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Full text of "Crónicas del tiempo de Isabel II"

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BIBLIOTECA DE JURISPRUDENCIA, FILOSOFÍA E HISTORIA 



CRÓNICAS 



DKI 



TIEMPO DE ISABEL II 



pou 



CARLOS CAMBRONERO 



De la Biblioteca municipal de Madrid. 



Precio: SIETE pesetas. 



LA ESPAÑA MODERNA 
liópes Hoyos, 6 

MADRID 



LIBROS PUBLICADOS POR "LA ESPAÑA MODERNA" 



que se hallan de Tenta en sn Administración, 
calle de I^ópez de Hoyos, 6, Madrid. 



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Dereclio Oivll, 2 tomos, 15 pesetas.— I. «, Ke- 
foriiiH iireKi'Hl il»* 1m leniHUrióii Oivil (ne- 
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ta Allioriioz, 1 peHeta. 

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sitador ilnl pieno, H 101 Delito Colectivo, I.RO. 

Amó.- SBivi<liiiiil>ie»n^Hti<'H«.v nrbniíHS. 7 |i. 

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AitenHio.- Vida de Fernán Caballero, 1 pe- 
seta.— Piízón, 3 pénelas. 

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«««elioí.- I.a Conatltm-ióii iiiRlesa, 7 ptas. 
— I.eye» clentitiPHS del dPBsrroIlft de las na 
rionea. i pesetas. 

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Goriot. S penetas.- Urnula Miroupt, 3 pese- 
tas.— Césíir BirotteBU, 3 pesetas.— La quiebra 
de César Hirotteaii, 3 pesetHB. 

Barbey d'AurevIIIy. El cabecilla, 3 pe- 
B«'ta8.— El daiiiliHUio, 3 penetas — VenRanza 
de una mujer. 3 peseta».— L«8 diabólicas, 3 
pesetas.— Una historia sin nombre, 8 pewe- 
tas.- l.B Hechizada. 3 i<e8' tH«. 

Barthelemy-SalntHllalre.- Buda y sn 
relíGrión. 7 ptan. 

Bandelalrc— I'Os pnraíBOR artificiales, 8 p. 

B«*«'erro de Benjcoa.— Vida de Trueba. l. 

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Mi-í'al.— Knaayo de Semántica, B pesetas. 

Brédif.— Laelornencia política en Grecia, 7. 

Kret Hurto.— Klrifinead os por la nieve, üps. 

Brycr.— La Rei.úhllca Norteamericana, dos 
tomos, 13 ptas.- El gobierno de los Estados 
en la Repút^lica Norteamerioina, 7 ptas.— Los 
partidos políticos en los Estados Unidos, 6. 

Biookf) Adan»».-La ley de la civiliza- 
ción y de la decadencia de los pueblos, 7 ps. 

Hiiiiice.— La Educación, 12 ptas. 

l(iii'lt«'NPi.— CÜenria polillra y Derecho coub- 
<tiipi(>i<ii| ronipiirado. doH tomos, 14 ptas. 

Bnmonf. — Las religiones, Literatura y 
Cíonstitución social de la hmia, 7 pesetas. 

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mos, IH pesetas. 

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ci'''n. 4 ptas. 

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Ternezas y flores: Aves dt-1 alma: Fábulas, 
8 pesetas.— Doloras y humoradas, 3 pesetas. 

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— Pasado y presente, 7 pesetas. 

(^arnevnle. — Ka Cuestión de la ]>ena de 
uinerte. ^ pesetas. 

í'aro.— Filosofía de Goethe, 6 pesetas.— El 
pesimismo en el nprlo xjx. 3 pesetas.- El sui- 
cidio y la civilización, 3 pesetas.— Costum- 
bres literarias, 3 pesetas. 

Castro.— Ki Lil>ro de Ioh Galicisnios, 3 ps. 

1/lianipoonintunale.— I.BÍ^iicesiónAbíntes- 
tatoen Deieclio inleniHCional privado. lOpts. 

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milia, 8 pesetBB. 



CherbnIieK.— Mis» Rovel,3 pesetas.- La te- 
ma de ,Inan Tozudo. 3 pesetas. — Amores frá- 
ffies, 3 pesetas.— Paula Mere, 8 pesetas.— 
Meta Holdenis, 8 pesetas. 

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roiliiiM. — ltesiinieii de la Hlosot'ia de llertiert 
^neocer. 2 tomos. 15 pesetas. 

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del iniiiido líos tomos, 15 pesetas. 

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del lunes, 8 ptas.— Cartas de mi molino, 8 
pesetas.- Cuentos y fantasías, 3 ptas 

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nicho de las mujeres, 7 pesetas. 

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tadcH Unidos, 4 iiesetas. 

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ter inglés, 4 ptas. —Los veinte ensayos, 7 ptas. 

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mania. 7 pesetas. 

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mos 12 i'CBetas. 

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pesetsB. — La aiipersiición socialista, 5 pta». 
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sentimiento religioso en la Literatura grie- 
ga, 7 pesetHS. 
4iiiiirlatl.— Los errores judiciales, 7 ))eaetaB. 
—El Plagio, 8 pesetas. 



CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL D 



BIBLIOTECA DE JURISPRUDENCIA, FILOSOFÍA E HISTORIA 



CRÓNICAS 



DEL 



TIEMPO DE ISABEL II 



POR 



CARLOS CAMBRONERO 



MADRID 

LA ESPAÑA MODERNA 
Iiópes Hoyos, S 



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Czií 



B8 PROPIBDAD 



:í>«. 



I . 3 1963 J 



870617 



Inp. 7 entHikd. d« V. TordMilUg, Tator, 16, Madrid.— Teléfono V.OéíL 






AL ILMO. SR, D. FRANCISCO RUANO Y CARRIEDO ■ 

K^n tetttmonto de eon^detactón u apecto, tu atmao 
u stworatnacio , 



<Sr (^uti 



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ÍNDICE 



I*i»lmer*a serle. 

Pág«. 



Diversiones públicas 1 

Primer periodo —1830 a 1839. 

Teatro del Príncipe 2 

Teatro de la Cruz 21 

Teatros de segundo orden: 

Teatro de la calle de la Sartén 24 

Teatro de Buenavista 25 

Teatro de las Tres Masas 26 

Operas: 

En el Príncipe 27 

En la Cruz 28 

concibrtos 33 

Coreografía 35 

Volatines y vakibdadbs 36 

Toros 40 

Bailes públicos 43 

Segundo periodo.— 1840 a 1849. 

Teatro del Príncipe 51 

Teatro de la Cruz 81 

Teatro del Circo 89 

Teatros de segundo orden: 

Teatro del Instituto 92 

Teatro de Variedades 96 

Teatro del Museo 97 

Teatro de Buenavista 98 

Opbras 99 

Zarzuelas ^ 113 

Conciertos , 121 

Coreografía 130 

Circo ecuestre y volatines 139 

Toros 148 

Variedades , 153 

Carreras de caballos 162 

Bailes públicos 163 

Tercer periodo. — 1850 a 1859. 

Teatro del Príncipe 166 

Teatro de la Cruz 183 

Teatro del Circo .< 187 

Teatro del Instituto 192 



VIII 

Teatro de Variedades 194 

Teatro de los Basilios 197 

Teatro de Novedades 200 

Circo de Paul 202 

Teatro del Genio 203 

Opbras: 

Teatro Real 204 

Zarzuelas 211 

Teatro de la Zarzuela 222 

Conciertos 228 

Coreografía 236 

Volatines 245 

Toros 249 

Variedades 253 

Bailes públicos 258 

Cuarto periodo —1860 a 1868. 

Teatro del Priucipe 264 

Teatro Real 281 

Teatro de la Zarzuela 289 

Teatro del Circo 308 

Teatro de Variedades 316 

Teatro de Novedades 324 

Teatro de Lope de Vega 329 

Circos de Price y del Príncipe Alfonso 330 

Los Campos Elíseos 337 

Toros 343 

Variedades 348 

Bailes públicos 356 

üsíesunda serle. 

Resmas y notician: 

I. — El perímetro de Madrid en aquella época 365 

II.— Modas 370 

IIL—Mimidades de familia 385 

Don Ventura de la Vega 386 

Don Francisco Asenjo Barbieri 388 

Don Patricio de la Escosura 389 

Doña Concepción Arenal 391 

Don Melchor Ordóñez 397 

El Duque de Sesto 398 

IV .—Exposiciones de pintura 400 

Exposición de 1836 401 

Exposición de 1837 403 

Exposición de 1838 405 

Exposición de 1839 408 

Exposición de 1840 410 

Critica 412 

Exposición de 1847 416 

Exposición de 1848 422 

Exposición de 1856 424 

Exposición de 1858 427 

Exposición de 1864 428 

Exposición de 1867 431 



CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



PEIMERA SERIE 
r>lver*sloiies ptitolioas. 

Para formar concepto de una época, conviene saber cómo 
se divertía la gente, el gusto del público que sostenía los tea- 
tros y el género de espectáculos que prefería; por esto, el co- 
nocimiento de las diversiones que se ofrecieron a los habitan- 
tes de Madrid durante el reinado de Isabel II, es factor no 
despreciable para calificar aquella sociedad que ha pasado ofi- 
cialmente a la Historia, si bien quedamos todavía algunos tes- 
tigos de los acontecimientos verificados en la segunda mitad 
del espacio del tiempo que comprenden estos apuntes. 

Dividiremos nuestras crónicas en cuatro períodos: 1.° De 
1830 a 1839.-2.° De 1840 a 1849.-3.° De 1850 a 1859.— Y 
4.° De 1860 a 1868. En cada ciclo trataremos, con la brevedad 
que nos sea posible para no cansar al lector, de los teatros de 
verso, como entonces se decía, de las óperas, zarzuelas y con- 
ciertos musicales, de la coreografía teatral y bailes públicos, 
de los circos, de los toros y de las demás diversiones, a las que, 
por su difícil clasificación, daremos el nombre de Variedades. 

Y basta de preámbulo. 



CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



Primer periodo, 1830 a 1839. 

TBATEO DEL PRÍNCIPE 

Muolxo dejaba que desear la situacióu del teatro espaüol 
en SÍ la literatura dramática ,e hallaba eu una deoadeno.a 
indlcutible, alimentdndose los teatros de innumerables traduc 
mones no todas guiadas con buen acierto. 
"oLba, puel a los hombres nuevos-decia --^- -«^ 
V maestro Mesonero Romanos (l),-a los jóvenes estudiosos, 
faTmpotante tarea de suplir .a ausencia de los .ngen.os ya 
Üiridos, de alimentar aquel fuego sagrado que a .mpulsos 
ílfl la intolerancia parecía apagarse ya. , , , rr 

.D Antonio GU y Zarate y D. Manuel Bretón de los He- 
rreros fueron los dos que primeramente osaron dar un pa o 
"aTa tan noble objeto, y luchar con los obstruios - a 
censuras con la ignorancia, y con lo que es peor, hasta con 
Tind lu- g^eral. El primero de los dos había ya eom- 
puesto en 1822 sus dos piezas titulada. ,Cu,dado co» las «o- 
IZT; El e„<«.e«<io, ambas al gusto francés y con certas re- 
miniscencias de Moratin, las cuales piezas -nsigm ron J- 
„>„ la atención del público hacia su modesto e ignorado 
Itor. El nombre del segundo apareció por primera vez en lo 
ca les del teatro el 14 de Octubre de 1824, anunciando su 
omedt titulada 4 !«».i« -'-í-. O- ^^ -"^'^''^^ """ 



"'Tmbos continuaron con ahinco la noble tarea que se ha- 
Man impuesto, y ya trasladando a nuestra escena a. mas no^ 
tables producciones contemporáneas del teatro francés, ya 
prod:oiel algunas suyas, cultivando siempre los recuerdo, 
Lieos, siguieL por más de diez aflos ^bajando con n 
tancia, para volver a llamar la atención del publico hacia 
teatro y los autores dramáticos. 
(1) SemanaHo Pintoresco: Diciembre, 1842. 



POR CARLOS CAMBRONERO 



>De los trabajos más importantes del Sr. G-il y Zarate en 
aquella época, fue la comedia en cinco actos, titulada Un año 
después de la boda, interesante y esmerada composición, la 
más notable de su autor en lo que podremos llamar su primera 
manera, y que, conservando la sencillez del plan y el objeto 
moral de las de Moratín, aspiraba a cierto grado, de elevación 
en el tono, a pintar una sociedad un tanto más elegante aun- 
que más reducida y menos original. 

*E1 Sr. Bretón de los Herreros, dando desde luego mués- 
tras de esa gran fecundidad de que le lia dotado el cielo, ofre- 
ció también por entonces otras dos comedias muy notables: 
Los dos sobrinos y A Madrid me vuelvo; la primera le adquirió 
para los hombres de estudio el título de autor dramático; la 
segunda hizo que el público le saludase con el no menos grato 
de autor popular. La Marcela o ¿a cuál de los tres?, represen- 
tada en 1831, comedia ingeniosa y escrita con sujeción a las 
reglas, aunque siguiendo en el estilo el buen sabor de nuestros 
antiguos dramáticos, acabó de fundar la reputación de su jo- 
ven autor. 

^Entretanto que estos escritores y algún otro, como don 
Francisco Flores Arenas, autor de la linda comedia üoquetis- 
mo y presunción, cultivaban por acá el arte dramático, según 
las tradiciones recibidas de sus antecesores, una gran revolu- 
ción literaria se obraba en el vecino reino, cuyos ingenios, re- 
belados contra el no contradicho decálogo de Horacio y Boi- 
leau, acababan de levantar la nueva bandera de lo que 'apelli- 
daron romanticismo, y cambiaron en pocos meses la faz délos 
teatros de Europa.» 

Durante toda esta década se debatió extensamente la cues- 
tión del romanticismo, en la Prensa y en los círculos literarios; 
siendo notables, entre otros, los discursos que pronunciaron 
en el Ateneo, Martínez de la Rosa y Alcalá Galiano. y en el 
Liceo, Patricio Escosura y Espronceda, sin olvidar los con- 
cienzudos artículos que publicó en el periódico El Tiempo, de 



CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



Cádiz, D. Alberto Lista. Todos convenían en que debía per- 
mitirse mayor vuelo a la fantasía, rompiendo los moldes reco- 
mendados por Moratín al hacerse defensor de las llamadas 
unidades dramáticas, lugar, tiempo y acción; pero se ponían 
de parte de aquel maestro en lo de que las obras dramáticas 
debían perseguir un fin moral, circunstancia que consideraba 
secundaria la escuela romántica; pues para ésta lo principal 
era excitar el interés del público, cualquiera que fuese el me- 
dio pertinente a conseguir este resultado. Así, pues, el roman- 
ticismo descansaba no sólo en lo extrínseco, sino en lo intrínse- 
co, es decir, en el fondo y en la forma de las obras dramáticas. 
Por eso ponía reparos graves D. Alberto Lista a los dramas 
de Víctor Hugo. 

Los párrafos que de Mesonero hemos transcripto nos dan 
idea cabal del estado anémico de la literatura dramática espa- 
ñola al comenzar la época de Isabel II; estado que fue, aunque 
paulatinamente, mejorando merced al impulso que diera a 
las artes y a las letras la Reina Gobernadora D.* María Cris- 
tina. Abolió la censura de los teatros, permitió que estuvieran 
abiertos durante la Cuaresma, excepción hecha de los viernes 
y de la Semana Santa, y autorizó la representación de obras 
prohibidas por disposición de los ministros de Fernando VII, 
como El hipócrita, de Moliere, traducida por el famoso don 
José Marchena. 

El primer éxito grande que encontramos en este período es 
el de Marcela o ¿a cuál de los tresf, comedia original áe Bretón 
de los Herreros, interpretada por la Concha Rodríguez, Lato- 
rre, José Valero, García Mate y Antonio Guzmán. «El autor — 
decía El Diario de 30 de Diciembre de 1831 — se ha propuesto 
conciliar en esta producción la sencillez y regularidad de la 
comedia moderna con el lujo poético que caracteriza a la anti- 
gua, sin perjuicio de la viveza y naturalidad que reclama un 
diálogo destinado a hacer reir a expensas de ciertos caracteres 
que intervienen en la fábula.» Se representó durante una se- 
mana, lo cual era mucho para aquellos tiempos, y quedó de 



POR CARLOS CAMBRONERO 



repertorio, de tal manera, que ocho años después seguía po- 
niéndose en escena para cubrir claros. 

De 1834 a 1838 se presentaron al público varios princi- 
piantes, que luego alcanzaron unos justa y merecida fama, 
y otros abandonaron la carrera de las letras por la política, 
que, indudablemente, les ofrecía mejor porvenir. 

Mariano José de Larra, conocido por el pseudónimo Fígaro, 
dio su primera producción dramática (1) en 24 de Setiembre 
de 1834, poniendo en el anuncio del Diario el reclamo si- 
guiente: 

«Decidida la empresa a fomentar por cuantos medios están 
a su alcance, las composiciones originales que tanto escasean 
en nuestra moderna , literatura dramática, no podía menos de 
acoger con celoso afán un drama que, como el Maclas, se reco- 
mienda, cuando menos, por el notorio interés de su argumen- 
to y por la pintura de las costumbres nacionales áe la Edad 
Media. Así es, que nada ha perdonado para favorecer su mejor 
éxito, a cuyo objeto han coadyuvado, con no menor anhelo, los 
actores. ¡Ojalá que todos esos esfuerzos, unidos a los del autor, 
encuentren la deseada recompensa en el juicio que del Macia» 
forme este ilustrado público.» 

Interpretaron el drama la Concha Rodríguez, la Jerónima 
Llórente, Carlos Latorre y García Mate, y aunque los cuatro 
eran de primer orden, y la obra fue aplaudida, no duró en el 
cartel más que cuatro noches. 

El 1.° de Marzo de 1836 se estrenó Ll Trovador, a benefi- 
cio del gracioso D. Antonio Guzmán, quien «tenía una com- 
placencia, aprovechando la ocasión que se le presentaba, de 
ofrecer al público de Madrid la primera composición original 
de un joven patriota, que voluntariamente acababa de alistar- 
se en las filas de los defensores de la libertad». Guzmán no 



(1) Había escrito en 1832 el libreto de la ópera El rapto, de que ha- 
blaremos en su lugar; pero el buen nombre del autor merece que pasemos 
por alto este ensayo que tuvo un éxito poco halagüeño. 



CRÓHICAS DEl. TIEMPO DE ISABEL II 



tomó parte en la representación del drama, y sí sólo en la de 
una pieza que se hizo después. La ejecución de El Trovador 
estuvo a cargo de la Concha Rodríguez, de Bárbara Lama- 
drid, de Latorre y de Julián Romea. El éxito fue espontáneo, 
general, sin distingos, y el joven voluntario Antonio García 
Q-utiórrez adquirió aquella noche la categoría de autor dramá- 
tico. La obra se hizo diez noches, casi seguidas. 

En 23 de Mayo del mismo año 1836 presentó su primer 
obra dramática D. Ramón Navarrete y Landa, con Elvira de 
Albornoz. El autor escribió poco para el teatro, se dedicó más 
bien a las revistas de salones, trabajos que firmaba con el 
pseudónimo de Asmodeo. 

En 3 de Junio de 1837 se estrenó La corte del Buen Retiro ^ 
primera producción de Patricio Escosura, que fue de los que 
abandonaron la literatura, aunque no del todo, por la política. 

En 24 de Julio de 1837, estreno de Doña María de Molina, 
primera producción dramática de D. Mariano Roca de Togo- 
res, luego Marqués de Molins. «El autor — decía el Diario, — 
al presentar en nuestro teatro una de las heroínas más céle- 
bres de nuestra Historia, no se ha propuesto observar servil- 
mente los preceptos clásicos, ni seguir a ciegas el rumbo 
adoptado por los románticos.» Se representó nueve días segui- 
dos, por la Baus, Latorre, Romea, G-aroía Luna y González 
Mate. 

D. José de Castro y Orozco dio al público su primera, y 
quizás única producción, pues no recordamos otra suya, en 16 
de Agosto de 1837; titúlase Fray Luis de León o El siglo y el 
claustro. Se representó cuatro noches consecutivas, por la Lló- 
rente, Matilde Diez, García Luna, Julián Romea y Perico 
Sobrado. El autor se dedicó por completo a la política, donde 
le vemos figurar años adelante. 

D. Gaspar Fernando CoU dio su primera producción, en 28 
de Agosto de 1838, con Adel el Zegri: lo representó Matilde 
Diez, la Baus, Latorre y Romea. Dos noches de cartel. 

D. Luis González Brabo, aquel ministro de Isabel II que, 



POR CARLOS CaMBRUNERO 



por la intransigencia de su carácter, fue causa, en gran parte, 
de la revolución de 1868, demostraba ya en su juventud los 
bríos con que se aprestaba a la lucha, anunciando en el Diario 
el estreno de su primera producción dramática, titulada Intri- 
gar para morir, con el siguiente aviso: 

«El asunto, de pura invención, no se apoya en la Historia, 
ni se ha recurrido al auxilio de aparato escénico, en decoracio- 
nes y trajes, para producir el efecto a que también se puede 
aspirar por otros medios. En esta ingenua manifestación no se 
envuelve, sin embargo, pretensión alguna, pero sí se desea in- 
teresar con ella la ilustrada benignidad de un público que 
tantas pruebas de benevolencia tiene dadas a los ingenios que 
se esfuerzan por sacar nuestro abandonado teatro de la ver- 
gonzosa dependencia en que se ha visto.» 

Le representaron la obra Matilde Diez, García Luna y Ro- 
mea, y no resistió más que tres noches. 

Ni los tratados de literatura, ni la crítica, ni las revistas de 
periódicos, ni las gacetillas, suelen a veces poner en claro el 
éxito de una obra dramática; resulta más seguro consultar la 
taquilla del despacho de billetes, es decir, el anuncio diario de 
la sección de espectáculos de la Prensa, pues allí podremos 
apreciar que dramas como Angelo, tirano de Padua, y Herna^ 
ni, de Víctor Hugo, con Marino Fallero, de Casimiro Delavi- 
gné, precedidos de pomposos reclamos por parte do la empresa, 
y francamente aplaudidos en la noche de la primera represen- 
tación por el público selecto que concurre a los estrenos, no se 
pudieron sostener muchos días en el cartel, prueba de que no 
producían los rendimientos esperados. 

Hagamos historia. 

El día en que se estrenó Lucrecia Borgia, drama del que 
habían hecho desmedidos elogios los periódicos franceses, y 
que la empresa esperaba causase asombro general a los habi- 
tantes de Madrid, se puso como preámbulo al anuncio del Dia- 
rio de Avisos lo siguiente: 

«Es indudable que el gusto general en punto a literatura 



0RÓNI0A8 DEL TIEMPO DE ISABEL II 



dramática ha variado notablemente de algunos años a esta 
parte. Las producciones de nuestro teatro antiguo han ido per- 
diendo su prestigio, hasta el extremo de ejecutarse ya en estos 
últimos años casi siempre para tan reducido número de espec- 
tadores, que podían contarse de una ojeada, y esto a pesar de 
ser representadas por los mismos actores que en ellas han ad- 
quirido justa celebridad. En vano se ha procurado reanimar a 
este género en su agonía con refundiciones encargadas a los 
mejores ingenios, y con reproducir sobre la escena comedias 
ya olvidadas, de los más célebres autores del siglo xvii, ejecu- 
tándolas tales como las escribieron, y procurando escoger 
aquellas en que más libremente campeó su lozana imaginación. 
Preciso ha sido, pues, el renunciar casi del todo a un género 
que formaba antes la base del repertorio de nuestros teatros. 

»La comedia clásica, introducida a fínes del siglo pasado, 
es poco más feliz: raro es el día en que se logra reunir más de 
cien personas en la representación de una obra maestra de Mo- 
ratín; cortísimo es el número de comedias de esta clase que en 
la actualidad se escriben; efímero el triunfo de las pocas que 
se aplauden; y como los escritores nacionales no bastan a sa- 
tisfacer el general afán de novedades, hay que recurrir a tra- 
ducciones que, en punto a comedias de costumbres, se adaptan 
difícilmente a la escena española. 

»E1 drama llamado sentimental por unos, y llorón por otros, 
que tan afortunado fue a principios de este siglo, hace ahora 
bostezar o reir. La llamada comedia de espectáculo por el estilo 
de El perro de Montar gis ^ ya no se tolera sino en las tardes de 
los días festivos; el género de dramas que ha reemplazado a 
este último en los teatros subalternos de París, y que impro- 
piamente se ha denominado romántico, porque se aparta, mu- 
chas veces gratuitamente, de todas las reglas, también ha ca- 
ducado ya entre nosotros, aunque pareció anunciarle mayor 
aceptación y más larga vida la gran boga que tuvo La vida de 
un jugador. Por manera que se hace cada día más difícil el 
acertar con los medios de satisfacer las exigencias del público. 



POR CARLOS 0AMBRON£RO 



»Se ha dicho, y acaso no sin fundamento, que esta dificul- 
tad nace principalmente de la instabilidad de gustos y opinio- 
nes que lleva consigo la época de transición en que nos halla- 
mos; que ya es forzosa una verdadera revolución literaria, y 
que, en materia de espectáculos teatrales, nada puede conve- 
nir tanto al severo carácter de las ideas modernas como el dra- 
ma grave, profundo, filosófico, de la novísima escuela francesa, 
a cuya cabeza brillan Víctor Hugo y Alejandro Dumas, y que 
no habiendo hecho conocer aún al público de Madrid nada de 
esta escuela, en medio del cúmulo de traducciones que por des- 
gracia invaden todavía nuestro teatros, faltaba hacer la prue- 
ba más esencial para conocer el rumbo que puede darse a la 
moderna escena española» (1). 

Pues a pesar de este bombo, Lucrecia Borgia, que se estre- 
nó el 18 de Junio de 1836, no duró en el cartel más que hasta 
el día 23, poniéndose otra vez una sola noche, el 1.° de Agosto, 
con el aliciente, para el público, de un nuevo y sorprendente 
efecto de luna, merced a cierta combinación de luces que hasta 
entonces no se había podido conseguir. 

En cambio. Muérete y verás, de Bretón, un juguetillo que 
se anunció sencillamente y sin reclamos, se ejecutó dos días 
más y quedó de repertorio. No era mucho dos días, pero ya 
hemos visto la rapidez con que pasaban por el cartel las obras 
que alcanzaban buen éxito. Madrid tenía escasamente unos 
230.000 habitantes, y dígase lo que se quiera, no estaba tan 
generalizada como hoy la afición al teatro. Sin embargo. La 
redoma encantada se estrenó el 28 de Octubre de 1839, y duró 
en los carteles cerca de un mes, indicio de que producía entra- 
das por haberle gustado al público (2). La hicieron Teodora, 



(1) Aquí hay una equivocación, quizá a sabiendas, porque Lucrecia 
Borgia, como todos ios dramas de Víctor Hugo, no representaba ya una 
escuela nueva, sino que era un ejemplar del romanticismo, un modelo, y 
de gran relieve, dentro del género. 

(2) Francisco Lucini, pintor escenógrafo y director de la maquinaria, 
tenía pintadas once decoraciones a su capricho, y con esta base encargóla 



10 0RÓNI0Á8 DEL TIEMPO DB ISABEL II 

María Vierge, Francisca Casanova, García Luna, Lombía, 
Fabiani, Antonio Campos, Lumbreras, Alverá y otros. 

*La redoma encantada — decía un crítico — es una obra 
maestra, considerada tal como es en sí: como comedia de ma- 
gia. La originalidad del pensamiento capital sobre el que está 
fundado su argumento, la finura y buen tino con que está des- 
envuelto y el modo ingenioso y dramático con que se presen- 
tan los accesorios, colocan a esta composición en primera línea 
entre las de su género.» 

Vaya otro ejemplo: hallábase de paso en esta corte, por 
Agosto de 1839, un actor de provincias,[llamado Joaquín Gon- 
zález, que no llegaba a tener cinco pies de estatura y pesaba 
18 arrobas; éste había representado con aplauso en Barcelona, 
Valencia, Murcia, Granada, Málaga y Cádiz, una pieza en un 
acto, de Bretón, titulada El hombre gordo, y como recurso por 
ver si se conseguía animar el teatro, se contrató por una no- 
che a González, a fin de que representase su obra^favorita, para 
la que tenía condiciones adecuadas como ningún actor. Cayó 
bien la idea, y El hombre gordo se hizo en el Príncipe once no- 
ches, aunque no seguidas, repitiéndose tres veces la función de 
despedida. Lo que no había podido conseguir Víctor Hugo 
con un chef d'oeuvre, lo consiguió Bretón con un juguete lite- 
rario y un actor de segundo orden, por más que era induda- 
blemente artista de peso. 

González había sido cajista de imprenta. Siéndole luego 
imposible continuar en la escena, por su gordura, aunque tenía 
relativamente mucha agilidad, se hizo apuntador; pero tam- 
bién tuvo que abandonar su nueva profesión, porque no había 
concha donde cupiese. 

empresa a D, Juan Eugenio Hartzenbusch que escribiese una comedía de 
magia, como lo ejecutó con gran acierto, y dio al público La redoma en- 
cantada. Resulta, pues, que la comedia se escribió para las decoraciones. 
Siguiendo la costumbre de representar comedias de magia en tiempo de 
ferias, se quiso poner en escena La redoma a mediados de Setiembre, pero 
las dificultades que ofrece siempre el estreno de este linaje de obras lo re- 
trasó hasta fines de Octubre. 



POR GARLOS CAMBRONERO 11 

Para que el lector se forme idea del gusto del público du- 
rante esta época, vamos a hacer relación de algunas obras que 
se representaron en el teatro del Príncipe, durante el período 
de 1830 a 1839, sin mencionar el repertorio del siglo xvii y el 
de la época anterior inmediata a la que relatamos: 

Gonzalo de Córdoba, por D. Manuel Hernando Pizarro, con 
decoraciones nuevas y gran aparato, 

M gastrónomo sin dinero, por Ventura de la Vega. 

La expiación, traducida por el mismo (1). 

Oros son triunfos y El tutor inglés, traducciones de D. José 
María Carnerero. 

Astucia contra la fuerza, traducción de Bretón de los He- 
rreros. 

El mante jorobado, por D. Manuel Eduardo Gorostiza. 

ShaJcspeare enamorado^ Miguel y Cristina, El testamento 
y Acertar errando o El cambio de diligencia, traducciones de 
Vega. 

La familia del boticario, por Bretón. 

El Cid, de Corneille, traducido por D. T. G-. S. A. (¿D. To- 
más García Suelto?) 

Las bodas de Fígaro, de Beaumarchais, traducida por 
Bretón. 

Don Alvaro o La fuerza del sino (22 Mayo 1835), por el 
Duque de Rivas. 

Blanca de Borbón, por D. Antonio Gil y Zarate. 

Angelo, tirano de Padua, de Víctor Hugo, traducción anó- 
nima. 

Los hijos de Eduardo (4 Octubre 1835), de Casimiro Dela- 
wignó, traducida por Bretón. 

El marido ambicioso, traducción de Carnerero. 



(1) Hallándose D. Ventura en cama, retenido por una dolencia que no 
le impedía dedicarse a trabajos mentales, dictó la traducción a nuestro 
padre, de quien era amicisimo, con cuyo auxilio pudo terminarla en un 
plazo breve, por exigirlo así la empresa con apremiantes avisos. 



12 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Luis Onceno, traducción de Carnerero. Se había estrenado 
en 1825. 

Aben-Humeya (8 Junio 1836). La traducción del Cid, de 
Corneille, resultaba un caso peregrino para los españoles; 
pero el estreno de Aben-Humeya es más peregrino todavía, 
porque el autor, Martínez de la Rosa, lo escribió en francés 
para que se lo representasen en París, como se realizó, y des- 
pués hizo una traducción española, a ñn de que la obra, aun 
siendo original, resultase traducida. 

La redacción de un periódico, por Bretón. 

Hernani, de Víctor Hugo (26 Agosto 1836). No gustó el 
acto quinto, y se suprimió en las demás representaciones. 

El compositor y la extranjera, traducción de D. Juan del 
Peral. 

Incertidumbre y amor, por D. Eugenio de Ochoa. 

Las capas, tradución de Vega. 

Carlos II el Hechizado, por Gil y Zarate (2 Noviembr© 
de 1837). 

El Rey monje, por García Gutiérrez. 

Don Jaime el Conquistador, por Patricio de la Escosura. 

La mujer de un artista (10 Agosto 1848), de Scribe y de 
Vanderbnch (autor de El pilluelo de París y El sargento te- 
derico). La tradujo Vega y la representaron Matilde, Romea, 
Sobrado y Guzmán. Dicen que fue un primor de ejecución. 

Macbeth, de Shakspeare, traducción de García Villalta, 
para el beneficio de Matilde Diez, con objeto de dar a conocer 
al gran dramaturgo inglés, pues aquí no se había representa- 
do más que Otello. No hizo gran efecto. 

No ganamos para sustos, por Bretón, imitación afortunada 
del teatro del siglo xvii. 

El Conde Don Julián, drama escrito en variedad de metros 
por D. Miguel Agustín Príncipe. Lo desempeñaron la Baus, 
Teodora, Luna, Lombía, Pedro López y doce personajes más, 
con acompañamiento de condes, duques, esclavos, moros, go- 



POR CARLOS CAMBRONERO 13 

dos, judíos y fantasmas. De este drama es aquella frase tan 
conocida, que el autor pone en boca del protagonista: 

luiente la tradición; miente la Historia. 

Cada cual con su razón, drama en tres actos, de Zorrilla, 
por Bárbara, la Llórente, Luna, Lombía y López: las tres éles, 
como les llamaban. Luna salió vestido con la propiedad que le 
distinguía, según dijo la prensa. 

El ramillete y la carta, comedia en dos actos, traducida por 
D. Juan Lombía. Es modelo de argumentos enrevesados, y, 
por lo tanto, difíciles de entender en una primera audición; 
pero el público se rió grandemente, y cuando la graciosa Teo- 
dorita pidió un aplauso al final de la obra, el público colmó 
con creces los deseos de la actriz. «¿Cómo negar — decía El En- 
treacto — cosa tan merecida, y más pidiéndolo una niña con 
unos ojos tan gachones?» 

La degollación de los inocentes, drama traducido del fran- 
cés por D. Gaspar Fernando Coll y D. Isidoro Gil. Se recibió 
de París el 11 de Diciembre de 1839 (1), y se representó el 24 
de aquel mes; de modo que en trece días se tradujo, se copia- 
ron los papeles, se ensayó y se pintaron las decoraciones; 
ejemplo notable de actividad. 

En resumen: según noticia publicada por El Entreacto, 
desde el 26 de Marzo de 1837 hasta fin de Octubre de 1839, se 
estrenaron en el teatro del Príncipe quince obras originales, 
número escaso para lo que debía esperarse en una población 
donde existía un núcleo importante de buenos escritores dra- 
máticos. 

De actrices y actores marchábamos bien durante esta épo- 
ca: teníamos a Concepción Samaniego; las tres hermanas An- 
tera, Teresa y Joaquina Baus; la Concha Rodríguez, la Jeró- 
nima Llórente, la Lorenza Campos, la Josefa Virg, la Bárba- 
ra Lamadrid, su hermana Teodora, Juana Pérez, Matilde 



(1) Se había estrenado allí un mes antes. 




14 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL 11 

Diez y Josefa Palma. De ellos se puede citar a D. José Q-ar- 
cía Luna, Carlos Latorre (1), José Valero, Joaquín Caprara, 
Antonio Q-uzmán, Agustín Azcona, Pedro Mate (2), Pedro 
Cubas, Julián Romea, Juan Lombía, Calixto Boldún, Pedro 
Sobrado y Mariano Fernández. 

Bárbara Lamadrid, procedente del teatro de Cádiz, debutó 
en Madrid con La huérfana de Bruselas, el 18 de Mayo de 
1832, y su hermana, la niña Teodora (así la llama el Diario) 
el 23 de Julio siguiente, con La hermanita o La lección indis- 
creta, de Scribe (3). 

Matilde Diez vino contratada de Sevilla para la temporada 
de 1833-34, y comenzó a hacer segundos papeles, sin que el 
público se fijase en el mérito de su trabajo, hasta que su ta- 
lento se impuso, y apareció ya como primera dama del teatro 
de la Cruz, en 1837. 

Para la salida de Julián Romea se echaron las campanas a 
vuelo, poniendo el Diario el siguiente reclamo, el 21 de 
Abril de 1833, al anunciar la representación del drama El tes- 
tamento: «En el cual desempeñará el Sr. Julián Romea el pa- 



(1) El Aj'untamiento acordó en 1833 que eu la formación de la lista de 
los individuos de las compañías cómicas se pusiera el Don a los actores 
Latorre y García Luna. 

(2) D. Pedro González Mate, según dicen, fue años después el mejor 
intérprete del Tenorio. Eu 5 de Julio de 1838 leyó un discurso sobre la 
historia del teatro, con motivo de la apertura de la cátedra de Declama- 
cióu en el Liceo filarmónico barcelonés. No consiguió añadir noticias ni 
conceptos nuevos a los conocidos entonces. 

(3) Jerónimo Lamadrid, barba, y sus hijas Bárbara y Teodora estabau 
contratados para el teatro de Granada, por el empresario José Máiquez, 
en 70 reales para los tres. El Corregidor Barrafóu y la Comisión de teatros 
tuvieron empeño en que viniera Bárbara de primera dama al Principe, 
como se consiguió embargándola^ y teniendo que abonar el Ayuntamiento 
un préstamo que había tomado la familia, y los gastos de viaje, que im- 
portó todo en conjunto 7.000 reales. Aquí les daban 84 reales; pero muerto 
el padre en 16 de Enero de 1833, quedó reducido el sueldo de las dos mu- 
jeres a 64 reales. 



POR CARLOS CAMBRONKBO 15 

peí de Roberto, que anteriormente lo ha ejecutado su maestro 
el Sr. Latorre, confiado aquél en la indulgencia de un público 
tan bondadoso, y que mirará este ensayo como una prueba de 
los buenos deseos que le animan emprendiendo tan árida ca- 
rrera en el difícil arte de la declamación.» 

D. Juan Grimaldi tuvo necesidad de sacar una Real orden 
para contratar a Romea en el teatro del Príncipe, pues sin este 
requisito no se permitía salir del Conservatorio a aquel alumno 
sobresaliente. Por eso decían que Julián Romea era un cómi- 
co de Real orden. Poco después cayó enfermo Carlos Latorre, 
y se encargó Romea de desempeñar el papel principal de El 
colegio de Tonnington, (1) indudablemente por influencias de su 
maestro. Así, pues, entró en el teatro sentando plaza de pri- 
mer actor. 

Calixto Boldún, alumno también del Conservatorio, se pre- 
sentó como gracioso en 28 de Enero de 1835. 

Fue notable la función que se hizo en el Príncipe el 31 de 
Enero de 1835, a beneficio de la Concepción Rodríguez, ejecu- 
tándose el drama en cinco actos, de Chenier, titulado Fenelón 
o Las religiosas de Cambray, prohibido durante el reinado de 
Fernando VII. Joaquín Caprara, profesor de Declamación del 
Conservatorio de María Cristina, estaba retirado de la escena, 
y en atención a la Rodríguez, accedió gustoso a tomar parte, 
ejecutando el protagonista del drama. 

Cuenta Ferrer del Río que aquella noche se reunió en el 
Príncipe lo más escogido de la sociedad intelectual madrileña, 
y que tributó a Caprara una ovación entusiasta. 

«Distinguíase en la escena — dice el escritor citado — por su 
grave y majestuoso continente, por la naturalidad de su ac- 
ción, por la flexibilidad de su fisonomía y por la admirable ex- 
presión de sus ojos. Aún se advertía su origen extranjero (2) 
cuando articulaba ciertas palabras, pues no siempre pronun- 




(1) De Bretón de los Herreros. 

(2) Había nacido en Boloña, hacia 1770. 



16 CRÓNICAS DEL TIBMPO DE ISABEL II 

ciaba con soltura; mas esto» breves lunares hasta adquirían 
cierto encanto para los que tenían la costumbre de oirle. Si 
consideramos al hombre privado, difícilmente se encontraría 
quien le superase en lo metódico y austero de sus costumbres, 
en su constancia como amigo, en su proceder como caballero. 
Solícito y laborioso, él mismo se disponía los trajes y pelucas 
que usaba en la escena, y sabido es que nadie vestía las fun- 
ciones con más propiedad y con mayor gusto.» 

Censuraban a la Concepción Rodríguez porque tenía resa- 
bios de la escuela francesa, esto es, «aquella cadencia acompa- 
sada, aquella especie de sonsonete que proviene de apoyarse 
constantemente sobre un mismo tono en los finales de los pe- 
ríodos. Máiquez evitó este escollo: conoció que el verso alejan- 
drino que recitan los franceses, en razón del mecanismo de su 
construcción, no puede correr con la rapidez y soltura de nues- 
tros versos, y antes bien, la cisura y continuo martilleo de sus 
rimas es natural que arrastre a la afectación.» 

Las actrices solían cantar para amenizar las funciones. 
Concha Samaniego cantó un romance de Mercadaute, acompa- 
ñada al arpa por el maestro Rosi, en la comedia La Expiación, 
el 10 de Febrero de 1831; Joaquina Baus cantó otro romance 
de Carnicer, en Acertar errando, el 16 de Diciembre del año 
citado; y Matilde Diez cantó un aria de la ópera La rosa blan- 
ca, en I.*' de Enero de 1835. 

La disposición externa del teatro, es decir, la parte donde 
se situaba el público, seguía en esta época casi como en tiem- 
po de Carlos IV; la platea, dividida en lunetas para las prime- 
ras filas y bancos para las posteriores; palcos en las laterales, 
tertulia donde hoy los llamados anfiteatros, y la Cazuela, ocu- 
pada única y exclusivamente por las mujeres. Un revistero 
nos describe con gran realce esta localidad, en 17 de Julio 
de 1839, y vamos a transcribir algunos párrafos: 

^Cazuela, es una cueva practicada frente a frente del esce- 
nario para albergar hacinados unos cuantos centenares de mu- 
jeres. Desde la boca de esta cueva hacia el fondo, va bajando el 



POR CARLOS CAMBRONERO 17 

techo y el precio de los asientos, pero también va subiendo el 
piso y la incomodidad. En la delantera se oye casi todo lo que 
86 habla en el foro; en la trasera, se oye casi todo lo que se 
habla en la cazuela. 

»La cazuela presenta en su vanguardia, en la que llaman 
delantera, una fila de mujeres, que son las que arrastran, por 
decirlo así, las miradas del público; de aquí viene que se ha 
puesto en uso el que sólo ocupen la delantera personas que no 
tienen por qué temer al público, mujeres que pueden ir por to- 
das partes con su cara descubierta, señoras que no deben nada 
a nadie, y que son tan buenas como la más pintada. 

»La segunda fila es la primera fila, y la fila tercera es la se- 
gunda. Esto no lo entenderán algunos; como de esas cosas hay 
en la cazuela que no las entendería el mismo demonio. A estas 
dos filas y a las inmediatas siguientes concurren las elegantes 
que van a ver más que a ser vistas; a las filas posteriores, con- 
curren las personas de más modesto bolsillo y de más acen- 
drada afición. 

»En el fondo de la cazuela hay a cada lado una puerta que 
da paso a diferente escalera. Desde estas puertas para dentro, 
no tienen ya entrada los hombres, pero sí los chismes; no pue- 
de pasar un hermano a buscar a su hermana, pero sí un bille- 
te a que se encuentre una amante; no puede introducirse un 
marido que quiere cerciorarse de si su mujer está en el asiento 
número 19, pero sí un cartucho de dulces que va derechito al 
asiento que está antes del número 20. 

*En las puertas de la cazuela hay un centinela macho que 
despide a los hombres, y otro centinela hembra que recibe a 
las mujeres; ésta se llama con mucha propiedad acomodadora. 
Una vez introducida cualquiera mujer en la cazuela, joven o 
vieja, soltera, casada o viuda, recibe una verdadera emanci- 
pación; el billete de su asiento es una especie de carta de li- 
bertad. Tal hay que entra por la una puerta soltando la mano 
del propietario, y se sale por la otra tomando la del arrenda- 
tario. 

2 



18 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

»La cazuela en su interior es el paraje más animado de todo 
el teatro. Antes de empezar la comedia, se habla, se disputa, 
se grita, se alborota, se mueven pendencias y hasta batallas 
campales. A veces es tal el estruendo, que el pueblo varón em- 
pieza a gritar desde el patio y las lunetas: ¡Callad cotorrasf 
¡Silencio el gallinero! 



»Las de atrás llaman a las de delante usías y señoronas^ 
las delanteras llaman a las de atrás groseras y canallas; aqué- 
llas se quejan de que éstas apestan a almizcle; éstas se lamen- 
tan de que aquéllas apestan a vino. Las de la parte baja, sol- 
tando la corriente de su enojo, lanzan a las otras miradas in- 
solentes; las de la parte alta se vengan soltando otras corrien- 
tes que se deslizan por el piso bajo de la cazuela. 

»Las personas discretas están clamando, hace muchos años, 
por que las mujeres puedan ir en nuestros teatros indistinta- 
mente a los mismos asientos de los hombres; sin embargo, a 
despecho de la razón, mil rancias preocupaciones sostienen la 
cazuela con sus incomodidades, sus vicios y sus faltas de deco- 
ro. La civilización de un pueblo se conoce, entre otras cosas, 
por el estado de sus teatros.» 

En 1836 la tertulia de hombres y la de mujeres se hicieron 
de uso común para los dos sexos; pero la innovación, sin que 
sepamos el motivo, no produjo los resultados satisfactorios que 
de ella se esperaban, y se volvió al antiguo sistema de separa- 
ción: en cambio, se dividieron en asientos aislados, para des- 
pacharlos separadamente, los palcos laterales, con el nombre 
de palcos por asientos, reforma que gustó a los señores. 

En el año citado de 1836 se aumentó el número de quin- 
qués de la platea, y en 1839, la lucerna, que estaba colocada 
en el centro del teatro, a corta elevación, molestando a gran 
número de espectadores, se elevó a mayor altura, aumentando 
la luz por medio de reverberos. 

Las, funciones comenzaban en verano a las siete y media, 
y desde 1.° de Noviembre una hora más temprano. 



POR CARLOS CAMBRONEBO 19 

Durante una grave enfermedad que tuvo Fernando VII no 
hubo funciones de teatro, desde 18 de Setiembre a 11 de Octu- 
bre de 1832, en que se cantó el Te Deum. Se volvieron a sus- 
pender en los días 12, 13 y 14 de Julio de 1833, con motivo de 
unas rogativas que se verificaron a fin de que desapareciera el 
cólera de Huelva y Ayamonte; pero no dio resultado, y, una vez 
en España, el cólera hizo de las suyas por toda la Península: 
en igual fecha del año siguiente se produjo en Madrid una te- 
rrible mortandad. Los cómicos no se atemorizaron y siguieron 
con el teatro abierto los días en que hubo mayor número de 
defunciones, consiguiendo así distraer el abatido espíritu de 
los habitantes de Madrid. 

El luto por la muerte de Fernando VII tuvo cerrados los 
teatros los meses de Octubre y Noviembre de 1833. 

Las representaciones de ópera alternaban con las de dra- 
mas y comedias en ambos coliseos del Príncipe y de la Cruz; 
pero de este espectáculo no podemos hablar aquí, porque tiene 
su lugar correspondiente. 

Por Real orden de 26 de Enero de 1834 se mandó que la 
presidencia de los espectáculos públicos, que había correspon- 
dido hasta entonces a los Alcaldes de Casa y Corte, la desem- 
peñaran en lo sucesivo los individuos del Ayuntamiento. 

Nos lamentamos hoy de la situación económica en que se 
halla el Teatro Español, es decir, el que sirve, o pretendemos 
que sirva, de guía y modelo de nuestra literatura dramática; 
pero puede consolarnos el estado en que se encontraba a la 
fecha del comienzo de estas crónicas. La información de la 
Prensa, los críticos y los documentos que se custodian en el 
Archivo municipal de Madrid, demuestran, sin dejar resquicio 
a la duda, la decadencia de ambos coliseos, del Príncipe y de 
la Cruz, únicos con que contaba la villa para rendir culto al 
arte en este linaje de diversiones públicas. 

A más de que los rendimientos eran escasos, las cargas que 
tenían los teatros citados, y que se pagaban por cuenta de las 
empresas, hacía ilusoria toda ganancia, al punto que, según 



20 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

se decía, eu el arrendamiento que había terminado en 1829, el 
arrendatario perdió cerca de 20.000 duros. Las cargas a que 
nos hemos referido eran las siguientes: 

Al Colegio de niñas de la Paz 22,000 reales. 

Al Hospicio 22.725 

Al Hospital de San Juan de Dios 10.440 

Al del Buen Suceso 10.440 

Al de los cómicos 1.800 

A la Casa Galera 70.000 

Jubilados, huérfanos y viudas 2.37.303 

Obras y reparos de los edificios en que estaban los dos 

teatros 3.000 

Gratificaciones a la Guardia que acudía durante las horas 

de función 34.610 

Al Censor político, por su sueldo 3.000 

Dos Alcaides, uno para cada teatro 11.680 

Cuatro Alguaciles 11.916 

Total 427.814 reales. 

Cantidad que, dividida entre dos, venía a resultar de carga 
para cada coliseo, 213.907 reales. 

La entrada del teatro del Príncipe, en un lleno completo, el 
año 1831, importaba 9.634 reales y 18 maravedís. 

En vista de que no había empresa que se atreviese con la 
explotación de los teatros del Príncipe y de la Cruz, el Conde 
de Puñonrostro quiso abordar el negocio; pero convencido de 
que las cargas se llevaban la ganancia, pidió una compensa- 
ción, que consistía en permitirle dar bailes de máscara, de Di- 
ciembre a Carnaval, conciertos, y, lo que es más grave, im- 
poner un arbitrio para cobrar 6 maravedís por cada cuartillo 
de cerveza. El Ayuntamiento, con acertado acuerdo, desechólo 
del nuevo arbitrio, agradeciendo al Conde sus buenos deseos; 
éste se quedó sin ser empresario de" teatros, y eso que estaba 
apoyado por el Ministro Calomarde. 

A pesar de los escasos rendimientos que producía el nego- 
cio, no faltaron empresarios que se atreviesen con él, espe- 



POK CARLOS OAMBRONERO 21 



ranzados de tener buena suerte, y al fin de esta década, en 
1839, solicitaron los dos teatros, porque iban unidos para el 
arrendamiento, una empresa formada por Carlos Latorre y 
Antonio Gruzmán, y otra que se constituyó con Elias Noren, 
harha jubilado, Francisco Salas, Julián Romea y el pintor es- 
cenógrafo Francisco Lucini. Estos hicieron mejores proposi- 
ciones al Ayuntamiento, y se les concedió el arriendo, logran- 
do defenderse, como veremos más adelante. 

TEATRO DE LA CHUZ 

Era reflejo del Príncipe, y no ofrece su historia anteceden- 
tes de la importancia de su compañero (1). En él se estrenó, 
con un anuncio precedido de un preámbulo muy modesto, la 
primer producción de Mariano José de Larra No más mostra- 
dor, que se hizo ocho noches, con alguna interrupción, comen- 
zando el 29 de Abril de 1831; y allí también dio su primera pro- 
ducción dramática al público el joven D. Francisco Flores 
Arenas, con la obra Coquetisino y presunción, el 13 de Mayo 
del mismo año. 

Los espectadores del teatro de la Cruz demostraban cierta 
simpatía hacia el melodrama y las comedias sentimentales 
como las siguientes: Rodulfo o el asesino del bosque, traduc- 
ción de D. Juan de la Puerta; Los asesinos del correo de Ña- 
póles, Eduardo en Escocia o la terrible noche de un proscrip- 
to, traducida por Eneiso Castrillón; El molino de Kéber o aven- 
turas del Conde Tequeli y El Duque de Braganza o la revolu- 
ción de Portugal, 

En este teatro hicieron su primera salida la Concha Sama- 
niego, el 13 de Mayo de 1831, con la comedia Coquetisino y 
presunción; Florencio Romea, que era muy inferior a su her- 
mano, con la comedia de Ventura de la Vega, compuesta ex- 



(1) Se hallaba situado en la calle del mismo nombre, en lo que hoy e» 
prolongación de la de Espoz y Mina, con accesorias a la plaza del Ángel. 



22 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL U 

presamente para el objeto, Quiero ser cómico (10 Octubre 
1834); y Mariano Fernández, discípulo del Conservatorio, el 
22 de Noviembre del mismo año 1834, haciendo el papel de 
gracioso en las comedias La mogigata y Unpaseo a Bedlan\ tra- 
bajaron con él, aquella noche, Matilde Diez y García Luna. 

Un acontecimiento teatral fue la representación, en 28 de 
Junio de 1831, de JoTcó o El orangután. «Este melodrama — 
decía el Diario, — tan extraordinariamente aplaudido en los 
primeros teatros de Europa, presentará al público de Madrid 
un espectáculo absolutamente nuevo, no sólo por reunir en sí 
los tres géneros cultivados en la escena, declamación, música 
y baile, sino por la circunstancia de ser un mono de los cono- 
cidos con el nombre de orangutanes el personaje principal de 
la pieza. Se ha contratado al primer bailarín francés Mateo 
Alard, que a su natural habilidad para el intento, reúne la 
circunstancia de haber observado en la misma Naturaleza, con 
particular estudio, los gestos, los movimientos, la índole del 
animal que se propone imitar. La música es del Maestro Pi- 
chini; las decoraciones, de Ángel Palmerani, y los bailes, por 
Alard.» No necesita más el lector para formarse idea de lo 
que es el melodrama en cuestión. Se representó durante todo 
el mes de Julio, alternando con otras obras y algunas óperas. 

En 24 de Diciembre de 1832 se hizo en la Cruz la comedia 
de Ventura de la Vega, Don Quijote de la Mancha en Sierra 
Morena, con éxito regular. 

Nuestro público ha demostrado desde antiguo cierta ten- 
dencia por lo que hoy se llama género chico, pues en aquella 
época se daban frecuentemente funciones compuestas de tres 
piezas en un acto, intermediadas de baile, canto, y a veces 
hasta de volatines. Dice el Diario de 22 de Febrero de 1832: 
«Habiendo acreditado la experiencia lo gratas que son al pú- 
blico las funciones variadas, se ejecutará una extraordinaria», 
que consistió en lo siguiente: Un abrazo al portador, comedia 
en un acto; Bolero, por la Pando y Pacheco; La despedida o El 
amante a dieta, comedia en un acto; cuarteto polonés, baile; 



POR CARLOS CAMBRONERO 23 

La vieja o los dos calaveras, otra pieza en uu acto, traducida, 
como las anteriores, dando fin con unas seguidillas manche- 
gas. En las tres comedias trabajó García Luna. 

Menudearon otras funciones variadas; como muestra cita- 
remos una que se verificó en el Príncipe, el 15 de Mayo de 
1838. Sinfonía de La Muta di Portici. — El pro y el contra, co- 
media en un acto, de Bretón. — Cavatina de la ópera 11 nuovo 
Fígaro, cantada por D. Francisco Salas, con decoraciones 
y trajes. — Pas-de-deux portugués, por la Pepita Diez y el 
Sr. Casas. — Sinfonía de Semiramis, con la magnífica decora- 
ción del templo de Vesta, pintada por D. Francisco Lucini 
para el teatro de la Cruz. — Ella es él, comedia en un acto, de 
Bretón. — Sinfonía de Guillermo Tell. — Aria de la ópera 11 fa- 
nático jper la música, cantada por Salas, con decoraciones y 
trajes. — Adraste y Lircano, baile compuesto y dirigido por 
D. Antonio Cairón. No se podía exigir más variedad en el es- 
pectáculo, atendida la época. 

Durante este período se hicieron, tanto en la Cruz como en 
el Príncipe, funciones patrióticas con motivo de la guerra 
carlista que asolaba al país. El 14 de Diciembre de 1835 se puso 
en escena, en el Príncipe, el apropósito en dos actos, titulado 
1835 y 1836 o Lo que es y lo que será, bosquejo político* 
profetice sobre la guerra civil, por D. Juan Grrimaldi, Bretón 
de los Herreros y Ventura de la Vega. En 26 de Marzo de 1836 
se representó en la Cruz, desempeñada por los milicianos na- 
cionales, una pieza en un acto, debida a la pluma de D. Pedro 
Sobrado, subteniente de la 2.* compañía de Cazadores y actor 
de aquel teatro. El 26 de Octubre de 1836, en otra función pa- 
triótica del Príncipe, cantaron Bárbara Lamadrid y Matilde 
Diez; aquélla unas coplas alusivas a la guerra, y ésta una aria 
llamada de las Cuatro naciones, y a más una canción de Manuel 
García titulada El bajelito (1). 

(1) Julián Romea, Salas y una cómica llamada Monreal cantaron en el 
Principe, el 24 de Diciembre de 1837, la tonadilla El Trípili, con un dúo 
bufo que se había añadido, música de Carnicer y letra de Azcona. 



24 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Fue muy celebrada la función que se dio en la Cruz, el 16 
de Junio de 1838, a beneficio de los heroicos defensores de 
Gandesa: se hizo El suplicio en el delito o Los espectros (de 
Bretón) y la pieza ¡Un ministro! (de Vega), ésta desempeñada 
por milicianos, terminando con un himno patriótico^ compuesto 
por el subteniente de Granaderos del 6.° batallón, D. Manuel 
Bretón de los Herreros, con música de Carnicer. 

En la Cruz trabajaron como principales actores Antera y 
Teresa Baus, Concepción Samaniego, Bárbara Lamadrid, 
Concepción Rodríguez, Matilde Diez, José García Luna, Pedro 
Montano, Pedro González Mate, Juan Antonio Campos y Pe- 
dro Cubas. 

Este teatro, huyendo de la seriedad artística, que era el 
lema de su compañero el del Príncipe, no desperdició ocasión 
de dar variedad al espectáculo, utilizando muchas veces los 
cantantes de la compañía de ópera para amenizar las funcio- 
nes de versOy consecuente al propósito de halagar al público 
por cualquier medio que viniese a mano, lo mismo disponiendo 
un concierto que intercalando unos volatines. 

El atractivo principal del teatro de la Cruz, durante este 
período, puede decirse que consistió en la ópera, pues desde 
1830 a 1839, ni un año dejó de ofrecerse este espectáculo al 
público de Madrid. Como el Ayuntamiento arrendaba al mismo 
empresario ambos coliseos, las compañías de verso solían alter- 
nar en uno y otro, y también las de ópera, aunque siempre era 
preferido el coliseo de la Cruz para las representaciones líricas. 

TEATBOS DE SEGUNDO OEDEN 

Teatro de la calle de la Sartén. — Este era el más antiguo 
de los que hemos calificado de segundo orden, pues aparece ya 
funcionando al ocurrir el nacimiento de Isabel II. Actuaba aquí 
una compañía, cuyo primordial objeto era dar funciones en los 
Sitios Reales, Aranjuez y La Granja, durante la estancia en 
ellos de los Reyes en primavera y verano, y aprovechaba el 



POR CARLOS CAMBRONERO 25 

invierno para trabajar en Madrid y Toledo. Estaba formada 
por gente joven y actores de poco cartel. Allí figuraban Ángel 
López, Antonio Pallardo, M. Escobar y Antonio Arguelles; 
María Chiquero, Josefa Galindo, María Alvarez y Josefa Pal- 
ma, característica, parienta indudablemente de otra Josefa 
Palma que debutó en aquel teatro en 1835 y que, casada con 
Florencio Romea, trabajó en el Príncipe con gran aceptación: 
era una actriz de arrogante presencia, muy estudiosa, y que 
gozaba de simpatías generales entre el público. 

En la Sartén no se estrenaba: hacían las comedias que ha- 
bían tenido aceptación durante el año anterior en el Príncipe 
o en la Cruz, y cubrían claros con las obras del siglo xvii, mos- 
trando cierta predilección por Tirso de Molina. Este teatrito 
fue el último en que se cantaron tonadillas casi a diario: La 
vuelta del arriero, Los hidalgos de Medellin, El Trípili, El to- 
rero y la maja, La vieja burlada, La venida del soldado, y tan- 
tas otras que forman la rica colección que guarda cuidadosa- 
mente la Biblioteca municipal de Madrid. 

Teatro de Buenavista, situado en la calle de la Luna, casa 
que fue del Banco de San Carlos, esquina a la de Silva: el piso 
bajo, hoy dedicado a almacenes de comercio, a lo largo de la 
fachada de la calle de Silva indicada, tenía un gran salón, que 
se inauguró como teatro de figuras mecánicas en 14 de No- 
viembre de 1830; y en 26 de Junio de 1837 comenzó a trabajar 
en él una compañía de jóvenes, en su mayoría discípulos del 
Conservatorio, lo mismo que la orquesta, dirigida por un tal 
D. Juan Gil. Lo inauguraron con La Expiación, traducción 
de Ventura de la Vega, estrenada en el Príncipe el 10 de Fe- 
brero de 1831, y la desempeñaron Manuela Pérez, Valentina 
Muñoz, Trinidad Parra, Francisco Val, Ceferino Hernández, 
Pedro Rojas, Juan Berzosa y José Baño vio, que fue un buen 
actor, pero por su genio díscolo no llegó nunca a formar parte 
de compañías principales. 

El año 1839 se quiso poner en escena algunas óperas, y 
hasta se contrató una modesta compañía lírica; pero no se rea- 



26 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

lizó el proyecto, y todo se redujo a que en los intermedios se 
cantase un dúo, un aria, una cavatina, dando a la función aquel 
carácter de variedad que tanto gustaba al público, según de- 
claración de la empresa de la Cruz. 

Las lunetas (butacas) costaban dos pesetas. 

Teatro de las Tres Musas. — Se hallaba en la Plaza de la 
Cebada, donde hoy Novedades. Se inauguró en 29 de Mayo 
de 1838, haciendo la competencia al de Buenavista, con tan 
buena suerte, qué consiguió deshancarle, por cuanto el otro 
cesó de dar funciones al año siguiente. Figuraban en la com- 
pañía las Sras. Martín, Martínez, Corona, García, Bañuelos y 
Castillo, y los Sres. Pacheco, Porcar, Edo, Hernández, Rojas, 
Martínez, Bousellas y Moreno. Las lunetas costaban 8 rs., los 
palcos 9, las gradas 4 y el patio 2. En todas las localidades se 
admitían personas de ambos sexos, menos en el patio, donde 
sólo entraban hombres. 

Hacían, como en Buenavista, obras del repertorio contem- 
poráneo y del teatro de los siglos xvii y xvili. Abrieron la tem- 
porada con La villana de la Sagra, de Tirso, y más adelante 
hicieron Indulgencia para todos, de Gorostiza; Lo que son mu- 
jeres, de Rojas; El parecido en la corte, de Morete; El diablo 
predicador; El hombre de la selva negra, melodrama antiguo, 
traducido por D. Bernardo Gil; El imperio de las costumbres, 
de Le Miére, traducida por D. Gaspar Zavala y Zamora, y El 
triunfo del amor o La discipula de Cambray, un melodrama 
que oe anunciaba como romántico, y para demostrarlo inser- 
taba el Diario los títulos de los cuadros en que se dividía: 
1.° Declaración de amor por Orlan a su discipula Carolina. 
2.° Robo de Carolina por los salteadores. 3.° Entrevista de 
ambos amantes en París. 4.*' Demanda del Duque de Nancy 
pidiendo la mano de Carolina. 5.° Castigo de Carolina y muerte 
del Duque por su rival Orlan. Q.^ Delirio de Carolina por el su- 
plicio de su amante, y encuentro de ambos en el calabozo, don- 
de proyectan el suicidio. No cabe duda de que era un drama 
romántico. 



POR CARLOS CAMBRONERO 27 

El periódico M Panorama hablaba mal del teatro de las 
2 res Musas. 

De las funciones que se celebraban en el teatro del Liceo (1) 
no debemos hablar, porque una vez las dedicó D. Juan del 
Peral un artículo en la prensa (Agosto de 1839), más bien de 
alabanzas que de censuras, y protestaron los socios, manifes- 
tando que el Liceo no era un establecimiento público, y no 
debía, por lo tanto, hacerse la crítica de sus veladas literarias 
y musicales. Ciertamente que hoy no nos dirigirían protestas 
los socios, si es que queda alguno para muestra; pero la pru- 
dencia nos aconseja respetar la voluntad de aquellos escritores 
y artistas memorables, dignos de toda consideración, 

Óperas. 

El público de Madrid era ya en aquella época aficionado.a 
la ópera, y, a decir verdad, las empresas procuraban tenerle 
contento, pues en 1835 se cantaron nueve óperas de repertorio 
y siete nuevas, lo que supone cierto trabajo por parte de los 
cantantes, de la orquesta y del director, D. Ramón Carnicer, 
de cuyas especiales condiciones se hacían lenguas los periódi- 
cos de entonces. 

He aquí la relación de las obras estrenadas en el período 
que vamos señalando de 1830 a 1839: 

En el Príncipe: 

Cristo foro Colón, de Carnicer, 12 Enero 1831. 

La Vestale, de Pacini, 9 Mayo 1831. 

II Contestable di Chester, de Pacini, 26 Julio 1831. 

Icrociati a Tolemaida, de Pacini, 10 Setiembre 1831. 

Blanca di Mesina, de Vaccaj, 11 Febrero 1832. 



(1) Sociedad fundada en 1837 por D. José Heraáadez de la Vega, en 
unión de Zorrilla, Escosura, Pastor Díaz, Salas Quiroga, Ramón Navarra- 
te, Jenaro Villamil, Esquivel y otros. Daban funciones dramáticas, bailes, 
conciertos y conferencias: el domicilio social estaba en la casa-palacio de 
Vista Hermosa, Plaza de las Cortes, núm. 7. 



28 CRÓNICAS DEL TIEMPO OE ISABEL II 

Vesule di Roma, de Donizetti, 21 Mayo 1832. 
Veroina di Messico, de Rioci, 14 Jalio 1832. 
Chiara di Rosemberg, de Rossi, 3 Diciembre 1832. 
Eufemio de Messina, de Carnioer, 14 Diciembre 1832, 
II diluvio Universale, de Donizetti, 2 Marzo 18|34. 
La sonámbula, de Bellini, 21 Jalio 1834. 
Parisina d'Este^ de Donizetti, 27 Agosto 1834. 
Guglielmo Tell, de Rossini, 19 Noviembre 1834. 
J due Fígaro, de Mercadante, 26 Enero 1835. 
Caterina de Guisa, de Coooia, 3 Mayo 1835. 
La muta di Portici, de Auber, 19 Setiembre 1835. 
Torcuato TassOy de Donizetti, 9 Junio 1835. 
Inés de Castro, de Persiani, 3 Mayo 1837. 
Monsieur de Chalumeaux, de Riooi, 30 Octubre 1837. 

En la Cruz: 

La represaglia, de Mercadante, 4 Noviembre 1830. 

Bianca e Fernando, de Bellini, 18 Abril 1831. 

U orfano della selva, de Coccia, 6 Junio 1831. 

Enrico e Clotilde o La rosa bianca, de Genovés, 17 Agosto 1831. 

Gabriela di Vergy, de Carafa, 3 Diciembre 1831. 

/ Capuleti ed i Montecchi, de Bellini, 18 Junio 1832. 

Ana Bolena, de Donizetti, 21 Agosto 1832. 

Fausta, de Donizetti, 23 Enero 1833. 

Inormanni a Parigi, de Mercadante, 20 Julio 1833. 

V elixir d'' Amor e, de Donizetti, 10 Diciembre 1833. 

J7 nuovo Fígaro, de Riooi, 3 Abril 1834. 

II furioso, de Donizetti, 31 Mayo 1834. 

Norma, de Bellini, 1.° Julio 1834. 

Don Giovanni, de Mozart, 15 Diciembre 1834. 

La casa desabitata, de Rossi, 20 Junio 1835. 

Olivo e Pasquale, de Donizetti, 16 Agosto 1835. 

II castellodi Kenilworth, de Donizetti, 17 Octubre 1835. 

Gemmadi Vergy, de Donizetti, 4 Agosto 1836. 

Eranodue or sonó tre, de Rioci, 26 Agosto 1836. 

I Puritani, de Bellini, 26 Setiembre 1836. 

Belisario, de Donizetti, 22 Noviembre 1836. 



POR CARLOS CAMBRONERO 29 

La nina pazza per amore, de Coppola, 13 Diciembre 1836. 

Un aventura di scaramuccia, de Rioci, 18 Febrero 1837. 

Lucia di Lammermoor, de Donizetti, 2 Agosto 1837. 

Beatrieedi Tenda, de Bellini, 12 Diciembre 1837. 

Ipermestra, de Saldoni, 20 Enero 1838. 

Ismalia o Morte ed amore, de Carnicer, 12 Marzo 1838. 

Le convenience teatrali (í), de Donizetti, 13 Enero 1839. 

Lucrecia Borgia, de Donizetti, 4 Julio 1839. 

ügOf Conté di Par igi, de Donizetti, 11 Setiembre 1839. 

Marino Faliero, de Donizetti, 25 Setiembre 1839. 

H carrozzino da venderé, de Basili, 5 Octubre 1839. 

n Conté bry, de Rossini, 16 Noviembre 1839. 

I Briganti, de Mercadante, 12 Diciembre 1839. 

Las compañías de ópera estuvieron formadas, principal- 
mente, por los cantantes que a continuación se expresan, de 
los que tenemos escasas noticias. 

Tiples: Adelaida Tosi, Enriqueta Meric-Lalande,Clelia Pas- 
tori, Matilde Palazzesi, Emma Albertazi, Almerinda Manzo- 
ohi, que gustó mucho (1835) y salió tan caprichosamente ves- 
tida en La casa desabitata, que su traje se hizo célebre en Ma- 
drid; Telestris Fontana, poca voz; Mariana Brighenti, Judit 
Grissi, de la cual recordamos haber oído grandes elogios; Cris- 
tina Villó, que tenía exquisita sensibilidad y cantaba admira- 
blemente La sonámbula, pero necesitaba más estudio en 1839; 
Manuela Oreiro de Lema (2), Concepción Lleó, Antonieta Mari- 
ni, guapa y de buena voz, como su compañera la Concepción 
Ridaura, y por fin, la famosa Antonia Campos; en 1831 figura 
entre las segundas tiples, y en 1839 hizo Salas, por encargo de 
la empresa, un viaje a París para contratarla, porque estaba 
allí nuestra compatriota dando conciertos y recibiendo, al 



(1) Se desempeñó por artistas españoles. Salas hizo papel de mujer, 
cantando en falsete la parte de Ágata. 

(2) De ella decía Rubini que «no había encontrado compañera que tu- 
viese el alma, la voz, la acción y el canto tan enérgico.» Casó esta can- 
tante en 1.** de Abril de 1838 con Ventura de la Vega. 



30 GBÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

propio tiempo, lecciones de cauto, del maestro Donizzetti (1). 
Se presentó en la Cruz el 14 de Junio de 1839, con Un'auentu- 
ra di Scaramucciaj obteniendo una verdadera ovación: poseía 
gracia, gachonería, frescura, lozanía, voz clara y de extensión, 
y era atrevidamente hermosa. 

Contraltos: Fanny Eckerlin, Brígida Lorenzani y María 
Carrasco. 

Tenores: Ignacio Pasini, Antonio Ronzi, Carlos Trezzini, 
Lorenzo Viacchi, Antonio Arigotti, Juan Bautista Guerrero 
y Pedro Unaime. 

Bajos: Juan Inchandi, Juan Bautista Rossi, profesor de 
arpa, además; Felice Botelli, José E-ossi Gallierno (bufo), Pe- 
dro Lej, Juan Cavaceppi y Francisco Salas. Este aparece en 
1831 formando parte del coro; en 1832, como partiquino, y 
en 1834, haciendo la parte del Doctor Dulcamara en Velixir 
d*amore, donde conquistó su reputación. Durante los últimos 
días del reinado de Isabel II, nosotros llegamos a oirle en esta 
obra, y, aunque había ya perdido mucha voz, pudimos formar 
idea de lo que Salas sería en sus buenos tiempos; no hemos co- 
nocido cantante que interprete mejor el tipo de Dulcamara. 

Las representaciones de ópera alternaban indistintamente 
en ambos teatros con las de comedias y dramas. 

En el teatro de Buenavista, ya citado, se formó, el año 
1838, una compañía de ópera, dirigida por el maestro don 
Francisco de la Cámara, y compuesta de las Sras. Damiana 
Feijas, Margarita Antunes y Josefa Andújar, y los Sres. Je- 
rónimo Cámara, tenor; Laureano Aguilón, bajo, y José Cisne- 
ros, caricato; pero se contentaron los cantantes con dar algu- 
nos conciertos, según se ha indicado en el artículo Teatros de 
segundo orden. 



(1) Por cierto que a Salas le cogieron los carlistas cerca de la frontera, 
y le hicieron pasar un susto de marca mayor; gracias a que un titulado 
coronel Polo, al saber quién era, le dio un salvoconducto, y con esto pudo 
el ya célebre cantante continuar su viaje. 



POR CARLOS CAMBRONERO 31 

Merece especial mención el estreno de El rapto, en la Cruz, 
el 17 de Junio de 1832, ópera española, en dos actos, música 
de D. Tomás Genovós. «Este profesor — decía El Diario, — 
cuya primera producción fue Enrique y Clotilde [1), presentará 
a los filarmónicos madrileños su segundo ensayo, esperando 
que una ópera en que el argumento, el idioma, el compositor 
y las partes que lo ejecutan, todo es español, podrá merecer 
algún interés e indulgencia, a pesar de la extrañeza que puede 
causarles este género fuera de uso.> 

Fue interpretada por la Antonia Campos, que todavía no 
era prima donna; la Leonor Serrano, Pablo Galdón, Salas, 
Rodríguez y Ceyanes, todos ellos, entonces, cantantes de se- 
gunda fila. 

No hemos incluido esta obra en la relación de óperas que 
antecede, porque realmente era una zarzuela. El anuncio del 
Diario decía: «Los versos que no están destinados al canto 
serán representados, según costumbre, de la que no ha querido 
apartarse el compositor», y esto indica que tenía escenas para 
ser declamadas, como en las zarzuelas. 

En efecto; anteriormente se habían representado en cas- 
tellano, con el nombre de óperas, algunas obras musicales que 
tenían escenas habladas, y en este sentido, Genovés llamó 
ópera a El rapto, siendo así que para nosotros no rebasa la 
categoría de zarzuela. 

En defecto del libreto, que conceptuamos perdido, hemos 
revisado la partitura, que se custodia en la Biblioteca munici- 
pal, y podemos asegurar que, a más de los diez números mu- 
sicales de la obra, tenía ésta algunos diálogos intermedios, 
cuya extensión no es factible determinar, pero de indudable 
importancia para el desarrollo del argumento. 

Lo -curioso es que el libreto había salido de la pluma de Ma- 
riano José de Larra (Fígaro), y resultó una equivocación de 



(1) Estrenada en la Cruz el 17 de Agosto de 1831. 



32 CRÓNICAS DEL TIKMPü DE I8ABKL II 

aquel autor insigne. Veamos cómo se le juzga en las Cartas 
españolas, de 21 de Junio de 1832: 

«El poema de esta composición es de lo más sublimemente 
detestable que puede ponerse en escena: no concebimos cómo 
el Sr. Genovés ha elegido tan mal, ejercitando su ingenio y 
su paciencia sobre una parola tan macarrónica y absurda. Las 
piezas de música están colocadas sin el menor discernimiento; 
se han desaprovechado muchas ocasiones de ingerirlas oportu- 
namente; así es que suele hallarse un aria colocada sin motivo 
perentorio después de otra, y reina en todo el conjunto un 
desconcierto nocivo a los resultados musicales, al efecto tea- 
tral y a los intereses del compositor. Por otra parte, dicho 
lihretto tiene traza de ser un cajón de sastre, hecho a remien- 
dos, y cosido, y añadido, y recortado por manos diversas, cada 
una a cual más inhábil. El murmullo desaprobador del públi- 
co lo ha hecho sentir en varios pasajes, mucho mejor que pu- 
diera hacerlo el artículo de un periódico. 

»En la música hay centellas de genio, viveza en algunos 
temas, no desnudos muchos de ellos de reminiscencias; pero 
que, hasta ahora, sólo indican disposiciones en el autor. No 
creemos, sin embargo, que esta nueva producción contribuya 
en nada al aumento de su crédito. 

»La ejecución ha sido cual debiera ser: en todos los actores 
competía la inexperiencia de la escena; pero, en fin, hicieron 
lo que pudieron, y la cosa salió menos mal de lo que hubiera 
podido suceder.» 

El éxito, por lo que se ve, fue muy dudoso; pero constituye 
un paso más en el género lírico español, y esto es lo que desea- 
mos hacer constar. 

Opera o zarzuela, El rapto es una prueba de la afición que 
el público demostraba por el género lírico, que tenía también 
sus adversarios. Don Manuel Montes de Oca, Alférez de navio 
de la Real Armada, escribió y publicó en Palma, el año 1831, 
una Sátira contra las óperas del día, en que las llamaba fatal 
recreo. 



POB CABLOS CAMBRONBBO 33 

que afemina al varón, y en las mujeres 
despierta de lascivia las torpezas. 

Pedía, eii nombre de la moral, del arte, del buen gusto y 
de otra porción de cosas más, que desaparecieran las óperas, y 
confiando en la razón que le asistía, y hasta en la galanura de 
su Sátira, cuya versificación es ramplona y chabacana, decía 
al terminar: 

Y plegué al cielo que al sentir mi tunda 
recobre su vigor la gran Castilla, 
y caiga a silbos la función inmunda. 

Pero la función no cayó, como ha tenido ocasión de ver el 
lector en los párrafos anteriores, y verá, con más curiosas no- 
ticias, en la década siguiente. 

Oonolertos . 

Como durante la Cuaresma no se consentía la representa- 
ción de comedias, dramas ni óperas, las empresas, para resar- 
cirse de la falta de entrada de fondos, idearon dar conciertos, 
y esto lo permitieron las autoridades; pero lo gracioso era que 
en estas fiestas musicales se cantaban arias, romanzas y dúos 
de óperas, cuya representación estaba prohibida en el período 
cuaresmal, con la diferencia de que los cantantes salían a es- 
cena de frac, ellos, y luciendo las divas elegantes toilettes de 
la época. Careciendo el público de otra diversión, acudía al 
llamamiento, y hubo año que se dieron en el Príncipe catorce 
conciertos. 

Vista la aceptación que éstos tenían, se repitieron fuera 
de Cuaresma, intermediando piezas dramáticas; los cantantes 
salían vestidos con el traje que les correspondía, según la ópe- 
ra, y se exhibía la decoración consiguiente. Además de esto, 
podemos reseñar que en Marzo de 1831 el profesor Brunetti 
tocó en el violoncello un capricho y variaciones sobre el tema 
del zapateado; el violinista Juan Wanski, en Agosto de 1833, 



34 0RÓNIGA8 OEL TIBHPO OK I8ABKL U 



tocó en el Prínoipe unas variaoiones de Beriot con acompafia- 
miento de orquesta, y D. Luis Vicente Arche, en el mismo 
teatro, en Marzo de 1836, unas variaciones de violín, con mo- 
tivo del beneficio de Bárbara Lamadrid. La Villó dio un con- 
cierto en la Cruz (Octubre de 1834), cantando varios números 
de óperas. 

Fue un acontecimiento musical la ejecución en el Prínoipe 
(23 Agosto de 1839) de una sinfonía compuesta por el niño de 
once años Ignacio Ovejero, a quien en nuestra juventud llega- 
mos a conocer; la interpretó magistral mente la orquesta, 
acompañada al piano por el autor. 

Estaba de moda Strauss; en uno de estos conciertos se to- 
caron cinco tandas de valses suyos (19 Agosto 1839): La her- 
mosa Gabriela, La Filomela, Los cohetes voladores. Los home- 
najesy Los encajes de Bruselas. Aquella noche se saturaron 
bien de valses los concurrentes al teatro del Príncipe. 

Inútil parece añadir que en los días de la guerra civil se 
cantaron y tocaron himnos patrióticos; Carnicer compuso un 
par de ellos para cantarse en el teatro, y no dejaron de rendir 
su tributo musical al patriotismo Basilio Basili, esposo, más 
adelante, de Teodora Lamadrid; el popular Iradier, el niño Ig- 
nacio Ovejero y el maestro Sobejano, que escribió un zorzico 
patriótico. 

En algunos salones de baile, como el de Vensano, o Las 
Delicias, de que hablamos más adelante, solían darse concier- 
tos de piano, arpa o guitarra, en el cual instrumento gozaba 
entonces fama de maestro D. Trinitario Huerta. 

El primer café que introdujo la moda de obsequiar con mú- 
sica a los concurrentes, sin abonar más estipendio que el del 
consumo, fué el llamado de San Vicente, que estaba situado en 
la calle de Barrionuevo, hoy Conde de Bomanones. El 17 de 
Julio de 1834 dio comienzo el agasajo a los consumidores, y 
es fecha doblemente memorable, porque ese día fue uno de los 
más señalados por la mortandad con que el cólera asolaba a la 
población. 



POR CARLOS CAlfBRONERO 35 

Ooreografia. 

Era un recurso que servía de atracción en las funciones 
teatrales, por la música y por las bailarinas, que habían de ser 
guapas y de buena figura, aliciente no desprovisto de valor en 
los espectáculos públicos. 

No parece que había en esta época estrella refulgente que 
cautivara la atención, ni que despertase entusiasmos, a excep- 
cepción de Pepita Díaz, quien con su arte y hermosura logró 
conquistar unánimes aplausos al finalizar el período cuya cró- 
nica hacemos. 

Figuraron en este tiempo Josefina Volet, María Vives (a 
quien tratamos ya retirada de las tablas), Mariana Castillo, Do- 
lores Lamadrid (quizá parienta de Bárbara y Teodora), Ger- 
trudis Fontanellas y Matilde Saavedra. De ellos, mencionare- 
mos a Mateo Alard, Juan Bautista Cozzer, Mariano Campru- 
bi, Antonio Cairón (pariente sin duda de una Antonia Cairón, 
actriz más adelante y esposa del actor D. José Valero), Ginós 
Fontanella, y el célebre Manolito Casas, ya también en las 
postrimerías de este período. Gastaba patillas, bigote y pelo 
rizado, y así había de salir siempre a escena, cualquiera que 
fuese el baile en que tomara parte, por lo que la Prensa le de- 
dicó algunas chanzas. 

Generalmente se representaban bailes españoles, sobre todo 
las boleras, que las había de la matraca, del charandel, inter- 
mediadas, del serení, de las fraguas, del Bartolito, de la Ma- 
rica, del Chinorri, del Trípili, de la Caleta y del escondite. Para 
completar las funciones patrióticas del tiempo de la guerra ci- 
vil, se inventaron también las boleras de la libertad. 

En el Príncipe se ejecutó, el 15 de Mayo de 1838, un gran 
baile compuesto y dirigido por Cairón, y que se titulaba Adras- 
te y Lircano. He aquí el argumento, tal como lo describe un 
periódico de aquellos días: «Olmira, princesa de belleza extre- 
mada, viuda del soberano de una de las islas del Archipiélago 
griego, era solicitada a porfía en matrimonio por Adrasto y 



36 CRÓNICAS DEL TIKMPO DE ISABEL II 

por Lircano; éste, jefe del ejército, propone que el más diestro 
en los ejercicios gimnásticos sea favorecido con la mano de la 
princesa, y Olmira, confiando en el valor y destreza de su ama- 
do Adraste, consiente a pesar suyo. Lircano muere víctima de 
una traición que había premeditado, y Adrasto se presenta a 
su amante con el laurel de la victoria.» 

En el mismo teatro se representó el 21 de Julio de 1838, el 
baile pantomímico titulado La espada del mago. Se dividía en 
siete cuadros, y cada uno tenía su título particular: El campa- 
mento de los cruzados, El triunfo del Soldán, Enrique y Mar- 
garita, Martin Gull, El asalto y El triunfo de la Cruz. No se 
le había compuesto música á propósito, sino que para obte- 
nerla buena a poco precio, se le adaptaron trozos de Gluk, de 
Mehul, de Gretry, d© Mozart, de Haynd. de Herold y de Ros- 
sini, con una gran sinfonía oriental compuesta por Carnioer. 

Volatines y variedades. 

No dejaban los volatines de tener aceptación en el público. 
Desde 1832 figuraba en los anuncios el Circo Olímpico de la 
plaza del Rey, situado donde hoy el Circo de Parish, Al prin- 
cipio sólo había función los domingos por la tarde, lo cual in- 
duce a creer que el local estaba descubierto, y que no se em- 
pleaba otra iluminación que la facilitada gratuitamente por el 
generoso Febo. La compañía constaba, en 1832, de 22 perso- 
nas y 18 caballos. Agustín Gigne saltaba seis caballos con sus 
jinetes; un ciervo, llamado Ruby, se subía encima de una mesa 
rodeada de fuegos artificiales, y permanecía tranquilo en medio 
de ellos. 

En 1835 tomaron el Circo Olímpico Paul y Bastien, yernos 
de Franconi (de París), introduciendo grandes mejoras en el 
local. «Se ha arreglado el circo — anunciaban — en términos 
que, aunque llueva, no se mojarán los concurrentes ni padece- 
rán detrimento por razón del temporal. Se han colocado rue- 
dos de paja alrededor de las sillas, a fin de que las personas 
que concurran estén libres de coger humedad.» 



POR CARLOS OAMBRONERO 37 

Paul sostenía sobre sí cuatro hombres con tres pesas de 
50 libras y una de 25; dirigía tres caballos sin silla ni brida; 
trabajaba en el trapecio, y hacía equilibrios. 

Figuraban en esta época los artistas siguientes: señoritas 
Lerous, Camila y Emilia, y los Sres. Ratel, Antonio, José, 
Amand y Morvino (1). 

Desde 1835 comienzan a ejecutarse pantomimas, que debie- 
ron de ser bien recibidas, como JSl carnaval de Italia, El faci- 
neroso de la Calabria, Los molinos y El sitio de Bilbao, donde 
se simulaba un combate de cristinos y facciosos, con evolucio- 
nes de caballería. 

Precios: Grrada, 4 reales; luneta de grada, 8; sillas alrede- 
dor del circo, 10; sillas de barandilla, 12. 

El Infante Don Francisco y su esposa concurrían frecuen- 
temente al Circo Olímpico. 

El año 1837, M. Paul se despidió del heroico pueblo de Ma- 
drid con una epístola en verso, en la que demostraba su pro- 
funda gratitud y su carencia de facultades para la poesía. 

Marcos Serrano, conocido por él Diableto, director de uña 
compañía de volatines que daba funciones en las provincias, 
estableció un circo en el patio de una casa de la plaza de la 
Paja. Estuvo todo el verano de 1831. 

Costaba dos reales la entrada. 

En el teatro de la Cruz, el año 1835, el indio Cassoul toca- 
ba el violín haciendo equilibrios. Este teatro ofreció algunas 
novedades, que si bien eran ajenas al arte de Lope y .Calderón, 
debieron de proporcionar buenas entradas. En Junio de 1833, 
el joven español Manuel Pinos se presentó en el escenario, imi- 
tando con la voz y sin instrumento alguno el canto de 120 
aves: celo del ruiseñor y el canario; calandria cuando se eleva; 
dúo de grillos, macho y hembra; el canario con todos sus gor- 
jeos; el mirlo cantando en armonía; las tres estaciones del 
pollo; el chorlito; el jilguero en celo; el tordo; el ruiseñor, con 

(1) A los artistas del Circo se les solía designar por el nombre, y no por 
el upellido. 



38 CBÓNICAB DEL TIKMPO DB ISABEL II 

setenta yariaciones, y llanto del niño recién nacido. En Julio 
de 1833 se exihibieron Mr. Mathevet, el grande Alcides y 
tu discípulo Triat, el Hércules francés ^ haciendo ejercicios 
de fuerza y agilidad y cuadros plásticos, que titulaban: Ma- 
rio aprisionado, Marte, El gladiador. Nerón y Guillermo Tell. 
Mr. Mathevet era modelo de la R. Academia de París. En 
competencia con éstos apareció, en Agosto de 1836, Luis 
Vally, el Hércules español, con Teófilo Gallerón, provenzal, 
maestro en el ejercicio de la lucha. Ofrecía, al que le venciera 
públicamente en el escenario, 800 reales, facilitándole un traje 
de punto para el acto de la lucha; ésta había de durar quince 
minutos; el luchador no podía asir a su contrario sino de medio 
euerpo arriba, ni valerse del recurso que se llama la zancadilla; 
no se consideraba vencedor sino al que había conseguido que 
la espalda del contrario tocase de lleno en el suelo. 

En Febrero de 1837 se presentaron en este mismo teatro 
Mrs. Darras y Manche, Alcides olímpicos, modelos de las Aca- 
demias de Pintura de Londres, París y Roma. Hacían ejerci- 
üios de fuerza y agilidad y cuadros plásticos, actitudes del an- 
tiguo, como entonces se decía. 

Solía haber volatines, los días festivos por la tarde, en un 
jardín de baile titulado ^Recreo de Chamberí, del que hablaremos 
más adelante; en 1831 los hubo también en el café de Santa 
Catalina (plaza de las Cortes), donde el público aplaudió ejer- 
cicios y bailes en la maroma tirante, equilibrios, saltos del 
trampolín y la habilidad de un acróbata, que se tragaba una 
espada de media vara. También se verificaron con alguna fre- 
cuencia funciones gimnásticas y ecuestres en la Plaza de To- 
ros. En Marzo de 1833 se celebró mucho la destreza de Luis 
Chiarini (el milanés), que daba un salto mortal por encima de 
ocho soldados, los cuales disparaban al propio tiempo sus fusi- 
les, cargados solamente con pólvora. 

Por los años de 1830 y 1831 se exhibió en el salón de la 
fonda de la Cruz de Malta (calle del Caballero de Gracia) un 
teatrito mecánico, una exposición de figuras de cera y una 



POR CARLOS CAMBRONBRO 39 

mona, un perro y tres canarios, amaestrados por José Casano. 
Entrada: 1 y 2 reales. 

Sala de la calle del Prado, núm. 3. Función de hidráulica 
enl831. Decía el Diario: «Equilibrios sobre agua natural, y va- 
riedad de composiciones de fuego y agua por el hidráulico que 
hoy se presenta. Este artista es el mismo que ha aumentado 
los juegos del Parque de Versalles, y el que, a fuerza de un es- 
tudio cuidadoso, ha conseguido sujetar este impetuoso elemento 
en contraposición, y a favor de la opresión del aire, hacer del 
primero una colección de figuras y juguetes que no ha habido 
persona que no le haya agradado.» 

El aeronauta español D. Manuel García Rizo anunció, en 
28 de Abril de 1833, que iba a verificar una ascensión eü el Re- 
tiro, en un magnífico globo, inflado con gas hidrógeno. Supo- 
nemos que cumpliría la promesa. 

Fausto Arias, vecino de esta corte, afamado andarín de su 
tiempo, hizo una apuesta, en Marzo de 1835, consistente en 
dar 34 vueltas, en diez y siete minutos, alrededor de la barre- 
ra de la Plaza de Toros: el redondel tenía 236 varas castellanas, 
que multiplicadas por 34, daban un total de 8.000, formando el 
completo de una legua. 

El público favorecía los Dioramas, Cosmoramas y Panora- 
mas. Había uno en la calle de Alcalá, cerca de la calle del 
Turco (hoy Marqués de Cubas); otro en la calle del Caballero 
de Gracia, fonda de la Unión (antes del Caballo Blanco), esqui- 
na a la del Clavel; otro en la de Preciados, frente a la calle del 
Candil, y otro en Recoletos, con una galería topográfica. El 
más importante de todos fue el que se estableció en el edificio 
conocido por Platería de Martínez (recientemente derruido), 
en la plaza del mismo nombre. Las vistas de éste eran: la Igle- 
sia de Atocha, un lago de Suiza, el Panteón de los Beyes Católi- 
cos en Granada y el interior de la iglesia del Monasterio del Es- 
corial, cuyo efecto resultaba sorprendente. Nosotros tuvimos 
ocasión de verlo en nuestra juventud, y recordamos la impre- 
sión profunda que a todos causaba, al punto de que los hom- 



rio ORÓNIOikS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

bres se quitaban instintivamente el sombrero al entrar, cre- 
yendo hallarse dentro de un templo; la ilusión era completa, 
en 1838, porque se oía tocar un órgano. La entrada, 2 pesetas. 

El año 1836 se expuso al público, en la calle he Alcalá, junto 
a la Historia Natural, un Microscopio solar, anunciando que se 
veía una pulga de un tamaño sesenta millones de veces mayor 
que el natural, una gota de agua, otra de vinagre, partículas 
de queso, etc. etc; 8 reales la entrada. 

En la plaza de Santiago, casa donde está la Diputación pro- 
vincial, se exhibió en 1838 el Enano gigante. Este era un hom- 
bre de una estatura colosal; pero que, favorecido por un vestido 
adecuado, sabía encogerse de manera que aparecía como enano 
o como gigante alternativamente: bailaba, tocaba varios ins- 
trumentos y hacía juegos de manos. No pudieudo sospecharse, 
ni remotamente, que la Diputación provincial se instalase más 
adelante en aquel edificio, bien comprenderá el lector que en 
la exhibición del Gigante enano o el Enano gigante, no hubo 
propósito de aludir a la digna corporación que hoy ocupa 
la casa. 

Toros. 

Era la plaza antigua, que llegamos a conocer nosotros, un 
edificio viejo y destartalado, de pobre aspecto, tanto en su fa- 
chada como en el interior, careciendo por completo de orna- 
mentación; pero resultaba más alegre que la plaza actual, de- 
bido quizá a su menor altura; y ofrecía gran animación sin 
necesidad de tener un lleno completo de las localidades. 

La primera corrida que se celebró después del nacimiento 
de Isabel II fue el día 13 de Octubre de 1830. 

En celebridad del feliz natalicio de la Princesa, se lidiaron 
ocho toros, cuatro de D. Manuel Gaviria, dos de D. Juan Za- 
pata y otros dos de D. Francisco Gallardo. Picadores: Juan 
Marchena Clavellino, Francisco Hormigo, Juan Martín y 
Annastasio Capón: Espadas Roque Miranda, que mató los cua- 
tro primerostoros; Pedro Sánchez, sobresaliente, para el quinto 



POR GARLOS GAMBRONEBO 41 

y sexto, y José Monje, media espada, al que correspondieron 
los dos últimos. 

Fue un acontecimiento la corrida de Beneficencia que se 
dio el 13 de Junio de 1831, tomando parte como espada, el ca- 
ballero D. Rafael Pérez de Guzmán. Este era hijo de una dis- 
tinguida familia; dedicado a la carrera militar, fué destinado 
de guarnición a Sevilla, donde se relacionó con Juan León y 
otros toreros, y tomó tal afición al arte de Pepe Hillo, que 
abandonó su profesión, dedicándose por completo a matador de 
toros. Nunca hubiese podido competir con los primeros espa- 
das. Viniendo a Madrid desde Sevilla, asaltaron la diligencia 
que le conducía por las llanuras de la Mancha, unos bandole- 
ros, dándole muerte. 

En esta década que vamos reseñando, figuraban como es- 
padas Juan León, Manuel Romero (Carrete), Lucas, Roque 
Miranda, El Morenillo, El Sombrerero, Jerónimo José Cándi- 
do, Francisco Montes, que tomó la alternativa en 1831; José 
de los Santos, en 1832; Noteveas, en 1837 (había sido medio 
espada en 1833), y Julián Casas (el Salamanquino), que mató 
por primera vez en 1839. 

Tuvieron éstos de banderilleros a Camilo, Yust, Jordán, 
Capa, José Monje, El Barbero, Colita, El Fraile de la Petene- 
ra, El Fraile de la Carretería, El Loro, Barragán, El Gallego, 
El Ratón, Francisco de los Santos y Francisco Arjona (Cucha- 
res), que aparece en 1839. 

Picadores: Cristóbal Ortiz, Hormigo, El Pelón, Pinto, Fran- 
cisco Sevilla, (que aparece en 1830), Diego Lucena (1830), To- 
más Muñoz (1832), Bernardo Botella (1833), Antonio Sánchez, 
llamado Poco Pan (1833), José Carrera (1835), Francisco 
Briones (1836), José Trigo (1837) y Antonio Guisado (el Be- 
rrinches), (1839). 

En 1832 (16 de Julio), un toro saltó la barrera, y no consi- 
guiendo hacerle salir al redondel, tuvieron que darle muerte 
en el callejón. 

Es ejemplo de mala suerte el caso del picador Diego Luna, 



42 OBÓNIGAS DEL TIEMPO DE ISABEL U 

qne la tarde de su primera salida en Madrid (1.*^ de Julio 
de 1830), el quinto toro de la corrida, al recibir una pica, le 
hizo caer con tal desgracia, que el pobre hombre falleció dos 
días después a consecuencia del golpe. 

Tampoco fue buena suerte la del banderillero el Loro, que 
•I 18 de Junio de 1832 estuvo gravemente enfermo de una coz 
que le pegó el caballo de un picador al intentar un quite. 

Las corridas de novillos daban buen resultado a las empre- 
sas, siempre con el aliciente de la mojiganga. He aquí cómo 
se anunciaba una para el 8 de Febrero de 1831: 

«Dará principio la corrida con dos novillos embolados, que 
serán picados por dos aficionados, y banderilleados según cos- 
tumbre. Seguirá la escena de la Pata de Cabra, del modo que 
» continuación se expresa: Se presentará en la plaza un carro 
triunfal, tirado por 20 cíclopes, que conducirá a Vulcano a su 
templo, y en las fraguas trabajarán aquéllos al compás de la 
música propia déla escena. Eu seguida saldrán montados sobre 
sus asnos, D. Simplicio Bobadilla Majaderano y Cabeza de 
Buey y su escudero Lazarillo, y cuando los cíclopes hayan he- 
cho a aquél los honores de parte de Vulcano, y se preparen a 
prestarle los auxilios que le ha concedido contra su rival, se 
soltará un valiente toro embolado, que acometerá impetuosa- 
mente a la comparsa hasta lograr desordenarla. Este aconte- 
cimiento llenará de indignación a Vulcano por ver profanada 
su mansión, y mandará se castigue la osadía de la fiera picán- 
dola desde sus asnos con vara larga D. Simplicio y su escude- 
ro, y poniéndola banderillas de fuego los cíclopes en señal de 
que sobre este elemento impera el dios a quien adoran. No sa- 
tisfecho Vulcano con este castigo, se apeará de su carro, y to- 
mando la espada, dará muerte al delincuente. 

»A continuación se lidiarán dos toros de la ganadería de 
D. Manuel Bañuelos, que picarán Anastasio Capón y José 
Zapata, y estoqueará Diego Escobar (el Panadero), nuevo en 
esta plaza, acompañado de la correspondiente cuadrilla de 
banderilleros. 



POR CARLOS CAMBRONERO 43 

»En seguida se correrán seis novillos embolados para los 
aficionados que gusten torearlos, a excepción de los ancianos 
y muchachos, a quienes se prohibe bajar al redondel, bajo la 
multa de 50 ducados. Se dará fin a la función con una varie- 
dad de fuegos artificiales, dirigidos por D. Ramón Zamora.» 

Situada la plaza junto a la puerta de Alcalá, no se hacía 
indispensable el uso del carruaje para concurrir a los toros, 
tanto más, cuanto que escaseaban los coches de alquiler; pero 
daba tono y carácter, en cierta clase de gente, utilizar para 
este servicio la calesa, especie de bombé, con dos ruedas y ca- 
pota, colocándose el conductor sentado sobre una de las varas 
que sujetaban el vehículo a la caballería. Lo que había que ver 
era una calesa llevando en sus asientos dos mujeres guapas, 
con vestidos de vivos colores, mantilla blanca, peineta de con- 
cha y flores en la cabeza. Una de las últimas calesas que se 
conservaban en Madrid la compró, hacia 1860, para llevársela 
a su país, el embajador de Rusia. 

Bailes pútolloos. 

Salón de Oriente. — La construcción del Teatro Real fue ca- 
lificada de disparate magnifico por un cronista, mal impresio- 
nado, sin duda alguna, por la lentitud con que se realizaba la 
obra, pues habiendo comenzado hacia 1820, llevaba aún tra- 
zas de durar muchos años, como así sucedió. En 1836 sólo es- 
taba terminado el salón que hoy se destina a teatro y actos 
solemnes del Conservatorio de Música, salón que por su capa- 
cidad sugirió a cierta empresa la idea de dar en él bailes de 
máscara. Al efecto, lo adornó con lujo y elegancia; se pintó 
el techo, se tapizaron las paredes de seda azul Cristina (celes- 
te) y se cubrieron los huecos de los balcones y puertas con col- 
gaduras del mismo color, guarnecidas de franjas y flecos de 
plata. Iluminóse el salón con 30 arañas, cuatro grandes can- 
delabros y 28 arandelas, formando un total de 668 bujías. 
Había salas de descanso y de juego con mesas para tresillo y 



44 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

r ecarte (1), gabinete de lectura, tocadores, almacén de trajes 
de máscara, venta de flores naturales y artificiales, de guantes 
y zapatos para señora, guardarropa, enfermería, peluquería y 
limpiabotas, sin olvidar el imprescindible ambigú, como se de- 
oía entonces. 

La inauguración se verificó en 22 de Enero de 1836: el pre- 
cio del billete personal era de 50 reales, y toda la música que 
se tocó aquella noche estaba compuesta por D. Ramón Carni- 
cer. Según la Prensa de la época, el baile estuvo muy concu- 
rrido y animado, ofreciendo el salón un aspecto sorprendente. 

La empresa no debió de salir mal en su negocio, porque si- 
guió dando cierto número de bailes todos los años hasta 1839, 
último del período cuya crónica escribimos. La fiesta comen- 
zaba a las doce de la noche y concluía a las nueve de la ma- 
ñana siguiente. Bien temprano se retiraban a su casa los con- 
currentes. 

Teatro del Principe. — Desde que murió Fernando VII co- 
menzaron de nuevo a darse bailes de máscara en el teatro del 
Príncipe (hoy Español). El billete costaba 20 reales; las horas 
eran de diez de la noche a la madrugada; había piezas destina- 
das al ambigú, y vestuarios con la debida separación. Tres 
bastoneros en el centro de la sala tenían el encargo de conser- 
bar el orden y dirección de los bailes y parejas; se tocaban val- 
ses, rigodones, mazurkas, galops y contradanzas, finalizando 
con la llamada greca, de moda en aquellos días. Cada tempo- 
rada se verificaban catorce o diez y seis bailes de máscara, y 
en 1837 se adoptó el sistema de terminarlos a las nueve de la 
mañana. ¡Vaya por la sencillez de costumbres de nuestros ma- 
yores! 

De 1835 a 1839 se abrieron en Madrid algunos salones de 
baile, como son: 

Salón de las Columnas, calle del Olivar, esquina a la de la 



(1) L'ecarté estaba de moda eu aquellos días, pero es un juego tau 
sencillo y trivial, que cayó en el olvido. 



POR CARLOS GAMBRONICRO 45 

Cabeza, casa antigua que ya está reedificada; en ella se ins- 
taló después el Colegio de San Jóse, al que asistimos en nues- 
tra niñez. El billete de entrada al baile costaba 10 reales. 

Salón del café de la Fontana de Oro, Carrera de San Jeró- 
nimo; al mismo precio que el anterior. 

Salón de Vensano, calle del Baño, hoy Ventura de la Vega, 
número 5. El Sr. Vensano tenía academia de baile, y aprove- 
chaba el local ciertas noches para sacarle mayor rendimiento; 
8 reales la entrada. Se bailaban el hritano y las italianas, que, 
por lo que se desprende de los anuncios, era la última moda 
entonces. 

Salón de la Casa de Canónigos, Atocha, núm. 92. Costaba 
12 reales el billete. El título no resultaba apropiado al géne- 
ro de la diversión. 

Salón de la calle del Arenal, casa en que habitó el Marqués 
de Casa-Riera, frente a la plaza de Celenque. Este era un bai- 
le de los que se anunciaban como serios, pues costaba 20 rea- 
les el billete. 

Salón de la calle de Jardines, núm. 16. Precio, 20 reales. 

Salón de la plazuela de Santiago, casa donde hoy se halla 
la Diputación. Hay edificios predestinados. 

Salón de Leganitos, casa vieja de Osuna, donde ahora está 
el Convento del Sagrado Corazón de Jesús: 8 reales billete. 

Nuevo Recreo, calle de San Agustín, núm. 2, piso bajo, es- 
quina a la calle del Prado; todavía existe la casa. Este no de- 
bería considerarse como baile serio, porque el precio del bille- 
te era de 4 reales. En la mayoría de los bailes, no en todos, 
había dispuesto ambigú. En el Nuevo Recreo se encontraba, por 
precios módicos, bebidas, refrescos, jamón, salchichón y acei- 
tunas. 

Salón del café de Cervantes (antes de Solís), esquina a la 
calle del Barquillo. 

Salón de la casa del Duque de Villahermosa, Carrera de San 
Jerónimo, esquina al Prado. Aquí sí que concurriría la flor y 



46 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

nata de las mujeres bonitas y de los hombres de dinero: costa- 
ba 30 realazos el billete. 

Salones de la Inquisición, calle de Isabel la Católica, núme- 
ro 4, principal. Aun existe la casa; en ella estuvo instalado el 
Santo Tribunal que la da nombre. Costaba 8 reales el billete. 
Si las paredes hablasen, ¡qué cosas hubieran podido decir en- 
tonces, y podrían decir hoy, después de haber presenciado los 
bailes de dos pesetas! 

Salón de la casa del Conde de Aranda, calle del Luzón, nú- 
mero 4. Era también de medio pelo. 

Salón de la travesía de la Parada (antes calle de Enhora- 
mala vayas), núra. 8. Barato. 

Salones de Santa Catalina, en las casas conocidas por este 
título: Plaza de las Cortes, con vuelta a la Carrera de San Je- 
rónimo y calle del Prado. Se anunciaba como baile serio: 20 
reales billete. 

Plaza de Toros. — Aquí se dieron bailes de máscara desde 
1835, durante la época de Carnaval. Las puertas se abrían a 
las dos de la tarde; había dos bandas militares que alternaban 
tocando, con descanso de diez minutos, manchegas, galop, 
rigodones, jota aragonesa y contradanza; a las cuatro, ascen- 
sión de un globo de 15 pies de altura; terminaba el baile, al 
ponerse el sol, con el Himno de Riego, tocado por las dos ban- 
das juntas. Billete, 4 reales; palco, 60. 

Según lo dispuesto por el Gobernador civil, los concurren- 
tes al baile podían llevar la careta puesta desde el Buen Suce- 
so (hoy casa del Hotel de París, en lá Puerta del Sol) hasta la 
Plaza de Toros, sin salir de esta carrera. Conviene hacer cons- 
tar que entonces no se permitía usar disfraz y careta en el 
centro del día, aunque se toleraba por la noche a las personas 
que asistían a los bailes de máscara. 

Sobre este asunto se publicó, en 12 de Febrero de 1836, un 
artículo del que, por curiosidad, vamos a transcribir algunos 
párrafos: 

«Nada a nuestro entender sería más del agrado del público, 



POB GARLOS GAMBROMBRO 47 

como el que, prescindiendo ya de desconfianzas infundadas, se 
permitiese absolutamente las máscaras y disfraces por las ca- 
lles en los tres últimos días del Carnaval, señalando si se quería 
alguna carrera fija, tal como las calles Mayor, Alcalá, San Je- 
rónimo, Atocha y sus intermedias, incluyendo también el Pa- 
seo del Prado y Plaza Mayor, donde pudieran colocarse músi- 
cas que permitiesen improvisar danzas a las festivas com- 
parsas. 

»Puede muy bien imaginarse la novedad y grandeza de un 
espectáculo semejante en uno de los hermosos días que nuestro 
cielo nos proporciona, cubierta toda la carrera de caprichoso» 
disfraces, que el buen tono prescribe ya en las reuniones de 
salón, pero que serían muy oportunos en calles anchas y dea- 
ahogadas en nuestros románticos balcones, en carrozas y ca- 
balgaduras. 

»Ya en ol año pasado se intentó condescender con el deseo 
del público, permitiendo bailes por la tarde en la Plaza de 
Toros; pero la circunstancia de no poder usar de la careta sino 
dentro de aquel recinto, causó precisamente el inconveniente 
que se pretendía evitar, circunscribiendo esta diversión a aque- 
lla parte del público quémenos puede hacerla agradable y que 
más bien puede abusar de ella. Otra cosa sería si fuera lícito el 
andar disfrazado por las calles (con excepción ya dicha de las 
extraviadas), porque entonces todas las clases no temerían 
perder su decoro enmascarándose, formando lucidas comparsas 
y contribuyendo a la alegría general. Siendo tantos y tan con- 
curridos los bailes públicos y particulares, las calles de Madrid 
están generalmente cubiertas de máscaras desde las diez de la 
noche. ¿Serán acaso más peligrosas de día?» 

Llegó un tiempo en que el deseo del articulista se vio col- 
mado, y hoy ya el público mismo encuentra enfadosa la di- 
versión, siendo muy contadas las máscaras que salen a la calle, 
y más contados aún los buenos disfraces. 

Jardín de las Delicias. — Se hallaba en lo que hoy forma el 
Paseo de Recoletos, y es resto de él, aunque muy variado, el 



48 CRÓNICAS DI£L TIEMPO UK ISABEL II 

trozo de jardín comprendido entre las calles del Almirante y de 
Doña Bárbara de Braganza. Pertenecía al palacio que llama- 
ban de Altamira, después propiedad de la Marquesa de Medi- 
na de las Torres; tenía su entrada principal por la citada calle 
del Almirante. Este jardín era de gran extensión, y dividíase 
en tres partes, efecto de la desigualdad del terreno, formando 
andenes resguardados por barandillas de hierro. 

Desde Junio de 1834, se comenzaron a dar en este sitio 
bailes públicos, de seis de la tarde a once de la noche, con tal 
aceptación, que durante el mes de Setiembre de aquel año se 
decidió la empresa a hacer la fiesta por todo lo alto, es decir, 
a altas horas de la noche, comenzando a las doce y terminán- 
dola a la madrugada, al precio de 8 reales por persona, sin 
distinción de sexos. 

Entonces, el Paseo de Recoletos era un camino con hono- 
res de carretera, y hallándose al confín de la población, pues- 
ta que iba a morir en la puerta del mismo nombre del paseo, 
excusado parece añadir que resultaba un paraje solitario, for- 
mado en su mayor parte por las tapias de los jardines que a 
uno y a otro lado tenía. El sitio, pues, ofrecía poca seguridad 
para transitar por él a media noche; pero la empresa, a fin de 
favorecer la concurrencia, estableció un servicio de coches que 
sallan de la Puerta del Sol cada diez minutos, al precio de dos 
reales por asiento, y colocó además, por su cuenta, desde la 
Fuente de Cibeles, una línea de faroles, que tenía encendidos 
durante las horas que duraba el baile, y un número proporcio- 
nado de guardas, provistos de linternas, con lo que quedaba 
vigilado el trayecto. 

La entrada se verificaba por la puerta del Palacio en la 
calle del Almirante, y el baile tenía efecto, durante el mal 
tiempo, en los ocho grandes salones del edificio. 

Aquí se introdujo la moda del baile de Piñata al estilo de 
Cádiz — como decía el anuncio de 8 de Marzo de 1835. — Co- 
menzaba a las seis de la tarde; a las nueve descanso, durante 
el cual «se colocaba una gran piñata en medio del salón, para 



POR CARLOS CAMBRONERO 49 

que los señores concurrentes se divirtieran en romperla; y des- 
pués de hacerlo, y recogidos los dulces, continuaba el baile 
basta las doce». 

En verano, la fiesta era completa: se abría con un concierto 
en uno de los jardines; después se pasaba a otro, donde se bai- 
laba en la plazoleta de los tilos; a las siete, ascensión de un 
globo aerostático de quince pies de altura^ sin capitán que lo 
tripulara, según costumbre; acto seguido, rifa de un cubierto 
de plata, hecho a mazo, y de un abanico; función de fuegos ar- 
tificiales por el polvorista D. Mariano Estellón, y luego baile 
hasta las doce. Había fonda, cafó y refrescos. La pólvora se 
quemaba delante del Palacio, y permitíase subir a los salones 
del piso principal a los concurreutes, para presenciar desde 
los balcones los fuegos artificiales. 

La plazoleta de los tilos existe en la actualidad, y es la que 
se halla en el centro del jardín citado, entre las calles del Al- 
mirante y de Doña Bárbara de Braganza; allí vimos en nuestra 
juventud ocho tilos (de los que se conservan dos), y quizá pue- 
dan recordarlo también los que hayan alcanzado la época, la 
reforma y ensanche del Paseo de Recoletos, que aprovechó 
gran parte de los jardines expropiados. 

Quinta del Etipiritu Santo. — A la izquierda y final del anti- 
guo camino de la Venta (hoy prolongación de la calle de Al- 
calá) y antes de llegar al puente del arroyo Abroñigal. Cele- 
brábanse en esta quinta bailes campestres (al aire libre), fun- 
ciones de volatines y fuegos artificiales. Había fonda, café, 
botillería, baños, billares y juegos de entrenimiento. Se ser- 
vían, por encargo, comidas y meriendas a la española y a la 
francesa, y de ordinario, perdices y truchas escabechadas, os- 
tras y magras de jamón añejo; vino moscatel a doce cuartos 
cuartillo; dulce, a ocho, y común, aséis. También había habi- 
taciones, desde las que se disfrutaba hermosas vistas, «con ca- 
mas y lo demás necesario para que nada faltase a los que de- 
seaban el reposo después de haber paseado». Una diligencia 
salía cada cuarto de hora, durante la tarde, con dirección a la 



50 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Quinta, desde la Fouda de Perona (calle de Alcalá), y volvía 
con igual intervalo de tiempo a Madrid, desde las ocho hasta 
las diez de la noche, al precio de cinco reales de ida, con en- 
trada en la posesión, y tres de vuelta. 

Las tardes de lluvia se celebraba el baile en el interior del 
edificio de la Quinta, en un salón que se denominaba de las 
Ninfas, no sabemos si por las pinturas que quizá lo adornaran, 
o por las jóvenes que a él concurrían. Es de suponer que se 
bailase el vertiginoso vals, la agitada raazurka y el tranquilo 
rigodón; pero el anuncio a?}eguraba que había una orquesta de 
guitarras, dirigida por un Sr. Cota, distinguido maestro, que 
estaba siempre pronta para el baile de castañuelas. 
Esto era por los años de 1834 a 1836. 

Portici. — Jardín situado en el Soto de Migas Calientes (Vi- 
veros de la Villa), junto al río Manzanares, en el camino del 
Pardo. Baile campestre los días festivos por la tarde, ameni- 
zado al anochecer con una vistosa función de fuegos artificia- 
les, preparados por Estellón. Había baños y fonda. El dueño 
estableció un servicio de diligencias desde el Gabinete de lectu- 
ra de Mr. Monier, en la calle de la Montera, hasta el estable- 
cimiento, al precio de cuatro reales por asiento de ida o vuelta. 
Las sesiones de baile se suprimieron en 1837, quedando única- 
mente el servicio de baños y fonda. Se permitía entrar en el 
jardín, con meriendas, mediante el pago de dos reales por per- 
sona. 

En el género de bailes campestres podemos citar, además: 
El jardín de Apolo, contiguo a la Puerta de San Fernando, 
hoy Glorieta de Bilbao. Comenzó en 1835, imitando al de las 
Delicias f puesto que, a más de baile, había globo, fuegos arti- 
ficiales y rifa de un cubierto de plata. Cuatro reales el billete. 
La pólvora estuvo, primero, a cargo de Martín Aroca, discí- 
pulo y sucesor de D. Mariano Estellón, que figura ya difunto 
en 1836; después quedó de polvorista Antonio Zamora, y en 
1838 aparece José Hernández, favorecido por todas las em- 
presas. 



POR CARLOS CAMBRONERO 51 

Jardín de la Cuádruple alianza, en el Prado, donde hoy el 
Hotel Ritz. La entrada al jardín era pública, pero no a los sa- 
lones de baile, que eran dos, uno llamado de Oriente y otro de 
Levante; aquí se abonaban cuatro cuartos por persona, es de- 
cir, unos doce céntimos. Había columpios y juegos de entre- 
tenimiento a precios económicos. 

Recreo de Chamberí, en la actual plaza de este nombre y 
casa llamada entonces de las Torres. En el ambigú se servía un 
plato de guisado, pan y vino, por dos reales. 

Minerva, jardín y huerta situados en las afueras de la po- 
blación, entre la Puerta ya citada de San Fernando y la de 
Santa Bárbara, hoy Glorieta de Alonso Martínez. Se permitía 
entrar con meriendas, y hacía la competencia al Recreo de 
Chamberí. La empresa ponía guardas por la noche en el Paseo 
de Luchana. 

Como se ve por esta relación, los habitantes de Madrid, en 
la época de 1830 a 1839, rendían fervoroso culto a la diosa 
Terpsícore. 

Segundo periodo. — i840 a 1849. 

