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/p >*.*&36 Buanoi Air**, 9 marzo da IQ^ 



RITERI 



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20 

:«ntavos 







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GUSTAVO J. FRANCESCHI 

Roma "i!''' 

CRITERIO 

Comentarios 

HECTOR I. GALLAC 

Problemas est^ticos de la mli- , 
sica amerieanisia 

Mens. Dr. JUAN STRAUBINGER 

La sabiduri'a considerada como 
serenidad 

MARIA RAQUEL ADLER 

iEstfis presence, oh Dies! 



Bibliografia * Taalro 
DoGHinantof. 



♦ CinamaMgrafe ♦ 



Du.ctor: Mons GUSTAVO J. F RA NCESC HI 



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I B L I O G R A F I A 



[uista del Rio Si tuvUramos que clasificar esta obra y co- 
i Plata", p r locarla en el justo casUlero, correspondiente a 

> Villalta una de las manifestacionea hist&ricas o lite- 

rarias, necesitariamoa quizd crear un nuevo 

n dentro del conjunto expresivo y del giro particular que caroc- 

a la "Conquiata del Rio de la Plata". Su autor la define conw hia- 

lovelada. Noaotroa podemoa objetarle eate aubtittdo, pero creemoa 

loa tiem/poa que corren la definicidn apdcrifa o autintica de una 

intereaa fundamentcdmente. 

) que particulariza hoy en dia a un libro ea el hecho de que el ti- 
sponda a au fondo, y que a au forma ae le pueda perdonar el arte 
e exoma el eapiritu que a aqutt anima. Por ello, en el fervor oao 
mo que geatd el libro que noa ocupa, coincide la evocacidn hiatd- 
m la grandeza ain igual de la epopeya antericana. El deaeubri- 

> de AmSrica, que arranca de la misma raiz hiapana urde deade 
ienzo ntteatroa origenea peninaularea, identificdndonoa con el aur- 
ito de Coldn, para aittmrnoa luego en pleno mar de la conquiata. 

n eata obra viaidn y fe, tranaporte y fervor, noa introducen en 
limtv>area de la "Conquiata del Rio de la Plata". Deade au primer 
fo noa hdUamoa como en una nueva area biblica, cuyoa peraonajea 

1 geatadorea de un mundo por nacer, y cuyaa proas aon conio altaa 
f, imantadaa de espejismo, que cortan la liquida planicie y des- 

el espacio ilimitado. Navegamos como impelidos por los remos 
bar CO acriaolado, mientraa aopla un viento continuo y envolvente, 
>s va reriovando alma y corazdn hacia un mundo ensofiado, donde 
a trocarse al fin en realidad lo que ha intuido sonar el corazdn 
to: cambiar la muchas veces am/irga realidad de un mundo cono- 
or la magia, el oro y la visidn traslucida de lo porvenir en un 

> de dealumbrante fantaamagoria. De eate modo y con una viaidn 
^gica de lo que ae refiere al planteamiento de loa diatintoa vlanoa 
le divide au obra, Blanco Villalta va tejiendo la trama de la hia- 
le la "Conquiata del Rio de la Plata" con un manejo claro de cada 

loa peraonajea que animaron la expedicidn, aus aituacionea y sus 
3 en la verdad histdrica y en la realidad geogrdfica de ambientes 
onajea. ' '" "*' '^^' 

into a la tierra de su conquista y de su eaperanza vemos desfilar 
Hiente figura de don Pedro de Mendoza, al virilmente esforzado 
')aorio, al intrdpido Ayolaa^ cerrando £8te ciclo la muerte del Ade- 
7. La fundacidn de la Aauncidn del Paraguay, laa diveraaa expe- 
?«, el gran Irala, Alvar Niinez, Juan de Garay y la aegunda fun- 
de Buenoa Airea, son, en sintesis, los diferentes tdpicos que su 
agrupa en la deslumbrada ruta de la "Conquiata del Rio de la 
. El autor evoca estos episodios con vivo humanismo, los senala 
! razonamiento fehaciente y los brune con una fervorosa exalta- 
e rica poesia. Escenas de amor y de dolor, de deslunvbramiento 
ngustia, de fervor y de codicia^ mecen los ardorosos corazones de 
mbres, que ya sonrien, visionarios eternos, ante el miraje de luz 
^0 del Rey Blanco y de las mil Virgenes del Sol, y ya suspiran con 
lerdo del antiguo solar anorado, oscilando de esta rrtanera en un 
? eodiciados ensuenos, cuando no en la realidad del drama en que 
i conquiata. 

}do8 conocemos la historia de esa magnifica epopeya que fud la 

sta del Rio de la Plata y todos hemos leldo la vida de los conquis- 

?, ya sea en libros de historia ya sea en historias de libros. Todos 

imaginado, segHn nuestra capacidad y nuestra emocidn, lo que 

aqueUas vidas, aqueUas luchas ?/, en surtm, lo qufi significa ague- 



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cms. $ 1.50 



8 I B L I O G R A F I 



Ua magnifica hazafia, que generd lo que es hoy el mundo nuevo d 
rica. 

El etemo dualiamo de Espana, aimbolo de fe y de fervor, pe', 
biin 8u irremiaible codicia humana, se desparramd sobre AmSri 
influencia ae proyectd en la historia universal. 

Pero ya es tiempo de que hablemos de la reaXizacidn litero 
libro de Blanco Villalta. 

Para ser justos en la apreciacidn critica, hay que senalar q 
obra donjuga, con un raro equUibrio el'contenido histdrico con 
presidn literaria. TambUn hay que subrayar que su autor poi 
rica inuiginacidn creadora, Densa y perfunuida es la trama de st 
De expresidn metaf&rica casi exagerada podria. considerarlo ali 
tor o critico dispuesto a conocer mds que a intuir, a verificar y a 
der en lugar de cerrar los ojos y dejarse mecer por las olas de 
infinito y deslumbrante. 

Corrobora esta aseveracidn, de muy marcado modo, el se 
pitvXo del libro, en donde se describe la muerte de Pedro de M 
LeySndolo, nos parece. estar sumergidos en un oceano de vocal 
donde las palabras se vuelcan las unas en las otras y forjan un 
sonidos, gemas de colores y vahos de perfumes, Una riqueza de 
que denota la fidelidad del asunto se une al sentimiento creador 
una sinfonia de dolor, en que se hunde para siem/pre la vida nu 
del gran Adelantado, Sinfonia macabra, en que el dolor, cada i 
cerca de nuestros sentidos, cada vez mds lejos de nuestra vida, n 
el escenario de un casi misterio poitico. Y se nos aparece como ; 
mera vez la belleza de la tragedia por la riqueza de las palabras 

Y para terminar, no queremos dejar de senalar una rvez md 
tilo, con que estd escrito el libro. Ademds de personal y de logr 
cacidn literaria, su expresidn de matiza de continuo con un ric 
bulario castizo, de voces autinticas. Esa riqueza de vocablos pre, 
''Conquista del Rio de la Plata** una renovada forma de expresi 
prosa, que^ como ya dijimos, no estd exenta de un marcado giro 
ticOy y trueca esta historia novelada en un libro de hondo co 
humano y de elevada categoria artistica. 

Maria RAQUEL ADL 



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220 








^ARECE TODOS LOS JUEVES 

KVI N.' 836 Bt. Asm 9^ d« Mano 1944 Altina 850 U. T. 34 • I309 







UMERABLES veces, durante estas tiltimas 
noanas, he ofdo o leldo un concepto que en t^r- 
inoB sint^ticos puede concretarse asf: ''es con- 
e respetar los monumentos antiguos y salvar- 
la ruina, pero per encima de todo est^ la gue- 
fuere necesario para los fines de ella, y an- 
perder hombres, hay que aniquilar los edifi- 
n cuando por cualquier concepto sean hist6ri- 
vida de los combatientes vale mis que la con- 
6n de bienes materiales". Esto repiten gentes 
i categorla, tanto dentro de nuestro pais co- 
ra de &. Y los hay que aplicando tales ideas 
^ y segfin se inclinen hacia uno u otro bando, 
an sin desfavor el que los alemanes se atrin- 
en la Ciudad Sagrada, ya consideran que, si 
"tuno para la mejor conducci6n de la guerra, 
!r& tenerse escrfipulo alguno en destruir tanto 
ficios sacros cuanto los profanos que nos le- 
los pasados siglos. 

ndente que antes y en todo caso deberia dis- 
se entre la conveniencia, o sea lo mds fdcil 
lero, lo que puede realizarse a menor costa de 
y tiempo, y lo necesario, o sea aquello sin lo 

> €8 posible lograr la victoria. Para los' jefes 
tndo orden lo eonveniente casi siempre se con- 
m lo neeeaario, porque su inteligencia concibe 
naniobras; para un Napole6n casi nunca hay 
aiobra necesaria pues su imaginacl6n ve siem- 
is de una posible. Pero dejemos esto que es 
irio, y Vayamos al centro mismo de la cues- 
60 admisible que como precio de una victoria 
modo alguno aerla def initiva porque aun arro- 
08 alemanes de Roma habria mucha tela que 

y hay posibilidad de lograr los aliados un 

atin cuando los alemanes se empecinen 

ntenerse en la Urbe, es admisible, digo, 

a necesario, forzoso, indispensable, insus- 

, arrojar en la balanza la destrucci6n de 

^Qu^ puede pensar al respecto un hombre ci- 

> y cristiano? He aqui lo que paso a examinar, 
loluta prescindencia de simpatias o antipa- 
in mal obrarian los alemanes en atrincherar- 
loma como los^ aliados en proceder a un ata- 



que directo y destructor cuando, aegHn lo enaeHa la 
hi^toria de los sitios de la Ciudad, historia que data 
de mds de veinte siglos, siempre ha sido posible ha- 
cer caer la Urbe mediante maniobras de flanqueo, 
cuando no se procedi6 toscamente como lo hizo Ca- 
doma, el 20 de setiembre de 1871, en que Pio IX, 
apenas abierta la brecha de Porta Pia, orden6 sus- 
pender toda resistencia ante el peligro que para la 
conservacion de los monumentos romanos ofrecia la 
continuaci6n de un ataque directo. 

No se vea, pues, fUia ni fobia, ya que no existe; 
sino un problema de orden mucho mAs elevado que 
las inclinaciones pollticas en los tres puntos que ne- 
cesariamente ha de comprender mi estudio: 19 ^qu^ 
clase de valor incluyen los monumentos religiosos o 
civileJs del pasado?; 2P ^qu6 contenido de civilizaci6n 
tienen los monumentos de Roma en general?; S9 ^qu6 
significado hist6rico-religioso poseen los templos de 
Roma? Indicado estd aquf el plan de mi artfculo 
que terminari con un breve excurstis sobre el Pa- 
pado y su actual poseedor el Sumo Pontifice Pio XII. 
M6s que elocuente o profundo, — cosa que no me es 
tan fdcil — , procurar^ ser claro. 

El valor de los monumentos 

En Tucum^n, rodeada de otras mucho m6s hermo- 
sas, se encuentra una casa vieja, que ofrece la tuni- 
ca particularidad de haberse jurado en ella la Inde- 
pendencia Argentina. En el Estado de Virginia se 
halla el edificio de una granja colonial, no superior 
por cierto en construcci6n a la de otras muchas que 
se encuentran en los alrededores, pero que fu6 pro- 
piedad y habitaci6n de Jorge Washington. No hace 
falta aducir otros ejemplos. ^Vale m&s o no, para 
nosotros argentinos aquella casa, para los norteame- 
ricanos aquella granja, que los edificios cercanos? 
iNo habria muchos hombres dispuestos a morir pa* 
ra evitar su aniquilamiento y no nos pareceria razo- 
nable esta muerte? iQu6 hay en esos monumentos? 
^nada m^s que sus valores fisicos, econ6micos? ^Es- 
t6 todo contenido en lo que perCiben los ojos de la 
cara? Es evidentisimo que no. Existen conceptos in- 
materiales, imperecederos, que en cierto modo se han 



221 



conflustanciado en las piedras y los ladrillos hasta 
en cierto modo espiritualizarlos. Los muros, aunque 
sean bien sencillos, despiertan en las generaciones 
sucesivas un recuerdo del pasado inmenso, constitu- 
yen un estimulo para los hombres que desfilan de- 
lante de ellos, son encarnaci6n de una hora de la pa- 
tria, lo mismo que una bandera. For esto su destruc- 
ci6n nos parece un crimen: a trav6s de la piedra se 
alcanza a quienes las labraron. 

Acabo de nombrar la bandera. Vista con criterio 
materialista ^qu^ es sino unos cuantos trozos de g6- 
nero cosido entre si, y pegados a un palo? Y sin 
embargo por salvar ese palo y esos trapos no vaci- 
la en morir durante una batalla medio regimiento. 
iPor que? Y ipor qu6 todo hombre culto se inclina 
no solo ante la bandera de su propia naci6n sino 
ante las de otros paises? No es por los cuatro pesos 
que econ6micamente vale una bandera, sino por lo 
que representa y significa, los siglos de historia que 
encarna, la influencia que en su nombre se ha dejado 
sentir en la marcha de la humanidad: eso es lo que 
mueve nuestro respeto o nuestro amor. Aqui perci- 
bimos con toda claridad que las piedras y hasta los 
lienzos poseen en determinadas circunstancias un 
yalor moral superior a toda expresion material. 

Viene aqui al caso recordar nuestros estudios cl4- 
flicos. Todos aprendimos, al leer el dialogo De ora- 
tore, la definici6n que Ciceron nos da de la histo- 
ria: "es el testimonio de los tiempos, la luz de la 
verdad, la vida de la memoria, la maestra de la vida, 
la interprete de la antigtiedad". Ahora bien, tenga- 
mos en cuenta la etimologia del vocablo monumento, 
en latin monumentum, que viene del verbo monere, 
avisar, de donde fluye por intermedio de monimen, 
aviso. El monumento es el que avisa, el que recuer- 
da, el que despierta en la memoria del hombre, la 
imagen de hechos desaparecidos, el que escalona los 
pasos de un largo camino, el que de esta manera 
nos vincula con nuestros antepasados. De modo que 
se sigue que los monumentos son historia en el sen- 
tido mds terminante si nos atenemos a la definici6n 
ciceroniana que ment6 pocas lineas atrds. Una sim- 
ple piedra nos habla a veces de modo mis elocuente 
que un libro. 

Esto lo comprenden hasta los niiios. Vease desfi- 
lar por un museo hist6rico un grupp de escolares 
conducidos por sus maestros: guardan compostura, 
miran con respeto, mantienen silencio, en ciertos 
momentos se emocionan. Sin embargo no se les mues- 
tra m^s que uniformes, bastones, sillas antiguas, ca- 
nones viejos, alguna bandera descolorida, trozos de 
papel que llevan una firma ilegible. Pero de entre 
todo eso brotan los personajes que verdaderamente 
con su pensamiento y sus sacrificios labraron la pa- 
tria, le infundieron sus caracteristicas propias. Y 
evidentemente aun cuando todo lo material fuera des- 
truido no ^e olvidaria a los mayores; pero su re- 
cuerdo vive mejor entre nosotros mientras lo que 
realizaron sus manos se conserva. Como no perece- 



ria lapatria porque una de sus bandera caiga e 
nos del enemigo, y sin embargo se muere po 
varla. " 

iPor qu6? 

Porque no somos puros espiritus, sino espii 
materia, cuerpo y alma; porque poseemos inte 
cia para pensar, pero tambi^n ojos para mirai 
piedras nos conmueven por motivos muy seme; 
a aqu^llos en cuya virtud la mdsica^ nos suge: 
hasta hacernos Uorar, o la poesia nos.hace 
lo que la mejor prosa no alcanza. En tomo a 1; 
se musical o al grupo de versos se forma un 
el pasado se vuelve presente, Uegamos a ser i 
tdneamente los j6venes que fuimos y los hor 
— cuando no los ancianos — , que somos, viver 
vez los muertos. Durante la Edad Media y los 
cipios del Renacimiento se coronaba a los i 
con laurel: el drbol reputado inmortal, gesto 
b61ico no s61o de la vida perenne que sus es 
merecian, sino tamb16n de esa especie de re 
ci6n interior que les debemos. Pero si la music 
poesia nos ayudan a ver en perspectiva nuestra 
tencia personal, a crear en nuestra alma una 
taci6n saludable, los monumentos colaboran pai 
percibamos y comprendamos de esa misma nr 
la vida de lu humanidad. Mas ello acontece ] 
son monumentos, avisos dejados por las gene 
nes que nos precedieron, para nuestro aleccions 
to. Por esto no se los reemplaza: destruidos un 
destruidos quedan para siempre. He leldo en i 
cuerdo qu6 peri6dico que habi^ndosele ofrecidc 
S. Pio XII la reconstruccion del monasterio de 
te Cassino, respondio el Papa que aun cuando 
hiciera de oro y piedras preciosas no seria 
antes sino otro, y careceria del valor de las 
pies paredes aniquiladas. Ignoro si la anecd( 
aut6ntica; de todos modos expresa cuanto he ' 
diciendo hasta ahora: el valor de los monumen 
es simplemente material, como puede serib el 
rascacielos o el de un puente recientemente cor 
do con cemento armado. Ese valor se eleva h« 
espiritual, y en todo caso hasta lo moral: no 
trozo de materia, sino de vida humana. 

Por esto comprendo perfectamente la actit 
un noble caballero ingl6s, quien segun he leid 
nifesto que con gusto daria su propia vida y 
sus hijos para conservar el Juicio Final de ^ 
Angel, monumento de arte, y evocacion insup 
de los conceptos renacentistas. Esto, en caml 
lo entenderia aquel otro periodista que, dando 
de la toma de Capri por los aliados, agrego qv 
isla era c^lebre por haber abrigado en ella suj 
res Stokowski y Greta Garbo! Para ese ind 
el nombre de Capri no despertaba siquiera 
cuerdo de Tiberio. He aqui el infrasalvaje. que 
el punto de vista de su mentalidad se halla p 
bajo del pigmeo de los bosques africanos, pu< 
recuerda por lo menos las leyendas de . sus a 
sados. Para esta categoria de gentes los mor 



222 



da dicen: consideran que sirven a lo mii6 para 
en ellos carteles electorales. Su visi6n no va 

Jld de k) absolutamente actual: todo lo ven en 

no ,y no en perspectiva. Y por esto no les duele 

i I6s destruya. 

sto lo que precede, cuya exactitud es a mi pa- 
incontrovert^ble» volvdmonos hacia Roma» y 

cemos por preguntarnos qu6 significan sus mo- 

Ltos desde el punto de vista de la civilizaci6n 

kl. 

Roma y la civilizacion occidental 

el diario La Prensa, fecha 9 de febrero pr6xi- 

ssido, public6 el sefior P6rez de Ayala, un in- 

ate artfculo ,sobre el que he de volver algrun 

1 el que afirma que nuestra cultura descansa 

un tripode, al que Palestina di6 la base de la 

»n ''como soluci6n individual de conciencia y 

jmbre del sentido trascendei^tal de la vida"; 

; "fij6 las bases o principios inmutables de la 

a intelectual y est^tica, filosofia, ciencia, ar- 

letras"; y Roma "cre6 un gran hecho antes 

lo apetecido, o soiiado nebulosamente, y ya de- 

o, como punto permanente de referencia, des- 

na: o sea el milagro juridico del Estado, la so- 

articulada como una organizaci6n de dere- 

Siii entrar en un an^lisis que no cabe en este 

es preciso reconocer el acierto de lo sentado 

senor P^rez de Ayala. En ningi^n momento 

alguno del mundo habla llegado a crear algo 

uite a la noci6n de Estado que hallamos en 

(Grecia no pasa de ser una federacion de can- 

y ciudades) ; y todo lo posterior que sobre la 

existe en el mundo Occidental arranca, bajo 

unto de vista, desde Roma. Por esto aun hoy 

todas las Facultades de ciencias jurldicas bien 

uldas se estudio el Derecho Romano, que es 

IS naciones de Europa y America cosa viva y 

erta. Pero a este primer fen6meno cabe agre- 

s otros, no menos importantes. 

ere Plutarco que cierto dia, halldndose Cice- 

►ven aun, en Grecia, invit61o Apolonio Molon, 

5 orador y maestro de retorica, a pronunciar 

us discipulos un discurso en griego. Hizolo 

Tulio con elocuencia tal que todos los oyen- 

allaron en aplausos y loas menos Apolonio. Y 

tado ^ste por la causa de tal silencio respon- 

[Jiceron, te alabo y admiro, pero lamento la 

de Grecia al pensar que la tinlca gloria que 

sdab'a, la de las letras y buen decir, va a con- 

8 por obra tuya en conquista de los romanos". 

tivamente, si las letras y las artes, y si ante 

filosofia, han recibido su constituci6n esen- 

el mundo hel6nico, no cabe duda de que Ro- 

j el vehfculo que las iifundio a trav^s del 

entero. Ya en las postrimerias de la Repu- 

udo un orador griego arengar al senado en 

)io idioma porque todas las gentes ilustradas 

ndlan, y muy poco despues el griego fu6 el 



idioma oficial de la Iglesia romana durante varios 
siglos, lo que demuestra c6mo su conocimiento ha- 
bia descendido hasta a las personas de escasa cul- 
tura. Y he aqui el fen6meno que debe tenerse muy 
en cuenta para apreciar el alcance de los servicios 
prestados a la civilizaci6n por Roma. 

A ello agregar^ el segundo, mds importahte toda- 
vla, del que me ocupar6 en detalle m6s adelante, pero 
que debo mencionar desde ahora. No puede admi- 
tirse la tesis sustentada en un discurso c^lebre por 
Mussolini, y refutada personalmente por Pfo XI, a 
saber: que si el cristianismo se convirti6 en reli- 
gion universal fu6 por la influencia romana, pues 
de por si no pasaba de ser una pequeiia secta judfa 
que pronto habria desaparecido. El cristianismo lie- 
vaba en si mismo su cardcter universal y su garan- 
tia de supervivencia. Pero es cierto que la pax ro- 
mana, las rutas que desde la Urbe se extendlan hasta 
todos los extremos del mundo entonces conocido, el 
orden establecido doquiera i)or la administraci6n 
imperial, facilitaron a la Iglesia naciente su tarea 
de difusion y apostolado. Por ahi contribuy6 Roma 
a la consolidaci6n del tercer pie de ese tripode a que 
alude el senor P6rez de Ayala, que es la base de toda 
la cultura occidental durante los ultimos mil quinien- 
tos alios, y que no se Ilega a ver de qu6 modo pue- 
da ser sustituido. 

De ese complejo de la civilizacion romana todos 
hemos heredado. Nociojies de representaci6n popu- 
lar, de legisprudencia, de organizaci6n fiscal, con- 
ceptos de elocuencia juridica y politica, idea de jus- 
ticia, de relaciones entre las clases sociales, de pro- 
piedad, de asociacion privada; pensamiento sobre 
el hombre, sobre el mundo, sobre Dios, o sea filoso- 
fia y, por encima de 6sta, religi6n; sentido de la 
grandeza arquitect6nica y de la funcion militar, 
^qu^ es lo que no nos ha venido de Roma o por me- 
dio de Roma? Podrian suprimirse de la historia, sin 
que nuestra civilizacion quedara fundamentalmente 
modificada, Londres o Paris, Berlin o Madrid, Viena 
Bruselas; pero Roma no, porque aun en aquellos 
casos en que no fu6 creadora, al menos condujo has- 
ta nosotros los tesoros del mundo antiguo par^ que 
ellos fueran aprovechados por el mundo moderno, 
que seria infinitamente superior a lo que es si no 
hubiera malrotado gran parte de estos bienes, que 
interesan al espiritu mucho mas todavia que al 
cuerpo. 

Ahora bien, nada hay de ello que no quedara es- 
crito en esas piedras, de las que con tan poco apre- 
cio, o mejor dicho con tanta ingratitud, hablan al- 
gunos. 

Me situo ahora con la imaginacion, despues de 
haberlo hecho innumerables veces en la realidad, en 
ese centro de Roma que se llama el Foro. En ese 
que fu6 valle entre el Capitolio y el Palatino, co- 
menzo la vida romana. Era en un principio baldfo 
anegadizo, pues se elevaba nada mas que siete me- 
tros sobre la altura minima del Tiber, y todas 



223 



laa inundaciones lo alcanzaban. AUf, segun la 
tradici6n, se efectu6 el combate entre las gentes de 
R6mulo y las de Tito Tacio despute del rapto de las 
sabinas. En el norte del terreno fu6 construlda la 
Curia Hostilia, cuya edificacion se atribuye a Tullo 
Hostilio, de los antiguos monarcas. Ese espacio del 
medio era el Comitium, donde se reunfa el pueblo 
para votar. De alii salia la Via Sacra, que conducia 
al Capitolio donde se daban gracias a Jupiter por 
los triunfos de Roma. En un rinc6n se halla una 
construcci6n oscura y pequena: la cdrcel Mamertina 
donde muri6 el h^roe galo Vercingetorix y donde, 
segdn la tradici6n, fu6 encerrado el ap6stol San Pe- 
dro. A corta distancia vemos todavia el cimiento de 
"los rostros", o sea la tribuna adornada con las proas 
ferras de las naves tomadas a Cartago y desde la 
cual los grandes oradores, un Hortensio, un Bruto, 
un Marco Antonio, un Cat6n, un Cicer6n, arengaron 
al pueblo. No muy lejos cont^mplase el atrio de 
Vesta, el ara, por decirlo, nacional de la Urbe, donde 
se custodiaba el fuego que representa su vida mis- 
ma. La vista se dilata asi hacia los restos de la ba- 
silica Julia, del templo dedicado a la Concordia 
cuando sobrevino la paz entre pl^beyos y patricios, 
hasta el Coliseo situado en la lejania, hasta el arco 
de triunfo de Constantino, hasta el postrero de los 
monumentos antiguos: la columna de Focas, erigida 
en el ano 608, testigo ya de la decadencia artistica. 
Y con s61o suprimir imaginativamente algunos gru- 
pos de casas y una lomada *insignif icante, alcanza- 
riase a ver la columna Trajana, el emplazamiento 
del foro AgoncUe, el Pante6n, el castel Sant' Angelo. 
4Qui6n tendrd osadia suficiente para afirmar que 
todo esto no merece respeto inmenso porque es el 
rastro dejado en el suelo, traducido en piedras, de 
cuanto ha ido constituyendo nuestra cultura civil, 
I)or no hablar ya de la religiosa? ^Qui^n proclama- 
r& que alii no hay mis que valores materiales que 
. todos juntos no valen la pena de que algunos y aun 
muchos hombres se sacrifiquen por su conservaci6n? 
iEa posible que maiiana, al recorrer lo que fu6 em- 
plazamiento de Roma, pueda repetir alguien el deso- 
lado verso de Virgilio sobre Troya: etiam periere 
ruinae, han perecido hasta las ruinas? 

Y no he mencionado las obras de arte, las esta- 
tuas, las pinturas, las bibliotecas. "i Que se las tras- 
lade a lugar seguro!", exclamard alguien. ^D6nde 
a la hora actual encu^ntrase en toda Europa este lu- 
gar seguro? lY c6mo transportar el Juicio Final de 
Miguel Angel, o sus Sibilas, o los frescos de Ra- 
fael, si est^n pintados en las paredes mismas? Mm- 
cho ha sufrido Roma de la ignorancia, de la rudeza 
de tiempos antiguos, de las invasiones bdrbaras, de 
las luchas ciudadanas. Quiera Dios que no padezca 
hoy mucho m4s todavia de las guerras entre los 
hombres que dicen haber llegado a la cumbre de la 
civilizacion, y que no respetan hasta lo que fu6 sa- 
grado para los vdndalos o los longob'ardos. 



Pero he de abordar ahora un aspecto mis traj 
dental del asunto. 

EI valor religioso de los monumentos roma 

Mons. Batiffol, en la introducci6n de su Cath 
Petri, escribe entre otras cosas. lo siguiente: 
grande que sea la importancia que queramos 
buir a las condiciones historicas de Roma, y sii 
gar su genio, que es de continuidad, de ordei 
comando, es imposible que el historiador sup 
el hecho en virtud del cual, ya en el segundo i 
la Iglesia apost61ica de Roma superaba a las d 
Iglesias fundadas por Ap6stoles: Corinto, Antio 
Efeso...; y este hecho es que la Iglesia ron 
apost61ica por Pedro y Pablo, era algo mis qu 
otras por Pedro. Firmiliano de Cesirea, escrib 
a San Cipriano en el momento de su conflict< 
el Papa Esteban, observa que fete profeaa ten 
cdtedra de Pedro por suceaidn, y se glorifia 
lugar de su episcopado y de poseer la sucesii 
Pedro, sobre quien estdn establecidos los cimi 
de la Iglesia". 

No voy a demostrar ahora aqu! la primacia n< 
de honor sino de jerarquia de la citedra ron 
trabajo es fete que supera en mucho el espac 
un articulo. Pero quiero recordar, confirman 
dicho en el pirrafo anterior, que, como lo rec 
Harnack, quien no es por cierto un cat61ico, la 
sia que desde un comienzo ejerci6 el papel i 
rador y directivo dentro de la Catdlica (palabr 
es de fines del siglo primero), no fu6 ni Jeru 
ni Antioquia donde sin embargo estableciose p< 
tiempo Pedro, ni Alexandria a pesar de sus in 
ciones docentes, sino Roma. Antes del Papa Els 
habia invocado su autoridad el Pontifice San 
tor, y antes que 61, hacia 155, el Papa Anicet 
pleibala para llamar las Iglesias de Oriente s 
cordar la celeb'raci6n de la fecha pascual con la 
sia Romana, seiial clarlsima de que la admi 
mundo cristiano. Y desde entonces la princi% 
de esta Iglesia ,para emplear el vocablo de Sai 
neo en el segundo siglo, principalidad "que deb 
tar toda la Iglesia", esa prima cathedra episcc 
primera citedra del episcopado como lo expr 
concilio de Elvira, fundada sobre Pedro que es 
ceps apostolorum, el principe de los ap6stole 
autoridad que da unidad a la Iglesia toda, y 
de la cual no se puede construir como nos lo 
ca San Agustin, es venerada doquiera, y Ro: 
reconocida como realizindose en ella, no s61o i 
dro, su fundador, sino en todos y cada uno c 
sucesores, la palabra de Cristo: sobre esta \ 
levantari mi Iglesia, 

Tambi6n este hecho incontrovertible hillas 
crito en los monumentos de Roma. Observo i 
pecto con cuinta incomprensidn se distingue 
lo que constituye el Estado de la Civdad del 
cano, y los demis monumentos sacros de la 
Unos y otros son venerandos, pero por titulos 



.^^ 



lo que dice con los edificios de la primera ca- 
, hay, ademds, de la Indole religiosa, el de- 
le propiedad que sobre ellos tiene el Jerarca 
LO de la Iglesia. Pero tambi^n los dem^s ban 
nsasrrados a Dios, a veces con ceremonias so- 
mas, a veces con sangre de m&rtires. ^Acaso 
!ste este car&cter el Coliseo, donde perecieron 
Hares durante dos siglos y medio? ^Acaso las 
\ que, partiendo de la "seiial &urea" sita en 
», van marcando cada milla en los caminos que 
allf arrancan, no vieron confesores de la fe 
ados, degoUados, desangrados por los azotes? 

no son dignas de veneraci6n las catacumbas, 
B de la vida espiritual durante centurias dolo- 

iAcaso no lo es ese puente Milvio por el 
iy6 Majencio derrotado por Constantino, ase- 
[ose con ello la libertad de la Iglesia? ^iNada 
can ni dicen los templos levantados desde co- 
is del Medio Evo, como ese San Lorenzo in 

Verano, que habria de ser conservado tal 
I encuentra ahora para atestiguar la barbaric 

6poca que se pretende culta? ^A qu6 santua- 

Roma no esiA vinculado algiin episodio de la 
nizaci6n del mundo? ^No pertenecian al mo- 
,o benedictino pr6ximo a San Pablo extra 
esos religiosos que ob'edeclan a la regla oriun- 
Monte Cassino, y fueron enviados por el Pa- 
n Gregorio para evangelizar a Inglaterra? 
isit6 las 'm&s antiguas entre esas basilicas el 
ible monje saj6n Uamado San Bonifacio, que 
i68tol de Alemania? ^No partieron de alll los 
scanos que en el siglo XIII emprendieron la 
de ir hasta China para Uevarle el Evangelio? 
>Io eacrfbir, en breves p&rrafos, la historia de 
tLifioB romanos, redactarlamos al mismo tiem- 
relato de la civi]izaci6n cristiana del mundo. 
io esto no contiene m&s que valores materia- 
ITamos, quien habla asi carece verdaderamen- 
inteligencia, no s61o hist6rica, sino m&s pro- 
ite humana! 

pr£ndaselo bien, aun cuando fuera destrufdo 
no vestigio del cristianismo en Roma, para lo 
^rla necesario aniquilar hasta la menor pared, 
mismo constituirfa un padr6n de gloria pa- 
^glesia, y de ignominia para quienes, cualquie- 
n ellos, lo hubieran transformado en yermo. 
esia es la mayor constructora que ban cono- 
B siglos; y los valores espirituales que ella sig- 

representa y difunde ni pueden ser trasfor- 

en trincheras, ni aniquilados a canonazos. 
to agradecer& ciertamente la human idad a los 
es que hubieren emprendido una u otra tarea. 
3 se nos venga a justificar la destrucci6n de 
Qumentos romanos con la de otros, previamen- 
utada. En primer lugar los atropellos de unos 
nan inocentes los de sus adversarios. En se- 

lugar, — y esto es principalfsimo — , los mo- 
toa de la civilizaci6n general y los de la vida 
na y cat61ica que se encuentran en Roma no 



son ingleses, ni alemanes; ni siquiera son propia- 
mente italianos, ni tampoco romanos: constituyen 
el patrimonio de la humanidad entera, y todo aten- 
tado contra ellos, venga de una u otra parte, se ase- 
meja a un suicidio. Por esto levanta su voz el San- 
to Padre, que lo es de los cristianos y del mundo ci- 
vilizado, y se esfuerza en amparar de la ruina lo 
que es de EI. pero que tambi^n es de todos. 

Pienso en la figura de S. S. Pio XII, tan familiar 
a los argentinos. Desde las ventanas del Palacio Va- 
ticano su mirada puede extenderse ^obre casi todo 
el panorama de la Urbe. Ha manifestado que en nin- 
gtin caso la abandonar^, si no es arrastrado por la 
fuerza. No se encerrar^ en refugios pues no los tie- 
ne para sus hijos en cantidad suficiente. Es doble- 
mente romano, segtin la came porque naci6 en Ro- 
ma, y segun el espiritu porque es Pontifice romn- 
no, de la Iglesia que adem^s de una, santa, cat61i- 
ca y apost6]ica, tiene por sede propia y primacial 
a Roma. Extiende sus brazos no s61o sobre los mo- 
numentos del cristianismo, sino tambi^n sobre los 
que el paganismo edific6. ^De qu6 estar& compuea- 
to el mafiana que ya se dibuja, negro, en el horizon- 
te? ^Estallard la tempestad arrasadora? Espera- 
mos. queremos esperar que no; pero un oscuro pre- 
sentimiento nos dice que, si no la guerra militar de 
ahora, muy probablemente la guerra social de ma- 
iiana, atentar^ contra el Vaticano, los monumentos 
que aspira a proteger, y tambi^n contra la persona 
de su jefe. Pip XII no lo ignora: quiziis tenga la 
suerte de muchos de sus predecesores, el destino de 
Pedro, y acabe sus dlas en el martirio. Todos los 
actos de su existencia nos dicen que est& prepara- 
do para ello. 

Cualquiera sea el futuro, la Iglesia no perecer& 
porque una bomba de aviaci6n eche al suelo la ctipu- 
la de San Pedro, o porque se abran trincheras y ca- 
ven trampas para tanques a trav6s de las naves de 
San Juan in Laterano. No morir& tampoco porque 
S. S. Pio XII sea encarcelado o decapitado: alg<in 
rinc6n del mundo estA designado ya por la Provi- 
dencia para que en 61 se retina el Conclave que eli- 
gird su sucesor, como inesperadamente lo fu6 Ve- 
necia cuando Pio VI falleci6 en las prisiones de la 
Revoluci6n francesa. NIngtin temor podemos abri- 
gar por el manana espiritual de la Iglesia. Nb es 
imposible que ella, o mejor dicho el mundo de los 
cristianos, haya menester de una purificaci6n, y que 
S. S. Pio XII est6 sefialado como victima propicia- 
toria para el tremendo y oportuno sacrificio. Lo que 
me ha movido a escribir los p6rrafos que preceden,* 
mds que la angustia por lo que pertenece en pro- 
piedad a la Iglesia, es el miedo de que se vea me- 
noscabado el patrimonio de la humanidad entera. La 
Iglesia sobrevivir^ a esta crisis como super6 tantas 
otras en el decurso de su historia; pero todo el pen- 
samiento y todo el esfuerzo material de los hombres 
no logrard reparar lo que fuere destruido en el or- 
den del arte, de la ciencia, de la historia. 



•KB5k 



Por la voz del Papa, que pide piedad para los mo- 
numentos, se deja oir la de todos los hombres que 
estiman los valores espirituales. El Santo Padre no 
defiende bienes materiales, sino lo que es propiedad 
de la f e y de la cultura. Esperemos que, a pesar de 



todbs los enconos, sea ella escuchada por los 
de uno y otro bando, que tienen sobre su co: 
cia la responsabilidad tremenda de gobernar 
pueblos. 

Gustavo J. FRANCESC 



COMENTARIOS 

Libertad de hablar y: libertad de mentir 

LA reclamacidn formulada por el gobierno ar- 
gentino ante el urugtiayo por los ahitsos in- 
calificahles en que incurrieron ciertos perio- 
dicos y radios del mentado pais, y la sancidn que 
hubo de aplicarse a un diario de Buenos Aires por 
haber difundido noticias escalofriantes e inexactas, 
nos demuestran que es necesario distinguir entre la 
libertad de palabra o de imprenta y la de extraviar 
enganar a las gentes, ofendiendo ademds a los go- 
Memos y ciudadanos extranjeros. . 

No soy enemigo, — como se lo han permitido afir- 
mar algunos — , de la libertad de imprenta, siemprc 
que sea ella contenida dentro de ciertos terminos, 
senalados por la veracidad, la cortesia, y los dere- 
chos ajenos, Creo que la supresidn absoluta y con- 
tinuada de dicha libertad es danosa, en primer lugar 
para los mismos gobernantes, que acaban por igno- 
rar el estado de la opini&n publica. Conozco histo- 
ria lo suficiente para saber qui consecuencias trajo 
esa supresidn para Napoledn /, y que males infirid 
a Napoledn III durante los ultimos diez anos de su 
rigimen; y tengo para ml que ni el senor Mussolini 
ni el senor Hitler se hallarian en el punto en que 
se encuentran si en sus respectivas naciones hubie- 
ra podido existir una prensa que no fuera totalmen- 
te incondicional. Tdmese si se quiere los periddicos 
como los faroles rojos de los trenes, que indican el 
peligro, y atiendanse sus sefiales porque de lo con- 
trario hay la posibilidad de inesverados choques. 

Pero de ahi a la libertad de -mentir, de inventar 
patranas, de utilizar la palabra escrita como arma 
de mala calidad o como instrumento de odio, va un 
mundo. El martes pasado, por la manana, iba yo por 
el centro de Buenos Aires en un coche provisto de 
radio,- y mientras circulaba tranquilamsnte por las 
calles ola la descripcidn de sangrientos combates que 
se estaban efectuando en estas mismas calles segun 
alguna radio de Montevideo. Bastaba sin embargo 
un simple golpe de teUfono para saber que los co- 
fnercios estaban abiertos, que los Bancos eyitraron a 
funcionar a la hora habitual, que la Bolsa de valo- 
res efectud sus operaciones de siempre, que los ve- 
hiculos de transporte colectivo efectuaban su reco- 
rrido de costumbre, y que el cuartelazo del teniente 
coronel Ducd habia terminado ridiculamente y sin 
derramarse una sola gota de sangre en las afueras 
de la Capital. lY quS decir del periddico que en su 
ultima edicidn lanza. sin estar ella absolutamente 



controlada, una noticia que, transmitida lueg 
telifono a innumerables citcdades y pueblos del 
rior, destruye la tranquilidad de familias por 
res, alborota las gentes, crea una situacidn ano 
lEs licito proceder a^i? A falta quizds de I 
razdn y la moral dicen que no. 

La palabra es un instrumento que nos ho 
dado para revelar la verdad, y no para encubr 
torcerla. Afirmar como verdad lo que se sabe 
puede fdcilmente saber, que es inexacto, cons 
el pecado de Tnentira; y si esta mentir a per 
al prdjimo merece el duro calif icativo de calu 
Feo es, e ignominioso para quien de esta m 
obra, el proferir una mentir a o una calunvnia 
una sola persona, sobre todo si se conoce que e 
dula. iCdmo se ha de juzgar entonces a quien 
este ginero de afirmaciones a los cuatro vi 
con lo que se expone a envenenar un pueblo e 
y a difundir la falsedad ha^ta mds alld de /as 
terasf 

En los casos de que aqui trato, a lo dicho se 
ga el ridiculo, porqvs al fin y a la postre los J 
se encargardn de desmentir y dejar en descu 
a los elaboradores de infundios. Pero de todo 
dos el mal estd hecho; no en vano decia Vc 
'*mentid, mentid, que algo queda"; siempre 
quienes prefieren admitir lo avieso que dejars^ 
veneer por la realidad palpable. 

Entre el diario, o las estaciones radiotelefd 
y su publico, hay una especie de contrato tdciU 
gentes pagan o escuchan para recibir noticias 
tas, sea mercaderia sana, y otorgan a quien 
proporcionan palabra hablada o escrita su co 
za, que vale mds que el dinero. Asi como la lil 
de comercio adm/ite ,y aun en ciertos casos exi\ 
control que impida envenenar el cuerpo de los 
tes con alimentos en malas condiciones, OrSi ta 
la libertad de palabra ha menester, si no de un 
sura previa, por lo menos de una sancidn en 
para los que trasgredieren los limites senaludi 
la moral, extraviando el criterio publico con i 
ras con insinuaciones malignas, - 

Y si no quiere admitirse la doctrina catdlica 
tese, al men^s la libei^al, segun la cual el limi 
derecho propio estd constituido por el derecho 
Los paises extranjeros, asi como sus gobierno 
nen derecho a ser respetados; si no se proced 
forme a esta regla son casi inevitables las re 
tas, que irdn trans formdndose en polemica ei 
da, y acabardn por perturbar las relaciones ent 
naciones. Semejante obra es de todo punto coi 
ble, y la autoridad civil de cada pueblo tiene n 



226 



reeho aino tambiin el deber estrtcto de haeer 
' a lo8 insolentes y a loa mentirosos, a no aei' 
lesee provocar un conflicto, lo que es inadmisi- 
?n todo easo la lihertad de palahra debe ceder 
un bien superior, 
mos creido deber fijar con precisidn nuestro 



modo de ver en esta categoria de asuntoa, porque van 
ya varias vecea que tan deaagradablea incidentea ae 
producen, con lo que ae aiembra diacordia entre her- 
manoa. La libertad puede perfectamente concUiarae 
con el reapeto mutuo que ha de exiatir aiem/pre entre 
hombrea civUizadoa. 

G. J. Fr. 




ESTETICOS EN LA 





ROBLEMA, equivale a proposicion dubitativa 
cuya resoluci6n se impone. Estetico es lo con- 
ceptual de la bolleza, por definicion. America- 
— ^vocable que nada tiene de comun con ideo- 
\ doctrinarias — expresarianos la ubicaci6n geo- 
ea de la materia musical que nos trae en cues- 

proposito, he de circunscribirme en este bos- 
, al arte musical latino-americano. En primer 
no, por cuanto el polimorfismo y vasto pano- 

de la musica de Estados Unidos de Norte 
ica, reclaman tratado especial; y en segundo 

por el nexo de cardcter, sabor, prosapia, simi- 
js melodico-ritmicas, etc., que constituyen de- 
aador comjQn en la musica indo-americana. 
primera vista, pudiera parecer inusitado y pe- 
no habdar de problemas est^ticos en nuestra 
ca verndcula; y quienquiera escuche una Vi- 
norteiia, un Huajmo del altiplano de Bolivia o 
danza brasilena, no imaginary sin duda otra co- 
ue bellas y melanc61icas melodias o pujantes e 
ivos ritmos; suponi^ndose por ende a sus ano- 
8 autores en el instante creador, ajenos a toda 
;apaci6n sobre problemas t^cnicos o est^ticos. 
lana verdad, en principio! 

mtisica popular, en todos los tiempos y en to- 
los paises, surge al dictado del corazon, brota 

el agua de las vertientes o se exhala como el 
ir de los pdjaros. El problema estetico, en po- 
a, no se plantea "a priori"; desctibrese o apun- 
OBteriormente al goce de la b'elleza indubitable 
percibimos. La emocion estetica nos avisa lue- 
e la estructura lograda, de la frase melodica 

y del ritmo colorido. Y de tal modo, la copla 
nor o la danza rustica sobreviven de generacion 
eneraci6n. 

apero, cuando el artista del terruno, dueiio del 
fe acad^mico, iluminado por la fuerza telurica 
isolidada en su espiritu la conciencia artistica 
nal; cuando el musico — decimos — pugna por 
r al pentagrama la quintaesencia de la savia re- 
il que aquellas canciones y danzas trasuntan, en- 
«, imperativamente, surgen los problemas est6- 
. Y no se puede prescindir de ellos, so pena de 
la obra de arte sufra quebranto. 

Partendn, "Notre Dame" de Paris y la Pasion 



segdn San Mateo de Bach, construidas fueron ajus- 
tdndose a problemas t^nico-est^ticos que asegura- 
ron a la humanidad, por todos los siglos, la percei>- 
cion de su belleza. Nuestra arquitectura colonial la- 
tino-americana, con maravillosos ejemplares en M6- 
jico y Lima, nos dice de igual modo sobre tales pro- 
blemas. 6 Puede exceptuarse, entonces, a nuestra mti- 
sica, de tan rigurosos principios? Evidentemente, no. 
El miisico americanista de ley, a diferencia del pa- 
yador de feria o del rapsoda coleccionista, tiene un 
deber ineludible: La supervivencia eatUiatica del 
cancionero, 

Su cumplimiento no estribard, seguramente, en la 
utilizaci6n especulativa de motivos tipicos; ni en su 
revestimiento epid^rmico a base de armonias en su- 
cesi6n de originales disonancias o modulaciones a 
tonos lejanos, de sorprendentes efectos. Todo lo con- 
trario. Para dicha supervivencia, lo trascendental es 
una honda elaboraci6n de las ideas mel6dicas o rlt- 
micas, a manera de las columnar marmoreas del Par- 
ten6n o de los arbotantes de "Notre Dame". 

La inteligente erudicion arqueologica sobre las 
civilizaciones precolombianas, formardn sus cimien- 
tos. El conocimiento claro y preciso del instrumen- 
tal aut6ctono, sus posibilidades tonales, timbres pro- 
pios ,etc., han de constituir sus tutores firmes para 
la estructuraci6n musical. Y lo que es mas: vivir la 
situaci6n, compenetrdndose allf, sobre el terreno, 
junto a la morada del "coya" que arranca melanc6- 
licos yaravies de la quena arcaica, bajo la b6veda 
azul tachonada de estrellas, en las silenciosas noches 
de Humahuaca. Ya en la "ruca" del araucano que 
taiie la "trutruka", mientras la "machi" hechicera 
entona sus cantos al compas del *kultrun"; o dentro 
de la jungla del Amazonas, para plasmar en su pro- 
pia inventiva, la embriaguez ritmica desusada que 
poseen los giros selvdticos del tropico. 

Entonces, el milagro se opera. Los conocimientos 
t^cnicos universalistas del musico se valcar6n en el 
papel pautado, y los problemas acad^micos dar^n pa- 
so Mcilmente a estotros problemas esteticos. La me- 
lodia se dibujard en un pentatonismo sin rebusca- 
mientos, y los ritmos combinados o sesqui^lteros 
otorgaran al compos ese sabor "sui generis" que se 
acusa de inmediato al oyente m&s desprevenido. 

Entonces el piano, el cuarteto de cuerdas o la voz 



2SR 



humana, no han de resonar con virtuosismos extem- 
porineos; ni tendr&n giros aribigos o configuracio- ^ 
nes de cuiio extranjerizante, las melodiaa rotuladas 
"quechuas". 

Alguna vez yo he escrito, que del deficiente cono- 
cimiento y peer divulgaci6n de nuestra mdsica na- 
tiva, surge en buena parte el desprecio que por ella 
tienen muchos de nuestros mdsicos m&a capacitados; 
y que se hace menester su sana divulgaci6n, no a la 
manera de los folkloristas adocenados, sino en for- 
ma diddctica como su real categorfa merece. Agre- 
gaba entonces que un buen ntimero de compositores 
radicados en la Capital Federal, y que por impe- 
dimentos de diversa Indole no logran llegarse hasta 
las pristinas fuentes de nuestro cancionero, se be- 
neficiarlan con estudios analiticos sobre miisica e 
instrumental autoctono. 

Deb'e darse por demasiado sabido que la mtisica 
americana proviene de dos ralces fundamentales: la 
aut6ctona o precolombiana y el aporte de la conquis- 
ta. Cabe mencionar el no despreciable injerto de la 
mtisica negro-africana. 

De la primera raiz, las civilizaciones maya, az- 
teca e inca dan cuenta en modo magnifico. La ralz 
segunda, vale decir el cancionero popular que tra- 
jeron a esta tierra los heroicos conquistadores con 
sus vihuelas, guitarrones y rabeles, estii constitulda 
por el riqulsimo bagaje de coplas, fandangos, segui- 
dillas, zapateados, etc., que muy pronto se amalga- 
maron con los cantos y danzas esencialmef^te nati- 
vos; form&ndose en virtud de este consorcio, la mti- 
sica criolla propiamente dicha. Sin perjuicio de que 
la ralz aut6ctona continuara generando paralelamen- 
te a su vigoroso retofio un acervo, cuya prosapia le 
asegura vida perdurable. ^ 

Vaya como aseveraci6n de lo expuesto, aquello que 
acontece entre los compositores latino-americanos en 
lo que va desde bace un cuarto de siglo. Vemos per- 
filadas nitidamente tres tendencias o corrientes es- 
t6ticas en la creaci6n o composici6n musical propias 
de cada pais o regi6n. 

La primera corriente estaria dada por aquellos mu- 
sicos que bien podrian denominarse "formalistas". 
Para ellos, la obra de arte nacional tan s61o impli- 
ca, amto de la nacionalidad del autor (argentino, 
brasileiio, chileno, peruano, etc.)> el hecho de enfo- 
car un tema del terruiio, ya fuere en un libreto de 
6pera, en un asunto coreogr&fico o en el tltulo de 
obras de c&mara; con abstracci6n absoluta de los es- 
tilos especificos en cuanto al folklore respecta. Y 
mucho menos se detienen a plasmar en la estructu- 
raci6n de sus obras, el clima o atm6sfera del paisa- 
je sonoro mediante el empleo de melodias, giros y 
ritmos que acusen la esencia nacional en los temas 
o asuntos propuestos. 

En tales obras — y hemos de referimos, desde lue- 
go, a composiciones de valores reales — campea el 
criterio acad^mico o formal, sin diferenciaci6n al- 
guna de sus cong^neres magistrates propias de los 



pafses europeos; con muchas de sus virtudes : 
chfsimas deficiencias de que no adolecen las 
maestras en la mt!isica universal. 

Este esp6cimen "pseudo americanista", todo Ic 
puede ser tenido como un modelo de arquitectur 
sical para la enseiianza de la composici6n, ar 
y contrapunto; y sus autores, a fuer de sign 
en justicia un orgullo para su pais de origei 
sus f acultades t6cnicas, de inventiva o de t 
musical, no aportan el menor caudal en la ec 
tica americanista propiamente dicha. 

La segunda corriente responde al principio I 
que establece un perfecto equilibVio entre la e 
tura formal y el fondo de ambiente que ni 
folklore reclama. Tal tendencia que llamarlamo 
tilfstica" no desdeiia, por cieflto, la utilizaci* 
las preceptivas escoldsticas universales, y coni 
en el pentagrama los mAs diversos cdnones, ab< 
do innumerables g6neros (desde la sinfonfa ha 
piano y canto de c&mara, pasando por el '*b 
cuarteto de cuerdas, etc., etc.). 

Pero alii dentro, con fuerza teWrica y sii 
personalidad se encuadra un paisaje polfcron 
minoso, con lineas de ondulantes y pttreas n 
fias; oy^ndose la sonoridad buc61ica de las que; 
dibuj&ndose los cactus o k)s sauces, merced a 1 
lodia pristina sabiamente manejada dentro ( 
pentatonismo arcaico, unas veces, y otras, me< 
los ritmos y giros evocadores de las guitarras 
peanas. 

All! el mAsico se plantea el problema de p 
evocar o sugerir todo un mundo de sensacionc 
li^ndose de medios legftimamente t^nicos pei 
sificAndolos en la medida mel6dico-arm6nici 
trasunte un sabor equivalente al que tiene la 
te originaria elemental de las canciones o c 
nativas. 

Y m&s atin: en las obras instrumentales, coi 
habilidad se suele imitar refinadamente el coi 
de sonoridad propio de las agrupaciones de i 
mentos tipicos, que los paisanos de la llanura 
coyas del altiplano emplean. Y ello, en virt 
amalgamas en los timbres o en la disposici 
pianos que confieren a las familias instrumei 
sobre manera en la disposici6n de los instrur 
de viento, atemperados para la cabal evocaci( 
instrumental indigena; restAndole a la cuerdi 
tas exacerbaciones liricas tan comunes en la i 
europea. 

Esta tendencia estaria llamada, por propii 
vitaci6n, a formar la escuela nacionalista por 
nomasia, en cada uno de los paises del contj 
Al igual que ha ocurrido con el "grupo de Ic 
co" en Rusia annediados del siglo pasado; de 
mo modo que los Smetana, Dvorak y Fiebich 
tituyeron el nacionalismo musical checo; y 1 
nera que por sedimentacion prodigiosa, desde 
niz hasta el genial Falla, qued6 consolidada 1 
sica netamente espaiiola de jerarquia; sin de. 



eionar por otrs parte, aquella manifestacidn de 
onaliBmo musical noruego, pequefia pero inmen- 
m hermosura, que el portico Grieg dejara for- 
tlada para todos los siglos. 
R tereera corriente, menos definlda que iaa an- 
[kres, si calificaci^n detnanda, puede llamarse 
dicionalista". Agrlipanse en torno a ella valorea 
ares, desde el mfisico de proba idoneidad, hasta 
ompoflitor inciplente pero plet6rico de inspira- 
. Todos eDoa hermanados en tin denominador 
6ii; desbordante temperamento racial y amor 
idrsdo por las cosaa del terrufio. 
II labor no se caracteriza precisamente por el vir- 
Jsmo formal; y no se crea que esto pudiera ocu- 
por incapacidad tunica de muchos de eltoa, pues 
te pruebas de que los hay harto competentea en 
eria musical. Eiiq>ero, la pujanza po^ica que 
wrda del contenido meI6dIco, hace disimular de 
n ffrsdo la necesidad de escudriOar problemas t4c- 
■s o complicaciones de ciencia constructiva. En 
:rofl autores de menor aabtdurfa y de modestos 
iraoa acadimicos, vale y con mucho para com- 
lar esto, su musicalidad senaitlva y la verdad de 
ienguaje mel6dico que sabe expresar lae Ideas pa- 



ra legftima seduccidn del oyente, del erudito y de la 
misma cr!tica. 

Referidaa las apuntadas tendencias, en ellas pode- 
mos encontrar una pl^yade de figuras representati- 
vaa dentro del con sore io musical latin o-americaao. 

Genial alguno, talentoa excepcionales muchos otroa, 
y maestrOB de verdad en el arte privilegiado de la 
composici6n, ta mayorla, Exciasesenos de discrimi- 
nar y clasiflcar loa distintos valores que tales re- 
presentan en cada una de las corrientes que nos trae 
en cuesti6n. El lector avisado por la sana critica j 
el aereno juicio de todos aquelJoa que sabea escu- 
char y saborear nueatra milsica, podrfin ubicarles 
perfectamente en su cabal jerarqula. 

Por tanto: 

Problema o proposicidn a resolver: 

Ubicaci6n cabal de la mtisica (cancidn o danza) eo 
tiempo y eapacio; ya fuere la mera evocacidn pre- 
colombiana o la supervivencia de su eatirpe mel6di- 
co-ritmica (pentatonismo biaico), a manera de pro- 
ceso imaginativo que le guarde su sabor y caricter. 
Ya intente el artiata re-crear el fendmeno de aim- 
biosis maravilloaa, operada entre los elementoa in- 
dio y colonial (espaiioi o portugu6s} o bien ae aten- 



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La sabidurfa cbnsiderada como serenida<i 



ENSAYO BIBLICO 



PARA mejor apreciar el valor de la sabidurfa, 
conviene presentarla en claroscuro o contraste 
con la ordinaria condicion de los mortales, que 
el hijo de Sirac en el divino libro del "Eclesi4stico" 
nos seiiala con estas palabras: "Una molestia grande 
€8 innata a todos los hornbres y un vesado yugo 
abruma a los hijos de Addn, desde el dia en que sa- 
len del vientre materno, hasta el dia de su ehtierro 
€n el seno de la comun nvadre** (Ecli. 40, 1). 

El rniedo es la caracterlstica de ese estado de na- 
turaleza calda en que nos encontramos normalmen- 
te. No se trata del miedo excepcional, caracterfsticb 
de la mala conciencia que, como dice Moists, huye 
sin que riadie persiga (Lev. 26, 17), y, como dice 
David, tiembla de terror donde no hay motivo (Sal- 
mo 52, 6). Se trata del miedo en su acepcion mas 
lata, y de 61 poseemos una definicion admirable que 
nos da el Sabio del Antiguo Testamento. 

El Libro de la Sabiduria, segtin la Vulgata, nos 
dice que "no es otra cosa el miedo sino el pensar 
que est6 destitufdo de todo auxilio" (Sab. 17, 17). 
El texto griego (v. 12) define el miedo como "el 
abandono de los recursos que nos daria la reflexion", 

ga m^s menos cenido al folklore, residual llegado 
a nuestros dias, adentr^ndose en su geografia mu- 
sical (ritmos y gii'os melodicos particulares) para 
el trasunto del sentido portico y coreografico. 

El talento del mdsico hara el resto; trasmitir^ 
mediante su obra, el venero legitimo mil veces fa- 
cetado a trav^s de su propia y afiligranada compo- 
sici6n. Eh todo ello estriba, precisamente, el proble- 
ina estetico por antonomasia de nuestra musica ame- 
ricanista. 

HSct07- L GALLAC 



cosa que, segun sabemos, puede llegar hasta e 
rror pdnico que casi enloquece. 

En contraste con tal situaci6n de animo, el 
mista nos muestra, como propia del sabio, estj 
racteristica : "No temerd las malas noticias". Y i 
ga que su coraz6n es inconmovible y no tem1 
ante sus enemigos, antes bien los despreciard 1 
que los vea abatidos (Salmo 111). 

iEs esto el valor estoico? No, pues no se f 
en la propia suficiencia, siempre harto falible, 
en la seguridad de una indefectible protecci6n 
miedo es, pues, contra la fe, esa fe de la cua 
bem6s que es la vida del justo, como exprei 
Apostol de los gentiles en la Epistola a los R 
nos (1,- 17). 

Otro aspecto de la sabiduria considerada com 
renidad, estriba en su car^cter universalista (p< 
decirse totalista), que no se altera, de alegrfa i 
tristeza, por acontecimientos cuyo inter^ s61 
parcial. Su aspiraci6n no tiene limites, y bu» 
supremo porque vive^en lo absoluto. 

Asi, pues, cuando las propias obras parecen 
perar, ella* no se entrega a la complacencia, s 
suele hacerlo el hombre natural, en tanto suf 
humanidad entera. Ni tampoco se aflige dema 
al ver que desborda lo que San Pablo llam6 "el 
terio de iniquidad" (11 Tes. 2, 7), por lo misnn 
lo tiene ya previsto segtin las profecias. 

A este respecto, el Salmo 36 de David ofreci 
gran luz, que se aclara aun m4s si consultam 
original hebreo. En efecto se nos exhorta a n( 
vidiar a los que obran la iniquidad (Noli aem 
in maiignantibus) , aunque nos parezca que loi 
mos triunfar, porque pronto se marchitav&n y 
r^n. como el seno. Y el hebreo precisa mas el 



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diciendo: "No te acalores a causa de los ma- 
Y k) mismo mis adelante (v. 8), en lugar de: 
uieras ser 6mulo en hacer el mal", el hebreo 
"No te irrites, pues seria para maY\ De ahl 
. Isidro de Sevilla recomiende la lectura y me- 
6n de este Salmo como medicina contra las 
uraciones y contra las iniqmdades del alma. 

Qos, pues, que, aun la santa indignacidn que 
eva a alarmarnos ante la maldad triunfante, 
^mperada por la sabiduria. 

!hos otros salmos, p. ej. el 48, y especialmen- 
72, explican igualmente el problema del mal 
B impone y de la prosperidad que suele gozar 
Ivado, para ensenarnos a no turbarnos y a no 
. Por lo que hace a esta actitud valiente del 
f rente al mal, y aiin a la persecuci6n propia, 
verse muchas otras sentencias — cuya expo- 
aqui nos llevaria muy lejos — en Jos Salmos 
22. 4; 26, 1; 55,5; 117, 6; Mat. 10, 28; Rom. 
. etc. 

hay todavia otra ensenanza muy profunda 
Sabiduria, para utilidad de todo hombre de- 
de cumplir esa misi6n, que a todos nos alcan- 

1 difundir la verdad y el bien entre sus seme- 
1. Hallamos esa leccion en la formula lapida- 
! San Lucas: "Semen este verbum Dei": la pa- 
es semUla. 

ere decir, pues, que el sembrador ha de con- 
'se con dejar caer su simiente. ^Quien pensa- 
1 golpear la tierra para apresurar la germi- 
1? La vida en germen, la planta. no estd en la 
I, sino en el grano, y de ahi el valor inmenso 
palabra, valor que depende de su calidad. Pe- 
tierra no puede ser forzada, y si ella no es 
lia, en vano pretenderiamos cosechar. 

aos asi otro aspecto interesante, y eminente- 
pr4ctico de la sabiduria, porque aqui ella nos 
[ue, aiSn en la materia mas importante, como 
celo por la verdad, no hemos de querer hacer 
cia. Cuando los fariseos se escandalizan de su 
da sinceridad, Jesus, lejos de discutir con ellos, 
I los suyos: "Dejadlos: son ciegos, que guian 
:os" (Mat. 15, 14). Y cuando El envia sus dis- 
8 a evangelizar "como corderos entre lobos", 
anuncia la persecucion como un sello de auten- 
i^ no les manda imponerse, ni discutir, sino al 
irio: "Si no os reciben y no escuchan vues- 
3alabras, sallos de aquella casa y de aquella 
i sacudiendo el polvo de vuestros pies" (Ma- 
), 14). 

'eguemos, para terminar, un capitulo mds in- 
El que se ref iere a la felicidad interior, cuya 
nidad nos garantiza la Sabiduria. 

pieza por la paz inconmovible de la concien- 
' nos dice: Si ves que has sido fiel, don de 
es esa fidelidad que te llena de gozo. Nk) te 
s. Despu^ que hubiereis hecho todas las cosas 



que se os han mandado (por Dios), hab^is de de- 
cir: siervos indtiles somos" (Luc. 17, 10). 

Si ves que has sido infiel, y estds de ello pesaro- 
so, tambi^n es don de Dios esa contrici6n que se po- 
ne tan cerca de El como cuando eras fiel, y atin 
mds, porque el coraz6n contrito es el sacrificio gra- 
to a Dios (Salmo 50). Y lo es por razon de amx>r 
paternal, pues El sabe esa gran paradoja de <[ue 
"ama menos aquel a quien menos se le perdon^" 
(Luc. 7, 47). 

Sapientia sapida scientia», dice S. Bernardo, esto 
es: la sabiduria es ciencia sabrosa, que entrana a 
un tiempo el saber y el sabor, Es decir que probar- 
la es adoptarla, pero tamb'ien que nadie la querrd 
mientras no la guste, porque ni puede amarse lo que 
no se conoce, ni tampoco se puede dejar de amar 
aquello que se conoce como soberanamerite amable. 

Hay, pues, que buscarla, porque, "si alguno de 
vosotros tiene falta de sabiduria, pidasela a Dios, 
que a todos da copiosamente sin zaherir a nadie" 
(Sant. 1, 5). Mds aun, la sabiduria, "se anticipa a 
aquellos que la codician, poni^ndoseles ella misma 
delante". Por lo tanto, quien la buscare, "no tendrA 
que fatigarse, pues la hallard sentada en su mi^ma 
puerta" (Sab. 6, 14-15). Y esto es porque el Divi- 
no Padre,, que es bueno, dar4 el buen esplritu a 
quien se lo pida (Luc. 11, 13). 

Mons. Dr, Juan STRAUBINGER 

Prof, de Sagrada Escritura del Se- 
minario de La Plata 



/ 



f ESTAS PRESENTE. OH DIOS! 



Todo se manifiesta en tu presencia, 

Y todo en Ti comienza y se concluye; 
El rio de la vida hacia Ti afluye 

Y la muerte limita en Ti su urgencia. 

Ante Ti se reduce toda ciencia, 

Y todo en Ti se capta y se construye; 
Tu amor nada recibe y retribuye 
Un mundo entero por su diferencia. 

Estds presente joh.Dios! en toda hora. 
En que la vida su visidn demora; 
En el drbol, el pdjaro y la fuente. 

La nube^ el astro, el sol, la luna, el cielo, 
Imposter gables son en tu desvelo, 
jOh, Dios, del alto amor tan diligente! 

Maria Rdquel ADLER 



2&V 




T E A T R O 

EN MI CASA MANDO YO 

Y si tal cosa es cierta, querido lector, no deje que 
lutdie de la familia vaya a ver esta obra. 

El pdblico que asistio al estreno de este sainete lo 
festejd con bastante entusiaamo y Begun las referencias 
del programs, id^ntico ixiUt ha acompanado al enges' 
dro en Madrid y Mexico. Pero ante esa realidad y por 
mAa esfuersos que hicimoa, no pudimoB comprender per 
qu£ nueatra impresi6n fu^ exactatnente la inversa. 

No conociamoa loa nombrea de los autorea y no cree- 
moB que Ueguen a aonar familiarmente en los oidos 
de las generaciones venideras si inaisten en dar a co- 
nocer obras de las tesitura de la que comentamos. 

Bl sainete es un g^nero teatral de segunda o tercera 
categoria pero cargado de gracia popular al extremo 
de haber habido varios maestros del ginero. Y hoy, aun 



cuando e3t& en decadencia, cuando alguien va a un sai- 
nete lo hace penaando en pasar un rate intrascendente 
qu)z&, pero entretenido. , 

Y no es ningiin misterio que de Garcia Le6a y el re- 
pertorio espaiiot podfa esperarse algo niAs diacreto, y 
en ningiin momento ^sto. 

No hay 'nada en este estreno. No hay gracia, no hay 
interea, no hay originalidad y no hay int^rpretes, aun 
cuando nos abetenemos de abrir opini6n hasta una se- 
gunda interpretaci6n, ya que es dificil que un hoen ac- 
tor pueda salvar una mala obra. 

Los chisteB, a base de equivocoB en la pronuncfaci6ii 
mereclan deacansar in aetemum en los polvorientoa ca- 
jonea de donde loa sacaron, y aquellos otroa que tratau 
de hacer reir a costa de las majaderias de un brasile- 
no, ademis de ser pobres exageran la nota burleaca aiu 
ninguna raz6n. Si aiiadimoa a £ato unos juegos de pala- 
bras bastantes burdos, habremos seiialado todoa loa re- 
sortes c6raicos de la obra que son pocoa y de infima ca- 
tegoria. 

La trama que trata de Bostener estas tristea payasadai 
es de interns muy relative, ya que el espectador me- 
dianamente avezado sabe desde el primer momento to* 
do lo que suceder& en escena; y las situacionea con que 
se trata de alargar y completar el curse de lo que im- 
propiamente deberfamos llamar intriga Bon de una fal- 
aedad y endeblez asombrosaa. ' 

Garcia Le6n es el responsable de que tal piesa ae re- 
presente y no juzgaremos au actuaci6n porque le t«ne- 
mos simpatta. De lo dem&s tampoco diremoa nada por- 
que serf a injusto juzgarlos por esto. 

Horalmente tiene pasajes demaaiado burdos. 

Voffoftoful Jim 

Cinematografo 

PARA NOS- En medio del fArrago de cintaa fraac« 
OTROS LA LI- aas de todas las jerarqulaa que Cinfr 
BERTAD Arte viene ofreciendo esta t«mporada 

destacamoB la exhibici6n de A noxa Id 
liberti como un acontecimiento einematogrifico. 

Esta peKcula que Ren6 Clair concibifi y dirigi6 haet 
cerca de diez aiioa, iai la di recta inspiiadora de Iw 
TUmpos Modemoa de Chaplin, y una de lag mis &• 
nas sfitiraa que aabemos se hayan hecho a nueatn 
civiliiaci6n que en au afin de mecanizar al hombre pa- 
ra ganar tiempo ahoga su aut^ntica personalidad espi- 
ritual. 

La cinta se deBarroUa en todo de faraa, lo que per- 
mite al director —^olocindose en un comodlaimo plant 
tangente con la realidad, pero donde el exacto equilibric 
es muy dificil — aprovechar las mliltiplea posibilidadei 
que le ofrece la m&sica, cuyo valor para expresar lu 
emociones tan bien ha de destacado Paul Claudel, 7 el 
movimiento de los individuos y de los conjuntos que tomi 
mucho de la tunica del ballet, y la plAatica en general 
que reaponde a una criterio artiatico definido e intdi' 
gentemente realizado. 



lOSN ET 



CARAMELOS EXpUtSITOS CONCENTRAOOS K LECHE 

IMISKY 



Incnoa AiT«i 



!n cuanto al contenido argumental de la obra, tiende 
lostrar con la mas fina y risuena frivolidad y sin el 
lor acento roussoniano, que el hombre-m&quina es 
esclavo que no puede encontrar su libertad sino fuera 
Ids llamados grandes centros de civilizaci6n: El am- 
ite de una grtin c&rcel modema y el de una fdbrica 
4dada con los liltimos adelantos de la mecdnica, tie- 
para Clair una semejanza casi total, y sobre esta 
ii6n — expresada en imdgenes y apenas sostenida con 
ibras — borda una cantidad de incidentes secundarios 
^cijantes y movidos. 

!sta cinta, que ya ha cumplido sus dos lustros de vi- 
tiene todavla hoy la frescura de lo que es origrinal 
tatinto, frescura perenne que atrae al pi&blico inteli- 
te, acostumbrado a un cinematognrafo t^nicamente 
I adelantado, pero mucho menos interesante en los 
ids aspectos. 

8 Idstima que la copia que se exhibe actualmente, por 
I parte muy nStida y bien ensamblada, haya tenido 
sufrir un sinfin de cortes que por momentos hacen 
ecer al espectador con la dificultad de seguir el desa- 
lo de la cinta. 

Silvia Matharan 

FANTAS- Los aficionados al cine truculento ha- 

D E LA bSan ordenado varias novenas de accidn 

SRA de gracias por el regalo que les prome- 

tla la Universal — la misma que apa- 
lara a Dr&cula y sus descendientes, Frankenstein y 
OS otros — al exhumar al viejo e inquietante perso- 
i de Gaston Leroux. 

ero, ya hay muchos que tienen casos de conciencia 
|ue en la version de 1944 lo principal es la policro- 
y despu^ viene la 6pera; el fantasma queda bastan- 
Ividado y apenas si le dejan hacer unos paseltos re- 
entados en los entreactos pero con instrucciones es- 
^as de no molestar mayormente los alardes vocales 
kelson Eddy y las tres primma donnas que lo acom- 
an. 

nte la impaciencia del espectador amusical desfilan 
'as y 6peraSy hasta una inedita titulada "Amour et 
re'' con musica de Chopin, donde los cantantes arre- 
sn sin pestanear contra polonesas, valses y estudios 
JTO de ambientes lujosos pero que no consiguen en- 
ener la atencion ya muy casanda. Ademas, como la 
a de la accion es oportuna, el director creyo decora- 
hacer aparecer a Franz Liszt con su cabellera neva- 
r su gran corazon, pero demasiado flaco y con voz 
» musical; creemos que el eximio pianista hubiera 
ado un ingles algo mejor. En fin, que mas valiera 
ir recurrido a cualquier miisico an6n4mo para el me- 
er que le confla al gran hungaro. Los espectadores 
Ortiz de Guinea lo hubieran preferido. ^ 

Dotemos i>or fin que Nelson Eddy ha revelado una 
ibrosa condicion que le ignorabamos y que le abre 
rasto campo de posibilidades, ya que en determinado 
lento de la cinta s61o le sobran el frac, la capa y 
ce kilos para ser un perfecto Tarzdn al revolotear 
e cortinados y sogas del escenario y bastidores con 
comodidad que quizes el aut^ntico Weismuller envi- 
a. 

a el liltimo rollo de la cinta — demasiado lejano del 
lero, por cierto— el fantasma se aburre de ser f ig^ura 
egundo piano y serrucha la gran araiia de la Opera, 

a pesar de hacer un ruido ensordecedor, los timpa- 
>s de la gente de la platea est&n anestesiados por 
B^orgoritos del palco escenico y nadie se da cuenta 
a que se les viene el armatoste encima. Alg^o mds 
e rapta a la protagonista, muestra una cara desfigu- 

bastante distinta a la de Lon Chaney en tiempos 

y provoca un derrumbe que lo sepulta, y que es lo 

dentemente bien amaestrado como. para seguir i>or 

.metroB a los heroes de la pelicula sin tocarlos. Todo 

ocurre sin transicion y con tan poco sentido de lo 

ofriante que cuando el publico se prepara para asus- 






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tarse la pelicula ya ha terminado y hay que distender 
los nervios y salir del cine, protestando y compadeciendo 
a los que han dejado dinero en la boleteria para asistir 
a la funcion siguiente. 

Para hacer esto no valla la pena recurrir a un actor 
cxtraordinario como Claude Rains, pero es ^sta una aten- 
cion hacia el publico que hay que agradecer. Nelson Ed- 
dy es un buen atleta y el resto del reparto abulta bas- 
tante ya que son muchos. El verdadero culpable de este 
atentado es el director Arthur Lubin. 

La pelicula no tiene objeciones de indole moral, pero 
en particular no puede ser vista por los chicos y en 
general no deberia ser vista por nadie. 

F O R J A DE Pocas veces tenemos ocasi6n de comen- 
ALMAS tar peliculas de la nobleza y buena vo- 

* luntad de la que nos ocupa. Trata de 
la vida del f amoso Padre Manjon, gloriosa f igrura del cle- 
ro espanol que dedic6 su vida a la educaci6n del pueblo 
en el mas amplio sentido de la palabra. Su fig^ura ha si- 
do tratada con respeto, admiraci6n y carino y dentro de 
un marco cinematografico que bace recordar a las me- 
jor es peliculas espafiolas. La fotograf ia, por ejemplo, tie- 
ne gran sentido de la pldstica y de no ser por cierto 
flojedad ritmica, la pelicula seria perfecta. 

CRITERIO se complace en recomendar esta cinta con 
todo entusiasmo, ya que esta bien hecba, mejor interpre- 
tada y superiormente orientada. 



Ha sido esta la mejor pelicula de la 
semana. Hace poco comentdbamos Saha- 
ra y si hubieramos de atenernos a la 
estricta realidad deberlamos repetir 
nuestras lineas ya que aquella es un 
calco de esta interesante y vigorosa cinta rusa en la 
que no se sabe si admirar mas la sobria y vital inter- 



TODOS LOS 
SOL DADOS 
F U E R O N 
VALIENTES 



283 



En otro orden de cosas, Lubitsch satiriza con enfoques 
aifllados (el de la vaca Mabel) que despiertan inmedia- 
tamente la carcajada, pero la maestria de este director 
radica m&s bien en la facilidad que tiene para hacer 
ailorar la sonrisa. 

Graciosa, h&bil, inteligrente y con leve toques de ro- 
manticismo, esta pellcula revela que .mientras haya di- 
rectores europeos el cine norteamericano podr& damos 
espectdculos de grsin categorfa. 

Don Ameche cumple muy bien en las varias etapaa 
de la vida de Henry Van Cleve; Gene Tiemey est^ co- 
rrecta; Charles Cobum demuestra que hay pocos ca- 
racteristicos de su excelencia; Lair Gregrar compone ua 
diabld pleno de sugestion y ^ugene Pallette repite su 
tipo de camicero enriquecido, dificillsimo de conseguir 
con los malices que el lo hace. Pallette es un gran ac- 
tor y Clair, Capra y Lubitsch asi lo entienden ya que 
auele aparecer con roles principales en sus .peliculas. 

Moralmente la pelicula no es recomendable si hemos 
de atenemos a su discutible tesis, pero el tono de farsa 
en que estd hecha y la correccion de sus escenas hacen 
que consideremos que puede ser vista por personas ma- 
yores de criterio formado e informado de acuerdo a las 
directivas que se ban publicado en estas p&ginas. 

LA VERDADE- Hace un tiempo los diarios anunciaron 
RA VICTORIA que se habia descubierto un mineral 

nuevo llamado U-235 cuya pesadez era 
mucho mayor que la de cualquier otro de sus colegas, 
pero desde el estreno de esta pelicula, los argentinos 
podemos enorgullecernos de haber superado con creces 
ese record ya que cualquier escena de La verdadera victo- 
ria es capaz de hacer un agujero en el Oc^ano Pacifico 
en el lugar donde hay nueve mil metros de profundidad. 

Del argumento no se puede hablar porque el Evan- 
geMo dice que hay cosas que ni siquiera deben mentar- 
se; la interpretacion es malisima con el agregado que 
L6pez Lagar habla con tanta lentitud que hace durar la 
vista muchisimo mds de lo que una persona normal pue- 
de resistir; la calidad del didlogo es bajo cero: jamas 
hemos oido tantas estupideces juntas en tan poco tiem- 
po; la direccion es malisima: Borcosque ha hecho una 
pelicula deshilvanada a mas no poder y de paso ha imi- 
tado servilmente escenas de Argelia con ahinco digno 
de mejor causa. ^ 

En muchas oportunidades, el espectador mas atento 
se pierde entre el farrago de tonteras y cosas raras 
que ocurren. Aparecen persona jes inverosimiles sin pre- 
vio aviso que no tienen nada que ver con la pelicula 



y que hacen un bochinche feroz yendose luego a oil 
sus servicios a algtin otro director. Se'fotografian 
zas eroticas sin ninguna raz6n y hasta se insintii 
personaje por el estilo del que hacia Claude Rain 
Casablanca, para matarlo treinta segundos despu^ 
aparecido en escena. 

jCursi, vulgar y mal hecha. La' verdadera victori 
un serio traspi^s de un director a quien se deben 
llculas de calidad y un actor al que en estas mismai 
lumnas hemos considerado excepcional. 

Moralmente no creemos que sea recomendable 
cuando no se la pueda vetar en absolute para pers 
de criterio muy firme. Pero aconsejamos muy sim 
mente a nuestros amigos que no la vean porque 
va a dar un dolor de cabeza feroz y no van a ente 
nada. 

GRAGEA 

Loco por ellas tiene mucho swing, canciones agi 
bles y Mickey Rooney haciendo payasadas con la i 
cacia que lo caracteriza. Eva entre dos Adanes es 
pelicula musical que demuestra como se arruina a 
buena artista como Simone Simon en un ambiente 
inteligente. Suegros rivales promete al principio 
no cumple al fin; empieza bien pero alcanza gr« 
mente un grade de sopor demasiado grande. Bieoavf 
rados los que a man atiborra de canciones y aburre. 
che de suplicios es la que pasan los espectadores. 

RESUMEN MORAL DE LA SEMANA 

Noche de suplicios no puede ser vista por nadie 
verdadera victoria para gente con vocacion de max 
y cabeza muy bien puesta. El diablo dijo no reqi 
sensatez y formacion en el espectador. Loco por 
tiene pasajes revisteriles no recomendables pero 
sentados con cierta discrecion por lo que puede apl 
sele la calificacion que a la pelicula de Lubitsch. 
entre dos Adanes tampoco es pelicula muy visible 
ser invisible del todo y Suegros rivales y Bienavent 
dos los que aman son para mayores. 

LEGION DE LA DECENCIA 

Estan observadas para esta semana : La cantina di 
estrellas y El caradura. Esta ultima sera estrenadi 
el Cine Ocean. 

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I BLIOGRAFI A 



locura de la 
", por el Rdo. P. 
Plus, S. J. Edi- 
I Exceisa. 



De los multiples y vanados Ubros escritos por 
el Rdo. PyR, Plu8^ S, J., el que acaba de tra^ 
ducirse — ya par sy estilo fdciU ameno y rico 
en malices, ya por su fondo de neta y ele- 
vada espiritualidad — puede considerarse,' sin 
alffuna, como nno de los ynejores y wasin^'^irados. 
I traveB de sue pdgiyias marcadas von eue fuego y esa conviccion 
nda y siticera que le caracterizan, analiza detemdamejite algunos 
r nufiMrosoa testinwnios suministrados por los escritos de tos Fa- 
de loB autores y de los Santos, o por la Historia de la Iglesia. so- 
l amor apasionado de la Cruz, en el largo desfile de epocas y de 
»». Ineluye, ademds, en sti estudio^ sabias y prudentes observacio- 
fiotivadas por el numero siempre creciente de almas que, despro- 
I de una sufieiente formacion ds^etiea y, basados, no pocas veces, 
Hncipios falsos o dogmdticamente dudosos, **acarician fdcilm^nte 
imem de cruces fantdsticas, prontas a abandonar ne gl i gent erne nte 
her eotidiano; o de otras que, artastradas por un vocabulario que 
% SUM imaginaciones mal equilibradas, exdltanse en suenos de vo- 
nes — victimas a m^nudo ficticias y desastrosas'\ 
Tesgraciadam^nte, ello constituye uno de los ronlea actuales — y de 
eores — que ifisensible y paulatinamente va infiltrdndose en las 
ilidades inexpertas de muchos catolicos — o que se dieen catoli- 

los cvales encuadran la Religidn en un marco de puro sentinven- 
10 que por hallarse por completo al margen de la realidad, los in- 

Idgicamente, hacia una piedad superficial y externa que, segun 
itir del Papa Pio XII: *'si bien gust a y halaga al alma, no la nu- 
i la impele a la santidad*\ 

5!ii por ello que el autor trata de inculcar, a traves de sus pdginas, 
lijdraeidn hacia la reviviscencia de los yalores espiritqles cifrados 
li aimbolo que perdura a traves de los hombres y de los siglos, en 
ff/fl siempre nuevo, siempre fresco y en el que se anidan las ad- 
tfass "locuras de muchedumbres de Santos que supieroyi" sentir y 
far el inmenso valor encerrado en El: la Cruz. 
Tdk deede el comienzo, le dirige el autor sus mas ardientes y ex- 
d08 acentos: 

..'*iLa locura de la Cruz! . . . jOh!, jCudji esplendida es ejsta pa^ 

no obstante la tristeza que levanta en los obscuros vaUes donde 
todo aquello que los hombres Uaman ciencia, inteligencia y razdn, 
nrven Unicamente para satisfaccion de los apetitos, de los vicios 
las pasiones. Si, locura para aquellos que no comprenden a prime- 
sta: pero luz invericible cuando sus ojos se abren, cuando sus cora- 

se estremecen, cuando sus almas comprenden, en fin, el llamado 
rante que los invitan a la eterna felicidad! . . /* 
^ndudablemente no faltardn personas que, al recorrer con dnimo 
jscientas nueve pdginas de este libro, no podrdn disimular la duda 
la en la incredulidad motivada por los numerosos casos que juzgan 
irados o inverosimiles. 

^l autor no ha descartado tampoco esta posibilidad tan frecuente 
asanas de **credulidad razonada*\ esto es: que razonan lo que des- 

tal vez, han de creer, aunque, por otra parte — seam^s francos — 
to poea frecuencia, queden coyxvencidisimos ae^tiys '*aplastantes y 
*s" ar'gumentos referentes a Iqh esmritistas y sus doctrinas, como 

no menos concluyentes de la Madre Mafk^^ 

Jupuestas todas estas posibilidades, el auhf-haceunu prudente ad- 
neia al lector sobre los dos extremes en que lamentablemente pue- 



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BIBLIOGRAFI 

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de incurrir: la extremada desconfianza de las revelaciones privai 
la proacripcidn de todo hecho como francamente inadmisible. 

Todo aquel en cuya alma conserva aun una chispa de amor a 
to y el sincero anhelo de remontarse hasta El, podrd hollar en cade 
de 8iis pdginxis, las gradas que le ayndardn, sin duda alguna, a a 
der y salvar la distancia que lo separa. 

La traduccidn fiel y esmerada unida a la elegante y sobria 
sentaddn del presente libro, contribuye a estimidar su lectura ir 
sante y provechosa. 

Con todo es lamentable, pero absolutamente necesario destacc 
gunos "lapsus*[ — debidos a deficiencias de imprenta — qus desvU 
por completo, algunos de stis m£Jores pdrrafos cuyo desconcierto p 
can^ Idgicamente en el lector no pequenos contratierwpos. 

Confrontada la presente tradticcidn a su original franeis, 
oportuno hacer resaltar, para bien del lector, las correcciones sig 
tes: 

En la pdg. 13, linea 29: " . . .y principios falsos, no s6io no 
vida espiritual s61ida y f ecunda, sino, por el contrario ..." 

En la pdg. 167, linea 1: " . . .el fundador de los Pasionistas 
Italia. Iniciado por su madre en el misterio de los sufrinUentos . . 

En la pdg. 201-202, linea 1: '*. ..la Madre Ponnet de la VisitJ 
de VaiBsieux; Sor Maria de San Anselmo, las Hemianas Blancs 
Africa; y no prolongamos la enumeracidn de estas hermosas dlnuu 

Finalmente en la pdg, 205, linea 7: ** . . .En el Carmelo, por 
parte, las cruces de las celdas, se hallan desprovistas del Cristo, 
demostrar. . ." 

Las restantes pequenos deficiencias, podrdn ser sub'sanadas 
mayor dificultad y esfuerzo, por el mismo benevolo lector. 

Jaime GE 

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de 104 pdg. Edit. Renovacidn Santa Fe. 

"Manual del socio provisorio** , por HumJberto Munoz. Folletc 
54 pdg. Editorial Juventud Catdlica. 

** Estrada". Centenario de su nacimiento. Seleccidn y ordena 
de la Comisidn Central de Homenaje a Josi Manuel Estrada. Vol 
438 pdg. Bs. As. 

"Revista de ciencias juridicas y sociales". Universidad Nad* 
del Litoral, Vol. de 198 pdg. Santa Fe. 

*'Ret6rica Eclesidstica" , por Pbro. Josi Maria Feraud Garcia. 
367 pdg. Edit. Escuela Tipogrdfica Salesiana. 



^44 







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l> A R E C E TODOS LOS JUEVES 

» XVII N." 837 B». A:, 16 d« man* 1944 AUina 850 U. T. 34-1309 



El dolor de un padre 



IUCHISIMAS son las alocuciones papales que 
he debido leer en mi vida, y son testigos los 
lectores de CRITERIO de que con frecuen- 
ima aduzco a manera de argumento la palabra 
s Sumos Pontlfices. Pero jamfis he dado con 
rso tan henchido de dolor, tan angustiado, y por 
smo tan elocuente para nosotros, como el pro- 
ado el domingo 12 de marzo corriente por S. 
XII en ocasi6n del quinto aniversario de su 
aci6n. Por mi parte, cuando hace una semana 
}la acerca de Roma, no pensaba que a pocos 
hablan de encontrar mis consideraciones una 
nnacion tan solemne^ y que refleja una pena 

mayor todavia de lo que habla yo expresado 
is lineas. Creo que faltaria a mi deber si no 
itara brevemente las palabras del Vicario de 
0, destacando algunos aspectos de su contenido. 
te puede ser considerado desde dos puntos de 
: el tono general del documento, y las ideas 
das en H. Atender^ a lo primero, y luego me 
tr6 de lo segundo. Seguire simultaneamente las 
)nes dadas por La Nacidn y La Prensa, que di- 

1 algo por el texto, pero coinciden en lo esen- 
lei contenido. 



n las tribulaciones que os han privado de vues- 
Ida familiar, vosotros, los que os hab^is visto 
dos a dispersaros por la presente calamidad, los 
ivis sin esperanza, separados de vuestros seres 
dos, los que os veis obligados a una vida erran- 
in noticias suficientes de aqu^llos con quienes 
J vinculos de amor y parentesco, los que vivis 
upados por su suerte mientras alios tiemblan 
a vuestra, refugiados en la fe, en el Padre ce- 
1, que con infinite amor ha prometido trocar 
en hasta las adversidades mas serias y amar- 
como Vicario de Cristo en la tierra vengo a di- 
)s palabras de bendicion y consuelo. Os habeis 
egado alrededor Nuestro no para conocer la an- 
i de Nuestro coraz6n, sino para oir de N|ues- 
abios y leer en Nuestro rostro que todos vues- 
mfrimientos son tambien Nuestros y que esta- 



mos con vosotros desde lo m^s prof undo de Nuestra 
alma. Estad seguros de que ninguna de vuestras an- 
siedades y preocupaciones deje de clavarse en Nues- 
tro <^raz6n, m&s profunda y penosamente que lo que 
sufrimos por nuestros personales padecimientos**. 

Par^ceme ver esa plaza de San Pedro, rodeada por 
la columnata del Bernini, la misma plaza desde la 
cual vf proclamar al Pontffice Pfo XI en el dfa de 
su elecci6n. Pero ahora est& llena de gente rotosa, 
hambrienta, macilenta, mal dormida, venida desde 
todos los puntos de Italia porque esperaba que al 
lado del Santo Padre tendrfa asegurada la existen- 
cia; y comprueba c6mo es perseguida hasta alll por 
la escasez y las bombas. El aspecto de tal muche- 
dumbre es por sf sola la m&s tremenda condenaci6n 
de la forma en que la lucha es llevada a cabo, sin 
distinci6n alguna entre combatientes y no comba- 
tientes, entre hombres, mujeres, niiios, ancianos. 
Nunca el apetito de matar se ha manifestado en la 
bestia humana como en nuestros dlas, y nunca como 
en esta hora, ni siquiera durante las invasiones de 
los b&rb'aros, han sido tantas sus victimas jiresen- 
tes y futuras. Y todos los componentes de esta mul- 
titud llaman al Papa padre, y efectivamente lo es; 
esos a quienes llama "hijos e hijas", f6rmuia no 
hallada por mi hasta hoy en ningun discurso pontifi- 
"io, esos lo son en realidad. La raz6n de ser del Pon- 
tificado estd ahi, nadie debe amar m^ plenamente 
a los hombres que este hombre sobre quien pesa, co- 
mo dice San Pablo, la solicitud de todas las Iglesias. 
Conocemos a Pio XII, lo hemos visto entre nosotros, 
y comprendemos que desde el fondo del coraz6n, y 
con sinceridad que es fuente de sufrimientos terri- 
bles, repite las palabras del Ap6stol "ienfermarA 
alguno entre vosotros y yo no enfermar6, llorar& y 
no he de llorar yo?". Ahora no le hace falta la ima- 
ginaci6n para verlos, esparcidos por sobre toda la 
tierra; se han acumulado ante sus ojos; llegan hasta 
el sus gritos de dolor, de angustia moral y de pe- 
nuria fisica. Por esto el Papa no ha podido conte- 
nerse, y las primeras frases de su discursp, que aca- 
bo de citar, estan impregnadas de pena; deja de lado 
las solemnes formulas protocolares y muestra la in- 



245 



timidad de so alma al enumerar los mtiltipies pade- 
cimlentos de quienes lo escuchan. Estas frases son 
an verdadero e intenso comentario de la exclama- 
ci6n proferida en cierta oportunidad por Nuestro 
Sefior Jesucristo sobre millares de seres humanos, 
tiambi^n hambrientos : misereor super turham, tengo 
compasi6n de la muchedumbre. 

Pero la mirada del Pontifice se extiende de se- 
guro mis all& de la plaza San Pedro, considera en 
los cinco continentes a otras eiudades arrasadas, a 
millones de prisioneros separados desde hace tres y 
m&s afios de sus familias, a las madres privadas de 
quien tenia la funei6n de sustentar sus familias. 
iNuestra civilizaci6n puede gloriarse de haber rea- 
lizado la sfntesis mka tremenda de dolores fisicos y 
morales que haya sido vista sobre la tierra desde los 
dias del Diluvio! He aqui la esencia de nuestro pro- 
greso. 

Ese es el tono del discurso pontificio: el que bro- 
ta del alma de un padre que llora sob're la destruc- 
ci6n del hogar y el hambre de los hijos. 

Pero S. S. Plo XII no se content6 eon pronunciar 
palabras conmovedoras, sino que ha envuelto en ellas 
advertencias severas. Y la primera de todas es la 
imprevisi6n de los gobemantes que no supieron evi- 
tar el conflicto. 

"No hemos ahorrado esfuerzo alguno ni descui- 
dado nada para evitar a los pueblos el mal y las te- 
rribles penas de la deportaci6n y del destierro. Cuan- 
do la cruel realidad vino a desvanecer nuestras mAs 
legitimas esperanzas, hicimos cuanto estuvo en nue-s 
tro poder para aliviar los sufrimientos, pero cons- 
cientes de que todo lo que podiamos hacer no era 
bastante". Y antes habia hablado de "Nuestra pre- 
visi6n de las desastrosas consecuencias de la gue- 
rra". 

Desde Benedicto XV que en plena contienda el aiio 
1917 interpelo publicamente a todos los gobemantes 
de los pueblos, la Santa Sede nunca ha dejado de 
emitir avisos cada vez m4s instantes acerca de los 
peligros implicados por una politica cuya conse- 
cuencia logica no podia ser mds que la guerra. Unos 
rechazaron s^s palabras con altivez, otros las des- 
oyeron con refinada cortesia; todos creian saber mu- 
cho mka, en materia de conducci6n de los pueblos, 
que ese "anciano vestido de bianco", consagrado es- 
pecialmente a la oraci6n propia y a la de sus fie- 
les. Sin embargo, Benedicto XV, luego Pio XI, y des- 
pu6s Pio XII, que conocian mucho mejor que cual- 
quier politico la situacion de la humanidad dividi- 
da, porque la miraban sin pasiones interesadas, y 
deseaban por igual el b'ien de todo el mundo, con- 
tinuaban levantando la voz, intercediendo, adoctri- 
nando, implorando. El Vicario de Cristo, como ^1 
mismo lo expresa, fracas6 en sus pedidos. Pero es 
tal la ceguera producida en la humanidad por la 
propaganda periodistica y radiotelefonica que quien 
no siente en came propia las consecuencias de la 
guerra desencadenada no piensa en ellas, y ve con 



indiferencia acrecentarse dla a dia la suma d( 
lores con tal que triunfe el bando a que dedic^ 
simpatfas. Pero entonces, proporcionada a la t 
de torturas ser& la de odios implacables dejados 
las generaciones futuras, y aterra pensar en las 
ganzas, individuales y colectivas, que se Uevar 
cabo, si no se acepta en toda su plenitud el cri 
nismo que predica^Aqu^l cuya voz ha sonado 1 
ahora en el desierto, que no pudo evitar la gu 
y pide ahora un poco de misericordia y de pan 
sus vlctimas. 

Y el Sumo Pontifice juzga la guerra a^rea. 
me habia permitido decir yo acerca de teto e 
articulo anterior, pero las palabras del Sumo 
tffice superan incomparablemente la energla d 
que, modesto sacerdote, pude escribir: "En esU 
ra especialmente grave para la tan martirizada 
dad de Roma, desgarrada en la came viva d( 
habitantes, muertos, mutilados y he^ridos en f 
horrible, cuando los sufrimientos son m^ ague 
las necesidades diarias mis imperiosas, volven 
rogar, a pedir, a implorar a todos aqu31os quf 
nen medios para ayxidamos, bien sea con su co 
buci6n material o con la ayuda de su trabajo 
vo, que no nos nieguen su eficaz apoyo y asistc 
Ahora, aun cuando eiudades de casi todos los 
tinentes ban sido arrasadas por la guerra a^rea 
no conoce leyes ni f renos, — ^lo que por si solo • 
tituye la m&s terrible acusaci6n contra la crut 
de tales m^todos de guerra — , ^c6mo ];>odlamos • 
que hubiera alguien que se atreviera a conver 
Roma, — esta noble ciudad que pertenece a todo 
tiempos y a todos los paises y en la que el m 
civilizado tiene fija su tr^mula mirada — , ei 
nuevo campo de batalla, perpetrando asi un act< 
poco glorioso desde el punto de vista militar, con 
abominable a los ojos de Dios y de la humai 
consciente de los mks altos valores morales y ei 
tuales? Por esto Nos dirigimos una vez m4s 
clarividencia y sabiduria de los hombres resp< 
bles de ambos bandos beligerantes, que nunca se 
cien a un acto que ningun motivo podrla jamds 
tificar a los ojos de la historia, y que mks 
vuelvan sus pensamientos, sus deseos, afanes : 
fuerzos hacia una paz firme y perdurable". 

El Papa ha hablado aqui con rudeza y con ve: 
Toda la experiencia de esta guerra ensena qu 
se ocupa una ciudad con bombardeos a6reos. Se 
den destruir sus moradas, obligar los ciudadar 
expatriarse, pero no a los soldados a retirarsc 
verdadera batalla por Roma se estk librando en 
zio y en Monte Cassino, y mientras los aliado 
hayan quebrantado las lineas alemanas y obli 
a sus divisiones a retroceder, nada habrdn con» 
do desde el punto de vista militar, con arroja 
neladas de explosives sobre la Urbe. Se arguyc 
los ferrocarriles que Uevan los aprovisionamient< 
"eje" pasan por Roma. Conozco estos ferrocari 
no pasan por Roma solamente, se los puede c< 



£^S 



sa es para la fe la propaganda nazi, pero no lo es 
menos la propaganda comunista: precisamtevite ha 
kabido obispos que condtnaron el que se estableciera 
en PoUmia la Uamada linea Curzon porque ella en- 
trega a los somets la enorme cantidad de ocho mi- 
llones de eatdlicos, Identificar la suerte de la Igle- 
sia, la causa de Dios, con cvalquiera de los bandos 
en pugna, es someter lo espiritual a los intereses 
temporcdes, como lo seria tambien el que^ dentro de 
nuestro pais, se quisiera vincular la Iglesia Catd- 
Ilea a esa o esotra tendencia politica. El asunto ha 
ohligado a. los cardenales y arzobispos franceses a 
reunirse en horas tan dificiles como lo son Mas que 
corremos. El drgano oficial de la Accidn Catdlica Es- 
panola se ha visto obligado a publico r el texto que 
hemos transcrito, Observemos aqui todos esta misma 
linea de conducta, porque ella es la unica conciliable 
con las normas que la Iglesia dicta. 

G. J. Fr, 



La cuestion de ios "quintiiiizos" 



y* 



f f^ agttf un hecho, al parecer de escasa inupor- 
m m tancia, pero at que debe otorgarse atencidn 
'- -*• por lo que re present a de agresidn a los de- 
rechos de la familia. 

Una senora, en determinado barrio de la capital, 
tiene simultdneamente cinco hijos, todos ellos vivos 
tf sanos, Pide silencio a los vecinos, y Sstos lo guar- 
dan durante ocho meses, Pero el acontecimiento lie- 
ga a divulgarse^ cae en manos de periodistas, y des- 
de este momento queda destruida la tranquilidad fa- 
miliar. Los reporters asedian a los padres y a los 
hifos, interrogan constantemente a aquellos, pre- 
tenden ver y fotografiar a ^stos intentan pene- 
trar en el domicilio con pretextos varios, molestan de 
dia y de noche, mientras por otra parte una canti- 
dad de representantes de empresas anunciadoras 
ofreee dinero y contratos si se consiente en utilizar 
el aliniento A o el jabdn B para nutrir y lavar a los 
ehiquUlos. Y porqu^e el padre se rehusa, segun sus 
propias pcUabra^, a **comercializar a sus hijos**, y 
porque no permite que toda clase de gente los vea, 
lo8 manosee, los deslumbre con fogonazos de mag- 
neHo, y acabe por enfermarlos, es atacado en los pe- 
riddieos, se arrojan sombras sobre su honor, se lo 
weja y aUumnia, se trata. de tomarle insoportable 
la vida, en nonibre de **las necesidades del perio- 
dismo". 

Y OQui vamos al andlisis. 

El domicilio de cada ciudadano es sagrado, segun 
la Constitucidn Nacional. Para violarlo se necesita 
fa orden de un juez. Puedo abrir o cerrar la puerta 
a quien mejor me parezca, sin que nadie tenga de- 
reeho a pasar por encima de mi voluntad. Y si un 



hombre tiene hijos, scan dos o scan cinco ^ no ca\ 
admitir que se lo injurie y vilipendie porque ? 
quiere exhibirlos a todo requerimiento, o converti 
los en objeto de comercio. Una vez que ha inscrip 
su nacimiento en el Registro Civil, y mientras i 
llegue para los ninos la edad escolar, nada tiene qi 
ver con ellos el gobierno, que seria el unico aut 
rizadOf en todo caso, para intervenir en la vida < 
una familia, 

Pero el sensacionalismo no reconoce esas limit 
Clones, y atropella los derechos mas evidentes sier 
pre que de un acontecimiento cualquiera crea pod^ 
sacar beneficios para aumentar la venta de los p 
riddicos, que es en verdad el unico fin buscado. 
los necios^ que abundan en toda sociedad, y que \ 
estdn hechos a ese afdn de noticias, anhelan las q\ 
puedan satis facer su curiosidad, aun cuando para I 
grarlas sea necesario intranquilizar la vida de m 
familia enter a. 

Dicen los tontos que es preciso conocer todos I 
detalles del caso, porque honra al pais demostrani 
la prolificidad de sus familias. Olvidan quienes o 
hahlan que **una golondrina no hace verano", siem 
lo trascendentaU no que una madre tenga- cinco I 
jos simultdneos, sino que los hogares en general I 
posean en abundancia. Y esto desdichadamente '. 
ocurre entre nosotros, donde la natalidad en algun 
zonas permanece estacionaria, y en otras decra 
hasta el punto de que el efecto de esa esterilidad t 
luntaria se deja sentir^ sobre todo en las region 
mds ricas de la RepHblica, traduciSndose en merr 
de la poblacidn escolar. 

Pero si el simple caso de los **quintiUizos" ha c 
do origen a toda suerte de fantasias e infundios, c 
jase pensar qui no ocurrird con asuntos de may 
monta y mds dificil comprobacion. iCudnta^ no 
cias truculentas de la contienda mundial, cudni 
fusilamientos de rehenes, asesinatos de prisioner 
y otros temas de esta especie, que se pueden uti 
zar para "la guerra de nervios**, no saldrdn enter 
de la imaginacidn de los corresponsales? Todo e 
debe movernos a cierto escepticismo: lo exigen \ 
periddicos mismos que "confirman** las noticias i 
das, es decir reconocen deber creirseles una vez cue 
do ellos profieren la nueva dos veces. 

G. J. Fr 

El Emino> Sr. Card. Cope 

CRITERIO se une a todos los homenajes q 
en estos dias se celebran para festejar las I 
das de plata episcopales de Su Emcia. el C 
denal CapeUo y eleva tamJbi^n sus plegarias al Sei 
para que bendiga y proteja a nuestro Cardenal F 
mado y a su mMtiple y fecunda obra. Ad mul 
annos. 



'[I sentido comu'n", por el P. Reginaldo Garrigou-Lagrange" 



HACE mds de treinta aiios que el P. Garrigou- 
Lagrange publico este lib'ro, que luego ha 
ido corrigiendo y completando en sucesivas 
ediciones. 

Nacio 61 como def ensa del sentido comun — germen 
de la filosof ia del ser — y del valor real de la inteli- 
gencia y de sus primeros principios contra el mo- 
demismo empfrico-inmanentista de Ed. Le Roy. Atri- 
buia 6ste a la inteligencia s61o un alcance prdctico 
de acci6n y en modo alguno de captaci6n intencional 
de lo real. La inteligencia fragmenta e inmoviliza, 
decia Le Roy en pos de Bergson, de quien es uno de 
los mka fieles discipulos, lo que en realidad es puro 
devenir, cambio incesante sin cosa permanente al- 
guna que dure. Era la filosoffa de Heraclito redi- 
viva. De aqui que los dogmas expresados en ese len- 
guaje intelectual del sentido comun, concluia Le 
Roy, tampoco tengan un alcance ontologico, real, si- 
no puramente pr^ctico, no expresen una verdad in- 
mutable sino que sefialen s61o una senda de accion. 

Al encuentro de ambos errores, intimamente de- 
pendiente el segundo del primero, sale el P. Garri- 
gou-Lagrange, cargado con el bagaje seguro de su 
saber tomista y con la penetracion y lucidez de su 
espiritu frances. El modernismo intentaba desnatu- 
ralizar el valor preciso e inmutable de la verdad de 
nuestros dogmas, y para ello — sin negar sus formu- 
las — cambiaba su contenido inoculando solapadamen- 
te en ellas un sentido ntievo, esot^rico podriamos de- 
cir, tomado de la filosoffa del devenir empirista, — 
en el casp de Ed. I^ Roy de tipo bergsoniano — y de 
otros errores modernos condenados por Pio X en la 
Encfclica Pascendi y en el Decreto Lamentabili. Con 
ellos el dogma perdfa todo sentido de verdad, era 
despojado de toda significaci6n real, y solo se man- 
tenia como mera f6rmula de una norma de conducta 
o exigencia de accion determinada. Asi, por ejemplo, 
el dogma de la divinidad de Jesucristo no significa- 
ba ya que Nuestro Seiior fuese verdadero Diss, sino 
que marcaba tan s61o una actitud nuestra fr^nte a 
Jesds: la de comportarnos con El dam/) si realmente 
fuese Dios. Una vez mds el ataque antidogm^tico 
provenfa de los errores filos6ficos mas que de la 
teologla misma. No en vano Leon XIII en su Encf- 
clica Aeterni Patris habfa dicho que la mayor parte 
de los golpes asestados contra las verdades de la fe 
tenfan su origen en los errores de la filosoffa, y ha- 
bla inculcado en ese mismo y otros documentos la 
necesidad de oponer a los errores de la filosoffa mo- 
derna la verdad siempre perenne del Aquinate. La 
nueva herejfa se apoyaba en una falsa concepcion del 
sentido comun y en una deformaci6n de la inteligen- 
cia y del dmb'ito de su objeto y valor. De ahf, de ese 
relativismo filosofico, nacia y en ese relativismo se 
apoyaba el relativismo dogm&tico. 



Para desalojar y aniquilar hasta en sus ultima 
ireductos semejante error dogmdtico del modemisniji 
— arropado con las apariencias de la filosoffa de mo 
da — le ha sido preciso al P. Garrigou-Lagrange co 
menzar desde muy lejos, desde los fundamentos mis 
mos del pensar, dar tantos rodeos, detenerse en tan 
tos recodos del camino, insistir una y otra vez ei 
determinadas verdades fundamentals. Ha debido co 
menzar por asentar y defender el alcance ontol6gi 
CO, la filosoffa rudimentaria del ser de que est& grii 
vido el sentido comtin, poner a salvo la relaci6n e in 
sercion esencial de la inteligencia en el ser y en loi 
primeros principios en 61 contenidos, para lueg< 
aplicar esta doctrina al piano dogmdtico. mostrand< 
las raices filosdficas emponzoiiadas del modernisms 
de Le Roy: una falsa y contradictoria concepcioi 
empirista de la realidad y una concepci6n no menoi 
absurda de una inteligencia desarticulada del ser 
destronada de su sitial real de la contemplacion de h 
verdad y reducida a la servidumbre de la acci6n. 

Tales circunstancias que determinaron la compo 
sici6n del libro, dan cuenta de su plan, direcci6n ] 
realizacion. La obra se desarrolla en dos grahdei 
momentos: filos6fico el uno — primera y segundJ 
parte del libro— y teol6gico el otro — ^tercera part< 
del mismo. La primera y segunda parte contienei 
la determinaci6n del verdadero alcance y una defen 
sa del sentido comun y del valor ontologico de la in 
teligencia. Para lograr su intento el P. Garrigou 
Lagrange ha desarroUado con no comtin claridad ] 
hondura la doctrina tomista gnoseologico-metaffsico 
16gico-psicol6gica del conocimiento — intelectual ant< 
todo, pero sin excluir el sensible — y ha logrado dar 
nos una admirable sfntesis de la misma. Como en h 
doctrina del conocimiento se encuentran las grandei 
lineas del pensamiento tomista, cual los aristones d( 
la boveda g6tica en su clave, la exposici6n y defense 
de semejante doctrina han obligado al autor a des 
arrollar las principales tesis de Santo Tomas. Ei 
realidad este libro es una apretada sfntesis de todj 
la filosoffa tomista desarrollada en torno y a la lu: 
del problema del conocimiento y una sfntesis lleva 
da a t^rmino, puestas en relieve las lineas funda 
mentales que la traspasan y sostienen de parte \ 
parte y su armaz6n fntima y fuertemente trabado 
no siempre asi subrayadas en los manuales de file 
sofIa escolfistica, donde la multitud y divisidn d^ 
cuestiones suelen a las veces obnubilar esta vi8i6n de 
conjunto orgdnico que es ante todo el tomismo, co 
mo enraizado y nutrido que esta en todas sus parte 
por la realidad misma del ser. El ser y los primero 



(1> De la introduccion u la trnduccion castellana de eat 
obra, que en breve saldra publicada en Buenos Aires por 1 
casa Descl^e, De Brower y Cia. 



274 



principios como objeto inmediato de la inteligencia 
^-^aptados exercite por el sentido comtln y signate 
por filoBoffa realista tomista — su formulaci6n exac- 
ta» su alcance preciso, la relaci6n que media entre 
eOos, han sido abbrdados y tratados con una ampli- 
^ud y profundidad aun hoy quizd no superada. De 
paao ha sido expuesto el problema logico-metafisico 
de las ideas universales, el realismo moderado con- 
ceptual de Santo Tomds frente al realismo exagera- 
do de tipo platonico, por una parte, y, por otra y 
sobre todo, frente al nominalismo empirista de tipo 
bergspniano y frente al conceptualismo idealista de 
tipo kantiano; y se han dedicado p&ginas rebosan- 
tes de doctrina y claridad a la inmaterialidad como 
rafz del conocimiento, a 1^ analogia de los conceptos 
trascendentales — en sentido escoldstico — del ser y 
de las primeras nociones y principios, a la constitu- 
ci6n esencial de la persona y a la doctrina de la 
di8tinci6n real de la esencia y existencia, como fun- 
damento de la trascendencia divina y refutaci6n del 
pantefsmo. 

Era preciso mostrar en toda su inconmovible so- 
lides y cohesi6n, desde las nociones primeras del ser 
y SU6 predicados trascendentales, esos fundamentos 
dltimos y rafces ontol6gicas que alimentan y vigo- 
rizan y dan sentido a la inteligencia, poner de ma- 
nifiesto el valor irrefutable y alcance preciso de las 
pruebas tomistas de la existencia de Dios, asi como 
la esencia y atributos divinos y la trascendencia de 
Dies sobre el mundo — ^verdades que s61o se sostie- 
nen sobre tales bases metafisicas — contra las pre- 
tensiones del evolucionismo empirista y panteista de 
Le Roy, quien, inficcionado por los errores bergso- 
nianofl, se empeiiaba en rechazar aquellas pruebas, 
como provenientes de una inteligencia despojada de 
toda intencionalidad ontol6gica, y en substituir el 
genuino y <lnico aceptable concepto de Dios con el de 
un dios absurdo inmanente al mundo o a su origen. 
que se hace con el y, como 61, en continua formaci6n. 
A la luz de aquellos principios metafisico-intelectua- 
leB sdlidamente establecidos, los argumentos de la 
existencia de Dios aparecen en toda su fuerza y el 
concepto de Dios y de sus atributos se manifiesta en 
toda su trascendencia y firmeza ontol6gica, como una 
fexigencia del principio de identidad, como la identi- 
dad perfecta del Ipsum Esse Suhsistens, en que esen- 
cialmente se apoya la union de lo diverso, el movi- 
miento metaffsico de los seres compuestos de poten- 
cia y acto, por eso mismo tambi^n esencialmente con- 
tingentes y distintos de Dios. En esa misma luz y a 
la vez aparecen en toda su endeblez las afirmaciones 
contradictor i as e impensables que a esta doctrina 
opone la filosofia del devenir de Ed. Le Roy, y en 
genera] toda la filosofia atea. 

Una vez salvado el valor de la inteligencia y de 
su objeto, el ser y primeros principios, y en pose- 
si6n de las grandes verdades del sentido com<ln y de 
la inteligencia que fundamentan la fe — los "preanv- 
hida fideV* de Santo Tomds- - el autor est6 en con- 



diciones de penetrar con paso firme en las cuesti 
nes estrictamente dogm&ticas y asentar el valor i 
mutable de los dogmas -^-contra las vanas pretensi 
nes del modemismo — con la precisi6n del <lnico se 
tido admisible de la evoluci6n del dogma: de lo a 
tual implicito a lo actual explicit© y en la juste: 
de los t^rminos. Y es en este punto donde el Pad: 
Garrigou-Lagrange determina las relaciones del se 
tido comun con el dogma, estableciendo, por una pa 
te, que toda otra filosofia que no sea la del ser y d 
valor ontol6gico de la inteligencia — vale decir, qi 
no est^ en linea de continuidad con el sentido comi 
— es incompatible con el dogma; y, por otra part 
que las verdades de la fe son siempre asequibles 
sentido comun, aunque no siempre en su precisa 
total comprension, para lo cual es menester ech^ 
mano de nociones filosoficas. 

Solo a la luz de este fin perseguido desde sus c 
mienzos, en el esquema de este vasto plan, el lect 
descubrird el orden de esta rica y multiple obra d 
Padre Garrigou-Lagrange, desborddndose en los nL 
variados t6picos colaterales al tema principal, pei 
necesarios para la consecuci6n de su intento. De ot: 
suerte, mirado superficialmente el libro, se correr 
el riesgo de encontrarlo arrevesado, y de extravian 
en un laberinto de cuestiones aparentemente inc 
rexas. Por lo demds, el capltulo final de la obr 
agregado a la ultima edici6n, texto de una confere 
cia dada por su autor en los Cursos de Cultura C 
t61ica de Buenos Aires, es una hermosa recapitui 
ci6n de la obra, que ayudard a su mejor comprensii 
y asimilaci6n. 

El valor del libro ha sufrido la prueba del tiemp 
^Por qu6 una obra escrita hace m&s de treinta afi< 
con un fin circunstancial apolog^tico ha podido su 
sistir, despu6s de pasados el cuarto de hora de n 
toriedad del empirismo modernista de Le Roy, co 
tra el cual se dirigfa? lC6mo ha seguido difundi^ 
dose en su original y en sus traducciones en varl 
idiomas? Precisamente por la Indole doctrinal d 
trabajo. La riqueza de la doctrina y la fuerza < 
sintesis por 61 brindada desde los primeros pasos ( 
la inteligencia hasta las cuestiones m&s delic^das d 
dogma superaban — como lo etemo a lo temporal- 
lo circunstancial del libro, el momento y ocasidn i 
que fue escrito. Y es alii donde finca y de done 
arranca el valor de esta obra, que ha alcanzado h 
caracteres de perennidad sobre las circunstanci^ 
ocasionales que la motivaron. En realidad, el emfi 
rismo dinamico de Le Roy y otros errores refutad^ 
en las pdginas de esta obra s61o han sido ocasidn ( 
este libro, que encierra una doctrina inmutable con 
el ser y los primeros principios, objeto de la intel 
gencia, y como los dogmas, objeto de la fe, que s 
brepasa lo efimero del error, refutado de este mo< 
desde sus raices mismas. Es tan verdadera esta afi 
maci6n, que muy bien podria despojarse al libro < 
las referencias a estos errores, sin que por ello pe 



2r< 



diese bu estructura esencial como exposicidn sint^- 
tica de la filosofia del ser y de la inteligencia. Po- 
drfamos decir, en definitiva, que no se trata tanto 
de un libro destructive, de pol^mica, dirigido contra 
el error, cuanto de un libro constructivo y de doc- 
trina positiva escrito con ocasion del error. Como 
las herejfas de todos los tiempos, tamb'i^n la del mo- 
demismo ha traido de rechazo este bien: el de con- 
tribuir a una mayor precision y ajuste de los con- 
ceptos filos6ficos-teol6gicos, a una exposici6n con 
m&a fuerza y vigor sint^ticq de las grandes verdades 
de la sabidurfa cristiana. Y este libro es precisamen- 
te uno de esos f rutos. 

De aqui que la obra del P. Garrigou-Lagrange ha- 
ya subsistido y deba seguir subsistiendo. La doctri- 
na mds pura del tomismo que encierra sobre los te- 
mas fundamentales de la filosofia, la ban converti- 
do ya en una verdadera Introduccidn al tomismo, en 
un precioso yademecum del que se inicia en la filoso- 
fia del Doctor Ang^ico. 

Semejante aseveraci6n es singularmente verdade- 
ra para nuestro pais y naciones de America, donde 
tanta aceptacidn y ferviente acogida ha encontrado 
la obra del sabio dominico y donde son tantos los 
que le son deudores de haber encontrado en ella la 
doctrina necesaria para deshacerse o defenderse e 
inmunizarse contra los errores de la ^poca y del 
ambiente, y de haber aprendido a conocer y a amar 



a Santo Tom&s. iQu€ tomista argentine o americanc 
hay que alld, hace veinte alios, en sus afios de Joven 
no se iniciara en las doctrinas del Doctor Ang61icc 
en este libro orientador de Garrigou-Lagrange y er 
"Arte y Escol&stica** y **Elemento8 de Filosofia" dc 
Maritain? Fueron por estos y otros libros de ambos 
autores, principalmente, por donde conocieron y 8< 
estremecieron ante una doctrina admirable, para 
ellos hasta entonces herm^ticamente cerrada. En es- 
tos libros encontraron su primer contacto con Is 
doctrina del Aquinate tales almas anhelantes de ver- 
dad, y estos libros tuvieron la virtud de despertar en 
ellas la sed de la doctrina tomista, que en sus p&gi- 
nas entrevieron y aprendieron a amar y que habfa 
de conducirlas luego hasta beberlas en las fuentes 
originales del Ang^lico Doctor. **Le sens com/mum*' 
es para muchos tomistas de America — me ref iero a 
los laicos especialmente — el lazo de uni6n que los 
vincul6 para siempre al tomismo. Lecturas y estu- 
dios directos en las fuentes los habr^n conducido 
despu^s a una profundizaci6n y comprensi6n mayor 
de la doctrina de Santo Tomds, que entonces 36I0 
habian vislumbrado; pero la verdad es — y ellos I0 
reconocen no sin un estremecimiento de emoci6n — 
que fu6 en las vigorosas pdginas de este libro donde 
sus almas vislumbraron toda la riqueza de ese teso- 
ro de la verdad del tomismo, hasta entonces oculto 
para ellos. 

Octavio NICOLAS DERISl 



EI problema religioso en la ciudad destrtifda 



IBasta recorrer las calles de la infortunada 
ai ciudad de San Juan destruida por el terre- 
moto del 15 de enero y observar con algu- 
na detenci6n sus ruinas, para advertir la magmtud 
del problema religioso creado por la cat&strofe. 

Porque no es unicamente el hecho, grave de suyo, 
de que hayan quedado abatidas sus iglesias, teatro 
obligado de la vida littirgica e instrumento primor- 
dial de apostolado, sino la destruccidn de conventos, 
asilos, seminario, colegios, bibliotecas; la devasta- 
ci6n de las parroquias urbanas y suburbanas; la for- 
maci6n de nuevos barrios y la despoblaci6n casi to- 
tal de otros; la dispersion de los elementos cat61icos 
milltantes; los inconvenientes de una promiscuidad y 
hacinamiento ocasionados por el sistema de vivir en 
refugios provisorios, carpas, chozas, ramadas y, en 
algunos casos, guaridas inferiores por la indepen- 
dencia personal que proporcionan a las tolderias de 
los indigenas los campamentos de los gitanos. 

Es una situaci6n muy triste y de la cual no se 
saldr^ f^ihnente. Durante los dlas tranquilos y des- 
pejados, por lo menos mientras dura el verano, no 
hay mayores inconvenientes. Pero cuando se apro- 
xima la noche, todos miran al cielo. ^Lloveri? — 



se preguntan. Porque si llueve... debajo de esos 
refugios no se duerme; se dormita, se suspira, sc 
llora, se piensa en el invierno; se reza, se lucha con- 
tra las goteras, contra el viento; se escucha el silb'a- 
to de la policia, el galope de la ronda, algiln dispa- 
ro de los soldados para amedrentar a los ladrones g 
el desplomarse de alguna pared en las inmediacio- 
nes. 

De esta indigencia extrema relacionada con la vi- 
vienda participan el clero y las comunidades reli- 
giosas sin atenuantes ni privilegios. 

Para ellos el problema religioso de San Juan es, 
ante todo, una cuesti6n de santidad, de vocaci6n, de 
apostolado. 

2. — Aai lo comprendieron desde el primer mo- 
mento. 

Una veintena de sacerdotes- habia para atender 
una zona de m^s de cien mil almas la noche triigi* 
ca. Algunos no los vieron... No es raro; la noche 
era muy negra, no habfa luz; adem4s eran muohos 
los aturdidos que deambulaban mirando sin ver na» 
da. Pero otros los vieroii, segun he podido infer- 
marme. 



276 



Vieron, por ejemplo, al Padre Gonzalo Costas, sa- 
oerdote venerable y popular, con Mbito bianco de 
dominicano, quien se encontraba con otros dos pa- 
dres en 8u convento cuando acaecio el sismo. Sus 
eomiMifieros salen penosamente de entre los escom-. 
broSy aplastados mds bien por la impresi6n que por 
los adobes. Hiabia crujido la magnifica iglesia de cin- 
co naves; estaba derruldo el convento. Deja a los 
otros la tarea de arreglar las cosas dentro, y sale... 

— Df absoluciones en toda forma, me refiere. De 
aqui me llamaban |^r un herido; de all& me llega- 
ba el quejido de un moribundo; ayes y voces salian 
de entre las ruinas. En la imposibilidad de confe- 
sar a cada uno y aun de absolver en todos los casos 
individualniente, les hacfa rezar un brevisimo acto 
de contrici6n y los absolvia. Absolvia en el interior 
de las casas, en los montones informes; los que pa- 
saban horrorizados me pedfan la absolucion . . . 

Desde la noche del 15 hasta la tarde del 17 no co- 
noci6 descanso. 

Otros vieron a Monsenor Silvino Martinez, quien 
aali6 de su casa a socorrer a los moribundos pre- 
ocupado por la suerte de su propio padre. Horas tar- 
d6 en cubrir unas pocas cuadras; el "hi jo" vela tra- 
b»dos sus pasos por el sacerdote que habla en el. 
Cuando lleg6 a la plaza "25 de Mayo", era noche ce- 
rrada. Andaba a los tropezones; un medico le faci- 
lit6 dos f6sforos que le sirvieron para recorrer las 
dos Ultimas cuadras. Ya en la plaza, alguien le pre- 
gunt6 : 

— ^listed busca a su padre? 

— Ciertamente. . . 

— Ahi se lo hemos puesto, en ese autom6vil; se 
queja. 

En efecto, el anciano se quejaba despu^ de haber 
permanecido media hora aepultado bajo los ladrillos. 

Le dej6 sobre un colch6n desenterrado de la casa 
cafda, en un terreno baldlo, donde un practicante le 
hizo unos vendajes, y continu6 auxiliando heridos 
hasta el amanecer. . . y despu^s. . . y al dla siguien- 
te. . . 

Otros vieron al Padre Artal, a los Padres de Don 
Boaco, a los del Seminario, a los Padres Soriano, 
Pechu&n ... 

En el local de la Asistencia Publica el Can6nigo 
Alejandro Blanco tuvo una inmensa tarea; el Pbro. 
Mariano Fem&ndez en el Rawson. 

Con raz6n el Obispo de Mendoza quedo edificado 
por la forma c6mo los sacerdotes sanjuaninos ha- 
bfan cumplido su misidn. El Arzobispo de San Juan, 
lionsefior Rodriguez y Olmos, me decla: 

— Antes de llegar a San Juan muchos mMicos que 
actuaron con ellos me felicitaban por el comporta- 
miento de mis sacerdotes. 

Bl Presbitero Alberto Vaudagna, ex-secretario del 
Obiapado de Mendoza me aseguraba: 

— Cuando nosotros en el Hospital Central visitd- 
bamoB los heridos para auxiliarlos nos encontrdba- 
mo8 con. que casi todos se hablan confesado... 



3. — En las parroquias suburbanaa las cosas oc 
rrlan de parecida manera. 

El pueblo creyente se reunla en la plaza ptiblic 
alrededor del Pdrroco, que tenia que repartir i 
atencidn entre atender moribundos, asistir herido 
consolar a los tristes, calmar a cuantos mantenia < 
estado de nerviosidad exaltada la catastrofe. 

— Esa noche rezamos el rosario en la pJaza; i 
confesaron los sanos como los enfermos y, a cac 
nuevo remez6n, habla que apaciguar a esa gente qi 
crela llegado el dla del Juicio Final — me refiere 
Cura de Santa Lucia, Pbro. Ballester. 

— Padre, Padre. . . ipor qu6 tiembla la tierra? - 
es un nino quien habla. 

— i Padre, la bendicion . . . ! — es una mujer de 
hecha en lagrimas. 

Luego es un hombre que llora su tragedia. Y a 
sucesivamente. 

En la parroquia de Desamparados todo ocurr 
dentro de un dramatismo intenso. 

Era el momento en que un cortejo nupcial se di 
ponla a entrar a la iglesia, cuando se sinti6 tembli 
la tierra y todos corrieron despavoridamente. E 
eso una de las agujas de la torre se ha desprendi< 
y cae sobre el padrino d&ndole muerte; otros bl 
ques aplastan a otras personas. Reunidos en la pi 
za, frente al templo, los novios, el cura y los dem: 
acompanantes vieron bambolearse la iglesia y luej 
desplomarse con horrlsono estr^pito. Gritos, desm 
yos, espanto, tinieblas... Alll mismo el sacerdo 
bendijo la boda y de alll partieron los reci^n desp 
sados a . . . desenterrar a los vivos y a enterrar a I 
muertos. 

— Todos Uordbamos — comenta el Padre P6r 
Hernandez al relatarme el hecho. 

A cierta hora de la noche se presentan al cui 
seis sujetos. 

— 6 Que hac6is vosotros aqul?.. 

Eran presos del Marquesado, que se ofreclan 
sacerdote para salvar las preciosidades del temp] 
Impavidos los penados, desafiando la muerte, vol 
ban en medio de los escombros y las paredes cr 
jientes, desenterrando un armario con c&lices y o 
namentos, retirando una imagen de una hornacina 
trayendo brazadas de velas, que, distribuldas ent 
el vecindario, sirvieron para remediar la oscuridi 
general. 

Nunca tuvo el cura servidores tan diligentes. 

4. — A un mes de la tragedia, el Arzobispo de Si 
Juan de Cuyo tiene ante sus ojos un balance gener 
de los daiios sufridos por la Iglesia a su cargo c( 
las comprobaciones siguientes: nadie ha escapa< 
totalmente al desastre; las iglesias que aun se ma 
tienen en pie pueden contarse con los dedos de 
mano; en la ciudad, una sola; tres o cuatro en 
campafia. 

Destrulda esti la hermosa catedral jesuitica, ux 
verdadera joya colonial. Cuadrillas de demolici^ 



2! 



no8 nuevos alicientes en la campana de refaccion 
personal. 

Doiia Elvira era una buena mujer que no enten- 
dfa mayormente de las diferencias entre ayunos y 
abstinencias; pero los lectores de "Criterio" son per- 
sonas que por el solo hecho de estar suscriptos a una 
revista de indiscutible calidad intelectual dentro del 
campo cat61ico, no pueden ignorar ciertos detalles de 
asc^tica. Ningtln cardcter puede templarse lo sufi- 
ciente si no x>one algo de buena voluntad en el sacri- 
ficio personal. Dios no pide imposibles ni que jugue- 
mos al santo. El autor de este artfculo ha denuncia- 
do el engafio en que caen los que exageran la nota 
penitencial. En estos casos siempre es indispensable 
la consulta con el director de conciencia. 

Todos podemos hacer algo en pro a la satisfacci6n. 
El tiempo de Cuaresma es especialmente favorable 
para ello. Una funci6n de cine dejada a un lado» un 
boogie-woogie oido sentado, un wliisky rechazado o 



unos centavos o pesos dejadps en las manos de un 
pobre cuando nadie nos v6, son medio de llegar a U 
santidad, aunque parezca mentira. 

Sabemos que nadie peca si no va contra su con 
ciencia, pero en el camino de la perfeccion es indis- 
pensable plantar semillas positivas en vez de arran- 
car yuyos. La mejor manera de corregir un defect( 
es ponerle una virtud al lado. La mejor defensa con 
tra el pecado es una buena ofensiva de virtud. 

Meditar un poco estas verdades no es perder tiem 
po. No nos salvaremos sino por las obras positivas 
El apostolado personal es el principal ya que nadii 
puede dar a los demds lo que no tiene. Recordemoi 
que S. Pablo dice que no importa que seamos unai 
maravillas si no tenemos caridad. Y la caridad ei 
amor. Sacrificarse por amor a Dios es la mejor ma 
nera de contribuir a organizar a una humanidad me 
jor que todos ansiamos. 

Jaime POTENZE. 



Balmes en el centenario de ''El Criterio" 



LA modestia de este maestro de la f ilosofia, que 
no aspir6 a fundar escuela alguna, pero que 
robusteci6 las realizaciones de la escoldstica, 
no alcanz6 a impedir que su nombre est^ fuertemen- 
te vinculado al desarrollo de la materia en la pri- 
mera mitad del siglo pasado; y a que su pensamien- 
to siga ejerciendo vital influencia en las 6pocas si- 
guientes, dentro y fuera de las fronteras de su pa- 
tria. 

Apartado de la nebulosidad pedantesca de muchos 
contempor^neos, tiene el profundo sentido de su 
I'esponsabilidad como conductor intelectual. Sabe que 
la filosofia, m^s que campo de especulaciones abs- 
tractas, es estudio amoroso de las causas y, sobre 
todo, de los seres. Recuerda que la sociedad no se 
ha fundado ni se conserva por la filosofia; cuando 
los fil6sofos la han querido fundir en sus crisoles, 
el resultado ha sido producir una conflagracion es- 
pantosa. 

La filosofia es la razon examinando. El hombre, 
barro y espiritu, con sus grandezas y sus miserias: 
he ahi el objeto inmediato de su estudio. Y Dios, 
su origen y su finalidad, he ahi su orientacion y 
su medida. Vigor en las ideas, sencillez en su des- 
arrollo, claridad en el lenguaje. He ahi su sistema. 

Nacido en una ciudad de Cataluria, cuando el pue- 
blo de su patria resistia, armas en mano, la inva- 
si6n napoleonica, en 1810, realize sus estudios en 
medio a las conmociones politicas y militares que 
castigaron la peninsula en la primera mitad de la 
pasada centuria, sin que las violencias sociales — 
lejos de perturbarle — logaran otra cosa que pro- 
porcionarle elementos de observacion tan enjundio- 
sa en el juicio de los hombres. 



iSus naturales disposiciones le proporcionaron a 
los diez y seis aiios una beca en la Universidad dc 
San Carlos de Gervera. Avido de saber, licenciadc 
en fTeologia y ordenado sacerdote, curso estudios 
de Derecho Civilj Matemdticas y Fisica. Necesita- 
ba los fundamentos de la jurisprudencia quien iba 
a auscultar con tanta perspicacia el organismo so- 
cial de su tiempo, tan ahito de derechos como an^ 
mico de deberes. Antes de doctorarse, habla alcan- 
zado ya las c&tedras de Teologia y Sagradas Escri- 
turas ; , y, apenas cumplidos los veintisiete aiios, el 
Seminario de su ciudad natal, Vich, lo elevo a b 
c^tedra de Matem^ticas. Comenzaba allf la escuela 
para niiios y para hombres. El catecismo no es si- 
no el esquema de la filosofia. Balmes estaba en su 
papel. 

Su labor bibliogr&fica comienza entonces. Parecf 
que un don de profecia le anticipase la cortedad d< 
su paso por la tierra y que quisiese multiplicar ex 
profundidad y en vastedad lo que en el campo cro- 
nologico tenia tan delimitado. Y en ocho ados, ei 
el simple periodo que no alcanza a veces para ten' 
der el itinerario de una labor, Jaime Luciano Bal- 
mes cumplio su obra estampando en una docena d< 
volumenes y en infinidad de paginas dispersas, e 
pensamiento m^s enjundioso que registra la histo- 
ria de la literatura filosofica en nuestra lengua des 
de los tiempos de Luis Vives y Francisco Su^rez. 

Un libro sobre ''El Celibato del Clero*\ que pu- 
blica en 1839, fija su nombre en la atenci6n de li 
critica. Y le basta para consagrarse. Las **M&xi7iuu 



(♦) Prologo a la edicion de "El Criterio" que aparecc 
ra proximamentc. (Edit. Difusion). 



de San Francisco de Sales", que da a luz en 1840, 
dicen de su experiencia como confesor. Las Obser- 
vaeiones soeiales, paliticas y econ&micas sobre los 
bienes del Clero" y las "Consideraciones politicas 
sobre la situacidn de Espana'*, que hace imprimir 
posteriormente, muestran que no vive ajeno a los 
problemas que, ayer como hoy, preocupan al hom- 
bre de la calle y suelen olviddrsele al fil6sofo en- 
cerrado en su torre de marfil. Y en "La Religidn 
demostrada al aleance de los rUfios", que edita un 
alio despu6s, vueica su amor a los preferidos del 
Seflor, a los que inocentes e ingenuos hoy, serdn ma- 
Hana — conductores o conducidos — pueblo respon- 
saUe. 

Hombre del dfa, ve en el periodismo el reflejo 
nervioso e ineludible de la actualidad. Y a 61 in- 
g^resa, comenzando la redacci6n de una revista quin- 
cenal ''La Actualidad", cuyos articulos, verdaderos 
ensayos, han de reunirse, luego, en un volumen. 

Humia, entretanto, la contestaci6n a la "Historia 
de la Civilizaci6n en Europa", de Guzot, ministro 
franco, cuya polftica iba a tener no poca respon- 
sabilidad en el estallido de la revolucion del 48. Y 
escribe "El Protestantismo y el CatoUcismo compa- 
rados en sus relaciones con la civilizacidn*', donde 
brilla la Doctrina de Santo Tom^s sobre origen y 
concepcion de los poderes ptiblicos. El mismo la tra- 
duce al francos y la lleva a Paris para publicar. Me- 
ses despuds, mientras prepara la edicion espafiola, 
redacta, €1 solo, la revista "La Sociedad*' donde ve- 
ran la luz sus famosas "Cartas a un escepttco en 
materia de religidn". 

