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in 2012 with funding from
University of North Carolina at Chapel Hill
http://archive.org/details/crnicapolticomilOOIina
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DE I,A
REVOIIION DE VENEZBiU El 1892
T
iiiijji
1
ISTicranor G. Linares
Tip. Guttenberg— 2 Sociedad á^raposos 2
A MIS COMPATRIOTAS
armados contra los tiranos de la Patria,
dedica estas páginas, en testimonio de
reconocimiento y admiración por sus pa-
trióticos y heroicos hechos
Jf. 9. Xinares.
Caracas : 7 de 6ctuhe de 189Q
CRÓNICA político-militar
d.e la, I^e-voliicióan <3.e "Veaa.ez:i:Lela, en IS©2
JUNIO 25
A juzgar de las cosas por lo ya acaecido y por lo que
continúa acaeciendo, no parece sino que, la elección del Doc-
tor Raimundo Andueza Palacio para Presidir la República en
el último bienio constitucional, fue guiada por la maléfica
intención de desencadenar todos los males sobre Venezuela.
El inteligente Doctor en jurisprudencia, como se le apre-
cia por sus partidarios; el eminente liberal desde el vientre
materno, como se le proclama por los mismos, recibió la
República en un orden soportable, si bien no muy seguro, y
él, desde el día de su inauguración Presidencial, ocupóse en
convertir ese orden de suyo mezquino, embozadamente prime-
ro y desembozadamente después, en el desorden más consu-
mado.
Díjose para sí el afiligranado patriota á no quedar duda:
á la ocasión la pintan calva, y esto de verme yo presidiendo
la República es una ocasión evidentemente calva : aproveché-
mosla, pues, sin pérdida de tiempo, y entreguémosnos exclu-
sivamente á nuestro negocio antes que desaparezca la tal ocasión,
y aún cuando el sol salga por Antequera, es decir, sin repa-
rar en medios por nefandos y criminales que sean.
Y ¡ esto dicho, esto hecho !
Kl insigne Doctor Andueza, efectivamente desde el primer día
de su aciaga Presidencia, entregóse con ardor febril al través de
comunes y hasta pueriles actos ó manejos administrativos,
á solo trasladar caudales del Tesoro de la Nación á su insa-
ciable bolsillo; á comprar pervertidas conciencias que se com-
plicaran en su perversidad; y por último, ciego con la bri-
llantez y sonoridad metálica de la suerte que le acompañaba,
así como embriagado con haber salido casi de improviso de
la negra suerte, el hambre, á una riqueza pingüe ó de un
Creso, volvió á decirse : pues que no sea calva la ocasión
sino bien encabellada; y dióse á pensar y allí mismo á ejecu-
tar su continuidad perpetua en el Poder público.
Y ¡ aquí ardió Troya !
Congreso, derechos individuales, y para decirlo todo de
una vez, instituciones constitucionales, todo vino al suelo por
bastardo interés y un querer ambicioso del preclaro liberal
amarillo, el Doctor Andueza, cuyos principios morales y polÍT
eos no pueden ser otros, que los que nacen del más refinado
egoísmo; pasión maldita muy generalizada entre nosotros, la
cual hace del hombre un idólatra de sí mismo á par que un
enemigo contumaz de los que le rodean.
lyos pueblos por pervertidos que estén, nunca llegan á estar-
lo en absoluto, sino que algo, un adarme que sea, conservan
de sentido religioso y moral y de patriotismo que los dirija
por la senda de lo recto y de lo justo, instintivamente con
frecuencia; sin cuyo algo su existencia sería imposible, tanto
cuanto imposible es la existencia física del hombre sin alma
que lo vivifique.
Nuestros pueblos, pues, se rebelaron casi unánimes contra
la monstruosidad de hechos y de propósitos del Doctor Andueza,
y la guerra intestina prendió y continúa entre nosotros con
todas sus cruentas y desvastadoras consecuencias.
Tras de millares de vidas ya inmoladas, tras de valiosa
riqueza ya destruida, y tras una situación pública tenebrosa,
el Doctor Andueza, en un momento de pánico creado en su
ánimo por una presión cuartelera fraguada por sus propios
Tenientes, huyó del país cargado de riqueza que invertir en
los goces europeos, pero siempre abnegado y patriota, según
la afirmación oficial del ciudadano que le ha heredado en
su usurpado Poder público.
Hsta es la historia á vuela pluma de lo sucedido en po-
lítica entre nosotros hasta el día de la desaparición del Doctor
Andueza del país. Consideremos ahora á que mala suerte nos
ha dejado entregados aquel fatídico venezolano, y cuales son
las probabilidades que existan de poder dominarla.
Bn nuestro concepto, el Gobierno usurpador del Doctor An-
dueza continúa reagravado en el Gobierno del Doctor Guillermo
Tell Villegas.
El actual Gobierno existe por sólo el llamamiento del
Doctor Andueza, y se apoya exclusivamente en el ejército
creado por éste, el mismo con que llevó á cabo sus atentados
contra la República y su orden constitucional, y el mismo que
ha combatido hasta hoy en los campos de batalla, con entu-
siasmo de creyentes en su mala causa, á la opinión pública
en acción contra la tiranía.
El título de primer Consejero Federal en que funda el
Doctor Villegas lo constitucional de su Gobierno, es un título
inalegable.
I)esde que asumió el Doctor Andueza .la Dictadura cesó,
violentamente en ciertos casos que así lo requerían y virtual-
mente en otros secundarios, toda organización política dimanable
de la Constitución y de las leyes de la República, derrocadas
escandalosamente por él.
El Consejo Federal es un Cuerpo de consejo como su tí-
tulo lo dice, y al mismo tiempo de fiscalización administrativa
del Poder Ejecutivo, que diputa el Congreso cerca de aquel
Poder, en cumplimiento estricto de un precepto constitucional.
¿ Puede existir ese Consejo sin la Constitución y el Poder
Legislativo que le dan creación? A toda luz, nó.
Además, ¿ quién ha visto una Dictadura, Poder eminente-
mente discrecional, sometida á reglas fijas de conducta y á
la sanción de sus actos por un cuerpo de primitivo origen
popular como lo es el Consejo Federal ? Absurdidad política
ésta que no puede caber en la inteligencia de los que se han
endueñado de la cosa pública, pero que la explotan en favor
de su iniquidad de miras é intenciones.
Agregúense á estas razones de pura lógica contra la le-
galidad del Gobierno del Doctor Villegas, que semejante Go-
bierno, que data desde el 17 del corriente, es un Gobierno
inconstituido todavía; que por esto funciona con el Minis-
terio Dictatorial del Doctor Andueza, Ministerio que no se
sabe oficialmente que haya renunciado como es de decoro
y desprendimiento personal en las transiciones de la primera
Magistratura de la República, mucho más cuando se dice
que la presente administración tiene por exclusivo objeto
verificar un cambio absoluto de política; y por último, que
lo único que se ha permitido hasta hoy decir el Doctor Gui-
llermo Tell "Villegas á la Nación, como razón de su aparición
en el solio Presidencial, constituye un documento más que
político, apropiado á la situación y al carácter legal que te-
merariamente se empeña en representar, un panegírico de la
ominosa persona del Doctor Andueza y en consecuencia un
homenaje rendido á la Dictadura que aquel encarnó.
Mas ¿ á qué aglomerar argumentos de calificación del Go-
bierno del Doctor Villegas, cuando es de conciencia pública
y de certeza tangente, que el Doctor Villegas no gobierna,
sino que sólo es una figura á cuya sombra se encubre la más
proditoria de las dictaduras, la Dictadura puramente militar,
que dio al traste con la del Doctor Andueza y aceptó por
cálculo hasta que le convenga, la Dictadura personalmente
impotente del Doctor Villegas?
— 4 —
Y ¡que este estimable venezolano se haya prestado y con-
tinúe prestándose en el ocaso de su vida, á hundirse así en
el abismo del desfiprecio de sus conciudadanos ! Lamentárnoslo
de todas veras.
JUNIO 27
A poco dé encargado el Doctor Villegas del llamado men-
tidamente Gobierno legal, y de acuerdo con dos Generales Julio
Sarria, Ministro de Guerra, y Domingo Monagas, Jefe del más
numeroso cuerpo de ejército de los acuartelados siniestramente
en la capital, convocó una reunión de ciudadanos compuesta
de dictatoriales, de miembros del Congreso disuelto, y de alguno
que otro particular, con el objeto de que consideraran la situación
política violenta del país y le aconsejaran los medios de con-
tenerla y remediarla.
Surgió de allí una idea de paz, formulada prácticamente
en el nombramiento por el Doctor Villegas de una Comisión
de once notables que pasase al campamento del General Joaquín
Crespo, próximo este General á la capital y Jefe Supremo de
la opinión pública armada en defensa de los derechos ciuda-
danos conculcados; que le excitase á nombre del Gobierno á un
avenimiento político; y que ese avenimiento fuese el que se
le presentaría por la Comisión, ya escrito y combinado en
convenio.
lya Comisión nombrada por el Doctor Villegas la compu-
sieron: el lUtno. Arzobispo de Caracas y Venezuela, que la
presidía, cinco dictatoriales y cinco legalistas, entre éstos algu-
nos amigos personales del General Crespo.
Marchó la Comisión inmediatamente á cumplir el solemne
encargo; pero contra la creencia general, el General Crespo se
negó á recibirla fundado en las razones que adujo en carta
dirigida al personal de la Comisión.
Y entróse con esto en nueva y más alarmante faz de la ya
insoportable situación.
Si se juzga la conducta del General Crespo en este res-
pecto, por primera impresión, no habrá que extrañar por lo
mismo que se crea que aquel interesante ciudadano ha colocado
imprudentemente en el terreno lúgubre de la guerra ¡cosa
terrible! la solución posible de la gran disensión que nos con-
vierte de hermanos en sañudos enemigos.
Así califica el Gobierno esa conducta del -General Crespo,
y con él una parte no pequeña de los ciudadanos oprimidos
¡quien lo creyera! de esos ciudadanos más que oprimidos, vi-
lipendiados á cada paso en documentos oficiales públicos con-
tentivos de reminiscencias mal intencionadas y plagados de
epítetos políticos tendentes manifiestamente á formar maj^or divi-
sión, mayor encono y mayor enemistad entre seres llamados por
civilización ya que no fuera por amor, á una unidad cualquiera, ,
sobre que fundar la verdadera paz y el bien de la patria por
su desarrollo en un progreso acertadamente entendido.
Todavía más, se atribuyen al General Crespo por algunos
que sirven en esto de coro, inconciente de seguro, al Go-
bierno de la Dictadura, miras de ambición personal, con des-
prestigio positivo de aquel caudillo como Jefe de la patriótica
cruzada.
Mas, menos ligeros nosotros, ó más detenidos en juzgar de
las cosas graves y de gran trascendencia por lo tanto, á los
destinos felices de la República, si bien sobrecogidos por el
momento con la resolución del General Crespo, nos hemos
entregado en seguida á meditar aquella al parecer arrogancia
suya, en busca de la razón política cardinal en que pueda ha-
berla fundado, fuera de las comunes simplemente expresadas
en su carta mencionada á los comisionados, emitidas estas ra-
zones, en nuestro concepto, más en el sentido de excusa por la
no recepción de aquellos ciudadanos, que de razones decisivas.
Que los derrocadores de las Instituciones y defensores
armados de ese atentado contra la República, sean los llama-
dos en primer término á restablecerlas, y una vez restableci-
das á cumplirlas, es un propósito que podrá estar animado
de todo interés personal, pero de ninguna manera de un
espíritu patriótico, ni guiado por las il timinaciones déla sana
y elevada política.
O la política es la ciencia de gobernar con sabiduría y
justicia á los pueblos, ó un gran negocio. Si lo primero,
ella no puede ser regulada sino por las imposiciones inmuta-
bles de la moral cristiana, si lo segundo, por las indignas
de las conveniencias de partidos, de sectas, y por extensión,
de individuos.
No es moral ni racional siquiera, que el criminal sea el
vindicador de su crimen, porque vindicar significa en el caso
que vamos tratando, ve7tgar ó tomar satisfacción de algihi agra-
mo; y sería el mayor de los contrasentidos el esperar que
esto se verificase contra sí mismos, por la Dictadura y sus
sostenedores, que son los agraviadores de la República.
Creemos capaz al hombre de reacciones morales, y polí-
ticas mismas, pero sólo por la vía del arrepentimiento, pro-
T^ado éste con ejemplares actos sucesivos de propia conducta,
sin cuyos actos todo en esta línea estribaría en palabras,
si bien eficaces á la especulativa, estériles por lo que hace
á lo correctÍYo; lo correctivo, que es á nuestro juicio, la gran cues-
tión actual que entre nosotros sangrientamente se ventila.
lyE hora de las munificencias, del perdón y del olvido
no ha sonado evidentemente todavía : la hora actual solo nos
indica que nos' penetremos íntimamente de: si somos ó no
somos un pueblo digno de ser regido por las reglas y princi-
pios de las Naciones cristianamente civilizadas.
El pacto de avenencia propuesto por la Dictadura á la
Revolución Nacional, lo consideramos, cual un pacto que
adolece del vicio cardinal de estar basado en un subterfugio
político, y no en otra cosa; subterfugio de tal manera recha-
zable como que la aprobación de aquel pacto consagraría
hasta cierto punto en moral, que el bien podía soldarse con
el mal, y formar así un todo aceptable; confusión esta de
principios opuestos, que lo que fundaría sería tan efímero,
tan deleznable y tan susceptible de nuevas y acaso más tras-
cendentales ruinas y desolaciones, como la pretensión insen-
sata que se tuviese de levantar monumental edificio sin
cimientos.
No se conseguiría con semejante convenio otra cosa que
dar al mal actual nueva faz como mal, 3' perpetuar así la
desgracia de la República.
Detestamos la guerra como el mal mayor con que puede
ser afligida la humanidad, mucho más la guerra intestina
por su carácter de guerra entre hijos de una misma patria;
pero creemos al mismo tiempo, que una vez engendrada y
en acción esa guerra, ella debe aspirar á resultados positivos
para la causa reaccionaria que la motiva; y decimos sólo
para la c^usa reaccionaria, porque esa causa por reacciona-
ria misma, es la que debe guardar en su seno, una correc-
ción moral y un progreso más ó menos definido, como la
guardan por lo regular, todas las causas que tienen ese
carácter.
Doble crueldad sería dejar la guerra después de emprendi-
da estéril en sus buenos propó.sitos, porque á tantos sacrifi-
cios de vidas, de hacienda y hasta de moralidad y honra á que
ella inexorablemente somete, habría que agregar como su
única consecuencia, mayor mal del que por .su medio .se
había tratado de corregir y remediar.
L^a guerra, ese azote de Dios, nunca nace de gustos ni
caprichos, porque no puede entrar en las complacencias del
hombre el matarse recíprocamente y destruir la riqueza crea-
da, que es la base de su subsistencia y de su poder nacio-
nal mismo.
I^a guerra, hablando en general, la producen la ambi-
ción desordenada, ó el patriotismo ofendido, ó los derechos
naturales y positivos conculcados, ó en fin, la corrupción
entronizada que exige purificaciones al fuego por .ser las úni-
cas eficaces.
o la guerra se evita no incurriendo ni cayendo en seme-
jantes estravios, en semejantes desórdenes de la conciencia y
del espíritu, ó ella inevitablemente tiene que sobrevenir con
sus tremendos medios de acción; y soportarla es de necesi-
dad indispensable hasta alcanzar el predominio, relativo que
sea, de los sanos principios, sin los que la vida social es un
azar ó un imposible.
