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Full text of "Crónica político-militar de la revolución de Venezuela en 1892"

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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/crnicapolticomilOOIina 



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ii/JJii 

DE I,A 

REVOIIION DE VENEZBiU El 1892 



T 
iiiijji 



1 



ISTicranor G. Linares 



Tip. Guttenberg— 2 Sociedad á^raposos 2 




A MIS COMPATRIOTAS 

armados contra los tiranos de la Patria, 
dedica estas páginas, en testimonio de 
reconocimiento y admiración por sus pa- 
trióticos y heroicos hechos 

Jf. 9. Xinares. 
Caracas : 7 de 6ctuhe de 189Q 



CRÓNICA político-militar 

d.e la, I^e-voliicióan <3.e "Veaa.ez:i:Lela, en IS©2 



JUNIO 25 

A juzgar de las cosas por lo ya acaecido y por lo que 
continúa acaeciendo, no parece sino que, la elección del Doc- 
tor Raimundo Andueza Palacio para Presidir la República en 
el último bienio constitucional, fue guiada por la maléfica 
intención de desencadenar todos los males sobre Venezuela. 

El inteligente Doctor en jurisprudencia, como se le apre- 
cia por sus partidarios; el eminente liberal desde el vientre 
materno, como se le proclama por los mismos, recibió la 
República en un orden soportable, si bien no muy seguro, y 
él, desde el día de su inauguración Presidencial, ocupóse en 
convertir ese orden de suyo mezquino, embozadamente prime- 
ro y desembozadamente después, en el desorden más consu- 
mado. 

Díjose para sí el afiligranado patriota á no quedar duda: 
á la ocasión la pintan calva, y esto de verme yo presidiendo 
la República es una ocasión evidentemente calva : aproveché- 
mosla, pues, sin pérdida de tiempo, y entreguémosnos exclu- 
sivamente á nuestro negocio antes que desaparezca la tal ocasión, 
y aún cuando el sol salga por Antequera, es decir, sin repa- 
rar en medios por nefandos y criminales que sean. 

Y ¡ esto dicho, esto hecho ! 

Kl insigne Doctor Andueza, efectivamente desde el primer día 
de su aciaga Presidencia, entregóse con ardor febril al través de 
comunes y hasta pueriles actos ó manejos administrativos, 
á solo trasladar caudales del Tesoro de la Nación á su insa- 
ciable bolsillo; á comprar pervertidas conciencias que se com- 



plicaran en su perversidad; y por último, ciego con la bri- 
llantez y sonoridad metálica de la suerte que le acompañaba, 
así como embriagado con haber salido casi de improviso de 
la negra suerte, el hambre, á una riqueza pingüe ó de un 
Creso, volvió á decirse : pues que no sea calva la ocasión 
sino bien encabellada; y dióse á pensar y allí mismo á ejecu- 
tar su continuidad perpetua en el Poder público. 

Y ¡ aquí ardió Troya ! 

Congreso, derechos individuales, y para decirlo todo de 
una vez, instituciones constitucionales, todo vino al suelo por 
bastardo interés y un querer ambicioso del preclaro liberal 
amarillo, el Doctor Andueza, cuyos principios morales y polÍT 
eos no pueden ser otros, que los que nacen del más refinado 
egoísmo; pasión maldita muy generalizada entre nosotros, la 
cual hace del hombre un idólatra de sí mismo á par que un 
enemigo contumaz de los que le rodean. 

lyos pueblos por pervertidos que estén, nunca llegan á estar- 
lo en absoluto, sino que algo, un adarme que sea, conservan 
de sentido religioso y moral y de patriotismo que los dirija 
por la senda de lo recto y de lo justo, instintivamente con 
frecuencia; sin cuyo algo su existencia sería imposible, tanto 
cuanto imposible es la existencia física del hombre sin alma 
que lo vivifique. 

Nuestros pueblos, pues, se rebelaron casi unánimes contra 
la monstruosidad de hechos y de propósitos del Doctor Andueza, 
y la guerra intestina prendió y continúa entre nosotros con 
todas sus cruentas y desvastadoras consecuencias. 

Tras de millares de vidas ya inmoladas, tras de valiosa 
riqueza ya destruida, y tras una situación pública tenebrosa, 
el Doctor Andueza, en un momento de pánico creado en su 
ánimo por una presión cuartelera fraguada por sus propios 
Tenientes, huyó del país cargado de riqueza que invertir en 
los goces europeos, pero siempre abnegado y patriota, según 
la afirmación oficial del ciudadano que le ha heredado en 
su usurpado Poder público. 

Hsta es la historia á vuela pluma de lo sucedido en po- 
lítica entre nosotros hasta el día de la desaparición del Doctor 
Andueza del país. Consideremos ahora á que mala suerte nos 
ha dejado entregados aquel fatídico venezolano, y cuales son 
las probabilidades que existan de poder dominarla. 

Bn nuestro concepto, el Gobierno usurpador del Doctor An- 
dueza continúa reagravado en el Gobierno del Doctor Guillermo 
Tell Villegas. 

El actual Gobierno existe por sólo el llamamiento del 
Doctor Andueza, y se apoya exclusivamente en el ejército 
creado por éste, el mismo con que llevó á cabo sus atentados 



contra la República y su orden constitucional, y el mismo que 
ha combatido hasta hoy en los campos de batalla, con entu- 
siasmo de creyentes en su mala causa, á la opinión pública 
en acción contra la tiranía. 

El título de primer Consejero Federal en que funda el 
Doctor Villegas lo constitucional de su Gobierno, es un título 
inalegable. 

I)esde que asumió el Doctor Andueza .la Dictadura cesó, 
violentamente en ciertos casos que así lo requerían y virtual- 
mente en otros secundarios, toda organización política dimanable 
de la Constitución y de las leyes de la República, derrocadas 
escandalosamente por él. 

El Consejo Federal es un Cuerpo de consejo como su tí- 
tulo lo dice, y al mismo tiempo de fiscalización administrativa 
del Poder Ejecutivo, que diputa el Congreso cerca de aquel 
Poder, en cumplimiento estricto de un precepto constitucional. 

¿ Puede existir ese Consejo sin la Constitución y el Poder 
Legislativo que le dan creación? A toda luz, nó. 

Además, ¿ quién ha visto una Dictadura, Poder eminente- 
mente discrecional, sometida á reglas fijas de conducta y á 
la sanción de sus actos por un cuerpo de primitivo origen 
popular como lo es el Consejo Federal ? Absurdidad política 
ésta que no puede caber en la inteligencia de los que se han 
endueñado de la cosa pública, pero que la explotan en favor 
de su iniquidad de miras é intenciones. 

Agregúense á estas razones de pura lógica contra la le- 
galidad del Gobierno del Doctor Villegas, que semejante Go- 
bierno, que data desde el 17 del corriente, es un Gobierno 
inconstituido todavía; que por esto funciona con el Minis- 
terio Dictatorial del Doctor Andueza, Ministerio que no se 
sabe oficialmente que haya renunciado como es de decoro 
y desprendimiento personal en las transiciones de la primera 
Magistratura de la República, mucho más cuando se dice 
que la presente administración tiene por exclusivo objeto 
verificar un cambio absoluto de política; y por último, que 
lo único que se ha permitido hasta hoy decir el Doctor Gui- 
llermo Tell "Villegas á la Nación, como razón de su aparición 
en el solio Presidencial, constituye un documento más que 
político, apropiado á la situación y al carácter legal que te- 
merariamente se empeña en representar, un panegírico de la 
ominosa persona del Doctor Andueza y en consecuencia un 
homenaje rendido á la Dictadura que aquel encarnó. 

Mas ¿ á qué aglomerar argumentos de calificación del Go- 
bierno del Doctor Villegas, cuando es de conciencia pública 
y de certeza tangente, que el Doctor Villegas no gobierna, 
sino que sólo es una figura á cuya sombra se encubre la más 
proditoria de las dictaduras, la Dictadura puramente militar, 
que dio al traste con la del Doctor Andueza y aceptó por 
cálculo hasta que le convenga, la Dictadura personalmente 
impotente del Doctor Villegas? 



— 4 — 

Y ¡que este estimable venezolano se haya prestado y con- 
tinúe prestándose en el ocaso de su vida, á hundirse así en 
el abismo del desfiprecio de sus conciudadanos ! Lamentárnoslo 
de todas veras. 



JUNIO 27 

A poco dé encargado el Doctor Villegas del llamado men- 
tidamente Gobierno legal, y de acuerdo con dos Generales Julio 
Sarria, Ministro de Guerra, y Domingo Monagas, Jefe del más 
numeroso cuerpo de ejército de los acuartelados siniestramente 
en la capital, convocó una reunión de ciudadanos compuesta 
de dictatoriales, de miembros del Congreso disuelto, y de alguno 
que otro particular, con el objeto de que consideraran la situación 
política violenta del país y le aconsejaran los medios de con- 
tenerla y remediarla. 

Surgió de allí una idea de paz, formulada prácticamente 
en el nombramiento por el Doctor Villegas de una Comisión 
de once notables que pasase al campamento del General Joaquín 
Crespo, próximo este General á la capital y Jefe Supremo de 
la opinión pública armada en defensa de los derechos ciuda- 
danos conculcados; que le excitase á nombre del Gobierno á un 
avenimiento político; y que ese avenimiento fuese el que se 
le presentaría por la Comisión, ya escrito y combinado en 
convenio. 

lya Comisión nombrada por el Doctor Villegas la compu- 
sieron: el lUtno. Arzobispo de Caracas y Venezuela, que la 
presidía, cinco dictatoriales y cinco legalistas, entre éstos algu- 
nos amigos personales del General Crespo. 

Marchó la Comisión inmediatamente á cumplir el solemne 
encargo; pero contra la creencia general, el General Crespo se 
negó á recibirla fundado en las razones que adujo en carta 
dirigida al personal de la Comisión. 

Y entróse con esto en nueva y más alarmante faz de la ya 
insoportable situación. 

Si se juzga la conducta del General Crespo en este res- 
pecto, por primera impresión, no habrá que extrañar por lo 
mismo que se crea que aquel interesante ciudadano ha colocado 
imprudentemente en el terreno lúgubre de la guerra ¡cosa 
terrible! la solución posible de la gran disensión que nos con- 
vierte de hermanos en sañudos enemigos. 

Así califica el Gobierno esa conducta del -General Crespo, 
y con él una parte no pequeña de los ciudadanos oprimidos 
¡quien lo creyera! de esos ciudadanos más que oprimidos, vi- 
lipendiados á cada paso en documentos oficiales públicos con- 



tentivos de reminiscencias mal intencionadas y plagados de 
epítetos políticos tendentes manifiestamente á formar maj^or divi- 
sión, mayor encono y mayor enemistad entre seres llamados por 
civilización ya que no fuera por amor, á una unidad cualquiera, , 
sobre que fundar la verdadera paz y el bien de la patria por 
su desarrollo en un progreso acertadamente entendido. 

Todavía más, se atribuyen al General Crespo por algunos 
que sirven en esto de coro, inconciente de seguro, al Go- 
bierno de la Dictadura, miras de ambición personal, con des- 
prestigio positivo de aquel caudillo como Jefe de la patriótica 
cruzada. 

Mas, menos ligeros nosotros, ó más detenidos en juzgar de 
las cosas graves y de gran trascendencia por lo tanto, á los 
destinos felices de la República, si bien sobrecogidos por el 
momento con la resolución del General Crespo, nos hemos 
entregado en seguida á meditar aquella al parecer arrogancia 
suya, en busca de la razón política cardinal en que pueda ha- 
berla fundado, fuera de las comunes simplemente expresadas 
en su carta mencionada á los comisionados, emitidas estas ra- 
zones, en nuestro concepto, más en el sentido de excusa por la 
no recepción de aquellos ciudadanos, que de razones decisivas. 






Que los derrocadores de las Instituciones y defensores 
armados de ese atentado contra la República, sean los llama- 
dos en primer término á restablecerlas, y una vez restableci- 
das á cumplirlas, es un propósito que podrá estar animado 
de todo interés personal, pero de ninguna manera de un 
espíritu patriótico, ni guiado por las il timinaciones déla sana 
y elevada política. 

O la política es la ciencia de gobernar con sabiduría y 
justicia á los pueblos, ó un gran negocio. Si lo primero, 
ella no puede ser regulada sino por las imposiciones inmuta- 
bles de la moral cristiana, si lo segundo, por las indignas 
de las conveniencias de partidos, de sectas, y por extensión, 
de individuos. 

No es moral ni racional siquiera, que el criminal sea el 
vindicador de su crimen, porque vindicar significa en el caso 
que vamos tratando, ve7tgar ó tomar satisfacción de algihi agra- 
mo; y sería el mayor de los contrasentidos el esperar que 
esto se verificase contra sí mismos, por la Dictadura y sus 
sostenedores, que son los agraviadores de la República. 

Creemos capaz al hombre de reacciones morales, y polí- 
ticas mismas, pero sólo por la vía del arrepentimiento, pro- 
T^ado éste con ejemplares actos sucesivos de propia conducta, 
sin cuyos actos todo en esta línea estribaría en palabras, 
si bien eficaces á la especulativa, estériles por lo que hace 



á lo correctÍYo; lo correctivo, que es á nuestro juicio, la gran cues- 
tión actual que entre nosotros sangrientamente se ventila. 

lyE hora de las munificencias, del perdón y del olvido 
no ha sonado evidentemente todavía : la hora actual solo nos 
indica que nos' penetremos íntimamente de: si somos ó no 
somos un pueblo digno de ser regido por las reglas y princi- 
pios de las Naciones cristianamente civilizadas. 

El pacto de avenencia propuesto por la Dictadura á la 
Revolución Nacional, lo consideramos, cual un pacto que 
adolece del vicio cardinal de estar basado en un subterfugio 
político, y no en otra cosa; subterfugio de tal manera recha- 
zable como que la aprobación de aquel pacto consagraría 
hasta cierto punto en moral, que el bien podía soldarse con 
el mal, y formar así un todo aceptable; confusión esta de 
principios opuestos, que lo que fundaría sería tan efímero, 
tan deleznable y tan susceptible de nuevas y acaso más tras- 
cendentales ruinas y desolaciones, como la pretensión insen- 
sata que se tuviese de levantar monumental edificio sin 
cimientos. 

No se conseguiría con semejante convenio otra cosa que 
dar al mal actual nueva faz como mal, 3' perpetuar así la 
desgracia de la República. 

Detestamos la guerra como el mal mayor con que puede 
ser afligida la humanidad, mucho más la guerra intestina 
por su carácter de guerra entre hijos de una misma patria; 
pero creemos al mismo tiempo, que una vez engendrada y 
en acción esa guerra, ella debe aspirar á resultados positivos 
para la causa reaccionaria que la motiva; y decimos sólo 
para la c^usa reaccionaria, porque esa causa por reacciona- 
ria misma, es la que debe guardar en su seno, una correc- 
ción moral y un progreso más ó menos definido, como la 
guardan por lo regular, todas las causas que tienen ese 
carácter. 

Doble crueldad sería dejar la guerra después de emprendi- 
da estéril en sus buenos propó.sitos, porque á tantos sacrifi- 
cios de vidas, de hacienda y hasta de moralidad y honra á que 
ella inexorablemente somete, habría que agregar como su 
única consecuencia, mayor mal del que por .su medio .se 
había tratado de corregir y remediar. 

L^a guerra, ese azote de Dios, nunca nace de gustos ni 
caprichos, porque no puede entrar en las complacencias del 
hombre el matarse recíprocamente y destruir la riqueza crea- 
da, que es la base de su subsistencia y de su poder nacio- 
nal mismo. 

I^a guerra, hablando en general, la producen la ambi- 
ción desordenada, ó el patriotismo ofendido, ó los derechos 
naturales y positivos conculcados, ó en fin, la corrupción 
entronizada que exige purificaciones al fuego por .ser las úni- 
cas eficaces. 



o la guerra se evita no incurriendo ni cayendo en seme- 
jantes estravios, en semejantes desórdenes de la conciencia y 
del espíritu, ó ella inevitablemente tiene que sobrevenir con 
sus tremendos medios de acción; y soportarla es de necesi- 
dad indispensable hasta alcanzar el predominio, relativo que 
sea, de los sanos principios, sin los que la vida social es un 
azar ó un imposible. 

Iguales ó parecidas reflexiones á las que dejamos expre- 
sadas ¿no habrán obrado en el ánimo del General Crespo 
para su negativa á recibir la Comisión parlamentar del Go- 
bierno, que hemos mencionado? Misterio es este, que toca 
al tiempo descifrar. 

Sin embargo, esperamos, que por lo sucedido, las puer- 
tas de un avenimiento que ponga fin á la guerra, no estén 
aún de un todo cerradas, y que por lo tanto, surja todavía 
un acomodo patriótico que relegue al olvido tanto mal ya con- 
sumado. 

JUNIO 28 

Desde ayer, con el nombramiento de un nuevo Goberna- 
dor del Distrito Federal y aparición de, nuevos también, ór- 
ganos subalternos de este importante funcionario público, háse 
inaugurado un régimen de atropellos, de violencias y desafue- 
ros, que al aumentar podrá llegar á un régimen de puro 
terror. Con esto se propone sin duda el Gobierno usurpador 
manifestar, que rechazada como ha sido por el General 
Crespo la Comisión parlamentar que le envió, asume de nue- 
vo la actitud de guerra; pero de guerra implacable y sin 
respetos de ningún género, ni á los ciudadanos ni á los 
derechos más esenciales del estado social, el de la propiedad 
principalmente. ¡ Salve Dios á Venezuela ! 

Junio 29 

Pónese hoy en marcha el gran ejército como lo llaman 
sus propios culminantes Jefes, en busca del débil y raquítico 
ejército, como también ellos lo califican, de la ley y del dere- 
cho ultrajados, no muy distante de Caracas por cierto. 

El grito de guerra de aquel, en las calles de Caracas, al 
partir, ha sido ¡ viva el partido liberal ! con lo que deja públi- 
ca y solemnemente sancionado el hecho ya muy conocido y 
aceptado, de que el Gobierno á quien aparenta servir, es á la 
luz meridiana, un Gobierno de partido y no de la Nación, 
como que su divisa política es el color amarillo, que nó la 
tricolor simbólica de la independencia venezolana. 

Más que grande, monstruoso creemos el tal ejército ; 
monstruoso por la mucha' gente colecticia incorporada vio- 



— 8 — 

lentamente en estos días á sus filas ; por sus numerosas acé- 
milas compuestas de asnos principalmente; por sus caballos de 
marcha expropiados; por sus trenes de artillería de montaña; 
por la variedad de armas, que son de todas clases é inven- 
tos; y por último, por vSU organización militar misma, orga- 
nización improvisada en mucha parte, al corre que urje. 