Las guerras civiles que habla padecido el norte 
de la peninsula, provocadas por Fernando VII al 
alterar la sucesi6n del trono, mantenian a los espa- 
fioles pollticamente divididos entre leales a la reina 
Isabel II y partidarios del Infante Don Carlos. Pa- 
ra unir en una sola las dos ramas en pugna, Balmes 
aspiraba al casamiento de la reina con el hi jo del 
Infante. Fundo en Madrid "El Pensamiento de la 
Nlacion", periddico politico que sustentaba esos afa- 
nes y constituia, pDr encima de las rencillas partl- 
darias, un 6rgano respetado por su alcurnia litera- 
ria y su seriedad sociologica. Desgraciadamente, siis 
voces no fueron escuchadas. La reina caso con un 
prime suyo, Francisco de Asis, y la guerra civil se 
reanud6 en medio de asonadas y levantamientos. 

Bahnea se concentra aun mas. Y gcsta, entonces, 
8u obra fundamental, la que Menendez y Pelayo ha 
de Oamar "verdadera higiene del espiritu'\ El Cri- 
terio. Fruto de largas meditaciones, de reflexiva^ 
iecturas y, sobre todo, de una fina observacion, ^'^ 
parte material fue, sin embargo, escrita rapida- 
uente, en treinta dias apenas, durante un reposo vo- 
raniego. Porque el descanso de Ralmes consistia nu 
cambiar de ocupacion. Aparecida en Barcelona, en 
1845, pronto fijaron en ella dus ojos los edit ores de 
Paris para traducirla al frances. Luego lo hicieron 
los ingleses CThe Criterion), mas tardo los alema- 



nes; y asi, traducido a todas las lenguas cultas d 
nuestro tiempo, El Criterio sigue constituyendo ho; 
a los cien anos de su aparici6n, una guia admirabl 
del pensamiento. 

Enemigo de cen&culos o circulos, no desdeii6, 
pesar de ello, trabar amistad, durante sus viajes pc 
Inglaterra, Belgica y Francia, con figuras prom 
nentes de su tiempo. En Bruselas supo tratar cc 
un joven prelado, de su misma edad, que habia ri 
ascender, aiios despu^s, al pontificado, con el non 
bre de Leon XIII. Cartedbase con Veuillot y co 
Lacordaire; y tanto el ilustre periodista francos ct 
mo el elocuente dominico debieronle no poco en i 
conocimiento de la Espaiia ignorada tras los Pir 
neos. El romantico Chateabriand, anciano ya, suj 
tambi^n del contacto con este espiritu dilecto, r 
obstante el medio siglo que en edad les. separaba 

Miembro de la Real Academia Espanola en mi 
rito a sus relevantes aportes a las letras castellana 
cultiv6 tambi^n su lengua vernacula; y, aunque cg 
L-aracter postumo, en 1905 se publico, en su idiom 
regional, entre otros trabajos, un "Caleiidari d 
taW\ 

Despectivamente alguien ha llamado a Balmes < 
Lamenndis espanol, como se habia tildado a Sani 
Tomds de pagano por haber difundido la filosofia c 
Aristoteles. Y si el Doctor Ang^lico pudo defende: 
se bien recordando a San Agustin — que recomendi 
ba recuperar el tesoro de verdad de los paganos, c^ 
mo los hebreos habian llevado el de los egipcios : 
partir para la tierra de promision — el maestro ci 
Vich podrfa sefialar a los muchos averroistas qi 
confunden tendenciosamente los mejores ideales 
eonducen a los iconoclastas, que no saben separar < 
trigo de la cizaiia, a un verdadero nihilismo, tan ii 
justo como contraproducente. Si del autor de "Pj 
labras de un creyente" ha podido recoger ideas g^ 
nerosas 6 no lo leemos a diario en los comentaric 
del Kempis? :Coincidencias con Leibniz, con Des 
cartes, con Tomas Reid, ialcanzan para apartarl 
de la escolastica? Los neotomistas, 6^0 hallaran pur 
to alguno de disidencia con el aquinense? 

De Leibniz ha dicho Balmes, para defenderlo d 
discipulos infieles, que no admite la unidad de sui 
tancia; que sus monadas son sustancias distinta 
y diferentes entre si; que reconoce el universo pre 
cediendo de Dios por creacion y no por emanacioi 
De Descartes, que sea cual fuere el abuso del met( 
do cartesiano que se haya hecho, concilio con el e* 
piritu de examen su adhesion al catolicismo. Si co 
Tomas Reid ha insistido algunas veces en la nect 
sidad de recurrir a la experiencia interna y mo? 
trar la conveniencia de acudir al sentido comun - 
el menos comiin de los sentidos como dicen los ii 
glescs — lo hace recordando a aquel filosofo qu 
afirnia que proscribir la razon para afirmar la n 
velacion es arrancarse los ojos para ver mejor Ic 
satelites de Jupiter al t raves del telescopio. 

Si bien rechaza la especie inteligible o impres 



de Arist6teles, Balmes puede considerarse uno de 
los primeros restauradores de la Escoldstica. A sus 
trabajos siguieron los del alem&n Kleugten, los de\ 
italiano Liberatore, y los del francos Domet de Vor- 
^es, para coronarse con la enciclica "Eterni Patris", 
del inmortal Le6n XIII, en 1879, que es, por asf de- 
cirlo, la partida de bautismo del neotomismo. 

Cuando a comienzos del siglo XIX estaban en su 
furor el sensismo y el criticismo y los fil6sofos de 
moda miraban con piadosa indulgencia a la escol4s- 
tica, Balmes se atrevi6 a recordar su influencia du- 
rante cuatro siglos y a senalar que, aunque propen- 
sa a las sutilezas, no eran ^tas exageradas ni mu*- 
cho menos, puesto que contenfa las ideas fundamen- 
tales que preocuparon a Platon, a Arist6teles y a 



los primeros sabios de todos los siglos. VislumlArar 
ba ya la influencia de su contempordneo Comte y 
la necesidad de mantener, con un retomo a la eaco- 
Idstica, depurada y actualizada, el justo equilibrio 
entre los excesos espiritualistas del cartesianismo y 
los errores materialistas de la nueva data. 

Esta vocaci6n neotomista que asoma en El Crite- 
rio se formaliza en "Filosofia FundamentaV* que vit 
la luz un aiio despu^, en "Filosofia Elemental", hi» 
toria de la filosofia, Idgica, 6tica y metaffsica, qac 
se imprimi6 al siguiente y en cuya traduccion al la- 
tin, emprendida meses despu^ de su aparici6n» ha- 
bia de sorprenderle la muerte. Tenia, entonces, trein- 
ta y siete anos. 

Moisis ALVAREZ LIJO 



DECLARACION LITUANA 



EL Centro Pro Liberacj6n de Lituania en la Re- 
ptlblica Argentina, con motivo de las recien- 
tes modificaciones constitucionales efectuadas 
por la U, R, S. S., el 14 de febrero de 1944, voto 
iindnimemente el siguiente manifiesto, que solicita 
sea publicado. 

A nosotros, lituanos que vivimos en la Jibertad, no 
nos importa qu6 clase de derechos piensa acordar la 
U. R. S. S. a sus republicas, pero a pesar de ello 
no podemos dejar de protestar ante la faz del mun- 
do civilizado contra las continuamente repetidas pre- 
tensiones sovi^ticas de volver a apoderarse de Litua- 
nia. Tambi^n el mariscal Stalin en sus discursos pro- 
mete "liberar a los hermanos lituanos", y la prensa 
sovi^tica habla como si Lituania perteneciera a la 
Uni6n Sovi^tica siendo parte insepararable de ella, 
y ahora el Gonsejo Supremo de los Soviets promete 
que concederd a la "Repiiblica Sovi^tica Lituana" 
el derecho de realizar una politica exterior indepen- 
diente y organizar su propio ej^rcito. 

Contra todas estas pretensiones de la U. R. S. S. 
liacia nuestra tierra, protestamos solemnemente jun- 
to con toda la Nacion Lituana. La U. R. S. S., co- 
laborando entonces con ef Reich nazista, se apodero 
por la fuerza de Lituania el 15 de junio de 1940, 
rompiendo todos sus convenios, por los cuales se ha- 
bia comprometido "a reconocer sin contemplaciones 
la autonomia e independencia del Estado Lituano, 
con todas las secuelas emanadas de tal reconocimien- 
to, y de b'uena voluntad renuncio por todos los siglos 
a cualquier derecho de soberania que Rusia hubiera 
tenido respecto al pueblo de Lituania y a su terri- 
torio". / Tratado de Paz entre Lituania y la U. R. 
S. S. Pdrr. I/. 

Despu^s que Lituania fue ocupada por varios cien- 
tos de miles de soldados rojos, con objeto de justifi- 



car esta agresi6n, la U. R. S. S. falsified del mfa 
flagrante modo la voluntad del pueblo lituano, efee- 
tuando "del modo mds democr&tico" las eleccionea 
del "parlamento popular". En realidad, reinaba enton- 
ces en Lituania el m&s espantoso terror: todos loiB 
organos de la prensa fueron convertidos en comunis- 
tas, todas las organizaciones lituanas fueron daasm- 
radas, dos mil de los m&s destacados lituanos fueron 
encarcelados justo antes de las ''eleccionea" y s^ 
los comunistas tenian derecho a actuar. 

En las ''elecciones" fu6 presentada una sola lista, 
formada de acuerdo con las indicaciones de los co- 
misarios impuestos por Moscti, contenien4o tantoi 
candidates como era el numero de representantes a 
elegirse. De tal manera, la composici6n del asi llama- 
do "parlamento popular" f u6 determinada de ante- 
niano por Moscu. Aunque las "elecciones" eran obH- 
gatorias, en realidad s61o particip6 un 16-18 o|o dc 
votantes, mientras que los bolcheviques atin antes dc 
finalizar las votaciones — fueron ampliadas un dfa 
mds a causa de la lluvia y el escaso ntimero de vo- 
tantes — ya publicaron en Londres, que habla votado 
el 95,51 o|o, Desde ese dia, la propaganda bolchevi- 
que publica continuamente esta mentira, como si fae- 
ra una expresi6n de la voluntad del pueblo lituano. 

Durante la camparia preelectoral, Jos bolcheviquei 
nunca expresaron, que dicho "parlamento" tendrfa 
que solicltar la anexion de Lituania a la U. R. S. S- 
y su sovietizaci6n. Solo despu^s de las "elecciones** 
los comisarios moscovitas mostraron sus cartas y 
exigieron de tales "representantes", amenazando a 
algunos con medios de terror, a formular tales de- 
terminaciones unanimemente. "El parlamento popu- 
lar" se reunio una sola vez. Durante esa reunidn 
fueron leidas las resoluciones dictadas por Moacti< 
pidiendo que Lituania fuera unida a la U. R. 3- S. 



^S^ 



tro aflOA y medio Juan y la mayorcita que se llama- 
ba Marfa» como su abuela, no pasaba de los seis. 

Vivian en un chalet circunvalado por un jardln en 
medio del casco de la estancia. A eso de las tres de 
la tarde vinieron a buscar a Esteban'para asistir a 
an madre. 

— Si vuelvo temprano traer6 al Padre Juan — di- 
jo a su esposa. 

— 'So te demores mucho. 

— So s6. Por mi, har6 todo lo posible — subi6 al 
sulky. — Si no llego antes de las ocho, res6rvame algo 
para cenar — ^hizo chasquear el Idtigo y partio al 
trotecito. 

Cuando a lo lejos s61o una polvareda se levantaba 
sobre el camino, Matilde volvio a la casa. 'Tengo que 
baiiar al chico" deciase al entrar. Los peones esta- 
ban en el camx>o. La sirvienta habfa ido al pueblo a 
una legua para hacer compaiila a su madre viuda de 
hace una semana. 

En el comedor estaban jugando Maria y Juan. 
Sentados en el suelo entre piezas y tornillos de un 
mecano, esforz^banse en armar un rompecabezas. 

— ^Asi no, asi no. . . 

— i Qu6 sab6 ! — decfa Juan con suf iciencia. 

— ^Trae, dame... dame. 

— No quiero. Es mio, mio. Eg. . . — ^Vio a su madre 
en el dintel y agreg6 : — ^Toma, llorona, toma . . . — y 
le alargaba la pieza del rompecabeza. 

— ^Ahora no quiero — replied la hermanita hacien- 
do pucheros. 

— iQ\x6 pa8a?_ — ^pregunt6 la madre. 

Lofl do8 nifios se miraron y siguieron jugando. Ma- 
tilde se fu£. 

— iSabes d6nde pap& guarda el revolver? — ^pre- 
ITuntd al rato Juan. 

— iQu6? 

— I Pum ! i Pum ! . . . El revolver ... i Pum ! 
<lPum!... hace rufdo. 

Hacia tres dias, Esteban, estaba limpiando su 
Col en el patio. Lo habia aceitado, puesto vaselina, 
cuando a anos sesenta metros divis6 una liebre. Me- 
ti6 una bUa en el tambor y tir6. Sabia que no iba 
a darle a esa distancia pero no pudo resistir a la ten- 
taci6n. £^ chico, lo habia visto tirar, sentido el dia- 
paro» pidi6 al padre el arma. ''El rev61ver no se to- 
ca'* dijo 68te raojado. 

— 4D6nde? — pregunt6 la niiia con los ojos chis- 
peantes por conocer el nuevo juguete. 

— Ven — agregd satisfecho de poder mostrar su 
saber. 

Entraron en el dormitorio. La cuna halldbase va- 
cia, pues, la madre estaba bafiando al beb6. El niiio 
se acerc6 a la c6moda. 

— iNo, no! — ^grito la hermanita, asustada de gol- 
pe. 

—No seas miedosa — ^y abrio el cajon de arriba. 
— No. Vamos. Te dejo jugar con mi mufieca — ^y 
tiraba del brazo de su hermanito. 



— Mira — dijo 6ste. — iVes? — y sac6 el Col me 
do en una funda de cuero. 

— Dejalo. Va a venir mama . . . dejalo. 

— No quiero. — ^Tras no poco esfuerzo saco el i 
v^lver de la cubierta que cayo encima de la camj 

— Se lo voy a decir a mamd. — Juan sin hacer c 
so manipulaba con el arma. 

— iComo hace ruido? — La f rente arrugada, i 
paro en el gatillo y apreto. jNo, no hacia ruido I V 
que el gatillo cedia en una direccion pero debia hac 
mucha fuerza. Apoyo, entonces, el ano en su peel 
coloc6 ambos pulgares en el gatillo mientras con 1 
otros dedos apretaba la culata para hacer palanc 
Sentia que ante la presion la culata tambien cedl 
er el seguro, el tambor daba vuelta y salio el tire 

— Bueno, ahora dejalo. Ya hubo ruido. Vamos. 

Cay6 el nifio al suelo. A Maria le pareci6 rara 
actitud de su hermanito y se agachd. Dio un sal 
asustado. — Sangre, sangre. . . mamd, mamd. ^ . sa 
gre . . . — Oy6 los pasos de su madre, tuvo miedo 
huy6. 

Matilde que banaba al beb^, tambien oy6 el ti 
y los gritos de su hijo llamilndola. DiCjo al nene < 
la bananera y entr6 precipitadamente al comed 
inadie!... en el corredor inadie!... en la coci; 
Inadie!. .. 

— Juan . . . Maria . . . Maria i d6nde estds ? . 
Juan. . . Hijo. . . • . . . . 

La niiia, refugiada en el garage debajo del aul 
iba ya a salir al encuentro de la madre, pero tu 
mucho miedo, temblaba. Luego oyo sus gritos. 

— I Mi hijo... Juan... Juancito... hijo mi 
— Tom6 al nifio en sus brazos y lo reco8t6 en la c 
ma. lUn quejido, otro y otro, un charco de sangr 
— ijEsteban, Esteban! — ^bramo con toda su voz i 
madre, como las olas de una tempestad, llamando 
su esposo. Record6 que 6ste habia salido. Habia q' 
obrar con rapidez y entre sollozos volo al tambor do 
de el m^ico guardaba las gasas, tapon6 el aguje 
del pecho, tom6 al niiio en sus brazos y corrt6 
garage. Llam6 por liltima vez a su hija que no ap 
recia. Subi6 al auto, puso 6ste en marcha y acelei 
iDetr^ suyo oy6 el grito de su hija, grito de ag 
nia! Baj6 del auto y retrocedi6 al garage. AUi en 
suelo, la nifia yacia con el pecho aplastado por 
rueda tracera mientras enormes bocanadas de sa 
gre brotaban de su nariz y boca. 



Ill 



— Yo era joven, robusto y fuerte... lAih! iQi 
tiempos aquellos Esteban, qu6 tiempos f . . . Una n 
che supe que agonizaba un enfermo y tenia que atr 
vesar el Parand que estaba crecido* Ni una cant 
miserable encontr^ y encima llovia... iQu6 h 
cer?. . . iRetroceder?. . . Yo sabia nadar y una v< 
ya habia cruzado el Parand a nado, pero era p( 
ganar una apuesta, el tiempo era bueno y habia am 
gos en una lancha ipor si acaso!. .. Ahora era di 



2i 







XQTO^CKCKN 



T E AT R O 



MR. WU 

El Eran actor Ernesto Vilches deddio lucirse perso- 
nalmente y lo consiiruio ul propentar en earena el me- 
lodrama Wu-Li-Chanjr al tine le cambio, cl nombre para 
(|U0 no lo confundieran con un prustimano que ocuparu 
rccientemcnte la sala dd Coinedia. 

Vilches ha presentado una escena realmente fantas- 
ttca y ha gastado niuchos miles de pesos en decorados, 
vestuarios y inuehlcs. Con pacicncia de orfehrc? no ha 
c^escuktado tl mas minimo delalltr y los espectndores sa- 
Icn L-onientando la e\cclcntf osccHOBrafia y alabando u 
Vik'hcs poi' KU dirt'cdi'm. 

El personaje que le toca hacer. e's ol mismo que repre- 
scntara hiice veintc afios en Buenos Aires y paseara lue- 
go triutifalmcnt'.' pui' las principales eiudades de hahla 
espaiiola. Viltrhc.i lo ^alie tie memoriiL y ha cciidado ia 
cxprcskin, Ui miniicii y hasta 1'ik mas leves pasos. En 
este xentiiid, no poilemos ineiios que [■ocmicH'er la txce- 
lencia de su aetuai-inn. 

Ha enntratado a Elsa O'Oninor di- primera ai-triz 
dundole uii papil ovidciiter 



dades 



peiv: 



ndudal 



)etilc e! 1 



que ha (_ 

En t'liiinto a In obia. es inuy i 
BCeptable para piihlico cntolico. 



erior ii «us posiliili- 
> de suiituosidad del 
a inteipicte lauiea- 



LA ANUNCIACION HECHA A MABU 

Eata obra seri representada a beneficio del Centra 
Santo Tomaa de Aquino de la Facultad de FilosofEi y 
Letras, y los lectores de CRITERIO est&n especial raen- 
te invitados a concurrir a esta funcion que tendri ra- 
racter de fiesta juvenil ya que se tratara que asiitan el 
irayor ndmero de estudiantes poaibles. ^imisrao serin 
invitados los profesores y el Interventor Delegado de 
aquella facultad y todo hace suponer que el mayor fati- 
to acorn paiiarA a eata einpresa. 

Apartc publicamos una transcripcidn del articulo qu? 
esciibiera en un diario uruguayo Roman Vinoly Bmc- 
to, nervio y cerebro de la magna entpreaa que conititu- 
ye esta repres6ntaci6r. 

Vasabond Jim 



SOBRE "LA ANUNCIACION HECHA A 
MARIA" HABLA EL ESCRITOR R VI- 
KOLY BARRETO 

Hace cuatro aiios, a pedido de la Dra. Emilia Santi- 
ni de Ramonet, traduje al caatellano "L'Annonee fait e 
Marie". La traduccion, que lefa una vei para la> Estu- 
diantes y Prof esiona lea Catolicas, quedo despuis guar- 
dada entre las cosas que por muy amadas, uno no de- 
sea mostrar. 

Pero la Dra. Emilia Santini de Ramonet, me liabii 
hecho prometerle que alguna vez, esa obra maravillosa. 
NcHa puesta en escena bajo mi direccion. La prometi. 
yo lo aabia muy bien, era bastante relativa de mi par- 
te, porque no me sentia con fuerzaa auficientes ni con 
capacidad bastante como para abordar una obra de tal 
envergadura. 

Me puse a estudiar y al enterarme de que el Vieux 
Colombicr la darfa en Montevideo, decidi af^ardsr la 
llegada de Rene Rocher para analizar su trabsjo en la 
que me fuera posible y pedirle conaejo. 

No creo cometer ninguna irrespetuosidad, si afirmo 
que aquella version no me conformaba. La obra no bs- 
bia sido cortada, sino realmente mutilada. Pude copior. 
en la edicion original franceaa, todos los cortes del Vieiu 
Colombier y cuyo esqucma aun conservo. El sentido re- 
tigioso de la pieza, desaparecia por eoinpleto y al eli- 
minar en forma total dos textos fundamentales de It 
BiWia rompia la proRxesion del milagro en forma cjU) 
file senalada muy inteligcntomcntc por el critico di 
"La Manana" en aquella ocasion. 

V'olvi nuevamcnte a mi trabajo; vnlvi a sentir toda m 
impotencia para tratar du cumplir la promeaa hecha t 
la Dra. Santini de Ramonet. Para entonces, y cuandi 
liaMa decidido abandonar dcfinitivamente la idea, ai 
anuncio la llegada de Jouvet. 

Cuando nombro a Jouvet. no we c6mo encontrar uni 
palaiira que pueJa dt'cirle a esc artists magnifico, a esi 
liombro de teatrn incoinparaliU', toda mi enorme gra 
tit lid. 

Fue el Maestro C'arlu!: Estrada, quien le dijo a Jou 
vet que yo hubia tradutido la obra de Claudel y cstudta 
do la poKibilidad de llevarla a eseetia. 

En esos ilias, Louis Jouvet me habia tornado bajo si 
iimpam Intelectual. Diariamcnte, en conversaciones qut 
.'e pi'o loll gal inn durante tres y cuatro horaa, trataba di 
resumir toda.'i sus experiencias y ensenarme su arte 
inculearme su diseipliiia y su amor por el estudio. 

Al enterarse de lo que yi> no me habrfa atrevido js 
mas a ilecirle, me reprocho duramente y luego, ponifo 
dome las maiios en los liombros. mo hizo prometerle t 
I'l que yo !a llevaria a escena en castellano. 

A partir de ose ntomento. no dcjo de explicarme c6 



T E A T R O 

SIGUEN ACTUANDO LOS "PICCOLI 
DE PODRECCA" EN LA PROVINCIA 



IjOB Piecoli de Podrec», han prorrogado i 
mim 1b actuBci6n en el Cine Teatro Gran Plaza de San 
Hartfn, a rafs del notable 6xito alcanzado en dicha sa- 
lo. Resulta as! comprobado una vez mis que loa teatroa 
de los bairioB y de loa auburbiog tienen verdadero in- 
terns por los buenos eapeeUculos teatrales. 

Prizimamente terminaran I03 "Piecoli" au afortunada 
tits de Tarioi meses seguidos y con largas permanen- 
daa en eada ciudad de los alrededores de la Capital. 
Despots de un periodo de descanao, la companfa Pod- 
dreeea reanudarfi sa trabajo de preparaci6n de reperto- 
rio para la futura temporada en Buenos Airea, y mien- 
Izas tanto se presentard con una aerie de funcionee en 
el Goliaeo Podeati de La Plata, a fines del mes de Abril. 

Ea reeomendable la asiatencia a este ainpilar eapec- 
tfenlo. 

HIS AMADAS HIJAS 

A reces se ejecutan actos baatante importantes sin 
dane cuenta. Nos tememos que loa autorea de HJB ama- 
daa hijaa no quiaieron hacer otra coaa que un retrato 
decadente de John Barrymore, pero para el crftico cat6- 
lico eata obra traaciende la simple burla para constituir 
nn retnto interesantlsimo de un tipo paicol6gico des- 
(racisdamente baatante comun. 

La trama de la comedia es sencilla: un ^ran actor 
irremediablemente en decadencia reeibe, en un castillo 
preetado por un admirador, la visita de trea hijas suyas 
de distintaa madres, quienes vienen a pasar la Navidad 
con £1. Dejemos a un lado las peripecias de tales ninaa, 
que se aneglan, al final salisfactoriamente, y vamos 
directamente a ocupamos del carficter de! peraonaje prin- 
tipal ya que ello noa parece lo unico importante de la 

Ea este un ser patoldgicamente eKOcfntrico que lucha 
a toda coata por no verse a af mismo. Formado en un 
ambiente falao, no exiatcn para el horiEontes fuera de 
au yo. Perdidamente enamorado de si miamo, no puede 
vinr sin exhibicionismo. No se trata precisamente de un 
oiipnlloso sine de un vanidoso demasiado superficial. No 
problematiza entre el bien ni el mal; toda au vida ha 
•ido un perpetUD divorcio de la realidad y cuando llcga 
a la vejes sin mayores horizontea, no tiene ningdn gea- 
to de hombre. Lo que noa choca de este peraonaje ea 
■u falta de virilidad y humanidad lesitima. Se nos es- 
enrre tras la gracia de un didlogo ocurrente y no alcan- 
sa a damos la impresi6ii de cosa definida. Todo £1 es 
flojo y desarticulado. Su vida se reduce a una perenne 
hn!da. Cuando parece que va a aentar cabeza y aprove- 
char la lecci6n de au decadencia, tiene r&faKas de sin- 
ceridad, pero inmediatamente vuelve a esconderse. Es 
ana mezcla de Don Juan y nino malcriado al mismo 
tiempo. Es un hombre que no ha llegado a aer hombre 
porque actda sin dominio de si. Aventurero profesio- 
nat, au ezistencia se desliza entre amorios circunatan- 
eialea y no puede menoa que terminar abaolutamente 
solo. Pero yendo algo mis hondo, este aer ha vivido 
■iempre solo, ya que para estar realmente acompatiado. 
el hombre necesita tener poca gente alrededor. 

Loa autores le ofrecen al final una oportunidad de 
rehabilltacidn mediante ayuda de una -hija con velei- 
dadcs d» actrii, pero no es eaa la aolucidn acertada. 
Podrlan haber hecho un drama bastante mds hondo 
ai lo hubieran hecho enfrentarae por primera vex a ai 
miuno, no en momentos aislados sine como situaci6n 
d^aitiva. Pero ello hubiera requerido garra y conoei- 
> de paicologfa. 




Muy bien escrita, Kfaciosa, agradable y &gil, la c 
media se deja ver con mucha facilidad y constituye 1 
espectSculo valioao. 

Narciso Ibaiiez Mcnta ha caracterizado extraordin 
riamente bien a Barrymore y trabaj'a con un domin 
de la escena y una comprcnsion tan cabal del pera 
naje que dudamos tenga competidores en el futu 
premio anual al mejor actor de comedia; Rosa Roai 
ha progresado mucho y se de sen vuelve con mucha f 
cilidad; los demAa, diacretoa. 

De excelente gusto la puesta en eacena, la direccii 
y los vestuarios. 

Moralmente, la obra puede aer vista por gente int 
ligente. 

Vagabond Jim 

Cinemat6graf( 

DELIRIO El cine no ha conGeguido aiiadir ni 
gDn interns al material que le oil 
cia eata conocida y mediocre pieza teatral. Al cOntr 
rio, la peltcola arrastra penoaamente en todo su cur 
el laatre de su origen escenico que traba la agjlid: 
que hubiera sido indispensable, y alarma los di&log 
que son de una pesadez y una insistencia inaguant 

Estas fallaa ponen de manifieato la endeblez del c 
gumento de esta obra que gira alrededor de los eel 
de una mujer hacia su marido y la lecciAn que 4b 
trata de darle. Es tan escaso el valor y la originalid 



de eata trama que solo un estado de crisis de argumen- 
toB esplicarta que alguien se haya puesto en el tra- 
bajo y el gasto de filmarla. Y no seria aventurado 
penaar que el cine nacional eatd paaando por un 
Riento de escasez de argumentistas, todas las peliculaa 
arpentinas que se han eatrenado este aiio pueden c 
iintiar esta sospecha. 

En suma, Delirio tiene un argumento muy poco 
teres ante, sua persona jea carecen de humanidad, su 
di&Iogo de conviccion, su t^cnica de vigor. El teatta- 
liamo absorbe a lo cinema togrUico que se reduce a unos 
toquea apenaa que aparecen aqui y alia — paisajes, dos 
o tres detail es — y que no impreaioi:an precisamente 
par su originalidad. Inconsistcnte en au fondo y muy 
poco h&bil en au realizacion, eata cinta es de laa que 
no anadiriin gloria a ninguno de I09 que tuvieron la 
mala idea de colaborar en su filmacion. Lamentamos 
que sea Garcia Buhr el que eata vez dio el traapi^a, 
pero hay que reconocer sinceramente que caai nada 
bueno puede decirse de los resultados que ha obtenido: 
ai admitimos que como director carece de experiencia 
cinematogrifica, en cambio como actor podla habemoa 
dado un trabajo de mcjor calidad. Los otros int^rpre- 
tea no pueden realizar grandea proezaa y nada han he- 
cho para sobiepasarse. 

Moralmente la cinta sin ILegar a aer precisamente 
mala, abanda en aituacionea y detall^s nada ejempla- 
rizadoret, lo que nos ineita a no recomendarla a iiadie. 

GRAGEA 

La cantina de laa estrellBS es una cinta musical m&s 
que trata de atraer con loa nombrea de un grupo de 
artiatas no musicales que desfilan fuganmente ante ta 
pantalla. Hay miiaica, canto, baile, romanticismo y pa- 
trio tiamo y aqu! y all& eacenaa nada edificantes de 
acuerdo con la tradicion del g^nero. Con un criterio 
muy poco exigente y con la buena intencion de hacer- 
noa escuchar cantoa regionalea y ver bailea tipicoa de 
Mexico, se ha filmado Al aon de la marimba que, a pe- 
aar de la pobreza de su argumento y lo burdo de cier- 
toB detalles, puede hacer pasar un memento agradable 
a un publico poco pretenaioso. 
Reanmen moral de la aemana 

Al aon de la marimba puede rerla el eapectador de 
criterio formado y sereno. Delirio y La cantina de las 
cfltrellas no son para nadie. 

Vagabond Jim 

El Catolicismo en el Muodo 

D« la EaUdin Radio Vaticana 



Liaboa, eapecial. — El viemes 30 de julio ppdo., ao- 
bre onda de 60.26 mta. la Eataci^n Radio Vaticana pe- 
rifone6 en idioma polaco el aiguiente comentario: 

"Los principios de politica intemacional que guTaron 
al Uorado Oral. Sikorski en su anhelo por la recona- 



truccion de la soberania de Polonia, aparecen clara- 
mente enunciadoa en el diacurso que pronunciara en di- 
ciembre de laAo paaado' en la Univeraidad Catdlica de 
Washington, con motivo de recibir el titulo de "Doctoi 
Honoris Causa" de la misma, y del cual eata Eatacion 
- Radio Vaticana ya adelantara un sumario en una ttaa- 
misi6n de enero. (Ver eate Noticioao Catolico Intema- 
cional N^ 124). Conviene considerarlo nuevamente aho- 
TB, luego de la muerte del jefe polaco, cOmo testamen- 
to espiritual y como una prueba del justo lugar qae 
en SUB concepciones poUticas el Oral. Sikorski otoi^;ara 

"Es confortante para Polonia que aus actuales eata- 
disticaa est^n inspiradas por el eapfritu de Slkorakt, 
Cuando adn vivfa el ilustre jefe desaparecido nos acu- 
pamoa cierta vez de las declaraciones del Primer Mi- 
nistro Polaco en Londres, quien se habla referido a la 
necesidad de reconstruir la vida social polaca en lai 
puoat-guerra aobre principios de laa Enciclicaa Reram 
Novarum de Ledn XIH y de la Qaadragesimo Anno de 
Pio XL Y ultimamente, el heredero y promotor de lu 
ideas del Gral. Sikorski, el premier Mikolaiczyk, ha eZ' 
presado con toda claridad que la resurreeci6n de Po- 
lonia se basari en los principios de justicia social ; 
moral criatianas, y que serdn garantizados a la pobla- 
ci6n sua derechos religiosos". 

MAS DE 1800 SON LOS SACERDOTES POLACOE 
PUSILADOS O MUERTOS EN CAUTIVERIO 

Londros, eapecial. — La Agenda Cat61ica Polaca di 
Prenaa eomunica: Al ser diacutido par el Gabinete po- 
laco en exilio un plan detallado para la teconstrued6i 
~ de la vida criatiana en Polonia ae hideron pliblicoa inie- 
vos detalles sabre la peraecuci6n religioaa desatsda er 
la Europa Oriental por los invasores. 

A la sesidn asistieron el Presidente Ladisiao Raes- 
kjewick, el Primer Hinistro Eatanislao Mikolajozyk, Sv 
Excia. Hons. Job6 Gawlina, Obispo de laa Fuenas Ar- 
madaa Palacas, y Mona. Carlos Hadonski, Obispo d< 
Wlodawek. El relato de las nuevas persecucionea fai 
leido por Mons. Zygmunt Kaczynski, Ministro de EdO' 
cacl6n y director general de la Agencia Catdlica Po- 
laca de Prenaa. 

"Se ba podido establecer que laa autoridades alema- 
nas han suprimido pr&eticamente todas las actividadei 
del culto en aiete di6cesis de Polonia Occidental. Cerci 
del diea por ciento de los temblos han side clausuradot 
y muchos han aido convertidos en depoaitoa militares 
garages y caballerizas. La situacidn del clero polaco M 
muestra senal alguna de mejoramiento. Alrededor dc 
1200 aacerdotea son detenidos aiJ'n en laa prieiones j 
campos de concentraci6n de Dachau, Majdanek y Oawue- 
dm. Haata el momento actual han aido fuailados o hai 
muerto en cautiverio m&a de 1800 sacerdotes. 

"Las actividedea religiosas en las otras 17 di6ceaii 
del llamado "Gobiemo General" y de Polonia Ocddentsl 
han quedado reducidaa en un cincuenta por ciento. Nd 
se les permite a loa sacerdotes la ensenanza de la reli- 
gidn en las eacuelaa; no se autorizan los casamientoe 
por la Iglesia; est6 prohibido establecer nuevas sode- 



iOKNET 



CARAMELOS EXQUISITOS CONCENTRADOS de LECHE 

MISKY 



INDU STRIA 
I ^RGENTINA 



Lasirlaia SSI 
BaenoB Alr«i 




Catolicismo en el Mundo 



MUERTE DE JUAN TRAYNOR FAMOSO CURADO 

EN LOURDES 

Londres, especial. A la edad de 50 anos acaba de fa- 
llecer en Liverpool el Sr. Juan Traynor, cuya curacion 
en*^«ourdes, ocurrida hace diez anos, hizo exclamar al 
entonces Arzobispo de aquella diocesis, Su Excia. Mons. 
Keatin^r: "En todas sus faces se asemeja este case a 
Ids milafin^os del Evangelio". El falleeimiento se produ- 
jo como consecuencia de i}na hernia, dolencia totalmen- 
te ajena a la que diera motivo su curacion. 

El nombre de Juan Traynor ha figurado pn muchas 
publicaciones, cientificas y periodisticas relacionadas 
con Lourdes. Con el correr del tiempo se hizo tan famo- 
so en la historia de las curaciones de Lourdes, como lo 
es el c^lebre gruardabosque belga Pierre de Rudder, que 
tenia una de las piemas fracturadas y en plena supu- 
racion y que habla quedado instantdnea y perfectamen- 
te curado en el Santuario de Nuestra Senora de Lour- 
des de Ostekem. 

Cuando el Departamento Medico de Lourdes realizo 
C'l primer examen del enfermo Juan Traynor lo catalo- 
ged como "un museo de enferniedades". Durante la an- 
terior gruerra mundial, habla servido en la Armada, re- 
sultando hcrido varias veces. A consecuencia de una gra- 
ve lesion recibida en la cabeza, fue dado de baia en 
1916. Tiempo despu^s se le reconocio como epileptico 
perdiendo el movimiento dol brazo derecho y de ambas 
piemas. 

En 1923 se organizo en Lancashire la primera pere- 
g:rinaci6n al famoso Santuario francos, Juan Traynor 
participio de ella. Hubo necesidad dc transportarlo en 
Camilla, pero a los pocos dias volvio con los demds ro- 
ineros por sus propios medios y ayudando a otros pc- 
regrrinos. Llegado a su hogar reanudo su antiguo tra- 
bajo de camionero, que debiera abandonar hacia anos. 
Se le sometid a una minuciosa revisacion m^dica, yendo 
para ello el ano siguiente a Lourdes — esta vez como 
camillero — los facultativos del Departamento Medico 
declararon que su cura se hallaba por sobrc toda posi- 
bilidad humana. 

A Juan Traynor se le reservaban las tareas mas pe- 
s&das tan grande era su vigor fisico. Luego dc su rele- 
vo en la Armada, como consecuencia de su invalidez, 
e?tuvo recibiendo una pensi6n por servicios de guerra. 
En un principio se le adjudico el 80 r'< pero un ano mas 
tarde en 1917 al reconocerse su caso como grave c in- 
curable, se le aumento al 100 ^^4, de lo establecido por 
la ley. 

Al recuperar milagrosamente su salud Traynor con- 
sulto su caso con el medico del Ministerio de Pensio- 
nea; a fin de que fuera revisado de nuevo y rectifica- 
do el importe^e la pension; pero no se quiso recono- 
cer 8u cura, pues los sanitarios oficiales lo hablan de- 
clarado incurable. Consiguio por lo menos que se le re- 
bajase la pension, pues, el porcentaje legal por invali- 
dez que percibla le imposibilitaba para obtener el per- 
niiso de conductor de camion. 

Ano tras aiio desde que estallo la presente guerra, 
Juan Traynor se trasladaba a Lourdes para agradecer 
a Nuestra Senora su curacion instantanea y completa. 
En sus viajes iba en calidad de camillero, siendo ultima- 
mente Presidente de la Asociaci6n de Camilleros de la 
Arquidi6cesis de Liverpool. Padre de 13 hijos, tres de 
ellos nacidos despues de su curacion. 



DE LA ESTACION RADIO VATICAN A 
LA ESCASEZ DEL CLERO SECULAR EN ROMi 

En la Sede Metropolitana dc Roma existe actui 
mente una seria escasez de sacerdotes. Esta falta 
refiere al clero que atiende a los ministerios parroqui 
les considerando que son muy numerosos los sacerdot 
de Roma, tanto italianos como extranjeros, cuyas ac 
vidades se hallan tan absorbidas tanto por la admin 
tracion central de la Iglesia como por la tarea de 
docencia eclesidstica. Los sacerdotes disponibles para I 
parroquias, colegios y obras de caridad resultan hoy i 
suficientes, tal es asi que en ciertos lugares las pan 
quias no se pueden sostener. Ademas del clero secul 
romano, ya insuficiente en tiempos normales para to 
lo que se debe atender, esta decayendo numericamen 
En 1942 sobre 12 sacerdotes que fallecieron hubo t 
solo seis que fueron ordenados. L'Osservatore Roma 
atribuye este hecho nada halagiieno, entre otras cost 
a la decadencia que se observa en los valores moral 
y superiores del espiritu cristiano en la vida familiar 
en la educacion, al retroceso general de la moralids 
a la liviandad y busqueda de placeres que se adviei 
en todas las categorlas sociales, al predominio tan < 
fundido de las concepciones matcriales y finalmente 
la falta de comprenaion entre los fieles de lo que cor 
tituye la mision social del sacerdocio. 

SUPRESION DE LA PRENSA CATOLICA EN 

FRANCIA 

Lisboa, especial. La Agencia Catolica Suiza de Pre 
sa, KIPA, comunica: 

El periodico politico-religioso que circula clandestir 
mente en Francia con el titulo de Cahiers du temoign 
ge Chretien (Cuadernos de documentos cristianos) 
publicado una informacion sobre la supresion progre 
va en ese pais de toda manifestacion de prensa cal 
lica. Del artlculo se desprende que la censura que fn 
ciona en Vichy ha ido eliminando uno tras otro los i 
riodicos religiosos, a medida que los vela inconmovibl 
en su firme posici6n de defensa de los principios cr; 
tianos. 

Las revistas Esprit, dirigida por E. Monnier y 1 
Cahiers de notre Jeunesse, han dejado de aparecer p 
tal motivo, igualmente que la revista Christianisme f 
cial y el diario Foi et Vie, dirigido por Pierre Maurj 

El ano 1944 sera el primcro en la historia de la pre 
-a catolica francesa en que los hogares catolicos qi 
'laran sin sus tradicionales calendarios religiosos, p 
haber sido prohibida el ano pasado toda publicacion 
esa clase. 

**LA CAZA DEL HEBREO" EN EL NORTE DE 

ITALIA 

Lisboa — La en^rgica censura publicada por L'Ossc 
vatore Romano de fecha 3 de diciembre ppdo., cont 
el recrudecimiento de las medidas antisemitas en 
Norte de Italia tuvo su origen en la protesta form 
que el Pontlfice Pio XII expresara dias antes al Ei 
bajador alemdn ante la Santa Sede, 6ar6ti Ernest v^ 
Weizsaecker, a consecuencia del nuevo decreto racis 
que establecia el arresto y la deportacion de unos 60.0 
judios italianos, unicamente por el hecho de su asce 
dencia, residentes en la parte de Italia ocupada p 
los alemanes. 

Despues de la caida del Sr. Mussolini ha sido esta 
primera vez que se tuvo noticia fidedigna de que 
Papa haya dado algun paso oficial para oponersa a 1 
leyes racistas, aunque el orgno vaticano L'Osservto 
Romano no dejo de publicar una y otra vez sus proU 
tas. Se hace entender que los judios apresados serli 
llevados a Polonia u otros paises. 



Hasta diciembre se habfan reunido con tal fin tree 
mil de esas copas, siendo enviadas de inmediato a los 
jefes espirituales de diferentes campos de concentra- 
ci6n. Cada una de ellas lleva grabada una pequena 
cruz con el nombre del donante. 



De Mens. Pablo Yapin 

"LA CHINA NO ES PAGANA 



tf 



Quebec, especial. — Su Excia. Mons. Pablo Yupin, 
Vicario Apost61ico de Nankin, durante 'una breve en- 
trevista que concediera a los periodistas en el hotel 
donde se hospeda en Montreal (Canadd), contesto a 
una serie de pregruntas que se le formularan respecto 
a su pais: 

"Nosotros sabemos que nos hemos comprometido a 
una tarea inmensa, pero tenemos confianza en Dios 
quien no puede abandonarnos. Se tiene la impresion de 
que China es un pais pagano, pero este es un error. 
China no es pagana. Ella cree en Dios desde los cin- 
cuenta siglos que cuenta de existencia como nacion 
pagana. Aun cuando no es todavla cristiana, cree sin 
embargo en Dios, porque cree en la Justicia suprema, 
que bien se identifica con Dios mismo". 

Mons. Yupin manifesto asimismo que su pals se 
aprestaba a desempenar un gran papel en la recons- 
trucci6n de un orden mejor/ que ha de ser establecido 
en el mundo con la paz. Insisti6 repetidas veces sobre 
la amistad con que los canadicnses reciben a sus com- 
patriotas y sobre la id^ntica consideracion que se tie- 
ne en China para con los canadienses. Y aiiadi6: "Esta 
amistad que une a ambos pueblos no se funda tanto 
sobre el interns, como. en la comprensi6n de los supre- 
mos valores que nosotros defendemos en comun". 

■ 

XX CONGRESO CATOLICO AGRARIO EN LOS 

ESTADOS UNIDOS 

Nueva York — La Conferencia Nacional Catolica de 
la Vida Rural, una de las principales organizaciones 
para la acci6n social agraria en los EE. UU., acaba de 
celebrar en Peoria, Illinois, su XX Congreso anual. Unas 
7500 personas estuvieron presentes, entre las cuales se 
hallaban altos digrnatarios eclesi&sticos y civil es, como 
asimismo representantes de las asociaciones coopera- 
tivas y agrlcolas, no solo catolicas sino tambi^n de otras 
denominaciones que igualmente se interesan por los pro- 
blemas del agro. 

En sus conclusiones la Conferencia reafirma el prin- 
cipio de que el derecho de propiedad estd de tal modo 
vinculado a la naturaleza del hombre que si se debili- 
tara o se negara este derecho equivaldrla oponer gra- 
ves obstaculos tanto a la vida familiar cristiana como 
al pleno desarrollo de la personalidad humana. Insisto 
pues a que se ayude a las familias en la obtenci6n y 
' conservaci6n de cierta propiedad privada. Siendo la fa- 
milia la unidad fundamental de la sociedad, y, por tan- 
to, su primera llnea de defensa, se encarece que en la 
presente crisis se desplieguen los mayores esfuerzos pa- 
ra presentar y aumentar la cohesion de la familia y del 
hogar. 

Se hace notar adem^s que en la sruerra actual lo«* 
agricultores de los EE. UU. desempenan un papel vital 
en el esfuerzo b61ico, no obstante las dificultades que 
traen aparejadas la creciente disminucion de la obra 
de mano y de los equipos mecinicos. En cuanto al me- 
jor aprovechamiento de la tierra los congrresistas abo- 
gan porque, en la post-guerra, se intensifique la colo- 
nizaci6n y se procure formar dirigentes rurales (o asi«i- 
tentes), que coopercn con las organizaciones privadas 
y oficiales para planear y llevar a cabo dicha coloni 
zaci6n de la tierra. 



Comprendiendo que las cooperativas se hallan en es- 
trecha armonia con la moral cristiana, y su valor come 
instrumentos de ayuda mutua, la Conferencia recomien- 
da se estudien en ese sentido los "principios de Roch- 
dale'' al igual que la historia del movimiento coopera- 
tivo tanto nacional como extranjero, de manera de ob- 
tener una cooperaci6n racional, en el proceso de com' 
pra y venta y otros servicios reclproiios, aplicando i 
la vida econ6mica los principios de la ^losofla socim: 
cristiana. 

DE LA ESTACION RADIO VATICAN A 
"Lamparas que se apagan" 

De ambos bandos beligerantes se nos comunican no 
ticias referentes a iglesias destruldas por los bombar 
deos a6reos, tanto en las ciudades como en el campo 
Nuestro coraz6n se estremece de viva angustia pues ]ia 
rece que^a humanidad ha caldo muy bajo. Tal vez e 
hombre en el furor de destruccion de la guerra, se ha 
ya reconocido indigno del Santuario, y Dios ha permi 
tido que fuera destruldo para escarmiento de los ere 
yentes. 

Es que cuando la luz espiritual se apaga en los co 
razones se apagan tambi6n las Idmparas del AlCBTr^ 



BIBLI06RAFIA 



(Continuacion de la p4g. 268) 

Cortes no juzgaba necesario rectifiear nada y laa po< 
sias qxie yo impugnaba y criticaba, se publieaban y i 
reproducian, quiere deeir que de gtistos no hay ticwi 
escrito y que el que firma ya estd llegando a vie jo . . 

El libro FLOR DE CARDON contiene 43 poesias ei 
4 capitulos, que se intitulan: Belleza — donde ineluy^ 
algunas poesia^s religiosas como Trilogia, que dedica n 
mundo cristiano y Ca^to Nombre, publieada en la re- 
vista CRITERIO-Tf Amor, Patria y Mundo: Se pre 
senta con una recordaci&n a la espantosa tragedia di 
nuestros hermanos de San Juan, con unos versos qui 
dicen : 

Cuando mas inmensa es la tragedia y vivo el pavor 
en el silencio estd la elocuenda de un hondo dohr 

En la otra pdgina el prdlogo empieza con la poesin 
fiiguiente: FLOR DE CARDON. 

Delicado y sutil coino un suspiro, 

naciste en la ironia 

de tu lecho de espinas, 

con cl perfume y suavidad del lirio. 

Luego se presenta al lector con estas palabras: "Sfl 
turada de claridad y sencillez, he aqul la flor que i 
ofrezco, surgida de entre las espinas que cubren el sen 
dero de mi inquieta vida". 

FLOR DE CARDON es un librito de unas 120 pc 
f/iyiaS', biev present ado e impreso con letras elaras e 
los talleres grdficos de Manuel Garcia, Peru 1741 
ffuenos Aires Estd ilustrado con arte y maestria pa 
vn modesto dibujante E. Conti, y contiene un eonjuni 
de poesias que pueden ser "flares de card&n" u otn 
f lores cualquiera, segun el gusto del lector. A mi h 
(jfue me gustan son las comjwsiciones poHicas "JFi 
pres til" y "Primavera" de estilo cldsico y limpio, 
lector o el *'critico" opivardn lo que quieran... 

Carlos PATRIGNANI 



28f5 



manantiales 
nuestra 



For MonBefior 
GUSTAVO J. FRANCESCHI 



No extsfe actualmenfe en casfe/Iano un libro equivalentc a esfe 



El propdsito del autar constate en expan§r la naturaleza, moda- 
lidad y manera de aetuar de los tree faetaree de dande deriva 
toda la ensefUinza eatdliea. 

LA TRADICION, que Uega a nosotros desde la Era ApostdUca; 
LA BIBLIA, que abarea tanto el Antiguo euanto el Nu€VO 
Testamento, y el MAGISTERIO ECLESIASTICO, eustodio e 
int&rprete de tbs doe primeros, eon anoHzadoe eticesivamente 
por Mons. Franceschi quien, evitando toda polimiea, ee dedioa 
a 4a exposieidn positiva y objetiva de la doetrina eatdliea, une 
Uu informaciones hut&rie<u a Uu doetrinwriat y obona doew- 
mentadamente sus infonnaeiones. 



Obra dedicada a quienes deseen ahonaar el conocimierifo 
del Catolicismo zm^nizzizii^izii^^^^z^zzzzzi^ii: 



Precio $ 2.— ID/d. 

Pedldos a: Rio Bamba 981-2° piso 



287 



raAa CcHeaLaie<j 



I UNlfOUU cGltgl. 



. « 


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37» 


7U-UNIFO 


KMI <n iiao laigs 
eorpllSg, tu>Ho dt 


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■iia: 




Editorial CRITBBIO 

Ablu t40 

BUBNOS AIRES 



Ti11»ii Gtlfiut Saa 
Bb(. MkR 1*00 oq 

,23 DE MARZO D 



H,*ft39 auMs> Aim, 30 ourio it 1944 



Alio XVII 



Su. 



20 

'•nUvoi 




. "'in,,, 

Mens. Dr. JUAN STRA^klGER 

C I m p o I e n ' f "e'-^'a.,. 

CRITERIO 

Comenlariot 

JUAN CARLOS MORENO 

Revelaciones de la Pasion <Je 
Jesucriflo 

FRANCISCO S. TESSI 

De Geliemani al Calvario; re- 
cuerdos y realidades 

SIMON KUSSAKOFF 

El General Breloff y los japoneses 

MARIA RAQUEL ADLER 

Vaso sin sed i 



Bibliograffa ♦ El catolieismo an al munda ♦ 
CrAnieas muficalai * Taakra a Cinamat6grafa 



Dir.ctof: Mont, GUSTAVO J. PRANCESCHI 



bfiitro Nftdoiul it U Pia- 
9M»i bitolKtnal N« 1M.0M 




libro d«l moBfnto 

Vision 

Espiritual 

de la 

Guerra 



Por MONS. GUSTAVO J, FRANCESCHI u 



Edid6ii econ6mica % 0.50 



Eneuadernada 



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1.50 



Se vende en todas las librerUt 

Editorial "Difmidn" 

TUCUMAN 1869 



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,'840 Bikhoi AiMi, 5 abril i, 1944 AII<| XVII 







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I 



I B Li G R A F I A 



Dgas - Garcilaso. 
leccion Cldsic o s 
teUanbs". Estrada 
;ores, Bs. As. 



Las grandes editoras argentinas se esfuer- 
zan coHstantemente por ofrecer al imbUco 
que lee, bibliotecas que se caracterizan por 
su valioso contenido literario y el buen gus- 
to de su presentacidn. Conocimos hoy el vas- 
lan que se propone realizar la Editorial Estrada — pro difusidn de 
'esoros literarios de la hispanidad — que comprende la Coleccion 
icos Castellanos, encabezada por una obra de tanta jerarquia ar- 
ea dt)mo singvXarmente simpdtica; las Eglogas de Gjarcilaso. Nos 
%eten, y nos adelantan obras de los poetas y prosistas de la Espa- 
Idsica, reunidos en uno solo el valor intrinseco de la obra, la cjiida- 
resent acidn grdfica', y algo original que destaco por su interns, Cada 
9 ird precedido de un prdlogo o estudio, donde un poeta o prosis- 
rgentino expondrd su punto de vista sobre tal o cual obra o autor. 
? que comentamos prologd con brillo Ignacio B. Anzodtegui, De 
s es conocida la importancia de Garcilaso en la literatura espano- 
^l hermoso metro del endecasUabo que de manera insegura usaron 
!arqu4s de Santillana y Don Juan de Mena, y maltratara conjun- 
ente con otros metros italianos el bueno de Boscdn, es definitiva 
ispanolmente" ganado para Espana por Garcilaso. La lira, que lue- 
ie tornariu mistica en los labios de San Juan de la Cruz y de su 
or gloria Fray Luis de Le6n, es otra de las maravillosas realiza- 
les de Garcilaso en Espana. Pero no solo incorpora a la lirica espa- 
i los nuevos metros y las nuevas combinaciones estrdficas, y pe- 
*quiza en honor de Isabel de Freire para llorarla en tal soneto... 

"i'Oh dulces prendas por jni m<il haUadas, > 

Dulces y alegves cuando Dios queria! 
Juntas estdis en la memoria mia 
Y con ella en mi mente conjuradas. 

iQuidn me dijera, cuando en las pasadas 
Moras en tanto bien por vos me via. 
Que me habias de ser en algun dia 
Con tan grave dolor represent adas? 

Pues en una hora junto me llevastes 
Todo el bien que por terminos me distes^ 
Llevadme junto el mal que me dejastes. 

Si no, sospechare que me pusistes 
En tantos bienes porque deseastes 
Verme morir entre memorias tristes*. 

Garcilaso moderniza la expresidn, y a la economia adjetival de los 
^eriores escritores sucede la riqueza de adjetivos, es verdad, no muy 
ovados, como puede verse en sus Eglogas. Con Garcilaso asoman los 
etivos de naturaleza, y los que hoy Uamjamos sinestesicos. La metd- 
0, el suMantivo entre dos adjetivos, novedades son del sutil poeta 
idano. Despues de la Egloga tercera aparece por primera x>ez la Oc- 
a Real. 

Mientras Garcilaso rcalizaba en el campo de la poesia el ideal de 
Ho cldsico renacentista, en el de^ las nrmas se cubria de no menos 
ria. Canto y peleo. Peleo para seguir viviendo; canto para morir 
ando. De esta dvab'dad bien espafiola estaba hecho Garcilaso, poeta 

ifimortalizaron un libro de versos y poco mds de tres decadas. Su 
erte no fui prematura. Garcilaso fue minmdo de los dioses; por 
, 9U muerte aparentemente absurda en las escalas de la torre de 
BZ,. La vejez irritaba a los dioses griegos, ij el guerrero did al fin 
vida en el ansia imprudente de una torre, como la hubiera menos- 
siado el poeta al pie dc In no mcnos ardua del corazdn de una niujer. 

Dionisio VARGA, 



Acaba de aparecer en la 

COLECCION DE CLASICOS 
CATOLICOS 

Trafado del 
amor de Dios 

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San Francisco de Sales, un 
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Revista Oficial del Consorcio 
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Trata asuntos de moral medica 
de interes para 

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Aparece mensualmente 
Suscripcion anual $ 3 

Reconquista 572 

Buenos Aires 



S§SSD{]g€D{]S[^gS^S[K]S 



B I B LIOGR.AFI 

"Gloria Peralta", por Una excelente novela, familiar, s€7icHla, 
Josef a Tordesillas fiva y plena de didlogos muy Men ^ograd* 

la ultima produccidn de Josefa Tordesilla 
tifulada ^'Gloria Peralta*', y presentada eyi una cuidada ediridn 
Libreria Ediiorial Santa CataUna. La autora de *'Hacia la luz** i 
Cum de Laguna Bvavo*\ es actnalmente una de las mds prestio 
encritoras catoUcas de nuestro pais, que viene ciimpliendo con anu 
vmgnifica vision de apostolado, digna de todo encomio y alabanz 

^'Gloria Peralta" es la historia de una nina a quien la vida - 
vo le escatimo sufrimientos — convirtid en mujer a tenvprana 
En efecto: Dona Rosa Palm-a, madre de la nina, abandond a su e 
— hombre escrupidoso y de bnena ubicacidn profesional y politia 
causa de cierta mujer fOlga) dos veces divorciada, y de moralidad 
que dudosa, Madre e hija se vieron obligadas a refugiarse en un 
rcntillo, porque la sehora no quiso recurrir^ a sn familia, tern 
.^&,r rechazada por esta, y el dhievo con que contaban se les gas 
poco tiempo. A esta altura del desarrollo, un sincope cardiaco, 
huerfana a Gloria, que es llevada a casa de su abtiela, y de alii 
rohgin dc religiosas, Antonio Peralta, su padre, ya ca^ado con la ( 
cinda, la risita dc vez en cuando en el internado, Despues de i 
cpisodios — de relativa importancia en la novela — , la nina pasa 
ip'na en el ynismo instituto, y Peralta se ve comprometido en un 
ncgociado de politicos sin honor. Es entonces que Gloria recurre a 
.S//S energias, y luchando contra viento y marea, especialmenfe c 
Olga, la detestable mujer de Peralta, consigue impedir que su 
se suicide, y logra que se decida a someterse valieyitemente a las 
scrnencias de su mala accion. 

La trama, como se ve, es mds bien simple, pero llena de in 
trasparentado en las multiples circunstancias que .amenizan en f 
extraordinaria el simpatico relato. 

Pero ademds de su creciente interes posee **Gloria Peralta'* 
valores muy reales. En primer lugar el estilo: claro, breve, didfi 
atrayente. La fuerza narratira de la autora se manif testa mds pa 
larmentf en las descripciones dc ambiente, muy bien hechas, » 
dcmuestran un verdadero conocimiento de las barriadas portena. 
romo tanihicn de las senoriales mansiones de Buenos Aires. Ac 
f(t*i didlogos estdn ingeniosamente realizados, en forma particulo 
(lue reflejan el lenguaje de los chicos de barrio, y los que se pronu 
rn el internado, en verdad deliciosos, y muy propios de las Jtim 
rursan rl liceo. De todo lo dicho, puede deducir el lector^ lo bien trt 
(jffc esta la psicologia de los persona jes. A si es: esta novela nos pre 
rua serie dc caracteres definidos, y entre ellos destacamos los de: 
lin, Dona Rosa, la Rubia y Pirincho, chico inteligente, rebelde, un 
rircrido, y nn poco agradecido fambien; tal como dice la autora a 
vr r.vpresa: "Poseia pasta para mucho bueno y para* mucho malo^ 
fU came como la suya estdn hechos los pillos y l(fH hombre^ de I 
La figura dc Olga, indudablemente estd bien bosquejada, y la de . 
}'fo Peralta, elcanza sn mdximo grado, cuando el cinico y ambicioi 
J'ti(fnero sc rcficre a sn concept o sohre la moral del abogadc, ma' 
tandf) Qfw para ''nn bncn abogado, todas las causas S07i buenns*' 
nfrn part(\ Jf^srfa Tordesillas aprovccha las distintas circunsto 
qi'e dan forma a sn novela, para criticar, de acuerdo a su posicii 
i,ifclcctnal catoJica, los deleznables prejuicios de nitestra ^ociedad 
innpordncd. Asi no picrdc oportunidad de censurar la avaricia i 
propicfarios que crca la miser ia del convent illo, la inescrupulosid 
ln.<{ candillos politicos modcrnos. la pocn delicodeza de dama^ hon 

(Continua en la pig. 



Die 







o 



>ARECE TODOS LOS JUEVES 



XVII N.* 840 



6 ^ akril 19^ 



AlsMA 640 



U.T, M-l)0? 



^Hacia donde ir? 



NA casuatidjui qoe Da=ij« f«Lzr tjl reir:5? 
sobre mi mcsm de tnottjo ^2 rrzri: 5e :> 
bros que, en diversas fc-rr'Afv ir:f-*Ti^ rcc.- 



a veces sombrUmcnie, la jTtgzz.z^ z-z* sir- 
tftulo al presente anirajou j tarnbie-: & aZf"-:- 
Is que ban de seguir a esxe. Sec &:;::eLjos. erne 
El Mundo de Aytr. la cojsrDsa a-iobic-frtfia 
3fan Zweig, el Rttrour^r Iz /c.. de Ju>« Rev- 
las lUtimas obras de Jac^^ses Marit^ir. y 
los documentoB de una polemica habiia recien- 
te en el Brasil acerca de isna esire cllas. To- 
OS abordan, en alguna forma, el pre-Vrina tre- 

de esta bora ihacia dondf irf, problenji que 
Q tiempo individual y colectivo. que abarca por 
irte el becho de que el mundo y sus babium- 
a salido de lo que podriamos Damar la«via cor- 

por otra la necesidad que tenemos todos de 
amos llevar pasivamente a son de camalcte en 
desbordado, sino que nos incumbe el deber de 
oar sefiTun nuestras fuerzas espirituales, con 
^ito de llevar a nuestros semejantes e ir nos- 
nismos hacia un porvenir mejor. 
ba en mi artfculo de bace quince dfas, la frase 
iciada por una nina: "a ml nada me importa 
lonial con tal de vivir bien". Esa mentalidad 
I extendida de lo que se cree, pues Jules Ro- 

escribiendo en los Estados Unidos el aiio pa- 
lice, despuds de mencionar determinadas ven- 
[ue est& en condiciones de proporcioiiar el Es- 
'todas estas cosas, que son preciosas, pueden 
para amueblar la libertad y tomaria c6moda 

se la posee, pero que no la reemplazan cuan- 
% ha perdido, y no tienen con ella ninguna re- 
filos6fica profunda. Porque se concibe perfec- 
e una sociedad de esclavos que serfan bien 
tados, bien alojados, curados srratuitamente, 
los a bora fija, y que no por esto dejarfan de 
"fectos esclavos cuya suerte un hombre digno 

nombre considerard siempre inferior a la de 
ledor ambulante del puerto de Marsella". Tie- 
lilsima raz6n el escritor; pero para que baya 
do estas Ifneas debe de haber encontrado, co- 

personas que ponen el bienestar flsico, la 



'^iia o;czk>Sa. pec ^•j>c:7&a ^ c*fjui<^,:f: yiritv*-.?*!/* ^ 

No b* oe Ar^7Jkr:?w ^r, ar*aV.iAr ^' r^jwvfc "Ctj^jrw^ 

mas Q'je ^>r *;:$ :u$^;r.^t^. i\r,- <r c*rif>.^,«^ <d^«M^ 
fijarme, jot tAa*'^ io <»f ^fs^j ^rriW^^r. ^r. JftCl:^».lk•«it ^Msir 

los que perdieron uxS* w^yxrar-^j^ ,v ^^•^N^t'^Tfc-^A > 
se refu^iaa cr, ^a eva^'AR, <»^ a xwv* w r^^^Mi 
oaene. 

Y a^ui pier.so en <f^ |\^^TV S^rfAr. r>fc^"^ > ^s^ ^,Mt 
:i>s «>:iv>s cue maTv:haT\>r» r^raV-ayi-w^r.^ir a ^; 



Cuando c^rribi un artK;;\^ *^^« nv^xv ,s^ *♦; »«* 
cidio, haoe alwsiesiixr *ic ,ixV!k a^\av v<:r;^'^vAN« >^ *»a^ 
do de a^f*". pon> otts^ <;k %^^n\^Mvt^,^, *' ,*va v^ ^^^ ^»^ 
coraron. Y dospu^ ^^^ haK-v *v\,io <v*;a ,^^VA >:»;*^ >w^ 
desgarra ol alnia« \y\^ t^iAxu «*,oo.n^ xnV'/o ia^ i»sx\x 
una fo 5o;idij^ima ixslvu ha*'4^vK^ *At\A,^\ a ^*s >i«* 
ni era cristiano, ui ji;ui\o *'xv\cuu* > hn^is^^aw \ 
como Zwoig a la hv^ra aoV.^a^ V.a> tut'Uiv^ ^U^ h^xm 
bres y de nugoiv* ^^ue no ^mWu >a ^^\^^^ ha\*^>v \xh^ 
la vida. 

Era vieni^9. Si »uK^iikt\ora tt^ndna la uu»ma l^)a\l 
que tengo \v. Y ho cxmivido U vifja Vw«a» la awtt^ 
rior a la primcra guorra nuindial: m^ o\u(U v^n Ku* 
roi^H lugar mA» atrayvnto. ''Lwa nniiaiuvn lublf^n l<^ 
vantado la.^ prnnora^ puHtra« d<» i^nta oi)u)ad» twt* 
mando un aistrum^ un inioMo avau«ado para im^t^^- 
ger a la civiliKacU^n latina contra Km bArlmnm, y 
mas do mil aAi>s dot^pu^s la arromotida do Ion onrna- 
nea contra ol iXvidonto «o oHtrollO contra onan m«- 
ratlaa. Aqui navogaron Km nibolungoii; aqui hrlllA 
sobre ol mundo la couMtoliicti^n do Utii Htoto nNtrtm in* 
mortalos do la mAaica: (thick, lliiydn, Motnrt. Hoo 
thoven, Schubert, nrahms y .liiau Strtumn; aqnl 
conflutnn todas las corriontoM do la culture cMtroprM. 
En la Gorte, on la ariNtocracIa, on ol pii«>lito. to alo- 
m&n se aliaba un la sangro a lo onlnvo, lo hiUivnro, 
lo cspaftol, lo iialiano, lo frnnc^M y lo fliiinonro; y 
el genio vcrdndoro do rata oiudad do la iinlNira ti>>' 



ni7. 



sult6 consistir en el don de diaolver armoniosamente 
esos contrastes en algo nuevo y original: en lo aus- 
trifico, lo Vienna . . . Era placentero vivir alii, en esa 
atmdsfera de tolerancia espiritual. Cada habitante 
de esta ciudad era educado inconscientemente en el 
sentido de lo. aupernacional, de lo ooamopoHta, como 
ciudadano del mundo". Todo esto es verdad, con la 
caracteristica especialisima de que nadie concebia 
siquiera que algun dia, y repentinamente por decir- 
lo asi, todo esto podria derrumbarse, y la armonia 
convertirse subitamente en una griteria desaforada 
e infernal. "Una recaida b^rbara, como una guerra 
entre los pueblos de Europa, era cosa en que se creia 
tan poco como en la^ brujas y en los aparecidos". 
Por esto el despertar fu6 tremendo. Se vivia, dico 
Zweig con raz6n, en el mundo de la seguridad, y re- 
8ult6 tr^gico el darse cuenta de la noche a la ma- 
nana que no se habia vivido mds que en el mundo 
de la fantasmagoria. 

Muchas veces todo esto me ha hecho pensar en el 
segundo acto de Tristdn, A116, sobre un banco flori- 
do, acariciados por el oreo de los grandcs &rboles, 
cantan el h^roe e Isolda sus amores: para ellos en 
el mundo no hay m&s que 6sto, y la esfera de la 
realidad estd determinada por da pa^'idn que los 
abraza. Mientras tanto, desde lo alto de una torre, 
Brangania advierte a los amantes el peligro: la ma- 
ftana comienza a asomar en el horizonte, la niuerte 
estd rondando bajo la fronda. Y ellos, ^nte la voz 
amiga se sonrien; puede la muerte venir, est^n lis- 
tos a recibirla. i Green verdaderamente en el terri- 
ble advenimiento? Otro tan to ocurria con la sociedad 
en 1913: ciertas voces habtan mostrado la amena- 
za, habian dicho que el armamentismo, la paz arma- 
da, los ej^rcitos permanentes, una t^cnica militar 
dia a dia m^s costosa, las ambiciones desenfrenadas, 
la brega implacable por la conquista de los merca- 
dos, las luchas de clases, la creacion de uniones in- 
ternacionales tanto capitalistas cuanto obreras, y 
todo esto dentro de un mundo en que ya no se ad- 
mitia una moral publica, y la moral privada estaba 
seriamente menoscabada, habia de crear la inesta- 
bilidad: un acontecimiento cualquiera produciria la 
conflagraci6n, con tal que hubiera un gobernante que 
en ella viera su provecho. Asi llegaron subitamente 
el rey Marco y los cazadores sobre la pareja ence- 
guecida de Trist&n e Isolda. 

Stefan Zweig nombra a Lueger, y creo que es algo 
injusto con ^1. Conozco los escritos del jefe de los 
sociales cristianos austriacos: eran alld por 1910 de 
candente actualidad: algunos conservo todavia. La 
base de su doctrina no era un antisemitismo vio- 
lento, sino una f6rmula muy sencilla: en un pais 
donde lOs cristianos constituyen la inmensa mayoria, 
no est6 bien que los hebreos acaparen la casi tota- 
lidad de los puestos. Reconozco gustosisimo que den- 
tro del elemento judio vienes habia una cantidad de 
hombres de primer orden, cada uno en su g^nero. 
Prescindiendo del mismo Zweig, iqui^n desconoce a 



algunoB de los que tete nombra: Oscar Strai 
Fall, Max Reinhardt, Freud» Hoffmannstall, 
Schnitzler y otros m^s? No todos eran igu 
inocuos, y alguno contribuyo a rebajar el ni 
ral de la sociedad en que vivia. Pero al ladi 
tos los habia que, capitalistas, agravaban coi 
reza econ6mica los conflictos sociales, o, agi 
colaboraban en la preparaci6n de la rebeMii 
Un intelectual de la categorfa de Zweig no : 
taba esos medios: los problemas de*arte y li 
lo absorbian por compMo. Por lo que toca 
ger, — que en el trato particular y aun en 
totalidad de sus discursos estaba en los ai 
del irmite judios! — , percibia con toda clar 
factores del problema social, como en la misi 
tria alios antes los habia seiialado otro sociolo 
lico, el bar6n von Vogelsang. Todos ellos c 
dian que se, estaba llegando a las poatrimerii 
regimen; la tensi6n era extrema, y bastaba 
cunstancia cualquiera, el gesto imprudente d( 
litico, el sueno interior intemperante de ui 
16mano, para hacer saltar la chispa: la guer 
tia virtualmente desde mucho antes de 191^ 

Recuerdo, — porque este articulo ea en cie 
do retrospectivo — , que hacia 1910 un caric 
habia mostrado a Guillermo II encargando a. 
vallo la musica de Rolando di Berlino, cuyc 
acababa de redaptar Su Magestad, y agr 
"compr^ndalo, maestro, a mi no me basta la 
nota en el concierto europeo, quiero dar una 6 
tera". Los haces de leiia estaban tan secos, y 
mulaci6n era tan enorme, que si Guillermo s 
via a estrenar su 6pera, arderia Europa 1 
no digo aqui que el Kaiser fuera el autor e 
de la contienda; pero el hecho es que, sea p 
seguro de ganar victorias en ella, sea por : 
prender realmente la situacion y no medir 1 
zas listas a desencadenarse, aprovech6 el a 
del heredero austriaco para dejar caer la chis 
el momento en que el viejo imperio de loa B 
go presentaba mil fisuras en su edificio, y i 
resistir a una sacudida en6rgica. Claro esti i 
no lo veian los hombres, aun los muy inte 
abstraidos por los problemas artisticos o li1 
Por lo cual la guerra fu6 para elloa un rayo 
sis estallo como inesperado meteoro en cielo 
y todo se vino abajo, cayendo el edificio 9< 
moradores que lo consideraban- etemo. Sin e 
no se dieron cuenta de que estaban presenc 
primer acto de un drama mucho mayor que 
revoluci6n francesa. Todos los habitantea ' 
tuales" de Europa, todos los ciudadanoa m 
que vieron aparecer la guerra cuando estal 
suadidos de que la civilizacion, el intemacic 
cultural y social, el progreso, la habian torn 
posible, fueron sorprendidos. Y habiendo e 
hechos y su inteligencia un velo tupido de 
ceptos, no supieron interpretarla. 

Nunca he podido explicarme la vista corta 



818 



itriiNiyeron la guerra de 1914 a la demencia de 
\Mhre 9olo, Guillermo II, o bien a formas nre- 
M de gobiemo: los imperios. Leg parecio que U. 
Nucidn, o 81 ae prefiere la aceptacion del trata- 
ie Versalles, al qne se irian sumando benevolfis 
ladones, tomaba tmposible el retomo de la pe- 
lt. Sin embargo, durante un viaje efectuado por 
ejo Continente en 1922 me persuadi de que no 
udULbamos en paz sino en tregua, porque las 
8 anteriores a la primera contienda mundial 
luaban obrando con m&s vigor que otrora y po*- 
I mentalidad de violencia en las relaciones en- 
tses y grupos ^tnieos se difundfa en todo? los 
, aun los reputados por su mansedumbre. Asi 
ires6 entonees por escrito: claro que nadie me 
m cuenta. 

ntras tanto, los hombres como Zwei? e infini- 
is, reclutados precisamente entre los de ma- 
ipacidad intelectual, no alcanzaban a ver e.«a 
id social profunda: quizds los enfermaba una 
a muy grande pero notoriamente artificial, y 
a, — ^y esto lo da a entender Zweig en su Au- 
raffa — , no se habian curado aun del mito del 
!6o. Tengo ante los ojos el op(isculo de Jules 
ns Stefan Zweig Grand Europien, elegantisi- 
ttte publicado por la "Maison Frangaise" de 
^fork en 1941. Eurapeos, para un francos, un 
Q, un austrlaco de la categoria a que vengo 
ndo: la palabra abarcaba la civilizacion total, 
e America no era sino un ap^ndice cultural 
iropa, lo que es verdad. Pero entonees el des- 
^imiento de Europa en fracciones territoriales 
!la8es sociales divididas por abismos, la divini- 
. del mito, del Estado como en la Italia fascis- 
de la. raxas^mo eni la Alemania nazi, o de )a 
como en la Ilusia sovietica, atacando directa- 

ese concepto cultural de Europa, deja*ba sin 
& los grandes europeos. Compadezco inmensa- 

a tales hombres, porque yo tambi^n he pro- 

no encerrar mis conocimientos, eualquiera 

1 valor, dentro de los limites de una frontera, 
encima de todas ellas he tehido amigos y pro- 

> mantener vinculaciones. Acontece entonees 
como si fuera el techo, sino el suelo lo que 
idiera en un abismo. Tal cat^strofe cayo sobre 
lombres. 

Sweig le qued6 un recurso, pero incompleto. 
leciente a una familia hebrea de la burguesfa 
aca, no posefa la fe ortodoxa de Israel. Creo 
Rbia en d, durante los aiios anteriores a 1918, 
olidaridad natural con los hombres de su raza, 
lolidaridad poco activa. Pu^ precisamente du- 
la primera guerra cuando encontro judlos es- 
mente practicantes, piadosos, y casi todos po- 
» empob^recidos. La impresion que sinti6 no hubo 
r profunda. Pero cuando el hitlerismo lanz6 en 
mia su campaiia racista; cuando, como el mis- 
lUce, "catedriticos universitarios deblan barrer 
Ilea, religiosos judlos de barba blanca fueron 



arrastradoe haata los templos por moznlbetes que 
prorrumpian en gritos salvajes, y obligados a hacer 
genuflexiones y gritar en coro Heil Hitler", enton- 
ces la voz profunda de la rasa se dej6 ofr en su alma, 
y se manifest6 sdidario de todos los judlos porsegui- 
dos en el mundo, aun cuando no participara en las 
creencias de todos ellos. Y tengo la impresi6n dt 
que nunca como entonees su coraz6n particip6 en 
los escritos que redactaba. Pertenecfa ya, en cuerpo 
y alma, a la inmensa legion de los perseguidos. 

Le faltaba descender otro i)eldano. Con la ocupaci6n, 
de Austria por Alemania, Zweig qued6 sin patria te* 
rrena, porque su pasaport^ caduco y jam^s los hi- 
tleristas se lo habrfan renovado. Tuvo que conten- 
tarse con un documento ingles para extranjeros, que 
le concedia bien pocas facilidades para viajar. Y cita 
la frase de un desterrado ruso: **antea el hombre s6Io 
se componia de un alma y un cuerpo; hoy necesita* 
ademis, un pasaporte; de lo contrario no "le le trata 
como a ser humano**. Y la endlablada espiral que lo 
habia envuelto continu6 descendiendo: el dia mls- 
mo en que iba a contraer su segundo matrimonio 
Gran Bretana declar6 la guerra a Alemania, y Zw^eig 
paso de la categoria de sin patria a la 'lo enemigo. 
Viaj6 a los Estados Unidos: alti tambi^n lo alcan- 
zo la guerra; se refugi6 en el Brasil, y comprendi6 
que todo el continente sudamericano iba a sufrir de 
alguna manera los horrores de la contienda: ya no 
le quedaba nada. En el pr61ogo de su autohiograffa 
dice "quienquiera que haya pasado por esta ^iwca. 
o m6s propiamente dicho, quien quiera que haya sido 
lanzado y perseguido a trav^s de e^^^te tiempo, ha 
experimentado mas historia que oualquiora do sus 
antepasados. Hoy tambien nas encontranioi, una \'eR 
mds, ante un cambio, un fin y un comionzo nue\'o. 
No obro pues sin proposito cuando pongo punto fi- 
nal, — por ahora — a esta mirada retrospootiva sobre 
mi vida, en una fecha detorminada. Poniue aquel 
dia de septiembre de 1939 traza la ruhrica final, de- 
f initiva, al pie de una epoca quo formo y oduo6 a los 
que tenemos sesenta ailoa. Pero si con nuostro tes- 
timonio transferimos a la proxima gonorarion aun- 
que sea s61o una astitla do verdad extraida do su 
estryctura, nuestra actuaci6n no habr^ sido total- 
mente vana". Para Zweig el por ahora so convirti6 
en para siempre; carecio de resistencia ante el en- 
rarecimiento de la atmdsfera intolectual, ante la 
brutalidad deificada, ante la destrucci6n de un mun- 
do en que habia viyido todo entero: 61 y su esposa 
se evadieron en la muerte voluntaria. 



Alguien me preguntara quizas por qu6, habiSndo- 
me ya ocupado de Stefan Zweig hace dos afios, vuet- 
vo a hacerlo ahora. Respondo que si hace veinte y 
cuatro meses el interrogante ihacia ddnde ir? se 
planteaba para muchas almas de una manera abru- 
madora, el ntimero de las mismas ha subido a can- 



%V^ 



tidades tales que el problema se formula hoy como si 
fuera nuevo, y ello sin distincion de nobles y plebe- 
yos, de judios y cristianos. Una institucion especia- 
lizada de los Estados Unidos acaba de publicar un 
estudio sobre el numero de personas que, fu^itivas 
o trasladadas por'la fuerza, agrupadas en familias 
o dispersas, ban salido de su hogar y fueron arras- 
tradas x>or la tempestad a paises que no son el suyo. 
Pues bien, tan solo en Europa alcanzan a cincuenta 
millones: nunca la humanidad ha presenciado mi- 
graciones semejantes. Y en la mayor parte de los 
casos ello ocurrio sin consideraci6n a la cultura, sin 
atenci6n a los vinculos hogarenos, sin miramientos 
al sexo ni a la edad. Innumerables han muerto en 
los caminos del destierro, y no pocos han repetido 
el gesto de Zweig. La humanidad ha dado un salto 
hacia atr^s como ni aun los que aiios hace eramos 
pesimistas hemos podido imaginarlo. La misma ins- 
tituci6n norteamericana a que ante aludi demuestra 
que, para volver todos los sobrevivientes a su tie- 
rra, y asegurarles algun alimento ,se necesitar^n 
varios aiios. Y a esto se suman vejaciones bdrbaras, 
que pretenden herir lo moral mas aun que lo fisico. 
Pienso en el ilustre Bergson, obligado a obedecer, 
como todos los hebreos de Paris, a la ley de inscrip- 
ci6n en los registros especiales, haciendo cola en la 
via publica, en zapatillas, por no poder calzar zapa- 
tos, apoyado en un sirviente, con sus ochenta aiios a 
cuestas. Este hombre habla llegado a las puertas del 
catolicismo, pero en su hora extrema manifesto que 
CO podia abandonar a los suyos perseguidos, e hizo 
pedir a su arzobispo que, a pesar de morir en el ju- 
daismo, hiciera rezar, si era posible, un responso so- 
bre su tumba puesto que su alma acatab'a la divini- 
dad de Cristo. Pienso en un convertido, fallecido ya, 
el profesor Gino Arias, mi dilecto amigo, maestro 
insigne de economia politica, destituido por razones 
racistas de su c^tedra en la Universidad de Roma 
e] dia mismo en que Plo XI le otorgaba una audien- 
cia. Pero estos son casos sobresalientes. ^Cu&ntos 
no habrd entre los ignorados, los desconocidos, la 
enorme muchedumbre de los que el odio ajeno ha 
reducido a vivir como profugos, exilados, menospre- 
ciados, prisioneros, a veces casi como bestias, cu&n- 
toB habra que renunciaron a la vida? 

Sobre todo para los mds cultos entre estos hom- 
bres, si carecen de una fe robustisima, de un cris- 
tianismo inconmovible, y por lo tanto de la persua- 
ci6n de que ningun sufrimiento es inutil, la tenta- 
ci6n es instantisima: la evasion suprema 3e les pre- 
Benta como una liberacion, como un sueiio profundo 
cuando el cuerpo estd muy cansado. lY es tan f^cil 
matarse ! 

Precisamente en la introduccion de Jules Ro- 
mains al opusculo Stefan Zweig, Grand Europien, leo 
lo siguiente: "Ud. ve que, por poco que me deje lle- 
var, hablo todavla a pesar mio como hombre que se 
obstina a creer en el porvenir. Cada cual, a su mo- 
do, es incorregible. No es ello por no haberme re- 



prendido acerca de mi ingenuidad. Sin embargo mil 
ilusiones no son delirantes. No espero una curaci6n 
de la humanidad: es ella demaslado loca y demasia- 
do mala, o sencillamente demasiado estupida, y glo- 
riosa de serlo, en muchos de quienes la componen. 
Pero es tambi^n un hecho de experiencia que hufak>» 
en el pasado, tiempos mejores que otros. Tenemoi 
el derecho de decirnos que habiendo atravGsado des- 
de 1914 uno de los peores tiempos de la humanidad, 
conoceremos quizes, si acabamos la travesia y llega- 
mos a suficiente vejez, un tiempo mejor, algo mejor 
siquiera, lo que no debe ser diffcil. Durard lo que 
pueda. iPueda ^1 durar m&s que nosotros! Augurios 
tan moderados no estdn en mi naturaleza. Al menoa 
amaria todavia creer en una cierta acumulacion de loa 
resultados, de las adquisiciones humanas de edad en 
edad, a pesar de todos los accidentes; creer en un 
progreso. iPero es muy cierto que las adquisicionee 
humanas se acumulan cada cual segun su propic 
sentido, con velocidades muy desiguales, y que nadic 
esta ahi para cuidar de su sincronismo, dirigir bug 
convergencias, evitar que realicen entre ellas, en 
puntos no calculados, alianzas monstruosas! Cuandc 
delante de un fisico amigo mio me abandono a al" 
gun acceso de optimismo relativo a la segunda mi- 
tad del siglo, o siquiera a tiempos mds lejanos, €i 
me responde: no pierda de vista que si la civilizti- 
cidn no perece con esta guerra, la fisica continua- 
rd, Y si continua, obtendrd muy prohahlemente an- 
tes de fin del siglo resultados que ya podemos entre- 
ver. Pienso en la utilizdcidn de la energia intratdmi- 
ca; y mds especialmente, porque ello es todavia m&k 
grave y enloquecedor como perspectiva, en la posi- 
bilidad de desencadenar una serie ilindtada e irre- 
sistible de explosiones de dtomos a pdrtir de unc 
puesta en mhrcha insignificante. Si quiere compreit 
derlo, recuerde el procedimiento del incendio pasan- 
do del orden molecular, conocido desde . la prehisto- 
ria, al orden atdmico, lo que multiplicard miUonet 
de veces su potencia y velocidad de arrasamiento 
Ese dia, para incendiar un mundo, cualquier Hitlet 
no habrd menester de diez anos de agitaddn, ni di 
ganar los sufragios del tercio de los electores alenui 
nes. Le bastard preparar secretamente su golve^ i 
lo mds con un punado de cdmplices, exactamente eo 
mo hoy un vagabundo, a condicidn de elegit hiei 
la estacion, el dia, la direccidn del viento y el luga^ 
donde colocar la cerilla, puede incendiar fdcilmenti 
un bosque de diez mil hectdreas. Claro est& que de& 
pu6s de tales palabras el optimismo es cuesti6n d< 
temperamento, y hasta de humor. ^El tiempo es bue 
no, hace sol, el aire de la maiiana corre fresco? Vo] 
a pasearme por las calles o los bosques. Y no me es 
tk vedado, mientras camino, canturrear un tema di 
la Septima, o soiiar que algun dia el mundo Eeri 
salvo". 

^Nada mds? Y si esta fealdad del mundo contem 
pordneo, que Ud. mi estimado seiior Romains, pro 
clama con toda justicia, me obsesiona demasiadi 



SSI? 



itendri derecho a pegarme un tiro para dejar de 
contemplarla, y sobre todo de padecerla en mi esp!- 
ritu o mi carne? lFodr6, especialmente si dispongo 
de algun talento y ejerzo alguna influencia, aunque 
pequexia, evadirme por el suieidio? ^No recuerda 
Ud. c6mo Pascal dice que una piedra arrojada al 
mar lo hace crecer tedo entero? ^Por que no hemos 
de aer, otros muchos y yo, los que hagamos crecer 
este mar y apaguemos con sus aguas el incendio? 
iUusiones?. . 

Estamos en Semana Santa, y recuerdo, segun la 
frase de Sertillanges, "lo que Cristo veia desde e] 
alto de la Cruz". Estaba pereciendo en el suplicio 
y la abyecci6n» y toda su obra habra sido aparente- 
mente aniquilada. Sin embargo el espectaculo, cien 
veces peor del que contemplan hoy nuestros ojos, no 
impidi6 su divino optimismo: sabia que cada gota 
de 8U sangre fructificarfa. Sus discfpulos pensaron 
come El ante la refinada ignominia pagana y ante 
la bestial barbarie Uegada de las selvas germanas. 
^No Bomos nosotros, en lo que tenemos de bueno, 
iiijos del triunfo de este optimismo sqbre todas las 
formas del egoismo humano? ^No es 6sta, entre otras 
muchas, la historia de nuestra America? .iTriunfa- 
Tin siempre un Ner6n o un Atila, un Hitler o un 
SUlfn? 

I Oh, yo experimento tambi^n, por horas, senti- 



mientos semejantes a los que abruman a los Zweif 
Me acerco a mi biblioteca, y hojeo los libros publ 
bados entre 1914 y 1939: me hacen el efecto de hi 
ber sido talados, o de ser ellos mispios contpmpon 
neos de horas, que parecen remotisimas, en que hi 
bia sobre la tierra algo mas que la fuerza brut 
Recorro las p^ginas de mi revista, considero la li 
ta de sus colaboradores de Europa. ^Donde estdn 
No logro entrar en comunicacion libre con uno so 
de ellos. Creeriase que el mundo tuviera que opti 
entre dos barbaries: la nazi o la comunista. Ni s 
quiera llega todos los dias, o todos los meses, hasi 
aqui la voz del Papa, que es guia supremo de 1( 
cristianos en los momentos de suprema tribulacio: 
Pero tengo fe en el manana, y a traves de Di< 
sabe qu^ espantosos episodios, cuyo encadenamient 
— no lo dudo, — se extender^ mucho m^s alia de 1< 
limites de mi vida, embArgame la certidumbre c 
un porvenir mejor, si no para mis hermanos mi 
j6venes, al menos para los hijos de ellos. 

Comprendo y compadezco ciertas crisis de la qi 
es simbolo la ocurrida en el alma de Stefan Zwei] 
Pero juzgo peligroso su ejemplo, y nociva la orie] 
tacion que seiiala: la evasion en la muerte es sier 
pre una deserci6n. 

^Hacia donde ir, entonces? He de continuar ii 
vestigdndolo en articulos sucesivos. 

Gustavo J. FRANCESOHI 



COMENTARIOS 

Esto va mal 

GASl no Dosa un dia sin que se vea en la caUe 
Corrientes el corddn de tranvias detenidos, in- 
terrumpiendo el trdnsito y fastidiando a los 
maferos que deaean llegar mds o menos a punto a sus 
hogares. 

Hemos dieho, east no pasa un dia, deberiamos ha- 
ber afirmado que no pasa hora en la calle Corrientes 
y en muchas otra^ calles de Buenos Aires, sin que se 
deje de ver el trdnsito interrumpido por el pisimo es- 
tado en que estdn los tranvias, no s6lo los vulgarmen- 
te llamados Lacroze sino los de la Cia, Anglo Argen- 
tina^ que motivan a diario protestas del publico. Y no 
se trata ahora de predicar paciencia al publico bur- 
guSa que bien puede esperar. Lo triste es, que el obre- 
ro y el empleado a quienes se les descuenian, dias u 
horas de sueldo, si no llegan puntnales a sus trabajos, 
para cumplir con esta obligacidn, debeyi madrugar so- 
bremanera o aguantar las consecuencias de la impun- 
tuaUdad, 

No es pequeho mal ya^ la espera, a veces de una 
kora a mds, para ascender al tranvia, a las siete de 
la mafiana. Y decimos que no es pequeho mal por- 
que a esa hora y a las de salida de fdbricas y ofici- 
nas deherian ponerse a disposicidn del piiblico mds 



Pero si a esto se anade el estado de deterioro i 
que estd la mayor parte de los tranvias, el mal i 
agranda enormemente. 

El que esto escribe hace mds de una semana vie\ 
tomando diversos tranvias de las dos compahias me 
cionadas y con excepcidn de un solo viaje, en tod 
los demos sucedid siempre algvn inconveniente por 
vejez y pisimas condiciones de los vehiculos. Y no 
nos diga que tomemos "dmnibus'* o los llamados "c 
lectivos", porque estos vehicidos son inabordables 
ciertas horas y quien logra trepar a los primeros de< 
ir colgado com/> pueda y con la vida expuesta. Est 
vehiculos tienen la excusa de la falta de gomtas, < 
nafta y de otros elementos, pero los tranvias que ru 
dan a electricidad, cuando ruedan; deberian estar i 
poquito mejor preparados. '*Esto va maV\ decia i 
pasajero, que subid en un tranvia en "Callao" y Ue\ 
tres horas despues a Liniers, Aquel tranvia no iba 
mal ni bien, sencillam^nte no iba. 

Lo que va muy mal, es toda la cuestidn vehicul 
en nuestra ciudad y seria menester ponerle pronto i 
medio, 

San Jul 

TJEMOS recibido un giro postal N9 403960 
gg Rosario para San Juan, remitido andnim 
"^ mente. Pn el mismo dia ha sido remitido 
Vicario General de aquella ciudad, Mow^, Silvi'i 
Martinez. 



GETHSEMANI 



ESTAMPA 

JUEVES Santo en el olivar de Gethsemani. 
Blando meneo de 6rboles anochecidos. Arri- 
ba, las estrellas ateridas de frlo en su limpia 
desnudez. Abajo, postrado en el reclinatorio de bre- 
ilas, Jesucristo. 

El oreo de la noche balancea suavemente el amplio 
follaje de los viejos olivos y esmalta sus hojas. 

Alia, en lo Hondo, el torrente Cedron, tendido en- 
tre la ciudad y el huerto, se arropa en sombras, y 
en su cuenca m^s profunda brilla intermitente la 
luz de las luciernagas, como boyas seneras de rutas 
invisibles. 

Asciende de la tierra humedecida un fuerte vaho 
de retoiios, de cactos y de hinojos. Y la noche se con- 
ta^ria con la aspereza de las hojas de la higuera. Hay 
calma en los senderos ensortijados que pasan el to- 
rrente, anudando entre si al monte y la ciudad. 

El silencio es severo. Apenas rumorea el viento y 
contenidamente se quejan las ramas. El rezumo del 
oreo de la noche se precipita de tiempo en tiempo 
desde el alto follaje y cae en la tierra o en las bre- 
Aas como una destilacion de sangre. 

Desde el olivar se ve Jerusalen, poderosa y mag- 
nifica con su templo, sus collados, sus murallas, toda 
entera azogada con la lumblre de la luna de Niz^n. 

Al cielo intacto suben los humos desde las carava- 
nas tendidas, como majadas en reposo, junto a los 
mures de la ciudad. 

Jueves Santo, y Jesus de hinojos en el bronco con- 
torno de Gethsemani. Se desangra el Justo bajo la 
umbria del olivar. Jueves Santo de Nizan honrado 
de congojas en la noche y de un atormentado jadear. 

Frente a su Cruz presentida le salta a Jestis el 
coraz6n, y se acongoja y trepida, como ave prisio- 
nera en un puiio, y su frente se afiebra, y su gar- 
ganta se anuda, gime y llora, y reclama al Padre que 
un poco atemperf el exceso de su dolor, porque ya 
no puede resistir mAs el anticipado pregusto del in- 
mihente tormento y la insufrible soledad. 

El cabello le vela costroso la faz, y es humedo co- 
mo cabello de moribundo. Tiende luego en suplica 
apremiante sus palmas el cielo, y se banan de sangre 
y de luna de Nizan. Dentro del pecho se ahoga por 
mementos el corazon, y le acomete un hipo de agonia. 
Y luego cae en quietud de sincope, como si todos sus 
gemidos se hubieran sumido en desamparo. 

Del torrente obscuro asciende un penetrante yaho 
de pastes cegados. Y el auUido de una raposa horada 
todo el silencio de la noche de Gethsemani. 

Junto a los troncoa de los olivos descansando sus 
cabezas testarudas sobre gruesas raices duermen los 
once — ^porque s61o vela el de la traicion — . Y forman 
un humane ment6n de brazos y torsos y muslos en 



repose, bajo los mantos amplios oleresos a sol y a 
campo Palestine. 

Y Jesus — como el gran verme que vaticino 
Isaias — se retuerce en su dolor, y se amarra la la 
breiia, en la que ha clavade sus rodillas, y a un mismo 
persistente quejide: "Padre, si es pesible, que sea 
un poco mas suave mi dok>r. Pero no. H^az lo Que 
tu quieras, Seiier". 

Alza despu^s las manes entrelazadaa a los cielos 
y len el recuadre de sus brazes cae abatida la cabeca. 
Si la luna iluminara sus sienes hundidas se veria en 
ellas la repercusi6n acelerada de su corazon. 

Pero muy luego se hiergue del abatimiento y toma 
a contemplar densamente las estrellas. Las rdfagas 
crean sus cabellos y cristalizan bus Idgrimas brillan- 
tes a la noche, en medio de dos grandes ciroulos que 
ensombrecen sus ejes. 

Y en esta hora en el pecho de Jesus, se resume el 
miedo y las angustias de todos los sufrimientos y de 
todas las muertes de la historia. 

Es espl6ndide el preludie de dolor del gran dramA 
que comieza aqul, ahora, en Gethsemani, y rematari 
mafiana en la Cruz. 

Sombras de nubes viajeras recubren por un in«- 
tante el reclinatorio de piedra, y, provocando eacalo- 
frios, corren en grandes manchas espectrales por el 
suelo brefioso. 

Jesus torna a su angustia. Sus latidos foscos, apre- 
miantes, ahogados, contrastan con la respiraci6n hon- 
da, satisfecha y sosegada de sus ap6steles dormidoc 
un poco mds alld al amparo de los olives. 

Sus palabras bretan m&s espantadas. Y apremian 
las quejas dominande cada vez m&s las vehemenciai 
generosas de sus renunciamientos a la voluntad del 
Padre. 

Todas las carnes tiemblan bajo la ttinica inccm- 
sutil que le envuelve como un sudario. En su cabesi 
arde la fiebre traumatica. Los nervios se hispidan 
Y ante sus ejes comienza a rodar un torlnfellino d< 
astros y se desploman las montaiias de sombras del 
arbolado. 

Se profundiza y se abisma la cuenca entenebre- 
cida del torrente vecino y las murallas alunadas d< 
la ciudad parecen sumergirse, tragadas por los abis- 
mos, arrastrande tras si una cascada de astros.* 

Los mtisculos se distienden y los nervios doloroBa 
mente se relajan para luego contraerse con espataios 
Entonces al helado sudor sucede un encendimiento ei 
el rostro, en las manes, en todos los mienibroa. Li 
epidermis antes livida ahora se enrejece y traapiri 
sangfe, como si toda la came hubiera sido bratal' 
mente desellada. 

Exaltada toda la sensibilidad, con el ansia del mo 



ndo que no logra profundamente respirar^ ja- 
ido de dolor y asfixia, alza otra vez la cabeza 
mentada hacia log cielos, cada vez m^s distantes 
tchos y vacfos.. Y dice entrecortado, tragando 14- 
las y co&gulos de sangre: "Padre, si es posible 
a mi suplicio. Pero» Seiior, si tu no quieres, no 
lagas easo; que beber^ hasta las heces todo este 
de' dolor". 

y menos torturante renunciar a amar, que re- 
:iar a ser amado. Porque renunciar a amar, es 
nciar a los dem&s, en tanto que renunciar a ser 
do, equivale a renunciar a si mismo. 

mds profundo amor humano, es impotente an- 
I muerte. El m&s encendido enamoramiento de 
bre o de mujer no logra atravesar las barreras 
A agonia, ahuyentando las soledades a que con- 
. a] amado, el alejamiento ineludible. 
! muere en soledad. 

»mo van perdi^ndose en los ofdos moribundos las 
zaras de la vida, con un silencio paulatino, de 
tica manera se va alejando la mano que acaricia 
frente afiebrada, o los labios ardientes que besan 
ros labios expirantes. 

i historia del hombre, es larga y cruel histo- 
toca en un punto con la eternidad. Y ese punto 
I historia humana es esta hora de la agonia y 
i muerte de Jesucristo. Todo el universo ha exis- 

86I0 para esta hora y sin ella 61 no tiene sen- 



la eapantosa griteria en el litostrotos: '*Crucifige, 
crusifige eum*', y represando energias y apasiona- 
mientog para la broma divertida de ultimar a un 
hombre en la cruz, despu^ de haberle aturdido arras- 
trandolo por los pretorias, por las salas hip6stila8, 
por los peristilos y acitaras, y por ruines callejas es- 
calonadas. 

Todo Gethsemanl se paraHza en su soledad. 

Enormes cumulos enlutan en este instante la tras- 
parencia del cielo, antes gozoso, y por las abras de 
las nubes se filtra un temblor de estrellas. 

La amenazante montana de sombras de los olivoa, 
las tinieblas del torrente, los cielos entenebrecidos y 
el Padre que no escucha, que no responde, que se di- 
luye y desparece en una lejania interastral, todo 
ello forma un solo inmenso abismo en el que, como 
una brizna desprendida de un astro, cae solo, terri- 
blemente solo, el Coraz6n de Jesucristo. 

Y, en esta hora, con la desgarradura y el quejido 
de un hombre que expirara solitario en medio de un 
universo yermo e inerte, resuena por ultima vez en 
Gethsemanl, la voz: "Padre, hdgase tu voluntad y 
no la mia'\ 

En estos instantes, alld, en lo m4s hondo del to- 
rrente, brilla una hilera de antorchas, bajo cuyo fue- 
go humeante y rojizo se adivinan saldados y minis- 
triles que esgrimen envalentanados picas y lanzas, 
a los que capitanea un hombre que viene disponiendo 
sus labios para el beso de la traicion. 



enos estin los cielos y la tierra de la majestad 
u dolor, \oYi Jesus! T(i no mueres en soledad, 
ue todos los seres que te amamos estamos aqui 
a presentes y dispuestos a atravesar las barreras 
3 agonfa a precio de agonizar contigo. 
fk>r, conc6deno8 el don de poder hacer de nos- 
( mismos todo lo que por Ti quisi^ramos hacer, 
lo que las cosas ilusorias y enamoradoras de 
srra burlando la debilidad de nuestro coraz6n no 
dejan hacer; conc^denos tambien el poder de 
rte hasta nuestra agonia y hasta la agonia en 
bro coraz6n de todos los amores afimeros del 
io. 

eves Santo en el olivar de Gethsemanl. Y Jueves 
3 en el coraz6n de Jesucristo. 
B ojos encendidos, parecen retorcerse en la 
lad de sus cuencas convulsionadas por el v6r- 

que hace girar ante ellos los cielos y la tierra. 
intro del pecho se retuerce tambien el corazon 
indo aligerar la angustia de la soledad. 
B apostoles duermen ahora mds ligeramente el 
> del alma, tan impasibles en su sensibilidad y 
18 telepatlas, como si junto a ellos no agonizara 
uerido corazon en soledad. 
ato a los muros reposan las caravanas y se re- 
lan las gentes en la ciudad, descansando bus 
alos para la gran fiesta de carniceria que ma- 

ha de agitarles, reposando sus gargantas para 



PLEGARIA 

Dios mio, dentro de unas horas, de sus jergones 
tendidos sobre tablas, van a alzarse todds las car- 
melltas del mundo, para entregarse a pensar en Ti, 
y a amarte. 

Esta noche, como todas las noches, interrumpir^n 
su sueiio, caminaran por los corredores entenebreci- 
dos de sus conventos, penetraran en las humildes 
capillas, y cada una de ellas pensara en Ti, desconso- 
lado, solitario de Gethsemanl, y mlsticamente se aso- 
ciardn a tu desamparo y a tu angustia. 

S6 que muchas de ellas llorar^n de emoci6n y 
temblaran de amor. Cada noche oran asl, y asi te 
aman, sin molestar para nada al mundo que desco- 
noce el valor de su sacrificio y de su amor. 

Mientras nosotros, los mundanos reposemos de 
nuestras preocupaciones tan mezquinas, tan materia- 
ls, mientras nuestros corazones descansen de bus 
egolsmos, de sus avaricias, de sus celos, de bus en- 
vidias, de sus concupiscencias, y en fin, de bus mise- 
rables congojas, ellas, las virgenes (jcomo ha reido 
el mundo esta palabra celestial!), ellas, las enamora- 
das de Dios (icomo ha enlodado la vida la santidad 
del amor!), ellas, las monjitas contemplativas de los 
conventos esparcidos por la tierra, llevardn su alma 
en gracia como una azucena ante tu presencia y ex- 
halaran su amor como el perfume de esa azucena. 

Seiior, esta noche quiero ser como ellas. Quiero 



a2& 



orar con oraci6n de ingenuidad. Quiero escandalizar 
al mundo. Quiero revelarle un poco de la locura de 
tu cruz, de eso que Uaman ellos histerismos misticos 
o psicosis asc^ticas. Quiero orar eon tus santos y 
contigo mismo en la presencia de tu Cruz. Quiero 
traerte aquf la plegaria del hombre, del hombre bron- 
co, del descreido, del mds lejano a Ti, aun del que 
te odia sin conocerte, la plegaria de todo el que su- 
fra y cargue en el pecho un coraz6n cansado. 

Que no me oigan los nifios. Porque yo no puedo 
orar sin abrirte mi corazon enfermo, y la vista de 
ese coraz6n no podrfa menos de escandalizarlos. Yo 
no puedo llegar a Ti, ocultando mis lacerias. No 
puedo contemplarte sin que mi alma se estremezca. 

Llego a Ti de noche, a la hora de las confidencias. 
Yo s6 que no desdeiias los restos de compasion y de 
amor que me ban quedado para Ti, despu6s de ha- 
berme entregado entero a los idolos de las riquezas, 
del egolsmo y de la came, i Que asco no deberdn dar- 
te estos restos de piedad que vengo a brindarte des- 
pu& que he gastado mi corazon en idolatrfas! 

Para Ti traigo un pedazo de amor decentado. Los 
idolos ya est6n hartos de mi pan y de mi vino. Toma 
Tu ahora este regojo caido de sus alturas. 

No pensar^ empero en mi, sino en las gentes a 
quienes Tu no interesas. 

En esta noche quiero presentarte la solidaridad y 
la compasi6n de aquellos hombres que parecen m&s 
distanciados de Ti. Oyeme bien, la plegaria de los 
que no te conocen, de los que aparentemente no te 
pertenecen. 

Desde que ellos sufren, desde que se afanan y la 
vida les es cruel, tienen estrechos puntos de con- 
tacto contigo, que fuiste el gran sufridor. Yo s6 que 
guardas secretas predilecciones por todos los que 
lloran, por los vencidos, por los golpeados. 

Seiior, voy a unir mi oraci6n a tu oraci6n del oli- 
var. Si en aquella noche, la vision anticipada de tu 
cruz, te estremeci6 tanto y agobi6 tu corazon de 
suerte que reventaron los vasos sangufneos de tu 
came y traspirabas sangre, Seiior, tambi6n nosotros, 
a lo largo de nuestra vida vamos padeciendo un tem- 
blor de Gethsemanf. Los hombres que no nos pare- 
cemos a Ti por la santidad, por la pureza y recti- 
tud de coraz6n, somos bastantes iguales a Ti en el 
dolor. Y desde que hallo esta afinidad, entiendo que 
4un cargados de culpas, fracasados, heridos de va- 
nidad y orgullo, podemos presentarnos solicitando tu 
amistad. 

Desde hace tiempo voy comprendiendo que sufrir 
68 sinonimo de vivir. Desde hace tiempo voy advir- 
tiendo que ni la opulencia ni la riqueza ni la salud 
ni el confort ni el amor pueden eximinirnos a nos- 
otros, los morttales, del sufrimiento. Y me estreme- 
ce pensar que oceanos enteros de dolor, volcados so- 
bre el corazon de los hombres, se derramen para 
siempre in^tilmente. 

Eres muy humano cuando gimes en presencia de 
tu cruz, pidiendo a tu Padre Celestial que la aparte 



de Ti. Toda nuestra vida, Dios mio. no es m&i 
desesperado esfuerzo por huir de nuestra cru 

Elns^iiame en esta noche de valor sobrenaturi 
sufrimiento. Desciframe el enigma del dolor del 
do. 

Confieso, Senor, que mi vida se ha cifrado so 
esto: en defenderme del dolor. 

Huir del sufrimiento es el drama humano. J 
ces siento.que se subleva mi alma, experiment 
turbulencias de mis rebeldias interiores; y g 
iFor qu6 nos has condenado a padecer, Dios 
mdtico? Y me revelaria contra Ti, si no viera 
eres el primero en el dolor, entre nosotros tus 
manos. 

Si Tti no te hubieras arrastrado en la noch< 
Huerto, baiiado de sudor y de luna, si Tfl no h 
ras gemido, como un herido olvidado en la ba 
yo protestarfa contra tu crueldad cuando esc 
el lloro de los niiios en las cunas, y la tos oprii 
estert6rea y bronca de los ancianos y de los i 
bundos en sus lechos. 

Si Tti no te hubieras querellado de tu soled 
del abandono de tus discfpulos, yo te hubiera 
sado de cruel, cuando contemplo los hogares de 
talados y las esposas burladas, a las que el i 
del mundo cuando ya se ha marchitado su be 
condena a vivir una vida de economfas tirantes, 
casadas, con el cuadro ante sus ojos de las ni 
preferidas luciendo sus propias joyas y profs 
do sus propios lechos. 

Si Tli no hubieras sufrido la ingratitud de i 
llos en cuyo favor hiciste derroches de milagros, 
taria ahora tus ojos exhibi6ndote el cuadro d< 
que gozaron por un tiempo el poder el dominio 
honores del mundo, pero muy luego fueron der 
dos por las acechanzas subdolas de los enemigos 
el triunfo de 6mulos implacables, por la iraici^ 
falsos amigos: y largo tiempo gimieron en el ol 
en la estrechez, en el anonimato, en el despresi 
paladeando el fracaso y rumiando imposiblet 
presalias. 

Si Tii no hubieras Uorado ^como entenderi 
valor de las Idgrimas que se destilan en secrc 
que preceden a muchos sueiios? 

Si tu garganta no hubiera padecido congojas, 
mo compadecerias el dolor de los d6biles explot 
de la madre que enloquece ante el hi jo de sus 
ranzas, cada vez m^s alejado de su coraz6n y c 
angelical pureza de infancia? ^C6mo habrSas i; 
genciado a la pobre muchacha seducida, a la que 
cion6 su corazon, y lloro despu^s al verse he 
burlada, fenecida? 

Si Tu no hubieras presentido- la muerte, c 
sensibilidad no se hubiera rebelado ante ella 4* 
entenderias mi miedo, mi miedo de todaa las n( 
desveladas, ante ese fantasma espantoBO que 
sombra, insensible, pero fatalmente, va avani 
hacia mi, mi muerte, con el preludio de la enfc 
dad, del dolor, de la soledad? 



S^^ 



Dio8 mio, puesto que Tu sufriste, puesto que no te 
avergonzaste de llorar, — y eras hombre — puesto que 
sabes de todas las humanas dolencias y de todas las 
humanas torturas, entiendo que cuantos eaminamos, 
cansado el coraz6n, este itinerario congojoso de la 
▼ida somos tus amigos. Yo s6 que estds dispuesto a 
perdonar a todo el que sepa sufrir, porque sufrir re- 
signadamente es el primer paso en tu amor. Yo te 
injuriarfa si por un momento pensase que en la otra 
vida vas a permitir que sigan gimiendo los eorazo- 
nes de cuantos aquf, en solidaridad contigo, pade- 
cieron el agobio de la cruz. 

Sufrir resignadamente en cierta manera ya es 
amarte, y amarte es triunfar. Porque, Jesus mio, a 
quien te ama ya no le atormenta su ignorancia fren- 



te al misterio de iniquidad que es el mundo y freni 
al misterio de contradicciones, que es su propio c< 
raz6n. • 

A quien te ama no enloquece el miedo de la mue 
te, porque cuando se te ansia morir es entrar en k 
tasis. Ni le aturde el eterno tormento en aue expla 
su traici6n a tu amor los condenados. Quien te an 
encuentra el sentido de la belleza del mundo, de 
mujer, del niiio y del cielo; y no le enganan los ai 
helos de su coraz6n. 

Para quien te ama, son muy dulces las l^grima 
los renunciamientos y los silencios en que es precii 
ahogar las protestas del orgullo herido. 

Y quien te ama puede amar con seguridad toda 
las cosas amables del mundo. 

Herndn BENJTEZ 



HA LLEGADO LA HORi^ 



E^ "La Nacion*' del 21 de marzo, la seiiora Eu- 
genia Silveyra de Oyuela, comenta la destruc- 
cion de Monte Cassino y pretende, no s61o 
juBtificar el hecho vand^lico, sino que nos exhorta 
a no llorar sobre bus ruinas, ni sobre las posibles 
ruinas de Roma y las obras de arte que ya se ban 
perdido, o se perderdn en el transcurso de la guerra. 
Ahora bien, puesto que el Padre Santo ha protes- 
tado oficialmente por la destruccion de Monte Cassino 
y los bombardeos a Roma, y han protestado tambi^n 
solemnemente nuestro Cardenal Primado y muchos 
Prelados argentinos y de todas partes del mundo, 
no nos cabe duda que, desde el panto de vista catd- 
lieo eatos hechos son condenables, Como por otra 
parte el tema ha sido tratado magistralmente por 
Honsefior Franceschi en un articulo titulado "RO- 
MA'' (Criterio, 9 de Marzo de 1944), no hace falta 
agregar nada para probarlo. Pero* lo que si hace fal- 
ta 68 defender nuestro derecho a llorar sobre las 
ruinaa sin que por ello se nos tilde de paganos y 
BOBtener, al contrario, que todas las Idgrimas que 
derramemoa sobre ellas, demuestran la inspiracidn 
profundamente cristiana de nuestros sentimientos. 

£1 CriBtianismo, desde sus comienzos, fu^ siempre 
inapirador del arte y de las letras. La cultura hel^nica 
aaimilada por Roma fu6 preservada por la Iglesia en 
la 6poca de las invasiones de los barbaros; durante 
esoa siglos de retroceso Ella con8erv6 el tesoro cul- 
tural de la civilizaci6n. Precisamente es en Italia don- 
de quedan (digamos con tristeza quedaban) mayor 
cantidad de pruebas de esta misi6n cultural de la 
IgleBia. La mayoria de las iglesias de Roma fuercn 
anterionnente templos paganos. A cada paso encon- 
^tramoB obras de arte representando divinidades de 
loa antiguoB cultos al lado de las que fueron inspi- 
radaa por devoci6n al Dios verdadero. En realidad 



puede afirmarse que toda Italia, y Roma en especii 
es un amalgama de la cultura de todas las edad< 
custodiada por la Cruz. 

Al principio del articulo que comentamos, la autoi 
nos muestra con mucho talento, un aspecto de es 
hecho en el resumen que hace de la historia de Mo: 
te Cassino. 

Es pues cierto, de toda certeza, que el Cristiani 
mo ha Ilevado la humanidad al m4s alto grado < 
cultura conocido en la historia y que el espiritu < 
violencia y destrucci6n le es antagonico por esenci 
Sin embargo, un poco mAs adelante leemos c< 
asombro el siguiente alegato en favor de la destru 
ci6n, hecho por la misma pluma que nos describiei 
las maravillas de la obra benedictina: 

"Ahora bien; los norteamericanos eran diezmad^ 
desde el monasterio y debian defender sus vidi 
— acto b'ueno y licito — . Al bombardear el monaster] 
este seria destru ido — acto malo — simultdneamen 
con los agresores — acto bueno — . Y los norteamei 
canos destruyeron el monasterio. A su favor ob 
el antecedente de haber advertido a los monjes 
tiempo para que pudieran retirar la Eucaristia, 
cual evito el sacrilegio y la profanacion que consun 
el bombardeo inesperado de los templos ingleses". 

Salta a la vista que este razonamiento podrfa a 
invertido perfectamente por los alemanes, por ejei 
plo de la siguiente manera: 

Si no lo atajamos en Monte Cassino los norte 
mericanos tomar&n Roma y el Norte de Italia 
desde alii bombardear^n intensamente Alemania, p 
lo tanto hay que defender Monte Cassino para d 
fender nuestro pais — acto licito y bueno — al h 
cerlo causaremos la destrucci6n del monaster 
— acto malo — pero al mismo tiempo diezmaremos 



agresor — acto bueno — . Y los alemanes se atrinche- 
raron en Monte Cassino. 

Con esta clase de argumentacion se puede justificar 
cualquier cosa. 

En cuanto a los sacrilegios cometidos contra la 
Eucaristia, creo que seria dificil saber cual de los 
dos bandos en lucha se lleva la palma. S^guramente 
en las iglesias y capillas catdlicas de Inglaterra el 
Santisima Sacramento f u6 profanado, pero en muchas 
no fue asl, por la sencilla razon de que pertenecen 
a la Iglesia Anglicana y por lo tanto no se conserva 
en ellas dicho Sacramento. 

En las iglesias y capillas catdlicas de Alemania 
bombardeadas por los aliados fue tambien profana- 
da la Eucaristia, ->' en la Basilica de San Lorenzo, 
devastada por el primer bombardeo a Roma habia 
Sagrario. 

En otro pArrafo dice la autora: 

"Y de entre los b^rb'aros y cristianos que hoy lu- 
chan a muerte, nos preguntamos a quien acusara 
Dios de la destruccion de Monte Cassino". 

Si eso nos preguntamos, pero /.Curies son los bar- 
baros y cudles los cristianos? 

Es sabido que en Alemania, al empezar la guerra, 
habia unos 42.000.000 de catolicos. ^A esos hermanos 
en la fe, le pondremos el mote de "barbaros"? 

En cambio habremos de considerar cristianos a 
los numerosisimos norteamericanos, que en las fi- 
chas del censo de su pais se proclaman "ateos". ^Los 
gurkhas y los maorls llevados desde la India y N\ueva 
Zelandia a combatir sobre tierra italiana son cris- 
tianos acaso? 

Sigue la afttora: "Para el Cielo, el alma del mas 
pequeno negro de Abisinia o del indefenso hebreo 
perseguido en Alemania tiene un valor impondera- 
blemente mayor que todo el arte del Occidente". 

Indudablemente, pero no vemos en qu6 adelantara 
la salvacion de las almas, estas destrucciones impla- 
cables de tesoros artisticos. Las doctrinas totalita- 
rias no serdn extirpadas mediante el arrasamiento de 
santuarios catolicos; al contrario. 6 Que idea podran 
hacerse de nuestra religion los paganos y ateos que 
ven que, por una razon de estrategia, los cristianos 
de ambos bandos no vacilan en destruir sus iglesias 
milenarias? 

Cito por ultimo, otros tres p/irrafos del mismo 
articulo: 

"No debemos paganizarnos Uorando sobre las rui- 
nas y los tesoros de arte desaparecidos — ya que 
Dios mismo lo destruira todo al fin de los tiempos — 
olvidando la verdadera profanacion, que ticnc iden- 
tico valor en la magnifica catedral que en la mas 
modesta capilla de aldea"... 

"Ante un Van Dyck o un Greco destruidos, mas 
.se estremece Dios por la madre enloquecida de do- 
lor, la virgen profanada, el inocente mutilado, el 
hambre del griego o las manos llagadas de los tra- 
bajadores que gimen esclavizados en fabricas ex- 
tranjeras". . . 



"Pero no nos paganicemos si hemes de hacemos 
dignos del milagro y volvanvos por la restauracidn 
en el mundo de los valores de Dios y de las almas". 

Primero: esta teoria de no afligimos por la des- 
truccion de algo, porque todo seri destniido al fiii 
de los tiempos, nos puede llevar muy lejos, tan lejos 
que . . . mejor es no seguir, por temor a perdemos 
en un mar de errores. 

Por otra parte el Papa sabe que Dios destruira 
todo al fin de los siglos, sin embargo se aflige y 
protesta por los bombardeos; y si bien es cierto que 
no es necesario ser "mas papista que el Papa", tam- 
poco es de buen catdlico serlo menoa. 

Segundo: es indudable que la destruccion de un 
templo representa el mismo sacrilegio, "tratese de 
una catedral o de una modesta capilla", pero sucede 
que cuando lamentamos la p^rdida de la magnifica 
catedral, no oividamos el sacrilegio, Bino que deplo- 
ramos el sacrilegio junto con la destrucci6n de una 
obra de arte. 

Y por fin, creemos que, hablando dogm&ticamente, 
Dios no se "estremece" ni ante la destrucci6n de 
un Van Dyck, ni ante una madre enloquecida de 
dolor, porque Dios, por serlo, no puede sufrir; pero 
sabemos que Cristo, como Homb're, lloro sobre Je- 
rusalen; lloro por la desaparici6n de la maravillosa 
obra de arte que era el Templo de los Judios, y llor6 
por el aniquilamiento de su patria y los padecimien- 
tos de sus compatriotas. 

En cuanto Dios sabia que todas esas calamidades 
eran un castigo justamente merecido por el Pueblo 
Elegido, por haberse resistido a la Gracia, pero en 
cuanto Hombre lloro por el infortunio de su raza. 

"El discipulo no ser4 mds que el Maestro" dijo 
Jesus; y si nuestro Divino Maestro llor6 en aquelli 
ocasion, no se nos pida a nosotros una inipasibilidad 
estoica ante la profanacion y destruccidn de nuestros 
santuarios. 

Llorar y desesperarnos por la p^rdida de Monte 
Cassino y horrorizarnos ante la idea de la destruc- 
cion de Roma no es un sentimiento pagano sine de 
cristianos verdaderos para quienes la Ciudad Eter- 
na, no es un museo cualquiera, sino la Ciudad que 
representa toda la historia de nuestra fe y de nues- 
tra civilizacion. Porque somos CATOLICOS, APOS- 
TOLICOS, ROMANOS, y es en Roma y no en otro 
lugar que Pedro asent6 su catedra; por lo tanto la 
actitud que nos corresponde, no es la de preparar de 
antemano las rnentes rj los corazonea para aeepiar 
como alga inevitable y de importancia secundaria la 
destruccion de Roma creando un am,hiente de fata- 
lismn (ese si pagano). No, mil veces no. La actitud 
que nos cuadra es la de excitar las conciencias a 
reprobar con horror tan trdgica perspectiva y, unien- 
do nuestras voces a la del descendiente de Pedro. 
pedir y suplicar mientras aun hay tiempo, que no 
llegue a perpetuarse semejante crimen que maaetaa- 
ria por siempre nuestra civilizaci6n. 

Se muy bien, que por haber escrito estas Ifneas 



S^^ 



alffuaos me tratar^n de "nazi", es la injuria que 
I107 se estila lanzar contra todos los que no han sido 
?onvencidos por la propaganda de que la causa aliada 
es una firuerra santa. Pero eso no tiene importancia; 
lo verdaderamente importante es que los catdlicos del 
nmndo entero tengan el coraje de afirmaf que lo 
son y que lo son por encima de toda consider acion, 
que aprueban lo que aprueba el Papa y coyidenan 
lo que 41 condena, aunque por ello se les injurie y 
se quiera tragiversar sus intenciones. 

Ha llegado el momento de que los catolicos formen 

un frente unico en el nnundo si se quiere evitar que 

cundan las ideas totalitarias. El peligro no estd le- 

jos, esta en la puerta; dej^mosnos, pues, de disqui- 

siciones y sofismas para justificar lo injustificable. 

De los palses Anglo-Sajones, se levantan a esta hora 

miles de voces de catolicos valientes exigiendo que 

Boma sea respetada. Ellos han visto de cerca el 

horror de la guerra, la han sufrido en carne pro- 

pia, sin embargo, no han perdido la independencia 

de criterio que otorga la condicion de catolico; no 

I 

tienen miedo que les digan "nazi'' porque se alzail 
en defensa de su patria espiritual, Roma, y del Vi- 
cario de Cristo en la tierra, S. S. Pio XII. 

iY nosotros los cat61icos argentinos, tendremos 
menos valor? Nosotros que la misericordia Divina 

; ha preservado hasta ahora del atroz flagelo que pesa 
8obre gran parte del mundo? iNo tendremos sufi- 
ciente serenidad para ver que lo que se est^ des- 
truyendo junto con nuestros santuarios en la vieja 

' Europa es nuestra civilizaci6n cristiana? mejor 
dicho, que ya ha sido destruida por las ideas disol- 
ventes, porque si asi no fuera, ni Monte Cassino, ni 
Roma, serfan ahora campos de batalla; politicos y 
generales hubiesen encontrado la manera de evitarlo 
y la vida del Papa no correria peligro. 
Acaba de fallecer el anciano general f ranees de 



El Padre Filippo 

ACABA DE PUBLICAR 

DRIIMIl DE mm\i y COMEDH DE CiyiLIZHCIOM 

Un volumen de 380 p^ginas que constituyo un 
arsenal de datos unico, para dilucidar conceptos 
en torno a la actual conticnda, y los ataque3 a 
la argentinidad. Documentacion excepcional pa- 
ra historiar los tiempos nebulosos de hoy. Jui- 
ci'is sobre la guerra, el comunismo, el nazismo, 
(.1 totalitarismo, el liberalismo, el judaismo, el 
iiTiperialismo economico, el derecho de asilo, la 
£olidaridad panamericana, sometidos ante el tri- 
buna! de la razon, el derecho de gentes, la his- 
toria, la soberania de los pueblos y la dii?ni- 
d.id humana. Divulgarlo es argentinismo. |En 
venta en las principalcs librerias y en Obligado 
2042. Union Telefonica 73 3596. 

Precio del ejemplar $ 2.50 






Castelnau, parece que era el unico general que aun 
vivla, que tenia el valor de proclamarse cat61ico. 

Pero si entre los combatientes no quedan genera- 
les ni politicos que tengan el coraje de confesar a 
Cristo delante de los hombres, quedan millones de 
catolicos esparcidos sobre la faz de la tierra pero 
todos con el pensamiento puesto en el Vicario de 
Cristo; con el rezan y con 61 lloran sobre las ruinas 
humeantes de nuestros santuarios arrasados. 

I Ha llegado la hora de unir nuestras voces argen- 
tinas a ese coro doliente! jEs la hora solenme que 
precede las grandes cat^strofes de las cuales surgen 
los grandes triunfos para la Iglesia cuando todos 
sus hijoB apretan filas para levantar en alto la "'luz 
que no se enciende para ponerla debajo de un cele- 
min", la Unica Luz que podrd nuevamente disipar 
las tinieblas en que la humanidad se halla sumida. 



Eleonora PACHECO 



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LUIS LASSERRE 



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*^ 



L 



3 O N E TO S 
de la 
V I G I LI A 



Desde que s6 que eatoy aqui de paso 
ya. no me inquieta el dano del apu.ro, 
ni el anaia del presente, sieinpre oseuro, 
que se prolonga sobre el propio ocaeo. 

Tengo para este (tempo de repaso, 
sobre esta angustia de dolor seguro, 
una nostalgia azul de que el futuro 
kabrd de prodigarBe en flor'y acaso, 

— temor que es a la vez dulce sospecha — 
la floT tendrd que ser la sabia roaa 
con Bu voz, con au aeda y con au fUeka. 

Porque al saber que eatoy de paao siento 
una diafanidad que me deaposa 
con la fidelidad del pensamtento. 

U 

Dejame contemplarte agua serena 
que la paz en que suenas recostada 
es la calma que tuve en la alborada 
y he perdido en la nocke de mi pena. 

Noa ntiramoa despuis de la faena 
en un ocio comun de todo y nada 
propicio a la noatalgia y a au espada 
cuya sombra miramos en la arena. 

Yo me aaomo a tu pecho enamorado 
para ver claramente en este dta 
en que todo parece eatar nublado. 

Y comprendo en tu calma que ea mi anheU 
que tienes can tu pena y tu alegria 
mi angustia de que en ti ae nSre el cielo. 

Ill 

A medida que el tiem.po esclareddo 
me aproxima a la miel de esta tristeza 
que traspasa mi angustia y la certeza 
de cantar y Uorar entcnu'eido. 

Comprendo que penetro decidido 
en un voile interior cuya blattdeza 
reaulta aer la propia fortaleza 
en la que mi dolor llora cautivo. 

Sin embargo confieso esperanzado 
que pese a la anaiedad de mi premura 
no aoy aun el dueno afortunado. 

Porque at he de llegar, como lo espero, 
de cautivo a aeiior de esta aventura, 
el tiempo no me acerca cual yo quiero. 



A M J L C A R U R B A N O SOS 



jtampas de los misterios doIoros< 



EL otro lado del torrente Cedr6n estaba ]a 
granja con su huerto de olivos. AlH se ha- 
bia dirigido Jesus despu^s de la Cena. Fue- 

n El, Sim6n llamado Pedro, mds Santiago y 

lan en la sombra las ramas del olivar. Un 
asustadizo vol6 entre ellas torpemente. La 
mdaba como ciega, tropezando los Ironcos. los 
encalados, los mantos humedos de noche de 
cipulos preferidos. Los ojos del Maestro, con 
ebla de tristeza en su mansedumbre, se fija- 
aquellos tres hombres que le seguian llenos 
T. Sobre la frente de Jesus cayo la mirada del 
stral, alto y frio. Su voz doblada de fatiga di- 
"Mi alma siente angustias mortal^s: aguar- 
[ui y velad conmigo". Se fu^, ellos le vieron 
, con la cabeza echada hacia atrds, y le mi- 
son temura, con un timido estupor como si lo 
por primera vez. 

iflojaron las cabezas, se cerraron los pdrpe- 
cuando el Maestro torno a eljos les hallo dor- 
Su voz entonces son6 con amargo asombro: 
i posible que no haydis podido velar una ho- 
migo? Las mejillas de los Pescadores enroje- 
en la sombra azulada del olivar. Pero volvie- 
dormirse. 

s oro tres veces, la ultima bajo un dng'el a 
irlo; a su trav6s se transfloraban las estre- 

fombra recato el sudor de sangre y el gesto 
)arado de Jesus. Cuando El se irgui6 ya no 
iba su frente ni desaliento ni cansancio. 
s, rondador, andaba cerca. Son6 en la noche 
neo de los dineros de la venta. Rumor de pa- 
i Uegando al huerto. La brisa exausta, cay6 
ces al pie de los olivos. Una linterna se balan- 
a la entrada de la granja. 

s despertd a sus disclpulos y aguard6 a que 
ipliese la voluntad del Padre. 

uz de la linterna cay6 sobre el rostro de 
No muy lejos aguardaba la higuera, dura y 
junto a] camino. . . 



dieron matarle. La hondura abismal del cri- 
o les escapaba. Los ojos huidizos, las manos 
nas y torpes entre los hilos de las barbas, 
OS bajo el rebozo de los mantos salieron uno 
lo. La noche de disputas les habia ahondado 
• de las orejas, alguno ahogo un bostezo, algu- 
»ri6 las pupilas heridas por el resol matinal. 
Uevaron a casa de Pilatos. Sonaban aun so- 
\ losas del Teroplo los dineros de Judas. 



— iEres ttj el Rey de los Judios? 
— Tu lo dices; lo soy. 

La majestuosidad del reo intranquiliz6 a Pi 
Se enmaraiiaron las discusione^ y se cubriero: 

go de silencio — ^porque el silencio de Jesus. < 

como luz cegadora — . 

— "iA qui^n quer^is que os suelte?". 

Hamb'rienta llamarada de odio vocifer6: — \i 
rrabds ! 

El homicida sc miro en las pupilas acongo 
del Maestro y cubriendo las suyas salid fuera/ 
lante, como perseguido. Poncio Pilato, mcdros< 
seaba sus miradas: a un lado los sacerdotes 
rosos de encono, del otro Nuestro Seiior, si 
apenado. 

— iPues qu6 he de hacer con Jesus, llama 
Cristo? 

Un auUido compuesto de muchos aullidos, ui 
ridos hecho de compartido rencor, un bramid( 
tial formado por el deseo de todos salt6 hasta 
cho, aran6 las paredes, se clav6 en. el coraz6 
sil^nime de Pilatos. 

— i Crucif Icale ! iCrucificale! I Crucif icale ! 

Y Jesus fu6 entregado a la mesnada flagel; 



Asista a la representation del drama sac 

''GOLGOTA'^ 

del Profesor Bernardo Francisco Vaj 

(Traduccion de 
Mercedes y Josef ina Molina y Anchorena) 

EN EL TEATRO COLON 



Auspiciada por S. E. el CARDENAL PRIMA] 

Dr. SANTIAGO LUIS COPELLO 

y la SOCIEDAD DE SAN JOSE que preside 
Sra. ELISA ALVEAR DE BOSCH 



Los dias: 8 y 9 DE ABRIL, A LAS 



Precio de laa loealidtu^s 



Palcos . 
Platea . 



. $ 40. — Tertulia . . • 
6. — Delant. paralso 



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II 



1 

•i 

5 



Parafso 



»» 



0.50 



Localidadee en venta en la Boleteria del Teatro Cc 

de 12 a 18 



A NUESTROS SUSCRIPtORES DE 

LA RIOJA 



El senpr Americo A. Torralba, domiciliado 
en Sarmiento N^ 490, ha sido nombrado 
agente de CRITERIO en esa ciudad. 

Rogamos por lo tanto, a log senores suBcriptores 
cuyos abonos vencieron, quieran dirigrirse al Sr. 
Torralba a los efectos de su renovacion. Dicho 
senor esta tambi^n autorizado para la obtencion 
y cobranza de suscripciones nuevas. 



Mordlan las viboras de los Idtigos, se erguian ro- 
jas de sangre, iban y volvian . . . 

A114, junto al camino, se balanceaba el cuerpo sm 
▼ida de Judas, el traidor. 



tonces que le vi6 Maria, callada y blanca ju: 
la ruta. Mds alii, Ver6nica mostr6, en alto, el 
zo con la divina imagen. 

El gemir de las mujeres marcaba cada tran 
ascenso. Una brumazon de angustia, vel6 las 
las de Jesus. Y se detuvo. Su voz volvi6 -a ^ 
como antes junto a los pozos, bajo las arbole< 
la vera del mar. . . 

— "Hijas de Jerusaldn, no llor^is por mi, 
por vosotras mismas y por vuestros hijos '. 

Aquellas palabras fueron como isla emergic 
silencio que las acogio y prolongo por los oi 
pechos empavorecidos. Una nueva caida, la u 
doblo las rodillas del Divino Prisionero, au n 
golpeo de nuevo el polvo de la calle. 

Los soldados se detuvieron. 

Ruido de palas y martillos espant6 el jub: 
los pajaros nuevos. . . 



Ya estaba Jesus en el portico del pretorio. Lo 
eii]^uj6 un burbujeo de risillas cobardes y la algara- 
da de los audaces. 'El gesto soez de la cohorte ro- 
de6 al reo. Sobre la crinada cabeza calzaron la coro- 
na de ramas espinosas, fragantes aun de savia y de 
corteza viva. El carmin del manto — soberania que 
no le reconocian, cubri6 la desnudez del Maestro. Un 
insulto tajante se abrio como una granada y alguien 
apreto entre las manos del reo una caiia a guisa de 
insignia real. La excelsitud de Jesus planeaWa por 
cncima del ultraje; tenian las pupilas tensas de 
perd6n. 

Pasaron uno a uno, hineando la rodilla, saludan- 
dole con la voz desatada de bestialidad: — jDios ^e 
salve. Key de los judios! 

Y siguio la algarada de aquellos hombres borra- 
chos de crueldad, ciegos de perversa ceguera . . . Can- 
sados, al fin, de su insano juego, tomaron al Jesus, 
le vistieron de nuevo sus vestiduras y se echaron 
con El a la calle, camino del Golgota. 

La bora tenia un manso aire de infinitud, un ges- 
to de dolorida eternidad, como si supiese que el do- 
lor de ese momento iria rodando de hora en bora, 
de dia en dia, creciendo, ascendiendo, penetrando, 
empapando y cubriendo la vida del hombre hasta su 
ultimo crepusculo ... » 

• 

Bailaba el viento cantarin en el verdor de los her- 
bazales donde pacian de las hierbas nuevas unos as- 
nillos tiernos y mansos. El aire se doraba como piel 
de nispola; los declives estaban movedizos de coro- 
las, y un jubilo de picos y alas corria entre los re- 
brotados vifiedos y los renuevos esponjosos del olivar. 

Subia la muchedumbre la cuesta del Calvario, y 
aubia el Hijo de Dios arrastrando el peso de la Cruz. 
Tenia las manos desoUadas y el hombro que aguan- 
taba el peso del leiio quebrantador y las rodillas que 
chocaran contra los riscos de la senda. Tenia sucios 
de sudor y sangre los cabellos y el rostro. Fu4 en- 



Desecho el vino y la mirra. Estaban =^us p 
engrandecidas de pesadumbre; pero su voz 
serena desde lo alto de la cruz: — "i Padre mlo 
donalos porque no saben lo que hacen"! 

Caian la sangre a tierra escurri^ndose por c 
dero. 

La luminosidad del dia era como flor cortad 
doblase su tallo amusti&ndose. 

Los soldados repartian entre ellos los vestic 
Cristo y sorteaban su ttinica. 

Fue entonces que se alzaron de la tierra ur 
nieblas trajinantes que fueron espes&ndos*^ y 
tondndose una sobre otras. La sombra crecia 
desbordaba. Soplo un airecillo frio y se aca 
las hierbas de las praderias. 

Volvi6 a sonar la voz del Maestro, esta ve 
y deshilachada : — -iDios mio, Dios mio, por q 
has desamparado? 

