacer dinero. . . • • 

— ^Pues Susini el husso. 

— Sea en hora buena y el Senor lo haya cogido en carrera 
de salvacion. 

La notieia no es mala. Susini se ha casado. No s^ con 
quicn, porque todavia no me lo ha comimicado Sofia. Puesto 
que no hay 6pera y la Academia est4 oerrada sin esperanzas 
hasta despues de la guerra, no se puede cantar, y para estars« 
4 solas punto en boca, mejor es casarse y trinar k duo. Susini 

ha descubierto la piedra de toque Iba 4 decir la filoso- 

fal ; pero es una piedra de que se abusa mas que de la del 
escandalo. 

— Conque se cas6 Susini? y con quidnf 

—Con miss Hinckley. 

— Ola ! Dios los cria y ellos se juntan. 

— ^Y estan los habitues de la 6pera locos con el matrimonio. 
\f^u& linda pareja! Susini tan caballero, buen mozo, noble 
como todos los canarios italianos, oorwel j ba^o absoluto. 



245 

Ella j6ven y linda como una manzana de primera cosecha, 
prima donna, graciosa j pobre. Santa Cecilia 6 el romanti- 
cismo en accion. Si no te basta, aiiadire que se ha convertido 
al catolicismo, de manera que para ser prima domia italiana 
no le Mta iii mia coma El Papa no la rechazaria, 

— ^Madame Susini 

— La signora Susini, que canta bien, es jöyen, bonita, cat6- 

lica y 

— Coronela I 

»— • 

— ^Viva Isabel! "Vlval Hurrah I 

Esta es la tinica noticia teatral que puedo enviar en cl 
oorreo y la aprovecho de mil amores con el ahinco del aho- 
gado que alcanza una tabla. Los Sres. de Susini fueron a pa-» 
sar SU luna de miel ä Filadelfia, la ciudad del BrotJierly Love^ 
(amor de hermano), que dicen los cudqueros, y que los novios 
haran del amor de amantes ; porque ni Pablo y Virginia lo 
8on mas, segun las cronicas de la Quinta Avenida, que cl eo- 
ronel Susini y su nueva companera. La historia de Isabella es 
interesante ; hu6rfana desde su mas tierna edad, erecio sin 
otro apoyo que el escaso que podia darle su madre. La buena 
seiiora conociö sin embargo el valor de la joya que le habia 
dejado el cielo en su viudez 6 hizo sacrificios para cultivar 
aquella voz con que Isabella habria de hacer fortuna. Fue a 
Italia con su hija, la mantuvo en Europa hasta que pudo y (el 
mayor de los triunfos) consiguiö en Nueva York que el em- 
presario la aceptase para debitlar.' Es verdad que el empre- 
saria no tenia entonces prima donna disponible, porque Mme 
Colson se mostraba asaz exigente en las escalas aritmeticas 
y habia jurado sostener el calderon hasta que el otro le argen- 
tase un poco la garganta. Isabella fu4 aplaudida y en su debut 
conquist6 dos Coronas : una de rosas que le arrojö el püblico 
% las tablas, otra de azahares que el venccdor en Solferino 
y en Magenta le depar6 desde entonces oculta en su corazon. 
La obra est4 consumada y la Union ha perdido uno de sus 
gilgueros que pasa & Italia por derecho de conquista. Diran 
despues que la Union es mvulnerable euando un coronel pere- 
grino sabe descubrirle el talon. 

El inviemo se ha reputado sierapre la €poca de los matrimo- 
nios. Siendo la estacion fiia la de las fiestas y goces de pucr- 
tas adentro, porque de puertas afuera estä la nieve, el matii- 
monio, que es de las pnmeras iiestas y de las mejores de la 
vida, ocupa el lugar que merece, y asi las promesas de verano 



I 



I 



I 



■ 24G 

se pagan todas en inviemo. Mr. Frank Stuart, de Williams- 
burg, no concuniö tal vez ä los paseos campestres en el mes 
dte julio, no estuvo en Saratoga, en Newport, ni en el Niaga- 
ra, 6 si estuvo perdiö miserablemente su tiempo y bu dinero, 
porque volviö ä ßu pueblo tan solo como habia salido. Sintien- 
do el frio que ya pica y observando que por los pevlSdicos se 
piden maridos y mujeres cuando se necesita provision, ha acu- 
dido ä este remedio heröico, 6 de heroes, que debe sortir su 
efecto cuando asi se repite. Hace pocas mananas que se nos 
presentö con \m aviso, cuya modestia es inmaculada : 

WANTED-A eitoation as 8(m4n4aw, in some respectable fiimily. Ko ob- 
jections to going a short distance into the conntry. For reference and par- 
ticulars, adress FRANK STUART, Post-Office, Williamsburg, N. Y. 

"Se solicita nna colocacion como yemo en nna familla respetable. No ae- 
r& obstäcnlo Ir al campo k poca distancia. Para mas pormenores ocürraso 
por escrito & Frank Stuart, correo de Williamsburg." 

La colocacion que solicita este caballero (pcrdone si le ca- 
lunmio) es de las mas agradables, y como quiera que 61^ ade- 
mas de Ilamarse Fi-ank procede con cuanta franqueza pudiera 
ecsigirsele por el suegro mas descontentadizo, no hay porque 
echarle en cara que viene enganando 4 nadle. La que conteste 
sabe de antemano que encontrarä marido. ^Cuantas se han 
llevado su palma al cielo por falta de ese adminfculo ! El sue- 
gro, 6 el que quiera serlo, no puede ecsigir a Mr. Frank sino 
que sea yemo. El no ha öblicitado ninguna otra colocacion. 
Sobre familia, antecedf^ntes, pane liccrando eto, nada, poroue 
61 no se compromete sino a ser yemo. Frank Stuart es una 
especie de principe aleman que (esta probado) son maridos es- 
celentes, aunque no son tampoco otra cosa. Pero algo es algo 
y, ^ por Ventura vale poco el hombre que da con su persona 
todo lo que posee en este mundo y todo lo que tal Tez tiene 
esperanzas de poseer ? ^ se pretende que sin £6 ni creencias 
pollticas, vaya, en lugar de buscar mujer k quien hacer feliz, 
en solicitud de una bala que le deje & oiillas del Potomac 6en 
medio de sus revueltas aguas cuando 61 no tiene vocacion sino 
para yemo ? 

"Conocete & Ü mismo," dice el precepto de lasabiduria y Frank 
Stuart da ä entender que merece la proteccion de todos loa 
hombres de bien cuando frenologicamente ha aceitado a des- 
cnbrirse el chichon mas sobresaliente que le regalo la natura- 
leza, Y qu6, ^es poco servir para yemo? Acaso liay muchoa 



147 

que puedan dedir otro tanto ? DesmiÄntalo quieii pueda desde 
Quevedo hasta el novio mas fresco de la presente campana. 
Frank Stuart es uno de los hombres mas dignos del martirolo- 
gio moderne, porque se confiesa con vocacjpn decidida para 
SU destino. ^Faltara qui6n le conteste? 

Indudablemente n6, escepto las muchachas de Indiana por 
casar que han jurado en el altar de la patria y bajo la sombra 
de la bandera de las estrellas no aceptar por amß,nte ä ningu- 
no que no haya tomado parte en la gueiTa, ni casarse con el 
hasta despues que esta haya teiminado. De donde se infiere 
que las indianesas se hallan tan bien avenidas con su solteria 
como desesperado Frank Stuart con la suya, y eso & tal estre- 
mo que, sm ser monjas, dan plazos capaces de ponerlas k ves- 
tir sdiitos y de estinguir en son apocallptico la futura genera- 
oion de indianesitas e indianesitos, con mas crueldad que He- 
rodes, pues el rey de Judea siquiera dej6 nacer & los ninos de 
Belen, mientras que las ninas de Indiana .... Yamos, dicho 
se esta hace muchos anos que la politica es el azote destruetor 
de la sociedad ; pero hasta el presente nunca fuera mejor pro- 
bado que con el juramento anti-nupcial de las Herodias unio- 
nistas 6 mejor dicho, antiunionistas. La comedia nos pinta 
siempre & las campesinas temblando al ver los bigotes de im 
granadero: 

"EstoB bigotes ciibri6 
La nleve dcl Moni Cenia, 
La pölvora de Anstcrlitz 
Tambien los eimegreci6»** 

Pero las doncellas de Indiana desean gente veterana con to- 
da preferencia. T cömo ? Con esclusion de otra alguna : piden 
marido como el centinela que no puede Uamar sino al cabo de 
guardia. £1 patriotismo ante todo, y cuando la guerra cese, 
todos los tuertos y mancos, cojos y de otras ' mil maneras es- 
tropeados tienen seguro asilo en Indiana, con tal que hayan 
estudiado un poco para descifrar los parte» del tel6grafo y sa- 
ber d6nde se di6 tal batalla y dönde fueron ellos heridos. Avi- 
so universal tan interesante para los hombres como el de Frank 
Stuart para las mujeres que no sean de Indiana ni de sus 
oontomos. 

La de John Heenan. . • . . • ^ Sabe mi lectora qui^n es ese 
personaje ? Si la memoria no le falta, recordara que John He- 
enan, 6 el Chico de Venecia, es un pugilista de profesion^ quie- 
re decir, an hombre que naci6 para romper narice« agenas y 



248 

desooTTintar brassos & otros profesores de su linaje qae qmeraii 
coinpetir con el a cual rompa mejor j mas en regia, con mas 
gracia y prontitud. Los aDglo-amencanos trajeron el spart i 
bordo de la JF'lor de Mayo cuando dcscmbarcaron en la roea 
monumental de Plymouth y lo trajeron, no robado ni & escon- 
didas, sino como legitima propiedad bien habida de Bus.papas 
los ingleses, que son dados desde el diluvio & arrimar trompis 
& todos los que quieran recibirlos y & algnnos mas. Andando 
los tiempos, Li cicncia del puno se sistematizo entre los primos 
de la America inglesa, como lo estaba ya en la madre patria 
y asi cual los espanoles gustan de toros, y nosotros sus hijitos 
gtistamos de novillos y gallos, asl los descendientes de los Pe- 
regrinos gustai'on del cerco y las punadas que los anglosajo- 
nes habian establecido inmediatamente dcspues de que echo 
la postiiraera boqueada el ultimo gladiator romano. Cnn- 
di6 la ciencia y se estableciö en Nueva York el Clipper^ dia- 
rio oficiäl que da cuenta de las peleas de ratones, perros y 
otros animales, incluso el hombre. No se fund6 Academia co- 
mo la de Müsica, porque la policia .por im resto de pftdor y 
por el qu6 diran y eso que se llama el bien parecer, se opuso 
& la fundacion del Templo de Hercules^ 6 Academia de la Fuer- 
za, 6 como la hubiesen llamado sus patronos. Pero, eso no obs- 
tante, las academias pnvadas se bicieron tan numerosas que 
el coronel Wilson pudo reclutar todo un regimiento de alum- 
nos laureados y graduados de bacbilleres, por lo menos, para 
la guerra actual, 6, los cuales tiene a buen recaudo en la isla 
de Santa Kosa, alla en la Florida. Descollö en la escuela John 
Heenan, matriculado cuyas punadas se bicieron tan sobresa- 
lientes que se convirtiö en el gallo del corral, 6 en Campeon 
de la Am6rica inglesa, sin permiso de George Washington ni 
de otras entidades de menor cuantia que habian hecho algo 
por conseguir fama. Florecia allende el mar en la misma ^po- 
oa que el **Campeon" otro guapote ingles de nombre Tom Sa- 
yOTS,a quien el de aca nopodiatolerar enpaciencia porque era 
de lo mas crudo, y un dia en que la sed de gloria atosigaba & 
Heenan, se metiö en un barco y se apareci6 en Inglaterra para 
desaüar al Bradamante britano. Todos sahen que el anglo- 
amerieano se le subio a las barbas ä su pap4 y que ya la banda 
de Campeon de Inglaterra iba k pasar el Atlantieo mas de Ve- 
ras que el telßgrafo submarino, cuando los pollos ingleses em- 
pezaron & gritar. La policia que hasta allf habia estado presen- 
oiando la rißa eon amore, saltö vallas y quitö & Heenan bu pre- 



249 

sa, conquistada en verdad i duras penas 6 & duros puüos. La 
reina del Reino Unido admitiö en audiencia & su propio Cam- 
peon 7 el de acä, mas enardecido que nimca, lo dcsafio a ßubir 
& la torre de Löndres para tomarse con €1 de niano j dar jnn- 
tos nn salto moilal hasta el suelo, 6 hasta donde se abriese la 
tierra pon su peso, ä fin de probar quien era mas guapo. El in- 
gl^s temio qne el forzndo elefante humano hiciese un agujero 
tan grande como para que los dos pndieran pasar sin inconve- 
Diente ni registro de aduanas al otro lado del globo, y se ne- 
gö ä aquella novcl espedicion & los antipodas. Hcenan se yoI- 
vi6 para la America con el rostro hecho un tomate, pero con 
mas orgullo que Napoleon (el viejo) despues de la refriega de 
Austerlitz. Este es el Heenan, destripaterrones 6 destripana- 
rices 7 rompebrazos, de cuya mujer empezaba a hablar ä Yds. 
coando por decir qui^n era ella, 

**8ali6me este partetesis mny largo. 

Cerrando el par^ntesis, la mujer de Heenan, al revös de las 
ninas ^n casar de Indiana, lo quiere por marido antes 7 des- 
pues de la guerra, que bueno es un pan en dos bocados 7 un 
congreso en dos sesiones. Ada Isaac Menken, personaje mito- 
16gico por SU piiincr nombre, hebraico por el segundo 7 ale- 
man puro por el tercero (con lo que huele al Bower7 6 la Cit6 

6 tiro de canon ra7ado) pretende probar al campeon de 
America que ella es tan su esposa 7 senora legltima como es 
cierto que los confederados son ho7 dueiios del Potumac, 

7 que la confederacion entre ella 7 el se hizo en buena le7 
7 despues de probar la hada & su Goliat que mas vale mana 
qne fuerza. Heenan se escrupuliza solo de oirlo decir 7 es- 
clama con sus pulmones de Estentor : 

Antee para mi entierro venga el cnra. 

Ahora bien, c6mo aconteoiö el fracaso ? Por desgracia de 
muchos, en este pais es mas fäcil casarse que enamorarse ; no 
queda duda alguna de que un hombre soltero cae por aqui mas 
seguramente que en ninguna otra parte, pues casa el cura, 
7 casa el juez, 7 casa el corregidor 7 el concejal (cuando no 
e8t& ocupado en otra caza), 7 casan los escribanos 7 el fiel de 
fechos 7 si Y. pone su nombre en un libro de hotel al lado del 
de cualquiera hija de Eva a quien convide para darle buenaö co» 
midas, 7 por descuido 6 inadvertencia 6 acaso por disimulo, llama 
Y. a la consabida por el mismo nombre del padre de Y., tan 



250 

casado quedaria como si lo fuese ante nnestra Santa Madre 
Iglesia con sus correspondientes proclamas, confesion, veludo- 
nes, esquela de convite, arroz, gallo muerto j lo demas que se 
nsa. Todo eso es verdad ; el matrimonio es una especie de 
sama, piojillo 6 lepra contagiosa, y bien & su costa lo saben 
algunos neöfitoB que por vivir de az&cares se han hecho de 
miel en estos trigos. Pero, suponiendo todo eso y doble mas, 
Heenan jura y rejura gordo, que no ha pasado por el trance 
y remate de la tal boda en ninguna de las mil y una forinas de 
la ley, pnes 61 no acostumbra dar la mano sino el puno, y si la 
tal hada se dejase abrazar portal, no quedaria de ella mas 
de lo que qucda de un eiervo dentro de las rosgas de un boa 
constrictor, pues ni Sanson ni el ejeroplo de Dalila le conven- 
oeria de lo contrario. 

John Heenan se halla tan inocente como la lugarena que no 
sabia cuando habia sido eso, y ha dado en la mania de escribir ol 
püblico sobre su no-matrimonio, imprimiendo proclamas como 
un general antes de ser derrotado. Vamos ä ver si la perfida 
fada consigue abusar de la inocencia del matamoros y si este 
es hombre tan capaz de haber dado el salto mortal como le 
hacia creer & Sayers desde la torre de L6ndre^ El sport se ha 
alarmado con la cuestion tribunalicia, y el Clipper^ que con- 
tiene las cartas de Heenan, se vende mas que la carta de des- 
pedida del general Scott. Gierte es que la ültuna se parece 
& una elegiai 

**T & loe> mnertoB y ä loB idoi 
Pertenecen los sadarios 
Ftuirrariod. 
T por premio los olvidos ; ** 

mientras que las cartas de Heenan estan Uenas del vigor y la 
fuerza de vida que se hacen 'sentir en la masa y hasta en los 
huesos del pueblo. 

En Filadelfia hubo la semana ultima un matrimonio diplo- 
mätico, 6 semi, entre el c6nsul ingl6s y una bella yankeecita 
que ha -sabido descubrir mejor que Mr. Seward y todos sus co- 
legas juntos el medio mas seguro de hacer con el ing]6s un 
tratado de alianza vitalicio sin temor al bloqueo ni 4 la escasez 
de algodon. Concurrieron & la interesante ceremonia todas las 
notabilidades de corbata blanca y guantes de color de perla 
que representan en Washington a la Europa entera y & una 
parte bien reducida de la America del Sur. 

El Espfritu Santo mueve sus alas en la capital. Cien liccn« 



251 

cias para matrimonio ha ospedido cl gobicmo en el mes de 
octubre, y si las muchachas de Indiana ee descuidan puede 
ser que las de Washington saqnen astilla 4 costillas de su pa- 
triotismo, porque el amor por la Union se ha desarroUado en 
los militares mas de lo qne ä ellas les convicne. En una sola 
Avenida — ^la de Massachusetts — se han casado trece "yno 
mas, dice el telegrama, porqne se han agotado las muchachas 
bonitas del vecindario." La mayor parte de los soldados 
acuartelados alli son ingleses, del principado de Gales, y bien 
Babida es la costumbre de aquella porcion de la Gran Bretana 
con los que mueren solteros : sus tumbas son sembradas con 
ruda, albahaca y zarza, como para defenderlos hasta despues 
de la mueite del contacto de las faldas. 

Tanta gana de casarse tienen los oficiales que no es mucha 
ningnna ponderacion. El teniente Leach, del regimiento 3* 
de Maine, cuyo teniente se Ilamaria en.espanol el Senor £ el 
Caballero Sanguijuela, sac6 de Bull Run una choquezuela en 
dos pedazos, nn ojo de menos y tres balas de mas dentro de 
una* pantorrilla, despues que la caballeria enemiga le pas6 por 
el cuerpo desojado. Vi\'i6 sin embargo y tuvo que retirarse 
& SU casa para remendarse lo mejor posible. Parecerfale & cual- 
quiera que el teniente Sanguijuela tenia bastante con lo reci- 
bido ; pero el hombre no es animal de escarmiento, y el seiior 
teniente se ha casado con una linda moza de Lewiston Falls 
donde las hay tan guapas que el que no cae tropieza, y de alii 
el nombre de Caidaa de Lewiston con que se envanece el 
lugar. Tuerto, manco y casado el teniente aun nodesdice de 
Bu casta y se ha vuexto & Virginia cou la degitridad d'j quo las 
balas no se meteran mas con el,* porque ya lo conocen.^ 
• En la compania en que &\ sirve se ha descubierto una mu- 
chacha que sent6 plaza en Lewiston y se ha batido en los iil- 
timos tres meses cuantas ocasiones ha sido preciso. Todos sus 
camaradas querian mucho al soldadito porque hacia muy 
bien el puchero y pcgaba botones y surcia como una profe- 
Bora. Pero al üinico ojo del teniente cojo no podia ocultarsele 
una mujer. ^Como se figuran Vds. que la descubiö ? — ^^Por el 
pelo ? Lo tenia cortado. — ^Por las formas arrondies ? Vestia 
pantalon de zuayo que Ueva mas pliegues que un fustan. — 
Por el pi£? Era patona. — ^Por lavoz? Era contralto. — Por 
qn4 entonces ? Porque tratö de sacarse los pantalones por en« 
cima de la cabeza. 



252 



Sobrfc GOTTSCHALK (Lais Morea«.) 

Ilace poco recordaba yo en un Totilimundi que yo solo ret 
cuerdo, el dicho sentencioso de Tassara : "El genio es la fata- 
lidad." Hoy se me vuelve 6 presentar ese "letrero en la pared" 
al escribir el nombre que es preciso deletrear antes de ponerlo 
de corrido. Miren Vds., es un nombre trabajoso de escribir y 
yo tengo con el propietario bastante intimidad para Uamarle 
Moreau 6 Luis, 6 tu, 6 cualquiera cosa, pues 61 siempre y de 
todas maneras me responde. No es calumniar al amo de ese 
nombre decir qne 61 mismo no lo sabe escnbir * entre los innu- 
merables papeles sueltos que tengo sobre la mesa, entre recor- 
tes de periodicos, poesias ineditas, articulos empezados, Totili- 
mundis sin concluir, cuentas del sastre, apuntes para la bisto- 
ria, cartas de mi madre, reeibos de escencion de milicia^ süpli 
oas para que escriba biombos, epfstolas oratorias e ttUti (ftian 
ti^ hay papelitos garabateados que cualquiera diria son obra 
de los generalitos "Beauregard" y "Scott," si no fuese porque 
k la segunda vista, como gerogllficos giiegos 6 letra de Heine, 
revelan pensamientos que no caben todavia en la'cabeza de los 
hcrederos de mis plumas embadumadas de tinta y de mi po- 
breza honrada. 

Entre eaos papelitos egipcios, griegos 6 camulcos bay nnga- 
rabato mas prominente que los demas, el cual va acompanado 
por una esplicacion que yo solo puedo descifrar, yo que he si- 
doescribanopüblico. Dice: "Esto, (es decir, el garabato) quie- 
re significar Abd-el-Kader, ü Ollendorf, 6 Napoleon, segun 
se le antoje al lector ver en ^l'uno de esos tres nombres. Alos 
que saben descifrar mis geroglfficos, patas de mosca, no nece- 
sito decirles lo que significa L. M. Gottscualk. — Chicago ä la 
media noche del 18 de abril." 

El nombre del corresponsal esta escrito con letras que reme- 
dan las de molde y cuando 61 mismo confiesa que sus patas de 
mosca son geroglfficos, no hay que someterlo k la rueda del 
tormento para descubiir la verdad. 

Yo no tendria tampoco el mal corazon de soraeter & Luis ä 
pruebas inquisistoriales. Creo que con sus propios tormentos 
tiene bastante para no vivir tranquilo. Cuando al escribir su nom- 
bre reoorde ä Tassara, era porque me da compasion la vida que 
Ueva ese genio. En los antignos tiempos Orfeo tocando al- 
\' gim mal guitaiTon, que los anos y su venerabilidad hacen IIa- 



i 



253 

mar lira^obligaba a las piedras ä enoaramaree sobre las piedras 
para construir ciudadcs. En los tiempos modenios tiene el ar- 
tista que desempedrar calles y c<immos para construir üna se- 
mi-fortuna que sirvaen laedad mayor, siacasolos ojos deuna 
sirena 6 el tapete verde no la deshacen en una noche de aven- 
tura, 6 si un amigo Intimo no se la roba con calidad de resti- 
tucion. 

Qu6 vida! qu6 bureo! qu6 movimiento continuol Go ahead 
es el sino del anglo-ainericano bound to travel — obligadod 
viajar. Peor que esa vida es la del artista que se compromete 
con un empresario. La mina que se presentase in propt*ia per' 
8ona para ser catada ; la vaca que viene k casa al reclamo del 
ganadero ; la colmena abierta por las mismas abejas ; el chico 
de escuela que estiende la mano para recibir sus palmetas — 
esas son vlvidas imägenes deP artista contratado, de Gottschalk 
en SU temporada de conciertos. £1 chico aprende, la colmena 
da miel, la vaca da leche, la mina oro. El artista es oro para 
el empresario, miel para el püblico. ^ Qu6 ser& para 61 mismo? 
Su contrata es aclbar, veneno, condenacion, oomo decian los 
romanticos. 

En medio«de la guerra, cuando el comodoro Foot recorria 
el Misisipi hasta donde se lo permitia el enemigo ; cuando Mc- 
Clellan corria de Washington ä Manasas, de Manasas & la pe- 
nin sula; cuando Halleck si no daba batallas, daba proclamas 
y Beauregard aparecia en Shiloh sin ser convidado ; cuando..., 
Pero yo no pretendo contar la historia de la guerra ahora que 
los partes bajo la censura no cuentan sino la guerra que & la 
historia se esta haciendo. Decia, puesj que en medio del tu- 
multo de la gqerra solo ä Moreau le fu6 dado distraer la aten- 
cion del püblico, hacer diversion & los ataques del canon rar 
yado. 

Un dia de inviemo se presentö con sus barbas de chuleta y 
el color de aceituna que dan los soles del tropico, con el cora- 

zon Ah ! no trajo corazon. ^ Donde lo habia dcjado ? 

Moreau suspira cuando se Ic hace la pregunta. Pero en su ros- 
tro entristecido se le reconocia el pesar con que habia abando- 
nado a la Perla del Golfo. Fumaba su puro con tanto deleite 
como si fuese el ultimo de los goces que habia tenido en Cuba, 
y tras de las ondas del humo se alejaba su pensamiento en 6s- 
tasis voluptuoso y tranquilo como todos los recuerdos de los 
grandes plaeeres que son idos. Aquel no era el j6ven niiio, 
medio serio, medio calavera, nledio alegre, medio contemplar 



254 

■ 

dor, nempre astuto, siempre poeta, improvisador, fresco, pican- 
te, todo corazoQ, todo alma, que nosotros nos dejamos robar 
en uir dia de materialismo, ciiando al sonido de los dollars que 
8e contaban en la calle de Wall, olvidamos que 61 daba un 
concierto en el salon de Dodwoth. 

Hablabamosle de sn viaje & las Antillas y se sonreia miran- 
do el cielo raso de su habitacion donde el humo del cigarro 
formaba eRpirales fantästicas que iban poco & poco espesando 
la atmösfera. 

— ; Tengo frio I decia arrim&ndose al fuego, como si nunca 
hubiese vivido en la zona de los hielos, como si echase de me- 
nos el aire que bebe aromas bajo los naranjos, & la sombra del 
pl&tano 7 junto & la pasiÜora. 

El empresario solamcnte, el empresario era el üuiico que no 
comprendia el alelamiento en que More^u se encantaba, de- 
jandose mecer como el cisne poruna ola que alla & lo Icjosfuä 
tempestad, pero que cerca, junto 4 la orilla, es mansa y dejauna 
lijera espuma sobre la superficie azul transparente del agua 
tranquila. 

El empresario pregunt6 k Luis si habia olvidado el piano. 

— Oh I sl, contestö el artista sin titubear. Tengo otros amo- 
res. 

La cara del hombre decia contodas sus letras ^'especulacion 
perdida.'^ La del poeta repetüi en todas sus facciones lo que 
habian dicho sus labios. • 

R** levanto la tapa del piano y hubo una escena muda, en 
la cual un signo de cabeza fu6 contestado con una sefial de 
mano, y el piano empezö & sonar. 

[La Serenata! Las palabras del modesto poeta cubano don 
Rafael de Mendive saltaban de las teclas como gotas de rocio 
que caen de las flores de p&scua cuando sobre ellas vuelan en 
nubes las mariposas. — Oh ! Cuba, heimosa Cuba, patria de Mi- 
lan^s y de Gertrüdis, nido de tantos cantores, td no hacias fal- 
ta alll, porque la inspiracion te habia representado con vlvidos 
colorcs como esos gratos fantasmas que la refraccion presenta 
6 los ojos del scdiento viajero en las arenas abrasadas de nucs- 
tras Uanuras de Venezuela. Broadway con su ruido de carrua- 
jes, con sus mil y ima bellezas arrastrando seda, sus alraace- 
nes deslumbradores, sus torres, su calle de Wall y su Bamum, 
desapar'eciö entre las armonias de la Serenata. 

Moreau mantenia, como tiene de costumbre los ojos en el te- 
cho, cual si alli leyese las notas que formaban la armonia y con 



255 

el cigarro en la boca se bälanceaba cn la tripode del pir.no ni 
mas ni menos que en las horas de deliquio que habia dejado 
atras cuando la müsica criolla toca esos aires incomprcnÄble« 
para el estrangero — la danza cubana. 

Solo el contratista no sabia esplicarse los movimientos de 
Moreau. Tal vez lo creia loco 6 enfermo del mal del baile. Los 
demas no bailamos, acaso por no plagiar ä los cardenales en- 
cargados de imponer la pena a los boleros de Espaiia. 

Yo no 86 si aquel dia se hizo la contrata ö si cstaba hecha 6 
si fut3 escrita despnes. Solo s6 que Moreau se qontratö j que 
erapezaron los conciertos. 

Tengo carta blanca para pedir entradas y sin embargo po- 
caa veces he asistido ä ellos, porque no habia lugar. j Cual pon- 
dria la cara el empresario! Nueva York acogio ä Moreau co- 
mo una "novedad de la estaciAi," corao si nunca lo hubiese 
visto, como si nunca se cansase de oirlo. 

j Ah bribon ! Salia al escenario donde no habia mas atracti- 
vos que SU piano, tan modesto, tan inocente, tan inmaculado, 
siemprc quitandose los guantes, siempre retorci6ndose los de- 
dos, como el groom que mueve su caballo antes de empezarla 
carrera. Aplausos estrepitosos saludaban su aparicion, y el pi- 
caro contestaba con una sonrisa triste, de indefinida tristeza. 

l Escribir^ ahora un juicio crltico de su ejecucion 'i ^Lo es- 
cribiro para quienes tantas veces lo han/oido, para quienes tan- 
tas vecesVolveran ä oirle ? No, mil veces no ; la ejecucion y 
el arte inspirado de Moreau no merecen una "ejecucion" foll3- 
tincsca de mi parte. Dir6 solaraente que nunca toc6 Moreau 
ninguna composicion suya que no se le hiciese repetir, aun 
cuando el en su repertorio inagotable jamas repite. 

Moreau sali6 despues para Washington. Washington es una 
ciudad poblada desde que cmpez6 la guerra, y ocupa ahora 
rango de primer 6rden ; ya no se ven las vacas en sus etemas 
calles, y los cei'dos han huido para no volver desde que visitar 
ron la capital los zuavos de Ellsworth, tan amigos de la caza 
como del cuartel y la guaraicion. McClellan acababa de suce- 
der al general Scott, y no habia desoubierto aun que los rebel- 
des no estaban en Manasas ; era entonces el fdolo del dia, y 
no tenia tiempo para atender sino ä los asuntos de la gueiTa. 
A los que le obsequiaron con una serenata, les mando decir 
que ni para darles las gracias podia abandonar el bufete. La 
organizacion, como se deoia & la sazon, bastaba para poner ä 
prueba su organizacion. Pero, ; oh fortuna de. los empresarios 



250 



qne ticiion estrategia ! las batcrias de Luis (oon no ser Xapo- 
Icon) liicieroti desalojar al entonccs veiicedor cu no s6 que des- 
filadero de las montanas de Virginia, y "uucstro jöven Napo- 
leon" conciirriö a los concicrtus, y pidiö su retrato ä Morcau, 
y le presento a su senora, porque la generala quiso tener un 
shake hand con cl pianista, y lo convido a su casa. Los genios 
se asiniilan. Mr. Seward, d quieu tiempo dubia de fältarle pa- 
ra firmar las ördenes do alojamieuto en cl Hotel Lincoln, hizo 
tiempo para oir d Moreau, y cueutan que c] astuto diplomati- 
CO se dejo sedncir por el bueu chico cuando cstc le improvisa- 
ba preludios que i*emedan a niaravilla la introduccion de sus 
cartas al lord ingles. AI dia siguiente del piimer concierto Mo- 
reau tenia a sus ordenes un pasc y una escolta de caballeiia 
para ir a visitar k su paisano Beanregard en las cumbres y 
desfiladeros de Manasas. En Mnnson's Hill y en Falls Church 
se foi*mö la guardia para recibirle. 

l Quien sino el Principe Napoleon obtuvo nunca ignal favor 
de los magnates que gobieraan la repüblica federal? 

ün labriego de Illinois qiie ser\'ia (no s6 si ha muerto,) por- 
que el Dr. Smith de su pueblo dijo en el sermon dominical que 
la guerra es pai'a la igualacion del trabajo, y el, por supuesto, 
qucria trabajar tan poco como el mismo doctor en canones, 
pretendia qne Moreau no era buen m^isico, por mas que el co- 
ronel del regimiento lo asegurase, porque no sabia tocar la cor- 
neta como la banda del 25° de Illinois 6 del 100 y*no s^ qu6 
tantos de Indiana. Moreau se sonrio con su sonrisa triste y fas* 
cinadora, y aplico las espuelas al caballo, sin tratar de conven- 
oer al hombre del campo. 

Los Kiggs, millonarios, prepararon & Luid un sarao para su 
regrQso de Manasas, y el Escmo. Sr.' de Tassara (ya no puedo 
tratarlo de Tassara a secas, porque no es el poeta sino el mi- 
nistro) 

"Le hizo tocar nn jaleo 
Tan gnapo y Ueno de sal, 
Qne de oirlo ballarian 
La Alhambra y el Escorial; 
T si volvieran a oirlo, 
Lo volvieran k bailar/* 

Pero el empresario es hombre que nunca se detiene ni se 

prepara mucho para marchar, como los generales unionistas 

que avanzan todos los dias k razon de pulgadas, y sin decir 

I agua va! se encaminö a San Luis con su canario, y d Cincina- 

ti, y a todo el Oeste descubieito y por descubrir, y en pooos 
dias di6 tantas batallas musicales como las que anuncia el bo- 



onr 



letin oficial y sc qnodaii cn indsici celostial, con la diferencia 
de que en todas ellas Moreau podia decir como Cesar : lleguu, 

• vi, vencl y el otro se qued6 con el botin. La campafla 

fne cstupenda; pero. . . . "el genio es una fatalidad." 

Oigamos al mismo Moreau. En su caita de media noche me 
escribia : 

"En Oincinaü 4 ; en San Luis 7, en Luisville 2, todo en 6 
dias ! Tuve el gusto de ser presentado a Halleck la misnia no- 
che en que se le daba una serenata y recibia 61 la noticia de 

la toma de la isla N** 10 y de la gran victoria {? ff? 

Despues de hechos esos piuitos inteirogantes veo que tiencn 
ciei-to aire de gritUaa) la victoria de Pittsburg Landing. . . . 
En Chicago 6 conciertos, en Milivawkee 1, en Alton 1, etc., 
etc., etc. En '/ö dias he dado 68 conoieilos y hecho cosa de 12 
6 15 mil millas. Algunas veces he viajado Y8 horas seguidas; 
he Uegado un cuarto de hora antes de erapezar el concierto y 
apenas terminado este, otra vez d los carros. Hay motivo para 
. erabrutecerse. Yanopuedo serclasificadoporningun naturalis - 
ta; dejode pertenecer al g6nero homo. Soy algo entre elautö- 
mata, el pepino y la pila de Volta. Mis dedos corren sobre el 
t3elado oon rapidez enfermizay me es ahora imposible oirmfi- 
sica sin esperimentar algo de aquella sensacion del desgracia- 
do que en la novela de Dumas 2® fue condenado ä comer pi- 
chones durante un mesi La vista de im piano me horripila co- 
mo la del cah<tUete (potro) al condenado que acaba de sufrir 
tortura. Cierro los baules y en marcha ! " 

"El piano me horripila!" Yo tambien. . . . anch^ io , , . 
yo tambien s6 lo que es eso y öompadezco al pobre Moreau 
desde lo mas profundo de mi eorazon. 

Pero Moreau es incorregible y el recuerdo de la tortura ha 
pasado, como las impresiones del ultimo beso Ic daban sed ä 
Don Juan. El piano es el caballete ; pero el piano — cse ins- 
trumento de suplic^j — es el encanto de un pdblico que amn, 
que mima, que contempla a Moreau y que tiene celos de que 
se le escape otra vez d una de esas escursiones vagabundas en 
que deja prendido el eorazon. La vida de la empresa fatiga al 
artista ; pero esa es la vida del pais. No es aqul como alla en 
Cuba donde 

'Sarah belle dMndoiimce 
Se halance 

Snr nn h- mac av-de^sus 
D'nne fontalne 
Tonte pltiine 
P'eau puie^e de Klll:«n8.** 

IT 



258 

£1 autor de I^s Jfherables no habia ido & Cuba cuando es- 
cribi6 esos versos, pero habia estudiado en Oriente las cos- 
tumbres de aquel bello pais de los encantos para Luis Moreau 
Todo el talento de Victor Hngo, sin embargo, no bastaria pa- 
ra pintar la actividad hist^rica de la patria adoptiva de los em- 
presarios, donde no le es peimitido & nadieandar despacio, es- 
cepto al general Halleck frente a Corinto y al general McDo* 
well frente 6, no se sabe donde. 

Arno & Luis como lo ama el püblico de aqui, como lo quie- 
re el p4blico de la Habana ; Bus manos tienen la fascinacion de 
Hermann y su piano (el caballete) el dulce encanto salvaje de 
una melodia en el desierto. Pero su corazon tiene mas encan- 
tos que su piano y sus dedos de prestidigitador musical. Ha 
t^rminado su milesima campana para empezar otra. ^Ha ga- 
nado ? esta rico ? rico como B. . . • ? Ha ganado como el em- 
presario ? 

Nueva York empieza ä ilenarse de cubanos ; ya vuelan en 
Broadway las aves de los tröpioos ; ya empiezan k brillar ojos 
como el sol de julio. La 6pera se ha convertido en un especta- 
culo que divierte por lo grotesco de su conjimto. XJllman no 
ha traido & la Ristori v;omo ofreciö en enero. El teatro ingl^s 
— ^no, el teatro de Nueva York — hace dormir. 