Iguales ó parecidas reflexiones á las que dejamos expre-
sadas ¿no habrán obrado en el ánimo del General Crespo
para su negativa á recibir la Comisión parlamentar del Go-
bierno, que hemos mencionado? Misterio es este, que toca
al tiempo descifrar.
Sin embargo, esperamos, que por lo sucedido, las puer-
tas de un avenimiento que ponga fin á la guerra, no estén
aún de un todo cerradas, y que por lo tanto, surja todavía
un acomodo patriótico que relegue al olvido tanto mal ya con-
sumado.
JUNIO 28
Desde ayer, con el nombramiento de un nuevo Goberna-
dor del Distrito Federal y aparición de, nuevos también, ór-
ganos subalternos de este importante funcionario público, háse
inaugurado un régimen de atropellos, de violencias y desafue-
ros, que al aumentar podrá llegar á un régimen de puro
terror. Con esto se propone sin duda el Gobierno usurpador
manifestar, que rechazada como ha sido por el General
Crespo la Comisión parlamentar que le envió, asume de nue-
vo la actitud de guerra; pero de guerra implacable y sin
respetos de ningún género, ni á los ciudadanos ni á los
derechos más esenciales del estado social, el de la propiedad
principalmente. ¡ Salve Dios á Venezuela !
Junio 29
Pónese hoy en marcha el gran ejército como lo llaman
sus propios culminantes Jefes, en busca del débil y raquítico
ejército, como también ellos lo califican, de la ley y del dere-
cho ultrajados, no muy distante de Caracas por cierto.
El grito de guerra de aquel, en las calles de Caracas, al
partir, ha sido ¡ viva el partido liberal ! con lo que deja públi-
ca y solemnemente sancionado el hecho ya muy conocido y
aceptado, de que el Gobierno á quien aparenta servir, es á la
luz meridiana, un Gobierno de partido y no de la Nación,
como que su divisa política es el color amarillo, que nó la
tricolor simbólica de la independencia venezolana.
Más que grande, monstruoso creemos el tal ejército ;
monstruoso por la mucha' gente colecticia incorporada vio-
— 8 —
lentamente en estos días á sus filas ; por sus numerosas acé-
milas compuestas de asnos principalmente; por sus caballos de
marcha expropiados; por sus trenes de artillería de montaña;
por la variedad de armas, que son de todas clases é inven-
tos; y por último, por vSU organización militar misma, orga-
nización improvisada en mucha parte, al corre que urje.
Se tiene observado, que los animales de muchas patas
son pesados en sus movimientos, pero no haya temor de que
esto suceda con el ejército liberal, porque si son innumera-
bles sus pies y sus patas, porque los hay de toda especie,
su amarillez de liberalismo, su sed ardiente de sangre y otros
estímulos parecidos, le proporcionarán alas para en un Santi
mnén verificar la carnicería ansiada de su inquebrantable
propósito; como que muchos de los soldados llevan además
del fusil un afilado machete rural: que el espíritu de Satanás
los ayude á gozar de la tal carnicería, que por lo que hace
á los contrarios, puede que Dios los salve, no con espada ni
con la?iza sino como drbibv que es de la guerra, así como lo es
de todas las cosas.
Al terrible gigante Goliat, caudillo de un potente ejérci-
to de Filisteos contra un atemorizado ejército de israelistas,
David, el imberbe pastorcillo David, le rindió á muerte con
un guij arrito del tamaño de un garbanzo, asestado con su
honda á la frente de aquel energúmeno, que cubría su cuer-
po con armadura de cobre; y los filisteos sucumbieron.
Ksto por lo que toca á la historia del pueblo de Dios
en su mayor antigüedad, que por lo que respecta á la histo-
ria de principios del presente siglo, recordaremos; que Napo-
león el Grande perdió por primera vez el Imperio Francés,
por su colosal campaña contra Rusia, con sólo el incendio
de Moscow, que privó de todo abrigo en crudo invierno y
de toda alimentación á su portentoso ejército, destruido allí
mismo por las falanjes enemigas en su atropellada retirada:
lección elocuentísima cuanto severa dada á los soberbios y
ambiciosos, y ejemplo al mismo tiempo de lo que es capaz
en sns arranques el acendrado patriotismo.
.Con que les diremos, pues, á los Generalísimos del Gran
Ejército lyiberal, en galerón llanero, y en clase de adverten-
cia nada más, que :
Ninguno cante victoria
Aunque en el estribo esté;
Porque muchos á caballo
Se suelen quedar á pié.
JULIO 19
Batíamos palmas de contento esta mañana porque sabía-
mos que, excitado el General Crespo por todos los gremios
de Caracas y muchos ciudadanos, á reanudar negociaciones
— 9 —
para la conclusión de la guerra, su contestacióu había sido
la más digna y la más satisfactoria al mismo tiempo: la
copiamos á continuación tal como ha circulado hoy en hoja
suelta.
(cCuartel General en la Cortada del Guayabo.
Junio 29 de 1892.
«Señores Agustín Aveledo, A. Betancourt, H. L. Boulton,
M. A. Matos y Ca., Braso Hermanos y Ca., E. De
Sola &c, &c. — Caracas.
«Estimados compatriotas y amigos :
« Acabo de tener conocimiento de la manifestación que
« me ha sido dirigida por ustedes y muchos otros individuos
« de todos los gremios de Caracas, con el propósito de excitar-
« me á reanudar negociaciones para la conclusión de la guerra.
« Tengo á honra informar á ustedes que ayer salió de este
« Cuartel General un comisionado que vino de Caracas, lle-
« vando al Jefe actual del Poder Ejecutivo las bases para ne-
« gociaciones á efecto de alcanzar un avenimiento compatible
« con los principios de la Revolución Nacional y honroso
« para ios Ejércitos beligerantes.
« Con sentimientos de distinguida consideración soy de
« ustedes atento seguro servidor y amigo.
Joaquín Crkspo.»
Pero cuando creíamos que las bases de paz de que había
sido portador el comisionado del General Crespo para el Jefe
actual del Poder Ejecutivo, á que se refiere dicho General
en su carta precedente, estarían en tela de discusión, lo que
llegó en la tarde á nuestra noticia, matando en nuestro pecho
toda esperanza del bien, fué que, el Gran Ejército, que ya
hemos descrito, había tomado por sí y ante sí la ofensiva,
desde las 11 de la mafíana del día 30, y se combatía furio-
samente desde aquella hora.
Parece que las expresadas bases de avenimiento debían ser
resueltas más por los Generales Julio Sarria, Domingo Mona-
gas y Euciano Mendoza, que por el Doctor Villegas, quien,
como lo tenemos ya demostrado, no es Gobierno sino figura
bochornosa y criminal de tal: que los dos últimos de aquellos
Generalísimos, sabedores de lo que se trataba, se habían ocul-
tado é inmediatamente después salido de la capital á la cabeza
de sus respectivos ejércitos con el ánimo de prender los fuegos
sin tardanza, como sucedió, imposibilitando así la avenencia
de paz iniciada. Se dice (no respondemos de ello) que el
— lO
Doctor Villegas mandó alcanzarlos y notificarles que se de-
volviesen, pero que los Generalísimos le desobedecieron.
Queden, pues, registrados como hechos irrecusables para
la historia de este horribilísimo tiempo: que los primeros dis-
paros en continuación de la guerra, salieron de las huestes del
usurpador con sorpresa de las fuerzas legalistas, que no es-
peraban semejante insidia; 5'' además, que si el General Crespo
se negó á recibir la Comisión parlamentar del Doctor Villegas
y á considerar en consecuencia el convenio de paz que se le
dirigió, convenio capcioso á más no poder ser; el Gobierno
del Doctor Villegas, desoyó por sn parte y rechazó á balazos
las bases de paz que la Revolución le dirigió posteriormente,
bases de paz, que según la expresión del General Crespo en
su carta que hemos insertado, estaban calcadas en lo que no
podían menos de calcarse, « en un avenimiento compatible con
« los principios de la Revolución Nacional y honroso para los
« Ejércitos beligerantes.»
Desde anoche el movimiento de coches y ambulancias en
dirección del pueblo El Valle, con el objeto de trasladar he-
ridos á la capital, bien indica, que el combate fue reñido.
La especie de sopor en que han permanecido los dominadores
y la población de Caracas en el día de hoy (escribimos en
la tarde), bien indica también, que la guerra que se sostiene
no sólo será sangrienta sino acaso larga y de problemáticos
resultados militares. Hasta las 5 p. m. que soltamos la pluma,
nada ha llegado á nuestra noticia en el sentido de nuevo
combate entre los beligerantes.
JULIO 5
Desde el día 19 de nuestra última fecha á hoy, han ocu-
rrido nuevos choques entre uno y otro ejército, pero sin que
hayamos podido ponernos en el conocimiento positivo de sus
resultados: según los usurpadores, el ejército de la Revolución
Nacional va en desordenoda retirada; según los legalistas, él
valerosamente no ha cedido un solo palmo de terreno al ene-
migo, y amenaza derrotarlo; aseveraciones éstas, como se vé,
de un todo contradictorias, que lo que manifiestan á las claras
es, que los deseos de cada uno, los simples deseos, los dan
por realidades: la imaginación y la mentira ocupando el puesto
del entendimiento y la verdad. Lo cierto para nosotros hasta
hoy es, que .se lucha; que son muchos los muertos y heridos;
y ninguna la esperanza de obstruir y cegar esta catátala de
sangre.
Esto por lo que hace á la guerra, que por lo que hace
á la vida civil y social de esta población, han ocurrido hechos
en los días mencionados, que dan mucho que pensar á que
extremos luctuosos se llegará con la duración de la guerra
intestina.
— II —
Almas nobles y piadosas concibieron la promoción de una
asociación de señoras y caballeros, que consiguieron formar y
organizar, con aprobación del Gobierno y entusiasmo general,
destinada exclusivamente á recoger heridos en los campos mis-
mos de batalla, sin distinción de beligerantes, atenderlos y
disputárselos á la muerte en cuanto estuviera á su alcance.
Bien, pues: ésta, diremos, santa asociación, se ha disuelto
por efecto de un inaudito agravio que le infirió el Gobernador
del Distrito Federal, el sábado 2 del corriente en la noche,
en el propio local que ejercía su humanitaria misión.
Allí se presentó el exaltado Gobernador en las primeras horas
de la noche y calificó á los que estaban presentes, señoras y caba-
lleros, de una manera tan agresiva en política y tan agraviante por
lo que hace á las personas, que la pluma se resiste á trazarla
por caridad hacia el Gobernador y por respeto á los que puedan
llegar á leer este escrito.
Kl Doctor Villegas fue enterado de lo sucedido en su ca-
rácter de Jefe del Poder Ejecutivo, por los Directores de la
asociación; pero lo positivo en definitiva es, que el Gobernador
permanece en su puesto, y que la asociación se ha disuelto.
Otro hecho atentatorio de la misma autoridad, el Gober-
nador, debemos registrar, y es, que en el mismo día mandó
empastelar los tipos y dislocar las prensas del periódico i>Kl
Noticiero», dedicado á sueltos y avisos, por solo haber inser-
tado en sus columnas algo favorable al pensamiento de un
avenimiento de paz.
Y semejante Gobierno y los partidarios que le rodean,
son los que pretenden reanudar las Instituciones Constitucionales
rotas por ellos mismos y establecer entre nosotros el imperio
derrocado por iguales manos, de los principios republicanos.
¡Qué desvergüenza! ¡Qué cinismo!
JUICIO 6
Entró ayer á las 6 p. m. el General Domingo Monagas
con su cuerpo de ejército constante de mil hombres más ó
menos, de regreso de la campaña contra las fuerzas del Ge-
neral Crespo : con él ha venido el General Alejandro Ibarra,
Jefe de Estado Mayor General del Gran Ejército.
Distintas versiones corren sobre este proceder del General
Monagas, inesperado para los más de esta capital. I^a versión
oficial es, que regresa el General Monagas por no ser j^a
necesarias sus fuerzas en la campaña, por debilidad del Ejér-
cito de la Revolución, en virtud del sangriento combate del
30 do junio, que le obligó á una desordenada retirada con
dispersión de mucha de su gente y desacuerdo profundo entre
sus diferentes Jefes : la versión vulgar es, que viene el Gene-
ral Monagas por necesidad imperiosa de marchar al Estado
Bermúdez, de donde procede su ejército y del que es Presi-
— 12 —
dente el mismo General, por movimientos revolucionarios en
aquel Estado, dirigidos y comandados por el General José
Antonio Velutini, antagonista político desde atrás del Gene-
ral Monagas en la región Oriental. Al tiempo encomendamos
que aclare todo esto.
Los boletines oficiales números 475 circulados hoy,
aseguran con marcado empeño que el General Leoncio Quin-
tana, connotado Jefe del Ejército de la Revolución, ha ini-
ciado cerca de los Generales Domingo Monagas y Luciano
Mendoza, Jefes del Ejército de la Usurpación, por medio de
su suegro Lorenzo Oropeza, un avenimiento de concbtsió^i de
la guerra, así dicen estos datos oficiales. Pero para nosotros,
la conclusión de la guerra no depende de quererla ó no que-
rerla el General Quintana, por más que le tengamos cual un
Jefe importante del Ejército de la Revolución, de manera que
al ser cierto lo que aseguran los usurpadores en este respecto,
que mucho lo dudamos, lo que veríamos en ello, sólo sería,
que el General Quintana desistía de continuar armado por
su parte contra la usurpación, lo que sentiríamos y nos a-
irancaría del pecho estas exclamaciones : qué flaqueza ! qué
desaciertos ! los del General Quintana !
La Revolución no estriba exclusivamente en las puntas
de las bayonetas, sino que su mayor acción está en la idea,
que es su alma, á Dios gracias. La idea, al ser justa como
lo es la de la actual Revolución, nunca muere, y las bayo-
netas son sólo un medio parcial de triunfo de que esa idea
se vale, porque lo moral tiene siempre que adoptar en gra-
do conveniente, forma humana para sus evoluciones, forma
que, transitoria por naturaleza como humana que es, toma á veces
figura gigantesca y á veces pigmea, pero sirviendo inexorable-
mente, de uno ú otro modo, á la idea.
vSe ha encarcelado esta tarde al redactor de «El Noticiero»
de orden del Gobernador. Después de algunos días de sus-
pensión, volvió á circular el expresado periódico, 5^ explicó
en ligeros conceptos 3^ con algunas reticencias de puntos, la
causa de su parasismo de días, que no fue otra que la indi-
cada por nosotros en nuestra crónica de a3-er : bastó esto
para su encarcelamiento. ,»
JULIO 10
Como acontecimiento de ayer tenemos que referir un hecho
asaz grave y quiei: sabe de que trascendencia.
Un disgusto habido entre el Jefe del Poder Ejecutivo
Doctor Villegas y el General Julio Sarria, trajo la consecuen-
cia, de la separación de éste del Ministerio de Guerra que
estaba á su cargo, y su sustitución inmediata é interina con
el General Alejandro Ibarra.
No podemos considerar este suceso á la simple luz, de un
— 13 —
cambio de Ministro en la Guerra, sino que le damos toda la
alteza de un suceso de mucha significación en política.