Luego un gemido hondo, largo, y la cabeza 
rosa y ensangrentada cayo sobre un hombro; 
rrio al reo un estremecimiento bajo la piel i 
tada. 

La Madre de Dios, Maria de Cleof&s y 
Magdalena se miraron con una opaca mirada 
Juan espiaba, tenso y erguido, la faz amai 
de Jesus. 

El airecillo que acamara las hierbas de la 
derias, ahora vigoroso y violento, alzo tolvaner 
cudio ramajes, aullo fantasmal y mon6tono. '. 
tinieblas se oyeron voces perdidas, sueltas, cf 
seres que se llamasen inutilmente desde lejos 
bl6 la tierra, los taludes mostraron sus entrai 
lientes y se abrieron las piedras con ruido c 
cible y confuso. A114, en el Templo, se rasgd 
lo. En el campo de los muertos salieron de su 
bas los cuerpos resucitados de algunos 3ant< 

Se helo de terror la cobardia de los verdu 
Jesus. Jose de Arimatea y Nicodemus llegab 
el camino. 

Hortensia Margarita RA 



Cronicas musicales 



TEATRO COLON 

No pudo efectuarse el domingo ultimo el espectaculo 
preparado para la inaugruracion de la temporada anual. 
Una enfermedad inesperada del director lo impidi6. 
Por ello reci6n en el proximo numero haremos un de- 
talle de la ejecuci6n de *'G61gota", que en esta Semana 
Santa se pondrd en escena a las 18 hs. los dlas mi6rco- 
les, s^bado y domingo. 

En cambio ha llegado ya a concretarse el programa 
preparado por' el Teatro Colon para el corriente ano. La 
temporada oficial se iniciard el 25 de Mayo, fiesta pa- 
tria» con la 6pera "Bizancio", del maestro argentine 
Hector Panizza, que estd ya en viaje de Espana a nues- 
tro pals, para hacerse cargo de al direccion de la ma- 
yoria de las 6peras a representarse. Tendra por com- 
paneros a los maestros Albert Wolff y Fritz Busch. El 
primero tendrd a su cargo la direccion de algunos con- 
ciertos en la temporada anterior a la oficial, asl como 
tambi6n algunas de las dperas del repertorio elegido. 
Fritz Busch a su vez dirigird una serie de conciertos 
deapues de la temporada oficial, en los cuales se ejecu- 
tar&n las nueve sinfonlas de Beethoven, y composicio- 
nea de Ricardo Wagner y Ricardo Strauss. Tres direc- 
tores de la tails de Panizza, Wolff y Busch, nos p^rmi- 
ten augurar una serie de espectdculos dignos de nues- 
tro gran eoliseo. Wolff iniciard sus conciertos con obras 
de compositores argentinos en su primer programa y 
obras de Nicolas Rimsky-Korsakoff en el aiguiente, ce- 
lebrando el primer centenario del nacimiento del ilus- 
tre compositor ruso. Ademas de estos conciertos tendre- 
mos varios solistas de alta categoria ,entre los cuales 
se cuentan como seguros a Zino Francescatti, ilustre 
violinista que conocimos hace varios anos y los no me- 
noe excelentes concertistas de piano Claud io Arrau y 
Roberto Firkusny. 

Las 6peras comprendidas en el programa aprobado 
por el D. E. de la Municipalidad, ademds de la que he- 
moB senalado para estreno de la temporada son las si- 
goientes: De Puccini "La Boheme", "Madame Butter- 
fly** y el triptico compuesto de "II Tabarro", "Suor An- 
ff^ica" y "Gianni Schichi". De Rossini se ejecutara "La 
Italiana en Argel"; de Ravel "La Hora Espanola" y 
"L'Infant et les sortileges"; de Verdi "La Traviata" y 
*'Otello"; de Riwsky Korsakoff "Sadko"; "Arnoroa de 
tres reyes" de Montemezzi; de Musorgsky "Boris Godu- 
nofT*; de Weber "Oberon", y de Massenet "Le jongleur 
de Notre Dame**. 

Tambi^n se estrenaran dos "ballets" de compositores 
argentinos: "Chasca fiaui" de Lasala, y "Apurimac" de 
Emilio Napolitano. En los meses de octubre y noviem- 



bre se celebrard en esta capital el Congreso Eucaristi 
Nacional y con tal motive habr4 varios conciertos si 
fonicos-vocales, termindndose el ano con la temporal 
primaveral para la que se preparan "Las Virgenes d 
Sol", "Hansel y Gretel". "Tosca" y otras obras a el 
girse. 

M. O. G. 



T E ATR C 

"LA COMEDIA DE LAS EQUIVOCACIONES" 

En su nucvo local, mucho mas modesto y estrecho qi 
el antiguo, en una platea improvisada de sillas de m 
dera, pero ante el publico atento y numeroso que sier 
pre lo ha seguido, el Teatro del Pueblo ha iniciado i 
nueva campafia con esta comedia de uno de los mayor 
dramaturges de todos los tiempos. 

No es esta la obra m&s significativa de su autor, pe 
tiene efecto infalible sobre el publico que inmediat 
mente se interesa en una trama algo ingenua, basa* 
en un equlvoco que ha side explotado miles de veces i 
cientos de anos pero que manejado con agilidad y t 
lento mantiene su seduccion e interes. 

Ante estas experiencias, a las que tan afecto es 
conjunto del Teatro del Pueblo, se puede pensar con o 
timismo que los espectadores de hoy son identicos a 1 
de siempre y por lo mismo asaz sensibles a las m 
puras manifestaciones del verdadero teatro. 

Leonidas Barletta ha montado muy bien esta pie 
que no ofrecia grandes dificultades, reafirmando su co 
dicion de avezado artista, dueno de una sensibilidad si 
gularmente dotada . para presentar * cspectaculos de tc 
tro cldsico. 

En la linea de sobried'ad que caracteriza a esta coi 
pania, La comedia de las equivocaciones ha sido preac 
tada con muy buen gusto y elegancia. Con pldstica m 
bien cuidada, exacto equilibrio escenico y oportunos < 
mentarios musicales, este espectaculo merece nuest 
mds franco elogio. 

Los actores representan discretamente y hay dos 
tres singularmente ajustados en sus papeles. 

Es esta una obra muy agil y esta escrita con el desc 
fado y realismo caracteristicos de Shakespeare, pero 
da lugar a serias objeciones de caracter moral por 
que la consideramos apta para mayores de criterio f 
me. ri-|-5l 

SOBRE LA MORAL DE "UNA VIUDA DIFICIL" 

En el liltimo numero prometimos unas palabras s 
bre la clasificacion moral de esta mediocre comedia. 



EN LA OBRA CARDENAL FERRARI SE DICTARAN CURSOS DE ENCUADERNACIO^ 
ARTISTIC A A CARGO DE LA PROFESORA SENORITA MAGGIE GAEBLER 

I CURSO: Encuadernacion en tela y cuero — Martes y viernes, de 15 a 16 boras'. 
II CURSO: Encuadernacion artistica — Lunes, de 15 a 17 boras. 
Ill CURSO: Dorado y decoracion — Mi6rcoles, de 15 a 17 boras. 

Las clases se iniciaran el dia 10 de abril 



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Eki realidad, la obra puede ser vista por personas ma- 
yores de criterio firme e informado. Sobre lo que debe 
•entenderse por criterio formado e informado ya hemos 
«8crito en CRITERIO, por lo que pedimos a nuestros 
criticos que relean la coleccion. 

En esta comedia, la protagonista accede a casarse con 
nn condenado a muerte pero pone a posteriori la condi- 
ci6n de la no* consumacion de tal matrimonio; pero lo 
^^rave es que se hace aparecer a un sacerdote como man- 
datario de aqu^lla en la propuesta de marras. 

No creemos que un sacerdote pueda proponer tal co- 
sa, ya que los fines del matrimonio quedarlan lesiona- 
dos. Uno de ellos son los hijos; otro la mutua satisfac- 
ci6n de los sentidos y el tercero, la complementaci6h 
psfquica que es muy diflcil que pueda existir fuera de 
una vida sexual normal y ordenada a la mayor gloria de 
Dios. 

Vagabond Jim 

Cinematografo 

JESUS DE La f igura de Nuestro Senor Jesucris- 
NAZARET to trascenderd siempre infinitamente 

cualquier representacion, aunque esta 
sea hecha por el actor mejor dotado de todos los tiem- 
pos. Podemos admitir un Dios fantdstico como el de 
Praderas verdes por el mismo clima de ensueno que te- 
nia toda la pellcula, pero las multiples 'Tasiones" que 
hemos visto se resienten de aquel inevitable defecto. 



Duvivier nos di6^ un poema pldstico llamado G6I 
'^n el que. tuvo el buen tino de no hacer aparecer 1 
gura del Salvador. Quiza sea esta la mejor de las c 
sobre el tema de nuestra Redenci6n. 

Jesus de Nazaret es un fracaso magrnificament 
tencionado, pero un fracaso al fin. Su director s 
mostrado respetuoslsimo del texto evang^lico y s 
hecho asesorar por distinguidisimos sacerdotes del 
ro mejicano. Ha innovado al presentamos varios h 
aislados del Nuevo Testamento sin lesionar a la ob 
deshilvanaci6n. Ha cuidado los detalles y por mom< 
el fondo y los ambientes alcanzan gran belleza 
usado la musica y la iluminacion con habilidad de 
matografista avezado. Ha hecho -—en sintesis — k 
jor que ha podido y por ello la obra es simpdtica 3 
rece pldcemes. 

Pero ha olvidado captar el esplritu de la Pasi 
ello es fundamental. Nos presenta a un Jesus enf 
mecdnico, frio y teatral. Dificilmente podria ha 
escogido un actor con menos naturalidad que Jos 
brian. S6I0 la actriz que hace de Virgen Maria est4 

El Jesus de esta pellcula se atiene estrictamente 
letra, pero por momentos la recita con tan poco 
miento que el efecto es contraproducente. Dios no 
de haber side asl. Y no creemos que 6ste sea un 
de vista personal. Jesus fue el hombre m&s perfe 
mas humane que haya existido jamds y no un sei 
te, con la mirada perdida, sin ninguna comunicaci 
simpatia con su auditorio. No podemos creer q 
cscena del beso de Judas haya sido tan primitiva 
nos la presentan en esta pellcula. Jam^s podfemos 
ginarnos a los apostoles como seres mecanicos > 
morizadores. 

La ultima parte de la vista — la Ida al Calvi 
tiene momentos acertados, pero todo el principle i 
siente de esa falta de humanidad y esa declamaci6 
tanto criticamos y que contribuye a crear un clir 
desconcierto en el espectador no avezado. 

Los catolicos vemos en Cristo a nuestro Dios y 
tro hermano. Lo vemos sencillo, fratemo, cercano j 
otros. El que nos presenta esta pellcula nos hace 
dar a esos predicadores de tone exagerado que ti 
medados son por nuestros enemigos. 

Por lo que lamentamos que una obra tan bien ci 
y tan legltimamente ortodoxa no rinda los resu 
que podrlan haberse esperado por culpa de la fa 
comprension del esplHtu humane del Hombre Dio 

GRAGEA 

La liga de las canciones es un desfile de motiv 
pulares de pueblos americanos salpicado con bata 
y chistes regulares. Por la libertad es una semidoc 
tal que nada nuevo presenta a quienes estamos '. 
de cintas de guerra. Hay que casar a Paulina ce 
una vez m&s la decadencia de Manuel Romero coi 
rector y la carencia absoluta de aptitudes artlsti< 
Paulina Singerman. £)1 caradura se resiente de di 
mal dosificado y chabacanerlas. Avanzadas de la 
ria es pellcula que solo puede interesar a estud 
de ingenierla especializados en vialidad. 

RESUMEN MORAL DE LA SEMANA 

El caradura y La liga de las canciones son pe 

que ningun catolico debe ver. Las otras que comer 
no ofrecen mayores reparos. 

LEGION DE LA DECENCIA 
Prevenimos contra Torero a la fuerza. 

Vagabond 



SS£ 



El Catolicismo en el Muodo 

EL CRISTIAMSMO Y LA IDKOLOCIA HAC lAL 
JAPCIMCSA 

Nuvvii Vurk, e^'pei-iul. El ix'riiklki) Tht- I'i- 
lul. Arfcano oficiiil ilc In arqiiirlirici'siii [!i< Hos- 
toM (EE. UU.) !iiil>li."i el BiKHU-ntc fotiicnta- 
rio aolire un urticiilo ili.' Ciillier*-: tilulndiK 
"EI Cristianisino tii-iio que m;ui-hii!>i> .lcl J;i 



poll". El 






ll:i(l<> 



icmfii^u (ii- una niiMi<'iii (.'alc'ilita vn Uamn^ 
Chuii^kin^, y iin siu-ei'ilotc I'onli'nii'liin'li 
irtOHciio. Dtbajo, In iiisc-riptioii: '"Kl V i 
Jantsfn del In!"tituto imrii Mi-ioru>s Kxli 
joi'ss di' Paris apiireiv al IhiIo iIv I:i-< itii 
(If su iirk'siii en Chiinitkiiii;. 



"El Cristianismo — obsin-va el urtkulii;lH - m. opi>ii<' 
1 todas lu3 doctriimi! que h>t iliri^fciiN's jainini'Sfs y »»!! 
miles de policial Iian proci:rad'> barer tai«iliarc-i ii \i>% 
u nacion. El Cristianismo. fii efecto. tiieira In rlivi- 
Bidad del emperador y rcchaza la ti-oria de I;i sup^ri" 
ridad racial japonesa; propiciu nsimii^iiiii hi iiiiphinlii- 
ciin de reformas sociales que. ib ^er aplieiidii/ I'li fl .'u- 
pon, levantarian lus masas obrerai: eoiilni la ('At.-U(vil'i'l 
del feudalismo y del podcr industriiil. El rrisliiitii-ni" 
enieiia, por otra parte, la buetia voluiitiid batiji Unh-f 
'ishombres, es decir una filoHofia eseni-ialmente de i>;i?.. 
Obvianiente. una nadon qiie intente csdnvizar a las d-- 
mis debc considerar esta dortrina Iiarto pi'li^rfw y 
dtnina. 

"Los teiilogos japoneses tienen otra Ltui'in pnictic;! 
pars luchar contra el Cristianismd. Esia es lu ivIiKi'm di> 
la uperanza; enscna que un dia id niiil ret-ihira mu ini'- 
ncido castiKO. Para millones de nienecteropoK nalivti'^ 
d»l Lejann Oriente. a qniene': el Japiin dominii. el Tris- 
; ttanismo lin hrindadn \n fc en una probable liberal' L<in. 

"En cuanto a las misioneK. bast.-i boy y pur el bip-" 
t leia ailos, los avioiies japoneses biin efeetuado mi'i" de 
801) ataquex aereos sobiv miKJones eristianai: en la ''bi- 
na. Miles de ehinos y de eristiaiios o extraiiieros, boni- 
brw, mujeres y niiios han sidn (ie tal modo niuerlos •" 
heridog mientrafi atendian lo.s servieio;: ivliKi'>sos ii bis 
dates en Iss ifclesias o en las e<-<'nela}< de las misi'iiies. 
Lainayoria.de las vittinias ban sidii jovenes estuliiiti- 
***. algunas veees tan numerosos ■onm en el i-aso en 
ft fueron destroiados unos 500 en -olo einen iiiiniit'>,< 

"El se^undo freiite en que los iaiionesL-.-i but) e!<liiib> 
•wliando con el Cristianismo su halla delriis dv siis i.r-- 
^ lineas; esta en la China, en la:" Filipinas y iilr-is 
tWioneii ocupada.". I.a gran mayoria de los misioni'ios 
•Hi residentes ban sido expulsiidos. beebos prisioni r.i^ 
•ronfinadof a campi'S de concent rat-ion. AlKiini.:; ban yi . 
'■*> muertos a tiros, otros apaleados: a e'ilos -e les liin 
<* "cura de! ajrua", ai|UelIos fneron simielitloi' a aliofi 
•hdes demasiados crudas para scn' lie^-ctilas eii ii'i I'l - 
'iodico. Eii ma!<, liay parroqniii^ trisliaiias eri toiler esos 
. twritorios nue Iian sido lr:iiis/nimados en "^Itsioie-; 
Cristiaifta" haio la depemb.'in-ia diivi-ta l1<I |leparl:i- 
dento de Asuntot: Relttrioso): 'le bi ArLiniLJa .lei .Ia|"i'i. 
Tan extraiift renulta el per-onal ';in.>iie-i iTiiarifadn il- 
I "Misioncn Crist Lima-;", clifiipirli'!;i- hieirn 'ie la i"- 




l«M de los que 


han sido urdeiiados en el .lapon durant 


los jiasados :tO 


anos. iCdino se e.tplica esto? La me 


yoria de tales ' 


miiiislros" no son sino pastores shintoii 


ta.s. euidadosait 


enle oenltos eu su verdaderu identida 


y pre parados c 


n una esiiierada soleeeidn. Su trabajo e 


las "misiones" 


se reduce e-eneialun*nte a esto: Elim' 


nar paulalinaii 


ente el Cristianismo. Asi elb.s no pide 


al chino nativo 


o al filipino que dejen de ser eatolicoi 


Les diecn <iue 


se manteiif^an eristianos pero que ulv 


dim. al mismo 


tiempo "aquellas ridiciilas niealiras qu 


los llarbaros dt 


1 OeHle les ban enseiiado" en nombre di 



n en la Chin 
" totalizan u 






>' saierdo 



^f;LKSIA V fJOitlKRXO KX LAS INDIAS 
IH)I. WDKSAS 

Xueva York, espeeial. El sefior P. A. Kerstens. actui 
.Minlstri) de Comereio y Marina de Ilolanda. quien fu( 

ra ilin;.'c.nti- de Aceiim CatiMiea en las Indias Holandi 
sas. en una eiiiifereiielii tenida reeieiitcnienle en la Si 
dedad Heal de I.ondres. deseribio el m^todo de Kol.iei 
nn con one sn pais ba esind" desarrollando la vida n 
bVb.sa y eivil de bis Indias Hidiiiide-as. antes ilc 1 

Vno de b.s putitos en que bi/.o billeaiue. fvie el di 

<b!iladaiiia. de inodo ciue •nvieraii las inlsmas oporti 
ni.lades v vcntaia- i|iie Ui- ,-ui"pei.s- ('if', lonn. ■■Jenipl 
el |..>n.!.rainieiit.. nbuivamei.l.' rccienle. ar.oya.lo por . 



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Gubierno, de un sacerdote nativo de Java como 
Apostolico de Semarag. Refiriendose a la honda 
si on que el hecho causo entre los nativos, o 
"Cuando despues de la espl6ndida ceremonia de 
sagracion episcopal en la catedral de Batavia lo! 
catolicos, blancos y de color (entre ellos los Padre 
cos y los profesores que habian bautizado y gu 
humilde nino javanes) se arrodillaron ante el 
Obispo para besarle el anillo, en reconocimiento 
(le su autoridad sobre ellos, hubo en todos una 
cion neta de que la plenitud de derechos entre 
y natives no era sine una hermosa realidad. Pi 
significaba en su mas sintetica expresion, verdj 
total igualdad". 

El Sr. Kerstens ha estado 15 afios en las Indias 
tales Holandesas como funcionario» dejando Bata 
ra volver a Europa en diciembre de 1941, justo 
niana despu6s del alevoso ataque a Pearl Harb 
carrera en las colonias resulto muy variada. F 
mero maestro, luego periodista, dirigente social j 
bro del directorio de un partido, ademas de hor 
negocios. Tambien es un discrete aficionado al 
I'xperto conferencista de radio; prestando en to 
mento grandes servicios a la Iglesia, en la med 
le permitlan sus obligaciones y sus multiples \ 
(lades. 



BIBLIOGRAFIA 



(Continuaci6n de la pag. 316) 

que no tienen reparos de alteniar y frecueutnr 
cepcioiies socio le 8 de viujeres como la 01 g a de t 
lo, do8 veces divorciada, Ixiego consorte de »/» 
sin moral, una mtijer en una palabra, pag ana, * 
v.na pagana que cumplia con la ley natural y s 
niadrc y esposa ahnegada, sino pagana a la ,na 
gran parte de las mujerea griegas y romanas de 
ca de abyecciSn de avibos pueblos". Pues bien, 
res de la calidad dc esta Olga, nuestra sociedail 
dia, suele no fan solo recibir en sus fiestas, si 
hien disculpar llamdndolas exceyitricas y mnjfr 
riores — como muy acertadmnente lo manificsK 
fora de cstc libro — cuando en realidad se trata 
pies nrrastradas viciosas. Tambien cojidena Josi 
desillas a los diarios sensacionalistas. que c m 
sa de salvagnardar la moralidad del pueblo, an. 
cualquier delito, para realizar ohra destructora 
dnlosa. >' decimos esto, porque comienzan por dc 
actos contrarios a la ley, una repercusidn qur 
nen, y adcmds, porque suelen llegar, en casos 
ciados publicos — co7no el expuesto en *'Glori 
f(i" — , a reclamar a los culpables que tomen p 
honorahles y elegantes, que realmenfe no son o 
el suicidio, dando lugar asi a una verdadern I 
(isocial. 

Machos dctalles intcrvsantes mas nos sugien 
hro, pcro como c^te comentario, ya esta en ci 
srr dcmasiado largo, preferimos suprimirlos, h 
nos simplemente n recomcndar la novela de Jcs 
desillas a todos los lectores de CRITERIO, h 
deben tener en ruentn, que no se hace verdad 
posifira, rechazando los libros vtalos solament( 
rcsario adcmds, nara alcanzar hi plenitud del 
opostolado, ndquirir y difundir los buenos, en 
da de las propins posibilidades. 



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Ruben MARTINEZ CV 



Rusario. 4 - II - 11M4. 



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Bu.noi Aim, 20 abril it 1944 


AH. XVII 




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• 




GUSTAVO J. FRANCijqHI 

Los bombardeos de lugaret^jta- 
ligiosos I 

CRITERIO 

Comentarioi 

LAMBERTO LATTANZI 

iDantre, un hereje? 

MAXIMIANO ERRAZURIZ 

El problema demogriflco ar- 
genlino 

ALEJANDRO NORES MARTINEZ 

Jesus 

EUGENIA SILVEYRA DE OYUELA 

Ha llegado la hora 

ELEONORA PACHECO 

Respuesta 

Bibliogralfa « Cr^ntcat muticaUl * Taakr* « 
Cm«mat6gralo « Doeumentof 



Oiractori Mont. GUSTAVO J. FRANCESCHI 



«MVlXl« ^WStf>*^^«\vy^^ 




J^^ 



'eMe^uLcL 



EL 36° ANIVERSARIO 

del descubrimiento de petr61eo 
efectuado en ,Comodoro Rivada- 
via, y evoca la tenacidad de 
qnienes lo desentraiiaron del 
subsuelo el 13 de diciembre de 
1907, dando as! origen a la in-- 
dustria petrolera fiscal. Esta re- 
memoracidn traduce una seati- 
da gratitud por una aeeifin qae 
simboliza la pujanza de un pue- 
blo que marcha seguro a sua al- 
tos destinos. 



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oria Sintitica de /. — Una ancianidad laboriosa y aiegre, con esa 
Silesia, por Elena alegria sana que dejan el trabajo par el traba- 
oneo JO y la conciencia del deber cum/plido, es ejem- 

plo que siempre debe ponerse en evidencia; 

hoy mda que nunca porque loa apetitos Jian deaarroUado en el 
humano una peligroaa proclividad a la pereza, alejdndolo del tra- 

que ae ejecuta por la aatiafaccidn de ejecutarlo y orientdndolo, 
ido eUo oeurre, at de mayor rendimiento material con menor ea- 
zo. El valor o la calidad eapiritual de la tarea no entran en laa 
cupacionea que eUa pueda originar, ai ea que laa origina. 

Si eae trabajo ejemplar lo realiza, ademda, quien tiene ganado 
erecho at repoao^ no adlo por loa anoa y por la accidn cumplida 
por la fortuna, ea doblemente digno de aer evidenciado, 

Queremoa referirnoa con eataa palabraa a Elena /. Boneo, En 
i diaa han apareeido doa obraa auyaa de largo aliento. La prime- 
yriginal, Historia Sintetica de la Iglesia; la aegunda, traduccidn 
rada de Mis claustros en la Tempestad, **libro de amor y aufri- 
to" como lo llama au autor, el oficial de artiUeria belga, durante 
Aerra del 14, Marcial Lekeicx, de la Or den Franciacana Miaionera; 
del cual ae llevan hechaa 147 edicionea en todoa loa idiomaa, ain 
haata la fecha hubiera apareeido en Caatellano, cuyaa pdginaa ex- 
n una interpretacidn peraonaliaimu del aacrificio en la guerra. 

II, — Hacer la hiatoria de la Igleaia aignifica hacer la hiatoria 
mundo deade Criato haata nueatroa diaa. El em/peno puede, puea, 
ficarae de ambicioao y arduo; pero limitado a la ejecucidn de 

ainteaia que paaa por encima de aquelloa periodoa relativaraente 
► aignificativoa para detenerae en loa fundamentalea ain conce- 
za mda extenaidn que la indiapenaable al eatablecer nombrea, he- 

y fechaa, con abatencidn de ampliaa conaideracionea, alcama la 
lidad que la autora ae propuao: abreviar una materia cuya ex- 
i&n podia parecer abrumadora para el lector medio, facilitando 
al mayor numero poaible de elloa el conocimiento de la obra in- 
€ de la Igleaia en la vida del mundo. En una palabra, realizar 
i de vtdgarizacidn. Que ella ha aido ejeciZtada con **Conciai6n, 
dad y mStodo", lo afirnui el prologuiata Dr, Reatituto E, Pru- 
;, Fiacal Edeaidatico del Arzobiapado de Buenoa Airea, autoridad 
rusable. 

Ya habia ralizddo Elena I, Boneo una experiencia parecida e 
Imente feliz con au Iniciacion al E studio de la Biblia, tanibiin 
arizacidn del texto de loa Sagradoa Libroa, aparecida en 1942. 
arga y proficun accidn en la catequeaia la hizo aentir la neceai- 
de ofrecer a loa cateciimenoa en algo aai como amenoa relatoa 
oendiadoa laa materiaa importantea que deben aer baae de todoa 
ronocimientoa religioaoa, Y de eaa feliz idea nacieron Iniciacion al 
dio de la Biblia e Historia Sintetica de la Iglesia. 

En ocho grandea periodoa eatd dividida la ultima: el primero aftar- 
98de deade el nacimiento de Cristo haata la converaidn de Constanti- 
*A aegundo, empieza con Constantino el Grande y ae cierra a la caida 
mperio Romano de Occidente; el tercero va deade eate acontecimien-- 
ista Carloa Magno; el ctiarto arranca del 800 para cerrarae en San 
'orio VII; el quinto comienza con la contienda de laa inveatiduraa 
yriando 300 anoa; el sexto comprende deade la muerte de Bonifacio 
a la Reforma; el a^ptimo de eata a la muerte de Pio VI y el octavo 
igloa XIX y XX, 
Asi parcelado tan vaato territorio, el rico estilo, la superior cultura 



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BIBLIOGRAFI 

y la abundante erudicidn de la autora, van jalonando amenarnsnte i 
tensa accidn, la accidentada vida de la Iglesia, hasta acotarla por ei 

El ultimo capittdo eatd dedicado a hist&riar la vida de la li 
en la Argentina Contempordnea, oportuna decieidn qiie sirve para 
acontecimientos no por recientes menos dignos de ser fijados, dot 
importcCncia^ y grande, para la vida espiritual de nueatro pais. 

Librase en todas partes y no menos entre nosotros una batall 
carnizada contra las fuerzas del espiritu, contra la Iglesia y su 
foXseada solapadamente para desvalorizar su papel civUizador y s 
natural. Cuanto contribuya a establecerlo con claridad y evidencic 
recerd ser exaltado, Por eso va nuestro elogio a la laboriosa autO' 
Historia Sint^tica de la Iglesia, harto conocedora de las palabras d 
avedra Fajardo: "no mide el tiempo una vida, sino el empleo". 

E. SUAREZ CALIMANC 



La action de San Lo- El Coronel {R.) don Roberto Bartolome 
renzOy por Bartolom6 calzo es un antiguo admirador del Genr,rc 
Descalzo s^ de San Martin, al cual le ha dedicado n 

cos articulos periodisticos aparecidos en I 
vista del Suboficial. Ahora ha guerido brindar de una manera mdi 
cuente su homenaje*al Gran Capitdn y por eso ha publicado La a 
de San Lorenzo, libro donde comienza por describir la situacidn 
Rio de la Plata, epoca por demds sombria en la historia de nu 
Independencia. Tratct luego de la Uegada de San Martin a Buenoi 
res y de su incorporacidn a las tareas mUitares, con la creacidn di 
moso regimiento de Granaderos a CabaUo. Los antecedentes deh 
bate y el relato del mismo, ocupan buena parte del libro, del cual j. 
decirse que Uega a agotar el tema. 

Ademds de algunos capitulos dedicados a propbsiciones de h 
najes y creacidn de una biblioteca y museo en el Convento de Sat 
renzo, el volumen contiene una interesante iconografia relacionadc 
el asunto que trata, ademds de un ap^ndice con documentos de eU 
valor histdrico. 

Como no podia ser de otra manera, el Coronel Descalzo rea 
lOr valiosa cooperacidn de los padres franciscanos del Convento, 
albergaron a las tropas, socorrieron a los heridos y enterraron < 
muertos, con motivo del combate del 3 de febrero de 1813. 

La lectura de La acci6n de San Lorenzo, trabajo al que el ( 
llanui folleto, pero que tanto por la unidad del asunto como por la 
lijidad con que estd tratado, merece el nomJbre de libro, se reaXiu 
entusiasmo y am^nidad. Su autor evidencia ser un sincero patrib 
dtmuestra ademds conocer la historia argentina con detalle. Si a 
se agrega la declaracidn del coronel Descalzo, quien dice que en 
trabajo sanmartiniano, como en todos los otros, no persigue in 
personal economico alguno — tal como lo demuestra — , sino el unic 
timulo moral y espiritual, se verd que el libro no podia estar t 
ivspirado, por todo lo cual merece que se le conozca. 

J. B. M 

Libros recibidos ny^^^ ^^ ^ Santisima Virgen'\ por Ana Cat 

Emmerich. Vol.de 460 pdg. Edit. Espasa Calpe, S. A. Bs.'As. 

"Discursos Histdricos-Politicos'*, por Sdcrates. Vol. de 164 
Edit. Espasa Calpe. Col. Austral. Bs. As. 

''Voces de Gesta", por Ramdn del Valle Incldn. Vol. de 170 
Edit. Espasa Calpe. Col. Austral. Bs. As. 



364 







o 



PARECE TODOS LOSJUEVES 

O XVII N.o 842 Bs. At., 20 dm abril 1944 Altina 840 U. T. 34-1309 



■1 



OS bombardeos de lugares religiosos 



AS bombas lanzadas dla a dia sobre Roma, y 
las continuas discusiones trabadas en torno a 
tales hechos, me obligan a volver sobre un te- 
examinado ya tres veces aqui mismo. Y con mo- 
de la destrucci6n del monasterio de Monte- 
sino, una lectora nuestra crey6 oportuno discu- 
los argumentos traldos por otra senora, que es- 
io en La Naci&n acerca de ello atenuando la res- 
}abilidad de los aniquiladores hasta prdcticamen- 
lacerla desaparecer. He otorgado, como corres- 
de, el derecho de respuesta que en buena ley no 
la negar. Pero opino, — y no yo solo sino autori- 
ds muchlsimo m^s altas que la mia — , que es ne- 
rio retomar estos asuntos en su completa amplitud, 
) calliir en la condenaci6n razonada de lo que estd 
-riendo sobre todo con la Ciudad Etema, que pa- 
nosotros los cat61icos es una Ciudad Santa en 
3tal extensi6n del t^rmino, a pesar de cuanto pu- 
a haber resuelto el gobierno italiano desde el 20 
leptiembre de 1870 en adelante. No he de repetir 
surgumentos ya desarrollados en mis articulos, an- 
>res. Y pienso sobre todo en lo que veo venir casi 
itablemente: el bombardeo aniquilador de Roma 
los bolchevistas cuando a trav^ de Checoeslova- 
. y Yugoeslavia hayan podido establecer campos 
siviaci6n a menos de mil kilometros de Roma, 
s&s entonces la unica probabilidad de salvaci6n 
ista en que ya est^n los aliados establecidos en 
Jrbe ... si es que para entonces los comunistas 
D unidos con ellos o acatan sus pedidos. 
3r lo demis, estoy persuadido de que si convieae 
« prop6sitos del Sr. Hitler, tampoco ^te vaci- 
en arrasar a Roma porque para todos los beli- 
intes de hoy el fin justifica los medios. 

3mo algunas personas, levantdndome una calum- 
calificada, me tratan de nazi simplemente por- 
no apruebo todo cuanto se hace contra Alema- 
quiero definir una vez mds mi posicion doctri- 
a. Hay dos grupos de teorias que condeno y re- 
»bo con igual energia: por una parte la totalita- 
nasi y la totalitaria fascista, que establecen como 
> — como fuente suprema de todo derecho — , la 
:re biol6gicamente considerada en el primer ca- 



so, el Estado en el segundo; por otra parte la totali- 
taria comunista atea, que consagra como Mito la clase 
social, y el paganismo pr&ctico que, prescindiendo en 
absoluto de Dio3 para regir la vida, es aun mds pa- 
gano, si cabe, que el culto de Jupiter o de Odin; a 
lo cual se suma el liberalismo que en los t^rminos 
precisos fu6 reprobado por la Suprema Autoridad 
religiosa. Ninguna de estas cosas puede ser apoya- 
da, directa ni indirectamente por un catolico. No olvi- 
do tampoco que la Refdrma protestante es una here- 
jia muchas veces condenada por la Iglesia, lo que es 
independiente de la buena fe en que estin 4stos o 
esotros reformados. Como todo ello existe en ambos 
partidos combatientes, y ninguno de los dos estd 
exento de gravisimos errores; como ni el eje ni los 
aliados han emprendido cruzada de ningtin g^nero, 
repito por mi parte las frases pronunciadas por S. 
S. Plo XII a mayo 81 de 1942: "aprovechamos la 
ocasi6n que se nos presenta para expresar una vez 
m4s nuestra palabra con la conciencia de nuestra im- 
parcialidad m&s absduta hacia todos los beligerantes, 
con id^ntico amor hacia todos los pueblos sin excep- 
ci6n alguna". No cabe, pues, enrolarse en uno cual- 
quiera de los bandos deade el punto de vista religiO" 
80, que es el tinico interesante para mi en este mo- 
mento. Quien lo haga ser^ guiado por un criterio po- 
litico, o social, o de solidaridad continental, o de sim- 
patia intelectual, o por vinculos de raza y herencia: 
en nada de esto me meto, porque no tiene que ver 
con mi tema, que ya es bastante amplio de por sL 

Los bombardeos de Roma 

Por lo menos desde un ano antes que se realizaran, 
habian sido reclamados por diversos grupos y 6rga- 
nos publicitarios tanto de Gran Bretana cuando de los 
Estados Unidos. Varios peri6dicos cat61icos de estos 
paises respondieron a tales solicitudes con una re- 
probaci6n en^rgica: veian en ello ante todo una mues- 
tra del furor protestanticus que gracias a Dios en 
nuestro siglo ya no tiene las manifestaciones miilti- 
ples y brutales que en otros, furor que es hoy posi- 
tivamente reprobado por ciertos grupos anglicanos. 



^^^. 



pero que se abre paso de vez en cuando y no dej6 de 
tener asomoa por ejemplo en los excesos del Ku Eliix 
Klan norteamericano. Y asrregaban un argrumenta 
que volvid a ser aducido en nuestfos dfas: si Gran 
Bretana respetaba Atenas a pesar de ser puerto 
primarisimo y sede de un estado mayor alemdn 
tan sdlo porque era ciudad de arte y centro impor- 
tante de la religi6n ortodoxa, si Alemania respetaba 
el Cairo a pesar de ser punto vital del ej^rcito inglis 
en Africa del norte tan s61o por consideraci6n a los 
mulsumanes, no era posible que Roma y los catolicos 
fueran peor tratados que estas dos urbes. Lo fueron 
sin embargo. 

No porque el Sumo Pontifice no interviniera per- 
sonalmente para evitarlo. En su carta de 20 de julio 
del afLo proximo pasado al cardenal Marchetti-Sal- 
veggiani, Vicario General de Roma, dice S. S. Pfo 
Xli entre otras cosas: "nosotros hemos notificado y 
notificamos clara y repetidas veces a quien corres- 
ponde, en nombre de la dignidad humana y de la 
civi]izaci6n cristiana, que se mantuviera la seguri- 
dad de Roma. Ello nos permitla esperar que por el 
valor de las razones evidentes, asi como por la auto- 
ridad de que estamos, — ^aunque indignamente — , re- 
vestidos, el.comun reconocimiento de Nuestra supe- 
rior imparcialidad y de la actividad b'ienhechora 
constailte y amplia que Nos desplegamos en favor 
de todos, sin distinci6n de nacionalidad o religi6n, 
nos habrfa deparado, entre tantas amarguras, el con- 
suek) de encontrar en ambos beligerantes el acogi- 
miento favorable de nuestras gestiones en favor de 
Roma. Pero, — ^ay — , nuestra tan razonable esperan- 
za fu6 defraudada". 

En ese bombardeo de julio hay circunstancias es- 
peciales que eran entonces desconocidas y que agra- 
van la condenaci6n de que es digno. Se estaba des- 
arrollando la campafia de Sicilia, y hablan sido ini- 
ciadas las gestiones secretas preparadoras de la ren- 
dlci6n de Italia. No hacia falta, pues, bombardear 
la Ciudad Eterna porque, quedara ella ilesa o des- 
truida, su suerte para nada influla en lo que habfa 
sido resuelto ya por el rey Victor Manuel y su circulo. 
Pero el mismo dfa 20 en la C&mara de los Lores res- 
pondla Lord Crawnborne a una pregunta diciendo 
que '*los aliados no podian renunciar a los efectos 
morales y materiales de un bombardeo a Roma", lo 
que equivalfa a proclamar que el bombardeo de ese 
dia no era esporddico y accidental, sino que forma- 
ba parte de un sistema. 

Conozco los detalles de §1 por dos testigos presen- 
ciales, argentinos ambos. Es muy poco creible que 
las bombas a la basilica de San Lorenzo fueran in- 
voluntarias, porque los aviones operaron en pleno 
dia y sin resistencia en ese lugar. La estacidn ferro- 
viaria estd lo suficientemente remota, — mAs de mil 
metros — , como para no marrar los golpes. Por otra 
parte fu6 destruida toda una barriada obrera, y el 
cementerio de Campo Verano recibi6 una serie de 
impactos que destrozaron buena parte de las tum- 



bas. Y voy a citar un caso que por lo menos es acree- 
dor al calificativo de extraordinario, y nunca que 
yo sepa f u^ narrado ];)asta ahora. En medio del ce- 
menterio existe una estatua de Cristo Redentor; er 
torno a ella fueron despedazados los ataudes arroja- 
dos fuera de sus sepulcros, pero la imagen de Jesus 
no result6 tocada por una sola esquirla. 

No me de extender sobre las causas remotas y pro 
ximas de este primer bombardeo, pues publiqu^ en 
tonces un articulo en CRITERIO, y proclamo qu< 
tengo la certidumbre absoluta y documentada de qui 
mi pensamiento result6 coincidente con el de Roma 
esto constituye para mi la mayor de las satisfaccio 
nes. 

Poco despu^s de este primer bombardeo, el go 
biemo del rey Victor Manuel di6 una media vuelt^ 
y se convirti6 en adversario de los que hasta ayei 
habfan sido sus aliados. Ni esto ni otra cosa algum 
deb'e sorprendernos. Leonardo Spearman, en una co 
rrespondencia publicada por La Nacidn el 14 d< 
marzo del ano en curso, telegrafla desde Londres 
"Es el hecho que a pesar del documento -bieninten 
cionado pero prematuro de la carta del Atl&ntico, h 
guerra ha llegado a un punto tan crftico que la con 
veniencia es la tunica vara con que se medirdn ei 
adelante los actos. Es decir que la necesidad de con 
cluir la guerra con una victoria completa lo m^i 
pronto posible se ve como superior a toda conside 
racion que, a la luz de las formidables cuestiones en 
vueltas, — en resumen la vida o la muerte — , se con 
vierten temporalmente en acad^micas''. Todo esto ei 
muy claro: la moral, el derecho, el honor, cuanto n< 
se concreta en cifras y potencia material, queda des 
cartado. Pero entonces seamos 16gicos, y que no pro 
testen los unos contra las matanzas de rehenes o lo; 
incehdios de pueblos inermes que efecttian los otros 
Dando por terminada esta pequena digresi6n volva 
mos al tema, que basta para absorbernos. 

Cuando Italia se rindio, Alemania, que tenia tro 
pas alii y que prontamente envi6 otras, ayud6 a lo 
mussolinistas en la ocupaci6n de Roma. En lo qu^ 
toca directamente al Vaticano, mientras se que 
dara dentro de los t^rminos del tratado de Le 
trdn la Santa Sede no podia protestar. EH articu 
lo 3 de este documento establece: "resta per altn 
inteso che la piazza di San Pietro, pur facendo parti 
della Cittit del Vaticano, continuard ad essere nor 
malmente aperta al publico e soggetta ai poteri d 
polizia delle autorit^ italiane, le quali si arresta 
ranno ai piedi della scalinata della Basilica ..." (que 
da por lo demds entendido que la plaza de San Pe 
dro, a pesar de formar parte de la Ciudad del Va 
ticano, continuard normalmente abierta al publico : 
sbmetida a los poderes policiales de las autoridade 
italianas, las que se detendr^n al pie de la eacali 
nata de la basilica). Los alemanes se atuvieron ea 
trictamente a tales disposiciones cuando acompai&a 
ron a los italianos; en cambio ni ellos ni los aliadoi 
tuvieron en cuenta la segunda parte del articulo T> 



966 



"in conformity alle norme del diritto internazionale, 
^ yietato agli aeromobili de qualsiasi specie di tras- 
volare sal territorio del Vaticano" (en conformidad 
a las normas delderecho internacional, estS prohi- 
bido a lo8# aerom6viles detoda especie volar sob're 
el territorio del Vaticano) ; el olvido de esta dfiusii- 
la caus6 repetidas protestas de la Santa Sede ante 
k)8 dos bandos en pugna. 

No voy a enumerar todos los bombardeos, porque 
constituyen una serie demasiado larga: recordar§ 
especialmente los que hirieron al Vaticano, y el del 
sib'ado santo a la diez de la maiiana. 

Prescindo de una bomba solitaria, venida no se 
sabe concretaniente de d6nde, que cayo dentro del 
recinto vaticano; me refiero a las otras, que se co- 
noce muy bien de qu6 campo llegan, entre ellas las 
lanzadas en la noche del 3 de marzo. He visto las 
fotografias, no publicadas ciertamente por nuestros 
diarios, que muestran los perjuicios causados en el 
palacio del gobemador del Vaticano y otros locales 
importantes; el tiltimo causo varias muertes ontre 
el personal del Estado Pontificio. iQu6 pretexto ca- 
be aducir para justificar semejante violacion de la 
neutralidad de la Santa Sede? ^Existe acaso cerca 
del Vaticano un cuartel, una estaci6n ferroviaria, 
un dep6sito de municiones, cuyos recintos erraron 
laatimosamente los aviadores, metiendo sus bombas 
en casa del vecino? De niiiguna manera; nos halla- 
mos ante los bombardeos llamados de terror, que 
consiguen a voces doblegar transitoriamente el al- 
ma de un pueblo, pero que pertenecen a esa especie 
de atropellos cuyo recuerdo, segtin lo exponfa ya Be- 
nedicto XV, nada es capaz de extinguir, y que con 
el girar de los acontecimientos hist6ricos pueden 
muy bien traducirse en venganzas estupendas. En 
otro de estos bombardeos murieron en un asilo ocho 
monjas sacramentinas. Se me dird que esto no era 
querido ni buscado por los aviadores, los que no 
perseguian otro fin que el muy licito de hacer triun- 
far su patria: las monjas perecieron accidentalmen- 
te. Y yo, dejajido de lado sutilezas dial^ticas con 
las que se prueba lo que se quiere, afirmo que ^i 
pongo una causa de la que se seguirdn necesaria, di- 
recta e inevitablemente la muerte de inocentes, an- 
cianos, ninos, mujei;ps, repg^iosas, anit[uilamientos 
de lugares sagrados, como lo es el bombardeo de una 
barriada, los bienes que puedan de ello seguirse, el, 
fin que yo me propongo, no justifica medios cuya 
acci6n primera es mala. Y si alguien me adujere los 
bombardeos alemanes de Varsovia o de Londres, res- 
pondere que los someto al mismo rasero, y que por 
ende los considero criminales; pero que la barbarie 
de uno no justifica la de otro, sobre todo cuando esa 
reapuesta no hiere al criminal sino a gentes sin cul- 
l>a. De admitir lo contrario llegariamos a justificar 
todod los extremos del salvajismo, inclusive la tor- 
tura de niiios y mujeres para postrar a los adversa- 
rios. 

El otro bombardeo, igualmente intolerable en mi 



sentido; ha sido realizado el Sdbado Santo de es 
alio mientras en todas las Iglesias de Roma se c 
lebraban las fiestas conmembrativas de la Resurre 
cion. En tal oportunidad tambien fueron los barri 
populares las vfctimas. No hubo defensa de ningi 
genero porque desde dias atras la Santa Sede, con 
proposito de dar a Koma todo el caracter de ciudi 
abierta, habia conseguido de los alemanes que rel 
raran las defensas antiaereas. Y el que lo habii 
hecho asi lo demuestran, no las afirmaciones mAs 
menos olocuentes de corresponsales de uno u ot: 
bando cuya veracidad menos que mediocre ha si< 
abundantemente demostrada, sino el hecho de que 
la diez de la maiiana pudieran arrojarse explosiv 
desde escasa altura y sin ningun genero de respue 
ta. Ahi tambien fueron alcanzados, a mis de casi 
de vecindad, dos templos. ^G6mo no pensar, en es 
caso, en que las vlctimas fueron las gentes mis p 
bres de Roma, como no pensar en la palabra de Cri 
to: "lo que con un pobre hicisteis, conmigo hici 
teis"? iQu6 justificativo, fuera del aterrorizar a 
muchedumbre con la matanza, podia haber en sem 
jjBnte bombardeo? 

Mientras tanto, las gestiones del Sumo Pontiff 
para acabar con tan increlble crueldad no han ces 
do. Ya que no ha conseguido, a pesar de haber 
intentado cien veces, suprimir el bombardeo de h 
ciudades abiertas en general, estd empeiiado en 1 
grar este resultado siquiera con su di6cesis, con 
pueblo que esti directa e inmediatamente sometic 
a su cuidado pastoral. 

El bombardeo a Monte Cassino 

En toda esta serie de acontecimientos se interc. 
la uno de g6nero particular, la destrucci6n del m 
nasterio de Monte Cassino, que a modo de digresic 
y porque ha sido objeto de numerosos comentario 
me obliga a introducir un capftulo especial anties < 
continuar con la exposicion de mi tema. 

Cuando los alemanes fueron sorprendidos, — ^pui 
nada se les habfa advertido — y por la brusca capit 
laci6n de Italia que de la noche a la maiiana se co] 
virti6 en su adversaria, las contadas tropas dest 
cadas en el sur iniciaron una batalla de retard 
mientras divisiones traidas del norte o de mis al 
de las fronteras se estableclan en la clisica Ifnea d 
Garegliano, consagrada por la historia militar de 
Peninsula. El eje y basti6n central de esta linea i 
el monte Cassino, altura abrupta de alrededor de sei 
cientos metros, desde cuya cumbre se dominan h 
alrededores y se vigila en lo^ dias claros el terrei 
casi hasta la costa del Mediterriheo. Llegados ahi h 
aliados, y despu^ de diversos tanteos, comprendierc 
con perfecto criterio militar que era necesario mi 
niobrar frente a un enemigo aguerrido y expert 
decidieron un movimiento envolvente por la dered 
de la posicidn enemiga que alcanzaba de mar a ma 
y de ahf resulta el desembarco en Nettuno-Anzio. 



3C 



Antes de continuar he de decir que, por efecto 
quizes de mi ascendencia y atavismo, he leido bas- 
tantes libros de asuntos militares. Por otra parte 
visits toda la zona norte de Verdun bajo la direcci6n 
de oficiales franceses que habian luchado alii, y du- 
rante los cincuenta dias que estuve en Espafia vi la 
toma de posiciones de montana, entre otras el monte 
Sollube y los vecinos en la zona vasca, siguiendo muy 
de cerca las operaciones. 

El desembarco en Nettuno-Anzio fu§ muy bien 
concebido y, de haber tenido ^ito, toda la linea del 
Garegliano se habria derrumbado, obligando a los 
alemanes ^a una retirada desastrosa. Pero por causas 
que no me corresponde averiguar, — ^y segun lo reco- 
nocen hoy tanto los ingleses cuanto los norteamerica- 
nos — jhubo falta de energia en la ejecuci6n, la pe- 
netraci6n no fu§ bastante profunda, se temi6 quizes 
pagar un precio humano demasiado caro, y a las cua- 
renta y ocho horas los alemanes habian logrado blo- 
quear el ejercito enemigo. Desde entonces hubo ru- 
dos combates, tremendos bombardeos, pero las po- 
siciones sustaneialmente no variaron. No quedaban 
pues mds que tres posibilidades : ver de emprender 
un desbordamiento, casi imposible, por la izquierda 
de Monte Cassino; intentar otro desembarco m&s 
poderoso mucho mds arriba de Nettuno-Anzio, o aco- 
meter la operaci6n dificilisma de una ruptura del 
frente alemdn en el Garegliano. Aqui tambien el Es- 
tado Mayor aliado comprendio con claridad que mien- 
tras no cayera la posici6n de Monte Cassino, nada 
se habia logrado. 

En la cumbre de esta montana hay, o mejor ha- 
bia, un monasterio. Conozco no solo por libros toda 
la zona. Glorioso por una historia de casi quince 
siglos que no he de repetir pues casi todos los peri6- 
dicos la han mencionado, asaltado por los barbaros 
y siempre reconstruido, el convento de San Benito 
ha sido uno de los centros principales de la civih- 
zaci6n europea, no pudiendo en realidad compardr- 
sele ningun otro. En su estado antes de la guerra, 
era un enorme edificio de varios pisos, que ocupaba 
en parte la cumbre de la montana y al cual se lle- 
gab'a por un camino en zig zag que tenia tres ki- 
I6metros de desarrollo a pesar de no llegar la dife- 
rencia de nivel a seiscientos metros entre el pueblo 
de Cassino y el monasterio, lo cual demuestra lo su- 
mamente abrupto de la cuesta, que por lugares era 
casi vertical. Y nadie ignoraba entre los habitantes 
de la comarca que en la ladera existian cuevas y re- 
fugios cavados a trav^ de los siglos. 

La montana, con tal que f uera ocupada por tropa 
experta, era un lugar ideal para la defensa. ^Y el 
monasterio? El monasterio lo habria sido tambien 
all^ a fines del siglo XVI. Pero desde que Vauban, 
en tiempos de Luis XIV, transform6 todo el sistema 
de las fortificaciones, suprimio los altos muros y los 
reemplazo por fosos, con sus bastiones que los toman 
de enfilada bajo su fuego, con los "caminos cubier- 
tos", etc., ya dicho edificio no habria servido para 



nada, ni siquiera para d6p6sito de materiales. 
idea de que los alemanes hubieran instalado ci 
nes en esas ventanas es de corresponsal, no de n 
tar, pero es totalmente absurda, porque hoy la 
mera preocupaci6n de un jefe de artilleria es o 
tar sus piezas y su fuego. Monte Cassino conver 
en fortaleza es suficiente apenas para un escen; 
medioeval de Hollywood, y nunca los alemanes, 
sobrados de material, se habrian expuesto a que 
fuera aniquilado en pocas horas con su perse 
cuando en un momento cualquiera se resolvieran 
aliados a atacarlo con aviones. 

3e ha hablado de un observatorio instalado e: 
monasterio. Las gentes suelen ignorjir lo que 
tales observatorios, y se imaginan algo como una 
rie de instrumentos astron6mico8. H)e estado en 
tas instalaciones en los fuertes de Verdtin, y vis 
do algunos en plena funci6n de guerra durant 
de Espafia. Aqu^los consistlan en una especic 
tubo cementado, con vista sobre el campo enen: 
en que un solo oficial armado de un anteojo dei 
ciaba los puntos de posici6n de la artiUeria ad 
saria. En Espafia solfan consistir en un binoc 
prismdtico montado sobre un tripode, y a veces 
pequefio telemetro de campafia, a lo cual estaba 
junto un receptor y trasmisor portdtil, y un n 
de la zona. Todo cabia en un agujero de dos me 
por tres, y era atendido a lo mis por cuatro I 
bres. Los tel^metros de las baterias alemanas dc 
cdlebres canones antia6reos de ochenta y ocho < 
mds largos, sin ser mayores que los vistos poi 
en destroyers, montados sobre cami6n, y tan pei 
tamente camuflados que me ha sucedido ser coi 
mente detenido al llegar a cincuenta metros de 
de tales aparatos sin haber sospechado su existei 
Quienquiera haya visitado el monasterio de M 
Cassino y sus alrededores se da muy bien cu 
de que no era necesario, ni siquiera conveniente, 
terse en §ste, o a su lado, para montar no uno 
varios observatorios de esta clase. Existen e 
cresta posiciones mucho m&s oportunas. Hay 
una presunsi6n que debe tenerse en cuenta. 

Pero, en fin, los aliados, que nunca se han £ 
ximado al monasterio, dicen que alii se encoi 
ban los alemanes. ^Pueden haberse equivocado? i 
mo que si, y recuerdo lo acontecido con Castel < 
dolfo y recientemente con Shaffhaussen, En el 
mer caso los aviadores norteamericanos creyeron 
una concentraci6n de tropas en el palacio x>ontii 
sus jardines y anexos. Inmediataraente se pens 
el bombardeo. EI 17 de febrero el delegado ap 
lico en Washington, Mons. Cicognani, declar6 of: 
mente "S. E. el Cardenal Secretario de Estado, "b 
Maglione, me encargo hiciese ptiblico que la re 
te informaci6n aparecida en la prensa atribufd 
alto comando aliado. de que el territorio papa 
Castel Gandolfo estd lleno de tropas germanas j 
lo tanto en peligro de ser bombardeado, no cs 
ta y que la noticia carece de fundamento. Su 



368 



a declara que ningiiin soldado germano ha Bido 
tido dentro de los limites del territorio ponti- 
le Castel Gandolfo". A pesar de ello, prevaleci6 
forme de aVladorea que volaban a varios mfles 
etros y a cuatrocientos kil6metros de velocidad, 
la f u6 repetidas veces bombardeadas, y se con- 
S matar alrededor de quinientos de los diez 
efugiados en ese lugar. Por lo que toca a Shaf- 
isen, los aviadores creyeron encontrarse con una 
d alemana cuando en realidad era suiza, y sol- 

tranquilamente sus bombas. Y no pienso que 

habido la menor intencion criminal, sino sen- 

lente errores de observaci6n. Puede pues ha- 

habido en Caasino. 

ro alii hay algo mis. El 17 de febrero un tele- 
a de Berna traia el texto de declaraciones im- 
ntes, entre ellas una del mariscal Kes.^elring, 
ndante alemin de la zona de combate, quien di- 
tre otras cosas: "cuando el Vaticano, por inter- 
3 de la Embajada alemana ante la Santa Sede, 
rigio a mi para que no fuera incluida la Aba- 
te Monte Cassino en las operaciones de lucha; 
diatamente estuve conforme con esta proposi- 
. . Entonces prohibi que soldados alemanes pe- 
ran en el convento y en las inmediaciones. La 
sacion estricta de esta orden ha sido confrolada 
antemente. Tampoco se hizo uso del permiso de 
r en caso de emergencia y de manera pasaje- 
ridos graves en el convento". ^Se me dir& que el 
seal Kesselring es un alemdn, y que no puede 
selo? Bueno; pues ahi van declaraciones de tes- 
de mayor excepci6n: "certifico que en la Aba- 
[e Monte Cassino no se encohtraba ningt^n sol- 
alemin el 13 de febrero de 1944: (firmado) 
orio de Mare, abad de Monte Cassino". A lo 
se adjunta lo siguiente: "En el interior del 
mto y en todas las inmediaciones no existfan 
laciones de defensa o tropas o material de gue- 
ilemin de ningun g6nero. 16 de Febrero de 
: (firmado) Don Nicola Clementi, administra- 
ie la Abadia de Monte Cassino, Don Francisco 
mi, delegado apost61ico de la Oficina de Admi- 
aci6n de la diocesis de Monte Cassino". He 
tres monjes, investidos de autoridad, persona- 
es dentro de la orden benedictina, testigos pre- 
ales de los acontecimientos itambien YiahrAn 
ido ellos? ^No se explica de este modo que ya 
m Estados Unidos comience a haber una reac- 
contra el bombardeo del monasterio histdrico? 
cabra repetir lo que segun la Catholic News 
Ice de Washington decia recientemente el New 
' Daily Netvs: "con la destruccion del Monaste- 
le Monte Cassino solo obtuvimos la destruccion 
1 monumento historico y religioso. Lanzamos con- 
a poblacion un bombardeo sin precedentes; pero 
jscombros han resultado mejor defensa para los 
anes que los edificios que d-estrulmos, porque 
Dromontorios de ruinas son menos vulnerables 
los paredes . . . ". 



Por lo dem§LB si la destrucci6n de la abadia cons- 
titufa la garantla para la toma de esa posici6n esen- 
cial, es claro que una vez arrasada por la aviaci6n co- 
mo lo f u6, ^ta debia haber caldo. Y las tropas aliadas 
se lanzaron al ataque con un valor que aprecio pre- 
cisamente porque conozco el terreno, pero que fu6 
intitil: despu6s de diez dfas de lucha los aliados es- 
taban en el punto de partida. Ello no por falta de 
medios ni coraje sino porque una posicion de esta 
categorfa no se toma por un asalto frontal. Tengo 
aquf sobre mi mesa Le fort de SouviUe del general 
H. Colin: alii se narra que costo a alemanes y fran- 
ceses el grupo de colinas de Verdun, que son sim- 
ples toperas al lado de Monte Cassino. Y nunca he 
visto en Espana asaltar de frente una posici6n pa- 
recida en algo siquiera a la de Italia. Si Monte Cas- 
sino ha de caer, como imagino acontecerd, serk por 
un movimiento de flanqueo, posiblemente de gran 
envergadura, ya por la costa del Adridtico ya del 
Mediterrdneo, pero no de otra manera, a no ser que 
se quiera sacrificar una cantidad incalculable de 
gente y material. 

Pero visto cuanto antecede, y teniendo en cuenta 
sobre todo los testimonios de los superiores de Mon- 
te Cassino, no podemos nosotros los cat61icos apro- 
bar, ni con dolor ni sin dl, la destrucci6n de ese ma- 
nantial de buena parte de la civilizaci6n europea, 
y consecuentemente de la americana. 

Sentir con la Iglesia 

Ha dicho Pascal con muchfsima raz6n que el senr 
tido propio en materia religiosa ha engendrado in- 
numerables herejfas durante la historia ya larga de 
la Iglesia. La diferencia mAs profunda que nos se- 
para de los protestantes es el hecho de que mientras 
el principio del libre examen los induce, — qui6ran- 
lo o no, — a construir cada cual su religi6n perso- 
nal, que coincidiri quizes con la de otros individuos 
pero que no compondrd una unidad orgdnica; nos- 
otros los catolicos, segtin lo observaba ya Tertulia- 
no en el siglo II, somos un cuerpo x)or la unidad del 
bautismo, la de la fe y la de la obediencia. De jahi 
que sentir con la Iglesia constituye una caracterls- 
tica catolica, y que quien se aparte de aqu^l da mues- 
tras de no ser cat61ico mis que en las formas exte- 
riores de la vida, y no en lo profundo de ella. 

Ahora bien, en los bombardeos de Roma la Igle- 
sia ha hablado por medio de su Jerarquia, — Sumo 
Pontif ice y flecundariamente Obispos, — que es quien 
est^ autorizada para hacerlo. Y a fin de evitar to- 
da confusion he de citar palabras textuales de S. S. 
Pio XII, y referirme tambi^n a alguna de las pro- 
r.unciadas por Prelados de todas partes del mundo, 
especialmente de los paises que se hallan en guerra 
con Alemania. 

En su carta al cardenal Marchetti Salveggiani que 
ya hemos citado en p^ginas anteriores, el Sumo Pon- 
tifice habla amargamente del bombardeo de Roma. 



369 



A las mentadas agregaremos otras; "sin necesidad 
de recordar la inmensa importancia hist6rica de es- 
ta ciudad venerable, para Nosotros Roma es la Ciu- 
dad Santa del Catolicismo, a la cual Cristo confiri6 
ntieva -gloria y m6s sublime; Roma con sus monu- 
mentos maravillosos, simb'olos de religi6n y de ar- 
te, guardiana de reliquias y de documentos muy pre* 
ciosos; Roma, cuyas catacumbas fueron, en la 6po- 
ca de las mayores persecuciones, los primeros ampa- 
ros del pueblo cristiano y de sus mArtires, que hi- 
cieron sagrados los anfiteatros y las arenas de los 
circos, y cuyas tumbas, cwnas de la cristiandad, 
constituyen aun lugves de plegarias... Pero nues- 
tra esperanza tan razonable fue defraudada, y des- 
graciadamente lo que temlamos se ha producido". 
T6ngase en cuenta que aqui no se habla de senti- 
mentalismo sino de un derecho hist6rico y religio- 
80, y de lo que es, no emotivo, sino razonable. 

En su alocuci6n de febrero a los p^rrocos de Ro- 
ma volvfa S. S. Pio XII sobre el tema. He aqul sus 
palabras, trasmitidas por la Catholic News Service, 
que es, lo repito, norteamericana, y por lo tanto 
no sospechosa. Se refiri6 al cardcter especialisimo 
de Roma, "centro d^ la Iglesia Cat61ica, ciudad san- 
tificada con la abundancia de sus monumentos cris- 
tianos, de sus hist6ricas instituciones, de sus basi- 
licas, de sus funciones religiosas sagradas y solem- 
nes a las que, durante los tiempos de la paz, acudie- 
ron de todos los rumbos del orbe aquellos fieles que 
en la mente y en el sentimiento veneran el corazon 
que tiene tan inspiradora, vivificante y gloriosa 
fuqrza de santificacion". Y agregaba: "no podemos 
dejar de proclamar ahora con franqueza que si las 
ciudades de Atenas y el Cairo fueron preservadas 
por razones hist6ricas y religiosas de los ataques de 
la guerra, — por mutua consideraci6n de los belige- 
,rantes, — Nos no renunciamos a- la confiada espe- 
ranza de que ellos ciertamente quieran comprender, 
y encuentren el camino para comprender, — y reco- 
nocer que verdaderamente la Ciudad Eterna tiene 
un derecho mayor al reclamar igual respeto para su 
inviolabilidad. Seria una deshonra y una desgracia 
que jamds podrian remediarse, si finalmente Roma, 
tambi^n, dnica e incomparable en el progreso cul- 
tural y politico de la humanidad, y por casi veinte 
centurias centro y madre de la civilizacion cristia- 
na, por motivos militares y dificultades de estrate- 
gia, — siempre y en todo tiempo posibles de veneer 
si asiste la buena voluntad — , cayese victima de la 
devastacion y de la furia de esta guerra terrible". 
Aqui tampoco se habla de sentim'entalis'mos, sino de 
derecho, de la calidad de los motivos militares adu- 
cidos, y de la deshonra en aducirlos para aniquilar 
los monumentos romanos. 

En su alocucion de Pentecost^s trato otra vez el 
Papa este asunto. Entre otras cosas dijo lo siguien- 
te: "ahora, cuando ciudades de casi todos los con- 
tinentes han sido arrasadas por la guerra aerea, que 
no conoce leyes ni frenos, — lo que por si solo cons- 



tituye la m^s terrible actisaci6n contra la cruelda:d 
de tales m^todos de guerra, — ^c6mb hubi^ramos pd- 
dido creer que hubiera alguien que^ se habrfa atre- 
vido a convertir a Ronta, — esa noble cindad que 
pertenece a todos los tiempos y pafses, y en la que 
el mundo civilizado tiene fija su trdmula mirada — ,, 
en un nuevo campo de batalla, perpetrando asi un 
acto tan poco glorioso desde el punto de vista mi- 
litar como es abominable a los de Dios y de huma- 
nidad consciente de los m^s altos valores morales 
y espirituales? Por esto, una vez m^s nos dirigimos 
a la clarividencia y sabiduria de los hombres respon- 
sables de amJbos bandos beligerantes, que nunca de- 
berian asociarse a un acto que liingtin motivo po- 
dria jam^s justificar a los ojos de la historia, sine 
que mAs bien deberian volver sus pensamientos, sus 
afanes, sus deseos y sus esfuerzos hacia una pai 
firme y perdurable". A estas palabras respondio e 
Sr. Cordell Hull que los motivos militares debiar 
primar sobre cualquiera consideraci6n "sentimenta- 
• lista", y el Sr. Hitler no contesto absolutamente na- 
da. La verdad es sin embargo que, desde entonces 
este ultimo comenz6 a desmilitarizar a Roma, y que 
en la fecha de ayer segiin el Osservatore Romano U 
operacion estaba completamente realizada. 

He de reducir necesariamente las citas, aiinquc 
poseo documentos episcopales suficientes para llenai 
varias pdginas de CRITERIO. Ellos por otra part( 
no son necesarios, ya que no cabria imaginar a loi 
Obispos pensando de manera opuesta al Sumo Pon 
tifice. Prelados de la Argentina, Espaiia, Colombia 
Australia, CanadA, Chile, Uruguay, Hungria, Irian 
da, Portugal, Gran Bretana, los Estados Unidos 3 
otros paises m6s, han expresado en estas oportuni 
dades su plenisima adhesi6n a la persona del Sumc 
Pontifice y a sus palabras. Y f uera de la Iglesia Ca 
tolica, muchos son los pastores protestantes y los ra 
binos hebreos que ptiblicamente se han expresado ei 
la misma forma. Mons. Francis Spellman, arzobispc 
de New York, critica recientemente a los que aducei 
necesidades militares para justificar los arrasamien 
tos. "Quienes aseveran que la cuesti6n se reduce i 
un dilema entre la necesidad de salvar edificios 3 
de salvar vidas, simplifican exageradamente la si 
tuacion, pues segun informacione^ aut^nticas, la des 
truccion de alg^nos edificios ha servido para que e 
enemigo fortalezca y consolide sus defensad. Hay au 
toridades militares que han declarado que Roma tien^ 
muy poco valor estrategico. Si esto es verdad, ora 
mos por que una necesidad. militar que imponga h 
ocupacion de Roma no signifique, por la destmcci&i 
de edificios, mayores perdidas de vidas para nuestroi 
soldados". Y expresa que "millones de corazones » 
entristecerian si la historia tuviese que escribir qu< 
fueron estadounidenses quienes destruyeron a Roma" 
Tiene razon el Prelado norteamericano. . 

Eatas repetidas protestas del Sumo Pontifice y d« 
los Obispos y catolicos del mundo entero est^ ha 
ciendo comprender a ambos bandos combatientes qu< 



370 



e^usteiir fuerzas morales de las que no es Ucito ni 
oportuno prescindir: son las que N'apole6n I llama- 
ba '1o8 imponderables''. En los periodicos del lunes 
lie lefdo que va abri^ndose camino la idea de cons- 
titair una comisi6n mixta, o una comision de neu- 
trales, que controlarfa el car^cter de ciudad abierta 
de Boma, y de esta manera *la salvaria de las con- 
tinfirencias guerreras. Hace tiempo he sostenido la 
misma tesis: ella satisfarfa a iodo el mundo, e im- 
pediria matanzas y destrozos que, segun la f rase pon- 
tificia "no constituyen un honor para quienes los 
perpetran". 

Enti^ndaselo bien, nosotros no somos tan ignoran- 
tes de nuestra religion que vinculemos el catolicis- 
mo y su vitalidad a lo material de los edif icios, sean 
antiguos o modernos. Pero cuando el Sumo Pontlfice 
habla de ellos en el tono que hemos mencionado, y 
proclama^ no st^plicas sino derechos, y se funda en 
lo que Roma significa para la cristiandad, no tre- 



pido en af irmar que quieQ piense o hable en tono di 
tinto, no siente con la Iglesia. 

Nadie tiene derecho a vincular el futuro religioi 
a la* victoria temporal de ^ste o aquel bando en li 
cha cuando el Sumo Pontffice se ha abstenido cu 
dadosamente de hacerlo. Ni son los neopaganos, j 
los ateos, ni los herejes, ni los idolatras, ni los hon 
bres sin religion positiva quienes pueden ser co: 
siderados como soldados del Redentor y su Igl 
sia. Nuestras previsiones son muy cortas, y nuesti 
confianza en la Providencia ha de ser total. Nio s 
lidaricemos a Cristo con intereses que pueden s< 
muy nobles pero que llevan un cardcter sustancia 
mente temporal. Y no olvidemos tampoco que "Dii 
escribe derecho con lineas torcidas", y que lo qi 
nuestra pequeiia inteligencia juzga catastr6fico p 
drfa muy bien ser el camino escogido por el Omn 
potente para la instauracl6n del Reinado Social < 
Jesucristo. 

Gustavo J. FRANCESCHI 



COMENTARIOS 



Los transportes 

JT "JEMOS comentado en esta seccidn, no hare 
m m mticho, los inconvenientes que ocasiona aX pu- 
^ -*• blico el rpjol servicio de los transvortes en 
nuestra cittdad. Desgraciadamente el mal crece cada 
dia. No se trata solamente del dano a empleados y 
trabajadores modestos, que por la escasez de medios 
mdvUes Uegan tarde a sus oficinas y fdbricas y a 
quienes se les descuenta el su£ldo, sino tambiSn de 

rotra serie de perjuicios muy lamentables. 
El mal servicio de transporte en la^Capital Fede- 
; ral se echa de ver en el p^simo aspecto de tranvias 
y &m/nibus viejos que se descomponen con frecuencia 
inexcusable; lo que no da un aspecto elegante a Ixi 
gran capital del sur, Pero lo mds alarmante es la 
desproporcidn entre el niimero de vehlculos disponi" 
hies para el publico y la multitud de pasajeros que 
deben utilizarlos. Esta escasez de vehiculos origina 
nerviosidades y groserias no justificables pero si 
tnuy explicables, Y asi, se observa a cada paso at 
hombre que se adelanta y deja a la senorita con el 
pie en el estribo o a la senora con el nino en brazoi, 
para precipitarse SI al automovil colectivo, Por otra 
parte, en el presente ano, el numero de pasajeros 
diarios obligados a utilizar transportes econdmicos 
es de.cien mil mds que en 1943. Y sabemos tambien 
que los dnvnibus y automdviles colectivos ion unos 



mil menos que el ano prdximo pasado. No nos f 
teresa senalar aqui al culpable de esta situacidn ala 
mante (sobre todo para la poblacidn modesta) ; 
que importa es buscar el remedio y solucionar ctta 
to antes un problema que afecta tambin a la 'est 
tica y a la edueaddn del pueblo, 

Escrito este comentario, leo en La Naci6n de ay< 
miircoles 19, pdg. 7: "Hubo un herido en un choq^^ 
entre tranvias colmados de pasajeros". Y el matutii 
continim a^i: "Con la capacidad de pasajeros cc 
mada con exceso, como se ha hecho habitual en h 
tcltimos tiempos, circulaba ayer por la calle Colore 
bres, en direccidn al Norte, un tranvia de la I 
nea 73. . ." 

Este es un argumento mds de los inconvenient 
que acarrea a todos, el mal servicio de transport 
en nuestra Capital Federal. 

Venta inadecuad 

M jl^ algunas ferias de comestibles, junto al pue 
Mj to de frutas o de carne se estadona un ind 
*— ' viduo y vocea folletos que no se refieren 
mejor o peor modo de freir pescados sino a probl 
mitas sentimentales. Esto no seria tan reprobab 
si bajo la faz de novelitas de amor no se escondie\ 
la difusidn de libritos francamente pornogrdfico 
Hay que acabar con estos mercaderes del vicio q\ 
sorprenden la despreocupada fe del publico partic 
larmente en lugares frecuentados por multitud < 
menores de ambos sexos, 

E. B, de A. 



Z' 



• k 



6DANTE, UN HEREJE? 



EL profesor Gherardo Marone, catedrdtico de Li- 
teratura italiana en la Facultad de Filosofia y 
Letras de esta Capital, desde hace algunos aiios 
estila vulgarizar en forma moderna y algo "periodis- 
tica" las inagotables sugerencias contenidas en el 
poema dantesco. 

De las numerosas colab'oraciones que sobre tan cul- 
to asunto ha estado publicando en el suplemento lite- 
rario de La Nacidn, algunas pueden clasificarse sin 
reticencia entre las buenas, por su original contex- 
tura y lo acertado y s611do de las observaciones ; otras 
en cambio adolecen, ipor qu6 callarlo?, de visible me- 
diocridad. Debida 6sta probablemente a lo arduo del 
argumento elegido, fallan a menudo — no digo que 
por mala valoracion exacta de lo que el inmortal poe- 
ma contiene de m&s genuino y connatural : su inmen- 
sa significacion religiosa, aceptable a todas luces en 
un s61o y exclusivo sentido, el de fe catdlica, apostd- 
lica y romana. 

Tengo para mi que el profesor Marone no cae en la 
cuenta de lo inexactas que resultan esas equivocadas 
(o harto atrevidas) interpretaciones de lo que fu6 la 
religiosidad dantesca : tanto del hombre como del Poe- 
ta y de su obra. Ello no quita, huelga decirlo, que 
tales afirmacionfes err6nea8 despierten entre muchos 
una concepci6n falsa de la realidad. Lo menos que 
puede decirse es que engendran confusion en la men- 
te de los lectores no muy duchos en la materia, ale- 
j^ndolos de la visidn rectilfnea que intus et in cute 
el Alighieri poseyo de la Verdad religiosa y que siem- 
pre ban alabado en ^1 sus grandes admiradores ca- 
t61icos, desde el c^lebre Boccaccio que lo comentara 
ptiblicamente EN UNA IGLESIA de Florencia, a las 
pocas d^cadas de desaparecido el "altisimo poeta". 
hasta Yosue Borsi, el exquisito humanista arrebata- 
do en la flor de la juventud a una esplendida carrera 
literaria, treinta aiios ha. 

En La Nacidn del 2 de Abril el prof. Marone in- 
serta uno de tales buenos ensayos: La poesia del "fn- 
fiemo'* dantesco, Es loable alii el esfuerzo de mos- 
trar al lector cu^n superior resulta la categoria del 
viaje dantesco parangonado con las narraciones de 
las leyendas medioevales sobre el tema que sugiri6 
a Dante la trama de su Comedia. Tambi^n logrado 
me parece el intento de hacer comprender cuan hon- 
damente humano, y por ende imperecedero, es todo 
lo que Dante canta con su verso inmortal, trasfun- 
diendo e inmortalizando su tit^nico "yo" — por el 
arte magico de su altisima poesia — en cada uno de 
los personajes o de las caracterizaciones con que el 
gran florentino se encuentra en ese viaje por los 
reinos ultraterrenos. 

iPor que, entonces, deturpar las bellas y apropia- 
das observaciones que engalanan este ensayo con un 
manchon descomunal, con dos p^rrafos cuya meri- 



diana incongruencia hacen dudar ser ellos realmen- 
te del escritor que firma esas carillas? 

"Su humana solidaridad con las almas del "Infier- 
no" es una hlasfemia contra Dios"; dice el prof. 
Marone. *'Es la implicita condenaci&n de la voluntad 
divina". Si Dante pudiera leer tan gratuito agravio 
a su fe maciza, a su bien merecida gloria de "poeta 
te61ogo", probablemente repetiria al Sr. Marone 
aquello muy conocldo de "traduttore, traditore*\ . . 
Si es licito parangopar la ficci6n con la realidad (y 
lo pequeiio y humano con lo infinito y divino), ^aca- 
80 el Uanto de Jestis sobre la pr6xima ruina de Je- 
rusal^, la ciudad infiel y deicida, suponia en 61 una 
"condenacion" absurda de la voluntad divina? i Su- 
ponia "la revisidn de la sentenda que (en palabras 
del Sr. Marone) SIN PIED AD, SIN MISERICOR- 
DIA'* condenaba a los hijos por las culpas de los pa- 
dres (cfr. JEREMIAS, Lament. V, 7) ? 

La afirmacion contenida en el segundo pdrrafo no 
es menos disparatada que los que se acaban de ver. 
"Un poeta cristiano no habria caido en semejante 
herejia**, A fuer de justicia, iquiin es el hereje en 
este caso? ^Es Ifcito asf nom^s, con un lapsus c6la- 
mi que no por involuntario — segtin creo — es menos 
grave y condenable, es licito, digo, tildar de incon- 
gruente en su fe, de esc6ptico (un Brunetto Latini, 
digamos, sin las lacras morales del c61ebre maese) o 
francamente de hereje al autor de la m^s hermosa 
pardfrasis que se posee del Padre Nuestro y de la 
plegaria mds elevada que, segtin tan s61o al Ave 
Maria, puedan los hombres dirigir a la Virgen Ma- 
dre, Hija de su Hi jo? iCree el Sr. Marone que si 
por hip6tesis imposible Dante, terciario franciscano 
en el siglo del m^s puro y severo franciscanismo, hu- 
biera sido de verdad un poeta pagano — a lo Heine 
o tambi^n a lo Carducci de Le fonti del Clitunno — 
un Papa docto e ilustrado, Benedicto XV, habriale 
discernido el altisimo honor de declarar en 1921 
que "la Divhia Comedia es algo asi conw un Qttinfo 
Evangelio"? 

Es f^cil ademds ver que entre pagano y Clasicista 
no corre aquel paralelismo que parece quiera esta- 
blecer el Sr. Marone. ^Qui6n m^s clasicista, por ej. 
o enamorado de los cl^sicos que Corneille y Racine 
en el teatro o Torcuato Tasso en la 6pica? Empero, 
6 puede significar esto que fueran "paganoS"? ^Po- 
dria darse acaso la probabilidad de que un verdade- 
ro poeta, y por encima de todo el m^imo poeta de 
la Cristiandad, sea "pagano y cristiano" al mismo 
tiempo, segun insinua el Sr. Marone? iSer adorador 
de Cristo y a la vez sacrificar a "gli dei falsi e hrir- 
giardi", dici6ndola con terminos del propio Dante? 

Que en cambio el Alighieri reuna en si mismo "el 
pasado y el porvenir, el gran corazon de Virgilio y 
la elevada mentalidad de Tom&s de Aquino", es ha- 



372 



> de otro costal. Es la sencifla verdad, que na- 
que est^ en sus cabales se permitirfa discutir. 

i hereje, pues, ni menos pagano, es decir: bias- ' 

> o condenador il6gico de la voluntad divina. To- 
o contrario es el Dante de la historia:.ortodoxo 
a la m6dula, pitis como y m&s que aquel "piadoso 

de Anquises" al que Virgilio hizo el h^roe ep6- 
^ de su poema Inmortal. Consciente de su genio, 
prendi6 m&s todavia que debia usarlo a gloria 
)ios; y en €4 estro que con impulso poderoso ani- 
ale a cantar vi6 un maravilloso talento que la 
iddencia le habia entregado para traflcarlo. lY 
i si no lo supo utilizar como instrumento, como 
10 de "profeta" genuino para realizar su misi6n 
leno a la Gristiandad! 

iovanni Papini — r-no el de Dante vivo sino el m6s 
uro y completo de la inconclusa Historia de la 
atura italiana — valor6 precisamente (como pocos 



otros modernos lograron hacerlo) esta altisima mi- 
6i6n religiosa que el poeta procur6 llevar a cabo con 
La Comedia. Permitanme los lectores, los que poco o 
nada sab'en de italiano, la trascripcion del trozo a que 
hago alusi6n en su texto original, pues a Papini no 
es tan f6cil traducirlo como se merece: 

**L'obbedienza al Vangelo e U suo massimo coroUa* 
rio: V amove per gli uomini, hanno indotto Dante a 
un'impreaa e ad un attegiamento che possono sembra- 
re temerari e qtuisi eretici ai moderni pusilli. Ma 
gVignari scandalizzati egli arzigogolatori di misteri 
non hanno ragioni d'interloquire, 

"In Dante non v'6 traccia di protestantesimo anti- 
cipato e tanto meno di eresia. Fu e voUe essere cris- 
tiano, cattolico, romano. Credente di ogni dogma, de^ 
voto dei Santi, innamorato delta Vergine, disposto al- 
Vobbedienza verso o sacerdoti e alle riverenza verso il 
Papa". . . 

LamJberto LATTANZI 



'1 problema demografico argentino 



LAMA la atenci6n que en el curso de un aflo 

. la poblacion de la ciudad dc Buenos A::es ha- 
^ ya aumentado solo de 2.549.700 a 2.571.700 ha- 
ntes, como lo revelan los datos estadisficos reci^n 
icados. O sea ha habido un aumento de 2.000 
IS unicamente. Dada la atracci6n que ^jerce la 
ropoli sobre la poblaci6n del interior, lo que pro- 
I una constante afluencia de gente que se tras- 

a vivir a la Capital, el incremento de habitan- 
debi6 ser mayor y se deduce, por lo tanto, que 
lo menos el crecimiento vegetativo, o sea el ex- 

de nacimientos sobre las defunciones ha sido 
uo en extremo. 

n efecto, la natalidad, en con junto, de la Repu- 
i Argentina, que era de 38,8 por mil hace trein- 
iios, ha bajado a 23,3 por mil. Dicho coeficiente, 
»or si reducido, es sin embargo bastante m^s ele- 
» que el de la Capital Federal donde se registr6 
942 una natalidad de s61o 18 por mil. Aqui, fren- 
28.400 defunciones en dicho ano, hubo s61o 46.600 
mientos, de modo que esto confirma que se ne- 
'/> el aporte migratorio para enterar el aumento 
I de la poblacion. No es improbable que si la na- 
iad sigue disminuyendo, pronto haya una dismi- 
6n vegetativa en vez de un incremento. 
spero que los lectores de esta revista no tomardn 
al que un extranjero se refiera a la grave situa- 

demogr^fica de la Republica Argentina y se le 
isar^ si, dado su profundo y probado carino por 

gran Nacion, a la cual admira como el mayor 
►nente de cultura y civilizaci6n de la America La- 
, seiiala un hecho que induce a alimentar graves 
>res por el porvenir de este magnifico pais. 
o se necesita mucha perspicacia para descubrir 

en el fondo de todo el conflicto que hoy asola a 



la humanidad, hay una cuesti6n primordial de ali- 
mentaci6n. Si Alemania, Italia y Jap6n han desenca* 
denado esta guerra atroz que ha sumido al mundo en 
la ruina y la aflicci6n ha sido, en definitiva, por su 
deseo de obtener, para sus habitantes, mds territorlo,. 
mds espacio vital. Siempre ha ocurrido lo mismo en 
el mundo, desde las primeras guerras que nos ha 
trasmitido la hfstoria y que fueron provocadas por 
las migraciones de las razas prolificas que invadfan 
los territorios vecinos cuando habian menester de m^s 
extensi6n para vivir. Parece probable que la unica 
manera de evitar nuevas guerras en el futuro serd 
la de aplicar algtln procedimiento mediante el cual 
la produccion de alimentos y de materias primas nfo 
se malgaste en algun punto o se derroche en benef i- 
cio de determinados pueblos mientras otros carecen 
de lo mds esencial. La principal dificultad del pr6xi- 
mo tratado de paz, una vez que el Eje haya sido de- 
rrotado, consistir^ precisamente en descubrir el sis- 
tema por el cual puedan satisfacerse los requerimien- 
tos de las zonas mds pobladas del mundo sin que 6s- 
tas se vean abocadas a recurrir a la fuerza. 

Es en ese momento cuando los ojos del mundo se 
van a posar sobre la Republica Argentina, una de las 
pocas comarcas en que, junto con un clima habitable, 
hay ya abundancia de productos agricolas y existe la 
posibilidad de que la haya todavia mucho mayor. 

Aun antes de que estallara el actual conflicto y 
cuando se rumoreaba de que Alemania tuviese am- 
biciones sobre la Patagonia, tuve ocasi6n de tratar 
este tema con varios gobernantes sucesivos de la Re- 
publica Argentina. Me permiti* hacerles notar que 
consideraba alarmante el que la poblacion del pais, 
despues de un rapido incremento durante el princi- 
pio del siglo, mostrase tendencia a permanecer es- 



37$ 



tacionaria en los ultimos aiios. EUo era debido, sin 
duda, a I^s restriccionefi impuestas a la inmigracidn 
pero tambi^n, en no escasa proporci6n, a las prdcti- 
cas anticoncepcionales que habian afectado el au- 
mento, tanto mas deseable, de la poblacion aut6c- 
tona. 

Si la limitacion de los nacimientos se comprende 
aunque no se justifica por ningun motive — en aque- 
llos.paises sobre-poblados en que la excesiva densi- 
dad trae aparejadas la miseria. y toda suerte de pe- 
nurias y sufrimientos, no tiene, en cambio, explica- 
cidn alguna en una nacion joven como esta donde 
hay tanta abundancia, tanto bienestar y donde s61o 
faltan brazos para desarrollar y valorizar todas las 
posibilidades agricolas, mineras e industriales de una 
de las regiones mas privilegiadas del mundo. 

Les hacia yo presente a esos gobernantes argen- 
tinos que one parecia sumamente peligrosa la politica 
de este pals que, en un modo lleno de naciones a las 
que el instinto o la necesidad hacia agresivas, per- 
siste en permanecer semi-desploblado. Mientras una 
parte apreciabl^ de la humanidad no cabia dentro de 
«u territorio y ansiaba ocupar nuevas tierras, aqui el 
linico problema era el de la sobre-produccion. Habia 
tanta cantidad de ganado, que costaba encontrar su- 
ficientes mercados que lo absorbieran; igual cosa 
ocurria con el trigo. Mientras tantos pueblos ihyeren 
de hambre, aqui se usaba el maiz como combustible. 
Era tanta la superficie disponible que cualquier cul- 
tivo que se fomentase, luego excedfa las posibilidades 
de consumo. Asi habia ocurrido a veces con el aziJ- 
<rar en Tucumdn y hasta con la yerba mate en Mi- 
siones, de la cual se dejaba buena parte en el 4rbol. 
Estaba fresco todavla el recuerdo de las papas y la 
fruta b'otada al Rio de la Plata y estos episodios vol- 
verian a repetirse cualquier dia. 

Argentina estd llamada a tener una poblacion con- 
«i4erable. Pues, bien, y aqui esta el objeto de estas 
Ifneas, antes que recibir — voluntariamente o contra 
su deseo — una nueva ola de colonos como la que lle- 
^6 a sus costas al t^rmino del siglo pasado y princi- 
pios del actual, parece natural que acoja los hijos 
que Dios le manda y que son el fruto de su propia 
sangre. 

Hace falta una politica de propaganda en tal sen- 
tido y de estimulo de las familias numerosas. Con- 
viene estudiar algunos beneficios economicos y faci- 
lidades de orden tributario que podrian otorgarse a 
los hogares de numerosa prole. Es preciso legislar 
para que cese, de parte de los dueiios de casas, la opo- 
■sicion a arrendar departamentos a las familias con 
hijos. Pero hay mas que eso. 

Mi experiencia de la vida argentina de campo me 
indica que urge efectuar, con tal objeto, una refor- 
ma de las costumbres agricolas. No hay estancia 
grande que no tenga un edificio para albergar peo- 
nes solteros y aun sS les rodea de bastante comodi- 
dad. En cambio son muy raras las casas para peones 
casados. No teniendo como alojarlos, no se aceptan 
peones casados o se les obliga a separarse de sus fa- 



milias. Estas permanecen en algun pueblo siUiadfl^ 
habitualmente, a mucha distancia, aunque sea el mSk 
vecino. Se adivinan lotf multiples inconveni^nted.mtik 
rales y economicos de tal situaci6n. Agr^guese el he- 
cho de que los nines criados en un ambiente ciuda- 
dano, sin carino alguno por el campo, no querrdn mds 
tarde trasladarse a trabajar en las mon6tonas labo- 
res agricolas y llegar^ el momento en que no se en- 
contrar^n los brazos que necesita la agricultura. 

Dada la f uerte proporci6n de la po!>laci6n que to- 
davla vive en el campo y que es de necesidad vital 
para la Argentina que permanezca en 61, se com- 
prende la importancia que tiene el poner remedio 
cuanto antes a la grave def iciencia que acabo de men- 
cionar. Es indispensable despertar en el toimo de los 
estancieros el concepto de la obligaci6n en que est^ 
de ayudar a la familia aceptando trabajadores casa- 
dos, de construir m^s casas para ellos y de facilitar 
mayores recursos religiosos y educacionales a los po- 
bladores de sus propiedades a fin de arraigarlos a la 
tierra. Se habr^ dado con ello un paso esencial en la 
politica que significa encarar con verdadero espiritu 
nacional el problema demogrdfico argentine y se ase- 
gurar^ sobre bases inconmovibles de prosperidad el 
porvenir de una gran naci6n. 

Mflximiano ERRAZURIZ 
Buenos Aires, abril de 1944. 



J 



E S 



U 



S 



Lo divino fue caitsa de lo humano, 
y, vara hacer lo humano mds divino 
a lo humano bajdse lo divino, 
y fue divino aquello que era humano. 

Por divino misterio de lo humuno, 
fueron uno lo humano y lo divino; * 
y tan era de humano lo divino 
que pudo ser divino o ser humano. 

Lo divino rogaba de lo humano 
lo que lo humano hubiera de diinno, 
sin lograr lo divino de lo hurruino, 

Y, negado lo humano a ser divino, 
confundiendo divino por humano, 
crucified lo humano y lo divino, 

Alejandro NORES MARTINEZ 



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(Carta abierta a la Srta, Eleonora Panheco) 



Buenos Aires. Lun'es 10 de abril de 1944. 

Senorita Eleonora Pacheco 

De mi respetnosa consideraci6n en Cristo: 

Hoy, Lunes de Pascua de Ilesurrecci6n, una alma 
amiga ha puesto en mis manos el NP 840 de la re- 
vista CRITERIO con el articulo "Ha llegado la ho- 
ra" en que usted comenta uno mio sobre "La des- 
trucci6n de Monte Cassino; siendo de lamentar este 
atraso al no seguirse las normas consagradas de en- 
viar al escritor refutado un ejemplar de la publica- 
cion en que se le replica. 

De todos tiempos, la ^tica que ha regido las rela- 
ciones entre escritores ha tenido nobles exigencias 
de verdad sobre toda otra circunstancia, como lo ad- 
virti6 Arist6teles a Platon. Exigencias que la moral 
Evang^lica eleva a precepto grave para el escritor ca- 
tolico. Y en esta supremacia de perfecci6n que debe- 
mos a Cristo, hallamos aun que sin la virtud de la 
Caridad de nada hos valdrian los dones de Ciencia, 
Profecia o Milagro. Por tanto, para responder a su 
comentario debo ajustarme a estos dos principios de 
Verdad y Caridad, sobre los* cuales anhelo estable- 
cer mi replica; unicos que pueden agradar a Dios y 
consumar la voluntad de Cristo en nosotros. 

La Caridad me exige no juzgar la intenci6n de su 
comentario tan adverso a mi pluma, y ^sto lo hago 
sin dificultad, pues mi alma se ha habituado a con- 
templar en todos mis hermanos en la fe, un intimo 
deseo de trabajar por la gloria de Dios, aun cuando 
la corifusi6n de la hora presente nos coloque en cam- 
pos diametralmente opuestos y hasta luchando entre 
srt. Pero la Verdad me exige por otra parte, mani- 
festar que en su comentario se ban tergiversado los 
juicios por mf emitidos. Pero debo admitir que pue- 
de haber faltado a mi pluma la claridad ?iecesaria 
para exponer la.tesis cat61ica que debe contemplarse 
para juzgar la destrucci6n del Monasterio de Monte 
Cassino por los norteamericanos. En cuyo caso, a mi 
corresponderia la culpa contenida en las inexactitu- 
des de sus afirmaciones. 

Dice Ud.: **En **La Nacidn** del 21 de marzo, la se- 
Hara Eugenia Silveyra de Oyuela com-evta la des- 
truccidn de Monte Cassino y vretende^ no sdlo ju^ti- 
ficdr el hecho vanddlico, sino que nos exhorta a 7io 
Uarar aobre sus ruinas ni sobre las posibles ruivas 
de Roma y las obras de arte que ya se han perdido 
o 86 perderdn en el transcurso de la- guerra'*, 

Procedamos por partes y refutemos primero mi 
supuesta "pretensidn de jxistificar el hecho vandd- 
lieo". La destrucci6n del Monasterio es en si, un sa- 
crilegio gravisimo, un atentado al arte y a la civi- 
lixa^i6ii. No obstante, estas circunstancias pueden 



desaparecer p*ara uno de los beligerantes transfo 
mando su acto en un acto militar licito aunque < 
tristisimas consecuencias ; mientras que para el oti 
permanecerfa siendo gravisimo sacrilegio y horrenc 
crimen. Pero iqui6n es el culpable y cudl de los do 
inocente de este pecado? He aqui lo tinico que ! 
tratado de dilucidar en mi articulo a la luz de 
Teologia Moral, encargada de ilustrar la concienc 
del individuo. Tal cual recomienda el Apostol, he d 
jado a Dios el juzgar la culpa, limit^ndome a reco 
dar el "Principio de los opufestos" sobre el cual puc 
apoyarse el militar norteamericano que orden6 
bombardeo para ob'rar con conciencia recta y verd 
dera. Mas, si de la aplicaci6n prdctica de tal prii 
cipio resulta la licitud del* acto, no soy yo, sino 
Teologia Moral quien ha justificado, no la destru 
cidn del Monasterio en si sino el acto militar d< 
bombardeo que lo destruy6. Son dos cosas bien di 
tintas en moral. 

Para demostrar la **pretensi6n de justificacidn*' { 
que usted me acusa, serfa necesario que usted pr 
bara que el "Principio de los opuestos" ha estado m 
enunciado por mf, o bien que lo haya aplicado m 
al caso particular del Monasterio. Y usted adopta 
tiltima poslci6n con este argumento: **Si no los at 
jamos en Monte Cassino, los norteamericanos torn 
rdn Roma y el Norte de Italia y desde alii bomba 
deardn intensamente Alemania, por lo tanto hay q\ 
defender nuestro pais — ac^o licito y bueno — al h 
cerlo causaremos la destruccidn del Monasterio - 
acto malo — pero al mismo tiempo diezmaremos 
agresor — acto bueno — . Y las alemunes se atrinch 
raron en Monte Cassino". 

Existe aqui una importante confusion de su pa 
te, no solo en el desarrollo de la aplicacion pr^ti 
del "Principio de los opuestos" al caso alemdn, sii 
tambien en la eleccion del principio moral que del 
regir la acdon alemana de convertir en fortaleza 
un Monasterio para defender la patria, Muy distin 
en si, de destruir a esa fortaleza. 

El acto que usted establece de "defender a Mon 
Cassino para defender a nuestro pais", no resul 
el acto bueno de suyo, requerido por el "Principio 
los opuestos" sino un acto malo en si, adueharse 
lo ageno, contra la voluntad de su dueiio, reagrava 
por el sacrilegio de convertir a los lugares sagrad 
en cuarteles, fortalezas, etc. 

La localidad de Monte Cassino donde se halla 
Monasterio benedictino pertenece a Italia, nacion i 
berana e independiente que manifest6 su voluntad 
no combatir mks junto a Alemania. Este pais a 
vez la atac6, la ocupo militarme y desato en ella 
guerra civil favoreciendo y manteniendo la revoi 



a 



ci6n fascista, obligando asf a Italia a entrar en gue- 
rra para defender la /vida de los italianos y la in- 
dependencia de su territorio. Inmediatamente a la 
calda de Mussolini, el Episcopado Italiano y la Ac- 
ci6n ' Cat61ica, exhortaron a los f ieles a obedecer al 
gobierno del rey, reconoci^ndolo como unico legiti- 
mo; negdndose el Papa a reconocer al" gobierno re- 
volucionario. Posteriormente esta 8ituaci6n se ha con- 
solidado atin mds, al ser aconsejados los italianos por 
sus Obispos y Pdrrocos, a no enrolarse en las filas 
revolucionarias, siendo fusilados por esta causa mu- 
chos sacerdotes. Sin entrar, pues, a discutir mayor- 
mente la situacion politica y militar de Italia, consi- 
dero que la posici6n de los cat61icos es clara y sen- 
cilia desde que existe un pronunciamiento tan for- 
mal de la Jerarqula. 

De acuerdo a estas circunstancias, podemos esta- 
blecer que la situaci6n de los alemanes en Monte 
Cassino es ilicita, la transformaci6n del Monasterio 
en fortaleza, sacriligeio gravisimo y el aprovechar 
la ventaja militar que pudiera proporcionarles estas 
dos circunstancias en defensa de su patria, cae bajo 
la sanci6n del principio: "Nunca es llcito hacer el 
mal. por muy pequeiio que sea, para obtener el bien" 
segtin el axioma del Apostol: ''No se ha de hacer 
el mal para que venga el bien" (R, III, 8). 

Su segunda afirmacion: "aZ hacerlo causaremos la 
destruccion del Monasterio — acto malo — pero al 
mismo tiempo diezmaremos al agresor — acto hue- 
no — " carece de la simultaneidad de actos requerfda 
por el "Principio de los opuestos" para juatificar las 
consecuencias contradictorias de bien y mal que pro- 
duzca el primer acto bueno y necesario. (V6aae San- 
to Tomas, II. 28e. q. 64 art. 7). El efocto bueno y el 
m.alo deben ser simult^neos y no primero el malo y 
despues el bueno. Asi. no es licito mentir, (ai leve- 
mente» para librar de la muerte a miles de homb'res. 
Es adem^s de todo punto evidente que al disparar 
los alemanes contra los norteamericanos desde el Mo- 
nasterio, este no quedaba destruido, simvltdneamente 
y en virtud de esta accion, sino que fue el acto norte- 
americano de repelir la agresion lo que consume la 
destruccion. 

Ahora bien: si los alemanes hubieron procedido 
razonando como usted, sefiorita Pacheco. y en su3 
conciencias estaba que al convertir en fortaleza al 
Monasterio proveian a su destrucci6n, habrian caido 
bajo la sancion de este otro principio: "Todo acto 
voluntario indirecto, sea actual o virtual, es verda- 
dero objeto de la voluntad y por lo tanto gravemente 
pecaminoso, si el acto es violatorio en materia grave, 
segun el axioma: el que es causa de una causa, es 
causa de lo caifsndo'*, 

Fund^ndose en este principio, varios abades mitra- 
dos con todo el dolor que les causa la desanaricion 
de su Casa-Madre y en uso del magisterio docente 
de su inveslidura prelaticia, ban culpado directa- 
mente a los alemanes de la destrucicon del Monaste- 
rio — ]q mismo que otros obispos — cuyos juicios han 



sido reproducidos en 'Noticioso Cat61ico Internacio* 
nal" N9 171, publicacion argentina que se edita coo 
licencia eclesi&stica. No por ello hemos de acusar a 
los dignisimos Prelados benedictinos o a nuestra Gu* 
ria, de estar contra las manifestaciones del Papa, 
por el hecho de haber permitido tal publicaci6n. £1 
Soberano Pontifice no se ha pronunciado en ningun 
documento sobre la culpabilidad de determinado be- 
ligerante, tanto en el bombardeo de Monte Cassino 
como en el de Roma o la Ciudad del Vaticano. So- 
lamente en el caso de violaci6n de la neutralidad pon- 
tificia en la abadla de San Pablo, se ha mencionada 
explicitamente a las autoridades fascistas y a los 
funcionarios que en ella actuaron. Y esto es impor- 
tante reconocerlo. 

Dice usted tambi^n que yo "exhorto a los catdlicos 
a no llorar sobre sus ruinas ni sobre las posibles rui- 
nos de Roma y las obras de nrte que ya se han per- 
dido se perderdn en el transcurso de la guerra*\ 
No, seilorita de Pacheco, mil veces no. Este no ha 
sidp mi pensamiento y no podrd encontrarme usted 
la frase que lo exprese. Asi como la invito a repasar 
la Teologia Moral para comprobar la exactitud de 
mis citas, le ruego en Cristo vuelva a leer mi ar- 
ticulo hasta que encuentre 61 mi verdadero dolor en 
su justa extensi6n. Pena inmensa por la destruccion 
irreparable de ese cofre preciosisimo del Arte Cris- 
tiano que es Italia y cayendo sobre mi pena ol llanlo 
de mi alma por la inmensidad del pecado que cubre 
al mundo, en el Cristo ultrajado y desconocido en ca- 
da ser humano que martiriza el neo-paganismo. En 
el menosprecio de la dignidad de la persbna huma- 
na, en la suplantacion de los principios y virtiides 
evang^licas por el anticristiano totalitarismo. Des- 
conocer que esto es el m^s grande y verdadero mal, 
dejar correr las l^grimas sobre las ruinas y secar- 
las para silenciar ese pecado monstruoso, es a esto 
a lo que yo llamo paganizarse, Porque un solo pe- 
cado venial es para el alma, y asi lo contempla ej 
cielo, catdstrofe mayor que la destruccion del Mo- 
nasterio y aun de la propia Roma. 

Yo. en cambio de lo que usted escribe, afirme en 
"La Nacion" que: "el alma se estremece ante la evo- 
cacion de las ruinas de Monte Cassino y se sobrecoge 
por el pensamiento de Roma con el Vicario de Cristo 
amenazados qui^n sabe de que, si Dios no los salva" 
e invite a obtener ese milagro mediante nuestra co- 
laboracion para restaurar en el mundo los valores 
de Dios y de las almas. Y fu6 mi intenci6n decir y 
aun sigo creyendo que, dar mayor importancia al 
arte humano contenido en catedrales y monumentoa 
que al arte divino depositado por el soplo de Dio€ 
en cada uno de sus hijos y escrito con su Sangre en 
los Evangelios, eso es verdaderamente, paganizarse. 

Acabamos de terminar la meditacion solemne dc 
la Pas ion. Recuerde usted las palabras de Jesda a lac 
Santas Mujeres: "No lloreis por Mi, llorad m&s bien 
por voRotras y por vuestros hijos...". iSer^ acaac 
sacrilegio repetir las palabras del Maestro sobre lai 



376 



jruinas irreparables, sobre los claustros desechos, so- 
bre las joyas perdidas. . . ? 

Hn Uegado 2a hora, sefiorita Pachcfco, de ado- 
rar a Dios en espiritu y en verdad, de lanzar a Jos 
viefiitos lo que se nos ensefi6 al oido y en secreto 
para gritar sobre los tejados la verdadera doctrina 
de Cristo. Ha Uegado la hora que eUa alumbre en toda 
au pureza y hermosura a las almas que buscan con 
buena voluntad, su renovaci6n espiritual. 
De Ud. atentamente en Cristo 

Eugenia SILVEYRA DE OYUELA 
Seiiora Eugenia Silveyra de Oyuela 

RESPUESTA 

De mi consideracion, 

Monsenor Franceschi me ha entregado su carta de 
la cual entresaco s61o un concepto para responderle, 
pues entiendo que para dar contestacion a lo demas 
tendria que repetir los argumentos de mi articulo, 
lo cual resultaria en extremo cansador para los po- 
sibles lectores. 

El concepto es el siguiente: Usted dice "aun cuando 
la conf usi6n de la hora presente nos coloque en cam- 
pos diametr&lmente opuestos y hasta luchando entre 
sf". H« ahf lo que no admito, la existencia de dos 
campos opuestos y en lucha dentro del taDolicis^ 
mo. Esa division es ilusoria, ficticia, creada por el 
clima de excitacion que produce la guerra y a la cual 
ningun cat61ico sensato debe dejarse arrastrar. 

Gracias a Dios nuestra patria permanece ea paz, 
jpoT lo tanto, en el orden politico, ninguna razou pa- 
tri6tica nos oblige a adoptar la causa de uno de los 
bandos en lucha. 



En cuanto al orden espiritual^ tal como usted '. 
recuerda: "el Soberano Pontifice no se. ha pronui 
ciado en ningun documento sobre la culpabilidad ( 
determinado beligerante, tanto en el bombardeo ( 
Monte Cassino como en el de Roma o la Ciudad d 
Vaticano". De ahi lo inoportuno de alegatos, pai 
probar la inoeencia de unos y la culpabilidad de otro 
como los que escribio udted en "La Nacion" del 2 
de marzo y que repite en la carta que antece<le. 

Cuando escribi el articulo "Ha Uegado la hori 
refutando el suyo titulado "La destruccion de Mon 
Cassino" lo hice, no juzgando sus intenciones (put 
aun sin "repasar la Teologia Moral" tengo muy pr 
sente que esto es atributo exclusivo de Dios) ; sii 
ante la comprobaci6n del enorme mal que semejant 
escritos provocan en las mentes contribuyendo a crei 
esos "campos diametralmente opuestos" en los cual< 
se quiere dividir a los catolicos. Trat6, pues, de r 
mediar dicho nial, aunque fuese en infima propo 
cion. 

Nuestro Senor Jesucristo dijo: "Mas vosotros i 
quer^is ser llamados maestros, porque uno solo < 
vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos 
(Mateo XIII, 10). Ese Maestro el Cristo, nos 1 
dejado su representante visible en la tierra, el s 
cesor de Pedro, el Supremo Pontifice a quien 11am 
mos el Papa; insisto en lo que dije anteriorment 
los catdlicos del rrmndo entero deben tener el cora, 
de afirmar que lo son y que lo son por enclma < 
toda consideracidn, que aprueban lo que aprueba 
Papa y condenan lo que il condena, Siguiendo ei 
norma no podremos errar y nada en el mundo podi 
dividir a los que somos hernuinos, disclpulos del Un 
CO Maestro que nos redimid eon su Sangre. 

La saluda cordialmente en Cristo N. S. 



Eleonora PACHECO 



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EDITORIAL 



LUIS LASSERRE 



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Cronicas musicaJes 

TEATRO COLON 
DOS BUENOS CONCIERTOS 
B>jo la experta direccion del inteligente conductor 
francos Albert Wolf sc ha.n iniciado las veladaa artls- 
ticaa del teatro Colon. Un director de esta categoria, 
honra a los espect&culoa en forma terininante y. enalte- 
tece aiin a las obras de mediocre calidad. As! ha suce- 
dido, con muchos de loa numcros de que contabar los 
dos conciertos dados en la semana anterior en la lujo- 
sa sala municipal. En el primero, dedicado a miisica de 
BUtores argentinos, hubo obras ya conocidaa y tres no- 
vedadea absolutas. Entre las conocidas, deaeamos des- 
lacar por aua realea valorea, la Overtura de Concierto 
Opus 18, de don Alberto Williams, He clarisima cons- 
*trucci6n y en la que el decano de nuestros miiaicos, nos 
mueatra su habilidad y finura en esta claRe de compo- 
siciones. Mucho nos gUEt6 tarobi^n "El ganeho con bo- 
tu naevas", de Gilardo Gilardi que ha proporcionado 
a '.luestro espfritu un momento tan aK^adable como aquel 
en que la oimos por primera vez. Ea una obra muy eapon- 
tanea y muy bonita. Entre laa obras de primera audi- 
ddn, Be han ejecutado, "Concierto Aymara" para violin 
y prquesta, obra en la que su autar, Luis Giaiineo, ha 
puesto mucho empeno, pero que en primera audici6n 
no produce un efecto favorable. Es un poco deaigua! 
y aus tiempos posiblemente pierden en valor a medidn 
que ae van desarrollando. Esto no obsta para que en 
otra nueva audicion, pudi^ramos apreciar mejor las ca- 



lidadea de esta radaka, pue> peremnaB que nos tnereeen 
eotnplcta fc y muy inteligentes en la materia, nos han 
asegurado qye la obra tiene valores reales y positivos. 
No nos han i^stado el poema lirico "La Noehe", de Car- 
los Suffem, ni "Dinamismo", jug^ete ainf6nico de Oar- 
loE Viacava. El primero demasiado difUBO, en eu cons- 
truccion moderniata, quiere parecerse a la famosa obra 
de Stromberg "Noche Trans^igurada", pero para alio 
se neoesitaria ser un genio como lo es Schomberg. ReS' 
pecto a "Dinamismo", como no tiene pretensiones no te- 
nemos tampoco derecho a criticarlo con demasiada da- 
reza. Al^o m&s sobre el Concierto Aymari: Con mu' 
cho acierto decia un excelente amigo, que en el aiglo 
Xllf los caballoa uaaban yugo, en vee de las pecheras 
uctuaies, y a nadie se !e ocurrirfa que los hermoaos 
troncoB que eran un lujo hace 40 afios, en las familiaa 
seiiorialeB, eatuvieran enjaezados con yugoB como loi 
de antaiio; aat tampoco la miisica pentatdnica, pega en 
una obra modema con pretensiones de concierto, cuan- 
do la polifonia actual, llena de, fantaafa, no se ha con- 
formado con las notas cl&sicaa de ta miisica y bus co- 
rrespond ientes soBtenidos* o bemoles, sino qu6 ha pues- 
to en ciertas composiciones valores de cuarto y hasta 
de octavo tono. Pot' eao el uso de la eecala pentat6nica 
en el Concierto de Gianneo, uso por clerto algo eapo- 
i-Adico, puede ocaaionar un efecto parecido al que sen- 
tirfamoa al ver a los caballos modemoa, atadoa a loi 
vehteulos, por medio de yugoe. 

El segundo concierto tu6 ejecutado en honor de Bimsky 
Korsakoff, con motive de cumplirsc en este ano el cen- 
tenario del nacimiento de este magnffico compositor ru- 
so. Ea Rimsky uno de los m&s agradables compositores 
de miisica, sobre todo por lo acertado de sue instru- 
mentaciones, que sin salirse de la m&s correcta armo- 
nla, poae una brillantez y un colorido como muy pocos 
de tos miisicoa de todos los tiempos, pero, entre las nu- 
merosas composicionea de Rimsky^ Korsakoff, pudo faa- 
berse elegido un programa mucho mAs agradable y no- 
vedose y no le falta al inaigne director eonocimiento 
profundo de toda la obra rusa, para haber elegido una 
sinfonfa de juventud, como es "Antar", desigual, poco 
inspirada y de cierta monotonia, que no estfi de acuerdo 
con la importancia del homenaje. En cambio los dos 
fragmentos de "Snegurotchka", fueron dos delicias, tar, 
diferentes entre si, pero belHsimaa: la primera ea uoa 
cvocacion del inviemo ruso, maravilloaamente constml 
da y la segunda de una fuerza rttmica, tan interesanto 
y propia de la mayoria de loa compositores moacovitas. 
Tambi^n es digna de nuestro mejor aplauao la inter- 
pretacidn de la "Gran Paacua Rusa", pero en donde 
Wolff dej6 sentir su aegura direcciAn y au pericia en 
la preparaci6n de laa obras que se le encomiendan, fu£ 
en la no por mucho conoeida, menos apreciadai 'Schehe- 
razade", que tuvo una ejecuci6n brill antfai ma, de gran 
colorido y llena de matices. 

Y despuSs de haber aeiialado tantos defectos, dirAn 
nuestroa lectorcs: £C6mo el cronista titula la cr6nica 
de dos hue nos conciertos, y encuentra tantas fall as en 
loa mismoB? Pues porque loa conciertos, independiente- 
mente de su valor artiatico, fueron ejecutados con grran 
perfeccion y la orquesta del Colon revel6 una vez mis 
su entusiasmo y diaciplina. Para el mi^rcoles 19 del co^ 
rriente ae anuncio el primer espect&culo coreoi^&fieti 
bajo la direcci6n de Roberto Kinsky e iniciaciAn de la 
labor de la indiscutiblemente excelente dlrectora coreo- 
gMfica Margarita Watlmann. 



FELICIA ROON 

Esta distinguida concertiata de piano, ha ' ejecutado 
dos recitales en el teatro Odeon. El primero no pade sei 






oido por nuestro cronista; no asl el segundo que tuvo 
lugar en la tarde del 17 del corriente y en el que se es- 
cucharon obras de Meldelsson^ Schumann, Brahms y 
Chopin, correspondientes al repertorio comun de dichos 
cempoflitores y una obra ejecutada por primera vez en 
Buenos Aires de E. d' Albert: su suite Opus 1, que se 
eompone de Allemande, Courante, Sarabande, Gavote et 
Musette y Gigiie. Nada tenemos que manifestar de las 
obrms conocidas. En cambio de la Suite del estreno po- 
demos decir que su compositor a pesar de ser su pri- 
mera obra, si debemos guiamos por el numero de or- 
den senalado en el programa, 'posee condiciones favo- 
rables para el estilo cldsico de los tiempos heroicos de 
esta clase de musica. Felicia Roon es una artista de 
gnn temperamento, pulsacion fuerte y segura, ejecu- 
ci6n irreprochable cuando se trata de las partes ener- 
iricas y complicadas, aunque advertimos que en los pia- 
nisimos y en los momentos dulces, peca de inseguridad, 
pareciera que al no apoyar con firmeza los dedos, ^stos 
no quisieran siempre obedecerle. 

Por eso la Courante, y la Gigiie, de d' Albert asi co- 
mo la formidable cabalgata del final de los Estudios 
Sinfonicos de Schumann, fueron un modelo de ejecucion. 
Tambi^ hubo valores interpretativos en el Capricho de 
Brahms y en el Bolero de Chopin, siendo en las demds 
obras una concertista digna, pero sin mayor realce. Es 
interesante escuchar a esta artista, pues hay momen- 
tos de verdadera emoci6n, dado que su temperamento 
apasionado y su fuerza de pulsacion, realmente varonil, 
llegan a producir un efecto psicologico bastante defini- 
do en los oyentes. 

Fu6 un concierto interesante V asl lo hacemos constar. 

M. O.G. 



T E ATR O 

PAPA ES UN GRAN MUCHACHO 

Despu^ del exito que el publico depar6 a Vacacio- 
nc8 -^ue acaba de ser senalada la mejor comedia del 
Bfiq pftsado, lo que no quiere decir que lo haya sido — 
Maria Luz Regds ha estrenado esta nueva pieza, escri- 
ta sin colaboraci6n y en el mismo estilo de la obra 
premiada. * 

Hace unos cuantos afios el teatro europeo se lanz6 
a explotar la veta inagotable de los problemas de ado- 
lescencia, y el pilblico no se ha cansado aun de aplau- 
dir estas obras que llegan directamente a su sensibili- 
cad, aunque sean muy pocas las que ofrecen autentica 
verdad e interes y la mayorla exploten los mismos re- 
sortes dramdticos estereotipados. 

Tal es el caso de la comedia que comentamos. que 
presenta, en medio de un ambiente familiar conforta- 
blOy poblado por abuelas grunonas y tiernas, chiquilines 
inquietos, criados oficiosos y amigos diligentes, a un 
matrimonio que se tambalea a causa de la superficia- 
lidad y el egoism o del marido y la incomprension de la 
mujer. £1 drama del hijo adolescente, que se ve con- 
vertido en rival de su padre, lleva la vida familiar al 
horde del desastre; pero el amor de los padres que reac- 
cionan contra sus debilidades, logra restablecer la ar- 
monla hog^arena. 

La obra no es un dechado de originalidad, y tampo- 
co mereceria un premio municipal, no amable y poco 
pretencioso que la hace simpdtica. La autora ha dosifi- 
eado juiciosamente las risas y las lagrimas y maneja 
pon jdestreza el didlogp yel movimiento esc^nico; aun- 



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que sus obras todavla carezcan del caracter que las d< 
taque Maria Luz Regds ha demostrado poseer algun 
condiciones para hacer teatro. 

El espectilculo ha sldo presentado con cuidado y bu 
gusto y los interpretes estim a la medida de la obi 
Josefina Diaz y Manuel Collado de acuerdo a la tra 
cion de cada uno; Mauricio Jouvet repite con su eti 
na falta de emocion el papel del adolescente angust; 
do. Muy seguras Maria del Carmen Prendes, Ama! 
Sdnchez Arino y Amparo Astort. Mirtha Reid no igu« 
aquella buena interpretacion suya de Dieciseis anos, 1 
chicos Edgardo Mori 11a, R. Gr'assi y Delia Diague pon 
su autentica frescura y Luis Carlos Macchi recita c 
mucha gracia un trozo de Shakespeare y en un pa| 
brevisimo se re vela como un joven actor muy promise 

Segiin nuestra opinion esta obra puede ser vista p 
personas mayores de criterio firme. 

Vagabond Jim 



Cinema<:6graf< 

TARTU Luego de ver esta pelicula nos hem 

preguntado una y mil veces como 
que la guerra no ha sido ganada todavia por las fw 
zas aliadas y declaramos que la respuesta no ha podi 
ser hallada por ningruna parte. 

Porque a juzgar por Tartu, los alemanes son ur 
individuos extremadamente inhibiles a los que se puc 
enganar con una facilidad pasmosa y en cuyas f4b 



8' 



. 



£1 Padre Filippo 

ACABA DE PUBLICAR 

DHAMil DE mm\[ y COMEDIA DE ClViUZilCIOII 

Un volumen de 380 pdginas que constituyo un 
arsenal de datos tinico, para dilucidaV concaptos 
en torno a la actual contienda, y los ataquea a 
la argentinidad. Documentacion exccpcional pa- 
ra historiar los tiempos nebulosos de hoy. Jui- 
ci'»s sobre la guerra, el comunismo, el nazismo, 
fl totalitarismo, el liberalismo, el judaismo, el 
imperialismo economico, el derecho de asilo, la 
solidaridad panamericana, sometidos ante el Iri- 
bbnal de la razon, el derecho de gentes, la his- 
toria, la sobcrania de los pueblos y la diQ:ni- 
d<id humana. Divulgarlo es argentinismo. lEn 
venta en las principales librerias y en Obligado 
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Precio del ejemplar $ 2.50 






cas vitales se puede uno introducir tranquilamonte con 
cuatro bombas en el bolsillo del chaleco haciendo creer 
al cancerbero que se trata de una Have. Para los pro- 
ductores de la pelicula, poner un hilo especial para ata- 
jar las comunicaciones telcfonicas de la embajada nazi 
en Bucarest es algo tan sencillo como tomar un vaso 
de agua y escapar dc un local en el que todos los odu- 
pantes lo persiguen a uno a balazo limpio no ofrece 
may ores dificultades ya que la punteria de los contra- 
rios puede ser arruinada con algiin esquive oportuno 
y cierta velocidad para correr. 

Hasta abril de este ano, teniamos idea que los aer6- 
dromos hitlerianos estaban mds o menos bien resguar- 
dados, pero Tartu nos ha dado la buena noticia (ya que 
nuestra posicion ante el actual conflicto belico es archi- 
conocida) que con un poco de viveza que tengan los 
dirigentes del movimiento subterr^neo para hacer una 
salida en los campos de aterrizaje enemigos, cualquier 
audaz puede robarse tranquilamente un trimotor o cua- 
drimotor mientras otro encierra a todos los aviadores 
nazis en un galponcito. 

Muchas cosas por el estilo nos presenta Tartu pero 
las linicas que quedardn en nuestra memoria son la in- 
terpretacion de Robert Donat, la belleza de Valerie Rob- 
son y los dos diez que gastamos para verla, dos diez 
que recordaremos durante mucho tiempo con Idgrimas 
•en los ojos. 

Vagabond Jim 



Docu men ios 

MUNICIPALIDAD DE LA CIUDAD DE BS. AIRES 

Exp. 43.162-1-1943. 
Abril 5 de 1944. 

Vistas estas actuaciones por las cuales el vice-presi- 
ctonte de la Iglesia Evangelica del Nazareno y el pastor 
de la misma, solicitan permiso para instalar una carpa 
con el objcto de celebrar reuniones publicas; y consi- 
dcrando que dichas reuniones a rcalizarse fuera del 
templo, denotan particularmente un cardcter de propa- 
ganda confcsional y no el ejercicio esencial de un cul- 
to, propaganda que, dada la naturaleza de la institucion 



recurrente, es contraria a la religidn oficial del Esta 
QO, en cuya m&xima difusidn esti empeiiado el actua 
gobiemo de la Naei6n, como lo prueba el hecho de ha 
ber reimplantado por reciente decreto-ley, la enseiianzi 
de su doctrina en las escuelas ptlblicas, SE RESUELVE 
No ha lugar al pedido que se formula en el presenti 
expediente, en el sentido de que se conceda el permiso 
solicitado para instalar la carpa a que se hace referen 
cia en la calle Andonaegui entre las de Iber^ y Quesa 
da. Notifiquese a los recurrentes y archivese previo co 
nocimiento de las reparticiones informantes. 

Firmado: Frank K. Chevallier Boutell 



CARTA PASTORAL DE SU EMCIA. EL CARDENAL 
PEDRO SEGURA Y SAENZ. ARZ. DE SEVILU 
SOBRE *'LOS PRINCIPALES ERRORES MODERNOS" 

Lisboa, especial. 

En febrero ppdo.» el Cardenal Arzobispo (k 
Sevilla, Su Emcia. Mons. Pedro Segura y 
Saenz, dirigio al clero y a los ficles de aque- 
11a arquididcesis una Pastoral en la que re- 
sume las conclusiones ^tomadaa en el Sinodc 
diocesano de noviembre de 1943. 

El texto de dicha Pastoral es el siguiente 

"Venerables hermanos y amados hijos: 

''Es iahora una de nuestras principales preocupado 
nes patemales la de llevar a exacto cumplimiento cuan 
to ha quedado establecido como ley diocesana en el Si 
nodo recientemente celebrado en los dias 18, 19 y 2< 
del pasado mes de noviembre. 

''De ahi que hayamos pensado, delante de Dies, ex 
poner principalmente durante el aiio proximo con alga 
na mayor amplitud determinados puntos de doctrina < 
de legislacion de la Iglesia, a los que se refieren la 
constituciones del Slnodo diocesano en el capftulo se 
gundo de la primera parte sobre la doctrina cristianfl 

"Es adecuado el precaver a los fieles de los errore 
principales que se esparcen en la didcesis en la actua 
lidad y que, si bien en las nueve constituciones de est 
capitulo se habla en concepto de algunos de los erro 
res principales, hemos creido un grave deber de nuestr 
pastoral especificar un poco mAs esta doctrina funds 
mental, en la prdctica de la vida cristiana. 

ERRORES CONDENADOS EXPRESAMENTE POR 

LA IGLESIA 

"El olvido en que tenemos, venerables hermanos ; 
amados hijos, las ensenanzas dadas en diversas ocasio 
nes por nuestra Santa Madre la Iglesia es causa de qa 
no' nos demos cuenta de muchos errores que se espai 
cen especialmente, lo mismo en los peri6dicos y revis 
las que en las publicaciones todas de nuestros dias ; 
que van adquiriendo como carta de naturaleza en la 
costumbres de nuestra epoca. 

"Por eso juzgamos que es necesario recordar, al mc 
nos en sintesis, las principales doctrinaa contenidas e 
estas publicas condenaciones de errores. 

"En 8 de diciembre de 1864 publicaba Pfo IX su me 
morable cnciclica "Quanta cura" y agregaba a conti 
nuacion su inmortal "Syllabus", que abarca los princi 
pales errores de nuestra edad condenados en las mlocv 
cioncs consistoriales, enciclicas y otras cartas apoat61i 
cas de nuestro Santisimo Padre el Papa Pio IX, eonde 
nandose expresamente los errores referentes al panteii 



380 



naturalismo y racionalismo absoluto; los que entra- 
el llamado racionalismo modemo y los del indife- 
ismo y latifundi^mo; los errores del socialismo, co- 
ismo y sociedades clandestinas, sociedades blblicas 
>ciedades clericoliberales; los errores acerca de la 
sia y de sus derechos; los que se refieren a la so> 
id civil, ya considerada en si misma, ya en sus re- 
•nes con la Iglesia; los errores tan esparcidos de 
a natural y cristiana; del matrimonio cristiano, del 
cipado civil del Romano Pontifice y del modemo li- 
lismo. 

los ochenta errores condenados en las ochenta pro- 
nones que componen el "Syllabus" son, en casi su 
idad, derivaciones del liberalismo, secuela del pro- 
intismo, que tantos estragos ha causado en nuestra 
ia. 

Jo tenemos por que reproducir de nuevo esos ochen- 
rrores terminantes, ya que el "Syllabus" estd en 
Ds de todos los sacerdotes y pueden y deben, cuan- 
e presente la ocasion, prevenir al pueblo contra 

EL MODERNISMS 

lO verdaderamente extrano es que en los tiempos 
ales se combata al liberalismo politico y queden en 
r aun se implanten los errores del liberalismo en to- 
los demas ordenes. 

L estos errores del liberalismo, que ban venido a de- 
rar en las aberraciones mds absurdas del indiferen- 
0, del racionalismo, del panteismo y del naturalis- 
han seguido otra clase de errores sumamente per- 
sos acerca de los cuales ha tenido la SaJita Sede 
llamar la atencion de los Prelados y de los fieles, 
n los errores del llamado "Modernismo", condena- 
n repetidas ocasiones por la Iglesia, de un modo es- 
il en el "motu proprio" "Sacrorum antistitum" de 
>antidad Flo X de 1910 y e ndecreto de la Sagrada 
rregaci6n del Santo Oficio del 3 de julio 'Je 1907. 
In este decreto se reprobaban y proscriblan 65 pro- 
liones peligrosisimas para los fieles y que ban cau- 
verdaderos estragos a muchas almas. No podemos 
arnds tranquilos creyendo que el conjunto de here- 
que abraza el Modernismo ha desaparecido por la 
m del tiempo y por la condenacion de la Iglesia. 
luchos errores de los que se contienen en esas 65 
osiciones modernistas condenadas serpean en nues- 
dias insidiosamente en muchos escritos. Basta citar 
:tima de las proposiciones que revela el espiritu sa- 
;o que anima al Modernismo. 

!1 Catolicismo — dice — de nuestros dias no puede 
>nizar con la verdadera ciencia si no se transforma 
m cierto Cristianismo no dogmdtico, o sea en un 
2Stantismo lato y liberal'*. 

\i siquiera con este nuevo "Syllabus" podemos de- 
ue han terminado los errores que como cizana sem- 
5I adversario del mal en el campo de la Iglesia. Esos 
ices de Lucifer no descansan un memento; por eso 
ecesario estar siempre alerta y advertir a los fie- 
ie graves errores que surgen en las nuevis perni- 
,s doctrinas que se propongan. 

EL RACISMO 

limulo de errores gravisimos en materia de fe y 

imbres enc'ierra el llamado "Racismo", que ha obli- 

a la Santa Sede a llamar de nuevo la atencion 

)8 fieles sobre las afirmacioncs erroneas que con- 

• 

1 dia 13 de abril de 1938 la Sagrada Congregaci6n 
eminarios y Universidades de Estudios se dirigia 



iSNgg|g|ggBig||^gig|iSiliSilSI 



jFeliz C^umpleanos! 



Digalo siempre con un 



\ 





P O S T R E 
ALEGORICO 

de la 
Con i*iT]©R.i a 

Oo^@INO$ 



lee. Biff MiikllMK Ki . 

Alsina y Chacabuco 
U. T. Av. 9024 . 9025 

Pedidos del Interior: Por encomienda contra reemboho* 



ISH£iiSliSli3Si§£li^ll£HSHKI 



oficialmente al Emmo. y Rvmo. Card. BaudrilUrt, Rec- 
tor del Institute Catolico de Paris, y por su intermcdio 
a las Universidades y Facultades cat61icas del mundo, 
comunicdndoles las debidas instrucciones para defender 
la verdad contra las afirmaciones erroneas del racismo 
germdnico. 

"Encierra este documento nueve proposiciones, que 
contienen otros tantos errores peligrosisimos que Jian 
circulado en diversas clases de publicaciones en nues- 
tra Patria. 

"La principal aflicci6n del Santo Padre — se dice en 
el referido documento — proviene de que para encau- 
zar una tan grande injusticia se hacen intervenir ca- 
lumnias desvergonzadas y por doquiera se infunden las 
mas pemiciosas doctrinas, falsamente coloreadas con el 
nombre de ciencia, al objeto de prevenir y extinguirles 
la verdadera rcligidn. 

"Ante tal situaci6n la Sagrada Congregacion de Es- 
tudios ordeno a las Universidades y Facultades cat6- 
licas que aporten toda su actividad y * su f uerza para 
defender la verdad contra la invasion del error. 

"Las aserciones insostenibles del Racismo soa las si- 
guientes: 

I. — Las razas humanas por sus caracteres natura- 
les e inmutables de tal modo son diferentes que la mds 
humilde de entre ellas esta mis lejos de la m-is eleva- 
da que de la espccie animal mas alta. 

II. — Es necesario por todos los medios, conservar 
y cultivar el vigor de la raza y la pureza de la san- 
gre: todo lo que conduce a este resultado es, por lo mis- 
mo, honesto y permitido. 

III. — De la sangre, sede de los caracteres de la raza, 
como de su fuente principal, se derivan todas las cuali- 
dades intelcctuales y morales del hombrc. 



?.v^v 



IV. — El fin principal de la educacion es desenvolver 
los caracteres de la raza e inflamar los esplritus de un 
amor ardiente a la suya propia, como a bien supremo. 

V. — La Religion esta sometida y debe adaptars'* a 
la ley de la raza. 

VI. — La fuente primera y la regla suprema de to- 
do orden juridico es el instinto racial. 

VII. — Solo existe el Cosmos o Universo, como ser 
viviente; todas las otras cosas, entre ellas el hombre» 
1)0 son sino formas diversas, que se amplifican en el 
curso de las edades del Universo viviente. 

VIII. — El hombre no existe sino por el Estado, y 
para el Estado. Todo lo que el posea, en derecho, se de- 
riva de una concesion del Estado. 

IX. — A estas proposiciones tan detestables, facil- 
mente podran afiadirse otras. 

"El Padre Santo, Prefecto de nuestra con^reg^acion, 
tiene la seguridad, eminentisimo senor, de que nada 
omitireis para llevar a su perfecto cumplimiento las 
prescripciones contenidas en esta carta". 

EL TOTALITARISMO 

"Finalmente entre los errores modernos que ban arrai- 
gado de un modo extraordinario en los ultimos tiem- 
pos, deben de fijarse los que atentan a la justa y cris- 
tiana organizacion de los pueblos, y de los cuales pue- 
den derivarse, y do hecho se derivan, funestas conse- 
cuencias. 

"Esos principios erroneos estan expresa o virtual- 
mente condenados en repetidos documentos de la Santa 
Sede, principalmente en la enciclica "Inmortale Dei", 
de Leon XIII, del 19 de noviembre de 1885, acerca de 
la constitucion cristiana de las sociedades. 

"Sintesis de todos estos errores es la proposicion oc- 
tava, poco ha indicada por la Sagrada Congregacion de 
Seminarios y Universidades de Estudios que dice: 

"El hombre no existe sino por el Estado .y ^para el 
Estado. Todo lo que el posea en derecho se deriva uni- 
camente de una concesion del Estado". 

"Al conjunto de doctrinas que constituyen esta paga- 
nizaci6n de los pueblos y en las que se basa este prin- 
cipio err6neo, se le denomina con el nombre de "Tota- 
litarlsmo". 

"Proposiciones de este sistema son las siguiontes: 

"El Estado, como voluntad 6tica universal, es crea- 
dor del derecho". 

"El Estado es un "absoluto" ante el cual los indivi- 
duos y los pueblos son el "relativo". 

"El Estado es una compleja e indestructible unidad, 
que no tolera otra soberania que no tenga dentro de si 
mismo; que no admite otro impcrio que el que de 61 
emana". 

"Todo en el Estado. Nada fuera del Estad.i. N'ada 
contra el Estado". 

EXHORTACION PATERNAL 

"Bastara esta ligcra indicacion, mis venerables her- 
manos y amados hijos, para daros a en tender clara- 
mente que, segun el consejo del Apostol San Pedro, en 
su primera Carta, es necesario estar vigilantes (I, Pet., 
V-8), para no vernos sorprendidos por el error, que por 
doquiera nos cerca, no olvidando que, segiin i-.nsefiaba 
San Ignacio de Loyola en su "Meditacion de las dos 
banderas", es tactica de Satanas **la de echar redes y 
cadenas" con las cuales aprisionar primero las inteligen- 
cias y despues las voluntades, arrastrando hacia el mal. 

"No es completo el indice de todos los errores mo- 
dernos el quo cabamos de indicaros; mas la Indole de 
ista declaracion pastoral no nos permitc mayor ex- 

**Tened presentes con frecuencia las doctrinas de los 



documentos pontificios citados, y os verbis libres de los 

errores funestlsimos, que pueden conduciros a la per- 

cicion. 

t El Oardenml Arzobispo 



INFORMACION DE LA AGENCIA CATOLICA K. A. P. 

No buscamos la venganza sino la Justicia 

London. El organo del ej^rcito polaco "Polska Walcza- 
ra" dice: hay muchos que f rente a los crimenes inhu- 
manos del nazismo sienten un profundo odio y no anhe- 
lan otra cosa que vengarse sin piedad de sus autores. 

Nosotros disentimos completamente de esta manera 
de ver y no podemos compartir semejante deseo. Pues 
quien combate a Satands con sus mismas armas, al usar 
identicos medios, estd con el. 

No buscamos ni quefemos la venganza,' sino con toda 
nuestra alma deseamos la JUSTICIA. Creemos firme- 
mente que Dios la hard. 

Confiamos que el dla de su justicia se ac?rca. En 
la lucha actual tenemos un solo deseo, estar ^m las ^- 
las de los 6ombatientes por el reino de Dios, Quien se 
venga de sus enemigos pierde su justa causa y des- 
ciende al mismo nivel de ellos, pues como ellos come- 
to un acto inmoral. 

Aceptamos dignamente el martirio que Dios nos ha 
oado y no queremos profanarlo con odio y venganza. 
Cual es la semilla asi serdn sus frutos. 

No queremos fundar dentro de nuestro pueolo la ra- 
za de los verdugos, sino que deseamos que la josticia 
de a los culpables su merecido castigo. 

Combatiendo el Mal con el Bien, la injusticia con la 
justicia, la falsedad y error con la Verdad, el odio con 
el amor, seguramente obtendremos la victoria. 