Moreau tiene campo abierto, se ha unido con Brignoli, con 

la simp&tica Kellogg Tendremos operetas y conciertos 

como ellos solo sahen darlos. La Meina del Ockano ha hecho 
su primcra visita a la reina de las Antillas. Nos traerd ä sus 
ricos vasalloa que ya estaran convencidos de que ni la guerra 
concluye, ni interviene en la vida de todos los dias que sigue 
hac&endo honradamente la metröpoli. Habra motivo de gozar 
müsica, habra mfisioa que d6 motivos vara gozar. . . . 

Moreau ! si el g6nio es una fatalidad, reslgnate, hijo mio, que 
las fatalidades son inevitables. Mpotro^ pues, como siempre 
ira k tus tormentos quien bien te quiere y lo dice k Cuba* 

NuKVA YoßK, mayo de 1862. 



259 



GL TVELTO No. 1. 

Take care of the penniea, and the ponnda 
will take care^f themselves. 

Se equivoca V. lastimosamente si imagina que me ha picado 
la taräntula de la politica y que voy & escribir sobre el que 
vuelve la casaca todos los dias; ni menos se figure que ha- 
blar6 del que fu6 ä la guerra j ha vuelto pata no volver sino 
las espaldas, como dice pintorescamente el pueblo ; ni piense 
que el "sujeto"de mi Folletin es niiiguno de los rebeldes 
yuelto & la obediencia, mendiante la gracia del juramento 
& la Constitucion que & ellos les hace tan poca. 

Entendamonos. Quiero hacer ante todo mi profesion de 15 
politica, porque estamos en 6poca de politica, de profesiones 
y principalmente de f§. i Sin esa luz y conocimiento con que 
sin ver creemos, qui^n se atreveria & creer lo que esta viendo ? 
Yo soy unionista. Siempre me pareci6 mas juicioso unir que 
desunir, y si mi vocacion hubiese sido distinta de la que es, 
en lugar de meterme & escritor püblico, que es meterse en 
oamisa de once varas, me habria consagrado ä la Iglesia por 
solo el placer de unir de tal manera que nadie pudiese des- 
unir. Tengo f6, porque k nadie han quemado hasta ahora sino 
por no tenerla. Soy unionista. Tengo f§ en la Union, cosa 
que todos ven, por mucho que no todos la crean. Digo que 
soy unionista & carta cabal, & puno oerrado, con tanta fuerza 
que el mismo general Pope no esperaria ä la conclusion de la 
guerra para pagarme mis bienes, si yo los tuviese y si los de- 
jase en el camino de sus tropas que han de vivir del pais que 
defienden. Soy unionista puro y opino que todo el que no lo 
sea sufra las penas de confiscacion, expropiacion, abolicion, 
deportacion y colonizacion con sus demas ones en algun 
punto ancho y barato de la America del Sur. 

Mire V., pues, si gustare de politica, ni de guerra, ni de 
los rebeldes, cuando principio el Folletin de £1 Coniinenr 
tcU^ JBoUtin de Nbtioias y Pteeios Corrientes^ con el nombre 
de El Vuelto. Vuelva la hoja quien pretenda encontrar en 
ella alguna de las esplicaciones que busca para el misterio de 
la situacion. Mi Vuelto es mas claro, mas limpio, mas vi- 
sible, mas digno de Precios Corrientes y de jBohtin. 



/ 



260 

El Vuelto es cl precio que corre, es decir, un precio qne 
HO se halla cstacionario, que ya lioy no se encueiitra siquiera 
avanzando, sino corriondo. Es ademas un boletin, es decir un 
bolcto pequeiio que si no anuncia las victorias del rio Cliicka- 
hominy, rcprcsenta el crodito del mercado. Boletin es un li* 
bramicnto para cobrar dinero, segun el diccionano de la 
lengua. 

Sin necesidad de! diceionario ni de acudir & Florez Estrada, 
VüELTO es cambip — ^la representacion de la moneda, la imä' 
ff 671 del oro y de la plata. Digo la iraägen, porque solo la ima- 
ginacion puede hallar en el vuelto de hoy forma de dinero, 
cuanto menos sustancia de idem. Digo representacion para 
no decir comedia, y lo Ilamo cambio, porque no es poeo el del 
oro en papel. 

Hace medio ano (para no ir mas lejos) que el oro se vendia 
al par, 6 si Y. queria, al non. Abundaba como cosa mala. En 
aquellos tiempos nos reiamos de los shinplasters 6 papel de 
moneda que habian echado ä volar ciertos vecinos y heiTnanos 
nucstros, bastante incömodos para lo de vecinos y bien poco 
aficionados ä nosotros para lo de hermanos, a no ser que nos 
tratasen como hermanos politicos 6 como miembros de la 
Santa Hcrmandad. Deciamos de los shinplasters cuanto se 
nos venia k la boca para que se hiciese agua la de los que 
veian a la calle de Wall— ese mostrador de Nueva York — re- 
picando con onzas de oro las victorias del Sudoeste y de Ma- 
nasas. 

Pero un dia se levant6 Nueva York mas temprano de lo 
qne solia y vi6 que el oro se le marchaba sin necesidad de 
pasaporte. Era moneda corriente, pero que comente ! Ni la 
del galgo en lo veloz, ni la del rio Misisipi en lo abundante. 
Los bancos de dep6sito y descuento se quedaron con los de- 
positos, y los descuentos se volvieron cuentos, porque se en- 
trego en vez del oro qui quondam habia sido recibido, papel 
verde como la esperanza, desapacible como la fnita en agraz. 
La efijie del Presidente estaba en toJos aquellos papeles 
y todos los tomamos por amor al Presidente. i No era y es 
moda teuer libros en blanco con cartes de visite ? ^ No era 
y es Lincoln el Bueno un recuerdo raonimaental de la 6poca ? 

Cundio la moda y todos los bolsillos reverdecieron con la 
llamada emision, y el retrato de Mr. Lincoln ha sido de.'ide 
entonces testigo de mas de una transaccion que dejaria tran- 
eido al original si su mala suerte le hubiese deparado la de 



261 

]>rcsenciarla. Jamas hizo nadie mas papel que el que llevalja 
y Ueva y por muchos anos parece que Uevarä el retrato del 
Presidente, sin que entre en mi animo decir que ese papel lo 
hizo Mr. Lincoln, ni bueno ni malo ; porq^^e tal clase de mo- 
neda peitenece a las que se hacen solas, por sl, como las revo- 
luciones y los generales que han sido 6 sabido ser abogados. 

Por detras del retrato de Mr. Lincoln, vino el del general 
Scott, aunque escaseö mas por ser hombre de ma» pesos — en 
la marca del papel, quiero decir. Detras de Scott vino otro 
y luego otro y otro, en nümero igual al de las cabras de que 
contaba Sancho. Con el dicho nümero le sucedio a Nueva 
York exactamente lo que a Don Quijote con el de las cabras, 
que fueron cuento de nunca acabar. Porque k ejemplo de lo« 
grandes, los chicos viven : en pos del oro ha empezado d mar- 
charse la plata de Nueva York y de otras islas, como de lu- 
gares apestados. El cobre villano ha tomado tambien el por- 
tante ; que para las clases bajas no hay nada peor que el mal 
ejemplo. Y hete k Nueva York despierta, madrugando, sin 
teuer materialrnjente con que mandar al mercado ! 

AI oro han sustituido los billetes color de esperanza — una 
esperanza de pago firraemente impresä con la efigie de la Li- 
bertad. Repare.V. que no digo la imagen. Los representantes 
del oro no podian sin embargo spbajarse a representar la plata 
y menos el cobre, que eso fuera in^igno de su muy poderoso 
constituyente. Tenia V. uno 6 mas bustos de la Libertad te- 
nida de verde ; pero con eso y con todo el influjo de la so- 
berana del mundo no salia V, de apuros. O se comia V. cinco 
duros de pan — lo cual seria empresa de Indigestion 6 de un 
mes de plazo, ahora que la mitad de la Union no consume el 
tngo de la otra mitad — 6 se quedaba V. en ayunas por falta 
de moneda para comprar la racion de un dia. En medio de 
los calores del estio no se encontraba yankee bastante especu- 
lador que tuviese la caridad de darle 4 V. un vaso de soda 
a la crema 6 con jarabe de fresas, si habia de cambiar para 
ello un Lincoln de 5 pesos 6 un Scott de 20. El botero subio 
el precio de sus cdrceles ambulantes para no dar cambio. El 
marchante de los cigarros veia disminuir a ojos vistas el nü- 
mero de sus consumidores por falta de menudo. 

La plata subiö como espuma de chocolate espanol. (El an- 
glo-americano no hace espuma.) Los cambistas hicieron su 
agosto en el mes de julio, i'obandonos — 31 dias nada menos. 
El aviso on todas partes decia que no habia cambio, aun 



269 

cuando el tel6grafo casi se derretia con los rumores del de 
ministerio. Cambio! cambio! se gritaba por todas partes 
& la vez que por todas paites se trabajaba por la estabilidad 
de la Union j por la conservacion del statvs quo ante helluni. 

Entönces apareeiö el Vuklto. Ese personaje de todos 
deseado dehutö en Delmönico, el restaurant de los ricos de la 
calle de Wall y de los dependientes de buen tono. Despues de 
una comida tan sabrosa y suculenta como las que suele pintar 
Feman Caballero en sus novelas, el cfiado cobrador presen- 
taba con la mayor urbanidad un billete de vitelto al portador, 
en el que prometia para el dia siguicnte otro plato tan apete- 
cible y satisfactorio cual el que empezaba a hacer digestion 
en el estömago satisfecho, y — la hora de la digestion es la de 
las concesiones — con la esperanza de repetir viandas tan 
esquisitas aceptaba uno el billete de convite para la segunda 
entrada de manana. Bien podia no decir el portador su Pater- 
noster aquel dia, pues tenia asegurado el pan para el dia si- 
guiente. 

La policia quiso "intervenir" y detener la emision de mo- 
neda de papel, — emision prohibida por la ley ; pero Delmonico 
aleg6 que su moneda era de comida buena y no de papel, mien- 
tras que su abogado sostuvo el contrato entre el anfitrion y el 
gastf onomOy de dar el primero al segundo una buena mesa 
en dos sesiones, contrato apetecible y aun provechoso, sobre 
todo cuando el Congreso mismo necesita tres sesiones para 
dar una ley que no siempre es buena ni sabe bien. La policia 
no encontrö el argumento de Delmonico tan digerible como 
BUS fritadas y sus guisos y empezaba k masticarlo y & rumiar- 
lo, cuando he aqul que otros proveedores empezaron & emitir 
BUS Paternoster, 6 promesas de pagos y de comidas para el 
dia siguiente. Nadie tenia vuelto. Todos alegaban con el 
premio de la plata la necesidad de los billetes de banco 6 de 
mostrador personal sin patente y sin garantia. La union hace 
la fuerza. ' Un movimiento estrat6gico tan general equivalia 
& una victoria. Es cierto que podia haber quebrantos bursä- 
tiles y que en poder de parroquianos rebeldes tambien podia 
quedar mucho botin en el cambio de la base de operaciones 
comerciales; pero la necesidad de establecer xma posicion 
mas decidida, segura y mas apropösito para tomar el capital 
que no se cntregaba entero, hizo admitir su scparacion, contra 
todos los principios de la 6poca y contra todas las teorias cons- 
titucionales del sistema de cr^dito bien organizado. 



263 

9 

Apareci6 el vuelto en miliares de fonnas distintas. Paga el 
patron la semana con un Scott de ä 20 sin rayar y en el banco 
6 en la subtesoreria se convierte en cuatro piezas volantes de 
& 6. Con una de ellas se marcha el feliz propietario de la mo- 
neda legal k la oiicina de Correos y compra sellos. Ya tiene 
vuelto: sellos de 4 24 como caiion de Parrot; sellos de ä 10, 
de & 3 y de & 1. El Congreso ha declarado el sello moneda 
legal 6 forzosa, y aunque lo primero pudiera ponerse en duda, 
«n lo segundo no cab^ ni la inas minima. El fmico obice de la 
nueva moneda consiste en que se pega, porque tiene goma al 
respaldo, y asl, han dado en llamarla eticJcing j)lcister^ es 
decir, emplasto pegajoso. Ouestion de nombre : ello pasa 
y asl vengan muchas. Tiene uno la cartera llena siempre do 
valores. 

El omnibns se toma al salir de casa. Con dos sellos se le 
pone uno en* la boca al exigente aiiriga que desde que entra 
el viajero en su pato sobre ruedas empieza ä dar golpes sobre 
la imperial reclamando la paga adelantada, como la de re- 
cluta que se engancba para la guerra. Dos sellos y punto en 
boca. Pero i quien osara ponerse en la suya al franquear un 
billete de amor 6 negocio, que es lo mismo, aquellos dos 
sellos que le cerraron el pico al foeton grasiento y trasudado 
en estos dias de julio ? 

En la tienda de los cigarros se fuma uno dos sellos de ta- 
baco de contrabando. En la botica dos sellos aplacan la sed 
convirtiendose en soda a la crema. No bay mas vuelto que el 
sello, y el sello ba venido ä ponerle el sello, como suele de- 
cirse, ä la situacion rentlfstica del mercado. 

El sello es ün vuelto facil, ligero, aceptable, fiel por su ad- 
hesion. Facil, porque las subdivisiones estan bien proporcio- 
nadas. Ligero I Liourgo que asombrado de la sobrada lige- 
reza de los marcos, invento, los $30 que no podian ser trasla- 
dados sino en un carro de bueyes, se quedaria en babia al 
palpar un vuelto de 90 centavos. Aceptable — i quien sin pen- 
sar en alojamiento gratis se opondra k la ley que lo constituy6 
con Constitucion 6 sin ella ? Si es pegajoso, dlganlo no la 
goma que lleva, sino loa muchos que se pierden. Fiel ! como 
que es perfectamente adbesivo 

Vea V. en el correo la cola de gente esperando tunio ; 
desde un cuarto de segundo piso en donde sc hace la con- 
version de uu Lincoln 6 de un Scott en moneda legal, baja 
la anaconda de muchachos y porteros hasta estrechar con sus 



264 

roflcas i 1a calle de la Libertad esperando la oportunidad de 
entrar et el santuario donde se verifica la transformacion. La 
calle de la Libeitad se ha convertido en mostrador de cam- 
bios, en bolsa, en mercado, en lonja. En lonja de papel! Alll 
8C negocia papel por papel, sin mas diferencia que el tamano. 
Siempre temieron los filösofos que de la libertad se hiciese al- 
guna vez mereancia y especnlacion. Los filÖROfos han encon- 
trado la razon de sub temores en la calle del correo nacional. 

El vuelto en Nicaragua es un roUizo^rano de cacao blanco; 
en Venezuela era lo que las monjas honestamente llaman pos- 
tura de gallina. Los indios dan por vuelto piedras azules cuyo 
volor en los paises civilizados ignoran ellos completamente. 
Gada nacion ha inventado un medio especial de cambio. La 
revolucion nos ha regalado hoy el sello del con'eo, el vale 
del carnicero, el del proveedor, el del frutero, el del boti- 
cario, el del posadero, el de todo aquel con quien ha- 
cemos negocio. El papel bajo todas sus formas inunda k la 
Booiedad. La Union nada en papel. Como el c6lebre duque de 
Aremberg en B6lgica podemos entapizar aqul los salones con 
oertificados de credito, porque el cr6dito se puede medir por 
pi6ö, por varas, por millas. Aunque parezca paradoja, nunc« 
hubo en la Union mas cr6dito que ahora. 

Una gentil suscritora de -EI? Continental diee que su recado 
de escribir se ha aumentado con la adicion de una esponja 
humedecida desde la creacion de la moneda-sello. Sus labios 
no osarian tocar la goma de la moneda para franquear las 
cartas. El vuelto ha hecho una revolucion rentistica y muchas 
dom^sticas ; ya no se corapra un cenfavo de pan shio un sello 
de pan ; el vino se bebe por seilos ; todo es sello. El vuelto 
de sellos, he dicho, pone el sello & la situacion. 

Haria mal en enojarse conmigo el Editor principal, porque 
el Folletin no siga el compas de sus editoriales y no entre 
como 61 en sesudas y profundisimas disertaciones sobre la filo- 
sofia de los sellos y su influencia en la suerte de la Union, ya 
que constituyen una moneda que se pega. Haria muy mal, lo 
repito ; porque vivimos en un pais libre donde todo se per- 
mite, con tal que no afecte la opinion de que la Union es como 
era y serd como es, y con tal que nada se escriba, ni se diga, 
ni se piense que no sea favorable k los sostenedores de la li- 
bertad sellada. Prometo que jamas dir6 que en ninguna ba- 
talla han dejado eUos de tiiunfar ; prometo que en todas ma- 



265 

taremos los de ac4 doble mas gente que los de alla; prometo 
qae en asuütos mayores janias se mezclarä el Folie tin. 

Pero, oiga, V., senor Editor Redactor en jefe ! Nosotros 
tenemos independencia, convicciones y principios y estamos 

dispuestos a defenderlos hasta con la ultima gota de la 

tinta que haya en nuestro tintero. Entre el FoUetin y el Edi- 
torial echamoa una linea divisoria, tan demarcada como la de 
Dixie y tan honda como la del Chiokahominy. No nos mete- 
remos con V. ni permitiremos que V. se meta con nosotros. 
Lei ic8 alone^ ha dioho por toda exigencia el archi-rebelde 
JefL Davis. Träte V. de convencer al püblico y de ilustrarlo, 
como con tanta modestia se proponen todos los periodistas 
de 8on Hat, Nosotros trataremos de distraerlo y de diver- 
tirlo, si podemos y para ello nos diere el naipe. Y entre tanto 
yivamos en paz, como verdaderos hermanos y camaradas, 
cada uno en su casa y Dios en la de todos. AI encargamos 
del mando del ala izquierda inferior de El ContinentcU, pres- 
tamos el juramento de lealtad k la Union y estamos decididos 
& cumprirlo, sin &.ltar, cuando fuere innecesaiio, k estilo de 
gabinete constitucional, & nuestro programa escrito, con el 
cual gobemaremos 6 sucumbiremos. 

Tal es nuesti'O propösito : un Folletin blindado en chisme- 
ria es el ünico elemento con que trataremos de salvar Fen- 
tente cordiaU de las potenäas que hau de mantener la union 
continentaL 



EL SÜELTO ö MENDDO No. 2. 

Prefiero (*) un toro suelto en una sabana limpia, un toro de los 
que San Pablo y San Fernando y otros santos que los Uanos de 
Venezuela no envidian a Jarama ni al circo de ninguna ciudad 
de la tauromaquica Espaiia, un toro de cinco aiios, con cei*vi- 
guUlo de fraile y ojos de tizon, rabo alzado y patas de ciervo : 

(*) Teniendo qae escribir para El fJontinental j para el THaHo de la Marina BO* 
brelas coaas del da, me reeoltö, comoon este folletin, qae debia repetir el asonto. 



266 

nn toro manoso, con cada puuta como una alezna y cada bufi« 
do como el de una ballena ; prefiero ese toro irritado por el 
moscon j dispuesto & revindicar su soberania ; ese toro que 
donde quiera se hace plaza, aunque iio la haya, j dondc quiera 
es considerado ; lo prefiero, digo, al "amigo" que me pregun- 
ta si por oasualidad tengo suelto. No es ya por regia de eco- 
nomia, ni por el temor de nna cornada, aunque siempre es peor 
la del hombre que la del toro, sino porque la palabra "suel- 
to" le amarra 4 uno el entrecejo en estos dias y le indigesta la 
comida y le hace soilar con incendios, inundacion^s, terremo- 
tos y matrimonios. Escoja quien quiera la peor de esas calami- 
dades, que nunca habrä escojido una comparable con la de no 
teuer suelto. Es la verdad que hoy nadie tiene medio en el bol- 
sillo, por muchos que sean sus medios, y ya nada significa el 
refran de "es mas feo que pr^stame medio" porque ha desapa- 
recido la vei*dad proverbial con el objeto del pr^stamo. 

Ahora se presta en grande 6 no se presta. Verbi-gracia, el 
gobierno toma prestados tres 6 cuatro millones diaiios. Quien 
se los presta no lo se ; pero es lo cierto que de alguna parte 
salen. Pues con toda su habilidad para encontrar millones don- 
de no los hay, perderia su tiempo buscando medio. De ahi el 
que no encuentre en ninguna cosa el justo medio, aun cuando 
las mas de las cosas se hagan a medias, y esas muchas veces 
con los contratistas y especuladores que se las sahen calzar por 
entero. No lo digo precisamente por la campaiia de la penin- 
sula, donde la cosa fu6 completamente redonda y no hubo mas 
medias que las que dej6 el ejercito federal en poder de esos 
malvados rebeldes incorregibles. AUl hubo cambio de frente, 
de base de operaciones — de papel. De frente, porque el ejerci- 
to que lo daba hacia el poniente y sobre Richraond donde te- 
nia metida media naiiz, le di6 la espalda con desagrado para 
no ver lo que alll se estaba haciendo, que no debia ser bueno 
porque no era constitucional, ni arreglado k la ley. De base de 
operaciones, porque ahora se hacen sobre el lio James cuyas 
aguas son mas limpias que los pantanos del Chikahominy y que 
las estancadas que rodean k Richmond, depösito de miasmas y 
de corrupcion material y espiiitual. — Cambio de papel final- 
mente, por aquello que vulgarmente se dice de que la "criada se 
volvio respondona" y los que vestian laureles hicieron el entre- 
m6s. 

Cambio de papel, sobre todo. Esa es la 6rden del dia y aun 
cuando ä algunos hacendistas les parezca que en la tal 6rden de) 



26Y 

dia no hay ningun 6rden, örden es y " lo manda la ordenanza, 
que es preciso obedecer." 

Pero I oh ! suerte bien sin suerte I Con las medidas de papel 
qne habian caido en desuso desde qnelos sastres las arrincona- 
ron por la lienza de resorte, nos han atado las manos de tal 
manera que no hay c6mo usar en el dia de los patrhnoniOö le- 
gfthnamente adquiridos. La legitimidad de papel es la peor de 
las legitimidades : testigos los herederos del trono franc^s que 
sirvieron en el ej^rcito de McClellan hasta que se retiraron 
indignados de ver que los rebeldes se atrevieran & mayores 
con las fnerzas de la legitimidad y del derecho "de la vieja 
bandera." Sus Altezas confiados en los titulos al respet^ ^ ve- 
neracion que les asistian, no comprendieron cömo la oligar- 
quia del Sur pudo mandar & Jackson ( Calicanto) por la iz« 
quierda y a Lee por el frente para ocupar los pantanos del 
rio. Menos les hizo gracia ver que el ej6rcito del Potomac se 
retirase ; y como quiera que ellos habian venido & America 
para avanzar y no para retroceder, se dieron prisa k protes- 
tar con su ausencia contra los acontecimientos que pasaban 
entre los rios York y James y contra un cambio de progra- 
ma que variaba completamente sus papeles en la funcion 
anunciada. La promesa era de avance "en una campaiia san- 
grienta pero corta." La ejecucion fa6 en retirada sangrienta, 
pero larga. El cambio no podia ser mayor ; las palabras esta- 
ban desempeiiadas y los Prlncipes sueltos. 

Sueltos ! Dije y por ello recuerdo que apesar de mis digre- 
siones y del liorror qne profeso & todo lo qne anda suelto, ia- 
olusos los maridos de mujeres bonitas y los sueltos de perio- 
dico que lo suelen ser tan en demasia que nadie los tolcra j 
apesar de todo eso, he de volver al asunto empezado. 

Suelto ! . . . Las viejas dicen que asi anda Barrabas, alias 
el para ellas Perro Sucio, en el dia cuyo santo es Bartolomß. 
Pues para nosotros hoy todos los dias son de San Bartolom6, 
porque todos los dias amanecemos con im diablo de suelto quo 
sirve de tormento y purgatorio k pecadores y justos. Bien ha 
yan aquellos tiempos en que se usaban grandes placas, como 
las que ahora estilan el Monitor y las Mefi^rimaques^ placas 
cuyo peso requeria no peqnenas fuerzas en el portador! Bien 
hayan los centavos de cobre y de bronce y de mezcla que pa 
ra todo servian en este mundo de necesidades y en este siglc 
metalizado ! Hoy lloramos su desaparicion con lägrimas que 
pudieran ser de sangre si no fuesen de iniseria. Todos aque 



268 

llos honrados rcprcscntantes de la pfiblica riqncza han dcsa- 
parecido y en su liigar tenemos papelitos de todos los colores 
dcl arco Iris, llcnos de una sustaiicia pegajosa conio emplasto 
de botica y mas fragiles y quebradizos que virtud de mujer : 
papelitos que pasan de una ä otra mano millones de veces an- 
tes de pasar k la boca para ser puestos en las caii;as del correo. 

Porque has de saber, lectora limpia y boquirosa, que nues- 
tro suelto de hoy no es ni menos ni mas que los sellos del cor- 
reo, los sellos del franqueo previo. Antes venia en ellos nftido 
y puro el retrato de Washington 6 el de Franklin, conforme 
habia salido de las manos del artffice, y pasaba & la boca antes 
de unirse para siempre & la carta, ä la cual servia de pasapor- 
porte. Hoy la efigie del Padre de la Patria y la del impresor 
estadista de la revolucion, convertidas en moneda, pasan de 
una mano & otra y antes de ser pegadas reciben el barniz de la 
mano populär cuyo contacto ba gastado & tantos y tan insig- 
nes varones. Td sabes que la mano del pueblo se hizo para 
borrar notabilidades, y si no lo sabes, pudieras preguntarlo al 
general Fremont y & cuantos otros mas ha amolado la meda 
revolueionaria que anda sobre nosotros como vara que sacude 
ti'igo en espigas. Imagina pues cuaL quedaran los sellos des- 
pues que han sufiido la prueba del pueblo ! 

Mas aparte la cuestion de limpicza, aun cuando sea lä qne 
no se apai*ta dcl pensamiento cada vez que de dinero se trata, 
magQer fuere dinero de papel — el que ahora llamamos aqui 
menudo, cambio, vuelto 6 suelto, a sus muchos engorros aua- 
de el de que no todo marchante lo recibe, y cuando, por ejem- 
plo, se presenta k la tienda mas & la moda una gallarda beUe- 
za con guante de cabritilla y sombrilla que no da sombra, una 
de esas douas yankees cuya nariz parece que sufire la atracdon 
magnetica de la punta de su sombrero de teja, si el dependien- 
te tiene la desgracia de ofrecerle cambio de estampillas, oye 
de aquella boca de coral verdades que lo ponen de perlas, so- 
bre lo irrecibibles qne son las monedas que no suenan. £1 di- 
nero ha de ser para ella sonante, 6 no es dinero. A fe que tie- 
ne razon. 

Otros alegan que el billete de banco rale por lo menos lo 
que dice, porque detras de su faz esta, 6 debe estar, el metali- 
co, mientras que el sello de correo es una especie de carta de 
amor que no puede ser recibida sino con descuento. 

Una de tantas cubanas ricas y esplendidas que pasan la tem- 
porada en Saratoga, se indigna de que ä sus onzas de oro se 



•;c9 

Ics coiTesi)onda con shin^dasttrs^ 6 pai)cl mojaflo ilul quo in- 
ventaron los separatistas y tanto dio quo reir cn sn lienjpo a 
• los unionistas. Suponga V. ä que le sabrä ol papol a quicn cu 
sn vida no vi6 sine doblones <to & cualro por lo iiicnos. 
El doblon 

"Qne de pni o onamomdo 
De coutinuo anda amarillo/* 

ha desaparecido como espantado de la gueira. 

Si el es el iiervio de la guerra, ^ como no se ha de espantar 
de ver sus propias obras ? Nadie conoce k sus hijos tanto como 
el padre que los engendrö, a pesar de lo que digan malas len- 
guas pecadoras. 

Mas la peor obra de la nneva moneda consiste en el demc- 
rito, en el menos valer, en la perdida que hace sufrir. Para 
mejor espUcarme pondr6 un ejemplo. 

Tina antigua amiga nuestra se presenta muy de mansma ä mi 
bufete donde estoy mas que ocupado, deseifrando un paite del 
general Pope que ä fc de hombre de bien, no entiendo c6mo 
ha matado k tantos separatistas en una emboscada sin perder 
61 ni un solo hombre. 

— Nazareno, dmero. 

— ^Dinero ! Hija, eso va muy de prisa. ^ C6mo has gastado 
tan pronto la pension ? No eres unionista en lo de perder. 

— ^ Como ? Muy facilmentc, porque los pesos de ahora no 
6on pesos. 

— ^Pues qn6 son? 

— ^Lo que tu quieras, menos cien centavos, pues por nn bi- 
llete, aun siendo de Mr. Lincoln, no te dara nadie smo ochen- 
ta y pico. El pico segun esta el cambio. 

— Por manera que una parte de mi trabajo se marcha con 
el cambio ? 

— Cabalito. Aun asl mismo, nadie da otro cambio que el de 
Centavos muy pocas veces y el de seilos de correo siempre. — 
Sellos, anadio Sofia, que no los reciben muchas tiendas. 

Por primera vez cal en la cuenta y vi que el suelto encierra 
^ una gran cuestion economo-politica. En mi Diccionario Mer- 
cantil no estaba resuelta esa cuestion. 

— A lo que se agrega, continu6 diciendo Sofia, que todo ha 
Bubido de precio y que el gasto de ahora dos meses. . . . 

— ^1q haces temblar, Sofia. . • • 

— ^Pues si, el gasto de ahora dos meses no se hace con una 
tercera paite mas de lo que se hacia. 



— Tainpoco estaba eso en mi Diccionario. 

— Verbi-gracia, la espada nueva de "Scott" ha costado im 

peso mas y e» igual & la vieja. • 

— ^Pero, Sofia^ ese buen general nuestro no necesita espada. 

— Y loB caiiones para "Beauregard" los he pagado mas ca- 

ros que antes. 
— ^Pero, hija, si lo que sobra son canones para "Beaure- 

gard." 

— £1 mozo de la tienda me ha dicho que los nuevos arance- 
les j la contribucion directa y la falta de suelto y las quintas 
y no 86 cuantas cosas mas han encarecido todas las sustancias 
necesanas 4 la existencia 

— Inclosos los canones para "Beaiiregard." 

— Como lo dices. i Qu6 seria de "Beaiiregard" sin canones? 

La lojica de Sofia me aterraba. Pense con tristeza por pri- 
mera vez en el porvenir de la famUia, ya qiie el de la patria 
no me incumbe, y toda la comedia del saelto se me convirtiö 
en tragedia. Abri mi coleccion de foUetines de "J. S." y vi 
con 61 qae la esperanza nimca se pierde« Pero. . • . 

Muchas veces he intemimpido este " suelto," tentando raa- 
quinalmente el que todavia contiene mibolsillo y contemplan- 
do con ojos avaros iina moned-a de oro que yace colgada como 
en castigo ignominioso desde hace muchos aüos en lo alto de 
mi bufete. 

El suelto amenaza al oro y aquella es una especie de reli- 
quia de lo pasado que debemos venerar. Llegan uno y otro 
vapor de Oalifoniia cargados de oro, y el precioso metal de- 
saparece corao evaporado al calor de la guerra combinado con 
el del verano. Si ambos contindan como van, ^ qu6 sera de la 
gi*andeza del pais rico por escelencia ? ^ qu6 de su tesoro ina- 
gotable, de su "pl6tora" monetaria? 

"Las jnstas y los torneoi, 
Faramentos, bordadoras 
T cimeras, 

iQu6 fneron sino devaneosf 
' * Qa6 faeron sino yerdaras 
De las eras ? " 

En los Mtimos treinta dias he aprendido mas teorias hacen- 
distas que en todo el tiempo que perdimos en esa ciencia mi 
maestro y yo desarroUando principios en la escuela. j Cömo 
es cierto que solo el marido sabe lo que es ser casado ! 

H6nos, pues, aqiif, & vuelta deun solo afio de guerra envuel- 
tos en una crf sis rentistica de revienta--cinchas, en un goahead 



211 

tan cabal como todos los que en otras materias le han prece» 
dido. En punto & fen'ocarriles cuando los demas pneblos los 
construian para comunicarse entre si, el pneblo anglo-america- 
no los echaba por esos andurriales para que & sus costados se 
edificasen pueblos. El mundo entero se hacia muecas por me- 
dio de unos palos que por eiTor se llamaban tel6gi*af b, cuando 
los anglo-americanos inventaron la comunicacion electrica. 
Lo que en otras partes era emigracion, aqul fu6 diluvio de 
hombres. Si las demas naciones trataban de estender su infln- 
jo por medio de sus diplom&ticos y de sus relaciones mercan- 
tiles, por la fuerza suave del trafico y del envio de sus produc- 
ciones escedentes, de "America" saliö, con permiso de sus pro- 
genitores, el filibusterisino armado con las armas de la con- 
quista. Nadle puede negar que en materia de progreso este 
pais iba d la vanguardia en todo y por todo. Entonces ^cömo 
pretender que en materia de guerra civil (desde que perdiö el 
seso para empezarla) hubiese de quedar rezagado ? ^ C6mo e»- 
tranar que en punto k crear deuda no la foimase por miliares 
de millones y en punto de suelto no soltase el papel moneda 
de sellos de correos, que es el papel mas delgado, con mone- 
das 6 sin ellas, que seusa en el mundo? 

Cuando el Congreso declar6 legai tender 6, la estampilla, se 
encontraba en visperas de cerrar sus sesiones y aprobaba sin 
discutir cuanto se ponia a la 6rden del dia, que en casos tales 
bien poco de örden suele .teuer. Treinta y siete leyes pasaron 
en una semana ; por que los representantes del pueblo, cuando 
estan para marcharse a sus casas, parecen colegiales en vispe- 
ras de vacaciones ; todo lo hacen, contando con que hasta des- 
pues de idos ellos no sera que resulte el dano. Entre las 37 le* 
yes estaba la del menudo, la del suelto ; y es preciso confesar 
que ni la hilaron delgado ni se vieron ellos nrny amarrados para 
damos un suelto con un Resuelto tan re-suelto que nadie pue- 
de atarle cabos. Verdad es que ^qui6n se opone k la necesi- 
dad? ^qu6 fuerza hay contra la fuerza? No habia mas reme- 
dio ä falta de dinero sino crearlo y se cre6 y hemos visto que 
la cosa es buena, pero de aquella bondad que hacia esclamar & 
IGguel de los Santos Alvarez : 

Baeno es el mnndo, baeno. bneno, tmeno. 

Comemos y bebemos estampilla ; vivimos de la estampilla 
como las pai*asitas viven del aire. La comparacion es ecsacta: 
la estampilla con sus multi-colorcs formas es la fior con que la 



272 

parfisita hechi7a la vista de los qnc la contcmplan estasiados. 
l Cuanto durai-& el hechizo ? i Cuanto tiempo vivira la parasi- 
ta? ^Qu^fnitosdarÄ? 

En medio de la gaerra, mas que el profundo silencio teme- 
roso del rio James, ma» qne la "conscripcion," la qiiinta — es 
deeir, mas qne la guerra & la fnerza, — se preocupa la atencion 
publica con el suelto, que representa inmediatamente la ques- 
Hon (Targent^ que se ha couTertido en la pesadilla del momen- 
to, porque habla por la boca de los hijos hambrientos, del ho- 
gar desolado, del inviemo sin pau y sin carbon, del porvenir 
sombrio. 

El corazon se aprieta, la pluma se cae de las manos. Eshor- 
rible el suelto. 

NuxTA Yo&K, agosto de 1862. 



LA QUINTA« 

L 

Soldados, la patria 
Nofl nama & la lid. 
t JoremoB por ella 

Vencer 6 morlr. 

Hlmno de Siego, 

Las noticias se parecen & los huevos en que hau de ser fres- 
cas. Ni noticiä vieja ni huovo huero. Por eso tengo el honor 
de anunciar, con birrete en mano, al respetable püblico de 
este continente que se ha ordenado la quiuta. 

A fin de evitar equivocaciones conviene saber que esta 
quiuta no es ninguna casa de campo, ni hace referencia ä la 
csposa del liistoriador de Alejandro que teiiia el mal gusto de 
llaraarse Curcio ademas de Quinto. La quinta de mi cuento 
no es otra cosa sino el sorteo para la miHcia — sortiri milites, 
que dice el diccionano de la lengua. 

Venga V. aqul, senor Editor Redactor en jefe, y explique, 
como Dios le ayude, lo que significa esa ley que man da para 



278 

9uprUmr la rebelion en el Sur el empleo de la quinta en ei 
Norte. i No le topa ä V-. la confrontaoion de esas dos ideas ? 

"Non V08 fabla fi vos, don Nofio, 
Non vos fabla a la razon, 
Ca ai todoa voluntarios, 
Non forzados f*ieran, non?" 

He leido — cuando yo s jlia leer^ — que en las gnerras de la Ga- 
lias los Uamados soldados en aqiiellas Mrbaras naciones y mns 
bärbaros tiempos, tenian tanta adhesion & sus jefes, que 
muerto el que los mandaba, morian todos hasta el iiltinio. 
Y mas tarde en Escocia, Francia 6 Italia los entonces titnladoa 
aventureros y foGcionea hacian tres cuartos de lo mismo, 
poco mas 6 menos. El cuarto restante provenia sin duda de 
*que la ilustracion habia cundido algo mas con los siglos y los 
horabres no tei<ian tanto apego al jefe como & la vida. 

Calcülese ahora c6mo hab^ä de ser una quinta en el siglo 
de las luces, de los Monüores y los Arkansas^ de ]os Parrots 
y de los Napoleones, de los Minies y de los Enfields y de tan- 
tos otros sabios 6 hijos de sabios que se han empeiiado en 
perfeccionar el arte cristiano de matar al pr6j*mo con mayor 
facilidad y soltura, 

El secretario de la Guerra dijo : la Quinta I por las razones 
que espondrd indudablemente la parte editorial — y el pueblo 
que siempre fu6 el primero en nuestro continente. no quiso 
ßer quinto por nada de este mundo. Mucho rebajo era ese 
para aceptado sin maduras consideraciones previas. E luego 
^ qu6 diran las naciones estranjeras de un reclutamiento de 
*' chaquetilla ajustada " en el fervor del entusiasmo por la 
causa de la Union ? 