Se tiene observado, que los animales de muchas patas 
son pesados en sus movimientos, pero no haya temor de que 
esto suceda con el ejército liberal, porque si son innumera- 
bles sus pies y sus patas, porque los hay de toda especie, 
su amarillez de liberalismo, su sed ardiente de sangre y otros 
estímulos parecidos, le proporcionarán alas para en un Santi 
mnén verificar la carnicería ansiada de su inquebrantable 
propósito; como que muchos de los soldados llevan además 
del fusil un afilado machete rural: que el espíritu de Satanás 
los ayude á gozar de la tal carnicería, que por lo que hace 
á los contrarios, puede que Dios los salve, no con espada ni 
con la?iza sino como drbibv que es de la guerra, así como lo es 
de todas las cosas. 

Al terrible gigante Goliat, caudillo de un potente ejérci- 
to de Filisteos contra un atemorizado ejército de israelistas, 
David, el imberbe pastorcillo David, le rindió á muerte con 
un guij arrito del tamaño de un garbanzo, asestado con su 
honda á la frente de aquel energúmeno, que cubría su cuer- 
po con armadura de cobre; y los filisteos sucumbieron. 

Ksto por lo que toca á la historia del pueblo de Dios 
en su mayor antigüedad, que por lo que respecta á la histo- 
ria de principios del presente siglo, recordaremos; que Napo- 
león el Grande perdió por primera vez el Imperio Francés, 
por su colosal campaña contra Rusia, con sólo el incendio 
de Moscow, que privó de todo abrigo en crudo invierno y 
de toda alimentación á su portentoso ejército, destruido allí 
mismo por las falanjes enemigas en su atropellada retirada: 
lección elocuentísima cuanto severa dada á los soberbios y 
ambiciosos, y ejemplo al mismo tiempo de lo que es capaz 
en sns arranques el acendrado patriotismo. 

.Con que les diremos, pues, á los Generalísimos del Gran 
Ejército lyiberal, en galerón llanero, y en clase de adverten- 
cia nada más, que : 

Ninguno cante victoria 
Aunque en el estribo esté; 
Porque muchos á caballo 
Se suelen quedar á pié. 

JULIO 19 

Batíamos palmas de contento esta mañana porque sabía- 
mos que, excitado el General Crespo por todos los gremios 
de Caracas y muchos ciudadanos, á reanudar negociaciones 



— 9 — 

para la conclusión de la guerra, su contestacióu había sido 
la más digna y la más satisfactoria al mismo tiempo: la 
copiamos á continuación tal como ha circulado hoy en hoja 
suelta. 

(cCuartel General en la Cortada del Guayabo. 
Junio 29 de 1892. 

«Señores Agustín Aveledo, A. Betancourt, H. L. Boulton, 
M. A. Matos y Ca., Braso Hermanos y Ca., E. De 
Sola &c, &c. — Caracas. 

«Estimados compatriotas y amigos : 

« Acabo de tener conocimiento de la manifestación que 
« me ha sido dirigida por ustedes y muchos otros individuos 
« de todos los gremios de Caracas, con el propósito de excitar- 
« me á reanudar negociaciones para la conclusión de la guerra. 

« Tengo á honra informar á ustedes que ayer salió de este 
« Cuartel General un comisionado que vino de Caracas, lle- 
« vando al Jefe actual del Poder Ejecutivo las bases para ne- 
« gociaciones á efecto de alcanzar un avenimiento compatible 
« con los principios de la Revolución Nacional y honroso 
« para ios Ejércitos beligerantes. 

« Con sentimientos de distinguida consideración soy de 
« ustedes atento seguro servidor y amigo. 

Joaquín Crkspo.» 

Pero cuando creíamos que las bases de paz de que había 
sido portador el comisionado del General Crespo para el Jefe 
actual del Poder Ejecutivo, á que se refiere dicho General 
en su carta precedente, estarían en tela de discusión, lo que 
llegó en la tarde á nuestra noticia, matando en nuestro pecho 
toda esperanza del bien, fué que, el Gran Ejército, que ya 
hemos descrito, había tomado por sí y ante sí la ofensiva, 
desde las 11 de la mafíana del día 30, y se combatía furio- 
samente desde aquella hora. 

Parece que las expresadas bases de avenimiento debían ser 
resueltas más por los Generales Julio Sarria, Domingo Mona- 
gas y Euciano Mendoza, que por el Doctor Villegas, quien, 
como lo tenemos ya demostrado, no es Gobierno sino figura 
bochornosa y criminal de tal: que los dos últimos de aquellos 
Generalísimos, sabedores de lo que se trataba, se habían ocul- 
tado é inmediatamente después salido de la capital á la cabeza 
de sus respectivos ejércitos con el ánimo de prender los fuegos 
sin tardanza, como sucedió, imposibilitando así la avenencia 
de paz iniciada. Se dice (no respondemos de ello) que el 



— lO 

Doctor Villegas mandó alcanzarlos y notificarles que se de- 
volviesen, pero que los Generalísimos le desobedecieron. 

Queden, pues, registrados como hechos irrecusables para 
la historia de este horribilísimo tiempo: que los primeros dis- 
paros en continuación de la guerra, salieron de las huestes del 
usurpador con sorpresa de las fuerzas legalistas, que no es- 
peraban semejante insidia; 5'' además, que si el General Crespo 
se negó á recibir la Comisión parlamentar del Doctor Villegas 
y á considerar en consecuencia el convenio de paz que se le 
dirigió, convenio capcioso á más no poder ser; el Gobierno 
del Doctor Villegas, desoyó por sn parte y rechazó á balazos 
las bases de paz que la Revolución le dirigió posteriormente, 
bases de paz, que según la expresión del General Crespo en 
su carta que hemos insertado, estaban calcadas en lo que no 
podían menos de calcarse, « en un avenimiento compatible con 
« los principios de la Revolución Nacional y honroso para los 
« Ejércitos beligerantes.» 

Desde anoche el movimiento de coches y ambulancias en 
dirección del pueblo El Valle, con el objeto de trasladar he- 
ridos á la capital, bien indica, que el combate fue reñido. 
La especie de sopor en que han permanecido los dominadores 
y la población de Caracas en el día de hoy (escribimos en 
la tarde), bien indica también, que la guerra que se sostiene 
no sólo será sangrienta sino acaso larga y de problemáticos 
resultados militares. Hasta las 5 p. m. que soltamos la pluma, 
nada ha llegado á nuestra noticia en el sentido de nuevo 
combate entre los beligerantes. 

JULIO 5 

Desde el día 19 de nuestra última fecha á hoy, han ocu- 
rrido nuevos choques entre uno y otro ejército, pero sin que 
hayamos podido ponernos en el conocimiento positivo de sus 
resultados: según los usurpadores, el ejército de la Revolución 
Nacional va en desordenoda retirada; según los legalistas, él 
valerosamente no ha cedido un solo palmo de terreno al ene- 
migo, y amenaza derrotarlo; aseveraciones éstas, como se vé, 
de un todo contradictorias, que lo que manifiestan á las claras 
es, que los deseos de cada uno, los simples deseos, los dan 
por realidades: la imaginación y la mentira ocupando el puesto 
del entendimiento y la verdad. Lo cierto para nosotros hasta 
hoy es, que .se lucha; que son muchos los muertos y heridos; 
y ninguna la esperanza de obstruir y cegar esta catátala de 
sangre. 

Esto por lo que hace á la guerra, que por lo que hace 
á la vida civil y social de esta población, han ocurrido hechos 
en los días mencionados, que dan mucho que pensar á que 
extremos luctuosos se llegará con la duración de la guerra 
intestina. 



— II — 

Almas nobles y piadosas concibieron la promoción de una 
asociación de señoras y caballeros, que consiguieron formar y 
organizar, con aprobación del Gobierno y entusiasmo general, 
destinada exclusivamente á recoger heridos en los campos mis- 
mos de batalla, sin distinción de beligerantes, atenderlos y 
disputárselos á la muerte en cuanto estuviera á su alcance. 

Bien, pues: ésta, diremos, santa asociación, se ha disuelto 
por efecto de un inaudito agravio que le infirió el Gobernador 
del Distrito Federal, el sábado 2 del corriente en la noche, 
en el propio local que ejercía su humanitaria misión. 

Allí se presentó el exaltado Gobernador en las primeras horas 
de la noche y calificó á los que estaban presentes, señoras y caba- 
lleros, de una manera tan agresiva en política y tan agraviante por 
lo que hace á las personas, que la pluma se resiste á trazarla 
por caridad hacia el Gobernador y por respeto á los que puedan 
llegar á leer este escrito. 

Kl Doctor Villegas fue enterado de lo sucedido en su ca- 
rácter de Jefe del Poder Ejecutivo, por los Directores de la 
asociación; pero lo positivo en definitiva es, que el Gobernador 
permanece en su puesto, y que la asociación se ha disuelto. 

Otro hecho atentatorio de la misma autoridad, el Gober- 
nador, debemos registrar, y es, que en el mismo día mandó 
empastelar los tipos y dislocar las prensas del periódico i>Kl 
Noticiero», dedicado á sueltos y avisos, por solo haber inser- 
tado en sus columnas algo favorable al pensamiento de un 
avenimiento de paz. 

Y semejante Gobierno y los partidarios que le rodean, 
son los que pretenden reanudar las Instituciones Constitucionales 
rotas por ellos mismos y establecer entre nosotros el imperio 
derrocado por iguales manos, de los principios republicanos. 

¡Qué desvergüenza! ¡Qué cinismo! 

JUICIO 6 

Entró ayer á las 6 p. m. el General Domingo Monagas 
con su cuerpo de ejército constante de mil hombres más ó 
menos, de regreso de la campaña contra las fuerzas del Ge- 
neral Crespo : con él ha venido el General Alejandro Ibarra, 
Jefe de Estado Mayor General del Gran Ejército. 

Distintas versiones corren sobre este proceder del General 
Monagas, inesperado para los más de esta capital. I^a versión 
oficial es, que regresa el General Monagas por no ser j^a 
necesarias sus fuerzas en la campaña, por debilidad del Ejér- 
cito de la Revolución, en virtud del sangriento combate del 
30 do junio, que le obligó á una desordenada retirada con 
dispersión de mucha de su gente y desacuerdo profundo entre 
sus diferentes Jefes : la versión vulgar es, que viene el Gene- 
ral Monagas por necesidad imperiosa de marchar al Estado 
Bermúdez, de donde procede su ejército y del que es Presi- 



— 12 — 

dente el mismo General, por movimientos revolucionarios en 
aquel Estado, dirigidos y comandados por el General José 
Antonio Velutini, antagonista político desde atrás del Gene- 
ral Monagas en la región Oriental. Al tiempo encomendamos 
que aclare todo esto. 

Los boletines oficiales números 475 circulados hoy, 
aseguran con marcado empeño que el General Leoncio Quin- 
tana, connotado Jefe del Ejército de la Revolución, ha ini- 
ciado cerca de los Generales Domingo Monagas y Luciano 
Mendoza, Jefes del Ejército de la Usurpación, por medio de 
su suegro Lorenzo Oropeza, un avenimiento de concbtsió^i de 
la guerra, así dicen estos datos oficiales. Pero para nosotros, 
la conclusión de la guerra no depende de quererla ó no que- 
rerla el General Quintana, por más que le tengamos cual un 
Jefe importante del Ejército de la Revolución, de manera que 
al ser cierto lo que aseguran los usurpadores en este respecto, 
que mucho lo dudamos, lo que veríamos en ello, sólo sería, 
que el General Quintana desistía de continuar armado por 
su parte contra la usurpación, lo que sentiríamos y nos a- 
irancaría del pecho estas exclamaciones : qué flaqueza ! qué 
desaciertos ! los del General Quintana ! 

La Revolución no estriba exclusivamente en las puntas 
de las bayonetas, sino que su mayor acción está en la idea, 
que es su alma, á Dios gracias. La idea, al ser justa como 
lo es la de la actual Revolución, nunca muere, y las bayo- 
netas son sólo un medio parcial de triunfo de que esa idea 
se vale, porque lo moral tiene siempre que adoptar en gra- 
do conveniente, forma humana para sus evoluciones, forma 
que, transitoria por naturaleza como humana que es, toma á veces 
figura gigantesca y á veces pigmea, pero sirviendo inexorable- 
mente, de uno ú otro modo, á la idea. 

vSe ha encarcelado esta tarde al redactor de «El Noticiero» 
de orden del Gobernador. Después de algunos días de sus- 
pensión, volvió á circular el expresado periódico, 5^ explicó 
en ligeros conceptos 3^ con algunas reticencias de puntos, la 
causa de su parasismo de días, que no fue otra que la indi- 
cada por nosotros en nuestra crónica de a3-er : bastó esto 
para su encarcelamiento. ,» 

JULIO 10 

Como acontecimiento de ayer tenemos que referir un hecho 
asaz grave y quiei: sabe de que trascendencia. 

Un disgusto habido entre el Jefe del Poder Ejecutivo 
Doctor Villegas y el General Julio Sarria, trajo la consecuen- 
cia, de la separación de éste del Ministerio de Guerra que 
estaba á su cargo, y su sustitución inmediata é interina con 
el General Alejandro Ibarra. 

No podemos considerar este suceso á la simple luz, de un 



— 13 — 

cambio de Ministro en la Guerra, sino que le damos toda la 
alteza de un suceso de mucha significación en política. 

El General Sarria, en sa carácter de Ministro de Guerra, 
venía, según los antecedentes ya establecidos en esta crónica 
general, gobernando más que el Doctor Villegas, como que él 
principalmente separó de la Dictadura al Doctor Andueza y 
le lanzó fuera del país, dando ocasión con esto al Gobierno del 
Doctor Villegas, que ha existido apoyado eñ la misma fuerza 
que derrocó el Gobierno de aquel. 

El Doctor Villegas ha sido hasta ayer obediente servi- 
dor del General Sarria y del General Domingo Monagas, 
cómplice éste de la superioridad política de mando del Ge- 
neral Sarria. 

i Qué motiva, pues, la entereza actual, extraña por lo 
improvisada, del Doctor Villegas? ¿ En qué se apoya y que 
designios abriga esa entereza ? ¿ Qué actitud asumirá en 
adelante el General Sarria, en esta caída suya desde la altu- 
ra del Poder á la simplicidad del ciudadano, que es decir, á 
cero á la izquierda, según ha sido, es y acaso será la obser- 
vancia del sistema de Gobierno republicano entre nosotros? 

Respecto del Doctor Villegas dice la crónica vocinglera, 
que el hecho contra el General Sarria obedece al plan de 
hacerse el Gobierno de la influencia política Rojista en lo 
público, y que para esto se ha llamado oficialmente al expa- 
triado Doctor Rojas, residente en la isla de Curazao, colonia 
holandesa ; todo con el fin de privar al General Crespo, Jefe 
supremo de la Revolución, de la opinión y ayuda de la frac- 
ción liberal que encabeza aquel notable ciudadano, y de anu- 
lar toda acción conservadora (alias goda) en este movimiento 
patriótico de los pueblos. 

Respecto del General Sarria, dice la misma crónica vocin- 
glera, que se dispone á ausentarse del país con su familia, ó 
sea, que se declara en derrota después de haber sido el 
factótum de . . . algunos días. 

Dejamos todo esto consignado en nuestras páginas como 
díceres y nada más, que la verdad de estas cosas, el tiempo 
la demostrará. 



JULIO 12 

Podemos hablar hoy con datos ciertos, que nos suminis- 
tra el periódico «L,a Opinión Nacionab> de anoche, en lo 
narrado ayer respecto de el Doctor Villegas y el General 
Sarria. 

La renuncia que se anunciaba haber hecho el General 
Sarria del Ministerio de Guerra y su aceptación por el Go- 
bierno, son un hecho ; y que esta renuncia y su aceptación 
parten de un disgusto ó serio desacuerdo entre el Doctor Vi- 
llegas y el General Sarria, bien lo prueban lo seco ó enfático 



— 14 — 

de la renuncia escrita, y lo entonado de su aceptación también 
escrita. 

Sin embargo, el General Sarria en un manifiesto á la 
Nación (están de moda actualmente los manifiestos á la 
Nación, al Gran Partido liberal &c,) que inserta el mencio- 
nado periódico, funda su separación del Gobierno en sus 
virtudes de libeial de partido^ de abnegado patriota y otras 
perfecciones personales que le obligan á volver á la oscuri- 
dad del hogar (¿por qué nó á la modestia, á la sencillez ó 
la tranquilidad misma del hogar?) cumplido como deja su 
deber, aseveración ésta con que adopta por su parte también, 
el timbre muy zarandado por cierto, del General Crespo, 
de, i(el hombre del deber cwnplido.yt Y . . . adelante: plagio más 
ó plagio menos, poco importa. 

Por lo que hace al espíritu político que abrigara en se- 
creto el Doctor Villegas para su desacuerdo y ruptura con 
el General Sarria, se presentan síntomas de acierto en lo que 
vocingleramente se decía ayer. 

El Doctor Juan Pablo Rojas Paúl, está en la Guaira 
desde las primeras horas de la mañana, y el Doctor Ville- 
gas ha diputado una comisión á aquel puerto, presidida por 
el Doctor lyaureano Villanueva y de la que es miembro su 
sobrino carnal el Doctor Villegas Pulido, á presentar en su 
nombre al Doctor Rojas, la bienvenida á la ansiada patria; 
además, se le prepara en Caracas al connotado proscrito, cuyo 
retrato litografiado se ha fijado en las paredes de las casas 
y esquinas, una recepción ruidosa, semi-oficial, pero al mismo 
tiempo ciudadana por un entusiasmo natural de sus partidarios 
personales, de un lado, y del otro, de aquellos que, vincu- 
lando la paz en sólo el regreso del Doctor Rojas de su des- 
tierro, dan testimonio de que en política no ven más allá 
de la pjinta de sus narices; ó que, desesperados por la mala 
situación individual que les ha creado ya la guerra, se hacen 
la ilusión de creer, que la paz después de perdida es cosa tan 
simple y tan al alcance del que la desea por que le conviene, 
que no hay para disfrutarla, otro trabajo que ejecutar, que 
estiran el btazo y cogerla. 

Nosotros, por de pronto, creemos que, la llegada del 
Doctor Rojas Paúl al país, es, por los antecedentes de perso- 
naje público que acompañan á este venezolano, una compli- 
cación más sobrevenida en nuestra caótica situación; una vuel- 
ta más que recibe la enredada madeja de nuestra existencia 
como colectividad político-social. 

En nuestra crónica del 6 del corriente anotamos, que por 
participación pública oficial se aseguraba que el General 
Quintana, uno de los Jefes militares de la Revolución Nació- 



— 15 — 

nal, proponía un avenimiento que le permitiese deponer las 
armas, 

Digimos entonces, que lo dudábamos, y emitimos además 
un juicio desfavorable al General Quintana, si tal ruindad 
llevaba á cabo. 

Hoy es un hecho semejante convenio, el que corre inser- 
to á última hora en «L,a Opinión Nacional» de anoche, ór- 
gano acucioso de todo lo que de algún modo obra contra la 
Revolución. 