EL NUEVO ARZOBISPO DE WESTMINSTER REZA 
POR POLONIA EL DIA DE SAN CASIMIRO 

London, 5 de marzo (K. A. P.), £1 sdbado liltimo, el 
nuevo Arzobispo de Westminster, Griffin, ofreci6 una 
misa por Polonia en la catedral de Westminster, en Lon- 
dres, en celebracion del 4 de marzo, dia del patrono po- 
laco, San Casimiro. Durante la misa, y ante una enorme 
multitud entre la que se encontraba el presiJente del 
gobierno polaco, el Arzobispo Griffin pronuncid la si- 
guiente alocuci6n: 

"Nuestros corazones sangran por la pobre y dolori- 
da Polonia. Vuestro pueblo sufre una persecuci6n sin 
paralelo; vuestras tierras han sido devastadas; vuestro 
pueblo, deportado; millares fueron asesinados y suf He- 
ron la muerte de los martires; vuestra resistencia ha sido 
valiente en hombres y mujeres. Este heroico sufrimien- 
to ha de producir fruto. Me siento orguUoso de unirrae 
en espiritu hoy a las dispersas gentes de Polonia, cele- 
brando la festividad de su principe patrono, San Casimi- 
ro, y esta misa ofrendada por todos vosotros.- Que las 
plegarias de vuestro patrono imploren por vosotros ante 
el trono de Dios, que vuestro pais sea liberado dd la 
opresion del cruel perseguidor y la paz pueda reinar una 
vez mas en vuestro amado pais, restituido a vosotros. 
El pueblo de vuestro pals estd hoy con vosotros, como 
lo estuvo desde el comienzo de la gruerra. Orad entonccm 
con confianza, por el dia de vuestra reaurrecci6n a re- 
novada vida. Elevad vuestros corazones y sed valientes, 
porque con la ayuda de Dios vuestra r^enci6n es cer- 
cana y El guiara vuestro destino. Que El os recompen- 
se por los sufrimientos de vuestro heroico martirio y 80- 
brehumano coraje. Y que nuestra Sefiora y su altar semn 
restituidos a vosotros, y vosotros a EJlla**. 



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BIBLIOGRAFI A 



Comentario 
del libro: "Serraid- 
ilas'% por Luis Goro- 
sito Heredia (Nice 
Lotus) 



Con la dulce sencUlez de las cosas sentidas, 
presSntase este libro, portador del cariHo qiie 
siente el autor por todo lo nuestro, 
Fdbulas eortaa y amenas, auaves y buenas que 
hacen que el espiritu se sienta levantado por 
un bdlsamo de pureza, 
Leyindolo^ se deja, aunque no sea mds que por un momento, el 
mundanal vivir, las preocupaeiones materiales, la prestancia de pensa- 
dores, para sumimos en la hermosura simple y gratisima de "Serrani- 
lias", Su nombre, inmediatamente, nos recuerda al Marques de Santi- 
Uana, autor de las breves y frescos SerraniUas, que sin ser mds de una 
decena, salvaron su nombre del olvido. 

Dice el P. Gorosito Heredia al respecto: "No le deben nada al vie- 
jo Arcipreste ni siquiera al glorioso Marques de Santilland". 

"La sangre es la mdsma, la ingenuidad, la fe; pero el corazdn ha 
sido tratado por esta tierra criolla con siglos de remdnsada cristaliza- 
cidn. Por eso, ya son criollas, Y libres". 

De la primer serranilla "El vaUe estrellado"; "El desterrado llegd 
al voile que le parecid encajonado y silencioso a il, acostumbrado a Ut 
anchura y buUicio del mundo". Con meridiana claridad pinta el autor 
al vaUe, su arroyo, su sender o angosto e interrunvpido por piedras, el 
perfume arrobador de la menta y poleo, la amistad de los pdjaros y de 
noche, parecia que el cielo queria compensar la infertilidad del valle; 
era un magnifico jardln de estrellas; pareciendo que Dios, con su luz 
demostraba que el valle con sus nu>radores no le era indiferente. 

El desterrado, se acostumhrd al valle y el valle se dcostumbrd a 
verlo y sentirlo y lo acompand y lo ayudd. Did alimento a SI y a su^ 
oveja^ y vacas. Le did material para hacer su casa. Le did el arroyo 
que antes parecia minHsculo y tortuoso, era ahora agradablemente so- 
noro y carinoso, alegraba la vista ^ refrescaba el ambiente y apagaba 
8u sed. 

Llegd a querer todo en el valle desde el penasco hasta la humilde 
hierba; no obstante ello una noche quiso volver a su rrvundo de antes, 
con la intencidn de aprovechar el sjieno de sus amigos: animales, pie- 
dras, f lores ... y se cald el sombrero, montd en su caballo y partid . . . 
pero el valle le guxirdaha una sorpresa, su caballo se asustd y 41 per- 
did su sombrero que le cubria la f rente, entonces vid el cielo . . . las es- 
trelUis mds bajas que nunca, mds hermosas que de costumbre ... y no 
siguid su fuga . . . , no pudo seguirla , . . lo detuvo el valle estrellado. 

Treinta y tres serranillas como Ssta que comento, complies t as con 
amor al suelo nuestro^ dirigiendo la mirada al ejemplo constante de la 
Naturaleza, al instinto de los animales: La ingenuidad y confiama del 
sim/pdtico chingolito, que con su canto j/redice vara el gaucho la esta- 
bilidad del tiempo en el dia venid^ro, y que admirado de la belleza. y 
orden de todo lo que le rodea, se siente predestinado para tanta her- 
mosura y le canta a Dios. {"El chingolo y el bnho'*). La calandria, con^ 
fiada y parlanchina sigue al que se encarina a todas partes, la caseri- 
ta, risuena y companera de la duefin de casa, sabe construir su alber- 
gue a semejanza del hombrc de nuestra tierra, con la extraordinaria 
parMcularidad de 710, trabajar los dias domingos y no reir, como lo ha- 
ce habitualmente^ en los dias tristes de Semana Santa, El gorridn, 
pintado en "Serranillas** es, para los que conocemos su vida casi tan- 
to como la nuestra, como estar viendo al gorridn campesino riuda- 
dano, eternamente desconfiado, porque mide a los demds con el mis- 
jno metro que se mide a si mismo, viviendo en casa ajena, amigo de 
vivir sin trabajar, buscar su alimento en los sembrados, llevando con 
eUo la intranquilidad al agricultor, que al verlo llegar, acompahado de 



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8118 compinehes duda de la estabilidad de sus trigales u otros granos^ 
i'^La ca8a cotn/An"). 

"El pirineho" terror de lo8 nidos de los otros pdjaros, por su afdn 
por robar los htieviUos y su fanatismo por el panto. Tuvo su leceidn 
en la ealandria que gracias a una estratagema eonsiguid huir de su 
nido y "el pirineho", cobarde como buen ladron, para evitar pelea la 
dej6 ir. 

En todOrS las cosas de la sierra, en los animales, en Uis plantas, en 
la piedra, o en el arroyo supo haUar vida y sentimiento, ensenama y 
moral. La leceidn es digna de ser aprovechada y todo aquel que lea sus 
144 pdginas me dard la razdn. Muy pocas veces se tiene la suerte de 
leer tanto en tan poco; tiene la doble bondad de Uis cosas buena^ 
breves. 

"Las escuelas del gauchaje'\ hdbla del gaucho amigo sincero de su 
noble ^ caballo. Tata Dies le dice al gaucho : 

" — Como vos tenis que hacerms la guerra e* la Independencia y 
me vas a ganar una punta e' batalla^, yo quiero que te presentis bien 
ante el publico. Los maturrangos no visten mal vestidos y vos que sos 
espanol tambien, a pesar de tus coreobeos, tenes que salir a la lidia co- 
mo pa' florearte. Podis elegir alguna de esta^ prendas, la que te guste'\ 

Y Tata Dios Uev6 al gaucho a una gran sola que era una especie 
de museo de armas, riquisima. 

El gaucho rruodesto y apocado no elige nada, ni acepta nada, has- 
ta que Tata Dios lo deja solo, y entonces encuentra algo que le gusta 
y presto lo envuelve en el poncho, al preguntarle Tata Dios que lie- 
vaba le dice: 

" — He encontrado algo que me gusta". 

"—Mostrdlo." 

" — Me gustaria que lo adivinase Tata Dios.'* 

" — Yo queria algo que me permitiese hablar al pingo de un modo 
distinto, de como se hace con el rebenqv^ y el freno. El rebenque asus- 
ta y envUece y crSame Tata Dios, al que es homJbre y se siente tal, le 
cuesta levantar la nuano sobre un amigo. Y el freno ta/mpoco es arnds- 
toso, creame. Yo necesitaba para m>ontar a caballo una cosa que fuera 
una prolongaddn de mis manps o mis pies, que pudiera graduarse co- 
mo puedo graduar la presidn de mis dedos, al menor vaivin de mi san- 
gre o mi antojo, algo que no envileciera ni desanimara, ni corrigie- 
ra al comipanero de mi destino, sino que fuera siempre empuje, entu- 
siasmo, libertad... Una estrella en mi camino, delante de mis ojos, 
cuyo temblor incitante se trasmitiera inmediatamente del jinete al 
caballo . . . 

Un par de estrellas en mis talones, como si fueran U7i par de alas. 

Por otro lado, a mi me gvstan los gallos de rina, y perddneme Ta- 
ta Dios, porque es un vicio, pero machazo. Yo tambien soy un gaUo 
por la cresta, sobre todo cuarido th^ pongo el poncho rojo, pero me es- 
taban haciendo falta las puas . . . Yo^ queria algo que me recordase an- 
dando a pie en el suelo^ que soy hombre del caballo y del viento, nw 
dlstintivo de centauro, pero tambien nn adorno en las fiestas que 
acompase los pies, bien asentados en la bota e* potro, con una rnusica 
militar aguda como enfrevero de cuchillos, pero a la vez cristalina y 
femenina como una Idqrima. 

jCdmo voij a florearme en los dias patrios entre los panuelos ce- 
lestes y blancos, cuando el ritmo de las cvecas y los pericones, se wea-- 
cle al zapateo de este par de estreUas, que serdn de plata, porque en 
cllas he de echar hasta el ultimo de mis patacones! ! 

Uyia sonrisa ilumind el rostra de Tata Dios. 

'• — Yo s^, lo que te llevds, le dijo al gaucho, jUn par de espuelasir'^ 

Grande y buevo como el nws bueno de los gauchos, asl es el libro^ 

Pedro E, SCOLTORE 



^12 









APARECE TODOS LOS JUEVE5 

AAO XVII N.» 844 Bs. At., 4 dm mayo 1944 AUina 640 U. T. 34.I30< 



...Y al Cesar lo que es del Cesai 









AC^6sar lo que es del C^ar. . ., pero nada m&s 
que esto, sin ir vaks alld para darle lo que es de 
Dios; sin identificar la causa de C£sar, por 
noble que sea, con la de Dios mismo; sin convertir 
a Dios en puntal o en soldado de C£sar en los inte- 
reses temporales de &te. Dios protegerd al C^sar 
justo, si asf convlene al largo desarrollo de la vida 
hi8t6rica de los pueblos; C^sar habrd de ocuparse en 
los problemas del bien comtin temporal segtin las 
nomuts dictadas por Dios, deteni^ndose en lo que 
por ser de Dios en el sentido directo del vocablo no 
es de la incumbenda de aqu41. Y la instituci6n tem- 
poral de C£sar, asf como la instituci6n espiritual 
creada por Dios, marchar^n de acuerdo, pero cada 
Qua dentro de su actividad propia, evitando la Igle- 
sia convertirse en Estado, y el Estado en Iglesia. 
Uiii6n, pero distinci6n. 

Las cosas no ocurrieron siempre de este modo en 
dertos momentos de la historia, y vemos asomar 
otra vez hoy el mismp peligro. De ahi que n^uchos 
de los odios que despierta C^sar con sus actividades 
de orden temporal, escudadas tras de la Iglesia, re- 
tluyan sobre Dios. Si se hubiera distinguido mejor 
al primero del segundo en la Francia del siglo XYIII 
en la Espafia del siglo XIX ^habrfanse producido 
1q8 arrasamientos y matanzas que caracterizaron la 
revo]uci6n en uno y otro pais? iNo puede aconte- 
cer otro tanto en nuestro tiempo? Cualquiera sea la 
soInci6n que se sustente, es indudable que el pro- 
blema merece ser estudiado. Pasar^ a hacerlo con la 
brevedad habitual. 



Como lo han expuesto entre otros Fustel de Cou- 
langes, la Civitas antigua, sea griega o romana, 
egipcia o asiria, se sienta sobre una base religiosa, 
es fundada con ceremonias de culto, posee su altar 
dedicado al dios o diosa nacional, su fuego sagra- 
do, sus sacerdotes, sus autoridades que son sacras al 
mismo tiempo que civiles: el concepto de sociedad 
laica jam&s pas6 por la mente de esas colectivida- 
des. For lo cual cuando ^1 cristianismo, tras haber 



evangelizado al puelblo, transform6 al Estado y a 1 
sociedad como tal, dicho Estado, que ni siquiera ba 
jo los emperadores m^s nefandos habia dejado d 
ser oficialmente religioso, pas6 naturalmente a se 
cristiano como lo era una fracci6n cada vez m&s ere 
cida de sus sdbditos. 

C^sar, cristiano ya, no olvid6 sus hdbitos, o si s 
prefiere, sus mafias, quiso ser sacerdote al mism 
tiempo que gobemante, y hallar en la Iglesia venta 
jas para el desarroUo de sus planes temporales. Per^ 
mientras en Ori^te intent6 apoderarse del dogma 
en Occidente se propuso el ideal mucho menos suti 
de incautarse de los dineros. liO, primero se acomo 
daba mejor al ingenio hel^nlco, dado a intermina 
bles disquisiciones dial6cticas; lo segundo se acomo 
daba m&s a los apetitos b&rbaros apenas desbasta 
dos. De ahi por una parte todos los tipos, hendticoi 
y demds documentos emitidos por los emperadorei 
bizantinos, y por otra despojos como los efectuadoi 
por Carlos Martel. 

Sin embargo se Ileg6 a una soluci6n, no perfect! 
pero aceptable, con Carlomagno. y el restablecimien 
to del Imperio Romano, bajo una forma cristiana 
Es desde este momento que la mayor parte de loi 
Estados toma la forma que conservard durante todi 
la Edad Media: Bueno es conocer su rasgo funda 
mental. 

''La Edad Media no fu6 una 6poca de totalltariS' 
mo cristiano, dice Maritain muy exactamente en ux 
articulo publicado por La Nacidn el 20 de marzo de 
corriente afio. La civilizaci6n medioeval era una ci- 
vilizaci6n de tipo sacro y religioso, en lo tempora 
pluralista y en lo espiritual unitaria, lo que presu- 
ponia la unidad de la fe en los corazones. Esta uni- 
dad no solamente juntaba a la multitud humana ei 
el Cuerpo Mistico de Cristo, sino que se manifes- 
taba tambi^n en el piano de lo temporal, en la co- 
munidad terrestre, de tal suerte que el infiel no era 
dentro de ella mds que un hu6sped o uu extranjero, 
y la unidad de civil :zaci6n implicaba, naturalmente, 
la unidad de religi6n". Esto, que expone aqui Jacques 
Maritain en breves lineas, ha sido desarrollado an- 



413 



teriormente por el con toda plenitud y esta en plena 
conformidad con los hechos. En realidad, extinguidos 
los focos arrianos, desde el siglo VII en que ya los 
paganos no se reclutan m&s que entre algunos rfls- 
ticos y ciertos grupos de barbaros acantonados en lo 
mds profundo de la selva germana, Europa es cris- 
tiana y catolica, y la organizacion politica se moldea 
sobre esta unidad espiritual. He aqui precisamente 
una de las caracteristicas salientes de la Edad Me- 
dia, y en ella puede divisarse la influencia predo- 
minante de la doctrina agustiniana. Por esto las he- 
rejias aparecen necesariamente como una perfurba- 
ci6n no s6]o religiosa sino social; hacen una figura 
algo semejante a lo que podrla decirse desempena 
el comunismo entre nosotros: est^ al margen de la 
doctrina constitutional; rompe la unidad sustancial 
de la naci6n. No debe sorprender, pues, que se com- 
batan las herejfas con armas que no son exclusiva- 
mente las del espfritu. No se trata de saber ahora 
si esto fue bueno: basta aqui comprender que era 
requerido por la mentalidad y la constituci6n poli- 
tica de Europa medioeval. 

La ruptura fu6 obra, no de los herejes propiamen- 
te dichos, sino de los monarcas. La actitud de Fe- 
derico II Hohenstauffen en pleno siglo XIII es a es- 
te respecto la de un precursor. Las luchas por las 
investiduras permitian prever el porvenir. Pero es 
el debilitamiento del pontificado cuando Bonifacio 
VIII entra en lucha con Felipe Augusto de Francia, 
y luego la transferencia de la Sede Papal a Avin6n 
y el gran cisma de Occidente, lo que cojisagra el adve- 
nlmiento de una nueva concepcion politica. La idea 
de nacionalidad se afirma, segun lo demuestra en- 
tre otra multitud de hechos el que en concilios co- 
mo los de Basilea o Constanza ya no se vote por se- 
des episcopates sino por naciones, pero al mismo 
tiempo, — y ello era inevitable, — los monarcas que ya 
no encuentran frente a si una autoridad inconmovible 
como habria acontecido por ejemplo en tiempo de Ino- 
cencio III, los monarcas que ya no sienten sobre si 
el poder de una cristiandad, los monarcas quQ no 
perciben su solidaridad no s61o religiosa sino tam- 
bi^n politica con todo el mundo cristiano, acrecien- 
tan su autoridad personal. No se olvide que todo ello 
coincide con una resurreccion del derecho romano 
sustentado por doctores italianos (especialmente de 
Boloiia) y franceses (particularmente de Paris). To- 
dos estos fenomenos reunidos preparan el adveni- 
miento de los monarcas absolutoa, perfectamente es- 
tablecidos a fines de la Edad Media. 

Pero, si bien es verdad que el absolutismo real 
aparece como una reacci6n contra la concepci6n cris- 
tiana medioeval de la organizaci6n politica y del ca- 
rficter sacral del Estado, la verdad es que las f6r- 
mulas exteriores, verbales y escritas, y los actos pro- 
piamente religiosos de la monarquia ab'soluta: Luis 
XI en Francia, por ejemplo, o Felipe II en Espana, 
no diferir^n grandemente de San Luis o de Alfon- 
so el Sabio; y sin embargo no hay contacto verda- 



dero entre la visi6n de los jefes de los siglos XV 
y XVI y la propia de los conductorea de los siglos 
XI o XIIJ. 

Y aqui bueno es mencionar otro p^rrafo del cita- 
do articulo de Maritain: ''Los Estados absolutistas, 
dice, que han ocupado la escena desde el fin de la 
Edad Media y que invocaban todavia el nombre de 
Estados cristianos (aunque no fuera mda que por 
compromiso como el Austria de Jos6 II y la Prusia 
de Federico o de Guillermo II) se han orientado 
cada vez m^s hacia la deformaci6n mec^nica y des- 
potica de la concepcion medioeval y hacia la utili- 
zacion politica de la religi6n, en tanto que la fe en 
si misma se debilitaba en ellos y se hallaba ex- 
puesta a los ataques, cada vez m^s violentos, de un 
racionalismo desquiciador". 

iCu^nta verdad hay en todo ello! Un absoluto in- 
cr^dulo como el rey Federico II de Prusia, amigo 
de Voltaire y burlador, en su fuero intimo, de todo 
lo sagrado, invoca sin embargo el nombre de Dios 
en el documento mediante lel cual, en plena paz y 
por la m^s monstruosa de las injusticias, arrebata 
la Silesia a su aliada Maria Teresa. Pero aquf es ne- 
cesario subrayar hechos capitales. 

En primer lugar, durante la Edad Media, desde 
el punto de vista social (prescindo de herejias indi- 
viduales, muchas veces poco definidas como los es- 
pirituales) en realidad cristiano equivalia a catdlieo. 
Despu^s de Lutero en Alemania, y de Enrique VIII 
en Gran Bretaiia, — ^y he aqui la obra rnks funesta 
de la Reforma, — se ha imposibilitado, Dios sabe 
para cu^ntos siglos, ta constituci6n de una cristian- 
dad en el sentido t^cnico de la palabYa. Y el des- 
pedazamiento producido en el siglo XVI da origen 
al monstruoso principio establecido ya desde el si- 
glo XVII: "cada regi6n tendrd la religi6n de su prin- 
cipe", lo que deberd degenerar con el andar del tiem- 
po en esotro: ''cada regi6n tendrd la irreligi6n de 
su gobiemo". 

En segundo lugar, si aun durante la Edad Me- 
dia los monarcas estuvieron tentados de utilizar el 
cristianismo para sus fines temporales, dando al C6- 
sar lo que es de Dios, f^cilmente d^jase ver lo que 
sucederia a medida que a formas exteriormente cris- 
tianas se unia un espiritu primero oculto y semin- 
consciente y luego msmif iesto de lo que hoy llamamos 
laicismo. De ello naci6 un tipo de uniSn entre la 
Iglesia y el Estado y de Patronato que no b61o es 
distinto del medioeval sino sustancialmente opuea- 
to. En efecto, mientras durante el perfodo a que aca* 
bo de hacer referenda todo ello significa una eo* 
operacidn y aparece como un deber, se presenta aho- 
ra salvas rarisimas e incompletas excepciones como 
una utilizacidn y un derecho. 

De todo ello, y de algunos factores mis que pof 
razones de brevedad no enumero pero a algano de 
los cuales habr^ de hacer una simple alosidnp viene 
la forma en que hoy se intenta poner a Criato al 



414 



cio, en el sentido de sumisi6n activa, del Es- 

Vale la pena mirar las cosas mds de cerca. 
ichas veces aun en el decurso de la Edad Media 
lespojado aqul o acuUd de bus bienes la Iglesia 
)rfneipes apurados de dinero. Estableci6se luego 
stumbre de donatives periodicos y tambi^n ex- 
dinarios de la Iglesia al soberano con motives 
jtextos d^versos. Pero todo esto afectaba a los 
s mas no a la libertad de aquella In8tituci6n. 
Voltaire, si no estdn erradas mis informacio- 
quien concibio el pensamiento de que se 
ra a la Iglesia sus bienes en cambio de una 
neracion que b'ien pronto, en el espiritu de las 
s, ae convertiria en un sueldo. Ningijn monarca 
CO del siglo XVIII, que yo sepa, se atrevi6 a 
. Pero lo hizo la Revoluci6n francesa, inspirada 
ateria religiosa mucho mks por Voltaire que por 
jeau, y muy pronto imitada en multitud de 
3, entre otros el nuestro. Y ello trajo inevitable- 
3 dos consecuencias, igualmente dolorosas, y 
previstas por el "patriaTca de Femey" y sus 
as de la Enciclopedia. 

te todo, la Iglesia, que habla menester de los 
SOS tradicionales, — que en siglos remotos te- 
la forma de rentas y con el nuevo m(§todQ la 

mAs peligrosa de subsidies — , para el mante- 
nto de templos, casas de estudios, asistencia 
, vida material de los cl6rigos, siempre que se 

amenazada en la recepci6n de tales bienes eco- 
!es, habia logicamente de llevar la condescen- 
a con el Estado al extreme, y atenuaria, ya que 
da su acci6n, al menos las formas mds en6r- 

de la misma. Y come, sob're todo en Europa 
6s del derrumbe napole6nico, se reanud6 en 
i parte la tradici6n del siglo XVIII, y come du- 

muchas centurias el Estado habia side un apo- 
ira la Iglesia hasta el punto de formularse so- 
mente una especie de binomio totalmente in- 
icado tanto desde el ^ngule de la doctrina cuan- 

1 de la historia: "el treno y el altar", reempla- 
actualmente en muchos paises por esotro del 
ipital y la Iglesia", s61o Dies sabe haftta qu(§ 

tales f6rmulas gravitaron y gravitan sobre la 
a, alejando de ella a la muchedumbre. 
ixego, las masas populares, que habfan de ver a 
esia reclamando ante gobiernos y parlamentos 
i8ervaci6n de lo que malamente se llama "pre- 
sto de culte" con la firmeza de quien defiende 
rdneamente un derecho y un instrumente util 
ciertas formas de apostelado, irian creyendo 
vez m^s, — come sucedi6 — , que aquella Insti- 
i buscab'a ante todo "la riqueza para los curas", 
6stos dedicab'an su mejor tiempo a la holganza 
fan la vida material asegurada. Todo ello aca- 

por despertar centra la Iglesia simult&nea- 

un desprecie y un odio implacables. 
0, y mucho mds que podria decir, indujo ya 

siglo XVIII a considerar el cristianismo en- 
lo en la Iglesia exchisivamente, come "bueno 



para el pueblo", como titil para conservar sujeftas a 
las gentes, con tal que en cada pais aquella estu- 
viera bien en manes del Estado y le sirviera de ins- 
trumente d6cil. En la mentada centuria quien llev6 
mds lejos la aplicaci6n de dicha teerfa fu6 sin duda 
Jos6 II de Austria; pero ese "josefismo", como se 
lo l]am6 entonces fu6 practicado m^s o menos inten- 
samente en todos los paises de Europa: ino quisie- 
ron gobemantes de Espana que las 6rdene8 religiosas 
establecidas tanto en la madre patria cuanto en Ame- 
rica dejaran de mantenerse bajo la autoridad de los 
superieres generales residentes en Roma para estar 
sometidas a la de jefes instalades junto a la Corte?... 
Y hoy ^acaso muchos servicies de capitalistas pres- 
tados en apariencia a la Iglesia no llevan el prop6- 
sito real de conseguir el apoyo de 6sta para conser- 
var el orden, — o mejor el desorden — , econ6mico 
establecido en el mundo? Pldceme muy poco el de- 
cirlo, pero lo juzgo indispensable: bastantes entre los 
actos Uamados de caridad no son un gesto de amor 
humilde y desinteresado a Cristo en la persona de 
sus pobres, sino, y para emplear la frase cruel que 
he leldo, el trozo de came arrojado a la f iera popu- 
lar con la esperanza de acallar su hambre y aplacar 
sus iras. Hay que levantar las mascaras y contem- 
plar los rostros. 

Pero dejo de lade en este memento al (56sar ca- 
pitalista que al fin de la presents guerra library sin 
duda su batalla suprema, para transpertarme al te- 
rrene politico propiamente dicho. Porque es indis- 
cutible que, con frecuencia, hoy tanto come hace dos 
siglos en 6peca de Federico II de Prusia, la invo- 
caci6n a Cristo que se formula en este orden de ac- 
tividad no es m&s que en apariencia un homenaje 
y servicio a Dies, y esconde en realidad un intento 
de acaparamiento de Dies per el C6sar. 



Ditmos con un primer case de ello en la pretensi6n 
de transformar la contienda mundial que n^s azota 
en una especie de cruzada, de guerra en que el ob^- 
jetivo supremo es Cristo. 

Evidentemente la Iglesia Cat61ica es no s61o una 
fuerza moral, sino la mayor de tedas las existentes. 
Una experiencia que dur6 algo mAs de siglo y me- 
dio ha demostrado que no es posible prescindir to^ 
talmente de ella. Se ha pensado entonces que seri 
mucho m§LS inteligente y provechoso incerporarla a 
los propies seldados. Unos polfticos resuelven de bnen 
grade hacerlo, otros a reganadientes. Y toda la ha- 
'bilidad consiste en atraer la Iglesia al prepio bando, 
o por le menos en hacer aparecerla a los ejes de las 
muchedumbres como enrolada, e vinculada por in- 
tereses comunes, a une de los dos bandes contra- 
puestes. 

Hacerlo directamente es diffcil, en primer lugar 
porque las palabras del Papa son terminantes al res- 
pecto: la Iglesia no se dejarla manejar y girar de 



416 



este modo por ningiin gobemante temporal, y espe- 
cialmente en esta hora en que aparece a los ojos del 
mundo totalmente falta de pujanza material, y de 
consiguiente cuando mis libre y — permitaseme esta 
palabra — , m&s temible se muestra a los ojos de 
cuantos no hayan perdido completamente el sentido 
de lo humano y de lo hist6rico. Pero se podia ^em- 
prender la campana por via indirecta» y no ban de- 
jado de bacerlo, mis adn que los jefes de Estado, 
los partldarlos de una y otra tendencia. 

"Los eat61ieos deben estar con nosotros porque 
combatimos el comunismo tantas veces condenado 
por el Papa, y el sistema del capitalismo absorbente 
que viene reprobado por la Iglesia desde antes de la 
enciclica Rerum novarum" dicen un^; "los cat61i- 
cos deben estar con nosotros porque combatimos el 
nacional-socialismo y el fascismo contra los cuales 
en mucbas oportunidad se ha pronunciado el Sumo 
Pontifice y defendemos la plena lib'ertad religiosa 
que sobre todo en tiempos como ^stos es indispen- 
sable para la Iglesia", afirman sus adversaries. "No 
puede la Iglesia comprometerse en compaiiia de nues- 
tros adversaries, replican los primeros, porque son 
an amasijo de ateos comunistas, de gentes sin reli- 
^i6n, de protestantes cuyo cristianismo se ha esfu- 
mado, de indties de todo pelaje y de anticlericales 
militante^"; "no es concebible que la Iglesia ande 
en tratos con nuestros enemigos, responden los se- 
gundos, porque fuera de que en sus filas militan 
hasta paganos hostilisimos a la Iglesia como lo fue- 
ron siempre los japoneses, sabe todo el mundo que, 
si llegaran a triunfar, el nazismo intentaria ahogar 
la Iglesia en Europa entera como lo ha emprendido 
ya, segun denuncias de los respectivos episcopados, 
en todos los paises que logro ocupar". Y este dialogo 
se prolonga interminablemente, siendo casi imposi- 
ble ver c6mo pueda terminar si no es con la derro- 
ta mill tar aplastante de un campo o de otro. 

iQrU^ decir de estas proposiciones contradictorias? 
Lo que importa ante todo es colocar el conflicto mun- 
dial en su terreno verdadero. ^Se ha emprendido la 
guerra por motivos primariamente religiosos? Nadie 
podri sustentar semejante dislate: son cuestiones de 
orden politico, econ6mico, social, concepciones rela- 
tivas a "espacios vitalea" y "esferas de acjcion" so- 
bre todo comercial e industrial, es la larguisima se- 
rie de tratados en que la justicia fu6 muy poco ob- 
servada y el derecho no tenido en cuenta, es todo 
eso que no fu6 resuelto con la guerra anterior, es 
toda la hereneia que tanto en el orden de las doc- 
trinas cuanto en el de los hechos, es eso lo que ha 
originado, por fin, una crisis de civilizacion cuya 
tremenda manifestacion militar de 1939 y los aiios 
siguientes no es mds que un aspecto del problema 
total, y quizas no el mas importante de todos. Eh uno 
y otro campo hay hombres religiosos y hombres que 
manifiestan un franco anticristianismo, dirigantes 
que estarian dispuestos a favorecer una accion inten- 
sa, en el orden espiritual, de la Iglesia, y dirigentes 



que quisieran encerrarla en la sacristia y ahogarli 

iella. Maurice Paltologue (Un Grand Toumani 

la Politique Mondiale, pigina 46), trae una p 

bra hermosa y profundisima de Le6n XIII. 

cibfa ^ste un dia al famoso corresponsal Bloi 

del Times, quien felicit6 al Papa por no haber i 

rido admitir la tutela de los viejos partidos mo: 

quicos: "conozco bien a Francia, decia, es sus 

cialmente democritica, sus viejas dinastias ya i 

representan para eUa. ..". Y el Sumo Pontifice 

test6: "tal es tambi^n mi opini6n, y por esto a 

sejo a los cat61icos franceses que vayan a la r 

blica. Y al hablar asi, me apoyo en la autor 

de mis predecesores. En el curso de los sigloi 

Iglesia nunca se ha atado mds que a un solo c 

ver, . . .a ^ste que ve Ud. ahi, sobre la crus^'. Y 

actualmente demasiado olor a cadiver en este mu 

Hoy mismo, primero de Mayo, en un interes 

telegrama que publica en primera pigina La No 

y que viene de Argel, manifiesta su autor que 

giin todos los informes recibidos, "el pueblo fra 

contintia siendo republicano, pero desea un n 

tipo de republica, con un gobiemo mis f uerte y ( 

directores. . . Los franceses parecen republicanc 

condici6n de que no sea restaurada la tercera i 

blica, parecen desear un r^imen lo suficienten: 

fuerte para imponer reformas econ6micas y soci 

y para resistir la presi6n de las grandes concei 

clones de capitales, ante las cuales sucumbi6 la 

cera republica. Solamente este tipo de regimen 

dria contrarrestar el comunismo en Francia . . 

partido Radical comparte la declinaci6n del lil 

lismo de viejo cuno". Nada tengo que objetar a 

esto, que anunci^ por escrito hace ya mucho tie 

Pero a tales cadiveres, por cierto que de impo: 

cia: capitalismo privado, liberalismo de antigu( 

iio, republica sustancialmente parlamentaria, ha> 

agregar otros muchos, de los cuales algunos s( 

cuentran ya en estado de putrefacci6n, miei 

otros ambulan todavia por la tierra como ciertos 

denados que describe Dante en su Infiemo: in 

dualismo opuesto a personalismo, nazismo, ind< 

dencia total de cada pueblo con referenda al 

comun de la humanidad entera, y varios mis. I 

comunismo? el comunismo tambi^n, ^al menos e 

forma clisica; pero no para hoy ni para mafias 

resulta triunfador en la guerra. 

Y entonces, vuelvo a interrogar ^qui^n tien< 
recho a atar cualquiera de tales cadiveres a la 
sia? Ella esti fuera y por encima de todo esto. 
vinculada de la actualidad guerrera de hoy y d 
bandos en que se divide el mundo. Se puedc 
partidario de uno de ellos, por razones mtilt 
pero no en cuanto catdlico y miemhro de la Ig 
porque esta no se halla integrada en ningun 
aqu^llos, y trasciende todas las agrupaciones p 
cas del orden temporal. 

Nada de esto significa que la presente luch; 
rezca de importancia para el futuro de la Ig 



416 



Fbfo ninguno entre nosotros, ni siquiera los mds 
altos dirigentes, puede prever lo que se oculta m&s 
allA del horizonte. Recuerdo siempre la f rase de Bos- 
8oet: cuando Bruto asesind a G£sar, crefa destruir 
la dictadura; sin embargo lo que hacia era asentar- 
la en Roma para sig^s. Tiene raz6n el altfsimo in*- 
genio del gran obispo. iQu^ Implieara para la Iglesia 
la victoria de uno cualquiera de los bandos, tal como 
est^n constituidos en el momento actual? ^Qu^ mo- 
dificaciones habr^ de sufrir todavfa su composicion 
antes de acabarse la contienda? ^Qui^h es capaz de 
preverlo? Dej6moslo^ entonces, a la Providencia, y 
no intentemos oficiar como definidores porque na- 
die nos confiri6 niisi6n y capacidad para ello. 

Otro tanto deberd decirse de la accion politica in- 
terna. 

Cuando un cat61ico, asl sea sacerdote y aun obis- 
po, toma a su cargo una funci6n civil, cualquiera sea 
su gdnero, no lo hace en cuanto catdlico sino en 
euanto miembro de la sociedad civil. Ni el cardenal 
Cisneros, ni el cardenal Richelieu, ni el cardenal Ma- 
sarino desempenaron en Espaiia o Francia las tareas 
que conocemos por la historia como mjembros del 
cnerpo cardenalicio, sino como hombred competen- 
tes llamados por los reyes a colaborar en sus activi- 
dades temporales. Cuando levantab'a la voz, ninguno 
de ellos lo hacla ni podia hacerlo a nombre de la 
Iglesia: dentro de 6sta eran simples individuos ca- 
t61icos: su autoridad p(iblica provenia exclusivamen- 
te de su cargo civil. Y lo que ocurria entonces acon- 
tece hoy tambi^n, porque en este terreno las cir- 
cunstancias exteriores no cambian la sustancia de 
las cosas. 

Tomemos por ejemplo el caso de Mons. Seipel en 
Austria. Dicho Prelado realizo una tarea de todo 
punto encomiable: levant6 internacional y econ6mi- 
camente a su pais sac^ndolo del atolladero despu^s 
de 1918, y moStr6 aptitudes extraordinarias como 
gobemante. Pero quien asl obraba no era Mons.* 
Seipel en cuanto Prelado encumbrado entre las dig- 
nidades eclesi^sticas por la Santa Sede, sino el ciu- 
dadano austrlaco Seipel, llamado por sus conciudada- 
nos a la cancilleria de la nacion. 

Mds claro es ello todavia cuando se trata de lai- 
cos. El laico no desempena dentro de la Iglesia fun- 
ciones de jurisdiccion o gobierno. Los unicos auto- 
rizados para hablar en nombre de la Iglesia son los 
miembros de la Jerarquia: Sumo Pontifice para el 
mnhdo entero, Obispos para la zona encomendada a 
sus cuidados pastorales. Si un laico, — asl tenga el 
genio de un Estrada o de un Montalembert — , excla- 
ma "nosotros los catolicos", expresa la vision perso- 
nal que tiene del catolicismo en su pais o en el mun- 
do, pero no compromete la Iglesia porque no esta 
autorizado para formular apreciaciones en nombre de 
ella. Y esto sigue siendo verdad cuando se trata de 
un gobemante personalmente cat61ico. De este modo, 
si el senior Oliveira Zalazar o el general Franco rei- 
vindicaran para la Iglesia esto o aquel bien espiri- 



tual, manifestaran que la doctrina de ella sobr 
un punto cualquiera es tal y no tal otra, su posi 
ci6n dentro del gremio catdlico no seria cambiad< 
un dpice en virtud de las funciones elevadisimas qu 
desempefian dentro del orden civil. 

Cuando un ciudadano que es catolico y al mism< 
tiempo funcionario del Estado realiza gestos o pro 
nuncia palabrasque merecen los pldcemes de la Jc 
rarqula, no ha de creerse que esta oficialice todos lo 
gestos y todas las palabras que pueda emitir ei 
adelante, o que hayan sido emitidos antes, por di 
cha persona: siguen constituyendo actividades d( 
ciudadano en cuanto ciudadano, y no en cuanto mien 
bro de la Iglesia. Y aun lo aprobado continua siend 
exclusivamente suyo, como lo seria el que en un oi 
den distinto, por ejemplo descubrimiento cientific 
u obra literaria, realizara yo a pesar de que el Pri 
sidente de la Republica me diera parabienes po 
ello. Estos puntos deben ser muy tenidos en cuent 
porque su olvido se ha prestado y presta a lamei 
tables confusiones. 

Ahora bien, durante el siglo XX muchas veces h< 
mos visto a gobernantes catolicos que anhelaban r< 
forzar su autoridad civil por ser catSlicos, y que con 
prometian de este modo ante la muchedumbre a 1 
Iglesia, que aparecla como responsable de las act 
vidades ciudadanas de dichos funcionarios. Y hasi 
hemos conocido a quienes, no siendo personalmeni 
cat61icos, querian sin embargo presentarse en la vid 
ptlblica como tales, y haclan entrar a la Iglesia c 
su juego politico, sin ddrseles un ardite del con 
promibo en que la colocab'an. Y con ello daban la n 
ta de clericalismo, opuesta a la de catolicismo. 

Creo que aqui tambi^n ha establecido Jacques M 
ritan las distinciones necesarias cuando al fin d 
articulo al que dos veces aludi expresa : "De este m 
do queda precisada la noci6n de la ciudad cristian 
tal como la reclama nuestro clima hist6rico. No i 
la ciudad donde el cristianismo sirve de instrumen 
de gobierno. Es la ciudad animada, inspirada por 
espiritu cristiano, cuyas estructuras y cuya acti\ 
dad emanan de una intellgencia cristiana de las re 
lidades temporales laicas, profanas. Una ciudad qu 
apoyada en una clara noci6n del derecho natural 
de la moral evang61ica, practicaria la justicia soci 
e internacional, daria plena y entera libertad al ape 
tolado religioso, apelaria a las fuerzas espi ritual 
para que cooperasen a su esfuerzo progresivo, bi: 
caria el bien comun de todos y no de una categor 
particular, trabajaria para dar a las masas cone 
ciones de vida verdaderamente humanas. respetai 
la dignidad de la persona y los derechos natural 
de la familia, siendo, en fin, una ciudad vital e i 
trinsecamente cristiana". 

Todo lo cual implica dar a Dios lo que es de Di 
y a Cesar lo que es del C6sar, y no permitir q 
Cesar eche mano, franca o disimuladamente, y 
siquiera inconscientemente, de lo que es de Dios. 

Gustavo J, FRANCESCHI 

4 



COMENTARIOS 



El General Patton y el Juez Saptemo 

jr T ACE pocos dias, la cast totalidad de los pe^ 
gi riddicoa argentinos publicd una frase del 
^ -^ general norteamericano Patton, en la tnati^ 
guracidn de un Welkome Club establecido en Gran 
Bretana, En realidad la frase tiene dos partes, una 
sobre el destino de los anglo-sajones Uamados, dice, 
a gobernar el mund^: de eUa no hacemos caso por- 
que constituye una manifestacidn de superficial or- 
guUo crtticado hasta en los Estados Unidos, La se- 
gunda parte, que did mucho menos que hablar, es en 
nuestro sentir infinitamente mds importante porque 
demuestra hasta qui punto puede extraviarse el cri- 
terio cristiano, hasta 'en un hombre que segun nues- 
tras referencias es de origen catdlico, Dijo en efec- 
to el mentado general que estaba satisfecho de ha- 
ber mandado en Africa una cantidad de olrededor 
de ciento setenta y siete mil alemanes e italianos 
al infierno, donde seguramente se les habria dado el 
Wellcome, la bienvenida correspondiente. 

Es justisimo y digno por lo tanto de alabama 
mostrar satisfaccidn por haber defendido eficazmen- 
te la patria. Es explicable^ aun cuando no tan acree^ 
dor a encomio, el glorificarse de haber muerto a tal 
eual nUmero de enemigos, Pero lo que no es en mo- 
do alguno tolerable, y constituye un enorme pecado 
contra la caridad, es envanecerse de haberlos envia- 
do al infiemo. Este idioma no cabe en boca de quien 
se profesa discipulo de Nuestro Sefior Jesucristo, 
que nos ensend a amar hasta a nuestros enemigos. 

Nos ocupamos de este asunto porque el caso del 
general Patton estd muy lejos de constituir un he- 
eho excepcional, y en diversas oportunidades, mds 
frecuentes de lo que podria pensarse, hemos dado 
con ese odio al alma, tanto en los partidarios de un 
bando cuanto en los secu^aces de otro. La pasion ob- 
eecadora producida por estq contienda ha llegado a 
sobreponerse a las virtudes m.ds evidentemente cris- 
tianas. 

En realidad, la frase del general Patton es senr 
dUamente ridicula. No es a 41 a quien toca juzgar 
a los vivos y a los mtiertos, carece de autoridad pa- 
ra otorgar el cielo o imvoner el infiemo: Cristo 
Nuestro Senor es, segun las Escrituras, quien lo ha- 
ce en el dia de miestra muerte, Pero es tambiin pe- 
cado, y ciertamente grave, el desear la condenacion 
etema jmra nuestro enemigo, cualquiera fuera este, 
del or den privado o del publico-, y es Jesus mismo 
quien expresd qve no deseaba la muerte (se entien^ 
de que sobre todo espiritual) del pecador, sino que se 
convierta y viva. 



R 



iQui etdpa eomete el dudadano que, UaSnado por 
la autoridad civil de su patriae coneurre a las fiUu 
del ejircito, y pelea en il eon toda eriergia en defetir 
sa de lo que aquella le encarga am/parar: trinehera; 
fortifica^idn, ciudadf Absolutamente ninguna: no le 
toea a 61 examinar las Causae, ni estd en eondicio- 
nes de hacerlo, — {Pero se trata de un rigimen in- 
justo! — Sin embargo, los cristianos de la primera 
ipoca admitieron ya que sus correligionarios mUi- 
taran en los ej&reitos de los emperadores que persm- 
guian al cristianismjo, con tal que no comstieran oc- 
to de idolatria; y es lieito a un cristiano japorUs ser 
hasta general o cXmirante en las tropas o eaeuadra 
de su patria, como lo es, segHn dedara^ndn de la au- 
toridad competente, hacerlo un cristiano turco en las 
filas de las fuerzas militares otomanas. jHe aqui 
un buen campesino de la Liguria y de Baviera iqui 
queriis que sepa en materia politicaf Es convocado 
al ejircito y no puede dejar de ir; pelea y nmere 
ipor qui se ha de considerar que por eUo se conde- 
nd etemamente? y sobre todo ipor qui se ha de re- 
gocijar nadie por haber contribui^o a que fuera al 
infierno, si esto es que era verdad? Odiar al enemi- 
go, segun ha dicho JesHs, es propio d£ paganos, y no 
de discipulos suyos* 

Quiero recordar aqui un ejemplo bellisimo. Cuan- 
do el insigne humanista Tomds Mora, que habia si- 
do canciller de Gran Bretana^ fui condenado a muer- 
te por no prestar un juramento incompatible con 
sus creencias religiosas que le exigia Enrique VIII 
de Inglaterra, volvidse hacia los jueces que aca&o- 
ban de pronunciar la sentencia, despidiSse de eUos 
con toda cortesia, y agregd: "espero que, despuis de 
los dias de este mundo, volvamos Vds, y yo a reunir* 
nos felices en presencia de Jesucristo". jHe aqui el 
corazdn cristiano, la prdctica de la doctrind inculca- 
da por nuestro Maestro, que en la hora de su muer- 
te, ord por quienes lo crucificaban, **porqus no so- 
bian lo que ha^ian"! 

Alejemos el odio al alma aun de nuestro peor ene- 
migo, porque ello va directamente contra el precepti 
y virtud de caridad. 

El doctor Zen6n Martinea 

TT T A faUecido la semanu pasada el doctor Zen6f 
m E Martinez, padre de nuestro amigo y colabo- 
^ -■ rador de muchisimos anos el doctor GusUi- 
vo Martinez Zuviria, quien hace exactantente oehi 
dias, con su seuddnimo universalmente conocido dt 
Hugo Wast, daba a nuestras pdginas un interesanr 
tisimo trabajo. Presentamos al doctor Gustavo Mar- 
tinez Zuviria nuestro pisame mds sincero, y desea- 
mos que halle en su hondo cristianismo la fuerza ne- 
cesaria para soportar uno de los dolores mda inienr 
SOS d^ esta vida. 



E 



R 



418 



IVILIZACION Y GULTURA 

El artfculo que va a continuaci6n, que nos fu6 enviado personalmente 

por el P. Delos desde Argel, constituye el pr61ogt> de dos voMmenes intitu- 

lados Le ProbBme de la CiTilisation, I La Nation, y aparecer^ en las edi- 

ciones L'Arbre» Montreal. No necesitamos ponderar la autoridad enOnne del 

« P. Delos, que es uno de los principales socidlogos catolicos de esta hora. 



I 



I J vocablo Civilizacidn es una palabra tardia- 
mente nacida. Seria interesante investigar 
' cu41 es la idea que de entrada expresa, a 
isplraciones responde para aquilatar en su jus- 
gnificado el elogio que implica ser llamado ci- 
do y la afrenta que constituye el no merecer 
sdlficativo. Nos bastard decir que la imagen 
da por esta palabra, es la de una sociedad 
ue la convivencia humana reviste caracteris- 
de urbanidad y cortesla, en que las cien- 
las artes y las t^cnicas akanzan un cierto ni^ 
uperior al del pasado y lleno de promesas en 
le respecta al porvenir. Una sociedad civiliza- 
ve en la luz, se calif ica a si misma de ilustra^ 
iiene fe en la raz6n y en el progreso y el op- 
mo que esta fe le inspira acrecienta la eufo- 
ntelectual en que la colocaban ya las luces de 
^oza. La civilizaci6n indica a sus beneficiarios 
den de la trayectoria de la historia, su orien- 
1 ideal. 

r otra parte, desde el momento en que surge, la 
ra manifiesta aun a los ojos de quienes la em- 
, el cardcter contingente de las civilizaciones, 
iependencias historicas, su significacion etno- 
ca. El siglo XVIII es, desde ese punto de 
, como desde tantos otros, un siglo innovador. 
bre paso el afan de investigar las costumbres 

instituciones. Manifi^stase el deseo de descri- 
)s estados sociales, de comparar los pueblos: car 
lal tiene su propia civilizaci6n, los salvajes no 
s que los lectores de la Enciclopedia o esos 

pueblos del mundo (Peuples du monde) cuya 
ria Historia general, civil, natural, politica y 
osa habia de escribir en 1750 el abate Lambert, 
sprendese de lo dicho que existen al parecer 

el origen, dos maneras de entender la civili- 
n: una mds ideal, mds abstracta, mas en refe- 
a con lo absoluto; la otra mAs historica, mds 
6gica, no habiendo, en el fondo, contradiccion 

ambas. El hecho de que las t^cnicas esten mds 
mas de.la magia, o que las representaciones del 
scan toscas y las instituciones rudimentarias, 
npide que rastreemos en cada una de ellas un 
io del espiritu, una luz que procede del hom- 
Si es natural describirlas y compararlas, es le- 
10 asimismo confrontarlas con el ideal de vida 
I que se cree basado en la razon. 

lo que a nosotros respecta, no hablaremos nun- 
e la civilizaci6n sin pensar en su ser his- 
3. Ella es un estado de hecho o aspira a serlo. 



SUs fines ideales estdn concebidos con miras a so 
realizacl6n en el tiempo y en el espacio. La encara- 
mos, pues, como una realidad socioldgica con el pro- 
p6sito de determinar su naturaleza. 

LA CIVILIZACION — SUS ELEMENTOS — LA 
CONTEXTURA DE LAS INSTITUCIONiES DE 

CIVILIZACION 

Comencemos por recordar sus elementos. 

Ellos son bastante conocidos: las artes, las cien- 
cias, las religiones y sus instituciones, las diversas 
tunicas, las armas y herranuentas, y aun la tierra 
y la influencia de la naturaleza f isica. Cada uno de 
esos elementos podria ser objeto de estudios deteni- 
dos; nosotros nos limJtaremos a examinarlos suscin- 
tamente, con el (inico fin de determinar lo que po- 
dria Uamarse la cont^tura sociol6gica del estado 
de civilizaci6n. 

La tierra, en primer lugar. Nadie duda que cxi»- 
ta una relaci6n entre una civilizaci6n hist6rica de- 
terminada y la tierra sobre la cual se desarroUa. Es, 
verbigracia, imposible, ser del todo insensible a laa 
diferencias que distinguen la zona del Mediterrd- 
neo, luminosa, precisa, cerrada, y la Europa del 
Norte o del Este, con sus bosques, sus refugios de 
clanes cazadores, su Uanura ilimitada abierta a to- 
dos los vientos y a todas las migraciones, a todas 
las inquietudes y a todas las extralimitaciones. 

Si, como lo expresa Gustave Foug^re en su Ath^ 
n^B, la serenidad olimpica, la austeridad en la grar 
cia y la mesura en la fuerza son el sello distintivo 
del aticismo, dificilmente nos imaginariamos la ci- 
vilizaci6n ateniense desarrolUndose en la selva gerr 
m&nica o en la inmensa estepa rusa descrita por An- 
ton Tchekov,- donde el espacio trasciende al horn- 
bre, nivela los acontecimientos y quita su relieve a 
la vida individual. El aticismo ha menester de un 
marco geogr^fico en que el espacio y el tiempo ««- 
t^n en relaci6n con las dimensiones del hombre. 

En tanto, si se procura averiguar cu61 es la parte 
de influencia que corresponde al suelo, a la luz y a 
las aguas en esa civil izaci on, no s61o se tropezard 
con la dificultad de fijar tan tenues matices, y de 
captar las leyes que rigen una influencia tan sutll; 
se advierte que en realidad no existen leyes en es; 
te punto, no rige el determinismo. Como lo afirma 
M. Jean Lacroix, en esto no hay necesidad constri- 



419 



^ fiente, pero posibilidades mtUtipIes (1). Esas poai- 
bUidades sin coaccidn radican en la naturaleza —en 
la Inz del firmamento y en el color de la tiefra, en 
la miel de HTmeto y en la atracei6n del mar — ; mas 
se hallan asimismo en el hombre: desde Homero 
haata S6foclea y luego de S6focles a Virgilio o a Eb- 
trab6n, no ban cambiado ni el cielo ni la tierra ni 
las asruas del Mediterr&neo, y sin embargo una ci- 
vilizaci6n creci6, floreei6, y parcialmente emigr6 de 
su tierra natal. Lo que hace una civilizaci6n es el 
encuentro entre- las posibiliaddes del hombre y las 
de la naturaleza. Esas posibilidades son paten tes, en 
tanto su encuentro no puede ser determinado. 

No entran, por ende, en la civilizacion el suelo, 
el rfo o la selva, pero ella estk hecha de la reacci6n 
del hombre sobre la naturaleza, de la de teta so- 
bre aqu61 y de su manifestaci6n en obras: ser^n las 
luminosas proporciones del Apol6n de Pitio, el mo- 
vimiento y la linea de las estatuitas de Tanagra, la 
dulzura y el esplendor de la lengua griega, la colo- 
nizaci6n de las mdrgenes del mar J6nico . . . De es- 
ta suerte nos vemos libres desde un comienzo, de 
bascar la civilizaci6n en el individuo: ella no es pro- 
ducto de sus sentimientos» pero la vemos en las 
obras que de ellos nacen; el esfuerzo con junto de la 
naturaleza y del homb're se nvanifiesta en una pro- 
ducci6n de un g^ero nuevo; su comuni6n se tra- 
duce objetivamente, ella se expande e instituye en 
el mundo, y es ahi donde, en definitiva, se arrai- 
ga la fealidad de la civilizaci6n. 



La observaci6n de los dem^s elementos conduce 
a id£nticas conclusiones, siendo aun mds ticil de es- 
tablecer. El arma y la herramienta — desde el silex 
tallado hasta la mdquina de la f^brica moderna — , 
son a todas luces un elemento caracteristico de la 
civi]izaci6n. El utensilio, empero, se intercala entre 
el hombre y la naturaleza. Es a la vez materia y es- 
pfritu, materia y finalidad consciente; toma de la 
naturaleza sus fuerzas, pero las emplea a voluntad 
del espiritu. Y los silex sobreviven a los hombres 
que los ban tallado, asi como las f^bricas modemas 
cubren hoy ampliamente la superficie de la tierra, 
indiferentes a los nombres de los seres que en ellas 
trabajan. 

No es posible separar la herramienta moderna de 
las t^cnicas, ni 6stas de la cicncia: unidas constitu- 
yen un patrimonio hereditario de civilizacion. "Hay 
ciencias — dice Pascal en sus Fragmentos de un Tra- 
tado del Vacio — que, sometidas a la experiencia y al 
raciocinio, deben ser acrecentadas para llegar a la 
perfeccion. Los Antiguos las encontraron apenas es- 
bozadas por quienes los habian priecedido, y noso- 
tros laa entregaremos a los que nos sigan, en un es- 
tado maa acabado que aquel en que las recib'imos". 
"Su perfecci6n depende del tiempo y del esfuerzo...; 
gracias a una prerrogativa particular, no tan solo 



cada uno de los hombres adelanta dia a dia en i 
ciencias... sino que todos los hombres en conj 
realizan en ellas un constante progreso a me 
que el universo envejece... De modo que toda la £ 
de hombres en el transcurso de tantos siglos < 
ser considerada como uh solo hombre que sub's 
siempre y que aprende de continuo". Este mi 
hombre que subsiste en todo tiempo sin ser ni: 
no de los hombres en particular, y que se perfe 
na progresando en edad, es la humanidad ton 
como cuerpo de civilizaci6n. A medida que 6sta 
vejece, ella acumula la experiencia y el razonan 
to para emplear el lengua je de Pascal — las 
quistas de la ciencia, para usar el idioma de 
glo XIX. 

Su marcha es un constante progreso, y no 
acrecienta ella la suma de los conocimientos, i 
bien cubre la superficie del globo con objetos ni: 
que fabrica. Asf como el creador en la Biblia " 
partimenta" el caos y, una vez dividido y ore 
do, termina el cielo y la tierra dfindoles un " 
cito" viviente, — ^los seres que los Uenan y los 
blan — , de la misma manera el espiritu del hoi 
compartimenta y divide la sob'rehaz de la tierra 
ra implantar en ella el orden: hace surgir cas 
ciudades; traza las carreteras que atraviesan Is 
nura, escalan montanas, lanzan hombres y men 
rfas hacia el puerto donde los aguarda el mai 
hombre se apropia — si no es licito hablar asi- 
estrecha franja de tierra que corre de la galeria 
profunda de sus mlnas hasta el techo de m&s 
elevaci6n de sus aviones; convierte esta zona < 
dominio propio de la civilizacion: un mundo n 
no tan s61o conocido y al que se ha arrancadc 
misterios, sino alcanzada por el trabajo de nuei 
manos, un universo recreado que desposa al ' 
bre con la naturaleza. 

No es el suyo exclusivamente el dominio d( 
artes industriales y de las artes aplicadas; 1 
tambi^n el del arte, int^rprete de la belleza. Est 
timo. m^s aun que las t^cnicas revelan al "Hoi 
anadido a la naturaleza", y el hombre penetra C( 
mucho m§LS alld de la zona accesible a las cien 
Estas quedan en la superficie por cuanto se 
tan a medir las cantidades. las energias y los 
vimientos utiliz^ndolos en beneficio del hombre 
artista en cambio, en contacto con la naturaleza 



(1) "Al determinismo de un Ratzel, (Luciei)) Febvre 
ne el posibilismo de un Vidal de la Blache. "^No se 
T&n cccciones en ninguna parte, posibilidades por doqui 
el hombre dueno de sus posibilidades, juez de su en 
tal es la Ultima palabra de la geogr^fia humana". El 
tro de gravedad se ha visto trasladado de la jtierra al 
bre. "Exilado de la gcografia como paciente, el homh 
civilizado de hoy, aparece de nuevo en ella cual domii 
en el primer piano, como agente" (J. Lacroix, Lo8 eU 
to8 conatitutivoa de la noeidn de Civilizacidn en "Lon 
flictas de Civilizacon", Semanas Sociales de Francia, 
Gabalda, 1936, p. 96. Ln segunda cita pertenece a 1 
Febvre en La ferre et V Evolution humaine (p. 4S4). 



^20 



[ja aquello en virtud de lo cual ella se torna 
aleanza sua valores de ser y de sentimiento; 

el pensamiento creador que, inherente a los 
. se oculta tras la vestidura que perciben nues- 
sentidos. Lo que la belleza despierta en nos^ 

"es una cierta armonia nativa mks latente, 
armonfa sumida en un sopor que para desrper- 
lo requiere mSs que el llamado de una belleza 
e sea exterior pero que se presente como una 
lesta" (2) de tal suerte que la hermosura del 

10 exterior "despiertA en nosotros el llamado a 
irmonia innata del espiritu y de los sentidos que 
iperaba sino esta voz para alzarse del sueno y 
ir". Por donde se ve que la belleza del mundo 
le a las armonias del alma, y esta union de la 
raleza con el homb're. sellada por la belleza es 
tista (3). 

ora bien; esta union, a su vez. se torna fecun- 

11 artista produce, se manifiesta en obras y pue- 
on ellas el universo. Ese creador no dispone por 
x)nto m^s que de las formas, pero siendo asl 
penetra m&s adelante en el conocimiento del al- 
lel mundo y de sus armonias, le es dado exhu- 
en virtud de su compenetraci6n, novedades que 
ten un caracter m^s personal. 

il, en efecto, es donde se evidencia la superiori- 
del artista sobre el t^cnico: unicamente el pri- 

crea personajes. Mientras el ingeniero fabri- 
1 robot articulado, infalible en sus movimientos 

una m^quina calculadora, el artista suscita se- 
/ivientes, hombres y dioses. La prueba de que 

personajes existen estd en que son individua- 

en que llevan un nombre. Existen muchas faia- 
admirables, pero Andr6maca es linica; y es la 
'6maca de Racine; es su creaci6n, la hija de su 
K Muchas jovenes hay cuya imagen nos emocio- 
nas Violaine es unica e inolvidable. Unicas son 
len la pasion, la tristeza o la alegria de una 
nia de Beethoven. 

siquiera el mismo ideal moral escapa al domi- 
ie la civilizacion y queda bajo sus leyes. ^Aca- 
t moral no es ella tambi^n una ciencia prdcti- 
Ella realiza el ideal que concibe. Por el hecho 
ue procura conformar sus sentimientos y sus 
; a su ideal moral, el hombre serd siempre, ba- 
le aspecto, un self -made man, vale decir un ser 
se forja a si mismo. De la misma m,anera su 
2pci6n de la vida se traduce en leyes, en cos- 
)res en instituciones, en sanciones, en una pa- 
I en un orden social historico. Una civilizacion 
ica un orden moral realizado en la historia. 
J donde se sigue el lugar de preferencia que el 
►logo concede al derecho y a las instituciones 
licas en el edificio de la civilizacion. "El dere- 
— expresa M. Lacroix — es en un sentido la en- 
acion de lo espiritual en lo temporal-social, y 
rista es, bajo cierto aspecto, el tipo genuine del 
Izador si se tiene en cuenta que civilizar es en- 
ar lo espiritual en lo temporal" (4). Toda civi- 



lizacion implica la existencia de un orden politico- 
jsocial cuya idea sea evocada por su nombre, debido 
a su aproximaci6n evidente con la Civitas (5). 

Se habrfa recorrido, por Ultimo, todo el ciclo de 
los elementos que componen una civilizaci6n, una vez^ 
que se hubiera considerado el papel que desempeflan 
las religiones. Huelga destacar su importancia en 
todos los estados sociales, ora penetren ellas las ins- 
tituciones politicas, las artes, las clencias, la vida 
familiar, ora ejerzan su acci6n por medio de las 
instituciones que les son propias. 

Pero ansiamos destacar el' concepto que al mar- 
carse de etapa en etapa, nos permita ahora, fijar la 
contextura interna de la civilizacion. La hemos visto 
en su progresi6n, siempre la misma en cada uno de 
sus elementos: cada uiio de ellos es el resultado de 
la institucidn de una idea, de un sentimiento hu- 
mano o de una reacci6n mutua entre el hombre' y el 
universo, de una comuni6n entre el uno y el otro, 
manifestada por la elab'oraci6n de un mundo nuevo, 
real, a la par que artificial, como todo lo que hace 
el hombre. Creaci6n gui generis: ella se aleja del es- 
tado de naturaleza a medida que la utiliza, y cons- 
tituye igualmente fuera del hombre, un universo 
nuevo, real, tangible, concreto, hist6rico. 

No es la intuicion est^tica de Miguel-Angel la que 
pertenece a la civilizaci6n, sino su MoisSs, es decir 
su obra, un ser de m&rmol al que solo falta la pala-> 
bra. Tiene una familia, una historia y una acci6n: 
ya que desde hace siglos, nos acoge, y nos instruye 



(2) M. A. Couturier en su obra Art et Catkolicisms, Edi- 
tions df TArbre, vertida al castellano por Editorial Difn- 
si6n. 

(3) Debido a que el artista penetra m&s Sntlmamente en 
cl coraz6n de la naturaleza, entresra £1 al mundo un 
mensajc m&s nuevo y profundo que el sabio. En un deter- 
minado sentido, Beethoven y Miguel Angel ahondan en xo- 
nas m&s profundas de la creacion que el inventor de los ra- 
yos X. "Acuden a la memoria las severas palabras del pro~ 
feta Isa!"s: "Verdaderamente Tti eres un Dies escondido, 
Dios de Israel, nuestro Salvador" y nos persuad'mos de que 
el Dios de los artistas, el Dios de quien decia David que "Be 
revistfi de la luz como de un ropaje" -es s'n duda menos 
recdndito para ellos que para los demds hombres. "Es al 
unisono por la pocsfa y a trav^s de la poesia, — aseveraba 
Beaudelaire — , por y a trav6s de la m&sica que el alma en- 
trev^ los esplendores ocultos m^s all& de la tumba*\ M. A.. 
Couturier, op. cit. p. 17. 

(4) Juan Lacroix, profesor de la Universidad de Dijon. 
Loa Elementos constitutivoe de la nocion de Civilizacion, 
Semanas Sociales de Francia, 1936, p. 105-106. 

(5) Es de notar que los Griegos y los Romanos se opo- 
nian a los B&rbaros, no con cl nombre de Civilizados — el 
vocable es reciente, ya lo hemos dicho — s'no al amparo de 
la Ciudad, de un regimen donde la posicion del individuo se 
define con relaci6n al Estado y al derecho. Hoy todavia da- 
mes el nombre de Barbaros a poblaciones si Dien sabemos que 
poseen los dem&s elementos de una civil'zacion, como acertada- 
mente hace notar el seiior Dawaon, se halla a pesar de todo, 
"en ese periodo inferior del desarroUo de las sociedades, donde 
los hombres no estdn aun organ'.zados en Estado dentro de los 
cuadros territoriales fijos, y de aglomeraciones urbanas" en la 
etapa de tribu, fundada principalmente sobre el parentezco y 
lazos personales, y no en el periodo estatal, donde el estatuto 
del individuo se establece con relaci6n al estado. Cf. Cristobal 
Dawson, Los origenea de Europa y de la Civilizacion euro- 
pea. Rieder 1934, p. 82-83. 



4a.v 



4M^r6a de. la b^lleza en el poder y en la . majecrtad. 
^La contemi]iaci6h personal de Miguel;- An|:el lo in- 
troduce eh el paralso de las formas, pero instittu- 
yendo la belleza entr^ nosatros, ••es como . se ha in- 
troducido en nuestra oivilizaci4n. As{ como no es el 
arrobamiento de San Pablo, sino su actitud frente 
'a la Sinagoga, sus Epistolas, el estilo de 6stas» y la 
in8eripci6n de las mismas en el Canon de una Igle- 
aia, lo que las coloea entre los elementos de nuestra 
oiviliKaei^n. Adorar al padre en esplritu y en ver- 
dad, es un acto intemo y personal; pero las insti- 
tucioneis del cristianispio, sus templos, su llturgia, 
sus ritos, sus temas de predicaci6n influyen sobre 
la civilizacion de Roma, primero, y luego sobre la de 
Occidente. La m^s alia metafisica, se instituye ella 
ndisma en sistemas y escuelas; ellas tienen su histo- 
ria, y avanzan en el tiempo y en el espaclo. Gada 
lina de las instituciones de la civilizacion — arma- 
mento, herramientas, sistemas juridicos y politicos, 
artes y ciencias y hasta las religiones establecidasT- 
es al mismo tieihpo idea y materia; y es en esto que 
su conjunto constituye un mundo nuevo, que refle- 
ja el pensamiento del hombre pero que tiene la rea- 
lidad objetiva del "artifice" humano. La civilizacion 
es el esplritu del hombre instituldo en el mundo y 
«n la historia. 

Dp ahi recibe su unidad la civilizaci6n. Sus obras 
son diversas, sus ciclos diferentes, como lo son las 
fuerzas de la naturaleza, los cuadros de la geogra- 
fla, las edades del esplritu, pero es una, como es uno 
el esplritu. Protegida por esta unidad, la civiliza- 
ci6n, este progfeso del esplritu humano a traves del 
mundo que ^1 labra, tiende a lo universal. La uni- 
dad es siempr^ para ella su problema, aun cuando la 
niega o la desgarra. 

Se orienta hacia ella por medio de tentativas su- 
cesivas del progreso. En efecto, ^como no habrla de 
tener perspectivas de indefinido desarrollo? 

En el origen de todas las instituciones existe el es- 
plritu del hombre: con respecto a la materia y al 
tiempo, sus posibilidades son infinitas. Cada Jnsti- 
tucion de la civilizacion es una idea hecha realidad, 
la exteriorizaci6n de un sentimiento, que limitary su 
ntlmero o impedirfi a la materia responder cada vez 
mejor a las necesidades del esplritu. 

Sin embargo Uegamos — por decirlo asl — al um- 
bral extremo de la civilizacion. Ella es un mundo, 
pero un mundo que no tiene su punto de origen en 
si mismo, un mundo del cual se sale. El hombre se 
evade de 61 por lo mejor de si mismo, por la punta 
del esplritu. La vida del hombre comulga con la na- 
turaleza; pera tiene un principio que permanece 
transcendental a esta misma union. Las ciencias de- 
jan una puerta abierta no solamente sobre la meta- 
flslca, sino sobre el misterio del ser. El arte sigue 
un "camino real", mas lleva hacia una belleza cada 
vez menos accesible, y por ultimo hacia "los esplen- 
dores situados detras de la tumba". El orden jurl- 
dico y el social tienen por Have de boveda un princi- 
pio filos6fico y metafisico; es preciso que esta Have 



de boveda pertmezca al edif icio^ de lo cdnti 
^c6mo se sostendria §ste? Pero al mifmo tiemp 
t^ fuera de £1, sobrepasa las lineas de fuerza 
convergen hacif^ ella, si no ^como podria domin 
y unificarlas? Volvamos de nuevo a Pascal. " 
ra de los conocimientos cuya perfecci6n depend( 
tiempo y del esfuerzo y que deben intensific 
para alcazar la perfecci6n" existen otras, dice, 
estkn integralmente contenidas en sus princi 
"^y qui^n podrd afiadir algo nuevo a lo que no: 
seiian, desde que no se puede saber sino lo que 
tienen?" Verdaderainente esta vez, no es la cii 
la que crece con el tiempo, es el individuo qi 
agranda en el entendimiento de las verdades 
nas. Mediante esta ascensi6n, 61 sobrepasa los 
dros de su civilizaci6n hist6rica, y alcanza verc 
que est^n en todas las civilizaciones, pero qu 
pertenecen a ninguna. Nosotros hemos instituldo 
valores y mis ideas que lo 'que se hiciera en la i 
de Aristoteles y en la Edad Media de Santo To 
pero ^acaso uno solo de entre nosotros se ha 
vado como ellos en los conocimientos de princ 
que dominan la vida civilizada? Porque esta cor 
placi6n es el acto perfecto de la persona hum 
ella no pertenece a la civilizaci6n m&s que como 
cipio de sus instituciones. De ahl que el cristian 
no sea una civilizacion, sino el inspirador d 
gran numero de sus obras y el principio de la 
tificacion de todas ellas. La civilizacion es el 
ritu del hombre obrando en la historia, pero i: 
tado en su trama, todavla la domina: si asl no i 
la civilizaci6n se convertirla en una prisi6n c 
cual el carcelero se habrla encerrado a si mism 

]fis un verdadero peligro. La. vida del esplritu 
camandose en instituciones, transformada en c 
obras, reglas, sistemas, costumbres, se fija, se 
difica, se enfrla como la materia a la cual rec 
como el pasado y la Historia en las que entra. 
embargo 6c6mo el hombre que siempre trasci 
las instituciones en las que ha empenado su 
podrd acrecentar indefinidamente el volumen d 
mismas sin convertirse en su prisionero, sin qi 
libertad de su esplritu sea aplastado bajo su 
sion? iNo se derrumba por si misma una civ 
ci6n historica, bajo el peso de sus propias ins 
clones? ^No llegari un dla en que los hombre 
no puedan sostenerlas ni darles una Have de h& 
un principio de unidad Con relaci6n a su masa? 
inducira esto al individuo a liberarse, mediant 
retorno desesperado a la naturaleza, por una re 
dicacion de la libertad espiritual, que erguida 
tra el orden de civilizacion es revolucionaria i 
ojos de esta? ^No intentara el hombre salvarsi 
azote de la civilizaci6n por el flagelo de la cultu 



(Coyitinuard) 



J. T. DELOS, O. P. 



Profesor de Derecho Internadonal P 
en la Un:ver8idad Catol'ca de LiUe 
la Facultad de Ciencias Soclnles de U 
versidad de Quebec 



TRINIDitO, EL DOGMA SUPREMO OE LA NUEVA ROMANIDAO 

u miaii T fl lESTiii IE u liiiiu IE iiEiK hiie: 

I 

Los que creen que la predicaci6n de las mils altas verdades debe reservarse para 
individuos escogridos y circunstancias excepcionales, sin quererlo, sfecan en la I^lesia 
la fuente m&s abundante de santidad; porque la verd&d ^ el principio de todas' las 
abnegadones y de todos los transported del amor. Olvidan que el bautismo ha hecho 
brotar en toda alma lo que se ha Uamado el sentido de -Dies, radiacion del don de 
inteli^encia y sabidurla, que a los m4s simples, hasta a los ninos, les hace capaceB de 
aprehender y -gustar las mds altas verdades. Creemos que es bueno hacer que se co- 
nozca a Dios tanto como El mismo se ha revelado. - 

P. M. V. Bemadot, O. P. De la Encaristfa a la Trinidad. 



OS designios de Dios se justifican per si mis- 
mos. Las preparaciones ocupan un gran lugar 
en las obras del Creador para quienes mil aiios 
3mo un dia. Antes de todos los tiempos Bue- 
ires estaba en los designios eternos de Dios; 
OS sali6 a la vida con un nombre sobre todo 
'e impu^stole como una consigna suprema por. 
an fundador el general don Juan de Garay: 
i de la Santfsima Trinidad. * 

i6n sabe qu6 rec6ndita infusi6n de gracia des- 
» sobre la nueva ciudad el dia de su solemne 
ci6n para dilatarse en los tiempos veniderosr y 
con ese nombre a los dfas incalculados del fu- 
n^s remote! Ese nombre sui generis no le fu6 
por casualidad ni al acaso. Es la partida de 
mo mas gloriosa. No hay entre las ciudades 
tinas ninguna que lleve nombre mds augusto. 
lemne denominaci6n del fundador tiene los 
»s patriarcales de los grandes profetas. Nos 
todo su cardcter. 

el momento ha llegado!. . Ese nombre, que los 
y los politicos despreciaron, se agranda ahora 
ultrahorizontes de la tierra. Buenos Aires tie- 
mision de llevar a todos los pueblos, por dis- ^. 
que se hallen, las riquezas infinitas del dogma 
no de la Trinidad. La tierra siente el vacio in- 
• del dogma de la Trinidad. Sin la Trinidad el 
3 es un enigma. Sin ella Jesucristo mismo y el 
mismo son un arcano. La vida y la muerte de 
' tienen un fin que domina a todos los demas: 
ramente rendir a Dios el homenaje mas com- 
lue pueda recibir, y despues suscitar almas que, 
lose a su sacrificio, sean los adoradores en es- 
y en verdad que busca el Padre celestial. El 
es el manantial de todo, aun en el seno mismo 
divinidad: Fontana divinitatis origo, *Tero a 
nos, desde hoy, decidme: Tii eres nuestro Pa- 
dice el Seiior por Jeremias (c III v. 4). Es 
»xcelente, dice Santo Tomas de Aquino, hon- 
Dios como a nuestro Padre, que honrarlo como 
stro Creador y Sefior (Sec. sec. cuest. 83). 
ly palabra ni agrupacion de palabras bastante 
ara significar lo que importa para la vida in- 
lal y colectiva mirar a Dios como a Padre. 
ica hubo presente tan henchido de pasado tan 
de errores y de culpas, ni tan necesitado de 



luces para el porvenir. Cuando pasen las tlltimaa 
sombras de la tragedia, como una gran llamarada 
saliendo de un fuego extinguido; se verd, cu&n fu- 
nesto fu6, hat)er puesto a la Trinidad a la zaga d^ 
todas las doetrinks cientfficas y sodales, siendo, co- 
mo es, el polo donde convergen sin contradicciones 
todas las ciencias divinas y humanas. El cargo m&s 
grave que puede hacerse a la apostasia del dogma de 
la Trinidad es que aleja de la perfecci6n moral, de 
la virtud y de la santidad. La santidad es lo m^ 
grande que hay en el Universo y en el mismo Dios. 

Este misterio soberano, principio y fin de todos 
los demds misterios; Arco Iris, Arco de Triunfo de 
la nueva Humanidad; estuvo largo tiempo escon- 
dido en el seno de Dios. Fue el mismo Jesucristo 
quien lo revel6 al t^rmino de su mision, cuando dijo 
a siis Apostoles: "Id y bautizad a todos en el nombre 
del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo". Los Ap68- 
toles con la senal de la cruz y con la fe en la Trini- 
dad triunfarop de la sabiduria de los griegos, del 
poder de los romanos y de la perfidia de todos sus 
enemigos. 

La Trinidad es el oc6ano infinito de las perfec- 
ciones divinas. La apostasia, el desconocimiento, la 
concepcion diminutiva del dogma de la Santlsima 
Trinidad han sepultado la ciencia soberana de los 
atributos divinos: Omnipotencia, Inmensidad, Infini- 
dad, Justicia, Sabiduria, Santidad, Bondad, Miseri- 
cordia, Providencia. Suprimidos o empequenecidos en 
su plenitud o en su infinidad los atributos divinos 
de cada una de las personas de la Trinidad, Dios ya 
no es Dios. 

"Dios — dice en una de sus pdginas magistrales el 
P. Faber — es una sustancia simpliclsima, sin cuer- 
po ni composicion de partes, y no poseyendo cosa al- 
guna prestada: es bueno sin cualidad, grande sin 
cantidad, Criador sin necesitar de nadie, inmenso 
sin ocupar lugar, etemo y sin t^rmino, inmutable y 
mudandolo todo: es bueno con una bondad infinita, 
bueno para todas las criaturas y seiialadamente para 
los hombres: es infinito en la muchedumbre de per- 
fecciones, e infinito en la intensidad y magnificen- 
cia de las mismas; es inmenso, y esta presente en 
todas las cosas de diferentes maneras, sin contraer 
niancha ni imperfeccion alguna; es inmutable, y su 
eternidad le defiende del tiempo, su inmensidad del 



421 



cambio de lugkr y su sabiduria de la mudanza de 
designio; es etemo sin principio ni fin, y eternb con 
una vida que existe total y simuMneamente, y con 
una perfecta posesi6n de si misma: es uno con la 
unidad incomparable de su divina Naturaleza, y el 
mis grande interns del hombre sob're la tierra con- 
siste en que no sea sino un solo y Unico Dios: es la 
soberana pureza, la santidad inefable y la m^ escla- 
recida belleza; estd siempre en un continuo y ado- 
rable reposo, nada puede acercdrsele que sea capaz 
de alterar su calma apacible: es conocido por la ra- 
zon, por la fe y por la gloria, y con todo, es incom- 
prensible a la raz6n, y a la f e y a la gloria: su npm- 
bre es el Dios inefable: sii ciencia sobrepuja a todo 
humano encarecimiento y es el origen de su gozo in- 
descriptible: su Ser es la misma verdad por esencia: 
su vida es la fuente inagotable de la vida: su.vo- 
luntad es adorable, inmaculada, soberana: su liber- 
tad sin par^elo e inexplicable: su misericordia es 
un pi^lago insondable, asi de las mka dulces y her- 
mosas compasiones y condescendencias como de los 
mds delicados juicios y las mds tiernas recompensas: 
Au justicia es irreprensible como su santidad y tan 
fcfien6vola como su misericordia: su poder es ilimita- 
do y lleno de amor, y su gloria, inaccesible a las mi- 
radas del mlsero mortal. Pero todas estas perfec- 
Clones no son atributos realmente distintos, sino que 
El mismo es todas las excelencias juntas y el tinico 
Ser omnipotente. Tres Personas iguales, coeternas, 
consustanciales y un solo Dios verdadero. Tal es la 



descripcidn de Aquel que es nuestro Padre amo: 
y compasivo, Dios; que vive y reina ik)r los siglo; 
los siglos". 

El coraz6n se siente sobrecogido de una verg 
za y de una tristeza casi infinitas al contempla 
augusto misterio de la Santisima Trinidad sepi 
do por el oleaje de la ignorancia y de la indifere 
de los hombres, templos de sus amores, creados i 
imagen y semejanza, para alabanza de su gloria 
raz6n de esta sinraz6n, nos la da la Escritura: 
que los homhrea han amado mds las tiniehlas qu 
iuz; todo el que ohra mal aborrece la luz. Solo la 
nidad de Dios, en la unidad de su esencia y en la 
nidad de personas, puede centrar al ^ombre er 
esfera natural y sobrenatural. S61o Ella puede c 
trizar las profundas heridas de la Humanidad, i 
ridas por el laicismo, que al arrancarle el dogms 
la Trinidad, le dijo como la serpiente seductora: ' 
r6is como dioses". 

En el cuadro de los siglos que nos precedieroi 
ha dicho, que el Antiguo Testamento es la ^poca 
Padre, el Evangeliola ^poca del Hijo, y la Iglesi 
6poca del Espiritu Santo. Parece asomar en la < 
tiandad la era de la augusta Trinidad. Un abi 
llama a otro abismo con la voz de sus cataratas 

A los hijos y habitantes de Buenos Aires, nos 
ser, cada uno en su linea, los grandes clarines 
apresuren el ventyroso reinado del mils inefable 
los dogmas del Gristianismo: la Santisima Trini 

Francisco S. TESl 



HAY QUE SER VIVO!!! 



A 



YER me ocurrio la cosa m6s divertida del 
mundo. Vefa que me estafaban; mejor dicho, 
estoy casi seguro que me estafaron; sin em- 
bargo, me dej6 robar tranquilamente. 

El doctor Carter manejaba indolentemente el vo- 
lante de la lancha a motor, mientras Ana, su esposa, 
y Federico Borgni, su cuiiado, contemplaban sono- 
lientos las orillas que se iban alejando. 

Era una linda tarde de verano. El agua cortada 
por la proa se levantaba y caia en lluvia fina y trans- 
parente por encima del parabrisa. Detras de ellos el 
surco de la estela se ensanchaba ritmicamente y for- 
mando pequenas olas moria en las orillas disolvien- 
dose en espuma si no encontraba obstaculos para tre- 
par. Montecitos de duraznos y manzanos, juncos me- 
tidos en el agua y ramaa de sauce barriendola sua- 
vemente mecidas por el viento; chalecitos colocados 
en medio de parques como palacios de juguete y ca- 
sas sobre postes como nidos de pajaros encima de 
los drboles. se iban alejando y repitiendo a medida 
que la lancha avanzaba o doblaba por algun recodo. 

Todos los domingoa los esposos Carter junto con 
Federico pasaban el dia en el Delta. Pescaban, se ba- 
iiaban, almorzaban en algun Recreo, remaban y ya 



entrada bien la noche, resguardada la lancha hast 
domingo siguiente en el Club, volvian a Buenos A 
para atender durante la semana sus enfermos el 
el otro los pleitos, pues era abogado. 

— iMucho? — pregunt6 Federico — . 

— No. Estaba cansado. Habia operado en el he 
tal y por la tarde tenia consultorio. Eran las seii 
la tarde cuando termine. Iba a ver algunos enfer 
a domicilio cuando delante del auto aparece un h 
bre alto, llevaba un traje ajustado color gris y f; 
mente mediria unos dos metros. 

— i Doctor Carter? — me pregunta — . 

Le dije que si. 

— Usted mucho estar ocupado. iSer ingles? 

Le dije que no, aunque estaba tentado de dec 
ique le importa! 

— /.Belga? 

— Tampoco, le respond!. 

— i Frances ?, i aleman ? . . . 

— Argentino, sefior. 

— Perdon. Yo seis meses hacer, estar en Arg< 
na. 6 Usted saber hablar otro idioma? 

Y ahi, no mas, en la calle, nos pusimos a habla 
ingles, f ranees con palabras chapurreadas en alei 



^^4 



llamarse algo asi como Stein o Sain, que era in- 
iFO, que habia trabajado en B^lgica y cuando los 
ines, declarada la guerra, invadieron sus pais, 
gui6 huir. Buscaba trabajo y ahora parecia ha- 
encontrado en una Gran Fdbrica camino de la 

io ser hombre fuerte y necesitar comer mucho 
irefa y contraia sus brazos mostrdndome su mus- 
ira. Se puso a hacer gimnasia sueca en la ca- 

golpearse el pecho, flexiones de piernas. 
tard mal de la cab'eza pens6 y como iban amon- 
idose curiosos lo bice entrar en mi casa. Me con- 
mo habia conseguido huir de Europa en un bu- 
ie carga llevando explosives de contrq^bando v 
6 yo cuantas cosas mds. Como parecia una per- 
honrada y yo por otra parte estaba apurado, le 
ez pesos para que comiera y se fuese a buscar 
chosa fdbrica. Me dijo que no queria limosna, 
il no era un "m^ndigo" y anot6 mi nombre y di- 
5n porque pensaba devolv^rmelos. 
!^o lo vas a ver mas — replic6 el abogado con su- 
icia encogiendo los hombros — . 
;Vamos a tomar algo? — interrog6 el medico se- 
ido un Recreo y sin esperar respuesta acerc6 la 
a a un desembarcadero de troncos. 
Pues estas equivocado — prosiguio Roberto Car* 
-, una vez instalados ante los empaiiados vasos 
jrveza. — Lo que te cont6, fu6 hace dos meses. 

lo vi por segunda vez. ' 

I Bah! Te devolvio los diez pesos y dentro de 
te pedird veinte. jCuento viejo! 
lampoco. Hacia media hora que se habia ido el 
10 enfermo y comenz6 a responder corresponden- 
etrasada, cuando la enfermera. . . 
Podrias cambiarla por otra mds vieja — suspire 
posa en son de broma — . 

Cuando la enfermera me anuncio un hombre. Le 
que lo hiciera pasar. Era el mismo. Mc salud6, 
disculpas de haber tardado tanto tiempo. Me 
> que hacia doce dias que trabajaba de ingeniero 
na fabrica, que le pagaban bien pero que hasta 
ro de dos o tres dias no iba a cobrar, pues le pa- 
n por quincena. Le habian adelantado algo pero 

3 le quedaba nada, pues, de pronto tuvo que pa- 
ina cuenta pequeiia pero urgente, era sdbadi> in- 
y hasta el lunes no sabia c6mo arregldrselas y si 
3sta sola vez podia prestarle algunos pesos para 
r seguir tirando durante tres dias. 

lambien hizo gimnasia sueca — se le ocurri6 a 
posa — . 

^Miras por las cerraduras? — interrogo ir6nico 
rico — . Su hermana le dirigio una mirada terri- 

Le volvi a dar diez pesos, le dese6 buena suerte 
mand^ a paseo. 

4 Pero todavia no sabes que es un estafador 

unto Ana — . 

Casi seguro — reflexion© Federico y volvi^ndose 
•e a su cunado — : Esto te pasa por no leer nove- 
oliciales, 



II 

El abogado sentado tranquilamente leia un libro de 
Wells en el cual el ilustre escritor por unos trucos, 
parecidos a los que hace un prestidigitador cuando 
saca Conejos de una chistera o desaparece en medio 
del escenario delante de un nutrido publico, deseaba 
probar al lector incredulo que ^1 descendia del mono. 
GotAH de Iluvia f ina az^taban los cristales de las ven- 
tanas. Al sonar el timbre del tel6fono se levant6 mal- 
humorado. 

— jHola! i Federico? Habia Roberto. iVienes ma- 
fiana? Tambi^n vendrd una amiga de Ana. ^Conoces 
a Matilde? 

— No. Si no van a casarme, perd6 cuidado. Contrae 
uno el doble de obligaciones y pierde la mitad de sus 
derechos. En cambio . . . 

— Bueno, ivienes o no vienes? Si para la Iluvia, se 
entiende. 

— Claro que voy a ir... iPara que mi hermana 
diga despu6s que no fui por miedo? 

Silbando comenz6 a caminar por la habitacion sin 
saber que hacer. Oy6 el llamado de la calle y pi^sose 
a pensar qui6n y para qu6 podia venir con ese tiempo 
y a tal hora. Penetr6 el mucamo Reinoso,fmuchacho 
retardado siempre que habia que hacer algo y vivo 
cuando cavilaba sobre el mejor m^todo para no tra- 
bajaT, anunci^ndole tras no muchas vacilaciones y no 
pocos "jo, jo, jo..." que un hombre con una niiia 
queria hablarle. 

— IFSLTB, qu6? 

Encendi6 un American Club, se alis6 el cabello y 
baj6 las escaleras reflexionando que habia monos pa^ 
recidos a ciertos hombres. A continuacion se pregun- 
t6 si tendria raz6n la Casa de Seguros o la viuda que 
le consult6 esa manana... 

— Buenas noches — respond!© al saludo — . iQu6 de- 
sea? 

De edad indefinida, los p6mulos hundidos, una ci- 
catriz larga en una mejilla penetraba en la boca tor- 
cida dibujando cada vez que hablaba una mueca en 
el rostro. 

— Disculpe senor. . . que lo haya molestado. . . us- 
ted tiene mucho trabajo, senor. . . y yo vengo aqui. . . 
vengo para ver si puede. . . no s6 si me explico. . . 

Decir que se explicaba seria una mentira, decir lo 
contrario le parecia mal al abogado, con lo cual optd 
por preguntar a la niiia por el nombre. 

— Decile al sefior ^c6mo te Uamds? 

La nifia que no habia abierto la boca, mir6 con 
ojos asustados al hombre, luego al abogado y sigui6 
en silencio. Podria tener cuatro aiios como tambito 
doce. Los ojos eran grandes^y negros, el pelo le caia 
en dos trenzas, el vestido roto y empapado por la 
Iluvia, los dedos de los pies sob'resalian a trav^s de 
las punteras de unas chancletas tambi^n rotas y en- 
clma pequeiias, pues, los talones embarrados apoya- 
ban en el piso de mosaico. 

— El serior es bueno. . . decile ic6mo te llamds?. . . 

"Alabanza echada, pechazo en puerta", reflexion6 
Federico, a quien le gustaba hacer refranes. 



425 



— i Mire la cara asustada de la pobrecita ! — suspi- 
r6 el hombre y anadi6 — : Se lljama Ili|§s, seiior... 
mire, yo soy vecino isabe?. . . eee. . . hay otros dos 
hermanitos, la madre va a tener un chico . . . qued6 
viuda isabe?... Estd enferma... viven en una pie- 
za al lado de casa ... no s6 si me explico . . . 

Federico sentiase molesto. Al principio crey6 que 
venia a pedir limosna, luego%que era un estafador, 
despues... Resulta que era una senora que habla 
quedado viuda con un niiio, una niiia y otro por na- 
cer. Su esposo murio hacia seis meses y ella se ha- 
llaba en la mds extrema miseria. Le dio Idstima y 
como podia hacer algo, anot6 el apellido de la madre, 
del hombre, la direcci6n ... 

Tres cosas motivaron a que el abogado — siispicaz 
pero compasivo — creyese al hombre: su sinceridad 
aparente y que hubiese escrito a cierto diario, que le 
nombrase a cierta persona a qui^n el conocla bien y 
por illtimo que afirmase no ser parienta de la nina. 

— ^Yo no s6 qu6 hacer ^sabe?... y escribi a Cri- 

' tica. . . El otro dia pas6 por aqui del trabajo y vi la 

chapa ^sabe? y entonces me vine para ver si puede 

hacer algo isabe?. . . A dos quadras de aqui hay un 

abogado ... y no me atendieron ... 

— ^Y bueho, seiior. Veremos lo que se puede hacer; 
mafiana hablare a mi cuiiado que es medico, la chi- 
quita ird. . . ^cudntos aiios tienes? 

— Seis aiios — replico el hombre — . 

— ^Ira a alguna colonia... Mire — despues de que- 
darse pensativo saco la billetera — aqui tiene cinco 
pesos para que almuercen maiiana y para que com- 
pren zapatillas a la niiia. . . Bueno, hasta el lunes. . . 

— Muchas gracias, seiior. . .. 

Subio la escalera de dos en dos, tom6 un refresco 



'.T. 



y se acerco a la ventana. No llovia, pero el vientn 
zumbaba f uerte. Encendi6 otro cigarrillo y Be reco» 
t6 en un sofd. "Asi hay que hacer una obra biiena y 
no dejarse robar como mi cullado", penso. Dej6 e! 
libro de Wells y agarro una novela policial parec'd.ifi 
a la loteria, de esas en que leidas «:iertas pagincis, e] 
lector por sus propios medios "si es inteligente" des- 
cubre al ladr6n o al asesino ; y si no le descubre o err^ 
no es porque le falte inteligencla, si no porque no 
presto atencion a ese detalle insignificante, a esa 
palabra perdida en medio de una linea de un libro 
de Unas doscientas treinta p^ginas. iQue si no...! 

Ill 

El lunes Federico sentado junto a su cuilado que 
manejaba, le decia: 

— ^Asi que no aparecio m&s? J Si uno no es vivo, 
esa gente lo roba tranquilamente! Me explico que te 
haya sacado una vez diez pesos, pero dos. . . 

— Bueno. No hablemos m4s, ^Falta mucbo?... 

— No... Va a recibir un alegr6n la madre. La 
atender&n en el hospital, el chiquito por ahora en un 
Asilo, la mds grandecita ir& a una Colonia . . . Greo 
que nos pasamos — aiiadio mirando la numeraci6n — . 
Esp^rame un rato que vuclvo en seguida. . . 

Bajo Federico del auto, se fij6 en el ntimero de la 
casa para no equivocarse y golpe6 el aldab6n. Al 11a- 
mado lo atendi6 una sefiora con quien estuvo hablan- 
do un rato, luego regres6 tacitumo. 

— 6Qu6 pasa? — interrog6 el medico — . iNo existe 
el ntimero? 

— El niimero existe. Lo que no existe es la tal se- 
riora con esos dos chicos. 

Pablo BARAStSKI 



EL 
ASTRONOMO 



POEM A A LO TAGORE 



Para Guillermo HARO 



Leonora ZIMMERMANN 



jMadre, mira la luna qu4 grande y amariUa! 
iDe quS estd hecha la luna, madre? iNo lo aahes? 
Hoy parece el vidrio de un farol de colores, de 
esos tan bonitos que ponen en Camaval; otras veces 
es blanca y lastima los ojos conuo la bombita 
elictrica tan pobre que cuelga en la pieza de mi 
nifiera. lEs que son muchas las lunas, acaso, m^idref 

Madre, si nosotros fuisemos ricos como el chico 
de enf rente, en vez de comprar juguetes y un petizo, 
comprariamos la luna^ ver dad? La colgariamos en la 
ventana de mi cuarto de jugar o en la buhardilla y 
la tendriamos siempre encendida con esa luz amariUa^ 

iPero mirala otra vez, madre, se va poniendo pdlida 

y va subiendo! iCrees que se asusta de pensar que 

la quiero poner prisionera en mi ventana? Ahora se 

pasa una nube mx>rada por los ojos, lEstard llorando 

madre? Dile que no llore, que lo decia todo de gusto. 

Cuando sea grande, en vez de comprarla m£> acercari a eUa pOr 
ra ver de quS estd hecha, , , ,de qui te ries madret 



426 



'6nicas musicales 

TEATRO COLON 

:ierto Eapsfiol. — El domingo ultimo, a las 10.30 
mafiana, pudimos escuehar un concierto compnesto 
iroente par mUsica de compositores espanoles, ter. 
e la temporada que segun se va viendo, se esti 
ndo a musica especial de diversas naciones; asi el 
■o para autores argentinos y el segundo para ru- 
-specialmente dedicado a Rimsky - Korsakoff, de 
este aiio ae celebra el centenario de bu nacimiento. 

obras puestas en escena fueron perfectamente se- 
;adas, pues si es verdad que faltaron composicio- 
^1 m^s Krande de todos los compositorea eapano- 
'H Manuel de Falla, laa obras de ^ste se ban pro- 
, merecidajnente, en los liltimos tiempos y por 
3 ban elegido otros, aunque pudieron ' haberse 
} obras de autorea del sigrlo diecinueve, que tienen 
merito y que son poco coaocidas. Inicio la sestftn 
itomima de la zarzuela "Lae Golondrinas", obra 
stimable del compositor vasco JosS Maria de Uzan- 
, DUO de loa valores mda puros de la miiBica mo- 

espaiiola, que si no se hubiera malogrado, falle- 
a los 28 alios de edad, hubiera producido obras 
or comparable a las mejorea que hoy escuchttmos 
nto placer. Uzandizaga tuvo una produccidn muy 
a, tocando todos los estiloa musicalea, desde obras 
liaiio en el que era un gran ejecutante, para canto, 
irgano, musica religlosa. para instrumentos de ar- 
lartetos y conciertos. Tambien para orqueata eom- 
apsodias y poem as sinfonicos y para el teatro fu6 
iZBga un creador c inapirador de la miisica vasca. 
;ra Mendy-Mendiyan, fu4 un ^xito terminante. Su 

Laa Golondrinas, libro de Martinez Sierra puede 
crarse una de las mejores del repertoricf espanol 
Buenos Aires fue ii>terpretada con gran exito por 
ftono Emilio Sag! Barba, cuyo recuerdo aiin per- 
m nosotros. Estando cotnponiendo la 6pera "La 
", hizo crisis una dolencia que desde anos venla 
ido, quedando esta liltima produce id n a in terminar. 
ntomima de "Laa Golondrinas" ea una pequena 

que puede hacerae como poema sinfonico "y te- 
accion no puede apreciarse en todo bu valor ain 
rla. Es de sentir que en loa pro^amas del Col6n 

haya dado una explicaci6n de dicha accidn. que 
a facilitado una comprension m&s acabada de es- 
itomima y no pensamos que el director C6sBr de 
za Lassalle no la hubiera proporcionado, lo que 
tamos, pues tenemos hecho un compendto de eaa 
que bubi^ramos puesto con mucho ^sto a dispo- 
del programista de nuestra grran teatro. 
se^ndo numero se escucharon las "Daniaa Fan- 
a" de Joaquin Turina, obra de gran valor orqueS- 
inspiracion muy pura. En au ejecuci6n el director 
za Lassalle, aiguiendo la tradici^n de Farnandea 

di6 al segundo tiempo "Ensueiio" un movimiento 
te r^pido. Conocemos una interpretacion del di- 

ingl^s Goosena, que da a esta parte un ritmo m&a 
le y de mayor ternura. Terming la primera parte 

arreglo que Arbos hizo de Triana, una de Jaa m^s 
las y bellaa partea de la suite Iberia de Albeniz. 
: estit dccir que eate numero complBci6 completa- 

a la eoncurrencia. 

'Rapsodia Portuguesa" de Ernesto Halffter, para 

y orqueata, ea una obra poco conocida pero suma- 

interesante. En el primer tiempo el joven compo- 
tspafiol hace cxcesivo uao de diaonanciaa, inii tiles 
;tamente en una obra de esta categorSa. Muy bien 
sta Lia Cimaglia de Espinosa. Termin6 el concier- 

dos primicias: "Heraldos", tres eatampas sinf^ni- 
ipiradaa en poeafas de Rub^n Dario, de interesante 
% y dos niimeros de "El Parqiie de AtraecioneB" 




de Blancafort, obra ain importancia que no tenia mfis 
merito que el conocer a un eacritor que aegiln dicen. 
tiene meritos y porvenir. Mendoza Laasalle eatuvo acer- 
tado en la conducci6n de la orqueata durante todo el 
concierto, y Renato Cesari, que cantd una sencilla aere- 
rata en la pantomima de Las Golondrinas, lo hizo muy 

M. 0. G. 

Se han abieAo los abonos para I* Temporada OfieiaL 
Ellos son: 12 funcionea de Gran Abono en las cuales estin 
inclufdoa los espectiiculos de gala del 25 de Mayo y del 

9 de Julio. 10 Miercotea Vespertinos a las 17. 8 Matineea 
en Domingoa o feriados a laa 16. S Sibados Noctumos. 
El prdximo 9 de mayo vence la reserva de las localida- 
des a los abonadoa del aiio anterior y desde ese d!a ae 
atienden los nuevoa abonados que lo hayan solicitado o 

10 soljciten. EI registro de abono ^erfi clausurado el 15 
de mayo a laa 18. , 

EI elenco formulado para la temporada ea el si- 
guiente: 

Hector Panizza y Alberto 

Sopranoa: Maria de Benedictia, Amanda Cetera, Olga 
Chelavine. Maria Malberti, Isabel Marengo, Sara Men- 
kes, Clara Oyuela, Dora Pockomy, Dora Peyrano, Ren^e 
Mazella, Conauelo Ramos, Delia Rigal y Nelly Rubens. 

CotitraltoB: Ema Brizzio, Bnina Carla, Sara C^sar, 
Lydia Kindermann, Maria Naatri y Zaira Negroni. 

Tenores: Rogelio Baldricb, Alvaro Bandini, Carlos De- 




y recuerde 
Vd. seHora... 

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«ou, Carlos Rodriguez, Virgilio Tagliavini y Antonio 
Vela. 

Baritones: Victorio Bacciato, Renato Cesari, Victor 
Damiani, Angel Mattiello, Felipe Romito, Marcelo Uri- 
wir y Pablo Vidal. 

Bajos: Joaquin Alsina, Carlos Feller, Horacio Gonzd- 
lez Alisedo, Gi6como Vaghi y Juan Zanin. 

El repertorio ha quedado distribuido en la siguiente 
forma: Bizancio; La Bohcme; La Italiana en Argel; 
Sadko; El Triptico de Puccini; Le Jongleur d? Notre Da- 
me; La Traviata; L'Amore de Tre Re; La Hora Espa- 
nola; L'Enfant et les Sortileges; Otello; Fuegos de San 
Juan; La Sangre de las guitarras; Madame Buterfly, y 
Boris Godunoff. Se estrenar6n Apurimac, de Emilio Na- 
politano, y Chasca-Nahui, de Lasala. El repertorio de 
Ballets es mu yextenso y selecto. 



T E AT R O 



t« 



"DOS CORAZONES 



Indudablementc el maestro Canaro es un hombre que 
sabe lo que le gusta al publico. No ignora que las exi- 
gencias mcdias son asaz modestas y a fe que lo de- 
muestra. La gente llena noche a noche el Prcsidente 
Alvear, se ric a carcajadas y hasta no falta quicn se 
emocione en alguno de los toques melodramaticos de la 
comedia. Esta ticnc un argumento al que llamarle pe- 
<^?stre soria alabarlo, pero en su transcurso se tocan 
^atorci' composiciones del director del conjunto y en el 
entreacto so hacc una ensalada de las mismas con lo 
que los partidarios de esa clase de musica se van en- 
cantados. 

La trama, como deciamos, deja bastante que desear y 
ha sido vista mil voces en opcretas y vodeviles. Trata 



del marido que engana a la mujer'y ^ta lo sabe y pidi 
el divorcio, pero despu^s se arreglan. Esta vez, loa ei 
cenarios nos trasladan desde Llao-Llao a Montevideo \ 
hay que felicitar a los decoradores y electricistasy yi 
que si no fuera per ellos, la pbra no podria ser salvaidi 
ni con el bochinche del maestro. 

Terriblemente cursi en muchos momentos y bastanti 
mamarracho en otros, la miisica no esti a la altura de 
autor de "Sentimiento Gaucho" y otras picsaa de ton< 
menor pero seguro efecto. Esta vez ha vuelto a las an 
tiguas fiorituras .de hace varios anos y juega el genii 
con ' muy poca suerte. Canaro deberfa conformarse eoi 
la chatura musical que es lo que le ha dado dinero y ei 
lo que puede lueirse sin- mayores riesgos. 

Es una listima que una actrii conocida como Titi 
Merello active en una obra tan pobre. Pedro Qfiartucd 
estii muy c6modo en un papel que se sabe de memoria y 
los dem&s cumplen como pneden, ahora que no pueden 
gran cosa. 

En sintesis: la obra hace pasar un rato m&s o menoi 
agradable, aunque para ello haya que aguantar un po- 
CO de ruido que quiere ser wagneriano y debussyano 

qued&ndose en canariano. 

* 

Moralmente tiene algunos detalles poco recomenda- 
bles pero no la creemos ofenaiva para mayores que m- 
pan donde tienen la cabeza. Ajdemds, el tone menor es 
que est& escrita compensa los peligros que pudiera ofre- 
cer. 

Vagabond Jm 



Cinemaidgrafo 

SUCEDIO EN- El "burlesque'' es un equivalente neo 
TRE BASTI- yorquino del teatro del hampa porte 
DORES na que se exhibe en la calle 25 de Ma 

yo y al que un dia el juez Villegas Ba* 
savilbaso clausuro, pero del que las autoridadcs no sc 
ocuparon luego del cerrojazo que dur6 solo 20 dias. 

Sncedio entre bastidores es una comedia policial so 
bre la vida intima de esos espectilculos y justo es decu 
que el director Wellman ha cuidado bastante el detalli 
en algunas partes, pero la exhibicion continua de coris 
tas semidesnudas hace que el espectiiculo no pueda wa 
aceptado. 

El principio promete bastante, ya que hay algunas es 
cenas en que Wellman logra dar tal repugnancia a 
ambiente de delito y vicio del teatro, que el crftico U 
sorprende. Hay una escena en que un proxeneta castifi 
a una bailarina, de gran fuerza dram&tica y filmada i 
base de gritos e insinuaciones que merece la admiraci6i 
del espectador. Pero, la acci6n decae luego y asistimoi 
a una comedia mala. 

Barbara Stanwick es una actriz que ha trabajado bas- 
tante bien en comedias serias, por lo que su aparicion 
como emula de Gipsy Rose Lee o Ann Corio es vista con 
desagrado. Es una excelente actriz y da a su personaje 
mucha vida. La forma de hablar, sobre todo, es tlpici 
de las mujeres del hampa norteamericana. Para quien 
sucle hacer de dama, ese eclecticismo revela gran ei- 
fuerzo. Algunas actrices de segundo piano dan gran am' 
bicnte a la cinta. 

Sucedio entre bastidores es una pelfcula inaceptablt 
desde el punto de vista catolico, pero hay que reconoce] 
que en su version primitiva era mucho peor y la cam 
pana de la Legion de la Decencia hizo que se suprimie 
ran muchas escenas de lubricidad que en la pelicula dh 
aparecen. 



428 



iGEA 

B rematan ilusiones es una pelicula simpatica con 
rtados toques de humor y sana moraleja que se 
de ver en la seguridad de pasarla bastante bien. La 
ima victima no asusta a nadie y aburre a todos. Bs- 
a de caballeros se deja ver como pelicula de comple- 
itOy pero ya se sabe lo que son las peliculas de com- 
aento. El hombre intrepido cumple con su misi6n de 
IT pasar el rato sin ningtin esfuerzo mental. La te- 
le patrona podria haberse llamado ''La terrible pe- 
la" sin ningtin escrupulo. Cjiesta arriba presenta a 
hele Morgan haciendo de mucama con veleidades mu- 
leras en una pelicula que a los latinos nos parece 
sacrilegio como si a Muiiio lo hicieran representar a 
san. Guadalcanal muestra las vicisitudes pasadas en 
ella isla 'durante la actual contienda belica. Cinco 
bas al Cairo es agradable, hace reir y no deja de 
bastante superior al nivel medio de peliculas. Nunca 
ia presenta a las hermanas Andrews a las que se- 
nos prefiriendo en discos y sin television. Leningra- 
Music Hall es interesante y Concierto de felicidad 
bien. 

amen moral de la semana 

adie puede ver La septima victima ni Sucedio entre 
idores. Todos pueden ver Concierto de felicidad. Se 
atan ilusiones, y El hombre inltrepldo. Los mayores 
^dad pueden ver Escnela de caballeros, Cuesta arri- 
Guadalcanal, Cinco tumbas al Cairo, Leningrado Ma- 
Hall y nada mas. Los que a su edad unen* experien- 
de la vida y sus pat^ticas miserabilidades, no tern 
1 inconvenientes con las otras que comentamos con 
xcepcion de las dos primeras revisadas en el "Resu- 
I Moral" para las que no hay experiencia que valga. 

ion de la decencia 

st4 objetada '*Los verdugos tambien mueren**. 

Vagabond Jim 



CatolicisiDO en el Mundo 

A PASTORAL COLECTIVA DE LOS OBISPOS 

DE MALABAR 

\ ESTADISTAS MAS EMINENTES I^ROCLAMAN 
NECESIDAD DE LA EDUCACION RELIGIOSA 

Nueva York, especial. 

Los Arzobispos y Obispos catolicos del Ma- 
labar (India) pertenecientes a los tres ritos: 
latino, siro-malabarico y malankara-sirio han 
emitido una Pastoral colectiva en la que tra- 
tan de la educacion religiosa, subrayando el 
hecho de que la confusion mondial de los es- 
piritus resulta para muchos una pruoba de la 
ineficacia total que tienen la » educacion lai* 
ca y el orden social sin religion. La Carta 
Pastoral refiere a continuacion alg'inas de- 
claraciones publicas formuladas por el Pr-isi 

•dente Franklin D. Roosevelt, la Rcina Lsabel 
de Inglaterra, el Primer Ministro Winston 

. Churchill y Lord Halifax, Embajador britani 
CO en los Estados Unidos, quienes hacen no- 
tar la importanc'ia do la educacion religiosa. 

«a opinion de los pensadorcs. hoy dia. mas ronom- 



brados y dignos es en favor de que se restablezca la 
i-eligion tanto en la educacion como en la vida social. 

"El desorden intelectual que domina en el present© 
caos mundial ha logrado que muchos sientan la com- 
pleta esteriiidad de la educacion laica y del orden social 
irreligioso. Asi es como muchos de los pensadores y 
estadistas mas eniinentes procuran que los pueblos se 
den verdadera cuenta de la necesidad de la religion co- 
mo base fundamental de las instituciones sociales; los 
mismo^ confiesan en terminos categoricos esa verdad, 
que la Iglesia catolica ha proclamado por todos los si- 
glos, aunque su pregon ha resultado muchas veces co- 
mo una voz clamando en el desierto. 

"Como ejemplo de este pensar hoy corriente, pode- 
mos citar las opiniones de algunos de los personajes hoy 
mas represontativos entre los aliados, hombres a quie- 
nes no se les puede tachar de meramente teoricos o fi- 
iosofos, pues estan abocados a la solucion de los mds 
^rrandes problemas que enfrenta actualmente la huma- 
I'idad, hombres por lo tanto, cuyas conviccioncs proce- 
den del mas intimo conocimiento de las necesidades y 
problemas universales. 

En lo que se refiere a la necesidad do educacion ca- 
tolica y de instituciones educacionales, la Pastoral de- 
dara: 

Durante todos los siglos de su existencia la Iglesia 
con energia, resoluci6n y .lealtad ha estado apoyando 
la base religiosa para la educaci6n de sus hijos. Cuan- 
do este derecho ha sido negado a los cat61icos, la Igle- 
sia ha luchado con denuedo y sin ceder. Los cat61icos 
por otra parte no pueden ignorar que es su indiscuti- 
ble derecho obtener una educacidn verdaderamente ca- 
tolica. 

''Constituye ella una parte esencial de su libertad re- 
ligiosa, y cuando se asegura la libertad religiosa fun- 
damental este derecho queda incluido. 

"Desde el momento que la educacion catolica es de 
vital importancia a los catolicos, resultja. una necesidad 
i.nperiosa establecer escuelas catolicas, porque la edu- 
-acion cat61ica verdadera puede ofrecerse en institucio- 
nes educacionales catolicas, y no en otro lado. Y dado 
que tal educacidn es un derecho legitimo de los cat61i- 
cos, asi tambi6n el establecimiento y direccidn do ins- 
titutos educacionales cat61ico8 es parte esencial de su 
libertad religiosa. Cualquier atentado contra la escuela 
catolica es por tanto un atentado contra nuestra reli- 
;?i6n. Por eso sucede frecuentemente que quienes de- 
sean debilitarla y perjudicar su vitalidad, atacan en pri- 
mer lugar a las escuelas catolicas. Tales m^todos jamds 
<lerribaran nueajtra religion; no obstante, la fe resul- 
ta con ello min^da en los corazones y destruido el fer- 
vor reli^ioso; la vida catolica se desarroUa con langui- 
dez, y muchos pierden la salvacion que es la suprema 
finalidad por la que existe la Iglesia. 

"De ahi so deriva que la Iglesia insista en su dere- 
•jho de establecer y conducir sus propias cscu(?las". 

Firman la Pastoral los 3 Arzobispos y 9 Obispos de 
hi costa malabarica (Occidental) de la India. 



De la Kstacion Radio Vaticana 
' LAS IVIISIONES EN CHINA 

''Las condicionos actuates do los misioneros en la 
China dependon mas quo todo de si su religion osta en 
ol torritorio ocupado o on ol lihro. ademas do la nacio- 
nalidad de cada misionero. 

"En verdad, la neutralidad no siompro es respetada 
hasta donde soria dosoable. La abnegacion do Ids misio- 
neros OS cxtraordinaria y se mantionon hasta ol final 
on sus torritorios, ayudandose unos a otros. 



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^Una Sociedad misionera de £E. UU. avisa desde 
China no ocupada que su trabajo alll est^ progresando 
favorablemente. Tuvieron la posibilidad de brindar una 
fraternal acogida a los PP. jesultas irlandeses obligrados 
a abandonar a Hong-kong. En este puerto mismo las 
condiciones se ban vuelto casi insoportables. Cientos de 
chinos sucumben de hambre y tambien se notan casos 
de canibalismo. De acuerdo con la misma informaci6n, 
15 de esos misioneros han sido intemados, y se consi- 
dera su repatriacion a America. Mientras tanto, los mi- 
sioneros de nacionalidad francesa destacados en Hong- 



tENTH DE ESTVDIOS lEllIIIISlIS 

EN EL 259 ANIVERSARIO DE SU 
FUNDACION 



PROGRAMA DE LAS CLASES A DICTARSE 
DURANTE EL PRESENTE AJJO: 

DOGMA: "EI misterio de la predestina- 
cion", por el R. P. Silvio Schrijver, O. P.M. 
los lunes de 11 a 12. 

PSICOLOGIA: "Influjo del sentimiento en 
la conducta humana", por el R. P. Jose A. 
de Laburu, S. J*., los dias 4, 11, 17 y 24 de 

mayo, a las 11. 

"La estructuracion psico-teologica de la 
personalidad moral", por el R. P. Fernan- 
do Perez Acosta, S. J., los dias 7, 14, 21 y 
28 de junio, a la misma bora. 



} 



kong ayudan en sus tareas apost61icas a los de na 
lidad norteamericana". 



HAY 44!l FRANCISCANOS EN LA CUSTODl 

DE TIERRA SANTA 

Washington, especial. — La Custodia francisca 
Tierra Santa, encargada por la Santa Sede de gn 
los Santos Lugares, ha comunicado que en el cor 
ano son 449 los Religiosos franciscanos consagra 
esa misi6n. De ellos 56 %on norteamericanos, cor 
yendo asi el segundo grupo mas numeroso de unt 
nacionalidad, pues los Padres y Hermanos italiano! 
pan el primer lugar con 181 miembros. Le sigu^ 
importancia los espanoles con 63 Religiosos, los 
ceses con 22, los alemanes con 17 y los yugoesla 
los canadienses con 13. 

Las numerosas tareas de la Custodia se llevan a 
to en Palestina, Chipre, Egipto, Libano, Siria y 
quia: todo ello gracias a la generosidad de los cat 
de todo el mundo, destacdndose en los ultimos af 
ayuda proveniente de los cat61icos estadounidenses 
ra la conservaci6n y vigilancia del culto en 51 lu 
memorables del Nuevo Testamento: 65 iglesias, ir 
dos basilicas y 20 capillas; 46 parroquias, inclu; 
iiueve en camino de serlo; 18 monasterios, con un 
ciado, un seminario preparatorio, tres casas de e$ 
y tres misionales; 47 residencias conventuales; dos 
gios con capacidad para 850 alumnos; 39 escuelas 
ceptibles d^ dar cabida a 4.334 estudiantes; dos c 
natos para albergar 160 huerfanos; un estableciir 
tipogr&fico y varios talleres para la ensenanza de 
y oficids. 



De la Estaci6n Radio Vaticana 

EL DIRECTOR CENTRAL DE LA ACCION 
CATOLICA ITAUANA 

Lisboa, especial. — Sobre onda de 50.26 mts., el 
coles 9 de febrero ppdo., el locutor vaticano tras 
en idioma francos el siguiente comentario: 

**L'Osseryatore Romano de fecha de hoy, publi< 
noticia de que el Sumo Pontifice ha introducido en 
ma provisoria algunos cambios en la Direccion Ce 
de la Accion Catolica Italiana. En las. presentes cir 
tancias se habian vuelto sumamente dificultosas la 
municaciones por el cual habian llegado a ser prai 
mente irrealizables las reuniones peri6dicas de la ( 
sion de Cardcnales y Obispos encargados de dirigi 
actividades de la Accion Cat61ica de Italia. 

"En sustitucion de dicha Comision, el Papa ha d 
nado al Rdo. Padre Gilla Gremign^i, de los Misionero 
Sagrado Corazon, en el cargo interino de Director 
tral de la, Accion Catolica. 

"La design«ici6n fue comunicada al nuevo Directo 
Su Emcia., el Cardenal Luis Maglione, Secretario di 
tado de la Santa Sede, mediante la carta que sigue 

"Estais bien enterado del supremo objeto de la 
ci6n Catolica, de un espiritu de renovacion y de sus 
(iplcs actividades y justipreci^is ciertamente la ir 
tancia de vuestro nuevo cargo, en especial de lo 
significa en estos tiempos agitados. Las excepcio 
dificultades del presente parecen tender a dividir h 
mas mas bieri' que a procurar la unidad por el tr 
fructifero. Los .dirigentes de las varias ramas de U 
cion Catolica se hallar6n unidos a Vos en espiritu 
intencion; la existencia del cargo de Director Ge 
les resultara a ellos provechoso para alcanzar un 
cicnte y r^pido conocimiento de las Jiecesidades act 
y los llevara sin duda a una mas fecunda y frat 
cola))oraci6n". I 



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lidad y manera de actuar de los tree f adores de donde dexiva 
toda la ensenanza eatdlica. 

LA TRADICION, que llega a nosotros desde la Era Apostdliea; 
LA BIBLIA, que abarca tanto el Antigvjo euanto el Nuevo 
Testamento, y el MAGISTERIO ECLESIASTICO, custodio 
int4rprete de los dos primeros, son analizados sucesivament^ 
por Mons, Franceschi quiert, evitando toda polimica, se dediea 
a la exposicidn positiva y ohjetiva de la doctrina eatdlica, une 
las informacioncs historicas a las doctrinarias y abona docur 
merit adamente sus wforntacwves. 



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tt4 



IBLI OGRAFI A 



\iitigao Testa- Remsado de acuerdo al original latino de la 
0, tomo II. Ver- Vulgata y anotado por. el Ilmo. Sr. Dr. Juan 
le Torres Amat* Straubinger, Profesor de Sgda. Eacritnra en 

el Seminario Metropolitano de La Plata, Edi- 
Gttadalupe, Buenoa Aires, 1944. 

Hiblieado el volumen del Nuevo Testamento y el primero del An- 
da a luz ahora Mone. Straubinger el aegundo tomo del Antiguo 
rrkento^ que en sua mil vdginaa eomprende loa libroa de loa Paror 
nenoa, Eadraa, Nehemiaa, Toblaa, Judit, Eater, Salmoa, Prover^ 
f Ecleaiaat4a. Con la aparieidn de eate nuevo volumen adlo reata 
nda para completar eata hermoaa edicidn m<inuable %6 la Sgda. 
\ura, one aerd luego complementada eon un tomo adidonal de laa 
rdaneias btblicaa. 

a en otra ocaaidn m£ he ocupado en eata miama reviata de laa ca- 
iaticaa de eata edicidn de la Biblia, preparada por Mona. Strau- 
^ y publicada por loa PP. del Verbo Divino. 

a veraidn eaatellana adoptada ea la de Torrea Amat, auprimir 
\a )iotaa aclaratoriaa interpoladaa en el aagrado Texto. De aeme^ 
modo vuelve iate a la pureza original de la Vtdgata, a la que 
Straubinger por lo dew4a, tiene aiempre preaente para corregir 
veraidn de Torrea Amat. 

•I tomo va precedido de una Introdueci&n aobre el Antiguo Tea- 
,to — la miama del primsr volumsn — en lew que Straubinger ex- 
algunaa nocionea itUea para la mejor inteligeneia y aprovecha- 

de la lectura de la Palabra de Dioa. 

'ada uno de loa Libroa aagradoa contenidoa en el volumen lleva 
6n au reapectiva Introdueci&n. 

idemda, para au mAa fdcil lectura coda capltulo ha aido dividido 
%rioa aubtituloa, que deata^an loa diferentea temaa en U deaarro- 

■ 

'e mantiene — com>o en loa anteriorea vol&menea^-- la numera- 
le loa veraievloa en el mar gen de la pdgina para que loa n&meroa 
rezean tropiezo a la lectura del texto. 

^ero el m4rito principal del trabajo de Strattbinger, el que hace 
Hdioaa y provechoaa au edicidn, reaide — >€omo en loa volimenea 
lorea — en laa numeroaaa notas exegiticaa, hiatdricaa y aclarato- 
pueataa at pie de la pdgina y cuyoa nUmsroa correaponden al del 
ulo comentado. En eUaa el emdnente eacrituriata noa brinda el 
aazonado de au aaber biblico, alcamado en pacientea inveatigor 
r y largaa vigiliaa, y de au amor entrafiable a la Palabra divina, 
ada y eaclarecida de eate modo en au cabal aentido y apKcacto- 
ara la vida criatiana. 

a edicidn, im/pecablemente impreaa — caai ain errataa — con le- 
ara y hermoaa, en fino papel biblia y en formato manual eleganr 
\te eneuademada — igual que la de loa tomoa aparecidoa anterior" 
? — ea un nuevo triunfo alcamado por la Editorial Guadalupe, en 
mte preatigio, de loa PP. del Verbo Divino. 

^elicitam4)a muy de veraa al iluatre eacrituriata y a loa PP. del 

} Divino por eae feliz eafuerzo comin, que brinda al pueblo cria- 

de habla eaatellana una edicidn tan pulcra, provechoaa y aaequi" 

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435 






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EL SER - Jacques Mari- 
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BIBLIOGRAFI 



tCar&cterl, por Luis Constituye sin duda un libra meritorio t 
Bertoni Flores acdba de puhlicar el Presbitero Luis Be 

Flores, tittdado iCarficter!, deetinado a 
eonsejoe a los j6venes a fin de perfeecionarse y poder triunfar < 
vida. Ya lo dice el autor en las primeraa pdginas: "A todoe loa jdi 
de mi patria que sienten inquietudes de perfecci6n'\ En el pr\ 
aclara el alcance que para 61 tiene el tirmino joven: "No si cudntos 
tienes, pero te considero joven, cualquiera sea tu edad, pues si 
tornado en tus manos este lilfro es porque deseae perfsccionar t 
r deter y mientras hay ansia de perfecci6n per dura la juventud • 
eitplritu, atfffique nieven canas en la cabellera". 

Que el autor logra la finalidad que se propone, no nos qua 
menor duda. El estilo claro, la cita oportuna, un razonamiento 
dado en la verdad y en la experiencia, todo contribuye a que la^ 
bras del Presbitero Bertoni Flores lleguen hasta lo mds hondo di 
razdn, despertando ansias de mejoramiento, a la vez qv£ india 
camino que a £1 lleva. 

El volumen estd dividido en libros, cuatro en totai, asi titvlU 
^ Qui toes somos y a d6nde vamos?, La perfecci6n de la intelig 
y el car&cter, la perf ecci6n de la voluntad y el car&cter y La perf e 
del coraz6n y el carficter. Ademds, cada libro estd a su vez dividU 
capitulos, cuya eztensidn, por su brevedad oportuna, no alcanza a 
gar aX lector, antes Men, dificilmente abandonard la lectura de 
obra husta haber llegado a la Mtima pdgina, 

Un profunda sentido cristiano — estarla de mds deeirlo — s 
vlerte en este libro, que reportard un seguro beneficio a qmen 
lean. 

Editado por el Club de Lector es, Aristoeraeia en libros, la 
aparece correctamente inupresa y con aprobad&n edesidstiea. 

J. B. M 

"Serranillas'^ por L. SerraniUas es un fabvlario eordobSs. In 
Gorosito Hdredia tambi4n fabulista, tuvo eomo propdsito < 

herimiento literario; fuS sever o. Mds fU 
en las suyas Samaniego, pinta con gra 

m 

robustez. Hartzenbusch prinvd por lo poitico, y Cayetano Ferm 
po.* lo ascitico. 

De nuestra tierra, podemos citar como notables fabulista^, i 
rdnimo del- Rey, a Joaquin V. Gonzdlez, a Godofredo Daireaux, 
nombrar aJgunos. 

Hoy se le suma con sus "fdbulas cordobesas'* el poeta Nice L 
Son joyeles. Instantdneas. Pintan, interesan, connvueven. Su fin e 
leitar, "No le deben nada al viejo Arcipreste, ni siquiera al glc 
Marquis de Santillana, nos dice el prdlogo. La sangre es la nvisw 
ingenuidad, la fe; pero el corazdn ha sido tratado por esta tierra 
lla con siglos de remansada cristalizacidn. Por eso ya son crl 
Y libres". 

BrUlan por la soltura^ sencillez y naturalidad. Las revisten U 
ridad y limpidez del lenpuaje, al que no faltan amenidad, eleganc 
tono f estiva, A veces llega a elevarse a las repiones de la idealida 

Cdrdoba recibe con SerraniUas — retrato de su terrufio, de s'u 
cires, de sus leyendas, de su folklore — un nuevo mensafe liti 
de Luis Gorosito Heredia, libro que presenta la editorial rosarina 

Manuel ANTOh 



436 







o 



>X\^^CE TODOS LOS JUEVES 



> XVII N.*> 845 



Bt. k*,, II d« may 9 l^HH Alsina 840 



U. T. 34-I309 



■■■■1 



Variaciones sobre el teatro cristiano 



CABO de leer y veleer el volumen primcro, dni- 
CO de los publicados hasta hoy, de los Cinq mys" 
t^es en forme de ratable de Ren6Schwob. 
6ste, — o mejor dicho vivia porque hoy nada se 
— en loa Alpes Maritimos, 2ona por un tiempo 
:upada de Francia, y pudo hacer llegar hasta 
nad^ los ires primeros misterios: La noehe de 
iad. La adoracidn de los Magos, El drama de 
isidn, y prometia enviar. cuando hubiera posi- 
id para ello, los otros dos: La hajada a los In- 
OS, y PentecosUs, porque, segtin escribia a su 
) Robert Charbonneau, "mientras se estd ju- 
> el destino del mundo, me parece imposible re- 
r cosa alguna fuera de las pardfrasis evang^li- 
Es digno deobservar que la posi€i6n de Clau- 
n cuanto nos es dado conocerla, se asemeja mu- 
i la de Schwob: 61 tambi^n se ha consagrado a 
;ditaci6n y comentario de las Escrituras. 

ta lectura, y el haber asistidb al Gdlgota del 
tro Vajda ejecutado para Semana Santa en el 
Col6n, me mueve a abordar una vez mds el 
del teatro cristiano, cuya posibilidad ha sido 
itemente puesta en duda por ciertos criticos 
>eos. 

ti^ndaselo b'ien, cuando hablo del teatro cristia- 
le refiero al verdadero teatro, y no a esas pe- 
ls tonterias escritas para niiio^ de patronato, y 
lacen dormir hasta a las buenas senoras invi- 

a soportar aquello. No considero tampoco tea- 
in serm6n o un capitulo de apolog§tica puesto 
idlogo y cortado en actos y escenas. Tiene el 
teatral sus leyes, una larga y espl^ndida hlsto- 
ma manera especial de encarar los problemas de 
da y la psicologia de los personajes, totalmen- 
stintas de las que son propias del tratado his- 
). del volumen moral o de la novela. Tanto es 
ue Emile Faguet, buen juez si los hubo, hacia 
• ser imposible leer con provecho e inteligencia 
Dbra teatral si no se procuraba ver con la ima- 
:i6n los gestos de los varies personajes. No es- 

para el teatro quien quiere, sino quien puede, 
spone de las varias condiciones que para ello 
lec^sarias. Y aun los que estrenan su primera 



obra, si son dramaturges de verdad ban escrito pre- 
viamente otras mi^chas. La novela explica, bien o 
mal, los motives y razones de ser y accionar de sus 
personaje; el teatro griego quiso lograr algo seme* 
jante y*de ahf la intervenci6n,especialisima que otor- 
g6 a los coros. Pero fuera de algunos casos excepcio- 
nales: —el "ser o no ser" de Hamlet — , el teatro ac- 
tual y tampoco el de varios siglos a esta parte tolera 
ese g^nero de reflexiones: se necesita un verdaderp 
genio como el de Shakespeare para hacerlos admisi- 
bles. Y los genios son muy contados por siglo. 

Veamos por lo pronto lo que ocurre con el teatro 
cristiano en nuestros dlas. 



Las gentes suelen padecer un verdadero temor al 
teatro positiva y abiertamente cristiano ante todo 
porque lo creen aburrido. Y no es que deseen esce- 
nas picarezcas ni se gocen tinicamente en di&logoa 
gestos de color subido: sencillamente les repugna 
una confusi6n de los g^neros, y el que se convierta 
lo teatral, que es ante todo acci6n, en una. conferen- 
cia dialogada. 

Gonfesemos que no siempre estdn equivocados los 
que asi piensan, y que les resulta ridiculo esa cate- 
goria de piezas en que siempre por otra parte todo 
acaha Men, siendo desde ahora y en este mundo cas- 
tigado el vicio y premiada la virtud, hasta el punto 
de que quepa preguntar para qu6 sirve la justicia 
eterna. El lenguaje pio, que emplean otros autores, 
lenguaje confitado en devocion y entrecortado por sus- 
piros y ojos en bianco, — ^lenguaje, dicho sea entre 
par6ntesis, que jamds fu6 el de un santo aut^ntico, — 
lenguaje que vemos con harta frecuencia atribuido 
a monjes virtuosisimos o a personajes canonizados 
por quienes no suelen frecuentar a aquellos ni estu- 
diar a estos, basta para ahuyentar a las psrsonas 
de buen gusto. El idioma del verdadero teatro cris- 
tiano es el ordinario, en el primer sentido de este 
vocablo: com4in y corriente, y a veces en su sentido 
segundo: rudo y grosero, Y quien dude de ello lea 
los autos sacramentales de Calder6n de la Barca, y 



437 



veri que alii al pan se le llama pan, exactaxnante 
ifomo lo hacla en aus novelaa Cervantes, 

Otro temor, sobre todo cuando se anuncian dtter- 
minados temas, es el miedo a ver una vez mis lo 
ya excesivamente conocido. Juzgo por mi mismo. He 
presenciado ya la exhibici6n de dos o tres Paaiones 
en cinemat6grafo, y confieso que muy dificilmente 
acudir^ a otra. Creo que 6sta es la raz6n por la cual 
el Gdlgota del maestro Vajda constituy6 un fracaso 
de boleteria en el Gol6n. Cosa curiosa: las localida- 
des alias y baratas estaban llenas de publico, y mu- 
chas gentes se emocionaban; en cambio los palcos y 
plateas se hallaban semivacios. iPor qu6? No era 
por el m^rito, grande o pequeiio, de la obra, ya que 
hasta entonces no hab'ia sido dada y era desconoci- 
da. No dependia tampoco de un sentimiento que en 
mi es predominante pero que he visto mentado por 
contadisimas personas: lo casi insoportable que me 
resulta ver el papel de Cristo desempenado por un 
actor cualquiera. El precio de las localidades no era 
elevado; en Buenos Aires hay publico catolocisimo 
suficiente para llenar muchas veces el CoWir, la pre- 
goneria habia sido mucha. Entonces ipor qu6? iExis- 
te en otros paises este recelo al teatro sacro o es 
caracteristica propiamente nuestra? Fracas6 entre 
nosotros de manera lastimosa el Cada cual de Hof- 
fmansthal. una de las obras capitales de nuestro si- 
glo. que ha paseado sin embargo triunfalmente Ale- 
mania» Francia, Italia, Inglaterra. Los factores de 
todo esto son sin duda muchos, y valdria la pena que 
los analizara quien es mds experto que yo en acha- 
ques tetrales. Pero no hay duda de que, por lo menos 
cuando se trata de ciertos temas deducidos directa- 
mente del Nuevo Testamento, quienes son mds reha- 
cioB a verlos en el teatro son precisamente quienes 
m&s hondamente los han meditado. Recu^rdese la ira 
del rey Clodoveo cuando San Remigio, obispo de 
Reims, le narr6 por vez primera la Pasi6n de Nues- 
tro Sefior Jesucristo: i"ah. si hubiera estado allf 
con mis francos!" exclam6 el monarca. No hay du- 
da de qiie si se lo hubiera llevado, a mitad de cami- 
no entre el paganismo y el cristianismo, a ver el 
Gdlgota del maestro Vajda. habria desenvainado su 
espada y hecho con fariseos y sayones lo que Don 
Quijote con los personajes del retablo de Maese Pe- 
dro. En cambio estoy seguro de que Santa Teresa 
de Jestis o San Juan de la Cruz no habrian mostra- 
do el menor interns por presenciar la obra teatral, 
remedo palidisimo de lo que contemplaban diaria- 
mente en su oraci6n. ^No habri tambi^n algo de es- 
to entre nosotros? 

Evidentemente, cuando se trata de un autor con- 
sagrado y de una obra muy conocida, y cuando el 
tema cristiano es abordado de manera indirecta y 
con un talento egregio, los acontecimientos se pre- 
sentan de distinta manera y las salas se Uenan. Den- 
tro de poco se dard entre nosotros el Anuncio hecho 
a Maria de Paul Claudel. Aqui no cabe vacijaci6n, y 
si se suman los que van al teatro por motivos sobre- 
sallentemente religiosos, los conducidos por amor a 



lo artistico, . . . y los snobs para quienes ^haj que 
haber ido a presenciar aquello", se puede pronostl- 
car desde ahora un ^ito complete. Pero no puedo 
menos de preguntarme qu6 reiultaria si se ditra el 
Nacimiento, o la Pasidn de Ren6 Schwob. 
' Es muy interesante saber que la primera de estaa 
dos piezas, major dicho de estos dos misterioB, fvA 
dada en la iglesia de Vence, poblaci6n de cuarto or- 
den del sur-este de Francia, ante un piiblico compuestc 
en su mayor parte por gentes sencillas, sin artistas 
profesionales, y con un 6xito complete. Creo cono- 
cer lo bastftnte el publico de cierta parte de Paris, 
el mismo que aplaudia Le pauvre sons Vescalier del 
gran Henri Gh6oi), para decir que tambi^n dste acla- 
maria el trabajo de Schwob. Pero nosotros, o poi 
lo menos los md altos desde el punto de vista pluto 
cr&tico-social entre nosotros ^no estamos demasiadc 
saturads de ballets russes, de cinemat6grafo yanqui 
de atracciones de cabaret, para gustar de un miste 
rio que sabe a miel salvaje, a manteca de alqueri: 
y a pan casero? 

Comparemos brevemente Gdlgota del maestro Vaj 
da, y aun el inolvidable film de Duvivier que es sii 
duda la mejor de las Pasione"]^ hechas para el cinema 
tografo, con Le Drame de la Passion de Schwob 
Los dos primeros han puesto en la obra su mejo: 
voluntad, han tomado los textos evangSicos, re 
cortado las escenas que les parecian m&s intere 
santes, dejado de lado otras, pues de lo contrari' 
habria que pasar en el teatro varies dias, les h» 
intercalado algunas de las figuras que mejor aim 
bolizan los acontecimientos en el Antiguo Testa 
mento: caida de Adam, Abraham e Isaac, etc., ha 
dado a todo ello una interp{retaci6n arti8ti<;a» z 
construido sobre tales dates el escenario y el diilog< 
En Vajda, Cristo se ve mucho, en Duvivier, mu 
poco, en el film mejicano recientemente dado s 
lo ve y eye excesivamente. En todo ello la elabc 
raci6n es poca. Veamos ahora a Schwob. 

Este ha comenzado por proceder come los pintc 
res tanto medioevales cuanto del Renacimiento, : 
no temid trasponer los hechos de una 6poca a otn 
mejor dicho las ha mezclado, porque en verda 
que la menos interesante manera de contemplai 
la Pasi6n es la arqueol6gica : lo que abruma el a] 
ma no es la forma de comer o vestirse de los JB 
dios, sine el misterio de amor de Jest^is. Y entoi 
ces se mira la expresi6n moral de los aentimiei] 
tos m^ que a los precisos gestos exteriorea. 