Asl que para dejar bien puesta la 16gica y bien puesto tara- 
bien el que ocupamos, la gente empezö ä desaparecer de la 
publica escena y k esparcirse por esos andurriales del estran- 
jero, UÄOS k bordo de los vapores que van ä ultramar y otros 
en los wagones que atraviesan la frontera de nuestros primos 
del Canadä. 

Pongdmonos en razon : el pueblo de los Estadös Unidos es 
religioso por escelencia ; religioso k su manera. En virtud de 
esa religiosidad, mas pronunciada que ciudad rebelde, la 
quinta le ofreciö una cuestion de conciencia, que voici : 

El quinto mandamiento ordena Nb matar : 

La quinta tiene por esclusivo objeto matar : 



Luego 



13 



274 

l Qu6 haoer cn el aprieto sino obedcccr los mandamientos 
para salvar el alma, sobre todo caando & la vez y por la misma 
via se salvaba el cuerpo ? 

— Quinto ! esclamaba una sefiora cubano-anglo-americana. 

Qninto ! No permitiera yo & mi liijo qne lo fuese ni aun 

fiiendo Carlos. 

Y cuenta que el tal Carlos Quinto era hombre que lo en- 
tendia y que en materia de quintas no conociö mas que las 
mucbas en que Su Sacra Real Majestad gustaba de veranear 
y de otras cosas que podia hacer tambien en invierno. Anado 
que conoci6, eso mas, la quinta de la baraja en ouyo juego, 
dice el mas veraz de sus biögrafos, que cuando las conquistas 
le daban tiempo, solia solazarse hasta que se aburria. 

Pero mi cubana anglizada no quiere que su Carlos sea 
quinto, y tiene 4 f6 razon, porque un quinto, cuando no es 
Cdrlos, bien puede ser el ultimo de la poUada, y oiga V., las 
balas no escojen. Mas ahora quisiera yo tambien interpelar 
k mi paisana la espanola sobre una cuestion personal : - 

l A qu6, pecado mio mortal, se metiö vnesa merced en el 
magin la idea de hacerse lo que no puede ser, lo que nunca 
ser&, lo que le repugnarS, ser ? i Para bien de qu6 &nima se 
hizo, es decir, se quiso hacer la inglesa quien naciö y morirä 
hispano-americana ? 

Pero ya veo que en lugar de contestarme, la donna möbUe 
Mgue haci6ndose la inglesa y no entiende. 

Ah! duena mial Asl no me sean perdonadas todas mis 
oulpas cuando Nuestro Senor Jesucristo nos quinte k todos 
los pecadores en el iiltirao dia, si yo pudiese no llevarle mas 
pecados sino el de merecer ahora ser quintadö. Sancho nacf, 
Sancho soy y Sancho morire ; que lo que es cambiar de nacio- 
nalidad, seiiora, no entra en mi reino. Como ! Bien se me 
alcanza que " alli estd la patriadonde bien le va k uno." {^Ubi 
patria übt bene.) 

Pero en cuanto ä la mia, 

" Patria I patria t 70 te adoro 

Porqae he visto el estrangero ^ 

Y en 61 ta nombre hechicero 

Me ha arrancado amargo Uoro. 

OhI no hay Buelo cnal ta snelo, 

De los qnc gnardan mi hnella, 

Ni cielo como ta cielo, 

Ni tierra mas qae tti 1>ella/^ 

Si todos pensasen como yo — no lo reclamo en faz de prt 



275 

vilegio — ^los nacionalizados no andarian hoy & caza de pa- 
peles para probar que son lo que no han podido dejar de ser. 
La " tirania," alegaban casi todos, es insoportable, y por esc 
venian a la tierra de la libertad para ser cindada^ios, 

Pero he aquf que la fulgente Diosa, no olvidando la cos- 
tumbre de embriagarse de gloria, como lo hace en otros 
paises donde trata mas al desgaii'e las formulas del bien pa- 

recer, se di6 a sus antiguas tretas en este y tiro el 

Diablo de la manta en el momento de mayor grandeza. 

Si aUd teniamos guerra por asegurar la libertad, que es 
dada con esceso ä andar demasiado suelta« acd hicimos otro 
tanto y un niedio mas. Hubo y por luengos aiios habr& 
faccion, rebelion y revolucion, y con tan venerables matronas 
se ha presentado la quinta — esencia de todos ellas y su 
hija, nieta y biznieta mas requintada. 

Con la quinta han venido — "como iba diciendo" — ^los 
apnros de los qSe tienen el honor de ser patriotas y estar di»- 
puestos ä hacer todo gönero de sacrificios por la integridad 
de la Union y por el sostenimiento de los derechos constito- 
cionales. 

Ya espliquö c6mo los mas patriotas, es decir, los mas 
ricos, andan buscando las fronteras terrestres y marltimas, 
cual ratas que se escapan por las endijas de la puerta cuando 
ven al gato entrar en el aposento. 

Ya dije que los nacionälizados se quieren desnaciona- 

lizar y el qice me los descontantinopolizare^ huen descorir 

tantinopolizador serd. 

Los pasajeros patriotas — hombres del Noile, partidarios 
de la Union y de la Constitueion (no se puede remendar el 
tamboron) — llegaron al muelle como si tal guerra no hubiese 
en los Estados, como si Pope hubiera ya pasado de Rich- 
mond y McClellan el Chickahominy y el fuerte Darling. 

— Atras ! dijeron los cerberos de la policia. • 

— ^Por qu6 ? pregunto uno. 

— ^Debe V. probar que no esta comprendido en la ley de 
alistamientos voluntarios, quiero decir, en la conscripcion. 

— En la conscripcion l Pues si tengo cuarenta y cinco 
anos cumplidos. 

— No tal ! esclamö irritada una dama que le acompanaba. 
El es mi hermano menor y yo no los he cumplido. 

— ^Hermana, por Dios ! disimulas mucho la verdad. 

Y alli fue la de *tü dices y yo digo, y los herraanos no se 



276 

enten<lieron acerca de la edad, j.el policia no di6 el pase. 
Atras ! 

Entre tanto otros pasajcros patriotas pensaban ir & Pa« 
ris para salvar la Union, acaso dando consejos al Sobrino de 
BVL Tio, 6 tal vez iniluycndo en la opinion del otro mundo 
6. estilo de Thurlow Weed. 

Gada cual tenia su escusa. 

— La escasa de V. 

— Yo! yo! Pues yo soy viudo. 

— No le comprenden las generales de la ley« 

— ^Pues soy mayor de edad. 

— ^Mayor de 45 ? 

— No; pero soy jiirado. 

— Su nombramiento ? 

-^oy jurado, porque he jurado No, seüor, soy, es- 

tudiante. * 

— ^De que ? 

— ^De medieina. 

— Tiene V. diplomaP 

— ^Pues si ni aun para ser m^dico graduado-se necesita en 
oste pais ! 

— Atras ! decia finalmente el representante que alli babia 
del patriotismo nacional. 

Uno alegö que era borabero, porque hacia bombas, siendo 
asi quo la ley solo esceptua a los que con ellas apagan 6 tra- 
tan de apagar incendios. — ^Atras ! 

Otro quiso salir so capa de telografista. El policia pidio 
prueba y 6\ la presento de testigos. El primero citado dijo 

— Declaro solemnemente que Mr. Jones, lui amigo, es tele- 
grafista. 

— Cömo? donde? por qu6? 

— Porque es el mayor embustero de mi oarrio, contesto 
con gravedad el deponente. 

El policia admitio cl argumento como ecsacto, pero escla- 
mando siempre — Atras ! 

Los asmaticofl, tfsicos, enfermos de hipertrofia y de otros 
males decibles 6 indecibles, no tenian nümero, comparando 
el de su falanje con el de pasajeros. Un cojo se dejo medir 
las piernas y result6 que una de ellas ei-a mas alta que la 
otra : pero *el policia, ni con la ayuda del Doctor, pudo ave- 
riguar cual era la mas larga, pues altemahan como piemas 
republicanas, segun quien las media. El Doctor encontraba 



2n 

el defecto en la derecha y el policia en la izqaierda. Como no 
habia tercero en discordia — atras ! 

— ^Yo 8oy casado, espuso uno de tantos. 

— Yque? 

— Y mi mujer estS. en Europa. 

^Y que mas ? 

^-Y pronto me hara padre. 

— Y entonces? 

— ^Ella no puede hacer nada en esta vida fiin mf. La tengo 
tan mimada y es tan dengosa ! 

Un cuaito 6 quinto, que no queria seiio, propuso como es- 
cepcion 1a estrangeria. 

— ^Donde naci6 V ? 

— ^Yo ? en Califoraia. 

— Luego es V. ciudadano. 

— 'No, senor, porque naci antes de la anecsion, antes del 
descubrimiento del oro, antes que el coronel Fremont encon- 
trase las minas de Mariposa. 

-— Y ä este ? — ^preguntö el policia k su capitan. 

— ^Este, contestö el capitan, este ^ Sabe V. que se ne- 

cesita saber mucho derecho de gentes para ser policia en los 
tiempos que alcanzamos ? Mas por lo pronto, atras ! que es lo 
mas seguro. Consultaremos 4 Mr. Seward, 

— ^Proteste, dijo el estranjero de patria dudosa. 
No se admiten protestas, sino pasaportes, respondi6 ei 
capitan de las Estrellas. 

TIn hombre alto, seco y estirado como maccBroni sin cocer, 
espuso SU raotivo : 

-Soy idiota ! dijo imperturbablemente. 
Idiota ! pues no lo parece. 

•Asl hay muchos en el mundo ; pero aquf est& el certiSca- 
do de mi mSdico. 

— Y si no vale, dijo terciando en la disputa una que parecxa 
8U mujer, yo dar6 mas pruebas, que las tengo de sobra. 

El capitan de policia estaba mas irresoluto que el senor mi- 
nistro de la Guerra el dia en que le avisaron del "movimiento 
estrat^gico." No creia el honrado capitan que el subtei-fugio 
del ^4diota" era malo; mas para satisfacer sus escrüpulos pa* 
s6 el espediente al Doctor y — atras! 

Mientras acontecian estas y otras mucbas escenas que serian 
largas de contar, el vapor continuaba en su puesto, haciendo 



278 

girar las ruedas como caballo impaciente qae escarba el snelo 
tu sentirse sofrcnado. 

Son las cinco : ha sonado la qninta hora de la tarde y gra- 
cias & la quinta dala milicia, el vapor correo de Europa noha 
salido, ni ninguno de los que estaban anunciados pai*a las do- 
ce, por causa de los pasajeros 'que hau llegado & la hora llama- 
da nona, ignoro con qu6 motivo. 

Las escenas domSsticas, emanadas de los decretos de cons- 
eripcionj no biindan menos motivo para el lente folletinesco. 
Aquellas mismas senoras madres qae cuando empez6 la guerra 
tenian & gala vesür ä sus ninos de zuavos, aquelks que salian 
.& Broadway para estasiarsecnlacontemplaciou da sus zcyuzoua 
cuando marchaban de rigor oso uniforme y con ^andera des- 
plegada y tambor batiente por la gran calle sin rival en el 
mundo, hoy emplean toda la influencia de la Quinta Aveuida 
pwa detener la avenida de la quinta. (Perdon por el retrueca- 
no, es inevitable.) Las que alzaban su voz al cielo para pedir 
la reconstruccion consabida, hacen aliora plegarias para bus- 
car escepciones legales y para que no les toque ä sus prim*og6- 
nitos el papel negro en el sorteo. Los m^dieos no podian ha- 
ber sospechado jamas que fuese este verano tan enfermizo co- 
mo se ha declarado de tres dias & esta parte, i Cuänto dolor 
de corazon, material y figuradamente. . . . hablando! Que de 
aneurismas hasta el presente no desarrolladas ! Qu6 de recri- 
minaciones contra la futura injusticia de ia siterte / 

Mi amiga la senora *** esta resuelta ä jurar que su hijo pa- 
dece un miopismo incorregible. Pero el patriota j6ven se ha 
adelantado ä la senora y ha teuido el valor de dcclarar que es 
cobarde y que por lo tanto no puede servir. 

El- Times asegur6 ayer que otro caball^ro se cort6 un dedo 
& fin de tener escencion ! 

Afortnnadamente para la patria loshombresde escencion no 
son la regia general. Hay 6 debe haber una iimiensa mayoria 
que se presta yoluntariamente & tomar las armas para recons- 
tniir la Union, pues se afirma como positivo que ya est& llena 
la cuota del primer alistamiento de 800,000 hombres. Las pri- 
mas concluyen en estp, semana y despues de las primas siguen 
. otras parientas mas lejanas y mends atrayentes, que son las 
quintas; de donde se deduce que para ser de .los quintos si» 
prima, 6 de los pi-imos sin quinta y con su anadidura corre» 
pondiente en dinero sonante 6 sin sonar, de ese que se usa, y 
SU buen item mas de patriotismo» blen vale la pena de coger 



279 

desde luego el fusil con los dineros y la honra de ser 6 apar^ 
cer patriota de los mas voluntarios. 

Por lo que hace d los amantes de la loteria y & los que e»- 
tan acostumbrados k jiigarla, ya podran decir que se la han sa- 
cado y no mala. <j Qu^ preniio mayor quo el de servir k la par 
tüa natural 6 adoptiva ? 

La quinta ha causado novedad como todo lo desusado ; ha 
puesto a prueba a los patriotas del borabardeo del castillo 
Sumter y de la guerra k todo trance ; ha impreso caracter 4 la 
misma guerra, y final y principahnente, ha puesto en movi- 
miento el dinero. 

Ganan con ella los cönsules estrangeros que espiden certi- 
iicados de naeionalidad, los m^dicos que ven sübitamente an- 
mentada su clientela, los agentes de escenciones que cobran & 
duro por cabeza, el mismo quinto que se anticipa al sorteo, ei 
gobiemo que ha deseubierto ima mina de voluntarios y el Fo- 
lletin que ha encontrado otra de involuntarios para llenar bub 
columnas. jAsl se Ueuen los ej6rcitos militantes que deben sal- 
var la Union I 

* El senor secretario de la Guerra, entre sus nuevas disposi- 
ciones sobre alistamiento, ha dictado una contra los que se 
ocupan en desalentar k Ips que deseen engancharse. Manda 
que se les considere como ä enemigos. En este caso se encuen- 
tran muchas mamäs y papas y todos los m6dico8 y agentes de 
escenciones. Para las piiraeras hace falta el general Butler. 
Los segundos en el pecado llevan la penitencia, porque ten- 
dran que comprar Substitutes, fruta cära aim en la presente es- 
tacion de las frutas. Los medicos han sido siempre enemigos 

del g6nero humano ; testigo todo el que no esta enfermo y to- 

davia no tiene para que llamar ä estos de la cuarta clase. En 

cuanto k la quinta, la de los agentes, la otra quinta los com- 

pondra. 

No hay remedio, la ley es ley y se ha de cumplir, Necesita- 

mos un ejercito de voluntarios y otro de milidanos. Avante por 

todo y que los haya. 

I^a partida esta erapezada y no hay por qu6 dejarla k ra€dio 

Camino. Sus ! avante ! digo. AI carapo ! "A Richmond"^-eii 

batallones, en compaiiias, en mitades, en cuartas, con quinta 6 

Bin ella. Eal 

Soldados la patii« 
I^^OR llama & la Ild. 
JuremoH por ella 
Vencer 6 morir, 

Agosto 9 de 1862. 



280 

LA aUIKTA. 

n. 
# • 

Debcro« del clndadano. 
Art" 842— «crv'lr ft Uk patria 
eon ans blencs y bq vida, si 
lüere nccesario. 

CONitTlTUCION. 

Güstame generalmente citar por epfgrafes los testos vivos, 
e« decir, las obras de los contemporaneos, dejando en su eter- 
DO reposo para que descansen en paz los testos miici*tos. 

Ni citaria la Constitucion (R. I. P.) si no fuera porqne en 
e^tos Ultimos dias he tenido que estudiarla mas que el "Exä- 
raen de Conciencia" en vlsperas de Semana Santa. Lo cual 
])inieba que todavia no esta muerta. 

Porquc ha de saber mi püblico, si hasta ahora no lo sabia — 
y lo digo con no poco orgullo bien fundado— que soy autoridad 
en cierto sentido, como lo es el domine y pretende serlo el sa- 
cristan en toda aldea donde se Tiable el castellano y aun el fla- 
menco. 

Eso dicho con su tonillo, repito q.ue ültimamente han llori- 
do las consultas sobre mf, como sobre el Egipto Uovieron en 
los tiempos sagrados las piagas de todos tamaiios y figuras, 
queriendo cada cual que yo, mlsero, invente un sublime espe- 
cifico para libertär de la patria a sus hijos naturales 6 legiti- 
mes ; quiero decir nacidos 6 pegados. 

Esta adorable tierra que tanto era amada en tiempo d6 en- 
touces ; 

Tierra de libertad • .^ Ora pro nohis, 

TieiTa de independencia. — Ora pro nohis. 
Patria de los emigrados.. — Ora pro nohis. 
Consuelo de los afligidos. — Ora pro nohis. 
Refiigio de loa pecadores. — Ora pro nohis. 
Etc. etc. etc — Ora pro nohis. 

(V6ansc los discursos de Kossuth y las cartas de todos los 
quo han dojado cucntas peudientcs en otra parte.) 

Esta tierra tan querida, tanam.nda, tan preforiblc a todaslas 
demas tierras descubiorias y por dcsciibrir del mar Oceano y 
dospucs, por ailadidura, ö aiiecsion, del marPacffico; esta tier- 
ra quo oon nombmrla 



291 

Sn nombro hAo u 1a rcgion ct^rca 
Sobie lo« otrop nomhrcs se levanta, 
Porquc cn diciundu £. IT. con mano fün'oA 
Del tiraiio scaprlela U garganta 

Pues bicD, esos niisinos . E. U. tan s^igulanzados, cayo 
patnotismo voluntario bacia vaya, mi la liora clel peligro so 
han encontrado descreidos y Dcgados, no antcs que el ga- 
llo cantase ciertaniontc, •»ino dcspucs quo liaLia cantado y en 
realidad porque habia eaiitado. 

Todaöinis cousultas Lhq sido <*obre c6mo y pojr qii6 mcdioii 
80 eviiara im ciadadario el sör «toklado. 

— Pol que, ya V. ve, me dccia im hijo de Malpaso, 6 de Ca- 
imiy, ü de Maracaibo, 6 de cualquiera otra parte »lo anglosajo- 
iia, yo vine & este pais prcciöamcute por la repiignancia que 
leugo a los soldados y ahoi*a salimos con ^ue aquf tambicn es 
preciso ser soldado. ^ C6mo cvitaria yo esa calamidad ? 

— Calamidad, por que ? Senor Perez, la patria es lo pri- 

mero. 
— Sf, hombre de Dios, pero esta no es patria, ni con mil dia- 

Llos. Yo tome los papeles, porque no me perraixia la ley te- 
uer casa propia sin ser ciudadano y aun cuando esta tirania 
contra el estranjero carece de justioia, me somcti a ella y aqui 
me tiene V., sin siquicra hablar el idioma, obligado & echar 
suertes para tomar el fusil. i Qu6 me imporia a »iii el Norte ni 
el Sur, ni cl Este ni el Oeste ? i ni que me va ni nie vierie de 
que estos scuores se empencn en romperse la cabeza y oovtai^ 
se el pescuezo, scgun dicc d Presidente Lincoln, si a mi nemo 
duelen ellos ni me dolerian sino en caso de baber nacido yo 
hablando ingl6s, que no lo bablare ni aun. cuando me nniera ? 

El Sr. Perez trasudaba con el doble efecto del centigrado L 
92 y la quinta ä tiro de pistola, pues ya sefiguraba armado de 
rifle, con mochila al bombro y cantimplora colgada, marchan- 
do häcia el Rappabannock, cl Rapidan ü otro de esos rios in- 
surgentes donde Pope eclia proclamas que tiembla el misterio. 

Yo lo contemplaba en silencio. 

— Conque, vamos, bombre : diga V. i qu6 iiago para salir 
del apuro ? 

— ^Para salir dolos Estados TJnidos, quiere V. decir? 

— Ojala ! Pues vaya ! ; Toma que si saldria! 

— l Para salir de la ciudadania ? 

— ^Pues OSO. 

— ^jPara volvcr & ser estranjero? 

— ^Claro, 



282 

— Pero, seiior raio, si V. nuiica ha dejado de serlo I 

— l C6mo que no ? Y el "juraraeuto de intencion ?" 

— Fiie iiiia mala intencion y nada raas. 

— Pero, chico, la cosa es que cori buena 6 mala intencion 
me poncn el fusil al hombro y me mandan ä la guerra, entien- 
deV? 

— Ya, ya. 

El ßefior Perez es la viva representacion en este momento 
de los patriotas desinteresados que son capaces de sacrificarlo 
todo sin restriccion alguna por. .*. . no tomar el fusil. 

Lo escuso yo mismo, k pesar de lo incomprensible que me es 
la conducta por 61 obsei'vada. ^ Quien habia de peusar diez 
ano!* hace que nos veriamos ahora por estas alturas ? 

Yo sc positivamente que ya el seiior Perez no suda sino de 
calor, porque lo dd juramento se arreglö, El me dice que hay 
medios ; pero que ese es su s'ecreto y el se lo calla. 

Con su peiiniso he leido en un diario de Filadelfia que cier- 
to jocoso especulador anunciö que mediante un peso fuerte en- 
viado por el correo daria el remedio infalible "para escapar al 
sorteo de la quinta." Veinte, treinta, que ! doscientos, mil en- 
viaron su peso para salvarse con el infalible espediente. Era en 
aquella hora suprema la pesadilla general no servir k la patna. 
El hombre de la invencion contesto a todos los neofitos una so- 
la palabra, cuya virtud pi'oduciria infalibillsimamente el efecto 
deseado : — Alistarse ! 

Efectiyaraente el que se alista no puede ser quintado. El re- 
medio era infalible como se ofrecia. Oh ! si yo lo hubiese sabi- 
do para deshacerme^de importunos ! Lo mejor del remedio 
consistia en que ninguno de los que habian caido en el garlito 
se atrevia k quejarse, porque corria peligro de aparecer "sospe- 
choso" en la epoca del rechaufement oficial. 

Hubo sin embargo un guapo que no temi6 dar la cara y de- 
mando al inventor por el engaüo. 

Escena en el tribunal : 

— El seiiör me ha robado un peso y ha robado ä muchos 
otros. 

— "N'iego la acusacion, Sr. jnez. 

— ^Yo la pruebo. El seiior ofreciö un remedio infalible con« 
tra la quinta. 

— ^Y lo he dado. 

— Alistarse ! Ya lo creo ; pero el remedio es peor que la 
enfemiedad. 



283 

— Enfermedad ! Mire V. que patriotismro ! llamar enferme- 
dad el servir a la patria. Es im deber, es una necesidad, y es un 
delito no hacerlo— delito de traicion. 

Aqui conoci6 el demandante que su pleito iba por mal Cami- 
no (el Camino del fuerte Lafayette) y quiso volver el argumen- 
to. 

— Es delito de traicion, ciertamente, dijo al embaucador; 
pero V. no se ha alistado. 

— No ä fe, ni me alisto, 

— Lo ve V., senor juez? El senor es partidario del Sur. No 
se alista. 

— No senor, no me alistOi^ni soy partidario del Sur, ni del 
Norte, ni de nadie. 

— No se alista, senor juez, porque no quiere que el Sur sea 
vencido. 

— No me alisto, no seiior, ni me alistare nunca. 

— Es un hombre "sospeclioso." Pregüntele V. por que no 
se alista? La patiia esta en peligro y todo el que no se allste 
es un traidor, un separatista, un 

— ^Pero yo no me alisto. 

— ^Luego lo confiesa. 

— No confieso nada. 

— ^En el fuerte Mc Heniy lo confesara. 

•<— No ire al fuerte Mc Henry. 

— Seiior juez, este es un traidor empedemido. 

— Ni por esas. No me alistare. 

— Y por que razon ? pregunt6 el juez terciando en el aUer- 
cado que el hombre del remedio sostenta con calma. 

— Sl, por qu6 razon? que lo diga, vocö6 el demandante. 

— ^Por qu6 razon ? Si el tribunal la desea, contestö el hom- 
bre, yo se la dar6. 

— Sl, dlgala V. 

— Si, digala V. 

— *Pues por üna razon muy poderosa. 

^l Cuäl es ? 

— ^Cuales? 

— Porque soy cuaqukro. (*) 

Las risas del auditorio acabaron de desconcertar al deman- 
dante y el autor del remedio infalible saliö con paso de triun- 
fo & acabar de recoger su cosecha de quintos renuentes. 

(*) Loe cnäqneroB no servian nunca en la milicia.— La nueva ley no los exlme. 



284 

Para los qne no han couoüido al cuaquero de Filadelfinia 
saben el secreto que liberto al aniigo Perez, no se ha encon« 
trado otro Bubtei-fugio que un viaje k las Antillas, 6 a^ Cana« 
da, que estä mas cerca. La frontera de la provincia inglesa se 
encaentra llena de senoritos mimados y de patriotas ilustres 
que aguardan el moraento oportuno ^ar^pasarae d los ingle- 
ses. Por primera vez en la vida se ven hombres que en lugar 
de hnir buscan ä los ingUses, £1 gobiemo tiene all! una guar- 
dia pretoriana que impide toda comnnicacion con el vecino j 
siii raisericordia detiene k cuantos tratan de poner pi4s en 
polvorosa. He leido una carta de Oifton House, el raejor ho- 
tel (ing16s) del Ni&gara, en la cual dice a «u mamd un patriota 
novel de los que mas gritaron en el meetmg de la Union pa- 
ra la segunda leva : — "Estos policias se han declarado enerai- 
gos del genero humano con pantalones ; pero tu sabes que yo 
son un gran t4ctico y por medio de moVimientos estrat^gicos 
dl al enemigo puente de plata y ya estoy salvo. Respiro." 

La guardia pretoriana puso tambien cerco k los muelles y 
embarcaderos. El Preboste de la ciudad concurria en perso- 
na con ella para impedir que los pÄJaros volasen, y las esce- 
nas que alli pasaron son para contadas, ya que mis lectoresno 
las han visto. 

Cuando Mr. Seward estableciö los pasaportes por primera 
vez como medida de guerra, diö aviso previo para que esta se 
cumpliese. — ^Ahora no hnbo tal aviso, porque la medida era 
urgente. El golpe avisado no mata soldado y se necesitaba 
reunir gente ä toda costa. 

Los pasajeros no eran de la misma opinion. Alegaron en- 
formedades, estrangeria, escencion de la quinta y otras de las 
ein CO mil escusas que sugiere la propia deiensa contra la de- 
fensa de la patria. 

El Preboste y su fuerza eran urbanos, pero finnes. A los es- 
trangeros se Jes mandaba al consulado, y k los nacionales que 
no habian acertado ä ser raujeres, ni y-iejos de toda vejez, ni 
nifios, se les daba por consuelo la idea de que Mr. Seward era 
el üiiico mortal que podia sacarlos de angustias. Y h6 aqui 
que el buen filösofo de Aubuni recibiö aquel dia nef listo para 
61 tantas maldiciones como pasajeros habia, multipUcadas por 
cuatro. Pero ninguna conmovio k la guardia pretonana que 
contmuÄ lechazando gente iraplacablemento. 

La compaiiia detuvo el vapor hksta ver si se conseguian los 
pasaportes ; pero ni Ja mitad logrö aquel fin a la sazon tan sus- 






285 

pirado, y Öra de ver los montones de banles qne salian dcl'va- 
l>or, los petates y cokhones, los nenes y piqnininesque en con- 
fusion bal)il6nica pasaban y repasaban de una paite a la otra 
en brazos 6 al lado de sus mamäs Uorando, y de sus papas re- 
negando, por medio de caiTos y carretas, de cargadores y ven- 
dedores de periodicos y de duraznos, de ehicos y grandes que 
van ä la que se cae, de cestos con verduras y gallinas, de un 
batun'illo, en fin, donde el 6rden se pondria tamanito si se le 
antojase asomar la nariz por algona de las endijas de la reja 
qne estaba cerrada. 

Dos marineros piden paso, y con muy mal huraor por eier- 
te, ä la guardia del Preboste. £1 primer oficial los detieno. 

— ^Apaita 1 grita el nno tomando el pasamanos del pnente. 

— ^Alto ! grita el oficial, no hay pase. 

— ^Atras ! que soy del barco. 

— ^Atras ! que V. no lo es. 

Sin necesidad de reconocimiento el oficial los rechaza ase- 
gnrando al Preboste que no son marineros. 

— l Como los conoce ? pregunta el Preboste. 

— ^Toma, porque huelen ä esencia de rosa. Son los ninos de 
la Quinta Avenida que tienen miedo de oir hablar de quinta. 

Un caballero (al parecer) se presenta & un policia de la 
guardia y le alarga con disimulo un billete de a cicnto. El 2V- 
mes dice que lo devolvio. Cre&moslo, que la f6 es lo que sal- 
va. 

Dos que habian pasado & bordo le arrojaron sus pasaportes 
& otros dos amigos que estaban en el muelle ; pero la trampa 
fue descubieita. En esta ocasion no intervino la guardia sino 
un estrailo personaje de aquellos que los ingleses pagan bicn 
y desprecian mejor. 

Una mujer de seis pies y y un hombre de cuatro se pre- 
sentan d la reja pidiendo entrada. 

— ^El pasaporte. 

— ^Aqul esta el mio, dice la mujer. 

— ^Tampoco lo necesita, anade con dignidad el Preboste. 
Pero el del hombre I 

— Mi hombre es sordo-mudo, contesta la que no lo era. 

Aqui la dificultad I La guardia, aunque compuesta de las 
sombras (^) mas finas, no habia sonado siquiera con que se Ic 



(*) Simtbras. — Ab( m Uaman los ^licias stfteretos, 6 pertenocientes & la alte 
policia. 



28Ö- 

presentaria un caso parecido. El Preboste titubeaba, cuando 
uno de los policias dejö sonar varias monedas ä espaldas del 
ßordo de naciraiento. El hombre era yankee, y cayo en la 
tentacion volviendo el rostro iamediatamente. 
— "NO es sordo ! esclamo el policia. 
— Si soy, contestö el hombre. 

Y en medio de risas estrepitosas fueron devueltos marido 
y miijer, porque esta asegurö, con un terno por salza, que 
nadie la separaria de ßu hombref 

Un chiquitin aleman (porque olia & largerbier)^ presenta su 
pasaporte de uno de tantos principados como hay alla por el 
Rhin, y entonces se establece entre 61 y la guardia el si- 
guiente dialogo : 

— Conque es V. aleman 1 
— Sf, senor. 
— ^De'd6nde? 

— ^De Hesse 

— Cuantos aiios tiene Y. de America? 
— ^Unos quince. 
• — i Y cuantas veces ha votado ? 
— Diez y seis. 

— Basta con eso, concluyö el policia cerrando la puerta. 
Entre tanto los dicharachos y silbas de la multitud hacian 
en alto contrapunto un acompanamiento algo parecido al que 
yo he visto hacer en los redondeles donde se juegan toros 
(que no son de jugar,) en otros paises. La escena era b61ico- 
joco-seria. 

Por los consulados se efectuaba otra con no menos inci- 
dentes, escepto, a lo que supongo, lo de las silbas. Espanoles, 
ingleses, franceses,* griegos, annenios, chinos, japoneses, y de 
todas las naciones del mundo que tienen representacion en la 
metröpoli, andaban ä casa de nacionalidad, registrando sus 
genealogias, la fecha de arribo k esta plaza y otras inil cosas 
que nadie recuerda sino cuando las necesita. 

El c6n8ul ingl^s paso äviso de que ä la policia, y no ä 61, 
correspondia declarar las escenciones ; pero no por eso se li- 
bert6 de molestias. Gada irland6s de los innumerables de 
esta tierra de Ora pro nobis^ queria su pasaporte como 
prueba de ciudadaniä, y no sirvi6 de obice el haber alzado el 
precio k los pasaportes. Las pruebas habia de suministrarlas 
el consulado, por supuesto, ä la mayor parte de los solicitan- 
tes, porque la mayor parte de eüos no sabian por qu6 eran 



287 

irlandeseB. Algtmos hubo qne sostenian no ser de Irlaiida, 
sino solamente del condado en que habian nacido. 

En un consiilado de los hispai^o-americanos vi la escena 
raas natural que pudiera ofrecerse. Un estudiante bonazo pe- 
dia pasaporte, y el consul le exijia pruebas de su ciudadania. 

— ^ Como pruebas? replicaba admii*ado d mozo. ^Pues 
qui6n no sabe que yo soy de alla ? 

— Yo no lo s6, decia el cönsul. 

— ^Pues V. no es buen cönsul, y disp6n8eme que se lo diga, 
porque en Casupo todos, toditos, saben que mi madre es 
Juana Paula, y mi padre D. Juan de Dios de los Caminos. 

El cönsul lo contempl6 un rato sin entenderlo y luego se 
decidio k concederle el pasaporte, mediante la esplicaciou que 
le parecio satisfactoria. 

En las oficinas de policia se agolp6 el tumulto como agua 
de rio crecido, en busca de pase, pasaporte 6 boleta que per» 
mitlese ir a todas pai-tes. Ejemplo : 

— ^Voy 4 Elizabeth. 

— Cual Elizabeth ? 

— ^De Nueva Jersey. 

^-Pues con Dios. 

— ^Pero no traigo pasaporte. 

— V. no lo necesita. 

— Esta bien, pero hoy tom6 una de sol que me ha dado tar 
bardillo y no puedo servir en la milicia. Yo voy por cauna de 
salud. 

— ^Por qu6 no se va V ? 

— ^Por el pasaporte. 

—Olga V., se6 Va V. & Elizabeth ? 

— Sf. 

— Pues m&rchese V. 

— ^Pero el pasaporte ? 

Un policia agarr6 al campesino por el brazo y lo puso en la 
puerta. El pobre hombre se quedö como si el mundo se.le vi- 
niese enciraa, qpnsiderando que al llegar & los carros del Ca- 
mino de hierro le pondrian mano como ä pröfugo cuando €1 
no tenia sino tabardillo y queria curarse en el campo. 

Las escuelas han aumentado considerablemente desde que 
empezo la amenaza de la quinta ; los colegiales eslan escentos 
lo mismo que los maestros. Asl que dos vecinos que tienen 
casas contiguas, un hijo de 18 anos cada uno 4 igual interea 



288 

por soatener al gobiemo, se mandan recfprocamente sus hijos 
y establece cada cual uiia escaela para el hijo del vecino. 

Las companias de boraberos Ean duplicado y triplicado sus 
fnerzas. El bombero eaitk escento. 

l Qiii6n lo creyera ? Los politicastros son los mayoi'es ene- 
migos de la qiünta y no ya cnando aplicada & ellos mismos, 
sino cuaiido se aplica ä sus veeiiios. Ninguno quiere que sus 
coinpaiieros de barrio vayan a la guerra. ^ De donde tanto 
aiiior ? Porque cada hombre que sale del barrio es un voto 
que pierde el politicastro y una esperanza menos de ser electo 
cuando llegue la ocasion, que no tarda. 

Parece, pues, que existe (como si la hubiese) una conspira- 
cion universal contra el aumento del ejercito. Sin embargo se 
nos asegura que el entusiasmo aumenta dia por dia en favor 
de la guerra y que la prueba es que ya todas las cuotas estan 
Ilonas. 

AI saber que las cajas de primas 6 premios estan vacias se 
csplica pei*fectamente ese misterio. 

Si al cabo he de echar avantAi 
Seguido de un algaacil, 
T hoy con dlnero eonante 
He entragaran cl fusil, 

Venga el dincro; 
To los pre-engnnches preflero. 
Viva la patria, sefiores, 
Lo primero es lo primero 
T enganchea con pr6 mejores. 

AI paso que vamos, la guerra durarä anos, (llene 

quien quiera el blanco) y la poblacion de la gran raetröpoli 
quedara reducida 4 las mujeres para montar guardia y 4 los 
escentos para cuidar & los ninos en mantillas. 

NuBVA YoBK, agosto de 1862. 



289 



mSTORIA CONTEMPORANEi. 

— ^Entiendes, Fabio, lo qne voy dlciendo f 

— ^Pues, toma, si lo entiundo I — MienteB, Fablo, 

Qae yo eoy qnlen lo digo y no lo entiendo. 

LOPS DB YEOA. 

En tiempo de entonces estudiabamos ülosofia, aun cnando 
despiies bien pocos aprendicron a ser filÖBofos de veras. To- 
davia ignoro lo que me sucedi6 a mi, porqae como no me he 
luuerto, iii tengo empleo de alto rango, ni soy pariente de 
quien lo tenga, no me han consagrado hasta la fecha necrolo- 
gias ni eonetos. Mis amigos suelen decir que se rien con mis 
eäcritos, lo cual prueba qae no tengo ni asomos de filosofo. 

Pero en mi clase habia uno & quien se le podia poner con 
razon ese apodo, Biquiera por el silencio socrdtico que imper- 
turbablemente guardaba. Erase un hombre que todo lo sabia, 
aunque no se le conociese por fuera. Va de ejeniplo : 

— Senor Jimenez, decia el catedrätico, digame V. qu6 es 
br&jula ? 

— ^Pues, brüjula, contestaba el senor Jimenez, brüjula. . . 
To s6 lo que es, pero no lo puedo esplicar, 

Y en vano trataria nadie de sacarle las palabras con cucha- * 
ra, & fin de averiguar lo que es brüjula, porque el senor Jime- 
nez se la hacia perder al mas espeito con su imposibilidad ae 
esplicarse. 

Cuentan de Federico el Grande — 

** Sefioree, yo no lo he Tiato "— 

que siempre Uevaba consigo un cronista de sus campanas, una 

cspecie de redactor en jefe de victorias que las enarraba to- 

das, porque el rey las sabia dar k pedir de boca, pero en lo 

de referirlas era un bolo, un duplicado de Ja edicion del seiior 

Jimenez, con pasta de taiilete y cantos dorados. El guerrero 

absorbia en 61 al nasrador tan completamente como el narra- 

dor 6 cuentista de ahora absorbe al general P. . . Iba & es- 

cribir todo su nombre sin acordarme de que estamos en vera- 

no todavia y de que en el puerto hay ^' hoteles," alias castillos 

gratis. 