TEATRO DEL PRÍNCIPE 

La Prensa de este período, reflejando indudablemente una 
gran parte de la opinión pública, se lamenta del triste estado 
del teatro, y eso que contaba éste con actrices y actores como 
Matilde Diez, Bárbara y Teodora Lamadrid, la Llórente, la 
Tablares, la Palma, Latorre, García Luna, Romea, Valero, 
Arjona, Guzmán y Mariano Fernández (1); y con escritores 
como Bretón, Díaz, Gil y Zarate, Escosura, García Gutiérrez, 

(1) Estos artistas, cuyo mérito no podemos poner en duda porque he- 
mos alcanzado a ver a algunos de ellos y pudimos formar opinión, deja- 
ban descontentos a D. Eugenio Ochoa y a D. Manuel Cañete, quienes se 
lamentaron, respectivamente, en La España y en El Heraldo (18i9), de 
la falta de buenos cómicos. 



52 ORÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL U 



Rodríguez Rubí, Hartzenbusch, Ventura de la Vega, Zorrilla 
y otros. Efectivamente, estos escritores consagrados, no co- 
rrespondiendo a la demanda del público, que pedía obras nue- 
vas, producían relativamente poco, a pesar de disponer de un 
personal inmejorable para la interpretación de sus obras. 

Es cierto que los empresarios que, sucesivamente iban to- 
mando en arrendamiento el teatro del Príncipe, salían siempre 
con las manos en la cabeza, pues con las cargas benéficas que 
pesaban sobre el coliseo, no había negocio posible, según se ha 
visto en la década anterior; pero es cierto también que estos 
empresarios, conociendo el escollo de las cargas benéficas, con' 
fiaban en el producto de las buenas entradas, en los llenos; y 
oomo el público no ocupaba a diario, ni con mucho, todas las 
localidades, de aquí la desproporción de los gastos con los in- 
gresos, el déficit y la bancarrota; de suerte que a los poetas 
dramáticos de primer orden algo de culpa les cabe en la deca- 
dente situación del teatro del Príncipe por aquellos días. 

Aunque a la ligera, vamos a hacer una reseña de las nove- 
dades que ofreció este teatro en el período de 1840 a 1849: 

El campanero de San Pablo, drama de Bouchardi, que ha- 
bía obtenido 300 representaciones en París, lo tradujo D. Eu- 
genio de Ochoa, y fue desempeñado por Bárbara y Teodora, 
Luna y Fabiani. (8 Enero 1840.) 

La niña boba, de Lope. Obtuvo Matilde una ovación. (3 de 
Junio). 

El 2 de Octubre se hizo una función extraordinaria, dis- 
puesta por el Ayuntamiento, en celebridad de la llegada a esta 
corte del Q-eneral Espartero con motivo de la revolución rea- 
lizada por el pueblo de Madrid, y dicha función se ajusto al 
siguiente programa: 1.° Sinfonía del maestro Caruicer. 2.° La 
comedia de Lope Amantes y celosos. 3.° La jota valenciana^ 
baile nacional; y 4.° La improvisación cómica en un acto, es- 
crita expresamente para este día, por D. Manuel Bretón de los 
(Herreros y D. Julián Romea, con el título de La ponchada. No 
se representó más que una noche, porque disgustó a los amigos 



POR CARLOS GAMBRONERO 53 

del General, y fue prohibida, proporcionando un disgustazo 
mayúsculo a Bretón. Se halla impresa, por si el lector quiere 
conocerla, en la rica colección de obras dramáticas de la Bi- 
blioteca Nacional (1). 

Los polvos de la madre Celestina, a beneficio de D. Fran- 
cisco Lucini, director de la maquinaria. Esta comedia de ma- 
gia se había representado el año anterior en París, con el títu- 
lo de Las pildoras del diablo, y traducida literalmente, se hizo 
en Zaragoza poco tiempo después. Hartzenbusch introdujo 
grandes modificaciones, de modo que quedó la obra completa- 
mente refundida. Fue desempeñada por Matilde, Teodora, 
Guzmán, Sobrado y Fabiani. La decoración del segundo cua- 
dro representaba la vista del convento de Santa Teresa, de 
Madrid. La obra obtuvo 30 representaciones seguidas. (Ene- 
ro 1841.) 

Se dio otro golpe a Bouchardí, poniendo en escena una tra- 
ducción de Lázaro o el pastor de Florencia, por D. Juan Pe- 
ñalver. Se hizo muchas noches. (Marzo 1844.) 

En Abril, la empresa del Príncipe se las prometía muy fe- 
lices para la temporada entrante, pues anunciaba que tenía en 
cartera 4 comedias de Bretón de los Herreros, 3 de Gil y Zara- 
te, 2 de Hartzenbusch, 2 del Duque de Rivas, 4 traducciones 
de Escosura y 8 de Ventura de la Vega. Si esto hubiera resul- 
tado cierto, no podía la campaña teatral presentarse bajo me- 
jores auspicios. 



(1) Bretón publicó en El Correo Nacional, de 3 de Octubre de 1840, 
una carta, dando satisfacciones por las frases de la obra que habían mb- 
lestaao a la Milicia nacional (de que él formaba parte), y declarando que 
no había tenido intención de ofender a esta Institución. 

También manifestó que, si bien la obra aparecía hecha en colaboración 
de Julián Romea, éste solamente había puesto los versos finales; y qué 
el apropósito se había escrito, por encargo del Ayuntamiento, en menos 
horas de las que tardó un escribiente en ponerlo en limpio. Pero no le 
valió a Bretón cantar la palinodia, pues en la Gaceta del día 5 apareció 
destituido del cargo que desempeñaba de Director de la Biblioteca Na- 
cional. 



54 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Los perros del monte de San Bernardo^ arreglo de Vega, con 
decoraciones de Lnciui. Gustó. (Junio 1841.) 

El héroe por fuerza, comedia de gracioso, para Guzmán; 
traducida por Vega. (Julio.) 

Bruno el tejedor, también traducido por Vega. Romea es- 
tuvo admirable en esta comedia, que se adaptaba bien a sus 
facultades. (Agosto.) 

La pluma prodigiosa, comedia de magia con música de Car- 
nicer. El gracioso se había hecho de necesidad en este género, 
como protagonista o papel principal. Se puso la obra en esce- 
na con cierto lujo, pues se pintaron 19 decoraciones nuevas y 
se construyeron 190 trajes. (Noviembre 1841.) 

El hombre más feo de Francia, traducción de Vega, por 
Matilde, la Llórente, Romea mayor y Romea menor, como 
llamaban a los dos hermanos. (Diciembre 1841.) 

Guzmán el Bueno, de Gil y Zarate, a beneficio de Matilde; 
ella superior; Romea, regular. (Febrero 1842.) 

La escuela de las casadas. (Abril 1842.) 

Cuando se estrenó, dijo el Diario, sin duda por instigacio- 
nes del autor, D. Manuel Bretón de los Herreros, lo siguiente: 

«Las costumbres más inocentes, la índole más apacible y \a, 
virtud más ejemplar, no bastan a las mujeres casadas para su 
propia ventura y la de sus maridos; y aunque marido y mujer 
están interesados en procurársela recíprocamente, a la esposa 
incumbe más de cerca el cuidado del bienestar doméstico, úni- 
ca ambición que no desdice de su débil condición y de sus há- 
bitos tranquilos y sedentarios. Sin embargo, no todos los de- 
beres de una consorte están consignados en las leyendas mora- 
les, o, a lo menos, no en ella se indican todos los medios de 
cumplirlos. La sociedad en que cada una ha de vivir, o más 
bien, aquella a que su esposo está habituado, le impone otros 
preceptos de que no puede prescindir sin riesgo de ser desgra- 
ciada, aunque para seguirlos tenga que hacer alguna violencia 
a su carácter. Agradar y complacer al compañero de su vida 
es una necesidad de toda mujer, y para ello conviene emplear 



POR CARLOS CAMBRÓN B:R0 55 

cuantos medios estén a su alcance, siempre que no lo reprue- 
ben las leyes humanas ni los dogmas de la Iglesia. 

» Confiar ciegamente en el prestigio de una hermosura har- 
to perecedera, en el ascendiente de una virtud no siempre es- 
timada como se debe, y en juramentos que pronunció entusias- 
mado el galán meritorio y ha de cumplir el marido soberano, 
es triste cosa para los tiempos que corren, y tampoco son para 
muy prodigados los ordinarios recursos de lágrimas, alaridos 
y convulsiones. Otra táctica es ya necesaria para manejar a 
ciertos maridos. Explicarla en el cartel, sería analizar la come- 
dia, quitando tal vez la gana de verla al que leyere estos ren- 
glones. 

»E1 autor no tiene, empero, la vanidad de dar por nueva 
ni por infalible su doctrina, ni aunque lo fuera, dejaría de re- 
conocer y confesar que no hay regla sin excepción. Es de 
creer, no obstante, que el bello sexo sea de su mismo dicta- 
men, y si las damas apadrinan esta producción, escrita en ob- 
sequio suyo, quedará satisfecho y agradecido.» 

Las memorias del diablo, arreglo de Vega. (Mayo 1842.)] 

Para conmemorar el aniversario de Calderón de la Barca, 
con motivo de la traslación de sus restos desde la iglesia del 
Salvador (1), donde se hallaban, declarada ruinosa, al Cemen- 
terio de la Sacramental de San Nicolás de Bari, afueras de la 
Puerta de Atocha, sitio próximo a la actual calle de Méndez 
Alvaro, se representó La vida es sueño. (Mayo 1842.) 

Faiio el novicio o La predicción, drama en cuatro actos y 
un prólogo, traducido. La acción pasa en la época de Carlos V. 
(Setiembre.) 

Un novio a pedir de boca, por Bretón de los Herreros. (Ma- 
yo 1843.) 

Un 'francés en Cartagena, del mismo autor. «Es una chan- 
zoneta dialogada — decía el Diario, — tan ajena de miras políti- 
cas como de pretensiones literarias.» La comedia es muy linda 



(1) Calle Mayor, frente a la plaza de la Villa. 



56 CBÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

y está escrita con un juicio muy sensato, censurando a los 
extranjeros por el equivocado concepto que suelen tener for- 
mado de las cosas de España. (Abril 1843.) 

La chanzoneta hizo buen efecto, y eso que el público bus- 
caba dramas conmovedores, como El ingeniero o la deuda del 
honor, Pedro el negro o los bandidos de la Lorena, El secreto 
de una madre, Don Enrique de Trastamara o los mineros y El 
mal padre, que obtenían en aquel tiempo grandes aplausos. 

No gustó Las Batuecas, comedia de magia, en prosa y ver- 
so, desempeñada por Teodora, la Llórente, Guzmán, Mariano 
Fernández y Noren. La música de los bailables era de Lnis 
Arche, y las decoraciones, muy buenas, de Lucini. Hartzen- 
bnsch, que con Los polvos de la madre Celestina había levan- 
tado el género a gran altura, esta vez fue censurado por la 
crítica. 

Por esta época se estrenaron: 

El Oran Capitán, de Gil y Zarate (1). El drama gustó. Ro- 
mea estuvo «demasiado natural». 

Pascual y Carranza y La independencia, de Bretón. 

Las dos coronas y El lobo marino, de Isidoro Gil. 

La familia improvisada, de Bretón, por Mariano Fernán- 
dez. Muy bien. 

Dumont y compañía, de Doncel y Valladares. 

la murió Napoleón, del joven Manuel María Santa Ana. 

La abuela. Las gracias de Oedeón y Cuando se acaba el 
amor, traduciones de Navarrete. 

Juan de las Viñas, de Hartzenbusch. 

Bandera negra, de Rubí, estrenada en Marzo de 1844. Decía 
de la obra y del autor un periódico: «Este joven poeta se ha 
mostrado en esta sublime producción digno de la celebridad 
que supo adquirir con su famosa Rueda de la fortuna. No he- 
mos presenciado triunfo más completo en el teatro.» 



(1) Había escrito Don Alvaro de Luna, Guzmán el Bueno y Carlos U 
el Hechizado; le daba por los dramas históricos. 



POR CARLOS CAMBRONERO 57 

Y luego añadía respecto de la ejecución: cLa perla del tea- 
tro Español^ la divina Matilde, se ha hecho en todas las repre- 
sentaciones de esta comedia, superior, si cabe, a su colosal ce- 
lebridad.» De Teodora, de la Llórente, de los Romeas y de 
Guzmán dice que estuvieron felices. 

Para la inauguración de la temporada, en Pascua de Se- 
surrección^de 1845, se hizo una reforma en la ornamentación 
de la sala del teatro. Aparecieron las paredes empapeladas, 
cosa nueva, porque anteriormente se pintaban, y no siempre 
con buen gusto: las lunetas se forraron de terciopelo azul za- 
firo, dividiéndolas en dos bandas, de suerte que «ya no se las 
tomaba por asalto, sino que se había facilitado el acceso pa- 
sando por el medio del teatro»; se pintó un telón nuevo, tam- 
bién azul, como el papel de los palcos y anfiteatros; se supri- 
mió lo que llamaban patio y en su lugar se construyeron cuatro 
palcos, quedando, al decir de algunos, pocas localidades para 
el público de poco precio. 

Estrenos notables de 1846: 

Los misterios de Madrid^ novela dramática en cuatro actos. 
Se pintó para esta obra una decoración nueva que representa- 
ba la Puerta del Sol, y que fue copiada en un grabado publicado 
por El Laberinto de 1.° de Marzo. La estampa da idea de cómo 
estaba la Puerta del Sol en aquella fecha, formando, como de- 
cía Mesonero, más bien una encrucijada que una plaza. En el 
grabado aparece a la derecha la calle de Carretas; a la izquier- 
da, la esquina de la de la Montera, y al fondo, la iglesia del 
Buen Suceso, entre la Carrera y la calle de Alcalá, que se pier- 
den a lo lejos. 

La jura en Santa Gadea, de Hartzenbusch, hermoso drama 
que vino a compensar con creces el contratiempo de Las Ba- 
tuecas. 

El hombre de mundo, que fue un triunfo para Ventura de la 
Vega y para Julián Romea. Acompañaron a éste en la repre- 
sentación, Matilde, Teodora, Plácida Tablares, Florencio Ro- 
mea, Guzmán y Mariano Fernández. Dada la fama de los ac- 



58 CRÓNICAS DEL TIEMPO 1)K 18ABBL II 

tores que la ejecutaron, no creemos que se haya visto comedia 
mejor representada en los teatros de la corte. (2 Octubre 1846). 
D. Julián Romea, a quien alcanzamos a ver representar esta 
comedia, estaba inimitable. De la obra decía Villergas, ponién- 
dola reparos, que estaba tomada de una francesa titulada Les 
trois epoques. Es tan sencilla que, a nuestro juicio, no merecía 
la pena de tomarla del francés. La revista El Español la aplau- 
dió, sin más distingos que el de calificar de algo libres algunas 
escenas. ¡Cuantum mutatus ah iJloI Se hizo a beneficio de Ro- 
mea, hubo mucha gente, salió Ventura de la Vega a escena, y 
la Avellaneda le echó una corona. Ferrer del Río dijo en una 
revista que El hombre de mundo era la comedia clásica más 
completa que poseía la literatura dramática española. 

Mujer gazmoña y marido infiel^ comedia de Bayard, cono- 
cida en francés con el título de Le mari a la campagne^ arre- 
glada por Navarrete. La desempeñaron, Matilde, Teodora, 
Plácida, la Llórente, la Chafino, los Romeas (1) y Guzmán. 

No se estrenaba mucho, y eso que había una pléyade nume- 
rosa de buenos escritores dramáticos. Según Hartzenbusch, 
podían conceptuarse como tales a los incluidos en la relación 
siguiente: 

Antonio Alverá. 

José Amador de los Rios (2). 

Eduardo y Eusebio Asquerino. 

Wenceslao Ayguals de Izco. 

Víctor Balaguer. 

Antonio Bofarrull. 

Jerónimo Borao. 

Manuel Bretón de los Herreros. 

Francisco Javier de Burgos . 

Pedro Calvo Asensio. 

María Cambronero, 



(1) Julián Romea habitaba en la calle del Baño, 14, principal. 

(2) Aunque Amador es nombre, nadie le desigua por el apellido. 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 59 

Ramón de Campoamor . 

Manuel Cañete. 

León Carbonero y Sol, 

Basilio Sebastián Castellanos. 

José Castro y Orozco. 

Gaspar Fernando Coll. 

Carolina Coronado. 

Fernando Corradi. 

Leopoldo Augusto de Cueto, Marqués de Valmar. 

Manuel Juan Diana, 

José María Díaz. 

Patricio de la Escosura. 

Aureliano Fernández-Guerra. 

José Fernández Travanco. 

Francisco Flores Arenas. 

Ramón Franquelo. 

Carlos Garda Doncel. 

Antonio Garda Gutiérrez. 

Ignacio Garda Ontiveros. 

José Garda Villalta. 

Antonio Gil y Zarate. 

Antonio Gironella. 

Gertrudis Gómez Avellaneda. 

Luis González Brábo. 

Angela Grassi. 

Teodoro Guerrero. 

Juan Eugenio Hartzenbusch. 

Manuel Hernando Pizarro. 

José María Huid. 

Juan Lombía. 

Luis de Loma y Corradi. 

Eduardo López Pelegrin (1). 



(1) No se le confunda con su hermano Santos {Abenamar), fallecido 
poco antes. 



60 CRÓMICAS DEL TIKMPO DB ISABKL II 

Francisco Martínez de la Rosa. 

Juan Martínez Villergas. 

Francisco de Paula Montemar. 

Jerónimo Moran. 

José Muñoz Maldonado. 

Ramón de Navarrete {Asmodeo). 

Francisco Navarro Villoslada. 

Antonio Neira de Mosquera. 

Eugenio de Ochoa, 

Luis Olona. 

Joaquín Francisco Pacheco. 

Miguel Agustín Príncipe. 

Manuel José Quintana. 

Braulio Antón Ramírez. 

Francisco Luis de Retes. 

Antonio Ribot y Fontseré. 

Duque de Rivas. 

Josefa Robirosa de Torrens. 

Mariano Roca de Togores, Marqués de Molins. 

Tomás Rodríguez Rubí. 

Gregorio Romero Larrañaga. 

Juan de la Rosa González. 

Joaquín Rubio y Ors. 

Ventura Ruiz Aguilera. 

Jacinto de iS'alas Quiroga. 

Manuel María de Santa Ana (1). 



(1) Como Santa Aua fue el fundador de La Correspondencia de Espa- 
ña, primer periódico madrileño de información, y le veían por las calles 
de la capital a todas horas, Manuel del Palacio le dedicó los versos que 
siguen: 

Harto Dios de ser clemente 
con la progenie de Adam, 
dijo: «Ganarás el pan 
con el sudor de tu frente». 

Y excepción única es, 
de tal castigo, Santa Ana, 
porque Santa Ana lo gana 
con el sudor de los pies. 



POR CARLOS CAMBRONERO 61 

Eugenio de Tapia. 

Ramón Valladares Saavedra. 

Ventura de la Vega. 

José Zorrilla. 

Total, 73. 

Pues contando la Corte tantos escritores dramáticos, no 
tenían las empresas de los dos teatros principales, Príncipe y 
Cruz, producciones suficientes para dar novedades al público, 
y había necesidad de echar mano del repertorio ya conocido, 
y que causaría el aburrimiento de los espectadores. 

En 1845 se entabló discusión en el Liceo sobre si era o no 
conveniente la imitación de la literatura dramática del si- 
glo XVII. Bretón de los Herreros manifestó que si bien se ne- 
cesitaba conocer y estudiar aquel teatro, no debería tomarse 
por modelo, puesto que el carácter y las costumbres españolas 
habían variado totalmente; que los caracteres no están gene- 
ralmente bien trazados en las comedias de aquella época, y que 
por avivar la curiosidad de los espectadores con argumentos 
de pura invención donde se hallase enredo e interés, descuida- 
ron el propósito de presentar ejemplos y cuadros de costum- 
bres, ofreciéndose una prueba de ello en la ausencia del tipo 
de la madre, según la oportuna observación que había hecho 
Hartzenbusch. 

A D. José Amador de los Ríos, como tenía ideas tan ro- 
mánticas, el teatro del siglo xvii le parecía digno, no sólo de 
estudio, sino de imitación: decía que los españoles eran siem- 
pre los mismos, y que conservaban su espíritu guerrero, su 
pundonor activo, su galantería y su fe religiosa. Don José es- 
taba fuera de la realidad. 

Rodríguez Rubí y Patricio Escosura, sin ponerse de parte 
de Bretón, y sin quitarle la razón a Amador de los Ríos, reco- 
nocían la conveniencia de imitar algo de aquellas comedias, 
declarando que no respondían ya, en 1845, a las exigencias 
del público. 



62 CRÓNICAS DEL TIRMPO OK ISABEL II 



D. Gabino Tejado terció en el debate, poniéndose de parte 
de Bretón de los Herreros, y D. Cándido Nocedal hizo, entre 
otras observaciones, las siguientes: 

«Lo que debe averiguarse es si los medios de que se valieron 
aquellos escritores son los mismos que conviene emplear en la 
actualidad; y en ese caso, es poco o casi nada lo que puede 
adoptarse de los autores antiguos. Dividamos las obras dra- 
máticas en cómicas y serias. Respecto de las primeras, si se 
atiende al enredo o argumento, no puede éste ofrecer interés • 
a la sociedad moderna, porque son otras sus costumbres, y de 
formar la fábula con aquellos medios, se faltaría a la verdad 
que el público exige. Los caracteres tampoco pueden ser los 
mismos, porque nuestras ideas han variado esencialmente, 
como han variado también en España las relaciones de la fa- 
milia con la sociedad. Con igual precaución debe precederse 
para imitar el lenguaje empleado por los antiguos. En aque- 
llos tiempos, el discreteo era preciso, puede decirse que se fun- 
daba en una razón política. Felipe II, cuyo poder abarcaba 
pueblos diferentes entre sí, en sus costumbres, carácter, idio- 
mas, religión, necesitó estrecharlos con un lazo de unión, y 
tuvo que dar vigor al sentimiento religioso, imponiendo res- 
tricción al pensamiento. De aquí nació la sutileza, en tal gra- 
do, que este vicio ha llegado a encarnarse, por decirlo así, en 
nuestro lenguaje. Nada de esto es ya necesario, y por lo mis- 
mo, sin rebajar el mérito de las comedias antiguas, la ciega 
imitación de ellas producirá cuando más una buena obra lite- 
raria, pero nunca una obra dramática que satisfaga las exi- 
gencias del público. Tampoco es conveniente la imitación res- 
pecto de la las composiciones serias, pues si bien la tragedia 
clásica, por ejemplo, tiene muchas bellezas, literariamente 
consideradas, sus héroes ofrecían un interés sólo de actualidad, 
interés que precisamente ha de rebajarse a nuestros ojos, cuan- 
do estamos acostumbrados a ver repetirse grandes catástrofes, 
sin conmovernos, por la misma frecuencia con que se repro- 
ducen.» 



POR CARLOS CAMBRONERO Ü3 

Escosura resumió el debate, con su buen juicio y su deseo 
de buscar componendas, diciendo que no son imitables aque- 
llas obras en sus formas, pero sí en el estudio y acierto con que 
supieron sus autores hacer predominar el interés, modificando 
loa medios que para ello usaron, con arreglo a las exigencias 
de la época en que se escribe. 

Bretón demostró prácticamente la razón de su manera de 
pensar escribiendo Marcela con el mismo asunto, en el fondo, 
que Lo que son mujeres, de Rojas; dos comedias de pensa- 
miento igual y totalmente distintas en la forma. Bretón des- 
arrolló la misma acción humana de Rojas; pero bajo la evo- 
lución de costumbres y caracteres que imponía el transcurso 
de dos siglos. 

Cerrado este paréntesis, continuemos nuestra relación. 

En el mismo año se estrenaron: 

Felipe el Hermoso, de Asquerino y Romero Larrañaga; re- 
gular. 

La entrada en el gran mundo, de Rubí. Tenía la comedia 
elegancia, interés e intención. 

Las mocedades de Hernán- Cortés, de Escosura, sobre cuya 
obra se emitieron pareceres encontrados. 

El arte de hacer fortuna, de Rubí. Éxito completo; al autor 
le hicieron salir varias veces a la escena, y Julián Romea es- 
tuvo felicísimo. 

Por esta época se estrenaron, aunque no estamos seguros 
de que fuera en el Príncipe: 

Los dos tribunos y Un verdadero hombre de bien, de Ense- 
bio Asquerino. 

Alonso Gano o la Torre del Oro, de D. Anreliano Fernán- 
dez Guerra. 

Geflé, tragedia de D. José María Díaz. 

En 1846: 

Alberoni o la astucia contra el poder, prohibida por la au- 
toridad. (Mayo. ) 



64 CBÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Fortuna contra fortuna, de Rubí (1). (Octubre 1846.) 

También se rendía culto al teatro del siglo xvii. Matilde 
hizo (Noviembre 1846) Lo cierto por lo dudoso, de Lope, y 
sostuvo la comedia diez noches en el cartel. Al mes siguiente 
representó Mari-Hernandez la gallega, de Tirso, con Plácida, 
Somea y Guzmán; esta comedia era muy del agrado de Ma- 
tilde; por cierto, que años después la hizo en la Coruña, y no 
gustó. 

Por Nochebuena de este año pusieron en escena el sainete 
La comedia de Maravillas, de D. Ramón de la Cruz, por Ma- 
tilde, la Palma, Pláiúda, la Llórente, Latorre, los Romeas y 
Guzmán. Suponemos que lo interpretarían regularcitaraente. 

En 1847 pusieron también, por Navidad, La casa de Tócame- 
Roque, con el siguiente reparto: Juana, Matilde; Petra, Teodo- 
ra; Agustina, la Palma; Sastra, Plácida; Cayetana, la Chafino; 
Casero, Romea; Moreno, Sobrado; Sastre, Guzmán; Vieja, Ma- 
riano Fernández. 

Tuvieron buen éxito (Abril de 1847) Don Fernando el de 
Antequera, de Vega, y Un diablillo con faldas, pieza en un 
acto, traducida (Octubre), en que Plácida Tablares represen- 
taba tres distintos papeles. 

En Febrero se hizo, a beneficio de Romea, Don Francisco 
de Quevedo, primera producción de un joven escritor, Eulogio 
Florentino Sanz; y luego La trenza de sus cabellos, de Rubí: 
ambas muy aplaudidas. 

Queriendo Zorrilla reivindicar la fama de la Cava, que tan 
malparada había quedado en El puñal del godo, escribió una 
segunda parte, titulada La calentura, que se representó en el 
Príncipe por Noviembre de 1847. El drama, aunque es invero- 
símil, tiene escenas interesantes, y fue magistralmente inter- 
pretado por Matilde y Romea. 

En 1847 publicó Hartzenbusch en la Revista Literaria una 



(1) Habitaba Rubí en la calle del Baño, núm. 14. 



POR CARLOS OAMBRONERO 



65 



estadística de las obras estrenadas en los teatros de Madrid 
desde 1843, ofreciendo los siguientes datos: 

1843, en Cruz y Príncipe, 46 originales y 32 traducidas: 
total, 78. 

1844, en cuatro teatros, 49 originales, 32 traducidas y 1 re- 
fundición: total, 82. 

1845, en cinco teatros, 61 originales y 23 traducciones: to- 
tal, 74. 

AÑO 1846. 



TEATROS 


COMEDIAS 


TOTAL 


Originales. 


Tradacidas. 


Príncipe 


9 

5 

2 

21 

8 
1 

» 
1 


17 
14 
5 
9 
7 
4 
2 
> 


26 


Cruz 


19 


Instituto 


7 


Variedades 


30 


Museo 


15 


Buenavista 


5 


El Genio 


2 


Circo 


1 








47 


58 


105 



En resumen, durante un período de cuatro años se repre- 
sentaron 193 obras originales y 145 traducidas, con la circuns- 
tancia, muy de tener en cuenta, de que en la última tempo- 
rada había superado el número de las traducciones al de las 
originales, a pesar de tener entre nosotros los 73 escritores 
dramáticos de que hemos hecho mención. 

Para conmemorar el aniversario de la muerte de Moratín 
se representó El Barón, y La comedia nueva o el café, honran- 
do S. M. la B>eiua con su presencia la función (Junio 1848). 

En Julio de 1848 publicó, en El Tio Camorra, Juan de la 
Rosa González, que era aficionado a estos trabajos, una espe- 
cie de crónica en verso, o reseña humorística de las novedades 
que por entonces habían ofrecido los espectáculos públicos. 
Copiamos un trozo a continuación: 



66 GBÓNIO^JI ]p^|U ^IKMPi) DE ISABEL II 



el Principe no ba hecho nada: 

ha puesto día tras dia, 

formando un escalafón, 

primero Sancho García, 

Borrascas del corazón, 

y después Doña Mencia, 

La boda en la Inquisición, 

y vuelta a la letanía 

y torna al Kyrie-Eleisón. 

Ha tenido empeño tal 

en repetir produccioues, 

que sólo un original 

nos ha dado en sus funciones: 

República conyugal. 

Y eso por str de Rubí, 

que es el vate que hasta aquí 

dio a los teatros más fruto; 

no se portaron así 

ni la Cruz ni el Instituto. 

Aunque nos han ponderado, 

diciendo que es maravilla, 

un drama que hay preparado, 

original de Zorrilla: 

Don Jaime el excomulgado; 

en tanto que llega el día 

de que saliendo a la luz 

se cumpla la profecía, 

pues hay ópera en la Cruz, 

gocemos de su armonía. 

Simpática y elegante 

nos da este teatro ahora 

una ópera palpitante, 

escrita por Mercadante 

y titulada Eleonora; 

T aquí con placer advierto 

que cantaron con acierto, 

haciendo lucir sus galas 

en armonioso concierto, 

Carrión, la Alexandri y Salas. 

Vimos que la concurrencia 



POR CARLOS CAMBRONERO 67 

fue bastante numerosa, 

lo cual nos da complacencia. 

Vamos a hablar de otra cosa, 

del público, con licencia. 

Entre los sones divinos 

del sol, fa, re, mí, fa, sol, 

corramos a ver ladinos 

los caballos civilinos 

del Circo de Mr. Paul; 

Circo que, a decir verdad, 

nos dio poca novedad 

en sus funciones primeras; 

pero excita la ansiedad, 

pues dicen que tiene fieras, 

y que oculta entre prisiones 

tigres, osos y chacales, 

elefantes y leones, 

y otros bravos animales 

de sanguinarias pasiones. 



Durante esta década, Matilde Diez no dejó de actuar en el 
teatro del Principe, siempre de primera dama, con la sola ex- 
cepción de 1846 a 1846, que tuvo que ceder el puesto a Bárba- 
ra Lamadrid; pero como esta actriz comenzaba a estar deca- 
dente y Matilde se hallaba en la plenitud de sus facultades, 
pronto quedó Bárbara postergada y obtuvo el primer puesto 
de la compañía en la temporada de 1848-1849 la incomparable 
Matilde Diez. 

Acompañaron a Matilde, desde el comienzo al fin del pe- 
ríodo, la elegante y sugestiva Teodora Lamadrid y la famosa 
Jerónima Llórente. En los primeros años figuraron Carlota Co- 
ronel, María Corcuera y María Fabiani; luego vinieron a re- 
forzar la compañía Josefa Palma, Mariana Ohafino, Plácida 
Tablares y María Córdoba. 

Los actores que trabajaron fueron: D. José García Luna y 
D. Julián Romea, con la misma categoría hasta 1842; los años 
de 1843 y 1844, Bornea de primer actor único, y de aquí ea 



68 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL U 

adelante siguió sin bajar de categoría, pero cediendo el primer 
puesto, por antigüedad, a D. Carlos Latorre. 

Como segundos galanes y barbas, actuaron: Florencio Ro- 
mea, Pedro Sobrado, Elias Noren, Luis Fabiani, Lázaro Pérez, 
José Diez, Pedro López y otros poco conocidos, y como gra- 
ciosos, Pedro Cubas, Antonio Guzmáu y Mariano Fernández. 

Apuntadores: Floreutín Hernández, José Nicolau, Tomás 
Marino y Marcos Barón. 

Pintores escenógrafos, Francisco y Federico Lucini. 

Director de orquesta, desde el año 1846, Luis Arche. 

Julián Romea era un actor de mucha cultura, y contribu- 
yó grandemente al aumento de consideración que la sociedad 
guardaba a los primeros actores y actrices de las compañías 
dramáticas. Romea hacía versos de vez en cuando, y no des* 
provistos de mérito literario; así es que, poseído de ello, se de- 
terminó, en 1848, a medir sus fuerzas con otros poetas contem- 
poráneos de segundo orden, lo que dio ocasión a una polémica 
personal, de que daremos cuenta en breves párrafos. 

Promovió el Liceo un certamen para premiar la mejor com- 
posición poética que se presentase sobre La fe cristiana, y ha- 
biendo sido favorecida por el Jurado la que había escrito 
Romea, los desahuciados, entre los que se encontraban Cervi- 
no y Santín de Quevedo, arremetieron contra Romea, o mejor 
dicho, contra el Jurado, compuesto del Duque de Frías, Pastor 
Díaz y Zorrilla, declarando que había habido parcialidad y 
que la mejor composición no era la de Romea. Echábase toda 
la culpa a Zorrilla, al que se conceptuaba ponencia del Jurado, 
y D. Manuel Cañete, llevando la voz de los descontentos, en 
El Heraldo y en El Siglo escribió, con firma y sin ella, varios 
artículos, no sólo tratando a Zorrilla con tonos despectivos, 
sino también a D. Julián Romea, de quien había dicho en 
1845, al dedicarle su drama El Duque de Alba, que «le estaban 
reservados los más eternos y envidiables laureles de nuestro 
Parnaso». 

Zorrilla publicó, en la revista Don Circunstancias (Febrero 



POR CARLOS CAMBRONERO 69 

1849), una carta dirigida a Cañete, en la que, amén de justi- 
ficar el fallo del Jurado y defender la bondad de la oda de 
Romea, dirigía acerbas censuras al crítico. Que éste se equivo- 
caba alguna vez, no cabe dudarlo, porque en esta época decía 
de Hornea que «era un actor mediano que atina a veces con 
ciertos papeles que están en su carácter». Nosotros, que tuvi- 
mos la suerte de verle trabajar durante los últimos años de su 
vida, podemos asegurar que para la comedia de costumbres no 
tenía rival entonces, ni lo ha tenido en tiempos posteriores, no 
dejando de reconocer que el drama llamado de época no era su 
género apropiado. 

Uno de los autores desahuciados en el concurso publicó la 
composición que había sido rechazada, poniendo en el anun- 
cio: «Don Joaquín José Cervino, autor de la Virgen de los Do- 
lores», por lo que un periódico, tomándolo en son de chunga, 
dijo que, «como autor quiere decir padre, en este caso resulta- 
ba que D. Joaquín José Cervino era el propio San Joaquín, 
padre de Nuestra Señora». 

La angustiosa situación económica que agobiaba la existen- 
cia del teatro del Príncipe en la década anterior, hubo de agra- 
varse considerablemente durante el período que vamos rese- 
ñando, y deseoso el Ministro de la Gobernación, D. Antonio 
Bena vides, de atajar el mal de raíz, presento a la aprobación 
de la Reina, en 30 de Agosto de 1847, un Real decreto por el 
que se encargaba el Gobierno de la dirección, administración 
y explotación de aquel teatro, considerando su sostenimiento 
como obligación, por decoro nacional. 

Decía el Ministro en el preámbulo del Real decreto: 

«De aquí, Señora, la necesidad de establecer un teatro 
nacional de declamación en Madrid, que, subvencionado por 
el Gobierno y bajo su inmediata dirección, no solamente sirva 
de modelo a todos los demás de su clase, sino que sea también 
una escuela donde se formen los actores para generalizar las 
buenas máximas del arte dramático, el verdadero tono de la 
declamación, la expresión sencilla y pura de los afectos, la 



70 OBÓNIOAS DEL TIKMPO DE ISABEL II 

propiedad de los trajes y de las decoraciones, la prosodia y el 
acento genuino del habla castellana con la variedad y riquesaa 
de su armonía.» 

Este teatro se pensaba establecer en el del Príncipe, con el 
nombre de Teatro Real Español ^ para lo cual se entraría en 
negociaciones con el Ayuntamiento. " 

Se nombraba una Junta de lectura para la elección de 
obras; otra de censura, que venía a ser complemento de la ante- 
rior, y un Comisario regio con las siguientes atribuciones: 
llevar la cuenta y razón de los gastos e ingresos del teatro; ha- 
cer las contratas que exija su mejor servicio; cuidar del decoro 
y propiedad ¡en los trajes, en las decoraciones y en todo el 
aparato escénico; verificar los ajustes de los actores, y procu- 
rar, de acuerdo con los directores de la compañía, cuanto fuese 
necesario para la mejor ejecución de las representaciones. 

Lo más práctico del Real decreto estaba en suprimir las 
cargas y censos que el teatro del Príucipe abonaba a la Bene- 
ficencia, según se disponía por el art. 32, y en la obligación, 
que por el 33 se echaba sobre sí el Q-obierno, de acudir a las 
Cortes proponiendo un crédito anual como subvención. 

Nada de esto era nuevo. El concepto y las bases para la 
reorganización del teatro Español las había dado Patricio Es- 
cosura en una serie de artículos publicados en el periódico El 
Entreacto el año 1839, donde, describiendo con mano maestra 
la situación aflictiva del teatro del Príncipe, por la falta de 
empresa que aceptara el negocio, teniendo que pagar censos 
que importaban miles de duros, proponía la intervención del 
Gobierno en el asunto, dictando un reglamento que regulari- 
zase la vida de las temporadas cómicas, tanto en su parte lite- 
raria como económica, y concediendo una subvención que cu- 
briera los gastos en lo que se creyera prudencial. 

Era Escosura partidario del nombramiento de una Junta 
que tuviera intervención directa en el funcionamiento del tea- 
tro, aunque no en la dirección, pues decía: 

«Ni autor ni actor quiero al frente del teatro, sino a un 



POR CARLOS CAMfiRONKfeo 71 

hombre ilustrado, inteligente en literatura dramática, obser- 
vador del gusto del público, y con antecedentes que le pongan 
a cubierto, en lo posible, de toda sospecha de parcialidad. Más 
diré: es preciso que la posición social del que sea llamado a des- 
empeñar este cargo, haya sido siempre, si no muy, elevada, 
tampoco muy humilde; de otra manera, carecería de cierto 
prestigio indispensable para tener a raya la petulancia, la va- 
nidad, la osadía que suelen hallarse, por desdicha, entre los 
que escriben y representan dramas, y la crítica, cuando 116 
pudiera cebarse en sus actos, le mortificaría en su persona.» 

El director con que Escosura soñaba para el teatro Espa- 
ñol no se encontraría, seguramente, en Madrid ni en toda la 
Península; tenía que ser un director bajado del cielo, y esto 
constituía una dificultad para realizar el proyecto. Escosura 
estaba en esto equivocado. En el siglo de oro de nuestra lite- 
ratura dramática, los cómicos eran directores y empresarios a 
la vezs, y no necesitaron ni juntas ni comisarios regios para 
que les llevasen comedias Lope, Tirso, Morete, Rojas y Cal- 
derón. El pensamiento de Escosura estaba inspirado en el me- 
jor deseo, y comprendiéndolo así, lo aceptó D. Antonio Be- 
navides, haciendo suyo hasta el título de Teatro Español, que 
aquel escritor había propuesto en sus artículos de 1839. 

Por aquella época, en 1839, reconociendo el Ayuntamiento 
la necesidad de reorganizar la administración de los teatros dé 
la Cruz y del Príncipe, que estaban a su cargo, propuso al Q-o- 
bierno un reglamento que no resolvía la cuestión, pues mien- 
tras obligase a las empresas de ambos coliseos a pagar las car- 
gas de Beneficencia, censos y pensiones de los actores y actri- 
ces jubilados, los rendimientos del negocio resultaban iluso- 
rios; así es que la propuesta del Ayuntamiento, no marcando 
una nueva orientación en el asunto, quedó relegada al olvido. 

La inestabilidad de la política hizo que Benavídes saliera 
del Ministerio y que no pudiera llevar a la práctica el Real áe- 
éreto de 30 de Agosto de 1847; pero entró en el Gobierno en- 
cargándose del mismo departamento ministerial D. Patricio dé 



72 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

la Esoosura, el verdadero padre y engendrador del proyecto de 
reorganización del teatro del Príncipe o Español, como que- 
ría que se llamase, y consiguiente a sus antiguos propósitos, 
aceptó en principio la idea de Benavides, es decir, el Real de- 
creto inspirado en sus artículos de 1839. No queriendo Escosu- 
ra variar o modificar el Real decreto descaradamente, autori- 
tate qua fungor, sino con cierto carácter de legalidad, nombró 
un Comisario regio para que estudiase el asunto y propusiese 
las variantes que, tras concienzudo estudio, considerase nece- 
sarias. El desempeño de esta comisión lo encargó Escosura a 
su amigo y compañero de letras D. Ventura de la Vega, quien 
por amistad y por carácter, que lo tenía amable y complacien- 
te, no haría sino adaptar a su informe los pensamientos y opi- 
niones del Ministro de la Gobernación. 

El tiempo pasaba, la resolución no salía y el teatro del 
Príncipe iba cada vez de mal en peor. Sordo el Ayuntamiento 
a los clamores de la Prensa y ciego ante las dificultades eco- 
nómicas con que las empresas tropezaban en el arrendamiento 
del coliseo, lo sacó a subasta, exigiendo ocho mil duros al em- 
presario que quisiera explotarlo. El resultado deberían tenerlo 
previsto los ediles: se declaró desierta la subasta, en vista de 
lo cual, en tertulias, en cafés, en las redacciones de periódicos, 
en todas partes, se pedía la intervención del Gobierno como 
única salvación para el teatro del Príncipe. 

Luis Olona publicó en la Revista Universal de Administra- 
ción, de que era director, una serie de artículos, reflejo fiel de 
la opinión pública; pero descubriendo el intento de debilitar 
la influencia de los cómicos en la dirección literaria del teatro 
para conceder la supremacía absoluta a los autores dramáti- 
cos. Aceptaba Olona el criterio que informaba el Real decreto 
de Benavides, modificando algunos puntos que, después de 
todo, no eran de importancia, ni destruían el pensamiento ca- 
pital. 

Así las cosas, suspendida la ejecución del Real decreto de 
30 Agosto de 1847, convencido todo el mundo de que había 



POR CARLOS OAMBRONERO 73 

que hacer algo para normalizar la situación del teatro del 
Príncipe, y dispuesto Ventura de la Vega a dar por termi- 
nada su comisión, teniendo ya preparados los materiales todos 
para plantear la reforma, entró en el Ministerio el Conde de 
San Luis, hombre de grandes iniciativas, de carácter resuelto, 
y que se propuso, con un buen deseo que no le regateamos, 
sacar de la postración en que yacía la literatura dramática. 

Queriendo el Conde resolver el asunto, nombró una Junta 
encargada de proponer las modificaciones que juzgase conve- 
nientes en el decreto de 30 de Agosto de 1847, y terminados 
los trabajos de la Junta, el Ministro expidió un Real decreto 
en 7 de Febrero de 1849, organizando los teatros del Reino, y 
otro, de la misma fecha, aprobando un Reglamento para el 
Teatro Español o sea el del Príncipe. 

Por el primer decreto se creaba una Junta consultiva de 
teatros y otra de censura; se establecieron los derechos y obli- 
gaciones de los autores dramáticos, de los empresarios y de los 
autores, y además de otras disposiciones, se hacía una clasifi- 
cación de los teatros, determinando que en Madrid no hubiera 
más que cuatro, a más del Español {Príncipe), que se denomi- 
narían de número, y eran los siguientes: teatro del Drama, de la 
Comedia, Lírico español y Lírico italiano. En cumplimiento de 
esta disposición, se llamó teatro del Drama el de la Cruz, y de 
la Comedia el del Instituto, con una sucursal, passez moi le mot, 
el de Variedades, que se decía supernumerario dé la Comedia. 
No habiéndose desarrollado aún la zarzuela, y no contando 
más que con dos o tres óperas españolas, número insuficiente 
para dedicarlas un teatro, las clases lírico español y lírico ita- 
liano se refundieron en una general, ópera, que abarcaba las 
dos determinadas por el Real decreto, y que sirvió para dar 
nuevo nombre al teatro del Circo. 

En cambio, la división de dramas y comedias quedó deslin- 
dada por el Real decreto, pues en sus artículos 37 y 38 decía: 
«En el teatro del Drama sólo podrán representarse obras que 
pertenezcan a los géneros siguientes: tragedias, dramas, meló- 



74 CRÓNICAS DEL TIEMPO DK ISABEL II 

dramas y comedias de magia; y en el teatro de la Comedia 
podrán representarse todas las obras que no sean tragedias, 
dramas o melodramas.» Prescindiendo de que la comedia de 
magia hubiera debido proscribirse del teatro del Drama, por 
tener sobre ella indiscutible derecho el teatro de la Comedia, 
el criterio de separar radicalmente «stos dos géneros no habla 
muy en favor de la Junta que aconsejó al Ministro la reforma; 
así es que se censuró el capricho de obligar a las empresas a 
no representar sino un género determinado, cuando la combi- 
nación de ambos ha sido en todas las épocas aliciente para 
conseguir buenas entradas. 

El segundo decreto, que comprendía el Reglamento del 
teatro Español, es decir, la reforma del teatro del Príncipe, 
merece también que se le dediquen algunos renglones. 

Este Reglamento establecía que la dirección, administra- 
ción y gobierno del teatro estuviera a cargo de un Comisario 
regio, como el del decreto de Benavides, Comisario que co- 
braría 36.000 reales anuales. Además, había un Secretario y 
tin Contador con 18.000, y un Depositario con el 1 por 100 de 
las cantidades que entrasen en su poder. 

Todas las demás disposiciones del Reglamento estaban 
inspiradas en el decreto del año 1847; y respecto a los recur- 
sos para el sostenimiento del teatro, se subvenía a ellos con 
una contribución que se establecería sobre todos los demás es- 
pectáculos públicos. Dé las cargas que a favor de la Beneficen- 
cia gravaban sobre el coliseo del Príncipe, nada decía el Real 
decreto. 

Con fecha 6 de Abril se expidió una Real orden clasifican- 
do los teatros del Reino, y señalando la contribución mencio- 
nada en el párrafo anterior. 

Teatros de primer orden: en Madrid, el de la Cruz y el del 
Circo; en Barcelona, el de Santa Cruz y el del Liceo; en Sevilla, 
el Principal y el de San Fernando; en Cádiz, el Principal^ y 
otro en Valencia, sin nombrarle. 

Teatros de segundo orden: en Madrid, el del Instituto, y 



POR CARLOS CAMBRÓN tCRO 75 

otro en cada una de las poblaciones de Coruña, G-ranada, Má- 
laga, Palma, Valladolid y Zaragoza. 

Teatros de tercer orden: los restantes. 

Los teatros de primer orden pagarían por derechos de li- 
cencia 3.000 reales; los de segundo, 1.600, y los de terce- 
ro, 600. 

Además, abouaríau las empresas el 5 por 100 de la entrada 
en las funciones de toros y novillos, y el 10 por 100 en los de- 
más espectáculos y diversiones. 

El decreto fue muy discutido, pues mientras unos le defen- 
dían con tesón, como D. Manuel Cañete (1), a quien le parecía 
bien todo lo que fuesen mandatos y prohibiciones anulando la 
preponderancia de los cómicos, otros conceptuaban que el Mi- 
nistro o la Junta asesora había padecido un ataque agudo de 
reglamentación . 

No bien publicado el Real decreto, el Conde de San Luis, 
que era muy expeditivo, deseó realizar la reforma, y dispuso 
que se restaurase el teatro, a fin de que comenzara a funcionar 
como Teatro Español en Pascua de Resurrección, que era la 
época en que daban principio las temporadas cómicas. 

La compañía pasó a dar funciones al teatro de la Cruz, y 
mientras tanto, se hicieron las obras de restauración en el del 
Príncipe, a cargo del arquitecto D. Anníbal Alvarez. 

Se pintó un telón de embocadura, que gustó mucho por áu 
sencillez y elegancia; se colocaron en los lados del proscenio 
los retratos de Lope, Tirso, Calderón, Alarcón, Rojas y More- 
te; se puso iluminación de gas, y se aumentó el precio de los 
billetes tomados en Contaduría. Se empapelaron los pasillos y 
escaleras; se forraron de terciopelo rojo las butacas y de paño 
los asientos de los anfiteatros, proscribiendo el color azul, que 
había imperado desde 1845 (2); se uniformó a los acomodado- 

(1) Revista General de Administración, 1849. 

(2) Romea, qive era el que mangoneaba en el arreglo del teatro, detes- 
taba el azul. Cuando se reformó en 1845 poniendo azul el terciopelo de 
las butacas y el papel de los palcos, dijo, en son de pulla, que el teatro 



76 GRÓNIOAS DEL TIEMPO DE I8ABBL 11 

res con frac azul de botón plateado, pantalón negro, corbata 
blanca y chaleco del mismo color, y se distribuyeron las loca- 
lidades de forma que cupiesen 900 personas, calculándose un 
producto por función de 11.000 reales próximamente. 

En la fachada, y sobre la puerta del centro, se colocó 
una lápida con la siguiente inscripción: «Teatro Español. — Se 
fundó reinando D.* Isabel II, siendo Ministro de la Goberna- 
ción del Reino el Excmo. Sr. D. José Luis Sartorius, primer 
Conde de San Luis. — Año 1849.» 

El periódico satírico Don Circunstancias dijo que debía ha- 
berse añadido: «Siendo Ministro de Hacienda D. Alejandro 
Mon, Intendente de Madrid el Sr. Flores Calderón, primera 
bailarina del Circo la señora Fuoco, domador de fieras mister 
Charles Esperón, empresario de la Plaza de Toros el Marqués 
de Casa-Gaviria, e Inspector de la Ronda de policía D. Fran- 
cisco Chico.» 

La inauguración se verificó con toda solemnidad el 8 de 
Abril. Leyó un Prólogo en verso Julián Romea, compuesto por 
él; después se tocó una sinfonía de Saldoni, luego se represen- 
tó la comedia de Calderón Casa con dos puertas, desempeñada 
por Matilde, la Palma, la Noriega y la Duran; Romea, Guz- 
mán, Pizarroso, Barroso, Boldúii y Sotomayor; baile nacional 
y el sainete de D. Ramón de la Cruz La Petra y la Juana o la 
casa de Tócame-Roque, en que tomaron parte las principales 
actrices y actores de la compañía. 

Asistió aquella noche la Reina Isabel, ocupando un palco 
de honor que se había improvisado frente al escenario; los 
concurrentes a las localidades de preferencia vestían de eti- 
queta como en fiesta solemne, entrando por la puerta de la 
calle del Prado la gente de coche, porque a éstos no se les per- 
mitía acercarse al edificio delante de la fachada de la calle del 
Príncipe. 

había quedado tan bien, que podía hacer la competencia al café del Be- 
creo, inaugurado en Setiembre de 1844, eu la calle de Alcalá, casa del 
Marqués de la Torrecilla. 



POR 0ARL08 CAMBRONERO 77 

El Prólogo de Romea parece que no acabo de gustar a los 
espectadores. Envalentonado con el premio del Liceo, quiso ha- 
cer un alarde de sus facultades de versificador, y aunque in- 
terpretaba bien el mecanismo, carecía de esa inspiración que 
poseen los verdaderos poetas, tanto en lo serio como en lo có- 
mico. La composición consta de 38 quintillas, que dan un total 
de 190 versos octosílabos, número suficiente para poner a prue- 
ba las aptitudes poéticas del poeta. 

Comenzó diciendo: 

Yo, el último en merecer, 
público, distinción tanta, 
me vengo ante ti a poner, 
y acatando tu poder 
mi humilde voz se levanta. 

Si no a mi escaso talento, 
apelaré al corazón; 
y en tan solemne momento, 
como diga lo que siento, 
tú aceptarás mi intención. 

Después elogiaba la idea de la formación del Teatro Espa- 
ñol, echando una flor a la E.eina, que estaba en un palco. 

¿Lo veis? El arte ensalzando, 
los bellos ojos tornando 
a la dulce poesía, 
su alto favor les envía 
la nieta de San Fernando. 

Y así debió suceder; 
que allá, balo su aureola, 
el suelo la hizo nacer 
sensible como mujer, 
hermosa como española. 

Dedica unas quintillas a cantar las glorias de España, y 
termina animando a todos para seguir el camino de la regene- 
ración del teatro. 



78 CRÓNICAS DEL TIRMPO DK ISABEL II 

¡Ea!, pues, ¡alto! ¡A marcharí 
Vates de España, a cantar; 
artistas, a combatir; 
hombres de ciencia, a escribir, 
y tú, público, a juzgar. 

Y juntos así, y seguros, 
la alta cúpula sentemos 
sobre reforzados muros, 
en cuyos cimientos duros 

la primer piedra pondremos. 

Y dignos de alta memoria 
nombres laureados lleve; 

y también legue a la Historia 
brillantes palmas de gloria 
nuestro siglo diez y nueve. 

Y asi se alzará, lo espero, 
del arte el naciente sol, 

y España, en su hablar severo, 
decir podrá al extranjero: 
«Tengo Teatro Español.» 

Esta poesía está publicada íntegra en El Heraldo, que era 
el periódico del Conde de San Luis. 

El día 16 de aquel mes se hizo La escuela de las coquetas, 
para la salida de Teresa Baus y José Calvo; el 20, El si de las 
niñas, para la de Joaquín Arjona; y el 24, La carcajada, para 
la de D. José Valero. Las obras eran escogidas, los actores en- 
cargados de su ejecución rayaron a gran altura, y, sin embar- 
go, el público no correspondía al esfuerzo que representaba la 
reunión en una misma compañía de tantos artistas sobresalien- 
tes: pasados los primeros días, iba poca gente al teatro. 

En Setiembre hicieron La esclava de su galán, de Lope, 
refundición de Hartzenbusch, desempeñada por Matilde, la 
Chafino, los Romeas, Guzmán, Calvo y Sobrado; y para fin de 
fiesta, Una de tantas, de Bretón, por Matilde y Romea. 

En Octubre pusierou en escena La rueda de la fortuna, de 
Rubí, y Don Antonio de Leiva, de Ariza, por Matilde y Romea; 



POR GABL08 GAMBKONERU 



M viejo y la niña y El avaro, por Arjona; y La calumnia, por 
Valero. Como se ve, los primeros actores trabajaban aislados, 
y esto no era lo que al público satisfacía. Percatados de ello, y 
en vista de alguna indicación que hizo la Prensa, representa- 
ron Marcela, por Matilde (1), la Palma, Romea, Valero, Arjo- 
na y Guzmán, primera obra en que se consiguió ver reunidas 
las notabilidades de la Compañía. 

Acabó aquel mes con el estreno de Saúl, drama bíblico ejoi 
cuatro actos (2), original de D.* Gertrudis Gómez de Avellane- 
da, interpretado por Bárbara, Teodora, Valero, Arjona, Calvo, 
Pizarroso, Al verá, Osorio y Pardiñas. Decoraciones nuevas 
pintadas por Philastre y por Aranda. Música de Saldoni. 

La Avellaneda había estrenado, en 1844, El Principe de 
Viana, con un éxito ficticio, porque los amigos la prepararoiji 
una ovación con sus correspondientes coronas; pero los perió- 
dicos pusiéronla muchos dintingos. Ese mismo año se hizo e^ 
la Cruz Alfonso Munio, también con aplausos excesivos y corp- 
nas. El periódico satírico El Dómine Lucas decía: 

Tienen, pues, razón y media; 
es más difícil, al fln, 
escribir una tragedia 
que coser un calcetín. 

El 30 de Noviembre se estrenó ¿Quién es ella? de Bretón, 
por Bárbara, Teodora, Valero y Arjona, y el 19 de Diciembre 
se hizo la reprise, como decimos ahora, del drama Los amq,n- 
tes de Teruel, refundido por su autor, con decoraciones de Phi- 
lastre y de Aranda, y desempeñado por Teodora, la Baus, La- 
torre (3), Valero, Calvo y Pizarroso. 



(1) Habitaba Matilde Diez ep la Carrera de San Jerónimo, uúms. 44 J 
46, tercero izquierda, portal de la esquina. 

(2) Esta fue una de las sesenta obras que en el espacio de un mes se 
presentaron a la Junta de lectura, cuyos fallos consiguieron disgustar a 
los que la habían aclamado para librarse de la Urania de los cómicos. 

(3) Habitaba en Belatore6> 11. principal. 



80 ORÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Los buenos propósitos del Ooude de San Luii^ se estrella- 
ron contra la apatía del público, que dio en no ir al teatro del 
Príncipe, apatía que tiene su explicación eu la falta de nove- 
dad que ofrecía el espectáculo; las comedias que ponían en es- 
cena, se las sabía el público de memoria, y daban monotonía 
al espectáculo, precisamente eu una época en que le hacían 
una competencia terrible los demás teatros. Eu Variedades 
había obtenido un éxito inmenso la zarzuela El Duende^ pues 
aunque no había teatro destinado al género lírico español, como 
preceptuaba el Real decreto, éste autorizaba, por su art. 46, a 
la empresa de la Comedia para dar representaciones de zar- 
zuela; en el Circo, la Fuoco causaba las delicias de los especta- 
dores; en el Instituto, la Pepa Vargas tenía subyugado al pú- 
blico, y para colmo de contrariedades, apareció en la Cruz una 
nueva bailarina que en pocas noches logró formar un nuevo 
partido: la Manuela Perea, conocida eu los fastos de la histo- 
ria de la coreografía espaüola con el nombre de la Nena. Esta 
competencia terrible no la habían previsto, ni Patricio Esoo- 
sura en sus artículos de 1839, ni D. Antonio Benavides en su 
Real decreto de 1847, ni el Conde de San Luis en su reforma; 
pero acordándose de aquella máxima del sistema homeopático 
que dice: similia similibus curantur, se echó mano de un re- 
curso que en tales circunstancias produjo el efecto deseado: 
contrató el Comisario regio a la primera bailarina de los tea- 
tros de Andalucía, la Petra Cámara, y con esto consiguió ver 
ocupadas las localidades todas del teatro del Príncipe. Al pú- 
blico había que darle novedades, fuesen como quisieran. 

La reforma del Conde de San Luis fracasó, porque no se 
tuvieron en cuenta más que las condiciones artístico-literarias 
del asunto, prescindiendo de la parte industrial, en favor de la 
cual se hizo muy poco o casi nada. El Comisario regio, cuya 
competencia era indiscutible en estas cuestiones, no tuvo acier- 
to para dejar satisfecho al público, ni libertad de acción, por- 
que se halló constantemente cohibido bajo la presión moral de 
Romea, que logró imponerse a todos, incluso al Ministro de la 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 81 



Q-obernaoión. Las cartas que mediaron entre el Conde de San 
Luis y Romea, publicadas (1) por el docto académico D. Juan 
Pérez de Guzmán, ponen de relieve la intransigencia de aquel 
actor, que contribuyó, sin darse cuenta, a que la reforma no 
pudiera prosperar. 

Romea, que como empresario había logrado sostener el 
teatro del Príncipe varias temporadas, a pesar de las dificul- 
tades económicas que se le presentaron, como primer actor, 
subordinado a un Comisario regio, no pudo ser ni más díscolo 
ni más altanero. Censurábase la gestión de D. Ventura de la 
Vega, sin saber que el pobre Comisario regio tenía que luchar 
con el indómito carácter de los unos y con la resistencia pasi- 
va de los otros, por lo cual quedaban reducidas a la nada las 
altas atribuciones que el Reglamento concedía a tan elevado 
cargo. 

La reforma del Conde de San Luis estaba inspirada en los 
mejores deseos; pero su desarrollo carecía de una base prácti- 
ca, ajustada a la realidad de las cosas, y en este sentido se 
equivocaron lo mismo los Ministros Bena vides y San Luis, que 
D. Patricio déla Escosura en sus artículos de 1839. 

TEATRO DE LA CRUZ 

Bueno fue para el teatro el mes de Febrero de 1840, pues 
en él se estrenó la linda comedia de Bretón El pelo de la dehe- 
sa, a beneficio de Lombía, y siguiendo el viento de la buena 
suerte, en 14 de Marzo se puso en escena por primera vez El 
Zapatero y el Rey, de D. José Zorrilla, quien publicó o hizo 
que se publicara en el Diario de Avisos el siguiente reclamo: 

«El autor se ha propuesto en este drama presentar al pú- 
blico, tal como fue en realidad, un personaje histórico, calum- 
niado tenazmente por unos y defendido a ciegas por otros; en 
ambos casos, se han puesto elegantes escritores y respetables 



(1) Boletin de la Academia de la Historia, Abril 1911. 



82 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



poetas antiguos y modernos, sin que por esto pretenda rivali- 
zar con ellos el autor de la obra que hoy anunciamos.» Por lo 
que se ve, D. José Zorrilla estudió con interés la figura del 
rey DonPedro, y la presentó en su drama como había llega- 
do a comprenderla. 

En la interpretación tomaron parte las hermanas Lama- 
drid, D. José García Luna, Pedro López, Alverá, Fabiani y 
otros. 

El viento favorable duró poco, y días después fue mal re- 
cibida la comedia Solaces de un prisionero o tres noches en Ma- 
drid, «de un distinguido literato que se hallaba ausente de 
Madrid», el Duque de Rivas. 

La carcajada, por Latorre (Mayo de 1841), que estuvo su- 
perior a todo elogio. Valero había estrenado esta obra en Gra- 
nada anteriormente, y tanto se poseía del papel, según conta- 
ban, que cayó enfermo de resultas. En las mujeres producía 
efectos terribles, ataques de nervios, y hasta se contaba de al- 
guna que, efecto de la impresión recibida, había malparido en 
aquella población. Latorre fue aplaudido con entusiasmo, pues 
además concurría la circunstancia de que se presentaba por 
primera vez ante el público de Madrid después de dos años de 
ausencia. 

El eco del torrente, drama de Zorrilla, por Bárbara, Teodo- 
ra, Latorre y González Mate (Febrero 1842). 

El naufragio de la fragata Medusa, melodrama escrito sobre 
un hecho acaecido en 1816. El acto tercero tenía una decora- 
ción que representaba alta mar con la fragata que, combatida 
a su tiempo por las olas, zozobraba, encallando a la vista del 
espectador. En el acto cuarto aparecía el mar «que llenaba 
todo el ámbito de la escena, y estaba agitado por una recia 
tempestad; en medio de la balsa con las personas que habían 
quedado en ella, un buque aparecía en lontananza y se dejaba 
ver en distintos términos». Por lo que se dice, las decoraciones 
tenían novedad, y el público concurrió a verlas (Marzo 1842). 

La tercera dama duende, comedia traducida de la que es- 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 83 

cribió Scribe con el título de Les diamants de la Courone, a be- 
neficio de la Juanita Pérez (Abril 1842). 

Las dos vírgenes, de Zorrilla. Estrenada en el mismo mes. 

Doña Mencia, de Hartzenbusch, y Za vuelta de Estanislao, 
para la salida de Josefa Valero (Junio 1842). 

Sancho Garda, de Zorrilla, a beneficio de Latorre. A don 
José le gustaba poner reclamos en el Diario. Esta vez dijo lo 
siguiente: 

«El autor ha llamado modestamente a su obra composición 
trágica, porque en realidad no es una tragedia clásica. Aun- 
que los tres personajes principales que en ella figuran; aunque 
la elevación de los pensamientos, y la energía y brillantez, que 
no puede negarse reinan en el fondo de la obra y en su versi- 
ficación, pertenezcan, sin duda, a la tragedia, las formas bajo 
las que el argumento del poema está presentado corresponden 
al drama. Bien lo conoce el autor de Sancho García ; ^ero con- 
vencido, como lo está, de que el público no se halla todavía 
dispuesto a pasar repentinamente desde el tumultuoso bullicio 
del drama moderno a la sencilla, si por otra parte majestuosa, 
dignidad de la tragedia clásica, sólo ha pretendido hacer un 
ensayo, dando el primer paso en la senda de una gran revolu- 
ción literaria.» (Noviembre 1842.) 

La judia de Toledo, o Alfonso VIII, por Eusebio Asqueri- 
no. (Febrero 1843.) 

La bruja de Lanjarón, o Una boda en el infierno, comedia 
de figurón, de Rodríguez Rubí. (Abril 1843.) 

La huérfana de Bruselas, obra ya conocida, se puso en es- 
cena para volver a presentarse Elias Noren, barba, que había 
estado retirado del teatro durante una temporada. (Abril 1843.) 

La mejor razón la espada, comedia de Zorrilla, refundición 
de Las travesuras de Pantoja, de Morete. (Junio 1843.) 

Honra y provecho, de Rubí. Éxito regular; por lo que, co- 
mo decían aprovechando el título, no había sacado ni honra 
ni provecho. Se hizo a beneficio de Caltañazor, y trabajaron 
con él la Juanita Pérez y Lombía. 



84 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



Las travesuras de Juana, de Doncel y Valladares, dos jó- 
venes que prometían mucho y cumplieron poco. Pasó bien, 
gracias a la encantadora Juanita, para quien había sido es- 
crita la comedia. 

El molino de Quadalajara, de Zorrilla. El éxito fue muy 
mediano, echando la culpa a la ejecución, que resultó deficien- 
te; pero lo cierto es que la obra deja mucho que desear. 

La coja y el encogido, de Hartzenbusch, comedia en que la 
Juanita Pérez desempeñaba el papel de andaluza y Lombía el 
de asturiano. (Agosto 1843.) 

Para comenzar la temporada de 1843 a 1844 hicieron en la 
Cruz una reforma, suprimiendo la Cazuela^ en cuyo sitio se cons- 
truyó una gradería corrida, que proporcionaba mejor vista y 
mayor número de asientos. Los palcos se pusieron a 60 reales, 
las lunetas principales, a 12 rs., y las del patio, a 8; y como to- 
dos los billetes servían para ambos sexos, no se instaló más que 
un despacho. Los domingos por la tarde se hacía rebaja de pre- 
cios, a fin de que pudieran concurrir los artesanos. 

En una función dedicada por el Ayuntamiento a Isabel II, 
con motivo de haber sido declarada la mayoría de edad de 
aquella Reina, se representó una obra de Zorrilla, titulada La 
oliva y el laurel, y la comedia Las travesuras de Juana, termi- 
nando la función con el saínete de Cruz, La pradera de San 
Isidro, donde cantó unas coplas alusivas a Isabel II la Juanita 
Pérez. (1.° Diciembre de 1843.) 

Junio Bruto, de D. José María Díaz. Dijeron que adolecía 
de la languidez propia de este género de obras. Bárbara y La- 
torre hicieron una labor esmeradísima por sacar adelante la 
tragedia. 

Don Juan Tenorio, drama de Zorrilla. Se estrenó el 7 de 
Abril de 1844. Decía el Diario que el drama, «escrito para ser 
puesto en escena en la presente Cuaresma, encierra un pensa- 
miento hondamente religioso, y su argumento está basado so- 
bre las sólidas'creencias de la fe católica». Lo interpretaron 



I 



POK CARLOS CAMBRONERO 86 

Bárbara, la Flores, la Tavela y la Sampelayo; Latorre, Alverá, 
Lumbreras, Caltañazor, Caroeller, etc. 

Según los revisteros de la época, fue recibido fríamente 
por el público, debido a que los actores no pusieron de su parte 
cuanto podían. Hay que tener en cuenta que el papel de Doña 
Inés se encargó a Bárbara, cuya edad no era ya a propósito 
para el tipo que debía representar, ni su corpulencia y des- 
arrollo físico, a juzgar por el retrato que publicó M Entre- 
acto. 

Otro revistero, decidido defensor de Latorre, asegura que 
éste estuvo superior en toda la obra, desde los primeros ver- 
sos de la escena de la bosteria; pero que donde rayó a gran 
altura fue en las décimas del sofá, que declamó con indiscuti- 
ble encanto, habiendo sabido dulcificar ciertos puntos ingratos 
de que en algunos momentos adolecía la voz de aquel gran actor» 
Sabido es que Latorre tenía eso que llamamos tonillo^ defecto 
hijo de la representación frecuente de dramas y tragedias en 
verso, y que en este género basta quizá gustase al público; 
pero el Tenorio tiene la versificación muy movida, y necesita 
una dicción flexible que se acomode rápidamente a todos los 
tonos; así que ni la obra se ajustaba a las condiciones de La- 
torre, ni éste supo ajustar su interpretación a las condiciones 
de la obra. 

También fue parte para coadyuvar a la mala impresión la 
pobreza de decoraciones; el Tenorio las necesita buenas, y allí 
quedó este servicio teatral muy descuidado, siendo voz co- 
rriente que en punto a decoración de escena nuestros teatros 
estaban a la cola de todos los del mundo, 

A Zorrilla le censuraron, entre otras cosas, los ovillejos 
del acto segundo, y la denominación que había dado a la obra 
de drama religioso fantástico. 

La copa de marfil, de Zorrilla, por Bárbara y Latorre. Se 
refiere a la dominación de los lombardos en Italia, y carece 
de protagonista. El público estuvo severo. 

Españoles sobre todo, de Eusebio Asquerino, un juguete 



86 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

que lo interpretó Lombía con mucho acierto, y dio 17 buenas 
entradas. 

La8 colegialas de Saint Cyr, de Dumas, traducción de 
Betes. 

Un rebato en Granada, de Cañete, comedia de las llamadas 
de moros y cristianos. 

En 1846 dio algunas funciones en el teatro de la Cruz una 
sociedad que se titulaba Academia Real de Música y Declama- 
ción, y se había fundado «para proteger los teatros españo- 
les». Consiguió formar una compañía muy aceptable, compues- 
ta de Juanita Pérez, Ana Paruias, Catalina Flores, Concha 
Sampelayo, María Bardan, Josefa Noriega, Juan Lombía, Vi- 
cente Caltañazor, Francisco Lumbreras, Manual Catalina, 
Elias Noréu, Juan Antonio Caroeller y Antonio Capo. La 
inauguración se verificó el 12 de Abril, haciendo Mentir con 
noble interés, traducción en dos actos, y Un avaro. Las lunetas 
costaban 14 reales. Se conoce que la sociedad tropezó con gra- 
ves dificultades, porque se deshizo en Mayo siguiente; pero la 
compañía siguió funcionanio con otra empresa. 

Luego echaron mano del repertorio, y Caltañazor hizo en 
Septiembre La pata de cabra, con la Carmen Carrasco, Manuel 
Catalina y Carceller. 

En Noviembre de 1846 se estrenó Los dos Fóscari, drama 
arreglado del de Byron por Cañete. No .gustó, porque el ro- 
manticismo estaba mandado retirar. 

Los mosqueteros de la Reina, traducción de Gabino Tejado. 
Los misterios de París (Febrero 1847), de Eugenio Sué, 
drama en cuatro actos y diez cuadros, con 24 personajes, por 
la Parnias, la Flores, la Noriega y la Sampelayo, Lombía, 
Lumbreras, Caltañazor, Catalina, Norén, Carceller, etc., etc. 
Se estrenó una decoracióu de Avrial. 

¡Lo que es elmundol, comedia decostumbres. (Marzo 1847), 
con 22 personajes. Aquí se presentó Juan Catalina, hermano 
de Manuel, haciendo un papel de poca importancia. 

El trapero de Madrid (Noviembre 1847), traducción de 



POR CARLOS CAMBROMERO 87 



Lombía, en cuatro actos y un prólogo, con decoraciones de 
Avrial; una de ellas representaba la plaza de Afligidos y 
otra la sala de columnas del palacio de Villahermosa en una 
noche de baile. 

El caudillo de Zamora, drama eu tres actos, de Olona, del 
género de Bouchardó, que tenía seguros los aplausos de la ga- 
lería. La Baus y Lombía estuvieron muy acertados. 

El Abril de 1848, la empresa del teatro de la Cruz intro- 
dujo algunas mejoras en la sala, reemplazando las lunetas por 
elegantes butacas, que las puso a 16 reales, y se decidió por el 
género andaluz, para lo cual contrató aDardalla, actor sin ri- 
val en este linaje de composiciones. Así podemos citar: 

Manolito Gázquez, nueva (Mayo 1848), tomada de un cuen- 
to de Estévanez Calderón, por Mariano Pina. 

Chaquetas y fraques, y Too e jasta que me enfae, piezas an- 
daluzas, de D. José Sanz Pérez. 

La Cruz celebró, como el Principe, el aniversario de la 
muerte de Moratín (28 Junio 1848), poniéndose en escena El 
si de las niñas; un juguete dramático, escrito expresamente 
para aquel día por Ventura de la Vega, titulado La critica del 
si délas niñas, leyendo composiciones alusivas al acto el mis- 
mo Vega, Bretón, Zorrilla y Hartzenbusch; y cantándose un 
himno por D.* Emilia Hoscoso, D. Joaquín Miró y D. Pablo 
Baraldí, letra de Cañete y música de D. Mariano Martín. En 
el juguete se estrenó una decoración de D. Antonio Bravo, re- 
presentando el atrio del teatro de la Cruz. 

y vuelta al género andaluz con Majos y estudiantes y Juan 
el perdió, de Mariano Pina, parodia de Don Juan Tenorio. 

Por Nochebuena se representó Todos a la mesa, revista del 
año 1848, la primera que encontramos en el curso de estas 
crónicas. 

La perla de Sevilla, de D. Fernando Gómez de Bedoya, 
pieza andaluza escrita para Cándida Dardalla, hija del actor 
de este apellido (Enero 1849). 



88 CRÓNICAS DEL TIEMPO 1)X ISABEL II 

Un contrabandista andaluz, melodrama en dos actos, para 
Dardalla (Enero 1849). 

De vez en cuando alternaban en la Cruz con El zapatero y 
él rey. 

El Bufón del rey, drama en cinco actos a beneficio de Ca- 
talina (Febrero). 

Traidor, inconfeso y mártir (3 Marzo). Esta obra, una de las 
mejores de Zorrilla, estuvo ensayada para hacerse en el Prín- 
cipe, representada por la compañía que allí actuaba; pero ca- 
yó enfermo Romea y se demoró el estreno hasta que mejorase; 
cuando estaba ya anunciado el día en que se iba a poner en 
escena, hubo que suspender las representaciones en aquel co- 
liseo para dar lugar a las obras que había mandado hacer con 
urgencia el Conde de San Luis, a fin de instalar en el edificio 
el Teatro Español con arreglo al proyecto de que ya hemos 
hablado en el lugar correspondiente. Matilde y Romea pasaron 
a la Cruz, y en este local estrenaron por fin Traidor, inconfe- 
sa y mártir^ con el siguiente reparto: Aurora, Matilde; Espi- 
nosa, Romea; Santillana, Romea (Florencio); Arhués, Sobra- 
do, y Don Rodrigo, Barroso. 

Se tocó por la orquesta una sinfonía nueva, titulada El 
sueño, compuesta por D. Manuel Tubau. 

La viuda valenciana (Marzo 1849), comedia de Lope, re- 
fundida por D. Ramón Mesonero Romanos, a beneficio de 
Jerónima Llórente. 

Consiguiente a lo dispuesto por el Conde de San Luis, de 
que damos extensos pormenores en el artículo Teatro del Prin- 
cipe, el de la Cruz cambió de nombre en Abril de 1849, y apa- 
rece desde entonces en los anuncios como Teatro del Drama. 

Esta denominación duró poco. 

En la primera mitad de esta década figuraron en la Cruz 
Bárbara Lamadrid, Juana Pérez, Teodora Lamadrid, Catali- 
na Flores, Concepción San Pelayo, característica; Antera 
Baus, característica también (hasta 1842); Isabel Boldún, y 
Concepción Lapuerta, graciosa; Carlos Latorre, Juan Lom- 



POll CARLOS CAMBRONERO 89 

bía, Pedro González Mate, primeros actores; Pedro López y 
Elias Norén, barbas; Antonio Pizarroso, Antonio Alverá y 
Vicente Caltañazor, galanes; Pedro Cubas, Agustín Azcona y 
Juan Carceller, graciosos. 

En años siguientes fue relevándose la compañía, y aparecen 
en 1848 como actrices Joaquina Baus, Carmen Fenoquio, Jo- 
sefa Noriega, Juana Samaniego, con su madre Concepción, que 
hacía de característica, y Josefa Azcona. De actores actúan 
Juan Lombía, Manuel Catalina, Fernando Ossorio, Calixto 
Boldún, José Dardalla y José Tamayo. 

Hemos reseñado a la ligera la labor dramática que se rea- 
lizó en la Cruz; pero hay que añadir, para que la crónica esté 
completa, las óperas que se hicieron, las zarzuelas, los concier- 
tos, las funciones de baile, de volatines y hasta de prestidigita- 
ción, que irán mencionándose en cada uua de las secciones a 
que corresponden, a fin de no repetir noticias, y que el lector 
pueda formarse idea de los géneros de espectáculos públicos 
que comprenden nuestras Crónicas. Puede decirse que el teatro 
de la Cruz fue durante esta década el que más novedades ofre- 
ció al público. 

TEATRO DEL CIRCO 

Casi deberíamos incluir este teatro en los de segundo orden, 
por lo que a la representación de comedias y dramas se refie- 
re, pues las empresas no dieron en el curso de las temporadas 
importancia a este género, sino que dedicaron toda su volun- 
tad y todos sus afanes a la representación de ópera italiana, 
y, sobre todo, a los bailes de espectáculo, como se verá en el 
capítulo correspondiente. 

Inaugurado el local como Circo en 23 de Abril de 1840, 
pronto la ópera se hizo dueña del edificio, y desde 1842 ejer- 
ció en él la dictadura, al punto de que en 1849, cuando la re- 
forma del Conde de San Luis, se le dio el nombre de Teatro de 
la ópera. 

Hubo, sí, representaciones dramáticas; pero las series de 



í)0 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

éstas eran cortas, y sufrían frecuentes interrupciones para dar 
lugar a las funciones de ópera y a las de baile; de suerte, que 
más bien la compañía de verso estaba como de supernumeraria 
para cubrir las noches que se daba de descanso a los cantantes 
y a las bailarinas. 

En 1841 se puso en escena El mercader flamenco, traducción, 
para presentarse Q-onzález Mate, que había venido de Zarago- 
za; y El terremoto de la Martinica, también traducción, en que 
se estrenaron decoraciones pintadas por Lucini y Francisco 
Aranda. El cartel anunciaba que la orquesta tocaría en los in- 
termedios, y que un momento antes de alzarse el telón se 
haría oír una campanilla que sirviera de aviso a los especta- 
dores. 

En 1844 trabajaron aquí Arjona y Valero: el primero hizo 
El diablo predicador, cosa que se consideró como un atrevi- 
miento hallándose en Madrid Antonio Guzmán; el otro repre- 
sentó el Luis Onceno^ consiguiendo uno de los mayores triunfos 
de su vida artística. Cuando se anunció la obra, los periódicos 
dijeron que Valero la interpretaría bien si quería estudiar el 
papel y pues generalmente lo encomendaba todo a su talento y 
a sus luces naturales. Valero se picó por la advertencia, y lo- 
gró que los resultados superasen a las esperanzas. Nosotros 
pudimos verle en Luis Onceno, años más marde, y declaramos 
que interpretaba este drama de un modo magistral. 

Hicieron también Una reina no conspira, de Díaz, por la 
Joaquina Baus, Valero y Arjona, que no estuvieron felices en 
el desempeño; así es que el drama no hizo más que pasar. 

Figuraba de primer apuntador en esta compañía D. Ma- 
nuel Cañete, después critico notable y Académico de la Espa- 
ñola, y dada su amistad con Valero, es muy posible que le 
apuntase esta obra. 

Formaban la compañía, además de Valero y de Arjona, José 
Tamayo, José Pérez Pió, Luis Fabiani, la Joaquina y la Car- 
lota Baus y la Jerónima Llórente. 

Durante el último trimestre de 1845 dieron eu el Circo al- 



POR CARLOS CAMBRÓN KRO 91 

gunas funciones Matilde Diez y Julián Romea; pero trabajan- 
do en la misma noche la Guy Stephan, que era lo que servia 
de aliciente para el público. 

Las lunetas costaban 16 reales, los palcos 60, las galerías 
10 y la entrada general 6. 

De 1846 en adelante no se representaron más que óperas y 
bailes de espectáculo, géneros que eligió para su explotación 
el banquero D. José Salamanca cuando tomó a su cargo la 
empresa de este teatro, dejando grata memoria de su buen 
gusto y munificencia. 

Después^de' Salamanca, tomó el teatro una empresa que, 
falta de fondos suficientes o de conocimiento del negocio, tuvo 
que abandonarlo en manos de D. Nemesio Pombo, quien, com- 
pitiendo con Salamanca en liberalidad, pagó cuanto se debía, 
y continuó dando funciones de ópera y de baile hasta el fin de 
este período. 

El Ciro'; fue un teatro que ofreció al público novedades 
para todos ios gustos: allí cantaron la tiple Persiani, el tenor 
Tamberlick, el barítono Konconi; allí dieron conciertos los 
pianistas Listz y Koustky, y allí lucieron sus primores coreo- 
gráficos la Fuoco y la G-uy Stephan. Bien podemos decir que 
el teatro del Circo, con la variedad de sus espectáculos, contri- 
buyó notablemente a modificar el concepto de las diversiones 
en aquella época, dando a conocer ciertas notabilidades euro- 
peas, de las que sólo se tenía noticia por la traducción de los 
relatos de la Prensa extranjera. La afición a la música es, en 
general, un signo de cultura, y los liabitantes de Madrid, 
coadyuvando al sostén de la ópera italiana y al renacimiento 
de la zarzuela, dieron una muestra de buen sentido, de ilus- 
tración y de amor patrio. 



92 CRÓNICAS DEL TIEMPO DB ISABflL II 

Teatros dLe secundo orden 

TEATRO DEL INSTITUTO 

El Instituto Español era una sociedad fundada en 1839 por 
el Marqués de Sauli, D. Basilio Sebastián Castellanos y otros 
aficionados a la literatura y al arte; y tenía por objeto princi- 
pal fomentar la inatruoción de las clases populares, proporcio- 
nando al propio tiempo diversiones ilustradas y decorosas a 
los socios. 

La sociedad no tenía local adecuado, y consiguió, por Beal 
orden de 10 de Diciembre de 1841, que la cediesen una parte 
del excouvento de la Trinidad (calle de Atocha, esquina a Re- 
latores) para instalar cátedras, gimnasio y salón de fiestas, 
que se habilitó en un trozo de lo que había sido iglesia; pero a 
fines de 1844, teniendo el Gobierno necesidad de utilizar el lo- 
cal, obligó a la sociedad a que lo desocupara, construyendo a 
sus expensas el citado Marqués de Sauli, un edificio ad hoc, 
con un buen teatro, en la calle de las Urosas, núm. 8. Mientras 
se realizaban las obras de construcción dé esta casa, el Insti- 
tuto Español celebró sus funciones en el Teatro del Genio, un 
salonoito para aficionados que estaba en el pretil de Santiste- 
ban, frente a la iglesia de San Pedro. 

Una vez terminado el nuevo local, y conceptuándolo capaz 
para dar funciones públicas, pues reunía 846 asientos, se arren- 
dó a una empresa, inaugurándose el 8 de Noviembre de 1846 
con la función siguiente: Quiero ser cómico, pieza en un acto, 
por Catalina Flores, la Miranda, Manuel Catalina, Aznar, Car- 
oeller y Menor; Boleras jaleadas, por Sebastiana Flores y Ma- 
nuel González; y Un avaro, por Lombía (1), Caltañazor, Ma- 
nuel Catalina y Aznar. 



(1) Lombía quiso introducir la novedad de suprimir el apuntador, y se 
hicieron algunas representaciones sin éste; pero se convencieron en se- 
guida de que la reforma no podía prosperar. 



POR CARLOS CAMBRONERO 93 



La sala estaba bieu decorada, según los revisteros. La bu- 
taca costaba 12 reales, las lunetas 8. 

En Diciembre se reforzó la compañía con Ana Paraias, 
Carmen Carrasco y Francisco Lumbreras. 

Parece que el teatro no tenía más que dos pisos: la platea 
y el principal. 

No duraban allí las empresas; en Octubre de 1846 se puso 
ópera española, como veremos en su lugar; en Diciembre una 
compañía de volatines, y en 1847 volvió a presentarse una 
compañía de verso, con Dardalla a la cabeza, dedicándose al 
género andaluz. Hicieron La flor de la canela, de Sanz Pérez; 
Los celos del Tío Macaco, Too ejasta que me enfae, Juzgar por 
las apariencias, Los hijos del Tío Tronera, saínete andaluz 
también, de García Gutiérrez, parodia de su Trovador; Un 
baile de candil, de Eduardo Asquerino, donde ponía en ridícu- 
lo los graves errores en que había incurrido Alejandro Dumas 
hablando de España; y El torero en Madrid. Abandonando el 
género, hicieron Kean o Genio y desorden, de Alejandro Dumas, 
traducido por D. Antonio María Ojeda; pero en seguida vol- 
vieron a las andadas con Un día de fiesta en Puerto Real, No 
fiarse de compadres, de Sanz Pérez, y El ventorrillo de Alfa- 
rache, de Montemar. 

Habiéndose separado Dardalla de la compañía para llevar 
su género al teatro de la Cruz, siguieron haciendo en el Insti- 
tuto comedias corrientes, y en 28 de Junio de 1848 celebraron 
el aniversario de la muerte de Moratín, representando La mo- 
jigata, cantando la tonadilla del Trípili, por la Montero, Cal- 
tañazor y Lumbreras, y terminando la función con ol saínete 
de D. Ramón de la Cruz, Paca la Salada o La merienda de hor- 
terillas. 

No era muy oportuno elegir a Cruz para rendir homenaje 
a Moratín, sabiendo que en vida fueron enemigos literarios, y 
se mortificaron cuanto buenamente pudieron. 

En Junio de 1848 hicieron un drama titulado Un juramen- 
to, de Cañete, D. Manuel Tamayo y D. Aureliano Fernández 



94 CRÓNICAS DEL TIEMPO Dfc ISABEL II 

Guerra, a los que un periódico, añadía otro escritor, Paul Fe- 
val, de quien aseguraba que estaba tomado el pensamiento. Y 
decía el periódico citado: «D. Manuel Cañete es un moderno 
crítico, para quien nuestros primeros dramaturgos son un 
grano de anís; solamente él y los amigos que le rodean tienen 
un género de literatura nueva, inusitado y grandioso, con el 
cual abrirán sendas desconocidas en nuestra literatura.» 

El drama no gustó. 

A fines de 1848 se deshizo la compañía, y se volvió a re- 
constituir bajo la dirección de Lumbreras. Representaron una 
parodia de Los amantéis de Teruel, titulada Los amantes de 
Chinchón, escrita por Romero Larrañaga, Príncipe, Eduardo 
Asquerino, Villergas y Estrella. 

Estrenaron (Enero 1849j Herminia' o Volver a tiempo, ¿"ra- 
ma de Alejandro Dumas, traducido por D. Juan del Peral. Lo 
interpretaron la Jiraeno y Lumbreras. 

El hijo del diablo (Febrero), drama en cinco actos, traduci- 
do por D. Francisco de Paula Montemar, para el beneficio de 
Carlota Jiménez. 

Cuando el Conde de San Luis puso por obra su proyecto de 
arreglo del Teatro del Principe y de los demás de la Corte, 
concedió al del Instituto la categoría de teatro de primer or- 
den, con la denominación de Teatro de la Comedia, 

El Instituto contribuyó mucho al renacimiento de la zar- 
zuela, como veremos en el capítulo correspondiente, poniendo 
en escena algunas que sirvieron de bailón d^essai, pulsando el 
gusto del público, que se mostró decididamente favorable al 
género. 

En celebridad de una amnistía dada por la Reina, se repre- 
sentó (Junio 1849) la comedia de Eusebio Asquerino, Españo- 
les sobre todo, cantándose un himno a S. M., letra de Vallada- 
res y Saavedra, y música de Ondrid. 

A principios de Julio de 1849 hizo la empresa un contrato 
con Mr. Paul, y, previas algunas reformas, se trasladó la com- 
pañía al Circo de la calle del Barquillo, poniendo los palcos a 



I 



POR CARLOS OAMBRONERO 95 

40 reales, las sillas a 10, las delanteras de grada a 6 y la en- 
trada general a peseta. La primera función que la compañía 
del Instituto dio en el nuevo local, fue el 7 del mes citado. 

Aquí debieron ganar dinero, porque durante aquel verano 
DO funcionó más teatro que éste, y procuró la empresa propor- 
cionar todo género de alicientes. Además de Dardalla (1), que 
ponía en escena obras del género andaluz, trabajaba en aquel 
teatro una bailarina que había conseguido cautivar por com- 
pleto al público: la Pepa Vargas. Y para tocar todos los resor- 
tes, hicieron en este teatro algunas zarzuelas, como La batalla 
de Bailen^ en dos actos, música de Oudrid y de Gardin. A me- 
diados de Setiembre volvió a sus patrios lares la compañía que 
trabajaba en el circo de la calle del Barquillo, y representaron 
El tío Zaratán, parodia de Guzmán el Bueno, y Embajador y 
hechicero, comedia de magia de Mariano Pina, en la que hacía 
el papel principal José Banovio, un actor concienzudo, pero 
de poca nombradla. 

También representaron El congreso de gitanos, en dos ac- 
tos, en la que Alverá cantaba una canción compuesta por Ou- 
drid, y Pardo unas seguidillas que bailaban al propio tiempo 
la Vargas y Atané. Con estas novedades, el público llenaba 
las localidades, mientras el Teatro Español estaba vacío. 

TEATRO DE VARIEDADES 

El local estuvo destinado primeramente a juego de pelota, 
hasta que en 1843 se acondicionó en forma de teatro para dar 
representaciones dramáticas bajo la dirección de D, Vicente 
Castroverde; pero no debió resultar lucrativo el negocio, por- 
que en el mismo año hubo en el local bailes públicos, y sucesi- 
vamente una compañía cómica infantil y otra de gimnastas, 
dirigida por Mr. Chiarrini. 

Eu Abril de 1844 se mejoró la ornamentación y la comodi- 



(1) Habitaba Dardalla en la calle do la Visitación, 4, 3.° izquierda. 



96 OBÓMIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

dad del teatro, entarimando el pavimento, señal de que no lo 
estaba; se pusieron lunetas con el asiento y el respaldo forrados 
de paño, se construyó una galería y se instaló una lucerna. 
«Los proyectos de formar un teatro de segundo orden — decía 
la empresa en el anuncio, — como existen en las grandes pobla- 
ciones de Europa, han fracasado por falta de local a propósito», 
y confiando en que con las mejoras introducidas en el teatro de 
Variedades se resolvía el problema, se abrió al público el 14 de 
Abril citado, tomando la alternativa entre los demás coliseos 
de la capital. Lunetas, 6 reales. 

Comenzaron con Elisa o El precipicio de Bessac, drama en 
cinco actos, traducido por una señorita; luego hicieron Lázaro 
o El pastor de Florencia, traducción de Isidoro G-il, y después 
Los incendiarios de París, de Víctor Ducange. 

Tardó el público en acostumbrarse al teatro, así es que las 
compañías duraban poco, o, mejor dicho, las empresas que las 
contrataban, y servía el local para dar funciones de aficiona- 
dos. Sin embargo, en Febrero de 1847 se representó diez y 
ocho noches consecutivas una comedia de Juan de la Rosa 
Q-onzález y Pedro Calvo Asensío, titulada: Si las mujeres no 
vieran, los hombres felices fueran, y poco a poco fue haciendo 
sus pinitos, hasta que el Real decreto del Conde de San Luis 
le reconoció como supernumerario de la Comedia, y entonces, 
contando ya con el favor del público, puso las butacas a 10 
reales. 

El que dio vida a este teatro fue el actor D. Juan de Alba, 
secundado por Concepción Andrade, Josefa Rico, Sebastiana 
Moran, María Soriano, Isabel Sánchez, Miguel Bailón, Julián 
Quintana, Antonio Capo, Ramón Guzraán (sobrino de su tío), 
Juan Francesconi, Dalmacio Detrell y otros. 

Todos eran artistas de segundo orden; pero consiguieron 
captarse la benevolencia del público y hacer de Variedades un 
teatro simpático. Con esta base, que es muy de tener en cuen- 
ta, vino una nueva empresa animada de los mejores deseos, 
presentando una compañíapíws minusve, como la que había sa- 



POR CARLOS CAMBRONERO 97 

lido, y también con ahinco de complacer a los espectadores; 
Manuela Ramos, Juana Samaniego, Manuel Catalina y Carce- 
Uer, que, dirigidos por el compositor Rafael Hernando, activo 
y emprendedor como pocos, formaron el propósito de repre- 
sentar zarzuelas, ya que tan buen resultado habían dado los 
ensayos del género verificados en la Cruz y en el Instituto. 

Consiguiente a esta idea, pusieron en escena «el día 6 de 
Junio de 1849 la zarzuela en dos actos titulada El duende, y 
éste fue el acontecimiento teatral del año, de mayor sensación 
que la inauguración del Teatro Español del Conde de San Luisi 

Véase el capítulo Zarzuelas. 

TEATRO DEL MUSEO 

Tiene su origen en una Sociedad por el estilo del Instituto 
Español, fundada para fomentar la afición a la literatura, la 
música y las bellas artes en general. Se estableció en la plaza 
de los Mostenses, ocupando parte de la casa donde estaba ins- 
talado, provisionalmente (y pagando alquiler), el Conservato- 
rio de María Cristina; pero no disponiendo allí sino de un lo- 
cal muy reducido, y sin un salón de cierta capacidad para ce- 
lebrar fiestas, se trasladó, hacia 1841, al ex-convento de Monjas 
Vallecas, sito en la calle de Alcalá, esquina a la de Peligros, 
transformando la iglesia, no sabemos a expensas de quién, en 
un bonito teatro, que podría contener unos seiscientos espec- 
tadores. 

Como estas Sociedades, por lo general, comienzan con mu- 
chos bríos, que luego se entibian al sentir las impurezas de la 
realidad, porque, y esto es muy humano, el entusiasmo de los 
fundadores suele estar en razón directa de la situación de fon- 
dos, el ánimo de los accionistas del Museo hubo de desmayar, 
y se vieron obligados a arrendar el teatro a Compañías de se- 
gundo o tercer orden. 

El sitio era bueno, y favorecido por esta no pequeña cir- 
cunstancia, el Teatro del Museo pudo, cuándo mejor, cuándo 



98 ORÓNIOAS DKL TIEMPO DE ISABEL II 

peor, sostener su cartel con los demás de la corte, aprovechan- 
do las obras ya conocidas y sancionadas por el público. Sin 
embargo, allí se estrenó El motín contra Squilache^ de Ceferi- 
no Suárez Bravo. 

En 1847 se reorganizó la Sociedad con el nombre de Museo 
Matritense, y dio algunas funciones, poniendo el precio de 60 
reales butaca por una quincena y 12 por una noche. Se inau- 
guró el 3 de Abril con Noche toledana, de Lope, y El peluquero 
en el baile, pieza en un acto, traducida por Antonio María Se- 
govia, formando la Compañía las Sras. Paz, Latorrey Oliver, 
y los Sres. Oltra, Gal vez. Larrea Padilla y un aficionado muy 
notable, D. Rafael Hermosa, que por consideraciones de fami- 
lia no se decidió a seguir la carrera del arte escénico. 

Entonces hicieron El nudo Gordiano, comedia francesa tra- 
ducida por D. Francisco de Paula Montemar, y Al toque de 
oraciones, también traducción, por Manuel María de Santa 
Ana. 

Antes de abrir el teatro se tuvo la idea de exigir a los con- 
currentes el traje de etiqueta; pero en vista del mal efecto que 
causó la noticia en l&s tertulias de Madrid, los socios volvieron 
sobre su acuerdo, desistiendo de sus instintos aristocráticos. 

La sociedad duró poco; en Octubre de 1847 aparece una 
empresa poniendo en escena algunas óperas, y luego vuelve a 
arrendarse el local a compañías dramáticas que procuran sos- 
tener la competencia con los demás teatros; pero al fin de esta 
década, el teatro del Museo queda derrotado, primeramente 
por el Instituto y luego por Variedades. 

TEATRO DE BUENAVI8TA 

Desde 1837 venía demostrando deseos de figurar como tea- 
tro de segundo orden; pero lo que no pudo lograr el del Museo, 
con mejor local, mal podría conseguirlo, en peores condicio- 
nes, el teatrito de la calle del Desengaño, en un salón despro- 
porcionado y bajo de techo, según todavía puede apreciarse vi- 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 99 

sitando el almacén industrial que en el piso bajo del edificio 
existe, y que es donde estaba instalado el diminuto coliseo. 

En 1840 actuaba una compañía que puso en escena Los 
amoríos de 1790, de García Villalta; en 1842 volvió a servir 
para representaciones de figuras mecánicas; en 1845 se inten- 
tó, con mala suerte, crear en este teatro la ópera española, y 
ya, oscurecido por el Museo, por el Instituto y por Variedades , 
aunque consiguió tener una compañía, en la que figuraban 
Matilde Tabela, Isabel Martínez, Carceller, Detrell y Ramón 
Menor, con su correspondiente sección de baile, tuvo que re- 
ducir sus aspiraciones y conformarse, en autores, en obras y 
público, con el desecho de los demás teatros. Eso sí, en Pas- 
cuas de Navidad tenía entradas seguras con El nacimiento del 
Hijo de Dios. 

Óperas. 

El teatro de la Cruz, por la amplitud de su escenario y por 
la capacidad del salón, era más a propósito que el Principe 
para las representaciones de ópera; así que aquél fue siempre 
preferido cuando se quiso poner en escena este linaje de es- 
pectáculo. 

En el verano de 1840, sólo se cantaron en el Príncipe 
Beatrice di Tenda, de Bellini, ya conocida en Madrid desde 
1837, y Le priogini d'' Edimburgo, de F. Ricci, que se estrenó 
el 28 de Agosto del referido año de 1840. En Octubre se re- 
presentó Guillermo , y el 22 de Marzo de 1841, Anua Bolena^ 
que fue la ópera con que se despidió del género el teatro del 
Príncipe. 

Al decir estrenos de óperas, queremos significar primera 
representación en Madrid, porque las obras se habían estrena- 
do ya en el extranjero; y sirva esta aclaración para que el lec- 
tor la tenga en cuenta al encontrar la palabra estreno, tratán- 
dose de óperas, en el curso de estos apuntes. 

En el teatro de la Cruz se representaron, entre antiguas y 



100 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

modernas, 70 óperas durante esta década, y eso que desde 
Agosto de 1842 a Abril de 1844 no hubo funciones líricas en 
este coliseo. 

Del repertorio ya conocido del público, hicieron Lucia, 
Barbero, Ceneréntola, Elixir, Norma, Lucrezzia, La Muta, So- 
námbula, Puritani y otras, estrenándose las siguientes en los 
años que a continuación se expresan: 

ASo 1840. 

Cleonice, Regina di Siria, de Saldoni (24 Enero). 
II dominó ñero, Aubert (22 Febrero). 
II giuramento, Meroadante (11 Marzo). 
Roberto Devereux, Donizetti (2 Abril). 
Le nozze di Figaro, Rieci (27 Noviembre). 
María Stuarda, Donizetti (30 Diciembre). 

Año 1841. 

La conjura di Venecia, de D. Ventura Sánchez Lamadrid (27 
Enero). 

Elena da Feltre, Mercadante (13 Febrero). 

María di Rudenz, Donizetti (26 Abril). 

Don Chisciotto delta Manda, Mercadante (15 Junio). 

II Templario, Nioolau (11 Noviembre). 

n Solitario, Eslava (7 Diciembre). 

ASo 1842. 

Alina, Regina di Golconda, Donizetti (3 Enero). 
Lafiglia del regimentó, Donizetti (31 Enero). 

AÑO 1«45. 

Don Pasquale, Donizetti (4 Enero). 

Luigi Rolla, F. Ricoi (25 Enero). 

II retorno de Columela, Fioravanti (26 Marzo). 

María di Rohan, Donizetti (9 Abril), 

Ifidanzati di Sicilia, Gastaldi (4 Noviembre). 

Año 1846. 

II Bravo, Mercadante (17 Enero). 

Luigia della Valliére. Genovés (19 Febrero). 



■ 



POR CARLOS CAMBRONERO 101 

El diablo predicador, letra española de Ventura de la Vega y 
música de Basilio Basili (4 Marzo). 
Sardanápalo, Litta (25 Marzo. 

Año 1847. 

Leonora, Mercadante (5 Junio). 
Aüo 1848. 

H Borgomastro di Schiedam, Lauro Rossi (2 Agosto). 

De 1840 a 1842, cantaron en la Cruz las tiples Antonia 
Campos, Cristina Villó, Joaquina Lombía, Rosina Mazzarelli, 
Leonor Serrano, Grabriela Gramuna, Leonilda Francesohini, 
Agustiua Chelva y Adelaida Perelli. Tenores: Pedro Unanue, 
Manuel Ojeda y Giovanni Genero. Bajos: Pedro Calvet y José 
Mirall, sin olvidar a nuestro compatriota Salas, bajo cómico. 

De 1844 a 1848, figuraron Cristina Villó, Anna Brizzi, Emi- 
lia Tossi, con voz no de gran extensión, pero buena actriz; 
Anunciata Tirelli, de buen método de canto y buen gusto 
para vestir; Josefa Chimeno, de grandes condiciones, aunque 
no bien aprovechadas; Elisa Manzochi, Clara Bertolini, voz 
cristalina en las notas altas y sonoras en las bajas; Giuseppina 
Rosetti, Marina Albini, de quien oímos hacer elogios en nues- 
tra juventud; Corina di Franco y Amalia Máizquez, contralto. 

De ellos podemos citar a los señores Carlos Guaseo, muy 
querido del público; Giu^eppe Sínico, con deseo de complacer, 
pero de escasas condiciones; Manuel Carrión, Enrique Bonfigli, 
y sobre todos. Napoleón Moriani, que con su fresca voz y su 
maestría se le consideró como el competidor del célebre Ru- 
bini (1). 

«La voz de Moriani, decía un periódico, es clara, sonora y 
argentina. Moriani, como actor y como cantante, ha resuelto 



(1) Rubini no vino a Madrid a cantar en los teatros públicos donde se 
representaban óperas, sino llamado en 1841 por los socios del famoso Li- 
ceo a trabajar en el local de la sociedad. El billete, comprensivo de cuatro 
óperas y dos conciertos, costaba 240 reales a los individuos del Liceo y 
360 a los particulares que deseaban concurrir. 



102 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

el problema de representar, con la música como con la poesía, 
los afectos y las pasiones del alma.» 

Parece que Moriani y Rubini, siendo los dos notabilísimos, 
se diferenciaban en que aquél cantaba las óperas como estaban 
escritas, y éste las modificaba, introduciendo adornos y varian- 
tes de gran dificultad, merced a las especiales condiciones de 
su prodigiosa garganta. A Moriani le censuraban algunos por- 
que rezaba mucho, no cantando más que un par de piezas cada 
noche. 

Es curioso el caso del tenor llamado Flavio, que hizo su 
primera salida el 11 de Febrero de 184B con La Sonámbula. 

A Flavio, es decir, a D. Lázaro Puig, marqués de Gauna, 
ya le conocían muchos, porque había cantado en conciertos 
particulares en Madrid y en el extranjero, y, aunque tenía una 
Toz simpática, si bien no de mucha extensión, excelente méto- 
do de canto, maneras elegantes y vestía con propiedad, se con- 
sideraba arriesgado presentarse con La Sonámbula después de 
haberla cantado el incomparable Moriani; pero el público se 
hizo cargo de las circunstancias, Puig supo sacar partido de 
sus facultades, y obtuvo un buen recibimiento. 

Entre los barítonos mencionaremos a Paolo Baralde y a 
Gaetano Ferri; y entre los bajos, a Pietro Lej; Giovanni Inchi- 
di, que habiendo sido un gran artista se hallaba ya decadente; 
JoaquínJBecerra, y, por último, el popular D. Francisco Sa- 
las, que consiguió ser en su género el cantante predilecto del 
público. 

Salas era un caricato admirable: además de que tenía bue- 
na voz, exquisito método de canto y una vocalización clara y 
limpia, se caracterizaba con mucha propiedad, al punto de que, 
haciendo Don Pascuala en la Cruz, en Enero de 1845, se pre- 
sentó tan desfigurado, que el público no le conoció a la salida. 
En Noviembre de 1845 cantó en Lucia la parte de bajo se- 
rio, y, según dice un cronista, supo dar un mentís a los que 
sólo le consideraban con aptitudes para el género bufo. Su ta- 
lento — decía — supo vencer todas las dificultades. Y tanto valía, 



POR CARLOS OAMBRONERO 103 



que en 1848 la empresa del Circo le nombró director de escena 
en la compañía de ópera. 

Directores de orquesta de la Cruz lo fueron D. Ramón Car- 
nicer, D. Basilio Basili y D. Fernando Aguirre. 



« 



Este espectáculo consiguió arrojar de su casa a Mr. Paul 
Laribeau; suya, no porque fuese de su propiedad, sino porque 
él la había dado vida y nombre; así es que, al cabo de los años, 
y habiendo cambiado el género de la diversión a que el edifi- 
cio se destinara, el nombre, ya impropio, de Circo, perduró 
hasta nuestros días, en recuerdo del primitivo empresario y 
fundador. 

La ópera, pues, invadió el nuevo Circo de Paul (el antiguo 
Circo Olímpico), dándose la primera representación el 21 de 
de Junio de 1842, con la ópera de Mercadante, La VestaUj 
cantada por artistas extranjeros, salvo algunas segundas par- 
tes, que eran españolas, pero bajo la dirección de nuestro com- 
patriota D. Ramón Carnicer (1). 

Claro es que las empresas echaron mano de las óperas que 
formaban el repertorio de las conocidas en Madrid; sin embar- 
go, durante esta época estrenaron, es decir, se dio la primera 
representación de las siguientes: 
Año 1842. 

La Vestale, Mercadante (2) (21 Junio). 

Saffo, Pachini (9 Agosto). 

Betly, Donizetti (19 Setiembre). 

Adelia, Donizetti (23 Setiembre). 



(1) La autoridad prohibió fumar dentro de la sala del teatro, lo cual 
indica que durante las funciones de circo se había tolerado esta abusiva 
costumbre. 

(2) La Vestale, de Spontini, se había estrenado en el Principe el año de 
1817, y la de Paclni en el mismo teatro, el de 1831. 



104 CRÓNICAS DEL TIEMPO DB ISABEL II 

ASO 1843. 

La Favorita, Donizetti (26 Agosto). 

II nuovo Mosé, Rossini (13 Octubre), 

Linda de Chamounix, Donizetti (9 Diciembre). 
A*o 1844. 

La tregua de Tolemaida, Eslava {1° Agosto). 

Nabuco, Verdi (10 Octubre), 

Hernani, Verdi (25 Noviembre). 

/ Lomhardi alia prima Crociata, Verdi (20 Diciembre). 

A«o 1845. 

I Martiri, Donizetti (20 Febrero). 

Corrado d'Altamura, F, Ricci (24 Mayo), 

Padilla o El asedio de Medina, Espín y Guillen (9 Julio). 

/ due Foscari, Verdi (22 Julio). 

Año 1846. 

María Padilla, Donizetti (8 Febrero). 

Anna la Prie, Battista (1) (23 Enero), 

Irza, Francisco Gómez de Laharrán (15 Marzo). 

n fantasma, Persiani (18 Junio). 

L'orfana savoiarda, Persiani (25 Julio). 

Qiovana d'Arco, Verdi (30 Octubre), 
Alo 1847. 

Attila, Verdi (5 Enero). 

Chi dura vince, L. Ricci (20 Enero). 

Medea, Pacini (24 Febrero), 

Luisa Strozzi, Sanelli (18 Agosto), 
AÑO 1848. 

Macbeth, Verdi (20 Febrero), 

Hernán ' Cortés o La conquista de Messico, Ignacio Ovejero 
(18 Marzo). 

En el teatro del Circo aparecen, conquistando grandes 
aplausos de 1840 a 1846, las tiples Rita Basso-Borio, Cristina 
Villó, Rosalía Gariboldi e Isabela Ober-Rossi; y en segunda 



(1) Battista era ua alumuo del Conservatorio de Ñápeles. La obra ado- 
lecía de inexperiencia, y obtuvo un éxito lisonjero. 



FOil CARLOS OAMBRONERO 105 

fila, Carlota y Matilde Villó, Teresa Bovay, Dolores Franco, 
Almerinda Granchi, Margarita Antúnez, Amalia Anglós, 
Augusta Albertini, Josefa Chio y la contralto Raquel Bernar- 
di. También trabajó en el Circo el año 1843 Caterina Barilli(l), 
notable nada más que por haber dado a luz, el 19 de Febrero 
de aquel año, una niña que luego alcanzó fama universal: Ade- 
lina Patti. 

En 1846 y 1847 figuraron, en unión de alguna de las men- 
cionadas, la famosa Fanny Tachinardi Persiani, conocida 
por el segundo apellido; Úrsula Bertoloti, Angela Bossío, Fe- 
licidad Alessandri, Noemi de Roissy, Teresa Arredondo, casa- 
da luego con un individuo de cierta distinguida familia, y la 
Ida Edelvir, nombre con que ocultaba el suyo la Condesa Ca- 
bagna di Q-ualdana. 

Los tenores que cantaron de 1842 a 1848 fueron: Sínico, 
ya conocido del público del teatro de la Cruz; José Olivieri, 
Aquiles Ballestracci, Manuel Carrión, Pedro Unanue, Enrique 
Bonfigli, Jeremías Bettiní, algo amanerado, según pudimos 
formar idea por haberle oído en nuestra juventud; Lorenzo 
Salvi, Juan Milesi, Eurico Calzotari, y sobre todos, Tamber- 
lick que debutó el 17 de Junio (2) de 1845; poseía grandes fa- 
cultades y era un verdadero maestro. 

Por lo que respecta a los barítonos, hay que hacer mención 
particular de Jorge Rouconi; debutó el 18 de Abril de 1845 
con María di Eohan, alcanzando un triunfo completo que se 
confirmó en las demás óperas que fue cantando. Los que le ha- 
bían oído, se hacían lenguas ponderando su voz, su maestría 
y sus condiciones especiales para el arte que profesaba. La no- 
che de su debut estaba el teatro completamente lleno, y se hizo 

(1) La partida de bautismo de ésta dice que es hija de Salvador Patti 
profesor de música, y de Catalina Chiessa, que usaba en el teatro el ape- 
llido Barilli. Fueron padrinos el tenor José Simio y su esposa Rosa Ma- 
nara. La Barilli se presentó, única vez, el 4 de Enero de 1843, con Ma- 
rino Fallero, Más adelante damos otra noticia de ella. 

(2) Con Parisina d^Este. 



106 CRÓNICAS DEI. TIEMPO DE ISABEL II 

dueño de los espectadores desde las primeras notas. Dicen que 
su voz era de graii extensión, pastosa y grata, atacando con 
valentía un sol que produjo un entusiasmo delirante. Tenia 
notas altas de tenor y una octava baja admirable. Se le hizo 
salir cuatro veces al final de la ópera, y las señoras le arroja- 
ron los ramos de flores que, según moda, llevaban en las 
manos. 

También era buen barítono Rafael Ferloti, y tanto, que 
habiéndose decidido a cantar María di Rohan, después de Roii- 
coni, los partidarios de éste fueron dispuestos a darle una silba 
monumental, pero estuvo tan acertado, que todos le aplaudie- 
ron, hasta sus mismos adversarios. 

Entre los barítonos resultaban muy aceptables León Giral- 
doni, a quien alcanzamos a oír, y el español Ángel Alba, nota- 
ble porque le gustaba caracterizar bien los papeles; así consi- 
guió captarse las simpatías del público en Abril de 1844, pues 
habiéndose afeitado y cortado el pelo, salió a cantar La muta 
di Portici, hecho, dice la crónica, un marinero perfecto. 

De bajos, merecen mención Joaquín Becerra, Celestino Sal- 
vatori, Heliodoro Spech, Luciano Fornasari, Francisco Calvet 
y D. Francisco Salas. 

Los directores de orquesta del teatro del Circo fueron su- 
cesivamente Carnicer, Boueti, Skoczdopole y D. Basilio Basi- 
li. Carnicer había reñido con la empresa del teatro de la Cruz 
porque reclamaba de ella que le abonase el sueldo como direc- 
tor de orquesta a razón de 40.000 reales por temporada; la em- 
presa se negó, Carnicer la puso pleito, y se conoce que no pre- 
sentó suficientes documentos justificativos de su derecho, por- 
que la Audiencia desestimó la querella del Maestro. 

Aparecen en la orquesta de este teatro los individuos si- 
guientes: ViolineSy Pérez (Rafael), Bosch y los Ficher; Viola, 
Rueda; Contrabajos, Costa y Cepeda; Violoncellos, Goicoechea 
y Storioni; Flauta, Pedro Sarmiento, a quien llegamos a tra- 
tar; Oboe, Romero; Clarinete, otro Ficher, y Trompa, Sacrista 
con otros compañeros menos conocidos. 



POR CARLOS CAMBRÓN KRO 107 

La música preferida por el público era la de Donizetti, al 
tanto de que habiendo sido mal recibida en la Cruz el año 1834 
la ópera II Furioso^ la empresa del Circo, que confiaba en la 
predilección que por Donizetti tenían los aficionados de Ma- 
drid, la puso en escena el 19 de Febrero de 1844, encargando 
la interpretación a la Basso-Borio y a Salvatori y el éxito más 
feliz coronó sus deseos. El tenor obtuvo uno de los mayores 
triunfos de su carrera artística, y la tiple una ovación, sobre 
todo en el rondó final. Triunfó Donizetti en toda la línea. 

Confiando en esto, algunos cantantes se aventuraban a in- 
terpretar las óperas de Donizetti sin poseer las facultades que 
su música requería. El tenor Confortini, que vino de Cádiz, 
donde había sido muy aplaudido, se llevó una grita en Rober- 
to Devereux, el 24 de Abril de 1844. Lo propio sucedió con la 
Caterina Barilli, también procedente de Cádiz, y también 
aplaudida allí; el público la recibió mal, y por eso decían que 
«las notabilidades musicales que han hecho furor en Cádiz, 
han fatto fiasco cui,-¡> Como la Barilli fue madre de Adelina Pat- 
ti, se comprende ahora el poco afecto que esta célebre cantante 
demostró a la población que la había visto nacer. 

La preponderancia de Donizetti vino a eclipsarla, a media- 
dos de esta década, el famoso Verdi, logrando hacerse el autor 
de moda: el año 1844 se estrenarom seguidas tres óperas suyas: 
Nabuco, Hernani e 1 Lombardi, y las tres produciendo en el 
público gran entusiasmo. 

El estreno de Hernani fue un acontecimiento; la música de 
esta ópera se hizo casi popular, y poco tiempo después se can- 
taba y tocaba en todas las tertulias donde había piano. El crí- 
tico musical de un periódico titulado El Laberinto escribía, re- 
firiéndose a Hernani: «Composición sublime que encanta por 
sus muchas melodías, que electriza por lo bien armonizada, 
que agita al espectador por su nutrida cuanto vigorosa instru- 
mentación.» 

En el teatro de Museo (1) se representaron algunas óperas 
(1) Véase el capitulo Teatros de segundo orden. 



108 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

en Octubre 1847, en el mismo mes de 1848 y eu Febrero de 
1849; Hernani, Sonámbula, Saffo, Puritanij Norma y Nahuco^ 
obteniendo éxitos medianos. Dirigía la orquesta el maestro 
Skoczdopole. Cuenta Carmena que allí cometieron el imperdo- 
nable delito de estrenar / Masnaderi, de Verdi, instrumenta- 
da por el director de orquesta. 



* « 



No dejan de ofrecer interés, a nuestro juicio, las tentativas 
que se hicieron en esta época para la formación de la ópera es- 
pañola en las tres fases que ofrece el asunto; son a saber: mú- 
sica extranjera con palabras castellanas; música de compositor 
español con la letra eu italiano; y, por último, la verdadera, la 
propiamente dicha ópera nacional, aquella en que el composi- 
tor es hijo de España, y el libreto aparece escrito en castellano. 

La primera clase no dio el resultado que sus iniciadores es- 
peraban; y no lo dio quizá por las condiciones intrínsecas del 
género, observando que el público propende a la risa, al escu- 
char en castellano ciertos diálogos serios puestos en música; 
quizá también por los medios poco adecuados de que pudo dis- 
poner la empresa para realizar su pensamiento. 

El teatro de Buenavista, situado en la calle de Silva, como 
ya hemos dicho en la década anterior al tratar de los Teatros 
de segundo orden, fue el local donde se hizo el primer ensayo 
con una compañía que desde luego correría parejas con el co- 
liseo, aunque figuraban eu ella la Carlota Villó, cantante de 
buenas condiciones artísticas, y Aznar, un buen bajo que luego 
cantó en el Circo. 

Durante el mes de Junio de 1846 se representaron eu dicho 
local, y en castellano, las óperas Norma, El Barbero de Sevi- 
lla y Clara de Rosemberg. En el mes de Setiembre se trasladó 
la compañía al teatro del Instituto, y allí dieron La vuelta de 
Columela, traducida por D. José Sauz, Elixir d'amore y otra 
vez El Barbero, reforzando la compañía con María Soriano y 



í 



Í'OR CARLOS CAMBRONERO 109 



Joaquín Montañés, que cantaron, además, la escena de El Chu- 
rra, música de Basili. 