Y no es convenio de solo el General Quintana, sino que 
también lo es de los Generales Wenceslao Casado, y Fran- 
cisco Parra Pacheco, á quienes representaba aquel General, 
según el contesto del convenio, que e.stá firmado en Chara- 
yave el lo del corriente á la par del General de la Usurpa- 
ción lyUciano Mendoza, y ratificado por el Encargado del 
Poder Kjecutivo Doctor Villegas, como lo autoriza, sin fecha, 
el Ministro interino de Guerra, General Alejandro Ybarra. 

Dos puntos resaltantes encontramos en este convenio, 
fuera del culminantísimo de consagrar en sus renglones el 
desistimiento de armas de los expresados Generales. 

El primero es, el reconocimiento que en él se hace del 
Gobierno actual de la República, por creerlo perfectamente le- 
gal; y el segundo, el pacto, de que el convenio no servirá 
de inconveniente i>ara que el Gobieriio continúe sus operaciones 
militares para someter á todos aquellos que 7io lo quierayí re- 
conocer. 

Respecto del primer punto preguntaremos ¿ quién ha po- 
dido inducir á semejante error político á aquellos desgraciados 
Generales? Serán los señores General Ramón Ayala y Doc- 
tor Diógenes Arrieta, Rojistas declarados, quienes entendemos 
fueron los portadores del convenio á Caracas ? Puede que sí, 
porque en achaques políticos no tenemos por tan expertos 
á los Generales ^Quintana, Casado y Parra Pacheco como 
para formar por sí solos juicio semejante. Mas sea lo que 
fuere ésto de aptitudes, nosotros contradecimos formalmente 
á los expresados Generales, y suplicamos al lector vuelva á 
considerar lo que en la línea de legalidad del Gobierno del 
Doctor Villegas hemos dicho en las primeras páginas de 
nuestra crónica. 

Respecto del 29 punto también preguntaremos ¿ cómo los 
compañeros hasta el día 10 de este mes y defensores de una 
misma causa, se han prestado á firmar, que los que no sigan 
en el mismo día sus huellas de ninguna perseverancia en los 
grandes propósitos, sean militarmente sometidos, lo que equi- 
vale hasta cierto grado á decir, exterminados, sólo porque 
tienen éstos la virtud de la constancia en la profesión de sus 
opiniones y el amor á la Patria ? ¡ Que barbaridad ! 

Para nosotros, sin aquel pacto, ó condición la Dictadura 
habría obrado siempre de aquella manera no obstante el con- 



— :6 — 

venio, y los Generales que se han sometido por él á esa 
Dictadura se habrían librado al mismo tiempo de la mancha 
que hoy los ensucia, de inconsiderados si no crueles con los 
amigos y copartidarios de ayer, quienes en nada les han 
dificultado su derrumbamiento político. 

JULIO 13 

Otra decepción, y decepción lamentabilísima, experimen- 
tamos hoy en lo de sometimiento de los Jefes militares de la 
Revolución en el Tuy. 

Echábamos de menos, con regocijo nuestro, el nombre y 
firma del General Martín Vegas en el disparatado convenio 
de avenencia; de Martín Vegas el lidiador esforzado con sólo 
500 hombres el 30 de junio en Boquerón, el Guayabo y puntos 
cercanos, contra la masa principal del Ejército de la Dicta- 
dura; pues ¡quién se lo hubiera imaginado! «Ea Opinión 
Nacional)) de anoche inserta dos cartas dirigidas la una, con 
fecha 8 de este mes, al Doctor Villegas por los Generales 
Quintana, Casado, M. Vegas, Parra Pacheco y P. Oderiz, 
participándole haber conferido poder suficiente al General Ramón 
Ayala y al Doctor Diógenes Arrieta para tratar con él en clase de 
comisionados suyos, sobre asuntos relacionados con la paz de 
la República; y la otra, de los dos Comisionados, al mismo 
Doctor Villegas, fechada el 11 en Caracas, comunicándole su 
encargo y suplicándole les fijase día y hora para una con- 
ferencia. 

Verdad es, que estos documentos nada dicen de que el General 
Vegas haya estado por el convenio, el cual sólo lo firman el 10 de 
este mes, el General Quintana con el General Mendoza, Jefe militar 
éste del Gobierno, y que el primero, no expone en el mismo docu- 
mento, que representaba á Vegas, sino á Casado y á Parra Pache- 
co, habiendo además, que la carta de autorización al General 
Ayala y al Doctor Arrieta en que aparece la firma de Vegas, 
está circunscrita únicamente á tratar con el Encargado del 
Poder Ejecutivo nó con el General Mendoza, sobre asuntos 
relacionados, expresión ésta por sí vaguísima, con la paz de 
la República; pero de todos modos, si Vegas no aparece por 
estos testimonios complicado en el convenio, sí resulta titubeante 
en la lucha armada, que no es poca cosa en momentos en que 
la entereza es cualidad indispensable ante enemigos implacables. 

Existe en todo esto una confusión de cosas que no nos 
permite en el momento, lo que nos permitimos ayer: dar por 
datos ciertos los publicados oficialmente hasta entonces en el 
particular. 

La carta-autorización al General Ayala y al Doctor Arrieta 
para tratar con el encargado del Poder Ejecutivo, está firmada 
el 8 en Ocumare del Tuy, Cuartel General del Ejército Le- 
galista, por todos los Jefes de la Revolución en aquella región; 



— 17 — 

el convenio aparece firmado el lo en Charayave por el General 
Quintana, que dice representar también á sólo los Generales 
Casado y Parra Pacheco, y el General Mendoza; y el ii en 
Caracas, un día después del convenio, los comisionados piden 
al Doctor Villegas se sirva concederles audiencia para tratat 
de asuntos relacionados con la paz en cumplimiento de su 
encargo. 

¿ Qué significa todo esto ? ¿ Significa desconcierto, anarquía, 
mando de todos y de ninguno, y lo que es de todo punto 
menguado y ridículo, que el Dr. Villegas, en su pomposo título 
de Encargado del Poder Ejecutivo ocupa de hecho el último 
puesto en la gerarquía gubernamental? 

Parece ser semejante enredo y trastomamiento del orden 
político y administrativo lo más cierto. 

Agregaremos á lo dicho, que el General Martín Vegas se 
encuentra en Caracas desde antier noche (el ii), á donde vino 
en unión del General Rafael A. García, Jefe de Estado Mayor 
del Ejército del General Euciano Mendoza. 

En este semi-caos el asunto, estado muy propio de lo crítico 
de la situación política á que han conducido nuestros prohom- 
bres el país ¿ qué nos toca á nosotros hacer respecto de la 
narración de estos recientes sucesos en El Tuy ? Esperar 
siempre del tiempo (que por cierto corre veloz entre nosotros 
al presente) como venimos haciéndolo en muchos casos desde 
el principio de nuestra crónica, la depuración de la verdad. 

JULIO 15 

Anotamos aquí sólo para que conste, la circunstancia de 
haber circulado en hoja impresa desde ayer tarde, con fecha 
del 12 en Caracas, una protesta del General Martín Vegas 
contra la certeza del convenio de Charayave, fechada el 10 del 
corriente mes; protesta extensiva á asegurar también por sí y 
á nombre de sus conmilitones, que no han desconocido al General 
Joaquín Crespo en su carácter de Jefe del Ejército Nacional, sino 
que están perfectamente finidos y siempre fieles á los principios 
proclamados por la Revolución, como incóhmies su honor personal 
y militar. 

En «La Opinión Nacional» de antier corre inserta una 
manifestación del General Rafael A. García, Jefe de Estado 
Mayor General del Ejército de Miranda, fechada el mismo día 
13. en la que acusa de apócrifa la protesta del General Vegas, 
porque el Gene7al Leoncio Quintana antes de firmar el arreglo, 
lo hizo leer por el General Vegas y obtuvo sti aprobación. 

El mismo periódico «Ea Opinión Nacional», edición de ano- 
che, inserta dos telegramas fechados el 13 en Charayave, del 
General Luciano^ Mendoza á los Generales Guiseppi Monagas 
y Julio F. Sarria, respectivamente, en los que acusa también 
2 



de apócrifa la protesta del General Vegas, que dice atribuirla 
á los revolucionarios urbanos de Caracas, puesto que no es posible 
que el General Vegas, que presenció la conferencia y asistió á 
todo, diga ahora que son stipercherías. 

Circula así mismo una hoja impresa intitulada <fDe actua- 
lidad», sin fecha, del Doctor Nicomedes Zuloaga, en la que 
explica su conducta en la participación que ha tenido como 
revolucionario en los últimos acontecimientos políticos y mi- 
litares. Inserta una carta del General Casado, fechada el lo, 
día del convenio, en Ócumare, en la que aquel General asegura, 
que en las Jilas del Ejército de la Revolución no existe ni sombra 
siquiera de anarquía ni de la más pequeña división, como lo 
propalan calumniosamente en Caracas los enemigos intransigen- 
tes de la justicia. 

Y nada más que cronizar hoy en este respecto. 

«La Opinión Nacional del 12 inserta un Decreto, fechado 
y publicado por bando solemne el 11, del Kncargado del Poder 
Ejecutivo, que no es otra cosa el Doctor Villegas por más 
que se intitule Presidente Constitucional de los Estados Uni- 
dos de Venezuela, en el que ordena al Ministro de Relaciones 
Interiores, excite á los Directores de las Comisiones Preparatorias 
del Senado y Cámara de Diputados para que procedan inmedia- 
tamente á la continuación de sus trabajos, y que el mismo Mi- 
nistro se dirija á los Presidentes de los Estados para que 
inviten á los Se7iadores y Diputados en ellos existentes, á Jin de 
que se po?igan en marcha para la capital de la República. 

En «La Opinión Nacional» del 13, siempre «La Opinión 
Nacional», corre una nota particular del Doctor Sebastián 
Casañas al Ministro de Relaciones Interiores en la que, con 
la misma fecha, se excusa de ejercer las funciones de Direc- 
tor de la Comisión Preparatoria de la Cámara de Diputados, 
fundado en razones políticas que no se escaparán á la penetra- 
ción del Ciudadano Ministro : algún pudor había de aparecer 
en estas circunstancias, aunque venga de donde menos lo espe- 
rábamos. 

Al pie de esta nota está la aceptación de esta excusa, 
el mismo día y la excitación, de orden del Presidente de la 
República á todos los Diputados residentes en el Distrito 
Federal á concurrir al local de sus sesiones al día siguiente á 
la I p. m., con el fin de instalar la referida Comisión Pre- 
paratoria. 

Y vuelve cada vez más «La Opinión Nacional»: en su 
edición de ayer, da cuenta de haberse instalado las Comisio- 
nes Preparatorias de ambas Cámaras, la del Senado con 11 
miembros y la de Diputados con 26 ; que ésta, á falta de 
Director electo, la presidió el Diputado decano ; y que habién- 



— 19 — 

dose procedido á la elección de aquel funcionario, resultó 
favorecido por unanimidad, el Doctor I^aureano Villanueva, 
pues aún cuando hubo un voto por el Diputado Saluzzo, 
debemos creer que este voto fue el del elegido. I^a votación 
fue pública y nominal contra proposición hecha de que fuese 
secreta para mayor libertad de los diputados. 

Queda, pues, con esto en su primer preliminar la instalación 
del Congreso : de aquel Congreso que no pudo instalarse antes, ó 
en el período constitucional, por las insidiosas trapalerías del 
Doctor Andueza y su persecución declarada al fin, al personal de 
los Senadores y Diputados reunidos en Comisiones Prepa- 
ratorias. 

En nuestra opinión contraria á la pretendida legalidad 
del Gobierno del Doctor Villegas, opinión que hemos razo- 
nado en nuestra crónica del 25 de junio, páginas 2, 3 5^ 4 
no nos es posible aceptar que lo que pasa en materia de 
instalación del Congreso, que ahogó ó sufocó el Doctor An- 
dueza y ha convocado ahora el Doctor Villegas, sustituto 
dictatorial de aquel ; marche por el carril constitucional ni el 
Revolucionario. 

Ello podrá ser un medio escogitado con recta intención 
por los que lo concibieron, para reanudar la legalidad inte- 
rrumpida por derrocación de nuestras Instituciones Constitu- 
cionales, y poner de este modo fin á la guerra ; pero, en 
nuestro concepto, ese medio es erróneo é incapaz por lo tanto, 
de proporcionar el deseado resultado del imperio de la L^ey y 
los goces inefables de la paz, lo que, se asegura, tener por 
objeto inmediato, su aplicación. 

Suplicamos al lector se sirva revisar nuestras páginas 
4) 5> 6 y 7 y allí refrescará las impresiones que ya haya 
recibido de nuestro pensar en este respecto. 

Con la instalación del Congreso tal como se intenta, en 
cuanto á origen de convocatoria y oportunidad de tiempo, lo 
que se verificará es, llevar á cabo en lo posible el convenio 
de aveniencia propuesto por el Gobierno Dictatorial del Doc- 
tor Villegas, al General Crespo en su carácter de Jefe su- 
premo de la opinión pública armada en defensa de los 
derechos ciudadanos conculcados, convenio que aquel General 
rehusó considerar ; sin la sanción de aquel pacto por la Revo- 
lución, puesto que esa sanción sólo puede darla aquel que 
recibió poderes de la mayoría del Congreso disuelto y de la 
ciudadanía sublevada, para restablecer por medio de la fuerza 
ya que la razón ni el derecho le bastaban, las Instituciones 
Constitucionales derrocadas por el Doctor Andueza. 

Se dirá, que con el hecho de aceptar la convocatoria los 
miembros del Congreso que dieron poderes al General Crespo 



— 20 — 

para restablecer las Instituciones, le han retirado por su 
parte ese poder : bien está ; pero esos ciudadanos no son por 
sí solos la Revolución para dar sanción á aquel convenio, ni 
lo es el Congreso mismo. Aquellos ciudadanos con su pro- 
ceder en este respecto, aparecen á nuestro juicio, más que 
todo, sentimos decirlo, cuales tránsfugas de la causa popular, 
aun cuando en el fondo de su alma no lo sean ; y por lo 
que hace al Congreso, no es otra cosa, que uno de los Po- 
deres políticos del orden Constitucional, orden que al presente 
no existe. 

I^a Revolución por su parte es, el espíritu público en 
acción armada, en nada sujeto ese espíritu al proceder parcial 
de agrupaciones que nazcan de su propio seno, ni de Pode- 
res públicos aislados, y que sin los otros Poderes no forman 
Gobierno. 

lyO prueba, que no obstante la reunión de las Comisiones 
Preparatorias del Congreso y el cuarto de conversión (frase 
ésta militar que viene aquí muy á pelo) dado por sus miem- 
bros adeptos á la Revolución, la guerra continúa, por más 
que «I^a Opinión Nacional» en su sistema de engaños diga 
que ha cesado. 

Podrá el Congreso una vez instalado, desplegar cerca 
del General Crespo como Jete de la Revolución, toda su res- 
petable influencia para conseguir que esa Revolución se 
someta á su plan, pero esto mismo confirmará, que el Con- 
greso no es la Revolución ni el representante de sus prin- 
cipios, puesto que al llegar á instalarse tendría necesariamente 
que entenderse con ella para poder conseguir los ñnes que 
se propone. 

En virtud de lo expuesto, abrigamos por el momento la 
malísima impresión de creer, que se fracasará en lo que se 
tiene entre manos. 

No es posible, que lo torcido traiga por consecuencia lo 
derecho, como no es posible tampoco, que se cojan uvas de los 
espinos ó higos de los abi'ojos, porque sólo es propiedad del á?bol 
bueno llevar buenos frutos, siendo del mal árbol los malos 
frutos, y está pronosticado por quien pudo infaliblemente pro- 
nositcarlo, que todo árbol que no lleva buen fruto será cortado 
y ?netido en el foiego. 

En resumen, creemos, que todo lo que se practica en el 
sentido que dejamos expresado, dará por resultado, un gran 
pastelón, permítasenos el calificativo, preparado con condi- 
mentos tan variados y contrarios entre sí, que fermentará 
pronto por lo mismo, y se hará . . . incomible. 

Ayer tarde llegó á Caracas el Doctor Juan P. Rojas 
Paúl, cuyo arribo á I^a Guaira anunciamos el 12 del mes 



— 21 — 

en curso. Se le hizo una recepción popular expléndida, sin des- 
orden alguno, y hubo discursos de una y otra parte, que según 
se nos informa, satisfacieron la opinión pública. No cono- 
cemos esos discursos ni acaso los conoceremos, porque en el 
Constitucional Gobierno del Doctor Villegas, no haj- libertad 
de imprenta, por más que exista superabundante en ejercicio 
ese derecho, en las despotizadas Colonias Españolas Antillanas : 
contraste en política moderna, que debe contar entre sus 
lauros el partido liberal amarillo de Venezuela. 

juivio i8 

Circula á duras penas, según lo difícil que nos ha sido 
ponernos en ella, una carta-manifiesto del famoso Doctor Rai- 
mundo Andueza Palacio, dirigida á la Nación y á sus amigos 
políticos desde Fort de France (Martinica) á 24 de junio del 
corriente año. 

Su conducta en política la explica el Doctor Andueza 
Palacio en este documento, por la regla común hoy en el 
liberalismo amarillo, de los elogios propios : toda esa conducta, 
según él, ha estado inspirada por el patriotismo más acen- 
drado, por la abnegación más ejemplar y por los fines más 
santos : empeño vano, porque se sabe aquí hasta por los 
chiquillos de la calle, que ha sido el Doctor Andueza duran- 
te su Presidencia y Dictadura el perverso más consumado. 

En cuanto á lo literario y lógico, guarde Dios el tal do- 
cumento muchos años, como que dice, entre otros incoherentes 
conceptos, tratando de la campaña de Carabobo á cargo del 
General Alejandro Ybarra, que fue esa campaña tan gloriosa 
■como infecunda, como si lo infeamdo pudiera caber en ningún 
grado en lo glorioso, mucho menos aplicado aquel vocablo al 
caso que lo aplica el Doctor Andueza. 

Si fue infecunda esa campaña no fue nada porque eso es 
lo infecundo ¿ cómo, pues, fue gloriosa al mismo tiempo, cuando 
la gloria tiene por base siempre la grandeza de resultados ? 
Vaya, que el ilustrado Doctor raciocina á las mil maravillas. 

Una sola importancia tiene para nosotros este documento, 
y es, la importancia que se dá siempre á las contiendas y des- 
acuerdos entre compadres, por decirse entonces las verdades. 

Según el Doctor Andueza, su separación de la Dictadura y su 
escape del país, fue efecto de la coacción militar que ejercieron 
contra su persona los Generales Sarria y Monagas, el uno como 
Ministro de Guerra, y el otro, como Jefe de uno de los cuerpos 
de Ejército acuartelados en la capital; lo que no duda afirmar, 
no obstante haber fundado antes en el mismo documento su 
separación y ese escape en su abnegación y patriotismo. 

Culpa á estos dos Generales de cómplices sujos en el bienio, 
y cómplices de la pretendida iisurpación, de manera que los exhibe 
cuales un par de traidores de baja ralea. 