El General Sarria, en sa carácter de Ministro de Guerra,
venía, según los antecedentes ya establecidos en esta crónica
general, gobernando más que el Doctor Villegas, como que él
principalmente separó de la Dictadura al Doctor Andueza y
le lanzó fuera del país, dando ocasión con esto al Gobierno del
Doctor Villegas, que ha existido apoyado eñ la misma fuerza
que derrocó el Gobierno de aquel.
El Doctor Villegas ha sido hasta ayer obediente servi-
dor del General Sarria y del General Domingo Monagas,
cómplice éste de la superioridad política de mando del Ge-
neral Sarria.
i Qué motiva, pues, la entereza actual, extraña por lo
improvisada, del Doctor Villegas? ¿ En qué se apoya y que
designios abriga esa entereza ? ¿ Qué actitud asumirá en
adelante el General Sarria, en esta caída suya desde la altu-
ra del Poder á la simplicidad del ciudadano, que es decir, á
cero á la izquierda, según ha sido, es y acaso será la obser-
vancia del sistema de Gobierno republicano entre nosotros?
Respecto del Doctor Villegas dice la crónica vocinglera,
que el hecho contra el General Sarria obedece al plan de
hacerse el Gobierno de la influencia política Rojista en lo
público, y que para esto se ha llamado oficialmente al expa-
triado Doctor Rojas, residente en la isla de Curazao, colonia
holandesa ; todo con el fin de privar al General Crespo, Jefe
supremo de la Revolución, de la opinión y ayuda de la frac-
ción liberal que encabeza aquel notable ciudadano, y de anu-
lar toda acción conservadora (alias goda) en este movimiento
patriótico de los pueblos.
Respecto del General Sarria, dice la misma crónica vocin-
glera, que se dispone á ausentarse del país con su familia, ó
sea, que se declara en derrota después de haber sido el
factótum de . . . algunos días.
Dejamos todo esto consignado en nuestras páginas como
díceres y nada más, que la verdad de estas cosas, el tiempo
la demostrará.
JULIO 12
Podemos hablar hoy con datos ciertos, que nos suminis-
tra el periódico «L,a Opinión Nacionab> de anoche, en lo
narrado ayer respecto de el Doctor Villegas y el General
Sarria.
La renuncia que se anunciaba haber hecho el General
Sarria del Ministerio de Guerra y su aceptación por el Go-
bierno, son un hecho ; y que esta renuncia y su aceptación
parten de un disgusto ó serio desacuerdo entre el Doctor Vi-
llegas y el General Sarria, bien lo prueban lo seco ó enfático
— 14 —
de la renuncia escrita, y lo entonado de su aceptación también
escrita.
Sin embargo, el General Sarria en un manifiesto á la
Nación (están de moda actualmente los manifiestos á la
Nación, al Gran Partido liberal &c,) que inserta el mencio-
nado periódico, funda su separación del Gobierno en sus
virtudes de libeial de partido^ de abnegado patriota y otras
perfecciones personales que le obligan á volver á la oscuri-
dad del hogar (¿por qué nó á la modestia, á la sencillez ó
la tranquilidad misma del hogar?) cumplido como deja su
deber, aseveración ésta con que adopta por su parte también,
el timbre muy zarandado por cierto, del General Crespo,
de, i(el hombre del deber cwnplido.yt Y . . . adelante: plagio más
ó plagio menos, poco importa.
Por lo que hace al espíritu político que abrigara en se-
creto el Doctor Villegas para su desacuerdo y ruptura con
el General Sarria, se presentan síntomas de acierto en lo que
vocingleramente se decía ayer.
El Doctor Juan Pablo Rojas Paúl, está en la Guaira
desde las primeras horas de la mañana, y el Doctor Ville-
gas ha diputado una comisión á aquel puerto, presidida por
el Doctor lyaureano Villanueva y de la que es miembro su
sobrino carnal el Doctor Villegas Pulido, á presentar en su
nombre al Doctor Rojas, la bienvenida á la ansiada patria;
además, se le prepara en Caracas al connotado proscrito, cuyo
retrato litografiado se ha fijado en las paredes de las casas
y esquinas, una recepción ruidosa, semi-oficial, pero al mismo
tiempo ciudadana por un entusiasmo natural de sus partidarios
personales, de un lado, y del otro, de aquellos que, vincu-
lando la paz en sólo el regreso del Doctor Rojas de su des-
tierro, dan testimonio de que en política no ven más allá
de la pjinta de sus narices; ó que, desesperados por la mala
situación individual que les ha creado ya la guerra, se hacen
la ilusión de creer, que la paz después de perdida es cosa tan
simple y tan al alcance del que la desea por que le conviene,
que no hay para disfrutarla, otro trabajo que ejecutar, que
estiran el btazo y cogerla.
Nosotros, por de pronto, creemos que, la llegada del
Doctor Rojas Paúl al país, es, por los antecedentes de perso-
naje público que acompañan á este venezolano, una compli-
cación más sobrevenida en nuestra caótica situación; una vuel-
ta más que recibe la enredada madeja de nuestra existencia
como colectividad político-social.
En nuestra crónica del 6 del corriente anotamos, que por
participación pública oficial se aseguraba que el General
Quintana, uno de los Jefes militares de la Revolución Nació-
— 15 —
nal, proponía un avenimiento que le permitiese deponer las
armas,
Digimos entonces, que lo dudábamos, y emitimos además
un juicio desfavorable al General Quintana, si tal ruindad
llevaba á cabo.
Hoy es un hecho semejante convenio, el que corre inser-
to á última hora en «L,a Opinión Nacional» de anoche, ór-
gano acucioso de todo lo que de algún modo obra contra la
Revolución.
Y no es convenio de solo el General Quintana, sino que
también lo es de los Generales Wenceslao Casado, y Fran-
cisco Parra Pacheco, á quienes representaba aquel General,
según el contesto del convenio, que e.stá firmado en Chara-
yave el lo del corriente á la par del General de la Usurpa-
ción lyUciano Mendoza, y ratificado por el Encargado del
Poder Kjecutivo Doctor Villegas, como lo autoriza, sin fecha,
el Ministro interino de Guerra, General Alejandro Ybarra.
Dos puntos resaltantes encontramos en este convenio,
fuera del culminantísimo de consagrar en sus renglones el
desistimiento de armas de los expresados Generales.
El primero es, el reconocimiento que en él se hace del
Gobierno actual de la República, por creerlo perfectamente le-
gal; y el segundo, el pacto, de que el convenio no servirá
de inconveniente i>ara que el Gobieriio continúe sus operaciones
militares para someter á todos aquellos que 7io lo quierayí re-
conocer.
Respecto del primer punto preguntaremos ¿ quién ha po-
dido inducir á semejante error político á aquellos desgraciados
Generales? Serán los señores General Ramón Ayala y Doc-
tor Diógenes Arrieta, Rojistas declarados, quienes entendemos
fueron los portadores del convenio á Caracas ? Puede que sí,
porque en achaques políticos no tenemos por tan expertos
á los Generales ^Quintana, Casado y Parra Pacheco como
para formar por sí solos juicio semejante. Mas sea lo que
fuere ésto de aptitudes, nosotros contradecimos formalmente
á los expresados Generales, y suplicamos al lector vuelva á
considerar lo que en la línea de legalidad del Gobierno del
Doctor Villegas hemos dicho en las primeras páginas de
nuestra crónica.
Respecto del 29 punto también preguntaremos ¿ cómo los
compañeros hasta el día 10 de este mes y defensores de una
misma causa, se han prestado á firmar, que los que no sigan
en el mismo día sus huellas de ninguna perseverancia en los
grandes propósitos, sean militarmente sometidos, lo que equi-
vale hasta cierto grado á decir, exterminados, sólo porque
tienen éstos la virtud de la constancia en la profesión de sus
opiniones y el amor á la Patria ? ¡ Que barbaridad !
Para nosotros, sin aquel pacto, ó condición la Dictadura
habría obrado siempre de aquella manera no obstante el con-
— :6 —
venio, y los Generales que se han sometido por él á esa
Dictadura se habrían librado al mismo tiempo de la mancha
que hoy los ensucia, de inconsiderados si no crueles con los
amigos y copartidarios de ayer, quienes en nada les han
dificultado su derrumbamiento político.
JULIO 13
Otra decepción, y decepción lamentabilísima, experimen-
tamos hoy en lo de sometimiento de los Jefes militares de la
Revolución en el Tuy.
Echábamos de menos, con regocijo nuestro, el nombre y
firma del General Martín Vegas en el disparatado convenio
de avenencia; de Martín Vegas el lidiador esforzado con sólo
500 hombres el 30 de junio en Boquerón, el Guayabo y puntos
cercanos, contra la masa principal del Ejército de la Dicta-
dura; pues ¡quién se lo hubiera imaginado! «Ea Opinión
Nacional)) de anoche inserta dos cartas dirigidas la una, con
fecha 8 de este mes, al Doctor Villegas por los Generales
Quintana, Casado, M. Vegas, Parra Pacheco y P. Oderiz,
participándole haber conferido poder suficiente al General Ramón
Ayala y al Doctor Diógenes Arrieta para tratar con él en clase de
comisionados suyos, sobre asuntos relacionados con la paz de
la República; y la otra, de los dos Comisionados, al mismo
Doctor Villegas, fechada el 11 en Caracas, comunicándole su
encargo y suplicándole les fijase día y hora para una con-
ferencia.
Verdad es, que estos documentos nada dicen de que el General
Vegas haya estado por el convenio, el cual sólo lo firman el 10 de
este mes, el General Quintana con el General Mendoza, Jefe militar
éste del Gobierno, y que el primero, no expone en el mismo docu-
mento, que representaba á Vegas, sino á Casado y á Parra Pache-
co, habiendo además, que la carta de autorización al General
Ayala y al Doctor Arrieta en que aparece la firma de Vegas,
está circunscrita únicamente á tratar con el Encargado del
Poder Ejecutivo nó con el General Mendoza, sobre asuntos
relacionados, expresión ésta por sí vaguísima, con la paz de
la República; pero de todos modos, si Vegas no aparece por
estos testimonios complicado en el convenio, sí resulta titubeante
en la lucha armada, que no es poca cosa en momentos en que
la entereza es cualidad indispensable ante enemigos implacables.
Existe en todo esto una confusión de cosas que no nos
permite en el momento, lo que nos permitimos ayer: dar por
datos ciertos los publicados oficialmente hasta entonces en el
particular.
La carta-autorización al General Ayala y al Doctor Arrieta
para tratar con el encargado del Poder Ejecutivo, está firmada
el 8 en Ocumare del Tuy, Cuartel General del Ejército Le-
galista, por todos los Jefes de la Revolución en aquella región;
— 17 —
el convenio aparece firmado el lo en Charayave por el General
Quintana, que dice representar también á sólo los Generales
Casado y Parra Pacheco, y el General Mendoza; y el ii en
Caracas, un día después del convenio, los comisionados piden
al Doctor Villegas se sirva concederles audiencia para tratat
de asuntos relacionados con la paz en cumplimiento de su
encargo.
¿ Qué significa todo esto ? ¿ Significa desconcierto, anarquía,
mando de todos y de ninguno, y lo que es de todo punto
menguado y ridículo, que el Dr. Villegas, en su pomposo título
de Encargado del Poder Ejecutivo ocupa de hecho el último
puesto en la gerarquía gubernamental?
Parece ser semejante enredo y trastomamiento del orden
político y administrativo lo más cierto.
Agregaremos á lo dicho, que el General Martín Vegas se
encuentra en Caracas desde antier noche (el ii), á donde vino
en unión del General Rafael A. García, Jefe de Estado Mayor
del Ejército del General Euciano Mendoza.
En este semi-caos el asunto, estado muy propio de lo crítico
de la situación política á que han conducido nuestros prohom-
bres el país ¿ qué nos toca á nosotros hacer respecto de la
narración de estos recientes sucesos en El Tuy ? Esperar
siempre del tiempo (que por cierto corre veloz entre nosotros
al presente) como venimos haciéndolo en muchos casos desde
el principio de nuestra crónica, la depuración de la verdad.
JULIO 15
Anotamos aquí sólo para que conste, la circunstancia de
haber circulado en hoja impresa desde ayer tarde, con fecha
del 12 en Caracas, una protesta del General Martín Vegas
contra la certeza del convenio de Charayave, fechada el 10 del
corriente mes; protesta extensiva á asegurar también por sí y
á nombre de sus conmilitones, que no han desconocido al General
Joaquín Crespo en su carácter de Jefe del Ejército Nacional, sino
que están perfectamente finidos y siempre fieles á los principios
proclamados por la Revolución, como incóhmies su honor personal
y militar.
En «La Opinión Nacional» de antier corre inserta una
manifestación del General Rafael A. García, Jefe de Estado
Mayor General del Ejército de Miranda, fechada el mismo día
13. en la que acusa de apócrifa la protesta del General Vegas,
porque el Gene7al Leoncio Quintana antes de firmar el arreglo,
lo hizo leer por el General Vegas y obtuvo sti aprobación.
El mismo periódico «Ea Opinión Nacional», edición de ano-
che, inserta dos telegramas fechados el 13 en Charayave, del
General Luciano^ Mendoza á los Generales Guiseppi Monagas
y Julio F. Sarria, respectivamente, en los que acusa también
2
de apócrifa la protesta del General Vegas, que dice atribuirla
á los revolucionarios urbanos de Caracas, puesto que no es posible
que el General Vegas, que presenció la conferencia y asistió á
todo, diga ahora que son stipercherías.
Circula así mismo una hoja impresa intitulada <fDe actua-
lidad», sin fecha, del Doctor Nicomedes Zuloaga, en la que
explica su conducta en la participación que ha tenido como
revolucionario en los últimos acontecimientos políticos y mi-
litares. Inserta una carta del General Casado, fechada el lo,
día del convenio, en Ócumare, en la que aquel General asegura,
que en las Jilas del Ejército de la Revolución no existe ni sombra
siquiera de anarquía ni de la más pequeña división, como lo
propalan calumniosamente en Caracas los enemigos intransigen-
tes de la justicia.
Y nada más que cronizar hoy en este respecto.
«La Opinión Nacional del 12 inserta un Decreto, fechado
y publicado por bando solemne el 11, del Kncargado del Poder
Ejecutivo, que no es otra cosa el Doctor Villegas por más
que se intitule Presidente Constitucional de los Estados Uni-
dos de Venezuela, en el que ordena al Ministro de Relaciones
Interiores, excite á los Directores de las Comisiones Preparatorias
del Senado y Cámara de Diputados para que procedan inmedia-
tamente á la continuación de sus trabajos, y que el mismo Mi-
nistro se dirija á los Presidentes de los Estados para que
inviten á los Se7iadores y Diputados en ellos existentes, á Jin de
que se po?igan en marcha para la capital de la República.
En «La Opinión Nacional» del 13, siempre «La Opinión
Nacional», corre una nota particular del Doctor Sebastián
Casañas al Ministro de Relaciones Interiores en la que, con
la misma fecha, se excusa de ejercer las funciones de Direc-
tor de la Comisión Preparatoria de la Cámara de Diputados,
fundado en razones políticas que no se escaparán á la penetra-
ción del Ciudadano Ministro : algún pudor había de aparecer
en estas circunstancias, aunque venga de donde menos lo espe-
rábamos.
Al pie de esta nota está la aceptación de esta excusa,
el mismo día y la excitación, de orden del Presidente de la
República á todos los Diputados residentes en el Distrito
Federal á concurrir al local de sus sesiones al día siguiente á
la I p. m., con el fin de instalar la referida Comisión Pre-
paratoria.