Y no se volvió a hablar más de opera italiana con libreto 
traducido. 

El género no era cosa nueva, pues, según dice la Crónica de 
la Opera^ italiana en Madrid (1), de muy antiguo se tenía esta 
costumbre, y hasta se prohibió, por Real orden de 28 de Di- 
ciembre de 1799, cantar piezas que no estuvieran en idioma 
castellano. Bien es verdad que en el primer cuarto del siglo xix 
tuvimos cantantes que podían competir con los extranjeros, 
como la Lorenza Correa, la Joaquina Arteaga, las herma- 
nas Moreno y el celebérrimo Manuel García. 

En tiempo de Fernando VII hubo en Madrid verdadera 
irrupción de artistas líricos italianos; pero no lograron suplan- 
tar por completo a los españoles, sosteniendo enhiesto el pa- 
bellón nacional la Loreto García, la Concepción Lledó, los 
bajos Dionisio López y José María Ruiz y algunos otros ar- 
tistas, hasta que nos declaramos vencidos en el ramo de teno- 
res cuando apareció Montresor en el Príncipe, el 13 de Junio 
de 1826, con Zelmira, de Rossini, y formando parte de una 
compañía dirigida por el propio Saverio Mercadante, que to- 
davía era muy joven y no tenía, como compositor, la fama 
que justamente adquirió luego. 

En la década anterior ya hemos visto que estaban en baja 
los cantantes españoles, sobresaliendo únicamente la encanta- 
dora Antonia Campos y el popular Paco Salas; y en la época 
que estamos reseñando, quedó eclipsada por completo nuestra 
preponderancia ante la Basso-Borio, la Ober-Rossi, la Per- 
siani, Moriani, Tamberlick y Ronconi. 

Pasemos ahora a reseñar brevemente la gestión que en Ma- 
drid hubo de realizarse para dar al teatro óperas de música 



(1) Escrita por el que fue en vida nuestro queridísimo amigo D, Luis 
Carmena y Millán, cuyo trabajo nos ha servido de base para formar estos 
apuntes en lo que a la ópera se refiere. 



lio CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

española con letra italiana. Ya hemos visto que en la década 
anterior se hicieron Cristóforo Colón, Ismália y Eufemio di 
Messina, de Carnicer; Eurico e Clotilde o La rosa blanca^ de 
Genovós; I permestra, de Saldoni, e II carrozzino da venderé^ 
de Basili, a quien podemos considerar como español (1); y en 
la época que historiamos aparecen La conjura di Venezia, por 
Ventura Sánchez Lamadrid; II solitario (2) y La tregua de To- 
lemaida, por Eslava; Luisa de la Valliére^ por Q^enovés; Irza, 
por Francisco Gómez Laharrán, y Hernán Cortés, por Ignacio 
Ovejero. No se puede decir, a juzgar por las referencias de los 
periódicos de la época, que estas óperas alcanzasen éxitos rui- 
dosos y entusiastas; pero no desmerecieron de otras debidas a 
la pluma de compositores extranjeros, debiendo hacer constar 
que estos primeros ensayos parecían de buen auspicio para lo 
que de tan loable empresa podía esperarse, 

Sánchez Lamadrid tenía alientos para seguir por el camino 
empezado: en Cádiz, el año 1850, se estrenó una ópera suya 
titulada Malek-Adel, y en 1864 otra con el título de La Maya. 

La Irza, de Gómez de Laharrán, se representó en el Circo 
para el beneficio de Taraberlick, que la cantó con amore, por- 
que aquel tenor tuvo siempre mucha predilección por los artis- 
tas españoles y por las cosas de España. La ópera Irza se ha- 
bía estrenado en Cádiz pocos meses antes. 

Tomás Genovés tenía deseos de trabajar: en Bolonia le ha- 
bían representado una ópera, titulada Zelma; luego escribió 
La bataglia di Lepanto, Bianca di Belmonte e Iginia d'Asti, 
que llegó a cantarse en Ñapóles. 

Ignacio Ovejero, el autor de Hernán Cortés, era aquel niño 
de once años que en 1839 compuso una sinfonía, ejecutada con 
aplauso en el teatro de la Cruz por la orquesta de la compañía 
de ópera. 

(1) No sabemos si lo era; pero residía en Madrid desde 1825, y se ha- 
bía casado cou una española, Teodora Lamadrid. 

(2) Representada anteriormente en Sevilla y en Cádiz. El argumento 
estaba basado en la novela del Vizconde de Arlincourt con el mismo título. 



POR CARLOS CAMBRONERO 111 

El concepto de D. Hilarión Eslava está bien definido, al 
punto de que no necesitamos hacer su elogio. La tregua de To- 
lemaida gustó, y eso que el libreto resultaba malo y carecía de 
situaciones musicales. Pondera un revistero la perfecta instru- 
mentación del maestro, aunque conceptúa que había exceso de 
ésta en algunos trozos: dice que la ópera parecía de Mercadau- 
te, y que la Q-ariboldi y el tenor Unanue tuvieron momentos 
felices. Se pidió con insistencia que se presentase ante el pú- 
blico el autor; pero éste, por su estado eclesiástico, no salió a 
escena, sino que se asomó al palco de la autoridad. Eslava era 
alto, seco de carnes, algo encorvado por efecto de su estatura, 
y llevaba generalmente, como le hemos visto nosotros muchas 
veces, un gran levitón negro, sombrero de copa y alzacuello. 

Desgraciadamente, estos ensayos, que parecían precursores 
del cultivo constante de la ópera por nuestros compositores de 
música, no sirvieron de aliciente para nuevas tentativas, y 
hubo de abandonarse completamente tan patriótico proyecto. 
Pero todo tiene su explicación: la circunstancia de concebirse 
al propio tiempo la creación de la zarzuela indujo a seguir este 
camino, más modesto, pero más práctico, a los que, satisfa- 
ciendo sus entusiasmos por el arte, procuraban satisfacer a la 
par las necesidades imperiosas de la vida. 

Vamos a reseñar la última fase de las tres en que hemos 
dividido la crónica de la ópera española en este período, o sea 
la ópera española con música de autor español y libreto en cas- 
tellano. De esto hubo poco, pero hubo algo. Hemos hecho men- 
ción de El rapto, ópera española de Tomás Genovés, estrenada 
en el teatro de la Cruz el 17 de Junio de 1832, y esto debemos 
considerarlo como el primer ensayo del género, que, en honor 
de la verdad, no parece que fue mal recibido. 

Posteriormente se realizaron dos tentativas: una en el 
Circo, el 9 de Julio de 1846, con Padilla o El asedio de Medi- 
na, letra de D. Gregorio Romero Larrañaga y música de don 
Joaquín Espín y Guillen; y otra en la Cruz, el 4 de Marzo 
de 1846, con El diablo predicador, letra de D. Ventura de la 



112 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Vega y música de D. Basilio Basili (1). Esta resultó más ge- 
Daiuamente española que la otra, porque se escribió el libreto 
sobre la tan conocida comedia del siglo xvii, con el mismo tí- 
tulo, y fueron españoles los artistas que interpretaron la obra: 
la Josefa Chimeno, la Agustina Chelva, Manuel Oarrión, 
Francisco Salas, Joaquín Becerra, Vicente Barba y Lucas 
Velasco, 

La ópera del maestro Espín y Guillen no se representó 
completa; solamente el cuadro primero del primer acto; pero 
sí con todos los honores, porque se hizo a beneficio del autor, 
y preparando una función especial, dividida en tres partes. En 
la primera, que se abrió con la sinfonía de Nabuco (no podía 
faltar Verdi en la solemnidad), se cantaron varios números de 
ópera por artistas de la compañía, y Cristóbal Ondrid tocó al 
piano una fantasía, de su composición, sobre motivos de Ma- 
ría de Rohan; la segunda parte la constituyó el trozo de ópera 
de Espín y Guillen, admirablemente cantada por la Ober- 
Rossi y Tamberlick; y para final o tercera parte, se hizo el 
acto segundo de Gisela o Las Wilis, baile en que tantos aplau- 
sos conseguía la famosa Guy Stephan. 

En Padilla se aplaudieron un coro de comuneros, una ca- 
vatina que cantó Tamberlick de un modo magistral, haciendo 
el papel de Fonseca, y un dúo con la Ober Rossi (Doña María 
Pacheco), que les valió a los dos cantantes muchos aplausos. 
Después de todo, y para la falta de protección que los españo- 
les tenemos unos con otros, no se pudo quejar el maestro Es- 
pín y Guillen. 

-Esta es la historia de las tentativas llevadas a cabo hasta 
1849 para establecer la ópera española, y si el espíritu que las 
animaba hubo de entibiarse, en cambio logró inspirar crecien- 
te entusiasmo a los que con decidido esfuerzo concibieron el 
proyecto de hacer resurgir nuestra antigua zarzuela, como lo 
veremos en el capítulo correspondiente. 

(1) Saldoni tenia compuesta una ópera española, titulada Boabdüy que 
no llegó a representarse. 



POR CARLOS CAMBRONERO 113 



El Ayuntamiento también se propuso fomentar el des- 
arrollo de la ópera española, y al efecto, en el pliego de ba- 
ses (1) para el arrendamiento de los teatros del Príncipe y de 
la Cruz, dedicó al objeto el art. 25, que decía textualmente: 

«El empresario del teatro de la Cruz podrá formar compa- 
ñía de verso, y tendrá precisión de ajustar otra lírica, com- 
puesta única y exclusivamente de cantantes y músicos españo- 
les que, con preferencia a óperas extranjeras, ejecuten las es- 
pañolas compuestas hasta el día, y que se compongan en lo 
sucesivo.» 

En vista de esto, una sociedad titulada España Musical ele- 
vó al Ayuntamiento una instancia, ampliando las iniciativas 
del Concejo, en la que proponía unas bases más concretas para 
el planteamiento de la ópera nacional; pero se oponían dificul- 
tades insuperables, y hubo que contentarse con lo que deter- 
minaba el citado art. 25, que después de todo sirvió, indirecta- 
mente, para contribuir a la formación de la zarzuela. 

Zax*zuelas . 

Treinta zarzuelas escribió D. Ramón de la Cruz, según el 
catálogo que de las obras de este ilustre sainetero publicó el 
erudito académico D. Emilio Cotarelo, y la primera de ellas 
se representó en 1757; de modo que, sin meternos en más dis- 
quisiciones, vemos que el género goza ,de abolengo indiscuti- 
ble. Y no se diga que entonces tuvo otro carácter la zarzuela, 
ni que se comprendía de modo distinto; pues, comparando 
aquellas con las de hoy, vemos que no se diferencian sino en 
la más adecuada distribución de los números de música, cuya 
colocación, a veces, tanto ahora como entonces, no resulta 
bien preparada; así, el mismo D. Ramón, en una escena de La 
mesonerilla (2), pone en boca de una muchacha los tres versos 



(1) 31 Enero de 1848. 

(2) Zarzuela estrenada en 1769, con música de D. Antonio Palomino. 



114 CRÓNICAS DEL TIISMPO DE ISABEL II 



siguientes, dirigidos a los demás interlocutores como aviso de 
que Ta a cantar: 

cSi no pueden entenderlo 

rezado, se lo diré 

cantando: tengan silencio.» 

Y echa su caución. 

En esta zarzuela hay siete números de música: seguidillas, 
canción, seguidillas, minué, seguidillas, aria y seguidillas. 

Treinta zarzuelas, muchas de ellas en dos actos, ya son nú- 
mero suficiente para que a D. Ramón de la Cruz le demos la 
alternativa en el género, y si el saínete le aclama como su 
restaurador, la zarzuela debe designarle puesto preferente en 
su historia, porque él dio la pauta, con Briseida y con Las la- 
hradora» de Murcia^ de lo que años después se había de consi- 
derar como cosa nueva y nunca vista. 

Al comenzar el siglo xix, fuese por la carencia de composi- 
tores y de libretistas de zarzuela, fuese porque el público se 
distrajese con la ópera italiana que cautivaba toda su atención, 
fuese por otras causas que desconocemos, el caso es que la 
zarzuela quedó por completo olvidada, y hubo que volver a 
inventarla, como si no hubiese existido. Ya hemos visto lo que 
pasó con El rapto: es una zarzuela en toda regla, y tanto el 
autor como la Prensa, se empeñaron en calificarla de ópera, 
por no darse cuenta de que teníamos un género lírico -dramá- 
tico, llamado zarzuela, en el que encajaba perfectamente la 
obra de Larra y de Genovés. 

Al fin de este período que vamos a reseñar quedó, con la 
representación de El Duende^ constituida la zarzuela; pero an- 
tes hay una gestión muy laboriosa, que conviene conocer para 
formar idea de lo sucedido, de los esfuerzos realizados por los 
compositores hasta conseguir un éxito seguro, y de las buenas 
disposiciones, en favor de la música española, del público que 
concurría a los teatros del Príncipe, de la Cruz, del Instituto 
y de Variedades. 

Terminó la década anterior poniéndose en escena, en el 



POR CARLOS OAMBRONERO 115 

teatro de la Cruz, El novio y el concierto, obra a la que su au- 
tor, Bretón de los Herreros, dio la denominación de comedia- 
zarzuela (1), circunstancia muy de tener en cuenta porque 
sirve para cerrar el período cou una zarzuela de derecho, así 
como había comenzado con una de hecho, El rapto, malamen- 
te calificada de ópera. 

15 Julio 1841. — Cruz. — El ventorrillo de Crespo, zarzuela 
en un acto (2), letra de Rodríguez Rubi y música del maestro 
Basili. Se intercaló el Polo, de Manuel García, y el Charrán, 
de Iradier. 

Diciembre de 1842. — Cruz. — La campanilla, ópera en un 
acto, de Donizetti, cantada por Bárbara Lamadrid, su marido 
D. Francisco Salas, D. Vicente Barba y coros. 

9 Enero 1843. — Principe. — Los solitarios^ zarzuela nueva, 
imitada de un vaudeville, encargándose de su desempeño Matil- 
de Diez, Teodora Lamadrid y Julián Romea. «Ninguno de los 
tres — decía el anunbio — presume de cantor, y, por lo tanto, 
no abrigan otra pretensión que la de dar a los espectadores 
esta prueba más de lo muy reconocidos que están a su bene- 
volencia.» 

Mayo 1843. — Cruz. — En el segundo acto de Lo de arriba 
abajo, drama de costumbres populares, cantaban la Valverde 
y Pastor un dúo de Iradier, titulado La riña del calesero; y en 
la pieza Un ladrón menos, de carácter andaluz, escrita por 
Eduardo Asquerino, cantó Caltañazor una jácara de Jerónimo 
Fuertes. 

1.° Diciembre 1843. — Principe. — Función dedicada por el 
Ayuntamiento a la Reina Isabel, con motivo de haber sido de- 
clarada su mayoría de edad. Concluyó la fiesta cou unas ma- 
lagueñas, bailadas por todo el cuerpo de baile, con coplas alu- 
sivas al acontecimiento, cantadas por la Juanita Pérez y Cal- 
tañazor. 



(1) Música de Basili. 

(2) O tonadilla, que con ambos calificativos se la designa. 



116 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

24 Diciembre. — Cruz. — El mesón en Nochebuena^ zarzuela 
en uu acto, música de Iradier. 

\° Enero 1844. — Principe. — Matilde y Guzmán cantaron 
la tonadilla titulada Doña Toribia y Don Celedonio (1). 

13 Enero. — Principe. — Jeroma la castañera, tonadilla de 
D. Mariano Soriano Fuertes, por Matilde, Sobrado y Mariano 
Fernández. 

26 Marzo. — Cruz. — La cigarrera, caución de Iradier, por la 
Juanita Pérez. 

24 Diciembre. — Cruz. — La venida del soldado, tonadilla, 
cantada por Plácida Tablares, Azcona y Caltañazor. 

17 Diciembre 1846. — Variedades. — La Sra. Andújar y don 
Diego Fernández de la Vega cantaron la tonadilla Doña To- 
ribia y Don Celedonio. 

21 Diciembre. — La tahona, tonadilla, por la Sra. Pamias, 
Caltañazor, Lumbreras y Catalina. 

24 Diciembre. — En el mismo teatro, La castañera, escena 
española, letra de Mariano Fernández y música de Soriano 
Fuertes. 

24 Setiembre 1846. — Buenavistd. — La viuda y el sacristán, 
tonadilla, cantada por la Sra. Losada y el Sr. Azopardo, 

30 Octubre 1846. — Instituto. — El churrú, escena española, 
con música del maestro Basili. 

19 Diciembre. — Cruz. — La venganza de Alifonso, zarzuela 
en uu acto, parodia de algunas escenas de Lucrecia, cantada 
con la música de la misma ópera por la Noriega, Caltañazor, 
Aznar y Carceller. Letra de Azcona. 

13 Febrero 1847. — Cruz. — El sacristán de San Lorenzo, 
zarzuela en tres actos, parodia de Lucia di Lammermoor, apro- 
vechando la música de la ópera. La cantaron la Noriega, Calta- 
ñazor, Lumbreras, Azuar y Aguirre. 

Fernández de los Ríos censuró estas humoradas, porque, a 
su juicio, el procedimiento contribuía a poner en ridículo las 



(1) La veuian cantando desde 1841. 



POR CARLOS CAMBROKKRO 117 

Óperas; además de que como do se contrataban para el caso ar- 
tistas líricos, dice que se convertían los buenos actores en ma- 
los cantantes. 

11 Marzo. — Cruz. — La pradera del Canal, zarzuela en un 
acto, con música de Iradier y de Oudrid. De esta obra dijo el 
crítico citado anteriormente, que era una verdadera zarzuela, 
y le gustó más que El sacristán de San Lorenzo y La venganza 
de Alifonso. 

19 Mayo. — Instituto. — ¡Es la chachi!, zarzuela andaluza, de 
Sánchez del Arco, por la Revilla y Dardalla. 

25 Noviembre. — En el mismo teatro, La sal de Jesús, zar- 
zuela andaluza también. 

1.° Diciembre. — Variedades. — Una tarde de toros, zarzue- 
la en un acto, letra de D. Juan de Alba. No sabemos quién 
era el autor de la música. 

13 Diciembre. — Cruz. — El suicidio de Rosa, zarzuela en un 
acto y en verso, letra de Azcona, adaptada a la música de La 
Straniera, de Belliui. 

Diciembre 1847. — Instituto. — El turrón de Nochebuena , zar- 
zuela en un acto, con música de Oudrid. 

9 Febrero 1848. — Variedades. — La ley del embudo, letra de 
D. Juan de Alba. 

4 Marzo. — Príncipe. — La venta del Puerto o Juan el contra- 
bandista, zarzuela con música de Oadrid, Ovejero y D. Fran- 
cisco Salas. 

21 Diciembre 1848. — En el mismo teatro, Los picaros cas- 
tigados o la fiesta en el cortijo, escena cómica, letra de Ma- 
riano Fernández y música de Ignacio Ovejero y Cristóbal 
Oudrid. 

21 Diciembre. — Instituto. — El ensayo de una ópera titulada 
Las sacerdotisas del sol, zarzuela con música de Oudrid. Se 
intercaló un aria de Rafael Hernando, cantada por la Cortés. 

15 Febrero 1849. — Principe. — En el baile El jaleo de Se- 
villa, compuesto por Oudrid; introdujo éste unos coros para 
darle mayor variedad. 



118 CRÓMICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



16 Febrero. — Instituto. — Palo de ciego, derecho a las costi- 
llas, zarzuela arreglada del francés, por D. Juan del Peral, 
con música de D. Rafael Hernando; tenía los números musi- 
cales siguientes: romanza, duettiuo, aria, cavatina, terceto, 
dúo, brindis y rondó final. 

lo Marzo. — En el mismo teatro, Misterios de bastidores, 
zarzuela en un acto, letra de D. Francisco de Paula Monte- 
mar y música de Oudrid; tres arias, una de ellas con coro, un 
dúo, un concertante y un cuarteto final. 

Estas dos últimas obras se mantuvieron muchos días en el 
cartel, prueba de que fueron del agrado del público. 

21 Marzo. — En el mismo teatro, Colegialas y soldados, zar- 
zuela en dos actos, con música de Hernando. 

6 Junio. — Variedades. — El Duende, zarzuela eu dos actos, 
letra de Luis Olona y música de Rafael Hernando; tenía 17 
números musicales. Éxito indiscutible, proclamado por las ga- 
cetillas de los periódicos. 

6 Julio. — Instituto. — La paga de Navidad, zarzuela en un 
acto, con música de Oudrid. 

19 Julio. — Eu el mismo teatro. Ánimas del purgatorio, zar- 
zuela en un acto, con música del maestro Fernández Gardín. 

2 Agosto. — En el mismo teatro, El alma en pena, zarzue- 
la en un acto, música de Oudrid. 

24 Diciembre. — Principe. — La Mensajera, zarzuela en djos 
actos y en prosa, letra de Luis Olona y música de Gaztambide. 
Parece que gustó mucho, y eso que el libreto tiene pocos 
lances. 

Como vemos por esta relación cronológica, el público y los 
compositores tendían inconscientemente a la formación de la 
zarzuela, intercalando éstos piezas musicales en las comedias, 
y alentando aquél con su aplauso la ingerencia del género lí- 
rico en las obras qee se llamaban de verso, porque en verso y 
no en prosa se escribían, por lo común, no ya los dramas y las 
comedias, sino hasta los saínetes, fines de fiesta, juguetes dra- 
máticos y demás obras en un acto. 



POR CARLOS CAMBRONERO 119 

La tonadilla no había sido desterrada del todo, y aunque 
carecíamos de compositores que las escribiesen y de las partes 
de cantado que las ejecutasen, de vez en cuando se presentaba 
alguna que otra por extraordinario. 

Comprendiendo Basili y Soriano Fuertes que si bien las 
tonadillas gustaban, había que renunciar a las del tiempo de 
Carlos IV por anticuadas, acometieron la empresa de hacer 
alguna para pulsar el estado de la opinión; al efecto escribie- 
ron, ol primero. El ventorrillo de Crespo, y el segundo, Jeroma 
la castañera, que venían a resultar unas verdaderas zarzuelas; 
y, por lo tanto, estas tonadillas son el lazo de unión de uno y 
otro género, de tal modo, que a El ventorrillo de Crespo se le 
llama indistintamente tonadilla o zarzuela en las publicacio- 
nes de la época. 

El resultado fue satisfactorio; pero nosotros que hemos pa- 
decido siempre la sugestión de París, en vez de ampliar la to- 
nadilla para constituir la zarzuela, o de continuar el camino 
trazado por D. Ramón de la Cruz y D. Antonio Rodríguez de 
Hita en Las labradoras de Murcia, nos fuimos a imitar los vau- 
devilles. 

Bajo esta desdichada influencia se puso en escena, en el 
Príncipe, el año 1843, Los solitarios, pieza arreglada de un 
vaudeville francés. 

Afortunadamente, las empresas abandonaron esa ruta, y 
aunque más adelante, en el teatro del Instituto, se representó 
otro vaudeville traducido (1), se le dio el nombre de zarzuela, 
y le puso música española Rafael Hernando. 

La falta de orientación y la poca confianza que en sus 
fuerzas tenían los compositores, extraviaba el criterio de las 
empresas y ti de los autores que podían dedicarse a escribir 
libretos de zarzuela; por esto, deseando satisfacer la demanda 
de composiciones líricas en castellano, se apeló al medio de 
escribir piezas adaptando la letra a la música de óperas cono- 



(1) Palo de ciego. 



120 CRÓNICA» DKL TIEMPO DiC ISABEL 11 

cidas, y así se pusieron en escena La venganza de Alifonso, El 
sacristán de San Lorenzo y El suicidio de Rosa, aprovechando 
respectivamente los motivos musicales más sobresalientes de 
Lucrecia Borggia, de Luisa di Lammermoor y de La Straniera, 
con el beneplácito y aquiescencia del público, que lo demos- 
traba de una manera indubitable acudiendo todas las noches a 
la taquilla del despacho de billetes. Algunos críticos protesta- 
ban contra este espectáculo lírico-literario; pero los empresa- 
rios se desentendían de estas censuras, y sostenían las obras 
en el cartel días y días, mientras les producían rendimientos. 

Contribuyó un tanto a la resurrección de la zarzuela casti- 
za la circunstancia de representarse en el teatro del Instituto 
piezas del género andaluz, donde venían, como anillo al dedo, 
cancioucitas y dúos que de contrabando se ingerían en la obra, 
favoreciendo al buen éxito de ésta. 

Desechando temores, y con un arranque digno de la pa- 
triótica causa que les impulsaba, algunos compositores se de- 
cidieron francamente a escribir zarzuelas. Iradier hace El me- 
són en Nochebuena; el mismo, con Oudrid, La pradera del Ca- 
vial] Oudrid solo, El ensayo de una ópera y Misterios de basti- 
dores; Oudrid con Ovejero, La venta del Puerto y Los picaros 
castigados; Hernando, Palo de ciego y Colegialas y soldados, 
hasta que, por fin, este último maestro compositor, con un li- 
breto de Luis Olona, tuvo el acierto de poner en escena, en el 
teatro de Variedades, el 6 de Junio de 1849, la archifamosísi- 
ma zarzuela titulada El duende. 

Todo lo que se diga es poco para describir el exitazo que 
obtuvo la obra, cuyo mérito literario y musical no responde, 
desgraciadamente, al efecto que produjo en el público; pero 
éste sentía el ansia del género, y al ver que El duende reunía 
las condiciones modestas que entonces podían exigirse, le pro- 
clamó como patrón y norma de la futura zarzuela. 

El duende tiene los siguientes números musicales: Primer 
acto, divertimieuto instrumental, coro de introducción, due- 
tino, aria, dúo, polka burlesca, canción, nocturno y final. Se- 



POR CARLOS CAMBRONERO 121 

gundo acto, introducción, seguidillas (cantadas y bailadas), 
duetino, terceto, aria (cantada por Manuel Catalina) (1), coro, 
canción y final. 

Total, 17 piezas. 

Por esto gustó, porque tenía mucha música. Olona y Her- 
nando fueron llamados varias veces al palco escénico, y la or- 
questa del teatro les dio una serenata. 

La representación de El duende viene a cerrar honrosa- 
mente la crónica de la zarzuela en este período, y sirve de 
base a la resurrección del género, que en la década siguiente 
llegó hasta tener teatro propio, como la ópera italiana. 

Nota final: lo que debió estar bueno fuá la tonadilla El trí- 
pili, cantada y bailada por la Manuela Perea, la saladísima 
Nena, en el teatro de la Cruz, el 28 de Diciembre de 1849. 

Y vamos con la música a otra parte. 

Oonoiertos. 

Los conciertos son un indicio de la afición que el público 
tenía por la música, y los que se dieron en este período ofrecen 
interés, porque ponen de relieve el gusto y las tendencias de 
los aficionados. No se varió el estilo y estructura de los verifi- 
cados en la década anterior; pero prevalecen los concertistas, 
que obtuvieron muchos aplausos, especialmente el incompara- 
ble Listz. 

Mas no adelantemos los sucesos. 

El 26 de Marzo de • 1840 se dio un concierto en la Cruz, 
compuesto de arias, cavatinas, etc., de varias óperas, y se can- 
tó un juguete español, sin título, compuesto por Basili para 
Salas, Calvet y Esteban. 

En el mes siguiente llegó a Madrid un afamado profesor de 
violín,Mr. José Ghys, y tocó en dicho teatro una fantasía sobre 



(1) Habitaba Manuel Catalina en la calle de la Montera, 33, tercero 
izquierda. 



122 ORÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

motivos de La Sonámbula y otras piezas de su composición. 

En los intermedios o entreactos de algunas funciones dra- 
máticas o de ópera solían tocar: el corno inglés, D. Ramón 
Broca; el violín, D. Luis Arche, y el clarinete, D. Enrique 
Ficher. 

28 Mayo 1841. — Los guitarristas alternaban en los concier- 
tos, y dieron uno, en el Instituto Español^ D. Ramón Cáceres y 
D. José María Ciebra; la entrada costaba 20 reales, concurrien- 
do a la función el general D. Baldomcro Espartero, Regente 
del Reino. 

2 Agosto. — Cruz. — Concierto por un pianista llamado Juan 
Manzochi, que tooó unas variaciones sobre un tema de La So- 
námbula. 

16 Marzo 1842. — Cruz. — Concierto organizado por la Aca- 
demia Filarmónica Matritense. Se tooó el Stabat Mater deRos- 
sini, dirigido por Carnicer. 

También se aprovechó para conciertos el nuevo teatro lla- 
mado del Circo, y allí se dieron algunos en el verano de 1842, 
pue.s en el local se gozaba de mejor temperatura que en nin- 
guno de los de la Corte. Los conciertos se redujeron a tocar 
sinfonías por la orquesta, y cantar arias y cavatinas los artistas 
de la ópera. 

La arpista Genny Lazare dio un concierto en el Liceo (1), y 
otro en la Cruz (2) D. José María Rivas, primer flauta de la 
Sociedad Filarmónica del Gran Teatro de la Reina, de Lon- 
dres. 

12 Marzo 1843. — En el Circo: variaciones de violín, de Be- 
riot, por el joven profesor D. Eduardo Ficher, discípulo de 
D. José Isidoro Vega; y Capricho de clarín de llaves, por don 
José de Juan Martínez. 

23 Marzo. — Cruz. — Se presentan por primera vez los guita- 
rristas D. Vicente Cano y D. Tomás Damas, tocando piezas de 



(1) 1842. 

(2) Eu el mismo año. 



POR CARLOS CAMBRONERO 123 



SU composición y fantasías sobre motivos de operas italianas. 
• 23 Junio 1843. — Principe. — Concierto porD. Vicente Tito, 
violinista, y D. Juan Guillermo Dali, pianista, ambos portu- 
gueses. 

2 Setiembre. — Cruz. — En un entreacto tocó unas varia- 
ciones de flauta D. Hilario Villó, pariente quizá de las canta- 
trices de este apellido. 

6 Noviembre. — Cruz. — Concierto por Salas y Ojeda. Este 
cantó El polo de la cárcel, de la ópera El Contrabandista, de 
Basilio Basili, y Salas la canción del Ventero, en la misma ópe- 
ra, todo con decoraciones y trajes. Después ejecutaron, uno 
después de otro, la caución del Torero, cuya letra, de Rodrí- 
guez Rubi, había sido puesta en música separadamente, por 
Basili y por Iradier. El cartel anunciaba que no existía ánimo 
de competencia, ni entre los cantantes ni entre los composito- 
res, y que se presentaban ambas composiciones musicales a ins- 
tancias de muchos aficionados, añadiendo que hasta el orden en 
que habían de cantar Salas y Ojeda se había sacado a la suerte. 

A continuación interpretaron los dos citados artistas la es- 
cena de La Pendencia, letra de Juan Sandoval y música de 
Basili. 

26 Noviembre. — Circo. — Mr. Skoczdopole tocó en el cor- 
netín de pistón la cuadrilla Recuerdos de Praga, y un vals ti- 
tulado La Madrileña. 

Enero 1844. — Cruz. — Concierto por Salas y Ojeda: este 
cantó La Calesera, de Iradier, y con Salas, La Pendencia, de 
Basili; gustaron mueho. 

25 Marzo. — Cruz. — La Cigarrera, canción de Iradier, por 
la Pérez. 

3 Junio. — Cruz. — Marieta Albini, «de quien tan gratos re- 
cuerdos conservaba el público» (frase del Diario), cantó trozos 
de Norma y el tercer acto de Otello. La Albini, que tenía fama 
europea por su maestría, por su hermoso timbre de voz y su 
arrogante figura, estaba ya decadente, y el público la aplau- 
dió, en atención a sus antiguos merecimientos. 



124 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

31 de Octubre, 2, 5 y 9 de Noviembre de 1844, conciertos 
en el Circo por el famoso Listz. Este y los concertistas de su 
época seguían otro sistema del que ahora se usa, pues no con- 
sumían ellos solos la sesión, sino que se limitaban a tocar cua- 
tro o cinco piezas, cantando trozos de ópera en los intermedios, 
para hacer más variada la función, los artistas líricos del tea- 
tro donde se daba el coueierto. 

En el de 2 de Noviembre tocó Listz: Fantasía de Norma, 
polaca de Los Puritanos, otra fantasía sobre motivos de Don 
Giovanni, y una melodía húngara. El día 9, variaciones sobre 
un tema de Los Puritanos, marcha húugara y galop cromática, 
fantasía sobre Lucrecia, y como final unas improvisaciones. 
El piano que usó era de Boisselot, de Marsella, y el mismo 
Listz acompañó al piano a la tiple ObeiiRossi y al tenor Pau- 
lin, que cantaron arias y dúos para completar el concierto. 

El día 13 de Noviembre dio otro en el Principe a beneficio 
de las cantantes Sras. Bernardi y Brezzi, y las acompañó tam- 
bién al piano alternando con Guelveuzu. Tocó la sinfonía de 
Guillermo Tell, una fantasía de Roberto y un vals infernal; 
con Dachi, profesor de corno iuglés, nu Pout-pourri, y con 
Guelvenzu, a cuatro manos, un dueto de Norma. 

El 21 de Noviembre se despidió, en el Circo, del público ma- 
dVileño, dando el último concierto, cuyos productos dedicó a la 
Beneficencia. Esa noche tocó un concierto de Weber, variacio- 
nes, a dos pianos, sobre La dowwa ¿'¿ZZa^o/reminiscenciasdeLw- 
cia, acompañado por Guelvenzu, y un capricho de su invención. 

Listz cautivó por completo al público. «Admira a todos, 
decía un revistero, uo sólo la ejecución, elevada a lo infinito, 
sino el gran efecto que hace producir al piano, comparable 
con el de una completa orquesta. Observad su rostro, y en él 
veréis retratadas todas las fuerzas de la sublime inspiración; 
aquel hombre es el movimiento continuo; su cabellera se agi- 
ta por lo que su imaginación trabaja; con el cuerpo, con los 
brazos, con las piernas, con todo contribuye a dar expresión a 
la música que ejecuta.» 



POR CARLOS CAMBRONERO 125 



También dio Listz un concierto en el Instituto, y resultó 
una solemnidad artístico-literaria, dirigida por Espín y Gui- 
llen. Recitaron composiciones poéticas Romero Larrañaga, 
Villergas, Ayguals de Izco y D. José Zorrilla. Listz estuvo ad- 
mirable. La Reina Isabel le regaló un alfiler de brillantes que 
valía mil duros. 

Sus admiradores le dieron una comida en la fonda de Gen- 
yeis, y a los postres, el Sr. Vélez de Medrano propuso, y fue 
el pensamiento aceptado con entusiasmo, crear una asociación 
de artistas musicales, bajo la denominación de Santa Cecilia. 

17 Febrero 1845. — Cruz, — En los entreactos de la represen- 
tación de la ópera Don Pascuále se presentó un violinista, que 
venía precedido de buena fama, Agustín Robbio, y que se 
proclamaba único discípulo de Paganini. Tocó variaciones de 
Sonámbula, Trémolo de Beriot, capricho sobre un tema de 
Bethoven, y, rindiendo culto a la moda reinante, una fantasía 
compuesta de pensamientos de valses de Strauss, acompañado 
al piano por el después famoso Joaquín Gaztambide. 

Competía con Strauss, nuestro compatriota D. Sebastián 
Iradier, que compuso varias tandas de valses, cuyos títulos 
eran: El carnaval de Madrid, Jerez, Orgia y Borgoña; se toca- 
ron en el Salón de Oriente, en los bailes del Liceo y en los tea- 
tros de Madrid. El género predilecto de Iradier eran las can- 
ciones españolas, de gran aceptación, tanto en el teatro como 
en las veladas musicales de la clase media. Son suyas, entre 
otras muchas que no recordamos, las canciones siguientes: 
M tormento, La Rita, La sevillana, El zapateado. Las amones- 
taciones, El naranjero^ Nueva jota, La Cúrrela, La perla de 
Triana, Los caracoles. La jaca de terciopelo y El empalagao. 
Carecen de mérito como composiciones musicales; pero el au- 
tor supo interpretar el gusto del público, y en su tiempo no 
había modista, verdulera ni fregatriz que no acompañase su 
trabajo con el sonsonete de las canciones de Iradier. 

Carnicer también compuso algunas, quizá mejores, aunque 
no se hicieron tan populares. La más conocida es Los toros del 



•126 CRÓMICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Puerto, cantada por Salas eii muchas funciones de beneficio. 

26 Febrero. — Cruz. — Concierto por Mr. Van-Gelder, vio- 
loncello del Rey de los Países Bajos. Tocó: Fantasía sobre la 
ópera Lucia di Lamermoore , y otra sobre aires españoles; una 
romanza, para violoucello y piano, acompañado por la prima 
donna del teatro, Auunciata Tirello; y M eco montañés, capri- 
cho de su país, acompañado en la misma forma que la pieza 
anterior. 

1.** Marzo. — Circo. — Las caleseras, canción española, de 
Basili, cantada por Caltañazor. 

1.° Abril — Circo. — Concierto de violín por Mr. Artot. Tocó: 
Recuerdos de Bellini, Fantasía de Lucia, Variaciones, y El 
Carnaval de Venecia. 

5 Junio. — Principe. — Concierto de violín por el niño Jesús 
Monasterio. Tocó: Variaciones de Capuletti; otras sobre La 
Oazza ladra, y un vals compuesto por Robbio para el joven 
violinista. Jesús era hijo y discípulo de D. Jacinto, Juez de 
primera instancia cesante, que había venido en Enero de 
aquel año a Madrid en busca de colocación, a fin de poder pro- 
porcionar al niño la educación musical que necesitaba. 

7 Junio. — Cruz. — Concierto por Soler, Sarmiento y Gaz- 
tambide, que tocaron, respetivamente, el oboe, la flauta y el 
piano. 

2 Julio. — Circo. — Concierto por J. B. Marchal, pianista 
del Emperador de Rusia. Fantasía sobre motivos de Lucía, 
otra sobre Hugonotes, y una improvisación sobre un motivo de 
los que le fueron presentados en la forma siguiente: con nota 
clara, condición indispensable, entregaron varios aficionados 
en el teatro algunos temas; Marchal los tocó todos ante el pú- 
blico, y el que mereció la aprobación unánime de los especta- 
dores sirvió de motivo a la improvisación, que se aplaudió mu- 
cho; el tema elegido fue el Himno de Riego. 

7 Julio. — Circo. — Fantasía sobre María di Rohan, com- 
puesta y ejecutada al piano por Gaztambide. 

i7 Noviembre. — Circo. — Los pianistas Pablo Desbernine y 



POK CARLOS CAMBRÓN ICRO 127 

Femando Arizti tocaron: Variaciones de Herfcz, a dos pianos, 
y Capricho, del mismo autor, en igual forma; Desbernine, una 
fantasía de Lucrecia, y Arizti, otra de Tlialberg. 

6 Diciembre. Principe. — Concierto por los cantores mon- 
tañeses del Conservatorio de Bagnéres. Cantaron: Tirolesa de 
los Pirineos, Bolero montañés, Nocturno y La primavera de 
Bagnéres. Los cantores montañeses, dice el anuncio, vestían 
el traje nacional de su país, y ejecutaban todas las piezas sin 
otro acompañamiento que el de sus voces formando orquesta. 
Lo que hace hoy el último de los orfeones. 

12 Enero 1846. — Cruz. — Presentación del famoso pianista 
Prudent. Tocó: fantasía^ de Hugonotes, Norma y Lucia^ y un 
capricho sobre Sonámbula. El piano que usó fue de la casa 
Pleyel, de París. 

27 Enero. — Cruz. — Concierto por el pianista español Eva- 
risto Bosch, que se decía discípulo de Listz. Gustó menos que 
Prudent, como Prudent había gustado menos que Listz. 

20 Mayo. — Principe. — Concierto por el violinista César 
Bossi: Caprichos sobre motivos de Lucrecia y Juramento. 

10 Junio. — Concierto de guitarras en el salón de las Postas 
Peninsulares (Alcalá, 7). Tocaron trozos de ópera D. Vicente 
Cano, su hijo Antonio y otros guitarristas. 

6 Octubre. — Circo. — Concierto por el violinista Ole Bull. 
Polaca guerrera, La plegaria de una madre y El Carnaval de 
Venecia. 

18 Noviembre. — Principe. — Concierto por Mr. Jaquet, pro- 
fesor de melophone (1). 

La misma noche dio en la Cruz otro concierto el pianista 
portugués D. Juan Guillermo Daddi^ tocando fantasías de las 
óperas Lucia, Don Giovanni y Moisés. 



(1) El melophone, o melocordium, era uua especie de arpa con caja, 
pedales y doble encordadura, que se locaba por medio de la pulsacióu de 
dos teclados perpendiculares, en cada uno de los cuales jugaba una mano, 
produciendo un sonido dulce y melodioso. 



128 CRÓNICAS DKL TIEMPO DE ISABEL II 

24 Febrero 1847. — Principe. — Concierto por Mr. Eiirique 
Spira, quien presentó un instrumento nuevo, compuesto de 
varios listones de madera sobre unos hacecitos de paja. Tocó 
El Carnaval de Venecia y los indispensables valses de Strauss. 

10 Junio. — Cruz. — Salas cantó, vestido con traje de mujer, 
la cavatina de Ágata en la ópera Las conveniencias teatrales; 
un zorcico, y La aguardentera, canción española, compuesta 
por él mismo. 

18 Junio. — Cruz. — Escena y cavatina de la ópera Norma^ 
ejecutada por la Sra. Villó, el Sr. Becerra y coro, con decora- 
ciones y trajes. Al propio tiempo, Salas, vestido de majo, can- 
taba un jaleo andaluz, compuesto por el maestro Basili, sobre 
un tema de la cavatina, formando un terceto que no gustó. 

22 Agosto. — Principe. — Concierto por el guitarrista don 
Francisco Huerta. Tocó: Sinfonía de Ilturco in Italia, Fantasía 
de Semíramis e Improvisaciones sobre aires nacionales. 

8 Octubre. — Museo. — Concierto a beneficio de la señorita 
Amalia Auglós, alumna del Conservatorio de María Cristina. 
Cantó piezas de ópera y la acompañó al piano Florencio Lahoz. 
La Anglós era una muchacha de grandes esperanzas; pero 
murió muy joven. Florencio Lahoz tenía íntima amistad con 
nuestro padre, y le vimos tocar muchas veces el piano eu casa; 
sin sobresalir brillantemente en el mecanismo, poseía el don 
de conmover a los oyentes con la dulzura de su interpretación. 

11 Octubre. — Circo. — Himno de Rossini a Pío IX. por 260 
voces, con acompañamiento de orquesta. Parece que no agradó 
al público, quizá por la circunstancia de que los niños del Asi- 
lo de Desamparados^ que tomaron parte, desafinaron de una 
manera notable, de forma que, según un testigo, aquellos ni- 
ños resaltaron verdaderamente desamparados. Asistió Isa- 
bel II, y su presencia salvó al himno de una grita. Decían que 
el motivo fundamental de la composición estaba tomado de 
otro de La domina del lago, ópera, del mismo autor, cantada por 
primera vez en Madrid el año 1828. 

I.** Febrero 1848. — Circo. — Concierto por el violinista Au- 



POR CARLOS OAMBRONERO ,129 

gusto Moeser. Tocó: Fantasía sobre motivos de varias óperas, 
Andante original a dos voces con sólo el violin, y Variaciones 
sobre el tema de Paganini El Carnaval de Venecia. 

22 Febrero. — Cruz. — Concierto por una compañía de cam- 
panólogos. 

10 Setiembre. — Cruz. — Concierto de violoncello, por Case- 
11a. Fantasía de Sonámbula. 

Julio. — Cruz. — Concierto por los guitarristas Vicente y 
Antonio Cano. Gustó, pero hubo poca gente. 

5 Noviembre. — Príncipe. — Otro concierto de guitarra por 
Damas y Amores. Obtuvo el mismo resultado que el anterior. 
Por lo visto, la guitarra iba en decadencia. 

29 Enero 1849. — Museo. — Concierto de violoncello por Lut- 
gen y de Xilo cordeóu por Molberg. El Xilo cordeón era un ins- 
trumento de madera y paja, que había dado a conocer, en 24 
de Febrero de 1847, un tal Spira,de quien ya hemos hablado. 
En nuestra juv.eutud oímos a D. Juan Molberg tocar el Xilo- 
cordeón, del que se decía inventor; poseía el dominio completo 
del instrumento, y conservamos grata memoria de los concier- 
tos que daba en su casa a los amigos íntimos. 

21 Marzo 1849. — Circo. — Concierto por Mr. Antonio Konts- 
ki, tocó: Fantasía de Sonámbula, Le reveil du lion y un Scherzo 
de su composición. El 29, una fantasía de Don Pascuale; una 
Plegaria, en sexteto, con acompañamiento de orquesta; una 
Galop brillante, suya, y Las noches de Madrid, capricho dedi- 
cado por él al público de esta capital (1). Koutski se hizo simpá- 
tico: sus composiciones quedaron de repertorio en las tertulias 
de la Corte. Una polka suya, titulada, si no recordamos mal, 
Las elegantes de Madrid, se tocó durante muchos años por las 
señoritas aficionadas al piano. Los motivos de la composición 
eran un tanto vulgares. 

25 Abril. — Circo. — Concierto por el violinista Mr. Haus- 



(1) Los dias que estuvo en Madrid se hospedó en la calle de Fuenca- 
rral, 26, principal derecha. 

9 



130 CRÓNICAS DEL TIEMPO DI ISABEL II 

man. Tocó las indispensables variaciones sobre El Carnaval de 
Venecia. 

30 Abril. — Instituto. — Concierto por los guitarristas don 
Tomás Damas y un tal Bassols. Muchos aplausos y pocas en- 
tradas. La guitarra había muerto. 

Los conciertos durante esta época adolecen de falta de di- 
rección y de criterio, sin aprovechar el sinnúmero de composi- 
ciones que para el caso había ya escritas. Un aria y un dúo en 
la parte de canto, y una fantasía sobre motivos de una ópera, 
interpretadas al piano o al violín, constituían el concierto, del 
mismo modo que se acostumbraba a hacer en la tertulia de una 
casa particular. En esto nos hallábamos muy atrasados. 

En Noviembre de 1849, la empresa del teatro del Príncipe^ 
para dar variedad al espectáculo, porque la reforma del Conde 
de San Luis no llamaba gente, decidió verificar dos conciertos 
que llamaba matinales, aunque comenzaban a las dos de la 
tarde. Tocó el piano MUe. Luchesi; el violín, Bazzini, interpre- 
tando el El Carnaval de Venecia^ y cantó en francés trozos de 
óperas italianas Mlle. Landi. 

También en el Instituto hubo un concierto en este mes, to- 
cando la pandereta el Sr. Miralles, de quien decían que era el 
primer panderetólogo de Europa. 

Ooreografia. 

Los que habían oído en Madrid a Rubini y a Moriani como 
cantantes de ópera, y a Listz, a Prudent y a Kontski como 
pianistas, no quisieron quedarse atrás en un espectáculo hacia 
el cual toda Europa demostraba frenético entusiasmo en aque- 
llos momentos: el baile. La Guy Stephan y la Fuoco, estrellas 
del arte coreográfico que irradiaban sus fulgores en Francia, 
en Italia, en Alemania, vinieron a la modesta villa del oso y 
el madroño, y aquí cosecharon ovaciones sin cuento, pudiendo 
añadir el cartel de Madrid a los de París, Ñapóles, Viena y 
Londres, con lo que se daban mucho tono nuestros padres. 



POR GARLOS OAMBRONERO 131 

Pero no fueron únicamente las bailarinas extranjeras las 
que conmovieron al público de esta capital, sino que al propio 
tiempo aparecieron, como por obra de encantamiento, tres es- 
trellas españolas de pura raza, que dejaron airoso y bien puesto 
nuestro pabellón: la Pepa Vargas, la Manuela Perea, conocida 
por la Nena, y la Petra Cámara. Teníamos, pues. Constitución 
y bailarinas; ¿para qué queríamos más? 
Basta de exordio y comience la crónica. 
En el Principe estuvo contratada durante toda esta década 
la Pepita Diez, que había sabido conquistar las simpatías del 
público por su bonita figura, su gracia y su buen deseo de co- 
rresponder a los aplausos que la tributaban. La acompañaron 
en su trabajo hasta 1844 Mariana Castillo y Fernanda López, 
que fueron reemplazadas en 1846 por Gertrudis Fontanella y 
Josefa Soto. 

En el sexo feo figuraron principalmente Manuel Casas, 
Juan Bautista Cozzer y Ángel Estrella, que aparece como 
maestro y director en 1845. Entre los bailarines de segunda 
fila se destacan Griner Fontanellas y un tal Antonio Oliva. 

En la temporada de 1843 a 1844 se nubló, aunque por poco 
tiempo, la preponderancia de los artistas españoles, y la em- 
presa contrató como primeros a Mr. y M.™* Finart, que no de- 
bieron dar el resultado apetecido, porque al año cómico si- 
guiente se les quitó del cartel. 

En la Cruz, la bailarina que privó fue la Sebastiana Flores, 
sin que sus compañeras lograsen contratas seguidas en el tea- 
tro; lo propio que aconteció a los bailarines Antonio Cairón, 
Francisco Tenorio y Manuel González. 

En Diciembre de 1841 se presentaron los primeros bailari- 
nes del teatro de la Scala de Milán, Amalia Massini y Fran- 
cisco Penco, que fueron bien recibidos. 

En Mayo de 1842 se trajo a los bailarines extranjeros 
Mr. y M."® Bartholomin, con una numerosa compañía, ponien- 
do en escena los bailes de espectáculo El paso de Moisés y El 
gran paso de Aurelia, 



132 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

11 Julio de 1842. — Se estrenó La lámpara maravillosa, 
baile compuesto y dirigido por Bartholomiu, música de Hau- 
sens y de Gondois; tomaron parte los Bartholomin, Hipólito 
Monpleisir, la Massiui y las españolas Callejo, Hidalgo, Bueno 
y Estrella; el italiano Penco, Ángel Estrella, Tenorio, Gonzá- 
lez, Ponce y Guilló. 

El 3 de Enero de 1843 se estrenó un baile histórico fantás- 
tico, titulado La encantadora o El triunfo de la Cruz, com- 
puesto y dirigido por Mr. Bartholomin. El argumento puede 
suponerse cuál sería haciendo la reseña de las decoraciones: 
Jardines del palacio de Damasco. — Campo de los cruzados, en 
Jerusalem. — Interior del infierno. — Campo de batalla bajo los 
muros de Jerusalem. — Aparición celeste. — Plaza de la ciudad 
santa. 

El Principe también quiso echar su cuarto a espadas, y 
puso en escena un baile titulado La sil/ida {sic), composición 
de Mr. Taglioui, música de Schneitzhoeffer. Se estrenó el 7 de 
Octubre de 1842, y el día 10 el Circo representó, en compe- 
tencia, La sil/íde, baile arreglado del de Tag'ioni por Federico 
Massiui, y en el que trabajaron la Petit, la Vagni, la Turpiui, 
la Caproti y los Sres. Ferrauti y Roquet. 

En Noviembre presentó el Circo un baile en dos actos, titu- 
lado La familia suiza, tomando parte en él la niña Itosa Te- 
norio. 

Esta y otra niña llamada Petra Alegría bailaron un bolero 
en el Circo, siendo muy aplaudidas. 

Circo. — iJunio de 1842. — Gran compañía de baile, dirigida 
por Federico Massiui e Hipólito Monet, en la que figuraban 
Celina Petit Rouquet, Virginia Turpini y Angela Vaghi; 
10 primeras bailarinas y 24 segundas con 12 bailarines prime- 
ros y 22 segundos, 8 niñas y 11 niños. 

11 de Julio. — César en Egipto, baile en cinco actos, por Ca- 
proti, que hacía de Julio César, y la Vaghi, de Cleopatra. 

Enero 1843. — Principe. — Se bailó la jota coreada del Turu- 
rú ^ dirigida por Manolito Casas. 



POR CARLOS CAMBRÓN ICRO 133 

Marzo 1843. — Circo. — Los titanes o Las cuatro edades del 
mundo, baile en cuatro actos, compuesto y dirigido por 
Massini. 

Octubre, Gipsi o La gitana, en cinco cuadros, compuesto 
por Saint-Georges, y dirigido por Archille Henry. 

Agosto de 1843. — Principe. — La inglesa, gran baile por las 
niñas Pepita Grtiilló, Manolita Hermosa y Toraasita Perona, y 
los niños Antonio Oliva, Juan Heredia y Luis Sabi. » 

En Marzo de 1844, la niña Pepita Fernández y el niño Oli- 
va, a quien se denomina Juan Antonio, bailaron la Crako- 
viana. 

Octubre 30. — Circo. — Gisela o Las Wilis, baile en dos ac- 
tos. Este baile, en que se presentó la Guy Suphan, fue un acon- 
tecimiento, y dio tantas entradas, que la autoridad, en vista de 
la afluencia de público, tuvo que reglamentar la entrada y sa- 
lida de carruajes, disponiendo que entrasen por la calle del 
Barquillo y saliesen por la de las Infantas. 

Diciembre, El lago de las hadas, en dos actos. Otra ovación 
para la Guy. 

Marzo 1844. — La isla del amor, en dos actos. 

Noviembre 1844. — La Peri, baile fantástico en dos actos, 
dirigido por Basser. La acción se supone en el Cairo. Había 
una bailarina a quien denominaban la Petit Stepban. 

El gran éxito de la temporada en este teatro tuvo lugar el 
1.** de Marzo de 1845, con motivo de haberse determinado la 
Guy Stephan a bailar el Jaleo de Jerez, composición de Victo- 
rino Vera, con música del maestro Skoczdopole. Al decir do 
los periódicos de la época, fue una de las ovaciones más entu- 
siastas que se habían hecho en los escenarios de la Corte. 

Acompañaba a la Guy el famoso Petipá. 

Decía El Laberinto que la bailarina francesa «se presentó 
con toda la gracia de una española, y bailó con todo el garbo 
de una andaluza esbelta y resalada». 

D. José Zorrilla la dedicó una poesía, de la que copiamos 
la estrofa siguiente: 



134 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL U 

Mariposa 

revoltosa, 
tiende tus alas de oro y de gualda; 

bella ondina 

nacarina, 
despliega al viento tu suelta falda; 

voluptuosa 

bailarina, 
de ojos de cielo y nevada espalda, 
deja que bese tus pies de rosa, 
y que a tu nombre, Guy peregrina, 
tejan mis versos una guirnalda. 

Y Villergas, entre burlas y veras, escribió un soneto con el 
propio motivo: 

Antes me entre polilla en el pulmón 
que de italiano, sin saber la q, 
vaya a ver a Ronconi hacer el bu 
ni en palco, ni en laneta, ni en sillón. 

Me carga de cantantes el montón 
que hacen, y no de balde, el rendivú; 
también los toros doy a Belcebú, 
y ya me tiene aburrido esta función. 

El drama, la comedia, cuanto vi 
con entusiasmo ardiente alguna vez, 
todo acabó en el mundo para mí. 

T aunque el vulgo critique mi sandez, 
nada me place ya sino la Guy 
cuando baila el Jaleo de Jerez. 

La escultura también rindió pleito homenaje a la bailarina 
francesa; el escultor Piquer hizo la estatua de la Guy en una 
figura de mármol, de 18 pulgadas de altura. 

El 17 de Enero de 1844 asistió la Reina Isabel al Circo 
para ver a la Guy en El lago de las hadas, y tanto le agradó, 
que pidió la repetición de un paso denominado de las pande- 
retas] el día 23 recibió a la Guy en Palacio, hablándola en 
francés, y la regaló un magnífico alfiler de brillantes. 

El éxito que la Guy tuvo con este baile está demostrado 



POR CARLOS CAMBRONRRO 135 



con decir que, habiéndose estrenado en 1.° de Marzo, seguía 
poniéndose en escena en el mes de Diciembre, y todos los tea- 
tros que tenían compañías de baile quisieron hacer competen- 
cia a la Guy; presentando también su mejor bailarina con el 
Jaleo de Jerez. 

La afición al baile era general. Se contaba, en Julio de 
1844, que el Marqués de Santiago, por una apuesta, dio, bai- 
lando la polka, treinta vueltas a un salón sin perder soltura ni 
fuerzas. 

El recorrido equivalía próximamente a media legua. La 
apuesta consistía en un magnífico traje de gitano con botones 
y espuelas de plata maciza. 

Enero 1846. — Circo. — En La linda Beatriz bailaban la Quy 
y Petipá, con traje polaco, una polka, que les valió grandes 
aplausos. Tenía este baile seis partes o figuras, que eran: la 
salida, el paseo ^ él molino, la vuelta^ él ritornelo y elpasohohe- 
mio. Se puso de moda la poljsa. 

Marzo de 1846. — Circo. — Farf adela o La hija del infierno, 
baile en que la Guy, vestida de hombre, bailaba una redova 
con la Ferdinand; causó muy buen efecto la escena del espejo, 
en que estas dos bailarinas, mediante una preciosa combina- 
ción de movimientos, conseguían hacer creer al espectador 
que una de ellas bailaba delante de un cristal azogado. Música 
de Sdokoczpole. Decoraciones de Ensebio Lucini. 

Abril. — El día 13, número fatídico para los entusiastas de 
la Guy, bailó ésta, por despedida, La Esmeralda, y el 14, muy 
de mañanita, salió la aplaudida bailarina en una diligencia con 
dirección a París. 

Mayo. — Principe. — Jota de las avellanas, bailada por todas 
las parejas de la compañía coreográfica. Música de Iradier. 

Abril de 1846. — Cruz. — Se presentó una compañía de baile, 
dirigida por Camprubi, y en la que figuraba la Manuela Gar- 
cía. Bailaron el día de la presentación una Malagueña, com- 
puesta por el director, y estrenada en el teatro Real, de 
Berlín. 



136 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL 11 



En el circo se representó un baile titulado El Corsario, 
compuesto por Mr. Lefebre. Este introdujo la innovación de 
que el cuerpo de baile no estuviese parado y quieto mientras 
bailaban las primeras partes, sino que contribuyera con la ac- 
ción a interpretar las escenas que indicaba el argumento. 

Setiembre 1846. — Circo. — Estreno de La Ondina, para la 
salida de la Sra. Hilariot y del Sr. Brillant. 

Agosto de 1847. — Cloris en la corte de Diana, dos actos. 
Presentación de Carolina Rousset. El vestuario confeccionado 
por D.* Manuela Fariñas y D. Lorenzo París. 

La compañía dé esta temporada la componían: la Guy, la 
Laborderie, la Mouliuié, las tres hermanas Rousset, y los seño- 
res Lefebre, Massot, Duraud y Pules, con 62 individuos de 
ambos sexos. 

Febrero 1848. — La Sonámbula, h&i\e fantástico en tres actos, 
por la Guy y Massot. El público llenó el teatro, y eso que ha- 
bía una gran epidemia de gripe en Madrid, ocasionando 
60.000 enfermos. 

29 Diciembre 1848. — Foleto o El diablillo y la aldeana, tres 
actos y cinco cuadros. Presentación de la que después fue fa- 
mosa en Madrid, Sofía Fuoco, con la Melize y los Sres. Carrey 
y Beruardelli (1). 

Febrero 1849. — Los cinco sentidos, baile en que hacía la 
Fuoco las delicias del público, consiguiendo tener un gran nú- 
mero de partidarios que se mostraron desde luego enemigos 
de la Guy y Stephan. 

Decía el periódico Don Ciscunstancias: «Los que no han 
visto a la Fuoco en el Foleto, no han visto bailar; los que no 
han visto Los cinco sentidos, no saben lo que es canela.» 

La empresa del teatro del Instituto, vista la afición que se 
había despertado por el baile en el público,. contrató una bue- 
na compañía coreográfica, en la que figuraban Atañó, como 



(1) La Fuoco habitaba en la calle del Prado, núm. 20, 2.°; luego se 
trasladó a San Miguel, 21, 3.° izquierda. 



POR CARLOS CAMBRONERO 137 

director; la Senra y la Vargas, que llamaron la afcencióu eu el 
baile El polo del contrabandista. La segunda de las citadas era 
una mujer superlativamente hermosa, de buena estatura y de 
sugestiva mirada, a lo que acompañaba la gracia y agilidad 
que la hacían sobresalir como una de las primeras en su arte; 
así es que, se arrancó bailando el Jaleo de Jerez, y no hay ne- 
cesidad de añadir que consiguió rayar a mayor altura que la 
francesa. La linda gitana, El Ole y La malagueña y el torero 
dieron eu el verano de 1849 la supremacía a la Vargas sobre 
todas las bailarinas españolas que trabajaban en Madrid, y en 
el Jaleo de Jerez sobre la Guy, que no poseía ni la hermosura, 
ni la sal picaresca que necesitan indispensablemente los bailes 
andaluces. 

Tal fue la impresión que causó la Pepa Vargas, que se la 
hicieron proposiciones en Agosto para marchar a París; pero 
ella no las aceptó por los compromisos que tenía contraídos 
con las empresas de la Corte. 

En Octubre quiso en la Cruz competir con la Vargas y la 
Guy, la Cristina Méndez, y bailó El Ole que se había com- 
puesto para la francesa, sin que lograse oscurecer a la Guy, ni 
mucho menos a la primera bailarina del Instituto. 

Pero también a la Pepa Vargas le salió una competidora, 
que desde luego, la pondría en guardia inspirándola celos. En 
el teatro de la Cruz, el 30 de Noviembre de 1849, se puso en es- 
cena Un baile de máscaras, para la presentación de una prime- 
ra bailarina que había de producir sensación y dejar nombre 
en la historia de la coreografía española: la Manuela Perea, 
conocida por el apodo de Za nena a causa de su pequeña es- 
tatura. Era de rostro hechicero, de mirada expresiva, de cuer- 
po airoso, ágil y flexible. Su escuela de baile, siempre decorosa, 
resultaba exclusivamente suya; había tomado de sus coevas, 
españolas y extranjeras, los rasgos más sobresalientes, adap- 
tándolos a su cuerpecito sandunguero, de manera que se asi- 
milaba lo bueno de las demás sin parecerse a ninguna. 

La Pepa Vargas, si no mienten crónicas, era una mujer her- 



138 CBÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

mosa en toda la exteusión de la palabra; perfección en las líneas 
del rostro, formas esculturales y derroche continuo de sal, de 
gracia, de garbo, de coquetería, en el teatro, en la calle, en la 
conversación y en la mirada. Su desenfado y'desen voltura hip- 
notizaban al público. Ella puso de moda entre las bailarinas, 
para las danzas del género andaluz, la chaquetilla del traje de 
luces de los toreros, costumbre que perduró muchos años. 

La Vargas y la Nena intentaban sobreponerse una a la 
otra, y mientras ésta bailaba El Ole en el teatro de la Cruz, 
aquélla le disputaba la primacía con el mismo baile en el 
Instituto] el público, que se dejaba coger con el anzuelo que le 
ponían las dos empresas, llenaba las localidades d'e ambos tea* 
tros para ver a las bailarinas. Mientras la Nena conquistaba 
aplausos en la Cruz con Curra la macarena (1), la Pepa Var- 
gas los obtenía, no menos ruidosos, en el Instituto con el Ja- 
leo del Alza Pilüi. 

La Adelaida Guerrero, bolera del teatro del Instituto, era 
una muchacha muy lista, y dicen que declamaba con cierta 
gracia. En 11 de Diciembre del año que vamos revisando to- 
mó parte, haciendo el papel de Soleá, en una pieza de carácter 
andaluz, titulada Triana la macarena, original de D. Eugenio 
Sánchez de Fuentes, y bailó un Vito, conquistando muchos y 
espontáneos aplausos. 

Los triunfos de la Fuoco y de la Guy en los grandes bailes 
de espectáculo franceses sirvieron de emulación a la empresa 
de la Cruz, y contrató una compañía extranjera, bajo la direc- 
ción del signor Appiani, en la que figuraban eomo principales, 
Mlle. Robert y Mr. Dor. -Se inauguró la serie de bailes, a me- 
diados de Diciembre de 1849 con El Diablo a cuatro, entres 
actos, música de Adolfo Adam. Parece que no satisfizo por 
completo. 

Merece especial mención el beneficio de la Pepa Vargas en 
el teatro del Instituto. Se hizo Los Toreros de Chiclana, cuyo 

(1) DeOudrid. 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 139 

principal papel estaba a cargo de la beneficiada, y la acompa- 
ñaron la Antonia Martínez, primera bolera; la Adelaida Gue- 
rrero, Atañó y otro Guerrero que debería ser hermano de Ade- 
laida. Acabó la fiesta bailando la Vargas El Ole por todo lo 
alto, y recibiendo una ovación indescriptible. 

En estos días llegó a Madrid, procedente de Sevilla, una 
nueva estrella en el arte, que en una noche logró ponerse a la 
altura de las dos bailarinas que tanto en la Cruz como en el 
Instituto monopolizaban la supremacía del arte español : la 
Petra Cámara. 

Esta era la mantenedora del baile clásico español, al que 
pretendía dignificar dándole todo el decoro compatible con los 
movimientos corporales que exige, y con la indumentaria lige- 
ra que la bailarina necesita para desarrollar sus aptitudes. Te- 
nía buena cara, buena figura y buenos modales. 

Ya hemos visto anteriormente la alta significación que la 
bailarina sevillana tuvo en el Principe, durante los momentos 
críticos en que el Conde de San Luis pretendía reconstituir 
nuestro teatro nacional, y aquí volvemos a consignar que la 
Petra Cámara fue la salvación de la empresa cuando agoniza- 
ba de muerte, consiguiendo que entrase dinero por la taquilla 
del despacho de localidades. 

El 19 de Diciembre hizo la Petra Cámara su primera salida 
en el teatro del Príncipe con El rumbo macareno, acompaña- 
da de Antonio fíuiz; y los frenéticos aplausos con que el pu- 
blicóla recibió, hubieron sin duda de repercutir con efecto con- 
trario en los oídos de la Manuela Perea y de la Pepa Vargas, 
ante las cuales sUrgía de improviso una rival poderosa. 

En el período próximo veremos lo que pasó con las baila- 
rinas, tanto extranjeras como españolas. 

Olroo eoTiestre y volatines. 

En vista del buen resultado que ofrecían las funciones de 
Tolatines y caballos en el Circo Olímpico de la plaza del Eey, 



140 CRÓNICAS DEL TIEMPO DB ISABEL II 

y eso que, como hemos visto, el local no reunía condiciones ade- 
cuadas de ornato ni de comodidad, D. Segundo Colmenares 
ideó y llevó a cabo la construcción de un edificio a propósito 
en el mismo sitio que ocupara el circo referido. En 19 de Abril 
de 1840 manifestaba en el Diario que el Circo se iba a abrir al 
piíblico, con cuya benevolencia contaba, pues aún faltaban al- 
gunos detalles que se irían terminando poco a poco. Parece 
que la inauguración se verificó el día 23 con una escogida 
compañía dirigida por Mr. Paul, Figuraban en ella Amand Po- 
letti, Blanco, Joanet (catalán), un tal Francisco (madrileño), 
las niñas Julia y Paula Mair, que hacían juegos malabares; 
Emilia Paul que bailaba boleras y La cachucha a caballo; 
Mr. Ratel que imitaba cuatro animales: el papagayo, la rana, la 
tortuga y el orangután; y Mr. Auriol, doten grotesco de París. 
Es la primera vez que aparece la palabra clown en los anuncios 
de las funciones de circo. 

El Auriol citado llamó macho la atención y consiguió lle- 
var gente al Circo Olímpico, 

En una sesión del famoso Liceo se propuso, para distraer 
el tiempo, escribir una composición humorística en verso, y 
con pié forzado, dedicada al clown Auriol. Entre las improvi- 
saciones que se presentaron aquella misma noche figuran las de 
Bretón de los Herreros y D. Modesto Lafuente, de las que co- 
piaremos algunas estrofas. 

De Bretón: 

¿Veis? Todo Madrid se junta 
á ver cómo un danzarín 
se tronza y se descoyunta. 
¡Horror! De su vida el fin 
en una mudanza espero. 
No, que es caña el balancín 
pescadora de pesetas, 
y es adagio verdadero 
que no hay como hacer piruetas 
para recoger dinero. 



POK CARLOS CAMBRONERO 141 



De Lafuente: 

Dirigriendo el Circo Olímpico 
estaba Paul en España 
y él, que entiende la cucaña 

y la maña 
de sacarnos las pesetas 
trajo á Auriol al pueblo ibero, 
que no hay como hacer piruetas 
para recoger dinero. 

Cuando Auriol sobre una silla 
nadando cual rana está, 
supongo yo que dirá: 

Bueno va, 
español, con estas tretas; 
embaucarte es lo que quiero, 
que no hay como hacer piruetas 
para recoger dinero. 

También tuvo buena acogida la hija de Paul, y hasta el ci- 
tado Lafuente la dedicó un elogio en su Fray Gt'rundio. 

«Salió después la encantadora niña de doce años, Emilia 
Paul, hija del director, prodigio de la gimnástica, la cual eje- 
cutó sobre la yegua Flora: primero, las actitudes de la Vestal, 
y después, vestida de majo andaluz, manejó la capa, el som- 
brero y el cigarro coa una soltura y maestría inimitables, arre- 
batando la admiración de todos los concurrentes que se desha- 
cían en justos aplausos al ver aquella tierna maravilla del 
arte.» 

Y respecto del espectáculo decía el mismo escritor: 

«El Circo Olímpico es un espectáculo de media tinta; par- 
ticipa de cierto aire teatral por la figura del local, y por su co- 
modidad y decoro; pero se está con los sombreros puestos y se 
silba como en la Plaza de toros.» 

«La compañía olímpico ecuestre, dirigida por Mr. Paul La- 
ribeau, es casi toda francesa, como la ley de Ayuntamientos 
que se quiere plantear en España. Tiene, sin embargo, algu- 
nos individuos españoles, como tiene también la ley alguno 



142 GRÓNI0A8 OUL TIEMPO DE ISABEL II 

que otro articulito, porque no se diga, aunque no por eso deja 
de ser buena la compañía, que la ley no puede ser peor.» 

Al año siguiente (1), en primavera, volvióse a abrir el Cir- 
co con su calificativo de OUmpico, y se representó, como nove- 
dad, Málék-Adel o La Conversión del moro, escena sobre dos ca- 
ballos en pelo por Paul y la Srta. Carmen (gaditana); pero sin 
que sepamos la causa, es lo cierto que las funciones del Circo 
se suspendieron a mitad de verano, y pasaron a dar represen- 
taciones en el local, por ser más desahogado que el teatro de 
la Cruz, las compañías de ópera y de declamación que en éste 
actuaban, para lo cual se hicieron algunas reformas en el Circo 
y se estrenó un telón de boca pintado por D. Pedro Ronzi. 

En Abril de 1842 se estrenó la pantomima heroica, en dos 
actos con cuadros escénicos, grupos, danzas, contramarchas y 
combates a pie y a caballo, titulada Los brigantes italianos o 
El perro defensor de su amo, arreglada al escenario por Félix 
Montero, que hacía el papel de Orlando, quedando a cargo de 
Paul el del Marqués de Dalbiér. 

Y se acabó el Circo como espectáculo, pues el local quedó 
destinado a óperas, comedias y bailes, conservando, sin em- 
bargo, su primitivo nombre. 

Hasta 1847 no vuelve a intentarse con empeño la reorga- 
nización de las funciones del Circo, y esto se debió, como an- 
teriormente, al activo M. Paul Laribeau, que, habiendo arren- 
dado un trozo del jardín del Duque de Frías, a espaldas del 
primitivo Circo OUmpico, y con entrada por la calle del Bar- 
quillo, construyó allí otro Circo improvisado, en forma de tien- 
da de campaña y a propósito para las noches de verano. 

Figuraban en la compañía de Mr. Paul, las Srtas. Eulalia 
(madrileña), Bontemps, Martinetti y Aubert Lustre, y en el 
género masculino, Merio, clown grotesco español, Bontemps, 
Pascual, Desire, Cocoi y Hernández (madrileño). 

A Paul no le fue mal durante el verano, y en Setiembre, 

(1) 1841. 



POR CARLOS CAMBRONERO 143 

decidido a continuar en la temporada de invierno, preparó y 
reformó el local para librar del agua a los espectadores en loa 
días de lluvia. No hemos podido averiguar en qué forma. 

Según aparece en un grabado que publicó por esta época 
El Siglo Pintoresco, el Circo du Paul era de construcción sen- 
cilla: unas vigas colocadas al rededor de la pista sostienen una 
techumbre que parece ser un armazón de madera con aspecto 
de tienda de campaña, de cuyo centro pende una lucerna, si- 
llas en la proximidad de la pista y una gradería en el fondo. 
Al principio se denominó Circo de Madrid] pero al pooo 
tiempo, Paul le dio su nombre, como hemos llegado a conocer- 
lo nosotros. 

Una de las atracciones que presentó Paul, fue el artista es- 
pañol Rafael Díaz, que trabajaba de clown, y hacía sorpren- 
dentes ejercicios en el trapecio. Tenía buena figura, y era tan 
simpático, sobre todo a las señoras, que éstas le echaban a la 
pista los bouquets que llevaban prendidos en el pecho. 

En Enero de 1848 vinieron a Madrid Mr. Price, primer 
clown grotesco de Inglaterra, y su hijo Carlos, ejecutando la 
gran batuda inglesa, invención, según se decía, del primero, 
cuya pasmosa facultad para los saltos había hecho que le lla- 
masen la pelota elástica. Fueron muy bien recibidos por el 
público. 

Paul cerró el Circo en la primavera, y habiendo realizado 
una excursión por provincias, volvió a abrirle en el verano, 
reformando la compañía: trajo a los acróbatas Tourniaire, 
Bussi, al enano D. Francisquito (madrileño) y a Ñeitz, clown 
grotesco; entre las señoritas se distinguían la Moufroid y Mag- 
dalena Royale. 

Por entonces comenzaron Price y su hijo a ejecutar los 
ejercicios acrobáticos que ellos denominaron sur le tapis, y que 
luego se han repetido tantas veces. 

Entre todos los artistas, el que sobresalía, naturalmente, 
era el elefante Kiouny, que causó las delicias del público du- 
rante dos meses. 



144 CRÓNICAS DEL TIUMPO DE I8ABKL II 

Se construyó un escenario para hacer pantomimas, repre- 
sentando con gran éxito la titulada Matilde y Malek-Adel o La 
conversión del moro, cuyo argumento iusertabaa los anuncios 
del Circo en estos términos: 

«Malek-Adhel, hermano del famoso Saladín, rey de los rao- 
ros en Jerusalén (en el tiempo délas Cruzadas, bajo el mando 
de Godefroi de Bouillóu, Ricardo Corazón de León y Lusiñati), 
se enamora de la Princesa de Inglaterra, la hermosa y piadosa 
Matilde, hermana de Ricardo; la sustrae a la vigilancia de los 
cristianos después de haberla libertado de los árabes que ha- 
bían atacado a su escolta^ y se la lleva él sólo por medio del 
Desierto, salvando innumerables peligros; pero la doncella 
cristiana, a la cual descubre su amor, no consiente ser su espo- 
sa mientras no abjure la religión de Mahonia y se despoje de 
todas las insignias de los infieles. Al ver Malek-Adhel la Cruz 
que le enseña la monja del Carmen, arroja la media luna, y, 
levantando los ojos al cielo, jura no servir jamás a otro Dios. 
Los cruzados, avisados del rapto de Matilde, persiguen a Ma- 
lek-Adhel hasta el Desierto, donde le encuentran. El bravo 
musulmán, después de sostener un combate con aquéllos, huye 
con Matilde, y confiando en la ligereza de su caballo, desapa- 
rece a la vista de los cristianos.» 

Para amenizar la función en el verano de 1848, durante el 
descanso, puso Paul, en un sitio que llamaba jardín, una ban- 
da militar que tocaba piezas escogidas. 

En Octubre se reorganizó la compañía con artistas españo- 
les como Emilio el Mallorquín, equilibrista; Juan, que trabaja- 
ba a caballo; Alejandro, José Carrasco y Domingo, todos na- 
turales de esta villa. 

El buen éxito de las pantomimas animó a Paul para repre- 
sentar una, en Febrero de 1849, titulada Dtirinon y su criado, 
«nueva, chistosa (decía el anuncio) y propia de la estación de 
Carnaval, arreglada al escenario con divertimientos, conclu- 
yendo con el baile de las cabezas de movimiento, y la marcha 
de los enanos, por ocho niños dirigidos por D. Franoisquito.» 



POR CARLOS OAMBRONERO 145 

Volvió Paul a reformar su C'u'co en Abril de 1849, sin va- 
riar el techo listado, que semejaba una tienda de campaña del 
mejor gusto, y presentó una compañía compuesta de las seño- 
ras Lepieig, Bauvallet, Carmen Blanco, Juana y Serafina Ló- 
pez y Loreto Arias, que, como vemos, eran en su mayoría espa- 
ñolas; y los Sres. Lepieig, Beauvallet, Neisz, Niernececk, Lu- 
pino y el enano T>. Francisquito. 

Como final de esta década, hubo una compañía de cuadro» 
plásticos dirigida por M. Turnour, que exhibió, entre otros, 
los cuadros siguientes: 

El triunfo de las amazonas (de Rafael). 

Las Pléyades c Las siete cabrillas. 

La astucia (bajorrelieve de Marsxall Claxton). 

La muerte de Abel. 

La fiesta de Baco (de Edwars-Colberd). 

El juicio de París. 

El rapto de las Sabinas. 

Y el conocido grupo de Daoiz y Velarde. 

Las sillas costaban 12 reales. 

Estos cuadros se exhibieron en Agosto del citado año de 
1849, y habiendo tenido buen éxito, Panl repitió la suerte en 
Oütnbre, añadiendo, entre otros nuevos, LaVirgen del Pez, La 
Perla, de Rafael, y La Virgen de las angustias, de Van-Dick. 

El espectáculo parece que agradó al público, y en Noviem- 
bre se formó en el teatro del Getiio una compañía española, 
dirigida por un tal Martel, que hizo, entre otros cuadros, El 
robo de las Sabinas, Las tres Gracias y El tocador de Venus. 

Obtuvo éxito regular. 

Además del Circo de Paul, se celebraban funciones de gim- 
nasia en otros locales, como en el teatro del Principe, donde 
en Enero de 1840 se presentaron las niñas Julia 3' Paula a eje- 
cutar juegos asiáticos y equilibrios, y en Julio del mismo año, 
los hermanos Turem, notables por sus ejercicios de fuerza; és- 
tos pasaron luego al teatro de la Cruz, acompañados de Mr. Ra- 
bel, primer grotesco francés. 

10 



146 CRÓNIOAS DEL TIBMPO DE ISABEL II 

Eu Euero de 1840, el indio Medua Samme ejecutó en el 
teatro de la Cruz difereutes ejercicios de fuerza, gimnasia y 
equilibrios. Uno de éstos lo describía el programa en los tér- 
minos siguientes: «Pondrá en su frente la punta de un sable 
desnudo, luego dos anillos de plata en los dedos índices de las 
manos y otros dos en los pulgares de los pies, los cuales esta< 
rán eu movimiento continuo; al mismo tiempo enhebrará con 
la boca una porción de corales en un hilo.» 

A Medua Samme acompañaba Pineti, que hacía entre otras 
atrocidades, la gran suerte de la piedra: «Colocando en medio 
del teatro dos sillas, encima de las cuales se pondrá el artista; 
una piedra de peso de doce arrobas será colocada sobre su 
cuerpo; se presentarán seis comparsas con martillos, y la gol- 
pearán hasta romperla.» 

Eu Junio de 1842 se representó en la Cruz un apropósito 
en dos actos para que saliese Mr. Eduardo Klischuig haciendo 
sus ejercicios de fuerza y agilidad, principalmente la imita* 
ción del orangután. El apropósito se titulaba El hechicero o 
El novio y el mono. 

Después, en Setiembre de 1842, se presentaron los alcides 
árabes Majamet y Alí,con su compañía gimnástica, compuesta 
de 13 personas. 

Junio de 1843. — Oifco Gimnástico de la Carrera de San Je- 
rónimo, frente a la iglesia de los Italianos (1). — El billete, 2, 4 
y 6 reales. 

Octubre de 1843. — Teatro nuevo de Variedades. — Función 
de gimnasia por la compañía de Mr. Chiarini. 

En Noviembre de 1846 salió en Variedades otra compañía 
gimnástica, dirigida por Mr. Basco, en la cual Mme. Julia 
daba un salto mortal a 15 pies de altura, ejercicio nunca visto 
en esta Corte, según decía el anuncio; y se representó la pan- 
tomima Ü arlequín barbier, por Mme. Carolina y MM. Carlos 
y Francisco. 

(1) Esta iglesia estaba entre la citadada Carrera y la calle de Zorrilla, 
cou la eutrada por la calle de Cedaceros (D. Nicolás María Bivero). 



POR CÁELOS CAMARONERO 147 

Marzo de 1844. — Teatro de la Cruz. — Gimnasia y cuadros 
plásticos por Mr. Alik, primer clown del Circo de París, y 
otros artistas entre los que figuraba Mr. Augusto Leboeuf, 
que hacía el ejercicio del fusil con un cañón de a cuatro (1). 

Diciembre de 1846. — Teatro del Numen, Gaya Baja, núme- 
ro 30. — Compañía gimnástica, dirigida por los jóvenes Enri- 
que y Masey; otra actuó al mismo tiempo en el Teatro del 
Instituto bajo la dirección deMme. Saqui. 

Julio de 1847. — Circo de laVirgen del Puerto, al aire libre. 
A las seis y media de la tarde. Entrada, 2 reales. 

1847. — El Conde de Cuba construyó en las afueras de la 
puerta de Santa Bárbara un Hipódromo para dar funciones de 
circo durante el verano y las tardes apacibles de invierno. Hi- 
cieron la pantomima El arlequín estatua, y costaban los bi- 
lletes 4, 6 y 8 reales. 

Sucedió una vez, que estando un titiritero francés ejecutan- 
do ejercicios de fuerza en la pista del Hipódromo, un chusco 
hubo de exclamar: «¡anda!», con cierta sorna, cuando todo el 
público se hallaba silencioso; disgustado el artista, que sería 
indudablemente hombre de genio violento, subió al escenario, 
y con frases enérgicas y ademanes descompuestos desafió a los 
espectadores. Se armó con este motivo un guirigay espantoso, 
teniendo que intervenir la autoridad para apaciguar a los que, 
navaja en mano, querían demostrar al franchute (como le lla- 
maban) la sinrazón de su queja. 

Durante el invierno de 1847 a 1848 funcionó en la plaza de 
la Cebada una compañía gimnástica, sin que hayamos podido 
saber el sitio donde estuviera. 

También en la Plaza de Toros se daban algunas funciones 
los domingos por la tarde. En Agosto de 1843 se ejecutó una, 
dirigida por Mr, Augusto Reinaud, en la que tomaron parte: 



(1) J«]ste gimnasta es autor de uu folleto titulado Noticia histórica de 
los ejercicios gimnásticos y demás juegos de la antigua Grecia. Se vea- 
día a 2 reales. 



148 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Juan, el Madrileño, saltando a caballo aros de papel; no- 
vedad para entonces. 

Anita, la Andaluza, del Circo Olímpico de Lisboa, hizo, a 
caballo también, las actitudes del chai. 

Joanet, Meric y Andrés, los tres Hércules, trabajos de fuer. 
Ea sobre tres caballos. 

Carolina, la Madrileña, volteo y saltos a caballo. 

Carrasco, el Valenciano, el equilibrio del molino de viento 
guarnecido de fuegos artificiales. 

Los tendidos costaban 2 reales; las gradas, 4. 

Como resumen de la época, podemos dejar sentado, para la 
posteridad, que la instalación y desarrollo en Madrid del es- 
pectáculo ecuestre y gimnástico se debe única exclusivamente 
a Mr. Paul Laribeau. 

Toros. 

Aparecen como eapadas en los anuncios de esta época Juan 
León, Roque Mi randa (/íígrore*), Santos, Montes, Juan Pastor(eí 
Barbero), Cuchares, que tomó la alternativa en 1841, habiendo 
toreadocomo medio espada en el año anterior, Ríos, Barragán, 
José Redondo {el Chiclanero), con alternativa de 19 de Se- 
tiembre de 1842: Juan Ynst, con alternativa de 1842; Manuel 
Díaz Lavi y Juan Martín la Santera, con la de 1843; Juan 
Lucas Blanco y Julián Casas (el Salamanquino), de 1846, y Ca- 
yetano Sánz, de 1848. 

De banderilleros podemos citar a Pichoco, Julián Casas, 
Capa, Jordán Blayé, Baró, Lillo, Párraga, Pulga, José Re- 
dondo {el Chiclanero), que comenzó en 1840; Juan Lucas, en 
1842, Minuto, en 1847; Ángel López {el Regatero) y Gabriel 
Caballero, en 1848; este último, a quien llegamos a tratar, fue 
puntillero de la cuadrilla de Montes. 

Picadores: Juan Trigo, Antonio Fernández {el Barillas), 
de 1840; José Fabró, del mismo año; Gutiérrez {el Montañés), 
Pedro Romero {el Habanero); y Joaquín Coyto,del842; Miguel 



POR CARLOS CAMBRONKRO 149 

Martín, {el Castañitas), y Manuel Lerma(eí Coriano), de 1844; 
José Sevilla, de 1846, y Alvarez {el Oblea), de 1847. 

Cogidas de importancia fueron la de Roque Miranda, el 6 
de Junio de 1842, sufriendo tres cornadas, de lasque murió el 
14 de Febrero siguiente, y la del banderillero Francisco Azu- 
cena, que le ocasionó la muerte, al torear por primera vez en 
Madrid el 5 de Junio de 1843. 

Es curioso el incidente de 10 de Abril de 1842. Habiendo 
roto uu toro la puerta del encierro, salió al redondel juntamen- 
te con la res que correspondía lidiar, lo que produjo una ho- 
rrible confusión entre la dependencia de la plaza, costando 
mucho trabajo volver a enchiquerarle, no sin herir gravemen- 
te a un vaquero, de cuyas resultas murió. 

Citaban entre las malas corridas la del 21 de Agosto de 
1848 en que de siete toros, tres salieron tuertos, dos cornice- 
rados y uno cojo: hubo uu alboroto indescriptible. Estando en 
el redondel el último toro, atravesó la plaza el empresario 
D. Antonio Palacios, conducido entre guardias, como preso, 
para ir a dar sus descargos ante la Presidencia. 

El 15 de Agosto de 1841 se dio una corrida de novillos, en 
la que un embolado fue picado por Magdalena García, bande- 
rilleado por Rosa Iznar y muerto por Martina García. 

ün revistero de 1846 decía de Juan León que era un buen 
director de lidia; del Chiclanero, que resultaba un torero muy 
salao] del Cuchares que se hacía aplaudir por sus monaitas; de 
Jordán, que pasaba por el rey de los banderilleros y que Ga- 
llardo y el Coriano sabían poner una pica. 

En Noviembre de 1844 se hacíala mogiganga titulada Los 
arrieros y verduleras en la plaza de la Cebada. He aquí la des- 
cripción que daba el Diario: 

«Saldrán dos hortelanos con dos borricos cargados de ver- 
duras y pararán en medio de la plaza, descargándolas y exten- 
diéndolas por el suelo. Inmediatamente, y por otra puerta, se 
presentarán, acompañadas de dos gallegos, dos verduleras 
con sus cestas en los brazos, y colocarán las verduras en unos 



150 0RÓKIGA8 DEL TI£MPO DE IfiABKL II 

puestos próximos al toril; se presentarán a la comprA un agua- 
dor y varias criadas y criados, y cuando estén escogiendo, dis- 
putando y ajustandolas verduras, se soltará un toro embolado, 
que desbaratará toda la comparsa, la que ejecutará la suerte 
de picarle, por los hortelanos montados en sus burros, bande- 
rillearle por las verduleras y gallegos, matándole el aguador». 
Cuchares y el Chiclanero produjeron en la Plaza de Toros, 
el año 1845, la división de los espectadores en dos partidos que 
silbaban o aplaudían sin conciencia los lances de la corrida, 
sólo por dar gusto a su torero favorito. 

Es bien conocido el caso de27 de Setiembre de 1846, en que 
Cuchares y el Chiclanero, creyéndose cada uno con mejor de- 
recho, intentaron a la vez matar el primer toro de la corrida, 
para lo cual tomaron al propio tiempo los trastos; hicieron 
juntos el saludo a la Presidencia y corrieron a alcanzar la res 
para estoquearla; pero Cuchares tuvo más ligereza o más suer- 
te, y consiguió matarla, conquistándose una ovación. 
Dicen que Cuchares era más antiguo. 

Los toros de Miura se lidiaron por primera vez en Madrid 
el 30 de Abrril de 1849. 

Con motivo del casamiento de Isabel II y el de su herma- 
na Luisa Fernanda, vinieron a Madrid, en Octubre de 1846, el 
Duque de Moutpensier, prometido deiainfanta, y su hermano, 
el Duque de Aumale, figurando en el séquito de éstos el céle- 
bre escritor Alejandro Dumas. Aunque había dispuesta una 
función real de toros en la Plaza Mayor, los príncipes france- 
ses quisieron presenciar una corrida ordinaria, y al efecto, se 
organizó repentinamente una el día 13, a la que asistió la Fa- 
milia real. Isabel II llevaba mantilla blanca; el Rey Don Fran- 
cisco y los Príncipes vestían de frac negro. La lidia no ofre- 
ció nada de particular. 

El dia 16 se verificó la fiesta real con toda solemnidad en 
la Plaza Mayor, de cuyo acontecimiento taurino hicimos una 
reseña en nuestro libro Isabel II, intima. 

La reedificación de la Plaza Mayor no estaba terminada, y 



POR CARLOS CAMBRONERO 151 



para que resultase buena visual se fingieron con bastidores de 
lienzo las casas que faltaban por construir, que eran, si no es- 
tamos equivocados, las correspondientes a la calle de G-erona. 
Se colocaron tendidos y gradas para los espectadores que, con- 
tando los que además ocupaban los balcones y azoteas, se cal- 
culó su número en 60.000. Se cubrieron las barandillas de los di- 
chos balcones con colgaduras de paño grana y oro en los pisos 
primero y tercero, y de amarillo y plata en el segundo y en la 
azotea. Roja fue la colgadura de la Casa Panadería, desde 
cuyo balcón principal, adornado con un magnífico dosel de ter- 
ciopelo carmesí (1), bordado de oro, presenció Isabel II la fun- 
ción, acompañada de su esposo, de la Reina Cristina y de la de- 
más Familia real. 

A las tres menos cuarto entraron los alabarderos que reco- 
rrieron la plaza con su música al frente, colocándose después, 
según costumbre, al pie del balcón de SS. MM., formando con 
sus cuerpos la continuación de la barrera, interrumpida en 
aquel punto. Para este acto usaron los alabarderos traje de dia- 
rio, a fin de no llamar, por el color del uniforme de gala, la 
atención del toro. 

A las tres apareció la Reina en el balcón; un cuarto de hora 
después, salieron por el arco de la calle de Toledo los caballe- 
ros en plaza, según el orden siguiente: 

ün coche, tirado por cuatro caballos castaños, en que iba 
el Sr. Conde de Altámira con su ahijado el caballero en plaza ^ 
D. Ramón Fernández, vistiendo traje azul celeste y blanco; 
coche de seis caballos castaños, con arneses encarnados, con- 
duciendo al Duque de Abrantes, con su ahijado, D. Antonio 
Miguel Romero, restido de terciopelo verde, acuchillado de 
raso blanco; coche del Duque de Medinaceli, quien llevaba a 
su ahijado D. Federico Várela y UUoa, con traje de terciopelo 
verde, y, por último, coche del Duque de Osuna, acompañando 



(1) El color real. 



152 0RÓMICÁ8 DEL TIEMPO DE ISABEL H 



a D. José Cabanas, de traje color carmesí y de la época de Fe- 
lipe lY, como todos los caballeros en plaza. 

Tras las carrozas seguían 28 briosos caballos, conducidos 
por palafreneros de la Real Gasa, y después las cuadrillas de 
lidiadores que habían de auxiliar a los caballeros en plaza: la 
de Jiménez el Morenillo, que defendía al primer caballero, ves- 
tía color verde y plata; la de José Redondo, el Chiclanero, para 
defender al segundo, de azul y plata; la de Juan León, desti- 
nada al tercero, de castaño oscuro y oro, y la última, de Fran- 
cisco Montes, de grana y plata. 

AI pasar los coches por delante del balcón donde estaba la 
Reina, se detenían; bajaban padrino y ahijado, aquél presen- 
taba éste a S. M., y volvían a subir a la carroza, que salía de 
la plaza por el arco de la calle de Ciudad Rodrigo. 

Transcurrido largo rato, aparecieron nuevamente los caba- 
lleros rejoneadores montados a caballo; precedíalos un piquete 
de guardias de la lancilla, vestida a la chamberga, y acompa- 
ñábanlos otras comparsas de diferentes trajes y las correspon- 
dientes cuadrillas. Detrás iban doce picadores, seis alguaci- 
les y cuatro juegos de muías cerrando el acompañamiento. 
Las cuadrillas, muleteros y todos los operarios estaban lujo- 
samente vestidos (1), usando los diestros el llamado sombrero 
de medio queso, en vez de la acostumbrada monterilla. 

Quedaron, por fin, solamente en el redondel la gente de a 
pie de las cuadrillas, los caballeros en plaza, y, frente a S. M., 
los alguacilillos de servicio a caballo, siempre en continuo mo- 
■vimiento para evitar las acometidas del toro, llevándose los 
sustos consiguientes y las consiguientes silbas del público. 

La suerte del rejoncillo estuvo como siempre, desigual y 
accidentada. Fernández sufrió un porrazo, y tuvo que retirar- 
se; lo propio le aconteció a Várela, y quedaron solamente en la 
plaza Cabanas y Romero, que fue el héroe de la fiesta por su 
habilidad y su valentía. Este perdió su caballo, tuvo que des- 



(1) Auuque con trajes de diferentes épocas. 



POR CARLOS GAMBRONERO 153 

montarse delante del toro y atravesar la plaza, lo que realizó 
sin volver la cabeza y con singular donaire, en medio de es- 
truendosos aplausos. En el segundo toro quebró Romero nueve 
rejoncillos, y tres en el tercero, causándole la muerte. 

Una torpeza de Lavi pudo costar la muerte al valiente ca- 
ballero, pues habiendo aquel llamado al toro fuera de suerte, 
arremetió de repente, sin que pudieran los peones estar al qui- 
te, y cayeron a la arena caballo y caballero, produciendo en 
el público la natural emoción por el peligro inminente que Ro- 
mero corría; pero éste hizo levantarse al caballo, y se vio que 
el jinete ni siquiera había perdido los estribos; grande fue el 
aplauso con que el público premió su serenidad; sin embargo, 
aún fue mayor la ovación espontánea y general que le dio al 
ver que la fiera caía muerta a los pocos pasos, atravesada por 
el rejoncillo. La Reina le hizo subir al palco real, donde se le 
felicitó. 

Los toros de lidia corriente fueron estoqueados por Montes, 
él Chiclanero y Cuchares, terminando la corrida a las seis y 
media, hora en que estaba la plaza iluminada con 700 hachas, 
que, según dice un cronista, ahuyentaron la noche de aquel pri- 
vilegiado recinto. 

Varled.ad.es . 

Al comienzo de esta década aparecen: un Teatro pintoresco 
mecánico en la calle de Tudescos, núm. 32; otro especial para 
Navidad, en la de la Reina, núm. 8; un Cosmorama en la del 
Lobo (Echegaray), núm. 9, y sigue el ya conocido de Bue- 
navista, de figuras de movimiento, en la calle de la Luna, nú- 
mero 11. 

Continuó durante todo este período el Diorama de la Pla- 
tería de Martínez, y lo mismo la Galería topográfica del Paseo 
de Recoletos, de la que en 1849 decía un periódico: 

«La gran vista en sólido, representando una extensión de 
país con todos los accidentes de que es susceptible la Naturale- 



154 CRÓMICAS DEL TIEMPO DK ISABEL II 

za en una comarca a la vista del observador, es una obra de 
un mérito relevante y de un efecto totalmente desconocido 
basta el día. El celaje que la acompaña está pintado al fresco, 
y es debido a la inteligencia del Sr. Abrial. En el fondo del 
cuadro, y desde la embocadura de la derecha, se divisan unas 
ruinas sobre peñascos, obra del pincel del Sr. Villamil. En 
cuanto a la parte topográfica de este precioso cuadro, diremos 
solamente que ha sido dirigida por el Sr. Gil de Palacio, tan 
conocido por sus obras de sobresaliente mérito, entre las que 
figuran los célebres modelos de Madrid, Valladolid, El Esco- 
rial, y otros que sé admiran en el Gabinete topográfico de 
S. M. y en el Museo de Artillería.» 

Se exhibían allí vistas topográficas de Madrid, Barcelona, 
la Torre del Carpió, el Sepulcro de los Scipioues y un país ne- 
•?ado de gran efecto. 

El espectáculo tuvo un competidor en sitio no lejano de 
donde estaba instalado. En el salón del palacio de las Delicias, 
calle del Almirante, esquina a Recoletos, apareció, en Marzo 
de 1840 una «vista de París, en relieve, con todos los edificios, 
calles, ríos, puentes y jardines». Tenía el modelo, de circun- 
ferencia, 62 pies, y costaba la entrada 8 reales. Duró poco 
tiempo. 

La pimitiva Galería presentaba también vistas de algunos 
acontecimientos notables, y una de ellas fue el atentado de 7 de 
Octubre de 1841, cuando los alabarderos defendieron en la es- 
calera principal del Real Palacio la entrada a las habitaciones 
de la Reina niña, contra un regimiento de infantería subleva- 
do. Costaba 4 reales billete. 

Diciembre 1843. — Se exhibió, no sabemos en qué sitio, un 
gigante guipuzcoano, que medía de altura siete pies y ocho 
pulgadas, y se llamaba Miguel Joaquín Eleicegui. Había naci- 
do el 10 de Julio de 1821. Se presentó a la Reina vestido de 
granadero 

Cruz^ — .Junio de 1840. 

Llamó mucho la atención uñ prestidigitador y ventrílo- 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 155 

cuo, Juan Faugier. Hablaba italiano, mezclando algunas pa- 
labras españolas. 

Uu periódico contaba en 28 de Mayo la siguiente anécdota: 

«El Sr. Faugier ha dado ya en esta corte algunas muestras 
de su habilidad. Anteayer entraba por la puerta de Alcalá un 
burro cargado de paja; oyó su conductor que dentro de la car- 
ga cantaba un canario, y quiso buscar el pájaro descargando 
la bestia. Nada halló, como era de esperar; pero al querer car- 
gar de nuevo, empieza a hablarle el paciente burro, y le dice: 
— Estoy cansado, no quiero más carga. — Espantado el hom- 
bre, echó a correr haciendo la señal de la cruz, hasta que le 
hicieron comprender que todo había sido una chanza del ven- 
trílocuo.» 

Merecen citarse: 

Gabinete recreativo. — Vistas de países de Europa, Olivo, 10. 

Teatro pintoresco mecánico. — Hortaleza, 34, bajo; otro en 
la calle de la Sartén, esquina a la plaza de Navalón. 

Neorama. — Alcalá, 22, frente a la Historia Natural (hoy 
Academia de Bellas Artes). — Vistas, y un autómata que mo- 
vía los brazos, la cabeza y los ojos. 

Cosmorama. Gorgnera (Núñez de Arce), núm. 15. — Vistas, 
y entre ellas, la del atentado de 7 de Octubre de 1841. 

Difanorama, — Cuadros disolventes, 21 vistas. — Café de las 
cuatro estaciones. Paseo del Prado, próximo al sitio en que 
hoy se halla la salida de la calle de los Madrazos: 4 reales bi- 
llete. Duraba uua hora el espectáculo. 

Otro teatro pintoresco mecánico, de Mr. Pierre, de París, 
se estableció en la calle de Jesús del Valle, núm. 40. Aquí es- 
tuvo poco tiempo, sin duda por insuficiencia del local; en Di- 
ciembre de 1842 se trasladó al teatro de Buenavista. Una de 
las vistas que anunciaban era el paso del ejército de Napoleón I 
por el Monte de San Bernardo, donde se veían desfilar más de 
30.000 hombres. La luneta costaba 4 reales. 

En 1843, Mr. Dorville abrió otro teatro mecánico en la 
calle del Mesón de Paredes, núm. 25. No prosperó. 



156 ORÓNI0A8 DEL TIEMPO DE ISABEL 11 

La iglesia del convento de los PP. Basilios, calle del Des- 
engaño, entre Val verde y Barco, se convirtió en salón de va- 
riedades, y se instaló en éste, durante el invierno de 1844, un 
Teatro de hidráulica, ofreciendo sorprendentes juegos de agua 
mezclados con fuego. Esto de la hidráulica había estado muy 
de moda en la década anterior. La entrada costaba cuatro rea- 
les. El anuncio advertía que el local estaba abrigado y de- 
cente. 

Neorama. — En la Carrera de San Jerónimo, núm. 46, bajo, 
casa donde estuvo el café de Canosa. — Comenzó en el verano de 
1846, y duró algún tiempo. En Diciembre presentaron un au- 
tomata, una rueda pirotécnica y una vista mecánica de los ca- 
minos de hierro, que fue muy celebrada. 

Por Agosto de 1846 dio, en el teatro de Variedades, algu- 
nas funciones un prestidigitador español, llamado D. José 
González. 

En el salón del cafó de Cervantes, donde ya no había cafó, 
presentaba unos monos amaestrados un italiano llamado Do- 
nato. 

Junio de 1846. — Exposición de fieras domesticadas en el 
parador de San Rafael, afueras de la Puerta de Fueucarral, 
hoy Glorieta de Bilbao. El dueño de esta colección, Mr. An- 
drés Servat, no eligió o no pudo procurarse sitio más a propó- 
sito, y tuvo que retirarse pronto. 

En 1846 vino otro prestidigitador a Madrid, Mr. Antonio 
Cervis, que trabajó en el teatro del Museo. Tuvo alguna más 
aceptación que González. 

El que obscureció a todos fue el célebre Mr. Macallis- 
ter (1), ingeniero mecánico de Inglaterra, primer prestidigitador 
de Europa y profesor de Física. Titulaba la serie de juegos que 
hacía El palacio encantado. El escenario aparecía completa- 
mente a obscuras; se presentaba de pronto Macallister, y al 
disparar un pistoletazo se encendían súbitamente doscientas 



(1) Diciembre de 1846. 



POR CARLOS CAMBRONERO 157 



velas, diseminadas por el tablado. Hizo suertes muy variadas 
y caprichosas: una de ellas era sacar de un sombrero de copa 
trescientos regalos, que repartía entre los espectadores. 

Se celebró mucho un efecto ilusionista, por el cual figuraba 
sacar de una naranja natural una señorita que tenía de estatu- 
ra cinco pies y dos pulgadas. En algunas funciones tomó parte 
la esposa de Macallister, M.™® Luisa Rous, con la suerte de las 
monedas pro f éticas, que contestaban, no sabemos en qué forma, 
a las preguntas que la señora les hacía sobre los defectos y vir- 
tudes de los concurrentes. 

El periódico satírico Don Circunstancias escribió unos ver- 
sos a propósito de Macallister, en los que decía, amén de otras 
cosas: 

«No diré que sea, 

por ejemplo, un lince; 

sabio, como Newton; 

bravo, como Aquilas; 

mas si el arle sabe 

de sacar monises, 

digo que lo entiende 

mister Macallister. 

Cosas grandes hace, 

cosas raras dice, 

que de los demonios 

tienen algún tinte: 

saca de una bolsa 

donde nada existe, 

jaulas con canarios, 

tórtolas y buitres. 

Las eternas leyes 

físicas infringe; 

pero no es todo eso 

lo que le distingue: 

sus mayores gracias, 

á mi ver, consisten 

en tornar alegres 

á los que están tristes; 

y pues de consuelo 

su presencia sirve, 



158 CRÓNICAS DKL TIEMPO DE ISABEL II 

digo qae lo entiende 
inister Maoallister.» 

A los Dioramas, Neoramas, Cosmoramas y Difanoramas 
mencíouados hay que añadir uu Polioratua qae, por Febrero 
de 1847, se instaló eu la calle de Alcalá, esquina a Cedaceroar. 

Después de Macallister, se exhibió en el salón Cervantes un 
prestidigitador catalán, Carlos Llevat, que uo causó entu* 
siasmo. 

Más gustó otro que vino al teatro de la Cruz, en Octubre 
de 1847, Mr. Chevalier, que trabajaba ayudado por su esposa, 
y, además de juegos de prestidigitacióu, hacía suertes de doble 
vista antimagnética. Chevalier colocaba a su esposa en el esce- 
nario, sentada eu uu sillón; la tapaba los ojos con tres pañue- 
los, y en esta disposición la hacía adivinar todos los objetos 
que en la platea ponían los espectadores eu manos del presti* 
digitador, quien comunicaba a la esposa sus facultades de adi- 
vinación, sin sonambulismo ñipases magnéticos. 

El último prestidigitador que vino en esta década fue 
Mr. Alfredo Caplacy, que trabajó por Mayo de 1849 eu el 
Circo de Mr. Paul, y aunque dio algunas funciones, no obtuvo 
la entusiasta acogida de Macallister. 

La ascensión del globo de Mr. Arbán, en la Plaza de To- 
ros, constituyó un acontecimiento en Octubre de 1847. Una 
gran banda, compuesta de cien profesores, dirigida por los 
Sres. Romero y de Juan, tocó un himno, arreglado por el señor 
Bonetti, director de orquesta del teatro del Circo, y a continua- 
ción, la introducción de la ópera Hernani, la sinfonía de Na- 
buco, ambas de Verdi, que era el maestro favorito; polkas de 
Mozart, valses de Strauss, que seguían cautivando al público; 
galops de Skoczdopole, y rigodones de Bonetti. 

«Mr. Arbán — dice el anuncio — preparará el gran globo, y 
colocándose en la canastilla pendiente del mismo, ascenderá 
hasta el palco real y tendrá la honra de poner eu manos de 
S. M. un vistoso ramillete de flores y varios ejemplares de 
composiciones en verso, en loor de la nación española, de su 



POR GARLOS OAMBRONBRO 159 

augusta Reina y de los espectadores. Eii seguida dará Mr. Ar- 
bán en el globo un giro por toda la plaza, distribuyendo flores 
y versos a los concurrentes. Finalizada esta operación, recibirá 
el gran impulso el globo, y en él Mr. Arbán se remontará por 
los aires a la altura de 700 metros. Concluyendo este gran- 
dioso espectáculo con el Himno E>eal para despedir a S. M.» 

En el redondel, y aprovechando sólo el sitio de la sombra, 
se colocaron sillas para los espectadores, al precio de 20 reales 
asiento. 

La función anunciada para el día 21 se suspendió por el 
temporal, verificándose el 23 de aquel mes. 

Hubo un Tiro de gallo en las afueras de la Puerta de Santa 
Bárbara, junto al Hipódromo^ construido por el Conde de Cuba, 
y se cuenta que estaba muy concurrido allá por el año 1848. 
La distancia del tiro era de 78 pasos. 

En Junio de 1848 se estableció un tiro de pistola en la calle 
del Almirante, núra. 21, palacio donde se habían dado los bai- 
les famosos de las Delicias: estaba abierto de seis de la mañana 
a seis de la tarde. 

Un tal Mr. Charles tuvo una Exposición de fieras en la calle 
de la Greda, y en Mayo de 1849 se decidió a dejar luchar un 
hermoso tigre de Bengala con un toro. Previo el consiguiente 
reclamo de la Prensa, se verificó la lucha en la Plaza de Toros 
el 17 del mes indicado, con asistencia de la Reina Isabel II y 
de su esposo Don Francisco de Asís. 

Se construyó una gran verja de hierro en el centro de la 
plaza y se echaron a reñir contra perros de presa, primero un 
venado y después un oso, que fueron vencidos. Había gran in- 
terés por conocer el resultado de la lucha entre el toro y el 
tigre, y aun parece que mediaban apuestas entre los especta- 
dores, así es que la fiesta se verificó con un lleno completo, 
pagando el público a subidos precios las localidades. Veamos 
cómo describe un testigo presencial esta parte de la lucha: 

«El toro, boyante y de buen trapío, y el tigre, rastrero y 
receloso, llegaron a encontrarse frente a frente; el toro hiao 



160 CRÓNICAS DEL TIKMPO DE ISABKL II 

ademán de embestir y el tigre se sentó a esperar la acometida; 
pero viendo que el toro no se metía con él, quiso probar for- 
tuna y le acometió. El toro, que le esperaba, le dio una cor- 
nada en la boca y otra en la garganta, quedando el tigre ren- 
dido en el campo, donde concluyó entre los dientes de unos 
perros.» 

Mr. Charles regaló al jefe político, Sr. Zaragoza, la piel del 
tigre, con destino al Museo de Historia Natural. 

Era tal el interés que había despertado la lucha de fieras, 
especialmente por la parte que al toro pudiera corresponder 
en el resultado, tratándose de un animal que representaba en 
aquellos momentos, et passez moi le mot, el honor de España, 
que Mr. Charles se decidió a reproducir el espectáculo, aunque 
le costase la pérdida de otro de los raros ejemplares que for- 
maban su colección de fieras. El día 16 de Agosto se anunció 
otra lucha, y el público, cuya expectación era grande, ocupó 
por completo las localidades de la Plaza de Toros. La Heina 
Isabel no quedó arregostada de la fiesta, y excusó su asistencia, 
presenciándola en su nombre la Reina Madre Doña María 
Cristina y el Rey Don Francisco de Asís. 

Comenzó el espectáculo con la lucha de una hiena, atada 
a una cadena, contra dos perros de presa que la vencieron sin 
gran esfuerzo, pues la fiera, al verse acometida, se amedrentó 
y no procuraba sino huir de sus enemigos. 

Después salió un toro colorado, bragado, llamado Carame- 
lo, de la ganadería de Snárez, de Coria del Río, y dio una 
Tuelta a la plaza como para tomar posesión. 

Abierta la puerta de la jaula del león Julio, apareció éste 
marchando majestuosamente, poseído de su papel de rey de 
las fieras, según versión corriente entre los fabulistas, y sin 
andarse con cumplidos ni etiquetas, se abalanzó al toro por 
detrás haciendo presa; pero éste, con un enérgico y oportuno 
par de coces, se lo qnitó de encima, revolviéndose luego para 
darle unas cornadas que debieron producir mal efecto en la 
parte física y en la moral del león, por cuanto de aquí en ade- 



POR CARLOS CAMBRONBRO 161 

lante esquivó toda relación con su contrincante el sevillano. 

Pasó media hora, y el público comenzó a dar muestras de 
desagrado, pidiendo que saliera el tigre. Salió éste, en efecto; 
pero fuese que tuviera conocimiento del triste fin de su com- 
pañero en la fiesta anterior, fuese que se hiciera cargo de la 
situación por el abatimiento que del león se había apoderado, 
fuese por otras causas que hasta la fecha no se han podido 
averiguar, el caso es que el tigre declinó la honra de luchar 
con ninguna de las dos fieras que se encontró en la jaula, y 
huía de ambas por igual, dando al traste con su reputación. 

Poseído el toro de que se había hecho dueño del cotarro, 
intentó varias veces acometer al león y al tigre; mas uno y 
otro escurrieron el bulto sin dejar ningún linaje de duda res- 
pecto al miedo que el de las astas les había infundido. Sólo el 
tigre, aprovechando las distracciones del toro, quiso acometer- 
le varias veces, arrastrándose cautelosamente por el suelo para 
caer a traición sobre su enemigo; pero el toro le descubría 
siempre, haciéndole huir antes de acercarse. 

Se soltaron unos perros de presa que no se atrevieron a 
acometer a ninguna de las tres fieras, y, por último, con obje- 
to de sacar al toro de la jaula, se metieron en ésta unos cabes- 
tros, que, lejos de cumplir su cometido, vinieron a empeorar la 
situación. Los cabestros solos, sin vaquero que los dirigiese, 
no tuvieron maña para sacarse al toro, y una vez dentro de la 
jaula, excitaron las iras del león, que quiso vengar en ellos la 
deshonra que el toro le había procurado; éste salió a la defen- 
sa de sus compañeros, y les libró de las feroces garras de la 
rencorosa fiera. 

A todo esto se había echado la noche encima, y el público 
principió a demostrar que no le había agradado la función. 
Ya sabe el lector cómo se acostumbra a protestar en la Plaza 
de Toros durante las corridas ordinarias; aquí, que, además 
del toro, figuraban como primeros actores un león y un tigre, 
las protestas rebasaron los límites de lo conocido hasta enton- 
ces, y amén de las voces, se vieron ir por los aires las sillas, 

11 



162 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

las banquetas y la barandilla de las gradas dividida en peque- 
ños fragmentos, de tal modo, que la autoridad tuvo que inter- 
venir, ordenando que la fuerza pública hiciese despejar la 
Plaza. 

Por fin se pudo conseguir que el león y el tigre ocuparan 
sus respectivas jaulas, y que los cabestros se llevasen al toro. 
Entre unas cosas y otras no quedaron terminadas estas opera- 
ciones hasta las tres de la madrugada. 

En este mismo verano se exhibió una colección de figuras 
de cera en el salón de lo que había sido café de Cervantes, ca- 
lle de Alcalá, esquina a la del Barquillo. Entre las figuras ex- 
puestas dicen que eran notables, por la perfección y el pareci- 
do, Napoleón, presidente de la República francesa; Espartero, 
Zumalacárregui, Cabrera, Luis Felipe, la Reina Victoria de 
Inglaterra, Sir Roberto Peel y Pío IX. 

No se había desarrollado la afición al juego de pelota; 
pero existían ya algunos amateurs, puesto que en Junio de 
1848 se anuncia en el Diario un desafío a este deporte en la 
Pradera del Canal, advirtiendo que se habían terciado grandes 
apuestas. Los jugadores eran todos navarros. 

OABBEBAS DE CABALLOS 

Hacia 1841 se creó en Madrid la Sociedad para el Fo- 
mento de la cría caballar de España, fundada por algunos in- 
dividuos de nuestra aristocracia, estableciendo un Hipódromo 
en Casa Blanca, camino de Perales, en la ribera del Canal del 
Manzanares. Las primeras carreras de caballos públicas se ve- 
rificaron en Abril de 1843, ganando el premio el caballo Pa- 
goda, propio del Marqués de Guadalcázar. 

Las carreras de Agosto de 1844 se verificaron con gran 
concurrencia de coches y de gente a pie. Los primeros premios 
se concedieron a los caballos Bedinno, Guzmán y Acteón, que 
eran respectivamente del Marqués viudo de Santa Marta, de 
Salamanca y del Duque de Osuna. 



POR CARLOS CAMBRONERO 163 

Más adelante, en 1845, consiguió la Sociedad que el Real 
Patrimonio les cediese un terreno en la Casa de Campo, y las 
carreras de este año se celebraron con cierto aparato. En ellas 
consiguió llamar la atención un gitano, Cenón Caldera, que, 
vestido de joJcey, montó una yegua corredora de su propiedad, 
y se acreditó de buen jinete, dando la vuelta a la pista en dos 
minutos menos un segundo. Fueron jueces de liza los Duques 
de Riánsares y de Veragua, y jurado Salamanca, Duque de 
San Carlos, Arteta, Falcón, Marqués de Perales y Conde déla 
Vega del Pozo. 

Por Real orden de 5 de Setiembre de 1846 se concedió un 
premio de 8.000 reales para las carreras que se habían de veri- 
ficar en el mes de Octubre siguiente. 

En Noviembre de 1847 ganaron premio los caballos pro- 
piedad del Duque de Riánsares, de Salamanca, de Figueroa, 
del Conde de Guitantz y de Mr. Moore. 

No despertaban gran entusiasmo las carreras de caballos 
como espectáculo público; pero ofrecían mucha animación de 
gente, porque allí se daba cita la sociedad elegante, constitu- 
yendo a veces el principal aliciente de la diversión las apues- 
tas, en las que ganaban dinero los que no lo perdían; así es 
que la asistencia a las Carreras solía costarle a algún aficiona- 
do un puñado de duros. 

Bailes púlblloos. 

En esta década de 1840 a 1849 parece que afloja un poco el 
entusiasmo por los bailes de máscaras, aunque siguen cele- 
brándose éstos en el Príncipe, a 12 reales billete, habiendo 
puesto el guardarropa en la cazuela para mayor comodidad 
del público. 

En 1840 se daban bailes en los salones del palacio de Vi- 
llahermosa, a 20 reales la entrada, bailándose rigodones y 
valses nuevos de Iradier; y lo mismo en el salón de Oriente, 
El sorteo de objetos del baile de piñata de este último salón 



164 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

se hizo ante notario, y presidido por el Alcalde D. Francisco 
Entrada: los regalos consistieron en un aderezo de piedras 
finas, para señora, seis cubiertos de plata y un reloj cilindro 
de oro (1). 