— 22 — 

A los Generales Narciso Rangel y Alejandro Ybarra los 
presenta, al primero lento constantemente en sus marchas en 
persecución del enemigo, y al segundo, rápido, veloz en las 
suyas, pero tímido ante ese mismo enemigo. 

Aparece por lo tanto de este célebre documento, en de- 
finitiva: 

10 Que los Generales Julio F. Sarria y Domingo Monagas 
son dos traidores á la persona del Doctor Andueza, por causa 
de ambición impaciente de Poder en ambos; y 

20 Que los Generales Narciso Rangel y Alejandro Ybarra^ 
el uno por cartas de menos y el otro por cartas de más, en. 
el juego militar de la intrincada usurpación, aun cuando siem- 
pre valientes, pundonorosos y leales, se cubieron sin embargo^ 
de U7ia gloria infeatnda, que los recomienda á la posteridad 
como dos héroes que saben á donde les aprieta el zapato en lo 
de salvay el númeto uno. 

Quede todo esto consignado aquí, con la sanción del Doctor 
Andueza que equivale á confesión de parte que releva de prueba,, 
para la historia de este luctuoso tiempo. 



JULIO 20 



Como que el tiempo quiere ya lanzar un rayo de luz por la 
menos, de su inextinguible fanal, sobre las sombras que to- 
davía cubren lo de disidencias entre los Jefes militares de la 
Legalidad en el Tuy, 5^ disposiciones de algunos de ellos á 
deponer las armas y someterse al Gobierno de la usurpación, 
que hemos narrado en nuestras páginas 12 y desde la 14 á la 18. 

Apareció ayer impresa una manifestación del General Leoncio 
Quintana, fechada en el Cuartel General en Ocumare del Tuy 
á 15 del corriente mes, en la que califica de insidioso lo que 
se ha publicado oficialmente sobre disposición suya y de otros 
Jefes á deponer armas; que lo ocurrido ha sido, que á excita- 
ción del General Luciano Mendoza se trasladó personalmente á 
Charayave donde itivo U7ia conferencia con dicho Genej'al en la 
que hablaron de unos preliminares de arreglo que no quedaron 
establecidos por no creerse el General Mendoza con facultades para 
concederle lo que le exigía^ ni él por su parte para sellar nada 
definitivo sin previa aprobación del General Crespo, fefe Stipremo 
del Grande Ejército Legalista; que esto es la verdad de lo sucedido; 
y que todos ellos se encuentran cumpliendo su deber y que na 
omitirán sacrificio hasta ver triunfante e7i el Capitolio la bandera 
de la Legalidad. 

Al ser cierto este documento, que coincide con la desaparición 
del General Vegas, de Caracas, el 12 del corriente en la noche,, 
día de su protesta contra la veracidad del convenio, en direc- 
ción de su campamento en el Tuy, no obstante lo vigilada 
que estaba aquí por la policía; y con el hecho también de 



— 23 — 

continuar las cosas hasta hoy en aquella región en el mismo 
pie bélico que antes; débese creer, que las probabilidades están 
actualmente contra la certeza del cacareado convenio. 

Esperamos sin embargo más luz para decidir en esto de- 
finitivamente. 



JULIO 21 

Fuera de algún movimiento de tropas del Gobierno de las 
acuarteladas en Caracas, nada ocurría de nuevo hasta ayer en 
la guerra. 

Por lo que respecta á las Comisiones Preparatorias, de las 
Cámaras, según los extractos de sesiones que publica «La Opi- 
nión Nacionab», sólo podemos decir, que casi existen al pre- 
sente con el personal que se instalaron, y que lo más impor- 
tante ó mejor dicho lo único importante que han resuelto ha 
sido, el nombramiento de Comisiones diputadas cerca del Encar- 
gado del Poder Ejecutivo, excitándole á promover y conseguir 
la suspensión de hostilidades entre los beligerantes, instaladas 
como están las Comisiones Preparatorias del convocado Congreso. 

Esto en cuanto á lo que consta de actas, que por lo que 
hace á lo que ocurre extra-sesiones en el mismo local y fuera 
de él, las cosas van pasando de manera tal, que pueden con- 
vertirse aquellos salones en campo de graves discordias, de re- 
cinto que son de Padres conscriptos. 

L,a impaciencia nunca ha sido buena consejera, y según 
parece, la hay en algunos miembros de la Comisión Prepara- 
toria de la Cámara de Diputados; y ¿en qué sentido? En 
el sentido fatídico de la ambición personal desatentada. 

Tenemos á la vista dos hojas anónimas impresas, circu- 
ladas ayer, que denuncian é inculpan al Presidente de la 
Comisión Preparatoria de Diputados de no ocuparse de otra 
cosa que de asegurar su elección para presidir la RepúWica 
durante el tiempo que resta al presente bienio constitucional, 
empleando para ello medios de traición á la Revolución, en 
que ha estado afiliado, y miras las más aviesas contra el 
bien general. 

No concebimos cómo una persona de los quilates políti- 
cos, del talento y del concepto que se ha creado entre sus 
conciudadanos de hombre importante al venturoso porvenir 
inmediato de la Patria, haya podido cegarse con el interés 
propio, hasta el grado de no ver, que sus aspiraciones, si 
las hay, en este respecto, 5^ la manera como se dice en 
estos anónimos que trata de satisfacerlas, serían poco menos, 
que parto de locura, puesto que, dudosa como es todavía la 
instalación del Congreso, provocar en las Comisiones Prepa- 
ratorias las divisiones que naturalmente engendran estas cues- 
tiones, sería hacer más dudosa que nunca esa intalación, con 
socavamiento en consecuencia, por su base, de la misma 



— 24 — 

elección que se dice anhelarse; y lo que se sobrepone á todo, 
que el nuevo rumbo que así habría seguido en política el 
estimable ciudadano aludido, equivaldría, á haber buscado 
ansiosamente y por desgracia hallado, el derrumbadero más 
profundo por donde tirarse en anulación completa suya como 
hombre público. 

La Revolución en el período militante en que está, es 
un torrente que arrastrará al fondo de sus aguas, á todo 
aquel que temerario intente ponerle el pecho para torcerlo 
y contenerlo. 

Deseamos que todo lo que se dice y publica en el parti- 
cular, encierre por lo menos exajeración, porque estimamos 
muy especial y sinceramente á la persona sobre quien recaen 
aquellas invectivas. 

No eremos culpable á nadie porque aspire con nobleza 
y patriotismo á la Presidencia de la República, por estar 
esto muy admitido ya en las prácticas democráticas; pero en 
esta creencia solo hay de nuestra parte tolerancia, porque al 
juzgar de semejante hecho por nuestro propio é íntimo pen- 
sar y sentir, lo rechazaríamos aún concurriendo aquellas 
relevantes circunstancias, toda vez que consideramos efecto de 
soberbia y de ocultas intenciones, más que todo, eso de aspi- 
rar á elevaciones en lo político que requieren méritos perso- 
nales exquisitos, que nadie está autorizado á reconocerlos en 
sí mismo, sino que debe esperar á que se los reconozcan los 
demás, como sucede con los elogios, los cuales ninguno debe 
hacérselos sino aguardar á que otros se los hagan; paciencia 
que en el día pocos tienen. 

JUlvIO 22 

lyos Generales Monagas y Sarria salieron para Oriente 
el 20 del actual á disponer, según lo afirma «La Opinión Na- 
cional» del mismo día, las operaciones (no las determina el 
tal periódico pero damos por sentado que son de guerra) 
sobre Marga7Íta y Cayúpano. 

Habían salido ya para Oriente parte de las fuerzas del 
General Monagas, y él conduce ahora las que aquí queda- 
ban, hechos que confirman, hasta cierto punto, lo que se 
dijo, de tener por causa su regreso á Caracas de la campa- 
ña del Tuy (nuestra página 11), novedades políticas serias 
en Oriente. 

Agrega «La Opinión Nacional», que terminado lo cual 
(las operaciones sobre Margarita y Carúpano) regresarán á 
Caracas (los Generales Monagas y Sarria) co7i tres mil hombres 
que se hallan en armas eii la Sección Barcelona y que allí no 
son (por no serán) necesarios. 

Parodia con esto «La Opinión Nacional» el célebre apo- 
tegma de César desde las Galias: vine, vi y vencí-, con tan. 



— 25 — 

sostenida petulancia de este periódico ¡ cuantos chascos no ha 
experimentado ya, y seguirá experimentando en su terca ines- 
periencia ! con su pan se lo coma ; pero que no olvide, que el 
que siembra animosidades recojerá 6 cosechará odios y persecucio- 
nes; y no tendrá por qué quejarse entonces, en cuanto ese 
mal, al sobrevenirle, será consecuencia inevitable de su "propia 
conducta actual. 

Con el epígrafe «Manifiesto del Doctor Raimundo Andue- 
za Palacio,)) inserta «lya Opinión Nacional« de anoche, un 
Remitido anónimo cuyo objeto es vindicar al General Ale- 
jandro Ybarra del cargo que le hace el Doctor Andueza en 
su carta-Manifiesto del 24 de junio desde Martinica, de thni- 
do en la campaña de Carabobo contra las fuerzas del Gene- 
ral Crespo al frente de Valencia, capital de aquel Estado. 

Tacha el articulista al Doctor Andueza, de contradictorio 
en su Manifiesto, en todo lo que se refiere al General Yba- 
rra, y concluye aseverando, que si no fue batido entonces el 
General Crespo dependió, de ?io haber llegado á tiempo los 
€uerpos de ejércitos que con ese objeto a^itinciaba y ofreció el 
Doctor Andueza. 

Siente, por último, el articulista, que el Doctor Andueza 
710 se haya quedado más bien callado, después de todo lo que 
se sabe y ha presenciado la República. 

Nuestra imparcialidad nos obliga, y nos apresuramos así á 
cumplirlo, á dejar registrada en esta crónica la aparición del 
mencionado Remitido, en virtud de lo que hemos narrado en 
nuestras páginas, desde la 21 á la 22, sobre el Manifiesto del 
Doctor Andueza, y lo que él contiene sobre la campaña de 
Carabobo. 

lyástima, que en lugar de anónimo no fuera del General 
Ybarra el mencionado Remitido, porque en materia de honor, 
y mucho más del vidrioso honor militar, los velos no caen 
bien, pues todo individuo está obligado á la entereza de ca- 
rácter, cuando se le hiere tan profundamente como ha herido 
al General Ybarra el Doctor Andueza, en su reputación como 
Jefe del Ejército ; y también, por lo que favorece y facilita el 
anónimo las negativas futuras. 



JULIO 25 

En las páginas 18 á 20 de nuestra crónica, con fecha 15 
del corriente dimos cuenta de la convocatoria del Congreso 
por la Dictadura, y emitimos juicios contrarios á esta convo- 
jcatoria, pronosticando al mismo tiempo pésimos resultados de 
€sta estrafalaria si nó mal intencionada medida. 



— 26 — 

Bn las páginas 20 y 23 participamos la instalación de las 
Comisiones Preparatorias de ambas Cámaras y registramos 
disensiones en la Comisión Preparatoria de la Cámara de Di- 
putados principalmente, efecto de pretensiones de carácter 
personalista en materia de elección de Presidente de la Repú- 
blica para el bienio constitucional en curso. También emi- 
timos juicios adversos á esta ambición repugnante por anti- 
patriótica y descabellada. 

Pues bien : sucesos ocurridos el 22 y 23 del corriente 
comprueban que no hemos andado desacertados en esos 
juicios. 

«LiSL Opinión Nacional» de esos mismos días refiere esos 
sucesos, pero no hemos de atenernos á aquel periódico para 
exponerlos y considerarlos nosotros, porque nos expondríamos 
á ser eco de malas pasiones, á cuyo servicio es tan dada en 
general (d^a Opinión Nacional». 

Es el caso, que casual ó intencionalmente, lo que no he- 
mos podido averiguar de un todo á la fecha, se encontraron 
en la casa del Doctor Villegas el Senador Doctor Rojas 
Paúl y los Diputados Doctor Villanueva y Casanova (Pascual) 
y entablaron de consuno con el primero discusión sobre la 
delicada cuestión «elección de Presidente de la República». 

Los candidatos para este alto puesto, que constituyen la 
lucha electoral actual, son, según voz general, el Doctor 
Rojas Paúl y el Doctor Villanueva. 

De acuerdo ambos candidatos en transar sus pretensiones 
á la alta Dignidad, con la desistencia de sus candidaturas, 
convinieron, se dice, en que la elección recayese en un neu- 
tral, especie ésta de parodia de la elección en momentos 
críticos, de Mr. Carnot para Presidente de la República 
Fransesa. 

Para hacer práctica esta avenencia, parece acordaron,, 
que el Doctor Rojas por su parte y el Doctor Villanueva 
por la suya, designarían un candidato de las filas de sus- 
respectivos partidos, y que estos dos elegidos deberían conve- 
nir entre sí en el que habría de preponderar al fin en la 
elección Constitucional ; pero que temeroso el Doctor Rojas 
de que no pudieran entenderse aquel par de atletas políticos, 
asomó la idea de un arbitro que de plano resolviera quien 
debería ser, al sobrevenir aquel desacuerdo, y se nos asegura 
que con aquel objeto presentó al Doctor Villegas, Encargado 
del Poder Ejecutivo actualmente ; lo que rechazó el Doctor 
Villanueva fundado sólo en que eso sería ir á la imposi- 
ción del Poder Público en la elección, pero sin designar 
otro arbitro ni otro medio que obviase aquel serio inconve- 
niente. 

Nada se resolvió, pues, en aquella conferencia, que que- 
dó tan infructuosa como las múltiples habidas hasta la fecha 
en otros respectos, y lo serán probablemente las nuevas que 



— 27 — 

se verifiquen, por ser inconciliables en política los intereses 
privados : un cigarro no es suficiente para todos ; deben, pues, 
fumar unos y esaipir otros, y nadie quiere caer en el úl- 
timo goce. 

Consecuencia de todo esto ha sido, que se corrieron cañas 
y ¿oros en la sesión de la Comisión Preparatoria de la Cá- 
mara de Diputados del día siguiente 23 del corriente ; cañas y 
¿oros que se prolongaron hasta entrar en su casa el Director 
de la Comisión Doctor Villanueva. 

Se nos informa, que el público de las barras estuvo 
inmoderado y hasta amenazante á la persona del Director de 
la Comisión, y que éste no fue atinado en los medios de 
represión que exigían las circunstancias. 

La Comisión Preparatoria llevó á cabo sin embargo, su 
sesión y se disolvió por falta de asunto que tratar ; pero ya 
fuera del local, tropezó el Director con los de la barra en 
actitud agresiva contra él ; que por esto tuvo que refugiarse 
en un hotel inmediato al Capitolio ; y que de allí salió cus- 
todiado por iin cuerpo de policías hasta su casa, mas seguido 
siempre con amenazas por la turba. 

¿ Qué está diciendo todo esto ? Dice en voz muy alta, 
en nuestro concepto, que la instalación del Congreso por con- 
vocatoria de la Dictaaura es, si nó imposible, de seguro muy 
difícil, como lo tenemos pronosticado hasta cierto punto en 
nuestras páginas antes citadas. 

Dice algo más, y muy serio: que hemos perdido ya todo 
criterio en el juicio no sólo de lo público, sino que también 
en lo que atañe á lo particular mismo; pérdida que puede ha.sta 
conducirnos á los extravíos de la locura más rematada. 

En cuanto á lo de instalación del Congreso, nos referimos 
á lo que hemos ya dicho y hemos citado en las presentes 
líneas; y por lo que hace á destitución casi absoluta de criterio, 
considérese lo de un candidato á la Presidencia de la Repú- 
blica, neutro; pero que sin embargo fuese de uno de los dos 
partidos políticos en colisión, es decir, que en la práctica de 
aquel acuerdo de neutralidad resultase, el un partido vencedor 
y el otro vencido. Vaya con la neidralidad de nuevo ctiño allí 
establecida. lyO mejor que hicieron, pues, fue no convenir en 
nada definitivamente. 



Sobre todo esto ocurrió anoche, que unos atolondrados 
concibieron obsequiar al Doctor Villanueva con una serenata, 
diz que en desagravio de lo que contra él hubo el 23 en la 
tarde; concepción equivalente á echar leña al fuego en lugar 
de apagarlo. 

Con música y cohetes, pues se dirigieron á la casa del Doctor 
Villanueva y á los gritos de ¡Arriba el Doctor Villanueva! se 



— 28 — 

seguían los de ¡Abajo el Doctor Villauueva! Aquello debió 
acabar por ttn San Quintín ó un San Bartolojné, pero afortu- 
nadamente, la explosión del surtido de cohetes ocasionada por 
una chispa que no se sabe de donde salió; un fuerte aguacero 
que muy oportunamente sobrevino; y en parte también la muer- 
te instantánea de uno de los del pueblo á bala de carabina 
de un policía, disolvió venturosamente aquella insensata reunión. 
Y pare usted de contar por ahora. 

JULIO 26 

Vamos, que las cosas han calmado en su exacerbación en 
la cuestión Presidencial. 

Kl Doctor Villanueva dirigió por escrito á la Comisión 
Preparatoria de la Cámara de Diputados, su renuncia como 
Director de la misma. Aquella renuncia fue aceptada y nom- 
brado para sustituir al Doctor Villanueva el Diputado Doctor 
Ezequiel Ma González. 

Consideramos la determinación del Doctor Villanueva una 
cordura de su parte, así como también su resolución, expresada 
en la renuncia que circula impresa, de no ocupar su puesto en la 
Comisión hasta que vea que están todos decididos á instalan se cofistitu- 
cionabnente en Cámaras Legislativas, 

Esto evita por el pronto, nuevos escándalos del carácter 
de los ya ocurridos en las últimas sesiones de la Comisión, por 
exaltaciones del público en las barras, pues, por lo que hace 
á la cuestión cardinal «elección Presidencial» la consideramos 
bajo el mismo pie que estaba: de un lado Tirios y del otro 
Troyanos, susceptible siempre por lo tanto, de enredos y coli- 
siones que hagan nugatorios los esfuerzos que se emplean para 
la instalación del Congreso. 

El Doctor Villanueva razona su renuncia del puesto de Direc- 
tor de la Comisión. Protesta, que es revolucionario de convicciones 
fijas é Í7imutables, pero más adelante dice, que lo es conservando 
sieinpre su puesto de mii^iciano e7i las filas del Partido Liberal. 

No estamos en esto de acuerdo con el Doctor Villanueva. 

Creemos que la Revolución en que está el país nada tiene 
que la distinga como esfuerzo de ningún partido, sino como 
la Nación en armas contra sus opresores; feto éstos precisamen- 
te de Partido. 

Hay, pues, contradicción manifiesta en estos momentos, 
según es el carácter de la Revolución, entre Revolucionario y 
Miliaano de Partido, usada como está la palabra Miliciano como 
sustantivo 3- no como adjetivo, caso aquel que significa soldado 
alistado en las milicias. 



— 29 — 

Con expresarnos así no nos oponemos á que el Doctor Vi- 
llanueva sea liberal en la acepción venezolana de esta palabra, 
pero sí le diremos, que ostentar hoy su opinión como opinión 
müitayitc es de todo punto contrariar el espíritu revolucionario, 
que es esencialmente Nacional. 