Y vuelve cada vez más «La Opinión Nacional»: en su
edición de ayer, da cuenta de haberse instalado las Comisio-
nes Preparatorias de ambas Cámaras, la del Senado con 11
miembros y la de Diputados con 26 ; que ésta, á falta de
Director electo, la presidió el Diputado decano ; y que habién-
— 19 —
dose procedido á la elección de aquel funcionario, resultó
favorecido por unanimidad, el Doctor I^aureano Villanueva,
pues aún cuando hubo un voto por el Diputado Saluzzo,
debemos creer que este voto fue el del elegido. I^a votación
fue pública y nominal contra proposición hecha de que fuese
secreta para mayor libertad de los diputados.
Queda, pues, con esto en su primer preliminar la instalación
del Congreso : de aquel Congreso que no pudo instalarse antes, ó
en el período constitucional, por las insidiosas trapalerías del
Doctor Andueza y su persecución declarada al fin, al personal de
los Senadores y Diputados reunidos en Comisiones Prepa-
ratorias.
En nuestra opinión contraria á la pretendida legalidad
del Gobierno del Doctor Villegas, opinión que hemos razo-
nado en nuestra crónica del 25 de junio, páginas 2, 3 5^ 4
no nos es posible aceptar que lo que pasa en materia de
instalación del Congreso, que ahogó ó sufocó el Doctor An-
dueza y ha convocado ahora el Doctor Villegas, sustituto
dictatorial de aquel ; marche por el carril constitucional ni el
Revolucionario.
Ello podrá ser un medio escogitado con recta intención
por los que lo concibieron, para reanudar la legalidad inte-
rrumpida por derrocación de nuestras Instituciones Constitu-
cionales, y poner de este modo fin á la guerra ; pero, en
nuestro concepto, ese medio es erróneo é incapaz por lo tanto,
de proporcionar el deseado resultado del imperio de la L^ey y
los goces inefables de la paz, lo que, se asegura, tener por
objeto inmediato, su aplicación.
Suplicamos al lector se sirva revisar nuestras páginas
4) 5> 6 y 7 y allí refrescará las impresiones que ya haya
recibido de nuestro pensar en este respecto.
Con la instalación del Congreso tal como se intenta, en
cuanto á origen de convocatoria y oportunidad de tiempo, lo
que se verificará es, llevar á cabo en lo posible el convenio
de aveniencia propuesto por el Gobierno Dictatorial del Doc-
tor Villegas, al General Crespo en su carácter de Jefe su-
premo de la opinión pública armada en defensa de los
derechos ciudadanos conculcados, convenio que aquel General
rehusó considerar ; sin la sanción de aquel pacto por la Revo-
lución, puesto que esa sanción sólo puede darla aquel que
recibió poderes de la mayoría del Congreso disuelto y de la
ciudadanía sublevada, para restablecer por medio de la fuerza
ya que la razón ni el derecho le bastaban, las Instituciones
Constitucionales derrocadas por el Doctor Andueza.
Se dirá, que con el hecho de aceptar la convocatoria los
miembros del Congreso que dieron poderes al General Crespo
— 20 —
para restablecer las Instituciones, le han retirado por su
parte ese poder : bien está ; pero esos ciudadanos no son por
sí solos la Revolución para dar sanción á aquel convenio, ni
lo es el Congreso mismo. Aquellos ciudadanos con su pro-
ceder en este respecto, aparecen á nuestro juicio, más que
todo, sentimos decirlo, cuales tránsfugas de la causa popular,
aun cuando en el fondo de su alma no lo sean ; y por lo
que hace al Congreso, no es otra cosa, que uno de los Po-
deres políticos del orden Constitucional, orden que al presente
no existe.
I^a Revolución por su parte es, el espíritu público en
acción armada, en nada sujeto ese espíritu al proceder parcial
de agrupaciones que nazcan de su propio seno, ni de Pode-
res públicos aislados, y que sin los otros Poderes no forman
Gobierno.
lyO prueba, que no obstante la reunión de las Comisiones
Preparatorias del Congreso y el cuarto de conversión (frase
ésta militar que viene aquí muy á pelo) dado por sus miem-
bros adeptos á la Revolución, la guerra continúa, por más
que «I^a Opinión Nacional» en su sistema de engaños diga
que ha cesado.
Podrá el Congreso una vez instalado, desplegar cerca
del General Crespo como Jete de la Revolución, toda su res-
petable influencia para conseguir que esa Revolución se
someta á su plan, pero esto mismo confirmará, que el Con-
greso no es la Revolución ni el representante de sus prin-
cipios, puesto que al llegar á instalarse tendría necesariamente
que entenderse con ella para poder conseguir los ñnes que
se propone.
En virtud de lo expuesto, abrigamos por el momento la
malísima impresión de creer, que se fracasará en lo que se
tiene entre manos.
No es posible, que lo torcido traiga por consecuencia lo
derecho, como no es posible tampoco, que se cojan uvas de los
espinos ó higos de los abi'ojos, porque sólo es propiedad del á?bol
bueno llevar buenos frutos, siendo del mal árbol los malos
frutos, y está pronosticado por quien pudo infaliblemente pro-
nositcarlo, que todo árbol que no lleva buen fruto será cortado
y ?netido en el foiego.
En resumen, creemos, que todo lo que se practica en el
sentido que dejamos expresado, dará por resultado, un gran
pastelón, permítasenos el calificativo, preparado con condi-
mentos tan variados y contrarios entre sí, que fermentará
pronto por lo mismo, y se hará . . . incomible.
Ayer tarde llegó á Caracas el Doctor Juan P. Rojas
Paúl, cuyo arribo á I^a Guaira anunciamos el 12 del mes
— 21 —
en curso. Se le hizo una recepción popular expléndida, sin des-
orden alguno, y hubo discursos de una y otra parte, que según
se nos informa, satisfacieron la opinión pública. No cono-
cemos esos discursos ni acaso los conoceremos, porque en el
Constitucional Gobierno del Doctor Villegas, no haj- libertad
de imprenta, por más que exista superabundante en ejercicio
ese derecho, en las despotizadas Colonias Españolas Antillanas :
contraste en política moderna, que debe contar entre sus
lauros el partido liberal amarillo de Venezuela.
juivio i8
Circula á duras penas, según lo difícil que nos ha sido
ponernos en ella, una carta-manifiesto del famoso Doctor Rai-
mundo Andueza Palacio, dirigida á la Nación y á sus amigos
políticos desde Fort de France (Martinica) á 24 de junio del
corriente año.
Su conducta en política la explica el Doctor Andueza
Palacio en este documento, por la regla común hoy en el
liberalismo amarillo, de los elogios propios : toda esa conducta,
según él, ha estado inspirada por el patriotismo más acen-
drado, por la abnegación más ejemplar y por los fines más
santos : empeño vano, porque se sabe aquí hasta por los
chiquillos de la calle, que ha sido el Doctor Andueza duran-
te su Presidencia y Dictadura el perverso más consumado.
En cuanto á lo literario y lógico, guarde Dios el tal do-
cumento muchos años, como que dice, entre otros incoherentes
conceptos, tratando de la campaña de Carabobo á cargo del
General Alejandro Ybarra, que fue esa campaña tan gloriosa
■como infecunda, como si lo infeamdo pudiera caber en ningún
grado en lo glorioso, mucho menos aplicado aquel vocablo al
caso que lo aplica el Doctor Andueza.
Si fue infecunda esa campaña no fue nada porque eso es
lo infecundo ¿ cómo, pues, fue gloriosa al mismo tiempo, cuando
la gloria tiene por base siempre la grandeza de resultados ?
Vaya, que el ilustrado Doctor raciocina á las mil maravillas.
Una sola importancia tiene para nosotros este documento,
y es, la importancia que se dá siempre á las contiendas y des-
acuerdos entre compadres, por decirse entonces las verdades.
Según el Doctor Andueza, su separación de la Dictadura y su
escape del país, fue efecto de la coacción militar que ejercieron
contra su persona los Generales Sarria y Monagas, el uno como
Ministro de Guerra, y el otro, como Jefe de uno de los cuerpos
de Ejército acuartelados en la capital; lo que no duda afirmar,
no obstante haber fundado antes en el mismo documento su
separación y ese escape en su abnegación y patriotismo.
Culpa á estos dos Generales de cómplices sujos en el bienio,
y cómplices de la pretendida iisurpación, de manera que los exhibe
cuales un par de traidores de baja ralea.
— 22 —
A los Generales Narciso Rangel y Alejandro Ybarra los
presenta, al primero lento constantemente en sus marchas en
persecución del enemigo, y al segundo, rápido, veloz en las
suyas, pero tímido ante ese mismo enemigo.
Aparece por lo tanto de este célebre documento, en de-
finitiva:
10 Que los Generales Julio F. Sarria y Domingo Monagas
son dos traidores á la persona del Doctor Andueza, por causa
de ambición impaciente de Poder en ambos; y
20 Que los Generales Narciso Rangel y Alejandro Ybarra^
el uno por cartas de menos y el otro por cartas de más, en.
el juego militar de la intrincada usurpación, aun cuando siem-
pre valientes, pundonorosos y leales, se cubieron sin embargo^
de U7ia gloria infeatnda, que los recomienda á la posteridad
como dos héroes que saben á donde les aprieta el zapato en lo
de salvay el númeto uno.
Quede todo esto consignado aquí, con la sanción del Doctor
Andueza que equivale á confesión de parte que releva de prueba,,
para la historia de este luctuoso tiempo.
JULIO 20
Como que el tiempo quiere ya lanzar un rayo de luz por la
menos, de su inextinguible fanal, sobre las sombras que to-
davía cubren lo de disidencias entre los Jefes militares de la
Legalidad en el Tuy, 5^ disposiciones de algunos de ellos á
deponer las armas y someterse al Gobierno de la usurpación,
que hemos narrado en nuestras páginas 12 y desde la 14 á la 18.
Apareció ayer impresa una manifestación del General Leoncio
Quintana, fechada en el Cuartel General en Ocumare del Tuy
á 15 del corriente mes, en la que califica de insidioso lo que
se ha publicado oficialmente sobre disposición suya y de otros
Jefes á deponer armas; que lo ocurrido ha sido, que á excita-
ción del General Luciano Mendoza se trasladó personalmente á
Charayave donde itivo U7ia conferencia con dicho Genej'al en la
que hablaron de unos preliminares de arreglo que no quedaron
establecidos por no creerse el General Mendoza con facultades para
concederle lo que le exigía^ ni él por su parte para sellar nada
definitivo sin previa aprobación del General Crespo, fefe Stipremo
del Grande Ejército Legalista; que esto es la verdad de lo sucedido;
y que todos ellos se encuentran cumpliendo su deber y que na
omitirán sacrificio hasta ver triunfante e7i el Capitolio la bandera
de la Legalidad.
Al ser cierto este documento, que coincide con la desaparición
del General Vegas, de Caracas, el 12 del corriente en la noche,,
día de su protesta contra la veracidad del convenio, en direc-
ción de su campamento en el Tuy, no obstante lo vigilada
que estaba aquí por la policía; y con el hecho también de
— 23 —
continuar las cosas hasta hoy en aquella región en el mismo
pie bélico que antes; débese creer, que las probabilidades están
actualmente contra la certeza del cacareado convenio.
Esperamos sin embargo más luz para decidir en esto de-
finitivamente.
JULIO 21
Fuera de algún movimiento de tropas del Gobierno de las
acuarteladas en Caracas, nada ocurría de nuevo hasta ayer en
la guerra.
Por lo que respecta á las Comisiones Preparatorias, de las
Cámaras, según los extractos de sesiones que publica «La Opi-
nión Nacionab», sólo podemos decir, que casi existen al pre-
sente con el personal que se instalaron, y que lo más impor-
tante ó mejor dicho lo único importante que han resuelto ha
sido, el nombramiento de Comisiones diputadas cerca del Encar-
gado del Poder Ejecutivo, excitándole á promover y conseguir
la suspensión de hostilidades entre los beligerantes, instaladas
como están las Comisiones Preparatorias del convocado Congreso.
Esto en cuanto á lo que consta de actas, que por lo que
hace á lo que ocurre extra-sesiones en el mismo local y fuera
de él, las cosas van pasando de manera tal, que pueden con-
vertirse aquellos salones en campo de graves discordias, de re-
cinto que son de Padres conscriptos.
L,a impaciencia nunca ha sido buena consejera, y según
parece, la hay en algunos miembros de la Comisión Prepara-
toria de la Cámara de Diputados; y ¿en qué sentido? En
el sentido fatídico de la ambición personal desatentada.
Tenemos á la vista dos hojas anónimas impresas, circu-
ladas ayer, que denuncian é inculpan al Presidente de la
Comisión Preparatoria de Diputados de no ocuparse de otra
cosa que de asegurar su elección para presidir la RepúWica
durante el tiempo que resta al presente bienio constitucional,
empleando para ello medios de traición á la Revolución, en
que ha estado afiliado, y miras las más aviesas contra el
bien general.
No concebimos cómo una persona de los quilates políti-
cos, del talento y del concepto que se ha creado entre sus
conciudadanos de hombre importante al venturoso porvenir
inmediato de la Patria, haya podido cegarse con el interés
propio, hasta el grado de no ver, que sus aspiraciones, si
las hay, en este respecto, 5^ la manera como se dice en
estos anónimos que trata de satisfacerlas, serían poco menos,
que parto de locura, puesto que, dudosa como es todavía la
instalación del Congreso, provocar en las Comisiones Prepa-
ratorias las divisiones que naturalmente engendran estas cues-
tiones, sería hacer más dudosa que nunca esa intalación, con
socavamiento en consecuencia, por su base, de la misma
— 24 —
elección que se dice anhelarse; y lo que se sobrepone á todo,
que el nuevo rumbo que así habría seguido en política el
estimable ciudadano aludido, equivaldría, á haber buscado
ansiosamente y por desgracia hallado, el derrumbadero más
profundo por donde tirarse en anulación completa suya como
hombre público.
La Revolución en el período militante en que está, es
un torrente que arrastrará al fondo de sus aguas, á todo
aquel que temerario intente ponerle el pecho para torcerlo
y contenerlo.
Deseamos que todo lo que se dice y publica en el parti-
cular, encierre por lo menos exajeración, porque estimamos
muy especial y sinceramente á la persona sobre quien recaen
aquellas invectivas.
No eremos culpable á nadie porque aspire con nobleza
y patriotismo á la Presidencia de la República, por estar
esto muy admitido ya en las prácticas democráticas; pero en
esta creencia solo hay de nuestra parte tolerancia, porque al
juzgar de semejante hecho por nuestro propio é íntimo pen-
sar y sentir, lo rechazaríamos aún concurriendo aquellas
relevantes circunstancias, toda vez que consideramos efecto de
soberbia y de ocultas intenciones, más que todo, eso de aspi-
rar á elevaciones en lo político que requieren méritos perso-
nales exquisitos, que nadie está autorizado á reconocerlos en
sí mismo, sino que debe esperar á que se los reconozcan los
demás, como sucede con los elogios, los cuales ninguno debe
hacérselos sino aguardar á que otros se los hagan; paciencia
que en el día pocos tienen.
JUlvIO 22
lyos Generales Monagas y Sarria salieron para Oriente
el 20 del actual á disponer, según lo afirma «La Opinión Na-
cional» del mismo día, las operaciones (no las determina el
tal periódico pero damos por sentado que son de guerra)
sobre Marga7Íta y Cayúpano.