No sueiio con relatar toda la obra: ma contez 
tar6 con algunos datos. El primer acto comieni 
con la personalidad de Judas que cuenta sua d 
neros: "26, 27, 28. Van cinco veces que empiei 
de nuevo. Estoy seguro, es el sacrist&n quien ni 
los rob6. Ya me miraba de mala manera mientn 
Caif&s me entregaba los cuartos. Y por cierto qx 
no es mucho, dado lo que esperan de ml**. T * 
mon61ogo contintia, mostrando la insigne l)aja 
de esa alma. Poca a poco van llegando otros pei 
sonajes populares, que conversan acerca de la cr 



486 



eneia general de que Cristo serk rey de Israel. Es 
Domingo de Ramos, la multitud crece, no todos 
creen; por un momento solo, en el fondo del esce- 
nario, se va pasar a Jesus. Luego estalla la ova^ 
cite. Pero interviene el alcalde y pronuncia un dis- 
cttrso que es modelo de polltica contemportoea. . . 
de Cristo, y tambi^n de nosotros. "Me dirijo a vos- 
otros todos, hebreos de Jerusalem; sab^is que un 
rab'ino nombrado Jestis ha venido estos dias entre 
nosotros. Cada cual es libre de pensar acerca de €i 
como quieira". Y como suenan gritos de "les nues- 
tro rey!", el alcalde prosigue: "si, despacio, es 
nuestro rey, si Roma lo permite. Sab6is c6mo amo 
a Jerusalem, a los hombres de Jerusalem. (Aplau- 
sos). Os agradezco esta ovacion tan espontlmea...". 
Y las escenas continuan, mezcladas de palabras no- 
bilfsimas y de exdamaciones populacheras ; las ina- 
nifestaciones callejeras se intercalan con los acon- 
tecimientos del Sanhedrln. Y a Cristo no se lo ve mds 
que un solo momento: durante el juicio en el preto- 
rio de Pilatos, dbrese de golpe una ventana en un 
muro> y aparece una silueta inm6vil, cubierta con 
an manto de ptlrpura, coronada de espinas, tenien- 
do entre los dedos una cana, iluminado todo ello 
por una Idmpara de aceite. Y Pilatos muestra esa 
piltrafa humana, resignada y sangrienta: "He aqul 
el hombre''. Y las escenas van continuando: mos- 
trando siempre mds que los hecbos mismos sus re- 
fiejos sobre las almas. 

Al fin, Cristo ha muerto; en medio de la oscu- 
ridad profunda se divisa a Jos6 de Arimatea, Juan, 
Pedro y Santiago que, ayudados por un pobre d&- 
mente, sepultan a Jesus. Y.cuando la tumba est& 
cerrada, Maria, apoyada en el brazo de Magdalena, 
inicia un didlogo que es de lo m&s sublime escrito 
en estos tjltimos tiempos. La Virgen: "asf, como 
naciste, vuelves a la tierra''. Magdalena: "Tu co- 
razte contuvo toda la vida, y ahora estd invadido 
por la muerte". La Virgen: "Hete aqul entregado 
a los gusanos, Hijo del Esplritu, pero los gusanos 
no pueden hacer presa en ti". Magdalena: "Tu cuer- 
po era parecido al nuestro. Y he aqul que ya en nada 
te pareces a nosotros; est&s con las almas inmorta^ 
lea* Y esta masa inerte que conducimos no es mds 
que un despojo'' . . . Magdalena : "es demasiado tar- 
de para velar, pero no para aguardarte". Maria: 
"Siempre es tiempo de aguardarte. Porque eres 
Diofl, hijo mio. Y nos prometiste estar con quienes 
Be reunieren en tu nombre*'. Magdalena: ''somos 
mfta de dos aqui para suplicarte que nos escuches". 
Maria: "tfi ves qui^n te invoca: el que te reneg6, 
el que no te comprendi6, Juan que te abandon6"... 
Magdalena: "Eres el rey de nuestras ignominias". 
Maria: "eres el hijo de miseria". Magdalena: ''eres 
nuestro barro que se ilumina"' Maria: "eres el in- 
cendio que nos alumb'ra''. Y el didlogo continda, a 
£1 se mezclan Pedro, Jos6, Santiago, el loco, y la tUti- 
ma palabra es de la Virgen: "iHijo mio y Dios 
mfo!". 



Salimos aqui de todo lo que, precisamente p< 
ser demasiado literal, es incapaz de herir suficiei 
temente nneetra alma, de producir ese choque ei 
gendrador de la emoci6n. Pero cuando leo esta Pi 
sidn, o bien la Navidad admirable, en que los can 
pesinos piensan y conversan como podrian hacer 
los de nuestros dias, y en que las bestias habla 
me pregunto si seriamos capaces de limpiar ba 
tante nuestra alma, de hacernos, segun la palabi 
del Evangelio, "ingenuos como niftos", o bastan 
puros parax comprender la oracidn de la Virgen 
Nifio JestSs a quien, estando sola en el portal, ton 
en brazos y dice: "; pobre chiquito mio, est^ h 
lado! jY tii eres el rey del mundo! Los animal 
ban desfilado delante de ti, y no podemos ofrece 
te mds que esta cueva donde gotea el agua! |]! 
hijito que no habla, mi pequeiio Jesiis m&s miser 
ble que un mendigo, alivia mi pena, sonrieme! L 
Angeles ban anunciado la buena nueva en Bel^ 
los campesinos est^n sumidos en la alegrfa, y : 
cstoy aqul, desprovista de todo, menos capaz qi 
una bestia de socorrer a sus pequeiiuelos. ^Por qi 
Dios ha querido probarme de este modo? iSi est 
vi^ramos en Nazaret tendrias calor en tu can 
ta!... Dios mio ^por qu6 me hab'^is abandonai 
en el umbral de esta pequeiia vida cuyo abando] 
me desgarra? Bien conoc^is cu&n fr&gil es la vii 
de un ninito, y es martirio para una madre est 
como yo, sin fuerza y sin recursos al lado de su i 
ci^ nacido!" P&ginas iguales a 4stas las hay, n 
merosas y conmovedoras. Pero ^existe piiblico q 
las comprenda? 

Lo habla sin embargo otrora, y si lo buscam 
bien, no entre los felices ni los grandes de este mu 
do, no entre los que se ban tornado incapaces 
avalorar las riquezas del portal y de la cruz, si: 
entre los pequefios, entre los muy modestos, cr 
que los encontrarlamos en insospechada cantids 
Y para darse cuenta de que es asL basta concun 
a nuestros templos en los dias de Navidad, y mir 
con qu6 ojos contemplan muchos fieles las in£ 
nuas "Navidades" que en esos dias suelen exhib: 
86. La raza de los verdaderos cristianos no se 
extinguido entre nosotros. 

La dificultad del teatrq cristiano es doble. F 
una parte el escritor, al mismo tiempo artista 
cristiano, sensible a la belleza y abundante en 1 
tres virtudes de fe, esperanza y caridad. Por ot 
el publico, al que debe irse formando, al que 
de purificarse para que sepa gust^ lo espiriti 
cuando va envuelto en formas materiales que 
traslucen'. 

Pero, lo confieso, dificil ser& dar con un pAblJ 
si se lo busca entre los acostumb'rados a conte 
plar los diversos ''Sucedi6 entre bastidoree'^ y 
se quiere que los autores sean los mismos que ( 
criben para el "National" o el "teatro de la A^ 
nida". 

Gustavo /. FRANCESCm 



COMENTARIOS 



El Patronato Nacional de Ciegos 

EL Patronato Nacional de Ciegoa, la entidad 
oficial que tiene a su cargo en todo el terri" 
torio de la RepHblica la dohle labor de pre* 
venir la ceguera y las enfermedadca de la vieta en 
general, a la vez que velar pot los no videntss, pre* 
para activamente la organizacidn de su Quinta Se- 
mana: deade hace ya cinco afios, la poblacidn dc la 
capital federal ea gratamente aorprendida, al prome* 
diar el mea de mayo, por eata celebracidn la que den- 
tro de au caracteriatica aencillez, logra adquirir aim- 
pdticoa relievea. 

Bate ana, la realizaei&n de la Quinta Semana del 
Patronato Nacional de Ciegoa tendrd lucar entre el 
14 y el 20 de mayo, aiendo au principal finalidad, 
intpvsifiear la camvafia de prevencidn^ orientada a 
Uuatrar a la poblacidn de toda la Republica acerea 
de la mejor manera de mantener la aalud ocular. 

La referida institucidn deapUgard una intenaa 
propaganda dirigida a prevenir al mds noble dt>. laa 
sentidoa contra loa mda variadoa peligroa. ValUn- 
dope de la generoaa colaboracidn brindada por el 
periodtamo y la radiotelefonla nacionalea, la entidnd 
ha^d lUfiar au vox de alerta hasta loa mda aparla* 
dOB eonfinea del paia, 

Completard la labor antea deacripta, una profuaa 
fijaci^ de *'affichea" y caHatelea tipoardfi^oa, loa 
que diatribuidoa por las callea de laa principales eiu- 
dadea, ae convertirdn en amigoa inanimados, prea- 
t08 a recomendar la imperioaa neceaidad que exiate 
de velar por la aalud ocular. 

No cabe duda de que la celebracidn de la Quinta 
Semana del Patronato Nacional de Ciegoa aorpren- 
de a la citada entidad, deaplegando una intenaa la- 
bar en favor de la concrecidn de aua doa finalidadea 
primordialea: la corroboracidn mda elocuente de eata 
afirmacidn, la conatituye el funcionamiento de 17 
ettableci^if>vtoa f^istivtoa entre ai, pero concordant 
tea en idintico fin: la prevencidn de la ceguera y 
el cuidado de loa no videntea. 

Por otra parte, estd comprobado que la reaHza- 
cidn de eataa ya cldsicas Semavaa, airve para iden- 
tiHcar plenam£vte a la poblacidn df* toda la Repd- 
blica con la labor que viene cumpl'endo el Patro- 
nato Nacional de Ciegoa: de un tiempo a eata parte, 
merced a eaa pridica conatante la que, aunqus in- 
ienaificada en los dias de las Semanas Anuales, se 
prolovga durante todos los meses del ano, es notona 
la preoeupacH^n ^ovular por prestar la indispensable 
atencidn a la salud ocular. En lo que se refiere al 



cuidado preatado a loa no videntea, afio traa afio at 
dable apreciar loa progreaoa logradoa por loa atum^ 
noa que aiguen euraoa en loa diferentea eatabled' 
mientoa edueaeionalea dependientea del Patronato 
Nacional de Ciegoa: hoy, ya nadie dufUi de que el 
no vidente, eonvenientemente educado, ea una per- 
aona Util a al miama, a. aua famillarea, a la aociedad 
y al projno Eatado. 

Digaae por iltimo, que en la Quinta Semana del 
Patronato Nacional de Ciegoa, no ae pedird abaolu- 
tam£nte nada — m/)dalidad impueata ya por la tTis- 
titucidn — aino que lejoa de elloa, ae brindardn todae 
laa normaa indiapenaablea para mantener la buena 
aalud ocular. 

Meditemofl 

T" "¥ EMOS reeibido la carta, que publicamoa pot 
r^ el inter ia que puede ofrecer a loa lector ea dt 
^ CRITERIO. 

"Vivo en Buenoa Airea y eatoy paaando mia va- 
eacionea eerca de Galarza, Prov. de Buenoa Airea. 
Hace unoa dia^ me toed preaenciar un cundrt 
realmente ^ergonzoao, pocaa vecea viato en vr^ia 1£ 
afioa de vida vicentina. 

A 5 kildmetroa del Arroyo Cle, en el eamino c 
Parand han aido arrojadaa en medio de dicho eami^ 
no, variaa familiaa de colonoa. Sua caaitaa de ziTu 
fueron prdcticamente arraneadaa, como buena parti 
del material de au propiedad, ain cuidado alguno. 

Eata aituaddn, que ae repite deagra^adamenti 
tantaa vecea, no daria lugar a eataa lineaa ai no fue- 
ra por el hecho de ver lamadaa a la intemperie a pe* 
queHaa criaturaa, principalea victim€La de eate rfrck 
ma aoeial, Una aenora, pariente de una de loa coUy 
noa, habia ido alii para tener famil'a y a loa ochc 
diaa de haber dado a luz fu6 echada, ella tanubiS^l^ 
junto con au hijito. Entre loa arrojadoa a la calU 
ain piedad figuraba iguaXmente una anciana de mda 
de 80 anoa. Uno de loa colonoa, deaeaperado en me- 
dio de tanto dolor, me decia: Yo, aenor, no aoy co- 
muniata, pero hace falta un poco de comunismo...'*. 

No hay que buacar aolamente el foco de la revo* 
lucidn aodal en laa concienciaa de laa maaaa^; alejor 
daa de Dioa y juatamente irritadaa contra la expUh 
tacidn, 

Suscriptor de CRITERIO desde que fui fundado^ 
aigo aiempre de cerca aua enaenanzaa y coda vez me 
compenetro mda de la profunda realidad de aua lee- 
cionea. Una de ellaa ea la que prdcticamente he 
aprendido hoy mejor que nunca: el comuniamo en- 
cuentra aua agentea mda eficaces de d'fusidn, en to- 
doa a^uelloa indwiduos que provocan situacionea tan 
eapantoaamentn dolor osas como la que me he per- 
mitido exponerle. 

Saludo a Su Srla. lima, con el mayor reapeW, 



R 



I 



E 



n 



(I 



440 



:iVILIZACION Y CULTURA 



II 



4 S sabido que el pensamiento alemdn tiende a 
oponer cultura y civilizaci6n. La racionaliza- 
^ ci6n, la organizaci6n, la estandardizaci6n, el 
reso, las t6cnicas que conducen al confort y a la 
ucci6n util, pertenecerian a la civilizaci6n con la 
ez espiritual que le es inherente. A la cultura 
sneceria m&s bien un desarrollo intelectual est^ 
y moral, en comuni6n con la naturaleza y los va- 
; superracionales o irracionales. Es ^sa una an- 
i querella en la cual el pensamiento franco gene- 
ente se interesa poco. M. Jacques Marltain po-. 
iose en el punto de vista del humanismo integral. 
a que se pueden emplear los dos vocablos como si- 
nos, y tiene raz6n, pues desde ese punto de vista, 
)s designan el conjunto de las actividades que 
)nden a un desarrollo propiamente humano ; el or- 
le la cultura como el de la civilizaci6n abarca to- 
b\ orden de las cosas del tiempo", todo "el orden 
oral*' (1). Pero ^tienen "las cosas del tiempo" en 
>s casos la misma relaci6n con el hombre? ^estdn 
;amente ordenadas segun el mismo principio? El 
logo puede pregunt&rselo. 

I como la noci6n de civil:zaci6n es reciente, la 
)ra cultura es muy antigua, — ^tan antigua como 
elaciones entre el hombre y la tierra. 

paisano de un suelo f^rtil, pero tosco y pla- 
de zarzas, hace una tierra limpia, despejada de 
to le impedia manifestar su feracidad, al menos 
Lial es util al hombre, y este ultimo rasgo es su- 
vo. De la misma manera el hombre cultiva el 
, el lino, la viiia y el olivo; es decir, los ayuda a 
Tollarse segun su propia naturaleza, apreciada 
mci6n de su utilidad humana. 

ando en el piano espiritual el hombre cultiva las 
ias o las artes, debe sin eml)argo sacar de un 
inicial aquello que se encontraba incluido en 61; 

ciencia obra segun su propio m^todo, partiendo 
n hecho, de un experimento o de un principio. 

para el hombre cultivar la ciencia no es, en el 
0, sino una manera de cultivar su espiritu. Es 
la buena tierra capaz de producir todas las cose- 

espirituales; tiene una feracidad propia, pero 
que someterla a una labor que le permita dar 
•rutos. 

► hay, en definitiva, otra cultura que la de la in- 
jncia. Sin duda se hablard de la cultura fisica, o 
I cultura metodica de las virtudes; pero la cul- 
sin epiteto, es de orden intelectual, porque ante 
rosa lo que distingue al hombre es la inteligen- 
Sin duda, titubearemos en aplicar el epfteto de 
)re culto a un malechor, per grande que sea la 
isi6n de su saber; pero seguramente tendremos 
inculto al hombre de gran virtud, que no sabe 
ni escribir. Nuestra perplejidad ante el bandido 
uldo demuestra que existe cierta relaci6n entre 



la cultura y la vida moral; mas por el momento pode- 
mos abandonar este problema, que quedard resuelto^ 
cuando sepamos lo que es la cultura. 

Esta se desarrolla por medio de la ciencia. Esta- 
mos, pues, en presencia del prodigio que realiza el 
condcimiento : por su intermedio introducimos el mun- 
do exterior en nuestra vida interior; aqu61 se noo^ 
hace luz y nosotros mismos crecemos hasta las dimen- 
sioned de nuestro universo conocido. 

£1 hombre que imagin&ramos mds salvaje, habitan- 
te de las cavemas y subsistiendo de los frutos que 
recoge, desprovisto de todo conocimiento fuera del 
de los objetos que toca con la mano, tetraviado, di- 
rfa Pascal, en un rinc6n perdido de la naturaleza, 
h^Io aqui encerrado en este "pequeno calabozo don^ 
de se encuentra alojado", dentro de "una cierta por* 
ci6n de materia que le es propia"; este hombre no 
tendrfa otras dimensiones psicol6gicas, que las de sua 
sensaciones, mientras estas duren. Pero el conoci- 
miento hard retroreder indefinidamente las paredes 
de su calabozo. Entonces el mundo le estard pre- 
sente, y 61.ser& presente al mundo, pues es la igno- 
rancia la que hace la ausencia; entonces empezard a 
vivir y a dirigir el gran drama de la naturaleza y 
del hombre. Conocer, es un esfuerzo coronado en 
parte por el 6xito, ensayado por el hombre para igua- 
larse al mundo y dominarlo. Pero el mundo es un 
orden, un Cosmos. Si fuera un caos o el lugar de Ip 
arbitrario, no habrla ninguna ciencia y el conocl- 
miento que tendrfamos de ^, nos precipitaria a eae 
mismo caos. EU conocimiento de un mundo sin un^- 
dad ni principios, nos haria vivir su mismo desor- 
den; disiparia nuestra vida interior y nos disgre- 
garia. 

Escuchemos de nuevo a Pascal : "... Las partes de] 
mundo tienen todas ellas, tal relaci6n y tal encade- 
namiento la una con la otra, que creo imposible co- 
nocer a una sin otra y sin el todo... Siendo todaa 
las cosas a la vez causadas y causantes, auxiliadaa 
y auxiliantes, mediatas e inmediatas, y sosteni6n- 
dose todas por un lazo natural e imperceptible que 
une atin las mds lejanas y diferentes, considero im- 
posible conocer las partes sin conocer el todo, ni 
tampoco conocer el todo, sin conocer especialmente 



(1) ''Decimos que la cultura o la civilizaci6n son la 
dilatacion de la vida propiamente humana, relacionada no 
861o ccn el desarrollo necesario y suficiente para permi- 
tirnos llevar aqul abajo una vida recta, sino tambi6n y 
ante todo el desarrollo moral, el desarrollo de las activi^ 
dades especulativas y de las actividades practicas (artis- 
ticas est^ticas) que merece ser llamado propiamente, un 
desarrollo humano". "El orden de la cultura o de la civi- 
Iizaci6n aparece, pues, como el orden de las cosas del 
tiempo, como el orden temporal." J. Maritain, HumaniS' 
me integralf Aubier, Paris, 1936, p. 104, 108. 



441 



las partes/' (2) Cada ciencia es el conocimiento par- 
ticular de ana parte, pero ella abre el espiritu al co- 
nocimiento del todo, x)orque manifiesta las cosas en 
su orden. La ciencia es una disciplina, no s61o por- 
que uno se convierte en discipulo, sino porque ella 
ejerce sobre nosotros la coacci6n de un orden. 

Aquf tocamos, sin duda» uno de los principios fun- 
damentales de la cultura. Todas las ciencias llevan 
ahf; todas nos abren las puertas de sus palacios. Es 
evidente que no todas llevan directamente a las mo- 
radas de los senores del espiritu, pero todas nos acer- 
can a ellas. For esto se habla con razon de una cul- 
tura matemdtica, dq una cultura juridica o de. una 
cultura literaria. Las matemdticas, el derecho o la 
filologia no especializan solamente al satio. Si a me- 
dida que aquellas adelantan en el conocimiento de 
su objeto, descubren la conexi6n de 6ste con el res- 
to del mundo y el conjunto de lo verdadero, ellas co- 
munican al espiritu una amplitud que, unida a la 
disciplina de cada m^todo cientifico, constituye lo 
esencial de la cultura. El especialista se aisla en su 
dominio; el erudito amontona los conoteimientos, con 
riesgo de estorbarse a si mismo; el hombre que quia- 
re cultivarse, no hace un poco de todo, esto seria 
propio del hombre superficial, pero lo poco que hace, 
lo hace segt^n el m^todo correspondiente a su ciencia, 
de tal manera que el conocimiento de una verdad 
particular revela tambi^n sus proporciones con el 
todo. 

T con el hombre. La ciencia que cultiva es una 
ciencia que se convierte a lo humano, si podemos 
plagiar esta belllsima expre8i6n. Puesto que en ver- 
dad el hombre es una de las cosas de la naturaleza; 
esti en el mundo, es del mundo, y hasta es su pieza 
maestra. Ignorarlo 61 y su destino, ignorar sus de- 
pendencias con respecto al universo, y las del uni- 
verso con respecto a 61, es falsear la imagen de la 
naturaleza, desviar la ciencia y excluirse de su cul- 
tura. (3) Pues, dice Pascal, "habiendo la naturaleza 
grabado su imagen y la de su autor en toda cosa'', 
toda cosa participa en la infinitud de la naturaleza 
y de su autor; toda ciencia estd ligada por sus bases 
a una ciencia m^s alta, y finalmente a una metafisi- 
ca, a una est^tica, a una teodicea, gracias a las cua- 
les el espiritu del hombre resuelve en si mismo, el 
problems del orden y del universo. (4). 

De ahi que si todo conocimiento del mundo con- 
tribuye a la cultura, hay ciencias que contribuyen 
mds a6n, puesto que tienen por ol^jeto al hombre o 
ataiien mds directamente a su vida profunda o a su 
papel en el mundo. Serd el caso de aquellas que tra- 
tan de las obras inmortales, en que el hombre ha 
expresado, 61 mismo, sus actitudes esenciales frente 
a la naturaleza al amor, a la muerte, y a Dios. 
Si la perfeccion de la forma responde a la verdad 
de los movimientos del alma, su estudio merece lle- 
var el nombre de humanidades; ellas nos proporcio- 
nan con el hombre un contacto que forma al hombre 
en nosotros. 

Las ciencias morales se le aproximan por su efi- 



cacia. Asi lo dibamog a entender: no se adquiere !a 
cultura por la pr&ctica de la virtud, sino por el co- 
nocimiento de la verdad. Pero hay tambi6n una ver- 
dad moral; y aflem&s un coeficiente moral y est6tico 
que influye en todo acto o en toda ciencia, en virtud 
de su relaci6n con el orden del universo, con el hom- 
bre y su destino. El discemimiento del bien y del 
mal, de lo licito y lo ilicito, como tambi6n el de lo 
b'ello y lo feo, pertenece a la cultura; y debemos ana- 
dir que ya es necesaria una cierta rectitud de vida, 
para que el orden del bien y del mal se presente en 
plena luz a la mirada del espiritu; es necesario amar- 
lo ya para conocerlo. . 

Hace un momento nos pregunt&bamos si el faci- 
neroso instruido puede ser un hombre de alta cultu- 
ra; contestamos que un hombre de alta cultura pue- 
de convertirse en pecador o delincuente, siempre que 
su colapso no empaiie, en 61, su discemimiento, y por 
falta de amor, no destruya en 61 la inteligencia del 
orden. Y a los moralistas toca decir si desde el pri- 
mer desfallecimiento moral, la lucidez del juicio no 
comienza a debilitarse. 

Pero aun cuando haya casos realmente privilegia- 
dos, d6bese repetir que toda ciencia tiene valor para 
la cultura; puesto que es un saber ordenado, adqui- 
rido seglin un m6todo y una disciplina; ya tiene por 
ello, una conexi6n esencial con lo humano y con los 
dem£s grados del saber. Por lo demds, ^qu6 verdad 
carece de belleza, de poesfa y de amor? Bien lo sabe 
el sabio. El jurists que maneja las t6cnicas juridi- 
cas se complace en la elegancia de sus demostrac:o- 
nes: — elegancia juris, — como el metem&tico en el 
rigor y la sencillez de las suyas. El ge61ogo es sen- 
sible a la luz que irisa la roca que 61 mismo quiebra ; 
al misterio que evocan los rastros de vida vegetal o 
animal que conserva, a la belleza de la tierra canta- 
da por un Pedro Termier. 

Si al final de estas reflexiones intentamos resu- 
mirnos, nos parece que la cultura es el resultado de 
un conocimiento que ha puesto al hombre en pose- 
8i6n .del mundo y en posesi6n de si mismo, o que 



(2) Pascal, Pensamientos. — En: Las pdginas inmor- 
tales de Pascal, por Fr. Mauriac, p. 106. 

(3) "Por fin, pregunta Pascal" iqu6 es el hombre en 
la naturaleza? Una nada, comparado con el infinite, un 
todo con respecto a la nada, un termino medio entre la 
nada y el todo". — Si, pero el hombre en el Cosmos "todo 
cae bajo su alianza'^; y esa alianza se perfecciona en el 
conocimiento que el hombre posee de ella. 

(4) "La esencia, la intencionalidad de la cultura, eon- 
siste en encontrarle a la vida humara un sentido univer- 
salmente valedero." P6rez de Ayala, en El porvenir de Ic 
culturay p. 289. "Es — prosigue el autor — lo que el sigh 
XIX, el siglo de la embriaguez cientifica, habia estado o 
punto de olvidar. Y es lo que los siglos anteriores, de la- 
boriosa cultura, habian tenido, ante todo presente al es- 
piritu, y que vuelve a ser la primordial preocupaci6n .d( 
nuestro siglo. Asi se explica que haya yo podido decii 
tambi6n que todas las conjeturas anuncian el advenim^en- 
to de una nueva catolicidad; o sea que en la hara o«ltui{ 
hay un impulso de dramdticas pulsaciones^ de toda la IM- 
rra, hacia un sentido universal de la vida". Somos aos- 
otros los que subrayamoB. 



tiende a hacerlo; ea como la impronta o la formaci6n 
dejada en el eapiritu por una ciencia que manifiesta 
las oosas del universo en su conexi6n, su valor y su 
ordeii« De ahf que esta formaci6n del eapiritu ae ma- 
nifieate por una aptitud para juzgar y tal vez eata 
miama facultad aea la prueba m&3 evidente de una 
cultura adquirida; ea la que falta al especialiata o al 
eradito; pero por el contrario, la posesi6n, el placer 
y el deacanao^ — el guato — que lo acompaiian, de- 
muestran que el hombre eapiritual encuentra en ella 
su perfecci6n. ^No ea acaao la cultura literaria, la 
capacidad de juzgar y de guatar, adquirida median- 
te el eatudio de loa textoa y de laa obraa? La ciencia 
juridica ^no ea acaao el diacernimiento de laa reali- 
dadea y valorea juridicoa empeiiadoa en una cauaa, 
•en un litigio, en una ley. en una deci8i6n polltica, 
y eae diacernimiento no otorga au nobleza y au per- 
fecci6n al eapiritu del juriata? Si el eapecialista y 
el erudito olvidan lo que ban aprendido, lo pierden 
todo, y au teaoro ae deavanece. Para el hombre cul- 
tivado, eao aqri una Jebilidad, pero au cultura que- 
dar& en Q, pueato que el orden al que ae ha acoatum- 
brado, ae habr& traaformado, en formaci6n de au ea- 
piritu y principio de diacernimiento. Todo aporfa 
nuevo vendrd puea a colocarae en au lugar corres- 
pondiente seg^n au naturaleza; ae manifestar^ on 
au juata relaci6n. y traerd consigo la alegrla de un 
conocimiento verdaderamente humano. El civilizador, 
por 8u parte, utilizaba el mundo como materia, como 
campo en qu6 conatruir; pero aun cuando aea un apli- 
cador del derecho o de la politica, y mda atln ai ea 
an arteaano, §1 produce, fabrica; y tambi^n el fil6so- 
fo edifica un aiatema o funda una/eacuela. jlntenta 
hacerlo el hombre cultivado? El tambi^n ha hecho 
alianza con todo el univerao. pero con el fin de cona- 
truir el univerao de au propia vida interior. La cul- 
tura tiene au lugar propio y au t^rmino en el hombre. 



No8 vemoa conducidoa de eata auerte, a com- 
parar cultura y civilizaci6n. Quiz^a loa maticea 
que aparecen en el empleo corriente de loa doa 
vocabloa ofrezcan ya de por ai algtin interns. No 
86 uaa indiatintamente el uno o el otro. ^No ae 
siente cualquiera halagado de que ae lo tenga por 
calto? Nob aentirlamoa, en cambio, tratadoa con mc- 
nos delicadeza ai ae noa felicitara por ser civiliza- 
doa. Ello obedece ain duda a que el primer epiteto 
se refiere a nueatra peraona. mientras el aegundo 
86I0 noa iguala a nueatro medio. De la miama ma- 
nera ae concibe fdcilmente la yuxtaposicion de dos 
culturaa por ejemplo de la inglesa y la franceaa, en 
asa miama ciudad canadiense; pero es evidente que 
la ciudad i>ertenece por entero a la misma civiliza- 
ci6ii. En cambio ai ae tiene menoa en vista laa per- 
que loa eatadoa de sociedad, la diferencia pa- 
diaiparae y tendrlamos menoa dificultad en em- 
plear nn t£rmino por el otro. Resulta dif Icil hablar de 
la dvilixacidn babil6nica ain hacerlo de la cultura ba- 



bil6nica, y ea engorroao percibir cu&I de ambos U 
minoa prevalece aobre el otro. Eatoa maticea del u 
aon baatante confuaoa; deben, ain embargo, reapo 
der a cierta diferencia real. 

No repetiremoa el tema aegi^n el cual la cultui 
al deaignar el idioma, la literatura, laa artea, ea m 
espiritual, mientras la civilizacion ae vincula pri 
cipalmente al dominio de lo dtil. Nuestraa observ 
cionea precedentea lo contradicen, porque apare 
claro que la civilizaci6n ea aiempre un triunfo d 
eapiritu, una manifeatacidn de au poder creador (C 
Creemoa aer verdad que la cultura eatd directamc 
te en la peraona y que ante todo a ella ae iiafiei 
mientras la civilizaci6n reside principalmente en 1 
inatitucfonea y no ae 'refiere a laa peraonaa mks q 
en la medida en que lo hacen laa inatitucionea. H 
pit^moalo: toda cultura ea cultura del Eapiritu. A 
quirida por la pr^ctica de laa ciencias, ea vida in1 
rior, riqueza de conocimientoa, diaciplina y form 
ci6n eapiritual. El hombre culto ae vincula, puea, 
laa inatitucionea y a laa obraa de la civilizaci6n 
raz6n de laa relacionea de 6ataa con la vida eapi: 
tual. De ahi que algunaa de entre ellaa tengan < 
caao valor a aua ojoa. No ae aiente enriquecido 
por au teldfono ni por au autom6vil, aino por el ( 
nocimiento de laa leyea cientificaa que rigen au i 
bricaci6n (6), o por el libro que acaba de aer e^ 
tado. No aaf la civil:zaci6n, que no exiate mienti 
la idea no ae haya difundido exteriormente, toma 
cuerpo, aaumido exiatencia aocial y entrado en la d 
ra2i6n hiat6rica. Ser& la caridad la f ilantropia cc 
vertida en hoapital; el deaeo de ciencia, converti 



(5) Sin duda alguna el use del tel6fono no exi 
cultura alguna; pero ipor qu6 pertenece (^1 tel6fono 
la civilizacion sino porque es la puesta en obra t^cn: 
de leyes cientlficas? Edmond Rostand nos niuestra cii 
tamente al pdjaro Ilamando por tel6fono en la corola 
una .flor; pero mientras no sepa el ave que al deterr 
nar var.'aciones en el campo magnetico del iman, se p: 
ducen corrientes inducidas que puede trasmitir una 
nea, no poseer^ aqu611a un tel^fono mas que para 
ojos indulgentes de los poetas. 

(6) "Existe una consecuencia, mds grave quiz&s 
davla, de este desarrollo excepcional de la ciencia. 
Tenemos estas grandes invenciones. . . las invencioi 
t^cnicas que el hombre emplea, de que goza, pero <| 
no comprende. . . Hasta esa minima curiosidad que 
duce a los ninos a abrir sus juguetes para saber lo tj 
hay dentro ha desaparecido. Empleanse hoy per doqn 
ra la radiotelefonla, el tel^fono, el ferrocarril, todas ! 
invenciones modemas, sin tener siquiera la curiosid 
de saber c6mo y de que estdn hechas, y cu&les son '. 
leyes cientlficas, intelectuales, que presiden a sus ft 
ciones". Hay, por consiguiente, una segunda barbarie. 
los resultados t^cnicos de la ciencia han sido acepta^ 
por la prran masa de lo«< hombres. pero sin que est 
comprendieran su mecanismo. Se ha formado per en 
ma de elloa algo como un segundo mundo, al que 
tienen entrada . . .^ Es un orden de cosas que consti 
ye una amenaza muy grande para el porvenir de nu 
tra cultura". Garcia Mcrente, en L'Avenir de la C 
turp. "Instjtnf International de Cooperaci6n Inteil 
tuelle". p. 14-16. 



m Universidad, biblioteca, laboratorio. Es la fe 
liffiosa hecha rito, rtlbrica, edificios destinados al 
culto, circunscripci6n administrativa ; es el ideal 
moral transformado en uses, modas, cortesla, normas 
jarfdicas, etc. Cultura y civilizaci6n deben por igu<il 
8u existencia al Espiritu, siendo la una personal, la 
otra instituctonal. 

iDe qu6 proviene que su cone7^i6n sea tan fnti- 
ma que pueda legitimamente tom&rselas por sin6ni- 
mas? Porque, para usar el lensruaje de Maritain. los 
valores humanos son de por si comunicables; tienen 
valor para todos los hombres y se toman insfrv- 
mentoa de comuni6n. La belle^a que el artista per- 
cibe en su ensueiio interior puede 61 expresarla en 
la poesfa, la mlisica o la pintura; si es impoteute 
para hacerlo, es por falla en bus medios de expre- 
6i6n y no en la belleza misma. Asf ocurre con toda 
verdad y con todo sentimiento genuinamente huma- 
no; hay en 61 un objeto comunicable. y los mismos 
valores que desarrollan la cultura pueden proporcio- 
nar un elemento nuevo a un estado social. Se expre- 
san, por ejemolo, en la lengua, la literatura, los sa- 
lones, el ambiente intelectual, las trad '•ci ones, los 
gustos, las modas, los museos. las academias, los la- 
boratorios, las t^-^nicas, los medios de info^maci6n, 
d sistema escolar. Ya que los valores de cultura son 
comunicables, ellos se convierten, naturalmente, en el 
bien comtin de un estado social. Todas las institu- 
ciones culturales aon instituciones de la civ]lizaci6n, 
y lo que bemos dicho antes referente a la civiliza^ 
ci6n Be aplica ahora a la cultura: al igual que la 
primera es el espfritu operante en el mundo, de la 
misma manera la cultura y su nivel son el estado 
espiritual de una 6poca dada (7 y 8). 

Confrontada de este modo con la civil!zaci6n, la 
cultura nos revela, a su vez, limites que no habfa- 
m08 discernido todavia. Asi como el esplritu ultra- 
pasa las civilizariones hist6ricas, si bien inspirdn- 
dolas, de la misma manera los valores culturales 
rozan lo incomunicable. La cultura lo da todo, 
salvo el genio o la invenci6n. El hombre de genio no 
es siiempre culto, y si el hombre culto es genial, no 
lo debe a la cultura. Las obras del genio caen en el 
dominio de la cultura; el genio mismo, no. Las tra- 
gedias de Corneille y de Racine, las comedias de Mo- 
li^re, ban elevado el nivel de la cultura francesa; 
tales t raged ias y comedias, empero, son obras brota- 
das Idel genio. Ni Corneille ni Racine deben a su cul- 
tura la primera concepci6n del Cid, de Andrdmaca o 
de Fedra, aunque su cultura les haya condicionado 
la expresi6n de sus geniales concepciones (9). 

Otro tanto cabria decir de la personalidad. La 
cultura no la confiere; pero le da cuerpo. fuerza, re- 
lieve e importancia social. La personalidad es un 
principio y una promesa que, anterior a la cultura, 
las sobrepujan, o si se prefiere, nuestra personali- 
dad tiene cierto contenido: nuestros dones innatos, 
aptitudes, facultades, tendencias, en suma todo el 
haber del cual inconscientemente hacemos inventa- 



rio cuando decimos tener una inteligencia m&s espe- 
culativa que pr&ctica, una sensibilidad blanda, roTiia 
aguda, disposiciones para una ciencia o un arte. 
Cualquiera sea la interpretaci6n que el fll6sofo d6 
a este haber, se debe reconocer por una parte, que 
cada uno de esos elementos es susceptible de cultu- 
ra y que por otra, lejos de volvernos incomunicables, 
ofrece, por el contrario, un punto de inserci6n a 
nuestras relaciones con el exterior. Mas por encima 
de este haber, existe la personalidad como principio 
de orden, de unidad o de atribuci6n, principio de un 
sefiorio que se ejerce sob're las adquisiciones de 
nuestro espiritu y sobre nuestros diversos campos 
psicol6gicos. Ella deja de ser entonces como tal, un 
valor comunicable; la cultura adquirida no la re- 
fuerza m^ que ddndole cuerpo y un cierto conte- 
nido interior. 



Decir que la civilizaci6n e^ para la cultura, re- 
sulta, por lo visto, un aserto que conser\^ siemprc 
su sentido; y si la civilizaci6n se relaja en el cum- 
plimiento de esta funci6n, anuncia por si misma su 
*derrumbe. Constituye esto una verdad de todos loe 
tiempos, pero que desde fines del siglo XIX revistc 
cierta tr^gica actualidad. 

Si las civilizaciones por su propia eficacia no le- 
vantan la cultura a un nivel correspondientc a su 
propio desarrollo, construyen en el vacio; y ocurre 
que a breve plazo se repite un conocido fen6meno: 
arrastradas por su propio movimiento, continiian un 
tiempo desarrollando sus instituciones, pero su yro- 
greso mismo no hace m6s que acrecentar el peso del 
edificio desnivelado, volviendo m^ segura su ruina 



(7) No es 6ste el mom en to, en una Introducci6n, d€ 
desarrollar tales ideas. Indiouemos sin embargo que vol 
veremos a dar con ellas en la segunda parte de nuoatrs 
obra: El Nacionalismo, porque son subyacentes a loc 
nacionalismos contempordneos, y 6stos no se compren- 
den bien sin esa continua referenda a los elemento* 
fundamentales de la civilizaci6n y de la cultura. 

(8) Es verdad sin embargo que en el momer.to miS' 
mo en que se confunden tanto la cultura cuanto la ci 
vilizaci6n en las mismaa instituciones, conservan toda 
via rastros de su diferencia origrinaria. Obra de la in 
dustria y del artificio humano, la civilizaci6n evoca has 
ta en su nombre, derivado del de cit^, civitai3, dndiid 
el orden temporal incluido en su definici6n; y hi*moi 
observado ya que ella otorga a las instituciones jurf 
dicas un lugar que no les da necesariamente la cultu 
ra. Lo que ^sta recuerda sin cesar, no es la cite, si» 
el ideal de desarrollo personal del hombre. 

(9) "A la cultura pertenece tambi^n la Naturaleci 
(la cultura es la naturaleza que ha tornado una forma) 
a la ciyilizaci6n pertenece el maquinismo. Al lado d 
la cultura y de la naturaleza agregarfamos gustosos I 
generalidad . . . Los vocables genio yg^neros estiLn em 
parentados algo como los dos t^rminos natoraleza y iia 
ci6n". H. Pinder en L'Avenir de la Colture, p4g. 9C 
El genio ^seria entonces la manifestaci6n, por dpn d 
naturaleza, en una vida individual, de ese ttniverjal qa< 
est^ m6s alia tanto de la cultura cuanto de la dvilixa 
ci6n, y que los alimenta? 



444 



vacio podria ser colxnado tan b61o por una abun- 

:a de vida interior procurada por la misma ci- 

ici6n. 

er& menester imaginar ejemplos? Se los halla- 

sn todos los dominios de la vida social. Asi es 

ver una sefial de envejecimiento de una civi- 
6n en el hecho de que la accl6n de las insti- 
nes religiosas que habian sido su fuerza no re'- 
a ya efieazmente en cultura de la vida interioi*. 
religiones m4s espirituales entran en un ciclo 
:vilizaci6n por medio de bus instituciones. En- 
;ran en 6ste necesariamente la organizaci6n, la 
nistraci6n, las reglas juridicas inseparables del 
1 temporal. La cultura religiosa es ante iodo*^ 
' conocimiento, — ciencia de la vida, iluminada 
la luz de la fe — . Si se trata de una religion 
como el cristianismo, tiene promesas de vida 
a y trasciende la organizaci6n de la vida tem- 
, no es ella ciertamente la amenazada por la 
lebrajadura introducida entre las instituciones 

eficacia cultural: perecerd tan s61o una civili- 
n. 

Qstituye aparentemente una paradoja aflrmar 
ra dar otro ejemplo — que una civilizaci6n da 
tras de agotamiento cuando en lugar de orien- 
a masa hacia los goces de la cultura multiplica 
pone por su propio peso los deleites estandardl- 
I. Se dir6 que esto es atribuir demasiada impor- 
a a un fenomeno insignif icante ; sin embargo 
omi^r escribla no ha mucho a este respecto p^- 
3 que al parecer eran nada m&s que ingeniosas, 

que resultaron prof^ticas. Cuando, al finalizar 
lerra de 1914-1918, y en presencia de sus rui- 
G. Duhamel escribla en forma de mensaje: '^es 
[so tener confianza en la felicidad", formulaba 
»ensamiento tan exacto para la vida de las civi- 
iones como para la de los individuo3. Una socie- 
se reconoce por su manera de tener confianza en 
3licidad; una civilizacion posee sus formas de 
rfa y sus medios de placer; es funci6n suya mul; 
::arlos, y la civilizaci6n moderna se prodiga en 
plirla. Durante los ultimos aiios, los propios Es- 
3 la ban tomado en manos. A veces ban agrava- 
i tendencia a la standardizaci6n de los goces a 
ue obedecfa ya nuestra civi]izaci6n, siendo' asi 
(inicamente la diversion que culmina en una lor- 
ie cultura es en verdad una recreaci&n del hom- 

un rejuvenecimiento de sus fuerzas. 

la civilizaci6n peligra cuando se divorcian las 
tuciones de la citi y la cultura politica. ^Esta 
caso otra cosa mds que una forma?i6n del crite- 
livico que implica el sentido del Estado, el sen- 

de la vida piiblica, la comprension de sus jn'o- 
nientos, necesidad y significaci6n? La ruptura 
e aludimos no se produce tinicamante cuando se 
men instituciones polfticas a un pueblo que ca* 

de la rultura politka necesaria para su funcio- 
iento. Ocurre que el progreso de la vida social 
iere un desarrollo correspondiente de organiza- 




imniMiaiiinnnanmmiiioimimmnmuiinnaonuuiiiiai 



MISAL DIARIO 
VESPERAL 

de 

DOM CASPAR LEFEBVRE, 0. S. B. 

traducido al caatellano y adaptado 

por el 
R. P. GERMAN PRADO, 0. S. B. 
^^^ de la 

Abadia de Silos (Espaiia) 



# El Misal mds completo en latin y castellano con 
Vf8|>era8 y Kyriales. 

# En au sex' a Edici6n corregid'x y aumentada. 

# Con tipos m&s leglbles e iluatraciones nuevas de 
Sppybrouck. 

# Llevando el Ord'nario en el medio ados coloree. 

# El prop^'o de la Compaii'Ia de Jesiis e innumerabl^s 
mejoras. 

# En una palabra, tenemos de nuevo un Misal eom- 
pleto de on autor que no n'^cesita recomendacionas. 

# lEs un Misal LEFEBVRE! 

P R E C I S 

Cuerin-\ cantos de color | 18f.— 

Cuero, cantos rojos y estuche », 24. — 

Cu«ro. cantos dorados y estuche ,30 — 

Encuacernaciones' de lujo » 40. — 

Pedifios a: 

DESCLfiE. DE BROUWER & CIA. 
g SANTIAGO DEL ESTERO 907 — BS. AIRES 

&mmiiinic»nmimiDiiuiiniiiiaimttuniiafmimimDiiiinniniaiiiiiiimNC3nmuiiiiiaiim^ 

ci6n y de tdcnicas polfticas y administrativas. El 
funcionamiento de tales instituciones exige no s61o 
una formaci6n previa; tiene 61 mismo por efecto de 
cultivar a los ciudadanos, a los funcionarios^ a los 
administradores. Ea 6sta una de las funciones de la 
ley respecto a quienes la aplican o le ob'edecen. Si 
deja de cumplirla, veremos desarrollarse un inmen- 
so aparato jurldico, fiscal, procesal, etc., qiie fnn- 
cionard en cierto modo para si mismo, desprendido 
por su progreso propio de la realidad social vivlen- 
te. Es el caso frecuente de los Bajos Imperios y de 
los finales de perfodos histdricos. Sucede no pocas 
veces que las instituciones nunca habian llegado a 
tan alta perfe?ci6n en lo t6cnico, pero ellas corren 
detrds de los hombres y no los alcanzan sino en la 
hora de la revoluci6n. 

Por tiltimo, ha llegado a ser lugar comtUn conde* 
nar a una civilizaci6n cuya empresa econ6mica oons- 
tantemente acrecentada, acciona al parecer para si 
misma, para su propia finalidad que es la ganan- 
cia, consumiendo y devorando al hombre, cegando la 
f uente de -la natalidad, tanto en el proletariado co- 
mo en la clase burguesa. Esta deshuman'zaci6n la 
condena, y hace tiempo ya que se ha sefialado el re- 
medio al pedir que de abora en adelante la empre* 
ea econ6mica trabaje para la persona humana. Pe- 
ro el problema se plantea tambi^n en t^rminos de 
civilizaci6n y de cultura. Nuestra civilizaci6n indus- 
trial plantea el problema de la cultura, — de la cul* 



445 



tura obrera, ante todo, — pero m&a generalmente la 
del hombre industrial que no es sdlo obrero. No se 
trata excluBivamente — ficil ea comprenderlo — de 
una cultura general, humanista y literaria, adquiri- 
da al margen de la vida de trabajo, como contrape- 
80 a laa preocupaciones de loa negocios, a la defor- 
maci6n profesional o a la servidumbre del trabajo 
manual de la f&brica. La eituaci6n del hombre in- 
dustrial moderno eat& ligada a un cierto estado de 
la civilizaci6n. Mas si se tiene en cuenta que la vi- 
da industrial ea una vida humana, le corresponde 
un cierto humanismo, que deber& ser deaarrollado 
por las instituciones de la civilizacion. En 61 encon- 
trar£ la civilizacidn industrial los elementos de 8U 
propia vida interior. Pero lejos de quedar resuelto 
el problema, se est& aun a la espera dd an&lisia que 
permita definir sus t^rminoa. 

iPor qu6 lazos se vineula el estudio de las nacio- 
nes al problema de la oivilizaci6n ? El lector que 
quiera acudir a los doa voKimenes que en breve pu- 
blicaremos, se darfi cuenta de ello sin duda a]gu- 
na (10). Llmit^monoB a decir que si la civilizaci6n 
ea un orden inatitucional, y un orden espiritual rca- 
llsado en la historia y correlal^vo a una cultura, ea 
«Tidente que las nacionea est^n de ora en adelante 
introducidas en los fundamentos tnismos de la ci- 
vllizacl6n. 

De prop6sito declmoa: introducidas; pues, en 
«fecto, las nacionea y las civil izacionea no proceden 
de un miamo principio, y no pare^-e que neces^iria- 
mente la una engendre a la otra. El Egipto, Grecia, 
Roma, el Galifato que en el aiglo IX seguia siendo 
el polo de la vida civilizada, ban sentado laa baaea 
4e laa grandea ciyilizaciones, pero nunca hicieron 
UBO de la idea modema de nacion alidad ; no ban co- 
nocido ni el nombre ni lo que & represents. Al con- 
trario, en la 6poca moderna, la dispoaici6n general 



de [a vida humana ha menester de las nacionea; d 
orden de la ctudad tenqwrai se ha convertido en ud 
orden nacional e internacional ; loa principios dlrec- 
tores de la vida social ae preaentan al hombre en el 
cuadro de la nacidn, o incluso bajo au nombre. No 
tan b6Io los t6rminos de Estado iiacional, de eco- 
uomla nacional, de igleaia nacional, han llegado a aer 
fiignif icativos ; hasta el de cultura nacional ha co- 
brado un aentido profundo al que se vlncuIa el al- 
ma de los puebloa. Y ino se preaiente acaso una 
analogia entre la contextura de la civilizacion, la de 
laa inatituciones culturalea y la de las instituciones 
que forman la Naci6n7 En verdad hay en esto una 
fuerza hist6rica que no parece haber agotado au vir- 
tud; y los nacionalismos modernoa que intentan uni- 
ficar para beneficio propio todos los principioa dl- 
rectores de la vida, no hacen sino captaria y utili- 
zarla. 

Asf como el orden de civilizacidn incluye hoy laa 
naciones, de igual suerte no puede ber concebido 
tampoco sin el Estado y las sociedades Intereatata' 
lea y supraeatatalea. Tambi^n aqui se plantean pro- 
blemaa nuevoa. La 4poca moderna, al aalir del feuda- 
liamo, comenzfi por reconstitulr el Estado, pero ain 
aolucionar ciertoa problemas fundamentales, come 
ser el de la legitimidad o de] origen del poder; omi- 
eidn grave, por cuanto el Estado es Poder, poten- 
cia ptiblica, autoridad. £1 siglo XVIII se aboc6 a estf 
problema y reaultd de ahi una Revoluci6n cuya am- 
plitud es conoclda. El siglo XIX vivi6. de la concep 
ci6n de la libertad, del poder social, de la propiedad 
de la soberania, de la democracia, del derecho, — dfr 
recho del hombre, del ciudadano y de loa pueblos— 



(10) Le probl^me de Civilisiation . La Nation - Tonu) 
primero Socioloicie de la Nation; tomo segundo Le Na- 
ticnalisme ■ Montreal, Editions de I'Arbre. 




esta Revolaci6n habfa profesado y cuyas bases 
US. Pero hasta las verdades que tienen un valor 
nanente ^ntran en \sl conciencia de los pueblos 
> formas hist6ricas que alteran en grado mayor 
lenor su pureza. La civilizaci6n ha Ilegado a un 
lento en que es menester reyestir de formas 
sras conceptos esenciales para la vida de la ciu* 
; es 68te el sentido de la revoIuci6n que atrave- 

OS. 

or Ultimo, un tercer fenomeno se ha desarrolla- 
que puede califlcarse de f en6meno de las Masas. 
otro lugar habremos de senalar la diferencia que 
te entre sociedad y comunidad y las nuevas so- 
ridades comunitarias que forman las Masas. 
tent^monos con decir que el orden de civiliza- 
moderna ha tenido sobre todo en vista la orga- 
ifCi6n societaria. Pero he aqui que las masas — 
as 6tnicas, masas sociales nacidas de la 6poca in- 
^rial, masas politicas instruidas y gobemadas de 
irdo a la t6cnica de las masas — aparecen en el 
10 de la vida social. ^Quedardn ellas insertadas 



de manera org&nica y (itil en la ciudad temporal? 
^ Puede cultivarse la conciencia de las muchedumbres 
y llegar&n a ser un elemento del orden de la civi- 
lizaci6n? 

Problema de las Naciones, problema del Estado» 
problema de las Masas, tres aspectos de los proble- 
m's de civilizaci6n. Si enumeramos esta serie es 
con el objeto de diseiiar un cuadro en el cual debe- 
rto insertarse los grandes temas de investigaci6n 
que se ofrecen hoy a la sociologia. Serla presuntuoso 
prometer al>ordarlos unos despu6s de otros; planes 
tan vastos se ven frecuentemente contrariadbs por 
la vida. Mas ha de tenerse muy en cuenta que \o& 
elementos del problema de civilizaci6n son interde- 
pendientes; al considerar aisladamente el que se pro- 
cura estudiar con detenci6ny es menester no igno- 
rar la existencia de'los restantes que lo integran. 

J. r. DELOS, O. P. 

Profesor de Derecho Internacional Publico en la 
Universidad Cat61ica de Lila y en la Facultad de Cien- 
cias Sociales de la Universidad de Quebec. 



LEJOS DEL MUNDO 



">f I deseas ser monje, como te llamas, esto es, 
^ solitario, ^qu^ haces en las ciudades, que 
'^ * de cierto no son moradas de los solitarios, 
ide muchos?" "Pues iqu6 haces, hermano mio, 
el siglo, siendo td mayor que todo el mundo? 
ista cuAndo estards debajo de las sombras de las 
IS? ^ Hasta cudndo te ha de encerrar U c&rcel de 
ciudades, Uenas de humo?'' 

aI expresdbase San Jerdnimo, ese hombre de ge- 
doctor de la Iglesia, que fu^ uno de los precur- 
ss de la vida mondstica en occidente. Y esa invi- 
dn insistente dirigida a dos de sus contempord- 
i, Paulino y Heliodoro, ha hallado a trav6s de 
tiempos profundo e^o en las almas, inclinadas 
naturaleza o por gracia a la soledad, que es la 
Ha de los fuertes, ansiosas de entregarse al si- 
lo, como a una forma de la plegaria... 

caba de abordar nuevamente este tema que trae 
mancias del fondo de la historia, un autor de 
stros dias, Pieter van der Meer de Walcheren, 
vertido holandds, en una obra que ha sido enri- 
cida con un pr61ogo de Maritain y que ostenta 
letraa doradas sobre niveo fondo este sencillo a 
^es que expresivo titulo: "El Parafso bianco" (1). 

II afio anterior, la misma casa editora habfa ofre- 
> al publico bonaerense la excelente traduccion al 
tollano de otra obra del mencionado autor, que il 
mo tradujera de su idioma original ai fran.es y 
lki6 con el titulo de "Journal d'un Convert!", 
kdo vertido a nuestro idioma bajo el rdtulo de 



Nostalgia de Dies, libro que tan favorable acogida 
obtuvo en los clrculos intelectuales de nuestro pais. 
En tanto este tUtimo nos hacia penetrar en el inte- 
rior de un alma atormentada por la sed de Dios, fi- 
nalmente sosegada en la posesi6n de la verdad, y a 
la que bien cabe aplicar el dicho pascaliano: *'No me 
buscarias si no me hubieras encontrado ya", la pri- 
mera nos introduce en la intimidad de los claustros, 
en el secreto de la vida retirada, alej^da del munda- 
nal ruido, que tan bellamente exalt6 Fray Luis de 
Le6n en su oda inmortal, mostrdndola como la dnica 
senda por la que han ido los pocos sabios que en el 
mundo han sido. . . 

"Vivir quiero conmigo 

gozar quiero del bien que debo al cielo, 

a solas, sin testigo, 

libre de amor, de celo, 

de odio, de esperanzas, de recelo". 

La obra de van der Meer nos traslada por unos 
instantes a las cimas espirituales y materiales, habi* 
tadas y exploradas por hombres valerosos, que sien- 
ten el llamado de las alturas y consagran su vida a 
la contemplaci6n de los divinos misterios en la so- 
ledad mds absoluta, la de las cumbres nevadas, la de 
los desiertos blancos, donde San Bruno y sus prime- 



(1) Edici6n ilustrada. Traducci6n de Isabel Molina Pico. 
Ed. Descl^e de Brouwer, Bs. As. 



447 



ros compafieros fundaron la que es hoy la gran Car- 
tuja. Y vemos revivir^ en pleno siglo XI, el ideal de 
existencia que se trazaran en los albores del cristia- 
nismo, los Padres del desierto, varones — ^y mujeres 
taxnbifo, de un temple heroico — , que en su austeri- 
dad y voluntaria mortificaci6n, parecian reprodu- 
cir el g^nero de vida del primer Ermitano y flltimo 
Prof eta, Juan el Bautista, cuya voz sonora clamaba 
desde el desierto, saoudiendo la inercia de los que 
vivfan alejados de la preocupaci6n del Reino de Dios. 
Pu6 4se — nos dice van der Meer — un moment© ma- 
ravilloso en la historia de la humanidad: como en 
un ^odo espi ritual, millares de personas emigra- 
ban al desierto en busca de soledad, para poder vi- 
vir en el silencio de DIos mientras el mundo conti- 
nciaba su ronda desenfrenada, gritando su locura, 
aofoc&ndose en su gloria, embriagdndos^ con los 
turbios esplendores que la civilizaci6n pagana ago- 
nizante irradiaba en su grandioso crepdsculo. 

Cuando San Bruno, oriundo de Colonia, pertene- 
ciente a una antigua y noble familia, terminados sus 
estudios y luego de haber ensefiado en las grandes 
Universidades de su 6poca — donde le cupo la honra 
de contar entre sus discipulos al futuro Papa Urba- 
ne II — , resolvi6 dejarlo todo, renunciar a la cdte- 
dra que tan brillantemente habla ocupado y trocar 
«u vida de intensa activfdad por la de rontemDlaci6n 
pura, halI6 entre sus amigos a seis otros j6vene8 
que aspiraban como 61 a una virtud mds cumplida, a 
una uni6n con DIos mds perfecta en el alejamiento 
de las cosas terrenas, y se dejaron ganar por la elo- 
cuencia de su verbo al ideal de la vida mon&stica. 

De esta manera nos es dado seguir al santo doc- 
tor en su peregrinaci6n a trav6s de las montanas 
Inhospitalarias hasta el sitio sefialado providencial- 
mente en un sueiio al Obispo de Grenoble, San Hu- 
go, en los Alnes del Delfin^'^o, donde jam^s habia 
penetrado hombre alguno. Alii, en ese desierto m&s 
inabordable y adusto que las mismas arenas de 
Egipto, en el que nada ni nadie vendria a turbar su 
ailen^io, los siete ermitanos. hench'dos de jubilo, esta- 
ble^en su morada y se entregan de lleno a la activi- 
dad de la plegaria, conforme a la norma que se ha- 
bian trazado antes de emprender tan ardua ascen- 
Bi6n. 

En un document© modern©, datado a 8 de juli© 
de 1924, Su Santidad Plo XI, al apr©bar los esta- 
tut©s de la Orden cartujana, revisados de acuerdo 
con las prescripciones del nuev© C6dig© de Dere-^h© 
Can6nic©, se complacfa en hacer resaltar la sublimi- 
dad de esa misi6n. c©mparand© la principal ocupa- 
ci6n de esos m©njes c©n la actitud de M©is6s. tan- 
tas veces comentada por los escritores eclesiSstic©s 
de l©s tiempos pasados c©n el fin de exaltar el p©der 
y la eficacia de la ©raci6n. "Mientras J©su6 bata- 
llaba en la llanura c©ntra los Amalecitas — c^ice, re- 
cordand© el relat© biblic© — . en la cima del monte 
vecino, M©:s6s ©raba y supliraba a Di©s p©r la vic- 
toria de su puebl©. Y ©curri6 que mientras sus ma- 
noa estaban levantadas hacia el ciel©, Israel triun- 



faba; per© si las dejaba caer p©r cansancio, los Ama- 
leiitas t©maban de nuevo la delantera. De modo que 
Aar6n y Hur hubieron de s©stener en alto los bra- 
z©s de M©is6s hasta que J©su6 saliera vencedor del 
c©mbate. Imagen muy exacta de la ©raci6n de lofl 
c©ntemplativos, los cuales se apoyan sob're d©s co- 
lumnas: por un lado en el Santo Sacrificio de U 
Misa, por otro, en la prdctica de la penitencia, ex- 
presad©s en cierta manera p©r aquell©s ilustres va- 
r©nes". 

Bien debia c©nocer el autor de '^De la vida ocul- 
ta" (Van het verborgen Leven) y de "En busca d€ 
la felicidad" (De Jacht naar Geluk), algo del mis- 
teri© de la v©caci6n divina en las almas, ya que poi 
dos veces el Sefior se d!gn6 llamar a las puertas dc 
su h©gar, c©nvidando a los misticos desposorios a 
d©s de sus hijos: Pieter Le6n, el primog^nito, que 
ingres6 en la Orden benedictina, siendo consagrado 
sacerd©te eh 1929; y Ana Maria, particularmente 
d©tada para las artes y las leti^as, que t©m6 el h4- 
bit© benedictin© en la Abadia de Ntra. Sra. de Oos- 
terh©ut, en el Brabante holand^s, donde van der 
Meer se babia fijado c©n l©s suy©s por espacio de 
tres an©s. N© ha de extrajlam©s que quien de esta 
suerte quedaba ligad© p©r la sangre c©n la indite 
. Orden, dem©strara especial interns y comprensidn 
por la Orden cartujana, espiritualmente emparenta- 
da con los hijos de San Benito. 

Es sabid© que San Brun©, antes de dar a su fun- 
daci6n el car&cter que debia c©nservar hasta el dia 
de h©y, piis©se en c©municaci6n c©n un© de los vis- 
tagos mAs preclar©s de la familia de San Benito, el 
Abad de M©lesmes, futur© fundad©r de la orden ci»- 
terciense, a objet© de c©n©cer mej©r el espiritu dfel 
que es c©nsiderad© universalmente c©mo el Patriar- 
ca de los monjes de Occidente. 

Habi6nd©se inf©rmad© debidamente de ese c6digo 
tan justamente Hamad© la "regla de ©r©'' de una de 
las ramas m&s augustas y fecundas de la mili- 
cia e-'lesidstica, y enc©ntrdnd©la atjn demasiad© sua- 
ve, fundi6 en una sintesis admirable las pr&cti- 
cas de la vida cen©bitica segtin el espiritu del gran 
Patriarca, c©n las de la vida eremftica. inspirada en 
las r©stumbres de l©s Padres del desierto, armoni- 
zand©las en la Orden de l©a Cartuj©s. 

N© le fu^ dad© a San Brun©, el enam©rado de la 
soledad, permanecer en ella para siempre, como era 
su intim© anhel©. 

El Papa Urban© II, ac©rd&nd©se de las sabias en- 
sefianzas de su antan© pr©fes©r, quis© tenerlo a sv 
lado en los dificiles m©ment©s p©r que atravesaba h 
cristiandad, dese©s© de apr©vecharse de sus conse 
jos en el g©biern© de la Iglesia. Obediente a tan aU' 
gusto mandat©, el sant© del silenci© abandona a si 
pequeiia c©lonia a la que nunca mds debia volver, s« 
resuelve a "dejar a Di©s p©r Di©s", y designado coi 
t©da prudencia al que habia de sucederle, ae encap 
mina rumb© a la Ciudad Etema. 

A c©ntinuaci6n se pr©duj© un episodio, tan huma 
no com© conm©ved©r: l©s seis monjes, encabendo 



448 



\ 



por Laudino, vidndose solos en pleno desierto, hu6r- 
fancs de ese padre que habia sido gufa y sost^n, ins- 
pirador de tan heroico desprendimiento, no pudieron 
permanecer lejos de H por m^ tiempo: la soledad se 
lea volvi6 intolerable y» de comlin acuerdo, levantaron 
sua tiendas y partieron para Roma. San Bruno los 
redbi6 con bondad, ocult^ndoles la pena que le cau- 
safaA tal decisi6n. Hizo cuanto estaba de su parte 
para reavivar en ellos el fervor inicial. Al poco tiem- 
po, reflexionaron sobre su conducta y, arrepentidos, 
pidieron autorizaci6n para volver a la Cartuja. Em- 
prendieron, pues, viaje de retorno con renovado en- 
tuaiasmo, acrecentado el ntimero de sus adeptos, y 
con la firme resoluci6n de reanudar la obra inte- 
rrumpida por un momento, cumpli^ndose aqu^Ua con 
entera fidelidad a trav^s de diez centurias, siendo 
aai que ninguno de sus continuadores cedi6 jam&s 
a la tentaci6n de evadirse, a no ser que por coac- 
ci6n externa tuvieran que abandonar ese lugar sa- 
gradc 

La descripcidn del viaje realizado por van der Meer 
de Walcheren a uno de esos oasis espirituales situa- 
do8 en lo alto de las montaiias, cubiertos permanen- 
temente con el manto bianco de los hielos y de las 
nieves, trae a nuestra memoria el relato de otro, 
verificado a f nes del siglo pasado por un co- 
nocido autor, ideol6gicamente venido de muy lejos 
el cual» en plena madurez y nombradia, recobr6 la fe 
de su infancia. Nos referimos a Joris Karl Huys- 
mans/quien,. en un recodo de su vida, sintio la nece- 
sidad de recogerse lejos del tumulto de los hombretf, 
y se encamin6 vacilante, con el alma enferma, hocia 
un convento de Trapenses perdido en el fondo de los 
bosques. en el norte de Francia; viaje que di6 mo- 
tivo a la publicaci6n de uno de sus m^s comentados 
voMmenes que intitul6 "En route", obra 6sta que 
inarc6 una etapa decisiva en la producci6n literaria 
del otrora discipulo de Zola. 

De regreso de esa "cure de silence et d'air", como 
86 complacla en Uamar su estada en aquel sitio reti- 
rado que fu6 testigo de su conversi6n Intima, obe* 
dace al impulso que lo mueve a estampar en un libro 
laa impresiones recogidas en la ermita, y se encarna 
en un personaje Durtal, de cuya sinceridad es impo- 
aible dudar. Ya pr6ximo a Paris, mientras desfilaban 
ante sus ojos los cuadros encantadores contemplados 
en aquel mundo tan nuevo para €1, y recapacitando, 
una a una, las conversariones tenidas con los mon- 
ies — esos seres que de ahora en adelante habfan de 
llamar mks poderosamente su atenci6n que los mds 
dfstinguidos literatos — c6modamente instalado en el 
compartimento del r^pido que lo llevaba de vuelta a 
la ciudad luz. apoderose de 61 una sensacion aguda 
de tristeza, una casi desesperacion, a tal punto que 
pfns6 por un momento en bajar en la primera esta- 
ci6n, a fin de retornar al monasterio. "jAh, — -ex- 
clamaba entre auspiros — yo he vivido veinte aiios 
en d'ez dias, en aquel convento!", lamentdndose 
amargamente de ser todavla demasiado hombre de 
letras para hacer un monje, y de ser, sin embargo, 



ya demasiado monje para permanecer entre los boi 
bres de su gremio. .. 

C6mo no confrontar esas palabras de Huysmai 
con las liltimas del autor del "Paraiso bianco", qui< 
al descender de aquellas misticas alturas que tan m 
ravillosamente ha descrito, hacia el valle de la h^ 
mana mediocridad, se siente como expulsado del P 
ralso, de ese Paraiso de delicias que habia desc 
bierto tras una apariencia de monotonia y arid< 
y que los hombres, por lo comun, no jsaben aprecia 
La Cartuja denominada Valsaint^ (el origen de es 
nombre, como el de tantas otras abadias, verbigr 
cia: Val'de-Paix, Val d'Espirance, Voie-du-Ciel, Pi 
te-dU'Ciel, le Repoaoir, etc., indica por si solo 
tranquflidad y paz que entre sus murbs hallan si 
habitantes) ha logrado el milagro de que "un cart 
jo hable", y nos d^ a conocer mAs que los efectos e 
teriores y secundarios de esa actividad simple q 
'es la suya, la esencia misma de esa misi6n excels 
que emula la de los dngeles por cuanto se orienta 1 
talmente hacia Dios, pero que para ser plena y cabi 
mente vivida, ha de derramarse sobre sus herman< 
los hombres, en frutos de bendici6n y santidad. O 
mucha propiedad nos habia el contemplativo de ] 
medios de que se valen los monjes para obtener e 
doble fin — medios que no son ciertamente privati\ 
de su orden, pero que se vuelven cartujanos al tom 
la modalidad que sus reglas les imprimen — , conve 
cido como lo estd de que la vida del hombre sol] 
la tierra es milicia incesante. Militia est vita han^ 
nw super terrain (Job. VII, 1). 

Esta concepci6n de la existencia —como muy bi 
lo observa — no puede menos de suscitar ira y dc 
precio en las gentes mundanas, para quienes tan si 
el progreso utilitario, una m^ pujante producci< 
material, una acumulaci6n cada vez mayor de Men 
y riquezas, es acreedor a estima. El escdndalo de 
Cruz serd siempre locura para la sabiduria ( 
mundo. 

Van der Meer, como Huysmans, se vuelven o 
nostalgia hacia aquellas fortalezas del espiritu, don 
"lo excesivo es 16gico, y lo sublime,*simple". Ahi so; 
hallar el autor de En route un clima melan?61ico q 
concordara con su temperamento. una atm6sfera c 
mejante a la de los cuadros de Rembrandt, tinicame 
te iluminados por el polvo dorado del reflejo & 
lar (1), donde a la sombra de un vie jo claustro, no 
veria interrumpido en la lectura de las vidas de sa 
tos, mds que por el aroma del incienso o por la si 
modia de melodias antiquisimas. . . Sueiio un tan 
rom^ntico que el mismo comprendia no habria de re 
lizarse en la forma ideada, que nos hace pensar en 
proyecto piadosamente quim^rico atribuido a un mo 
je ilustre por la ciencia y la virtud quien, embelea 



(1) Transcrib'mos es^e texto del facsimil de la carta au' 
grafa de Huysmans, publicada por el ab"te Mugnier en 
opuFCu'o in^i'nUdo "J. K. Huysmans k la Trappe" (1927), I 
Le Divan, Paris. 



do ecn su propio ideal, ambiciond transfonnar «) 
mundo en un inmenso clsustro. 

Antfes de terminar las coDBidersciones que antece- 
den, fuerza nos es aere^ar una observacidn que ser- 
viri de aliento y consuelo a. I03 cristianos que mi)i- 
tan en el sifrlo y que, seglin la henncisa expresidn, 
"eeUn en el mundo sin ser del mundo". 

Hemoa de agregar — decimos — a las muy juataa 
alabansas de la vida contemplativa, que es de suyo la 
mis alta a que pueda aspirar el hombre. las loas no 
menos efusivaa y vibrantes de aquella otra vida que 
abraia por igual la contemplacidn y la acci6n, y iu6 
la qae practicd el Verbo encarnado, entre nosotros, 
dfindoDOs el m&s agregio ejemplo de la vida apostd- 
lica. Quiz4 de una mayor comprensi6n de eata illti- 
ma, naceria una menor desazdn en ciertas almas que 
viven afiorando una existencia para la que no ban 
aldo hechaa, y que en manera alguna es privilegio 
exclusivo de ermitafios, o de monjes y religiosas en- 
claustradoa. No olvidemos que son muchas las mora- 
das de la caea del Padre, y que no hay neceaidad de 
trasponer valJea y montaiias haata dar con una aole- 
dad adecuada, lejos del bulJkio mundano, para vivir 
en uni6n con Dios y construir esa celda interior de 
que habla Santa Catalina de Siena. Exiaten, para 
Ventura nuestra, verdaderas Tebaidas en el seno de 
las modernas aociedades, como existieron en la anti- 
glledad, para asomb'ro de los paganoa; y hay refugios 



para el alma donda quiera que el Espirltu de Din 
BOple, en medio de naeatras grandea urbea, en d In 
terior de las viviendas de los hijos de los hombrea. 

Eatamos mu^ lejoa de compartir la decepcite di 
loa viajeroa al tomar de nuevo eontaeto con U vidi 
febril que agita a aua moradores, y no tenemos poi 
qu£ envidiar a los que fueron llamados a una vidi 
mfis perfecta. Sabemos que el eatado de perfeoei6i 
nada tiene que ver con la perfecci6n del estado, ac 
ceafble a todo squel que, cont^ndo con la ayuda di 
la gracia que a nadie ea negada, pone todo so em 
pefio en adquirirla, de acuerdo a las exigenciaa de 
camino por 61 elegido en conformidad con el dictadt 
divino. 

Y en nuestra 4poca que tanto ha meneater del apos 
tolado de loa aeglarea. bueno ee trasponer algo de est 
ideal entreviato, de eae eaplritu magn&nimo y gene 
roao de los que se conaagran por entero al servicit 
del Seflor, al piano de los que, sin huir del mundo 
tambi^n bregan par au causa, con el fin de vi 
vifirar nuestras obras, santificar nueatra acci6n 
tornar fecundo el apostolado que nos ha aido enco 
mendado, dando gloria a Dios lo mismo en los pueatoi 
encumbrados de la vida social como en loa mfis mo 
deatos de^la exiatencia ciudadana, que en el retir 
obacuro de eaaa caaaa santaa, destinadas a mantene 
vivo en el mundo, con aua ruegos y sacrifieiOB, 1 
llama ardiente de la earidad. 



Mercedes MOLINA Y ANCHORENA ' 



Solo en tu pecho joh Dios! 



MARIA RAQUEL 
ABLER 



S6to en tu p^cho iok Dios! tengo cabida; 
Silo en tu amor, el frenesi es etemo; 
S6I0 en tus bratos I'Dios! canto y altemo 
Gracia y delirio en mi asorada vida. 

S6I0 en tu lux, to liama estrejnecida 
Es un deelumbramiento hondo y tiemo; 
En celestial tratuporte fundo y eiemo 
Mi ardiente aima en eu ixtasis bruiUda. 

S6I0 por Ti mi tedio desfallece, 
Y s6la en Ti mi gran temura creee, 
Ya que en otra pasidn se detconoee. 

Porque mi amor, que sdlo de Ti port*, 

Bebe tu cielo con tan Jino arte, 

Que ya se eleva kasta el supremo goet. 



El Catolicismo en el Mundo 



ADHESION AL RESTABLECIMIENTO DE LA EN 

SEfiANZA RELIGIOSA EN LAS ESCUELAS 

OFICIALES 

En el acto de apertura de los cunoa del Centra de 
btndioi Religiosos i^ue coincidi6 con la celebraci6n de 
las bodas de plata de eaa InBtitueion, la preaidenta de 
la miima, Sra. Delfina BunKe de G^lvez, ley6 el si- 
gniente meriBaje: 

"El Centre de Estudioa Religiosoa adhiere con fer- 
Tiente entusia:mo al advenimienta tan deaeado por los 
■rg'entinOB — desde que el libcralismo aectario les aire- 
bato eate bien: — el del restablecimiento de la en.jenBn- 
sa reli^oaa en lai eacuelas publicas. £s decir: el de que 
b Buena Nueva del Evan^elio sea comunicada a todos 
lOB niiios y no ilnicamente, a algunoa ^rupoa privilegia- 
dos. Puea ea eabido que, a pesar del celo de los aacer- 
dotea y de Iob catequistaa voluntarioa, sin el apoyo de 
la escuela, la obra desplegada resultaba mas que inau- 
ficiente. 

"Ya no seri asi. No se dcjar& ya a ia gran mayorla 
de los ninoa — y de los niiios pobres especialmente — en 
la tristlaima ignorancia de que hay un Dioa, en la peli- 
gToaisima ignorancia de que tieren un alma que aalvar, 
y en la deaeaperacion de ro saber que hay una etema, 
una reaplandeciente Justicia que compenae laa amargaa 
injusticias y los imJltiples sufrimientos de este mundo. 



"En BUS bodas de plata, el Centra de Eatudios Rel 
giOBoe no puede menoB que expreaar au jAbilo, viendo i 
eate ma^lfico acontecimiento el madurado fruto de si 
intimOB anheloa y de toda au labor de veinticinco anc 
El Centro tiene la perauacion de haber indirectamen 
contribuido — con la conatante difuaion de la Doctrine 
a la maduracidn de eate fruto. Y no ae ha de olvid: 
que, al fundarae, el Centro tuvo tambi^n directamen 
en viata la mayor iTradiaci6n posible' de bus lecctoni 
Uno de aua primeros propositoa fu£ el de formar m 
JerKi capaces de ensenar. 

"La formacidn de avezadaa catequistaa urge en est 
momentOB en que se reintegra la instrucci6n religiosa 
la educaci6n eomlin. Y por ello esperamoa un nue 
entusiasmo en la asiatencia a estaa clasea. Puea ai bii 
ea cierto que lo que importa es dar, cuanto antes y 
todos, las m£a elementalea e indiapensables nociones ' 
Catecisme, cierto es tambien que mientraa ra&s ae i 
tenaifique la inatruccion de laa maeatraa, m^B efic 
ser4 au enaenanza. Quienes han tenido niiios a au car; 
saben cdmo ellos, con sus pregpintaa aobre loa mis < 
ficilea problemaa de la vida, son capaces de poner 
apuroa a loa miamos teologos. 

"Pero no nos acobardemos; puea a pesar de laa Ine^ 
tables deficienciaa de m^todoa o maeatros improviBad< 
ea ya un inmenao, inapreciable bien el poder comui 
car a todoa los niiioa y aunque sea escuetamente', 1 
Krandes verdadcs divir.aa. Y hemoa de cOntar, ademt 
con el auTtlio de la gracia — que suplirA toda deficie 
cia — y o.ue nunca negari Dioa a las almas infantilei 

"Invito, pues, a todos los que por este Centro se h 
yan intereeado alguna vez a formular en eate fatisto ai 





El sufrlmtonlo de lot pits puede afectar a muchas 
portet del cuerpo y son o menudo lo causa de los 
dolores en los piernas, faliga, etc. El Dr. Wm. M. 
Scholl ho creado sus produclos exclusivaraente 
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▼ersario, una srdiente acciAn de graciaa al Seflor vien- 
do cumplida una de las m^a frandes esperanzas de bu 
iiutitucidn: la ensenania religiosa ampliamente difnn- 
dida y no nefrada a quienes mAs derecho ttenen a ella: 
loi p«quenos y los pobreg", 
• 
Infonnaciones de la Agencia Catdllca K. A. P. 
EL ANIVERSABIO DE LA CONSTITUCION POLACA 

Hace 163 afios, un 3 de Mayo, el pueblo polaco Bin 
revotuctdn ni luchas fratricidas bb di6 una constitucion 
«n la cual antes que las otraa naciones formtil6 leical- 
nente loa principios de LiberUd, Igualdad, Fratemidad, 
que ye. desde siglos prficticamente Eerrian como base 
de la vida nacional, Libertad para cada ho.-nhra que vi- 
va en Polonia 7 para cualquier extranjero, desde el mo- 
mento en que pise la tieira de la Republica. Igualdad, 
todos i^ales frente a la ley. Fraternidad, uni6n <3spi- 
ritual y fraternal de todos los ciudadanos y amiBtad con 
las otras naciores. El sentido de eBtoa prindpios no 
era otro sino un sentido profundamente cristiano y 
«vang£lico. 

IjB constitucidn polaca recanoce la religi6n eaU'ica 
«onio reliffien de la naci6n polaca, pero al miamo tiem- 
po, en nombre de la libertad de conciencia garantiza 
la libertad de culto a las otras relisiones. La fecha do 
la proclamBci6n de la constituci6n es para el pueblo po- 
laco LA FECHA PATRIA, ya que en ella Polonia ex- 
pres6 sua mds altos ideales, aspiraciones y anhelos de 
xu vida nacional. 

Hoy Polonia no lucha por otta coaa, aino por log mia- 
mos ideales, formulados constitucionalmerte desde ha- 
ce Biglo y medio, pero vividos desde un milenio, 

Y estos ideales lo son no solo de Polonia eino tam- 
bi^n de cada pueblo, que arae y comprenda con sentido 
criaUano la LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD. 



La carta pastoral del Primado de Polonia promulga- 
da hace algunos aiioa, tiene hoy actualidad cabal. Par 
esta raz6n, citamos los p&rrafos esenciales de este do- 
cumento. 

"El comunismo — dice el Cardenal Hlond — niegra y 
rechaza la vida perdurable, no cree en la otra vida, puea 
no cree en Dios. Todo lo quiere y desea de la tierra. 
Y ea Idgico, pues naci6 del materialismo. Fuera de la 
materia y del cuerpo no reeonoce nada. Para 61, tienc 
valor i^nicamente el mundo terrenal. S61d £1 constitu- 
ye cl fin de bus esfuerzos y de sus deseos. Todo lo que 
eepera y quiere es para el cuerpo, nada para el eapiri- 
tu. El fin ultimo, para e! comunismo, es el paraiso te- 
rrestre en el estado proletario. A este fin tiende por 
todos los medios. Se forma su propia moral formulada 
por Lenin en la definicidn: Todo lo que es util al co- 
munismo es moral, y toda lo que es indtil y daiioso pa- 
ra el comunismo es inmoral. 

Por eao no existen para 6\ la moral cristiana y sus 
mandamientos, ni tampoco ios valores eapirituales. Esta 
es la raz6n por la cual un bomunista es y debe ser :iteo. 
Por eso declare la guerra a Dios, ircendia y destmye 



loB templos, peraig^e la H, martiriza a loa creyentea eo 
DloB. Y hace todo esto con tenta crueldad que a an 1^ 
do aparecen pequeiiaa las persecociones de toB c^aares, 
y se apa^n las antorchaa de Iob Nerones... 

El comunismo muchas veces tambi^n persigue su fin 
lentamente pero con obstinacidn se introduce en loda 
clase de congregaciones, aun relignosas. Al mismo tiem- 
po, HO pretexto del bien de la religi6n ataca al dcro, 
ridiculiza la f 6 y a los fieles. . . 

Declara a la Iglesla enemiga del pueblo. A la ju- 
ventud le enseiia a no tomar en serio las leyes y la uea- 
via 'hacia el camino da la vida f&cil y en 4\ le robi 
la.f£ y las buenaa coatumbres. . . 

El comunismo con la paai^n destruye la familia, puei 
en ella ve, despu^s de la Igleeia el amparo de la U 
y de la vida moral, Viola las leyes naturalee de lot 
padres en la educaci6n de aus hijos, educindoles de^di 
nines para ciudadanoB deciles del r^gimnt comunista... 

Para el comunismo, el individuo no tiene valor. U 
considera solo como un instrumento en manos del die 
tador. 

El comunbmo pregona fratemidad e igualdad, mb- 
siderando la propiedad privada como obst&culo para Ij 
igualdad entre las gentes. 

La Igteaia Cat^lica enseiia m&K que nadie la friter' 
nidad entre los hombres, pero reconoce y respeta lai 
diferencias naturales que existen entre istos, y deflen' 
de la propiedad privada. 

El comunismo tiende a elevar a los pobree. La Igle- 
sia Cat^lica no tiene menos cuidado de los pobrea, pe' 
ro no condena a los ricoe sine al contrario les ensefic 
los deberes que fluyen de los bienes que poseen. 

Ei comunismo ve dnicamente los fines colectivos. Ia 
Iglesia se preoeupa mucbiaimo de los aauntos aocUles 
pero respeta ante todo Iob fines individuales de c» 
da uno. 

Consecuentementet el comunismo nace y se desam- 
11a alll donde no hay fe ni vida cristiana. 

"Sed sobrioa y velad" y '^uertes en la ti, resistid a! 
comuniBmo". 

Augnato Hlond, Primado de Polonia 
Poznan, el 12-III-1987 



Es caracteriBtico en el aviador polaco, au profundi 
piedad y li viva. Asi era en su tierra patria y asi K 
hoy en el destierro. Una expreai6n de la religiosldu 
de las fuerzas a^reas fu£ el ofrecimiento del votam 1 
la Santijima Virgen de Ostrabrama, por la di^Bi^n di 
la Tierra de Vilna. En esta ocasidn el general Sosn- 
kowaki, jefe del ej^rcito polaco di6 testimonio de est* 
alto esplritu moral de los aviadorea polacca diciendo: 

" i Aviadorea 1" Me alegro prof undamente, que seAii 
dignos herederos no solo de la gloria militar de nusft' 
troa heroicos antepasados, sino tambifn de las tradidtf 
nes catdlicas y del culto ardiente a la Santfaima Vir 
g^en. Me uno con voaotros en la oraci6n a la Madra di 
Dios de Ostrabrama de Vilno para pedirle que ae di^ 
ne tomar bajo su proteccion la tierra oriental de la Re 
piiblica de Polonia y sus aviadores". 



CARAMELOS EXPUISITOS CONCENTRADOS «E LECHE 

MISKY 



rdnicas musicales 

TEATRO COLON 
CONCIERTO DE WOLFF 

la maBana del pasado domiiiKo, Albert Wolff di- 

un concierto que podemos claaificar csmo bueno, 
u calidad j por la ma^ffica intevpretacidn que la 
sta di6 al mismo, m^rito indiacutible del excelcnte 
or, que nierece loe mejores aplausos. Una sola cosa 
tramos objetable; seriamente objetable: EI cnncier- 
minfi a la una de la tarde, bora coinpletament« in- 
jQa para los que acos turn bra moa a comer a las 
y media, qua somoa la mayorfa de la pDblaci6n. 

haberae tnprimido algruno de las nlimeroa y aobre 
jebid empezarse a las 10 1|2, bora anuneiada y eg 

costumbre que el Colon, que debe ser modelo de 
Una, anuneie una bora y empiece 20 minutoa dea- 

porque vamo? a ver, ^a qui£n hay que tener mis 
dn, a los que aiendo bueros cumplidorea lleg^an a 
-a que ea debido o loa distratdos o faltos de aten- 
ne llegan tarde? Me parece que aon estos dltimos 
le no merecen conaideracidn de ninguna eapecie. Y 
OS con el concierto. "La Slnfonfa en ml bemol" de 
■t, tuvo ura ejecuci^n estimable y en la overtura 
ora N? 3", eata ejecuci6n alcanz6 contomos aobre- 
tes. La "Slnfonfa sobre an canto montaMa", del 
o compositor francos Vincent d'Indy, para piano 
uesta, ea un magnifico exponcnte de las condicio- 
straordinarias, que coroo orquestador tiene aquel 
rado miliaico. M&s que ainfonfa, es una serie de va- 
nes sobre un flolo tema. Y d'Indy agota loa re- 
i en forma fstupenda y en el tercpr tiempo el ro- 

ea £pico. La parte de piano eataba encomendada 
a Fiagsio de Tarelli, que ai bien tiere una ejecu- 
impia y segura, en el iSltimo momento le ieMd algo 
ergfa, lo que no obsta para que clasifiquemoa bu 
retaci6n de soberbia. En la tercera parte del con- 
. altern6 con los maestros frarceaea, el aimpntico 
isitor argentino Pascual de Rogatis, cuyaa danzas 
6pera "Huemac". que nos agradan de verdad, ftte- 
i rigid as por Wolff con to do a juste y de niemorta 
el reato del concierto. Ante los aplaui03 Inaiaten- 

1 publico, de Rogatis tuvo que aalir a ggredccer la 
m que fu6 muy merecida. La precioaa Suite de 
io Debussy "El rinefin de los Niiios" no noa Kiistfi 
como otras vecea y en el niimero final en el que 
iecutado el Schrreo Sinfonico de Paul Dukas "EI 
lit de hechicero", tarto el director como la or- 
i actuaron con una aeguridad y brio que merecid 
is gratides aplausos de la velada. Fu£ en rss'umen 
do concierto y nuevos laureles para Albert Wolff. 
a et jueves 11 hay un esp;cUiculo coreogrifjco en 
t entre otras obras se volveri a poner "EI som- 

de trea picos" de Falla, uno de las bailea mejor 
!os por nuealrcs coreigrafos. 

ordamos a los interesados que los nuevos abonoa 
2an a entregarse el 10 y que ae ha abierto un 

a seis recitales de piano ds Claudio Arrau con 
programas Bumamente intereaantea. 



VIOLETA RILLO 

I prodigiosa concertista de piano, niiia de^ nuevc 
ha ejecutado un concierto el lunes 8 del corri^nte, 
a sido una irtereaante novedad para nosotros. 
ifio pasado actu6 en un teatro de la Capital, que 
Ardamos cuttl era, y al oirla por radio y no vien- 






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ft Esta Rucvji crcacf^n psscc toaos los ^ 

& atritrntos que Jleron cclelwiJaJ a COT/. ^ 

V PRUEBELA y JUZGUELAI J 



do a la ejecntante, no nos prodojo mayor efecto. Ad»- 
mAs la radio mnestra excHivam«nte los errores y has- 
ta loa agranda. Por eBO en este atlo quliimoi eonvm- 
cemoa de la bondad artfstica da Violeta Rillo y a « 
que Ssta nos ha dejado completamente aatiafecbos. Un 
"Preludio y Fnga" de Bach y la "Sonata en re mayor", 
de Haydn fueron dos perfecciones, que no pareclan eje- 
cutadas por una niiia prodigio, aino por una concertista 
en plena madurez. Los Valses de Chopin Opus 64 N? 1 
y 2, fueron una deliciosa sorpresa para nosotros; an ol 
segundo tema del Vals N^ 1. al repetir el tema por ■«• 
gunda vez, hizo una novedad interpretativa que nos de- 
jd encantadoa. Tambi£n las doa composicionea Am 
Mendelasohn, en el "Rondo Capriehoao" anunciado en el 
prngrama, "La Hilandera", que nos obsequi6 fuers del 
miamo fueron dos ejecuciones deticadlsimas. 

Respecto a La Polonesa N? 1 de Chopin, podemos de- 
cir que no es ura obra adeeuada para log medlos de 
es'a cOBcertiata y en la Mazarca N^ 4 y Noetnmo N9 %, 
del mismo autor, bubo una falta de seguridad que ain 
duda fueron debidoa a la nerviosidad de tocar por pri- 
mera vez en un teatro de categoria y de responaabl- 
lidad. 

Eligiendo un programa adecuado para los medios de 
esta niiia, puede asegurarae que el resultado aerd un 
concierto modelo de frescura, interpTetaci6n y talento. 
Ademfis sentada ante el piano ea una figura encantE' 
dora, llena de tranquilidad y sobrio adem4n. Augura- 
mos a Violeta Rillo un esplendoroso porvenir. 

H. O. G. 



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T E A T R O 



-THE HIGH ROAD- 

E. Patrick Moxey, caballero ingles que tanto ha he- 
cho por las representaciones en aquel idioma y a quien 
debemos la inolvidable versi6n de Murder in the Cathe- 
dral, ha dirifirido esta comedia de Frederick Lonsdale 
que fu6 puesta en escena per un grupo de aficionados 
en la sala del Ode6n. 

La obra no llama la atenci6n por su excelencia, pero 
sirve para pasar el rato. Se trata de una comedia ligera 
e intrascendente que relata las peripecias de los mora- 
dores de un castillo tlpicamente britdnico ante la intru- 
8i6n de una actriz. Lonsdale no se ha extralimitado en 
la descripcion p3icol6gica de los personajes, pero todos 
ellos est^n esbozados con trazos certeros y muy dgiles 
y el espectador vuelve a su casa satisfecho. 

El ambiente britdnico est^ muy bien dado y los ar- 
tistas son bastante buenos, sobre todo Ralph Lloyd y 
Marjorie Williams, que representando a un matrimonio 
aristocr^tico supieron acentuar finamente los matices 
humorlsticos que el papel les otorgaba. 

Ligera, bastante graciosa y bien dada, The high road 
constituye una obra entretenida, que si bien no puede 
servir como pruebti del genio teatral ingl6s contempord- 
neo, ha servido para reaf irmar las excelentes condicio- 
nes de Moxey como director y las dotes y buena volun- 
t^d del animoso con junto que le acompan6 en esta oca- 
8i6n. 

Vagabond Jim 



Cinematdgrafti 

BARBARIE CI- Con el subtltulo de "Conozcatoos lo nuei 
NEMATOGRA- tro", Sucesos argentinos N9 283 ha fij 
FIADA mado algunas e^cenas sobre la eaza di 

yacar^ en Corrientes. Tal exhibici6n im 
puede menos que ser mirada con repugnancia por ei ei 
pectador que apenas puede creer que por ganar din«r 
sea el hombre capaz de torturar a esas pobres bestial 

La c&mara nos detalla minuciosamente la caza dfl 
animal que se hace a balazos que no lo matan pero qvM 
lo dejan mal herido. A la manana siguiente, adn viti 
se lo enlaza y se lo atrae a la orilla ultimdndoselo hu 
go a palos en la cabeza. Poco antes de morir, cuand 
no puede defenderse, se le saca la piel eon un cuchiH 
especial. . 

Jam&s crefmos que una institucidn fuera capaz de en 
viar fot6grafo8 para mostrar c6mo se desuella vivo i 
un animal. Y consideramos que esta exhibici6n es re 
pugnante y contraria al buen gusto. En cjianto a la U 
bor de los matadores de yacar^, creemos que rebaji 
la dignidad humana a profundidades muy.grandes. 



FALSARIO Diremos muy pocas palabras sobre es 

ta pellcula. Es, indudablemente, lo me 
jor que se ha presentado este ano. Argumento, diree 
ci6n e interpretaci6n corren parejos en cuanto a exce 
lencia. El primero trata de la resurrecci6n del espiriti 
combativo francos, que arrastra a un hombre acabado i 
una vida de herofsmo en aras de la patria. La segundi 
es de Duvivier que la ha hecEo con genio y con la mi- 
rada puesta en su naci6n, naci6n que es un poco patrii 
universal ya que todos le debemos algo. La tercera noi 
muestra a un Jean Gabin transformado y convertido en 
uno de los grandes actores que ha tenido el cine de todoi 
los tiempos. 

No es una cinta de propaganda y sin embargo no ps* 
drla haberse hecho mayor y mejor apologia de Franda 
y sus hombres. Es algo distinto a todo lo que se 111 
hecho en peliculas de guerra y muchisimo mejor que cual* 
quiera. 

La recomendamos con todo entusiasmo ya que moral* 
mente no s61o no presents objeciones sine que esHspedsl 
para elevar el esplritu. 



GRAJEA 

La semana ha sido pr6diga en cintas b^cas muy biO 
hechas. Se destacan Los verdugos tambi^n mueren diii 
gida por Frizt Lang a la manera de sua grandes *pelicti< 
las; Una vox en la noche que nos devuelve a Clive Brool 
y Diana Winyard en una vista infeHor a Cabalgata pcf( 
de valores positivos; y Paris en las tinieblas que es mt 
nos buena que las otras dos. Los mejicanos nos eft 
viaron Resurreccion novela de Tolstoi que ha tentadi 
a todos los cineipatografistais del mundo*y que en es 
ta versi6n presenta valores de calidad. Las otras trd 
se 11am an Cuidado con mamd, intrascendente y simpA 
tica; Un ligero error, bastante median^ y Como toi 
padres se amaron, demasiado ruidosa. Moralmente ti 
das las pelfculas comentadas pueden ser vistas por C 
lector medio de CRITERIO al que consideramos de eri 
terio formado. 

Vafabond Sim 



454 



Los manantiales 
de nuestra Fe 



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lidad y manera de actuar de loa tree factores de donde derive 
toda la ensenanza eatdliea. 

LA TRADICION, que Uega a nosotros desde la Era Apostdliea; 
LA BtBLlA, que abarca tanto el Antiguo cttanto el Nuevo 
Testamento, y el MAGISTERIO ECLESIASTICO, eustodio a 
intirprete de los dos primeros, son analizadoa sueeaivamente 
por Mons, Franceechi quien, evitando toda poUmiea, ae dediea 
a la expoaiciSn positiva y objetiva de la doctrina eatdUca, une 
laa informaeionea hiatdricas a las doetrinaritu y abona doeu- 
meniadamente tua infonnaeionea. 

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I 



IBLIOGRAFIA 



rada, Centenario A iniciativa de la Comision Central de Home- 
3U nacimiento "fuije a Jose Manuel Estrada, que aseaora con 

celo infatigable. el R, P. Pedro Varela, la Edi- 

d Kapelusz acaba de piiblicar en un nutridot volumen de 438 pdffi- 

uaa seleccion de eiisayos, disenrsos y conferencias brotados de la 

te de las mas prestigiosas figuras de yiuestras letras, al cumplirse 

mteriario del eminente ciudadano. 

Iniciase la serie de valiosisimos trabajos con la Pastoral Colectiva 
Venerable Episcopado Argenthio, documento que — como lo expre- 
I prologuista de la obra, el Excmo. Sr. Obispo de Mercedes, Mans. 
Anunciado Serafini — , da la pauta del homenaje, pues kasta el pre- 
e no se registra en la historia del catolicismo argentino una pas- 
I dedicada por todos sus obispos a destacar la persona de un laico 
lico, siendo asi que esta vez nuestro Episcopado juxgd oportuno y 
iciero porter su firma al pie de una carta colectiva sobre Estrada, 
len — formdndole corona — los decretos^ adhesiones y resolu^iones, 

asimismo una resena completa de los actos llevados a cabo en 
la Republica, transcribiSndose al final algunas crdnicas aparecidas 

i extranjero. 

El cuerpo del volumen hdUase dividido en dnco partes fundamen- 

r, en las cuales se estudian diversas fases de la actividad del m- 

« tribuno. La primera, dedicada a aho^idar en la personalidad de 

'ada, se abre con la magnifica conferencia pronunciada por el 

mo. Sr. Arzobispo de Cdrdoba, Mons. Dr. Fermin E. Lafitte, en 

^niversidad Nacional de la docta ciudad. 

Siguenle otros magistrales estudios que no nos detenemos a ana- 

* aqui, por cuanto varios de los mismos aparecieron en las pdgi- 

de esta Revista, y que todos ellos concurren a trazar en forma aeor 

1 el perfil del orador cuyo verbo encendido arrebataba^ y que legd 
s disdpulos como la leccidn mds elocuente, el testimonio de su vida. 
Las evocaciones de la segunda, tercera y quinta parte exaltan svr- 
mmente al Maestro, al Kistoriador y al Politico, en tanto la cuarta 
ledicada a un tema de especial actvalidad en estos dias en que wn 
)o y decisivo rvmbn ha aido impreso a nnestra ensenanza, tan de 
rdo con la aspiracidn y los a fanes de este intrepido defensor de 
bertad de ensenanza en tiempos en que muy otra era la opinidn 
iente, mereciendo que con toda verdad se le ajtlique lo que de oti'o 
mparable defensor de estos dererhos, y inaestro tanUbien el de 
iventud, el gran dowivico Lncordaire, se dijera: **Cada vno de los 
intes de su rid a e.^tffvo consagrado a Dios, a la libertad y a la en- 
nza'\ No en vano if con muy huen acierto ban creido los edi tores 
ninguna frase mejnr que la que in rahusta sijitesis nos entrega 

ondo de su pensnmicnto: "la libertad I'.s cristiayia'*, iluHtraria el 
lema que ostenta la ho mo.sa portadn del rolnmen. 
Restanos agretfnr ahpiuas palahras sfibre la aerie de discursos tratu^- 
fa al final, partioilarync)}!" cwotiva, por cuanto nos hncen rerivir 
momentos was salrtmns dv lo cnnnituioiacion dpi Centenario, en 
graudes y ijfqnctlns x{ af/iitiKf.i }Kirn rcndir trihuto al proccr que 
entia orguVostt d' .<(i rxf/'r/tc. df sfi rnza >/ dr su pntria. 
Pro7ito — tnl t^' iiiKsiin f"n)iii rspi raiiza-— vl Uffminuoito qnc t/te 
ird en lo Plaza dri Cnnfirt sn it rtnja oicdra finidame)ttal far colo- 
\ por el Emmo. ('(n-dr,,tii ('<>i,if-n i ,} rl (nilr<^rsitrio del aatalirin, pon- 
su sello d('fi}titirit n i.<,\- rmt,Hifhnii utn lu'/hlico )f srrd tfstiuwnio 
■7ine de la gratitnd thl },iu},h, tiroci'tinu a a no dc sax hijos mds 
laros. Mientras foiiiu, rchn:i In.-- i)fntli>a.<: llcnos di prorfchosas lee- 
es que Huacintawc nf ' hrnins (ib-.<»idn, n ma}i(ts dr tiursffufs n'tirs- 



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Aparece mensualmente 
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tros, de nveatroa jovenes, de todos aquellos que laboran par la (jrai 
de la patria^ para que fav egregia ejemplo sea un aliciente co)is\ 
de m-ayitener y acrecentar el caudal riqvisimo recibido de nucstros 
yoren y para que mirdndoHe en ese espejo sea el fruto de su lecUn 
mas acevdrado amor a la gran Causa que sirvio Jose Manuel Est 

Josef ina MOLINA y A^CHORK!^ 



Presencia, per 

Crist6bal de Gueva- 
ra. Editorial Litvack. 
Cordoba. 



SgaSKlSKISKlSKlSKIS 



La poesia de Cristobal de Guevara estfi 
pregnada de sano modernismo. Alguut 
S7(s versos tienen una naturaleza inthm 
especial que nos traen reminisce ncias di 
derico Garcia Lorca, no obstante cierto p 
tesco espiritual con nuestro Evaristo Cc 
go, el cual estd dado par los mofivos escogidos, que guardon in) 
lativa analogia con los que inspiraron al autor de **Misas Hereja 
t raves de todo el libro, quintaesenciadamente escaso en pdginas, s 
ta vn perfume de sencillez que en algunos casus lesulta nwgnif 
altamente poHica, 

La prim-era parte de la obra contiene poesias breves: sucesiro 
file de imdgenes, Algunas composiciones, de mayor extension, res 
par su valor positivo de recuerdo bien anorado en la miUico del i 
como "Sam Musican'\ un redo marinero de la estirpe que vio J 
Blomberg: 

**Cuando dejaste el puerto ifue acaso una 
manana marinera, espuma y sal? 
Acodado en la. borda, a la fortuna, 
en la noche fatidica del rnxxr!'' 

Bien logrado y casi original es el soneto: **Esto queda de ti 
rrio sombrio'* y la intcnsa pdgina titulada: *Wo vales ni la pena d 
Uneas'*: 

"Cocke placero, sigiloso y hondo, 
puerto seguro de los desahuciados, 
negra cigiiena de los parques solos../' 

En **Pueblos'\ segundo capitulo o parte de la obra desfilan los 
torescos lugares del vorte de Cordoba: Totoral, Rio Seco^ Ischili 
estilo es descriptivo aunque no estd exento de trazos*firmes ap 
dos a la esencia de las tardes pueblerinas, sus amaneceres y sus no 

"La noche raspa en los drholes: 
Ins fosforos de los grillos". 

Es en In ultima parte del libra, denominada "El Niiio" y ded 
a su madre, donde el poeta vuelve su mirada a los dias de inf 
y evoca en versos em.otivos y dotados de una frescura y lozania e 
ordinarias, los recuerdos que surgen en su TUiemoria coyi mayor ni 
Merecen destacarse: "Tu libra de misa** y "Jardin de nuestra c 
de un vago sabor .nicelotiauo, especial m^nte la primera, en que el < 
encuentra el vie jo libra de mdsa de su madre: 

"Y eroque los dias de mi infancia rlara, 

y evoque mis sneFtos. 

Y vivierou con todos los dias 

los primeros domingos ija muertos^ 

con un fondo dv blancos rosales 

y uu en jamb re de pdjaros nuevos". 

En rfsum^'n: finnvn de scnsaciones, expresion adelgazada en 
ria If pyofundidad, nwficcs snares, if una media voz aristocrdtica, 
fihin la fisonomia dr nn pfuta inclinado voluntariam-ente a la co) 
phiclon df las rosas nnrstms. Es nn bnoi artista y ha elegido el 
cnminn; sn primer libro f s in ihehn ijne mnrro la scnda de sus fn'; 
M'" ins letnfs fftHhdxsns. 

Rnbin MARTINEZ CVITL 



n;«; 







o 



PARECE TODOS LOS JUEVES 

3 XVII N.» 846 Bs. A*., 18 <le mayo 1944 AUina 840 U. T. 34-1309 




DE It ICLESIII El AMEIiei MTIII 



CARTA AL Sr. RICHARD PATTEE 



/■" UY estimado senor y amigo : 
'I En el ultimo numero de Orden cristiano en- 
contr^ en version castellana un articulo de 
por cierto que bastante pesimista, intitulado 
\endemo8 de verdad a la Iglesia de la AmSrica 
m? Decia la mentada revista que el escrito de 
habia sido publicado en AnUrica, muy buen se- 
irio de la Compafila de Jesus en los Estados Uni- 
pero no daba la fecha. Hall6 el texto ingles de 
en la entrega de 29 de Enero pr6ximo pasado, y 
Isqueda me proporciono el gusto de leer otro ar- 

suyo en el numero de 5 de febrero: How to 
e democracy among the latin americans (c6mo 
ir la democracia entre los latino-americanos) re- 
de obs«rvaciones interesantisimas a las que re- 

r^ en mds de una oportunidad. 
articulo, segun acabo de manifestar, me pare- 
luy pesimis.ta, aun cuando en mds de un punto 

1 los que puedo juzgar le hallo razon. Si aqu^l 
ubiera salido de su idioma original, ni tradu- 
al castellano y dif undido entre nosotros, me ha- 
abstenido de toc^rlo en CRITERIO. De todos 

)s, encuentro en esas paginas razones mds que 
ientes para discutir algunos de los problemas 
seiialados, y que poseen en verdad importancia 
I. Aprovecho pues la ocasion ofrecida, y entro en 
ria, dividiendo esta en varios capltulos para evi- 
atiga excesiva al lector y dar algunos puntos de 
encia y descanso. Pero antes, y con el fin de 
jjar toda suspicacia, quiero definir una vez mds, 
cuando ello sea inutil, mi posicion en mas de 
de las cuestiones que he de examinar. 

Mi posicion 

I primer lugar, si me lo permite, con respecto a 

mismo. 

> nos conocemos personalmente, pero si por es- 

, y profeso hacia Ud. la mas perfecta estima y 

o. Ha tenido Ud. la gentileza de remitirme algun 

ulo para CRITERIO, y yo el honor de publicar- 

n su ultima, carta, de 24 de abril, y que recibi, 



escritas las primeras paginas de este articulo, me tr^- 
ta de amigo. S6 muy bien c6mo opina Ud. en mul- 
titud de problemas, y pienso que tambi^n Ud. sabe 
de qu6 modo, dentro de la modestia de mis medios, 
he procurado servir la Causa de Dios y de mis her- 
manos. Puede, por lo tanto, estar seguro de que en 
mi no hallar^ m^ que amistad y consideraci6n. No 
hay en estas pdginas pol^mica sino deseo de acla^ 
rar conceptos. 

En segundo lugar hacia los Estados Unidos. 

Fue cuando cumpli ocho aiios, que mi madre 
me obsequio entre otros libros con una Vie de 
Georges Washington, en francos, un volumen de 
esos encuadernados en rojo, con grandes letras 
doradas, bien ilustrado, qUe en aqu^l entonces se 
daba a los chicos. Hoy se les da una pelota de 
f dtbol. Yo f ui desde pequefio un devorador de li- 
bros. Puedo asegurarle que a los nueve afios me sa— 
bia de memoria la historia de la independencia nor- 
teamericana, desde el incidente del t^ en Boston has<- 
ta la rendici6n de Yorktown a los soldados unidos de 
Washington y La Fayette, y a partir de esa fecha re-' 
mota experiments una hond^simpatia para el pueblo 
que de este modo habia conquistado su libertad. M&s 
tarde, pero adolescente ailn, lei una historia de la 
guerra de Sesecion, y fueron mis heroes Grant, 
Sheridany el almirante Farragut, y tan tos otros que 
se ilustraron por su abnegacion y valentia. Despute 
he leido mucho sobre los Estados Unidos^ y nada 
logr6 destruir esa atracci6n despertada en mi niiiez. 
Claro que ello no implica esa simplicidad de jui- 
cio que Ud. mismo describe y critica en uno de 
sus articulos; siempre he procurado amar con cla- 
rividencia ideas, hechos, personas y pueblos. Ningun 
pais esta libre de f alias; pero el reconocerlas de nin-^ 
guna manera signif ica odio al pais mismo. Y por esto 
puedo afirmarle con toda sinceridad que la simpatia 
de mi ninez hacia los Estados Unidos permanece 
aun hoy sustancialmente intacta. 

En tercer lugar la democracia. 

Siempre que se entienda bien la palabra, soy de- 
mocrata por temperamento y por conviccion, pero ello 



461 



de ninguna manera implica aprobar, o colocar en un 
niismo nivel, todas las formas de democracia. Las 
hay aceptables y no faltan las pteimas. Lo reconoce 
Ud. explicitamente en su artlculo How to judge demo- 
crqcy among the latin americans, y luego habr6 de 
volver sobre este punto. De todas maneras, afirmo 
ahora: 19 que hi^ formas de democracia perfecta- 
mente conciliables con el catolicismo m&s acendra- 
do; 2fi que, en mi opinion, en el estado actual de la 
cultura mundial, — y dejando de lado lo imprevisi- 
ble que puede salir de la guerra, — no es viable un 
sistema de regimen politico que excluya normalmen- 
te la intervencidn de los gobernados, personaa u or- 
ganismos, en ciertos actos de gobierno, por ejemplo 
en la designacion, directa o indirecta, de los jefes. 
Solamente cuando una honda crisis, causada por 
acontecimientos internos o externos, sacude un pals, 
la defensa del mismo exige la concentracion de to- 
das las facultades en pocas manos. Recuerde Ud. que 
la repdblica romana admitia en ciertos casos la dic- 
tadura. Estas ideas las he expresado ya en un libro 
publicado el ano 1918, intitulado Im democracia y 
la Igleaia, que no fu^ siempre bien entendido, y que 
serk reeditado dentro de algun tiempo, con todos los 
Rgregados, observaciones y puntualizaciones exigidas 
por el trascurso de veinte y seis aiios. De todos modos, 
puede Ud. estar seguro de que no hay en mi, por de- 
cirlo asi, mia siatem^atizacidn antidemocrdtica. 

Despejado asi el camino, y antes de entrar al cuerpo 
mismo de su articulo, permitame que comente -hreve- 
mente dos frases, una suya y otra de un escritor ilus- 
tre. 

Dos frases 

La primera es tomada del comienao de su articulo 
How to judge democracy . . . "En los Estados Unidos 
tenemos la desdichada costumbre de reducir un sujeto 
abstruso y complicado a la m4s inf antil simplicidad (to 
almost infantile simplicity)". Y despu6s de otras pala- 
bras at^n m&s duras que prefiero no trascribir aiiade 
lo siguiente que constiti;^e un ejemplo muy bien elegi- 
do: "La Uni6n sovi^tica es la muestra mds elocuente 
de esta reducci6n ad simplicitatem. Cuando no amdba- 
mos a los rusos, su sistema era sanguinario, cruel, 
opresivo y enemigo de Dios. Cuando los alemanes in- 
vadieron su territorio y alios llegaron a ser aliados 
nuestros, la democracia rusa pas6 a dar pruebas de 
una vitalidad nunca vista antes". Y un poco mds 
adelante anade que ya desde el momento de la alian- 
za, para los norteamericanos la supresion de lo reli- 
gioso fue puramente nominal, los m^todos horribles 
de juicio no pasaron de ser una manera de eliminar 
peligrosos espfas, la libertad nunca fu6 tocada, y la 
aventura filandesa constituyo sencillamente una auto- 
defensa sagaz y politica. 

Todo esto es verdad, pero no solamente de ciertos 
sectores de la opinion norteamericana, sino tambien 
de la nuestra y de muchos otros paises. Conozco 
piadosisimas senoras que colaboran con su obolo a 
las obras auxiliares del ejercito rojo. Y entonces 



quien no estd cien por cien con los norteameric 
los ingleses, los chinos y los rusos es un na 
quien no estd cien por cien con Hitler y Mus 
es un comunista: imposible salir de este d 
absurdo. 

Y aquf viene la segunda frase a que me he 
rido. Es de un liberal de la grande ^poca, si 
amigo de los Estados Unidos y de la democ 
La escribi6 el ilustre Tocqueville en un librc 
estd desde hace muchos ados en mi biblioteci 
dimocratie en AnUrique: "lod pueblos democr; 
aman apasionadamente los t^rminos gen^ricos 
palabras abstractas, porque tales expresione; 
sanehan su pensamiento y permiten encerra 
corto espacio muchos objetos, ayudando asi e 
bajo de la inteligencia. . . Los hombres que hs 
los paises democr^ticos tienen por lo tanto coi 
cuencia pensamientos vacilantes; les hacen 
expresiones muy anchas para contenerlos". 
va aconteciendo en especial con el vocablo < 
cracia que, seg(in Ud. . muy bien lo dice, "e 
pot-pourri de conceptos, ideas, ideales y falsas 
cepciones" muy raras veces bien analizados, 
que mal usado de esta manera "induce en ei 
al pensar y apreciar las condiciones de hoy 

' De ahf deduzco algunas conaecuencias qu< 
lo espero, no tomard Ud. a mal. Pertenece 
un pais envuelto en una guerra terrible, qi 
de influir enormemente en la marcha de la 1 
nidad quizds durante mds de un siglo. Para 
natural y espontdneamente, todos los problem; 
man un color politico, o sea de inmediata cc 
ci6n de las masas. Para nosotros, cat61ic03 i 
tinos que procuramos no perd^r la serenida 
problemas relativos a la situacion de la Igles 
nuestro pals no son primariamente pollticos, 
refieren a la defensa de la democracia, sino a 
tiones mucho mds hondas, cuya buena soluci< 
fluird ciertamente tambi&a en Ja conduccion • 
masas, pero que primariamente encaran la 1 
ci6n de las Hitea cat61icas, sin las cuales to( 
ci6n politica, sobre todo en una democracia, i 
posible. Ud. reconoce que los problemas no si 
mismos en todos los paises latinoamericanos, 
cuando aborda las <^ltimas dos causas "que h: 
tardado una mayor influencia general (Ud. es 
subraya en el texto ingles) del pensamiento cat< 
el hispanismo y la hostilidad latente hacia Ic 
tados Unidos, cae en una universalizaci6n y e 
•simplificacion excesivas y se atrae en cierto 
las critioas de Tocqueville: no se coloca quizds 
cientemente en el centro del problema, y su 
miento, — perfectamente natural, — le hace 
las coaas con visi6n demasiado norteamerican 
Evitemos, Ud. y yo, las "reducciones ad si\ 
tatem*\ 

La erftica general 

Trascribire un parrafo suyo. 
"Indudablemente, es cierto que la fe y la p: 



462 



:a estdn m^s profundamente arraigadas de lo 
luchos crlticos estdn dispuestos a creer, aun- 

forma y la expresi6n externa a veces se reve- 
stintamente de lo que conocemog en los Estados 
s. Sin embargo, lo importante es que, en ge- 
la influencia positiva de las ideas catolicas so- 
y politicas est6 muy lejos de ser lo que nos- 
quisi6ramos. No cabe duda que el prestigio de 
ganos cat61icos, diarios, revistas, y agencias 
)sas, ha disminuido grandemente en los ulti- 
einte anos. S61o si estuvi^ramos ciegod podrla- 
lirar esto a una luz distinta. Demasiadas ve- 
s portavoces del catolicismo ban adoptado una 
Sn puramente defensiva, y lo que es mds serio 
an buscado el recurso de atacar en vez de ar- 
itar o persuadir" (Asi dice ef texto de Or den 
no, el ingles es atin mas duro: have taken re- 
n denunciation instead of argument or per sua- 
Y continUa Ud. : "Tal vez no sea del todo equi- 
) efirmar que en la America latina el pensa- 
) catolico tiene en alto grado un car^ter de- 
0, o a lo mds, que emplea el tiempo en la re- 
m de conceptos convencionales, cuya oportuni- 
a ha pasado, y deberlan ser descartados. En 
mo busca, en muchos diarios cat61icos, que de- 

cumplir mejor su obligacion de orientar la 
n publica, una valoraci6n de muchos de los pro- 
3 m^s apremiantes e inquietantes. En general 
jntos que enfocan parecen inaetuales, faltos de 
id y alejados del mundo en que vivimos". 

a Ud., muy estimado senor, que conocemos nues- 
efectos, y sabemos hallarnos muy lejos de ha- 
canzado la perfecci6n. Ni siquiera decimos que 
Tojen piedras nada mds que los inocentes. La 
]ue Ud. indica se debe a varias causas, entre 
a que, precisamente por haber sido hondamen- 
olicos nuestros pueblos, no ha experimentado 

durante mucho tiempo la necesidad de con- 
que han debido sentir por ejemplo ustedes, 

OS norteamericanos, isla aislada en medio de 
ano protestante o arreligeous. Ha habido entre 
OS una tendencia excesiva a la simple defen- 
virtud de lo dicho, y porque un optimismo ex- 
lo impedia en cierto modo ver las p^rdidas que 
lian sufriendo. Pero, fuera de esto, creo que 

1 que Ud. sefiala de carencia de periodicos y 
as informativas que est^n a la altura de las 
18 o de las perniciosas no es particularmente 
americano, sino que se lo ha venido observando 
casi totalidad del mundo. Y es de notar que la 

en que mejor estaban organizados los instru- 
s de este g6nero, asi como las grandes institu- 

militantes de hombres y las asociaciones obre- 
ae era sin duda Alemania, fu6 barrida a pesar 
lo por el ciclon hitlerista. 

) quizas no estemos aqui en la Argentina tan 
dos como lo dejan suponer las palabras de Ud. 
» que a mi toca, cuando comparo la situacion 
del catolicismo ^n la Argentina con la de cua- 
aiiOB atrds, que son los que llevo de sacerdo- 



cio, me parece indiscutible que se ha verificado un 
sensible progreso. No hfilbia entonces circulos de estu- 
dios religiosos y sociales, los hay ahora en extraor- 
dinaria abundancia, tanto de jovenes como de seiio- 
ritas, gracias sobre todo a la Accion Cat61ica ; no exis- 
tian editoriales catolicas, y hoy se han mnltiplicado, y 
hallarnos en ediciones argentinas no sdlo pequenas 
obras vulgares de apologetica o piedad, sino muchas 
de las que son indispensables para el estudio pro- 
fundo del catolicismo: a tltulo de ejemplo le dir6 
que se estdn publicando simultdneamente dos traduc- 
ciones de la Suma Teoldgica de Santo Tomas; las 
instituciones catequ^ticas se multiplican; hay me- 
nos rutinarismo y mayor comprension en la masa 
catolica. Por otra parte los seminarios se desarro- 
llan con la creaci6n de nuevas di6cesis, y abundan 
dia a dia mds las vocaciones tanto para la vida sacer- 
dotal cuanto para la religiosa, con la particularidad 
de que son muchas las que surgen entre profesiona- 
les y estudiantes universitarios, por lo cual es previ- 
sible un futuro mejoramiento en la vida cat61ica ar- 
gentina, pues las fallas eran en gran parte prove- 
nientes de la escasez de cl^rigos. No hemos alcan- 
zado el nivel de paises como Belgica u Holanda, y 
tampoco, dir^ modestamente, el de los catolicos norte- 
americanos y menos el de los francocanadienses. Pero 
no creo faltar a la verdad cuando digo que nuestra 
curva es ascendente. 

Me ocupo especialmente de la Repdblica Argenti- 
na porque, como es natural, la conozco mejor. Los 
datos que poseo de paises vecinos indican una situa- 
cion en cierto modo equivalente a la nuestra, y en 
ninguno de ellos encontr6 desaliento ni pesimismo 
entre los dirigentes. 

Nosotros argentinos, — ^hablo de los que en alguna 
forma influyen en la vida cat61ica colectiva, — tene- 
mos en vista do3 fiiialidades. Por una parte es ne- 
cesaria la cristianizaci6n de las masas. Como muy 
bien lo ha observado Ud. en uno de sus artlculos, 
hay mucha gente que se dice cat61ica, pero que es 
llevada por un catolicismo instintivo y no educado. 
De ahf, no s61o en la Argentina sino en el mundo 
entero, el desacuerdo "entre la Iglesia y los cristia- 
nos" que subraya Berdiaeff en una de sus obras. 
Hace falta deducir todas las consecuencias, no solo 
individuales sino tambi^n sociales de la doctrina ca- 
t61ica, y mostrdrselas al pueblo que las ignora y a 
muchas personas de las clases dirigentes que con 
frecuencia las contradicen. Y esto debe hacerse dea- 
de hoy y sin aguardar mds tiempo. Nosotros esta- 
mos empefiados en esta labor con los elementos de 
que disponemos y que, a decir verdad, son insufi- 
cientemente numerosos. De ahi que a esta primera 
finalidad de nuestra labor se agregue otra: la pre- 
paracion, en todas las clases sociales, de dirigentes 
que lo sean, no por su dinero ni por la posicion so- 
cial politica que puedan ocupar (cosa poco intere- 
sante), sino por la profundidad de su formacion, 
tanto espiritual cuanto intelectual. De ahi la crea- 
cion de nucleos, casi siempre vinculados a la Accion 



463 



Cat61ica Argentina, en las universldades, de ahi los 
institutes como los Cursos de Cultura Cat61ica y 
otras instituciones del mismo g^nero. Nos damos 
cuenta perfecta de que la guerra actual no es una 
lucha entre paises como tantas otras que ha habido, 
sino una revoluci6n social en el sentido mds estricto 
y amplio de la palabra: el mundo de manana se pa- 
recerd muy poco al de hoy. Hie tenido el placer de 
publicar, en las dos ultimas entregas de CEITEEIO, 
un magnifico artlculo del P. Delos 0. P. sobre Cul- 
tura y Civilizacidn; en la segunda de aqu^llas hay 
un an&lisis de los signos que anuncian la ruina de 
una civilizacion particular: todos ellos se observan 
hoy dia. Creo que el mundo contempor6neo se viene 
abajo, y quiz^ acontezca esto entre convulsiones no 
menores que las del siglo VI. Habremos de recons- 
truir un mundo cristiano (y aqui identifico absolu- 
tanciente cristiano con catolico). Para esta obra, que 
9er& muy larga, hay que preparar desde ahora el 
primer equipo de trabajadores» y en ello pensamos, 
en lo que a nosotros corresponde, desde ahora, inte- 
res&ndonos menos el tener influencia sobre las ins- 
tituciones de este mundo que estd en trance de diso- 
luci6n. No se si me habr6 hecho entender plenamen- 
te, pero opino que hoy tenemos muchos m&s elemen- 
tos que ayer para lo que asoma en el horizonte: en 
esto fundo mj optimismo. 

"Ciertamente, dice Ud., no existe en America La- 
tina, ni tal vez en otras partes, algo de lo que po- 
dria llamarse opinion ptiblica catolica. El uso de la 
palabra conservador en contra de liberal o izquier- 
dista contribuye muy poco al esclarecimiento de la 
verdadera posicion del sector identificado espiritual 
y religiosamente con la Iglesia. En los asuntos tem- 
porales, no relacionados con la religion o solo indi- 
rectamente en contacto con cuestiones de la Fe y 
del Dogma, es notable comprobar' cudn poco unidos 
se presentan los cat61icos. Tal vez es mejor que asf 
suceda, pero este hecho significa que solo con un 
gran esfuerzo de imaginacion es posible afirmar que 
lo8 catolicos estdn en favor de ^.sto o de aqtcello, o 
que los catdlicos de la America latina aceptan undni- 
memente esta o aquella idea politica o social". 

Tiene Ud. perfecta raz6n, y no puede ser de otra 
manera por aquello agustiniano de "en lo necesario 
la unidad, en lo dudoso la libertad, en todo la ca- 
ridad". Confieso que esta ultima no es siempre ob- 
servada. Pero compr^ndaselo bien: hay una cosa que 
crea entre todos nosotros una unidad perfeeta, y es 
el caracter de nuestra adhesi6n catolica a la doctri- 
na contenida en la Escritura y la Tradicion, y aut^n- 
ticamente explicada por el magisterio de la Iglesia. 
Esto abarca no solo lo propiamente "de Fe y Dog- 
ma" para emplear las palabras de Ud., sino tambi^n 
todo lo que toca en alguna forma al orden es- 
piritual (ello ha sido expuesto con precision por 
Pio IX en la enciclica Quanta cura), Pero con lo que 
es puramente temporal entramos al terreno de lo li- 
bre, y, como lo decia el abate Sentroul que fue pro- 
fesor en la Universidad de San Pablo, "no existe una 



teorla cat61ica acerca de la plantacion del caf6". 
lo tanto, si "una idea politica o social", no toca 
que deben admitir los catolicos en cuanto catdi 
no se puede pedir que "los catolicos de la Am^ric 
tina acepten undnimemente esta idea politica < 
cial". 

Dejemos de lado la calificaci6n de conservi 
tiempo ha sobrepasada, y que no comprendo i 
haya sido aceptada en tiempo alguno por los c; 
cos. ^Qui^n, entre nosotros, podria desear la co 
va^idn de lo que Mounier llanuiba con razon el 
orden estahlecido? Pero veo en el fondo del p< 
miento de Ud. otra preocupaci6n, por cierto que 
legitima, indicada por los ejemplos que cita d< 
vistas argentinas. Y creo que ello me dara pie 
aclarar completamente nuestra posici6n. 

"En la Argentina, dice Ud., las opiniones d 
cat61icos est&n representadas por revistas que c 
reh grandemente en su ideologia. Bajo el titul 
tolico debe mencionarse a Orden Cristiano, qi 
ardientemente antitotalitarista, fuertemente adi< 
Jacques Maritain/y que se distingue por su dei 
de la democracia. Tambi^n es cat61ica Sol y I 
bajo la direccion de Ignacio B. Anzoategui. Esta i 
ta, muy bellamente editada, es extremadamente 
hisp^nica, tiene sus dudas respecto a la democr 
y si no es totalitaria por lo menos no se opone 
pequeno crecimiento del autoritarismo. iCukl d 
dos representa a la opini6n publica de la Argeni 
iCuiil puede considerarse aut^tica y genuinan 
catolica, desde el punto de vista de reflejar fiel 
te la posicion de la masa catolica? Evidentemen 
imposible decirlo. i Representa Crisol, que se di 
gue por sus ataques contra los judios, el actual 
do de la opinion laica cat6nca mAs que CRITE 
dirigida por Mons. Franceschi, y que omite esta 
ma particular de ataque?" 

Ya hemos entrado en los problemas de la gu 
la democracia, los bandos enemigos, cosa de qw 
bieramos abstenernos para juzgar la posicion d 
cat61icos en cuanto catdlicos, porque ella no se d 
mina por los conceptos politicos sino por la dis 
ci6n espiritual de aqu^llos. Pero dejando ya est 
lado, la posicion de los cat61icos en cuantcr'toUes 
definida en la Republica Argentina lio por es 
aquel peri6dico sino por el Episcopado, quiei 
prohibido defender el totalitarismo, el racism< 
comunismo, el liberalismo. Qui^n se aparte pue 
ello, y por ejemplo reserve todas sus criticas pa: 
totalitarismo nazi, y nada diga del comunism 
incurra en el liberalismo, aun cuando sea el libei 
mo cat61ico que tanto dio que hacer hacia medi 
del pasado siglo y que algunos desean resucitar, 
fuera de las normas trazadas para los cat61icos 
la autoridad competente. De los periodicos cit 
por Ud. creo que solo CRITERIO tiene aprobi 
positiva de la autoridad arquidiocesana. Y mi ; 
eion con respecto a todos los puntos citados es 
clara. 

Creo ser el catolico que antes que ningtin otn 



464 



I 

V.' 



eribio contra el totalitarismo facista y nazi en la 
Reptiblica Argentina, pues mi critica del primero co- 
menz6 en 1929 y la del segundo en 1933. Por lo que 
toca al comunismo, mi lucha se inicio en plena gue- 
rra de 1914-18. Soy enemigo de las violencias anti- 
semitas porque las juzgo anticristianas y antihuma- 
nas. Soy enemigo del liberal ismo en todas sus formas 
porque lo tengo por manantial proximo de todos los 
males que nos aquejan, y contrario a una correcta 
concepcion del Reinado Social de Cristo. Estimo pro- 
fundamente a Maritain y fui, salvo error, el primero 
en hacerlo conocer en nuestro pais, pues ya lo cite 
en ml libro sobre El es^piritualismo en la literatura 
francesa contempordnea, que es de 1917; pero esta 
admiracion no implica seguirlo ciegamente en todas 
y cada una de sus opiniones, que son las de una per- 
sona insigne, ,pero nada mas que de una persona. Y 
porque viene a caso, y para fijar mejor mi posicion, 
y justif icar ciertas criticas a que opino son acreedo- 
ras determinadas personas que sistemdticamente omi- 
ten toda critica al totalitarismo comunlsta, acumu- 
laodolas linicamente sobre el totalitarismo nacional- 
socialista, he de trascribirle una p^gina de Maritain 
que quiza Ud. no conoce. que Ignoran ciertamente 
algunos de sus partidarios, y que conviene meditar. 
Fu^ envlada a sus amigos de America a comienzos 
de la guerra, y traida por La Vie Intellectuclle del 
25 de octubre de 1939, (pag. 66 y sigs.), de donde la 
trascribo en parte: "por mucho, por demasiado tiem- 
po se habla preguntado tanto en el Antiguo como en 
el Nuevo Continente: entre el comunismo y el hitle- 
rismo ino hay necesidad de elegir? iCuantas gentes, 
en su justo horror a la esclavitud racista y totalita- 
rian estaban tentadas de simpatizar con el comunis- 
mo? ^cu&ntas, en su justo horror a la esclavitud 
comunista^ no estaban tentadas de simpatizar con el 
totalitarismo? En nombre del principio del mal menor 
falsamente aplicado, se excusaban de este modo to- 
dos los crimenes. Y cuando nos esforzabamos sin des- 
canao en explicar que se trataba realmente de dos 
aspectos del mismo mal. de dos euernos del mismo 
diablo, unicamente nos comprendian quienes otorga- 
ban algun interes a la filosofia de la historia. . . Ha 
desaparecido la ilusion que creia dividido el mundo 
entre las dos fuerzas antagonicas : el totalitarismo 
comuniata y el totalitarismo nac-ional-socialista. Se 
sabe claramente ahora que uno y otro totalitarismo 
no constituyen en realidad mas que un solo espiritu 
y una sola fuerza homicida. Y a esta fiiorza debe en- 
frentarse una fuerza que ya no ha do Uamarse terce- 
ra (ya que las otras dos estan ahora reunidas). la 
fuerza que ha creado a Europa y ([ue tiene sus futMi- 
tes mas puras en el Evangel io y cjue, niientras exiji; 
de nuestra civilizacion purificauioiu^s y renovacionc?s 
fundamentals, aparece manifiestamonte tomo <•! 
principio vital de esta civilizacion. Uo. aqui el heirlio 
historico capital a que acabamns de asistir on el or- 
den espirituar*. Maritain escribia esto euando se pro- 
clanio en 1939 la alianza ruso-alemaua. Desde cnton- 
ces, no por gusto del Soviet sino por la acometida do 



Hitler la U. R. S. S. paso al otro lado; ipero acaso ha 
cambiado de doctrina, de procedimientos, de tdctic 
moral? No. Acontecimientos rocientisimos, como 
caso del saoerdote Orlemanski^ nos advierten que 
comunismo sigue siendo "el otro cuerno del misn 
diablo", haciendo falta algo mas que ingenuidad pai 
suponer que de la noche a la mafiana, por el hecJ; 
de haberse vinculado a ingleses y estadounidenses € 
una union llena de infidelidades y que puede volv< 
a tornarse en oposicion en cualquier momento, el S< 
viet deba considerarse como purificado de todos si 
crimenes y respetado cuando no defendido por Ic 
catolicos. De ahi la posicion de CRITERIO: ni totJ 
litarismo nazi, ni totalitarismo comunista. Y en cuai 
to a la democracia, no solo la aceptamos sino que ] 
deseamos, siempre que se trate de un regimen orgj 
nico y de sentido cristiano, y no de la dfemocraci 
individualista, capitallstica y liberal que tan fatak 
consecuencias ha traido. Y creo que esta es la pos 
cion, no digo en modo alguno que de la totalida< 
pues se trata al menos en parte de materias libre 
pero si de muy gran fraccion de los catolicos argei 
tinos. 

Entrando ya a lo mas concreto de su articulo, Ui 
aduce cuatro causas fundamentals "que explican 1 
relativa debilidad de la influencia catolica en la Am< 
rica latina. Al emplear la palabra influencia catolic 
no me refiero a la influencia en asuntos purament 
religiosos, ni siquiera a la influencia de los organc 
de expresion en clrculos estrictamente catolicos. . 
Me refiero especialmente al prestigio del pensamier 
to cat61ico en la marcha de los acontecimientos a( 
tuales, en especial los que contribuyen a la form^ 
cion de la opinion pdblica, o son causa primordij 
de la accion polltica". Estamos ya tocando lo reh 
tivo a la guerra, y aqui fuerza me es recordar u 
hecho. 

Mientras los Estados Unidos no ingresaron en 1 
guerra, la mayor parte de los paises latino-americj 
nos mantuvo su independencia de criterio con mayc 
simpatia en general hacia los aliados, y ello no pc 
antipatia al Sr. Hitler, sino porque estaba en cond 
clones de mantener esta situacion: aun muchos gei 
manofilos sintieron la caida de Francia. Despues d 
la conferencia de cancilleres de Rio de Janeiro, fu 
imposible continuar en la misma forma. Paises dei 
dores de ingentes sumas, paises cuyos gobernantes s( 
fiaban obtener otras tales con propositos mas o menc 
desinteresados, comerciantes (lue esperaban logra 
fueites ganancias, periodicos (|ue economicament 
sentian influencias extranas, propaganda radial com 
no he visto una igual en mi vida, otros factores m^ 
(luo no enumero, hubieron de producir un cambio d 
actitud, que en numerosos paises se ob.serva much 
mas en los gobiernos que en la masa popular. Afirm< 
con i)len() cunocimiento de lo que ocurre no solo en 1 
Argentina sino en diversas otras naciones del cent 
nente, (iwe la realidad popular, — y aqui por po])ulJi 
entiendo no solo las masas sino j^obre todo las pers( 
nas cullas — ^ esta muy lejos de lo (luo suolc pensai 



4C 



. r 



se . . . en algunas partes. Es que no debe olvidarse, . 
— ^y se olvido demasiado — , que nosotros ibero-ame- 
ricanos poseemos un sentimiento exaltado de nuestro 
honor y dignidad, y nos rebelamos instintivamente 
cuando se pretende manosearnos. Y de ahi se ban 
derivado consecuencias inesperadas para quienes no 
'tenian presente tal disposicion de dnimo, pero que a mi 
me parece absolutamente logica. Muchos entre los no 
catolicos adoptan la posicion ni nazi ni comunista y 
desde este punto de vista se acercan a nosotros. Pero 
los dem^s, si se exceptua cierta parte de la categoria 
mundana y elegante que juzga mas chic mostrarse 
anglofila, los demas, repito, no se ban vuelto pro- 
estadounidenses, sino pro-rusos. Basta ir a un cine- 
matografo de barrio medio o popular y ver qu6 se 
aplaude cuando pasan los noticiarios, para comprobar 
tal inclinacion. ^Quien tiene la culpa de todo ello?, 
lo indicar6 mds adelante, pero desde ahora quiero 
destacar el hecho. 

Y paso ya al examen de las causas concretas que 
Ud. aduce. 