El teatro de la Cruz, a imitación del Príncipe servía de sa- 
lón de baile, donde se tocaban, con intermedios de diez minu- 
tos valses, rigodones, mazurcas y galops, el británico y las ita- 
lianas] también pusieron el guardarropa en la cazuela; y ofre- 
cía el aliciente de haberse instalado un salón para juegos per- 
mitidos, con barajas francesas y españolas. 

Dábanse bailes en el salón del cafó de la calle del Prado nú- 
mero 22, a 8 reales billete; en la calle de Calatrava, núme- 
ro 13, a 4 reales; en la Costanilla de San Pedro, núm. 2, 
casa de la Marquesa de San Vicente, por suscripción 30 rea- 
les cuatro entradas; y sobre todo, los bailes que merecieron 
mayor aceptación en esta esta época (Febrero 1840) fueron los 
que dieron en el nuevo teatro del Circo, con una orquesta di- 
rigida por Arche y Aguirre, tocando música de Iradier, de Es- 
lava, de Mercé, de Romero y del propio Arche: 116 profesores 
y 30 coristas. Comenzaban a las once y media, y había carrua- 
jes especiales, a 2 reales asiento, para coudución de los con- 
currentes, desde la plazas de Santo Domingo, Antón Martín y 
Mayor, al Circo (2). Estaba iluminado el salón con 1.200 bujías 
repartidas en 49 arañas, aprovechando las que habían servido 
en el salón de Oriente. En 1843 se terminaba la fiesta con un 
vals infernal; era la última moda. 

El salón de Cervantes; Alcalá, 69. 

Salón de Variedades; Magdalena 40; 8 reales billete. 

Museo Lírico, Alcalá 27. 



(1) En el baile de Piñata del teatro de la Cruz (Marzo de 1841) se rifó 
un birlocho de cuatro ruedas, tasado en 10.458 reales. 

(2) El Liceo (palacio de Villahermosa) también puso para el público 
servicio de ómnibus en 1845, desde la plazas del Progreso, Santo Domin- 
go, San Ildefonso y Mayor, saliendo de vuelta el último coche del palacio 
de Villahermosa a las siete de la mañana. 



POR CARLOS CAMBRONERO 165 



La Aurora, Carrera de San Jerónimo, núm. 8, entresuelo; 
8 reales billete. 

Teatro del Instituto; 10 reales billete. Se dieron bailes 
en 1849. 

• Salones del Pasaje del Iris. — Carrera de San Jerónimo; 
14 reales billete. El café se había abierto al púbico el 9 de 
Abril de 1848, y llamó mucho la atención. 

El acontecimiento con que se cierra esta época es la aper- 
tura de los Salones orientales o de la Victoria, en la calle de 
este nombre, núm. 8, y de Espoz y Mina, núm. 7. Los reviste- 
ros se hacen lenguas ponderando el lujo que allí se había des- 
plegado en alfombras, espejos y arañas. Uno de ellos dice: 
«Las elegantes madrileñas que a este primer baile concurrieron 
han podido, sin gran esfuerzo de la imaginación, creerse trans- 
portadas a uno de esos palacios encantados que con tanta 
fuerza de colorido se nos pintan en los cuentos orientales.» 

Sigue en esta década el entusiasmo por los valses de 
Straus (i); pero obedece a que Sfcraus es el que supo dar más 
variedad al género cuando era el predilecto en todas las re- 
uniones, tanto de la aristocracia como de la clase media. El 
bueno de Schiller declamaba contra ese baile en que dos per- 
sonas de distinto sexo, acordes en el paso y movimiento, giran 
rápidamente alrededor de una sala con los brazos entrelaza- 
dos. No cabe duda de que eran menos pecaminosos los minuets 
y las contradanzas en que ios hombres y las mujeres daban 
vueltas, distanciados medio metro unos de otros, agarrándose 
únicamente de dos dedos de la mano. Sin embargo, Weber, 
Haydn y Beethoven escribieron valses que gustaron mucho 
entonces, pues, como decía Fernández de los Ríos, no es en el 
oído, sino en el corazón, donde resuena y encuentra eco tan 
elocuente lenguaje del alma. 



(1) Los valses de Strauss para piano, se vendían en la tienda de Lodre, 
Carrera de San Jerónimo, 19, a 6 reales tanda. 



166 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



Tercer periodo.— 1850 a 1859. 

TEATRO DEL PRINCIPE 

Al final de la década anterior dejamos agonizando al Tea- 
tro Español, y todos presentían que la reforma del Conde de 
San Luis iba a fracasar, si es que no había fracasado ya. Y lo 
peor era que la causa no se iba a buscar en la desacertada or- 
ganización dada al proyecto, sino en circunstancias accidenta- 
les, que, si precipitaron el mal éxito, no fueron el agente prin- 
cipal que lo produjo. El blanco de todas las iras era el pobre 
Ventura de la Vega. Decía de él Vicente Barrantes, en un ar- 
tículo, lamentándose de la situación del Teatro Español: 

«Durante su mando absoluto ha visto el Sr. Vega nacer y 
desarrollarse en torno suyo mil intrigas livianas que eran men- 
gua de su dignidad; ambiciones pretenciosas, rivalidades mez- 
quinas, que hubiera ahogado con mano fuerte un hombre 
como los que pide toda institución que nace, no débil e irreso- 
luto. De carácter, y no de saber, son todas las faltas que ha 
cometido. Para nosotros, el Sr. Vega es el Lamartine de la 
república cómico-literaria.» 

Por un decreto de 1." de Abril de 1850 se modificó el pri- 
mitivo del Conde de San Luis; pero sin resultado práctico, 
porque la gente no quería ir al teatro del Príncipe, y no en- 
trando dinero por la taquilla del despacho de billetes no ha- 
bía empresa posible. 

Era patente la falta de obras buenas, y Vega, con su buen 
deseo, propuso a la Junta que se dividiese en secciones de tres 
individuos cada una, comprometiéndose éstas a presentar, en 
el plazo de quince días, una comedia o drama por sección; pro- 
yecto factible, pues tocaba a un solo acto cada individuo. La 
idea se acogió con entusiasmo, al parecer; pero no se tiene no- 
ticia de ¡que ninguna sección realizase su compromiso. 

Examinemos ahora la labor artística de la temporada. 



POR CARLOS CAMBRONERO 167 

Comenzó el año defendiéndose la empresa con una zarzuela 
titulada La mensajera^ letra de Olona y música de Gaztambi- 
de, hasta que se puso en escena el drama de Rodríguez E-ubí, 
Isabel la Católica, que obtuvo un éxito francamente favorable. 
Lo desempeñaron Matilde, la Palma, la Noriega, Romea, José 
Calvo, Sobrado, Pizarroso y Alverá; se estrenaron dos decora- 
ciones de D. Francisco Aranda, trajes de Juan Torroba y una 
marcha compuesta por Gaztambide. La administración o di- 
rección del teatro no debería de andar bien organizada, por- 
que el drama se suspendió dos veces después de haber fijado 
otras tantas la fecha de la primera representación. Duró mu- 
cho tiempo en el cartel. 

Hacían obras de repertorio, y alguna del teatro del si- 
glo XVII, como Las flores de Don Juan, de Lope, refundida por 
Escosura, y La niña, boba, en que Matilde estaba inimitable. 

En Enero de 1850 falleció Jerónima Llórente, cómica fa- 
mosa, que tenía facultades y talento para hacer todo género de 
papeles, de joven, de vieja, de carácter grave y de picaresco. 
Al propio tiempo era tan modesta, que admitía y escuchaba 
cuantas observaciones la hicieran. 

Febrero. — Estrenaron Masaniello, de Gil y Zarate, por 
Teodora, Valero y Arjona, con decoraciones de Philastre y de 
Aranda. El autor tenía escrito el drama desde 1839, sin atre- 
verse a darle al teatro. Esta vez, aprovechando la ocasión de 
formar parte de la Junta de admisión de obras, se decidió a 
presentar la suya, y sus compañeros no tuvieron más remedio 
que mandar ponerla en escena. Se dijo que en el decorado se 
habían gastado 7.000 duros. El público no dio voto favorable. 

Luego hicieron La madre de San Fernando, de Cayetano 
Rosell, por Bárbara, Teodora, Calvo y Pizarroso. 

Abril. — Salida de Latorre con Sancho Garda. 

Lirio entre zarzas j drama en tres actos, de Antonio Au- 
set^. 

Algunas funciones resultaron bien representadas, como 
por ejemplo, la siguiente: A Madrid me vuelvo, de Bretón, en 



168 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

que Matilde hizo un papel de la característica, Doña Matea, 
acompañada de Teodora, Latorre, Romea, Arjona y Guzmán, 
todos actores de primer orden; La sociedad de los trece, por Ma- 
tilde y los dos Romeas; la Cámara bailó La gitana, a mitad de 
función, y para final El rumbo macareno. En noches así^ ya 
se podría ir al Español. 

Junio. — Se presentó, después de haber estado durante diez 
años retirado del teatro, el actor Francisco Robello, haciendo 
La conjuración de Venecia (antigua), de Martínez de la Rosa. 
A fi.nes de Julio se quiso realizar otra reforma. 
Parece que el Conde de San Luis, Ministro de la Goberna- 
ción, habiendo desistido de que el Gobierno administrase y di- 
rigiese el Teatro Español, vulgo Príncipe, invitó a los autores 
dramáticos para que se encargaran del coliseo, y ellos acepta- 
ron la idea con las bases siguientes: 

1.* Los autores dramáticos administrarán y dirigirán todo 
cuanto hace relación al teatro, para lo cual nombrarán de en- 
tre ellos diferentes comisiones de uno o más individuos. 

2.* El Gobierno abonará para el sostenimiento del Teatro 
Español: 1.*, lo que falte en los productos hasta completar 
4.000 reales por función; y 2.°, la mitad de las sumas que rin- 
da el tanto por ciento que pagan los teatros de provincia con 
arreglo a los últimos decretos sobre la materia. 

3.* Los autores dramáticos no se consideran como empre- 
sarios, sino que, cubiertos los gastos con las subvenciones an- 
teriores, si hay mayores ingresos, pasarán a poder del Gobier- 
no o se destinarán a alguno de los ramos relacionados con la 
institución. 

Entre los cargos desempeñados por los autores, él de Direc- 
tor era el único que figuraba con sueldo, asignándole 30.000 
reales. 

El estipendio de un actor no habría de exceder de 70.000 
reales. 

El teatro estaría abierto ocho meses, de 16 de Septiembre 
a 15 de Mayo. 



POR CARLOS CAMBRONKRO 169 

Los cargos se habían distribuido del modo siguiente: Pre- 
sidente, D. Antonio Grily Zarate; Vicepresidente, D. José Zo- 
rrilla; Secretario, D. Juan de Ariza, y Director D. Tomás Ro- 
dríguez Rubí. 

Constituida la sociedad, el 14 de Setiembre se inauguró 
la temporada con La villana de Vallecas, por Teodora, la Cha- 
fino, la Montero, José Valero, Guzmán, Calvo y Pizarroso, y 
siguieron echando mano del repertorio con Un tercero en dis- 
cordia, que lo hacía muy bien Valero, y el Don Francisco de 
Quevedo, que no lo hacía peor. A propósito de la interpretación 
de este drama, contaban que Julián Romea, cuando se acerca- 
ba al farol, en la escena IV del acto primero, para leer la car- 
ta de Margarita de Saboya, se aproximaba el papel a los ojos, 
como si fuera miope; y Valero, queriendo diferenciarse de 
Romea, separó la carta de los ojos estirando el brazo, como si 
fuera présbita. La razón estaba de parte de D. Julián. 

Setiembre. — El tesorero del Rey, de García Gutiérrez y 
Eduardo Asquerino; duró poco en el cartel, y volvieron al tea- 
tro del siglo XVII, poniendo El mejor alcalde, el Rey, de Lope, 
refundición de Dionisio Solís, buena por ser suya; ni aun re- 
fundiciones modernas tenía la Junta gubernativa. 

Octubre. — Remismunda, tragedia de D. Juan de Ariza, con 
el éxito tibio que obtenían las obres de este género. Decían 
que Teodora sacó un puñal tan grande, para matarse, que el 
público se mosqueó, destruyendo así el efecto teatral. 

Más gustó Don Bernardo de Cabrera, en cuatro actos, de 
José Heriberto García de Quevedo. 

Valero pecaba un poco de exagerado en ciertas ocasiones, 
con lo que lograba el aplauso seguro del anfiteatro. En Guz- 
mán el Bueno, después de haber arrojado por encima de la mu- 
ralla el cuchillo fatal, y como horrorizado de su acción, baja- 
ba en dos saltos los seis escalones que le separaban del centro 
de la escena; este efecto no a todos les convencía. 

A fines de año se hizo Jugar jpor tabla, en tres actos y en 
verso, de Hartzenbusch, Valladores, Garriga y Rosel. 



170 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

1851. Enero. — Un Jiombre de Estado, drama en cuatro ac- 
tos, de Adelardo López de Ayala. Esta obra se la entregó el 
aator al Conde de San Luis, quien la recomendó a la Junta del 
teatro. La ejecución resulto un tanto floja. Valero estuvo des- 
igual en el papel de Don Rodrigo Calderón, y Calvo medianejo 
en el de Duque de Lerma. Ayala tenía entonces veintitrés años. 

En Febrero murió Lombía, el mejor intérprete de El pelo 
déla dehesa, de Bretón. 

Febrero. — Flor de un día, drama en tres actos y un prólo- 
go, de Camprodón, obra predilecta de los aficionados a hacer 
comedias en el gabinete de la casa. 

De conformidad con lo que disponía el art. 30 del Regla- 
mento del Teatro Español, la empresa autorizó para dar una 
representación de Marino faliero a D. Luis Cortés, haciendo 
este joven el protagonista. Fiasco del joven. 

Por Real orden de 19 de Mayo de 1861 se devolvió el Tea- 
tro del Principe al Ayuntamiento, como propiedad de la villa, 
para que ésta le diera el destino que creyese conveniente. La 
corporación no sabía qué hacer, porque las cargas que pesa- 
ban sobre la finca eran grandes, como hemos demostrado en 
la década anterior, y el erario concejil no estaba en disposi- 
ción de echar sobre sí el pago de aquéllas. Mesonero Roma- 
nos, sin dejar de reconocer esto, abogaba por que se suprimie- 
ran los censos, pues siendo tan cuantiosos que hacían desapare- 
cer la ganancia de las empresas, resultaba en último caso que 
los censatarios eran realmente los que usufructuaban el teatro 
cómoda y tranquilamente. 

Juan Catalina publicó un articulito (1) pidiendo protección 
para el teatro, pero sin dar ninguna solución. De camino se 
quejaba contra los críticos en general, para los cuales tiene 
frases un tanto duras. 

En el otoño de 1851 se formó una compañía en el teatro 



(1) En La Ilustración. 



POR CARLOS CAMBRONERO 171 

del Principe, que abandonó su nuevo nombre de Español, en 
la que figuraban Bárbara Lamadrid, Josefa Palma, Luisa Yá- 
ñez, Josefa Noriega, Joaquina Latorre, los Romeas, José Cal- 
vo, Pedro López, Pedro Sobrado, Antonio Guzmán y Mariano 
Fernández. Comenzaron con El astrólogo fingido, de Calderón, 
y Las castoñeras picadas, de D. Ramón de la Cruz. 

Causó extrañeza ver que Matilde no trabajaba en el teatro 
donde estaba su marido, y más aún saber, porque lo anunció 
la Prensa, que la perla de nuestros teatros se marchaba a Amé- 
rica; pero luego se dijo que existían ciertas diferencias de ca- 
rácter en él matrimonio, y ya la gente se explicó la separación. 
Sin embargo, ¡cual sería la sorpresa del público cuando se 
anunció que Matilde suspendía su proyectado viaje y entraba 
a formar parte de la compañía de Julián Romea! Así sucedió; 
el 2 de Octubre se presentó en el escenario del Principe con la 
comedia de Lope, Amantes y celosos, refundida por Dionisio 
Solís. 

En este mismo mes se estrenó Flavio Pecar edo, de la Ave- 
llaneda, con éxito amistoso. 

El 6 de Noviembre se hizo, a petición y por expresa volun- 
tad de la Reina. Marta la piadosa, de Tirso, y La casa de Tó- 
came Roque, de Cruz, en las cuales obras trabajaron Matilde y 
su marido. 

El pobre Guzmán, que ya estaba muy viejo, representó 
en Noviembre El enfermo de aprensión, una de sus comedias 
favoritas. 

El día 11 falleció Carlos Latorre. 

1852. Enero. — Gustó mucho Entre bobos anda el juego, de 
Rojas, refundida por Eduardo Asquerino, y representada por 
Matilde y su marido. 

La verdad vence apariencias, comedia, dos actos y prólogo, 
de la Avellaneda. 

Febrero. — La gloria de España, loa de la Avellaneda, es- 
crita con motivo del nacimiento de la princesa de Asturias 
Doña Isabel. Aún se escribían loas. 



172 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Marzo. — La Baltasara, drama en tres actos, de Miguel 
Agustín Príncipe, Gil y Zarate y García Gutiérrez. 

Abril. — Z7w inglés y un vizcaíno, arreglo de Vega, por Bár- 
bara, la Noriega, la Espejo, Romea, Calvo y Fernández. 

Mayo. — La estrella de las montañas, drama en tres actog, 
de Rubí, para beneficio de Matilde. 

En la temporada siguiente, de 1862 a 1853, aparece en las 
listas la misma Compañía con Matilde de primera dama; pero 
ésta no llegó a presentarse porque se decidió a emprender su 
viaje a América. En Diciembre se tuvieron noticias de la Ha- 
bana, diciendo que había tenido un gran recibimiento en el 
teatro de Tacón. Por cierto que Manuel Catalina estaba de 
galán en su Compañía. 

Vino a substituir a Matilde la Manuela Ramos, que salió a 
escena en Octubre con La hija de /as flores o todos están locos, 
de la Avellaneda. La actriz fue muy aplaudida. 

29 Setiembre 1852. — Se presentó por primera vez ante el 
público de Madrid, Perico Delgado, con la comedia, ya cono- 
cida desde 1838, Un artista o la obra maestra, traducción de 
Las Heras. Buen recibimiento. 

Noviembre. — Una mentira inocente, comedia en tres actos, 
de José Selgas. 

En Enero de 1863 anunció Arjona que iba a poner en es- 
cena en Variedades un drama que se estaba representando en 
París, titulado Sullivan; pero Romea se adelantó, y lo repre- 
sentó el 13 de aquel mes, traducido por Isidoro Gil y Mariano 
Carreras y González. El éxito obtenido, y las condiciones es- 
peciales de Romea para desempeñar el protagonista de la 
obra, obligaron a Arjona a desistir de su propósito y retirar el 
anuncio del cartel de Variedades. En el Principe lo hicieron, 
además de Julián Romea, la Palma, la Córdoba y la Sampela- 
yo, Florencio Romea, Guzmán, Pizarroso y Boldún. 

Marzo. — El fénix de los ingenios, en cinco actos, de Rubí, 
con decoraciones de Antonio Bravo. 

Marzo. — La flor del valle, drama con música, que venía a 



POR CARLOS OAMBRONERO 173 



resultar una zarzuela. La Samaniego cantó muy bien; la Cha- 
fino, con muclia voluntad, pero con poca voz, y Boldún sin 
voluntad y sin voz. 

Abril. — Felipe el Prudente, cinco actos y en verso, por Pe- 
dro Calvo Asensio. 

Mayo. — El curioso impertinente, drama en cuatro actos, 
sacado de la novela de Cervantes, por Ayala y Antonio Hur- 
tado. 

Judit, drama en cuatro actos y en verso, por Joaquín José 
Cervino. 

Junio. — Luchas de amor y deber, tres actos y en verso, por 
Florencio Moreno Godino, a quien sus amigos, para abreviar, 
le llamaban Floro Moro Godo. 

Diciembre. — Acertar por carambola^ pieza en un acto, sin 
mujeres, por Ildefonso Antonio Bermejo. Huyendo del perejil, 
también en un acto, original de Tamayo, aunque dijeron que 
estaba escrita sobre el pensamiento de una obra francesa. El 
rey por fuerza, de Miguel Pastorfido y Pastorfido. Años más 
tarde, decían de este escritor los periodistas: 

Pastorfido nunca ha sido 
escritor de buena fama, 
y lo malo es que se llama 
Pastorfido y Pastorfido. 

1854, Agosto. — A beneficio de los heridos en las barricadas 
de la Revolución de Julio se representó una loa, titulada El sol 
de la libertad, y la Amalia Ramírez cantó Quién me verá a 
mí, pieza de que hablamos en otro lugar. 

Setiembre. — Se abrió la temporada con El arte de conspi- 
rar, de Scribe, ya conocida, arreglada por Ramón Arrióla, y en 
la que tomaron parte Teodora, la María Rodríguez, la Merce- 
ditas Burón, Arjona, Ossorio (Fernando) y Victoriano Tamayo. 

Octubre. — Achaques de la vejez, segunda producción de 
Eulogio Florentino Sanz. Pasó bien. El 24 de Febrero, drama 
escrito en alemán por Werner, y arreglado por Eduardo Q-on- 



174 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

zález Pedroso. También hicieron La familia improvisada, tra- 
ducción de Vega, para Fernando Oásorio, que era un gracioso 
con escuela propia y de muy buen gusto. 

Noviembre. — La archiduquesa a ^ comedia en tres actos de 
Hartzenbusch. 

El periódico satírico El Padre Cobos, que zurraba a todo 
el mundo, guarió consideración al autor, y decía en Noviem- 
bre de 1854: «La persona designada con el título de esta obra 
es D.* Mariana de Austria, que posteriormente fue reina de 
España por su matrimonio con Felipe IV. Cree El Padre Cohos 
que el Sr. Hartzenbusch ha calumniado algún tanto a este re- 
gio personaje, haciéndole aparecer en su niñez con mucho más 
talento del que realmente tuvo en sus años maduros; pero esto 
sólo probará dos cosas: 1.'^ Que el Sr. Hartzenbusch no sabe 
poner tonterías en boca de sus personajes, por aquello de que 
nadie da lo que no tiene. 2.* Que el autor de La archiduquesi- 
ta calumnia a las reinas para hacerles favor, y si esto pudo 
parecer viejo hace cincuenta años, es completamente nuevo en 
los tiempos que corren.» 

Diciembre. — El puente de Luchana, drama en cinco actos y 
en verso, de Cayetano Snricalday y Juan José Nieva. La com- 
pañía tenía que ponerse a la altura de las circunstancias. Para 
Nochebuena se estrenó El castillo de Balsain, tres actos, en 
prosa, de Luis Fernández-Guerra y Tamayo. 

1855. Enero. — Locura de amor, drama en tres actos, de 
Tamayo, a beneficio de Teodora. Gustó; pero le ponían el de- 
fecto de que languidece al final. 

Durante este invierno se presentaron en escena dos niñas, 
Rafaelita Tirado (1) y Pepita Hijosa para las que se escribían 
comedias que tuviesen papeles a propósito. 

Una noche del mes de Abril se suspendió la función a causa 
de haber caído un bastidor sobre la actriz Mercedes Burón, 
rompiéndola un brazo. 

íl) Murió repentinamente el 16 de Marzo de 1859, a los diez y seis 
años de edad, cuando era una esperanza para el arte. 



POR CARLOS CAMBRONERO 175 

Maj'o. — Magdalena, drama en tres actos, de Ángel María 
Dacarrete. 

Setiembre. — Dio buenas entradas la comedia de Rojas, 
Entre bobos anda el juego. La interpretaron Teodora, la Ca- 
rrasco y la Orgaz; Romea, que hizo el Don Pedro, y Arjona 
elDow Lucas, en cuyo papel estaba inimitable. Trabajáronlos 
respectivos hermanos de estos dos actores, Tamayo, Alisedo, 
Lumbreras y el joven Ricardito Morales, que desempeñó uno 
de los arrieros. Carmencita Carrasco tuvo muchas simpatías; 
Mesonero Romanos la escribió un soneto que consta en el 
tomo I, pág. 567, de los Trabajos no coleccionados de aquel in- 
signe cronista de Madrid. 

Octubre. — Reprise de Locura de amor, en que Arjona, hom- 
bre indudablemente modesto, se prestó espontáneamente a 
desempeñar el papel del Capitán Alvar, encargándose Romea 
de hacer el de Rey Don Felipe. También en El hombre de mundo 
hizo el Don Juan, y en Sidlivan el padre, dejando a Romea que 
se luciese como primer actor. 

La empresa no iba bien, y estos dos actores, al ver los apu- 
ros que pasaba, renunciaron el percibo de los haberes de una 
quincena. Rasgo que merece consignarse. 

Octubre. — Mi suegro y mi mujer, arreglo de la comedia 
que escribió en francés Emilio Augier, con el título de Le gen- 
re de Mr. Poirier. El autor del arreglo era Pastorfido. 

Este mes murió la Josefa Chimeno, artista muy notable, 
esposa de Francisco Lumbreras. 

Noviembre. — El todo por el todo, drama en tres actos, de 
Serra. 

Respecto de las costumbres que había entre el público que 
frecuentaba los teatros, es curiosa la observación publicada 
por un periódico de Diciembre de aquel año: 

«Parece increíble que en la culta capital de España, y mu- 
cho más en los teatros, se vea a varias personas de las que se 
tienen por bien educadas, conducirse como arrieros. Sin em- 
bargo, sucede: todo el que asista a los espectáculos habrá ob- 



176 CRÓNICAS DEL. TIEUPO DE ISABEL II 

servado lo que nosotros. Uno entra a la mitad de un acto con 
el sombrero puesto; otro pegando codazos a diestro y sinies- 
tro; algunos se duermen en lo más interesante do una escena, 
y, por último, hay quien come a dos carrillos, no dulces y al- 
mendras, sino tortas como ruedas de molino o bollos del diá- 
metro de una libreta. Esta operación la practicaba noches pa- 
sadas, en un palco de platea del teatro del Circo, un jovencito 
muy puesto de taima, pelo rizado y guantes.» 

Algún periódico censuró la costumbre de cubrirse los caba- 
lleros durante los entreactos, porque no estaba de acuerdo con 
la proverbial cortesanía de los españoles. La comodidad venció 
a la etiqueta, y la costumbre perdura contra el parecer de los 
que la censuraban. 

También, a título de curiosidad, insertamos el siguiente es- 
tado del número de localidades que tenían los teatros de Ma- 
drid en 1854: 

Real 2.000 

Circo 1.600 

Cruz 1.500 

Príncipe 1.200 

Instituto 800 

Variedades 800 

Lope de Vega (Basilios) 700 

Total 8.600 

De modo que la noche en que estuvieran ocupadas todas 
las localidades de estos teatros, resultaba que había 8.600 
personas que se estaban divirtiendo más o menos. No era mu- 
cho para una población de 300.000 habitantes. 

Los autores dramáticos, aun reconociendo que el ensayo 
de reformas del teatro, realizado por el Conde de San Luis, 
había sido un fracaso, intentaron dar un segundo golpe, diri- 
giendo una exposición a las Cortes Constituyentes para que se 
diese a los teatros del Principe y de la Cruz la protección por- 
que todos suspiraban. 



POE CARLOS CAMBRONERO 177 

La exposición fue presentada al Parlamento a fines de Ju- 
lio de 1855, y comprendía, tras un largo preámbulo, las con- 
clusiones siguientes: 

«1.* Que en la ley de Presupuestos se consigne una canti- 
dad de 12.000 duros anuales para subvención de los teatros de 
la Cruz y del Principe. 

»2.* Que en atención a ser ahora el tiempo en que se for- 
man las compañías de actores, se recomiende al Gobierno 
proceda sin dilación a ordenar con el Ayuntamiento de Madrid 
la mejor manera de sacar a pública licitación los teatros del 
Principe y Cruz, libres de carga, y subvencionados con la 
asignación referida. Si por subsistir un contrato no pudiera 
disponerse de un coliseo, saqúese a licitación el otro con el to- 
tal de la subvención, hasta que una misma empresa (porque 
debería ser una sola) se encargue de ambos. 

»3.* Que para incluir en el pliego de condiciones los ar- 
tículos de interés literario y artístico, se recomiende tam- 
bién al Gobierno que oiga a una comisión de autores drama 
ticos. 

»Las Cortes convocadas para formar la ley constitutiva 
del Estado, favorecerán con un beneficio inestimable a las le- 
tras otorgando esta petición, base de las reformas que necesi- 
ta nuestro teatro, para que, correspondiendo a sus nobles fines, 
llegue a ser fiel y viva expresión de nuestra cultura, y hábil 
medio de regirla y acrecentarla, así como fue ya palestra hon- 
rosísima donde ganaron sus mejores laureles los ingenios de 
España que dos siglos ha, desde la escena del Buen Retiro, 
eran en su arte maestros del mundo.» 

Firmaban la exposición: Quintana, el Duque de Rivas, 
Bretón, Antonio Hurtado, los Escosuras, Ayala, Suárez Bra- 
vo, Cazurro, Vega, Lasso, Díaz, Segovia, Tamayo, Hart- 
zenbusoh, Dacarrete, Cervino, Príncipe, Fernández-Guerra 
(Aureliano y Luis), Narciso Serra, Ariza, Eguílaz, Vallada- 
res (Luis), Cisneros, Camprodón, Montemar, García de Que- 
Tedo, Calvo Asensio, Gálvez Amandi, Juan de la Rosa, Coupig- 

12 



178 



CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



ni, Rosell, Llano y Persi, Carreras y González, Ruiz del Ce- 
rro, Zea, Diana y Ruiz Aguilera. 

La medicina era la misma, sin más diferencia que la for- 
ma; pues igual daría aplicarla en pildoras que en jarabe, y 
como la situación del Tesoro no resultaba muy halagüeña, las 
Cortes soberanas no se determinaron a tomar ningún acuerdo. 

Conviene hacer constar que no se contó para nada con los 
cómicos. 

Mucho se lamentó la Prensa de la época que vamos histo- 
riando, de la crisis por que atravesaba el teatro; pero después 
de todo, no tenía razón en absoluto, y los autores dramáticos 
contribuían en la medida de sus fuerzas a dar variedad a los 
espectáculos, como lo demuestra el siguiente estado: 

Obras estrenadas eti los teatros de Madrid durante el año 1855. 



TEATROS 



Principe 

Cruz 

Lope de Vega Basilios). . . 

Variedades 

Tirso de Molina (Instituto) 

Circo de Paul 

Genio 

Circo (Teatro del) 

Recreo (figuras mecáuicas) 

Total general 



Originales. 



18 

18 

8 

25 

15 

» 

1 

6 

1 



92 



Traducidas. 



6 
6 
6 

21 
9 
3 
» 

12 



63 



TOTALES 



24 

24 

14 

46 

24 

3 

1 

18 

1 



155 



No era poco 165 estrenos en un año. 

El 17 de Enero de 1866, para conmemorar el natalicio de 
Calderón de la Barca, se hizo una función ajustándose a la 
forma en que de ordinario se verificaban las representaciones 
dramáticas en el siglo xvii, con el siguiente programa: 

Loa compuesta por Hartzenbusch titulada, Z>erec^o« postu- 
mos. — Acto 1.° de La dama duende. — El paso de Las aceitu- 



POR CARLOS CAMBRONERO 179 



fias, de Lope de Rueda. — Acto 2.° de la comedia de Calderón. 
El entremés de Moreto La Mariquita. — Acto 3.° de la citada 
comedia. — La mogiganga de Calderón La muerte, con bailes y 
coros, música de Mollberg. 

Tomaron parte en la representación Teodora, la Carrasco, 
la Tirado, los Romeas, Arjona, Gruzmán y Fernando Ossorio. 

Este escribió, y se representó en Febrero, una comedia en 
tres actos, titulada Por ella, que gustó al, público. 

Marzo. — Por derecho de conquista, de Legouvé, traducida 
por Mariano Carreras. Teodora hizo el papel de la señora Ber- 
narda característica, y Carmen Carrasco la marquesa, acom- 
pañándolas los Romeas, Arjona y Tamayo. 

En el propio mes se estrenó El querer y el rascar, de Nar- 
ciso Serra, por la Carrasco, la Campos, Romea y Ossorio. — 
Navegar a la ventura, arreglo del Kean, de Dumas, por el 
actor García, que hizo el papel de Lord Mewel. Desempeña- 
ron la obra Teodora, la Carrasco, Arjona (que hizo el protago- 
nista), Florencio Romera y Ossorio. 

30 Abril. — El tejado de vidrio, comedia en tres actos, de 
Ayala, «joya de subido precio — decían, — con la que se ha en- 
riquecido la corona de la Talía española». 

Mayo. — La hola de nieve, de Tamayo. No iba mal la pri- 
mavera. 

Junio. — La flor del valle, drama en tres actos, de Luis 
Mariano de Larra. 

La Reina Isabel quiso ver El desdén con el desdén, de Mo- 
reto, y se representó una noche, con gran concurrencia, por 
Teodora y Romea. 

En Setiembre comenzó a actuar una compañía de poca 
importancia, pues la componían las actrices Rodríguez, Sam- 
pelayo, Tirado, Cristina Ossorio y Ramos, y los actores Ma- 
nuel Ossorio, Pizarroso, Boldún, Zamora, Guerra, Bermonet 
y Mario, que figura por primera vez en los carteles. Después 
entró para dar su nombre, porque trabajaba poco, el veterano 
D. Antonio Guzmán. 



180 0RÓMI0A8 DEL TIEMPO DE ISABEL II 

En Octubre estrenaron Garlos IX y los Hugonotes, drama 
en tres actos, de Díaz. 

El pobre Guzmán hizo uu esfuerzo en Diciembre, poniendo 
en escena una de sus comedias favoritas. El enfermo de apren- 
sión^ de Moliere. Fue la última vez que se presentó ante el pú- 
blico, pues falleció en Enero de 1867, poco después de haber 
sido nombrado caballero de la Orden de Isabel la Católica. No 
quedó un buen retrato suyo. 

Fernando Corradi, decía de este actor, en un artículo que 
publicó en La América^ de 12 de Julio de 1863: 

«La Naturaleza, de acuerdo con su ingenio, le había dotado 
de todas aquellas cualidades físicas que necesita poseer la per- 
sona que se dedica al género cómico. De mediana estatura, 
enjuto de carnes, algún tanto encorvado, de miembros flexi- 
bles, de cara larga, de facciones pronunciadas, de ojos expre- 
sivos y picarescos, había nacido para el difícil papel de gracio- 
so. Con todo, a primera vista, parecía de carácter serio, grave 
y aun melancólico. Generalmente hablaba poco, y era algo re- 
servado en su trato. 

»Muchas veces, y cuando menos los espectadores los espera- 
ban, solía emplear uu falsete de especial timbre que movía a 
risa. Poseía el arte de acentuar las palabras del modo que me- 
jor convenía a su objeto y según el género de impresión que 
se proponía causar en los ánimos: es indudable, que varias de 
las que dichas por él tanta gracia tenían, ningún valor hu- 
bieran tenido leídas o pronunciadas por otro cualquiera. Su 
efecto era principalmente debido a la entonación y al sonido 
que sabía darles. Le favorecía hasta su voz misma, algo bron- 
ca y chillona, que hacía pasar alternativamente del tono gra- 
ve al agudo por medio de rapidísimas e imprevistas transi- 
ciones.» 

Diciembre. —Los pobres de Madrid, arreglo de Manuel Or- 
tiz de Pinedo. 

1857. — Manuel Ossorio, que no se achicaba por nada, hizo 
en Febrero Dotí Juan Tenorio, y después El Trovador y El pu- ^ 



POR CARLOS CAMBRONERO 181 

nal del godo. Nosotros, que hemos llegado a conocerle, uo le 
vimos, por fortuna, representar estas obras. 

Marzo. — La redoma encantada, refundida por su autor, con 
decoraciones nuevas de Eusebio Lucini. 

Mayo. — Escenas del Dos de Mayo, drama en un acto, de 
Luis Ribera. 

M camino de presidio^ drama del género de Los pobres de 
Madrid, de Manuel Ortiz de Pinedo. 

Octubre. — Dalila, drama en tres actos y seis cuadros, de 
Octavio Feuillet, arreglado por José María Díaz. Tres arre- 
glos de la misma obra se habían presentado a la empresa. 

El asunto del drama no es bíblico, sino que se desarrolla en 
París entre un tenor, un compositor de música y una coqueta, 
que se escapa con el tenor, y deja morir tísico a su amante el 
músico. Descontento Díaz del final que Feuillet había dado al 
drama, escribió una segunda parte titulada Carnioli, que se 
representó en Diciembre, dando a la picara Dalila su justo 
merecido. El público aplaudió la lección moral; pero dio la 
razón a Cervantes por lo que dijo de que nunca segundas par- 
tes fueron buenas. 

Actuaban en esta temporada la Palma, la Sabater, la Tu- 
tor, Pizarroso, los dos Ossorios, Oloua y Manini. 

Dicho sea sin ofender a las actrices y actores que formaban 
la compañía, ésta no estaba a la altura de lo que exigían las 
tradiciones del teatro, y muy justificadamente el público le 
negó sus favores, por lo que tronó a mediados de Enero de 
1868, y eso que para salir adelante llamaron en su auxilio a la 
Guy Stephan; pero no les valió el socorro, y tuvieron que 
retirarse por el foro, quedando la bailarina francesa dueña de 
aquel clásico escenario. 

En Octubre de este último año citado vino al teatro Vale- 
ro con su Luis XI y demás obras de repertorio, estrenando en 
Octubre Vida por honra, de Hartzenbusch, y en Noviembre 
Las querellas del Rey Sabio, de Eguílaz, obra muy aplaudida 
y que proporcionó buenas entradas. Asistió una noche la Rei- 



182 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

na y habló en su palco con el autor, felicitándole. A Valero le 
regaló uua botonadura de brillantes. 

1869. Febrero. — El tio Pablo o La educación; dos actos, de 
Emilio Souvestre, arreglada por Juan de la Cruz Tirado. 

Marzo. — La culebra en el pecho , tres &ctoa y en prosa, de 
Javier Ramírez. 

En esta obra tomó la alternativa de primer actor Fernando 
Ossorio, representando un papel serio, cuando siempre se había 
dedicado al género cómico. La comedia, quizá sin leerla, se la 
había rechazado la empresa al autor; pero la circunstancia de 
ser amigo, desde la niñez, de Ossorio, obligó a éste, por afecto, 
a que se interesase en favorecer a su antiguo camarada, y con- 
siguió ponerla en escena, desempeñando el papel principal, con- 
trario a las facultades únicas que el público hasta entonces re- 
conoció en el gracioso de la compañía. Su rasgo de amistad fue 
motivo indirectamente de que obtuviese la mayor ovación de 
su carrera artística. Era joven, pues apenas contaba treinta 
años, y su carácter, siempre jovial y cariñoso siempre, le había 
hecho conquistar el aprecio de cuantos le trataban. Estudiaba 
y leía mucho; escribía con corrección y buen gusto, y tenía, 
además, condiciones de dibujante. Una noche, en un entreac- 
to, hizo en el álbum de Jenaro Villamil, su amigo inseparable, 
el retrato de Joaquín Arjona, con un parecido perfecto. 

En La culebra en el pecho se dio a conocer como maestra 
en los papeles de característica la Balbina Val verde, a quien 
tanto hemos aplaudido en el escenario del Teatro Lara. 

Don Eugenio de Ochoa dice, eu una revista, que La cule- 
bra en el pecho tiene inverosimilitudes, pero que los caracteres 
están pintados de mano maestra, y por esto se salvó. La cule- 
bra a que hace referencia el título es una hipertrofia que pa- 
dece Don Fernando^ el protagonista de la obra, la cual enfer- 
medad se agrava, hasta causarle la muerte, por efecto de sus 
malas pasiones eu que predominan el egoísmo y la avaricia. 
La senda de espinas^ drama en tres actos, de Ferrer delRío. 
Manuel Catalina formó compañía, para actuar en la tem- 



POK CARLOS CAMBRONERO 183 

porada de 1869 a 1860, compuesta de las partes principales si- 
guientes: Josefa Palma (casada ya con Florencio Romea), Sal- 
vadora Cairón, Pepita Hijosa, Concha Sampelayo, Balbina 
Valverde (para hacer característica, y eso que era joven y no 
fea), Adelaida Zapatero, José Calvo, Juan Catalina, Eduardo 
Iroba, Tomás Infante, Emilio Mario y primer actor del géne- 
ro cómico el ya popular Mariano Fernández. 

En Octubre hicieron M rey de bastos, en tres actos, de 
Pérez Escrich; La hipocresía del vicio, de Bretón, que iba per- 
diendo sus lozanías, y La caza del gallo, de García Santisteban, 
que comenzaba a tenerlas, aunque en grado inferior al otro. 

También tocó el empresario la nota patriótica con ocasión 
de la guerra de África, y puso en escena Los moros del Rif, en 
tres actos, de Carlos Peñaranda, comedia desempeñada por 
las partes principales de la compañía, En y Ceuta y en Marrue- 
cos, pieza en un acto, de Manuel de la Puerta Vizcaíno, con 
música de José E.ogel. 

TEATRO DE LA CRUZ 

La empresa no pudo hacer frente a la competencia de los 
demás teatros, a pesar del atractivo que ofrecía la Nena, y 
tuvo que suspender las funciones hasta Marzo de 1860, que 
abrió las puertas de este coliseo con Mateo o La hija del Es- 
pañólelo, a lo que siguió El zapatero y el rey (2.* parte) y El 
Castillo de San Alberto. En la compañía figuraban Joaquina 
Baus, la Carrasco, la Andrade, Arjona, Ayta, José Tamayo y 
José María Fuentes, que era primer actor. 

Estrenaron una comedia de magia. Los pecados capitales, 
con nueve decoraciones nuevas de Couseau y de Contier; mú- 
sica de Oudrid; bailes dirigidos por Victorino Vela; maquina- 
ria de José Trasorras, y vestuario de Juan Planas. Esto dio 
algunas entradas; pero hubo necesidad de renunciar a la ex- 
plotación del teatro en aquella temporada, y permaneció cerra- 
do durante todo el verano y el principio del invierno. 

En Diciembre se abrió con una compañía infantil que hi- 



184 CRÓMÜAS DEL TIEMPO OE ISABEL II 

cieron La aurora del Sol Divino, o El nacimiento del Hijo de 
Dios, drama sacado del que escribió con el mismo título don 
Francisco Jiménez Sedeño. Música de Ovejero. Las butacas 
10 reales. 

Olona contrató una compañía de actores franceses para dar 
funciones en este teatro, y, según decían, le costaba 10.000 
francos mensuales. La primera se verificó el 3 de Noviembre 
de 1861, con V unión des arts, prólogo compuesto para la no- 
che de la apertura, y Genevieve, comedia de Scribe. Después 
hicieron Un dud sous le Cardinal de Richeliu, drama en tres 
actos, de Lokoy (traducido por Larra con el título de Un de- 
safio o Dos horas de favor); Les deux divorces, vaadeville; La 
niarraine, un acto; Le henefíciaire, cinco actos; Valerie ou La 
jeuiie aveugle, de Scribe, tres actos; Memoires du diable, etcé- 
tera, etc. Figuraban en la compañía M."*" Lobry y Meraux y 
MM. Néstor, Robert, Bernard y Francisque. 

El Precursor censuró a la compañía francesa, diciendo que 
las comedias que ponían en escena repugnaban a las buenas 
costumbres y ofendían la sana moral, en el cual concepto se 
encontraban Indiana y Charlemagne, Les premieres armes de 
Richelieu y Le caporal et lapayse. Incomodados los actores Ro- 
ber y Bernard, dirigieron una carta, en términos algo duros, al 
periódico, retirándole la tarjeta de entrada al teatro; la Prensa 
se puso de parte de El Precursor, y se armó una trapatiesta 
que terminó dando la empresa explicaciones y echando tierra 
al asunto. Después de todo, la compañía gustó, porque estuvo 
más de dos meses actuando en el teatro. 

En Enero se presentó un nuevo actor, Mr, Laferriére, con 
Elle est folie, en dos actos, y Un premier debut ou Vamour et la 
comedie, vaudeville en un acto. Adquirió, sin duda, Laferriére 
muchas simpatías, porque le dieron en 7 de Febrero un bene- 
ficio, en el que trabajaron Matilde y Romea; representaron 
Alza y baja, de Olona, y bailó la Fanny Cerito. El beneficiado 
hizo el acto segundo de Hamlet, imitando al trágico inglés 
Mecreadi. 



POR CÁELOS CAMBRONKRO 185 

En 7 de Marzo vinieron a este teatro Dardalla y Lumbre- 
ras con una compañía de segundo orden; pero visto el buen 
resultado que había ofrecido la compañía francesa, la empresa 
trajo otra en Setiembre de 1852, de cuya lista ofreceremos al- 
gunos datos, por curiosos, según se presentaban en el cartel: 

Mr. Daiglemont, Directeur. — Mr. Godin, Regisseur gene- 
ral. — Mr. Delamarre, Souffleur. — M.™® Felice Hany: Premieres 
et jeunes premieres roles en tous genres. — Carolina Talini, igual 
categoría que la anterior. — Elise Picard, Premieres amoureu' 
ses et jeunes premieres. — M."® Daiglemont, Soubretes en tous 
genres. — M.™® Martín: Duegnes et méres nobles. — M.™® Pazz, 
Grandes coquettes. 

Los Monsieures, por el mismo estilo: Daiglemont, Michaux, 
Martin, Daresnes, etc., etc. 

Hicieron un repertorio distinto del que había representado 
la anterior compañía. 

Las butacas, 16 reales. 

En la primavera de 1852 se formó, para trabajar en este 
teatro, una compañía de segundo orden, con las actrices Jose- 
fa Paz, Antonia Valero, Isabel Sabater y Jacinta Cruz, y los 
actores Rafael Farro, Juan Catalina, Ramón Cubero, Mariano 
Fernández y Antonio Vico, característico. Echaron mano del 
repertorio. 

1853. Setiembre. — Reformada la compañía con la Josefa 
Rico, y substituyendo Baño vio a Fernández, hicieron El honor 
de la casa, traducción de Ramón Valladares y Saavedra. Tam- 
bién representaron Matamuertos y el cruel, pieza antigua del 
género andaluz, escrita por Eduardo Asquerino. 

Noviembre 2. — No hay plazo que no se cumpla ni deuda que 
no se pague, comedia antigua, de D. Antonio Zamora, refun- 
dida en cinco actos. El día de Todos los Santos no había fun- 
ción en los teatros. Esta obra no debió de producir entradas, 
porque el día 4 hicieron El terremoto de la Martinica. 

1854. — El 2 de Febrero fué la Reina Cristina a ver repre- 
sentar Los perros del monte de San Bernardo, y llevó a sus hi- 



186 ORÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



jas la Condesa de Vista Alegre y la Marquesa del Castillejo. 

Mayo. — La noche del Viernes Santo, drama en tres actos, 
traducción, por Valladares, del que escribió Feliciano Malesfi- 
lles, con el título de Les paysannes des Alpes. 

Agosto. — Función a beneficio de los heridos en los días 17 
y 18 de Julio con motivo de la Revolución. Se hizo De fuera 
vendrá, de Moreto, cuyo título podía ser alusivo a la situación 
del Conde de San Luis, quien se vio obligado a presentar la 
dimisión del Gabinete que presidía, sucedióndole el General 
Espartero, que vino de fuera de Madrid. Se estrenó un baile 
nuevo, Petra la Sevillana, con música escrita para la propia 
Petra Cámara, por Gaztambide y Barbieri. Terminó la fiesta 
con la famosa rondalla del Sitio de Zaragoza. 

1854. Octubre. — Se formó una compañía, compuesta de la 
Palma, la Fenoquio, la Carrasco, los Romeas, Pizarroso y Río; 
y la Petra Cámara con Guerrero de bailarines. Por este mes 
hicieron La pata de cabra, desempeñando el protagonista An- 
tonio Guzmán, después de muchos años que había dejado de 
representar la comedia. 

Noviembre. — ¡Creo en Dios! Drama en cuatro actos de José 
María Díaz. Buen éxito. Este mes se estrenó Monlc o el salva- 
dor de Inglaterra (arreglo en cinco actos), por la Carrasco y loa 
Romeas. 

Diciembre. — Con el diablo a cuchilladas, tres actos, verso, 
de Narciso Serra. 

1865. Febrero. — Hartzenbusch corregía mucho sus obras, 
de tal manera, que nunca quedaba satisfecho. Refundió Los 
polvos de la madre Celestina, que se reprisó, como decimos aho- 
ra, con veinte decoraciones nuevas, desempeñada por la Car- 
men Carrasco, la Fenoquio, Florencio Romea, Pizarroso y 
Río, que hacía el papel de Do7i Junípero. 

El 17 de aquel mes quedó Madrid a obscuras. Parece que 
con motivo de pertinaces lluvias, se hundió un trozo del empe- 
drado de la calle de Zaragoza, rompiendo la cañería del gas, 
lo que ocasionó el incendio de una tienda. El Gobernador, 



POR CARLOS CAMBRONERO 187 



como medida previsora para no fomentar la duración del si- 
niestro, mandó a la fábrica cortar la conducción del fluido, aun 
sabiendo que la población iba a quedar sin alumbrado. 

En el teatro de la Cruz se improvisó la iluminación por me- 
dio de bujías, y así se representó el último acto de Los polvos 
de la madre Celestina. 

Dos días después, el 19, a última hora de la tarde, se puso 
enfermo repentinamente el gracioso Río (1), y Julián Romea 
se encargó del papel de Don Junípero, sin haberlo estudiado y 
sin preparación alguna. Estuvo admirable, y el público llenó 
durante muchas noches las localidades por ver a D. Julián en 
un papel tan fuera de su cuerda. 

Mayo. — El alma del rey García, drama en tres actos, de 
Narciso Serra. No hizo buen efecto, y Romea no estuvo más 
que regular. 

1856. Enero. — Juan el tullido, melodrama en tres actos y 
en prosa, de Enrique Pérez Escrich. 

Trabajaron en este teatro Antonia y Asunción Scappa, la 
Menéndez y la Arbó, y los actores Alverá, Pardiñas, Olona, 
Bermonet y Benedí. 

Desde esta época apenas vuelve a abrirse el teatro más que 
en períodos cortos y con compañías de poca importancia. 

TEATRO DEL CIRCO 

El 5 de Febrero de 1851 dieron Romea y Matilde &a el Circo 
una|función a beneficio de los pobres de la parroquia de San 
Sebastián, haciendo Casa con dos puertas y La pena del Talión, 
trabajando por primera vez en compañía de ellos el actor Ma- 
nuel Catalina, que en la obra de Calderón hacía el papel de 
Lisardo. Este es un dato para su biografía, o, mejor dicho, para 
la biografía de los tres. 



(1) Río había venido a Madrid en Octubre de 1852, después de haber 
conquistado buena fama en provincias. Gustó mucho. 



188 GRÓNI0A8 DEL TIEMPO DE ISABEL II 



En este teatro fue donde las zarzuelas adquirieron su des- 
arrollo e importancia. Véase lo que decimos en el capítulo co- 
rrespondiente. 

Agosto de 1864. — En el beneficio de los heridos de la revo- 
lución de Julio, el joven de quince años Joaquín Manini recitó 
un monólogo patriótico^ con acompañamiento de coros y baile, 
compuesto por Ayguals de Izco: se titulaba Un héroe de las 
barricadas. 

Cuando los zarzueleros abandonaron el Circo de la plaza 
del Rey, lo tomó Julián Romea con una compañía en que figu- 
raba como primera actriz Teodora, y en que estaban la Cam- 
pos, la Merceditas Buzón, Florencio Romea, Arjoua, Mariano 
Fernández, Victorino Tamaj'o y otros. Andaban mal de obras, 
por cuanto en Febrero de 1867 echaron mano de El campanero 
de San Pablo. En Abril cambió la suerte, y les dio buenas en- 
tradas La escala de la vida, de Rubí, y no les fué mal con Su- 
sana, comedia en cinco actos, traducción, por José María Gar- 
cía, de Le demi- monde, de Alejandro Dumas (hijo). 

En Junio hicieron El paraíso perdido, de Enrique Cisneros, 
y resucitaron la segunda parte de El soldado fanfarrón, sai- 
nóte en que se lucían Mercedes y Mariano (1). 

Noviembre. — El hijo pródigo, primera producción dramá- 
tica de Pedro Antonio de Alarcón. 

Conchita Ruiz, primera bailarina del teatro del Circo, era 
una muchacha muy dispuesta, y en Junio de 1857 se aventuró 
a tomar parte en un juguete cómico -lírico -bailable que escri- 
bió Pedro Nieto de Sobrado para el beneficio de ella. Cantó, 
declamó y bailó con Mariano Fernández, consiguiendo muchos 
aplausos. El juguete se titulaba Concha. 

Durante el verano de 1857 suspeudió, como era natural, sus 
representaciones la compañía que actuaba en el teatro de lá. 
Zarzuela, y aprovechando la costumbre que el público tenía 



(1) Es del tiempo de Carlos IV; lo escribió González del Castillo y tiene 
cuatro partes. 



POR CARLOS OAMBRONERO 189 

de ver este género en el teatro del Circo, una empresa, a cuyo 
frente estaba el maestro compositor D. Sebastián Iradier, re- 
unió unos cantantes para dar algunas representaciones cómico- 
líricas hasta el mes de Setiembre, presentando un cuadro no 
despreciable, en que figuraban la Teresa Rivas, la Laura Gar- 
cía, José Escríu, Mariano Fernández, Ricardo Morales y Joa. 
quín Becerra. 

1867. — El 23 de Julio debutó ante el público de Madrid el 
joven barítono Tirso Obregón, con la zarzuela ya conocida 
Moreto, obteniendo buena acogida. 

Agosto. — El hijo del reijimiento, zarzuela en tres actos, 
arreglo de Victorino Tamayo y música de Oudrid. 

En este mes se verificó la rentrée de Amalia Ramírez con 
un gran éxito. De ella decía Nemesio Fernández Cuesta en una 
revista. «Llegó, la vimos y venció.» 

Setiembre. — La colegiala, zarzuela en un acto, letra de 
Alejandro Rinchán y música del maestro Mollberg. 

La simpática tiple Amalia Ramírez se escrituró para Amé- 
rica, y antes de marchar dio una función de despedida en el 
teatro del Príncipe (Noviembre de 1857), con La colegiala y una 
canción muy popular que se titulaba La Juanita, de Iradier. 

Otra vez la Concha Ruiz. En la noche de su beneficio (Eneiío 
1858) desempeñó el principal papel de la comedia en tres actos 
Antaño y hogaño, bailando una muñeira con Mariano Fernán- 
dez, música de Oudrid. En Abril representó y cantó con Ma- 
riano Buenas noches, señor don Simón. 

1858. — En Mayo se formó una compañía de zarzuela para 
dar representaciones durante el verano, con la Eloísa Morera, 
la Ramona García, Manuel Sanz, Tirso Obregón y Mariano 
Fernández. 

En Junio hicieron La pata de cabra ^ arreglada para zar- 
zuela, con música de Oudrid, y El Vizconde de Letoriére, arre- 
glo de José María García con música de Fernández Caballero. 
Se presentaron el bajo José Olave y el tenor cómico Fernan- 
do Martorell. Estas zarzuelas no gustaron. 



190 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Octubre. — Volvió la compañía de invierno, compuesta de 
los Romeas, los Arjonas, Tamayo, Morales, Teodora y Pepita 
Hijosa, obteniendo un éxito ruidoso en El hijo de la noche, dra- 
ma espeluznante en ocho cuadros, con decoraciones que llama- 
ron mucho la atención. Como Arjoua era tan condescendiente, 
substituyó en su papel a Romea, después de haber estrenado 
éste la obra, para que descausase. 

Noviembre. — La oración de la tarde, drama en tres actos, 
de Luis Mariano de Larra, por la Amalia Gutiérrez, la Felipa 
Orgaz y la Pepita Hijosa, Romea, Tamayo, Sobrado y Mo- 
rales. 

Los críticos notaron en esta obra alguna reminiscencia de 
El cura de aldea, de Escrich, reminiscencia que otros expli- 
caban por haber coincidido en el mismo pensamiento los dos 
autores; pero un tercero haciendo de arbitro entre ambos orí- 
ticos, apuntó la idea de que quizá los dichos autores hubieran 
en efecto, coincidido en tomar su idea de alguna obra del tea- 
tro francés. 

Diciembre. — Por ser ella sin ser ella, comedia en cuatro 
actos, de Scribe, traducida por Ortiz de Pinedo y por Cuende. 
1859. Enero. — La calle de la Montera, en tres actos y en 
■verso, de Narciso Serra, con una decoración nueva, pintada 
por Ramón Romea. La representaron Pepita Hijosa, los Ro- 
meas, Tamayo y Mariano Fernández. 

Matilde Diez entró a formar parte de la compañía a ijiitad 
de temporada, y salió a escena por primera vez después de su 
viaje, el 3 de Febrero de 1859 con la obra de Rubí, Borrascas 
del corazón, título a propósito para su situación de ánimo. Ha- 
bía llegado a Madrid el 1.° de Enero, y debió hacer las paces 
con su esposo, pues se contrató por 40 funciones, en todas las 
cuales trabajó con él, y terminado el abono, la empresa abrió 
otro de 15 para concluir la temporada. 

Matilde era la actriz por excelencia, la más general de cuan- 



(1) Eu El Mundo Pintoresco. 



POR CARLOS CAMBRONERO 191 

tas hemos conocido haciendo con primores de maestra todo 
género de papeles. Decía de ella nuestro amigo Julio Nom- 
bela (1): 

«Madrid, Barcelona, Granada, Málaga, Sevilla, Cádiz, y 
por último, las vírgenes y entusiastas ciudades de América 
hispana, han rivalizado en rendirla tributos; los poetas han 
cantado a la artista; flores y coronas sin cuento han caído a 
sus pies; se han hecho medallas en su honor; se han apurado 
las más fantásticas invenciones para manifestar la admiración 
que ha sabido inspirar el público.» 

Marzo. — Se estrenó la comedia de Scribe, BataiUe de da- 
mes, arreglada al castellano por D. !Ramón Luna, con el títu- 
lo de Perder ganando. 

Mayo. — Camino del matrimonio, en un acto, beneficio de la 
Hijosa, que representaba cuatro distintos caracteres. 

Para el beneficio de Matilde se hizo La esclava de su galán, 
de Lope, refundida por Hartzenbusch. Trabajaron juntos los 
dos esposos. 

En Setiembre vinieron a este teatro Teodora y Valero, con 
la novedad de presentar una nueva y hermosa actriz, la Adela 
Alvarez, que salió con La llave de oro, de Eguílaz. 

Octubre. — Angelo, tirano de Padua, de Víctor Hugo, re- 
fundida y arreglada. Formaban parte de la compañía la Car- 
men Fenoquio, Pizarroso, Ricardo Morales y Chas de La- 
motte. 

3 Noviembre. — El éxito de la temporada fue La Campana 
de la Almudaina, de Palau y Coll, por Teodora, Rosa Tenorio 
y Valero. «No es obra perfecta — decía un revistero, — pero los 
finales de los actos segundo y tercero tienen situaciones de 
una fuerza incomparable, de un efecto mágico y tremendo. La 
originalidad y valentía de la obra nos ha dado a conocer un 
poeta de primer orden.» La obra estaba corregida por Eguí- 
laz: se lo oímos decir al corrector. Palau escribió poco. 

Noviembre. — ¡Santiago y a ellosl, apropósito en tres actos, 
de Eguílaz, escrito de prisa y corriendo, con motivo de la gue- 



192 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

rrade África. La representaron la hermosa Adela Alvarez, la 
encantadora Rosita Tenorio, Valero y Pizarroso. 

TEATRO DEL INSTITUTO 

Según el decreto del Conde de San Luis, este teatro se ha- 
bía de denominar de Ja Comedia; pero nadie le designaba con 
este título. 

Aquí predominó, como al fin de la década anterior, el gé- 
nero andaluz, porque estaba al frente de la compañía José Ma- 
ría Dardalla y porque el público lo recibía bien. Dardalla es- 
taba inimitable en este linaje de comedias y aun de dramas, 
por más que no sabía hacer otra cosa. Cuando los espectado- 
res le veían salir a escena de frac, se echaban a reir. Acompa- 
ñaban al Director Josefa Hernández, Francisca Monterroso, 
María Velázquez, Francisca Arjona, José Ortiz, Ramón Agui- 
rre, Manuel Prat, José Banovio y José Alverá. 

Estrenaron en 1860: 

¡Andújar^ comedia en tres actos y en verso, de José Sanz 
Pérez, con algún número de música de Oudrid. 

¡Es la Chancha de Sánchez del Arco, en un acto. Casi po- 
demos conceptuar esta obra como zarzuela, porque la Sama- 
uiego cantaba en ella tres canciones compuestas por Soriano 
Fuertes. 

Cada mochuelo a su olivo, en un acto, de Fermín Salvoe- 
chea. 

Diego Corrientes, en tres actos; Llueven bofetones, Por no 
escribirle sus señas, La pensión de Venturita y E. H., en un 
acto. Seguía bailando la Pepa Vargas, y en Mayo contrataron 
a la Nena. En Junio se reformó la compañía, y trajeron a Va- 
lero (1), que salió el 18 de aquel mes, haciendo el consabido 
Luis XI, traducción de D. Pedro Gorostiza, con María Llo- 
rens, Amalia Gutiérrez, Juan Alba, Manuel Pastrana y otros. 



(1) Habitaba, León, 25, principal. 



POR CARLOS CAMBRONERO 193 



En Octubre se vuelve a reformar la compañía, entrando los 
Arjonas, Oltra, Alisedo y Pardiñas, la Juana Samaniego, la 
Lorenza Campos y la Adela Guerrero, estrenando El marido 
duende, comedia en tres actos, imitada de Scribe, por Eamón 
Navarrete. 

En Noviembre hicieron Criminal y honrada a un tiempo, 
comedia en tres actos, original de un oficial de carpintero. Se 
representó dos noches. 

Para aprovechar las Pascuas de Navidad pusieron en esce- 
na Urganda la desconocida, de Sánchez del Arco, comedia de 
magia en tres actos, con decoraciones de Cosseau, maquinaria 
de Antonio Domínguez, vestuario de José Ildefonso Guerrero 
y música de Hipólito Gondoys. 

El 24 de Diciembre hicieron La sorpresa, o guasa con gua- 
sa se cura, humorada en la que Dardalla desempeñaba un ca- 
racterístico papel de gitano; la Vargas y Guerrero bailaban 
un jaleo, se cantaban unos villancicos, de Soriano Fuertes y 
concluía bailando las ^a6a. verdes todo el que estaba en el 
escenario. En aquellos días se representó la segunda parte de 
El tio Ptnini (1), en la que tomaba parte la Pepa Vargas, ha- 
ciendo el papel de Coneja, y bailando los pasos españoles más 
aplaudidos por el público. La música era de Soriano Fuertes 

El autor, D. Francisco Oltra, aparece en Junio de 1851, 
haciendo el papel principal de la comedia en tres actos, Don 
Trifón, o todo por el dinero. 

En este mes se estrenó Los millonarios, de García Gutié- 
rrez, y mas adelante, Mercadet, comedia en tres actos, obra 
postuma de Balzac, traducida por Francisco del Villar. 

1852. Octubre.— Cdmo se rompen palabras, comedia en tres 
actos y en verso, de Cayetano Suricalday y Narciso Serra. 

18o3. Noviembre.-Vino a este teatro una compañía fran- 
cesa que hacía comedias y vaudevilles, conquistando muchos 
aplausos M lle. Celina Montaland. La fíeina Cristina asistió al- 

(1) La primera se había hecho en el año anterior. 

18 



194 0RÓNI0A8 DEL TIEMPO DE ISABSL II 

gunas noches, y con este motivo se empedró la calle, y se quitó 
un guardacantón (que había a la entrada de la de Atocha) 
para que pudiera pasar el carruaje. 

1854. Octubre. — La jornada de Julio en Madrid, drama en 
tres actos y un prólogo, por Suricalday y Palacios. El prólogo 
y los actos tenían cada uno título partic(jlar: La batalla de Vi- 
cdlvaro, La noche del 17, El día 18, Las barricadas del 19. 
Concluyó con la célebre Rondalla, de Oudrid. 

Eq Noviembre los del Instituto dieron otro golpe a la cuerda 
patriótica poniendo en escena Don Rafael del Riego, en cinco 
actos y en prosa, por Ramón de Valladares y Saavedra. El 7 
de dicho mes de Noviembre se conmemoró la muerte de Riego, 
asistiendo al teatro el Duque de la Victoria. 

Eü Octubre de 1855 cambió este teatro su nombre por el 
de Tirso de Molina, y se inauguró con una compañía de segun- 
do orden, haciendo obras de repertorio. 

1867 Diciembre. — El perro de Montargis o La selva de 
Bondi, melodrama arreglado del francés por Vicente Lalama. 
Este era un editor de obras dramáticas, que solía comprarlas 
antes del estreno, en condiciones, naturalmente, favorables a 
su bolsillo. 

TEATRO DE VARIEDADES 

En el capítulo Zarzuelas, de la década anterior, se habrá 
vi.sto que el teatrito de Variedades fue el que resolvió, con la 
representación de M duende, en 1849, el pleito en favor de la 
zarzuela española; y alentados por el éxito asombroso de aque- 
lla obra, procuraron los de la empresa menudear representa- 
ciones de un género que proporcionaba buenas entradas. 

Tenían al propio tiempo compañía de verso, y estrenaron 
en la segunda mitad de la temporada, es decir, en los prime- 
ros meses de 1850, El memorialista y La cabeza a pájaros, 
traducciones de Olona; Con razón y sin razón, de Juan de la 
Rosa González, y Con un palmo de narices, comedia en tres 
actos, original de Juan Catalina, el hermano de Manuel. Este 



POR GARLOS CAMBRONERO 195 

interpretaba admirablemente, según tuvimos ocasión de ver, 
años adelante, la citada pieza La cabeza a pájaros. 

El teatro, que se había ido construyendo a retazos, sin un 
plan determinado, no ofrecía la seguridad necesaria, y habién- 
dolo reconocido un arquitecto, por orden del Gobierno, ordenó 
éste, en 30 de Abril, que se suspendieran las funciones. A fin 
de cumplir con el Reglamento del Conde de San Luis, toda 
vez que el teatro de Variedades estaba considerado oficialmen- 
te como supernumerario de la Comedia {Instituto), hubo que 
pedir autorización para trasladarse la compañía a otro local, y 
fue concedida, habiendo elegido al efecto el nuevo teatro de 
los Basilios. 

El edificio sufrió una reforma general, y quedó en condicio- 
nes de seguridad para contener y resistir algunos cientos de 
espectadores; pero no creemos que se construyera de nuevo, 
pues no parece que hubo tiempo suficiente para verificar la 
edificación total desde 30 de Abril, en que se ordenó su clau- 
sura, hasta 12 de Setiembre, en que abrió de nuevo sus puertas. 
Este día se hicieron El remedio del fastidio, comedia en tres 
actos; Dos a dos, pieza en uno, y un baile por la Cámara y 
Ruíz. En adelante, siguieron promiscuando el verso con la 
zarzuela, para lo cual contaban con Manuel Catalina y Paco 
Salas. 

La empresa de Variedades vino a hacer un flaco servicio a 
la del Principe, porque contrató por un número determinado 
de funciones, que luego se prorrogaron convenientemente, a 
Matilde Diez y su esposo Julián Romea, presentándolos el (> 
de Febrero de 1851, con la comedia de Calderón, Gasa con dos 
puertas. 

El 22 de Febrero dijeron que se despedían, con la comedia 
de Tirso, Desde Toledo a Madrid, refundida por Bretón y 
Hartzenbusch; paró luego hicieron La mogigata, de Moratín; 
Amor de madre. El ramillete y la carta, y alguna del teatro 
del siglo xvii, al que Matilde y Romea eran tan aficionados. 
Para librar del servicio militar a un hijo de Teresa Baus, 



196 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



organizó Salas una función en este teatro, en la forma siguien- 
te: Marcela, por Teodora, Pepa Rizo, Arjona, Calvo, Pizarro- 
so y Boldún; Tramoya, zarzuela, por la Latorre, la Rizo y 
la Bardan, Salas, González y Aznar; terminando con el baile 
La perla sevillana, por la Senra y Paco Sevilla. La función se 
verificó el 2 de Setiembre de 1851. 

La compañía que había trabajado en los Basilios vino en 
Setiembre a Variedades: Teodora, Arjona, José Calvo y Es- 
teban del Río, que era un buen gracioso. Principiaron con 
Adriana, que tan buen éxito había tenido en el otro teatro, y 
el 8 de Octubre de 1852 se presentó por primera vez Merce- 
des Buzón con El a7iillo del rey, de Antonio Hurtado, ya co- 
nocida. 

Noviembre — Angela, de Tamayo. 

Diciembre. — El peluquero de S. A., en tres actos y en pro- 
sa, de Fernández-Guerra (Luis), Tamayo y Cañete: obra de 
Pascuas, 

En Diciembre de 1854 se hacía en este teatro un melodra- 
ma de D. Juan Belza, titulado Los contrabandistas del Piri- 
neo, por la Matilde Duelos, Manuel Ossorio, Manuel Jiménez 
y Antonio Zamora. Las compañías que actuaban aquí eran ya 
de segundo orden; en 1855 trabajaban la Concepción Ruiz, 
Francisco Corona y José Aznar. 

Durante los años 1857 y 1858 representaron en este teatro 
varias compañías francesas, bastante favorecidas del público. 
En Euero de 1858 hicieron Bataille de dames, ya conocida del 
público de Madrid. 

La compañía estuvo todo el invierno, y durante la tempo- 
rada siguiente vino otra, que también obtuvo buenas ganan- 
cias. El 9 de Febrero de 1859 asistió al teatro de Variedades 
el Príncipe Adalberto de Ba viera, para ver los vaudevilles 
Un monsieur que suit les femmes y La corde sensible, que fue- 
ron interpretados por Mme. Persenot y los Sres. Fanet y Do- 
uatieu. Mr. James cantó Le beau Nicolás. 



POR CARLOS CAMBRÓN KRO 197 



TEATRO DE LOS BASILIOS 

Todo el edificio que había sido convento de San Basilio, 
en la calle del Desengaño, con vuelta a Valverde y Barco, se 
destinó, después de la exclaustración de los frailes en 1836, a 
diferentes industrias, y a la iglesia le tocó transformarse en 
teatro. Dicen que se le dio forma elegante y bella y condicio- 
nes acústicas excelentes; pero decorándolo con excesiva senci- 
llez, pues su propietario, el Conde de Oastejón, quiso realizar 
la reforma con cierta economía. 

Allá se fue a estrenarle en 4 de Mayo de 1850, la compañía 
de Variedades, cuando tuvo que abandonar su teatro de la 
calle de la Magdalena porque se venía abajo, y excusado pa- 
rece manifestar que habiendo dado El Duende cien noches 
de entrada en el local donde se estrenó, en el nuevo coliseo, 
por agradecimiento y por conveniencia, siguieron haciendo 
El Duende una temporadita. Manuel Catalina y Jiménez re- 
presentaron Noche toledana, y Salas cantó una canción, com- 
puesta por él, titulada El cigarrero. 

Para la inauguración pusieron en escena Con razón y sin 
razón y Gloria y peluca. 

Las lunetas costaban 12 reales. 

Estrenaron, amén de algunas zarzuelas, de que damos 
cuenta en la clase correspondiente, Trampas inocentes, pieza 
en un acto, de Auset, donde la Samaniego cantaba una can- 
ción compuesta por Hernando. 

Terminada la construcción o reforma del teatro de Varie- 
dades, la compañía abandonó el de los Basilios, trasladándose 
a su antiguo local en 7 de Setiembre del mismo año 1850. 

Poco tiempo después lo tomó una compañía dramática, en 
la que figuraban Juan Lombía, Facundo Aita, Caltañazor, la 
Concepción Ruiz y la Sampelayo, poniendo en escena Maese 
Juan el espadero, de D. Francisco Cea; Mateo o la hija del Es- 
pafloleto, en que Caltañazor hacía el papel principal, que es 



198 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

serio; Donjuán Tenorio, cuyas represen f.acioj! es no comenza- 
ron hasta el día 6 de Noviembre, y El diablo predicador, en 
que Caltañazor tomó a su cargo el protagonista. 

Para atraer gente representaron Treinta años o la vida de 
un jugador, de repertorio, y La selva del diablo, drama en cin- 
co actos, traducción; con tres decoraciones nuevas, de Avrial. 
En Febrero de 1861 estaba de primera dama María Delgado. 
En Agosto de 1861, una sociedad de jóvenes dio unas cuan- 
tas representaciones de ópera; después actuó en este teatra 
una compañía dramática, dirigida por Joaquín Arjona, y en la 
que estaba de primera actriz Teodora Lamadrid. Arjona, que 
era aficionado a Morafcín, hizo El si de las niñas, y su favorita 
El agente de policía, traducción de Bretón de los Herreros. 

El gran acontecimiento de la temporada en este teatro fue 
el estreno de Adriana de Lecouvreur , de Scribe, drama en cua- 
tro actos, traducido por Ventura de la Vega. Esta obra pusa 
de relieve todo el valor artístico de Teodora, y fijó su reputa- 
ción de j»rimera actriz. Se estrenó el drama el 14 de Noviembre 
de 1861. Dijeron que tenía escenas bastante inmorales. 

El día 1.° de dicho mes, o sea en la Fiesta de Todos los 
Santos, se puso en escena Don Juan Tenorio. Es la primera vez 
que se representó en dicho día, y a propio intento, este drama 
religioso-fantástico. 

1862. Enero. — La escuela del matrimonio, tres actos, de 
Bretón. 

Febrero. — El anillo del rey, drama en tres actos, de Anto- 
nio Hurtado. 

Para el día 3 de dicho mes, con motivo del nacimiento de 
la Infanta Isabel, prepararon Cañete y Tamayo una loa, titu- 
lada La esperanza de la patria; pero el atentado del cura Me- 
rino retrasó su representación hasta el día 16. 

Marzo. — Espinas de una flor, de Camprodón. Romea se 
marchó del Principe, y con su compañía se vino a los Basilios^ 
cuyo local reformó en parte, poniendo butacas nuevas, ensan- 
chando la puerta de entrada y arreglando el decorado. Quita 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 199 



el nombre de Teatro del Drama, que impropiameute tenía el 
coliseo, y le puso el de Lope de Vega, que fue el definitivo. Se 
inauguró el 16 de Setiembre de 1853, con Amantes y celoso», 
comedia de Lope, por la Palma, la Chafiuo, la Sampelayo, él, 
Pizarroso y Boldún. Siguiendo la costumbre establecida, puso 
cuerpo de baile, dirigido por la Nena y Ruiz. A Romea no le 
desagradaba el teatro del siglo xvii, ni al público tampoco, 
pues en aquella temporada se representaron Garda del Casta- 
ñar, de Rojas; De fuera vendrá, de Morete; La villana de la 
sagra, de Tirso; El lindo Don Diego, y Trampa adelante, 
ambas también de Morete. 

1854. Febrero. — La boda de Quevedo, comedia en tres actos, 
de Narciso Serra, produjo delicada y grata impresión. Se ha- 
bía, por entonces, hecho Don Francisco de Quevedo, de Floren- 
tino Sanz; ¿Quién es ella?, de Bretón, y una broma de Queve- 
do, de Eguílaz; de modo que podía calificarse de atrevimiento 
el sacar otra vez a escena a Quevedo; pero Serra supo dar tal 
variedad y gracia a su comedia, que el público la recibió bien, 
pasando por alto las inverosimilitudes del argumento. El Que- 
vedo de Sanz es el único serio y bien estudiado; los demás si- 
guen la corriente vulgar, y le presentan con ese carácter esen- 
cialmente festivo que el pueblo le atribuye. Serra se inclinó a 
estelado, y logró que su comedia obtuviese un éxito franca- 
mente popular. Romea, que era un actor de talento, se aco- 
modó al tipo que delineaba Serra, y representó un Quevedo 
distinto del que había hecho en el drama de Florentino Sanz. 

Mayo. — En crisis, también de Serra, y también gustó, 
consiguiendo muchos aplausos la Carmen Carrasco, a quién se 
consideraba como una esperanza del arte. Trabajaba con esta 
compañía el célebre gracioso Antonio Guzmán, que ya estaba 
muy viejo. 

1855. 2 de Mayo. — Apoteosis de Daoiz y Velarde, alegoría 
de Emilio Tamarit, y Un día de revolución, episodio en un 
acto de la realizada en París en Febrero de 1848. El autor, 
Fernando Garrido, fue llamado a la escena. 



200 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Eu Diciembre vino a este teatro una compañía francesa, 
que obtuvo buena acogida, sobre todo Mrae. Saiute. Repre- 
sentaba bien- — decía un revistero, — no cantaba mal, tenía ele- 
gancia y era bonita. Salió con la comedia Le pour et lecontre. 
Estuvieron todo el invierno. 

En el de 1856 a 1867 actuó otra 'compañía francesa. 

Eu Noviembre de 1857 tomó el teatro una empresa, con el 
proyecto de formar una sociedad, en la que, mediante una 
cuota mensual, se daba derecho a disfrutar de cierto número 
de representaciones, y además, como novedad (que sí lo era) 
de asistencia médico-quirúrgica, por lo que la asociación lle- 
vaba en extraño calificativo de filantrópicodramática. Se disol- 
vió al poco tiempo de comenzar sus funciones. 

No tuvo este teatro espectáculo fijo durante una larga tem- 
porada, hasta que en Setiembre de 1859 lo tomó Julián Ro- 
mea, formando compañía con su hermano Florencio, Fraucis- 
00 Gómez, Alisedo, Boldúu, Albalat, y sobre todos, el concien- 
Budo Joaquín Arjona. De mujeres, contó con la Carrasco, la 
Espejo, y presentó al público, en Cada oveja con su pareja, a 
la Carmen Berrobiauco, primer premio del Conservatorio, y a 
la Elisa Boldún, alumna también del mismo centro. Esta salió 
con La oración de la tarde, de Larra, ya conocida. 

En Noviembre hicieron el apropósito de circunstancias, ti- 
tulado La playa de Algeciras, de Pedro Nieto de Sobrado, y 
otro apropósito para el aniversario del natalicio de Lope, ÍJI 
corral de la Cruz en 1632. 

Diciembre. — El padre de familia, de Luis Rivera. Éxito 
regular. 

TEATRO DE NOVEDADES 

En el capítulo Volatines ya decimos que el Circo Olímpico 
de la plaza de la Cebada se construyó de nueva planta, inau- 
gurándose el 22 de Noviembre de 1856; pero la compañía gim- 
nástico-ecuestre duró poco tiempo, y para la temporada si- 
guiente apareció el Circo transformado en Teatro Novedades. 



POR CARLOS CAMBRONERO 201 

1857. — Formaban la compañía la Cairóii, la Rodríguez, la 
Vedia y la Cañete, José Valero, Calvo, Zamora, Boldún y 
Bermouet. Hicieron eu Setiembre El mejor alcalde el Rey, de 
Lope, con asistencia de Isabel II; y luego, como no podía me- 
nos, estando Valero al frente de la compañía, su obra favori- 
ta Luis XI, con decoraciones nuevas de Antonio Bravo y tra- 
jes de Dalmacio Detrell. 

Noviembre.^ — El payaso, drama en cuatro actos, arreglo del 
francés por Isidoro Gil. 

1868. Enero. — El patriarca del Turia, drama en tres actos, 
de Eguílaz. 

Abri . — Baltasar, drama bíblico, de la Avellaneda. Se puso 
en escena con extraordinario lujo, y fué mucha gente a verlo. 
Con motivo del drama ocurrió un inoidente que debe conocer 
el lector, ya que sigue con interés el curso de estas crónicas. 
Se dijo que la obra tenía ideas antirreligiosas, y el Vicario 
eclesiástico manifestó deseos de conocerla, a lo que acedió gus- 
tosa la Avellaneda, dando por resultado, después de una minu- 
ciosa revisión, que el Baltasar estaba ajustado a la más pura 
ortodbxia; pero esto sirvió de aliciente para que el público 
acudiese a ver el drama. Tiene, sí, algunos pensamientos filosó- 
ficos y sociales, que quizá pareciesen atrevidos en aquella épo- 
ca. Kada más. 

No paró aquí la cosa. El esposo de la Avellaneda, D. Do- 
mingo Verdugo, Coronel del Ejército y Diputado a Cortes, 
hombre de ideas liberales, que había tomado parte en la revo- 
lución de Julio de 1854, fue víctima de un atentado, en pleno 
día, y en una de las calles principales de Madrid, atentado que 
se achacó a cuestiones políticas. Nosotros no hemos podido 
averiguar la verdad. Un tal Rivera, que había sido agente de 
policía secreta, infirió, por sorpresa, una herida grave en el 
pecho a Verdugo, con el estoque de un bastón. La Avellaneda 
escribió a la Reina una carta en demanda de justicia, y ha- 
biendo publicado el documento el periódico La América^ sin 
permiso de la autoridad, fue multado en dos mil reales. 



202 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Todos estos incidentes sirvieron de reclamo a la empresa 
del Teatro de Novedades, y contribuyeron poderosamente a 
dar buenas entradas. 

Don Manuel Cañete, cuyas ideas ultramontanas eran bien 
conocidas, no estaba conforme con el criterio que sustentaba 
en su producción dramática la autora del Baltasar. 

Junio. — Las carcajadas, nueva traducción de la obra de 
A.ragó y Martín Véclat de vire. La hicieron Mercedes Buzón, 
Salvadora Cairón, Valero, Calvet, Albalat, Lamotte y Be- 
uedí. 

Octubre. — Formó compañía Pedro Delgado con la Rodrí- 
guez, la Sampelayo, Calvo, Zamora y Alisedo. Consiguió el 
director muchos aplausos en Traidor, inconfeso y mártir, de 
Zorrilla, conocida del público, que por lo mismo supo com- 
prender el mérito de Perico Delgado, y le dio la patente de 
primer actor. 

2 de Noviembre. — Don Juan Tenorio. — Gustó la interpreta- 
ción del protagonista, y se acabó de acreditar este actor con 
el estreno (Diciembre 1858) del drama de Manuel Fernández 
y González, Cid Rodrigo de Vivar. 

CIBOO Í>E PAUL 

1855. — El Circo de Paul se transformó en teatro, sin más 
que cambiarle el nombre por el de Teatro Nuevo, aprovechan- 
do el escenario que tenía construido desde 1848. La compañía 
era medianeja, y se estrenó haciendo Oros son triunfos, o lo que 
es mudar de vestido, de José María Carnerero, ya conocida. En 
Noviembre hacían La monja sangrienta o Las catacumbas de 
Roma, drama en seis actos, de grande espectáculo. 

1856. 13 Enero. — Representándose el drama Tomás el 
Montañés, un actor se dio dos puñaladas en el pecho y cayó 
ensangrentado en medio del escenario, lo que produjo el susto 
y la emoción consiguiente entre los espectadores. 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 203 

. ■■•■ 

En aquel verano la empresa de este teatro lo acondicionó 
de manera que quedó a propósito para la estación, colocando 
una fuente en el centro de la sala. Se formó una compañía, con 
la base de Dardalla y la Samaniego, dedicándose a presentar 
comedias y zarzuelas ligeras. Completaban la compañía la 
Cándida Daraalla, la Pepa Rizo, la Audrade, Miró (que era 
tenor), Oltra, Pastraua, Torróme, Pardiñas y Antonio Zamo- 
ra. El cuerpo de baile estaba dirigido por Carrión y la Gue- 
rrero. Se inauguró el 3 de Julio, con El corazón deun bandido, 
ya conocida, del género del director, y un juguete lírico, Don 
Esdrújulo, en que Miró, imitando la voz de tiple, cantó la ca- 
vatina de Resina, del Barbero. Se resucitó El sacristán de 
San Lorenzo. 

En Agosto bizo José Zubiría un monólogo, titulado La vie- 
ja y la niña, en que imitaba ambas voces, acompañándose a la 
guitarra; después cantaba al piano un terceto de tiple, tenor y 
bajo, y un dúo de vieja y barítono, todo con gran perfección, 
según dijo la Prensa. 

En la despedida estrenaron La vida de Juan Soldado, de 
Eguílaz, para que Dardalla se luciese haciendo su género. 

Esta compañía obtuvo de la empresa del Principe el favor 
especial de que le cediese el teatro para estrenar, en Setiem- 
bre, el drama de Eguílaz La vaquera de la Finojosa, que fue 
bien recibido del público, conquistando muchos aplausos la 
Dardalla, algunos Zamora y pocos Manuel Osorio. 

Compañía que actuó en el verano de 1858: José Calvo y 
Pedro Grarcía, directores; María Llorens, Matilde Bagá, Ana 
Gumó, Emilia Orgaz, Josefa Hernández (graciosa), y de ellos, 
Ortiz, Izaguirre, Bermouet, el ya conocido Antonio Calvo y 
el nuevo Emilio Mario. Hicieron obras de repertorio. 

TEATRO DEL GENIO 

Costanilla de San Pedro, núm. 2. En Octubre de 1853 prin- 
cipió a funcionar en este teatrito una compañía de jóvenes. 



Ii|i204 CRÓNICAS DEL TIEMPO DtC ISABEL II 

Puso las butacas a real y medio, y consiguió tener el teatro 
lleno, llamando la atención de tal modo, que estuvo de moda, 
y muchas damas elegantes asistían a las representaciones en 
determinados días (vistiendo a la negligéj, para presenciar las 
representaciones de una comedia de magia titulada La estrella 
de oro. 

En Noviembre de 1864 se arregló el teatro, y se pusieron 
lunetas nuevas. El día 2 hicieron No hay plazo que no se cum- 
pla. Se subió el precio de las lunetas a 6 reales, y se pasó la 
moda del teatro. 

Aquí se daban funciones de Nacimiento por Nochebuena, y 
durante el resto del año se utilizaba para sociedades de aficio- 
nados. Era un salón del piso bajo de la antigua casa o palacio 
del Duque de Santistéban. 

Operas.— Teatro Fieal. 

Llevaba el Teatro Real muchos afios en construcción, hasta 
que el Conde de San Luis formó propósito de que se termina- 
ra, y consiguió su objeto teniendo que vencer muchos obstácu- 
los y sufrir no pocos disgustos. 

El 12 de Agosto de 1850 fué la Reina a ver el estado de 
las obras, y después de recorrer y examinar detenidamente to- 
das las dependencias, salió muy complacida. La recibieron en 
el vestíbulo el Conde de San Luis, que era el ministro de la 
Q-obernación, el Jefe político, Sr. Zaragoza, y el Corregidor de 
Madrid. 

Una vez terminadas las obras, y cuando sólo faltaban al- 
gunos detalles de ornamentación, el 7 de Setiembre se hizo 
una prueba para apreciar las condiciones acústicas del local, 
ofreciendo un resultado satisfactorio. Se cantó un coro de 
I Lomhardi; la plegaria de Moisés, por la Srta. Paniagua y los 
Sres. Barba y Cámara, y el coro del ultimó acto de Hernani. 

La inauguración del Teatro Real se verificó el 19 de No- 



POR CARLOS O AMB RONERO 205 

viembre de 1850, con la ópera de Donizetti La Favorita^ des- 
empeñada por la Alboni, Gardoni, Banoilhefc y Formes. 
Concurrieron SS. MM. 

Eq el anuncio decía la administración del teatro que con- 
sideraba innecesario advertir al público el traje con que debía 
presentarse en aquella solemne apertura, y que en las demás 
funciones sólo se permitiría la entrada en las butacas a los ca- 
balleros que vistieran de levita o de fraque. Los carruajes te- 
nían señalado su acceso por el arco de la calle de Carlos III, y 
la salida por la de Felipe V. 

La noche de inauguración del teatro hubo quien pagó 
1.000 reales por una butaca, y otro aficionado 90 por un pa- 
raíso. 

El único palco que apareció vacío fue el de una Condesa 
cuyo titulo no hemos podido descubrir, y con ocasión de este 
hecho se inventó la frase de que había brillado por su ausencia. 

El primer director de orquesta fue Háchele; pero en la 
temporada de 1851 1852 entró a desempeñar el cargo D. Juan 
Daniel Skoczdopole, y estuvo en él hasta terminar este pe- 
ríodo. 

Además del repertorio ya conocido en años anteriores, se 
pusieron en escena, durante este período, las óperas siguientes 
en el Teatro Real: 

La prova d'una opera seria, de Mazza, 21 Noviembre 1851. 
Tomó parte en el desempeño el aplaudido tenor español Buena- 
ventura Belart. 

Esta obra se ha representado como zarzuela, traducida por 
Carlos Frontaura. 

Luisa Miller, de Verdi, 11 Diciembre 1852. Entre otros 
artistas, cantaron esta ópera la noche de su estreno el barítono 
Coletti y el bajo Selva. Tuvo tal éxito la obra, que sólo en esta 
temporada se canto veintiuna noches. 

Roberto il Diavolo, de Meyerbeer, 15 Mayo 1853. 

EigolettOf de Verdi, 18 Octubre 1853. Desempeñó el papel 



206 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



principal el célebre barítono Varessi, que no ha tenido rival en 
esta obra. 

n Trovatore, de Verdi, 16 Febrero 1854. Se distinguieron 
en la interpretación la Gazzauiga, el tenor Malvezzi y el barí- 
tono Varessi. 

Marco Visconti, de Petrella, 9 Enero 1855. 

La Traviata, de Verdi, 1.** Febrero 1855. 

Isabel la Católica, de Arrieta, 18 Diciembre 1856; asistie- 
ron SS. MM. Éxito regular. 

J Vespri niciliani, de Verdi, 22 Diciembre 1856. 

Gli Ugonotti, de Meyerbeer, 9 Febrero 1858. 

II SultimhancOy de Paciui, 22 Marzo 1859. 

Cantaron en el Teatro Real, con otros artistas de mérito 
secundario, los siguientes: 

Tiples: Frezzolini, de hermosa voz y correcto método de 
canto; Alboni, de gran expresión dramática; De*Giuli, buena 
cantaute, pero sin llegar a la altura de la Gazzániga y la Pen- 
co; Antonia Montenegro, nuestra compatriota, que cumplía 
bien, sin descomponer el cuadro: Capuaui, regular; Gazzaui- 
ga, superior como actriz y como cantante; Spezia, desigual a 
veces; Gariboldi, buena tiple, aunque decadente; Penco, artista 
de grandes facultades y de talento; Ortolani, tiple ligera que 
no podía vencer en las situaciones dramáticas; Grissi, notable 
en sus buenos tiempos, que habían pasado ya, y la Sarolta, 
una medianía. 

Contraltos: D'Angrí, hermosa voz y buena figura; Nantier- 
Didier, de regulares facultades, pero de mucho talento; Tossí, 
de iguales condiciones. 

Tenores: Carrióu, de buena voz y buena voluntad; Sínico, 
muy apreciado del público desde la década anterior; Belart, 
nuestro compatriota, dicen que tenía buena voz y gusto exqui- 
sito para cantar; Bettini, algo amanerado y desigual; Malvez- 
zi, bueno; Fraschini, de potente voz, pero de poca expresión, 
Nandín, muy discreto siempre y prestándose a cantar cual- 



POR CARLOS CAMBRONKRO 207 

quier ópera para sacar de compromisos a la empresa, y Mario; 
que vino el año 1869. 

Dice de él Luis Carmena: 

«Mario ha sido el primer tenor de su época. Lo ha poseído 
todo: brillante educación artística y privada; facultades excep- 
cionales, puesto que a una voz extensa, bien timbrada y de ra- 
zonable volumen, reunía una flexibilidad en ella verdadera- 
mente asombrosa; dotes de actor de primer orden, gran cora- 
zón, sensibilidad exquisita, excelente gusto, pronunciación 
clara y sonora, y una figura varonil llena de distinción.» 

Nosotros que, aunque en su decadencia, hemos oído al gran 
tenor, aceptamos las afirmaciones de Carmena. 

Barítonos: Gironella, Coletti y Varessi, muy buenos; G-uio- 
ciardi y Bartolini, regulares; Ronconi, superior. «No tiene que 
fatigarse — escribía Carolina Coronado; — canta como habla. Su 
acción y su gesto son como su canto. Es que el arte, habiendo 
consumado su obra en este ser privilegiado, se esconde profun- 
damente, para que parezca hija de la Naturaleza la perfección 
que da el talento.» 

Bajos: Salas, que solamente estuvo la temporada de 1860 a 
1861, y no tomó parte más que en La Cenerentola. Estaba pre- 
destinado a ser uno de los creadores de la zarzuela. Becerra y 
Barba no pasaron de ser regulares, y, en cambio, Selva y Via- 
letti dejaron honrosa fama en el Teatro Real. 

Las rivalidades artísticas de la Prezzolini y la Alboni pro- 
dujeron, cierta noche de Febrero de 1861, un grave disgusto a 
la empresa. Anunciada la ópera Otello, mandó recado la Pre- 
zzolini de que estaba enferma, y la empresa la envió al doctor 
Hysern, que no fue recibido por la cantante; volvió segunda 
vez, y no habiendo hallado que tuviera enfermedad alguna, lo 
manifestó así, por lo que se la quiso obligar a que saliera a es- 
cena, acto a que la diva se opuso, después de varios recados y 
conferencias. En este estado de cosas, se anunció la suspensión 
de la ópera, y después de que se había tomado esbe acuerdo, 
envió la Prezzolini un recado al teatro, diciendo que estaba 



208 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

bien y que cantaría aquella noche. Ya era tarde para dar un 
segundo aviso, y no hubo más remedio que desistir de la fun- 
ción, disgustando al público. 

A la Alboui y a la bailarina Cerito el público las recibió con 
entusiasmo, cubriendo, la noche en que trabajaban, el escena- 
derio flores; pero, acostumbrado a ellas, y viéndolas a diario, 
escatimó las ovaciones, y hubo vez en que dejó casi desierto el 
teatro. 

8 Octubre 1853. — Primera salida de la Istúriz, discípula del 
Conservatorio, con el papel de Adalguisa, en Norma. 

La Gazzaniga dejó en Madrid gratos recuerdos. Tenía bue- 
na voz, escuela de cauto perfecta, era guapa, de buena figura, 
elegante y modesta. 

Decía un revistero en 1864: 

«La expresión y el colorido en el canto de la Gazzaniga no 
nace de un entusiasmo desarreglado y febril, sino del conoci- 
miento profundo del papel que representa, de la buena combi- 
nación de los efectos musicales y dramáticos. La Gazzaniga 
realza y anima el canto con su acción noble y llena de digni- 
dad, su mirada penetrante y el juego de su movible fisonomía.» 

La Gazzaniga cantó en su beneficio (16 Marzo 1854) tres 
actos de Trovador, una canción francesa titulada La mere et 
Venfant, y otra española, La naranjera, compuesta por el 
maestro Skoczdópole. Salió vestida de maja, y entusiasmó de 
tal manera, que las señoras se quitaron las guirnaldas de flores 
que llevaban en la cabeza, y las arrojaron al escenario. Una de 
las estrofas de la canción española decía: 

Aunque soy la naranjera, 
suelto el pañuelo de franja, 
voy buscando por doquiera 
mi inedia naranja. 
¡Ay! Azahar de las flores, 
quita pesares; 
pero azahar en amores 
son dos azares. 



POR CARLOS OAMBRONERO 209 

Naranjas finas del moro, 
gordas y con mucho aquél, 
de cascara de oro 
y zumo de miel. 

Aparte de su mérito artístico, que era indiscutible, pocas 
cantantes dejaron en Madrid simpatías personales tan acentua- 
das como Marieta Gazzaniga. 

Octubre de 1855. — Salió la Srta. Guerra con el Barbero. 
Dicen que tenía voz fresca y agradable, pero de poco cuerpo. 

El 18 de Abril de 1857, cantando El Trovador, se sintió in- 
dispuesta la Penco, y aunque se puso en conocimiento del pú- 
blico, éste estuvo tan poco atento con la tiple, que le dio una 
grita en el último acto, y acongojada la artista, se vio obligada 
a retirarse de la escena llorando a lágrima viva. 

La Reina perdió el 10 de Enero de 1859 una pulsera, y ha- 
biéndosela encontrado el acomodador Santiago Cañejo, la en- 
tregó al representante de la empresa, ignorando quién fuera 
la persona que la había perdido. Isabel II le gratificó espléndi- 
damente. 

Volvió a Madrid Adelaida Ristori, el año 1859, presentán- 
dose en el Teatro Real el 22 de Diciembre, con la tragedia 
Giuditta. Hablamos de esta actriz en el capítulo Teatro de la 
Zarzuela. 

Es detalle curioso el que la orquesta del teatro rehusó tocar 
en los entreactos, y para cubrir este hueco hubo que llamar a 
la música de Ingenieros, porque era época en que no había 
ninguna orquesta desocupada. 

6 Octubre lSb9.— Norma, por Mario y la Grissi. Aquél, 
aunque decandente, tuvo momentos felices; ésta no consiguió 
despertar entusiasmo, por lo que se permitió hacer alguna 
demostración que el público calificó de poco respetuosa, y la 
obsequió con una grita monumental; 

* 
* « 

Además del Teatro Real hubo otros teatros que dieron re- 

14 



■ 210 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

presentaciones de ópera, y aunque no tuvieron verdadera im- 
portancia, debemos hacer su reseña en estas Crónicas, 

Teatro del Principe. — Octubre de 1851 — Cuando llegó a 
Madrid Antonia del Carmen Montenegro después de haber 
conquistado aplausos en varios teatros de Europa, dio tres re- 
presentaciones de Norma, acompañada por la Echarte y la 
Chelva, y los cantantes Echarte, Oriola y Ruiz. 

En la primera representación el público la recibió con cier- 
ta frialdad; pero en las otras dos gustó mucho, y la techaron 
flores al escenario, según la moda de aquel tiempo. Su vofe era 
de volumen extraordinario en las notas medias y graves, re- 
sultando las agudas, el si y el do naturales, con menos poten- 
cia de la que se esperaba. Sobresalía de todas las cantantes en 
su manera especial de ejecutar los recitados. 

Teatro del Instituto. — Agosto de 1861. — Dos representacio- 
nes de Norma, por la Elisa Villó, prima donna; Agustina 
Chelva, comprimaria; Bottagisi, tenor; Selvatori Natali, barí- 
tono, y Francisco Fonti, bajo. Director de orquesta, Rafael 
Marín. Entrada general, 4 reales. 

Abril de 1862. — Se dio otro golpe^a la ópera haciendo Na- 
bucodonosor, por la Pellizari, la Ponce de León, la Chelva, 
Patriossi, Mendizábal, Oriola y Cávalleti. En el mes de Mayo 
representaron Hernani. 

Teatro de los Basilios, — Octubre de 1861. — Se constituyó 
una sociedad de jóvenes españoles para dar representaciones de 
ópera en este teatro. Hicieron Lucia di Lammermoore, Hernani 
y Atila. La tiple era Emilia Moscoso; el tenor, Manuel Her- 
nández Amores; el barítono, José Hernández, y el bajo, Ma- 
nuel Oriola. En Junio de 1862 repitieron la suerte con Lucía, 
sin más consecuencias. 

Teatro del Circo. — Una llamada sociedad lírica dio en Ju- 
lio de 1862 algunas representaciones de ópera, haciendo Na- 
buco, por la Moscoso, la Cavalleti y la Muñoz, y los señores 
Natale, Ordán, López, Cavalleti y Arráiz. Después cantaron 
Sonámbula y un acto de Hernani. 



POR CARLOS OAMBRONERO 211 

Lope de Vega. — Agosto de 1855. — Dos representaciones de 
la ópera española Blanca de Lara. No sabemos quién era el 
autor. 

Teatro de la Cruz. — Mayo de 1855. — La Conquista de Sevi- 
lla^ ópera española en tres actos, de autor desconocido para 
nosotros. La cantaron Teresa Istúriz, Manuel Hernández 
Amores, Manuel Oriola y Manuel Berdolonga. Butaca, 14 
reales. Se dieron dos representaciones. 

A fines de 1855 se formó una empresa de ópera española 
en este teatro. Visitaron a la Reina, que ofreció ir a la primera 
función; cambiaron el nombre del teatro por el de la Princesa, 
con autorización del Ayuntamiento, y se verificó la inaugura- 
ción el 30 de Diciembre del año citado, con la ópera en tres 
actos Cruces y medias lunas, que obtuvo un éxito nada más 
que regular, debido en parte a que los artistas que la inter- 
pretaron no pudieron hacer por la obra todo lo que necesitaba. 

Se estrenaron varias decoraciones pintadas por Lucini, y 
asistió, en efecto, la Reina. La butaca costaba 10 reales. El 
día 31 se dio la segunda representación. 

La empresa tropezaba con muchas dificultades para conti- 
nuar el negocio, y una de ellas era la falta de cantantes: en su 
vista, reconstituyó la compañía con la tiple Viannelli, e\ tenor 
Ordán y el barítono Muñoz; pero los socios descompadraron y 
se deshizo la sociedad. Sin embargo, en Marzo de 1856, repre- 
sentaron Blanca de Lara, por la Teresa Istúriz, Barbati, Her- 
nández, Cárdenas y Abello. Tenían preparada otra obra, con 
letra de Guerrero y música de Espín y G-uillón, titulada Carlos 
Broschi, pero no llegó a representarse. 

Zarzuelas 

Los de Variedades entraron en 1860 haciendo El duende, 
que seguía dando buenas entradas, y a pesar de que esto de- 
mostraba las buenas disposiciones del público en favor de la 
zarzuela, tenían la obsesión de la ópera española; por lo cual 



212 ORÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



auduvieron en tratos con el dueño del nuevo teatro de los Ba- 
silioSj para realizar allí su pensamiento; pero el asunto no 
pudo arreglarse, y rebajaron sus aspiraciones, concretándose a 
la zarzuela, en vista de lo cual, contrataron a Adelaida Lato- 
rre, que cantaba bien; al tenor José González y al popular Paco 
Salas, sin abandonar la compañía de verso. 

24 Marzo. Cruz. — Donde menos se piensa, salta la liebre, 
zarzuela en dos actos, letra de Peregrín García Cadena y mú- 
sica de un tal José Valero. 

16 Mayo. Variedades. — De este mundo al otro, zarzuela en 
dos actos, arreglo del francés por Olona, y música de Oudrid. 

En Marzo de 1860 se puso en escena la zarzuela en un acto 
Gloria y peluca, letra de José Villa del Valle y música de 
Barbieri. Tenía cinco números: Introducción y cavatina, por 
Salas y coro de hombres; seguidillas, por la Latorre y Salas; 
dúo, por los mismos; escena, por la tiple y coro de señoras; y 
final, por ella. Salas y coro de ambos sexos. Encajó perfecta- 
mente, y eso que las llamadas seguidillas no tenían del género 
más que el metro en que estaba escrita la letra, pues la música 
resultaba una canción italiana de un corte completamente dis- 
tinto a lo que como seguidillas escribió más adelante el autor 
de Pan y toros. 

Marchaba bien la Empresa, cuando vino un contratiempo 
que pudo haber dado al traste con la resurrección de la zar- 
zuela. El teatro de Variedades, que había sido hecho casi con 
carácter provisional, amenazaba ruina, y la autoridad, previo 
el informe de los arquitectos, mandó suspender las representa- 
ciones. 

En su vista, se trasladó la compañía al nuevo teatro de los 
Basilios (1). 

Aquí dieron su primera función los de Variedades, el 4 de 
Mayo, haciendo una comedia y la zarzuela Gloria y peluca. 



(1) Calle del Desengaño, entre Barco y Valverde, con entrada por esta 
última calle. 



POR CARLOS OAMBRONERO 213 

Después representaron Bertoldo, zarzuela en dos actos, con 
música de Hernando. No parece que tuvo gran éxito. Tenia 
diez y siete números musicales. La letra era de Romero La- 
rrañaga. 

A última hora] zarzuela en un acto, de Olona (José) y Gaz- 
tambide. 

Las señas del Archiduque, zarzuela en dos actos, de Ceferi- 
no Suárez Bravo y Gaztambide. 

¡Tramoya!, zarzuela en un acto, de Olona (José) y Barbie- 
ri. Este le dedicó la obra al duque de Osuna, y el ilustre pro- 
cer regaló al autor una botonadura para camisa y chaleco. El 
duque era espléndido. 

Reconstruido el teatro de Variedades, la compañía volvió 
a sus antiguos lares, y allí estrenó: 

Escenas de Chamberí, capricho cómico-lírico-bailable, de 
José Olona, con música de Gaztambide, Hernando, Oudrid y 
Barbieri. Tenía los números siguientes: Coro de introducción, 
bailable, por Oudrid; aria, por Baabieri; canción, por Oudrid; 
gallegada, por Hernando; polka, por di mismo; tercetino, por 
Barbieri, y gran baile final, por Gaztambide. Tomó parte bai- 
lando la Petra Cámara. 

Contando ya con un cuadro de artistas de zarzuela, esta 
empresa tomó, sin dejar Variedades, el teatro del Circo, con 
el objeto de dar en él exclusivamente representaciones líricas, 
para lo cual hizo algunas reformas en el local (1850), como 
fue forrar los asientos de las galerías y suprimir los palcos 
centrales del piso principal, construyendo en su lugar un anfi- 
teatro. Puso las butacas a 10 reales. 

Claro es que comenzaron haciendo el repertorio de zarzue- 
las que ya tenían sabidas, sin olvidar El duende, a la que sa- 
caron el jugo también en este teatro. 

En Noviembre pusieron en escena Pero Grullo, zarzuela en 
dos actos, de Oudrid, en que tomaba parte Salas, a quien el 
género debe mucha parte de su resurrección por las condicio- 
nes de este actor y cantante, por su actividad y por el entu- 



214 GRÓMIOAS DEL TIEMPO OK ISABEL II 

siasmo que demostró al secundar con su valioso concurso la em- 
presa patrióüca de Hernando, Gaztambide, Oudrid y Barbieri. 
En Diciembre la represe del Tío Caniyitas, zarzuela en do» 
actos, de José Sanz Pérez y Soriauo Fuertes, con tres decora- 
ciones nuevas de Ramón Vázquez. El principal papel se enco- 
mendó a Salas. 

1861, Enero. — Misterios de bastidores, segunda parte, letra 
de Montemar y música de Oudrid. 

Febrero. — Presentación de Cristina Villó con Las señas del 
Archiduque. 

18 Febrero. — El duende, segunda parte, dos actos, de los 
mismos autores que la primera, Olona y Hernando. Se estrenó 
a beneficio de Manuel Catalina, por la Luisa Yáñez, que no era 
cantante; María Bardan, Cornelia Pellizari, el beneficiado, José 
Aznar, Juan Antonio Carceller, José Alverá, Francisco Fuen- 
tes y otros. Gustó, aunque no tanto como la primera parte. 
Tenía catorce números musicales, El 4 de Marzo se represen- 
taron las dos partes para que las viese la Reina, y bailó la Pe- 
tra Cámara, echando el resto. 

Marzo. — La picaresca, zarzuela en dos actos, obra postuma 
de Carlos Doncel, con música de Gaztambide y Barbieri, a be- 
neficio de Salas. Cantó la Alboni un aria, y un rondó el famo- 
so barítono Ronconi. 

28 Abril. — Un embuste y una boda, zarzuela en dos actos. 
Música de Tomás Genovés. 

Mayo. — El campamento, ópera cómica en un acto, de Olo- 
na y José Incenga. 

Estaba en la compañía Antonia Istúriz, discípula de Vall- 
demosa. Era muy apreciada del público. 

Al amanecer, entremés lírico, de Pina y Gaztambide. 
Los disfraces, zarzuela en un acto, de Olona (J.) e In- 
cenga. 

Todos son raptos, zarzuela, de Larra y Oudrid. 
En 14 de Setiembre inauguró en el Circo sus funciones 
una nueva empresa, dedicada también a dar exclusivamente 



POR CARLOS CAMBRONKRO 215 

representaciones de zarzuela con la base de la Latorre, la Ri- 
zo, Elisa Villó, la Bardan, la Flores, Salas, Caltañazor, Gon- 
zález, Calvet y Carceller, que hicieron: 

Tribulaciones, zarzuela en dos actos, de Rubí y Gaztam- 
bide. 

Jugar con fuego (7 Octubre), la primera de las que se escri- 
bieron en tres actos, de Vega y Barbieri, con decoraciones de 
Luis Muriel. Éxito extraordinario. Dijeron los periódicos que 
el libreto de Jugar con fuego no era original, y Vega confesó 
que, efectivamente, estaba tomado de la opereta La comiese 
d^Egmont, pero reformándola por completo. Esto le propor- 
cionó a Vega un disgusto, porque la empresa, considerando la 
obra como traducción, quiso rebajarle los derechos que co- 
braba en concepto de libreto original. El músico también tuvo 
sus dimes y diretes, a causa de que el pianista Florencio La- 
hoz compuso y publicó una polka sobre motivos de la zarzue- 
la, y Barbieri, disgustado, no sólo porque lo hubiera hecho 
sin su permiso, sino por el poco acierto con que, según Barbie- 
ri, había realizado la adaptación, publicó un comunicado en 
los periódicos, poco favorable para Lahoz. 

Después de Jugar con fuego se hizo también, en tres actos, 
M confitero de Madrid. Fiasco ruidoso. Arderíus figura por 
primera vez en el reparto, haciendo un papel de último orden. 

Terminó el año estrenándose Por seguir a una mujer, un 
juguete de Olona que gustó extraordinariamente y se sostuvo 
muchas noches en el cartel. Tenía algo de música, cuyo autor 
desconocemos, y decoraciones nuevas de Muriel, que fueron 
muy celebradas, sobre todo una, representando la Puerta del 
Sol vista desde la calle Mayor. 

La obra era traducción de un vaudeville que luego repre- 
sentaron en Madrid las compañías francesas, titulado Un 
monsieur qui suit les femmes. 

El Instituto también quería sacarle dinero a la zarzuela, y 
en Setiembre de 18B1 presentó una, titulada Pepuja la sale- 
rosa, letra de Fernando Bedoya y música de Soriano Fuentes, 



216 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

por la García, la Sánchez, Campoamor, Buiz y Benítez, gente 
poco conocida. 

1862. Febrero.— Circo. — Mateo y Matea, zarzuela en un 
acto, de Rafael Máiquez y Oudrid. 

El sueño de una noche de verano, zarzuela en tres actos, de 
Escosura y Gaztambide. 

Marzo. — La Virgen del Puerto, zarzuela en un acto. 

En 4 de Marzo, la empresa, de acuerdo con los autores, 
suprimió un dúo que Salas y González cantaban en la zarzue- 
la Tramoya, pero el público protestó y se armó un escándalo 
monumental. Gaztambide, presidente de la sociedad que tenía 
en arrendamiento el teatro, publicó un comunicado disculpan- 
do el hecho, y reclamando indulgencia por no haberlo adver- 
tido en el anuncio. 

Marzo. — Un novio pasado por agua, zarzuela en tres actos, 
de Bretón y Hernando, por la Josefa jRizo, la Adelaida La- 
torre (1), la María Bardan, Salas, González y Calvet. 

16 Abril. — Buenas noches, Señor Don Simón, arreglo de 01o- 
ua, música de Oudrid. Hacía Caltañazor el papel principal. 
Gran éxito. El original francés se titulaba Bon soir, monsieur 
Pantalón. 

La Hechicera, zarzuela en tres actos, de Rubí y Barbieri. 
La primera noche fue recibida fríamente, porque pareció pe- 
sada; pero se la hicieron algunos cortes, y gustó más en las no- 
ches siguientes. 

El tenor Belart dio algunas representacisnes en el Circo, y 
luego salió contratado para Italia. 

Junio. — El estreno de una artista, zarzuela en un acto, de 
V®g8' y Gaztambide. 

En 1.° de Julio se despidió la compañía con esta zarzuela, 
y el resto de la función se completó con las piezas que el pú- 
blico eligió de entre todas las que se habían cantado en la tem- 
porada, para lo cual se facilitaba a la entrada una lista o ea- 



(1) Era discípula de Saldoui. 



POR CARLOS CAMBRÓN BRO 217 

tálogo de ellas. Los artistas las ejecutaron sin cambiar de tra- 
je de unas a otras. Quizá hubiera una miajita de confusión en 
las votaciones; pero la fiesta resultó divertida y variada. 

Setiembre. — El secreto de una reina, de Olona, con música 
de G-aztambide, Hernando e Inceuga. 

Noviembre. — El valle de Andorra, traducción de Olona, 
con música de Gaztambide. 

En el teatro del Instituto se hizo a mediados de Julio de 
1862 una zarzuelita en un acto, titulada Don Pepito en la ver- 
bena, cuyos autores no sabemos quiénes fuesen. Era un apro- 
pósito para sacar a escena un tipo que tenía cierta notoriedad 
en Madrid. Don Pepito se hizo célebre durante el verano de 
1851, porque, yendo regularmente vestido, pedía dinero a los 
transeúntes en las calles, en los cafés y en los paseos públicos, 
valiéndose de una excentricidad rayana con la sinvergoncería; 
llevaba una bolsa colgada del cuello, y en ésta un letrero que 
decía: Caja de ahorros de Don Pepito. Tenía tal frescura,^ que 
una vez se presentó al gobernador civil D. Melchor Ordóñez, 
hombre de malas pulgas, pidiendo que le concediese autoriza- 
ción para rifarse. A Ordóñez le hizo gracia el descaro y envió 
al pretendiente a verse con el Director de Loterías, quien de- 
negó la pretensión, diciendo que no era caso previsto por 
la ley. 

Don Pepito sacaba convites y dinero de las gentes de buen 
humor; consiguió cierta no envidiable popularidad en la corte, 
y el anuncio de la presentación del tipo en el teatro hizo que 
se llenasen las localidades. 

1853. Febrero. — Circo. — El dominó azul, zarzuela entres 
actos, de Camprodón y Arrieta. 

Abril. — ElMarqués de Caravaca, zarzuela en un acto y dos 
cuadros, de Vega y Barbieri. El Marqués de Caravaca era un 
personaje que salía en Jugar con fuego, y como la zarzuela 
había gustado, quisieron los autores dar un segundo golpe al 
asunto, y les salió bien la jugada. 

Volvieron a tomarla con Ventura de la Vega, diciendo 



218 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

que el libreto estaba sacado de una comedia de Scribe, titula- 
da Le nouveau Pourceaugnac , soltando la bomba El Clamor 
Público. Barbieri salió a la defensa de su eompañero, queriendo 
demostrar en La Ilustración que la obra era original; pero 
casi hubiera valido más haber echado tierra al asunto, porque 
después de leer el escrito de Barbieri se adquiere la convicción 
de que El Clamor Público estaba en lo justo. La obra fue del 
agrado del público, y tiene una canción que se hizo popular, 
cuya letra transcribimos a título de curiosidad: 

¡Quién me verá, a mí, 

con mantilla de encaje de a tercia 

salir por Madrit 
¡Los domingos subir al Retiro 

con botas de raso 

luciendo mi pie! 
¡Con mi falda, que vaya orogiendo, 

de seda chiné! 
Me echaré pañolón de Manila 

con ñeco de a vara, 

porque haya ocasión 
de que pase rozando un buen mozo 

y enrede un botón. 

¡Quién me verá a mí, 
tan compuesta y emperejilada 

salir por Madri!- 

Esta pieza de música se cantó mucho, como verá el lector 
en el capítulo Conciertos . 

Mayo. — Don Simplicio Bobadilla, zarzuela en tres actos, 
de magia, letra de Manuel y Victorino Tamayo, música de 
Incenga, Hernando, Gaztambide y Barbieri. Se presentó en 
este teatro la actriz Joaquina Lombía. 

Junio. — El grumete, en un acto, de García Gutiérrez y 
Arrieta. Quedó de repertorio. 

Noviembre. — La cisterna encantada, en tres actos, de Vega 
y Gaztambide, por la Amalia Ramírez, Juana Samaniego, Sa- 
las, Caltañazor, el tenor José Font, y Carceller. 



POR CARLOS CAMBRONERO 219 



1864. Febrero. — Un dia de reinado, en tres actos, de Gar- 
cía Gutiérrez y Olona, música de los Gaztam bidés (Joaquín y 
Javier), Barbieri, Oudrid e lucenga. 

Los que formaban parte de la Sociedad lírica que estaba al 
frente del teatro, García Gutiéij^rez, Olona, Ayala, Valladares 
y^Suárez Bravo, ponían mucho dte su parte para sacar adelan- 
te la empresa; pero los demás autores no les ayudaban, como 
Bretón, Hartzenbusch, Rubí y otros, que cooperaban tibia- 
mente a la reorganización de la zarzuela. Esto lo decía la opi- 
nión pública por medio de la Prensa. 

Mayo. — Moreto, en tres actos; de Azcona y Oudrid. 

1854. — En Setiembre se reformó la compañía, figurando 
en ella Salas, Caltañazor; José Pont, de primer tenor; Manuel 
Sanz, de segundo; Calvet y Becerra, bajos; Cubero, barítono; 
Amalia Ramírez, Teresa Rivas, Olarice y Carolina Di-Pranco, 
tiples; Barbieri, director de orquesta, y José Inzenga, maestro 
de coros. 

Octubre. 1864. — Hizo su salida al teatro la Amalia Ramí- 
rez con M dominó azul, siendo casi una niña, pues había naci- 
do en 1836, en Baeza. Era hija del teniente coronel del regi- 
miento de Asturias, y fue discípula de Valldemosa y de Sal- 
do ni. 