Habían salido ya para Oriente parte de las fuerzas del
General Monagas, y él conduce ahora las que aquí queda-
ban, hechos que confirman, hasta cierto punto, lo que se
dijo, de tener por causa su regreso á Caracas de la campa-
ña del Tuy (yer, las cosas
pasaron á mayor significación en punto á entero desacuerdo entre
el Doctor Rojas y la opinión Revolucionaria.
Se encuentra en esta capital el Senador por el Estado
Zulia Doctor Francisco E. Bustamante, de regreso del des-
tierro que le impuso el Doctor Andueza Palacio después de
largos días de cárcel en su carácter de miembro del Congre-
so y esforzado defensor de la Ilegalidad.
A su llegada á Caracas el Doctor Bustamante, fue obje-
to de demostraciones públicas de aprecio político de sus ami-
gos y copartidarios, demostraciones que dejaron bien estable-
cidas su importancia de personaje público y las esperanzas
que se tienen en la eficacia de los servicios que haya de
prestar de nuevo á la causa de la Redención legal de la
República.
No tardó el Doctor Bustamante en dar á conocer su
espíritu al regresar á la Patria.
Las Comisiones Preparatorias de arabas Cámaras habían
acordado una reunión particular de Senadores y Diputados
con el fin de tratar sobre la formación de quorum lo más pron-
to, para la instalación inmediata del Congreso; y se nos
dice, que el Doctor Bustamante allí presente, manifestó, que
él no se incorporaría como Senador por el Zulia, hasta que
el Congreso no fuese convocado por la Revolución triunfante.
Aquella reunión terminó sin haber determinado nada nue-
vo en punto á excitación de los Senadores y Diputados no
incorporados á la fecha.
En la sesión de ayer de la Comisión Preparatoria del
Senado se presentó el Doctor Bustamante sin previo pedi-
mento de incorporación, y pronunció un discurso exaltado
en cuanto á la calificación política del Gobierno del Doctor
Villegas y el proceder de los miembros del Congreso que
hasta el presente han correspondido á la convocatoria para
reanudar sus trabajos decretada por ese Gobierno; discursó
por consiguiente eminentemente revolucionario.
Lo contestó el Senador también por el Zulia, Arangurea,
3
— 34 —
Rojista pronunciado, con fuertes invectivas contra el Doctor
Bustamante, quién á su vez le replicó afirmando su anterior
discurso; con lo que terminó la sesión.
El público en las barras fué llamado repetidamente al
orden por el Director durante la lucha política del Doctor
Bustamante y el Senador Aranguren, en sus manifestaciones
de simpatías más por el primero que por el segundo de los
oradores.
Y hasta aquí quedaron las cosas ayer en punto á lo
Parlamentario,
Kilo bien viene acreditando nuestro juicio contra la efica-
cia del Congreso, de la manera que se le ha convocado,
para poner fin á la guerra por reanudación de la destruida
legalidad.
Que estamos en plena anarquía, es mal y mal profundo
que no deja ya duda; iniciado este mal por el Doctor Andue-
za Palacio, y consumado por sus sucesores en el Poder Dicta-
torial.
Tenemos á la vista el periódico de Maracaibo intitulado
«La Bandera Iliberal,» del 25 de julio del presente año, cuyo
Redactor y Editor responsable es el señor Pablo A. Vilchez,
que nos instruye de un acontecimiento político en los Esta-
dos Occidentales, de no pequeña magnitud en la línea funes-
ta de la dislocación completa de la República.
El mencionado periódico indica en su editorial, que rea-
parece en el campo de la prensa libe7-al, y que es órgano
y sostenedor de aquel inusitado movimiento; inusitado en la
forma porque lo que es en su tendencia bien concuerda con
el liberalismo amarillo^ tendencia bien conocida y temida entre
nosotros.
Dá cuenta de la formación de una Liga de Estados Occi-
dentales (Zamora, Lara, Los Andes, Falcón y Zulia), pacto
político que dice haberse cangeado ya, en el que se roconoce
por Jefe y Centro de la Liga al General. Eleazar Urdaneta,
Jefe militar de la Usurpación, por responder éste del más
completo éxito de los propósitos de todo el Occidente como DIS-
TINGUIDO y MERITISIMO iliberal que es, y en virtud
de los FUERTES y disciplinados ejércitos con valientes
GENERALES QUE TIENE Á SUS ORDENES, y de la coopeí ación de
muchos hombres de alta signiJicaciÓ7i política y con el expontá7ieo
y decidido concurso de todos aquellos pueblos, por lo que el General
Urdaneta se levantará si?i duda á cima de envidiable gloria.
La Liga, según el señor Vilchez, desconoce al Congreso
convocado por el Dictador Doctor Villegas, al que califica
de faccioso y causante de la guerra civil, y aboga por un
Cuerpo Constituyente, que llama la Gran Asamblea de la
— 35 —
I^ederación, el que deberá declarar en vigencia el Código político
de i86^, que restituya á los Estados su perdida auto7tomía y
devuelva á los pueblos, sus fueros y prerrogativas liberales y, á la
Nación su honor y su decoro, su respetabilidad é importancia
entre las demás Naciones.
Al pié de este editorial inserta la Redacción con grandes
elogios, un Documento que no es otra cosa, que el Decreto
expedido por el Consejero en ejercicio de la Presidencia del
Estado Soberano del Zulia, con fecha 24 de julio de este año,
por el que confiere autorización al General Kleazar Urdaneta
pafa que haga efectivas las aspiraciones del Zulia sobre vigen-
cia de la Co7istitnci6n reformada y reorganización completa de
las veinte entidades autonómicas m.anifestadas por el órgano de
las Legislaturas y de los Concejos Municipales.
Aspira «L,a Bandera Iliberal», dice, á que se consoliden
■más y m.ás cada día todos los triunfos, todas las gloriosas con-
quistas alcanzadas por el Partido Liberal, en el fecuiido campo
de la democracia.
Para lanzar palabras altisonantes al aire, que conviertan
lo blanco en negro y lo negro en blanco, no hay como un
liberal Venezolano, pero liberal amarillo.
Si esta situación, tal como se presenta, no es anarquía,
ignoramos á la verdad como calificarla ;
En el centro ; las huestes lyCgalistas, de un lado ; y del
otro, el Ejército de la Usurpación contra ellas, pero contem-
plándose recíprocamente hasta el presente.
Por allá ; la Liga Occidental que desconoce implícita-
mente el Gobierno del Doctor Villegas, y proclama una Gran
Asamblea Constituyente á quien le dicta y prescribe sin em-
bargo, como ha de constituir el país, declaratoria plena por
esto, de que está de más la tal Gran Asamblea, porque
para sólo mandadera no valen la pena ni el pomposo encar-
go de Gran Asamblea Constituyente, ni los gastos que su
reunión ocasionaría si llegase á ser.
Por acullá ; el Oriente sublevado también contra la Usur-
pación, y contra esa sublevación los Generales Monagas y
Sarria, campeones por propia cuenta, aunque aparentan servir
á la Dictadura del Doctor Villegas.
Y por añadidura ; el Estado Bolívar, ribereño del cauda-
loso Orinoco, en armas igualmente contra la tiranía, la que
defiende allí el expedicionario General Santos Carrera, arbitro
hoy en cuanto puede, de aquel Estado.
Por supuesto, que como consecuencia de este desbarajuste
de cosas, la renta nacional resulta distribuida entre los ada-
lides de este San Juan, con arreglo al territorio en que cada
uno de ellos domina ; que la comunicación interior de la
- 36 -
República, tanto la ordinaria como la eléctrica, no existe sino
á retazos y falta con frecuencia en absoluto ; y por último,,
que lo que se llama Gobierno General está reducido en su acción
á tan estrecho é insignificante territorio, que bastaría una sim-
ple Alcaldía, cumplidora de su deber, para estar regido mejor
que lo que lo rige la Dictadura de la República.
Y ¿ qué diremos sobre la economía particular ?
Que ella, en todos sus ramos, existe ya profundamente
perturbada y perjudicada, con amenaza de experimentar una
de aquellas catástrofes de ejemplo universal, que enseñan
como se llega de un día á otro á pasar de una prosperidad
positiva á una ruina general, por efecto del desconcierto mo-
ral en que caen los pueblos cuando se proponen vivir sin
Dios ni L,ey
AGOSTO 4
I^a sesión de ayer de la comisión Preparatoria del Se-
nado fue aún más borrascosa que la de antier. Faltaban
entre otros miembros el Doctor Rojas, quien no asiste desde
su discurso, diremos de inauguración, ni el Doctor Busta-
mante. De esperarse, era, que, ausentes estas dos notabilida-
des, hubiera sido tranquila la sesión ; pero el Senador Aran-
guren empató en ella sus agravios de la sesión anterior al
Doctor Bustamante, exagerándolos hasta hacerlos personales,
con consentimiento del Director que los permitió ; y el público
de la barra se desordenó con este motivo hasta el punto de
hacer casi imposible que se entendiese de un todo al orador.
Esto no obstante, se verificó la sesión con el único resul-
tado de haberse aprobado una proposición del Senador Aran-
guren en la que dando por sentado que el Doctor Busta-
mante había, con lo declarado por su parte ayer, separádose
del Congreso de la Nación, que se llamase á su suplente, el
que se hallaba en la Capital.
lya sesión se verificó con cinco Senadores.
Si mal no recordamos, el Doctor Bustamante no declaró
que se separaba del Congreso de la Nación, en que fundó su
proposición el Senador Aranguren, sino que no asistiría á sus .se-
ciones por efecto de la convocatoria de la Dictadura, lo que difiere
en mucho de aquella aseveración del Senador Aranguren, en
su genuina significación política.
AGOSTO 12
Desde el 22 de julio nada hemos mencionado acerca de
la guerra, porque reducidas como han estado sus operaciones
á movimientos estratégicos más que todo, hemos prescindido
de narrar esos movimientos en la espera de resultados posi-
— 37 —
tivos, á fin de no incurrir en esta crónica en el vicio muy
■común entre nosotros, de aglomerar palabras desnudas de
lieclios reales en que fundarlas.
De la guerra en el Oriente de la Reqública, sólo sabemos
lo que de cuando en cuando se le antoja decir á «lya Opinión
Nacional», en el sentido siempre de triunfos de las armas de
la Dictadura y aniquilamiento de las lyCgalistas, para caer
•en la halagüeña consecuencia, de que de un día á otro regre-
sarán á Caracas los Generales Monagas y Sarria con un
potente ejército con que reducir á polvo la, para « La
Opinión», menguada Revolución general.
De la «lyiga Occidental» no trascendemos á la fecha otra
■cosa, sino que el ineditísimo liberal General Urdaneta, su Jefe
y Centro, se ocupa en aquel litoral en idas y venidas sin que
«epamos sean hasta el presente de alguna utilidad política, porque
pecuniaria bien pueden serlo.
Acaso la Liga no ajuste tanto como se quiere y es de
menester, por lo que se le busque puntos mejores de apretamiento
para que la calceta no ruede.
Podrá el Dictador in paftibus Doctor Villegas saber lo que
verdaderamente pasa con este serio acontecimiento, pero lo
guarda de seguro entre pecho y espalda por no ser probable-
mente satisfactorio.
Por lo que hace á la guerra entre Legalistas y Dictatoriales
-en el centro de la República, sí tenemos que registrar algo de
-verdadera importancia militar.
Después de los hechos de armas en el Guayabo, Boquerón
y otros puntos de las alturas del Tuy, hechos desgraciados
para los Legalistas; y del desvanecimiento de las intrigas y
manejos con que se procuró incontinenti destruir allí la unidad
del Ejército Libertador, éste buscó y halló otro territorio donde
tentar mejor suerte.
El General Legalista Ramón Guerra, que de paso sea dicho,
no parece estar destinado á morir de espanto, se destacó in-
mediatamente con su cuerpo de ejército, numeroso en plazas
pero mal armado y peor municionado, y rápidamente cayó
«obre la Victoria, capital del Estado Miranda, la que ocupó
«in disparar un tiro por haberla evacuado mansamente la tropa
Dictatorial que la guarnecía; y no falta quien diga, que con
T'iolación de un convenio por el que debió entregar al General
Ouerra el armamento y parque.
Desde allí abrió el General Guerra, siempre activamente,
operaciones sobre los extensos Valles de .Aragua, y llegó has-
ta San Joaquín, pueblo del Estado Carabobo, cuya guarnición
batió y venció, retrocediendo á la Victoria con alientos mayo-
res que los que ya tenía.
Durante esto, el Jefe Supremo de la Revolución había des-
cendido también del Tuy con el Ejército á sus inmediatas
ordenes y ocupado el pueblo San Juan de Los Morros, á tres
-38-
horas de la Ciudad de Cura, centralizándose así en aquel te-
rritorio, en su principal masa, las fuera as I^egalistas.
De seguro que la mayor atención de aquel Ejército fue
por el momento de mejorar sus armas y municiones; y tene-
mos motivos para creer que no han sido de un todo infructuosos,
sus esfuerzos en este respecto.
Como era de esperarse, el Ejército de la usurpación al
mando del General Luciano Mendoza, constante de tres mil
hombres armados de remingtons, con artillería de montaña y
copioso parque de municiones, buscó y siguió desde el Tuy,
teatro de sus operaciones hasta entonces, las huellas del ene-
migo, con tan feliz resultado, que ocupó sin hecho alguno de
armas las plazas de I^a Victoria y Ciudad de Cura, retirándose
las fuerzas Legalistas al sitio denominado La Puerta, á dos
horas de la última ciudad.
Así permanecieron por algunos días los beligerantes, vién-
dose y respetándose al mismo tiempo, hasta el 8 del corriente
mes, en que las fuerzas del Ejército del General Mendoza,
avanzadas hasta Ciudad de Cura, en número, según se dice, de
1.300 hombres, atacaron á los Legalistas en La Puerta.
Se asegura, que después de un combate de 3^^ horas, que
principió en La Puerta y terminó en las últimas calles de
Ciudad de Cura, el ejército de la usurpación fué derrotadq>
completamente, muriendo el General Zuloaga, de gran valía
en su comando, y otros Jefes.
De aquí se han enviado refuerzos al General Mendoza; y
se está en la espectativa de lo que nuevamente haya ocurrida
después de aquel serio desastre en el Ejército de la Dictadura,
Oficialmente no se ha publicado nada respecto de tan trascen-
dental suceso,
AGOSTO 18
En nuestra página 35, con fecha 3 del corriente mes,,
mencionamos la insurrección del Estado Bolívar contra la usur-
pación, y que defendía ésta el General Santos Carrera á la cabeza
de huestes de Cumaná, Sección del Estado Bermúdez,
Según noticias extra-oficiales, que suministra en su mayor
parte «La Gaceta de Puerto España», periódico de Trinidad,
colonia inglesa, se verificó un sangriento combate entre los beli-
gerantes el 10 del corriente mes, el cual dio por resultado el
triunfo completo de las fuerzas Legalistas, con muerte del Jefe
de las de la Dictadura General Santos Carrera y otros.
Con este hecho de armas, que no hay hoy por qué
dudarlo, ha quedado la causa Legalista en absoluta posesión:
de aquel Estado, lo que influirá poderosamente á nuestro ver^
en igual triunfo sobre el Estado Bermúdez, su colindante,
con dominación general por la Revolución de la parte Orien-
tal de la República.