Las cuatro causas 

H€ aqui sus palabras: 

"A pesar de las situaciones variadas (en los diver- 
S08 paises), podemos tal vez senalar cuatro causas 
que ban retardado al pensamiento catolico una in- 
fluencia mayor. 19 La identificacion del pensamiento 
catolico con un partido oficial o clerical dentro de 
la organizacion polltica del pais; 29 La identificacion 
del interns y el'afdn de lograr un mejoramiento de 
las masas indias, con los llamados partidos o grupos 
izquierdistas ; 39 La preocupacion en cuanto a la 
cuestion espanola y el hispanismo; 49 La hostilidad 
latente y el resentimiento hacia los Estados Unidos". 
Examinar^ en este capitulo las dos primeras causas; 
y dedicare a las ultimas, que estdn muy emparenta- 
das, el siguiente. 

Creo como Ud. que la identificacion de la Iglesia 
con un partido oficial, cualquiera sea el nombre que 
se le d6, constituye un error funesto. Ya que Ud. tie- 
ne, segun me escribio, la bondad de leer CRITERIO, 
habr^ observado que hace no mas de dos semanas in- 
sist! en lo pernicioso de la formula "union del trono 
y del altar", y considerando problemas mas cercanos 
a nosotros que los de comienzos del siglo XIX recor- 
ds que cuando un catolico entra a desempefiar una 
funci6n publica, o adhiere a un centro u orga- 
nizacion polltica cualquiera, lo hace en cuanto 
ciudadano y no en cuanto catolico, no comprometien- 
do mas que a si mismo. Hace anos observe en Chile 
lo que juzgu6 una excesiva vinculacion entre el Par- 
tido Conservador y los catolicos en el sentido de que 
se consideraba que cada catolico debia ser politica- 
mente conservador, y que cada conservador debia ser, 
doctrinaria o practicamente, catolico. Pronostiqu6 
entonces graves perjuicios causados por esta actitud, 
y Ud. mismo proclama que asi acontecio. Gracias a 
Dios entre nosotros ni hubo ni hay partido oficial- 
mente catolico. Los Obispos ban manifestado en va- 
rias oportunidades que cualquier catolico puede vo- 



tar por cualquier partido siempre que este no sea pa 
sitivamente anticatolico. Y de hecho se hallan cat6 
licos en los varios partidos existentes en el pais, me 
nos el socialista, el comunista, y el democrata-pra 
gresista, que revisten el inaceptable car^cter aludido 
Y en est€ momento, a pesar de que con falacei 
prop6sito&^se est^n difundiendo rumores contraries 
la verdad es que ni el actual gobierno argentine e< 
clerical, sea dominado por el clero y utilizado poi 
este como instrumento, ni pretende la Iglesia ejercei 
una accion de esta naturaleza. Agradece las atencio 
nes del gobierno. para con ella, aplaude sus medidai 
sanas, pero no va mas alld: una cosa es el episcopa 
do, y otra la Presidencia y ministerio. 

No creo por lo tanto que esta primera causa hayj 
influido entre nosotros. La uni6n de la Iglesia y e 
Estado ha aparecido sienipre como union entre h 
Iglesia y el Estado, y. no entre ella y el partido A ( 
B, ni ha otorgado a aqu^lla ingerencias en los orga 
nismos estatales. Lo que ocurre es m^s bien lo con 
trario, en virtud del concepto liberal de esta uni6n 
y del patronato, incluidos en la Constitucidn de 1853 

En lo que toca a los paises vecinos, el Uruguay hi 
tenido desde hace mas de cuarenta aiios gobiemoi 
hostiles al catolicismo, y el partido cat61ico existent^ 
alii: la Union Civica, es netamente democr&tico } 
partidario de las grandes reformas sociales. La poll 
tica en el Paraguay es tan flotante que en verdac 
la Iglesia no puede aparecer ni aparecid unida cor 
partido alguno. En Chile se ha cortado por fin e] 
vinculo entre catolicismo y conservatismo a que an- 
tes me referi. Tengo entendido que Ud. conoce bier 
la situaci6n de independencia de la Iglesia en el Bra- 
sil, independencia que existia ya cuando aun la Igle- 
sia estaba unida con el Estado. 

Creo, pues, que la primera causa seiialada por Ud., 
no puede haber ejercido mas que una influencia local 
y parcial, pero no nos alcanza a todos. Y lo mismG 
ha de decirse de la segunda. 

En lo que se refiere a la Argentina, nunca ha ha- 
bido racismo de ningun g6nero. La raza espaiiola nc 
tuvo dificultad en mezclarse con otras. Asi aconte- 
cio en Espana con los invasores musulmanes, y aui 
con los judios sefarditas que, fuera de algunas cir- 
cunstancias especiales, y sobre todo cuando se alia- 
ron con los moriscos en la accion contra la Espans 
cristiana en el siglo XVI, pudieron unirse con fami- 
lias puramente hispanas. Aqui en la Argentina desde 
un comienzo hubo uniones matrimoniales entre in 
dias y espaiioles; y cuando en el siglo XVII Uego ur 
grupo de familias sefarditas portuguesas cuya no 
mina trae el historiador chileno Toribio Medina ei 
su Inquisicion en el Rio de la Plata, a las dos gene 
raciones ya estab'an mezcladas con los crioUos, sub 
sistiendo todavia descendientes de aqu^llas. Nueatroj 
indios eran poco numerosos, muchos fueron conver 
tidos durante el coloniaje, despu^s de ^ate la ob^i 
misionera prosiguio, y nuestra Constituci6n mara 
al gobierno la obligacion de traer a los Indios al ca 
tolicismo. Surgieron luchas entre indios y Uanooa» ^ 



466 



e de aquellos fu6 muerta; los restantes han ido 
rbiendose en los cristianos: hoy no se puede ha- 
de misiones en la Argentina, en el sentido es- 
o de la palabra. For lo que hace a los negros, los 
)du€idos en el pais fueron escasos, y ya desde los 
leros dias de la independencia se declaro la li- 
id de vientres, es decir que lbs hijos de esclavos 
ios en el pais eran libres. Hubo soldados, oficia- 
hasta coroneles negros en las tropas de nuestra 
a emancipadora : no existe aqui un odio racial a 
legros como en los Ejstados Unidos, ni se los ha 
tado de la vida social. Yo he tenido en la capilla 
i cargo un organista mulato, y entre los chicos 
ni catecismo algun negro mezclado a los niiios 
cos sin que estos mostraran la menor resisten- 
Por lo demas, salvos muy contados individuos, el 
o puro es inencontrable en la Argentina. 
?ro reconozco ho suceder lo mismo en otras co- 
»as, y creo, con mi difunto amigo el Dr. Juan B. 
m quien fu§ muy atacado en Europa por su es- 
>, que en muchos casos la evangelizaci6n de Anv§- 
se hizo m^s en extension que en profundidad. 
ih! por una parte los grupos indigenas casi pa- 
is, y por otra esas formas tan curiosas que ha es- 
ado -por e jemplo el escritor brasilefio Arthur Ra- 
en su libro sobre Las culturas negras en el Nuevo 
do, Pero creo que adn en los casos de sincretismo 
mo-cristiano como los que menta en Haiti o en 
rasil, en realidad esos negros creen ser buenos 
ianos, a pesar d^ sus super^iciones de origen da- 
eyano o congoles. Otro tanto ocurre con nuestros 
s de la frontera boliviana, que creen en la pacha- 
la y demds supersticiones raciales, lo que no qui- 
ean ellos verdaderos catolicos. Pienso que no se 
lecho por estas gentes, en algunos paides, todo lo 
se podria, y que muchas veces son cristianos, — o 
rentes tales — , los culpables del atraso en que se 
m los hombres de raza indigena. En alguna na- 
americana comprobe una separacion que juzgo 
risima entre los miembros de la clase alta, pro- 
pria de casi todos los terrenos, de sangre total- 
te europea, y los de la clase humilde, pobres y 
•aza casi totalmente indigena. Sin embargo, no 
te, que yo sepa, en ninguno de los paises de 
^rica que conozco, el desprecio al native que se 
)or ejemplo en la India de los ingleses para con 
ndues. E>e todos modos, pienso que usted plantea 
; uno de los problemas mas series de America, 
lema que, de no ser resuelto rapidamente, ten- 
pesimas consecuencias. 

paso a tratar las dos ultimas cuestiones, que se 
Bren al hispanismo y a las relaciones con los Es- 
ts Ujiidos. Su importancia es tal que he de con- 
arles algun espacio, sin pretender agotarlas. 

Las dos ultimas cuestiones 

sbe Ud. conocer sin duda el excelente libro de 
n^ois Hertel Pour un ordre personnaliste, uno de 
irolumenes mas significativos publicados en estos 
nos alios por un sacerdote canadiense. Voy a tras- 



cribir algunos p&rrafos de su Introduccidn porque 
describe una situacion exactamente igual a la nues- 
tra, y a nuestro hispanismo: "resulta esteril pre- 
guntarse si es un bien o un mal que existan canadien- 
ses franceses. Es un hecho contra el cual seria tonto 
sublevarse. Que se lo quiera o no, habrd siempre en 
el norte de America un pueblo diferente. Poco im- 
porta que se llame canadiense o de otra manera, 
que se extienda o que se repliegue sobre la pi'ovincia 
de Quebec. Habra siempre un grupo frances. Nada 
se hab'rd ganado con que algunos seudo-miembros 
de nuestra elite se afanen en inglesar a los canadien- 
ses franoeses. Habra que contar siempre con el espi- 
ritu de contradiccion de los arraigados al suelo y de 
los verdaderos intelectuales. Ni siquiera una caida 
vertical de la natalidad lleg'arfa a aniquilamos. No 
somos, como los indios de antano, n6mades reciente 
y arbitrariam^ente fijados. Aun cuando el indice de 
natalidad caiga al nivel de Francia o Inglaterra, los 
m&s bajos posibles, no dejaremos de conservar nues- 
tros tres millones de habitantes. Noruega, Suecia, 
Dinamarca, Finlandia, se mantienen alrededor de este 
efectivo, y ni la masa rusa ni la alemana, a pesar 
de las . vicisitudes polH:icas, lograron asimilarlas. 
Alemania y Francia nunca. pudieron trabar en su 
particularismo el minusculo Luxemburg©; e Ingla- 
terra, a pesar de sus concienzudos esfuerzos, jam^s 
consiguid tragar iavaler) a Irlanda. Destinados a 
vivir una vida peligrosa en America del Norte, a dos 
mil miUas de M^jico, y asumiendo un papel seme- 
jante al de 6ste, somos y continuaremos siendo un 
grupo especial y homog^neo. Hasta los inmigrantes, 
cualquiera sea su nthnero, si se aventuran a ingre- 
sar en nuestras campanas o ciudades pequenas o 
medianas, acabarAn por asimilarse a nosotros, como 
lo hicieron muchos escoceses e irlandeses en el curso 
de la ultima centuria". 

No hay que cambiar una sola palabra de las co- 
piadas al hablar de nosotros: nuestro hispanismo 
equivale al francesismo canadiense. Somos como so- 
mos, como nos hizo la raza que llev6 a cabo la colo- 
nizaci6n de Latino-America; con la sangre hemos 
heredado la fe, la lengua y la mentalidad de los con- 
quistadores. Hay que comprenderlo bien: entre nues- 
tra manera de encarar toda la vida, tanto la indivi- 
dual cuanto la social, y la de otros, no hay punto de 
contacto. Un hombre ciertamente no sospechoso de 
ignorancia ni tampoco de antidemocracia, el Sefior 
Claudio Sanchez Albornoz, en una iriteresantisima 
conferencia sobre la Edad Media y America conteni- 
da en el volumen Espana y el Islam, muestra la per- 
duraci6n del Medioevo en la Madre Patria como con- 
secuencia de la lucha prolongada hasta los albores del 
siglo XVI contra los islamitas, y aiiade : "en contras- 
te con el ambiente b'urgu^s y heterodoxo, de signo 
moderno, postrenacentista y postluterano que preside 
la colonizacion inglesa en America i quien no ha ad- 
vertido el espiritu religioso y guerrero, mistico y 
codicioso a la par, de nuestras gestas de mds alld del 



467 



Atldntico? Y ^como podra nadie negar el medievismo 
de tales sentimientos que, enraizados en el alma es- 
pafiola, perduran y se sobreviven atin despu^s de las 
fronteras de la Reforxna y del Renacimiento?". De 
ahi brotan, segun Sanchez Albornoz, **el ruralismo, 
la aventura guerrera y los hondos sentires religio- 
sos" que marcan el coloniaje. No he de entrar ahora 
en una larga disquisicion para mostrar la huella que 
dejo en nosotros no s61o el habla, la literatura po- 
pular y tambi^n la culta, la legislaci6n, las costum- 
bres, con su robustecimiento del Iqcalismo, con su 
creaci6n de individualidades fuertes, con su sentido 
misionero, con su amor a la gloria, con su solidisimo 
apego a la familia. Pero 6ste es nuestro hispanismo, 
y no podemos disminuirlo sin renunciar a ser nos- 
otros mismos. S6 muy bien que algunos descastados 
descendientes de espanoles (en todas partes existen 
traidores), quisieran que dejdramos de ser lo que 
somos pata convertirnos en malos imitadores de lo 
norteamericano, pfr^ticamente para trasformamos 
en una colonia espiritual inglesa. Esto no puede ser, 
y los norteamericanos inteligentes han de compren- 
der muy bien que a ellos no conviene ose ap^ndice 
bastardeado. Por otra parte, esa obra necesitaria si- 
glos, y el costo no seria compensado por los resulta- 
dos. 

Al defender lo hispanico defendemos nuestra he- 
redad. Quizds haya en nosotros un sentido hist6rico 
mds intenso que entre ustedes; pero el amor que 
nosotros experimentamos hoy para con lo espanol es 
muy distinto que el de ustedes por lo ingl6s. Pueblo 
joven el nuestro, mira hacia adelante, pero tambi^n 
hacia atrds, y no cree haber nacido en 1492: es el 
desarrollo en America y con ciertas caracteristicas 
tomadas del suelo y el ambiente de aquf, de la vieja 
raza espanola. Y cuanto mds blancos somos, cuanto 
menos hay de sangre negra o indigena en nues- 
tras venas, mas vigorosamente se experimenta ese 
afdn, que, de ninguna manera nos condilCe a odiar lo 
indio ni lo negro, sino por el contrario nos lleva a 
incorporArnoslo, para enriquecer el acervo heredado 
de Espana. Lo que hay en este hispanismo no es abo- 
rrecimiento^ a nadie, individuo o pais, pero es el de- 
seo, legitimo si alguno hay, de seguir siendo lo que 
fuimos, que no es inferior a nadie. 

Mada tiene que ver con todo esto la guerra civil 
espanola de 1936. Ignoro si en determinadas naciones 
centro-americanas la posicion adoptada por los ca- 
tolicos fue per judicial a su influencia politica; por mi 
parte confieso que ni al tratar estos asuntos ni otros 
semejantes me ha preocupado mucho la influencia 
politica sino la justicia. Aqui somos republicanos 
todos, y el solo hccho de la republica no nos habria 
tornado antipatico el gobierno espaiiol. Dice Ud. que 
casi todos los obispos de Espana repudiaron la repu- 
blica. Sfc comprenderia esta posicion por todo lo que 
incluia de antecedentes contrarios al catolicismo es- 
Gste regimen tii nqucl pais. Ma^ la verdad es 
(jue los obispos no repudiaron la republica sino despues 



de haber hecho cuanto era posible para vivir con dla 
en paz; lo hicieron reci6n en 1937, en una pastoral co- 
lectiva cuyo concepto basico venia a ser ^te: "queda- 
mos con el Gral. Franco porque de otro modo no pode- 
mos vivir". No voy a reabrir ahora el debate sobre es- 
tos puntos : ahi estd la actitud de la Santa Sede, y ahi 
tambi^n la constante campafia de las agencias infor 
mativas protestantes y hebreas para descalificar i 
cada instante no s61o lo malo, sino tambi6n lo b'ueno 
poco o mucho, que haya o puoda haber en Elspana. li 
si hemos de jiizgar las noticias dadas sobre Espaiis 
por las que actualmente esparcen agencias acerca d< 
nosotros, argentinos, opino que no se las injuria a 
calificarlas de manantiales de inagotables mentiras 
Pero de todos nK)dos, no creo que en manera alguni 
haya influido esto sobre la acci6n politica de los ca 
tolicos. Y afirmo que el hispanismo, al menos ta 
como lo concebimos nosotros, no se identifica con U 
guerra civil espaiiola. Pero no puedo dejar de obser 
var que los escritores ingleses y norteamericanos son 
antiespanoles proporcionalmente a su anticatolicis- 
mo. Carezco de lugar aqui para demostrarlo, perc 
me serla fdcil hacerlo. Y lamento que algunos eat61i- 
cos de habla inglesa los acompanen en esta actituc 
antihisp&nica, imaginando, no s6 en virtud de qu^ 
fundamentos, que un hispanizante ha de ser por ne 
cesidad adversario de un panamericanismo bien en 
tendido. 

Llego finalmente al cuarto punto, y para evitai 
todo mal entendido trascribir^ puntualmente sus pa 
labras. "La cuarta de las causas de disminuci6n d< 
la influencia estA en relaci6n con lo antedicho. Ei 
que el sector cat61ico en la America latina es el qu< 
menos ha sido influido por su contacto con los E» 
tados Unidos o ^r un sentimiento de confianza ha 
cia este pais. Hay una larga historia detr^ de est< 
falta de confianza. Cada americano honrado debi 
confesar que probablemente existen buenas razonej 
para no tenerla. Pero, pue^to que la politica de li 
Buena Vecindad ha progresado y los viejos resenti 
mientos desaparecen ; puesto que las rept^blicas de h 
America latina han optado una tras otra por toma 
el partido de los Estados Unidos, la opinidn cat61ic) 
se ha visto en una situacion dificil. El imperialismc 
el protestantismo, una forma distinta de vida, tod' 
esto ha influenciado su posici6n". 

Voy a dejar de lado, mi estimado sefior, todo 1 
que tiene relacion con la guerra, el imperialismo ecc 
nomico o de otra clase, y cualquier asunto de ordei 
temporal; me situo exclusivamente en el terreno re 
ligioso. Ud. es catolico, yo tambien. Mir^monos car 
a cara i puede Ud. afirmar que en este moment 
mismo, en este mayo de 1944, nosotros los cat61ico 
de America latina no tenemos motivos, y motivo 
enormes. de sentir recelo en cuanto catolicos par 
con los Estados Unidos? Voy a enumerarle algunos 
juzguelos L^d. en conciencia. 

Ante todo. de los Estados Unidos b'rota una cor 
tinua V abundantisima corriente de accidn anticat^ 



468 



Acudo al articulo que Ud. mismo ha tenido la 
ad de remitirme junto con su iiltima carta, in- 
ido Unnecessary, Unwelcome, Unwise, publicado 
I Catholic Digest de abril proximo pasado, ar- 

► tan exacto e ilustrador que presuponiendo su 
izacion he de traducirlo para los lectores de 
TERIO. Ud. afirma alii que no se trata de dis- 

la libertad de pensamiento, sino de una cues- 
de hecho: America Latina es cat61ica, y cada 
ionero" de una secta cualquiera que acude a 
tro continente produce alarma en todos los ea- 
rn^ y necesarian^nte engendra una registencia 
lie de donde procede. He de agregarle mds. Co- 
) pastores anglicanos venidos de Gran Bretana, 
miro su absoluta discrecion. Escucho con alguna 
lencia el servicio escoc6s que se transmite cada 
r domingo en lengua inglesa por radio: nunca 
do en sus sermones una frase ofensiva para la 
ia. Otro tanto puede decirse de los ministros 
ines escandinavos : se ocupan de los suyos, 
no se meten a hacer proselitismo entre los ca- 
s, trat^ndolos de paganos. Esta es en cambio la 
icta de los norteamericanos, y para que usted 
I juzgar la calidad de su lenguaje le ruego lea 
jjemplo algunos numeros de Consolacidn (Wat- 
er, 117 Adams St. Brooklyn N. Y.), o de algu- 
lojas similares 6 Que insulto no se nos prodiga, 
J ataques a nuestra fe no se multiplican? Y enr 
8 yo, catolico, le pregunto a usted, catolico, ies 
esto obra de Buena Vecindad? ^No tiene cien 

razon John W. White, que no es cat61ico pero 
isto las cosas de cerca, en intitular su libro co- 
isimo, que tengo aqui a la vista, Onr Good 
kbor Hurdle, con esta frase en que concreta su 
on de que tal acci6n no es mds que una em- 
ida, una barrera, un tropiezo en el camino de 
lena Vecindad? ^Es compensado ese maj enor- 
on la visita de algiin medico, o senador, cuando 
e alguna estrella cinematogr^fica? iC6mo no 
e Ud. que cada sacerdote, cada alma pia, cada 
•re que ama a su Iglesia, sienta ese recelo que 
7 yo lamentamos, y que crece dia a dfa porque 
I dia e? mds intensa y extensa la accion des- 
ora? Ud. mismo en su no^Table articulo' mani- 
i que esos ynisioneros no convierten al protes- 
smo, sino que descatolizan, y tambi^n expresa 
muy lejos de ir a los indigenas que aun viven 
•s desiertos, sientan sus reales en las grandes 
des, lo que es verdad ante todo de Buenos Ai- 
lue se ha convertido en su cuartel general para 
parte de America Latina. Pues bien, mi esti- 

► sefior, mientras no haya desaparecido lesta 
^e, ese ataque al alma catolica de nuestro Con- 
te, la Buena Vecindad no pasara de ser para 
ros un mi to. 

esta situacion no es exclusivamente argentina. 

sobre mi mesa de trab'ajo una cantidad de nu- 

s de ro vista, recortes de diarios, folletos, do- 

ntacion de todo g^nero. venidos de todas las 



republicas latinoamericanas y formulando los mis- 
mos cargos. Y es ya en nuestro pais donde, a seme- 
janza de otros, se considera esa propaganda religio- 
sa como la mdscara de una conquista economica. Y 
aqui ya no hay Buena Vecindad que valga; y a los 
cat61icos que por razones temporales callan ante esa 
invasion, habremos de recordar a todos los hombres 
de nuestro pais que la fe que les fue infundida en el 
bautismo esta por encima de todo bien que atane 
nada mas que a la vida transitoria. 

Existe, mi estimado senor y amigo, otro motivo 
espi ritual de lo que Ud. llama recelo de lois catolicos 
latinoamericanos para con los Estados Unidos. Con- 
siste en el hecho de la tremenda propaganda comu- 
nista que sus ageneias y radios han venido hacien- 
do desde que la U. R. S. S. entro en la guerra. Com- 
prendo perfectamente que se haya pensado en uti- 
lizar militarmente esa fuerza para lograr la victo- 
ria; pero no era necesario cantar loas de todo g6- 
nero a los representantes de la doctrina. El resul- 
tado ha sido que gracias a la acci6n norteamerica- 
na, — supongo que a pesar de sus deseos, — el eo- 
munismo aparece a los ojos del pueblo lavado de to- 
das sus manchas y revestido de todas las virtudes, y 
la personalidad de Stalin es infinitam^nte mas di- 
fundida que la de los sefiores Roosevelt o Churchill, 
,con la particularidad de que ello acontece no s61o en 
las clases pobres sino hasta en un sector de la que 
se tiene por distinguida. Aihora bien, el comunismo 
sigue hoy tan ateo como antes, tan cohtrario a la 
dignidad de la persona humana conu) el hitlerismo. 
Por lo tanto, dif undir el comunismo. tornarlo sim- 
p^tico, atraerle partidarios, cantar sus glorias, ocul- 
tar cuidadosamente sus fallas, manifestarse unido a 
& no solo en el terreno estrictamente militar sino 
en toda la organizaci6n del mundo futuro, es per- 
judicar las almas, y preparar para la humanidad 
dias peores aun que los pasados. 

Por debajo de todo. nosptros vemos con temor 
el advenimiento de una especie de minimismo que 
tiende a fundir todas las confesiones en un cristia- 
nismo adogmdtico y sentimental, que intentard per- 
petuar sobre la tierra el viejo liberalismo. Deseo 
transcribirle aqui algiin p^rrafo de T. S. Elliot, que 
encontre aiios hace en un numero de Criterion; alii 
muestra el eminente autor de Murder in the cathe- 
dral, la amenaza sobre nosotros: "Presumo que to- 
dos estamos de acuerdo sobre las deplorables con- 
secuencias de los cismas cristianos. y convencidos 
de la importancia vital de una reconciliacion de la 
Cristiandad. Sabemos tamb'ien que si la unidad se 
hiciera mafiana en la Cristiandad. no coincidiria si- 
quiera con el mundo europeo. Tendrla contra si no 
solo un importante conjunto de influencias positiva- 
mente anticristianas. sino tambien todas las fuer- 
zas que llamamos liberales, de las cuales forman par- 
te cuantos creen que los asuntos de este mundo y 
los del otro nada tiencn que ver entre si ; y piensan 
que en un mundo perfecto los que gustan del golf 



469 



I 



podran jugar al golf, y los que gustan de la iglesia 
podran concurrir a la iglesia. Nosotros, por el con- 
trario, estamos convencidos, aunque ocuramente, de 
que nuest'ra fe espiritual deberla guiar en alguna 
manera nuestros asuntos temporales; que si asi no, 
ocurre la culpa es enteramente nuestra; que la mio- 
ralidad descansa en la sancion religiosa, y que la 
organizacion social del mundo descansa en la san- 
cion moral; y que no podemos juzgar los asuntos 
temporales mas que a la luz de las valores eternos". 
Y m4s adelante, 'este horabre que no es catolico sino 
anglo-catolico agrega: "creo que la Iglesia Catolica, 
con lo que ha heredado de Israel y Grecia, es toda- 
vla, como lo fue siempre, el gran tabernaculo de la 
sabiduria". Todo esto es muy y^rdadero, pero no 
vemos que los prop6sitos hasta ahora demostrados 
por la Carta del Atldntico y otros documentos, — 
<iue en materia religiosa no van mas alia de recono- 



cer la sinxple libertad de todos los cultos, — nos 
aproximen al ideal entrevisto por Elliot. De ahi que 
nuestro entusiasmo, en cuanto catolicos, no . pueda 
ser muy grande. Deseamos sinceramente la destruc- 
cion del totalitarismo nacional-socialista;^pero lo que 
asoma detrAs no estd hecho para suprimir nuestros 
recelos. Y la posici6n que se esta haciendo al Sumo 
Pontifice no puede infundirnos grandes esperanzas. 

Le pido perdon por esta carta larguisima. No he 
pretendido discutii' ni polemizar, y segun lo habra 
podido Observar Ud., en mds de un punto, nuestra 
conformidad es absoluta. Pero crel titil aclarar algu- 
nos conceptos, para evitar que caigan demasiados des- 
prestigios sobre los catolicos de esta America La- 
tina. 

Le ruego cuente siempre con mi amistad m^ sin- 
cera y mi consideracion mds distinguida. 

Gustavo J. FRANCESCHI 



COMENTARIOS 

^Es licito eludir los derechos fiscales? 

Rosario, 26 de abril de 1944 
Estimado Monsenor: 

Vn suscriptor de CRITERIO veria con agrado 
tuviera V, Senoria la gentileza de contestar en CRI- 
TERIO a la sipuiente pregunta, que fui objeto de 
diacusidn entre persoyias que se consider an de cier* 
ia preparacidn. **iEs licito en concienciiL a un cris- 
tiano eludir los dsreckos fiscales? ipuedje hacerlo 
sin cometer pecado?" 

No dudando de su amabilidad, saludalo muy atte. 

Un lector de CRITERIO 

En mi concepto, el bien comun impone el deber 
de colaboracidn a todos los ciudadanos y es tarea pro- 
pia del gobierno y funcidn de la autoridad el fijar 
el monto y forma de esta colaboracidn. Si negdra- 
mos esto, caeriamos, en mi sentir^ no tan sdlo en 
un individualismo cualquiera sino en la negacidn mis- 
m>a de la funcion de la autoridad o sea, en una anar- 
quia complefa. Por tanto, cualquiera sea la opinidn 
d€ ciertos tedlogos que han encarado este problemo 
como exelusivamente individual y prescindiendo del 
bien comun o social que es, segun Santo Tomds de 
Aquino el objeto inmediato de la sociedad civil, opi- 
no que las leyes fijando la formu y el quantum, obli- 
gan en conciencia mientras no se demuestra positi- 
vam^nte que van contra el bien comiin, o que la au- 
toridad misynu ha declarado tratarse de una de las 
leyes llamadas: **mere penales*\ 

Poco edificante 

1^ t9 hace muchos dias, en un micro-omnibus nu- 
I \/ w^''^ 22, viajaba quien esto escribe, de pie 
•^ ^ 7iaturaim4;nte y semi-ahogado por la multi- 
tud de pasajeros. Y menos mal que se puede viajar 
ahora aunque sea semi-ahogado, Entre los pasajeros 
y correctamente sentada^ una senorita ostentaba el 
^70 



escudo de la Accidn Catdlica y revolvla las pdginas 
de un libro de misa, Por 2a mantilla y el rosario que 
Uevaba consigo y por la hora se veia claramente 
que regresaba de efectuar ejercicios piadosos. 

Cuando descendid del vehiculo en la esquina San- 
ta Fe y R, Pena alargd cinco pesos al chdfcr para 
abonar su boleto de diez centavos. 

El conductor le expresd que no tenia cambio y la 
dama se desatd en tSrminos no muy elegantes sin lie- 
gar a groseros. El conductor reacciond senaldndole 
las ordenamas impresas y adosadas con chinches a 
la parte superior del vehiculo. La dama volvid a tra- 
tar con dureza y desconsideracion al obrero y se fue 
sin pagar. Francamente la OrCtitud de la piadosa da- 
ma no fuS muy edificante, 

Poco argentino e indigno 

TT "M AN comenzado con briUo y entusiahno, las 
r~m clases de religidn y moral, en muchos cole- 
"^ "^ gios nacionales y comerciales de la Capital 
Federal. 

Ha llegado hasta nosotros, que en algunos de ellos, 
los profesores de otras materias crean anubiente de 
vacio en torno a los profesores. de religidn, 

Mas ami, parece que hay elemerUos eviderUemen- 
te empenado, en crear una atmdsfera de oposicidn en- 
tre los estudiantes, para volver antipdti^a la nueva 
asignatura. 

No vamos a mencionar ahora los fundamentos y 
la justicia del decreto del Poder Ejecutivo; tam^po- 
co nos refeHremos al 90 por ciento de los argentinos, 
que son catolicos y tienen derecho a que se impar* 
ta a sus hijos ensenanza catdlica, 

Por argent inismo y aun por educacidn, es grose- 
ro "hacer el vacio" a los nuevos profesores como si 
lo que ellos van a exponer y ensenar no fuese m&s 
verdadero y superior a toda otra ciencia y materia 
de estudio, 

Es poco argentino y es indigno que los que dehsn 
dar ejemplo al menos de urbanidad, hagan el vado 
a sus cole gas. 



Una visita al Monasterio de Santa EscoIastic< 



En el lugar donde estamos, no discutimos: vivimos. 

Ernesto Psichari 



VAMOS dejando atras a Buenos Aires que des- 
pierta para una nueva Jornada de actividad 
febril e inutil. A medida que el automovil cru- 
za veloz por entre las quintas y jardines de Olivos 
y San Isidro, tomamos nuevamente contacto con la 
naturaleza y comprendemos mejor el milagro del 
dia que despunta. De pronto un largo paredon, de- 
tras del cual asoman largas filas de cipreses lumi- 
nosos en la maiiana alegre y azulada. Hemos llegado 
al Monasterio de Santa Escolastica. Hie uni Domino 
servitur. "Aqui se sirve a un solo Senor", nos salu- 
da con sus caracteres dorados el aviso escrito sobre 
la puerta solemne de la clausura. 

Hombres del siglo XX, habitantes de un mundo 
desalentado y triste, sentimos la necesidad implaca- 
ble de observar el espectaculo maravilloso de unas al- 
mas dedicadas solemnemente al seifvicio de Dios. Ya 
la vida en este mundo serla insoportable si no que- 
dara rincones de oracion y de silencio, donde poder 
descifrar el sentido de la vida. Y este sentido, indes- 
cifrable entre el estrepito de la vida moderna, se nos 
revela luminoso y claro en la paz de los claustros 
benedictinos. 

Al atravesar penosamente las calles de la metro- 
polis congestionadas por el ruidoso transito maiiane- 
ro, habiamos visto al Hombre Moderno, triste pro- 
ducto de nuestra civilizacion, lanzarse apresurado y 
sombrio a la dura lucha de cada dia. Esclavo de sus 
ocupaciones, hambriento de dinero, para conquistar 
as! su i^nico ideal : el placer. -Esta es la vida contem- 
por^nea. Dura cadena de preocupaciones materiales, 
que aherrojan al alma y le impiden mirar cara a 
cara a la eternidad. Y record4bamos los versos de 
Claudel : 

"Acaso la finalidad de esta vida es vivir? lAca- 
80? los pies de los hijos de Dios, estard siem- 
pre adheridos a esta tierra miserable? 

No es vivir, sino morir; y no esquivar la cruz, 
sino subir a ella y dar riendo todo lo que te- 
nemjos ? 

Ahi estd la alegria, ahi esta la libertad, aki la 
gracia, la juventud eternal 

Pero todo esto, el mundo moderno, enredado en 
la materia, no lo puede comprender. Por eso destru- 
yo a Monte Cassino. Nosotros en cambio, para vis- 
lumbrarlo golpeamos a las puertas de Santa Escolas- 
tica, joven monasterio donde florece, bajo el cielo 
argentino, el ideal eterno de San Benito. 



excepcional. La Iglesia va a recibir la prcfesion s< 
lemne de una de las religiosas. El Obispo, revestic 
de pontifical y rodeado de su clero y del pueblo, IL 
ma a las puertas de la clausura para conducir a J 
elegida hasta la iglesia monastica, donde tendra li 
gar la solemne ceremonia. Solo podemos entrever u 
alegre claustro de maravillosas columnas romantica 
cuando ya las puertas se cierran nuevamente tn 
ella. Llegan apagadas las voces de las Monjas qi 
cantan : **0h Jesus, corona de las Vir genes ..." . 

La procesion retorna a la pequena Iglesia. Detri 
de la reja, las religiosas cantan el oficio de Terci 
Por el sendero dulclsimo del canto gregoriano, 
alma descubre un mundo nuevo y una paz misterioj 
invade el alma de los asistentes. Sabepios que vami 
a presenciar ceremonias asombrosas, pero estam< 
tranquiloB. Todo estA bien. Las Monjas en el coi 
alabando a Dios. El Obispo en el Altar, pronto a c 
menzar el tremendo Sacrificio. El mundo extran 
mente lejano. Nosotros, de rodillas, esperando. 



Inevitablemente vemos aqui contrapuestos dos e 
tilos de vida: el del cristiano y el del mundo. Sdb 
tamente se nos revela el verdadero significado de e 
ta palabra tan manoseada, ''mundo", que ahora c 
bra su cabal sentido: inquietud, vanidad, apresur 
miento febril, actividad que consume sin crear. Y c 
vido de lo unico que realmente importa: EXios. 

Otra vez Claudel, el poeta liturgico, nos interprets 

"Para dejar el alma asi, derramarse de cualquii 
es que tenemos otra de repuesto? [mod 

Copa transformada en veneno, aguas turbia 

[fuente de lod 
no hemos de dar, pues, sino esto? 

Observamos a las Monjas, a traves de la reja. S 
renidad. Oraci6n. El alma ahclada en Dios y una pi 
que el mundo no puede dar ni comprender. Y reco 
damos : 

^eliz el que ha plantado la cruz en el dentro e 

[su encrucijad 
feliz quien guar da a Dios como un tesoro, 
y cuyos pensamientos vuelven a El siete ved 
como los monjes al eo7'o^ [cada jornqd 



De. ordinario, nada se trasluce al exterior de la 
vida interna de un monasterio. Pero hoy es un dia 



Ha llegado el momento de la solemne profesio 
Yen, hija mia^ oyeme, te ensenare el temor de Die 
la llama el Obispo. A lo que ella responde, entre I 



I 



Bi^BI^&iSS^^g€^^%B 




jFeliz Cumpleaiios! 



Digalo siempre con un 

P S T R E 
ALEGORICO 



de la 
C o ^a i^nr"]©R.i-A. 

OS Oo^@INO$ 



Sic BiipsBMkUldad Lda . 

Alsina y Chacabuco 
U. T. Av. 9024 . 9025 

Pedidos del Interior: Por encomienda contra reembolso 



ISBi^§il 



B 



dulces modulaciones del canto gregoriano: Al punto 
te sigo con todo rni corazdn; timote y deseo contem- 
plar tu rostro; no permitas que sea confundidn, sino 
portate conmigo segun la grandeza de Ui misericor- 
dia. (Dan. Ill, 41-42). 

Arrodillada al pie del altar, deposita en manos de 
la Iglesia su promesa de perpetua yirginidad. Lee 
luego con voz tranquila la Carta de Profesion, que 
firma y muestra a los circunstantes, a sus madrinas, 
al pueblo. Ha consumado alegremente su oblacion. 
Ahora la Iglesia va a bendecir sus misteriosas nup- 
cias. 

Como en las ordenacioiies sacerdotales, precedi a 
la consagracion la suplica solemne. Sobre la profesa, 
postrada en tierra, llueven monotonas y graves las 
magnificas invocaciones de las letanias de los San- 
tos. Y nos parece que todos los habitantes de la cor- 
te celestial se asoman curiosamente a la pequena 
iglesia, donde se invoca su asistencia para la* so- 
lemne consagracion de aquella que esta predestinada 
a ser su compafiera por toda la eternidad. 

Bend ice ahora cl Obisj)o las amplias cogullas mo- 
. nastfcas, **estos vestidos que indican la humildad de 
corazov ;/ el dcsprccin drl mu}}do*\ y la bendicion de 
Dios empapa estos vestidos "como onpapd las ves- 
tidura.^ dc Aaron c<tn las hendiciones del unguento 
que flnia deadc la cabcza hasta las barbae'. . .'* (Ri- 
to de la profesion). 

Revest ida ya do la cogulla, velada su cabeza con 



el velo ^ ^s virgenes, se pleva de nuevo el canto de 
la prof esa * 

He dcspveciado el reino del niundo y todos los atrae- 
tivos y seducciones del siglo, por amor de mi Senor 
Jesucristo, a quien vi, a quien am£, en quien crel y a 
quien elegi. 

Viene luego la entrada del anillo que simboliza las 
nupcias eternas de esta Esposa de Cristo, en medio de 
un di^logo lleno de dramatismo y del cual brota el per- 
fume del Cantar los Cantares y de los viejos Oficios 
de las Virgenes: Agueda, In6s, Cecilia, vanguardias 
del ejircito inmenso de las desposadas con Cristo: 

— Ven, elegida mia, que ♦oy a establecer en ti mi 
trono; porque el Rey h^ codiciado tu hermosura. (Sal- 
mo 44). 

— Soy sierva de Jesucristo; por eso no me impor- 
ta aparecer en una apariencia humilde (Oficio dc 
Sta. Agueda). 

Ha puesto una seiial 6obre mi frente, para que nc 
admita a ningun pretendiente fuera de El (Oficio dc 
Sta. Ines). 

— ^Ven, amada mia, para que te desposemos; por- 
que ya pas6 el invierno; se oye el arrulk) de las tor- 
tolas y las viiias en flor exhalan su perfume (Cantai 
de los Cantares). 

— Estoy desposada con Aquel, a quien sirven loi 
angeles, y ante cuya hermosura, palidecen el sol 3 
la luna (Of. de S. Ines). 



Ha t^rminado la ceremonia de la profesi6n y con- 
tinua el Santo Sacrificio. Por la mente cruza come 
un relAmpago la magnitud del sacrificio realizado: 
una vida joven se ha inmolado para siempre sobrc 
el altar de Cristo. No es mds que un resabio de 
nuestro sentido humano de la vida. En realidad 
esta mujer ha elegido la mejor parte. Es la esposs 
del Unico que no la puede enganar. El que ama si 
vida, la perder^. Solo la conquista quien como elU 
la sabe despreciar. A quien compadecemos ahor^ 
es a la turba de amadores de la vida. Pobres almai 
sedientas que corren en vano buscando la felicidac 
en las riquezas, los placeres, los honores . . . Noj 
compadecemos a nosotros mismos . . . 

''Cuando es tan fdcil no tener nada, para qm 

\tanto atormentarsi 
tras lo efimero y lo incierto? 

Y por que ta^ito discutir y hablar, siendo tai 

[fdcil caUarsel 

Si en este tcmplo esta Dios con nosotros, H 

[que salir de stis confi^ies 
afiorar la nada perdida? 

Y si nuestro gozo en el Cielo serd cantar todo, 

{juntos maitines 
iPor que no empezar en seguida? 



Ya ha concluido la Santa Misa. La profesa ei 



472 



conducida procesionalm^nte al Monasterio. Nueva- 
mente se abren las puertas; esta vez para la aco- 
gidSL definitiva. En el umbral de la clausura, el Pre- 
lado la entrega a la Priora con palabras solemnes. 
La Profesa se despide de su madre, de sus amis- 
tades. Hay lagrimas en muchos ojos, pero no en 
los suyos. Las puertas se cierran tras ella. Ruido 
de cerrojos y la voz cada vez mas apagada de las 
Monjas que se alejan cantando: 

Gran contento tuve cuando se me dijo: iremos 

[a la casa del Senor. 
En ttis atrios deacaneardn mis pies, oh Jeru- 

Isalen. . . (Salmo 121). 



Volvemos solos a la Iglesia. La procesi6n del i 
torno tiene algo de cortejo fiinebre. Pero la tris1 
za no es por aquella, para quien estas puertas 
se abriran jamas. Ni despues de su muerte, pu 
sus huesos esperaran la resurreccion en la Crip 
dela Iglesia monastica. La tristeza es mks bien p 
noBotros, que tendremos que seguir en el mundo 
dura lucha del espiritu, '*mnicho mas terrible q 
las batallas de los hombres'\ 

Detrds d& la clausura se oyen ahora las notas ( 
Tedeum. 

Ernesto SEGURA 



IMPORTAQON DE HUERFANOS 



ES necesario aumentar la pobla€i6n del pais, es- 
to es indiscutible y talvez sea uno de los mfis 
urgentes problemas a resolver en la post-gue- 
rra, pero no poblar con hu6rfanos. 

La noticia aparecida en los diarios sobre la exis- 
tencia de un proyecto para traer al imfs un mill6n 
de hu^rfanos de las naciones de Europa me obliga 
a comentarla. 

Han pensado los autores del proyecto lo que sig- 
nifica poblar en esta forma? Creo que s61o ha sido 
un prop6sito filantr6pico para impresionar a las se- 
noras sensibles y arrancar alguna exclamacion sen- 
timental. iPobrecitos, vendrAn aqui a olvidar, a co- 
mer y a vivir sin las pesadillas de la guerra! 

Yo quisiera saber qu6 opini6n tienen los educado- 
res y sociologos en este caso y preguntarles si es po- 
sible desplazar impunemente y sin riesgos estos ele- 
mentos j6venes, ninos aun, colocandolos en un clima 
difltinto, con un idioma desconocido, una religion no 
practicada por ellos, con costumbres totjalmente di- 
ferentes y lo que es mds grave sin familia, no diga- 
mos de sus padres que ya no los tienen sino de sus 
ascendientes y colaterales. 

^Es que no se conoce el resultado que dan los 
hu^rfanos? Son elementos despegados, entes que vi- 
ven sin el acicate del contacto familiar y sin el ca- 
rifto de la madre que sabe reprender pero tambi^n 
acariciar. 

Otras voces mds fuertes que la mla ban conside- 
rado la enormidad social del asilo y ban propuesto 
la colocaci6n familiar o el tipo de escuela hogar 
donde se puedan moldear esos seres que ya ban su- 
frido bastante en su constitucion moral con la per- 
dida de sus progenitores. Los hijos de los hogares 
en que falta uno de los c6nyuges, ya sea por viudez 
o por simple separacion, sufren las conaecuencias de 
esta disminucion de la autoridad patema. iComo no 
aceptar entonces que estos niiios transplantados fuc- 
ra de tiempo como las especies forestales, no aufri- 
r£n el choque de esta desaclimatacion ? 



Si, es necesario poblar, pero trayendo gente ad 
ta joven,. matrimonios reci^n constituidos o mat 
monios con muchos hijos que serdn en breves nue\ 
nticleos familiares, no con hu6rfanos que son u 
carga para el Estado ya que si sacamos cuentas ( 
da uno de esos niiios debe costar por lo menos 50 
por mes, o sean unos 50 millones mensuales, vale c 
cir 600 millones al aiio, lo que representa casi 
mitad del presupuesto de la Naci6n. 

C6mo pensar en traer un mill6n de hu^rfan 
cuando nuestros gobiernos no han sido capaces 
atender a tantos que en esas condiciones piden a] 
paro y han dejado en manos de sociedades carita 
vas este problema, no alcanzando las ingentes sum 
recolectadas y bien administradas, para sostener 1 
innumerables instituciones creaaas para ese fin. 
no pensemos solamente en la Capital Federal, lle^ 
mos nuestras miradas al interior del pais, donde n 
ce y crece un nino raquitico cuya visi6n completa 
recibe el viajero frente a la ventanilla del tren 
donde se acercan como bandadas los escu41idos cl 
quillos que piden pan o un "Cinquito**. 

Si, es necesario poblar, pero trayendo gente de pi 
ses de fdcil adaptaci6n, latinos si es posible, pa 
que no tengamos que arrepentirnos de haber criai 
Cuervos, ni nos planteen problemas raciales ni < 
minorias influyentes, individuos que no ansien v( 
ver a su pais de origen ni que tengan hijos pa 
gobiernos extranjeros ; necesitamos gente sana de c 
piritu que no nos traigan sus diferencias o antag 
nismos ancestrales. Espanoles, italianos, francesc 
Portugueses, niicleo fundamental de nuestra coleci 
vidad y origen de la mayoria de nuestras famili 
mds antiguas. Perdamos la ilusion de ver poblad 
nuestras tierras con, rubios y longuilineos anglo-s 
jones que consideran a menos que sus hijos sean a 
gentinos, educandolos en un ambiente extranjero 
considerdndose extranjeros. 

Y en estos momentos terriblemente anormales, < 
que se sacuden los cimientos de la sociedad, en q 



la latinidad ha de sufrir uno de los golpes mfis se- 
veros debemos estrechar filas y abrir ios brazes de 
nuestra tierra para los que quieran- abrir el surco y 
sembrarla con el sudor de su frente recogiendo al 
t^rmino de la jomada de labor el fruto abundante y 
generoso, para disfrutarlo en la serena paz del ho- 
gar constituldo como manda la Santa Madre Iglesia 
y lo exigen las leyes de la Naci6n. 

Esto es poblar, lo dem^s es importar parias que 
no se adaptardn y llenardn las c^rceles del futuro 
creando nuevos problemas al Estado que los recogid. 

Mejor seria que las instituciones de estudiosos, 
donde existen ingenieros, abogados, doctores en cien- 
cias econ6niicas, medicos y peritos en las distintas 
ramas de la sociologfa, colaboren en la elab'oraeion 
de un plan org&nico, diriamos regulador, y propon- 
gan soluciones que signifiquen una mejora de la vi- 
vienda del campo, tan abandonada, sucia e inhospi- 



ta q^^ ^^« llorar de pena al ver la forma en que 
viven ^^^^ que trabajan en lo que es la riqueza del 
pais; 8>>^V esti uno de los males profundos que de- 
bemos resolver, en lugar de mejorar tinicamente la 
habitaci6n de la ciudad gigante, oblfguese en forma 
terminante y perentoria a que el dueiio de esas enor- 
mes extensiones de tierra construya habitadones ne- 
tamente rurales para que sus colonos, con un mini- 
mum de comodidades y de arboleda, asi el agricul- 
tor europeo encontrard m&s acogedora esta invita- 
ci6n y sentird la nostalgia de su casa. que aunque 
riistica y vieja le permitia vivir en su condici6n de 
ser humano. 

Recuerdo las palabras del jefe de una misi6n co- 
lonizadora que nos visitara hace algunos aiios con 
intenci6n de radicar en la Argentina un grupo de 
familias: ^ni el m6s pobre de mis colonos aceptaria 
vivir en uno de estos ranchos". 

J. M. BALBI ROBECCO 



Epigrafias del ocio, el dinero y el hombre 



"Con el cnento de la guerra andan matreros los cobres.. 



NO podriamos explicar qu^ influencia subcons- 
ciente ha traido a nuestra memoria estos dos 
versos populares leidos hace mds de cinco lus- 
tros, ya ni recordamos donde. Pero es lo cierto que 
se han presentado sorpresivamente en el primer pia- 
no de nuestros recuerdos con renovado vigor, ab- 
sorbiendo nuestras reflexiones. 

iQu6 meditabamos? Pues, sobre el dinero; sobre 
los distintos modos de apreciar el dinero. Dem4s es- 
tk decir que nuestros conceptos, nuestras maneras 
de ver y sentir, varian a lo largo de nuestra vida 
y lios conducen a estimar las cosas a traves de di- 
ferentes prismas, segun sea mayor nuestra edad y 
^sta concomitante con los otros factores que nos 
rodean en tales circunstancias, o dicho en forma 
de ecuacion: edad (experiencia) + medio en que 
se actua = punto de vista. 

No siempre el punto de vista asi logrado es el co^* 
rrecto, pero, aun no siindolo ni pareciendolo, es en 
realidad el punto medio que permite fijar el concep- 
to general; es la t6nica, el "promedio ponderado" 
de las estadisticas. 

Ocurre asi que el hombre tiene una epoca en su 
vida en que es inmune a la tentacion del dinero. 
Si llega a sus manos lo gasta sin mayor dicerni- 
miento, a tantos y a locas, sin explicarse bien por 
ni para que lo hace. Lo gasta, en suma, porque en 
la primaria logica de ese momento que vive, el di- 
nero se le aparece como un vehiculo o un insfru- 
mevto, metaforicamente hablando. Y, del mismo 
modo que le han ensefiado que los cabellos se alinean 



con el peine, intuye que el dinero es como un talis- 
man o un conmutador indispensable para la satis- 
facci6n espiritual y material de ciertos sentidos, 
en forma tal que, obtenida ' dicha satisf accidn, el 
dinero — o la posesion de 61 — s61o interesa como po- 
sibilidad segura de repetir aquella. Y asf, dentro 
del mismo circulo vicioso, con un concepto sencilla- 
mente epiciireo de la vida. Pero, si por contrario 
accidente el dinero no le llega, ello no afecta en for- 
ma apreciable sus conceptos de la vida, emocional- 
mente considerada. 

Este modo de ver, sin embargo, no es, con propie- 
dad, desapego por el dinero, sino una aberracion o 
desnaturalizaci6n del concepto de dinero en el hom- 
bre, de cardcter circunstancial — ^por su edad — y por 
ende mutable. Podemos observar asi que a medida 
que el hombre "crece", vale decir, que . consolida su 
espiritu como ser racional, conquistando aplomo, cri- 
terio analitico y madurez de juicio, todo su pensa- 
miento evoluciona y levemente, en forma insospecha- 
da por lo escasamente perceptible, su concepto expe- 
rimenta una mutaci6n total. El dinero adquiere otro 
valor a sus ojos; asi como el hombre ha traspuesto 
el umbral de la edad del cdlculo, el dinero se hac€ 
ya un elemento al servicio del hombre. De entoacea 
en adelante, el hombre especulard con 61; lo incluirA 
en sus proyectos, contard con el como factor concu- 
rrente a una finalidad perseguida. A esta altura de 
la vida del hombre el dinero deja de ser el vehicvlc 
instrumento de simple trueque que era en su ado- 
lescencia. No pierde su condici6n de seryidnmbYe, 



474 



Antes era un servidor humillado, sujeto al capricho 
de su amo y hasta menospreciado por el. Ahora es 
un aervidor jerarquizado, como los viejos sirvientes 
de ciertas familias a quienes, por su antigtiedad en 
el servicio, se ha concedido ciertas prerrogativas y 
59e tolera algunos comedimientos . . . 

Hemos dicho que el dinero a esta altura de la vida 
del hombre es su servidor. Y esto, cabalmente, es lo 
que debe ser durante toda su vida: su servidor. 
Nada, moral ni espiritualmente, obsta para ello. Lo 
il6gico — y no por ello menos f recuente — es el tras- 
trueque de valores o la inversion funcional, es decir, 
que el servidor pase a ser amo y viceversa. Tal acon- 
tece cuando el hombre — en ese periodo de transicion 
conceptual — otorga a su criado una jerarquia supe- 
rior It- la propia. No es otra cosa la actitud del hom- 
bre que coloca al dinero como eje de su accion, como 
"deus et machina" que regulara todos los actos de 
su vida. Quien tal hiciere, instantAneamente, como 
un cuerpo sometido a la accion de los rayos pondra 
en descarnada evidencia su catadura moral, sea cual 
fuere el pretexto o razonamiento con que se haya 
propuesto disimular su conducta. 

LJegar^ el dinero a sus manos, no importa de qu6 
man era ni a titulo de que. Sera, unas veces, o{)se- 
quio o d^diva; otras, soborno; las menos, producto 
de una gestion Hcita. Afluir^, cada vez, con mayor 
facilidad; ^no se precipitan veloces las aguas hasta 
ayer estancadas por un cauce reci^n abierto? As! se 
volcard el dinero hacia la fisura que un hombre man- 
tenga abierta en su conducta moral; esa fisura se- 
rk^ andando los dias, brecha, y m^s tarde, torren- 
toso cauce, que mucho y arrollador poder posee la 
voluptuosidad del dinero. Y siempre, obsequio, d^di- 
va o soborno, el dinero asi llegado a manos del hom- 
bre, le senalara una claudicaci6n : a corto o largo 
plazo, ese dinero serd devuelto en acto de servidum- 



bre a quien lo pago. Sera una complacencia que : 
estiiha sin importancia; un silenciamiento oportun< 
una aquiescencia muda. Pero el acto de retrib 
cion simb61ica del jdinero mal llegado se hab'rd pr 
ducido. Y con 61 — ^lo mAs importante aiin para el i: 
dividuo — , la desautorizaci6n de su ente moral; 
desvalorizacion, por 61 mismo, del respeto que del 
merecerse y que, seguramente, se merecia ayer, pu 
es connatural al hombre racional, hasta que no quii 
o no supo aplicar su voluntad a cerrar hermetic 
mente esa fisura inicial que anunciaba el resqu 
brajamiento 6tico de su ser. 

Bien estd el dinero en su funcion simple y eleme: 
tal de servidumbre con respecto al individuo; en j 
cardcter de vehiculo o valor simb61ico de comerc 
en la comunidad. Pero, no mas. No le concedami 
jerarquia que pueda en un momento dado rivalizi 
con nosotros mismos y alln someternos a su arb 
trio. Mir^mosle como a nuestro criado; con respe 
pero sin temor. No nos familiaricemos con 61 y h 
bremos eludido sus impertinencias. Pensemos en qi 
es ladino y artero; que puede y busca soi*prendi 
nuestras fntimas debilidades para enraizar en ell; 
su ascendiente sobre nosotros; que conozca nuestn 
pequeiios grandes problemas cotidianos. Cuando 11 
gue a nosotros, veamos c6mo y de d6nde viene pa: 
saber si recibirlo o rechazarlo. Cuando alguien 11 
ma a nuestra puerta jamAs le damos alborozada bie 
venida si no es de nuestra amistad. No merece m 
jor tratamiento el dinero que nos llega sorpresiv 
mente. El es un criado en busca de ocupaci6n. T 
marlo o no, es cuesti6n que resolvera nuestro di 
cernimiento. Pero, aceptado o no, nunca olvidem< 
su condicion de servidor. No descendamos en nue 
tra propia estimacion al punto de convertirnos \ 
esclavos de aquel que debe servirncfs. 

Leon Federico FIEL 



LEL/TA 




MARY REGA MOLINA 



Y la vimos llegar! Pdjaro atento 
Al canto de sirena de la Vida; 
Un ala temblor osa y recogida, 
Desplegada su par; proa del viento! 

Feliz, sobre la rama florecida 

Del drbol que en terrdn no tuvo asiento, 

Alcanzaba alta hiz su pensamiento, 

Y el alma, ya del cielo preferida! 

Y la vimos partir! pie de azucena, 
Cortando el aire aznl, con la serena 
majestad de los Angeles en vuelo! . . 

Si q uteres darle vida a tu mirada 
Cegada por su ausencia^ joh desvelada! 
La tienes que encontrar mirando al Cielo! 



4' 




M«*\j, 



Cronicas muslcales 



TEATRO COLON 



CLAUDIO ARRAU. — Creemos innecesario picsentar 
a nuestros lectores a este gran artista, uno de tos 
mejores concertistas de piano que en log momentos 
actualcs pueder recorrer el mundo y visitar nuestro 
pais. Nuestro publico conoce niuy bien a este afamado 
pianiata, que ultimaniente en gira par lo£ Estados 
Unidos y el Canada, ha actuado en los mas alcjados 
publicos y en los conciertos mas celebrados de la Ame- 
rica del Norte, tanto conio solista de las mas famosas 
orquestas, como en reqitales de piano. Hasta rosotros 
han Itegado las noticias del entusiasmo con que ha sido 
aclamado en la ultima temporada 1943/1944, que recuer- 
dan las mas famosas ovaciones a Paderewsky y que en 
Nueva York ha actuado cineo veces en la temporada, lo 
que puedd considorarac un record, completamente cscep- 
cional. 

Arrau no es un especialista. Todo lo toca muy bien. 
Por eso sus pr^jrramas tienen in variedad mas intere- 
sante y de ellos puede esperarsc una perfecta cjecucidn 
sin peros y sin taeha.s. Ano malo para nuestro Buenos 
Aires, si considetamns las dificultadcs que hay en con- 
aeguir los huenos artistas, aiin los que estan en Norte 
America y per e.so debcmos felicitarnoiJ muy cordialmen- 
te de In llegada de una de sus mas destacadas fi^uras. 

Seia rocitiiles ha preparado y at nomhrar solo los au 
toi'i's que interpretora, podran nuestros lectores formar- 
sc una idea dc la importancia de los coiicicrtos que se- 



rin ^,„^*>ados en el teatro Col6n, Seran iniciados el 
jueves yo a las 17.45 con el siiruiente programa: 

Rondo tn la menor, de Mozart. 

Quince variaciones y fuga, op, 36, de Beethoven. 

Balada en Fa menor, de Chopin. 

Jue^B de ag'ua y Vals Mefisto, de Liszt. 

Estampaa, de Debussy. 

Una Barca en el Oc§ano y Alborada del Gracioao, dc 
Ravel. 

El Peiele (Goyescas), de Granadoa. 

En los otros recitales se interpretar&n obras de lot 
sig'uientes autores: 

Seffundo Recital: Brahms, Schumann, Chopin, Lopat 
nicoff, Tschaicowsky y Balijcirew. 

Tercer Recital: Strawinsliy, Beethoven, Schumann, Al 
boniz y Chopin, 

Cuarto Recital: Mozart, Beethoven (Sonata Aurora) 
Liszt, Faur^, Bartok, Halffter, I^cuona y Juan Jos< 
Castro. 

Qninto Recital: Bach, Schumann, Liszt y Albeniz. 

Sexto Recital: Mozart, Brahma, Chopfn, Schubert j 
Liszt. 

H. O. G. 



T E A T R 



MADBE (el drama Padre) 

Enrique Jardiel Pancela es indudablemente un hombre 
ingenioso. Podria haber sido un noveliata unanimemente 
celebrado si su roala costumbre de hacer abierta porno- 
grafia no lo hubiera lesionado. No es escritor profun- 
do ni mucho menoa, pero tiene las condiciones necesa- 
rias como para hacer paaar el rato leytodolo y eso ya 

Madre es un conglomerado de chistes mis o menoi 
eficaces que visten una trama de bastante mal gusto du- 
rante dos actog desmesuradamente largos. Jardiel guata 
dc las complicaciones y los embrollos y tiene bastante 
agilidad para rclatarlos, pero tos extiende mAs de lo so- 
portable y termina fatigando con encomia digno de me- 
Jor causa. En esta pieza, el primer acto llega a lo inau' 
dito en cuanto a extension y repeticiones de eacenas 
con lo que el humorismo se dealie en el tiempo. 

El segundo es mas agil. Hay reminiscencia de com^ 
dias sofisticadas, farsas cinematogr&ficas y absurdos; 
pero no est&n muy bien doaificadaa y tienen eil au con- 
tra a un elenco que deja algo que desear con atgunat 
honrosas cxcepciones. 

Moralmante no podemos menos que rechazaria porquc 
si bien esta escrita en solfa, ha tornado el tema del in- 
cesto con algunas acentuaciones muy poco edificantea 
Ademas, cuando un hombre ha hecho so fama en bas< 
a la pornogarfia de sus novelas como ea el caao de Jar- 
did Poncela. cl publico catolico debe acercarle el vacfc 
como acto de legltima defensa y positivo apostolado 
Esta obra no es pornografica pero se permite licenciai 
inaceptablea, por lo que la calificamoa rotnndamentc dc 
MALA. 

Como deciamos antes, la compafifa no es demasiade 
buena y en cuanto a los decoradoa merecen mencion 
aparCe por la genialidad que se ha demostrado al ele- 
girlna tan unanimemente ramplones. 

BAR "EL PLATA" 

La Intendencia Municipal haria bien en averiguar ai 
la enipret'a del .'^uFodicho Bar que queda al lado del Tea- 
tro Comico, paga I;i patente respcctiva . para exfaiUi 



le ?u tablado rt?presentaciones pornogfraficas. La in- 
cion que se hace desde alia al vicio por parte de la 
irjrada de sintoiiizar la radio, es digna de los tabla- 
de la callo 25 de Mayo, pero no se- cohcibe en Co- 
ntes y Talcahuano. 

Vagabond Jim 



; JMCCOLI OFRECEN UNA TEATRALIZAC ION 
DEL *F.VUSTO" DE E. DEL CAMPO 

I compania de **Los Piccoli de Podrecca**, que sigue 
sostonido exito su temporada de tres semanas en el 
seo Podesta de La Plata, presenta la adaptacion 
nica, en forma lirica y cdmica, del poema gauches- 
^^au-^to, de Estanislao "del Campo. Los cantantes de 
ompania Podrecca dan sus voces a las marionetas, 
.•uales representan con su conocida habilidad y espi- 
ilidad una seleccion de la opera Fausto de Gounod, 
ando como una miniatura, una representacion del 
•o Colon en el 1866. Entretanto dos interpretes gau- 
cos en persona, ofrecen desde el escenario los fa- 
:)s comentarios criollos de Anastasio el Polio y Don 
una. Los " deeorados de esta singular produccion 
obra de Hector Basaldua, el conocido escenografo 
teatro Colon, que tambien ilustro una edici6n del 
(la de Estanislao del Campo. En esta semana dos 
nees especiales seran dedicadas a las escuelas nor- 
?s de La Plata 



DiiiiinniiiniiiiiiiiiuiiinuiuiiiiiiiiiiiiiiiiiiuiiiiHiiiiiiiiiHUiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinimtiiin^^ 



linemaidgrafo 

IUDL\ En medio de tanto conflicto sombrio o 

artificioso como los explotados por los 
3 de todas las nacionalidades, viene Claudia con el 
merito de su absoluta sencillez en el transparente 
ito de una vida. 

podemos decir que la trama exista como algo de- 
lo. Se trata de la adaptacion de una obra que hizo 
ina en los Estados Unidos y que si bien ha mante- 

en su version cinematografica cierta teatralidad. no 
ce de agilidad. 

audia es el retrato de la evolucion psicologica de una 
jela que al Uegar un momento decisivo en su vida 
nte de complicaciones, sabe reaccionar con madurez 
nujer. Hasta ese entonces ha vivido como pensaba. 
ejor dicho como sentia; porque su marido. su madre 

1 sirvienta le ahorraban el trabajo de pensar. Exa- 
damentc infantil — y quiza peligrosamente Candida 
) lo senala un persona je — es una muchacha encan- 
ra que sabe hacer felices a los que la rodean. Pero 
nsiniia el dolor en su vida superficial y encuentra 
ju enorme rcserva de amor elementos capaccs de 
3 la fortaleza y la re.«ignaci6n necesarias que al ele- 
i sobre su aparente frivolidad anterior, la muestran 
jramente huniana. 

\ tesis, entonces, es optimista. En el fondo de toda 
jr existen reservas de amor capaces de hacer mila- 
. Llegados los monu-ntos decisivos, los caracteres fe- 
inos son capaces de sacrificios y adaptaciones solo 
icables por el mistcrio niaravilloso de su sexo. 
>da la cinta es ol personaje central y Dorothy Mac 
e se identifica con el con la naturalidad de quien 
ive. El resto del elenco se fomporta con correccion. 
9ralmenti'. la pt'liciila puede ser vista por personas 
ores de ciitcrio l»i«'n fomiado. 

AGEA 

18 amcres de Kd^jar Allan I'oe es una acertada v. \\\- 
ente biojjrafia del poeta hecha con t-rilerio coni- 
sivo y si-)hrio. Ks nu'.y sui)i'ri<^i a cientos de cintas 



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0343 

r e B 



iitiiiiiiiiniiiiiuRiraMiinnnifliiniiinMiiiiniHiiiHiiiitiiHiiimittin 



de eatreno y a miles de las de complemento. Ademas, 
es buena. 

La marca de los bandoleros es una cinta de cowboys 
con tiros, golpes a tiemos infantes, musica vaquera y 
otros aditamentos que contribuyen a que los grandes 
pasen un rato entretenido rememorando su infancia y 
' los chicos armen un batuque fenomenal en las esccnas 
cuspide. 

Maestros de baile es otra pelicula de Laurel y Hardy 
en que anibos bufos hacen exactamcntc las mismas co. 
sas que estjf^yi repitiendo ()esde que se invento el cine 
sonoro y que sig^uen (iivirtiendo a k>s espectadores in- 
fant iles y a' ftlguhos. grandes con alihak de ninos no de- 
masiado avispadbs. - •• \ . 



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DOM CASPAR LEFEBVRE, 0. S. B. 

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Papa por suerte presenta a un Charles Laugthon re- 
primido por un arjsrumento que le queda evidentemente 
chico. Es como si a Lej^uisamo lo hicieran correr en ca- 
ballos de calesita. 

La venfcanza de la tumba tiene demasiados anos en- 
cima y presenta muy poca variacion con otras terrori- 
ficas que en el cine han sido. La grente impresionable y 
dispuestas a asustarse. apenas si puedu conseguirlo. La 
que va a divertirse, tampoco porque la cinta es aburri- 
dora. Los admiradores de George Zucco, gozaran al con 
trario, en grande. Pero estos han de ser muy pocos. 
Quiza Mrs, Georjre Ziicco y sus hijos. 

Su primer romance nuu'stra a cologiales amcricanos 
felices, contiMitos. ruidosos. niovedizos y normalmcnto 
idiotizados. Cdmo sc w, el proj^rama no cs (i(^niasiado 
a tray en tf. 

Fiilly se fu^ra es una <\v osas policulas quv lo !iacen 
arropt-ntir a uno p<^r hahorso mctido a cronist':! de cine. 

kcsumen moral (\v la scmana: 

S:ic:iiulo Sii prim«'r romancf olh/ i - f.'\airt-i':ila. toiias 
l:*.-' :i'-»n:i> pMi-flcti <(•»• viv-ta*^ pur ir^'iitc cdii cal)i'/a liit-i! 
Ini'^Ja. K' t .•;iii(ta'!. -ai-ar: l<» ('l:iudi:i l:i -cniana lia <idn 
pav«-i ■.-., .-.r.-ii'.i- 'i!):ill i(i'i|-.i !,..•> :•!!'..>-■ iiiiria!" \>\-ii fll 
:i^' ■••?■■ ' ;■ vci M;u'stru'«i (\v l>ai!r ij:;i- <■-■ I-i I'mico t\in- 

:"Mii:T-"'". !'' ! l;i '■.'.'. !!i-- ij;n p:i'-'lnii d»*jar 



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ii'-i ;i- ■ ■■ ■ ■( ■ « '•■•. 
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"a.- .p..- 



El Catolicismo en el Muo 

\ 

Un comentario de Hilaire Belloc 

;ES PRECISO QUE POLONIA VIVAI 

Londres, especial. — En la Revista "Weekly Rev 
el destacado historiador catolico Hilaire Belloc pul 
e) siguientc comentario: 

"Si los aliados consigucn restaurar una Polonia ' 
y fuerte, con pleno acceso al mar mediante puerto 
gados al rcsto del Estado potaco, han ganado la gu< 
Si, pop equivocar al enfoque del problema, ell03 ace 
on cambio una paz de cualquier clase, no importa « 
completa en apariencia, pero que deje indecisa la s 
te de Polonia, los aliados han perdido con segurida 
guerra. 

"Una Polonia libre y suficientemente independient 
la condici6n sine que non de la civilizacion occidenta 
la Europa central. Es el contrapeso necesario para e. 
piritu prusiano, que seguiri viviendo al Este del J 
aun cuando fuera neutralizado en el resto de los ale 
nes. La primera participacidn de Polonia fue el pr 
pio de todas nuestras preocupaciones. Pues nuevam 
la barbarie en el corazon de la Cristiandad; adm 
por primera vez en la historia de la civilizacion occi< 
tal, sin vergiienza y sin razon, la negacion brutal de 
leyes internacionales y del.derecho a vivir de una na 
cristiana". 



"Habla HVJ: Estacidn Radio Vaticana** 



*• 



^ 'IV, ".■ ■ »'M' .1 ifV 



EL IDEAL DE LAS RELACIONES ENTRE 
LA IGLESIA Y EL ESTADO" 



Lisboa, especial. — En una trasmision efectuada 
idioma alem^n el 28 de enero ppdo., por la Estacion 
dio Vaticana, el locutor leyo el siguiente comentario 

"Hubo ciertas epocas en que sosteniase la doctrins 
Estado Clerical. En otras en cambio se defendio la < 
cepcion teocratica del dominio temporal. Ambos con< 
tos son extremistas, pues nunca la Iglesia debe dc 
nar al Estado ni este a la Iglesia. Ambos poderes 
fundamcntalmente autonomos en sus esferas de ace 
al primero guardian de lo temporal y el segundo o 
proyector de lo sobrenatural. 

"Este dualismo (doble soberania) fundamental <U 
Iglesia y el Estadu no implica por consiguiente una 
parac'ion. ya quo ambos poderes no solo deben vigila 
hicnostar do los mismos seres humanos. sino que c 
ttn vojdadoros campos do accion donde sus interese: 
liallaii osiroolianjonto ligados. Asi ocurre con el mi 
jiionio, la cscuela, la odiicacion. la obsorvancia loga' 
Jos domiimos y dias fostivos. 

"('oMcs|)ondc a l:i Iglesia y al Kstado ponerso do ac- 
do sol)!'i' l«.s asii»ii(>> quo anibos tionen en comiin. se 
I'str's <«' vayan pre<enlando. o niodianto pactos y . 
cordalos. lia arnioniosa colaburiicion outre la'Iglosi 
t 1 K>iailo -itMnpn* ha t-iMiido cunio I'osultado ol bier 
lus piulilti-. I. a srp;n:a-i<»ti total de la Iglesia y ol 
iadi' ro piK-.K' ^(1- III, idi-al de reUu*it)nes, pero en t 
tii- cii iii!i-:ari(i;i- p'lede eoMsidei'arse como un mal 
..»'r IJc ■«■: t-niei'ti- «:i- ha piU)lii':id<i una obra magni 
- '■'■■ In- I ■•l;n:.»r»' cmJ! !a liilcsia y ol Estado dui 
■ ■ p! i..''"« - ...■''» -liil'w despues de Cristo. So t: 
1- ■!; M ,.»'-i\'.i-" .:. (!f'cii'ii«-nlo> recoj^idos por el > 
I 1', -.: \hoiuilaondische Kirchenfreiheit 
il i'j.i-:i ■:■•' nrcidojito), editada on el 
In' i;< • .'. '.:r<T \"'-)"l;;.Lr. Ya tuvimos oca 
I • ■ i'l • ; . "« . ■ ^'Oi.teiddo do estn obr 



i;,-j»..i 



I'h, 



.■!■ 



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1 1 



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B I B LIOGRAFI 



superficial y con un despliegue imponente de erudieidn que es b( 
infranqueable para el lector apresurado. 

Indudablemente este tomito, que ademds incluye la EncicUcc 
videntissimus Deus, resvlta oportunisimo^ pues trata asuntos it 
damental interis e importancia para nuegtra cultura no sdlo reii 
sino tambiin hietdrica, de un modo que los hace a^eesibles y al : 
tiempo con la autoridtd que exige la traacendeneia dt la mater 



Llave de Cielo, per En este libro, la autora vuelve los o 
Maria Raquel Adler cielo, Asi lo dice en "Al lector". "jiQm 
cosa puede hacer el poeta en los tiempos que correnf" 

No analizaremos los conceptos del prdlogo con los que poden 
estar de acuerdo pero cuya sinceridad es indiscutible. Nos interes 
la poetisa, que sin duda, es de un ndstieismo puro. En "Coloquic 
ritual** hay un sabor a Fray Luis de Le6n no sdlo en la forma 8\ 
el sentido y aliento de la expresidn, lo que no ^mpequefiece a la 
ra sino al contrario la aquilata, ya que es un don y no pequefio, 
rar el mismo aire poetico del tan sencillo como gran Fray Luis di 

Maria Raquel Adler, ha reunido en este Ubro de 140 pAginai 
sias de positivo valor estitico y artistico, Y no s6lo no creemos q 
ya decaido su inspiracidn, comro alguien ha dieho, sino al con 
opinamos que ha tornado nuevos nuitices, Es lamentable que no 
las poesias tengan los mismos kilates y que hasta se hayan ins 
algunas que no debian fiqurar publicadas junto a otras tan buenas 



ESTAS PRESENTE, OH DIGS! 

Todo se manifjesta en tu presencia, 

Y todo en Ti comiema y se concluye: 
El rio de la rida hacia Ti fluye 

Y la muerte Hmiia en Ti su urgencia. 

Ante Ti fie rednee tnda ciencia, 

Y todo en Ti se capta y se construye; 
Tu amor nada recibe y retribuye 

Un in undo entero por su diferencia, 

Katds presentc ioh Dios! en toda hora. 
En line la vida su visidn demora; 
En ej drbol, el pa jam y la fuente. 

La nuhr, el astro, el sol, la luna, el cielo, 

hnjinsff rffulilen aan en in desvelo, 

;Oh DIfts. del nlto anun- tan diligente! 



\ {,rnf,ns'!^, tj' },n('f<is u poffiyns rorneionales como la que 7ic 
/I" un :<( >n :■ >:oi,'i,i /nm ftmrdnr /o.s- a forisnios sigutentes: Nadie 
],. ,/, la r'n m'r •/ It!) ! s J,i)n fit h: p<i(sia — Nadie ama la. 



. I ■ II //;</ 1- 'n I 'tz 



lI-'j La: :'i: w \1 .-^h LriJ dii L"U 25 L-iJ Rh IrJ Jj: 



.V' hi li'Z "••■? >t ■/}}'! r In verdad — Ni la verd 
.V .'■ /. . i .- y fit if ,<i,; nmnr a D ios, 

M, S. . 







o 



PARECE TODOS LOS JUEVES 

O XVII N.O 847 Bt. Atv 25 <!• mayo 1944 Altina 840 U. T. 34-I309 



1 simbolismo del cas6 Orlemanski 



OS hechos son conocidos, los resumir^ en po- 

. cas palabras, porque mas importan por su 
' simbolismo que por su realidad. 
n los primeros dias de mayo corrio a trav6s del 
do entero la noticia, abundantemente propaga- 
tor las agencias periodisticas, de que un sacerdo- 
atolico, el Pbro. Estanislao Orlemanski, nacido 
Srie, (Pensilvania), el 12 de diciembre de 1889, 
ndo, como suficientemente lo indican nombre y 
lido, de padres polacos, pero perteneciente por 
rdinacion a la diocesis de Springfield, habia sido 
tado junto con el profesor Lange, de origen po- 
, por el Sr. Jose Stalin a visitarlo en Moscu, y 
el Departamento de Estado de los Estados Uni- 
le habia otorgado el pasaporte correspondiente. 
acerdote parti6 sin la autorizacion concedida por 
>ropia Curia y que, segun el Derecho Canonico, 
ndispensable para decir misa fuera de la dio- 
3. Se insinuo que llevaba una misi6n secreta 
las autoridades catolicas, dijose tambi^n que 
2haba en representacion de ciertas agrupaciones 
cas de los Estados Unidos que se inclinaban ha- 
el soviet. En Moscu fu4 recibido con especiales 
jajos por el Sr. Stalin y por el comisario de re- 
mes exteriores, Sr. Molotoff, y la demostracion 
[ue se queria dar importancia al asunto est4 fun- 
I no solo en las informaciones enviadas desde 
cu sino hasta en la fotografia, distribuida por 
icias noticiosas, y que nos muestra a Orlemanski 
ado junto a los dos personajes comunistas men- 
s. El Sr. Obispo de Springfield publico la sus- 
{ion del Pbro. Orlemanski, lo que suscit6 indig- 
on en Moscu. Los corresponsales atribuyeron a 

sacerdote la frase de que "no obstante las dis- 
:iones de su Prelado continuaria diciendo misa", 
e que me parece mas que dudosa. Sea ello como 
e, la verdad es que el Pbro. Orlemanski regreso 

diocesis, y despues de pasos que ignoramos pero 
nos es facil adivinar puesto el conocimiento del 
»cho Canonico: una expresa retractacion del acto 
I pedido de indulgencia, fue rehabilitado en sus 
iones eclesiasticas. 6 Que hay detras de todo 



Dos fuentes de informaciones nos estan abiertas: 
por una parte los telegramas de di versos correspon- 
sales, especialmente el del Sr. Fernando Ortiz Echa- 
gue en La Nacidn del 16 de mayo, y por otra, tires 
comunicados enviados por el Servicio de Informacio- 
nes de la National Catholic Welfare Conference, que 
es en cierto modo la Acci6n Cat61ica Norteamericana, 
desarrolla sus actividades con la intervencion direc- 
ta del episcopado, y constituye la principal organi- 
zacion cat61ica de los Estados Unidos. Las informa- 
ciones de la N. C. W. C. fueron publicadas en Bue- 
nos Aires en las tres entregas de El Pueblo de los 
dias 12, 14 y 18 de mayo. 

Veamos en qu4 tono lleno de bonhomia describe el 
senor Ortiz EchagUe la incidencia, ello ser4 instnic- 
tivo para comprender el valor simb61ico de este via- 
je. "El reverendo Stanislaus Orlemanski parece una 
invencion periodistica para distraernos de la inva- 
sion. Se trata de un humilde p4rroco provinciano que 
despues de ejercer veinte y seis aiios su sagrado mi- 
nisterio en la iglesia de N*uestra Senora del Rosa- 
rio en Springfield, Massachusetts, se sintio un buen 
dia destinado a grandes empresas y resolvi6 ir a 
Moscu para ha'blar con el Sr. Stalin. Causa asombro 
ante todo que en estos tiempos un cura oscuro se 
atribuya a si mismo una misi6n de indole tan aje- 
na a su ministerio y no halle impedimento para cum- 
plirla cuando es dificil conseguir una plaza en el 
avion de W4shington. Pero el caso es que el reve- 
rendo Orlemanski fu6 a Mosc(i, hablo dos veces con 
el Sr. Stalin, y obtuvo un documento firmado donde 
el jefe soviet ico habia sob're la libertad de concien- 
cia, contempla la posibilidad de colaborar con el Va- 
ticano, y expresa por primera vez el deseo de hacer 
las paces con la Iglesia. El P. Orlemanski es de ori- 
gen polaco y pretende haber ido a Moscti como re- 
presentante confidencial de los cat61icos polacos, pe- 
ro su superior Jerdrquico, el obispo de Springfield, 
lo ha exonerado. con disgusto de los feligreses de 
Nuestra Senora del Rosario, que ayer no oyeron mi- 
sa del padre Orlemanski por primera vez en veinte 
y seis aiios. Segun el indiscreto clerigo, el documento 
que trae del Kremlin merece entero credito y si no 



485 



se le prestase eco las cpnsecuencias serian malas, no 
sdio para la causa de la Iglesia, sino tambien para 
la uni6n interaliada. El Sr. Stalin estd dispueato a 
cooperar con nosotros rruiteHal y moralmente, afirma 
el reverendo Orlemanski, y agrega que Polonia es 
catdlica, apost61ica, romana, y que si el Sr. Stalin 
faltara a su palabra no solo agraviaria a la Iglesia 
Cat61ica, sino a todas las iglesias. No comprendo por 
qui 86 me impone una pena disciplinaria, concluye 
perplejo el sacerdote". Y siguen otras consideracio- 
nes que aqui no vienen al caso. 

Ahora bien, he aqui los datos que proporciona la 
N. C. W. C. El Pbro. Orlemanski no es, como lo da 
a entender el senor Ortiz Echague, un humilde p6- 
rroco provinciano, sino partidario militante de la 
polftica sovi^tica. "Promovi6 en los Estados Unidos 
la fundacion de una comision de auxilio en favor de 
la Division Kosciusko, organizada para luchar por el 
establecimiento de un gobierno comunista en Polo- 
nia". Y cita las palabras pronunciadas en Detroit 
por el mismo Orlemanski, y reproducidas por el Daily 
Worker, organo comunista muy conocido en New 
York, a 2 de enero de este ano, manifestando su 
prop6sito de difundir dicha Liga por todos los Es- 
tados Unidos y el Canada. No es por lo tan to el os- 
curo sacerdote rural que nos muestra el seiior Fer- 
nando Ortiz sino un difusor del bolchevismo. No es 
exacto tampoco que por primera vez los fieles de 
Nuestra Senora del Rosario dejaran de oir la misa 
dominical del mentado sacerdote, gran viajero comu- 
nista. Tampoco, si tenia algo de sinceridad, podia 
^edar perplejo el cl^rigo no comprendiendo por qu6 
fiejeimponia esta pena eclesidstica : si no es un far- 
'9i^t6 desvergonzado, o un ignorante patentado, no 
fitf6de decir que desconoce que ningiin sacerdote, so 
/^iWa de suspension, tiene derecho a ausentarse de su 
didcesis e ir al extranjero sin licencia de su Prela- 
do. Muchas m6^ inexactitudes podriamos indicar en 
la correspondencia del Sr. Ortiz Echagiie: bastan las 
indicadas para que nos demos cuenta del crMito a 
que son acreedores las informaciones que suelen ser- 
virnos las agencias. 

Veamos ahora lo que expone la N. C. W. C. Es su 
secretario' general, Mons. Michael J. Ready, perso- 
nalidad eclesi&stica conocidisima por su integridad, 
quien dice: "una informaci6n de prensa asevera que, 
antes de que el P. S. Orlemanski fuera a Rusia, pu- 
80 al corriente del pastel a un alto dignatario de la 
Iglesia Gatolica en Washington, y que el Departa- 
mento de Estado solamente extendio el pasaporte 
cuando se apercibi6 de que el alto dignatario no ha- 
bfa protestado. Respaldan esta aseveraci6n los aso- 
ciados, sean quienes fueren, del P. Orlemanski. Ignoro 
lo que piensa al respecto el Departamento de Esta- 
do. En todo caso es falso que un dignatario eclesids- 
tico, de alta o baja categoria, haya sido consultado 
o informado acerca de este asunto. Hasta hoy los 
hablllsimos senores ban fallado en su juego de pro- 
paganda: no dieron en el bianco, y ban cometido 



tf 



un nuevo error . 



Mons. Ready no se ha detenido aqui. Al hablar a 
los inspectores de la National Catholic Community 
Service, record6 la imposibilidad habida hasta ahora 
de obtener que "vayan a Rusia sacerdotes dignoB''» 
y agreg5: "segdn un vocero del Departamento de Es- 
tado el pasaporte se facilito para complacer la peti- 
ci6n de un gobierno amigo, Rusia. Esto resulta in- 
teresantisimo. Puesto que Rusia ahora considera a 
los desterrados poloneses en su territorio como ciu- 
dadanos de la U. R. S. S. ino podrfa nuestro gobier- 
no, complaciendo la respetuosa demanda de millones 
de ciudadanos, solicitar amistosamente que Rusia 
otorgue pasaportes a los sacerdotes y obispos que se 
hallan encarcelados en Rusia, para que vengan a los 
Estados Unidos a disfrutar de las cuatro liberta- 
des?". Hace mucho tiempo que por sus escritos he 
admirado a Mons. Ready, pero ^qui6n no aplaudira 
ahora la amarga ironia con que se expresa acerca de 
la colaboracion entre los gobiemos que se dicen ami- 
gos de la libertad y el que hasta en ocasiones recien- 
tisimas se ha expresado en los t^rminos mas violen- 
tos contra la libertad del Pontifice Romano? 

Y agrega Mons. Ready: "desalienta a todos los 
que procuran lograr la amistad con Rusia compro- 
bar los mitodos dolosos y turbios del gobierno so- 
vi^tico. Todos los pueblos grandes que integran las 
Naciones Unidas luchan por un mundo en que im- 
peren la justicia, la verdad, la decencia.. Solamante 
uno, Rusia, se rebaja y practica una politica y ticti- 
cas que provocan la divisi6n en la marcha con que 
nuestras fuerzas van hacia la victoria y hacia un 
mundo mejor. Si durante la guerra no podemos lo- 
grar una colab6raci6n honrada entre los aliados, ne- 
cesariamente desconfiaremos cuando despu^ de la 
guerra se trate de constituir una sociedad de nacio- 
nes genuinamente noble. El valor y el genio de Ru- 
sia pueden contribuir muchisimo al logro de tan 
anhelada sociedad, si 6sta se cimenta en la justicis 
y en la caridad. Oremos para que los pueblos del 
mundo se yuan y engendren una sociedad sema- 
jante. Solamente el gobierno sovi6tico mantiene a] 
pueblo ruso apartado de la fraternidad universal*'. 

He aqui la verdad sin m&scara. En mi artfculo 
de la semana anterior exponia a mi amigo el Sr. 
Richard Pattee algunos de los recelos que entre loa 
cat61icos argentinos despiertan ciertas actitudes nor- 
teamericanas. He aqui otro, que no cupo en el nA- 
mero pasado de GRITEORJO. Polonia es un pais ca- 
t61ico. Ahora bien, despu^s de haber declarado la 
guerra a Alemania para salvar la integridad de Po- 
lonia en el asunto de Dantzig, vemos con espanto \b 
tendencia a aceptar en favor de la U. R. S. S. y co- 
mo pago de su colaboraci6n a la guerra, la llamada 
linea Curzon, que significa la entrega de ocho mi- 
llones de catolicos a las autoridades sovi^icas. Si a 
esto se suma la aceptaci6n de que la U. R. S. S. 
guarde las naciones del Baltico, lo que s61o para Li- 
tuania importa la entrega de tres millones de cat6- 
licos, cuya condici6n actual bajo el imperio del Sr 
Stalin hemos documentado ampliamente en CRITE- 



186 



, en verdad que podemos preguntarnos qu6 so- 
ive de los propositos expuestos en 1939 acerca 
a independencia de las naciones pequenas. Y yo 
permito hablar asi porque la N. C. W. C. lo ha 
lo en terminos no velados por boca de Mons. 
ly» y porque otro insigne prelado estadounidense, 
xcmo. Sr. Edward Mooney, arzobispo de Detroit, 
stor de la Junta Episcopal Administrativa de la 
na National Catholic Welfare Conference, se ha 
io en el deber de tranquilizar a los polacos es- 
icidos en la Union, asegurando que jamds de- 
n los cat61icos de pedir justicia para los hombVes 
\u raza: "y hacemos eco a la esperanza de que 
30C0 tendra 6xito el intento comunista que pre- 
e organizar en Polonia un gobierno titere, con 
gnios que son siniestros tanto para la fe cat6- 
como para los derechos humanos de Polonia, bas- 

hist6rico de la civilizacion cristiana en el Orien- 
le Europa". 

e aqui, senalado con mano maestra, el doble pe- 
>. Por una parte la injusticia de crueldad sin 
tes para con Polonia a quien se pretende despe- 
ir una vez mas. Por otra el deseo de acrteentar 
il campo cat6Iico el confusion! smo, echando una 
ina de humo sobre el sovietismo ruso, a fin de 
niientras unos sigan combati^ndolo conforme lo 

haciendo en estos mismos meses la Sede Ax)os- 
a, otros imaginen que aqu61 ha perdido su agui- 

y ya no importa amenazas para* la fe. 
1 Sr. Fernando Ortiz Echagiie dice que sus inte- 
B pollticos en Europa inducen al Sr. Stalin a ha- 
las paces con la Iglesia Catolica, y que en este 
ido deben interpretarse tanto la moderacion de 
comunistas en Francia e Italia donde se mues- 
I dispuestos a colaborar con los demAa partidos, 
ito la visita del P. Orlenianski. Por lo que toca 

primero, ello no constituye novedad alguna: es 
ue antes de la guerra se llamaba ''la politica de 
aano tendida", y acerca de ella se han pronun- 
o claramente los cat61icos diciendo que la cola- 
ici6n entre ateos y cristianos no puede ser m&s 
muy superficial, y reducida a campos sumamen- 
strechos, porque son los conceptos fundamental 
ie la sociedad y hasta de la vida humana los que 
ponen entre unos y otros. El bloqueo absoluto de 
ncia, B^lgica, Holanda y la parte nortefia de Ita- 
por los alemanes, en el sentido de que no dejan 
ir un solo trozo de papel, nos impide saber qu6 
Ban en realidad los cat61icos sobre colaboracio- 
lo en esta hora. Pero en lo que se refiere al or- 

religu)so no tenemos derecho a dormir, ni tam- 
> a callar en obsequio a uno de los grupos belige- 
^es: los grandes dirigentes del catolicismo norte- 
ricano nos dan ejemplo de valor en el hablar, y 
:olocar la doctrina por encima de todo. 
n algunas de las palabras de Mons. Ready que 
, se lee claramente el temor a que la colabora- 

entre Rusia y las naciones aliadas se torne im- 
ble o por lo menos sumamente dificil. Esto lo 
^mprendiendo un numero cada vez mayor de per- 



sonas; y si hubieran estudiado a fondo la tradici6n 
del zarismo cuya continuacidn politica muestra en 
el soviet en un libVo de pocos alios atras uno de los 
hombres que mejor conocen a Rusia, el Sr. Maurice 
Paleologue, se darian cuenta cabal muchos de los 
que hoy sonrien a la democracia de la U. R. S. S., 
de cudn espantoso es el peligro que amenaza a Eu- 
ropa, es decir a lo que, — querr^moslo o no — , ha 
sido el manantial de nuestra civilizacidn y continua- 
ra siendolo por mucho tiempo todavia, siempre que 
no limitemos el concepto de civilizacion a los ascen- 
sores y a la penicilina. Fu6 providencial que al co- 
mienzo de la guerra de 1914 el zar Nicolas II, tan 
errado en muchas cosas, tan d^bil, pero que por lo 
menos tuvo una intuicion inesperada, concediera la 
autonomla a Polonia, terminando su proclama, que 
iba firmada por el gran-duque Nicolas, con <}9ta fra- 
se espl^ndida, que tanto significado adquiere en 
nuestros dfas: "jque en esta aurora brille el signo 
de la Cruz, simholo del sufrimiento y de la resu- 
rrecci6n de los pueblos!". El tratado de Versalles, 
que establecid muchos procedimientos equivocados, 
tuvo entre sus partes buenas el reconocimiento defi- 
nitive de la independencia polaca. Y Polonia, que 
unfa dos caracteres iniportantisimos : e) ser eslava 
de sangre y cat61ica latina de religi6n, volvio a ser 
frente al bolchevismo lo que habia sido frente al 
moscovitismo y al islamismo medioevales: la barrera 
de heroismo infranqueable y de incomparable noble- 
za. Por esto fu^ atacada simultiineamente x)or el to- 
talitarismo nazi y jk>t el totalitarismo comunista: 
"los dos cuemos del mismo diablo" seglin la frase 
de Maritain que ultimamente cit^. Teniendo todo 
esto en vista se comprende mejor la historia de eatoB 
l^ltimos afios, y se mide qu^ trascendencia tendrfa 
para la civilizaci6n cristiana y tambi^n para la vida 
americana la supresion prdctica de la independencia 
polaca. Hoy mismo, martes 23, el profesor Lange, 
compariero de Orlemanski en su viaje a la U. R. S. S. 
manifiesta, segun lo expresa un corresponsal de La 
Naci&n, que el Sr. Stalin desea una Polonia fuerte, 
democrdtica, etc. Ya se sabe lo que significa todo 
esto bajo la pluma del actual dictador de Rusia: un 
estado-tftere, instrumento de difusi6n sovi^tica, din- 
gido por el mismo grupo que ya estd actuando des- 
de Mosct^. 

El caso Orlemanski me resulta simb61ico. Muy 
probablemente este sacerdote es en el fondo un in- 
genuo, de cultura mediocre, de entusiasmos grandes, 
y de inteligencia entenebrecida por el confusionismo 
que en los Estados Unidos es tan grande como entre 
nosotros. Ha confundido las cosas: el Papa Pfo XI 
recomendo que se orara por Rusia, pero no para que 
se conservara en ella un sistema ateo y destructive 
de la dignidad humana sino para que se viera libre 
de §1. Hay catolicos que piden oraciones por Stalin, 
pero no para que continue ejerciendo su acci6n ne- 
fasta sino para que Dios lo ilumine, con el mismo 
espiritu con que Cristo oraba al Padre por sus ver- 
dugos en la Cruz. Y nosotros catolicos debemos orar 

487 



por una Polonia fuerte, pero cristiana y no sovieti- 
zada. Nada de esto vio con claridad el P. Orlemanski, 
simbolo de los confusionistas y mueho mas aiin de 
los confundidos que por doquiera abundan. 

Pero en medio de todo se observa el golpe doble 
intentado por Jose Stalin y sus complices, tanto de 
la politica cuanto del periodismo. Por una parte co- 
locar a la Iglesia en una situacion desagradable, ri- 
dicula y de mezquindad. Por otra parte difundir el 
comunismo, tender una cortina de humo sobre su 
anticristianismo, y facilitarle la absorcion doctrina- 
ria y politica de Polonia. 

Refiriendose a este pais, decia hacia el aiio 1863 
el P. Gratry una frase que entonces se hizo e^le- 
bre: "Europa se halla en estado de pecado mortal 



desde que consintio en el reparto de Polonia". Y yc 
agrego: no permita Dios que sea no s61o Europa sine 
buena parte de America la que consienta en otra 
distribucion peor que la primera. De aqu^lla brota- 
ron guerras innumerables^ y no tuvo escasa parte 
en la preparaci6n remota de la de 1914-1918. Podrfa 
muy b'ien acontecer que, si se admitiera la esclavi- 
zacion de ocho millones de catolicos polacos y tres 
de lituanos, rota la barrera tradicional que salvabs 
a Europa de Asia, el totalitarismo, que es de origen 
asi^tico, bajo una nueva forma cayera sobre el mun- 
do para acabar de destruirlo. 

Pero ^cutotos. de los modemos conductores poH- 
ticos de las naciones saben historia? 

Gustavo J. FRANCE^SCm 



COMENTARIOS 

Decimo Aniversario de la Creadon del 
Secretariado Central Economico-Social 

"W ^L Secretariado Central EconomicO'Social de la 
§^ Accion CatoUca Argentina acaba de celebrar 
* '^ el decimo aniversario de su creacion. Con es- 
te motivo, cumDlenos destacar la eficaz labor desarro- 
llada durante los dos lustros que Ueva de existencia. 
En efecto, siirgido para orientar y estimular to- 
das las iniciativas de cardcter econdmicosocinl del 
campo catdlico, bien cabe afirmcr que se ha aju^ta- 
do il en todo momento a las directivas pontificias, 
senalando las aplicaciones de la doctrina social cris- 
tiana. 

Son sus fines promover la formacidn social de los ca- 
tdlicos, divulgar en el pueblo la doctrina social de la 
Iglesia, y preparar el ambiente favorable para la res- 
tauracidn social cristiana; propiciar una legislacion 
social inspirada en los principios catdlicos e inter- 
venir cerca de los poderes pUblicos para que scan res- 
petadas las leyes sociales en vigor; promover, asis- 
tir y coor dinar las instituciones sociales catdlicas 
(obras de asistencia social, asociaciones econdmico- 
sociales, organizaciones profesionales y otras simi- 
lar es). 

Las Semanas de E studios Sociales acerca de las 
principales Enciclicas pontificias verificadas y las 
numerosas publicaciones que a ese Secretariado se 
deben, son indice suficiente de la eficacia de la la- 
bor cultural cumplida, • 

En el piano de la legislacion social, el Secretariado 
realizd estudios legislativos sobre determinados pro- 
blemas obreros, aporto su colaboracidn a la elabora- 
cidn de varios proyectos de ley de cardcter social y 
preparo las numerosas presentaciones que efectuo la 
Accidn CatoUca Argentina a los Poderes Publicos en 
favor del mejoramiento de las condiciones de los tra- 
bajadores. Merece especial mencidn el Proyecto de 
Ley de Asignaciones Familiares preparado por el Se- 



cretariado y presentado por la Accidn Catdlica Ar- 
gentina al Congreso Nacional en 1941, proyecto qui 
obtuvo despacho favorable de la Comdsidn de Legis 
lacidn del Trabajo die la Cdmara de Diputados, 

El Secretariado realizd asimism^ una eficaz ac 
cidn en diversos campos, tales como: la promocidn de 
Sindicato de Costureras^ el asesoramiento tecnico c 
distintas organizaciones profesionales, la participa- 
cidn en varios congresos y conferencias nacionales e 
internacionales, 

Caridai 

TT "1 ACE voco mds de un ano, en estas mismas co- 
rn'^ lumnas comentdbamos el problema que plan- 
■*• -^ tea la disposicidn del sandtorio-colonia Bue- 
nos Aires, respecto a la cremacidn de los caddveres 
de los asilados qus fallecen. 

Dijimos entonces que aplaudiamos y nos solidari- 
zdbamos con el comentario de "La Prensa" a este 
respecto. Hoy, debemos repetir lo mismo. 

El diario de la Avenida, con cuyas ideas no esta- 
nws de acuerdo la mayor parte de las veces, inserta 
el 10 del corriente un comentario justo y muy digno 
de ser considerado, 

Los medicos y tecnicos han afirmado que el sepe- 
Ho de los caddveres de los que padecieron de lepra, 
no ofrece peligro alguno de contagio. 

Y dice muy bien La Prensa que **casi todos los in- 
ternados son catolicos, por cuya sola razdn deseat 
que sus cuerpos reciban cristiana sepultura, y no qui 
sean trans formados en cenizas; y no sdlo eso, sino 
que el sufrimiento material y moral a que los somB' 
ten la enfermedad que padecen y el aislamdento e% 
que se encuentran, exalta sus sentimientos religio- 
SOS y hace mds viva su sensibilidad ante problemas 
de esa indole**, 

Insistimos en que la cremacidn obligatoria, no jteii- 
do necesaria por higiene o profilaxis {comx) no lo ei 
en este caso) se vnelve reglamentacidn inhumana pa- 
ra con seres aislados de la sociedad y que tienen de- 
recho al menos a ser sepidtados cristianamente. 



488 




\k ssisa^m 



Lk eacu^^^. colonial, tan vilipendiada como poco 
> conociAa, prepar6 la generacion aquella de va- 
^ Tones sobrios, prudentes, equilibrados, deno- 
dados y valientes, que evidenciaron su temple civico 
y militar contra el invasor en las promisoras jorna- 
das de 1806 y 1807 y que actuaron luego en la glo- 
riosa Junta de Mayo. 

Desde esa fecha la ensenanza publica sufrio gran- 
des quebrantos a pesar de la utilidad que ya pres- 
taba en esos dificiles momentos a la cultura la im- 
prenta instalada en la Casa de Expositos (1), que 
difundia juntamente con el periodico, cartillas, car- 
tones, catecismos, libros de misa, aritmeticas, etc. 
Reci^n en 1821 por iniciativa del Pbro. S^enz (2) se 
incorporan a la Universidad las escuelas de la patria 
naciente y toma nuevos runibos merced a la actividad 
del Primer Director de Escuelas, el sabio canonigo 
Segyrola. 

Los proceres de Mayo, que profesaban loables ideas 
cultu rales carecian por completo de experiencia pe- 
dagogica. De entre ellos el hombre emprendedor por 
excelencia fue Belgrano, gracias a cuyas gestiones 
como secretario del Consulado se habian creado en 
! 1797 la escuela de Nautica y en 1799 la escuela de 
j Dibujo. En este afan de instruccion popular habia 
propuesto tambien en las Memorias del Consulado 
la fundacion de distintas escuelas especializadas de 
cOmercio, de agricultura, de artes y oficio, etc., ideas 
que m^s adelante sostendra con denodado empeno el 
P. Castaneda, consiguiendo en el mismo ano de 1810 
la fundacion de una clase de Matematicas (4). 

Belgrano que no cejo un instante su predica edu- 
cacional, ese afLo escribia en el Correo de Comercio: 
"Nuestros lectores se fastidiaran con que les hable- 
mos tanto de escuelas: pero que se convenzan de que 
existen en un pais nuevo que necesita echar los fun- 
damentos de su prosperidad perpetua y que aqu^llos 
para ser solidos y permanentes es preciso que se com- 
pongan de las virtudes morales y sociales que solo 
pueden imprimirse bien presentando a la juventud 
buenos ejemplos iluminados por la antorcha sagrada 
de nuestra Santa Religion. 

Aliviado ya el ambiente de los sobresaltos revolu- 
cionarios de la primera bora, el 26 de octubre del 
mismo ano el Cabildo comisiona a dos regidores, Ilde- 
fonso Paso y Juan Pedro Aguirre, para que se im- 
pongan del estado en que se encuentran las escuelas 
y aconsejen las reformas necesarias. Resultante de 
este informe aprobado en todas sus partes, fueron 
las decisiones del mes de noviembre, mes de las 
g^randes resoluciones educacionales. En los que se re- 
solvi6: mantener la inspeccion, aumentar los sueldos 
de los maestros, crear nuevas escuelas, realizar exa- 
xnenes publicos, mejorar los locales escolares, etc. En 



f u 





MtT 



la sesi6n del 12 de noviembre los inspectores con 
nicaron sns observaciones sobre las escuelas conv€ 
tuales que en general se hallaban a cargo de legos 
cuya instruccion se limitaba, "solo a leer y a esc 
bir" proponiendo para mejorar la ensefianza que 
encargaran de las clases a sacerdotes a quienes 
Junta les concederia "los mismos honores y privi 
gios de que disfrutaban los maestros de las facuH 
des mayores". "Estas escuelas conventuales eran p 
ra el Cabildo dignas de ser mantenidas y favorei 
das porque ya que debian reputarse entre las esci 
las mAs utiles y necesarias en los pueblos aquell 
que subsisten en los conventos de regulares, ya q 
por su permanencia como porque es gratuita la e 
sefianza que en ella reciben los nirios pobres". 

Antes de pasar esta nota a la Junta se consul 
al Dean Funes quien luego de aplaudir la iniciati 
hizo hincapi^ en la formacion religiosa de los alui 
nos. El Cabildo proponia entre otras cosas "que fu 
ran personas doctas y adecuadas la que ensenari 
con precisi6n los puntos de la doctrina cristiana" 
el De6n concluia: "aqui es cuando conviene instru 
a los ninos en las Santas Mdximas de nuestra re 
gion y hacerles conocer el precio de la virtud y 1 
ventajas que resultan de una conducta moral". 

La Junta recibio el oficio del Cabildo tan favoi 
cedor de la ensenanza religiosa y el 22 de Noviei 
bre ofrecia la "particular proteccion del gobierno < 
todas las pretensiones que promuevan" firmaba es 
nota Mariano Moreno como Secretario (Gaceta 181 
edici6n facsimilar, p4g. 63 y 66). 

Los comisionados que habian cumplido tan sati 
factoriamente el encargo en la sesion del dia 2 ( 
noviembre (5) informaron que habian visitado t 
das las escuelas de la ciudad y advertido que era pr 
ciso "uniformar la educacion y organizar un m6t 
do sintomatico de ensefianza para cuyo objeto pr 
sentaban un libro titulado "Tratado de las obligaci 
nes del hombre" para que fuese repartido gratis e 
tre los ninos pobres y que se obligase a los hijos < 
padres pudientes que lo compren en la imprenta 

Otro libro del que mucho se ha hablado fue el Co; 
trato Social que en diciembre del mismo aiio se h 
bia resuelto adquirir con destino a las escuelas y qi 
Mariano Moreno habia reeditado, mas arrepentido c 



(1) Carlos fleras. Los primeros trabajos de la Impren 
de Espositos. Boletin de la Junta de Historia y Numism; 
tica. Volumen VI. 

(2) Nicolas Fasolino en Historia de la Universidad 
Bs. As. Vicla y Obras del primer Rector Pbro. Antonio S&er 

(:i) Acuerdo del Extinguido Cabildo de Bs. As. Libro "t 
Acuerdo del 31 de octubre de 1817. 

(4) Antovitio Salvadorcs. La instruccion Printaria de 
de 1810 hnsta la sancion de la Ley 1420. Bs. As. 1941, p. 2 

(5) Acuerdo del Extinguido Cabildo serie IV, Tomo I 
pag. 258. 



48 



elk) el Cabildo, el impresor hubo de recoger por su 
cuenta los ejemplares ya impresos, salvdndose los __ 
pequenos escolares de su indiscreta lectura. 

El 6 de febrero de 1811 manifestaron los cabil- 
dantes que el peregrine lib'ro "no era de utilidad a 
la juventud y antes bien pudiera ser perjudicial por 
carecer aquella de los principios de que debiera es- 
tar adomada para entrar a la lectura y estudio de 
semejante obra y en vista de todo creyeron inutil, 
auperflua, perjudicial su lectura". 

Observemos de paso que la pbra no se desterr6 
por ir contra los sentimientos religiosos, ya que 
Moreno habia quitado de la misma todo lo que pu- 
diera ofender el sentimiento cristiano del pueblo ar- 
gentino escribiendo en su prologo "como el autor tu- 
vo la desgracia de delirar en materias religiosas, 
suprimo el capitulo y principales pasajes donde se ha 
tratado de ellos". 

La edicion en cambio del "Tratado de las obliga- 
ciones del hombre" propuesta por los comisionados 
fu6 aplaudida por los cabildantes que ordenaron in- 
mediatamente que se imprimiera sin p^rdida de 
tiempo, con la prevencion al impresor de hacer en - 
trega al Cabildo de mil ejemplares para realizar la 
distribuci6n acordada. El mismo dia la Junta apro- 
bo lo resuelto y cuatro dias despues se publicaba la 
ordenanza en la Gaceta (6). 

Fu6 pues el Tratado el primer texto escolar ar- 
gentine y el libro de lectura diaria para orientar la 
educacion. Su edicion fu6 puesta alguna vez en du- 
da por el conocido bibjiofilo e historiador el P. Fur- 
long, aunque mas tarde se rectifico al haber obte^ 
nido un ejemplar de 1835 que evidentemente era una 
reimpresi6n del desconocido de 1810 (7). En la Bi- 
blioteca Nacional hemos podido hallar repetidas re- 
ediciones oficiales ya del Cabildo para las escuelas 
de la capital, ya de la confederaci6n para las escue- 
las de toda la republica y hasta hay una edici6n de 
1850 realizada en Concepcion del Uruguay para la 
provincia de Entre Rios. 

iSe puede pedir mayor aprobacion a un libro de 
texto que estas sucesivas reimpresiones ? 

Serfa muy interesante estudiar en particular to- 
do el Tratado, mas solo enunciaremos su conteni- 
do. Comprende tres capitulos que tratan: de las obli- 
gaciones respecto de Dios, de las obligaciones con 
nosotros mismos y con los demas y finaliza con seis 
reglas de urbanidad y una explicacion del respeto 
que todo ciudadano debe al gobierno y sus minis- 
tros, de cuya observancia se hace depender la tran- 
quilidad y seguridad publica. 

En el capitulo primero que trata de las obliga- 
ciones para con Dios se le reconoce a este como crea- 
dor y senor de lo creado y de alii la obligacion de 
su culto. Al mismo tiempo se le senala como juez de 
nuestras acciones porque las ve todas y de alii la 
obligaci6n del cumplimiento de sus preceptos. Elstas 
prdcticas deben ser vivificadas con el ejercicio de 
las buenas obraa con el agradecim lento aun en las 



adversidades y tribulaciones y con la confianza con 
que debemos ocurrir a Dios en nuestras aflicciones 
mAs grandes. Mas "a estos movimientos interiores 
de veneraci6n, de obediencia, de temor, de agrade- 
cimiento, de resignacjon, de confianza y amor para 
con Dios debe acompaiiar la devocidn exterior mani* 
festando pt^blicamente la fe que profesamos» cele- 
brando con el debido respeto las solenmidades esta- 
blecidas en honra suya, visitando con veneraci6n los 
templos consagrados a ^1; asistiendo con fervor a 
las oraciones ptiblicas y a la celebracion de los sagra- 
dos misterios, frecuentando los sacramentos que ha 
instituido, ocupdndonos continuamente en buenas 
obras para gloria suya y procurando promover en 
Ws otros su culto y su amor". 

"Pero nuestra devoci6n para que le sea agradable 
no ha de ser solamente exterior y de miera aparien- 
cia, si no acompanada de los movimientos interiores 
del corazon y del ejercicio continue de las obras de 
virtud". 

En el capitulo segundo donde se trata de las obli- 
gaciones respecto a nosotros mismos entre otros 
consejos senala como: 

"Debemos cuidar primeramente de enriquecer 
nuestro entendimiento con iltiles conocimientos y so- 
bre todo de aprender a juzgar y raciocinar recta- 
mente. Con igual cuidado que evitemos la pereza y 
la lentitud, debemos huir de la demasiada precipi- 
tacion. El que hace las cosas muy de prisa por lo 
regular las hace mal. Pronto y blen rara vez juntos 



se ven". 



Sobre el temor se expresa asi: "sobre todo deben 
los ninos desechar con tiempo los ridicules mied08 
que en su tierna edad les inspiran los viejes y mu- 
jercillas, como sen el temor a les fantasmas, a las 
aparicienes de los muertos, a las brujas y duendes". 

"El nacer noble o plebeyo, rice o pebre, robusto 
o d^bil, hermoso o fee, perspicaz o certe de luces son 
cosas en que sole la Providencia tiene parte, ningu- 
na nosotros ... las tinicas cosas en que el hombre 
tiene alguna parte o merito son sus propias accio- 
nes, como los progresos en las ciencias y en las. ar- 



(6) Pusieron tambien en du«ia su impresion en 1811 Zin- 
ny en "Gaceta de Bs. As. desde 1810 hasta 1821"; y J. M. 
Gutierrez en "Origen y Desarrollo de la ensefianza paUica 
superior", porquo solo conocieron las ediciones de 1816 y 
1842, pero consta en los acuerdos p&g. 490 que el impresor 
envio la cuenta que se pago en 1811 en el mes de janio. 

(7) El Padre Furlong, S. J., sostuvo desde estas colum- 
nas "El Contrato Soc'ial como texto escolar'*, CRITEBIO 
N^ 160, ano 1931, que este texto pudo haber Uegado a manos 
de los escolares al iniciarse el curso de 1811. Tiene su fnn- 
damcnto esta afirmacion si se sabe que las clases primariafl 
comenzaban el 2 de enero (asi se lee en "Usos y Costambrci 
de la Provincia (Jesuitica) del Paraguay", manuscrito in- 
edito en el archivo del Salvador) y no como lo sostieiic 
Salvadoros al criticarlo diciendo que las clases se inicimbai 
el mi^rcoles de ceniza, que lo eran para la ensenanza aiipe- 
rior. Por eso bien pudo el Cabildo el 5 de febrero de 1811 
apercibirse que el tal libro era totalmente inadecuado pan 
el fin que se le destinaba. 



490 



tea, en la virtud y la del ejercicio de las buenas 
obrafl'*. 

Hemos considerado muy suscintamente todas las 
iniciativas educacionales de 1810 y por lo que he- 
mos visto la revoluci6n toni6 las escuelas tal como 
las habfa dejado el Cabildo en 1806 pero le di6 un 
contenido espiritual que le faltaba. 

La ediciiVi del Tratado cuyo texto habia sido re- 
comendado en real Provision en 1771, es demostra- 
ci6n de c6mo nuestros proceres ensenaron primero a 



cumplir con las obligaciones y deberes del homi>i 
antes que a concederle los derechos. Tratado de rm 
ral civica, su repetici6n era prddica que se infiltn 
ba en los hogares por medio de la escuela. El Tn 
tado fu6 el verdadero complemento a la Biblioteca 
el paso previo a la fundaci6n de la futura Univers 
dad, mas sobre todo fu6 impuesto por la urgente n< 
cesidad de preparar el cardcter de los futuros pi 
dres de la patria en cuyas manos quedaria librae 
la suerte de la revolucion. 

Junn Carlos ZURETTI 



La inflluencia moral y politica de Santa Catalinj 

de Siena en la Italia de su epoea 



PARA comprender el papel desempenado por 
Santa Catalina en su breve mas fecunda exis- 
tencia, es menester colocamos en el ambiente 
hi8t6rico italiano del siglo XIV, en ese siglo ator- 
mentado, en el cual nada parecia tan imposible de 
conseguir como la paz, que la Santa sienesa preten- 
di6 llevar a sus contempordneos. 

EI siglo XIII habfa visto disiparse el sueiio impe- 
rial de Dante, y si el resurgimiento de la cultura 
clisica alimentaba en las mentes cultas el anhelo 
de renovar las glorias de la antigua Roma, este de- 
signio no pasaba de las ret6ricas declamaciones de 
Petrarca o de la insanfa de un Cola di Rienzi. Ello 
demaestra, sin embargo, que la idea nacional iba 
abri&idose camino en el dnimo de los italianos, idea 
que ae habia manifestado luminosamente en la coa- 
lici6n de los Comunes contra Federico BarUarroja 
y en el grito de alarma de las Vfsperas Sicilianas. 
Pero las enconadas contiendas entre las ciudades re- 
publicanas, de&eosas de afirmar una supremacia po- 
litica o comercial, las luchas entre nobles y plebe- 
yos, dentro de los muros de la misma ciudad, para 
manejar las riendas del Estado, los odios seculares 
que dividian las familias patricias y que se trans- 
mitfan de padres a hijos cual sagrada herencia, to- 
do dlo retardaba la formacion de una fuerte con- 
ciencia unitaria y transformaba el suelo italico en 
un campo de batalla enrojecido por la sangre de 
hermanos. 

De estas divisiones aprQvechaban algunas fami- 
lias poderosas, quienes se apoderaban de la cosa pu- 
blica, dando origen a ese gobierno mondrquico que 
tom6 el nombre de "senoria". Recordaremos los Vis- 
conti en Milan, cuyo influjo, en tiempos del feroz 
Bemab^, se extendio a toda la Lombardia; en Ve- 
rona los Escaligeros, los cuales aliviaron las penas 
del exilio al ''ghibeliin fuggiasco"; los Estenses en 
Ferrara; los Gonzaga en Mantua; los Polenta en 
Raveiuia. En el norte de Italia solamente Geneva y 
Venecia permanecieron fieles a su tradici6n repu- 



blicana, mientras que en la Italia central florecfa 
los Comunes de Florencia, que llen6 con su nombi 
la historia de la Edad Media y del Renacimiento- 
de Pisa, Siena y Luca — . Las ciudades toscam 
se hallaban enclavadas en los vastos dominios de '. 
Santa Sede, que comprendlan siete provincias; ; 
Campania con la Maremma romana; el ducado de B 
nevento; los Montes Sabinos con las ciudades c 
Narni, Terni, Rieti, Amelia y Todi; el ducado c 
Espoleto, las Marcas de Ancona, con el ducado c 
Urbino; la Romagna; y, por ultimo, la ciudad y li 
cercanias de Bolonia. En Sicilia reinaba la Casa < 
Aragon, y Napoles asistia a los crimenes de la d 
soluta Juana de Anjou. 

Entre las ciudades toscanas, Siena era una de h 
m^ batalladoras. Rival de Florencia, la cual ve 
con malos ojos su desarrollo economico, habia abr 
zado el partido gibelino por odio a la ciudad gtic 
fa. El conflicto culmino en la batalla de Montape 
ti (1260), "che fece TArbia colorata in rosso", cuai 
do las armas victoriosas de los sieneses sembrarc 
la muerte en el ej^rcito de los aborrecidos florei 
tinos. A su vez, Siena fu§ derrotada en 1269 en C 
lie Valdelsa, y fu^ entonces cuando la noble sien 
sa Sapia, desterrada, se gozo en la desgracia de si 
conciudadanos, levantando hacia Dios esta blast 
mia: '*Omai piu non ti temo", "No te temo ahora 
ti que estas all4 arriba". 

El espiritu combativo de Siena no se limitaba 
la guerra externa; las estrechas calles de la ciudi 
de la LiOba eran con harta frecuencia teatro de i 
fias sangrientas entre Giielfos y Gibelinos y ent 
nobles y plebeyos. El gobierno era la inestabilidi 
misma. A los Veinticuatro sucedian los Treinta 
seis, elegidos entre el pueblo, luego los Quince, ha 
ta que los Nueve, representantes de la burguesi 
llevaron una relativa tranquilidad a la republic 
En 1355 los nobles, deseosos de reivindicar sus d 
rechos, acudieron al emperador Carlos IV, quien 
hallaba entonces en Italia. Los Nueve fueron derr 



cados, pero el pueblo se levantd en defensa de la li- 
bertad, cuyo nombre figura en uno de los blasones 
de Siena, y sacudio el yugo impuesto por el empera- 
dor en la persona de su propio hermano. El nuevo 
gobierno, de los Doce» fu6 tambien popular mas no 
quedo mucho tiempo en el mando, siendo substitui- 
do por el consejo de los Quince, llamados los Refor- 
madores. Una nueva intervencion del emperador, en 
1368, lejos de dirimir las disensiones, fu^ motivo 
de nuevas luohas, y Carlos IV tuvo que abandonar 
la ciudad con ignominia y precipitacion. 

En medio de estas revueltas vio la luz, ol 25 de 
Marzo de 1347, Catalina Benincasa, hija de un tin- 
torero del barrio de Fontebranda. Digna ciudada- 
na de Siena, encarna todas las virtudes de su pa- 
tria: la energia de caracter, el amor por la libertad, 
que ella busco en el dominio sob're las pasiones, la 
magnanimidad de los sentimientos, expresada en e\ 
saludo grabado en las puertas de la ciudad: "Cor 
magis tibi Sena pandit", "Siena te ofrece un cora- 
z6n m6s grande que sus puertas". 

Las inflamadas palabras de paz y amor que bro- 
taban de los labios de la virgen sienesa como el can- 
to del agua en la fuente Gaja, no hallaban insen- 
sible el animo de sus compatriotas, quienes llega- 
ban a amar con la misma fuerza con que odiaban. 
Porque la fe era aun viva en esos tiempos, aunque 
ello no impedia que los hombres viviesen muchas 
veces en oposicion con sus creencias sobrenatu rales. 
Hace notar Leclerq, en su esmerado estudio sobre 
Santa Catalina (J. Leclerq - Sainte Catherine de 
Sienne - La Mystique de Tapostolat, Paris, 1922, p4- 
gina 59), que la Edad Media es una extrana mezcla 
de corrupci6n y de fe: asi Bemabe Visconti, quien 
hizo tragar a los legados pontificios las bulas de 
excomunion que aquellos le traian de Roma, fun- 
daba iglesias y llenaba de limosnas los monasterios, 
practicando tambien duras penitencias; veianse pre- 
lados disolutos dotar a las virgenes y levantar con- 
ventos. y muchos libertinos guardaban una tierna 
devoci6n para la Madre de Dios. En Siena, la "Ci- 
vitas Virginis", el primer magistrado iba todas las 
noches a depositar las Haves de la ciudad frente a 
la Madona, pintada por Duccio di Buoninsegna en 
1308, pues a la Virgen habfa sido donada la ciudad, 
asegurandose en cambio su proteccion; toda cere- 
monia publica revestla un cardcter religioso; los 
ciudadanos se ejercitaban en obras de misericordia, 
cuidando a los pobres y a los enfermos amparados 
en el hospital de la "Scala"; las colinas de Siena ha- 
bian acogido santos como el bienaventurado Ber- 
nardo Tolomei y Santa In6s de Montepulciano, y en 
las calles de la ciudad resonaban todavla las predi- 
caciones del bienaventurado Juan Colombini. 

La niiia crecio en este aire saturado de misticis- 
mo, y su vocacion religiosa, manifestadale por Dios 
en una primera vision a los seis anos de edad, se 
orient6 hacia la Orden dominica, cuyo ascendente 
era grande en Siena. Ciertamente el P. Tomas della 



Fonte, su amigo de infancia y primer confesor, le 
habia hablado de la actividad apost6Iica desplegada 
por el santo espaiiol en componer discordias y apaci- 
guar odios, y le habia indicado los fines de la Or- 
den, que son: defender la verdad cat61ica en contra 
de los herejes e infieles, y sostener la integridad de 
la Iglesia y la potestad pontificia. 

No es nuestra tarea seiialar todos los prodigios 
obrados por Dios en la Santa, ni enumerar los fre- 
cuentes milagros, visiones y stasis que la acompa- 
naron en su vida. Solo nos interesa dejar sentado 
que es absurdo negar, aun desde el punto de vista 
puramente hist6rico, las manifestaciones sobrenatu- 
rales en el curso de la humana existencia. El que 
desee conocer la vida intima de la terciaria domi- 
nica, puede leer la delicibsa "leyenda" del bienaven- 
turado fray Raimundo de Capua, quien, a pesar de 
sus intentos panegiricos, es testimonio fidedigno. 
Por otra parte, la actividad externa de Santa Ca- 
talina no es mas que el reflejo de su plenitud inte- 
rior, el resul'tado de su identificacion con Cri'sto, 
quien dijo: "No se puede encubrir una ciudad edi- 
ficada sobre un monte, ni se enciende la luz para 
ponerla debajo de un almud, sino sobre un cande- 
lero, a fin de que alumbre a todos los de la ca.«»a" 
(Mat. 5, 14 - 16). 

A los quince anos Catalina, despu^s de haber 
triunfado de la oposicion de su familia, con la te- 
naz voluntad que c'^aracterizara toda su vida, vistio 
el habito de las "Mantellate" o hermanas de la Pe- 
nitencia. Desde entonces se retiro del mundo por 
espacio de tres anos, y no salla de la celda que le 
habian reservado en la casa paterna, sino para ir a 
la cercana iglesia de Santo Domingo. Su boca no se 
abria mas que para confesar sus p^cados, pero su 
espiritu se mantenia en constante coloquio con Dios, 
quien levantaba en su hija fiel el edificio de per- 
feccion espiritual y la preparaba para la gran mi- 
sion a la cual la habia destinado. "Tu eres la que no 
es, y Yo soy el que soy". Estas palabras, aprendidas 
en "la celda del conocimiento de nosotros mismos", 
constituyen el cimiento de toda la mistica de la jo- 
ven "mantellata". Si el hombre de suyo es nada, 
todo lo que tiene lo ha recibido de Dios, a quien de- 
be amar con humilde agradecimiento por los bene- 
ficios de la creacion y de la redencion. 

Dios anade: "Hija mia, piensa en Mi; si lo haces, 
Yo pensare continuamente en ti" (leyenda del B. 
Raimundo, trad. cast, por el P. Alvarez, Vergara. 
1915, pdg. 57), y Catalina se desprende de si misma 
para ser docil instrumento de la voluntad divina. 

En una hermosa pintura de Lorenzo di Sansevc- 
rino, que tiene toda la gracia y la ingenuidad de los 
artistas umbros y marquesanos del cuatrocientos, 
esta representada la escena de los desposorios mfs- 
ticos de la santa con Jesus. Es el ultimo dfa de car- 
naval de 1367, y el Salvador pone en el dedo de la 
virgen el anillo nupcial, dici^ndole: "Yo, tu Crea- 
dor y tu Salvador, te desposo conmigo en la fe: con- 



492 



lo puro hasta que juntos celebremos en el cie- 
bodas eternas. Ahora, esposa mia, trabaja con 
; ejecuta sin miedo las obras que mi Providen- 
» confiara: armada estds de la fe: tu triunfa- 
e todos tus enemigos" (Leyenda, pag. 76). Es- 
i6n seiiala el ingreso de Catalina a la vida ac- 
como la muerte mistica, en 1370, marcara el 
nzo de su publica misi6n. 
ley divina encierra dos mandamientos : uno, 
rescribe el amor de Dios, otro, el amor del pro- 
Y la dominica ensena (es el mismo Senor que 
) que no se puede amar a Dios, sino amando 
Sjimo: "Cuando el alma por afecto de amor ha 
bido la virtud, luego la ejercita en su projimo, 
e de otra manera no seria cierto que la hubie- 
icebido en si misma; pero como me ama de ve- 
si de verdad procura hacer bien al projimo. No 
ser de otra manera, porque el amor de Ml y 
ojimo €8 una misma cosa^ y tanto me ama a Mi 
la cuanto ama a aquel, porque el amor del vrd- 
nace de mi amor. Este es el medio que os he 
D para que prob^is y ejercit^is la virtud en vos- 
mismos, pues no pudiendo hacerme bien k Mi, 
J hacerselo al projimo" (Sta, Catalina, Dialogo 
Divina Providencia, trad. cast, por los PP. Do- 
os de Madrid, 1797 - Reimpresion, Avila, 1929, 
VII, pag. 20). 

una carta a los senores de Volterra vuelve so- 

mismo concepto: "Quiero que sepais que no es 
[e amar a Dios ni tener la virtud en el alma, 
)or medio del projimo. No puedo yo probarle mi 

al Creador, poniue no puedo hacerle utilidad 
na. Es menester, pues, usar del medio de la 
ira y auxiliar a esta, procurandole aquel bien 
o me es dado proporcionar a Dios" (Santa Ca- 
i, Lettere, con notas del P. Ludovico Ferretti, 
, 1918, carta 103, t. II, p. 185). Este amor por 
)mbres sera el movil de todas sus acciones. En 
indo ella no ve mas que almas, y almas para 
r. Como Cristo se ha inmolado por nosotros en 
idero de la cruz, asi tambi^n la imitadora del 
ficado elige para si la corona de espinas, se 
en los "dulces tormentos corporales" y en las 

del corazon, a fin de aplacar la divina justicia 
;ener misericordia por los pecados del mundo. 
su vida es un deseo de martirio, una lucha con 
para cerrar las puertas del infierno. En estos 
nos elocuentes expresa el sentimiento funda- 
il de su existencia: "Vuelve. Senor mio, los ojos 

misericordia a tu pueblo y al cuerpo mistico 
santa Iglesia; porque mas glorificado seras Tu 
jrdonar a tantas criaturas y darles la luz del 
dero conocimiento, que si a mi sola me perdo- 
, criatura miserable, que tanto te he ofendido y 
ausa y motivo de todos los males. Por tanto 
te, divina y eterna caridad, que tomes vengan- 

mi y te apiades de tu pueblo; pues jamds me 
are de tu presencia, hasta que vea que hayas 

con el misericordia" (Dialogo, cap. XIII ,p^- 



ginas 41-42). Y Dios, despues de haberse quejado de 
la ingratitud de los hombres, que han desperdiciado 
el fruto de la sangre de Jesucristo, acoge los ruegos 
del alma amante: "...Hay un remedio con el cual 
aplacari Yo mi ira, y es mediando mis siervos, si 
ellos fuesen solicitos en obligarme con las lagrimas 
y atarme con las ligaduras del deseo. Ya ves que con 
estas prisiones m>e has atado tu, pero Yo mismo te 
las he dado, porque queria usar de misericordia con 
el mundo. Soy Yo el que inspiro en mis siervos ham- 
bre y deseo de mi honra y de la salud de las almas, 
para que, precisado por sus lagrimas, mitigue Yo el 
furor de mi divina justicia. 

"Toma, pues, tus Idgrimas y tu sudor, y sacalas 
tu, y los otros mis siervos, de la fuente de divino 
amor, y lavad con ellas la cara de mi Esposa. Yo te 
prometo que con este medio, le sera restituida su 
belleza; no con armas ni crueldad volvera a tener su 
hermosura, sino con la paz, con oraciones humildes y 
continuas, y sudores y lagrimas vertidas con ardo- 
rosos deseos de mis siervos. Asi satisfare Yo tu de- 
seo; pues sufriendo mucho, iluminar^ con la luz de 
vuestra paciencia las tinieblas de los hombres per- 
versos del mundo" (Didlogo, cap. XV, pdgs. 52-53). 

Catalina, obediciendo a la voz de Dios, abandona 
su soledad, pero queda en la celda de su alma, que 
ha aprendido a construirse. "Dare a los hombres 
mujeres ignorantes y mines por naturaleza, pero 
sabias y poderosas con mi gracia, que confundan* el 
orgullo de ellos. . . Y tu no tardes en obedecerme, 
porque quiero que te presentes en publico. Yo te 
acompaiiar^ por todas partes, seguir§ visitandote y 
te dirigire en todo lo que hayas de hacer" (Leyenda, 
pag. 85). La "popolana" sin letras asombrara a eru- 
ditos y te61ogos por la profundidad y pureza de su 
doctrina, indicar^ a reyes y jefes de Estado las nor- 
mas del buen gobierno y hablar^ en pleno consisto- 
rio con una sabiduria llena de uncion. Pero mds que 
por su ciencia, subyugara por la fuerza del amor, 
que es el arma irresistible de la mujer. 

Su caridad la lleva primero hacia los pobres, en 
cuyas personas reconoce al mismo Jesucristo; luego- 
•prodiga sus cuidados a los enfermos del hospital de 
la Scala, curando, a imitaci6n del ,^Medico Divino, las 
aflicciones del espiritu junto con las del cuerpo. iQu§ 
importa si en lugar de palabras de gratitud reclbe 
insultos y atroces calunmias, aun de parte de sus 
mismas hermanas en religion? Las contrariedades 
seran siempre serial de predileccion para los elegi- 
dos. 

Durante el terrible azote de la peste que seg6 miles 
de vidas en Siena, Catalina aparecio como el ^ngel 
enviado de Dios para aliviar a los enfermos, asistir 
a los agonizantes y sepultar a los muertos con 3us: 
propias manos. 

Pero Dios le pide cosas m^s grandes: "Habras de 
dejar tu casa y tu pueblo natal por la salvaci6n de- 
las almas; ir^s en adelante de plaza en plaza y de 
pueblo en pueblo, pero estar§ siempre cerca de ti, 



49S 



te conducir^ y asegurar^ tu vuelta, te har6 don de 
una sabiduria a la que nadie podra resistir; te en- 
viar6 a los Pontif ices y a los soberanos, y por ti, que 
«re8 d^bil a los ojos del mundo, confundir^ el orgu- 
llo de los fuertes" (Leyenda, p6g. 157). 

El campo de acci6n de la joven terciaria se ex- 
tiende a toda Siena: los pecadores empedemidos 
vuelven a Dios; las familias de los Saracini, Tolo- 
mei, Rinaldini, Maconi y Salimbeni se reconcilian 
con sus enemigos, llevadas por el influjo a la vez 
fuerte y dulce de la santa. 

El odio mata las almas, porque no se puede amar 
a Dios cuando no se ama a sus propios hermanos. La 
ley del amor esta por encima de todo interns tempo- 
ral, de toda lucha de partido; los corazones huma- 
noe deben formar un solo coraz6n por la caridad, asi 
como el Padre y el Hijo no son mas que uno en el 
Espiritu Santo (Juan, 17, 11). 

A dos eclesiasticos en discordia entre si, Catalina 
escribe estas persuasivas palabras: "El odio del 
pr6jimo es una ofensa a Dios; debemos detestar este 
odio, porque ofende la misma Verdad, la cual no quie- 
re que aborrezcamos a los enemigos que nos inju- 
rian. El que concibe odio mortal se aborrece mds a 
si mismo que a su enemigo. Sab'eis que el odio es pro- 
porcionado a la magnitud de la ofensa, y es m^ 
grande contra aquel que os acomete directamonte en 
vuestra persona que contra el que os ataca solamen- 
te con las palabras o perjudica vuestros bienes; por- 
que nada amamos mds que la vida. Por eso el hom- 
bre que es agraviado en su persona, concibe odio m:6s 
intenso. Pensad ahora que no hay comparacion entre 
el mal que alguien os puede hacer y el daiio que al 
odiar os infligis a vosotros mismos. iQue compara- 
cion existe entre lo finito y lo infinito? En verdad 
ninguna. Y bien, si se me hiere en mi cuerpo y por 
la ofensa que se me ha hecho aborrezco a mi agre- 
sor, siguese que hiero yo mismo a mi alma y que la 
mato arrebatdndole la vida de la gracia. Debo, pues, 
experimentar un mayor odio contra mi, que privo a 
mi alma de la vida eterna, que contra el enemigo 
que mata el cuerpo, el cual debo morir mds tarde o 
m6s temprano, puesto que es perecedero y pasa como 
la hierba de los campos ("e che non dura la verdu- 
ra sua"). Su vida y su valor proceden del alma que 
encierra, y cuando esta piedra preciosa es arrebat«i- 
da, el cuerpo no es otra cosa que un saco lleno de in- 
mundicias que sera presa de los gusanoa" (Carta 
III al Parroco de Casole d'Elsa y a Gidcomo de Man- 
zi, V. I., paga. 14-lG). 

Con el mismo fin de dirimir hostilidadea entre dos 
sacerdotes, se dirige a un clerigo de Semignano en 
estos graves terminos, atemperados por el amor: 
"Me asombro de que un hombre de vuestra condicion 
pueda vivir en el odio. Dios os ha retirado del siglo 
y hecho un dngel en la tierra por la virtud del Sa- 
cramento. Y he aqui que os ocupais de nuevo de lo 
que ocurre en el mundo. No comprendo como os atre- 
veis a decir la Santa Miaa y oa pronostico que si 



perseverais en ese odio y en vuestros demds defectOB, 
la justicia de Dios caerd sobre vos. Dejad de llevar 
esa vida de pecado y convertios, pensando en que la 
muerte llegard y os sorprender& cuando menos lo 
penseis. BaMos en la sangre de Cristo crucificado; 
estoy segura de que si contemplar6is la sangre de 
este Cordero, extirpareis de vuestra alma tan vilea 
sentimientos y, sobre todo, el odio. Esto os pido poi 
gracia y por misericordia ; qulero que hagdis paces. 
Es vergonzoso que dos saoerdotes sean enemigos; e« 
un verdadero milagro que Dios no mande a la tierra 
que se abra para tragaros a los dos" (Carta 59, a 
Micer Pedro, cl6rigo de Semignano, V. I., pdgs. 333- 
34). 

Alrededor de la santa se form6 un cendculo de re- 
ligiosos, de mujeres, de artistas y hombres de nego- 
cio, los que constituyeron su familia espiritual. "la 
bella brigata*'. Catalina fu6 el jefe de este extraflQ 
grupo, la ''dolcissima mamma", que tenia para sua hi- 
jos un coraz6n maternal. Conocia las anaias y los su- 
frimientos de una madre; a muchos los habia en- 
gendrado a la vida de la gracia, y, segdn su propia 
expresion, los alimentaba con la lecbe de la caridad, 
Los pecados de los hijos eran expiados por la madre 
"Bien puedo llamarte querido — escribe al incons- 
tante Francisco Malavolti — cuando tantas l&grimas 
y angustias me cuestas!" (Carta 45, a Francisco 
Malavolti, V. I., pdg. 266). 