Cesar — y por lo visto voy en 6rden cronolögico : el seiior 

Jimenez, Federico de Prusia y — C6sar gozaba fama por sus 

partes, i Qui^n no conoce aquel tan famoso de Teni, mdh vU 

19 



290 

ety qne recordö el galo por tanto tienipo ? La fama de C^sar 
es iiiconmensurable y en este sentido no tuvo rival en su ^po- 
ca. El otro parte suyo que empieza. . . Aguarde V. ä que el 
modemo Cösar galo concluya su obra sobre el antiguo, y pi-o- 
meto que en el momento traducir6 el parte, pues recordarlo 
ahora seria empresa de romanos. En caanto & la brevedad ce- 
s&rea, aqnellos senores gustaban mucho de ella, porqne el em- 
perador dirigia sus paites al Senado y al Pueblo Romano (el 
S. P. Q. R. de las procesiones de Mißrcoles Santo) y ningu- 
no de los dos tenia niucho tiempo que perder : el Senado, 
porque escasamente le alcanzaba el de las sesiones para de- 
cretar conquistas y el de asneto para coronar vencedores ; y el 
pueblo, porque tenia que arremeter eon el mundo entero 
y aprender latin, que era otra verdadera obra de romanos. 
Mire V. : 

Nominatiyo— .S^« 
Genitivo — . . . . • 

" Yo bien lo s6, pero no lo puedo esplicar. '* Cuando dije 
que para estudiar latin be necesita de una vida entcra ! Es un 
idloma vitalicio. 

El de los partes modemos no es latin, sino griego, es luia 
especie de adivinanza que hace brotar canas. No le daria yo 
mas castigo & don Modesto de la^ Fuente, autor de la Historia 
de Espaiia, sino poncrlo ä escribir la Historia Contemporänea 
de los Estados Unidos en sus relaciones con los DesimidoF. 
Un yankee de buen corazon ha tratado de reunir en forma de 
tomo los materiales que don Modesto le pediria para su traba- 
jo, y & ese que es de Hercules lo ha Uamado JRebellion Itecord 
6 Anales de la Rebeliou, que mas son en realidad la Rebelion 
de los Anales, no por culpa de el, pobrecito ! que es un yan- 
kee de conciencia, si los hay, sino por la naturaleza misma 
de los documentos. 

Supongamos, para conocerlos bien, ^ue en Kentucky, 6 en 
Ohio, 6 en cualquiera otra parte de los Estados " fieles " in 
partibus^ se da una batalla. Pero no, supupgamos algo mas : 
supongamos que se va d dar la batalla. ^ Quiere V. leer el 
parte de ella ? Que me emplumen y me canten gori-gori si 
no dice 6 dlra asl : 

"La division del general Smith 6 Brown hizo una maroha 
de 120 tnillas en 30 horas — la marcha mas notable de la eam- 
pana— y al amanecer del dia de ayer encontrö al enemigo 
fuerte en varias oolinas. Las tropas rebeldes estaban con las 



291 . 

nacionales en razon de tres ä uno. Sin embargo, el coronel 
Van Zolt, del 124 de Nueva York, atac6 sin rairar el nüme- 
ro y rechaz6 ä los rebeldes hasta la cüspide de las colinas, 
donde encontrö una bateria enmascarada que tuvo que flanr 
quear. La batalla fu6 de las mas calientes {hotest) de la es];a- 
oion. Las p^rdidas nuestras consisten en un caballo muerto j dos 
hombres heridos. Se calcula que las del enemigo son mucho ' 
mayores. Un contrabando que huy6 de sus filas dice que las 
tropas estan hambrientas y amotinadas y que solo aguardan 
la ocasion de pasarse. Todas hablau con grande elogio de las 
proezas del coronel Van Zolt." 

Dicho coronel es pariente del telegrafista y estä mandado 
qae la caridad*bien entendida entre primero en casa. 

Pero quienquiera que irnagine que este parte no es genui- 
no, probable 6 admisible en buena tarifa histörico-militar, lea 
el siguiente que est& flamante y tan fresquito que chorrea 
sangre. Dice: 

6BAN VICTORIA, 

OOMBATE BK TAZBWELL. 

COMPLETA DERBOTA DB LOS REBELDBS. 

250 MUBBTOS T HERIDOS. 

GRAN CANTIDAD DB FORRAJB CAPTURADA, 

LouiSYiLLB, vi^rnes, agosto 15« 

El capitan Terry dice qne el g^neral De Conrcey con su hrigada fad ata^ 
cado por la division Stevenson el dia 9 en Tazewell y que el coronel Co- 
chran, del 14.<> de Kentucky, sobö (whipped) k 4 regimlentos rebeldes. 

El coronel Gochran gnardö sob fuegos hasta que el eifemigo se pnso 
Ä 150 yardas y h dehivo. 

Las pdrdidas nacionales son tres muertos, quinee heridos y 61 prisioneros 
del regimiento 17.® 

Nosotros tomamos prisionero & nn teniente coronel rebelde y lo cangea- 
mos por los 67 prisioneros. 

Los oficiales rebeldes admitieron nna pdr^ida de domentoB eincuenkt 
xnuertos y heridos. 

Nosctros cogimos 230 cargas de forraje y 70 caballoa, 

PerdJmos las moehilas de dos regimlentos» 

— Seiior Jimenez, qu6 es brüjula ? 
— ^Yo bien s6 lo que es, pero. . • 

El coronel Ooohran que habia guardado su fuego detuVyO al 
enemigo. 

57 prisioneros cangeados por un seini-coroneL 



292 

15 heridos j 3 muertos contra 

250 entre muertos j heiidos ^^ admitidos.^* 

230 cargas de heno j 70 caballos contra 
2,000 mochilas de dos regimientos« 

•* Gran victoria ! " 

Luego ganamos, porqiie en los prisioneros qnedamos en 
paz ; en los heridos y mucrtos nos escedieron, 7 las 230 car- 
gas con sus 70 caballos valen mas qne las 2,000 modiilas. Sa- 
be Dios de que sei*an esas mochilas ! 

— ^Entiendes, Fabio, lo que voy diciendo ? 

— ^Pues, toma, si lo enticndo ! 

— Mientes, Fabio, que el parte es quien lo dix^e y no lo en- 
tiende. 

£1 parte es nna parte de la verdad y le sobra razon & mi 
amigo el senor editor de Xa Crönica para Uevar en el bolsi- 
llo la palabra confusoa que aplica inevitablemente (como diria 
el sefior redactor de El Continental,) d cuantos partes le 
caen & la mano. Tiene rasson y si el no la tuviese, los partes 
se la darian. No son partes sino partos y eso muy laboriosos 
y tan en embrion como las Majestades de que habla el Itmes, 
(hijos de Luis Felipe.) 

Otra clase de documentos encontraria don Modeste si sn 
mala estrella lo trajese & punto de escribir la Historia de la Se* 
paracion 6 la Histona da la Union (majadero son-son este !) 
en estos dias que estan coiTiendo. Yaya de ejemplo: 

Hace algunos meses— ry lo digo ahora como noticia fresca, 
para no " dar calor y ayuda al enemigo *' — se metio el general 
McClellan en unos vericuetos de Belcebd, en donde no habria 
entrado de buena volimtad si se le hubiese dcjado su libre al- 
bedrio ; pero en resüraen, entrö, y i qu6 mas da decirlo, cuan- 
do los enemigos lo vieron entrar, y ahora sobre todo, que ha 
salido? — ^Aquel fue un "movimiento estrat^gico" — califica- 
cion tan universalmente reconocida como la de Pepe Botella, 
Juan Lanas y Perico el de los Palotes. Por medio del movi- 
miento empez6 el ej6rcito 6, avanzar sobre Richmoad, ;, C6mo 
habria avanzado sin el movimiento ? Dia por dia se empleaba 
el tel6grafo terrestre y submarino en avisar que el general 
avanzaba y seguia avanzando. 

Jüünea : el general avanza hoy. 

Märtea : el general avauzö anoche. 

MürcoUa : el geneval avanzaba aycr. 



293 

Juives : el general hoy avan^a. 
Viemes : anoche avanz6 el general. 
Sdbado : ayer avanzaba el general. 

El domingo no avanzö, porque es dia de descanso y nadle 
avanza cuando descansa. 

En fih y para cabo de cnentas, ech6 un cmioeo matemätico 
(no del genua Jimenez) la de los avances de McClellan y en- 
contr6 quo enjaretändolos nnos con otros, no solo Labia el ge- 
neral Uegado & Riebmond, sino que lo habia dejado por 
detras. 

Hoy e«t& avanzando el general Pope y lleva trazas de se- 
guir las huellas de McClellan. Entienda el censor que hablo 
en sentido figurado y que no pretendo ser " sospechoso '* en 
mis equiparaciones« A pnncipios del mes se di6 la batalla de 
Cedar Mountain y en el mismo dia pasö el rio la caballeria en 
persecueion de los fugitivos. £1 tel^grafo dice que avama 
y avama ßiempre« 

Sin querer, recuerdo k un loco de mi tierra quo se ponia en 
la orilla del mar y gritaba: ^^ Nodal nodal '*^ y cuando los 
Tecinos le preguntaban, creyendo que alguien se ahogaba : 
**^Qui6iies? Qu6 es?"— conte^taba variando el tono de la 
voz: "JVocfo. " Efectivamente nada habia. 

Sospecho que el telegrafista, si lo pusiesen en confesion, no 
diria mas que lo del loco de mi tierra. 

Hay todavia otra clase de documentos que se produee en 
esta la estacion de las peras y de las calabazas para el consu- 
mo de los cronistas presentes y de lo^ historiadores fhturos : 
^ Se va k hacor un movimiento iraportantlsimo ': pero no 
oonviene revelarlo por ahora. Cuaudo el püblico lo sepa, que« 
dar& admirado. Todos los planes estan tan bien coordinados 
que el buen 6xito es infalible^ 

El parte corre en esto parejas con una de las partes del dra* 
ma actual k quien he citado en otra parte. (Picaras repeticio» 
nes que me persiguen !) 

Maiiana se dice lo mismo en distinta foinna. Luego se cam- 
bian las palabras. Mas despues Uega el momento de lo infali- 
ble, y vemos salir al general McClellan de los verieuetos 
aquellos, k los ochö dias justos de haber empezado el movi- 
miento (estratogicö ?) delante y k ojos vistas de los rebeldes, 
Encuervtro ä Mr. Randolph en la calle y me dice al oido : 
— IMoClellan se esta moviendo. Pero. • • chito! Esto no lo 
eabn nadie. 



294 

— ^Proraeto goardar el secreto. 

Mas lejos viene Mr. Johnson. 

— Sabe V. la noticia? 

— ^Qu6 noticia ? (con oara de estnpidez.) 

— ^La gran noticia . . . pero cuidado l no lo diga V. & 
nadie. . . 

— ^McClellan se retira de Harrison's Bar. 

— ^De Veras ? (con voz de tonto.) 

— Como V. lo oye. 

— ^Pero, Mr. Johnson, y g & qu6 dice el telegrafo que esta 
preparado un gran plan j que todo se ha coordinado de ma- 
nera que el resultado sea infalible ? 

— ^Ahl ohi eh! ih! Mire V. eso es para que nadie sospe- 
che 7 el pueblo ignore. 

— Olal 

— ^Por snpuesto ; pero gu&rdeme V. el secreto. Eso no lo 

sahen sino unos pocos. 

A mis solas me pongo & pensar que si las palabras se inven- 
taron para ocnltar los pensamientos, el tel6grafo se inyentö pa- 
ra no trasmitir las palabras. 

Pero Uegan otro y otro & la ofidna de El Continsntal 
y todos me dicen al oido : 

— ^McCleUan se retira; mas no lo divulgue V. Es un so- 
creto. 

l Cu&ntas personas se necesitan hoy dia para gnardar un se- 
creto ? me pregunto & ml mismo, sofocado por no poder re- 
ventar con ninguna de las quinientas que me lo encargan. 

Ghismecitos conmigd, ca^pita I Ya no puedo mas y publico 
en letra de molde, para que nadie lo sepa, que McClellan se 
ha retirado. 

Y digo mas : que el ntimero de los tontos aumenta todos 
los dias con el de los que se creen ünicos pnvilegiados para 
Ilamar k los demas del pueblo ignorantes. 

Y digo mas : que el tel6grafo es un humbuff y que despues 
de la conserva de guayaba y de las sonrisas de mis mucha- 
chos — hijos del pueblo como mios, y como mios ignorantes 
y llamados ä tomar el fusil y k creer en la detnocracia y en 
otras cosotas, — ^no hay cosa mas dulce que un tel6grafo mili- 
tarizado y im parte de ese telegrafo, escrito para la historia 
contempordnea. 

Vive la jRepubligrue I 

üuando considero & un pueblo grande como este pueblo» aun 



. 295 

piieblo ilustrado como este piieblo, ä un pueblo ciilto, fnerte, 
poderoso, omnipotente en sus pvopios linderos, aeostumbrado 
& gozar de una libertad omnlmoda ; cuando veo sus inmensos 
recursos, niuestra inequlvoca de su pujanza ; cuando veo le- 
vantado el brazo herculeo que amenaza airado ; cuando veo 
los iäagotables graneros, la juventud lozana, los ricos prodi- 
gando todos sus caudal^s; — cuando veo todo eso; cuando 
eonsidero que una vez empezada la guerra, las masas se der- 
ramaran como torrentes ; y cuando veo que todo eso envuel- 
ve una suerte irrevoeable^ pienso en los partes del tel%rafo 
ydigo, • . 

*' Yo bien 86 lo que quiero decir, pero no acierto & esp!i- 
carme.^ 

Entre tanto que me ocurren palabras para hacerlo, 

— Entiendefl, Fabio, lo que voy diciendof 
— Paes, toma, bI lo entlendo I — Mlentes, Fabio, 
<lxkß jo Boy quien lo digo 7 no lo entieudo» 

AgOStOy 19 de 1862. 



C7ESTI0NES FILOLOGICAS. 

El estilo es el liombre. 

El cscelentfsimo seuor don Antonio Josß de Irisarri ha es- 
crito un libro con el titiilo de "Cuestiones Filol6gicas," Yo' 
quiero mucho al senor Irisarri y su fama como literato en este 
y el otro y los otros oontinentes es demasiado preclara para 
que ahora me meta en camisa de once varas 6 ä discurrir en 
El Continental sobre las Cuestiones Filologicas que 61 ha 
tratado con mano maestna, cual correspoudia & un escritor de 
SU tälla. Esas Cuestiones no son de mi resorte, que no quiero 
andar en cuestiones agenas ; pero ellas me han inspirado el es- 
tudio de otras no menos importantes, sobre todo para un Fo- 



296 

Ileün en tiempo de revolucion y cnando el censor, es decir, cl 
ministro de Estado 6 el de la Giierra, que todos Bon nno solo 
en materia de gohemar la prensa, estä aleita para enviar al 
gran jurado del fueite Lafayette a todos los escritores que so 
• anden en cuestiones. 

No, lectores ; yo de mio me soy pacffico y otra cosa no quie- 

ro de los niinistros (censores 6 no) sino un empleo que tenga 

mucho sueldo y poqufsimo que haeer — un empleo de ganga, 

de esos que se les suele dar a los qtie han prestado jai*ameuto 

> mas de una vez y son estrangeros de oficio, 

Tengo proposito de escribir hoy tranquilamente un Folletiu 
6 oosa que se le parezca, muy manso y humilde, mny inofensi- 
yo y ageno de la politica militante, un FoUctin de gramatica 
no parda sino blanca, y no blanca como las annas, sino.como 
el armiiio 6 como los democratas en visperas de elecciones 6 
los caraeros en visperas de tonsura. 

V&lgame esta salva, y la buena intcncion que tengo por den- 
tro me sirva para asegurar que trato de escribir sobre asuntos 
de gramatica, de simple gi*amatica, como los del venezolano 
don Andres Bello en Chile« 

Hecha esta salva real, demasiado real,.todavia me falta otra 
por hacer, y es que me aburre la politica y mas me abur- 
ren los poHticos, si bien les profeso lealtad y pleito homenaje 
ouando gobiernan, porque como no soy de esta tierra, poco 
me importa quien gobiemc en ella^ como no le impoi*t£(ba al 
indio que lloviese fuera de su casa, porque no se mojaria sino 
en ella. 

Concretaado y resumiendo, pues, digo que pienso escribir 
un FoUetin de gramatica y el que no lo quiera leer habra per- 
dido bien poco, y el que no lo leyere no habr& ganado cosa 
alguna ; por lo que bien se estä que no me la haga perder a 
mi con su malicia. Y vamos al caso. 

Mi priraera cuestion de gramatica consiste en la nueva acci>- 
don que se da boy a las palabras antiguas. Desde que cm]>cz6 
esta guerra de hennanos desunidos en favor de la Union, se 
dicen unas cosas que nadie las entenderia si las palabras signt- 
ficasen lo que significaban cuando se les dio peraiiso para en- 
trar en el diccionario de la lengua. Verbi-gracia : el autor del 
parte sobre la batalla del Gran Bethel, oeurrida mas haec de 
un ano, decia que habia habido en ella tantos mueitos^ tnntos 
heridos y tantos "pasmados" {astonished.) Que a un hoanbre 
la mate una bala si le da en parte noble> se comprende ; que 



lo hiera solamente si le day no lomata, sea en biten hora, atm- 
qne para el es mala ; pero que en la lista de bajas haya tin re- 
gimiento de adrairados, ernbelesados, maravillados, pasraados 
o-astonia/ied — he ahi lo qne no me cabe en la cnsraa, aun cuan- 
do para colarlo en ella me la rompa. De donde infiero que & 
ml se me va olvidando el ingl^s a fnerza de andar y tener con- 
üanza con 61 6 la gueiTa ha cambiado el significado ^ennino 
del idioraa de lord Byron y es preciso — &, la vejez viruelas — 
empezar de nuevo & estudiarlo para entenderlo. Vaya con el 
regimiento pasmado ! — Y va una cuestion que esta visto es 
del idioma, confonne lo prometl. 

La segimda cuestion que me ocurre es la de un verbo que 
llaman to bag^ 6 en castellano ensacar^ el cual hace hoy por to- 
das partes un papel tan iraportante como el de Periquillo en- 
tre ellas. Desde que Price en el occidente de Virginia se le 
vinoa las barbas ä Rosecranz (que no se si las usa) hasta que 
McClellan se fu6 sobre los confederados que invadieron & Ma- 
riland ia, se oye decir por donde quiera que los unionistas van 
& ensacar ä los oti'os. Lo particular de este verbo consiste en 
que solo se conjuga en futuro, pues si se dice que Rosecranz 
ensacai'ä y McClellan ensacar& y Pope ensacai-i, nunca se ha 
dieho que Rosecranz ensacö, ni McClellan ni Pope ni nadieen- 
saca ä nadie. Imagino que siendo el ensacar idea de los perio- 
distas, pues ninguno de aquellos honrados militares ha emplea- 
do ese t^i-mino no inventado por los hombres del arte, la idea 
no pasa de ser idea, y en eso se qtieda. Por otra parte, lo de 
ensacar esta bien cuando se trata de gatos 6 de granos, 6 de 
dinero, 6 defrailes, que todos Uevan el saco mas^ menos bien. 
Pero ensacar soldados! No habria hecho mal papel el general 
McClellan si cuando ä orillas del Potomac diz que iba a ensa- 
car al ejercito rebelde, hubiese escrito al ministro de la Guer- 
ra pidiendole los 200 mil y tantos sacos que necesitaban para 
ejectttar la delicada operacion y Uevarlos & Washington como 
gallos que viajan para alguna fiesta de pueblo allä en las 
tierras donde se ensacan gallos. — Quede pues establecida la 
segunda cuestion filolögica para que la resuelva el senor de L*i- 
sarri ü otro habil maestro de huraanidades, pues lo que soy yo 
creo que seria una inhumanidad ensacar & nadie que tenga 
foiTOa de cristiano. 

Hay otro verbo nuevo, 8unque por ser griego, lo llamarß 
mas bien renovado : skedaddle significa en romance irse, fu- 
gai*se, ponerse en polvorosa, tomar las de Villadiego. Dije 



298 

que 68 griego j asf est& averiguado ; porque en las profondas 
investigaciones que se han hecho para establecer su verdadera 
acepcion, se ha descubierto que Xenofontes lo nsaba y que 
Tucidides j otros doctores de aquellos tiempos fueron los pri- 
meron que emplearon la palabra. Como el ingI6s no tenia nin- 
guna para esplicar la accion de ponerse en polvorosa sine la 
bien conocida de to nm j esta es de mal agüero desde que 
ocurriiJ aquello de Bull Run, fu6 preciso Inventar otra y vino 
muy k pelo la de Tucidides. Venios en todos los paites que el 
enemigo eaccdadeö, Jackson, por ejemplo, el Uamado Calican' 
to por lo que ^1 se sabe, escaladeö en la batalla de Cedar Moun- 
tain. Aqui empieza mi duda y aqui pongo mi tercera cuestion 
filol6gica : si Jackson escaladeö y su enemigo Pope no par6 
desde el Rapidan hasta el Potomac, en cnyas foitificada^ ori- 
llas busc6 refugio, oomo conspirador de la AraMca espanola 
en la casa de cönsul estrangcro, — i qu6 demonios significa la 
palabra griega ? O esta en latin para que no la entienda el en- 
fermo ? — En apoyo y corroboracion de mi duda concurre ade- 
mas la circunstancia de que en el mismo puuto y ä la misma 
hora dice un diario del Sur que eacaladearan los del Noile y 
un papel del Norte que eacaladearan los del Sur? ^Acaso sig- 
nilioa el verbo giiego que cada uno tira por su lado como ma- 
trimonio a la moda, hecho & gusto del pap& solamente ? A f§ 
que la cuestion para ml es irresoluble desde el primcr Bull 
Run y por eso la propougo en este Folletin. 

En el segundo Bull Run acnrrio otra fräse que demandaes- 
plicaciones. Jackson estaba al Sur, los unionistas en el centro 
y la ciuäad de Washington en el Norte. El parte dijo que el 
entusiasmo del ejereito al vor & McCllean habia sido grande y 
que los soldados '^estaban listos d volver la espalda y batir al 
enemigo." El general Pope hasta aquel entonces nunca habia 
visto al enemigo sino por la espalda ; por primera vez lo mi 
raba de frente. Tal vez por eso sus tropas estaban listas & 
volver la espalda ; que lo estuvieron muy de veras es proba- 
do, porque* no pararon hasta Washington ; pero— y aqui mi 
cuarta cuestion filologica — ^ como vencian de espaldas al ene- 
migo si la batalla no habia de ser 4 espaldazos ? 

En aquellos dias estuvo tambien de moda el verbo saber : en 
una prolongada serie de partes el general McClellan no sabia si 
el enemigo habia ido por aqui 6 por allä, si se habia reti- 

rado al rio 6 si se habia intemado, 6 si - No 

sabia en fin nada de lo que estaba pasando ; y como quiera 



209 

que de todos los generales unionktas McClellan es el qtie ha 
probado con obras y no con buenas razones que es el que 
mas sabe, dudo j establezco mi quinta cncstion, id est: ^Qa6 
significa el verbo saber para los que deben saber ? 

. Lei un parte del coronel Miles, el que vendiö 6 entreg6 & 
Harper's Feny (que esto no lo ssbe McClellan, ni lo sabe na- 
dle ä las derechas) en cuyo parte dice que el coronel Ford po- 
dia defender las alturas de Marilandia *'ha8ta que se les caye- 
se el rabo & las vacas." £1 tropo es un si es no es Ilanero, 
goagiro 6 gibaro, segun lo caliiique un venezolano, un cubano 
6 un puerto-riqueno. '^Hasta que el manco eche dedos," habria 
dicho un mozo de playa, y & mi me ocurre preguntar filol6gi- 
camente si los generales de la Union han leido algun Hermo- 
silla ingl6s 6 algim Martinez d& la Rosa anglosajon, en el cual 
hayan aprendido esas bellezas del idioma que si ya & exami- 
narlas, dan asunto para una larga disertaeion sobre los galanos 
del buen decir que encomian tanto los clasicos de todos los 
idiomas, incluso elpapiamento, 

El general Rosecranz perseguia al tebelde Price y el rebel- 
de lo dej6 una manana ä la luna de Valencia, porque ni el ras- 
tro de SU ejercito se veia & trav6s del rio en cuya orilla habia 
estado la noche precedente. El general Rosecranz disparö sin 
embargo muchos canonazos "para el efecto moral." — i Qa6 
efecto moral era ese que se proponia conseguir el tan valiente 
y siempre feliz geneml de los unionistas ? ^ Significan las pa- 
labras lo que dicen 6 son como moneda de papel un represen- 
tante moral de lo que pudieran y debieran ser ? — He ahi la 

euestion N® he perdido la cuenta, porque son muchas 

las que hacen estos buenos hombres leales. 
^ El general McClellan prometiö una campana ^'sangrienta, 
pero coria," asl como el Herald ofreciö otra "decidida pero 
decisiva" y como Mr. Seward otra de "sesenta dias." — ^A un 
estudiante de c&npnes le preguntaron cu&nto tiempo durö el 
diluvio y 61 contestö con apldmo : — ^ün millon y seiscientos 
anos. < 

El mismo general McClellan fii6 "ä poner al enemigo contra 
la pared" {against the wall) persigui6ndolo sobre los talones 
{to their heel — l^Bsejil) — ^y no tuvo mas WäU que Stonewall 
Jackson ni mas Seels que los dos generales que se llaman asf, 
aun cuando por el genio de la lengua y el rabo de las vacas 
66 escriben Hill. 

TJn " cpntrabando " — ^un " caballero bien infbrmado " — ^" el 



800 

unionismo del Sur," — ^** 9e ccUcula que el enemigo Bofrio gran- 
des pordidas,'' — sus pördidas debieron ser majores que las 
nnestraff " etc., etc., etc. — ^he aquf trna coleccion de palabras 
y frafies qne no significan lo que dice el diccionario de Webs- 
ter, iii el de Walker, ni ninguno otro diccionario que tenga 
skedciddle^ enactcar y demas peregrinos del dioma que vienen 
buscando carta de residencia. 

"Miijer de mala vida" — calificacion nsada por Butler en 
tina por siempre memorable proclama, ha costado k la Union 
torrentes de sangre, solamento porque no se entendiö la ver- 
dadera significacion en que la empleara el abogado de mas 
letras (menndas) que haya tenido y tenga de general el ejer- 
cito de los fieles. 

Para no hacer interminable este paso de gram&tica citar6 
nn ejemplo final, copiado de cierto part« que aprob6 la cen- 
sura : " La batalla del mdrtes y el miircoks^ dice, durö dos 
dias,'' — 6 lo que es lo mismo este FoUetin ha durado mas de 
lo que merecian las neoedades qne contiene« 

Octubre, 1862. 



DEBÜT DE CARLOTA. 

Asf como entre los animales irracionales hay especies cuyos 
individuos todos tienen las mismas propiedades — ^lodos los 
galgos son cazadores, todos los canarios cantan — asi tambien 
entre los honibres, esos otros animales que k si propios se 
llamaii racionales, hay familias cuyos miembros todos poseen 
^ las mismas cualidades. Todos los Leland de Nueva York son 
hoteleros, todos los Raveles histriones ; Delmönico y buena 
comida son sinönimos. No sigo dando ejemplos porque la 
lista seria mas larga que el papel, y soy demasiado catolico 
para pretender probar que todos nacimos con el Hno escrito 
sobre la frente, del cual no podriamos habemos deßprendido 



301 

nunca, aun cuando lo hubi^semos querido. Esta tcona de la 
fatalidad me conduciria muy lejos de Carlota. 

Que el sino de la nueva prima donna fu6 cantai* — ^pesia 
& mi propösito de no admitir sino — lo probaria con solo decir 
lo que todoB saben : la madre cant6 7 todas las hijas hau ido 
cantando desde que han tenido edad de voz, que para ellad 
ha venido antes de la edad de la razon. Es una especie de 
mal de familia, una necesidad de organizacion, un desarrollo 
inevitable de la vida animal, porque seria menos dififcil en« 
contrar un canai'io que uo eantase que una Patti que no 
cante. 

La senora madre cantilba en Madrid la Nbrma de Bellini 
pocas horas antes de dar al mundo ese prodigio musical que 
se Hämo Adelina, 7 que naciö cantando, al rev^s de los demas 
mortales, que nacimos llorando. -De aquel hecho singular de- 
dujo en su dia un foUetinista bien humorado que Adelina es 
nieta de Norma, por mas que nunca fuera dada k ser sacerdo- 
tisa. Adelina pasm6 al mundo con su garganta de jilguero 
y cuentan que jamas ha llorado sino en escalas crom&ticas. 
Abora anda por Europa esa chioa de tres bemoles que en- 
cantö un dia k sus compatriotas y di6 la vuelta al Mar Caribe 
trinando como un ruisenor cuando aun no sabia & dei'echas 
lo que estaba haciendo. 

Mme Amalia Patti Strakosh canta, si no como im ruisenor, 
como un sefior Ruiz de voz sonora, que la tiene de contralto 
puro, y el TVovador la ha visto lucir lo mismo que luciö en el 
Orsini de la I/ucrecia y lucira en toda öpera en que entre la 
parte masculina que no puede cantar ningun hombre. 

Alla en Cuba hay un sepulcro solitano sobre el cual no 
caen mas lagrimas que las del rocio matinal, ni se oyen mas 
voces que la del viento al pasar por entre las palmas tropi- 
cales, ni se ven mas flores que los azahares del naranjo y del 
cafeto sacudidas por la brisa del poni^n^e. Bajo la losa de 
aquel sepulcro yace Madame Clotilde Patti Scola, pobre cisne 
cuya vida paso entre los Uantos de la vida real y las alegrias 
finjidas de la escena lirico-dramätica. El romanticismo no in- 
vento la historia de esa mujer, k la que los nobles de la repü- 
blica-modelo cerraron sus puertas porque supo hacerse adorar 
por uno de ellos k quien no perdonaron la miscUliance. Aquella 
voz privilejiada se apag6 como la luz enoerrada en una cüpula 
de cristal. Las lagrimas que corrian hacia el corazon la fue- 
ron ahogando lentamente. El m^dico certific6 que habia 



302 

mnerto de tlsis cuando hnbia muerto de dolor. Pobre Clo- 
tllde ! 

Ettore ' Barilli es de la familia ; padece del mismo mal, no 
la tfsis sino el canto. 

Ettore es hermano de las Patti y tiene otros hermanos qne 
eantan como 61 y como ella^s. 

En los siglos de la idolatria 6 en la £poca de la ignorancia 
los poetas habiian fingido una leyenda de hechizos para es- 
plicar el milagro de esa familia. Habrian dicho qiie el espl- 
ritu del canto cuando iba & nacer el nino, bajaba con sus 
alas trasparentes de mariposa, color de aurora, recibia al re- 
ciennacido en sus brazos y antes que el aire del mundo pene- 
trase en sus pulmones, le inspiraba el aliento divino que be- 
ben los ecos y sustenta & los murmurios de las fuentes y a las 
armonias de las auras. 

En este siglo de la ilustracion y en este pueblo del algodon 
y del siete por ciento, yo no he podido esplicar esa enoama- 
oion del canto sino por medio de una asimilacion con el ins- 
tinto de los otros animales. He dicho que los perros cazan 
y aullan, y las Patti eantan. Ambas cosas son naturales. 

Anoche lo vi otra vez y otra vez me convenci de que es 
menos dificil encontrar un perro que aulle mal, que una 
Patti que no cante bien. 

Anoche fu6 el d&biU de Carlota. Digo d^but^ porque la pa- 
labra es forastera en nuestro idioma, por mas que muchos so 
empenen en darle carta de ciudadania y me viene & salvar en 
un grave empeno. Carlota ha dehutadoy no se ha estrenado. 
^Cömo puede estrenarse una Patti? ^No nacen todas ellas 
cantando ? 

Llämola Carlota & secas, por la familiaridad quo da el 
genio : ä nadie se le ha ocurrido decir el senor Miguel Angel, 
ni Mister Rosini, ni don Gutemberg. Tampoco podria Ila- 
märsela con precision la Patti — manera aceptada, aunque 
vulgarisima, de nombrar k las primas-donnas, aunque sean 
donnas, y acaso porque una müsica para estar completa debo 
de teuer la — no la puedo Uamar asl, porque la Patti es una 
de tantas de su nombre, la Patti es una re-Patti^ una de las 
recitadas en el mimdo de los recitados : pudiera ser Adelina, 
Amalia 6 Clotilde. 

Carlota, pues, debutö ayer en ia Academia de Müsica ante 
un püblico numeroso y amigo viejo de la donna nueva a quien 
todos habiamos conocido desde nina cantando en los salonea 



303 

de la ari?tocracia y en los conciertos dcl pucblo con la gi'acia 
de la niilez, la habilidad de su familia y la agilidad de voca- 
lizaciones, que la distingue de sus demas hemianas. Para los 
que viven en el estrangero, es decir, para los que no la han 
visto, sera precLso aiiadir ademas que Carlota es una beüezza 
folgorante. 

"Do la cahexa ä los ples. 
De los pi^.8 H la cal)ci»i, 
Una cnmplida bellexa 
Es la belleza de Inös.*^ 

As{ lo escribi6 el poeta, pero ^I no habia conocido & Car- 
lota cuando lo escribi6, pues si bien para ella parece hecho 
el cantarcillo y en lo de belleza nadle pudiera cxijirle mas, 
varaos por partes al hacer la esplicacion ; porque de Carlota 
parece tambieu que cscribio aquel chusco la seguidilla : 

"EAta CS la capa azal 
Y eiita la roja; ^ 

Ambiiä de rico tili, 
La rcina m :(</a/* 

Carlota es . . ^. coja. El genio de la armonia que red.liz6 
primores al preSiir al nacimiento de su nueva hija, llegö sin 
embargo con tal* precipitacion que rompiö las ventanas para 
entrar, volcö los muebles y en su fuga prestisima dejö caer 
la lira ä los pi6s de la reciennacida, que desde entonces anda 
k comp&s. Carlota es-coja otra esplicacion mas po6tica, si la 
encuentra, para la desigualdad de sus pasos. 

Entr6 sin embargo en la escena como una reina — ^no aludo 
& la majestad de la seguidilla. — Un cirujano mec&nico habia 
inventado para ella cierta maquinaria tan ingeniosa, que sola- 
meute los iniciados en el secreto pudieron notar la discordan- 
cia de sus movimientos ; mas para los diUttanti im torrente 
de armonias vocales no permitiö atender al desconcierto 
terrenal. i Qu^ alma elevada podria entonces descejider 
k ideas pedestrcs ? En cuanto al publice, que ya sabemos 
todos de qu6 pi6 cojea, los encantos superiores, mas que los 
cantos, no le daban ticnipo a pcnsar en cosa alguna de baja 
esfera. El piblico no sc quedö plantado sino elevado : 

Sus oJot> lo dejan bizco. 
Qn^. boca de tentacion I 
Qal^n mnriera de un mordiscol 
Ay, Jesus, qud söfocoxrl 

Ya sabemos todos que el püblico tiene en sf mismo dema- 



304 

Riada poesia y que es mal versUicador ; asf que en hablan* 
dole al alma con una cara y un brillo como el de Carlota, 
nunca se detiene en versos de pi6 quebrado. La müsica por 
otra parte no tiene pies. 

Carlota hizo furor ; fu^ acojida con una descarga de aplau- 
808, comparadas con la cual enmudecerian todas las de caSo- 
nazos que nos pintan las correspondencias de las batallas fra- 
ternales de Maiilandia junto al rio Potomac. £ntr6 como en 
SU casa, y no exajero en lo mas mlnimo, pues la mujer (ei 
tanta belleza es human a) pL»aba el proscenio que sus pies. • . . 

digo 8u pi6 habia antes pisado tantas veces ; y la Amina 

estaba en su casa, como la representa el autor del libreto de 
la SondmbiUa^ cuya 6pera escojio para sn debuL La hermana 
de Adelina y de Amalia y de Clotilde, la favorita de cuantos 
conciertos se han dado con 4xito en los Ultimos cuatro anos, 
la gentil prima donna que llegaba & las tablas, no seutia las 
emociones de un estrenq, que para ella no lo era. Muohas 
veces se habia presentado ante el püblico y ambos a dos se 
conocian mütuamente, y tenian de antiguo aqiistad tan estre- 
cha que no habian menester de introducci^ ni de las sor« 
presas y encogimiento de una primera visita.^ 

Una Corona, en prueba de esa antigua amistad, cay6. ä los 
pies de Carlota al mismo alzai^se el telon, y desde entonces el 
piiblico y la actriz se trataron, como valor entendido, con la 
misma intimidad que k su mütua posicion convenia. Ella cant6 
como siempre, y ^1 la aplaudio como siempre. 

' ^ C6mo canta ella ? acaso me pregnntarä la lejana lectora 
que se cree con derecho k saberlo y a hac6rselo decir por 
quien le da cuenta de este debut. 

Desde luego cant6 como im päjaro — en un pi6. Pero en un 
pie que hacia poner de pi^ & s^. auditorio cada vez que se Ls 
antojaba echar a volar uno de esos milagros de vocalizacion 
que todas las Patti hacen sin ninguna dificultad, como que 
nada les cuesta, pues los hubieron por herencia y no a fuerza 
de los penosos trabajos de la adquisicion personal. 

Con respecto k sus cualidades intrinsecas, digo que gusta^ 
sin entrar en mas razones ni an41isis, porque en materia de 
mfieica y de canto mi ignorancia debe ser hreve^ ya que no 
tengo ni minima tintura de esa cicncia que me trastoma con* 
fusa y sobre cuyas garrapateas siempre he de garrapatear, ya 
hable de Patti con pata 6 sin ella. 