— 39 —
AGOSTO 20
Difícil si nó imposible es seguir paso á paso los acon-
tecimientos que al presente se suceden, porque ellos ni tienen
carácter de acción definida, ni mucho menos conservan esta-
bilidad alguna sobre que fundar inicios precisos : varían estos
acontecimientos de un momento á otro, y sólo enseñan de
cierto que estamos al borde de precipicios insondables.
lya Liga Occidental, cuya aparición en el escenario polí-
tico, registramos en esta crónica desde las páginas 34 á la 37,
complica hoy seriamente la situación de la Dictadura Villegas
en su existencia de Poder gubernamental, con la llegada á
Caracas ayer, de su Jefe y Centro el General Eleazar Urda-
neta, á la cabeza de tropas que le habilitan de fuerzas mili-
tares propias, con que imponerse hasta donde pueda, en planes
suyos, que no hay quien no tenga por siniestros.
La Liga, por más que se le recomiende por sus autores
y adeptos, de un pensamiento ó idea política, sólo tiene la
marcada fisonomía de un concierto militar á secas, según sus
procederes hasta hoy. Ella no ha establecido que sepamos
un Gobierno que la encabece y dirija á fines de aquel carác-
ter, sino que marcha bajo el absolutismo de un sediciente
Jefe y Centro que no emplea otro elemento que el de la
fuerza de las bayonetas, y cuyos movimientos en el litoral de
la región Occidental, en su acción hasta ahora, bien lo exhi-
ben un filibustero de peor calaña que los antiguos conocidos,
antes que un fundador de República ni de un Gobierno regu-
lar siquiera : todas las Aduanas de aquel litoral y sus rentas
están en su poder.
La llegada á La Guaira del General Urdaneta con sus
fuerzas movibles y una fllotilla de cuatro vapores y tres
goletas costaneras, y su subida al día siguiente á Caracas con
la tropa de su mando, no sabemos con certeza á que obe-
decen : si á un llamamiento del Dictador Villegas, ó á un acto ^
de propia voluntad.
Las apariencias inducen á creer más lo último que lo
primero.
Durante la corta permanencia del General Urdaneta y
sus fuerzas en La Guaira, el Concejo Municipal del Distrito cele-
bró un acuerdo de adhesión á la Liga Occidental, que ha publi-
cado «La Opinión Nacional« de ayer, con reconocimiento, por
supuesto, de su Jefe y Centro el mencionado General, condi-
ción ésta forzada de tales adhesiones ; y dicho General ejerció
allí actos, en la Aduana principalmente, con tendencias seg^n
se dice, á asumir el mando general de la República.
Desde el 14 del corriente circuló en Caracas, impresa, una
carta-política del Doctor Pedro Vicente Mijares, Diputado del
Congreso, al Doctor Villegas, en la que á vueltas de califi-
— 40 —
cativos no muy respetuosos le increpaba de incapaz para el
ejercicio de la Dictadura, según concibe ésta el Doctor Mija-
res ; le indicaba por esto la necesidad en que á su juicio se
estaba de su separación como tal Dictador ; y dejaba envuelta
no obstante en las nebulosas de su política demagógica, la
persona que en sus intenciones debería sustituirle con aquel
carácter.
I Semejante carta, que ha soportado serenamente el Doctor
Villegas, coincidió con la llegada á poco á La Guaira del
General Urdaneta y su tren militar, siendo por lo mismo de
concepto general, que este exorcismo político del Doctor Mija-
res contra el Doctor Villegas, está en relación con los desig-
nios de absorción del Poder pííblico que evidentemente ani-
man al General Urdaneta.
Veremos, pues, á donde llegan con estos antecedentes
las cosas.
I,as Comisiones Preparatorias de ambas Cámaras acor-
daron ayer suspender sus reuniones en vista de la situación
anormal en que se encuentra la capital, reservándose proseguir
en sus funciones constitucionales tan luego como aquella des-
aparezca ; con lo que ha tenido fin, la comedia de convo-
catoria del Congreso por Decreto de la Dictadura, resultado
menguado que previmos por nuestra parte desde un principio,
j Que la tierra le sea ligera en su muerte, al histórico Con-
greso de 1892 !
SETIEMBRE 6
I,a gravedad de enfermedad y muerte el 27 del mes
último, de un miembro predilecto de nuestra familia, nos
impidió desde el 20 del mismo mes la continuación de nues-
tra crónica, cuya reanudación nos proponemos hoy.
Y ¡ cuánto de desaciertos y desafueros de un lado, y de
favorable á la causa de la lyCgalidad del otro, no tenemos
que narrar como sucesos de tan corto tiempo cual el trans-
curridos. ?
Procuraremos hacerlo con sujeción á un orden cronológico
el mayor que podamos observar, en favor de la claridad
histórica, dependiente en mucho del enlace que guarden los
sucesos entre sí.
— 41 —
Después de la derrota de parte de las fuerzas del Gene-
ral Mendoza el 8 de agosto en Bolivia (Ciudad de Cura),
este General concentró el resto de su ejército en La Vic-
toria, capital del Estado Miranda, ocupándose allí de reorga-
nizarlo y aumentarlo, como efectivamente se verificó, con
fuerzas que le fueron de Caracas, otras que le llegaron de
Valencia, capital del Estado Carabobo, y reclutamientos for-
zosos en los Distritos vecinos de aquella Capital.
Más, constante así de cuatro mil hombres, por lo menos-
su nuevo ejército, permaneció aquel General inactivo militar-
mente, guardando cuarteles en aquella plaza, de manera tan
inviolable, como constante había sido su residencia personal
en ella, antes y después del desastre de sus tropas en Ciu-
dad de Cura.
El ejército Legalista por su parte abrió á poco de su
triunfo mencionado, operaciones, no ya contra el enervado
del General Mendoza, sino .sobre Valencia, cuya capital ocu-
pó el 17, de agosto después de reñido combate con las tro-
pas que la guarnecían, las que quedaron prisioneras de gue-
rra junto con el Jefe de Operaciones de aquel Estado General
Jesús Ma Lugo y los Presidentes de Carabobo General Pin-
to, y el de Miranda General, Narciso Rangel, que funcionaba
allí en lo militar.
Y no descansó sobre los laureles recientemente adquiridos,
sino que allí mismo cayó sobre Puerto Cabello, y en lucha
esforzada de tres días en sus calles y trincheras, quedó due-
ño el 24 de agosto de aquella importante plaza con sus
fortificaciones de mar y tierra y su puerto, así como prisio-
nera con sus Jefes la guarnición de la plaza : la del Castillo
Libertador, fortaleza dominadora de la plaza y del puerto,
lo evacuó precipitadamente á las 8 p. m. del mismo día,
librándose así del asalto que en hora más tarde había de
experimentar.
Con estos triunfos quedó dominando la Revolución el
extenso Territorio del Estado Carabobo y el no menos impor-
tante del Estado Miranda, cuya sola capital ocupaba ador-
mido el enemigo, resultando así dueña y .señora de la parte
central, la más poblada, la más rica y la más aguerrida de
la República, con arrebatamiento al mismo tiempo á la Dic-
tadura de mayor número de armas y posesión de un puerto
el más abrigado y defendido de nuestras costas; elementos
de que ha carecido hasta el presente, en que casi ha luchado
con solo la fuerza moral de la opinión pública.
— 42 —
Durante estos faustos acontecimientos por la L<egalidad
¿qué sucedía en Caracas, asiento endeleble de la Dictadura
Villegas ?
Dejamos á éste el 20 de agosto en garras del General
Urdaneta, Jefe y Centro de la mitológica Liga Occidental.
Para los intentos de este atolondrado General, de absor-
ción en sus manos del Poder Público como conquista de las
bayonetas, la unidad del Ejército de la Dictadura en seme-
jante propósito, le era indispensable, y esa unidad ni existía
ni comprendió posible alcanzarla.
Parte de las fuerzas que guarnecían á Caracas, así como
el General Mendoza con su ejército desde la Victoria, se dis-
ponían á sostener la Dictadura Villegas no por fidelidad á.
esa Dictadura, sino por ocultos designios personales, del Gene-
ral Mendoza principalmente.
Con este gravísimo inconveniente con que tropezaba en
la ejecución de sus ambiciosas miras el General Urdaneta,
coincidió la noticia llegada á Caracas, de la ocupación de
Valencia por la Revolución, y amenaza por la misma de
Puerto Cabello; conjunto de contratiempos para aquel Gene-
ral, que le ponían en situación asaz crítica.
Reembarcóse, pues, á toda prisa con sus fuerzas y nave-
gó con rumbo á Puerto Cabello en auxilio de aquella apura-
da guarnición, debilitada de ante mano por él con la incor-
poración que hizo á su ejército de una de las divisiones
existentes en la plaza á su paso por ella sobre Caracas.
Formando causa con el General Urdaneta, partieron en su
expedición el Doctor Sebastián Casañas, y los Generales Ju-
lio F. Sarria, Domingo A. Carvajal y otros.
Respiró con esto la Dictadura Villegas de aquel inmi-
nente peligro en que la tenía la ambición audaz y desen-
frenada del General Urdaneta, pero solo para caer allí mismo
en igual si bien más positivo riesgo de su Dictatorial Poder.
DecidióvSe al fin el General Mendoza á movilizar su ejér-
cito después de largos días de tranquilo acuartelamiento en
La Victoria, pero no contra el enemigo, triunfante en el
limítrofe Estado Carabobo, sino en retirada, sin ser amena-
zado ni perseguido, sobre Caracas, á donde llegó en momen-
tos en que evacuada esta plaza por el General Urdaneta y
sus fuerzas, se reembarcaban en La Guaira
Semejante proceder del General Mendoza, inaceptable en
lo militar como era, vino á quedar explicado incontinenti
por un atentado cometido por él contra la ya insostenible
Dictadura Villegas, en virtud del que asumió el 26 de agos-
to todo Poder en la forma de un mando puramente de bayo-
netas, tan brutal cual no podía menos de ser en el espíritu
~ 43 —
único de lucros y logros personales que inspiraba á aquel
desventuradq General.
A que excesos contra respetables personas é intereses
se entregaron por todo Gobierno el General Mendoza, su Je-
fe de Estado Mayor el General Rafael García, y el Gober-
nador del Distrito Doctor Palacios Rengifo, secundado éste
por su Secretario el Doctor José Martínez Mayz, nos sería
repugnante en alto grado relatarlo en sus detalles, por lo
que nos circunscribiremos á solo manifestar en abstracto,
que nunca la Sociedad de Caracas, se vio más amenazada
en su existencia civilizada, que durante el imperio, por for-
tuna corto, de aquellos enloquecidos venezolanos, á quienes
cegó el Genio del mal hasta el punto de no ver, que con
su conducta desatentada no solo obraban contra el buen
nombre y honra de la Patria, sino que también se envile-
cían en sus personas hasta el supremo grado de presentarse
indignos de toda acogida entre propios y aún extraños. Kilos,
efectivamente, de la manera que se han exhibido, sin rastro
alguno de moral ni de pudor, serán peligrosos en cualquier
punto que residan. Podrán creer, ,que ricos como han conse-
guido serlo, lo alcanzarán todo en la línea de las consideracio-
nes, de los respetos, y de los . . . goces. Pero ; cuan errados
están !
Para esto, tan violenta situación sólo era conocida por la
presión individual que de ella experimentaban los ciudadanos
y veía y palpaba asombrada la población en masa, pues que
los perpetradores de tanto mal ni se permitieron explicar por
documento alguno público, en la forma siquiera de su menti-
rosa fraseología política, la causa y fines de su inicuo proceder.
Kl Doctor Villegas, mientras tanto, despojado ya de su Dicta-
dura, permanecía tranquilo en su morada particular, en frecuentes
entrevistas y tratos con su derrocador el General Mendoza,
raro comportamiento que inducía á creer, ó que el Doctor
Villegas era víctima de una debilidad de carácter inconcebible,
ó cómplice de algún modo, ó por algún interés personal, en
lo que pasaba.
Mas, todo vino á quedar revelado por el hecho de la par-
tida del Doctor Villegas para I^a Guaira con su familia y los
Generales Alejandro Ybarra, Ministro de Guerra, y L,eopoldo
Sarria, Comandante de Armas, y su embarque juntos con
destino á los Estados Unidos del Norte; hecho que se consumó
con todas las apariencias de un acto de propia voluntad, lleva-
do á cabo en completa amistosa armonía con el General Men-
doza, quien les acompañó, solícito de su bienandanza, hasta
darles en nuestra playa el último adiós en el abandono que
hacían de la patria; de esta patria que habían conducido ellos
— 44 —
en último término y dejaban impávidos entregada, á los peli-
gros inminentes de una acefalía mortal.
Kl Doctor Villegas no se creyó obligado á ningún género
de resistencia por el atentado del 26 de agosto contra su ca-
careado Poder Constitucional, ni aún en la simple y común
forma, muy usada en semejantes casos, de una protestación,
antes por el contrario, dictó en el mismo día, se cree que sin
ser ya Gobierno, su ridículo Decreto de inhabilitación para
todo comercio de los puertos de Ciudad Bolívar y de Pto. Cabello
en poder de la Revolución, dando así testimonio irrefragable
de lo inexorable de su enemistad contra la Revolución Na-
cional, y su afinidad cordial con la monstruosidad política
Mendocista á quien favorecía fiscalmente con el mencionado
Decreto. ¡ Que le sea suave al Doctor Villegas su existencia
en el extranjero sin deberes para con su patria! Ella, esta
patria, no le negará derechos cuando los necesite.
En este Estado y confusión de cosas apareció el 30 de
agosto en La Guaira el General Domingo Monagas con su
familia procedentes de Barcelona, capital del Estado Bermúdez,
en viaje para Curazao.
Conferenció allí con el General Mendoza, quien, se dice
le invitó á tomar parte en su Dictadura Militar, á lo que se
negó aquel General,
La aparición del General Monagas en La Guaira en la
forma de un proceder de interés particular ó privado, indicaba
por sí sola que la causa de la usurpación en la región Oriental
corría inminente peligro, dado su carácter de Jefe Superior en
lo político y militar de aquel importante Estado.
No era posible otra interpretación de una conducta que á
toda luz revelaba, que se buscaban por el General Monagas
seguridades del orden personal y de familia estrictamente.
Para esto sabían ya el General Mendoza y el público, qiíe
el 24 del mismo agosto, en la noche, la Revolución había que-
dado á viva fuerza en plena posesión de Puerto Cabello y vSus
fortalezas.
El General Urdaneta con su flotilla y ejército de desembar-
que había llegado harto tarde al frente de aquel puerto y sólo
pudo, desde mar á fuera, pro tejer con botes, á la caída de la
noche, la evacuación del Castillo Libertador, por las tropas
que lo guarnecían, con agregación de los criminales que allí
cumplían su condena, y abandono de los materiales de guerra
almacenados, haciendo rumbo, esto verificado, siempre al Oc-
cidente.
— 45 —
Desfavorables en alto grado como eran estos sucesos á la
usurpación, ellos colocaban al General Mendoza en - situación
verdaderamente conflictiva, á la que debía hacer frente por sí
sólo, toda vez que no le era dado esperar auxilio militar de
ningún lado.
Más, mayor debía ser todavía para él lo que había de
sobrevenirle y allí mismo le sobrevino en lo político, por con-
secuencia inevitable de sus atentados contra el orden público.