Hoy por hoy no debe haber sino unidad en la Revolución, 
la unidad indispensable á su triunfo, que por lo que hace á 
la profesión divergente de principios y opiniones en política, 
el tiempo vendrá de poner esos principios y opiniones enjuego 
sin peligro de la conquista de nuestras legales libertades arrebata- 
das inicuamente, sino por el contrario en afirmación de ellas. 

A menos que no se pretenda que el triunfo de la Revolu- 
ción redunde en sólo beneficio y ventura de un Partido, que 
es lo mismo que pretender que se vuelva en el día del triunfo 
á lo que origina la tremenda lucha de armas actual. 

Si así fuere, si tal pretensión se tuviere, tendremos que 
lamentar, el hallarnos más distantes del Doctor Villanueva que 
nunca en política. 

Nuestro republicanismo nos aconseja, que cualquiera que 
sea nuestra opinión en política, jamás perdamos de vista que 
ella no debe tener otra tendencia que la del bien general, para 
no encerramos sistemáticamente en esa opinión, que como opi- 
nión al fin, puede no ser siempre ni en todo caso, conveniente 
ó acertada. 

JULIO 28 

Tenemos á la vista un opúsculo intitulado «Explicacio- 
nes,» en el que, con fecha 20 del corriente mes, exponen 
al público el General Ramón Ayala y el Doctor Diogenes 
Anieta por creerlo indispensable^ los hechos á que su publica- 
ción se refiere^ los que acompañan de los documentos co} respon- 
dientes, ya que unos y otros han sido objeto de comentarios 
diversos. 

Tales hechos y documentos son relativos á lo acontecido 
entre los Generales Leoncio Quintana, Jefe I^egalista en el 
Tuy, y Luciano Mendoza, Jefe del Ejército del Estado Mi- 
randa al servicio de la Usurpación, con tendencia á un con- 
venio de paz; acontecimiento de que nos hemos ocupado ya 
en nuestras páginas 12 á 18, con fechas 6, 12, 15, y 21 del 
corriente mes. 

¿ Qué se deduce del optisculo del General Ayala y del 
Doctor Arrieta? Se deducen, á nuestro juicio, los hechos 
siguientes : 

10 Que el General Ayala y el Doctor Arrieta tomaron 
parte activa y acaso decisiva en aquel ruidoso asunto, por 
más que ellos, en su moderación de carácter y sentimientos, 
califiquen de pequeña esa parte. 

29 Que hubo efectivamente un convenio de paz escrito 



— 30 — 



y firmado el lo de este mes --^^^^^\rín^,^^r^l 

L Quintana. y Mendoza ^^^^^^1''^^ el oíneJ García 

Poder E ecutivo para su ,%f¿'^^'^\^°^i^^ná^, comisionado 

Jefe de Estado Mayor .^el E^^rc^^^^^^^ aseguró el Ge- 

del General Mendoza al ^^f ^í*' ^'t^^^^i goctor Arrieta, no 

neral Quintana ^^ ^^^^^^^^ A^^^^bLs para^^^^ 

contener otra modificación de las ^^^^ P^^^^^ ¿^1 General 

dadas en Ocumare, JfJ^^^ ^Jj^J^T^rT^L quedando por lo 
García como comisionado para traerlo a v.ara h ^^^^^^ 

tanto sub^stentes el pod^^ .tbíTrSdTde^ General Quin- 

ifa v'^otfos Jets ágan^ P^^^ ''^'^' ^^ '''' "'''^^° 
;r c^ rKÍcargado^ ^1/ t¿of S" déscUcimien^ - 
30 que para to^^l^^^^^,^^^^^^^^^^ del General Joaquín 

plícito, pero 7 P^J^^^^^^^He la Resolución, de parte del 
Crespo como Jefe supremo ^^ "^ . Legalistas que apare- 
General Quintana y ¿e lo^ otros Jefes Legahs^^q^^ 

cen representados por el ^^ /\^^°^¿°¿^aies Quintana y Men- 
El convenio firmado por ^^^.^^''f^'r^^St, ^or el Encar- 

^°f «=? ,^S'Eklt"o'\:í CarlcaT sta %S-ar fecha, 
gado del Poder Ejecutivo, eu ^ ' ^ -g ¿^ arre- 

-ll cual fr^lif°^4lSeítr/d Santal iyala y .el Doc- 
glo acordadas en O^^™»"^^ ™Tstas en aquella Sección, no 

Sst^ít L^¿í| «i; ssbas^orsrs 

^^^.r^m^nrr^^^^^^^ ^^'^ ' 

^"^ntra la veracidad del -vg^We M^^^ 

dos protestas que mencionan ^^ ,^^^^^^'^¿f Pernos consi 
Arrieta en su «explicación,)) y las cuales ne ^^^^^^^ 

ya nosotros en ^^^^^^^^^f §¿^,\^eas el 12 de este mes, y la 
Martín Vegas suscrita en <^f ^Pf % ^' Qcumare del Tuy. El 
otra del General Quintana eidaa. 15 en O^^^ ¿^^ 

General Ayala y el Doctor A^^^ta «i n • ¿^ ¿e la del 
General Vegas, sí P^^^^^.^^/^^r razones de bastante peso. 
General Quintana, ^^^^^f^.^^ Verles a^^^^^o el Doctor 
entre las que ^^^^^^^^^ ,}^ ^^t^,,fi If atUéntica del 

Villegas que tales «^^^^^^^./^ff^/^ ""^/e e^P^r^^' ^^^^" ^'''^''^ 
"^S^JITl^'n^o St.S ¿Sw.:r e.plñue al püMico 

lo oairrido. c«^ria exolicación 

Q-^-^^Vrtn "¿hatr? fu^eirUavía "en^?inieblas 

^^ ^eSr^í ffie^nosU^"Sf ei prW» de las 
*%::o'1nt"?ue'Tcabe duda es, en el desconocimiento 



_ 31 — 

del General Crespo como Jefe supremo de la Revolución por 
los Jefes Ivegalistas del Tuy, aún por el simple hecho de 
estar por sí en tratos con el General Mendoza y el Encar- 
gado del Poder Ejecutivo : desconocimiento que por fortuna 
pasó como ráfaga de nubecilla de poca densidad. 

Exponen el General Ayala y el Doctor Arrieta, que los 
Generales Casado y Quintana estaban, á la llegada de ellos el 
4 de este mes á Ocumare, preocupados entre otros respec- 
tos con el de que su actitud pudiera colidir EN ALGO co7i la 
del General en Jefe de los Ejércitos Revohicio7iarios , de los nia- 
les el del Tuy era apenas 2¿7ia fracción; preocupación ésta que 
llegaba hasta ser en ellos im temor. 

Para desvanecer ese temot de los Generales Casado y 
Quintana, emplearon el General Ayala y *el Doctor Arrieta, 
argumentos que no dudamos en declararlos de plano por 
nuestra parte, argumentos especiosos, tan especiosos como 
que, dando aquellos señores por sobre venido el caso de que 
se prodíijere la colisión con laia ó algu7ias de las otras fracciones 
del Gra7i Ejército Revohicionario , la resohición previa del punto 
correspo7idía á ellos (Casado y Quintana) para adoptar una 
regla de condiccta, por la co7ivicción qtie tenía7ide que pasarían á ser 
facciosos todos los Revolucionarios e7i ar7nas que 7io reconociesen la 
Legalidad una vez establecida por la retaiión de la Legislatura 
Nacional y la libre elección del Presidente de la República. 

La legalidad en que fundaban su argumentación el General 
Ayala y el Doctor Arrieta, era una legalidad hipotética el 
4 de julio, fecha en que todavía no se había convocado el 
Congreso, que lo fue el ii, un día después del convenio de 
Charayave, y cuyo hecho oficial no constituía por sí sólo reu- 
nión de la Legislatura Nacional y mucho menos libre elección 
de Presidente de la República; hechos que todavía á esta fecha 
están para realizarse. 

¿ Cómo, pues, indujeron el General Ayala y el Doctor 
Arrieta á los Generales Casado y Quintana y demás Jefes del 
Tuy, á discusiones y pactos que habían de traer por conse- 
cuencia inmediata aún sin acordarse nada definitivo y con sólo 
iniciar el asunto, el desconocimiento del Jefe Supremo de la 
Revolución y la parálisis de aquellos Jefes en su acción militar 
en el Tuy, con libre acción del Ejército de la usurpación; en 
cambio todo esto de sólo promesas imposibles ni de garantizar 
por los mismos que las hacían ? 

La intención del General Ayala y el Doctor Arrieta pudo 
ser, y nosotros lo creemos, la más recta 3^ patriótica, pero de 
seguro que la más errónea al mismo tiempo; tanto que, al 
haberse cumplido las cosas á la medida de sus consejos, el 
resultado habría sido á nuestro juicio, un profundo desconcier- 
to de la Revolución en materia de fuerza física, con afirmación 
mayor que nunca de la usurpación. 

A tales extravíos de las más claras inteligencias ¿ no con- 



— se- 
ducirán en política, preguntamos, las exigencias por lo regular 
torpes del espíritu de partido ? 
Creemos que sí. 

AGOSTO 3 

Hasta el 26 de julio hemos narrado los ruidosos sucesos 
ocurridos en la Comisión Preparatoria de la Cámara de Di- 
putados con motivo de candidaturas para la elección de Pre- 
sidente de la República, y dejamos expresado al mismo tiempo 
en aquella fecha, que con la renuncia del Doctor Villanueva, 
uno de los dos candidatos en acción, de la Dirección de la 
Comisión, y su propósito de no concurrir á las sesiones suce- 
sivas hasta no ver á todos decididos á instalarse en Cámaras 
Legislativas, la calma había sobrevenido en la Comisión, que 
verdaderamente ha seguido con reposo en sus reuniones diarias 
hasta ayer, 

Pero por ser inevitable el que una misma causa produzca 
el mismo efecto, la agitación ha pasado de la Comisión de 
Diputados á la Comisión de Senadores, no por la candidatura 
del Doctor Villanueva, sino por la del Doctor Rojas, miembro 
de la última. 

Kn seguidas de la renuncia del Doctor Villanueva, anun- 
ció en la del Senado el Senador Aranguren hallarse autorizado 
por el Doctor Rojas para pedir ser incorporado á aquella Comi- 
sión, á la que concurriría al día siguiente. 

No lo verificó así sino que lo dilató hasta antier 19 del 
corriente, no obstante haber quedado incorpofado. 

Al presentarse el Doctor Rojas en el salón de la Comisión 
fue victoreado por el público de la barra, y ya en su curul 
le saludó entusiastamente el Director de la Comisión Doctor 
Rangel Garbiras, su sobrino político, quien se estendió á con- 
sideraciones dirigidas más que todo á excitar á los Senadores 
ya incorporados á la Comisión y á los que no lo han verificado 
todavía, á formar el quorum constitucional para la instalación 
de la Cámara. 

A semejantes demostraciones de parte del público y del 
Director de la Comisión, correspondió el Doctor Rojas con un 
discurso que bien podemos llamar su programa político de 
actualidad. 

Según este programa, la usurpación ha dejado de predo- 
minar, y el triunfo incruento de la revolución se conseguirá 
como efecto inmediato de la instalación del Congreso; opinión 
del Doctor Rojas que desautoriza completamente la actitud bélica 
que guarda hasta el día la Revolución. 

Después de cuanto hemos manifestado acerca del carácter 



— 33 — 

que tiene para nosotros el Gobierno del Doctor Villegas y la 
convocatoria del Congreso hecha por él, así como la manera 
como apreciamos la reunión de éste por efecto de ese llamado 
de la usurpación, demás está que digamos razonadamente aquí 
que no estamos de acuerdo con el I)octor Rojas en sus defini- 
ciones políticas del día. 

Y debemos creer que tampoco le acompaña la opinión pu- 
blica, porque de su gran popularidad al entrar en el local de 
la Comisión descendió á experimentar después de su dircurso, 
signos manifiestos de desaprobación de parte de los de la 
barra, v 

Esto por lo que hace á la sesión de la Comisión Prepa- 
ratoria del día lo, que por lo que hace á la de ayer, las cosas 
pasaron á mayor significación en punto á entero desacuerdo entre 
el Doctor Rojas y la opinión Revolucionaria. 

Se encuentra en esta capital el Senador por el Estado 
Zulia Doctor Francisco E. Bustamante, de regreso del des- 
tierro que le impuso el Doctor Andueza Palacio después de 
largos días de cárcel en su carácter de miembro del Congre- 
so y esforzado defensor de la Ilegalidad. 

A su llegada á Caracas el Doctor Bustamante, fue obje- 
to de demostraciones públicas de aprecio político de sus ami- 
gos y copartidarios, demostraciones que dejaron bien estable- 
cidas su importancia de personaje público y las esperanzas 
que se tienen en la eficacia de los servicios que haya de 
prestar de nuevo á la causa de la Redención legal de la 
República. 

No tardó el Doctor Bustamante en dar á conocer su 
espíritu al regresar á la Patria. 

Las Comisiones Preparatorias de arabas Cámaras habían 
acordado una reunión particular de Senadores y Diputados 
con el fin de tratar sobre la formación de quorum lo más pron- 
to, para la instalación inmediata del Congreso; y se nos 
dice, que el Doctor Bustamante allí presente, manifestó, que 
él no se incorporaría como Senador por el Zulia, hasta que 
el Congreso no fuese convocado por la Revolución triunfante. 

Aquella reunión terminó sin haber determinado nada nue- 
vo en punto á excitación de los Senadores y Diputados no 
incorporados á la fecha. 

En la sesión de ayer de la Comisión Preparatoria del 
Senado se presentó el Doctor Bustamante sin previo pedi- 
mento de incorporación, y pronunció un discurso exaltado 
en cuanto á la calificación política del Gobierno del Doctor 
Villegas y el proceder de los miembros del Congreso que 
hasta el presente han correspondido á la convocatoria para 
reanudar sus trabajos decretada por ese Gobierno; discursó 
por consiguiente eminentemente revolucionario. 

Lo contestó el Senador también por el Zulia, Arangurea, 

3 



— 34 — 

Rojista pronunciado, con fuertes invectivas contra el Doctor 
Bustamante, quién á su vez le replicó afirmando su anterior 
discurso; con lo que terminó la sesión. 

El público en las barras fué llamado repetidamente al 
orden por el Director durante la lucha política del Doctor 
Bustamante y el Senador Aranguren, en sus manifestaciones 
de simpatías más por el primero que por el segundo de los 
oradores. 

Y hasta aquí quedaron las cosas ayer en punto á lo 
Parlamentario, 

Kilo bien viene acreditando nuestro juicio contra la efica- 
cia del Congreso, de la manera que se le ha convocado, 
para poner fin á la guerra por reanudación de la destruida 
legalidad. 

Que estamos en plena anarquía, es mal y mal profundo 
que no deja ya duda; iniciado este mal por el Doctor Andue- 
za Palacio, y consumado por sus sucesores en el Poder Dicta- 
torial. 

Tenemos á la vista el periódico de Maracaibo intitulado 
«La Bandera Iliberal,» del 25 de julio del presente año, cuyo 
Redactor y Editor responsable es el señor Pablo A. Vilchez, 
que nos instruye de un acontecimiento político en los Esta- 
dos Occidentales, de no pequeña magnitud en la línea funes- 
ta de la dislocación completa de la República. 

El mencionado periódico indica en su editorial, que rea- 
parece en el campo de la prensa libe7-al, y que es órgano 
y sostenedor de aquel inusitado movimiento; inusitado en la 
forma porque lo que es en su tendencia bien concuerda con 
el liberalismo amarillo^ tendencia bien conocida y temida entre 
nosotros. 

Dá cuenta de la formación de una Liga de Estados Occi- 
dentales (Zamora, Lara, Los Andes, Falcón y Zulia), pacto 
político que dice haberse cangeado ya, en el que se roconoce 
por Jefe y Centro de la Liga al General. Eleazar Urdaneta, 
Jefe militar de la Usurpación, por responder éste del más 
completo éxito de los propósitos de todo el Occidente como DIS- 
TINGUIDO y MERITISIMO iliberal que es, y en virtud 
de los FUERTES y disciplinados ejércitos con valientes 
GENERALES QUE TIENE Á SUS ORDENES, y de la coopeí ación de 
muchos hombres de alta signiJicaciÓ7i política y con el expontá7ieo 
y decidido concurso de todos aquellos pueblos, por lo que el General 
Urdaneta se levantará si?i duda á cima de envidiable gloria. 

La Liga, según el señor Vilchez, desconoce al Congreso 
convocado por el Dictador Doctor Villegas, al que califica 
de faccioso y causante de la guerra civil, y aboga por un 
Cuerpo Constituyente, que llama la Gran Asamblea de la 



— 35 — 

I^ederación, el que deberá declarar en vigencia el Código político 
de i86^, que restituya á los Estados su perdida auto7tomía y 
devuelva á los pueblos, sus fueros y prerrogativas liberales y, á la 
Nación su honor y su decoro, su respetabilidad é importancia 
entre las demás Naciones. 

Al pié de este editorial inserta la Redacción con grandes 
elogios, un Documento que no es otra cosa, que el Decreto 
expedido por el Consejero en ejercicio de la Presidencia del 
Estado Soberano del Zulia, con fecha 24 de julio de este año, 
por el que confiere autorización al General Kleazar Urdaneta 
pafa que haga efectivas las aspiraciones del Zulia sobre vigen- 
cia de la Co7istitnci6n reformada y reorganización completa de 
las veinte entidades autonómicas m.anifestadas por el órgano de 
las Legislaturas y de los Concejos Municipales. 

Aspira «L,a Bandera Iliberal», dice, á que se consoliden 
■más y m.ás cada día todos los triunfos, todas las gloriosas con- 
quistas alcanzadas por el Partido Liberal, en el fecuiido campo 
de la democracia. 

Para lanzar palabras altisonantes al aire, que conviertan 
lo blanco en negro y lo negro en blanco, no hay como un 
liberal Venezolano, pero liberal amarillo. 

Si esta situación, tal como se presenta, no es anarquía, 
ignoramos á la verdad como calificarla ; 

En el centro ; las huestes lyCgalistas, de un lado ; y del 
otro, el Ejército de la Usurpación contra ellas, pero contem- 
plándose recíprocamente hasta el presente. 

Por allá ; la Liga Occidental que desconoce implícita- 
mente el Gobierno del Doctor Villegas, y proclama una Gran 
Asamblea Constituyente á quien le dicta y prescribe sin em- 
bargo, como ha de constituir el país, declaratoria plena por 
esto, de que está de más la tal Gran Asamblea, porque 
para sólo mandadera no valen la pena ni el pomposo encar- 
go de Gran Asamblea Constituyente, ni los gastos que su 
reunión ocasionaría si llegase á ser. 

Por acullá ; el Oriente sublevado también contra la Usur- 
pación, y contra esa sublevación los Generales Monagas y 
Sarria, campeones por propia cuenta, aunque aparentan servir 
á la Dictadura del Doctor Villegas. 