Digo que su canto encantö y que su voz dejö sin ninguna 



305 

a los qne la oyeron, por lo cual hicieron uso de las manos 
y palinotearon, de los pies y taconearon, de los bastones y 
aturdieron con salvas estrepitosas a la belleza y & su voz y su 
talento y su gracia y su arte y su maestria. El encore y el bis^ 
donna llenaban el teatro, mientras que al pi6 de la donna 
caiaii i*amillet«s, Coronas, arpas y estrellas. Las estrellas cai- 
das abnndaban, porque esli, de moda que caigan. Las 
arpas eran simbölicas, las Coronas profeticas y los ramilletes 
iban consagrados & la beldad rozagante, ä la juventud des- 
lumbradora, que si arrobaba con su canto, hacia latir los cora- 
zones -de Young America con sus sonrisas y sus miradas. 

Si canta bien ! . . . . A mi lado tenia yo un juez peritisimo, 
una muchacha de nueve anos, una de esas equivocaciones hu- 
manadas qne la naturaleza se complace alguna vez en hacer, 
para trastoiiiar las reglas infalibles del örden constituido. 
Teresa tenia los ojos fijos en Carlota y & cada uno de los rao- 
vimientos de la cantatriz correspondia una nueva espresion 
en el rostro del &ngel müsico, que comprendia y me interpre- 
taba las emociones de la Sondmhula con aquella delicada 
fuerza de la mlmica que las palabras vio siempre aciertan ä es- 
plicar satisfactoiiamente. Los movimientos, los ademanes, las 
transmutaciones del ängel decia?! las emociones que producia 
la müsica. Y yo, profano en un arte de que solo conozco las 
sensaciones, observ6 aquel terraömetro una vez y otra vez, 
y comprendi que la prima donna de la Sondmhula tiene un 
porvenir espacioso hacia el cual se dirige volando, ya que sus 
pi^s no le permiten cbrrer hacia 61. 

Teresa, el angel de la müsica, la artista nacida, me dijo 
con sus ademanes qife Carlota habia entrado en el templo ^n 
que solamente tienen lugar las celebridades del arte. 

Y Teresa es voto. Yo lo probar6 en otra ocasion cuando se 
descorra el velo de misterio que la cubre, y cuando radiante 
aparezca ante el mundo hechizado, que no tendra flores bas- 
tantes para alfombrar la senda que sus pies infantiles vau 
& recorrer no muy tarde. Pero volvamos ä Carlota y a su 
debitt, 

Ella habia dado conciertos y reoorrido media escala del 

mundo yahkee, asl como ha recorrido la escala entera del 

canto en que es maestra. Pero nunca habia tropezado con un 

empresario bastante atidaz que se atreviese ä desafiar con el 

solo talento de ella la sonrisa del püblico al pi-esentarle una 

actriz coja. En el teatro romano se negaba la entrada & todo 

20 



306 

scr claiidus. Los empresatrios conociendo al p&blico cojijoso, 
temieron claudicar y se mostraron con Carlota tan romana- 
ancnte inexorables, que ni pensaron en esplotar sn habilidad. 

Hubo nno, sin embargo, que se inicio en la arena publica 
ecsibiendo caballos amaestrados para el circo, böfalos alecdo- 
nados y otros animales doctos, con los cuales logr6 atraer al 
senor espiritual de esta metropoli. Con el raismo talento con 
qiie habia amansado 4 esos animales irracionales,. amans6 al 
animal Uamado püblico, y entre un salto y otro del caballo 
doctor de Mme. Tournaire, al lado de los combates de la 
Merrimac con el Monitor^ que se disparaban canonazos de 
A'eras, y ä la luz de los fuegos de Bengala, echö a Carlota 
Putti en la escena de su Jardin del Palacio — teatro al aire li- 
bre del verano donde al mismo tiempo se cbarla y se oye mü- 
sica, se bebe oerveza y se disfruta de " caballitos.^' Consiguid 
a[^auso y dinero — los dos cebos de todo empresario bien en- 
tondido. Animado con tales resultadOs el que habia sabido 
hacer bailar & los büfalos en dos pi6s, se atreviö a hacer can- 
tar a Carlota en uno, y el püblico habituado por Mr. Nixon 
se hizo viHyoso y perdonö la desigualdad de la perambulan- 
cia, {)ensando que si el justo cae siete veces al dia, bien se 
podia ser justo con una belleza sobresaliente que sabe cantar 
con tantos primores. 

Y Carlota debutö y a todos los empresarios les pesa de no 
haber tentado fortuna con ella. Olvidaron que la fortuna es 
calva y que se la debe atrapar por el ünico pi6 que tiene. 
Carlota ha hecho furor con el püblico y ha dado iuror ä los 
esplotadores de artistas. Su dihtit no pudo ser mas brillante 
ni SU carrera puede ser mas rapida, autique ellos no lo crean, 
ni nias lucida y provechosa. 

^qaellos ojos Inceros, 
Aqnella boca panal 
T loa dientes hecMceros 
T ]a voz de turplal 
Eatan diciendo (ay de mf, 
Qne Boy casado I ) ä la vieta 
Qiie es muy lica la conqulata 
De qnlen vale tm Potoef . 
Si, ef, sf. 

El senor Sbriglia acompanö k Carlota en la Sondmhula. EI 
senor Sbriglia sabe cantar ; pero no supo cantar, 6 no quiso 
cantar, para que asf lucicse el solitario con que engalanaba 
sn joyel el teatro de Irving-Place. Por el canto de anoche doy 
al tf nor Seüaria. 



307 

Snsini no sabe disimnlar : entrö, accionö, cant6 y gestictil6 
como quien es. Desde que \\eg6 k este pais con Mario y la (se- 
nora) Grisi, ha cantado siempre lo mismo. No le turbaron ni 
los recuerdos : por primera vez reaparecia en la escena des- 
pnes qtie p6rfida la muerte le arrebatö aqnel angel de belleza, 
** sllfide de gracia y melodia" que domeiiö al coronel romano, 
con quien no pndieron ni la amistad ni el cariiio de Garibaldi. 
Otro recuerdo fatal para Susini. ^ No cruzaron alguna vez por 
SU imaginacion en medio de esoena las sombras de Isabel- 
moribunda y del jefe italiano mal herido ? 

Mi Teresa estaba cansada. A su edad no se puede prestar 
atencion sostenida por largo tiempo & ningnna cosa, y era 
preciso retiramos. 

Lo hice con la intcncion de volver & oir & Carlota. 

— ] Qn^ lindo canta ! me decia Teresa girando en un pi& 

Setiembre 23 de 1862. 



TERESA« 

En agoßto escribia yo la siguiente carta, que apenas eserita 
siguiö Camino de las Montanas : 

Ml qaerido Luis : Tengo nna nilla de ocbo allos que toca el piano como 

T No digo como tu. i Qaieres oirla ? Ven pronto. (Test ton affairey y aea- 

tiria mucho qne otro que tu la presentase. Si Mahoma no puede ir & la mon* 
tafia, la montafia irÄ donde Mahoma. Una palabra tuya y all& nos tienes' 
eu tu bellisima Tebaida. 

Dos dias despues estaba Gottschalk en Nueva York« ^ Me 
habia creido ? 
— Aqui estoy, me dijo. 
— Gracias. 

—Quien es T ? 

— ^T.«.., es el acusativo de tfu 



308 

— ^Pero, y la niila? 

— ^Iremos a verla. 

— Y&oirla? 

— ^Coroo tu qnieras. 

Luis mene6 la cabeza en senal de incredulidad. Yo sentf lo 
que supongo seutina el Bautista cuando anunciaba la venida 
del Mesias. 

Los enfants prodiges han chasqueado tantas veces k Gotts- 
chalk, ha habido tantos pap&s 7 tantas mani&s qnc Ic han pro- 
metido marayillas en sns primogenitos y priniog^nitas, genios 
en los que no resaltaron sino geniesitos, 6 mas bien pergenios, 
qne el rey del piano tenia sobrados motivos para dudar. 

— ^Y es bonita ? me pregnnt6. 

— I Tan simp&tica, tan infantil ! 

Salimos y no tardamos en Uegar. El piano fti6 abierto. 
Aquel silencio no se parecia k ninguno otro silencio. 

El inventor ha preparado todas las piezas que compondran 
BU m&qtdna ; allf estan las unas al lado de las otras, todas 
muertas, inütiles por si solas ; luego las ha montado, puesto 
en conecsion. Va ä imprirairles movimiento. i Sera el que ha- 
bia ideado ? El corazon le tiembla y el aliento le falta. l^tu- 
bea. Su resolucion de tantos aüos, la seguridad de tantos es- 
tudios le abandona por primera vez. TJn esfuerzo supremo, el 

ultimo Suelta el vapor, oerrando los ojos para no ver 

BQ obra hecha pedazos. 

El piano habia sonado hacia algnnos minntos ; pero solamen- 
te Gottschalk, en rai concepto, lo habia oido ; todos los deIna^» 
espectadores estaban embebecidos en un solo objeto, pendien- 
tes de una idea, de un fallo, de una gentencia de vida 6 de 
lauerte. 
No aspiro k producir efecto, sino k contar. 
Aquella escena tenia algo de conmovedora : se oian los lati- 
dos del corazon de una madre ; el rostro severo de un padre 
habia cambiado con la espresion de la agonia de la inceilidum- 
bre. 

El rey no habia hablado ; pero 

Rscuerdo la historia de los boleros acusados en la cörto 
de Roma por la libertad de sus bailes. Cuando menos lo pen- 
saron losjueoes, k pesar de su severidad y de la prevencionde 
que estaban dominados, se pusieron k bailar al son de las cas- 
tanuelas. 
A los pocoB momentos Gottschalk, el rey del piar 0, llevaba 



'?V-^'^ «'■». 



809 

con la cabeza el compäs de una brillante fantasia de Thalberg 
tocada por Tbresa Oabbb Sto, 

Los geuios henuanos se saladaban. El sol del medio dia — 
la aurora asoinada en el onente. 

Un segiindo mas y la palabra / bravo I se escapö de los la- 
bios de Gottschalk. 

La respiracion hizo eco enlas paredes de aquelsalon oubier- 
to de retratos de los antiguos Enickerbockers. 

Teresita estaba bäutizada en la pila de las celebridades del 
arte, i Quien tnvo.como ella padrino de tal tamaiio ? 

Gottschalk la besö y aqnel beso sellö en su frente el pensa- 
miento qiie ella habia inspirado al gran raaestro y que habia 
de arrebatar & la ciudad mas mercantil de este continente. 

Lnaginarase algiüen por Ventura que estoy delineando al 
antojo una escena de fantasia en que la verdäd entra por bien 
poco. No lo deseo, pero si tal pudiera creerse, aun tengo "me- 
diospara justificarme: una ligera indicacion bast6 para que 
Gottschalk, el rey^ acompaiiase ä Teresita, ejecutando ambos 
artistas, que acaban de conocerse, una gran pieza de concierto 
k cuatro manos. 

E inmediatamente, sin que nadie se lo pidiese, movido por 
ano de los arranques irresistibles de la emocion, toco el rey & 
0U tumo con todo el entusiasmo inspirado, con todo el senti-* 
miento y valentia de que solo es capaz la pasion agitada. Era 
el reconocimiento cordial que haoia & la nueva aparicion mu- 
sical, reconocimiento que no cabia en laspalabras y que en las 
notasseespresaba, mucho mejor comprendido por aquel &ngel 
en quien se encamö la müsica y para quien las armonias hau 
t^iido voz antes que la razon. 

Cuando Gottschalk dej6 el piano, el rostro de Tei'esita pa- 
recia brotar sangre, sus hermosos ojos negros estaban velados 
como por una nube y al ^n perdiö el aliento. 

Ella nunca habia oido al genio con que su imaginacion ha- 
bia solamente sonado. Lo encuentra de repente, ve por obra 
lo que ideaba imposible. El golpe era demasiado fuerte pai^a 
SU frdgil constitucion de nina. La grandeza de Gottschalk la 
quebrant6 como lirio doblado por el huracau. 

I Pobre paloma de mi patria, donde no habia oido sino las 

armonias de las selvas y el murmuUo de las aguas del Anauco 

resbalando solitarias al pi6 del monte Avila ! ; Pobre paloma 

criada entre el tumnlto de fratricida guen*a I ^ Tienen encantos 

losayes? ^Se encuentra melodia en los gemidos del hermano 



310 

herido por el hennano ? ^El mUterio de la desolacion puede 
inspirar las annonias que ella sabe producir, puede arraocar 
del alma entristecida esas temisimas cantatas que ella sabe 
preludiar ? i Donde las aprendiö sino en el delo, antes de na- 
oer, ya que la tierra que priniero pisaron sus pi6s j donde 
siempre ha vivido, se eneuentra manchada de sangre, cuando 
la venganza domina & los hombres, cutndo la miseria llora en 
el hogar dom^stico el llanto de la desesperacion ? De alld las 
trajo, porque la escena con que impresionö el mundo sus ojos 
.inocentes, sus oidos no tocados, ni tiene eneanto, ni armonia, 
ni inspiracion, ni mas eco que el de los ayes. 

^ O es acaso el alma de mi patiia, condenada & vagar erran- 
te de tierra en tierra estrangera, prodigando las caneiones aho- 
gadas en ella por el llanto de la desventnra ? — ^Pobre saboya- 
na mia, cnyos caiitares van arrancando lagrimaspor el mundo. 
He yisto & los ancianos llorar, y he visto a las mujeres Ilorar 
y älos jovenes entemecerse cuando han oido tooar k Teresita 
los aires que ella sola toca y que nunca repite, porque como 
los del vicnto al pasar por las ramas de los sauces, son aires 
que no se escribiran nunca, porque todavia no existe la taqui- 
grafia de la müsica, aires que no se repiten ; ni i c6mo pudie- 
ran cuando el Tiento no hiere nunca dos veces de la misma mar 
nera y en el mismo punto las ramas de los sauces ? Y esos 
llantos me parecieron consagrados ä mi patria, & la de Teresa 
que va por el mundo — pobre saboyana mia ! — ^revelando todos 
nuestros dolores, todas nuestras desgracias. — ^Dios la ^ivi6. 
Ella sabe lo que aprendiö en el cielo. Los hombres no pueden 
ensenarle nada que ella no sepa de antemano. 

La parte mecänica pudiera ser, si sus manecitas ena- 

nas no tuviesen una agilidad no aprendida, tan inesperada 
Gomo la belleza de sus eamposiciones^ la cabalidad de sm 
acordes, la pureza de sus melodias, la maestria de sus pensa- 
mientos armonizados. 

l C6mo, si. es el espfritu de la müsica, si ella no es sino el 
instrumento que produce pensamientos que no son suyos, que 
no pueden ser suyos, c6mo ensenarle nada ? 

Ko aprende, no sabe estudiar. Si la ensenan, rcpetira como 
el autömata, ser& un enfant prodige como los que dan miedo 
& Gottscbalk. Si la dejan dola, ser& el genio. 

Hacedme el favor de convertir con los dedos un capullo en 
rosa. 

Quitese del piano 4 Teresita y en el acto se ya & las muSe- 



311 

cas, qne son su encanto, su delicia, la ünica ocnpacion qiiJ 
ella entiende bien. La müsica ni la eutiende ni la compreudi^. 
La adivina. 

Tere.4ta es grande aiuiga del Dr. B porqae este, des- 

pues de oirla tocar, dijo & sus padres : " Cuidado coii el 
cuerpo de esa niua, mucho cuidado, porque es uii vaso que 
eontiene mas e^iritu del que. naturalmeiite cabe en cl 
y puede hacer esplosion." 

Desde entonces se le deja mas tiempo para que juegue & lau^ 
muiiecas y por eso Teresita ama al Doctor en nombvc de sp 
munecas. Tiene un niüo Uorofiy un crying babp, que es su pie- 
dilecto porque sabe decir " papa " y " mamä ;" lo acuesta ea 
ana cama de hierro que un yankee admirador suyo mand6 
hacer para el bahj/ al ver el amor que Teresita le profesa. 
Ella lo ha.ce llevar ä los conciertos para que el nino la otga 
tocar, y le pone las Coronas que el püblico le regala a ella, 
** pues del pobrecito baby nadle se acuerda^ porque todavia 
no sähe tocar." 

Y esa es la " maestra " que ha llenado el salon de Irving 
Hall en cuatro grandes conciertos durante las dos ültimas se- 
manas. Yo recuerdo haber asistido ä uno de los primeros 
conciei*to8 de Gottschalk. £1 tambien me lo recuerda muchas 
veces. Eraraos nueve personas por junto. Y era Gottschalk, 
el rey del piai o ! 

En el primer concierto de Teresita no habia ningun asiento 
desocupado. Nueva York se admirö de sl misma ; no se co- 
nocia. Verdad es que estamos en gueiTa : no es menos cierto 
que los chascos anteriores de otros prodigios humbiigs habian 
escaldado al senor Püblico. La edad — i quiun lo creyera ? — 
es el principal obstdculo para los triunfos de Teresita, porque 
no es posible que una nina toque bien. Si fuera una vieja ! 

Luego — ^yse figura alguien que es poco? — ^no viene de 
Paris, sino de la America del Sur, de Caracas, de donde por 
Ventura podra salir cacao bueno y cafe descerezado ; pero 
^ una artista ? ^ un genio ? ^ un genio de ocho aiios ? El genio 
debe teuer edad : treinta y tres anos por lo menos ! No es 
asi? • 

Diöse el concierto de estreno, al cual concurrieron los ami- 
gos por favor, los incr^dulos para buscar las pruebas de su 
razon, los artistas que la habian oido en reuniones confiden* 
eiales, la prensa que debia dar cuenta del estreno. 

Si los resultados justifican los hechos, nunca hubo motivo 



812 

mas esplondidamente bien estoblecido para reafirmar el graiide 
acsioma de los revolucionarios. i No es Teresita tanibieD una 
revolacionaria de todas las reglas hasta ahora establecidas ? 
l No sabe sin haber aprendido ? 

Un quinteto en que el piano llev6 la voz, di6 principio & la 
funcion. Uso la palabra consagrada. El soberbio piano de 
Chickering no llamö tanto«la atencion aquella nodie como la 
maquinaria inventada para que la pianista alcanzase el re^ 
gistro con su pi^ diminuto. A Teresa se le puede exijir qne 
toque con aciertx) j con gusto la pieza mas difieil y dclicada 
de müsica, la obra mas enmaranada de Gona 6 de Thalberg ; 
pero no puede pedirsele que aleance al registro del piano, 
cnando esta sentada en la tripode para tocarlo ; sus piemas no 
Bon del tamaiio de su genio. Ha sido, pues, indispensable In- 
ventar ima miquina con su aparejo para llegar al registro 
desde la altura a que solo baja el pie. 

La maqiiina no inipide, sin embargo, que el registro juegue 
oon tanta soltura y tino como juegan las manecitas de Teresa 
aobre el piano. Yo le perdono y el püblico le perdona tambien 
la cortesia zurda con que se presenta en el escenario ; ella 
aprenderä bien luego & hacer otras mas coquetas, si menos 
naturales y graciosas. 

Ya est& en el asiento alzado para que la pianista Uegue al 
nivel del teclado; ya miro & todas partes como para avcriguär 
curiosa la impresion que ha causado al presentarse ; ya no 
tiene miedo. Entonces su rostro infantil cambia de repente ; se 
vuelve s^ria, grave, y con los ojos iijos, cual si no viesen nada 
de lo que tienen delante, la nina del crying haby se convierte 
en la artista inspirada. Empieza. Su transfiguracion es conv- 
pleta y nadie que ha oido k tocar ä Teresita ha dejado de ob- 
»ervarla, porque es verdaderamente earacterfstica y facina- 
dora. 

Suena el piano y el auditorio se sorprende, porque no se 
oye el eco apagado ^ indeciso que se espera de una nina, sino 
armonias ciaras, distintas, imprimentea (si vale la espresion), 
cuyo caracter decidido parece propio ünicamente de la ejecu- 
cion de un profesor. Todos los que de Teresita han escrito 
convienen en una observacion que ä todos sin escepcion les 
ha ocurrido, y es que si se la.oyese tocar sin verla, nadie cree- 
ria que tocaba una nina. 

Pero el m^rito de la gran pianista no estriba en su ejecucion 
dara y bien definida, ni en la agilidad de sus dedos pequenue« 



313 

los que reftbalan sobre el teclado con prestleima vivcza,- ni öh 
La soltura con qne usa nna j otra mano en las mas rebuscadäs 
cojnplicaciones de Prudant; ni en la habilidad con que eihplca 
el registro para producir maravillas de sonidos. Su m6rito dis- 
tintivo conslste en el acierto de su interpretacion, en la esqui- 
sita sensibilidad con que reproduce los temas mas espresivos, 
en el canto solitario y Ueno de alma con que da vida i los 
ruidos del teclado que no hablarian sin las modulaciones con 
qne ella los bace hablar. Abi su inspiracion ; por eso es gcnio ; 
& eso ba sido enviada. El piano gime bajo sus manos de ängel 
oomo gime el viento en las märgenes del Anatfeo, donde elld 
rob6 las armonias que abora nos vende como suyas. Mentiral 
no lo son, no son suyas, son inspiradas, y si no lo fuesen, no 
las tocaria ella, la del baln/ lloron, la que da todos los pianos 
del mundo por ima sola muiieca. 

Bien me so desde abora que cuantos me lean van & decir 
que exajero & sabiendas un talento que cual yo lo pinto, es 
imposible. Amigos mios, es cuestion de hecbo ; y como Vds. 
ban de oir a Teresita, para entonces me. reservo contestar 
& los incredulos. He conocido ä mucbos Pirrones en esta ciu- 
dad de negocios, y Wall street, que est& calculando ä todas 
boras c6mo se amortizarä la moneda de papel en que estä na- 
dando, admira mas que yo 4 Teresa Carreno. 

{.Qu6 nombre! Si se llamase la aignorina Teresa Trabi- 
lini, 6 MademoiseUe Oignon, 6 Miss Tallow, siquiera ! Pero 
seüorita^ como decimos nosotros, y Sefiorita Dofia, como se la 
llama eu Cuba y cn Espana! ; Una i>07{a dista tanto de üna 
Donna en materias musicales I i Qui6n viö jamas un yankee 
que no saliese de los Estados Unidos, ni un genio musical que 
no fuese italiano 6 Iranccs ? 

— ^ De donde se la robaron Vds. para decir que es de Cara- 
cas ? preguntaba con mucba tbrmalidad un neogranadino que 
la aplaudia llorando. 

— Pero no, decia un anglo-sajon Ueno de entueiasmo por 
oUa, esa muchacba tiene once 6 doce anon, cnando menos. 

— El g6nio no tiene edad, contestö un inglcs con mucha 
calma. 

— No lo x3reo, replicö el anglo-sajon. 

— ^Pues, entonces tiene ochenta • anos. No necesita menos 
para tocar asi. 

Y es porque el prodigio, d causa de sus dimensiones tan 
desusadas, da orlgen & la incrcdulidad. Viendolo apenas Se cree« 



314 

• 

El priroor concierto de Teresa en Nueva Yorkhara siempre 
4pooa para ella, no por las Coronas 7 ramilletes que le regal6 
el püblico, entre otras una ofrecida por el representante de la 
Nueva Granada j otra por el ministro de Guatemala, sino por- 
que la generala H. . . . le hizo el impagable regalo de su ni- 
fio lloron que dice ''papä" y "mamd." 

£n aquel conderto di6 el primer paso de una carrera Wema, 
de porvenir para ella, de gloria para su talento eomo pianista 
y eomo autora. Porque Teresa compone tan bien como toca; 
aus partituras respiran la originalidad de su genio, la melan- 
colia de un pensamiento que ella est&llamada& desarrollar lar- 
gamente, si el lioor que contiene ese vaso tan pequefio fuere 
tratado de manera que no "haga esplosion.*' 

jOhl No lahaHi, pobre saboyana mia. Su Camino es largo, 
y lo recorrer&, spirito gentiU^ esparciendo por el mundo el 
el caudal de armonias qnc seres impalpables le hacen oir en 
aus suenos : ella las repite con toda la inocencia de la virgini- 
dad- de un alma que llora inspirada las cantalas adormidas en 
las auras de nuestra Caracas, en sus montauas, en sus rios, ba- 
jo la sombra de sus &rboles, por entre las flores de sus jardi- 
nes. Ayes muy tristes, melodias nunca oidas, cuya melancolia 
«s tan dulce de repetir en notas armönicas como etema es la 
inspiracion que las hace naeer incessmtemente. 

Yo volver4 4 escribir sobre los oonciertos de Teresa en otra 
ocasion en que me sienta menos impresionado con la idea del 
pensamiento qne su müsica encieiTa. Entonces callare mis sen- 
saciones pam decir las que haprodncido en los demas, porqne 
nunca hubo artista ^1 Nueva York que mas hiciera decia de 
sl, y nunca se mostr6 la prensa mas uninime que con ella al 
lanzar el grito de sorpresa con que la recibiö desde el dia de 
SU aparicion. Hasta entonces au revoir. 



315 



MATRiniONlO DE PIGMEOS. 

Han pasado ya 24 horas j Nueva York no ha vuelto en sl 
del sobresalto, de la impaciencia en que ha vivido durante laa 
tres l^ltimas semanas. La uovia que ve la primera hiz del 8ol 
& trav^s de las cortinas del tälamo, no se encuentra mas sor« 
prendida que esta buena ciudad imperial hoy que "no sabe lo 
quo le ha pasado.'^ 

'^Bame la maao Oh J)Iq» 1 que deefaUezoo 

Del gozo lne»pllcable que me inunda.... 
XJna loca alegria, 

XJu placer delicloso.... Moribnnda 
He alento, trovador del alma laiaP* 

Pero ;, qufr ha sucedido en Nueva YoA para tantos aspa- 
vientos como eontiene el introito de este Totilimundi ? i QuS 
ha sucedido ? 

j Musas del verde Pmdo habitadoFa» ! enviadrae toda la risa 
que sabfais mandar al ciego Homero para sus carcajadas olfm- 
picas I 2 Momo, dios de las burlas ! pr^stame nn poco de tu in- 
eigne soearroneria para contar las locuras camavalescas de la 
gente neoyorquina del buen tono y de todos los tonos ! Redac- 
tores del Gharivari^ del Punch^ del Vanity Fair y del Don 
Junipero, • . • . . sus ! aqui conmigo I desatad las cataratas 
de vuestras burlas todas, horacianas y juvenalescas, para pin- 
tar & la isla de Manhattan en un dia de boda de pigmeos. 

T hecha ya la invocacion, entro en la esposicion del plan de 
este poema del matrimonio de dos seres que contienen en la 
forma mas minima que cabe sin romper el contenido cuanto 
deben teuer un hombre y una mujer, pues ambos son como la 
hija de Juan, el de Vega-Bajä, que era, segun la tradiceion 
vulgär, chiquirritina del cuerpo, pero completa de un todo. 

El "general" Tom Thumb, 6 sea el general Tomas Pulgada» 
bien conocido en el mundo por la grandeza descomunal de su 
pequeilez, ha sido el h6roe de la funcion, y la heroina cierta 
sefiorita de nombre Lavinia Wanden, no hija de ningun rey 
Latino, ni prometida 4 ningun Tumo, rey de los rütulos, sino 
hija de su padre y de su madre, dos honrados campesinos cuya 
progenie se distingue toda porque no mide una vara del ojo 
al suelo. Vivia dona Lavinita muy tranquilameöte en su casa 
de campe hasta que & Barnum, el rey de la farsa y del bombo, 
66 le antojo sacarla aluz en su Museo de curiosidades. ^Cuäl 



316 

mayor quo la de aqnella dama, en ouya crinolina no )se podris^ 
. ocaltar ni un pan de azücar de 25 libras ? Conservaba el exhi- 
bidor de monos entre sos coriosidades al general Piilgada (tan 
general como otros muchos de la ocasion presente) y & una 
sincopa de hombre & qnien por una mezcla de patiiotismo 7 
de humbug llama el "comodoro Nnez." 

Y el hombre de los caballos lanudos y de las sirenas modciv 
nas, di6 en meditar que para haoer dinero y proporcionarse 
una 6 mas cnnoBidades microscöpicas para lo futuro, le basta- 
ria casar & los enanos ; porqne conociendo su gente, sabia que 
aquel casamiento llenaria de entusiasmo a los noveleros y no- 
veleras de Nueva York, y quicn sabe si con el cruzaraiento de 
la raza no se perfeccionaria la de los pigmeos <id exhihendum. 
Barnum ech6 todas sus rayas y conoci6 qne habia dado con 
un nuevo garlito en donde atrapar & su amigo el respetable 
püblico. 
Anuncio el mat ii on'o ! 

El general Toni y la senorita Lavinia se casaban ; pero co- 
mo quiera que ese y otros disparates peores suele hacer todo 
el que reconoce con Adan algun parentesoo, magtler lejano, 
era de necesidad hacer notable el CLContecimierUo, A la obi'a ! 
Dineros hacen dineros. Los periödicos, "organos de la opi- 
pion publica," le abrieron sus columnas para contar la histoiia 
de los amores de D.* Lavinia y D. Tomas. * 

La "historia" de Eneas dice que Lavinia, hija de Latino, de- 
bia casarse con Turno, cuando ]leg6 Eneas ä Italia, y, enamo- 
lado de la doncella, principiö por matar ä Tumo \ p^i-fido ho- 
micidio ! — y acabo por el suicidio de casarse con la viuda de 
SU rival. Muerto Eneas, Lavinia* temi6 que le saliese el muerto 
(el primero,) y huy6 ä los bosques, donde tuvo un hijo, que, 
por ser hijo de tal selva, se llam6 Silvano, como ahora hay 
quien sellameSilvestre sin haber nacido donde Kquicra haya 
montesniplantas. 

La modema Lavinia no debia desdecir de su abolenga, y 
cuenta la '^historia" de su maese Pedro, que estaba & un mis- 
mo tiempo solicitada por el Eneas de D. Tomas Pulgada y el 
Tumo del comodoro Nuez. 

(Entre par^ntesis, este debe ser nombre del capitan de al- 
gKss^ buque blindado, de los que llevansutripulacion entre dos 
conchas, ä estilo de ostion.) 

Pues, como iba diciendo, Tomas y el comodoro se prenda- 
rpn & un tiempo de aquella media naranja (no me refiero al ta« 



317 

inano dela donna con crinolina;) pero cono Castor y Polux, 
convinieron en quc le harian la corte per turno (sin alnsion al de 
Eneas) 7 que k quien Dios se la diera, Bamum se la bendeci- 
ria. Empez6 Nnez, y le aconteciö lo que & otros comodoros 
del presente siglo, que no logr6 rendir la fortaleza. Cuenta el 
historiador que al cu-cu de aquel palomito la Keina de la Be- 
Ueza (asf esta bautizada) le contestö mir&ndole y torciendo los 
ojos, que no se casaria con ninguno & quien tuviese que ha« 
blar bajando la cabeza. Otros chicos han recibido pasaporte 
por otras razones ; pero el de la presente se content6 con an 
Bucrte, y no pudicndo alcanzar k mayor altura que la de sa 
cabeza, alz6 el sitio, y hasta mas ver. 

Midiöse el general con el comodoro y yi6 que le llevaba 
una pulgad?.; pregunto & la duena de Rosina las pulgadas 
que SU pigmea se&ora media, y resultö que la podia alcanzar 
y aun sobrepujar en algunas lineas. No tuvo necesidad de 
desenvainar la espada contra el nuevo Turno, cuyo pesar por 
ser muy grande, auraentaba mas de lo que podia su cuerpo, 
y conociendo las condiciones y prendas de la enana, le hizo 
SU declaracion en grande. (Perdon, que grande no pudo ser.) 

La chica contest6, como todas las de su tamano, que se lo 
dijese k su mani4, y D. Tomas que no anda k paso de buey, 
6 k lo menos no andaba entwices^ tanteö sus fondos, que dicen 
estan mejor cien veces que los del Estado, y se abocö en se- 
guida con papä y mam&i 

Hubo objeciones, D. Tom&s Pulgada habia andado de pioos 
pardos por Bridgeport ; hizo promesa de mmca mas hacerlo. 
La öeiiorita Warren no queria por ningun motivo ser la senora 
Pulgada ; se convino en que 61 general Tom Thumb dejaria 
de ser general, anmentando la lista de los McClellan, Porter, 
etc., y que desde aquella fecha volveria k iirmarse Stranton, 
como lo li.iMa hecho antes de ser Pulgada. (Nadie confunda 
k este Stranton con Mr. Stanton ; el ultimo no es ningun mi- 
nistro pigmeo ni tiene eure para estar erre que erre con la mis- 
ina siempre.) Todo se arregl6 en familia y la noticia sorpren^ 
diö sobremanera k Bamum, que ni sonaba que en su propia 
casa se estuviesen fraguando Ijgas, si no de separatismo 
y aunque de unionismo, de todas maneras contra la constitu- 
cion y las leyes de su establecimiento, que necesita siempre 
alguna cosa muy pequena 6 muy grande, exajerada en cual- 
quier sentido, para entretener k sus inteligentes parroquianos. 

El inocente exibidoc no sabia nada de lo que estaba pa- 



318 

sando ! Mr. Buchanan habria podido dar mejor cuenta: de la 
revolucion que Vds. conocen. 

Anunciuse el matrimonio y se puHO en los cartcles que La- 
vinia iba k retirarse de la vida publica, porqne el general, 
digo Mr. Stranton (con &rre) no queria que su mujer se exi- 
biese, en lo cual tenia razon, porque eso no deja de teuer sus 
inconvenientes 6 impropi^dades. Los amores de los enanos, el 
dolor y la desesperacion del comodoro, la circunstancia de ser 
ya la ultima vista de la prometida, que iba a ser pronto 
mujer de alto cotumo y alta sociedad, & despecho de su 
tamaSo natural, hicieron que la noveleria anglosajona se sole- 
vantase ä punto de que Mr. Barnum gan6 en el Museo 20,000 
pesos fuertes, 6 mas bleu verdes, en las tres 6 cuatro semanas 
que precedieron k la boda. 

BaiTinm ha estado inocente de toda supercheria en la 
transaccton de la tal boda, y yo le agradezco mucho la bondad 
con que me envi6 la boleta de entrada para asistir ä ella 
como parte integrante de la prensa. El no se ingirio en nada. 
Tfo 86 de un empleado estrangero que le raando pedir una en- 
trada para el templo, y con cuyo amigo tuvo el maese una 
entrevista por e^te estilo : 

— Oh ! senor I diga V. & S. E. (Barnum no omite con nadie 
d tratamiento, ni menciona 4 Mr. Lincoln sin anadir su com- 
petente " el Honrado,'* ni & Mr. Seward sin su rabo de talento 
6 cosa as() diga V. k S. E. que yo no tengo intervencion 
en el gran matrimonio ; que las targetas de convite no se 
venden y que el general Thumb es demasiado aitanero para 
permitirlo. 

— Muy bien, senor. 

— Pero yo voy k imponer k S. E. de un secreto que hasta 
ahora permanece oculto : los Sres. Ball, Black y O han sido 
comisionados por el general y la senorita para distribuir grd- 
tuitamente los convites. 

— Pues alla voy, los conozco mucho. 

— ^Espere V., pregunte V. por el j6ven Black y entiindase 
V. con 61. 

— ^Si nos entendemos per%ctamente. 

— Oh ! hay un secreto : el jöven no vende las tarjetas ; pero 
V. va y le compra cualquiera bujeria para la senorita ; 61 se 
la presenta k nombre de S. E., y entonces ella estoy seguro 
de que le enviarä su taijeta de convite y la de entrada. Oh! 
amigo, qu6 lance va k ser ese : imagfnelo Vd. : el general es 



319 

el ma» alto y luego sigue su ftitura ; de5?pues los padrinos. 
l Quienes se figura V. que son los padrinos ? Nada menos 
que el comodoro Nuez y una herraana de la seiioiita Lavinia; 
oh ! ambos raas pequenos que ella. 

Jili amigo fu^ & ver al j6ven Black y este le enseno las bii- 
jerias compradas para regalo de la novia. Collares y cadenas, 
alfileres y sortijas, cunas y encajes que costaban, ; vaya si 
costaban ! No habia regalo que bajase de 50 pesos. Ni en pa- 
pel ä 50 p. 0(0 se podian dar los 50 pesos por una entrada, 
y mi amigo, que sabe dönde le aprieta el zapato, echö su silo- 
gismo en el acto y dedujo que la gran tienda con hnmos aris- 
tocräticos se habia puesto de acuerdo con Baiiium para ven- 
der prendas en los tiempos de escaseces que soplan. ^ Cuänto 
por ciento ganaria el maese sobre el total de lo vendido ? 

Dos horas antes de la ceremonia estaba Broadway intransi- 
table desde la calle 8* hasta la 11*, porqae las ladies empeza- 
ron por apqderarse de las ventanas y balcones, luego de las 
aceras y por fin hasta del centro de la calle. Los omnibus tu- 
vieron que abandonar su acostumbrada ruta ; la policia se 
multiplico y se escediö & sl misma para conservar el örden. 
AI principio logrö mantcner libre el centro de la calle para 
que pasasen los transeuntes ; pero cuando se dijo que venia 
el cortejo, las crinolinas se lanzaron sobre los agentes de po- 
licia y los hicieron replegar mas facilmento que si les hubiesen 
dado una carga k la bayoneta. — j Atras ! j aträs ! gritaban ; 
pero las Evas decian : ; adelante ! ] adelante ! y no habia es- 
trella que valiese, ni clava, aunque fuera de H6rcules, que las 
hiciese retroceder. En tal conflicto i qu6 recurso quedaba & los 
agentes del 6rden püblico ? Echar mano de las pistolas? Oh ! 
asesinato! ^Hacer uso de las manos solas y empujar hacia 
atrds ? Valiente podia Ilamarse el que & tan cosquilloso emjie- 
no se atreviese. Pues i qu6 hacer ? Los agentes de policia se 
volvieron de espaldas k la multitud y empezaron ä caminar 
häcia aträs, como los hijos de No^ cuando iban ä echarle la 
capa. Asl como asl, con mucha paciencia, mucha fuerza y & 
estilo de cangrejo, con mano adelante ypaso aträs, hicieron dar^ 
una reculada & las mujeres hasta ponerlas contra la pared. 