Si bien el General Mendoza, como poder puramente militar,
podía disponer á su antojo de las vidas y haciendas de sus
conciudadanos de la capital, no podía así mismo disponer á
su arbitrio de las de extranjeros, residiendo éstos entre nos-
otros al abrigo de tratados y de la buena fe de las Naciones.
Para sus despóticos actos no previo el General Mendoza, en
su impericia de hombre público, ni que existía siquiera este
respetable interés extraño que contemplar y atender, y esto,
no como una concesión, sino como un deber de observancia
ineludible.
lyOs representantes de las naciones amigas en Caracas,
dirigieron con fecha 26 de agosto una nota colectiva al Des-
pacho„ de Relaciones Exteriores, en la que inquirían, según
se nos informa, con qué Gobierno aceptable como tal, debe-
rían entenderse en adelante.
Se nos asegura que aun á la fecha nada se ha contestado
al respetable Cuerpo Diplomático, que satisfaga su seria pre-
gunta en materia de suyo grave y urgente como es ésta ;
y que en consecuencia los Ministros respectivos han pedido
á sus Gobiernos buques de guerra con ánimo de protejer por
sí a sus nacionales é intereses en caso necesario.
Obligado probablemente el General Mendoza por esta
actitud seria del Cuerpo Diplomático, retrocedió en su Dicta-
dura militar, dando acogida al consejo de Mentores caracte-
rizados de su causa y de su confianza, de la formación de
un Gobierno en el que quedara de algún modo representada
aun cuando solo fuera, en apariencia, la forma de los gobier-
nos regulares.
Surgió de aquí en consecuencia el Gobierno político del
2 del corriente mes, brotado del caos Mendocista, como al
calor brotan las heces á la superficie de los líquidos.
Este Gobierno á la verdad no puede ser calificado sino
como el gobierno posible en las circunstancias tremebundas
de su formación, y demás está, por lo tanto, ventilar respecto
de él títulos de derecho para su existencia, ni exigirle pro-
grama determinado de conducta.
El Ciudadano que lo preside no tuvo inconveniente en
declararse por sí Encargado del Poder Ejecutivo y tomar
- 46 -
inmediata posesión de esta alta Dignidad, con nombramiento
de Ministerio en el propio Decreto de su anunciación, en
cuyo preámbulo contuvo además, acaso por una cortesía ru-
borosa, cierta apreciación legal de origen á par de promesas
patrióticas, que por nuestra parte dejamos, la primera, con-
fiada al juicio jurídico de los Estadistas, y las segundas, á la
corroboración incotrovertible de los hechos.
Allí mismo, el 4 del corriente mes, circuló la noticia
con sorpresa general, de que el General Mendoza acompañado
de su hermano Natividad, y de su Jefe de Estado Mayor el
General Rafael García, había, en alta madrugada del mismo
día, embarcádose vSigilosamente en una goleta en el puerto de
I,a Guaira, con destino á Curazao ; verificando así una de-
serción de su Ejército la más escandalosa.
¿ Qué indujo al General Mendoza y sus compañeros á
adoptar semejante desdoroso proceder?
I^a voz pública es, que tuvo por principal móvil poner
en seguridad los caudales que aquellos desventurados Vene-
zolanos habían acumulado en su poder por medio de expo-
liaciones á los laboriosos habitantes del Tuy, de Aragua y
de Caracas durante su campaña, la que urbana más que otra
cosa, había dejado en entera libertad de acción á su ya pre-
potente enemigo.
*
*^
Semejante hecho del General Mendoza y sus cómplices
se presenta sin duda, así en su causa como en su modo,
cual un hecho de todo punto reprochable y condenable, digno
sólo de quienes, por lo visto, debemos considerar destituidos
de todo sentimiento honrado de propia estimación, y de todo
respeto social.
Más no obstante este juicio nuestro sobre el suceso en
sí, no somos de los sorprendidos ni admirados por él, porque
en puridad de cosas ¿ qué significa esta deplorable conducta
del General Mendoza y sus compañeros ?
Significa á toda luz, un remedo triste de lo que en gran
escala y con iguales móviles se viene ejecutando perseveran-
temente desde años atrás hasta ayer, por los hombres más
prominentes á par que de renombre loable preten.siosos, del
Gran Partido Iliberal.
A tales ejemplos, de escándalos los máa punibles y sin
embargo impunes, de muchos alabados si nó glorificados y
aún envidiados ¿ cómo exigir del General Mendoza y sus com*
pañeros, personas secundarias en política, rectitudes y virtudes
que los prohombres y lumbreras de su Partido no poseen.
— 47 —
sino antes por el contrario las contradicen á grito herido con
la propia conducta?
Condenamos, pues, por nuestra parte, el proceder crimi-
nal del General Mendoza y sus compañeros, pero á ellos los
conpadecemos de todo corazón, cuales víctimas de una corrup-
ción cínica cual la que existe entre nosotros.
Y mientras lodo tanto por acá en los de la Usurpación,
mayores triunfos militares por allá en las filas de los L,egalistas.
Registramos aquí como acontecimiento indudable, que el
Ejército del General Urdaneta, el autor de la fábula la I^iga
Occidental, dejó de ser.
En su abandono de las aguas de Puerto Cabello se diri-
gió aquel desventurado General al Estado Falcón, uno de los
cinco que formaran su imaginaria L,iga, y haciendo pie en
tierra con su ejército en I,a Vela, puerto principal de aquel
Estado, fue vencido allí mismo por el General I^eón Colina,
el 28 de agosto, con abandono al enemigo por su parte de
la masa principal de sus fuerzas y huida vergonzosa de él
y sus principales corifeos ; el uno con un pequeño grupo de
soldados á la ventura de su mala suerte en uno de sus pe-
queños buques y busca acaso de abrigo en Maracaibo ; y los
otros con dirección, en su espanto, á Curazao.
Y todavía se cree por los audaces dominadores de Caracas,
que son algo por lo que merezcan ser apreciados como Go-
bierno de la República y representantes de la opinión pública.
Conocen hasta instintivamente su impotencia militar actual,
y lo negado que les está la estimación del común de sus con-
ciudadanos, pero enemigos jurados de todo bien é incapaces
de todo movimiento moral en sus espíritus, entréganse por el
momento, á través de apariencias de pura fuerza material, á
malvadas combinaciones de una política insidiosa como siempre
ha sido la que profesan.
Buscan acuciosos el modo de introducir la rivalidad y la
discordia entre los Jefes del Ejército lyCgalista, que detengan
el inmediato triunfo de esta causa justa, por medio de cabalas
é intrigas dirigidas con actividad de desesperados, á despertar
en hombres civiles importantes de la Revolución, más ó menos
definidos en el día como tales, dormidas ó paralizadas aspi-
raciones de mala ley, en cuanto nacen esas aspiraciones de
un espíritu personalista, cáncer de la República, como lo de-
nuncia formalmente nuestra moderna cuanto menguada historia.
En este su comportamiento ulterior, ellos se exhiben con-
secuentes con lo que han sido, con lo que son, y con lo que
probablemente serán en lo público mientras respiren; mas Dios,
que en su Providencia infinita tarda pero no olvida, confiamos
que preservará á nuestra patria del logro de sus maquiavélicos
intentos.
- 48 -
SEPTIEMBRE 15
Circulan impresos documentos de bastante significación po-
lítica, que debemos, por lo tanto, considerar y comentar aun
cuando á la escasa luz de nuestro pobre criterio, pero anima-
dos siempre de imparcialidad y patriotismo.
Son estos documentos, un Manifiesto del Doctor Juan P.
Rojas Paúl, fechado el 29 de agosto en Curazao; una carta
del mismo Doctor Rojas, al General Joaquín Crespo, del 31
del mismo agosto en dicha antilla; y la contestación de éste
desde Puerto Cabello el 8 del corriente mes.
Kl Doctor Rojas Paúl, cuyo regreso á la Patria y entrada
á Caracas el 14 de julio, hemos mencionado con fechas 12 y
15 de aquel mes, páginas 14 y 20, después de la acción que
desplegó inmediatamente á su llegada, al frente del partido de
que es Jefe, acción que también hemos ya narrado, tuvo á
bien imponerse, como lo dice en su Manifiesto, un segundo os-
tracismo volunta? io; y explicar los fundamentos de aquella po-
lítica suya, el curso militante que ella tuvo, sus desgraciados
resultados, y por último, el fin patriótico de su repetido ale-
jamiento de la Patria^ es el objeto que cumple el Doctor Rojas
en su manifiesto.
Confesamos sencillamente que, acaso por no ser nosotros
políticos de profesión, no penetramos bien y por consiguiente
nos quedamos á pie para juzgarlos debidamente, la alteza de
miras patrióticas del Doctor Rojas Paúl y lo acertado de los
medios que empleó para alcanzarlas.
De nuestra obtusidad en la materia, pues, dependerá, que
la política del Doctor Rojas, tal como la conocemos práctica-
mente y él analíticamente la describe en su manifiesto, se nos
presente cual una política muy expuesta conjeturas desfavorables aA
Doctor Rojas, y á desconfianzas que lo inutilicen en lo público, en
momentos en que su persona, por muchos motivos, sería útil,
más que útil, necesaria á la Patria.
Si la anbigüedad de proceder es inaceptable en la vida or-
dinaria ó entre particulares; que no será cuando se trata de
lo público, en cuya línea se requiere esencialmente que los ca-
racteres sean caracteres plenamenre definidos, mucho más en
notabilidades políticas como lo es el Doctor Rojas Paúl ?
El quid pro quo en política nunca acreditará al que lo em-
plee, sino que lo hará siempre sospechoso, hasta el puntp de no
inspirar en sus conciudadanos, al menos entre los que abriguen
algún patriotismo y amor á los principios, sino la cautela,
como regla inexcusable de conducta qne los sustraiga de cual-
quier asechanza ó engaño.
Y el quid pro quo resalta para nosotros en la política que
el Doctor Rojas Paúl ha observado y desarrolla ahora en su
Manifiesto: en este efectivamente se nos exhibe Revolucianario
Legalista á veces, para allí mismo encontrarle adherido á una
— 49 —
política connivente á no dejar duda, con la usurpación, supues-
to que de llegar á imperar esa política, sería inexcusablemente,
á nuestro ver, con los hombres y con los vicios, se puede
decir, causantes de este gran mal que ponderosamente aflige
y arruina al país; todo á nombre y en virtud de una concordia
imaginativa: sí; imaginativa, porque bien sabe el ilustrado Es-
tadista Doctor Rojas, que esta sublime palabra tiene en sus
efectos, asiento en los corazones, y de ninguna manera en los
cálculos que él la coloca de la política, mucho menos de una
política eminentemente apasionada y especulativa como la que
nos envuelve.
Y sobre todo esto; tantos motivos para creer por nuestra
parte, deduciéndolo del mismo Manifiesto con prescindencia
de antecedentes, que la política del Doctor Rojas Paúl, no
adolece simplemente de error, sino que también está animada
de interés personal, por no decir, personalísimo !
lyos escritos políticos del Doctor Rojas con relación á
esta nefanda época de nuestra historia republicana, princi-
pian fatalmente, todos ellos, por YO y acaban por MI, como
lo notó Alejandro Dumas, padre, si mal no recordamos, en
los escritos del mismo género, de un notable personaje fran-
cés de celebridad indisputable; con una diferencia remarca-
ble, decimos nosotros, que aquella flaqueza del eminente
estadista francés, solo lo conducía á recomendarse con razón
como hombre público de principios fijos y de una lealtad
inquebrantable á su causa, la Legitimista; mientras que en el
Doctor Rojas aparece esa flaqueza obrando como agente de
aspiraciones de mando y Poder, apoyadas en estimaciones
propias mal sonantes, si no, indelicadas.
Y él YO tenaz en política, no conduce al fin y al cabo,
sino á derrumbamientos positivos más ó menos tarde, porque
es de todo punto una insensatez el pretender en casos en
que la abnegación personal se impone en clase de deber
esencial, como sucede en lo público, que pueda esa abnega-
ción sustituirse sólidamente con un egoísmo refinado.
. La carta del Doctor Flojas Paúl al General Joaquín Cres-
po, del 31 de agosto desde Curazao, y la de contestación del
último el 8 de este mes desde Puerto Cabello, circulan en el
Boletín Oficial del Ejército Nacional, legalizadas por el Se-
cretario General, J. Pietri, por lo que ninguna duda cabe
sobre su autenticidad, .
Aquel paso del Doctor Rojas Paúl cerca del General
Crespo, diólo, después de haber tenido lugar los gloriosos
combates de Valencia y Puerto Cabello, que pusieron á la
Revolución en dominio de aquellas importantes plazas, pro-
4
— 50 —
porcionándole al mismo tiempo un ascendiente político y mili-
tar sobre todo el Occidente de la República.
Las impresiones, pues, del Doctor Rojas Paul al escribir
su carta al General Crespo, debieron ser, que dentro de bre-
ves días entraría trizinfaiite aqtcel Genei^al en la capital de la
República, como él mismo lo expresa en su carta; y no
quedarse rezagado en tan felices momentos, bien pudo ser
deseo que moviese al Doctor Rojas á escribirla.
En su primer período, la carta del Doctor Rojas no es
otra cosa que su hoja de servicios á la Revolución; en el
.segundo, se entrega y más se entrega, con remisión de su
Manifiesto del 20 de agosto al General Crespo, á explicar lo
inesplicable:i una política de trasiego como lamentablemente es
la suya; y, por fin de cuentas, en al tecer y último período,
se derrama en consejos políticos al General Crespo, los que
tienen de inoportunos, el que esos consejos le han ido á
aquel General sin haberlos él solicitado ni pedido.
Y siendo *tales los términos de su carta ¿ qué ha alcan-
zado con ella el Doctor Rojas del General Crespo ? Ha alcan-
zado, una severa, severísima respuesta, que sin duda no
previo ni esperaba el Doctor Rojas al escribirla, por lo que
debemos creerle en un desengaño profundo, y en desacuerdo
completo si no enemistad con el General Crespo.
L,a política aconsejada por el Doctor Rojas en su carta
al General Crespo es la que acabamos de analizar en nues-
tro capítulo anterior, como política inquebrantable de su pro-
fesión, de espíritu personalista en grado heroico y eminente,
por lo que aparece esa política en todos los actos y procede-
res del Doctor Rojas, encadenada inexorablemente al poste
de inmediata 7euni6n del Congreso y elección de Prosidente de la
República.; especie de caballo de batalla del Doctor Rojas del que
tentados estamos á creer no se apeará nunca.
¿ Cuando se penetrará el Doctor Rojas, que él á todas
manos vilipendiado Congreso del año del señor en que esta-
mos, dejó de ser, y no resucitará jamás ?
Kl Doctor Rojas debiera no olvidar que los altos Poderes
públicos son entidades morales, representadas por individuos;
y que al ser éstos ridiculizados ajados, y pisoteados como lo
han sido en su mayoría los miembros del Congreso del presen-
te año, carecen de todo prestigio propio y autoridad para
continuar en su misión, aun en el sentido ordinario de simples
legisladores en estado normal de la República. Pretender,
pues, el Doctor Rojas, que queden aquellos tristes ciudadanos
restaurados en su augusto carácter de delegados de la soberanía
de los pueblos de la República, y no ya para legislar estricta-
mente, sino para enmendar y corregir borrajeadas planas en
lo político, nos parece ó un delirio ó pretensión suya de una
originalidad estupenda.
Sacando el General Crespo en su carta la política del es-
— 51 —
trechísimo y asfixiante recinto en que la encierra el Doctor
Rojas en la suya, ¿ qué le contesta á este respecto ?