Y por añadidura ; el Estado Bolívar, ribereño del cauda- 
loso Orinoco, en armas igualmente contra la tiranía, la que 
defiende allí el expedicionario General Santos Carrera, arbitro 
hoy en cuanto puede, de aquel Estado. 

Por supuesto, que como consecuencia de este desbarajuste 
de cosas, la renta nacional resulta distribuida entre los ada- 
lides de este San Juan, con arreglo al territorio en que cada 
uno de ellos domina ; que la comunicación interior de la 



- 36 - 

República, tanto la ordinaria como la eléctrica, no existe sino 
á retazos y falta con frecuencia en absoluto ; y por último,, 
que lo que se llama Gobierno General está reducido en su acción 
á tan estrecho é insignificante territorio, que bastaría una sim- 
ple Alcaldía, cumplidora de su deber, para estar regido mejor 
que lo que lo rige la Dictadura de la República. 

Y ¿ qué diremos sobre la economía particular ? 

Que ella, en todos sus ramos, existe ya profundamente 
perturbada y perjudicada, con amenaza de experimentar una 
de aquellas catástrofes de ejemplo universal, que enseñan 
como se llega de un día á otro á pasar de una prosperidad 
positiva á una ruina general, por efecto del desconcierto mo- 
ral en que caen los pueblos cuando se proponen vivir sin 
Dios ni L,ey 

AGOSTO 4 

I^a sesión de ayer de la comisión Preparatoria del Se- 
nado fue aún más borrascosa que la de antier. Faltaban 
entre otros miembros el Doctor Rojas, quien no asiste desde 
su discurso, diremos de inauguración, ni el Doctor Busta- 
mante. De esperarse, era, que, ausentes estas dos notabilida- 
des, hubiera sido tranquila la sesión ; pero el Senador Aran- 
guren empató en ella sus agravios de la sesión anterior al 
Doctor Bustamante, exagerándolos hasta hacerlos personales, 
con consentimiento del Director que los permitió ; y el público 
de la barra se desordenó con este motivo hasta el punto de 
hacer casi imposible que se entendiese de un todo al orador. 

Esto no obstante, se verificó la sesión con el único resul- 
tado de haberse aprobado una proposición del Senador Aran- 
guren en la que dando por sentado que el Doctor Busta- 
mante había, con lo declarado por su parte ayer, separádose 
del Congreso de la Nación, que se llamase á su suplente, el 
que se hallaba en la Capital. 

lya sesión se verificó con cinco Senadores. 

Si mal no recordamos, el Doctor Bustamante no declaró 
que se separaba del Congreso de la Nación, en que fundó su 
proposición el Senador Aranguren, sino que no asistiría á sus .se- 
ciones por efecto de la convocatoria de la Dictadura, lo que difiere 
en mucho de aquella aseveración del Senador Aranguren, en 
su genuina significación política. 

AGOSTO 12 

Desde el 22 de julio nada hemos mencionado acerca de 
la guerra, porque reducidas como han estado sus operaciones 
á movimientos estratégicos más que todo, hemos prescindido 
de narrar esos movimientos en la espera de resultados posi- 



— 37 — 

tivos, á fin de no incurrir en esta crónica en el vicio muy 
■común entre nosotros, de aglomerar palabras desnudas de 
lieclios reales en que fundarlas. 

De la guerra en el Oriente de la Reqública, sólo sabemos 
lo que de cuando en cuando se le antoja decir á «lya Opinión 
Nacional», en el sentido siempre de triunfos de las armas de 
la Dictadura y aniquilamiento de las lyCgalistas, para caer 
•en la halagüeña consecuencia, de que de un día á otro regre- 
sarán á Caracas los Generales Monagas y Sarria con un 
potente ejército con que reducir á polvo la, para « La 
Opinión», menguada Revolución general. 

De la «lyiga Occidental» no trascendemos á la fecha otra 
■cosa, sino que el ineditísimo liberal General Urdaneta, su Jefe 
y Centro, se ocupa en aquel litoral en idas y venidas sin que 
«epamos sean hasta el presente de alguna utilidad política, porque 
pecuniaria bien pueden serlo. 

Acaso la Liga no ajuste tanto como se quiere y es de 
menester, por lo que se le busque puntos mejores de apretamiento 
para que la calceta no ruede. 

Podrá el Dictador in paftibus Doctor Villegas saber lo que 
verdaderamente pasa con este serio acontecimiento, pero lo 
guarda de seguro entre pecho y espalda por no ser probable- 
mente satisfactorio. 

Por lo que hace á la guerra entre Legalistas y Dictatoriales 
-en el centro de la República, sí tenemos que registrar algo de 
-verdadera importancia militar. 

Después de los hechos de armas en el Guayabo, Boquerón 
y otros puntos de las alturas del Tuy, hechos desgraciados 
para los Legalistas; y del desvanecimiento de las intrigas y 
manejos con que se procuró incontinenti destruir allí la unidad 
del Ejército Libertador, éste buscó y halló otro territorio donde 
tentar mejor suerte. 

El General Legalista Ramón Guerra, que de paso sea dicho, 
no parece estar destinado á morir de espanto, se destacó in- 
mediatamente con su cuerpo de ejército, numeroso en plazas 
pero mal armado y peor municionado, y rápidamente cayó 
«obre la Victoria, capital del Estado Miranda, la que ocupó 
«in disparar un tiro por haberla evacuado mansamente la tropa 
Dictatorial que la guarnecía; y no falta quien diga, que con 
T'iolación de un convenio por el que debió entregar al General 
Ouerra el armamento y parque. 

Desde allí abrió el General Guerra, siempre activamente, 
operaciones sobre los extensos Valles de .Aragua, y llegó has- 
ta San Joaquín, pueblo del Estado Carabobo, cuya guarnición 
batió y venció, retrocediendo á la Victoria con alientos mayo- 
res que los que ya tenía. 

Durante esto, el Jefe Supremo de la Revolución había des- 
cendido también del Tuy con el Ejército á sus inmediatas 
ordenes y ocupado el pueblo San Juan de Los Morros, á tres 



-38- 

horas de la Ciudad de Cura, centralizándose así en aquel te- 
rritorio, en su principal masa, las fuera as I^egalistas. 

De seguro que la mayor atención de aquel Ejército fue 
por el momento de mejorar sus armas y municiones; y tene- 
mos motivos para creer que no han sido de un todo infructuosos, 
sus esfuerzos en este respecto. 

Como era de esperarse, el Ejército de la usurpación al 
mando del General Luciano Mendoza, constante de tres mil 
hombres armados de remingtons, con artillería de montaña y 
copioso parque de municiones, buscó y siguió desde el Tuy, 
teatro de sus operaciones hasta entonces, las huellas del ene- 
migo, con tan feliz resultado, que ocupó sin hecho alguno de 
armas las plazas de I^a Victoria y Ciudad de Cura, retirándose 
las fuerzas Legalistas al sitio denominado La Puerta, á dos 
horas de la última ciudad. 

Así permanecieron por algunos días los beligerantes, vién- 
dose y respetándose al mismo tiempo, hasta el 8 del corriente 
mes, en que las fuerzas del Ejército del General Mendoza, 
avanzadas hasta Ciudad de Cura, en número, según se dice, de 
1.300 hombres, atacaron á los Legalistas en La Puerta. 

Se asegura, que después de un combate de 3^^ horas, que 
principió en La Puerta y terminó en las últimas calles de 
Ciudad de Cura, el ejército de la usurpación fué derrotadq> 
completamente, muriendo el General Zuloaga, de gran valía 
en su comando, y otros Jefes. 

De aquí se han enviado refuerzos al General Mendoza; y 
se está en la espectativa de lo que nuevamente haya ocurrida 
después de aquel serio desastre en el Ejército de la Dictadura, 
Oficialmente no se ha publicado nada respecto de tan trascen- 
dental suceso, 

AGOSTO 18 

En nuestra página 35, con fecha 3 del corriente mes,, 
mencionamos la insurrección del Estado Bolívar contra la usur- 
pación, y que defendía ésta el General Santos Carrera á la cabeza 
de huestes de Cumaná, Sección del Estado Bermúdez, 

Según noticias extra-oficiales, que suministra en su mayor 
parte «La Gaceta de Puerto España», periódico de Trinidad, 
colonia inglesa, se verificó un sangriento combate entre los beli- 
gerantes el 10 del corriente mes, el cual dio por resultado el 
triunfo completo de las fuerzas Legalistas, con muerte del Jefe 
de las de la Dictadura General Santos Carrera y otros. 

Con este hecho de armas, que no hay hoy por qué 
dudarlo, ha quedado la causa Legalista en absoluta posesión: 
de aquel Estado, lo que influirá poderosamente á nuestro ver^ 
en igual triunfo sobre el Estado Bermúdez, su colindante, 
con dominación general por la Revolución de la parte Orien- 
tal de la República. 



— 39 — 

AGOSTO 20 

Difícil si nó imposible es seguir paso á paso los acon- 
tecimientos que al presente se suceden, porque ellos ni tienen 
carácter de acción definida, ni mucho menos conservan esta- 
bilidad alguna sobre que fundar inicios precisos : varían estos 
acontecimientos de un momento á otro, y sólo enseñan de 
cierto que estamos al borde de precipicios insondables. 

lya Liga Occidental, cuya aparición en el escenario polí- 
tico, registramos en esta crónica desde las páginas 34 á la 37, 
complica hoy seriamente la situación de la Dictadura Villegas 
en su existencia de Poder gubernamental, con la llegada á 
Caracas ayer, de su Jefe y Centro el General Eleazar Urda- 
neta, á la cabeza de tropas que le habilitan de fuerzas mili- 
tares propias, con que imponerse hasta donde pueda, en planes 
suyos, que no hay quien no tenga por siniestros. 

La Liga, por más que se le recomiende por sus autores 
y adeptos, de un pensamiento ó idea política, sólo tiene la 
marcada fisonomía de un concierto militar á secas, según sus 
procederes hasta hoy. Ella no ha establecido que sepamos 
un Gobierno que la encabece y dirija á fines de aquel carác- 
ter, sino que marcha bajo el absolutismo de un sediciente 
Jefe y Centro que no emplea otro elemento que el de la 
fuerza de las bayonetas, y cuyos movimientos en el litoral de 
la región Occidental, en su acción hasta ahora, bien lo exhi- 
ben un filibustero de peor calaña que los antiguos conocidos, 
antes que un fundador de República ni de un Gobierno regu- 
lar siquiera : todas las Aduanas de aquel litoral y sus rentas 
están en su poder. 

La llegada á La Guaira del General Urdaneta con sus 
fuerzas movibles y una fllotilla de cuatro vapores y tres 
goletas costaneras, y su subida al día siguiente á Caracas con 
la tropa de su mando, no sabemos con certeza á que obe- 
decen : si á un llamamiento del Dictador Villegas, ó á un acto ^ 
de propia voluntad. 

Las apariencias inducen á creer más lo último que lo 
primero. 

Durante la corta permanencia del General Urdaneta y 
sus fuerzas en La Guaira, el Concejo Municipal del Distrito cele- 
bró un acuerdo de adhesión á la Liga Occidental, que ha publi- 
cado «La Opinión Nacional« de ayer, con reconocimiento, por 
supuesto, de su Jefe y Centro el mencionado General, condi- 
ción ésta forzada de tales adhesiones ; y dicho General ejerció 
allí actos, en la Aduana principalmente, con tendencias seg^n 
se dice, á asumir el mando general de la República. 

Desde el 14 del corriente circuló en Caracas, impresa, una 
carta-política del Doctor Pedro Vicente Mijares, Diputado del 
Congreso, al Doctor Villegas, en la que á vueltas de califi- 



— 40 — 

cativos no muy respetuosos le increpaba de incapaz para el 
ejercicio de la Dictadura, según concibe ésta el Doctor Mija- 
res ; le indicaba por esto la necesidad en que á su juicio se 
estaba de su separación como tal Dictador ; y dejaba envuelta 
no obstante en las nebulosas de su política demagógica, la 
persona que en sus intenciones debería sustituirle con aquel 
carácter. 

I Semejante carta, que ha soportado serenamente el Doctor 
Villegas, coincidió con la llegada á poco á La Guaira del 
General Urdaneta y su tren militar, siendo por lo mismo de 
concepto general, que este exorcismo político del Doctor Mija- 
res contra el Doctor Villegas, está en relación con los desig- 
nios de absorción del Poder pííblico que evidentemente ani- 
man al General Urdaneta. 

Veremos, pues, á donde llegan con estos antecedentes 
las cosas. 






I,as Comisiones Preparatorias de ambas Cámaras acor- 
daron ayer suspender sus reuniones en vista de la situación 
anormal en que se encuentra la capital, reservándose proseguir 
en sus funciones constitucionales tan luego como aquella des- 
aparezca ; con lo que ha tenido fin, la comedia de convo- 
catoria del Congreso por Decreto de la Dictadura, resultado 
menguado que previmos por nuestra parte desde un principio, 
j Que la tierra le sea ligera en su muerte, al histórico Con- 
greso de 1892 ! 



SETIEMBRE 6 



I,a gravedad de enfermedad y muerte el 27 del mes 
último, de un miembro predilecto de nuestra familia, nos 
impidió desde el 20 del mismo mes la continuación de nues- 
tra crónica, cuya reanudación nos proponemos hoy. 

Y ¡ cuánto de desaciertos y desafueros de un lado, y de 
favorable á la causa de la lyCgalidad del otro, no tenemos 
que narrar como sucesos de tan corto tiempo cual el trans- 
curridos. ? 

Procuraremos hacerlo con sujeción á un orden cronológico 
el mayor que podamos observar, en favor de la claridad 
histórica, dependiente en mucho del enlace que guarden los 
sucesos entre sí. 



— 41 — 

Después de la derrota de parte de las fuerzas del Gene- 
ral Mendoza el 8 de agosto en Bolivia (Ciudad de Cura), 
este General concentró el resto de su ejército en La Vic- 
toria, capital del Estado Miranda, ocupándose allí de reorga- 
nizarlo y aumentarlo, como efectivamente se verificó, con 
fuerzas que le fueron de Caracas, otras que le llegaron de 
Valencia, capital del Estado Carabobo, y reclutamientos for- 
zosos en los Distritos vecinos de aquella Capital. 

Más, constante así de cuatro mil hombres, por lo menos- 
su nuevo ejército, permaneció aquel General inactivo militar- 
mente, guardando cuarteles en aquella plaza, de manera tan 
inviolable, como constante había sido su residencia personal 
en ella, antes y después del desastre de sus tropas en Ciu- 
dad de Cura. 

El ejército Legalista por su parte abrió á poco de su 
triunfo mencionado, operaciones, no ya contra el enervado 
del General Mendoza, sino .sobre Valencia, cuya capital ocu- 
pó el 17, de agosto después de reñido combate con las tro- 
pas que la guarnecían, las que quedaron prisioneras de gue- 
rra junto con el Jefe de Operaciones de aquel Estado General 
Jesús Ma Lugo y los Presidentes de Carabobo General Pin- 
to, y el de Miranda General, Narciso Rangel, que funcionaba 
allí en lo militar. 

Y no descansó sobre los laureles recientemente adquiridos, 
sino que allí mismo cayó sobre Puerto Cabello, y en lucha 
esforzada de tres días en sus calles y trincheras, quedó due- 
ño el 24 de agosto de aquella importante plaza con sus 
fortificaciones de mar y tierra y su puerto, así como prisio- 
nera con sus Jefes la guarnición de la plaza : la del Castillo 
Libertador, fortaleza dominadora de la plaza y del puerto, 
lo evacuó precipitadamente á las 8 p. m. del mismo día, 
librándose así del asalto que en hora más tarde había de 
experimentar. 

Con estos triunfos quedó dominando la Revolución el 
extenso Territorio del Estado Carabobo y el no menos impor- 
tante del Estado Miranda, cuya sola capital ocupaba ador- 
mido el enemigo, resultando así dueña y .señora de la parte 
central, la más poblada, la más rica y la más aguerrida de 
la República, con arrebatamiento al mismo tiempo á la Dic- 
tadura de mayor número de armas y posesión de un puerto 
el más abrigado y defendido de nuestras costas; elementos 
de que ha carecido hasta el presente, en que casi ha luchado 
con solo la fuerza moral de la opinión pública. 



— 42 — 

Durante estos faustos acontecimientos por la L<egalidad 
¿qué sucedía en Caracas, asiento endeleble de la Dictadura 
Villegas ? 

Dejamos á éste el 20 de agosto en garras del General 
Urdaneta, Jefe y Centro de la mitológica Liga Occidental. 

Para los intentos de este atolondrado General, de absor- 
ción en sus manos del Poder Público como conquista de las 
bayonetas, la unidad del Ejército de la Dictadura en seme- 
jante propósito, le era indispensable, y esa unidad ni existía 
ni comprendió posible alcanzarla. 

Parte de las fuerzas que guarnecían á Caracas, así como 
el General Mendoza con su ejército desde la Victoria, se dis- 
ponían á sostener la Dictadura Villegas no por fidelidad á. 
esa Dictadura, sino por ocultos designios personales, del Gene- 
ral Mendoza principalmente. 

Con este gravísimo inconveniente con que tropezaba en 
la ejecución de sus ambiciosas miras el General Urdaneta, 
coincidió la noticia llegada á Caracas, de la ocupación de 
Valencia por la Revolución, y amenaza por la misma de 
Puerto Cabello; conjunto de contratiempos para aquel Gene- 
ral, que le ponían en situación asaz crítica. 

Reembarcóse, pues, á toda prisa con sus fuerzas y nave- 
gó con rumbo á Puerto Cabello en auxilio de aquella apura- 
da guarnición, debilitada de ante mano por él con la incor- 
poración que hizo á su ejército de una de las divisiones 
existentes en la plaza á su paso por ella sobre Caracas. 
Formando causa con el General Urdaneta, partieron en su 
expedición el Doctor Sebastián Casañas, y los Generales Ju- 
lio F. Sarria, Domingo A. Carvajal y otros. 

Respiró con esto la Dictadura Villegas de aquel inmi- 
nente peligro en que la tenía la ambición audaz y desen- 
frenada del General Urdaneta, pero solo para caer allí mismo 
en igual si bien más positivo riesgo de su Dictatorial Poder. 

DecidióvSe al fin el General Mendoza á movilizar su ejér- 
cito después de largos días de tranquilo acuartelamiento en 
La Victoria, pero no contra el enemigo, triunfante en el 
limítrofe Estado Carabobo, sino en retirada, sin ser amena- 
zado ni perseguido, sobre Caracas, á donde llegó en momen- 
tos en que evacuada esta plaza por el General Urdaneta y 
sus fuerzas, se reembarcaban en La Guaira 

Semejante proceder del General Mendoza, inaceptable en 
lo militar como era, vino á quedar explicado incontinenti 
por un atentado cometido por él contra la ya insostenible 
Dictadura Villegas, en virtud del que asumió el 26 de agos- 
to todo Poder en la forma de un mando puramente de bayo- 
netas, tan brutal cual no podía menos de ser en el espíritu 



~ 43 — 

único de lucros y logros personales que inspiraba á aquel 
desventuradq General. 