La conversacion, como es öß suponer, estaba animada en 
grado febril : se trataba de matiimonio y se discutian lös ofi- 
cios menudos de la boda. 

— Barnum los ha casado, decia una rubia, tan rubia como , 
Eva antes de pecar. 



r 



320 

• — ^Xo, replioö una morcna, ellos se han casado j Bamom 
les ha senido de 

— De padrino, esclamö la rubia interrumpiendo. 

— ^Y tienen mnchas joyas. 

— Sf, du iina gran tienda que ha entrado en el.humbug/ son 
joyas de entrada. 

— l Y si tendran nenes ? 

Por esta pregunta que resonö como campana de somaten, 
hubo una especie de discusion de congreso capitolino, en 
la que confieso no ol los discursos. Solamente recuerdo la voz 
de un petimetre hloqueado por las armaduras de hierro de 
L)8 naves en aquel golfo, el cual decia, como si no hablase 
con nadle, ciertos versos de Quevedo, cuyo final cambiö 
asf: 

T los hiJoB que tiiTieren 
i De qad tamafio seran 1 

Porfin llegö el carruaje anhelado! Un grito, un chillido 
inas bien, resonö entre la hermosa turba. Iba el vehfculo tira- 
do por seis caballos empavesados como navio en dia de gala, 
y en 61 los novios y sus padrmos, colocados los cuatro en el 
asiento de honor. Bamum iba en el asiento delantero con el 
ministro del tesoro de Mr. Stranton. 

Qu6 bulliciosa alegria! qu6 remolino de gente I En vano 
la policia hizo un esfuerzo potente para atajar el torrente que 
fiobre ella se venia ! Se quedaron en un fco juntas todas las 
estrellas, porque todos contra ellas, ellas rompen el bloqueo, 
haciendo una sarracina & tiros de crinolina. 

Cuando pasaba el carruaje y en 61 la senorita dona Lavinia 
con SU Eneas y con su Turno (que se quedö sin tumo) escla- 
m6 la nibia de enantes : 

— Ay ! Emma mia, qui6n fuera enana I 

Y los novios entraron en el templo. Era la iglesia de la 
Gracia (episcopal) y forzoso es decir que tenia bien pocas se- 
iiales de templo, pareciendo mas bien teatro de la 6pera en 
dias de matinke, Estaba Uena hasta reventar, llena como pin- 
ta el Budget of Fun al secretario del Tesoro, harto de billetes," 
hidi'opico de bonos y de papel verde que se le ha indijestado, 
diciendo a Mr. Lincoln : "No se acerque V., que reviento! " 

Trajes de maiiana y trajes de tarde, de baile, de paseo, de 

^ öasa y de trapillo — de todo habia en aquella vina que no po- 

dia en puridad de lenguaje Ilamarse la vina del Senor, ni por 



S21 

sn apariencia, ni por el porte y compostura. Las ladies es» 
tabnn en pie sobre los asientos y los gentlemen sacaban la 
cabeza por entre el monton de ropajes, como nadadorea ea 
mar revuelto. 

En el altar habia dispuesto Bamun nn tablado alto para 
exhibir mejor a sus pignieos que, si no, habrian quedado ociü- 
tos, con grave detrimento de sus fnturas especulaciones. 

El örgano' tocaba un tro^o de Roberto el Diablo^ aquel que 
dice : Oh I Robert^ combien je Vaime, La öpera y el morcecM 
ei*an caractei-fsticos. 

Brown, el fa^noso sacristan de la aristocracia, se lavo las 
manos y no quiso servir en aquel lance "indigno de un 
honibre de sus antecedentcs y alta posicion." 

Bamura habia hecho anunciar que el obispo Porter estre- 
chai-ia el lazo matriinoni il ; pero a ultima hora se snpo que 
monsefior se habia ne< ado a manchar su tiinica con el escan- 
dalo de aqucUa prolian.icion del templo, y en su lugar se 
annncio im Reverendo que tnvo menos escrüpulos para atar 
el nudo indisoluble en una farsa faris&ica. 

Bamum consiguio que su establecimiento de la calle 10 tu« 
viese tan buen 6xito como el del Parque. 

Echada la bendicion sobre el par de enanos, siguiö el cor- 
tejo al Hotel Metropolitan, donde tuvo efecto la " recepcion.** 
Los esposos y sus padnnos recibieron & sus amigos en pi6 
sobre* el piano del salon, porque el empresario oi*ey6 que con- 
venia mas asi para evitar el fastidio de la repeticion de las 
pLaJtaformas^ que solamente los hombres politio^s multiplican 
en este pais. 

La turba que asediaba la iglesia se traslad6 ä las inmedia» 
ciones del hotel, y hubo otro bloqueo que dur6 hasta que 
cada cual se fu6 cansando 6 hasta que Mr. Bamum mand6 al 
ayo que llevase a los ninos k dormir, porque era tarce. 

Tal es, j oh dioses inmortales, musas ollmpicas, ridlculo 
Momo, escritores satiricos ! tal es la historia de la farsa k que 
la ciudad imperial ha dado teatro, actores y espectadores 
ä voluntad del maese Pedro que gobiema los alambres* de 
este retablo. 

A las mascaradas de la revolucion franoesa para divertir al 

pueblo que tenia hamb: e, se parecian las de Nueva York, 

con la desventaja de que la nuestra tuvo por complemento 

una profanacion sacrilega. ] Marquemos ese dia con una UU 

Vi 



822 

grima y qne la came se estrcmezca al oir entre los cantos de 
Roberto el Diablo cl chirrido del carro revolncionario que 
avanza cubierto de sangre y Ueno 4^ heridos, moribundoR 
y muertos ! 

NcsTA Tou, febrero 11 de 1868. \ 



ATENTIJRAS DE GOTTSCnALK. 

PCB FUMAB ISN LOS CABBOS. (*) 

Todo el mundo admira al pianista. Es una celebridad nni- 
Versal, un genio de los no descritos en Breton, el de los Herre- 
ros. Gottschalk y el piano son dos cuerpos con una alma ; un 
matrimonio morganatico, tan conipacto y tan indisoluble como 
el del Herald y la ciudad de Nueva York, como el verano 
y la visita de los cubanos & la metröpolu Hablar de GottsQ^^alk 
sin hablar del piano equivaldria ä hablar del ejercito del Po- 
toraac sin hablar de un rev^s (por activa 6 por pasiva.) 

Sin embargo, yo conozco k Gottschalk el turir'ta, ä Gott- 
. Schalk el escritor, & Luis el poeta, y no s6 si estos individuos, 
& ser tan bien conocidos como el otro, si el otro quisiese, no le 
vencerian en lidia ignal. Muchas veces le he preguntado por 
qu6 no escribe, por que no pone en limpio una multitud de 
artlculos, apuntaciones, notas, cncntos (Luis cuenta como 
Trueba), impresiones, etc., etc., que ha borrajeado en los 
carros del Camino de hierro, cuando Strakosch lo lleva en vo- 
landas, como sobre una escoba llevan las brujas alemanas 
& los espiritus de quienes estan enamoradas. Siempre me ha 
conteatado con una razou incvspugnable : no paga. " No paga," 
en ingl^s quiere decir — ^no deja cuenta, no produce en propor- 
porcion al trabajo que cuesta hacerlo,* no remunera. 

(^ Eflte artlcnlo peitenece k una sSrie qne por al sola bastarU paia fbrmar nn 
Tolümen. 



323 

-^Imagfaate, me dice, que iina p&gma de mfisica valeT)ara 
mf SU precio en oro*. (Esta fräse es hija de la costurabre, no 
de la situacion rentistica del dia.) üna pfi-gina de müsica vale 
por onatro de la mejor oonwosicion maauscrita. Las ideas 
cantadas eclipsan & las ideas escritas. Aquellas son sonanies / 
las otras se reducen & *' notas ^' 6 promesas de pago. 

Gabe mas razon ? 

Pero tanta no impide qne las obras in^ditas del autor corran 
parejas con las del pianista 7 que el uno iguale al otro, cuando 
no le venza, por mas que el primero viva ignorado en la oscu- 
ridad de la oarpeta de viaje. 

Suelo & ocasiones ponerme en comunicacion oasi magn6tica 
con los escondrijos de esa carpeta y leer — digo, desoifrar — ^lo« 
logogrifos en que e8t& escrita, y gozo con ellos tanto que no 
6^ guardärmelos para ml solo, sino que salgo inmediatamente 
d buscar con qui6n compartir mis placeres. Prueba es esa, si 
no diera 70 tantas otras, de mi buen corazon. No es asi ? 
Ahora le regalo al publice mis goces. 

El domingo tuvimos sesion en el congreso de la poz. No se 
alarmen los republicanos, qne & dicha sesion concurrimo» 
Luis 7 70 solamente. Estaban tambien el criado y el piano ; 
el segundo est4 7a tan impuesto de todos los secrfetos de 
Qottschalk qne diria maravillas si otro que 41 snpiese hacerle 
hablar. 

Reunido pnes el congreso independiente 7 soberano, con- 
yersamos, k estilo de todo buen congreso. Si ha7 hombre qne ^ 
ha7a vLajado en este pais, de norte & sur 7 de Oriente ä occi- 
dente, ese hombre lo conocerä tan bien como Gottschälk. 
Mejor, nadie. Si quisiera probarlo diria cual es su fe en poll- 
tica; pero no he de ser mas indiscreto que el piano. Luis 
ha viajado mucho, porque un artista de su tamano quiere 
7^ debe ser admirado en todas partes, 7 el empresario de los 
conciertos trabaja siempre para complacer al artista 7 para 
servir al publice que le paga (al contratista.) Tina escritura 
de arriendo — si no suena dura la palabra — obliga al artista 
& tocar donde el empresario lo exige, 7 asl vemos que Luis 
da una matinke en Nueva York, toma los carros, anda al va 
por 400 millas, toca por la noche en Filadelfia 7 al dia si* 
guiente su piano (que viaja con 41 al lado del estuche de la 
barba) da un concierto en Washington, donde le esperan 
& hora üja el Presidente 7 sus ministros, 6 aquellos de sus 



d24 

ministros que gnstan de concierto, los cnales, dice el Heralä^ 
no Bon los mas. 

. Todavia no se han apagado los luces cuando el piano va 
4 raason de 25 millas por hora viajando con su dueno en algun 
ferrocarril de los que no han ct>rtado los rebeldes en aqnella 
semana, 7 el ^uevo dia encuentra al piano 7 & su sefior insta- 
lados en nn salon donde se les aguardaba, acaso con mas inte- 
res que en la ciudad capitolina. 

Y esto dura nn mes 7 dos meses, sin que ha7a cindäd, 
grande ni chica, que logre ver la sombra del contratista 7 sus 
apMUces cuarenta 7 ocho horas de seguido. 
• Seguramente que si Jefferson Davis estuviese tan instruido 
de los secretos biögrafo-musicales como parece siempre qne 
lo 9st& de los de su enemigo, Strakoscb seria nombrado suce* 
■or de Jackson CaUcanto^ para la pröxima invasion con que 
diz que dicen est& amena^da Marilandia. Luis ejecutaria en 
el concierto de la caballeria rebelde su lindo Bananier < 
6 el Bafijo ; Magruder seria el trompeta 7 si habia lugar . 

6 tregua, Hooker tocaria el violon. Por supuesto que si con- 
ourria el gobernador de Nueva Orleans, mandaria intercalar 
en el 6rden del programa algun Hau Columbia 6 Yarücee 
Doodhy so pena de hacer juzgar al empresario por el jurado 
del general Bumside. 

Pero no ha7a temor de que nadie haga pasar la 1%«^ 
&LuiB: 

pues por sn^nteres nn dia 
fll Norte dir&: ^en el enelo 
qni^n hallarfi melodia 
■1 70 plerdo este modeloT 

Yino & cuenta toda esa disertacion al bablar de la incan- 
sable energia de los concertistas que se hacen pagar k precio 
de oro» No estriba la habilidad ünicamente en dar conciertos, 
sino en distribuirlos cual la gracia de Dies por todas partes 

7 hacer que llueyan como el agua del cielo ^ cuatro 6 cinco 
lugares al niismo tiempo. Asf que, cuando Luis se contrata, 
no pi*omete tanto hacer hablar su piano como hacer viajar su 
ouerpo» pasearlo de estremo & estremo de la Union {vel 
quasi) ik usanza de guerrilla rebelde, mandada por jefe que lo 
entienda. 

I Qu6 campo para estudiar! cu&nto motiyo de observacion ! 
qn6 abundanda de asuntos 7 qu4 vanedad de temas para un 
observador oomo el autor de las obras (ineditas) mas picantes 



825 

qne hayan sido escritas nunca del lado ac& de las grandes 
aguas! y luego, que de lances de viajero, qu6 de aventuras, 
qa6 mina para un foltetin I 

Acababa de darse la hatalla de Pittsburg Landing, donde 
Sidney Johnston perdi6 la v^a al querer batir en detail el 
ej6rcito con que Rosecranz dcfiende hoy en Nashville la en* 
trada de los Estados limitiineos, esos neutrales forzados que 
estan, en la gran lucha de los pueblos del Norte con el Medio 
dia, & favor del sol que mas alumbre ; cuando Sti'akosch Ue* 
vaba ä Gottschalk, en volandas, como Asmodeo & su doctor, 
para dar un concierto en San Luis. 

Gottschalk en la fisiologia del cigaiTO hu descubierto que 
debe comerse, solaraente porque despues es mas sabroso 
fumar ; suspiraba por un puro como los israelitas por el man& 
7 por aquellas perdices que asaditas y en salza les Uovian» en 
el desierto. iVb amoking aUowed. "No es peimitido fumai^ 
. en los carros de los Estados Unidos. Este onzavo manda- 
, miento fu6 inventado por un mascador de Virginia que tratö 
de fomentar el consumo de la hoja aplastada que da nauseas 
con SU sola presencia. Un rio de saliva nicociana cubre el piso 
del carro ; pero no se permite fumar. Luis estaba loco de 
deseos. Un fumador sabe lo que es eso : cuando la cabeza llena 
de los gases del estomago, producidos por la digestion, se 
uente, vana y hueca como la de un empleado en los ministe- 
riös ; cuando los ojos ven estrellas y gusanos luminosos por 
todas partes, y los oidos zumban y la garganta esta sec'a 
y todo el sistema vibra con un» estremecimiento continuado 
y semi-electrico como el de un gato cuando se le hace carino. 

Era preciso fumar 6 dejar el viaje, no dar el concierto y i:e- 
nunciar a la* contrata. En todo tren hay un carro de fumar, 
pero en aquel tren no lo habia. Pero en aquel tren habia un 
carro de equipajes, y los baules que no mascan tal aco^ no se 
oponen & que se fume. Saltando de un carro k otro en una 
marcha ä la degesperada de tren correo, haciendo d cada ins- 
tante en la oscuridad de la noche la figura del coloso de Ro- 
das, con peligro de ser aplastado entre dos wagones ; peix) 
animado con la esperanza de que al fin estaba la tierra de ])rö- 
misioa — el carro de los baules que peimiten fumar — auda, 
avanza, llega. 

La puerta estaba cerrada ! Los baules amontonados detras 
de ella impedian la en trada. 

Renunciar k fumar cuando se tienei el cigarro en la boca 



326 

j la iinaginacion ve arder el fogforoi aplicar la lumbre, que- 
mar Li hoja, salir el humo— gozar ! 

Un einpnjon! otro j otro! 

La pnerta cede hacicndo häcia atras los baules que la mante- 

nian cerrada 7 Luis Morau Gottschalk, encaramado 

sobre uno de ellos y con los pies estirados sobre otro a estilo 
yaiikee, siente arder sn cigarro oon el mismo jübilo qae Neron 
vi6 arder & Roma. No se qu6 pastorela 6 rondo para dis- 
traerse en la osciiridad, componia alla en sns adentros, mien- 
tras cl humo remontando a Las cavidades del cerebro hacia 
vibrar de contento todas sus laminas sensitivas, cuando detras 
de los baules oy6 que conversaban dos bagajeros de esta 
mancra : 

— Diga Y., paisano, la cosa ha sido fnerte. 
— Como si ha sido ! esclainö el interpelado, han muerto nues- 
tros valientes que es un horror. i Cuantos ataudes trae V? 

— El Expreso de Adams solamente trae & flete unos 
quince, y la compania trae todos esos que ve V. contra la 
puerta de la entrada. 

Los cabellos de Gottschalk se levantaron como flechas sobre 
8u cabeza. Dobldronsele las piemas que tenia estiradas. 

— ^Pcro, diga V., paisano, continu6 el pi'imer bagajero, yo 
creo que en una batalla no mueren bien los hombres. 

— ^Por qu6 lo dice V? 

— Porque cuando me entregaron los ataudes, me pareci6 
qne ol ocupante de uno de ellos se movia. 

Gottschalk salt6 del batd §n que estaba sentado. 

— Como es eao? se movia? 

— Asi me parece, porque sentl ruido en las paredes y en la 
tapa del cajon. ' 

— San Patricio me valga ! y por qu6 no tratö-V. de averi- 
guarlo ? 

— Avenguar ? qui6n ? yo ? Ni por cinco pesos. (sie.) i N'o 
sabc V. que los resucitados causan la desgraeia de aquellos 
qxie los despiertan? Figürese V. que uno de ellos hubiera sa- 
cado la mano por entre el fondo y la tapa cuando yo lo cogia. 
61 me toca el brazo, me lo seca para toda la vida. 

Gottschalk, medio sofocado, dejö caer el cigarro que tenia 
en la boca. La lumbre al dar sbbre los ataudes produjo chis- 
pas en todas direcciones, k iluminö por un momento la oscu- 
ridad de aquel tabuco. 



827 

Los muertos no sacaron las manos de sns cajones ; pero se 
0j6 un resuello fuerte y el eco repitio un geinido. 

Hasta r.hora no ha sabido Luis de d6nde saliö aquella espe- 
cie de voz piangente que en vano ha procurado encontrar des- 
pues en el teclado de su piano. 



RH MAQÜINA DE COSER, 

Rosa, la ciegiiecita de mi barrio, tiene fama por la pevfeo- 
cion de sus costnras. j Qu6 pespimtes hace y que limpieza de 
manos I En mi pais se diria que sus obras salen de las monjas 
— espresion familiär con que se pondera todo lo que esta bien 
acabado y pulido. Aquellas santas sefioras tienen perenal re- 
nombre por la habilidad de sus trabajos, que son verdadera- 
mente artlsticos. Pero Rosa nö es monja reclusa, aun cuando 
la falta de la vista la ha aislado complotamente del mundo. 
Sus grandes ojos negros y velados por largas y pobladas pea- 
taiias no tienen luz, poseen una'fijeza que da lästima, y conr 
S'^rv.in algunj». an?ma^ion ficti^ia, que 4 los qne no la conocen 
.les hana creer que ven. ^ Cömo ha de ver la pobreoita,* ßi es 
ciega, corapletamente ciega? 

l <iue ven los ciegos ? rae pregunto oada vez que la veo. 

Solamente desde que Trueba publicö sus Cantares y les pu- 
so por mote "Yo soy im ciego que v6 ;" solamente desde ^en- 
tonces y despues de haber leido lo que aquel "ciego" ha visto 
y lo que sähe hacer gozar y sentir, solamente asf, digo, se ma 
ha ocuriT^do la idea de lo que v-en los ciegos. 

Las costuras de Rosa, Hertas de los primores de una mano 
maestra, me han convencido tarn bien de que los ciegos von j 
mintu, y reparan y, escudrinan, porque de otra manera se com- 
prende muy mal la perfeccion con que Rosa hace los pliegue« 
alternativamente desiguales de un centro de camisa, y los co^ 
«e y sobrecose y les pone ribetes y recamos tan pulidos, tan 



^y 



828 

rim^tricos, tan ignales, tan sin falta, que ningnna mano goia* 
da por los ojos pudicra hacer otro tanto ni cosa parecida. 

El tftiilo de Mimdguina de eoser va & traerme la respnesta 
de qne todo lo hace con m&quina j que '^esa no es gi*acia.'* 
l Qa£ no sähe hacer una m&quina en el dia de hoy ? i Pues no 
08 habla con m&quina & dlstancias inimaginabics ? ^ No se 
enenta con m&quina ? i No se pinta con m&quina ? ^ £1 t61e- 
grafo, el suma-y-sigue, el ferrocanil y la fotografia no pien- 
$an j ejecutan lo mismo 6 mejor que los hombres ? Supongo 
que los "rebeldes" del Sur den 6 presten, 6 tengan que dar 6 
perder una cosecha de algodon con sus semillas j todo. Esa 
cosecha se recoje, se carga, se despepita, se desmota, se es- 
tiende, se hila, se enrolla, se teje, se pinta, se dobla 7 se forma 
en piezas, todo por m&quina. En Cincinnati hay m&quinas qne 
por nn estremo reciben la came en forma de cerdo j por el 
otro la devuelven & su legitime dueiio en forma de jamönes, 
adobo, chorizos (que no son de Estrcmadura ciertamente,) bu- 
tifarras y morcillas, que no hay mas sino decir: ^Dientes, pa- 
ra que os quiero ? j Asf hubiese m&quina para vestir mujeres 
yparacuidar ninos llorones ! ^Ca&ntos hombres casados, 6 
cosa parecida, la comprarian ! 

Haci^ndose todo eso por m&quina y mas que no digo, i que 
tiene de raro la habilidosa costura de la cieguecita de mi bar- 
rio? — ^La pregunta esa no es de mujer ni de hombre alguno 
que como yo sepa coser d la meehaniqits, Ahi esta la m&quina, 
es de las mejores, de Wheeler y Wilson, completa, en regia, 
lustrosa, capaz de coser una s&bana para envolver en ella y 
•^ensacar" (pevdon por el teenicismo) & todo el ej^rcito de 
Hooker, que "es el mas grande y disciplinado de este planeta'* 
segun la espresion de su modesto general. Pues haga V. coser 
la m&quina ! Vamos, dcle V. con los pi6s, como dice el minis- 
tro de la Guerra que ha de dar & los traidores del Norte <fc*- 
* pues que aplaste con los tacones de lad botas & los del Sur. (Por 
forinna el plazo va largo.) i A que no la hace V. coser, aun 
cnando se p<9nga las botas de Tomasito Lincoln, que son las 
botas mejor hechas de la corte de Washington ? Luego tiene 
gracia que la cjiega lo haga con tanta maestria. 

Yo he visto & muchas doncellas et autres^ he visto & hombre» 
mas barbudos que Sanson antes de haber sido pelado, todos 
los cuales han empezado por creer que la cosa se reducia & so- 
plar y hacer botellas, & dar con los pi^s y matar rebeldes. . - . 
digo, & dar con los pids y hacer camisas» camisones y eamiiä* 



829 

tas ; pero se han llovado tanto chasco como el qiie espero se 
lleve yo rae se quien. La m&qiiina es como la miijer para quion 
fue creada : muy docil con quien sabe llevarla con buenas raa- 
neras ; altiva, audaz, terca, innianejable^ imposible con quien 
se da 4 perros para raanejarla a estilo de pueblo libre por mi- 
nistro republicano a la modenia. El indio que por primera vez 
en SU vida ve un reloj, lo mira y vuelve & mirar despues que 
pierde el miedo, lo vuelve y revuelve, se lo aplica al oido, bai- 
la delante de 61 y acaba por aplastarlo entre dos piedras para 
saber lo que hay dentro. Muchos son indios con la mäquina 
de coser. 

Rosa, que ve por los dedos, es el modelo de los ingenieros 
de maquinas de coser. Cuando su padre muri6 en el incendio 
de la calle de Vesey, aplastndo por el hundimiento del arco de 
hierro que sostenia tres pisos superiores, Eosa llorö hasta que 
se le secaron por sl mismas las lagrimas y quedö ciega. Mr. 
Wilson tratö de consolarla y ella esclamö : 

— ; Me monr6 de hambre y se morira mi madre tan viejeci- 
cita, tan desvalida, y mi heinnano no podra ir ä la escuela I 

Mr, Wilson tuvo lastima de Rosa y le ofreciö que le daria 
de comer ! Rosa no lo viö, porque ya sus ojos estaban muer- 
tos, mueitos como dos cocuyos disecados, con toda la foima 
y aparicncia de la vida. Pero Rosa interpreto mal la ofeita 
del inventor y se puso encendida como la grana. Habria llo- 
rado si le hubiesen quedado lagrimas en sus miiertps ojos. 
Wilson no quiso* entrar en esplicaciones y al dia siguiente en- 
vi6 al cuarto piso de Rosa k una hermana de la caridad con 
una maquina de coser. — La religiosa llevaba . bajo su bcndito 
manto el pan de la getierosidad que el orguUo, la susccptibili- 
dad misma no podria haber rehusado. 

Desde entonces Rosa trabajö con paciencia y perseverancia 
hasta llegar al grado de perfeccion en que hoy se encuentra, 
alabada y sostenida por las mejores costureras de la metr6po- 
li que dan trabajo ä la mäquina siempre en movimiento, me- 
nos el dominf,«o por supuesto, de la huerfana del bombero. La 
viejeqjjta muri6 ; el hemiano de Rosa estä en el ejercito. Ella 
ha quedado sola en el mundo, con su maquina de coser y un ca- 
nario que la divierte en la oscuridad de su vida de aislamiento. 

El Bästre Rontay me presentö ä Rosa hace algunos afios, 
porque desde que me cont6 su historia al encomiar la hechura 
de un sobretßdo cortado por 61, manifeste deseos vehementea 
de couocerla. 



sno 

Aaf conocf tambien ese jiigiiete iitilirfmo, llaniado maqiiina 
de coRiT, cuya valia sabeii hoy apreciar ciiantos tienen catra y 
SUB afiailiduras obligadas y ribetes de mujer, prima 6 ciinada, 
Bobrina e hijo». 

Desdc entonces tengo yo mi mäquina como la de Rosa, de 
Wheeler y Wilson, y alabo al genio 6 mas bien 4 los genios 
qne se pwderon a contribacion para inventarla a escote entre 
todos. 

No me digan qne en Liglaterra se espidiö privilcgio de in- 
yencion desde 1700 y tan tos para una mäqnina de coser, por- 
que alli y entonces se invento la aguja de dos pnntas con el 
ojo en el centro, qne cosia por iin lado y otro, como hombre 
de polftica qne va a donde mas dan, 6 como barco de dos proas 
qne an da hacia donde quiere el qne gobiema. AqnelLi inren- 
cion iwrecio como pereciö el KeohuJc en cnanto la eFpnsie- 
ron al fucgo del crisol de prueba y tuvo su Charleston tan pron- 
ta y seguramente como el barco de mas K K K(\xk<id ])roas. 
Ni me cuentcn qne la ag^ija para bordar a! tambor fa6 descn- 
bieita ä mediados del siglo d^cimo s^timo ; porqne nada tie- 
ne de comparable con la invencion de Mr. Howe, el yankee, 
qne averiguö qne parahacer nna puntada senecesitan dos hilos 
oomo se nccesitan un hombre y nna mnjer para hacer un matri- 
monio. 

Y asi como antes de qne llegasemos en este ultimo ramo & 
la pei*fcccion eclesiastioa, qne exije qne los prometidos sean 
dos no mas, de ärboles distintos y de distintos sabores y cali- 
bres para qne bien se nnan, el goncro bumano pas6 por todos 
los crämites, de»de ias bodas del Paraiso y c»us £4nex<is j con* 
secnentes de estramuros, hasta las nsanzas orientales qne to- 
davia se conservan alla en el Oriente y ac& en el Occidente^— 
en Turquia y en los Estados Unidos, en Constantinopla y en 
Utah — asl tambien antes qne la* mäquina de coser llcgase al 
ser y estado de hoy, paso por mas tramites qne un pleito de 
gente rica y que sabe pagar. Su descubndor — ^nuevo Colon — 
anduvo por las coites estrangeras luego que en su patria le 11a- 
maron visionario, ofreciendo el secreto de otro continente en 
el mundo de empatar telas, y como quiera que presentaba dos 
hilos para hacer una pimtada, el (entonces) pobre Mr. Howe 
era desoido, acaso perqne la gente se imaginaba qne trataba 
de mejorar el matrimonio. Para regresar a su pueblo tuvo el 
Colon yankee que servir en clase de marinero en el barco que 
le condujo, y acaso se pasaria los ocios & bordo entrclazaudo 



I « 



»31 

oabos y cuerdaa conio su maquina entrelaza lulos, y haciendo 
no castillos sino puntadas en el aire. 

Hoy Mr. Howe es millonario, y tanto que malas lengaas 
cuentan que para prolongar el termino de su privilegio, dejo 
en las gavetas de Sus Senorias medio millon en sonante, por- 
que ahora dos anos no habia papel verde esperanza, sino mu- 
cho del divino oro que haoe bailar al perro y decir «i al mas 
patriota republic:mo que piense decir no por deber de oon- 
oiencia. 

Cuatro fanegadas de tierra tienen Wheelcr y Wilson cu- 
biertas de edificios de cinco pisos, con maqoinam de vapor 
en todos los pisos y servidas por tres 6 cuatro batallones de 
trabajadores, produciendo m&quinas de coser como agua que 
sale de la fuente. 

A ijierza de echar puntadas se han enjaretado fortunas lo- 
cas, Nunca mas que en este caso muchas gotitas de cera han 
formado un cirio pascual. Las maquinas andan por el mundo 
para consuelo de los descosidos y para descanso de los bolsi- 
llos desangrados por la tijera de la modista. 

Todas esas historias y el conocimieuto de Rosa, la cieguecita 
de mi barrio, me hicieron entrar por la compra de mi maquina 
de coser. Lleg6 esta & oasa aplaudida por mi mismo, rocibida 
por mi Sofia con suma desconfianza sobre la cficacia de sns 
ben^ficos resultados, tocada y manoseada por los generalitos 
Scott y Beauregard {Zee no habia hecho aun su triunfante 
aparicion) y curioseada por la criada de mano y la cocinera, 
oue no habrian creido & San Patricio mismo si el patrono de 
Irlanda les hubiese dicho que aqueUo cosia mejor y mas 
pronto de lo que ellas mismas podrian hacerlo. 

£ra por la tarde y la bonita mesa con tapa de palo santo 
y arabescos de papier machi fa^ reverentemente alojada en el 
santuario de la casa, 6 sea (sin pudor yankee^mglo^femenil) en 
el dormitorio de la senora, que se prometia tentar fortuna al 
dia siguiente, pero con no menos desconfianza que siente el 
ej4rcito del Rappahannock para volver k embestir & Fredencks- 
burg. Era un casi miedo lo que la maquina le inspiraba. 

Son4 aquella noche que mi bolsillo de ahorros (ya se ve quo 
Bonaba) estaba tan grueso como el de un contratista de provi« 
siones 6 vestuaiios para los ejercitos federales ; todo en yiilud 
de las economias que fbamos & haoer & espensas de la Madame 
que se habia encargado hasta entonces de vestir & mi mujer 
d^jändome & mi casi desnudo. { Qu6 profundo y cuan dulce 



332 

era mi saeno caando me despertö Beanregard, diciendo 
con voz de llanto qne tenia sed ! Si nn Beaui*egard hubiese 
dicho qne tenia hambre, como es fama que la padecen canina 
todos los que viven como de milagro mas alla de la frontera, 
lo habria comprendido facilmerite ; ^ pero sed un Beauregard, 
cnando hay tantos rios sin caiioneras y tantps canos en que no 
pueden entrar las federales ? En fin, al que Uora, no hay que 
argumentarle. Cal^me mas el gorro, töm6 las chanclas y sali 
6. tientas en busca de nuestro rio Misisipi. 

I Paf ! Vi estrellas, aun cuando no estaba presente la bände- 
ra nacional, y caf del largo de Mr. Lincoln sobre una qne, en 
mi ofuscamiento, me pareci6 bateria cubierta, caiion de 15 
pulgadas, monitor "invulnerable," 6 petardo de aguas del Sur. 
En la oscnridad no aceitaba & esplicarme la causa del acci- 
dente, 6 de la "detencion," como habria dicho "Abraham el 
Honrado," que me habia puesto en tierra, y evidentemente 
me habia sacado un perno, 6 causado abolladnra entre torre 
y cnbierta, para paralizar mi accion locomotora. 

— { La mäquina de coser ! esclam6 la voz que mas familiäres 
4 mi oorazon ; y en el acto vi ciaro, & pesar de que no podia 
ver nada. 

Tal fu6 mi primera aventura en la escuela de Wheeter 
y Wikon, y confieso que me mat6 el gato desde la primera 
noche con tanto aquel, que desde entönces la quiero mas qne 
de Veras. 

Mi mäquina de coser ha prestado despues muchos 6 im- 
portantes servioios, ttntos, que si la presentasen en el cuadro 
del ejercito, el ministro de la Guerra la daria de baja, crey6D- 
dola tan benem^rita como McClellan, 6 como Fitz John 
Porter. No enumerar^ los gorritos y baberos, los delantales 
y panitos, las camisitas y sayuelas que ha pespunteado desde 
que vino & casä. Nadle con mas tltulos que ella podi'ia decir 
^ue SU historia es la de sus obras. 

Pero hay mas : diöine un dia la tentacion de emigrar, & ml 
que no soy otro Judio Errante solaraente poi-que no soy judio, 
k despecho de mi nombre de Tierra Santa ; abandon6 esta 
que nada de santa tiene y me march6 con toda mi Sofia y mis 
generalitos todos, guiando la brüjula del barco h&cia donde 
apnntaba mi corazon* 

Un dia llegu6 & aquel suelo bendito donde conocia yö todas 
las piedras, donde me hablaban las aguas y los vientas 
7 donde el <aelo me sonreia por la boca de mi madre. Tengo 



333 

sino : los hombres que all! mandaban me recibieron como ene- 
migo y la desnuda pobreza toco a mi puerta y se hizo hu^s- 
ped de mi casa, cerrando las puertas y ventanas al porvenir- 
La esperanza que se col6 por los agujeros del tejado, donde 
hacen su nido las golondrinas, me decia todos los dias : " Mar- 
ehal marcha!" como la voz del cielo al zapatero de Jerusa- 
lem, Yo me qüedaba, porque la tierra, el aire, el cielo, los &rv 
boles, los ecos, todo all! era mio. Mi carino no habia prescrito 
con ausencia tan larga. 

Pens6 en mi mäquina de coser y ya que los que tiranizaban 
mi patria & nombre de la libertad, los yrogresist3.s^ pseudo^ibe- 
rales^ los rojos, los locofocos, me miraban con ira y me negaban 
el asiento que me era debido en el festin comun de nuestros 
mayores, puse en movimiento el pedal de mi mäquina, hiee 
mover con rapidez los hilos cuya combinacion descubriö Howe 
y perfeccion6 Wilson, y yo, Nazareno^ el autor (?) festivo, 
el folletinista (!) por oficio, en lugar de surcir articulos de 
periödico, surci tclas bastas y descoloridas, y en lugar de 
Tender mis pensamientos k las lindas damas espanolas de uno 
y otro conti nente, vendi pantalones y camisas para los solda- 
dos con que empezö de nuevo k ensangrentar la futura tierra 
de promision en America el mas ridiculo de sus tiranuelis mi- 
litares. Jamas.caiga sobre mis hijos la sangre que mancjö mis 
oosturas. 

Por eso yo nunca digo la mäquina de coser, sino ni mä- 
quina de coser, aun cnando Wheeler y Wilson me rclamen 
los derechos que la carta patente del medio millon lesia para 
impedir mi coparticipacion en el producto de su inve^cion in- 
geniosa. 

Mi mäquina äe coser ha hecho una revolucion en * mundo, 
como dicen los politicos al hablar de las medidas si medida 
de los gobiemos. Es una compaiiera de toda casa familia, 
donde una modesta foii;una y un pan amasado con^a alegria 
de la paz dom6stica hacen la dicha del present^ y cierraii 
los labios ä la esperanza cuando intenta repetir ' sentencia 
del Judio Errante. 

Si yo fuese soltero, me parece que no me casai^ con mujer 
que no tuviese mäquina de coser. La charolada lösa sobre la 
cual se mueve la aguja ensenada, haciendo puo^as iguales 
y sin tacha, ha sustituido ä la rueca de otros sios, que era 
el emblema de la felicidad dom&tica. La mäqu^ de coser e» 
la caja en que se anidan, como las golondrinas^® mi patria, 



334 

los lares y penates qne en la antigüedad zahnmaban con 
incienso la casilla de las palomas de la boda para aquerenciar- 
las en ella. Es el calumet de los Indios. Es la manta blanca de 
los hotentotes. Es la mas se<^ra dote qne la donccUa dcl sigio 
de la maquinaria y del vapor pnede llevar ä la casa dcl 
esposo — comerciante 6 artesano, cambista 6 bolsista, lico 6 
pobre. 

La modestia y los azahares son el distintivo de las vlrgenes. 
Los de una buena esposa son la virtud y la maqiiina de coser. 

KcsYA ToBK, 28 de abiil de 1868. 



LAS FALDA8 EIT CONSEJO. 

I Gitrra por la Union ! j gneiTa en nombre de la libertad ! 
j gnerri de ilustracion, de progreso, de conquista ! 

^ Y o^mo no tomarian parte en ella l^ mtijeres fuertes^ que 
nempreestan por la union ; que llamändose esclavas del hom- 
bre, quiffen emanciparde ; qne desean ilustrar & sus tiranos, 
que quiekn adelantar en todo lo que no saben, y que tienen 
por oficioteonquistar 4 esos mismos tiranos? 

Corpo 0, BaccOy si toraaron parte ! El sargento de una com- 
pania de (»adores de las que fueron ä visitar k Chancellor- 
ville, daba^Varte en estos terminos: "El sargento de la misma 
participa qA el segundo cabo de la espresada pario anoche un 
nino estandWe avanzada. El cabo y el niiio siguen sin nove- 
dad ; pero sllico ä V. S. que mande otro cabo para el relevo 
y unas parihilas para conducir al saliente." * 

^Como noVn de tomar parte en una guerra de emancipa- 
cion ? i Qu6 tia de los derechos de la mujer? i Que de esa 
escuela sostenk siempre en los Estados TJnidos por la Reve- 
renda Antonicterown, por Lucia Stone y por toda la caterva 
de esp%ritii8fii\e8 que quieren raandar al hombre ? 