El primer estreno fue Los diamantes de la corona, de Cam- 
prodóny Barbieri, que gustó mucho; y después, con éxito su- 
perior, Catalina, arreglo de la que había escrito Scribe en 
francés, titulada Vetoile du Nord, con música de Gaztambide. 
Terminaron el año con La cola del diablo, en dos actos, tam- 
bién arreglo de Olona y música de Oudrid y de Martín Sán- 
chez Allú. No despertó entusiasmos. 

1856. Enero. — Haydée o El secreto, zarzuela en tres ac- 
tos, arreglo de Ayala y música de Manzoohi. 

Marzo. — Mis dos mujeres, zarzuela en tres actos, de Olona 
y Barbieri, por la Amalia Ramírez, Carolina Di-Franco y la 
Bardan, Salas, Caltañazor, Sanz y Calvet. 



220 CRÓNICAS DEL TIEMPU DE ISABEL II 

Mayo. — La vergonzosa en Palacio, zarzuela en un aoto, de 
Eguílaz y Fernández Caballero. Recibida con frialdad. 

El Látigo, periódico satírico de la época, sacó partido del 
titulo, y publicó las seguidillas siguientes: 

Se dice que en el plazo 

de pocos días 
nos dará una obra el Circo, 

de Luis Eguílaz; 

y hay ya quien dice 
que, a juzgar por el nombre, 

no es verosímil. 
Vergonzosa en Palacio 

diz que se llama; 
tal mujer en tal sitio 

cosa es muy rara. 

Y afirma El Látigo 
que sólo la concibe 

yendo de paso. 

Junio. — Guerra a muerte, zarzuela en un acto de Ayala y 
Arrieta. 

Agosto. — La dama del rey, zarzuela, letra de Francisco 
Navarro Villoslada y música de Arrieta. No gustó. Se presentó 
Adelaida Zapatero, ya conocida del público. 

21 Setiembre. — Marina, zarzuela en dos actos, letra de 
Camprodón y música de Arrieta. Tuvo el siguiente reparto: 
Marina, Amalia Ramírez (1); Teresa, Teresa Fernández; Ro- 
que, Salas; Jorge, José Font; Pascual, Ramón Cubero. 

Se estrenó una decoración de Luis Muriel. 

De la obra, que resultó un éxito, decía un revistero: «El li- 
breto está escrito con notable corrección, versificado perfecta- 
mente y no escaso de conceptos elevados y chistes graciosísi- 
mos. El argumento es sencillo, aunque conducido con mucho 
ingenio hacia su desenlace natural. La música es bellísima, se- 
ñaladamente en algunas piezas, que el público aplaudió con 



(1) A quien llamaban La perlita. 



POR CARLOS CAMBRONERO 221 

entusiasmo. La ejecución fue esmerada por la Srfca. Ramírez, 
que cantó admirablemente, y por los Sres. Salas y Font, para 
quienes resonaron muchas palmadas y bravos.» 

Por lo que hace al libreto, parece que nuestros padres se 
contentaban con poco. 

Diciembre. — El sargento Federico, zarzuela en cuatro ac- 
tos, arreglo de Olona y música de Gaztambide y Barbieri. des- 
empeñadas por la Latorre, la Di -Franco y la Fernández, Cal- 
tañazor, Sauz, Calvet y Becerra. Otro éxito para la empresa. 

Salas era incansable; siempre estaba dispuesto a complacer 
al público; por eso se le quería tanto. El 30 de Junio de 1856 
se indispuso repentinamente la Amalia Ramírez, momentos 
antes de alzarse el telón para representar la zarzuela Guerra a 
muerte, en un acto, y en defecto de la obra. Salas entretuvo 
agradablemente al público cantando canciones andaluzas, que 
se acompañó él mismo al piano, obteniendo una de las mayo- 
res ovaciones de su vida artística. 

Por aquellos días dispuso una función a beneficio de los en- 
fermos del Hospital de San Jerónimo (1), consiguiendo que to- 
mase parte la Pepa Vargas en un baile compuesto ád hoc, ti- 
tulado El regreso de la Vargas a España. Esta bailarina 
acababa de llegar en aquellos días de una excursión por Euro- 
pa, donde había conquistado muchos aplausos, principalmente 
eu San Petersburgo. 

1856. Enero. — El Vizconde, zarzuela en un acto, de Cam- 
prodón y Barbieri. 

Marzo. — Mentir a tiempo, zarzuela en un acto, de Ángel 
María Dacarrete y Fernández Caballero. 

En Abril se le dio un beneficio a Chas de la Motte, porque 
se hallaba enfermo, y, según parece, en el Hospital. 

30 del mismo mes, — Se presentó la Mora con El sueño de 
una noche de verano. Un revistero decía de esta tiple que tenia 
voz dulce y extensa, figura agradable y buen método de canto. 



(1) Iglesia de este nombre, cerrada entonces al culto. 



222 CRÓMICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Mayo. — La hija de la Providencia^ zarzuela en tres actos, 
de Rodríguez Rubí y de Arrieta. 

7 Junio. — Estreno de El postillón de la Rioja, zarzuela en 
dos actos, de Olona y Oudrid, por la Carolina Di -Franco, la 
Dolores Fernández, Sanz y Caltañazor. A éste le censuraban 
porque algunas veces pecaba de exageración y chabacanería. 
También estrenaron en este mes Gato por liebre, con música 
de Barbieri, una extravagancia de mal gusto en que los hom- 
bres se vestían de mujer. 

£n Agosto se dieron por terminadas las representaciones 
de zarzuela en el Teatro del Circo, y la compañía pasó a inau- 
gurar el nuevo local de la calle de Jovellauos. 

Por el mes de Noviembre de 1866 se hizo en el teatro de 
Tirso de Molina (Instituto) una zarzuela de Enrique Pérez Es- 
crich, con música de José Rogel, titulada Las garras del 
Diablo. 

Teniendo ya la zarzuela su teatro propio, y reconocida por 
el público su importancia, desistimos de dedicar capítulo 
especial a este género, ya que en el curso de nuestras Cróni- 
cas creemos haber conseguido aclarar la historia de su resu- 
rrección. 

TEATBO DE LA ZARZUELA 

Como el negocio no iba mal, la empresa del Circo trató de 
mejorar el local construyendo un pórtico por la calle del Bar- 
quillo, cuya esquina la formaban unas casuchas viejas donde 
estaban las cocheras propiedad del Marqués de Salamanca. 
Después pensó construir un teatro nuevo en esta esquina; pero 
la proximidad del otro le hizo desistir del propósito, y dirigió 
sus miras hacia sitio más distante. 

En Diciembre de 1855, ya se daba por seguro que la em- 
presa del Circo iba a construir un nuevo teatro, dedicado ex- 
clusivamente a zarzuela, a espaldas del Congreso, entre las ca- 
lles del Sordo y de la Greda, empezando las obras en 1.° de 
Enero de 1866, con propósito de que estuviesen terminadas 



POE CARLOS CAMBRONERO 223 



para Setiembre u Octubre del mismo año. Animaba a la Em- 
presa en este proyecto el buen resultado que ofrecía la explo- 
tación del nuevo género, y la consideración de que abonaba al 
dueño del Circo, D. Segundo Colmenares, nada menos que 
15.000 duros anuales. 

Contaba un periódico que el 11 de Febrero de 1866, reuni- 
dos en el teatro del Circo los Sres. Clona (hijo), Salas, Gaz- 
tambide y Barbieri, firmaron con D. Francisco Rivas una es- 
critura, por la cual se comprometió éste a construir un teatro, 
con las condiciones que se estipularon, en los solares señalados 
con los números 2 y 4 de la calle de Jovellanos; también se 
dijo que E.ivas, como garantía del contrato, había recibido 
12.000 duros, y que durante cierto número de años cobraría el 
contratista a prorrata el capital invertido, quedando luego la 
finca como propiedad de los otros cuatro señores. 

El terreno medía 27.702 pies, dedicando 23.000 al edificio, 
y lo restante para una plazoleta que quedaría delante del tea- 
tro, cerrada con una elegante verja. La sala tendría cabida 
para 3.000 espectadores; el arquitecto era el Sr. Gándara, y la 
obra había de quedar terminada en el período dé nueve meses. 

En aquel verano, los Clonas se marcharon a París: Luis, en 
busca de zarzuelas para traducir, y José, a estudiar por dentro 
los teatros de aquella capital. 

Las obras fueron tan de prisa, que en Setiembre se colocó 
la pintura del techo, debida a los pinceles de Castellanos y de 
Tomé; se quitaron los andamies del salón, empapelando sus 
paredes de papel verde claro, se colocó el entarimado y se co- 
menzaron a dorar los antepechos. 

Por fin se inauguró el 10 de Octubre de 1866 con la función 
siguiente: 

1° Sinfonía de El Barbero de Sevilla, compuesta por Car- 
nicer; pieza antigua muy conocida. — 2.® Cantata, de Antonio 
Hurtado, cou música de Arrieta. — 3.° El Sonámbulo, zarzuela 
en un acto. — 4.° Sinfonía sobre motivos de zarzuelas, compo- 
sición de Barbieri, por la orquesta y la banda militar del re- 



224 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

gimiento del Príncipe. — 5.° La Zarzuela, alegoría en un acto. 

Fue un acontecimiento en Madrid. 

, En Noviembre se presentó al público 1^ Santa María. 

El primer estreno de importancia verificado en este teatro 
se realizó en 11 de Diciembre con El diablo en el Poder, de 
Camprodón y Barbieri, por la Santa María, la Valentín y la 
Flores, y los Sres. Caltañazor, Calvet, Cubero, Arderíus y José 
Carbonell, bajo, que hizo aquella noche su debut. 

Diciembre. — El Esclavo, zarzuela en tres actos, arreglada 
del drama conocido La expiación, letra de Luis Eguílaz, músi- 
ca de Sánchez Allú y Luis Cepeda. ' 

Í867. — Enero. — Cuando ahorcaron a Quevedo, zarzuela en 
tres actos, de Eguílaz y Fernández Caballero. 

Febrero. — El lancero, zarzuela en un acto, de Camprodón 
y Gaztambide. 

Febrero. — Fra-Diávolo, zarzuela en tres actos, de Jeróni- 
mo Moran y Sánchez Allú. 

12 Abril. — Estreno de Los Magyares, de Oloua y Gaztam- 
bide, por la Di-Franco y Valentín, y los Sres. Salas {Georgey), 
Caltañazor {Fr. José), Sanz {Alberto), y Arderíus, que hizo el 
papel de Beltrán. Se representó cincuenta noches casi seguidas, 
lo que hace suponer un buen éxito en aquella época. 

La famosa actriz italiana Adelaida Ristori fue contrata- 
da por la empresa de este teatro, y dio varias representacio- 
nes de su repertorio, comenzando con Medea, en 16 de Setiem- 
bre de 1857. Después hizo Maria Stuard, Mirra, Pía de Tolo- 
mey, Rosmunda, Camma, Fazio, Macbeth, Francesca de Rimi- 
ni. La locandiera, Fedora, Giuditta y Adriana. Gustó mucho; 
en la noche de despedida la arrojaron al palco escénico multi- 
tud de flores y coronas. Costaba 26 reales la butaca. Al decir 
de los que la llegaron a oír, como trágica era superior a Teo- 
dora; pero en Adriana no llegó a eclipsar la gloria de nuestra 
modesta compatriota. La obra en que sobresalió, según el pa- 
recer de los más, fue Giuditta, conocida tragedia de Giacomo 
Giacometti. 



POR CABi>08 CAMBRONERO 225 

D. Antonio María Segó vía dioe de ella en La América: 
«Su vocación ha sido siempre tal, que, retirada del teatro 
con motivo de su casamiento, ha tenido que volver a la escena 
por consejo de los médicos, como único remedio contra la hi- 
pocondría de que se vio acometida y que amenazaba matarla 
de consunción. 

«¿Cuáles son las cualidades que adornan a la Sra. Ristori? 
Todas las que constituyen una buena actriz: su figura es agra- 
dable, su voz armoniosa, su ademán noble, sus facciones bien 
proporcionadas, sus ojos hermosos y de mirada penetrante, la 
cabeza toda bien modelada, el cuello erguido, y con tal busto 
y tal cabeza, y con su estatura 'elevada, sin serlo en demasía, 
dicho se está que en las actitudes clásicas o académicas, de 
que bien se advierte que ha hecho un estudio particular y pro- 
fundo, ha de sobresalir notablemente. Mas ni esto, ni la pro- 
piedad, ni la buena economía de la acción, la hacen en nuestro 
sentir tan sobresaliente como la extraordinaria y hasta incon- 
cebible movilidad de su fisonomía, sin caer, ni rozarse siquie- 
ra, en el extremo ridículo a que es tan ocasionada la exagera- 
ción del gesticular.» 

Sin embargo de este elogio, Segovia confesó que la Ristori 
«pecaba contra la naturalidad en ciertos pasajes». 

Cuando se marchó la Ristori, volvió la zarzuela a mandar 
en su casa, y se estrenó (Octubre) El relámpago, letra de Cam- 
prodón y música de Barbieri. Gran éxito. 

Diciembre. — La roca negra, zarzuela en tres actos, arreglo 
de Mariano Pina, con música de José Inzenga y de Mariano 
Vázquez. 

1858. Febrero. — Una tempestad en América, zarzuela en 
un acto, letra de Pedro Niceto de Sobrado y música de Carlos 
Llorens, el autor de La batalla de InTcermán. 

Marzo. — El planeta Venus, zarzuela de Vega y Arrieta. 
La Elisa Zamacois apareció en la Zarzuela durante esta 
temporada, y obtuvo el favor del publico por su buena voz, 
su hermosa figura y su desenfado. Se hizo tan simpática, que 

16 



226 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Isabel II, no habiendo podido asistir al beneficio de esta actriz, 
la envió al día siguiente unos aretes de brillantes. 

Junio. — Bruschino, zarzuela en dos actos, traducida al cas- 
tellano, música de Rossini; por la Mora, Salas, Royo, Salces 
y Cubero. 

Casado y soltero, zarzuela de Olona y rfaztambide. 

Setiembre. — La Embajadora, en tres actos, arreglo de 
Antonio María Segovia, música del Maestro Auber, por la 
Santa María, la Mora, la Zamacois, Salces, Fuentes, Cubero 
y Arderíus. 

Octubre. — Un cocinero, un acto, de Caraprodón y Fernán- 
dez Caballero. 

La dama blanca, tres actos, obra postuma del composi- 
tor Martín Sánchez Allú. Se dio un beneficio a su madre y 
hermana. 

Noviembre. — Azón Visconti, tres actos, de García Gutié- 
rrez y Arrieta, y el El dominó negro, de Auber. 

Diciembre. — El juramento, tres actos, de Olona y Gaz- 
tarabide. Gustó mucho. La interpretaron: Baronesa, la Santa 
María; María, la Mora; Sebastián, Caltañazor; Margue», Obre- 
gón; Conde, Calvet, y Carlos, Cabero. 

1859. Febrero — El robo de las sabinas, de García Gutiérrez 
y Barbieri. 

Dijeron que el libreto estaba tomado do Venlevement des 
Sabines, ópera cómica de Mr. Emfis. 

Abril. — Un pleito, en un acto, de Ricardo de la Vega y el 
maestro Caballero. 

Mayo. — El último mono, zarzuela en un acto, escrita sobre 
el pensamiento de una obra de Alfonso Karr, por Narciso Se- 
rra. Se desempeñó con el siguiente reparto: Gregoria, la Za- 
macois; Juan Colchón, Salas; Ciego, Caltañazor; Sánchez, Cal- 
vet; López, Cubero; Negro, Galván, y Duque, Arderíus. 

Se trató en esta época de desterrar el sombrero de copa, 
substituyéndole por un hongo de forma semejante al chamber- 
go del siglo XVII, pero la moda no hizo buen efecto, y los entu- 



I 



POR 0ARL08 CAMBRONERO 227 



siastas de la reforma tuvieron que desistir. Con este motivo, 
y por ser asunto de actualidad, se representó en la Zarzuela 
una gacetilla lírica, titulada La guerra de los sombreros^ que 
gustó mucho. Era letra de Picón y música del maestro Ca- 
ballero. 

Junio. — Aunque ya era conocido del público, salió en este 
teatro el barítono Modesto Landa con la zarzuela El Grumete. 
Al teatro de la Zarzuela vino, en Julio de 1859, una compa- 
ñía de ópera cómica francesa, en que figuraban como primeras 
partes Mmes. Ugalde y Vade, y los Sres. Bearnó, Vicent y 
RoUand. Hicieron Le Gaid, Galathée, Le toreador (de Adam), 
La filie du regiment (de Donizetti) y otras. Una noche cantó la 
Ugalde en español El estreno de un artista, acompañada por 
la Montañés, Salas, Calvet y Blasco. 

Setiembre. — Zampa o la esposa de mármol, arreglo de 
Serra y Pastorfido a la música de Herold. La representaron 
la Santa María, la Zamacois, Obregóu, Oliveres y Cabero, 

Además se hicieron en este mes las tres zarzuelas siguien- 
tes, todas en un acto: La vieja y el granadero, de Eugenio 
Sánchez Fuentes y Joaquín Espín y Guillen; Los conspirado- 
res, de Froutaura y Javier Gaztambide, y Una emoción, de Leo- 
poldo Bremón y el maestro Caballero. 

Octubre. — Entre mi mujer y el negro, dos actos, de Clona, 
y Compromisos del no ver, de Pina; ambas con música de Bar- 
bieri. 

Noviembre. — La vuelta de Oolumela, traducción de Ma- 
nuel del Palacio, acomodada a la música del maestro Fiora- 
vanti. 

Diciembre. — Los mosqueteros de la Reina, arreglo de Juan 
E.UÍZ del Cerro, y música de Mariano Vázquez. 

Entró la Mora, guapa y de buena voz, a formar parte de la 
compañía. 



228 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



Oonolertos . 



1850. Enero. — Circo. — Gran concierto por Bazzini, primer 
violín, a solo^ de las cortes de Florencia y Parma. Tocó: Varia- 
ciones de bravura, de Paganini, sobre el tema de La Molina' 
ra, para violín sin acompañamiento, y El carnaval de Venecia, 
con nuevas variaciones. Tomaron parte en el concierto, como 
era costumbre entonces, Mlle. Landi, que cantó en francés el 
aria de La Favorita] Mlle. Luchessi, que ejecutó al piano la 
Plegaria de Moisés, de Thalberg, y Gasparini, que tocó en el 
acordeón la cavatina de Hernani. Gasparini era el barítono de 
la ópera. 

Estos artistas dieron un concierto después en el Teatro del 
Principe. 

Febrero. — Cruz. — Se tocó por la orquesta la sinfonía de 
Mercadaute Los dos Fígaros, acompañada con la pandereta 
por Mirailes, primer panderetólogo de Europa, haciendo varios 
y difíciles equilibrios. 

13 Marzo. — Circo. — Aparece el pianista Konstki otra vez, 
porque había dejado muchas simpatías en Madrid. Tocó una 
pieza sobre un tema de Hernani, y otra sobre motivos de 
Atila. Se completó la función con el cuarto acto de esta ópera 
y bailes españoles y extranjeros. 

Barbieri, que escribía las revistas musicales en La Ilustra- 
ción, dedicó un artículo a Konstki, del que resultaba éste mal- 
parado, pues venfa a demostrar que el concertista era una me- 
dianía, inferior, por lo tanto, a Thalberg y Listz, y no mejor 
que nuestros compatriotas Albéniz, Guelveuzu y Mendizábal. 
Dijo también Barbieri, censurándolo, que una misma compo- 
sición, Friere du soir, la había dedicado, en Francia a Madame 
Jenny Godart-Desmarest, y en España al rey D. Francisco de 
Asís. Kontski replicó, defendiéndose de los cargos que Barbie- 
ri le hacía, y preciso es confesar que tuvo poca fortuna en la 
defensa. El revistero se firmaba con las iniciales F. B. y como 



POR CARLOS OAMBRONERO 229 

el pianista pusiese en duda las condiciones que de compositor 
tenía el anónimo crítico, éste le contestó diciendo: «Retamos 
al Sr. Kontski a escribir en determinado tiempo, y sujetándo- 
se a un jurado de maestros, nna. partición de voces y orquesta 
oon palabras y bases determinadas». Claro es que Kontski no 
aceptó, porque sabía quién era el crítico F. B. 

Mayo. — Principe. — Concierto por Mr, Magnus, pianista de 
S. M. el rey de los belgas. Tocó una fantasía sobre Lucia di 
Lamermoore, otra sobre Hugonotes, una tarantela española y 
el indispensable Carnaval de Venecia. Terminó con una impro- 
visación sobre un tema propuesto por el público. 

Julio. — Circo— Concierto por el Sr. Szczepanoski, profesor 
de guitarra que había tocado en las capitales de Europa, y en 
presencia de la reina de Inglaterra. 

Mr. Hermán, propietario de los antiguos Salones orientales 
de la calle de la Victoria, inauguró en aquel local unos con- 
ciertos dirigidos por Mollberg, con el nombre del Sarao orien- 
tal. Había querido establecer un cafó-concierto como el Café 
de la Sultana o los Conciertos Mussard, de París; pero una 
larga serie de dificultades le hicieron desistir de su propósito. 

En los conciertos de Mollberg fueron muy aplaudidos los 
valses La despedida oriental, El Canto de los Alpes y Lágri- 
mas de alegría, composiciones del director. 

En el verano de 1850 se generalizó la costumbre de dar 
conciertos en los cafés, para atraer concurrencia. Inició la re- 
forma el cafó de Neptuno, de la calle del Caballero de Gracia, 
donde se cantaban trozos de ópera con acompañamiento de 
piano; y luego le imitó el cafó de la plaza del Progreso, que 
añadió instrumentos de cuerda y coros. Las últimas piezas de 
estos conciertos eran siempre canciones españolas en que el 
maestro Iradier salía favorecido. El Café Español, establecido 
en la Puerta del Sol, puso conciertos de piano y bandurria; el 
café de Amato, calle de Alcalá, concierto por la banda del ba- 
tallón de Chiclana, y el café del Iris, por la charanga de caza- 
dores de Baza. 



230 GRÓNIOAB DEL TIEMPO DiC ISABEL II 

En el Instituto se tocaba por la orquesta La rondalla del 
sitio de Zaragoza, de Oudrid, cantada por los ciegos de la calle, 
con acompañamiento de coros, guitarras y bandurrias, y bai- 
lada por todo el cuerpo coreográfico del teatro. Esta rondalla 
se tocaba y cantaba en varios teatros. 

1851. Febrero. — Variedades. — Concierto de bandurria por 
Miguel Echevarría. Tocó una fantasía sobre motivos de Nor- 
ma, otra de aires nacionales y la Jota aragonesa. 

Abril. — Concierto en el salón de descanso del teatro Real 
(hoy salón del Conservatorio), por Maximiliano Bohrer, primer 
violoncello solista del rey de Wurtemberg : Variaciones sobre 
canciones stirias, un adagio, un rondó y el Carnaval madrileño. 
Tuvo el concierto varias suspensiones, y luego dio Bohrer 
otras sesiones en el Liceo Matritense de la calle de Capellanes, 
acompañándole al piano Inzenga y tocando Mollberg el xilo- 
cordium. 

31 Mayo. — Teatro Real. — En el beneficio del barítono Ba- 
rroilhet cantó la Frezzolini, vestida de andaluza, una canción 
española, La red de amores, letra de Romero Larrañaga y mú- 
sica de Espín y Guillen. 

Julio. — Casino de Santa Bárbara, junto al Hipódromo. — 
Conciertos, en que Spolidoro tocaba el arpa, y el violín Ben- 
Tenuto y un niño llamado Fortuni. 

Noviembre. — Principe. — Concierto por el violinista alemán 
Luis Eller. Tocó: Fantasía de Norma, Aires stirios y Varia- 
ciones. 

Diciembre. — Circo. — Conciertos del pianista Gottschalk. 
Tocó: Los bosques. La danza osiánica. Le bannanier, Jerusa- 
Un, fantasía a dos pianos, con Aguirre; cuarteto de Lucia, 
Gran galop, y Marcha final del concierto de Weber (1). Gotts- 
chalk estuvo mucho tiempo en Madrid. En Junio de 1862 dio 
un concierto, también en el Circo, en que tocó la sinfonía de 



(1) Gottschalk habitó en la calle Mayor, 25, segundo. 



POR CARLOS CAMBROMBRO 231 



La caza, a tres pianos, con Mi ralles y Aguirre, y El sitio de 
Zaragoza, fantasía ¡a diez pianos! 

Describía un periódico esta composición en los siguientes 
términos: 

«El primer motivo, por medio del cual trata de expresar 
el autor el tumulto y el desorden de la ciudad durante los mo- 
mentos terribles del asalto, consiste en un sinnúmero de esca- 
las cromáticas descendentes, y en octavas, alternando con un 
canto, cuyo ritmo está marcado por unos acordes fortísimos. 
A poco se oye una reminiscencia de la Marcha real, en tono 
menor, que trae involuntariamente a la memoria el dolor que 
se apodera de los sitiados, la angustia indefinible que siente la 
madre al separarse de su hijo, la esposa del esposo, la joven 
de su amante, en el supremo instante de acudir los hombres a 
la brecha, guiados del sentimiento patriótico e irresistible de 
defender sus hogares, y con ellos los más dulces objetos de su 
cariño. Estas duras despedidas están determinadas eu la fan- 
tasía por medio de ejecuciones de un efecto inexplicable. Des- 
pués se oyen a lo lejos clarines que ejecutan la Marcha real, 
que representa a los zaragozanos marchando al combate, cuyo 
estruendo se anuncia por medio de cañonazos que también re- 
suenan a lo lejos. Durante un instante reina un estrépito que va 
calmando poco a poco, como en señal de que se ha suspendido 
la lucha. Vuelve a oirse la Marcha real, fugada, alternando 
con la Jota, fugada también. 

• Momento de descanso. 

•Tranquila la ciudad, después de pasado el primer peligro, 
renaoe la alegría en los semblantes de los sitiados, cuyo efec- 
to se expresa en la fantasía por medio de la Jota, variada, pri- 
mero piano y después crescendo, hasta terminar con un tutti 
los diez pianos, durante cuya ejecución brotan torrentes de 
armonía de un efecto mágico. Después de la Jota se reproduce 
el estrépito, figurando un asalto, por medio de escalas cromá- 
ticas descendentes, a las que sigue un juego de armonías imi- 
tativas de los clarines. Componen el final la Marcha real, fu- 



232 CRÓMICAS DEL TIBUPO DE ISABEL II 

gada, variando de tonos; acordes a tutti, y un nuevo crescendo 
de clarines, con los bajos fugados, sobre el tema de la Mar- 
cha real. 

» Lejos de haber confusión en los sonidos, se oyen clara y 
distintamente todas las melodías, sin que se pierdan ni una 
nota, ni uno solo de los delicados dibujos con que Gottschalk 
ha bordado sn fantasía, aun a pesar del estrépito producido 
por la aglomeración de armonías, que unas veces como menu- 
da lluvia, otras como una granizada que cayera con impetuosa 
fuerza en medio de furioso temporal, llegan a los oídos con 
pasmosa regularidad. El piano de Gottschalk descuella sobre 
todos, distinguiéndose de los demás los sonidos que en él pro- 
duce, como si fuera un instrumento de diferente calidad en su 
esencia.» 

1852. Enero. — Concierto en el Teatro Real, por el violinista 
Eller; Sarmiento y Allú tocaron variaciones para flauta y pia- 
no, otras variaciones (era la moda) para cornetín, deBarbieri, 
por Agustí Mellen, y Mollberg con su xilocordeón. 

Febrero. — Concierto por el primer clarinete del Teatro de 
la Scala de Milán, Signor Ernesto Cavallini.Tocó: Fiori Rossi- 
niani, Canto griego, y variaciones sobre motivos de la ópera 
Elisa y Claudio. 

Abril. — Belart cantó, con aplauso, Las ventas de Cárdenas, 
qué tenía un trozo en francés, otro en italiano, la caña, la ron- 
deña y la jota. Aunque hacía la competencia a Salas, que es- 
taba, inimitable en esta canción, gustó mucho. 

Junio. — Jardín Chaplet. — Fuera de la puerta de Recoletos, 
que estaba al final de este paseo, se dieron unos conciertos, 
vocales e instrumentales, en un jardín que, por las referencias 
de los periódicos, no debía añadírsele el calificativo de frondo- 
so. En los conciertos cantaban en francés Mmes. Baille-Preti 
y Oberthal, Mlle. Desperarmont y Mr. Q-arry (1). Los cantan - 



(1) Estos cantantes pasaron en Setiembre al Circo de Paul, y Madama 
BailIe-Pretí cantó en español La jota aragonesa, de Florencio Lahoz. 



POR CARLOS DAMBRONERO 233 



tes, sin ser de primera, no lo hacían mal, y el público pasaba 
el rato agradablemente. Además del concierto había baile pú- 
blico, juegos de agna, café, fuegos artificiales y tiro de pisto- 
la. El Gobernador concedió permiso para que la puerta de 
Recoletos no se cerrase hasta las doce y media de la noche. El 
trayecto desde la citada puerta al jardín estaba poco alumbra- 
do, y los periódicos lo censuraban. 

Los contemporáneos del autor de estas Crónicas recordarán 
que la música del regimiento de Ingenieros gozaba de gran 
preponderancia. Vamos, pues, a contar el motivo que la oca- 
sionó. Era Director del Cuerpo de Ingenieros militares, un se- 
ñor muy aficionado a la música, y deseando que la banda del 
regimiento que daba la guarnición en Madrid se pusiese a la 
altura de las entonces famosas de los regimientos austríacos, 
comisionó al músico maj'or Sr. Cascante para que estudiase 
en Viena la organización de aquéllas, acomodándola a la ban- 
da de Ingenieros, cuyo cuartel se hallaba entonces en un case- 
rón que venía a estar en la calle de Alcalá, frente a la de la 
Reina Mercedes. Cascante trajo de Alemania nuevo instrumen- 
tal, reformó la banda por completo, y el día 12 de Junio de 
1852 se presentó por primera vez ante el público de Madrid a 
la hora de la lista, que se pasaba fuera del cuartel, bajo las 
dos líneas de acacias que adornaban la calle; tocaron la mar- 
cha del Profeta. La lista del regimiento de Ingenieros llegó a 
constituir un espectáculo gratuito para los aficionados a la 
música. 

Junio. — Circo. — Cantó Luisa Santamaría una canción titu- 
lada La bofetá, compuesta por Salas. 

1852. Diciembre. — Circo. — Concierto de MoUberg, que tocó 
el xilocordeón. 

1853. Mayo. — Principe. — Concierto de flauta, por D. José 
María Rivas, acompañado al piano por la Srta. Scott. 

En la Cruz, el mismo mes, concierto a beneficio de los po- 
bres de Chamberí. Aria de Jerusalén, cantada por el Sr, Mai- 
mó; variaciones de cornetín por Luigini, acompañándole al 



234 ORÓNIGAS DEL TIEMPU DK ISABEL II 



piauo Aguirre, y Mollberg tocó al violíii unas variaciones com- 
puestas por él, finalizando con un vals de Strauss, en el consa- 
bido xilocordeón. 

Octubre. — Circo. —Concierto por el joven Jesús Monaste- 
rio, que acababa de llegar de Bruselas, donde había obtenido el 
premio de honor de aquel Conservatorio. Tocó una fantasía de 
Beriot, y un andante y tarantela, de Vieuxtemps. En Noviem- 
bre repitió el concierto en el Real, tocando una Fantasía espa- 
ñola, de su composición, y las variaciones del Carnaval de 
Venecia. 

1854. Abril. — Teatro Real. — Concierto por el violinista 
Camilo Sivori. Tocó: adagio y rondó de La Clochette, de Pa- 
ganini; fautasía sobre motivos de Lucia, y El carnaval de 
Cuba, imitando el canto del sinsonte, pájaro de aquel país. 
Dio otro concierto en el Circo, 

186B. Enero. — Instituto. — Concierto por el joven violinista 
catalán Sr. Portuny. Fue muy aplaudido. 

Febrero. — Circo. — Amalia Ramírez cantó eu un beneficio 
el famoso Vals de Venzano. 

En los entreactos de la ópera del Teatro Real tocó el con- 
certista de trompa, Signor Cavalli, profesor del Teatro de la 
Scala de Milán, una fantasía sobre motivos de Lucia, y una 
composición original, titulada El Eco. 

Febrero. — En el mismo teatro cantó Marieta Spezia, la 
noche de su beneficio, la famosa canción del Marqués de Cara- 
vaca, ¿Quién me verá a mi? 

Marzo. — Ci'uz. — Mosaico instrumental, compuesto sobre 
motivos del Trovador, por el joven Manuel Fernández Caba- 
llero, para orquesta. 

Mayo. — Real. — Concierto por el pianista húngaro Osear de 
la Cinna. Tocó la Gran sonata de Beethoven, acompañado al 
violín por Rafael Pérez; Melodías húngaras, y conciertos de 
Mozart y de Weber. Decían de él: «Toca con sumo gusto e in- 
teligencia, posee excelente escuela y caracteriza con verdad 
las obras maestras de los autores clásicos. En su estilo no hay 



POR CARLOS CAMBRÓN lüRO 235 

exageración, ni maneras teatrales, ejecutando el género más 
difícil en música.» 

1856. Marzo. — Real. — En un intermedio se tocó la gran fan- 
tasía musical titulada La batalla de InJcermán, compuesta por 
Carlos Llorens, músico mayor del regimiento de Asturias, que 
estaba de guarnición en Valencia. Se tocó la fantasía por la or- 
questa del teatro y las bandas militares de Madrid, autorizan- 
do por Real orden a Llorens para que viniera a dirigir la obra. 

1856. Marzo. — Se presentó en el Instituto, ya cambiado su 
nombre por el de Tirso de Molina, una compañía de suizos que 
llamó mucho la atención: «Con sólo sus gargantas, lenguas y 
labios imitaban toda clase de instrumentos, flautas, violin, 
arpa, figle, trompa, chinescos, trombón, platillos, clarinete y 
organillo, produciendo una armonía y afinación asombrosas.» 

Junio. — Principe. — Concierto dado por Jesús Monasterio. 
Tocó: Fantasía de 1 lombardi, El trémolo de Beriot, Adiós a la 
Alhambra, y Fantasía de aires españoles/ acompañándole al 
piano Martín Sánchez Allú. 

Circo. — En un intermedio cantó canciones nacionales, acom- 
pañándose a la guitarra, María Martínez, la Negrita. 

Noviembre. — Real. — Concierto por la joven pianista Eloísa 
D'Herveil. Tocó: Fantasía sobre motivos de Oberon, Noctur- 
no de Dolher, y El carnaval de Venecia. 

1857. Enero. — Zarzuela. — Concierto por Casella y Marchi- 
sio. Tocó el primero (violoncello) fantasía de Bellini y galop 
de Schulof; el segundo (piano), fantasía de Norma y Pre- 
ghiera (melodía). 

Marzo. — En el mismo teatro. — Cantó el tenor español Fía- 
vio (en un beneficio) el rondó final de Lucia, con coros y deco- 
ración, y Santísima Virgen Maria, romanza de Gordigiani, 
acompañándose él mismo al piano. 

Abril. — Real. — Concierto por el pianista Enrique Herz, 
Tocó: Qwiwíeío para piano y orquesta, composición suya; va- 
riaciones sobre motivos de La Favorita', fantasía militar de 
La figle du régiment y La californiene, polka brillante. 



236 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Junio. — Zarzuela. — Se presentó el panderetólogo José 
Boiz, quien tocaba dos panderetaji a un tiempo. 

1867. Setiembre. — Circo de Paul. — Presentación de Livio 
Mazza, que tocaba el órgano melódico. No sabemos cómo era 
esne instrumento, ni las piezas que ejecutó. Había tocado ya 
en presencia de la Reina y en casa del duque de Híjar. 

La Salvadora Cairón cantó, en un beneficio verificado en el 
teatro de Novedades (Mayo 1868), la famosa canción Quién me 
verá a mi. 

En Marzo y Abril de 1869 se dieron en el teatro de la 
Zarzuela seis conciertos sacros, organizados por Salas y dirigi- 
dos por Barbieri, con una orquesta de 66 profesores, 70 voces 
y órgano. Para que el lector pueda formar una idea, enuncia- 
remos el programa del primer concierto: Obertura, de Oberón. 
Motete, de Mozart. — Solo de piano, de Gottsobalk, por el niño 
de once años Teobaldo Power. — Aria, de Stradella, cantada por 
Oliver, con acompañamiento de viola, violoucello y órgano. — 
Andante con variaciones, de Beethoven, para violín, viola, 
violoncello y piano, por Monasterio, Arche, Casella y Arrio- 
la. — Plegaria del Moisés, de Rossini, con coros y siete arpas. — 
Stabat Mater, de Rossini, por la orquesta y coros. 

Marzo. — Principe. — Concierto por la cantante Srta. Ber- 
nard y la pianista Eloísa D'Herveil; aquélla cantó La Juani- 
ta, de Iradier, y ésta tocó variaciones sobre El carnaval de Ve- 
necia, de Schuloff. 

Abril. — Real. — En un beneficio cantó el Sr. Llorens La 
abaniquera, canción española, letra de Manuel del Palacio y 
música de Skoczdopole. 

O ore o grafía. 

El año 1850 es célebre en la historia de la coreografía ma- 
tritense, porque en él se coloca el período álgido del entusias- 
mo del público por las cinco estrellas del arte que bailaron en 
los teatros de la corte: la Pepa Vargas, la Manuela Perea, co- 



POR GARLOS CAMBRÓN BRO 237 

nocida por la Nena, la Petra Cámara, la Q-uy Stephan y la So- 
fía Fuoco. 

La Vargas estaba en el teatro del Instituto (1); la Nena, en 
la Cruz; la Cámara en el Principe, y la Q-uy Stephan en el 
Circo . 

La Vargas conquistaba aplausos frenéticos con el Ole; la 
Nena, con El jarabe gaditano y la Cámara con El polo del con- 
trabandista. La Guy se presentó el 16 de Marzo con el baile de 
gusto francés, La aurora, y después con El lago de las hadas o 
Gisela. 

Terminados los compromisos que la Nena tenía con la em- 
presa de la Cruz, pasó al Instituto, y apareció en el escenario 
de aquel teatro el día 3 de Mayo, con un baile nuevo, compues- 
to por el maestro Oudrid, Curra la macarena. 

Dardalla era un empresario que entendía el negocio: reunir 
en el mismo teatro dos primeras bailarinas, era contar con se- 
guras entradas. El gran acontecimiento se verificó el 28 de 
Mayo, cuando la Vargas y la Nena trabajaron juntas en La 
zandunga, boleras a tres, compuestas por el maestro Hipólito 
Gondois. Las acompañó el bailarín Atané. 

Otro acontecimiento fue el beneficio de la Nena, el día 5 de 
Junio, en que bailaron separadas: el Ole, la Vargas; el Ole, la 
Nena, y juntas. Las majas de rumbo. Baste decir que aquel día 
no se abrió el despacho de billetes, porque estaban vendidas 
desde el anterior todas las localidades. 

Figuraban en este tiempo la insinuante y picaresca Adela 
Guerrero, con sus sonrisas, sus quiebros y sus monadas; la An- 
tonia Martínez, hermosa mujer de esbelto cuerpo y admirable 
musculatura; su hermana Adela, bonita y elegante, de negros 
ojos y pulido pie; las tres hermanas Guerrero, hijas del maes- 



(1) La Vargas nació en Cádiz, el año 1828. A los once años bailaba en 
Gibraltar; luego pasó a su pueblo natal, a Santiago, Vigo, a Zaragoza y 
Barcelona en 1843, y apareció en Valencia el año 1849, como primera bai- 
larina. 



288 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

tro bailarín del mismo apellido; las hermanas Senra, la Con- 
chita Ruiz, la Cubas, la Valle, la Quintero, la Picazo, la Bus- 
tamante, la Calleja, la Fontanella y la Homero, alias la Cu- 
chillera. 

En 1850 bailaba El ole en los Basilios, con gran aplauso, 
Rosalía Bustamante. 

El 16 de Marzo se presentó en el Circo la Guy Stephan con 
un baile ya conocido, por falta de tiempo para preparar otro: 
La aurora. Tjuego hizo Gisela o el lago de las hadas. 

El 16 de Abril fue la salida de la Sofía Fuoco, con Los cin- 
co sentidos f en el teatro citado. 

El 11 de Mayo trabajaron en la misma noche, aunque no 
juntas, la Guy y la Fuoco, haciendo aquélla La Aurora, y ésta 
Catalina o la hija da las hadas. 

En Junio hicieron en una función: la Fuoco, un acto de Ca- 
talina y otro de Los cinco sentidos, y la Guy, La madrileña y 
un acto de La corte de Luis XIV, en que representaba el papel 
del Conde deRichelieu. Entusiasmo indescriptible del público. 

Se puso de moda el peinado a la Fuoco. «Este peinado — 
decía un periódico, — puesto muy en relación con los tiempos 
de Luis XIV, aparta de la cara el pelo que tanto la adorna, de- 
biendo poseer una belleza superior la niña que tome por mo- 
delo la cabeza de la célebre bailarina. Únicamente el calor de 
estación podrá generalizar una moda que no a todos los rostros 
favorece.» 

El 26 de Junio, en el beneficio del bailarín español Atañó, 
tomaron parte las dos estrellas extranjeras y la Vargas, con la 
compañía de baile del Instituto. 

La Vargas y la Cámara dieron algunas representaciones de 
baile en el Circo con la Antonia y la Carmen Martínez, y con 
Ruiz, haciendo Las mozas juncales. 

Merece citarse el beneficio de la Guy, en que tomó parte la 
Fuoco, y el de ésta, en que la otra correspondió con igual ga- 
lantería; pero superó a todo el beneficio del maestro Skoczdo- 
pole, en que bailaron la Guy, la Fuoco, la Vargas y la Cámara, 



POR CARLOS OAMBRONERO 239 



repitiéndose la función, para cerrar la temporada coreográfica, 
el 28 de Julio, a beneficio de las dos bailarinas españolas. 

La Gl-uy Stephan tenía gracia, voluptuosidad, elegancia; 
la Fuoco corrección, seguridad. Por las referencias que a ellas 
hacen los revisteros de la época, se deja traslucir que no eran 
mujeres guapas cómo la Cámara, la Vargas y la Nena, a quie- 
nes no se nombra sino acompañando encomiásticos calificati- 
vos de su belleza; sin embargo, aquellas dominaban, sin nin- 
gún linaje de duda, el arte a que se habían dedicado. 

De la Fuoco decía un periódico, reseñando un baile que se 
había estrenado en el Circo: 

«La que se sobrepuja a sí misma en el baile de que vamos 
haciéndonos cargo {Céfiro y Flora) es la Srta. Fuoco, que des- 
pliega en él todas las prodigiosas facultades de fuerza en la 
musculatura, ligereza y gracia que aplaude y admira el públi- 
co de Madrid; hace pasos nuevos tan originales y difíciles, 
unos batidos tan ligeros y menudos, que la vista no puede se- 
guirlos; otros lentos, prolongados y variados hasta lo infinito; 
ejecuta unos molinetes tan sostenidos y tan diversos, y sor- 
prende, en fin, con una diversidad tal de posturas graciosas y 
dificilísimas, que consigue arrebatar el entusiasmo de los es- 
pectadores.» 

De la Guy Stephan decía otro diario: 

«París, la moderna capital de la Europa civilizada, la corte 
que puede considerarse como la reina de las artes y de las le- 
tras, es su patria. Allí recibió las primeras lecciones de su arte, 
y allí pudo, más adelante, ponerlas en práctica, para que infi- 
nidad de coronas y ramilletes la recompensasen continuamente 
de las dificultades con que habrá tenido que luchar la que se 
cuenta hoy en el número de las cinco bailarinas que la Europa 
admira (1). Londres, Milán, Burdeos y otras ciudades princi- 
pales han tributado con aplausos de verdadero entusiasmo, un 



(1) La Carlota Orissi, la María TangUoni, la Fanny Corito y la Sofía 
Fuoco. 



240 ORÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL H 

homeuaje justo al relevante mérito de la Q-uy Stephan. Al pre- 
sentarse otra vez ante el público de Madrid ha hecho alarde de 
nuevas dificultades vencidas, de pasos tan difíciles como gra 
ciosos.» 

La época del delirio por el baile se halla comprendida en- 
tre los meses de Abril a Junio, ambos inclusive, de 1860. La 
competencia de la Guy Stephan y la Fuoco, hizo estallar una 
enconada rivalidad que dividió en dos bandos rabiosos e irre- 
conciliables a los espectadores. Los fuoquistas y los guiyistas 
se hacían una guerra encarnizada, cubriendo todas las noches 
de ramos y coronas de flores el escenario del Circo, al punto 
de que un periódico de aquellos días calculaba en quince o 
veinte mil duros el importe de las flores arrojadas como se ha 
dicho, en una temporada que no pasó de tres meses. 

Hubo desafíos, rompimiento de amistades, disgustos y des- 
avenencias entre las familias. Los partidarios de la Guy re- 
presentaban la burguesía, la gente de dinero; los de la Fuoco 
eran títulos de Castilla, gente de sangre azul; aquéllos lle- 
vaban para distinguirse, un clavel rojo en el ojal del frac o 
de la levita; éstos, un clavel blanco. Tanto se exasperaron los 
ánimos, que cuando bailaba una de las sílfides, no iban altea- 
tro los entusiastas de la otra. El célebre banquero y hombre 
de negocios, D. José de Salamanca, arrojó una noche a la Guy 
una pulsera de brillantes entrelazada en un ramo de flores, 
hecho que se discutió largamente en los cafés y en las tertu- 
lias, y que produjo una conmoción entre los chismófilos, como 
el acontecimiento europeo de más importancia. 

Un escritor coetáneo (1) publicó en cierta revista literaria 
unas redondillas, describiendo el estado de apasionamiento del 
público por las bailarinas, y condoliéndose amargamente úe 
ello. Copiaremos algunas estrofas para que el lector pueda 
formarse idea: 



(1) D. Juan de la Rosa González. 



POR CARLOg CAMBRÓN ERO 241 

Tirad la pluma, poetas, 
y esperad tiempos mejores; 
dejad vosotros, autores, 
el campo a las piruetas; 
id, y del arte en las ruinas 
dad sepulcro a vuestra pena, 
mientras que invaden la escena 
los pies de las bailarinas. 

Por eso vivís penando 
privados de los placeres, 
mientras hay cuatro mujeres 
que se enriquecen bailando. 
Vates, suspirad aquí 
las inventivas amargas 
contra la Mena y la Vargas, 
contra la Fuoco y la Guy (1). 

La Nena y la Vargas van 
en el baile a competir, 
y es excusado decir 
si las dos se esmerarán. 
Todos los espectadores 
están llenos de ansiedad, 
porque aquí cada deidad 
tiene sus adoradores. 
Los de la Nena, nenistas 
se apellidan muy formales, 
y por razones iguales, 
los de la Vargas, varguistas. 

Las dos quitan el sosiego 
con su hermosura y donaire: 
la Nena, es hija del aire, 
la Vargas, hija del fuego. 



(1) Cuando se publicaron estos versos no bailaba la Petra Cámara en 
Madrid. 



16 



242 CRÓNICAS DKL TIEMPO DE ISABEL II 

Cuando la Vargas levanta 
su falda, mirando al cielo, 
muestra su pierna modelo (1), 
sus brazos y su garganta, 
entre aplausos y entre antojos; 
al mirar tanta belleza, 
una obispa de impureza 
refleja en todos los ojos. 
Cuando columpia la Nena 
su flexible ouerpecito, 
y adelanta el pie bonito, 
una aclamación resuena; 
y ella, entre aplausos mecida, 
al público desvanece, 
pues con la danza parece 
que se evapora su vida. 

Toda la Prensa do la época refleja el estado de ánimo del 
público, que parecía obsesionado por las bailarinas. La Espa- 
ñtty periódico sensato, decía en 20 de Junio: 

«En todas las funciones en que toman parte las bailarinas, 
hay lo que estamos caiísados de repetir: aplausos, bravos, ra- 
mos, coronas y ¡que se repita! ¡que salga! La Vitadiui y Mu- 
sich, aunque han cantado muy bien, apenas han sido aplaudi-^ 
dos. ¡A qué tiempos hemos llegado! ¡Para la música, para este 
arte encantador, nada! ¡Para las piruetas, todo!» 

Sin embargo, cuando en Noviembre apareció otra vez la 
Fuoco en Madrid, el público del Teatro Real ^ olvidando por 
completo sus entusiasmos del mes de Julio, la aplaudió tibia- 
mente; y eso que la empresa dispuso la representación de bai- 
les a estilo de los que tanto furor habían hecho en el Circo. El 
3 de Diciembre se representó El Diablo Gojuelo, en tres actos 
y nueve cuadros, por la Fuoco, la Laborderie, la Villeti, Mas- 



(1) El rey de Ñapóles había dado un decreto, poco tiempo antes, para 
que las bailarinas no salieran escotadas, y que vistieran un pantalón de 
seda sujeto al tobillo. 



POR GARLOS OAMBRONERO 243 

sot y Dor, introduciendo un paso español para la primera bai- 
larina, con música de Gondois. También hicieron Aureocel o la 
reina de las mariposas. 

Aunque había pasado el furor por las bailarinas, no deja- 
ban de llamar algo la atención, llevando gente al teatro donde 
trabajaban; así es que las empresas procuraban contratar al- 
guna de las tres españolas que figuraban como estrellas de pri- 
mera magnitud: la Petra Cámara, la Pepa Vargas y la Nena. 
La novedad de 1861 fue la presentación, en el escenario del 
Instituto, de Fanny Stanley, una amazona que estaba conquis- 
tando grandes aplausos en el circo de Mr. Touruaire. Guerre- 
ro la enseñó en pocos días a bailar el Ole y la Prensa hace elo- 
gios de su gracia y habilidad. 

Después bailó el Vito gaditano y Los marineros de Cádiz. 
La Petra Cámara se preciaba de muy señoril. Enferma re- 
pentinamente la Nena, que se había anunciado para tomar 
parte en una función de los Basilios, a beneficio de D. José 
María García, la Cámara se prestó gratuitamente a suplir la 
falta de su compañera. 

La empresa del Real pretendía renovar los triunfos que las 
bailarinas habían obtenido en el Circo, y contrató a Fanny 
Cerito, que tenía una fama europea, para que hiciera el baile 
en cuatro actos, Stella o las dos novias, con la Villeti, la Mén- 
dez, la Lebloud, Massot 3'^ Saint-Leon. El público la recibió 
bien, pero sin entusiasmo. 

La Stanley pasó del Instituto a Variedades, y el 2 de Se- 
tiembre de 1861 se despidió para Londres. 

1854. Diciembre. — Real. — La cantinera, baile compuesto 
por Saint-Leon y dirigido por Massot, en que tomaron parte 
la Lammereaux, la Medina y la Méndez. Tenía bl baile las 
partes siguientes: Paso de la cantinera, Mazurka, Paso de la 
inconstancia. Vals stirio y La RodrosTcJca. . 

De 1853 a 1854 estuvieron en París, contratadas, la Vargas 
y la Nena, y en Alemania la Petra Cámara. También cuentan 
las gacetillas de los periódicos, que una Pepita Oliva había re- 



244 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABSL II 

4Borrido los teatros de Berlín, Hamburgo, Dresde, Munich y 
Viena, y ésta debe ser la Pepita Duran, cuyo matrimonio con 
un caballero inglés fue causa de un ruidoso pleito, promovido 
entre los hijos de la bailarina, que al parecer estuvo casada 
primeramente con el bailarín Antonio Oliva. La Pepita nunca 
figuró entre las estrellas del arte coreográfico matritense. 

La Pepa Vargas hizo una excursión por Europa, terminan- 
■ do en San Petersburgo, de donde llegó en Julio de 18^6, como I ^ 
ya hemos indicado; y en una función a beneficio de los enfer- 
mos del Hospital de San Jerónimo se presentó en el Circo, con 
un baile compuesto para ella, y titulado El regreso de la Var- 
gas a España. 

Por entonces figuraban la Josefa Rodríguez, bailando en 
el Instituto el Zapateado de Cádiz; la Concha y la Lola Buiz, 
que bailaban en el Circo, y más adelante, el año 1856, traba- 
jaron en el teatro de la Zarzuela la Carmen Chavarri, proce- 
dente de los teatros de Barcelona y Valencia, y un tal Cam- 
prubí, que bailaron La linda cracociana. 

Después de seis años de ausencia, durante los cuales reco- 
rrió los principales teatros del extranjero, apareció en Madrid 
la famosa Manuela Perea, trabajando de Enero a Abril de 1858 
en el teatro de Novedades, en cuya época salió otra vez de Es« 
paña, contratada para Londres. 

Por el mes de Enero de dicho año 1858 vino al Principe 
la Guy Stephan, haciendo con uu Mr. Paul el baile en dos ac- 
tos, titulado El delirio de un pintor. Aunque ya no causó la 
expectación del año 1850, todavía consiguió llevar gente al 
teatro, y la empresa de la Zarzuela contrató a esta bailarina 
en Abril de aquel año. 

Para substituir a la Nena se contrató en Novedades (Mayo 
de 1858) a Rosa Spert, nueva en Madrid. 

La empresa del Real puso en escena (Marzo) el baile en 
cuatro actos, titulado La Fonti, para la salida de la primera 
bailarina Olimpia Priora. Había pasado el furor de las bai- 
larinas. 



POR CARLOS CAMBRONERO 245 

Volatines. 

Derribado el Circo de Paul, sin duda alguna, porque el lo- 
cal no reuniría condiciones de seguridad, Madrid careció de 
funciones de gimnasia durante la primavera de 1850, y al lle- 
gar el verano, un tal Mr. Tourniaire improvisó, para dar este 
género de espectáculos, en un solar o jardín que existía en la 
misma calle del Barquillo, un poco más arriba de donde había 
estado el citado circo de Mr. Paul Laribeau, un nuevo circo, 
por el estilo del anterior, abriéndolo al público en 17 de Agos- 
to de dicho año. 

Allí llamaba la atención la hermosa Florentina Dorfin, 
montando a la alta escuela la yegua Tagliony, y allí se aplau- 
día la especie de pantomima titulada La hija del bandido, en 
que Fanny Stanley, otra célebre amazona de quien ya hemos 
hablado, ejecutaba de pie, sobre un caballo, una escena con- 
movedora, figurando que defendía a su padre perseguido por 
los gendarmes. 

Conquistó muchas simpatías el clown Casasa, quien el día 
de su beneficio, 6 Febrero de 1851, decía en el cartel: «Al cabo 
de tres años que estoy haciendo necedades en los circos de 
Madrid, al fin me ha tocado una vez tener parte en una fun- 
ción de beneficio, y prometo a los concurrentes que serán tan- 
tas las trivialidades que haré, que los que tengan humor alegre 
se reirán, y los que tengan pesares también se reirán de ver 
reir a los otros.» 

Por fin, Paul Laribeau se decidió a construir su circo de una 
manera sólida, decente y cómoda para los espectadores, según 
prometía en el anuncio, introduciendo grandes mejoras, tanto 
en la obra como en la techumbre de plomo con que había cubier- 
to el edificio. Se inauguró éste el 6 de Agosto de 1851, con una 
compañía de monos sabios y perros amaestrados, dirigidos por 
Mr, Delafioure, y una prestidigitadora llamada Mme. Raggi. 
Los monos y perros gustaron, y fueron llevados a Palacio, por- 
que la Reina había mostrado deseo de verlos. 



246 CRÓNICAS DEL TIKMPO DK ISABEL II 

Paul titulaba sus funciones Suarés recreativas, españoli- 
zando el primer vocablo. El local era un paralelógramo alar- 
gado, pero que resultaba cuadrado a la vista, y la gente decía 
que Paul había hallado la cuadratura del circo. 

Setiembre de 1860. — Circo Hipódromo, de las afueras de 
la Puerta de Santa Bárbara. Se daban por las tardes funcio- 
nes en que tomaba parte Francisco Hernández, el madrileño, 
discípulo de Mr. Paul, haciendo bailar con los pies una gran 
bola esférica. Terminaba la función con la pantomima M sar- 
gento Marcos Bomba. 

Por esta época se abrió en la calle de Alcalá, frente a la 
iglesia del Carmen, un Anfiteatro gimnástico español, dirigido 
por los Sres. Carrasco y Serrate. 

Tourniaire trabajó con su compañía en el Hipódromo de 
las afueras de Santa Bárbara, en la Plaza de Toros, y en una 
plaza de toretes que había frente al Parador de Salas. 

1866. /nstiíMío.— Compañía acrobática que hacía la panto 
mima El boticario burlado. 

Agosto.— Tomó el Circo de Paul un tal José Serrate, jpn- 
mer artista grotesco, como director de una compañía ecuestre y 
gimnástica, en que figuraban Victoria Gralán, Juan Vico, y los 
jóvenes Rouconi y Méndez. Daban en el escenario representa- 
ciones de bailes. 

Con no menos actividad que la construcción del Teatro de 
la Zarzuela se estaba levantando un Circo-teatro en la Plaza 
de la Cebada, y en Julio de 1856 ya se decía que se pensaba 
abrirlo al propio tiempo que el coliseo de la calle Jovellanos. 
En efecto, el 22 de Noviembre de aquel año se verificó la inau- 
guración con una compañía ecuestre y gimnástica, bajo la di- 
rección de Serrate, ya conocido del público, y de Mr. Garnier. 
Trabajaban allí el clown Rafael Díaz; la joven Matilde, que 
hacía difíciles ejercicios sobre un caballo al trote; Pascual, con 
sns juegos malabares; Angela, Rosa, Tari, Enrique, Coqui y 
Víctor. 

El local estaba decorado con novedad, aunque no exenta de 



POR CARLOS CAMBEONERO 247 

mal gusto. El telón era de terciopelo carmesí bordado de oro, 
y no hacia buen efecto; las galerías de platea y entresuelo for- 
maban un solo anfiteatro, que arrancaba desde casi el centro 
del patio, variación que no satisfizo al público; los antepechos 
de los palcos estaban formados por un balconaje de hierro que 
dejaba ver los trajes de las señoras, y esto sí gustó. 

Se estrenó una pantomima, titulada Los dos amigos heridos 
ante las murallas de Varsovia, escena histórica, y gran batalla 
entre polacos y cosacos , 

La empresa no hizo negocio, y cesó a fin de año el Circo 
Olímpico de la Plaza de la Cebada, que con este nombre se le 
designó al inaugurarle . 

Mr. Paul tuvo celos de que otro hubiera querido disputar- 
le el monopolio de este género de diversión, y volviendo a su 
antigua y reconocida actividad, algún tanto decaída en esta 
ocasión, reformó su circo de la calle del Barquillo, y trajo una 
selecta compañía que principió a actuar en los primeros días 
de Enero de 1867, dirigida por Mr. Carlos Price, con la que 
.viniéronlos clows Blondeau, Neitz y Braquet. 

Estrenó El oso y el centinela, «episodio de la guerra de 
Crimea, pantomima militar, en la que se representaban com- 
bates y evoluciones a pie y a caballo entre los cosacos y las 
tropas aliadas^. 

En Febrero sufrió Carlos Price una caída trabajando en la 
cuerda floja, por lo qu© se retiró algún tiempo de estos ejerci- 
cios, marchando a su país para reponerse. También uno de los 
Braquet (eran dos hermanos) cayó a la pista desde una altura 
de ocho varas, y estuvo algunos días sin trabajar. 

Isabel II se divertía con las funciones de circo; en 11 de 
Enero del año citado de 1867 estuvo a ver la compañía de 
Mr. Paul, y al apearse del coche, saludó afablemente, como 
era su costumbre, al empresario, y conversando con él, entró 
en el palco regio. 

En Noviembre de 1867 anunciaban Price e hijo, directo- 



248 CRÓMICAS DEL TIEMPO DE I8ABEL II 



res de la compañía, que coutaban, como aliciente para dar va- 
riedad al espectáculo, cou 38 caballos. 

En Enero de 1868, Carlos Price ejecutaba sobre un caballo 
una escena titulada El valentón del Perchel, en que imitaba el 
majo, el aragonés y el torero. 

Durante los domingos y días festivos de 1867 y 1868, se 
dieron en la Plaza de Toros algunas funciones de circo ecues- 
tre y gimnástico por los hermanos Buslay, el joven Torras, 
Mr. Picot y otros. Julio Buslay subió en un mongolfier, col- 
gándose por los pies en un trapecio. 

El 13 de Junio de 1869 se inauguró el Circo de Price, si- 
tuado al final y en la izquierda de la calle de Recoletos, que 
entonces no tenía salida a la de Serrano. En el local cabían 
3.000 espectadores. Los primeros artistas que trabajaron en 
este circo fueron: Frank Pastor y la Irma Monfroid, con ejer- 
cicios ecuestres; Perelli, montando a la alta escuela y presen- 
tando caballos amaestrados; los hermanos Mariani, que ejecu- 
taron por primera vez la Escalera aérea, colocada ésta hori- 
zontalmente y a gran altura; y por fin la encantadora y sim- 
pática María Kenuebel, que se hizo popular en Madrid, hasta 
el punto de que el maestro Carear la dedicó una galop, y otro 
compositor, una polka que se tocaba en todos los bailes públi- 
cos. Vino también al Circo Fanny Stanley, pero ya no hizo el 
furor del año 1851. 

En 1859, los concurrentes al Circo de Price se habían divi- 
dido en dos bandos: uno que era partidario de la Kennebel, y 
otro de la Monfroid; el empresario sacaba provecho de esta 
competencia de artistas. Los ejercicios de la Kennebel eran de 
más mérito; pero la Monfroid era más hermosa, y tenía una 
figura escultural que procuraba exhibir en todo lo posible. 

Julio de 3869. — Se presentó en el Circo de Paul una com- 
pañía de perros y monos sabios que hacían La toma de Sebas- 
topol, cescena militar, exornada con fuegos artificiales, toques 
de clarines y tambores y demás accesorios». 

Agosto. — Teatro del Circo. — Compañía anglo-americana 



POR CARLOS SAMBRONERO 249 



que imitaba las escenas salvajes del Centro de América, uno de 
sus individuos saltaba de palco a palco, superando en agilidad 
al orangután; otro, llamado Franklin, daba 50 saltos mortales 
seguidos, y, por último, Róchete manejaba con gran facilidad 
una bala de 53 libras de peso. 

Toros. 

Figuraron de 1850 a 1859: 

Espadas: Montes, Julián Casas (el Salamanquino), José 
Redondo (el Chiclanero), Cayetano Sanz, Lavi, Muñoz, Cu- 
chares, el Morenillo, Pepete y el Tato, que toman la alterna- 
tiva en 1853; Gonzalo Mora, Mendívil y José Muñoz el Pu- 
cheta, en 1854; Manuel Domínguez y José Carmona, en 1856, 
y el Regatero, en 1858. 

Banderilleros: Regatero y Bocanegra (1850); Pablo Herráiz 
y Tragábalas (1851); el Tato y Pucheta (1852); Bejarano 
(1855); el Gordito (1857); VillaviciQsa (1858), con el Gallegui- 
to, Muñiz, Minuto, Blayé, Pulga, Mariano Antón y Manuel 
Carmona. 

Picadores: Gallardo, J. Martín el Pelón, Muñoz, Chola, el 
Habanero, el Coriano, Sevilla, Alvarez, Pinto, Varillas, José 
Trigo, Charpa, Castañitas; Arce, Juan Fuentes, Francisco 
Calderón, desde 1851; Sandino, 1852, y Lorenzo Sánchez, 
1854. 

Montes tuvo la desgracia de sufrir una cogida, saliendo he- 
rido de gravedad en una pierna. Fue el caso que al disponerse 
a dar muerte al primer toro, que estaba muy entero porque se 
le había trabajado poco, le dio varios pases de muleta; pero el 
bicho, que se volvía muy ligero, alcanzó al maestro en una de 
las vueltas, y arrojándolo al suelo, lo recogió por una panto- 
rrilla, suspendiéndolo en el aire y causando a,l público un es- 
pauto indecible; los capotes acudieron inmediatamente, y sa- 
caron al toro, libertando al maestro de otra cogida. El Chicla- 
nero tomó el estoque y la muleta, y con una serenidad y 



250 CRÓMICAS DEL TIEHPU DE ISABEL II 

maestría admirables, despachó al toro de una magnífica esto- 
cada (21 Junio 1850). 

En la novillada del 23 de Marzo de 1851 fue cogido por el 
toro, Isidro Santiago Llano (Barragáu), y falleció de sus resul- 
tas en el Hospital a los pocos días. 

El 3 de Mayo de 1852, José Fernández de los Santos (Bo- 
canegra), al salir de una suerte de banderillas, recibió una cor- 
nada, de la que murió el día 5 de aquel mes. 

El espada Manuel Jiménez Meléndez (el Cano) fue cogido 
en 12 de Julio de 1862 al dar una estocada al toro. Trasladado 
a su domicilio, calle de León, 25, se vio que no presentaba ca- 
racteres mortales la lesión; pero en el delirio de la calentura 
se arrancó los vendajes, y se produjo una hemorragia que le 
causó la muerte el día 23. 

Antonio Sánchez Villanueva (Oliva) era banderillero, y 
en una corrida dada el 29 de Abril de 1855, presenciando la 
fiesta entre el público, bajó, con traje de calle, al redondel para 
banderillear un toro, a lo que accedió la Presidencia, por tra- 
tarse de un torero de profesión. Al parear fue alcanzado por el 
toro, y recibió una cornada, de la que falleció al día siguiente. 

El picador Carlos Puerto sufrió una cogida el 24 de Junio 
de 1853, que le causó la muerte. 

Domingo Rivera Mayo (el Tuerto) fue cogido por el toro 
al picar montado en un burro, en una fiesta de mojiganga, y 
sufrió un golpazo en el pecho, de cuyas resultas murió en el 
Hospital, cinco días después, el 7 de Enero de 1859. 

El espada José Muñoz (Pucheta), más famoso por sus di- 
chos y actos políticos que por su destreza como matador de to- 
ros, murió el 16 de Julio de 1856, a consecuencia de las heridas 
recibidas defendiendo una barricada en las afueras de la 
Puerta de Toledo, durante la revolución de aquel año. 

Montes murió en Chiclana el 4 de Abril de 1851, víctima 
de unas calenturas perniciosas, y el Chiclanero falleció en Ma- 
drid en la calle de León, núra. 24, el 28 de Marzo de 1853, a 
causa de una grave afección al pecho. En la corrida del 5 de 



POR CARLOS CAMBRÓN lüRO 251 

Abril siguiente salieron enlutadas las cuadrillas, en señal de 
duelo, lo que les valió un aplauso unánime de toda la plaza. 

Cuando se casó la hermana del Rey D. Francisco de Asís 
con el Príncipe Adalberto de Ba viera, asistieron, el 16 de Ene- 
ro de 1869, a una corrida de novillos, y habiendo demostrado 
su sentimiento por no ver la mojiganga, a causa de haber lle- 
gado tarde a la fiesta, la empresa ordenó que aquella se repi- 
tiera, con gran contento de los Príncipes y aplauso del pú- 
blico. 

Febrero 1850. — En una corrida de novillos se presentó un 
camello, propiedad de Félix Jiménez, vecino de Cabra, y el 
dueño montado en el para los madrileños raro animal, picó 
uno de los embolados de la corrida, suerte que ofreció pocos 
lances. 

En el Diario de Madrid de 25 de Mayo de 1861 aparece el 
siguiente comunicado curioso: 

«Habiendo llegado a noticia del picador Andrés Hormigo 
que el de igual clase, José Muñoz, anda vertiendo ideas contra 
la opinión del que suscribe, éste está muy pronto a encerrarse 
en las Plazas de Madrid o Aranjuez a trabajar una corrida de 
las ganaderías que la empresa determine, y entonces el público 
podrá juzgar quién es más picador, trabajando los toros a palo 
seco en toda regla, tomando la suerte en las tablas, tercios y 
medios, y castigando según el arte previene. 

»E1 picador Hormigo se sujeta al favor de un público tan 
inteligente, y el producto del que pierda será destinado a los 
establecimientos de beneficencia. 

»Es muy extraño que un lidiador que vive del arte trate 
de perjudicar la opinión de un compañero; y la honra de un 
funcionario público está en la plaza, en la cabeza del toro y 
en el fallo dé un público inteligente.» 

Iban haciéndose tan populares las zarzuelas, que en la Plaza 
de Toros se presentaron dos mojigangas tomadas de asuntos 
de aquellas obras líricas: una sobre Escenas en Chamberí^ y otra 
sobre Jugar con fuego. 



252 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

En Mayo de 1861 exhibió Mr. Brice, en el solar del derruido 
Circo de Paul, en la calle del Barquillo, una colección de fieras, 
y en Setiembre echó a luchar algunas de ellas en la Plaza de 
Toros. Una pantera de Ceylán con ocho perros de presa, de dos 
en dos; una hiena del Cabo de Buena Esperanza, con cuatro 
perros, también de dos en dos; y un león del desierto de Sa- 
hara con un toro, llamado Cariño?!o. de la ganadería de D. Vi- 
cente Martínez, de Colmenar de Oreja. El domador era mon- 
sieur Sentenaoh. 

Agosto de 1851. — Se presentó en la Plaza de Toros una 
cuadrilla de indios, negros y pegadores portugueses, bajo la 
dirección de Francisco Rodríguez Alegría, torero sevillano. 
«El singular y temerario arrojo— r decía el cartel — con que eje- 
cutan las suertes de lancear a cuerpo descubierto a los más bra- 
vos toros; la lucha que sostienen con ellos los portugueses a 
brazo partido, hasta rendirlos y sujetarlos, y la maestría con 
que el caballero portugués, Antonio de los Santos, maneja el 
caballo y quiebra rejoncillos, constituyen un espectáculo ente- 
ramente nuevo, causando la admiración de los concurrentes.» 
Los indios y portugueses trabajaban a pitón embolado, y al 
toro lo mataba un torero de la cuadrilla española. 

Una Sociedad de aficionados, titulada La lid taurómaca, 
celebraba particularmente corridas de becerros, no sabemos 
dónde, y dio una en Setiembre de 1854 en la Plaza de Toros, 
a beneficio de los heridos en las barricadas de la revolución de 
Julio. 

El público tenía afición a la,s corridas con división de pla- 
za, y se dieron algunas en esta década. En la que se verificó 
en Setiembre estoquearon en plaza dividida José Rodríguez 
(Pepete) y José Muñoz; y en plaza entera, Francisco Arjoua 
Guillen. 

En esta década consta que hubo los siguientes toros, lla- 
mados de banderas: 

12 Abril 1851. — Vinatero, de Romero Balmaseda : tomó 
26 varas y le mató el Chiclanero. 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 253 

2B Junio 1854. — Leoncito, de Cabrera: tomó 26 varas y le 
mató Cayetano Sanz. 

20 Setiembre 1857. — Gitano, de Aleas: tomó 27 varas y le 
mató Cuchares. 

Variedades . 

1850. — Lo que había sido iglesia del convento de los Basi- 
lios, calle del Desengaño, entre Valverdey Barco, fue conver- 
tido en un salón de recreo, donde se exhibían vistas, figuras de 
movimiento, cuadros disolventes y fuegos chromatr ópteos. El 
espectáculo tenía el nombre de Poliorama. 

En la Galería topográfica del Paseo de Recoletos, de la que 
ya hemos hablado, se rifaban regalos entre los concurrentes. 
Después puso vistas de sucesos de actualidad, como las batallas 
de la guerra de Oriente. Terminó esta Galería el 29 de Junio 
de 1856, por causa del derribo del edificio, en cuyo solar se 
construyó la Casa de Moneda. 

El pez inteligente se enseñaba en la calle de Peligros, nú- 
mero 3. Decía el anuncio (Febrero de 1850): «Este pescado in- 
teresante entiende las palabras y obedece a la voz; ejecuta di- 
versos ejercicios y responde a todas las preguntas que le dirige 
su amo, siendo lo más admirable que el Sr. Menay le hace pro- 
nunciar la palabra papá. No se mantiene más que con peces, 
comiéndose cada día .30 libras.» 

Febrero 1850. — Exposición de animales: orangután, zorra 
y tortuga, en la calle del Olmo, núm. 20. Cuatro cuartos la 
entrada. 

Cuadros disolventes, Alcalá, 10. 

1851. — En la calle del Príncipe, núm. 6, principal, se exhi- 
bió un gigante de veintiséis añop, que tenía 11 palmos y medio 
de altura y pesaba 16 arrobas; era natural de Alzo (Guipúz- 
coa) y se llamaba Joaquín Eleizegui. 

1858. Abril. — Exposición de figuras de cera en la calle de 
Alcalá, edificio del ex- convento de las Vallecas, esquina a la 



254 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



calle de Peligros. Entrada, 2 reales, con opción a una rifa de 
objetos de cera, imitación de todo género de frutas. 

Junio. — Se exhibía una momia egipcia en el Postigo de 
San Martín, núm. 17. 

Paul trajo a su circo, en Enero de 1854, un prestidigita- 
dor, Mr. Gilardi, con lo que consiguió dar variedad a las fun- 
ciones. La noche que éste trabajaba, ponía el empresario en el 
cartel soirée misteriosa. En Setiembre trajo otro, Mr. Robes 
Bousignes, y un ventrílocuo llamado Bonilla, discípulo de un 
tal Tapia, que se hizo muy célebre en Madrid, aunque no sa- 
bemos que se presentase en ningún teatro. Tapia, además, can- 
taba con mucho gusto canciones andaluzas, y compuso algu- 
nas que no llegó a escribir, de suerte que desaparecieron con 
él. Pertenecía a una distinguida familia de esta corte. 

Otro prestidigitador vino al Principe^ en Junio de 1867, 
Mr. La-Roche Lambert, en unión de la Sra. Lola Cabauyes 
(española). Dieron cuatro sesiones de sonambulismo, magne- 
tismo a distancia, catalepsia cadavérica y transmisión del pen- 
samiento. 

No estuvo afortunado en las experiencias de magnetismo, y 
el público le obsequió con una silba estrepitosa. 

En 1869 se presentaron dos prestidigitadores: en el Princi- 
pe^ Vicenzo Mancero Bonanno, y en el Circo, Rafael Macaluso. 

Julio de 1857. Trabajó en el Circo de Paul el ventrílocuo 
Sr. Myr. 

Agosto de 1858. — Teatro de Tirso de Molina, Magia egipcia 
por el prestidigitador Sr. Bosco. 

Con motivo del nacimiento de la Infanta Isabel, se celebró 
en la Plaza de Toros (Febrero de 1852), una fiesta que se deno- 
minaba Justas y torneos-, éstos se verificaron entre seis bandas, 
que se componían de cristianos (s¿c), sarracenos, templarios, 
griegos, ingleses, y escoceses, luchando por grupos en esta for- 
ma: cristianos con moros, templarios con griegos y escoceses 
con ingleses. Primeramente hicieron evoluciones al galope, 
saltos de vallas, carreras de cintas y luchas romanas; después, 



POR CARL08 CAMBRüNEKO 255 

formados en ala, rompieron lanzas unos bandos con otros del 
modo que queda expuesto y, por último, el jefe de los 'cristia- 
nos justó con el de los moros, venciendo, como era lo lógico, 
y se iluminó la plaza con luces de bengala. 

Parece que la fiesta resultó rayana en mogiganga. 
Mayo de 1862. — En el Instituto exhibió José Piantanida 
unos muñecos autómatas, con los que se representó la comedia 
de magia Marta la hechicera. 

Julio del mismo año, en el Circo de Paul: el microscopio 
fotoeléctrico, por el profesor de mecánica Mr. Lambert, quien 
dio a conocer la luz Drumout, con la que iluminó algunas no- 
ches la calle del Barquillo. 

Mayo. Se verificó una gran función de fuegos artificiales 
en el patio del Retiro, que estaba delante de lo que es Museo 
de Artillería, exponiendo los adelantos del arte D. Joaquín 
Minguet y D. Vicente Lloreus, conocido por Ponent. Las si- 
llas, 8 reales; la entrada general, 4. 

Olona contrató para la Cruz (Marzo 1854), y parece que 
tuvo acierto en ello, una compañía, dirigida por Mr. Keller, 
para hacer Cuadros mímico plástico aéreos. Presentaron, entre 
otros muchos. El triuíifo de Calatea, Lluvia de oro, Batalla de 
las Amazonas, El hambre, La reina de las flores, La Crucifixión 
(de Rafael), El suspiro del Salvador y El descendimiento de la 
Cruz (de Rtibens). 

En Enero de 1862 se había exhibido eu este teatro el Pa- 
norama del Misisipi'j un lienzo que tenía cuatro millas de largo 
y que iba pasando a la vista del espectador. 

1854 Mayo. Exposición óptica, vist&s co^i&dsis del natural 
por el profesor, Mr. Nicolino Calyo: Sevilla, Granada, Was- 
hington, Nueva York etc. La exposición estaba instalada en el 
piso bajo del Ministerio de Fomento^hoy derruido), en la calle 
de Atocha, esquina a Relatores. 

1856. Setiembre. — Poliorama y polistereorama. Gabinete 
de óptica recreativa. Colección de vistas de ciudades y paisa- 
jes. Carretas, 18, principal. Entrada, dos reales. 



256 GRÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

1857. Eii Mayo volvió a exhibirse en la casa de la Platería 
de Martínez el antiguo diorama con la vista del Monasterio 
del Escorial. Allí concurrió el autor de estas Crónicas. 
1857. Circo de Faul. — Cuadros disolventes. 
La aerostación tenía también sus partidarios. 
Febrero de 1850. — Se anunció para subir en la Plaza de To- 
ros el globo de Mme. Arban; pero se estropeó el aeróstato, y se 
suspendió la función, realizándola poco tiempo después un hijo 
de Madrid, llamado Mieg, en un globo que estaba formado 
por 940 varas de lienzo. 

Abril 1850. — Mr. Grellón hizo varias ascensiones en un 
mongolfier, en el solar del antiguo Circo de Paul. 

Enero 1851. — Los ingleses C. Clifford y A. Goulston anun- 
ciaron que iban a subir en el globo Royal Cremorne and Nor- 
mandie, montados en un caballo vivo; pero después de haberlo 
anunciado varias veces, no se pudo verificar la ascensión. 

Noviembre 1851. — Mr. Adrián Ranchón efectuó varias as- 
censiones, en tres globos unidos, realizando la fiesta en el pa- 
tio grande del Retiro, delante del actual Museo de Artillería. 
Se exhibían por Navidad funciones de Nacimiento en los 
locales siguientes: 
Teatro de la Cruz. 
Salones de Capellanes. 

Teatro del Numen o de San Fernando,' calle de Jesús y 
María, núm. 28. 

Teatro del Recreo, plazuela de las Descalzas, 
Teatro de la Unión, calle de Toledo, frente a la Plaza de la 
Cebada, casa que se quemó en 1854. 

Teatro de la Plaza de Antón Martin, esquina a la calle de 
San Juan. 

Teatro del Recreo, en el Pasadizo de San Ginés. 
El antiguo teatro de Buenavista se alquilaba para funcio- 
nes de aficionados, y se abría al público por Pascuas de Navi- 
dad para presentar el Nacimiento. Se dio al local entrada por 
la calle de Silva. 



POJ^t 9<Í^BLO,8 9AMBB01^EÍ^9, ^$7 



En el teatrito del Recreo, en la plaza de las Diescalzas, 
^.demás del Nacimiento, se representaba un baile mágico, titu- 
lado Chivatón en la selva encantada, del que conservamos el 
más grato recuerdo, y que era el encanto de los chicos en aque- 
lla época. 

Café de San Antonio, calle del Pez, nú,m. 1. Por un real se 
enseñaba un diorama; la entrada solía ser gratis para los pa- 
rroquianos. 

Terminó el año 1859 con la presentación, en el teatro de 
Tirso de Molina, de la compañía mimico- danzante de niños flo- 
rentinos. 

Noviembre de 1851. — En la Carrera de San Francisco, nú- 
mero 8, se construyó un Circo de gallos. Entrada, 2 y 3 reales. 
A los abonados se les regalaba un ejemplar impreso del Re- 
glamento aprobado por la autoridad. 

En Febrero de 1858 se anunciaba el Circo gallistico de Re- 
coletos, calle de este nombre. 

Agosto de 1852. — Juego de pelota en las afueras de la Puer- 
ta de Santa Bárbara. Grandes partidos de tres navarros con 
tres vizcaínos. Figuraban como principales José Muguruza 
(Catanar), y Felipe Rodríguez (el Barquillero). La entrada, un 
real; había ambigú. 

Durante esta década aparecen anuncios de juego de pelota 
en el punto citado y en el jardín del Ariel, Paseo de la Caste- 
llana, hacia lo que hoy es calle de Fernando el Santo. La en- 
trada aquí costaba una peseta. En Abril de 1859 jugaban par- 
tidos a hle, Pello a mano, contra el Barquillero a guante y el 
Tolosano a mano. 

Hubo Carreras de caballos en Mayo y Octubre de 1850. En 
estas últimas corrieron Ibrahym, del marqués de Bedmar; 
Nape, de D. Pedro Britggs; Clementina, de D. Ignacio Figue- 
roa; Capricho, del conde de Salvatierra; Musulmán, del señor 
,Marchessi, y Alcalde, del duque de Riánsares. Ganó los pre- 
mios primero y segundo Clementina; el tercero, Musulmán, y 
el cuarto, Alcalde. Asistió la Real familia. 

17 



258 ORÓNIOAS DKL TIEMPO DE ISABEL II 



Lucieron vistosos y elegantes trenes la duquesa de Alba, 
el conde de Salvatierra, el joven marqués de la Vega de Armi- 
jo, la duquesa de Frías, la condesa de Villa-Gonzalo, la de 
Vilches, la señora de Ceriola y la duquesa deFernán-Núñez que 
se presentó con un coche a la Dumont, con dos postillones y 
cuatro hermosas yeguas coronadas de rosas. 

1864. — Carreras de Mayo — Se corrieron caballos de los du- 
ques de Riánsares, San Carlos y Alba; de los marqueses de 
Bedmar y de Villamejor, y de D. José de Salamanca. 

Ganaron: Cerrito y Lila, de San Carlos, y Almansa, de Sa- 
lamanca. 

1856. Mayo. — Asistieron los reyes y el general Espartero. 
Ganó los tres premios que se ofrecían D. José de Salamanca 
con sus magníficos caballos. 

Octubre. — También asistió la reina, y ganaron los prime- 
ros premios los caballos de Salamanca y Bedmar. 

1858. Mayo. — Según los revisteros, las carreras de caballos 
se aclimataban con gran dificultad en Madrid, ofreciendo poca 
animación, pues casi siempre figuraban los mismos nombres 
entre los socios que se disputaban los premios: el duque de 
Alba, el de Fernán-Núñez y D. José de Salamanca. 

Este, decían, presenta buenos caballos; pero, sobre todo, 
tiene un gran jockey. 

Bailes púljlioos. 

Mr. Paul Laribeau, que se había quedado sin circo, se unió 
con D. Antonio Hermán, dueño de los Salones orientales o 
Pasaje de la villa de Madrid, hoy de Mateu, entre las calles de 
Espoz y Mina y Victoria, y dieron grandes bailes de máscaras 
durante los meses de Enero y Febrero de 1850, en aquel am- 
plio local, decorado con elegancia, en competencia con los que 
ofrecía el Café del Iris, de la Carrera de San Jerónimo. Aquí 
se colocaron muchos espejos, que era la moda, yse llamó ai 



POR CARLOS OAMBRONERO 259 

Sr. Arche para que dirigiera la orquesta. En ambos bailes 
costaba la entrada 20 reales. 

En Agosto de este año se estableció un baile serio en el Pa- 
rador de Sierra, que disponía de un magnífico salón cubierto, y 
además presentaba ejercicios de gimnasia, todo por la modes- 
ta cuota de un real. Había otro baile público en el Parador 
de la Cruz, junto a la Puerta de Atocha; un real billete. 

Al año siguiente, en 1851, abierto al público el Teatro 
Real, se aprovechó también para dar bailes de máscaras, ha- 
biendo unido la platea y el escenario. 

La sala de descanso que hoy corresponde al Conservatorio 
se utilizó también para baile, y así había dos al mismo tiempo 
con sus correspondientes orquestas, una dirigida por un tal 
Pérez, y otra por Mollberg. El director de todo era Espín y 
Guillen. La entrada 30 reales. 

En la Cruz también se dieron bailes de máscaras, a 14 rea- 
les billete. 

En ambos coliseos se bailaba rigodón, vals, polka, redova, 
mazurka, schotisch, varsoviana y gran galop infernal para 
terminar. 

Este año de 1861 había bailes de máscaras en la Carrera 
de San Francisco, núm. 8; en el Liceo Matritense, calle de Ca- 
pellanes, núm. 10, y en la Plaza de Toros, por la tarde. Aquí 
las máscaras, es decir, las personas disfrazadas, entraban de 
balde; pero los que iban sin disfraz pagaban 2 reales, teniendo 
opción a sentarse en los tendidos y gradas. 

Se ofreció el aliciente de cucañas con un jamón y dos doce- 
nas de chorizos, y fuegos artificiales por el pirotécnico Abdón 
Domínguez. 

En el baile de piñata del Teatro Real se sortearon 20.000 
reales en onzas de oro, divididos en tres lotes. En el de la Cruz 
se introdujo en 1851 la novedad de un juego que hizo concu- 
rrir mucha gente. Veamos cómo lo describe el anuncio: 

«A las tres y media en punto de la mañana empezará el 
juego de los huevos perfumados. Este consiste en colocar en 



960 0RÓNI0A8 DBL TIEMPO t)B ISABEL H 

oaatro pitiitos distintos riel salón igual número de mesas: en 
cada una habrá un huevo lleno de agua de colonia u otro per- 
fume agradable, con el objeto de que al romperse proporcione 
grato olor. Las señoras, a quienes se dedica este juguete, forma- 
rán cuatro circuios alrededor do las mesas, y en primera línea, 
alternando entre sí, vendadps los ojos con un antifaz, a die% 
pasos distantes del objeto, marcharán con dirección ala mesa, 
lleirando un macito en la mano con el fin descargar un solo 
golpe sobre el huevo, a distancia de una vara. 

»La señora que consiga romperlo, obtendrá por el mérito 
áel acierto un décimo de billete de la Lotería que se ha de sor- 
tear el 13 del presente, y que recibirá en el acto, y además 
una fineza en el ambigú hasta el importe de 100 reales. 

•Concluida esta diversión, desde los puntos que designe la 
autoridad, se romperá una lluvia de caramelos de rosa, y entre 
ellos, seis contendrán los números de igual cantidad de déci- 
mos para el expresado sorteo de la Lotería moderna.» 

Costaba diez reales el billete personal. 

Mr. Paul, que era hombre aprovechado, utilizó su Circo 
para dar bailes de máscaras, y en Enero de 1852 se inaugura- 
ron aquí las primeras reuniones de este género, que en el trans- 
curso de los años llegaron a hacerse famosas. 

Los bailes públicos del Circo de Paul consiguieron hacerse 
populares entre modistas, estudiantes y demás gente alegre. 

La empresa los titulaba Soirée madrileña. 

En 1866 dirigía la orquesta D. Narciso Maymó, quien des- 
pués fue músico mayor de la banda de Ingenieros militares. 

1855. Abril. — Aparece por primera vez en los anuncios el 
baile público áe\ Jardín del Ariel, Paseo de la Castellana, pa- 
sado el sitio donde hoy está la calle de Fernando el Santo. En- 
trada, un real. 

Había otro baile en el Jardín de Estrada^ en el Paseo de 
Recoletos, frente al Banco Hipotecario. Se destinó también a 
esta diversión el teatrito de Buenavista por una sociedad que 
«e titulaba El Ramillete. 



POR GARLOS OAMBRONBRO S61 

En 1856 aparece el famoso baile La Qamelia, en el Paseo 
de Recoletos (Jardín de Estrada). 

1867. — La Juventud artística, sociedad de baile establecida 
en la Ribera de Curtidores, núm. 10, «donde podían satisfacer 
su deseo los aficionados a los bailes de buen tono». Asi decía 
el anuncio. 

En el Teatro Real seguían dándose bailes de máscaras, con 
escogida concurrencia. La decoración del escenario se hizo 
nueva en 1857, pintada por Eusebio Lucini, en igual forma 
que la sala del teatro, presentando los mismos órdenes de pal- 
cos con sus molduras y demás adornos. Se puso una lucerna 
en el escenario; el ambigú en el pórtico y vestíbulo de la pla- 
za de Oriente; y se facilitó gratis el guardarropa. La orquesta 
estuvo dirigida por el Maestro Skoczdopole, y el billete cos- 
taba 22 reales. 

También se daban bailes de máscaras en el teatro del Prin- 
cipe, a 12 reales billete. El ambigú, servido por el famoso Pe* 
roña, y la orquesta dirigida por Luis Cepeda. 

Estaban de moda en París y Londres unos rigodones que 
se titulaban Lanceros, y se introdujeron en los salones de 
Madrid, por haberse bailado en casa de la condesa de Mon- 
tijo. Se hizo una edición con la explicación de las figuras in- 
terlineada en la música, por el maestro de baile D. Antonio 
Miquel. 

También cayó en gracia (1868) una redowa del pianista 
Dámaso Zabalza, titulada Mi Juanita. 

Había predominado durante muchos años el rigodón entre 
la gente de buen tono; pero en la década anterior se puso de 
moda ]& polka y sus similares el vals, la redoioa, la niazurka j 
el schottis. El rigodón era una variante de las antiguas con- 
tradanzas, y Bretón de los Herreros se burló de este baile en 
un romance muy conocido, cuando dice: 

£1 baile de sociedad, 
¿mereoe este nombre? No, 



2C2 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE I8ÁBBL II 

bien qne lo llamen asi 
los tontos de profesión. 

Lo que íae danza animada, 
insulsa parodia es hoy, 
o ridicula fatiga 
sin placer ni diversión. 

¿Qué sustancia, don Remigio, 
saca usted de un rigodón, 
arrastrando el pie dengoso, 
ora adelante, ora en pos? 

Miradlos: ellos y ellas, 
más serios que un facistol, 
danzan como si danzaran 
así, de orden superior. 

Apenas el aire agita 
la leve falda de gro, 
o de un zanquilargo fraque 
el escurrido faldón. 

Si Laura te da una mano, 
lo hace... por amor de Dios, 
y con guante, y de los cinco, 
tres dedos sisa el pudor. 



Vino la polka, y sin abandonar el rigodón, se hizo aquélla 
dueña de los salones, porque el género resultaba más del agra- 
do de los jóvenes. 

Decía Barbieri en un artículo publicado en Febrero de 1853: 
«Si me propusiese hacer la apología del baile moderno, 
¡cuánto podría decir en contra del célebre romance de Bretón 
de los Herreros! Aquella Laura, no sólo da la mano, sino que 
se estrecha íntimamente contra el seno de su galán, y reclina 
8U pura y delicada frente sobre la clavícula de él; aquellas 
figuras sin espíritu y sin voz, giran, saltan y se mecen volup- 
tuosamente, con la más completa independencia de etiqueta. 
Aquellos bailes que hacían desear al poeta 

... el brioso bolero 
y la jota de Aragón , 



POR GARLOS CAMBRÓN ICRO 263 

y el fandango saleroso 
y el polo jaleador, 

han sido sustituidos por otros que, si bien no llegan con mucho 
a tener la poesía oriental de nuestros bailes populares, tan lle- 
nos de ligereza y gracia, en cambio tienen más franqueza y 
atractivos más positivos en su autorizado sans fagon* . 

Barbieri confiesa que había bailado y bailaba, «acusándose 
de este pecadillo que pesaba sobre su conciencia». 

Se lamenta de que en España no se hubiera dado toda la 
importancia debida a la música de bailes, haciendo venir del ex- 
tranjero la compuesta por Strauss, Lanner, Musard y Bosissio , 
y tributaba uq elogio al maestro Juan Molberg, cuyas dotes ar- 
tísticas eran relevantes para el género. «Las composiciones de 
Molberg — decía — son siempre graciosas y juguetonas, y no 
pueden escucharse sin percibir aquel movimiento nervioso pre- 
cursor de la danza.» 

En Febrero de 1859 se dieron en el Teatro Real bailes co- 
reados, es decir, que las piezas de baile se acompañaban con 
un nutrido coro de ambos sexos, y, para que hubiese más rui- 
do, una banda militar. Dirigía la música el maestro D. Lean- 
dro Ruiz. 

En Capellanes alternaban dos orquestas, dirigidas respecti- 
vamente por Cascante y Maimó, de modo que los concurrentes 
podían estar bailando sin cesar toda la noche. En un baile de 
beneficencia tocó al violín Andrés Portuny unas variaciones 
sobre El Carnaval de Venecia y una polka compuesta por él, 
titulada Mi Pepita, para hacer pendant con Mi Juanita, de Za- 
balza. 

En el verano de 1859 se inauguró el baile público del Jar- 
din del Tivoli, situado donde hoy el Hotel Ritz. Era de la fá- 
brica de chocolates de la Compañía Colonial, y además de bai- 
le, había cuadros disolventes] espectáculo adecuado para un 
baile que se efectúa de noche en un jardín. 

A fines de esta década seguían funcionando Capellanes y 



264 OBÓNICAB DEL TIEMPU DE ISABEL n 

Paulf los dos grandes y famosos salones que se disputaban la 
predileooión de la gente joven. 



Cuartb periodo.— 1860 a 1868. 

TEATRO Í>BL PRÍMOIPK 

Seguía en Enero de 1860 de primer actor D. Manuel Cata- 
lina, y oomo es lógico suponer, hizo que viniera de primera 
actriz D.* Matilde Diez, cuya circunstancia quizá perjudicase 
a ésta, pues como aquel reunía muy limitadas condiciones 
dentro del arte a que se había dedicado, los escritores dramá- 
ticos no podían confiarle todo género de papeles, contando 
oon que, como director, había de desempeñar siempre el d^ 
protagonista, y, por lo tanto, el éxito de las obras tenía que 
aparecer más dudoso de lo que en condiciones generales ofrece 
este linaje de producciones. Además, el trabajo de Matilde se 
deslucía teniendo al lado un galán que no sabía dar realoe a 
los papeles, cualquiera que ellos fuesen, sino que necesitaba, 
para salir medianamente airoso, comedias o dramas en qne 
hubiera tipos especiales ajustados á su carácter. Julián So* 
mea era el gíEilán que Matilde necesitaba, y el Destino, quizá 
aconsejado por Apolo, los unió en matrimonio; pero las dife- 
rencias de genio les separaron, en perjuicio del arte escénico. 

Matilde hizo su primera salida el 12 de Marzo de 1860, con 
La escuela de las coquetas, obra en qne estaba inimitable, di- 
cho sea sin intención malévola. 

Abril. — Por derecho de conquista, comedia nuevamente 
arreglada para Matilde por el actor D. Manuel Catalina. Al 
imprimirla, el traductor puso algunos datos biográficos suyos, 
oon su retrato en busto, por lo que los periodistas le tomaron 
el pelo, y uno dijo en una gacetilla: 

Si llega este caballero 
a escribir original, 



POR CARLOS GAMBRONBKC 269 



dará su retrato entero 
de tamaño nataral. 

Los infieles^ comedia en tres actos, de Narciso Serra y Luis 
Mariano de Larra. Está inspirada en un uaudetille de Paul 
de Kock. 

La luna de miel, de Coupigni, escrita con sensatez, como 
todo lo de este autor, pero con poca novedad. Muy bien estu- 
vieron Manuel Catalina y la Pepita Hijosa. 

Lo empresa del Príncipe tronó, y con motivo de la clausu- 
ra del teatro, Catalina y Matilde publicaron sendos comunica- 
dos en la Prensa, echando la culpa a la empresa, a los autores 
y al público; pero es lo cierto que no había en Madrid, con 
tres compañías cómicas, una qne se pudiera llamar completa. 
Teodora con Valero, Matilde con Catalina y Romea con la Be- 
rrobianco. Ni Valero ni Catalina eran buenos galanes, cada 
uno por su especial condición, y la Berrobianco distaba to- 
davía mucho de ser una primera dama. Con estas tres parejas 
había elementos para formar una buena compañía; pero nada 
más; así es que el público demostraba su protesta no acudien- 
do al teatro, y carecían de razón los comunicados de Matilde 
y de Catalina. Cada palo que aguante su vela. 

En la temporada de 1860 a 1861 aparecen en este teatro 
Teodora, la Alvarez, la Marín, la Boldún, Perico Delgado, 
tres Calvos (José, Rafael y Ricardo), Mariano Fernández, 
Pastraua, Casañer y Alisedo. 

1861. Enero. — Para conmemorar el natalicio de Calderón se 
representó Bien vengas mal si vienes solo. Hartzeubusch escri- 
bió una loa que no es tal, sino un ingenioso juguete de costum- 
bres, algo inverosímil, que acaba con unas décimas a Cal- 
derón. Se titulaba. Derechos postumos, y lo representaron la 
Elisa y la Pilar Boldún, la Lorenza Campos, José Calvo, Ma- 
riano Fernández y Juan Casañer. 

Abril. — El peor enemigo, de Marco, por Teodora, Balbina 
Val verde, la Adela Zapatero, Delgado, Mariano y Pastrana. 



266 CRÓNICAS DEL TIEMPO DtC ISABEL II 

El 8ol de invierno, de José Marco. Tenía gracia y buena 
factura. 

Abril. — Aniversario de la muerte de Cervantes. Don Qui- 
jote de la Mancha, de Ventura de la Vega, y La hija de Cervan- 
tes, loa de Hartzeubusch. 

Genio y figura, un acto, de la Balmaseda. 

Mayo. — Francisco Pizarra, de Ferrer del Río, por Teodora, 
Delgado, Pastrana, Casañer y los tres Calvos. 

El tanto por ciento, comedia en tres actos, de Adelardo Ló- 
pez de Ayala. Gran éxito. «Es una producción — decía Fernán- 
dez Cuesta — que eleva á su autor á una gran altura, por lo bien 
trazado y sostenido de los caracteres, por la idea filosófica de 
la obra, por la profusión de grandes pensamientos de que está 
sembrada, y por el desembarazo y naturalidad de la acción, en 
que nunca decae el interés, consiguiendo suspender y arreba- 
tar al espectador.» 

El Museo Universal de 16 de Junio trajo el retrato y la bio- 
grafía del autor. 

Setiembre. — Compañía dramática italiana, bajo la direc- 
ción de Carolina Santoni, marquesa deZambecasi, trabajando 
de primer actor Filipo Prosperi. Hicieron Medea, Francesea 
da Rimini, María Stuarda y María Giovanna. 

La Santoni había nacido en 1824, y se dedicó al teatro des- 
de muy joven, abandonando la escena cuando se casó con el 
marqués de Zambecasi; pero habiendo perdido éste su fortuna 
tuvo la esposa que volver a su antigua profesión para mante 
nerse. Cuando vino a Madrid había contraído segundas nupcias 

Octubre. — La compañía española estrenó La pasión y el de 
ber, de Sánchez de Fuentes, obra muy moral en que se distin 
guieron la Boldún y Pizarroso. 

Frutos amargos, en tres actos y en prosa, de Manuel Ortiz 
de Pinedo. Jugaba como recurso del argumento un aderezo de 
brillantes, y cierta aristocrática dama, cedió uno a la empresa, 
para este objeto, asegurándose que la joya estaba valorada 
en 20.000 duros. 



POR CARLOS CAMBRÓN 1€R0 267 

Para inaugurar la temporada habían hecho La jura en 
Santa Gadea, por Teodora y Perico Delgado, que era el mejor 
intérprete que ha tenido la obra. 

Noviembre. — Nativa^ tres actos, de Emilio Alvarez. 

Estaban en este teatro Teodora, la Concepción Marín, la 
Amalia Martínez y las dos Boldún (Pilar y Elisa). 

La primera vez que parece se dispuso de propio intento la 
representación del Tenorio, en 2 de Noviembre, pues el día 1.° 
no había función, fue el año 1861. En la misma noche se eje- 
cutó en Novedades. 

1862. Marzo. — Gabrila de Vergi, drama trágico de José 
María Díaz. Bien escrito. Decían de él, que como autor dramá- 
tico no era manco. Le faltaba la mano izquierda. 

Bailaban en ente teatro la Rosa Espert y Antonio Vadillo, 

El 27 de Setiembre de 1862 fue un día de luto para el arte 
escénico, por el fallecimiento de Fernando Osorio, quien segu- 
ramente hubiera llegado a ser uno de los primates, quizá el 
más perfecto y general de nuestros actores. Cuenta Javier Ra- 
mírez (1), en un sentido artículo necrológico, cuya lectura re- 
comendamos al lector, que en los últimos momentos decía a 
D. Joaquín Arjona: «¿Es posible que me muera a los treinta y 
dos años? ¡Ay, maestro! Es preciso hacer algo para no" morir.» 
Y como fiera encerrada en la jaula, tendía los ojos vidriosos 
por la alcoba, sediento de vida en su horrible desesperación. 
Allí estaban alrededor del lecho su madre, su esposa Emilia, 
Arjona, Romea, Javier Ramírez, Larra, el escritor Juan de la 
Rosa, Emilio Mario (su discípulo), D. Eduardo Palou (su con- 
fesor) y Benavente (su médico). 

Romea, conmovido, abandonó la estancia sin hablar, estre- 
chando al moribundo sobre su corazón. Causaba profunda 
pena contemplar aquel hombre que se moría en la plenitud de 
la vida, cuando acariciaba su mente las más halagüeñas ilusio- 
nes. — ¡Arriba el telón!— decía extendiendo las manos en un mo- 



(1) La América, 12 Diciembre 1862. 



268 ORÓNICAH DEI. TIEMPO DB IBABKL II 



menfco de delirio. — Dame la trusa... Es una de las comedias 
que hay mejor escritas en castellano. Sus últimas palabras 
fueron: — ¡Virgen Santísima! ¡Madre! ¡Emilia! ¡Benaveute! — 
dirigiendo así su despedida a la religión, al cariño y a la ciea- 
oia. La hemotisis cortó rápidamente la vida de un ser que pa- 
recía predestinado a empuñar el cetro del arte, y los que le 
vieron morir recordaron, en sus demostraciones de angustia, 
los ademanes del actor cuando representaba La culebra en el 
pecho. 

La temporada de 1863 a 1864 hubo poca novedad; sin em- 
bargo, se estrenó El amor y la Gaceta, de Serra, quien, a pe- 
sar de hallarse enfermo, escribió esta obra con la frescura y 
lozanía de sus mejores tiempos. Después ref>resentarou HU 
amor de los amores, arreglo de D. J. P. Coll (Juan Catalina) 
y preparaban Los milagros del amor, por lo que decía un pe- 
riódico que si la empresa no salía bien librada aquel año, po- 
dría exclamar: ¡Ay, amor, cómo me has puesto! 

La obra de la temporada fue el extreno, en Febrero, de 
Venganza catalana, de García Gutiérrez, drama admirable- 
mente desempeñado por JVIatilde, Juan Catalina y Mariano 
Fernández, que hizo, aunque corto, un papel serio. Pizarroso 
estuvo regular; Manuel Catalina y Pa^trana, insoportables. 

Un crítico, que indudablemente era enemigo de Manuel 
Catalina, decía de este actor: «Estirado, inflexible en la figu- 
ra y en la voz, con su eterno y monótono martilleo, para Ca- 
talina no hay situaciones cómicas ni dramáticas; todas las de- 
clama del mismo modo, pañuelo en mano y arrojando grupos 
de palabras tan premiosas y difíciles como el engranaje de una 
rueda dentada enmohecida por la humedad.» En esto hay exa- 
geración manifiesta para los que le hemos conocido; pero exis- 
te un fondo de verdad. 

La obra gustó mucho; fué a verla todo Madrid, y los mu- 
chachos nos aprendíamos las tiradas de versos para recitarlos 
a los compañeros en los claustros del Instituto cuando estába- 
mos esperando la hora de entrar en clase. 



POR CARi-08 CAMBRÓN KRO 269 



Mayo. — Intrigas de tocador, de Ortiz de Pinedo, y Aveit' 
turas imperiales, ile Fernández y Goiizález, en que salía un 
Carlos V enauxtrado, hecho por Manuel Catalina. 

tiste, aunqne se quejaba, en público y en privado, de los 
escasos rendimientos del teatro, deseaba seguir con la empresa 
prorrogando el contrato con el Ayuntamiento. 

Se suscitó una polémica en la Prensa, defendiendo unos, y 
atacando otros, la gestióu de este actor al frente de la compa- 
ñía que actuaba en el coliseo del Principe. Se le pusieron en- 
frente trece periódicos de bastante circulación, entre los que 
se contaban La Iberia, Las Noticia s^ La Discusión, El Clamor 
Público y El Contemporáneo, y en honor de la verdad, la repu- 
tación artística de (Catalina no quedó a buena altura, recono- 
ciendo todos, sin embargo, sus excelentes prendas de caballe- 
rosidad. 

A pesar del íihcmso sufrido con el proyecto del Conde de 
San Luis, referente a la reorganización del teatro, Eduardo 
Asquerino trató le hacer revivir aquella idea, y el 16 de Marzo 
de 1864 convocó en su casa una reunión de intelectuales, que 
acordaron gestionar el auxilio del Gobierno para realizar el 
pensamiento iniciHild, como hemos visto, por Patricio Escosu- 
ra en 1839, y llevM(io a la práctica con triste resultado, diez 
años después. Olózaga, Benavides, Ros de Olano, el Marqués 
de Molins, Leopoldo Augusto de Cueto, Ventura de la Vega, 
Rodríguez Rubí, Bretón, Hartzenbusch, Ayala, García Gu- 
tiérrez, Carlos Lilis Rivera, Alfredo Adolfo Camús, Piquer, 
Arrieta y otros, abogaron por la construcción de un gran 
^Teatro Nacional en el solar del derruido convento de las mon- 
jas Vallecas, en la calle de Alcalá, esquina a la de Peligros. 
Aquella noche reinó en la reunión mucho entusiasmo; hubo 
dulces, copitas de Jerez, con sus correspondientes brindis, ci- 
garros habanos; se recitaron poesías, se derrochó el ingenio 
que en abundancia lo tenían los asistentes, y quedó en la me- 
moria de todos un grato recuerdo de la velada; pero nada más. 

El proyecto no era nuevo; en 1861 lo había presentado al 



270 CRÓNI0A8 DICL TIEMPO DE I9ABEI. II 

Gobierno un tal D. Miguel Vicente Roca sin encontrar apoyo; 
y más tarde, en 24 de Marzo de 1864, dirigió el mismo señor 
una solicitud a la Reina pidiendo el solar indicado de las Va- 
1 lecas para construir el Gran Teatro Nacional y explotarlo du- 
rante cierto número de años (no fija término), pasando luego 
el edificio a ser propiedad del Estado. Llamó la atención que 
el proyecto se presentase a nombre de D. Mignel Vicente Roca 
y otros capitalistas^ cuando todo el mundo ignoraba que el in- 
teresado poseyese esta circunstancia. No le hicieron caso. 

1864, otoño. — Dar tiempo al tiempo, de Calderón. Catalina 
tenía por costumbre comenzar la temporada con una comedia 
del teatro del siglo xvii. Las hijas de Elena, de Rafael García 
Santisteban. Las cañas se vuelven lanzas, de García Gutiérrez, 
muy interesante. En ésta hacía Catalina el papel de un capitán 
vestido a la Federica. Matilde, superior en todas. 

1865. — Cuando de cincuenta pases, comedia en tres actos, 
de Bretón; La espada y el laúd, de Palón y Coll; Mañana, de 
Coupigni; El laurel de la Zubia, de Antonio Hurtado, en un 
acto, episodio del reinado de Isabel la Católica, y El toisón 
roto, drama de este último autor. 

Estas obras fueron bien recibidas, porque todas tenían 
condiciones aceptables; pero en el buen éxito cupo la parte 
principal a Matilde, que ponía a contribución con entera buena 
fe su talento y sus condiciones de maestra. 

Por fin, D. Manuel Catalina se quedó sin el teatro, y se le 
dieron a D. Miguel Vicente Roca, que reformó el decorado, 
quedando el local, según decían entonces, muy elegante. Em- 
papeló las paredes, alfombró los pasillos de los palcos, pintó 
los antepechos, puso portiers de reps, y forró las butacas de 
terciopelo de Utrech. Y nos pareció aquello precioso. Formaban 
la compañía Romea, Valero, Teodora, la Palma, la Salvadora 
Cairón (esposa de Valero), la Berrobianco, la Dardalla, la Hi- 
josa, la Valverde, la Espejo y la Felipa Orgaz; Florencio Ro- 
mea, Pizarroso, Mariano Fernández, José María Dardalla, Za- 
mora (esposo de la Dardalla), Morales (esposo de la Hijosa), 



POR CARL08 OAMBRONERO 271 

Alfredo Maza, Ricardo Calvo y Ramón Benedí. Apuntadores: 
Enrique Solís y José Castellote. Primeros bailarines: Agustín 
Maldonado y Concepción Hernando. Director de orquesta, Ou- 
drid. Pintores: Ferri y Busato. 

Inauguraron el año cómico el 27 de Setiembre con el Al- 
calde de Zalamea^ que habían hecho los de la Zarzuela, refun- 
dido por Ayala, encargándose Valero del Pedro Crespo y Ro- 
mea del Don Lope. No se ha visto comedia mejor representada 
en los fastos del teatro español. La noche en que asistimos nos- 
otros estaba ronco Valero, a causa de un catarro pertinaz, y 
tuvo que declamar a media voz, consiguiendo, a pesar de esto, 
arrancar frecuentemente frenéticos y entusiastas aplausos. El 
público guardó durante la representación un silencio respe- 
tuoso que conmovía. Era una demostración de cariño al gran 
actor. 

La unión de Romea y Valero en el Alcalde de Zalamea re- 
presentó un triunfo para el empresario. Veamos lo que años 
después decía el propio D. Miguel Vicente Roca respecto a esta 
temporada: 

«Las categorías hicieron entonces que Romea, que era pri- 
mer actor y director como Valero, no pudiera trabajar nunca 
con éste; sólo lo conseguí, ¡Dios sabe a costa de cuántos disgus- 
tos!, en tres ocasiones durante una temporada de ocho meses. 
Las categorías hicieron que los directores trajeran a la compa- 
ñía los actores de su devoción, y por ende, cada director re- 
partía los papeles a los suyos, por más que en el otro bando 
hubiera quien pudiese desempeñarlos mejor. En suma, las ca- 
tegorías hicieron que en una compañía monstruo, es decir, en 
dos compañías, se estrenaran aquel año menos obras que se 
han estrenado nunca en el Teatro Español; porque los primeros 
actores directores encontraban más cómodo hacer su reperto- 
rio, con lo cual fácilmente se comprende cuánto ganarían con 
aquella reunión de artistas eminentes los autores dramáticos y 
el arte escénico.» 

Estas mismas dificultades, con otras de diferente género, 



272 0RÓMIOA8 DBL TIKMPO DB MABEL II 



mataron, como hemos visto, el proyecto del Oonde de San 
Luis, y serán siempre el obstáculo de todo empresario que 
quiera reunir eminencias en una compañía dramática. El mal 
está en la naturaleza humana, pues surge en el teatro desde 
el siglo XVII, sin que haya desaparecido ni un solo día. Por eso 
hemos elogiado la modestia, o amabilidad, de Joaquín Arjona, 
que se prestó a desempeñar papeles secundarios con Julián Ro* 
mea, cuya superioridad era muy discutible, pues cada uno te- 
nia género distinto, y papeles que se avenían mejor con sus 
condiciones de actor; ad virtiendo que Romea era un buen mo- 
so y el pobre D. Joaquín tenía corta estatura y poco agraciado 
semblante. 

Octubre. — La mujer de Ulises, pieza en un acto, de Ensebio 
Blasco, por la Hijosa, la Val verde, Mariano y Zamora. La eje- 
cución, admirable. Pareció la obra un poco escandalosa: hoy 
la calificaríamos de inocente. 

Las querellas del Rey sabio, de Eguílaz. 

En toas partes cuecen jabas, pieza del género andaluz, de 
Sanz Pérez, para que se luciera el viejo Dardalla. Ya no es- 
taba de moda esta literatura. Gustaban más los juguetillos, 
como El ramillete y la carta, hecho por Romea, y El maestro 
de escuela, por Valero. 

Noviembre. — Diego Corrientes, de José Gutiérrez de Alba, 
por Dardalla y la Cairón: ésta era una actriz mediana, pero 
de buen deseo, y no ponía obstáculo para hacer ningún papel. 

Durante la epidemia colérica que padeció Madrid en el mes 
de Octubre, el teatro del Principe y el Real fueron los únicos 
que no suspendieron sus funciones. Mariano hizo Los polvo» de 
la madre Celestina, y con sus chabacanadas consiguió distraer 
al escaso público que concurría al Principe. 

El 20 de Noviembre se cantó el Te Deum, y el 27 se estrenó 
Los soldados de plomo, comedia en tres actos, de Luis Eguílaz, 
por la Palma, la Berrobianco, los Romea y Morales, obtenien- 
do un éxito satisfactorio. 

18 de Diciembre. — Estreno de Juan Lorenzo, de García 



POR CARLOS CAMBRONERO 273 

Gutiérrez. Metió mucho ruido, porque el censor, Narciso Se- 
rra, no quería dar e] pase al drama, por ciertos atrevimientos 
políticos que en la obra se notaban. Esta es buena, pero sólo 
se sostuvo seis días en el cartel. 

1866. — Enero. — El patriarca del Turia, comedia en tres 
actos, de Luis Eguílaz, desempeñada por Valero. 

24 de Febrero. — La muerte de César, tragedia en cinco ac- 
tos, obra postuma de Ventura de la Vega, por Teodora, la 
Valverde, Romea, Valero, Florencio Romea, Pizarroso, Za- 
mora, Morales, Mariano Fernández, Maza, Pardiñas, Benedí 
j 18 actores más. Al final leyó Romea tres décimas de Ricardo 
Vega, dedicadas a la memoria de su padre, que arrancaron 
grandes aplausos; las actrices sacaron a Ricardo al escenario; 
acto emocionante; lágrimas de Romea y de las señoras que 
había entre la concurrencia. La interpretación de la tragedia 
dejó mucho que desear, porque ya los actores no podían for- 
mar concepto de la manera como tenía que representarse. En 
la tragedia todo es convencional, bajo una base armónica en 
que hasta el tono de voz de los personajes debe sujetarse a un 
diapasón convenido; así es que el público no quedó satisfecho. 
Teodora, Valero y Pizarroso fueron los únicos que interpreta- 
ron su papel; los demás, incluso D. Julián, se desviaron del 
camino que debían haber seguido. Romea quiso representar a 
Julio César con la naturalidad del protagonista de La cruz del 
matrimonio, y se equivocó, a juicio de los más entendidos en 
la materia. Para cohonestar su interpretación escénica, escri- 
bió luego un folleto, titulado Los héroes en el teatro, que está 
muy bien escrito y que mereció la aprobación de todos; pero 
el público siguió diciendo que no le había gustado la manera 
de hacer el papel de César en la tragedia de D. Ventura de la 
Vega. 

Después se representó Bienaventurados los que lloran, co- 
media en tres actos, de Larra. Aquí sí que gustó D. Julián y- 
le aplaudimos con entusiasmo, para hacerle olvidar el mal rato 
que le había dado la frialdad del público en ¿a muerte de César. 

18 



274 0RÓMICA8 DKL TÍEMPU DE ISABEL, II 

El empresario tuvo que modificar su compañía en la tem- 
porada siguiente: la Palma, la Berrobianco, la Felipa Díaz, 
los Romeas, Pedro Delgado, Pizarroso, Zamora, Mariscal, y el 
viejo Dardalla para hacer su género andaluz!. Contrató a la fa- 
mosa bailarina Petra Cámara y a su marido Guerrero. 

Como Rossi había representado Súllivan, no a gusto de to- 
dos, Romea, que dominaba la obra, la sacó a relucir a prime- 
ros de Octubre, poniendo de su parte cuanto pudo, y podía mu- 
cho, para superar al italiano, lo que consiguió, auü a juicio de 
los más descouteutadizos. Entusiasmo indescriptible, flores, 
palomas, versos. Romea no podía competir con Rossi en Otello 
ni en Hamlet; pero en Súllivan, no había duda, le superaba. 

Octubre 12. — Perico Delgado se presentó con La jura en 
Santa Gadea. Triunfo completo. 

El poeta D. José Zorrilla había estado ausente de EspafJa 
mucho tiempo, corriendo aventuras por América. Cuando vol- 
vió a su país se le recibió con carifio, porque es el poeta más 
popular del siglo xix, y la empresa del Principe quiso apro- 
vechar el acontecimiento para proporcionarse algunas entra- 
das, lo que consiguió poniendo en escena El cuento de la^i 
flores. 

Zorrilla llegó a Madrid el 16 de Octubre, a las nueve y me- 
dia de la mañana, y fueron a esperarle a la estación del Norte, 
porque venía de Valladolid, más de 600 personas, con las que 
entró en Madrid a pie, no aceptando el coche que le tenían 
preparado. Fue un espectáculo que presenció mucha gente, 
pues Zorrilla vino a parar a la plaza de San Q-inés, donde se 
hospedaba. Aquella noche se le dio una serenata por una ban- 
da militar; era la moda entonces. 