A que excesos contra respetables personas é intereses 
se entregaron por todo Gobierno el General Mendoza, su Je- 
fe de Estado Mayor el General Rafael García, y el Gober- 
nador del Distrito Doctor Palacios Rengifo, secundado éste 
por su Secretario el Doctor José Martínez Mayz, nos sería 
repugnante en alto grado relatarlo en sus detalles, por lo 
que nos circunscribiremos á solo manifestar en abstracto, 
que nunca la Sociedad de Caracas, se vio más amenazada 
en su existencia civilizada, que durante el imperio, por for- 
tuna corto, de aquellos enloquecidos venezolanos, á quienes 
cegó el Genio del mal hasta el punto de no ver, que con 
su conducta desatentada no solo obraban contra el buen 
nombre y honra de la Patria, sino que también se envile- 
cían en sus personas hasta el supremo grado de presentarse 
indignos de toda acogida entre propios y aún extraños. Kilos, 
efectivamente, de la manera que se han exhibido, sin rastro 
alguno de moral ni de pudor, serán peligrosos en cualquier 
punto que residan. Podrán creer, ,que ricos como han conse- 
guido serlo, lo alcanzarán todo en la línea de las consideracio- 
nes, de los respetos, y de los . . . goces. Pero ; cuan errados 
están ! 

Para esto, tan violenta situación sólo era conocida por la 
presión individual que de ella experimentaban los ciudadanos 
y veía y palpaba asombrada la población en masa, pues que 
los perpetradores de tanto mal ni se permitieron explicar por 
documento alguno público, en la forma siquiera de su menti- 
rosa fraseología política, la causa y fines de su inicuo proceder. 

Kl Doctor Villegas, mientras tanto, despojado ya de su Dicta- 
dura, permanecía tranquilo en su morada particular, en frecuentes 
entrevistas y tratos con su derrocador el General Mendoza, 
raro comportamiento que inducía á creer, ó que el Doctor 
Villegas era víctima de una debilidad de carácter inconcebible, 
ó cómplice de algún modo, ó por algún interés personal, en 
lo que pasaba. 

Mas, todo vino á quedar revelado por el hecho de la par- 
tida del Doctor Villegas para I^a Guaira con su familia y los 
Generales Alejandro Ybarra, Ministro de Guerra, y L,eopoldo 
Sarria, Comandante de Armas, y su embarque juntos con 
destino á los Estados Unidos del Norte; hecho que se consumó 
con todas las apariencias de un acto de propia voluntad, lleva- 
do á cabo en completa amistosa armonía con el General Men- 
doza, quien les acompañó, solícito de su bienandanza, hasta 
darles en nuestra playa el último adiós en el abandono que 
hacían de la patria; de esta patria que habían conducido ellos 



— 44 — 

en último término y dejaban impávidos entregada, á los peli- 
gros inminentes de una acefalía mortal. 

Kl Doctor Villegas no se creyó obligado á ningún género 
de resistencia por el atentado del 26 de agosto contra su ca- 
careado Poder Constitucional, ni aún en la simple y común 
forma, muy usada en semejantes casos, de una protestación, 
antes por el contrario, dictó en el mismo día, se cree que sin 
ser ya Gobierno, su ridículo Decreto de inhabilitación para 
todo comercio de los puertos de Ciudad Bolívar y de Pto. Cabello 
en poder de la Revolución, dando así testimonio irrefragable 
de lo inexorable de su enemistad contra la Revolución Na- 
cional, y su afinidad cordial con la monstruosidad política 
Mendocista á quien favorecía fiscalmente con el mencionado 
Decreto. ¡ Que le sea suave al Doctor Villegas su existencia 
en el extranjero sin deberes para con su patria! Ella, esta 
patria, no le negará derechos cuando los necesite. 



En este Estado y confusión de cosas apareció el 30 de 
agosto en La Guaira el General Domingo Monagas con su 
familia procedentes de Barcelona, capital del Estado Bermúdez, 
en viaje para Curazao. 

Conferenció allí con el General Mendoza, quien, se dice 
le invitó á tomar parte en su Dictadura Militar, á lo que se 
negó aquel General, 

La aparición del General Monagas en La Guaira en la 
forma de un proceder de interés particular ó privado, indicaba 
por sí sola que la causa de la usurpación en la región Oriental 
corría inminente peligro, dado su carácter de Jefe Superior en 
lo político y militar de aquel importante Estado. 

No era posible otra interpretación de una conducta que á 
toda luz revelaba, que se buscaban por el General Monagas 
seguridades del orden personal y de familia estrictamente. 

Para esto sabían ya el General Mendoza y el público, qiíe 
el 24 del mismo agosto, en la noche, la Revolución había que- 
dado á viva fuerza en plena posesión de Puerto Cabello y vSus 
fortalezas. 

El General Urdaneta con su flotilla y ejército de desembar- 
que había llegado harto tarde al frente de aquel puerto y sólo 
pudo, desde mar á fuera, pro tejer con botes, á la caída de la 
noche, la evacuación del Castillo Libertador, por las tropas 
que lo guarnecían, con agregación de los criminales que allí 
cumplían su condena, y abandono de los materiales de guerra 
almacenados, haciendo rumbo, esto verificado, siempre al Oc- 
cidente. 






— 45 — 

Desfavorables en alto grado como eran estos sucesos á la 
usurpación, ellos colocaban al General Mendoza en - situación 
verdaderamente conflictiva, á la que debía hacer frente por sí 
sólo, toda vez que no le era dado esperar auxilio militar de 
ningún lado. 

Más, mayor debía ser todavía para él lo que había de 
sobrevenirle y allí mismo le sobrevino en lo político, por con- 
secuencia inevitable de sus atentados contra el orden público. 

Si bien el General Mendoza, como poder puramente militar, 
podía disponer á su antojo de las vidas y haciendas de sus 
conciudadanos de la capital, no podía así mismo disponer á 
su arbitrio de las de extranjeros, residiendo éstos entre nos- 
otros al abrigo de tratados y de la buena fe de las Naciones. 
Para sus despóticos actos no previo el General Mendoza, en 
su impericia de hombre público, ni que existía siquiera este 
respetable interés extraño que contemplar y atender, y esto, 
no como una concesión, sino como un deber de observancia 
ineludible. 

lyOs representantes de las naciones amigas en Caracas, 
dirigieron con fecha 26 de agosto una nota colectiva al Des- 
pacho„ de Relaciones Exteriores, en la que inquirían, según 
se nos informa, con qué Gobierno aceptable como tal, debe- 
rían entenderse en adelante. 

Se nos asegura que aun á la fecha nada se ha contestado 
al respetable Cuerpo Diplomático, que satisfaga su seria pre- 
gunta en materia de suyo grave y urgente como es ésta ; 
y que en consecuencia los Ministros respectivos han pedido 
á sus Gobiernos buques de guerra con ánimo de protejer por 
sí a sus nacionales é intereses en caso necesario. 



Obligado probablemente el General Mendoza por esta 
actitud seria del Cuerpo Diplomático, retrocedió en su Dicta- 
dura militar, dando acogida al consejo de Mentores caracte- 
rizados de su causa y de su confianza, de la formación de 
un Gobierno en el que quedara de algún modo representada 
aun cuando solo fuera, en apariencia, la forma de los gobier- 
nos regulares. 

Surgió de aquí en consecuencia el Gobierno político del 
2 del corriente mes, brotado del caos Mendocista, como al 
calor brotan las heces á la superficie de los líquidos. 

Este Gobierno á la verdad no puede ser calificado sino 
como el gobierno posible en las circunstancias tremebundas 
de su formación, y demás está, por lo tanto, ventilar respecto 
de él títulos de derecho para su existencia, ni exigirle pro- 
grama determinado de conducta. 

El Ciudadano que lo preside no tuvo inconveniente en 
declararse por sí Encargado del Poder Ejecutivo y tomar 



- 46 - 

inmediata posesión de esta alta Dignidad, con nombramiento 
de Ministerio en el propio Decreto de su anunciación, en 
cuyo preámbulo contuvo además, acaso por una cortesía ru- 
borosa, cierta apreciación legal de origen á par de promesas 
patrióticas, que por nuestra parte dejamos, la primera, con- 
fiada al juicio jurídico de los Estadistas, y las segundas, á la 
corroboración incotrovertible de los hechos. 

Allí mismo, el 4 del corriente mes, circuló la noticia 
con sorpresa general, de que el General Mendoza acompañado 
de su hermano Natividad, y de su Jefe de Estado Mayor el 
General Rafael García, había, en alta madrugada del mismo 
día, embarcádose vSigilosamente en una goleta en el puerto de 
I,a Guaira, con destino á Curazao ; verificando así una de- 
serción de su Ejército la más escandalosa. 

¿ Qué indujo al General Mendoza y sus compañeros á 
adoptar semejante desdoroso proceder? 

I^a voz pública es, que tuvo por principal móvil poner 
en seguridad los caudales que aquellos desventurados Vene- 
zolanos habían acumulado en su poder por medio de expo- 
liaciones á los laboriosos habitantes del Tuy, de Aragua y 
de Caracas durante su campaña, la que urbana más que otra 
cosa, había dejado en entera libertad de acción á su ya pre- 
potente enemigo. 

* 
*^ 

Semejante hecho del General Mendoza y sus cómplices 
se presenta sin duda, así en su causa como en su modo, 
cual un hecho de todo punto reprochable y condenable, digno 
sólo de quienes, por lo visto, debemos considerar destituidos 
de todo sentimiento honrado de propia estimación, y de todo 
respeto social. 

Más no obstante este juicio nuestro sobre el suceso en 
sí, no somos de los sorprendidos ni admirados por él, porque 
en puridad de cosas ¿ qué significa esta deplorable conducta 
del General Mendoza y sus compañeros ? 

Significa á toda luz, un remedo triste de lo que en gran 
escala y con iguales móviles se viene ejecutando perseveran- 
temente desde años atrás hasta ayer, por los hombres más 
prominentes á par que de renombre loable preten.siosos, del 
Gran Partido Iliberal. 

A tales ejemplos, de escándalos los máa punibles y sin 
embargo impunes, de muchos alabados si nó glorificados y 
aún envidiados ¿ cómo exigir del General Mendoza y sus com* 
pañeros, personas secundarias en política, rectitudes y virtudes 
que los prohombres y lumbreras de su Partido no poseen. 



— 47 — 

sino antes por el contrario las contradicen á grito herido con 
la propia conducta? 

Condenamos, pues, por nuestra parte, el proceder crimi- 
nal del General Mendoza y sus compañeros, pero á ellos los 
conpadecemos de todo corazón, cuales víctimas de una corrup- 
ción cínica cual la que existe entre nosotros. 

Y mientras lodo tanto por acá en los de la Usurpación, 
mayores triunfos militares por allá en las filas de los L,egalistas. 

Registramos aquí como acontecimiento indudable, que el 
Ejército del General Urdaneta, el autor de la fábula la I^iga 
Occidental, dejó de ser. 

En su abandono de las aguas de Puerto Cabello se diri- 
gió aquel desventurado General al Estado Falcón, uno de los 
cinco que formaran su imaginaria L,iga, y haciendo pie en 
tierra con su ejército en I,a Vela, puerto principal de aquel 
Estado, fue vencido allí mismo por el General I^eón Colina, 
el 28 de agosto, con abandono al enemigo por su parte de 
la masa principal de sus fuerzas y huida vergonzosa de él 
y sus principales corifeos ; el uno con un pequeño grupo de 
soldados á la ventura de su mala suerte en uno de sus pe- 
queños buques y busca acaso de abrigo en Maracaibo ; y los 
otros con dirección, en su espanto, á Curazao. 

Y todavía se cree por los audaces dominadores de Caracas, 
que son algo por lo que merezcan ser apreciados como Go- 
bierno de la República y representantes de la opinión pública. 

Conocen hasta instintivamente su impotencia militar actual, 
y lo negado que les está la estimación del común de sus con- 
ciudadanos, pero enemigos jurados de todo bien é incapaces 
de todo movimiento moral en sus espíritus, entréganse por el 
momento, á través de apariencias de pura fuerza material, á 
malvadas combinaciones de una política insidiosa como siempre 
ha sido la que profesan. 

Buscan acuciosos el modo de introducir la rivalidad y la 
discordia entre los Jefes del Ejército lyCgalista, que detengan 
el inmediato triunfo de esta causa justa, por medio de cabalas 
é intrigas dirigidas con actividad de desesperados, á despertar 
en hombres civiles importantes de la Revolución, más ó menos 
definidos en el día como tales, dormidas ó paralizadas aspi- 
raciones de mala ley, en cuanto nacen esas aspiraciones de 
un espíritu personalista, cáncer de la República, como lo de- 
nuncia formalmente nuestra moderna cuanto menguada historia. 

En este su comportamiento ulterior, ellos se exhiben con- 
secuentes con lo que han sido, con lo que son, y con lo que 
probablemente serán en lo público mientras respiren; mas Dios, 
que en su Providencia infinita tarda pero no olvida, confiamos 
que preservará á nuestra patria del logro de sus maquiavélicos 
intentos. 



- 48 - 

SEPTIEMBRE 15 

Circulan impresos documentos de bastante significación po- 
lítica, que debemos, por lo tanto, considerar y comentar aun 
cuando á la escasa luz de nuestro pobre criterio, pero anima- 
dos siempre de imparcialidad y patriotismo. 

Son estos documentos, un Manifiesto del Doctor Juan P. 
Rojas Paúl, fechado el 29 de agosto en Curazao; una carta 
del mismo Doctor Rojas, al General Joaquín Crespo, del 31 
del mismo agosto en dicha antilla; y la contestación de éste 
desde Puerto Cabello el 8 del corriente mes. 

Kl Doctor Rojas Paúl, cuyo regreso á la Patria y entrada 
á Caracas el 14 de julio, hemos mencionado con fechas 12 y 
15 de aquel mes, páginas 14 y 20, después de la acción que 
desplegó inmediatamente á su llegada, al frente del partido de 
que es Jefe, acción que también hemos ya narrado, tuvo á 
bien imponerse, como lo dice en su Manifiesto, un segundo os- 
tracismo volunta? io; y explicar los fundamentos de aquella po- 
lítica suya, el curso militante que ella tuvo, sus desgraciados 
resultados, y por último, el fin patriótico de su repetido ale- 
jamiento de la Patria^ es el objeto que cumple el Doctor Rojas 
en su manifiesto. 

Confesamos sencillamente que, acaso por no ser nosotros 
políticos de profesión, no penetramos bien y por consiguiente 
nos quedamos á pie para juzgarlos debidamente, la alteza de 
miras patrióticas del Doctor Rojas Paúl y lo acertado de los 
medios que empleó para alcanzarlas. 

De nuestra obtusidad en la materia, pues, dependerá, que 
la política del Doctor Rojas, tal como la conocemos práctica- 
mente y él analíticamente la describe en su manifiesto, se nos 
presente cual una política muy expuesta conjeturas desfavorables aA 
Doctor Rojas, y á desconfianzas que lo inutilicen en lo público, en 
momentos en que su persona, por muchos motivos, sería útil, 
más que útil, necesaria á la Patria. 

Si la anbigüedad de proceder es inaceptable en la vida or- 
dinaria ó entre particulares; que no será cuando se trata de 
lo público, en cuya línea se requiere esencialmente que los ca- 
racteres sean caracteres plenamenre definidos, mucho más en 
notabilidades políticas como lo es el Doctor Rojas Paúl ? 

El quid pro quo en política nunca acreditará al que lo em- 
plee, sino que lo hará siempre sospechoso, hasta el puntp de no 
inspirar en sus conciudadanos, al menos entre los que abriguen 
algún patriotismo y amor á los principios, sino la cautela, 
como regla inexcusable de conducta qne los sustraiga de cual- 
quier asechanza ó engaño. 

Y el quid pro quo resalta para nosotros en la política que 
el Doctor Rojas Paúl ha observado y desarrolla ahora en su 
Manifiesto: en este efectivamente se nos exhibe Revolucianario 
Legalista á veces, para allí mismo encontrarle adherido á una 



— 49 — 

política connivente á no dejar duda, con la usurpación, supues- 
to que de llegar á imperar esa política, sería inexcusablemente, 
á nuestro ver, con los hombres y con los vicios, se puede 
decir, causantes de este gran mal que ponderosamente aflige 
y arruina al país; todo á nombre y en virtud de una concordia 
imaginativa: sí; imaginativa, porque bien sabe el ilustrado Es- 
tadista Doctor Rojas, que esta sublime palabra tiene en sus 
efectos, asiento en los corazones, y de ninguna manera en los 
cálculos que él la coloca de la política, mucho menos de una 
política eminentemente apasionada y especulativa como la que 
nos envuelve. 

Y sobre todo esto; tantos motivos para creer por nuestra 
parte, deduciéndolo del mismo Manifiesto con prescindencia 
de antecedentes, que la política del Doctor Rojas Paúl, no 
adolece simplemente de error, sino que también está animada 
de interés personal, por no decir, personalísimo ! 

lyos escritos políticos del Doctor Rojas con relación á 
esta nefanda época de nuestra historia republicana, princi- 
pian fatalmente, todos ellos, por YO y acaban por MI, como 
lo notó Alejandro Dumas, padre, si mal no recordamos, en 
los escritos del mismo género, de un notable personaje fran- 
cés de celebridad indisputable; con una diferencia remarca- 
ble, decimos nosotros, que aquella flaqueza del eminente 
estadista francés, solo lo conducía á recomendarse con razón 
como hombre público de principios fijos y de una lealtad 
inquebrantable á su causa, la Legitimista; mientras que en el 
Doctor Rojas aparece esa flaqueza obrando como agente de 
aspiraciones de mando y Poder, apoyadas en estimaciones 
propias mal sonantes, si no, indelicadas. 

Y él YO tenaz en política, no conduce al fin y al cabo, 
sino á derrumbamientos positivos más ó menos tarde, porque 
es de todo punto una insensatez el pretender en casos en 
que la abnegación personal se impone en clase de deber 
esencial, como sucede en lo público, que pueda esa abnega- 
ción sustituirse sólidamente con un egoísmo refinado. 

. La carta del Doctor Flojas Paúl al General Joaquín Cres- 
po, del 31 de agosto desde Curazao, y la de contestación del 
último el 8 de este mes desde Puerto Cabello, circulan en el 
Boletín Oficial del Ejército Nacional, legalizadas por el Se- 
cretario General, J. Pietri, por lo que ninguna duda cabe 
sobre su autenticidad, . 

Aquel paso del Doctor Rojas Paúl cerca del General 
Crespo, diólo, después de haber tenido lugar los gloriosos 
combates de Valencia y Puerto Cabello, que pusieron á la 
Revolución en dominio de aquellas importantes plazas, pro- 

4 



— 50 — 

porcionándole al mismo tiempo un ascendiente político y mili- 
tar sobre todo el Occidente de la República. 