Pero si alguike tigura que no lä toman, como hay quien 



835 

snpone que no hemos de tomar & RichraoncI, & Vicksburg y el 
cbocolate de la cena, vean Vds. esta carta, que corao dos y 
tres son cinco, ha de probar ä incredulos 6 incrödulas que las 
faldas se han levantado, öe han pronunclado y arrojado ä ha- 
cer la guerra. Gada cual se defieiide y ataca con aus propia& 
armas ; las mujeres fuertes de la Union se han armado de len- 
guas para la defensa, lenguas, que ni cual las de fuego son 
de sabiduria, aun cuando queman ; ni cual las de bacalao, aun- 
que encurtidas, tienen otra sal que la que* mi narracion les 
preste. Ello es que en el "Oongreso de las faldas" las lenguas 
esgiimieron su^ puntas con gallardia, y que por ser de len- 
guas el concilio de que habla mi historia, se pronunciö en fa- 
vor de la guerra. 

La iglesia de los Puritanos sirviö de teatro al parla-raiento 
de las fembras. Esa iglesia tiene un escenario, donde el Doo- 
tor Cheever representa todos los domingos ante un püblioo 
entusiasta que aplaude cuanto dice aquel fanätico histrion. 

En el escenario se colocaron la silla presidencial y la tribu- 
na de la Liga Leal de las Mujeres convocada para sostener al 
gobierno en la lucha contra el Sur. La iglesia estaba llena de 
bellezas que fueron, y de venerables cuyas edades juntas esce- 
derum la de cuatro Matusalenes.' Item : por deferencia ä la ver- 
dad histörica, es forzoso aiiadir que aquellas senoras fueron 
beilas, lo cual se conocia aun sin necesidad de anteojos ni de 
Tegistrar el testimonio de su pasado, que no seria corto de 
leer. 

Miichas de las concurrentes, libertadoras y defensoras de 
la Union, Uevaban sombrero de hombre, ä estilo de los que 
usau las Bloomeristas, esas otras hembras que de la cintura 
para arriba remedan mujeres. Las habia cuüqneras con su som- 
brero de forma de teja y las faldas de monja carmelita. Y las 
habia tambien vestidas k la modenia, con ciinolina y, falda de 
cola larga que disimulaba tan mal los efectosde una continua- 
da materaidad, como mal ocultaba el imgüento Bachelor las 
nieves del tiempo sobre el cabello que fu6 negro, castano 6 m- 
bio. l^as damas aquellas se lo tinen por un principio de conse- 
cuencia politica. ; C6mo son libertadoras 1 

Lucia en el escenario, Lucia Stone, y no lo digo de broma, 
sino porque ä ojos vistas y 4 menos de tiro de ballesta se esta- 
ban conociendo en ella los efectos que ha producido en su 
constitucion el matrimonio, que la ha puesto lozana y dado un 
poco de embonpoint mas quemediano. 



336 

I Qni^n te dijera, Lacfft, 
Qnien te dlJera 
Ea qa^ habia de parar 
La qne pariera, 
Nl que mi^er tan fueris 
Faeee crlanderat 

IIabl6 pcco, parque 4 cada instante la interranipia cierto 
lianto infantil detras de las bambalinas ; y no porque 4 ella le 
tocase de cerca, pues el desconöcido trovador que cantaba la 
barcarola detras de bastidores era harina de otro costal, sino 

« 

porque mirandose en aquel cspejo, habria echado su barba en 
remojo (si como qnisiera, la tuviese) viendo rapada la de su 
vecina. 

Junto 4 Lucla estaba la Golman, venerable senora vestida 
de raso negro, como el color polltico de la reunion, adomado 
con ribetes verdosos, como la moneda del estado. La Colman 
rechoncha y con ojillos de fuego, formaba constraste con la al- 
ta talla de Lucia y con el rostro benevolo de la senora Isabel 
Cady Stanton que (aunque por el nombre lo parezca) no es 
juinistra ni cosa que se le aproxime, 4 no ser que lo sea de cu- 
ra baptista 6 de policia. Susana B. Anthony, que busco su pri- 
mer nombre en la Biblia y su ultimo en los dramas de Alejan- 
dro Dumas, completaba el gnipo de la "plataforma," al lade 
de una dona de lai Carolina del Sur que en su vida posey6 
siervos, quiz4 porque nunca tuvo con que proporcion4i*selo8. 

La del nombre dramatico llam6 el meeting al örden, erapre- 
sa romana, porque para haber örden, debia baber silencio y 
aquella era una de lenguas montadas al vapor ; mas al cabo, 
en un instante (cronometrico) de respiro, ^eron elegidas por 
unanimidad las siguientes funcionariäs : 

Presidenta : Lucia Stone. 

ViCEPEEsiDBNTAs: La Stanton, Fannie Willard yAgustina 
Weld. 

Seceetarias : Marta Wright y la nombrada Colman. 

CoMisiON DB Nkgocios : Susana (la de Dumas), ima Brown, 
otra Blakcwell, otra Emestina Rose (que por cierto nada de 
Bosa tenia), Anita Post (que por su figura no desmentia su 
nombre), y otra Anita, esta no poste, sino Munmford. 

La Stanton Jfiie la primera oradora, y digo oradora porque 
mas rezaba que hablaba su tono sin tonos y seguido sin inter- 
rupcion ni cinturas retöricas, que parecia patemoster 6 res- 
ponso. Dijo que teniamos guerra y guerra por la institucioa 
dom^stica del Sur, (lo cual ha negado Mr. Lincoln en todos 



837 

BUS dociimentos püblicos); que las mujeres del Sur han hecho 
por la gueiTa mas que los hombres, y que las del Norte donde 
ellas tienen mas privilegios j mas alta mision que cumplir 
(Lucia Stone se puso las manos sobre el regazo alzändolas nu 
tanto) nada hacian por la lucha en que estamos empena- 

dos (empenadaS) fu6 lo que dijo.) Los extranjeros venian 

de luengas tierras para defender la libertad y nadiedebe 
desesperar, porque si Mr. Lincoln subi6 de simple aserrador 
de tablas & la prcsidencia, nadie es menos que ninguno. 
(Aplausos.) Pero ese mismo Mr. Lincoln debia saber coi-tar 
rebeldes como supo cortar tablas. (Fren6ticos aplausos. La 
Colman por poco se desmaya.) Ahora bien (continu6 (per- 
oi*ando la oradora) & los del Sur y & sus simpatizadores lo« 
•* oabezas de bronce," debemos mandarlos & Liberia (no tene- 
mos Siberia) y todas las mujeres leales de la liga debemos 
sostener al gobiemo en la guerra contra el Sur. 

Aplausos y abaniqueos, en medio de los cuales la secretaria 
Marta Wrigt empez6 & leer las cartas de las senoras que no 
habian concurrido. 

Una yoz : Mas alto, mas alto. 

La Secretabia : No puedo gritar. 

La voz : Pues no se oye. 

La Secketabia : No tengo yo la culpa de que Vds. lleven 
el Sombrero tan pegado & las orejas, y las orejas tan tapadas 
oon flores y frutas. 

ÜIbs. Hallet : Pues yo no tengo ni floreu m frutas, y no 
oigo. 

La Secbetabia : Pues que lea otra, que yo no s6 leer mas 
alto. 

Una voz : Damos las cartas por Icidas. Parece esta junla 
un congreso de hombres. (Risas.) 

La Pbesidenta : No se permiten alusiones personales quo 
oontribuyan & turbar el Orden de las deliberaciones. (Risa« 
y abaniqueos.) 

Lucia Stone y Antonieta Brown se dan por aludidas. 

Antonieta se Uamaba antes Antonica, pero ha cambiado 
de diminutive despues que un picaro vapor rebelde se llama 
Antoflica. 

La Pbesidenta: Senoras y seiioritas: permltanme Vds. 
presentar 4 introducir en el meeting k la seiiora Weld, de la 
Carolina del Sur. 

Mrs. Weld est& en su primavera n® 50 6 60; es alta, seca, 

22 



388 

derecha como el asta de nna bandera ; del lugar en que solia 
estar su ointura cuelga un traje talar de seda negra, escumdo 
como gallardete en tiempo de calma. Eiitre dos laces no 
diria nadie i qu6 sexo pertenece su cara huesuda, y no muy 
lampina. 

Su presencia llara6 mucho la atencion, porque segun la Se- 
cretaria, que no sabia leer alto, parecia un mmistro presbite- 
riano con sombrero de mujer y flores y frutas en las orejas. 

Pero SU discurso Hämo mas que su persona la atencion 
de los oyentes, porque dijo que no queria pronunciarlo, pero 
que como el pais esta manando sangre y como ella naci6 en la 
Carolina del Sur, ella debia decir que estaba toda por el Norte 
y jamas se apartaria de sus principios. (Aplausos.) 

" La institucion dom^stica del Sur era tolerada y la Union 
pereciö, loado sea Dios ! (Varios panuelos suben ä la altura de 
los ojos. Preparen I) Oh ! nunca, ni por un instante, semejante 
Union ha debido existir. (Los paiiuelos se acercan k los ojos. 
Apuntenf) La declaracion de independencia asegurö la 
libertad de los contrabandos ! (Llanto general. Fuegol) 

— j Y la de las mujeres ! dijo una que aun no habia empe- 
zado & llorar. 

La oradora : Yo protesto contra la sönora Stanton. Yo 
no quiero que los *' cabezas de bronce " y los hombres del Sur 
se marchen ä Liberia. No ! 

Eco : No ! 

PüEBLO : No ! 

Oradora : No I no I! no ! ! ! (con una patadita sobre la ta- 
riraa & la Lincoln^ (Aplausos.) 

La seSI^ora Rose : Difiero de lo que dice la seiiora An- 
thony. Las mujeres no debemos nunca olvidar que una es 
mujer y no hombre, (suspiro general) y este hecho debe re- 
cordarles 

Una voz: Recordamos, 

La Rose : Pues recordarnos que nuestra es la obra de la 
justicia, de la educacion, de la libertad. (Aplausos; varias 
sombrillas ee quiebran con el bastoneo.) Seiiora Presidenta, 
gno cree V. que Inglaterra {JBuuu general) que ha mandado 
BUS buques, su dinero y su p61vora & los cabecillas demöcratas, 
tiene derecho ä llev&rselos & todos ? 

Una voz : Menos & mi marido« (Risas.) 

La Rose : Pues 4 Inglaterra con ellos ! (Aplausos.) 

Uka voz : M6nos con mi marido ; yo no quiero ser viuda. 



339 

« 

La Prbside^tta : Decide la presidencia que los cabej^as de 
bronce deben ir & Inglaterra. 

Una voz : Pues yo voy con ellos. 

La Prbsidbnta : No se penniten en la asamblea palabras 
de traicion. Iran & Inglaten*a j se acomodaran en la oGcina 
del London Times, (Risas.) 

SüSANA Anthony : Propongo las resoluciones. 

Una voz : Menos lo del viaje & Inglaterra. 

La Obadora : Aqul no se habla, senora, del marido de V. 

La voz : Pero se habla de los " cabezas de bronce.** Esa es 
una indirecta. 

La Susana Anthony : Vamos con las resoluciones : 

1^ Que esta es la guerra del conflicto irremediable. 

Lucy Stone : Seward lo dijo. 

2* Que la proclama del Presidente est& aprobada por n©s- 
otras cordialmente. 

3* Que se conserve la Union & toda costa. 

Una voz : ; No se oye I mas alto ! 

Secbetabia : Volvemos ? . . . i D6nde estäbamos ? 

Una voz : En la empatadura de la Union. 

Otba : Kadie ha hablado de divorcio. 

Secbetabia : 4* Igualdad 

La voz : Fraternidad 

La seSI^oba Anthony : Eso serä lo que tase un sastre, pues 
lo que soy yo, jam&s I 

Eco : Jam&9 1 

Secbetabia : 5* Que las mujeres del Norte oarecen de en- 
tusiasmo porque no conocen bien la causa, que si no, llevarian 
BUS hijos y maridos al altar. 

Una voz : i A qu6 altar ? ^ al de Himeneo ? (Risas.) 

La reunion tennin6 despues de algunas otras resoluciones 
que no estaban en el programa, y la Patria agradecida man- 
darä, que se levante un monumento para perpetuar la memo- 
ria de las gloriosas patncias que tanto han contribuido & sa 
defensa. El monumento ser& de hierro colado y representari 
un par de calzones. 

NuxYA ToRK, 28 de mayo de 1863. 



340 



EL SOHIBRERO DE MI TECINA. 

rUMOIOir FAEA SL LVffBt 

1« DK notikicbrb: 

El "TROVATORE" con 

MUe PicGol6miiii Leonor. 

Mmo d'Ängri ÄzueefUL 

Signor Steflfani Manrique. 

SigiiorFloretaa.... El conde de Immu 
8ignor Gasparonl .,,Nuao, 

Signora*Mora Aya. 

Comparsas de damas, caballeros, sol- 
dados, etc. 

CoTtd de la Opera por todas loa esqtOnat 
y en todoe loa periddicoa. 

No SC quien construyö el teatro de la Academia de Mü- 
Bica ; es un hecho contemporaneo de cuya ignorancia me 
acuso ; no es estraiio que no siendo yo acad6m.ico este sin el 
nombre del autor ciiando la Academia estä sin academicos 
& pesar de su nombre. Pero la cuestion es in^til : es cuestion 
de nombres. Lo positivo es que la Academia de Müsica de 
Kueva York fu6 oonstruida, y que no lo fuc ciertamente per 
el modesto Wren, que edificö la iglesia de San Pablo en 
L6ndres, ni por Miguel Angel, por mas que la Academia 
tenga ängcles dignos de un Miguel, segun son de despa 
churrados. Como quiera que sea, por lo dicho se deduce que 
estoy mas al corriente de la historia antigua que de la mo 
dema, y que no transijo con Angeles que no lo son. 

Pero eso no viene al caso, que es otro, apremiante, porque 
quien quiera que construyö la Academia imaginö que el tal 
teatro habia de ser visitado solamente por espiritus incorp6- 
reos, ö por seres de goma elästica que pasarian entre asiento 
y asiento rascando los espaldares, 6 dejando en los brazos 
de las butacas parte del vestido. Para entrar en ellos se ne- 
cesitan mas perfiles que para ser acad^mico (no de esta Aca- 
demia por supuesto) : -öc necesita tener el abdomen tan ajus- 
tado como un balance de caja, 6 pasar los trabajos del supli- 
cio chino de las dos tablas atoniilladas. Cuando dije que el 
asunto es apremiante ! 

Mucho lo s6 por esperiencia, porque muchas veces he te- 
nido asiento " asegurado " (y vaya que sl I), no solo por una 
contribncion estraordinaria de dos pesetas, sino por la estre- 



\\ 



341 

chez de los #ecinos adlateres, cu jos codos y los mios dificil- 
mente podian distinguiree j adjudicarse legltimamente k cada 
cuerpo de los que allf estäbamos poco menos que apelmaza- 
dos. Nadie tiene la culpa de ese percance sino el arquitecto 
de la Academia, "de cuyo nombre no quiero acordarme." 

■ 

Pero anoche, sobre todas las calamidades que persiguen 
& un dilettante ordinariamente, se agregö una horrible que 
ha de Uenar toti li mnndi con los clamores que me arrancö. 

Anoche hubo Ti'ovatore. 

El teatro estaba tan Ueno como lo pudiera haber deseado 
Mr. XJllman, el hebrdico empresario, que es cuanto se debe 
decir para esplicar el Ueno pleulsimo. 

En los cfrculos privados se sabia que Mr. Ullman trataba 
de cerrar las puertas de la Academia al folletinista R. de T. 
por razones que 61 se sabe, y que yo contarö en llegando que 
Uegue la oportunidad. Un trovador cantado y otro recha- 
2ado eran doble atractivo para mi, y ftil. Supongo que mi 
cetera lo adivinaria desde que le dije que el teatro estaba Ueno. 

Lleno es poco, atestado es mejor, No cabia un alfiler mas 
ni aun siendo rcgalado y de 'diamantes. La conecsion de los 
codos era por consiguiente estrechlsima y la comodidad de 
los espectadores, de los amigos & quienes Mr. Ullman tiene la 
generosa condescendencia y amabilidad apreciabillsima de 
admitir en su Academia de {su) Müsica, la coniodidad, digo 
estaba & mas no poder. 

Tocörae un asiento como los demas, muy forrado en tercio- 
pelo encamado, y con mucho espaldar de hierro y resorte en 
el asiento ; pero muy pegado & los laterales y mas pegado 
aun al frontero y mas al de la retaguardia. A mi lado de- 
recho tenia k una jovencita que parecia colegiala 6 acade- 
mica (no de la Academia de Mr. Ullman) por lo estirada 
y cuellitiesa, cuyas faldas & ojo de buen cubero median 
pröcsimamente la mitad de la vela de baticulo de una goleta 
costera. La nina no era cejijunta; pero como miraba por 
entre las cejas en senal de su orguUo de raza, parecia ceji- 
fruncida. Con verla una vez tuve lo bastante para no querer 
Verla otra, por mas que su falda se encaramase sobre el 
brazo de mi butaca y me tuviese inquieto y ßobresaltado con 
el contacto inmediato de la seda. Soy monomaniaco con la 
seda : no la puedo tocar sin sentir calofrios que me recorren 
el cuerpo de los pi6s & la cabeza. La nina aquella me tenia 
electrizado 6 magnetizado : ^ lo menos atortolado. 



842 

A mi izqnicrda qtiedaba nn abd6men descomAai con pier- 
nas 7 brazos pegados & 6\ 8ira6tiicamente y una cara embii- 
tida en dos pedazos de cuello de camisa tan estirados por la 
goma como lo estaba el rostro de mi otra vecina por la dig- 
nidad aristocr&tica. La cara pegada al abdömen era bona- 
chona : tenia pocos pelos en la parte que figuraba la cabeza, 
y sudaba como en un dia de verano. Todos los indidios eran 
de apoplegla fulminante. Tengo horror k ese mal. 

ResoM no mirar & mis costados en toda la nocbe, para no 
pensar ni en calofrios ni en apoplegla, no salir de mi asiento 
ann cuando me muriese de ganas de hacerlo, y tener la vista 
fija en el escenario, donde Gasparoni referia disfrazado de 
antiguo criado espanol (con la cmz de Calatrava en el pedlio) 
la historia del robo cometido en la personita del hermano me- 
nor del conde de Luna. 

j Que felicidad ! El asiento del frente estaba desocupado, 
y yo podia buscar compensacion en aquel vacio contra la ple- 
nitud faldesca de mi derecha y la mas s61ida de mi izquierda. 
Aquel asiento representaba el ventanillo de la c&rcel de nn 
prisionero, el respiradero de una caja hermeticamente cerra- 
da ; la felicidad, he dicho. 

Gasparoni seguia gesticulando mas de lo necesario para 
contar bien su historia, aunque no lo suficiente para hacerse 
notable, y decia con su voz de bajo que del castiUo del conde 
babia desaparecido el hermano menor, y que despues se habia 
visto en los alrededores & deshoras de la noche una bn^CL 

Bruja^ dijo : y en aquel instante se presentö en una es- 
quina de nuestra fila una gordisima que debiö ser la invocada, 
solicitando permiso para pasar. 

— ; Seuora ! le observ6 un caballero, todos los asientos estan 
ocupados. Sin duda el de Y^ es el de la fila inmediata ; es el 
ünico vacio. 

— ; Maldicion ! esclam6 con tono muy d^bil, para que no 
se escandalizase la niüa cuellitiesa. Me va 4 cerrar la ventana 
de la cä<rcel. <j Por qu6 no la dejaria pasar ? De seguro que 
al Uegar ä mi vecino se atasca y tiene que esperar al fin del 
acto para que la policia in force le d6 un remolque. 

Mientras dur6 mi soliloquio y la invocacion del criado 
don iN'uiio, la personificacion del colmo de mis desventuras, la 
bruja 6 sciaora tardia, se iba abriendo paso por entre los des- 
graciados ocupantes de la fila vecina, y como quiera que per- 
teneciese por el bulto & la familia de mi adl&tere de \z iz» 



343 

quierda, casi*de milagro pasaba magnllando pröjiraos, ajando 
crinolinas y haciendo perder la figura 4 los sombreros. 

En vano manöteaba Gasparooi con toda la furia de que es 
capaz un criado cruzado ; nadie le atendia ; todas las miradas 
se habian concentrado en la bnija gorda, que iba rompiendo 
calle con mas trabajo que nn hipop6tamo en selva cerrada. 

Por fin lleg6. 

j Ojalä nunca hubiese llegado ! No habrian sido cumplidaa 
mis desgracias. 

La dama en cuestion cuya cara no puedo describrir porque 
cuando se aprocsimö al alcance de mis ojos los cerre, ni mas 
ni menos que los cerraria si me viese nariz con nariz con la 
luna llena, tenia (lo puedo jurar) un sotnbrero cuya circunfe- 
rencia guardaba proporcion con la talla de su dueiia. Era de 
paja, pero no de Italia sino de cebada, con cuadros blancos 
y negros como los de un tablero de ajedrez 

Suj)lico & Vds. que me crean, porque ecsamin6 demasiado 
atentamente el ejecutor de mis suplicios, peores que la quema 
del trovador Manrique 

El Sombrero tenia cuadros blancos y negros como un ta- 
blero de ajedrez y ocupaba todo el teatro. No diga nadie que 
es imposible tapar el sol con las manos, porque si se pone 
uno la luano sobre los ojos *el sol queda tapado. Asi estaba 
para ml tapado el teatro con el sombrero que tenia delante 
de los ojos. 

Convencido de que mi suerte estaba echada, y de que no 
veria en toda la funcion ni un mil6simo del escenario, me re- 
signe & estudiar el sombrero de mi vecina öon toda la cabali- 
dad que merecia su grandeza. Sobre los cuadros intercalados 
de blanco y negro oorria una cinta que mas parecia faja de 
recien nacido, que diz las lief an muy anchas, 6 cincha de ca- 
ballo cenceno. El Camino de Santiago es al cielo lo que la 
cinta aquella era al sombrero de paja (de cebada). Era lazona 
torrida del globo capital de la dama. 

Tenia ademas un cierto rib.ete que fue negro, pero que la ac- 
cion del tiempo habia tornado en carmesi oscuro, y unas flo- 
res que podrian haber sido recogidas en la hortaliza mas flori- 
da de la Union. DescoUaba sobre hojas verdes una* zanahoria 
amarillenta, con tal arte contomeada, mas que si fuera obra 
de ebanista, y despues häcia el opuesto lado un racimo de uvas 
que la misma zorra no habria encontrado verdes* Las espigas, 
simbolo de la abundancia, tenian colocacion preferente sobre 



344 

■ 

la parte mas elevada del sombrcro de mi vecinsL^ cnjo dije re- 
mataba en forma de coIa de pato, 6 äla colombiere, 

Pasmado contemplaba yo aquella maravilla de arqnitectnra 
Bombreril. Estoy seguro de que si el construclor del sombrero 
y el del teatro hubiesen reunido sus talentos, habiian heoho 
una cosa buena. 

El traje de seda seguia roz&ndome 7 magnctizandome, al 
paso que el sombrero me tenia embebecido. Habia pagado, 
mfsero de mf ! dos pesos cabalcs por asistir ä la opera, median- 
te la benevolencia de monseuor el amo de la casa, 7 estaba con- 
templando una aparicion superlunar que no podia esplicarme 
bajo la influcncia cloroformizadora del traje de seda 7 del ca- 
lor que despedia mi vecino el gordo. No ß6 si estaba en mi 
juicio ; pero declaro como hombre de bien que he sidoy pien- 
so ser toda mi vida, que empec6 a ver visiones 7 a tener miedo. 

Unas veces salia por junto ä la zanahoiia del sombrero luia 
cara regordeta 7 bonita con risa de päscuas, que decia (a ml?) 
lo famo. Otras por entre el racimo de uvas se presentaha 
una piema delgada, tan delgada que parecia hecha espresa- 
menfe para hacer burla del gordo, 7 daba un traspi6 mien- 
tras que la cara bonita desaparecia para dar lugar k otra lacri- 
mosa que en el diapason mas dulce de baritono hablaba de la 
tempesta del mio cor, Por sobre el ribete del sombrero se me 
prescntaba k veces el rostro de un tenor de pecho con la boca 
torcida cantando en falsete Madre adorata, corro ä scdvartL 
El rostro sobre el sombrero me parecia el de la luna sobre el 
horizonte. La luna tiene grandes relaciones con los qüe empie- 
zan k perder el juicio, como yo en aquel momento. La Madre 
adorata debia ser la seiiora del sombrero, porque se estreme- 
cio al oir esa^ palabras : ä lo menos el sombrero se moviö con- 
vulsivamente como la tierraen 8ia de tembl«»r, 6 como luna de 
teatro que el maquinista liace salir k la fuei'za. 

En otras ocasiones veia entre las cintas del sombrero, 7 por 
debajo de la faja meridiana quo lo cefiia k estilo de cruzado 
(sin alusion al sirviente del conde,) una fisonomia indescribi- 
blo de criada, 6 cosa por el estilo, que recibia confidencias de 
un amor inestinguible, etemo, sublime etc. etc. 

Finalmente las hojas verdes del sombrero quedaron coloca- 
das k raanera de Corona de ba7adera no sobre la freute sino al 
redor de la cara de una perfecta biuja que decia con mira- . 
das amenazantes : Questa daga ! Qy,esta daga ! 

Pareciöme que la dama que por el freute me quedaba no 



345 

podia tener otra fisonomia sino la de aqnella bmja que me ame- 
•nazaba con qicesta daga^ j cref que por uno de tantos gatape- 
rios como suelen bacer esas plcaras brujas habia cambiado la 
natoraleza pajiza desu sombrero, dändole trasparencia, lo raifl- 
mo que & su cuerpo todo, para que yo pudiese ver mejor bu 
fisonomia de bruja airada j rencorosa que repetia con risa sar- 
dönica : Miofiglio! questa daga ! 

TJn/>cwe del vestido de seda de mi cejifrundda vecina com- 
pletö el hechizo. Crel que era vlctima de una fascinacion so- 
brehumana, y por mas esfuerzos que liice no pude resistirla, 
y me desmay^. 

AI volver en mis sentidos ol muchos aplausos, abrl los ojos 
y vi que k lo lejos queraaban al trovador Manrique : senti y me 
encontrß aeostado sobre un almohadon de goma elastica, pa- 
tente de Goodyear. ^ Quien me habia llevado k mi cama ? Vol- 
vi el rostro por no ver la hoguera cn que ardia el pobre trova- 
dor y justo cielo ! me ball6 reclinado muellemente sobre el 

enorme vientre de mi vecino el gordo que me dijo con bondad: 

— Ya ha vuelto V ! Qu6 fu6 eso ? 

— Gracias, senor. No fu6 sino un accidente. 

— ^Pero i y eso por qu6, amigo mio ? 

— ^Por que ? Yo no sabr6 decirlo ; la mfisica, la concurren- 
cia, el calor y sobre todo esa hruja.,.^ 

— Qu6 bruja ? La gitana ? 

—La bruja, la bruja. 

— Qui6n ? Mme. d'Angri ? 

— Que Mme. d'Angri l Acaso la he visto yo ? El sombrero 
de mi vecina no me dejaba ver el escenario, le contest6 incor- 
porandome. 

— ^Pues qu6 bruja entonces ? 

— Como I ^ No ha visto V. K bruja, la picara bruja, la horri- 
ble bruja, la maldita que tenia yo delante? 

— ^No hc visto ninguna bruja. 

— ^Conque no la ha visto V., con un sombrero enonne ador- 
nado con un ramo de uvas y uha zanahoria ? . . . . 

— Bribon ! gritö el viejo gordo. Esa es mi hermana ; Lucy, 
mi hermana inenor. 

El telon habia caido, el püblico habia llamado ä los actorei^ 
Ifricos para aplaudirlos. Todos gritaban : 

— ^Picolomini ! 

— ^D'Angri I 

— Steffani ! 



/ 



346 

— Florenza ! 

Yel viejo gritaba por sobre todos :— Bribon ! Biuja mi her-, 
niana? Briija con sorabrero enorme ? 

Yo oia la grita universal desde una de las pu »rtas del teatro, 
porque me parecio prudente poner tierra de por medio entre 
mi cuerpo y el amor f ratemal injuriado« 

Saiie anoche con el viejo gordo, y con el sombrero de mi vc- 
ciiia, que se me aparecia por todas partes gi-itaudo : Q;utsUi 

daga! 

Tengo resuelto que si los know-nothings me nombran con-e 
gidor en las pr6csimas elecciones, he de dar una ordenanza con- 
tra los Sombreros con racimos de uvas y zanahoria, que suelen 
ir a la opera. 

Tal vez dare otra para la reforma de los asientos de la Aca- 
demia de Müsica ; pero, eso sl, este es un secreto, ninas reser- 
vadas ; que no quiero que Ullman, el amo de la Academia, me 
cierre la puerta en nonibre de la libertad republicana, por ha- 
ber contado el cuento del sombrero de mi vecina. 



. ESTA CASA SE AL(tUILA. 

•'BOUND TO TRAVBL." 

Sentcncia pronnnc'^da contra cl pueblo de los Eetados UnidoB 

El Judio Errante fue condenado k viajar etemamente en 
tiempos nada fecundos en Anacarsis ni Humboldts. Gada vez 
que se detiene desde el dia de susentencia, oye una voz quele 
dice implacablemente : "Anda ! Anda ! " Y el pobre zapatero 
de Jerusalen continüa su marcha, con sol y buen tiempo, con 
lluvia 6 nieve y cuando el temporal azota sus espaldas y agita 
las grenas de su cabellera jamas peinada. 

El pueblo de los Estados Unidos tiehe su sentencia casi co-. 
mo el Judio de las Escrituras y esta "obligado a andar," loimd 
to travely como coudicion indispensable de su ecsistencia. Si- 



347 

mon de Nantua hacia viajes por especulacion, por necesidad 6 
porplacer: el ciudadano yankee viajaporqiie viaja. Esta obli 
gado : tiene que viajar. 

Por todas las partes del mundo se le encuentra viajando, 
unas veces como sn primo el lord ingles, con el bolsillo atesta- 
do de moiiedas ; otras como el saboyardo, atenido a la gracia 
de Dios. Dentro de los limites de su propio siielo, de ese siie 
lo que el ama hasta el dia en que lo abandona, tal vez por un 
capricho, de ese suelo que se mueve sin cesar al impulso del 
arado, bajo la pala del fabricante y al estertor tremendo de 
BUS cien mil locomotoras, de ese suelo que adora y que para el 
no tiene igual en el estrangero, y al cual se promete regresar a 
cada peso mas que anade a su peculio, dentro de los limites de 
ese mismo suelo, decia, et americano del Norte viaja sin can 
sancio, dia y noche, por habito, por eostumbre, por sistema. 
No ; por una necesidad inevitable de su organizacion. 

No hay pueblo en el mundo que tenga sus caminos mas con 
curndos que los americanos. En el ferrocarril los treues se 
componen de caiTos inmensos, de muchos carros y de carros 
siemprc Uenos. Un brasileno recien llegado de Rio Janeii'ö me 
preguntaba no ha mucho con inocente curiosidad : ^ De donde 
eale tanta gente ? Irenes que van, trenes que vienen, treues 
que esperan, todos llevan pasajeros. Si no hubiese pasajeros no 
habna trenes, como si no hubiese comercio no habria buques. 
Sin la demanda no se presenta la mercaneia, habria dicho un 
ecönomo-politico amigo del tecnicismo. Los trenes que van y 
los que vienen suelen tropezar ämedio camino; muchas veces 
se alcanzan; en ambos casos ocurre un "accidente." Un acciden- 
te quiere decir que hubo veiote muertos y treinta heridos ; pe- 
ro los trenes siguen su viaje con nuevos can*os y los muertos 
Bon olvidados. El sino del pueblo americano es .el go ahead. 

De un 'estado ä otro se viaja al vapor ; de un distrito ä otro 
en carriles de hieiTo y en carros tirados por caballos. De esta 
ultima escelente manera se viaja dentro de las ciudades, porque 
siempre es necesario viajar : hound to travel. La casa del co- 
merciante, del banquero, del corredor, del que hace negocio, 
cualquiera que sea, dista seis millas de su almacen, 6 de su ofi- 
cina. Hay el down town y el ttp town en toda ciudad ; la ciu- 
dad baja para los negocios, la ciudad alta para la familia. 
Dos viajes al dia implica este arreglo, y para ello sir^^en 
los caminos de hierro urbanos, el Omnibus y los coches. 
Nueva York tiene una docena de ferrocarriles para ir 



•t 



348 

down tow7i^ y como 1,500 Omnibus, sin contar los cocLes 
de alquiler y los cupös de los Eaquirea adinerados. La Le- 
gislatura del Estndo discute hoy un proyeeto de ley para 
darle 20 Ifneas de caniles mas, y cubnrla con una red de hier- 
ro. Digo red porque con ella se pescaran algiinos millones. Pe- 
ro tal es la necesidad de viajar qne no bastaran esas lineas, y 
si algnno creyere que todas no ganan, sepa que no ba aeertado, 
pues se gastan 800 mil pesos solo para coneeguir el penniso, y 
los dividendos son de 25 por ciento. 

Mlrese cualquiera calle de nuestras cindades y se creera 
que es dia de fiesta, y que nadie se ha quedado en casa. Un 
cordon, un hormiguero que estfi. "obligado k Tiajar." — El 
movimiento contlnuo. 

De la fatal sentencia no podia ecsimirse la bella mitad del 
genero bumano, que goza del fuerö nacional, y asi las muje 
res lo mismo que los bombres son viajeras incansables. Ad- 
mii-a ver el nümero de bellas mitades y no mitades que salen 
de los treues, de los carros, de los Omnibus, de todas partes» 
" obligadas k viajar." Las costumbres y las leyes han becho 
que por aca el lobo tema k la oveja : han autorizado los viajes 
sin Caballero acompanante, y por lo mismo han centuplicado 
las facilidades de viajar en faldas. TJna loatrona del Sur, si 
acaso no se ha sembrado etemamente, como el ärbol, en el 
lugar de su nacimiento, jamas lo abandona sino escoltada por 
el pariente mas cercano, despues de un mes de planes para 
hacer mas comodo el penoso trasporte de algunas leguas. En 
cuanto a la senorita, con decir que sin la senora no puede ha- 
cer el viaje, se dijo que su pi6 no ha traspasado la frontera. 

Una americjina del Norte toma un saco de viaje al desper- 
tar y va & pasar la noche inmediata ä cien millas de distancia 
del lugar en que araanecio. Las facilidades socifiles y mate- 
riales no tienen niimero. 

Pero si k esto se redujesen los viajes, si las susodichas faci- 
lidades se limitasen a la locomocion personal, si no hubiese 
btro movimiento que el diario, para el cual los caminos, lo& 
paraderos, los hoteles, todo esta dispuesto I 

Hay un viaje anual como el dd sol, y del cual, sin sentirlo, 
me he ido alejando por las consideraciones generales que pre- 
ceden, si*i duda "obligado k viajar" como los habitantes del 
pais. El viaje anual es tan seguro como el del sol, repito, 
pues ocurre cada 365 6 366 dias ecsactamente el 1® de mayoa 
4 las doce del dia en punto. Ese viaje se Uama " una mu« 



349 

dada," operacion dificil y eomplicada, porque iio solo se trata 
de la locomocion personal, sino de la mocion del moviMario, 
que es por sus anteccdente» y consiguientes punto menos que 
una conmocion. 

El titulo del folletia coraprende la primera parte de la 
revolucion periödica que se veritica en mayo. " Esta casa se 
alquiU." 

" To leV^ dice el papel impreso que esta puesto en una de 
cada tres casas de Nueva York. 

— Qu6 toUte es este ? decia un andaluz recienllegado k otro 
andaluz de por acä. 

— Un buen tolete^ contesto el andaluz renegado, que no 
quisiera V. le cayera sobre los espaldas. 

Efectivamente que le sbbraba razon. Desde el dia 1® de fe- 
brero, en que hace su aparicion indefectible el To lety hasta el 
1® de mayo, en que todo Nueva York se esta mudando, el 
mfsero & quicn la estrecbez del bolsillo no permite los goces 
de ser propietario y pagar contribucion directa, se rompe las 
botas y los sesos en busca de habitacion para el ano ve- 
nidero. 

— Pero, bombre de Dios, qu^dese V. en la misma casa que 
tiene, y viva en ella como hasta aqui ha vivido. 

— La casa es estrecha, esta sucia, tiene mal vecindario, ha 
enoarecido el alquiler, el casero es un Iscariote, se gasta mu- 
dio carbon en el invienio, quiero estar mas al centro, pierdo 
mucho tierapo en ir down town y en venir iip tomn; preiiero 
estar mas cerca de mis amigos, conseguir6 una casa mas co- 
moda, deseo estar cerca de un ferrocarril, mi actual vecino es 
un abogado bueno y ya sabe V. el proverbio, etc., etc. 

Jamas falta razon para mudarse, y por mi parte declaro 
que Sofia las tuvo escelentes cuando el 2 de febreto pr6c- 
simo pasado le notilicö al dueiio de la casa su resolucion de 
irse ib otro barrio el 1** de mayo pröcsirao venidero d las 12 del 
dia en punto. 

— Pues desde ahoraäbuscar casa! me dijo, y yo me en- 

cargo de ayudarte. 

Ningun perro perdiguero ha olfateado jamas presa entre 
las matas con mas prontitud que yo descubria el To let en los 
balcones desde la maiiana siguiente. Corro hacia el, subo la es- 
calera exterior y al piö del letrero impreso encuentro uno ma- 
nuscrito con lapiz : " Por informes ocürrase al agente Lau- 
rence, nümero 1061 Broadway." De la casa al agente hay 



350 

tres millas de cllstancia : lo dejare para la tarde, despues qne 
sal<;a de la oHciiia. 