Su contacto con personas de diversa condicidn y 
cultura le proporciono sin duda un conocimiento de 
la realidad que sirvi6 de complemento a su maravi- 
llosa intuici6n. Asi, aunque es menester reconocei 
que la sabiduria de la sienesa, fruto de su uni6n ctm 
Dios, era "inspirada de lo alto y no adquirida", se- 
gun declaraci6n de Pio II en su Bula de canoniza- 
cion, no se puede negar, sin embargo, que los doctofl 
frailes dominicos, franciscanos y agustinos, con los 
que estuvo en relacion, debieron iluminar su espfritu 
y hacerle conocer la doctrina de los grandes *te61o- 
gos italianos del doscientos como San Buenaventura 
y Santo Tomds de Aquino. Su participacion en la 
vida de Siena y su experiencia de los odios que di< 
vidian a las grandes familias de su patria, le per 
mitio valorar los conflictos politicos de las otras 
ciudades italianas, a medida que su espiritu traspa- 
saba los muros de su ciudad, para participar en lot 
dolores de toda la peninsula. En el silencio de su eel 
da, la joven de Fontebranda medito sobre los malft 
que afligian a Italia, y concibio un plan grandiose 
para devolver la paz a su pais y restaurar la socie- 
dad cristiana. La originalidad del misticismo de San* 
ta Catalina consiste en su caracter social: ella no s( 
preocupa tan solo de las relaciones del alma con Dies 
como la mayoria de los misticos, sino que se elevi 
a una vision grandiosa del mjQndo, ''del mundo qu< 
se abisma en el pecado, de Dios que quiere haceri< 
misericordia y de los servidores de Dios, quienes, ei 
union con Cristo en la cruz, son los mediadores de h 
misericordia entre el mundo y Dios. Para la fami 



494 



e los papas, la Igleaia es una realidad viviente 
que ella percibe las pulsaciones; para !a cm- 
ira de ciudades, las pal&bras humanidad y pe- 
e recuerdan todo aquello que ta rodea y de lo 
ufre. La'um6n del alma con Dioa, no es mis 
IS escena del drama inmenso de la Redeiici6n, 
ita en el concierto que, desde la tierra, deberfa 
al cielo la alabanza divina. Lo m&s importan- 
lue Gristo reine, no en su alma solamente, sino 
mundo" (Leclerq, obra cit. pdg. 132). 
plan de Catalina se resume en este triple de- 
: la Cruzada, el retorno del Papa a Roma y ia 
la de los pastores. La Cruzada seria ante todo 
dio para alejar de Italia las milicias mercena- 
ue la infestaban, para poner fin a las discor- 
e las republicas italianaa y unir en un objeti- 
aun a los prfncipes de Europa en lucha; luegro 
:erla la civilizaciiSn eristiana contra el peligro 
izante de una invasion turca; el restablecimien- 
la catedra de San Pedro a su asiento legftimo 
orico, pacificarla a la peninsula y restituirfa 
lado su supremacfa universal; y, per fin, la re- 
de las costumbres en el clero devolveria a la 
1 au dignidad y esplendor, permitifindole tra- 
con fruto para el bien de las almas, 
prjmera carta politica de la Benincasa es de 
esti dirigfida al cardenal Pedro de Estaing, 
> pontificio en Bolonia, quien fu4, segdn testi- 
■ de Escipion Ammirato, "hombre sabio y de 
coraz6n", elogio que no podrfa tributarse a 
los prelados de esos tiempos. La aanta lo invi- 
1 Ubertad apoat61ica, a despojarse de todo amor 
), lig^dose per el vinculo de la caridad. De 
lanera desempeilar& dignamente su alto cargo, 
d^monos, queridlsimo padre, de que si nuestra 
no ae halla desnuda de todo amor propio y de 
complacencia para si misma y para el mundo, 
dra adquirir nunca la verdadera y perfecta ca- 
. porque estos dos amores se combaten el uno 
0, y la lucha entre amboe ea tan ardiente que 
)r propio OS aepara de Dios y del prfijimo, mien- 
que la caridad os une a ellos. Uno os da la 
x, otro la vida; uno lag tinieblas y otro la luz; 
uscita la guerra y otro proeura la paz. El amor 
3 empequeiiece de tal manera el coraz6n que 
lada puede ya contener: ni al pr6jimo ni a voa 
a; mientras que ta divina caridad lo ensancha 
lace admitir a los enemigos, a los amigoa y a 
las criaturas razonables. . . El amor propio es 
able, se aleja de la justicia y perpetra la iniqui- 
engendra un temor servil que le impide cum- 
on e! deber por miedo a perder su poaicion. Eb 
nor culpable que hizo que Pilatos dejara morir 
ato. Asi hacen los que, en vez de vivir aegun< 
nciencia y la virtud, siguen ta injuaticia y el 
en lafl tinieblas del amor propio. 
ie amor es el que quiero ver desterrado de vues- 
orazon, a fin de que os afirm4ia en la verda- 
y perfecta caridad, amando a Dios por Dios, 



- CAD A GOT A- 
DE ACEITE 



COCINERO 



ES UNA GOTA DE ACEITE 

— VERDADERO! — 



porque ea digno de ser amado, porque es la 'ioberana 
y etema bondad; am^dooa y amando al prdjimo por 
El y no por vuestra utilidad. Quiero que, siendo le- 
gado del Papa, os hallos Hgado (Catalina aprovecha 
la identidad de la palab'ra italiana legato, que signi- 
fica a la vez legado y ligado, para amoneetar al Car- 
denal) por los vfnculos de la sincera y ardiente ca- 
ridad que mi alnia desea ver en voa. Nn digo m&s; 
fortificaoe en Criato, en el dulce Jeails; aed celoso 
y no negligente, y advertire que aoia un verdadero 
legado si experimentfiis la sed de ver ievantaras el 
estandarte de la Santa Cruz. Permaneced en la dulce 
y santa dilccion de Dios. Dulce Jeaua, Jesl^s amor 
mio" (Carta al Cardenal Pedro de Oatia, V. I., pfigs. 
38-40). He aqui expuestas las reglas del buen go- 
bierno. El que dirige a otros debe primero saber 
guiarae a si mismo; asi podra gobernar con justicia, 
buscando el bien comiin por enoima de su interfea per- 
sonal. La politica, para eJ Doctor Ang61ico como pa- 
ra la "popolana" de la Follonica, est& subordinada a 
la moral, y solo puede apartarse de 6ata para conver- 
tirse en arbitrio. 

En la carta citada Catalina expresa su deseo de 
la Cruzada, el "santo passaggio", que, a pesar de sua 
esfuerzos para realizaria, no tuvo lugar. 

La idea de la dominica no era nueva, pues casi to- 
dos los papas de Aviiion se habfan preocupado por 
llevar a cabo semejante empresa; pero sua tentati- 
vaa fueron infructuosas. Ya se habia apagadn el ea- 
piritu de la caballeria, que incitaba a principea y re- 
yes a empt-esas magnanimas; los seiiores estaban 
ocupados en conservar sus dominios o en dilatarlos; 
Francia e Inglaterra se hallaban emperiadas en la 
guerra de los cien aiios, y las hostilidades entre G& 
nova y Venecia representaban uno de los principales 
obstdculos para la cruzada. t/l&s tarde, la insurrcc- , 



495 



< • 



cion de las ciudades italianas contra la Santa Sede y 
el cisma concentraran la atencion de todos en otros 
problemas m^s apremiantes. 

Pero el ano 1375 parecia propicio para la realiza- 
ci6n del "santo pessaggio": un tratado entre Gene- 
va y Cipro, en 1374, ponia fin a los conflictos entre 
G^nova y Venecia en Oriente; el Papa firmaba una 
tregua con Bernabe Visconti, irreductible adversa- 
rio de la Iglesia; Francia e Inglaterra, por inter- 
vencion del Soberano Pontifice, hablan depuesto las 
armas por un ano. El Papa Gregorio XI envio una 
Bula a los Provinciales de los Frailes Predicadores 
y de los Frailes Menores y al Padre Raimundo de 
Capua, encargandolos de predicar la cruzada en Ita- 
lia y de recoger las promesas escritas de los perso- 
najes que a ella se adherian. 

Catalina no permanecio inactiva. De esta 6poca son 
8U8 cartas al tirano Bernabe, al aventurero ir.glds 
Juan Hawkood, jefe de la tropa mercenaria de los 
Lanceros Libres, a Juana de Napoles, a la reina de 
Hungria y a muchos personajes mas; a todos ellos 
expone los motives sobrenaturales para emprender 
la santa expedicion, adaptando su palabra a la indole 
y cargo de cada uno. 

Al seiior de Milan, quien habia enviado embaja- 
dores a la santa para ganarse la publica opinion y 
suspender la guerra contra la Santa Sede, que en 
ese momento le era dificil mantener, Catalina le re- 
procha sus iniquidades, demostrandole que no debe 
rebelarse al Vicario de Cristo. Le habla con admira- 
ble elocuencia de la obra de la redencion efectuada 
por el Cordero sin mancha: "Por su muerte nos ha 
dado la vida; padeciendo ultrajes y oprobios nos ha 
devuelto el honor; sus manos clavadas en la cruz nos 
han librado del pecado; su corazon herido ha ablan- 
dado la dureza del nuestro; por su desnudez nos ha 
vestido de gracia; nos embriaga con su sangre; su 
sabiduria ha vencido la malicia del demonio; su fia- 
gelacion la flaqueza de nuestra carne; su humildad 
ha triunfado del orgullo y de las delicias del mundo: 
lavado nos ha con el abundancia de su sangre. N^da 
tenemos que temer; su mano inerme ha vencido a 
nuestros enemigos y nos ha devuelto el libre albe- 
drlo". 

Luego Catalina quiere infundir al excomulgsdo 
Bernabe respeto por la Iglesia, depositaria de la doc- 
trina de Cristo y dispensadora de los Sacramentos, 
que son las fuentes de la gracia creadas por su divi- 
ne Fundader con la efusion de su sangre. Nadie pue- 
de sustraerse a la suprema autoridad del Papa, re- 
presentante de Jesucristo en la tierra: "iCuan in- 
sensate es el que se rebela y se aleja del Vicario de 
Cristo, que es el custodio de las Haves de la Sangre! 
Aun cuando el Papa fuese un demonio encarjiado, no 
deberia levantar la cabeza centra el, sine inclinar- 
me ante su autoridad y pedirle esa sangre de la que 
no puedo part ici par de etro mode. Y por eso os su- 
plico que no es rebeleis contra vuestro jefe. Recha- 
zad las instigaciones del diablo, que os sugiere ser 



vuestro deber com.batir los males pastores de Is 
Iglesia. No le credis y no trat^is de juzgar le que r.c 
OS concierne. Nuestro Salvador lo prohibe; ha de- 
clarado que son sus ungidos, y no quiere que ningu- 
na criatura ejerza una jurisdicci6n qu^ se ha reser 
vado a si mismo". Y ahora Catalina lo invita a ha- 
cer "una dulce y graciosa venganza" del tiempo er 
que ha permanecido fuera de la Iglesia. "Hab^is ex 
puesto vuestra vida y vuestra fortuna para hacer h 
guerra al Santo Padre. Haced ahora la paz con Cris 
to en la tierra y llevad las armas contra los infieles 
disponi^ndoos a inmolaros y a gastar vuestras xi- 
quezas por amor a Cristo crucificado. Ayudad a 
Papa, que va a levantar el estandarte de la Sants 
Cruz; es 6ste su mayor deseo. Apresuraos a ofrecer 
le vuestro auxilio, para que pueda cumplir prontt 
su proyecto. iQue vergiienza y qu6 escandalo pan 
nosotros cristianos, dejar en manes de los mfieles 
lo que nos pertenece de derecho! Estamos divididof 
por el edio, en lugar de unimos por el vinculo d« 
una ardiente caridad . . . Abrasaos en el santo desec 
de sacrificar vuestra vida por Cristo crucificado j 
de dar vuestra sangre por amor a la sangre del Sal- 
vador. Mucho habeis trabajado hasta hoy por e 
mundo y contra la Iglesia; realizad ahora grander 
hazanas per Dies y per la glorificaci6n de esta misms 
Iglesia" (Carta 28 a Bernabe Visconti, V, I., pags. 
149-155). 

Para trabajar con eficacia en favor de la Cruza- 
da, Catalina va a Pisa, ciudad que conservaba atin 
vivo el recuerdo de su participaci6n en 1^ lueha cod- 
tra los infieles. Una entrevista de la santa con el 
embajador de la reina de Cipro, quien se dirigia a 
la Corte de Aviiion, la convencio mas atin acerca de 
la necesidad de la guerra contra los Turcos. Proba- 
blemente desde Pisa escribio varias cartas a la reina 
de Napoles, cuye poderio maritime podia ser una va- 
liosa ayuda para la Cruzada. "Ya no es tiempo de 
dormir, dulce hermana mia, porque el tiempo no 
duerme, sine que huye come el viento, Elevad en 
vuestra alma, por el amor, el estandarte \de la Cruz 
Pronto tendrils que desplegarlo exteriormente; wr 
que el Soberano Pontifice declarara la guerra a Iw 
Turcos. Dispengamenes todos a morir por Cristo. Of 
suplico, de parte de Jesus crucificado, que ayud^is 
personalmente y con vuestros bienes a la Santa Igle 
sia, mostrandoos hija fiel de esta dulce madre' 
(Carta 138, a la r^ina de Ndpoles, V., II, p6g. 376) 
Estas palabras no permanecieron sin efecto. La rei 
na Juana y muchos otros personajes prom-etieroi 
apoyar la santa empresa. Asi el temible "condottie 
re" Hawkeed, quien devastaba la Toscana despu^ de 
armisticio entre el Papa y Visconti, se comprometic 
bajo juramento. a combatir a los infieles, movido po 
la autoridad de Catalina. Pero nuevos y tristes aeon 
tecimientos pondr^n de relieve el temple heroico d 
la santa, llevandola en medio de una lucha sangrien 
ta. 

La insurreccion de Florencia contra la Santa Se 



496 



e al grito de "viva la Ubertad" levanto la roja 
ra de la revuelta, confiscando los bienes dc la 
a y d^sollando vivo al Prior de los Cartujos re- 
o de la autoridad de Nuncio Apost61ico, arras- 
todas las ciudades del Estado Pontificio, con 
non de Roma. 

causa principal de la guerra fue la residencia 
Papas en Avin6n, la cu^l privaba a Italia de 
incipio de unidad. El traslado de la silla apos- 
a Francia, efectuado por Clemente V, fu6 
ado sobre todo por el desorden que reinab'a en 
ilnsula, pero nunca dejaron los Papas de tener 
)s sus ojos en Roma, alimentando siempre la 
mza de volver a ella. 

e perlodo de la historia eclesiastica no ha si- 
mpre estudiado con suficiente serenidad, y tan- 
trarca como los cronistas italianos de esa 6po- 
m juzgado con manifiesta parcialidad el llama- 
autiverio de Babilonia", exagerando sus lados 
3s, sin tener en cuenta sus m^ritos (Para una 
comprension del periodo avinon'^s, v6ase la 
oria de los Papas" de L. Pastor, trad, cast., 
lona, 1910, 1*. I., cap. I). Si bien es cierto que 
indono de Roma, *'di qiiella Roma onde Cristo 
nano" (Dante, Purg. XXXII, 102), contrade- 
il principio de catolicidad, es decir, univer- 
id, que es una de las notas caracteristicas 
Iglesia. pues 6sta no podia sustraerse al in- 
de los reyes franceses; si el pesado sistema 
tario de la Curia empobrecia las provincias del 
monio de San Pedro; si el fausto de la corte 
nesa contribuyo al aseglaramiento y corrupcion 
!ero, no es menos cierto que los soberanos pon- 
s fueron todos hombres dignos y trataron de 
• freno a la relajacion de las costumbres entre 
acerdotes y prelados. 

fcre las obras perseguidas por los Papas de Avi- 
basta recordar que Clemente V convoco, en 
el Concilio de Viena, para tratar, entre otros 
•s, la reforma eclesiastica; que Juan XXII con- 
la herejia de los Frailes Espirituales, la cual 
nia los germenes de las funestas doctrinas de 
f y Juan Huss, precursores del protestantismo ; 
npulso a las misiones en Oriente, proyect6 una 
da contra los musulmanes y puso freno al lujo 
corte pontificia; que Benedicto XII hizo res- 
r las Iglesias de Roma, cuyos monumentos cris- 
) y paganos se hallaban en ruina, recogi6 las 
aaciones del pueblo italiano tratando de satis- 
as y tomo medidas disciplinarias para la re- 
i del clero. El sucesor, Clemente VI, puso ter- 
a las agitaciones de los Espirituales y trabajo 
^'or de la paz entre Francia e Inglaterra. 
§1 se dirigio con palabras apocalipticas Santa 
da, la vidente sueca, ordenandole volver a sen- 
en el trono de Roma; pero las condiciones de 
no eran favorables al retorno. Bajo el pontifi- 
de Inocencio VI, el genial cardenal Albornoz 
jlecio la autoridad pontificia en Italia y admi- 
> sabiamente el Patrimonio de San Pedro. Por 
Jrbano V^ con su viaje a Roma, dio el primer 
para el retorno definitivo, que debia realizar 



IpniiiiniiaiiiiiiiiiouiiMMaBiiiiiim 

MISAL DIARIO I 



VESPERAL 

de 

DOM GASPAR LEFEBVRE. O. S. B. 

traducido al castellano y adaptado 

por el 
R. P. GERMAN PRADO, 0. S. B. 

de la 
Abadia de Silos (Espana) 



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SANTIAGO DEL ESTERO 907 — BS. AIRES 

iranuuiiiiiauiiiimuQiiinmiiHcsuimtmiiaiiiinnn 



o 



Gregorio XI con la cooperaci6n de Santa Catalina. 

Los florentinos se vallan del argumento de los 
abusos de los legados pontificios para excitar a la 
rebeli6n a las otras ciudades. En efecto, muchos re- 
presentantes de la autoridad papal buscaban cou 
frecuencia enriquecerse por todos los medios, y siis 
yerros en la vida privada y en el gobierno fomenta- 
ban el odio de los italianos contra los enviados ex- 
tranjeros. Sin embargo, segun afirma Pastor, "se- 
rla injusto cargar a los legados pontificios toda la 
culpa, como lo hacen la mayorla de los cronistas e 
historiadores italianos. Los principios que presidfan 
al gobierno, en los Estados del Papa, eran mucho 
mds blandos que aquellos porque se dirigian los otros 
potentados de Italia, a los cuales se puede echar en 
cara el egoismo y deslealtad, con harta m&s razon 
que a los legados pontificios. No pocos de estus prfn- 
cipes de la Iglesia fueron excelentes personas; pero, 
como extranjeros y franceses eran aborrecidos de 
antemano, y poco conocedores del pais y de la po- 
blacion, aun con la mejor voluntad herian con, fre- 
cuencia a los facilmente impresionables italianos; 
los cuales, por su parte, no dejaban de cargar en la 
cuenta a los legados los vicios de su propia polftica" 
(Historia de los Papas, cit., V., I, pag. 222\ 

Los esfuerzos de Santa Catalina fueron dirigidos 
a impedir que se extendiera la defeccion. Escribio 
a los magistrados de Luca para mantenerlos en la 
obediencia al Papa. Como siempre, los motivos de 
sus razonamientos son eminentemente sob'renatura- 
les. Para convencer a los luqueses a permanecer fie- 
les a la Iglesia, los instruye sobre el origen divino 
de esta institucion, el cual le asegura su firmeza a 

497 



trav^ de todas las tempestades. Nuestra incorpora- 
ci6n a ]a Iglesia es semejante a la union de los miem- 
bros de un cuerpo; si 6stos se separan del organis- 
mo, pierden su vitalidad. "EI dulce Jesus, que queria 
ser nuestro Camino, nuestro Maestro y nuestro Ckiia, 
pensando s61o en la gloria de su Padre y en nuestra 
salvacion, tomo por esposa a nuestra santa madre la 
Iglesia y le eonfio el fruto de su sangre para remedio 
de nuestras enfermedades, es decir, los Sacraroen- 
tos, que estan vivificados por la sangre del Hijo 
de Dios. Y en el ardor de su amor se halla tan f uerte- 
mente unido a su Esposa y a los que en ella se apo- 
yan y son sus verdaderos hijos; que ningun demo- 
nic, ningun hombre, podrd prevalecer contra ella en 
la eternidad. Y si me decis: parece que la Iglesia an- 
da hacia atrds y que no puede ayudarse a si misma 
ni acudir en socorro de sus hijos, os contestar^ que 
esto no es mds que apariencia. Considerad su inte- 
rior y hallar^is en el una fuerza que no poseen sus 
enemigos. Sabeis que Dios es el poder y que loda 
potest ad viene de El. Su Esposa goza de la fuerza de 
que carecen sus enemigos separados de su cnerpo 
como miembros corrompidos. iCukn necio y ridlculo 
es que el ultimo de los miembros se rebele contra 
la cabeza, sobre todo cuando sabe que pasardn los 
cielos y la tierra antes de que pierda su poder!" (Car- 
ta 168, a los Ancianos de la ciudad de Luca, V, III, 
pdgs. 70-71). 

Las exhortaciones de la santa, renovadas de viva 
voz en su visita a Luca, no impidieron a esta ciu- 
dad adherirse a la liga florentina, lo mismo que Pi- 
sa, Perusa y Siena, la cual olvido sus rencores con- 
tra Florencia para colocarse entre los enemigos de 
la Iglesia. En medio del torbellino de la guerra, la 
palabra paz vuelve continuamente a los labios de la 
sienesa. Sus cartas a Gregorio XI piden cleraencia 
para los culpables. Siga el Santo Padre el ojemplo 
de Jeeucristo, que perdon6 a sus enemigos; cuide, 
mds que los bienes temporales, el provecho de las al- 
mas; vuelva a Roma para procurar mds facilmente 
la paz con su presencia, y provea sin tardar a la re- 
forma de los pastores, quienes, cual "f lores malolien- 
tes", corrompen el jardin de la Iglesia. Al Papa ha- 
bla sincera y familiarmente, le seiiala sus dofectos 
y lo invita, como si fuese su disclpulo, a renunciar 
al amor propio para llegar a la perfecta caridad. Su 
primer deber es corregir sin debilidad las faltas de 
sus subordinados. "Si la llaga, cuando es preciso, no 
es quemada por el fuego y cortada por el hierro, si 
ponemos solo en ella balsamo, se corrompe bajo el 
bdlsamo . . . Ciego es el enf ermo que no ve cudl es su 
enfermedad, ciego es el pastor que debiera ser me- 
dico, pero que no se atreve jamds a usar del hierro 
de la justicia, ni del fuego de una ardiente cari- 
dad... Si hasta ahora no hab^is obrado resuelta- 
mente, os pido con instancia que en lo sucesivo obreis 
como hombre valeroso y sigdis a Cristo, cuyo Vica- 
rio sois. Nada temais, Padre, de las borrascas que 
OS amenazan, ahora que estos miembros podridos se 
OS han rebelado. Nada temais: el socorro de Dios se 
acerca. Cuidad de colocar en vuestras ciudades bue- 
nos gobemadores y buenos pastores, porque son los 

498 



males pastores y malos gobemantes la causa de li 
revuelta. Apresuraos y poned en prictica las resohi 
ciones que con tan santo celo hab^is adoptadcs e 
decir, volved a Roma y emprended la santa y diilo 
Cruzada" (Carta 185, a Gregorio XI, V., Ill, pto 
160 y sigts). 

A los florentinos manifiesta su dolor por esa giie 
rra que arruina sus almas, declardndose dispuesta ; 
sacrificar su vida por la paz. Les recuerda la nec€ 
sidad de obedecer a la Iglesia, fuera de la cual in 
hay salvacion, aun cuando los ministros de Dios seai 
indignos. 

En otra carta al Papa, lo exhorta a veneer a lo 
rebeldes por la b'on^d: "Estamos en vuestras ma 
nos, Padre mio; s6 y reconozco que han obrado ma 
y no quiero excusar su pecado; pero les ha parecid< 
imposible obrar de otro modo a causa de los dolo 
res, las injusticias y los danos que padecian por loj 
malos pastores y los malos gobemadores que, com< 
sabeis, estan infectados por el pecado y son demo 
nios encarnados. iGracias! No considereis. Padre, h 
ignorancia y el orgullo de vuestros hijos, os !o pid< 
por ellos. Devuelva Vuestra Santidad la paz a estoi 
vuestros desgraciados hijos que asi os hemos ofen 
dido (se pone a s! misma entre los rebeldes'). Os 1( 
digo, I oh dulce Cristo de la tierra!, de parte del Cria 
to del clelo: si obrais as!, sin c61era, todos se arre 
pentirdn de sus faltas y vendrdn a apoyar la cabezi 
en vuestro seno. Entonces os alegrar^is y nos alegra- 
remos todos, porque vuestro amor habr& vuelto al 
redil a la oveja descarriada. Entonces, I oh dulce Pa- 
blo!, podr^is cumplir la voluntad divina y realizai 
vuestros santos deseos, llevando a cabo esa Cruzada 
que en nombre del Senor os invito a emprender lo 
antes posible. Todos se dispondrdn con ardor a dar su 
vida por Cristo. En nombre de Dios, nuestro duke 
amor, levantad pronto. Padre mio, el estandarte de 
la Santa Cruz y verbis a los lobos trocarse en corde- 
ros. La paz, la paz, la paz para que la guerra no 
ponga obstAculo a esa dulce Cruzada. Si tenuis sed 
de venganza y de justicia, saciadla en mf, misera- 
ble, y hacedme sufrir todos los tormentos que oc 
plazca hasta que muera. Creo verdaderamente que li 
infecci6n de mis pecados ha ocasionado gran nume- 
ro de estas desgracias y discordias. Castidad, pues 
como querdis a vuestra desgraciada hiia. I Ay!, Pa- 
dre mio, muero de dolor y, sin embargo, no puedc 
morir. Venid, venid y no resistdis mds a la voluntad 
de Dios que os solicita; vuestras ovejuelas hambrien 
tas esperan que vengais a ocupar el trono de vues- 
tro predecesor, el apostol Pedro" (Carta 196, a Gre- 
gorio XI. V. Ill, pags. 211-212). 

Pero los acontecimjentos se precipitaban. Lo! 
Ocho de la guerra, magistrados supremos creados en 
Florencia al iniciarse las hostilidades contra la San- 
ta Sede, no estaban por cierto animados x>or senti' 
mientos de paz, sino que querian mantener la gut- 
rra, por la cual habian llegado al poder. Bolonia hizc 
causa comun con los insurrectos y expuls6 al legadc 
pontificio, Guillermo Noellet. Los embajadores flo- 
rentinos en Aviiion, en lugar de pedir humildemen- 
te la paz, dirigieron al Papa amargos reproches. Es- 



izo el entredicho sobre la ciudad rebelde^ exco- 
indo a sus ciudadanos. Ello significaba para 
ncia, ademds de la supresion del culto, la ex- 
>n del derecho comiin, la ruina del comercio y 
r^dito. Todos estaban desligados de eualquier 
icion contrafda con ellos, y se invitaba a los 
ipes cristianos a perseguirlos con las armas. 

este momento Catalina acude en ayuda de los 
lulgados. Uamada a Florencia, se le confia la 
n de hablar al Papa en favor de la ciudad cul- 
. Seria ir demasiado lejos afirmar que la San- 
cibio de la Republica un mandato oficial; fu§ 
ez un simple encargo privado (asl lo afirma 
! M. Denis— Bgulet, en un estudio hist6rico so- 
1 sienesa: "La carri^re politique de Sainte Ca- 
le de Sienne", Paris, 1939, pdg. 113). Esto no 
nuye la duplicidad de la conducta de los flo- 
los, quienes hicieron caso omiso de las gestio- 
e la dominica en Aviiion. 

tes de su partida, la santa escribe varias car- 
Gregorio XI, donde le repite la invitaci6n a vol- 
3 mks pronto posible a Roma. Sus palabras vi- 
«8 de emocion nos revelan la grandeza de su 

Le aconseja venir sin escolta de armados, sino 
la cruz en mano, como manso cordero". Sin em- 
S mientras la dulce sienesa escribia asi, un ej4r- 
ie Bretones guiados por el tristemente faraoso 
nal Roberto de Ginebra, se preparaba a bajar 
peninsula para sembrar el terror y la muerte. 

de singular importancia, porque nos hace com* 
ler la doctrina de la santa sobre la Iglesia, que 
imo como la amo Cristo, una carta dirlgida a • 

Raimundo que habla precedido a Catalina en 
5n. "Durante la noche que siguio al primero de 
, Dios me revel6 mas particularmente sus mis- 
9 y me hizo conocer tales maravillas, que mi 

creia haber abandonado el cuerpo; sus i^elicias 

tan grandes y abundantes que ninguna lengua 
aria a expresarlas. Recibi la in^ligencia del 
irio de las persecuciones que sufre actualmente 
mta Iglesia; me fueron pronosticadas su reno- 
wn y su exaltaci6n en los siglos venideros. A fin de 
me comprender que las circunstancias actuales 
permitidas para devolverle* su esplendor, la dul- 
erdad Primera me cit6 dos frases del Santo 
igelio, a saber: "Es necesario que haya escdn- 
. en el mundo", y luego esta otra: "Pero, ;ay 
lombre por quien viene el escdndalo!". Como si 
*se querido decir: "Permito este tiempo de per- 
:i6n para arrancar las espinas del cuerpo de mi 
ia, pero no autorizo los pensamientos culpables 
s hombres sobre ella. ^Sabes lo que hago? Obro 
ismo que cuando, estando en el mundo, hice un 
5 de cuerdas y arroj6 a los que vendian y rom- 
an en el templo, porque la casa de Dios bs casa 
raci6n y la habian convertido en una cueva de la- 
es. Te digo que ocurre hoy lo propio. Porque he 
de las criaturas un azote con el que arrojo a 
nercaderes impuros, codiciosos, avaros, hincha- 
de orgullo que compran y venden los bienes del 
ritu Santo ..." Mientras aumentaba en mi el 



fuego del deseo, v! con admiraci6n a los cristianos 
y a los infieles entrar en la llaga dd costado de Je- 
sus crucif icado y, por la puerta del deseo y del amor, 
entr^ con ellos en Cristo el dulce Jesus, acompanada 
de mi padre Santo Domingo, de Juan (es el P. Rai- 
mundo a quien Catalina Uamaba a veces Juan), mi 
amigo predilecto, y todos mis hijos espirituales. En- 
tonces colocaba la cruz sobre mis hombros y el oli- 
vo en la mano, que es lo que yo doseaba, mandando- 
me llevarlo a todo el pueblo. Y me dice: "Ve a de- 
cirselo: Os anuncio una gran alegria"... Pero, /.que 
lengua podria contar los secretos divinos? No la mia, 
mi pobre y miserable lengua. Quiero, pues, callar 
y dedicarme por completo a buscar el honor de Dios 
y la salvaci6n de los hombres y contribuir a la re- 
novacion y a la exaltaci6n de la Santa Iglesia, per- 
severando asi hasta la muerte por la fuerza y gra- 
cia del Espiritu Santo" (Carta 219, a Fray Raimun- 
do y a sus companeros, cuando se hallaban en Avi- 
non. V. Ill, p^gs. 348 y sigts.). Catalina nos apa- 
rece aqui cual int^rprete del mAs genuino pensa- 
mieQto cristiano. La doctrina de San Pablo sobre )a 
Iglesia, cuerpo mlstico de Jesucristo, cuyos miem- 
bros somos nosotros, es profundamente sentida y 
vivida por ella. Y como miembro activo de ese divi- 
no organismo, trabaja "en la edificaci6n del cuer- 
po de Cristo" (Efesios, 4, 12). La caridad es el 
vinculo de uni6n que mantien« a los miembros uni- 
dos entre si y con su cabeza, y esa caridad es el 
principio activo de todos los actos de la virgen sie- 
nesa. Deciamos que su misticismo es eminentcmente 
social, porque se funda en la conciencia de la soli- 
daridad humana, la cual exige que cada miembro del 
organismo social obre, no guiado por el egoismo, si- 
no para el bien de sus semejantes, segiin las pala- 
bras del Ap6stol: "Por donde si en miembro padoce, 
todos los miembros se compadecen: y si un miembro 
es honrado, todos los miembros se gozan con ^1. Voa- 
otros, pues, sois el cuerpo de Cristo y miembros uni- 
dos aotros miembros" (a los Corintios, 12, 26-27)- 
Condici6n de la uni6n es la paz, que Catalina predi- 
c6 sin cesar. 

En lo relativo a la reforma del clero, la santa, al 
estigmatizar con terribles palabras a los "malos pas- 
tores", distingue los dos elementos que constituyen 
la Iglesia: el elemento humano, por el cual los mi- 
nistros de Dios pueden pecar al igual que todo hom- 
bre; y el elemento divino, que asegura a la Iglesia 
su estabilidad, a pesar de todos los des6rdenes mo- 
rales, herejfas y persecuciones. Su historia nos muea- 
tra como todos los ataques dirigidos contra ella, an- 
te los cuales hubiese sucumbido eualquier otra ins- 
tituci6n humana, no lograron derribarla: "...y las 
puertas del infierno no prevalecerdn" (Mateo, 16, 
19). Lejos de escandalizarse por la mala conducta de 
los prelados, como habfa de hacer Lutero, Catalina 
se esfuerza en curar esta llaga, compenetrada de la 
sublime dignidad del sacerdocio cristiano, que pide 
a los ministros de Dios ser "otros Cristos". 



(Continuard) 



Irene ARIAS 
499 



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V.ronicas musicaies 

TEATRO COLON— 

CLAUDIO ARRAU 

Al ocuparnos de este joven artisU. tenemos que elevar 
nuestro espiritu, para poder hacer maniiestaciones de 
acuerdo con los meritos que tiene, Estamoa tentados de 
tocar la marcha real y presentar armsB, en preseocia de 
uno de los i-eyes del piano. Es tal el progreso, la aegu- 
ridad, el matiz y la autoridad con que Claudio Arrau ha 
ejecutado sua dos primeroa conciertos, que en los mo- 
mentos actuates, no recordamos haber oldo coaa mejor. 
Habra quien lo iguale, pero noa reaistimoa a creer que 
haya quien lo supers. En la semana pasada se ban eje- 
cutado doB conciertos, con un suceso de esttma en pu- 
hlico, digno de los mejores tiempos. Parece que los aman- 
tes del piano en Buenos Airea. ban comprendido de una 
vez que Claudio Arrau merecc loa llenos famosos que 



tanto llamaron la atencion. conseguidos por Iturtri : 
Brailowski, y aaf es, si bien no deaeamoB compKn 
este artista con loa dos anteriorniente nombradoa, pot 
todas laa comparacionea son peligroBas, Claudio Ana 
.'upera a ambos en la variedad de bub programaa y t 
el dominio completo de todas las eacuelaa. Su pri 
mer concierto estaba preparado con mejor aeiert 
que e! del dominio pasado. Se inicio con una it 
licadisima interpretacidn del "Rond6 en la menor' 
de Mozart, escuchfindose de inmediato las "Quine 
variacionea con Fuga" de Beethoven, en laa que a 
solo tern a. el que doa anos despues iba a mag 
nificar el cuarto tiempo de la Sinfonia Heroica, es trt 
tado con una brillantez, una variedad y un empuje ason 
liroso. culminando en una perfects fuga, digno coioli 
rio de la estupenda obra. Arrau no tuvo dificultad ai 
guna en dominar las enormea difieultades de la difi 
eil composicion. Despues en el resto del programa, s 
escucharon a Chopin con su "Balada en la meaor" 
Liszt con su vala "Mefisto" y sua "Juegos de Agua" 
Debuaay con sua "Eatampaa"; Ravel con una "Bare 
en el Oceano" y "La Alborada del Gracioso" y Grant 
doK con el "Pelele" de su opera Goyescas, todas obra 
programadas. a laa que anadid otros "Juegos de Agtn' 
de Ravel y otraa piezas que merecieron la abaoluta apn 
bacion y una tempestad de aplauaoa de un piiblico qv 
no solo era numeroso como dijimos, sino muy bien a 
iLficado. 

Su i^egundo concierto tenia un programa maa Jnferio 
que el de iniciacidn del abono. Las "Variacionea opa 
:J4" de Beethoven, no pueden compararse a las que l 
siguieron en orden cronologico, son atgo pesadas y co 
mo estan compueataa en diversas tonalidades, carecti 
de la unidad extraordlnariamente intereaante de las dc 
opua 35, En vez de la "Sonata Opuq 11" de Schumann 
ejecuto la "Fantasia Opus 17", que tampoeo nos agn 
da mayormente y que Arrau las magnified y laa his 
no aolo tolerables, sino hasta atrayentes. Enaeguid 
Chopin fne representado por la "Balada en Sol menor' 
la "Fantasia en fa menor" y tres Eatudioa; las doa pri 
meras las ejecuto con una correccion impecable, y i 
los tres estudio dio un cator y fuego en bu ejecndw 
que lea dieron enorme brill ante z, aunque su exeetifi 
tiempo qui to romanticiamo. Termin6 el concierto cm 
trea obritas de Ravel una Danza de Debussy e "IsU 
m«y" de Balakireff, dando de yapa otroa "Juegos A 
Agua" a los Cuales parece estar muy aficionado el ta 
lentoso concertista. La ejecucidn de todas eatss obn 
'tu€ tambien irreprochable, siendo sdlo de obaerrar i 
abuse qutz&a excesivo que ha hecho de las obras pinti 
rescas que no tienen el valor artfstico de laa obras fin 
damentalea. Bien esta oir una o dos obraa de impreaic 
nismo moderno, pero aeia o siete en un concierto, ne 
psrecen demaaiado. 

En reaumidas cuentaa, Claudio Arrau es un artist 
de excepci6n y creemos ha Uegado a la cima adoik 
pueden llegar los mis exigentea. 



40RNBT HB*a. 



CARAMELOS EXgUISITOS CONGENmADOS M LECHE 

EMISKY 



Ba«a«a Air* 



TEATRO ODEON 
ALEJANDRO BOROWSKY 

La featividad patria noG obliga a entregar los origi 
nalcs con mia anticipsci6n y por eso no podemos ot-u- 
paznoa del concierto anunciado por esU eminente artia- 
ta para el 22 del lunes pasado. En la proxima crdnica 
diremoB also aobre este severe ejecutante. 

M. 0. G. 



TEATRO 



BAILE i>E GALA 

Poco podemoB decir aobre, esta opereta arrcviBtada on 
que la muaica es baatante mala, la gracia brilla por sii 
auaencia, la interpretBci6n deja demasiado out; deseai- 
j loH decorados no aon bueno«. Quiza pudicran aalvarse 
los modelos de Louia Rivera, pero como no somos ex- 
pertos en modas no podemoB conicntarloa con to^loa los 
detalles que aerian menester. 

La trama no tiene ni pies ni cabeza, como en la can! 
total) dad de las operetaa, pero loa numeros musicalei^ 
con que las otras sueten salir a flote, obran en esta it 
la manera de plomada. 

Pocaa vecea heni'aa visto un elenco tan magro de 
prineras figuras. Marcos Caplan que es un romico que 
ha interpretado baatante bien en bus tJempos de reviata, 
compone aci un tipo de frances con acento italiano, na- 
da gracioso. Norma Castillo traba.is asaz deficiL-ntemt^n- 
te pero demasiado mejor qup Lucila Wclla. Lalo Maura 
no es tan malo y Oscar Villa pasa con reparos. 

Moralmente. la obra es inuccptablc porqui' a sus pa< 
aajes de rcvista une un arp:umento absnlutamt'iitt.' ri- 
probable. 

Vagabond Jim 



Cinematdgrafo 

DOS A La sabana venL'Zolana. aonit^Jantc <.>n 

BARBARA muehos dc sus aaptctos a nuustra 

pampa, uk el inmenso mareo que cn- 
eierra la accion de l>»na Barbara, version cincmatogra 
(ica de la excelentt! novela d<> Roniulo (iiilli'Kos. 

El novelists, que es uno de los niiiit niitulik-s de la 
America latina, ha querido pintar d amViicntc nido hus- 
ta lo brutal de las llanuras indeuieiiles y bcistilt-s dc ku 
patria cor un realismo scKuro y valii-iite. Ui vida muy 
pocas veces es risuefia en usa hvr:n(>sii tiurni donde do- 
mina la ley del ma<i fiierte. Alii li>^ liombres olvidan tos 
man da mi en tnx divinof. para ^u'tituirli'S ceil id imperii 
thro de sua pasioiies qui' ]ii> <!<iminan y his I'uni'iei'ti-ti 
Ml beatiaa que vivt-n al niarKcn di- tudo fienn ik-1 bonor. 
del amor o de la Cfinipi.-iOu, Pero i^n I'su vHsto esi'L-nario 
K mueve tambien un ]iu!"';t.hi dc licimhri's hi.nradus qu ■ 
ae reaisten a la critdii Icy de I:i Manuia, citic hii'hun sii: 
ducanso contra esa-= ficruj^ hiniiajiii^, jiniclucin dc hi 
Uerra bravja (simbfilizadii piu- d Mividij^I:!. en cicrtu inn- 
le, por Doiia Harl'iirii. '"hi ricv.ir:idi'rii dc li<iiiil.rc?", )n- 
Ua perversa, dcspiinliulu y ci'iri v.i'i:i ;i Ui:-- l\ci-liii",>ii:isi. 
Bl escritor puti'' r'n-titi. :• fri:i(( ■ fiiEiil.i ■■ i'.>''i! 




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y fuertes que suenan con llevar a la sabana la justicia, 
el progreso y la prosperidad, y a aquellos personajes si- 
niestros que solo viven para satisfacer su codicia y su 
sensualidad, y los empuja a un combate brutal que aca- 
ba con el triunfo del bien. 

Este es el nucleo del asunto que la pelicula mexica- 
na ha abordado sin suavizar asperezas y con la maxima 
fidelidad. 

Una fotogrrafia magnifica ensena la vida de las saba- 
nas con su belleza salvaje y las rudas faenas dc sus ha- 
ciendas. Y en ese escenario de cielos abiertos, con vigor 
y sobriedad, sc muestra la lucha del bien y del mal, de 
las nobles ambiciones y los bajos apetitos que buscan 

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para su satisfaccion la alianza con el crimen y con la 
brujeria. 

Se comprendera que la cinta se desarrolla en un clima 
de violencia que no es adecuado para todas las sensibili- 
dades ni todas las mentes. Pero hay que convenir en que 
si bien las cosas se presentan sin paliativos, el realismc 
no se aparta ni una linea hacia lo que es abiertamentc 
peligroso. La mesura es una de las virtudes de la pe- 
licula, que nada concede a una gazmoneria que estarit 
completamente fuera de lugar, ni muestra una sola ima 
gen que pueda ofender la pureza del espectador por si 
malevola intenci6n o su naturalismo innecesario. 

La novela de Gallegos es casi un alegato, en el mai 
noble sentido de la palabra, que muestra a sus com 
patriotas y a todos los hombres de, nuestra America 
latina que se debaten en medio de Jd6nticos problemas, h 
belleza de la tierra que Dios les ha regalado y que elloi 
no supieron cuidar, y la dura lucha que los llama impe 
rativamente para volverla a las manos puras, honradas : 
capaces de sus mejores hijos. Y este problema est^ en 
carado en la cinta con la ariiplia franqueza que exigfa 
sin medias tintas ni eufemismos, pero con la* dignida' 
moral que corresponde a la bondad de su intenci6n. 

Creemos que el cine, come el teatro y la novelay b 
buscar la fuente de su inspiraci6n en la realidad, puedei 
permitirse la copia de ^sta en sus asp^ctos m&s duros 
siempre que se haga con serenidad y nobleza; con los fi 
nes puestos en un ideal de etica superior que no se hi 
de manchar en el lodo de las miserias* humanas, sino qu( 
ha dp destacarse mds puro precisamente a pesar de es 
tas. For eso elogiamos y consideramos una de las me 
jores cintas de 1943 a Tres hombres del rfo que tiem 
algunos puntos de contacto con Dona BiLrbara, y por esc 
consideramos un noble bienintencionado esfuerzo ft esta 
produccion de cuyo valor artlstico puede enorgullecersc 
cl cine mexicano. 

De todo lo que acabamos de exponer se desprende que 
no creemos sea justo colocar a Dona Barbara en la ca- 
tegoria de pellculas tan reprobables como Torero a la 
fuerza o Reportaje sensacional, cuyas imdgenes abierta 
y provocativamente indecentes carecen en absoluto de 
toda razon de ser y cuyo fondo moral es a todas vistas 
pernicioso. Por todo esto consideramos a esta cinta como 
visible por personas mayores inteligentes y de criterio 
formado. 

Ya hemos elogiado implicitamente la labor del director 
de Dofta Barbara, Fernando de Fuentes» que demuestra 
un raro dominio de su oficio; y debemos aSTregar an 
aplauso para los actores principales, Maria F61ix, Julian 
Soler, y Maria Marques y para todos los secundarios sin 
oxcepcion. que actuan con el aplomo y la comprension 
mas acabadas, realizando labores de categoria excep- 
cional. 

GRAGEA 

Locos rematados hacc descostillar de risa con recur 
SOS absurdos pero de segurisima eficacia. Siempre en 
apuros, tambien proporciona un rato agradabilisimo t 
quienes no van al cine nada mas que a refrse. Antes del 
ataque tienc cierto saborcillo propagandistico que la ha- 
cc algo pobro dosde el punto de vista cinematogrraficc 
puro. Flor silveslre es demasiado larga y minuciosa e« 
la prcsentac'ion de cierto desagradable realismo. AH Ba- 
ba y los 40 ladrones os por el estilo de El fantasma d( 
la Opera. Las mil y una noches y demas desplieguea ^ 
jrran espcctaculo cromatico con mucha hojarasca y nin- 
Kun contenido poffitivo. Su esposa diurna es graciow 
y Uoj^a al i'sp(?ctador. Cuando llama la suerte es de esan 
pcliculas on que el publico no s^e puede contener y !»• 
tea como sucedio el dia del estreno y China inconqav* 
lable no pasa ni m funcionos dc beneficio para chinos- 
i-()in() "^f" '.wtrei'i't^ 

Vagabond Ji" 



r^o-j 




^MiiWi 






Porque dmentd la confraternidad O^ 
americana, luchando junto a los pueblos '^ 
que defendian su libertad; porque forj6 
su propia grandeza sin menguar derechos 
ajenos; y porque acogi6, generosamente, 
a todos los que acudieron a sus playas 
en procura de bienestar. 



YPF EM EL DIA DE LA PATRIA 




bdiCunal ClUrtiKlll 
BUIN03 AIRES 



2a DE MAYO DE IM 



N.* 648 



Buenoj AirAt, T junio dm 1944 



RITERI 




Su, 



20 

cantavot 







GUSTAVO J. FRANCfS'Cill •' 

En torno a las Eglogas de Garcilaso 

CRITERIO 

Comenlariot 

HUGO WAST 

M^todo de trabajo 

IRENE ARIAS 

La influencia moral y poli'tica de 
Santa Catalina de Siena en la Ita- 
lia de su epoca (II) 

VAGABOND JIM 

Modos de ver 

CLEMENTE RUPPEL 

Aurora - Mediodi'a - Anochecer 



Bibliograffa 4 CrAnieat (nuiicaUt « Taakro ♦ 
Cinamat6gralo 4 Doeumentoi 



Oireclor: Hon. GUSTAVO J FRANCESCHI 



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BLIOGRAFI A 

Social, to- Con loa tomes II y III que acaba de editar 
y III, p o r la Junta Central de la Accion CatdHea Ar- 

10 Valsecchi gentina, se completa el libra del epigrafe del 

que es autor el Dr. FrancUco Valsecchi, Di- 
H Secretariado Ceyiiral Ecoyidmico-SoeidL 

)bjeto de la publicacidn es el de facilitar un manual de estu- 
ales a los socios de las euatrp ranms de la Accidn Catdlica y 
onda al programa de esftudios aociales sefialado por el V. Epis- 

)ilabario Social cumple acabadamente su comeiid^. Pero seria 
3l no destacar que, no sobmiente cumple la finalidad para la 

escrito — lo que es ya un gran mirito — sino que, la supera, 
■0 un manual de principios doctrinarios sobre euestione^ so- 
ra uso de todos los estudiosos. El Dr, Valsecchi no solamente 
i doctrina de sus fuentes mas puras y la expone con precisidn, 

al mi^mo tiempo extrae de los priticipios generales una serie 
cuencias que arrojan raudales de luz sobre los temas trdtados. 

dos tomos del Silabario Social que se comentan, conHenen los 
condmico-sociales del plan propuesto por el V. Episcopado. Trq,- 
z Propiedad y del Salario, el tomq II; y de las a^ocia4:ione8 de 
las organizaciones profesionales, el tomo III. No eatd demds 

que el primer tomo contiene Elementos constitulivos del orden 
as virtudes de justicia y caridad, y la Dignidad de la person4i 

EXPOSICION DIDACTICA 

'. de las caracteristicas esenciales del Silabario Social es la ter- 
a convpletamente accesible, Otra, es la forma gradual y metd- 
la exposicion que va llevando al lector por una serie de con- 
yicadenados y trabados unos con otros en tal forma que, cast 
ecirse, se van induciendo los conocimientos. Por otra parte, 
misma distribucidn tipogrdfica^ va creayido el esquema mental 
cion y grabdndolo en la memoria sin esfuerzo. En una palabra: 

1 fuerza diddctica en la exposicidn que crea en el lector una 
conceptos bdsicos dando una comprensidn m^iciza de los tdpicos 

m 

m 

final de la exposicidn una pequena aplicacidn de esos princi- 
mite que el lector conexione los conocimientos teoricos con la 
circundayite y pueda, en todo momcnto, ver una* relacidn di- 
tre los principios de doctrina y los hechos de la vida diaria. 

PROFVNDIDAI) DE DOCTRINA 

libroH de texto se caracterizan, generalmente, por la super- 
d de doctrina. El lihro del Dr, Valsecchi escapa a esa genera- 

Sobre cnda topico que trata agota la doctrina. Revela el lihro 
indo y cahdl conocimicnto de la materia. Un coyiocimdento com" 
con fuf absolf/fo dominio de las cuestiones actuales. Y realiza 
n'o una sititefii,^ en qne se resume el conocimiento de una gran 
ifia social, sin carr en la pedant eria de la profusion de citas 
n'ipciom'i^. 

llega, feUzincittf, a cncoutrar en el Silabario Social profundi- 
iOctrina, rhnidarl dr mncepfos, sinfetfis de fxpresion y e.rposi- 
il y acct's?ihlf: a la. nr nffflidad media^ f^in q^'c esto raya en prr- 
e la w.entaUdnd turpoior que hnllard en la ohra una disiribu- 
luemdtica d« Uis nuxte.riaa, siemprr uiil para ordcnar conoci- 

anteriorc^: y comphdar Jo,< mianw.^. 



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nocimiento del publico que 
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deber& venir acompaiiado 
de su respective importe. 
En caso contrario no se 
dard curso a los pedidos. 



SB3^&i^B^gS[M]S[}^S[^S 



he 



roica 



Sumario del numero de Junio 
de 1911 

Ln R 'dif' rinr - r.'trla abierta al 
Patriari-a Seririo do Moscu. 

Hcrn('nt Hcv'>t' : - Fronte a la 
rrl)fli(in (it; los j-.ivenes (Pro- 
lojfo di.' un libro '.U' proxima 
publicaciuii ) . 



/'. Knritiiir Pnffin, S. P. 
t'»j--. nir'is Santos. . . 



San- 



Lnmhcrtt, Lnthtn-.i - ,'. Son aiiten- 
tic.is h\*i "visiont'ij" tie Ana ('. 
Km nil' rich? 

Kdnai-iJtt J'cH Solinny - ("rc'ra- 
Cozz'. ajiostcil y niodt-lo rio A. C 

C'^^^^•s li. iiityii! - Kji lo;ii;i Av 

"HuifiMi'ru'.as filii^-jficn-litrm- 
T-.ns . 

/■,"/ ttlii'i'.ll ill- i/i>ii iii'.t - .\u< t!" 

i •\ I'll'-' ric -,i'' ii ■ :.'.•' ■' r 



'■iMi|>hir 



B I B LIOGRAFIA 

Podemos afirmar que el Silabario Social es un libro magnifico y 
util. Magnifico porque reune en 30 lecciones los principios fundamen- 
tales de la doctrina social catdlica cuya actualidad es permanente, Util 
porque sievdo un libro emifientemente formutivo crea la meyitalidaa 
cristiana f rente a los problemas soeiales. 

En el prologo del primer tamo dice Mons, Franceschi: "La fechc 
de este prologo es iyidicacion suficiente del memento trdgico en qu^ 
fui escrito. Acaba de saberse la muerte lamentable del presidents dt 
Bolivia; leemos en las pizarras de los diarios que el emhajador de lo 
Gran Bretana en Berlin ha comunicado al seHor Hitler que su pais nc 
retrocederd ante el cumpUmiento de sus compromisos con Polonia; 
Francia resolvio movilizar dos millones de homhres. iSon horas est-a^ di 
consagrar la atencion a disquisiciones de orden sociologico? iN:o si 
detrumba acaso en torno a nosotros, amenazdndonos con sus ruinas 
todo el edificio de la civilizacion contempordnea? iNo nos aparta U 
concreto y lo tangible de cuanto se refiere a lo ideal y doctrinario^. 
Estinw que no, y pienso que por el contrario es el instante en que ut 
edificio se desniorona cuando debemos pensar en las leyes de la ai-qui 
tectum eterna, que hahrian podido conferirle solidez si hubieran side 
obscrvadas, y que asegurardn alguna permanencia al que forzosamenti 
habrd de construirse manaua*'. 

La fecha del prologo es 23 de agosto de 1939. Los aeontecimientoi 
sc han sucedido, iQui^n recuerda hoy los hechos trdgicos de aquel mo- 
meyito? La desencadenada serie de sucesos ha ido vertiendo el olvidf 
en torno a los pasados, Estalld la guerra. Parecio un momento que Ale- 
inayiia dominaria al mundo. Parece ahora que los Ali<ido8 lo dominardn 
Manana, quizd, parezca que la anarquia se ha apoderado del universo 
Lo tinico que no parece, sino que es, es la doctrina contenida en aqup\ 
primer tome del Silabario Social publicado en momf^ntos trdgicds y k 
que contienen estos otros dos tomos que aparecen en m^msntps mdi 
trdgicos todnvia y cunndo el sufrimiento ha penetrado hondo en h 
vida de los pueblos. 

Por ello hoy tienen las palabras del prdlogo el nvismo valor qui 
oyer. Y el libro ticne un valor permanente, Cuando se quiera constraii 
Holidaniente y para siempre, habrd que tener en cuenta los principioi 
crpufstos. Efios principios permanecerdn inalterables a travis de toda 
las virifiitudes de la humanidad y solamente la hwtnanidad dejard di 
patiar vicisitudes cuando acepte, adopt e y construya en base a esoi 
prliiripion. 

For est (IS razoncs, recomiendo la lectura del Silabario Social a to 
flo>i: a nnos para que desde el llano reclamen la aplica-cion de csos prin 
cipios: a ntroH para que dcsde el majido realiren prdHicaTfiente est 
dttrfrinu para hien de. la Patria ?/ dc la humanidad. 



Enciclicas Sociales 
de Leon XIII 



n_n '.: ;- ■". i 



T. ir • -^h IpJ r.t] Lnj dS IrJi nh L- 1 



J, Roberto BONAMINO 

Kntre las publicaciones de indole social des 
tacadoH por la Junta de la A. C A. merea 
pHt:sto df honor el rolumen que contiene U 
srrl'- fie oicirliras fhrlicntJas n t* nuna sfidales, por el Pontifice de lot 
Ohr^ros, Lcnit. XIII. h'sfa ohm irnpfnnh rahlr contiene desde to "Inscru- 
labiU' T)ej" hfstn Jn "Gravos de C'omniuni". Un indicc analitico facilitt 

ri rstndiu fir isffts dnrinn^' ,ilo:<. 

k'l ■niinnf ,f r>'f" i },]tn's'n f .i hni To'l(:)'i:.< firdficoH San Pablo y cons 









APARECE TODOS LOS JUEVE 

AAO XVII N.« 646 6t. A*., I' d* funlo 1944 Altina 640 U. T. 34-I3C 



£n torno a las Eglogas de Garcilas( 



LA casa editora Angel Estrada ha tenido la gen- 
tileza, que mucho agradezco, de remitirme 
presentada la edicion que en excelente papel 
J muy buena tipograf fa, prologada por el Sr. Igna- 
cio. B. Anzo^tegui, ha hecho de las Eglogas de Gar- 
cilaso de la Vega. Inaugura con ello una coleccion de 
clilsicos castellanos, dirigida por el Sr. Manuel Mu- 
jica Lainez, estando anunciadas ya obras de G^n- 
.gora, San Juan de la Cruz, Bernardo Diaz del Cas- 
tillo, Quevedo, Cervantes y otros mds. Constituye es- 
te esfuerzo literario una colaboraci6n valiosfsima no 
86I0 para la depuraci6n del idioma en nuestro pais 
aino tambi^n, — y hasta dir6 que sobre todo, — para 
la valoracion de los eaudales de orden espi ritual que 
dan cat^goria sobresaliente a lo que, siendo hispa- 
no, es tambi^n nuestro. Es acreedora por tanto a 
nuestros plicemes y alientos la casa Estrada que, en 
horas econdmicamente dificiles para el arte tipogra- 
. ifico, y cuando la atenci6n es reclamada por asuntos 
m^ concretos y sensacionales, no vacila en acome- 
ter una tarea ardua y costosa. Abrigo la esperanza 
de que el favor publico ha de acompaiiarla en su em- 
presa. Y la frase que acabo de estampar no es de 
sola complacencia, sino que responde aquella colec- 
ci6n de libros a un anhelo y tambi^n a una reali- 
dad: creo que es comprendida por muchos otros como 
por mi la necesidad de que nos adentremos en lo que 
constituye nuestra historia, y que es a la hora actual 
nuestra mejor herencia. 

iHermoso tipo de varon completfsimo es Garci- 
laso! Muere a los treinta y tres aiios, a consecuen- 
cisL de una herida que es la quinta o sexta recibida 
en batalla. Su estirpe lo vincula a la Corte, pero 
creeria faltar a sus deberes de caballero si no con- 
curriera a luchar do quiera se- encuentre comprome- 
tida su patria. Por esto se lo vi6 espada en mano en 
Francia, Espaiia, Italia, Alemania, Roda, Tunez. Y 
cuando el 23 de setiembre de 1536, como pasara cer- 
ca de la torre de Muey, a cuatro millas de Frejus, 
segtln nos dice Navarro Tomaa en el prologo que 
Iabr6 para la edicion que en 1911 publico La Lectu- 
ra de Madrid, y unos cuantos arcabuceros melesta- 
ran a los soldados desde los muros, abrio en ellos 



b'recha la artillerfa, y al saber Garcilaso, Maestre 
campo, que Carlos V estaba irritado por la tarda 
za de los infantes en asaltar la torre, 61 mismo, c 
casco ni coraza, con una simple rodela, f u6 el prin 
ro en escalar. Arroj6sele una piedra enorme, que 
derrib6 en el foso con herida mortal. Y Carlos 
acab6 por tomar la fortaleza y mand6 ahorcar a a 
defensores, -'rigor desacostumbrado, dice Navarn 
en su estudio de un siglo atr&s sobre Garcilaao, 
el dnimo benigno de tan gran principe, que n 
muestra bien el exceso de dolor y rabia con que d< 
troz6 su alma tan tr^gico suceso". Y para que 
tomen de ello argumento los que en seguimiento 
Sjrmonds en su Renaissance in Italy consideran a 1 
espanoles como particularmente crueles, les record 
r^ que Carlos V no era de ascendencia espafiola i 
no austriaca. Dejando esto de lado, la verdad es q 
Garcilaso muri6 pocos dias despu^s de herido,.en' 
campamento de Niza, como buen cristiano, en bras 
de San Francisco de Borja. 

Pero al mismo tiempo que magnifico soldado, 
Garcilaso modelo de cultura literaria; fuera de 
idioma natal habla latin, griego, francos, italiai 
y a esa preparacion literaria y al estro que 
es personal debemos sus poesias, cortas en nun 
ro porque no todas recogidas, pero que agregan ni 
vos modos de ver y de sentir a las letras castell 
nas. Aqui me permito diferir de la opini6n que pi 
clama Navarro Tomds en su pr61ogo arriba meni 
do: "si en sus obras falta, realmente, originalidc 
castellania, espiritu de raza, en fin, alma espafio 
las andanzas de su vida, el provecho de sus poc 
aiios, su obra mal conservada y su temprana muei 
le disculpan". Creo que Navarro exagera, y que i 
ik mas en lo justo el Sr. Anzo&tegui, prologador 
la edicion Estrada, al decir que "el Renacimiento : 
podia revolucionar (a Espafia), sino infiltrarse 
ella, dejandose ganar por los poetas que entonc 
guardaban los pasos de Espaiia: por los poetas, q 
asumian entonces y que sen'tian la magnifica re 
ponsabilidad de ser los defensores del estilo de s 
Espafiol. I>e ahi que Garcilaso fuera en Espaiia i 
renacentista sin dejar de ser un hombre espaiic 



5< 



porque .asistio con ojos renacentistas a los aconteci- 
mientos de su alma eterna y medioeval. De ahf que 
fuera el poeta del amor etemo y renaciente". No 
cab'e duda de que a los treinta y tres aiios Garcilaso 
no estaba del todo formado ni en literatura ni en 
pensamlento; por lo demds, sin dejar de ser eristia- 
no era amigo de pelear hasta por el placer que en 
ello encontraba, y galanteador ademas de damas. Pe- 
ro todo ello no borra las caracteristicas de su estir^ 
pe. Sabemos cudnto estimo Garcilaso II Cortegiano 
del conde de Castiglione, cuyo retrato pintado por 
Rafael est^, o por lo menos estaba, en el Louvre, y 
que a juicio de Carlos V era el major caballero de 
su reino. Aquel precisamente recomend6 a Bosc^n 
tradujera el libro italiano. Y sin embargo, entre el 
cortesano ideal que estd figurado en esa obra, y 
esotro caballero que fu6 Garcilaso, existen diferen- 
cias profundisimas, que son precisamente las que dis- 
tinguen el Renacimiento espanol del de la otra pen- 
insula. El italiano es mas esc^ptico, y mds creyen- 
te el de la madre patria; ama mas profunda y dolo- 
rosamente 6ste que aquel; el primero sabe muy bien 
"jugar la espada", pero Garcilaso es mas guerrero 
y mds atado perseverantemente a una sola y misma 
causa. Y si Castiglione aconseja versificar por re- 
creo y elegancia, su emulo castellano, fuera de ta- 
fiar el laud tan bien como el italiano, hace resonar la 
lira interior con toda el alma, y pone en ella mds 
de lo suyo: no canta sus sonetos para halagar a las 
damas en sus estrados, sino ante todo porque expe- 
rimenta la necesidad de exteriorizarse, porque es 
poeta de verdad. Hay en Garcilaso, por debajo de la 
forma que en algunos casos es semi italiana, una 
densidad y angustia que es herencia espaiiola, don- 
de el amor se mezclo natural y espontdneamente du- 
rante siete siglos con la guerra, donde 6sta nunca 
desapareci6 completamente del horizonte hasta de la- 
bradores y menestrales, y donde, como muy bien lo 
expone D. Claudio S&nchez Albornoz, la Edad Me- 
dia duro hasta fines del siglo XV, verdad que nun- 
ca debe perderse de vista al estudiar historia eu- 
ropea. • 

No trato ahora un tema puramente literario, ni 
me interesa averiguar hasta que punto Garcilaso 
"petrarquiza" en sus eglogas y canciones, sino de in- 
tegrar al poeta en el mundo espanol de su tiempo y 
de ver como en cierto modo simboliza toda la civi- 
lizacion espanola de aquella hora: cruz y espada, fa- 
milia solida y alma aventurera, orgullo indomable y 
espiritu de penitencia, amor a la riqueza pero mas 
atin que a esta a la gloria, ansia de predominio y 
comprension de la obediencia, rebeldia y acata- 
miento, vision de universalidad y apego a la pro- 
pia tradicion: en sintesis, cualidades contradictorias 
y sin embargo armonizadas hasta constituir uno de 
los tipos mas robustos y plenos de hombre que sien- 
te su propia dignidad. En efecto, si, como lo pienso, 
es Garcilaso uno de los espanoles mas representati- 
vos de su epoca, es decir si sobresale entre sus con- 



tempor^neos pero no se distingue de ellos hasta opo- 
n^rseles, no olvidemos que esa epoca es el momuento 
en que Espafia sienta el pie en Annirica, durante 
tres siglos de coloniaje forja el alma criolla, a la 
que di6 simuMneamente su fe, su idioma, su senti- 
mentalidad, sus entusiasmos, su soberbia, su mania, 
— bienvenida — de afirmar la propia personalidad 
sin perder el concepto de lo %ue es debido al bien 
comun. Espafia educ6 a America para la indepen- 
dencia precisamente por lo que le comunic6 de sue 
cualidades. Y entonces tenemos derecho a conside- 
rar el caballero que alterna la lira con la espada co- 
mo algo esencialmente nuestro. ^No nos lo hacen re- 
cordar acaso, en nuestra epopeya y en la de toda 
Hispano-Am6rica, muchos hombres de la primera ge* 
neraci6n, que unian-al ser soldados el ser poetas? 
Visto asi, conforme a la realidad profunda, Garcila- 
so constituye un vinculo mds entre Espafia y nues- 
tro continente, y contribuye a la existencia de una 
comunidad espiritual, que no se traduce ahora en 
politica ni en economia, pero que no por esto ea 
menos verdadera y eficaz. 



Mi excelente amigo y colega de la Academia de 
Letras D. Juan Alfonso Carrizo, en la entrega de 
Orientacidn Espanola correspondiente a enero de es- 
te ano publica fragmentos de una conferencia sobre 
la f iliacion hisp^nica en la poesia tradicional del Tu- 
cumdn, y muestra como la penetracion de lo hispano 
lleg6 a traducirse hasta en el idioma indio. En efec- 
to, entre otras pruebas aduce lo siguicnte: "un dfa 
oi decir a un joven: "^Yurairiy churaskaitita — 
Makisniyman makiykita — Huacaspa nihuaskaikita 
— Mama maiccaj cancanahuaykita?". Su traduc- 
ci6n es la vieja copla espanola: "^recuerdas cuando 
pusiste — Tus manos entre las mias — y llorando 
me dijiste: — que nunca me olvidarias?". Y agre- 
ga Carrizo con muchisima razon: "en todas partes 
estd Espafia; en los llanos y en los valles, en los vie- 
jos y en los mozos, en la plegaria y en el cantar de 
amor", lo cual queda mas que ab'undantemente de- 
mostrado no s61o por el contenido de esta conferen- 
cia, sino por los volumenes sobre el cancionero po- 
pular de Santiago del Estero, el de Salta, el de Jujuy 
y por las demds obras de Carrizo tan importantes 
para investigar los origenes del folklore nacional, que 
es sustancialmente identico dondequiera no haya side 
contaminado por los aportes tayigueros negroides que 
tuvieron su primer manantial en los candombes de 
orilleros africanos. Cierto que hoy no faltan quie- 
nes saborean como si fuera autoctona esa mezcolan- 
za infame de terminos en parte nacidos del arrabal 
porteiio y en parte mal traducidos del cal6 napoli- 
tano y de la jerga suburbana parisiense. 

Consideremos loa hechos con sinceridad: el crioUo 
es sustancialmente el miembro de la raza espaiiola 
adaptado a la tierra americana, a sus dim^nsiones, 



510 



auelp, a las condiciones de existencia que el 
eate le proporciona. No es el indio, no habla 
m o guarani, sino castellano, no organiza sus 
OS segun el modelo inc&ico o el de las tribus no- 
8 sino segun el tipo espanol, cree con los hom- 
de la madre patria, afirma el derecho de pro- 
d, la familia mondgama, la autoridad limitada 
tl derecho de la persona, segi^n las concepcicmes 
anas concretadas en el alma hispdnica. El in- 
le civiliza adoptando mucho de la mentalidad 
kola; no puede decirse en cambio que el espa- 
li otro europeo alguno^ se civiliza mds a medida 
le vuelve m&s indio en su modo de comprender y 
mtir. Lo indfgena se Integra en lo espafiol» y 

• espanol en lo indfgena. Claro esta que tal in- 
cion importa un enriquecimiento. Desde el an- 

hebreo hasta el moderno frUnc^s o ingles, no 
e un solo idioma que no se haya enriquecido con 
;es extranjeros. Y otro tanto ha acontecido con 
losof ia, el derecho o el arte. Pero este enrique- 
^nto, tanto por el aporte indigena cuanto por los 
es contempordneos de otros pueblos modemos, 
2be realizarse por agregaci&n sino por inttisus- 
6n, Al primer modo crece un edificio, que se 
I a medida que se le traen huevos elementos 
)nstrucci6n, que se suman a los anteriores sin 
iar su naturaleza. Al segundo modo crece el 
•re, que absorbe celulas vegetales o animales 
no las deja permanecer en su naturaleza de ele- 
os vegetales o animales. sino que los elabora y 
forma en carne de hombre. Asi tambi^n debe 
ir con nosotros. El pueblo argentino es esen- 
ente un pueblo crioUo, es decir hispano-ameri- 

que acoge lo inferior encontrado en su suelo, 
. lo indigena, y tambiin lo equivalente de otro 
0, pero todo ello para hacerlo suyo. 

aut6ctono es profundamente interesante, pero 

todo desde el punto de vista arqueologico. Y 
ces cuando menos evolucionado y mds puro, me- 
Mejor^ pero como pieza de museo o como ele- 
3 absorbible, no para actualizarlo. Solo a algun 
ate ocurriria que nosotros hubi^ramos de aban- 

• nuestra habla para conversar en tupl o aymarfi, 
! hubieramos de renunciar a la arquitectura mo- 
i para volver a la incasica. ^Por que no tamb'len 
Ito del sol y a los sacrificios humanos que eran 
entes a la civilizacion encontrada por los his- 
\ en el suelo americano? 

tarea inutil querer remontar la historia, y hacer 
) ya hecho no se hay^ llevado a cabo. Lo hispano 



no vino a esta tierra iudividual sino socialmente, no 
a manera de aislados cazadores de pieles que cum- 
plida su tarea se van^ sino como pueblo que busc^ 
y quiere arraigo. Somos el fruto de este fen6m^no, 
y i)or ello la presencia de lo hispano en Ibero-Am6ri- 
ca es inevitable. Y combatirlo equivale a suicidamos. 

Nada de esto implica aislarnos: el ser distintqs no 
exige 16gicamente el ser enemigos. Por el contrario, 
lleva a complementar. De ahi tambi^n que convenga 
mirar hacia afuera porque siempre se aprende algo, 
aunque no sea m^ que la defeiisa de la personalidad, 
y adem^ porque de la mirada otorgada •al vecino, 
surge la comprension, la simpatia, la colabpracion. 
Pero m&s necesario es todavia mirar hacia adentro, 
examinar la propia berencia, asegurar de este modo. 
qu& no se dispersa el caudal ativico, sino que se lo 
acrece y enriquece. Y precisamente por esto me re- 
gocija la iniciaci6n de la serie de cldsicos editados 
por Estrada. Esta empresa, como otras equivalentes 
que en terrenos diversos se preparan o se encuentrau 
ya en vias de ejecucl6n, no s61o nos facilitan e] co- 
nocimiento de un autor en cuanto tal, sino en cuanto 
representatlvo de lo que es nuestra tradicion, que 
debenios mantener viviente. 

£ll Sr. Anzodtegui recuerda en su pr61ogo, como 
muestra de amor nobilisimo, el soneto inolvidable de 
Garcilaso : 

iOh dulces prendas por mi mal halladas, 
Dulces y alegres cuando Dios querfa! 
Juntas estais en la memoria mia 
Y con ella en mi muerte conjuradas. . . 

Pienso a veces que estos versos no son solamente 
consagrados a la bienamada muerta, a Isabel Frey- 
re, sino tambi^n a tantos bienes que nos fueron le- 
gados por las generaciones precedentes, y que deja- 
mos perecer. j Hasta el endecasilabo, que es tan de 
Garcilaso, vamos sustituyendo por formas po^ticas 
que no son adaptables a nuestro idioma! Y nos ve- 
lamos el rostro por llevar en nuestra idiosincracia 
caracteristicas que por el contrario deb'erian llenar- 
nos de orgullo. Ehilces prendas, que estamos en pe- 
ligro, no ya de perder realmente, sino hasta de ex- 
pulsar de nuestra memoria. 

Ahondemos en nuestros cldsicos, tan profunda- 
mente humanos, tan profundamente cristianos, tan 
profundamente hispanos, y seremos mejores argen- 
tinos. 

Gustavo J. FRANCESCHI 



511 



COMENTARIOS 



Alejaitdrp Blittge 

f T ^ ^^^0 conmemorado esta semana el amigo 
r^ que se fui, el ingeniero Alejandro. Bttnge 
••• -^ cuyos escritoa nos demuestran d(a a dia me- 
jor, a medida que pasa el tiem/po, cdmo con il hemos 
perdido un verdadero hombre de Estado. Cieneia^ co- 
nocinUenlo de la historia y de los hornbres, previa 
sidn aerena y fundada no en enstienos sino en reo- 
lidades, eran calidades salientes de la mentalidad del 
hornbre a quien a(maban sua amigoa y reapeiaban 
loa que ae encontraron en una poaicidn diametral- 
mente opueata a la auya. Preaentaba la aaraeteriati'- 
ca de que, aiendo en materia eatadiatica el eapecia- 
liata quizda mda diatinguido de nueatro paia, kabia 
aabido evitar eaa eatrechez de percepcidn y de crite- 
rio que ae nota a menudo, en quien no ha fre- 
euentado mda que un aector, con frecv£ncia reduci- 
do, de la actividad humana. Para el ingeniero Bun- 
ge loa eatudioa eatadiaticoa conatituian un aapecto 
intereaante pero no excluaivo dentro del panorama 
univeraal, Por eato vreciaamente aua trabajoa intere- 
aaban no tan adlo al nucleo de aua colegaa aino al pai' 
blico todo, y algunaa de aua campanaa, por ejemplo 
la em/prendida en torno al deacenao de la natdlidad 
en la Argentina^ han alcanzado ampliaima reaonan- 
cia y contribuyeron a la recUizacidn de ciertoa cam- 
bioa eaencialea en la eatructura del paia, Por todo 
eUo, la influencia que ha ejercido no eatd prdxima 
a deaaparecer. 

En mortienioa tan trdgicoa como loa actualea ha- 
cen fcUta hombrea de eata categoria, cuya compe- 
tencia iguala al deainteria, y que trabajan, aeguri la 
fdrrmda conaagrada, "a ciencia y conciencia*', Y ya 
que no podemoa contar con la preaencia del Ing. Bun- 
ge, ea de deaear que au ejemplo y au recusrdo ina- 
pire a loa jdvenea de laa nuevaa generacionea, moa- 
trdndolea el camino que deben aeguir. 



El caso Orlemanski 

JT^N el editorial que con eite miarwo tituXo 

#7 publicdmx>a la aemana paaada, expuaimoa laa 

^ ^ cauaaa que, a nueatro juicio, explicaban la 

auapenaidn al P. Eatanialao Orlemanaki vinculadaa a 



au viaje a Moae&, Ahora bien, el 24 de mayo, irm 
eatimado colega de Montevideo El Bien Ptiblica 
a conocer el aiguiente com/unicado de la News 
tholic Services que confirma totalmente nueatraa 
viaionea. Lo tranacribimoa a continuacion ain i 
garle comentario aXguno, porque no lo ha rmne 

Springfield^ Maaaachuaaeta, mayo 16 (N. C. 
E^ Rev. Stanialaua Orlemanaki, aacerdote de eata 
eeaia y Pdrroco de la Igleaia de Nu^atra Sefton 
Roaario, que habia aido auapendido por el Ex 
y Revmo, Mona. Thorrvaa O'Leary^ Obiapo de Sp^ 
field, ha ftrmado una declaracidn en que expli 
mente ae-excuaa por au falta de aumist6n a la I 
lacidn y a laa normaa ecleaidaticaa, expreaanc 
firme propdaito y la promeaa de apartarae de 
actividad que no eat4 conforme con laa leyea y 
la mente de la igleaia Catdlica. 

El Padre Orlem^anaki habia aido eaatigado po\ 
z6n de au viaje a Moacou, que realizd ain el eoi 
timiento del Ordinario. A au regreao alegd, por 
dio de una carta dirigida al Excmjo, y Revmct, A 
Amleto Giovanni Cicognani, Delegado Apoatdlic 
loa Eatadoa Vnidoa, que ae habia aometido a U 
riadiccidn del Repreaentante {lei Papa y que, 
conaiguiente^ ya no ae hallaba aujeto a la juri 
cidn de au Obiapo, El Delegado Apoatdlico de 
al reapecto que el Padre Orlemnnaki "como todi 
cerdote aecular, depende directamente de au Obi 

Mientraa tanto — aegun informara el. Rev. Gi 
Shea, CanciUer de la Didceaia de Springfield- 
Padre Orlemanski ae aometia a laa drdenea dia( 
nariaa de au Prelado, declarando que eataba dia^^ 
to a recluirae en un monaaterio por un periodo • 
finido. Entregd au Parroquia al Rev. Xavier 1 
nowaki, deaignado por el Ordinario para aup 
Mientraa duro la auapenaidn, no celebrd la S 
Miaa. 

Algunoa diaa deapuSa el Padre Orlemanaki 
cribia la aiguiente declaracidn: 

"Lamento mi aparente menoaprecio a la le£ 
cidn y directivaa de mi Igleaia, y me apreauro i 
cusarme por la falta de reapeto a la autoridad 
aidatica que entranara mi actimcidn. 

"Me propongo firmemente y prometo abatem 
y apartarme de toda actividad que no aea conf 
con laa normal y con la mente de la Igleaia ( 
lica*\ Deapuda de que el Padre Orlemanaki fin 
la declaracidn au Ordinario le facultd para el ej 
cio del nUniaterio aacerdotal. 



R 



I 



E 



R 



512 



1ET0D0 DE TRABAJO 



rN libro no se elabora exclusivamente en el 
tiempo en que se le est6 escribiendo. Al con- 
trario, es casi siempre el f ruto de una gesta- 
qne comenz5 mucho antes de que empez^ramos 
ribir. Generalmente cuando se escribe un libro, 
le sea una novela de pura fantasia, se aprove- 
materiales acumulados, apuntes hechos durante 

en diversos lugares, previendo que alguna vez 
ecesltarlamos. 

ando se dice que un novelista no escribe sino 
aisajes que v6, o las escenas o tipos qtie pasan 
sus ojos, se quiere decir que compone una cosa 
inada, vali^ndose de elen^entos reales. l^ero por 
novelista que sea, no tiene mas remedio que 
r a la memoria, y si no goza de buena memo- 
; los apuntes cuando necesita, en pleno invierno 
ibir un paisaje de primavera, o pintar la muer- 

un hombre que el vi6 morir, pero que ahora 
! est4 muriendo ante sus ojos. 

imposible que asista a las escenas que describe 

mismo mon>ento en que necesita describirlas. 
710 alguna vez, y ahora trata de recordar como 
.quello. 

conviene fiarse mucho de la memoria. Es pre- 
le tomar apuntes, aunque no sepamos con segu- 

en que libro futuro entrard esa pdgina que 
I elaboramos delante de la realidad. Cuando es- 
mos un libro nos acordaremos de haber apun- 
aquella escena o aquel paisaje y quedaremos 
tados de nuestra prevision, y advertiremos que 
OS rasgos valiosos se nos habian borrado ya de 
imoria. • 

mdo uno tiene la suerte de ver los cartones de 
es que se acumulan en las carpetas de los gran- 
ibujantes, descubre una infinidad de pequeiibs 
is, una cab'eza, un brazo doblado, un pie, un 

que no constituyen un trabajo completo ni tie- 
>tro sentido que el de fijar un movimiento o 
ctitud que ha gustado al artista y que no quie- 
ddar. • 

. estudios que se van haciendo en prevision de 

cuadro futuro, o simplemente para atesorar 
es que algun dia se utilizaran o no. 
►nsejo el mismo procedimiento a los novelistas. 
imagen que se nos ocurre, una comparacion 
al y hermosa, un di^logo que escuchamos, un 
miento que se nos sugiere, un retrato, un nom- 
in argument© que nos llama la atencion, mere- 
notarse en libritos que debemos tener a propo- 
liiuchas de esas notas nunca nos serviran; pero 
as otras nos resultaran inapreeiables y bende- 
os la ocurrencia de haberlas recogido! 

es bueno poseer demasiadas cualidades. Por 
\o, cuando se tiene demasiada imaginacion, 
e encuentra con innumerables caminos para 



conducir el argumento, y no sabe por cual decidirse 
y esta vacilacion desorienta y fatiga. Cuando se tie- 
ne mucha verba e ingenio, es dificil contenerse en 
limites de sobriedad. Uno se deja llevar por la ver- 
ba y charla demasiado. 

Nada de esto ocurre cuando uno posee cualidades 
mediocres y una voluntad fuerte para aprovecharlas. 
La dificultad lo obliga a ser sobrio y a trabajar 
con tenacidad. 

La inspiracion vale mucho, pero la asiduidad, la 
tenacidad, valen m^s. 

La facilidad de elocucion es tambiin peligrosa. El 
novelista no debe aparecer nunca entre las pdginas 
de su libro. EI aut(5r que se precia de ingenioso, a 
cada momento quiere mostrarse. No hay nada m^ 
pesado que esa intromisi6n. El lector, que estima 
mucho una frase espiritual,f acaba por fastidiarse 
si a cada paso le brindan otra. El lector agradece 
la economfa de todo lo que es extraiio a la accion. 
Prefiere ser arrebatado por la corriehte de vida de 
los personajes, a detenerse para saborear reflexio- 
nes o chistes. 

Ko conviene tampoco dejarse llevar por la facili- 
dad de pintar cuadritos. Una coleccion de miniatu*- 
ras no es un panorama, como una colecci6n de ma- 
riposas no es un tratado de historia natural. 

Para realizar la obra que hemos imaginado no 
tenemos que esperar a que venga la inspiracion cuan- 
do a ella le venga bien. No debemos consentir que 
sea una colaboradora caprichosa, ni menos una ti- 
rana de nuestra voluntad. 

Tenemos que fijarle la hora en que debe venir a 
ayudarnos. Esto es nuis fdcil de lo que parece. Si 
con paciencia y perseverancia nos acostumbramos a 
realizar nuestra labor en horas o dias determinados, 
y nos contrefiimos a ese esfuerzo, que a veces es muy 
ingrato, pero que parece mas ingrato y dificil de 
lo que en realidad es, acabaremos por crear una cos- 
tumbre que nos sera util. 

E^ un proceso de autosugestion. Sabiendo de an- 
temano que a tal hora nos hallaremos con la pluma 
en ristre, todos nuestros pensamientos tienden a aco- 
modarse en ese sentido. Ya no se encabrita nuestra 
inspiracion, sino que acude mansamente a una cita 
includible. Hasta hacemos cuestion de amor propio 
el veneer la repugnancia y la sequedad inicial. La 
inspiracion, la tirana caprichosa, se vuelve criada 
humilde y docil. 

Asi como hay motivos exteriores que perturban: 
tareas distintas, preocupaciones, fiestas que nos in- 
terrumpen, tenemos que procurarnos, aunque sea ar- 
tificialmente, motivos exteriores que nos ayuden. 

Es evidente que la inspiracion no ha de producir- 
se ni ha de aumentar porque le fijemos plazos para 
que se produzca; pero la experiencia demuestra que 



513 



si adoptamos el hdbito de escribir a tales heras, lle- 
gada esa hora resulta mAs facil y expontdnea la la-v 
bor. iPor qu6? Nos imaginamos que es porque el 
fiubconsciente trabaja silenciosamente disponiendo 
nuestro espiritu para que llegado el momento, se 
realice el esfuerzo. 

El establecer un horario estimula o f omenta la 
subconsciencia. Aunque no se acuerde uno, estd re- 
c6nditamente movido por esa obligacion perentoria, 
a hora fija. 

fie trabaja en arte con la eonciencia, pero mds 
quiz&s con la subconciencia. La coneiencia es rec- 
tora, pero la subconciencia es propulsora y creadora, 
en forma misteriosa. Es una especie de honchimien- 
tp espiritual que no aparece sino en la hora de la 
ejecuci6n, o como diria Kempis, en la hora de la re- 
velaci6n. 

No hay regla que establezca ciidl es la mejor hora 
para escribir. Cada cual verd segun sus circunstan- 
cias y su manera de vivir, no a que hora le conviene 
sino a qu6 hora lo dejardn dedicarse a este empeno 
de la creacion literaria. 

Digamos, sin embargo, que si tenemos la suerte de 
liberar de otros compromisos una o dos horitas por 
la maiiana, bien temprano, conviene apoderarse de 
ellas y defenderlas para el libro que hemos resuelto 
escribir. Porque por la manana, y mas si es muy 
temprano, el cuerpo esta descansando y el espiritu 
fresco y libre de ese cardumen de preocupaciones 
pequenitas que nos asaltan y acosan durante el dfa, 
impidiendonos la concentraci6n mental. 

Desde la primera hora del dia guardemonos de 
enchufar la horrorosa radio o de enfrascamos en la 
lectura del inevitable periodico, que dispersaria 
nuestra atencion. Traigamos a la memoria lo ultimo 
que habiamos escrito y tratemos de hallar el asunto 
de las tres o cuatro p^ginas que hemos de hacer hoy. 
InventenK)s la primera frase con que hemos de unir 
o pegar lo escrito ayer, con lo que vamos a escl*ibir 
hoy. 

Esta primera frase tiene mucha importancia y 
hay que buscarla, pero no es f orzoso detenerse en 
ello mucho tiempo, pues si nos parecieran mal las que 
van presentandosenos, conviene decidirse y tomar 
cualquiera, porque es peor perder un dia de trabajo, 
por no saber como empezar, que perder un parrafo 
que despues podemos enmendar. 

EI tener pensada esa primera frase, que es como 
oprimir el boton del arranque automatico de un mo- 
tor, nos facilitara la tarea de comenzar, cuando nos 
encontremos frente a las cuartillas, un rato despues. 

Escribo para gentes que creen en el Espiritu san- 
to, sin cuya inspiracion (segun canta la Iglesia el 
dia de Pentecost^s) no hay en el hombre nada ino- 
cente. Por eso es metodo muy practico no comenzar 
nunca la Jornada literaria sin una breve invocacion, 
que puede ser dicha en aquellas 14 palabras que co- 
mienzan: "Ven Espiritu Santo..." 

Esta preparacion que nos tomara a lo sumo, diez 



segundos, tiene un doble efectol 19: Nos asegura c 
auxilio del Parficlito, fuente viva de inspiraci6n; 29 
Nos da una impresi6n de la trascendencia de iiuea 
tra obra de escritor que no es una cosa baladi» i^i] 
importancia, puesto que es el cumplimiento de nues 
tra vocaci6n y esti destin.ada a hacer bien a otros 
sea mejordndolos en sus sentimiento o ideas, se; 
distray§ndolos honestamente. ^ 

Estamos absolutamente seguros de que el consej( 
que aqui damos a los j6venes escritores, es el con 
sejo mds practico de tecnica literaria que puedai 
hallar en ningdn tratado. Y si no lo encuentran ei 
ningun otro libro, sino en 6ste, muy modesto y sii 
autoridad, no importa, sfganlo, porque para tenei 
inspiracion lo m^s corto es pedirla humildemente a 
que es Luz de los corazones. 

Generalmente uno no va en busca de una idea, sine 
que ella viene hacia uno, en la soledad y sob're todc 
en la abstraccion del medio que nos rodea. 

Es en vano que nos obstinemos en cavilaciones 
Quedandonos quietos por dentro, lo cual se puede ha 
cer en viaje o marchando a pie en el campo, con uns 
escopeta al hombro, sin intencion de cazar, los argu 
mentos, las situaciones se presentan, se engranan 
se fijan como definitivas. 

Las ideas de relacion, los hallazgos de frases o d< 
situaciones no vienen sino delante de las cuartillai 
virgenes. Son reMmpagos inesperados. 

Pero hay cien episodios o descripciones que pue 
den presentarsenos fuera de esos momentos de ela 
boraci6n activa. Si se nos ocurre a deatiempo unj 
situacion, un dialogo, una respuesta, procedamos se 
gun antes dije, apunt^moslo todo asi como los pin 
tores retinen en sus carpetas pedazos de figuras qu< 
despues utilizan. O no utilizan. 

Las circunstancias materiales en que trabaja ui 
escritor ho deben ser tenidas por insignificantes. N 
el papel en que escribe, ni la luz que le alumbra, n 
la cosas que le rodean, dejan de influir sobre su eft 
pfritu. Habri algun caso, nada frecuente, de alguiei 
a quien toda dificultad estimule, pero la generalidac 
se fastidia cuando la pluma es mala o el papel in 
decente o la luz no le permite trabajar 3in un e» 
fuerzo de la vista. Ese fastidio acaba con la obn 
las mds de las veces, porque sirve de pretexto a If 
pereza para dejar el trabajo o por lo menos pan 
aplaz^rlo. 

Es conveniente disponerse un lugar adecuado, hg 
lujoso, pero si relativamente c6mod€[, y tener abun- 
dancia de papel cortado en cuartillai uniformes. Efl 
increible lo mucho que alienta el ver crecer la pila 
de cuartilla escritas y lo que compromete el amoi 
propio del escritor, que no quiere dejar incondutf 
una tarea muy avanzada ya. 

Mas para que se vea eso es necesario que el papd 
en que escribimos sea bueno sin ser lujoso y ost^ 
bien cortado y pueda, cuando hemos concluido, encua< 
dernarse y conservarse como el mejor recuerdo de 
escritor: su manuscrito. 



5J4 



9! destruyamos nunca el manuscrito de un libro. 
ina cosa de mucho valor atin del punto de vista 
etivo, y desde luego para el publico, que quiere 
como ha ido engendrandose una obra que le 
da. 

uy pocas cosas producen tanto placer a un es- 
•r como el contemplar, aiios despu^s, ese resul- 

de su paciencia y de su inspiracion. 
iy que copiarlo a m^quina cuidadosaniente, para 
arlo a la imprenta. 
^bemos temer siempre un extravio, en el correo 

la imprenta. Aunque esto no ocurra sino rarl- 
i vez como no es imposible que ocurra, hay que 
ervar una copia al carbonico con las correccio- 
introducidas, para suplir la p^rdida eventual, 
todas las catastrofes que pueden acontecerle a 
iscritor, la mas grave es la desaparicion de su 

inedita aun. jCon que ansiedad envi^ yo mi 
re al otro lado de los mares! Y con qu6 pena 
cerca de dos aiios temiendo que se hubiera per- 
. jNo tenia copia! 

ira aumentar la satisfaccion de ver nuestro li- 
terminado conviene haberlo escrito con la ma- 
pulcritud posible. Lo que m^s interesa conservar 
1 primer borrador, plagado de enmiendas, escri- 
1 hojas del mismo tamafio que se apilan con si- 
ia y que luego encuadernaremos, para darnos 



el gusto de repasarlas, y medir una vez mds el es- 
fuerzo y gozar de la satisfacci6n de haber vencido 
los obst^culos. 

Las pequeiias perfecciones materiales del borra- 
dor, tlenen mayor importancia de lo que se imagi- 
nan aqu^llos que nuhca han hecho un libro. 

E» una de las hondas satisfacciones que puede 
sentir un homb're la de poner un dia al pie d,e ^a. 
illtima pdgina, la palabra "Fin". 

iCudntos meses y aiios ha pasado delante de ese 
monton de cuartillas! 

lA cu&ntos placeres, paseos, distracciones,y tertu- 
lias, ha renunciado para Uevarlo a t^rmino! 

El libro completo le hace olvidar sus trabajos y 
sentir una mezcla de legltimo orguUo, como que cons- 
tituye una prueba palpable de que es un hombre fiel 
a su vocacion, que tiene inteligencia flexible y fres- 
ca, perseverancia y voluntad. 

Si es joven mira el porvenir con confianza. Si es 
viejo se rejuvenece, recordando la historia de sus 
libros anteriores. Hlasta siente satisfecho algun in- 
ter&9 material, porque su libro es una creaci6n que 
puede cotizarse en tanto o cuanto, creacion de su 
mente y de su corazon. Y si es un libro sano y bue- 
no, piensa en el bien que har& entre los hombres 
sus hermanos. 

Hugo WAST 



i 



influencia moral y politica de Santa Catalina 
de Siena en la Italia de su epoca 



II 



i 



A antigua y lujosa ciudad de Aviiion, besada 
por el luminoso sol de Provenza, vi6 pasar por 
sus calles la austera figura de la dominica. 
nagnificencia de la corte pontificia no deslum- 
1 la joven, la cual, en medio de esas pompas, ad- 
a el hedor de los pecados de los mundanos car- 
les y de las hermosas damas. 
L elocuencia de la sienesa, de la que nos queda 
•^lido reflejo en sus cartas, debio conquistar el 
son del Pontifice, si bien el dulce hablar tosca- 
e Catalina era traducido al latin por el Padre 
lundo, que servia de interprete. "La paz, la paz, 
a guerra", debio repetir la santa, y el manso 
orio le contest© : "Para que veas que yo quiero 
iz, lo dejo todo a tu arbitrio: s61o te encargo 
mires por la honra de la Iglesia" (Leyenda, pa- 
311). Pero el Papa no se hacia ilusiones sobre 
lentimientos de los florentinos. Los embajado- 
mviados por ellos declararon no haber recibido 
lin mandato para tratar con la Benincasa; en 
o, la republica querla continuar la guerra. En 
carta a Bonaccorso di Lapo, Catalina se queja 
s procedimientos de los Florentinos: "Yo cono- 
escribe, la disposicion del Santo Padre, pero 



como hemos abandonado el recto camino, siguiendo 
los m^todos astutos dehmundo y obrando de mane- 
ra distinta a lo que se habia declarado por palabra, 
ello ha dado nnotivo al Papa de mayor turbaci6n y 
no de paz. Cuando llegaron vuestros embajadores... 
nunca pude conferenciar con ellos, como me dijis- 
teis que les encargariais cuando os pedi la carta cre- 
dencial... Me doy cuenta de que las palabras humil- 
des procedian m&s del temor y de la necesidad que 
del amor y de la virtud... porque de lo contrario hu- 
bieseis puesto vuestras necesidades y lo que queriais 
pedir al Santo Padre, en las manos de los verda- 
deros siervos de Dios, por medio de los cuales hu- 
bieseis obtenido la paz. No hab^is procedido asf; 
por ello he recibido gran afliccion, a causa de la 
ofensa de Dios y de nuestro daiio". Sin embargo, no 
pierde la esperanza de que los orguUosos florenti- 
nos reconozcan su culpa: "Os ruego, de parte ^le 
Cristo crucificado, que cuantas veces nuestro Padre, 
el Cristo de la tierra, os despreciara, otras tantas 
veces OS refugi^is a 61. Dejadlo hacer, porque tiene 
razon. He aqui que va a reunirse con su esposa, la 
ciudad de San Pedro y San Pablo; corred hacia 41, 
con una sincera humildad de corazon y con el dolor 



515 



de vuestras faltas. Haci^ndolo obtendreis la paz es- 
piritual y temporal. Asf procedlan nuestros padres, 
y eran mucho menos probados que nosotros, porque 
nosotros nos atraemos la colera de Dios y no tene- 
mo8 parte en la Sangre del Cordero". (carta 284 a 
Buonaceorso di Lapo, en Florencna, V. Ill, p^gs. 418 
y sigts.). 

Cuando Catalina llego de Avinon, el Papa habia 
decidido mucho tiempo ha volver a Roma. Habia si- 
do teta su preocupaci6n constante desde el comienzo 
de su pontificado, pero habia postergado varias ve- 
ces la^ fecha de la partida. La "mantellata", con la 
energia de su cardcter, ayud6 al Papa a salvar los 
obst&culos que se oponian a la reallzaci6n de su pro- 
yecto. 

El rey de Francia no queria renunciar al privile- 
gio y a la ventaja politica de poseer en su naci6n 
al Jefe de la Cristiandad. Con el fin de retener en 
Francia al Pontifice, envio a Avinon a su hermano, 
el duque Luis de Anjou. Pero Catalina supo ganar 
para su causa al duque, a quien convirtio en parti- 
dario entusiasta de la Cruzada. . 

La mayor oposicion se hallaba entre los cardena- 
les, casi todos franceses, los cuales no querian re- 
nunciar a su vida apacible a orillas del Rodano pa- 
ra ir a un pais hostil, agitado por la revuelta. Para 
asustar a Gregorio, le representaban el peligro de 
muerte que se cernia sob're su persona, si hubiese 
ido a una ciudad librada a todas las facciones y en 
medio de un pueblo contrario al Papado. 

Catalina dirige a Dios una oraci6n, que fu6 trans- 
cripta por el secretario del Pontifice: "jOh Etema 
Bondad!, no consideres mis pecados; antes bien, de- 
rrama una mirada misericordiosa sobre la Iglesia, tu 
tinica esposa, y abre los ojos de tu Vicario para que, 
en vez de amarte y amarse por si mismo, te ame 
por Ti mismo y no se ame a si propio sino en Ti... 
Seiior, he aqui mi cuerpo que te ofrezco en holocaus- 
to; he aqui mi came, he aqui mi sangre. Haz co- 
rrer mi sangre y despedaza mi cuerpo; entrega mis 
huesos en favor de aquellos por cuya salvaci6n te 
imploro. Si es tu Voluntad, I que tu Vicario en la 
tierra pisotee mis huesos y la m^dula de mis huesos, 
con tal de que Tu, Esposo mio, me oigas y permitas 
que tu Vicario, considerando *tu santa voluntad, la 
abrace y la siga a fin de que no perezcamos!". 
(Oraisons de sainte Catherine de Sienne, trad. fr. 
Paris, 1919). 

Luego escribe al Papa, asegurandole que nada ha 
de temer. Sea hombre viril y no escuche la voz de 
los "demon ios encarnados" que tratan de impedir 
su regreso. "Usad un santo engaiio; haced como si 
no quisierais partir todavia y partid subitamente". 

No hay que exagerar el alcance de las palabras 
de la virgen sienesa. cuando reprocha al Papa su 
debilidad. Por lo menos en^ la cuestion del retorno, 
Gregorio se mostro, segun testimonio de sus con- 
temporaneos, "firmior et firmissimus" en su propo- 
sito: tuvo el valor de abandonar su patria para ir 



a un pais desconocido donde no era amado y don- 
de hervia la rebcli6n; impuso su voluntad al cole- 
gio de los Cardenales y pas6 sobre el cuerpo de su 
anciano padre, tendido en el umbral de la puerta 
como suprema suplica, contestando sus conjuros con 
las palabras del salmo: "Super aspidem et baailis- 
cum ambulabis et conculcabis leonen et draconem". 

No seguiremos a Catalina en su viaje de regreso^ 
despu^s que vio coronados sus esfuerzos para resti- 
tuir el Papado a la ciudad de San Pedro. 

La humilde obrera de la causa de Dios no asiste 
a la entrada triunfal en Roma de Gregorio, sino que 
retirase a Siena para beneficiar una vez mis a su 
querida ciudad. Ocupase en conciliar a la familia de 
los Solimbeni, dividida por antiguas discordias; y 
con ese fin se traslada al castillo de los poderosos 
senores en Val d' Orcia, suscitando el recelo de sus 
conciudadanos, los cuales sospechan que la santa fa- 
vorezca a los Salimbeni, hostiles al gobiemo, en al- 
guna trama en contra de la Republica. La libre ciu- 
dadana contesta con firmeza a las acusaciones, anun- 
ciando a los senores Defensores que permanecera en 
Rocca Val d' Orcia hasta que lo pida la gloria de 
Dios y el bien de las almas. A sus amigas describe 
en estos t^rminos realistas y graciosos las conver- 
siones obtenidas con su presencia: "Estamos aqui 
en la Rocca, en medio de forajidos, y comemos tan- 
tos demonios encarnados que fray Tomis dice que le 
duele el est6mago. Sin embargo no puede hartarse... 
Rogad a la divina Bondad que nos conceda grandes, 
dulces y amargos bocados". (Carta 118 a Catalina 
dello Spedaluccio y a Juana di Capo, V. III. pag. 
267). Y Dios alimentary a Catalina con bocados bien 
amargos: serdn los sudores y Idgrimas que derra- 
mard sobre la Esposa de Cristo, la Iglesia, cuya tu- 
nica inconsutil seri desgarrada por el cisma. Pero 
antes gustari las dulzuras del martirio, deseado ar- 
dientemente y no alcanzado. 

El ruido de las armas resonaba todavia en la pen- 
insula. La horrible matanza de Ce&ena, ejecutada 
por los Bretones al mando del cardenal de Ginebra, 
habia levantado una ola de indignaci6n contra el 
Papado. A pesar de ello, todos estaban cansados de 
la guerra. Luca, Pisa y Siena enviaron embajado- 
res a Roma, para pedir la paz. Bolonia firm6 una 
tregua con el Papa. Pero Florencia seguia enardeci- 
da contra el Pontifice "guastemondo", como se lo 
llamaba, debido al funesto ascendiente de los Ocho 
de la guerra. 

Un influyente florentino. Nicolas Soderini, amigo 
de la santa, habia explicado al padre Raimundo que 
todos los buenos deseaban la paz, pero que para ob- 
tenerla era necesario eliminar del mando a los Ocho 
y hacer triunfar al partido giielfo. El Papa, infor- 
mado por el dominico, decidio enviar a la terciaria 
a Florencia. Contemporaneamente se reunid en Sar- 
zana un congreso, para estudiar las posibilidades de 
un arreglo. Pero la muerte repentina de Gregorio 
XI, en marzo de 1378, suspendio las negociaciones. 



51S 



mtras tanto Catalina, en Florencia, ganaba la 
Sn pdblica en favor de la paz. Los jefes giiel- 
e sirvieron de su facultad de "ammonire", es 
proscribir, para debilitar el partido de la gue- 
Pero en vez de obrar con prudencia, como les 
ejaba la santa, usaban de su poder para satis- 
odios personales, Uegando a exilar. injustamen- 
lumerosos ciudadanos. El pueblo se levant6 con- 
3te proceder arbitrario y acus6 a la terciaria 
responsable de estos manejos polJticos, par 
eprochados. Sin embargo, toda la actuaci6n p6- 
de la gran italiana nos prueba que si puede 
lerarse giielfa por su inquebrantable adhesion 
ntlfice, esta por encima de todo partido y nun- 
pasi6n polltica ofusco su alma, porque sus mi- 
on siempre sobrenaturales. 
anzada por los revoltosos, Catalina se prepara 
ibir la rosa encarnadk del martirio, pero nadie 
reve a tocarla. Oigamos con qu6 palabras ar- 
*s expresa su pesar por no haber sido digna de 
ante privilegio: "No fue escuchado mi deseo 
ribe a su confesor — de morir por la Verdad y 
I dulce Esposa de Cristo. Mi etemo Esposo me 
fraudado. Lloro porque la multitud de mis pe- 
es tan grande que no he podido merecer de- 
ir mi sangre para dar la vida y la luz a :esoB 
s ciegos y reconciliar al hijo con su padre. Mi 
e no ha cimentado una piedra en el cuerpo 
!0 de la Santa Iglesia. Parecla como si las 
3 del que queria herir estuviesen atadas. Yo 
: "Soy yo, tomadme y dejad a los que me acom- 
i**. Pero esas palabras eran como puiialadas 
B atravesaban el corazon. I Oh padre mio!, es- 
ceos en vos mismo, pues nunca he disfrutado 
antes misterios con tanto comsuelo. Era Ja 
ra de la verdad, la alegria • de una conciencia 
y pura, era el perfume de la dulce Providen- 
e Dios; era la aurora de los tiempos nuevos, 
I de los m^rtires anunciada, como sab^is, por 
ema Verdad. La lengua no bastaria para ex- 
r la felicidad que inundaba mi alma" (Carta 
a Fray Raimundo de Capua, V. IV, p^g. 289- 

olivo de la paz llego por fin a Florencia, en 

de 1378, y Catalina pudo escribir con jublilo 

1 discipulos: "los cojos andan, los sordos oyen, 

legos ven, los mudos hablan y gritan en voz 

ila paz! I la paz! I la paz!". Aai la nueva Ju- 

sostenida por la ayuda divina, aseguro el bien 

patria y el triunfo de la Iglesia. (Carta 303, 

10 di Maco, V, IV. pag. 331). 



HiittmumnumfuniraHi 



mos Uegado al ultimo periodo de la vida de 
ra santa, en el cual libro la batalla postrera, 
ido la Cruzada, no contra los infieles, sino en 
isa de la unidad de la Iglesia, amenazada por 
sma. 



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I 



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LIBROS FRANCESES 

La Bible, de Grampon; tela $ 20. — 

Trois Ages de la Vie Interienre, de Ga- 

rrigou Lagi-ange; 2 vol „ 26. — 

La Doctrine Spirituelle de Soeur Eli- 
sabeth de la Trinite, de Garrigou La- 
grange „ 6. — 

A Propos de TEvangile, de G- Hoor- 

naert, S. J „ 7. — 

Confiance, Meditatioas, de Paul de 

Jaegher, S. J.; 2 vol „ 9. — 

rirreprochable Providence, de P. 

Dohet, S. J „ 4.— 

La Montee du Carmel, de S. Jean de 
la Croix 18.—- 

La Priere de Toutes les Henres, de P. 

Charles, S. J „ 5.— 

La Reincarnation des Esprits, de P. 

Siwek, S. J „ 6.— 

Precis d'Histoire de la Philosophie, de 

M. de Wulf „ 4.60 

Destin de rHomme, de G. Thibon .. „ 2.— - 

Dcmain rHomme, de I. Van Den Boss- 

che „ 1.60 

Pf»ar les Vingt ans de Colette, de M. 

M. Levallet-Montal . : „ 6. — 

Comment Former des Hommes, de A. 

Henri Pradel „ 3.60 

Catechisme des Vocux, de P. Pierre 

Cotel „ 1.60 

Pedidos a 

DESCLfiE, DE BROUWER Y CIA. 

SANTIAGO DEL ESTERO 907 
U. T. 26 - 6209 — Buenos Aires 



§ 



I 

s 

! 



i 

s 

s 



§ 



Nb es nuestro prop6sito, relatar la famosa elec- 
cion de Urbano VI, el arzobispo de Bari. Pastor, en 
su "Historia de los Papas", refiere con lujo de de- 
talles todos los actos del Conclave, y afirma que la 
eleccion fu6 perfectamente libre, aunque acelerada^ 
por la presion de los romanos, que pedian a gritos: 
"Romano lo volemo", "Queremos un papa romano". 

Despu6s que los cardenales dieron al pueblo un 
papa italiano, pero no romano, el panico se apoderd 
de ellos, vi^ndose amenazados de muerte, y fu6 en- 
tonces que ocultaron a los romanos enardecidos el 
nombre del Papa, simulando que el elegido era el 
cardenal de San Pedro, el anciano Tebaldeschi. Pero 
al dia siguiente, 9 de abril, una vez sosegados los 
animos, se procedio con toda solemnidad a la entro- 
nizacion del arzobispo de Bari, quien tom6 el nom- 
bre de Urbano VI. Todos los actos posteriores de 
los cardenales demostraron que habian procedidto 
sin coerci6n, pues trataron a Urbano VI como Papa 
legitimo y anunciaron en una carta al emperador 
Carlos IV y a todos los fieles, la eleccion del nuevo 
Pontifice. 

Urbano VI era un hombre piadoso y de severas 
costumbres. Queria emprender seriamente el trabajq 
de la reforma del clero; pero su temperamento des- 



51T 



abrido y apasionado lo llevo a lamentables excesos 
que agravaron el mal en lugar de curarlo. Trataba 
de perjuros a los cardenales, los acusaba de haber 
traicionado al papado y de mancharse ignominiosa- 
mente del pecado de simonfa. 

Ya en su9 primeras cartas, Catalina le recomien- 
da mltigar los intempestivos arrebatos de su natu- 
raleza; la justicia debe hallarse unida a la miseri- 
cordia: "Justicia sin misericordia serd con tinieblas 
de crueldad, y tendrd mas de injusticia que de jus- 
ticia; y misericordia sin justicia, serfa para el siib- 
dito como verter el b^lsamo en la llaga que ha de 
ser cauterizada por el fuego" (Carta a Urb'ano VI, 
W 291. V. IV. pags. '264-65). 

Reunidos en Anagni, donde la dignidad pontifi- 
cia, en la persbna de Bonifacio VIII, recibiera an- 
taiio un atroz insulto, declararon nula la elecci6n 
de Urbano VI, preparandose a hacer valer por las 
armas sus tristes proyectos de rebelion. Aseguran- 
dose el favor de Carlos V, nombraron en Fondi, el 
20 de septiembre de 1378, al antipapa Clemente VII, 
el ambicioso Roberto de Ginebra, inaugurando ese 
funesto periodo en que se vio a dos Papas lanzan- 
dose reciprocamente anatemas. a dos Obispos, pe- 
leando con las armas por la posesion de la misma 
diocesis y a todo el orbe catolico dividido en dos 
obediencias. Es cierto que el cisma fue de hecho y 
no de derecho, es decir que nadie negaba el princi- 
pio de la unidad de la Iglesia y de la suprema au- 
toridad del sucesor de San Pedro, simplemente ha- 
bfa duda sobre quien debia retener esta autoridad. 
Sin embargo, la Iglesia se vi6 sacudida por una lu- 
cha inspirada por las ambiciones de los que ante- 
ponian sus intereses particulares al bien general. 
Aunque la actitud desconsiderada de Urbano VI no 
esta libre de culpa, mucho mayor es la responsa- 
bilidad que pesa sobre los orgullosos cardenales, que 
no soportaron la reprension de sus faltas, ni la per- 
manencia desagradable en Roma, cerca de un Papa 
violento. 

"He entendido — escribia Catalina al Papa — que 
aquellos demonios con figura humana ban procedido 
a una nueva eleccion; pero no ban elegido un Vica- 
rio de Cristo, sino un anticristo; jamis dejar^, ama- 
do Padre, de confesaros por representante de Cristo 
en la tierra, despensero de la bodega de la Santa 
Iglesia, donde se halla la Sangre del Cordero sin 
mancha... Ea, pues, I Santo Padre!, proceded sin 
temor en esta lucha, pues en el combate es necesa- 
ria la armadura del habito de la divina caridad, la 
cual es una fuerte armadura... Nombrad a buenos 
y virtuosos pastores, y Hamad a vuestro lado a los 
siervos de Dios". (Carta 306, a Urbano VI, V. IV, 
p6g. 348). Rodeandose de un nuevo colegio cardena- 
licio, el Papa seria compensado de la defeccion de 
los cardenales de Fondi. Demasiado tarde Urbano 
llevo a la practica este sabio consejo. 

Con la confianza puesta en Dios, la santa confun- 
de su vida con la vida de la Iglesia, de cuyos doio- 



res participa con toda la vehemencia de su afam 
heroica. Pronto empezar& la pasion, cuando su cuer 
po, ofrecido en voluntario holocausto, serd atormen 
tado y destruido por crueles dolores. Entonces vert 
cumplirse su ardiente deseo de unir su sangre a h 
sangre de los mdrtires. 

En las numerosas cartas escritas por la dominies 
en defensa de' la legitimidad de Urbano VI, adml 
rase la logica cerrada de sus argumentos, el caloi 
de su afecto que cautiva el alma de quien lee, e 
fuego de su indignacion contra los autores del cisma 

A los tres cardenales italianos, Orsini, Corsini } 
Borzano, que hablan traicionado la causa de Urba* 
no VI para adherirse al partido del antipapa, Ca- 
talina dirige una de las cartas mds fuertes e hi- 
rientes que haya escrito y que constituye un docu- 
mento de elocuencia. 

"jAy de vosotros! jadonde hab6is venido a parar 
por no haber obrado conforme a las prescripcion« 
de vuestra dignidad! Estdbais Uamadog a alimenta 
ros a los pechos de la Iglesia, a esparcir fragancii 
como flores de su jardin, a sustentar como firmej 
eolumnas al Vicario de Cristo y su navecilla; a ser 
vir como antorchas para alumbrar al mundo y pan 
dilatar la fe. j Vosotros sab6is bien si hab£is cum 
plido aquello para que habiais sido llamados y a qu< 
estdbais obligados ! . . . ^^n donde estd vuestro agra 
decimiento para con la Esposa que os ha nutrido 
i Vosotros la habeis perseguido, en vez de servirl 
de escudo! Vosotros estdis persuadidos de la verdad 
de que Urbano VI es el legltimo Papa, el Sumi 
Pontifice constituido por una eleccion legal, no po 
influencia del temor y mds bien por divina inspi 
raci6n que por vuestra operaci6n humana. As! no 
lo anunciasteis conforme es verdad, pero ahora ha 
beis vuelto la espalda como cobardes y miserablei 
caballeros, que temeis de vuestra propia sombra.. 
6 Cual es la causa? El veneno del amor propio, qui 
corrompe al mundo . . . Y vosotros que erais ingele 
en la tierra, os habeis entregado a las ob'ras diab6 
licas, y ademds quer^is arrastrarno's a nosotros a 
daiio que sobre vosotros obra, conduci^ndonos a I 
obediencia del anticristo. iOh desdichados, que noi 
anunciasteis la verdad, y quer^is ahora brindamoi 
la mentira! Quereis hacernos creer que elegia 
teis Papa a Urbano por miedo, pero quien tal dic€ 
miente ,porque el que quiera, puede ver al que ha 
beis elegido por temor, a saber, el cardenal de Sai 
Pedro. . . ^Que es lo que prueba la legltima eleccidi 
del seiior Bartolome, arzobispo de Bari, que es ho; 
verdaderamente Papa Urbano VI? La prueba nos li 
dan la solemne coronacion, el homenaje que le prea 
tasteis ,los favores que solicitasteis de ^Ky de la 
que OS aprovechasteis. Y vosotros, solo mentiras po 
deis oponer a esta verdad. iOh, insensatos y digno 
de mil muertes! En vuestra ceguedad no conoc^i 
vuestra propia afrenta; os declarais embusteroa 
idolatras. Si fuera verdad lo que decfs, asi como e 
mentira, ^no nos hubierais lengafLado puando no 



518 



eis a Urbano VI como Papa legitimo?. . . iNo 
ais ahora reos de simonla, habiendo solicitado 
rias y usado de las que obtuvisteis de aquel a 
n llam&is ilegitimo Papa? He aqui I03. hechos 
5 como son. Ahora qiie ban elegido un anticristo, 
>on^is a su lado, asistiendo a la e]^cci6n de un 
onio por otros demonios" (Carta 310 a tres car- 
iles italianos. V. IV. pfigs. 372 y sig). 
as razones propuestas por la santa, son las mis- 

que las que la Iglesia ha hecho suyas; y ella 
18 cansariL de repetirlas a la reina Juana, la cual 
Ieclar6 por Clemente VII, despu^s de haber re- 
K!ido a Urbano VI cual Papa legitimo; a Carlos 
I quien acusa de proceder como niiio, porque se 

llevar por los consejos perniciosos de los hijos 
as tinieblas; a las republicas italianas, a las que 
stra con fina intuicion polltica, que la separa- 

entre si las debilita, impidi6ndoles hacer frente 
»s enemigos comunes, mientras que, unidas to- 
en def ensa del Soberano Pontif ice, ser^n . f uer- 
y obrar^n en su propio interns, 
atalina tuvo el consuelo de ver a los italianos 
isos al verdadero Pontifiec. No en vano eleva- 
1 Dios fervientes suplicas para que devolviera a 
glesia la paz y la uni6n. 
lamada a Roma por el Papa, acude para soste- 

con sus consejos en su daficil Ipituaci6n, y 
;o a el combate a stis enemigos con las armas de 
ilegaria. Su deseo de martirio se sublima en la 
ad santificada por la sangre de los mdrtires. 
expresa, en una carta a su diaclpulo £steban, la 
ci6n que le produce su llegada a Roma: '*La san- 

de los gloriosos mdrtires que estkti sepultados 
«ta ciudad, y que con tanto ardor entregaron su 
. por amor a la vida verdadera, esa sangre hier- 
;odavia y os llama, a ti y a los otros, para que 
?dis aqui a sufrir por el honor de Dios y de la 
ta Iglesia . . . Escuchemos esta voz, y si la f rial- 

de nuestro corazon nos impide oirla, tomemos 
sangre calentada por el f uego del amor y lav6- 
os con ella para que no seamos mds sordos" (Car- 
;29, a Esteban Maconi, V. V, pdg. 35). 

1 antipapa, quien en su completa sumision a 
ncia cedio a Luis de Anjou la mayor parte de 
Estados de la Iglesia, arrojo contra Roma sus 
as de Bretones. Pero la "compania" italiana de 

Jorge, capitaneada por el valiente Alberico de 
>iano, vencio en la batalla de Marino (29 de 
1 de 1379) a los elementistas. Estos fueron per- 
ido todas sus posiciones en Italia, y el anti- 
si se refugio en la corte de su aliada Juana. Pero 

sublevacion popular lo oblig6 a huir a Fondi, 
le donde se retiro definitivamente a Avinon. 
atalina no permanecla extraiia a estos aconteci- 
ntos. Escribio a los magistrados de Roma para 
tarlos a dar gracias a Dios por la victoria ob- 
da, y esgrimio las armas de la persuasion, ya 

el amor, ya por las amenazas, a fin de reducir 
I reina de Ndpoles a la obediencia hacia Urbano 



VI. "I Ay de mi, ay de mf ! — ^le decfa — porque os 
amo me aflijo por el estado de vuestra alma. . . iCuto 
feliz seria mi alma si pudiese ir a encontraros y dar 
mi vida para devolveros el cielo y la tierra que ha- 
b^is perdido; por quitaros el arma de la crueldad 
con la que os hab^is matado a vos misma y daros, 
en cambio, el arma de la piedad que mata el vicio; 
es decir, parit ayudaros a revestiros del santo te- 
mor de Dios y del amor a la verdad y a uniros a su 
dulce voluntad!" (Carta 348, a la reina Juana de 
Ndpoles, V. V. p&g. 160). 

La reina, movida por los ^xitos militares de Ur- 
bano VI, quien habia invitado a Carlos de Durazzo, 
primo del rey de Hungria, a apoderarse del reino de 
N&X>oles, juzg6 oportuno reconciliarse con el Papa; 
sin embargo, lo abandon6 pronto para declararse de- 
finitivamente por Clemente VII. En su iiltima carta 
a Juana, Catalina vierte su dolor por la defeccion 
de la reina infiel, y le declara animosamente que 
ya no es digna de respeto, por haberse alejado de 
la verdad y haber acogido la mentira. "Si no mirfiis 
vuestra salud, ;mirad a los pueblos que os han sido 
confiiados y a los que hab^is gobemado por tanto 
tiempo con celo y en paz; y ahora, porque hab^is 
obrado contra la verdad, los veis amotinados, i>eledn- 
dose y matdndose unos a otros como animales, a cau- 
sa de esta divisi6n maldita". Luego de haber reco- 
nocido su falta, la reina se comporta peor que antes. 
"Esto es para mi un dolor tan grande que me seria 
imposible llevar en esta vida utia tan pesada cruz. 
lY cuando pienso que he recibido una carta vuestra 
donde confesdbais que el Papa Urbano era el verda- 
dero Pontif ice y que queriais obedecerle ! y ahora veo 
lo contrario". Una vez mfis la Candida joven expe- 
rimenta con dolor la malicia de los hombres. Por 
ultimo, sus palabras se hacen graves, cuando la amo- 
nesta que el castigo de Dios se acerca: ''La muerte 
asecha a todos, pero especialmente a los que han 
pasado de la edad ie la juventud. . . La sentencia de 
muerte estd pronunciada sobre nosotros desde que 
fuimos concebidos en el seno materno; es una deuda 
que todos debemos pagar. Pero nuestra muerte no se 
asemeja a la de los animales. Hemos sido cr^ados 
a imagen de Dios. y, aunque el cuerpo perezca, el 
alma no muere en cuanto al ser, pero puede perder 
la vida de la gracia si se halla en pecado mortal. Sed, 
pues, misericoridosa y no cruel para vos misma ; Dios 
OS llama, no tard^is en contestarle para que no oi- 
g^is un dia estas duras palabras: "N!o te has acor- 
dado de mi durante la vida y yo no me acuerdo de 
ti en la muerte" (Carta 362 a la reina de Napoles, 
V. V, pag. 251 y sigs.). 

A la defeccion de Juana se unio la de Francia: la 
Universidad de Paris se pronuncio por Clemente VII, 
acatando la voluntad del rey. En Roma, el pueblo, 
instigado tal vez por los partidarios del antipapa, se 
levanto contra Urbano. 

Pero mientras las potencias infernales se ensaiian 
contra el Papado y en el cuerpo de Catalina, provo- 



519 



c^dole indecibles sufrimientos, el alma de la virgen 
sienesa permanece en paz; comprende que Dios ha 
aceptado el sacrificio de su vida y que cumpliendo 
en 8u came "lo qu^ resta que padecer a Cristo" (Co- 
los. 1, 24), cooperard, en funci6n redentora, a la 
re8tauraci6n del bien en el mundo. 

Sus tjltimas oraciones revisten este cardcter de 
ofrecimiento supremo, de total anonadamiento en la 
exaltacion del amor. "Ya que tanto te han ofendi- 
do, Dios de soberana clemencia, — exclama-*- casti- 
ga en mi sus pecados. He aqui mi cuerpo, que he re- 
cibido de ti y que te ofrezco para que sea el yunque 
en que aplastes sus iniquidades" (Oraisons, cit. pdg. 
221). CJon palabras siempre mds apremiantes, pide a 
Dios un dolor intenso, infinito como el amor que la 
consume: "jOh Dios eterno, Dueiio buenisimo que 
sacaste nuestro cuerpo del barro de la tierra! iOh 
dulcisimo Amor!^ Despues de haberlo formado con 
un elemento tan vil, has puesto en el un gran tesoro 
que es el alma hecha a tu imagen. I Oh Dios eterno! 
Tti eres el maestro que hace y deshace; rompe, pues, 
el vaso de mi cuerpo y hazlo de nuevo segun te plaz- 
ca. A ti, Padre Eterno, ofrezco de nuevo mi vida por 
tu dulce Esposa; arrdncame de mi cuerpo y vuelve- 
me a mi cuerpo cuantas veces quiera tu bondad, ca- 
da vez con mds dolor que la anterior, para que pue- 
da ver la reforma de tu dulce Esposa, la Santa Igle- 
8ia". (Oraisons, cit. pdgs. 249, 50). Y Dios acepta 
la vida de Catalina, victima inocente en expiaci6n 
de los pecados del mundo. Pone sobre sus hombros 
la navecilla de la Iglesia, y la santa cae aplastada 
bajo este enorme peso. Empieza entonces la penosa 
subida al Calvario; y mientras el cuerpo estd sumi- 
do en los dolores. el alma, hecha mas dgil, sube has- 
ta las cumbres inexploradas de la divinidad. 

En su tiltima carta a fray Raimundo, que Tom- 
maseo llama "testamento de hija y de madre, de 
mujer y de martir", le narra sus sufrimientos y sus 
visiones extraordinarias y, previendo la muerte cer- 
cana, le dirige las ultimas recomendaciones. Su uni- 
ca preocupacion, que fu6 la de toda su vida, es *tra- 
bajar orando en la navecilla de la Santa Iglesia". 
Su testamento espi ritual es tambien su testamento 
politico, porque su amor a la patria, que quiere ver 
unida en la paz, se funde con su devocion a la Igle- 
sia, ofreciendo un luminoso ejemplo de la perfects 
armonia entre sentimientos nacionales y reli^-iosos. 
"Nadie — repite por ultima vez — puede complacerse 
en la hermosura de Dios, en el abismo de la Trini- 
dad, sin la asistencia de esa dulce Esposa, pues nos 
es preciso a todos pasar por la puerta de Jesus cru- 
cificado, la cual no se halla en parte alguna fuera 
de la Iglesia. Esta Esposa da la vida, porque hay 
tanta vida en ella que nadie puede exterminarla ; da 
la luz y la fuerza, y nadie puede debilitarla ni oscu- 
recerla, y yo veo que su fruto, lejos de faltar aumen- 
ta siempre". 

Al leer la ultima carta de Catalina, nos sentimos 
penetrados de admiracion por esta mujer fuerte, cu- 



ya voluntad indomable ha conseguido la victoria deT 
espiritu sobre la came, y que ha comprendido y ac- 
tuado el verdadero sentido de la vida, esto es: un 
continuo combate: "Los demonios redoblaban su fu- 
ror .• . . ; se esf orzaban por asustarme y ro^ amjena- 
zab'an con impedirme que rezase y me ofreciese en 
sacrificio. Pero el infiemo no puede prevalecer con- 
tra el poder de la humildad y la luz de la santa fe. 
Me recogi, pues, mds atin y luch6 como con un hierro 
candente, y of en presencia de la Majestad Divina 
palabras y promesas infinitamente dulces que me 
llenaron de alegria . . . Gracias, gracias sean dadas 
al Dios soberano y eterno que nos ha colocado en el 
campo de batalla, para luchar como valientes caba- 
lleros por su Esposa con el escudo de la santa fe. He- 
mos conseguido la victoria y el campo nos pertenece, 
porque el demonio, que antes reinaba sobre el g^ 
nero humano, ha sido vencido, no por la fuerza de 
!a humanidad, sino por el poder de Dios" fCarta 
371, a Raimundo de Capua, V. V, pags. 296 y si- 
guientes). 

Si en el supremo trance de la muerte se conoce 
como ha vivido el hombre, la muerte de Catalina es 
el digno epilogo de su santa vida. 

Estando a punto de presentarse ante la Verdad 
primera (la prima, dolce Veritd), haeia la cual ha 
dirigido siempre todas sus aspiraciones, como desea 
el ciervo la fuente de agua viva, llora su imperfec- 
cion, que le parece tanto mds grande cuanto mds ^e 
le manifiesta la hermosura divina. Como todos los 
Santos, se cree gran pecadora, y se acusa de no ha- 
ber correspondido con plena fidelidad a las gracias 
que Dios ha derramado sobre ella. 

A sus amados discipulos imparte las ultimas re- 
comendaciones que resumen su doctrina: la fideli- 
dad a la oracion en la celda del alma, la renuncia 
a todo egoismo para amar puramente a Dios y al 
projimo, el celo por la reforma de la Iglesia. En 
cada una de sus palabras, revela Catalina cual ha 
sido la preocupacion donvinante de su vida. "Era 
siempre la madre — escribe Jorgensen (obra cit., 
pag. 591) — cuyo amor no tiene limites, cuya ener- 
gia y abnegaci6n ante el sufrimiento son infinitos; 
era la Mujer en la belleza mds pura, mds ardiente, 
m^s profunda de la naturaleza femenina...; aquella 
cuya beatitud consiste en darse a si misma. en huv 
millarse, en aniquilarse. . .". 

La palabra "jsangre!, jsangre!", es la liltima invo- 
cacion de esta enamorada del dolor, del dolor como 
principio de vida y no signo de muerte, del dolor 
que purifica al hombre y lo hace digno del premio 
celestial. 

El 29 de abril de 1380, a la edad de treinta y tres 
anos, concluia Catalina su vida terrena para ir al 
encuentro del Esposo que tanto habia amado, y en 
nombre de quien realizara todas sus obras. 



Concluiremos este estudio sobre la grande Italia- 



520 



3ia y gran santa, con algunas consideraciones acer- 
CSL del valor literario de sua escritos: el abundante 
^epiatolario y el "Di&logo de la Divina Providencia*'. 

Aunque el interte principal de la obra de la sie- 
nesa estriba en el hecho de que nos revela su f uerte 
personalidad, no puede negarse que sus cartas ocu- 
pan un lugar eminente en la literatura italiana. 

Despu^ del canto del Poverello de Asia, extaaiado 
frente a la armonia de la creaci6n, a quien hiciera 
eco la x>oesla ruda y apasionada de Jacopone de 
Todi, el sentimiento religioso que domina la Edad 
Media con las laudes y las sacras representaciones, 
encuentra au mejor expresi6n, junto con la Gomedia 
de Dante» en la pluma inspirada de Gatalina. 

En la santa el arte es la manifestaci6n eapontd- 
nea y genial de su espiritu elevado a sublimes al- 
turas, es la efusion del corazon inflamado de puri- 
simos amores. "A fin de que pueda dilatar mi co- 
raz6n — escribe — e impedirle que estalle, la Pro- 
videncia me ha dado la facultad de escribir". (Carta 
272 a Pray Raimundo, V, IV, pkg, 196). 

No estamos, por tanto, de acuerdo con Sapegno 
(Storia letteraria d'ltalia, IL 300), cuando niega que 
los escritos de la sienesa encierran un sentimiento 
po^ico porque, segdn afirma el autor, estando diri- 
gidos a una misi6n de propaganda y de apostolado, 
persiguen un fin prdctico y no poetico. Pero de esa 
manera tendrla que desconocerse el valor literario 
de las creaciones mils grandes del espiritu humano, 
porque todos los verdaderos artistas, desde Dante 
hasta Racine, Shakespeare y Goethe, llevaron a los 
hombres una ensenanza, cooperando a su elevacion 
moral. Y la Biblia, en donde se han inspirado los 
poetas da todos los tiempos, al paso que predica a 
l08 hombres la palabra de Dios, ^no esta acaso im- 
pregnada por el soplo poetico? 

Gatalina, acostumbrada a la meditacion del mun- 
do aobrenatural, hace de ^1 una realidad viviente, 
mis palpable atin que el mundo fisico; y como esta 
dotada de temperamento poetico, traduce en im^ge- 
nes concretas lo que es la vida de su espiritu. 

El trabajo del artista consiste en descubrir el sen- 
tido profundo y universal de las cosas, el cual esta 
oculto a la generalidad de los hombres. ^Y qui^n 
mejor que nuestra escritora capta la resonancia eter- 
na del mundo, ordenado por el Creador hacia su fin 
ultimo que es Dios mismo? Mientras S. Francisco 
halla esta armonia en la^naturaleza, Gatalina la con- 
templa en las almas, las cuales, cuando estdn orien- 
tadas hacia Dios, producen una musica inefable. 
''Todos sus sentidos hacen un son suavisimo, que 
sale de la ciudad del alma ... el af ecto del alma hace 
un jtibilo y un sonido singular, y templadas las cuer- 
das con la prudencia y la luz, y estando todas acor- 
des, forman consonancia para alabanza y gloria de 
mi nombre" (Didlogo, trad. cit. cap. 147, pag. 500). 

Aparace aqui manifiesto el valor estetico del sen- 
timiento religioso, y . como el arte, lejos de estar 
separado de la moral, se compenetra con ella y al- 



canza su mayor perfeccion cuando, en la conquist 
de lo Bello se mantiene fiel a lo Bueno, dos man 
festaciones de una unica esencia: la de Dios. (E 
este sentido ver Longhaye, Th^orie des Belles-Le 
tres, Paris, 1900, cap. IV, Morale et Litterature, p; 
ginas 68 y sigts.). 

Siendo el arte una actividad humana, debe resp 
tar las leyes fundamentales que gobiernan al hoc 
bre. Por consiguiente, arte y moral, aunque *separ; 
das en un terreno abstracto, por cuanto la primiei 
se refiere a la inteligencia y la segunda a la yclm 
tad, estan vinculadas en la pr^tica por la subord 
naci6n del arte a la moral. 

Gatalina, con el calor de su afecto y el yigor < 
su estilo yconsigue, sin quererlo, suscitar en el le 
tor la pura emoci6n est^tica. Es este el supremo p 
der del artista: comunicar a nuestra alma el goi 
de lo bello, que antes ha vibrado en 61; y este go 
ser^ tanto mds intenso cuanto m^s eleve nuestr; 
facultades espirituales. Asf el arte, ordenando y pe 
feccionando las potencias del alma, llena, indirect 
mente, una funcidn moralizadora. Siendo nuestro b 
indivisible, la impresidn que nos produce la obra < 
arte, influye tambi^n sobre nuestra voluntad, orie 
tindola hacia el bien o hacia el mal. Por eso la ob: 
inmoral, en la cual emociones malsanas empobrec< 
el goce estetico, es una obra imperfecta, aun s 
dejar del todo de ser hermosa, por los vestigios < 
verdad V de bondad que todavfa contiene. 

El estilo de Gatalina es personal y revela un tr 
bajo creador, por el cual trata de dar forma a si 
experiencias misticas, a las revelaciones sobrenat 
rales en las que Dios le habla sin ruido de palabrc 

A la profundidad del pensamiento y al calor d 
afecto, se unen la eficacia de la forma, por la cu 
cada palabra se adhiere a la idea significada, 
riqueza de imagenes, la construccion armoniosa d 
periodo. 

N. Tommasco, quien con amoroso empeiio public 
una edicion de las cartas de la sienesa, con abui 
dante critica literaria, considera a Gatalina con 
escritora grande, digna de compararse a los aut 
res cldsicos. "Don admirable — destaca — en una m 
jer no de prop6sito entregada al arte de escribi: 
mayor en ella que en alabados maestros del arte < 
la exactitud del estilo y aquella intima propieda 
que hace corre^ponder el sentido de cada palabra 
sentido de las otras palabras, hasta en la imagen qi 
cada una de ellas presente e incluso en la raiz de 
que brotan todos sus significados. Armonia profui 
da y suave de sonidos y de formas de ideas, que poi 
en juego a la vez la fantasia y la raz6n, que hai 
de cada vocab'lo un monumento historico, mds au 
un pequeiio mundo ideal; armonia cuya ciencia nu 
que en otros, es evidente en Virgilio. Y yo no cono 
CO alma de prosista m^s virgiliana que el alma < 
Gatalina, quien, por la continua meditacion afectu 
sa y la casta y operativa virtud, mereci6 que, nu 
aiin que la doctrina, le fuera infundida la eleganc 



52 



y le fueran revelados los arcanos del arte". (N. Tom- 
maaco, Prdlogo a las Cartas de Santa Catalina jde 
Siena. Florencia, 1860, citado per Tom&s Gallarati 
Scotti, "Le piti belle pagine di Caterina de Siena", 
Mil&n 1922). 

Hay quien ha encontrado la prosa de Catalina pe- 
sada y mon6tona (De Sanctis: Storia della letteratu- 
ra it^iana, Mildn, 1920, pAg, 95) por su exposicidn 
did&ctica y frecuentes repeticiones. Sin embargo, el 
epistolario tiene toda la vivacidad del lenguajc ha- 
blado; porque Catalina dictaba sus cartas como si 
estuviera dialogando con la persona a quien se diri- 
gla. Aun las mismas imperfecciones, como elipsis, 
cambios de construccion, oscuridad de expresi6n, etc. 
no disminuyen la f uerza de la f rase, cuya espontdnea 
elegancia es una de las dotes artisticas de nuestra 
escritora. 

Las imagenes se suceden con una variedad asom- 
brosa. Los objetos rnks familiares le sirven para dar 
cuerpo a ideas abstractas; los recuerdos de la Sa- 
grada Escritura aparecen frecuentemente en sus 



met&foras y las representaciones de batalla se com- 
binan con gentiles y tiemas comparaciones. 