Las impresiones, pues, del Doctor Rojas Paul al escribir 
su carta al General Crespo, debieron ser, que dentro de bre- 
ves días entraría trizinfaiite aqtcel Genei^al en la capital de la 
República, como él mismo lo expresa en su carta; y no 
quedarse rezagado en tan felices momentos, bien pudo ser 
deseo que moviese al Doctor Rojas á escribirla. 

En su primer período, la carta del Doctor Rojas no es 
otra cosa que su hoja de servicios á la Revolución; en el 
.segundo, se entrega y más se entrega, con remisión de su 
Manifiesto del 20 de agosto al General Crespo, á explicar lo 
inesplicable:i una política de trasiego como lamentablemente es 
la suya; y, por fin de cuentas, en al tecer y último período, 
se derrama en consejos políticos al General Crespo, los que 
tienen de inoportunos, el que esos consejos le han ido á 
aquel General sin haberlos él solicitado ni pedido. 

Y siendo *tales los términos de su carta ¿ qué ha alcan- 
zado con ella el Doctor Rojas del General Crespo ? Ha alcan- 
zado, una severa, severísima respuesta, que sin duda no 
previo ni esperaba el Doctor Rojas al escribirla, por lo que 
debemos creerle en un desengaño profundo, y en desacuerdo 
completo si no enemistad con el General Crespo. 

L,a política aconsejada por el Doctor Rojas en su carta 
al General Crespo es la que acabamos de analizar en nues- 
tro capítulo anterior, como política inquebrantable de su pro- 
fesión, de espíritu personalista en grado heroico y eminente, 
por lo que aparece esa política en todos los actos y procede- 
res del Doctor Rojas, encadenada inexorablemente al poste 
de inmediata 7euni6n del Congreso y elección de Prosidente de la 
República.; especie de caballo de batalla del Doctor Rojas del que 
tentados estamos á creer no se apeará nunca. 

¿ Cuando se penetrará el Doctor Rojas, que él á todas 
manos vilipendiado Congreso del año del señor en que esta- 
mos, dejó de ser, y no resucitará jamás ? 

Kl Doctor Rojas debiera no olvidar que los altos Poderes 
públicos son entidades morales, representadas por individuos; 
y que al ser éstos ridiculizados ajados, y pisoteados como lo 
han sido en su mayoría los miembros del Congreso del presen- 
te año, carecen de todo prestigio propio y autoridad para 
continuar en su misión, aun en el sentido ordinario de simples 
legisladores en estado normal de la República. Pretender, 
pues, el Doctor Rojas, que queden aquellos tristes ciudadanos 
restaurados en su augusto carácter de delegados de la soberanía 
de los pueblos de la República, y no ya para legislar estricta- 
mente, sino para enmendar y corregir borrajeadas planas en 
lo político, nos parece ó un delirio ó pretensión suya de una 
originalidad estupenda. 

Sacando el General Crespo en su carta la política del es- 



— 51 — 

trechísimo y asfixiante recinto en que la encierra el Doctor 
Rojas en la suya, ¿ qué le contesta á este respecto ? 

Le contesta; que por lo que hace á los principios que han 
de dirigir en - lo porvenir la política de la Revolución, 710 vacila 
en decir como Jefe de ella que es, que se esforzará ante todo por 
satisfacer las aspit aciones nacio7iales, restituyéndole al pueblo el 
libre ejercicio de sus derechos soberanos, y haciendo que él mismo 
se pro7itincie acerca de la dirección de sus destÍ7ios; y que e7i esta 
libre 7na7iif estación del país solo le guiará el sentÍ7nie7ito de sus 
responsabilidades con la RevohidÓ7i y la República, y la co7ivicción 
profu7ida, exce7ita de mezquÍ7io interés perso7ial, de que al proceder 
así cumplirá U7i g7^a7i deber de patriotis77io , de lealtad y de ho7ior. 

¡Qué contraste entre la política de uno y otro personaje! 
La una, sin más horizonte que el del radio de la propia per- 
sona, y la otra, de una elevación de principios y de miras 
que. . . . ojalá se cumplan. 

se;tie;mbre; 20 

Bl pueblo de Valencia, en su acrisolado patriotismo, obse- 
quió al Jefe de la Revolución y del Ejército Nacional General 
Joaquín Crespo, con un banquete el 1 2 del corriente mes. 

Si digno, merecido y oportuno fue el obsequio, solemne 
por otra parte era la ocasión para que el Jefe de la Revolución 
se explicara franca y lealmente, no ya como su caudillo, sino 
como su espíritu ó verbo que es. 

Y no desdeñó por cierto la ocasión el General Crespo, 
sino que la afrontó por medio del Secretario de Estado Doc- 
tor J. Pietri, con precisión tal, que á nadie puede quedar duda 
después del discurso que allí se pronunció, acerca de lo que 
ha sido, de lo que es, y, lo que es más, de lo que será este 
portentoso movimiento de los venezolanos que lleva el nombre 
de la Revolución Nacional. 

Tiene en nuestro concepto el discurso pronunciado á nom- 
bre y en presencia del General Crespo, el mérito singular 
entre nosotros, de que en él no se tropieza, ni por casualidad 
que sea, con reticencias de ningún género ni circunloquios, sino 
que desde la primera hasta la última palabra, es todo el dis- 
curso pura doctrina de aplicación inexcusable á la situación 
política en que estamos y se ha querido definir; cuando el so- 
fisma y la superchería es la dicción constante y pertinaz de 
los enemigos de la República á quienes se combate. 

Si las palabras son, como se cree generalmente, el reboso 
de lo que guarda en abundancia el corazón ¡cuánto de cordura 
y de bien no debemos esperar del triunfo de esta Revolución, 
en la línea ■ de un porvenir feliz y respetable de la República, 
después de la lectura de este discurso! 

No falta, sin embargo, quienes se muestren alarmados, en 
las filas usurpadoras principalmente, por descubrir en la doctrina 
del discurso, que habrá un interregno constitucional, en el que 



— 52 — 

la Nación por medio de un régimen general provisorio ó Dic- 
tatorial, se reorganizará formalmente. 

Pero estas alarmas son tan pueriles é infundadas, que dan 
margen á creer que, ó esas susceptibilidades republicanas par- 
ten de un juzgar sin pensar ¡triste cosa!, ó de una mala fe 
refinada. 

De jtizgar sin pensar; porque en circunstancias políticas 
como la actual nuestra; de dislocamiento profundo de las Ins- 
tituciones y de la existencia civil y económica mismas, el ré- 
gimen provisorio ó dictatorial, es régimen que lo imponen esas 
circunstancias y de ninguna manera materia sujeta á opiniones 
ni discusiones, y mucho menos á que se quiera ó no se quiera 
ese interregno. 

De víala fe refinada; porque espantarse de eso después que 
se vienen, desde el Doctor Andueza Palacio basta el Doctor 
Villegas Pulido, con aparición intermedia de los Generales 
Bleazar Urdaneta y lyuciano Mendoza, en Gobiernos, no sim- 
plemente dictatoriales sino de una autocracia á veces brutal, 
es espantarse de la sombra del abrumante fardo de las tiranías 
que sufridamente, no obstante ameíiazarnos de muerte, se lleva 
hace tiempo á hombros; con la circunstancia agr-avantísima, de 
verificarse todo esto á título de Gobiernos constitucionales y de 
I^ey y de amantes de los principios, y de no tomarse adeinás, 
ó no quererse tomar en consideración, que estas autocracias 
han tenido y tienen aun por objeto exclusivo, la más indigna 
y cruel explotación de nuestro pueblo; cuando la Dictadura de 
la Revolución vendrá á remover y clasificar escombros y ruinas 
amontonados por doquier por esas autocracias, para levantar como 
deber ineludible en su lugar, el imperio de la lycy basado en. 
prácticas sensatas y por lo mismo ciertas y verdaderas, de la 
democracia republicana. 

La Dictadura, en situaciones públicas críticas como es 
la nuestra actual, no es racionalmente condenable en política, 
si ella cumple su misión provisoria guiada sólo por los mó- 
viles de un abnegado patriotismo ; como tampoco son conde- 
nables los Presidentes constitucionales que honrados como 
ciudadanos y concienzudos estimadores de sí mismos, cumplen 
su deber en el ejercicio de la augusta Magistratura. 

Rechazar la Dictadura, pues, por solo su carácter dicta- 
torial, es no saber lo que se dice. 

Que de las Dictaduras habidas entre nosotros hayan 
quedado ejemplos únicamente de prevaricaciones, no es tam- 
poco argumento aceptable en estricta lógica contra ese supre- 
nio recurso de los pueblos en sus desconciertos, en sus gran- 
des peligros y perturbaciones públicas, porque prevaricadores 
también, y contumaces, han sido los Presidentes constituciona- 
les que venimos teniendo, y á nadie por eso se le ocurriría 
exigir que en el orden de Gobierno normal de la República 
se suprima esta alta é inexcusable Dignidad. 



— 53 — 

De pensar así se caería en el absurdo, más que en ei 
absurdo, en la locura, de aquel que pretendiese establecer 
como correctivo radical 'del robo, el que los ciudadanos nada 
poseyesen. 

I/) lógico, lo justo, lo moral contra las prevaricaciones 
y los robos es, que no haya, 

ni Prevaricadores ; 

ni lyadrones ; 
por medio de la aplicación constante de una legislación penal que 
evite en cuanto humanamente sea posible, la impunidad en 
los delitos ; toda corriente sin esclusa, así en lo material 
como en lo moral, arrastra y devasta. 

SETIEMBRE 20 

Ayer circuló en esta capital, con profusión, un Mani- 
fiesto del Doctor Guillermo Tell Villegas Pulido á sus com- 
patriotas, que lleva la fecha del mismo día. 

Hemos leído este documento con la avidez de quien es- 
peraba y deseaba ardientemente hallar en él, por más de un 
motivo, aun del sentimiento privado, algo que fuera de con- 
solatorio al afligido patriotismo ; pero ; ¡cuan cruel es nuestra 
desengaño ! 

^te acto palpitante del novísimo Dictador, nada deja 
que esperar en la línea del bien de los Venezolanos como 
obra de los dominadores de la capital de la República. 

Consideramos el Manifiesto cual la vociferación más cí- 
nica, de cómo se escala el Poder público ; de cómo, ya esca- 
lado, se pisotea el interés general por el interés de partido, 
se sustituye lo verdadero con lo falso, y se habla, no obstante 
el carácter que se dice representar, de primer Magistrado de 
la República, con la locuacidad exaltada de un tribuno de 
esquina, que lanza al aire, furibundo y sin respeto alguno^ 
la expresión de sus desordenadas pasiones políticas. 

No refutaremos este Manifiesto, pues de hacerlo le da- 
ríamos una importancia que en nuestro concepto, en sí no 
tiene : él debe quedar en nuestro sentir, sometido virtual- 
mente al menosprecio público á que le condenan irremisible- 
mente sus propios términos y el delirio que lo ha inspirado. 

El Doctor "Villegas Pulido dirige á sus compatriotas el 
Manifiesto, pero convengamos, que de la manera que él les 
ha hablado, más parece que se ha dirigido á una colectivi- 
dad de estultos que á personas dignas del aprecio y los 
respetos que merecen los ciudadanos. 

Por nuestra parte, perdonamos al Doctor Villegas Pulida 
la avilantez, si la hubiere, en gracia de esa juventud suya 
que tanto encarece « I^a Opinión Nacional » como el mérito 
personal resaltante que le distingue en el ejercicio del alto 
puesto que ocupa. 

I^a edad de la juventud, aun cuando ella sea como la 



— 54 — 

del Doctor Villegas Pulido, de una juventud encanecida, carece 
naturalmente de experiencia y, por lo tanto, de tacto y cor- 
dura para desenvolverse acertadamente en situaciones públicas 
de una complexidad máxima como es la actual nuestra ; 
indominable en este concepto, por sólo los arranques ilusivos 
de la edad de los optimismos. 

OCTUBRES 4 

A donde vamos y cuando llegaremos es materia que, si 
bien importa imperativamente á todos aclarar y conocer, por- 
que es ésta cuestión vital, nadie, por otra parte, se considera 
capaz de resolverla ni aun empleando la más recta y pura 
intención, ni abnegándose hasta el grado eminente de no 
verse en nada ni por nada á sí mismo para sólo contem- 
plar el bien estar general. 

Alcanzados que fueron en agosto los triunfos militares de 
Valencia, Puerto Cabello y Coro por el Ejército Nacional, 
todo auguraba que Caracas, capital de la República, sería 
allí mismo asediada y tomada por la Revolución ; y que prin- 
piaría así la nueva y más complicada cuanto seria tarea de 
la pacificación perfecta del país en conjunto con su organi- 
zación constitucional y adjetiva. 

El nuevo Dictador, Doctor Guillermo Tell Villegas Puli- 
do, apoyado en el resto de Ejército y otros elementos mili- 
tares que le dejó su antecesor y tío el Doctor Villegas, 
asumió desde el 2 de setiembre como lo hemos narrado ya, 
la ponderosa misión de contener con pura fuerza de armas, 
lo que al parecer era incontenible, dadas las condiciones 
prepotentes de la opinión pública y el prestigio militar que 
la rodea desde sus últimos triunfos. 

Sin embargo, todo ha permanecido hasta hoy en estado 
espectaticio más que otra cosa. Si la Dictadura no ha toma- 
do la ofeuvsiva, tampoco lo ha hecho la Revolución, mientras 
que el país se hunde y más se hunde en el abismo de una 
ruina general y de un existir los individuos, los ciudadanos, 
y las familias, al acaso. 

Por esto, nuestras impresiones del momento no son 
buenas. 

¿ Cuál es la causa de este para.sismo, por lo prolonda- 
do cruel ? 

¿Será que se intente á ocultas sustituir la guerra con la 
avenencia ? 

Pero, si esto hubiere, que no lo percibimos ¿convendría 
que alcancemos la paz emanada de conciliábulos ? 

Evidentemente que no, á nuestro juicio. 

Si el pacto de paz que puso fin á nuestra cruenta y 
desoladora guerra civil de cinco años, trajo por consecuencia 
inmediata el para Venezuela denigrante Poder personal en su 
mayor auge, Poder contra el que combate exclusivamente 



— 55 — 

la Revolución Nacional de hoy, y si hemos sido desde enton- 
ces parias que no ciudadanos; tan fatídica suerte en política 
lo debemos estrictamente, á que no fué aquel un pacto públi- 
co sino el conciliábulo de dos personajes, celebrado en la 
silenciosa sala de la aislada casa rural de la hacienda 
«Coche.» 

Y desaprovechar la experiencia costosamente adquirida, 
equivale á vivir sin rumbo ni norte en el proceloso mar de 
la vida. 

Al llegar aquí nos alcanza el rumor de que el Ejército 
Nacional se mueve contra el de la U.surpación, á la cabeza 
del primero el Jefe supremo de la Revolución General Joa- 
quín Crespo, y á la del segundo el General José Ignacio Puli- 
do, Ministro de Guerra y tío carnal del Dictador. Esta 
nueva y acaso decisiva escena de sangre, tendrá comienzo en 
las afueras de lyOs Teques, capital ésta del Departamento 
Guaicaipuro, del Estado Miranda, en donde ha permanecido 
en campamento cerrado, desde principios de setiembre, el Ejér- 
cito de la Usurpación. Suspendemos, pues, nuestra crónica 
hasta poder continuarla con revelación de hechos consu- 
mados. 

OCTUBRí; 7 

Todo se ha verificado en la línea del triunfo militar de 
la Revolución. 

Dos Decretos de hoy del General Joaquín Crespo, su Je- 
fe supremo como caudillo y como el representante de su 
idea y del sentimiento patriótico que la anima, así lo con- 
firma. 

Por el uno, nombra Gobernador del Distrito Federal, y 
por el otro. Ministerio de Estado, en virtud de asumir en 
su persona el Poder Ejecutivo de la República, como acto 
inmediato á la gloriosa entrada del Ejército Nacional á Cara- 
das, después de haberla abandonado en fuga vergonsoza hacia 
la Guaira, el Dictador, sus Ministros y los restos de su mu- 
tilado ejército, vencido en Eos Teques. 

Nos abstenemos de dar los nombres de los elegidos para 
aquellos significativos puestos no obstante el mérito incues- 
tionable que los distingue como servidores de la Gran Causa 
Nacional y como individuos; porque enemigos como somos 
del aciago personalismo político, que tanto mal nos ha hecho 
y que á tan duras pruebas de resignación y sufrimiento 
patriótico nos ha sometido, los hombres no tienen en nuestro 
aprecio sino sólo un valor relativo ante la magestad de los 
principios morales, políticos y sociales mismos que entraña 
este alzamiento universal del país contra sus opresores y 
explotadores de tantos años. 



— 56 — 

Cesamos hoy, pues, con el triunfo de la Revolución, en 
nuestra penosa tarea de cronistas de un período de nuestra 
vida pública como el que hemos narrado, de heroismo y 
sacrificios patrióticos por una parte, y de vergüenzas, de rui- 
nas y depravaciones por la otra; coronado como está ya 
€.ste período por ese triunfo de la más justificada Revolución 
á que la República se ha visto constreñida durante su exis- 
tencia de Nación libre é independiente. 

Para alcanzarlo ha bastado, que venezolanos como somos 
en virtud de hijos de esta Patria, nos hayamos sentido un día, 
un sólo día, ciudadanos al mismo tiempo, y que imbuidos en 
la dignidad de tales, nada nos haya detenido hasta conseguir 
la vindicación de nuestros derechos villanamente ultrajados, pi- 
soteados y hollados por extraviados compatriotas nuestros, que 
enfermos del espíritu, llegaron á creer, en desgracia suya y en 
tormento de la patria, que todo les era permitido en el camino 
tenebroso de sus brutales ambiciones y de su inveterada corrupción. 

Falta ahora la gran obra, la dificilísima tarea de la 
regeneración de la Patria, como resultado de este eminente 
esfuerzo de nuestro pueblo. El ha azotado á los mercaderes 
de lo público, derrumbado las mesas en que verificaban sus 
latrocinios y usuras, y lanzádolos por último del augusto 
recinto del Templo de la Patria ; hasta ahí su misión : toca 
en adelante á sus Apóstoles la propagación é implantación 
de la doctrina Redentora, que garantizando todo derecho ra- 
cional y justo, haga prácticos entre nosotros la vida ciuda- 
dana y el engrandecimiento de este suelo que tan caro nos 
cuesta. 

Al considerar lo entronizado de la tiranía por largos años 
en la República, lo cruento y desoladora de la lucha gue- 
rrera de siete meses sostenida contra ella, y lo magno del 
triunfo alcanzado, en su augurio de venturoso porvenir, no 
podemos menos que poner punto á nuestra crónica, excla- 
mando con el poeta , coriano José Heriberto García de 
Quevedo : 

¡ Dios es grande y los pueblos justos ! 



¡ Ojalá seamos providentes en el goce del bien obtenido 
al presente ! 



N. G. lyINARES. 



Caracas : 7 de octubre de 1892. 











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