El cuento de las flores, estrenado en 26 de Octubre de 1866, 
era un apropósito en dos partes, o dos^actos, escrito por don 
José Zorrilla para tener ocasión de recitar en público las poe- 
sías que últimamente había compuesto, y que los aficionados 
de Madrid aún no conocían. En la primera parte se presenta 
una decoración dé sala bien amueblada, con un telón de gasa 



POR CARLOS CAMBRONEfeÓ 275 

interpuesto entre lá escena y el espectador, como para hacer 
ver o figurar que la acción se desarrolla en el mismo escenario 
del teatro tras el telón de embocadura. El director de la com- 
pañía se lamenta, ante una de las actrices, de que Zorrilla lé 
ha recomendado, con objeto de que ejecuten una función, a 
varias jóvenes desconocidas y misteriosas llamadas Hortensia, 
Margarita, Sensitiva, Rosa, Flor de Lis, Camelia y otras, qué 
en aquel momento, hora de comenzar, cuando el público está 
ya impaciente, aún no se han presentado. Por fin, tras inciden- 
tes, quizá poco interesantes, aparece Sensitiva, y manifiesta 
en nombre de sus hermanas o compañeras, que no solamente 
no concurrirán al teatro aquella noche, sino que abandonan al 
poeta porque es viejo, y las flores buscan la juventud; 

se fue su primavera; se van sus flores. 

En este compromiso llaman al poeta, y le obligan a que 
entretenga al público, lo que acepta gustoso aquél. Entonces 
se abría el telón de gasa, y adelantándose al proscenio, comen- 
zaba Zorrilla a recitar versos que el público aplaudía con ver- 
dadero entusiasmo. La segunda parte de El cuento de las flo- 
res tenía pocos lances. 

La interpretación fue irreprochable: el papel de Sensitiva 
lo hizo la Dardalla; Don Diego de Noche, Elisa Boldún, y lá 
Actriz, Carmen Berrobianco, acompañándolas en la ejecución 
Romea y Alisedo. 

30 Octubre. — Se puso en escena, con doble intención, Don 
Juan Tenorio, porque estaba Zorrilla en Madrid, y porque era 
época de representar la obra. La interpretaron la Cándida 
Dardalla y Perico Delgado, ambos con mucho acierto. El au- 
tor, que se hallaba en el teatro, recibió una ovación (1). 

A fines de año estrenaron Hoy, de José Marco; Oros, co- 



(1) Estos días hicieron en el teatrito de Buenavista la comedia de Za- 
mora No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, por 
una compañía cuyos nombres ocultaba modestamente el cartel. 



276 



CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



pas, espadas y bastos, de Larra, cou buen éxito; Quien sieni' 
brd vientos, de Ortiz de Pinedo, y La paz de la aldea, escrita 
enfrancés por Victoriano Sardón, con el título de Nos bons 
villageois, y traducida por Narciso Escosura, hermano de don 
Patricio, tantas veces citado en estas Crónicas. 

La estadística de estrenos presenta una baja considerable 
desde 1866, en que subió la cifra a 166, cuando en 1866 no 
pasó de 78, como puede verse por el estado siguiente: 

Estrenos de 1866. 



TSATBOS 



Principe 

Circo 

Zarzuela 

Variedades 

Novedades 

TOTALKti 



Originales. 


Trad acidas 


12 


3 


12 


8 


11 


13 


5 


7 


4 


3 


44 


34 



TOTAL 



15 
20 
24 
12 

7 



78 



1867. Enero. — De París a Sariñena, comedia en tres ac- 
tos, de un joven principiante, D. José Aparici, que obtuvo 
espontáneos aplausos. 

El jugador de manos, drama en tres actos, arreglado del 
francés por Enrique Gaspar. Lo representó Delgado porque 
Romea estaba enfermo. 

A cadena perpetua, del actor D. José María García. No se 
le confunda con el gracioso y popular Pepe García. 

Perico Delgado hizo La carcajada, y gustó mucho. 

El que nace para ochavo, pieza en un acto, de Pelayo del 
Castillo. Gran éxito. 

El autor fue llamado al palco escénico a mitad de la obra, 
y tres veces a la conclusión. 

El amor constipado y El vecino de enfrente, piececitas de 
Eusebio Blasco. Aplaudidas. 



POR CARLOS OAMBRONERO 277 

El pobre Romea, que cayó enfermo a fines de 1866, seguía 
mal. Marchó con su compañía a Barcelona, y estando repre- 
sentando allí De potencia a potencia, le dio un ataque de la 
enfermedad que padecía, y tuvo que meterse entre bastidores, 
suspendiéndose la función. En Abril le trajeron a Madrid, y 
en Junio fué a tomar los baños de Alhama. 

Por Real orden de 1.** de Octubre de 1867 se dispuso, con 
ocasión de un incidente ocurrido en provincias, que «cuando 
una autoridad o jefe militar debía presidir una función, de 
cualquier especie que fuera, se la esperase para dar principio 
al acto, aunque hubiera pasado la hora señalada». 

La presidencia de la autoridad en los espectáculos públicos 
tenía su precedente en una Real orden de 14 de Febrero dé 
1818, en que se previno que los Capitanes generales y Presi- 
dente de las Cancillerías y Audiencias continuasen disfrutan- 
do, sin interés, el palco de distinción en los teatros de los 
pueblos de su residencia. Cambiando las costumbres, otra 
Real orden de 10 de Octubre de 1851 suprimió la presidencia 
de la autoridad en toda clase de representaciones teatrales; 
pero en tiempo del Conde de San Luis se restableció esta pre- 
sidencia por Real orden de 16 de Marzo de 1854. La Revolu- 
ción de 1868 acabó con una costumbre que ya tenía estado le- 
gal, pero que era contraria al espíritu moderno. 

Catalina se quedó otra vez con el teatro para la temporada 
de 1867-1868, y contrató a Matilde, la Palma, la Zapatero, la 
Lombía, la Dansant, la Chafino, la Espejo y la Elisa Boldún; 
los dos Romeas, los dos Arjonas, Juan Catalina, Oltra, José 
Olona, Mariano Fernández y Pastrana. Nuestro D. Julián 
continuaba mal y sin poder tomaj parte en las representacio- 
nes; pero «mientras se restablecía, anunciaba el cartel, con- 
tribuiría con todos sus conocimientos al mejor éxito de las 
obras, ya dirigiendo algunas, ya auxiliando a la empresa con 
sus consejos». Triste papel le reservaba el destino al pobre 
viejo. Se puso la butaca a 18 reales. 

Inauguraron la temporada con la comedia de Moreto De 



1^78 CRÓNICAS DSL TIEHPü UU ISABEL II 



fuera ven^rá^ en la que hizo Arjoua, de una mauera inimita- 
ble, el papel del Alférez Aguirre. Para comenzar la función 
se representó un apropósito muy bien escrito por Antonio 
Hurtado, con el título de Las gradas de San Felipe, 

Quien debe, paga, comedia en tres actos; de Núñez de Arce. 

Las circunstancias, comedia de costumbres, en tres actos y 
en prosa, de Enrique Gaspar. 

La voz del corazón, drama en un acto y en verso, de Hurta- 
do. Matilde representó a la perfección el tipo de una lugareña 
vieja y ciega. 

1868. — Sheridan, comedia en tres actos, de Francisco Luis 
de Betes. 

Los solterones y Miss Susana, arreglos del francés, por Nar- 
ciso Escosura. 

Cien leguas de mal camino, comedia de Julio Monreal. 

Marzo. — La levita, liudísima comedia de Enrique Gaspar, 
representada por Matilde, Elisa Bolduu^ los Catalinas y Oltra. 

Un revistero tuvo la curiosidad de formar una relación de 
los espectáculos públicos que había en Madrid el año 1868, y 
la cabida de espectadores o concurrentes que cada uno podía 
tener. Véase la relación: 

Teatros principales. 

Real 2 . 404 

Roasini 2.570 

Novedades 1 . 778 

Zarzuela 1 , 766 

Circo (Buíos) 2. 148 

Príncipe 1.358 

Principe Alfonso 2.500 

Variedades 700 



15.224 
Teatros de segundo orden. 



Paul 400 

Capellanes 700 

Buenavisti^ 200 



Ppíi PABLOS PAMPIlpNKRO 279 



Infantil. ,. • 285 

Musas 260 

Tabernillas 163 

Esmeralda 150 

Quevedo 400 

Máiquez 200 



2.758 

Cafés -teatro. 

Recreo 700 

San Marcial 200 

Lozoya 150 

Calderón de la Barca 150 

Maravillas 100 

Artistas 100 

Embajadores 150 

Sau Fernando 160 

Marsella 200 

Industria 150 

España 120 

San Francisco 160 

Sur 100 

Amistad 100 

Novedades 60 



2.590 
Otros espectáculos. 



Plaza de Toros 9.960 

Plaza de los Campos Elíseos 8 .500 

Baile de Apolo 900 

ídem de Pozas , 100 

Juego de pelota del Ariel 300 

Circo Gallistico de Recoletos SOO 

ídem de Santa Bárbara 255 

15.315 



En total sumaba la relación 35.887 personas que se podían 
divertir durante un día en que funcionasen todos los espep- 
táculos o entretenimientos. 



280 ORÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

El 29 de Setiembre aún no había comeDzado la tempora- 
da cómica del Teatro del Principe, y como esta es la fecha en 
que terminan nuestras Crónicas, pues la revolución política 
que entonces se verificó produjo el destronamiento de Isa- 
bel II, tenemos que cerrar el período con el triste aconteci- 
miento de la muerte de D. Julián Romea, acaecida el 10 de 
Agosto, en la villa de Loeches, adonde había marchado en bus- 
ca de un alivio para la enfermedad que padecía. Trajeron su 
cuerpo a Madrid y fue depositado en la capilla de Nuestra Se- 
ñora de la Novena, de la parroquia de San Sebastián, dándole 
sepultura el dia 14, a las siete de la tarde, en el Cementerio de 
la Sacramental de la misma parroquia, sito en las afueras de 
la Puerta de Atocha. 

El entierro salió de la iglesia después de las siete de la tar- 
de, presidido por el ministro de Hacienda D. Manuel Ossorio, 
el ministro de la Guerra general Mayalde, D. Luis Nacarino 
Bravo, D. Agustín Perales y el presbítero D. Miguel Sánchez. 
Llevaron las cintas de la caja mortuoria Rodríguez Rubí, 
Arjona, Saldoni y Miguel de los Santos Alvarez. La comitiva 
pasó por delante del Teatro del Príncipe, cuyos balcones esta- 
ban enlutados, y desde los cuales arrojaron coronas y flores 
sobre el carro fúnebre varios actores y actrices a quienes, por 
la distancia en que nos encontrábamos, no pudimos reconocer. 

El féretro iba cubierto con el manto de la Orden de Car- 
los III, y varias coronas. Acudió mucha gente; hacía un calor 
sofocante. 

A Romea le quería mucho el público de Madrid, y su muer- 
te fue muy sentida. El, Valero y Mariano Fernández, eran los 
actores predilectos. 

Nuestro amigo Eduardo Inza publicó en Los Sucesos del 15 
de aquel mes un artículo necrológico muy sentido. 

El trágico italiano Ernesto Rossi, que estaba dando repre- 
sentaciones en Prado Catalán, de Barcelona, dirigió la pala- 
bra al público el día 12, al terminar la comedía SúUivan, enal- 
teciendo la memoria de Julián Romea. Entre otras cosas, dijo: 



POK CARLOS CAMBRONliRO 281 

«El Ritista dramático, menos afortunado que el poeta o el 
músico, el pintor o el arquitecto, no puede dejar tras sí un tes- 
timonio viviente, inmarcesible de su breve y fugaz gloria; rés- 
tale sólo el consuelo de quedar en el pensamiento de los que lo 
han oído y admirado, y de que su nombre pase de boca en 
boca, de padres a hijos, de generación en generación, como 
ejemplo digno de ser imitado por los que se dediquen a tan 
difícil arte.» 

Y tenía razón. De Romea sólo queda para los que le cono- 
cieron, el recuerdo, ya vago y confuso, de la naturalidad con 
que representaba las comedias y dramas de costumbres. Vale- 
ro le superaba en los papeles de carácter, de época; pero que- 
daba muy inferior en los galanes de levita; bien es verdad que 
a Romea le favorecía su elegante figura. En las prenderías, en- 
tre cuadros viejos, suele hallarse una estampa que representa 
a Julián Romea en el traje de Súllivan; el retrato tiene bas- 
tante parecido en la cara 3' en el cuerpo, de modo que da una 
idea aproximada de cómo era aquel actor. 

Bretón de los Herreros y Julián Romea, completándose uno 
a otro, influyeron poderosamente en el gusto del público, ha- 
ciéndole modificar el concepto que de las representaciones dra- 
máticas tenía, impresionado por los melodramas, más o menos 
caracterizados, de la escuela romántica que tanto partido tuvo 
en los primeros años del reinado de Isabel II. Bretón y Romea 
marcaron en el teatro un nuevo rumbo, cuyos efectos, ya se co- 
menzaron a sentir con ventaja para la literatura dramática, en 
el período que cierra el ciclo de estas Crónicas, y quedó enton- 
ces determinado que el objeto primordial del teatro había de 
ser el estudio de las costumbres. 

TEATRO REAL 

Ya en esta época, la ópera era imprescindible en las diver- 
siones públicas de la capital, y hasta se consideraba como per- 
sona de mal gusto la que no tenía, en más o en menos, afición 



282 CRÓNICAS DEL. TIEMPO DE ISABEL II 



a la música. La clase media se declaró abiertamente partidaria 
de la ópera, merced a la baratura de la localidad, pues costa- 
ba eutouces una peseta cualquier asiento del último anfíteatro, 
llamado por mal nombre Paraíso, excepción de la delantera, 
que tenía el para nosotros exorbitante precio de medio duro. 
Al Paraíso acudían los músicos, los alumnos del Conservato- 
rio, los estudiantes y los aficionados que contaban con pocos 
recursos, formando un conjunto que, si no reunía cendiciones 
absolutas de competencia, podía decidir, con algún acierto, el 
éxito de los cantantes y el de las óperas nuevas. 

Pocas de éstas se pusieron en escena durante los años de 
1860 a 1868. He aquí la relación: 

1860. 27 Marzo. — Le tre nozze, de Allari. 

1861. 7 Enero. — Simone Bocanegra, de Verdi. 

5 Marzo. — Un bailo in maschera, de Verdi. 

20 Noviembre. — Giuditta, de Peri. 

21 Diciembre. — Martha^ de Flotow. 

1862. 31 Diciembre. — Zampa, de Herold. 

1863. 21 Febrero. — La forza del destino, de Verdi. 

6 Abril. — Pietro de Medid, de Poniatouski. 

1866. 6 Abril.— iZ Profeta, de Meyerbeer. 
14 Octubre. — L^ Africana, de Meyerbeer. 

1867. 10 Octubre. -L'Ebrea, de Halevy. 

Los cuatro grandes éxitos que tuvieron las empresas en este 
último período fueron: Un bailo in maschera, Martha, La forza 
del destino y La Africana. La primera ópera fue muy del agra- 
do del público. Los aficionados de Madrid tenían, ya lo hemos 
visto, predilección marcada por Verdi, y acudían con verdade- 
ra complacencia a escuchar sus obras. Esta tuvo buena inter- 
pretación por la Julienue, la Sarolta y la De-Meric, que cum- 
plieron con su deber; Fraschini, que tenía una hermosísima 
voz, aunque poca expresión; Giraldoni, Bonehó y Manfredi, 
que no descompusieron el cuadro. 

*Un bailo in maschera — dice Carmena — es superior a La 
Iraviata, aunque inferior a Rigoletto e II Trovaiore. Induda- 



POH CARLOS oámbronebo 283 

blemente, Verdi se ha preocupado, al escribir esta ópera, eu 
modificar su estilo, templando algo la manera, un tanto brus- 
ca, con que acometía ciertas situaciones, dulcificando la expre- 
sión eu muchos motivos, y hasta conteniéndose en el empleo 
del metal a que tan aficionado se ha mostrado siempre. No lo 
ha conseguido del todo, ciertamente, y eu prueba de ello po- 
demos citar el primer final, vulgar, ruidoso e indigno de po- 
ner tórmiuo a un acto no escaso en bellezas, algunas de pri- 
mer orden; pero, dados los aciertos que abundan en la partitu- 
ra, no dudamos en colocarla dignamente entre las buenas de 
su autor.» 

Más completo fue el desempeño de MartTia, por la Lagran- 
ge, que, aunque algo decadente, era una maestra en el arte; la 
De-Meric, muy graciosa; Bettini, algo amaneradito, pero con 
facultades para dominar su papel, y Cotogni, que no desmere- 
cía de sus compañeros. 

La ópera gustó mucho. Un revistero dedicaba estos renglo- 
nes en El Contemporáneo: 

«Simpática por su género y su estilo, esta obra es hoy una 
de las más populares en Alemania, siendo generalmente bien 
recibida en casi todos los teatros de otros países. 

»Para juzgar del valor intrínseco de esta ópera, es preciso 
tener muy presente que gran parte de la originalidad que se 
encuentra en sus aires, consiste en lo poco familiarizado que 
está nuestro público con la música popular alemana, y que la 
forma de las melodías y la manera extraña y nueva de reves- 
tirlas con las galas de la instrumentación, como asimismo gran 
parte de los efectos de ésta, son formas y efectos comunes a 
otras muchas obras y autores que no conocemos en Madrid, 
donde sólo se oye hoy la música italiana, y la misma música 
italiana que, por decirlo así, oyeron nuestros padres en los 
tiempos de Rubini. 

»De todos modos, la Martha es una de esas obras ligeras, 
en las que la ligereza no excusa al arte; en sus melodías hay 
espontaneidad, y si bien, ya porque no lo requiere su género, 



284 CRÓNICAS l)KL TIBMPO DiC ISABEL II 

ya porque Flotow, aunque inspirado algunas veces, no es un 
genio de primer orden, su música uo es profunda y verdadera- 
mente clásica en ninguna ocasión, siempre será oída con gusto 
por los inteligentes. 

• Para éstos, como para todas las personas de buen gusto, 
entre la Giuditta, con sus inmensas pretensioue» de grande 
ópera trágica, y la nueva obra, que sólo pide un puesto en el 
rango de las operetas semiserias, uo cabe vacilación de nin- 
guna especie.» 

El estreno de La forza del destino era esperado con anhelo; 
asi es que el teatro se halló completamente Heno de espectado- 
res, haciendo salir a Verdi muchas veces a la escena, donde le 
arrojaron multitud de ramos de flores, coronas y poesías. La 
Lagrange estuvo muy inspirada; Fraschini, como siempre: 
buena voz, pero nada más; Giraldoui hizo lo que pudo, porque 
se hallaba convaleciente de una enfermedad. Las decoraciones, 
pintadas por Ferri, gustaron mucho. Asistió la familia real. 
Fraschini, que usaba barba corrida, no quería afeitarse; pero 
lograron convencerle ante el fundado temor de que el piiblioo 
le diese una grita. 

Verdi llegó a Madrid a principios de Enero y se marchó a 
mediados de Marzo. 

En el estreno de IL Profeta ocurrió que los cantantes la in- 
terpretaron nada más que regularmente, por lo cual no tuvo 
éxito franco; pero la música de Meyerbeer gustó extraordina- 
riamente. 

La Africana se aceptó sin distingos desde la noche de su 
estreno, y eso que los cantantes no estuvieron todos a la altura 
que la ópera requería. 

El barítono Boneheé supo cantar bien 3' dar realce a su pa- 
pel; la Rey -Baila, a pesar de no ser una tiple de primer orden, 
consiguió caracterizar admirablemente la parte de Selika, que 
no ha tenido después mejor intérprete; su voz era fuerte, vi- 
brante, con tonalidad acontraltada; el tenor Steger tenía poca 
voz y no pudo sacar todo el partido posible de \9i. particella de 



POR CARLOS CAMBRONERO 285 



Vasco de Gama. Las decoraciones liicieron un gran efecto, y 
la orquesta, dirigida por Boneti, estuvo admirable, consiguien- 
do una ovación en el famoso preludio de instrumentos de cuer- 
da. A fin de temporada se presentó Tamberlick al público con 
esta ópera, y consiguió un triunfo completo. 

El 4 de Mayo de 1867 se puso en escena la gran ópera de 
Mozart,Z>ow Giovanni, con la quela empresa esperaba un triun- 
fo, pero no fué así, y eso que la interpretación resultó buena, 
pues tanto la Penco, como la Nantier-Didié, Tamberlick, Bo- 
nehóe y Selva, rayaron a gran altura; el tenor tuvo que repetir 
la cavaíí'na del acto tercero, y Bonehóe la famosa serenata. Ni el 
año 1834, cuando se cantó por primera vez en la Corte (Teatro 
de la Cruz), ni en 1864, que se hizo la reprise, consiguió esta 
gran ópera despertar entusiasmos. Luis Carmena, que estaba 
verdaderamente enamorado de la obra, no se explicaba cómo, 
dadas sus bellezas, no logró nunca excitar el afecto del públi- 
co; y nosotros le decíamos que en España tenemos otro con- 
cepto formado del protagonista, y no nos convence el tipo 
traducido al italiano que nos ofrece Mozart en su precioso s^jar- 
tito. Aquel no es nuestro D. Juan Tenorio. Todo hay que tener- 
lo en cuenta. 

Los artistas notables de este último período fueron: 
Tiples: la G-rossi, soprano de primer orden, pero decadente; 
Ana Lagrange, también de primer orden y también decadente, 
pero conservando todavía algo de sus buenas facultades; reci- 
bió en Madrid muchas y merecidas ovaciones; la Carrozzi-Zu- 
chi, bien en algunas óperas, mal en otras; Adelina Patti, que 
produjo un entusiasmo delirante por sus gorgoritos y la flexi- 
bilidad de su garganta, cantó el Barbero como no se había 
oído nunca, y en la lección de piano, un lindo vals de Arditi, 
titulado El heso, que se hizo popular; la Borghi-Mamo, buena; 
la Carlota Marchissio, aceptable; la Spezia, de gran presencia, 
pero desigual en el canto; la Penco, buena tiple por todo lo 
alto. En un beneficio, en 1868, sus admiradores la regalaron 
una corona, en cuyas cintas pusieron esta inscripción: LaS" 



286 CRÓNICAS DEL TlEMPU DE ISABEL 11 



dándote la vita, Dio protesse Varte; la Rey-Bal!a, aceptable 
siempre en todo, aunque nunca sobresaliente. El público la 
profesó gran afecto por la buena fe con que trabajaba; la Ha- 
rris, que quería imitar a la Patti, no pasando de ser una alum- 
na aventajada. Un día se incomodó con la empresa, y aquella 
misma noche tomó el tren para París, por lo cual decían: «La 
Srta. Harris es inglesa, canta en italiano, cobra en español y 
se despide a la francesa.» 

La última que nombramos es la Galletti, y en mérito de- 
bería ser de las primeras por su buena voz y su maestría. Tuvo 
buena y arrogante figura, pero había engruesado tanto que no 
estaba con aspecto adecuado para representar ciertos papeles. 

Contraltos: la Trevelli, la De-Meric-Lablache, la Grossi y 
la Bárbara Marchissio, aceptables; la Nantier-Didier, superior 
a todas, si no en voz, en conocimiento y posesión de su arte. 
Se contrataba siempre con Tamberlick. 

Tenores: Mario, incomparable; Tamberlick, un primer te- 
nor en toda la extensión de la palabra; Fraschini, de potente 
voz, pero sin expresión; Belart, nuestro compatriota, buena 
voz, buen gusto y buena escuela; Bettini, amanerado; Nandín, 
aceptable, y Nicolini, regular. 

Bajos: Padovani, cumplía con su deber, y Selva, uno de 
los mejores cantantes que han figurado en el escenario del 
Real. Estaba inimitable en el Mefistófeles, de Fausto, y en el 
Don Basilio, del Barbero; el aria de La calumnia, nadie como 
él la ha cantado. 

Barítonos: Cotogni, un poco amanerado: Giraldoni, des 
igual; Padilla (español), bueno. Era discípulo del Conservato- 
rio. En Marzo de 1866 se dio en este centro de enseñanza un 
concierto, a beneficio del guitarrista Huerta, y cantó allí el 
joven Padilla, que se presentó como una esperanza para el arte. 
Aldighieri, mucha voz y poca escuela: Bonehée, poca voz y 
corta estatura, pero un gusto exquisito y una maestría envi- 
diable, Merly, en cambio, era un hombretón, y aunque no es- 
caso de mérito, no logró ni eclipsar ni igualares a Bonehée. 



POR CARLOS CAMBRONERO 2S7 



Como directores de orquesta figuraron eh este período Juan 
Daniel Skoczdopole, de 1860 a 1864, y Vicente Boneti, supe- 
rior al otro, de 1865 a 1868. , 

Visto el resultado que habían ofrecido los conciertos sacros 
que Salas dio en la Zarzuela, la empresa del Teatro Real repi- 
tió la suerte en Marzo de 1860, cou la ventaja de tener a su 
disposición los cantantes y coros de la ópera. Entre las obras 
que se oyeron figuran el Ave María, de Schubert; un andan- 
te instrumental, de Espín y Guillen, y el Stabat Mater, de Ros- 
sini. Estos conciertos tuvieron aceptación. 

El entusiasmo con que había sido recibida la trágica ita- 
liana Adelaida Ristori, en el teatro de la Zarzuela, animó ala 
empresa del Real para contratarla por seis funciones, obte- 
niendo buenas entradas. Hizo el repertorio ya conocido del pú- 
blico, con pocas variantes. Parece que había el proyecto de 
que representara el drama de Taraayo Locura de amor, tradu- 
cido al italiano cou el título de Giovanna la pazza; pero no sa- 
bemos por qué no se pudo realizar el propósito. La Ristori dio, 
alternando, otras seis representaciones en el teatro de FaWe- 
dades (Enero de 1860). 

Uno de los empresarios del Real que mejor entendía el ne- 
gocio fue, sin duda alguna, Mr. Bagier, no porque trajese 
grandes novedades ni expusiese su dinero temerariamente, sino 
porque sabía sostener la temporada sin hacer grandes desem- 
bolsos. Decía cierta noche en el pasillo de butacas entre un 
grupo de abonados, que en la temporada de 1860 a 1861 había 
perdido 30.000 duros, y, aunque ninguno le desmintió, no pa- 
rece que todos quedaron convencidos. El caso es que siguió 
con la empresa y aumentó el precio de las localidades. 

Se trataba de representar óperas españolas, es decir, con 
música de compositores españoles, y el citado Mr. Bagier nom- 
bró, para el examen de las partituras que se presentasen, un 
comité presidido por el Duque de Rivas, y compuesto de los se- 
ñotes Eslava, Valldemosa, G-uelvenzu, Barbieri, Hernando 



288 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABGL II 



y Ventura de la Vega. No sabemos si llegó a reunirse al 
guua vez. 

Adelina Patti debutó con Sonámbula, el 12 de Noviembre de 
1863. Se aumentaron los precios de las localidades, y el públi- 
co se disgustó con esto, así es que apareció más exigente de lo 
que hubiera estado en otra ocasión. 

Decía un revistero: 

«La señorita Patti tiene fisonomía inteligente y modales 
distinguidos; su dulce expresión y su aire infantil aumentan el 
prestigio de una voz argentina y pura, aunque no de gran 
cuerpo, pero sí de un excelente método de canto. Frasea con 
limpieza y corrección, y canta con todo el arte necesario para 
sacar el mejor partido de un órgano vocal que, sin duda nin- 
guna, es privilegiado. Con relación a otras artistas, creemos 
que en Madrid son varias las que han cantado Sonámbula 
aprovechando más los resortes de la particela; la Persiani, la 
Albani y la Lagrange, no ciertamente tan jóvenes ni acaso tan 
graciosas, si no la igualaron en la flexibilidad de garganta, la 
aventajaron en voz, más robusta y sonora, y en la interpreta- 
ción dramática de papeles. 

»No se limita a cantar a su gusto las cadencias de las pie- 
zas, sino que acomete discrecionalmente muchos pasajes, y, a 
trueque de vencer dificultades y de hacer filigranas, nos canta 
música de su composición.» 

El repertorio de la Patti, en aquel tiempo, estaba formado 
de las óperas siguientes! Don Giovanni, Elixir, Martha, Tro- 
vatore, Gaza ladra, Barbero, Don Pasquale, Lucia, Figlia del 
regimentó, Dinorah y Traviata. 

Dicen que cobraba 12.000 reales por función. Esto resulta- 
ba un escándalo, porque los precios fabulosos que tenía asig- 
nados el empresario Caballero del Sax para la temporada de 
1865 á 1866, eran los siguientes: La Rey -Baila, 12.000 reales 
mensuales; la States, 6.000; Luisa Marthelli (se llamaba Papi- 
ni), 4.000; Eracleo (contralto), 2.600; María Marthelli, 4.000; 



POK CARLOS CAMBliONERO 289 

Steger, 19.000; Abruñedo (tenor asturiano), 3.000; Bonehóe, 
8.000; Merly, 6.000, y Della- Costa (bajo), 6.000 (1). 

Caballero del Sax era un empresario de buena fe, en lo que 
admite un negocio, y, sin embargo, las inexperiencias del 
asunto sirvieron de motivo para que el público le mirase con 
prevención, no perdonándole la más leve falta. 

El 10 de Diciembre de 1866 hubo un escándalo horrible en 
el teatro. Se cantó el primer acto de Rigoletto por un tenor, 
Giolani, que no gustó, y por Merly, que no acababa de satis- 
facer. En el entreacto apareció en el escenario un dependiente 
de la empresa manifestando que la señora Rey -Baila se había 
indispuesto repentinamente y que se suspendía la función, pu- 
diendo presentarse los espectadores en la contaduría a recoger 
el importe de las localidades. Esto, que es un percance común 
y corriente en cualquier empresa, disgustó injustificadamente 
al público, que manifestó su desagrado con las demostraciones 
más tumultuarias que ha presenciado aquel salón. Y conste que 
lio eran sólo los del Paraíso los que gritaban, sino los elegante» 
espectadores de palcos y butacas. 

En esta última temporada teatral de 1867 á 1868 sigue 
predominando el gusto italiano, pues se hace La Favorita 10 
veces; Guillermo, 17; La Muta di Portici, 11; Sonámbula, 8, y 
Rigoletto, 16; sin embargo, la nueva escuela de Meyerbeer va 
abriéndose camino, y consigue que Gli ügonotti se represente 
doce noches, con buenas entradas y grandes aplausos por parte 
de los concurrentes al Paraíso, circunstancia que nos honra a 
los que modestamente tomábamos parte en aquellas sencillas 
manifestaciones del gusto musical. 

TEATRO DE LA ZARZUELA 

Al comenzar el año 1860, en este teatro no se estrenaban 
producciones de alto bordo, sino juguetillos que no todos ob- 
tenían buen éxito. Sin embargo, hicieron El diablo las cargUy 

(1) La Rey -Baila, Bouehée y Merly habían cantado eu francés, y Ste-^ 
ger en alemán. 

19 



290 CRÓNICAS DKL TIKMPO DE ISABEL II 



en tres actos, de Camprodón y Gaztambide, del corte del Do- 
minó azul, y no fue mal recibida. 

Enero. — Dio un concierto el violinista Vicente Sighicelle, 
y tocó Souvenirs de Béllini y Fantasía oriental, con acompa- 
ñamiento de orquesta. 

Febrero. — Otro concierto por la pianista signora Penélope 
Bigazzi; tocó una fanta»iía sobre motivos de Sonámbula, de 
Thalberg; Bellezaa de España, y un nocturno con el siguiente 
título, mu}' de circunstancias, aunque un poco largo: Los espa 
ñoles rogando a Dios por el ejército de África (1). Fue muy 
aplaudido. 

Tanto o más que el famoso Macallister llamó la atención el 
prestidigitador Mr. Hermann. Era, cuaudo vino a Madrid, jo- 
ven todavía, de estatura regular, moreno, de bigote y perilla 
negros, de cabeza más bien pequeña, de mirada penetrante y 
observadora, de freute despejada, algo depresiva en la parte 
superior frontal, de correctos modales y de genial desenfado. 
Hizo su presentación el 23 de Febrero de 1860, con los juegos 
siguientes, que luego han sido imitados por otros prestidigita- 
dores: El bolsillo milagroso, El pañuelo serpiente, El conejo 
chino, La silla eléctrica, El banquero filantrópico, La doble 
vista. La pesca maravillosa. El palo y la naranja, La cocina 
indiana, Los objetos volantes, La posta egipcia y El sombrero 
del diablo. 

Una de las suertes que más asombro causó fue la de hacer- 
se disparar seis balas sobre el pecho, presentando luego h1 pú- 
blico los proyectiles aplastados. 

Cuenta un gacetillero que cierta mañana se fué Mr. Her- 
mann con unos periodistas a la plaza de San Miguel, y, acer- 
cándose a una vendedora de huevos, le compró media docena, 
que comenzó a cascar, sacando de entre cada yema una mone- 
da de cinco duros. Asombrada la vendedora de aquel prodigio, 
y animada por los periodistas y la gente que en numeroso gru- 



(1) Estábamos eu guerra con el imperio de Marruecos. 



POR CARLOS CAMBRONERO 291 



po la rodeaba, se decidió bambiéu a cascar huevos, sin euoon- 
trár el hallazgo que auhelaba; echóse a llorar y el prestidigi- 
tador consiguió acallarla regalándola una de las monedas en- 
contradas entre la mercancía. Después ejecutó Hermann 
varios juegos en presencia de los vendedores de la plaza, quie- 
nes le dieron una espontánea y frenética ovación. 

Trabajó en Palacio, y los Reyes le regalaron un cronóme- 
tro de Losada, con cadena, un alfiler de brillantes y una boto- 
nadura de pechera. Las sesiones de prestidigitación de mon- 
sieur Hermann produjeron grandes rendimientos a la empresa, 
tanto, que se repitió cinco veces la última función de des- 
pedida. 

Abril. — Dámaso Zabalza y su discípulo José Pinilla toca- 
ron a dos pianos Capricho húngaro; nua. fantasía, por Monaste- 
rio, al violín, y un coro titulado La caridad, por los alumnos 
del Conservatorio, formando un conjunto de 200 voces, letra 
de Emilio Alvarez y música de D. Hilarión Eslava. 

1862. Abril. — Concierto por el pianista italiano Q-. Perrelli. 
Tocó composiciones suyas. 

La compañía lírica estrenó Entre Pinto y Valdemoro, ju- 
guete en que Arderíus parodiaba a Mr. Hermann, y Cubero a 
laRistori, demostrando ya ambos artistas sus excelentes con- 
diciones para el género hufo, que años adelante presentaron en 
el teatro de Variedades. 

La empresa, a ñn de defenderse con todas armas, trajo una 
compañía de ópera, en Mayo de 1860, que cantó Otello, Poliu- 
to, Hernani y Trovador, por la Kennett, Tamberlick, Alta vi- 
lla, Bartolini y Manfredi. A principios de Junio cayó enferma 
la tiple, y hubo que contratar a la Trinidad Ramos, que salió 
airosa de su compromiso. 

Tamberlick consiguió un triunfo en Trovador, repitiendo, 
entre frenéticos aplausos, la cavalleta del tercer acto, en que 
daba el do de pecho. 

Las noches de ópera trabajaba la compañía de zarzuela en 
el Circo. 



I 



292 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



Setiembre. — La hija del regimiento, en castellano, desem» 
peñada por la Ramos y Salas, que fueron muy aplaudidos. 

Nadie se muere hasta que Dios quiere, pasillo lírico fúnebre, 
de Narciso Serra, 

La noche del 5 de Enero, el niño de doce años Pablito Bar- 
bero, durante un entreacto, tocó al piano una fantasía sobre 
motivos de Rigoletto, compuesta por su profesor Osear Camps, 
y un concierto de Prudent, titulado La pradera. 

Hicieron Un pleito y El niño, ambas en un acto, y como ca* 
recían de producciones nuevas, echaron mano de Buenas no- 
ches, señor don Simón, y Una vieja, de Camprodón y Gaztam- 
bide, estrenada a fines del año anterior por la Ramos, Arde- 
ríus y Cubero. Gustó mucho, sobre todo, una canción que co- 
menzaba: 

¡Ay, mamá, qué noche aquella! 

Las piernas azules, juguete, según decía el cartel, «escrito 
en doce cuadros, de los cuales la empresa había suprimido 
once en obsequio al autor». Era de Ventura de la Vega, con 
música de Oudrid y de Vázquez. 

Los siete pecados capitales, otro juguete de Frontaura, con 
música de Luis Cepeda. 

Febrero. — Zampa o la esposa de mármol, acomodada a la 
música de Herold por Serra y Pastorfido; la cantaron la Muri- 
11o y la Rodríguez, Obregón, Sanz y Cubero. 

Por un inglés, un acto, de Cuende y Larrea, con música de 
Vázquez. 

Marta, en castellano, por la Ramos, la Mora, Sanz, Obre- 
gón y Salas. Decoraciones de Muriel. 

El amor y el almuerzo, de Olona y Gaztambide,y Anarquía 
conyugal, de Picón y Gaztambide. 

Setiembre. — La pradera de los desafios, arreglo de Narci- 
so Escosura a la música de Herold, por la Santa María, la 
Toda, la Rivas, Manuel Sanz, Salas, Caltañazor y Cubero. 

Para esta temporada contrataron a la Albini y a la Lesen. 



POR CARLOS oambkonero 293 

La reina topacio , de Emilio Alvarez y Fernández Caballe- 
ro. El libro, flojo; la música, agradable. 

Las damas en la Camelia, letra de Moran y música de Ga- 
liana. La Camelia era un jardín de baile que había en el paseo 
de Recoletos. 

9 de Octubre. — Para conmemorar el natalicio de Cervantes 
se representó El loco de la guardilla, pasillo que pasó en el si- 
glo XVIIf letra de Narciso Serra y música de Fernández Caba- 
llero; por la Fernández, Obregón, Cubero, Caltañazor, Calvet 
y Arderíus. Obregón obtuvo un triunfo en el famoso parla- 
mento de las quiutillas. 

Stradella, arreglo de Manuel del Palacio y Luis Rivera a 
la música de Flotow, 

Noviembre. — Un tesoro escondido. Arreglo de Vega con 
música de Barbieri, y Un concierto casero, un acto, de Picón y 
Oudrid. 

Narciso Serra había enfermado de tal manera, que llevaba 
algunos meses sin poder abandonar el lecho, y Salas, movido 
de su buen corazón, organizó una función a beneficio del au- 
tor de Don Tomás, en la que ejecutaron, el 24 de Marzo de 
1862, El loco de la guardilla, Nadie se muere hasta que Dios 
quiere, Una historia en un mesón y El último mono. El pobre 
Serra, aunque mejoró de su dolencia, no volvió a gozar de sa- 
lud durante el resto de su vida. Nosotros recordamos haberle 
visto muchas veces sentado tras la vidriera del balcón, en el 
piso principal de la casa núm. 26 de la calle de Segovia. Te- 
nía entonces treinta y dos años. 

Con motivo del beneficio de que hemos hablado, hizo Fe- 
rrer del Río un elogio de Serra en La América, escribiendo, 
entre otros párrafos laudatorios, el siguiente: 

«Así que elegía un asunto se le acababan las dificultades; 
sobre la mesa de un café y con lápiz, o con cualquier pluma, y 
en el papel que encontraba dentro de sus bolsillos, se abando- 
naba a su inspiración fecunda, y de allí salía con un laurel 
más para su corona. ¿Qué mucho, si a todas horas y en el señó 



294 CRÓNICAS DKL TIKMPO Drt ISABEL II 

de la amistad versificaba gallardamente al terciar eu las con- 
versaciones, y las salpicaba de espontáneos chistes? ¡Cuántos 
desarían para su lucimiento los tesoros de poesía que ha des- 
parramado en improvisaciones felices y no conservadas por 
nadie en la memoria? 

En el mismo mes de Marzo hicieron El agente de matrimo- 
nios, zarzuela de A.yala, que no gustó, y El juicio final^ de Pi- 
cón, que no hizo más que pasar. En cambio, tuvieron éxitos 
superiores La isla de l^an Balandrán, y Memorias de un estu- 
diante, de Picón y Oudrid; y En las astas del toro, de Fron- 
taura y Gaztambide, en que Arderíus demostró sus excelentes 
condiciones de actor, haciendo, vestido de torero, las delicias 
del público, y Salas imitó con propiedad el tipo de Curro Cu- 
chares. 

1863. Enero. — Se presentó el violinista Mr. Lotto, dando 
un concierto con acompañamiento de orquesta. Tocó, entre 
otras piezas, el Movimiento continuo, de Paganini. 

Pocos días después, hubo otro concierto por el pianista 
Emile Wrobleski. Entre las obras que tocó, merece citarse una 
fantasía sobre motivos de la Favorita, otra sobre el tema Cas- 
ta diva, de Norma, con la mano izquierda, y una polaca, pri- 
meramente con un solo dedo y luego con dos. 

Abril. — Walter, zarzuela en tres actos, arreglo del drama 
La huérfana de Bruselas, por el malogrado Fernando Osorio, 
con música de Oudrid y de Javier Gaztambide. No hizo 
efecto. 

Entró a formar parte de la compañía la Teresa Istúriz, 
muy apreciada del público. 

Abril. — Concierto por Mr. Maurice Leenders, violin a solo^ 
de las Cortes de Dinamarca, Suecia y Noruega. 

Concierto por Eloísa D'Hervil; tocó al piano una obra de 
Weber y un capricho fantástico, y cantó El Arco Iris y La 
Lola, composiciones de Iradier. 

Mayo. — El Elixir de amor, arreglada a la música de Doni- 
zetti, por Frontaura y Pastorfido; el desempeño corrió a cargo 



POR CARLOS CAMBRONERO 295 



de la Isfcúriz, la Fernández, Obregón, Caltañazor, Landa y 
Arderíus. 

Junio. — Julio César, por Luis Rivera; revista contemporá- 
nea, escrita expresamente para Francisco Arderíus, que hizo 
reír grandemente al público, eso que la censura había mutila- 
do la obra de una manera horrible. 

El acontecimiento del teatro de la Zarzuela, en esta tempo- 
rada, fue la presentación de la Sociedad coral de Barcelona, 
Euterpe, dirigida por el fundador D. José Anselmo Clavé. 
Cantaron Las flors de maig, Al mar, De bon mati, Les pesca- 
dors, Les netz deis almugaders y otras piezas, que obtuvieron 
grandes y frenéticos aplausos, de tal modo, que habiendo sido 
contratados para dar dos conciertos, tuvieron que repetirlos 
con un lleno completo de las localidades. La última noche asis- 
tió la Reina, y un curioso vio entre la concurrencia al general 
Prira, D. Nicolás María Rivero, el Marqués de Molins, D. Pas- 
cual Madoz, D. Pedro Salaverría, D. Emilio Castelar, el Du- 
que de Sexto y D. Ventura de la Vega. El 21 de Junio toma- 
ron parte en un festival nocturno que, a beneficio de la Santa 
Infancia, se verificó en el Parterre del Retiro (hoy Parque de 
Madrid), iluminado profusamente. 

Aquí hicieron las voces mejor efecto y el público quedó en- 
cantado de los coros Clavó, dando a su director una espontánea 
y franca ovación (1). 

Setiembre. — El zapatero y la maga, música de los herma- 
nos Ricci, arreglada por Manuel del Palacio y Luis Rivera, de 
la que, con el título de Crispino e la Gomare, se había repre- 
sentado en el extranjero. La cantaron la Istúriz, la Checa y la 
García, Salas, Landa y Calvet. 

Octubre. — La doble vista, en un acto, de Picón e Ignacio 
Campo. 



(1) La venida de Clavé con su Orfeón produjo efecto en Madrid. Don 
José Flores Laguna fundó una sociedad de jóvenes obreros, que tituló 
Orfeón Artístico Matritense, y dio algunos conciertos en el salón de Cape- 
llanes (Enero de 1865), ante numeroso público, siendo muy aplaudido. 



296 oRÓNroAS del tiempu de isabel ii 

Noviembre. — Dos pichones del Turia^ juguete lírico-bilin- 
güe, de Rafael María Liern, y Barbieri, en que la Rivas y Cu- 
bero desempeñaron dos tipos valencianos. 

Diciembre. — Presentación del prestidigitador Mr. Velle, 
que hacía ejercicios de física, química, electricidad y magne- 
tismo. 

Las hijas de Eva, de Larra y Gaztambide. Buen éxito. 

La conquista de Madrid. Mejor aún. Era de los mismos au- 
tores. 

1864. Enero, — En un intermedio dio un concierto el sig- 
nore Comingio Cagliano con un instrumento de su invención, 
que llamaba Caja armónica, y se componía de 34 copas de 
cristal. 

Pocos días después, la empresa presentó aD. Juan Bautis- 
ta Pujol, que tocó al piano un concierto de Weber. 

Marzo. — Aparición de MUe. Benita Anguinet, prestidigi- 
tadora que gustó mucho. Era guapa, simpática; trabajaba con 
los brazos desnudos, y se captó desde el primer día el afjcto 
del público. Algunos de sus juegos, aunque resultaban conoci- 
dos, ofrecían cierta novedad en la presentación. 

El 26 de Marzo, con el estreno de Los dioses del Olimpo, 
comenzó una de las fases de la zarzuela española, el género 
bufo, que durante algunos años produjo pingües ganancias a 
los empresarios. Esta obra era un arreglo, hecho por Pina, de 
Orphé aux enfers, cuya música, escrita por Offenbach, había 
hecho furor en París. Aquí la representaron la Checa, la So- 
riano, la Hueto, la Lola Fernández y la Montañés, Caltañazor, 
Cubero y Carrntalá. 

La obra tenía gracia, así es que el público la recibió bien, 
y la música se hizo popular al poco tiempo. 

Junio. — Antes del baile, en el baile y después del baile, ju- 
guete de Emilio Alvarez y Manuel del Palacio, escrito para 
Carratalá. 

En este mes, con motivo de un beneficio, se representó El 
orgullo castigado, del niño Jesús Rodríguez Cao; se cantó una 



POR CARLOS OAMBROMERO 297 



Melodía irlandesa, para voces solas, arreglada y traducida por 
Barbieri, y la Cantiga XIV del rey Don Alfonso el Sabio, peri- 
fraseada por Eslava, y que se titula Esta cantiga e como Sancta 
Maria gardou o ladrón, que non mor ese na forca porque a sau- 
daba. 

En el otoño de 1864 se formaron para trabajar alternando 
en este teatro, dos compañías, una de declamación y otra de 
zarzuela. 

En la primera figuraban: Ceferino Guerra, Emilio Mario, 
José Calvo, EíOsa Tenorio, Leocadia Vila, Águeda Moreno, 
Lola Fernández, Balbina Valverde, María Bardan, Rafael 
Calvo y Ramón Cubero. 

En la segunda: Salas, Teresa Istúriz, Matilde Esteban, Ro- 
sario Hueto, Lola Fernández, María Bardan, Juan Prats, Cal- 
tañazor, Orejón, Arderíus, Landa, Cubero y Calvet. 

Director de la empresa: Graztambide. 

Hicieron: Vi y venci, comedia en tres actos de Moreno 
Gil, y De tal palo tal astilla, zarzuela en un acto de Selgas y 
Arrieta: 

Jácome Trezzo, drama de Torneo y Benedicto, que se llevó 
una silba monumental, injustamente, pues aunque la obra te- 
nía sus lunares, no merecía el mal recibimiento que la hizo el 
público. Nemesio Fernández Cuesta, en sus revistas del Museo 
Universal, confirma nuestra opinión. El título del drama no 
sirvió siquiera para que el Ayuntamiento reformase la lápida 
de rotulación de la calle donde vivió aquel artista insigne, y 
aún sigue, como entonces, formando una sola palabra el nom- 
bre con el apellido: Jacometrezo. Más suerte tuvo una piececi- 
ta, estrenada la misma noche, Sistema homeopático, de Miguel 
Pastorfido, que la presentó como original, estando tomada del 
italiano, según se declara en la siguiente décima que publicó 
un periódico: 

Con descaro sin igual, 
PastorÜdo ei sistemático. 



298 OKÓNIOA» DKl, TIEMPO DK ItiABKl. II 

el Sistema homeopático 
nos dio por original. 
Nos engafió, ¡voto a tal, 
este pérfido escritor-, 
Castelvechio es el autor, 
y aunque Pastorfldo arguya, 
la tal comedia es tan suya 
como mío El Trovador. 

Noviembre. — De la mano a la boca, comedia en tres actos, 
de Ricardo Puente y Brañas. 

22 de Diciembre. — Gran acontecimiento. Se estrenó Pan y 
toros, zarzuela de Picón y Barbieri, con el siguiente reparto: 

Doña Pepita, la Istúriz; Princesa de Luzán, la Checa; la Ti- 
rana^ Lola Fernández; Duquesa, la Bardan; Ciega, la Lujan; 
Capitán Peñaranda, Landa; Ooya, Cabero; Abate Ciruela, Cal- 
tañazor; Corregidor Quiñones, Arderíus; Jovellanos, Calvet; 
Pepe-Hillo, Salas; Pedro Romero, Rochel; Costillares, Prieto; 
General Peñarrubia, Jiménez, y Ciego, Orejón. 

Decoraciones pintadas por Bragaldi, Ramón Romea y An- 
tonio Bravo (1). 

El libreto gustó, pero la música produjo una sorpresa de in- 
descriptible satisfacción, pues rompiendo con el italianismo a 
que nuestros compositores nos tenían acostumbrados, Barbieri 
apareció escribiendo música genuinamente española y castiza 
que en seguida encontró eco en nuestros corazones. Ese era el 
lenguaje musical que el pueblo quería. ¿Cómo se operó la 
transformación de Barbieri? Hagamos historia. 

En 1867 fue nombrado Alcaide -Corregidor de Madrid don 
José de Osorio y Silva, Duque de Sexto, amigo y protector de 
nuestro padre, a quien proporcionó poco tiempo después un 
destino en el Ayuntamiento, motivo por el cual trabó amistad 
íntima con el Archivero municipal, D. Wenceslao Muñoz. Era 



(1) La orquesta de bandurrias y guitarras que salía a escena estaba 
dirigida por el famoso Manuel Más. 



POR CARLOS CAMBRONKRO 299 



este señor aficionado a la música, y en sus frecuentes conversa- 
ciones con nuestro padre, le hubo de avisar que bajo su custo- 
dia se hallaba una colección numerosa de tonadillas casi des- 
conocidas en el mundo musical, porque no se habían dado a 
las prensas, y hacía años que no se cantaban en el teatro. 

La circunstancia de que nuestra hermana Fanny tocaba 
regularmente el piano y conocía tal cual las reglas del contra- 
punto, favoreció la ocasión para conocer y estudiar el hallazgo 
de las tonadillas, improvisándose con frecuencia deliciosas ve- 
ladas en nuestra casa, donde, merced a la amabilidad de Mu- 
ñoz, se tocaron y cantaron aquellos notables modelos de mú- 
sica popular que compusieron Este ve, Laserna, Missou, Valle- 
dor y tantos otros a fines del siglo xviii. 

Asistían a estas veladas Soriano Fuertes y Barbieri, quie- 
nes, con su buen talento, descubrieron en las tonadillas la 
base para la restauración del gusto de la música popular, y 
Barbieri escribió Pan y toros aprovechando motivos de aque- 
llas obras, ó inspirándose en el gusto y en la factura que las 
informara. El ensayo le salió a pedir de boca, y decidido a se- 
guir por aquel camino, presentó al Alcalde Corregidor la si- 
guiente instancia, que de puño y letra del mismo Barbieri se 
conserva en el Archivo indicado: 

«Excmo. Sr.: Hace más de doce años que ocupo todas las 
horas que me dejan libres mis composiciones musicales en 
reunir datos y documentos con que escribir y publicar en su 
día la Historia del teatro lírico español. Las dificultades que 
en mi trabajo encuentro, son tanto mayores, cuanto que, de- 
biendo éste constar de dos partes, una literaria y otra musi- 
cal, si bien para la primera he podido reunir muchos ele- 
mentos, para la segunda veo con frecuencia estrellarse mi 
buen deseo contra la incuria de nuestros antepasados, que nos 
legaron escasísimos documentos, y aun éstos mal manuscritos, 
(que nunca impresos) y faltos casi siempre de los requisitos 
más indispensables al historiador. 

•Afortunadamente, el Excmo Ayuntamiento de Madrid 



300 CRÓMICAS DEli TIUMPO DE I8ABBL 11 



posee en su maguífico Archivo uu rico tesoro de documeu 
tos históricos y de obras musicales españolas, procedentes 
de los antiguos coliseos de la Gruz, del Principe y de los Ca- 
ños del Peral; me refiero particularmente a la preciosa y única 
colección de tonadülan, la cual es digna de un particular estu- 
dio, y aun de ser publicada aparte de rai proyectada Historia; 
porque estas obritas, además de su mérito artístico, tienen el 
muy grande de ser uu arsenal de cantos populares, y una pin- 
tura fiel de las costumbres españolas de su tiempo. Necesito, 
por lo tanto, examinarlas y estudiarlas con despacio; pero como 
las horas en que se halla abierto el Archivo del Excelentísimo 
Ayuntamiento suelen ser las mismas en que yo tengo que 
atender a mis preferentes trabajos teatrales, 

»A V. E. suplico se digne permitirme examinar en el indi- 
cado Archivo, y tomar apuntes de todos los documentos que 
puedan hacer al caso de mi Historia^ en general, y respecto a 
las tonadillas, en particular, me otorgue el permiso de que yo 
pueda traerlas a mi casa, de dos en dos, y siempre bajo reci- 
bo, para copiarlas en partitura, y hacer sobre ellas los estu- 
dios convenientes. Si para esto último fuera necesario alguna 
especie de fianza, estoy dispuesto a prestar aquella que permi- 
tan mis facultades. Gracia que espero merecer de la bondad e 
ilustración de V. E. Dios guarde a V. E. muchos años. Ma- 
drid, 23 de Febrero de 1865. — Francisco Asenjo Barbieri.» 

La Comisión de Espectáculos informó manifestando que no 
había inconveniente en permitir a Barbieri que revisase y co- 
piara los documentos que quisiese; pero sin sacar de la depen- 
dencia los originales. Barbieri fué al Archivo, que entonces 
estaba situado en la planta baja de la Primera Casa Consisto- 
rial, en las habitaciones a que pertenecen las rejas de la calle 
Mayor, y a presencia del Archivero, en su despacho, que era la 
esquina de la plaza, revisó una por una las 1.700 tonadillas que 
custodiaba D. Wenceslao Muñoz; allí y entonces se verificó la 
transformación del genio de aquel compositor, honra y orgu- 
llo de la música popular española. 



I 



POK CARLOS CAMBKONlíRO 301 



1865. — El 18 de Enero se hizo una función en honor de Cal- 
derón de la Barca, representándose^/ Alcalde de Zalamea, re- 
fundido por Abelardo López de Ayala. Lo interpretaron la en- 
cantadora Rosita Tenorio, la Lola Fernández, no menos en- 
cantadora, y la Moreno; Ceferino Guerra, Mario, Cubero 
Calvo (Ricardo), Calvet, Jiménez y Orejón: todos pusieron de 
su parte cuanto pudieron, demostrando el buen deseo que les 
animaba. 

Marzo. — Los pavos reales, arreglo del francés, por José 
Núñez deTavira, pseudónimo, según decían, de un escritor co- 
nocido. La ejecución no dejó nada que desear por la Bardan, 
la Val verde, la Moreno, Mario, Arderíus, Calvo y Rochel. 

El día 29 se verificó el beneficio de Emilio Mario, y en su 
obsequio tornó parte Dardalla haciendo la pieza andaluza El 
parto de los montes. La Srta. Lujan cantó unas granadinas, 
acompañándose a la guitarra, y, finalmente, se estrenó la hu- 
morada en varias escenas, escrita expresamente para Mario y 
Arderíus, por Mario Pina, con el título de Las plagas de Egipto, 

Abril. — Los filibusteros, zarzuela en tres actos, de gusto 
melodramático, letra de Moreno Gil y música de Moderatti. 

Había entrado a formar parte de la compañía el tenor có- 
mico Eugenio Fernández. 

Mayo. — Concierto por el pianista portugués, joven de vein- 
tidós años, Arturo Napoleón. Tenía la escuela de Gostchal. 

Las amazonas del Tormes, zarzuela de Emilio Alvarez, con 
música del maestro Rogel. 

Concierto por el violinista Carlos Patti, hermano de Ade- 
lina. Tocó, con acompañamiento de orquesta; 6.° concierto de 
Beriot, Elegie de Erust y El Carnaval de Venecia. 

Setiembre. — Nueva empresa con la siguiente compañía: 
Teresa Istúriz, Lola Fernández, Teresa Rivas, Antonia Uzal, 
Consuelo Montañés, Aurora Esquivel, Carolina Lujan, Rosen- 
do Dalmau, Emilio Carratalá, Salas, Caltañazor, Juan Prats, 
Modesto Landa, Francisco Calvet, Francisco Arderíus y Juan 
Orejón. No hicieron campaña de buena suerte hasta fin del año, 



302 0RÓNI0A8 1);.L TIEMPO UK ISABKL II 

que el público aplaudió la zarzuela en tres actos El capitán 
negrero, letra de García Gutiérrez y música de Arrieta. 

1866. Enero. — Cuadros mimico-pldsticos, históricos, mitoló- 
gicos y sacros, dirigidos por Mr. Farriol. Gastaron mucho, 
sobre todo los modelos femeninos por sus esculturales figuras. 
Uno de les cuadros que niáa llamó la atención fu»^ la represen- 
tación del de Los Comuneros de Castilla, de Gisbert. 

Febrero. — La corte del rey Reuma, pasillo cómico, lírico, 
fúnebre y alegórico, de Ensebio Blasco y José Rogel, por la 
Lola Fernández, la Montañés, Ardr^rías y Orejón. 

Durante la Cuaresma se hizo una prueba de ensayar el gé- 
nero bufo para pulsar el gusto del público, imitando el humo- 
rismo que tan en boga estaba por aquella época en París, y 
tanta aceptación tenía en Les Buffes y en el Pálais Royal. Ar- 
deríus fue el iniciador de la empresa, y preciso es confesar que 
anduvo acertado. Hicieron Caltañazor y Arderius o De Dios 
nos venga el remedio, disparate que se aplaudió mucho. Estos 
dos artistas, dotados de verdadera gracia, hacían juegos de 
j restidigitación, en broma, y consiguieron imitar, en broma 
también, algunos de los cuadros plásticos de Mr. Ferriol. 

Marzo. — Los cómicos de la legua, en cuatro actos, arreglo 
de Les folies dramatiques, por Federico Bardan, con música de 
Vázquez. El segundo acto, que se titulaba 1 feroci romani, y 
era una parodia de las óperas, siguió representándose durante 
muchos años. 

El género bufo encajó bien, pues hasta el poeta Gustavo 
Adolfo Bécquer decía en una revista: «Cuando en todos los te- 
rrenos se encuentran tantos motivos para afligirse, no nos pa- 
rece inoportuna la aparición de una obra {Los cómicos de la 
legua) que sólo aspira a regocijar el ánimo, aunque sea a fuer- 
za de disparates, que también tienen su mérito. No todo el que 
quiere disparata con gracia.» 

Aunque adelantemos acontecimientos, viene aquí oportuno 
dar cuenta de una polémica que en el mes de Setiembre sos- 
tuvieron en el periódico político El Reino, D. Antonio Vina- 



POR CAKi.os CAMBRÓN ERO 303 



geras, y Barbieri, atacando aquél y defendiendo éste el género 
lírico-draraáfcico español. Ocho artículos, no cortos, escribie- 
ron cada uno de los oontriucanfces, aduciendo los argumentos 
que su ilustración y su ingenio les sugerían, en apoyo de las 
opuestas opiniones que sustentaban; y nosotros, que hemos 
aplaudido, sin reservas, la resurrección de la zarzuela en 1849, 
con la aparición de El Duende, nos ponemos de parte del autor 
de Jugar con fuego y Pan y toros. Vinageras perseguía el de- 
siderátum de la ópera española, y Barbieri, comprendiendo 
que esto era una utopia en aquellos tiempos, y lo sigue sien- 
do en los presentes, se contentaba con tener buenos composi- 
tores de zarzuela, es decir, de música popular, que, en más mo- 
desta esfera, también tiene su mérito. 

Arderíus no tenía obras preparadas; así es que echó mano 
de las antiguas, como El marqués de Garavaca; Buenas noches, 
Sr. D. Simón] El estreno de una artista (para la primera salida 
de la Carmen Alvarez), y El duende; pero auu así, comprendió 
que el público acudía al camino por donde se le llamaba, y de- 
cidió para el año cómico siguiente plantear el problema, dan- 
do la batalla en el teatro de Variedades, como verá el lector 
en el capítulo correspondiente. 

El ya célebre trágico italiano Ernesto Rossi apareció en 
el escenario de la Zarzuela, con gran aplauso del público, el 
26 de Agosto de 1866, y representó durante todo lo que res- 
taba de mes y parte del siguiente: Hamlet, Otello, Kean o (re- 
nio y desorden, El campanero de San Pablo, SúUivan, Un vicio 
de educación. Los dos sargentos franceses, El Cid (de Oornei- 
lle) Francesca da Rimini y otras obras. El público de Madrid 
mostró predilección por los actores y actrices italianos, y 
aplaudía a todos con el mismo entusiasmo. Rossi, que era un 
buen ejemplar, a pesar de sus defectos, fue recibido como me- 
recía, y el que escribe estas crónicas contribuyó con sus pal- 
madas al éxito que tuvo en el teatro de la Zarzuela el trágico 
italiano. Una noche interpretó Rossi con la Santoni la trage- 
dia Or estes. 



304 ORÓNIGAH DEI, TIEMPO 1)B I8AB1EL II 

Octubre. — Se reformó el teatro pintándole un techo nuevo, 
en que se pusieron las figuras de Lope y Calderón, que apare- 
cían a la izquierda, como asomados a una balaustrada, y ex- 
clamando, según la expresión de un semanario satírico: «Ahí 
está D. Manuel Catalina; ¡huyamos!» Efectivamente, era don 
Manuel Catalina el empresario que había formado compañía 
con Matilde, Teodora, la Zapatero, la Lombía, la Genovés, 
Olfcra, Casañer, Pastrana y Mario. Comenzaron representando 
Lo que son mujeres, de Rojas, en que Matilde hacía el papel 
de Serafina y Teodora el de Matea, las dos muy bien; los hom- 
bres, regular. 

Sueños y realidades, de Antonio Hurtado. Como todo lo 
suyo, no era ni malo ni sobresaliente. 

Noviembre. — Amor de madre, drama ya conocido, que sa- 
lió admirablemente, haciendo Matilde la madre y Teodora 
Sir Arturo. 

Más vale maña que fuerza, pieza en un acto, de Tamayo, 
por las dos actrices, Catalina y Casañer. La comedia es lindí- 
sima, y los cuatro estuvieron muy felices. Conviene hacer 
constar la docilidad de Teodora, que se pr^istaba a desempeñar 
papeles secundarios al lado de Matilde, y conste, asimismo, 
que su talento le dio recursos para sostenerse a la altura de la 
primera dama. Aquí fue donde pudimos apreciar lo que valía 
Teodora. 

.Diciembre. — Concierto por la pianista Teresita Carreño. 
Tocó: Fantasía sobre motivos de Lucia, por Listz; otra sobre 
motivos de Oli Ugonoti, por Talberg; Balada, de su composi- 
ción; variaciones de I Puritani, por Herz; fantasía sobre mo- 
tivos de Guillermo, para piano y violín, que tocó Monasterio, 
y luego, de regalo, tocó un vals de su composición, variacio- 
nes de la Jota aragonesa y el Jaleo de Jerez. 

Se estrenó JSl sobrino de su tío, pieza en un acto, arreglada 
por Ricardo Vega, hijo de D. Ventura. Buen éxito. 

En vista de la escasez que había de coristas y actores de 
zarzuela, Salas abrió en este teatro, el 15 de Enero de 1867, 



POR 0ABL08 CAMBRONERO 305 

una academia para dar gratis la enseñanza necesaria. Ignora» 
mos el resultado que produjera. 

1867. Febrero. — Los sentidos corporales, comedia en tres 
actos, de Bretón de los Herreros, a beneficio de Mario, desem- 
peñada por éste, Matilde, la Lombía, Manuel Catalina^ Oltra y 
Pastrana. No satisfizo a los señores. 

Volar sin alas, comedia de Victoriano Sardou, escrita? en 
francés con el título de Le maison neuve, traducida por Juan 
Catalina. No despertó interés, porque al autor se le miraba con 
cierta prevención en España. 

Terminó Catalina su contrato, y vino a la Zarzuela una 
compañía de declamación, formada con Teodora, la Valverde, 
la Hijosa, Lola Fernández, Carmen Genovós, Victoriano Ta- 
mayo (hermano de D. Manuel), Morales, Casañer, Oltra, Ali- 
sedo, Mario y Ricardo Zamacois, poniendo en escena la come- 
dia de Eguílaz, en tres actos. Quiero y no puedo, que había 
dado mucho que hablar, y que no gustó. 

Mario hiz I El pelo de la dehesa, de Bretón, y estuvo a 
gran altura; no lo hemos visto hacer mejor. 

Abril. — Aniversario de la muerte de Cervantes. Los dos 
camaradas, fragmento de un drama que dejó sin concluir 
Ventura de la Vega. Los camaradas eran D. Juan de Austria 
(Casañer) y Miguel de Cervantes (Morales). Para la represen- 
tación del fragmento escribió un prólogo dialogado Luis 
Eguílaz, con el título de Un hallazgo literario, y terminó la 
función con La hija de Cervantes, de Hartzenbusch. El mismo 
día hicieron por la tarde Don Quijote de la Mancha, también 
de Vega, y El loco de la guardilla, de Serra y Caballero. 

4 de Mayo. — Un drama nuevo, drama en tres actos, de don 
Joaquín Estóbanez, desempeñado por Teodora, Victoriano Ta- 
mayo, Oltra, Morales, Casañer, Mario y Alisedo. El autor, 
D. Manuel Tamayo y Baus, solía ocultar su nombre cuando 
estrenaba alguna obra, afectando una modestia que todos ala- 
bábamos; pero cuidaba de descubrir el secreto, con toda re- 
serva a ciertos amigos que distraídamente lo divulgaban, 

so 



396 ORÓNIGAS DSL TIEMPO DE ISABEL It 

Emilio Mario, que iba por las tardes un rato al Café Suizo a 
jugar una partida de billar con Bernardo Rico, el grabador, 
fue uno de los que se encargaron de hacer correr la noticia. 
El drama obtuvo un éxito de primer grado, y quedó como mo- 
delo en nuestra literatura dramática. 

Mayo. — Don Pedro Calderón, drama en tres actos, de Pa- 
tricio Escosura. 

Palco modista y coche, de José Picón, por la Valverde, Lola 
Fernández, la Q-enovés y la Srta. María Alvarez Tubau, Ma- 
rio, Morales, Oasañer y Alisedo. 

El activo Gaztambide formó en Setiembre una compañía 
doble de declamación y zarzuela para alternar en este teatro, 
y en el de Novedades, que también lo había contratado. En la 
de declamación tenía a Pepita Hijosa, la Romeral, la Genovés, 
la Valverde, Lola Fernández y María Alvarez Tubau, Mario, 
Casañer, Morales y Ricardo Zamacois; en la de zarzuela, la 
simpática y hermosa Elisa Zamacois, Manuel Sauz, Caltaña- 
zor y Landa. 

Aprovechaban el repertorio: sin embargo, estrenaron í?n 
casa del gaitero, comedia en cuatro actos, traducida de la que 
escribió en francés Victoriano Sardou con el título de La fa- 
mille Benoiton, y más adelante Lá cotnedianta de antaño, de 
Patricio Escosura. 

Había un cuerpo de baile, a cuyo frente estaba la Conchita 
Quintero. 

La compañía de zarzuela estrenó Luz y sombra, en dos ac- 
tos, de Narciso Serra y Fernández Caballero, por la Zamacois 
(que hacía el papel de Aurora), Sanz, Caltañazor, Landa y Cal- 
Yet. Gustó mucho. 

El bien tardío, segunda parte de El loco de la guardilla, 
también de Serra y también de Caballero; pasó. 

A pesar de su enfermedad, Narciso Serra estaba inspirado, 
pues a fin de año estrenó el precioso saínete A la puerta del 
cuartel, que lo desempeñaron con mucha gracia la Hijosa, Lola 



POR CARI.OS CAMBRONERO 307 

Fernández, la Tubau y la Genovés, Caltañazor, Morales, Ma- 
rio, Casañer, Alisedo y Zamacois. 

Las violinistas Julieta y Julia Delepiérre dieron un con- 
cierto. 

1868. — JEJl ángel de la muerte, drama fantástico, de Teodoro 
Berriére, traducido por Larra. María Tubau estaba monísima 
haciendo el papel de Ángel. 

Febrero. — Gálatea, zarzuela en dos actos, arreglada a la 
música, de Víctor Massó, por Camprodón y Emilio Alvarez, 
para que la cantase la hermosa Elisa Zamacois. 

La varita de virtudes^ zarzuela de magia, por Larra y Gaz- 
tambide. Se distinguieron la Zamacois y Lola Fernández. 

En Marzo se dieron en este teatro conciertos sacros, voca- 
les e instrumentales. 

Marzo. — La firma del rey, zarzuela en dos actos, letra y 
música, respectivamente, de los Sres. D. Mariano y D. Miguel 
Carreras y González. 

Mayo. — Conciertos, dirigidos por Mr. Arbán, en que nos 
dio a conocer la obertura de Le poete et le paysan, de Soupé, 
y una polka, Barbe-Bleu, de Offenbach. Después de los con- 
ciertos de Barbieri, Mr. Arbán no hizo gran efecto. 

Volvió Rossi a la Zarzuela, apareciendo en su escenario el 
25 de Mayo de 1868, con gran aplauso del público. Hizo el re- 
pertorio de la otra vez, añadiendo la novedad de poner en es- 
cena La vita e sogno, que gustó mucho, porque, en honor de 
la verdad, la representó bien, aunque la traducción, para nos- 
otros los españoles, desmerecía mucho del original. La enér- 
gica frase de Segismundo 

Cayó del balcón al mar. 
¡Vive Dios que pudo ser! 

la interpretó Rossi en italiano con esta palabra: ¡Posso! Y el 
público no quedó convencido. Cuando terminó la representa- 
ción, una de las veces que le hicieron salir para recibirle entre 
bravos y aplausos, se le ocurrió señalar con la mano el retrato 



308 CRÓNICAS DEL TIEMPU DE ISABEL II 

de Calderón, pintado en el techo de la sala, y esta galantería 
le proporcionó otra ovación. Con Rossi estaba de primera ac- 
triz la Amalia Casiliri. 

El 14 de Junio recitó Rossi el canto XXV del Infierno del 
Dante, repartiendo previamente entre los espectadores la tra- 
ducción que de aquellos versos había hecho el Conde de Ches- 
te. No hacemos comentarios. 

A fines de Setiembre se abrió la Zarzuela con una compa- 
ñía de declamación, en que figuraban Teodora, la Dardalla y 
la Fenoquio, Victoriano Tamayo, Zamora, Parreño, Valles y 
Maza; pero los acontecimientos políticos obligaron a la em- 
presa a suspender las funciones. 

TEATBO DEL CIEGO 

En aquel tiempo, no todas las empresas se preocupaban del 
buen decorado y de la ornamentación del teatro que tomaban 
a su cargo, y debido a esto, el Circo había experimentado 
pocas reformas, apareciendo, al comenzar este período, un 
tanto destartalado, sin más condición favorable que la de su 
buena capacidad. Aquí estaban D. José Valero y Teodora La- 
madrid, haciendo su repertorio con alguna que otra novedad, 
no en abundancia. A principio de año estrenaron El mal após 
tol y el buen ladrón^ drama de Hartzenbusch. La obra, de ca- 
rácter bíblico, fue muy aplaudida, y algunos trozos de la versi- 
ficación se hicieron populares entre los estudiantes; pero, según 
cierto crítico descontentadizo, ni Teodora ni el mismo Valero 
estuvieron en todo el drama a la altura que éste reclamaba. 
Algo habría, por cuanto Valero, inmediatamente después del 
drama de Hartzenbusch, hizo Luis Onceno^ que era una de sus 
obras favoritas, y donde tantos aplausos recogía. 

La Ristori había representado Adriana., y Teodora, que te 
nía conciencia de su superioridad, por lo que se refiere a esta 
obra, en cuanto se marchó la trágica italiana, puso en escena 
el drama, cosa que muchos la censuraron, aunque otros lo 



POR CARLOS CAMBRONERO 309 

aplaudieron, porque lo cierto es que en Adriana de Lecouvreur 
nuestra compatriota no ha tenido rival. 

En Setiembre de 1860 vino al Circo una compañía de zar- 
zuela, en que figuraban la Santa María y la Di-Franco, y re- 
presentaron Campanone, adaptada al castellano por Frontaura 
y Luis Rivera. Grustó mucho. Se defendían con El grumete^ 
Peluquero y marqués y Lo que de Dios está... 

Tronó la empresa al terminar el mes de Enero de 1861, y 
tomó el teatro otra, que contrató a la Amalia Ramírez, y puso 
en escena El castillo maldito, en tres actos, con éxito regular, 
por la Santa María, la Leoea, Soler, Cresoj, Becerra y Euge- 
nio Fernández. 

Anunció que iba a representar el pasillo cómico fúnebre, de 
Serra, Nadie se muere hasta que Dios quiere, y el autor se opu- 
so; pero como había vendido la obra al editor GuUón, que era 
el propietario legal de ella, no le quedó otro remedio que el de 
conformarse, sirviendo el asunto de tema de conversación en 
los cafés durante algunos días. 

Marzo. — Llamada y tropa, de Q-arcía G-utiérrez y Arrieta. 

Abril. — El Comeré /eZ¿2 (de Frontaura y Arrieta), monólogo 
agridulce, desempeñado por Eugenio Fernández. 

Mayo. — La cruz de los humeros^ en un acto, del género an- 
daluz, letra de Ricardo Mosquera, música de Manuel Crescj. 

El corneta^ de Frontaura y Luis Cepeda. 

En Junio hizo su salida, con El Juramento, la tiple María 
Albini, discípula y parienta de la Marieta famosa. 

Setiembre. — Nueva compañía de zarzuela, con la Ramos, la 
Mora, Onofre Muñoz, Vidarte, Becerra, Q-rau, Font y Eugenio 
Fernández. No estrenaron nada notable. 

Noviembre. — La mina de oro, que no fue mina para la em- 
presa. 

1862. — Dio un concierto la simpática pianista Eloísa D'Her- 
vil, y se presentó la tan renombrada bailarina Manuela Pe- 
rea, haciendo el baile nuevo titulado Celos y caliá, compuesto 
y dirigido por Ricardo Moragas. Todo pasa. Aquel furor de 



310 GRÓNI0A8 DEL TIEMPO DE ISABEL II 

1860, y del que fue testigo el teatro del Circo ^ se convirtió casi 
en indiferencia, y la Nena hubo de resignarse a oír algunos 
aplausos que, por galantería más bien, se la dedicaron. 

Para la temporada de verano se formó una compañía nu- 
merosa que hacía comedias y zarzuelas, daba conciertos con el 
cuerpo de 'coros del Teatro Real, presentaba bailes de espec- 
táculo, con más o menos aparato, y juegos de prestidigitación 
por un tal Limiñana. 

1863. — Con un triste acontecimiento comenzó este año. 
Cayó enferma la simpática tiple Trinidad Ramos, y habién- 
dose trasladado a Carabanchel buscando alivio a su dolencia, 
falleció el 3 de Enero. Al sufragio que, por el descanso de su 
alma, se celebró en la iglesia parroquial del pueblo, acudió 
toda la compañía del Circo y además muchos artistas de los 
demás teatros. 

Aventuras de un joven honesto, de Pina y Fernández Caba- 
llero, por la Hueto, la Cárdenas, Bigones y Rojas, y los señores 
Crecj y Santa Coloma. Gustó, merced a la bondad de la músi- 
ca, y a que tenía un coro de señoritas vestidas de estudiantes. 
Un trono y un desengaño, letra de Pina y música de Inzen- 
ga, Reparaz y Arrieta. 

Si yo fuera rey, en tres actos, arreglo de Pina y Pastorfido, 
con música de Inzeuga. En esta obra trabajaba la Montañés. 
En Febrero cesó la compañía de zarzuela, y vino la de de- 
clamación que actuaba en Lope de Vega, estrenando Estudios 
del natural, en tres actos y en verso, de Larra, por Teodora y 
la Boldún, con Arjona, Manuel Osorio y Calvo (padre). 

Durante la primavera, para dar variedad a las funciones, 
contrató la empresa a Haslam, niño de once años que hacía la 
la competencia a Mr. Leotard, en el ejercicio de los tres tra- 
pecios. 

Mayo. — El nuevo Don Juan, de Ayala, en tres actos, por 
Teodora, la Bagá, la Balbina Valverde, Arjona, Osorio, Be- 
netti y Ricardo Calvo. Regular. 

En Setiembre hizo su primera salida Emilia Moreno, con 



POR GARLOS CAMBRÓN BRO 311 

la comedia en un acto ¡Quién vivel, obteniendo muchos aplau- 
sos, y una ovación en unas evoluciones militares que ejecutó 
con un fusil de reglamento. 

Después hicieron La pata de cabra, por la Pepita Hijosa y 
José Miguel, gracioso, que venía de Valencia precedido de jus- 
ta y honrosa fama. Era notable haciendo Manolito Gázquez. 

Lances de honor, en tres actos, de D. Manuel Tamayo, ocul- 
to bajo el pseudónimo de Joaquín Estévanez, por Teodora, la 
Hijosa, los Arjonas, Osorio, Benetti y Ramón Mariscal. 

"Diciembre. — Me conviene esta mujer, en un acto, de Eduar- 
do Zamora y Caballero, y Pobres mujeres, de Enrique Gaspar. 

1864. Enero. — En este teatro le dieron otro golpe a La 
almoneda del diablo, refundida por su autor, con decoraciones 
nuevas de Luis Muriel y vestuario de Aquilino Pérez. El gra- 
cioso José Miguel bailaba el paso del Cucuyé, y le acompaña- 
ron los bailarines Carmen Chavarría y José Carrión. No les dio 
mal resultado. 

Febrero. — El matrimonio de conciencia, de José María Díaz, 
por Teodora y Arjona. 

En Abril volvió a sonar la La campana de Almudaina, y 
acudió gente. 

La fuente milagrosa, apropósito en un acto para exhibir un 
juego de agua natural, que tomaba diversos colores. 

En Mayo dio un concierto el guitarrista D. Juan Valencia. 
Tccó: Fantasía sobre la La fiancée, de Auber; el bolero titu- 
lado Es la chuchi; otra fantasía sobre un tema de Huerta (gui- 
tarrista notable), y unas variaciones sobre la Rondeña. A pe- 
sÉir de que había pasado la moda de aquel instrumento. Valen- 
cia fue muy aplaudido. 

Setiembre. — Compañía de zarzuela, que comenzó con Ca- 
denas de oro, de Larra y Navarrete, música de Arrieta, por la 
üzal, la Toda y el tenor Sanz. El libreto valía poco; la músi- 
ca agradó, 

El toque de ánimas, de Darío Céspedes y Arrieta. Buen éxi- 
to, por la Uzal, Obregón, Allú y Becerra. 



312 ORÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



1866. — En Enero se estrenó una revista cómico -lírica titu- 
lada 1864- 1865, letra de Gutiérrez de Alba y música de loa 
discípulos de la clase que D. Emilio Arrieta desempeñaba en 
el Conservatorio. Entre ellos figuraban los hermanos Fernán- 
dez Grajal profesores actualmente en aquel centro. 

La paloma azul, comedia de magia, de Rafael Marín Liern. 

Abril. — La resurrección de los muertos, juegos de física re- 
creativa, ilusionismo, prestidigitación y escamoteo, por mon- 
«ieur Velle de Pest. 

Después se presentó en este teatro el prestidigitador mon- 
sieur Laroclie Lambert, conocido por Hume, que hacía prue- 
bas de la transmisión del pensamiento. 

Catalina se refugió en el Circo con su hermano Juan, 01- 
tra, Mario, Casañer, Matilde, la Sanz, la Zapatero y la Dan- 
saut. Inauguraron la temporada (Octubre de 1866) con El des- 
dén (1), de Moreto; hicieron algunas comedias de repertorio, y, 
aprovechando las decoracioues que el teatro tenía, pusieron en 
escena La almoneda del diablo. 

Con motivo de la epidemia colérica se suspendieron las re- 
presentaciones durante unos días, y a fines de año estrenaron: 
Otro gallo le cantara, de Enrique Zumel, y Física experimental, 
de E-odríguez Rubí. 

Matilde, la Zapatero y Mario eran los que llevaban gente 
al teatro. 

1866. Enero. — El abogado de pobres, comedia en tres actos 
por D. Manuel Bretón de los Herreros. Decía de ella Q-ustavo 
Adolfo Bécquer en una revista: 

«El pensamiento de la obra es altamente filosófico, mere- 



(l) Decía el periódico Gil Blas: 
<— ¡Huyo! 

—¿Qué has visto? 

— ÜD belén 
que merece una pavana... 
¡El desdén con el desdén 
por Catalina y Pastraua! 
— ¡Cielos! ¡Yo me voy también!» 



POR GARLOS CAMBRONERO 313 



oiendo, desde luego, nuestro aplauso el fin moral que se pro- 
pone su autor, combatiendo con todo género de armas la cre- 
ciente ambición y el inmoderado afán de lucro y de goces que 
atormenta a la sociedad moderna como una sed febril e insa- 
ciable. Desenvuelto el plan por medio de escenas naturales y 
perfectamente encadenadas, sin exagerados contrastes, sin 
efectos de relumbrón ni situaciones falsas, va el espectador 
hasta el fin de la obra movido de un agradable interés que ja- 
más se debilita; el diálogo suelto, cómico, chispeante, ayudado 
de esa fácil y maravillosa versificación que es la dote que más 
distingue a Bretón de los Herreros.» 

Febrero. — Dulces cadenas^ ensayo dramático en tres actos, 
del joven Sr. San Juan, para beneficio de Adelaida Alvarez. 
Gustó, haciendo concebir el autor grandes esperanzas. La be- 
neficiada, que tenía un hermoso rostro y una arrogante figura, 
murió en aquel año. 

Se formó en Setiembre una compañía de zarzuela para ac- 
tuar en este teatro, en la que figuraban: Antonia Uzal, María 
Domínguez, Amalia Brieva y Antonia Fuentes; Manuel Soler, 
José Castro, Víctor Loitia, Antonio Faria, Eugenio Fernán- 
dez y Francisco Calvet. No hicieron nada notable, valiéndose 
del repertorio zarzuelero. 

Tronó la compañía de zarzuela, y vino a este teatro una de 
declamación, con la Pepita Hijosa, la Valverde, la María Ro- 
dríguez, Ricardo Morales y Mariano Fernández. Hicieron La 
pata de cabra y Mateo o la hija del Españoleta, cuyo principal 
papel, cómico, estaba a cargo del popular Mariano. 

Diciembre. — Concierto de treinta y cinco profesores guita- 
rristas y bandurristas, dirigido por Manuel Más. Salió bien. 

Terminó el año representando Ruede la hola, comedia de 
Mozo de Rosales, y una Revista, de Gutiérrez de Alba. 

La Pepita Hijosa cayó enferma y estuvo mucho tiempo sin 
poder salir a escena. 

1867. — El marqués de Villemer, traducción de uno que de- 
seaba guardar el incógnito. 



314 CRÓNICAS DEL TIKMPO DE ISABEL II 



Marzo. — Conciertos sacros, dirigidos por D. Antonio Lla- 
nos, en que tomaban parte las tiples Sras. Mora y Trillo, el se- 
ñor Oli veres y el bajo Reguer, con el Orfeón Artístico Matri- 
tense. 

Para la temporada de primavera se formó una compañía de 
zarzuela, en que estaban la Uzal y la CUeca, Manuel Soler, 
Maximino Fernández, Joaquín Miró y Nicolás Rodríguez. Di- 
rector de orquesta, José Jiménez. Hicieron obras de reperto- 
rio, entre ellas Marina, que era el recurso de las empresas que 
no podían preparar estrenos. 

Conceptuando Arderíus que el teatro de Variedades, donde 
estaba, era ya reducido para sus aspiraciones, se vino a éste en 
Setiembre, cambiándole también el nombre por el de Bufos 
Madrileños. Formó compañía con la Rosario Hueto, Carmen 
Alvarez, Emilia Ruiz, Sofía Alverá, Emilia Bardan, Celsa 
Montfrede, Concha Sampelayo, Cubero, Gabriel Sánchez Cas- 
tilla, José Alverá, Orejón y Luis Carceller. Director de or- 
questa, José Rogel. 

«La empresa de los Bufos (decía el cartel), única en su cla- 
se, tiene una historia breve, pero interesante; sencilla, pero 
conmovedora. Cueuta un año de existencia; en el año no ha 
perdonado medio de hacer olvidar al público, durante la no- 
che, las desazones que haya podido tener durante el día.» 

Aquí estrenaron: Los órganos de Móstoles, en tres actos, de 
Larra y Rogel, con éxito regular; Pablo y Virginia, de Blasco 
y el citado compositor, con éxito superior; y Los infiernos de 
Madrid, de Larra también y de Rogel, que era el compositor 
obligado en aquella temporada. La música de Rogel valía po- 
co; nunca resultaba enteramente nueva, pero distraía. La obra 
dio buenas entradas. 

1868. — A principios de año se exhibió en la calle de la Mon- 
tera, casi frente a la iglesia de San Luis, un espectáculo muy 
curioso. Se titulaba La cabeza parlante, y consistía en presen- 
tar la cabeza de un hombre vivo, en una fuente, colocada so- 
bre una mesa que, a la vista, no tenía nada debajo, pues me- 



POR CARLOS OAMBRONERO 315 

diante una ingeniosa combinación de espejos desaparecía el 
cuerpo de la persona, que se hallaba cómodamente sentada en 
aquel sitio, contestando a las preguntas que los concurrente» 
le hacían. La mesa era un trípode, las luces se hallaban en la 
parte alta de la habitación, y toda ésta, lo mismo que el piso, 
estaba cubierta de paños negros. El efecto era sorprendente. 
Arderíus averiguó la trampa, y lo hizo en su teatro con el tí- 
tulo de La cabeza de Arderius. Varios actores, distribuidos en 
distintas localidades, le dirigían preguntas, a las que contes- 
taba con su natural desenfado, entreteniendo agradablemente 
a los espectadores. Una de las bromas consistía en improvisar 
redondillas, para lo cual pedía un verso octosílabo que le sir- 
viera de pie forzado, como por ejemplo: 
Arderius tiene gracia. 

Y él decía luego, en el tono que emplean los chicos de la 
escuela para dar de memoria la lección: 

Los acabados en acia, 
todos tienen consonante; 
por eso digo al instante: 
Arderius tiene gracia. 

Repitiendo el estribillo con cuantos pies forzados se le presen- 
taban. 

Febrero. — A la humanidad doliente, revista del año 1867, 
letra de Blasco y música de Arrieta. 

Marzo. — Gran concierto a 16 pianos y cuatro órganos ex- 
presivos. Tocaron la sinfonía de Guillermo, la de La estrella 
del Norte, de Meyerbeer, y la galop de Quidant. 

Arderíus se marchó a provincias en Abril de 1868, y vino 
al Circo una compañía de declamación, compuesta de la Mer- 
cedes Burón, Emilia Sanz, Concha Sampelayo, José Fidel, 
Pepe García y Donato Jiménez, con la bailarina Carolina He- 
rrauz. Hicieron La almoneda del diablo y La vida del hombre 
malo, comedia en tres actos, primera producción de Pedro Es- 
camilla. Gustó. 



316 CRÓNICAS DiSL TIEMPO DE ISABEL U 

Los Bufos estaban en todo su apogeo; y lo decimos sin ha- 
cer alusión, ni remotamente, a la conmoción política de aque- 
llos días. Abrió Arderíus el teatro con la compañía del año an- 
terior, reformada en parte, pues había contratado a la Bivas, 
a la Cabezas, a Caltañazor y a Pía. Estrenaron Los misterios 
del Parnaso, de Narciso Serra y Fernández Caballero, y se 
preparaban a poner en escena otras novedades, cuando el 
levantamiento de Setiembre les obligó a cerrar el teatro por 
unos días. Muchos y grandes éxitos consiguió tener Arderíus 
en aquella temporada; pero nos está vedado hablar de ellos, 
porque acaecieron fuera del período en que se dan por termi- 
nadas estas Crónicas. 

TEATBO GYi VARIEDADES 

Comenzó el año 1860, trabajando aquí la Ristori; dio seis 
representaciones. Véase lo que decimos de esta trágica italiana 
en el capítulo Teatro Real. 

Después de la Ristori vino una compañía de artistng cómico- 
Úricos zuavos, fundadores del teatro InJcerman, de Crimea. Tra- 
bajaban en francés, y hacían indistintamente papeles de hom- 
bre y de mujer, porque no figuraban señoras en la compañía. 
Representaron Militaire et pensionaire, Pas de fumée sans feu, 
ha corde sensible y otras obras. Poca atracción. 20 rs. butaca. 

Los zuavos dejaron el teatro libre a una compañía france- 
aa, en que figuraban Miles. Potel y Menneray. Inauguraron 
la temporada con Les millons de la mansarde, Mlle. mon frér, 
Le bougeoir, y la opereta LHle de Calipso. En Marzo hicieron 
Les deux merles blancs, traducida luego por Catalina para el 
teatro del Príncipe; y en Abril, Le román d^un jeune homme 
pauvrey de Feuillet, también arreglada después al teatro espa- 
ñol con el título de La novela de la vida. 

Se habían aclimatado en este teatro de tal manera las com- 
pañías francesas, que durante mucho tiempo se anunciaba co- 
mo Theatre frángais. 



POR CARLOS CAMBRÓN BRO 317 



1861. — Los espectáculos que se ofrecían en este teatro jas- 
tifioaban el título de Variedades. ÜMa compañía dramática es- 
pañola, que actuó durante corto tiempo, estrenó La paloma 
torcaz, primera producción de Martínez Pedresa. 

Mr. Alfred Gastón dio algunas sesiones de ilusionismo, di- 
rección de fluidos simpáticos, mnemotecnia, etc., etc. Vendados 
ios ojos con un triple velo, leía lemas o pensamientos escritos 
por los espectadores. 

Luego vino un prestidigitador llamado Manicordi. 

Arjona, que había temado el teatro, puso en escena La al- 
dea de San Lorenzo, drama arreglado del francés por José Ma- 
ría García, con algún número de música escrito por Mollberg. 
Es un melodrama muy interesante, que representaba admira- 
blemente Joaquín Arjona. Dio juego. 

En Febrero vino otra compañía francesa, y Arjona se mar- 
chó con la suya a Novedades. Entre los artistas franceses figu* 
raban Louise Periga, Marie Blinville, Alice Brunel, Corine 
Treneix, Celine Gayot, y los monsieures Jules Dorval, Stanis- 
las, Bremens, Renaud y Delessart. 

«Mme. Periga — decía un gacetillero — es una actriz de 
excelente figura y distinguidas maneras; recita con limpieza, 
intención y claridad, y declama con verdadera inteligencia y 
talento.» Se presentó con Adriana de Lecovreur;íue muy aplau- 
dida y llamada varias veces al palco escénico. 

En Abril hizo La dame aux camelias, de Dumas (hijo), y 
gustó mucho. 

Setiembre. — Se estableció Romea en este teatro con una 
compañía modestita, pero que interpretó maravillosamente al- 
gunas comedias, merced a las especiales condiciones del direc- 
tor. Componían el cuadro la Carmencita Berrobianco, delga- 
dita y de poca figura, pero dotada por la naturaleza de un 
gran talento artístico; la Adelaida Zapatero, guapa y de mu- 
cha gracia picaresca; la Javiera Espejo, también guapa, y la 
Orgaz, especial para las características. Florencio Romea, aun- 
que muy inferior a su hermano, sacaba bien los papeles de vie- 



318 GRÓNIOAe T)BL TIEMPO DK ISABEL II 

jo, de galán cómico y de paleto; Perico Sobrado y Capo, éste 
especial en lo cómico; Pardiñas y Oltra, estudiosos, y Mario, 
joyen de grandes esperanzas. 

Romea echó mano de su repertorio, y con algún estreno de 
más o menos importancia, defendía la temporada contando 
con la simpatía del público. 

La suerte le favoreció, y tuvo un exitazo el 28 de Noviem- 
bre de 1861 con La cruz del matrimonio^ comedia en tres actos 
y en verso, de Luis EguilaE, desempeñada por la Berrobianco, 
la Muñoz, la Orgaz y los dos Romeas. La Prensa tributó elo- 
gios unánimes a esta comedia. Decía Eduardo Bustillo en el 
Museo Universal: «Esa obra, que, literariamente considerada, 
es una joya del teatro moderno, socialmente es una maestra 
en acción, que enseña con dulzura, sin gritar a sus discípulos; 
y moralmente, es un libro abierto que ningún siglo cerrará, 
porque en él hay páginas que, como las del Evangelio, son de 
todos los siglos.» 

Los versos de la comedia decaen a veces y hasta resultan 
un poco así como ramploncillos; pero tuvo suerte ÍEguílaz, y 
uno de los más débiles trozos de la comedia, le proporcionó 
una satisfacción de carácter esencialmente práctico, con moti- 
vo de haber citado una sociedad de crédito que se titulaba La 
Tutelar, y que se puso de moda en aquel tiempo 

Decía la Berrobianco en el acto tercero: 

«Hay un Banco o cosa así, 
que llaman La Tutelar; 
poniendo en él a interés 
dinero, de un niño en nombre, 
cuando el niño llega a hombre, 
rico, o poco menos, es.» 

Y después de copiar estos versos, añadía un periódico: «Esta 
mención de La Tutelar ha bastado para que estos días muchas 
madres de familia acudan a las oficinas de aquella sociedad a 
asegurar el porvenir de sus hijos. El Sr. Uhagón, compren- 



POR CARLOS CAMBRONERO 319 



diendo el gran beneficio que indeliberadamente ha hecho el se- 
ñor Eguílaz a La Tutelar, ha dirigido al poeta una delicadísi- 
ma carta, rogándole que admita una suscripción por diez mil 
reales.» 

El 12 de Diciembre fue recibido Romea por la Reina que 
la ofreció un tomito de poesías de que era autor, y de camino 
la rogó que fuese a ver la obra de Eguílaz, a lo que accedió 
gustosa Isabel II, asistiendo el día 13. 

Romea, que era un poco celoso, deseando obscurecer la 
fama de su compañero Arjona, considerado hasta entonces 
como el mejor intérprete del teatro de Moratín, anunció que 
iba a dar una serie de representaciones de las obras de este in- 
signe escritor dramático, en un espacio de tiempo que titulaba 
la semana de Moratin, poniendo en escena El barón, La come- 
dia nueva o el café, El viejo y la niña, La mojigata y El si de 
las niñas. 

Don Julián, con buen sentido literario, eligió para final 
de cada una de estas funciones, saínetes de D. Ramón de la 
Cruz, porque, en efecto, Moratín y Cruz, marchando por di- 
ferente caraiuo, iban persiguiendo el mismo resultado, y les 
animaba igual propósito de presentar en escena la vida real y 
las costumbres de su época; pero discrepando del procedimien- 
to elegido para conseguir el objeto, resultaron dos enemigos 
irreconciliables, de suerte que si Moratín hubiera levantado la 
cabeza, y desde su sepulcro hubiese visto que, en cierto modo, 
le equiparaban con D. Ramón de la Cruz, habría sufrido la 
más cruel de las decepciones. Por supuesto, que en nuestro 
modo de pensar, el trabajo de Cruz fue más beneficioso para el 
teatro que el de Moratín, sin que los críticos de entonces se 
dieran cuenta de ello. La llamada semana de Moratín comen- 
zó el sábado 1° de Febrero de 1862 y terminó el domingo 16 
del propio raes, porque cada función se repitió dos o tres ve- 
ces. Romea rebasó el nivel artístico de Arjona en este linaje 
de obras, y sobre todo en El café (que nosotros le vimos re- 
presentar) se reconoció la supremacía de aquel actor sobre to- 



320 ORÓNIOAS DEL TIKMPO DE I8ABEL II 



dos los que han iuterpretado la comedia. Ni podía haber más 
arte ni más naturalidad. 

Marzo. — La última pincelada, drama en tres actos, por Ca- 
rrasco de Molina, inspirado en un cuadro de Esquivel. 

La hermana de leche, aovueáiB. en tres actos, de Bretón de 
los Herreros. Sin ser una obra modelo, está escrita con gracia, 
espontaneidad y frescura impropias de un hombre que había 
cumplido sesenta y seis años. 

Abril. — Dioñ sobre todo, de Luis Mariano de Larra. El fon- 
do de la idea parece inspirado en El hombre de mundo. 

Diciembre. — La corte de los milagros, comedia en tres netos 
de José Picón. 

1863. Enero. — Flor trasplantada, drama en tres actos, de 
Moreno Gil, en que tomó parte la niña Matilde Franco. 

Febrero. — A Roma por todo, comedia en tres actos, de Ma- 
nuel Juan Diana, el amigo íntimo del insigne hispanófilo ale- 
mán D. Juan Fastenrath. 

Marzo. — El hombre más feo de Francia, comedia ya conoci- 
da, qne le valió un triuuío a Emilio Mario. 

Los crepúsculos, en un acto, de Luis Eguílaz, comedia es- 
trenada por Fernando Osorio en Valencia, y representada aquí 
por Mario, que hacía dos distintos personajes, uno de noventa 
años y otro de quince. Le acompañó Pepita Hijosa. 

Mayo. — Alentado Romea por el buen éxito que La almone- 
da del diablo había tenido en Novedades, echó mano de la ma- 
gia, y puso en escena Los encantos de Briján, en tres actos, pro- 
sa y verso, original de D. Gronzalo Meneses de Padilla, seudó- 
nimo de un escritor cuyo nombre no pudimos averiguar. La 
obra salió bien porque tomaron parte en su desempeño Pepita 
Hijosa y Emilio Mario; pero las transformaciones no compla- 
cieron a todos, por efecto de la escasa amplitud del escenario. 

Noviembre. — Puso Ronlea en escena él interesante drama 
El testamento, con que había hecho su salida al teatro. Nos- 
otros tuvimos la satisfacción de verle y admirar sus excelentes 
dotes de buen actor, sobre todo, en la lectura del testamento. 



I 



POR CARLOS CAMBRONERO 321 

También representó La oración de la tarde, drama de Larra 
(hijo), una de sus obras favoritas. 

Para esta temporada había reformado Romea la compañía; 
estaba compuesta de Carmencita Berrobianco, Manuela Ra- 
mos, Ja viera Espejo, Felipa Orgaz, Florencio Romea, Fran- 
cisco Oltra, José Calvo, Jorge Pardiñas, Ricardo Morales, 
Emilio Mario y Antonio Vico. En Octubre se presentó en El 
hombre de mundo la Felipa Díaz, una actriz nada más que 
aceptable, pero de extraordinaria belleza. 

En Setiembre de 1864 se marchó Mario a la Zarzuela, y 
vino en sustitución Tomás Infante, gracioso de la escuela an- 
tigua y muy sensato, aunque con poco nombre. Como la Car- 
men Berrobianco era delgaditayde poca estatura, trajo Romea, 
para hacer papeles de dama a la Josefa Palma, esposa de Flo- 
rencio, y para alternar con la Berrobianco, a la Carmen Geno- 
vés. Durante el verano de este año de 1864 estuvo Romea a 
las puertas de la muerte, a causa de una grave enfermedad, y 
como había logrado conquistar simpatías personales entre el 
público, cuando reapareció en Variedades, el 19 de Noviembre 
de 1864, se le tributó un cariñoso recibimiento que llegó a con- 
moverle haciendo que las lágrimas saltasen a sus ojos. Aquella 
noche represeutó ^í ¡^omftre de mundo. Contrató de bailarina 
a la Nena, que, como se ha dicho, ya había perdido su prepon- 
derancia, y para que la acompañase, a Isidro Delgado Vil- 
ches. Director de orquesta, Cristóbal Oudrid. La butaca, 14 
reales. El teatro era pequeño, estaba decorado modestamen- 
te; la compañía no tenía pretensiones, pero todos cumplían 
bien; las obras estaban magistralmeute ensayadas, y cuidaba 
la dirección de no poner en escena dramas superiores a las 
fuerzas de los actores y actrices encargados de ejecutarlos; así 
es que el público no dejaba de concurrir, y Romea se defendió 
tres añcs en Variedades, sin subvenciones, ni comisarios re- 
gios, ni reglamentos de Real orden. 

1865. — El corazón en la mano, comedia en tres actos, de 
Enrique Pérez Escrich. 

21 



322 ORÓNIGAS DEL TIEMPO OE ISABEL II 

Marzo. — Súllivan. Ovación a Bornea. 
Cesó la compañía en Abril, y vino la actriz italiana Caro- 
lina Civili, haciendo dramas y tragedias, que el público aplau- 
dió con buena voluntad. La Civili era guapa, tenía arrogante 
figura y declamaba bien, aunque sin poder substraerse a la exa- 
geración de la escuela italiana. Inauguró la campaña con La 
dama de las camelias, y después hizo, entre otras, Adriana^ Ma- 
ría Juana, Los dos sargentos franceses y La loca de Tolón. Te- 
nía cierta facilidad para pronunciar el castellano, y en Mayo 
se determinó a representar en nuestro idioma una pieza titula- 
da La casa de campo, con extraordinario éxito. En Julio se 
despidió del público recitando, también en castellano, una 
poesía titulada /Adiós/, en medio de grandes aplausos. 

Animada la Civili para adoptar esta lengua, formó en Se- 
tiembre una compañía española que alternase con la italiana 
en las representaciones; pero, a causa de la epidemia colérica, 
tuvo que cerrar el teatro, hasta que se cantó el Tedeum, y 
entonces reanudó sus tareas, haciendo con su tía, la Adelaida 
Santoui, que se hallaba de paso en Madrid, María Stuardo, j 
luego, en castellano, con Benito Pardiñas, que era el primer 
actor de la compañía española, La hija del Almogávar, drama 
en tres actos, de Enrique Zumel. La Civili pronunciaba bien 
el español; aunque no podía desechar cierto deje especial, pa- 
recido al de los valencianos o mallorquines; así es que el públi- 
co no se puso enteramente de su parte. 

En Febrero de 1866 hizo Doña Leonor Pimentel, en caste- 
llano, de Valcárcel, 

La Civili estuvo bien; los demás, detestables. • 

En Abril vino a dar una serie de sesiones Benita Anguinet, 
a quien el público apreciaba mucho. 

La aceptación que tuvo en la zarzuela Los dioses del Olimpo 
sugirió, sin duda, a Arderíus la idea de trasplantar en Madrid 
el género bufo, que tanto furor estaba haciendo en la capital 
de Francia, y habiéndole producido buena impresión la prueba 
que hizo en aquel teatro, en Marzo y Abril, se decidió a poner 



POR CARLOS CAMBRONERO 323 

en práctica el negocio, tomando por su cuenta el teatro de Va- 
riedades, que bautizó con el nombre de Bufos MadrileñoSi 
Abrió la temporada en Setiembre con una obra en dos actos, 
de Ensebio Blasco y el Maestro Rogel, titulada El joven Telé' 
maco, que en honor de la verdad, tuvo un éxito completamente 
satisfactorio y proporcionó al empresario buenas entradas. De 
esta zarzuela salió la denominación de suripantas a las coris- 
tas, por un coro de mujeres que imitando la eufonía griega con 
palabras desatinadas, cantaban de esta manera: 

Suripanta la suripanta 
macatrunqui de somatén, 
sunfáriben sunfaridon, 
melitónimen sonpén. 

Con Arderíus estaban la Ruiz, Escríu, Orejón y Cubero, la 
Sampelayo y la Gómez, la Bardan, la Rey, la Celsa Fontfrede 
y la Hueto. 

Luego hicieron: Cubiertos a cuatro reales, de Ossorio y Ber- 
nard, con música de luzenga, y Tanto corre como vuela, loa para 
celebrar el aniversario del nacimiento de Arderíus, por Manuel 
del Palacio, Eusebio Blasco y Eduardo Saco. Aparecía en es- 
cena, sobre un pedestal, el busto de Arderíus, con tal propie- 
dad y una inmovilidad tan absoluta, que el público no pudo 
reconocer al actor en la aparente escultura, hasta que le vio 
salir del pedestal y bajar al proscenio para saludar a los espec- 
tadores. 

El conjuro, entremés de Calderón de la Barca, refundido 
por Ayala, con música de Arrieta. 

El pavo de Navidad, apropósito de circunstancias, de Ri- 
cardo Puente y Branas y Barbieri. 

Un sarao y una soirée, 1801 y 1866. Caricatura en dos lá- 
minas, de Ramos Carrión y Lustonó, con música de Arrieta. 
Gustó mucho. 

1867. Enero. — Gran concierto clásico bufo, parodia de los 
de Barbieri, por Arderíus, Escríu, Cubero y Orejón. 



324 ORÓNIOAS DEL TIEMPU DE ISABEL II 



Francifredo, Dux de Venecia, zarzuela eii dos actos, de 
Mariano Piua, con música de Rogel. 

Febrero. — La trompa de Eustaquio, en un acto, arreglo de 
Juan Catalina, cou música de García Vilamala. 

Marzo. — Bazar de novias , eu un acto, de Pina y Oudrid, 
con tres bailables. Eu esta obra, que tuvo mucha aceptación, 
se distinguió la Celsa Fontfrede. 

Exhibición del prestigiditador Luis Ari. 

La suegra del diablo, de Blasco y Arrieta. 

Octubre. — Compañía de declamación, dirigida por José 
Mata, que era un buen autor, en la que figuraban Enriqueta 
Lirón, María Ruiz, Julia Cirera, Mercedes Aznar, Pizarroso, 
Boldún, Juan Mela, Ricardo Calvo, Eduardo Maza y Antonio 
Riquelme. Director de orquesta, Lázaro Núñez Robres; doce 
reales butaca. Eu Noviembre hicieron un Tenorio, muy acep- 
table, Mata y la Lirón. 

Heryíán Cortés, drama en un acto, primera producción del 
joven Carlos Jiménez Placer. Gustó. 

1868. Febrero. — Compañía francesa de operetas y vaude 
villes. Nos dieron a conocer Mr. Chofleuri resterachez lui le.. 
que luego se tradujo con el título de La soriée de Cachupín 
El director era Mr. Prioleau. Estuvo el teatro muy favorecido 
Hicieron Orphée aux enfers y La vie parisiense, ambas de 
Offeubach. Aunque de apellido alemán, Offenbach era francés 
y escribía música ligerita y agradable, que consiguió vulgari 
zarse aquí, en poco tiempo, tanto como la de Barbierí. 

En Setiembre se formó una compañía de declamación, com 
puesta de María Rodríguez y la Navarro; Pedro Delgado, Iba 
rra, Zamacois, Pepe García y Medel, teniendo de apuntador a 
nuestro amigo Enrique Rodríguez Solís. Les sorprendió la Re- 
volución sin haber realizado ningún estreno. 

TEATRO NOVEDADES 

Este coliseo adquirió desde los primeros momentos un carác- 
ter esencialmente popular, poniendo en escena ^espectáculos 



POR CARLOS CAMBRONERO 325 

adecuados al público que habitaba en. aquellos contornos. Así 
entró en el año 1860 con un drama emocionante, titulado Can- 
délas, donde figuraba como protagonista aquel famoso bandi- 
do, acompañado de Balseiro, el Cuco y Paco el sastre. Aunque 
la obra tenía su moraleja final, resultaba que los espectadores 
se habían encariñado durante tres actos con una serie de he- 
chos poco edificantes, y por lo tanto, la autoridad mandó sus- 
pender el drama a la cuarta representación, sin dar oídos a las 
quejas de la empresa, que hizo presente los perjuicios que la 
suspensión le irrogaba. El autor de la obra había ocultado su 
nombre. 

Para compensar el contratiempo hicieron el saínete titu- 
lado El alcalde toreador, en que salía a escena un novillo suje- 
to por una cuerda, que se rompió cierta noche, saltando el ani- 
mal a la orquesta, donde fue detenido por los músicos, no sin 
producir entre los espectadores de las butacas el susto consi- 
guiente. 

Estrenaron luego El padre de los pobres^ de Luis Eguílaz, 
en que aparecía San Juan de Dios. Argumento inverosímil. 

Madrid en 1818, de Ortiz de Pinedo. Éxito regular. 

Octubre. — Los perros del monte de San Bernardo (antigua), 
en cuyo desempeño, según un revistero, los que mejor estu- 
vieron fueron los perros. 

1861. — Nueva compañía, dirigida por Pizarroso, teniendo 
de primera actriz a Elisa Andrés. Hicieron Pruebas humanas; 
un drama bíblico titulado Gorbonan o el tesoro del templo, y 
Luz divina, en las que la Andrés pudo lucirse. 

El canapé, pasillo cómico-lírico de Roque Barcia, con músi- 
ca de Rafael Tabeada. 

Una hija de Despeñaperros, escena escrita para la Zama- 
cois, que dio en este teatro algunas representaciones, y cantó 
La naranjera, de Stcockdopole. 

Octubre. — Otra compañía en que figuraban María Rodrí- 
guez, Juan Alba, Antonio Bermonet, Eduardo Iroba y José 
Mesejo. Hicieron Cervantes, drama en tres actos, de Joaquín 



326 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABGL II 

Torneo y Beuedioto; y La batalla de Lepanto, en seis actos, de 
Antonio Mallí, con decoraciones de Miguel Reyes y trajes de 
Detrell. 

El 6 de Noviembre asistió a este teatro la embajada marro- 
quí, presidida por Muley-el-Abbas; y teniendo en cuenta las 
ooudicioues de los personajes en cuyo honor se hacía la fiesta, 
se representó el saínete El tonto alcalde discreto; ejecutó a la 
guitarra Antonio Alba una fantasía de aires españoles y ára- 
bes, de su composición; Mollberg, que era el director de or- 
questa del teatro, tocó (no podía faltar), el Xilocordeon^ y se 
amenizó la función con tres cuadros de baile convenientemen- 
te distribuidos. 

El Corpus de sangre, drama en seis cuadros, escrito sobre 
una obra de Teodoro Barrier, por D. Juan Belza. Cada cua- 
dro tenía su título particular: 1.° El robo de la litera. — 2.** Una 
aparición al toque de ánimas. — 3.° La calumnia.— 4.** La bata- 
lia, — b.° La cisterna de los lobos, y 6° Abajo la Inquisición. 
Acudió a verla el vecindario de aquella barriada. 

Bailaron por entonces en este teatro la Alvarez y Garce- 
rán, la Ramona Ruiz y la Carlota Picazo, que con un tal An- 
tonio Guzmáu ejecutaron lanceros, polkas burlescas y la gran 
galop infernal. 

1862. Febrero. — Compañía gimnástica anglo-americana, 
dirigida por Mr. Róchete. Hicieron, entre otros ejercicios, la 
gran carrera de los tres trapecios, por Fisher, que también era 
competidor de Mr. Leotard. 

Abril. — Compañía árabe marroquí, dirigida por Sidi-el- 
Asj-Omar, y en la que figuraban Mahomet, Manem y Mu- 
ley. El director daba un salto mortal por encima de bayone- 
tas, con fuego nutrido en el momento de la elevación. 

Mayo. — Aparición del prestidigitador Mr. Robert Bouri- 
ques, quien además presentó una colección de perros sabios. 

Para la temporada de 1862 a 1863 se había formado una 
compañía de poco precio, que conseguía tener regulares entra- 
das con obras como La huérfana de Bruselas, El jorobado, ILos 



POR CARLOS CAMBRÓN BRO 327 

piratas mejicanos y otras por el estilo. Pusieron en escena La 
almoneda del diablo, comedia de magia de Rafael María Liern, 
con tan extraordinario éxito, que se llenaba de gente todas las 
noches el teatro. El papel de Mariblanca estuvo a cargo de 
Pepita Rizo, una antigua tiple de zarzuela, que había estrena- 
do la titulada Tramoya, de Barbieri. 

El autor ocultó su nombre bajo el pseudónimo de Altadill, 
y decían que la comedia estaba tomada del francés. Se había 
estrenado anteriormente en Valencia. 

El 3 de Noviembre de este año hicieron Donjuán Tenorio, 
j a los pocos días Don Juan de Serrallonga o los bandidos de 
las Guillerías, de D. Víctor Balaguer, que tuvo buen éxito, 

1864. Enero. — Ponían en escena dramas del género terro- 
rífico, como Herodes y Cuarenta años de desgracias o la máS' 
cara de hierro. 

En Abril se dio una representación de El orgullo castigado, 
original del niño Jesús Rodríguez Cao, por la compañía in- 
fantil que actuaba en el teatro de la calle de la Flor Baja, nú- 
mero 1. Asistió la Reina Isabel, y el autor obtuvo una ovación. 

Jesús Rodríguez Cao fue un niño precoz que murió a los 
quince años, dejando escritos cuatro tomos de poesías, obras 
dramáticas y novelas que, aparte de las incorrecciones propias 
a la edad del autor, revelaban en él una inteligencia privile- 
giada. Quizá aquel trabajo impropio de la niñez contribuyese 
en parte a la temprana muerte del poeta. 

Los habitantes de la luna, comedia de magia, escrita por 
Rada y Delgado, Bedmar y Éntrala. No era un desatino, 
pero tenía poca gracia y pasó merced al buen desempeño de 
María Rodríguez. 

En Setiembre se estrenó La payesa de Sarria, de Luis 
Eguílaz, por la Dardalla, Antonio Zamora y Pardiñas. Buen 
éxito. La obra se había ya representado en Barcelona. 

El 2 de Noviembre, Donjuán Tenorio. Luego hicieron ür- 
ganda la desconocida, comedia de magia. 

1866. — Representaban El terremoto de la Martinica, Los hi- 



328 ORÓMIOAS DKL TIEMPO ÜK I8ABEL II 



jo8 de los bosques o el incendio del castillo rojo y otros melo- 
dramas por el estilo. 

1866. — Eu Noviembre actuaba uua compañía, cuyo direc- 
tor era Mariano Fernández. Hicieron El diablo predicador, Los 
misterios de la calle de Toledo, drama de Ricardo Morales, en 
que éste tomaba también parte como actor, y Juana la hechi- 
cera, comedia de magia. Figuraban también eu los carteles la 
María Rodríguez, Antonio Capo y José Mata, que hizo Jorge 
el armador, 

1867. Febrero. — La espada de Satanás, comedia de ma- 
gia en cuatro actos, de Rafael María Lieru» por la Dardalla, 
Zamora, Pepe Q-arcía y Ramón Mariscal. 

Decoraciones de Ferri y de Busato; música de Oudrid. Fue 
recibida con frialdad. 

Marzo. — El sitio de Zaragoza, drama en tres actos que ha- 
bía dejado escrito D. Juan Lombía. La Cándida Dardalla hizo 
el papel de Agustina. 

Ya hemos dicho que en este teatro alternó desde Setiem- 
bre la compañía doble de la Zarzuela, por ser Gaztambide em- 
presario de ambos coliseos. Eu 1.° de Noviembre hizo Casañer, 
con premeditación y alevo^íía, Do7i Juan Tenorio, acompañán- 
dole la Romeral, Alisedo (Ciufti) y Zamacois [Butarelli). 

Lo más notable fue la representación de La Virgen de la 
Paloma, drama en cinco actos, de dos escritores que se oculta- 
ron bajo el pseudónimo de Alvaro Omil y Juan de Madrid. 

Lo desempeñaron la Romeral, la Q-enovés, Morales, Mario, 
Zamacois, Iroba y otros muchos. Gustó extraordinariamente, 
como no podía menos, pues había en la obra un gran baila- 
ble, uua marcha de guitarras y bandurrias y una procesión. 

Marzo de 1868. — El fantasma del pasado, drama en cinco 
actos, de Valeárcel y de Bedmar. 

Al ocurrir la Revolución de Setiembre de 1868 estaba dando 
buenas entradas uua comedia fantástica de Liern, titulada El 
laurel de plata, exornada con bailes, coros y decoraciones nue- 
vas, y esperaban realizar una buena campaña Rosa Tenorio, 



POR CARLOS OAMBRONERO 32S 



la Antonia Scapa, la Julia Cirera, José Ortiz, Asensio Mora, 
Donato Jiménez, Ramón Benedi, Ricardo Guerra y nuestro 
querido amigo Enrique Sánchez de León, hoy profesor del 
Conservatorio. 

TBATBO DB LOPB DB VEGA 

Aparte del mérito artístico, la simpatía personal de un ac- 
tor es aliciente poderoso para llevar espectadores a un teatro; 
y en éste consiguió Romea tener buenas entradas, más por el 
afecto que inspiraba, que por bondad de las obras puestas en 
escena. 

Aquí comenzó la campaña con tan buena suerte seguida 
luego en Variedades. 