Le contesta; que por lo que hace á los principios que han
de dirigir en - lo porvenir la política de la Revolución, 710 vacila
en decir como Jefe de ella que es, que se esforzará ante todo por
satisfacer las aspit aciones nacio7iales, restituyéndole al pueblo el
libre ejercicio de sus derechos soberanos, y haciendo que él mismo
se pro7itincie acerca de la dirección de sus destÍ7ios; y que e7i esta
libre 7na7iif estación del país solo le guiará el sentÍ7nie7ito de sus
responsabilidades con la RevohidÓ7i y la República, y la co7ivicción
profu7ida, exce7ita de mezquÍ7io interés perso7ial, de que al proceder
así cumplirá U7i g7^a7i deber de patriotis77io , de lealtad y de ho7ior.
¡Qué contraste entre la política de uno y otro personaje!
La una, sin más horizonte que el del radio de la propia per-
sona, y la otra, de una elevación de principios y de miras
que. . . . ojalá se cumplan.
se;tie;mbre; 20
Bl pueblo de Valencia, en su acrisolado patriotismo, obse-
quió al Jefe de la Revolución y del Ejército Nacional General
Joaquín Crespo, con un banquete el 1 2 del corriente mes.
Si digno, merecido y oportuno fue el obsequio, solemne
por otra parte era la ocasión para que el Jefe de la Revolución
se explicara franca y lealmente, no ya como su caudillo, sino
como su espíritu ó verbo que es.
Y no desdeñó por cierto la ocasión el General Crespo,
sino que la afrontó por medio del Secretario de Estado Doc-
tor J. Pietri, con precisión tal, que á nadie puede quedar duda
después del discurso que allí se pronunció, acerca de lo que
ha sido, de lo que es, y, lo que es más, de lo que será este
portentoso movimiento de los venezolanos que lleva el nombre
de la Revolución Nacional.
Tiene en nuestro concepto el discurso pronunciado á nom-
bre y en presencia del General Crespo, el mérito singular
entre nosotros, de que en él no se tropieza, ni por casualidad
que sea, con reticencias de ningún género ni circunloquios, sino
que desde la primera hasta la última palabra, es todo el dis-
curso pura doctrina de aplicación inexcusable á la situación
política en que estamos y se ha querido definir; cuando el so-
fisma y la superchería es la dicción constante y pertinaz de
los enemigos de la República á quienes se combate.
Si las palabras son, como se cree generalmente, el reboso
de lo que guarda en abundancia el corazón ¡cuánto de cordura
y de bien no debemos esperar del triunfo de esta Revolución,
en la línea ■ de un porvenir feliz y respetable de la República,
después de la lectura de este discurso!
No falta, sin embargo, quienes se muestren alarmados, en
las filas usurpadoras principalmente, por descubrir en la doctrina
del discurso, que habrá un interregno constitucional, en el que
— 52 —
la Nación por medio de un régimen general provisorio ó Dic-
tatorial, se reorganizará formalmente.
Pero estas alarmas son tan pueriles é infundadas, que dan
margen á creer que, ó esas susceptibilidades republicanas par-
ten de un juzgar sin pensar ¡triste cosa!, ó de una mala fe
refinada.
De jtizgar sin pensar; porque en circunstancias políticas
como la actual nuestra; de dislocamiento profundo de las Ins-
tituciones y de la existencia civil y económica mismas, el ré-
gimen provisorio ó dictatorial, es régimen que lo imponen esas
circunstancias y de ninguna manera materia sujeta á opiniones
ni discusiones, y mucho menos á que se quiera ó no se quiera
ese interregno.
De víala fe refinada; porque espantarse de eso después que
se vienen, desde el Doctor Andueza Palacio basta el Doctor
Villegas Pulido, con aparición intermedia de los Generales
Bleazar Urdaneta y lyuciano Mendoza, en Gobiernos, no sim-
plemente dictatoriales sino de una autocracia á veces brutal,
es espantarse de la sombra del abrumante fardo de las tiranías
que sufridamente, no obstante ameíiazarnos de muerte, se lleva
hace tiempo á hombros; con la circunstancia agr-avantísima, de
verificarse todo esto á título de Gobiernos constitucionales y de
I^ey y de amantes de los principios, y de no tomarse adeinás,
ó no quererse tomar en consideración, que estas autocracias
han tenido y tienen aun por objeto exclusivo, la más indigna
y cruel explotación de nuestro pueblo; cuando la Dictadura de
la Revolución vendrá á remover y clasificar escombros y ruinas
amontonados por doquier por esas autocracias, para levantar como
deber ineludible en su lugar, el imperio de la lycy basado en.
prácticas sensatas y por lo mismo ciertas y verdaderas, de la
democracia republicana.
La Dictadura, en situaciones públicas críticas como es
la nuestra actual, no es racionalmente condenable en política,
si ella cumple su misión provisoria guiada sólo por los mó-
viles de un abnegado patriotismo ; como tampoco son conde-
nables los Presidentes constitucionales que honrados como
ciudadanos y concienzudos estimadores de sí mismos, cumplen
su deber en el ejercicio de la augusta Magistratura.
Rechazar la Dictadura, pues, por solo su carácter dicta-
torial, es no saber lo que se dice.
Que de las Dictaduras habidas entre nosotros hayan
quedado ejemplos únicamente de prevaricaciones, no es tam-
poco argumento aceptable en estricta lógica contra ese supre-
nio recurso de los pueblos en sus desconciertos, en sus gran-
des peligros y perturbaciones públicas, porque prevaricadores
también, y contumaces, han sido los Presidentes constituciona-
les que venimos teniendo, y á nadie por eso se le ocurriría
exigir que en el orden de Gobierno normal de la República
se suprima esta alta é inexcusable Dignidad.
— 53 —
De pensar así se caería en el absurdo, más que en ei
absurdo, en la locura, de aquel que pretendiese establecer
como correctivo radical 'del robo, el que los ciudadanos nada
poseyesen.
I/) lógico, lo justo, lo moral contra las prevaricaciones
y los robos es, que no haya,
ni Prevaricadores ;
ni lyadrones ;
por medio de la aplicación constante de una legislación penal que
evite en cuanto humanamente sea posible, la impunidad en
los delitos ; toda corriente sin esclusa, así en lo material
como en lo moral, arrastra y devasta.
SETIEMBRE 20
Ayer circuló en esta capital, con profusión, un Mani-
fiesto del Doctor Guillermo Tell Villegas Pulido á sus com-
patriotas, que lleva la fecha del mismo día.
Hemos leído este documento con la avidez de quien es-
peraba y deseaba ardientemente hallar en él, por más de un
motivo, aun del sentimiento privado, algo que fuera de con-
solatorio al afligido patriotismo ; pero ; ¡cuan cruel es nuestra
desengaño !
^te acto palpitante del novísimo Dictador, nada deja
que esperar en la línea del bien de los Venezolanos como
obra de los dominadores de la capital de la República.
Consideramos el Manifiesto cual la vociferación más cí-
nica, de cómo se escala el Poder público ; de cómo, ya esca-
lado, se pisotea el interés general por el interés de partido,
se sustituye lo verdadero con lo falso, y se habla, no obstante
el carácter que se dice representar, de primer Magistrado de
la República, con la locuacidad exaltada de un tribuno de
esquina, que lanza al aire, furibundo y sin respeto alguno^
la expresión de sus desordenadas pasiones políticas.
No refutaremos este Manifiesto, pues de hacerlo le da-
ríamos una importancia que en nuestro concepto, en sí no
tiene : él debe quedar en nuestro sentir, sometido virtual-
mente al menosprecio público á que le condenan irremisible-
mente sus propios términos y el delirio que lo ha inspirado.
El Doctor "Villegas Pulido dirige á sus compatriotas el
Manifiesto, pero convengamos, que de la manera que él les
ha hablado, más parece que se ha dirigido á una colectivi-
dad de estultos que á personas dignas del aprecio y los
respetos que merecen los ciudadanos.
Por nuestra parte, perdonamos al Doctor Villegas Pulida
la avilantez, si la hubiere, en gracia de esa juventud suya
que tanto encarece « I^a Opinión Nacional » como el mérito
personal resaltante que le distingue en el ejercicio del alto
puesto que ocupa.
I^a edad de la juventud, aun cuando ella sea como la
— 54 —
del Doctor Villegas Pulido, de una juventud encanecida, carece
naturalmente de experiencia y, por lo tanto, de tacto y cor-
dura para desenvolverse acertadamente en situaciones públicas
de una complexidad máxima como es la actual nuestra ;
indominable en este concepto, por sólo los arranques ilusivos
de la edad de los optimismos.
OCTUBRES 4
A donde vamos y cuando llegaremos es materia que, si
bien importa imperativamente á todos aclarar y conocer, por-
que es ésta cuestión vital, nadie, por otra parte, se considera
capaz de resolverla ni aun empleando la más recta y pura
intención, ni abnegándose hasta el grado eminente de no
verse en nada ni por nada á sí mismo para sólo contem-
plar el bien estar general.
Alcanzados que fueron en agosto los triunfos militares de
Valencia, Puerto Cabello y Coro por el Ejército Nacional,
todo auguraba que Caracas, capital de la República, sería
allí mismo asediada y tomada por la Revolución ; y que prin-
piaría así la nueva y más complicada cuanto seria tarea de
la pacificación perfecta del país en conjunto con su organi-
zación constitucional y adjetiva.
El nuevo Dictador, Doctor Guillermo Tell Villegas Puli-
do, apoyado en el resto de Ejército y otros elementos mili-
tares que le dejó su antecesor y tío el Doctor Villegas,
asumió desde el 2 de setiembre como lo hemos narrado ya,
la ponderosa misión de contener con pura fuerza de armas,
lo que al parecer era incontenible, dadas las condiciones
prepotentes de la opinión pública y el prestigio militar que
la rodea desde sus últimos triunfos.
Sin embargo, todo ha permanecido hasta hoy en estado
espectaticio más que otra cosa. Si la Dictadura no ha toma-
do la ofeuvsiva, tampoco lo ha hecho la Revolución, mientras
que el país se hunde y más se hunde en el abismo de una
ruina general y de un existir los individuos, los ciudadanos,
y las familias, al acaso.
Por esto, nuestras impresiones del momento no son
buenas.
¿ Cuál es la causa de este para.sismo, por lo prolonda-
do cruel ?
¿Será que se intente á ocultas sustituir la guerra con la
avenencia ?
Pero, si esto hubiere, que no lo percibimos ¿convendría
que alcancemos la paz emanada de conciliábulos ?
Evidentemente que no, á nuestro juicio.
Si el pacto de paz que puso fin á nuestra cruenta y
desoladora guerra civil de cinco años, trajo por consecuencia
inmediata el para Venezuela denigrante Poder personal en su
mayor auge, Poder contra el que combate exclusivamente
— 55 —
la Revolución Nacional de hoy, y si hemos sido desde enton-
ces parias que no ciudadanos; tan fatídica suerte en política
lo debemos estrictamente, á que no fué aquel un pacto públi-
co sino el conciliábulo de dos personajes, celebrado en la
silenciosa sala de la aislada casa rural de la hacienda
«Coche.»
Y desaprovechar la experiencia costosamente adquirida,
equivale á vivir sin rumbo ni norte en el proceloso mar de
la vida.
Al llegar aquí nos alcanza el rumor de que el Ejército
Nacional se mueve contra el de la U.surpación, á la cabeza
del primero el Jefe supremo de la Revolución General Joa-
quín Crespo, y á la del segundo el General José Ignacio Puli-
do, Ministro de Guerra y tío carnal del Dictador. Esta
nueva y acaso decisiva escena de sangre, tendrá comienzo en
las afueras de lyOs Teques, capital ésta del Departamento
Guaicaipuro, del Estado Miranda, en donde ha permanecido
en campamento cerrado, desde principios de setiembre, el Ejér-
cito de la Usurpación. Suspendemos, pues, nuestra crónica
hasta poder continuarla con revelación de hechos consu-
mados.
OCTUBRí; 7
Todo se ha verificado en la línea del triunfo militar de
la Revolución.
Dos Decretos de hoy del General Joaquín Crespo, su Je-
fe supremo como caudillo y como el representante de su
idea y del sentimiento patriótico que la anima, así lo con-
firma.
Por el uno, nombra Gobernador del Distrito Federal, y
por el otro. Ministerio de Estado, en virtud de asumir en
su persona el Poder Ejecutivo de la República, como acto
inmediato á la gloriosa entrada del Ejército Nacional á Cara-
das, después de haberla abandonado en fuga vergonsoza hacia
la Guaira, el Dictador, sus Ministros y los restos de su mu-
tilado ejército, vencido en Eos Teques.
Nos abstenemos de dar los nombres de los elegidos para
aquellos significativos puestos no obstante el mérito incues-
tionable que los distingue como servidores de la Gran Causa
Nacional y como individuos; porque enemigos como somos
del aciago personalismo político, que tanto mal nos ha hecho
y que á tan duras pruebas de resignación y sufrimiento
patriótico nos ha sometido, los hombres no tienen en nuestro
aprecio sino sólo un valor relativo ante la magestad de los
principios morales, políticos y sociales mismos que entraña
este alzamiento universal del país contra sus opresores y
explotadores de tantos años.
— 56 —
Cesamos hoy, pues, con el triunfo de la Revolución, en
nuestra penosa tarea de cronistas de un período de nuestra
vida pública como el que hemos narrado, de heroismo y
sacrificios patrióticos por una parte, y de vergüenzas, de rui-
nas y depravaciones por la otra; coronado como está ya
€.ste período por ese triunfo de la más justificada Revolución
á que la República se ha visto constreñida durante su exis-
tencia de Nación libre é independiente.
Para alcanzarlo ha bastado, que venezolanos como somos
en virtud de hijos de esta Patria, nos hayamos sentido un día,
un sólo día, ciudadanos al mismo tiempo, y que imbuidos en
la dignidad de tales, nada nos haya detenido hasta conseguir
la vindicación de nuestros derechos villanamente ultrajados, pi-
soteados y hollados por extraviados compatriotas nuestros, que
enfermos del espíritu, llegaron á creer, en desgracia suya y en
tormento de la patria, que todo les era permitido en el camino
tenebroso de sus brutales ambiciones y de su inveterada corrupción.
Falta ahora la gran obra, la dificilísima tarea de la
regeneración de la Patria, como resultado de este eminente
esfuerzo de nuestro pueblo. El ha azotado á los mercaderes
de lo público, derrumbado las mesas en que verificaban sus
latrocinios y usuras, y lanzádolos por último del augusto
recinto del Templo de la Patria ; hasta ahí su misión : toca
en adelante á sus Apóstoles la propagación é implantación
de la doctrina Redentora, que garantizando todo derecho ra-
cional y justo, haga prácticos entre nosotros la vida ciuda-
dana y el engrandecimiento de este suelo que tan caro nos
cuesta.
Al considerar lo entronizado de la tiranía por largos años
en la República, lo cruento y desoladora de la lucha gue-
rrera de siete meses sostenida contra ella, y lo magno del
triunfo alcanzado, en su augurio de venturoso porvenir, no
podemos menos que poner punto á nuestra crónica, excla-
mando con el poeta , coriano José Heriberto García de
Quevedo :
¡ Dios es grande y los pueblos justos !
¡ Ojalá seamos providentes en el goce del bien obtenido
al presente !
N. G. lyINARES.
Caracas : 7 de octubre de 1892.
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