A veces nos encontramos con imagenes audaces y 
hasta chocantes, como cuando dice que Cristo *'ba- 
ti6 nuestras maldades sobre el yunque de su cuerpo" 
que es "el tonel de donde se extrae la sangre" ; y qui 
"las virtudes estAn guisadas en el fuego de la Di- 
vina Caridad y se comen en la mesa de la cniz"; 
pero estas y otras comparaciones no son mis extra- 
fias que muchas de Dante. 

Tommasco admira en Catalina la sabia graduacion 
de las palabras, intuldas en su significado primero; 
la eficaz colocaci6n de las mismas de acuerdo a la 
relacion en que se hallan los conceptos en su mente; 
la aritioniosa combinacion de los sonidos que la hace 
igual a un gran poeta. 

No abrigamos la confianza de haber prescr.tado 
en toda su magnitud la eminente figura de la santa 
italiana; pero nos sentiriamos plenamente recompen« 
sados si hubi^semos conseguido comunicar al lectoi 
el mismo amor por la dulce sienesa que nos ha ani 
mado en nuestra tarea. 

Irene ARIAS 



MODOS DE VER 



LA tarea de critico cinematograf ico ' es muy 
agradable y de muchas responsabilidades. Se 
la puede tomar con^ aentido del humor, pero 
no se la puede dejar de tomar en serio. Desgraciada- 
mente, en Buenos Aires no hay donde ir sacando los 
cines y los teatros. Es esta una falla de la educa- 
ci6n ciudadana, pero hasta que no sea corregida, los 
encargados de dictaminar sobre la parte artistica y 
moral de las peliculas debemos tener los ojos bien 
abiertos. 

Confieso que la razon de ser de este articulo es 
contestar a muchas crititas que me han llegado so- 
bre la manera de clasificar las peliculas desde su 
punto de vista moral. Dejemos a un lado las pro- 
testas de los que no estdn de acuerdo con la apre- 
ciacion artistica sobre algunas exhibiciones porque 
seria imposible vivir en dias de 24 horas y polemi- 
zar al mismo tiempo sobre esos detalles. Hay quien 
dice que sobre gustos no hay nada escrito. Nb es 
cierto. Hay muchisimo y nosotros pensamos que exis- 
te en general lo que se llama "buen gusto" y "mal 
^usto", pero el tema trascenderia quizd los limites 
de un articulo. 

A nadie le gusta equivocarse, pero como ello es 
imposible, hay que tratar de hacerlo las menos ve- 
ces. Y en ese sentido, no nos importa equivocarnos 
sobre una apreciacion artistica con tal de estar bien 
seguros en los dictamenes sobre la moral de algu- 
nas peliculas. Nuestro criterio ya ha sido explicado 
pero queremos volver a repetirlo algo mds extensa- 
mente para ver si asi logramos una mayor compren- 



sion. Insistimos tanto porque para nosotros tod( 
lector es un amigo a quien no nos han presentado. 
CRITERIO no es una revista cualquiera. En elli 
la comunion espiritual entre colaboradores y suscrip- 
tores es mucho mayor que en cualquier otra porque 
nos une a todos el comun denominador de la fe y el 
deseo de hacer las cosas de la mejor manera posi- 
ble dentro del amor al projimo. En lo necesario, o 
sea la ortodoxia, debemos estar todos de acuerdo. 

Ahora bien, creemos que una discrepancia sobre la 
calificacion moral de una pelicula toca ese limite. 
Una cinta es moral, o no es moral o tiene algunas 
objeciones desde el punto de vista moral que no la 
hacen apta para algunos sectores de ptiblico. Puede 
haber diferenciaciones de matices entre las que com- 
ponen este ultimo casillero, pero en lo que no deberia 
haber discrepancias es entre las absolutamente ve- 
tadas. . 

A raiz de mi critica a El diablo dijo no, he sido 
ob'jeto de miiltiplesp ataqtfes y multiples felicitacio- 
n^s. Confieso que he oido con poca alegrla las fra- 
ses de mis amigos que al tiempo que me felicita- 
ban atacaban a los criticos que — con toda concien- 
cia y buena f6 — habian considerado que esa pelicu- 
la determinada era no apta para ptiblico cat61ico. 
Creo que toda desunion entre cat61icos debe ser evi- 
tada. Pero al mismo tiempo no se me escapa que Uu 
posiciones sinceras y defendidas con altura, debet 
expresarse. 

La Legion de la Decencia de los Estados Unidofl 
habia colocado a El diablo dijo no entre las pelfeu 



522 



ue ]08 adultos podian ver sin ningtln cargo de 
mcia. Tal institu€l6n estd apoyada entusiasta- 
i, no s61o por la Jerarquia de aquel pais sino 
>s propios Pontifices que en varias ocasiones le 
lecho Uegar su voz de apoyo. Se supone que los 
firados de calificar las cintas para esa institu- 
3on seres de criterio m4s que formado, ya que 
lo circulan las listas de la Legi6n de los Esta- 
Fnidos, sino que van a todos los paises de habla 
ja. En Sud America, la iniciativa de CRITE- 
de publicar en cada ntimero, cuAles habian si- 
I peliculas objetadas en parte o condenadas, fu^ 
Ida con generales demostraciones de benepl&ci- 
r la mayoria de los diarios y revistas cat6Iicas. 
irta que Monsenor Mac Clafferty tuvo la ama- 
d de enviamos, fu6 transcripta en muchas par- 
on comentarios atinadisimos. 
pesar de ese antecedente, fui a ver El diahlo 
no con toda atenci6n, ya que el critico catolico 
estar siempre alerta y desconfiar de todo. Es 
siado grande su responsabilidad para no ha- 

cronica de la pelicula ya ha sido publicada y 
liero insistir en los antiguos conceptos. Pero 31 

hacer hincapi^ en un detalle fundamental a 

1 asi nos ponemos de acuerdo con los franco-ti- 
es. 

uando debe vetarse una pelicula? Creo que la 
lesta es muy sencilla: las peliculas deben vetar- 
solutamente cuando de su exhibicion se despren- 
sligro de pecado para el espectador. No concibo 

una institucion extranjera ha calificado como 
ibrosa" a una abierta incitacion al vicio como 

Torero a la fiierza y ha vetado otras peliculas 
3anas. El espectadoi< catolico no puede tener cri- 

formado en aquellos puntos en que se toca su 
bilidad o su capacidad de pecado. Me parece una 
ra prohibir a un hombre de cabeza firme una 
ila porque en ella se menciona una relacion ili- 
pero me parece indispensable prohibir aqueUas 
ie se muestran inconvenientemente las relacio- 
fcitas (Caso de Una hora contigo, antiquisima 
jla de Chevalier en la que el matrimonio de la 
a central cubria — a juzgar por las declaracio- 
ie los mismos — la muchedumbre de indecen- 
• 

eo que el quid de la cuestion esta en que mu- 
jente se considera de criterio formado sin ser- 
a naturaleza humana es muy propensa a enga- 
5 a si misma, y le cuesta reconocer algunas de 
alias. A riesgo de paradoja, creo que en- la ma- 
, de los casos, una muestra de formacion es el 
locimiento de no tenerla. 

el caso de El diahlo dijo no, hemes estado le- 
le recomendarla a todo publico, muchisimo me- 
i aquellos seres de rudimentaria formacion doc- 
ria. Mas aun, creemos que debe vetarsela a mu- 
mas que la fueron a ver considerando que te- 
cabeza firme en materia religiosa. 



La 8oluci6n no est& en vetar peliculas ante el pe- 
ligro que alguien se engane a si mismo, sino en una 
mayor modestia de parte de los espectadores. No se 
puede prohibir una cinta por presentar algtln per- 
sonaje desagradable si de la trama no surgen conai- 
deraciones realraente nocivas — capaces de nocivi- 
dad — para el espectador formado. V^ase el Index de 
libros prohibidos. Hay alii muy pocos volumenes» pe- 
ro los que estdn son positivamente malos. Y hay mu- 
chos que aunque no est^, estan prohibidos igual. En 
el caso de las peliculas, todo lo que se dirija a la 
exaltaci6n de los sentidos, debe prohibirse. Las re- 
vistas musicales con coristas semidesnudas, las cin- 
tas francesas con chistes Itibricos, las cintas con pa- 
sajes realraente inmorales. Al mismo tiempo, toda 
pelicula que ataque algtin mandamiento o precepto, 
debe prohibirse : una exaltacion del divorcio, una re- 
comendacidn del suicidio aun cuando sea velada (ca- 
so de Mayerling), una presentaci6n en que el mal 
triunfe sobre el bien (caso de Topaze). 

Pero prohibir Praderaa verdea porque en ella apa- 
rece Dios caracterizado de negro en una preciosa 
fantasia que fu6 un^nimemente alabada por los ^ia- 
rios cat61icos de Francia; o cualquier otra cinta, no 
aconsejable a todo el mundo, es cosa que un critico 
cat61ico no debe hacer. 

Y^ en ultimo caso, el espectador que tenga alguna 
duda, debe abstenerse de asistir a cualquier repre- 
sentacion. Y nunca dejar de consultar con su direc- 
tor espiritual llevdndole bien claramente delineadas 
las opiniones que se han emitido sobre esa cinta. 

Todos los criticos cat61icos estamos dispuestos a 
cooperar en este ultimo sentido. 

Vagabond Jim 



Aurora 



En el orievte rosa la niebla finge un lago, 
por cuyas ondas muertas esfumase un bajel, 
que va, gallardo cisne^ camino al reino mcgo 
del Alba, do se peina la reina Rosabel. 



Mediodia 



Un vaho de volcanes el horizonte borra; 
el sol se enjuga el prddigo sudor en el cenit; 
y el hombre cabecea su tedio y su modorra, 
pensando en la fresciira del pozo y de la vid. 



Anochecer 



La noche ires la cima de la mDntaha acecha; 
el viento — enfermo crdnico — dice su malhtimor; 
y el sol, hincado en tierra, sus dardos de oro flecha 
sobre el cipris nvondstico, trepado en el alcor, 

Clemente RUPPEL 



523 



Cronlcas musicales 

TEATRO COLON 

GRAN PUNCION DE GALA 
"BIZANCIO" 

Inici6 su temporada oficial el Teatro Colon aprove- 
chando el dia patrio del 25 de Mayo, .con una obra de 
Hector Panizza, compositor y director de fa ma mundial 
nacido ea Buenos Aires y al que par to tanto podemos 
conaiderar autor nacional. La obra "Bhancio" fue re- 
preaentada por primera vez a fines del mes de junio de 
1939 J entonces como ahora fue dirigida por su autor. 
Loj lectoFes de GRITERIO que conservan su coleccion, 
pneden leer en el N? 596 correapondiente al 3 de agosto 
de 1939, la opinion que nos formamos dt una primeia 
sudicion de esta 6pera. Dos veces la hemos eacuchado en 
la temporala actual: en la funcion inaugural y en la 
matinee del domingo. Es natural que el conocimiento :iue 
en aste momento t«neinos de "Bizancio" cs mas profundo 
y podemos hablar de la misma con mis autoridad. En 
general estamos muy satisfecboa de loB que escribimos 
en primera audicion. Algunas pequeftas rectlficaciones 
podrlamos hacer, pero no tienen mayor tmportancia y 
en tesis general seguimos opinando que su libreto lo 
encontramos algo complicado y con argumento que se 
desarrolla con exceaiva violencia y en cuanto a la musicB 
Tolvemoe a repetir que es muy bella, con gran inapira- 
cion, perfect! a imamente bien orqueatada y aunque el ele- 
mento exterior predomina, loa valores expresivos de ins- 
piracion, orqueatacion y armonizacion, los encontramos 
de superior calidad. Naturalmente que todo esto ea re- 
firi^ndonos a la clase de operas a que pertenece "Bizan- 
eio", un termino medio entre las obrai italianas en que 
predominaba el *bel cantc" y el veriamo cultivado por 
Puccini, Mascagni, Giordano, etc., que se inicio en la 
Ultima decada del siglo XIX. La manera de escribir de 
Panizza muestra su predikccion por loa grandes des- 
arroUoa liricoa, con una orquestacion ampulosa y bien 
construida y en esto tenemoa que darle a Panizza todo 
derecho pues lo ha hecho muy bien. 

La obra fu^ pueata en escena con todo cuidado y muy 
bien ensayada. No bubo dudas en loa actores y ya hc 
sabe que obra bien sabida, generalmente ea bien ejecu- 
tada. La soprano Delia Rigal, estuvo en esta obra como 
cantante, en su mejor actuacion conocida por nosotros, 
Cuando en el seEundo acto espera a Sautari au hijo, tie- 
ne una eapecie de mondlogo con notas vtbrantes de alta 
teaitura que domin6 a la porfeccidn. Lo mismo podemos 
asegurar de su interpretaci6n en el duo que sigue asi 
como en toda au actusci6n del tercer acto. Esta soprano 
marcha hacia un concepto interpretativo en el canto, dig- 
no de toda alabanza y sdlo se debe preocupar de sumen- 
tar BUS condicionea de artista draraatiea y eatudiar el 
niovimiento eac6nico en los que ea todavia algo cudimen- 
taria. Muy bien Victor Damiani y Pedro Miraaaou en 
loa papeles de Aldano y Sautari. Cantaron con estusias- 
mo y generoBo esfuerzo vocal, colaborando tambi§n efi- 



cazmente Sara Cesar, en su papel de Eudoxia. Li 
ma a rolca, completamente accidentales en la obra, i 
interpretados con perfecto conocimiento y enaayo I 
contribuyo a la homogeneidad del conjunto. Bie 
coros y el movimiento escenico, que dirigio Otto Ercl 
La direccion de Panizza fue impecable y entusiasta 
dec or ados los correspondientes a la inauguracion 
Respecto a "La Boheme", obra anunciada para el 
tea SO de mayo, en cuya fecha eata en prenaa ni 
revista, nos oeuparemoa de ella en la prdxima cr6 

TEATRO ODE ON— 

ALEJANDRO BOROVSKV 

Magnifico interprete de Bach y aunque para ni 
caracter, cuatro obras seguidaa todas ellaa de pre 
y fugas, son un poco fatigantes, la interpretaci6n 
al "Preludio y Fuga en la menor"; "Dos preluc 
fugas del Clave bien templado" y la "Fantasia C 
tica y Fuga"; fueron un modelo de interpretacid 
ajuste en la ejecucion y la demostracion, no por 
cida menos justa, de que Borovaky interpretando a 
no hay quien lo supere. No menos bien ej'ecutadaa 
vieron laa obras de Prokoffieff, Scriabin, Rachman 
Chopin y Liszt, que acompanaron al gran Bach 
primer concierto. Ademas vimos con satisfaccidn c 
publico acudio numeroao'a escuchar las ejecucion 
este gran artista y podemos aaegurar que no peri 
la tarde y que escuchar a Borovsky es una delicia 
de tenerae bien en cuenta. 

TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA— 
CORO UNIVERSITARIO 

El lunes 22 de mayo a las 21, hemos escucha'do p 
dio, un concierto sinfonico coral, en el que tomo 
este magnifico coro, dirigido por Rodolfo Kubik 
hemos decidido a hacer una crdnica del mismo ] 
extraordinario m^rito que supone el haber preparai 
numeroso grupo de jovenes universitarios y capaci 
para desarrollar un programa ampliaimo y variad 
Ademas podemos tarn bien hablar con un conocii 
maa justo del asunto pues asistimos a dos eneayo! 
tuados en Buenos Aires. Nos ha maravillado la 
geneidad del conjunto. Kubik es un gran discipl: 
de masaa corales. En ese grupo nadie grita. La 
sidad ae consigue por el esfuerzo comiin, perfects 
dosificado por la larga y concienzuda preparacit 
maestro, verdadero merecedor de tan exitoso resi 
En el concierto que nos referimos tomaron part« 
bi^n ademas del Coro Univeristario, la correcta pi 
Alannab Delias y la soprano ligera Alicia Berg 
como un excelente grupo de instrumentistas que Ci 
taron una orquesta no muy numerosa pero muy 
citada. 

El concierto se inicio con el Himno Naeional, 
pues escuchamoa un gran niimero de piiizas con i 
argentina, entre las que podemos citar "La Leyen 
Urutaii", danza indlgena del primer acto de G 
los Triates nilmeros 3 y 4 de Julian Aguirre; 1 



No pidaVino. PI DA: 



TPAPICHE 



Bebera el mejor vino 



N? 3 de Harfirreaves; Aire de Pericon de Kubik: 
lancion del Carretero" de Lopez Bachardo; y entre 
bras del repertorio internacional se ejecutaron el 
de la trafiricomedia "La morte d'Orfeo" de Stefano 
i. (1590-1655); "Sanak spava*', de Novack; "Esplen- 
•rimaverir*, de Kubik; un coro a capella, de Foster; 
:o Arabe", de Bemberg; "Aleluya", de Mozart: "En 
pa de lo8 Montes", de Mortet; "Sueno de Amor", 
;8zt; "Vadasi via di qua", del Padre Martini y fi- 
?nte una "Imprccacion Incaica", de Kubik de nom- 
Tupac". Podemos asegurar que este concierto es< dig- 

ser cjecutado en las mejores salas de Buenos Ai- 
y aseguramos que puede gustar muchisimo. La 
iio Berge, tiene una voz agradabilisima perfecta- 
3 ductilf un modo de cantar encantador lo que did 
e al concierto. 

A/. O. G. 



E AT R O 

PASION Y MUERTE DE 
SILVERIO LEGUIZAMON. 

teatro nacional, por el que hc^mos bregado dcsde 
niciaramos nuestras cr6nicas en esta revista, si- 
do las huellas de nuestro querido amigo y prede- 
Jose E. Assaf, tiene desde el miercoles pasado una 
de la que puede cnorgulleccrse. 
merito principal de Pasion y muerte de Silvcrio Le- 
mon es su legitimo argentinismo- En su personaje 
pal estan retratadas todas las virtudes de nues- 
ueblo, valiento y viril y — sobre ^odo — apasionado 
^rado dc la justicia. Silverio es un simholo; Canal 
5 lo ha colocado cronologicamunto en tiompos do 
minacion espanola. pero esta vitalniente actual en 
iier momento de nuostra historia, pasada, presente 
ura. porque a pesar de algunas- claudicaciones, !a 
del espiritu no podra apagarse jamas. 

nienza el misterio con un prologo que da la pauta 
oue sera la obra. En tierras pertenecientes a crio- 
esde tiempo inniemorial. viene un usurpador espanol 
itulos mal interpretados. Los legitimes poseodoros 
?gan a claudicar ante la prepoteneia y ante el ata- 
e los prepotentes defiende su derecho dando a sus 
igos mereci<lo y condigno eastigo. 
/erio Leguizamon ha sido el caudillo de los inriu- 
)S y dcsde ese momento inieia una vida de porse- 
por la iusticia mientras su fama i^e extiende al 
0, quien lo venera seeretamente. Silverio no es un 

10 maton si no un ser oue solo ansia vivir y quo 
jen vivir dentro do un clima de respeto. Es la en- 
cion de nue^tra Arjri'iitina pasa'la y actual. De la 
jn dia deriflin romptr las eadenas ciue la onri- 
y que hoy man tiene su front e alia ante to'las las 
mes extran it'i'Ms. !)«• nui'Stra Ar^rentina br*nlitii. 
luosa oomo la 'i'-"' '"'^«*^ '^•' ^'^ h'^itimidail ajeiuJ i)0- 
•me y siTi'iia L'-.ianliana ilel h-irad.) que nos deja 
ombres de*! tiMpyjli' di* Silverio Leiruizamon; leirad:) 
sticia. Ml)frT.i-! .■ '!"'jr!:ida(l antf pri'Pf)tt*ncias fisi 

econnmioas. 
obra tiene •■! !iMr:i>. '! = ■ }:a<*»-nu)s meditar en la mi- 
le la patj:;i !." -iUi- i-i <wl') irran<]«MiU'nto tor^ivor- 
pnr l'»s fii.ii- ■ :v: i;i "., '!.< i.:ii-.-tr:i t ra<lit'i<»n aul»;i- 
an nurri'i » <ii'' '■ ( -i vii ■ iri ;ii!-i«> en fal■l.<»l■i:l^ "X 
•ras |)()r Uii '.•! !» " '■'"" ^ i/ii'' i";ini'ts las }juf'l)a< <\v 
as l)ai'ri;ifi<- ■ •; i- ■"•■ ". v. ■■»■■■: imr d »''in T'- 
; en iiuc-riis ' •■ : ';■ '.. :• l;. • \:\-':. ;; rciruir. T.-'^" 

11 r-i-mjijii rji- T. ■•..! ;i- ■ , '•.■.:;■ i ij :: .|(.:-("" (!< S;i'- 



Martin, uno de los unices hombres de la Historia Uni- 
versal que solo desenvain6 su espada por causas justas. 

Canal Feijoo ha hecho una obra excelente desde el 
punto de vista teatral y ha prcstado un senalado servicio 
al pais al rcmemorar en su Silverio a lo mas autentico 
que 61 tiene. Orestes Caviglia ha logrado una version 
extraordinariamente fiel al espiritu del texto, respetan- 
dolo y compenetrandosc* con la idea del autor con una 
cxactitud que no vacilanios en calificar de asombrosa. 

Eausto de Tezanos Pinto — predecesor nuestro en es- 
tas columnas tambien — . mercce tambien un aplauso por 
haber clegido la pieza del estreno; eleccion que hace que 
lo absolvamos de algunos pecados de mcnor cuantia co- 
mo iniciar la representacion a las 10 y 25 y terminar 
a las 2 y 20 con entreactos mas largos que los actos; 
permitir que los tramoyistas cambiaran la escena a gri- 
to pelado y tambor batiente mientras el publico escu- 
ehaba nuestra cancion patria y no habernos enviado lo- 
caildadcs de prensa por razones que no conocemos. 

Vgahmid Jim 



Cinemaidgrafo 

APASIONA. Sobre un fondo plastico dc paisajes del 

DAMENTE Sur y con comentarios musicales de 

Beethoven, se desarrolla esta cinema* 
togriifica historia de amor dirigida por Luis C. Amadori. 

Ademas del paisaje y la mi^sica, la cinta cuenta con 
dos actores muy populares, un argumento ultra senti- 
mental y un ritmo cinematografico bien sostenido- Esto 
es suficiente para atraer el exito de publico y de bole- 
teria- 

Pero si intontamos analizar el valor prof undo de la 
pelicula, nos encontramot' en primer lu'>ar, eon que la 
Irama es archiconocida pues relata las alternativas de 
un idilio que el cine ha explotado sin descanso y que 
el espectador conoce do memoria. En este caso la ori 
jrinalidad de la cinta re*5ide en la eleccion del paisaje 
d(?nde ?e ha situado la accion, que permite un amplio 
»k\spliogue de excelentes fotografias. Si a la calidad de 
este deeorado natural se hubiera unido un didlogo de 
eierta jerarquia poetica y mayor hondur-i y humanida:!, 
a la vez que una labor interpretativa mas convincent*? 
en lo que se refiere a los dos protagonistas, esta pelicula 
hubiera podido destacarsc con meritos propios entre sus 
pomejantes. Pero ello no ocurre, pornue el dialo^o i\v 
Apasionadamente es lo mas pobre e insulso oue pueda 
pedirse, y la actuacion de Lopez Lagar y Zully Moreno 
deja bastante que desear. 

En suma, unos cuantos cientos de metros do celuloi 
de que po:lain haberse aprovechado mojor en esta epoea 
do carestai y que no aiiadiran precisamente ;rloria al 
eine nacional. 

La presencia de algi'm detalh* renido eon la moral ea- 
toliea, nos obliira a reservar esta einta para persoiiM^ 
jnayores de eriterio firme. 

KL Sl'KSO l)K Ksta pelieula Warner Brother^ una 
r.NA NOCHK l\v las poeas que ha heiho histtMia 
1)K VKK \N0 dentro do la cineinato;iCi'afia, sera *-e- 

puestii el Sfihailo :\ Ic junio vu un Tr.-- 
tival or^'';iiiiza'l" i»(-r il C'enlro Santo T<Mnas •!<' A f|ui !•.!>. 
• ! Miisini) (luc |iri>xiniame-ntv" jU't'^i iilara la vcisio:, ens 
<<'j!anji lie "La anunciarion a Maria" «.'on i-l (•i)."Ju>it!» 
"Ars I'l'ie'ii;;" <K' IMnjiU-viJoo. 

\\]\r I'ci.ir'-! ;i •■!i ll -a! -M lU- arlo.- '!• 1 ('i>l»i.'J-.» S:vi^'i 
l.*'.:;. I'.ir{<»l<»"ii' Mi'i"' n»-").^). KI }«r".ii:uina i-'iara I'jt- 



.1 




iiindo adcmas [»>r utm scrk- 'lu dihujos animados en co 
loren y varins nUmt'i'iiK ilc vjirivti: u cur^o cic dcatacados 
aficionados. Lax I oi'ul id ii '[>')<, cRtaii on vc-nta en la sedc 
del centro: ViiimnnLc 4:!ll dc 111 a 12 y .le 17 a 19 horae. 
Se atiendtn ademiis pcilidos telufonicos en 23-2624 y 
50-01*22. La funci-in romi'nzara a las 1715. 
GRAGRA 

Incalidii'l 
grafi 



k !;• iii-iii 

Tioi 



KT « 



/i-r Su mejor alumno por falta do 
ama I's una olira dj exceknte in- 
■ijinti' cli-sdu t'l punto de vista foto- 
Kn prflt-ncioso, la lesionu. pero va- 



I camarada tti.'nc' ol defecto dc sn exeesivo loca- 
lismo, r«T" CiiiiriT HoKcr.i trabaja nrny bien y tione 
toqui'N '-jncilivii? rcalmentc cxcflentes. 

Ni hanj,'(- ni arena ps un bodrio impresionante en la 
qui- (';intiiifliis rr-piU' su ptTsonaje de va^ confuso y 
I'll ia (Jill- hi rlmijiicaTii'tia cs tan legtiima como la mal- 
dnil 'If l» foln. 

tiunii llii no (IclnTia hahurse cxhibido porque ea una 
|ji.lii-iila imr lrii-iiiii;i (idio por todas partes, Ademas, es 
ha.'taiilf luihrp en todo sfntido. 

I.ni ci>n<|uiKladnri's dc Oklahoma sv estreno en un dm- 
ruc'Vii llHmadd Aii^j'ina nui- esperiibanios tuviera mon- 
lui'as en f) smln para si'ntur.se, acomodadoreH vestidos 
•io VHfluiiriip y olilifraciiin a loH pspertadores de lle^ar 
a laliHlIii y .li'.iiulo i>i' .■! palcnque di- la holetcria- No 
hay mid. I dc i-9«. 'finm no liay nada iiucvo I'O la cinta- 

'i'linis % baln>> m' dciar vol-, pei-o e= nifjor I'errar lo.": 

I'll hatn'iti y las eiilcuialos es una pelit-ula en que ni i-I 
pidir- liai<-'i!>, 11 [u'dar dc ser bastanto poca eosa, se ani- 
I'la a car'.'ai- •■•■i\ la? colcRiales hidlywomlenses o.uc a!li 
-■ipaivf';ii. i-'isii I'll n_iii' dcmucslra nil lino muy diKTi 
ill ,)ii.- !.. ii..'ji.ndan 'If '-atctT'irin. 

Vaiiabond Jim 



Documentos 

El doctor Emilio Ceriotto, presidente del Consejo G« 
neral de Educacion de Salta, en la V* Asamblea Arqu 
<!iocesana de la A. M. A. C. y Semana de la Famili 
Criati»aa, pronuncio 6ti el Salon de Actos de San Frai 
ciico, el dia 26 ide mayo,, una conferencla sobre: "I^c 
errorea modernos aeerca je la incDmbencia de la edi 
cacion". 

He a<3ui 'aJKunos pasajei de la conferencia del com 
(.'ido educacionista: 

"En realidad, el liberaliamo es el error autentico. e 
cuanto opoaicion. o mejor, negacion substancial de I 
vcrdad. Siempre hubo errores en el mundo, pero annci 
hasta el liberal is mo, bubo un error total. For eso es i 
linico enemii?o serio que hasta el presente haya tenid 
ia verdad, la Iglesia de Crista. Si la verdad fuere obi 
de ios horabres, la verdad hubiese sucumbido bajo It 
irolpes del liberalismo. Mas la verdad viene de Dios... 

"La educacion es el perfeccionamiento de la Indol 
humana, mis alii de toda utilidad, fuera de toda volui 
tad interesada. No es otro bu sentido original. Cici 
ron. a Quien se debe la expresi6n cultura inimi, intri 
dujo igualmente la de humanitaa, que es aqiiel ?enei 
de influencias merced a las cualea el hombre se hai 
mis profunda y genuinamente hombre". 

Lob hombres, infelices criaturas, que vagan por 1( 
:;enderos del mundo en afanosa busqusda de la felicidi 
y Ios recorren todos, hasta Ids mis tortuosos, basta 1< 
mas empinados, escarpados y abruptos, todos, menos 
verdadero, el mis ficil, el que ha marcado Dtos nii 
diante su Hijo enviado exprofeso a la Tierra; Ios hon 
brcs, como en todoa Ios tiempoa, en estos ultimos cin 
lustres ban introducido nuevas formas de gobiemo t 
madas d^ viejas institucionea politico- social es creyent 
en BU toco deavarfo haber descubierto la panacea de I 
fclicidad humana. Son formas opuestas al liberalism 
pero tambien a la democra<^i8 cat61ica." 

"Un pueblo como el nuestro que sabe mantenerse j 
inargcn de las tranagresiones a la ley fnoral y al cult 
(ic Dios, que cuida celoaamente su categorfa de puebl 
pacifico y laborioso, o.ue defiende con hidalgo valor un 
soberanfa de naci6n civil, que acoge a todoa loa hom 
bres de buena voluntad que ouieran trabajar incorp« 
rindose a la familia argentina baio el amparo de nn 
constituci6n tan libfrrima como criatiana, como humi 
na, debe defender denodadamente »u cultura en la edu 
cacion de sua hijos. Y ivive Dioa! si que la defiendt 
y la defiende preclsamente en cstos tragicos momenta 
en que el mundo marcha a la deriva por un oceano sii 
riberas, en plena tempeatad de las pasiones! 

El sistema Familia, Estado, Igleaia ea, por lo tao 
to, un con.iunto armonico inseparable e indisoluble. L 
Familia, aociedad imperfecta, es compleraentada por i 
Estado, sociedad perfecta; la Iglesia, sociedad perfee 
ta. e.iercc la supervisi6n moral de ambos, 

Una organizacion politico-social carente de Ios atii 
butoB que acuerda el .sistema Familia, Estado, Igleaia, « 
una organizacion imperfecta, defectuoaa, deatinada a li 
I'uinosa hancarrota. 

Es pcsible, en consecuent-ia, una familia sin Dios- W 
Estado ateo. una Eacuela neutra? 

Eaas civilizacioncs de aparalo o.ue cubren la miaeiii 
hajo aus futgorcs, como las florcs brotadas sobre el sW- 
lo de un eomenterio que disimulan la podredumbre t* 
cf ndida. hastan para cxornar una sociedad dominant* 
bajo una plutocracia. pero no bastan para impHmirlti 
la vii-ilidad que constituyen Ios puebloa librea." 

i Saber pensarl He ahi cl ideal. Endeiiar a p^nsV 
("i.iciplinar la mcnte y rtesL-nvolver sus facultades; *• 
IK, y I'll puede sor olro, el objeto de la educaci6n de li 
ii'fanciii. conaidcrado en gciU'ral, y muy eBpeciBlnient> 
luando si' train de prc-parar Ios clementoB activos i' 
una sociedad orjianizaila bajo la doctrina y ^obre el ht 
chu dr- la s.ibcrania popular, 




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Por Monsefior 
GUSTAVO J. PRANCESCHl 



No existe acfualmenfe en casfellano un libro equivalente a esfc 



El propdaito del autor consiste en exporter la naturaleza, modor 
lidad y manera de actuar de loa tree factores de donde deriva 
toda la ensenanza catdlica. 

LA TRADICION, que llega a nosotros desde la Era Apostdliea; 
LA BIBLIA, que abarca tanto el Antigua cuanto el Nuevo 
Testamento, y el MAGISTERIO ECLESIASTICO, custodio e 
inUrprete de los doe primeros, son analizadoa euceaivamente 
por Mona. Franceachi quien, evitando toda poUmica, ae dedioa 
a la expoaicidn poaitiva y objetiva de la doctrina catdlica, une 
laa informacionea hiatdrica^a a laa doctrinariaa y ahona docur 
mentadamente aua infomuieionee. 



Obra dcdicada a quienes deseen ahondar el conocimienfo 
del Cafo/icismo ziiiiizzziziiiziiziiizzii:^^ 



Precio $ 2.— Hl/ll. 

Pedidos a: RiojBamba 981 - 2. • plso 



?c3iifiiHiiiiic»iinirin(iuuniiuiiiiniiuiiHiuiuiiiiuiiiiuaniiiHiiuiauHuuiiiKiifliMHUiaiHiinui^ 

K-Itci-a! CHIIKUIO Tallrrei Grificot Sts P 

A ^ .1* !I40 »»*■ Mi»" ^•O* esq. 1 

i* II K N O S A I R B S V l)K JUNIO DE 



N.* 849 Buano> Aim, 8 iunio d» 1944 AKo XVII 




S u m a r 1 o 


Gusr»vo J. t-R**<(6!JjS;HI ' 




iRoma salva d a"l ,, 




CRITERIO 




Comentarios 




ANTONINO TOMAS 




A proposito de la ensefianza 




religiosa 




E, A. DUGHERA 




Tres enfoques sobre el drama 


2i, 


religloso 


1 HIV i 


CARLOS RATCLIFFE 




iOtro problema de postguerra! 




CLEMENTE RUPPEL 




Re!no sombri'o 


"9^^ 


Bibliegrafia « Cr^nlcei muiicalai « Taatre * 


-aSv 


Cin«mat6grafo 



Dir.ctor: Moo. GUSTAVO J FRA.NCEiCH 



FOTOGRMIA 




CAMARAS 

Contamot con un variade surtido, d* 
divtrfoi lamailot y tipet, efi«ci<n- 
delai a precios muy cenv»ni«nl*t. 
REVEIACIONES £ COPIAS 
Nueitros laboralorios modtrnei, 
efectuan lai r«v«lacJont( y cepiai 
en iolo4hoTat. (Trabajei psrfsctei!) 

Lutx. FerrandorC^ 

(W) 

FLORIDA 240 VlD^ y lUcurtaUt 



B IBLIOGRAFI A 



Siete lecciones sobre 
el ser y l08 primeros 
principios de la ra- 
zoq especulativa, por 

Jacques Maritain 



"Todos los hombres (ienean naturalmente sa- 
ber", om^eg honiinen iiat/ira srire deaidertnit 
tAriittdteles. Metafiaica /, 1, 980 ni. 1/ sit nn- 
ber en 'kii virir. sti riiir nithU, plena j/ fe- 
nindo. ge)rui(iiite. antique disminuido pur la 
infinito dintancia de lu antilofiia, al de la "In- 
, la cual, porque ata tu mi nolo undo los kUon de 
compliictd en creaiion poco inenos qm los Aiif/e- 
ni compendiii iirnwiiiogo de toda In neacfon ma- 



teleceioH Subaistenle" 
laa coaaa diversaa se. 
lea en belleza, comn 1 
terial iSalma 8). 

Sabiamente kablo qitiev dijir. "en ft hmnine la hilsligeiicia lo ex 
lodo" porque, en el i^atm de lag jerarquian metofiaicas, ello ea la que, 
en la medida de m ueo conacieiite y nrmonkn, nrntttieae el oiden- y el 
equilibria eti la peraona humana. "El eiitendimiento es mas eminente, 
m&a altot m^ noble que la vokmtart" iSatito Tomdji, Summa /, 82, 3) ; 
por eso cuando el fue deatronado. mando Inn fuerzaa vioat del hom- 
bre fueroH deagajadaa de In inteligenciii por el perveraa deapreci-i de 
la miama (Lateral, v por gu exurbitada eTaltacion iDescartesi^ el 
kombre cayo. ae auicidd tspiritiialmeute y comenzo a reinar la bestia. 

En d camienxo de lax nefastoa errores que aafixiaron el ambienle 
modenio eatdn, a modo de ainieatio eiilab6n, ha furiaaoa ataqiies con 
que, con orgullo indamable y ranidad petulanle, Lutero. el padre de la 
ite forma {o mejor. de la Rebelidn] formulo — canto cimiento del reina 
del yo — el mds pervtrao antnntelecttialiKmv: "Aristdtelea — dice — ea 
»n piilete que hay que echar en li pociloa eit la caballerixa de Ion an- 
noa; ea la fortificacion impia de los papiKlaa... /.La razon eaparce la 
luzf, s(, conut la esparcerfa nun inmundicia pitesto en una linterna..., 
ella ee el mda atroz. el mda acfrrimo \j pextilente de las encmigmi ili 
Dios... mereeeria. la abominable, que la leleyaaen eu el lugar mas sv- 
eio de la eaaa..., por eao en loa creyentes debe ser mueria y cnterroria". 

Por natural derrumbe el nntHntelectualiamo luterano como el an- 
gel carteaiano iienen ya un pie en la tumba. y lag grandea reatanra- 
ciones intelecualea de hoy xau tan incuntenibles como el rndar impo- 
nente de las esfrellaa. hnfiaaihle de aer dclemdn. Pero aun seducrn nl 
kombre desviado log miaerables y Irunxitarioa atraelivas de la pnra ma- 
teria que le impiden cr cudn hella cm la inteligeiicia. "ese prodigio de 
tuz y de vida, eaa gloria y cna iii'.rfri-riiiti suprema de la naturohza 
creada, mediantt- In mal nog Mcntifiniwi/x inmalerinlmcnte con las co- 
saa, mediante la cual poaeercmox un iI'ki hi beatitud xobi'etialnral" 
(Jttcquea Marilain. El -Doctor Annrelkn, ciip. Ill, pag. 811. 

A evUar lag hlnsffm'ax <-u I'l nrdin d'-l guhrr y las aherrachnea en 
el orden del obrar gi cucumiu" cxn rxliumnrion pruridiuiti — diqn mal. 
porque la metdf'ira giihi- a cmliirfr •• a ihxi iitit rrn ariiuciiliiijico —, eaa 
apertitra maternal del kviiu dr In Igligui lu dinidi il l",iii.<ini>, que aun 
no habia triunfurio. cgiiiinlta i-l rlanmrcn di 'cn ik/:'»-i'h« siiliintcg dr 
renovaeion eapiritunl imra renir n rusrunrlt-x miii (.v 'n iiniudcz" d': In 
inteligencia, a la /;"•■. n'cj"r aim que rl mixni." Arixtiilfh.i, llnniinimur' 

"divina", porqui U<- .f'lh- jm.v hnn- XI nil.}" I'll y " .'"■■' i": II-II-- )i";ii.-:. .•■■''- 

no porque r« como ■' .'■■n-rt'- liinnii,"- -I- '■[ ■■i-l" 'Uri..,. ., . ; .■•nu.-- ■:<■■■ 

tinado « laa plii'li-ii-i.-n:- ■ .'■)iii,:yi<nii.< <l, h, .-l.li'-f ':„l:'>.:' 'h :'■ I •-■..'/'.,' 

Siete LetTiunr.-. .-..lir.,- .-I -^rr y 1..,^ ['rimcn.s l'Hiiij;ii<.~ M- i:, 'l:.- 
idn Especulativa, <.-; -,) '^'..'^ •'■ .i.-t'iii^U-r , >■ .i-n ,! rr-''(.-. .'■.■i,/-. - 
Maritain, prcarul'i i-! ■•n ■•■!. ■:'}■>■: ~>iit-il>, .-/..-■trnr! im ■!. .-.-./.v .■■•„'/■■■<', ^ 
diaciputas, uu t.--/i.„., :„,>'. .,>■..■ •!, 'n.in'.lr^ ,<il'l, .■i.<..-. 

Con elcgiiiii-i" .1 ,,■■!' ,:i>-.l ■'. ;,■,.;»■'.;.. ^u.-.-i-iiu-- ., H,. !■:..•.. .;-,■. 

. p/(HO propil, llr In.- II'-.' .: ■ ...:■ . -■.■..-■-,■,.. I,"'i. ■■■■ ■ ,-.. ..J.v .1 .,)■'-,. ■'• 



ACABA DE APARECER: 


CATUIHt DE SIENA 


por JohamiL's .I<ir|{L'nsen, pri 


mt-r titulo lie la Coleccion "Vi- 


lias I'jemplaifs de la Cristlan- 


darl". Un volumen de 574 pa- 


tinas, c-ntuadi-rnado en tela. 


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Kti vfiila on lodas las libri'i-ias 


catolicav. y t^n la; 


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ALSINA 840 

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BUENOS AIRES 

IMPORTANTE 

Nos es s:rato poner en co- 
nocimiento del publico que 
todo pedido de suscripcidn 
deberi venir acompaiiado 
de su respective importe. 
En case contrario no se 
dark curso a ios pedidos. 



XMEN^Ii^ii^li^lS^ 



heroica 



Sumario del numero de Junto 
de 1944 

Iai Rsdaccion - Carta ahiertn nl 
Patriarca SerRio de Moscu. 

Herndn Benitez - Fronte a l:i 
rebeli6n de Ios jovenes (Pro- 
logo de un libro de proxima 
publicacion). 

/'. Evriqnc Pagni, S. P. - San- 
tos, mas santos. . . 

Lamhertn Lattnuzi - /.Son aiiten- 
ticas las "visiones" de Ana <\ 
Emmerich ? 

Edunrda I'm Solinnf* - Cccira- 
Co7.z\, aprtstol y modelo de A. C. 

Carlvif H. (in rat - Kn tema de 
"Sujrt^renc as filosofico-litera- 
nas . 



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0.30 


v\ ejemplar 

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KlSKlSKlSKlSBaSBaSK 



jando de l<uio el examen cntico de las vias coiiducentes — , iio ya en un 
museo de moimas inertes, sino en el miaterio viviente del ser en ctuin- 
to ser, *'revelado como transobjetividad consistente, autdnoma y esen- 
cialmente variada" y **objeto polivalente dfi la visudlizdcidn eidetica'\ 
a la cual se presenta con toda su dindmica *'ivtensidad'* real, Y, por ul- 
tinvo, extrae de en medio de las insondables constelaciones de ese uni- 
verso inteligible, la ramificacidn fecunda de Ios principios de identidad, 
de razdn suficiente^ de finaXidad y de causalidad, frutqs o destellos del 
ser, cuya radical **polivalencia*' exige objetivarse en diversas nocieites 
y principios, 

Este pequeho volumen no se publica para select as minorias con el 
fin de aislarlas aun mas y de organizar con ellas una aristocracia de la 
finurOy indiferente a la marcha paralela de las otrus corrientes, bite- 
was perversas. Las selecciones^ las agrupaciones intelectuales se impo- 
nen: de ellas ha menester la sociedad, como la masa de la levadura. 
Pero ellas no son circvlos circunscritos a la elaboracidn intimista de es- 
piritus ilusionados con utopicas espei'anzas; no se desenvuelven con 
extrana lentitud ni en un comedo estancamiento; son una exuberancia 
de vida, de cuyo desborde volverdn a beber las capas sociales para con- 
tinuar a paso veloz el ritmo de su resurgimiento. 

La edicidn argent ina, autorizada y aprobada por el autor,^ se pu- 
blica, aunque a priniera vista no lo parezca, en funcion de ia cultura 
nacional. 

En muchas conciencias la Fe, substituida por un nihilismo aplas- 
tante, se ha apagado ya. Para muchos, como para el atormentado poeta 
y fildsofo vQrtugu4s Antero de QuentaJ^ el peor mal es el haber nOrCido; 
las tinieblas de sus vidas no serdn rasgadas por Ios reldmpagos dtscon- 
tinuos de algunos principios destituidos de vida orgdnica. Las dudas 
no am-enguardn su desconsoladora aridez con las precarias satisfaccio- 
nes de algunos momentos de saciedad espirituul. El reposo absolute es- 
td en la, Verdad eterna poseida, vivida, encarnada en nuestro ser, 

'*Arruini el saber — dijo Kant — para abrir la puerta de la Fe"; 
olvidaba el fildsofo Konisberg que tal principio iniciaba el suplicie de 
Ios espiritus y cortaba toda posibilidad de saciar el ansia pavorosa de 
la inteligencia humana. 

La Verdad nos hard libres; pero a ella Uegaremes si con humildad, 
aun mediante un pequeno libro diddctico, grabames en las inteligencias 
Ios principios del ser, es decir de la alta metafisica, para lograr cimen- 
tar las aplicaciones eticas que hoy, desprovistas de valor porque se 
han desgajado de la metafisica, intentan aferrarsc a les quebradizos 
gajos de las formulas siji consi^tencia, 

m 

Los Textos, desconecidos casi todos para el ambiente cultural de 
Ios centres imiversitarios y secundarios de nuestra patria^ forman Ios 
pilares sobre les cuales descansa la doctrlna, Ellos prueban que el to- 
misTno no ha nacido por el arbitrio de algun reciente decreto ponti- 
ficio. Algunes han resistido la critica de veiniicinco sigles y tmslueen 
aun inmortal loza^iia, Los caracteriza la nobriedad — y a veces eierta 
ingenuidad, propia de las cosas recien nacidas y del sentido com^dn no 
valorado todavia por ninguna critica rigurosa — ; pero son les eslahones 
inconmovibles a Ios cuales se segmrdn agregando, a travis de las si' 
glos, nuevos e insospechados descubrimientos. Los hemes introdueido 
para satisfacer en parte el deseo niuch^s veces manifestado por el au- 
tor en. el curso de estas leccinnes, y para presentar, engarzades en el 
marco "venerable" dc esos documeufos, hts principios bdsicos del saber 
metafisico, que, desentravadoi^ atn ninfjular maestria y fina elegancia 
pnr Jnrqni'H Maritain, nerdn quizn para muchos el comienzo de un ds- 
finitiro rtpftso int elect ual. 

A. E. F. 



i. 









A P A R E C E 


T O D O S 


LOS JUEVE 


AAO XVII N.« 849 Bt. 


As., 6 d« junio 1944 


Aisina 840 U. T. 34 - I3( 



i 



ROMA SALVADA! 



QUIERO comenzar este articulo con las pala- 
bras mismas pronunciadas por el Sumo Pon- 
tffice en la tarde del cinco de este mes, 
el dfa mismo en que salian de la Urbe las tiltimas 
tropas del "eje". "Roma temfa ayer por la vida de 
BUS hijos e hijas, por la suerte de sus incompara- 
bles tesoros de la religi6n y de la cultura. Encara- 
ba el temido espectro de la guerra y una destruc- 
ci6ii que habria sobrepujado todo lo imaginable. Hoy 
ha visto su salvaci6n con renovada esperanza y 
confianza serena. Por lo tanto, con profunda gra- 
titnd, elevamos nuestras mentes y corazones en ple- 
Suria y adoraci6n a Dios. Con inenarrable gratitud 
veQeramoB a la Santa Madre de Dios, nuestra Ma- 
dre Maria, quien ha agregado una nueva prueba de 
8U bondad maternal, que ser& perpetuada en los ana- 
lea de la ciudad, sumada a los siglos de la gloria 
jomana. Reverentemente nos prosternamos ante los 
ap68toles San Pedro y San Pablo, cuyas serenas 
manos han amparado la tierra que una vez empapa- 
ron con el sudor de su fatiga apo8t61ica y con la 
aangre de su glorioso martirio''. En efecto, la Pro- 
iridencia divina ha dirigido las cosas en forma tal 
que no corri6 la Ciudad Eterna aquella suerte que 
tantas otras padecieron. Roma est& salva. 

No teman mis lectores que repita los argumentoa 
aducidos por mi en otras oportunidades y que, — 
Igracias a Dios! — , me han valido m^s de una ofen- 
aa. Para los que aun no han acabado de comprender 
lo que Roma significa en el mundo, me contentar^ 
con citar dos frases. La una es de Pio XII en su 
alocucidn del dia 2; alii, luego de haber recorda- 
do los titulos de Roma, agrega: ''por esto no vaci- 
lamoB en repetir una vez m^s, con completa impar- 
cialidad y con la debida firmeza: cualquiera que se 
atreviera a levantar la mano contra Roma se con- 
vertiria en reo de parricidio a los ojos del mundo 
civilizado y en los juicios eternos de Dios". Por 
cierto no puede pronunciarse condenacion mas 
solemne que esta del Sumo Pontifice cuando, en 
desempeno de su funcion de Maestro y de Juez, em- 



plaza ante el tribunal divino a quienes levantai 
la mano aobre la Ciudad que se llama Eterna, 
en virtud de las piedras materiales que la cons 
tuyen, sino por el Espfritu, misterioso para el mi 
do pero visible para los ojos del cristiano, que 1 
sostienen y amparan contra la ruina. 

La otra palabra fu4 pronunciada el dfa 6 
este mes por el presidente Roosevelt, en las que, d< 
pui§s de recordar, ^1 tambi^n, la historia civil de 
Urbe, agrega lo siguiente: "ademils de los moi 
mentos de la antigiledad tambi^n vemos en Roi 
el gran sfmbolo de la Cristiandad que ha llegado 
casi todos los rincones del mundo. Hay otros all 
res y otras iglesias en muchos lugares; pero 1 
iglesias y los altares de Roma son los simbolos ^ 
si'bles de la f e y la determinaci6n de los santoB mi 
tires de que la Cristiandad fuera universal. Y se 
ahora fuente de profunda satisfaccion que la lib< 
tad del Papa y la Ciudad del Vaticano estto gara 
tizadas por los ej^rcitos de las naciones unidas". 
seiior Roosevelt no es cat61ico sino protestante y : 
se le puede pedir una exactitud teologica que ai 
muchos catolicos no muestran tener: la determln 
ci6n de que la Cristiandad, o mejor la IgDesia, fu 
ra universal, no es de los m&rtires sino de Cris 
mismo: "id y predicad el Evangelio a toda creat 

ra" (Marcos, XVI, 15). Pero es hermosa la \eccU 

* 

de reconocimiento del car^ter supremo de Ron 
que nos da el Presidente de los Estados Unidos, 
deberian aprovecharla quienes Uevados por la y 
si6n de lo temporal, imaginaban que la suerte de 
Urbe debia subordinarse a un inters terreno. 

Vuelvo a lo providencial de la salvaci6n. Recue 
do un proverbio francos: I'honmie s'agite, et Di( 
le mene", el hombre se agita, y Dios lo conduc 
y muy por encima de ^1, a infinita distancia, pie 
so en la palabra de Nuestro Senor Jesucristo: "^i 
es verdad que cinco pajarillos son vendidos por d 
cuartos? Y con todo ni uno de ellos es olvidado pi 
Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza esti 
contados. Por tanto no teneis que temer: m6s v 



51 



l^is voBOtros que muchos pajarillos" (Lucas, XII, 6, 
7). Y todas las circunstancias nos muestran que 
asl ocurrio. 

La experiencia de la guerra nos enseiia que jamis 
al Sr. Hitler le molesto la idea de lo que importaba 
destruir ciudades para convertirlas en canipo de ba- 
talla, en objetivo de bombardeos o en punto de apo- 
yo destinados a apuntalar una retirada. ^Por qu6 
no hizo con Roma lo que con tantas otras? Esta mis- 
ma experiencia nos ensepa que, puestos ante la ne- 
cesidad militar de destruir fuerzas enemigas, nun- 
ca lofi aliados han tenido reparos en asolar una 
ciudad o aniquilarla con tanques y caiiones. ^Por 
qu4 se ha conservado entre las tropas alemanas y 
las aliadas la estricta distancia necesaria para evi- 
tar choques que habrian degenerado facilmente en 
batallas arrasadoras? Es muy f^cil inventar explica- 
ciones m&s o menos acertadas, y reconozco a los 
incr6dulos el derecho, — ^pongdmoslo, — de satisfa- 
cerse con ellas. Pero nosotros lo^ cat61icos, los cre- 
yentes de verdad, reconozcamos en todo ello, por en- 
cima de todo como lo hace el Sumo Pontifice, una 
obra de la Providencia, y d^mosle gracias por todo. 

Cuando leo las palabras del Sumo Ponti^ice men- 
cionando a la Virgen Inmaculada, no puedo menos de 
recordar las que pronunci6 con motivo de su jubi- 
lee. Entonces, ante las perspectivas de una guerra 
que no era una realidad tangible todavla, pero que 
asomaba ya en el horizonte y cuyos horrorea eran 
fdciles de prever, el Sumo Pontifice, muy conscien- 
te de lo poco que podfa contar con las fuerzas terre- 
nas, y persuadido de que por encima de los hom- 
bres, hasta de los mds poderosos, habia que colocar 
a Dios y a sus santos, encomendo de especialisima 
manera a Maria Santisima la custodia de su ciudad 
natal, cabeza de su di6cesis propia, y capital espiri- 
tual de la Iglesia cat61ica. Ahora da las gracias, 
porque ninguno de los medlos diplom&ticos de que 
debfa echar y echo mano le proporcion6 los resul- 
tados apetecidos: nada mds que f rases vagas, y so- 
b're todo condicionales. El Papa, cuya visi6n es mds 
exacta que la nuestra porque mas sobrenaturalizada, 
levanta en esta hora la mirada, y no s61o se coloca 
El mismo en el estricto punto de vista, sino que nos 
mueve a nosotros a hacer otro tanto. Nadie, ni el 
mismo Pontifice, pone en duda que las voluntades 
eran buenas; pero las circunstancias fdcilmente ha- 
bian de tornarlas ineficaces: segun dice con gran 
exactitud Napoleon, el terreno de la guerra es aquel 
en que mds peso tienen los aparentemente impon- 
derables. Y 6stos, que en si mismos parecen no ser 
nada, se sobreponen a los quereres de los jefes y los 
doblegan. EUos son los instrumentos de Dios, que 
deja en libertad a las causas segundas cuando 6stas 
se hallan constituidas por individuos, y las mantie- 
ne sometidas a las leyes naturales cuando pertene- 
cen al orden de los agentes irracionales, pero que, 
segun nos lo ensefia la Escritura, todo lo armoniza 
para llegar a sus fines propios. Por esto, en los 



grandes acontecimientos, tenemos absoluta fe en la 
virtud de la plegaria: "pedid y recibir^is", ha dicho 
Cristo (Juan XVI, 24) : es Dios entonces quien ma- 
neja los "imponderables". La oraci6n de la Iglesia 
entera no habla de ser desechada. Roma f u6 rozada 
por la guerra porque era espiritualmente oportuno 
que experimentara su amargura y pudiera la cabeza 
del mundo catolico saber mejor cudnto padece la casi 
totalidad de los hombres; pero fu6 salvada de ruina 
porque, como nos lo hace comprender el Santo Padre, 
velaba sc^re ella Dios. Por esto nuestra gratitud va 
a El ante todo, y canta el Te Deum en nuestros cora- 
zones, mientras llegue la hora de cantarlo en nues- 
tros templos. 

iQu^ sorpresas puede reservamos todavia el ma- 
nana? Por lo que toca al proximo, tenemos la certi- 
dumbre de que los aliados comprender&n que durante 
la guerra actual no existe interns para ellos, — in- 
clusive la Italia que obedece hoy al principe Hum- 
berto — , en ocupar militarmente a Roma, sino en ad- 
ministrarla mediante autoridades civiles y policiales, 
quitando asi todo pretexto para bombardeos ejecu- 
tados por el eje. Este, por otra parte, tiene demasiado 
que hacer en la misma Italia, en Francia con la in- 
vasi6n, y en el Este con los rusos, para distraer un 
grupo cualquiera de su aviaci6n en ataques que, so- 
bre ser odiosos al mundo entero, resultarian perfec- 
tamente ineficaces desde el punto de vista guerrero. 
La lucha, en todas sus fases menos una, el hamb're, 
se aleja hoy de la Urbe. Por lo que toca a un porvenir 
m&s remoto, a las inevitables conmociones sociales 
que han de venir y que se traducir&n probablemente 
por s61o Dios sabe qu^ combates, cualquier previsi6n 
es imposible. De todos modos, resulta necesario, in- 
dispensable que Roma sea salva, no s61o por lo que 
significa de por si, sino porque constituye ella el 
mayor y m6s eficiente centro de unif icaci6n que exis- 
te en el mundo. 

A esto aludia, en medio de sus angustias por la 
Ciudad Eterna, el Santo Padre en la alocucidn del 
dia 2, pronunciada con motivo de su onomdstico; y 
a esto deseo consagrar una breve pero atenta mirada. 



Preveia sin duda alguna S. S. PIo XII, como to- 
dos nosotros, que las fuerzas aliadas habian de oca- 
par en muy breve plazo a Roma; y no podia echar «i 
olvido que la mayoria de ellas no era cat61ica sino 
perteneciente a toda una serie de grupos religiosof 
inconexos. La prudencia humana aconsejaba quiii 
callar esta circunstancia para buscar mAs f Aciles sim- 
patias. Pero la prudencia superior, la prudencia di- 
vina, indico al Sumo Pontifice una linea de conducts 
muy distinta: en la hora misma en que las tropiB 
aliadas estaban por decirlo a la vista, uniendo la ear 
ridad espiritual a la majestad de su cargo, abordi 
el Vicario de Cristo, en su calidad de tal, el deUcft- 
do tema, haci^ndolo con tanta altura que no poderaot 



5;?^ 



menos de sentimos alentados, como catolicos, ante 
esa enseiianza que no tiene equivalente en el mundo. 
Me permitirto mis lectores que haga una trascrip- 
ci6n algo larga, porque en ninguna parte he visto que 
esos textos hayan sido subrayadoB/ relacion^ndolos 
con la guerra actual. Despu4s de haber mostrado a 
qui extremoB lleg6 el hambre en Roma, expreBa : "Per 
encima de aquellas preocupaciones externas y de 
aqueDos particulares defberes impuestos por las con- 
tingenciaa de tiempo y lugar, esta nuestra obligacion 
suprema y mdxima, de cuyo cumplimiento concien- 
zudo y cabal ningun poder humano puede alejarnos 
ni ninguna crisis externa distraemos. Es la obedien- 
cia absoluta al Mandamiento de Nuestro Senor: ''dad 
de comer a mis ovejas, dad de comer a mis corderos" 
(Juan, XXI, 15, 17). Este divino Mandamiento, que 
desde el primer Pedro ha pasado por todos los pon- 
tlfices romanos hasta nosotros, su inmerecido suce- 
sor, impone en el confuso y despedazado mundo de 
hoy un mayor numero de responsabilidades, y choca 
con obst&culos y oposiciones que exigen a la Iglesia, 
en 8u cabeza visible y en bus miembros, estar mds 
alerta y valiente que nunca*'. Y con esta energla que 
declara ser indispensable en el cumplimiento de su 
fonci6n, entra directamente en materia. 

"Hoy mas que nunca, dice el Papa, cualquier ob- 
servador honrado y de clara visi6n puede notar el 
balance tristemente desventajoso que las esciciones 
*de la Iglesia sobrevenidas en el curso de los siglos 
ban causado a la Cristiandad en tiempos afligidos y 
turbulentos como los nuestros, en que la humanidad 
sufre las consecuencias de una decadencia espiritual 
que la ha empujado al abismo, y esto cuando en to- 
das las naciones se levantan voces para insistir en 
que, mediante el trabajo gigantesco de establecer un 
orden nuevo, se aseguren no solamente aus garan- 
tlas externas, sino bus fundamentos juridicos y mo- 
rales. Es de importancia vital saber que influencias 
pueden ejercer las ideas y prototipos morales cris- 
tianos corrientes sobre el esplritu y el contenido de 
tal reconstruccion futura, y que influencia pueden 
ejercer para impedir las tendencias falsas y peligro- 
aas que nuevamente predominan". Como se ve, aqul 
no alude solamente el Papa al nuevo orden de Hit- 
ler, sino al conjunto de las variadisimas y divergen- 
tes doctrinas que se estdn lanzando para la recons- 
trucci6n de post-guerra. 

Recuerda luego el Pontifice que la Iglesia "posee 

en la primacia de Pedro y sus legitimos sucesores la 

seguridad, garantizada por las promesas divinas, de 

mantener y trasmitir inviolable y por entero, a tra- 

v68 de los siglos y los siglos, todo el cuerpo de la ver- 

dad y la gracia contenidos en la mision redentora 

de Cristo". Menta entonces lo que ya se ha hecho y 

;. agrega lo siguiente, que es capital: "Pero ^cuanto 

t xnk& potente y eficaz aeria la influencia del pensa- 

f miento cristiano y de la vida cristiana en la estruc- 

I tura moral de los pianos futuros para la paz si no 

existiera esta vasta division y dispersion de confe- 

siones religiosas que en el curso del tiempo se ban 

desprendido de la Madre Iglesia? iQuien podra de- 



jar de reconocer hoy cuanta sustancia de fe, cutol 
fuerza genuina de resistencia ante la influencia ai 
tirreligiosa se pierde en esos numerosos grupos con 
resultado de esa division? Prueba notable de esi 
dolorosa realidad, entre otras muchas, nos la ofrei 
la historia del racionalismo y del naturalismo en \\ 
dos ultimas centurias. En aquellas regiones donde 
oficio de confirmar en la fe a sus hermanos (Luca 
XXII, 33), obligatorio para quien estd mvestido c 
la primacia, no puede ser ejercido ni puede ejercer i 
actividad preservativa y protectora, la cizafia d 
racionalismo ha penetrado en mil formas, con st 
tallos y retoiios venenosos, en el pensamiento y 
mentalidad de muchas almas que se llaman cristi 
nas, y ha emponzoiiado lo que en ellas queda de 
divina semilla y de la verdad revelada, esparcienc 
por doquiera oscuridad, cisma y creciente abandoi 
de la fe en la divinidad de Cristo". Recuerda ento: 
ces el Sumo Pontifice cu&l es el f undamento de la a 
toridad Papal, que no nace de convenciones o deleg 
ciones humanas, sino de la delegaci6n divina, indi< 
con toda claridad las consecuencias que se siguen i 
"tratar de crear una oposici6n entre Cristo, con 
jefe de la Iglesia, y su Vicario, de ver en la af irm 
ci6n de la una la negaci6n de la otra", o sea mue 
tra el error fundamental de toda posici6n prote 
tante, y dice lo que sigue: mostrando su deseo < 
que "cuantos se llaman cristianos puedan compre; 
der el insuperable campo de acci6n que se abriria 
la cristiandad en el momento actual si con plena Jii 
dad de fe y prop6sitos, dedicaran ellos su activids 
a salvar la familia humana y a prepararla para i 
futuro mejor. Una cosa que ha contribuido de m 
nera significativa a lograr que los hombres abn 
sus corazones a la esperanza de este mafiana mejor 
mds pacifico, es el hecho de que mientras los ins:;i'i 
mentos de destrucci6n llegaban a un poder de de 
truccion jamds conocido, y mientras el mundo i 
halla en visperas de acontecimientos aun mds dram 
ticos, y, segun algunos, decisivos, la discusi6n de 1: 
perspectivas fundamentales y de los principios qi 
guiardn la paz futura atrae m^s y mas, a medida q: 
el numero e interns de quienes se unen a esta disc 
sion crece de hora en hora". Y Uegado a este pun 
considera las perspectivas de la paz. 

No quiero adentrarme en ellas ahora, porque m 
recen capltulo a parte. Pero lo trascrito hasta aq^ 
muestra con toda claridad que para el Sumo Poni 
fice la base verdadera y profunda de la discordia i; 
temacional, y de las que separan a las clases, del 
buscarse en esa separacion que comenzo a efectuar 
con la seudo-reforma luterana la que, prolongan( 
sus efectos, ha llevado a muchos que todavia se dic< 
cristianos a no reconocer la divinidad de Cristo, qu 
tando con ello toda base solida a la ensefianza d 
Evangelio, y retrotrayendo en realidad el mundo 
paganismo. Esta tesis habla sido ya sostenida por 
Papa en la primera de sus enciclicas, la Summi Po 
tificatiis, y fue abordada editorialmente desde ot: 
angulo por CRITERIO hace pocas semanas en i 
articulo intitulado ^Quienes son cristianos? que r 



vali6 ciertas amargas crfticas, pues se me acusaba 
de semb'rar divisiones, cuando todo lo que hacia era 
arrojar un poco de claridad. ^Formulartose ahora 
las mismas objeciones, siendo as! qu^ es el Vicario 
de Cristo quien se expresa en tal forma? 

El Sumo Pontifice indica con toda precisi6n, en su 
ak)cuci6n del dia dos, qu^ consecuencias traeria una 
mala organizaci6n de la paz si se olvidara que "toda 
8oluci6n correcta del conflicto mundial se basa en 
tratar distintamente dos cuestiones graves y comple- 
jas: la culpabilidad de comenzar y prolongar la gue- 
rra por un lado, y por otro la clase de paz y su man- 
tenimieftto. Es una distincion que naturalmente no 
toca las demandas de justa expiacion por actos de 
violencia realmente no exigidos por la conducta de la 
guerra, cometidos contra personas o cosas, ni tam- 
poco las garantias necesarias para la defensa del de- 
recho contra posibles intentos de violencia". 

Vinculo estas frases con las anteriores que trascri- 
bf. iSer&n posibles tales distinciones entre lo que es 
justa expiacion y lo que es contraproducente violen- 
cia si no hay una plena y cristiana comprension, no 
86io de la justicia estricta, sino tambien de la cari- 
dad, que, como lo ensenaba ya Leon XIII, alcanza al 
orden internacional tanto como al individual? Pero 
icabe esta comprension si se mira el Evangelio, no 
como la doctrina misma de Cristo-Dios, sino como un 
libro magnifico mas totalmente humano, y por lo tan- 
to discutible en cada una de sus paginas? Muchas 
veces S. S. Pio XII ha respondido que no, y de ahi 
el doble Uamamiento que en su reciente alocuci6n di- 
rije a todos los cristianos, la vuelta a la unidad en la 
Iglesia, y para ello el acatamiento a la divinidad de 
Cristo. Mientras esto no sea hecho, creo que no exa- 
gero al decir que todo estd por hacer. 

Roma es salva, no solo en sus monumentos religio- 
sos y civiles, en los tesoros de piedad y de cultura 
que contiene, y que son ella misma, sino tambi^ en 
la visibilidad clarisima de su Integra misi6n espiri- 
tual. Frente a todas las contingencias adversas, f ren- 
te a todos los temores humanos, cualquiera pudiere 



ser su causa, la palabra del Papa ha resonado, tan 
vigorosa y terminante como en los mejores perfodos 
de la paz. No podia ser de otra manera puesto que 
el Vicario de Cristo no ha de f allar en su tarea esen- 
cial de enseiiar la verdad al mundo. Pero de todos 
modos, es singularmente reconfortante el que en 
nuestras horas ya de por si confusas, y que no pocos 
quieren hacer mds turbias atin, S. S. Pio XII haya 
hablado en esta forma, de modo que nadie pueda ex- 
cusarse tras su buena fe si se aparta de la doctrina 
proclamada desde la Sede de Pedro. 

Por lo que a nosotros y a las tres cuartas partes 
del mundo se refiere, los acontecimientos actuales, 
segun todo lo hace prever, facilitar&n la comunica- 
cion directa con la Santa Sede. Ella en cambio se 
tornara casi imposible para los cat61icos de Alema- 
nia, sus aliados, y los paises sometidos. Esperemos 
que tal situaci6n ha de ser transitoria, y que pronto 
pueda manifedtarse de manera mds tangible, mka vi- 
sible, mas inmediatamente perceptible, la vinculacidn 
de todos los hi jos de la Iglesia entre sf y con el Papa. 

Las piedras de Roma podrdn quizd perecer, pero lo 
que Roma significa es inmortal, x)orque no se funda 
sobre las previsiones humanas, sino sobre lo que Cris- 
to estableci6. Cito una vez m&s la alocuci6n del Sumo 
Pontifice. ''La Roma cristiana, dice, en el curso de 
su historia, ha conocido muy amargas calamidades, 
ocupaciones y saqueos desde el de Alarico hasta el 
terrible de 1527; abandonos como el periodo de Avi- 
gnon y el de la ^poca del gran cisma de Occidente; 
pestes como en los dfas aciagos de San Gregorio y 
de Sixto IV, hambre e inanicion como durante el rei- 
no de Clemente XIII en los axios 1763 y 1764". La 
lista podria alargarse. Nada de esto logr6 aniqailar 
a Roma, ni en el sentido material ni en el espiritoaL 
En el primer sentido vela una Providencia incansa- 
ble; en el segundo la asistencia divina le ha sido 
asegurada por Cristo "hasta la consumaci6n de lo6 
siglos". 

Roma est&, y estard siempre salva. 

Gustavo J. FRANCESCHI 



COMENTARIOS 



R6mHlo parbia 

TT T ^ a(7M/ otro buen amigo y colaborador de 
m~i CRITERIO que se va, Lo conocia desde ni- 
-*■ -^ no, y su cardcter, a travSs de largos afios, 
no sufrio cambios. Desde entonces manifestaba su 
inclinacion a la historia americana, y la cultivd to- 
da su vida con inquebrantable perseverancia. Hace 
poco leia yo su Historia de la leyenda negra his- 
pano-americana : por cierto que wo es posible pedir 
rtiejor docnm-entacidn, mds sereno juicio y mds per- 
sonalidad en la manera de exporter un tema deli- 



cado y amplio. Pero asi fud siempre, nunea se mh 
tremetia a desarroUar un tema sin haberlo estudiado 
de manera exhaustiva. Era inevitable que encantfUr 
ra adversarios de sus conclusiones, y a veees no ten 
serenos como lo exigia la indole mismia de los asuih 
tos tratados. Asi acontecid por ejempLo eon mofivo 
de sus nudltiples trabajos sobre el tema eolonUrino: 
sus consideraciones sobre el descubrimiento de Ami- 
rica, tan novedosas como bien establecidas, huhiertm 
naturalmente de rozar intereses, sentimientos mii 
o menos patridticos, y puntos de vista anteriormnk^ 
te proclamados, Pero nada de esto arredrd a CarUSt 
que creyd poder decir todo lo que sabia, y nada «di 
de lo que sabia, 

CRITERIO fue honrado con muchas de sus eela^ 
boraciones, y nuestros lectores han de reeordar toda 



536 



guna de eilos. Pero cua/ntoa quierdn eatudiar 
Xante la kistaria de nuestro pais, mds que en is- 
quel volumen en que examina Carhia un asun- 
ticular hahrdn de acudir a 8u Historia crltica 
historiografia argentina, que abarca desde el 
XVI haata nueatroa dias, y que tardard mu- 
fioa en aer renovada. Bate cuadro de conjunto, 
iel trabajo de toda una vida, aupone una cien- 
una paciencia verdaderamente inauperable. 

urdcter de Carbia era apacible y franco, her- 
io par una kumildad rrkuy grande, Pudo aer, 
orden univeraitario y fuera de 41, mucho mda 
que fuS. Pero aua aapira^ionea ae reducian a 
Igar la verdad y darla a conocer. Criatiano 
[to, tanto en la doctrina cuanto en la prdc- 

did por Uia coaaa del mundo tranaitorio mda 
que eUaa valen, Y marchd hacia la eternidad 
do con claridad que hacia ella iba, ain inquie- 
reparando eate ultimo paao de au vida mor- 
n el mianfuo cuidado y preeiaidn &on que ae 
aba a dictar una claae o a redactar una pd- 

ya Dioa recibido eata alma noble y livvpia! 

Semiilas de odio 

')N eate titulo publica, en au numero de mayo 
28 prdximo pa^ado, el diario The Standard, 
el editorial que paaamoa a tranacribir, y que 
ouente deade nvuchoa puntoa de viata. En va- 
portunidadea, y aiin recientemente, hemoa te- 
ue abordar la cueatidn de loa "miaioneroa pro- 
tea'' que noa llegan deade regionea fordneaa. 
toa miamoa diaa ae eatd enviando gratia un 
» profundamente anticatdlico a loa profeaorea 
igidn catdlica, tomito que ntanifieata a laa clor- 
i procedencia, y en la entrega venidera de 
^RIO, tranacribirenwa un articulo aobre eate 
> tenm publicado en loa Eatadoa Unidoa. The 
ard, que como podrdn verlo luego mia lectorea, 
un diario religioao, pero que ai hacia algo ae in- 
J8 hacia el anglicaniamo oficial; habla en el edi- 
con laudable independencia: mueatra de qui mo- 
yfende nuestra fe catdlica^ y ae perjudica toda la 
a de buena vecindad, actitud que ae guxirda 
nen de imitar normalmente el clero diaidente 
que reaide en nuestro pais, y que no n9a con- 
como paganos, sino como hermanos en cria- 
mo. 

aqui el texto de The Standard, que fue publi- 
por eate diario aimultdneamente en ingUa y 
UeUano, y que obliga nuestra sincera gratitud. 

1 un momento en que el hecho mda vital que 
mta el mundo civilizado es el de que debe aer 
etamente desarraigado el totalitariamo, ea dea- 
''ado de que todavia exiatan peraonaa que vi- 
>i un mundo propio tan pequeno que ae aientan 

de trabar a laa peraonaa que bnscan de ha^er 



al nuundo un lugar mejor^ para que en 41 vivan loa 
Criatianoa. 

Noa referinuoa al amable cabdllero que fu4 tema 
de un deapaeho de Prenaa Aaociada que fu6 publi- 
cado en nueatraa eolumruts ayer. Decia que en la 
conferencia de prenaa del viemea, en Wdahington, 
reporteroa informaron al Sr. Secretario Hull de que: 

*' Recientemente la organizacidn de loa miniatroa 
baptiataa del Sud habian pasado una reaolucidn en 
Atlanta, Ga,, diciendo que el Departamento de Ea- 
tado eataba denuorando la otorgacidn de paaaportes 
para loa miaioneroa baptiataa que ae dirigian a Sud 
AmSrica. La reaolucidn decia que loa miaioneroa ca- 
tdlicoa no tenian dificultad en obtener loa paaapor* 
tea para dirigirae a Sud America", 

El Sr. Hull declard enfdticamente de qu£ no habia 
"diatincidn en la emiaidn de paaaportea". Neg6 car 
tegdricamente que alguna autoridad catdlica habia 
aolicitado al Departamento de Eatado que bloqueara 
el otorganUento de paaaportea a loa baptiataa que 
trataban de viajar a Sud Am4rica. 

Conaideramoa la actitud de Atlanta como danoaa 
e inexcuaable. No aentimoa ninguna eapecial atencidn 
por la fe catdliccL, por la aimple raz6n de que eate 
diario no ea aectario; y ai tuviera que adoptar una 
actitud formal con reapecto a la religidn, au eviden- 
te politica aeria la de aoatener la fe eatableeida por 
ley para la coronaci&n de loa reyea de Gran Bretor- 
na. En pocaa palabraa, aomoa com/pletamente navr 
tralea como entre aecta y aecta. 

Pero no noa olvidamoa de doa hechoa de conaide' 
rable importancia: el primer o ea que la religion del 
paia en que vivim^a ea Catdlica Romana; el aegunr 
do ea que el enviar miaioneroa para converter a loa 
Criatianoa a que aigan un nuevo earning hacia Cria- 
to ea un inaulto al pueblo, a loa aacerdotea, y a loa 
gobiemoa de loa paiaea que dieron hoapitalidad a aua 
hermanoa angloaajonea. 

La libertad de culto ea indiapenaable en cwdquier 
paia democrdtico; y aeria un dia nuuy triate para el 
mundo ai eaa libertad le fuera negada. Pero aqu^illoa 
que gozan del derecho del libre cidto, en la caaa del 
vecino, eatdn bajo la obligacidn de no abuaar de la 
hoapitalidad. No deben de refefirse a loa puebloa de 
Sud Amirica como paganoa, aua territorioa no de- 
ben aer tomadoa como campoa miaioneroa, aua luga- 
rea en el frente de tierraa criatianaa no deben aer 
impugnadoa. Y, sobre todo, ea deaeable, en comun de- 
coro^ de que confer enciaa baptiataa, en Atlanta o en 
cualquier otra parte, no deben culpar al Departa- 
mento de Eatado de una deaenfrenada ayuda a una 
organvzacid(n \retigio8a en detrmiento de otra. En 
eate momento lo mds indiapenaable es de que todoa 
loa creyentea en la fe criatiana ae unan para obtener 
una victoria para la cauea cormdm. No deben de em- 
penarae en una deapreciable y malevola competencia 
de una naturaleza que ea una afliccidn a los vivien- 
tes y un agravio a loa muertoa*'. 



537 



A proposito de la ensenanza religiosa 



ES falso que el mundo ffsico y economico, como 
el mundo social, y espiritual, giren movidos 
al azar. Todo hecho pldstico o moral Ueva 
siempre impreso el sello de una causa» acaso dificil 
de descubrir, pero por lo menos tan real como el acon- 
tecimiento que determin6 con su impulso. 

A rafz de la guerra civil espanola, cobro eco una 
pregunta que con curiosa impertinencia repercutia 
en los centros selectos del catolicismo, a saber: ^Co- 
mo 86: concibe que de la noche a la manana la cat61ica 
Espaiia se viera derrumbada de lo alto de sus cu- 
pulas hasta los sombrios subterrdneos cubiertos de 
escombros? 

Bastaba subirse sobre la alfombra magica de un 
prejuicio o echar mano de un mito en boga, para im- 
provisar soluciones superficiales o fragmentarias. 
Se dijo que el clero habria sido el responsable de su 
propio martirio; se recitaron elegias a la edad de 
oro del antiguo regimen; se rociaron con tanta tinta 
los expropiados latifundios que bajo ciertas plumas 
aparecieron fertiles las mismas estepas; por fin, se 
propago que el oro ruso habria sido el unico respon- 
sable de la catastrofe. 

No faltaron rezagados de la informacion que, ol- 
vidando que la Republica de 1931 habla confiscado 
sin indemnizacion los bienes eclesi^sticos, atribuye- 
ran a la codicia la devastacion que asolo a la Iglesia 
eh Espaiia. 

Los factores que acabo de enumerar no alcanzan 
a explicamos como las masas, supuestas catolicas, di- 
rigieran contra las iglesias las antorchas que, como 
sfmbolo de adoracion, habian paseado en procesion 
por las calles abiertas. 

La respuesta a la misteriosa pregunta nos la su- 
ministrara un breve examen sobre la ensenanza ofi- 
cial, pero se nos tacharia de injustos si no encabe- 
z&ramos este estudio analizando antes la cldsica for- 
mula: La catolica Espaiia. 

Si, mil veces si; la Espaiia heroica fu^ profunda- 
mente catolica. Asi lo pregona la pl6yade de sus teo- 
logos, asi lo declaran sus catedrales en la muda ma- 
jestad de la piedra, asf lo proclaman sus universi- 
dades que durante algunos siglos iluminaron las 
grandes fases del Occidente cristiano: Salamanca 
forma 4poca en la historia del pensamiento cat61ico. 

Espaiia fu^ cat61ica por sus cruzadas contra los 
albigenses y contra los mahometanos en la Peninsula 
y en Lepanto; lo fue por bus misticos incompara- 
bles, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Avila; 
lo fu6 por sus eminentes fundadores de Ordenes re- 
ligiosas, como Santo Domingo de Guzman y San Ig- 
nacio de Loyola. 

Espaiia fue catolica por sus monarcas, como San 
Fernando y los Reyes Cat61icos; por sus artistas, 
como Calderon de la Barca y Murillo; y lo fue por sus 



santuarios de peregrinacion : Santiago de CoQipos- 
tela, el Pilar de Zaragoza, Montserrat y Covadonga. 

Espaiia fu4 cat61ica por sus procesiones deslum- 
brantes y por los homenajes publicos tributados a 
Dios, a la Virgen y a los Santos; y, en fin, lo fu4 
porque en su C6digo y en los Concordatos con la San- 
ta Sede, armonizaban a maravilla los derechos dc 
Dios y de su Iglesia y los que emanan directamente 
de la sociedad publica. 

Volvamos ahora la mirada sobre los ultimos lus- 
tros del siglo XIX, si queremos descubrir el factor 
prof undo y decisivo de la decadencia religiosa en Es- 
paiia. Nos referimos a la ensenanza integral, inclu- 
yendo la primaria la secundaria en todas sus fases 
de bachillerato, y escuelas nornvales y profesionaleti 
de artes y oficios; y la ensefianza unlversitaria, dc 
la que pensamos ocuparnos en especial, por las cla- 
ses dirigentes que prepara. 

Examinado este factor supremo, comprender& e 
lector con cudnta facilidad resbala una naci6n cat6- 
lica, de la vida religiosa a una descristianizacion po< 
CO menos que alarmante. 

^No ha escrito el Cardenal Manning que si tuviera 
que elegir entre la construcci6n de una iglesia y la 
fundacion de una escuela, eligiria la escuela? 

Ahora bien, por inconcebible que parezca, en la 
fispaiia de los^ ultimos tiempos, no existia una sola 
cat^ra de Teologia en ninguna Universidad oficial, 
cuando nucleos cat61icos de paises europeos ostenta- 
ban, a pesar de estar envueltos dentro mayonlas pro- 
testantes, no ya una que otra c^tedra, sino faculta- 
des enteras de Teologia. Derecho Canonieo e His- 
toria Eclesiistica, en las mismas universidades civi- 
les reconocidas por el Estado. Ejemplo de ello la uni- 
versidad cat61ica de Friburgo, en Suiza. Se trata de 
un ejemplo y no de ninguna excepcion. 

Verdad es que la vida religiosa en Espana sufri6 
una sacudida sismica, a principios del siglo XIX, 
cundo la guerra de la Independencia ; tambidn es 
cierto que el siglo XIX fustig6 a Espana con el trii- 
gico balance de dos o tres guerras civiles y un sin 

m 

fin de reacciones, revoluciones, amotinamientos f 
pronunciamientos, destruyendo fundaciones de en- 
senanza y de benef icencia, y dispersando archives y 
bibliotecas que habrian sido indispensables para U 
reconstruccion del pasado catolicismo. 

Pero, por lo mismo, no es menos cierto que, en to 
que va del siglo, Elspafia llevaba muy deslucido d 
glorioso titulo de catolica. 

Men^ndez y Pelayo, espanol de pura cepa, catdico 
a toda prueba e historiador irreprochable, evocd^ 7* 
en 1911, este aspecto vital del catolicismo en Bspi* 
na, cuando escribia: "Ha desaparecido la tinicai dr 
tedra de Historia Eclesiastica que en EBpaiia exiatb, 
aunque poco m^s que nominalmente y agregada de 



JS^ 



nanera al doctorado de la Facultad de Juris- 
icia. Mucho antes habia desaparecido de nues- 
niveraidades la Facultad de Teologia» que go- 
le poco prestigio en los tUtimos tiempos, mi- 
on recelo por unos, con desd^n per otros, con 
'encla por la mayor parte. Nadie la ech6 de 
y nadie ha intentado seriamente la restaura- 
lunque medios habia dentro del regimen con- 
ido en que legalmente vivimos. De este modo 
bi^ramos evitado el oprobio de que Espana, la 
de Su&rez y de Mekhor Cano, sea el tinico 
de Europa que ha expulsado la Teologia de 
liversidades. Todos, cat61icos y protestantes^ la 
/an, sin que este acatamiento rendido a la cien- 
las cosas divinas en centros de cultura abier- 
>do el mundo, se considere como signo de atraso 
imania ni en Inglaterra ni en parte alguna" 
enendez y Pelayo: Heterodoxos EspaiioIes» ed. 
I, 1911; vol. I, pags. 22-23). 
iendo perdido la Iglesia, en Espaiia, el pre§ti- 
e habia conquistado en los claustros universi- 
disociada la ensenanza religiosa de los cen- 
'iciales, desde las universidades cayeron, como 
cada, ensenanzas desviadas de la religi6n que 
ron los centros de ensenanza secundaria, y, 
de, la lejana enseiianza primaria. 
> induce a creer que la Iglesia en Espana se 
apoyado demasiado sobre la base poco firme 
derechos adquiridos despues de la primiera Re- 
. De hecho, a pesar de todos los privilegios de 
larquia, los catolicos espaiioles no lograron 
si realmente lo intentaron en serio, una sola 
cion de ensenanza superior, reconocida por el 
2rio de Instruccion Publica y habilitada para 
r diplomas acad^micos, como los otorgaban 
iversidades catolicas de Lovaina, Friburgo y 
ist; las de Baviera y Renania, en Alemania, y 
otras de Norteamerica, Canada, Austria e In- 
a. 

asi confusion de la Iglesia y el Estado en cier- 
pectos civiles, y la trdgica separacion de la 
y el Estado respecto a la ensenanza, di^n raz6n 
;arencia, en el ambiente civil espafiol, de una 
m catolica dirigente undnime. Por falta de 
;lite" compacta y autorizada, los catolicos es- 
{ no pudieron evitar que la Republica cayera 
nos de politicos desligados de la mentalidad 
ca del pais. 

profesores de la ensenanza oficial habian roto 

fecunda conciencia nacional para ir a beber 

corrientes del positivismo frances y del racio- 

:> aleman; mirada con desd6n la filosofia tra- 

1, quedo arrinconado en las bibliotecas el pa- 

10 espiritual elaborado por el alnm nacional 

js de los siglos. Ramon y Cajal, jefe de la his- 

moderna; Maranon, medico eminente en una 

lidad sabrosa para los gustos actuales, esti- 

critico de la historia; Fernando de los Rios, 

?o y socialista; Miguel de Unamuno y Ortega 



y Gasset, dos maestros indiscutibles del pensamien- 
to espaiiol que precedi6 la reyoluci6h, por no citar 
mis ejemploB, distaban mucho de representar en el 
pais la antigua tradici6n de sus ensenanzas univer- 
sitarias. 

Una vez entronizado el laicismo en los palacios de 
la ciencia, su voz de mando, transmitida desde las 
universidades, desperto ecos en todos los centros de 
enseiianza, y la nueva concepci6n de la vida lleg6 a 
germinar en la misma conciencia infantil. 

La influencia de los sabios aludidos pas6 las fron- 
teras del Estado, y los elogios conquistados en el 
extranjero fueron piadosamente recogidos por sus 
admiradores para levantarlos muy por encima del ni- 
vel de prestigio de sus colegas de cdtedra ; este mismo 
prestigio les permitiria mas tarde de trocar la c&* 
tedra en tribuna politica al servicio del nuevo regi- 
men. 

Extrafia 16gica la de los :hechos, que logr6 ahogar, 
en gran parte, el espiritualismo catolico, en un pais 
pricticamente cat61ico, durante la monarquia cat6- 
lica, y a trav&i de la enseiianza, tambien cat61ica en 
principio. 

Es cierto que la ensenanza cat61ica, muy desarro^ 
llada en Espana, contaba con miUtiples y f amosos 
colegios de ambos sexos, ademds de las universida- 
des pontificias. seminarios diocesanos y de Ordenes 
religiosas. Tambien es cierto que un vasto sector de 
la juventud que acudia a estos centros de instruc- 
cion y de formacion, salia de los mismod con convic- 
ciones religiosas relativamente s61idas. Pero no es 
menos cierto que la ensenanza oficial que otorga o 
rehusa los grados o diplomas universitarios, la en- 
senanza que virtualmente controla los resortes poli-^ 
ticos y sociales a trav6s de las clases dirigentes que 
prepara hasta el ultimo retoque para todos los sec- 
tores de la vida publica, esta ensenanza era indife- 
rente cuando no hostil a las tradiciones cat61icas de 
la nacion hispana. 

Bast6 que el laicismo se pusiera de moda en los 
claustros universitarios para que corrieran en pos de 
^1 los neof itos de la ciencia, atraidos por el flamante 
ropaje que, profesores, sabios en su especialidad, lu- 
cian elegantemente bajo sus canas. No hacia falta 
que hablaran de religi6n; bastaba a veces la sonrisa 
ironica de un profesor sobre cierto tema para dis- 
locar en la juventud las bases de una religi6n suje- 
tivamente mal cimentada. 

En un pais de tradici6n cat61ica, la separaci6n de 
la Iglesia y el Elstado respecto a la ensefianza, afccta 
en sus raices la mision del sacerdote, por cuanto cl 
valor cultural y cientifico del sacerdote, una vez que- 
do f uera de concurso en los centros oficiales, es con- 
siderado poco menos que nulo por la muchedumbre 
ignara. Por eso, para el hombre de la calle, gozaba 
en Espana de mayor prestigio cultural un maestro 
de escuela que el mejor especialista, cl^rigo o monje, 
versado en ciencias histdricas, filosoficas, juridicas, 
lingiiisticas, teologicas o biblicas. ^Raz6n? El diplo- 



539 



ma oficial del primero, y la competencia cientffica 
no reconocida oficialmente en el segundo. 

La enseiianza en todos bus grados y solamente ella 
nos deja vislumbrar la causa remota y profunda de 
la hecatombe religiosa en Espana. 

Sin este caos de ideas preliminary tampoco se con- 
cibe c6mo los jefes politicos lograran adormecer a 
los espfritus orguUosos de su religi6n, y ab'andonar 
en la desolacion material y moral a las masas cre- 
yentes que pensaron encontrar una garantia para su 
libertad de conciencia eligiendo politicos que se pro- 
clamaban cat61icos y republicanos. 



No abrigamos la menor duda de que Espafia, in- 
cluso en el seno de la Repiiblica, hubiera encontradc 
su equilibrio, de haber estado provista de una sola 
universidad cat6Iica que irradiara una influencia 
an^loga a la que Lovaina, antes de la ocupaci6n, ejer- 
cia sobre la ''^lite*' dirigente de B^lgica. 

Las mismas reivindicaciones sociales habriati sido 
resueltas de una manera mds cristiana, y no habrfu 
tenido que deplorar la Iglesia el fariseismo de unos 
y la mala fe de otros, cuando se vi6 aprisionada y 
torturada dentro de sus propios edificios. 

Antonino TOMAS 



Tres enfoques sobre el drama religioso 



• TVTOS hallamos proximos a un espl6ndido re- 
• I ^j surgimiento del teatro religioso? Estaba, 
^^ -^ ^ dias pasados, recabando algunos datos 
para completar mi material de informaci6n acerca 
de un estudio que sobre Autos Sacramentales tengo 
en proyecto (1), cuando cay6 bajo mis ojos una pu- 
blicaci6n, firmada por el Sr. Kurt Phalen y apareci- 
da en La Nacion, donde se dice: "El teatro, que ha 
sido durante los siglos de la Edad Moderna esencial- 
mente un arte de lugares cubiertos e intimos, ofre- 
ce en la actualidad una tendencia interesante: la de 
un retorno a sus formas antiguas, ya en su estilo, 
ya en la elecci6n de los lugares al aire libre donde 
se realizan tales actividades/' 

He experimentado viva alegria al comprobar que 
en aquel mi estudio coincido con las manifestaciones 
del escritor mencionado, al menor en lo que respec- 
ta al hecho de ese retorno. Creo que, en efecto, nos 
hallamos frente a una resurrecci6n del teatro anti- 
guo; claro que no en sus formas originales puesto 
que ^tas han venido sufriendo adaptaf iones sucesi- 
vas y forzosas a la modalidad y exigencia peculiares 
de siglos y pueblos diferentes, — el punto de vista 
del arte dramdtico contempor&neo difiere fundamen- 
talmente del de sus antecesores — , pero si en su 
esencia que es tesoro permanente de espiritualidad 
y belleza. 

Ahora bien; cuando aludo aqui al teatro antiguo, 
no remonto la escala de los tiempos tanto como para 
alcanzar con esa denominacion al teatro cldsico por 
excelencia, el de un Euripides o el de un Arist6fa- 
nes. Y es porque esa resurrecci6n de que he habla- 
do la f inco precisamente en la del teatro religioso 
medieval, o mejor atin, en la de su cumbre, el rena- 
centista. 

No es simpatia ideologica, reaccion sentimental o 
parcialidad de celoso militante de la grey cat61ica 
lo que dicta mi aseveracion. La razon es otra. Mds 
tarde o mds temprano, la presente guerra, cuyas lla- 
mas lamen ya los tiltimos confines del mundo que se 



autotitula civilizado, va a concluir en la forma de 
una revolucion integral en la organizaci6n de &9te. 
^Se construira el futuro bajo la coyunda aplastante 
del concepto Estado? ^Serdn las formas an^rquicas 
las que enarbolen triunfantes su Idtigo de nueve co- 
las? De una u otra manera, las mds robustas espe- 
ranzas que de sobrevivencia de cualquier orden que 
sea se alimenten ahora — fuera de la verdad cat61i- 
ca — , quedar&n definitivamente destruldas. Tabla ra- 
sa y vuelta a empezar. En ese nuevo ritmo iqu€ se- 
r6 del arte religioso? ^Qu^ del teatro religioso? Yo 
creo que el momento aerk propicio para su victorio- 
so regreso. Y precisamente porque el factor espiri- 
tual serd, en ese instante, el iinico vinculo de aos- 
t6n de la humanidad moribunda. Cuando la materia 
cede es cuando sentimos mds neta la vibraci6n del 
alma. 

Pertenezco a los que sostienen que la historia se 
repite. Y a tal efecto, pienso que si el medioevo nos 
brind6 esos gritois de fe concretada en piedra que 
para gloria de la Iglesia florecieron bajo el genio mi" 
gico de sus artistas, abiertos al sol y a la vera de 
climas de paz, tambi6n la Roma envejecida nos di6 
los frescos y los vidrios dorados de las catacumbas, 
creados por otros artistas que vegetaban como topos 
bajo sombras inquietantes y cuando sobre sus techos 
se blandia, desafiando todos los vientos, la espada 
del Dictador. 

Estas disquisiciones no estan engarzadas en nu* 
bes de ilusi6n. La prueba es que desde hace unos 
arios se observa, como clarin anunciante, un prome- 
tedor despunte del teatro religioso. 

Aquel teatro medieval primitive, ingenuo y cri«- 
tianisimo que comenzo en los altares mayores para 
b'uscar mds tarde la expansi6n que los atrios le ofre- 
cian; y que paulatinamente fuera acumulando tan- 



(1) Quien esto escribe tiene en preparacion un tnba|o 
titulado "El Auto Sacramental y su Resurgimiento'*, dond* 
se estudia con detalle todo cuanto aquS, como es 16gxco, 1610 
puede esboznrse. 



S^O 



Ho hasta que el fin del renacimiento le arrin- 
a la espera de horas m&s propicias, ha venido, 
imente, fortaleciendo su vieja estructura; y 
ado por sagaces draxnaturgos, ha recobrado vi- 
ra mostrar toda la inextinguible gama de su 
dente contenido. Podrfan citarse varies ejem- 
lustrativos: hasten el de Zalsburgo, en el atrio 
^a catedral el impar Max Keinhardt ha dirigi- 
te multitudes recogidas el Cada Cual, arregla- 
r Hoffmannsthal; y el de Henri Gh^n, quien 
IS Compagnons de Notre Dame primero y sus 
ignons de Jeux despu^s, ha recorrido toda 
ia y atin el extranjero montando, entre otras 
de alta jerarquia, el Misterio de la Misa, de 
'6n, frente a cuarenta mil espectadores que 
In fueron actores pues dirigidos por expertos 
irios, libreto en mano y atentos a decenas de 
rlantes, dialogaban con las primeras figuras 
esplazaban en imponente espect^culo de fervor 
.rte. 

y — ^y lo he dejado para decirlo aparte pues es 
irincipalisima — no puede hablarse de teatro 
so si no se menciona, en primer piano, el Au- 
iramental. Los pueblos ibero americanos tene- 
I suerte inmensa de contar con este maravillo- 
rvo cuya insondable riqueza no posee ninguna 
teratura de la tierra. Derivado del teatro sa- 

la Edad Media, consiste esencialmente en un 

cuyo objeto es la exaltaci6n de la Eucaristia; 
10 solo para enfervorizar el alma de las gen- 
1 la presentaci6n de tan grande misterio de la 
i sino tambi^n para combatir con las armas 
te — apostolado en la escena — la acci6n des- 
ra y turbia de la Reforma. Muy sencillo en sus 
izos, con recursos marcadamente ingenuos, au- 
36I0 discretos y paup^rrima escenografia alld 

siglo diez y seis, cuando se denominaba Far- 
Tamental, adquiere al advenimiento del edi- 
moneda, uno de sus m&s entusiastas difundi- 
una vida de gran f ecundidad que luego el grap 
con su poesia excelsa de gigante y mds tarde 
6n, seiior del drama hispano, llevar6n a la apo- 
en el siglo dureo, al reunir, especialmente este 
, el mas solido fundamento teol6gico y el des- 
* tecnico m^s deslumb'rante — recu^rdense los 
>s carros — que sus tiempos presenciaron. 
/erdad que, asf come se ha dicho del Quijote 

una invitacion al descanso porque el esfuer- 
nico del espiritu tocaba con 61 su culminaci6n, 
nbi^n, tras el chispazo calderoniano y al ave- 
3 el siglo diez y ocho, el Auto fu6 buscando la 
bra en espera de tiempos m^s propicios; y un 
)r decreto^ un rey sello su supresion. Pero es- 
iscrito que no moriria pues aunque el teatro 
o lo habla empujado implacable, surgian pe- 
tmente destellos de su existencia. Y hoy, atan, 
lifiesta bajo diversos cielos, ya con las repre- 
iones de la Oveja Perdida, de Timoneda, en la 

de Valencia y en ocasion de Congresos Eu- 



caristicos, ya en la del Gran Teatro del Mundo, de 
Calder6n, en el convento de Santa Maria en Eissie- 
deln, ya en la de La Vida es Sueflo, de ^te mismo, 
en Montevideo. 

Con tan admirables tesoros, el teatro dramdtico 
religioso espafiol, que ha tenido la virtud de velar 
siempre por el mantenimiento de las raices de la ea- 
tolicidad, est& en excepcionales condiciones para 
aportar inmejorable tributo a la escena religiosa de 
mafiana. 

Yo espero esa realizaci6n; muchos, sedientos de 
Espiritu, la esperan tambi^n. Y mientras llega, ima- 
ginemos, a modo de goee anticipado, un vasto pa- 
tio de catedral severa oprimido por racimos de pue- 
blo recogido; y en ^1, rasgando las telas de una no- 
che purisima, una voz sembrando f6 y poesia a la 
luz de la gloria en verso del F^nix de los Ingenios: 

•iDulce Esposo de mi vida! 

i Gloria y Amor de las almas! 

Jestis mio, Key del cielo, 

Ultimo fin de mis ansias, 

A quien herida de amor 

Voy, como cierva a las aguas, 

Perseguida de las flechas 

y abrasadas las entrafias. 

iDame esa mano santa. 

Que yo s^ que castiga y que regala ! . . . 

SOBRE EL CUENTO Y EL CUENTISTA 

Ceniciento de la literatura, ha llamado al cuento 
un escritor francos contempor&neo. Alude asi al ea- 
caso interns que, segtin 61, demuestra su pueblo por 
tal g6nero literario. En Espana, aunque menos seve- 
ramente — siempre me refiero al criterio del gran 
publico — tambi^n se le conceptiia como una especie 
de arte menor. Y en cuanto a America, a latino Ame- 
rica, ocurre lo mismo. ^Por qu6? Por dos sencillaa 
razones entre otras varias. La primera, que suele 
juzgarse el valor literario de una obra m&s por su 
extensi6n que por la densidad de su contenido; y de 
esto hay ejemplos abundantes, como el 6xito que ob- 
tienen los famosos "romans fleuve" que llaman los 
franceses a esos novelones inacabables, toneles sin 
fondo de sentimental! smo rampl6n, algunas bio- 
grafias noveladas donde se adulteran las vidas y se 
desprestigia la novela. La segunda raz6n es que el 
lector comiln no acierta a captar que en la estrechez 
de una decena de pdginas puede haber, suele haber, 
un caudal mayor de contenido humano, una mayor 
riqueza dram^tica, un mundo m&s dilatado en suges- 
tiones y matices, que en quinientas o mil p&ginas 
dedicadas a un argumento de construcci6n raquitica 
y prosa desleida y vacua. La prueba est^ en que se- 
gun es sabidp — ^y lo han proclamado las mas encum- 
bradas autoridades criticas — el cuento es, de las 
obras de imaginaci6n, el mds'dificil de los generos. 
Por eso el cuentista no abunda como el novelista. 



541 



Cierto que se puede ser grande al mismo tiempo en 
la novela y en el cuento y ahi estd Valle Incldn con 
flU8 Sonatas per un lado y sus Flores de Almendro 
por otro. Pero esto es la excepcion. En general^ es 
muy rare que un novelista tentado en forma espord- 
dica a escribir un cuento — ^y el caso se da a me- 
nudo — , saiga airoso del paso. Las caidas de este tipo 
son comunes porque, ciertamente, hay entre cuento 
y novela una relacion de semejanza y la atraccion es 
fuerte.-Pero el cuento es exclusivista, exige una con- 
8agraci6n total en el autor que pretenda cultivarlo, 
aparte, claro estd, de condiciones naturales muy es- 
peciales en ^1. Pintar un ambiente, un car^ter, un 
conflicto, encerr^ndolo en la exigUidad de dos trazos 
y producir la impresion de que se tiene a la vista un 
cuadro complete y minucioso, es conquista de talen- 
tos nada comunes. 

Sin embargo; pues que contrariamente a la creen- 
cia vulgar el cuento es arte sutil de alta fibra que 
obllga al lector a un esfuerzo de afinacion estetica 
no corriente, es explicable que» si no lo desdena to- 
talmente, al menos lo sub'ordine. ^ 

No podia, puea, asombrarme si en el mes de fe- 
brero pasado no escuche ninguna alusion, por parte 
de la gente aficionada a la lectura literaria corrien- 
te, respecto de uno de los mas grandes. el mas gran- 
de, tal vez, de los cuentistas sudamericanos contem- 
pordneos^ que se llamo Horacio Quiroga y cuyo de- 
ceso ocurrio en aquel mes, hace siete aiios. Me he 
asombrado, en cambio de que la gente de letras no 
le haya dedicado un mayor recuerdo en los periodicos 
y en las revistas literarias de tiraje amplio. El bu- 
ceador de nuestra selva misionera, el recio descriptor 
de la vida multiforme del alto Parana, el hijo dilecto 
de la naturaleza bravia de nuestro norte. el artista 
de la sobriedad hecha belleza, el creador de Anacon- 
da, de El Desierto, de El Salvaje y tantos otros per- 
files imborrables de la tierra propia, no fu^ casi re^ 
cordado en el nuevo aniversario de su partida hacia 
la proceridad literaria. 

Enrique Amorin, en un sentido homenaje, estam- 
p6 en la muerte de Quiroga estas palabras justfsimas 
que hallaron cabida en la revista Nosotros: "Nadie 
eacribio por estas tierras mejores cuentos, de humil- 
des y humillados, tambi^n de victimas y de victima- 
rios. Releerlos podria ser saludable para los que es- 
criben dejdndose llevar por las palabras, encrespando 
el estilo, obscureciendo la idea. H. Q. es uno de los 
creadores del Rio de la Plata a quien no se le ha va- 
lorizado aun como se merece. La t^cnica de su cuento 
es perfecta. Su vida fu6 la del verdadero artista, fiel 
a au condicion, dramdticamente solitaria. . ." 

No se le ha valorizado como se merec;e. Es 6sta una 
verdad que quema. Pero es que ni siquiera se le ha 
recordado como se merece. Y esta es verdad que que- 
ma el doble. 

jAh, el eterno calvario del cuento y del cuentista! 



SOBRE UN LIBRO ESPAf^OL 

Es innegable que en el transcurso de nuestra vidj 
ajustamos y corregimos muchos de los conceptos qu( 
de los hombres o las cosas nos habfamos prematura 
mente formado. Un escolar de trece afios no analiz2 
un hecho hist6rico desde el mismo dngulo que ui 
hombre de cuarenta, ni en aquella edad, si es qui 
se llega a leer alguna pagina del Quijote, se lo hac< 
con an^loga disposicion mental que en esta ultima 
Recuerdo, al efecto, lo que pensaba yo acerca de li 
Edad Media durante mi adolescencia. Obligado o po 
CO menos, por razones de estudio, a despacharme ma 
nualillos donde se la denostaba con epftetos y frase 
lapidarias por el estilo de "la noche de la historia" 
imaginaba aquel mundo como un cuadro dantesct 
donde reinaban la crueldaS, la intriga, la magia y e 
fuego; y coron^ndolo todo, como rubrica definitiva 
una ignorancia, la mas crasa, en sus hombres diri 
gentes y una esclavitud mental y fisica no menoi 
desconcertantes en sus pueblos. Hasta que un dfa 
aiios mas tarde, el oportuno obsequio de un librt 
donde se mostraba en bellisimas fotografias aspec 
tos de las mds famosas cated rales goticas francesaa 
hizo rodar por tierra aquella grotesca y Idbil estruc 
tura de conceptos falsos sobre ese periodo hist6rico 
No, acabe por decirme. Una ^poca que de tal modi 
cimenta su fe, no puede ser una ^poca estulta. Ni 
ha sido, o no ha querido ser comprendida por los di 
fundidores de la historia. 

Cosa analoga ocurria con respecto a mis ideas so 
bre Espana. Tanto escuchar, tanto leer, — siempn 
por imposici6n de estudio, claro, no por precoz desec 
de investigaciones — , otros manualitos que hablabai 
de la miopia ib^rica, de la incapacidad de sus mo 
narcas, del puro deseo de aventura en los conquista 
dores de America, la infaltable leyenda negra ador 
nada con tantos otros miles y turbios argumentos 
que imaging a Espana como una tierra donde el es- 
tancamiento era ley eterna y donde solo por caprt' 
cho del azar se mostraba, all& a las cansadas, algdl 
vago destello de discretas cualidades. Pero aiios mil 
tarde supe que Teresa de Avila, Cervantes y Lopi 
fueron espaiioles. Y me dije que un pueblo que taa 
mavillosamente ha gritado en letras su fe, su rasa 
y su grandeza, no puede ser mediocre. Erraban tam- 
bi^n ac'::i los santones de la divulgaci6n hist6rica ba- 
rata. Mas tarde, naturalmente, otros libros — debo 
citar especialmente a Babel y el Castellano, de Cap- 
devila, que me presento la oportunidad de aquilatar 
la riqueza impar de nuestra habla — escritos con va* 
liente sinceridad, acabaron tambi^n, definitivament€» 
con aquellos enganosos marb'etes. 

Pero ; y de esto hace bien poco, otro libro lleg6 a 
mis manos, de esos capaces de mostrar, bajo an fat- 
ta completa de presuncion, toda la grandeza de la 
tierra ibera, la hondura de su acervo espiritual, la 
lejania inalcanzable de las fronteras de su genio. Lo 
he leido y releido. Es de Fray Justo P^rez de Urbd, 



542 



de Silos; ese sapientfsimo ex^geta, arque61ogo, 
riador y critico que cuando desea reposar sus 
tatigados de tanto escudriiiamiento en tiempos 
maa remotos, echa a andar su musa y se con- 
e en el delicioafsimo poeta del Gancionero Pacie- 

libro trata de "El Monje'en la Vida Espanola 

Edad Media"; nada menos que uji chapuzon en 
ad mis discutida, en la zona — como ya lo hici- 
ver — m6s pisoteada por seudo criticos fin de 

No es, en absoluto, una apologia del monje es- 
l ni pol&nica destinada a poner sobre el tapete 
fluencia bienhechora. Es un relato sencillo, sin- 
> y amenamente escrito sobre la vida de estos 
osos y su obra realizada en suelo espafiol. Pero, 

todo, es meridiana la luz que arroja sobre su 
y su misi6n. Al recordar sus pdginas nos ente- 
8, a veces con asombro, de las mil y una activi- 
i desarrolladas por ellos desde su organizaci6n 
itiva hasta la perfecci6n legislativa de sus fun- 
*es, de sus leyes del trabajo con su colonizacl6n 
3rras hasta el amor a la patria de que hicieron 
ya como comb'atientes, ya como mArtires, ya 

auxiliadores y consejeros de monarcas. Nos 
amos, tambien, sobre su influencia social como 
res de la rehabilitacion de la mujer, de la cari- 
renovada y constante de sus limosneros, de su 
idad como educadores reales y pregoneros incan- 
3 de la paz. Tambi^n de sus relaciones estrechas 
il arte y de la construccion de iglesias y otroa 
:ios de car^cter mon^stico. Asimismo averigua- 
que en el aspecto intelectual fueron excelentes 



propulsores de la cultura. Abundaron sus catedr&ti- 
cos y sus bibliotecas y no fueron escasos sus croni- 
cones y c6dices. Y finalmente, en pintura rel&nlpago, 
el libro nos ensena las figuras de los tres gigantes 
del medioevo monacal: San Isidoro el de Sevilla, el 
enciclopedista, el genial investigador de las ciencias 
sacras y profanas, orador elocuentisimo y egregio 
gobemante de la iglesia espaiiola. San Fructuoso, el 
predicador a lo San Francisco de Asis, mole de fe y 
virtudes, uno de esos hombres que llamariamos ina* 
daptados en el nucleo de tolerancia y vicio que cobi- 
jan las sociedades y cuya palabra, mas que tal, es 
llama viva y cauterizante de conciencias llagadas. Y 
San Valerio, el intelectual, el que tiene su vida dis^ 
tribuida entre el amor a sus libros y el amor a su 
huerta, silueta donde entroncan el ap6stol amable y 
el sabio puro. Algunas de estas cosas las conociamos, 
otras las barrunt&bamos. jCu^ntas de ellas las des- 
conociamos a causa de la parcialidad, en este caso 
amiga de menear bultos y eludir verdades! 

Al concluir la lectura de este libro sereno y veraz, 
sencillo y luminoso, record^ nuevamente las palabras 
que sobre la trascendencia universal del fenomeno 
espafiol escribi6 no ha mucho un hombre que por 
cierto no goza fama de muy benevolo en sus juicios: 
Pio Baroja. Y sus palabras son estas: ''Yo no creo 
que se pueda hablar muy en serio de la ciencia es* 
paiiola como hablo Men^ndez y Pelayo pues a este 
respecto Espaiia es donde ha sido mas debil; pero sf 
se puede hablar de la cultura espafiola. Esta es una 
de las cuatro mas importantes del mundo". 

E. A. DUGHERA 



jOtro problema de postguerra! 



L epigrafe no por manoseado deja de tener su- 
gestion. Hoy, todo aquel que piensa (o cree 
pensar), procura amasar en la retorta de su 
n, la panacea con que se hara del atribulado 
;o nuevo Paraiso. iQue sea imposible. . . ! ya lo 
s por descontado, pues aun no se ha revocado 
3reto por el que el Angel del Sefior veda la en- 
del suelo dichoso, armado de espada de fuego. 
y que el hombre nazca en dolor, anuncie su en- 
al mundo con lagrimas y llanto; que ^stas em- 
I su pan cotidiano y que el postrer aliento sea 
emido de luchador vencido. 
que, sin duda, podrd lograr es una mejora o 
3 menos aminorar el peso de dolor que agobia 
Dre desterrado que ambula por este valle de \k- 
is. iBienvenida, pues, la preocupacion por estoa 
emasi 

y presentamos a la consideracion de nuestros 
•es un problema, que tal vez parezca no mere- 
a pomposa denominacion que hemos propuesto. 
fin interes nos mueve a defender tal intitula- 



cion y si tan solo el deseo de preocupar a la FAMI- 
LIA CRISTIANA acerca de un problema que nos 
debe ser muy querido. Al decir FAMILIA CRISTIA- 
NA (con mayusculas) entendamos la GRANDE, la 
que formamos todos los catolicos, quienes tenemos 
nuestra casa solariega en Roma, junto al Padre Co- 
mun, el Romano Pontlfice. Es, por lo tanto, un pro- 
blema de casa, y por ello mismo tanto mds amado 
del fiel hijo de la Iglesia. 

Volvamos, pues, como lo exigen todos los proble- 
mas de Post-guerra, al aiio 1918 cuando termin6 la 
Gran Contienda, que "mds que la liquidaci6n de un 
pleito de encontrados intereses nacionalistas o de ri- 
validades atavicas, fu^ la liquidacion de muchos aiios 
de sensualidad, de crisis humanista, de dislocaci6n 
etica". Epoca en que urgia un viraje brusco para 
desviarse de una carrera tr^gica, aturdida y sem- 
bradora de estragos. 

El momento psicologico porque atraviesa aquella 
generacion embriagada de sangre, sus reacciones y 
las angustias que padecia, lo hallamos consignado 



543 



en la introducci6n que al libro de Romano Guardini 
"Der Geist der Liturgie", escribid el agustino Pa- 
dre F61ix Garcia. 

Refiri^ndose a la reacci6n y angustia de la ju- 
ventud de entonces, dice nuestro guia: 

"Bien claramente lo decian aquellos soldados 
franceses que^ entre el fragor de las trincheras, 
buscaban un rayo de luz en la lectura refrescante 
de "L'Histoire d'une ame" y de "Le R6cit d'une 
soeur", libros que les hablaban un lenguaje nuevo, 
que tenian para ellos aromas alguna vez presenti- 
do8 aunque no gustados, y los hacian renacer a una 
posible vida, oreada por los alisios de la fe." 

"... se desat6 un Impetu, largamente contenido, 
de oracion y de ruego. S61o la refrigeracion de las 
aguas biblicas podia reverdecer en pr6spera fecun- 
didad' tantas almas agostadas. Era preciso zarpar 
la nave del espiritu en categorias supremas para 
tener una razon, la unica razdn definitiva de vivir". 

La hora actual padece de la misma enfermedad 
y tambi^n b'usca un rayo de luz que la haga rena- 
cer a una posible vida oreada por los alisios de la 
fe. El prologuista de "El espiritu de la Liturgia", 
se refiere a las juventudes estigmatizandas por el 
horror de las trincheras. Actualmente no existen 
trincheras cavadas en los frentes de batalla, sino 
que surcan los senderos todos del mundo. 

En Europa, bien lo sabemos, la metralla descar- 
ga hoy su rabia infernal sobre escenarios que en 
la pasada guerra se consideraban imposibles de al- 
canzar. 

Cuando llegue el momento de cesar la contienda 
serd relativa la verdad de la cdlebre frase, "volver 
a la paz del hogar". Hoy la lucha no reconoce fren- 
tes y todos y cada uno es soldado. Consideracion, 
48ta, que magnifica el sentido de la observacion 
del Padre Garcia y la universaliza con respecto al 
momento que vivimos. Ni siquiera nuestra Patria, 
alejada de los campos de batalla, puede conside- 
rarse eximida de esta ley general. El dnsia de algo 
mds substancial a los reglmenes derrocados uno 
tras otro, el anhelo de escapar de una atmosfera im- 
pregnada de falsedad y traici6n, el pesimismo ante 
la tragedia del Viejo Mundo, se aiinan para crear este 
ambiente benefico, si se saben aprovechar sus con- 
secuencias. 

Negar la existencia de un noble impulso de espi- 
ritualidad, aun entre nosotros, seria proferir una 
mentira descarada. Es que los anos de laicismo, con- 
tra los que tantos trenos hemos escuchado, no s61o 
no han apagado las brasas mortecinas del espiritu, 
sino que en manos de Dios, han venido a resultar 
sus "lineas, con que supiera escrib'ir derecho" para 
avivar las ansias incontenibles del coraz6n humano 
en su atraccion hacia El. 

Es la hora propicia, a punto de madurez, para un 
generoso renacimiento espiritual. Es preciso, pues, 
obtener el "maximo rendimiento de esta disposicion 
de las alma.s, con las cicatrices de la prueba abiertas 
y estigmatizadas con los carismas del infortunio, al- 
mas que se aprestan a entrar por las caminos de 



Dios, para buscar una base eterna a sus anhelos de 
nueva vida". 

iC6mo obtener este "mdximo rendimiento"? 

Califica, el Padre Garcia, la soluci6n de Guardini 
como un momento de intuicidn admirable. La solu- 
ci6n era: el renacimiento liturgico para provocar la 
reviviscencia del espiritu y activar la circulaeidn de 
la vida cristiana. 

Y prosigue el docto agustino: "Esto pudo parecer 
sorprendente a quienes de la Liturgia tienen s61o on 
concepto superficial y est^tico, a los que en ella ven 
s61o una serie de pr^cticas rituales, ceremonias, tea- 
tralismo, prescripciones nimias, pero sin contenido vi- 
tal, sin trascendencia religiosa." 

De ahi que entre los muchos conceptos Misicofl 
que deban ser rehabilitados, merezca principal aten- 
cion el concepto del funcionamiento cohesivo de la 
aut^ntica vida cristiana, arraigada en el vivir li- 
turgico de la Iglesia. 

Al menos desde la Reforma este concepto se fui 
perdiendo, vegetando tan s61o en ciertas abadias^ 
comunidades benedictinas y contados conventos. Si- 
no la Iglesia, por lo menos contado ntimero de aus 
miembros pudo sustraerse a las toxinas del indi- 
vidualismo protestante. Nacio la ^poca del aubjeti- 
vismo y como logica consecuencia, entre otraa, el 
desprecio de la tradici6n. "Cosa que — como bieir 
ob'serva Maritain — no podemos hacer, ni atin cuan- 
do m^s pretendamos renovarnos". Es que renovar, 
por lo menos en el espiritu, es remozar, lo cual 
supone volver a una juventud; y en nueatro caao 
es: volver a las fuentes en que la "Sancta Mater 
Ecclesia" era entendida como una verdadera ''ma- 
dre" que relacionaba a sus hijos como hermanos 
entre si, haci^ndoles participes de la misma Mesa 
y del calor de un mismo patrio hogar. 

Al referirnos a la Liturgia como remedios de 
esta horrible enfermedad llamada individualismo o 
subjetivismo y presentarla como la cistema de agua 
viva que apagar^ la sed del mundo que busca a 
Dios, no resistimos la tentacion de transcribir el 
siguiente pdrrafo del PadTre Garcia, pIet6rico en 
sugestiones para el que quiera sentir los tibios la- 
zos que deben unirlo con la "Mater Ecclesia". 

"La Liturgia brota del hecho de la Comunidad 
viviente religjosa, que es producto de la aporta- 
cion regulada de las energlas individuales. Si en 
todas, mucho mds en la sociedad littirgica se re- 
quiere la sabia coordinacion del sentimiento colec- 
tivo, de las emociones e iniciativas individuales, de 
los anhelos, fervores y simpatias personates pars 
hacer cristalizar toda esa superabundancia espiritual 
en la "oracion colectiva", en la plegaria undnime, in- 
tegrada por voces innumerables, de la Santa Iglesia, 
Madre comfin de los que en ella viven. Por eso la pri- 
mera condici6n que la Liturgia impone es la rcnun- 
cia generosa a las propias expansiones, que no en- 
cajen dentro de la reglamentacion comiin; es el so- 
metimiento de toda tendencia antropoc^ntrica, de to- 
da insurgencia egoista, del mandarinismo instintivo 
de la autonomla de nuestros sentidos". 



544 



la vida litfirgica no .hay "yo" sino solo ''nos- 
. Los individuos en ella no son, sin embargo, 
agregados o sumas num^ricas, sino miembros 
snidos a un tronco comtin. ". . .el individuo en- 
el torrente de la vida divina que circula por 
rpo mistico de la Iglesia/' 
:ados a este punto volvamos a los casos obje- 
de donde concluiremos la necesidad de prestar 
atenei6n al problema que nos ocupa, procu- 
tomar en cuenta los errores de las primeras 
as. 

(^ncidos del principio del retorno de las masas 

spiritualidad y por 16gica consecuencia al seno 

Iglesia, debemos confesar, ante todo, que la 

jonquista se convierte muy luego en desalen- 

deserci6n. 
ieron las ansias de respirar las auras de la 
»atema. Se pusieron en camino hacia la man- 
lolariega. Golpearon. Fueron recibidos. Y... 
•? Alii quedaron en las antesalas y no entra- 
participar de la vida de familia que tanto ape- 
Se sintieron extraiios, en su hogar, al no corn- 
er el lenguaje de nuestros cultos. Su nostalgia 
3s no fu6 satisfecha y hubieron de volver al 
iento camino de la soledad espiritual, con el 
de la desilusi6n, incrustado en el pecho. 
es quiso tratar como Angeles redimidos y s61o 
tristes mortales que llevaban a cuestas la ar- 
e Addn! Se quiso que a las piiertas del Tem- 
andonaran sus alforjas de sensibilidad de fan- 
de todo aquello que los distingue de los espi- 
auperiores. jY esto no es posible!. . . 
>rosa tragedia de los anos posteriores al 1918 
vimos repetirse entre nosotros poco tiempo 
\s del hermoso florecimiento liturgico que pa- 
a purito de transformar nuestra patria, hace 
los afios. 

o si fall6 el remedio, no fu6 por faltarle al 
» virtud. Fu6 un remedio puesto entre manos 
IS, que no supieron aplicarlo. Una vez m&s se 
S la triste verdad de la frase evang^lica: "Los 
Huelos pidieron pan y no bubo quien se lo par- 
. Es que una transformaci6n de tanta tras- 
icia, como la que implica una restauraci6n li- 
a, no puede improvisarse. 
novimiento inicial perdura en algunos medios, 
ciertas Parroquias y contadas agrupaciones 
>sas, donde puede comprobarse que la cose- 
j lo poco sembrado, rinde el ciento por uno. 
anlo quienes con la "Misa Dialogada" de los 
igos ban logrado un cambio fundamental en- 
i antes aburridos espectadores de un rito in- 
ensible. Y estos mismos jefes de comunidades 
[uiales y religiosas, (con la explicable pruden- 
ite un movimiento que era y a veces todavia 
rtamente una novedad), fomentan e introdu- 
bora, otras practicas liturgicas, con la id6n- 
jperanza de provecbo para sus fieles. 
'iendo a los tropiezos con que se encontro el 
ado (1) movimiento liturgico, nos atrevemos, 
varios, a senalar dos: 1^ La falta de cono- 



LOS DESCUBRIMIENTOS, LOS IN- 
VENTOS DE APLICACION AL 
MEJORAMIENTO DE LA VIDA HUMA- 
NA, LLEGAN AL CONOCIMIENTO Y 
• USO DEL PUBLICO POR EL CONDUC- 
TO DE LA PROPAGANDA. 
SIN LA PROPAGANDA, QUE CREA 
EL CONSUMO, DETERMINA UN ACRE- 
CENTAMIENTO DE LA PRODUCCION 
Y, POR CONSIGUIENTE, UN ABARA- 
TAMIBNTO DE COSTOS Y PRECIOS, 
MUCHOS PRODUCTOS NO SERIAN PO- 
SIBLES A LA COLECTIVIDAD, SINO 
A U^NiOS POCOS. 

LEA, ESCUCHE, EXAMINE TODAS LAS 
FORMAS DE LA PROPAGANDA. 
LE AYUDARAN A VIVIR MEJOR. 

tacutm K KFES IE norttiint 



cimiento y comprension entre los que debieron re- 
partir el pan de Vida Liturgica; 2^ EI nimio celo 
de los gestores, quienes no acertaron en la dosifi- 
caci6n del alimento espiritual que ofrecian. 

PRIMER ESCOLIO. — El conocimiento se re- 
ducia, casi exclusivamente, a la serie de rubtiricas 
a observarse en los distintos ritos. Se confundid, 
desde luego, la finalidad de la renovaci6n littirgi- 
ca, tomando como t^rmino lo que tan s61o consti- 
tuia el aparato externo de una Vida Interior. La 
aparatosidad esc^nica prepond€$r6 sobre el argu- 
mento. Se detuvo en la delectaci6n est^tica motiva- 
da por la belleza de los ritos. Se intuyo la existen- 
cia de lo substancial, mas no se lleg6 a quitar la 
costra que ocultaba el pan integral. 

I Errores lamentables . . . ! De ningun modo nega- 
mos el que las rtibricas tengan intima relacion con 
la Liturgia, pero en modo alguno deben identificar- 
se uno y otro concepto. Son, es verdad, las reglas 
de una sabia y previsora legislaci6n eclesi&stica con 
el fin de asegurar, en el ejercicio del culto, el or- 
den y la dignidad, impidiendo en esta forma arbi- 
trariedades que inevitablemente surgirian, fomenta- 
das por el espiritu de novedad. 



(1) Fracaso en relacion a que el fruto no respondid 
al trabajo y entusiasmo que desplegaron los iniciadores 
del movimiento. Reconocemos, sin embargo, que la se- 
milla entonces arrojada, es la que ha de dar ahora, 
los granos para una nueva siembra. 



545 



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Serla, sin embargo, interpretar torcidamente las in- 
tenciones de la Iglesia, el limitar la preocupaci6n in- 
cesante que demuestra en el servicio divino, a un pu- 
ro mecanismo exterior. Lo que Ella desea y procura 
alcanzar es, principalmente, tributar a Dios un culto 
de amor, de adoraci6n y de alabanza. 

Trabajaron, estos tales, con celo digno de la mayor 
alabanza. Mas no fueron comprendidos, ni pudieron 
hab'erlo sido. El formulismo mata el espiritu y la lla- 
ma de los espiritus vacilantes que volvfan, no halla- 
ron el oxfgeno que mantuviera encendido su fuego. 
Las ansias de respirar, de nutrirse, de vivir una Vi- 
da superior, fueron ahogadas por el verde follaje sin 
substancia del estetismo formulista, de las nimieda- 
des ritualistas. 

Se brego por el uso del Misal Diario y s61o result© 
para muchos un pesado instrument© de tortura, que 
nada decfa ; a veces un adomo cursi. Algunos llegaron 
a seguir al sacerdote en su empleo, pero no compren- 
dieron que, en el Santo Sacrificio, ellos tambi^n ejer- 
cian especial ministerio conjuntamente con el Cele- 
brante. Pudiera ser que llegaran hasta comprender- 
lo, mas no alcanzaron a vivir la Vida de esta mag- 
nifica realidad. i Y es ttota su importancia. . . ! (No 
permite la Iglesia la celebraci6n del Sacrificio, sin 
la presencia de un ministro o por lo menos de quie- 
nes asistan). 

Pocos fieles son los que, conquistados en la pri- 
mera cruzada, ban mantenido vivo el fuego de Vida 
Littirgica. Y esos pocos lo mantienen tan solo gra- 
cias a estar alentados por una preparaci6n asc^tica, 
verdaderamente ponderable. 

A pesar de todo, no se puede por un momento du- 
dar de las excelentes intenciones de los que fracasa- 
ron en este primer intento. Mds aun. Su noble lu- 
cha fu6 de verdaderos Titanes, que am§n de batallar 
contra siglos de incomprension, lo hicieron con ar- 
mas meHadas, tinico legado de sus antepasados. JTu^ 
una lucha tanto mds desigual, cuanto se comlmia 
un estado de conciencia cimentado en errores acep- 
tadoR de buena fe, y por lo mismo m^s diffcil de des- 
truir. 



SEGUNDO ESCOLLO. — Todo remedio det 
dosificado. El estudio siempre se hace por p. 
En la naturaleza, desde el hombre hasta la ; 
mAs insignificante el desarrollo es lento. iHsn 
amor pasa de grados menores a mayores, sin s 
creciendo paulatinamente ! 

A nuestro juicio, fu6 el olvido de esta ley el 
que, juntamente con el anterior citado, menosca 
eficacia del movimiento litiargico que fulgur 
tiempo en el cielo de nuestra patria. 

Sus jefes, cruzados entusiastas de una gesta 
diosa, se enceguecieron con el gran amor que 
en sus pechos, perdiendo de vista las mezquin 
que obstruyen los caminos de esta vida. 01vi< 
que un trabajoso sendero los condujo a los ver 
ros manantiales del agua que ha de vivificar loi 
mientos de Cristo y creyeron que el doloroso i 
so no tendrfa que repetirse en sus hermanos. 

Almas grandes, tomaron las suyas por medi< 
las de los demis. iPedros Ermitafios, de los tie 
nuevos, se pusieron en camino para librar i 
miembros de Cristo de la opresi6n del individ 
mo pietista y devolverlos a la libertad de hij< 
la Sancta Mater Eclessia . . . mas su grandeza q 
raz6n no permiti6 que se armaran del cAlculo 
es condici6n indispensable en toda lucha! 

jTraian brazadas de buenas nuevas, de frutoj 
mos y los presentaron a las multitudes fam^lic 
mas no se previnieron de que la hartura pr 
nauseas y aleja atin del alimento mds noble! / 
brados, hubieron de comprobar que, una vez 
fecha la primera necesidad, volvian las espalda 
vidados de la bondad de lo que recibieran. 

Abarrotaron los graneros de provisiones y 1 
breabundancia rest6 el saludable efecto del hs 
bien administrado. Se intent6 que los nifios i 
nacidos (modo goniti infantes) ingirieran, en h 
sa de la casa solariega, los* alimentos mds fu' 
desde la primera hora, cuando apenas estaban 
parados para la leche (mel et lac concupiscite) . 

Recordamos el sincero entusiasmo con que se 
tendi6 difundir al punto, entre todo genero d< 
les, el uso del Misal Diario, la pr^ctica de la 
Cantada, las Vfsperas y Completas y un sinnu 
de ceremonias, realmente grandiosas, pero qi: 
nalmente vinieron a dar en la muerte premi 
De paso, no podemos olvidar (a fin de ser ii 
dales) las luchas habidas aun en casas de f( 
cion religiosa, donde el substituir las misas co] 
res de papel y Romanzas en el Coro, semejc 
nueva especie de iconoclastia. Tambi6n viene a 
tro recuerdo el desencanto dibujado en el rost 
un colega al enterarse de que no debfa cantai 
Pange Lingua, con la melodia del "Tre giom 
che Ninna", del Maestro Pergolese. 

En aquellos dias, los enamorados de la Lit 
pretendieron tremolar en todo pichacho sus bai 
nes de conquii^a, olvidando fundamentar ,lai 
tas que los sustentarfan. Se crey6 desterrs 
un goipe muchas prdcticas que hablan en 
en el orden de idolos. jParecio que hasta lai 



546 



d€ lo8 altares debieran derribarse para elevar 
ixevo tempio y un nuevo altar! 
apoco se tuvo en cnenta el determinar en t^r- 
I precisos el alcance del vocablo: "LITURGIA". 
;e error lo hemos sefialado ya, al tratar el pri- 
escollo, mas aiiadimos que si se general]z6 el 
pto de que la Liturgia era solamente una reunion 
*escripciones relativas al ceremonial del culto 
20, no poca culpa de este error, la tuvieron quie- 
n un principio no bregaron con la constancia 
ente para desbaratarlo. 

>emos reconocer que se perdi6 bastante tiempo 
niedades cual las de las casullas g6ticas, roque- 

alb'as sin puntilla, iluminaci6n eldctrica, etc., 
K)saA a las que en lamentable confusi6n se les 
ban los titulos de "liturgico" y "anti-litiargico", 
to del consumidor. 

lo esto trajo, como desgraciada consecuencia, 
•der de vista el concepto b&sico de la "LITUR- 
. Es decir: la fuerza avasalladora de su funci6n 

se dispers6 en pequeiieces rubricistas. No po- 
i reprimir una sonrisa de ironia al recordar 
s funciones completamente extra-littirgicas (se 
>a de piadosas reuniones de una Congregaci6n 
ina), las que por "fobia" (no merece otro nom- 
littirgica, debfan realizarse a la tr^mula luz de 
elas de cera, con la que ni la filiacion del Santo 
no podia discernirse. 

modo alguno quisi^ramos que lo antedicho in- 
ra nuestro menos respeto por los venerables 
de nuestras ceremonias. Estamos completamen- 
ivencidos de su belleza suprema, de la necesi- 
bsoluta de su observancia y de que ausentes se 
mbarfa todo el edificio que pretendemos cons- 

Ya ha sido expresado categoricamente, antes. 



Y enti^ndase que no hemos asignado, en esta.su- 
ma, ningian tiempo a la expansi6n (que se dice ser 
necesaria para todo ser humano) ni para el estudio, 
que tanto se inculca al clero. jPara todo esto hay 
que robarlo al sueno! 

D6bese, por lo tanto, al encarar nuevos problemas, 
que creen un aumento de trabajo, contemplar la si- 
tuaci6n actual de nuestros sacerdotes y proceder con 
mesura y paciencia cuando el fruto logrado no res- 
ponda a los proyectos. 

iNo se olvide que al carScter sacerdotal acompafia 
un estado de gracia particular y no una naturaleza 
sobrehumana, como pareciera insinuar la creaci6n 
de nuevas obligaciones ! 

No podemos abordar otros interesantes t6pico8, 
que tienen intima relaci6n con el problema expuesto, 
dado que haria interminable este trabajo. Llegamos, 
pues, al t^rmino de la Jornada renovando nuestro sin- 
cero anhelo de una nueva vida littirgica, que si siem- 
pre necesaria, la creemos mks urgente para el perlo- 
do que nos tocar& vivir. Periodo de reconstrucci6n 
integral para todos los drdenes de la vida. Periodo 
en que, acabada la lucha sangrienta, castigo del ale- 
jamiento de Dios, se iniciar& la lucha espiritual para 
atraer al mundo hacia Dios. Periodo en que defini- 
remos nuestro SER, ya que para el cat61ico no hay 
posibilidad del NO SER. 

lYa clarea el all>a y se anuncia la bora de aven- 
tar las cenizas del ikidividualismo disolvente que 
ahoga nuestra datolicidad UNA... Prepar6mono8 
para provocar la llama pujante que alentard una 
FAMILIA CRISTIANA plasmada en el verdadera 
sentido de la COMUNIDAD ! 

Carl08 RATCLIFFE 



ber es, antes de terminar estas observaciones, 
lar otra dificultad que deber^ contemplarse en 
evo movimiento littirgico, que no dudamos, se 
le. 

ul cosa es, desde una mesa de trabajo, elucu- 
una serie de proyectos, fijar normas a seguir 
poner su cumplimiento. Relativamente fdcil el 
r las ventajas y hasta la necesidad de tales nor- 

a cosa muy distinta el Devarlas al terreno de la 
ca y es lo que frecuentemente podemos compro- 
laber olvidado quienes se han mantenido tan 
n las altas esferas de la especulacion. 
; necesaria una renovacion liturgica. . . ! Pocos 

los que pueden negar sus ventajas y necesida- 
'ero. . . icomo se ha de lograr? 

educaci6n, entre otras muchas cosas, presupo- 
lEMPO. Y bien sabemos que en la generalidad 
lestras parroquias este es uno de los factores 
ids falta. No olvidemos que doce, trece y a6n 
:e horas de trabajo ministerial es el "onus" co- 
10 que debe soportar la mayoria de nuestros 
iotes. Sumemos a eato el minimo tiempo de diez 

para sus necesidades m^ imprescindibles y se 
icudnto es lo que sobra! 



REINO SOMBRIO ■ 

La aurora de este reino no tenia 
quien la mirara, cuando dulcemente, 
de gualdo y rosas ataviaba el dia... 



Y en eate reino nadie se dolia 

del sol, que herido, tras los monies oro, 
camdno del destierro se maria, . . 

Imperio extrafio, donde no latia 

un alma sola por la estreUa hermana^ 

que en ddcil esperar se consumia . . . 

Y reino, donde la polifonia 
del ave cristalina y amorosa, 

no hallaha pecko en quien anidaria. . . 

Y este m/undo de hielo en que no habia 
quien Hupiera esbozar U7ia sonrisa, 

el reino del olvido se decia . . . 



CLEMENTE R 



U P P E L 

547 



Cronicas musicales 



TEATRO COLON- 



LA BOHEME 



La segunda funcidn de abono en U temporada ofmtal 
del Teatro Colon, noa presento a dos artistas nue/os 
para Buenos Aiies o po