1860. — 17 Enero. — Se celebró el aniversario del natalicio 
de Calderón, representando Fuego de Dios en el querer bien, re- 
fundida por Bretón, y la mojiganga La muerte^ ambas de aquel 
gran dramaturgo. 

Tomaron parte en el desempeño Romea, la Carrasco y la 
Berrobianco. 

Cuando se marchó Romea se convirtió el teatro en café lí- 
rico. En el salón podían los concurrentes tomar los artículos 
que se sirven en este género de establecimientos, escuchando, 
a la par las piezas del concierto que tenía lugar en el escena- 
rio. Solía concurrir a este local gente de genio alegre, que, a 
veces, no guardaba la corrección que debe exigirse en la buena 
sociedad, y a causa de esto, el 2 de Mayo de 1861, se reprodu- 
jo, en pequeño, la memorable jornada del año 1808, entre los 
mozos del café y el público. 

Sobre si la Signorina Giuntini había o no de repetir un aria, 
se armó un gran escándalo, que los camareros quisieron termi- 
nar autoritate qua fungor; pero puesto enfrente de ellos el res- 
petable público, anduvieron por el aire botellas, vasos, pla- 
tos, cucharillas y bandejas, no apaciguándose el alboroto sino 
con la presencia de la policía. 



330 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



Los mozos echabau la cnlpa al director de orquesta, Paco 
García Vilamala; pero todo el público protestó de la ingeren- 
cia de los camareros, de quienes partió la agresión. 

Por Enero de 1861 se fundó en este teatro una sociedad 
dramática, bajo la presidencia del duque de Abrantes, para 
dar funciones a beneficio de los establecimientos piadosos, po- 
niendo en escena comedias desempeñadas gratuitamente por 
jóvenes aficionados. Representaron Don Tornas^ El castillo de 
Balsain y otras que resultaban bien interpretadas, según el 
parecer de las personas cuyos juicios escuchábamos en los en- 
treactos. 

En Octubre de 1862 vino a trabajar en este teatro una 
compañía de verso, dirigida por Arjona, y en Diciembre estre- 
naron Lo positivo, de Manuel Tamayo, con gran éxito. 

En aquella época esta comedia constituía el desiderátum 
del arte dramático, y se dijo que era la mejor comedia del tea- 
tro moderno. Teodora estuvo superior a todo elogio. 

1863. Enero. — Deudas de la honra, de Núñez de Arce. 

En Febrero trasladó Arjona su compañía al Circo, pues se 
pensó en derribar este teatro, habiendo comprado el edificio 
en 4.000.000 de reales una sociedad titulada La Peninsular; 
pero la venta o la demolición se retardaba, y vino a ocupar el 
teatro una compañía de niños, titulada La infantil, que tuvo 
bastante aceptación. Hacían obras escritas expresamente para 
aquellos actores. 

Merece mención la titxúeid». Seis señoritas sin miriñaque, le- 
tra de D. José de Araujo y música de D. José García. 

Al año siguiente se derribó el teatro* 

• CIRCOS DE PRICE "S DEL PRÍNCIPE ALFONSO 

1860. — El Signor Gaetano Ciniselli quiso hacer la compe- 
tencia a Price, y trajo una compañía ecuestre y gimnástica 
italiana al antiguo y clásico Circo de Paul, de la calle del 
Barquillo, en la cual compañía figuraban la Mina Tampó, la 



POR CARL08 OAMBRONERO 331 

Buislay, la Emma Ciniselli, Franck Pastor, el español "Win- 
ling, el indio Djalma, los hermanos Mariani, los clowns Buis- 
lay y Amoroso, y Verrek, competidor del célebre Leotard, 
inventor del difícil ejercicio conocido con el nombre de Los 
tres trapecios. Además, había cincuenta caballos. 

Price, en su circo, no se quedó atrás, porqne trajo a Hu- 
bert Meers, que también se decía competidor de Leotard; a 
Mr. Perelli, sobresaliente montando caballos a la alta escuela; 
el diablillo Julio Pérez, español, con sus notables y arriesga- 
dos ejercicios a caballo, en pelo; y los clowus Whittoyne, 
Secchi y Alfán, que consiguieron ser el ídolo de la gente me- 
nuda. A nuestro amigo Molberg le salió un competidor oou 
Whittoyne, porque también tocaba el xilocordeon. Un espa- 
ñol, Sebastián Martínez, ejecutó por primera vez Los anillos 
volantes^ y Whittoyne entusiasmó a los aficionados imitando 
a Cuchares en A parodia d*una tourada portuuueza. 

El príncipe Muley-el-Abbas, que vino a Madrid con una 
embajada marroquí después de terminada la guerra que sostu- 
vimos en Ceuta, asistió en Octubre al Circo de Price, para pre- 
senciar el beneficio de los hermanos Rizarelli, y salió muy 
complacido, habiéndole visto los concurrentes aplaudir con 
frecuencia. En el intermedio se le dio de refrescar. 

1862. — En Junio trajo Price la novedad del enano irlandés 
Jonathan Jack, que trabajaba sobre un caballo, y además ha- 
cía ejercicios de clown. Fue célebre en Madrid. 

1863. — Temiendo, y con razón, Mr. Price, la competencia, 
construyó un escenario para ejecutar pantomimas y dar más 
variedad a las funciones. 

Como en Madrid, durante el verano, se carecía de espec- 
táculos, pues los teatros estaban acondicionados para invierno, 
los circos ecuestres consiguieron atraer espectadores, más que 
por la índole de la diversión, por la agradable temperatura de 
que se disfrutaba en ellos. Así es que, primero Mr. Paul Lari- 
beau en la plaza del Rey, más adelante en la calle del Barqui- 
llo, y luego Mr. Price en la calle de Recoletos, en un local 



332 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

formado de tablas y cubierto de lona embreada, consiguieron 
atraer al público y ganar dinero. Esto sirvió de aliciente a 
D. Simón Rivas para construir un circo en el paseo de Reco- 
letos, entre las calles de Doña Bárbaia de Bragauza y de Q-é 
nova, poniendo en cuidado a Mr. Price, que, como sucesor de 
Paul, había monopolizado hasta entonces la explotación de 
oste espectáculo. En Marzo de 1863 estaba casi terminado el 
edificio, y el día 31 fue a Palacio el propietario para rogar a 
la Reina que le permitiera dar al nuevo circo el nombre de al- 
guno de los hijos de S. M. Accedió a ello muy gustosa doña 
Isabel, y hasta le indicó, que el título de Principe- Alfonso era 
el que le parecía mejor; así es que el nuevo circo se inauguró 
el 7 de Abril, con el nombre que la Reina había designado. 

Los primeros artistas que figuraron en el Circo del Príncipe 
Alfonso fueron Gaetano Ciniselli, director; Constanza Chiari- 
ni, amazona; Rosa Massotta, artista ecuestre, muy bella y de 
mucho mérito; el gimnasta Howard, la familia Rusell, el sal- 
tarín y equilibrista español Amoroso, y los clowus Buislay, 
Blondeau y Blaquet, con 60 caballos de diferentes razas. 

He aquí el programa de la primera función: Maniobras 
ecuestres de amazonas, ejercicios graciosos a caballo por la se- 
ñora Reuz; Arabini, caballo en libertad, presentado por Cini- 
selli; intermedio por los clowns Amoroso y Bni.-slay; paso esti- 
rio a caballo por la Srta. Clotilde y Vinling (español); ejerci- 
cios por Aniceto (español); Victoria, yegua montada a la alta 
escuela por Ciniselli; equilibrios en el trapecio por Horward. 
Descanso de quince minutos. Saltos, por Gunerius. Juegos 
icarios por la familia Russell. Rosa Massotta, ejercicios sobre 
un caballo en pelo. !Robroy, caballo montado a la alta escuela 
por la Srta. Charini, y gran batuda para final. Como se ve por 
este programa, el público era poco exigente. 

Mucho gustó Rosa Massotta; pero en Junio vino a eclipsar 
la preponderancia que había adquirido, una nueva artista 
ecuestre, Mlle. Louise Louisset, que fue en adelante la predi- 
lecta del público. 



POR CARLOS CAMBRÓN LORO 333 



Llamó poderosamente la atención el ejercicio de los tres 
trapecios, ejecutado por el famoso Mr. Leotard. «Sus saltos — 
decía un periódico — llevan el sello de la limpieza y la elegan- 
cia. La circunstancia de ser poco a propósito este circo para 
colocar a debida distancia los tres trapecios, impidiendo al 
gimnasta tomar el impulso necesario para el más difícil de 
sus saltos, desluce, en parte, el gran -efecto de este brillante 
ejercicio; pero Leotard, venciendo estas dificultades, sabe 
arrancar a la concurrencia frenéticos aplausos todas las no- 
ches. Su esbelta figura le hace doblemente simpático.» 

Durante la ejecución del ejercicio de los tres trapecios, to- 
caba la orquesta una tanda de valses de Walteufield, titulados 
Aglae, que se hicieron del dominio de las orquestas, bandas 
militares y ciegos guitarristas. 

Después de Leotard se exhibió en este circo otra novedad , 
que durante cuatro días produjo excelente impresión en el pú- 
blico, y la hubiera causado durante más tiempo si un inciden- 
te imprevisto no hubiese obligado al soi disant artista a to- 
mar las de Villadiego. Mr. Tolmaque se sentaba en medio de 
la pista, en una silla, a la cual le ataban de pies y manos los 
espectadores, de la manera que lo tenían por conveniente; se 
cubría después al sujeto con un velo por espacio de dos minu- 
tos, pasados los cuales aparecía completamente suelto con las 
cuerdas a sus pies sin haber sido cortadas. A la cuarta noche 
no se pudo desatar, y le dieron una grita que se oía en los jar- 
dines de Recoletos. 

Luego vino un toro americano, domesticado, llamado Don 
Juan. Saltaba por aros empapelados, unos, y cubiertos de lla- 
mas, otros. La suerte que produjo más efectoTue la de levantar 
al toro en unas andas, habiéndole hecho poner las cuatro pa- 
tas en un pedestal reducido, y pasearle alrededor de la pista 
sostenido por 20 mozos. 

También obtuvieron buena acogida los clowns ingleses, 
Lawrence y Stolver, excéntricos musicales. 

En Setiembre cayó del caballo, perdiendo el conocimiento, 



334 CRÓNICAS nrcL tiempo dk isabkl ii 

Rosa Massotta; pero repuesta al poco rato, salió a saludar al 
público, que la dio un nutrido y cariñoso aplauso. 

Para despedida de la temporada presentó D. Simón Bi?as 
a la familia Sawyer, compuesta de varios individuos, hombres 
y mujeres, que tocaban piezas de música con 100 campanillas 
de diferentes tamaños. 

Mr. Price no se retrasó en ofrecer novedades. Abrió el Cir- 
co en 9 de Mayo de 1863, y presentó dos elefantes amaestra- 
dos, Delhi y Zara, que atrajeron mucho público; y contrató a 
Mr, Blondín eu 10.000 reales por. función, según aseguraban 
los que se decían bien enterados. 

Vea el lector lo que decimos de Blondín en el capítulo Va- 
riedades. 

Sabiendo que Rivas había contratado a Leotard, trajo a 
Emilio Balaguer, el mallorquín, para hacer el ejercicio de los 
tres trapecios, que lo realizó siete días antes que el otro artis- 
ta, y aunque nuestro compatriota salió airoso de su empeño, 
no consiguió eclipsar la fama del francés, no sólo por la segu- 
ridad de su trabajo, sino, como se ha dicho, por la elegancia 
de la ejecución. 

Eu Agosto se estrenó el escenario con la pantomima El 
bandido de las montañas de Calabria, en dos actos y tres cua- 
dros, en que había bailes, marchas, juegos de armas, y comba- 
tes de infantería y caballería, terminando con el terrible salto 
a caballo del puente cortado, arriesgado ejercicio que aplau- 
díamos los muchachos desesperadamente. 

El 21 de Agosto asistió una embajada tunecina que había 
venido a Madrid; aquella noche cayó del caballo el famoso Ju- 
lio Pérez, y sufrió la dislocación de un pie, por lo que no pudo 
trabajar en el resto de la temporada. 

Durante el verano de 1864 siguió la competencia iniciada 
en el año anterior entre los dos circos. Price restauró el local 
introduciendo algunas mejoras. Trajo tres leones de Nuvia, 
presentados por el domador Mr. George Newcomb, y contrató 
a Richard Conrad, un competidor de Leotard en el ejercicio 



POR 0ABL,08 CAMBRÓN ERO 335 



de los tres trapecios. Horwad sufrió una caída trabajando en 
la escalera aérea, y estuvo privado de salir al público durante 
una larga temporada. 

En el Principe Alfonso, los chinos Arr-Hee y Sam-Umg 
hacían, entre otras habilidades, la de colocarse uno de pie, 
arrimado a un tablero, con los brazos en cruz, y el otro, desde 
cierta distancia, arrojaba unos puñales que se iban clavando 
en la madera alrededor del cuerpo del primero. También se 
exhibieron en este local unos leones. Se los presentaba en una 
enorme jaula con ruedas, que salía a la pista por medio de 
rails. El domador era un negro; se acostaba entre ellos, se po- 
nía en pie sobre uno, metía la cabeza dentro de la boca de éste, 
y los hacía saltar sirviéndoles su espalda de apoyo. 

La María Kennebel (1) se pasó al Circo del Principe Alfon- 
so, y esto produjo tanta expectación como una crisis minis- 
terial. 

Durante el verano de 1865, vino al Circo del Principe AU 
fonso Mr. Arbán, y dio una serie de conciertos, a los que con- 
curría mucha gente, admirando la labor del maestro, que im- 
provisó una buena orquesta en pocos días con profesores de 
segundo orden, pues los músicos del Teatro Real estaban en el 
de Rossini. Arbán no hacía programas clásicos, pero sí ame- 
nos, incluyelido, por ejemplo, la sinfonía de Si fetai roi, de 
Adam; una fantasía de los Hugonotes; la T^o\hei des Financiers, 
suya, y la galop de Lumbye. Arbán era un gran concertista 
de cornetín; tocó unas variaciones que le valieron muchos 
aplausos. 

Alternando con los conciertos siguió la compañía ecuestre 
y gimnástica, sin presentar grandes novedades, pues la Ken- 
nebel, la Elisa Massotta, Leotard y Julio Pérez eran ya como 
de la casa. 

Habiendo vendido el terreno el dueño del solar donde es- 
taba construido el Oirco de Price, tuvo éste que ser derribado, 



(1) Véase la década anterior. 



336 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

y desapareció, por lo tanto, de los espectáculos públicos, hasta 
1868, eu cuyo mes de Mayo volvió a reanudar sus funciones en 
otro local, también construido con tablas y lienzo en el Paseo 
de Recoletos, en los jardines del antiguo palacio de la Duquesa 
de Medina de las Torrres, entre las calles del Almirante y 
Doña Barbara de Braganza. Pocas novedades ofreció aquel 
verano Mr. Price; artistas ya conocidos, Withoyne, Secchi y 
Alfano, y los tres trapecios por Conrad. Puso días de moda, 
que fueron los martes y viernes. 

Tampoco presentó novedades el Circo del Principe Alfonso; 
los tres trapecios, por Mr. Jalien, y uua compañía japonesa. 
Como estaban tan juntos un circo de otro, se hacían una com- 
petencia terrible. 

En afición a la buena música íbamos prosperando. Barbie- 
ri organizó, en Abril de 1866, uua orquesta para dar varios 
conciertos en el Circo del Principe Alfonso, y consiguió que 
se ocupasen todas las localidades. Nos dio a conocer: Obertura 
de la Exposición de Londres, de Auber; Pañis Angelicus, mo- 
tete a voces solas, de Eslava; sinfonía en la, de Beethoven; 
El Tyrol, a voces solas, de Thoiuas; sinfonía de Vetoile du 
Nord, de Meyerbeer, y otras obras de buen gusto. La orquesta 
se colocaba en un tablado sobre la pista del circo. Los con- 
ciertos comenzaban a las dos de la tarde; se pusieron de moda, 
y acudíamos allí lo mejorcito de la capital. 

En la primavera de 1867 repitió la suerte, tocando, entre 
otras piezas clásicas, la Sinfonía pastoral, de Beethoven, que 
produjo un entusiasmo delirante en el público. Y vaya en cuen- 
ta que éste no estaba preparado artísticamente para oiría, lo 
oual prueba las condiciones especiales de aquel gran compo- 
sitor. 

Actuó en el verano una compañía ecuestre y gimnástica, 
ofreciendo pocas novedades, y en la que figuraba como artista 
indispensable la intrépida Kennebel. 

El año 1868 hubo lo mismo; conciertos de Barbieri en pri- 
mavera, y la Kennebel en verano. 



POR CARLOS CAMBRONERO 337 



Derribado el bonito, espacioso y elegante Circo del Prin- 
cipe Alfonso, construido de hierro y ladrillo con todas las de 
la ley, no queda ya, para los que logramos conocerle, sino un 
vago recuerdo de su agradable aspecto, y como encarnación 
de aquellas funciones, la imagen de las dos personas que más 
nos impresionaron, cada una bajo distinto aspecto: el maestro 
Barbieri y la intrépida Kennebel. 

LOS CAMPOS ELÍSEOS 

Esperaba el público con impaciencia la inauguración de 
unos jardines de recreo que se estaban formando en las afue- 
ras de la Puerta de Alcalá, siguiendo la carretera de Aragón, 
pocos metros más arriba de la actual calle deVelázquez, cuan- 
do se anunció en periódicos y carteles que los citados jardines, 
con el pomposo nombre de Campos Elíseos, se iban a abrir el 
18 de Junio de 1864. Así sucedió, en efecto, y los habitantes 
de Madrid, que no tenían otra diversión en verano más que 
los Circos del Principe Alfonso y de Price, allí acudieron, de- 
seosos de entretener agradablemente las primeras horas de la 
noche y disfrutar de frescura. El sitio elegido era de grande 
extensión; sin embargo, carecía de los requisitos indispensa- 
bles a todo jardín: flores, ;^antas y árboles, porque había sido 
formado en poco tiempo, y teníamos que esperar algunos años 
para que los árboles pudiesen tener ramas, y éstas las hojas 
necesarias a fin de que prestasen el servicio consiguiente en la 
temporada de verano; pero la situación del paraje estaba bien 
elegida, y allí se disfrutaba, durante las noches, de agradable 
temperatura. 

Había un teatro, denominado de Rossini (1), grande, muy 
grande, decorado con sencillez, y no con mal gusto, en cuyo 
escenario se dieron representaciones de ópera, para lo que se 

(1) En Mayo escribió la empresa a Eossini pidiéndole autorización para 
dar al teatro el nombre de este compositor, y contestó muy afectuoso 
accediendo a lo pedido y agradeciendo la deferencia. 



338 CRÓNICAS DEL TlttMPO DE I8A.BEL II 

contrató una compañía, compuesta, como principales, de los 
artistas siguientes: 

Tiples: la Spezzia, la Tedesco y la Garelli. Contraltos: la 
Mora y la Llanes (discípula del Conservatorio). Tenores: Tara- 
berlik, Mongiui y Vidal. Barítono: Aldighieri. Bajos: Q-assier 
y Vialetti. 

Violín: Rafael Pérez. Violoncello: Casella. Arpa: la Roal- 
dés y la Isabel Espeso. Flauta: Pedro Sarmiento. Corno inglés: 
Daniel Ortiz. Clarinete: Ficher. Fagot: Mellier. Maestros de 
coro: Mariano Vázquez y Luis Cepeda. Director de orquesta: 
Barbieri. Pintor: Francisco Pía. 

La butaca, 26 reales; la entrada general, 2. 

El teatro resultaba fresco y bien alumbrado; pero su for- 
ma rectangular impedía ver bien el escenario desde los latera- 
les, y carecía de buenas condiciones acústicas. La» butacas 
eran cómodas, de rejilla. Se inauguró, como hemos dicho, el 
18 de Junio de 1864, con el baile Gisela o Las Wilis, que hizo 
furor en tiempo de la Guy Stephan. 

El 25 de Junio pusieron Guillermo T^ll para la presenta- 
ción de la compañía de ópera, con la Garelli, que se hizo aplau- 
dir; la Carraelina Poch, que se distrajo con frecuencia; Mongi- 
ni y Aldighieri, que estuvieron bien, y Vialetti, que cumplió 
perfectamente. 

Luego hicieron Ana Bolena, de Donizetti, y Otello, deRossi- 
ni, que pasaron. El 13 de Agosto salió Tamberlick con Poliu- 
to, que gustó mucho, teniendo que repetir el tenor el famoso 
Credo] pero aun así, quedó aquél disgustado hasta tal punto, 
que quería rescindir el contrato; gracias a Barbieri, se dejó 
convencer y desistió de su propósito, comprendiendo que el 
público de verano, y esto parece una contradicción, no toma- 
ba las cosas con tanto calor como en invierno. Tamberlick can- 
tó después Otello y estrenó Fausto, de Q-ounod, con éxito ex- 
celente. Vialetti interpretó de un modo notable la parte de 
Mefistófeles. 

Era muy agradable el Salón d^ conciertos, en forma de tien- 



POR CARLOS CAMBRONERO 339 

da de campaña, colocándose a un lado la orquesta, compuesta 
de 70 profesores y 100 voces de ambos sexos. Tocaban la sin- 
fonía de La Gazza ladra la obertura de Freychütz, la Invita- 
ción al vals, de Weber, Fantasía sobre motivos de zarzuelas, 
por la orquesta y una banda militar, y Colonneen, valses de 
Strauss. Barbieri, que dirigía los conciertos y las óperas, se 
acreditó de maestro. 

Además había las diversiones y servicios siguientes: 

Plaza para lidiar becerros, rodeada de una montaña rusa 
que hacía las delicias de los estudiantes y gente joven, deseo- 
sos de experimentar la emoción de la vertiginosa bajada. 

Casa de baños, Tiro de pistola y de palomas, Sala de billar, 
Columpios, Balanza, Cosmorama, fonda, café y una ría con un 
vapor de ruedas y cinco falúas; por cierto que una de éstas, 
llena de señoritas, zozobró en el momento del embarque, y 
fueron todas al agua, incluso el marinero que la tripulaba, sin 
sufrir más que el susto y el remojón consiguientes, porque la 
ría quizá no tuviera una vara de profundidad. 

Un periódico satírico, que si no recordamos mal se titulaba 
El Mosquito, dedicó a la ría el siguiente romance, atribuido a 
Manuel del Palacio: 

Arroyuelo, que atrevido 
te me subes a las barbas, 
relleno de un jeringazo 
de la noche a la mañana: 
¿eres conato de río? 
¿eres depósito de agua? 
¿o espejo en que con el tiempo 
se verán flores y plantas? 

Esto la luna decía 
cuando, al salvar la Montaña (1), 
vio de los Campos Elíseos 
la cristalina corbata; 
y cuentan que a poco rato 



(1) La Montaña rusa, en cuyo centro estaba la Plaza de toretes. 



340 CRÓNICAS DBt. TIEMPO DE ISABEL II 



de esonoharse sus palabras, 

la Plaza de los becerros, 

el Tío vivo, el Cosmorama, 

el Teatro, los faroles, 

y basta la Casa de vacas, 

dijeron a voz en pjrito, 

qae es ooiuo Aldighieri canta: 

«El que ofende al arroyuelo, 

también nos ofende y falta; 

que sin él fuéramos todos 

humo, viento, polvo, nada. 

El durará mientras duren 

las caritativas almas 

de los que aquí le escupieron 

de calor en hora aciaga, 

y si a secarse algún día, 

cual los árboles, llegara, 

la empresa, que tantas vierte, 

le llenará con sus lágrimas.» 

La entrada a los jardines costaba 2 reales hasta las cinco 
déla tarde, y 4 desde esta hora eu adelante. Había, en escaso 
número por cierto, ómnibus especiales desde la Puerta del Sol 
a los Campos, a real por asiento. 

La fonda tenía gabinetes aislados, con el nombre de cada 
una de las provincias de España, para facilidad de encontrar- 
se las personas que no podían concurrir juntas a la misma 
hora. En los primeros días, el servicio de la fonda y del café 
dejaba mucho que desear, pues a las diez de la noche ya no 
había más que limón y cerveza. 

En una gran plaza, delante del teatro, hacían ejercicios 
gimnásticos aéreos los hermanos Rizarelli; tocaba piezas es- 
cogidas la banda del 5.° Regimiento de Artillería, dirigida por 
el músico mayor D. Carlos Grassi, y se quemaban fuegos arti- 
ficiales por el pirotécnico Sr. Charles Rossi. 

En la primavera de 1866 trajo la empresa un elefante que 



POK CARLOS CAMBRÓN EBO 341 

hacia varias habilidades. Se le puso en la Plaza de Toros a 
luchar con dos de éstas fieras, sucesivamente^ una de la gaua^ 
daría de Bañuelos y otra de la de D.* Gala Ortiz. El elefante 
no hizo más que defenderse y no quedó, por lo tanto, ni ven- 
cido ni victorioso. Procedía de Ceylán, y tenía por nombra 
Pizarro. Se le exhibía en la Plaza de toretes, donde llamaba 
la atención, entre otros ejercicios, la facilidad que tenía para 
descorchar botellas de vino y desocuparlas sin desperdiciar 
una gota. Cierta noche, no se sabe cómo, pudo desprenderse 
de la cadena que le sujetaba, y paseando libremente por el jar- 
dín llegó a la fonda, haciéndose dueño de las botellas que te- 
nían dispuestas para los concurrentes. Una vez allí, creyó de 
su deber ejercitar la habilidad del descorchado que tanto se le 
aplaudía por el público, y se dio a beber botellas sin caer en la 
cuenta de los efectos que podía causarle el abuso y mezcla de 
diferentes vinos y licores; así es que el pobre elefante, perdien- 
do su calma y sosiego habituales, causó algunos destrozos en 
el jardín, rompió la verja de la puerta de entrada, salió a la 
carretera (hoy calle de Alcalá), se metió en una tahona que 
llamaban de San José, situada donde ahora está la calle de Ve- 
lázquez, y sin ajuste ni convenio con el dueño de la tienda, se 
embaucó los panecillos que buenamente pudo apropiarse, hasta 
que el alboroto del vecindario y los transeúntes hizo venir al 
domador, logrando sujetarle. 

En el verano de 1866 se abrió el teatro Rossini con una com- 
pañía de ópera, en que figuraban La-Grua, la Boschetti, la 
Gurulli, la Nantier Didier, la Mora, Tamberlick, Vicentelli, 
Palermi, Squarciay Vialleti;las bailarinas Bonifanti yBraggi, 
y Gaztambide como director. 

La Garulli tenía voz «tersa limpia, y argentina», y Tam- 
berlick «había ganado en estilo y buen gusto lo que la edad 
robaba a sus extraordinarias' facultades. Dejatba de ser un 
gran tenor, para convertirse en un gran cantante». La Labor- 
de fue mal recibida del público, y se marchó al día siguiente; 
lo mismo sucedió con la Boschetti, a pesar de que era muy bo- 



342 CRÓNICAS DEL TIBMPU DK ISABEL U 

nita; salió con laustOf habiendo anunciado la empresa que era 
la reina de las Margaritas', pero los espectadores no guardaron 
respeto alguno a S. M. 

Cantaron, además del Fausto, 11 Profeta, Guillermo, Poliu- 
tú, Norma, La muta di Portici y alguna otra. 

Más aceptación que las optaras tuvieron los conciertos que, 
en el salón dedicado a ello, daba Joaquín Gaztambide. Toca- 
ron, entre otras piezas: la obertura de Giralda, de Thomas; 
Bueyes y carneros, cuadrille, de Muzart; Cu cu et cricri, polka 
del mismo autor; la obertura de Le pardon (romería) de Ploer- 
mel, y la de La part do diable. 

Una noche de Mayo, cuando la gente salía de presenciar la 
representación de II Profeta, se encontró sorprendida desagra- 
dablemente con el encierro de los toros, teniendo que correr 
por aquellos campos la señoritas, con sus miriñaques y pame- 
las, sin poder entrar en la población, pues las verjas de la 
Puerta de Alcalá se cerraban a la hora en que los toros venían 
a la plaza. Hubo los sustos consiguientes, caídas, rotura de 
vestidos y pérdida de objetos, por lo que se ordenó retrasar, 
para en adelante, la hora del encierro. Noches después, unos 
jóvenes bromistas hicieron sonar varios cencerros en la obscu- 
ridad del camino que traían los toros, y se reprodujo la escena, 
aunque en menor escala, pues percatado de la broma el pú- 
blico, lo hubieran pasado mal los guasones a no haber puesto 
pies en polvorosa. 

Costaba trabajo que la gente se acostumbrase a los Campos 
Elíseos, por efecto de la distancia que los separaba de la po- 
blación. Gaztambide los arrendó en el verano de 1867, esta- 
bleciendo conciertos por una banda militar en la gran plaza 
que había delante del teatro, ascensiones de un globo Montgol- 
fier, y fuegos artificiales. Destinó un sitio especial para bailes 
campestres con entrada aparte, a 2 reales billete, encargando 
de la dirección de la orquesta a Vilamala: trajo al teatro Rossi- 
ni una compañía mimico-veneciana, dirigida por los hermanos 
Lorenzo y Antonio Chiarini, uno como maschera delVArle- 



POR CARLOS CAMBRÓN KRO 343 

chino, y el otro como maschera del Pierrot. Hicieron, entre otras 
pantomimas, Cin-Cin-Zich o M diablo verde, Un inglés en Italia 
o La flauta mágica, y Arlechino, médico homeopático e Pierrot 
aeronauta. Como recurso extremo llamó a Barbieri para que 
diera una serie de conciertos en la tienda de campaña, de que 
ya hemos hablado. Acudía mucha gente y se pasaba muy bien 
el rato. 

La compañía de ópera del teatro Rossini inauguró sus re- 
presentaciones el año 1868, en 10 de Junio, con Don Bucéfalo, 
de Caguoni, cuyo principal papel estuvo a cargo de Alexan- 
dro Bottero. Este era muy notable: imitaba distintas voces, y 
tenia mucha gracia. 

Se suspendieron las funciones de ópera el 6 de Julio (1), y 
vino a reemplazarla una de declamación, compuesta de la 
Mercedes Buzón, la Roca, la Alonso y la Cirera, Cortés, Gon- 
zález, Mela, Alverá y Valles, con la primera bailarina Dolores 
Ruiz. Hicieron piececitas cómicas y bailes. 

Al acaecer la Revolución de Setiembre de 1868, el público 
se iba ya cansando de los Campos Elíseos. 

Toros. 

La situación de la Plaza de Toros, que se hallaba próxima 
a la Puerta de Alcalá, no hacía indispensable el carruaje para 
asistir a la corrida; pero aun así, se utilizaban, hasta por vani- 
dad, cuantos se hallaban disponibles, lo mismo la elegante ca- 
rretela, que el simón de alquiler, el ómnibus o la clásica e his- 
tórica calesa, de la que iban quedando pocos ejemplares. La 
vuelta de la gente que había ido a la corrida, constituía por 
sí un espectáculo de gran animación, pues el ver las caras bo- 
nitas y el garbo saleroso de las aficionadas a toros, bien valía 



(1) A pesar de lo corta que fue la temporada, se estrenaron Crispina c 
la Gomare, de los hermanos Ricci, el 17 de Junio, e ll birrajo di Presión, 
de Luigi Ricci, el 2 de Julio; las dos óperas con éxito mediano. 



344 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



la pena de estar un ratito de pie eu las aceras de la calle de 
Alcalá. 

Los toreros que figuraron eu este último período de nues- 
tras Crónicas son los siguientes: 

Espadas: Regatero, Cayetano Sauz, Julián Casas (el Sala- 
manquino), Domínguez, Cuchares, el Tato, Pepete, Mendívil, 
Gonzalo Mora, los Carmenas, el Q-ordito (desde 1864), la San- 
tera, Bocanegra, Villaverde, Lagartijo (desde 1866), Jacinto 
Machio (desde 1866), Currito, o sea el hijo de Cuchares (desde 
1867), y Salvador Sánchez (Frascuelo), que alternó como ma- 
tador el mismo año eu la Plaza de Madrid. 

Banderilleros: Rico, Torres, Villaviciosa, Bocanegra, Lillo, 
Cuco, Antón, Caniqui, Pablito, Muñiz, Noteveas, Macando, 
Yust, Manolín, el Gordito, de 1861; Currito y Lagartijo, de 
1863; Vttldemoro, de 1864; Chicorro, José Gómez (el Gallito) 
y Armilla, de 1866. 

Picadores: Muñoz, el Coriauo, el Esterero, los dos Caldero- 
nes, Marqueti, Charpa, Piuto, el Artillero, Arce, Juaneca, 
Hazaña, Uceta, el Naraujero, Trigo, Alani, de 1861; Juan Be- 
dia (el Guantero), de 1863; Sacanelles, de 1864, y Agujetas, 
de 1868. 

Para la temporada de primavera de 1860 se contrató a los 
espadas Francisco Arjoua Guillen (Cuchares), Antonio Sán- 
chez (el Tato) y José Rodríguez (Pepete), ofreciendo la em- 
presa toros de las siguientes ganaderías: 

De la tierra: Veragua, Martínez, Puente López (antes 
Aleas), Bañuelos, Ortiz, viuda de Paredes y Félix Gómez, cu- 
yos toros hacía dos años que no se lidiaban en esta plaza. 

De la Mancha: Salido y Maldonado. 

Andaluces: Saltillo (antes Lesaca), Hidalgo, Barquero y 
Romero Valmaseda. 

Los precios de las localidades de sombra eran en esta época 
los que a continuación se expresan: 

Tendidos: Asientos sin numeración, 8 reales. — Contraba- 
rreras, 10. — Barreras, 12. — Tabloncillos, 18. 



POR CARLOS CAMBRONERO 345 

Gradas: Delanteras, 18 reales. — Tabloncillos, 18. — Gen- 
tros, 12. 

Andanadas: Delanteras, 26 reales. — Tabloncillos, 22. — 
Centros, 14. 

Palcos, con diez entradas, 240 reales. 

En 7 de Mayo de 1860 se lidiaron toros de Cuchares, nue- 
vos en esta plaza, y parece que no resultaron mal, aunque 
cumplieron mejor los de D. Vicente Martínez, de Colme- 
nar Viejo. De los picadores, Pinto estuvo bien; Charpa, me- 
diano; Hazaña y Martín, con desgracia, especialmente el úl- 
timo, que en una caída se vio poco menos que en las astas del 
toro, librándole de una cogida la serenidad de Cuchares. En 
esta corrida se lució el banderillero Muñiz, dando el salto al 
trascuerno, que ejecutaba maravillosamente, y que tanto gus- 
taba al público. Cuchares estuvo, como siempre, a la altura de 
un maestro consumado, y el Tato recibió el cuarto toro en 
toda regla. En su segundo toro dio un susto a los espectado- 
res, pues al meter la espada tropezó con el asta derecha del 
animal, y rodó por la arena sin hacerse daño alguno. 

Por Setiembre de 1861 se hablaba del proyecto de estable- 
cer en una quinta de la calle de García de Paredes (Chambe- 
rí), perteneciente al marqués de Benemejís, una escuela de tau- 
romaquia, con toros embolados, poniendo intermedios con bai- 
le, y un final con fuegos artificiales. No sabemos si llegó a 
realizarse el proyecto; pero seguramente hubiera ofrecido buen 
resultado. 

En la corrida de 20 de Abril de 1862, el toro Jocinero, de 
Miura, derribó, al tomar un puyazo, al picador Antonio Cal- 
derón, y Pepete (José Rodríguez), que se hallaba hablando con 
unos espectadores, fue avisado por éstos deJ peligro; echó a 
correr hacia el grupo que formaban caballo, jinete y toro, en 
el momento en que éste salía en la dirección que llevaba el es- 
pada, a quien le cogió, dándole una tremenda cornada en el 
pecho, de la que falleció minutos después en la enfermería. 

El famoso Carlos Albarrán (el Buñolero), que estaba en sus 



346 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE I8AB£L II 



Últimos años encargado de abrir la puerta del toril, siendo, en 
Julio de 1860, dependiente de la plaza, fue volteado por un 
toro que saltó al callejón, y y aunque de la cogida no resultó 
herido, el pobre hombre salió con un brazo roto. 

El 13 de Febrero de 1860 se dio una corrida a beneficio de 
los heridos de la guerra de África; presidió el príncipe Adal- 
berto de Baviera; los toros eran de la ganadería de D. Justo 
Hernández, y los estoquearon el Regatero, Cayetano Sanz y 
Julián Casas. 

Las moñas fueron regaladas por las duquesas de Abrantes, 
de Alba, de Fernán Núñez, de Medinaceli y de Tetuán. 

Un toro, llamado Baratero, de la ganadería de Romero 
Balmaseda, y que dio mucho juego en la corrida del 21 de Oc- 
tubre de 1866, fue disecado, y se le envió a la Exposición uni- 
versal de París. 

Las novilladas ofrecían novedades a los aficionados. En I.** 
de Enero de 1861 hicieron la mojiganga El doctor y el enfer- 
mo. Se colocaba una cama delante de la puerta del toril, con 
un enfermo, asistido del facultativo y varios practicantes, que 
aguardaban sentados la embestida del embolado, teniendo to- 
dos que salir por pies, incluso el paciente, lo que producía la 
hilaridad, sobretodo de los concurrentes al tendido de sol. Al 
toro \6 picaban cuatro individuos, dos montados en burros y 
dos metidos en caballitos de mimbre; luego era banderilleado 
al natural, y este día le dio muerte con muleta y espada, subi- 
do sobre zancos, un tal Manuel López. Este rejoneó después, a 
caballo, otro embolado, y le dio muerte, como el anterior, su- 
bido en zancos. 

Durante la lidia de estos embolados había en la plaza un 
columpio giratorio, con cestos en los extremos, dentro de los 
cuales se colocaban comparsas con capotes para llamar a las 
reses, sufriendo, entre las risotadas del público, el bamboleo 
consiguiente a la embestida. 

1861. Febrero. — En una corrida de novillos, un embolado 



POR CARLOS OAMBRONERO 347 

fue rejoneado por una cuadrilla de indios {de Lavapiés), y 
muerto por medio de la chispa fulminante. 

La corrida del 6 de Junio de 1868 la presidió, por última 
Tez como Príncipe de Asturias, el que después fue Alfon- 
so XII. 

Días después, la Presidencia multó al Gordo por su falta de 
interés en procurar complacer al público, defecto de que solía 
adolecer, y despechado el diestro por el bochorno que sufría, 
parece que hizo a los de un tendido próximo ciertas demostra- 
ciones que produjeron el consiguiente alboroto. Desde enton- 
ces el Gordo tuvo pocas simpatías en la plaza de Madrid. An- 
tes había sido muy querido del público, sobre todo como ban- 
derillero. En una de estas suertes estuvo tan acertado el 24 de 
Junio de 1861, que D. José Salamanca le arrojó al redondel un 
par de cigarros habanos envueltos en un billete de cincuenta 
duros. 

Según la estadística publicada por el periódico taurino La 
fiesta Española{dirigiáo por nuestro amigo Nicolás García Ca- 
ballero), en la temporada de verano de 1868, los primeros es- 
padas de la Plaza de Madrid mataron el número de toros si- 
guientes: El Tato, 36; el Gordito, 28; Frascuelo, 30; Julián 
Casas, 6; el Regatero, 2; Gonzalo Mora, 2; Bocanegra, 2; 
Mariano Antón, 2; Cuchares, 3, y Curro Reyes, 3, que dan un 
total de 113 reses muertas. Para el revistero citado, el Tato 
dio 14 buenas estocadas, el Gordito, 12; Frascuelo, 4; Julián 
Casas, 2, y Gonzalo Mora, otras 2. Los demás no merecieron 
su aprobación. 

La última corrida del reinado de Isabel II se dio el 6 de 
Setiembre de 1868, con seis toros de la ganadería de D. Fran- 
cisco Taviel de Andrade, que había adoptado para sus reses la 
divisa encarnada y rosa. Trabajaron como espadas Antonio 
Sánchez el (Tato), que salió vestido de verde y oro; Manuel 
Fuentes (Bocanegra), de verde y plata, y Vicente García (Vi- 
llaverde), azul y plata. 

La corrida parece que fue mala. El Tato, retraído en los 



348 0RÓNI0A8 DEL TIEMPO DiS ISABEL H 

quites de vara; bravo en los pases de muleta, auuque con pooa 
soltura y aplomo; mal eu las e.-jtocadas, porque dio dos golle- 
tazos, y bien eu los lances de capa y galleo. Bocanegra, sere- 
no y aplomado en la lidia, auuque inseguro en las estocadas. 
Villaverde hizo lo que pudo, teniendo en cuenta que estaba 
convaleciente de una herida recibida pocos meses antes. 

Para el día 27 de aquel mes se anunció una corrida con el 
Tato, Bocanegra y Frascuelo, pero el estado de la atmósfera 
política no permitió que se celebrara. 

La deficiencia que el lector habrá notado en las reseñas 
taurinas de estos apuntes obedece a que el cronista no es afi- 
cionado a toros. Sírvale esto de disculpa. 

VABIEDADES 

Un espectáculo público y gratuito que llevó mucha y va- 
riada concurrencia al patio del Buen Retiro, esto es, una gran 
explanada que existía delante del edificio donde hoy está el 
Museo de Artillería, fue la exposición de los trofeos militares 
cogidos al ejército marroquí en la guerra de 1869 a 1860. Es* 
tos trofeos consistían en varios cañones del siglo xviil y prin- 
cipios del XIX, y la tienda de campaña que había utilizado Mu- 
ley-el-Abbas, hermano del Sultán de Marruecos. En la plaza 
de San Marcial, delante del cuartel de San Gil, hoy derruido, 
también se exhibieron en aquellos días. Febrero y Marzo de 
1860, cañones de la misma procedencia, entre los que se en- 
contraba uno que había pertenecido al infortunado rey don 
Sebastián de Portugal. 

La reina Isabel estuvo a ver los trofeos instalados en am- 
bos sitios, y obtuvo una ovación entusiasta por parte del nu- 
meroso público que se hallaba presente. 

1860. 'Ka.Yzo.—Poliorama español, Alcalá, 18 y 20. Vistas 
de la guerra de África. 

1861. — Cuadros mecánicos, de D. Francisco Amat, calle 
del Arenal, núm. 11. Vistas con figuras de movimiento. 



POR CARLOS CAMBRONERO 349 



1861. — Alcalá, 17. Exhibición de un león de cristal hilado, 
de vara y media de largo, con otros objetos de la misma ma- 
teria, fabricados por el Sr. Barbegelata. Entrada, un real. 

1863. Circo de Paul, — Prestidigitador francés Mr. Peyres, 
que hizo juegos ya conocidos; pero con la novedad de traba- 
jar teniendo los brazos desnudos. 

1864. — Ciclorama universal,, de Mr. E.ossy. Paseo de Re- 
coletos. Se trasladó poco tiempo después a la calle de Precia- 
dos, esquina al Postigo de San Martín. 

1864. Abril. — Carrera de San Jerónimo, núm. 18, tienda. 
Exhibición de Mme. Glofullia, la mujer con barbas, que tenían 
27 centímetros de largas. Fue un espectáculo raro, al que con- 
currió mu3ha gente. Presentaba al público una certificación 
del Dr. D. Pedro Mata, asegurando que aquella persona per- 
tenecía al sexo femenino. 

Notable fue la veuida de Mr. Blondin, el célebre funámbu- 
lo que había atravesado por cima de las cataratas del Niága- 
ra andando sobre una cuerda sostenida de extremo a extremo. 
El 12 de Mayo de 1863 atravesó el estanque grande del Reti- 
ro, también sobre una cuerda, a una altura de 45 varas, lle- 
vando balancín, cosa que algún señorito, falto de sentido co- 
mún, se atrevió a censurar. Pasó la cuerda con los ojos venda- 
dos, hizo equilibrios sobre una silla, y merendó, sentado en 
ella; dio un paseo subido en unos zancos y atravesó el trayec- 
to, llevando sobre los hombros un robusto mocetón que era 
marinero vizcaíno. 

La compañía del Circo del Principe Alfonso, dirigida por 
Ciniselli, dio algunas funciones ecuestres y acrobáticas los 
domingos por la tarde en la Plaza de Toros. Terminaban con 
la ascensión del olown Blondeau en un globo montgolfier lla- 
mado ÍJZ Águila. 

En Agosto de 1863 subió en otro montgolfier una aeronau- 
ta muy conocida, Mme. Poitevin. Era de cuarenta años, alta, 
delgada, de modales finos y fisonomía agraciada: subió meti- 
da en un cesto de mimbre. Cayó el globo, el primer día de los 



350 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

que subió, en la quiuta de D. Luis Guilhou, junto a Chamar- 
tín, cuando estaba la señora de la casa de conversación en el 
jardín con la familia del Sr. Manzanares, en cuyo coche resti- 
tuyeron a Madrid a la aeronauta, después de haberla obsequia- 
do con pastas y te. 

Exposiciones de fieras. — Hubo una en 1861, presentada por 
el domador César Maserini, en la calle de la Bolsa, al lado del 
edificio que da nombre a esta vía pública. Tenía, entre otros 
animales, un león del alto Egipto, una hiena asiática y la rei- 
na de las jirafas. 

1863. — Quizá algún viejo se acuerde todavía de la colección 
de fieras que exhibió Mr. Bernabeau en un solar de la calle de 
la Alameda, núm. 1, frontero de la Platería de Martínez. No 
hubo en Madrid muchacho alguno que se quedara sin ver las 
fieras de Mr. Bernabeau. Tenía un elefante, más grande que 
los que en aquellos días trabajaban eu el Circo de Price; tres 
tigres de Bengala, un oso negro, un león del Cabo de Buena 
Esperanza, otro del Atlas, un leopardo, chacales, serpientes y 
otros animales. 

En el barracón, donde había estado una Exposición de pin- 
turas, calle de Alcalá, solar del convento de las Vallecas, se 
exhibió (Marzo 1866) un ballenato, cogido en aguas de Q-ueta- 
ria (Guipúzcoa). Pesaba 260 arrobas y tenía 27 pies de lon- 
gitud . 

Nacimientos. — Desde 1860 funcionaban los nacimientos me- 
cánicos de Buenavista, calle de Silva; del Recreo, calle de la 
Tahona de las Descalzas, esquina a la de Capellanes, y del 
Olimpo, en la Platería de Martínez, junto al Prado. 

En 1867 aparecen el del teatro del Numen, en la calle de 
la Hiedra, y el de la Infantil, Flor Baja, núm. 1, donde la fun- 
ción se representaba por niños. v 

1866. — La Nueva Infantil, calle de Carretas, núm. 14. Que- 
dó luego para teatro de tercer orden. 

1867. — Hubo nacimiento en Variedades y en el Teatro 
Máizquez, calle de Tudescos, núm. 34. 



POR CARLOS OAMBROMERO 351 

Cafés-teatro. — Se pusieron de moda los llamados cafés Úri- 
cos, porque se amenizaban con música. En Marzo de 1860 se 
inauguró el de Capellanes, y algún tiempo después, el de Lope 
de Vega, en el teatro del mismo nombre, como ya se ha dicho. 
Se instaló otro en la calle del Caballero de Q-raoia y se refor- 
mó el de El Iris, en la Carrera de San Jerónimo, donde des- 
pués se construyó el Crédito Lyonés. 

1867. —Se convirtió el salón de baile de Capellanes en cafe- 
teatro, construyendo un escenario bastante reducido, a la iz- 
quierda de la puerta de entrada, y colocando las mesas para 
el servicio de los concurrentes en las galerías que rodean el 
salón. En el centro de éste había cuatro columnas que soste- 
nían la techumbre y entorpecían la vista del escenario. El con- 
sumo en el café daba opción a un billete del teatro; por más 
que se podía asistir a las funciones dramáticas abonando un 
real. Entonces se estableció el mismo sistema en el teatro-cafó 
del Recreo, calle de la Flor Baja, donde hoy se halla construi- 
da la iglesia de los PP. de la Compañía de Jesús. 

En el Recreo funcionaba un í compañía que casi podríamos 
calificar de aficionados; pero que al andar del tiempo, consi- 
guieron tener una reputación. Pepe Valles, discípulo e imita- 
dor de Romea; Antonio Riquelme, Juan José Lujan y la Jua- 
nita González. 

El teatro-cafó de Capellanes cambió de nombre en Fe- 
brero de 1868, y se tituló de Alarcón, quedando el café com- 
pletamente independiente del teatro. Entró de director de la 
compañía Pepe Baño vio. 

El ejemplo de Capellanes animó a la empresa del salón de 
Paul, y contrató una compañía barata, haciendo, como es na- 
tural, piezas dramáticas y zarzuelas en un acto, con su corres- 
pondiente cuerpo coreográfico, en que figuraban como primeras 
bailarinas las hermanas Fernández. Se hacían obras de reper- 
torio, pero estrenaron algunas, y entre otras, llamó mucho la 
atención la titulada Café-teatro y restaurant cantante, letra de 
Emilio Alvarez y música de Oudrid. «La acción de este paso — 



352 CRÓNICAS DKI> TIEMPO DE ISABEL II 

decía el cartel — pasa en una pieza de paso y en un quinto piso 
de la calle de la Pasa.» Se escribió para Carratalá, tenor có- 
mico de la compañía. El local resultaba fresco: las butacas 
eran de hierro, de igual clase que las utilizadas en los paseos 
públicos actualmente. 

Salón del Conservatorio. — 1860. Abril. — Función a beueficio 
de los heridos en la guerra de África. Hicieron A Madrid me 
vuelvo, por la Berrobianco (primer premio de aquella escuela 
en 1868), Cristina Lecea, Julián Romea (profesor y antiguo 
alumno), Arjona (profesor), Florencio Bornea (alumno que ha- 
bía sido), Pizarroso (profesor honorario), Alfredo Maza y Félix 
Corrales (alumnos). Después uu himno a la guerra, letra de 
Vega, música de Eslava, cantado por la Srta. Toda y los alum- 
nos del Conservatorio. 

En otra función, verificada con el mismo objeto benéfico, 
hizo juegos de prestidigitación el famoso Mr. Hermann, y Mol- 
berg, a quien ya conoce el lector, tocó su también famoso 
xilocordeón. 

Noviembre 1863. — En este salón dio un concierto Mr. Whi- 
te, joven violinista que tocó una fantasía sobre motivos de 
Nabuco, y otra de Trovatore. 

Este año quisieron Gaztambide y Barbieri dar aquí una se- 
rie de conciertos clásicos, poniendo a 40 reales la butaca, y 
después de anunciado en la Prensa, por no haber podido ave- 
nirse con los profesores de orquesta, tuvieron que desistir de 
su propósito. 

1864. — Don Antonio Romero había introducido una modi- 
ficación en el clarinete, y el 25 de Setiembre convocó a los afi- 
cionados, en el Salón del Conservatorio, a fin de que examina- 
sen detenidamente la reforma del instrumento. Acudió mucha 
gente, y mereció la aprobación de todos el nuevo clarinete. 

Diciembre. — Concierto de órgano expresivo por el profesor 
Louis Engel. Resultó algo monótono. 

1866. — Se constituyó una Sotiedad artistico-musical de sO' 
corros mutuos, que daba algunos conciertos en este local, du- 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 353 



rante los meses de Marzo y Abril, al precio de 40 reales 
billete. Para que se forme idea de las obras que tocaban, 
enunciaremos las siguientes, sacadas del programa de una de 
las sesiones: Obertura del Conde Egmont, de Beethoven; Motete 
del siglo xvl, de Morales; Villancico asturiano del siglo xvii, 
de Veana; Marcha fúnebre, de Monasterio; Allegreto scherzan 
£¿0 de la sinfonía en fa, de Beethoven, y Sinfonía de StruenséSf 
de Meyeerber. 

1866. Noviembre. — Sociedad de Cuartetos. Dieron seis con- 
ciertos Monasterio, Castellano, Pérez y Pía, acompañes al 
piano por Dámaso Zabalza. Tocaban obras de Haydn, Mo- 
zart, Beethoven y demás autores clásicos. Estos conciertos 
tuvieron aceptación, y la Sociedad siguió funcionando durante 
muchos años. 

Jardín de Apolo. — Barbieri era activo, emprendedor, en- 
tusiasta por la música. Satisfecho del buen resultado que le 
había ofrecido la idea de los conciertos del Circo del Principe 
Alfonso, inauguró, en el mes de Julio de 1866, otra serie en el 
antiguo Jardín de Price, teniendo que vencer la repugnancia 
que parte del público, sobre todo las señoras, tenía para con- 
currir a un paraje que había servido de baile campestre. Su 
buena suerte y las simpatías de que Barbieri gozaba en Ma- 
drid lo consiguieron todo, y desde el primer día, es decir, des- 
de la primera noche, se vieron los conciertos favorecidos por 
lo más aristocrático, elegante, selecto y distinguido del muje- 
río de esta corte, que se deleitaba oyendo Laa alegres coma- 
dres de Winsor, de Nicolai; la obertura de Le román d'Elvire, 
la de Líi muta di Portier, trozos de sinfonías de Beethoven; un 
precioso dúo de arpas por la Teresa Roaldés y su discípula 
Isabelita Espeso; la redowa Fleur de Bruyére, de Ketterer, y 
otras piezas no menos agradables. Dio 20 conciertos. 

Carreras de caballos. — El decidido empeño de las dos aris- 
tocracias, la de la sangre y la del dinero, iban, aunque laborio- 
samente, consiguiendo establecer la costumbre de celebrar 
carreras de caballos en primavera y otoño. 



I 



354 ORÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



Por el mes de Febrero de 1860, muchos aficionados acu- 
dieron a la calle de la Magdalena, núm. 12, establecimiento de 
caballos a pupilo, a ver nno que habían traído al Marqués de 
Salamanca. Tenía el caballo 12 dedos sobre la marca, cinco 
años, bellas formas y perfectos aplomos, y fue el tema de la 
conversación de la gente de sport durante muchos días. 

Las carreras de caballos verificadas en Octubre de 1860 
estuvieron muy desanimadas. Concurrieron los Duques de Osu- 
na y de Sesto y el Marqués de Alcañices, retirándose el Duque 
de Fernán-Núñez y D. José Salamanca antes de comenzar la 
carrera, por enfermedad de los animales que presentaban. 

1861. Mayo. — G-auaron los premios: Dúchese y Lovely^ del 
Duque de Fernán-Núfiez; Ne.va y Elena, del Duque de Osuna. 
La yegua Elena dio la carrera más veloz que se había conoci- 
do, pues tardó cinco minutos y medio segundo en recorrer las 
4.500 varas que tenía el Hipódromo de la Casa de Campo. Para 
disputar una copa de oro, ofrecida por la Duquesa de Mediua- 
celi, se dio una carrera extraordinaria, en que montaron, ves- 
tidos de jockey, sus propios caballos, el Marqués de Sardoal 
(hijo del Duque de Ahrantes), D. Fernando Ezpeleta y el 
Conde de Castellá (hijo del Duque de Bibona). Ganó Sardoal, 
futuro Alcalde de Madrid. 

La Condesa de Scláfani improvisó un segundo premio para 
los que habían sido vencidos en la carrera anterior; pero dan- 
do solamente una vuelta, que comprendía 1.500 varas, pues la 
carrera a que nos hemos referido fue de dos vueltas, o sea, 
3.000 varas. Ganó Ezpeleta. En las carreras generales se ha- 
bían presentado caballos de los Marqueses de Alcañices y de 
Villamejor, de los Duques de Sesto y de Frías, y de D. San- 
tiago Tailby. Salamanca se tuvo que retirar, por enfermedad 
repentina de los caballos que había traído para tomar parte en 
las carreras. 

Por entonces escribía, en el Museo Universal, unas revistas 
de esta fiesta hípica, con el epígrafe de Examen critico de las 
carreras de caballos, D. Nicolás Casas de Mendoza. 



POR CARLOS CAMBRONERO 355 

1863. Noviembre. — Presentaron caballos el Duque de Osu- 
na, el Marqués de Alcañices, D. Alfonso Vignolles, el Duque de 
Fernán -Núñez, el de Frías, D. José Salamanca, el Duque de 
Sesto, D. Andrés Granada, D. Pedro Ibáñez, D. José Hidal- 
go, D. Diego Martínez y D. Martín López. Obtuvieron pre- 
mio: Vad- Ras, de Osuna; Sí, de Alcañices; Buckingan, de Vig- 
nolles. Se declaró niila una carrera por haberse rozado un ji- 
nete con otro, y, repetida la prueba, ganó la yegua Samsa, de 
Osuna. 

La poca variedad que para los no aficionados ofrecen las re- 
señas de las carreras de caballos, nos hace renunciar a nuestro 
propósito, sirviendo de muestra las noticias que presentamos, 
para dar idea del concepto de este espectáculo público en el 
cuarto período de las Crónicas que presentamos al lector. 

Las carreras se efectuaban, como hemos dicho, en el Hipó- 
dromo de la Casa de Campo, entrando por la puerta llamada 
de Castilla. 

Circo de gallos. — Aparece funcionando en 1861 en la calle 
de Recoletos, casi frente al Circo de Price, y próximamente en 
el sitio que hoy ocupa la calle de Villalar. Los palcos costaban 
20 reales; las butacas, 6, y la entrada general, 2. 

En 1866 se estableció otro Circo de gallos en las afueras de 
la Puerta de Santa Bárbara, haciéndole al primero la compe- 
tencia; pero los dos siguieron funcionando hasta la fecha de la 
terminación de estas Crónicas. 

Juego de pelota del Ariel. — Paseo de la Castellana, cerca de 
la calle de Fernando el Santo. Figura el anuncio desde 1861 
a 1868. 

Polvoristas. — En 1861 aparece como polvorista Manuel 
Frías (el Madrileño). Este mismo año se dio una función piro- 
técnica en la Plaza de Toros, por los ya conocidos Minguet y 
Llorens, exponiendo plantones de rotación horizontal y vertical, 
una gran fachada de 60 pies de extensión con tres galerías 
construidas a todo fuego, y un final sorprendente de volcanes, 
carcasas, cuerdas de tiros, explosiones, ramillete de volantes y 



356 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

una gran bengala que iluminó toda la plaza. La función co- 
menzó al anochecer, duró una hora, y la entrada general cos- 
taba 2 reales. 

Liceo Piquer. — El escultor Piquer, que se complacía en 
proporcionar horas de agradable entretenimiento a sus ami- 
gos, construyó un teatrito en su propia casa, calle de Legani- 
tos, números 30 y 32, y una o dos veces al mes daba funciones, 
que resultaban muy agradables, y a las que procurábamos 
concurrir los muchachos de la época. Allí se estrenó, en Enero 
de 1863, la linda comedia en un acto, de Joaquina García Bal- 
maseda, Genio y figura, en la que la autora representó el prin- 
cipal papel. 

Ricardo Vega, hijo de D. Ventura, interpretó concienzuda- 
mente la comedia de su padre, El hombre de mundo, acompa- 
ñado de Clotilde Lombía. 

Ignacio Ovejero tocaba el órgano expresivo; su hermano 
Pepito, el arpa; Compta y Dámaso Zavalza, el piano; canta- 
ban las Srtas. Elisa y Carmen Güell; recitaban poesías María 
del Pilar Sinuós, Bernardo López Q-arcía, Picón, Marco, Gri- 
lo, Santisteban, el malogrado Arturo Sautibáñez y nuestro 
querido amigo Castillo y Soriauo, al presente segundo jefe de 
la Biblioteca Nacional, sin olvidar a Manuel del Palacio, cuyos 
discursos, disparatados a propio intento, hacían desternillarse 
de risa a los concurrentes. 



Bailes pútolloos. 

El Circo de Faul seguía teniendo atractivos para los aficio- 
nados al baile. En Enero de 1860 se dieron en el local fiestas 
venecianas, en que el salón estaba iluminado con multitud de 
faroles, banderolas y gallardetes, y se puso una orquesta com- 
puesta de 50 profesores, 20 guitarras y bandurrias y un piano. 
Una noche se tocó La hatnlla de los Castillejos, composición 
del director de orquesta D. Juan Comas, en la que tomaban 



POR CARLOS CAMBRONKRO 357 

parte, además de los músicos del baile, dos charangas, tambo- 
res, cornetas, clarines; se hacían disparos de fusilería y de ca- 
ñón, y se encendían luces de bengala. No tuvo el éxito que 
La batalla de InJcermann. 

Seguían funcionando los salones de baile de El Crucero, 
calle del Luzón, núm. 11, y Los placeres de la corte, Costani- 
lla de los Desamparados, núm. 16; pero sobre todos figuraba 
Capellanes, donde se reunía cada noche una sociedad coreográ- 
fica distinta. La concurrencia era relativamente selecta, por lo 
que se refiere al sexo fuerte, sin que se desdeñase de asistir a 
las sesiones ni el joven elegante, ni el valeroso oficial del Ejér- 
cito, ni el artista, ni el escritor, ni el honrado comerciante. 
Ya nos dice Manuel del Palacio en aquellos versos: 

Capellanes nos espera 
con su chotis y su vals, 
sus danzas americanas 
y su alegre sociedad. 
Allí lo mismo se admite 
la calesera, que el frac, 
la gorra de piel de nutria, 
que la gabina de Aimábl (1). 
Por aquella galería 
veréis unidos cruzar 
diputados y toreros, 
sastres y jueces de paz, 
modistas de cuarto piso 
y aristócratas pur sang. 

En Junio de 1860 se inauguró el baile campestre, como se 
decía antes, o el jardín de baile, como se dijo luego, de El Elí- 
seo madrileño, en el Paseo de Recoletos, frente al Banco Hipo- 
tecario. Además de una escogida orquesta (2), había poliorama. 



(1) Aimable, sombrerería elegante de la Puerta del Sol. 

(2) Que dirigía Molberg, y como supondrá el lector, alguna vez obse- 
quió a los concurrentes con un concierto de xüocordeón. 



358 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

restaurante confitería, gimnasio y tiro de pistola. La entrada 
costaba 4 reales, sin más opción que a bailar. Este jardín era 
durante los días festivos el punto de reunión predilecto de mo- 
distas y dependientes de comercio, la cual concurrencia, por 
vicio de oído, ponía en la segunda e del sustantivo del título 
el acento que requería la i. Por eso decía aquel cantar: 

Soy una modista 
que en el Elíseo 
hago una conquista 
en un santiamén (1). 

Jardines del Tivoli, situados donde hoy se halla el Hotel 
Ritz, Se dieron grandes bailes durante el verano por los años 
de 1864 y 1865, con farolitos a la veneciana y bengalas al 
final. La gente acudía a las inmediaciones para oír las piezas 
de baile que tonaba una banda militar. 

■ Jardines del Paraíso, afueras de la Puerta de Santa Bár- 
bara, frente a la Fábrica de tapices, es decir, donde hoy co- 
mienza la calle de Almagro. Se inauguraron en Junio de 1861, 
y en 1863 se alternaron las piezas de baile con conciertos, en 
que tomaba parte numerosa orquesta y los coros del Teatro 
Real. Había tiro de pistola, café y fuegos artificiales. 

1863. — Price formó un jardín al lado de su Circo (2), para 
dar bailes campestres amenizados con cuadros cromofundentes 
y algún otro espectáculo que sirviera de aliciente. Siguió abier- 
to al público con el nombre de Jardín de Apolo durante los 
años posteriores; tenía su entrada por la calle del Cid. Barbie- 
ri lo abrió en Julio de 1866 como salón de conciertos. 

Había bailes de máscara en los salones que durante el in- 
TÍerno se dedicaban a rendir culto a la diosa Terpsícore, y 
además los hubo, desde 1861, en Lope de Vega; eu la Zarzuela, 
con orquesta dirigida por Cristóbal Oudrid y Luis Cepeda; en 



(1) Aire de schotis. 

(2) Calle de Recoletos. 



POR CARLOS OAMBRONERO 359 

el Real, en el Teatro Eossini, alguno que otro en el Salón del 
Conservatorio, y los clásicos de Paul y Capellanes, como lo 
pregona aquella antigua habanera: 

No me lleves a Pol, 
que me verá papá; 
llévame a Capellanes, 
que estoy segura que allí no irá. 

El lector habrá oído hablar del cancán. Este era un baile 
que pertenecía al género de los llamados de figuras, como la 
contradanza y el rigodón; pero sin reglas fijas y determinadas, 
ajustándolo a su capricho las parejas con la más amplia liber- 
tad. No se bailaba a estilo de los mencionados, tranquila y 
pausadamente, sino a compás de 2 por 4, es decir, al aire de 
ana marcha militar, marcando bien la instrumentación de los 
bajos para dar vigor y energía a la música. Nunca el hombre 
cogía entre sus brazos a la mujer, como en la polka o en el 
vals; pero las posturas y los ademanes que se empleaban ha- 
bían de ser provocativos y desenvueltos, exigiéndose, como 
condición precisa, una gran agilidad para levantar la pierna 
hacia adelante, de tal modo, que la mujer acreditada de can- 
canista, sabía quitarle graciosamente de la cabeza el sombrero 
a su vis- a -vis con la punta del pie. 

Como entonces se usaban faldas de cola y de mucho vuelo, 
la mujer, para bailar el cancán se recogía los vestidos con 
ambas manos, moviendo a compás los brazos, a fin de que 
quedasen libres los pies y las piernas, lo que solía producir al 
espectador cierta impresión voluptuosa. 

El tipo del hombre que bailaba el cancán en el teatro, 
como función, no había de ser afeminado con sus ribetes de 
Narciso mitológico, según se acostumbraba a ver en este lina- 
je de espectáculos, sino que se escogieron figuras de algún re- 
lieve naturalista, como le gendarme o le cuirassier. 

La revelación del cawcáw tuvo efecto , para los habitantes 



360 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

de Madrid, con la marcha a Iok infiernos, de la zarzuela Los 
dioses del Olimpo; desde entonces, el nuevo baile se proclamó 
señor y soberano de la coreografía matritense, dejando venci- 
dos y avergonzados al ole, al jaleo de Jerez, a las boleras y a 
las graciosas seguidillas, que tal cual vez las hacía revivir, 
como suspiro patriótico, la Petra Cámara. 

Sin embargo, debemos hacer constar que nuestras modis- 
tas y sus similares en los diversos oficios femeniles de esta 
capital no bailaron el cancán en los salones públicos; las 
empresas contrataban bailarinas de profesión, extranjeras 
o españolas, que animaban la soirée con un par de quadrilles. 
El elemento genuinamente castizo se había encariñado con 
la habanera, baile tranquilo, de lánguida cadencia, que per- 
mitía sostener secreta conversación al propio tiempo, en la 
seguridad de no perder el compás. Alguna pareja se estaba 
bailando diez minutos sin salir de un ladrillo. No había 
reunión de la clase media donde no se bailase habaneras, ni 
pianista adocenado que no compusiese unas cuantas, ni se- 
ñorita aficionada que no las tocase al piano para hacer su 
presentación en las tertulias de confianza. A estas danzas 
populares se las ponía letra, por lo general amatoria, que 
cantaban las criadas en la cocina a la hora del fregado, y los 
ciegos guitarristas de la calle en las noches de apacible tempe- 
ratura, ante un público numeroso, compuesto en gran parte de 
muchachas que ocultaban bajo el pañuelo de crespón un cuer- 
pecito sandunguero, cuyos nervios, excitados por los sugesti- 
vos compases de la habanera, comenzaban a marcar los vaive- 
nes del baile, con los hombros primero y con los hombres des- 
pués, si no había cerca un guardia veterano que lo prohibiese, 
en representación del Gobernador civil de la provincia. Los 
mantones de Manila y las habaneras constituyen lo único que 
nos ha quedado de nuestro poderío colonial. 






POR CARLOS CAMBRONERO 361 



Si el lector ha seguido con algún detenimiento el curso de 
estas Crónicas, apreciará seguramente la transformación que 
desde 1830 a 1868 sufrieron las diversiones públicas y el cam- 
bio que experimentó el gusto de los espectadores. Aquellos 
dramas románticos de Ferrer del Río, de Gl-il y Zarate, de Zo- 
rrilla y de García Gutiérrez; aquellas traducciones de Víctor 
Hugo que provocaban empeñadas polémicas entre los literatos, 
se desterraron casi del todo, dejando el campo a la comedia de 
costumbres, por la que quebraron lanzas Rodríguez Rubí, 
Eguílaz, Larra, Coupigni, Serra, y sobre todos Bretón de los 
Herreros, paladín decidido que desde el tiempo de Fernan- 
do VII venía trabajando con decidido empeño y propósito fir- 
me para encauzar el teatro por ese camino. 

La labor de Luis Eguílaz, con ser un escritor de bajo vuelo, 
resultó de gran trascendencia literaria, porque con su Cruz 
del matrimonio logró inclinar el ánimo del público en favor de 
un género hacia el que sentía predisposición natural el espíritu 
de la época. El aplauso con que se recibieron las obras de esta 
índole, como El hombre de mundo, de Ventura de la Vega; El 
tanto por ciento, de Ayala, y Lo positivo, de Tamayo, buena 
muestra es del cambio operado, por más que nuestro público y 
nuestros escritores siempre mostraron cierta predilección por 
la comedia, a despecho del drama. Esta idea la atestiguan las 
muchísimas obras cómicas que produjeron los escritores del si- 
glo XVII, y la circunstancia de que, en medio de la decaden- 
cia dramática del siglo xviii, dos escritores esencialmente có- 
micos, D. Ramón de la Cruz y Moratín, fueron los únicos que 
sostuvieron enhiesta la bandera nacional del arte dramático. 

Los melodramas que se representaron durante la primera 
mitad de la época de Isabel II conseguían, sí, conmover al 
espectador hasta arrancarle lágrimas; pero no le dejaban con 
ánimo de presenciar una segunda representación; así es que 
las empresas echaban mano de estas obras en casos de apuro, 
y teniendo necesidad de variar el cartel con frecuencia, pues 
solamente por sorpresa podía hacérsele pasar un rato desagra- 



362 CRÓNICAS DEL TIEMPU DE ISABEL II 

dable al que había formado propósito de divertirse en una fun- 
ción de teatro. 

No es La cruz del matrimonio un dechado de perfección, 
una obra modelo, mucho menos después de la evolución que 
ha experimentado la literatura dramática; pero impresionó 
grandemente al público, y representa un paso de avance y 
una tendencia que otros con mejores facultades han secundado 
luego, introduciendo nuevos resortes, y ampliando la esfera de 
acción en que se desarrollan los argumenios de las composicio- 
nes dramáticas. 

El mismo espíritu de transformación hubo de notarse en 
las actrices y actores; así vemos que Bárbara Lamadrid y 
Carlos Latorre, a quienes podemos conceptuar como personi- 
ficación de la escuela antigua o trágica, se substituyen por 
Matilde Diez y Julián Romea, prototipos en la interpretación 
de la alta comedia; y es que, a despecho de los exclusivismos 
de escuela, el gusto y el modo de pensar de la época se fueron 
apoderando, con misteriosa influencia, de los escritores, de los 
artistas y del público, y en un período de no muy larga dura- 
ción quedó transformado por completo, en este orden de 
ideas, el concepto del teatro. 

Acontecimiento de importancia fue la resurrección de la 
zarzuela, género que, por haberlo dejado caer en el olvido, se 
llegó a creer que no había existido nunca en España. Por for- 
tuna, el público estaba bien dispuesto; salieron libretistas de 
la talla de García Gutiérrez, Ventura de la Vega y Picón; 
maestros compositores como Gaztambide, Barbieri y Oudrid; 
cantantes de buenas condiciones como la Latorre, la Rizo, la 
Elisa Villó, la Bardan, Salas, Caltañazor, Carceller, el tenor 
González y el bajo Calvet; y por último, las empresas pudie- 
ron disponer de un teatro adecuado, el Circo ^ por la amplitud 
del escenario y por la capacidad de la sala, que tenía cabida 
para gran número de espectadores; así es, que en poco tiempo 
el género adquirió el desarrollo necesario; y con zarzuelas como 
Jugar con fuego, de Barbieri; El valle de Andorra, de Gaztam- 



POE CARLOS CAMBRONERO 363 

bidé; El dominó azul, de Arrieta, y Buenas noches, señor don 
Simón, de Oudrid, hubo que reconocerle la categoría de po- 
tencia de primer orden. 

La ópera se reorganizó en este reinado consiguiendo tener 
teatro propio. Debemos, sin embargo, bacer constar que el 
público estaba acostumbrado al espectáculo, pues ya en 1838, 
se cantaban óperas en el teatro de los Caños del Peral] más 
adelante en la Cruz, en el Principe, y, por último, en el Circo 
de la plaza del Rey durante los años de 1842 a 1849; de modo 
que respecto al espectáculo de la ópera, marchábamos a la par 
con las demás naciones de Europa. 

Para la interpretación de estas obras líricas disponíamos, 
en un principio, de cantantes españoles que alternaban airo- 
samente con los extranjeros; ahí está la Prensa de aquellos 
días tributando elogios a la Antonia Campos, a la Leonor Se- 
rrano, a la Cristina Villó. a Salas, a los tenores Ojeda y Láza- 
ro Puig, y a los bajos Calvet y Becerra; pero la zarzuela, al re- 
surgir, acaparó para sí nuestros artistas de canto. 

En la música también hubo transformaciones, pues mien- 
tras al público le satisfacían, por los años de 1830 a 1840, La 
straniera, de Bellini: Semíramis, de Rossini, 5^ Ana Bolena, de 
Donizetti, al terminar estas Crónicas, vemos que aplaude con 
entusiasmo Gli JJgonotti y Roberto il diavolo, de Meyerbeer, y 
Fausto, de Gounod, efecto del nuevo rumbo que habían toma- 
do las aficiones musicales de la gente, comenzando a formarse 
la conjura contra el italianismo. 

Donde esta tendencia aparece más de realce, es en los con- 
ciertos. Los primeros de que hemos hecho mención se reducían 
a sinfonías y trozos de óperas, excepción de los llamados sa- 
cros, en los que sé cantaba o tocaba tal cual pieza clásica; y 
véase la diferencia: Barbieri nos hizo oír, con aplauso unáni- 
me de los espectadores, a Weber, a Mendelshon y al divino 
Beethoven, consiguiendo -dar un carácter enteramente nuevo 
para nosotros al espectáculo llamado conciertos. 

También se progresó, sin ningún linaje de duda, en las di- 



364 ORÓNICAS DEL TIEMPO BE ISABEL II 



versiones acrobáticas y ecuestres, pues desde aquel Circo Olím- 
pico de Mr. Paul Laribeau, que anunciaba al público haber co- 
locado ruedos de estera en el piso para evitar a los espectado- 
res la humedad que en él pudiera haber, porque el local esta- 
ba al aire libre, hasta la elegante construcción del Circo del 
Príncipe Alfonso, hay una diferencia asombrosa. 

Otra circunstancia hemos llegado a observar, y es que las 
conquistas hechas por el público respecto a comodidad y orna- 
to de los locales donde se celebraban espectáculos, no alteró 
los precios de las localidades en modo sensible, salvo en el 
Teatro Real, cuyas especiales condiciones le colocaron fuera 
de la regla común. 

Muchas, variadas e interesantes consideraciones podrá su- 
gerir la lectura de estas Crónicas, comparando la índole y des- 
arrollo de los espectáculos, los géneros literarios en auge, las 
condiciones de los artistas, el gusto, las costumbres y las pre- 
ocupaciones del público, ya dentro de la época a que nos he- 
mos contraído, ya en su relación con la presente; pero como 
esta función de la inteligencia ha de realizarse fatalmente por 
el lector, pues ese acto de crítica comparativa en más o menos 
proporción, es instintivo en el hombre ilustrado, el Cronista 
se abstiene de emitir juicio alguno ante la seguridad de que 
han de hacerlo con más acierto y más a gusto de cada cual los 
que lean estas Crónicas. 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 365 

SEGUNDA SERIE 
neseftas y notlolas. 

I 

EL PERÍMETRO DE MADRID EN AQUELLA ÉPOOA 

Para conocer el perímetro de Madrid en tiempo de Isabel II, 
en vez de seguir las líneas que marcan como límite los planos 
de entonces, hemos creído más práctico, a fin de que el lector 
se forme idea de lo que era la corte, ir determinando, una por 
una, las liltimas vías accesibles al transeúnte en el término de 
la población. 

Hay que tener en cuenta que Madrid, hasta mediados del 
reinado de Isabel II, estuvo cercado de tapias, que no obedecían 
a otro efecto sino a proteger la recaudación de los derechos de 
Consumos. Para el tránsito público había !as siguientes entra- 
das: Puerta de San Vicente, Portillos de San Bernardino, del 
Conde-Duque y de Fuencarral, Puerta de Bilbao, Portillos de 
Santa Bárbara y de Recoletos, Puertas de Alcalá y de Atocha, 
Portillos de Valencia y de Embajadores, Puerta de Toledo, 
Portillos de Gilimón y de las Vistillas, Puerta de Segovia y 
Portillo de la Vega. 

Tomando como punto de partida la Plaza de Oriente, co- 
menzaremos nuestro paseo dejando a la izquierda el Palacio 
Real con sus Jardines del Campo del Moro, que forman parte 
de la posesión, y bajamos por la calle de Bailón hasta llegar 
a la Plaza de San Marcial, donde nos encontramos con el Pa- 
seo de San Vicente, que terminaba en la Puerta del mismo 
nombre, situada al final de esta vía, antes de entrar en la Glo- 
rieta actual (1). 



(1} La Puerta de San Vicente se demolió hará unos veinte años para 
ensanchar aquel paraje, y en lugar de armarla en otro sitio, tal como una 



366 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



El lienzo frontero a las dependencias de Palacio y Campo 
del Moro, que formaban uno de los lados del Paseo de San Vi- 
cente, lo constituía la tapia de la Montaña del Príncipe Pío, 
donde hubo una vaquería que llegó a tener fama en su tiempo. 

En la Plaza de San Marcial existía el Cuartel llamado de 
San Gil por haberse utilizado para el caso el edificio de un 
convento de frailes gilitos. 

La actual calle de Ferraz se abrió al principio de un calle- 
jón que, siguiendo la línea del Cuartel le rodeaba por sus ac- 
cesorias, formando una vía estrecha, tortuosa y en cuesta, que 
desembocaba en la Plaza de Afligidos, hoy de Cristino Martes. 
Dicho callejón, que posteriormente, durante algún tiempo, lle- 
vó el nombre de Quitapesares, se denominaba en 1860 de San 
Marcial, hasta un sitio en que había una rinconada con un 
pasadizo a la altura de un piso principal; desde aquí a la pla- 
zuela indicada se llamaba del Principe Pío (1). 

El actual Barrio de Arguelles se formó hacia 1860, en te- 
rrenos de la Montaña del Príncipe Pío, que lindaban con dicho 
callejón de San Marcial, con la calle del Duque de Liria y con 
el Paseo de San Bernardino, situado ya fuera del Portillo del 
mismo nombre. El E-eal Patrimonio enajenó gran porción de 
terreno de la Montaña para construcciones particulares, cedien- 
do gratis a la villa la parte que se destinaba a vía pública. 
Así, pues, el núcleo de edificaciones comprendido entre las ca- 
lles de Ferraz y de la Princesa es lo que verdaderamente cons- 
tituye el Barrio de Arguelles. 



de las entradas del Parque de Madrid, su piedra se aprovechó en obras 
municipales. Con algunos sillares se formaron los basamentos o pedesta- 
les que para colocar estatuas existen en el Prado por la parte de la Plaza 
de Castelar. 

(1) La plazuela de Afligidos conserva aún dos casas del siglo xviii: la 
señalada con el núm. 5 y la del Conde de Toreno; en nuestra juventud 
conocimos este paraje con los mismos edificios que formaban la decora- 
ción elegida por Moratíu para desarrollar las escenas de su comedia La 
escuela de los maridos. 



POR GARLOS OAMBRONERO 367 



Desde la Plaza de Afligidos arrancaba la calle del Conde- 
Duque que moría en el Portillo de) mismo nombre. 

Al final de la calle del Duque de Liria, en los terrenos que 
pertenecen al Ministerio de la Gruerra, estaba el Hospital Mili- 
tar, un edificio destartalado y feo que había sido en el siglo x viii 
Seminario de Nobles. Junto al Hospital se abrió el Portillo 
de San Bernardino. 

Por el año 1862 se construyó el Cuartel de la Montaña^ y el 
contratista, D. Ángel de las Pozas, aprovechando las circuns- 
tancias favorables al aumento de población por aquel punto, 
formó el barrio que lleva su nombre, construyendo las manza- 
nas de casas que existen entre la Ronda del Conde-Duque y 
las calles de la Princesa y de Alberto Aguilera. Esta dicha ca- 
lle de la Princesa se abrió desde la antigua y estrecha del Du- 
que de Osuna, tomando parte de la del ünque de Liria y el 
Paseo de San Bernardino, ensanchando considerablemente las 
citadas vías públicas. 

Para seguir dando vuelta a la población había que retroce- 
der a la calle del Conde-Duque, en cuyo final estaba el Porti- 
llo de la misma denominación, y próxima a éste la calle de 
San Hermenegildo, que comunicaba con la Puerta de Fuenca- 
rral¡ situada, no al final de la calle de este nombre, sino al de 
la de San Bernardo, junto al sitio donde se construyó el Hos- 
pital de la Princesa. 

Para ir desde la conclusión de la calle Ancha de San Ber- 
nardo a la Puerta de Bilbao, había que tomar la calle de 
Daoíz, rodeando la posesión que fue del Duque de Monteleón; 
seguir las calles de San Andrés y Divino Pastor, saliendo a la 
calle de Fuencarral y actual Q-lorieta de Bilbao, que era donde 
estaba la Puerta. 

Por aquí se iba al Barrio de Chamberí, que es muy antiguo. 
Comenzó por un paseo formado a iniciativa de la Reina Doña 
Isabel Faruesio, a quien le recordaba el paraje un sitio pare- 
cido en el reino de Saboya. En tiempo de Fernando VII se es- 



368 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

tablecieron allí varios tejares; y más adelante se construyeroii 
casas para familias de obreros, contribuyendo a ello en 1847 
el Conde de Vegamar y D. Andrés Araugo, dueño de una mag- 
nífica posesión situada en el Paseo de la Castellana, y conoci- 
da con el nombre de La Chilena, donde jugábamos hacia 1860, 
por las tardes, con otros niños parientes de aquel señor, ya 
bastante viejo cuando llegamos a conocerle. 

En la calle de Fuencarral, la vía accesible para continuar 
el paseo de circunvalación era la calle de la Beneficencia, y su- 
biendo por la de la Florida había que bajar luego por la de 
San Opropio, a fin de entrar en la Plaza de Santa Bárbara, en 
que estaba la Puerta consiguiente. 

Desde aquí se seguía la calle de Santa Teresa, la Costani- 
lla del mismo nombre (hoy calle de Campoamor), la calle de 
Fernando VI, entonces prolongación de la del Barquillo, esta 
misma hasta la de San Lucas, por la que se salía a la de Santo 
Tomé, plazuela de las Salesas y Costanilla de la Veterinaria 
(hoy Doña Bárbara de Braganza), que moría en el Paseo de 
Recoletos. 

El término de Madrid por este lado era la Puerta de Reco- 
letos, situada en la Glorieta de Colón. Esta Puerta, construi- 
da en tiempo de Fernando VI, era airosa y elegante; fue de- 
molida hacia 1863, cuando se ensanchó el Paseo de Recoletos, 
llevándose las piedras de aquélla a un campo erial que había 
junto a la iglesia de San Jerónimo; se aprovecharon algunos 
bloques para obras municipales, y el resto se halla al presente 
en la Pradera del Corregidor sirviendo de asientos. 

El Paseo de Recoletos ofrecía por la derecha casi la misma 
alineación que hoy; pero el lienzo de enfrente avanzaba tanto, 
que hacia su final sólo dejaba sitio para una fila de árboles, 
advirtiendo que el espacio destinado a coches carecía de las 
proporciones actuales. Próximamente por el año 1863 adqui- 
rió el Ayuntamiento los terrenos necesarios para dar ensanche 
y embellecimiento al Paseo por el lado izquierdo, destinando ai 
público varios jardines que aún conservan algunos de los árbo- 



POR CARLOS CAMBRONBRO 369 



les que se plantaron en ellos siendo de propiedad particular. 

Entre la Puerta de Recoletos y la de Alcalá, por la parte 
de las afueras, comenzó a construir el banquero D. 'José Sala- 
manca la barriada de casas que lleva su nombre, y que mere- 
ció desde los primeros momentos, a la inversa de Chamberí, 
ser ocupada por un vecindario elegante. También tuvo efecto 
este ensanche como consecuencia del aumento de población 
que Madrid había experimentado sin romper el antiguo ámbi- 
to, que en esta época casi tenía las mismas proporciones que 
en tiempo de Felipe IV, como puede apreciarse cotejando los 
planos de principios del siglo xix con el publicado por Pedro 
Tejeira en 1656. 

Desde la Cibeles se subía por la calle del Pósito a la Puer- 
ta de Alcalá, y aquí había que volver pies atrás y seguir Pra- 
do adelante a la Puerta de Atocha, que estaba en la línea de 
los números pares de la calle de este nombre y dando frente al 
Paseo de las Delicias. 

Para ir desde la Puerta de Atocha a la Plaza de San Fran- 
cisco, nuestro paseo de reconstitución de límites por el inte- 
rior de la población presenta cierta dificultad, por no hallar 
enlace de vías públicas en línea recta. Así, pues, debemos se- 
guir el siguiente itinerario: Calle de Atocha, Callejón del Hos- 
pital, calles de Santa Isabel, de San Cosme, del Salitre, Ba- 
rranco y calle de Embajadores, calles del Casino, del Vento- 
rrillo, de Mira el Sol, Ribera de Curtidores, calles del Carne- 
ro, del Peñón, Campillo del Mundo Nuevo, calles de la Argan- 
zuela, de los Cojos, cruce de la calle de Toledo, calle de la 
Ventosa, Campillo de Gilimón y calles del Rosario y de los 
Santos a la Plaza de San Francisco. 

El Duque de Sexto, cuando fue Alcalde-corregidor de Ma- 
drid, durante los años de 1857 a 1864, tuvo el proyecto de 
hacer una gran vía que uniese la estación del ferrocarril del 
Mediodía con la Plaza de San Francisco, reforma que de rea- 
lizarse hubiese reportado grandes ventajas a aquella parte de 
la población, saneándola y embelleciéndola. La calle de Ar- 

21 



370 CRÓNICAS DEL TIEMPO DK ISABEL H 

gumosa 68 el principio de aquel proyecto, en mal hora aban- 
donado. 

Saliendo de la Plaza de San Francisco había que tomar la 
calle de San Buenaventura, dejar a la izquierda el palacio y 
jardín del Duque de Osuna (hoy Seminario), atravesar la calle 
de Don Pedro y el Campillo de las Vistillas, bajar la Cuesta de 
los Ciegos, subir la de San Lázaro^ que se ha modificado, y as- 
cendiendo a lo alto de la Cuesta de la Vega, desembocar en la 
Plaza de la Armería, sitio donde se está construyendo la ca- 
tedral, desde donde se pasaba a la Plaza de Oriente, que es el 
punto de arranque para verificar este paseo histórico descrip- 
tivo. 

Ya habrá podido observar el lector las reducidas propor- 
ciones que tenía Madrid en 1860; pues aún hay más que des- 
contar, porque ciertos sitios, como el callejón de San Marcial, 
la calle de la Florida, la Costanilla de la Veterinaria y otras 
vías, hoy muy concurridas, entonces se hallaban solitarias a 
cualquier hora del día. Muchos habitantes de la capital apenas 
tenían noticia de la existencia de estas calles. La animación 
de la gente, de los carruajes, de las tiendas y de los vendedo- 
res ambulantes giraba en una zona muy reducida. En sesenta 
años ha cambiado Madrid de aspecto. 



II 



MODAS 

La dificultad y, al propio tiempo, la monotonía de seguir 
paso a paso todas las transformaciones de la moda, nos han 
inducido a dividir esta reseña en cuatro períodos, determinan- 
do en cada uno de ellos los rasgos característicos que le dis- 
tinguen y diferencian de los demás, dentro de la época a que 
se contraen. 

Así podemos establecer como base de la moda para seño- 
ras, durante el período de 1830 a 1839, el vestido corto, de 



POR CARLOS CAMBRONERO 371 

manera que no se viese más que el pie en las señoras de cierta 
edad, j que no subiera del tobillo en las jóvenes. Se usaban 
enaguas almidonadas y alguna vez de crinolina, para que la 
falda abultase, pero presentando pocos pliegues, lo cual qui- 
taba esbeltez y gracia a la figura de la mujer. La falda era 
lisa y únicamente se adornaba con un delantero formado por 
dibujos a capricho con cintas, puntillas y lazos; el cuerpo se 
llevaba de la misma tela que la falda, y las mangas excesiva- 
mente anchas, ajustadas al puño con un adorno igual que el 
general del vestido. 

En verano se estilaba para visita y paseo un escote recto 
de hombro a hombro, dejando completamente desnudo el bus- 
to de la mujer, como hoy se acostumbra en los bailes de eti- 
queta. 

Estaban en uso los boas de piel, de la misma forma que los 
de ahora; y los llevaban, también, caídos por la espalda, en 
lugar de ponérselos en el cuello, que parece que es el fin para 
que fueron inventados. 

El zapato se usaba bastante escotado, negro o de color, su- 
jeto con galgas que comenzaban en la parte próxima al en- 
franque, por ambos lados. 

Los sombreros eran de tamaño fenomenal. Tenían una 
copa cilindrica bastante pronunciada, dentro de la cual se res- 
guardaba el moño del pelo: esta copa venía a quedar casi per- 
pendicular sobre la cabeza; el ala resultaba de grandes propor- 
ciones por delante y los lados, apareciendo muy reducida por 
detrás; se adornaban con sencillez, utilizando flores, plumas y 
lazos. En la parte inferior del ala, junto al sitio que quedaba 
próximo a las sienes, se ponían dos lazos, de los que pendían 
sendas cintas anchas, que se ataban al descuido delante del 
pecho o se dejaban sueltas con cierta coquetería. 

El sombrero sufre en este período de 1830 a 1839 una 
transformación completa: el cilindro que formaba la copa se 
estrechó; fue bajando de posición por la parte de atrás, y 
abriéndose verticalmente por delante, hasta confundirse con 



372 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

las alas, que quedaron muy reducidas, formando lo que se oo- 
nooe con el nombre de capota. 

Este estilo constituía verdaderamente el concepto del som- 
brero, porque cubría la cabeza dejando sólo libre la cara y la 
entrada del pelo, hasta poco más arriba de la frente. 

La modista más famosa de sombreros en esta época fue 
Mme. Petibon. 

Hacia 1837 se pusieron de moda, para los vestidos, adornos 
de cintas de terciopelo, de más o menos anchura, y combi- 
nándolos con los colores de la falda. 

El chai era una tira larga de tela flexible, bien adornada, 
con flecos, por lo general, en los extremos: se llevaba sobre los 
hombros, algo caído. 

Manteleta: especie de capa muy corta, o esclavina larga, 
que no solía pasar de la cintura, y con un recogido a los lados 
para dejar los brazos libres. 

El largo de la falda fue poco a poco bajando, hasta que, 
sin tocar en el suelo, apenas dejaba ver los pies. 

Durante los últimos años de esta década prevaleció la moda 
de llevar la falda lisa y poco hueca en la parte superior, con 
algún vuelo y con adornos en la inferior; éstos consistían en 
dos volantes o guarniciones grandes, bullones, cintas y lazos 
combinados o plumas, que también estuvieron, de tiempo en 
tiempo, en auge, porque a Cristina le gustaban mucho. 

El peinado, durante este primer período de 1830 a 1839, 
aparece alto, recogiendo el pelo sobre la parte superior de la 
cabeza, y dejando libres el cuello y las orejas. 

Para sociedad se estilaron adornos de cintas o plumas en- 
trelazadas con el cabello-, formando caprichosas combinacio- 
nes y figuras, a veces de un tamaño alarmante por su magni- 
tud. Con sombrero se dejaba la frente libre, formando un ra- 
8Ímo de rizos a cada lado de la cara. 

Los pendientes, grandecitos. 

Las niñas como de diez años llevaban la falda bastante 
larga, con poco adorno, y pantalones de hilo, blancos, lisos. 



POR CARLOS CAMBRÓN KRO 373 

con puntillas al final, cubriéndoles el tobillo; zapatos de color 
con lazos grandes. 

Los niños usaban blusa obscura, larga, que caía hasta las 
rodillas, plegada con un cinturón de charol, cuello vuelto, 
blanco, y corbata de amplias puntas; pantalón claro, largo; 
sombrero de paja o fieltro, de copa pequeña, redonda, con alas 
planas, ligeramente inclinadas por detrás y por delante. 

Loé hombres llevaban levitas muy entalladas de anchos 
faldones, que cubrían la rodilla, el cuello largo y bien caído 
sobre los hombros desde 1Ó36, pues anteriormente se estiló que 
subiera mucho por la parte de atrás, embarazando los movi- 
mientos de cabeza. 

Durante una temporada, en vez de ojales, se llevaron ala- 
mares de pasamanería de seda negra. 

El frac para reunión, siempre negro; el de visitas o paseo, 
cafó o color de pasa obscuro; había estado de moda el azul 
turquí con botón dorado. 

El chaleco, blanco, con cuello recto. 

El pantalón de etiqueta, negro, algo ceñido, sujeto al tobi- 
llo por tres botones, dejando ver la media de color obscuro, 
con zapato de poco tacón, tanto en señoras como en caba- 
lleros. 

El sombrero afectaba la forma de un cono truncado inver- 
tido, con ala estrecha, marcando un ligero reborde en los la- 
dos de ésta. 

Hacía 1837 se abrió en la calle del Caballero de Gracia, 
frente a la del Clavel, una perfumería a estilo de París, con 
escaparate, y decorada en su portada y en su interior con 
cierta novedad. Ofrecía en sus anuncios géneros nuevos, y los 
ya acreditados entre el público elegante, como eran los si- 
guientes, con otros muchos que por abreviar omitimos: Poma- 
das: de tuétano de vaca suiza, de oso del Canadá, oriental y 
circasiana. Aceites: de Rusia, Filocombo, Cachemira y Hielo 
de San Petersburgo. Cremas para el cutis: Venus, alabastro, 
Persia, creand, ambrosina, bengala, corinto y agua de Atenas. 



374 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Extractos: Witiber, geranio, rosa de Italia, reseda, viole- 
ta. Niñón Léñelos, Patechoulí, agua de la Vanda, azahar, Co- 
lonia y Fariña. 

Dentífricos: Charcoral, Ceylán, Orinal, garamaco y miel 
inglesa. 

Perfumes: Polvos de los reyes, de Berlín, Witiber y papel 
chino. 

Por este tiempo se estableció en la calle de la Montera, 
cerca de San Luis, una fábrica de guantes que llamó mucho 
la atención. 

* « 

En el período de 1840 a 1849, la moda hace que cambie por 
completo la estética de la figura de la mujer, mejorándola no- 
tablemente sobre el período anterior. La falda corta y hueca o 
abultada se substituye por otra larga, hasta cubrir los pies, y, 
al principio de esta década, hay alguna tendencia a disminuir 
anchura, puesto que se destierran las crinolinas. Sin embargo, 
buscaban las modistas un efecto plástico, haciendo que el talle, 
bajo y en forma de pico por delante, se destacase sobre el 
arranque de la falda, la cual había de tener, relativamente, 
abultadas proporciones en la parte superior, debido a que los 
paños de aquélla se cortaban casi iguales de arriba a abajo, 
recogiéndolos con frunces o pliegues, más o menos graciosos, 
en la cintura. 

El revistero de La Esperanza determinaba, en Abril de 
1840, las modas para señoras y caballeros del modo siguiente: 

De señora. 

Traje de casa. Bata de casimir azul. Cuello de muselina con 
pliegues muy menudos, y festoneado, rematando en punta. Pa- 
palina de batista guarnecida de encaje y rodeada con una cinta 
de terciopelo azul celeste o rosa. Zapatillas de terciopelo. 

Traje de calle. Vestido de raso color bajo, con dos volantes; 
cuerpo y mangas lisas. Cuello de blonda. Sombrero de raso co- 
lor de caña, guarnecido de blonda. Chai de casimir blanco. No 



POR CARLOS OAMBRONERO 375 

llevando sombrero, mantilla de raso labrado, de colores obscu- 
ros, forrada de blanco, con vivos azules o encarnados entre la 
guarnición y el casco, y en éste ramitos bordados, del color de 
los vivos. Botines (botas) de raso de lana. Puños de encaje. 
Guantes de color de perla o de caña. Un brazalete. 

Traje de sociedad. Túnica de blonda, abierta encima de un 
vestido de raso azul celeste, y recogida sobre un lado por un 
ramo de rosas; otros ramos de la misma flor sostienen el cuer- 
po y las mangas. Aderezo de diamantes o turquesas. Pañuelo 
bordado y guarnecido de encaje. Guante blanco guarnecido 
también de encaje. Adorno de cabeza, con blondas y rosas. 

De caballero. 

Levita color granate o negra, corta (1), con poco vuelo, 
con tiras, y dos hileras de botones, sin ojales en la solapa, y 
el cuello un poco más ancho de lo que se ha llevado hasta 
ahora. 

Frac negro o de medio color, con faldón cuadrado por aba- 
jo, solapa, y cuello de guillotina, redondo, manga estrecha y 
corta hasta el hueco de la muñeca. El frac y la levita, muy en- 
tallados. 

Pantalón claro, de botín, abierto por delante y no muy 
ajustado. 

Chaleco de casimir o raso, abierto de pecho, con cinco oja- 
les en un lado; los más elegantes son de terciopelo blanco: cue- 
llo vuelto. Este se usó estrecho al principio de la década, y 
luego fué ensanchando, menos en el chaleco para frac, que 
continuó, durante una temporada, estilándose el cuello recto. 

Camisa con una tabla en el pecho y un sólo botón, suma- 
mente pequeño. 

Guante de color de caña o negro cosido con seda en- 
carnada. 

Los bastones muy delgados. En 1843 llegaron a usarse jun- 
cos, que no servían para apoyarse. 



(1) Llegaba a las rodillas. 



376 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Se puso de moda el calzado de punta cuadrada. 

En 1843 estuvieron de moda las faldas con tres faralaes o 
volantes grandes, que venían a cubrirla por completo. Tam- 
bién se usó el vestido de seda glacé, color de escarabajo, con 
falda abierta por delante, dejando ver otra interior de museli- 
na. Por esta época,- las faldas eran generalmente lisas; algunas 
se adornaban con delanteros de encaje, que era la última pala- 
bra de la elegancia. 

El cuerpo o jubón, abierto por delante, descubriendo un ca- 
misolín con chorreras. Cuello vuelto. Mangas cortas en verano; 
en invierno algo más largas, dejando ver otra blanca, con puño 
guarnecido de puntillas, que caían sóbrela mano. 

La espalda del cuerpo, tres costuras. 

Sombrero de crespón, raso, terciopelo o paja de arroz, se 
gún las estaciones del año. En este período se generaliza la ca- 
pota, pero de reducidas proporciones; a veces más bien pare- 
cía una papalina que un sombrero. Oímos decir en nuestra ju- 
ventud que no favorecía nada al rostro. La capota blanca se 
adornaba con flores artificiales; la de terciopelo, con pasama- 
nería de oro. En 1848, vista de frente el ala, quedaba comple- 
tamente redonda, de modo que la cabeza de la mujer parecía 
asomada a una claraboya o tragaluz. Principió a usarse en los 
sombreros un velo para cubrir la cara, moda que no tuvo acep- 
tación. 

Mitones negros o de color obscuro, bordados con sedas y oro, 
trabajo que hacían las señoritas en las tertulias de invierno. 

Las sombrillas, pequeñas, con fleco. 

Para abrigo: Paletot guarnecido de piel de marta, con es- 
clavina prendida en la cintura por delante y por detrás, y cor- 
tada en arco por los lados para dejar libre el movimiento de los 
brazos. "El paletot bajaba hasta media falda; algunos eran muy 
holgados y se ajustaban a la cintura por medio de un cordón 
de seda. 

Salida de baile: manteleta grande, con capucha y forros de 
piel de armiño. 



POR CARLOS CAMBRONERO 377 

Los pañuelos de sonarse las narices se llamaban de mano, 
porque en la mano se llevaban constantemente, bordados en 
colores, para visita y paseo; en blanco con flores caladas, para 
soirées. Las señoras guardaban en el bolsillo otro pañuelo, liso, 
con objeto de servirse de él. 

Para caza. Hombres: levita abrochada, corta, que no lle- 
gaba a las rodillas; sombrero de paja o fieltro, de copa redon- 
da, baja, con grandes alas, y polainas. Señora: Vestido corto, 
botines y gorra de terciopelo. 

Para montar a caballo. Hombres: Levita entallada, con 
carteras; chaleco de seda, de color claro, con dibujos; sombrero 
de copa; pantalón gris o perla, con media bota unida, como la 
usaban los militares de caballería. Señoras: Falda larga, de las 
llamadas de amazona, verde botella, cuerpo abierto por delan- 
te, que dejaba ver un camisolín, con cuello vuelto, y corbata 
negra; guantes de gamuza, y sombrero hongo de grandes alas 
con pluma larga rizada. 

Los cuerpos escotados se adornaban con una bertha o tira 
ancha de encaje, que, cosida en la parte superior, caía, cu- 
briendo parte de los brazos, hasta cerca del codo, a manera de 
esclavina, quitando gracia y esbeltez a la figura. 

Para paseo matinal o visitas de confianza, se usaba en in- 
vierno una chaquetilla con faldones cortos, que resultaba muy 
airosa. Como abrigo, el pardesús, que era un gabán, marcando 
algunos ligeramente el talle, con faralaes de tela o blonda en 
la parte inferior. También las manteletas se usaban en el rigor 
del invierno, como se ha dicho, asimilándose algo a la for- 
ma del paletot, merced a combinaciones extrañas y de poco 
gusto. 

En 1849 predominó la moda de los volantes, pues se ponían 
cuatro bien anchos en la falda. 

Se usaban botas de casimir, no muy altas, del mismo color 
del vestido, con bigoteras de charol. Para sociedad, zapatos 
de charol o de raso. 

En el último año citado los caballeros llevaban, para sooie- 



378 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

dad, chaleco negro con botonadura esmaltada o de piedras pre- 
ciosas. 

Para calle o paseo, frac violeta obscuro o café, y cuello de 
terciopelo del mismo color. Levita azul turquí o verde obscuro, 
con cuello de terciopelo. Pantalón estrecho algo acampanado, 
con franja. Se estiló en vez de franja un bordado menudo en 
la costura, pero esto no llegó a generalizarse. 

El sombrero de copa principia a acampanarse por la parte 
superior. 

Entre los jóvenes de buen tono se generalizó otra vez la 
capa, que había estado desterrada de los hombros de la gente 
de forma, como entonces se llamaba al Tiig-life. Lo que predo- 
minaba, para abrigo, era el paletot, entallado o suelto. 






Al comenzar la década de 1860, las faldas aparecen franca- 
mente largas, arrastrando por detrás, capricho que censuraron 
los mismos revisteros de modas. Como las calles no se regaban 
en aquel tiempo, y no era costumbre que las señoras se reco- 
giesen el vestido para andar con desembarazo, la cola de la 
falda levantaba polvo, y esto tenía que molestar necesaria- 
mente a los transeúntes. 

No se ponía a las faldas muchos adornos: seguía la moda 
de los volantes; se llevaban dos, tres, cuatro o cinco filas, de 
mayor o menor tamaño, según el número de éstas. 

Lo que caracteriza esta época es el excesivo abultamiento 
de los vestidos. Para conseguirlo, se usó primero la enagua al- 
midonada, luego hubo de añadirse la crinolina, y después se 
inventó el miriñaque, cuyo apogeo se verifica durante el fin de 
este período y el comienzo del siguiente. El miriñaque era una 
enagua con aros de ballena fuerte, o de esparto tejido, a fin 
de que se mantuviese constantemente hueca. Estos aros se subs- 
tituyeron más adelante por aceros, a fin de dar mayor consis- 
tencia al armazón, consistencia que a veces solía poner en un 



POR CARLOS CAMBRONERO 379 

compromiso a las señoras en sitios donde se aglomeraba con 
apreturas mucha gente. 

Por los años de 1854 a 1856 estaba haciendo furor en el ex- 
tranjero una actriz italiana llamada Adelaida Risfcori (1), que 
logró dar su nombre a varias prendas de la indumentaria fe- 
menil. Pañoletas a la Ristori eran, como su nombre indica, 
unos pañuelos pequeños, de encaje, de tres puntas, una que 
caía por la espalda y dos que se cruzaban con un alfiler sobre 
el pecho. — Abrigos a la Ristori: Grandes y sin mangas, pero 
con una especie de esclavina por delante para sacar los brazos. 

Las mangas de los vestidos no se hacían ni muy anchas ni 
ajustadas al brazo; quedaban cortas hasta el codo, dejando 
asomar otra manga de lienzo con puntillas y encajes. 

El traje de corte en 1859 se componía de cuatro volantes 
de punto de Inglaterra, adornados en la cabecera con sartas 
de perlas. Llevaba una segunda falda, que caía por detrás des- 
de la cintura, formando una larga cola cuajada de bullones de 
tul^de seda armados sobre moirée, para que ensanchase la falda 
todo lo posible. Esta falda, con el indispensable miriñaque, 
venía a ocupar el espacio en que se colocarían hoy tres seño- 
ras holgadamente. 

El moirée antique, que había estado muy de moda, iba ca- 
yendo en desuso a fines de esta década. 

Las manteletas aumentaron de tamaño, y casi se convirtie- 
ron en pardessus. Solían ser de terciopelo, y se adornaban 
con blondas y flecos; unas marcaban el talle en la parte de 
atrás, lo que se conseguía por medio de cintas interiores que 
se ataban a la cintura; otras eran enteramente seguidas, forma 
que daba poca gracia al cuerpo a causa del excesivo vuelo de 
los vestidos. 

Se usaban mucho pañuelos de crespón, de colores, envera- 
no, y los clásicos alfombrados, en invierno, para señoras ca- 
sadas. 



(1) No vino a Madrid hasta 1857. 



380 CRÓNICAS DEL TIEMPO DK ISABEL II 



Los pardessus de 1860 en adelante eran muy largos, con 
escasos adornos y ligeramente entallados. 

La forma de la capota varió mucho; parecía un cono trun- 
cado, cuya parte estrecha sobresalía bastante en la cabeza por 
detrás, quedando la ancha para asomar el rostro. El hueco 
que resultaba entre el ala y los carrillos de la cara se rellenaba 
con flores de mano que constituían un adorno interior del 
sombrero. 

Para campo y viaje se llevan sombreros de paja con una 
copa muy reducida y grandes alas, estilo Pamela, inclinadas 
ligeramente por detrás y por delante. 

Hubo gran predilección por la papalina, que se venía 
usando para casa desde 1830, por lo menos. 

Al comienzo de este período aparecen grandes, y muy ador- 
nadas; de tal manera, que casi se confunden con las capotas 
cuyo tamaño iba ya achicándose. 

Las niñas llevaban el vestido algo más corto que en años 
anteriores, pero no se abandonó la moda de que enseñasen el 
final inferior de los pantalones. Los niños, chaqueta y som- 
brero de ala ancha; los mayores, gorra de terciopelo o som- 
brero de seda como los de copa, sólo que de tamaño muy re- 
ducido. 

Caballeros. Las levitas se llevaban algo cortas, y los faldo- 
nes sin vuelo. Q-abáu sin talle, o capa color castaño oscuro, 
con embozos de terciopelo color cereza. Chaleco abrochado 
hasta el cuello con botones de oro, cornelina, doubló o cual- 
quier metal. 

Para mal tiempo y salir de noche, gabanes anchos, muy 
anchos, que se llamaban Pelisse Raglán^ con cuello grande 
de seda. 

Comenzó a usarse el Mac'ferlane, por otro nombre Carrik: 
era un gabán sin mangas, aun más ancho que el Raglán, con 
unas esclavinas delanteras para sacar y cubrir al propio tiem- 
po los brazos. 

Para paseo, gabanes cortos, que no llegaban a la rodilla, 



POR CARLOS CAMBRONERO 381 

con dos hileras de botones, abrochados hasta el cuello, sin 
solapas. 

Pantalones algo anchos, de cuadros grandes, o lisos con 
franja más o menos llamativa. 

Sombrero grandecito, con algo de campana y ala estrecha. 

Hacia 1866 el chaquet vino a substituir al frac para calle y 
paseo, y quedó desde entonces esta prenda destinada exclusi- 
vamente a la etiqueta. 

Un periódico de Cádiz publicó, en Diciembre del año indi- 
cado, unos versos anónimos que, aunque un poco incorrectos, 
sirven para comprobar la noticia. 

LAMENTOS DE UN «FRAC» 

¿Por qué yazgo 
arrinconado, 
despreciado 
y sin servir? 
El motivo 
de este enfado 
no me es dado 
descubrir, 
¡Qué desaire 
tan extraño! 
¿No es mi paño 
superior? 
¿Y conmigo, 
si ha querido, 
no ha lucido 
mi señor? 
» Hoy me agarran, 

y me miran, 
y me tiran 
con desdén. 
De la moda 
culpa ha sido 
que al olvido 



382 caÓNiOAs dkl tiempo de isabel ii 

así me den. 
¡Ay! La moda 
veleidosa, 
engañosa, 
me perdió. 
Pero ¡cuántos 
a Inz salen 
que no valen 
lo que yo! 
Cierto frac 
asi clamaba, 
que se bailaba 
en un arcón. 
¿Me dirás, 
por vida raía, 
si tenía 
o no razón? 

En Noviem"bre de 1850 se abrió en la calle del Carmen, 
frente a la de la Salud, una joyería, que desde el primer mo- 
mento vino a ser la tienda de moda para las señoras elegantes. 
El dueño, un tal Samper, arregló el establecimiento con todo 
lujo, para lo cual hizo una gran obra en la finca adquirida por 
él con este objeto. El arquitecto que dirigió la instalación de 
la nueva tienda fue D. Juan Sánchez Pescador, quien también 
estaba de moda. 

Poco tiempo después se inauguró en la calle de Carretas la 
guantería de Mr. Doubost, que obtuvo el favor de las señoras. 

* 
* * 

El último período de la época de Isabel II fue, sin ningún 
linaje de duda, el más desgraciado para la indumentaria de la 
mujer, por el mal gusto que predominó en las modas de vesti- 
dos y sombreros. 

Entra el año 1860 reconociendo la supremacía del miriña- 



POR CARLOS CAMBRONERO 383 



que; y no decimos que adquiere éste mayor desarrollo, porque 
había llegado a su apogeo al final de la década anterior. 

Sigue usándose mucho la falda lisa, que resultaba poco ai- 
rosa por las dimensiones de su vuelo. 

Algunos vestidos llevaban adornos en la parte inferior. 
También se estiló una falda recogida sobre un guardapiés de 
otro color, es decir, una sobrefalda más corta. 

Para campo y mañana se comenzaron a usar, hacia 1866, 
faldas que llamaban zagalejos, y, por lo tanto, sin cola, pero 
cubriendo los pies. 

Se pusieron de moda los coseletes o corpinos con canesú de 
tal o de seda distinta del vestido. 

Las taimas, muy largas y con muchos adornos, eran una 
derivación de las manteletas, sin dar salida por los lados a los 
brazos. Con las taimas alternaban los paletots, que venían a 
tener la forma, sobre poco más o menos, que los del período 
anterior. 

Comienzan a usarse las mangas de codo. 

El fichú, que se puso de moda, resultaba una especie de las 
pañoletas a lo Ristori, mencionadas en el período último. 

Para casa y paseo matinal, chaquetas y gabancitos cortos, 
de mucha variedad de formas. 

En 1^64 las capotas presentaban el frente ovalado, dejando 
un hueco en la parte superior, que se rellenaba con adornos de 
cintas o flores. Dos años después se deformó de tal modo el 
sombrero, que quedó reducido a un adorno sumamente peque- 
ño, sujeto bajo la barba con un gran lazo. Para campo y ve- 
rano comenzaron a usarse en 1866 unos sombreritos como los 
de paja que ahora gastan los hombres, pero de un tamaño^di- 
minuto. 

El peinado varió por completo de forma: era de poca altu- 
ra, pero bajo, por detrás, hasta cubrir el cuello, rozando sobre 
la tela de la espalda. 

Las niñas que por su edad llevaban vestido corto, ya no 
enseñaban los pantalones blancos como en los años anteriores. 



384 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



Unas seguidillas, algo chapuceras, publicadas en Los Su- 
cesos de 1866, nos dan idea de algunas modas que nosotros, 
desgraciadamente, hemos llegado a conocer: 

Estílase en el moflo 

una almohadilla 
que las ñiflas sujetan 

con redecilla; 

y por sombrero, 
el soplillo que gasta 

mi cocinero. 
Botitas que se llaman 

a la imperial; 
en el cuello una cinta 

con mucha sal; 

un perifollo, 
que dice al ir flotando: 

sigúeme, pollo. 

En efecto; el pelo, que, como hemos dicho, iba caído por 
la parte de atrás, se llevaba recogido con una redecilla; las bo- 
tas imperiales eran bastante altas, aunque no tenían más de 
ocho botones; y el sigúeme pollo consistía en un lazo que se 
hacía en el cuello, o mejor dicho en la nuca, con una cinta de 
color, de una pulgada, lo más, de ancha, con dos caídas largas 
hasta más abajo de la cintura. Este adorno era exclusivo de 
las muchachas solteras. 

La indumentaria del hombre tampoco fue de buen gusto, 
sin modificar notablemente la moda del período anterior. Le- 
vitas no muy entalladas, como las que ahora se usan, ni tam- 
poco largas, pues apenas llegaban a la rodilla. Chaquets abro- 
chados con un solo botón y bastante cerrados, con faldones 
casi tan largos como los de la levita; gabanes de dos hileras 
de botones, con cuello de terciopelo; pantalones anchos, des- 
cansando sobre el empeine de la bota, donde había de hacer 
arrugas en determinada forma. La capa se había generalizado 
por completo, azul, pasa o cafó, de cuello grande y amplia es- 



POR CARLOS CAMBRONERO 385 

davina, con embozos de terciopelo. Al final del período, el cue- 
llo se achica exageradamente, y lo mismo la esclavina. 

Lo característico de los primeros años de este ciclo es el 
sombrero, que llegó a alcanzar una altura ridicula por lo des- 
proporcionada. El ala llevaba un reborde a los lados, que se 
llamaba dorsé. En 1866 bajó de proporciones, y a la par cam- 
bió el aspecto de las prendas de la indumentaria varonil. Los 
faldones de la levita se acortaron, y en mayor grado los del 
chaquet, de forma que esta prenda resultó verdaderamente 
cursi. 

Los cuellos de camisa se habían usado altos, es decir, dere- 
chos; y entonces comenzó a estilarse vueltos, a la marinera, 
como los llamaban, y muy escotados, moda también que care- 
cía de elegancia. 

El pantalón ensanchó, abotinándose en la parte baja, por 
©1 estilo, aunque de mejor gusto, que lo que al presente se usa 
entre la créme de los organilleros. 

En resumen: el final del reinado de Isabel II es, como ya 
se ha indicado, la época más desgraciada en la indumentaria 
de señoras y caballeros, dando nosotros la preferencia a la dé- 
cada de 1840, cuyo sentido estético resulta más en armonía 
con la naturalidad y la belleza. 



III 



INTIMIDADES DE FAMILIA 

No por referirse a nuestro padre, quien no tiene realce para 
figurar en estas Crónicas, sino por tratarse de personalidades 
ventajosamente reputadas, vamos a contar varias anécdotas, a 
propósito para dar a conocer, mejor que los grandes hechos o 
las producciones del talento, los gustos, las aficiones y el ca- 
rácter de algunos personajes distinguidos en la literatura, en 
el arte o en la política. 



386 CRÓNICAS DEL TIEMPO. DE ISABEL II 

Don Ventura de la Vega. 

Dos jóvenes, un tal Ventura de la Vega y otro tal Pablito 
Cambronero, hallábanse cierto día con alguna escasez de re- 
cursos pecuniarios, merced a causas que aún no se ha podido 
descubrir; pero se sabe positivamente, que ambos habían enta- 
blado relacionen amistosas con una señora que tenía dos hijas 
guapitas a cual más, una rubia y otra morena, que interesa- 
ban el afecto de Vega y de su amigo, no pudiéndose tampoco 
determinar ni los nombres ni el domicilio de las dulcineas (1). 

Es cosa cierta e indiscutible que en los días de Pascua de 
Navidad, hallándose Vega y Pablito de visita o de tertulia en 
casa de la señora de que se ha hecho mención, hubieron aqué- 
llos de ser invitados para una cena, obsequio que aceptaron 
gustosos, ofreciendo, in continenti, Veguita, contribuir con un 
pavo, turrones y vinos. 

La promesa sobrecogió de espanto a su compañero, como 
si hubiera notado que la techumbre de la habitación se les ve- 
nía encima. En el estado, poco halagüeño, de su caja de cau- 
dales, comprendía que era una temeridad aventurarse a hacer 
dispendios cuantiosos y extraordinarios que no podrían reali- 
zarse sin previas operaciones de crédito, siempre onerosas 
cuando no se compensan con una cierta y próxima entrada de 
fondos. Desde aquel momento, Pablito no atendía ya a la con- 
versación; estaba pasando un mal rato, y aprovechó la prime- 
ra coyuntura para dar por terminada la visita, llevándose del 
brazo a su amigo. 