Otro 7h let en la ßiguiente cuadra! Que casa tan linda! 
Tres pisos, nueveeita, coii fröntis de piedra morada, en la calle 
2.'}, oon un vecindario escelente! Otro letrero con läpiz: 
" Para ver esta casa se necesita permiso de su diieflo, Mr. 
Smith, y no se paede ver sino de las doce a las dos." Eran las 
niieve y no podia aguardar hasta las doce. Volver6. 

Otro To let tenia escrito al pie un $1,5(K) amenazante. Otro 
decia que el dueno de la casa, medico por cierto, se reservaba 
dos piezas en ella. Otro que la casa estaba de venta y que se 
alquilaba con csa condicion ; es decir, que al nuevo amo podia 
antojarsele habitarla. 

Perdi aquella manana de claro en claro, y con ser invienio 
quede tan fiitigado de andar que tenia la freute rociada de un 
sudor copioso. De viaje en el carro de la Avenida rt-gistr^ el 
])eriudico, y con regocijo observe tres grandes columnas de 
anuncios que principiaban con las dos palabras del dia : To 
let. Saque mi lapiz y eche cruz a las casas que mas me con- 
venian. 

La segunda intentona de buscar nueva casa me ocup6 toda 
la tarde. En una de tantas la portera Maritonies me inform6 
de que el dueno y su modo eran el ünico motivo que hacia 
mudar ä la seiiora. " Para malos caseros, me dije, basta con 
ol que tengo : " y no vi la casa. En otra parte saliö k recibir 
me una tia que me hizo saber tan atenta como oportuna y oa- 
ritativamente que el mastin se habia soltado aquella tarde, 
y que aunque no mordia^ bueno era que yo lo supiese, por lo 
que pudiese alarmarme su vista. Agradeciendo el aviso di la 
casa por vista desde el zaguan y cuidando de no soltar la hpja 
de puerta que tenia agarrada. Asegure a la seiiora que ella era 
muy amable, y que su casa estaba niuy hien cuidada, y me des- 
pedi hasta raas ver. Otra inquilina habia caido enfenna aquel 
raismo dia, y el medico habia prohibido todo ruido; tanto que 
me afirm6 la criada que todos los de la casa andaban en plan- 
tillas de media! Yo Uevaba botas de invienio. En otra casa 
me dijo la portera que la seiiora no pensaba mudarse, y que 
aquel To let eran temeridades del dueüo por no s^ que desa- 
cuerdos sobrfe alquileres que cobraba de mas. Otra me ofreciö 
enseiiar la casa : entr6 y en la sala habia visita : el comedor 
estaba oscuro porque el mechero del gas se habia obstruido; 
el dormitorio tenia las camas deshechas, porque la senora se 



351 

recogia tempranito, y el ouarto iiimediato estaba cen^ado por- 
qiie la senora estaba baciendo sus oraoiones antes de ir a la 
cama. 

En pocas casas me recibieron con tantft cortesia como en el 
nümero 202 de la calle. ... La misma senorita me condujo ie 
uno a otro cuarto, dejandomelos ver a mis ancbas. Cuando 
bubimos repasado basta el ultimo, y la conversacion se babia 
facilitado con el uso, me dijo la niiia con rostro de mortificar 
cion : 

— Nosotras sentimos mucbo mudarnos, porque la casa es 
muy buena; pero no podemos sopoitar la idea de que en ella 
muriö mi bermana. 

— ^Pobrecita ! ^ Y de qu6 muriö, si me permite V. la pre- 
gunta ? 

— Etica. 

— ^Dios la baya perdonado. La tisis no se pega. 

Por regia general las inquilinas se prestaban mal su grado 
& cumplir con la clausula obligatoria de enseiiar la casa, 
y aquellas que lo bacian me daban malos informes, tan malos 
que ßi no fuesen ciertos, ellas no pensarian en mudarse. 

Lleguü ä mis lares molido, desanimado y cuando la sopa 
estaba ya fria, con mucbas menos ganas de mudarme que las 
que tenia por la manana. Pero Sofia insistiö en mudai'se, por" 
que estaba " bound to move^'* k estilo del pais. 

Mes y medio ba '^pasado y no encuentro caöa. He puesto 
aviso pidiendo una de precio moderado, y en contestacion me 
ban enviado a la caMe 80 y pico, dandome por recomendacion 
que la casa esta inmediata al Central Park, lo cual no quiere 
decir que este central, ni que alll bayan llegado todavia los 
trabajadores que van baciendo el I^arque. Otra contestacion 
me ofrece una casa, que estä dando freute al rio Norte, y me 
recomienda la belleza de la perspectiva, callando por su- 
puesto las bellezas marinerescas del vecindario. Otro dice que 
SU casa dista media bora del City Hall 6 Casa del Ayunta- 
miento : anduve una bora y me qued^ k mitad de camino. En 
una palabra, los alquileres ban subido este aiio a precios 
fabulosos, y es preciso pagar basta el capricbo, 6 vivir en las 
nubes, como las alondras, los poetas y otros animales de 
pluma. 

Despues de la esperiencia que be adquirido en casi sesenta 
dias de caza de casas comprendo la filosofia picarona del an- 
daluz que Uamaba tolete al To let^ y me siento inclinado ä vivir 



352 



donde vivo mas Wen que continuar la rooeria. Sofia me dice 
Bin embargo que es precüo mudarnos, y que Ueve en pacien- 
cia mis trabajos porque estamos en Cuaresma. 

Admiro ahora la grandeza de alma de los americanos que 
se mudan todos los aßos, y creo verdaderamente que " no estÄ 
en ellos" el permanecer constanteraente en un mismo lugar, 
sino que se hallan hound to travd y hound ta move^ como las 
aves que emigran häcia el Ecuador cuando se nos viene acer- 
cando el invierao. Verdaderos nömades de persona, no saben 
estarse dos aiios seguidos en el mismo sitio, y si para trasla^ 
darse tropiezan como yo con tan tos inconvenientes, su sino de 
go ahectd debe ser superior 4 todos ellos. 

l Llegara el dia en que toda la nacion haya cambiado de 
lugar y sea menester poner a la Union el fetidico To lbt; 
" E$ta casa se alquilaf " 



BII CASA HfUETA. 

Sl es chica {la casa) dlgo qne e« 
acomodada ; ei grande me parece 
qne rnspiro en ella con todo el 
polmon. 

FioABO, 6 qtHen lo d^ere. 

Conoci al individuo personalmente, y no lo aseguro como 
todo el que refiere un cuento y anade irremediablemente : 
*' Yo lo vi." Pero« ä este de quien liago memoria lo conocia 
tan bien como ä mis manos, al cual hombre se le habia ofre- 
cido una paliza, y todo se le iba en pensar cuändo se la da- 
rian. Por ultimo lleg6 el momento crltico y se sometiö el pa- 
ciente sin munnurar. Sacudiose el polvo, se levantö y dijo 
con efusion : "Gracias ä Dios que al cabo sali de esta !" Mas le 
fatigaba el pensar en los palos por venir que el mismo dolor 
de los palos de presente. 

Asl digo ahora con toda la efusion de mi alma : " Sali de 



353 

esta." Sali de la mudada y no s6 c6mo sali. Viielvo los ojos 
h&cia aträs, cnal snpongo que lo haria Mois^s aquende el Mar 
Rojo, Y coiitempländo el mare magnnm que dejo & mis espal- 
das, no aciei*to a explicarme la manera de esguazarlo. Cierto 
que no la tengo muy librada todavia, porque xin monton de 
baules que me sirve de escritorio, y la poreelana donde sobre- 
nada el tintero, y el ruido que por todas partes guarda com- 
pas con el cbirrido de la pluma, me auuncian que aun &lta 
mucbo piHi por rebanar. 

Aqn£ tenemos las industrias divididas y subdivididas hasta 
sn mas minima espresion : bay un almacen donde no se vende 
flino agujas, y otro que negocia en medias solamente. Mme. 
de Bonne ville especnla en fajas para ninos recien nacidos ; 
G^enin en sombreros, y cuando se metiö ä farolero quebrö — 
los vidrios : — Bamum domina el kumbug^ y si ba tratado al- 
gfma vez de especular con el slmbolo de la verdad — el tiempo 
y por consecuencia el reloj — toda su mäquma ba salido des- 
oompuesta. 

Por el mismo principio, en el arreglo de una casa toman 
parte operarios, artifices, artesanos y otras categorias mas de 
lo que pareceria regulär. Las alfombras estan en manos del 
cäudadano que las estira y encoje cüal si fueran libertades 
y franquicias municipales en manos de una legislatura. Las 
cortinas pertenecen 4 un elector del bsurio que oculta los 
puntos maltratados como si manejase la votacion contra el 
partido " ignorante." Los muebles tienen su jefe, lo cocina su 
arreglador, y todos ellos hablan, carpintean, martillean y ha- 
cen un nrido mayor que el de un arsenal 6 ima &brica de 
Calderas de vapor. Acrece la tempestad el Uanto de los chi- 
cos, que piden volver & su casa, y el de las Brigidas, que dis- 
cuten sobre el mejor modo de colocarlo tödo. 

Aseguro que mi casa es una repüblica democrätica federal« 
y debe cre^rseme bajo mi palabra de buen conocedor y voto 
^1 la matena. 

Mas hasta llegar & este mismo punto se pasa primero por 
el c&OB ; quiero decir, la mudada. El contratista de ]a opera- 
cion la enticnde por principios : dice que podria escribir un 
tratado sobre mudadas con mas acierto que cualquier diplo. 
m&tico : ha estado de cambios y recambios durante veinte 
anos. 

La ultima razon de los- diplomaticos es el canon. La ultima 

razon del mudador es un oarro en el cual podria caber desaho- 

23 



854 

gada el arca de No6. La aparicion de semejaiite artefacto am- 
balante prodnoe una revolucion en el Ye<»ndario. Todas las 
ventanas se abren como las Hores al salir el sol ; en todas ellas 
asoman una vez flores, otra caras qae no lo son ; en las venta- 
nas altas se colocan las gerarquias snperiores ; en las bajas el 
pneblo de la cocina, que tambien tiene dereoho & gozar del es- 
pectacalo. Que lozca la otomana forrada en brocatel, pase ; 
que sea admirado mi escritorio, obra maestra de un San Jos^ 
aleman, no esta mal ; pero que entre el ^ego cruzado de tan- 
tas miradflis aparezcan algunos otros muebles qne huelen — & 
yiejos por su edad j largos servicios ; que se ensafien contra 
los veteranos de la casa los certeros disparos de una ojiazul que 
jamas delante de estranos Ilamaria "esas cosas" por su nombre; 
que mi pobre casa al trasladarse.en el aroa 8ufi*a minuciosa re- 
vista de todas sus interioridades, he ahi lo que no cabe en mis 
entendederas 7 contra lo cual protesto las veces que me fuere 
pennitido, 

El "ai'te" de las mudadas se Ueva & la perfeccion entre el 
pueblo hound to move, Carros, cogines, alfombras, palancas, 
tiros, cargadores j caballos, todo esta acompasado y dispuesto 
con aquel arreglo y medida que se necesita para quebrar lo 
menos y trasladar de una sola barcada la mayor cantidad qne 
se pueda. El tiempo es dinero, y en visperas del 1.® de mayo 
todo el tiempo de los mudadores es dinero. 

Y bastante dinero. Suc6deles lo que al posadero que despues 
de rauoho esperar logr6 un pasajero, y le hizo pagar por una 
sola noche todo el tiempo que habia estado de vacio. En mayo 
se recoje la cosecha, se hace la zafra, si los cubanos me prestan 
SU fräse t^cnica, y en mayo pagamos justos y pecadores indis 
tintamente. Toda tabla con ruedas es can^eta para el mes de 
la mudada y toda armazon semoviente es caballo. 

Pero hasta ahora no se han batido sino las guerrillas : la ba- 
talla no se da sino el dia 1.® & las dooe en punto, y creeria en- 
tonces cualqniera que habia emigracion general. Cierto doo- 
tor viejo decia que en mayo cambian las gallinas de sitio para 
dormir, pasdndose las unas al lugar que ocupaban las otras sin 
que haya mas necesidad que la de mudarse, la cual verdadera- 
mente no es poca necesidad. 

^De dönde proviene la costumbre?7—He leidolas mas de las 
historias de Nueva York sin que en ninguna de ellas haya poH 
dido encontrar esplicacion que lo sea. Pero eösiste como elmie- 
do, la f6 y otras cosas que tampooo se esplican. Yenga^Y. ial- 



/A 



N, 



355 

quilar casa y nadie se la alquUaro sino poniendo & mayo por 
teriuino fatal para concluir, para empezar 6 para continuar con- 

tando. 

Por mi parte me siento muy satisfecho de poder asegurar 
que estoy mudado antes de la 6poca de crfsis, y que puedo to- 
mar buen desquite con miß nuevos vecinos vi6ndolos marchar» 
8e de carrera todos en un dia y & la hora dada. PresenciarÄ el 
carnaval desde mi ventana con la oalma de un general que ve 
& cien coroneles, capitanes y tenientes esforzandose por gfuiar 
las charreteras que 61 puede gozar en paz octaviana. 

Entre tanto Sofia me ecsige que le d6 el banl que me sirye 
de escritorio y tengo que suspender la historia que empec4 con 
^'esta casa se alquila/' y conduyo pronto y mal poniendo a la 
disposieioa de Y. mi nueva casa. 



filODAS« 

He aquf un capftulo en que El Pobysnib no se conoce & r( 
mlsmo, por mas que procure seguir la mäxima menos fäcil de 
observar que nos leg6 la sabidurla de lo pasado. El Pobyx- 
KiB que tanto tiempo ha estado por venir, con gran desconten- 
to & impaciencia de sus editores, no ye en las modas nada de 
lo futuro, como su tftulo le obliga, y apenas puede creer en d 
presente, observando las galas, cortes, portes, cuadraturas y 
circunvalaciones del traje modemo que va & la.posta corriendo 
häcia lo pasado, al remedar con harto mal disimulado empefio 
cuanto Buestros abuelos desecharon para buscar la perfeccion 
de la forma, la elegancia del garbo, el logro de la cabalidad 
artistica, recomendada por la ciencia y exigida con imperio 
por el progreso de la humanidad andante, en el siglo de los 
fosforos, del alumbrado de gas, del aceite petroleo y de los in- 
cendios de poblaciones riberenas por qultame allä esas pajas : 
— en el siglo de las luces, en fin, cuyo horizonte no quedar& 
oscuro (al menos aquende las Strandes aguas) aun cuando el 



856 

viejo Sol, cansado de darvueltas y escandalizado de ver atro- 
oidades, se marche con bu loz & otra paite, pretendiendo de« 
Jarnos & baenaa nocbes. 

Las modas, de cayo asunto me apart6 el preeedente arran- 
que de eloouencia embotellado durante los cuatro raeses en que 
la falta de El Porybnib no me ha dejado hablar, las modas 
envejecen j decaen & paso de union eonstitncional entre Esr 
tados hermaoos. Sin saberlo 6 de intento, esUtfnos volviendo 
la esquina hacia el siglo decimo octavo: nnestras dama&arras- 
tran oola, usan corpino de peto agudo por delante 7 per detras, 
Uevan la falda abombada como los tonüUos ^1 tiempo del Se- 
timo Fernando, golilla, embeleco de cinta eolgante bajo el 
trenzado del ooif ino, alzado el cabello con una e^eeie declii- 
chon, tabo 6 ahuecador postizo que finge abundandadeloque 
DQ plugo & natura dar — j otros mil inciientes y accidentes 
mas 6 menos resurrectos, mas 6 menos redondos y contomea- 
dos, menos 6 mas nobles por su antigüedad y por la hidalgoia 
de apariencia y elevado pergeno que dan & la persona. Ni el 
polvo les falta en la prestada peluca que Uevan dentro de una 
redecilla de pescador, la cual no es ni por pienso aquella de 
que habl6 el dulce Batilo cuando muerto de amor dijo : 

Boean na mejlllas, 
ßui trenzas la rtd 
Do cHeBtro Amor sabo 
MIl almae prender 
8i al yiento las tlend« 
La flor del Zargen. 

Todo en este mundo tiene surazon de ser, nos dice la filoso- 
fia ; pero diera yo un ojo, & teuer alguno que no me hiciese 
falta, por que se me dijese cu&l es la razon de ser dela moda y 
principalmente de la moda del dia. ^Como es ei Malakoff? 
c6mo la peluca ensamblada en la escasa mata, (no digo qne 
es casamata 6 canon encubii^rto, aunque lo paresca) de los ca- 
beilos naturales ? 

Comprendo que el hombre primitivo usase por todo vestido 
la piel de los animales: usaronla los primeros nacidos, nü^ioe 
Adan que prefiriö la hqja de la higuera en. el instante de sn 
mayor apuro ; los indios 6 aborigenes de todas las naciones 
las Uevaron ; hoy mismo exibe el incomparable Bamum en sa 
Museo & los caciques y senores aliados del gobiemo iederal, 
con sus adomos de almagre y sus eueres de zonra y de oso 
pardo. — ^Digo que es natural esteuso,porqueel bombre esani- 



857 

mal imitador, y asf como vi6 que habia otros animales cnvuel- 
tos en cueros peludos, no quiso ser menos que los demas y se 
convirtiö en oso, de donde proviene sin duda el rcfi*an de ha- 
cer el oso, que se aplica a todo el que quiere parecer algo que 
no es. En apoyo de rai teoria de imitacion solamente, y aun- 
que bien no cuadre al asunto de las modas y las pieles, i por 
qu6 los irlandeses que tiran carretoncillos por nuestras calles, 
haciendo oficio de mozos de cordel, atropellan & mucha mas 
gente que los mismos caballos de tiro ? — En fuerza de la imi- 
tacion, pues como van desempenando el papel de caballos, los 
imitan & la perfeccion y aun atropellan mas qne los cuadrüpe- 
dos para demostrar fa superioridad de la raza. 

Comprendo pues — como va dicho — que el hombre se vista 
con cueros para no andar en idem. Espllcome que los gi-ie- 
gos, pueblo varonil como supo un dia serlo, se envolviese el 
cuerpo hasta cerca de la rodilla en la ancba tünica jSnica 
6 en la menos holgada doria, que les dejaban libres todos los 
movimientos para sus ejercicios gimn&sticos. Creo asimismo 
que por identicas razones gimnästicas bicieron bien las ama- 
zonas en vestir la tünica, aun cuando la preferian corta por 
la innata inclinacion que tenian aquellas belicosas bembras 
6 cortar basta lo que el cirujano mas escalpelista bubiera i^es- 
petado. Convengo con la toga que usaban los romanos ajus- 
tada al cinto con nna cuerda, como peinador de ogano,. y que 
nada tenia parecido & la , toga modeVna sino la cuerda que 
aborca, no la cintura, sino el bolsillo del progimo. Com- 
prendo que los indigenas lleven su taparabo 6 gvxiyuco^ por 
lo que dice Lope que hizo la gata mirlada. 

Lo que no comprende es que cuando el mundo avanza al 
compas del telegrafo y de la fotografia, las modas retrocedan, 
como bacen algunos tributarios del rio Misisipl que llevan la 
corriente del Padre de las Aguas en sentido contrario a la 
que acostumbra el jefe de la familia. Los pueblos de Ori'^Tite 
jamas cambian de moda : un Mustafa de este aiio de gracia 
lleva el mismo turbante y la misma enagua en forma de cal- 
zones que llevaron su padre, su abuelo, su bisabuelo y toda la 
Ifnea masculina ascendente, desde Ismael y el padre que lo 
engendrara ; la misma enagua que el novelero franc6s adopt6 
desde la conquista de Argelia y que el anglo-sajon ba paro^ 
diado para conquistar & los argelinos domesticos, cosecba- 
dores de algodon y productores de az&car. Un chino — sea 
perro (i hombre — lleva abora la misma catadoi'a de ropa que 



358 

los fundadores de las murallas en la frontera t&rtara ; el hom- 
bre con su raofia j con el eraneo rapado j el perro sin pelo 
de barba fu^ra del i*al>o j con moiia solamente entre las orc- 
jas, estaran lo mismo que han estado todas las generaciones 
desde el primer hombre j la primera mujer que trajeron de 
la luna la semilla de los chau-chaus. 

Mas racional es no avanzar que retroceder ; no ganar, mas 
no perder ; no progresar, pero no desandar el Camino. El re- 
trato de mi bisabuela 7 el de mi sobrina no se diferencian en 
cuanto al traje sino en qne el primero, bajo an clima tropical 
y con el termometro alto, ha hecho bajar el escote tanto 
cuanto el frio bajo cero se lo ha hecho remontar al segundo. 

El Sombrero de seiiora ha subido tambien estraordinarm* 
mente dejando espacio suliciente para formar un jardin. Las 
flores que en maceta se usan sobre la freute estarian mejor 
en otra parte : en lugar de los embuchados de Estremadora 
que se cstilan sobre las sienes, por ejemplo. 

La moda exige bajo la barba un lazo mastoideo, como la 
corbata de un cura protestante. El lazo es una protesta con- 
tra el buen gusto 7 no sienta bleu & cuellos de cisne. i Por 
qu6 ahorcarse una beldad en sus tiemos anos cuando tantos 
haj que por ella se dejarian, si no ahorcar, enlazar por lo 
menos ? 

La crinolina va di8minu7endo como bolsa de gobiemo en 
anos de guerra. A su antigua rotundidad ha sucedido la 
forma de pan de azdcar 6 mas bien de campana ; pero no ba- 
jai*ä mas de ahi, porqne el comercio se halla interesado en 
mnchos millones para sostener la armadura de nuestras con- 
quistadoras. El cambio de la forma no ha disminuido el con- 
sumo. Antes se estilaban torres de Malakoff, que quiere decir 
torre redonda, 7 fragatas Merrimac tan anchas que obstruian 
todo un rio navegable ; ahora se emplea un fiacucho artefacto, 
llamado JSl Diablo^ para rendir las plazas fuertes. Algo tiene 
de eso la nueva crinolina. 

Francia, emperadora de la moda» como äntes lo era Italia, 
ha cambiado el jubon, el corpino, las mangas, los cuellos ; 
pero no ha podido suprimir el bullarengue, 7 por eso se ha 
oontentado con alterarlo solamente. El capitan Dahlgren 
esta haciendo canones por el modelo del ultimo figurin J arro- 
jan bala de a 200 ö 300 7 bala hueca. El bullarengue las des- 
pide rasas 7 huecas del calibre que necesita el punto flaco por 
donde ataca. 



a59 

Volveran pronto les zapatos de palillo, ahora que el in- 
vierno ha hecho desechar las botas a la hüngara. Las mujeres 
fuertes que predicaron a favor del gobierno en las dltiraaÄ 
elecciones de Connecticut, se pusieron las botas, no porque 
ganasen la eleccion (las mujeres fuertes siempre gauan en eso 
como en todo,) sino porque se las pusieron realmente, y nada 
importo que los democratas se apretasen los calzones para 
liacei*se respetar de las abolicionistas. Queda pues establecido 
que de hoy mas las mujeres haran la eleccion, moda comoda 
para hdmbres honestos, quiero decir honrados. 

La moda de los hombres serä en breve Uevar enaguas a es- 
tilo de las que usaban los ingleses en el siglo decimosesto. 
l Quo remedio si las mujeres se ponen los calzones ? Usaran 
enaguas y delantal como los que refiere Strutt cuando entre 
las instrucciones del gran chambelan, que servia al padre de 
Enrique Octavo, enumera la de " poner ä S. M. una casaca 
larga, unas enaguas limpias, su camisa, su delantal^ sus medias 
y sus zapatos." 

Los hombres se vestiran tambien por la cabeza y se desnu- 
daran (no entro por lo de desvestiran) por los pies, y tendran 
ayuda de camara (dfgolo sin retru^cano) " que les ponga las 
BUS ropas," porque les sucederfi. lo que 4 las mujeres de hoy 
y ä las coetdneas de Felipe Stub " que necesitaban mas tiempo 
para vestirse'y mas menesteres que los de una fragata de com- 
bate." 

Pero la gran quisicosa de la moda actual depende de la ca- 
restia del algodon. La semilla del valioso fruto dicen que no 
prospera regada con sangre, y veinte millones de hombres por 
una parte y ocho por otra se han propuesto sacar el agua del 
rio Misisipi para que la sangre que ellos derraman en su mutua 
degoUina, tenga cauce por donde correr sin anegar la tierra 
y ahogar ä los hombres. A la voz de libertad los veinte y de 
independencia los ocho, estan ambos ejecutando una dego- 
Uina que si otra mano no lo remedia, dejam los campos algo- 
doneros como quedo el templo de Salomon despues de la vi- 
sita domiciliaria que le pasö Tito, el hijo de Vespasiano. Di- 
cen que aquel famoso templo estaba colgado de telas de cäna- 
mo iinisimo ; desgraciadamente desde entonces 6 ha escaseado 
en extremo 6 el consumo lo destina ä diferente uso, de manera 
que ya no hay sino el de la soga con que las amazonas de Con- 
necticut han de colgar, como jamon al humo, para que se 



SCO 

enre, al Presidente de la otra banda el dia que lo cojan, 

qne no es decir manana ni el siguiente. 

Persia y Egipto, que eran pucblos b&rbaros, enviaron 
& Roma BUS zarazas y madapolanes para hacer las dorias de ^ 
lo8 plebeyos, con quienes la capital dcl mando conquistö 4 sus 
proveedores de telas de algodon. 

Persia y Egipto tienen una representacion modema. i La 
tendra Roma? 

La moda qne ha estableci^o sa solio en la capital d^ las Ga- 
lias, cuenta yasallos en todo el mando, ejerce influencia pode- 
rosa en todas las artes 6 industrias, y es tema inagotable para 
los articulos de fondo del Folletin. Como por algnna parte 
habia de empezar, he empezado por ella para anunciar qne 
El Pobvenib tendrd sa Folletin algnnas yeees y que en ^1 se 
dir& todo lo que ocnrra y algo mas, para entretener & las leo- 
toras qne no se euren de politica, meroado ^ precios cor- 
nenleB. 






LAS PASCÜA8 EN CVltA. . 



Aqnellos eran tiempos, camarada I En la casa de dona 
est&bamos aguardando la noche buena. La sala y el oorredor 
muy alumbrados : en la sala las senoras de Vf. lado, los hom* 
bres de otro. Dofia Rita y sus amigas ''de aquel tiempo" en 
la testera ; las muchachas haci^ndose ojos ; los jövenes fuman- 
do cigarrillo y pescando miradas. Carmen al piano y & sa la- 
de Gerönimo en su indispensable guitarra. 

Cu&nta alegria inocente ! Qu£ de bromas 1 Qu6 yida tan pa- 
triarcal ! 

Dolores estaba entonces en la edad en que la mnjer no es 
ya niüa ni deja de serlo. Sus cabellos trenzados y caidos sobre 
la espalda, los pantalones, el huUarengue poco abaltado y el 
traje coii;o, decian que la mam& no la consideraba todavia bas^ 
tante gi*ande para tomar cartas en la tertulia. { DoSa Rita fa6 



361 

siempre tan severa I Mas unas formas bien contomeadas y la 
decidida plenitud del basto la denunciaban oomo la manzana, 
que llama '^de comer'^ el horticurista y escritor Alfonso Karr, 
Doiia Rita me perdone la <äta. 

La guitarra acompanada por el {naao seguia punteando las 
mas alegres redondillas que jamas iraprovisö Ger6nimo, y no 
quedo en la casa titere con gorra, porque & todos nos toc6 al- 
goxia. A mi esta : . 

Con mftlieia relleno 

Y ojos traidoref 
£1 viejo Nazareno 

Mira ä Dolores. 

Nazareno sii*vi6 de blanco & la disparada risa hasta que 
otra salida de Gerönimo cambiö de punteiia contra alguien qae 
no era yo en la tertulia. 

Despues de la müsica Urica siguiö la bailada, y mozos 
y mozas se esforzaron en mostrar su h^abilidad, ofrecienc!o 
bajo variadas formas la siempre dcliciosa danza cubana con 6U 
jaleo, y su dengue, y sus miradas furtivaa, y sus apretones 
de manos, y sus solapadas sonrisas de correspondencia. El 
contagio lleg6 hasta ml, pues con espejuelos y todo no pude 
perdonar la zandunga de Dolores en mano estraiia y rob6 al 
pasar im cedazo que en poco decide de mi suerte para toda la 
vida. Aconsejo & mis amigos que eviten la tentacion de una 
danza cubana con ninas de pelo trenzado y pantalones guame- 
cidos de encajes. Casi ä punto estuve de abrazar k Dolores 
y de Uevarla aparte para hacerla una declaracion, que doiia 
Rita no habria aceptado por falta de razones mas aölidas qne 
las que puede dar un ofidniata con pretensiones de poeta 
y cuenta corriente con los sastres. Pero en fin, libröme Dios 
de la tentacion, y una mirada de dofia Rita devolviö el aplomo 
& mis alterados nervios. 

Siguiö la danza y con ella la algazara y el regocijo — ^nno de 
esos regocijos que no se conocen sino en los climas que el ru- 
bio Febo acancia como habria deseado yo entonces acariciar 
& Dolores, quiero decir de veras y cual honradamente cumple 
k un hombre de bien. Tino dp esos regocijos, j ay ! (los suspi* 
ros me ahogan de solo recordarlos) regocijos que se llaman 
'* una jaranita de confianza." 

Gerönimo se esplicaba en un sfogatto merengue con la her- 
mana'Cäimen, que lo entendia peregrinamente ; y en su aban- 
dono parecian estar solos en la sala, porque la nina desmade- 



d62 

jada en los brazos del doncel se dejaba morir y se dejaba 
querer. Pues si me parece qae acabaron por besarse cuando 
terminö la danza y ^1 la coiidujo hasta su asiento en im rin- 
eon ! Perdöneme Dios si los calumnio; pero mi palabra, que ^ 
jamas <e lo dije a nadie hasta ahora que ya son casados y han 
cumplido oon todos los sacramentos, incluso el del bautismo 
de ona Carmencita de que Dolores y yo somos padrinos. 

Como iba diciendo, la fiesta era de lo mas agradable que se 
oonoce en el pais del azficar quebrado. Todos aiiadiamos un 
contingente nada escaso & la alegria general, y de broma en 
broma y de danza en danza enviamos la noche buena & los 
&stos de la historia, eon tales dibujos y tales ilustraciones que 
no se presentai^ä edlcion igual en todas las obras de aquel ana 
Ger6nimo y yo, sobre todo, quedamos satisfechos ; el se ca&6 
eon Gännen, & consecuencia de aquella noche, y yo me ena- 
mor6 de Dolores, que por mas senas no se cas6 conmigo sino 
eon un capitan d^ artilleria. Las mujeres son incorregibles 
en trat&ndose de militares, y mas si gastan canones! La glo- 
ria las deslumbra. Pero yoIy^^os & la fiesta. 

En un rincon de la sala estaba sentada dona Rita, conver- 
sando eon su amiga y vecina la madre de Gerönimo, sobre las 
cosas de aqiiel tiempo, y mas b&cia el medio del estrado un 
par de tias, que censuraban & mas y mejor, 6 cortadt^n sayos 
al pröjimo, segun decia Carmen cuando las tias murmuraron 
que ella y Geronimo se habianbesado. Otras mam&s y otras 
tias se hallaban repartidas por aqui y por allä como centinelas 
de campo fronterizo & los rebeldes para dominar la escena eon 
ojeadas que turban & las mucbachas. De cuando en cuando al- 
guna vestidora de santos Uamaba & su sobrina y eon malos 
modos la decia : 

— Nina, componte ese traje ! ^no ves que la sisa te se ^ßti 
bajando ? 

— ^Nina, no te dejes apretar la mano por los hombrcs. 

— ^Pero, tiita, ^ qu6 hago ? 

— 5acüdesela duro, | bribones I 

— ^Entonces es peor, aprietan mas. 

— ^Pues Hnelos para que te respeten. 

— ^Pero tia, ^y eso que tiene de malo( 

— ; Jesus, Maria y Jos£ ! esclamaba la tia. i\ En qu£ tiempos 
estamos I? 

El di&logo pasaba aotto voce^ mientras la tia dofia Escol&sli- 
ca le prendui& Narcisa, eon alfileres, una &r&l& que en el ar- 



dor de la danza habia tomsdo forma de banden. Narcisa apo- 
yada en el brazo de un buen mozo, ee Bonreia con malicia por 
cnenta de la envejecida donoella y oUa el ramiltete qne an pa- 
reja le acercaba con gaUnteria. 

Loa demas continuaban la danza & toda priaa, como tema- 
rosos de qua la noche fiiese & temuDar muy pronto, y 

"Qnä MtrepltoM «legrl«! 
<),ai biotn« I qii6 slgBrabls [ ' 

iqul«n no GsUbadlTeitldot ' '.—f 

Bolo tigDD undla nuiiidu 
Qne bOBtezBbi t dotml«." 

Las doce I 

— Senores, nocbe buena I ■ . 

—■Baena noche I ' - 

— Qn4 Bios se la d6 inuy buena I - ^ ■ 

— T 4 V. lo propio ! ■ *..iB,,, 

— ^T qne el aüo que vlene tenga V. tm bnen liovio, decia el 
oapitan de arülleria i. BoloreH. 

— T que ese novio sea yo ! — aüadi6 tm hombre de espejue- 
los qne no Ti6 cnmplido aus deaeoa. 

— SeÜorea, i cenar I uoa intemimpiö doSa Rita. 

A tan Bolemne argumento ae aplacaron loa celoa que me 
inapirü^ el capitan (mala bomba!......) j pena6 criatianamente 

qne mejor era cenar que refiir, con lo que torciendo la dircc- 
oion de mi arrancada, saqudme los guantes j me prepar^ 4 de- 
TOrar un pavo en lugar de nn capitan. 

Sobre poco mas 6 menos conoceran mis lectoras la meaa de 
doiia Rita : en la cabeza el peacado, que generalmente, al re- 
v6a de otros animalea, tiene cabeza,' en el centro el jamas 
olridado guanajo, el meleagris gallipavo de Linneo y BuflFon 
(lo digo Heriamente) ocupa, repito, el centro de la meaa, 
como persona principal, dändoae codo con codo con un jamon 
que por lo gordo parecia regidor de abaatos, bantizado como 
de Weatfalia, aun cuando en au pfcara yida nunca habl6 
alemau el anim^lito en cuyoa cuartos fu4 conducido mi^tras 
se cebaba. AI gnanajo y al jamon acompanaban ain falta una 
enaalada bien salada y aoeitada y nn arroz con pollo, digno 
de la meaa de un Ldcolo 1i otro comilon famoao. Otroa platos 
menudos con rellenoa y demaa perfilea de cocina eataban 
oomo comparaa de öpera para llenar los eapacioa en que no 
entraban loa principales actorea. £1 vino con abnndancia, et 
Tino que Ger6nimo cantaba al comp4a del piano de C4imen : 



I 



364 

Qne de eae vinülo nneTO 

Sirveme an pooo 
Pues de e«e Tinillo be1>o 

Qae Tvelve loco I 

Dejemos en paz los cnmplidos y los brindisf {Dejemos 
para siempre en paz los brfndis en verao, que me indigestaron 
la cena ! La alegria del baile redoblö en la mesa, j las liba. 
ciones dieron nuevo fmpetu 4 la alegria del baile. 

Amaneci6. Mas importuno sol jamas saco por entre cor- 
tinas la cara sonolienta ; ni mas imprecaciones nunca le dieron 
la mala venida. Por mi parte asegnro qae todavia recuerdo 
la sonrisa postrimera con que Dolores levantando el Indice & 
la altura de mis narices, me dijo { adios I anadiendo en sns 
adentros, " para no volver mas." 

Un ano despues sali6 de la escaela para casarse, y ßu 
belleza y el ingenio de Buena Yista sentaron plaza en la ba- 
teria volante N® Ni qaiero recordarlo. 

Otro y otros aßos han pasado y todavia me acnerdo con 
entranable carino de aquella noche buena. No volverä nunca, 

nunca & menos que yo volviese & buscarlaen la casa de 

dofia Rita. 

No ^era este afio, porque est4 nevando y temo que todavia 
Dolores no estä viuda. 




I 



o 

El que suscribe ofreoe sus servicios en esta ciudad como comisionista 
al comercio espanol para comprar mäquinas, instrumentos de agricul- 
Iura, artfculos de daguerreotipo, libros, py^i i^op^ lienzos, muebles, 
siHas de montar y artfculos de talabarteria, baules, carruajes, medicinas» 
perfumeria, ferreteria, &c. 

Bescuenta pagar^s y libranzas y recauda todo clase de crdditos, 

Presta y coloca dinero ä premio. 

Re'mite d su destino por las vias mas rdpidas de comunicacion, los 
efectos que se le confien. 

Se encarga de almacenajes, carga y descarga, diligencias de aduana, 
aseguro, portes y cuanto concieme & la importacion y exportacion de 
toda clase. 

Se ocupa de interpretar, traducir y copiar, buscar alojamientos^ &c. 

Recibe suscripciones ä obras, periödicos, y otras publicaciones, inserta 
anuncios en diferentes idiomasj y se encarga de toda publicacion y 
asunto de imprenta, 6 litografia. 

Como corredor tiene tanto conocimiento del mercado que los mis- 
mos comisionistas espanoles le ocupan en sus compras. 

Cumplir& con los pedidos que se le hagan sin atender d su pequenez 
6 magnitud. 

Gontestard & las preguntas que se le hagan por carta sobre artfculos, 
calidadesy tamanos y precios si se induyen en la carta 4 reales de sellos 
de correo. 

Su oficina estfi en el centro de todas las lineas de vapores que hacen 
viajes y tomarÄ los pasajes para las personas que se lo exijan. 

PUBLICA LAS OBRAS SIOUIENTES. 

Las cosas de Nueva York, por Nazareno, . . . . $2 00 

El harpa del desterrado, por Santacilia, 1 50 

Las poesias de Pldcido, . . 2 00 

" " " Heredia, . . . . . . . . 1 50 

La Guia de los Estados Unidos, 1 50 

Las obras de Saco, 4 00 

J. DURAND, 
24 T 26i Broadway, New York. 



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