Cuando estuvieron eñ la calle se entabló entre los dos el 
diálogo siguiente: 

— Supongo, Ventura, que al hacer ese ofrecimiento conta- 
rás con recursos para salir de él airosamente. 



(1) También desconocemos la fecha precisa de la anécdota; pero nos 
hemos decidido a incluirla en estas Crónicas por tratarse de escritor tan 
distinguido. 



POR CARLOS OAMBRONERO 387 

El interpelado movió la cabeza en ademán negativo, frun- 
ciendo los labios con ironía, y clavando su mirada penetrante 
en los ojos de Pablito. 

— Y ¿qué vamos a hacer? — replicó éste malhumorado. Acu- 
mulando nuestros capitales podremos reunir para los turro- 
nes y los vinos; pero... ¿y el pavo? ¿De dónde sacamos el 
pavo? 

— Has hecho bien en no dedicarte a escribir comedias: no 
tienes condiciones de autor dramático. Hemos terminado la 
exposición o acto primero. Escucha el recurso que se me ha 
ocurrido para final del acto segundo. Debería contártelo en 
romance endecasílabo; pero, por abreviar, te diré el parlamen- 
to en prosa. A ti te unen lazos de amistad, por ser paisanos, 
es decir, naturales del mismo pueblo, con el jefe culinario del 
Conde de X***, cuya cocina tiene ancho y volado balcón que 
da a cierta callejuela de poco tránsito (1). Al pasar casual- 
mente por ese sitio esta mañana, pude observar que en unas 
cuerdas tendidas al aire entre los hierros del balcón menciona- 
do había colgadas más de diez piezas, entre capones y pavos, 
uno de los cuales podrá ser ofrecido a esas muchachas, previa 
donación del cocinero bajo cuya guarda y custodia se halla 
colocado en unión de los otros compañeros de infortunio. Para 
eso son los amigos. Le cuentas a tu paisano, como tú sabes 
hacerlo, el conflicto social en que nos vemos metidos; y creo 
yo, dada su reconocida amabilidad, que no vacilará en conce- 
derte el apetecido y apetitoso pavo. Calla, Pabiito; ya presu- 
mo la observación que me vas a hacer. Aunque el cocinero 
tenga ese rasgo de munificencia, que sí lo tendrá, ¿cómo sacar 
el pavo a la calle sin que se enteren los demás criados, ni el 
portero, ni cualquier persona que te pudieses encontrar en la 
escalera? Aquí de mis recursos de autor dramático. ¿No te he 
dicho que tengo un final de gran efecto para el acto segundo? 



(1) Dudamos si era la calle de la Paz. 



388 



CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL H 



Decoración de calle. Es de noche. Aparece Veguita embozado 
y se coloca sigilosamente bajo el balcón. Tú, una ve. obtenida 
ia aquiescencia del cocinero, desatas el pavo y lo arrojas a, la 
calle, recogiéndolo yo en mis amantes brazos antes de que Ue- 

^Itó^aprobó el plan, y lo secundó hAbilmente, pudiendo 
realizarse con éxito satisfactorio lo que Ventura llamaba final 

del acto segundo. , . 

El acto tercero, que constituía la cena, se represento sm 

dificultad alguna. 

Don Francisco Asetijo Barbiert. 

Cuentan que Cambronero hubo de casarse, andando los 
afios con una señorita bilbaína que presumía de maestra en el 
1 culinario, y que cuando se ponía el mandil le daba qu.nce 
y raya a la cocinera más primorosa. „ . • ,: 

^ Por este tiempo, un joven pianista llamado Paco Barb.er., 
gastrónomo refinado a tenor de lo que sus recursos le permi- 
C acostumbraba a frecuentar la casa de Pablito, por amis- 
tad que D.* Petra y D. Luciano Martín, madre y padrastro, 
rÍpItivamente, def joven músico, tenían con el matrimonio 

Cambronero. i.^^„^ ol 

Fanny, la hija de éste, aprendía por entonces a tocar el 

piano, y en la casa se hacía música una vez por ^-^^'^^' _^°2 

Lrri ndoD. Pedro Albéniz, profesor del Conservatono de 

María Cristina; Gual.art, un cantante 1- después pertenec 6 

a la Real Capilla; la Amalia Anglés, mas tarde xple de la 

ópera del Teatro del Circo; Soriano Fuertes, maestro oompo- 

sLr- y Florencio Lahoz, otro muchacho pianista, famoso por 

„ obelidad. En el piano de la hija de Cambronero compuso 

Barbieri muchos trozos de una ópera titulada 11 iuon (e«po«. 

,ne no consiguió ver representada, por lo que ap-eoho Ji 

lúsioa para las zarzuelas que escribió en días P»"-' 

principalmente Jugar con fuego y El Marque, de Caravaca. 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 389 

Barbieri era entonces hombre de pocas carnes, aunque no 
flaco, y no correspondía su físico al consumo de alimentación 
que empleaba, pues a cualquier hora del día se hallaba dispues- 
to a aceptar un convite. Frecuentemente prodigaba elogios a 
las especiales dotes culinarias de la esposa de Cambronero, ha- 
ciéndose invitar al almuerzo o a la comida cuando averiguaba 
que aquella señora estaba preparando un plato nuevo o de re- 
conocida dificultad. 

ün día de éstos fue Barbieri invitado a almorzar, y es de 
suponer que el ama de la casa procuraría ofrecer al convidado 
manjares que, en calidad y cantidad, le dejasen satisfecho. 

Conviene advertir al lector, porque es circunstancia muy 
de tener en cuenta para la inteligencia del relato, que en casa 
de Cambronero se almorzaba a las once de la mañana, obli- 
gando a ello las horas que éste tenía de oficina. 

El día de autos, después de haber almorzado muya su gus- 
to, sin ningún linaje de duda, Barbieri se despidió precipita- 
damente de la familia Cambronero, pues había echado en ol- 
vido que estaba convidado a comer, a la una en punto, en casa 
de D. José Ramón Merino, cura de la parroquia del Real Si- 
tio del Buen Retiro, hoy Parque de Madrid. 

Y se supo después que el futuro autor de Pan y Toros ha- 
bía comido de todo lo que salió a la mesa, y que le sentó a las 
mil maravillas el segundo banquete. 

Don Patricio de la Escosura. 

Allá por el año de 1844 hallábase Pablito desempeñando 
la plaza de jefe de la Sección de Pasaportes del Gobierno civil 
de la provincia de Madrid, y aunque el cargo era verdadera- 
mente modesto, tenía cierta responsabilidad, pues los movi- 
mientos políticos, tan frecuentes en aquella época, podían ex- 
poner al funcionario encargado de este servicio a firmar un 
pasaporte en falso, a despecho de su celo y honradez. 



390 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

El pasaporte se hacía de imprescindible necesidad, según la 
ley, a todo español o extranjero residente en la Península, 
para viajar por el interior de ella, salir de los puertos o tras- 
pasar las fronteras; y consistía en un documento donde cons- 
taba el nombre, apellidos, edad, naturaleza, profesión, estado 
civil, señas personales, domicilio de residencia del interesado 
y punto adonde se dirigiese. Se expedía en el G-obierno civil, 
mediante solicitud o instancia, informada por el comisario o 
celador del barrio respectivo, y podía darse uno de estos dos 
casos: que se falsificase el pasaporte en el Gobierno por el en- 
cargado de su expedición, o que se sorprendiese a éste con un 
informe falsificado. 

No van estas consideraciones al tanto de reunir anteceden- 
tes con el objeto de preparar una Memoria sobre el servicio de 
la expedición de pasaportes, sino al de presentar los antece- 
dentes necesarios para que el lector forme idea cabal del suce- 
so que vamos a referir. 

Se nombró Jefe político. Gobernador civil decimos ho}', a 
D. Patricio de la Escosura, hombre de grandes iniciativas, ca- 
pitán de Artillería, retirado, aunque joven, por tener libertad 
de defender sus ideas políticas en la forma y tensión que más 
le conviniera, sin que le cohibiesen las prescripciones de la 
ordenanza. 

Escosura era antiguo amigo de Pablito Cambronero; ha- 
bían representado juntos comedias en una tertulia de confian- 
za, y se profesaban mutua y afectuosa simpatía. 

Sucedió que por las contingencias de la política hubo de 
tramarse una conspiración en la cual figuraba como factor im- 
portante un tal García Caballero, con el que también tenía 
Pablito amistad y confianza de años atrás. Escosura, que es- 
taba a la altura de su cargo, supo desbaratar la conjuración en 
sus comienzos, teniendo los conjurados que ocultarse, a fin de 
burlar las pesquisas de los polizontes, logrando García Caba- 
llero salir de la corte disfrazado de albañil. 

Parece que cierto comisario de policía manifestó al jefe 



POE CARLOS CAMBRONERO 391 

político que si García Caballero había escapado, era porque 
Pablito, el jefe de la Sección de Pasaportes, le había provisto 
de uno falso. 

— Negó supósitum — contestó Escosura en un arranque de 
caballerosidad que recordamos con satisfacción. — Cambrone- 
ro no es capaz de cometer acción semejante. Que traiga la do- 
cumentación de los pasaportes expedidos durante estos días, y 
verán ustedes cómo se encuentra con todos los requisitos el 
que haya aprovechado García Caballero. 

En efecto, se probó que éste había comprado a un pobre 
albañil el pasaporte, informado legalmente por el comisario 
del barrio; pero pedido con toda idea para preparar la fuga de 
García Caballero, en el caso de que abortase la conspiración. 

Al día siguiente se encontraron el jefe político y el de la 
Sección de Pasaportes, al entrar en el Gobierno civil, que se 
hallaba instalado en el antiguo convento de San Martín, calle 
del Arenal, pero más arriba de San Ginós, y Escosura, después 
de estrechar la mano a Cambronero y felicitarle cordialmente, 
le dijo: 

— Yo acostumbro a estudiar a los hombres mientras hablo 
con ellos, y en los juicios que formo acerca de su mérito y con- 
diciones moralesj rara vez me equivoco. 

Doña Concepción Arenal. 

Al fallecimiento de esta insigne escritora, celebró la Real 
Academia Matritense de Jurisprudencia una velada, el 28 de 
Marzo de 1893, en la que hizo el resumen de la sesión D. An- 
tonio Cánovas del Castillo, logrando con el encanto de su elo- 
cuente voz entusiasmar al numeroso público que le escuchaba, 
y eso que comenzó a hablar muy cerca de las doce de la noche. 
Hízose cargo, entre otros extremos, de la noticia, no muy co- 
nocida entonces, referente a que D.* Concepción Arenal, de- 
dicada desde sus primeros años al estudio, con verdadera pa- 
sión, había usado en su juventud el traje masculino, a fin de 



392 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL U 



concurrir libremente a las aulas sin llamar sobre sí la aten- 
ción de sus compañeros de clase; añadiendo, por su cuenta 
D. Antonio, que él recordaba haberla visto vestida de hombre, 
sentada con su marido a una de las mesas del Café del Iris (1). 
Sorprendió a algunos el aserto, ya que por salir de labios tan 
autorizados y en tan solemne momento, no se podía poner en 
duda; y quise yo, al terminar la velada, confirmar las pala- 
bras de Cánovas contando por la calle a mis amigos la verídi- 
dica anécdota siguiente: 

Corría el año 1847, como se decía por los novelistas de la 
época; estaba para casarse la Arenal con D. Fernando García 
Carrasco, y Ultimado ya el expediente matrimonial con todos 
los requisitos canónicamente establecidos, incluso el de la lec- 
tura de amonestaciones, surgió una contrariedad que ninguno 
de los interesados había tenido en cuenta, y que retrasaba el 
día fijado para celebrar el casamiento. Como la novia vestía 
siempre de hombre, carecía de traje y avíos femeniles, y el no- 
vio creyó necesario notificar el caso al párroco que había de 
echarles la bendición, el cual, amparándose en la costumbre, 
nunca para él interrumpida, manifestó que no podía uncir en 
santo yugo a dos personas que por el vestido representaban 
ser del mismo sexo. 

Carrasco, que tenía muy buen juicio, y la Arenal que lo 
tenía mejor, hubieron de dar la razón al párroco; pero la reso- 
lución inquebrantable de éste producía en aquellas críticas y 
especialísimas circunstancias un conflicto de no fácil solución, 
por cuanto estaba señalada para el siguiente día la celebración 
del acto religioso. Así las cosas, encontróse Cambronero con el 
novio en la calle a media tarde, exponiéndole éste el conflicto, 
y la dificultad de resolverlo en el breve espacio de tiempo que 
mediaba desde aquella hora a la mañana siguiente en que de- 
seaban los prometidos esposos recibir la bendición del sacer- 
dote. 



(1) Carrera de San Jerónimo, donde hoy está el Credit Lyonnais. 



POR CARLOS OAMBRONERO 393 

— Pues veo con dolor — dijo Cambronero, — que tanto Con- 
chita como tú os ahogáis en poca agua. Todo se reduce a que 
entre Jos conocimientos de ella busque una señora que tenga 
la estatura y forma de su cuerpo, y le preste para el caso un 
vestido negro, una mantilla y las ropas interiores correspon- 
dientes. 

— Ese ardid ya se nos ocurrió — repuso Carrasco; — pero re- 
pasando en la memoria la relación de las amigas de Concha, 
que no son muchas, no encuentra una cuyos vestidos puedan 
sacarnos del apuro. 

Quedóse pensativo Cambronero, y después de unos instan- 
tes, dando un abrazo a su amigo, exclamó con alegría: 

— Ya tengo resuelto el problema: los vestidos que induda- 
blemente le servirán a Conchita como hechos para ella, son 
los de María Antonia Cañizares, la mujer de Pepito Oló- 
zaga. 

Este Pepito Olózaga era un abogado ya notable, aunque 
joven todavía, pues no contaba más de treinta y tantos años, 
hermano del célebre orador y hombre público D. Salustiano, 
que tanto influyó en la política durante el reinado de Isa- 
bel II. Carrasco, si bien conocía y trataba a D. Salustiano, no 
tenía confianza suficiente para solicitar de su cuñada un favor 
semejante, y mostró algún reparo en acudir a él, por la índole 
especial del asunto, y por el carácter burlón y satírico del que 
había de hacer la recomendación. 

Felizmente para los novios, Cambronero tenía amistad an- 
tigua con el llamado Pepito Olózaga y con su mujer, que era 
una cordobesa de trato excelente; prestóse gustoso a desempe- 
ñar la honrosa comisión de solicitar de María Antonia el ves- 
tido de boda de D.* Concepción Arenal, y despidiéndose cari- 
ñosamente de su atribulado amigo, se dirigió, sin perder 
tiempo, a casa de D. José Olózaga. Al principio recibieron 
como broma la petición; pero convencidos luego de la verdad, 
celebraron el suceso, riendo de antemano las cuchufletas que 
se le ocurrirían a D. Salustiano cuando lo supiese. 



394 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



María Antonia hizo que le trajesen una canasta al gabinete 
donde se hallaban, y ayudada por la doncella, acopló cuidado- 
samente en el cesto, vestido, mantilla, ropa interior de todo 
género y cuantos avíos se conceptuaron necesarios para que la 
novia se presentase bien equipada en tan solemne ceremonia, 
sin que pudiera faltar ningún requisito. 

Satisfecho y gozoso entró Cambronero en casa de Conchita 
con el mozo que porteaba la canasta, y no son para contados 
ni el efecto que produjo el buen resultado de su gestión, ni los 
plácemes que recibió de la que después fue ilustre escritora. 

Terminado el acto religioso, la canasta se reintegró en la 
misma forma a su amable propietaria, y D.* Concepción Are- 
nal siguió vistiendo, durante una temporada, su traje de 
hombre. 

Es probable que alguna vez, en la mesa del café del Iris, 
dedicase un recuerdo al compromiso que la ocasionó su vestido 
boda. 



En la plaza de las Cortes, frente al Congreso, lindando con 
el derruido palacio del duque de Medinaceli, y esquina a la 
calle de San Agustín, había una iglesia que llamaban de San 
Antonio del Prado, por estar cerca de este paseo, o de los Ca- 
puchinos, por haber formado parte del convento que en aquel 
paraje había existido; la entrada a la iglesia hallábase prece- 
dida de un andén o atrio algo elevado sobre la superficie del 
piso de la calle, y al que se subía por una escalinata que, a las 
horas de culto, era invadida por los mendigos, escalonados de 
alto a bajo, acosando con sus lamentos a los devotos que su- 
bían y bajaban del templo. Al cerrarse la verja que incomuni- 
caba la escalinata con la calle, tenían los pordioseros que aban- 
donar su palenque; pero quedaban siempre unos cuantos en la 
vía pública arrimados a los sillares que sostenían el atrio. En- 
tre el número reducido de los mendigos permanentes consiguió 
llamar la atención un niño tullido que, con débil voz, acompa- 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 395 

ñándose a la guitarra, entonaba unas cauciones impropias de 
su edad, y aun del sitio en que se encontraba, por la proximi- 
dad de una iglesia. 

A la caída de una tarde de primavera o de otoño, yendo, 
recién casada D.* Concepoióii Arenal, en compañía de Carras- 
co, su esposo, acertaron a encontrarse con Cambronero ante el 
atrio de la iglesia de San Antonio de los Capuchinos, y casual- 
mente hubieron de oír algunas de las canciones poco edifican- 
tes del niño tullido, lamentando que no hubiera quien le hi- 
ciese aprender cosa más adecuada. 

— Cambronero tiene una hija — exclamó Carrasco, — que 
toca el piano y escribe algunos juguetes musicales; envíale 
unos versos para que los ponga en música, y buscaremos el 
medio de hacer que este pobre niñ.o los aprenda. 

Doña Concepción Arenal y Cambronero aceptaron la pro- 
posición, y a la mañana siguiente recibió Fanny, la composi- 
tora en cuestión, una poesía acompañada de la siguiente carta 
en décimas, que no constituyen modelo en su género, pero que 
se escribieron en breve espacio de tiempo, inspiradas por un 
laudable propósito: 



«Ni el rostro nunca te vi, 
ni sé tu nombre, señora, 
ni al ver que te escribo ahora 
sé lo que dirás de mí. 
No ful yo quien prometí; 
.pero que cumpla es razón, 
ofrecerte una canción, 
alguno que yo bien quiero, 
y el pago no más difiero 
que es deuda del corazón. 

Mas, ¿qué tono emplearé 
para ser de ti escuchada? 
¿Triste? Ignoro si te agrada. 
¿Alegre? Alegre no sé. 
El dolor te contaré 
de un desventurado ser, 



396 CRÓNI0A8 DEL TIEMPO DE ISABEL II 



y podrás compadecer 
sa mal, ¡ay!, harto terrible, 
que no has de ser insensible 
si eres artista y mujer. 

De la música el encanto 
dale a esa pobre canción. 
¡Habla tanto al corazón! 
¡Puede la música tanto! 
Si le das vida a ese canto, 
él excitará piedad. 
Triste es que la humanidad 
le inspire interés mayor 
embelleciendo el dolor; 
pero, aunque triste, es verdad. 

Ese lenguaje del cielo 
préstale al pobre tallido, 
y alguno, compadecido, 
le dará pan y consuelo. 
Si osa el atrevido vuelo 
en alas del genio alzar, 
y sabe inmortalizar, 
y guerras y amores canta, 
también la caridad santa 
puede al artista inspirar.» 

Fanny Cambronero, que únicamente solía componer valse- 
citos y polkas fáciles para sus amigas, se lamentaba del com- 
promiso en que la había puesto su padre, pues se reconocía 
ella misma siu las condiciones de maestro compositor que el 
caso requería. A duras penas compuso la caución, con la ayu- 
da de un antiguo condiscípulo suyo, llamado Paco Barbieri, y, 
puesta en limpio la obra, se la llevaron a D. llamón Carnicer, 
quien hizo algunas correcciones; pero la caución tenía un mal 
de origen: la falta de inspiración de la autora, y resultó una 
vulgaridad musical, a pesar de haberla corregido dos maestros. 
El niño tullido la aprendió, y los transeúntes que se detenían 
a escucharla no supondrían que aquellas estrofas habían sido 
escritas por D.* Concepción Arenal. 



POR CARLOS a AMB RONERO 397 



Don Melchor Ordóñez. 

Era nn hombre de mucho carácter y aficionado a las refor- 
mas. Siendo Gobernador civil de la provincia de Madrid, ideó 
establecer en el Asilo de Niños desamparados^ fundado a ñnes 
del siglo XVI, en la calle de Atocha, esquina a la Costanilla, 
que aún conserva el nombre de la primitiva fundación, un Hos- 
pital de hombres incurables, y sin contar con recursos para ello, 
dispuso que los niños se trasladasen al Hospicio, ofreciendo a 
Isabel II abrir el nuevo establecimiento el día 10 de Octubre, 
fecha del cumpleaños de la Reina. 

El IB de Agosto de 1852, que es el año a que se refiere este 
episodio, fue D. Melchor llamado a ocupar un puesto en los 
Consejos de la Corona como Ministro de la Gobernación, y ha- 
biéndole recordado S. M. a fines de Septiembre la idea del es- 
tablecimiento del Hospital cuyo título de Nuestra Señora del 
Carmen fue indicado por la misma Reina, si no recordamos 
mal, el Ministro formó el propósito de cumplir su palabra ven- 
ciendo todos los inconvenientes. 

Estaba de director del asilo Pablito Cambronero, y don 
Melchor, con su autoritario carácter, sin dar oídos a observa- 
ciones ni argumentos, por razonables que fuesen, dispuso que 
el Hospital se inaugurase el día fijado, facultando al Director 
para que, por cuantos medios estuviesen a su alcance, pero sin 
darle un ochavo, dispusiera lo conveniente a fin de realizar 
aquella ceremonia con las formalidades acostumbradas en se- 
mejantes casos. 

El milagro se realizó con asombro del mismo D. Melchor. 
Cambronero mandó fregar con toda pulcritud los pisos; impro- 
tísó, en el gran patio del edificio, un jardín con plantas y ma- 
cetas prestadas por el Ayuntamiento; colocó en las enferme- 
rías un par de docenas de camas que para el solo acto de la 
inauguración había cedido, de los almacenes de la Ad-ministra- 
ción militar, el Capitán general del distrito, y distribuyó artís- 



398 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE I8ABKL II 

ticamente por el establecimiento varias Hermanas de la Cari- 
dad, que no tenían ni silla en qué sentarse. 

La Reina salió muy complacida, el Ministro recibió muchas 
felicitaciones y prometió a S. M. que el 19, día de Santa Isa- 
bel, se celebraría dando entrada en el Hospital a 40 pobres in- 
curables. 

Aquí comenzaron otra vez los apuros para el pobre Direc- 
tor. Le entregaron, sí, una cantidad que apenas bastó para la 
adquisición de camas y demás utensilios necesarios; así es que 
Cambronero fué a exponer a Ordóñez la dificultad de realizar 
la promesa por falta de fondos. 

— Para eso le he puesto a usted ahí — replicó el Ministro; — 
para solventar las dificultades; y le advierto que como el día 
del santo de la Reina no queden admitidos y durmiendo en el 
Hospital los 40 pobres que le enviará a usted la Junta de Be- 
neficencia, le dejo a usted cesante. 

Y D. Melchor era muy capaz de hacerlo. 

Cambronero se echó a pedir limosna como un fraile mendi- 
cante, consiguiendo el día 18 por la tarde que el Duque de 
Medinaceli le diera una onza de oro y otra el Duque de Rián- 
sares, a cuya munificencia se debe el primer caldo que tomaron 
los pobres del Hospital de Nuestra Señora del Carmen. 

Un dato para la historia de la Beneficencia. 

El Duque de Sesto. 

Cuando en 1857 nombraron Alcalde-Corregidor a D. José 
Ossorio y Silva, Duque de Sesto, fué Cambronero a darle la 
enhorabuena, pues le conocía y trataba por auiistad y protec- 
ción que le había dispensado el Marqués de Alcañices, padre 
de la nueva autoridad municipal de la Corte; y la visita tenía, 
en honor de la verdad, un doble carácter que podríamos cali- 
ficar de interesado, porque el Duque había prometido a Cam- 
bronero, empleado cesante del Ayuntamiento, darle otra vez 
entrada en la Casa de la Villa cuando hubiese ocasión propi- 



POR CARLOS CAMBRONERO 399 

cia, encomendándole el Negociado de Estadística y Empadro- 
namientos, cuyo servicio era uno de los que el joven y activo 
Corregidor pensaba reorganizar. 

Eligió Cambronero la hora del almuerzo, por ser la más 
segura de encontrar en casa al Duque, que habitaba un pala- 
cio de grandes comodidades en su interior, pero no de lujosa 
apariencia, situado en la calle de Alcalá, esquina al Prado, 
donde hoy se alza el suntuoso edificio del Banco de España. 

Encontró Cambronero a su protector rodeado de algunos 
amigos aristócratas, convidados por éste al objeto de celebrar 
su exaltación a la Alcaldía-Corregimiento. Había pasado la 
hora fijada para el almuerzo, y se notó que faltaba uno de los 
invitados, el Duque de Tamames, quien minutos después llegó 
pidiendo mil perdones y disculpando su tardanza. Cuando supo 
que era el último en llegar, se le ocurrió contar el número de 
los'asisteutes, y acercándose sigilosamente al oído del anfitrión 
le dijo en el tono de voz de quien va a revelar un secreto: 

— Pepe, ¡somos 131 

— ¿Trece? — repitió el aludido, tomándose tiempo para refle- 
xionar. — Creo que has sacado mal la cuenta. Rectifiquemos. 

Y contaron nominalmente los convidados, que, en efecto, 
eran 13; pero el Duque de Sesto, con la viveza de imagina- 
ción que le caracterizaba, había encontrado ya la solución del 
conflicto, y exclamó sonriendo: 

— Somos 14 con Cambronero, el futuro jefe del Negociado 
de Empadronamientos. 

Cambronero no desperdició aquella oportunidad, y aprove- 
chando sus especiales condiciones do cuentista, refirió, de so- 
bremesa, una serie de chascarrillos de varios colores, que hi- 
cieron reír grandemente a los comensales, prometiéndole to- 
dos no dejar de la mano al Duque hasta que le diese la 
colocación ofrecida. 

Y a los pocos meses se cumplió la promesa. 



400 CRÓNICAS DEL TIEMPO DB ISABEL II 



IV 



EXPOSICIONES DK PINTURA 

La Academia de Bellas Artes de San Fernando tenía por 
costumbre o por obligación, si así constaba en el Reglamento 
de los estudios que estaban a su cargo, exponer al público, en 
el mes de Setiembre de cada año, las obras premiadas en los 
concursos de los jóvenes que se dedicaban a la pintura, y con 
un celo que nunca nos cansaremos de elogiar, convocaba, por 
medio de anuncios, insertos en el Diario de Avisos, a los aficio- 
nados y pintores de profesión para que llevasen sus cuadros a 
las salas de la Academia, exponiéndolos, a la par, gratuita- 
mente. 

El local no reunía aquellas condiciones de luz y de ampli- 
tud que hubiera sido de desear; los expositores tenían que lle- 
var por su cuenta caballetes para la colocación de los cuadros 
que presentaban, y cuando se habían ocupado los sitios desti- 
nados al objeto, los últimos lienzos que llegaban, o los de es- 
caso mérito, eran bajados al patio, desafiando las iras del cielo 
— como dice Mesonero Romanos. — C,on todos estos inconve- 
nientes, la Academia merece un voto de gracias, porque, bue- 
no o malo, proporcionaba local donde exhibir las obras de los 
que no tenían otro medio de darlas a conocer. 

De esta manera embrionaria nacieron en Madrid las Expo- 
siciones de Bellas Artes, y ya supondrá el lector la escasez de 
cuadros que en ellas habría, tanto por el decadente estado de la 
pintura española en aquella época, como por el poco estímulo 
y protección que los aficionados encontraban en el Gobierno y 
en los particulares. 

Veamos ligeramente lo que fueron algunas de estas Expo- 
siciones: 



POR CARLOS CAMBRONERO 401 

Exposición de 1836. 

Don Vicente López presentó cuatro retratos: uno de la Rei- 
na Doña Isabel II, otro de Doña María Cristina, otro del señor 
Liñán, Comisario de Cruzada, y otro del Sr. Sepúlveda, Direc- 
tor de la Casa de Moneda. En todos se admiraba el colorido y 
la perfección del dibujo; pero en los de la Reina y su madre 
dicen que había falseado un tanto las facciones, quizá con el 
fin de halagar a los originales. 

Más parecido se encontró en el retrato que de Isabel 11 ha- 
bía presentado Federico Madrazo. 

De la Reina hubo otro retrato más, debido al pincel del jo- 
ven Carlos Luis Rivera, a quien se elogiaba mucho. 

Yillamil llevó a la Exposición catorce cuadros: Antiguo to- 
rreón árabe o Iglesia de la Feria, en Sevilla; Ruinas y molinos 
en Alcalá de Guadaira; Catedral de Sevilla por el lado de las 
gradas; Interior del claustro de San Juan de los Reyes, de Tole- 
do, Vista general de Toledo desde la Cruz de los Canónigos; La 
calle Ancha, en Toledo; El Castillo de San Cervantes, de Toledo, 
desde los Molinos; Alcalá la Real; Fragmento de Granada; Fa- 
milia de gitanos; Paisaje; otro para un reloj; Vista de Alcalá de 
Guadaira, y Aspecto actual característico de las ciudades ára- 
bes de España. 

La nueva revista que había salido aquel año, titulada /Sema- 
nario Pintoresco, elogi&ha, a Villamilpor su extraordinaria labo- 
riosidad, y por el patriótico celo con que, sin aliciente alguno, 
se dedicaba a trasladar al lienzo nuestras riquezas naturales y 
artísticas, visitando, a su costa, los pueblos que las contenían, 
aun con el triste convencimiento de no tener otra recompensa 
que el aprecio de los inteligentes. 

Jenaro Pérez Villaamil, con dos aes, como él se firmaba, 
ha sido uno de los pintores más fecundos del siglo xix, pues 
Ossorio y Bernard calcula en ocho mil el número de cuadros 
que pintó en un período de veintidós años, que es lo que abarca 
su vida artística. Principalmente se dedicó a paisajes e interio- 
re 



402 ORÓKIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

res, embelleciendo o falseando los originales para hacerlos más 
agradables, defecto que hoy no se le perdona, y que entonces 
fue la causa de la gran aceptación que tuvieron sus obras. 

Rafael Tejeo. Diana sorprendida en el baño; Lucha de Hér- 
cules y Anteo, que gustó por «el profundo estudio anatómico 
que se podía apreciar en los escorzos de las dos figuras y la se- 
veridad del estilo». 

José Elbo. Un majo, Un picador. Dos toros y varios retra- 
tos, todos de buen colorido y correcto dibujo, pero acusando 
cierta frialdad. Tenía el estilo de Alenza, lo cual no era un de- 
fecto, sino una ventaja. 

José Gutiérrez. Vn. paisaje, celebrado por los inteligentes; 
y los retratos de Romea, Matilde Diez, Carlos Latorre, José 
Valero y Ventura de la Vega. 

En la Exposición que hizo el Liceo Artístico, en 1837, pre- 
sentó una Venus, de tamaño natural, que tuvo que retirar a 
los pocos días, porque los concurrentes se escandalizaban de 
ver una figura desnuda. A ese extremo se había llegado. Di- 
cen que tenía brillante colorido y buen dibujo. 

Bernardo López, hijo de D. Vicente. Copia de un Cristo d» 
Juan de Juanes. 

Luis López, hermano del anterior. Un dibujo representan- 
do la figura de Héctor. 

Teresa Nicolau. Miniatura de Petrarca. 

Señorita Montufar. Dibujos. 

Don José Abrial. Cinco vistas de Madrid, que eran: El Mu- 
seo; Madrid desde el camino de Castilla; Madrid por el lado de 
San Francisco el Grande y la Costanilla de San Andrés. 

Gutiérrez, hijo. Combate de guerreros antiguos, cuadro que 
revelaba excelentes disposiciones en su autor. 

Alenza. Manolas; Un suplicio y Asesinato e información ju- 
dicial. Los cuadros de Alenza se distinguen por un «estilo gra- 
cioso y franco, a la manera de Goya, conocimiento del cla- 
roscuro, frescura y verdad, pero a veces con alguna pequeña 
incorrección en el dibujo». 



I 



POR CARLOS GAMBRONERO 403 

José Ferrán, Helvira y Abelardo; Laura y Petrarca, mi- 
niaturas. 

Ugalde. Cuatro retratos. 

Rosario Weis (1). Copias de Las lanzas, de Velázquez, y de 
la Maja vestida, de Groya, 

Exposición de 1837. 

«Unos cuantos nombres — decía un crítico, — ya conocidos 
del público, que pueden muy bien contarse por los dedos, son 
los encargados de sostener la Exposición; y de tal manera, que 
cada uno de ellos está seguro de no competir más que consigo 
mismo. López sabe que a la corrección de su dibujo, a la eje- 
cución de sus paños, ropas y detalles, ninguno llegará; Villa- 
mil se presenta; en posesión de su puesto de primero, de único 
paisajista; Madrazo lleva sus cuadros a la Academia sin temor 
alguno de que haya parangón para la transparencia de sus co- 
lores, para el romanticismo de su paleta; Esquivel coloca los 
suyos con la fundada vanidad de haber dado un gran paso en 
su carrera desde la última Exposición, pero sin devolver los 
ojos en busca de algún rival de su estilo, de^lgún imitador de 
su manera, porque de no encontrarle está seguro.» 

En esta Exposición el cuadro que sobresalió, sin distingos, 
fue el retrato del erudito académico T>. Martín Fernández 
Navarrete, pintado por D. Vicente López. «Madrid todo — dijo 
un revistero — ha admirado la extraordinaria semejanza, la 
corrección del dibujo, y aquella verdad en los detalles que hace 
confundir, por valemos de una expresión vulgar, lo vivo cou 
lo pintado.» 



(1) Era sobrina de Goya,'y quedó huérfana siendo niña, confiada al 
cuidado del famoso pintor; a la muerte de éste, tuvo que dedicarse a co- 
piar cuadros, al óleo y al lápiz, para atender a su subsistencia. En 1842 
fue nombrada profesora de dibujo de la Reina Isabel, falleciendo al poc« 
tiempo. 



404 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

A este propósito escribía D. Juan Nicasio Gallego en el 
periódico El artista: 

«Muchos quisieran que siguiendo López la máxima de los 
maestros de la antigua escuela española, recargase menos sus 
retratos de brillantes accesorios y dijes, que, distrayendo la 
atención y privando, hasta cierto punto, a los cuadros del con- 
siguiente reposo y armonía, perjudican el efecto y vigor de 
las cabezas. Lo vituperable es que los accesorios sean excesi- 
vos en número por la confusión que inducen; y el arte y gusto 
del profesor consiste en saber templarlos y subordinarlos al 
tono general del cuadro, y particularmente, al de las partes 
principales de las figuras; mas si los accesorios están elegidos 
y dispuestos con sobriedad y tino, si contribuyen con la acer- 
tada contraposición de sus tintas y sus luces, que es lo más di- 
fícil, al acorde reposo y armonía del cuadro; y si en el esmero 
de su ejecución no se advierte timidez ni fastidio, este esmero 
es una perfección más, y sólo la pasión o el capricho pueden 
hallarlo reprensible. La propensión dé López a no escasear en 
sus retratos los accesorios, nace de dos causas que redundan en 
elogio de este profesor: una, el deseo dé complacer a los origi- 
nales, y en especial a las señoras, que no quedan contentas si 
no se las pinta engalanadas con todos los dijes y floripondios 
de su tocador; otra, la admirable verdad con que sabe repre- 
sentarlas. El oro, las plumas, el nácar, las pieles, la pedrería, 
salen de su paleta con tan cabal imitación, que se equivo- 
can y confunden con la realidad misma. ¿Cómo, pues, se ha 
de extrañar que se complazca en excitar nuestra admiración 
con el efecto verdaderamente mágico de sus pinceles?» Esta- 
mos conformes con las apreciaciones de D. Juan Nicasio Q-a- 
llego. 

Villamil presentó Una vacada, y una Vista de la Catedral de 
Oviedo en el siglo XVI, en el acto de la procesión del Corpus. 
Se elogió la minuciosidad con que había copiado los detalles 
de la arquitectura gótica del edificio, y la gracia con que esta- 
ban pintadas las figuras del cuadro. 



POR CARLOS CAMBRÓN ERO 405 

Elbo. Una torada en la dehesa de la Muñoza, paisaje de 
distinto género que el de Villamil. 

Federico Madrazo. Tres retratos: el de la marquesa de Vi- 
llagarcía, el de la señorita Virginia Eaton, en disposición do 
tocar el arpa, y el de D. Juan Nicasio Gallego. 

José Abrial. Cuatro paisajes pequeños, que fueron algo dis- 
cutidos. 

Antonio Esquivel. Seis apóstoles, con «reposo y armonía 
en sus tintas, vigor en el colorido, nobleza en las actitudes y 
expresión en la cabeza, aflojando un tanto el dibujo en los ex- 
tremos». Aquí figuró su obra maestra, hasta entonces, el gran 
cuadro de la Transfiguración. 

Teresa Nicolao. Copia, en miniatura, de la Virgen del Fe' 
rrato. 

Rosario Weis, copia, al lápiz, de un cuadro de Groya. 

Ramón Vives. Un Guarda de campo, dormido. 

Calixto Ortega. Retrato de señora. 

El Semanario Pintoresco publicó, grabados en madera, re- 
producciones del retrato de Navarrete, de la Vacada, de Villa- 
mil y de la Transfiguración. Las láminas, exceptuando el re- 
trato, son muy medianas; pero la referente al último cuadro, 
aun así, da una idea exacta de la composición, que es esencial- 
mente académica, inspirada en la pintura mística del siglo xvu. 

Exposición de 1838. 

Como ya se ha dicho, poco variaba el personal artístico 
que concurría a estas Exposiciones; López, Madrazo (padre e 
hijo), Tejeo, Villamil, Elbo, G-utiórrez, Esquivel, Carderera y 
algún otro, eran los que tenían monopolizado el cultivo del 
arte en la corte. 

En esta Exposición hubo una novedad: la Reina Goberna- 
dora Doña María Cristina concurrió con dos copias, respecti- 
vamente, de Murillo y Guido Renni, que inducían a reconocer 



406 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE IBABEL 11 

la buena voluntad del jefe del Estado, en favor de las Bellaa 
Artes. 

Don Vicente López presentó un cuadro de composición re- 
ligiosa, Nuestra Señora de los Desamparados acogiendo a va- 
riospobres. «En este lienzo, decían, descuella el atrevido ge- 
nio de López y la índole particular de su pincel, la gracia y 
el acierto en disponer una composición, y expresarla con una 
prodigalidad en los detalles, una brillantez y frescura en el 
colorido, que producen un conjunto halagüeño y hacen cerrar 
la boca al más rígido preceptista.» 

Don José Madrazo. Asalto de Montefrio por el Gran Capi- 
tán, El cuadro gustó mucho, pues entonces, ni el Gobierno ni 
los particulares encargaban obras de asuntos históricos. Se 
alababa el partido cyie supo sacar de un lienzo de pequeñas 
dimensiones para pintar figuras de tamaño natural. Quizá 
los que hoy vean el cuadro señalen esto como un defecto de 
composición. El Semanario Pintoresco trae un grabado de la 
pintura, 

Tejeo. Retrato de un particular a caballo. Lo elogia la 
Prensa. El Salvador del mundo, «media figura llena de noble- 
za y dignidad». 

Gutiérrez. Tres retratos: la Reina Gobernadora^ la Mar- 
quesa de Villagarcia y la señora de Montufar. Se notaba en 
este pintor inclinaciones murillescas. 

Vicente Carderera. La Prudencia y la Hermosura, «bella 
composición que está llena de poesía, y recuerda el gran estilo 
de los insignes maestros de la escuela italiana. Tiene buen co- 
lorido y armonía, y bastante fuerza de claroscuro. El dibu- 
jo, especialmente en la figura de la Prudencia, es de suma se- 
veridad y corrección, y el carácter de fortaleza impreso a su 
fisonomía contrasta agradablemente con la dulzura y candi- 
dez de la otra figura, que parece luchar entre el espejo que la 
pinta su actual gloria y la rosa deshojada que la predice su 
porvenir». Además, presentó Carderera varios retratos, entre 
ellos los de las Marquesas de Malpica y Branoiforte. 



POR CARLOS CAMBRONERO 407 

Federico Madrazo. Retrato del marqués de Branciforte a 
caballo. 

José de la Revilla. Caín y su familia después de la maldi- 
ción celestial. El Semanario Pintoresco trae un grabado que nos 
obliga a tener poca benevolencia con la composición de la 
obra. 

Ricardo Bucelli. Copia de la Santa Isabel, de Murillo, y 
del Sa7i Sebastián, de Muñoz. 

Esquivel, que estaba fuera de Madrid, sólo presentó los re- 
tratos de cuerpo entero y tamaño natural, de Isabel II y die la 
Infanta Luisa Fernanda. 

Antonio Cabana. Retrato de D. Basilio Sebastián Castella- 
nos^ escritor y arqueólogo. 

Pedro Kuntz. Retrato del diputado Sr. Lujan. 

Rosario Weis. Dibujos al lápiz. 

Jenaro Pérez Villamil presentó diez cuadros: Fragmento de 
fortificación árabe; Sepulcro del Cardenal Cisneros, en Alcalá de 
Henares] Costado del crucero del convento de San Juan de los 
Reyes, en Toledo, en el momento de estar oyendo un sermón un 
público numeroso. La batalla de Arlaban, dos cuadros que re- 
presentan aquel hecho memorable de la guerra carlista, reali- 
zado el 24 de Mayo de 1836; Interior de la catedral de Sevilla, 
y Vista de la Giralda, desde la calle de la Borceguinería; La 
marcha de una división (costumbres militares); Baile en el 
campo (orillas del Guadalquivir), y Una escena de ladrones. 

Villamil (Juan), hermano del anterior. La comunión y Re- 
parto de sopa a los pobres a la puerta de un monasterio. 

Vicente Camarón, Dos paisajes. 

Alenza. Caprichos. El más notable, y que consiguió llamar 
poderosamente la atención, fue el Avaro moribundo, por la gra- 
cia y filosofía de la composición. 

Quizá este certamen fuera el que inspirase a nuestro amigo 
y maestro D. Ramón Mesonero Romanos su lindo artículo La 
Exposición de Pinturas, publicado en los días en que ésta se 
estaba celebrando. No contiene apreciaciones artísticas: se li- 



408 CRÓMICAS DEL TIEMPO DE ISABEIL II 

mita a delinear con tino e ingenio los diferentes tipos que acu- 
dían a ver los cuadros de la Exposición. Hablando del edificio 
donde ésta se celebraba, dice: «Fue construido con destino a 
Estanco del tabaco, hasta que el Sr. D. Carlos III (de gloriosa 
memoria) dispuso estancar en él cosa de más interés, reunien- 
do para ello, con la mejor intención, naturaleza y arte bajo un 
techo (1), como dice la inscripción de la puerta; con lo cual, y 
desde entonces, permanecen alli estancadas , estrechas y sin 
poder medrar.» 

Exposición de 1839. 

Los cuadros que más gustaron al público este año, fueron: 

Una copia, hecha por Cayetano Palmaroli, del cuadro de 
Claudio Coello la Santa Forma, que se conserva en la sacristía 
del monasterio de El Escorial. 

Escenas de figón, cuadro del género de Teniers, por Vicen- 
te Camarón. 

Bandolero andaluz contemplando la cabeza de un compañe- 
ro decapitado. De Rafael Tejeo. Se alabó mucho. 

Aparición de dos ángeles a Godofredo de Bouillón, por Fe- 
derico Madrazo. 

Don Rodrigo Calderón marchando al suplicio, por Carlos 
Luis Rivera. 

De estos dos últimos cuadros, presentados anteriormente en 
la Exposición de París de aquel año, había dicho D. Leopoldo 
Augusto de Cueto, en el Semanario Pintoresco de 19 de Mayo, 
lo siguiente: 

«El Sr. Madrazo, que, a pesar de su calidad de extranjero, 
desfavorable, por más que se diga, en la capital de la culta 
Francia, logró en la Exposición última la medalla de oro, hizo 
formar tan ventajosa idea de su habilidad a los profesores 
franceses, que el Gobierno le encargó un cuadro para colocarlo 
en la Sala de las Cruzadas, una de las nuevas que se están pre- 



(1) El Gabinete de Historia Natural y la Academia de Bellas Artes. 



POR CARLOS CAMBRONERO 409 

parando en el suntuoso Museo de Versalles. Representaba este 
cuadro la Coronación de Godofredo de Bouillón como rey de Je- 
rusalén, y sin embargo de baber tenido que acomodar su com- 
posición a medidas dadas y poco ventajosas al asunto, fue 
aquella tan feliz, que obtuvo general aceptación. Alentado por 
este nuevo triunfo, resolvió pintar un cuadro de tamaño semi- 
colosal para la Exposición de este año, tomando también el 
asunto de las tradiciones de las Cruzadas, recogidas por Mi- 
chaud, y eligiendo por héroe a Godofredo de Bouillón. 

«Consiste el asunto en la Aparición de dos ángeles que ins- 
piran a Godofredo la idea de ponerse al frente de los ejércitos 
cruzados para dar nuevo impulso a la conquista del Santo Se- 
pulcro. Godofredo los escucha de rodillas, y se lee en su sem- 
blante y en su ademán la exaltación de la fe y el recogimiento 
de la devoción. El asunto y la composición nos parecen en alto 
grado felices, no sólo por su sencillez y buena disposición, sino 
porque demuestran además que el autor ha entendido el gusto 
del público francés, inclinado ahora a los asuntos fantástico- 
religiosos. El colorido, si bien fresco y puro, no es tan brillan- 
te y esmaltado como el del bello y conocido cuadro del Gran 
Capitán, y es de admirar sobre todo la diferencia que se ad- 
vierte en la manera empleada para pintar los ángeles y el Go- 
dofredo. Son aquéllos seres ideales, indefinibles, celestiales; y 
éste el rudo guerrero de la Edad Media. Aquéllos recuerdan, a 
nuestro entender, la manera, aunque no el colorido, de Muri- 
Uo; éste, el vigor y valentía de Velázquez.» 

De Rivera decía Cueto, con referencia a la citada Exposi- 
ción de París de 1839: «Ha presentado tres cuadros. El más no- 
table es el que representa a Don Rodrigo Calderón en el acto 
de ser conducido al suplicio. Son tales la armonía que reina en 
la composición y la bella distribución de las luces y tonos del 
cuadro, que traen a la memoria los buenos modelos de la es- 
cuela holandesa. Un niño Jesús adorado por la Virgen y dos án- 
geles, es de un género distinto y nuevamente adoptado por el 
Sr. Rivera. Hay en él corrección de dibujo y detalles de sumo 



410 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

primor y delicadeza; pero estimamos demasiado al autor para 
no confesar que sentiríamos verle emplear en todas sus obras 
el método alemán que ahora ha ensayado, pues aunque puro y 
correcto, nos parece sobrado frío, y aplicable, cuando más, a 
ciertos asuntos religiosos. El sistema de pintar las ropas de 
claroscuro, velándolas después con color, ha producido el 
mejor resultado en el precioso cuadro del Apocalipsis, que tam- 
bién ha expuesto el autor; pero acaso tendría demasiada tibie- 
za de estilo, aplicado indistintamente a todos los asuntos.» 

Los párrafos del Marqués de Valmar, cuya ilustración no 
puede ponerse en duda, son testimonio bastante para formar 
juicio del estado de opinión que tenía el estilo de los Madrazo 
y de Rivera en aquel tiempo, y el distinto concepto que de la 
pintura se formó, no ya en nuestros días, sino a fines del mis- 
mo período que historiamos, como se verá más adelante. 

Exposición de 1840. 

Por lo que dicen los revisteros, la Exposición de este aflo 
fue una de las más pobres que cuentan las crónicas de enton- 
ces, lamentando el público, en general, la falta de cuadros de 
asuntos históricos. 

El cuadro que campeaba a la cabeza de todos era el de Te- 
jeo, y estaba compuesto de retratos de una familia, de cuerpo 
entero y de tamaño natural. «La composición está bien en- 
tendida — decían, — tiene sencillez y buen efecto; su dibujo es 
correcto y severo; ha sacado buen partido de los paños, aun- 
que tiene algunos tonos poco jugosos en las carnes.» No sabe- 
mos qué familia era la del cuadro. 

Don Carlos Luis Rivera presentó dos cuadros de familia^ 
pintados en París, de menor tamaño que el tercio del natural. 
Resultaron inferiores a lo que se esperaba del autor de Don 
Rodrigo Calderón. 

Rosario Weis, un óleo regular. 

Abrial, Vista de la casa de Juan Bravo, en Segovia. 

Manuel Ruiz de Ogassio, Interior del salón de Embajadores 



POR CARLOS OAMBRONERO 411 

en la Alhambra. Un crítico admiraba «la incomparable pa- 
cii^ncia y fatigosa constancia de que era menester hallarse 
provisto para el ímprobo trabajo de copiar con el pincel los 
innumerables adornos, grecas y leyendas arábigas que tenía 
el original». 

Alenza, El Viático. Eepresenta un sacerdote que va a ad- 
ministrar el Santo Sacramento, sin duda a algún pobre, por 
las pocas luces y la clase de gente que le acompañan. «Toque 
libre y fácil, que es la manera peculiar del autor; suma verdad 
en los caracteres de las figuras, y agradable efecto del claros- 
curo por el gusto y tono vigoroso de Rembrandt». 

Ortega, copia de un cuadro de Horacio Vernet, ejecutada 
en París. El asunto versa sobre una anécdota ocurrida entre 
Miguel Ángel y Rafael, con ocasión de encontrarse estos dos 
grandes artistas disputando en una de las escaleras del Vatica- 
no. Aparece inopinadamente el Papa Julio II, imponiendo si- 
lencio a sus acompañantes para escuchar la polémica de loa 
dos célebres pintores. Ortega era un aventajado grabador en 
madera. 

Al hacer la reseña de esta Exposición, condolíase un crítico 
anónimo del estado del arte entre nosotros. «Demasiado ape- 
gados a seguir la escuela romana y la francesa, no tan sólo en 
el dibujo, lo cual aplaudimos, sino también en el colorido, que 
para nada necesitábamos imitarlo de esas escuelas, hemos 
abandonado las verdaderas y excelentes máximas de color que 
nos legaron en sus obras nuestros grandes artistas, y los prin- 
cipios que les guiaban en el interesante estudio de la perspec- 
tiva aérea; hemos renunciado, en suma, a tener una escuela 
original, una escuela verdaderamente española, de que actupl- 
mente carecemos». 

El público se quejaba de lo poco adecuado que resultaba el 
local de la Academia de San Fernando para celebrar Exposi- 
ciones, porque «las salas eran pequeñas, sin puntos de distan- 
cia, con luces bajas y de mala calidad, privando de parte de su 
mérito al cuadro de más bien estudiado colorido». 



412 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



OBtTIGA 

Federico Madrazo era un pintor que estaba de moda en 
1844, porque, a más de su mérito, que sí lo tenía, se inspiraba 
en el gusto predominante en su época, que era el amanera- 
miento, y había conseguido honrosas distinciones en París, lo 
cual constituía para los españoles la razón fundamental de su 
entusiasmo. Un escritor francés, Mr. Gustavo Deville, publicó 
en la Revista de Madrid del año citado una serie de artículos 
sobre el Estado de las Bellas Artes en España, en los que no 
sólo prodiga elogios a nuestro compatriota, sino que le coloca 
a la cabeza de los pintores que entonces florecían en esta villa. 
Bien es verdad que Madrazo, merced a su estancia en París, 
se había dejado influir mucho por la escuela de Julio David, y 
éste era un ídolo para los franceses. 

No obstante, el citado Mr. Deville, al analizar un cuadro 
de Madrazo, Las Santas Mujeres en el sepulcro de Cristo, con- 
fiesa que adolece de faltas de relieve; de consistencia y de so- 
lidez, es decir, de lo que en términos artísticos entonces solían 
llamar flou. 

Y añade que esta pequeña imperfección era consecuencia 
de la demasiada escrupulosa obstinación del pintor en querer 
retocar, corregir y perfeccionar su obra quitándola esponta- 
neidad. «Madrazo — termina diciendo, — más sensible que espon- 
táneo, más observador que fecundo y creador, más reflexivo, 
más entendido que inspirado, está, sí, libre de cometer des- 
aciertos; pero no es capaz de producir aquellas concepciones 
atrevidas, fogosas, innovadoras, que encubren muchos defec- 
tos con el prestigio de la originalidad» (1). 

Mr. Deville coloca a D. Vicente López detrás de Madrazo, 
porque conceptúa a éste más colorista que al primero, y quiere 
dar a entender que López se había estacionado, sin pasar de 



(1) Era Federico Madrazo buen dibujante. Véase la colección de retra- 
tos que, hechos a lápiz, tiene el Museo de Arte Moderno. 



POR CARLOS OAMBRONERO 413 

los tiempos de Maella, mientras que Federico Madrazo avan- 
zaba, siguiendo el mal llamado movimiento progresivo. 

De Carlos Luis Rivera decía que era el émulo más temible 
de Federico Madrazo, y que tenía sencillez de estilo, delicade- 
za de ejecución y pureza en el dibujo. Rivera, como Madrazo, 
también había estado en París, y también había visto los cua- 
dros de Julio David. 

Hagamos brevemente una reseña de lo que Mr. Deville es- 
cribía respecto de los principales pintores de aquella época: 

Espalter. «No ha querido hacer un oficio de su arte. En 
casi todos sus asuntos se hallan esparcidas algunas cabezas de 
angelical expresión, que son verdaderas inspiraciones. Preocu- 
pado hasta el exceso por lo ideal de la intención, tal vez sacri- 
fique demasiado la ardiente franqueza de su pincel y la magia 
de la forma, a la poética traducción del pensamiento, lo cual 
deja entrever algunas veces el penoso trabajo de la ejecución. 
Sus cuadros, por lo tanto, ganan mucho en ser analizados y 
estudiados lentamente, siendo preciso seguir en el lienzo, una 
a una, por decirlo así, todas las impresiones del artista, sabo- 
reando de este modo el sentimiento de la inefable dureza que 
emana de ellos. Los retratos del Sr. Espalter tienen dignidad, 
relieve, una semejanza ingeniosamente comprendida; mas pe- 
can por el mismo defecto que sus composiciones, y a fuerza de 
querer darla carácter, priva a su obra del encanto de la fres- 
cura. 

Tejeo. «Aunque un poco materialista en sus composiciones, 
y un poco duro y frío en el colorido, ha manifestado en diver- 
sas ocasiones suma energía en el dibujo, dignidad en sus retra- 
tos y habilidad en el relieve de los ropajes.» 

Elbo, que se dedicaba principalmente a cuadros de género 
y de toros, mereció de Deville las siguientes líneas: «Nadie 
sabe traducir mejor que él la gallarda desenvoltura de los Mon- 
tes y los Sevilla, y ninguno de éstos puede aspirar a la inmor- 
talidad si no consigue en vida que se consagre a él tan hábil 
pincel. Ha creído además el Sr. Elbo deber prestar una aten- 



414 CRÓNICAS DEL, TIEMPO DE I8ABEL II 

oión no menos severa a los majestuosos adversarios de sus hé- 
roes predilectos, buscándolos en su salvaje retiro, para exami- 
nar sus costumbres, sus instintos, su anatomía y sus habitua- 
les actitudes. Este pintor no posee el enérgico toque y el colo- 
rido seductor de Pablo Potter, y si sus cuadros carecen de 
efecto, agradan, en cambio, siempre, por el ingenioso ajuste 
de los pormenores y la franca sencillez de la expresión.» 

Alenza. «Ha dado principio a sus trabajos con algunos de- 
liciosos caprichos en que chispea el estro, y que hacían espe- 
rar de él que sería un continuador de Qoya; pero absorbido 
después en las publicaciones pintorescas (1), para las cuales 
es de muy poderoso auxilio su lápiz malicioso, ha descuidado 
un poco el fecundo campo que se ofrecía aute él, desperdician- 
do en dibujos, indignamente reproducidos por el grabado, ver- 
daderos tesoros de imaginación.» 

Atinadas eran algunas de las observaciones de Mr. Deville; 
pero este crítico, reflejando el gusto del público, aceptaba de 
buen grado el amaneramiento a que tan expuestos estaban los 
imitadores de David. Buena prueba de ello son los cuadros do 
D. José Madrazo, en los que, más que en ningún otro pintor, 
puede apreciarse este defecto. 

El periódico El Artista, interpretando la opinión del pú- 
blico, decía en 1836, con referencia a una obra del Madrazo 
últimamente citado, lienzo de gran tamaño que el lector pue- 
de ver en el Museo de Arte Moderno: 

«El cuadro de Viriato en que representó a este insigne cau- 
dillo traidoramente asesinado en su tienda de campaña, es 
otro glorioso ramo de laurel para la corona que la posteridad 
destina a D. José Madrazo. Su composición es rica y variada 
de afectos, elegante en las formas y vigorosa en el colorido.» 
Bien a las claras se ve el extraviado gusto que dictaba estos 
elogios. 

David, con su genio superior, que somos los primeros en 



(1) Ilustradas, decimos hoy. 



POB GARLOS CAMBR02ÍEB0 415 

reconocer, fue en Francia una consecuencia del neo-clasicis- 
mo. El pintor republicano, hombre práctico, marchaba al com- 
pás de su época y pintó para el medio en que vivía; pero su 
estilo, su factura, como ahora decimos, estaba reservada a él 
solo; por eso, al imitar sus bajorrelieves en color ^ como algunos 
llaman a los cuadros de aquel artista nada vulgar, nosotros, los 
españoles, olvidándonos de Velázquez, nos contentábamos con 
pintar La muerte de Viriato. 

A principios del siglo xix, Goya, genio superior, llegó a 
imponerse, y despreciando las influencias que venían del otro 
lado del Pirineo, mantuvo enhiesta la bandera del arte puro 
español que Zurbarán, los Coellos, el Españólete , Murillo y 
tantos otros habían glorificado. La patria le debe este benefi- 
cio, perdonándole sus excentridades artísticas. Lo triste es 
que, después de haber dado Goya la voz de alerta, los que po- 
dían haber continuado la obra de renacimiento de la pintura 
en nuestro país, se pasasen con armas y bagajes al otro campo. 

Nuestro Museo de Arte Moderno tenía bastantes cuadros 
de este primer período del reinado de Isabel II; pero las defi- 
ciencias de local han obligado a retirar algunos para dar ca- 
bida a los de nueva entrada precedentes de las últimas Exposi- 
ciones, haciendo ya punto menos que imposible estudiar aque- 
llos lienzos de inapreciable valor para el caso, pues con su 
examen podría formarse concepto cabal y preciso del estado 
de la pintura en esa época, mejor que con las más minuciosas 
y eruditas descripciones. 

El Museo de Arte Moderno puede visitarse gratuitamente 
los domingos; pero los días laborables cuesta la entrada una 
peseta, precio que conceptuamos excesivo si se quiere fomen- 
tar entre las clases no bien acomodadas la afición a las Bellas 
Artes. No hay que olvidar el apotegma de D. Eugenio de 
Ochoa: «Todo aquello que es necesario para la existencia prós- 
pera de las Bellas Artes en una nación, y no puede realizarse 
por los particulares, debe hacerse por el Estado.» 



416 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Exposición de 1847. 

La reseña de la Exposición de Pinturas de 1847 nos la da 
hecha D. Pedro Madrazo en un lindo artículo publicado en el 
Semanario Pintoresco de aquel año. Dice el inteligente y con- 
cienzudo crítico: 

«Al César lo que es del César, y al arte lo que es del arte; 
a la Feria de Madrid sus melocotones, sus acerolas, sus cajo- 
nes llenos de juguetes de cartón y de hoja de lata, su concu- 
rrencia diurna y nocturna de gente desocupada; a la Exposi- 
ción de Pintura, su local aparte, separado del profano gentío 
que busca mantas de Palencia y trompetas de madera, y bro- 
ma y conversación. Al comercio de segundo orden, reunido a 
lo largo de la calle de Alcalá, su mes de Setiembre y su pro- 
saica sociedad especial; al noble comercio de la inteligencia, a 
las artes liberales de lo bello, otro mes aparte, otra sociedad 
distinta, si es posible, otro sitio diverso del que ha ocupado 
hasta ahora, alternando, al parecer, conlos puestos del mercado. 

»Tales eran nuestros votos en los últimos años cuando veía- 
mos al público de Madrid, tan propenso a mirar los salones de 
la Real Academia de San Fernando como una especie de pro- 
longación de los puestos de melocotones y hierro viejo, con- 
tribuyendo no poco la casual coincidencia de las Exposiciones 
de Pintura y Escultura con la feria de trastos y vasijas, a 
arraigar en la materializada inteligencia del vulgo la costum- 
bre de considerar las obras de arte como esencialmente indus- 
triales. 

»Desgraciadamente, este vulgo es muy numeroso, porque 
no le compone solamente el común de la gente vulgar o plebe; 
para las artes son vulgo una gran parte de los que en la jerar- 
quía social ocupan altos escalones; así, el que en la sociedad 
de los salones es una notabilidad porque tiene un título y ren- 
tas y carruajes, puede muy bien ser vulgo para el artista; 
basta que el susodicho magnate sea de aquellos que creen ha- 
ber hecho lo suficiente para la prosperidad de las artes con de- 



POR CARLOS CAMBROKERO 417 

cir al pintor, afectando benévola amistad: «¿Qué nos pone us- 
ted de bueno este año?»; basta que sea de los que miran el arte 
como un objeto de pasatiempo, j los cuadros como muebles ho- 
nitos para hacer juego con sus pabellones. 

»Este vulgo, que no sabe ver, ni juzgar, ni sentir, es el que 
más ha perdido con trasladarse a los salones de la Trinidad la 
Exposición de Pintura; los mismos paletos de los lugares, que 
nunca han visto un lienzo pintado, han perdido menos que 
aquel vulgo rutinero, indómito, terco en su malísimo criterio, 
indiferente a todo lo grande y bello, fastidioso en su siempre 
intempestiva crítica. 

•Hemos oído criticar la disposición que en el nuevo local 
se ha dado a los cuadros presentados, y esta crítica carece, 
en nuestra opinión, de fundamento. Verdad es que en algunas 
capitales de fuera de España se cubren con lienzos de color 
oscuro los cuadros antiguos cuando las Exposiciones de Pin- 
tura se verifican en los museos o galerías; sin embargo, esta 
no es una razón para que aquí tenga que hacerse lo mismo. La 
comparación de las obras nuevas con las antiguas podrá, en 
ciertos géneros, ser desfavorable a los modernos artistas; en 
otros, por el contrario, servirá para hacer más evidentes los 
incontestables progresos del arte en su forma plástica; pero 
de todos modos, sea cual fuere el resultado de esta compara- 
ción, una Exposición no es un certamen intelectual de una 
época con otra, mucho menos aún el de un siglo con todos los 
que le han precedido; una Exposición no es más que una no- 
ble justa de los contemporáneos entre sí, una gloriosa arena 
donde cada cual hace alarde de sus adelantos por medio de una 
doble comparación con las obras de los otros que se dedican a 
su mismo género y con las suyas propias de los años ante- 
riores. 

»Una cosa echamos de menos en el gran salón de la Trini- 
dad: un espacioso tragaluz en su techo para que los cuadros 
reciban la luz de alto, que tan buen efecto produce en los 
lienzos, sin que sufra la vista la desagradable reflexión de dis- 

27 



418 . CRÓNICAS DEL TIEMPO DE I8AB£:L II 



tintos focos. Esta obra es tauto más de desear, por cuanto no 
la repugna la construcción del edificio; sin embargo, así para 
esto como para cubrir con lienzos oscuros los cuadros anti- 
guos, según deseaban algunos se hiciera, eran menester fon- 
dos que no ha tenido a su disposición la Real Academia de 
San Fernando. 

»La Exposición, este año nos indica, mejor que otra algu- 
na, el verdadero estado de las artes en España; de ella dedu- 
cimos varios hechos muy notables: 

»1.° Los buenos pintores son escasísimos entre nosotros. 
2." La generalidad de los aficionados no comprende lo que 
es el arte, y sólo lo cultiva como adorno. 3.° Sin embargo, en- 
tre los que se dedican a la pintura de retratos, sin más ob- 
jeto que la imitación servil de la Naturaleza, hay muchos que 
tienen el sentimiento del color. 4° La propiedad del colorista 
(y este hecho es de mucha importancia para la filosofía del 
arte) es indiferente de la idea subjetiva de la belleza, que es la 
que principalmente constituye al verdadero artista. De todos 
estos hechos resulta que la elevación de ideas en el arte es 
efecto de la educación del sentimiento, y que las Bellas Ar- 
tes en nuestra capital, y aun casi pudiéramos decir que en Es- 
paña, progresarán con mucha lentitud mientras la generali- 
dad no abandone la falsa creencia en que está de que el pintor 
se desarrolla por sí solo copiando la Naturaleza, si le dispensa 
protección el Gobierno. Sin escuela no se forman buenos pinto- 
res; la meditación sobre los objetos de la Naturaleza, por más 
genio que se tenga, será de todo punto estéril para el que 
no sepa observarla, porque es probado que no hay dos indivi- 
duos en toda la creación que lean de un mismo modo las pági- 
nas de ese gran libro que la multitud se imagina abierto a los 
ojos de todos.» 

Después de estos párrafos, rompe D. Pedro Madrazo una 
lanza en favor de los academistas y pasa a reseñar las obras 
presentadas en la Exposición. 



POR CARLOS OAMBRONERO 419 

José Utrera. Guzmán el Bueno arrojando por entre las al- 
menas de la muralla el puñal que ha de dar la muerte a su hijo, 
Madrazo alaba el cuadro, por ser de un discípulo de la Acade- 
mia; pero confiesa que tiene defectos de bulto. Retrato de don 
Juan Bautista Alonso. Lo aplaude el crítico, y le parece bien 
que, apartándose de la escuela de López, «hubiera hecho 
triunfar la cabeza de modo que los accesorios no llamasen la 
atención». 

Agustín Sáez. Cuatro cuadritos de costumbres populares, 
del género de Alenza. 

Federico Madrazo. Retratos, y Niño en la cuna que era 
«melancólica historieta de la \rida íntima, o pequeña página 
de los placeres y dolores de familia». 

Esquivel. Agar despedida por Ahraham. En este cuadro 
siguió el autor «el mismo sistema que profesaba en Francia 
Horacio Vernet, sistema de estudio, de conciencia, de traba- 
josas investigaciones; sistema en que el artista se cambia, en 
cierto modo, en anticuario para reconstruir lo pasado con to- 
dos sus accidentes. En nuestra opinión, este es el mejor cua- 
dro que ha pintado el Sr. Esquivel, a quien damos un sincero 
parabién, asegurándole, por el ardor con que estudia y ade- 
lanta, una reputación más envidiable y sólida que la que se 
consigue fascinando al público ignorante con falsos colo- 
rines». 

Gutiérrez (padre). Retrato de la Reina (de cuerpo entero). 
«Está la figura sumergida en una atmósfera tétrica y nebulo- 
sa. Con este sistema h.a exagerado el Sr. Gutiérrez la máxima 
que solía Van-Dyck emplear, de sacrificar a las cabezas todos 
los accesorios, aunque no por eso dejaba de dibujarlos y con- 
cluirlos lo suficiente para que no pareciesen borrachos o como 
en evaporación.» 

Carlos Luis JEÍivera. Retrato del Sr. OH y Zarate. «Se pro- 
pone este pintor, cuando cultiva el género de retratos, sor- 
prender todas las manifestaciones de la Naturaleza, aun las 
más imperceptibles, aunando de una manera sólida, meditada, 



420 ORÓNIOAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

profunda, todas sus regularidades e imperfecciones, sus más 
leves lunares, sus más tenues matices. Rivera es el pintor 
analítico por excelencia, el que busca la razón lógica de las for- 
mas y escudriña la sabia economía de los cuerpos, persuadido, 
sin duda, de que no hay en la Naturaleza cosa superflua ni ar- 
monía sin el contraste de lo que la generalidad llama aislada- 
mente bellezas y defectos.» 

Federico de Madrazo. Retratos. Este pintor seguía un 
principio opuesto a Rivera. «Cree — decía el crítico — que cier- 
tas imperfecciones de la Naturaleza son puramente acciden- 
tales y no afectan en manera alguna su sabia economía, y 
que, por consiguiente, siempre que el pintor puede suprimir- 
las sin variar el carácter de la fisonomía retratada, debe ha- 
cerlo. Esta escuela conduce indudablemente a resultados más 
brillantes que los de la escuela demasiadamente científica; en 
ella campea más el genio del artista, y se advierte mejor el 
sello espontáneo de la inspiración, y la misión del arte de su 
blimar y ennoblecer la mente por medio de la belleza.» 

Bernardo López. Retratos del Duque de San Carlos y del 
General Azpiroz. A. propósito de este pintor decía Madrazo: 

«Entre las varias escuelas que se puede proponer como mo 
délo un pintor de retratos, para aprender a interpretar conve- 
nientemente la Naturaleza, son, sin disputa, la veneciana, la 
flamenca y la española las que reúnen en grado más eminente 
las tres dotes: naturalidad, grandiosidad y magia; y dado que 
este género de pintura sea de mero deleite cuando los persona- 
jes cuyas semblanzas perpetúa no son precisamente hombres 
•célebres o varones de alta importancia histórica, creemos que 
ninguna manera convencional que se aparte de un selecto na- 
turalismo puede ser tolerable en un cuadro destinado única- 
mente a reproducir la figura de un individuo. Sin embargo, el 
Sr. López (D. Beruardo) se propone en sus retratos copiar la 
Naturaleza sin sujetarse a las máximas de los grandes maes- 
tros de las citadas escuelas. Fiel a los principios que por he- 
rencia y por elección ha recibido de los modernos prácticos va- 



POR CARLOS CAMBRONERO 421 

lencianos, protesta contra el estudio de aquéllas, se declara 
independiente en su modo de comprender la forma, y, sacrifi- 
cando el serio dibujo de Van-Dick, del Veronós y de Velázquez, 
y viendo todas las vividas refracciones del prisma donde aque- 
llos coloristas sólo veían una luz reposada y severos tonos, con- 
sigue, no obstante, cautivar la atención de una gran parte del 
público, y alcanzar como pintor de retratos una reputación 
muy envidiable.» 

En otros párrafos de estudiada corrección, viene, en resu- 
men, a declarar que la escuela de Bernardo López es falsa, sin 
acordarse de que antes había elogiado la falsedad de Federico 
Madrazo, bajo otro aspecto, pero falsedad siempre, contraria 
a Van-Dyck, a Veroués y a Velázquez. 

Villamil. Presentó varios paisajes y la vista de la Capilla 
de los Condes de Benavente. Madrazo le elogia, aunque con dis- 
tingos. Dice de él, entre otras cosas, con mucho acierto: 

«La mente ardorosa de Villamil no tolera el análisis dete- 
nido y concienzudo de los fenómenos cuales son en realidad; 
su inteligencia, más sintética que analítica, partiendo de lo que 
es, procede rápidamente hacia lo que no existe, y se lanza, 
impetuosa, fuera de la Naturaleza positiva, creyendo de buena 
fe reproducir el mundo material con su verdadera forma. Por 
eso advertimos en sus seductores paisajes la verdad y la ficción 
tan portentosamente combinadas, en términos que no es fácil 
distinguir ante aquellos lienzos, donde tienen su límite el estu- 
dio y la imitación, y donde empieza a aparecer la exuberante 
espontaneidad de la fantasía; por eso, al lado de ciertos inimi- 
tables juegos de luz que Villamil sólo puede haber sorprendido 
en la Naturaleza, advertimos tonos enteramente imposibles, 
reflejos totalmente arbitrarios, transparencias puramente ca- 
prichosas, que producen con la verdad combinaciones fascina- 
doras, indescriptibles y mágicas, pero fantásticas.» 

Fernando Ferrant. Paisajes. De este pintor dice Madrazo 
que es diametralmente opuesto a Villamil. «Estudia con muy 
loable detenimiento la anatomía de los vegetales, la naturaleza 



422 CRÓNICAS DKh TIEMPO DE I8ABEL II 

de los terrenos, la economía local de las diversas latitudes; pero, 
después de acumular estos preciosos datos, se olvida de acorao- 
darlos a uu fin, de hacerlos concurrir a una armonía total.» 

Camarón. Paisajes. Se le censuraba por buscar los origina- 
les de sus cuadros en el Norte y en regiones «donde el cielo 
está siempre envuelto en aplomadas nieblas». 

La Reina Cristina presentó dos copias: una Concepción^ de 
medio cuerpo, de Murillo, y la Magdalena penitente , de Correg- 
gio. A Madrazo le parecieron muy bien; pero acaba diciendo: 
«Y no es posible que la regia mano, que con tanto amor estu- 
dia las producciones del genio, no empiece en breve a mostrar- 
se pródiga con los artistas, cuyas obras son las páginas que 
más inmortalizan a los soberanos ilustrados.» Don Pedro era 
tres poli, como todos los Madrazos. 

Exposición de 184S. 

Al hacer la reseña de esta Exposición, se lamentan los re- 
visteros de que fuera poco numerosa en obras buenas; pero, 
como de todas decían lo mismo, y siempre la última les pare- 
cía peor, sacamos la triste consecuencia de que teníamos pocos 
pintores, y de éstos, ninguno que fuera sobresaliente en abso- 
luto. Era criterio generalmente aceptado por el público la con- 
yeniencia de no verificar certamen todos los años, dejando uno, 
por lo menos, en claro para que los artistas tuvieran tiempo de 
preparar sus trabajos; de este modo se esperaba conseguir el 
aumento de la presentación de obras, y la Comisión encargada 
de admitirlas podría rechazar muchas de las que en aquellas 
circunstancias se veía obligada a admitir, siendo reconocida- 
mente malas, ante el temor de que faltasen cuadros en la Ex- 
posición. Bien es verdad que el patio grande del edificio era el 
local destinado a los lienzos que carecían de condiciones, en 
mayor o menor grado, para figurar en las salas de la Academia. 

La Reina Isabel II y su madre Doña María Cristina pre- 
entaron dos copias: aquélla de Murillo y ésta de Giorgone, 



POR CARLOS CAMBRÓN tCRO 423 

que fueron muy elogiadas, quizá no tanto por su mérito como 
por el hecho de concurrir y alternar tan egregias damas con 
los soldados de la milicia del arte, donde alguno había ante el 
cual tuvieran que rendir pleito homenaje. 

Federico Madrazo. Retratos del Duque deRiánsares (espo- 
so de María Cristina), del Sr. Oshea, deD. Luis Madrazo (her- 
mano del autor) y de un hijo del Conde de Ezpeleta. Gustaban 
mucho los retratos de Madrazo, pero se lamentaban los aficio- 
nados de que no dedicase sus pinceles a tratar asuntos de His- 
toria. 

Tejeo. San Sebastián^ San Antonio y Retrato del Sr. Puche. 
A Tejeo le elogiaban, aunque siempre con reservas. 

Esquivel. La caridad. Decían que el autor se iba inclinando 
«a \& pintura sentimental^ que es uno de los peores géneros del 
arte» . 

Germán Hernández. Jesús y la samaritana. «Buen estilo; 
elegancia y sencillez en los ropajes.» Y amaneramiento, aña- 
dimos nosotros por nuestra cuenta. 

Antonio Brugada. Dos marinas que tituló Pesca milagrosa 
y Tempestad apaciguada. 

Ángel María Cartellini. Retratos. 

Fernando Ferrant. Paisaje, digno de llamar la atención. 

Corona. Las Marías caminando al sepulcro. Era un boceto 
bien compuesto, con figuras llenas de expresión y de brillante 
colorido. 

Y otros cuadros más que no merecieron el honor de ser 
mencionados por los revisteros. 

Después de escrita esta reseña, la Sociedad española de 
amigos del arte, por el mes de Mayo de 1913, tuvo la feliz idea 
de formar una exposición de Pinturas españolas de la primera 
mitad del siglo XIX, y aunque no pudo reunir más que 287 
cuadros, vino a prestar un gran servicio a los que estudian y 
desean conocer el desarrollo del arte en el reinado de Isabel II. 

Allí vimos retratos de Tejeo, de Elbo, de Gutiérrez de la 
Vega, de Carderera, Esquivel y Federico Madrazo. Todos per- 



424 CRÓNICAS DEL TIKMPO DK ISABEL H 

siguen el ideal de D. Vicente López, pero menos realistas, y, 
por lo tanto, dejando que su pincel dulcifique los tonos a des- 
pecho de la verdad. Madrazo es el más falso de todos, y, sin 
embargo, es quien les supera, merced a la corrección de su di- 
bujo, a lo ajustado de su color y a la expresión que sabía dar 
a las figuras. Son ejemplo de ello el retrato de Villamil, el de 
Carolina Coronado y el de la encantadora Condesa de Vilches. 

Don Vicente es el retratista por excelencia. Merecen citar- 
se los retratos del Marqués de Remisa, del doctor Q-utiórrez, 
quien, por lo que se ve, gastaba peluca; el del Conde de Reta- 
moso, uno de los más característicos de aquel maestro, y el de 
Gutiérrez de los Ríos, donde se admira el acierto con que Ló- 
pez sabía reproducir los accesorios. 

Sentimos no poder tributar a López los mismos elogios 
respecto del cuadro titulado Una Purísima^ que figuró en la 
misma Exposición. 

De Alenza se presentaron algunos cuadros, que vinieron a 
confirmar el favorable juicio que ya hemos consignado ante- 
riormente. 

Los paisajes de Camarón, tan celebrados en su época, re- 
sultan amanerados y de colorido débil. 

El esfuerzo de la Sociedad española de Amigos del arte me- 
rece un aplauso, aquí donde tanto escasean las iniciativas de 
este linaje de certámenes. 

Exposición de 1856. 

Merced a la iniciativa del Ministro de Fomento D. Agus- 
tín Esteban Collantes, en 28 de Diciembre de 1853 se dictó un 
Real decreto estableciendo la celebración de una Exposición 
pública de Bellas Artes cada dos años, concediendo además 
cierto número de premios. 

La primera que se celebró con arreglo a esta disposición 
fue la inaugurada el 20 de Mayo de 1866, en las galerías del 
Ministerio del ramo, que se hallaba intalado en el ex-convento 



POR CARLOS CAMBRONBRO 425 



déla Trinidad, calle de Atocha, esquina a la de Relatores. 
Asistió Isabel II, acompañada de los individuos del Gobierno, 
bien ajenos de que poco tiempo después iban a dejar el poder, 
a consecuencia de la contrarrevolución que transformó al Q-e- 
neral O'Donnell en Presidente del Consejo de Ministros. 

En esta Exposición se presentaron 18 cuadros de Historia, 
15 religiosos, 10 de alegorías, 34 de los llamados de género, 
82 retratos, 32 paisajes, 7 marinas, 7 caprichos de flores y fru- 
tas y 4 miniaturas; formando un total de 216 obras, número 
que ciertamente superaría los cálculos de la Comisión encar- 
gada de organizar el certamen, y que causaría satisfacción in- 
deleble a Esteban Collantes, al ver el ventajoso resultado que 
producía su Real decreto. Pero si bien es cierto que la protec- 
ción del Gobierno, con el aliciente de los premios, sirvió de 
estímulo a los artistas, no lo es menos que la Academia de San 
Fernando había contribuido no poco a mantener el fuego sa- 
grado con sus modestas Exposiciones. A cada uno lo suyo. 

He aquí la lista de los pintores y cuadros que hemos con- 
ceptuado, por las referencias adquiridas, más dignos de men- 
cionarse: 

Pablo Gonzalvo. Interiores. Era su fuerte. Llegó a ser pro- 
fesor de perspectiva en la Escuela de Bellas Artes. 

Nicolás Gato de Lema. Paisajes. 

Domingo García Díaz. Los siete infantes de Lara, 

Luis Ferrant. Obras de misericordia. 

Fernando Ferrant. (hermano del anterior). Paisajes. 

Antonio Esquivel. La Virgen con el Niño Jesús y el Espi' 
ritu Sanfo^ Magdalena penitente^ Retratos. 

Carlos Esquivel. Prisión de Guatimocin por Jos soldados de 
Hernán Cortés. 

Tomás Díaz Valdés. Miniaturas. 

Manuel Castellano. Patio de las cuadras de caballos en la 
Plaza de Toros de Madrid. Contiene el cuadro los retratos de 
Montes, Cuchares, Chiclanero, Regatero y otros toreros y 
aficionados. 



426 CRÓNICAS DEL TIEMPO DK ISABEL II 



Eduardo Cano. Crhtóhal Colón en el convento de la Rábida. 

Mariano Belmente. Retratos. 

Juan Barroeta. La rexurrección de Lázaro. 

Ceferino Araujo. Retratos. 

Carlos Haes. Paisajes. Hoy tiene este pintor sala especial 
en el Museo de Arte Moderno. 

Pedro Kunt. Inferior de la iglesia de El Escorial. 

Paulino de la Linde. Romería de San Isidro. 

Federico Madrazo. Retratos. 

Luis Madrazo. Peí ayo en Covadonga. 

Francisco Mendoza. Je.ms y la Samaritana. 

Benito Soriano Murillo. El suspiro del moro. 

Ignacio Paiinerola. í^a caridad romana. 

Carlos Luis Rivera. Retratos. 

Leonardo Santiago. Paisajes y marina , Este pintor era 
Brigadier de Caballería y discípulo de Eugenio Lucas (1). 

E-afael Tejeo. Cristo crucificado. 

Rafael Torres- Pardo. Miniaturas. 

Ensebio Valldeperas. Felipe IV pintando la cruz de Santia- 
go en el retrato de Velázqtiez. 

Francisco Van- Halen. La batalla de Lucena. El cuadro te- 
nía cierto carácter político, porque el Conde de Lucena, don 
Leopoldo O'Donnell, era a la sazón Ministro de la Guerra. 

Alejo Vera. La poesía. 

Esta vez la política no perjudicó al arte, sino que coadyu- 
varon a su progreso los dos partidos políticos que se sucedie- 
ron uno a otro en la gobernación del Estado: los moderados 
dieron el Real decreto creando las Exposiciones de Pinturas^] 
los liberales llevaron a la práctica esta disposición, que tanta 
ventaja había de reportar a los artistas españoles. 



(1) Lucas, aunque pintó mucho, no era afecto a preseutar cuadros en 
Exposiciones, y solamente recordamos que llevó a la de 1849 unos Pai- 
sajes. 



POR CARLOS CAMBRONERO 427 

Exposición de 1858. 

No desmereció de la anterior, ni por el número ni por la 
calidad de las obras. 

Eduardo Cano presentó El enterramiento de Don Alvaro de 
Luna. 

Antonio Gisbert. La muerte del Principe Don Carlos. 

Carlos María Esqnivel. Muerte de Felipe IL. 

llamón Martí y Alsina. Ruina de Numancia. 

José Casado del Alisal. Muerte del Conde de Saldaña. 

A estos cuadros se les señalaba defectos, pero la gente esta- 
ba deseosa de asuntos históricos, y fueron bien recibidos. 

E>amón Elorriaga. Muerte de Ahel. 

Lino García. Santa Rosalía de Palermo. 

Miguel Fluyxench Muerte de San Bruno. 

Valle. Santa Sinforosa sacada del agua por sti hermano. 

Villarrasa. Virgen déla Piedad. . 

Benito Soriano Murillo, Carlos L. Rivera, Ensebio Zarza, 
Manuel Alonso, Manuel Ojeda, Rafael Benjumea, Pablo Par- 
do González, Ignacio Palmerola y Ventura Miera presentaron 
retratos dignos de mencionarse, aunque no de figurar en pri- 
mera línea. 

Como paisajistas dejaron bien puesto su pabellón Carlos 
Haes, Martí y Alsina, Martín Rico (1), Cosme Algarra, José 
Rubio de Villegas, Ceferino Araujo, Vicente Camarón, Luis 
Rigalt, Mariano Belmente, Romea y Antonio Redondo (2). 

Por esta breve reseña se ve que en la Exposición hubo cua- 
dros de composición o históricos, de asuntos religiosos, de gene- 
ro, paisajes y retratos. La Academia de Bellas Artes de San 
Fernando debió quedar satisfecha de este concurso, que venía 
a ser algo como la glorificación de sus esfuerzos y de sus ini- 
ciativas de otros tiempos. 



(1) Hermano de Bernardo, grabador notable. 

(2) Escritor y dentista. 



428 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

La Exposición se verificó en el patio central del Ministerio 
de Fomento, patio que se cubrió con una techumbre segura y 
bien acondicionada, combinando perfectamente las luces. 

Exposición de 1864. 

Esta vez hubo verdadera protección por parte del Gobier- 
no, pues construyó un edificio, que llamábamos barracón, de 
coste económico, en el solar del derruido convento de las mon- 
jas Vallecas, situado en la calle de Alcalá, esquina a la de Pe- 
ligros. La construcción se realizó con carácter provisional, 
pero se decoró decentemente y se tuvo en cuenta dotar a to- 
das las salas de luz cenital- 

Para servirnos de base en la crónica de esta Exposición, 
hemos tenido la suerte de encontrar una reseña, debida a la 
pluma del espontáneo y elegante escritor D. Pedro Antonio 
Alarcóo, cuyo parecer expondremos, aunque sin hacernos so- 
lidarios de los juicios que le sugería su manera de pensar. 
Alarcón considera las Exposiciones de Pintura como diversión 
pública, cuando dice que «a contemplar estas Exposiciones 
acuden todas las clases de la sociedad, distinguiéndose siempre, 
por el interés con que mira las obras y por el acertado instinto 
de su grosera crítica, el pueblo por antonomasia, la plebe de la 
villa, la gente que habla a voces en calles y plazas, y constitu- 
ye, por decirlo así, la vanguardia de la opinión pública». Ter- 
minada la cita, pasemos a revisar pintores y cuadros. 

Casado del Alisal. La rendición de Bailen. Alarcón estuvo 
muy severo con este cuadro, pues dice que carece de unidad; 
que la disposición de los grupos resulta confusa; que los epi- 
sodios se mezclan y se oscurecen mutuamente; que el dibujo 
es desigual, correcto a veces, y a veces exagerado o raquítico; 
que el cuadro resulta abigarrado, falto de perspectiva aérea y, 
de consiguiente, con los términos mezclados y confundidos. 

Domingo Valdivieso. Descendimiento. Al crítico le gustó el 



POR CARLOS CAMBRONERO 429 

colorido; pero notó incorrecciones en el dibujo y algún ama- 
neramiento en ciertas figuras. 

Gl-isbert. Desembarco de loa Puritanos en la América del 
Norte. «Este cuadro — decía Alarcón — es la obra magistral, 
concienzuda, vigorosa del gran pintor que ha adquirido ya la 
seguridad de sus fuerzas y el dominio del arte, y ejecuta todo 
lo que se propone, y no hace más ni menos de lo que constitu- 
ye su inspiración. Elogiaremos, ante todo, la gran unidad de 
acción, de composición y de sentimiento que domina en la obra. 
Sin perder la variedad propia de una muchedumbre de perso- 
nas extrañas, ofrece aquel grupo cierto aire de cuadro de fa- 
milia, que le añade nueva ternura y santidad. Sobriedad y no- 
bleza; carácter sin afectación; dibujo grande y correcto; reali- 
dad sin realismo, o sea sin grosería: he aquí las principales do- 
tes de la composición» (1). 

Grermán Hernández Amores. El sepulcro: despedida de la 
Santísima Virgen del cuerpo muerto de Jesús. En este cuadro el 
atildamiento mató la inspiración. 

Teófilo Dióscoro Puebla. Vuelta de las Hadas al lago. Los 
asuntos mitológicos no le gustaban a Alarcón, y supone, con 
fundado motivo, después de todo, que el cuadro no inspiraba 
interés a nadie. Reconocía en aquel lienzo un conjunto armó- 
nico y un colorido agradable. 

Lorenzo Valles. Conversión de San Francisco de Borja. Dice 
que el cuadro está inspirado en el de Paul de la Roche, que re- 
prenta a Crómwell contemplando el cadáver de Carlos I, y 
añade: «Como ejecución, hay en el cuadro cierto vigor y ento- 
nación agradable, aunque, por evitar el horror de la muerte, 
el pintor sólo ha dejado ver, sobresaliendo del féretro, la rubia 
cabellera de la emperatriz; pero pintada de tal suerte, que más 
hace adivinar una mujer viva que un cadáver infecto.» Tam- 
bién censura que, para precisar el hecho, hubiera colocado en 



(1) Qisbert ya tenía nombre como maestro desde la Exposición de 1860, 
en que había presentado su famoso cuadro de Los Comuneros. 



430 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 



segundo término algunas figuras eu actitud de alejarse, y ta- 
pándose las narices para evitar el mal olor. 

El cadáver de Beatriz de Genis, expuesto en el puente de San 
Angelo. Este cuadro, del mismo autor, le gustó más a D. Pedro. 

Víctor Manzano. El Cardenal Ci^ueros contestando a los 
Grandes que le pedían los poderes en virtud de los cuales gober- 
nábala nación. Tampoco le gustó, tachando el dibujo de débil 
y el colorido de desigual. Eu otra ocasión, hemos tenido el sen- 
timiento de demostrar la falsedad de la anécdota que sirve de 
asunto al cuadro, y estamos convencidos de que no sucedió de 
aquella manera; pero es lo cierto que al público, por la índole 
especial del acto, le resultaba simpático el lienzo, y como tie- 
ne brillantes tonos de color, y la acción allí representada es 
geuuinamente española, los visitantes, en general, se detenían 
a contemplar la obra de Manzano. 

Eduardo Rosales. Isabel la Católica dictando su testamento. 
En la crítica de este cuadro, no estamos conformes con D, Pe- 
dro Antonio Alarcón. «Esta es una de aquellas obras — dice — 
en que el pintor luce y merece más que su hechura. Merced a 
dos buenas condiciones, que son el acierto en la composición 
y la perspectiva aérea, déjase ver en este cuadro una inspira- 
ción joven, rica y llena de esperanzas; p^ro, como dibujo y co- 
lorido de cada una de las figuras, hay no poco que censurar, 
notándose frecuentemente la mano del principiante. El dibujo 
es incorrecto, y en cuanto a la entonación, desvirtúala por to- 
das partes, y como que la mancha, una tinta negra que destru- 
ye, sobre todo, el color de las carnes. 

»E1 novel expositor merece mil enhorabuenas, como las 
que nosotros le damos, leales y sentidas, hijas de nuestro amor 
al arte y a la patria, no fruto de aviesas intenciones, como lo 
han sido, a nuestro juicio, los primeros hiperbólicos y exage- 
radísimos aplausos con que la gente del oficio saludó esta obra. 
Aquellos aplausos, lejos de provenir de una entusiasta alegría, 
se presentaban con el deplorable intento de perjudicar a los 
pintores españoles; al Sr. G^isbert, rebajando su cuadro de Los 



POR CARLOS CAMBRONKRO 431 

Puritanos basta igualarlo o subordinarlo al del Sr. Rosales, y 
al Sr. Rosales baciéndole cargar con la dura e infalible res- 
ponsabilidad de tan loco paralelo, y desvaneciéndole e infatu- 
zándole hasta un punto que, de ser poca la sensatez del bisoño 
artista, hubiera podido encariñarle con los errores de su pri- 
mer ensayo, y frustrar completamente su seguro porvenir en 
el arte de la pintura.» 

Alarcón se dejó llevar de su simpatía hacia Gisbert, y al 
ponerse a la cabeza de la conjura que se armó contra el bisoño 
urtista, no meditó bastante un acto que podría inducir a mote- 
jarle de apasionado, cuando el mérito de la obra era de indis- 
cutible superioridad. Había dicho nuestro crítico que el lienzo 
de Grisbert valia por si solo toda una Exposición, y el Jurado, 
en la propuesta de medallas de 1.* clase, colocó a los exposito- 
res por este orden: Rosales, Gisbert y Casado del Alisal, des- 
autorizando el parecer de D. Pedro Antonio Alarcdn. 

Después de haber fustigado al pobre Rosales, Alarcón ape- 
nas se detiene a examinar los cuadros presentados en el concur- 
so, como si el objeto de sus artículos críticos hubiera termina- 
do. Cita los cuadros de género de Julio "Worms (francés), Rui- 
pérez, Zamacois, Agrassot, Serra, Hispaleto, Fierros y Ferrán- 
diz, que le gustan poco, y en los que señala notables defectos 
de colorido; de \os paisajistas no quiere mencionar a ninguno, 
y de perspectiva aA&ha. la. Sala capitular de Valencia, de don 
Pablo Gonzalvo, cerrando sus artículos con un elogio al Galli- 
nero, de Federico Jiménez Fernández. 

Exposición de 1867. 

Se inauguró el 28 de Enero, con asistencia de Isabel II. Fue 
la última de su reinado. 

El edificio, construido con carácter provisional por el ban- 
quero Indo, bajo la dirección del arquitecto Jareño, se hallaba 
situado en el paseo del Cisne, y formaba un paralelógramo de 
38.000 pies cuadrados, siendo su mayor altura H metros. Te- 
nía 12 salas, y en ellas se instalaron 464 cuadros. 




432 CRÓNICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Vicente Palmaroli. La capilla Sixtina, en el momento de 
hallarse en ella el Pontífice con toda su corte de cardenales y 
prelados escuchando el sermón que les dirige un religioso. En- 
tonación, colorido, perspectiva, ambiente, efectos de luz; todas 
estas cualidades se encuentran reunidas en este lienzo, decía 
nuestro amigo y maestro D. Juan de Dios de la Bada y Del 
gado. «Y téngase en cuenta que el asunto, para un pintor de 
menos talento que el Sr. Palmaroli, ofrecía gravísimos incon- 
venientes. Un interior, y un interior cuyas paredes cubre la 
gran creación de Miguel Ángel, ya era, por sí solo, asunto de 
difícil desempeño; pero cuando este interior hay que probarlo 
con figuras vestidas casi todas uniformemente de rojo, y cuando 
estas figuras tienen que destacarse sobre una alfombra verde, 
y en fondos de tapices, las dificultades debieran parecer insu- 
perables si no se hubiese encargado el Sr. Palmaroli de demos- 
trarnos con su cuadro que para un verdadero artista, que her- 
mana la inspiración con el estudio, no existen imposibles en el 
mundo del arte.» La obra de Palmaroli produjo un gran efecto 
en el público. No así un retrato de la Infanta Isabel: se cen- 
suró de falso el colorido. 

José Garnelo. Muerte de Lucano. Descontento de su obra 
el autor, la reprodujo en otra forma y estilo, presentándola en 
la Exposición de 1887. 

Enrique Mélida. Santa Casilda. 

Salvador Martínez Cubells. Los Carvajales. Color brillante 
como el que habíamos visto en Casado del Alisal. El cuadro es 
bien conocido. 

Ricardo Balaca. Toma de una galera de turcos. No se pudo 
sustraer a la influencia de la antigua escuela, y descubre algo 
del amaneramiento de su padre, que fue un buen pintor de re- 
tratos, a la manera de Tejeo y los Madrazo, 

Eduardo Cano. Los Reyes Católicos recibiendo a los cauti- 
vos cristianos en la conquista de Málaga. 

Joaquín Agrassot. Josué. 

José Marcelo Contreras, La madrugada del 3 de Mayo 



POR CARLOS CAMBRONERO 433 



de 1808. Se halla colocado este cuadro en un salón de la Casa 
Ayuntamiento. 

Alejandro Ferrant. Toma de una galeota de moros en 1574. 

Manuel García {Hispaleto). Aparición de Santa Inés a su 
padre. Conserva mucho del estilo tantas veces censurado en los 
artistas de esta época. 

José Casado del Alisal. Los dos caudillos, Gonzalo de Cór- 
dova y el Duque de Nemours. Respecto de los cuadros de His- 
toria, decía Pí y Margall: «Fijan (los pintores) toda su aten- 
ción en el estudio de los paños, y aquél se tiene por mejor 
artista que sabe deslumhrar más, con los reflejos del oro, la 
brillantez del raso , el claroscuro del terciopelo y la transpa- 
rencia del tul y del encaje. La hermosura y contraste de li- 
neas, la exactitud de los trajes, la nobleza y gallardía de las 
figuras, el acierto de agruparlas, cierta unidad afectada en la 
composición, son las principales dotes de los cuadros históri- 
cos.» Estos defectos que, con fina crítica, pone Pi y Margall a 
los cuadros de Historia, son condiciones esenciales del género, 
y, a nuestro juicio, no puede ni debe prescindir de ellas el 
pintor. 

Francisco de Paula Van-Halen. La noche de Zempoála: ex- 
pedición de Hernán-Cortés contra Panfilo de Narváez. 

Lorenzo Valles. Demencia de 2).* Juana de Castilla. Iba el 
pintor por buen camino; mas no pudo llegar con ese asunto a 
la altura de otro genio superior que vino después. Ambos cua- 
dros están en el Museo de Arte Moderno. 

Antonio Gisbert. Entrevista de Francisco I y su prometida 
esposa D.* Leonor de Austria. Fue un alarde de color. 

Dióscoro Teófilo Puebla. El compromiso de Caspe, Marga- 
rita y Mefistófeles en la Catedral, La devoción a la Virgen. To- 
dos con resabios del antiguo estilo. 

Antonio Pérez Rubio. Escenas del Quijote. 

José Nin y Tudó. Muerte de Abel. Cuadro grande y con 
atrevimientos. El pintor, amigo nuestro, artista de gran ilus- 
as 



'434 CRÓNICA» DKL TIKMPO DE ISABEL II 



trtttíióu, salió a la liza con mucho brío; pero los pineeles no 
respondiei^on a su buen deseo. 

Benito Mercado. Traslación de San Francisco de Aaig. Cua- 
dro pinfeado con sensatez y corrección. Hablando de este linaje 
de pintura, decía Pí y Margall: «Un misticismo exagerado y 
mal entendido, hijo, no de la íe, sino de la imitación; no del 
sentimiento, sino de un estudio más o menos detallado sobre 
los tipos que nos ha legado el Cristianismo en su mayor gran- 
deza; cierta gravedad afectada en las formas, cierto amanera- 
miento inevitable, constituyen el carácter de los cuadros reli- 
giosos. Los pintores son imitadores casi siempre, y cuando no, 
más rimadores que poetas, más artífices que artistas.» Aquí 
puede que tuviera razón D. Francisco, por lo que respecta al 

siglo XIX. 

Pablo Gonzalvo. Interiores. 

Marcelino Unceta. Carlos V en Yuste. 

Alejo Vera. Coro de monjas. Santa Cecilia y San Valeriano. 

Domingo Valdivieso. La primera comunión.^ 

Luis Alvarez. M Cardenal Penitenciario aplicando indul- 
gencias el Domingo de Ramos en la iglesia de San Juan de Le- 
trán. Doña Isabel la Católica en la Cartuja de Mira/lores. 

Joaquín María Hesser. El agua bendita en las Comendadoras 
de Santiago. El chocolate en un convento. 

Martín Rico. La salida de misa. 

Ricardo Na varrete. Los capuchinos en el coro. 

Francisco Bushell. La procesión en el Coliseo de Roma. 

Ificolás Ruiz Valdivias. Procesión en un ^pueblo de Aragón. 

Francisco Díaz Carreño, Paolo e Francesca. 

Bernardo Ferrándiz. El tribunal de las aguas en Valencia. 
El charlatán político. De este género se hacía poco, y la ver- 
dad es que tenía partidarios. Ildefonso Antonio Bermejo pu- 
blicó en la Revista Española de Ambos Mundos, unos artículos 
sobre Bellas Artes, de los que • entresacamos este párrafo per- 
tinente al asunto: 

«El pintor, para hacerse enteramente extraño a su siglo, 



POR CARLOS-. GAMBROJiüiSjO 4^ 

no solamente recurre a lo pasado, siuo: que se envanece- y se* 
gloría representando en sus lienjaosi, y en el siglo xix, la risue- 
ña perspectiva del paganismo. ¿No se supone la sensibilidad 
en el corazón de los artistas? ^Entonce», ¿por qué no lloran con. 
el pueblo? Pintar la belleza no es ciertamente la única condi- 
ción del artista. El verdadero artista, además de lo bello, debe 
pintar su época, la vida del mundo que habita; no es artista el 
que se contenta con reproducir o imitar la Naturaleza. El que 
contempla su pasado primero que su presente, se manifiesta 
ingrato con la época que formó su corazón. El arte contempo- 
ráneo no tiene más que belleza exterior: atiende más a la for- 
ma que al pensamiento. Habla más a los ojos que al corazón; 
se ejecuta, pero no se inventa.» No estamos enteramente con- 
formes con todas las afirmaciones de Bermejo, pero en el fondo 
le concedemos mucba razón. 

Serafín Rincón. Reparto de sopa en un convento de capu- 
chinos. 

Ignacio León y Escosura. Narración de las campañas. 

Francisco Domingo. Un lance del siglo XVII. Aquí se re- 
veló como un gran colorista. El cuadro nos entusiasmó a los 
muchachos. 

Federico Jiménez. Gallinas espantadas por un perro. Nido 
de palomas. En este género no había quien le igualase. 

Eduardo Zamacois. La primera espada. Fue discípulo de 
Meisonuier. Recordamos un cuadro suyo titulado Los limos- 
neros^ que era un prodigio de paciencia por la minuciosidad de 
detalles. 

Como puede apreciarse por la breve reseña que de las Ex- 
posiciones de Pinturas hemos hecho, éstas sufrieron una trans- 
formación completa desde aquellas instalaciones de tres o cua- 
tro docenas de cuadros que la Academia cobijaba en sus salo- 
nes, hasta la construcción de edificios especiales, más o menos 
sólidos y elegantes, donde se exponían cuatrocientos cuadros; 
desde aquellos lienzos de estilo amanerado de Tejeo, Esquivel 
y los Madrazo, hasta tan grandiosas concepciones de Rosales, 



436 CRÓMICAS DEL TIEMPO DE ISABEL II 

Gisbert y de otros muchos. Puede decirse que la pintura es- 
pañola, agonizante al comienzo de nuestros apuntes históri- 
cos, renació de sus cenizas, volviendo a ser con Los Puritanos 
y M Testamento de Isabel la Católica, honrosa continuación 
del siglo XVII. 

Y, sin otra nueva serie, quedan definitivamente termina- 
das las Crótiicas del tiempo de Isabel II, para no repetir el caso 
del prestidigitador Mr. Hermann, que en el teatro de la Zar- 
zuela, el año 1860, dio cinco veces la última función de despe- 
dida. 



FIN 



LIBROS PUBLICADOS 

POR 

LA ESPAÑA MODERNA 

qne se hallan de venta en sn Administración, 
López de Hoyos, 6.— MADRID 



N.« del 
CatáL* 



Pesetas 



•IS-Slé. Aguanno.— La géne- 
sis y la evolución del De- 
recho civil (Dos tomos). 15 

176 — La Reforma integral 

de la legislación civil . . 4 

177 Alcofurado. — Cartas 

amatorias de la monja 
portuguesa Mariana Al- 
cofurado, dirigidas al 
Conde de Chamilly. ... 3 
315 Amiel. — Diario íntimo . . 9 

178 Anónimo."¿Académicas? 1 

179 — Currita Albornoz al 

P. Luis Coloma 1 

327-328 Antoine. — Curso de 

Economía Social, 2 vols. 16 

180 Arenal. — El Delito co- 

lectivo 1,50 

182 — El Derecho de gracia. 3 

181 — El Visitador del preso. 3 
323 Amó. — Las servidumbres 

rústicas y urbanas. -Es- 
tudio sobre las servi- 
dumbres prediales 7 

114 Arnold. — La crítica en 

la actualidad . 3 

172 Asensio.— Fernán Caba- 
llero 1 

39 — Martín Alonso Pinzón. 3 

184 Asser. — Derecho Inter- 
nacional privado 6 

368 Bagehot. — La Consti- 
tución inglesa 7 

391 — Leyes científicas del 
desarrollo de las nacio- 
nes en sus relaciones con 
los principios de la se- 
lección y de la herencia 4 

416 Bald Win.— -Elementos de 

Psicología 8 

111 Balzac.-CésarBirotteau 3 
64 — Eugenia Grandet. ... 3 

112 — La Quiebra de César 

Birotteau 3 



N.» del 
Catál.» 



Peseta» 



62 — Papá Goriot 3 

76 -— Úrsula Mirouet ■» 3 

2 Barbey d'Aurevilly. — 

El Cabecilla 3 

12 — El Dandismo y Jorge 

Brnmmel 3 

131 — La Hechizada 3 

120 — Las Diabólicas. ..... 3 

124 — una historia sin nom- 
bre 3 

110 — Venganza de una mu- 
jer 3 

495 — Barthelemy - Saint - 
Hilaire. — Buda y su re- 
ligión 7 

130 Baudelaire. — Los paraí- 
sos artificiales 3 

163 Becerro de Bengoa. — 

Trueba 1 

174 Bergeret. — Eugenio 

Montón (Merinos) .... 1 

552 Berzeviezy. — Beatriz de 
de Aragón, Reina de 
Hungría 7 

353 Boccardo. — Historia del 
Comercio, de la Indus- 
tria y de la Economía 
política, para uso espe- 
cialmente de los Insti- 
tutos técnicos y de las 
Escuelas superiores de 
Comercio l^^^' 

311 Boissier.— Cicerón y sus 
amigos.— Estudio de la 
sociedad romana del 
tiempo de César 8 

380 — La Oposición bajo los 

Césares 7 

525 Boucliot. — Historia de la 

literatura antigua 6 

169 Bourget.-HipólitoTaine 0,50 

395 Bréal.— Ensayo de Se- 
mántica. (Ciencia de las 
significaciones) 5 



Catál.» Peseta» 

447 Bredif. — La Elocuencia 

política en Grecia 7 

399 Bret Harte. — Bloquea- 
dos por la nieve 2 

484 Brooks Adams.— Laley 
de la civilización y de la 
decadencia de los pueMos 7 

505-526 Bryce. — La Repú- 
blica Norteamericana, 
dos tomos 13 

556 — El gobierno de los Es- 
tados en la República 
Norteamericana 7 

367 Bunge.— La Educación.. 12 

186-186 Burgess. — Ciencia 
política y Derecho cons- 
titucional comparados 
fdos tomosj 14 

657 Burnouf. — La.s religio- 
n( B, literatura y consti- 
tución social de la India 7 

647-548 Buy Ha.— Economía 

{dos tomos) 10 

533-537-542 Caillaux . —Los 
Impuestos en Francia, 
{tres tomos) 18 

520 Cambronero.— Las Cor- 
tes de la Revolución. . . 4 

36-37 Campe. — Historia de 

América (dos tomos)... 6 

156 Campoaifcor.— Cánovas. 1 
79 — Doloras, cantares y hu- 
moradas 3 

69 — Ternezas y flores 3 

317-354-371 Carlyle.— La Re- 
volución francesa ( tres 
tornos) 24 

393 — Pasado y presente. ... 7 
189 Carnevale.— Lacuestiüu 

de la pena de muerte. . 3 
102 Caro.— Costumbres lite- 
rarias. 3 

58 — El pe.simismo en el si- 
glo xix 3 

65 — El suicidio y la civili- 
zación 3 

363 — La filosofía de Goethe 6 
293 Castro.— El libro de los 

galicismos 3 

394 Colombey. — Historia 

anecdótica de El Duelo 
en todas las épocas y en 
+-odos los países .,..,.. 6 

190-191 Collins. — Resumen 
de la filosofía de Spen- 
cer {dos tomos) 15 

437 Conite. — Principios de 



N.« del „ . 

Catál.» PeieUs 

Filosofía positiva 2 

64 Coppée. — Un idilio 3 

404Couperus.— SuMajestad. 3 
361 Champcommunale. — La 
sucesión abintestato en 
Derecho Internacional 
privado lí 

515 Chassay.— Los deberes de 

la mujer en la familia. 3 
4d Cherbuliez . — Amores 

frágiles 3 

26 — La tema de Juan Tozudo 3 
93 — Meta Holdeins. . ...... 3 

18 — MisRovel 3 

91 — Paula Mere 3 

297-298 Darwin. — Viaje de 
un naturalista alrededor 
del mundo (dos tomos).. 15 
59 Daudet. —Cartas de mi 

molino 3 

125 — Cuentos y fantasías , . 3 

13-14 — Jack (dos tomos)... 6 
46 — Novelas del lunes. ... 3 

540 Delorme. — Cesar y sus 

contemporáneos. 6 

536 Deschanell . —Lo malo 
y lo bueno que se ha 
dicho de las mujeres., . 7 

425 Dollinger.- £1 Pontifi- 
cado 6 

166 Dorado. — Concepción 

Arenal 1 

33 Dostoyusky.— La nove- 
la del presidio 3 

301 Do-wden. — Historia de 

la literatura francesa. . 9 

402 Dumas.— Actea 2 

340 Eltzbacher. — El anar- 
quismo, segxin sus más 
ilustres representantes, 7 

326 Emerson. — La ley de la 

vida 5 

332 — Hombres simbólicos. . 4 

413 — Ensayo sobre la natu- 
raleza, seguido de va- 
rios discursos 3,5ft 

442 — Inglaterra y el carác- 
ter inglés i 

459 — Los veinte ensayos. . . 7 

516 EUea Key.— El amor y 

el matrimonio 6 

342 Ellis Stevens. — La Cons- 
titución de los Estados 
Unidos, estudiada en sus 
relaciones con la Histo- 
ria de Inglaterra y de 
sus colonias 4 



Catál.» '^^"''^''°'' ' 

553 Eagels.— Anti-Dahring 
o rerohioión de la cien- 
cia, de Eugenio Düh- 
ring 7 

162 Fernán Flor.— Tamayo.. 1 

158 — Zorrilla 1 

155 Fernández Guerra. — 

Hartzenbusch 1 

92 Fe rrán.- Obras completas 3 
42 Ferry.— Estudios de An- 
tropología 3 

352 Finot.— Filosofía de la 

longevidad 5 

534 Fishep.— Economía polí- 
tica y geométrica 8 

357 Fitzmaurice - Kelly. — 
Historia de la Literatu- 
ra española 10 

24 Flaubert. — Un corazón 

sencillo.... 3 

390 Flint.— La Filosofía de la 

Historia en Alemania.. 7 

196-197 Füuillée. — Historia 

de la filosofía (dos tomos) 12 

195 — La ciencia sooial con- 
temporánea 8 

194 — Novísimo concepto del 
derecho en Alemania , 
Inglaterra y Francia. . 7 

451-452 — Historia de la filoso- 
fía de Platón {dos tomos) 1 2 

554-555 — Compendios de los 
grandes filósofos ( dos 
tomos) 12 

333 Fournier. — El ingenio 
en la historia. — Inves- 
tigaciones y curiosida- 
des acerca de las frases 
históricas 3 

198-199 Framarino dei Ma- 
latesta. — Lógica de las 
pruebas en materia cri- 
minal {dos tomos) 15 

509 Fromentín. — La pintura 

en Bélgica y Holanda.. 6 

302-303 Gabba. — Cuestiones 
prácticas de Derecho ci- 
vil moderno (tZos íomos). 15 

307 aarnet.— Historia de la 

Literatura italiana.. . , 9 

201 Garofalo. — Indemniza- 
ción á las víctimas del 
delito 4 

200 — La criminología . — Es- 
tudio sobre el delito y 
la teoría de la repre- 
siÓD, con un Apéndice 



sobre los términos del 
problema penal , por 
Luis Carelli 10 

202 — La superstición socia- 
lista 5 

507 — El delito como fenó- 
meno social 4 

539 — Justicia y Civiliza- 
ción 4 

98 Gautier. — Bajo las bom- 
bas prusianas 3 

167 — Enrique Heine 1 

132 — Madama de Grirardín 

y Balzac 3 

121 — Nerval y Baudelaire. . 3 
70 Gay. — Los Salones céle- 
bres 3 

345 George. — Protección y 

librecambio 9 

421 — Problemas Sociales.. 5 

261 Giddings.— Principios de 

Sociología 10 

414 — Sociología inductiva. 6 

485 Girard. — La Elocuencia 

ática 4 

546 — El sentimiento reli- 
gioso en la Literatura 
gi'iega 7 

286 Giuriati. — Los errores 

judiciales 7 

531 — El Plagio 8 

164 Gladstonne. — Lord Ma- 

caulay 1 

287 Goethe.— Memorias 5 

538 Gómez Villafranca.— 

índices de La España 
Moderna, tomos 1 á 264, 
formados aplicando el 
sistema de clasificación 
bibliográfica decimal. , 12 
406 Gonblanc. — Historia ge- 
neral de la Literatui'a. 6 
21 Goncourt. — Germinia 

Lacerteux 3 

204 — Historiado María An- 

tonieta. 7 

44 — La Elisa 3 

61 — La Faustín 3 

129 — La señora Gervaisais.. 3 
318 — Las favoritas de 

Luis XV 6 

6 — Querida 3 

11 — RenataMauperín. . .. 3 

358 - La Du-Barry 4 

528 — La Clairon . 6 

543 — La mujer en el siglo 

XVIII , 5 



Jí.* del Pi>tfijí» 

Catál ." ^l^setM 

206 Gouzá.lez.-Derecho usual 5 
282-283 Goodnow.— Derecho 

administrativo compa- 
rado (dos tomos).. ... . H 

207 Goschen. — Teoría de los 

cambios extranjeros . , 7 

208 Grave. — La sociedad fu- 

tura 8 

4C9, -J70. 461 - 462. Green.— 
Historia del Pueblo in- 
glés (cuatro tomos) 26 

209 Gross. — Manual del juez. 12 
502 G u i z o t. — Abelardo y 

Eloísa 7 

210 Guinplo-wicz. — Dereclio 

político filosófico. ..... 10 

211 — Lucha de razas 8 

330— Compendio de Sociología 9 
527 — La Sociología y la po- 
lítica 4 

212 Guyau. — La educación 

y la Herencia 8 

331 — La moral inglesa con- 
temporánea, ó sea, Mo- 
ral de la utilidad y de 

la evolución , . 12 

471 Hailman.— Historia de la 

Pedadogía 2 

290 Hamilton. —Lógica par- 
lamentaria..... 2 

213 HausonvlUe. — La ju- 

ventud de Lord Byron. 5 

324 Heiberg. — Novelas Da- 
nesas 3 

41 Heine. — Memorias 3 

314 — Alemania 6 

396 HefTding.— Psicología 

experimental 9 

426 Hume.— HistoriadelaEs- 

paña contemporánea. . 8 

412 — Historia del Pueblo 

Español 9 

•Jl4 Hunter. — Sumario del 

Derecho romano 4 

316 Huxlej'. — La educación y 

las ciencias naturales. . 6 
43 Ib-sen.— Casa de muñeca. 3 
53 — Los Aparecidos y Edda 

Gabler 3 

423 Jitta.— Método de Dere- 
cho internacional 9 

217 Kells Ingram.— Historia 

do la Economía política. 7 

219 Koch y otros. — Estu- 
dios de higiene general. 3 

295 bis. Korolenko. — El de- 
sertor de Sajalín 2,50 



322 Kropotkin. — Campos, f á- 

bricas y talleres. . ..... 6 

299 Krüger. — Historia, fuen- 
tes y literatura del De- 
recho romano 7 

517 Lagerlof.— El esclavo de 

su finca 3 

220 Lange.— Luis Vives 2,50 

454 Larcher y JuUien. -Opi- 
niones acerca del matri- 
monio y del celibato, . . 5 

221 Laveleye. — Economía 

política 7 

369 — El Socialismo contem- 

porJineo 8 

319 Lemcke.— Estética 8 * 

288 Lemonnier.— La Carni- 
cería (Sedán) 3 

321 Leroy-Beaulieu. — Eco- 
nomía política 8 

474 Lester Ward. — Facto- 
res P.síquicos de la Ci- 
vilización.. ..w 7 

43 1 Lewis-Pattée. — Histo- 
ria de la Literatura de 
los Estados Unidos. . . . 8 

222 Lombroso.- La Escuela t 

crimiiiológioo-positivis- 
ta 7 

386-386 — Medicina legal (dos 

tomos) 12 

382 Liesse.— El trabajo des- 
de el punto de vista cien- 
tífico, industrial y social 9 

223 Lubbock . — El empleo 

de la vida .'! 

438 Macaulay. — Estudios 

jurídicos 6 

294 — La Educación 7 

305-306 — Yida, memorias y 

cartas {dos tomaos ) 14 

460 Mac-Donald. — El crimi- 
nal tipo 3 

224 Manduca. — Procedi- 

miento penal 5 

535 Marie. — Misticismo y lo- 
cura 5 

504-510-52-2 Marsh all.— Tra- 
tado de Economía polí- 
tica (tres tomos) t 21 

225-226-227 Martens.— Dere- 
chointernacional (públi- 
co y privado) {tres tomos) 22 

424 — Tratado de Derecho in- 
ternacional.— Apéndice. 
— La Paz y la guerra ... 8 



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2783 
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Cambronero y 1-Iartínez, Garlos 

Crónicas del tiempo de 
Isabel II 



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